9AD: Sangre Antigua - Fanfics de Harry Potter

 

 

 


Los dos chicosestaban tumbados en la hierba, disfrutando del cálido sol del veranomientras vivían una pausa que esperaban que fuera infinita apoyadapor el agradable clima francés ayudaba. Allí, Enif Phegas, el quehabía sido campeón de Beauxbatouns, dejaba que su novia Gabrielleapoyada la cabeza en su hombro mientras miraba al cielo pensando ensu incierto futuro, ahora que había acabado su educación mágica.El chico tenía la cara rosada que contrastaba perfectamente con supelo rubio, casi albino. Gabrielle Delacreur, por su parte, teníauna especie de atracción que iba más allá de su pelo rubio ysedoso o sus fracciones delicadas, era su parte veela la quehipnotizaba a cualquier hombre.


-Espero que elverano no acabe nunca- musitó Enif de forma casi inaudible, mientrasrespiraba la paz que el verde prado de su casa le proporcionaba,Gabrielle se limitó a asentir con la cabeza- cuando llegue el otoñotendré que buscar un trabajo...- sentenció el chico. Su novia giróla cabeza sosegadamente hacia el.

 


-¿Porque?, notienes necesidad, ¡por el amor de Dios, tienes un millón degaleones!- la chica parecía sorprendida.


-Sabes que esedinero no me pertenece, quedé tercero en el torneo y solo me lodieron a mi porque....- Enif no se atrevió a acabar la frase,todavía recordaba claramente aquella tarde en Beauxbatouns, justodespués del torneo, cuando Mordred, el ganador, había intentadoasesinar al primer ministro y en su huida había matado al campeónde Hogwarts, Vincent Valentine, para justo después sucumbir ante unmago misterioso vestido con una capucha blanca.... Enif recordabacomo Mordred le había pedido clemencia llamándolo Basilisk, unnombre que tardaría en olvidar, pues asesinó a sangre fría aMordred delante suya y de un chico de Hogwarts, Derek Altae.


De repente, Enif yGabrielle tuvieron que salir de su ensimismamiento. Unos chillidos,unos gritos espantosos parecían venir de unos metros más allá. Loschicos se incorporaron y Enif, en un acto reflejo sacó la varita.Cuando se puso de pié vio venir, completamente aterrada a su hermanapequeña, Sophie, sus ojos parecían a punto de estallar mientras suspiernas se movían todo lo deprisa que podían. De repente, tresfiguras encapuchadas salieron sigilosas del horizonte, detrás deSophie, siendo la razón por la que huían, éstos vestían atuendoscompletamente blancos y tapaban completamente su cara. Enif recordabaese atuendo, era el de los Titans, era el mismo que el tal Basiliskllevaba cuando mató a Mordred.

Lo que pasódespués pareció una auténtica pesadilla, sin avisar, una de lasfiguras blancas alzó su varita, de ella salió un halo de luz verde,y sin que nadie pudiera avisarla, la maldición asesina impactó enla espalda de Sophie Peghas.


-¡Sophie!- gritóGabrielle, e inconscientemente echó a correr al cuerpo sin vida dela chica, pero antes de poder llegar al mismo, otro hechizo leimpactó en el pecho sin posibilidad alguna de esquivarlo, Enif nopodía asimilar lo que pasaba, pero en ese momento, un pensamientollegó a su mente, recordó las palabras de Basilisk antes dedesaparecerse, esa frase- Nos veremos pronto- Enif entendióque venían a por él, así que asió la varita con mas fuerza ygritó de rabia con desesperación, después echó a correr hacia lostres encapuchados lanzando todos los hechizos que sabía, dispuesto amorir matando.

 

Capítulo1- Los novatos van andando.


-¿Pero...... qué es este bicho?- preguntó Derek con cara de asombro. Estaba a punto desubirse en los carromatos para entrar en Hogwarts y para su sorpresa,en vez de los animales invisibles de todos los años ahora unaespecie de caballo demoníaco llevaba atadas las riendas para tirardel transporte.


-Son thestrals.Bonitos, ¿verdad?- le respondió Galaad de forma irónicarefiriéndose a los feos equinos- ¿es la primera vez que los ves,Derek?- le preguntó su amigo alto de pelo rubio.


-Claro, porque esla primera vez que tiran del carruaje- dijo el chico, como si fueraalgo obvio. Al lado de Derek y Galaad, Pólux les miraba con cararara, pues no tenía ni la más mínima idea de lo que estabanhablando.


-Siempre hanestado aquí- sentenció Galaad sin perder la paciencia y de formatranquilizadora, pero solo son visibles para quienes han visto morira alguien y lo han aceptado- A Galaad se le hizo un nudo en lagarganta.


Derek no sabíaque contestar a eso, pues un único pensamiento rondaba por sucabeza... Vincent. Derek le había visto morir, pues su amigo habíafallecido parando una maldición asesina que estaba dirigida a él.Su amigo Vincent se había sacrificado para salvar su vida. Pero lospensamientos de Derek no acabaron ahí. Esos malditos Titans eranunos asesinos cobardes- pensó el chico, impotente ante el dolor- sellevaron a su amigo, sacrificaron sin miramientos a uno de los suyos,Mordred, por fallar una misión, y hace poco pasó lo de Sophie.Derek notaba como los ojos se le humedecían al recordar a su novia.Hace apenas diez días la habían asesinado, las fuentes oficialeshablaban de que había sido Enif antes de suicidarse, pero Derek nosabía que creer- todo ésto huele mal- pensó nada más enterarse, yahora lo seguía manteniendo.


-Oye Derek, ¿estásbien?- le preguntó Pólux, preocupado por su amigo, que miraba alinfinito, pensativo. Galaad miró a Pólux como diciéndole mejorle dejamos en paz.

Derek parecíaalgo cambiado comparado con el año anterior. Había crecido un pocomás que los demás y ya no era el más bajo del grupo, ahora estabaa la misma altura que Pólux y solo unos centímetros más atrás queGalaad, además, su cara no parecía tan infantil como antes, puesahora ya se notaban sus diecisiete años, al igual que sus compañerosde curso.


Los chicos estabana punto de subir al carruaje para ir al castillo, pero una voz hizo aDerek pararse antes de hacerlo. Alguien le llamaba.

-¡¡Derek!!- elchico se giró, y vio venir corriendo a Christie, una chica deRavenclaw de su misma edad. Christie tenía la piel algo tostada,similar al color del café con leche, su pelo era castaño y rizadoen bucles y por su cuerpo parecía tener más de diecisiete años.

Derek se paró enseco y espero a que la chica viniera, cuando lo hizo se paró unossegundos a tomar aire, cuando dejó de reponerse saludó a Pólux yGalaad, pero enseguida se centró en Derek y dejó a los otros dos delado.


-¿Como estás,Derek?- le preguntó ella, todavía entrecortadamente por la carrera,pero poniendo su habitual sonrisa tranquilizadora.


 

-Bien, gracias, ¿ytu?- mintió. Lo cierto es que en ese momento no le apetecía hablarcon ella, pues de las cosas que le podría hablar la chica eran temasque Derek prefería callarse en ese momento debido a lascircunstancias.

-Yo muy bien-mintió también la chica- he hablado con Tyler hace media hora máso menos, y dice que está muy bien, que está de viaje al castillo deDurmstrang ahora mismo- Derek se preguntaba como demonios habíaconseguido hablar con su amigo, pero no quería seguir manteniendouna conversación, así que se lo calló.


-Virgil no havenido, se ha quedado con Lancelus, su novio- dijo ella refiriéndosea su amiga pelirroja. Derek asintió con la cabeza sin muchoesfuerzo, en ese momento no le importaba demasiado que Virgil tuvieraun nuevo novio, pero evidentemente para Christie era algo que elchico debía saber.


-Siento mucho lode Sophie, en serio. Derek, si hay algo que pueda hacer por ti...-insistió Christie, Derek apretó sus puños fuertemente y chirriócon sus dientes debido a la rabia. Parecía que el destino queríarecordarle constantemente que su novia estaba muerta, pese a ello nocontestó a la chica.

Christie no serindió, vale que nunca había tenido una relación de completaamistad con Derek, pero era el mejor amigo de su novio, y porque noreconocerlo, Derek le daba algo de lástima en ese momento. Duranteaproximadamente un minuto se hizo un silencio muy incomodo, la chicaadivinó que Derek estaba apunto de despedirse, así que rápidamentereunió fuerzas para decirle lo que desde un principio teníaprevisto preguntarle.

-Oye Derek ¿creesque Tyler estará bien?, ya sabes, allí en Durmstrang con losTitans... , tu eres su mejor amigo, ¿que piensas?- Chirstie, quehace un momento tenía una sonrisa tranquilizadora en la cara,en esemomento una expresión muy angustiada cubría su cara- Yo le acabéde convencer para que fuera, ¿sabes?- prosiguió ella- pero ahora mearrepiento de haberlo hecho, ¿y si a Tyler le pasa algo allí?, ¿Ysi intentan hacerle lo que le hicieron a Vinc...- La chica no acabóla frase porque las lágrimas empezaron a caer por su cara, Derek nose sentía con fuerzas para nada, pero aún así hizo el esfuerzo deabrazarla para reconfortarla aunque él tuviera incluso más ganas dellorar que Christie.



Tyler tenía frío,mucho frío. Ahora entendía porqué en Durmstrang el gran abrigo depiel que llevaba puesto era una parte obligatoria en el uniforme, loque no acababa de entender era porqué no le habían dado la túnicareglamentaria, como en Hogwarts- pensó mientras se echaba su pelonegro por encima de las orejas para que no se le congelasen, porsuerte, Tyler había dejado crecer un poco su pelo durante el verano,en principio por una cuestión estética, pero ahora mismo leencontraba más utilidades. Además, se había dejado una pequeñaperilla en su barbilla. Todo ello, junto a que había crecido un pocomás, le hacían aparentar más de su verdadera edad.


Lo que tampocoacababa de entender era lo que había pasado, nada más llegar a losterrenos del castillo casi todos los alumnos se habían subido a unaespecie de gárgolas hechizadas, pero cuando él lo había intentado,la gárgola le había respondido - Los novatos van andando-en perfecto inglés, a lo que muchos otros estudiantes le habíanmirado burlonamente.

 

Así que allíestaba, andando rodeado de chicos de unos once años hacia elcastillo de Durmstrang en mitad de la fría noche. La temperatura erademencial. Pese a estar a principios de septiembre un seco climahelado hacía tiritar incluso huesos que Tyler no sabía que tenía,además, estaban completamente rodeados de densa niebla. El chico sesentía algo estúpido, pues pensaba que a él no le tratarían comoa un novato, sino como a un alumno de séptimo, al fin y al cabo yahabía cursado seis años de estudios mágicos.


De repente, uno delos chicos se paró y echó a llorar, estaba realmente aterrado.Tyler, sintiéndose obligado a hacer algo debido a su mayor edad, seacercó al chico.

-Oye chaval, ¿quete pasa?- el chico, con el pelo albino y la cara llena de pecassiguió llorando.

-No entiendes elinglés, ¿verdad?, debería haber aprendido algo de sueco antes devenir aquí....- meditó , pero de repente el niño dijo unaspalabras en un inglés muy rudimentario.

-Vienen....túnicas rojas.... combate- el chico dejó de hablar debido alpánico. Y cuando Tyler se dio cuenta todos los demás niños sehabían parado y estaban apiñados unos con otros , realmenteengullidos por el miedo. Tyler no entendía nada, pero pronto algopasó, pues del silencio que se había formado surgieron unos gritos;no eran chillidos de pánico, sino más bien de entusiasmo y júbiloemitidos por perturbados. Los gritos, ahora acompañados de malévolasrisas estaban más cerca de ellos, pero la niebla le impedía ver masallá de unos tres metros de sus narices. Tyler, intuyendo lo quepasaba, apretó con fuerza su varita mientra seguía tiritando defrío.


Lo siguiente pasóen segundos, alguien conjuró un hechizo y éste pasó rozando aTyler, y fue a parar al chico del pelo rubio, se oyeron unas risasmaquiavélicas de una de las figuras que se fueron acercando, ahoraTyler lo distinguía, eran cuatro magos con túnicas rojas.

Jett ga et,se Lilith!- se oyó de una voz muy aguda entre las mismas risasde loca, pues la voz era femenina, hablaban un idioma extraño paraTyler, que supuso que era sueco, o noruego.


-¿Queréispelea?- pensó Tyler- pues muy bien, la habéis cagado.

Capítulo2- Furia roja


Bombarda!-maldijoTyler apuntando con su mano izquierda a la densa niebla sin unobjetivo concreto. Se oyó una fuerte explosión acompañada de unalarido de dolor, así que el chico dibujó una sonrisa desatisfacción, no obstante su alegría duró bien poco, tres de lasfiguras con túnica roja estaban atacando a los chicos de once años,la mayoría de los cuales suplicaba misericordia mientras que solounos pocos les plantaban cara.

-¡Eh, dejadlos!-Tyler se fue corriendo hacia ellos, pero uno de los magos le placóbruscamente, tirándose encima. Tyler debido al forcejeo, no pudoverle la cara, pero en la pelea notó que era una persona muycorpulenta, por lo menos dos veces más grande que él y unas trescabezas más alto. El chico instintivamente agarró fuertemente suvarita para no perderla. Si algo había aprendido de las clases deduelo era que su mejor arma era poseer la varita en la mano.

El mago se le echóencima, casi asfixiándole con su gran cuerpo- Desmaius-conjuró Tyler con un poco de fortuna, e hizo que su contrincante sedesvaneciera. Al chico le costó un gran esfuerzo quitarse de encimael inerte e inmenso y reincorporarse.

 

Persus harfalt!- oyó Tyler, otra vez en ese indescifrable idioma.

Din kamp medengelsk, Balrd!- le contestó una voz femenina, aunqueautoritaria. Era una de las que estaban atacando a los primerizos.Tyler quiso ir hacia allí, pero de repente un hechizo le pasórozando por la oreja. Tyler se giró y vio a un mago algo más jovenque él, posiblemente de unos quince años, vestido también con unatúnica roja, además, tenía una gran quemadura en su hombroderecho, Tyler supuso que ése chico era el mismo que antes gritabadesde la niebla debido al dolor de su hechizo. Ésta vez Tyler si quevio bien la cara a su contrincante, era casi tan alto como Tyler, conel pelo de color castaño claro echado hacia atrás, además llevabauna gran cantidad de pendientes en sus orejas, incluso le parecióver un fragmento de un tatuaje que nacía en su cuello.

-Astreos-conjuró el chico de la túnica roja, Tyler intentó hacerse a unlado, pero el maleficio le dio en el estómago, provocándole unagran herida sangrante, Tyler se llevó la mano derechainstintivamente a la herida mientras con la restante apuntaba alquinceañero de los pendientes.

Magnum!-pronunció la maldición que tantos problemas le había causado, éstaimpactó en el sueco, que cayó de bruces para atrás. Tyler cayó derodillas incapaz de aguantar el dolor ,tiró la varita al suelomientras oía acercarse los pasos de alguien. Los gritos de los niñoshabían acabado, inexplicablemente.

Los pasos sedetuvieron al lado suya, Tyler levantó la cabeza para ver acercarsea una chica, ésta tenía unas fracciones delicadas, dándoleirónicamente un aire de chica inocente. Tenía las mejillassonrosadas que contrastaban con su piel pálida y su pelo largo yoscuro, cuidado en una melena que le llegaba a la mitad de laespalda; sus ojos eran de un azul pálido muy antinatural. La chica,con una sonrisa malévola en la cara apuntó a Tyler, que palpaba atientas el suelo buscando su varita.

-Ya me tienesdonde quieres, ¿no, hija de perra?- el chico hizo una mueca burlonaa su adversaria.

-Bilinguo-susurró ésta. Tyler había cerrado los ojos esperando lo peor, peroparecía que el hechizo no le había hecho nada.

-Muy bien echo-dijo la chica, mientras le daba la mano para que se levantara enseñal de amistad, su expresión ahora carecía de la sonrisaperversa de hace un momento, ahora era una chica que no había rotoun plato en su vida. Parecía mentira que hace apenas unos instantesestuviera lanzando hechizos contra chicos de once años.

-Será mejor quevayamos al castillo a que te curen esa herida, no tiene muy buenapinta, además también tienen que curar a ellos dos- dijo señalandoal chico al que Tyler le había lanzado Magnum, y al otrocorpulento del Desmaius. Tyler no salía de su asombromientras miraba a la chica que le sonreía amablemente de una formaque recordaba instantáneamente a la de Christie.

-¿Pero que....? -preguntó el chico, que no salía de su asombro.

-Si preguntas porel idioma, lo que te he lanzado es bilinguo, un encantamientoque sirve para entender la lengua del que lanza el encantamiento y hace que la hables, aunque inconscientemente. Si te refieres a lasituación, todo ésto era una prueba de selección, y la has pasadocon creces. Debes de ser el único que no sabía que ésto no era unataque de verdad.

 

A Tyler le costabahorrores asimilar todo esto. ¿Una prueba?, más bien parecía unamatanza o una cacería, no parecía que les estaban poniendo aprueba, sino que querían matarles- pensó, apretando todavía másla mano en la herida sangrante del pecho pensando en el salvajismo delos de la túnica roja. Ahora, la chica que le había echo elBilinguo parecía dirigirse a todos.

-Vamos alcastillo- dijo amablemente, pero no era una petición, sino unaorden. Daba la sensación de que esa chica era la que mandaba allí.Los otros tres túnicas rojas, ya recuperados minimamente, y losniños de once años la siguieron religiosamente, aunque algoasustados éstos últimos. Tyler no tuvo más remedio que hacer lomismo.



Losalumnos de Hogwarts no podrán abandonar el centro, ni siquiera conautorización paterna.


Talcomo indica el titular, el ministerio de magia ha aprobado una leymediante la cual, y según palabras del primer ministro: Los alumnosestarán obligados a continuar con su educación mágica bajocualquier circunstancia, pues ya está bien de que éstos puedanabandonarla cuando les venga en gana. El ministro Randall Biggs estambién el máximo valedor de ésta ley, con más opositores queseguidores y que pese a lo cual, el señor Biggs a decidido seguiradelante.

Éstaley se aprueba en el momento de popularidad más bajo del ministro, ycuando se ha descubierto que su familia lleva meses de vacaciones,tal como el ministro asegura.....


Virgil sesobresaltó inesperadamente y dejó de leer. Marc Lancelus, su noviohabía llegado sin que se diera cuenta a la sala común y le habíabesado en la mejilla sin que le viera venir.

-Creía que ya tehabrías ido a dormir- dijo el chico maliciosamente. Lancelus no eramuy alto, pero sí fuerte,de hombro a hombro sería dos veces comoVirgil. Su pelo negro estaba peinado pulcramente de formacuadriculada, como su hubiera utilizado una regla para darle forma.

Virgil le dedicóuna correcta sonrisa y un modesto No, y volvió a coger elperiódico y ojeó un titular: Los magos venidos de ambientesno-mágicos aumentan en hasta un 30% sobre el total de magos en losúltimos 20 años.

-¿Porque no dejasun rato el periódico?, llevo todas las vacaciones sin verte y antesen la ceremonia y el banquete no te has sentado conmigo- dijo elchico melosamente mientras rodeaba con sus brazos a la chica.

Virgil seguía conel mismo aspecto de siempre, como todos, ella también habíacrecido, pero seguía siendo de las más pequeñas en cuanto aestatura. Por lo demás conservaba su pálida piel bajo su cabello decolor rojo oscuro, como una manzana muy madura, y sus ojos seguíansiendo negros e hipnóticos.

-Dejalo, Marc... -dijo mientras se quitaba de encima los brazos del chico, éste seenfadó y se sentó en otra de las sillas de la sala común deRavenclaw con cara de resignación mientras Virgil leía atentamentea la luz del fuego de la chimenea.

Alguien entró enla sala común, Virgil ni se molestó en mirar de reojo, la primeranoche era normal que hubiera movimiento en el castillo, pero por lovisto, el recién llegado la llamó.

 

-Virgil- éstareconoció enseguida la voz aguda y algo aflautada de su amigaChristie. Cuando la miró, se le notó que estaba preocupada. Lachica llevaba en una mano el mapa del merodeador, que lo asía confuerza.

-¿Que pasa?-preguntó ésta, temiéndose algo malo. Lancelus también miraba aChristie, intrigado.

-Es Athene,nuestra amiga, no está. He preguntado por ella y nadie la ha vistodesde que llegamos al castillo antes de cenar. Ni siquiera aparece enel mapa del merodeador....

-¿El mapa dequé...?- preguntó el chico, Virgil y Christie lo ignoraron. En esemomento solo ellos tres estaban en la sala común.

-¿Seguro que hasmirado bien?- preguntó la pelirroja, mientras dejaba el periódicoen la mesa de su costado.

-Completamente-replicó la castaña- ¿me ayudas a buscarla?- Virgil no contestó,pero asintió con la cabeza, y sin mediar palabra salieron de la salacomún.

-¿Pero dondevais?, es medianoche y mañana hay clase- dijo Lancelus, sin entendernada- ¡Esperad!, Virgil, voy contigo- reprochó el chico, pero lasdos amigas ya habían salido, así que Lancelus echó a correr detrásde ellas.



-¿Ya estánseleccionados?- preguntó un mago con el pelo blanco y una barba algoenmarañada. Llevaba una túnica bastante adornada que le señalabacomo director de la escuela de Durmstrang.


-Si- le contestóla grave voz del subdirector, Fobos Basilisk. Era bastante alto, conla cara cuadrada y una larga nariz. Sus ojos, bajo unas pequeñasgafas de pasta escondían una mirada feroz. Acto seguido, Basilisk lepasó a Asmodeus una lista bastante pequeña que el director se quedómirando extrañado.


-¿Solo seis deellos túnicas azules y ninguna roja?, creía que estabas interesadoen que el que viene de Hogwarts estuviera con la élite- preguntóAsmodeus intrigado, pero se le notaba que respetaba y temíademasiado a Basilisk como para mostrarle su indignación. Basiliskrió.

-¿Desde cuando teimporta todo ésto?, serás el director, pero recuerda aquí no eresmás que un nombre en el organigrama. Mando yo.- Basilisk tenía unapose muy intimidante y parecía que iba a pegar en cualquier momentoa Asmodeus, que agachó la cabeza. No obstante, Basilisk siguióhablando:

-Ya que teinteresa, no he nombrado a Tyler Fox túnica roja no porque no se lomereciera, sino porque quiero que se esfuerce más en ello, para asítenerlo de nuestro lado.

-Tenemos muypocos...- replicó Asmodeus. Basilisk le miró de forma amenazadora.

-¿Y?- eranecesario que todos los que habían, exceptuando a los cuatro quehay, se graduaran, como Gargant y Mosag, o desaparecieran...

-¿Solo has dejadoa los cuatro que estaban atacando a los nuevos?- Asmodeus parecíaderrumbarse.

-Sí, los demásno servían para el propósito de los Titans, demasiado débiles.Calculo que eran unos veinte.- dijo Basilisk sin variar nada su tonograve de voz, con una falta increíble de humanidad.

-¿Que has hechocon ellos?- Asmodeus estaba a punto de echar a llorar.

-Gargant se estádeshaciendo de los cuerpos.

Capítulo3- La Súcubo.


Tyler miraba conasco el plato, desde donde el olor a carne pestilente se le metía enla nariz y la espesa salsa amenazaba con mancharle su nueva túnicaazul. Estaba sentado en una mesa larga y robusta, al lado de otrosalumnos que comían sin miramientos, seguramente acostumbrados ya ala comida- pensó el chico. Miró a su derecha, envidiando a loscuatro túnicas rojas, los mismos que le atacaron, que estabancomiendo platos suculentos y elaborados, además, su mesa estaba casivacía, no como la de los túnicas azules, que estaba abarrotada; almenos no tenía que ir con los de la túnica blanca- meditó elchico, girando su cabeza hacía otra mesa, donde la gran mayoría delos alumnos estaban sentados. Allí estaban comiendo en unostaburetes muy incómodos una especie de masa verde, que por suaspecto parecía que la habían encontrado al limpiar las cocinas. ATyler le entraron arcadas solo de pensar en tener que probarsemejante porquería, así que miró con otros ojos a su plato.

 


-¡Tu!, ¡quita deaquí!- oyó Tyler con desprecio detrás suya. Inmediatamente se giróy vio a la chica de la túnica roja de la noche anterior. Miraba condesprecio a los de la mesa azul, y por la reacción de éstos,parecía que poseía bastante autoridad sobre ellos. Afortunadamente,la orden no iba dirigida a Tyler sino a la chica sentada a su lado,una niña de unos trece años rechoncha que cedió su sitio alinstante a la chica morena de la túnica de color sangre.

-Hola- dijo conuna amplia sonrisa a Tyler, que estaba realmente confuso con laactitud que mostraba a los demás y la que a él le enseñaba- mellamo Lilith Valk- prosiguió, ampliando más la mueca amable. Lachica debía tener la misma edad que él.

-Yo soyTyler,encantado- dijo desconcertado el chico.

-¿Así que tueres el inglés que ha venido de Hogwarts, verdad?, viendo comopeleaste anoche contra nosotros no me extraña que aquí enDurmstrang estuvieran tan interesados en que vinieras.- Lilith siguióhablando sin dejar tiempo a Tyler a responder a los halagos de lachica, que ponía una cara de no haber roto un plato en su vida.

-Dejame decirteque no sé porque te han echo túnica azul, creo que eres mejor quealgún que otro túnica roja compañero mio...

-Entonces, lo deanoche no fue un ataque en sentido estricto, ¿no?, fue como unaprueba para asignarnos la casa- preguntó hábilmente Tyler, pese aque sospechaba que la respuesta era afirmativa, prefirió asegurarse.

-Exacto. Verás,Durmstrang no se divide en casas como Hogwarts, no al menos en elsentido que allí le dais. Allí todas vuestras casas son igualesunas a las otras, aquí no. En Durmstrang se puede ascender de unacasa a otra, siendo la casa de los patéticos Eddas la mas baja- dijola chica señalando a la multitud de túnicas blancas. Por un momentoTyler creyó ver una mueca de desprecio en la reluciente cara deLilith. Luego está ésta casa, Vanir, de la túnica azul. Puede quetengáis alguna posibilidad de llegar a algo- meditó ella- Y porúltimo está mi casa, la de los Esir, con nuestra túnica roja, somos la mayor casa a la que se puede aspirar- Lilith terminó sudiscurso emocionada y mirando hipnóticamente a Tyler a los ojos.

-Perdona,pero...¿aspirar a que?- preguntó el chico, bastante confuso.

-Nos dividen pornuestro talento como magos. Puedes subir mediante pruebas de casa,aunque también puedes bajar a la triste casa de Eddas.

-No has respondidoa mi pregunta- dijo Tyler poniendo una sonrisa falsa, aunquecomplaciente.

 

-¿Pues a que va aser?- respondió ella sin sentirse ofendida- a ayudar a la noblecausa del rey- Lilith, al decir ésto se tapó ella sola la boca,como si hubiera desvelado información indebida- mejor olvidalo.

Tyler sonriófalsamente otra vez, dispuesto a comer la poco apetitosa carne, peroLilith siguió hablando:

-Me han nombradotu guía hasta que te acoples al colegio, así que me tocaráenseñarte todo ésto. Normalmente todo ésto se lo mandarían aalguien menos importante, pero...- Tyler no le dejó acabar la frase.

-¿Menosimportante?- se indignó el chico al ver que Lilith le considerabapoco más que un estorbo.

-No memalinterpretes- la chica volvió a sonreír alegremente- creo quevales la pena, es más, algunos de los que llevan la túnica roja lamerecen mucho menos que tú. Pero créeme si te digo que yo soy lamás importante aquí.

-Lo dudo- replicóTyler.

-¿Lo dudas?-Lilith miró al chico que tenía sentado enfrente mientras su amableexpresión cambiaba súbitamente- ¡Eh, tu!, dale un puñetazo a tuamigo, el que tienes al lado- el chico se le quedó mirando contemor- ¡Es que no me oyes!, ¡Hazlo!- El chaval que Lilith teníaenfrente le atizó un fuerte tortazo al chico de su derecha, quelloró amargamente.

-Aquí no es comoen Hogwarts, ya te lo he dicho. La túnica manda, y de la misma formaque yo puedo mandar a placer sobre los túnicas azules, como tú;vosotros podéis hacer lo que queráis sobre los de la túnicablanca- le dijo a Tyler, que no salía de su asombro. Pero tranquilo-prosiguió ella, que acercó su cara a la del chico- que no vas atener que hacerme nada que no quieras- sonrió Lilith con picardia.



-Oye, hermanito,¿has visto a mi amiga Athene?- Christie tenía una cara de profundocansancio que asustó un poco a Bill, éste, apartándose un poco elplato del desayuno, negó moviendo la cabeza mientras tragaba elbacon. A Virgil, que también se había pasado la noche en velabuscando a su amiga por el castillo, le resultaba irónico queChristie llamara hermanito a Bill, que tenía un año menosque su compañera de séptimo, pero le sacaba más de una cabeza a suhermana y parecía una mezcla entre gorila y hombre.

-Quizá a vuelto asu casa con red flu o algo así- pensó Bill tontamente, con la bocallena de comida.

-Imposible-sentenció Chirstie- nos habría avisado, además, su familia esmuggle, como la nuestra, y no puedes ir así como así a una casa nomágica con ésos métodos.

-¿Habéispreguntado a los profesores?- dijo Bill cuando acabó de masticar.

-A Neodits, perodice que no sabe nada. Nos ha sugerido que acudamos a la directora-le contestó Christie.

-¿Que me avisende qué?- Virgil, Christie y Bill giraron sus cabezas para ver lafirme silueta de la directora McGonagall- La profesora Neodits me hadicho que acudiera a ustedes, pues tenían algo importante quedecirme.

Christie se loexplicó todo ante la expectación de los que se concentraban en lamesa del desayuno para enterarse de lo sucedido, aunque omitiendointencionadamente que poseían el mapa del merodeador. Cuandoacabaron, lejos de la actitud sobria aunque comprensiva de la mujer,McGonagall les replicó.

-¡¿Porque no melo han dicho antes?!, su amiga desaparecida y ustedes dos- dijoseñalando a las chicas- prefieren investigarlo por su cuenta antesque avisar al profesorado. Esperaba mas de ustedes, sobretodo de laseñorita Driad, que es prefecta- dijo mirando la reluciente insigniade Virgil.

 



-El plan vaconforme lo habíamos previsto, Basilisk- dijo una chica morena y decara dulce llamada Lilith, aunque en esos momentos su alegreexpresión estaba sustituida por una mas sombría y gélida. Enfrentesuya y tan imponente como siempre, el subdirector Fobos Basiliskasentía con la cabeza.

-Confío en quepuedas ganarte para nuestra causa a Tyler Fox.

-Por supuesto, sialgo puedo ser es convincente- Lilith se pasó sensualmente su dedodesde sus pechos a sus piernas.

-Exacto, utilizacualquier método para ganártelo, y puede que tu también puedasformar parte de los Titans- Basilisk hablaba con solemnidad y deforma autoritaria, pese a que no alzaba en ningún momento su voz, nole hacía falta, su tono tan grave hacía el efecto deseado.

-Tengo entendidoque Xánatos también va a ayudar a captar a Tyler- preguntó Lilith.

-Así es, eseprofesor idiota le dará clases particulares para mejorar su idioma.

-Yo sola puedoocuparme del asunto, no seré todavía una Titans, pero no soy unainútil- Al oír ésto, Basilisk rió.

-No es paraponerte a prueba a ti, sino a él. Ese incompetente quiere formartambién parte de nuestro grupo, así que para mantenerlo ocupado lemando tareas de éste tipo. Pero tranquila, no confío en que Xánatoslo consiga, pero sí en que tu hagas- Lilith sonrió abiertamente,pero no de la forma en que sonreía a Tyler, sino mucho másmacábramente.

Capítulo4- La Historia jamás contada.


-¿Otro más?,¿cuantos van ya?- Christie parecía alterada y profundamentenerviosa.

-Muchos, éstamañana otros dos, Vincent Vega y Jules Winnfield, de segundo cursotambién han desaparecido- su hermano Bill intentaba mantener lacompostura, pero sus ojos se movían nerviosamente por el grancomedor, como si buscara una respuesta milagrosa a todas ésasdesapariciones. Christie apuntó los nombres de los dos chicos en unpapel arrugado.

-Ésto no me gustanada- sentenció su hermano- todos los que desaparecen se van sindejar rastro, como si la tierra los tragara.- Bill se fijó en elpapel de su hermana, donde ésta había apuntado los nombres.

-¿Que es éso?-La lista contenía una decena de nombres, empezando por Athene, laamiga de Christie.

-Losdesaparecidos. Me apunto los nombres para buscarlos con el mapa delmerodeador.- Bill asintió con la cabeza, para después decir:

-No llevamos unasemana y ya hay problemas aquí.... Parece que tenemos un nuevorécord- Bill dibujó una pequeña sonrisa, intentando destensar elambiente, pero Christie no se la devolvió, estaba mirando en esemomento el viejo mapa mágico.

-Ésto no tienegracia, ¿sabes?, mucha gente está nerviosa con todo lo que pasa. Yni siquiera nos dejan salir del colegio, es como si estuviéramos enun gallinero sabiendo que todas las noches un lobo vendrá a comersea uno de nosotros.

-¿Como que no nosdejan irnos?- Bill juntó la frente en señal de extrañeza.

