Albus Potter y el legado de Morgana - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

El cielo sobre la ciudad de Londres estaba llenode nubes oscuras. Parecía que se avecinaba tormenta. La gente que había en lacalle miraba hacia arriba y después aceleraban el paso, y la gente que salíaentonces de sus casas, lo hacía con un paraguas en la mano. Todos evitabanestar en el exterior, menos en un callejón concreto, donde los trajes decolores y los sombreros picudos predominaban ante la oscuridad del día.

Todas esas personas eran magos y brujas, lamayoría jóvenes, que buscaban nuevos materiales para el inicio de un nuevocurso. Entre ellos, una mujer y su hija de once años corrían hacia la tienda devaritas de Ollivander's. Una vez en la puerta, la mujer dejó a la niña,diciéndole que ella iba a comprar un paraguas mientras Ollivander se ocupaba deencontrarle una varita. La niña asintió, y observó a su madre irse. Suspiró, yentró en la tienda. Un tintineo resonó en el fondo de la estancia al abrir lapuerta, y la niña observó el lugar. Estaba oscuro, seguramente porque no entrabaninguna luz de fuera al estar nublado, era pequeño y no había nadie. La niñasintió un impulso de hablarle a la nada, preguntándose si se oiría el eco de suvoz. Había muchos estantes estrechos y totalmente llenos de cajas alargadas, yen el escritorio sólo había una cinta métrica con marcas plateadas y una varitacorta y de color marrón.

 

¡Ah, señor Ollivander! ¡Hay una pequeña clienta!dijo de repente una voz joven.

Una sombra empezó a acercarse al mostrador desdeel fondo de la tienda, y cuando llegó a él, la niña pudo ver que se trataba deun chico joven, castaño y de ojos azules. Era bajo de estatura, y estaba unpoco gordo. Cogió la varita y la cinta métrica y se aproximó a la niña.

Buenos días. ¿En qué puedo servirte? lepreguntó él amablemente, dejando la parte de atrás del mostrador yaproximándose a su clienta.

Hem
Yo he venido a comprar una varita.

Por supuesto contestó otra voz diferente.

Un anciano había aparecido de repente detrás delmostrador. Tenía los ojos grandes y grises, y una sonrisa cálida decoraba surostro.

Jacob, tómale las medidas y dime qué deduces deellas.

Sí, claro. A ver, ¿con qué brazo coges lavarita? le preguntó Jacob.

Eh
Creo que con la derecha.

Bien, bien. Extiende el brazo, por favor.

Déjame adivinar dijo el señor Ollivandermientras Jacob tomaba medidas desde el hombro de la niña hasta el dedo y loapuntaba en un pequeño cuaderno que había aparecido de repente. ¿Puede que tumadre sea Katherine Hollins?

¡Sí, señor! Ese era su apellido de soltera contestóla niña, emocionada y sorprendida. Jacob colocó entonces la cinta en su muñeca,y la alargó hasta el codo.

Te pareces mucho a ella. Cuando vino a comprarsu varita, tenía tu edad y tu sonrisa. Y además no dejaba de dar saltitos de laemoción. Aliso, treinta y dos centímetros y medio de largo y bastante flexible.Fue la primera que probó, y la que la eligió. A ver si contigo tenemos tantasuerte, ¿no?

Ella le sonrió.

He acabado, señor Ollivander.

Bien, Jacob. Dime.

Creo que tiene que ser una varita larga, ya quela señorita es alta y tiene los dedos largos. Por su nariz y su cabeza deduzcoque sería correcto un núcleo de nervio de corazón de dragón, y por su pelocastaño creo que combinaría con un tipo de madera oscuro Jacob miró a la niñasin girar la cabeza y le guiñó un ojo.

 

El señor Ollivander sonrió.

Bien, pues ve a encontrar la varita perfecta elseñor Ollivander observó a Jacob ir hacia los estantes y revolver entre lascajas la varita que buscaba. Después se giró hacia la niña. Lo siento, no tehe preguntado tu nombre.

Me llamo Luned.

Luned. Un nombre muy bonito. ¿Sabes que ese nombre procede de las leyendas artúricas?

Prueba esta. Pino y unicornio, treinta y doscentímetros de largo. Poco flexible.

Jacob tendió una varita ondulada a Luned, quiense dispuso a agitarla en el aire para probarla. Pero el señor Ollivander avisóa Jacob que esa no iba a funcionar, y el joven arrancó la varita de la mano deLuned en un abrir y cerrar de ojos.

A ver esta. Tilo plateado y pluma de fénix.Flexible. Veintisiete centímetros y un cuarto.

Luned sólo pudo rozar la varita. Pareció queJacob se había dado cuenta solo de que esa varita no iba a funcionar. Elcastaño volvió a los estantes, y esta vez se metió en el pasillo de en medio yse subió a la escalera para llegar al último estante. Luned observaba atenta.Jacob volvió lentamente, mirando la caja con determinación. La abrió concuidado, y se la dio a Luned.

Roble inglés, corazón de dragón e inflexible.Treinta centímetros justos.

En cuanto la madera tocó la piel de Luned, ellasintió un calor recorrer su brazo y unas pequeñas corrientes en los dedos. Elcalor no era agradable, y las corrientes le hicieron daño.

Vale, vale, esta no. Qué locura Jacob le quitóla varita rápidamente a Luned.

La guardó en la caja y volvió a colocarla dondela había encontrado. Era extraño, porque las otras que habían descartado sehabían quedado amontonadas en una silla solitaria que había al lado de lapuerta de entrada a la tienda.

En el pasillo, Luned observaba cómo Jacob parecíaestar pensando mucho en algo. Se daba golpecitos con el dedo índice en el labioinferior mientras se sujetaba la barbilla. Entonces, alzó la mano con el dedoíndice hacia el cielo, y volvió detrás del mostrador. Cogió una escalera ysubió a lo más alto de una de las estanterías que había a la derecha delescritorio. Volvió abriendo una caja más. Sacó la varita y se la ofreció aLuned.

En cuanto Luned estuvo sujetando la varita,sintió el calor extenderse por sus dedos de nuevo, pero esa sensación fue másagradable que la anterior. Agitó la varita y, de la punta, salieron chispasrojas y doradas.

¡Felicidades, Jacob! Lo conseguiste. Yfelicidades a ti también, Luned. No ha sido tan fácil como lo fue con tumadre, pero no ha sido más difícil que Harry Potter, por suerte.

Cerezo y nervios de corazón de dragón,veintinueve centímetros y tres cuartos de largo. Muy elástica informó Jacob.

Luned sonrió, pero de repente sintió cómo elcalor de su cuerpo se evaporaba. Todo fluía hacia la mano con la que sujetabala varita, y esta lanzó más chispas rojas. A medida que el calor abandonaba elcuerpo de Luned, las chispas se iban haciendo más grandes. La tienda le dabavueltas en la cabeza, y todo se volvió borroso. Y, finalmente, todo seoscureció.


esta varita mientras no pueda controlar supoder.

Lo sabemos, y confiamos en que

Los diálogos sonaban desacompasados, y las vocesalejadas de sus dueños.

¿
cuándo tiene este problema?

 

Desde los siete años. Fue un accidente, uno desus primeros signos de magia

Vio a su madre sentada a su lado, en una silla,mientras le acariciaba el pelo, y al señor Ollivander delante de su madre,sentado también en una silla. Ambos tenían el ceño fruncido en señal depreocupación. Jacob estaba de pie al lado del señor Ollivander.

Señores, está abriendo los ojos informó Jacob,mirando a Luned.

Los otros dos miraron a Luned también. Abrió losojos completamente, y su madre la abrazó. Entonces se fijó en que la habíanpuesto sobre el mostrador.

Con cuidado, su madre recogió las cosas. Lunedinsistió en llevar algún paquete hasta que al final, a regañadientes, su madreaceptó. A pesar de lo que había pasado, Luned quiso comprar la varita que lahabía elegido. Cuando entregó los nueve galeones al señor Ollivander, este laadvirtió que el poder de su varita era muy fuerte, al igual que el que ellallevaba en su interior, y que era importante que aprendiese a controlarlo, yaque podía ser peligroso.

Cuando madre e hija salieron de la pequeñatienda, ya había empezado a llover. El cielo se iluminó con un rayo, y despuésse oyó el trueno. Ambas anduvieron bajo el paraguas de color amarilloreluciente hacia el Caldero Chorreante, donde Hannah Longbottom les dejóutilizar su chimenea para llegar a casa mediante la Red Flu.

Seis años más tarde de que Luned encontrase suvarita, Harry Potter despedía a sus hijos en el andén nueve y tres cuartos,viendo la delgada cara de su hijo mediano, Albus, alejarse en el expreso que lellevaría a su primer año en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

La sonrisa de Albus no se podía disimular. Movía lapierna de arriba abajo seguidamente, nervioso. Quedaba un largo camino aún,pero la excitación podía con él. El tren giró una esquina, y la estación desaparecióa lo lejos.

Será mejor que busquemosun compartimento dijo Rose, su prima.

Albus asintió. Ambosniños cogieron sus baúles y comenzaron la búsqueda por el pasillo de suderecha. James, el hermano mayor de Albus, hacía rato que se había ido en buscade sus amigos, dejando a su hermano y a su prima solos.

Casi todos loscompartimentos estaban llenos, hasta que encontraron uno totalmente vacío.

Mira, Al, aquí no haynadie.

Rose abrió la puerta yentró primera. Dejó el baúl en el portaequipajes y se sentó mientras Albuscolocaba su propio baúl también en el portaequipajes. Se sentó frente a Rose, ysuspiró. Desvió la vista hacia la ventana, y observó el paisaje.

¿Cómo estás? lepreguntó Rose. Él la miró, sin saber muy bien a qué se refería con esa pregunta.¿Nervioso?

Ah, sí Albus no supo sipreguntárselo, pero al final se decantó por hacerlo. ¿Qué crees que dirían mispadres si el Sombrero Seleccionador me pusiese en Slytherin?

¿Tío Harry y tía Ginny?No creo que pasase nada importante. Llevas mucho tiempo preocupado por eso,Albus. No renegarán de ti, tranquilo.

Ya, pero

Creo que yo soy la quemás preocupada debería estar. ¿Has oído a mi padre antes? No creo que fuese bromalo que le dijo a Hugo Rose miró al suelo, preocupada.

Albus recordó lo que sutío Ron, el padre de Rose, le había dicho al hermano de esta, Hugo: «No quieroque te sientas presionado, pero si no te ponen en Gryffindor, te desheredo».

Tienes razón. Lo siento.Pero tía Hermione no dejará que tío Ron haga eso. Y si ella no puedeconvencerle, mis padres la ayudarán.

 

Sí, claro miró a suprimo, y le dedicó una sonrisa. ¿Te imaginas que los dos quedamos enSlytherin? bromeó, sin estar muy segura si era algo gracioso o preocupante.

Tío Ron nos mataría alos dos dijo Albus, siguiéndole la broma a Rose. Pero tú no quedarás enSlytherin. Creo que puedes quedar en Ravenclaw.

A lo mejor si quedara enRavenclaw mi padre no estaría tan decepcionado

Creo que no estaría tanorgulloso como si quedases en Gryffindor, pero estaría contento.

A mí tampoco memolestaría quedar en Ravenclaw. ¿Sabes qué? Me he leído todos los libros detexto que necesitamos para clases.

Sí, ya lo has dicho.Tres veces cada uno.


Un sonido interrumpió aRose. Una chica de la misma edad que Albus y Rose, con expresióndesesperada, se asomó por la puerta abierta del compartimento. Tenía el pelolargo, moreno y liso, y también llevaba ya la túnica de Hogwarts puesta, comoRose. Tenía los ojos castaños y grandes, y tenía una pequeña cicatriz bajo laoreja derecha.

Perdón, pero, ¿sabéis si hay algún compartimentovacío? preguntó la chica, con voz dulce y amable.

No lo sé dijo Albus, mirándola. Se fijó que laniña tenía los dientes un poco echados para delante, y un colmillo se lemontaba en el diente de delante. Este es el único que hemos encontradonosotros que estuviese vacío.

Puedes quedarte aquí, si quieres ofreció Rose,dedicándole una cálida sonrisa a la chica.

Ah, no. No quiero molestaros.

No nos molestas. Quédate insistió Albus,señalando el asiento vacío para ofrecérselo.

Ah, vale. Pues muchas gracias agradeció,entrando en el compartimento. Cuando se hubo instalado, miró a Albus y Rose yles sonrió. Perdón, no me he presentado. Soy Elizabeth Hayward dijo,tendiéndoles la mano.

Yo soy Rose Granger-Weasley dijo Rose, agitandola mano de Elizabeth, y él es mi primo, Albus Potter presentó, señalando aAlbus, quien se inclinó hacia Elizabeth y le agitó también la mano.

Encantada. Bueno
¿Este es vuestro primer año?preguntó Elizabeth.

Sí. ¿Y el tuyo? explicó Albus.

También, sí. Estoy nerviosa. Mi tío me ha dichoque espera que sea seleccionada para Hufflepuff. Espero no decepcionarle.

Parece que estamos todos igual dijo divertidaRose.

¿Por qué? ¿A vosotros también os han dicho que queríanque quedaseis en Hufflepuff?

No, nuestros padres esperan que quedemos enGryffindor.

Ah. ¿Toda vuestra familia quedó en Gryffindor?

Sí, aunque a veces mi padre dice que tío Percydebió haber quedado en Slytherin contestó Albus.

Mi madre dice que a veces el Sombrero se dejallevar por la tradición familiar dijo Rose.

Mi tío también lo cree dijo Elizabeth. Él diceque mi padre debió de estar en Gryffindor.

¿Y fue seleccionado para Hufflepuff? Tu padre,digo preguntó Albus.

Sí. Pero parece que era un Hufflepuff muyrebelde rio Elizabeth.

¿Y tu padre que piensa? le preguntó Rose.Sobre lo de quedar en Hufflepuff.

Ah, bueno
Él no
Mi padre murió.

Ah. Lo siento, yo no quería...

Tranquila, no pasa nada. Murió en un accidentelaboral. Trabajaba con criaturas mágicas, sobre todo con dragones. No sé losdetalles, pero se ve que una de las criaturas se volvió loca y le atacó.

 

Lo siento.

Gracias. A mí también me gustaría trabajar conanimales mágicos. Seguir los pasos de mi padre.

Tiene que ser muy interesante estudiar a losanimales.

Pienso lo mismo dijo Elizabeth.

Los tres se quedaron en silencio, y Albus desvióla vista hacia la ventana. Vio campos y ovejas pastando, y un paisajetotalmente rústico. Se parecía a los terrenos de alrededor de la Madriguera,pero más bastos y rurales. Seguramente, pensó Albus, todos esos terrenos eranpropiedad de muggles. Realmente era la mejor solución si querías mantener uncolegio de magia oculto.

Elizabeth les preguntó cómo era vivir con magia,y Rose fue la que mejor se lo explicó (y la que más habló). Después de estarcharlando durante un buen rato, la puerta del compartimento se abrió, dejandover a una bruja anciana con un carrito lleno de golosinas.

¿Queréis alguna golosina, niños? preguntó amablemente.

¿Me puede dar unas Grageas Bertie Bott de Todoslos Sabores? pidió Elizabeth.

Rose no quiso pedir nada y Albus compró unascuantas ranas de chocolate. Había comenzado la colección hacía poco, y queríaconseguir el máximo número de cromos posible (posible para su bolsillo, claro).

Albus le enseñó los cromos que tenía en elbolsillo a Elizabeth, a quien le fascinó la idea y decidió que, en cuandopudiese, ella también empezaría la colección.

Al cabo de un rato, la puerta del compartimentose volvió a abrir. Esta vez, la cabeza del hermano de Albus, James, se dejó vertras la puerta.

Vamos a llegar dentro de
¡Oh, hola! A ti no teconozco exclamó al ver a Elizabeth. Soy James Potter.

Elizabeth Hayward, encantada dijo Elizabeth,con un asentamiento de cabeza.

Igualmente. Ah, lo que decía, estamos a punto dellegar. Eh
Qué aplicadas, las dos tenéis el uniforme puesto. Bueno, puesAlbus, vamos. Coge el traje.

James se llevó a su hermano a su compartimento,donde estaba también Blake Eldred, un chico castaño, de piel clara y robustopara la edad que tenía (la misma que James). Él y James eran compañeros detravesuras y muy buenos amigos. Blake había pasado el verano pasado en su casa,y este año lo había pasado James en casa de Blake. Mientras se cambiaban, Jamescontó a Albus alguna que otra aventura, y le dijo que Argus Filch, el celadorde Hogwarts, sólo les había cogido infraganti una vez, aunque sabía quiénes eran los que hacían las travesuras.Pero al no tener ninguna prueba que los inculpara, no les podía castigar.

Después de estar un rato allí hablando con Jamesy Blake, salió del compartimento y se dirigió al suyo, donde le esperaban Rosey Elizabeth.

Sí que has tardado protestó Rose, cuando Albuscerró la puerta tras de sí.

He estado hablando con James y su mejor amigo.

Mientras Albus se sentaba, una voz se escuchó enel tren.

Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos.Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado alcolegio.

Albus, Rose y Elizabeth se miraron connerviosismo. Oyeron a los demás alumnos salir de los compartimentos y salir alpasillo, así que los imitaron y salieron al pasillo con los demás.

Albus sentía que el tren aminoraba la marcha,cada vez más, hasta detenerse. Todos estaban ansiosos por llegar a Hogwarts, pueslos empujones para salir del tren estaban muy presentes. Pero cuando salierondel vehículo, a Albus le dieron ganas de volver a entrar por el frío que hacía.Estaba oscuro y Albus no discernía bien, pero tenía a Rose y Elizabeth al lado,de forma que no tenía miedo de perderse. Entonces, Albus vio una luz moversepor encima de las cabezas de los demás alumnos, y seguidamente, una voz fuerteanunció:

 

¡Los de primer año! ¡Primer año, seguidme! ¡Poraquí, por favor!

Albus, es Hagrid dijo Rose. ¿Quieres que nosacerquemos a saludarle?

¡Claro! Elizabeth, te presentaremos a Hagrid. Éles el guardabosques y el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas explicóAlbus, mientras caminaban hacia Hagrid.

¡Hola, Hagrid! saludó Rose cuando llegóenfrente del guardabosques.

¡Hola, Rose! ¡Hola, Albus! ¿Estáis nerviosos?saludó él, con una expresión más que feliz.

Un poco contestaron Rose y Albus.

Hagrid, ella es Elizabeth. También es de primeraño presentó Albus.

Encantado, Elizabeth. ¿Quieres venir tú tambiénel viernes a tomar el té? le ofreció.

Me encantaría, gracias contestó Elizabeth.

¡Los de primer año! ¡Que no se pierda nadie!Mirad por dónde vais, está bastante oscuro. ¡Seguidme, por favor! ¡Por aquí!indicó Hagrid, con una sonrisa detrás de la pelambrera.

Todos los alumnos siguieron a Hagrid en silencio.Se notaba el nerviosismo en el ambiente, y además, todos iban concentrándose enel camino, ya que estaba oscuro y no se veía bien dónde se pisaba.

Hagrid es enorme susurró Elizabeth, mirando alsuelo para no tropezarse.

Sí. Me gusta porque siento que me puede protegercontra todo murmuró Albus, también mirando al suelo.

Doblaron una curva y se detuvieron.

Alumnos, aquel castillo es Hogwarts exclamóHagrid.

Todos elevaron la vista del suelo y vieron, porprimera vez, Hogwarts a lo lejos. Se oyó un fuerte "¡oooh!" por parte de todoslos alumnos, mientras observaban un paisaje realmente precioso: se trataba deun gran lago justo delante de ellos, y al fondo, al pie de una alta montaña, sepodía ver un castillo iluminado con un montón de torres y torrecillas bajo uncielo elegantemente estrellado.

Mira, Albus susurró Rose, señalando con lacabeza a un chico rubio, ése es Scorpius Malfoy, el que hemos visto en la estación.

Albus analizó al chico. Era un poco más alto queél, rubio, y con el pelo repeinado hacia atrás. No parecía mal chico.

¡No más de cuatro por bote! anunció Hagrid,señalando unos botes no muy grandes alineados al lado de la orilla.

Rose, Elizabeth y Albus subieron a uno, y se lesunió un chico moreno, pero con mucho más pelo que Albus. Llevaba unas gafasnegras rectangulares, y aún miraba el castillo alucinado.

¿Estáis listos todos? preguntó Hagrid, subidoen un bote él solo. ¡Pues vamos allá!

Los botes comenzaron a moverse al mismo tiempo,dando la sensación de total suavidad al lago por el cual se desplazaban como sifuese una caricia al agua. Los alumnos miraban el castillo, que se hacía másgrande en cuanto más se acercaban a la gran roca donde se alzaba. El chico quese sentó al lado de Albus susurró «increíble», mientras miraba el castillo.

¡Bajad las cabezas! exclamó Hagrid, cuando losbotes alcanzaron el peñasco.

Todos hicieron caso y bajaron las cabezasmientras pasaban a través de una cortina de hiedra que daba paso a una aberturaen la parte frontal del peñasco. Los botes continuaron por un túnel oscuro,donde descendió ligeramente la temperatura. Parecía que el túnel pasaba pordebajo del castillo. Llegaron a un muelle subterráneo, donde se bajaronmientras Hagrid los vigilaba. Cuando estuvieron todos fuera de los botes, subieronpor un pasadizo en la roca, capitaneados por Hagrid y su lámpara. Finalmente,salieron a un césped a la sombra del castillo.

 

El castillo era enorme ahora que lo podían verdesde abajo. Albus se preguntaba cómo sería por dentro. Subieron las escalerasexteriores del castillo y se colocaron ante la gran puerta de roble.

¿Nadie se ha perdido? ¿Estáis todos aquí?preguntó Hagrid.

Al no recibir ninguna respuesta negativa, alzó sumano, cerrada en un puño, y llamó tres veces a la puerta, la cual se abrióinmediatamente, dejando ver a un mago joven rubio, delgado y con la caraalargada. Llevaba una túnica granate. Pero Albus ya conocía a ese mago.

Aquí están los de primer año, profesorLongbottom presentó Hagrid.

Gracias, Hagrid. Ya me encargo yo a partir deaquí.

Neville abrió la puerta completamente, dejandover tras él un enorme vestíbulo, iluminado por antorchas. El techo era muyalto, y había una ancha escalera justo frente a ellos que subía al pisosuperior.

Neville les dijo que pasaran rápido ya que hacíafrío fuera, y cuando todos estuvieron dentro, el profesor capitaneó la marcha.Había una enorme puerta a su derecha, pero Neville condujo a los alumnos a unahabitación más pequeña y vacía, donde todos estaban un poco comprimidos. Seoían algunas quejas del tipo «¡me has pisado!», hasta el mismo Albus protestócuando el chico que se había subido con ellos al bote le dio un codazo sinquerer. El chico se disculpó enseguida.

Bienvenidos a Hogwarts recibió Neville. Elbanquete de comienzo de curso se celebrará cuando todos vosotros hayáis ocupadovuestros puestos en las mesas de las respectivas casas en las que seréisseleccionados. La Selección es muy importante, ya que vuestra casa será comouna gran familia, con la que compartiréis clases, dormitorios y sala común.

»Las cuatro casas son las siguientes: Gryffindor,Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Todas las casas tienen su historia, y detodas ellas han salido notables magos y brujas. En vuestra estancia aquí,vuestros triunfos se resumirán en puntos que vuestra casa ganará, y lainfracción de cualquier regla se resumirá en puntos perdidos para vuestra casa,y cuando acabe el año, la casa que tenga más puntos ganará la Copa de lasCasas, lo cual es un gran honor. Espero que todos vosotros seáis ejemplos aseguir en vuestras respectivas casas.

»La Ceremonia de Selección se celebrará en unosminutos frente al resto de alumnos del colegio. Volveré cuando esté todo listo.

Neville salió de la habitación y se tropezó consu propio pie, pero por suerte no se cayó.

Albus sintió entonces un peso enorme. Los nervioshabían vuelto a aflorar. ¿Y si lo seleccionaban para Slytherin? Según su padre,el sombrero escuchaba la opinión de los alumnos. No dejaría que lo seleccionasepara Slytherin. Le diría al sombrero que debía pertenecer a Gryffindor, comotoda su familia antes que él.

Albus le llamó su prima, ¿y si de verdad meponen en Ravenclaw? ¿Y si mi padre de verdad me deshereda?

 

No va a hacerlo. Tío Ron es muy bromista laconsoló, intentando creer él mismo eso.

¿Tan grave es que no quedéis en la misma casaque vuestra familia? les preguntó Elizabeth, preocupada.

No lo sé confesó Rose.

Albus quería decir lo contrario, pero no lesalieron las palabras.

De repente, la pequeña habitación se llenó devoces. Albus miró hacia arriba, y vio que un montón de fantasmas habíanaparecido de la nada. Eran casi transparentes y de color blanco perla.

¡Mirad, mirad! ¡Alumnos nuevos! exclamó unfraile gordo, sonriendo a sus compañeros fantasmas.

¡Ah, sí, sí! Bueno, espero que los que juguéismejor a quidditch seáis los que quedéis en Gryffindor.

Ja ja, sí, últimamente no ganáis nada bromeó elfraile con el de la gorguera.

Sabéis que Slytherin os volverá a ganar dijootro con peluca negra y una espada en su cinto.

Sólo a Gryffindor, parece, porque mi casa y lade Ravenclaw hemos estado ganando durante los últimos nueve años remarcó elfraile.

Danos tiempo dijo el de la gorguera. Ya veráscomo este año subimos posiciones.

¿James no iba a presentarse este año a laspruebas de quidditch? le preguntó en voz baja Rose.

Sí. Ha estado entrenando durante todo el veranocon Blake.

En esemomento, Neville entró en la habitación, y los fantasmas atravesaron una de lasparedes mientras seguían discutiendo sobre quidditch.

Disculpad por tardar tanto. Había un problemacon el taburete. Alguien lo había transformado en un espino y no encontrábamosel contrahechizo Neville miró a Albus, y alzó las cejas. Por lo que le habíancontado James y Blake, Albus supuso que ellos dos y otra amiga suya eran losque estaban detrás de la broma. Pero todo está solucionado ya, así que formaduna hilera y seguidme.

Albus se colocó detrás de Rose, y Elizabethdetrás de él. Vio colocarse a un chico pelirrojo detrás de Elizabeth, y tambiénvio a Malfoy meterse en la fila, muy por detrás de ellos. Cuando la hileraestuvo bien formada, salieron al vestíbulo, pasaron por unas puertas doblesenormes y entraron en el Gran Comedor.

Todos los alumnos de primer año desviaron susmiradas hacia el techo, el cual era invisible y se podía ver el cielo delexterior, decorado con miles de brillantes estrellas. Además, la iluminación delas velas flotantes era espléndida. Había muchas velas alzadas sobre las cuatromesas del comedor, iluminando los rostros de los demás alumnos. Albus nuncahabía imaginado un lugar tan espléndido. Fue bajando poco a poco la vista,hasta llegar a las mesas, donde los alumnos les observaban. Encima de estas,había copas, platos y cubiertos de oro. Sus padres le habían explicado que allíhubo una batalla que destrozó gran parte del castillo. No lo parecía. Estabatodo perfectamente construido. Miró las paredes, sin el más mínimo rasguño. Alfinal del pasillo, había una tarima donde había una mesa más, larga y enhorizontal, de cara a los alumnos. Allí estaban sentados los magos mayores.Albus supuso que serían los profesores. Los fantasmas surgieron entonces de losmuros, saludando a los nuevos alumnos de nuevo, y también a los veteranos.Neville condujo a los de primero a la tarima, los hizo detenerse y darse lavuelta hacia los demás alumnos, quedando así de espaldas a los profesores.Albus buscó con la mirada a su hermano entre los alumnos sentados en las mesas,cuando lo vislumbró en la mesa que había más a su izquierda. James alzó losdedos pulgares para animar a su hermano, y Albus le dedicó una sonrisitanerviosa.

 

Neville colocó un taburete de cuatro patasdelante de los de primer año, y después puso encima del taburete un sombreromuy viejo y sucio. El Sombrero Seleccionador. Todos hicieron silencio en elGran Comedor, y Albus vio cómo una de las arrugas del sombrero, cerca delborde, pareció moverse. Al cabo de un momento, el sombrero estaba cantando poresa rasgadura, que se había convertido en una boca:

Me crearon hará mil años,

y, como puedes ver, no soy una maravilla.

Pero sólo si encuentras un sombrero que me iguale en inteligencia,

podrás decir que soy un mal sombrero.

Los demás sombreros pueden ser bonitos y elegantes,

pero a ninguno de ellos se les encargó

una tarea tan importante como a mí,

ya que yo soy el Sombrero Seleccionador.

No hay secretos que yo no conozca,

y tampoco ninguno que no ayude a tu selección.

Con una simple mirada

te diré adónde perteneces.

¿Será a Gryffindor,

el lugar de los valientes?

Tus aventuras pueden tener cabida,

en la caballerosa casa de Gryffindor.

¿O pertenecerás a Hufflepuff

la casa donde importa el trabajo duro?

Tu lealtad puede ser la determinante

para pertenecer a Hufflepuff.

Puedes también pertenecer a Ravenclaw,

la casa de los inteligentes,

donde tu capacidad es lo más importante,

respetando así los deseos de Ravenclaw.

No olvidemos a Slytherin,

donde si no eres ambicioso

no puedes entrar,

quizás porque no te enorgulleces lo suficiente.

Ahora sólo depende de ti;

ponme sobre tu cabeza,

afronta tus miedos,

¡y crece en tu casa!

Los aplausos resonaron en la sala al final de lacanción, y el sombrero se inclinó hacia las cuatro mesas para mostraragradecimiento. Después volvió a quedarse quieto.

Albus estaba nervioso. Hacía formas con sus manosimpacientemente. El Sombrero Seleccionador. Por fin, estaba ante él. ¿Dónde locolocaría?

Neville se presentó ante los alumnos con unpergamino que parecía ser muy largo.

Cuando diga vuestro nombre, os adelantaréis, ospondréis el sombrero y os sentaréis en el taburete. Así os seleccionarán, ycuando escuchéis vuestra casa, os dirigiréis hacia la mesa correspondiente explicóel profesor. ¡Abbey, Christie!

Una chica rubia salió de entre los alumnos e hizolo que el profesor había ordenado. El sombrero le tapaba los ojos. Hubo unmomento de silencio, que se alargó y alargó. Tres minutos
Cinco minutos
Albusno sabía que se tardaba tanto en ser seleccionado

¡RAVENCLAW! gritó el sombrero finalmente.

Christie parecía emocionada cuando se dirigiócorriendo hacia la segunda mesa de la izquierda, al lado de la mesa deGryffindor.

 

¡Adam, Charles!

Albus vio salir de entre el grupo al chico quehabía subido al bote con él para cruzar el lago. Charles se sentó y se colocóel sombrero en la cabeza, como había hecho Christie.

¡SLYTHERIN! gritó esta vez el sombrero, muchoantes de lo que lo había hecho con Christie, y Charles saltó del taburete y sedirigió a la mesa de la derecha del todo.

¡Bennet, Tristan!

¡HUFFLEPUFF!

¡Brook, Jillian!

¡SLYTHERIN!

Albus estaba nervioso. Su apellido empezaba por «pe»,y esa letra aún estaba muy lejos. También se dio cuenta que aún no había salidoningún Gryffindor. Causey, Diane fue seleccionada para Ravenclaw, y Daubney,Daniel fue seleccionado para Hufflepuff. ¿Por qué no había ningún Gryffindor?¿Quizás no existía nadie de esa generación que fuese a parar a Gryffindor?

Pero el temor de Albus duró poco: Darren, Peersfue el primer seleccionado para Gryffindor. El resto de alumnos que pertenecíana esta casa aplaudieron muy fuerte, recibiendo al primer Gryffindor de primercurso.

¡Foster, Joseline! la llamada del profesorLongbottom asustó un poco a Albus, ya que en ese momento se estaba concentrandoen la recibida de Peers en la mesa de su casa preferida.

Joseline fue seleccionada para Hufflepuff. Lasiguiente, Finnigan, Ivayne, fue seleccionada para Ravenclaw.

Garland, Aaron fue el segundo Gryffindor hastaese momento. La mesa de esta casa recibió a Aaron con vítores y hurras.

Rose fue la siguiente. Estaba muy nerviosa,aunque hasta ese momento lo había disimulado bien. Albus lo podía notar en laforma de moverse. Ella siempre había caminado recta y segura, pero mientras sedirigía al sombrero, Rose caminaba lenta y un poco encogida. El sombrero tardóuno o dos minutos en decidirse. Ella había posibilitado Ravenclaw. Rose era muyinteligente, el tipo de personas que entran en Ravenclaw. Pero el sombreroencontró algo en ella que le hizo cambiar de parecer, porque gritó:

¡GRYFFINDOR!

Albus aplaudió disimuladamente y, antes de ir ala mesa de Gryffindor, su prima miró a Albus y le sonrió. Vio cómo James y casitodos sus primos aplaudían y recibían a Rose con sonrisas y miradas orgullosas.

¡Hayward, Elizabeth!

Elizabeth se aproximó al taburete y, con unligero tembleque, cogió el sombrero y se lo colocó en la cabeza. A ella tambiénle tapó los ojos.

Elizabeth había comentado que quería estar enHufflepuff, pero parecía que el sombrero tenía otra opinión. Su selección nofue fácil. Elizabeth estuvo sentada en el taburete, con el sombrero en lacabeza, por más de cuatro minutos. Los nervios aumentaban entre los alumnos queesperaban su turno, y también la preocupación. ¿Entre qué casas estaría dudandoel sombrero? Cinco minutos
De repente, un grito los cogió a todosdesprevenidos.