-¿No te hasenterado de la nueva ley del ministro?, A partir de ahora, si estamosapuntados en Hogwarts debemos quedarnos a acabar el curso bajocualquier circunstancia, ésto estaría bien en otro momento, peroahora todo el mundo quiere estar en algún lugar más seguro. Sin irmás lejos la tía de Virgil quiso llevársela ayer a su casa, perola gente del ministerio amenazó con encerrarla en Azkaban si lohacía.- Al oír ésto, Bill empezó a decir de carrerilla casi todoslos insultos que sabía, dedicados al ministerio.

 

-Pero ella nocorre peligro- sentenció Christie, poniéndose incluso másnerviosa. Los ojos casi se le salían de las órbitas.

-¿Porqué?

-Éstos dos chicosque han desaparecido, ¿de que familia son?

-Creo que son defamilia muggle los dos- respondió Bill, sin entender gran cosa.

-Me los suponía.Mira- Christie le acercó el papel a su hermano. La mano le empezabaa temblar. -Todos los desaparecidos, desde el primero hasta el últimovienen de familias no-mágicas- Bill tragó saliva y miró a suhermana mayor, que compartía su expresión de angustia.

-Tendremos que ircon cuidado, hermanito- sentenció la chica, recordando que suspadres simplemente regentaban una tienda de ropa.

Se hizo unsilencio incómodo para ambos, estaban en la mesa de Hupplepuffcomiendo, pese a que la chica era Ravenclaw, pero ahora, con Tyler enDurmstrang y su amiga Virgil en brazos de ese Lancelus, no le quedaba mucha mas gente con la que relacionarse aparte de su hermano Bill,que estaba con los tejones.

-Tyler...-pensó ella- ¿como estás?- e inexplicablemente, unarespuesta llegó a su mente.

-Muy bien- erala voz de su novio que sonaba en su cabeza, como su estuviera a sulado hablándole.

-Escucha,Christie, ahora no puedo hablar... tengo clase- dijo la voz delchico, sólo Christie podía oirle.

-Vale- pensóella- luego hablamos.

-Christie.....Christie...¿estás bien?, parecías como ida- le preguntó su hermano. Christiese limitó a suspirar y a asentir con la cabeza. Su hermano acabólevantándose de la mesa, le dijo algo a Christie sobre alguna claseque ella no acabó de entender y se fue del Gran Comedor, perdiéndoseentre la multitud.


-Escucha,Christie, ahora no puedo hablar... tengo clase-pensó Tylermientras se acomodaba en una de las sillas de un aula enorme, cuandoacabó de hacerlo oyó el sonido de unos zapatos, y acto seguido laalta y poderosa figura de Fobos Basilisk entró en el aula con pasosfirmes y lentos. Todos los alumnos que se hallaban en la sala selevantaron militarmente, mirando al frente.

-Pueden sentarse-dijo finalmente el subdirector y profesor cuando llegó a su mesa yse equilibró las gafas de forma cuidadosa. Tyler no entendía quehacía él en esa clase, pues no daba Historia de la magia desde quesuspendió el TIMO en quinto curso, pero para su sorpresa, allí erauna asignatura obligada. El chico miró a un lado y otro del aula, ycomprobó que todos eran túnicas azules, lo cual no le sorprendió,pero sí decepcionó. Tyler se sentía un poco aislado de los demás,todos le miraban con una especie de respeto y temor desde que Lilithhabló con él hace unos días, como si fuera una especie de animalsalvaje; por lo que pudo haber comprobado, allí el asunto de lascasas se llevaba muy estrictamente.

-Muy bien- dijofinalmente el profesor Basilisk, pese a que no alzó la voz, elautoritarismo que desprendía era enorme- Durante seis años han dadoustedes los hechos más importantes de la Historia de la Magia, comopiezas mas o menos inconexas y difusas, simples datos sin unadirección clara. Pues muy bien, este año vamos a dedicarlo a montarel puzzle que tenemos en nuestras manos para definir la llamadaHistoria mágica.

 

Tyler prestóatención, ¿montar la Historia?, no acababa de entenderlo, y noprecisamente porque bilinguo hubiera dejado de funcionar.

-¿Que es lo quehan aprendido durante éstos años?- Basilisk preguntó, peroretóricamente, pues se contestó el mismo.

-Guerras contragoblins, gigantes o entre los mismos magos, ¿no es cierto?.Conflictos y mas conflictos entre los seres mas perfectos del mundo,los magos- Al decir ésto, un murmullo general de aprobaciónrecorrió el aula.

-Pero no sóloentre los magos pasa eso, los patéticos muggles tienen sus guerras.Guerras para conseguir poder, recursos, da igual, el mundo nodescansa hasta que los ricos sean más ricos y los pobres mas pobres-Tyler miraba al profesor inquieto.

-¿Como compara alos muggles con los magos, señor?- una alumna tuvo la osadía dehacer ésa pregunta. Una valiente, pensó Tyler, sobretodo teniendoen cuenta el respeto que infundaba Basilisk. Pero éste, al contrariode lo que pensaba Tyler, dibujó una pequeña sonrisa de aprobación.

-Buena pregunta,señorita Samara, no obstante, ¿me permite contestarle con otrapregunta?, bien. ¿Que es lo que diferencia a los magos de losmuggles?

La tal Samara sequedó mirando a Basilisk sin saber muy bien como contestar a unapregunta tan obvia, pero finalmente se atrevió- La magia, señor-dijo tímidamente.

-Muy bien- afirmóBasilisk, otra vez ajustándose las gafas, que ya estabanperfectamente colocadas- ¿Y no es cierto, que de vez en cuando,entre los muggles surgen nuevos magos sin tener en sus venas una gotade herencia mágica?- toda la clase, ésta vez no solo Samara,asintió- Pues bien, señorita , ¿como deberíamos tratar a éstoshijos de muggles que son magos, teniendo en cuenta que la diferenciaque hemos dado entre ambos es poder o no hacer uso de la magia?-Basilisk miraba a Samara, que parecía no atreverse a contestar, perofinalmente dijo:

-Como magos,señor.

-Cierto- sonrióBasilisk, esta vez más ampliamente. Continuando con lo anterior,¿para evitar todas éstas guerras, que tendríamos que hacer?- laclase hizo mutis, pero el subdirector, sin variar un ápice su seriae imponente figura, se acercó al pupitre de Tyler.

-Tengo entendidoque usted es nuevo, señor Fox. ¿que piensa?- Tyler no sabía quecontestar, pero finalmente, debido a que Basilisk me mirabainquisitamente, dijo- ¿firmar pactos?- Basilisk rió abiertamente, ymuchos de los alumnos, seguramente por querer agradarle, le imitaron.

-Señor Fox, estoyseguro que cualquier persona en ésta sala podría nombrar cientos detratados de paz, o de pactos, como prefiera, para evitar guerras; ypese a ello, éstas se producen. Me temo que ésa no es una solución.Haré otra pregunta, ¿porque se producen las guerras?- otra vezsilencio absoluto en la gran aula, hasta que un minuto después, unalumno de la última fila al que Tyler no vio muy bien dijo-¿conflictos de intereses?.

-Una respuestaperfecta- Basilisk se quitó y se puso las gafas de nuevo. Pese a queen cualquier persona las gafas dan una apariencia más intelectual,de alguna forma a Basilisk le hacían más rudo.

-Conflictos deintereses- rumió el profesor- ¿Si los intereses se dividen segúnel bando en el que estemos, como podríamos solucionarlo?, ¿no seríamejor no crear bandos?, estar todos bajo la dirección de un solopoder. Pensadlo, toda la comunidad mágica remando junta, y debajo dela misma los muggles- la mayoría de la clase pareció quereraplaudir al profesor, pero se lo impedía la autoridad que de élemanaba.

 

-¿Pero gobernadosbajo la autoridad de quién?, ¿quien podría dirigirnos a los magosy someter a los muggles bajo el poder superior de la magia?- Tylerestaba anonadado, le daba la impresión que el profesor estaba dandoun mitín político, y si bien no simpatizaba demasiado con la partede oprimir a los muggles, en cierta medida la energía que sedesprendía de sus palabras era muy atrayente.

-Debería ser unmando legítimo, ¿no?.¿Un político? - se preguntó a símismo-¿acaso han conseguido algo? ¿acaso lo que se vote significaobligatoriamente que es lo mejor?, ¿funciona la democracia?. Mirespuesta es NO- todo el mundo estaba expectante, mirandohipnotizados las palabras de Basilisk.

-Debe ser alguiencon una legitimidad mayor, alguien que represente los intereses detodo el mundo, y cuando digo mundo, es mundo, no país o nación.Alguien como un rey- Todo el mundo exclamó, pero Tyler no supo decirsi a favor o en contra, pero debido a lo elocuente que Basilisk habíasido, la respuesta sería afirmativa.

-¿Y no seríanuestro deber- prosiguió mientras jugaba con sus gafas- Si esesupuesto rey necesita ayuda para llegar al poder, proporcionarsela?,¿No deberíamos hacer todo lo que estubiera a nuestro alcance enfavor del rey, por el bien de todos?

La clase parecíaafirmar con la cabeza, Basilisk se los había ganado.

-La clase haterminado- concluyó el profesor. Los alumnos empezaron a aplaudirentusiasmados.


Derek estabafurioso. A su lista de decepciones ahora añadía que el quiddich sehabía suspendido por las desapariciones. Furioso, pegó un puñetazoen una de las mesas de la sala común mientras refunfuñabaamargamente. Además, por si fuera poco, parecía que todo el mundole miraba y cuchicheaba a sus espaldas.

-Hola Derek- lesaludó Pólux al llegar, estaba acompañado de Galaad- ¿como teva?- El chico tardó un poco en contestar, pero finalmente le contóa sus amigos lo sucedido.

-Es normal- dijoGalaad, con todas las desapariciones de éstos días.

-No digo que no loentienda- contestó Derek- pero me acaban de quitar la única razónpor la que me despierto por las mañanas, sobretodo ahora, que dentrode poco tengo que hacer las pruebas para el equipo.

-¿Y que vas ahacer?- preguntó Pólux, tomando asiento al lado de su amigo.

-Supongo que meentrenaré por mi cuenta, no tengo otro remedio.

-No digo eso, sinocon las desapariciones- replicó su amigo de gafas, como si fueraalgo obvio. Derek le miró sin entenderle.

-¿Que acaso tengoque hacer algo?- preguntó intrigado.

-Todo el mundo loespera- dijo Galaad. Derek se quedó de piedra, así que el chicorubio se explicó mejor- tu estabas el año pasado en el torneo delos tres magos, y hace dos contra Áspid. Chirstie, Virgil y Billparece que se están moviendo, todo el mundo esperaría que Tylerestuviera para "lideraros" o algo parecido, pero él no está,así que todos se giran hacia ti. Es normal que todos te mirenesperando que resuelvas el asunto, o al menos que lo intentes.

 

-Reconócelo,desde lo de Áspid; tú, Tyler, Christie, Virgil y Bill os habéisconvertido como en los aurores no-oficiales de Hogwarts. Y tu,que el año pasado estuviste en Francia, has ganado puntos para serascendido.

-¿Qué?- Derek nosabía que decir.- Ésto no podéis tomároslo a broma, ¿sabéis?,Vincent, Sophie, Enif o su hermana, entre otros, murieron, y ahoramucha gente está desaparecida. Yo no soy ningún héroe salvador,solo soy un jugador de quiddich al que ni siquiera lo han nombradocapitán en su último año. No podéis pedirme que saque de lachistera a todos los desaparecidos solo porque los demás alumnosconfían en mí.

-Ellos tienenesperanza- dijo Galaad.

-¡Pues hazlo tú!.Pero claro, desde fuera es muy fácil hablar, porque tú no has vistomorir a un amigo, o no te has enterado por los periódicos que tunovia está muerta- Derek no pudo más, las lágrimas chorreaban porsu cara, y la escena estaba siendo vista por varios alumnos deGryffindor.

-¡Que miráis!-dijo Pólux.

-No soy ningúnhéroe- repitió.

-Tyler lo habríahecho- Pólux parecía dispuesto a convencer a Derek.

-Me alegro por él,pero ¿sabes una cosa, Pólux?, yo no soy Tyler.

Capítulo5- Colloquor


Tyler aun noacababa de entender lo que pasaba, por más que Derek se lo hubieraexplicado una y otra vez con lágrimas en los ojos, la muerte deVincent era incomprensible. ¿Y pensar que el había estado celoso deno ser el campeón?, ¿ Y pensar que, de haber sido otro el campeón,Vincent no hubiera podido salvar a Derek?

Allí estaban, enel entierro de uno de sus amigos. Tyler abrazaba a Christie, quelloraba tímidamente mientras miraba al sacerdote hablar de formamonótona. El chico se mantenía fuerte ante todos los llantos dealrededor, intentaba parecer un hombre,pero no pudo evitar queun nudo se alojara en su garganta.

El sitio parecíaapático, no había casi gente en la iglesia, apenas dos decenas depersonas, la mayoría amigos de Hogwarts, más unos pocos familiares,entre los cuales figuraba el padre de Vincent, un hombre alto ydelgado, con fracciones delicadas y angulosas. Parecía una versiónmas adulta y canosa de su fallecido hijo, pero sin el aspectodesarrapado que solía llevar el mismo. El señor Valentine parecíaya demasiado abatido como para seguir llorando. Tyler prefirió noseguir mirándole, así que giró su cabeza hacia los bancos que seencontraban en la fila de al lado, allí vió a Derek, su mejoramigo, en un estado no mucho mejor que el del padre de Vincent,parecía derrumbarse por momentos. Estaba acompañado de Sophie, unachica que Tyler acababa de conocer, era rubia, sonrosada y bastanteresultona, esto se notaba incluso en un ambiente tan triste comoéste.

-No voy a podersoportarlo...- oyó Tyler musitar a su lado. Era Christie, que lemiraba fijamente a los ojos, Tyler se estremeció al mirarla. Susojos tintineaban debido a sus lágrimas y su cara triste parecía lamedicina para enternecer al chico. Pese a que Chirstie y Vincentnunca habían tenido una gran relación de amistad, al chico no lesorprendió que a ella le afectara tanto su muerte debido al carácterde la chica.

-Tenemos que serfuertes- dijo Tyler, intentando esquivar con la mirada a Chirstie,pero cogiéndola de las manos. -Vincent se ha ido, pero debemossuperarlo- al chico le estaba costando mantenerse frío.

 

-No lo digo porVincent- sentenció ella- sino por tí- Christie apoyó su cabeza enel pecho de Tyler, y continuó hablando- este año vas a la boca dellobo. Los tipos que mataron a Vincent están relacionados conDurmstrang, y tu......- Christie se calló antes de acabar la frase.

-No me pasaranada- le respondió él, seguro de si mismo- Oye... si intentanhacerme algo les pegaré una paliza a todos. Te lo juro, como haganalgo raro no dejaré piedra sobre piedra- Tyler se hinchó de orgulloy vanidad, ésto, en vez de calmar a Christie, la preocupó mástodavía.

-¡No!, ¿No tedas cuenta?... siempre igual... contra Áspid, contra Ares, ¿y ahoraque?, no has aprendido nada. ¿Que te ha pasado éste año?, Te hanexpulsado de Hogwarts por agredir a Ares, ¿Y todavía piensas que tepuedes salir con la tuya siempre?- Christie parecía enojada, lamezcla en su cara de las lágrimas de dolor por el entierro y elenfado momentáneo con su novio provocaban una mezcla terrible.

Tyler suspirólevemente, no encontraba las palabras apropiadas para ese momento,así que se tomó unos segundos antes de responder.

-No me pasaranada- le susurró finalmente.

-No quiero que tevayas tan lejos. Quiero poder hablar contigo todos los días-Christie le abrazó. Nadie, excepto Tyler, hubiera asegurado que haceapenas un minuto estaba enfadada.

-Eso tiene unasolución- Tyler acababa de tener una idea. Christie le miróextrañada.

-Éste año heaprendido muchas cosas con Wotan, ¿sabes?- Al oír éste nombre,Christie hizo una mueca extraña. Tyler prefería no hablar con nadiede lo de las clases particulares con el fantasma, era como una leydel silencio no-escrita. Pero por una vez, el chico encontróutilidad a esas cosas más allá de los duelos mágicos.

-Colloquo-musitó, apuntando con su varita a la chica de piel tostada, quemiraba extrañada lo que su novio hacía. Durante un minuto se hizoel silencio, Christie no sabía que pensar, pues el chico le mirabaextrañamente, como si esperara un resultado que no llevaba.

-No sabía tepreguntabas si era zurdo por alguna razón- le dijo Tyler finalmente.Christie miró muy confusa al chico.

-Es el hechizo, mepermite leerte la mente. Me lo enseño Wotan para usarlo contra otrosen duelos. Si te enseño el hechizo y me lo haces a mí, estaremosconectados mentalmente hasta que hagamos el contrahechizo. Que puedeser......¿nunca?.

-Así podremoshablar aunque estemos lejos, ¿no?- Christie pareció emitir suprimera sonrisa en días.

-Sí, pero con unacondición. No me leas la mente de siete a ocho de la tarde, escuando pienso en otras chicas- Tyler sonrió, pero a Christie parecióno sentarle bien la broma, así que pensó el insulto más fuerte queconocía y lo gritó en su mente. Tyler se alarmó al oirlo, perodijo:

-¿Porqué teenfadas?, ¿acaso prefieres que piense en chicos?. Bueno, de todasformas tenemos que "abrir" nuestras mentes para que elotro nos escuche, así que no vamos a estar permanentemente oyendonuestros pensamientos, solo cuando queramos.

Los chicosacabaron la conversación aquí para volver a la triste realidad yasí dar el último adiós a su amigo.


Christie estabaacomodada en uno de los cómodos tresillos de su sala común. Era yade madrugada, pero no dormía, sino que estaba mirando detenidamenteal fuego de la chimenea que ahogaba sus últimas llamas, mientraspensaba:

 

-Hoya desaparecido otro alumno. Una chica de Hupplepuff de primero, creoque se llama Aranhe.


-Todo éstohuele muy mal- oyó la chica en su mente. Era la voz de Tyler,que le contestaba- Intentaré averiguar todo lo que pueda. Tumantente a salvo, ¿vale?

-Tiene graciaque me digas tu eso..- replicó la chica

-Escuchamebien, Christie, ésto no es ningún juego. Todos podemos resultar malparados si la mitad de lo que sabemos de esos Titans es cierto.-La voz de Tyler sonaba muy seria.

-Ni siquierasabemos que ellos están detrás de las desapariciones.

-Claro-contestó irónico Tyler- El año pasado querian evitar una leymuggle, he oido mil cosas malas sobre ellos en lo que llevo en éstecolegio. Pero no, es verdad, seguro que en realidad están jugando alescondite.

Chirstie prefirióno responder, en vez de eso, sacó el mapa del merodeador de sutúnica. No esperaba encontrar nada realmente, pero revisarlo entreclases o esperarse hasta altas horas para buscar a los desaparecidosse había convertido en una mala costumbre.

-¿Y tu quehaces levantado a éstas horas?- le preguntó la chica, solo porhablar de algo.

-Unos tunicasrojas me han pedido que acuda con ellos a éstas horas aquí. Estoybajo el simbolo de Grindelwald.

Christie suspirómientras abría con un bostezo el mapa y musitaba la frase que lohacía funcionar. Dio un vistazo rápido y paró sus ojos en seco. Nopodía ser, decenas de manchas juntas andando en masa. Allí estaban,deambulando un pasillo cercano al baño de los prefectos, Athene,Jules, Vega o Aranhe fueron algunos de los nombres que adivinó ver.¡Los había encontrado!.

-Oye, Tyler, tedejo. Los veo, ¡veo a los desaparecidos!.

-Christie,espera, ¡No hagas ninguna tonteria!, ¡¿Christie?!- Tyler supoque ésto lo había pensado para si solo. Christie ya no leescuchaba.

El chico suspiróy miró por la ventana del pasillo. Era lo suficientemente tarde comopara llevar horas durmiendo, pero él estaba allí, esperando aLilith y sus amigos, que por alguna extraña razón le habían dichoque se reuniera con ellos a esa hora. A Tyler no le preocupaba quepudieran decirle algo los profesores por estar allí a esas horas,pues había comprobado que con los túnicas rojas las normas eranmucho más flexibles, y aunque no fuera uno de ellos, estaba allí apetición suya. Lo que realmente le preocupaba era lo que pudierapasar una vez llegaran, pues aun recordaba lo que Lilith le habíadicho sobre que los túnicas rojas podían ordenar sobre las otrastúnicas, como él.

-Hola Tyler- oyódecir éste desde la penumbra del pasillo, acto seguido, Lilith yotros tres chicos con la túnica roja aparecieron.

-Hola- respondió,mirando a los recién llegados, eran los mismos con los que Tylerhabía luchado en su primera noche. Lilith se le acercó a darle dosbesos en forma de saludo, pero uno de ellos acabó peligrosamentecerca de la boca, Tyler se quedó parado, sin saber como reaccionar,los otros se limitaron a levantar la mano en forma de bienvenida nomuy efusiva.

-¿Porque uninútil túnica azul tiene que venir ésta noche con nosotros?- Dijouno de los chicos. Tyler le reconoció como el chico de lospendientes y tatuajes al que lanzó el Magnum.

 

-Callate, Balrd,ese inútil túnica azul es el mismo que te dejó inconsciente con unhechizo, al igual que a Perseus- dijo una chica muy delgada y con losojos saltones. A Tyler le dió la sensación de que la chica podríatener algún problema mental.

-Sigamos, nopodemos retasarnos más- dijo Lilith, que miraba hipnóticamente aTyler. Los demás, pese a que lo dijo muy dulcemente, se lo tomaroncomo una orden. Lilith parecía ser la líder del grupo.

-¿Pero dondevamos?- preguntó Tyler, bastante extrañado.

-A cazar- le dijoel único chico que todavía no había hablado, era el mismo chicoalto y corpulento que había caído inconsciente encima de Tyler enla pelea de bienvenida.

-¿A cazar?-repitió el chico.

-Si amigo, nosvamos a cazar muggles- Al oír ésto, los cuatro túnicas rojasrieron.




Christie corríapor los pasillos a toda velocidad. Sujetaba en el puño cerrado elmapa del merodeador mientras que con la otra mano levantaba su varitapara iluminarse. Poco le importaba si el conserje le descubríacorriendo de madrugada, tenía que llegar como fuera al lugar dondehabía visto a los desaparecidos. Parecía casi surrealista quehubieran aparecido allí, tan de repente.

Después de unacarrera de unos diez minutos, llegó jadeando al lugar. No le diotiempo a reponerse, pues se quedó boquiabierta por lo que veía.Allí estaban, las decenas de alumnos desaparecidos. Pero algo noencajaba- pensó con un miedo que iba apoderándose de ella- losalumnos estaban formando en filas, y rígidos como estatuas, con laspupilas en blanco; pero mirando, si se le pudiera llamar de estaforma, de cara a Christie. Parecía una formación marcial. La chicaintentó huir, pues, pese al ruido que había echo al llegar,misteriosamente no se habían dado cuenta de su presencia. Pero algirarse se tropezó con una alta figura. Al chocarse, Christie secayó al suelo.

La chica levantóla cabeza, y vio a un hombre corpulento vestido con una túnicablanca, su cara estaba tapada con una capucha. Christie buscó atientas su varita con su mano temblorosa entre las fría piedra delsuelo; ni siquiera intentó gritar, pues sabía que se había quedadosin voz, además, los dientes le rechinaban.

El magoencapuchado levantó su varita y apuntó a la chica, que cerró losojos, pero simplemente oyó decir con una voz grave, pero juvenil:

-Accio varita-la chica abrió los ojos de nuevo para ver como la figura con la caratapada asía su varita con una mano, y con la otra la de la chica, lacual se guardó bajo la túnica. Finalmente dijo:

-Cuanto tiempo sinvernos, Christie, y cuanto han cambiado las cosas-La chica no sabíaque decir, finalmente, muerta de miedo y con un hilo de voz,respondió:

-¿Nos conocemos?

El mago se quitóla capucha, y Christie vio un rostro que reconoció inmediatamente.La chica se quedó paralizada de la sorpresa.

-Vas a unirte alejercito- dijo el mago, mientras señalaba a todos los chicos quedetrás suya seguían formando militarmente.

-No...... porfavor..... no me secuestres..... en el pasado hemos tenido nuestrasdiferencias, pero por favor....- dijo la chica mientras miraba a losinexpresivos alumnos, y acto seguido al mago de la túnica blanca.

 

-Me temo que notienes opción.

Capítulo6- La prueba.


Derek sonreía conla cara tapada con su túnica debido al viento casi invernal, frío yhúmedo. Su cara emanaba una felicidad que creía que no volvería asentir; lo había conseguido, había pasado la prueba. A partir delaño siguiente sería jugador profesional para los TutshillTornados; para celebrarlo pensaba invitar a Pólux y Galaad a unwhisky de fuego en cuanto los viera en la sala común.

El chico estabaagotado, nunca en su vida practicar el quiddicht le había resultadotan agotador, y a su vez, tan satisfactorio. Todavía recordaba conemoción las palabras de Ginevra Potter, la ojeadora del equipo, aldecirle que había entrado de reserva.

Después de eso,Derek se había transportado mágicamente con un auror hasta las cercanías delcastillo de Hogwarts, debido a las desapariciones y a la ordenministerial de no dejar que los alumnos abandonaran el castillo,Derek solo pudo ir a la prueba después de un extenso papeleo y deque un auror se responsabilizara personalmente de su custodia. Ahoramismo, caminaban a la par hasta la vieja verja que separaba Hogwartsdel mundo, la cual se veía todavía a unos cientos de pasos.

-Veoque mi mujer te ha dicho que entras en el equipo, ¿verdad?- le dijoel auror, mirándole con sus resplandecientes ojos verdes detrás deunas gafas. Éste tenía el pelo negro y alborotado y una sonrisatranquilizadora en la boca. En ese momento, al verle la cara adornadacon una cicatriz, Derek se dio cuenta de que se hallaba enfrente delmismísimo Harry Potter, Elelegido,el jefe de los aurores.

-Usted es.... nopuede ser.... es un honor.... señor Potter- dijo Derek entrecortado,la mera presencia de un mago que era una leyenda viva bastaba paraaturdir a Derek hasta el punto de no poder deletrear con precisiónlas palabras.

-Gracias, chico-respondió Harry mientras le daba la mano aturdido. Lo cierto es quetodavía, después de tantos años, le ruborizaba que la gente letratara como una especie de famoso. Incluso los amigos de Ted oJames, todavía niños ambos, se sonrojaban al hablar con él.

-Me han contadomiles de historias sobre usted, señor Potter. Si solo la mitad deellas son ciertas, merecería ser usted Ministro de Magia.- Harry rióabiertamente.

-Chico, nadie quehaya conocido a ministros como Fudge o Scrimgeour desearía ocupar supuesto, te lo aseguro.

Derekse quedó sin saber que decir, había perdido la vergüenza de hablaral señor Potter. Lejos de parecer el típico héroe de leyenda,Potter era más bien, humano.Las increíbles historias que de niño le habían contado a Dereksobre el chico que venció a Lord Voldemort no parecían reflejarseen ese hombre que le miraba simpáticamente.

-Seguramente loharía mejor que Biggs- dijo Derek, refiriéndose al primer ministroactual.

Derek oyó unaespecie de gruñido de desaprobación. Enseguida vio que no setrataba de Harry Potter, sino del auror que custodiaba la verja.Acababan de llegar.

-Hola, Lars-saludó Harry al mago menudo y delgado que custodiaba Hogwarts, Derekvió que tendría sobre unos cincuenta años, a juzgar por las canasde su pelo y barba.

-Que tal, señorPotter- Lars ni siquiera movió un músculo, sino que posó su vistaen Derek con un deje de desaprobación.

 

-Tranquilo,viene conmigo- respondió Harry antes de que Lars replicara.-¿Cualquiera diría que soy su jefe, eh?- le sonrió a Derek. Éstele contestó con una tímida sonrisa mientras se resguardaba la caraentre su túnica debido al viento del norte.

-Sabes que cumploórdenes directas del ministro- dijo sobriamente Lars mientras semovía el dedo por el bigote, intentando desentumecerse. Harrysuspiró resignado, pero mirando directamente a Lars a los ojos.

-Son órdenesestúpidas. Mientras vigilamos que no salgan, decenas de alumnosdesaparecen allí dentro, anoche desapareció una alumna de séptimo.Ésta vez el peligro está en Hogwarts, no fuera de él- El aspectode Harry cambió a uno más severo.

Derek escuchó conatención, ¿una alumna desaparecida?, inevitablemente se acordó decierta pelirroja y deseó que no le hubiera pasado nada.

-Pese a serestúpidas, siguen siendo órdenes- replicó Lars, que parecía noquerer morderse la lengua ante su superior. Harry gruñó y miródesafiante al otro auror, finalmente, le dijo:

-Ábrenos, voy allevar al chico al castillo. Finalmente a pasado la prueba de Ginny.-Lars asintió, e inmediatamente, la gran verja metálica se abrió depar en par, y Derek y Harry siguieron caminando hasta el castillo.

-Tienes que tenercuidado, Altae- le dijo Harry- parece que algo pasa en Hogwarts, y nose porqué, el ministerio no tiene ninguna prisa por mover un dedo.Encima ahora no podéis salir de aquí.... Los tiempos vuelven aestar algo agitados, hace dos años tuve que venir con otros auroresa sofocar un ataque de acromántulas- El auror parecía estarhablando en voz alta más que hacia Derek.

-¿Y que podemoshacer?- replicó Derek, angustiado.

-Citando a unviejo amigo ya fallecido, lo mejor es la alerta permanente.



-¡Vamos, hazlo!-la voz de Perseus sonaba casi autoritaria. Tyler estaba enfrente deun chico que apenas tendría los diez años, arrodillado frente a ély suplicando. Era un muggle al que habían capturado fuera de losterrenos de Durmstrang, y se notaba que no entendía muy bien comosus secuestradores le apuntaban con un palo de madera mientras reíanhistéricos. -Hazlo- le repitió, está vez Lilith, que pese a que suvoz era más aguda y dulce que la de Perseus, tenía un tono muchomás imponente que el suyo.

Los cuatro túnicasrojas miraban a Tyler, que nervioso era el que apuntaba con la varitaal niño. No sabía como salir de la situación sin hacer daño alchico, ¿pero acaso era posible, que llegados a ese extremo, el chicosaliera ileso?, rotundamente no. Sino lo hacía él, cualquiera delos otros se encargaría de torturar al muggle, y en ese caso lasconsecuencias para él tampoco serían muy agradables, intuyó elchico.

-Diffindo-dijo el chico, apuntando al brazo del niño. Inmediatamente se lecreó un corte del que empezó a emanar sangre.

-¿Que te creesque estás haciendo?, ¿enfadar a tu hermano pequeño?, ¡es unasqueroso muggle!- dijo la chica delgada de los ojos saltarines, quea Tyler le habían presentado como Hilda Temis- Crucio- dijo.El niño gritó de dolor mientras Temis reía histéricamente, comosi estuviera poseída. Los otros túnicas rojas acompañaron su risa,pero mas levemente.

Tyler miró laescena preocupado. Era macabro- Si bien su familia nunca se habíanpuesto a favor ni en contra de los muggles, ni siquiera cuandoVoldemort gobernó; todo lo que ahora estaba viviendo le pareciórepugnante.

 

-¿Que se suponeque vamos a hacer con él?- preguntó con un temblor en los ojos.

-Tenemos queborrarle la memoria. Si desapareciera la gente cercana a él haríapreguntas. Es una pena que no podamos matarlo, ¿verdad?- le contestóTemis, excitada, pero un poco resignada por la idea de no podercompletar el trabajo.

-Te queda muchopor aprender, cielo- le dijo Lilith mientras paseaba su delicada yblanca mano sobre el hombro del chico.


Derek iba caminode la sala común a pasos acelerados. Poco le importaba ya haberpasado la prueba o no, lo único que quería era asegurarse de queVirgil estaba bien. Era curioso, ya no eran nada, ella tenía novio.Pero a Derek no le importaba ahora nada de eso, solo quería que nole pasara lo mismo que a Sophie.

-Tranquila, nopasa nada, seguro que todo se soluciona rápido- Derek oyó como unavoz ruda y seca pronunciaba ésas palabras en una esquina próxima.Derek la reconoció , era la voz de Lancelus. Así que corrió por elpasillo hasta que llegó al lugar en cuestión. Allí, el chicoconsolaba a Virgil, que lloraba apoyada en el hombro del chico. Derekse sintió aliviado de ver que estaba a salvo.

-¿Que ha pasado?-preguntó preocupado el chico. Al darse cuenta de su presencia,Lancelus le miró furioso, caminó hasta Derek y le gritó:

-¡Déjala enpaz!, ¿me oyes?, ¡no te acerques a ella!- Lancelus le empujó, peroDerek mantuvo el equilibrio. Todos los oyeron los gritos se acercarona curiosear. Virgil seguía sollozando.

-¿Pero de quévas, idiota?- le contestó Derek, confuso.

-Si te quieresmeter en problemas, adelante, pero a mi novia no la metas en tusasuntos- Derek se acordó en ésos momentos de las palabras de Póluxde que todos esperaban que él y el resto de los que detuvieron aÁspid solucionaran ésto.

-¿Que ha pasado?-volvió a preguntar Derek, temiéndose lo peor. Vigil acabó deenjuagarse las lágrimas de la cara, y con la piel tan roja como supelo, contestó:

-Christie hadesaparecido.