¡GRYFFINDOR! gritóel sombrero finalmente.

Albus sonrió, y Elizabeth, justo después de dejarel sombrero en su sitio, miró a Albus y también le dedicó una sonrisa.

Los Gryffindors la recibieron con muchosaplausos, y Albus pudo ver a Rose con una amplia sonrisa y aplaudiendo muyfuerte.

¡Hikks, Richard! el chico salió de entre losdemás alumnos, y se puso el sombrero, quien poco tiempo después, gritó quepertenecía a Slytherin.

 

Se fijó en la mesa de Slytherin. Todos vestidoscon la túnica del colegio y las corbatas verdes y plateadas. Era un color fríoque no ayudaba a Albus a verlos mejor. Les hacían los ojos insensibles y lasmiradas elitistas.

¡Malfoy, Scorpius!

Malfoy se adelantó temeroso, cogió el sombrero yse lo colocó en la cabeza. La selección no fue rápida. Se alargó un minuto. Dosminutos. Albus se ponía nervioso. Estaba seguro que Malfoy tenía tantos motivoscomo él o como su prima Rose a estar nervioso por la selección. Su familiasiempre había pertenecido a Slytherin, y si no quería decepcionar a su familia,él también tendría que quedar en esa casa. Además, los Malfoy no eran famosospor su permisión. Tres minutos. Hicieron falta unos momentos más antes de queel Sombrero se decidiese.

¡RAVENCLAW!

Hubo un momento de completo silencio, perodespués los Ravenclaws aplaudieron. Se notaba que nadie esperaba esa selección,y los de Ravenclaw no parecían muy contentos.

Unos cuantos apellidos más resonaron en la sala,y los alumnos iban siendo seleccionados. Finalmente, llegó un apellidoconocido:

¡Potter, Albus!

Albus cogió aire, nervioso, y se adelantó haciael sombrero. Se sentó y se lo colocó en la cabeza. Le tapó los ojos, como a losdemás, y esperó. No sabía lo que debía hacer. ¿El sombrero le estaría leyendoya la mente?

«Slytherin no, Slytherin no, Slytherin no», pensóAlbus, suplicante.

Con que Slytherin no, ¿eh? Eso me suena mucho
Hace veintiséis años, otro Potter me pedía lo mismo.

«¡Mi padre! ¡Harry Potter!», pensó. Que elsombrero se acordase de su padre le dio esperanzas. Quizás le hacía el favor deno seleccionarlo en Slytherin por hacer una excepción en recuerdo de su padre.

Así es, joven Potter. Pero, al fin y al cabo,está en mis manos decidir dónde ponerte. Veamos

«Pero yo no quiero ir a Slytherin», pensó,esperando poder convencer al sombrero.

¿Por qué? ¿Por algo que has oído o por algo queves en tu interior
? Albus no supo qué responder. Supuso que era por las cosasque su hermano le había explicado, y otras que había leído. No a todos losSlytherins les interesan las Artes Oscuras, Potter. Todos ellos desean llegarlo más lejos que puedan, son trabajadores, ambiciosos e ingeniosos. Soncaracterísticas que están dentro de ti, joven Potter, y no tienes que temerlas.Sé que en esta casa estarás como pez en el agua. Es donde perteneces.

«Pero toda mi familia ha sido seleccionada paraGryffindor. Es una tradición. No quiero ser diferente. No quiero decepcionarlesa todos», argumentó, preocupado.

Pero tú ya eres diferente Albus parpadeó variasveces en la oscuridad que le rodeaba, confuso. Todos los Weasley y los Potterque han pasado por debajo de mi ala poseen un desparpajo y una despreocupaciónque tú no posees. Todos ellos se lanzarían a la aventura sin pensar, pero tú no.Los Gryffindors son orgullosos, extrovertidos, y buscan el reconocimiento porparte de los demás. Los Slytherins, en cambio, son más introvertidos, cautos, ambiciosospor retarse a ellos mismos, leales como los que más con los que se ganan suafecto y su admiración, y consiguen el reconocimiento haciendo lo que sucorazón les dicta y sin que les importe lo que piensen los demás. Tú no eres unGryffindor, joven Potter, y nunca te sentirías a gusto en esa casa. El verde estu hogar Albus suspiró. Era posible que el sombrero tuviese razón. Sí, era unPotter, pero se sentía un poco fuera de lugar. Pero eso era porque era mástímido. Sólo eso. Un problema de timidez. Justo cuando iba a rebatir ladeclaración del sombrero, este se le adelantó. ¡SLYTHERIN!

 

El corazón de Albus se volcó. Le latía muyrápido, y cuando se quitó el sombrero de la cabeza, sintió el calor en la cara,y supo que estaba colorado. Un poco mareado, buscó la mesa de Slytherin yanduvo hacia ella, aún sin poder creerse lo que había pasado. James le haría lavida imposible, Rose y Elizabeth no le hablarían más, y toda su familia sellevaría una tremenda decepción. No se dio cuenta de que los Slytherins loaplaudían calurosamente hasta que no se hubo sentado y hubo observado las carasde sus nuevos compañeros de casa.

Bienvenido a Slytherin Albus miró haciadelante, y unos ojos castaños le devolvieron la mirada. Yo soy la prefecta dela casa, Mirembe Afolayan. Si necesitas cualquier cosa, sólo dímelo. A mí o ami compañero Benesh, que está allí la chica de piel y cabello negros señalóhacia la mitad de la mesa, a un chico mayor de pelo y ojos castaños.

Gracias dijo Albus, volviendo a mirar aMirembe.

Ella dio un golpe de cabeza, y volvió a prestaratención a la selección. Albus miró hacia la mesa de Gryffindor, y vio a suhermano mirarle fijamente. Cuando James se dio cuenta de que le estaba mirando,sonrió torpemente y levantó el pulgar. Cerca de él estaban Rose y Lizzie,quienes le miraron con una sonrisa cálida. Albus dejó escapar una bocanada deaire, aliviado. Después miró a la mesa de profesores, vio a Hagrid, y elsemigigante le torció la sonrisa e hizo un movimiento de cabeza, como parafelicitarle. Albus le devolvió la sonrisa.

¿Estás bien?

Albus se giró a su derecha, y vio al chico quehabía cruzado con ellos en la barca. Sabía que le habían llamado de los primerosde la lista, pero no recordaba su nombre.

Sí, es-estoy bien, creo contestó nerviosoAlbus. Aún no había asimilado lo que acababa de pasar.

Tranquilo, también es mi primera vez aquí. Hem
Estaría bien tener a alguien con quien hablar de las costumbres de los magos, ytú pareces estar familiarizado
¿Te importa si te molesto estos días con dudasque tenga?

Eh
No, supongo que no Albus asintió sin estarmuy seguro de lo que decía. Soy Albus Potter.

Yo Charlie Adam.

Ambos niños se agitaron las manos, y luego volvierona prestar atención a la selección.

Quedaban aún algunos alumnos por seleccionar,entre ellos su prima Lucy. Después de unos cuantos nombres, el turno de suprima llegó. No parecía demasiado nerviosa. El sombrero no tuvo muchas dudas alcolocarla en una casa, ya que gritó enseguida el nombre de Gryffindor. Elúltimo alumno que quedaba, Yoxall, Alee, fue seleccionado para Hufflepuff. Elprofesor Longbottom enrolló el pergamino y recogió el taburete con el sombreroencima.

Una bruja mayor se levantó, y miró a todos losalumnos. Llevaba una túnica granate y un sombrero picudo. Debajo del sombrero,su pelo estaba recogido en un moño.

¡Bienvenidos! dijo la bruja, sin cambiar laseria expresión de su rostro. Os doy la bienvenida a Hogwarts. Un nuevo cursocomienza. Algunos, han empezado desde cero, y supongo que tenéis hambre. Asíque disfrutad de la cena, y comed despacio. No queremos ningún alumno en laenfermería el primer día.

 

Cuando acabó de hablar, se volvió a sentar entrelos aplausos de los alumnos.

La comida apareció de repente en los platos de lalarga mesa, y Albus quedó maravillado. Olvidó por un momento su malestar y suconfusión, y se dio cuenta que tenía un hambre bestial. Había de todo, unmontón de comida que ocupaba toda la mesa. No quedaba ningún rincón sin ningúnplato lleno, y todo lo que había en los platos le gustaba. Su madre nuncahubiese admitido mucha de esa comida, pero entonces recordó que seguramenteella también la había comido durante sus años en Hogwarts.

Mientras Albus cogía de todo un poco y se loservía en el plato, los fantasmas empezaron a deambular por los alrededores delas mesas.

Buenas noches saludó pasivamente un fantasma alpasar por detrás de Albus.

Él tenía la boca llena de pollo asado y patatasfritas, así que todo lo que salió de su boca fue:

«'uenaf noshef»

El fantasma ni siquiera lo miró, y se limitó asentarse en el extremo de la mesa que estaba más cercano a la mesa de losprofesores.

¿Qué le pasa? preguntó Charlie en voz baja.

No lo «fé» Albus tragó lo que le quedaba depollo en la boca. Tampoco me da buena espina
Parece un aristócrata, pero estámanchado de sangre
¿Qué crees que hizo?

No lo sé, pero tampoco voy a preguntárselo.

Albus tenía mucha curiosidad, pero prefirió nopreguntárselo por si le ofendía. Siguió comiendo, haciendo poco caso de lasconversaciones que se formaban a su alrededor. En cambio, Charlie sí queparecía interesado en todas ellas.

¿Y tú, Albus? la pregunta le pilló porsorpresa, y tosió un poco al querer hablar demasiado rápido. Bebió un poco dejugo de calabaza, y confesó que no sabía sobre qué le preguntaba Charlie.Estábamos hablando de las clases. ¿Qué asignatura tienes más ganas de empezar?

Ah, pues
Creo que Defensa Contra las ArtesOscuras.

Se le cortó la respiración. Recordó que estaba enla mesa de Slytherin, y que seguramente varias de aquellas personas estabaninteresadas en las Artes Oscuras. Pero casi tan rápido como ese pensamientopasó por su cabeza, la voz del sombrero surgió de entre sus recuerdos: «No atodos los Slytherins les interesan las Artes Oscuras, Potter.»

Yo también coincidió un chico de pelo rubio yrizado y de ojos grises que tenía los mofletes inflados y la nariz chata. Creoque tiene que ser fascinante, tanto en teoría como en práctica alzó las cejasy abrió los ojos mientras se imaginaba quién sabe qué.

Albus miró incómodo a Charlie, quien le devolvióla mirada igual de interrogante.

Yo creo que a mí me encantará Pociones opinóuna chica de pelo y ojos castaños.

Yo esperaré a conocer a los profesores dijo unachica pelirroja y con los ojos negros. La asignatura depende mucho de cómo ladé cada profesor, así que hasta que no sepa lo que quiere cada uno en su clase,no creo que pueda elegir cuál me hace más ilusión tenía el rostro seriomientras hablaba, y ni siquiera dirigió mucho la mirada a sus compañeros, sinoque la mantuvo fija en el filete que estaba cortando.

Albus suspiró. No estaba nada cómodo con esaspersonas en esa mesa. Miró hacia la mesa de Gryffindor, y vio a Rose, Lucy y Elizabethhablando con el fantasma de su casa, un hombre con gorguera y medias. Albusvolvió a suspirar, deseando estar en aquella mesa, con su familia y amigos.Hasta el fantasma de Gryffindor le parecía mejor que el de Slytherin. Siguiócomiendo en silencio, y después pasó a los postres, sin mediar palabra. Cuandolos postres hubieron desaparecido, la bruja con la túnica granate volvió aponerse en pie.

 

¡Atención, por favor! Me gustaría anunciaros yrecordaros unas pocas normas: los de primer año debéis tener en cuenta que losbosques que hay alrededor del castillo están prohibidos para todos los alumnos.Repito, para todos los alumnosrepitió la bruja, mirandoprincipalmente en la dirección de la mesa de Gryffindor. A Albus le pareció oírquejarse a James y Blake, así como el pueblo de Hogsmeade está prohibido paraalumnos menores de trece años. Además, el señor Filch, nuestro celador, me hapedido recordaros que no está permitido hacer magia en los pasillos, y tampocoen los recreos. Están prohibidos también la mayoría de artículos de la sucursal«Sortilegios Weasley». Hay una lista de los objetos permitidos en el muro denoticias de cada sala común.

»La señora Hooch es la encargada de las pruebasde quidditch, que se harán en la segunda semana del curso. Quien estéinteresado, puede contactar con ella.

»Ahora, podéis iros a las salas comunes. ¡Esperoque todos tengáis una buena noche!

Enseguida oyó a Mirembe y a Benesh por encima delos demás alumnos de su casa.

¡Los de primer año de Slytherin, seguidnos, porfavor! ¡No os separéis!

¡Por favor, por favor! ¡Primer año de Slytherin,por aquí!

Mirembe y Benesh se movían rápido, y como la mesade Slytherin era la más próxima a la puerta, no tuvo ocasión de acercarse ni asu hermano ni a sus amigos.

Bajó la mirada, decepcionado, y se limitó aseguir a Mirembe y a Benesh. Los prefectos de Slytherin dirigían la marchahacia lo que parecían las mazmorras. Bajaron los escalones de piedra y laoscuridad los envistió. Benesh hizo un hechizo con su varita, y se iluminaronunas antorchas que había en las paredes. Albus agradeció internamente la luzque brillaba ahora en los pasillos. Estos eran laberínticos. Cualquiera podríaperderse por ellos, y Albus no estaba seguro si podría recordar el camino. Pasóun cuarto de hora, y aún seguían caminando por los pasillos.

Hay atajos que podéis coger oyó que decíaMirembe. Por ejemplo, si pasáis por detrás de aquel tapiz llegaríais másrápido hasta la siguiente curva.

Pero sería demasiado para recordar continuóBenesh, así que de momento es mejor que sepáis sólo el camino largo. Mañana essábado, así que aprovechad para aprenderos el camino que os sea más fácil.

Finalmente, los prefectos se detuvieron ante untrozo de muro descubierto y lleno de humedad.

«Linguamserpentis» dijo Mirembe, dirigiéndose al muro de piedra.

De repente, la pared empezó a moverse. No, no erauna pared. Era una puerta. Los prefectos la cruzaron, y los alumnos de primerolos siguieron. Una vez Albus hubo entrado detrás de la niña pelirroja, miróalrededor, y se fijó que estaba en la sala común de Slytherin. Era unahabitación larga y subterránea, y los muros eran de piedra dura y resistente.La sala estaba iluminada por lámparas de plata colgadas del techo por cadenas,y emitían un color verdoso. Enfrente de la puerta, al final de la sala, habíauna chimenea con repisa, aunque no estaba encendida. También había ventanasalargadas y delgadas que daban a las profundidades del lago. Eso fascinó a Albus,y a través del cristal de una de las ventanas, le pareció ver pasar unostentáculos gigantes. ¿Habría sido el calamar gigante?

 

A parte, el salón estaba decorado con muebles deaspecto recargado. Sillas, sillones y sofás de cuero negro, y alguna de lasmesas pequeñas eran de color plata.

¿Estáis todos dentro ya? preguntó Benesh. Al norecibir ninguna negativa, prosiguió. Bien, vale. Bueno, esta es nuestra salacomún. La contraseña cambia cada mes, ¿vale? Que no se os olvide mirar eltablón de anuncios a finales de cada mes, que se colgará la nueva contraseña.Eh
¿qué más?

Nada más completó Mirembe. Chicas, si meseguís por aquí, os conduciré a vuestra habitación. Benesh acompañará a loschicos por la otra puerta. Que durmáis bien todos, seguro que el sonido delagua golpeando las ventanas os relaja. Buenas noches.

Las chicas siguieron a Mirembe por detrás de untapiz que representaba una bruja medieval haciendo un hechizo, y Benesh inicióla marcha dirigiéndose al tapiz de al lado, que mostraba un mago con unatúnica, también medieval, y con una vara en la mano. Los niños se pusieron enfila, y apartaron el tapiz para pasar a través de él. Había una puerta justoenfrente de ellos que ponía "Séptimo año" en color plata. El pasillo continuabahacia su izquierda, así que caminaron por él, mientras pasaban por las puertasde todos los años. Obviamente, la suya fue la última. Cuando el pasillo de piedrase acabó, vieron a su derecha la puerta cuyo cartel rezaba "Primer año". Beneshles deseó buenas noches, y les dejó allí. El chico rubio fue el que abrió lapuerta. Al entrar al dormitorio, Albus se fijó en que las ventanas que seextendían por toda la sala daban, como las de la sala común, a lasprofundidades del lago. Había cinco camas con dosel y cortinas de seda verde, ylas colchas estaban bordadas con hilo de plata. Sus baúles ya estaban allí.Albus buscó el suyo, y vio que estaba a los pies de la cama que había al lado izquierdode la puerta, justo al lado de una ventana. Todos estaban muy cansados, así quese pusieron los pijamas sin mediar palabra y se metieron en la cama.

Aun y estar agotado, a Albus no se le cerrabanlos ojos. Estaba demasiado preocupado, y no creía que pudiese conciliar elsueño. No sabía qué hacer ni qué pensar. No sabía cómo tomarse la elección delSombrero, y planeaba ir a hablar con la directora a la mañana siguiente.

Se incorporó en su nueva, aunque temporal, cama,rindiéndose ante el hecho de poder dormir. Le molestaba ver que sus compañerosdormían tan plácidamente en sus camas, así que decidió ir a la sala común.Allí, sentada en uno de los sillones de cuero negro, vio a una chica rubia,mucho mayor que él. No le apetecía hablar con nadie, así que se dio la vuelta,dispuesto a volver a su dormitorio.

Buenas noches oyó que le decía una vozfemenina.

Albus chasqueó internamente, y se giró.

Buenas noches.

¿Nervioso? ¿No puedes dormir?

Hum... Sí. Bueno... suspiró. Es igual. Voy aintentar...

No, por favor le interrumpió ella. Con la palmade la mano, dio unos golpecitos en el sillón que tenía a su lado. A veces esmejor desahogarse con alguien.

 

Albus se quedó quieto en el marco de la entrada alos dormitorios, molesto. Después de unos segundos de incómodo silencio, Albusacabó accediendo ante los ojos verdes que lo miraban expectantes.

Yo... empezó, cuando se hubo sentado. Creo queel Sombrero se equivocó al colocarme en Slytherin. No creo que pertenezca aquí.

Ella le dedicó una sonrisa sincera.

Todos nos sentimos así al principio. Pero creoque te entiendo. Siendo el hijo de Harry Potter, supongo que todos esperangrandes cosas de ti.

Él me dijo que no pasaba nada si quedaba enSlytherin, pero toda mi familia ha ido a Gryffindor. Además, Slytherin no tienemuy buena fama... No te ofendas.

Ya veo inspiró una gran cantidad de aire por lanariz, y lo dejó ir lentamente. Supongo que conoces a Merlín. Un gran mago.Hizo cosas increíbles, tanto en el campo de la magia como en política. Fue ungran simpatizante de los muggles. Y todo eso lo consiguió con astucia, ambicióny determinación.

Albus no tenía ni idea de por qué la chica lecontaba cosas de Merlín. Estaba cansado, disgustado, y lo único que quería erasalir de esa sala común y arreglar la situación de una vez. Pero tampoco queríaser grosero con la chica. Al fin y al cabo, intentaba ayudarle, así que lecontestó lo más cortés que le salió en ese momento.

Sí. Merlín fue un mago digno de admirar.

Así es la chica le dirigió una mirada desafiante.Merlín fue un Slytherin.

A Albus se le abrieron mucho los ojos, y por unmomento olvidó su fatiga y su malestar.

¿Me-Merlín fue
un Slytherin?

Ajá. ¿Sabes? Hay unas cuantas cosas que deberíassaber sobre Slytherin, y algunas otras que deberías olvidar. Mitos como quesólo nos interesan las Artes Oscuras, o que sólo nos dirigimos a personas conalgún familiar famoso, son sólo eso, mitos. No niego que es la casa que haproducido más magos oscuros de todas las de Hogwarts, pero no ha sido la única.Deberías recordar eso. También es verdad que durante mucho tiempo, la casa hasido muy elitista. Pero hace unos años que ya no lo es. Parece que aprendimosla lección, finalmente.

Hum... No parece tan mala si lo miras así admitióAlbus.

Pero, aunque notaba que se ablandaba a medida quela chica hablaba y de los recuerdos de lo que le había dicho el Sombrero, aúnno se sentía nada cómodo allí. No sabía cómo había acabado él allí. Él no eraorgulloso, ni fanfarroneaba delante de los que no tenían lo mismo que él. Seveía más incluso como un Hufflepuff que como un Slytherin.

Puedo ver el malestar en tus ojos dijo lachica, mirándole a los ojos con empatía y amabilidad. Déjame seguir dijo,desafiante. No estaba dispuesta a rendirse tan pronto. Justo entonces, Albuscomprendió porqué aquella chica había sido seleccionada para Slytherin.Slytherin es la casa más guay del colegio. Contamos con el respeto de las demáscasas, aunque puede que sea por el miedo que nos tienen. Pero, ¿sabes qué?Puede ser muy divertido. Dejas caer algunas indirectas sobre tu acceso a una ampliacolección de maldiciones, y seguro que no se atreven a molestarte en lo quequede de curso, o hasta que se les olvide Albus dejó escapar una risita, y ledevolvió la mirada con mucha más calidez que con la que la había mirado antes.Ella se rio también. Pero no somos mala gente. Somos como las serpientes:elegantes, poderosos, y frecuentemente incomprendidos. Pero, ¿sabes lo queSalazar Slytherin buscaba en sus estudiantes? Albus tenía una ligera idea,pero no era nada halagador, así que se limitó a negar con la cabeza. Lagrandeza. Has sido elegido para esta casa porque tienes el potencial de sergrande en el verdadero sentido de la palabra.

 

Albus sonrió, y desvió la mirada hacia el suelo. ElSombrero le había dicho algo parecido. Se atrevió a ser sincero consigo mismodurante un momento, y se sorprendió al darse cuenta que se sentía identificadocon mucho de lo que el Sombrero y la chica le habían dicho. Quizás la decepciónle había cegado. Quizás, sólo quizás

Dale una oportunidad Albus volvió a mirar a losojos verdes de la chica cuando esta habló. Piensa que estás en una casacualquiera. Al fin y al cabo, la única función de las casas es organizar a losalumnos para evitar el caos. Encontrarás compañeros que te caerán mal y otrosque te caerán bien, pero eso pasa en todas.

Albus alzó las cejas por un momento y suspiró. Enrealidad tenía razón. Sólo era una forma de organizar.

Sí, creo que voy a hacer eso. Gracias.

De nada.


¡Hola! ¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿Os lo esperabais? ¿Creéis que Albus acabará aceptado la elección del Sombrero Seleccionador?Dejad en los comentarios vuestras opiniones, me encantaría leeros :D¡La semana que viene más!

Al día siguiente, un sábado, Albus se levantópronto, abrió su baúl y rebuscó en él hasta que encontró ropa y zapatos. Locogió todo y se dirigió hacia los baños de la habitación. En estos había tresretretes y tres duchas. Cuando salió del baño, ya estaba duchado y vestido.Tres de sus compañeros ya habían salido de la habitación, y Charlie se estabavistiendo. Albus decidió entablar conversación con Charlie, ya que la nocheanterior no había sido muy simpático con él.

Buenos días, Charlie saludó. Él le contestó conlo mismo. ¿Has podido dormir bien?

Sí, la verdad es que esta cama es muy cómoda, yes verdad lo que dijo la prefecta: el agua golpeando las ventanas me relajó.

Bueno, supongo que después de estar todo el díaen el tren, no necesitábamos que nos relajasen
Creo que estábamos todos muycansados.

Charlie rio.

Sí, también es verdad.

¿Te apetece que subamos al Gran Comedor adesayunar?

Hum
La verdad es que no tengo mucha hambre.Creo que cené demasiado ayer.

Ah, vale, pues
Yo sí que voy a subir.

Vale. ¿Nos
vemos más tarde?

Eh, sí, vale.

Albus salió de la habitación, recorrió el pasilloy llegó a la sala común. Allí, se encontró con una escena que no hubieseimaginado jamás que vería en la sala común de Slytherin: había varios grupos depersonas, niños y mayores, chicos y chicas, hablando sobre quidditch, sobre lasclases o sobre Hogwarts, todos con una sonrisa en el rostro. Albus siemprehabía pensado que los Slytherins eran sosos, orgullosos, y que formaban grupospequeños de amigos, y muy concretos. Pero ese panorama le reconfortó. Los Slytherinsno eran personas raras o marginados, eran tan normales como cualquiera.

Albus suspiró, contento por primera vez desde quele habían seleccionado para Slytherin, y se le ocurrió que quizás no estaríatan mal allí como él pensaba. La noche anterior había estado pensando mucho enlo que el Sombrero y la chica le habían dicho, y añadir ese panorama a todo loque tenía en la cabeza le ayudó. Sí, podía llegar a sentirse cómodo como unSlytherin. Salió corriendo de la sala común, deseando contárselo a Rose.

 

Ya estaba llegando a la gran puerta doble deroble del Gran Comedor, cuando oyó que lo llamaban desde la cima de lasescaleras. Se giró y vio a Rose y Elizabeth saludarlo. Él sonrió, y les saludótambién con la mano en el aire. Elizabeth inició la marcha corriendo escalerasabajo, y Rose la siguió.

¡Albus! ¿Qué tal estás? ¿Cómo es la sala comúnde tu casa? ¡La nuestra está en una torre! Elizabeth tenía los ojos muyabiertos, lo que daba un poco de miedo, porque ella ya los tenía grandes de porsí.

Se la veía muy entusiasmada, al contrario queRose. También parecía emocionada, pero no lo mostraba. Parecía preocupada poralgo.

Felicidades a las dos por quedar en Gryffindordijo Albus, para que Rose se diese cuenta que ya no le daba tanta importanciacomo el día anterior. Bueno, no sé si a ti debería felicitarte, Elizabeth
Querías quedar en Hufflepuff, ¿no?

Ah, bueno, eso. Sí, quería, pero tampoco estoydecepcionada por haber quedado en Gryffindor. Me gusta.

A mí también me gusta haber quedado en Slytherinla frase le sonó rara, pero se obligó a aceptarla. Era la primera vez que lodecía en voz alta después de todo lo que había pasado el día anterior.

Albus miró a Rose con una sonrisa, y ella ledevolvió la sonrisa, como si le hubiese quitado un peso de encima. Supuso quesu prima estaba preocupada por él.

¿Y cómo es la sala común? preguntó Rose.

¡Estamos debajo del Lago Negro! Ayer creo que vilos tentáculos del calamar gigante. Todo está decorado de verde y plata.Supongo que lo vuestro

Es todo de color escarlata completó Rose,asintiendo mientras sonreía. Y desde nuestra sala común vemos el campo dequidditch.

¡Es verdad! Rose me ha estado explicando eljuego del quidditch. ¡Parece muy emocionante!

Sí, a nosotros nos gusta mucho dijo Albus.

¿Os apetece que exploremos el castillo despuésde desayunar? preguntó Elizabeth, mirando con deseo hacia el Gran Comedor.

Vale, me encantaría accedió Albus.

Sí, será divertido.

Los tres entraron en el Gran Comedor, y Albustuvo que despedirse de las niñas nada más pasar la puerta, ya que su mesa erala más cercana a ella, y la mesa de Gryffindor era la que más lejos estaba.

Albus se sentó por en medio de la larga mesa, yvio a Rose y Elizabeth colocarse una delante de la otra, más o menos a la mismaalzada de la mesa que él. Ya había comida en la mesa, así que Albus se limitó acoger comida y ponérsela en el plato. Un chico de pelo castaño y rizado se pusoa su lado, e imitó a Albus. Al cabo del rato, el ruido del batir de cientos dealas surgió en la estancia. Aurel, lalechuza de Harry, se posó encima de la mesa, al lado del plato de Albus, yextendió una carta. Él la cogió y le acarició la cabeza. Mientras la abría, oyóun grito en la mesa de Ravenclaw.

¡TÚ! ¡ERES UNA DECEPCIÓN PARA TODA TU FAMILIA!¡¿CÓMO TE ATREVES A QUEDAR EN OTRA CASA QUE NO SEA SLYTHERIN?! ¡HAS DESHONRADOEL APELLIDO MALFOY Y TODO LO QUE ESO SIGNIFICA! ¡TU ABUELO Y YO ESTAMOSINFINITAMENTE DECEPCIONADOS Y ENFADADOS! ¡NO TE MERECES QUE TU PADRE TE SIGADIRIGIENDO LA PALABRA! ¡Y NI SIQUIERA PIENSES EN HABLARNOS A NOSOTROS!

 

El howlerardió él solo y se convirtió en cenizas en cuanto la voz de la mujer hubopronunciado la última palabra. Todo el colegio estaba con los ojos clavados enScorpius Malfoy. El rubio estaba de espaldas a las mesas de Hufflepuff ySlytherin, y de cara a la mesa de Gryffindor, por lo que Albus no pudo ver lareacción de Scorpius Malfoy. En silencio, cogió sus cosas y salió corriendo delGran Comedor. A los pocos segundos, le siguieron dos alumnos de Ravenclaw. Automáticamente,Albus buscó la mirada de Rose, y ella y Elizabeth le devolvieron la mirada,preocupadas.

Pff, se lo merece.

Albus miró al chico castaño, incrédulo. ¿Habíaoído lo que creía que había oído?

¿Perdona?

El chico castaño le devolvió la mirada,sorprendido.

Digo que se lo merece. Aj, ha decepcionado atoda su familia quedando en una casa como la de Ravenclaw. Debió haber quedadoen Slytherin. Un sangre limpia como él no se merece quedar en ninguna casa queno sea la nuestra.

Eres un imbécil. La sangre no tiene nada que vercon la capacidad mágica. Y ninguna casa es vergonzosa. Creo que tienes quesentirte orgulloso si te seleccionan para cualquiera de ellas.

Eres extremadamente ridículo. No sé por quéestás en Slytherin.

¿Sabes qué? Creo que tengo más derecho yo que túde estar en Slytherin.

Los dos niños se miraron con odio, y ambos sesepararon un poco en el banco. Albus suspiró, y después se dio cuenta que aúnno había abierto la carta que Aurelle había traído, así que la abrió. Era de sus padres.

Querido Albus,

¿Cómo estás? Esperamos que bien, y que la primera impresión deHogwarts te haya gustado tanto como nos gustó a nosotros a tu edad. Lily ya teecha de menos, no sabe qué hacer en casa, sola. La verdad es que la casa estádemasiado calmada sin ti, aunque la sensación no se nota tanto como cuando sefue James. Ya sabes cómo es tu hermano
Él chillaba por toda la casa, túsiempre has sido más tranquilo.

¿Has hecho algún amigo en tu primera noche? ¿Con tus compañeros dehabitación, quizás? ¿Y cómo están Rose y Lucy? Esperamos tu carta explicándonostodo esto, ¡nos tienes ansiosos!

Esperamos que todo vaya bien, te queremos.

Besos,

Mamá y papá, y Lily, que te manda muchos recuerdos.

Albus sonrió. Decidió que les contestaría en lasala común. Pensó en la reacción de sus padres en cuanto leyesen que habíaquedado en Slytherin, y por un momento, Albus les imaginó orgullosos. Dobló lacarta y la guardó en el bolsillo de los pantalones.

Cuando acabó de desayunar, se reunió con lasniñas en la puerta del Gran Comedor.

¿Has visto lo de la carta esa? le preguntó Elizabeth.

Howler,se llama howler le corrigió Rose.

Sí, sí. Pero, ¿lo has visto?

¿Es que hay alguien que no lo haya visto?

Madre mía
Rose me ha explicado lo que los magosde «sangre pura» piensan de los «nacidos de muggles» y los «traidores a lasangre». ¿Consideran a Scorpius un traidor a la sangre, ahora?

Supongo

Madre mía
Espero que mi tío no me mande unacarta de esas cuando le diga que no he quedado en Hufflepuff dijo Elizabeth,bromeando.

 

Rose y Albus rieron.

Albus pasó el fin de semana instalándose en suhabitación y recorriendo los pasillos de Hogwarts junto a Rose y Elizabeth (aquien Rose y él comenzaron a llamar Lizzie porque era mucho más cómodo y cortoque llamarle por su nombre completo), y también junto a algunos compañeros de Slytherin.El niño de pelo rubio y rizado se llamaba Cian, y Richard Hikks era un niñoalto, con el pelo castaño y los ojos azules. El niño con el que Albus habíadiscutido el sábado durante el desayuno era Phinos Sekinci. Ninguno de loscompañeros de habitación de Albus hizo muy buenas migas con Sekinci, lo que aAlbus le encantó. Sin embargo, le vio muy cómodamente con un alumno deGryffindor. Le sorprendió ver que se relacionaba con gente fuera de su casa,pero tampoco le extrañó al fijarse en el alumno de Gryffindor: era unmastodonte. Tenía cara de simio y era altísimo. Además, estaba un curso pordelante de ellos.

Los pasillos eran largos, pero la ventaja era quehabía varios atajos. Había pasadizos por detrás de algunos cuadros y tapices, ylos compañeros de Albus y Albus ingeniaron una cancioncilla para no equivocarsede cuadros y tapices.

El lunes por fin llegó, y Albus se levantópronto. Estaba nervioso por empezar las clases. Se vistió con la túnica de Slytheriny el sombrero picudo y subió a desayunar. Había poca gente, y entre esas pocaspersonas que había en el comedor, estaba Phinos Sekinci, sentado casi alprincipio de la mesa, cerca de la mesa de los profesores, así que Albus se sentóen el otro extremo.

Al cabo de unos minutos, entró una niña deSlytherin, del mismo curso que Albus. Al estar al lado de la puerta, al primeroque vio fue a Albus, así que se sentó frente a él.