Ya era de noche,pese a ser sólo media tarde, y el frío seco y glaciar hacía mellaen el chico. Lo cierto es que Tyler no acababa de acostumbrarse alclima escandinavo. El chico subía ágilmente los escalones de latorre. Estaba extrañado de que el subdirector Basilisk le hubierallamado; algo le decía que le estaban tratando de forma especial.Primero, los túnicas rojas le trataban casi tan bien como si fuerauno de ellos, y ahora, Basilisk le llamaba para hablar con él, yalgo le decía que no era por la caza de muggles de hace un rato, dela que incluso dudaba que supiera algo, y si lo sabía, pensó Tylermientras se acordaba de la clase de Historia de la Magia, leextrañaría que se lo tomara mal.

Fobos Basilisk-pensó Tyler. El mismo nombre que Derek le había dicho. El mismo quebajo una capucha blanca mató al campeón de Durmstrang por nocumplir su misión. Tyler apretó el puño con rabia, quería quealgo sucediera; quería tener una razón para arrasar el castillopiedra por piedra, pero simplemente no sabía como ponerse a ello conuna razón de peso. No tenía pruebas de absolutamente nada.

Finalmente llegóa las puertas del despacho, eran de madera pesada y negruzca, conunos picaportes y unas manillas que simulaban dragones- seguramenteun Ridgeback noruego- pensó Tyler, que no era muy bueno en Cuidadode criaturas mágicas- a los lados unas columnas de piedra maciza ,adornadas con el escudo verde del colegio, decoraban sobriamente elconjunto.

 

-Perfecto, vas muybien en tu primera misión- Tyler oyó la voz de Basilisk. La puertano estaba cerrada totalmente, y el sonido se coló por los pocoscentímetros que la dejaban entrejuntada. El chico, silenciosamentepuso el ojo, y vio como Basilisk, de espaldas a él, hablaba a lachimenea, el fuego de la cual era verde. Seguramente su interlocutorestaba usando la red flú.

-Gracias, duranteel año pasado me entrenasteis muy bien- le contestó una vozextrañamente familiar a Tyler. Basilisk rió complaciente, estabacontento.

-Recuerda coger ala otra pieza. Anoche cogiste a una, te queda la otra.

-Me quedan más-le contestó desde la chimenea su conversador. El cuerpo de Basilisktapaba su rostro en la chimenea.- Pero sí- prosiguió- la piezacomplementaria a la de anoche la cogeré en cuanto pueda.

-Perfecto- dijososegadamente Basilisk- contigo, el proyecto Sangre Nueva será todoun éxito. De repente, las llamas volvieron a su color normal, por loque Tyler supuso que la conversación había acabado, así que seechó para atrás para que Basilisk no le viera curioseando. Enefecto, el sonido de la silla del despacho moviéndose indicó aTyler que Basilisk estaba acomodándose en su mesa.

El chico prefirióesperar un poco, hubiera sido muy extraño entrar momentos despuésde que acabaran la conversación, y Tyler supo que nadie debíaenterarse de lo que había oído, así que se quedó meditando unosminutos tras la puerta. -Sangre Nueva, la otra pieza..- por más quelo pensara, Tyler no podía darle sentido a esas palabras, para él,era una formula irresoluble.

Finalmente, cuandoel chico consideró que había pasado el tiempo suficiente, entró enel despacho.

-Hola,subdirector- dijo educadamente, pero sin entusiasmo.

-Hola, señor Fox.Por favor, siéntese- Basilisk le señaló con la mirada la alta ymajestuosa silla que había enfrente suya. Tyler obedeció.

El despacho deBasilisk no podía ser más acorde a su persona- pensó el chico-estaba lleno de cuadros enormes de batallas o duelos mágicos, y todoel mobiliario o aparatos de la estancia eran sobrios, pero atrayentesal mismo tiempo. Tyler se fijó en el cuadro de un mago que colgabadetrás de Basilisk, era un mago joven y altivo, de pelo castaño quele llegaba hasta los hombros. El pintor había sabido plasmar laenergía y carisma que transmitía esa persona. Basilisk intuyó queTyler miraba esa pintura, pues le dijo:

-Ese hombre, señorFox, es el Rey Caelus. Alumno de su anterior escuela hace mil años,aprendió personalmente de los fundadores y de los primeros maestrosde la escuela, creo recordar que el primer director le tenía unagran estima.- Tyler asintió con la cabeza mientras Basilisk seajustaba las gafas. El chico había notado que era una manía muyfrecuente en el mago rubio- Caelus es el fundador de las ideas queintento inculcarles en mis clases, señor Fox.

Tyler se quedódubitativo- ¿así que ese tal Caelus había sido alumno de Wotan yde los fundadores?. El primer directo le tenía una gran estima-meditó- así que era una persona cercana a Wotan. ¿le habría dadoclases particulares en su tiempo, como a él?. Es posible- serespondió a si mismo mientras miraba al mago que sonreíaorgullosamente tras el cuadro mientras le guiñaba un ojo, y actoseguido, se autoimponía una reluciente corona de plata decorada condragones escupiendo fuego.

 

-Se preguntaráporqué le he llamado, no señor Fox?- le dijo el subdirectorpausadamente. Tyler movió la cabeza de arriba a abajo.

-Loque voy a decirle puede que le afecte, pero me veo en la obligaciónde hacerlo- Basilisk se quitó las gafas para limpiárselas con unpañuelo.

-¿Que pasa?- seatrevió a decir Tyler. Lo cierto es que con Basilisk le pasaba lomismo que con Wotan u otras figuras de autoridad, le costaba sacarese lado desafiante y orgulloso que le caracterizaba.

-No se si sabráque en su anterior colegio se están produciendo hechos terribles.Desapariciones de alumnos que no dejan huella tras de sí.- A Tylerse le hizo un nudo en la garganta, no sabía que le iba a decir, peroestaba seguro de que no le iba a gustar.

-Lamentablemente,me veo en la obligación de informarle de que una persona cercana austed ha desaparecido. Su compañera Christie Laksmie.- Tyler ahogóun grito y pronunció unas cuantas palabras malsonantes, esossegundos de angustia se le hicieron eternos.

-¡Es usted!,¡usted y los Titans!- gritó finalmente mientras saltaba de suasiento y sacaba la varita para apuntar a Basilisk. Éste, sinalterarse lo más mínimo, desarmó con la suya a Tyler sin esfuerzo.Pese a ello, cuando Tyler pronunció la palabra Titans un deje desorpresa recorrió los ojos del mago.

-No se de quéestá hablando, pero cálmese- dijo sosegadamente, como si hubieradecidido obviar que Tyler había querido agredirle.- Vayamos porpartes- dijo- ¿usted cree que yo tengo algo que ver?

-¡No soy idiota,estuve en su clase... todo ese rollo antimuggle!, ¡Y que casualidad,en Hogwarts desaparecen hijos de muggles!

Basilisk no seinmutó, solo se volvió a ajustar las gafas, para decir- Señor Fox,le recomendaría prestar más atención a mis clases. ¿Acaso no dejébien que a los magos de sangre no-mágica se les debía tratar comoal resto de la comunidad mágica?- La voz de Basilisk no se alteróun mínimo. Tyler refunfuño, pero acabó asintiendo.- Además-prosiguió- cree que si yo hubiera tenido algo que ver, ¿hubieraquerido anunciarle la noticia?- Tyler no contestó

-¿Y que es eso delos Titans?- preguntó el mago, haciéndose el sorprendido.

-Nada, señor-Tyler se sintió estúpido por relevarle parte de lo que él sabíade forma inútil.

-Entiendo que digasandeces por estar alterado debido a la trágica noticia, señor Fox.Si hay novedades en el asunto no tenga duda que se las haré saber.-Tyler suspiró hondamente, lo que el subdirector interpretó de formapositiva.

-Por último- dijoel mago- ésta vez pasaré por alto los actos que han tenido lugaraquí, pero como vuelva a presenciar una falta de respeto semejante,las consecuencias serán terribles.- Su voz era ahora mucho mástétrica, al igual que su aspecto, que infundía todavía masrespeto, incluso un cierto temor a su persona- Tyler volvió aasentir, sintiéndose cohibido.

-Otra cosa más-dijo volviendo a su voz y aspecto sosegado- recuerde que en brevecomienzan sus clases con el profesor Xánatos. No podemos utilizarconstantemente el hechizo bilinguo, o perderá su eficacia.

-Si, señor.

 

-Muy bien, puederetirarse.



Por fin entraronlos primeros rayos de sol por el ventanal de fría piedra; tímidos ytemblorosos alumbraban fugazmente el dormitorio de los tres chicos.Otra noche más sin pegar ojo- pensó Derek mientras se levantaba.Las ojeras eran cada vez mas profundas y su cansancio más evidentepor el insomnio provocado vete a saber si por la muerte de Vincent ySophie, por las desapariciones (la última la de la novia de Tyler) opor todos los cuchicheos que tenía que escuchar cuando pasaba cercade cualquier corrillo de personas, esperanzados por alguna extrañarazón en que él hiciera algo. Pero él no era un héroe- pensópara sí, y miró la cama desocupada que en su momento perteneció aVincent mientras una sensación amarga recorrió su cuerpo mientrasrememoraba el momento en el que su amigo se interpuso entre él y unamaldición asesina. Ahora mismo, el instante de felicidad que supusosaber que iba a jugar en un equipo profesional parecía tan lejanocomo la primera vez que montó en escoba.

Derek se decidióa bajar a desayunar. Era temprano y no tendría que aguantar ademasiada gente clavando sus ojos en su nuca, así que se fue deldormitorio sin hacer ruido para no despertar a Pólux o Galaad, ycuando acabó de vestirse bajó a la sala común y se fue directo algran comedor.

Derek estuvo en locierto en que no habría casi nadie, apenas una decena de alumnosestaban desayunando tan temprano, pero aún así tuvo que aguantarque dos alumnos de Hupplepuff cuchichearan señalándole al entrar alGran Comedor.

Derek se sentósólo en la mesa de Gryffindor. Odiaba no estar acompañado poralguien, pero en esos momentos prefería maldecir en soledad a todoel que se le quedara mirando esperando un milagro que esperar a Póluxy Galaad para desayunar, pues para entonces el Gran Comedor estaríalleno, y es lo que menos deseaba.

El chico se sirvióunas tostadas con mermelada. En realidad no tenía hambre, peroprefería seguir la rutina para no dar rienda suelta a sus amargospensamientos; pero de nada sirvió, Derek vio acercarse la figura deun chico de Hupplepuff hacía él, le sonaba de vista, pero noacababa de adivinar quien era.

-Oye...¿Derek?-Le dijo el chico, menudo pero grueso, por su expresión parecíaestar muy preocupado, tenía unas bolsas en los ojos casi tan grandescomo las de Derek.

-Si- respondió,intentando parecer un poco amable- ¿Que quieres?

-Soy Matt Murdock,el amigo de Bill- En ese momento, Derek cayó en la cuenta de que erael chico que siempre estaba acompañado de Bill, el hermano deChristie.

-Encantado- dijo,un poco irónicamente.

-Tienes queayudarme, Derek- dijo Matt, alarmado- es Bill, no está, ¡Hadesaparecido también!, pensé que había ido a buscar a su hermanaChristie, pero no lo veo desde anteayer..... por favor... ¡ayudame!

Derek se quedó enestado de shock. Bill había desaparecido, el chico al que podíaconsiderar su amigo desde el torneo de los tres magos, el que lesalvó la vida del ataque del troll.

-Ayudame...-repitió Matt con un hilo de voz. Se hizo un silencio enorme en esemomento.

-¿Se lo has dichoa los profesores?- Matt negó con la cabeza y miró tembloroso aDerek.

-¡Pues ve!,¿Vienes a decírmelo a mi antes que a ellos?, ¿en que demoniosestás pensando?- La ira se apoderó de Derek. Sencillamente noaguantaba más esa situación, todos querían que hiciera algo soloporque pensaban que era una especie de superhéroe, pero lo únicoque había echo siempre era preocuparse por los suyos y estar conmucha suerte en el momento adecuado y en el lugar adecuado. Nisiquiera había resuelto él nada, hace dos años fue Tyler quienacabó con Áspid, y el año pasado Vincent tuvo el mérito de parara los Titans.

 

-Yo... pensé quedebía decírtelo a ti- al oír ésto, Derek prefirió no seguirdiscutiendo, así que se levantó y se fue a pasos rápidos del GranComedor. Pensaba hacer lo único que realmente podía hacer en esemomento y lo que Matt debería haber echo, avisar a los profesores.

Le resultó masdifícil de lo que en un principio pensó, a esas horas no ningúnprofesor se dejaba ver, pues estaban preparando las clases, osimplemente durmiendo todavía. Derek andaba a paso marcial por elcastillo, sin dirección concreta pero esperando encontrase aalguien, pero la única compañía que tenía cerca era la de algúnfantasma que se acercaba a curiosear el porqué de la rapidez delchico.

-Este año pareceque tendremos buenas mandrágoras, están creciendo mejor de lo quecreía- La voz del profesor Longbottom sonaba cerca, apenas a unasdecenas de metros, que el chico escuchaba debido al eco de lasparedes de piedra y a la soledad matutina.

-¡Profesor!-gritó Derek, cuando llegó, Neville le miraba extrañado,estabaacompañado por la directora, cosa que el chico agradeció debido ala situación.

-Dígame, señorAltae- respondió el profesor, que miraba directamente al castaño,éste no se anduvo con rodeos y dijo directamente lo que pasaba;cuando acabó de explicarse, McGonagall y Longbottom se miraron, paraque finalmente la directora le dijera:

-Muchas graciaspor su información, señor Altae- al decir ésto, se le quedómirando, esperando a que se fuera, Derek se sorprendió.

-¿Ya está, novan a hacer nada más?

-Lo que hagamos noes de su inconveniencia, Altae- dijo Neville, con una expresión algomás autoritaria de lo que en él era habitual.

Derek se les quedómirando unos segundos, y después comprendió que nada más iba apasar, la conversación había acabado, así que se fue.

-Debemos intentarno implicar a los alumnos y solucionarlo con discreción, mesorprende que no estén incluso más alterados- dijo McGonagall, a loque Neville asintió.

-Pero ésto no esnormal- replicó Neville- no veía nada similar desde mi segundo año,con la cámara de los secretos. Deberíamos volver a hablar con elministro.

-Ya lo hemosintentado, y se niega en redondo a dejarlos marchar, incluso Potter yRon Weasley desde el departamento de aurores lo presionan, pero nocede; ni siquiera Granger, que trabaja personalmente para él, lehace entrar en razón para que los deje marchar a la seguridad de suscasas.-razonó McGonagall, Neville asintió.

-¿Pero que puedeestar pasando?- se preguntó Neville, meditando en voz alta.

-Si lo supiéramos,hubiéramos pasado ya a la acción y no estaríamos rezando para quelos desaparecidos estén bien.



Fuera llovíabruscamente, pero las dos figuras no parecían notarlo. La estanciade fría piedra tenía un aire tétrico e imponente, pero en ciertamedida era acogedor, como si fuera ocupado por un cargo sumamenteimportante.

-Tartessus cadadía está más débil, el cautiverio parece que empeora su salud-dijo, desde bajo de una capucha blanca la voz histérica de Mosag.

 

-No importa, ya nonos sirve. Dejarlo encerrado en una celda hasta que muera, con lo quesabe no podemos dejarlo vivo- dijo la otra persona con una voz baja yrasposa. Mosag asintió.

-¿Y con la hija yla mujer del ministro inglés?- preguntó Mosag

-A esas todavíalas necesitamos, gracias que las tenemos secuestradas hemosconseguido que Biggs, el ministro, apruebe la ley para que losalumnos no salgan de Hogwarts y que la mantenga bajo toda la presiónque le ejercen, así lo tenemos más fácil para continuar con elproyecto de Sangre Nueva.- Por la voz del hombre se adivinaba unpunto de emoción y entusiasmo, como si todo le estuviera saliendoredondo.

-Ahora vuelve conGargant a Numerbarg para vigilarlas, yo seguiré entrenando alsustituto de Ceo.

Mosag dio un pasopara atrás mientras se despedía con respeto del hombre, después sedesapareció para irse a la antigua prisión mágica.



-Pasa, Fox- ledijo el profesor, éste era menudo y algo chepado, con el pelo negroy rizado. Al abrir la boca, Tyler se dio cuenta de que le faltabanunos pocos dientes, además, llevaba una mal cuidada barba rala.

El chico entró enla clase vacía, donde decenas de objetos mágicos se amontonaban conel polvo. Tyler miró al profesor, que pese a que el chico ya habíaadivinado quien era, se presentó:

-Soy el profesorXánatos- dijo con un habla siseada- normalmente doy clases de ElArte de la Magia, una mezcla de las clases de Encantamientos yTransformaciones de tu colegio anterior, pero hoy estoy aquí paradarte clases de sueco y noruego- Xánatos cerró la puerta de laclase bruscamente, al hacerlo, Tyler se dio cuenta de que sus gestosy andares eran algo torpes y lentos, como si tuviera agarrotado elcuerpo por el frío polar de la zona.

-Y bien- prosiguióel profesor Xánatos- ¿ya sabes algo del lugar?, ¿con quien suelesir en éste colegio?

Al moreno leextrañó la pregunta (demasiado personal, pensó), pero se limitó acontestar, pues pensaba que se la había echo para empatizar con él.

-No conozco a casinadie, la verdad, pero he ido algunas veces con Lilith y sus amigos-dijo sin darle importancia, pero Xánatos en cuanto oyó pronunciar ala túnica roja abrió los ojos de par en par y acercó su rostro aldel chico.

-Te quierencaptar- le susurró, como si alguien pudiera oírles en ese lugar, alolerle el aliento, Tyler notó el inconfundible pudor del whisky defuego y de alguna otra bebida que no lograba identificar.

-Esto es malo....ya lo creo que es malo... ya tienen en su órbita a Perseus, Lilith,Temis, Barld o el nuevo.... por ellos ya no podemos hacer nada....pero por éste chico sí.... tengo que avisar a Asmodeus..... yamurieron muchos a principio de curso.... "no nos valían" dijoBasilisk.....- Xánatos andaba por la clase como un desquiciado, yTyler intuyó que la bebida tenía algo que ver. La imagen quemostraba era muy diferente a la del subdirector, tan formal, pulcro eimponente, Xánatos, por su parte, parecía un mendigo borracho conuna varita en la mano.


-Escúchame- ledijo finalmente a Tyler- no te relaciones con ellos. Yo ya intentéentrar, pero me rechazaron. Ahora me alegro de no estar de su parte,tu no has visto todo lo que yo.

Tyler no sabíaque decir, desde luego, el profesor parecía ido, como si hubieraestado bebiendo durante horas solo para esa clase. Si tenía queelegir entre lo que decía Xánatos o lo que Basilisk le contaba,desde luego, se quedaba con el subdirector.

 

-¿Se encuentrabien?- le preguntó finalmente.

-¡Ferpectamente!-dijo, hipando un poco- estate atento, Fox, y no dejes que temanipulen.

-Nadie memanipula- respondió, sacando su vena orgullosa.

-Lo hacensutilmente, pero lo hacen. Te meten sus ideas en la cabeza de formalenta, pero efectiva, aunque tu no te des cuenta.

-¡Pero usted quese cree!, ¡¿viene borracho y me cuenta sus paranoias y cree que voya seguirle el juego?!- Los ojos de Tyler bramaban de odio.

-Veo que susmétodos empiezan a tener efecto en tí, mas deprisa de lo quepensaba... no se si estaremos a tiempo de salvarte de ellos...-Divagó Xánatos- será mejor que no sigamos hablando por hoy, osospecharán... ellos creen que estoy de su parte... tu no digasnada...- El profesor miró a un lado y otro de la clase, como sialguien pudiera estar escondido detrás de un pupitre.

-Tranquilo- lecontestó Tyler- no le diré a nadie que está como una cabra.



-No te preocupespor esa hija de muggles- le dijo la chica a Tyler melosamentemientras le pasaba la mano por el hombro, en señal de consuelo.Tyler hacía caso omiso a los gestos de Lilith; no estaba de humor.Sus rasgos enérgicos y un poco afilados parecían ahora abatidos.

La chica se habíaacercado hasta la mesa de los túnicas azules solo para estar conTyler, el cual no le hacía caso. Los otros túnicas azules mirabanla situación atemorizados por la presencia de la líder de lostúnicas rojas y extrañados por la rara escena, en la que la cruelLilith consolaba de forma dulce al extranjero.

-Estoy aquí paraayudarte- le consoló la chica- no te obsesiones por una chica,tienes detrás tuya a otras, ¿sabes?- Tyler se giró a mirarla, éstale devolvió la mirada de una forma que le recordó a la de Christie,lo que le entristeció más todavía. Ahora no estaba para hacer casoa nadie- pensó el moreno- tenía demasiadas cosas en la cabeza: ladesaparición de Christie, los Titans, Basilisk y sus teorías....Tyler suspiró, por lo que Lilith le consoló más todavía. El chicogruñó en señal de desaprobación, pero no hizo nada más.

Tyler pensó en lasituación; había decidido de que, por ahora, no relacionaría aBasilisk, sus métodos y los túnicas rojas con los Titans. Aunqueseguía sospechando que había gato encerrado, no dejaba de encontrarlas teorías de Basilisk locas a la par que atractivas; como la clasede ideología de las leyendas épicas, pero con un frío y oscurolavado de cara. En cuanto a lo que escuchó en el despacho del mismosobre algo llamado Sangre Nueva, Tyler no podía tener ni idea de queera, pero creía que cualquier cosa era posible y que no teníaporqué tener relación con lo que a él le interesaba.

Nada habíapensado sobre Xánatos, aunque intuía que poco había que decidir.No era otra cosa que un borracho con más fantasía y verborrea quecabeza, ni siquiera quería volver a una clase de las suyas, aunqueen el fondo sabía que no tendría más remedio.

Tyler se acordóotra vez de Christie y de todo lo que estaba pasando en Hogwarts.Parecía que los acontecimientos huían de él. El año anterior laacción estuvo en Francia mientras se lamentaba de que tenía quequedarse en Inglaterra, y ahora, que estaba en Durmstrang, enHogwarts pasaban cosas inexplicables. Tyler cerró su puñoenrabietado mientras volvía la imagen de su novia volvía a sumente. Se sentía impotente, pues poca cosa podía hacer desde allí.

 

-Yo siempre estaréaquí, como mínimo, soy tu amiga...- se insinuó Lilith mientrasacariciaba con su mano la de Tyler. -Amigos... eso es..- pensó Tylerpara sí mismo, acordándose de algo que resultaba más que obvio.Tyler se levantó de sopetón y salió andando a paso muy rápido,camino a la su habitación mientras a su espalda dejaba a Lilith, queparecía no asimilar que Tyler acabara de irse.


Por fin llegó alcuarto que compartía con otros tres túnicas azules de los que nisiquiera se acordaba del nombre. Al llegar, Céfiro, su enorme yvieja lechuza parda graznó en forma de saludo, pero Tyler norespondió, en vez de eso abrió un pergamino nuevo, arrancó unaparte y escribió:


HolaDerek:


Seque ahora en Hogwarts las cosas están difíciles, no paro de pensaren ello desde que Christie desapareció. Por eso quiero pedirte quete acuerdes de tu promesa, la que hiciste cuando nos despedimos deVincent. Yo sigo intentando descubrir cosas sobre los Titans, pero meparece que en Durmstrang no hay mucho que averiguar.

Saludos.

Tyler

P.D:Deja que Céfiro descanse unos días con tu lechuza, Boreas, antes dehacer que vuelva. El viaje es muy largo y Céfiro muy anciana.


Tyler miró lanota. Era corta, pero no quería extenderse demasiado, lo único quele importaba era que el mensaje llegara a su amigo. Sabía que Derekno podía hacer gran cosa, pero él podía hacer incluso menos.

El chico llamó asu lechuza, que se acercó moviendo elegantemente las alas.

-Escucha, Céfiro,quiero que vayas a Hogwarts y entregues ésta nota a Derek, ¿deacuerdo?, quiero que vayas todo lo rápido que puedas y que teasegures que la lea. Cuando la entregues puedes descansar allí antesde venir, si quieres.

Céfiro emitió unsonido en señal de aprobación, luego extendió su pata para que sudueño le atara la nota para después echar a volar. Tyler estuvoasomado a la ventana hasta que Céfiro se perdió de vista.



-Sería mejor queintentaras algo, al menos para que los demás tengan esperanza- lereplicó Galaad, que estaba sentado en uno de los cómodos sillonesde la sala común. Derek le miró inquisitivamente.

-¿Y porqué no lohaces tu?- le replicó el castaño.

-Lo haríamos-dijo Pólux, respondiendo por su amigo- pero no esperamos conseguir

nada, ni siquieracreemos que tu puedas llegar a algo. Pero no se trata de conseguir ono encontrar a los desaparecidos, sino de que los demás vean que elchico que estuvo con Vincent, el campeón, en sus momentos finales yque ayudó a atrapar al tarado de Áspid está haciendo algo.- Póluxmiró curioso a su amigo Derek por detrás de sus gafas, quereflejaban las llamas de la chimenea. Derek hizo un sonido dedesaprobación con su garganta mientras volvía su vista al ejemplarde Quiddicht a través de los tiempos que estaba leyendo.

-Si decidierashacer algo, te apoyaríamos. Te ayudaríamos a intentar encontrarlos-dijo Galaad finalmente.

 

-¡Ya basta!-explotó Derek mientras tiraba el libro al suelo- ¿Os creéis que yosoy una especie de salvador o algo así?, ¿os creéis que tengo elarrojo de Tyler?, ¡Pues no!, lo que hice, si es que hice algo losaños anteriores, fue solo porque mis amigos necesitaban ayuda en esemomento, no porque me gustara solucionar problemas o hacerme elhéroe.

-¿Y que es lo quepasa ahora?- se envalentonó Pólux- ¿Christie o Bill no son tusamigos?, ¿o solo vas a actuar si desaparecen Tyler, Virgil o...?

-¡Vincent muriópor culpa de esa gente, ¿sabes?!, Y Sophie, mi novia, también. Paravosotros es muy fácil hablar porque solo habéis visto el peligro delejos, pero nunca habéis tenido que pelear a vida o muerte conÁspid, nunca os a atacado un troll furioso y nunca os han lanzadouna maldición asesina.

-¡Maldita sea,mucha gente está en peligro!

-¡Pues adelante,sal a buscarlos!- gritó furioso Derek, pero de pronto, él y Póluxenmudecieron. Céfiro, la lechuza de Tyler acababa de entrar por unaventana de piedra hasta la sala común y se había posado cerca deDerek. Éste se quedó mirando la lechuza, la cual le devolvió lamirada con sus ojos grises.

-Creo que trae unanota para ti- dijo Galaad a Derek, mientras señalaba el arrugadopapel que tenía Céfiro en la pata. El chico se acercó y la ancianaave le alargó su pata derecha para que le desenroscara la nota.Derek la leyó tranquilamente, dejó pasar unos largos segundos y lavolvió a leer. Sus dos amigos se miraban extrañados hasta quefinalmente dijo decidido:

-Tenemos queencontrarlos.


La mujer, con losojos cerrados, sostenía la varita con la mano mientras se apuntaba asu propia cabeza, de ella salía un hilo plateado que caíadirectamente en un frágil frasco de cristal. Eran recuerdos que sealmacenaban para ser usados en un pensadero.

Umbra Neoditsabrió sus aburridos ojos y puso un tapón al frasco de la delicadasustancia. Luego acercó un grueso sobre, dentro del cual había yauna carta escrita por ella misma:


ParaNyx:

Teenvío un objeto muy importante con ésta carta. Dentro de unos mesesvendrán a buscarme unas personas, pero no estaré, así que dales loque te envío. Es de suma importancia. Cuando lo hagas, puedesconsiderarte libre.


La profesora metióla botella dentro para después cerrarlo. La profesora se acercó auna de las esquinas de su despacho, donde reposaba una esqueléticalechuza negra, que abrió los ojos al ver acercarse a la mujer yerizó sus plumas, pero Neodits hizo caso omiso, y sin inmutarse, ató con fuerza la carta a la lechuza.

-Llevala a mi casay dásela solo a mi elfo doméstico- dijo sobriamente. La lechuza secalmó y miró a su dueña, como queriendo comunicarse con ellamentalmente. Segundos después, alzó el vuelo.

Neodits volvió asentarse en su mesa, como si nada hubiera pasado, para corregir losexámenes que se amontonaban en la misma. Sacó su pluma y sutintero, pero antes de poder empezar a leer, llamaron a la puerta.Neodits dibujó una leve sonrisa de suficiencia.

-Adelante- dijosimplemente y sin alzar la voz. Acto seguido, un chico de unoscatorce años entró a ver a la profesora.

-¿Quería verme,profesora?- le preguntó el chico, con pecas , un rizado pelo castañoy fracciones gruesas.

 

-Si, señor Wayne,me temo que debo hablar con usted sobre sus resultados enTransformaciones, pues no son todo lo buenos que deberían. Perosiento comunicarle que ahora no tengo tiempo. Si fuera tan amable, leagradecería que viniera a verme a las doce de esta noche.- El chico,al oír ésto, tragó saliva para coger fuerzas.

-Pero veráprofesora, no es seguro salir por la noche, y menos con lasdesapariciones. Soy hijo de muggles.

-Le aseguro que nole va a suceder nada, si se encontrara con el conserje u otrosprofesores, les dice que viene a verme. Pero le agradecería que nole comentara nada de ésto a ningún otro alumno, no me gustaría quese extendiera las costumbres de las tutorias nocturnas.- Neodits miródirectamente a los ojos al adolescente, el cual asintió con lacabeza y se marchó. Neodits volvió a sonreír tímidamente, comouna niña que realiza una travesura. Wayne desapareció esa nochemientras iba a verla.

-Virgil, por finte encuentro- dijo Derek cuando la vio, pero algo le hizo darsecuenta de que no era un buen momento para pedirle ayuda. La pelirrojatenía los ojos enrojecidos de llorar y una expresión temblorosa ensu rostro. Lancelus, que la acompañaba, enseguida le reprendió:

-¡¿No te dijeque no te acercaras a ella?!- bramó enfurecido.

-Creo que la chicapuede tomar sus propias decisiones, ¿no crees?- contestó Pólux sindejar tiempo a su amigo a decir nada. Él y Galaad habían insistidoen involucrarse en todo ésto y ayudar a su amigo.

-¿Que te pasa?-le preguntó directamente Derek a la chica, obviando las palabras deLancelus, pero cuando fue a acercarse a ella, su novio se puso enmedio y le miró amenazadoramente.

-He visto aChristie , a Bill y a Athene..... estaban paseando... comoposeídos...- dijo Virgil con una voz desgarrada y ajena a ladiscusión que Lancelus tenía con Derek. Éste, al oírla, ysorprendido por sus palabras, bajó la guardia y Lancelus consiguióempujarle, haciéndole caer de espaldas.

Flipendo!-Galaad no se lo pensó y atacó al chico, que también cayó deespaldas con gran fuerza, pero enseguida se levantó con caradolorida y dispuesto a devolver el golpe.

-¡Parad!- gritóenseguida Derek, y Galaad y Pólux, que también tenía la varita enalto, guardaron su arma. Lancelus, al ver que no habría pelea, hizolo propio con la suya.

-¿Como es que hasvisto a Christie y a Bill?- preguntó Derek a Virgil, que seguía muyalterada. Al menos esta vez se acercó lo suficiente a ella sin queLancelus le parara.

Virgil se tomócasi un minuto para responder, respirando entrecortadamente. Derek,sin embargo, no metió prisa, sino que dejó que la chica seesforzara en intentar explicarse con exactitud y templanza.Finalmente, cuando pareció calmarse un poco, empezó a hablar conuna voz que seguía siendo nerviosa y débil.

-El profesorFlitwick nos pidió a los prefectos de Ravenclaw si podíamosayudarle a buscar por los retratos a Sir Cagodan, que llevaba variosdías sin aparecer por el suyo propio. Estaba oscureciendo y yobuscaba por la cuarta planta cuando de repente los vi a lo lejos, avarias decenas de metros... formaban parte de un grupo de unos sieteu ocho y también distinguí a otros como Athene.... les grité, perono me escucharon, parecían como idos, como si no fueran conscientesde lo que pasaba. Finalmente desaparecieron, pero no me sentí confuerzas para seguirlos....- Virgil acabó de hablar y respiró hondo,para acabar mirando a Derek a los ojos, buscando un poco de consuelo.El chico se estremeció ante la tristeza que emanaban de ellos, peroal mismo tiempo esos ojos hipnóticos no dejaban que la vista seapartara de ellos.

 

-¿Cuando pasóeso?- preguntó Galaad, tomando la iniciativa.

-Ayer a últimahora de la tarde- contestó Lancelus en lugar de Virgil ,pero con untono de voz nada cordial que hacía ver que quería que los tresGryffindors se fueran.

Se produjo unsilencio muy incómodo en el pasillo, pues ninguno sabía que decir acontinuación. Sólo algún sollozo de Virgil rompía el vacío.

-Deberíamosvolver a ese pasillo- dijo finalmente Galaad. Derek asintió deinmediato, pues es lo mismo que estaba pensando él en ese momento.

-Virgil, ¿podríasllevarnos allí?- le preguntó Derek, intentando transmitirtranquilidad. Ésta le miró a los ojos de nuevo y asintió con lacabeza.

-¡No!, ¡ Nihablar, ella no va!- dijo Lancelus, mientras volvía a empujar aDerek para a alejarlo de la chica. El castaño estuvo a punto dereplicar, pero no hizo falta.