Buenos días saludó la niña.

Buenos días.

La niña suspiró.

¿Estás nervioso?

Albus se había metido una cucharada de cerealesen la boca, así que la pregunta le pilló un poco por sorpresa. Quiso contestarcon la boca llena, y se atragantó. Tosió para liberarse, y la niña le tendió unvaso de zumo de calabaza. Albus se lo bebió de golpe, y consiguió liberarse dela tos y bajar los cereales por la garganta.

Perdona se disculpó la niña, sonriendo un poco.

Tranquila, no importa. Eh
¿Cuál era lapregunta?

Ella rio.

Que si estás nervioso.

Ah. Eh
No mucho, no. Bueno, un poco sí, pero supongoque es lo normal
¿Y tú?

Sí, estoy muy nerviosa. Nuestra primera clase esDefensa Contra las Artes Oscuras
Tu padre debe saber mucho sobre esto, ¿no?

Hum
Sí, supongo contestó, mientras masticabalos cereales. Siendo Auror

Y habiendo vencido a Lord Voldemort en su últimoaño en Hogwarts
Porque tú eres Albus Potter, ¿verdad?

Albus se quedó sin palabras. Todo el mundoconocía al famoso Harry Potter y todas las hazañas que había llevado a cabo,pero no Albus ni sus hermanos. A ellos solo les habían explicado que suspadres, sus tíos Ron y Hermione y algunos amigos más como el profesorLongbottom habían participado en la guerra contra Lord Voldemort y sus mortífagos,y que por eso eran considerados héroes. Pero si era verdad lo que su compañeradecía, todo tendría mucho más sentido, aunque también significaría que ni suspadres ni sus tíos les tenían la suficiente confianza como para decirles laverdad. ¿Por qué lo habían hecho? ¿Qué temían que pasase si lo hacían?

 

Sí, soy yo dijo Albus, limitándose a contestarla pregunta de su compañera e intentando que su sorpresa no se notase. Y,perdona, ¿cuál era tu nombre?

Flora. Flora Warder.

Encantado.

Igualmente.

De repente, la voz de Filch surgió desde algúnrincón del pasillo, gritando «¡Potter! ¡Eldred! ¡Hayes! ¡Sé que habéis sidovosotros!», y James, Blake y una chica rubia entraron en el Gran Comedor con lastúnicas manchadas de lo que parecía pintura rosa.

Albus frunció el ceño e hizo una mueca con laboca. Los tres se estaban riendo cuando entraron, y James se cruzó con lamirada de su hermano. Sonrió y se dirigió hacia él.

¡Buenos días, pequeñajo! le saludó mientras lerevolvía el pelo.

¡Ay! Albus retiró la mano de su hermano. ¿Quéhabéis hecho? preguntó Albus, mirando intermitentemente a Blake, Anne y a suhermano.

¡ Nada importante! Sólo que vimos a Filch consus típicas ropas oscuras, y decidimos ponerle un poco de color explicó, cogiendouna rosquilla del plato de Albus y dándole un gran mordisco.

¡Eh! Tienes desayuno en tu mesa se quejó Albus,quitándole la rosquilla de la mano.

Aaaay, qué soso eres, Al Albus frunció loslabios. Suerte con tus primeras clases, patito James le cogió la cara a Albusy apretó sus mejillas, de manera que se le salieron más los labios hacia fuera,recordando al pico de un pato.

Albus retiró la cara de la mano de James con unmovimiento hacia atrás, y antes de que James se fuese, volvió a revolverle elpelo a su hermano.

Cómo le odio susurró Albus cuando su hermano sehubo alejado.

¿Siempre es así? le preguntó Flora. CuandoAlbus la miró, vio que se estaba riendo.

¿Así de pesado, dices? Sí, siempre.

Flora volvió a reír, y después siguiódesayunando.

Para asistir a su primera clase, Albus quedó consus compañeros de habitación (todos menos Sekinci) en ir juntos, así que loscuatro llegaron tarde a la clase de Alba Fajula. En cuanto entraron a la clase,la profesora les dedicó una mirada llena de reprimenda. Con la cabeza gacha, loscuatro se sentaron en los pupitres de atrás del todo.

En el descanso, Albus se reunió con Rose y Lizzieen uno de los bancos del patio.

¿Cómo ha ido Transformaciones? preguntó Albus,después de explicarles a las niñas su primera clase de Defensa Contra las ArtesOscuras.

Bien, ha sido muy interesante. El profesorFaulkner nos ha enseñado a transformar una cerilla en un alfiler explicó Rose.

Bueno, más bien lo ha intentado. Nadie excepto ScorpiusMalfoy y Rose consiguieron que la cerilla cambiase dijo Lizzie, resignada.

Albus miró a Rose, y ella le sonrió orgullosa desí misma.

Aunque Malfoy parecía deprimido comentó Lizzie.

No me extraña, después de lo del howler añadió Rose.

¿Sabéis si recibió carta de sus padres? preguntóAlbus. Porque el howler era de susabuelos.

Pues no lo sé contestó Lizzie, desviando lamirada hacia el suelo.

¿Y ese tal Sekinci se ha vuelto a meter con él?le preguntó Rose a Albus.

No, o al menos eso creo. No hablo con él. Ahoraha empezado a meterse con Charlie, porque se enteró que era nacido de muggles,y en su opinión Slytherin sólo es para los sangre pura y los mestizos Albuspuso los ojos en blanco e hizo una mueca de desagrado. ¡Ah, y no te lopierdas! Tiene dos hermanos mayores.

 

¿En serio?

¿De quién habláis? preguntó Lizzie, volviendo aprestar atención a la conversación

De Sekinci y sus hermanos contestó Albus.

¿Ese creído de tu casa? ¿Tiene hermanos? Albusasintió, y Lizzie suspiró desazonada. ¡Oh, mira! Allí está Malfoy.

Los otros dos niños se giraron hacia dondeseñalaba Lizzie, y vieron, efectivamente, a Scorpius Malfoy solo.

Pues sí que parece deprimido dijo Albus,observando al niño rubio, que con cara mustia, se había sentado en el suelo conun libro abierto en las rodillas.

¡Hola! ¿Preparados para vuestra primera clase devuelo?

James se había sentado descaradamente entre Rosey Lizzie sin importarle sus quejas, y miraba a su hermano con cara de niño bueno.Su amigo Blake y Anne, la otra chica con la que les había visto esta mañana,llegaron delante de los cuatro niños y se sentaron delante de ellos, en elsuelo.

Supongo que sí contestó Albus. ¿Y a ti cómo teva el quidditch? Te volverás a presentar este año, ¿no?

Sí. Esta tarde iré al campo para practicar.Iremos Blake, Anne y yo. Si queréis venir, estáis invitados ofreció, mirando alas chicas por primera vez.

¿En serio nos estás invitando? preguntó Albus.

¡Claro! Os quedaréis flipando con mi agilidad.

A mí me gustaría ir, será interesante dijo Lizzie.

Yo no lo sé. Depende de los deberes que nospongan opinó Rose.

Bueno, podemos hacer los deberes antes de irpropuso Albus.

Bueno, vale refunfuñó Lizzie.

¡Bien! Así comprobaréis lo genial que soy presumióJames.

Seguro que se cae de la escoba más de una vez seburló Blake.

Todos rieron excepto James.

¡Claro que no!

Oye, aquel es Scorpius Malfoy, ¿verdad? preguntóAnne, la chica rubia que había venido con James y Blake, ignorando la queja deJames y mirando hacia Scorpius.

Rose afirmó, y les explicó lo que había dicho Sekincisobre él el día que recibió el howler.

La familia Sekinci es horrible dijo James. Yotengo a su hermano en mi curso, Vergilius Sekinci. Es un imbécil.

James se lleva a matar con Vergilius. Además, Sekincilogró entrar el año pasado al equipo de quidditch, y James le guarda muchorencor por eso explicó Blake. Y también porque es un matón, claro.

Sí, yo no sé cómo no le han castigado másañadió Anne.

Podríamos invitarle a venir con nosotros.

¿A quién te refieres? le preguntó Albus a Rose.

Dudaba mucho que su prima se refiriese a Sekinci.

A Malfoy.

Todos miraron sorprendidos a Rose. Todos sehabían sentido mal por Malfoy, pero ninguno había pensado en invitarle a pasartiempo con ellos. Albus se sintió culpable por ello.

Me parece una magnífica idea se alegró Lizzie.

Podríamos invitarle a él también alentrenamiento de hoy les dijo Blake a James y a Anne.

James miró a Anne, y ella asintió.

Hem
Vale, por qué no. Que venga.

En ese momento, sonó el timbre del final deldescanso. James, Blake y Anne se despidieron y se dirigieron hacia el castillo.Albus, Rose y Lizzie también cogieron las mochilas y entraron en el castillo.Anduvieron por los pasillos y bajaron escaleras, ya que el aula de Pocionesestaba en las mazmorras. No fue difícil encontrarla.

 

El profesor Slughorn presentó la asignatura, y alacabar la clase, pidió a unos cuantos alumnos hablar con ellos unos minutos.

Albus se fijó en los otros alumnos que se habíanquedado, todos delante del escritorio del profesor Slughorn. De su casa, seencontraban él mismo, Sekinci, la niña pelirroja de ojos negros y mirada seria,y una niña rubia, de ojos grises y alta; de Gryffindor, estaban su prima Rose yuna niña castaña de ojos azules. Excepto la niña de expresión seria, todos losdemás mostraban confusión en el rostro.

Bueno, confío en que todos os conozcáis ya

Todos hicieron movimientos con la cabeza,notablemente molestos. Sólo se conocían con los que compartían casa, exceptoAlbus, que conocía a todos menos a dos chicas.

Ah, ya
Bueno, ésta es Rose Granger-Weasley,hija de Hermione Granger, una gran bruja que fue miembro del «Club de lasEminencias»
Y ésta es Sabrina Lynwood, descendiente de una importante ypoderosa familia de magos de sangre pura. Su padre trabaja en el Ministerio, yexperimenta con los árboles

Los alumnos de Slytherin saludaron secamente conla cabeza, y ellas les devolvieron el gesto.

Y éstos son Albus Potter, el hijo del famosoHarry Potter y la exjugadora de quidditch Ginny Weasley, dos miembros del «Clubde las Eminencias» muy destacados
Eh, él es Phinos Sekinci, tambiéndescendiente de una gran familia, e hijo de una ex-alumna miembro del clubtambién; Helena Pemberton, cuya familia posee grandes propiedades de tierras enGales
Ah, y por supuesto Europa Virgorinne, hija de un famoso escritor
Quizáshayáis leído alguno de sus libros
Son bastante famosos

Los de Gryffindor los saludaron como ellos habíanhecho antes, con un movimiento seco de cabeza.

Bueno, bueno, chicos
Estoy tan contento
Os hereunido aquí para ofreceros ser miembros del «Club de las Eminencias», un clubfundado por mí mismo donde
Bueno, incluyo a magos y brujas con buena capacidady con un futuro muy prometedor para que
Eh
Tengáis contactos y podáis hacernuevos amigos. Me encantaría incluiros a todos en el club, así que he pensadoinvitaros a todos este sábado a merendar. ¿Podréis venir? todos asintieron nomuy seguros de por qué. ¡Excelente, excelente! Os enviaré una nota indicandola hora y el lugar. Será una velada muy interesante dijo esto último más parasí mismo que para los niños.

Después de esa pequeña reunión, todos sedirigieron al Gran Comedor. De camino allí, Lizzie les preguntó a Albus y Rose quéquería el profesor Slughorn.

Parece como si quisiera reclutar a los magos ybrujas más famosos e influyentes del colegio contestó Rose.

Es un hombre muy raro dijo Albus.

Se despidieron cuando Albus llegó a su mesa. Despuésde comer, Albus se dirigió hacia los invernaderos, donde recibirían su primeraclase de Herbología, junto a los Ravenclaws. A Albus le pareció la ocasiónperfecta para proponerle a Malfoy pasar rato con ellos. Ya en clase, Nevilleles dijo que hicieran grupos de tres personas para identificar las plantasbásicas con las que trabajarían durante el año. A Albus le hubiese encantadoformar grupo con Malfoy para poder hablar con él, pero dos chicos de Ravenclawse lo propusieron antes, así que Albus formó equipo con Charlie y Cian. Malfoyfue el que más plantas identificó, no sólo entre su grupo, sino también engeneral. Neville estaba muy contento con los resultados, y cuando sonó eltimbre, les mandó estudiar las características de la planta que más les gustasea cada grupo para explicarlas en la clase siguiente al resto de alumnos, comouna exposición. Albus recogió todo rápido y corrió para alcanzar a Malfoy.

 

Hey, hola saludó, cuando llegó a su lado.

Hem, hola contestó Scorpius, pillado porsorpresa.

Oye, unas amigas y yo nos preguntábamos si teapetecería venir con

Anda, mira, Potter y Malfoy juntos
¿Estáishablando de intercambiaros las casas? ¿Tan bajo habéis caído?

Albus miró a Sekinci asqueado.

Haznos un favor a todos y desaparece, Sekinci.

Déjale. Se mete con los demás porque se aburre.No merece la pena.

Sekinci se alejó entre risas, y Albus volvió amirar a Malfoy.

Ya, pero eso no le da derecho a meterse connadie.

Malfoy encogió los hombros, como diciendo «Notiene remedio».

¿Querías
preguntarme algo?

Sí, eso. Bueno, quería preguntarte que qué teparecería que, después de las clases, hiciéramos los deberes juntos, con dos amigasmás, y que luego fuésemos a ver a mi hermano y sus amigos entrenar alquidditch.

Ah, hum
Bueno, s-sí, por qué no Malfoy asintiócon la cabeza mientras se mordía el labio inferior

Genial. Pues si quieres nos podemos ver en laentrada de la biblioteca cuando acabe la siguiente clase.

No, eh, yo después tengo Vuelo

Ah. Bueno, pues después de esa clase.

Sí, claro.

Vale. Pues
Nos vemos luego.

Sí, vale. Bueno, ahora toca Encantamientos, quetambién la compartimos. ¿Vamos
juntos?

Sí, claro.

Vale. Ah, y gracias.

No es nada. Por cierto, soy Albus Potter.

Albus le tendió la mano. Malfoy la miró y luego volvióa mirar a Albus a los ojos. Dudó por unos segundos, pero después sonrió y se laestrechó.

Yo soy Scorpius Malfoy.

Albus sonrió, y ambos se pusieron en camino haciala clase de Encantamientos.

···

Esa tarde, después de terminar todos los deberesque les habían mandado, Albus, Rose, Lizzie y Malfoy esperaron a que James ysus amigos acabasen con sus tareas para marcharse al campo de quidditch.Mientras los esperaban en la puerta del castillo, los niños estaban inmersos enuna agradable charla. Albus había descubierto que Scorpius le caía muy bien, ycreía que a su prima y a Lizzie también les gustaba estar en su compañía. Sesentía orgulloso de haberse acercado a él, y esperaba no perder el contacto.

Cuando los mayores llegaron, Lizzie se adelantópara presentarlos a todos. Anne, la rubia, tenía el pelo rizado, los ojoscastaños y la piel pálida, y era alta.

Después de las presentaciones, todos se pusieronen marcha hacia el campo de quidditch.

¡Eh, Al! ¿Quieres golpear? le ofreció suhermano, cuando ya estaban a punto de llegar al campo.

Hem
Sí, claro.

Malfoy, tú también, si quieres ofreció otra vezJames, pero sin tanta emoción.

Me encantaría, gracias.

Pues venga, ¡vamos allá!

James entró corriendo al campo. Blake y Jamesfueron a buscar las pelotas y cogieron prestadas las escobas del colegio, yaque habían preferido estrenar las suyas propias en su primer partido, siconseguían el puesto, claro. James se presentaba como buscador, Blake comocazador y Anne como guardián.

 

Mientras James y Blake buscaban las pelotas y lasescobas, Anne, Albus y Malfoy se quedaron esperándolos en el campo, y Rose y Lizziese sentaron en las gradas. Cuando estuvieron todos colocados en el aire, Rosefue la encargada de soltar todas las pelotas, y después volvió a las gradas, ya partir de entonces pareció que se dedicase a explicar a Lizzie las reglas deljuego. Los demás empezaron a practicar: Blake tiraba las pelotas a Anne, yJames dejó suelta la snitch, dio un par de vueltas sobre sí mismo y luegoempezó a buscarla. Al mismo tiempo, Albus y Malfoy fueron los encargados demolestar a los demás con las bludgers, y la verdad es que no se les daba nadamal. Albus acertó casi todos los golpes, Malfoy no tenía tan buena puntería,pero molestó suficientemente bien. Estuvieron más o menos una hora entrenando.Cuando estuvieron lo bastante cansados, dejaron de jugar, y cuando James yBlake se disponían a volver a guardar las pelotas y las escobas, se dieroncuenta que no sólo habían visto el entreno Rose y Lizzie.

¡Ha-sido-genial! gritó entusiasmada la chicacastaña de ojos azules de Gryffindor que se había quedado con Slughorn despuésde Pociones. ¡Estoy segura de que os cogerán! Pero, claro, es normal, lolleváis en la sangre
Todos vuestros familiares tienen pasado en el equipo dequidditch de sus respectivas casas. Tu padre fue buscador de Slytherin,Scorpius; y tus padres, Albus, fueron buscadores y tu madre, además, fuecazadora y estuvo en las Arpías de Holyhead. Tu padre fue guardián de Gryffindor,Rose. Y tu madre, Anne, fue cazadora de Hufflepuff. ¡Sois todos geniales!

Dios mío, ¿cómo sabes todo eso? preguntó Lizzie,totalmente flipando.

¿Bromeas? ¡Soy una fanática de quidditch! Verás,en mis primeros años

Sabrina y Lizzie se alejaron de los demás ycaminaron hacia el castillo mientras Sabrina le explicaba a Lizzie desde cuandole gustaba tanto el quidditch.

¿Cómo puede hablar tanto? dijo Rose a Albus.

¿Por qué lo dices?

Oh, por Merlín, tienes suerte de no haber estadoa solas con ella. Habla y habla y habla sin parar. Parece que nunca se canse,¡y te lo digo muy en serio!

Él rio, y cuando James y Blake volvieron, sefueron todos hacia el castillo.

Albus le llamó Blake, de verdad creo que tedeberías presentar a las pruebas para golpeador el año que viene. Con un pocode entrenamiento, ¡serías un golpeador genial!

¿De verdad? ¡Gracias, Blake! Quizás lo haga.

¡Oh, sí! ¡Es una idea excelente! Podré ganarle entodos los partidos que hagamos.

No si mis bludgers te alcanzan antes se burlóAlbus. James le rodeó el cuello con su brazo y le revolvió el pelo. ¡Aj,James! ¡Quita!

James rio, soltó a Albus y le dio un suaveempujón.

¿Vais a seguir viéndoos con Malfoy? preguntóJames a Rose, mientras Albus corría detrás de Blake para alcanzarles, ya que sehabía quedado atrás por el empujón de su hermano.

Quizás. No parece mal chico.

¡Ho, ho! Pues cuidado con tío Ron. No parecíamuy contento de ver a los Malfoy en el andén.

¿Y tú cómo sabes eso? Ni siquiera estabas allí ledijo Albus.

Yo lo sé todo, hermanito, todo

Rose, Blake y James rieron, pero Albus miró a suhermano sarcásticamente.

 



¡Hola, mis queridos lectores/as! Espero que este capítulo os haya gustado, aunque es un poco lento, pues me gustaría que conocieseis muy bien a los personajes que seguiremos durante toda la historia :) ¿Cuál es el personaje que os gusta más de momento? ¡Dejad un comentario, me encanta leeros!

Ya era viernes, y Albus ya había acudido a todaslas clases de primer curso. Todas tenían su punto interesante, todas legustaban bastante, todas menos una. Historia de la magia era la peor asignaturaa la que Albus había tenido que enfrentarse. El profesor Binns, un fantasma,tenía el tono más monótono y aburrido que Albus tenía la desgracia de conocer.Nadie soportaba sus clases, y su voz servía como somnífero para la mayoría dealumnos. Ni siquiera Rose podía soportar esas clases. Y había otro profesor quea Albus no le gustaba. La directora Morgan. Se alegró al no haberla tenido deprofesora, pues creía que la profesora Morgan no estaba destinada a enseñar. Laverdad es que Albus no la veía ejerciendo ninguna profesión que no fueseaurora. Morgan mantenía siempre la misma expresión y el mismo tono de voz. Nadacambiaba un ápice ni en su rostro ni en su voz, jamás. Albus no podía creer enla carencia de expresión, pero Morgan le recordaba que así era cada vez quereñía a alguien con la misma mirada y el mismo tono de voz que usaba cuando felicitabaa alguien. Lizzie sostenía que eso era imposible, y que debía ser algún hechizoque salió mal. Cuando Albus lo comentó delante de James, Blake y Anne, ellos ledijeron que habían muchos rumores sobre cómo Morgan había llegado a esasituación. Muchos pensaban como Lizzie, pero otros decían que de pequeña fuetestigo del asesinato de su familia por parte de Voldemort, y que desdeentonces perdió la habilidad de expresión. Otros decían que en realidad no erahumana, y que había sido una transformación incompleta de animal a ser humano oviceversa. Por supuesto, nadie se lo había preguntado a la profesora directamente,por lo que seguiría siendo un misterio.

Después de comer, se reunieron Albus, Rose, Lizziey Scorpius en el vestíbulo. Los viernes no tenían clases por las tardes, asíque fueron al patio exterior y se sentaron en un banco.

La verdad es que esperaba que las clases fueranmás difíciles. ¿Vosotros no? comentaba Rose.

Pues no sé. Algunas son fáciles y otrasdifíciles dijo Albus.

Eso no es verdad dijo Lizzie. Yo creo queninguna es fácil o difícil. Yo las clasificaría de aburridas e interesantes. Porejemplo, Historia de la Magia es el peor aburrimiento del mundo, y DefensaContra las Artes Oscuras es una pasada.

Los cuatro rieron. Rose estaba mucho más relajadaque al principio de la semana porque había comprobado que los deberes eranfáciles y rápidos de hacer, y además se le daban bien todas las asignaturas. Lizzie,en las clases que se aburría, solía dormirse o sino dibujaba en los marcos delos libros. Albus era como una mezcla de las dos. Cuando se aburría, losprimeros días también dibujaba en los libros, pero después descubrió la técnicade apuntar en un pergamino todo lo que el profesor explicaba, y eso le ayudó aseguir la clase; y en las clases que le gustaban, él era siempre uno de los primerosen conseguir lo que el profesor pedía. Scorpius, en cambio, se dedicaba plenamentea todas las clases. Hacía todos los deberes el mismo día que se los mandaban,estaba atento en todas las clases, y usualmente era el mejor y el que másrápido entendía las lecciones.

 

Pues a mí, Historia de la Magia me gusta dijotímidamente Scorpius.

Debes de ser el primero en siglos
le dijo Lizzie.

Albus rio, y metió la mano en el bolsillo de latúnica. Tocó algo en su interior, y lo sacó, sin saber qué era. Estabasujetando un papel. Una carta. Se acordó que la mañana anterior, Zorion, su lechuza, le había entregadoesa carta de sus padres, y no se había acordado ni de leerla y de responderla.Se sintió avergonzado por ello, y les dijo a los otros niños que lo disculpasenun momento mientras leía y contestaba la carta de sus padres.

Querido Albus,

Estamos muy contentos de que Hogwarts te guste, y que te apliques tanbien a las clases. Ya verás que si les coges el truco al principio de curso, elresto te será mucho más fácil. Por supuesto, estamos orgullosos de la casa enla que quedaste. Nos parece genial que haya variedad en casa, y si tú estáscontento, no sabemos qué más podemos pedir.

Sobre lo que nos contabas en tu última carta, sentimos no habertedicho nada. No sabíamos que te afectaría tanto no saber lo de la guerra.Creímos que no era necesario que vuestros hermanos y tú lo supieseis, y no hayninguna otra razón importante por lo que lo hicimos. Sólo pensábamos envosotros.

Tío Ron y tía Hermione nos han dicho que a Rose le va muy bien,salúdala de nuestra parte. ¿Y ésa amiga tuya, Elizabeth? Esperamos que tambiénle vaya bien. Salúdala a ella también de nuestra parte, y a Scorpius Malfoy,que por lo que nos has contado, estamos seguros que le va bien.

Nosotros estamos bien. ¡Lily te manda recuerdos! Está ansiosa porverte y que le cuentes cosas sobre Hogwarts.

PD: ¡Recuerda que Hagrid te invitó hoy a tomar el té!

Un abrazo fuerte,

Mamá y papá.

Albus suspiró cuando acabó de leer la carta. Sela guardó en el bolsillo de la túnica y decidió contestarles después de visitaresa tarde a Hagrid.

Mis padres os mandan recuerdos.

¡Ah, sí! Y los míos a vosotros, que esta mañaname han mandado una carta recordó Rose.

¿Tu padre sigue enfadado por
eso? preguntó Lizzie.

A tío Ron le molestó que Rose se hablase con Scorpius.Le recordó lo que le dijo en el andén, antes de subir al expreso de Hogwarts,pero Rose se negó a dejar de pasar rato con Scorpius, así que eso enfadó aúnmás a tío Ron.

Sí. No quiero ni pensar qué dirá cuando le veaen vacaciones.

Bueno, aún falta mucho para eso. Seguro que setranquiliza hasta ese momento la consoló Lizzie.

Ojalá tengas razón.

¿Por qué está enfadado tu padre? le preguntóScorpius, en un tono bajo.

Albus estaba seguro que Scorpius no queríainmiscuirse en asuntos ajenos, pero que si pasaba con ellos la mayoría deltiempo, tarde o temprano tendría que hacerlo. Aunque eligió una mala cuestión.

Porque
Cree que tendría que esforzarme más enlas clases de Historia mintió Rose.

¿Pero qué os pasa con esa asignatura? Yo creoque es muy interesante, y me lo paso bien en las clases confesó Scorpius.

Los otros tres miraron boquiabiertos a Scorpius.

 

Has dicho
¿Has dicho que te lo pasas bien? ¿Quete lo pasas bien? le preguntó Albus,totalmente anonadado.

¡Pero si es la clase más aburrida del mundo!exclamó Lizzie.

Sí, si os limitáis a escuchar al profesor.

¿A qué te refieres? pidió Rose.

Bueno, yo lo que hago para no aburrirme esconvertir todo lo que el profesor dice en algo gracioso. Por ejemplo: si hablade la revuelta de las brujas en 1836 me imagino a unas brujas feas y con ropavieja pidiendo más derechos para poder comprarse varitas nuevas que les puedanarreglar la cara y la ropa.

Rose rio a carcajadas, y los demás rieron conella.

¡Eso es genial! exclamó Rose. Tendré queponerlo en práctica

Poco antes de las tres, los cuatro (Albus habíainvitado a Scorpius a venir con ellos) salieron del colegio en dirección a lacasa de piedra colocada al lado del bosque. Al llegar a la puerta, Albus llamócon los nudillos. Dentro de la casa se oyó ladrar a un perro, y después la vozde Hagrid diciendo:

Gynna,sentada.

Oh, no. ¿Tiene un perro? preguntó Lizzie. Albusy Rose asintieron. Es que soy alérgica.

Intenta no acercarte mucho a ella.

Los ladridos del perro se sustituyeron por unlloriqueo ansioso. La puerta se abrió dejando ver la peluda y canosa barba deHagrid.

¡Pasad, pasad! ¡Estáis en vuestra casa! ¡Oh!Pero si sois cuatro

Ah, sí. Hagrid, él es Scorpius Malfoy. Scorpius,él es Hagrid presentó Albus.

Sí, ya me acuerdo de usted dijo Scorpius,agitándole la mano a Hagrid, que parecía gigante comparada con la de Scorpius.Es quien nos guio al castillo cuando bajamos del tren, ¿verdad?

Sí, ¡ese soy yo! Yo me acuerdo que te vi durantela selección. Ravenclaw, ¿eh? Bueno, bueno, ¡pasad! ¡No os quedéis fuera!

Cuando los niños entraron, Gynna fue a saludar a Albus, quien la acarició un poco, y despuéssaludó a Rose. Ella se agachó y se puso a jugar con el perro. Albus vio a Lizziealejarse todo lo que pudo de Rose y Gynna,y luego observó la casa. Estaba todo ordenado, aunque un poco descuidado. Lasparedes estaban hechas de piedras irregulares, pero firmes. La casa tenía doshabitaciones: en la que estaban ahora había una mesa de madera y tres sillasalrededor de ella entre la puerta de entrada y la chimenea, y enfrente de estaúltima había un sofá y dos sillones: uno a cada lado del sofá. Al otro lado dela entrada y al lado del sofá, había una pequeña cocina. Albus supuso quedetrás de la puerta que había al lado de la chimenea y el sofá estaría lahabitación de Hagrid.

Hagrid, ¿construiste tú solo esta casa? preguntóAlbus, mirando a Hagrid.

Oh, no. Los profesores de Hogwarts me ayudaroncon un poco de magia, ¡y Grawp también participó! Se puso muy contento por poderayudar.

¿Él está bien?

¡Sí! Desde que la directora, quiero decir, laantigua directora le ayudó a encontrar una cueva donde estuviese cómodo, todoestá yendo de perlas. Bueno, tampoco tanto, pero su situación ha mejoradomucho. Claro que se merecía algo así después de participar en la guerra.

Albus oyó que Scorpius le preguntaba a Lizzie envoz baja: «¿Quién es Grawp?», y miró a los dos niños con disimulo. Vio a Lizzieencoger los hombros y poner una expresión de desconocimiento. Era mejor que nolo supiesen. Al menos, no tan pronto.

 

¿Y tú estás bien? preguntó Rose, cuando hubodejado de jugar con Gynna.

¡Estupendamente! Cuando no estoy dando clases,voy a la cueva con Grawp, o al Bosque Prohibido para explorar. ¡Pero nohablemos de mí, habladme de vosotros! ¿Cómo ha ido vuestra primera semana?¡Oh!, ¿queréis té?

Sí, por favor contestaron Rose y Albus a lavez.

Yo también, por favor pidió Scorpius.

Gynna,¡déjala! exclamó Albus al ver a Gynnaintentando lamer a Lizzie. Hagrid, Lizzie es alérgica a los perros, y Gynna

¡Oh! Gynna,perra mala, ¡ven aquí!

El perro se alejó de Lizzie, y por orden deHagrid, se tumbó al lado de la chimenea.

Lo siento, es una perra muy cariñosa sedisculpó Hagrid.

No pasa nada.

Siéntate. Te llamas Elizabeth, ¿verdad? ellaafirmó mientras se sentaba al lado de Rose en el sofá. Dime, Elizabeth,¿habías hecho magia antes?

Bueno, la verdad es que no había hecho magiaantes, pero sabía que existía. Mi padre era mago, pero murió antes de poderenseñarme algo.

Oh, vaya, lo siento.

No importa.

¿Y qué tal las clases? Veo que los amigos ya loshabéis conseguido, ¿eh?

Los cuatro rieron mientras se miraban entreellos. Scorpius lo hizo más avergonzado que los demás. Era demasiado tímido conlos desconocidos, pensó Albus.

Las clases son más fáciles de lo que pensaba, yno ponen demasiados deberes dijo Rose

Los cinco estuvieron discutiendo animadamentesobre las clases, los deberes y los profesores mientras tomaban el té queHagrid había preparado.

Los niños volvieron al castillo media hora antesde la hora de la cena. Cuando entraron al castillo, encontraron a mucha genteen el vestíbulo, hablando entre ellos, lo que no era nada común.

¿Por qué hay tanta gente aquí? preguntó Albus.

No lo sé. Habrá pasado algo dijo Rose.

¡Lizzie! ¡Rose! gritó alguien.

¡Ah, Sabrina! Lizzie saludó con la mano porencima de las cabezas de los que estaban allí.

Sabrina, la chica castaña de Gryffindor que eramiembro del Club de las Eminencias, se acercó a los cuatro niños.

¿Os habéis enterado de lo que le ha pasado aJames Potter con Vergilius Sekinci? preguntó entusiasmada. Los cinco negaroncon la cabeza. Parece que Sekinci y Potter discutieron por algo, y Potter ledio un puñetazo en la nariz. ¡Se la rompió! Entonces Sekinci le devolvió elgolpe, ¡empezaron a pelearse! Pero dicen que los pilló algún profesor, y loscastigó a limpiar toda la sala de trofeos, ¡juntos! ¿No creéis que es un pocoestúpido? Quiero decir, se supone que los estaban castigando por pelearse entreellos, ¿y les ponen el mismo castigo el mismo día y la misma hora? ¡No tiene nadade sentido! Ah, por si no lo habíais podido imaginar aún, se volvieron apelear. ¡Pero no con puñetazos! ¡Empezaron un duelo de magos! Destrozaronalgunos de los trofeos y de las vitrinas. ¡Pero eso no es todo! Hubo algúnprofesor que oyó los ruidos, y fue corriendo hacia la sala de trofeos, perocuando llegó, ¡Potter no estaba! ¡Desapareció de un momento a otro! ¡Sekinci nole vio irse! ¡Es muy raro! La directora está hablando ahora con Sekinci, haymucha gente que dice que lo expulsarán. Potter no ha aparecido aún, nadie sabedónde está, ni siquiera sus dos amigos, Eldred y Hayes. ¿Vosotros le habéisvisto? ¿Sabéis dónde está? Es tu hermano, ¿no te suena ningún sitio al quepueda haber ido?

 

Eeh
No, ni idea contestó Albus, un pocoaturdido. Pero, a ver, ¿cómo pudo desaparecer?

¡Eso es lo que se pregunta todo el mundo! ¡Nadielo sabe!

No entiendo nada dijo Scorpius. Nadie puededesaparecerse en Hogwarts. Y aunque se pudiera, no creo que James Potter sepadesaparecerse. Es demasiado avanzado para su curso.

Albus miró a Sabrina, que alzó las cejas y movióla cabeza en señal de «Os lo dije».

De golpe, el alboroto que se había formado empezóa disminuir. Los alumnos hablaban en voz baja y todos miraban hacia laescalera. Los niños también miraron la escalera, pero no veían nada. Scorpius yAlbus se pusieron de puntillas, ya que eran los más altos de los cuatro. Sinembargo, seguían sin ver nada. Sabrina se escabulló entre la gente, y volvióunos momentos después para informarles que Sekinci estaba pasando entre elgentío.

Cuando Sekinci hubo entrado en el Gran Comedor,los susurros crecieron de tal manera que Albus casi tuvo que chillar para queRose, Lizzie y Scorpius le escuchasen proponer alejarse de allí.

Sentado ya en la mesa de Slytherin, Albus seenteró gracias a Cian y a Richard que el castigo de Sekinci constaba en pasartres tardes completas junto a Filch ayudándole a cuidar el castillo y susalrededores durante los próximos dos meses. Aunque sus dos compañeros de casa,y Albus mismo, se alegraban que Sekinci recibiese ese castigo, no dejaban depreguntarse qué habría sido de James. No apareció durante la cena, y Albusempezó a preocuparse. Cuando salieron del Gran Comedor, Albus se acercócorriendo a Blake y Anne y les preguntó si ellos sabían algo de su hermano.

No, estamos tan desinformados como tú contestóBlake.

¿Y no tenéis idea de dónde puede estar?insistió Albus.

Rose, Lizzie y Scorpius aparecieron por detrás deAlbus y esperaron la respuesta de Blake.

No, nada repitió Blake.

La verdad es que últimamente no cuenta connosotros para nada comentó Anne. Está como absorto en algo, no sabemos quées.

Este verano también ha estado absorto en algoañadió Rose.

Albus la miró sin entender a qué se refería.

Sí, en molestarme con lo de ser seleccionadopara Slytherin admitió después.

¿Por qué te molestaría con eso? preguntó Lizziesin comprender.

Larga historia le dijo Albus simplemente.

No, pero aparte de eso insistió Rose. Ha leídomuchos libros. Su habitación estaba llena de libros. Y eso no es normal en él.

La verdad es que no soportó Blake. James nocoge un libro si no es para experimentar con él.

¿Creéis que trama algo malo? cuestionóScorpius.

No, malo no. Genial contestó Blake, con unasonrisa pícara.

Debemos averiguar qué está haciendo le dijoAnne a Blake y le cogió el brazo, emocionada.

Ambos se fueron corriendo escaleras arriba,mientras Anne le decía a Blake, aún incrédula, «Libros, tío, ¡libros!».

No sé si hemos ayudado a mejorar la situacióncomentó Albus.

No. Seguramente hemos causado que próximamentehaya tres personas desapareciéndose por el castillo le confirmó Rose.

¡Pero eso es aún mejor! exclamó Lizzie, concierta diversión brillando en sus ojos. Sekinci va a estar castigado durantetodo el año
¡Les diré que le hagan algo al hermano pequeño, también!

 

Lizzie salió corriendo detrás de Blake y Anne, yRose rio.

La verdad es que eso sería genial.

Rose
le regañó Albus tiernamente.

¿Qué? Lo sabes tan bien como yo. Hasta Scorpiusse divertiría si eso pasase.

No, no creo contradijo Scorpius.

Nah, tienes razón, eres demasiado soso.

No soy soso, sólo
diferente dijo con un tonode voz más bien bajo. Se parecía a un perrito cuando perdía de vista la pelotaque le has estado haciendo mirar durante un rato.

Rose rio y le pasó la mano por el rostro paramolestarle. Él se quejó y apartó la cara de ella.

Vamos a la cama, estoy cansada.

Albus pasó la mañana siguiente en su sala comúnjunto a Richard y Cian. Albus descubrió que a Richard se le daba muy bien jugaral ajedrez mágico, y Cian ganó casi todas las partidas que hicieron deGobstones. Pero Albus demostró su habilidad con los naipes explosivos y lesganó en casi todas las partidas. Durante la comida, Albus volvió a preguntarpor James, pero nadie le había visto aún. Habló con Blake y Anne de nuevo, perole dieron la misma respuesta que el día anterior. Pidió a Cian y a Richard quese adelantaran a la vuelta a la sala común porque quería perderse en suspensamientos por un momento. Tomó el camino más largo, y cuando le quedaban escasosmetros para llegar a la puerta de la sala común, un cuadro se abrió y salióJames. Ambos hermanos se quedaron mirando. James estaba muy sucio, tenía rasgadurasen la ropa y heridas pequeñas en la cara y en las manos.

¡¡James!!

Albus abrazó a James y este abrió los ojos de lasorpresa.

Hola, pequeñajo.

¿¿Dónde has estado??

No hables tan alto.

Le cogió del brazo y le arrastró por otro pasillomás refugiado.

¡James, ¿qué ha pasado?! exclamó en voz baja.¿Dónde estabas? ¿Cómo desapareciste? ¿Por qué no has aparecido hasta ahora?¿Alguien más sabe
?

Eh, eh, eh, cállate ya. Acabo de volver y sólome has visto tú, ¿vale? dijo con una mueca entre nervioso, cauto y patoso.

¿Y me vas a contar algo?

Puede. Si te callas miró por los pasillos porsi venía alguien.

¡No! No voy a callarme. Has desaparecido por undía entero, James. Dime qué ha pasado.

Eres un crío insistente, ¿eh? Y no ha sido undía entero Albus le dirigió una mirada severa para insistir aún más en queJames hablase. No, para, no me mires así James tapó los ojos de Albus con sumano para no tener que ver la mirada que le estaba echando.

Albus apartó la mano de James y dijo una vez másel nombre de su hermano.

Mira, no ha pasado nada importante, ¿vale? Sólonecesito llegar a mi sala común sin que me vea ningún profe.

¿Por qué?

¡Me castigarán! dijo como si fuese obvio. Asíque saldré de la sala común como si hubiese estado enfermo y así me libraré.

James, han registrado tu sala común, nunca secreerán que has estado enfermo. Podría ayudarte si me dijeses dónde has estado.

¿Me ayudarías en serio? James miró estupefactoa su hermano.

Si me dices qué te ha pasado.

Ambos hermanos mantuvieron el contacto visualdurante unos segundos.

No puedo dijo finalmente James.

Suspiró, revolvió desganado el pelo de su hermanoy se alejó.

 

Sé por dónde has salido dijo Albus sin alzar lavoz, pero lo bastante alto para que James le oyese. Sólo tengo que seguir elpasillo que seguramente hay detrás del cuadro del bosque deformado.

¡No lo hagas! James se acercó muy rápido aAlbus y se quedó muy cerca.

¡Estoy preocupado por ti! ¡Desapareces por undía y cuando vuelves tienes la ropa rasgada y estás herido! Por Merlín, dimequé ha pasado.

No-ha-sido-un-día-entero. Caí por una cañería,¿de acuerdo? Y no sabía volver.

¿Y ya está? ¿Ese es el gran dilema?

James resopló, ya creyéndose incapaz el librarsede Albus.

Encontré una cámara.

Albus miró fijamente a los ojos a James.Obviamente Albus había estado buscando información sobre Voldemort y sobre supadre durante esa semana. Sabía todo lo que debía saberse de la vida de HarryPotter durante su estancia en Hogwarts.

¿Qué cámara?

James le escudriñó con la mirada y se le escapóuna sonrisilla.

Eres lo suficientemente listo para saber a quécámara me refiero. Siempre has sido más inteligente que yo. Y por eso mismo séque tampoco entrarás en ese pasillo de detrás de ese cuadro.

Albus intentó mantener la misma expresión, aunquepor dentro los nervios se le dispararon. Le había pillado: Albus no tenía ni lamás mínima intención de meterse en ese pasillo. James torció la sonrisilla y sealejó.

Pero te has asustado cuando lo he dicho.

James rio y encogió los hombros.

Me he dejado llevar por la impresión y lemostró los dientes en una sonrisa.

Albus emprendió el camino de nuevo hacia su salacomún, pero se giró cuando oyó a James hablarle.

Pero
No entres. Te harías daño, está hecho undesastre ahí dentro.

Albus sonrió y James se rascó la parte posteriorde la cabeza y resumió los labios en una línea. Albus se le quedó mirandomientras pensaba en algo.

Quédate escondido hasta las tres, más o menos.

James le devolvió la mirada con el ceño fruncidoy bajó el brazo.

Hum
No, nada de esconderme. Me iré al Baño delos Prefectos. Es el lugar idóneo para encontrar a un alumno de tercero, ¿nocrees? bromeó de forma sarcástica y se alejó con una sonrisa.

Albus llamó a la puerta del despacho de Slughorny abrió la puerta al recibir el permiso desde el otro lado.

¡Oh, Albus, muchacho! ¡Entra, entra! Albuscerró la puerta tras de sí y se acercó al profesor, que estaba sentado en unsillón al lado de la chimenea apagada y con un libro en las manos que estabacerrando y dejando en una mesita. ¡Has llegado pronto!

Sí, señor, es que quería hablar un momento asolas con usted. ¿Tendría un momento?

¡Oh! Claro, claro. Siéntate.

Albus se sentó en el sillón que había al otrolado de la chimenea, justo enfrente del sillón en el que estaba Slughorn.

¿De qué se trata?

Verá
Supongo que habrá oído lo de ladesaparición del mi hermano.

¡Ah, sí! Pobre muchacho
Debes de estarpasándolo mal.

Bueno, la verdad es que
Slughorn lo miró unpoco confuso. Señor, nos hemos metido en un lío la expresión de Slughorn pasóde cálida a distante, pero aún no se había protegido del todo: estaba dispuestoa escuchar a Albus. Verá, yo quería ir a ver a mi hermano durante su castigo,por si quería algo, y vi que Sekinci y él se estaban peleando. Sekinci le quitóla varita a James, y yo saqué la mía y le hice perder el conocimiento. Ayudé aJames a esconderse, y para evitar otro enfrentamiento con Sekinci, le dije quese quedase escondido hasta esta tarde. No pensé que fuese a haber tanto revuelo
Cuando aparezca le harán preguntas, y nos castigarán a ambos. Lo único quehicimos fue defendernos de Sekinci
Y yo me preguntaba si usted podríaayudarnos. No creo que ningún profesor más lo hiciese, usted es nuestra únicaesperanza.

 

Albus
Vaya, lo siento, pero
No puedo ayudaros,debo hablar con la directora Slughorn lo dijo realmente apenado y le dedicóuna tímida sonrisa a Albus.

Albus simuló decepción.

Comprendo
Siento habérselo pedido.

No importa, de verdad. Me siento muy honrado deque confíes tanto en mí.

Albus le dedicó una sonrisa triste y ambos sequedaron en un silencio un tanto incómodo.

¿Quieres un poco de licor de chocolate?

Claro, gracias.

Slughorn sirvió dos vasos y le entregó uno aAlbus antes de volver a sentarse.

Sólo por curiosidad: ¿cómo dejaste a Sekinciinconsciente?

Usé el hechizo everte statum.

La mirada de Slughorn cambió radicalmente. Losojos le brillaron y Albus se convirtió en algo único a sus ojos. Albus ocultó tanbien como pudo su sonrisa de triunfo.

Está bien. Os ayudaré Albus le dedicó unasonrisa feliz, pero será la única vez que lo haré, ¿de acuerdo?

¡Claro!

Nada de duelos extraoficiales, ¿está claro?

¡Sí, señor!

Está bien. Entonces será mejor hacerlo cuantoantes. Voy a hablar con la directora.

Albus no imaginaba que serían tantos alumnos esatarde. Había representantes de casi todos los cursos y todas las casas, aunquepodía decir orgulloso que la casa que más destacaba era Slytherin (no llevabanlos uniformes pero cada uno se presentó diciendo su nombre y su casa). Eran entotal dieciséis alumnos, entre los que se encontraban sus primos Roxanne,Louis, Dominique y Victoire. A Albus le hacía gracia que más de la mitad delclub fuesen Slytherins y casi todo el resto fuesen Weasleys. Victoire lesexplicó a Albus y Rose que no todos los que hay en la primera reunión del cursoes seguro que se queden en el club, pues la primera reunión es la prueba quetienen que pasar todos para poder entrar. Slughorn les hizo una pequeñaentrevista a todos para saber todos los detalles posibles de cada uno: Roxanneestaba allí por su gran inventiva y creatividad con los hechizos y los objetosmágicos; Louis, Dominique y Victoire eran alumnos excelentes; Nick Griffin, deRavenclaw, era el jugador de quidditch más destacado del colegio; ParisVirgorinne estaba allí por el mismo motivo que su hermana Europa; las gemelasCourtney y Elsa eran de las mejores alumnas que había en el colegio, y una deellas era la chica con la que Albus había hablado la primera noche que pasó enel colegio; Spencer Pemberton era la alumna con más premios desde hacía unosaños; y Aelia Sekinci era fría y reservada como sus hermanos menores, pero concada comentario que decía demostraba que era muy inteligente. Rose no se veíacapaz de competir contra ella y hubiese querido que Scorpius estuviese allí,pues creía que él sí estaba a su altura. Aelia era una alumna de séptimo, deSlytherin, alta, de porte aristocrático, con las facciones muy rectas (igualque sus hermanos menores), con el pelo ondulado y castaña. Sus ojos tambiéneran castaños, pero tenía una mirada tan fría que daba la sensación de que lostenía castaños pálidos. Podía ocultarse cualquier cosa detrás de esos ojos:realmente no podías leer a través de ellos. Eran como un muro enorme que nodejaba pasar nada en ningún sentido.

 

He oído que tu hermano ya ha aparecido, Pottercomentó Aelia. ¿Son muy profundas sus heridas?

Albus se la quedó mirado. Sabía que estabaherido, ¿pero cómo? James debía de haber aparecido hacía una media hora, y paraentonces ya estaban todos en el despacho de Slughorn. No podía saberlo. ¿Lohabría dicho al azar?

Supongo que lo tendrás que juzgar por ti mismacuando le veas.

Aelia no dejó que su rostro expresase nada ydesvió la mirada de Albus.

¿Qué ha sido eso? le susurró Rose.

Él se limitó a encoger los hombros y a menear lacabeza. Ella le miró con el ceño fruncido.

La tarde fue, por menos, un tanto incómoda, almenos para Albus. Ser escogido para formar parte de un club sólo por quiéneseran sus padres le molestaba. Estaba claro que se había ganado el respeto deSlughorn con aquella mentira, pero todos habían entrado en un principio por susfamilias. Era terriblemente injusto, pues Scorpius, a pesar de ser unestudiante excelente, no había recibido invitación por culpa del pasado de supadre. A pesar de la insistencia de Rose en que lo dejase pasar, Albus no iba ahacerlo, y estaba decidido a demostrar que tanto él como sus amigos teníanderecho a formar parte de ese club. Es más, pensó incluso en fundar su propioclub.

¿Pero de qué quieres que sea el club? lepreguntó Rose mientras se dirigían al vestíbulo, donde les esperaban Lizzie yScorpius.

No lo sé, pero me gusta la idea de formar unclub. Así conoceríamos a gente nueva, nosotros nos conoceríamos más

Así que tiene que ser un club donde estemos loscuatro.

Claro.

Hum
Quizás entre todos se nos ocurre algo.

Seguiríamos la tradición familiar, ¿no? La Ordendel Fénix, el Ejército de Dumbledore

Rose le lanzó una mirada pícara.

Entonces tendríamos que crear un clubextraoficial y dedicado a derrotar a algún Señor Tenebroso.

Pero como no hay ningún Señor Tenebroso lo tendremosque crear para otra cosa.

Rose rio y ambos entraron en el vestíbulo. Cuandose hubieron reunido con Lizzie y Scorpius, Albus comentó lo del club.

¡Me parece genial! exclamó Lizzie. ¿Cómo sellamará? ¿«Odiemos Todos Juntos a los Hermanos Sekinci»?

La verdad es que yo siempre he querido ser unanimago comentó tímidamente Scorpius.

¡Animago! exclamó Albus. A mí también me gustaría.Pero es algo muy, pero que muy avanzado para nosotros.

Y también muy peligroso añadió Rose. Se tardaaños en perfeccionar el hechizo, y ni siquiera entonces es seguro que salgabien. Sólo magos habilidosos y poderosos lo consiguen.

Bueno, según los registros, Pettigrew no era muyinteligente y lo consiguió le dijo Albus a Rose.

Rose le miró entre severa e insegura.

No pensarás hacerlo en serio, ¿verdad?

Albus se disponía a contestar cuando Scorpius sele adelantó.

No
No pretendía empezar una discusión. Sólocomentaba

Podríamos ir practicando propuso Lizzie.Empezar cuanto antes y poco a poco ir mejorando. No sé de qué va todo esto,pero no tenemos que hacerlo ya.

 

Vale, vale intervino Albus. Olvidemos el temade hacernos animagos. El nombre que ha propuesto Lizzie tampoco me parece mal

Se oyó un potente trueno. Los cuatro niños buscaronuna ventana para mirar el tiempo. Estaba cayendo un diluvio. El cielo seiluminaba con los relámpagos y algunos truenos hacían temblar el castillo. Todoestaba muy oscuro y la pobre cabaña de Hagrid parecía aún más pequeña ydesprotegida.

Decidieron ir a la biblioteca para hacer deberes,así que cada uno fue a su sala común para coger las mochilas antes deencontrarse todos en la puerta de la biblioteca. Albus cogió la mochila dedebajo de su cama, y cuando se levantó del suelo con la mochila en un hombropara irse, vio un sobre encima de su almohada. Con el ceño fruncido cogió elsobre, que tenía escrito su nombre en el reverso, y lo abrió. Desdobló el papelque había dentro y leyó:

Quizásla próxima vez aparezca muerto. Cuídale bien.


¿Quién te mandaría esto? preguntó Lizzie, unavez sentados en una de las mesas de la biblioteca, cuando Albus les enseñó lanota que había encontrado en su cama.

Obviamente debe de haber sido alguien deSlytherin dijo Rose, y tengo una buena idea de quién ha podido ser.

Podría haberla dejado una lechuza contradijoLizzie, así que podría haber sido de otra casa.

No, te estás confundiendo le contestó Rose. Lasala común de Slytherin está en las mazmorras, y sus ventanas dan al lago. Noes como en la nuestra, que pueden entrar lechuzas.

Ah, ya.

Lo más raro no es quién la haya mandado confesóAlbus. Lo raro es que no me pide nada. Quiero decir que no me estáchantajeando. Y tampoco es una amenaza.

Es una advertencia se dio cuenta Scorpius, yAlbus asintió como para decir «correcto». Entonces, ¿crees que es peligroso elsitio al que va tu hermano?

¡Pone que a la próxima puede aparecer muerto!Debe ser peligroso Albus resopló. No sé qué hacer.

Pero entonces hay alguien que sí sabe adónde vay qué hace insistió Rose, y agitó la nota en el aire. Y ese alguien quiereasustarte para manipularte y que sigas a James si se vuelve a ir.

No es lo que pone repitió Albus.

Es cierto corroboró Scorpius. Sólo le pide quele cuide. Como ha dicho antes Albus, en la nota no le está pidiendo nada raro.Sólo que cuide de su hermano.

A lo mejor pretende que tú le acompañes en supróxima aventura siguió Rose.

Rose dijo Albus, que empezaba a ponersenervioso ante la insistencia de su prima, no es una conspiración. Creo queesta nota le quitó la nota a Rose y la sostuvo en el aire tiene buenasintenciones.

¿De verdad? ¿Y se puede saber quién recurre alhermano menor para que cuide del mayor?

No es tan raro opinó Lizzie. Alguien que lesconozca a los dos y sepa que Albus es más maduro que James, por ejemplo. Yotuve una amiga que era más responsable que su hermano mayor y su madre le decíaque cuidase de él en vez de al revés.

Creo
que nos estamos desviando del tema opinóScorpius en voz baja.

Sí retomó Albus. La cosa es: ¿qué hago?

Seguirle cuando vuelva a salir a escondidas.

Rose

Quizás sólo es alguien que, al igual que tú,está preocupado por James empezó a decir Scorpius, y ha recurrido a ti paraque intentes persuadirlo porque a esa persona no le hace caso.

 

Pero entonces, ¿por qué hacerlo en secreto?preguntó Lizzie. No tiene mucho sentido, ¿no? Y en realidad Rose tiene razón:debe de haber sido alguien de Slytherin. ¿Y vosotros conocéis a alguien deSlytherin que quiera proteger a James? No sé, es todo muy raro.

La nota la puede haber dado cualquiera a unalumno de Slytherin y pedirle que la dejase en la cama de Albus teorizóScorpius. Pero no quiero volver al tema de quién ha sido. Lo que intento decires que si, como yo digo (y es lo que en mi opinión es más lógico), ha sidoalguien de confianza, lo que deberías hacer, Albus, es hablar con James paraintentar convencerle de que no vuelva, o si vuelve que lo haga protegido.

Haz caso al Ravenclaw dijo Lizzie y rodeó aScorpius con un brazo, creo que es el que tiene más sentido común. Que porcierto: ¿sabéis lo que es el «sentido común»? Porque todo el mundo lo dice,pero ni idea de qué significa.

¿Y entonces por qué lo dices? preguntódivertida Rose.

Quedaba bien en la frase.

Creo que esperaré dijo Albus después depensarlo unos minutos. Si vuelve a desaparecer o vuelve a tener heridas,hablaré con él.

¡Pero pone que a la próxima puede aparecermuerto! exclamó Lizzie e intentó no alzar mucho la voz, pues aunque estabanmuy apartados de las demás mesas en la biblioteca, no quería molestar.

Ya lo sé, pero cuando me lo encontré ya intentéhablar con él, y por lo que me dijo, sé que no me hará caso si le intentoconvencer de que no vuelva agitó la cabeza rendido. Es que no puedo hacernada más.

Todos se quedaron callados durante unos minutossin saber qué decir.

El sentido común es la capacidad natural dejuzgar los acontecimientos y eventos de forma razonable según la visión de unacomunidad dijo Scorpius.

Todos se le quedaron mirando y Lizzie empezó areír. Le siguieron Rose y Albus, y finalmente Scorpius.

James continuó desapareciendo, pero no por tantotiempo. Normalmente eran transcursos de una tarde, lo suficiente para nopreocupar sobremanera a sus amigos ni a Albus. Así que para Albus el mes deseptiembre pasó sin más problemas. El cuatro de octubre celebró su cumpleañosantes de la cena con un partido de quidditch. Invitó a Rose, Scorpius, Lizzie,Charlie, Cian y Richard. Como Charlie nunca había montado en una escoba antesde septiembre prefirió no arriesgarse y hacer solamente de árbitro. Los equiposfueron compuestos por Rose, Cian y Lizzie y por Albus, Scorpius y Richard.Lizzie tuvo problemas al principio, pues habiendo crecido rodeada de muggleshabía tenido pocas ocasiones para subirse a una escoba y menos para aprender ajugar a quidditch. Aun así, Rose y Cian lo compensaban con creces, y al finalquedaron muy igualados. Decidieron darlo por empate, y todos fueron corriendo yriendo al comedor para cenar. Hablaron de quidditch y de presentarse para elequipo el año próximo, y después Cian, Richard y Charlie se fueron a losdormitorios para descansar. Albus esperó a que Rose, Lizzie y Scorpius salieranpara ir a dar un paso por el castillo antes de ir a dormir, y cuando ya estabande camino a sus salas comunes, vieron una sombra pasar rápida hacia la sala delos trofeos. Rose agarró el brazo de Albus y le echó un poco hacia atrás yLizzie y Scorpius entrelazaron los brazos y todos dieron un grito ahogado alver la sombra.

 

¿Qué ha sido eso? ¿Algún fantasma del castillo?¿Peeves? preguntó asustada Lizzie.

Si no ha sido ninguna de esas cosas, salgocorriendo advirtió Scorpius.

Tranquilos, seguro que no ha sido nada rarodijo Albus mientras se intentaba convencer también a sí mismo.

Rose empezó a caminar hacia la sala con sigilo.Albus y los demás intentaron pararla, pero ella se giró y dijo que no pasabanada. Todos se quedaron quietos mientras Rose avanzaba poco a poco. La luz eratenue, pues se suponía que todos debían estar ya en sus salas comunes, perodentro de la sala estaba aún más oscuro. Desde donde estaban Albus y los otros,sólo se veía una pequeña luz que se movía. Algo tocó la pierna de Albus y éldio un grito ahogado y saltó. Cuando miraron hacia abajo, vieron un esqueléticogato gris que les miraba con los ojos muy abiertos.

Oh, no, la señora Norris reconoció Scorpius.

La señora Norris empezó a maullar, cada vez másfuerte, y ellos llamaron a Rose para que volviese con ellos y se alejase de lasala de trofeos.

¡Eh, vosotros! ¡No podéis estar aquí!

La voz del señor Filch se oyó lejos en elpasillo, pero no tardaría en alcanzarles.

¡Corred! gritó Albus, y empezó a correr,seguido de los demás.

¡Eh, EH! ¡OS HE VISTO! ¡VOLVED AQUÍ!

Corrieron por los pasillos oscurecidos como siles fuese la vida en ello. Algunos retratos de los cuadros se despertaban porel ruido de los pasos y los veían pasar rápidamente por delante de sus cuadrosy a la señora Norris detrás. Pronto llegaron a las escaleras, donde Albus seseparó de los demás y fue hacia abajo. La señora Norris miró confundida haciaarriba y abajo, pero como eran más los que habían subido, siguió escalerasarriba. Pero esto Albus no lo sabía, así que corrió y corrió por las escalerasy después por los pasillos de la mazmorra. Miró hacia atrás para comprobar sialguien le seguía y se estampó contra algo que le hizo caer al suelo de culo.

¿Señor Potter?

Miró hacia arriba y los ojos amarillos y profundosde halcón del profesor Faulkner, el profesor de Transformaciones y jefe de lacasa de Slytherin, le devolvieron la mirada.

¡Señor! logró exclamar entre jadeo y jadeo.

¿Me puede explicar esto?

Señor, yo, yo
Sólo estaba paseando, y-y no medi cuenta de la hora, y cuando me di cuenta, pues corrí hacia la sala común, yentonces me topé con usted. Señor explicó entre jadeos, y al acabar tomó grandesbocanadas de aire para regular su respiración.

Levántese, Potter Albus le obedeció y quedófrente a él, aunque Albus era mucho más bajo que el profesor Faulkner. ¿Yhacía ese paseo usted solo?

Albus quería decir que sí, pero no pudopronunciar las palabras. ¿Debía mentir para proteger a sus amigos aunque elprofesor Faulkner supiera que le mentía, o decir la verdad?

No, señor murmuró. Estaba con mis amigos.¡Pero le juro que no nos dimos cuenta de la hora! ¡Por eso corríamos todoshacia nuestras salas comunes!

El profesor Faulkner suspiró sin dejar de mirar aAlbus por lo que parecieron horas.

Más le vale que no vuelva a despistarse, porquele estaré vigilando, ¿me ha entendido?

Albus soltó el aire que había estado reteniendosin darse cuenta.

Sí, señor. Gracias, señor.

Albus resopló y se alejó del profesor Faulkner.

¿Señor Potter? Albus se giró para mirar alprofesor. ¿Estaba su hermano entre esos amigos que le acompañaban?

 

No, señor.

El profesor suspiró y desvió la mirada haciaabajo. La alzó para volver a mirar a Albus cuando le habló.

Su hermano, señor Potter, es sospechoso dealgunos robos que se han producido desde hace un mes. Si no hay pruebas quedemuestren lo contrario, habrá represalias. Dígaselo, quizás si viene de ustedsurge un efecto positivo.

A Albus le cayeron las cejas en un gesto depreocupación y asintió. El profesor Faulkner le dedicó una breve sonrisa y sealejó. Albus se giró y caminó lentamente pensando en lo que le había dicho elprofesor. ¿Cómo podía convencer a James de que dejase lo que estaba haciendo?Nunca le hacía caso en nada, y además le divertía no poder ser pillado, y si lepillaban nunca se arrepentía.

Señor Potter, que no le haya castigado nosignifica que pueda pasear tranquilamente hasta su sala común.

Albus corrió y no paró hasta que hubo entrado ensu sala común. Jadeó y se fue a su dormitorio, donde a pesar de su preocupaciónpor James, se durmió rápido.

Al día siguiente, Albus se despertó pronto, perose quedó en la cama para desperezarse. Abrazó un extremo de su almohada y serestregó la cara con el otro extremo. Estaba tan a gusto que no oyó unostímidos pasos que se acercaban a su cama. Una persona con el uniforme delcolegio se puso de rodillas y se apoyó en la mesita de noche de Albus paraescribir en el reverso de un sobre que después dejó allí encima. Se alejó concuidado y salió del cuarto en silencio. Recorrió el pasillo hacia el tapiz delmago, pero el delegado, Archelaus Mulder, salió de su habitación en esemomento y la vio.

¿Aelia? reconoció Archelaus, y frunció elceño. No-no puedes estar aquí. Son las-las habitaciones de los chicos dijoavergonzado.

Sí, ya. Sólo
He ido a hablar con mi hermano.Que es de primero.

Sí, ya lo sé la interrumpió élprecipitadamente. Quiero decir, que
se aclaró la garganta y se llevó unamano a la parte posterior de la cabeza. La próxima vez, ya sabes, no-noentres
aquí hizo una mueca como si sintiese que había metido la pata y lededicó una sonrisa patosa.

Aelia Sekinci mantuvo los ojos fríos, pero suboca y el ligero enrojecimiento de sus mejillas lo dijeron todo. Le dedicó unaespecie de sonrisa que le salió más perversa que amable y se alejó deArchelaus.

De mientras, Albus en su cuarto estiró los brazosy las piernas y corrió las cortinas de dosel. Sin fijar la vista en su mesita,se vistió y fue al baño a lavarse la cara.

¡Albus, Albus! Cian entró corriendo al baño aúnen su pijama de los Murciélagos de Ballycastle ycon el pelo rizado alocado. ¡La puerta a la sala común está rota!

¿Qué? ¿Cómo que está rota?

¡Hay un boquete enorme en el muro!

Cian estaba en lo cierto. El muro que servía comoentrada a la sala común tenía un gran boquete, y los trozos de muro partido sedesparramaban por la sala común. Todos los alumnos de Slytherin estaban apelotonadosdelante del agujero, algunos aún en pijama, como Cian, otros a medio vestir,como Richard, y otros totalmente vestidos, como Albus. Los delegados y losprefectos intentaban mantener el orden y la calma, pues algunos alumnos sehabían asustado y otros se habían enfadado, aunque la mayoría estabansimplemente sorprendidos.

 

Un halcón marrón y gris apareció al otro lado delboquete y con un movimiento de alas se transformó en el profesor Faulkner.Analizó el boquete moviendo los ojos como un escáner.

Mulder, Ericson, acompañadme ordenó con la vozfirme pero delicada. Afolayan, Penzak, despertad a todos los alumnos yllevarles al Gran Comedor. Vamos.

El profesor Faulkner desapareció con losdelegados y los prefectos comenzaron a dar órdenes aquí y allá. Media horadespués, todos los alumnos del colegio estaban en el Gran Comedor, pues habíapasado en todas las salas comunes; las entradas habían sido desgarradas odestrozadas. Nadie estaba sentado respetando su casa; todos estabandesperdigados por las mesas, mayores con menores, casas mezcladas, familiares yamigos. Albus estaba en la mesa de Ravenclaw rodeado de Rose, Scorpius, Lizzie,Cian, Richard, Charlie, Alex y Jayden (estos dos amigos de Scorpius de su mismacasa). Albus había buscado a su hermano, pero no le había encontrado. Preguntóa Rose y Lizzie, pero ellas tampoco le habían visto desde que habíandescubierto el retrato de la Dama Gorda desgarrado.

El murmullo general que reinaba en toda laestancia se fue relajando, y Albus miró hacia la mesa de los profesores, dondevio a Morgan de pie. Hizo el encantamiento amplificador y su voz llegó a todoslos rincones de la habitación.

Los horarios se mantienen como de costumbre.Todos deberéis acudir a las clases con total normalidad. Las salas comunes hansido registradas y no se ha encontrado nada peligroso. Se arreglarán lasentradas y todo volverá a la normalidad, así que pido que se mantenga la calma.Podéis marcharos todos a las salas comunes para coger los materiales para clase,excepto Albus Potter Albus abrió mucho los ojos y alzó las cejas, y todo elcomedor se giró a mirarle. La respiración se le aceleró y miró aterrado a todossus compañeros, que me acompañará a mi despacho.

¿Albus? susurró Lizzie, como pidiendo unaexplicación.

No lo sé, no he hecho nada.

Los demás alumnos comenzaron a salir del comedorpara ir a sus salas comunes, pero antes miraban de refilón a Albus.

Nos vemos luego, chicos dijo Albus y evitómirar a nadie a los ojos.

Cabizbajo se dirigió hacia la mesa de profesores,donde le esperaba Morgan. Con su eterna expresión neutral, Morgan rodeó a Albuspor los hombros y le llevó a su despacho.

La oficina del director era una gran salacircular con muchas ventanas y muchos retratos de directores y directoras anteriores.El retrato más grande era el que estaba tras el escritorio, y en él se mostrabaa una bruja con una túnica verde esmeralda y un sombrero picudo ladeado, alta ycon aspecto severo. No estaba solo con Morgan en el despacho; también estabanNeville y el profesor Faulkner.

¿Reconoce esto? le preguntó Morgan, y alzó unsobre y lo agitó en el aire.