-Si que voy- dijoella, en un tono más seguro y serio del que usaba siempre- deboayudar a encontrar a mi amiga. Ella lo haría por mí.- Lancelus miróa Virgil, y luego gruñó en señal de desaprobación, perofinalmente asintió con la cabeza.

-Entonces yotambién me apunto, no voy a dejarte sola con éstos descerebrados.

Pólux rió entredientes y se acercó a Galaad sin que nadie lo notara parasusurrarle:

-Oye, me apuestotres knuts a que Virgil deja a ese idiota antes de acabar el curso.

-Que sean seis- lerespondió el rubio.



Por suerte era unpasillo poco concurrido- pensó Derek, ya a primera hora del díamientras se calentaba las manos entumecidas y miraba de un lado aotro esperando cualquier movimiento. Estaba sólo, pues habíandecidido turnarse para vigilar el pasillo entre los cinco durantetodas las horas del día y la noche, pues por esa zona ni siquiera denoche el conserje pasaba. Bueno, en realidad había sido idea deLancelus lo de vigilar el pasillo durante tanto tiempo y sólo unocada vez, y Derek sospechaba que para que les dejaran en paz a él ya Virgil durante un rato.

Derek oyó pasos,cada vez más cerca de él el sonido de unos zapatos y el aletear deuna túnica se aproximaban. El chico sacó la varita, temblorosodebido al miedo y el nerviosismo pero increíblemente rápido encuanto a reflejos. Pero cuando vio quien era la guardó, pese a lomucho que le hubiera gustado hechizarle.

-¿Que hacesaquí?, no te toca vigilar hasta después de comer.- Le preguntóDerek.

-No he venido aeso, he venido a decirte que Virgil y yo lo dejamos- le contestóLancelus.

-Que tu lo dejesme da igual, para que te voy a engañar.. ¿pero porqué quieredejarlo Virgil?

-Lo he decidido yopor ella, no quiero que estemos metidos en ésto- dijo el de formaaltanera y autosuficiente.

-Si ella quiereseguir tu no eres nadie para decidir nada- le reprimió Derek.Lancelus, ante esta reprimenda, prefirió cambiar de tema.

-¿Y tu, porquequieres seguir?, ¿porque todos esperan que tú, a falta de Tyler,hagas algo?- le dijo Lancelus de forma burlona- Eres el segundoplato, ¿no?, un héroe sustituto.

Derek prefirióobviar parte de lo que le había dicho, porque de seguir por ahíhubieran llegado a las manos- Yo no he dicho que quiera estar enésto, ¿te crees que no me gustaría estar durmiendo ahora mismo?,pero debo hacerlo.

 

-¿Porqué, por elsentido del deber?, ¿porque quieres fama o gloria?- intentó picarleLancelus.

-No- contestósobriamente Derek- por una promesa.

-¿Por unapromesa, eh?, ¿y esa promesa dice algo de que intentes meterte entreVirgil y yo o de que tienes que ponerla en peligro?- Lancelus hablabacada vez más alto y con la cara mas cerca de la de Derek, éste sehizo para atrás para no chocar su frente con la del chico, pero aúnasí contestó:

-Ya te he dichoque ella está en ésto porque quiere hacerlo. Ya la oíste, quiereintentar encontrar a sus amigas Christie y Athene.

-¡Tu no meengañas!, ¡quieres tenerla cerca tuyo para recuperarla!, Puesenterate, ahora está conmigo- bramó Lancelus. Derek sintió que elchico había ido hasta allí a esas horas tan tempranas sólo parahablar de éso. Habían llegado al fondo de la conversación.

-No, no quieroeso. Quiero que ella esté bien, aunque sea con un idiota como tú.Pero si quiere seguir en ésto, no voy a impedírselo- Derek sabíaque no todo lo que había dicho era cien por cien verdad; pero aúnasí, arqueó un poco las cejas para reafirmar su posición.

-Mas te vale queno le pase nada a mi novia- dijo Lancelus, recalcando las ultimaspalabras, como restregándole por la cara con quién estaba Virgil.

-Que pena- ironizóDerek- yo que quería llamarla si nos tuviéramos que pegar apuñetazos con un dragón o algo así...


Pasaron unoscuantos días y los chicos llegaron a la conclusión de que, hubieravisto lo que hubiera visto Virgil, éso no volvería a pasar, almenos de momento, así que los chicos tuvieron que volver a reunirsepara decidir algo. Éso era algo que no hacía mucha gracia a nadie,pues ni Derek, Galaad o Pólux querían que Lancelus estuvierapresente, ni éste quería estar, pero la necesaria presencia deVirgil por todo lo que había visto y porque formaba parte del "grupoinicial", como lo llamaba Pólux, hacía que también tuvieran queaguantar a Lancelus. Finalmente quedaron en un aula en desuso deEncantamientos que nunca solía estar cerrada con llave y que a mitadde tarde estaba por costumbre vacía.

-¿Que se suponeque debemos hacer ahora?- preguntó Pólux, que parecía el máscontento de estar metido en ese asunto, Lancelus respondióautomáticamente- Dejarlo estar- pero los otros cuatro, incluidaVirgil, le miraron negativamente.

-Vigilar elpasillo no ha servido de nada. No creo que sea útil volver allí-divagó Galaad, que parecía tener más sangre fría que los demásen situaciones así.

-Oye Virgil,¿estas segura de lo que viste?- le preguntó Derek, y Lancelus, comocada vez que el chico le dirigía la palabra a su novia, hizo unsonido desaprovatorio y miró al chico como queriendo hacer quedesapareciera al instante.

-Si- dijosimplemente ella, lo cierto es que esos días se había calmado unpoco, como si se hubiera mentalizado de la situación y entendieraque necesitaba estar más serena y tranquila para afrontar lo quefuera que estuviera por llegar. Se hizo el silencio, pues laconversación había llegado a un punto muerto. Finalmente, Virgilvolvió a hablar:

-Creo quedeberíamos aclarar lo que sabemos. Al menos es algo que no nosvendría mal. ¿Que es lo que sabemos por ahora?

 

-Que casi mediocentenar de alumnos han desaparecido- dijo Pólux, como si fuera lomás obvio del mundo.

-Y por lo queparece, están volviendo a verlos vagar por los pasillos, igual quelo vio Virgil- Lo que dijo Galaad era cierto, algunos alumnos (pocos,a decir verdad), aseguraban haber visto a los desaparecidos de lamisma forma a como Virgil había asegurado a los profesores (pueshabían decidido contar lo ocurrido, menos la parte en la quedecidían investigar por su cuenta), pero era difícil adivinar quiendecía la verdad y quien se dejaba mover por la histeria colectiva.

-No tenemos mucho,la verdad....- añadió Lancelus, que parecía querer meterse en laconversación para buscar la redención de Virgil.

-Sí- añadióésta- Christie dijo, antes de desaparecer, que todos los que nodejaban rastro eran hijos de muggles.- Todos se volvieron a callar,pensando en los desaparecidos y de lo que sabían de ellos. Y eracierto, al menos con la información de la que disponían, podíanasegurar que ese dato era auténtico.

-¿Y si fuera lacámara de los secretos?.. ya sabéis, como hace trece años...- dijoatemorizado Lancelus.

-Claro- respondióPólux- de no ser por el pequeño detalle de que todo ese asunto seaclaró y de que ahora la cámara de los secretos se puede visitar sile pides autorización al profesor Binns. Pero bien pensado....-Pólux puso una gran ironía en su última frase, por lo que a Derekno se le pudo evitar escapar una leve risa. El chico notó comoVirgil le miraba con una cara que no sabía si describir como endefensa de su novio o como complicidad con Derek.

-No podemos hacergran cosa- finalizó Derek- deberíamos intentar seguir vigilando, almenos a falta de un plan mejor.- Pólux suspiró resignado y movióla cabeza mientras se quejaba:

-Si al menospudiéramos vigilar son tener que movernos por los pasillos.

Cuando Virgil oyóesa frase la cara se le iluminó y acabó exclamando:

-¡El Mapa delMerodeador!, Christie se lo pidió prestado a Bill antes dedesaparecer.- Lancelus, Galaad y Pólux miraron extrañados a lapelirroja, pero Derek lo entendió al instante.

-¿Entonces aúnestará vuestro cuarto, no?- le preguntó, a lo que Virgil asintióenérgicamente. Ambos sonrieron. Por fin parecía que progresaban.

Fuera tronaba conviolencia, una tormenta como la que no se recordaba en años estabaen pleno apogeo. Los rayos se movían por el cielo como amos yseñores de la cúpula nublada, pero dentro de Durmstrang ésto noparecía importar nada.

-Siéntate, Fox-le dijo la figura chepada de Xánatos, que le señalaba uno de losmuchos pupitres vacíos. El profesor se giró y miró a la pared dedetrás del aula- ¿Has pensado en lo que hablamos?

-¿Se refiere asus divagaciones sin sentido?- le replicó Tyler, despreocupado porla posible reacción del profesor. Pero no fue él quién reaccionó,sino que una voz se oyó desde la puerta y un anciano y nervioso magoentró en el aula, ocupada solo por tres personas.

-¡No es así!-oyó Tyler como le respondía una voz nerviosa, pero anciana. Era eldirector Asmodeus, que a pasos rápidos para su edad, avanzó hastaponerse enfrente del pupitre de Tyler. Éste no supo como responder.

-No debesseguirles el juego, Fox. Debes salir de aquí antes de que seademasiado tarde.

-¡No pienso irmesin más!, ¡voy a conseguir poder para parar todo lo que pasa conesos Titans, y Basilisk y los túnicas rojas pueden ayudarme!

 

-Ves- dijoXánatos, que seguía girado de espaldas a los otros dos- no vamos aconseguir alejarle de ellos.

-Los peones sonprescindibles. En esta partida, es la reina la que matará al reycontrario- recitó el director, ante la mirada extraña del chico-¿te suena de algo ésa frase?

-¿Debería?-respondió Tyler en actitud chulesca. Asmodeus suspiró, como siconfirmara una mala sospecha.- No, por supuesto que no. Sólo es unafrase que una loca me dijo hace un año- dijo finalmente el director.

-Escuchanos, Fox,porque solo vamos a decírtelo una vez. No te conviene acercarte aBasilisk ni a los túnicas rojas. Tu no sabes todo lo que nosotrossabemos sobre ellos. Hacen cosas horribles. Así que por favor...queremos ayudarte, podemos hacer qye desaparezcas de Durmstrang, perodebes poner de tu parte para salvarte.

-¿Vamos a darclases de idiomas o van a seguir diciéndome lo que debo o no debohacer?- preguntó indignado Tyler. Asmodeus y Xánatos se miraronresignados y no dijeron ninguna palabra más. Finalmente Xánatossacó un papel de su bolsillo.

-Toma- replicó,entregándoselo a Tyler- Tienes como deberes traducirlo al inglés,tu idioma natal. Espero que éste poema te ilumine el camino- dijosolemnemente Xánatos.



-Tengo que hablarcontigo, Derek- le dijo Virgil, que se había acercado cargada delibros a su mesa de Gryffindor. El chico le miró profundamente yasintió con la cabeza afirmativamente, a lo que Virgil, sin esperara que abriera la boca, se sentó a su lado.

-No encuentro elmapa por ningún lado. Si Christie lo tenía, definitivamente no lodejó en ningún sitio que conozca. No está en el dormitorio de laschicas, ni tampoco se lo devolvió a su hermano .

-¿Como sabes queno se lo devolvió a Bill?- preguntó Derek asombrado, pero no sabíasi por la cantidad de información que Virgil parecía manejar o porsu asombrosa determinación de la que en pasado había carecido uocultado.

-Le dije a MattMurdock, su mejor amigo, que buscara por mí en las dependencias deHupplepuff,pero no ha encontrado nada- Virgil dejó caer los librosencima de la mesa, haciendo un gran estruendo por la pesadez deéstos.

-No creo quepodamos estar del todo seguros de que no esté en el cuarto de Bill,ese Matt no parece la clase de persona en la que confiarías paracosas así, la verdad...- divagó Derek, pero Virgil le respondió:

-No tenemosalternativa, tendremos que confiar en que Murdock buscara bien- Derekla miró a los negros ojos. Como siempre, éstos parecían tener unaespecie de atracción misteriosa, como una luz en mitad de un abismooscuro.

-¿Me estásescuchando?- preguntó ella. Derek respondió con un torpe "sí".

-Me temo queestamos en una calle sin salida- dijo finalmente Virgil, que empezóa mirar fijamente a la mesa para intentar concentrarse.

-Todo ésto nosqueda grandes- meditó Derek, a lo que Virgil se giró hacia él y lemiró extrañada, por lo que el chico estubo obligado a explicarse.

-Quiero decir....ésto no es como hace dos años, ¿sabes?, entonces Tyler y Christieeran los que prácticamente hicieron todo. Nosotros nos limitamos aseguirles y a ayudarles al final. Miranos, acabamos de empezar y yaestamos sin saber seguir.

-No piensorendirme- dijo ella, que parecía mirar a Derek con odio mientras selevantaba indignada.

 

-¡Yo tampoco!, meestás malinterpretando... - se apresuró a decir el castaño- perotienes que reconocer que nosotros no somos como ellos- Derek pensófugazmente en lo que estaba diciendo y se reafirmó mentalmente. Eracierto, hace dos años Tyler y Christie fueron los que llevaron elpeso de lo que sucedió, ellos estuvieron seguros de sí mismos entodo momento y supieron como reaccionar. Pero ahora la parejitafeliz no estaba, tampoco Bill. Solo Virgil y él mismo, aunquecon la ayuda de Pólux, Galaad, y muy a su pesar, Lancelus.

-No somos ellos,¿y que?- replicó Virgil- ¡Por las barbas de Merlín, Derek, ya seque no soy Christie!, ¡No seré tan impulsiva como ella, o tanconvincente como para hacer que los demás me ayuden siempre que lonecesite, pero tengo mis puntos a favor, ¿sabes?!- Derek nunca habíavisto a Virgil tan furiosa. Para otra persona, estar así podría sercomo resultado de un enfado menor, pero para la tímida chica-pensaba Derek- el estado en el que estaba ahora correspondía a unaindignación máxima.

-¡Y tu que!- dijola chica- Hablas como sino valieras una mierda, pero no es así. Noserás tan bueno como ese maldito amigo tuyo con la varita, o tandecidido como él. Pero tienen tus cualidades: ante todo, tepreocupas por los demás y eres una buena persona- La chica parecíarecuperar su timidez habitual. Derek, por su parte, sonrió.

-Tu también valeslo tuyo, ¿sabes? Eres bastante inteligente y tienes la mente fríaen momentos difíciles como éstos. ¡Mirate!, has sabido actuarcuando no sabíamos que hacer. Pero parece que te dé miedo sacar arelucir todo lo que vales.

Derek se acercómás a Virgil, miles de pensamientos se pasaban por su cabeza en esemomento, por un lado, Sophie y los buenos momentos que pasó conella, el baile o las citas en Beauxbatouns. Además estabaLancelus.... pero por otro lado se acordó de hace dos años, el besoen mitad de la noche y el beso en la enfermería, el rescate de laacromántula o el abrazo en la batalla contra Áspid. No sabía quehacer, pero se siguió acercando, como impulsado por fuerzas que nocontrolaba. Virgil no se movió.

-¡Eh!, ¿Virgil,te está molestando?- Era Lancelus que se acercaba a pasos rápidos,pero torpes, Derek se movió rápidamente hacia atrás, mientrasVirgil hacía un movimiento con la cabeza que no se pudo identificarcomo afirmativo o negativo. Tenía la cara de tal color que parecíatener la piel de color sangre de lo avergonzada que estaba.

-Será mejor quela dejes en paz- le dijo Lancelus, mientras agarraba a Virgil de unamano y con la otra cogía sus libros. Después se marcharon. Dereksuspiró, sin saber qué o porqué lo había hecho.

El chico notó unamano detrás suya, era Pólux.

-Voy a ver siGalaad me sube la apuesta. A éste paso me haces de oro.



Parecía que esedespacho los truenos sonaban de otra forma a como lo hacían en elaula de Xánatos. Estaban domados, amaestrados por el aura desolemnidad que emanaba de la estancia en donde Tyler se encontraba,rodeada de numerosos cuadros que simulaban batallas mágicas.

-Siéntese, Fox-dijo Basilisk, señalando la silla de enfrente de su despacho. Tylerobedeció. Se hizo un silencio que Basilisk tenía ensayado mientrasse limpiaba las gafas manualmente.

 

-Usted dirá- dijofinalmente Tyler, algo extrañado de que le hubieran llamado.

-Si... porsupuesto- sonrió el subdirector con su voz pausada, provocandoseguidamente otro silencio que el mismo acabó rompiendo.

-La razón por laque le he llamado, señor Fox, es porqué nos hemos dado cuenta deque los la túnica azul se le ha quedado pequeña.

-Bueno... una másholgada no me vendría mal- bromeó el chico. Basilisk rió breve yforzadamente.

-¿Sabe lo que leestoy proponiendo?- Le preguntó. El moreno se lo intuía, perotodavía resonaban en su cabeza las advertencias de Xánatos yAsmodeus sobre que se alejara de Basilisk y los túnicas rojas.Advertencias que, pese a que no se las tomaba en serio, no dejaban demeterse en su cerebro como si de un zumbido en el oído se tratara.

-Quiere hacermetúnica roja, ¿cierto?- Basilisk rió, ahora mucho mas jocosamente.

-No, señor Fox.Quiero darle la oportunidad de demostrar si puede o no serlo. No todoel mundo puede ser túnica roja, ¿sabe?- esas palabras le sentaron aTyler como un puñal.

-¡Claro que puedoserlo! ¡Valgo mucho más que los demás túnicas azules!, ¿Acasoles ha visto usted y me ha visto a mí?, Soy como mil veces mejor queellos.

-Eso tendrá quedemostrarlo- sentenció Basilisk- dentro de tres días preséntese enla sala Ixión varita en mano. Allí demostrará si puede ser o no untúnica roja.- Tyler se levantó, sabía que aunque le preguntaranunca sabría en que consistiría la prueba hasta el momento justo,así que simplemente miró a Basilisk y sonrió confiadamente.

Cuando se fue,Basilisk también sonrió. El plan estaba funcionando a laperfección.


Los días quesiguieron a la conversación con Basilisk solo sirvieron para ponermás nervioso a Tyler. Sentía como si cada minuto que pasaba era untiempo precioso que desaprovechaba, aunque no sabía exactamentecómo. Por suerte, el ambiente sobrio de Durmstrang contribuyó acalmar parcialmente al chico, el cual, por otra parte, no estabadispuesto a mostrar su nerviosismo- pues era una debilidad- pensaba.

Por otra parte,Tyler se sentía cada vez más solo en el castillo. La pocapopularidad de la que ya gozaba entre los demás túnicas azules sehabía acentuado desde que se corrió la voz de que pensaban hacerleun túnica roja. Ahora lo miraban con la misma mezcla de respeto ypánico con la que observaban a Lilith, Barld o los demás.


Por fin llegó elmomento. Ya era el día y el chico se encontraba esperando enfrentela majestuosa puerta cubierta de bajorrelieves de la sala Ixión.Ésta parecía estar representando una batalla entre un mago ancianocon barba y otro más joven con una corona puesta. Tyler se fijósimplemente para hacer tiempo, pues la puerta estaba cerrada y nopodía pasar. Ésta era muy antigua, pues aunque estaba esculpidamágicamente (las figuras se movían, batallando en su duelointerminable), sus poses ya eran torpes y desincronizadas y lasfracciones de la cara estaban borrosas debido al paso del tiempo.Debajo de la representación Tyler leyó una inscripción:

Elglorioso duelo de Caelus. Cuando los ideales están por encima detodo.

El morenoreconoció enseguida el nombre de Caelus, era el mismo que el delmago retratado en el despacho de Basilisk, solo que allí, elsubdirector le había puesto el título de Rey.

 

-Veo que llegaantes de hora, señor Fox- oyó el chico detrás suya, a unos pocosmetros se acercaba Basilisk, pero no venía solo, sino que Lilith leacompañaba junto a un grupo de unos cinco túnicas blancas, loscuales estaban al borde del llanto.

-Entremos- dijolentamente y con su voz grave el subdirector, que se puso enfrente dela puerta para recitar:

-Yo seré el quesalve al mundo. Yo, de entre todos los magos, soy el único preparadopara liderar a los que portan varita sobre el resto.

La puerta se abrióinstantáneamente con un lento y pesado rugir, Basilisk avanzó ehizo un gesto para que todos los demás le siguieran.

-Es una cita-Lilith se puso al lado de Tyler, hablándole casi a susurros, pese aque evidentemente los túnicas blancas podían oírle. Tyler hizo unsonido de extrañeza, por lo que Lilith se explicó:

-Lo que Basiliskha dicho parea abrir la puerta, es lo que dijo el rey Caelus despuésde vencer en el duelo contra El Maestro.- Lilith sonrió, mostrandoexponencialmente todos sus encantos; su piel parecida a la finaporcelana, sus ojos que brillaban opacos y su sedoso pelo negro. PeroTyler no se fijó en eso, sino que oportunamente tenía la túnica yla camisa de debajo demasiado abierta por la parte de arriba. Lilithse dio cuenta, pero en vez de reprimir a Tyler, se le acercó más.

-¿El Maestro?¿Quepelea?- preguntó Tyler, que dejó de mirar a Lilith a los pechospara mirarle a la cara. Ésta actuó como si no se hubiera enterado.

-Sucedió cerca deHogwarts, pero bueno, allí omiten las partes que no consideranimportantes... aquí ya sabes que es lo que creemos que importa en laHistoria de la Magia.

-¿Que hacesaquí?, Bueno, tu y los túnicas blancas...- dijo Tyler para intentarcambiar de tema, pues pese a que las ideas de Durmstrang sobre ellole parecían muy atrayentes e incluso idealizadas, no quería volvera hablar de ello, al menos no cuando ya se lo repetían suficientesveces en todas las clases a lo largo del día. No quería que ahoratambién lo único a lo que podía considerar una amiga en ese lugarempezara con lo mismo.

-Lo sabrásenseguida- se limitó a decir Lilith a la pregunta de Tyler, mientrasse le seguía acercando. Éste no obstante, se apartódisimuladamente y entró en la sala Ixión.


Lo primero de loque Tyler se dio cuenta es que era una sala enorme con forma deanfiteatro, la puerta por la que habían entrado parecía dar a loque sería la arena, pero ésta era de un material similar al marfil,mientras que múltiples gradas vacías se levantaban alrededor deésta. Tyler se fijó de que a ras de donde ellos estaban selevantaban decenas de estatuas enormes que tocaban con su cabeza lospies de las primeras gradas. El chico se acercó a la estatua de mása la izquierda de todas, representaba a un hombre que le resultabafamiliar, era Caelus otra vez, el mismo de la puerta de la sala y elmismo que salía en el cuadro de Basilisk. Aquí salía representadode forma parecida al del retrato, con la misma cara llena de orgulloy el pelo hasta los hombros. También llevaba la inconfundiblecorona, adornada con dos dragones que, pese a que Tyler sabía por elretrato que se movían libremente por el objeto, aquí permanecíanquietos, como el resto de la estatua.

-Son los reyes-oyó a Basilisk, que se había dado cuenta de la atención quemostraba a las estatuas. Ese es Caelus, el primero, pero como verás,hay más.

 

Tyler miró a lasdemás estatuas mientras se paseaba alrededor de las mismas,diferentes hombres y mujeres con diferentes atuendos, caras ovestidos, pero lo único que se mantenía era la corona. Tyler podíaafirmar que era la misma en todas. Parecía que esa corona era elsímbolo de los reyes, lo que los identificaba como tales.

El chico llegópaseándose hasta el otro lado de la sala Ixión, allí, la estatuade más a la derecha estaba tapada con un manto gigante, al lado deotra estatua de un rey con una gran espada de piedra que parecíallamarse Krons. Lo único que pudo ver el chico de la estatua tapadafue las fechas inscritas a los pies de la misma: 1983- .Faltaba la fecha de la muerte en la misma, así que Tyler se giróhacía Basilisk, extrañado. Éste, sin que Tyler llegara a formularla pregunta, le contestó:

-Me temo quetodavía no puedes conocer a nuestro actual rey- sonrió mínimamenteel subdirector mientras se pasaba la mano por su rubio y osco pelo.Tyler no refunfuñó, pues había imaginado una respuesta de ésetipo. Sin mas preámbulos dijo:

-No hemos venidoaquí para charlar, ¿verdad?, ¿cuando empezamos?

-Directo al grano,como siempre- musitó el subdirector. Tyler asintió y oyó el sofocoentusiasmado de Lilith detrás suya. -Muy bien- prosiguió Basilisk.Acto seguido levantó la varita y apuntó al suelo, del cual sedibujó una círculo de fuego de unos diez metros que rodeó a Tyler.

-La pruebaconsistirá en dos duelos, que los deberás disputar sin salir de ésecirculo, ¿entendido?- dijo Basilisk, la luz del fuego le provocabanunas sombras que lo hacían más imponente y oscuro que nunca.

-¡Tunicasblancas, adentro!- bramó Lilith, mientras señalaba al lugar dondeTyler se encontraba. Los cinco adolescentes entraron al lugar. Tyleradivinó que pese a lo asustados que estaban iban a pelear como si suvida dependiese de ello.

-Escucha, Tyler-oyó el chico decir a Lilith, pero mucho más dulcemente que con eltono que había usado con el resto- recuerda las normas de estecolegio ¿de acuerdo?- dijo mientras se señalaba su ropa, pero estavez no era su pecho, sino su túnica.

-¡Empezad!- gritóBasilisk, y el fuego que los rodeaba se hizo mucho más intenso,tapando las caras de los que fuera estaban. Acto seguido cincomanchas blancas se movieron como flechas hacía él. Tyler lo habíaprevisto y logró aturdir a dos, pero uno de los tres que quedaban enpié le pegó un puñetazo en el estómago mientras otro le lanzó unhechizo que esquivó por los pelos. El chico oía a Lilith como legritaba algo, pero no lograba escucharla bien, solo decía -No.

-¡Magnum!-Otro cayó de espaldas, casi tocando el fuego con su nuca, peroTyler no podía permitirse el lujo de preocuparse por los contrarios.

-Expelliarmus-Uno de los de la túnica blanca le desarmó a traición. No se lopodía creer.

-¡Devuélveme lavarita!- gritó desesperado el moreno, sabiendo que estaba derrotado.Milagrosamente, el contrario obedeció sin poner ningún tapujo.Simplemente se acercó y se la dio, para volver a alejarserespetuosamente. En ese momento Tyler lo entendió, ellos erantúnicas blancas, y el un túnica azul. Estaba por encima de ellos,debían obedecerlo.

-Rendiros, ¡Ya!-ordenó a gritos mientras abría la palma de su mano para que dejaransus varitas. Los dos que quedaban de pié acataron sus órdenes.Inmeditamente, el fuego que los rodeaba bajó su intensidad y Lilithy Basilisk volvieron a estar visibles.

 

-Muy bien- selimitó a decir Basilisk, visiblemente contento.

-¿Ya está, no?,¿ya soy un túnica roja?- preguntó sonriendo Tyler. Pero Basilisknegó con la cabeza.

-Creo haber dichoque la prueba consistía en dos duelos- Inmediatamente, y como sifuera un jarro de agua fría, Tyler lo comprendió. Lilith entró enel circulo instantes después mientras Basilisk retiraba los cuerposinconscientes de los que dentro quedaban.

-No seas muy duroconmigo- sonrió ella, pero tan falsamente que parecía echo apropósito.

-Permítemedecirte, señor Fox, que pese a que el anterior duelo tenía un,llamémoslo truco, éste será un duelo mágico simple y llanamente.Solo saldrán de aquí cuando uno de los dos caiga derrotado.- Tylertragó saliva mientras el fuego que ahora rodeaba también a Lilithse volvía más furioso y amenazador. Costaba oír otra cosa que nofuera el crepitar del mismo.

-¡Empezad!- dijoBasilisk desde fuera. Esta vez Tyler estuvo mucho más atento ylevantó la varita antes de que Lilith reaccionara.

-Magnum-El conjuro dio de pleno en la chica, pero pareció que apenas lonotó, pues sólo dio un paso atrás y se echó la mano a la boca delestómago. Tyler se extrañó por ello y bajó la guardia. Lilith loaprovechó:

-Crucio-Tyler abrió los ojos sabiendo lo que se le venía encima. Ya sabíalo que era sufrir esa maldición. Hace dos años Áspid se la echóvarias veces en una noche con un poder inimaginable. Pero esta vez nofue así. Donde tendría que haber un dolor agónico, solo unascuantas punzadas de dolor intenso, pero soportable. Tyler no entendíanada.

-Me imaginaba queocurriría algo así con Crucio- dijo ella. Acto seguido lanzó otramaldición:

-Flagrante-Lilith sonrió mientras Tyler gritaba de dolor. La maldición que lehabía lanzado no iba dirigida a él, sino a su ropa, que le ardíaal contacto con su piel haciéndole chillar del dolor. Tyler no tuvomás remedio que quitarse la túnica, la camisa y el pantalón lo másdeprisa que pudo. Lilith rió nerviosamente.

-Me pregunto sidebería hechizarte los calzoncillos también.

Tyler norespondió, pero levantó su varita y volvió a apuntar:

Magnum!- Por segunda vez no funcionó del todo bien. Lilith abrió los ojos,como si le hubieran dado un pequeño golpe en el estómago, pero nadamás. Tyler no lo entendía. Con ese hechizo había dejado a un chicoen la enfermería durante semanas y hace unos instantes había dejadoa un chico inconsciente y dolorido.

-Muy bien, puessigamos- Lilith parecía estar divirtiéndose con todo éso. Como siTyler fuera un hermano pequeño para él al que podía hacer rabiar.La chica volvió a lanzar el mismo hechizo abrasivo, pero ésta vez,lo que a Tyler le quemó fue la varita, que con un grito de dolorsoltó de la mano.

-Estas mediodesnudo y sin varita no puedes defenderte. Además nadie nos vedetrás del fuego.... Me pregunto que deberíamos hacer- Lilith rióde forma cómplice y nada amenazadora. Tyler sabía que solo teníauna opción, era doloroso, pero no había otra salida. Así quemientras Lilith seguía recreándose en sus fantasías, Tyler cogióotra vez su varita y gritó:

 

Bombarda!-Instantáneamente una explosión dio a Lilith en el hombro izquierdo,que cayó al suelo inconsciente. El fuego desapareció completamente.Tyler había ganado, pero de lo único que se preocupó fue de soltarsu varita, que le había echo una quemadura con muy mal aspecto en sumano izquierda.

-Muy bien, señorFox- oyó decir a Basilisk- Permítame felicitarle. Ya es usted untúnica roja.- Al decir ésto, el subdirector apuntó con su varita ala ropa de Tyler, que mágicamente adoptó el aspecto de la deLilith.

-Ya puede vestirsey coger su varita- le dijo el subdirector. Cuando el chico lo hizo,notó que ya nada quemaba. Así que se vistió sin pararse a pensaren los que miraban en ese momento, pues lo único que ocupaba sumente era que había ganado.

-Por favor, Fox,llévese a esos indeseables túnicas blancas de aquí, yo me ocuparéde la señorita Valk- Tyler asintió y cuando acabó de vestirse hizouna señal con la cabeza para que los cinco chicos le siguiera, éstostemblaban de miedo pensando que Tyler iba a vengarse. En la sala sequedaron Basilisk y Lilith, que seguía tumbada.

-Ya puedeslevantarte- dijo simplemente el profesor de Historia de la Magia.Lilith, cuando le oyó, se puso de pié con elegancia, pero tocándosela fea herida que el hechizo de Tyler le había echo.

-Menos mal, creíaque dejarse ganar sería mucho más fácil- dijo sin el tono melosoque ponía normalmente a Tyler.

-Lo has echo bien,pero aún tienes trabajo- Lilith asintió, pues sabía a lo que serefería- Por cierto, continuó Basilisk- El chico aguanta los Cruciomejor de lo que imaginaba. Parece que sabe soportar el dolor- Lilithasintió mientras se iba de la sala Ixión, tocándose la quemaduraocasionada por la explosión. Ella sabía que no es que Tyleraguantara el dolor, sino que su Crucio no había tenido efecto sobreél.


-Las cosas nopintan bien, la verdad- murmuró Pólux mientras se apoyaba la cabezacon la palma de la mano. Derek les había contado a él y a Galaad lasituación en la que estaban. El mapa del merodeador no aparecía porningún lado.

-Si el mapa no loencontráis, es que todavía lo tiene o Christie, o Bill...... o susecuestrador- sugirió Galaad. Derek asintió tímidamente con lacabeza. Esa era una idea en la que ya había pensado, pero intentabaque no penetrara demasiado en su mente. La simple imagen de unsecuestrador dentro del seno del castillo que podía ver la situaciónde todas y cada una de las personas que allí se encontraban leparecía escalofriante.

Derek suspiró yse dejó caer en uno de los asientos de la sala común, contemplandoel fuego junto a sus amigos. Eso le ayudaba a pensar en la situación,la cual, por muchas vueltas que le daba, no dejaba de empeorar pormomentos. Olla express a presion

-¿Algún plan?-preguntó finalmente el chico, sin dejar de mirar a la chimenea.Galaad movió negativamente la cabeza, pero Pólux respondió:

-Parece mentiraque sea la novia de Tyler una de las desaparecidas y seamos nosotroslos que tengamos que hacer algo. Si él estuviera aquí seguro que almenos hubiera pegado una paliza a alguien- Galaad y Derek nopudieron evitar mostrar unas sonrisas pensando en su amigoenfrentándose a todo aquel que se le pusiera por delante. -O hubieraido a que Wotan le enseñara mas hechizos- añadió otra vez Pólux,pero esta vez Derek no se rió, sino que se abrió los ojos de par enpar. ¡Ya sabía como seguir!. Todavia se acordaba de las palabras deMcGonagall dos años atrás. Wotan era el castillo. El fantasmaestaba al corriente, quisieran o no los demás, de todo movimientoque ocurriera en Hogwarts. Él era la clave.