Albus miró el sobre y lo reconoció: era el mismoque había recibido hacía un mes, pero este parecía sellado. Pensó que quizásera uno nuevo, una nueva advertencia, y no supo qué hacer: ¿debía explicar lode las advertencias o mentir?

¿Señor Potter? insistió Morgan. Si tienealguna información que nos ayude a descubrir quién o por qué han abierto lassalas comunes, debe decirlo, señor Potter. Los alumnos pueden estar en peligro.

No empezó a decir, no muy seguro de lo quehacía, iba a decir que no me suena, pero me he acordado de algo. Es intentóreír para quitarle importancia, no es peligroso. Quiero decir que es cosade-de Sekinci, señora. Phinos Sekinci. Hace unas semanas que me deja notas parameterse conmigo, pero no es nada importante. Paso de él, está todo bien.

 

Morgan no podía cambiar su expresión, pero tantoNeville como el profesor Faulkner le miraron con desconfianza. Albus sintió unligero tembleque que le decía que no había estado bien mentir, pero realmentequería saber qué ponía en esa nota, y tampoco creía que tuviese nada que vercon los destrozos de las entradas a las salas comunes.

¿Está usted seguro?

Sí, señora, totalmente.

Morgan le miró durante un rato más sin decirnada, y después le tendió el sobre.

Tómelo, y puede retirarse.

Albus asintió torpemente, cogió el sobre y saliódel despacho, pero se quedó escuchando tras la puerta.

¿De verdad crees que dice la verdad, Katherine?oyó preguntar a Neville.

Tú le conoces más que yo, Neville. Dime lo quecrees tú.

Albus no suele mentir, a no ser que sea enbeneficio propio.

Es un alumno de mi casa, no me esperaba menos.

No es el momento para sentirte orgulloso de eso,Hector.

No he dicho que esté orgulloso, tranquilo.¿Puedo ser sincero, Katherine? debió recibir un signo de aceptación, porqueprocedió a decir su opinión. Esa carta podría llevar cualquier cosa escrita.Podría ser una confesión de amor, podría ser realmente insultos y demás (lo quedudo mucho), incluso podría ser una carta de sus padres. No creo que sea nadapeligroso. Si lo fuese, no hubiese dudado en decir la verdad.

En eso estoy de acuerdo dijo Neville. Albusnunca pondría en riesgo a nadie. Pero me preocupa. Quizás es peligroso para él,y por eso no quiere decir nada.

Es tu ahijado y es normal que te preocupes, peroincluso si ese fuese el caso, mantengo lo que ya he dicho. No hubiese mentido,lo hubiese contado.

No olvidemos que su padre es Harry. Y Harrymentía para proteger a los suyos. Aún lo hace.

No deberías juzgarle por ser el hijo de quienes. Son dos personas totalmente independientes.

Ambos coincidís en que Potter no mentiría sifuese un caso de peligro para los demás, y dado que no nos ha querido decir laverdad, no sabemos si es peligroso para él. Propongo que zanjemos el tema, yque por si acaso se preste especial atención a Potter. ¿Estáis de acuerdo?

Albus bajó corriendo las escaleras antes de quelos profesores saliesen del despacho y siguió corriendo hacia su sala comúnpara coger la mochila e ir a clase. Por desgracia, la primera hora eracompartida con los Hufflepuffs, así que no podría refugiarse de las miradas delos demás en Rose, Scorpius o Lizzie. Cuando entró en el aula de Defensa contralas Artes Oscuras, los murmullos, los dedos apuntándole y las miradascomenzaron, y aunque se rebajaron, no pararon durante toda la hora.

¿Qué pensabas encontrar, Potter? le preguntóuna alumna de Hufflepuff cuando la clase acabó y salieron a los pasillos.

Sólo quiere ser famoso como su padre dijo otro.

¿Por qué no vais a esconderos a vuestramadriguera, tejones? le defendió Cian.

Hey, Albus Richard puso una mano en el hombrode Albus mientras Cian espantaba a algunos alumnos más que pretendían meterse conAlbus. ¿Qué te ha dicho Morgan? ¿Por qué quería verte?

 

¿No te habrá echado la culpa, verdad? temióCharlie, que se acercó a Albus junto a Cian (que volvía de defender a Albus).

No, no. Encontraron una carta que les pareciósospechosa, pero no es nada. ¿Vosotros no creéis que haya sido yo?

¿Qué motivo tendrías? preguntó Cian sin esperarrespuesta. Bah, la gente aprovecha todas las ocasiones para meterse conalguien.

Morgan podría haberte convocado a su despachomás disimuladamente, y no delante de todo el colegio comentó Richard.

Pues sí, la verdad acordó Albus.

Anda, vamos, que después del descanso nos tocalidiar con los Gryffindors medio bromeó Cian.

En Pociones ayudó un poco más la mirada asesinaque Rose les echaba a aquellos que murmuraban y señalaban a Albus, y lo directaque era Lizzie al decir a los que murmullaban que se callasen, y en lassiguientes dos clases, Scorpius se mantuvo a su lado todo el tiempo y lerepetía que no hiciese caso a los que se metían con él, hasta que se hartó einfló a un alumno de su propia casa, que salió flotando hacia el cielo.

Vaya, Scor, pensaba que eras un temple de paz ytranquilidad.

Y lo soy, soy muy paciente, hasta que lapaciencia se me acaba. Vamos, Rose y Lizzie nos esperan en el vestíbulo.

Albus se despidió de Cian, Richard y Charlie ysiguió a Scorpius hacia el vestíbulo. Cuando se juntaron los cuatro, decidieronsalir del castillo, pues pensaron que fuera no les molestarían tanto. Albus aúnno les había contado nada de lo que había pasado: ni el encuentro con elprofesor Faulkner la noche anterior, ni lo que había oído en el despacho deMorgan, pues estaba esperando a tener un momento tranquilo. Así que cuandollegaron al campo de quidditch, donde el equipo de Hufflepuff estaba entrenando,les explicó todo.

Bueno, estarás vigilado, pero no sospechan deti. Eso es bueno dijo Scorpius.

Eso no importa. ¿Qué pone en la carta? preguntóRose.

¡Rose! No seas así, hombre la regañó Lizzie.Está bien saber que no le echan la culpa a Albus. Me enfadaría mucho si lohubiesen hecho.

Ya, pero se ha metido en este lío por la carta.Si es otro «eh, tened cuidado, James podría matarse», seré yo la que mate aalguien.

Albus miró a sus amigos, y Lizzie admitió queRose tenía razón, y le instó a abrir la carta. Albus despegó el sello y abrióla lengüeta, y el sonido del pergamino arrugándose se mezcló con los chillidosy los batazos de los Hufflepuff que entrenaban.

¿Quieres saber adónde va James? Ve a la Sala deTrofeos a las 8:30pm de cualquier día.

Los cuatro niños se miraron entre ellos.

¿Ahora qué? preguntó Lizzie.

Una quaffledio a Albus en la cabeza y la carta se le cayó.

¡Perdón! ¡Lo siento mucho, se me ha escapado!

Alguien aterrizó en las gradas, cogió la quaffle y la pasó a uno de sus compañeros.Después se giró a mirar a Albus, que se rascaba la cabeza justo donde le habíadado la pelota.

Perdona, de verdad. Aún necesito más práctica.

Vale, no pasa nada Albus alzó la vista y vio auna chica de pelo rubio ceniza, corto a la altura de los hombros y liso, ojoscolor lima y los pómulos grandes. Era bajita y delgada. Pero ha dolido. Tienesmucha fuerza.

La niña rio.

Qué porquería de cazadora sería sino, ¿no? Losiento, en serio. Soy Rebecca tendió una mano que Albus agitó.

 

Yo Albus.

¿Albus? ¿Al que han llamado hoy al despacho dela directora?

¿Algún problema con eso? le preguntóbruscamente Rose.

Ah, no, no.

¡Rebecca! ¡Vamos, un, dos! ¡Te necesitopreparada para el dieciocho de noviembre!

¡Vale, ya voy! se giró hacia los cuatro niños yles saludó con la mano. Bueno, ya nos veremos.

Albus, Scorpius y Lizzie se despidieron deRebecca, y Rose simplemente le lanzó una mirada desafiante.

Bueno Scorpius cogió la carta de las gradas yse la devolvió a Albus, ¿qué piensas hacer?

No lo sé. De verdad que no lo sé.

Yo iría al sitio que pone ahí dijo Rose. SiJames no lo va a decir, descubrámoslo por nosotros mismos.

Pero es que no es su obligación decírnoslo dijoLizzie.

Lizzie tiene razón admitió Albus. Es suproblema meterse en estos líos. Aunque me preocupe, no puedo hacer nada. ¿Lehabéis visto en la comida?

Sí, estaba con Blake y Anne contestó Lizzie. Yno tenía ninguna herida. Desapareció como siempre durante un rato y reapareciómás tarde, ya está.

Vamos, chicos se quejó Rose. ¿De verdad nohabéis notado que desapareció justo cuando pasó lo de las salas comunes, yreapareció cuando todo estaba arreglado ya? ¿No veis una conexión de ideasaquí?

¿Insinúas que James fue a ver al culpable de lode las salas comunes? intuyó Scorpius.

Exactamente.

¿Crees que James se está viendo con alguien queintenta hacer daño a los alumnos? preguntó incrédulo Albus.

Quizás.

¿Cómo puedes sugerir una cosa así? ¡James no esasí!

No quiero decir que él quiera hacer daño anadie, sólo que se ve con quien sí que quiere hacerlo. Es decir, puede queJames esté intentando cambiar a esa persona a mejor, ¿sabes?

No llegaremos a ninguna parte inventándonos teoríasse interpuso Lizzie. Al, dijiste que si tu hermano volvía a desaparecer yreaparecer con heridas, hablarías con él. Bueno, no ha vuelto con heridas, peroha pasado lo de las salas comunes. Creo que la gravedad de las dos situacioneses igual, así que propongo que hables con él.

Lo negará todo, lo sé. Será imposible hablar conél.

Vale. Pues hagamos lo que pone en la nota.

¡Lizzie! se sorprendió Albus. ¿De verdad?

No quería llegar a eso, pero no nos queda otra.James tampoco está hablando con Blake y Anne. El peligro no es sólo suyo ahora;todos estamos en peligro.

Rose miró a Albus firme y decidida, pero insegurade la reacción que podría tener su primo y de cómo le afectaría. Lizzie lemiraba apenada, y Albus y Scorpius tenían la mirada desviada hacia la nada.Scorpius resopló, y Albus le miró. Ambos niños se dedicaron miradas apenadas,aunque sabían lo que debían hacer.

Vale. Ahora estoy vigilado, pero quizás enHalloween podría escaparme sin levantar sospechas.


¡Hola! ¿Qué os ha parecido este capítulo? ¿Qué creéis que está pasando con James? ¿Pensáis que Albus y los demás hacen bien al investigar por sí mismos? ¿Deberían fiarse de las notas? ¡Me encantaría leer vuestras opiniones y teorías en los comentarios!Intentaré subir capítulo lo antes posible, pero empiezan los exámenes y estaré muy absorta en ellos, así que pido que me perdonéis.Espero que os esté gustando :D

Era verdad que los profesores le vigilaban. Atodos los sitios a los que iba había alguien del personal del castillo, yafuesen profesores, la bibliotecaria o el celador, aunque conseguían que seviese totalmente normal y cotidiano. Además de eso, ni en la sala común podíaestar tranquilo, pues sus compañeros no dejaban de mirarle y de extenderrumores sobre él.

 

Unos días antes de Halloween, los rumores sedetuvieron, y las miradas a Albus disminuyeron. A Albus le extrañó mucho, perono se atrevió a preguntar.

¡Pequeñajo! chilló James un viernes cuando levio salir del Gran Comedor acompañado de Scorpius, Rose y Lizzie. Le revolvióel pelo y Albus le apartó la mano con una queja. ¿Te ha dejado en paz lagente?

Albus alzó la barbilla y echó la cabeza haciaatrás.

¿Cómo sabes tú eso?

James se limitó a guiñarle un ojo y saliócorriendo.

¡Me toca con Hagrid! ¡Nos vemos! chillómientras agitaba una mano en el aire para despedirse.

James amenazó con machacar a quien volviese ameterse contigo o hablar mal de ti le explicó Lizzie. Lo dijo en la salacomún y ordenó que extendiesen la advertencia a todo el colegio.

Sí, se enfadó muchísimo comentó Rose.

Albus bajó la cabeza. Su hermano le defendía delas burlas, ¿y qué hacía él? ¿Espiarle? ¿Violar su intimidad?

Lo siento, disculpadme dijo, y corrió tras suhermano.

Fuera hacía frío y había comenzado a lloviznar,por lo que Albus se puso la capucha de la capa de su uniforme. El césped estabahúmedo y cubría los zapatos de barro a quien lo pisaba. Vio a lo lejos queHagrid había colocado una especie de carpa muy modesta delante de su casa, bajola que esperaba un gran grupo de alumnos. Alcanzó a James a unos cuantos metrosde la carpa de Hagrid, le cogió del hombro y le detuvo. James se giró y le mirómuy sorprendido, y les dijo a Blake y Anne que siguiesen y que él lesalcanzaría más tarde.

¿Pasa algo, Al?

James no se había puesto la capucha y las gotasde lluvia le mojaban el pelo naranja y corrían por su rostro.

Sí. Oye, quiero que me digas ese lugar secretoal que vas. Me
sacó del bolsillo trasero de su pantalón la segunda nota quele había llegado y se la enseñó a su hermano. Me llegó esto, y pensábamos iren Halloween todos.

James cogió la nota, la tapó con una mano paraque no se mojase mucho y la leyó cuidadosamente. Cuando acabó, miró a Albus. Notenía los ojos grandes ni las cejas alzadas como había pensado Albus; las cejasse inclinaban hacia abajo como si hiciesen una sonrisa inversa, y los ojos, tanprofundos, denotaban preocupación. La respiración se le aceleró un poco ydesvió la mirada de los ojos de Albus por un momento mientras pensaba.

¿Por qué? preguntó simplemente al volver amirar a Albus a los ojos.

Porque los profesores piensan acusarte de robo,y es raro que desaparezcas cuando pasan cosas raras en el colegio. Me preocupatodo el secretismo que llevas. Sé que no es justo, porque invado tu libertad,pero
Sólo quiero saber si es peligroso, si voy a despertarme un día y tú ya noestarás. Siempre nos hemos llevado mal, pero nunca nos habíamos ocultado nada.Al menos nada importante.

James hizo un amago de sonrisa y atrajo a Albushacia él. Le rodeó el cuello y le abrazó, y Albus se lo devolvió. Sintió queJames le metía algo en el bolsillo trasero, se separó de él, le revolvió elpelo bajo la capucha y le dijo:

En Halloween.

Y se fue. Albus se sacó lo que James le habíadado y vio un pergamino viejo y doblado varias veces. Lo desdobló pero no habíanada escrito. Miró con el cejo fruncido hacia la dirección que James se habíaido, sin comprender. Se volvió a meter el pergamino en el bolsillo y volvió aentrar en el castillo bajo la lluvia que ya empezaba a apretar.

 

¿Qué se supone que es? preguntó confundidaLizzie cuando Albus les enseñó el pergamino viejo y vacío en la biblioteca.

Rose dio un grito ahogado y cogió el pergaminorápidamente. Lo analizó desde muy cerca y, una vez lo hubo devuelto a la mesa,miró a sus amigos con una mirada feliz y una sonrisa pícara.

Creo que sé lo que es. Albus, ¿no te suena haberoído a tu padre y al mío hablar alguna vez de un tal «Mapa del Merodeador»?

Albus se quedó pensativo, intentando recordar esenombre.

Sí, me parece que alguna vez lo he oído.

Pues creo que es esto sonrió muy ampliamente ymiró a sus amigos como si esperase que ellos lo entendiesen para compartir sufelicidad. Tiene que haber alguna forma para que se muestre la tinta.

Pero, ¿qué es el Mapa del Merodeador? preguntóLizzie, más confundida que antes.

Es un mapa de Hogwarts que muestra no sólo todoslos pasadizos secretos, sino a la gente en tiempo real. Según lo que he podidodeducir de las conversaciones entre mi tío y mi padre.

¡Eso es fantástico!

¡¡Sshht!! les instó la señora Pince.

Albus miró a los demás con cautela y habló en vozbaja.

Lo miraré en la sala común. No me fio de losprofesores; aún pensarán que el pergamino es algo peligroso.

De acuerdo accedió Rose. Pero, Al, ¿te lo hadado sin decirte qué era?

Me lo ha metido en el bolsillo y me ha dicho:«en Halloween», y después se ha ido.

¿Eso quiere decir que en Halloween nos dejaráacompañarle? preguntó Scorpius cautelosamente.

Creo que sí, Scor dijo Albus. En Halloweendescubriremos en qué está metido mi hermano.

Una vez estuvo en su cama y oculto a la vista porlas cortinas de dosel, Albus sacó el pergamino y se quedó mirándolo. ¿Cómopodía hacer que se descubriese la tinta? No podía ser tan fácil como conjuraralgún hechizo, así que debía ser alguna contraseña.

Orden del Fénix dijo, y le dio un toque alpergamino, pero este no reaccionó.

Frunció los labios, claramente molesto. ¿Por quéle daría el pergamino James si ni siquiera sabía cómo utilizarlo?

Probó con diferentes contraseñas, pero ninguna lefuncionó, así que se rindió. Escondió el pergamino debajo de su almohada y sedurmió.

Nunca le había parecido a Albus que Halloweenllegase con tanta lentitud. Se pasó los días pensando en el extraño pergamino,en James, e imaginándose todos y cada uno de los escenarios posibles con losque se podía encontrar el día de Halloween. ¿Quizás el heredero de Slytherinestaba escondido en la Cámara de los Secretos? ¿Quizás el basilisco habíavuelto a la vida y era el que había roto las entradas a las salas comunes?¿Quizás la Cámara era un sitio de reuniones secretas para personas con ideas"Voldemortéricas"? ¿Quizás James, de alguna manera, era el heredero de Slytherin?¿Quizás el pergamino sólo se revelaba si se le hablaba pársel? Y así, todos losdías, a todas horas. Scorpius y Lizzie le insistían en que no iba a ser algotan malo, pero Rose callaba. Le asustaba que Rose pudiese pensar algo malo desu hermano, pues ella le conocía hacía tanto como Albus mismo.

 

Halloween llegó por fin, y con ello los nerviosmás severos que Albus había sentido nunca. Tenía en la cabeza tantas teoríasque apenas pudo atender a las clases ni comer nada, y a la hora de la cena nisiquiera notó los decorados de Halloween. Se sentó en la mesa de su casa entreCian y Charlie con la mirada perdida, rodeado de miles de murciélagos quealeteaban, calabazas con caras terroríficas y velas dentro y un festín decomida deliciosa. Sus compañeros le miraban con el ceño fruncido o con los ojosmuy abiertos para intentar descubrir qué le pasaba, pero de nada de esto seenteraba Albus. Estaba demasiado ocupado imaginando cosas y pensando en unaposible contraseña para el pergamino que le dio James. Un avión de papelaterrizó mágicamente en la mesa, justo debajo de las narices de Albus. Él lovio y lo abrió. Era una nota de James.

A las 8:30 pm en la Sala de Trofeos

Intentó controlar su respiración, pues sin darsecuenta se le había acelerado y los nervios habían surgido.

¿De quién es? le preguntó Charlie y señaló lanota con la cabeza.

Albusarrugó el papel hasta convertirlo en una bola y se lo metió en el bolsillo.

Noes nada. Bromas de mi hermano.

Charliedesvió la mirada hacia abajo, pues la respuesta de Albus le había parecidobrusca y falsa.

Despuésde la cena, Albus esperó a sus amigos en la puerta del Gran Comedor y lescomunicó la hora y el sitio de reunión. Todos se fueron a sus habitaciones aesperar, pero cuando se estaban despidiendo, Lizzie notó el malestar de Albus yle dijo a Rose que ella se quedaría por allí abajo. Albus no esperaba queninguno de sus amigos notase que estaba preocupado, así que le sorprendió que,después que Scorpius y Rose se marchasen, Lizzie fuera tan directa alpreguntarle qué le pasaba . Ella lecogió del brazo y empezaron a caminar.

Nolo sé. Es una sensación rara le respondió Albus mientras bajaban a lasmazmorras.

Preocupación,supongo, ¿no?

No.Creo que es miedo. Miedo mezclado con cómo voy a encubrirle delante de todo elmundo.

Lizziefrunció el ceño y echó la cabeza hacia atrás.

¿Quéestás diciendo, Al?

Élla miró con temor de ser demasiado sincero, pero no quería mentirle, así quebajó la mirada.

¿Sihiciese algo malo
? ¿Si tu hermano fuese malvado
? ¿Le protegerías?

Nolo sé. Depende de lo que esté haciendo
Quizás sí. Jamás ha sido un niño cruelni malvado. Habría una buena razón detrás si lo fuese.

Ambosniños se quedaron en silencio. Albus no tenía nada nuevo en qué pensar, así quetenía la mente en blanco, pero Lizzie estaba inmersa en sus pensamientos. Pasaronunos minutos así, caminando por los intrincados pasillos de las mazmorras, rodeadosde tapices, estatuas y cuadros. Un retrato saludó a Albus cuando él y Lizziepasaron por delante, y Albus le hizo una pequeña reverencia con la cabeza.

Protegeremosa tu hermano dijo finalmente Lizzie, pero antes de eso, yo protegeré a losdemás de él si se da el caso.

Meparece bien. Sólo espero que ese momento no llegue.

Lizziey Albus se despidieron y cada uno se fue a su sala común, pero cuando Albusllegó a la pared llena de musgo, pensó en qué podía hacer hasta las ocho ymedia, y se dio cuenta que no tenía ganas de hablar con nadie ni de hacerdeberes, así que dio media vuelta, pasó de largo y desanduvo el camino andado ypaseó por los pasillos. Los alumnos con los que se encontraba aún le mirabanmal, pero a Albus le daba igual en esos momentos. Mantenía la mirada al frentemientras pensaba en James y los momentos que había compartido con él.

 

¡Eh!¡Eh! ¡Albus, ¿no?!

Albusse fijó en quién le había llamado. Era la chica que le había dado con la quaffle en el estadio de quidditch hacíacasi un mes. Ante el recuerdo, se tocó la parte de la cabeza en que habíarecibido el golpe.

Hola,hum
¿Rebecca?

¡Sí!Rebecca se acercó a Albus a trote y se colocó frente a él. Hola, ¿qué talestás?

Hum
Prefiero no contestar. ¿Tú?

Oh.Yo bien, gracias.

Sequedaron en un silencio incómodo y evitaron mirarse a los ojos.

Bueno,yo
empezó a decir Rebecca. ¿Cómo llevas el golpe que te di?

Ah,bien. Sólo fue un pelotazo.

Ya,vale se volvieron a quedar en silencio. Rebecca cogió aire y alzó una manopara despedirse. Bueno, un placer hablar contigo.

Perosi no hemos hablado.

Ya
¡Adiós!

Rebeccase alejó bajo la mirada de extrañeza de Albus. Agitó la cabeza y miró su relojde bolsillo. Faltaba media hora para su reunión con James y los demás.

¡Albus!Rebecca se volvió a acercar a Albus, y él resopló disimuladamente. Oye, no tetomes demasiado a pecho que la gente
te señale, y eso. Sólo tienen miedo, ynecesitan un culpable.

Laexpresión de Albus se suavizó y miró a Rebecca entre agradecido y sorprendido.

¿Túno me odias?

¡Nadiete odia! rio ella. Ahora puede que te tengan en el punto de mira, pero ya está.Dentro de un tiempo nadie se acordará de esto. Y yo no puedo juzgarte, no teconozco. Pero si sigues teniendo amigos, supongo que serás un buen chico.¡Adiós! agitó una mano como despedida y se alejó de nuevo.

Alas ocho y media, Albus se encontró con Lizzie, Scorpius y Rose en la Sala deTrofeos. James llegó diez minutos más tarde.

¿Habéisusado el mapa para venir? preguntó James en voz baja.

¿Quémapa? preguntó Albus.

Elque te di, tontín.

Tedije que era el Mapa del Merodeador recordó orgullosa Rose.

Norio James, el que tiene Albus no es el del Merodeador. Ese lo tengo yo sacóde su bolsillo un pergamino, muy viejo y usado, diferente del que tenía Albus.El que tiene Al no tiene nombre aún.

¿«Aún»?repitió Rose con una mueca de incomprensión. No entiendo nada.

Al,¿lo tienes aquí?

Albussacó el pergamino doblado del bolsillo de su pantalón y se lo entregó a suhermano. James lo sostuvo delante de él, sacó la varita y tocó el pergaminovacío.

Jurosolemnemente no hacer nada que los Merodeadores no harían.

Latinta empezó a aparecer en el pergamino, y James lo desdobló. Apareció un mapadel colegio y pequeñas etiquetas con nombres junto a huellas que se movían porel mapa. James empezó a doblar y desdoblar hasta que se formó el mapa del pisodonde estaban.

¡Quépasada! exclamó Lizzie.

Albuslocalizó la Sala de Trofeos en el mapa y vio unas huellas que se acercaban.

¿Estoquiere decir que la profesora Fajula se acerca? preguntó y señaló las huellasy la etiqueta de la profesora que se acercaban a la sala.

Sepconfirmó James. No podemos perder tiempo. Venid se acercó a una pared y seagachó. «Ábrete, Sésamo».

 

Untrozo de pared se abrió como si fuese una puerta corredera yJames entró hacia la oscuridad. Los demás se miraron entre ellos, y despuésmiraron todos a Albus.

Notenemos tiempo Albus miró hacia la puerta de la sala, y cuando volvió ahablar, miró a sus amigos. ¿Quién viene conmigo?

Rosey Lizzie se miraron y Scorpius miró hacia abajo.

¿Chicos?¿Vais a venir? se oyó preguntar a James desde el interior del hueco.

Despuésde un momento más en silencio, Albus resopló suavemente y se dispuso a entraren el hueco, pero Scorpius le detuvo.

Yovoy dijo, se puso a gatas y se metió en el hueco.

Yono voy a ser menos que el Ravenclaw dijo Rose, y se metió detrás de Scorpius.

Lizzieresopló y miró a Albus. Se quedaron mirándose, entendiéndose sólo con lamirada, y ella le sonrió.

Vamosallá y gateó por el hueco tras los demás.

Albusempezó a oír pasos en el pasillo, y rápidamente se metió en el hueco. El trozode pared se cerró mágicamente tras él. No veía nada, pero el túnel era tanpequeño que no podía sacar su varita para iluminarse el camino. Tampoco oía lasvoces de sus amigos ni de su hermano. Gateó durante unos momentos antes de queel suelo se abriese bajo él y cayese en una tubería. Era una tubería tan grandeque por ella podía caber una persona, y estaba tan viscosa que resbaló por ellacomo si fuese un tobogán. Albus se vio precipitado por dentro de esa tubería ygritó. Aparecieron otras tuberías que iban y venía en diferentes direcciones,aunque eran todas más cortas que en la que él estaba. Pasó tanto tiempodescendiendo por la tubería que se cansó de gritar. Seguro que ya había pasadolas mazmorras del colegio, y quizás estaba bajo el Lago Negro.

Alfin, la tubería tomó una dirección horizontal y Albus cayó de bruces contra elsuelo de piedra. Por el golpe, Albus se mordió el labio.

Allíestaban esperándole los demás, todos con sus varitas en la mano y habiendo hechizadoel «lumos». El suelo estaba húmedo ylos muros eran de piedra, parecidos a los de la entrada a su sala común. Albusse levantó e imitó a sus amigos.

¿Tehas hecho daño, Al? le preguntó James.

Albusse tocó el labio, donde se había mordido, y cuando apartó la mano se la miró.Había un poco de sangre.

Nadade lo que preocuparse, tranquilo.

Estábien. El camino es un poco largo les informó James. Estamos bajo lasmazmorras del colegio. Por aquí señaló con la varita el túnel que había frentea ellos se llega a la Cámara de los Secretos se giró y empezó a avanzar porel túnel, y añadió en voz baja y sin que nadie más le oyera. El nombre nopuede ser más apropiado.

Caminaronpor aquel túnel que sólo se alumbraba por el hechizo de sus varitas. Nadiehablaba, nadie se atrevía. Albus notó que James estaba nervioso, o al menos inquieto,pues normalmente caminaba erguido y orgulloso, pero avanzando por aquel túnelcaminaba un poco encogido y con la mirada fija en el frente.

Llegarona una parte del túnel donde había un montón de piedras amontonadas a un ladodel camino. Albus dirigió su varita hacia el techo y vio que este estaba llenode grietas enormes. James ni se había inmutado, así que Albus bajó la varita ysiguió caminando sin hacer preguntas. El túnel zigzagueaba sin descanso, yAlbus se atrevió a preguntar por el mapa.

 

Oye,James su voz resonó en los muros vacíos, el mapa que me diste
¿Lo hicistetú?

Sí.Encontré el Mapa del Merodeador en el despacho de papá a principios de verano,y me di cuenta que estaba muy anticuado. Muchos túneles secretos que aparecíanahí se habían cerrado durante la guerra, pero el colegio es listo, y abriónuevos. Así que estudié cómo hacer un mapa nuevo, más completo pero con lasmismas funciones que el antiguo. Fue un trabajazo.

Sime lo permites comentó Lizzie, es una pasada.

Jamesrio.

Síque lo es.

Siguieronavanzando hasta que por fin, al doblar una curva, el grupo se encontró frente aun arco en un muro. Sin siquiera detenerse, el grupo pasó por debajo y aparecieronen el extremo de una sala enorme, iluminada tenuemente por velas flotantesparecidas a las del Gran Comedor. El techo era alto y estaba sostenido por unascolumnas decoradas con serpientes. En el extremo contrario había una figura depiedra que ocupaba todo el largo de la cámara. Aprender a programar con ejemplos

Jamesse giró y miró a todos a los ojos.

Guardadlas varitas y haced todo lo que yo os diga. No hagáis preguntas ni os mostréismiedosos, intranquilos o violentos. Contestaré a todas vuestras dudas mástarde, lo juro. Pero ahora debéis hacer lo que yo os diga.

Todosmiraron a Albus. En él había crecido una sensación de intranquilidad e inseguridad,pero se mantuvo firme y asintió poco a poco. Los demás se miraron entre ellosantes de aceptar las condiciones de James. Así que todos deshicieron el hechizoy guardaron sus varitas, incluido James. Él se giró y avanzó por la cámara,seguido de los demás.

Alfinal de la cámara había alguien de pie. A medida que se acercaban, Albus pudoidentificar que se trataba de un chico y una chica, mayores que él. La chica (depelo castaño, alta y ojos también castaños, y con la piel muy pálida, casitransparente) parecía nerviosa, y el chico (también alto, de pelo rubio y ojosgrises, y con múltiples cicatrices por cara y brazos, y las que no estarían ala vista) entre nervioso y enfadado. Albus, James y los demás se detuvieronbastante lejos del chico y la chica.

Quedaosaquí e id avanzando hacia mí a medida que os vaya llamando les indicó James, yél avanzó un poco más.

Hola,chicos saludó James al chico y a la chica, y después la miró sólo aella. ¿Estás lista?

Ellacogió aire por la nariz y lo soltó poco a poco. Asintió lentamente, como si noestuviera segura de lo que iba a pasar. James asintió con más energía, y elchico resopló. James le miró.

Nopasará nada, Cato. Confío en ella. Ya verás.

Nocreo que esté preparada le susurró entre dientes Cato.

Porfavor dijo suplicante la chica en un susurro, ya están aquí. Creo que podrécon esto. Vamos, James.

Jamesse giró hacia ellos y fijó su mirada en Albus. Albus le devolvió la mirada ysupo que era su turno. Cogió aire por la nariz y se acercó a James poco a poco.

Éles mi hermano pequeño. Este es su primer año aquí. Se llama Albus Albus llegóal lado de su hermano, y este le rodeó el cuello. Al, este es Cato Albuscruzó miradas con Cato y ambos hicieron un golpe seco con la cabeza. Y ella esLuned.

CuandoAlbus miró a Luned, ella juntó las manos a su espalda y le sonrió brevemente.Pero le recordaba a alguien. El rostro de Luned le era familiar, pero no sabíade dónde. Se quedó mirándola con el ceño un poco fruncido, y eso, aunque Albusno lo notó, puso nerviosa a Luned.

 

Albus.

Jamesdio un golpe seco en el hombro de su hermano para sacarlo de su ensimismamiento,y Albus reaccionó de golpe y miró a James, quien le estaba mirando un pocosevero y extrañado.

¡Perdona!Encantado de conocerte, Luned.

Semoría de preguntarle si se habían visto antes, pero recordó la advertencia deJames, así que se calló y volvió con los demás.

Jamesfue llamando a sus amigos y presentándolos a Cato y Luned, pero Albus seguíapensando en dónde podía haber visto a Luned antes.

Buenodijo Luned una vez James le hubo presentado a todos, hum, hoy ha sidoHalloween, ¿no? ¿Os ha gustado el festín?

Aunquetodos querían preguntar cómo sabía ella que había festín en Halloween, si habíaacudido a Hogwarts como alumna o cómo había encontrado la cámara, hicieron casode la petición de James y no preguntaron nada, y simplemente respondieron aLuned.

Sí,lo mejor son las golosinas de Halloween dijo Lizzie.

¡Sí!Te he traído algunas, por cierto recordó James, y sacó del bolsillo de supantalón una servilleta hecha una bola y se la entregó a Luned.

¡Oh!¡Gracias, James!

Lunedabrió la servilleta y se dejaron ver un montón de golosinas y comida delbanquete de esa noche. Ella cogió unas cuantas calabazas y se las metió en laboca.

Hablaronpoco, pues todos estaban incómodos, así que después de algunas formalidades,Luned se retiró. Cato se fue poco después y dejó solos a James, Albus, Rose,Scorpius y Lizzie.

¿Cómosabe ella lo del banquete de Halloween?

¿Quiénes? ¿Y por qué está aquí escondida?

¿Esalumna de Hogwarts?

¿Yel tal Cato qué pinta aquí?

¿Cómoencontró la cámara?

¿Espeligrosa? ¿Es una fugitiva?

¡Vale,esperad, esperad! exclamó Scorpius por encima de todos los demás. Si hablamostodos a la vez, no nos podrá contestar.

Gracias,Scorpius dijo James una vez se hubieron callado todos. Resopló. Os contaré loque sé.

Todosse sentaron en corrillo en el frío y húmedo suelo de la cámara. James sacó suvarita y subió la luminosidad de las velas.

Lunedno puede controlar su magia. Tuvo
Unos inicios complicados. Su primer signo demagia casi mató a su padre, y le cogió miedo a la magia. Sus padres intentaronanimarla y decirle que había sido un accidente, pero ella nunca lo superó, y lamagia se le descontrolaba. Aun así, no era demasiado preocupante aún, así quedecidió comprar una varita y acudir a Hogwarts para que la ayudaran. Perocuando llegó aquí, los otros alumnos se burlaban de ella, y ella se sentía tandesplazada y agobiada que la magia se le empezó a descontrolar más. Un día,unos alumnos la encerraron en un armario para hacerle una broma. Ella se asustómucho, la magia se descontroló por completo e hirió a alguien. Ella pensó quehabía matado a esa persona, se asustó y huyó. Decidió esconderse en un sitio dondeno hiriese jamás a nadie, recordó la Cámara de los Secretos, y encontró lamanera de entrar. Y vive aquí desde entonces. Cato le trae comida y la ayuda asobrevivir, y desde hace un tiempo, yo también.

Poreso no podías contármelo comprendió Albus. No era tu secreto.

Jamesasintió.

Notenía derecho a contarte su historia, y tampoco podía arriesgarme a que alguienme oyese y descubriera a Luned.

 

Jamás se había sentido Albus tan orgulloso de suhermano mayor. Claro que no era un complot malvado. No podía haber estado másequivocado.

¿Y cómo se enteró Cato de todo? preguntóLizzie.

Él es su mejor amigo. Cuando Luned desapareció,la buscó sin descanso hasta encontrarla aquí. Cuando él llegó, Luned estabaesquelética. No había casi comido y había vivido en la más completa oscuridad.No quiso escucharle cuando Cato intentó decirle que no había matado a nadie,así que dejó de intentar convencerla. Él la ayudó a recuperarse y lidió con susataques de magia.

¡Ah! Por eso la luz es tan tenue aquí entendióScorpius. No está acostumbrada a la luz.

Exacto.

¿Y cuánto tiempo ha pasado aquí abajo?

Creo que desde su cuarto año, creo. Y ahoraestaría en séptimo.

¿Ha pasado tres años aquí? exclamó Scorpius.

¿Cuánto pasó hasta que la encontró Cato?preguntó Albus.

Unos meses, no sé cuántos. Puede que fuerantres, o puede que fueran diez.

Por las barbas de Merlín murmuró Scorpius.

Y aún cree que mató a alguien dijo Albus, yJames asintió.

No quiere ni oír hablar del tema, así que lo vaa seguir creyendo durante toda su vida a este paso.

Se quedaron todos en silencio, intentandocomprender todo lo que James les había explicado.

Podemos ayudarla dijo Rose. Todos alzaron lasmiradas del suelo para mirarla a ella. La ayudaremos a controlar su magia. Leharemos comprender que no fue su culpa, que la magia se puede controlar, que noes peligrosa.

Eso ya lo intentó Cato y lo estoy intentando yo.Y no he conseguido casi nada.

Has conseguido que nos conozca y no tenga miedodijo Albus. Por lo que dices, eso es un gran logro para ella.

Además, nosotros tenemos algo que vosotros no.

James miró extrañado a su prima.

¿El qué?

La edad dijeron Rose y Scorpius al mismotiempo, pues Scorpius acababa de darse cuenta también.

Los dos cruzaron miradas cómplices y se dedicaronuna sonrisa.

No entiendo confesó Lizzie. ¿Cómo nos va aayudar nuestra edad?

Si nosotros podemos controlar la magia, ¿por quéno ella? Se supone que no tenemos casi conocimientos y que hace muy poco quehacemos magia. Creo que es una ventaja enorme. James y Cato ya saben controlarla magia, saben su nivel, saben todo lo básico.

Rose tiene razón la apoyó Scorpius. Creo quepodemos conseguir ayudarla.

¡Podemos ser sus profes! exclamó ilusionadaLizzie. Cada uno de nosotros podemos enseñarle una asignatura. ¡Me pidoDefensa!

Yo Encantamientos pidió Albus.

Yo Pociones dijo Scorpius.

Historia no necesita aprender, así que yo leenseñaré Transformaciones acabó Rose.

¿Y Herbología? preguntó Lizzie.

A mí se me da fatal dijo James.

Puedo hacerlo yo se ofreció Scorpius.

Gracias, chicos. De verdad dijo James en vozbaja.

Albus puso una mano en medio del círculo y miró asus amigos. James sonrió y puso su mano sobre la de Albus, y después laspusieron Scorpius, Lizzie y Rose.

Sólo queda una pregunta por responder le dijoLizzie a Albus mientras volvían a sus salas comunes con ayuda del mapa deJames.

¿Ah, sí? ¿Cuál?

¿Quién te envió esas notas anónimas y por qué?¿Pretendían que ayudaras a tu hermano o pretendían que Luned se descontrolarapor nuestra aparición y causase alguna desgracia?

 

Albus juntó las cejas y pensó en ello. Lo que aél le habían parecido advertencias, quizás no lo eran, y Rose había tenidorazón todo el tiempo; quizás formaban parte de un complot para descubrir aLuned.

Albus se despidió de sus amigos en el punto desiempre y bajó las escaleras con el mapa de James. La profesora Dunkle seaproximaba por el pasillo, así que Albus se metió detrás de un cuadro queservía como atajo para llegar a su sala común, y mientras pasaba por el túnel,pensó en que ese mapa le iba a ser muy útil, y también comprendió cómo ese añoaún no habían pillado a James haciendo ninguna pillería.

Una vez llegó a su sala común, y habiéndoseasegurado que no había nadie en la sala, sacó su varita y le dio un toque almapa mientras decía:

Travesura realizada.

Decidieron que lo mejor era dejar unos días demargen antes de volver a la cámara para que Luned no se agobiase. Aun así,hubiesen querido que James se pasase por allí para explicarse su plan a Luned,pero el primer partido de quidditch de la temporada se acercaba y James teníaentrenamiento cada día. El partido sería Gryffindor contra Slytherin y seefectuaría el primer sábado de noviembre, mes que vino cargado de frío.

El lago se congeló y la nieve cubrió las montañascercanas. La hierba amanecía cada día cubierta de escarcha y Hagrid sacó elabrigo de piel de su armario. Albus y sus amigos descubrieron una nuevaactividad: patinar sobre el lago helado, y aunque dicha actividad era divertiday había cubierto sus momentos libres, no dejaban de darle vueltas al asunto delas notas anónimas que había recibido Albus sobre las actividades ilícitas deJames.

Es muy raro dijo Lizzie el viernes mientrashacían deberes en la biblioteca. Ahora sí quiero saber quién escribió esasnotas.

Quizás envía más susurró Rose. No sabemos susintenciones, puede que no haya cumplido su objetivo aún.

Puede que penséis que soy demasiado malpensado,pero creo que los Sekinci tienen algo que ver en esto dijo Scorpius, y miróalgunas mesas más allá, donde estaba el mediano de los Sekinci leyendo unlibro.

Lizzie rio en voz baja y Rose sonrió. Scorpiuslas miró sin comprender, y buscó explicación en Albus.

Eres el tipo menos malpensado que he conocidonunca, Scor rio Albus.

Pienso igual que tú dijo Rose en voz bajacuando se pasó el momento de las risitas. Sekinci debe tener algo que ver. Esun Slytherin, así que pudo haberte dejado la nota en la habitación.

Pero no es lo suficientemente listo paraamenazar a Al se burló Lizzie. Yo creo que debe ser alguien mayor quenosotros. ¿No creéis que tiene más sentido?

Sí que lo tiene admitió Albus, y echó unamirada al mediano de los Sekinci.

Sekinci tiene dos hermanos mayores recordóScorpius. ¿Podría haber sido alguno de ellos? e hizo un movimiento con lacabeza hacia la dirección donde estaba sentado Vergilius Sekinci.

De poder ser, pudo haber sido cualquiera
dijoresignada Rose, y todos le acompañaron en el resoplo.

Eh, Al Richard se acercó a Albus, le puso unamano en el hombro y se agachó para hablarle cerca de la oreja. Te estánbuscando.

¿A mí? Albus hizo una mueca de extrañeza.¿Quién? ¿Por qué?

No lo sé. Es una chica de pelo claro.

 

Albus juntó aún más las cejas, pues no tenía ni ideade quién podía ser. Richard le dijo que estaba en la puerta de la bibliotecaesperándole.

¿Vamos contigo? le propuso Rose.

No. Ahora vuelvo.

Albus se levantó cauteloso de su silla y fue solohacia la puerta de la biblioteca. Cuando asomó la cabeza, vio a una chica decabello rubio ceniza de espaldas a él y delante de ella estaba la hermana mayorde los Sekinci hablando con Cato, el chico que ayudó a Luned en la Cámara delos Secretos. Hablaban en susurros y parecían enfadados. La puerta crujió cuandoAlbus quiso abrirla un poco más para escuchar la discusión, y Cato y Aelia seinterrumpieron y miraron a la puerta, detrás de la cual vieron a Albus. Ambosse callaron, se miraron y se fueron en direcciones contrarias.

Albus abrió la puerta por completo para salircorriendo a seguirlos, pero ya no tenía sentido. Resopló.

¡Albus!

Albus se giró y reconoció a la chica de cabellorubio ceniza. Llevaba un libro en los brazos y el uniforme de Hufflepuffpuesto.

¡Rebecca! ¿Tú me has mandado llamar?

Rebecca le sonrió y asintió enérgicamente.

Verás, ellos dos estaban hablando como encuchicheos y empezaron a hablar de ti y tu hermano, y pensé que debías oírlo.Pero no ha salido como yo pretendía rio y encogió los hombros.

¿Sobre mi hermano y yo? repitió Albus. ¿Y quédecían?

No lo sé, hablaban tan flojito y tan rápido queno me he enterado. ¿Era algo importante? Rebecca frunció el ceño como siintentase recordar algo.

No lo sé
Bueno. Gracias igualmente, Rebecca.¡Adiós! Albus agitó la mano en el aire como despedida y entró en labiblioteca.

Cuando sus amigos le preguntaron, Albus les contólo que había pasado y lo que le había dicho Rebecca.

¿La mayor de los Sekinci sabe lo de Luned?teorizó Rose.

Bueno, si hablaban de James y Albus, tendríasentido pensar eso, ¿no? dijo Scorpius.

Supongo
murmuró Lizzie. Resopló y se estiró enla silla. Esto cada vez se pone más raro.

Se quedaron un momento en silencio, y Albusempezó a pensar en Luned. Su rostro le seguía pareciendo familiar, pero no caíaen cuándo ni dónde la podría haber visto. No tenía mucho sentido que larecordase si había estado escondida durante tres años en la cámara, lo que aúnañadía más rarezas a la situación.

Al final, se rindió y se concentró en sus tareas.Después de algunas horas sin hablar mientras hacían deberes y estudiaban,Lizzie rompió el silencio.

¿Sabíais que este año es el aniversario númerocuatrocientos noventa y seis de Merlín?

Rose, que estaba sentada al lado de Lizzie,levantó la cubierta del libro que estaba leyendo su amiga, la miró y la soltó.

¿Has estado todo este rato leyendo sobre el rey Arturo,su consejero Merlín y su enemiga mortal Morgana?

Sí. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

Rose hizo una mueca y encogió los hombros como sila respuesta fuese obvia.

¡Estamos haciendo deberes!

Lizzie inclinó la cabeza y miró lo que estabanhaciendo sus amigos, como si fuese la primera noticia que tenía sobre ello.

¿Todos estáis haciendo deberes? los tresasintieron. ¿Por qué no me habéis avisado? Pensaba que queríais leer algúnlibro para pasar el tiempo.

Nunca venimos a la biblioteca en nuestro tiempolibre si no es para hacer deberes, Lizzie.

 

Yo sí contradijo Scorpius.

¿Ves? dijo Lizzie, y señaló a Scorpius, como sieso fuese toda la confirmación que necesitaba. Rose escondió el rostro en lamano y negó con la cabeza. Bueno, pues eso siguió Lizzie como si no hubiesepasado nada. Y también he encontrado un árbol genealógico con los posiblesdescendientes de Merlín y Morgana. ¿Y a que no sabéis quién sale en el árbol?

Lizzie empujó el libro hacia ellos y señaló conel dedo índice uno de los nombres que aparecían en un intrincado árbolgenealógico.

Katherine Morgan

¿La directora Morgan? dijo Scorpius.

¡Sí! Morgana debe ser sutatara-tatara-tatara-tatara-abuela o algo así. ¿No es genial?

Claro, por eso tiene la cara así murmuróScorpius.

Albus le miró extrañado.

¿Cómo?

¿No lo sabéis? los tres niños negaron con lacabeza y miraron a Scorpius muy interesados. Se dice que Merlín lanzó unahorrible maldición sobre sus enemigos. Se dice que, para que jamás pudieranexpresar amor por sus seres queridos, les maldijo con una emoción estática, queno cambiaría en toda la eternidad, para que todos aquellos a los que queríanpensasen que no eran correspondidos y les dejasen solos hasta su muerte todosse quedaron callados y dejaron que las palabras de Scorpius calasen en ellos.Entonces, Scorpius rio. Es broma, no existe ninguna maldición y siguió riendo.

Todos soltaron el aire que sin darse cuentahabían estado reteniendo y medio sonrieron, pues aún estaban un poco asustados.

Qué miedo, Scorpius le regañó de broma Lizzie.No vuelvas a hacer algo así.

¡Ssshhh! les espetó la bibliotecaria, la señoraPince.

Scorpius intentó retener la risa, pero se leseguía escapando entre dientes. La risa de Scorpius se le contagió a Albus, yde Albus pasó a Lizzie, de Lizzie a Rose y de Rose de nuevo a Scorpius. Como nopodían aguantarse, al final la señora Pince los acabó echando de la biblioteca,y una vez fuera, rieron a carcajadas hasta ni siquiera recordar qué les habíahecho tanta gracia.

Esa noche, en la sala común de Slytherin, no sehablaba de otra cosa que no fuese el partido de quidditch del día siguiente.Albus estaba sentado en la butaca que más cerca estaba de la chimenea encendida,y en el sofá grande de delante de la chimenea estaban sentados varios alumnosde diferentes cursos. En el suelo y con las espaldas apoyadas en el sillón deAlbus estaban sentados Cian y Richard mientras jugaban a adivinarse la cartaque cada uno tenía en la mano.

Llevamos nueve años sin ganar la copa comentabaun alumno de quinto, incluso teniendo uno de los mejores cazadores de todos.No lo entiendo.

En realidad no es culpa nuestra dijo una alumnade sexto. Los equipos y las tácticas de Ravenclaw y Hufflepuff han sido unapasada durante todos estos años. Con suerte, este año encontraremos algunatáctica que les supere.

Y más nos vale tener un buen buscador dijo otroalumno de quinto, porque este año se estrena James Potter, y he oído que esmuy bueno.

¿Tú no eres el hermano de Potter? le preguntó aAlbus la chica que había hablado antes. Él, que había estado pendiente de laconversación, asintió con la cabeza. ¿Y qué opinas? ¿Es tan bueno como dicen?

Me temo que sí sus compañeros se quejaron yagitaron la cabeza. Ha estado entrenando durante todo el verano, y ahora tengoentendido que también le hacen entrenar mucho.

 

Vaya
Creo que este año tampoco ganaremos lacopa dijo resignado el primer chico que había hablado y apoyó la frente en la mano.

¿Dónde están los del equipo de quidditch, porcierto? preguntó otra chica, de cuarto, mientras miraba hacia atrás y buscabaa sus compañeros.

Se han ido a dormir le contestó el segundochico que había hablado. Las vísperas de partidos siempre son los primeros enirse a dormir.

Una vez estuvieron en sus dormitoriospreparándose para meterse en las camas (Sekinci hacía rato que había cerradolas cortinas), Cian entró excitado con un gran paquete entre sus manos.

¡Me ha llegado, me ha llegado!

¿Qué te ha llegado? preguntó curioso Albus.

¡La pintura para la cara! Mañana voy a animar aSlytherin con todo lo que pueda.

Albus rio, se metió en la cama y se dispuso acerrar las cortinas de dosel.

Buenas noches, chicos.

¡Buenas noches, Albus! dijeron Cian, Richard yCharlie al unísono.

Albus abrazó su almohada y enterró la cabeza enella, y se quedó rápidamente dormido.

James estaba muy tenso por jugar su primerpartido de quidditch, pero el ansia le podía más que el estrés. La mañana delpartido, entró en el Gran Comedor junto a Blake y Anne y gritó:

¿QUIÉN GANARÁ ESTE PARTIDO?

Y un corrillo le contestó:

¡GRYFFINDOR, GRYFFINDOR, GRYFFINDOR!

El Gran Comedor se convirtió en un caos, puesAlbus se levantó del banco y gritó el nombre de su casa. Toda la mesa deSlytherin respaldó a Albus, y la mesa de Gryffindor empezó a gritar también elnombre de su casa. Morgan tuvo que hacerlos callar para que volviese elsilencio, pero una vez estuvieron todos sentados en las gradas del estadio dequidditch, los gritos de ánimo volvieron a surgir.

Según le habían dicho a Albus, el hermano medianode los Sekinci (Vergilius) era cazador, y la gemela de la delegada deSlytherin, Courtney Ericson, era otra de las cazadoras. No conocía a los demásmiembros del equipo y, de hecho, conocía a más miembros del equipo deGryffindor que del de Slytherin. En Gryffindor jugarían Blake, su primo Fred,James y Anne, que jugaría como guardiana en sustitución de Dipak Towler porqueestaba enfermo.

¿A quién apoyas, Albus? le preguntó Cian, quese había pintado la cara de verde y plata, chillando para que le oyese en mediode los vítores del público. ¿A tu hermano o a tu casa?

¡A Slytherin, por supuesto! gritó Albus.¡Vamos a machacarles!

¡Sí! exclamaron Cian, Richard y Charlie, alzandolos puños al aire.

Albus había conseguido sitio en una de las gradasmás altas, y estaba rodeado de Cian, Richard, Charlie y Flora. Todos llevabansus bufandas de Slytherin y banderitas de su casa (de color verde y con unaserpiente plateada en el centro). Las gradas se dividían principalmente en doscolores: escarlata y verde.

Abajo, en el campo, ambos equipos empezaron aaparecer.

¡Mira, Albus! gritó Cian entre los chillidos delas gradas, y señaló a un chico moreno y esbelto que iba a la cabeza del equipodel Slytherin. ¡Ese es el capitán, Raven Starr! ¡Es buenísimo!

¿En qué posición juega?

¡Cazador! ¡Es el mejor cazador de todos losequipos!

Albus miró a Richard y Charlie para que leconfirmasen esa afirmación, y Richard rio.

¡Seguramente está exagerando, Al!

 

Albus rio con Richard. Se oyó un pitido, y cuandoAlbus devolvió la vista al campo, quince escobas estaban ya en el aire.

¡Raven Starr, el capitán de Slytherin, atrapa laquaffle con un rápido movimiento! unalumno de Hufflepuff de quinto, Howard Padmore, hacía de comentarista delpartido. Se mueve entre los jugadores de Gryffindor como un ratón escapando desu perseguidor y hace un pase perfecto a su compañera Courtney Ericson. SigueEricson, pasa de nuevo a Starr
¡Oh, no! Blake Eldred, de Gryffindor, se hainterpuesto y ha cogido la quaffle.Vuela hacia el otro lado del campo
¡OH! Una bludger le ha dado en el hombro, pero sigue con la quaffle en la mano. ¡No hay quien puedacon este chico! Se la pasa a su compañero Fred Weasley, que esquiva una bludger de Slytherin y se dirige directoa los postes de gol, se la pasa a Grus Aursang
Albus reconoció a Grus Aursanga través de los binoculares de Cian: era el amigo gorila de Phinos Sekinci
¡Perono! Vergilius Sekinci se interpone brutalmente y le arranca la quaffle a Aursang. Vuela directo hacialos postes de gol, ¡pero una bludgerle da en la cabeza y Sekinci suelta la quaffle!Rápidamente, la quaffle es atrapadapor Starr, que vuela hacia la guardiana sustituta de Gryffindor, Anne Hayes. Dosbludgers se estampan contra Aursang yWeasley, que perseguían a Starr. Starr está ahí, en los postes
Starr lanza
Hayes se abalanza
Roza la quafflepero no llega a detenerla
¡GOL DE SLYHTERIN!

Las gradas donde estaban los Slytherin saltaronen vítores y hurras. Agitaron las banderitas y gritaron a coro el nombre deStarr, mientras que los Gryffindors se lamentaban y evitaban las miradas de losSlytherins.

¡La cosa está muy complicada! gritó Charlie,pero en medio de los chillidos de sus compañeros, Albus casi no le oía. ¡Todosson muy buenos!

¡Es verdad! le contestó Albus. ¡Pero yo temomás a la snitch! ¡James es muy buenbuscador!

¡James Potter ha caído de su escoba! gritó Howard,el comentarista.

Albus miró al campo de nuevo y vio dos pequeñasmotas que caían a toda velocidad. Cogió los binoculares que colgaban del cuellode Cian y enfocó a esas motas. Era verdad: James caía, y su escoba detrás deél.

Una bludgerle ha dado y ha causado que cayera, ¡y no parece que pueda hacer nada! decía Howard.

¡De lo patoso que es, a lo mejor se mata,Potter! le gritó Phinos Sekinci desde unas gradas más abajo y rio de su propiochiste.

Albus soltó los binoculares, sacó su varita yapuntó a Sekinci.

¡Rictusempra!

La risita de Sekinci se volvió una risaincontrolable, y se llevó las manos a las costillas para intentar detener lascosquillas. Se movía tanto mientras se reía e intentaba evitar las cosquillasque empujó a varios seguidores del partido, pero Albus dejó de prestarleatención cuando Cian le dijo que la escoba de James estaba volando hacia él, yle tendió los binoculares. A través de ellos vio cómo James consiguió volver asentarse en su escoba y se guardó la varita en la funda de la pierna. EntoncesBlake marcó un gol para Gryffindor. En las gradas, alguien había hechizado el «Finite Incantatem» y las cosquillas queatormentaban a Sekinci habían parado. Las bludgersvolaban en todas direcciones. El guardián de Slytherin, Horos Fawley, paró una quaffle que había lanzado Blake, se lapasó a Sekinci y después de unos pasos más entre cazadores, Ericson marcó elsegundo gol para Slytherin. Por una parte, a Albus le sabía mal por Anne, peropor otra se alegraba que fuese ganando su casa. El siguiente intento deGryffindor acabó en gol, y unos segundos después de marcar, la snitch hizo su aparición. Ambosbuscadores volaron rápidamente tras la pelota. Era una lucha de codos y derapidez, y mientras la caza de la snitchestaba en su máxima tensión, Slytherin marcó su tercer gol. La snitch hizo un movimiento raro y seperdió de vista. Pasaron veinte minutos de goles fallidos (Anne por fin habíaconseguido parar alguna quaffle),goles válidos y falsas alarmas de haber atrapado la snitch. El marcador iba ochenta a sesenta con ventaja paraSlytherin, y James empezó a volar directo hacia algo.

 

¡Ha habido un destello dorado en el campo yPotter vuela directo hacia él! La buscadora de Slytherin, Katee Darren, parecemuy confundida, pero se lanza detrás de Potter igualmente, supongo que con laesperanza de vislumbrar la snitchdurante la carrera. Weasley pierde la pelota a manos de Aursang, que vuelahacia los postes de gol. Se interpone Weasley e intenta quitarle la quaffle, pero Aursang se la pasa a Ericson,que sin nadie que se lo impida, vuela directa a los postes. Hannah Rice,golpeadora de Slytherin, golpea una bludgerdestinada a Ericson. Darren y Potter luchan, porque parece que Darren por finha visto la snitch. Peter O'Connell,golpeador y capitán de Gryffindor, desvía otra bludger que iba directa hacia Potter. Hayes no puede parar la quaffle, y el tiro de Ericson
¡Entralimpio! ¡GOL DE SLYTHERIN! ¿Pero qué es eso? ¡Potter gana a Darren en rapidez ycoge algo en el aire! ¡Vuela hacia arriba y agita el puño! ¿Qué es lo que veo? ¡Potterha atrapado la snitch! ¡GRYFFINDORGANA EL PARTIDO DOSCIENTOS DIEZ A NOVENTA! ¡IMPENSABLE! ¡GRYFFINDOR GANADESPUÉS DE NUEVE AÑOS!

¡NOOOOO! gritó derrotado Cian y enterró surostro entre las manos.

Los Slytherins gritaron apenados y bajaron lasmiradas mientras los Gryffindors vitoreaban y chillaban alegres ante suvictoria.

¡Tu hermano nos ha fastidiado una victoria! legritó de nuevo Sekinci.

¡No es culpa suya, imbécil! le gritó Cian.Vámonos, Al. No tenemos motivo para seguir aquí.

Cian, Albus, Richard y Charlie se alejaron deallí bajo los insultos de Sekinci, y cuando empezó a meterse con Charlie y suascendencia muggle, le volvió a lanzar el hechizo de las cosquillas.

¿Cómo puede aún existir gente así? se molestóCian.

En realidad no es culpa suya, sino de la educaciónque les dan sus padres dijo Richard.

Yo no entiendo el problema que tiene con que mispadres sean muggles se molestó Charlie.

Ya te hemos explicado lo que piensan de "lapureza de la sangre" Cian exageró esto último y se burló del esnobismo de losSekinci.

Dejemos de hablar de ese imbécil, por favorpidió Albus un poco asqueado. No se merece ni que le dediquemos una fraseentera.

 

Y siguieron su camino hacia su sala común,seguidos de un gran grupo de Slytherins decepcionados por la derrota que habíansufrido nada más ni nada menos que a manos de Gryffindor.

Fue una derrota injusta. Nos merecíamos ganardijo enfurruñado Cian el lunes, mientras iban de camino al aula de DefensaContra las Artes Oscuras.

No es una excusa que se vaya a creer laprofesora Fajula, Cian comentó divertido Albus. Además, ella se siente muyorgullosa de haber sido una Gryffindor. No va a dejar pasar que aún sigas conla cara pintada.

Cian había descubierto el sábado por la noche quela pintura para la cara que había usado para animar a Slytherin en el partidoera un artefacto de Sortilegios Weasley que no podía borrarse hasta pasada unasemana. Como el día que la recibió, Albus no vio el paquete ni el envoltorio,no pudo haber sabido que era de Sortilegios Weasley, y por tanto, no habíapodido advertir a Cian sobre ello. Así que la única alternativa que le quedabaera ir pintado de los colores de Slytherin durante toda la semana. A pesar deldisgusto de algunos profesores.

Bueno, pues no puedo hacer nada, así que me va atener que aguantar así.

Como habían esperado, a la profesora Fajula no lehizo gracia que Cian apareciese pintado de Slytherin, pero cuando le explicaronel por qué, rio y le dijo que después de clase pasase por su despacho, puesquizás encontraban algún hechizo que le ayudase a librarse de la pintura.

Cian llegó tarde a Pociones y además seguía conla cara pintada. Los Gryffindors le abuchearon y se rieron de él, pero a Cianle importaba tan poco que realmente parecía que fuese un día normal en el quenadie le prestaba mucha atención. Richard, Charlie y Albus se acostumbrarontanto durante esa semana a verle con la cara pintada que, cuando el sábado lapintura desapareció, Richard le suplicó que se volviese a pintar.

Y aunque había sido una semana dura para losSlytherins, los Gryffindors se habían pasado los días alabando a James ycelebrando su victoria por los pasillos, pues era el primer partido que ganabanen casi una década.

Déjalos disfrutar dijo Richard el sábado cuandopasaron al lado de un grupo de Gryffindors que gritaban a coro el nombre deJames simplemente porque estaba pasando por allí. Es el único partido que vana ganar.

Estoy de acuerdo dijo Albus.

Sí, prefiero que gane Hufflepuff o Ravenclawantes que Gryffindor confesó Cian.

¿Pero por qué? preguntó confuso Charlie.

Slytherin y Gryffindor somos enemigos mortalesexplicó Albus. Es una norma universalmente conocida que jamás debemosapoyarnos entre nosotros en el torneo de las casas ni en el de quidditch.

Pero tienes familia y amigos en GryffindorCharlie aún seguía confundido.

Sí, por eso mismo. Perder les molestaría y yopodría reírme de ellos dijo divertido Albus. Anda, vamos, o cuando lleguemosal comedor no quedará nada que comer.

Después de la última clase del día, compartidacon Ravenclaw, Scorpius y Albus habían decidido ir a la biblioteca para hacerdeberes (parecía que nunca se acababan) y después ir a buscar a Rose y Lizziecuando acabasen su clase de vuelo. Mientras iban de camino hacia allí, vieronpasar al mediano de los Sekinci, y al rato, vieron a James siguiéndole. Albus yScorpius se miraron de manera cómplice, y ambos se dispusieron a seguir aJames. Se acercaron a él lo más disimuladamente que pudieron y le tocaron unhombro. Él se giró, les reconoció y se llevó el dedo índice a los labios paraindicarles que guardasen silencio. Siguieron a Sekinci hasta un cuadro dondehabía dibujadas unas macedonias. Sekinci abrió el cuadro y entró en el huecoque había detrás.

 

Eso es la cocina les informó James.

¿La cocina? preguntó extrañado Albus. ¿Y paraqué le has seguido hasta la cocina?

Le he oído hablar con un compañero de que teníaque hacer unas investigaciones importantes contra un enemigo suyo y, seamossinceros, su mayor enemigo soy yo, así que me ha preocupado que se refiriese alo de Luned.

Comprensible dijo Scorpius.

James se adelantó y salió de la esquina dondeestaban escondidos. Se colocó cerca del cuadro aunque Albus y Scorpius ledijeron que no lo hiciese. Cuando Sekinci salió de detrás del cuadro, James lomiró como sorprendido de verle por allí.

¡Vaya, vaya! ¿Dando un paseo por las cocinas,Sekinci? James cruzó los brazos y se apoyó en la pared de forma despreocupada.

Sekinci le miró como si no le sorprendiese verleallí.

¿Disfrutas siguiéndome, Potter? ¿Ahora tienes unséquito? movió la cabeza hacia la dirección donde Scorpius y Albus estabanescondidos.

¿Acaso te molestan? se burló James, y Albus yScorpius salieron de detrás de la esquina.

¿Los tienes contratados para espiarme cuando túno puedes, como en la biblioteca ayer?

Albus recordó que el día anterior en labiblioteca no disimularon nada al mirarle y hablar de él, y que seguramente lohabía notado.

¿Estabas haciendo algo malo ayer? se siguióburlando James.

Si quieres jugar al Can Cerbero (que, por si nolo sabes, era el perro guardián del infierno en la mitología griega), podemosjugar ambos.

James arrugó la frente y se irguió un poco.

¿Qué quieres decir con eso?

Nada ahora era Sekinci el que se burlaba deJames. Sólo que seguro que no te gustaría que yo te espiara a ti. Tienesmuchos secretos que no querrías que yo supiera, supongo. ¿No, Can Cerbero?

James sacó su varita, pero Scorpius simulósaludar a un profesor, así que James escondió la varita. Sekinci rio como sisupiese que Scorpius había mentido, y cuando pasó al lado de James, le dio ungolpe con el hombro. James le empujó pero Sekinci hizo un hechizo para evitarcaerse y después le echó un maleficio a James.

¡ProtegoExpelliarmus! Sekinci esquivó elhechizo de James y salió corriendo. ¡Cobarde! ¡COBARDE!

Vámonos antes de que venga de verdad algúnprofesor dijo Scorpius.

Mapa del Can Cerbero dijo James, y miró a Albusy Scorpius. Así se llamará el mapa que hice.

James se separó de ellos y caminaron endirecciones opuestas. Mientras se alejaban, Scorpius miró a Albus un pocopreocupado.

¿Qué crees que ha querido decir Sekinci con esode los secretos?

No lo sé, Scor. Quizás nos oyó en la bibliotecae hizo sus deducciones. Quizás sabe lo de Luned.

¿Tú crees? Albus encogió los hombros comorespuesta y Scorpius resopló. No es fácil de descubrir lo de Luned. Yo creoque no sabe nada.

¿Y que lo que ha dicho sólo lo ha dicho paraasustar a James?

Eso creo, sí. ¿Tú no?

De nuevo, Albus no supo qué responder, así queencogió los hombros. Cuando se reunieron con Rose y Lizzie, les explicaron loque había pasado.

 

Vale, chicos Lizzie se puso delante de losotros tres niños con una postura de liderazgo, propongo algo. No sabemos nadade nada: ni de las cartas que recibió Albus, ni si Sekinci sabe algo o si sólointenta asustar a James. Así que, ¿qué os parece si pasamos de todo y noscentramos en ayudar a Luned y a pasarlo bien?

Me parece bien.

¿De verdad, Scorpius? se sorprendió Rose, ymiró a su amigo con las cejas alzadas.