 

-Derek, ¿te pasaalgo?- preguntó Galaad angustiado ante la cara de su amigo.

-¡Lo tengo!, ¡EsWotan!- Sus dos amigos le miraron extrañados. Derek se lo suponía.Ellos no sabían gran cosa del viejo director.- ¡El nos puedeayudar!, Sabe todo lo que pasa en el castillo. Escuchad, ahora nopuedo explicároslo, ¿vale?, tengo que ir a mandar una carta.- dijoentusiasmado.

-¿Una carta?, Esde noche, y dudo que ninguna lechuza quiera moverse solo porque tuquieras decirle a tu madre que todo va bien- contestó Polux.

-No es eso-replicó el castaño, mientras sacaba un pergamino para empezar aescribir- es Tyler. Él es el único que sabe donde está Wotan. Yasabéis, por las clases que tuvo el año pasado. Tengo queaveriguarlo para ir a hacerle una visita.- Sus dos amigos secontagiaron del entusiasmo del chico. Polux dibujó una sonrisa.

-¡Estoy seguroque que Tyler es el primero que quiere acabar con esos Titans!


-Crucio-recitó una chica morena con la tez pálida y fracciones delicadas.Enfrente suya se alzaba un pequeño poblado muggle, en el que, aescasos metros suyos, un hombre gritó de desesperado dolor ante elhechizo de la túnica roja.

-Muy bien Lilith-dijo Barld, un chico lleno de pendientes y con aspecto rebelde. Lachica le sonrió, y después miró a su izquierda, donde paralizadose encontraba otro chico moreno de diecisiete años, con una pequeñaperilla y el pelo a capa llamado Tyler.

-Ahora eres uno delos nuestros- le sonrió ella. Deberás seguir nuestras costumbres.Lilith tocó con su mano la de Tyler, y guió el brazo del chicohasta que lo alzó del todo, apuntando con la varita al muggle quepedía clemencia sollozando.

-¡Vamos, hazlo!-exigió la escuálida Temis detrás suya, mientras Perseus asentíacon la cabeza.

Tyler prefirió nopensar en lo que estaba apunto de pasar. Cerró los ojos y contóhasta tres, luego simplemente dejó que de su boca saliera lamaldición Cruciatus y oyó gritar de horror al muggle. Cuando abriólos ojos, los cuatro túnicas rojas le miraron de forma amistosa.Tyler sonrió también y volvió a levantar su varita, ahora conentusiasmo:

-Crucio-repitió, y el muggle gritó con más fuerza todavía. Extrañamente,Tyler disfrutó con la escena. Se sentía más realizado que nunca,incluso más que después de haber ganado a Áspid o a Ares. Porprimera vez en su vida, parecía ser realmente el mago poderoso quesiempre había querido.

-Sabia que podríasllegar a ser uno de los nuestros. Nunca lo dudé, ¿sabes? Creo queeste es tu destino- se le acercó Lilith. Barld gruñó por detrás ylanzó otro Cruciatus al muggle para desentenderse de la escena.Entre los gritos de dolor de éste, Lilith pasó una mano por encimadel hombro de Tyler y se inclinó hacia él. Tyler no se echó paraatrás. El hombre gritó con todas sus fuerzas cuando los labios delos chicos se juntaron.


La calle estabacasi desierta. Saint Marc era una localidad tranquila del centro deInglaterra que estaba acostumbrada a las lluviosas tardes de veranocomo aquellas, en la que los vecinos preferían quedarse en sushogares a exponerse fuera al mal tiempo. No obstante, un hombrerubio, joven y de gran envergadura, vestido con un elegante trajeesperaba pacientemente bajo la lluvia al resguardo de su paraguasnegro. Cualquiera hubiera afirmado que se trataba de un altoejecutivo.

 


Un cuervo negro seacercó volando desde las alturas esquivando el chispear del aguapara posarse al lado del hombre. El cuervo graznó a modo de saludo yel hombre le miró furiosamente:

-Llegas tarde,Ceo- dijo simplemente. El ave se transformó de inmediato en un chicojoven, pelirrojo y de cara jovial.

-Lo siento,Basilisk- dijo éste. Llevaba, al contrario que su superior, unacombinación de ropa muggle un tanto extraña, con unas bermudasdebajo de una camisa negra. Basilisk movió la cabezacomprensivamente, aceptando sus disculpas.

Pasaron unosminutos sin pronunciar palabra en esa calle desierta. El joven Ceomiraba a Basilisk, esperando que de un momento a otro le dierainstrucciones, pero éstas no llegaban. Éste, por su parte, mirabaatento hacia la lejanía de la calle.

-Cambiate, yaviene- dijo simplemente mientras movía graciosamente la varita porsu propio cuerpo. Acto seguido, sus ropas muggles cambiaron a unatúnica y una capucha blanca que le tapaban el rostro. Ceo hizo lomismo.

A lo lejos, dosfiguras se acercaban riendo. Eran una pareja muggle de unos treintaaños. Parecía que iban a toparse con los dos Titans, pero derepente se pararon en mitad de la calle para despedirse.

-Es ella. Nuestroobjetivo- musitó Basilisk- Agatha Keane- La mujer a la que Basiliskse refería era alta y delgada, con el pelo castaño y rizado y unosgrandes ojos.- Ceo, inmediatamente hizo impulsos de salir a por ella,pero Basilisk le paró con la mano.

-Como acabas desalir de Durmstrang y hace nada eras un túnica roja, no te lo tendréen cuenta. Pero a partir de ahora, no harás nada que yo no te hayamandado, ¿de acuerdo?- La voz de Basilisk era imponente cuando seponía autoritario. Ceo asintió, pero no pudo evitar preguntar:

-¿Pero que másnos da?, ¿Porque simplemente no vamos, hacemos lo que tenemos quehacer y nos vamos ya?. Solo son muggles.- Basilisk suspiróresignado, pero acabó contestando:

-Porque noqueremos que su acompañante sufra ningún daño. Nuestra misión eshechizar a la mujer. Ella tiene una enfermedad llamada cáncer deútero, que es precisamente lo que necesitamos que tenga para quesobreviva a los hechizos, aunque de paso la curamos.- Ceo le miróextrañado, no entendía que se preocupara por un muggle. Basilisk sedio cuenta y, molesto por tener que dar explicaciones a un reciénllegado a la organización, contestó:

-Ese hombre,Shankar Laskmie, es su prometido. Y el hechizo que vamos a hacerle ala mujer no tendría sentido si ésta no tiene hijos, ¿entiendes?-Ceo asintió con la cabeza de forma tonta y miró al hombre, quetenía todos los indicios de ser un inmigrante indio algo adinerado,a juzgar por su tez morena, sus ropas y sus gestos rimbombantes.Finalmente, el prometido se despidió de la mujer con unos cuantosbesos. Ésta saludó con la mano hasta que estuvo lejos, parafinalmente girarse y andar unos pasos hasta un portal cercano. Lamujer metió la mano en el bolsillo para sacar unas llaves.

-¡Ahora!- bramóBasilisk, que lanzó un hechizo paralizante a la mujer. Ésta cayóal suelo en redondo.

Basilisk y Ceoprocedieron con el hechizo.

 



Tocaron a lapuerta con golpes tímidos y poco audibles. Pese a ello, el elfodoméstico miró al anciano, que con un movimiento vehemente con lacabeza asintió para que éste se acercara a la puerta del despacho.El elfo se aproximó a la misma y la abrió. El hombre pudo ver a dosniños de diez y seis años bastante parecidos, pero el mayor teníael pelo mas negro y las fracciones un poco mas marcadas que elpequeño. Aunque no hizo falta, el elfo doméstico los anunció:

-Sus nietos TylerLeonard Fox y Philip Chertus Fox, amo Leonard- El elfo reverenció alos niños cuando pasaron por su lado.

-Gracias,Rorschach- respondió éste- puedes retirarte. Al oírlo, el elfosalió de la habitación, cerrando al salir.

Los hermanosparecían un poco asustados pese que en el fondo sabía que nada maloiba a pasar. Pese a ello, esa estancia tenía algo que le hacíaponerse nervioso. Las armaduras, oxidadas todas, parecían vigilarlospese a que habían perdido su magia hace años y nadie se habíamolestado en renovarla; y desde una esquina, Céfiro, la viejalechuza del abuelo, les saludaba con un graznido. En el centro deldespacho su propio abuelo les miraba desde su amplio sillón. Parecíauna especie de viejo león, con sus ropas holgadas que cubrían sugrueso cuerpo y su espesa barba que simulaba la melena del felino.Pese a ello, Leonard Fox todavía conservaba un vigor envidiable y elmismo orgullo característico de su familia.

-Pasad- le dijo asus nietos pequeños. Pese a su tono amable, los chicos notaron queno era una sugerencia, sino una orden. Philip cogió con fuerza lamano de su hermano mayor. Su abuelo, pese a que no era una figura deltodo amenazante, no inspiraba la ternura que un familiar debería,sino que más bien parecía aceptar en su vida la presencia de susnietos con una gélida confianza. Tyler avanzó unos pasos sin soltarde la mano a su hermano pequeño, que arrastró resignado los piesdetrás suya hasta que se pusieron frente a su abuelo. Éste les hizouna señal con sus bastas manos para que se sentaran a los pies de susilla. Los muchachos obedecieron al instante.

-Supongo que ospreguntareis porqué os he dicho que vengáis- susurró Leonard, a loque sus dos nietos asintieron. Philip de forma mucho más tímida queTyler.

-Bien- continuó-quiero hablaros de algo muy importante para los Fox. Es algo que, porlo que veo, vuestro padre no le da mucha importancia, pero noobstante yo lo considero vital.

Leonard paró dehablar para señalar el gran tapiz que decoraba la pared de suespalda. Allí, un gran león ondulaba en un tapiz rojo. Los chicosse quedaron boquiabiertos ante la grandiosidad del animal.

-Vuestro padreChertus, vuestra tía Denébola , yo mismo o vuestro bisabueloAlgiebus, incluso podríamos remontarnos generaciones y generacionesde la familia Fox y veríais como todos y cada uno de ellos hanestado en casa Gryffindor desde sus inicios.

Los chicos sepercataron en ese instante de que el tapiz no solo representaba alsímbolo de la casa Gryffindor, sino que además tenía bordado unamplio árbol genealógico en el que vieron sus nombres debajo del desus padres, casi a los pies del tapiz debido a la antigüedad de lafamilia Fox. Tyler se intentó fijar en la parte alta para ver losnombres de sus antepasados más lejanos, pero estaba demasiado altopara sus ojos. Su abuelo sonrió complaciente.

 

-Como veis,nuestra familia se puede enorgullecer de hundir sus raíces en elpasado mágico más antiguo. Estudiar a nuestra familia es sinónimode estudiar la Historia de los magos y brujas mas importantes. Debéisestar orgullosos y sentiros honrados de que por vuestras venas corrala misma sangre que la de antepasados tan ilustres.

-¿Y eso quesignifica, abuelo?- preguntó inocentemente Tyler. Su abuelo lereprochó con una mirada severa. No obstante, su expresión enseguidacambió para responderle.

-Eso significa quepertenecemos a una clase algo más privilegiada que el resto de losmagos, y sin hablar ya de los sangre mestiza o los simples muggles-dijo Leonard, como si fuera la más absoluta verdad.

-¡Basta!- se oyódecir desde detrás de la puerta. Al instante entró un hombre deunos cuarenta años vestido elegantemente. Se parecía mucho a losdos chicos que estaban sentados en el suelo. Pero sus fraccionestambién revelaban un parentesco con el anciano.

-¡Papa!- gritaronPhilip y Tyler. Éste les obvió y se dirigió directamente a supropio padre.

-No pienso dejarque les metas en la cabeza ideas como ésas- Furioso, el padre deTyler cogió de las manos a sus hijos para salir de la sala.

-¡Ellos tienenderecho a saber el pasado familiar!- bramó Leonard- ¡Chertus, nitu, que eres su padre, puedes tener derecho a decidir algo así!

-¿Que importa elpasado ahora, eh? Hace apenas dos años que se acabó la guerra.Aceptalo, esas ideas ya no tienen ningún valor.

-Somos los Fox-replicó el anciano- que nuestra sangre es más pura que el noventa ynueve por ciento del resto de los magos no es una idea, es un hecho.¿O acaso tus hijos no tienen derecho a saber que descienden porlínea directa del mismísimo Go..

-¡Basta!- gritóChertus. Ahora el famoso orgullo familiar se hacia presente en él. -No dejare que intoxiques a mis hijos con esas ideas. A mi casi meconvences para que ingresara en la "causa noble", como tu lellamas. Pero no voy a dejar que mis hijos pasen por eso. Ese talKrons ya es historia. Los días en los que te reunías con gente comotú quedaron atrás. Ahora ya no sois más que renegados que lamentanla forma en la que se acabó su sueño.

-¡Basta!- gritóLeonard mientras sacaba su varita. Chertus soltó la mano a sus hijose hizo lo mismo., pero su padre fue más rápido e impactó unhechizo contra su propio hijo. Tyler y Philip no podían dar créditoa lo que acababa de pasar y se miraron unos segundos aterrorizadosantes de echarse sobre su padre. Éste, no obstante, abrió los ojosinmediatamente y se levantó por su propio pie mientras tranquilizabaa sus hijos. Sin mirar a su propio padre se dio la vuelta y avanzócon sus hijos para irse del viejo despacho. Antes de salir, oyó lavoz altanera y profunda del viejo Leonard:

-Supongo que tehabrás imaginado que te desheredo. La herencia pasará directamentea tu hijo mayor, Tyler.- Chertus suspiró de forma casi irónica. Sushijos le apretaban sus manos más fuerte.

-¿Para unalechuza vieja y un elfo doméstico?. Creo que podré pasar sin ellos,papá.

-Idiota. Céfiro yRorschach son los símbolos vivos de nuestra sangre inmortal. Sinopuedes apreciar el orgullo de nuestro apellido, éste no merece irdetrás de tu nombre.


Tyler realmente sealegraba de ser un túnica roja. Sus condiciones habían mejoradomuchísimo. Antes tenía que compartir unas habitaciones desgastadascon otros chicos con los que ni siquiera se hablaba, ahora tenía asu disposición un dormitorio que era como toda la sala común deGryffindor, más una sala de estudios y una habitación parapracticar hechizos para él sólo. Además, se alegró cuando Lilithle dijo que se le permitía tener un elfo doméstico personal, traslo cual no dudó en llamar a Rorschach para que viniera. Lilith ledijo que Durmstrang le proporcionaría uno gustoso mientras estudiabaallí, pero Tyler pensó que, ya que tenía desde los once años unopropio en su casa, porqué no iba a usarlo allí si tenía laoportunidad. Por otra parte, el chico prefirió no pensar demasiadoen lo que sucedía alrededor de los túnicas rojas, con las caceríasde muggles y demás. La mejor forma que tiene una hoja de sobrevivira un tornado es dejándose llevar- meditó Tyler para convencerse así mismo. Además, la mejor prueba de que estaba mejor así es quepor fín se sentía apreciado por sus nuevos compañeros. La mejorprueba es que en ese mismo momento Lilith estaba presentandooficialmente a los demás túnicas rojas.

 

-Éste es Baldr-le dijo la morena mientras un chico más bajito que Tyler leestrechaba la mano. Llevaba multitud de pendientes en una sola orejae incluso un tatuaje se le intuía en el torso, pues llegaba hasta elcuello, visible por encima de la ropa. Baldr sonrió, pero un pocofalsamente. Tyler sospechó que tenía que ver con el beso conLilith, o quizá con la noche de su llegada, cuando le ganó en unduelo.

-Encantado- saludóTyler. Acto seguido Lilith señaló a una chica y la identificó comoHilda Temis. Ella sonrió mostrando una dentadura algo demacrada yTyler respondió con una sonrisa de cortesía. Temis parecía algomás joven que los demás, los cuales tenían todos diecisiete años.Además era extremadamente delgada y escuálida. Tyler la recordabacomo la chica que gritaba como una loca tanto en la pelea deiniciación como en las cacerías de muggles. Y lo cierto es quetenía una aire demencial y corrupto.

-Y por último,éste es Erik Perseus- Tyler estrechó la mano a un chico enérgico ymás grande que él. Era el mismo al que aturdió en su primera nocheallí y tanto le costó quitarse de encima. Tenía un semblantebastante serio y las fracciones cuadradas.

-Y yo soy Lilith-sonrió ella de forma divertida mientras besaba a Tyler. Éste nohabía decidido que hacer con respecto a eso. Él tenía claro quequería a Christie, pero si algo había aprendido en Durmstrang esque no debía llevar la contraria a sus superiores, y pese a teneroficialmente el mismo rango que ella, Lilith era su superior y el deotros túnicas rojas.

-¿Y ya está?,¿no hay nadie mas?- acabó preguntando Tyler. Pese a que sabía quepocos podían llegar a ese rango, le costaba creer que hasta sullegada solo eran cuatro.

-Antes eramos más,pero hubo una purga. Basilisk pensó que los demás no eran válidosy que perdía el tiempo con ellos- contestó Temis con una expresiónmacabra, como si disfrutara de la idea de que sus compañeros fueraneliminados.

-Hilda, creo queno es el momento de hablar de ello- sugirió Lilith con la claraintención de no alarmar a Tyler. Pero Temis hizo caso omiso.

-Basilisk creyóque solo nosotros podríamos aspirar al siguiente nivel. Los demásno eran dignos y sabían demasiado, así que los eliminó el primerdía de curso.

 

-También estabanGargant y Mosag- dijo Lilith para cambiar de tema.

-Y Mordred-replicó Barld, a lo que Lilith asintió como sino se hubieraolvidado deliberadamente de él.

-Esos tresascendieron antes de completar su estancia entre los túnicas rojasdebido a que la misión lo requería. Fue un caso especial.- concluyóLilith. Tyler asintió antes de preguntar:

-Perdonad, pero...¿que es eso del siguiente nivel? Habláis como si en Durmstrang sepudiera ascender más todavía.

Los otros cuatrorieron, como burlandose de la ignorancia de Tyler. Pero dejaroncontestar a Lilith.

-Eso es algo queno estás preparado para saber. Me encantaría decírtelo, pero nopuedo. Técnicamente estamos en lo más alto de la pirámide deDurmstrang, obviando a los profesores, claro está. Pero el siguientenivel no tiene que ver necesariamente con el colegio.- sus palabrassonaron misteriosas, pero complacientes a oídos del chico.

-¿Y eso de lasmisiones?- ahora el semblante de los chicos parecía algo más serio.

-Bueno....nosotros tampoco sabemos demasiado en realidad- dijo Lilith- Pero séque hay una especie de gran misión en marcha. La mayor de todashasta el momento y que se elabora desde hace varias décadas. Es lamisión Sangre Nueva.

-¿Y de quetrata?- a Tyler la curiosidad le estaba matando.

-Eso es algo quenos encantaría saber también, la verdad- respondió Perseus sinentusiasmo.


Las preguntas sinrespuesta se agolpaban en la cabeza de Tyler. Definitivamente sabíaque Lilith y los demás eran de confianza y que Basilisk no estabarelacionado con lo que pasaba en Hogwarts ni con lo del año pasadoen Beauxbatouns. Definitivamente no. ¿Que más daba si se divertíana costa de unos muggles?, luego su cerebro era borrado, así que nohabía problema. Además, era innegable la lógica de Basilisk. Losmagos estaba por encima de los muggles, e, incluso aunque no seatrevía a confesarlo públicamente, él sabía que estaba por encimade incluso la gran mayoría del resto de los magos. El era Tyler Fox-sonrió.

Si, por fín habíaencontrado su destino. Parecía como si todo acto pasado estabapropuesto para llevarle a ese momento y ese lugar en concreto. Élera un túnica roja. Él era mejor que Áspid, que Ares y que todoslos demás túnicas blancas y azules.

Por otraparte,estaba seguro de que nada malo estaba pasando en Hogwarts. Todose aclararía por sí solo- pensaba mientras entraba en su ampliahabitación. Allí Rorschach estaba esperándole con un té calientede los que solo en Inglaterra sabían hacer encima de la mesilla.Nada más llegar, el viejo elfo le quitó los zapatos y le puso en sulugar unas mullidas zapatillas de estar por casa. Además le anunció:

-Una lechuza le hallegado desde Hogwarts, mi amo. Rorschach cree que se trata deBoreas, la lechuza de su amigo, el señor Altae.- dijo el elfo conuna voz muy grave y algo carrasposa, como si tuviera la gargantainfectada. Tyler se acercó a la carta de, efectivamente, Boreasmientras se alegraba de recibir noticias de su amigo. Pero mientrasleía su cara cambió radicalmente.

-Quemala- ordenóal elfo. ¿Como se atrevía Derek?- Pensó furioso. Wotan le habíadicho a él y solo a él donde estaba su biblioteca privada Nopensaba decírselo a absolutamente nadie, ni aunque fuera su mejoramigo. El entrenamiento con Wotan era lo que le hacía especial, yninguna razón lo suficientemente buena le convencería para quedijera nada.

 


Virgil podíaobservar como nevaba en el exterior del Gran Comedor. La chicaadivinaba a ver como el manto blanco cubría completamente losterrenos de Hogwarts y que cuando se levantara al día siguienteabriría los regalos (normalmente sólo el de su tía, sus abuelos yposiblemente el de Lancelus) con la mañana recibiéndolacompletamente helada.

El Gran Comedorestaba casi vacío en esa Nochebuena. Era deprimente, perocomprensible ― pensó lachica, acordándose de las numerosas desapariciones―.No. Ese no era el momento para ponerse triste por Christie yAthene. Estarán bien. Tienen que estar bien.

La pelirroja seesforzó en sacar de su mente a sus amigas, y para ello se fijó enla única mesa ocupada. Era tan pocos los que se habían quedado apasar la navidad en la escuela que con una única mesa bastaba parareunirlos a todos, incluyendo al profesorado. La mayoría de losalumnos se fueron a la calidez de su hogar para huir de lasdesapariciones al menos durante una semana, incluidos Derek y susamigos. Virgil había rechazado la propuesta de Lancelus de pasar lanavidad con su familia, y pese a la insistencia de su tía para quefuera con ella a pasar las fiestas con los suyos, la pelirrojaprefirió quedarse para ver que podía averiguar, lo cual hasta elmomento había sido en vano.

― ¡Virgil,aquí!― La llamóLancelus, que al ver como la chica no iba a irse del castillo en esasfechas, prefirió quedarse con ella. El chico le había guardado unsitio entre él mismo y una asustadiza alumna de segundo. Virgil miróa todos lados, casi no conocía a nadie aparte de Lancelus, sólo aalgunos de vista, y la mayoría eran de los primeros cursos. Inclusoentre los profesores faltaba personal. Seguramente habían preferidopasar la navidad con los suyos antes que en un sitio donde a losalumnos se los tragaba la tierra. Virgil se fijó y sólo distinguióal profesor Hagrid y a la directora McGonagall, que cuchicheabanentre ellos. Ni rastro de Neodits o de Longbottom. Tampoco elconserje nuevo daba signos de estar en el castillo esa noche.

― Muy buenasnoches a todos ― dijo ladirectora― . Como habránpodido comprobar muchos de los nuestros se han ido a pasar la Navidadfuera. Pues bien, no permitiremos que ésto nos amargue una noche tanespecial. Esperaremos al profesor Longbottom, que parece retrasarse,y si son tan amables cuando vuelva empezaremos la celebración―.Acto seguido la mujer se calló y volvió a sentarse. Los alumnosempezaron a hablar animadamente.

― Ese Longbottomse habrá ido a pasar la navidad con su familia. Dicen que estácasado con la dueña de El Caldero Chorreante, así que no será deextrañar que se haya arrepentido a última hora de quedarse aquí yse haya ido a Hogsmeade― sentenció Lancelus. Virgil no abrió la boca, sino que se fijó enla directora. Parecía preocupada mientras hablaba con Hagrid. Sea loque fuere que estaban cuchicheando, hizo que el semigigante selevantara y saliera del Gran Comedor. Para cuando volvió, Virgilafinó el oído para escuchar al profesor.

― No está en sudespacho, Minerva― .Lamujer asintió para susurrar a Hagrid.

― Buscalo por elcastillo, y si es necesario por los invernaderos―.El profesor volvió a salir del Gran Comedor mientras la directorase dirigía a los alumnos.

 

― Bien. Pareceque el profesor Longbottom se encuentra indispuesto. Así pues,empecemos nosotros con esta suculenta cena―. Al instante platos llenos de apetitosos manjares aparecierondelante de Virgil, que intentó aislarse de lo que acababa de oírpara centrarse en cenar y conversar con su novio. A los diezminutos, Rubeus Hagrid entró en el Gran Comedor abriendo la puertade una patada que hizo girarse a todos los presentes. En sus brazosllevaba el cuerpo inconsciente del profesor de Herbología. Losgritos de los pocos presentes inundaron el Gran Comedor. Virgil sequedó en estado de shock mientras los demás alumnos corríandescabezados por el Gran Comedor. La chica se decidió a acercarse algigante, que hablaba con la directora.

― Hagrid, ¿quepasa?― PreguntóMcGonagall mientras Virgil estaba a una distancia prudencial para queno advirtieran su presencia. El profesor estaba pálido y tardó enreaccionar. Pese a ello la directora no le presionó.

― Son losalumnos... los que no están. Los que se fueron sin dejar rastroestán atacando el ala norte. Neville estaba allí. Seguramenteintentó pararlos, pero cayó. Yo intenté calmarlos, peroparecían.... poseídos. No estaban en sus cabales. Me atacaron. Pudehuir y recoger a Neville―. El profesor miró al cuerpo inerte del herbólogo.

― Tenemos queintentar hacer algo. Los alumnos deben volver a las salas comunes.Luego nos ocuparemos de los que nos atacan―. Sentenció la directora.―¿Cuantos son?

― Están todosatacando. Sobre medio centenar―. Hagrid parecía asustado. Al decir esta cifra, la directora abriólos ojos por la gran cantidad de atacantes durante un solo instante.Luego recuperó su temple habitual.

― SeñoritaDriad, ocúpese de llevar a los Ravenclaw a su sala común. Unaprefecta de séptimo como usted debería ser capaz en vista del pocopersonal del que disponemos esta noche. Confío en usted.―.Dijo McGonagall, relevando que era perfectamente consciente de queVirgil estaba allí. La chica estaba también conmoccionada.

―SeñoritaDriad, ¿Me está escuchando?―Virgil asintiómínimamente con la cabeza. Estaba tremendamente pálida. Actoseguido reunió a los Ravenclaw presentes. Por suerte no eran muchos.Sólo Lancelus y tres más, dos niñas de cuatro curso y un chico desexto.

Inmediatamentesalieron del Gran Comedor.

― ¿Que estápasando?―. Preguntó Lancelus mientras corrían por los pasillossiguiendo a la pelirroja. ―¡Virgil!―Gritó su novio parallamarle la atención.

― El profesorHagrid decía que nos atacaban. Son ellos.... los que handesaparecido... Christie y los demás.― La chica echó a llorar yLancelus la abrazó. Pero ese instante de tranquilidad duró hastaque oyeron el grito de una de las alumnas. Cuando Virgil se giró,vio venir una decena de personas con paso lento y pesado, como siestuvieran en una procesión. La chica distinguió a varios de suscompañeros entre ellos.

―¡¿Christie?!-Se extrañó la pelirroja. Entre las figuras inexpresivas que seacercaban se encontraba la de su amiga. Hagrid tenía razón. Estabanen un estado de trance, como sonámbulos en medio de la noche, peromoviéndose con una terrorífica sincronización. Virgil se acercó asu amiga, pero antes de poder dar más de cinco pasos en sudirección, Christie levantó la varita y lanzó un potente hechizosobre ella. Virgil cayó de espaldas, pero enseguida se levantódolorida.

 

― ¿Puedesoírme?, Soy yo, Virgil, tu amiga. ¡Por el amor de Dios, vuelve entí!― La única respuesta que obtuvo fue otro hechizo.

― ¡Corre! ―exigió Lancelus. La chica no sabía como reaccionar. Enfrentesuya no tenía a su amiga. Parecía como si su cuerpo se moviera sinvoluntad propia. Estaba como hipnotizada, al igual que las otraspersonas que la acompañaban.

―¡Virgil,vámonos!― Lancelus tiró de la manga a la chica, pero ésta no semovió. Las piernas no le respondían. Simplemente no asimilaba loque estaba viendo. Era imposible.

Una de las figuraslanzó otro hechizo, pero esta vez Lancelus apartó a Virgil de latrayectoria. Ese instante hizo reaccionar a la chica, que se alejójunto con el grupo esquivando hechizos que les lanzaban.



― ¿Puedopasar?― dijo desde detrás de la puerta una voz grave. Basiliskasintió desde la mesa de su despacho para dejar pasar a la tambiénalta y corpulenta figura de Gargant. Éste enseguida se dio cuentaque su superior parecía enfadado. Y eso no era una buena señal.

― Siéntate―Pronunció Basilisk con voz calmada. No era una petición, sino unaorden. Gargant se asustó, pero intentó que no se le notara. Vistodesde fuera, era incluso gracioso que una figura tan alta se mostraratan débil, como un niño al que su padre regaña.

― El jefe estáfurioso― dijo Basilisk, esperando la reacción de Gargant.

― ¿Porqué?,Mosag y yo seguimos vigilando a la familia de Biggs en Numerbarg y yamatamos a Tartessus.

― No es por eso,tiene otros motivos para estarlo― añadió Basilisk. Gargant tragósaliva, pero Basilisk continuó hablando. ―hace unas horas lossujetos del proyecto Sangre Nueva han atacado Hogwarts. Eso no estabaen el plan. El Titans encargado del asunto ha actuado por su cuenta.Por suerte no ha habido victimas entre los alumnos. No hubiera sidoconveniente.

― ¿Vais areemplazarlo?― Se atrevió a preguntar Gargant poniendo una cara deembobado.

― Debido a losmétodos que hemos usado para controlar a los sujetos, ese hombre esinsustituible. Es el único que puede controlarlos. Aparte de eso,hay más― Gargant tragó saliva. ― Cuando fuisteis a captar alúltimo Titans para que se nos uniera, os dijimos que eliminarais aCeo. ¿Mosag y tu lo hicisteis?― Gargant asintió con la cabeza.―Me temo que tu Oclumancia no tiene nada que hacer contra mí.Mientes.― sentenció el subdirector. Gargant calló.― Mosag esmucho mejor oclumántica que tu, deberías aprender de ella.

― Por favor...no nos matéis.... lo enmendaremos― Suplicó el chico.

― Esta vez oshabéis librado gracias a los servicios que prestasteis en la Copa delos Tres Magos, pero si volvéis a cometer otro error...― Basiliskpasó su dedo por su cuello a modo de degollación. Gargant seestremeció.― Yo me ocuparé de ese asunto a partir de ahora. Tuvuelve con Mosag.


La risa se oyópor toda la amplia sala. Era un sonido desagradable debido a que lavoz que lo emitía era grave, pero nada profunda. Era un hombreencapuchado que parecía haber ganado algún complicado juego, y sefelicitaba por ello. Enfrente suya unas cincuenta figuras formabanperfectamente sincronizadas. Tenían los ojos cerrados, como siestuvieran descansando de pie, y parecían robots esperando seractivados.

 

― Has tenido unagran idea. Me he divertido mucho― dijo el encapuchado. A su ladouna voz de mujer le respondió de forma aburrida.― Y sinconsecuencias.― El encapuchado volvió a reír.

― Me alegro queme ayudes, no sabía que alguien como tú podría estar interesada enel plan que me han encomendado.

― Digamos quejuego en mi propio bando, y que éste no está reñido con eltuyo.... mas bien es complementario― respondió la voz monótona.

― Habrá querepetirlo. Me encanta ver sufrir a mis antiguos compañeros.

― Tendrás queesperar un tiempo. Hasta que las cosas vuelvan a su cauce.

― ¿Porquetendría que esperar? El control de éstos desgraciados lo tengo yo.―Se enervó el titans.

― Hasta ahora mehas hecho caso y todo te ha salido bien. Creo que deberías seguir enesa línea― Le contestó la mujer. El encapuchado se calmó antesde contestar.

― Tienes razónNeodits, me alegro que estés de mi lado.

La mujercanturreaba tranquilamente. Intentaba alejar la idea de que su maridoestuviera fuera en Nochebuena. A quien se le ocurría, organizar unpartido el día veinticinco― suspiró―. Al menos su hijo estabaen casa por Navidad ése año. Había conseguido convencerle para quesaliera de Hogwarts unos días. Retirarle del colegio estabaprohibido por orden ministerial, pero las vacaciones eran otrocantar― pensó.

― Mamá, ¿dondehas puesto mi varita?― Era la voz de su hijo desde la habitacióncontigua. La mujer sonrió mínimamente, se levantó de la silla dela cocina y dijo:

― Está en tucuarto, Derek. Será mejor que te vayas a dormir, o no podrás abrirlos regalos mañana― dijo con picardía mientras se arreglaba supelo en un moño su largo pelo rubio.

― Mamá.....tengo diecisiete años, no hace falta que juegues así conmigo― riósu hijo. Desde fuera de la ventana un cuervo graznó en un arbol deljardín. La cara de Freyja palideció por momentos.