Sí. No sabemos nada de las cartas ni de Sekincini tenemos ninguna pista. Es un poco tonto insistir en algo que no se puedecontrolar. No creo que lo tengamos que olvidar, pero sí apartarlo hasta teneralguna pista real.

Albus miró a Rose y encogió los hombros.

Creo que tienen razón.

Hum
Vale aceptó al final Rose.

¡Bien! Porque he pensado en algo dijo Lizzie,rodeó a sus amigos y los aproximó a ella. ¿Recuerdas el club que queríasfundar, Al?

Albus se acordó de la primera reunión del Club delas Eminencias y de las ganas que le habían entrado de crear un club propio enel que todos sus amigos pudiesen entrar.

Sí, es verdad.

Te pareció bien el nombre que di, ¿no?

Odiemos Todos Juntos a los Hermanos Sekincirecordó Scorpius, y rio junto a sus amigos.

Pues he pensado uno mejor: Entidad Contra losHermanos Sekinci, o para hacerlo más corto, «ecs», que sería como sepronunciarían las siglas (e, ce, hache, ese, porque la hache es muda).

Albus rio a carcajadas.

¿Cuánto tiempo has dedicado para que las siglaste diesen como resultado «ecs»?

Muuuuchas tardes sin hacer los deberes.

Vale, si vamos a fundar un club, quiero que unade las reglas no sea «pasar de hacer los deberes» estableció Rose, medio enbroma, medio en serio.

Es que hacer deberes es taaaaaaan aburrido selamentó Lizzie, y dejó caer los brazos muertos y los balanceó mientras caminabainclinada hacia el suelo, como si llevase un imán en el pecho que la atrajesehacia abajo.

No, pero yo quiero hacerlo en serio dijo Albus.Quiero que sea un club de verdad, y el nombre me gusta.

¿De verdad va a ser un club de odio a losSekinci? le preguntó Scorpius mientras paseaban por los pasillos sin unadirección concreta.

No exactamente. Nuestras reuniones no serán parahablar de cuánto odiamos a los Sekinci, pero puede ser lo que nos une. En vezde formar un Club del Arte, es un Club de Odiar a Otra Gente.

Scorpius rio.

¿Y qué haríamos en ese club? preguntó Rose.

No lo sé. Actividades, juegos, tardes de estudioy de poner apuntes en común, prácticas de hechizos, apuestas
O podría ser comoel Club de las Eminencias, que tiene unas cuantas reuniones durante el año enforma de cenas o meriendas.

Bueno, y qué tal esto empezó a proponerScorpius: como al fin y al cabo se llamará
(¿cómo has dicho, Lizzie?)«Entidad Contra los Hermanos Sekinci», ¿qué tal si hacemos un club para conocergente nueva que también odie a los Sekinci? Quiero decir que, por ejemplo, cadames se haga una reunión, y en esa reunión uno de los miembros tiene que traer aalguien nuevo que también odie a los Sekinci, y así ir metiendo nuevos miembrosy haciendo amigos nuevos.

¡Suena genial! ¡Me encanta! exclamóentusiasmado Albus.

¡Sí! La verdad es que es una gran ideacoincidió Lizzie.

 

A mí me cuesta hacer amigos, así que a mítambién me parece una buena idea dijo Rose.

Si estamos todos de acuerdo, sólo tenemos quebuscar un sitio donde hacer las reuniones dijo Albus, con una sonrisa de orejaa oreja y mientras daba saltitos de emoción.

¿Pero eso no nos lo puede ofrecer algúnprofesor? preguntó Rose. Supongo que debe haber un registro de clubes o algoasí, ¿no?

Pero no podemos registrar un club que,aparentemente, sea creado para odiar a otros alumnos se decepcionó un pocoAlbus.

Podríamos decir que el nombre del club son lassiglas. O sea que lo hemos llamado «ECHS».

Creo que lo que dice Scorpius lo podríamos hacerapoyó Rose a Scorpius. Y como los únicos miembros de momento seríamosnosotros, nadie se enteraría del verdadero nombre hasta que no estuviese dentrodel club.

¡Sí! Que la principal regla del club sea «Nodecir a nadie de fuera del club el verdadero nombre de este» dijo Lizzie conuna sonrisa.

Suena muy bien confesó Albus, emocionado.¿Cuándo lo registramos?

Para registrar su club, tuvieron que rellenar unformulario y esperar una semana para la confirmación de que todo estabacorrecto y para que les asignaran un lugar de reunión. Mientras esperaban, aRose se le ocurrió que podían hacer insignias con el logo del club para losmiembros, así que, con la ayuda artística de Scorpius, Rose creó unas insigniasque tenían forma de escudo con el borde azul Ravenclaw y el interior divididoen dos colores (rojo Gryffindor y amarillo Hufflepuff), y entre los doscolores, una forma redondeada (como si se tratase de un sello) con las letrasECHS en el centro de color verde Slytherin. Cada uno tuvo que pagar tressickles por las insignias, y se estableció que cada nuevo miembro tendría quepagar también tres sickles para recibir la insignia.

Antes de que les diesen la confirmación del club,James se reunió con ellos para decirles que había hablado con Luned y, aunqueestaba aterrada, quería intentar dejarse ayudar. La persona que le habíacausado mejor impresión había sido Lizzie, así que ella sería la primera enbajar para enseñarle. Como los de primero sólo tenían dos clases los viernes,decidieron utilizar ese tiempo libre para dar las clases a Luned.

El viernes, cuando Lizzie se fue con el mapa deJames, Albus le preguntó a Scorpius si estaba nervioso por el partido dequidditch que se jugaría al día siguiente, pues se trataba de Hufflepuff contraRavenclaw.

Un poco respondió Scorpius. Estaban sentados enel patio interior con una llama azul metida en un tarro de cristal que les dabacalor. Dicen que Hufflepuff tiene muy buenos jugadores y muy buenas tácticas,pero confío en que les repercuta la falta de uno de los cazadores que tenían elaño pasado, que se ve que era uno de los mejores del colegio.

¿Es a quien sustituye Rebecca, supongo?preguntó Albus.

Sí, exacto.

Es parecido a lo que pasó en nuestro partidoempezó a decir Rose, y Albus supuso que presumiría de que Gryffindor hubiese ganadoaquel partido: todo el mundo pensaba que Gryffindor no tendría oportunidad, ¿yqué pasó? Ganamos y les dedicó una sonrisa de superioridad.

Sólo ganasteis porque James os consiguió la snitch, pero no fue un partido del quesentirse orgulloso si eres un Gryffindor dijo Scorpius.

Eso mismo acordó Albus. Nosotros jugamos muchomejor que vosotros.

 

Pero lo que cuenta es el resultado quiso zanjarel tema Rose.

Nosotros os enseñaremos lo que es ofrecer unpartido de calidad dijo orgulloso Scorpius.

Aunque Scorpius era un niño modesto y que no semetía en disputas, cuando se trataba de quidditch mostraba su orgullo y suentusiasmo sin ninguna vergüenza, incluso se enzarzaba en discusiones paradefender a su equipo.

Hablas como si fueseis los mejores del colegiose burló Rose.

Bueno, no puedo esperar mucho de un equipo cuyamascota es un león, animales que se dedican a ser vagos y a dejar el trabajo aotros.

Albus alzó las cejas, abrió mucho los ojos yabrió la boca, igual que Rose.

Guau murmuró Albus.

Estoy deseando que llegue el partido para verosperder, águilas dijo despectivamente Rose.

¿Hacemos una apuesta? propuso Albus y lesdedicó una sonrisa a sus amigos. ¿Los deberes de toda una semana?

No voy a jugarme los deberes, Al se negó Scorpius.

Pero si ganas te los haría Rose.

No podemos hacer eso.

¿Pero estás de acuerdo en apostar? notó Rose,divertida.

Sí. Me gustaría apostar por Ravenclaw. Peropropongo que lo hagamos bien. Que quede por escrito.

Las apuestas de quidditch serán una de lasactividades de nuestro club. ¿Os parece bien? dijo Albus.

¡Genial! exclamó Rose. Pero, entonces,¿queréis esperar a Lizzie? Quizás quiera apostar también.

Vale. Y lo redactaremos. Y lo que pactemos setiene que cumplir estableció Albus.

Sí dijeron Scorpius y Rose al unísono.

Cuando Lizzie volvió de dar la clase a Luned, sereunió con sus amigos en el patio y les explicó que Luned había estado muynerviosa y la magia se le había descontrolado varias veces. Les enseñó algunasheridas que había recibido, pero no eran graves, así que evitó ir a laenfermería. Se las curó Scorpius allí mismo, pues llevaba encima algunashierbas. A pesar de los problemas, Lizzie había conseguido que Luned se relajasey le había podido enseñar algunos hechizos y mucha teoría.

Creo que el siguiente que debería ir es Scorpiusopinó cuando acabó de contarles todo lo que había pasado con Luned, y miró aScorpius. Tienes paciencia y además eres muy listo. Y como tienes queenseñarle dos asignaturas, podrías ir más veces antes que bajen Rose y Albus aenseñarle hechizos que requieran más concentración.

Scorpius aceptó, y Albus se preparó para hablardel ECHS y de las apuestas.

Creo que estaría bien hablar de lo que se va ahacer en el ECHS antes que nos den la confirmación, y así poder añadir nuevosmiembros a finales de este mes.

Todos estuvieron de acuerdo, pero Scorpiusprefería un ambiente más tranquilo para hablarlo, así que fueron a labiblioteca.

Qué pena no tener una sala común para todoscomentó Lizzie una vez se hubieron sentado a una mesa; ahora nos sentaríamosen un sofá delante de la chimenea y con un pergamino en las rodillas paraescribir.

Puede que si conseguimos ser muchos miembros,nos den una sala de reunión guay, con un sofá y una chimenea dijo Rose.

Ojalá.

Scorpius sacó pergamino y pluma para apuntar todolo que se dijese, y cuando tuviesen todas las reglas claras, lo pasaría alimpio.

Primero: ¿cada cuánto queréis hacer lasreuniones? empezó Albus.

Pues depende de cuantas personas podamos traerpara que se hagan miembros dijo Lizzie.

 

Estuvieron lo que quedaba de la tarde encerradosen la biblioteca, estableciendo las normas, pero como no les dio tiempo,tuvieron que volver después de cenar y seguir con las normas y las actividades.Faltaba una media hora para que la biblioteca cerrase cuando Albus pidió aScorpius que leyese todo a lo que habían convenido, y cuando todos estuvieronde acuerdo que esos eran los elementos clave de su club, se despidieron y sefueron cada uno a sus salas comunes con la promesa de Scorpius de que al díasiguiente les daría a cada uno una copia del documento pasado a limpio.

Despertarse en una habitación de Slytherinsiempre era confuso. Eran las únicas habitaciones en las que no entraba luznatural, así que nunca sabían si fuera había salido el sol, si llovía, sinevaba o si había vendavales. Tampoco podían recibir ni enviar lechuzas desdesu sala común porque sus únicas ventanas daban al lago y, por lo tanto, tampocopodían tener las lechuzas en las habitaciones con ellos. Albus echaba mucho demenos a Zorion e iba a visitarlesiempre que podía a la lechucería. La lechuza también notaba el cambio y no legustaba, pues parecía que siempre tenía una mueca de enfado con Albus, aunquedespués de pasar un rato con él, se calmaba. Zorion era una lechuza macho que tenía las plumas de un preciosocolor castaño que recordaba al café y unos ojos negros azabache. Era bastantegrande para ser una lechuza marrón. Albus recordaba cómo se asustó el día enque la vio en el Emporio de la Lechuza; estaba en una jaula regular para las desu especie, pero era tan grande que tenía la cabeza ladeada con tal de caber enla jaula, y no podía desplegar casi las alas. Aunque Albus se asustó de su grantamaño y de sus ojos oscuros, le dio tanta pena verlo en esa jaula que le pidióa su padre que se la comprase para que pudiese abrir las alas y sentirse libre,y Zorion se lo agradeció tanto quehasta la fecha nadie que no fuera Albus podía acercarse a él.

Hacía días que no iba a visitarle, así que Albusse levantó pronto con la intención de ir a verle antes de desayunar. Se vistióen su cama, con las cortinas de dosel a su alrededor, y cuando estuvo listo,corrió las cortinas y se puso los zapatos. Cuando alzó la cabeza y se levantó,vio por el rabillo del ojo algo moverse por la ventana que había al lado de sucama. Se volvió para mirar con más atención, y lo que vio le causó tantaimpresión que dio un salto hacia atrás. Era una criatura de piel amarillaverdosa (aunque bajo la tonalidad verde del fondo del lago parecía grisácea),con el cabello del color de las algas y los ojos amarillos. Era parecida a unser humano de cintura para arriba, y de cintura para abajo tenía una delgada ylarga cola de pez. El pelo largo flotaba en el agua con un movimientohechizante. Albus no supo qué hacer. La criatura parecía tan confusa como él,pues se mantenía alejada de la ventana, pero no lo suficiente para que Albus nopudiese verla. Albus tragó saliva, levantó una mano poco a poco y la agitósuavemente en señal de saludo. La criatura observó el movimiento atentamente ylo repitió. Albus sonrió y la criatura torció un poco la cabeza. Llevaba unalanza en la otra mano, pero la mantenía bajada. Albus se acercó a la ventana ypuso la mano en ella, y la criatura, cuidadosa, le imitó. Se quedaron mirando alos ojos, y la criatura abrió la boca y emitió un hermoso canto que llegó aAlbus tan suave como una canción de cuna.

 

Una mano aterrizó en el cristal con fuerza einterrumpió el canto de la criatura. Sekinci se acercó al cristal paraasustarla y esta se alejó gritando.

¿Pero a ti qué te pasa, imbécil? le gritóAlbus.

¿Qué me has llamado? se enfureció Sekinci, yempujó a Albus.

La criatura, que aún seguía cerca de la ventana,dio un golpe al cristal con su lanza.

No puedes hacer nada desde ahí, tonta rioSekinci, dirigiéndose a la criatura. Albus se lanzó contra Sekinci y amboscayeron sobre la mesita de noche de Albus. Sekinci rio. ¡Albus Potter,defensor de criaturas raras como él! y rio de nuevo.

Albus le estampó la cabeza contra el suelo ySekinci levantó los brazos para coger el cuello de la camiseta de Albus.Rodaron por el suelo dándose golpes en la cabeza mientras la criatura dabagolpes con su lanza en la ventana. Alguien cogió a Albus por los brazos y tiróde él, y hubo otras manos que hicieron lo mismo con Sekinci.

¡Ya vale, parad los dos! les gritó Richard porencima de los insultos que se dedicaban Albus y Sekinci.

Les costó separarlos, y los llevaron cada uno aun extremo de la habitación. Cian sostenía a Sekinci, y Richard y Charliesostenían a Albus porque ambos intentaban zafarse y seguir peleando. Lacriatura dedicó una mirada fría y calculadora a Sekinci antes de desaparecer.Como no paraban de agitarse, Cian le pidió a Richard que inmovilizase aSekinci, así que Charlie agarró solo a Albus lo máximo que pudo mientras Richardiba a coger su varita.

Petrificustotalus.

¡No! gritó Sekinci antes de que se le quedasenlos brazos pegados al cuerpo y cayese petrificado sobre Cian.

Albus se zafó de Charlie, pero se quedó quietodonde estaba, como si se le hubiese olvidado lo que quería hacer.

¿Por qué no lo hemos hecho con Albus también?preguntó Charlie.

Porque Sekinci nos cae mal dijo Cian mientrasapartaba a Sekinci y salía de debajo de él.

Albus fue corriendo a la ventana, pero vio que lacriatura ya no estaba y maldijo por lo bajo.

¡Siempre lo tienes que estropear todo, ¿no?! legritó a Sekinci después de aproximarse a él y acercarse a su cara. ¿Pero quéte pasa, en serio? ¿Te tienes que cargar todo lo bonito del mundo?

Vamos, Albus intentó calmarle Cian, y le apartóde Sekinci.

Ayúdame a meterlo en su cama, Charlie pidióRichard.

Juntos lo levantaron del suelo y lo pusieronencima de su cama mientras Cian hacía que Albus se sentase en la suya. Todosexcepto Albus estaban en pijama, y Cian tenía el pelo rubio enmarañado. Charlieni siquiera se había puesto las gafas aún.

Se lo dirá a los profesores dijo Richardmientras él y Charlie se acercaban a Cian y Albus.

Esperad pidió Albus. Muffliato susurró, y alrededor de ellos se creó un campo en el quepodían hablar sin ser escuchados por los que estaban fuera (es decir,Sekinci). Lo uso siempre en casa. Es muy útil si quieres que tu hermano no seentere de algo personal.

¡Genial! exclamó Cian.

Cuando se enteren de esto, nos quitarán por lomenos cincuenta puntos a cada uno dijo Richard.

¿Cincuenta? exclamó indignado Cian.

¡No sólo Albus ha pegado a Sekinci, sino queademás le hemos hechizado y todo el mundo ha estado de acuerdo! explicóRichard. Estamos fastidiados.

 

Somos cuatro contra uno, y todo el mundo sabe elodio que tiene Sekinci por los que no son "de su clase" dijo Cian. Si nosponemos todos de acuerdo y negamos que pasase nada, nos creerán.

Vale dijo Albus, aún un poco enfurruñado. Perohaz otros hechizos con tu varita, Richard. Puede que miren el último hechizo queusaste para determinar si de verdad hechizaste a Sekinci.

Buena idea.

Entonces estamos todos de acuerdo, ¿no? seaseguró Cian. Si llega el momento (que llegará), lo negamos todo.

Todos asintieron y fueron cada uno a su baúl paravestirse y acudir al partido de quidditch después de desayunar, excepto Albus,que cogió su varita, una chaqueta y sus guantes, gorro y bufanda de Slytherin ysalió en dirección a la lechucería.

A medida que subía las escaleras, el batir de lasalas y el olor a excremento se hacían cada vez más fuertes. La lechucería erauna sala circular con ventanas sin cristal y con el suelo cubierto de paja yexcrementos de lechuza. En las perchas que colgaban del techo estaban laslechuzas tanto de los alumnos como del colegio. Albus se abrazó cuando llegó ala cima de las escaleras, porque al ser ventanas sin cristales y ser una torre,había fuertes corrientes de viento. Levantó un brazo en horizontal y llamó a Zorion, que con elegancia se posó sobreel brazo de su amo. Pesaba tanto que Albus tenía que hacer mucha fuerza paramantenerlo en alto.

Hola, Zorion.Te he echado de menos la lechuza giró la cabeza como si estuviese indignado.Albus rio y le acarició la parte inferior de su cuerpo. La lechuza pareciórelajarse y miró a Albus como si le perdonase. Albus resopló. Hay personasmalas en el mundo, ¿sabes? Zorion lemiraba tan profundamente que Albus pensó que le entendía. Ojalá jamás teencuentres con nadie así. Prometo que no te mandaré a casa de ningún imbécilpara que entregues una carta. Si alguna vez tengo que enviar una carta parainsultar, enviaré a otra lechuza.

Zorion se posó en el hombro de Albus y acarició su picocontra la mejilla de su amo. Después de un rato jugando, Albus se despidió de Zorion y bajó al Gran Comedor paradesayunar.

Se sentó junto a Charlie y delante de Cian yRichard en la mesa de Slytherin y estuvieron hablando del partido de Hufflepuffcontra Ravenclaw. Albus comió poco porque la pelea contra Sekinci le habíaquitado el apetito y las ganas de hacer nada. Sus amigos intentaron animarle yque comiese algo.

Vamos, no vale la pena que te molestes poralguien como él dijo Richard.

Sí. Toma, come Cian le tiró una tostada untadacon mermelada a su plato. La he untado yo mismo, el mejor untador del mundo.Deberías probarla bromeó Cian.

Oh, sí, las tostadas untadas por Cian Jardineson las mejores no sólo del mundo mágico, sino también del muggle siguió conla broma Richard.

Charlie asintió con la cabeza y las gafas se leresbalaron un poco por la nariz. Albus rio, cogió la tostada y le dio unmordisco, pero alguien le dio un empujón por detrás y se atragantó con el trozode tostada. Charlie le dio unos golpes en la espalda para ayudarle.

¿Dónde está mi hermano? preguntó VergiliusSekinci, sin esperar a que Albus se liberase del trozo de tostada en lagarganta.

Albus tosió y el trozo salió disparado hacia elplato. Charlie dejó de darle golpes y Sekinci le cogió del cuello de lacamiseta (se había quitado la chaqueta y la había puesto encima de lasrodillas, pero cuando Sekinci lo levantó del banco, se le cayó al suelo).

 

¡Suéltale! le espetó Charlie a Sekinci.

Él miró al niño como si mirase una pulga y leempujó con la mano que tenía libre, y cuando volvió a mirar a Albus, lo únicoque vio fue un puño estampándose contra su nariz. Soltó a Albus en un actoreflejo y se echó hacia atrás. Albus agitó la mano con la que le había pegado,pues le había dolido. Cian congeló algunas lentejas y se las tendió a Albuspara que metiese la mano dentro.

¿Se puede saber qué ha pasado aquí? se acercóel profesor Faulkner con el rostro comprimido. Pegar a un alumno es una faltamuy grave, señor Potter.

¡Pero él sólo me ha defendido! exclamóCharlie. ¡Sekinci ha empezado!

¡Basta, señor Adam! Se le restarán cincuentapuntos a Slytherin por su jueguecito. Ahora acompáñenme a la enfermería.

Albus resopló, sacó la mano de las lentejascongeladas, recogió la chaqueta del suelo y siguió al profesor Faulkner y aSekinci (que no retiraba la mano de su nariz) hacia la enfermería. Una vezallí, y mientras Hannah Longbottom atendía a Sekinci, el profesor Faulkner sesentó al lado de Albus en la cama donde esperaba a ser atendido.

¿Qué ha pasado? le preguntó Faulkner.

Sekinci me cogió de la camiseta y me levantó delbanco. Charlie sólo le dijo que me soltase, y él le empujó resopló. He tenidouna mala mañana, y no estaba dispuesto a permitir que Sekinci fuera metiéndosecon todo el mundo.

Los profesores estábamos allí y lo estábamosviendo. Si me hubiese dejado un poco más de tiempo, Potter, hubiera parado aSekinci.

Albus chasqueó con los dientes. Hubiese podidoevitar una pérdida de puntos tan importante con ser un poco más paciente.

Ya, no lo pensé. Lo siento.

Bueno, lo hecho, hecho está. Ganaremos puntospor otra cosa. Pero no vuelva a pegar a ningún compañero, ¿de acuerdo?

Lo intentaré, señor.

Confío en que eso signifique un sí rotundo parausted.

Albus sonrió. Faulkner se levantó, habló conHannah y, antes de irse, se despidió de Albus con la mano. Hannah tambiénregañó a Albus mientras le curaba, y le dijo que esa vez no avisaría a suspadres, pero que si volvía a pasar algo parecido, les mandaría una lechuza.Albus aceptó asustado y salió corriendo de la enfermería cuando Hannah acabó deatenderle.

Ya no quedaba nadie en el Gran Comedor cuandoAlbus llegó al vestíbulo, así que corrió hacia el estado de quidditch en buscade sus amigos. Scorpius estaba con Cian, Richard y Charlie, y además había doscompañeros de Ravenclaw de Scorpius: Jayden y Alex, a los que conoció el díadel incidente de las entradas a las salas comunes.

Jayden era rubio con ojos grises, tenía la narizgrande y rota y pecas por toda la cara; Alex, en cambio, tenía el pelo moreno ylos ojos oscuros, tenía los dientes grandes y era bajito.

Es un fastidio que nos hayan quitado tantospuntos se quejó Cian en medio de los gritos del público cuando Albus llegó conellos.

Ha sido culpa mía. Lo siento gritó Albus parahacerse oír.

No pasa nada le restó importancia Richard.Cian y yo ya nos habíamos levantado para darle una buena tunda, así que si nole hubieses pegado tú, lo hubiéramos hecho nosotros.

 

¿Qué ha pasado en el desayuno? preguntóScorpius.

Después te lo cuento, Scor.

¡Ya salen, Scorpius! exclamó Alex.

Todos miraron hacia el campo. Como habíanesperado durante un rato a Albus en la puerta del Gran Comedor, no pudieroncoger las gradas de más arriba, así que tuvieron que conformarse con las másbajas. Richard había cogido unos prismáticos para Albus, así que se los tendiójusto antes de que los jugadores salieran al campo.

¡Y ya empiezan a salir al campo! exclamó elcomentarista, Howard. ¡Hoy se enfrentan Hufflepuff y Ravenclaw aquí, en elestadio de Hogwarts! ¿Quién ganará? ¡Quién sabe! ¡Para eso estamos aquí! se lenotaba más entusiasmado que en el Gryffindor contra Slytherin. Albus supuso queera porque jugaba su casa. Todos se preparan, las pelotas son liberadas, seoye el silbato de la árbitra ¡y comienza el partido! Hufflepuff tiene la quaffle. Mackenzie Maccrum vuela hacialos postes de gol, pasa la quaffle aCepheus Weelock, y Ned Headbeg, el golpeador de Ravenclaw, desvía una bludger que iba directa hacia HarveyBrock, el buscador de Ravenclaw, y en su nueva trayectoria, la bludger le da a Weelock justo después deque haya podido pasar la quaffle aRebecca Phillips, uno de los nuevos fichajes de Hufflepuff. Aún Phillips, pasaa Maccrum, Maccrum se acerca a los postes, pasa de nuevo a Weelock, Weelocklanza
¡Y Minna Sands, la guardiana de Ravenclaw, evita que la quaffle entre en el aro! Sands pasa la quaffle a Nick Griffin, capitán de Ravenclaw,y este sale volando hacia el otro extremo del campo. Idji Cornfoot desvía una bludger antes de que le dé a su capitán.Sigue Griffin. Weelock se acerca peligrosamente a Griffin y se lanza contra él,pero Griffin pasa la quaffle a HenaPocock. ¡Uy, no llega a cogerla! Phillips se mete en medio y coge la quaffle en el aire. La pasa a Maccrum
¡OH! Una bludger le ha dado, ¡ha tenidoque doler! Hiroto Fairchild, de Ravenclaw, coge la quaffle mientras esta cae y vuela hacia los postes de gol.Fairchild se aproxima
Weelock va tras él, ¡pero le da otra bludger! Aún Fairchild, Fairchild estállegando a los postes
¡Y Phillips se interpone! Intenta quitarle la quaffle, pero Fairchild la pasa aPocock, que se encuentra con un bloqueo, pasa la quaffle a Griffin ¡y Griffin lanza! John Smith intenta detener una bludger que va directa hacia MarthaNobble, la guardiana y capitana de Hufflepuff, ¡pero no llega a tiempo y le daen el hombro! ¡Justo cuando pasaba la quaffle!¡La quaffle ha entrado! ¡GOL DERAVENCLAW!

Scorpius saltó y gritó junto a Alex y Jayden, ytambién lo hicieron todos los Ravenclaws que estaban alrededor de Albus y losdemás.

¡Qué cambio de este partido al anterior! gritóRichard.

¡Desde luego! acordó Albus. Son mucho mejoresque nosotros.

¡Ni flipando va a ganarles Gryffindor! se burlóCian.

Durante todo el partido, ambos equipos iban muyigualados, así que la única opción que les quedaba era la snitch. Quien la cogiese, ganaba el partido. Pero la pelota noapareció hasta que no hubieron pasado quince minutos de partido. Se encontrabanen un empate: cuarenta a cuarenta, y ni siquiera cuando apareció la snitch tuvo un equipo ventaja sobre elotro, porque los dos buscadores vieron la pelota al mismo tiempo. MientrasMaccrum se aproximaba a los postes de gol, Ynus Gyese y Harvey Brock volaroncasi hasta los límites del campo para coger la snitch. Smith intentó detener una bludger, pero no llegó a tiempo y chocó contra la escoba de Gyese ylo desvió. Maccrum marcó justo después que Brock cogiese la snitch.

 

¡HA GANADO RAVENCLAW! ¡No me lo puedo creer!¡Ravenclaw ha ganado a Hufflepuff! decía Howard como si estuviese confundido yno se acabase de creer lo que había pasado. ¡Ciento noventa a cincuenta!

Todos los Ravenclaws saltaban, gritaban y agitabanlos puños en el aire. Había sido un partido muy duro, y como tal, losRavenclaws no se burlaron de los Hufflepuffs; ambos equipos reconocieron quehabía sido un gran partido y se felicitaron el uno al otro por lo bien quehabían jugado.

Después de comer, Albus se reunió con Scorpius,Rose y Lizzie para comunicarles que ya tenía la confirmación del club ECHS. Leshabían dado el aula seiscientos ocho, en el ala este de la sexta planta delcastillo. Según le habían dicho a Albus, esa aula estaba inutilizada y selladacon una contraseña para que no entrase nadie, así que era perfecta para la sedede un club. Mientras iban de camino al aula, Scorpius le dio un papel a cadauno con las reglas del club.

Se me olvidó dároslo esta mañana se disculpó.

¡Ah, genial! exclamó Albus, y procedió aleerlo.

El texto estaba rodeado de un ornamento dibujadoa mano que reflejaba unas curvas doradas, y rezaba:

Principios de la Entidad Contra los HermanosSekinci

0. El nombre completo del club es secreto, y sólolos miembros de este pueden saberlo. Para todos los demás, el club se llamaECHS. En caso de que un miembro difunda el nombre real del club, será expulsadoinmediatamente.

1. El club no se creó con la intención de herir aningún alumno. Por tanto, todo aquel que hiera a un compañero y proclamehaberlo hecho en nombre del club, será expulsado inmediatamente y reportado alos profesores. Si se tratase de un no-miembro, sólo se le reportará.

2. Debe respetarse a todos los miembros del club,por lo que quedan prohibidos los abusos e insultos entre miembros.

3.1 Las reuniones cotidianas podrán ser convocadaspor cualquier miembro del club, sean nuevos o veteranos.

3.2. Las reuniones de reclutamiento se llevarán acabo semestralmente. A conocer, en los meses de noviembre y abril.

3.2.1.Cada miembro veterano podrá traer como máximo a dos personas para que se haganmiembros del club. No es obligatorio.

3.2.2.Las personas candidatas a ser miembros no podrán traer consigo a más personas.Sólo podrán hacerlo en la próxima reunión, cuando ya sean miembros reconocidos.

4. Las apuestas entre miembros del club seránrevisadas y oficiadas por Albus Potter.

 

4.1. Cada miembro recibirá 100 puntos al entrar en elclub.

4.2. Se apostarán tantos puntos como se quiera.

4.3. Queda prohibido apostar cualquier cosa que nosean los puntos otorgados por el club.

4.4. El miembro que llegue a quedarse sin puntos,deberá hacer algo vergonzoso que decidirán los demás miembros para poderrecuperar puntos. Los puntos que se puedan recuperar también los decidirán losdemás miembros del club.

5. Cualquier secreto o sentimiento que se hagapúblico dentro del club, debe quedarse en el club. Quien rompa esta regla, seráexpulsado inmediatamente.

6. El club será curricular.

7. Se pagarán tres sickles a Rose Granger-Weasleypor la insignia del club.

Está genial, Scorpius dijo Albus cuando acabóde leer.

Yo ya he hecho unas cuantas insignias dijoRose, que llevaba las insignias en una cajita. Cuando las entregue, escribirédetrás el nombre del miembro propietario.

Fantástico se excitó Lizzie. Entonces
Perdistela apuesta, ¿eh? rio.

Es verdad, Rose le recordó Scorpius. Hemosganado el partido, y debo decir que ha ido muy difícil y muy duro. Ha sido ungran partido.

Sí, vale, no hace falta que me lo recordéis.

Albus,Scorpius y Lizzie rieron. Unos minutos más tarde, llegaron a la puerta delaula. Albus se adelantó, sacó la varita, apuntó a la cerradura y dijo:

Hogwarts, enséñame algo, por favor.

La puerta se abrió sola, y los niños entraron enel aula. Era una habitación calurosa y olía a ratón muerto y a madera vieja. Notenía ventanas y los muebles que había eran viejos y estaban roídos. Ladecepción y el asco se veían reflejados en los rostros de los niños, que sehabía quedado cerca de la puerta. Lizzie se adelantó, respiró hondo (de lo quese arrepintió casi de inmediato) y se remangó el jersey.

Pongámonos a trabajar les animó.

Sacó la varita e hizo el encantamiento dereparación. Scorpius y Rose fueron a buscar escoba, mocho y trapo y se pusierona limpiar, y Albus hizo un encantamiento avanzado para que en uno de los murosse reflejase el tiempo de fuera, como el techo del Gran Comedor. Cuandoacabaron, el aula quedó mucho más presentable que cuando habían llegado: elsuelo estaba reluciente, los muebles estaban como nuevos, el polvo habíadesaparecido, la iluminación se había vuelto agradable y en los muros sereflejaba el día oscuro y ventoso que hacía fuera.

Le faltan sofás dijo Lizzie.

Y los muebles que hay son pupitres dijo Rose.Deberíamos quitarlos y poner una bonita mesa en la que poder hacer deberes yjugar a juegos de mesa.

Y poner un armario donde guardar los juegosañadió Scorpius.

Y en la pizarra podríamos colgar las reglas yescribir el próximo día de reunión y los miembros y los puntos que tienen cadauno, que por cierto
dijo Albus.

Oh, vaya se quejó Rose.

Rose ya había asignado cada insignia a uno deellos y las llevaban sujetas en las camisetas, en el lado contrario delcorazón. Albus se acercó a la pizarra y empezó a apuntar:


Próxima reunión*:25 de noviembre, 11 am

Albus → 104 pts

Lizzie → 104 pts

Scorpius → 104 pts

Rose → 88 pts

¿Para qué es el asterisco? preguntó Lizzie.

Quiere decir que es una reunión de reclutamientorespondió Albus.