― Hijo, vete adormir.― Le dijo a Derek, que seguía en la habitación colindante.El chico replicó, pero la insistencia de su madre hizo que subieralas escaleras camino a su cuarto. Acto seguido, la mujer abrió laventana de la cocina para dirigirse al pájaro.

―¡Fuera deaquí!, No tengo nada que ver con vosotros y lo sabes. ¡No... noentres!― El cuervo aprovechó la ventana abierta para colarse en laestancia. Allí la silla que la mujer había dejado desocupada haceunos instantes. Era un cuervo grande y negro, pese a ello, parecíaenfermo, pues le faltaban muchas plumas y estaba raquítico.

―¡Fuera, Céo.No quiero tener nada que ver!

―¿Así saludasa un viejo amigo?― Donde estaba el cuervo ahora le saludaba unhombre de pelo negro y mirada temblorosa. Estaba extremadamentedelgado, como si estuviera a punto de morir por inanición. Ademástenía unas ojeras frondosas. Freyja Altae calló, estaba nerviosa,pero no dubitativa. Céo también parecía nervioso.

― Necesito tuayuda.―limitó a decir.

― No quierotener nada que ver con vosotros― La voz de la señora Altae tembló.

― Yo ya no estoycon ellos. Me buscaron un sustituto. Huí de la emboscada que metendieron.― Los ojos de Céo se pusieron en blanco, como suestubiera recordando con claridad ese momento.

― Hace años queos lo dije, a ti y a Iapetus. Nos quisieron captar a todos los denuestra promoción en Durmstrang. Y ahora mira, Iapetus ha muerto ytu vas por el mismo camino.

 

―Necesito unsitio donde no me encuentren..... Freyja, por favor....... por losviejos tiempos.― Suplicó el hombre.

― ¡No! ¿Y quepasará si averiguan que te he ayudado, eh?, ¡Por las barbas deMerlín, tengo una familia!

― ¡Si no meayudas estaré muerto!, ¡Por favor!, Me encontrarán y acabarán eltrabajo. Ahora me quieren muerto porque fallé en mi misión y ya nosoy válido para los Titans.... cometí un grave error.

―Fuera― dijoella, con nerviosismo, pero autoridad.

― Freyja....

― ¡Fuera!― Lamujer se incorporó levantando su varita contra Céo, pero nopronunció ningún hechizo. Éste se quedó mirando fijamente lamadera, con pasmosa tranquilidad. Acto seguido suspiró paratransformarse en el cuervo famélico de antes y volar fuera. Freyjase quedó mirando a su viejo amigo hasta que se perdió en elhorizonte.

― Pájaro de malagüero― Musitó. Freyja se sentó otra vez. El corazón le latíaprotestándole por no haber ayudado a su viejo amigo. No obstante,sabía que había hecho lo correcto. La mujer se quedó mirando elreloj familiar, preocupado por su marido. No obstante, era su aguja yla de su hijo las que marcaban Peligro Mortal . En ese momentotocaron a la puerta tres veces. La mujer abrió los ojos de par enpar.

― Mamá, ¿quienes?― Se oyó a Derek desde su cuarto.

― Debe ser lavecina para desearnos Feliz Navidad. Sigue durmiendo― Mintió lamujer. Derek gritó asintiendo desde su cuarto, y su madre supo queno volvería a molestarla. Rápidamente se acercó a la puerta,volvieron a tocar, pero ella no dijo nada. Puso su mano sobre el pomoy se detuvo, meditando por la situación. Estaba en peligro mortal.Lo ponía en el reloj. Freyja cerró los ojos y suspiró.

― Vamos mujer,se que estás ahí― Una voz que la mujer no había oído desdehace mucho era la que le hablaba. No obstante, ella la reconoció alinstante. Finalmente, reuniendo el valor que podía, abrió lapuerta. La sobria y falsa sonrisa de Basilisk se le apareció detrásde la puerta.

― Feliz Navidad― dijo el subdirector de Durmstrang, aunque solo por cortesía.Finalmente apartó a la mujer del medio y entró en la casa de formabrusca. Se paró en el recibidor. Por su pose parecía un antiguonoble que esperaba en la recepción de palacio. La mujer, por suparte, se ataba correctamente la bata del pijama.

― ¿Sabes porquéestoy aquí, verdad?― preguntó inquisitivamente.

― ¿Quequieres?― La preocupación de la mujer era evidente. Ya no teníaun tono saludable de rosa en la cara, sino que estaba tan blanca comola cera.

― Vamos,Freyja, hicimos un trato hace unos años, ¿recuerdas? Nosotros nohacíamos nada a tu hijo y tu nos ayudabas si era necesario.― lamujer escuchó esas palabras con asco. No obstante, se recordó parasí mismo que ese trato era el que había hecho que el hombre quetenía enfrente en ese momento no matara a su hijo el día que matóa su amigo Vincent.

― ¿Quequieres?― Se limitó a repetir la mujer. Acto seguido tragósaliva. Basilisk suspiró relajado.

― Neodits,Iapetus, Céo, tu.......― empezó a nombrar― Erais una granpromoción de alumnos. Me acuerdo porqué os graduasteis el mismo añoque empecé a impartir docencia en Hogwarts. Conseguimos captar a Céoy a Iapetus.... no obstante tu y tu amiga nunca estubisteis realmenteinteresadas.― La mujer se preguntaba a donde conducía esaconversación, pero se calló y siguió escuchando― Unos años mastarde Neodits volvió a Durmstrang como profesora de Adivinación,lástima que hace cuatro años rompiera definitivamente su relacióncon los Titans y se fuera a Hogwarts.

 

― Si lo quequieres es saber cosas de Neodits, yo no se nada― sentencióFreyja. Basilisk rió.

― Lo sé. Esaarpía no se arriesgaría a contar nada, ni siquiera a su mejoramiga. Dudo incluso que tu o ella os hayais atrevido a contarle avuestro hijo que soi, o erais, amigas.― La mujer evitó los ojosde Basilisk y miró fijamente al suelo.

― Siempre fuistemuy precavida, Freyja. Has sabido mantenerte al margen todos estosaños y eso es lo que te ha mantenido con vida a ti y a tu familia.Ahora tienes que cumplir tu parte del trato.

― ¿Que tengoque hacer?― La voz de la mujer era muy débil en ese momento.

― En primerlugar, tienes que decirme si Céo a venido a verte. Ese inútil debemorir. Ya sabes que su propia vida es un escollo para los planes delos Titans.― basilisk se quitó y limpió las gafas mientrashablaba, como si sus palabras fueran poco más que una conversacióninformal entre amigos.

― No se nada deél desde que nos graduamos en Hogwarts.― Basilisk miró a lamujer a los ojos durante unos minutos de forma inquisitiva. Se hizoun gran silencio.

― Siempre fuistemuy buena en Oclumancia, Señora Valk― rió Fobos― No tengo másremedio que creerte. Si lo ves no dudes en decírmelo, por tu propiobien y el de los tuyos.― Freyja asintió. El miedo se le iba yendopoco a poco del cuerpo, no obstante, la presencia de Basilisk lerecordaba a peores épocas de su vida.

― Dentro de unosmeses te necesitaremos, ¿de acuerdo?. Tendrás que cumplir tu tratoal igual que yo cumplí el mio en el torneo de los tres magos.― Freyja asintió, los labios le temblaban y no se atrevía a hablar.

― Yo me voy ya.Te dejo pasar la navidad en familia. ― Basilisk se dio media vueltapara salir de la casa― Por cierto, hablando de familia, tu sobrinaLilith te manda recuerdos.



― Tucama es tan cómoda como la mía― sonrió Lilith, mirando como losrayos de sol matutinos se colaban por la ventana mientras se acababade vestir.

― Gracias― sonrió secamente Tyler, que seguía acostado. El chico meditabaprofundamente lo que acababa de pasar, sin formar una opinión claraal respecto.

― Cuandome hablaron de un chico al que habían expulsado de Hogwarts penséque sería un gilipollas creído e insoportable, pero al conocerte enpersona cambié de opinión.

― ¿Enserio?

― Sí.Ahora sé que eres un gilipollas creído e insoportable, pero guapo― Lilith y Tyler rieron. La chica se tumbó otra vez en la cama con elmoreno.

― Nohace falta que vayamos a la primera clase. Quizás podríamosquedarnos aquí, siguiendo con lo que estábamos haciendo anoche.― Lilith sonrió pícaramente y Tyler puso la misma expresión. Lilithacercó su cara para besarlo. De repente una voz retumbó en la mentedel chico:

Puerta......esla puerta...... tres veces por delante...― Tyler abrió losojos de par en par y apartó su cara de la de Lilith. La dulce voz desu novia Christie acababa de sonar en su cabeza.

 

― ¿Quete pasa?― Le preguntó Lilith. Tyler le hizo caso omiso mientrasfruncía el ceño para que sus pensamientos tuvieran mas fuerza.

¡Christie!¡Christie! ¿Donde estás? ¿Me oyes?― Era inútil. Tylersabía que la mente de la chica había vuelto a cerrarse.

― ¿Estásbien?― Lilith volvió a acercar su cara, pero esta vez se apartórápidamente.

― ¿Quehaces?― Dijo el chico sorprendido. La morena no salía de suasombro.

― Vete.Por favor, vete.― Dijo Tyler, muy nervioso. Lilith parecióenfurecerse por momentos, emanando un odio de su cara igual que elque emanaba de ella cuando hablaba con los túnicas azules o blancas.Tyler se temió lo peor, pero tan pronto como vino esa expresión sefue. Lilith no dijo nada, sino que se acabó de vestir y salió de lahabitación.



Tanpronto como la chica de ojos azules se fue de la habitación Tylerrespiró aliviado. De repente todo el sentimiento de culpa por lo queacababa de hacer le vino a la cabeza pese a que el chico intentabareprimirlo. Mentalmente gritaba el nombre de su novia pese a quesabía que era en vano. Christie no respondía. La chica le habíadejado un mensaje claro: La puerta, tres veces por delante. Lo maloes que Tyler no tenía ni idea de a que se refería. El chico semovía rápidamente por la habitación sin tener la menor idea de quehacer. Estaba muy angustiado, tanto que el nudo de su garganta leimpedía siquiera tragar saliva. Todos los remordimientos acumuladosen lo mas profundo de su ser salían ahora a la luz. Ni siquierasabía porque había pasado la noche con Lilith. Pero eso ahora noimportaba, lo importante ahora era Christie. Tyler ya sabía lo quehacer, esa información no le era nada útil a él. Pero de repentele vino a la luz la imagen de su elfo quemando la carta de Derek.¡Eso era! Su amigo quizá si que podría hacer algo. Necesitabaponerse en contacto con él rápidamente, más que lo que tardaba unalechuza en llegar, y el chico conocía la manera:

― ¡Rorschach!― Llamó el chico a su elfo doméstico. De repente, un elfo domesticoanciano se le apareció delante suya haciendo una profundareverencia. Tyler no esperó a que hablara con su profunda voz, sinoque le mandó instrucciones al instante:

― Tevoy a dar un mensaje que necesito que trasmitas de inmediato a DerekAltae. Sólo se lo darás a él. A Derek y a nadie más, ¿deacuerdo? Estate atento porque te voy a decir donde se esconde Wotan.Además, deberás contarle algo que me acaba de pasar.― El elfoasintió solemnemente con la cabeza. Tyler le contó lo que Derek lehabía pedido en su anterior carta, además del episodio de hace unmomento con Christie y el mensaje que le acababa de dar, peroomitiendo cualquier mención a Lilith o lo que habían hecho.

― ¿Lotienes claro?

― Si,señor― respondió con voz rasposa.

― Muybien, ve. Además, quiero que le digas también lo siguiente: Porfavor, cumple tu promesa.

― Siseñor. Partiré de inmediato. Pero si me permite un consejo, cuandoacabe de despachar ciertas compañías como la de hace unosinstantes, le recomiendo no ir desnudo. Podría resfriarse― Tylerse dio cuenta que no llevaba nada puesto, así que corrió a ponersealgo encima mientras el elfo desaparecía de allí para volver aaparecerse miles de kilómetros mas lejos, en el castillo deHogwarts.

 



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― Todoesto
... es como muy surrealista, ¿no crees?― Dijo Tyler.Derek, a su lado, asintió. Los dos estaban contemplando el lugardonde Vincent acababa de ser enterrado, Estaban en un pequeñocementerio a las afueras del pueblo donde Vincent vivía. Al ladosuyo estaba la tumba de la madre del difunto chico. Derek y Tyler seacercaron a la tumba:

DoraValentine: 1968- 1999

Erauna tumba bastante pobre. Los chicos recordaron que la familia deVincent no era muy adinerada. En cambio, la tumba de Vincent estabamás ricamente decorada gracias a que los organizadores del Torneo delos Tres Magos habían decidido correr con todos los gastos. Vincentdescansaba en una tumba más adornada que la de su madre en la queuna inmóvil estatua que representaba la copa de los tres magos sealzaba por encima de la lápida. En la base del trofeo se leía losiguiente:

VincentValentine: 1988- 2005

― ¿Comohemos podido llegar a esto?― se preguntó Derek. Tyler calló ymiró al suelo.

― Niidea― se atrevió a responder al fin.― Un día estamostranquilamente haciendo un trabajo para Transformaciones y al díasiguiente detenemos a un asesino o luchamos contra arañas gigantes.Al menos no nos aburrimos.― Bromeó Tyler. Derek, no obstante, norió.

― Siesto sigue así sólo Dios sabe como vamos a acabar. Hace dos añostuvimos suerte porqué todo salió bien y paramos los pies a Áspid,pero este año....― Derek señaló la tumba de Vincent― Por nohablar que te han expulsado y te tienes que meter en la boca del lobocon esos cabrones.

― Secuidar de mi mismo― sonrió Tyler― Lo que me preocupa es quepase algo en Hogwarts. Mi hermano y mi novia están allí. Hastaahora no me he preocupado en exceso porque si pasaba algo podíatomar las riendas del asunto, pero ahora......

― AChristie y a Philip no les va a pasar nada― dijo Derek con unaseguridad impropia en él. Tyler sonrió, como si esperara esa frasedesde hace tiempo.

― ¿Melo prometes?, ¿Me prometes que harás lo imposible para mantenerlosa salvo mientras yo no esté? ¿Qué pase lo que pase los protegerásde todo lo que pueda pasar?― Derek asintió a la pregunta deTyler.

― Gracias,es muy importante para mi.― Sonrió su amigo.

― Tuocúpate de averiguar todo lo que puedas sobre los malnacidos queacabaron con Vincent― Ahora era Tyler quien asentía.

Enese momento se oyó un grito en francés a lo lejos. Era Sophie quellamaba a Derek.

― Vete,tu novia te espera― le dijo Tyler― Espero te dure bastante másque Virgil.




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― ¿Quequiere ahora?― Estaban en uno de los fríos pasillos. Asmodeus, eldirector, había abordado a Tyler mientras se dirigía a una de susclases. Tyler parecía muy incómodo.

― Necesitoque me contestes a algunas cosas. Es de suma importancia.

― Déjemeen paz― dijo el chico con aire altanero.

― Porfavor. Es sobre tu tiempo en Hogwarts.― El anciano parecíasuplicar al alumno, más como un mendigo que como el director delcentro que realmente era.

― Tengoprisa― se excusó Tyler. El chico sabía lo suficiente deDurmstrang como para saber que cualquier cosa que dijera a ese hombreiría contra los intereses de Basilisk, y en ese momento, Tylerestaba más cerca del bando del subdirector que del de Asmodeus. Unacosa era arrepentirse por lo de la noche con Lilith, y otro conspirarcontra los ideales de Basilisk con ese chiflado.

 

― Cuéntamecosas sobre Neodits― Los ojos del director parecieron brillar.― Se que no te voy a ganar para mi causa, pero al menos hazme el honorde responder a alguna de mis preguntas.― Tyler suspiró, comoaceptando el trato. Total, no tenía nada que temer.

― ¿Quequiere saber?

― ¿Algunavez te ha dicho algo sobre algún plan que tuviera o algunapredicción?― Tyler se extrañó ante esa pregunta.

― No― contestó casi entre risas. ― ¿Que importancia tiene Neodits? Essólo una profesora de Hogwarts.― Ahora era Asmodeus el que reía.

― ¿Sólouna profesora? Esa mujer juega con nosotros como si fuéramosmarionetas. Además, necesito saberlo para mi recopilación.

― ¿Recopilación?― Al preguntar esto, Asmodeus sacó un grueso libro y abrió laspáginas, pero sin dejar a Tyler leerlas. El libro parecía escrito amano por el propio Asmodeus.

― Aquíreúno toda información posible sobre los el grupo de Basilisk, losTitans. Se demasiado sobre ellos y como dicen por ahí, lainformación es poder. Aquí pongo lo que sé de sus miembros, susformas de reclutamiento, su historia.....

― ¿Todavíacree que Basilisk pertenece a los Titans?

― ¿Ytu todavía te empeñas en creer que no?

― ¿Quepruebas tiene?― Asmodeus suspiró resignado mientras Tylerdibujaba una sonrisa de satisfacción.

― Nohay más ciego que el que no quiere ver― dijo finalmente.

¿Quees el amor?― Lepreguntó el pomo de la puerta con forma de águila. Derek estabaterriblemente desconcertado ante la pregunta que el objeto le hacía.

―¿Qué?―El chico miró a Pólux y Galaad, que le acompañaban. Los dos leobservaron con cara de póker.

―¿Seguroque la sala común de Ravenclaw está detrás de éste pomo?―preguntó Derek.

― No.He debido confundirme con todos los pomos con forma de águilaparlantes de este castillo― ironizó Pólux.

―¿Ysi vamos a ver a Wotan sin Virgil?― preguntó Galaad. Derek negócon la cabeza y miró otra vez al pomo de la puerta.

¿Quees el amor?― repitió éste. Derek suspiró resignado antes decontestar.

―Elamor es preocuparse desinteresadamente por la otra persona. Darlotodo por ella― dijo decidido. Detrás suyo sus amigos rieron porlo bajo debido a lo cursi que había sonado aquello.

Simplee incompleto, pero no deja de ser correcto―dijo el pomo otra vez. Inmediatamente la puerta se abrió, dejandopasar a los chicos a la sala común de Ravenclaw, donde nunca habíanestado. La salaera grande y redonda, más ventilada que ninguna otra habitación enHogwarts. Tenía ventanas de arcos en las paredes. En el cielo, estrellas pintadas decoraban sutilmente la sala, la cual estabaamueblada con mesas, sillas y , sobretodo, numerosas librerías. Allado de la puerta para los dormitorios había una estatua de lafundadora de la casa, Rowena Ravenclaw. Nada más entrar los treschicos Gryffindors, los alumnos de Ravenclaw que se encontraban en susala común dieron unos gritos ahogados de sorpresa. Pólux saludóincómodamente con la mano a los allí presentes para rebajar latensión.

 

―¿Yahora?― preguntó Galaad.

―Tenemosque buscar a Virgil― respondió Derek decididamente.

―¿Buscarmepara qué?― De unas escaleras de caracol bajó la pelirroja con unamirada confusa debido a ver allí a los chicos. Derek se acercóenseguida:

―Tenemosque irnos ahora mismo― Virgil se quedó mirándolo de formaconfusa, pero asintió con la cabeza― Te lo explicaré.


Loscuatro chicos salieron de allí entre los cuchicheos de los demásRavenclaws, bajaron las escaleras de espiral a paso firme y rápido yse dirigieron al cuarto piso:

―¿Dondevamos?― preguntó Virgil, al ver que se dirigían a una de laszonas menos frecuentadas del castillo.

―Verás―empezó a hablar Derek― Con todo lo ocurrido nos hemos encontradoen un punto muerto, ¿no? No tenemos ni idea de lo que pasa nisabemos como continuar, sobretodo después de lo que pasó enNavidad― Virgil asintió recordando su encuentro con su amigaposeída― Pero entonces me acordé de lo que nos contó McGonagallhace dos años. La solución la tiene Wotan. ¿No te acuerdas? Wotanes el castillo. Él sabe todo lo que pasa aquí porqué Hogwarts y élson en esencia lo mismo.― Virgil miró emocionada a Derek, quecontinuó hablando― Por desgracia nadie sabía donde se ocultaba,excepto Tyler, que el año pasado pasó bastante tiempo con esefantasma, así que le mandé una carta. Hace un rato su elfodoméstico me ha contado todo lo que Tyler sabe de Wotan, como dondese esconde. Y allí es donde vamos ahora- Derek prefirió omitir losdatos sobre como Christie se había comunicado con su amigo, porquesolamente serviría para preocupar a la pelirroja.

―¿Yahemos llegado?― preguntó Galaad al encontrase de frente con unpasillo sin salida. Un frío muro de piedra se alzaba ante ellos.

―¿Yahora que?― preguntó Pólux. Virgil miró a Derek, esperando unarespuesta.

Ragnarok―dijo éste. La contraseña funcionó y los ladrillos del murocambiaron su forma para formar una puerta que daba a un largo yoscuro pasillo. Los chicos se aseguraron de que nadie les seguíaantes de entrar iluminados por sus varitas.



―Éstose pone interesante, ¿Verdad, Tyler?― El chico miraba a suoponente, Baldr, el túnica roja de tantos tatuajes y pendientes. Elchico le había insistido en tener un duelo con él, y pese a queTyler había renunciado en un principio, Baldr no estuvo dispuesto ano pelear pese a la negativa de su oponente.

Astreos―susurró Baldr. Tyler esquivó el hechizo fácilmente, pero mientraslo hacía, su oponente le había lanzado otro que lo alcanzó delleno.

―Asíaprenderás a no liarte con las chicas de los demás― escupióBarld con odio.

―¿Lilithes tu novia?― adivinó Tyler, que no esperó a la contestación delchico. ― Pues fue ella la que vino a mí, no se si lo sabes― rióTyler.

―¡Callate!¡Tu no sabes nada!― gritó Baldr furioso― ¿Crees que fue porvoluntad propia?― Preguntó irónicamente.

Astreos―dijo otra vez- Tyler lo esquivó sin dificultad y miró furioso aBaldr por las palabras que acababa de decir. Con los ojos inyectadosen ira formuló:

―¡Magnum!―El hechizo impactó en Baldr de lleno y lo empujó casi una decena demetros, cayendo inconsciente en el suelo y con una herida sangranteen la cabeza. Tyler respiró hondamente antes de contemplar como seformaba un gran charco de sangre alrededor de la cabeza de sucontrincante.

 

―Note preocupes― dijo una voz autoritaria a su espalda. Tyler se girópara ver como Basilisk apuntaba con su varita a Baldr para hacerdesaparecer la peligrosa herida. ―Se recuperará― dijo elsubdirector. Tyler asintió con la cabeza.

―Buenapelea― sonrió éste. Tyler le devolvió el gesto amablemente.―Me gustaría hablar con usted, señor Fox― Basilisk recuperó suexpresión más autoritaria para dirigirse al moreno. Tyler, noobstante, no se asustó.

―Usteddirá― respondió Tyler. Basilisk se quitó las gafas paralimpiarlas, pese a lo pulcras que ya estaban.

―Primerode todo, me gustaría felicitarle por lo mucho que ha progresado enéste curso. No nos equivocamos al darle una túnica roja― Tylersonrió, pero Basilisk continuó hablando― Me gustaría preguntarlesi se acuerda de las clases de Historia de la Magia que yo imparto,de las lecciones que les doy sobre historia de la magia. ¿Se acuerdade todo, señor Fox? ¿Se acuerda de mis discursos sobre el mandatode una única figura sobre la comunidad mágica? ¿ Se acuerda de lasteorías de facilitar el camino a un rey?― Tyler asintiódecididamente. Basilisk sonrió levemente.― ¿Y está usted deacuerdo con ellas?― Tyler suspiró y calló unos segundos, perofinalmente respondió con un decidido sí.

―¿Yestaría usted dispuesto a ayudar en tal misión? ¿Ayudaría usted aque el rey gobernara? ¿Se uniría a su causa?

―Sí―respondió mirando a los ojos a Basilisk.

―Perfecto.Permítame decirle que ya es casi uno de los nuestros.


―¿Quehacéis vosotros aquí?― bramó Wotan con una expresión deauténtica furia en la cara. Derek, Virgil, Pólux y Galaad habíanavanzado hasta lo que parecía ser una gran biblioteca circular. Allíse encontraba el fantasma de Wotan, que ahora les miraba con odio.

―Habéisprofanado mi biblioteca― dijo finalmente.

―Sideja que nos expliquemos...― dijo Virgil, sin miedo ninguno. Algosorprendente para tratarse de ella.

―¡Fuera!―gritó, apuntándolos con la varita.

―Porfavor, escúchenos.― suplicó Derek― Virgil y yo contribuimos aque Áspid no acabara con usted hace dos años. ¡Al menos déjenoshablar!― Dijo Derek, relevando porqué había querido llevar aVirgil a ése lugar. Wotan bajó la varita.

―Estábien, explicaros― dijo aparentemente más calmado, pero con elmismo autoritarismo. Los chicos le contaron todo lo que había pasadoy como habían llegado hasta él con la ayuda de Tyler. Le contarontodo lo referente a los desaparecidos.

―¿Nosayudará?― preguntó Virgil, con una gran esperanza en su voz.

―No.―Dijo simplemente el fantasma mientras hacía un gesto para que seretiraran.

―¿Porqué?Usted ayudó contra las acromántulas. ¿Que es diferente ahora?―replicó la chica.

―Loque tu dices puso en peligro el castillo, ésto no.

―¡¿Perosi los alumnos están desapareciendo!?― gritó la chica.

―¡¡Noes Hogwarts quien corre peligro, sino sus habitantes. A mi eso no meimporta en absoluto!!― Wotan adoptó una expresión terrible.

 

―Virgil,vayámonos― le susurró Derek. Virgil hizo caso omiso.

―¡Nome iré hasta que usted no nos ayude! ¡Mis amigas han desaparecido yél puede ayudarnos a encontrarlas!― gritó también Virgil,enfrentándose a Wotan. El fantasma levantó su varita contra lapelirroja.

―Tres―dijo Wotan pausadamente, mirándola a los ojos.

―¡Virgil,déjalo!― gritó Derek.

―No.Es imposible que todo ésto no le importe nada de ésto.― lerespondió la chica.

―Encontraremosotro modo... yo también quiero rescatarlos, pero así no loconseguiremos.

―Dos...―siguió Wotan con la cuenta atrás.

―¡Yahemos visto lo chiflada que estás, ahora toca largarse!― gritódesesperádamente Pólux. Virgil hizo caso omiso. Los labios letemblaban, pero siguió inmóvil, mirando como Wotan le apuntaba.

―¡Ala mierda!― dijo Derek, que sacó su varita y apuntó a Wotan.―¡Flipendo!― El hechizo lo atravesó. Derek recordóamargamente que Wotan, pese a su apariencia tangible, era un fantasmay por tanto la gran mayoría de los hechizos no le afectaban. Wotanhizo caso omiso a lo que el castaño acababa de hacer.

―Uno―Continuó. Derek se acercó corriendo a Virgil para intentar ponerlaa salvo, pero ésta lanzó un hechizo que le hizo rebotar haciaatrás.

―¡Cuidado,Virgil!― gritó desesperado Derek.

Magnum―dijo Wotan con una voz de ultratumba. De su varita salió un hechizocolor gris plateado que dio de lleno en Virgil, la cual no intentódefenderse. La chica fue arrastrada hacia atrás y se golpeófuertemente contra una de las estanterías llenas de polvorientoslibros.

―¡Virgil!―Derek se acercó corriendo y la cogió a brazos como buenamente pudo.La chica estaba inconsciente, pero parecía no tener nada grave.

―Elhechizo que acabo de hacer es Magnum. Tiene más potencia cuanto másodias a la persona a la que va dirigido. Y a mi esa chica me caíabien. ¿Queréis probarlo vosotros? Dijo muyautoritariamente Wotan.

―Estábien, ya nos vamos― Dijo Galaad.

― Yno volváis nunca, u os mataré. Decidle también al señor Fox queya nunca será bien recibido aquí.

Lacabeza le daba vueltas y mas vueltas. La chica sentía que si abríalos ojos se encontraría en una montaña rusa o algo similar, asíque optó por intentar relajarse. Pronto notó el tacto de laalmohada bajo su nuca, así que adivinó que estaba en una cama,seguramente de la enfermería. Virgil se acordó de golpe de lo quehabía pasado con Wotan, del hechizo que había recibido. Deinmediato se incorporó buscando cualquier vendaje u otro síntomaque le indicara la repercusión de sus heridas. Afortunadamenteparecía estar ilesa, siempre y cuando no tuviera en cuenta ese mareopersistente. La pelirroja suspiró hondamente al acordarse de lainutilidad de la visita a Wotan. Decenas de alumnos desaparecidos ynadie podía hacer nada por ellos.

― ¡Porfin despiertas!― Oyó la chica. Cuando centró su todavía borrosavista, vio como la figura de Derek se acercaba lentamente a ella.―Estaba preocupado por ti. Si te hubiera pasado algo, hubieratenido yo la culpa. Yo te dije de ir allí...― Exclamó Derek. Lachica se pasó los dedos por su frente para intentar despejarse, alos pocos segundos respondió.

 

―Nofue tu culpa. Te acompañé por decisión propia. Me opuse a Wotan yosola, tu no tuviste nada que ver.― Al oír ésto, Derek esbozó unapequeña sonrisa mezclada con preocupación.

―Suerteque estás bien― se limitó a decir el chico.

―Sabíaque no iba a pasarme nada, al menos grave. A Wotan le interesa pasarmas o menos desapercibido y no meterse en problemas. Si algo mehubiera pasado a mí, hubiera sido contraproducente para él.―Expuso la chica. Derek se quedó callado ante el valienterazonamiento de Virgil.

―Detodas formas, fuiste muy imprudente al hacer eso....― Contestó elcastaño. Virgil le miró solemnemente.

―Hallegado el momento en el que estamos obligados a lo que sea con talde conseguir nuestros objetivos― La chica miró con sus ojoshipnóticos a Derek, que se quedó callado ante tal afirmación.

―Seque es difícil, Derek, pero en la situación en la que estamos nopodemos seguir siendo los que se quedaban mirando o aportando ideaspara que Tyler o Christie se enfrentaran a Áspid. Ahora somosnosotros, y nada más. Ya deberías haberte mentalizado de ello. Va allegar el momento en el que debamos elegir entre hacer lo que debemoso quedarnos lamentándonos toda nuestra vida. Yo no tuve esa elecciónhace bastantes años y me ha estado marcando mucho tiempo. Ahorapuedo hacer que eso no se repita de nuevo.

―Quiente ha visto y quien te ve, ¿Verdad?― sonrió Derek.

― Soyla misma chica de siempre, pero ahora ya no tengo miedo― respondióella. Derek suspiró de nuevo mientras meditaba. Se acababa de darcuenta que estaban en el mismo lugar donde ella le confesó sussentimientos hace unos dos años, pero ahora todo era diferente,terriblemente diferente. Derek no sabía como, pero algo le decíaque Virgil también lo notaba. Había un mundo de distancia entre losdos, pese a lo cerca que a Derek le gustaría estar, pero en medio deellos estaba Lancelus... aparte de su propia incompetencia en todoeste tiempo― se lamentó. Derek estaba a punto de decir algo pararebajar la tensión, pero en ese momento, lejanos gritosinterrumpieron el ambiente relajado de la estancia. Eran gritos depavor y angustia, suplicantes por su propia vida, ecos de algo que seproducía no lejos de la enfermería..

―¿Queha sido eso?― Preguntó Virgil mirando al chico, pero éste no suporesponderle. De repente, MadamePomfrey apareció con rostro preocupado y con la cara blanca.

―Gracias a Dios que mipaciente está bien.... estaba en los invernaderos recogiendo unashierbas y.... no me hubiera perdonado si a la chica.....

―¿Que pasa?―preguntóVirgil angustiada, la enfermera palidecía por momentos.

―Es horrible― Balbuceó ―Creo que ésta es una zona segura, mejor nos quedamos aquí.

―¿Que pasa?― repitió,esta vez Derek.

― Chico, tu también quedateaquí. Los desaparecidos están atacando Hogwarts. Pero esta vez esuna auténtica batalla― Sollozó la mujer ―Parece que intentanmatar a todos los que encuentran a su paso.....― Al oír ésto,Virgil saltó de la cama de inmediato. Se quedó un segundo de piemientras un leve mareo pasaba por su cabeza.

―¿Que haces?― Se sonrojóDerek al ver como la chica se cambiaba delante suya.

―¿Tu que crees? Vestirmepara ir a por Christie y los demás.

―Señora Driad, usted sequeda aquí― Dijo sin ninguna convicción la enfermera, que al vercomo su paciente no le hacía caso desistió en el intento dedetenerla.

 

―Derek,¿Y Lancelus, donde está?― preguntó la pelirroja por su novio. Elcastaño tardó un poco en responder.

―En clase, creo. Por eso noestaba en la enfermería, y vine yo por si despertabas― dijo con unpoco de amargor en la voz.

―¿Vienes, verdad?― Elchico pareció dudar durante un instante, pero de inmediato cambiósu cara.

―Vamos.


Tylerabrió la puerta del ya familiar despacho de Basilisk. Estabaextrañamente nervioso, como si sintiera que esa iba a ser una tardememorable en su vida, que no lo olvidaría nunca. Nada más echar unvistazo a la estancia se encontró que no estaba solamente elsubdirector, sino también otros dos túnicas rojas.

―¿Quehace él aquí?― preguntó Tyler de forma despectiva mientrasseñalaba con un movimiento de cabeza a uno de los presentes.

―Esomismo pensaba sobre ti..... ― le contestó desafiante Baldr. Allado del chico, Lilith le sonreía con cara casi angelical.

―Porfavor, señor Fox, siéntese. Le estábamos esperando― dijoBasilisk desde su lado de la mesa. Tyler se acercó a una de lassillas libres, al lado de Baldr, que pareció gruñir desafiantecuando acabó de acomodarse el chico.

―Enbreves instantes ustedes se incorporarán a las filas del ejércitoreal. Todo un gran privilegio. Permítanme decirles lo orgulloso queestoy de ustedes.― Basilisk se hinchó de coraje mientras una fugazluz se pasaba por sus ojos.― No obstante, deben saber los tres quedeberán pasar una prueba para demostrar su compromiso con nuestracausa.

―¿Unaprueba?― Preguntó Tyler ― ¿Qué clase de prueba?

―Tranquiloseñor Fox, no es nada que no puedan superar con facilidad. No essino un simple trámite.― Tyler asintió con la cabeza. A su lado,Baldr rió tímidamente.

― ¿Tienesmiedo, extranjero? Habrás aprendido nuestro idioma, pero siguessiendo escoria inglesa.― Se burló Baldr. Tyler sabía queúnicamente lo decía para molestarle, no obstante, no podíatolerarlo, así que rapidamente metió la mano en el bolsillo dondeguardaba la varita.

―¡SeñorFox, relájese!― bramó Fobos Basilisk con autoridad. Tylerobedeció al instante de forma dócil ante una orden directa.

― ¿Ycuando vamos a conocer al rey?― preguntó Lilith, que pese a quesiguió mostrando su cara dulce de siempre, algo parecía decir quele incomodaba la tensión entre Baldr y Tyler.

― Nuestrolíder llegará en cuanto pueda. Tiene otros asuntos que atender.Mientras, les sugiero que se relajen y pienses en el dorado porvenirque les espera. Yo ahora debo irme, volveré en cuanto pueda. ― Aldecir ésto, Basilisk salió de su despacho, dejando en él a lostres chicos.

―Alfinal te han elegido a ti también ¿eh? Creia que íbamos a sersimplemente Lilith y yo...― susurró Baldr en cuanto la puerta secerró.

― Loque me extraña es que estés tu aquí después de la paliza que tepegué― le desafió Tyler.

― Noshan elegido a los tres ¿de acuerdo? No le demos mas vueltas.―zanjó Lilith. Baldr rió descaradamente.

― ¿Quete hace tanta gracia? ― preguntó Lilith angustiada.

― Queel inglés no tiene ni idea de nada. No sabe como le has manipuladopara que acepte entrar en la organización.― Al oír ésto, Tylerabrió los ojos extrañado. Lilith se dirigió hacia él.

 

― Tyler,no te lo creas, ¿vale?― La chica intentó apaciguar los ánimosdel moreno posando sus manos en su pecho.

―¡Cuéntale,Lilith, las órdenes que te dio Basilisk para que lo sedujeras!,¡Cuéntale como te prohibieron contarle lo nuestro!

― ¿Deque estás hablando?― Tyler apartó a Lilith y agarró por latúnica a Baldr , al cual lo levantó unos centímetros gracias a sumayor fortaleza física.

― ¡CallateBaldr! Tu estás celoso porque hace meses que no quiero saber nada deti mientras que cada vez más me acerco a Tyler ¿verdad?―Respondió Lilith con cara de asco, como si estuviera perdonándolela vida a Bardl en contra de su voluntad.

― Lo que ti digas,Lilith....― Se resignó Bardl― Pero que lo sepas, inglés, enrealidad no sabes donde te estás metiendo. Solo te han contado laparte en la que esta organización parece buena.


―¿Estásbien? Deberíamos parar unos segundos― dijo Derek al ver a Virgil.La chica había dejado de correr debido a un mareo repentino. Lassecuelas del hechizo de Wotan todavía se notaban.

―Estoybien, sigamos. No tenemos mucho tiempo. Esperemos que nada malo leshaya pasado.

Derekestaba asustado. La situación era muy peliaguda, y pese a que eraconsciente que mantener la cabeza fría en momentos como ese era degran ayuda, no podía seguir su propio consejo. En cambio, Virgil siparecía mantener la compostura pese a lo aterrador de tal escena.

Losdos chicos corrían ahora hacía donde los gritos de una gran batallaparecían proceder. Se dirigían a las proximidades del gran comedorlo más deprisa que sus pies les permitían. A lo lejos y amplificadogracias al eco que las paredes del castillo otorgaban, los aullidosde una batalla llegaban a los oídos de Derek y Virgil, que fingíanno escucharlos para no encogerse de miedo.

Porfin llegaron a lo que parecía una batalla campal, los chicos sequedaron petrificados ante tal escena. Por un lado, decenas decuerpos inmóviles yacían en el suelo, al parecer inconscientes. Porotro, los desaparecidos atacaban con una expresión inalterableparecida a la posesión fantasmal. Los desaparecidos tenían dominadala situación mientras que los alumnos y profesores que allí seencontraban hacían lo posible para defenderse. Se veía claramenteque tenían auténtico miedo de poder hacer daño a los alumnos que,en contra de su voluntad, atacaban a sus compañeros. Derek pudodistinguir a Lancelus defenderse de los ataques de unos alumnosposeídos de segundo curso, mientras que Galaad se batía contraBill, el cual tenía los ojos en blanco. A Derek casi le da un vuelcoel corazón al ver pelear a muerte a dos de sus amigos.

―¡Christie!―gritó Virgil. Derek tuvo que retenerla para que no fuera corriendohacia donde su mejor amiga estaba derrotando uno tras otro a alumnosde quinto curso. A Derek se le disiparon las dudas por completo deque estaban poseídos al ver la expresión inerte de la chica yobservar una maestría impropia de ella con la varita. No manejaba supropio cuerpo.

― Derek,dejame ir― le suplicó la pelirroja. Derek hizo un gesto negativocon la cabeza. Que Virgil fuera donde Christie no solucionaba nada.

Enese instante escucharon un pequeño quejido unos metros mas a suderecha. McGonagall había caído derrotada, y los cuatro poseídosque la habían ganado fueron derechos a por Virgil y Derek.

 

―¡Flipendo!―gritó Derek sin dudar. El hechizo dio de lleno en uno de ellos, quepese a todo siguió andando.

Petrificustotalus― dijo Virgil, también sin efecto. Los cuatro chicosavanzaron hacia ellos como autómatas. Derek ahora ya sabía porquéesos poseídos habían conseguido ganar tan rápidamente a loshabitantes del castillo. De alguna forma eran invulnerables.

―Corre―le ordenó Derek a la pelirroja.

―¿Que?

― Novamos a poder con ellos, tenemos que replegarnos todos los quequedamos. No hay tiempo. ¡Vete!― Pero no hizo falta que Virgil sefuera. En ese momento todos los poseídos parecieron detenerse, comosi estuvieran escuchando algo, para instantes después irse a pasofirme de la escena, inexpresivos ante la matanza que acababan decrear. Los dos chicos se quedaron boquiabiertos ante lo que acababade pasar.

― ¡Ladirectora!― se acordó Virgil. Al instante se acercó a McGonagally la hizo reincorporarse con un simple Enervate.

―¿Estáusted bien?― Le preguntó la chica. La directora asintió.

―Lascomunicaciones se han cortado. No se como, pero parece como sialguien lo hubiera planeado. Tengo que reunir al profesorado deinmediato.― Dijo ella, mas como una lista de tareas que debíahacer que como una respuesta a Virgil.

― Todoslos profesores que nos hallamos en condiciones estamos aquí. ExceptoNeodits, que nadie conoce su paradero― respondió el profesorLongbottom, acercándose entre las decenas de alumnos que quedaban enpié y querían comprobar el estado de su directora, como si de ellodependiese la seguridad de todo el alumnado.

― ¿Lascomunicaciones se han cortado? ¡Por las barbas de Merlín, eso esespantoso!― Se oyó decir a Hagrid, terriblemente afectado, desdela lejanía.

― Notenemos otra opción pues que ocuparnos nosotros del asunto―respondió Minerva. Neville, Flitwick, Hagrid y otros profesoresasintieron.

― Yotambién voy― dijo Virgil. Longbottom miró a la chica conautoridad, pero ella no se inhibió.

― Comoprofesor, no puedo consentírtelo― dijo simplemente. La directoraasintió.

― Tengomás de diecisiete años. No pueden obligarme a quedarme aquí―Ahora, Neville suspiró, para finalmente dar la razón a su alumna.

― Estábien― dijo McGonagall en voz alta ― El profesorado irá siguiendoa los desaparecidos en cinco minutos, pues debemos reponernosmínimamente. Todo aquel alumno de mas de diecisiete años que quieraseguirnos, puede hacerlo siempre y cuando entienda los riesgosmortales que ello conlleva.

Enese momento, el corro de alumnos alrededor de los profesores sedisolvió y los chicos que allí se encontraban fueron buscando a susamigos y conocidos. De pié quedaban sobre medio centenar depersonas, la gran mayoría de ellos menores de edad. Inconscientesdebían quedar algo más de cien.

― Virgil,¿estás bien? ― Al lado de la chica apareció una caracuadriculada bajo un pelo rectamente peinado. Era Lancelus. La chicarespondió mientras veía a Derek acercarse a su amigo Pólux y a uncuerpo inconsciente.

―Bien... bien. Mejor que tú,veo― Sonrió tímidamente mientras veía un pequeño chorro sesangre de la boca de su novio. Lancelus la abrazó.


―Pólux,dime algo.... ¿que te pasa?― Derek estaba preocupándose por suamigo, que estaba en estado de shock.

 

―Galaad.... dime algo...... hasido Bill... estaba poseído...― Derek enseguida lo comprendió.Pólux hablaba a un cuerpo inerte. Era un chico de largo y cuidadopelo rubio. Era alto y de piel algo pálida. Era Galaad, el mejoramigo de Pólux, y estaba muerto. Derek tampoco supo como reaccionaral ver como los ojos de su amigo miraban inexpresivos hacia ningunaparte. Primero Vincent y ahora Galaad. Eso era una auténticapesadilla.

― Voya ir con los profesores y voy a machacar a quien le ha hecho ésto.Te lo juro sobre Galaad....― dijo Pólux con lágrimas en los ojos,en ese momento, posó su mano sobre el rostro de su amigo y le cerrólos párpados..

― Billno tiene ninguna culpa...― respondió Derek.

―Sabes tan bien como yo que noestoy hablando de Bill.― Derek suspiró hondamente y dejó que unpar de lágrimas amargas se pasearan por su cara. A los pocosminutos, se levantó junto a Pólux y se acercó a los profesores,que estaban preparándose para partir. Derek vio como Virgil yLancelus también se acercaban a ellos, además de un puñado deestudiantes de séptimo, aunque no demasiados. Contando losprofesores no debían ser mas de quince, mientras que losdesaparecidos rozaban el centenar. Era un suicidio.

―Vamos― dijo simplemente ladirectora mientras tomaba camino hacia donde se habían ido losposeídos. Todos los demás les siguieron. Derek se acercó a Virgil.

― Oye,Virgil, sino salimos de ésta....

―Callate Derek― InterrumpióLancelus la confesión. Derek prefirió no discutir con el chicoahora. No obstante, le pareció ver como la pelirroja sonreíatímidamente ante lo que se imaginaba que Derek iba a decirle.


Prontoconsiguieron alcanzar el paso de los poseídos, que no se movían muyrápido, sino más bien como una lenta procesión fúnebre, con pasossincronizados dados al unísono. Derek comprendió ahora la seguridadque tenía la directora en que los alcanzaría. Antes de que nadiedijera nada, McGonagall habló con voz sobria:

―Ahora vamos a seguirlos a unadistancia prudencial a ver donde se dirigen. No quiero que hagamosningún ruido que se pudiera evitar, pues pese a que parecen moversebajo una influencia ajena a ellos, no queremos tentar a la suerte.

Yasí fue. El grupo de profesores y alumnos de séptimo que fueronsiguiendo a los poseídos se mantuvo a una distancia de seguridad,pero con vistas suficientes para verlos marchar. Finalmente, llegarona un pasillo desierto donde se pararon. El grupo que los seguíatambién se detuvo a unas decenas de metros. La directora y algunosprofesores se sorprendieron.

― Nopuede ser......― susurró Neville― claro... por eso no losencontramos― razonó.

―Profesor, ¿que pasa?―preguntó Lancelus.

― Esla sala de los menesteres.

Antesde que Lancelus pudiera preguntar que era eso, una puerta se aparecióen el pasillo vacío, y los alumnos poseídos entraron en ella.

―¡Ahora!― ordenó ladirectora. Los demás, tanto alumnos como profesores, siguieron susindicaciones. Se acercaron al grupo de poseídos y entraron por lapuerta después de ellos a la sala de los menesteres. Cuando lohicieron, una voz grave exclamó:

―¡Maldita Neodits!,¡Por eso noquería que mirara el mapa! ¡Esa mala bruja me la ha jugado! ¡Ahorahabéis llegado aquí!

Derekalzó la vista. Estaban en una gran sala circular con una bóveda depiedra pulida. Era una gran sala que estaba desnuda de decoración.En medio de la misma, Craig Marduck los miraba con los ojosinyectados en ira. A sus pies yacía el cadáver de Umbra Neodits.

―Yaestán llegando, no hace falta que mires el mapa― sugirió Neoditsal ver al chico abrir el Mapa del Merodeador. Craig parecíaimpaciente porque todo saliera bien. Su mirada denotaba unnerviosismo impropio de lo que un Titans debería ser. El chicopareció darse cuenta de ello cuando Neodits se le quedó mirando, yaque cambió su expresión a una más autoritaria. Craig parecíaquerer llevar las riendas de la situación, para algo esa era sumisión y Neodits solo estaba ayudando, pero fue en vano. Por muchoque intentara aparentar, Craig Marduck solamente era un chico queparecía tener mucho más de los quince años que en realidad tenía.Desde que lo expulsaran de Hogwarts hace dos años el chico habíacrecido muchísimo, reforzando el aspecto de simio gigante que yatenía en su época de estudios en Hogwarts. Aparentaba ser un adultode gran complexión cuando en realidad no era más que unquinceañero. Pese a ello, hace dos años era simplemente el matóndetrás de la larga sombra de Áspid, ahora asumía un papel másimportante que parecía quedarle grande.

―Miraréel mapa si quiero, Neodits. Yo controlo la situación.― Gruñó elchico intentando ser amenazante, cosa que no resultó. Neoditsparecía recordarle como el pésimo estudiante de Slytherin al quepodía castigar, no como el asesino en el que se había convertido.

―Nohace falta que mires si alguien les sigue, pues no es así. Lossujetos del proyecto Sangre Nueva vuelven aquí sin peligro. Elataque ha sido un éxito― sonrió vagamente Neodits bajo su aspectode bruja sobria y fría. Craig dejó el mapa otra vez, el cual lehabía quitado a Christie hace tiempo, cuando la había capturado yposeído. Al ver ésto, un brillo pasó rápido por los ojos de lamujer.

―Dime,Profesora Neodits ¿como es que tienes siempre la situaciónbajo control?― Dijo Craig sin perder los nervios. Era una preguntaque ya le había formulado, sin éxito, anteriormente. Neodits noalteró su inexpresivo rostro para contestar.

―¿Acasono es obvio? Soy adivina― respondió ella. Craig alteró su rostrocomo si se acabara de llevar un gran mazazo. Estuvo a punto de volvera preguntar, pero no hizo falta.

―Sí,Craig. Se lo que va a pasar en cada momento. Supe desde el principiolas intenciones que tenías con Áspid y Énebo hace unos años. Semás cosas de los Titans que lo que puedes llegar a imaginar y sé,hasta un cierto límite, lo que va a suceder en el futuro.

―¿Estáusted loca?

―¿Quiente crees que puso a Áspid sobre la pista de Wotan? El papel en sumesilla, del que Áspid te habló hace tiempo, lo puse yo. ¿ Y quienhizo que Énebo aceptara la oferta de Hogwarts?― Craig se quedóinmóvil ante la revelación. Era cierto, Áspid le habló de unpapel misterioso hace tiempo..... pero era imposible que fuera ella.

―¿Porqué?―se limitó a decir el Titans mientras se limpiaba el sudor frío desu frente con la túnica blanca de la organización.

―Paraque mi plan surgiera efecto. He tomado parte en muchas acciones paradar la situación idónea en la que tuviera posibilidades de serllevado a cabo con éxito: Que Tyler Fox fuera amigo de Áspid ynovio de Christie Laksmie, que Áspid siguiera a Wotan, que a ti teexpulsaran de Hogwarts para que te unieras a los Titans, que VincentValentine se sacrificara o que el señor Derek Altae no fuera aDurmstrang, por ejemplo. O más recientemente, ponerme de tu partepara evitar que éste plan fracasara por tu incompetencia, pueshubieras salido a pelear mucho antes de lo permitido para probar alos poseídos, hubieras perdido y las victimas mortales hubieran sidomucho más elevadas que en éste momento.

 

―Debesestar bromeando― rió Craig entre dientes.

―¿Deverdad lo crees?― contestó seriamente Neodits. Definitivamente ésono era ningún juego. Craig tardó unos segundos en volver apreguntar, parecía costarle horrores asimilar toda aquellainformación.

―¿Ypara qué?, ¿Cual es tu objetivo?

―¿No lo has adivinado todavía? Mi objetivo ha sido siempre acabar conlos Titans.― Ahora Craig Marduck si que rió abiertamente, casicomo un histérico.

―Sieso es así― se repuso el Titans― ¿Para que me ayudas?

―Creoque ya lo he dejado bastante claro. La única forma de conseguirlo escon una serie de factores, y sólo los conseguiré si intervengo enalgunas situaciones, como en ésta.

―¿Deverdad quieres que me lo crea?, Aunque todo éso fuera cierto, ¿paraque me lo cuentas?

―Porquéno importa que tu lo sepas o no. No vas a tener opción de usar esainformación, ya que vas a morir en breve. Siento tener quecomunicártelo.

―¡Yaestá bien!― bramó Marduck― ¡Vas a dejar ese absurdo juegoahora!― Craig sacó burdamente su varita, lo que por su nerviosismole hizo tardar unos segundos. Neodits, pese a tener una granoportunidad para contraatacar, no lo hizo. Craig le apuntó con suvarita a la cabeza.

―Lamentablemente,querido ex alumno, ambos sabemos que no vas a matarme. Una lástima.―Dijo Neodits. En ese momento, y muy hábilmente, sacó su varita ydesarmó a Craig. Acto seguido, y en vez de hechizar al Titans, seapuntó a si misma.

―¡¿Quehaces?!― gritó Marduck con los ojos como platos.

―Comoya he dicho, para que la situación deseada se dé, deben darse unaserie de factores específicos. Uno de ellos es mi propia muerte eneste preciso momento, y ya que tú eres incapaz de hacerlo, me veoobligada a ello. Sólo soy uno de los muchos sacrificios que ya sehan hecho, más otros que se harán hasta llegar a la muerte de turey, y con ella, la desaparición de los Titans. De todasformas, dentro de muy poco nos veremos al otro lado.

―¡Espera!¡Maldita loca!― Pero fue en vano, Neodits lanzó un hechizo sobresí misma que la hizo caer en redondo. Su cadáver presentaba lamisma expresión inerte de siempre. Si no fuera porqué había vistocomo una maldición asesina la atravesaba, Marduck habría pensadoque simplemente dormía profundamente sino hubiera tenido los ojosabiertos y carentes de expresión. Craig ni siquiera tuvo tiempo dereaccionar, pues en ese instante la puerta de la sala se abrió,pasando dentro su ejército de poseídos. Todos ellos estaban bien.Craig estuvo a punto de sonreír satisfactoriamente de no ser porquedespués de que los alumnos a los que controlaba entraron en la salaotras figuras entre las que pudo distinguir algunos profesores y aviejos conocidos, como Derek o Virgil.

―¡MalditaNeodits!,¡Por eso no quería que mirara el mapa! ¡Esa mala bruja mela ha jugado! ¡Ahora habéis llegado aquí! ― En esemomento nadie se movió, pues no esperaban encontrarse tal escena alentrar en la sala. Virgil ahogó un grito mientras que Derek miraba atodos lados.

 

―¿Tu?―Dijo extrañada la directora McGonagall― Craig Marduck. Antiguoalumno de Hogwarts, expulsado por ser uno de los responsables de losincidentes de hace dos años. No creí que volvería a verte nuncamás, y menos asesinando a una de nuestras profesoras― La directorano pudo retener un amargor en la voz al ver el cadáver de Neodits allado de la basta figura del Titans. Marduck rió con sarcasmo. Ahoravolvía a aparentar ser un tipo duro. Ahora el nerviosismo por culpade Neodits había desaparecido junto a la vida de ella.

―Directora,¿serviría de algo decir que yo no he sido, sino que se hasuicidado? Supongo que no. De todas formas tampoco hace falta. ¡Elproyecto Sangre Nueva empezará en breve!― Una expresión depsicópata se alojó en la cara de Craig, que en esos momentosadoptaba unas fracciones casi antinaturales.

―¿Deque está hablando?― susurró para sí Lancelus. Derek movió lacabeza buscando quienes estaban con él en esos momentos. Virgilmiraba decidida hacia donde los poseídos estaban, parecía buscarcon la mirada a Christie. A su lado, y cogiéndole la mano estabaLancelus, bastante nervioso. Derek nunca hubiera imaginado que esechico llegara tan lejos, tenia que admitir que tenía mucho mas valordel que aparentaba. Cerca suya estaba también Pólux, que parecíacontenerse para no saltar sobre Craig con la varita en la mano. Enese momento, Derek se acordó del cadáver de Galaad y un nudo se lehizo en la garganta.

Elsilencio era sepulcral, lo que acentuaba la extraña presencia de lasdecenas de poseídos, que en ese momento formaban filas, como unejército de estatuas inmóviles, que pese a todo, se volveríanmortales a la orden de Craig. Él era el hombre detrás de lacortina.

―Bueno,ya se que podemos estar así horas y horas hablando, pero creo que esuna perdida de tiempo alargar vuestras muertes. Lo siento, chicos.―Antes de que se dieran cuenta, Craig susurró unas palabras quehicieron a los poseídos moverse a paso firme hacía donde seencontraban Derek y los demás. El chico se asustó, pero losprofesores parecía que se esperaban algo así, ya que cerraron filasen torno a los alumnos. No obstante, los contrarios eran muysuperiores en número, y enseguida se convirtió en una batallacampal.

―¡Christie!―gritó Virgil, que echó a correr al ver a su amiga entre lamultitud. Derek intentó seguirla, pero una figura corpulenta lesalió al paso. Era Bill, que empezó a lanzar extraños hechizos queDerek no había oído hablar nunca. El chico esquivaba a duras penasuno tras otro.

―¡Flipendo!― gritó. El hechizo dio de lleno en Bill, que nisiquiera se inmutó. Derek se esperaba que así fuera.

Elchico miró por unos instantes como iba la pelea. Pólux ayudaba aLongbottom a reducir, en vano, a un grupo de poseídos. Lanceluscorría hacia donde Virgil estaba mientras que la pelirroja gritabadesesperada a Christie para que volviera en sí, pero su amiga novolvía de su estado.

―¡Bill,reacciona!, ¡Tienes que luchar! ¡Se que puedes oírme!― Susgritos fueron, al igual que los de Virgil, en vano. Derek tuvo quevolver a esquivar un rayo de color verde que pasó a centímetrossuyos. No obstante, no le dio tiempo a reaccionar a tiempo para elsegundo hechizo. Un rayo anaranjado le impactó de lleno en el pechoy le hizo saltar por los aires y caer sin consciencia unos metros másatrás. En el último instante, Derek adivinó a oír los gritos deVirgil al verle a el caer violentamente al suelo.

 



―Derek......Derek.......despiertaDerek― El chico oyó una voz muy familiar, pero que hacía tiempoque no oía. Extrañamente, pese al hechizo que había recibido, seencontraba en un estado perfecto. De repente, el chico se percatóque la voz seguía hablándole, pero él no veía nada. Se diocuenta, casi tontamente, que tenía los ojos cerrados. Los abrióabruptamente y se encontró con un espacio oscuro. La voz seguíahablándole y llamándole, al chico le sonaba muchísimo, pero noconseguía reconocerla. Derek no pudo ver de inmediato de quien setrataba, pues los ojos tardaron unos largos segundos en acostumbrarsea esa cálida oscuridad. Parecía estar en ninguna parte, por asídecirlo. Sólo habitaba en ese lugar oscuridad profunda que impedíaver mas allá de un metro de distancia.

―Derek,estoy aquí― El chico se giró, y ahora sí, consiguió distinguirenseguida a una figura conocida que el chico hubiera jurado que haceun segundo no estaba. Ahora, a su lado, estaba una figura alta con lapiel pálida como una vela, el pelo largo y lacio que le llegabahasta la cintura, de color negro, al igual que sus ojos. Enfrentesuya estaba Vincent Valentine.

―HolaDerek― Sonrió Vincent de una forma tan amable y cálida que nuncase le había visto en vida. El castaño enseguida comprendió porquéno reconocía la voz. Su tono vocal no era tan abrupto como Derekrecordaba. Al igual que toda su expresión, estaba cambiada. Noconservaba ese aire frío y distante de siempre, sino una proximidadque no era nada característica en él.

―¿Perocomo......? Deberías estar muerto― Derek se asustó, pero noretrocedió ante Vincent. No podía ser, su amigo murió hace casi unaño ante sus propios ojos.

―Escierto― contestó su difunto amigo― Vincent murió. ― Al oírestas palabras, Derek se temió lo peor.

―¿Entonces......yo también he muerto?― Derek miró a los ojos a su amigo. Eranreconfortantes y cálidos que hacían a Derek llenarse de seguridad.

―No,Derek, no estás muerto― sonrió amigablemente Vincent. Derek seextrañó todavía mas.

―¿Eresun fantasma?― tembló Derek, pero Vincent negó con la cabeza sinperder su sonrisa.

―Derek,aunque me veas como Vincent, yo no soy él. Yo soy tú, es decir, soytu propia conciencia.― El castaño se quedó petrificado ante estarevelación. Vincent siguió hablando:

―Sólohe tomado la forma que en tu subconsciente más añoras, pero puedoser como desee, o mejor dicho, desees― acto seguido Vincent setransformó en otra figura mucho mas baja de estatura y de pelorojizo.

―¿Ves?―La forma que tenga no es más que una ilusión― Dijo Virgil, queseguidamente se transformó en Tyler, y luego en la madre de Derek,Freyja. Acto seguido, volvió a ser Vincent.

―¿Yque sitio es éste?― Derek giró sobre sí mismo unas cuantasveces, pero allí, aparte de Vincent y él mismo, solo había las másabsoluta oscuridad.

―Noestamos en ningún sitio en particular, Derek. Ésto es tu mente. Tu,en realidad, sigues en el suelo de la sala de los menesteres,inconsciente. Ahora mismo Pólux está gritando al lado tuyo,creyendo que has muerto.― Derek puso los ojos como platos mientrassu conciencia, con la forma de un amable Vincent, le volvía ahablar.

 

―Hascaído inconsciente tu sólo. Has llegado a éste lugar al caer en elhechizo de Bill.

―¿Ycomo salgo de aquí?

―¿Comoquieres que lo sepa?― dijo Vincent. Sólo soy tu conciencia. No senada que no sepas. Yo soy tú.― Derek suspiró de impotencia, luegose hizo un silencio incómodo que se rompió cuando Vincent habló denuevo:

―Supongoque ya has decidido, ¿verdad? Cuando vuelvas a estar consciente,sabrás que es lo que tienes que hacer.― Derek miró al suelo, yseguidamente a los ojos de su amigo, buscando su calidez.

―Nome digas lo que tengo que hacer tu también. Ya estoy harto.―Vincent no varió su expresión, sino que pareció reírsecándidamente.

―Telo estás diciendo tu mismo, Derek. Recuerda que no soy más que tuconciencia. Pero sabes que cuando vuelvas, deberás asumir el papelque llevas tiempo evitando. ¿Estás preparado? Ya no debes seguirlamentándote por no estar con Virgil, porque Vincent muriera o noser el héroe que todos esperan.― El castaño cerró los ojos yrespiró pausadamente unas pocas veces. Después los volvió a abrir.Vincent seguía allí.

―Sí.Sé perfectamente lo que debo hacer― El difunto sonrió y fueabsorbido por la oscuridad. Derek se asustó, pero a los pocossegundos una luz que parecía venir desde arriba iluminó al chico delleno. La luz le cegó, así que intentó protegerse de ella con lasmanos y cerrando los ojos con fuerza. Cuando volvió a abrirlos,Derek estaba otra vez en medio de la batalla.


―¡Derek,estás vivo!― gritó Pólux, a su lado. Su amigo sangraba debido auna herida en la ceja, pero por lo demás parecía intacto. Ahora elchico si que estaba dolorido. Notaba un ardor donde el hechizo lehabía impactado, pero no hizo siquiera un gesto de dolor, sino quemiró a Pólux, que le ofrecía la mano para levantarse. Derek seapoyó en su amigo, pero rechazó mas ayuda.

―Tengoque acabar con ésto ahora― dijo decidido. Pólux se extrañó antela frase con un aire tan decidido de su amigo, pero no le dio tiempoa reaccionar, porque se marchó directo a donde Virgil se encontraba.La chica gritaba, llorando, a Christie, mientras suplicaba a lágrimaviva que parara. En algún momento en el que Derek había estadoinconsciente la chica había perdido su varita y ahora se limitaba aesquivar los maleficios de su amiga poseída. La pelirroja no parecíahaberse dado cuenta que Derek había vuelto en sí.

Expelliarmus―dijo Derek, mirando fijamente a Christie. Puede que a los poseídosno les afecte la magia, pero su varita es otro tema muy diferente.Sea como fuere, la varita de Chistie salió volando a la mano deDerek. Virgil giró la cabeza hacía donde la varita de su amigahabía ido y se encontró al chico. Éste se le acercó, y sindecirle nada, la besó un instante. Virgil no dijo nada, sino quecuando se separaron miró al chico con unos ojos indecisos.

―Ahoravuelvo, ¿ok?― dijo el chico. Acto seguido empezó a buscar con lamirada a la persona que quería, hasta que la encontró. Allíestaba, en la otra punta de la sala, acompañado de unos cincoposeídos.

 

―¡Craig,esto se ha acabado para ti!― Gritó Derek mientras echaba a correrhacia en Titans.


Aloir a Derek, Craig desvió su atención al chico. El titans no perdióun segundo y mandó a los cinco que le acompañaban que atacaran alcastaño, eran marionetas a su antojo.

Éstasno perdieron tiempo y con su paso lúgubre, pero decidido, fuerondirectos a por Derek.

Elchico ni siquiera se había planteado como saldría airoso de aquellasituación, simplemente actuaba por instinto. Los poseídos carecíanen gran medida de reflejos, pues sin consciencia no tenía voluntadpropia, así que esquivó con relativa facilidad a dos de ellos ydesarmó a un tercero, guardándose la varita obtenida al instante,junto a la de Christie, en el bolsillo trasero del pantalón. Noobstante, los dos restantes consiguieron lanzar hechizos,que Derekesquivó por pura suerte. El castaño estaba sin ideas, pero nopensaba tirar la toalla tan fácilmente. Ahora no.

Loscinco poseídos seguían lanzando hechizos mientras Derek esquivaba.Su única oportunidad era encontrar el momento apropiado paradesarmarlos. Pese a ello, era casi imposible esquivar a cincopersonas diferentes, en cuestión de tiempo acabarían acertándole.

ExpelliarmusDerek sintió como la varita se le escurría de mas manos paracaer en las de Craig, que le miraba triunfalmente. El chico selamentó por dentro, había estado centrándose tanto en los peones,que se había olvidado completamente de hacer jaque al rey. Alinstante, los cinco alumnos contra los que Derek había estadoluchando alzaron sus varitas, al estilo de un pelotón defusilamiento, para acabar con el chico.

―¿Noes magnifico? Todos los que habéis venido a atacarme vais a morir ala vez― Señaló Marduck con una sonrisa de satisfaccióncontenida. Derek enseguida se dio cuenta de lo que Craig decía. Algirar su cabeza vio como el resto estaba en la misma situación queél. Al parecer Craig había dado a los que controlaba la orden dedesarmarlos. Ahora, Virgil Lancelus, Pólux y el resto estabanalienados con las manos en alto, y enfrente suya los poseídos, quelos apuntaban mortalmente. Ese era el fin, todos estaban desarmados.

―¿Vuestrasultimas voluntades?― rió Craig Marduck mientras se acercabamarcialmente a sus enemigos, cual general de un ejercito.

―Yotengo una― dijo firmemente Virgil. Todos se sorprendieron al verque seguía el juego a Craig. Una mezcla de angustia y sorpresa seinstaló en la cara de todos. Marduck la miraba divertido.

―Tudirás― rió el Titans. Virgil le miraba muy seriamente, con odiocontenido por no poder hacer nada.

―Quierobesar por última vez al chico al que amo― Al oír tales palabras,Marduck comenzó a reír casi sin control.

―Adelante.Espero que tus últimos minutos sean todo lo románticos quequieras.― Todos miraron a Virgil, que sin un atisbo de miedo semovió del sitio, pero para la sorpresa de los allí presentes no semovió hacia donde Lancelus estaba, sino que pasó la fila deposeídos, que seguían apuntando con firmeza, para acercarse aDerek, que no salía de su asombro. Antes de que el chico pudierareaccionar, Virgil la besó en la boca mientras pasaba sus manos porla cadera del chico. Mientras tanto, cuatro de los cinco poseídosque conservaban su varita seguían apuntando a Derek y a Virgil,inmóviles.

 

―Tenemosque acabar con Craig, él es quien los controla. Y debemos hacerlosin que tenga tiempo de reaccionar para dar la orden a Christie y losdemás poseídos para fusilarnos― Dijo Virgil, apartando un pocosus labios de los de Derek.

―¿Perocomo?― preguntó Derek entre susurros. Virgil, en vez de contestar,pasó su mano por el bolsillo del pantalón de Derek y agarró lavarita de Christie. Derek se sorprendió al acordarse que conservabados varitas. La de Christie y la del chico al que había desarmadohace unos momentos.

Antesde volver a hablar, Virgil se separó completamente de Derek, y conla varita de Christie en la mano se dirigió a donde Craig estaba.Pese a todo, el titans reaccionó con rapidez y tiró a Virgil alsuelo con un hechizo entre los gritos ahogados de los que miraban laescena desde el paredón de fusilamiento.

Expelliarmus―Derek alzó la otra varita que tenía y consiguió desarmar a Craig,que miró con sorpresa a Derek y a Virgil, seguramente preguntándosecomo tenían varitas.

―Muybien, si queréis morir de ésta forma.....― Craig volvió aquedarse pensativo, como dando una orden a los poseídos. Noobstante, un rayo esmeralda impactó de lleno a Craig, que abrió losojos de tal forma que parecían salirse de sus órbitas. Marduck cayóal suelo como un peso muerto, oyéndose un estruendo tremendoamplificado por el eco de la estancia. Craig no volvió a moverse, elAvada Kedavra había acabado con él. Derek movió la cabezahacia donde el hechizo parecía haber salido, y allí estaba Virgil,todavía con la varita de Christie en alto mientras miraba a quienacababa de matar con ojos decididos, pero temblosos a la vez,mientras su mandíbula parecía moverse con rapidez debido a unosnervios que aparentaba no tener.


Christiemovió la mano y se emocionó por dentro. Por primera vez en meses semovía por voluntad propia. Al instante intentó comprobar si losparpados le funcionaban y se alegró al ver que sí. Había vistocomo su cuerpo no le obedecía en una larga temporada, sino queestaba al servicio de Marduck. Ahora, en medio de aquella batalla amuerte, y gracias a que Craig había dejado de vivir, tenia controlsobre sí misma otra vez. Las piernas le temblaban. Estaba muycansada y un amargor profundo recorrió todo su cuerpo al recordarcomo había atacado sin poder impedirlo a alumnos de Hogwarts,incluso era posible que hubiera matado a alguno.

―¿Christie....?―La chica oyó una voz muy familiar cerca suya. Era su hermano Bill,que tampoco parecía creerse que todos aquellos meses sin control desi mismos hubiera acabado. La chica no se atrevía a hablar, hacíamucho que no utilizaba su propia voz.

―Hermana,por fin estamos bien― Bill la abrazó debido a la emoción. Unaslagrimas de esperanza cayeron por el rostro de la chica mientrasmovía sus brazos para abrazar a su propio hermano.

―Todose ha acabado por fin― sentenció Bill. A su lado, las caras deasombro de los demás demostraban su incredulidad acerca de que eseinfierno había llegado a su fin.



―Póngansecómodos, por favor― sugirió Basilisk. Tyler acababa de pasar a laya familiar sala Ixión junto a Baldr y Lilith. Tyler estabatranquilo, al igual que los dos que le acompañaban. Los tres chicosobedecieron la orden de Basilisk y se sentaron en unos cómodossillones que Tyler no recordaba que estaban el día de su prueba.Quedaban muy antinaturales en ese sitio, en ese enorme anfiteatro yrodeado de monumentales estatuas de reyes.

 

Tylermiró a todos los lados nada más sentarse, en el sillón de mas a laizquierda de todos.

―Estána punto de dar el paso mas importantes de su vida― se oyó decir,pero la voz no era la grave y profunda de Basilisk, sino una vozmucho mas rasposa, como si estuviera afónico, que venía de detrásde una de las estatuas. Tyler miró para allá inmediatamente, era laestatua que el día de su prueba a túnica roja estaba tapada, ahorarepresentaba a un mago de nariz aguileña y de no mucha estatura queportaba en su sien una corona. Debería tener sobre unos cuarentaaños y estaba plasmado con una enorme grandiosidad, en los piesponía el nombre del rey: Sviar Loki.

―Dentrode apenas unos minutos pasarán a formar parte de mi ejército―Tyler ubicó completamente esa voz rasposa y grave. Detrás de laestatua del rey surgió una baja figura de pelo gris, era el propioSviar Loki, pero con una porte mucho menos grandiosa que la que suestatua reflejaba. Loki se acercó a Basilisk, que lo miraba como sisupiera desde el principio que su rey había estado allí todo eltiempo, y a Baldr, Lilith y Tyler.

―Lokies el rey....― repitió Lilith, incrédula. Ella también parecíahaberse enterado en ese momento de la identidad del rey.

―¿Loconoceis?― preguntó Tyler, inquieto.

―¡Idiota,claro que lo conocemos!― dijo Balrd despectivamente― Sviar Lokies ni mas ni menos que el primer ministro sueco.

―Veoque ya me conocen― dijo Loki, que ya estaba situado al lado deBasilisk, y enfrente de los tres chicos― y debido a que yo losconozco a ustedes, pues los he elegido personalmente para que sirvana mi causa, veo innecesarias mas presentaciones.

―¿Yasomos titans?― preguntó Balrd, Basilisk y Loki rieron.

―Lamentodecepcionarlo, pero antes deberán pasar un pequeño trámite, comoya les dije antes.― respondió rotundamente Basilisk.

―Ah....cierto Basilisk, el trámite. Pero antes deberán escuchar lahistoria― Dijo con voz rastrera Sviar Loki. Basilisk asintió antela orden de su rey, para después dirigirse a los tres chicos:

―Prestenatención, señores. Están a punto de asistir a la mejor clase deHistoria de la magia que se pueda repartir.― Loki se adelantómientras miraba con benévola aprobación a su subordinado Basilisk.Lilith, Tyler y Balrd estaban atónitos.

―Hacemuchos años, cuando la magia de las grandes escuelas estaban todavíafrescas, es cuando nace la historia que voy a contarles― Loki semovía pausadamente de un lado a otro, moviendo los brazosenfasivamente. Se notaba que era un político, pues sabía dar lafuerza necesaria a sus palabras.― La apertura de grandes escuelas,como Durmstrang o Hogwarts, supuso la ruptura definitiva del mundomágico con el de los sangre roñosa. Ahora los nobles hijos de magospodían florecer lejos de las atrocidades que enseñaban a esosmuggles. Entonces el mundo mágico buscaba unirse más que nunca, yes entonces cuando nuestra historia comienza, pues un mago criado enHogwarts, de inigualable talento y nobleza, se levantó sobre elresto de la comunidad mágica internacional para poder dirigirla yalzarse e imponerse sobre la muggle. Ese fue el momento de nacimientode nuestra organización, de los Titans, y de su primer rey, Caelus.El mismo que portó esta misma corona hace unos mil años― dijoLoki señalandosela.― La labor que Caelus nos dejó encomendadatodavía está por cumplirse. Ahora yo, como su sucesor, tengo latarea de sobreponer al mundo mágico sobre el de los muggles. ¡Y lohago orgulloso! Por un lado, tengo el privilegio de ser el primerministro sueco, mientras que por otro lado soy el legítimo herederode Caelus y de su causa, la cual recogí noblemente de Krons, elanterior rey. ¡Ahora, yo os propongo uniros a mi noble causa!,¡Acabemos con la tiranía de los muggles, que nos obligan aescondernos! ¡Ellos deben temernos, no al revés! ¡Yo os tiendo lamano, aceptarla y vuestros nombres se cubrirán de gloria al lado delmio!

 

―¿Quedebemos hacer?― preguntó entusiasmada Lilith. En su cara, elbrillo de emoción la delataba.

―Querida,solamente un pequeño trámite― Loki zarandeó su varita y trespersonas amordazadas aparecieron de la nada, enfrente de Tyler,Lilith y Balrd.

―Aquíos presento a dos muggles, de los que no nos importa el nombre, y anuestro querido director Asmodeus, que muy insensatamente me propusoque desmantelara nuestra organización sino quería verme delatado.Lo siento, Asmodeus, pero creo que voy a hacer que dimitas. Ya meencargaré como primer ministro de que tu asesinato sea encubierto.¿Quien empieza de los tres?― sonrió el rey Loki. Lilith,entusiasmada, se levantó del asiento y con su varita en alto apuntoa uno de los muggles.

―¡AvadaKedavra!― su voz sonaba temblorosa de emoción. Loki y Basiliskasintieron levemente. Después, los ojos de Loki se posaron en Balrd,que pilló la indirecta, y sin siquiera levantarse del sitio, apuntócon su varita al otro muggle y le lanzó la maldición de manera noverbal.

―Muybien― continuó Loki― Señor Fox, creo que es suyo el honor deacabar con nuestro exdirector― Tyler miró a los ojos a Asmodeusmientras tragaba un nudo de saliva.


La habitación era circular,con unas estrechas ventanas que daban la luz suficiente al estarcolocadas de forma estratégica en las gruesas paredes de piedra.Gracias a ello, rayos de sol entraban en el claroscuro de lahabitación, donde una mesa ovalada ocupaba la mayor parte de lamisma.

―Comencemos, pues, con lareunión de nuestra gloriosa organización― dijo un hombreencapuchado, que por la voz aparentaba ser una persona madura. Conél, en esa habitación, se encontraban sólo cuatro personas más.La palabra la tomó otro de los encapuchados de túnica blanca.

―Gracias, Leonard.― dijoquitándose su capucha de Titans. Era un hombre también mayor, pueslo delataba su barba canosa y las profundas arrugas de su cara. Noobstante, parecía tener autoridad suprema sobre los demáspresentes, como así señalaba la reluciente corona que portaba.

―¿No faltan Loki yBasilisk?― Preguntó el rey.

―Lo siento señor, peroparece que nuestros dos miembros más jóvenes no se han dignado avenir.― Respondió Leonard Fox, que parecía ser una especie deconsejero o segundo al mando. El rey asintió vehementemente con lacabeza, para enseguida dirigirse a los tres súbditos que allí seencontraban.

―Bien, pues comenzaremosnosotros con la reunión que nos ocupa. ¿Deberíamos apoyar al SeñorTenebroso, si se alzara en Inglaterra por segunda vez?― Al decirésto, los Titans allí presentes cuchichearon entre ellos. Despuésde, al parecer, meditarlo por unos segundos, Leonard habló:

 

―Gran rey Krons, yo creoque....― El patriarca de los Fox no pudo acabar la frase, sino quetuvo que interrumpir su discurso debido a que la puerta se habíaabierto bruscamente. De repente, y sin que ninguno de los presentespudiera reaccionar, un grupo de personas, también ataviadas con lastúnicas blancas, entró en la sala y desarmó en un instante a losTitans que se encontraban dentro. Ésto los pilló por sorpresa, peropese a ello, Krons no hizo el menor gesto vacilante o nervioso.

―Vaya... vaya....― divagóel rey― Loki y Basilisk, por fin llegáis a la reunión. ¿Peroquienes son los otros que osan llevar la túnica de mi organización?No reconozco a ninguno de mis súbditos entre ellos.― Krons noobtuvo respuesta, sino que uno de los encapuchados que acababa deentrar parecía estar dando órdenes al resto.

―Céo y Iapetus, traedme lasvaritas que acabamos de arrebatarles. Los demás vigilad a estasviejas glorias para que no hagan nada raro. Y tu, Basilisk, quedateaquí, a mi lado.― Krons, al oír ésto, ató cabos rápidamente.

―Sviar Loki, veo que te hasmontado tu propia organización al margen de la legítima de losTitans. Y observo también que has reclutado, por lo que acabas dedecir, a jóvenes recién salidos de Durmstrang.

―¡Callate, viejo chalado!―dijo con una voz rasposa― ¡Tus días al frente de éstaorganización acabaron! Ahora yo voy a ser el rey.― Krons riócuando acabó de oír a Loki.

―¿Que te hace tanta gracia,anciano?― replicó Loki.

―El simple hecho que un magotan incompetente como tu crea que puede aguantar el peso de estacorona. Estás a años luz de poder siquiera soñar con ello.

―Eso ya lo veremos. Tengo lafuerza necesaria y los apoyos adecuados para ello. Ya es hora que oshagáis a un lado. ¿Porque que es lo que has hecho? Los Titans estánen decadencia y no aportas nada. Yo al menos tengo un gran plan quehará que de aquí a unas décadas tengamos un poder más allá de loimaginable.- fanfarroneó Loki.

―¿Te refieres a esa locuratuya del proyecto Sangre Nueva? Eso es irrealizable― se mofó elrey Krons.

―Eso ya lo veremos― En eseinstante, Loki levantó su varita y lanzó un hechizo mortal contraKrons, que ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar. Al ver ésto,Leonard Fox y los otros Titans leales a Krons intentaron rebelarse,pero enseguida fueron amenazados por las varitas de Basilisk, Céo oIapetus.

―¡Hijo de una hiena. Basurainfecta!― Bramó, como si fuera el rugido de un león, Leonard.Loki prefirió hacer como si no lo hubiera oído.

―Vuelve a tu tierra, viejo.Ambos sabemos que ni tú ni los otros Titans fieles a Krons tenéisporqué morir.

―¡Volveré y vengaré lamuerte de mi rey!― gritó Leonard. Loki respondió con voz pausada.

―No lo harás. No al menosque quieras ver como tu familia muere. Sí, creo que tienes un hijoque se llama Chertus, ¿verdad? En éstos momentos su mujer estáembarazada de su primer hijo, ¿cierto?

―¡No te atrevas!

―No lo haré si no tengomotivos para hacerlo. Y eso va por todos los aquí presentes que selamentan de la muerte de éste viejo― mientras decía estaspalabras, Loki se acercó al cuerpo del rey fallecido y recogió lacorona. Un brillo de júbilo en sus ojos indicaba que había esperadolargo tiempo ese momento.― Iros para siempre, considerarlo unajubilación forzosa. Pero no quiero veros nunca más, o encontraréla forma de hacéroslo pagar. Y recordad bien éste momento, porquees ahora cuando una nueva era ha comenzado. La era en la que losTitans se renuevan conmigo al frente y se instalarán cuando la nuevageneración de magos entre a mi servicio.

 

―¡Larga vida a los Titans!―dijo uno de los seguidores del nuevo monarca. Los otros respondieroncon otro grito de aprobación.

―¡Larga vida a Loki, nuestrorey!



Tyler miraba a los ojos aAsmodeus, como si así pudiera reunir el valor suficiente paraasesinarlo a sangre fría. No obstante, lo único que consiguió fuejusto lo contrario, no podía hacerlo.

―Señor Fox, seguimosesperando― dijo Basilisk. Tyler tragó saliva de nuevo mientrasapuntaba con su varita al director. La mano le temblaba y tenía quehacer un gran esfuerzo para poder asir su varita con todas susfuerzas.

―No puedo hacerlo― dijofinalmente. Loki gruñó mientras Lilith le miraba con algo de pena ydecepción.

―En fin. Sabía que podíaprescindir de uno de vosotros, pues sólo buscaba a dos nuevosmiembros. Pero confiaba en que usted fuera uno de mis nuevossúbditos, señor Fox. Ha mostrado cualidades formidables para ello.

―No soy un asesino― dijo,con un temblor en la voz impropio de él.

―En ese caso......― Loki yBasilisk empezaron a caminar hacia la puerta de la sala.― Lilith yBaldr, enhorabuena, porque ahora son parte de los Titans. Su primeramisión es acabar con Asmodeus y con este esquirol de nombre Tyler.El subdirector Basilisk y yo les dejamos para que completen la tareasin molestias― al decir ésto Loki ya había alcanzado la puerta dela sala Ixión, y el primer ministro la cerró por fuera. Asmodeusparecía querer desprenderse de la mordaza que tenía en la boca,pues hacía sonidos con la garganta inentendibles.

Antes de que Tyler intentaranada. Baldr habló:

―Lilith, dejame ocuparme ami. No te necesito para acabar con esta basura― dijo señalando aTyler. El chico respondió.

―¿A sí? El recuerdo denuestra última pelea no dice eso― replicó el moreno. Lilith sehizo a un lado, mostrando que estaba de acuerdo con su compañeropara que fuera él el que se ocupara.

Atlas― dijo Baldr.Tyler esquivó con facilidad el hechizo.

―¿Eso es lo mejor quetienes? No me hagas reír― El chico notaba como estaba empezando ahervirle la sangre. Quería acabar con Baldr. Era un duelo a muerteen el que no estaba dispuesto a perder.

―¡Asterios!― bramóel Titans de los pendientes y tatuajes. Ésta vez, por poco alcanza aTyler, que contrahechizó:

―¡Bombarda!― Unagran explosión se oyó donde el Titans estaba, junto a un gemido dedolor del mismo y a un grito ahogado de Lilith a lo lejos. Cuando elhumo creado se disolvió en el aire, se vio a Baldr con una granquemadura en el pecho. En esos momentos es cuando Tyler agradecíahaberse entrenado con Wotan― pensó― Ahora era un mago poderosoque podía hacer frente a cualquiera. Eso le hizo sentirse muchomejor y le provocó una sonrisa burlona en la cara.

―¿Que te pasa, pendientitos?Te veo un poco quemado.

 

―Voy a matarte― dijo muyserio, mientras se ponía la mano en la herida que el Bombardale había provocado.

―El último que me dijo esofue unas semanas a San Murgo, para luego acabar pudriéndose enAzkaban.― Tyler no sólo quería ganarle. Iba a humillarle.

Avada Kedavra―Baldr parecía querer acabar con ello de una vez. Tyler consiguióapartarse de la trayectoria, pero comprendió que debía acabar lapelea de una vez.

―¡Bombarda!,¡Bombarda!,¡ Bombarda!― gritó una y otra vez,mientras veía a Baldr recibir explosiones consecutivas. Cuando,gracias al humo, no pudo distinguir la figura del Titans, gritó:

―¡Magnum!― Un rayoplata recorrió la sala hasta parar en Baldr, que del impacto delhechizo salió disparado hacia atrás, dándose un gran golpe contrala pared de la sala, justo debajo de las gradas vacías. Su cuerpo,al caer, presentaba una gran herida en la cabeza por culpa delimpacto, además de enormes quemaduras por los hechizos de Tyler. Elchico se quedó parado al ver como no se volvía a levantar.Rápidamente, Lilith se acercó entre sollozos al cuerpo de sucompañero, y después de casi un minuto de larga agonía, sentenció:

―Lo has matado― No parecíallorar, sino que su cara emanaba una rabia y odio que Tyler solo lehabía visto usar cuando despreciaba a muggles o túnicas blancas. Lachica levantó su varita amenazante y soltó un hechizo asesino. Elinglés se quedó de piedra, pero no obstante, esa maldición no ibadirigida a él, sino a Asmodeus, que no pudo hacer nada paraevitarlo, pues estaba todavía atado. El director cayó en redondo alsuelo. Tyler no sabía como reaccionar, no quería batirse en duelocon Lilith, la apreciaba demasiado.

―Vete― dijo finalmente lachica. Por el tono no era una sugerencia, sino una orden. Tyler sequedó pasmado.

―¡He dicho que te vayas!¡Ya!― El chico por fin reaccionó.

―¿Pero...... porqué medejas ir?― Lilith simplemente levantó su varita, esta vez si queapuntaba a Tyler.

―¡No me obligues a hacerlo!¡Vete! ¡Ahora ya no eres el chico que pensaba que eras!, ¡No erescomo creía que serías! ― La chica agachó su cabeza, pero Tylerconsiguió ver como unas lágrimas brotaban de su cara. El morenoacabó obedeciendo, pues salió por la puerta a paso rápido.Dispuesto a huir del castillo, de Loki y de los Titans.



El chico no sabía de cuantotiempo disponía, así que se daba toda la prisa posible porempaquetar sus cosas. Tyler intentaba en vano pensar un plan mientrasamontonaba los objetos útiles en un baúl de su habitación. Eracuestión de tiempo que Loki y Basilisk se dieran cuenta que no habíamuerto.

―¡¿Quien anda ahí?!―gritó nervioso al oír unos pasos detrás suya. Tyler levantó lavarita mientras un sudor frío recorría su nuca. Poco a poco, unafigura se movió torpemente, dejándose ver, era el profesor Xánatos.Tyler no bajó la varita.

―¿Aun no te has ido, chico?Oí a Basilisk hablar de lo sucedido. ¡Vienen a por ti en éstosmomentos, debes irte ya.― Tyler no creía que ese fuera el momentooportuno para discutir.

―¿Que crees que estoyhaciendo?― dijo nervioso. En ese momento, unos pocos libros se lecayeron de las manos. Xánatos rió nerviosamente debido a latensión.

 

―Chico, ¡vete ya! Deja lascosas y huye! ― Antes de acabar la frase el profesor jorobado dejóde hablar. En ese momento se oía como unos pasos se acercaban.

―¡Ya vienen!― Gritó elebrio mag― Escuchame bien, chico. Llama a tu elfo doméstico yordenale que te saque de aquí. Los humanos no podemos desaparecernosen el castillo, pero los elfos sí. No vuelvas a tu casa y haz a tusseres queridos desaparecer del mapa, pues irán a por ellos. Todoaquel que tiene relación alguna contigo corre un peligro de muerte.

―¿Y que hago entonces?―dijo Tyler desesperado. Xánatos miraba a la puerta nerviosamente,los pasos se oían mas cercanos.

―Toma― dijo sacando unlibro sucio de debajo de su túnica- Aquí escribimos Asmodeus y yotodo lo que sabemos de los Titans, que es más de lo que ellos creen.Viene todo, quienes son, que es el proyecto Sangre Nueva, etc...Debes usar esa información para acabar con ellos, ¿de acuerdo?Mientras la organización siga existiendo van a ir a por ti. ¡Llamaya a tu elfo!― Xánatos parecía desesperado. Hablabatemblorosamente y con los ojos fuera de sus órbitas, y ésta vez noera por un exceso de alcohol. Tyler obedeció al instante y llamo aRorschach, que apareció inmediatamente a su lado.

―Voy a ganar tiempo para ti. Recuerda, eres la última esperanza para acabar con ellos― Al decirésto, Xánatos salió de la habitación de Tyler. El chico oyó comointentaba gritar hechizos contra los que venían, pero en seguida suvoz se apagó dando paso a la caía de un peso muerto al suelo.

―Rorschach, vayámonos deaquí. Llevame a un sitio donde no puedan encontrarnos.

―Como desee, amo.― Tylersintió como la cabeza le daba vueltas y más vueltas. En el últimoinstante antes de desaparecerse de su habitación en Durmstrang vio aBasilisk entrando por la puerta y adivinar lo que estaba a punto depasar, que su objetivo huía de allí. Tyler sintió como la cabezale daba muchas vueltas al aparecerse en un bosque que no conocía.

Christie― pensó―si me oyes, tengo que decirte que van a por nosotros. Desaparecedcuando podáis. Yo estaré bien. Tengo cosas que hacer― Alpensar esto, Tyler miró el libro que Xánatos le había dado, y quepresumiblemente desvelaba los secretos de los Titans.


¡¿Tyler?! ¡Tyler!―Christie se dio cuenta que la última vez que había mencionado a sunovio no era de forma mental, sino a viva voz. Poco importaba, todala gente estaba entre aturdida y emocionada al ver que aquellapesadilla había terminado. De forma pausada iban saliendo de la salade los menesteres, su prisión durante meses, con una sonrisa en lacara. La chica volvió a intentar contactar con Tyler, pero fue envano. Su novio había cortado el hechizo Colloquor y no habíaforma de restablecerlo.

―¿Estás bien hermana?―Oyó decir la chica a su lado. Bill estaba radiante al comprobar quetodo había acabado. La castaña le contó de inmediato lo quepasaba, a lo que su hermano puso una cara incrédula, para acabarhablando de forma mucho más seria que de normal.

―Tranquila, ¿vale? EnHogwarts estaremos a salvo, estoy seguro. Y en cuanto a ese idiota detu novio, si tiene alguna cualidad es que es difícil de matar. Te lodigo por experiencia― Bill rió ante su propia broma, pero a suhermana no le sirvió más que para preocuparse.

 

―¿Estamos aquí a salvo?Hace apenas unas horas estábamos secuestrados y atacando a nuestrosamigos gracias a los mismos que quieres acabar con nosotros― dijoChristie muy acertadamente. Bill intentó hacer ver que controlaba lasituación, pero no fue suficiente. Christie siguió hablando:

―Y aunque tengas razón, amí, a Derek y a Virgil solamente nos queda poco mas de un mes paragraduarnos, ¿que pasará entonces?

―Entonces como esosmalnacidos intenten ponerte la mano encima, acabaré con ellos―respondió Bill, y esta vez muy seriamente.

―Deberiamos avisar a Virgil yDerek― sugirió Christie.

―Mejor dejalos en paz. Estánocupados ahora y nosotros deberíamos descansar― Bill señalódonde los chicos estaban. La pareja se besaba apasionadamente en unode los lados de la sala, a lo lejos Lancelus miraba desconsolado laescena sabiendo que nada podía hacer. Mientras, y aprovechando quetodo el mundo estaba ocupado saliendo del lugar o hablando con lossuyos, un par de elfos domésticos tapaba con una sábana el cuerposin vida de Craig Marduck.



―¡Inútiles!, ¿Como apodido escapar?

―Lo siento, mi rey. Ese Foxcontaba con más ayuda de la que parecía. Asmodeus y Xánatos leauxiliaron en la huida. Ni Lilith ni yo pudimos hacer nada, además,hemos tenido la baja de Baldr― recitó Basilisk. Loki suspirócerrando los ojos e inmediatamente después insulto por lo bajo a sussubordinados.

―Comprendo su malestar, mirey. También a llegado a mis oídos que Marduck ha fallado― Lokirió al oír tal cosa.

―Tranquilo Basilisk, Craig noha fallado. Es verdad que ha muerto, pero el proyecto Sangre Nuevasigue tan vigente como antes. Además, tal prueba a servido parademostrar que es posible controlar a los sujetos sin fallo ninguno.Cierto que hemos perdido a un Titans, pero era prescindible. Encuanto al revuelo montado, con mis contactos políticos será muyfácil acallar el asunto para que no se arme mucho jaleo. Se diráque era simplemente un loco perturbado y resentido con el colegio quele expulsó― Se hizo un silencio incómodo, pero Basilisk volvió apreguntar.

―¿Cuales son ahora susórdenes?

―Para empezar, es prioritarioatrapar a ese Tyler Fox, sabe demasiado. Envía a Liliht y Gargant apor él. Por otra parte, es necesario reclutar a nuevos adeptos parami causa debido a las dos bajas inesperadas de hoy.

―¿Se refiere a Temis yPerseus?

―No, todavía no estánpreparados, y nosotros necesitamos a gente efectiva en éstosmomentos. Vamos a ir a por asesinos en Azkaban, así que prepara unafuga de algunos prisioneros.

―¿Cuales, mi señor?

―Jonh Maesus, Antonin Dolohovy Áspid Hatred. Esos tres, junto al nuevo recluta que yopersonalmente he entrenado estos meses, deberían ser suficienteshasta que Sangre Nueva salga adelante.


Derek respiraba entrecortado.La presión asfixiante se le quitó de encima en segundos. Por finpodía decir que habían sido unas semanas apacibles. Desde quederrotaron a Marduck Derek podía afirmar que todo era "casi"normal. Todo le iba perfecto, se había graduado en Hogwarts por fin,había vuelto con Virgil y los entrenamientos con el equipo dequiddich que le había fichado estaban ya muy cerca. Pese a todo eso,no podía dejar de sentirse intranquilo. Tyler llevaba desaparecidodesde la misma noche de la batalla contra los poseídos y el mensajeque le había dejado a Christie no era nada esperanzador. Todosestaban en peligro, y más ahora que no tenían las paredes delcastillo para refugiarse. Eran magos adultos y tenían que protegersesolos.

 

No obstante, el chico intentóconcentrarse en las cosas positivas. Había acabado su educaciónmágica y tenía un trabajo bien remunerado esperándole, el cual eraademás la mayor de sus aficiones. Ahora se encontraba frente a lapuerta de su casa, en donde se acababa de aparecer. Derek entró conuna sonrisa de oreja a oreja.

―¡Mama, ya he llegado!―pero nadie contestó. La casa estaba patas arriba, con tododesordenado. Allí había pasado algo. El castaño dejó su maleta enel suelo debido a la impresión y empezó a moverse por toda la casa.

―¡Mama!― solamente se oíasilencio. Por fin entró en el comedor y se encontró el resultado delo que parecía una batalla campal. Dos cuerpos estaba inconscientesen el suelo. Derek reconoció de inmediato al primero, era el de supropia madre. El chico se acercó corriendo a ver su estado, peroantes de poder percatarse de nada, el otro cuerpo empezó a susurraralgo. El castaño se dio cuenta que era Tyler, su amigo.

―¡Tyler! ¿Que ha pasado?¿Estás bien? Por favor, dime.....― pero no acabó la frase, sinoque se calló debido a que su amigo parecía hacer un verdaderoesfuerzo por mantenerse consciente. Derek acercó su oreja paraescuchar lo que estaba diciendo:

―Derek.... corre.... van avolver a por vosotros.... esos malditos Titans....


―¡Ménec, te van a matar!¡Te lo llevo diciendo meses!― gritó una chica alta de ojoshundidos a su novio. Éste rió.

―Ahora tus poderes seequivocan, Umbra. El profesor Basilisk sería incapaz de hacer dañoa nadie fiel a su causa. ¡Mirame! Voy a ir a pasar la prueba paraconvertirme en un Titans, junto a Iapetus y Céo. Seremos lossirvientes del nuevo rey, que derrocará a ese charlatán de Krons.

―Por favor... no vayas―suplicó una Neodits adolescente― Sabes que lo que veo es cierto.Sino nunca habría rechazado la oferta de convertirme yo en una deellos, ni habría convencido a Freyja de lo mismo.

―Se que todo ésto lo dicesporque estás preocupada por mí, Umbra. Pero no tienes porqué. Yestoy seguro que ninguno de los Titans nos harían daño nunca―dijo Ménec. Era un chico rubio y alto, con las mejillas llenas depecas, las cuales le daban un aspecto mucho más juvenil que el quedebería tener a sus diecisiete años. Cuando acabó de hablar, elchico salió por la puerta de la habitación de Umbra Neodits paradirigirse a la sala Ixión.

―Ménec, ¡No!― La morenaaporreó la puerta e intentó abrirla por todos los medios, pero fueinútil. Su novio la había cerrado mágicamente por fuera, sabiendoque sino lo hacía Neodits no dejaría de insistirle para que no seconvirtiera en Titans. La chica empezó a llorar desconsoladasabiendo lo que pasaría en unos instantes: Loki aparecería con supalabrería presentándose como el líder, les haría matar a unosmuggles, a lo que Ménec se negaría, entonces Loki ordenaría aIapetus y Céo que mataran a Ménec por ser indigno de pertenecer asu organización.

En ese momento, Neodits se juróa sí misma que acabaría con esa organización, le costara lo que lecostara y de la forma que fuere.

Bueno, con este epílogo doypor finalizado el fic de 9AD. Espero que haya gustado a todo aquelque lo haya leído, y tanto si es así como si no, cualquiercomentario será bien recibido con vuestra opinión.

Me ha encantado escribir estefic, y creo que (y esto es una opinión personal mía, que dudo quemuchos compartáis) es el que mejor me ha quedado de la saga, o almenos con la que mas he disfrutado escribiendo, lo cual ya esbastante para mí.

En epílogos anteriores hepuesto datos (inútiles todos, la verdad...) para "amenizar" unpoco el epílogo. En 7AD fueron significados de los nombres y en 8ADlos motes de Bill. Llegado a este punto, no se que poner en esteepilogo (Bill no ha salido casi, mientras que muy pocos personajesnuevos ha habido) Si alguien quiere aportar algo que se pueda poneren este fic, estaré encantado de ponerlo, pues me he quedado sinideas "complementarias" que se puedan añadir a este epílogo.


Decir también que lacontinuación todavía no ha empezado. Es posible que suba un prólogoen breve, pero no puedo asegurar que escriba los capítulos"propiamente dichos" de inmediato. Aquí tenéis los links de7AD, 8AD y 10AD. EN este ultimo, como podéis comprobar, no hay nadasubido todavía. Solamente esta creada la historia.

7AD:https://www.potterfics.com/historias/26126

8AD:https://www.potterfics.com/historias/29346

10AD:https://www.potterfics.com/historias/55111


Por último, si se os ocurrealgún título para la saga, agradecería mucho que me lo dijerais.No se me ocurre ni siquiera un título decente y cualquier ayuda meserá muy útil.

Muchas gracias por haber leídoel fic y espero sinceramente que os haya gustado tanto leerlo como ami escribirlo. Y por supuesto, cualquier comentario o critica serabien recibido.

9AD: Sangre Antigua - Fanfics de Harry Potter

9AD: Sangre Antigua - Fanfics de Harry Potter

Los dos chicosestaban tumbados en la hierba, disfrutando del cálido sol del veranomientras vivían una pausa que esperaban que fuera infinita apoyadapor el ag

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2023-02-27

 

9AD: Sangre Antigua - Fanfics de Harry Potter
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