Ah, ya. ¿Todos vais a traer a alguien?

Yo sí.

Yo también dijo Scorpius.

Sí, yo tengo alguien en mente también comentóRose.

Vale
Podemos traer a cualquiera, ¿no?

Todos respondieron a Lizzie que sí (siempre ycuando, claro, odiasen a los hermanos Sekinci), pues al fin y al cabo, elobjetivo del club era conocer gente nueva y hacer nuevos amigos.

Oíd empezó a decir Rose mientras mirabafijamente la pared de enfrente de la de la pizarra: ¿qué os parecería colgarallí fotos de los Sekinci y que pudiésemos pintar en ellas y tirarles cosas, yaque con los de verdad no podemos hacerlo?

¡Me parece genial! exclamó divertida Lizzie.Aunque tendremos que conseguir muchas fotos para que nadie se quede con lasganas.

Era bien entrada la tarde cuando salieron delaula hablando animadamente de nuevas ideas para el club y para el aula. Habíancambiado la contraseña de «Hogwarts, enséñanos algo, por favor» a «EntidadContra los Hermanos Sekinci», pues ya que el nombre era secreto y sólo podíanconocerlo los miembros, era la contraseña perfecta. También habían establecidoque, cuando se fuese a decir la contraseña, antes se conjurara en hechizo muffliato, para evitar que por accidentealguien lo oyera.

¿A quién vas a traer tú, Albus? le preguntóScorpius cuando ya se acercaban a la Gran Escalera.

A James, por supuesto. Le encantará la idea. Másadelante me gustaría traer a Cian, Richard y Charlie. ¿A quién traerás tú?

A Alex y Jayden. No me atrevería con nadie másrio tímidamente.

Oh, Scorpius rio Albus también. ¿Y vosotras?

Aún tengo que acabar de decidirme dijo Rose yachinó los ojos en señal de duda.

Yo quiero probar algo, así que tendréis queesperar hasta el día de la reunión dijo entre divertida y misteriosa Lizzie.


Como no podían decir de qué trataba exactamenteel club, a los niños les fue un poco difícil convencer a las personas para quefueran a la reunión, sobre todo para Scorpius, porque el día anterior del díade la reunión le había tocado a él dar clases a Luned, y había vuelto a la salacomún con heridas. Jayden y Alex le ayudaron a curarse, pero temieron que fuerapor algo relacionado con el club, así que el sábado iban un poco reacios haciala sede.

A medida que Albus, Rose, Scorpius y Lizzie ibanllegando a la puerta (en ese mismo orden), hacían el hechizo muffliato con sus invitados fuera, paraque no oyesen la contraseña. Hasta que no tuviesen las insignias que lesidentificaba como miembros, no podían saber la contraseña.

Como no habían podido tener acceso a ningún sofá,distribuyeron las sillas en redonda y apartaron las mesas. Cuando ya hubieronllegado todos y se hubieron sentado, Albus se levantó de su silla.

Buenos días a todos, y bienvenidos a la sede delclub ECHS. Los nuevos seguramente estaréis un poco confundidos, así queexplicaré de qué va todo esto. Primero de todo, tenéis que saber que los que oshan traído aquí os tienen la suficiente confianza como para saber que nodifundiréis nada lo que se hable aquí. Este club tiene el objetivo de conocergente nueva y hacer nuevos amigos, pero todos los miembros deben tener una cosaen común: odiar (o que les caigan mal) los hermanos Sekinci.

 

Todos los nuevos se miraron entre ellos consonrisas en el rostro.

¡Este club es genial! exclamó James. Va, va.¿Cuántos de aquí odiamos a algún Sekinci?

Todos levantaron la mano emocionados y rieronante el resultado.

¡Bien! rio Albus. Vale, pues empezaremos conlas presentaciones. Yo me llamo Albus Potter, soy de Slytherin y estoy enprimero, y he traído a mi hermano James.

Albus se sentó y James se levantó. Sonrió a todoel mundo y se fue al centro de la redonda. Mientras hablaba, se iba girandopara mirar a todos los presentes.

¡Hola! Yo soy James Potter, soy un Gryffindor(¡arriba, leones! ¡Somos los mejores!) y estoy en tercero. Soy el hermano mayorde ese pequeñajo señaló a Albus, quien se encogió en su silla, y soy el mejorbuscador del colegio.

Mientras volvía a su silla, hubo abucheos enbroma, y Scorpius gritó que el mejor buscador del colegio era Brock, deRavenclaw. Hubo bromas y burlas antes de que Rose se levantase.

Yo soy Rose Granger-Weasley, soy de Gryffindor(la mejor casa del colegio) y voy a primer año. Soy a la que tenéis que pagartres sickles a cambio de una insignia. Ah, y he traído a Sabrina Lynwood.

¡Holaaaaa! saludó Sabrina antes de que Rosetuviese tiempo de sentarse otra vez. Como ha dicho mi compañera Rose, yo mellamo Sabrina Lynwood. Soy hija única y vivo en Stamford, en una casa que mispadres llamaron Clovertack. Tengo once años, soy sangre pura y soy unaGryffindor. Voy a primero junto a muchos de los que estamos hoy aquí, y tengoque decir que me encanta Hogwarts y todos los alumnos, menos, obviamente, loshermanos Sekinci, que, ecs, no me caen nada bien. Son muy esnobs y racistas y

Vale, Sabrina, ya está le interrumpió Rose, yle indicó con un gesto que se sentase.

Bueno, pues me toca a mí dijo tímidamenteScorpius mientras se levantaba. Mi nombre es Scorpius Malfoy, son un Ravenclawy también voy a primero. Y me acompañan Jayden y Alexander.

Jayden y Alex se presentaron como todos los demás(nombre, apellido, casa y curso). Después le tocó a Lizzie y después a suacompañante, que para sorpresa de todos, era Rebecca.

Hola a todos. Como ha comentado Elizabeth, yo mellamo Rebecca Phillips, soy de Hufflepuff (y la única, por lo visto) y voy asegundo. Me alegra no ser la mayor del grupo, así que gracias, James bromeóRebecca.

¡De nada! exclamó James con una sonrisa.

Scorpius explicó las normas del club de forma másresumida que en el papel oficial que habían colgado en la pizarra, y les dijoque si tenían alguna duda, las normas estaban mejor explicadas en el papel. Lascopias de Rose, Albus y Lizzie (la de Scorpius era la que estaba colgada en lapizarra) las habían guardado bajo llave en el cajón del escritorio delprofesor, pues no podían arriesgarse a que las encontrasen en sus habitaciones(y más la de Albus). Después, los nuevos dieron el dinero a Rose y ella lesentregó las insignias con sus nombres grabados en el reverso. A todos lesentusiasmaba formar parte del club, así que les dijeron el verdadero nombre delclub y la regla cero del reglamento, y les confiaron la contraseña de la sede.Hablaron de hacer una celebración en Navidad, pero la mayoría volvían a casa enesas fechas, así que se pactó una fiesta de inicio de trimestre para levantarel ánimo. A la hora de comer, salieron todos de la sede y fueron al GranComedor.

 

Estuvieron tan centrados en el club, en lasclases de Luned y en los regalos de Navidad que diciembre se pasó en un abrir ycerrar de ojos. Antes de que se diesen cuenta, las ventanas se congelaron y losprimeros copos de nieve cayeron, y sólo faltaban cinco días para Navidad. Seríala primera Navidad que Albus, Rose y James pasarían fuera de casa, pues habíandecidido quedarse en Hogwarts para poder pasarla con Luned.

Esa noche, Slughorn había organizado una fiestade Navidad antes de que el expreso volviese a Londres, a la que había invitadono sólo a los miembros del Club de las Eminencias, sino a antiguos alumnos, aamigos y compañeros suyos, y además, los invitados podían llevar acompañantes.Aunque Albus estaba más que acostumbrado a las fiestas de grandes muchedumbres,estas eran normalmente familia y los conocía a todos, al contrario que lafiesta de Slughorn. Estaba un poco nervioso de estar en un lugar tan lleno degente desconocida, y siendo la mayoría mayor que él. Para animarlo, habíadecidido llevar como cita a Lizzie, y como a Rose le enrabiaba que Scorpius noestuviese en el club meramente por quién era su padre, decidió llevarlo a élcomo cita. Así, Albus estaría rodeado de sus amigos más íntimos, y eso leconsolaba.

La fiesta se hacía en el despacho del profesor,en el sexto piso. Como era un evento formal, Albus se había puesto su túnica degala, sobre la que bromearon sus compañeros de habitación.

¡Potter! exclamó Richard en un intento deimitación de Slughorn. Se tocó un bigote imaginario y rodeó a Albus por loshombros. Me alegra que hayas venido a mi fiesta de famosos. ¡Tú eres el másfamoso de ellos, y por eso llevas ese traje tan cutre! rio junto a Albus.

¡Albus, Albus! gritó Cian como si fuera unaadmiradora, y dio saltitos mientras lo señalaba. ¡Llévame como acompañante yconvierte mi vida en un cuento de princesas! cogió a Albus y dieron vueltascogidos de la mano.

Dejadme en paz. Ya me veo suficientementeridículo sin vuestra ayuda confesó Albus mientras se reía.

¿Elizabeth y tú os daréis besitos en la boca?preguntó Cian, y sacó los labios como si fuese un pato y dio besos en el aire.

Albus puso una mano encima de la cara de Cian yle empujó suavemente hacia atrás. Cian dejó de hacer la mueca y se rio junto aRichard y a Charlie. Sekinci no estaba en la habitación, como de costumbre.Intentaba pasar la mayor parte del tiempo posible fuera de la habitación ylejos de Albus y sus amigos.

Me tengo que ir ya. Los demás me estaránesperando dijo Albus, cogió su varita y la guardó en un bolsillo interior dela túnica negra.

Procura que Sekinci no te vea le advirtióRichard. No será tan simpático como nosotros.

Ya, vale. Echarle del club fue lo mejor que hizoSlughorn rio Albus.

Meterse en peleas le pasó factura se burlóRichard.

Albus se despidió de ellos y corrió al sextopiso, donde le esperaban sus amigos. Tanto Rose como Lizzie llevaban vestidos:el de Rose era lila, tenía brillantes, de mangas hasta los codos y largo hastaun poco más de las rodillas; el de Lizzie era de tirantes, largo hasta lasrodillas, con una cinta roja ancha en la cintura y de color blanco con unestampado de pequeños rombos de colores. Scorpius, en contraposición con Albus,no llevaba túnica de gala; sólo llevaba pantalones negros, camisa blanca ycorbata negra, y se había repeinado hacia atrás.

 

¿Y tu túnica? le exigió Albus.

¿Por qué llevas tú túnica? le preguntóScorpius, entre confundido y asustado.

Es una fiesta formal, se supone que tenemos queir vestidos así.

No pensaba que fuese tan formal

¿Ah
no? Albus miró a sus otras dos amigas, yellas encogieron los hombros. Voy a cambiarme dijo, y se dio la vuelta.

¡No! Rose le cogió de la manga y le arrastróhacia ella. Vamos a llegar tarde. Vayamos ya.

¡No quiero ir con esto! Albus se cogió latúnica y la agitó mientras Rose le arrastraba hacia el despacho de Slughorn.

No habértelo puesto le espetó cariñosamenteella.

Albus hizo un puchero y se dejó arrastrar por suprima.

El despacho estaba casi irreconocible: Slughornhabía cubierto el techo y las paredes como si fuera una tienda, con colgadurasrojas, verdes y doradas, colores representativos de la Navidad. Hasta la luztenía esos colores, pues salía de una lámpara del techo dorada y la luz quedesprendía era rojiza. Alrededor había velas verdes, y hadas de verdadrevoloteaban cerca. Olía a canela y se escuchaban cánticos navideños. Unabandeja plateada se chocó contra la rodilla de Albus.

Perdón se disculpó Albus, y por debajo de labandeja se asomaron unos ojos saltones y unas orejas puntiagudas.

No importa dijo el elfo doméstico entredientes.

«Seguramente no es la primera vez que le pasa»,pensó Albus.

¡Albus, muchacho! oyó exclamar al profesorSlughorn.

Slughorn se abrió paso como pudo entre lamuchedumbre hasta llegar a Albus. El profesor llevaba un sombrero del que lecolgaban unas borlas navideñas y un batín rojo con las mangas doradas, aunquelos colores eran muy apagados. Seguramente era un batín muy viejo.

Buenas noches, profesor Slughorn. Y felizNavidad.

Oh, muchacho, ¡gracias, gracias! ¡E igualmente,sí! rio Slughorn, muy bonachón. ¡Oh, Elizabeth Hayward! ¡Buenas noches!

Buenas noches, señor le saludó ella, y lededicó una gran sonrisa.

A Lizzie le caía muy bien Slughorn. Decía que eracomo un abuelo cariñoso y adorable, de esos que daban dinero a sus nietoscuando sus padres no miraban.

Oh, qué agradable, sí
¡Ah, Rose Granger-Weasley!¡Has traído a Scorpius Malfoy! Muy bien, muy bien
se notaba que no le hacíamucha gracia que Scorpius hubiese venido, así que evitó su mirada y la centróen la túnica de gala de Albus. ¡Ah, qué elegante!

Gracias, señor dijo Albus entre dientes.

Ven, quiero presentarte a alguien.

Slughorn empujó a Albus suavemente, pero Albus sedetuvo y llamó a Lizzie para que le acompañase. Slughorn la miró de reojo unpoco molesto, pero siguió guiando a Albus, ahora con Lizzie al lado.

Albus, te presento a Peter Attwather, un antiguomiembro del Club de las Eminencias y un famoso herbologista. Ha descubiertomuchas propiedades nuevas en muchas hierbas, ¿verdad? hizo la preguntadirectamente al señor Attwather, un hombre menudo, con barba voluminosa y pelooscuro.

Tenía una divertida mecha azul en el centro de subarba y una nariz extrañamente grande. El hombre rio y miró a Albus.

Eso intento, al menos le sonrió. ¿Tú eres elhijo de Harry Potter?

Sí, uno de ellos dijo entre dientes y con unintento de sonrisa. Y ella es mi amiga, Elizabeth Hayward dio un empujoncitoa Lizzie para que se adelantase, y ella, sin molestarse, sonrió al señorAttwather.

 

¿Hayward? repitió Attwather, y cogió una copade hidromiel de una bandeja que pasaba por allí. ¿Puede que estés relacionadacon Charles Hayward?

Hum
Sí. Él era mi padre respondió Lizzie, unpoco confundida.

¡Vaya! ¡Horace, no sabía que tenías alumnos taninteresantes!

Lizzie se alejó de Attwather cuando este se giróhacia Slughorn, y miró a Albus, que también la miraba sorprendido.

¿Tú has oído el nombre de mi padre alguna vez?¿Es famoso entre los magos? le preguntó con la frente arrugada.

No que yo sepa le susurró él.

Debes de estar orgullosa de él Attwather sedirigió a Lizzie de nuevo.

Sí, lo estoy, pero no estoy segura que sea porlo mismo que usted piensa.

Attwather se quedó en blanco un momento, como sino entendiese de qué hablaba Lizzie.

¡Ah, por supuesto! exclamó de repente, como sihubiese recordado algo. Como sólo son rumores, es lógico que no sepáis nada,siendo tan jóvenes. Existen unos rumores sobre la muerte de tu padre. Se dice

Bueno, bueno, Peter. Son sólo niños rionervioso Slughorn, y cogió a Attwarther del brazo y estiró de él. Ya tendránocasión de descubrirlo le susurró.

¡Albus!

Albus se giró y vio a Victoire agitar el brazo enel aire para llamar su atención.

Vamos le dijo a Lizzie.

La cogió de la mano y se la llevó lejos deSlughorn y Attwather sin que se diesen cuenta. Victoire les presentó a suacompañante, un compañero de su año llamado Harlow Quincy. Después de hablar unrato con su prima, fueron en busca de Rose y Scorpius.

¡Chicos, por fin! exclamó Rose.

Slughorn te ha tenido retenido, eh comentó envoz baja Scorpius.

De hecho, Lizzie ha llamado más la atención queyo dijo, y miró a su amiga. Lizzie miró a sus amigos sin saber cómo reaccionaro qué decir. Albus notó su nerviosismo, así que quiso restarle importancia alasunto. Me ha librado de un rato incómodo rio.

Por la mirada que le lanzaron Rose y Scorpius,supo que ninguno le había creído, y que en cuanto tuviesen un momento mástranquilo, preguntarían por ello (sobre todo Rose). Pasaron la mayoría deltiempo los cuatro juntos, evitando a Slughorn y su insistencia en presentar aAlbus a un montón de desconocidos. Lizzie no había hablado mucho desde lacharla con Attwarther, y estaba un poco despistada. En un momento de la noche,avisó a sus amigos que iba a por una bebida, pero Albus la vio tan absorta quela siguió, la paró y la llevó a un rincón.

¿Es por lo que ha dicho Attwather? le preguntósin rodeos.

Ella abrió los ojos por la impresión, peroresopló y asintió.

Es que no sé cómo tomármelo, ¿sabes? Es raro.Llevo en Hogwarts muchos meses, y nadie ha dicho nada sobre mi apellido nisobre mi padre. ¿Y ahora él dice que existen rumores de su muerte? ¿Quésignifica eso? No entiendo nada.

Albus miró el suelo y pensó en ello.

Puede que sea un rumor tonto o poco creíbleposibilitó, y por eso nadie habla de eso.

A Lizzie pareció encendérsele una bombilla.

Sí. Eso tiene sentido. Ese señor era un pocoespecial; tenía una mecha azul en la barba Albus rio y asintió para mostrar suacuerdo. Anda, volvamos con Scor y Rose.

Lizzie entrelazó su brazo con el de Albus yjuntos fueron al encuentro de sus amigos.

 

La fiesta acabó tarde, así que Albus optó porutilizar uno de los pasillos secretos que aparecían en el mapa de James parallegar más rápido a la sala común. En la habitación, las cortinas de dosel dela cama de Sekinci estaban echadas, pero los demás estaban sentados en suscamas hablando animadamente.

¡Eh, Albus! exclamó Cian cuando le vio entrar.

Albus se había quitado la túnica y la llevaba enla mano.

Buenas noches, chicos. ¿Qué hacéis aúndespiertos a estas horas?

No tenemos sueño.

Qué mentira dijo Charlie mientras bostezaba.

Richard rio y miró a Albus.

Queremos fastidiarle susurró, y señaló la camade Sekinci.

Aaaah, ahora tiene sentido sonrió Albusmostrando los dientes, y se acercó a su cama y empezó a cambiarse.

Pues lo que estaba diciendo dijo Cian despuésde girarse hacia Richard y Charlie. Ahora dicen que existe un giratiempoperdido por ahí. Supongo que el ministerio enviará gente a buscarlo.

¿Un «giratiempo»? preguntó Albus. ¿Qué es eso?

Se lo he explicado antes a ellos dijo Cian, yse giró en la cama para mirarle. Verás, es una cosa, un objeto, que permiteretroceder en el tiempo. Por lo que se dice, no deja retroceder más de un día,así que no creo que sirva de mucho, pero por alguna razón todo el mundo loquiere. Se supone que se habían destruido todos, pero hay rumores de que sesalvó uno.

¿Y cómo sabes eso? Albus se sentó en su cama yacon el pijama puesto. Parece información confidencial. No creo que el ministerioquiera que se sepa que existen unos objetos capaces de retroceder en el tiempo.

Sí, claro, pero la información se extendió, y nohabía peligro que se supiera porque, en teoría, ya estaban destruidos, noexistía ninguno.

Y ahora que se dice que se ha encontrado uno,quieren encubrirlo añadió Richard.

Albus suspiró.

El ministerio debería aumentar la seguridad.Siempre le pasan cosas así.

Siguieron hablando del ministerio y de losrumores que había suscitado a través de los años, como el que se habíaextendido hacía unos pocos años por culpa de una queja que se había impuesto enel ministerio sobre que Scorpius no era hijo de Draco Malfoy, sino del propioVoldemort. Obviamente se desmintió fácil y rápidamente, pero aún había genteque no se fiaba del ministerio. También había muchos rumores sobre los Potter,sobre todo los que decían que Harry, James, Albus y Lily eran magos oscuros yque Ginny estaba siendo controlada por Harry. Por eso Albus había tenido tantomiedo de quedar en Slytherin, pero aprendió a que le diese igual lo que losdemás pensaban de él.

También estaba ese rumor sobre
Cian chasqueólos dedos mientras intentaba recordar. Una piedra famosa, relacionada con losdragones. ¿No os suena?

Sí, oí algo hace un tiempo dijo Richard con losojos entreabiertos. Un magizoólogo falleció, y protegió sus efectospersonales, entre los que se pensaba había escondido una piedra mágica. Pero nosé, fue tan fugaz
Ese rumor sólo estuvo por un mes o algo así.

Albus se puso a pensar y relacionó algunas ideas,como que Lizzie les había dicho a Rose y él el día en que se conocieron que supadre había sido magizoólogo y que había trabajado sobre todo con dragones olos rumores que había comentado aquel herbologista en la fiesta de Slughorn.

 

¿Os acordáis del nombre del magizoólogo?preguntó Albus.

Ni idea. Creo que me voy a ir a dormir, chicos,no aguanto contestó Richard, y se tiró en la cama.

Sí, es tarde. Buenas noches dijo Charlie.

Buenas noches dijeron el resto al unísono y,con el cansancio de todo el día, se durmieron rápido.

La Navidad llegó tan rápida que Albus apenas sedio cuenta. Al igual que Lizzie y Scorpius, Cian, Richard y Sekinci se habíanido a casa a pasar las vacaciones, así que Albus sólo tenía que compartir lahabitación con Charlie. La mañana de Navidad, Albus se despertó excitado.Corrió las cortinas de dosel y vio a los pies de su cama una montaña deregalos. Charlie, en su cama, ya había empezado a desenvolver algunos de susregalos, aunque su montaña no era tan grande como la de Albus. Cuando amboshubieron desenvuelto todos sus regalos, salieron juntos de la habitación.

La sala común estaba llena de decoracionesnavideñas: espumillones, un pequeño árbol lleno de escarcha y bolas de Navidad,guirnaldas, muérdago y luces cálidas que contrarrestaban el tono verdoso normalde la sala.

De repente, Albus se acordó de algo.

¡Se me ha olvidado una cosa en la habitación!Ahora vengo le dijo a Charlie, y le dejó en la sala común adorando el árbol.

Albus entró en su habitación, se arrodilló allado de la cama y de debajo de ella sacó un regalo. Cuando se levantó, vio unafigura en la ventana. Al principio se asustó, pero al fijarse, vio que setrataba de la criatura que Sekinci había asustado aquel día. Albus le sonrió, yla criatura le devolvió el gesto al mostrar sus afilados dientes. Ambos sesaludaron, siendo Albus siempre el primero en hacer el movimiento. Mediante signos,Albus intentó preguntar si ellos celebraban la Navidad o se daban regalos. Lacriatura pareció tan extrañada de esa pregunta, que Albus lo tomó como un «no».Pero eso no era completamente cierto, porque la criatura abrió la boca yprofirió un canto muy parecido a la melodía de un villancico. Albus se quedóescuchando como hechizado. Cuando acabó, la criatura se despidió con la mano yse marchó, y Albus salió corriendo de la habitación con una gran sonrisadibujada en el rostro para contarle lo que había pasado a Charlie.

Las bromas y el optimismo de Cian y lacomplicidad y el humor más negro de Richard brillaban por su ausencia, y Albuslo echó de menos en el desayuno. Y no sólo a ellos; el comedor estaba mucho másvacío que de costumbre. Desde su sitio, podía ver a su hermano y Rose en lamesa de Gryffindor mientras desayunaban.

Pero la verdad es que la decoración casi hacíaolvidar a Albus que sus amigos no estaban junto a él: había doce árboles deNavidad en el Gran Comedor decorados con guirnaldas y escarcha, y del techocaía nieve cálida y seca. En el pasillo, las armaduras cantaban villancicos ylas barandillas de las escaleras estaban decoradas con carámbanos. Incluso lasnormalmente oscuras y sosas mazmorras estaban llenas de colorido y de música.Ellos mismos cantaron villancicos durante el desayuno, todos a coro. Estafiesta era una de las favoritas de Albus.

No podían dejar que Luned pasase la Navidad sola,así que Rose, James y Albus bajaron juntos a la Cámara de los Secretos. Justoantes de cruzar la puerta de las serpientes, se abrió la puerta y por detrásapareció Cato.

 

¡Hola, Cato! le saludó con alegría James.¡Feliz Navidad!

¡Gracias, James! ¡Igualmente! James fue aabrazarle, pero Cato se apartó un poco y le tendió la mano en su lugar. Jamesse quedó un poco confundido, pero se apartó y le agitó la mano. Cato le sonrióescuetamente y miró a Rose y Albus. Para todos añadió.

Los dos niños le sonrieron y le desearon tambiénfeliz Navidad, y se despidieron. Entraron a la cámara y vieron a Luned sentadaen el suelo con varias tarjetas de Navidad, dulces y otros regalos y papeles deembalar. Se acercaron y guardaron la distancia de seguridad cuando estuvieronlo bastante cerca. Los tres traían regalos para Luned, así que se sentaron enredonda y le dieron los regalos.

¿Todo lo que tienes ahí es de Cato? le preguntóRose, y señaló con la cabeza a las cosas que había en el suelo.

¡Sí! Se pasa un poco en Navidad rio, y seenrojeció.

Mientras Luned abría el regalo de James, Albusobservó los regalos de Cato. Había ranas de chocolate, libros, fotografías delos dos, velas encantadas muy bonitas con temática navideña, ropa y variastarjetas de Navidad, todas con diferentes dibujos en la portada. Había algunaabierta que dejaba entrever el texto escrito, y a Albus le pareció reconoceralgo. Se centró en una de las tarjetas, concretamente en la letra. Reconocíaesa letra, pero no sabía de qué. Se quedó tan absorto mirando aquella letra ypensando dónde la había visto que no se dio cuenta que había llegado su turnopara entregar el regalo.

Rose le dio un fuerte codazo en el costado, y élse quejó y la miró. Ella le señaló hacia Luned, y Albus se dio cuenta de lo quepasaba.

¡Oh, sí, perdona! Toma, espero que te guste.

Luned desenvolvió el regalo con la ilusión de unaniña pequeña.

¡Oh, Albus! ¡Me encanta! ¡Gracias!

Albus fue a abrazarla, pero Luned se asustó unpoco y se echó hacia atrás. Enseguida, Albus pidió disculpas, y se dio cuentaque su familia era mucho de dar abrazos.

Curiosamente, cuando Albus salió de la cámara encompañía de su hermano y su prima, ya no recordaba la tarjeta de Luned.

Los tres pasaron todo el día juntos. Fueron atomar el té a casa de Hagrid, hicieron peleas de bolas de nieve y patinaronsobre el lago helado. Después de cenar, fueron a ver a Luned de nuevo y pasaronallí muchas horas que pasaron sin que se diesen cuenta. Volvieron a sus salascomunes bastante tarde, así que llevaban a mano el Mapa del Can Cerbero y elMapa del Merodeador. Albus fue el primero en llegar a su sala común,obviamente. Iba arrastrando los pies y dejaba caer los brazos como un pesomuerto. Le pareció agradable la iluminación de la sala común, y lentamente fuehacia su habitación. Se le cerraban los ojos mientras se desvestía y, cuandopor fin, fue a meterse en la cama, vio en su ventana una forma extraña. Lecostó abrir los ojos y fijarse en qué era: constaba de un retrato suyo hechocon algas. Albus supo que la responsable era la criatura de aquella mañana, yque había sido su regalo de Navidad. No pudo evitar sonreír. Así, se metió enla cama y se durmió casi enseguida.

Al día siguiente, Albus se descubrió las ojerasmás grandes y violetas que había tenido nunca.

Qué horror murmuró, aún con la voz pastosa,delante del espejo del baño.

Intentó peinarse, pero su pelo no se dejaba, asíque se rindió. Mientras Albus, de nuevo en la habitación, se vestía, Charlie sedespidió de él y salió corriendo para enviar una carta, así que se quedó solo.Después de atarse los cordones de los zapatos, se dio cuenta que no solía tenermomentos a solas. En casa, antes de acudir a Hogwarts, si no estaba con él James,era Lily, y si no todos sus primos. Y en Hogwarts solía estar acompañado de susamigos o sus compañeros de casa. Y ahora que se encontraba totalmente solo ysabía que nadie le molestaría, le pareció maravilloso. Sonrió, se subió a lacama y empezó a saltar sobre ella. Recorrió toda la habitación corriendo, bailóy jugó a lanzar hechizos con su varita. Se revolcó en el suelo, entró y saliódel baño y dio la vuelta a la habitación cogiéndose de los postes de las camas.Incluso se subió a su baúl y empezó a hablar en voz alta y a reír él solo. Setiró de espaldas en su cama con una sonrisa en el rostro. Jamás había sentidotanta libertad. Dio volteretas en la cama, pero en una se desvió y cayó encimade su mesita de noche, que se precipitó al suelo junto a él. Se quejó de dolor,pues se había torcido el tobillo y, cuando miró la mesita, vio que estaba unpoco rota, y uno de los cajones se había abierto y lo que había dentro se habíadesparramado por el suelo. Miró en derredor, como si hubiese alguien que lepudiese haber visto a pesar de que sabía que no era así, y cogió la mesita y lapuso de pie. La arregló con un hechizo, colocó bien el cajón que se habíaabierto y empezó a recoger las cosas que se habían salido de él.

 

Había papeles, plumas, tinteros (que por suerteno se habían ni roto ni abierto), tarjetas de felicitación, algunos regalospequeños y un sobre dentro de otro. Arrugó el entrecejo al ver los sobres, puesno recordaba de qué se trataba. En el reverso sólo ponía su nombre, y lepareció que reconocía la letra. Abrió uno de los sobres y sacó la carta queguardaba.

Quizásla próxima vez aparezca muerto. Cuídale bien.

«¡Claro!», pensó. Eran las notas anónimas quehabía recibido sobre las "raras actividades" que su hermano había llevado acabo. Sin darse cuenta, Albus se quedó mirando la nota, y esa letra. Esa letra

Pasaronunos cinco o diez minutos antes de que recordase y conectase todos los recuerdos.

Pasaron unos cinco o diez minutos antes de querecordase y conectase todos los recuerdos.

¡Por las barbas de Merlín! exclamó, y selevantó rápidamente del suelo, pero se le torció el tobillo y casi se vuelve acaer.

Pensóque, antes de nada, podría pasar por la enfermería, pero era una lesión muysencilla, así que conjuró un hechizo para curarse y salió corriendo con elsobre en la mano.

Ni siquiera esperó a después del desayuno, ytampoco tenía hambre como para comer algo. Fue directamente a la mesa deGryffindor después de localizar a su hermano y a Rose y, cuando llegó a sulado, puso una mano en el hombro de su hermano.

¡James, James! ¡Rose! ¡He descubierto algo!¡Venid conmigo! dijo, y tiró del brazo de James.

Pero James no se movió. Era más grande que Albus,siempre lo había sido, así que no le fue difícil sentarle a su lado en elbanco, para disgusto de Albus.

¡Es en serio!

Calla y come. Lo que sea puede esperar le dijoJames, y le metió una rosquilla en la boca.

Albus la puso en el plato y escupió lo que lehabía entrado en la boca.

 

No tengo hambre. De verdad, es importante.

¿Pero qué pasa? le preguntó Rose, muysorprendida de la actitud de Albus.

¡No puedo contarlo aquí! susurró él.

Puede esperar hasta después del desayunoinsistió James, y siguió comiendo como si no pasase nada.

¡James! le regañó Albus.

«Fabef» que «mo» me «convenferaf» dijo con laboca llena.

Qué asco murmuró Rose.

Albus tuvo que esperar a que su hermano y suprima acabasen de desayunar para llevarlos fuera, donde nadie les escuchase.

La noche anterior había nevado mucho, y hacíabastante frío. Se hundían en la nieve con cada paso y se les hacía difícilavanzar, pero Albus no quería hablar a menos que estuviesen lejos del castillo,así que con la nieve crujiendo bajo sus pies, se alejaron bastante.

Creo que sé quién me escribía las notas dijoAlbus mientras agitaba el sobre en alto, y le salió vaho de la boca.

¿En serio? preguntó Rose.

Sí. Era Cato.

¡¿Cato?! exclamó incrédulo James. No. No puedeser.

¡Que sí, que sí! Oíd: ayer, cuando fuimos a vera Luned, me fijé en las tarjetas de Navidad que le había dado Cato, y reconocíla letra. Es la misma de estas cartas volvió a agitar la nota en el aire.

Si las escribió él, ¿cómo llegaron a tuhabitación? preguntó James, aún reticente a creer a su hermano.

Aelia Sekinci. Rebecca vio a Cato y a Aeliadiscutiendo un día cerca de la biblioteca. Estoy seguro que hablaban de lasnotas. Cato pedía a Aelia que me dejase las notas en mi cuarto. ¿Y os acordáisde lo enfadado que estaba el día que tú nos llevaste a conocerla, James? losdos asintieron. Si las notas hubiesen sido para evitar que James salieseherido, no se hubiera enfadado ese día. Así que creo que tenías razón desde elprincipio, Rose Rose, sin darse cuenta, se irguió de orgullo. Cato quería queentrásemos en la cámara sin previo aviso y que provocáramos a Luned.

Es una teoría tonta dijo James. ¿Por qué Catoiba a querer eso? No tiene sentido.

Yo creo que sí que tiene sentido dijo poco apoco Rose, y James le miró incrédulo. Nosotros estamos avanzando mucho conella, y sólo la conocemos desde hace
¿Uno o dos meses? Cato lleva con ellaaños, y no consiguió que volviese a la normalidad. Nosotros, con los años quetuvo él, hubiéramos conseguido como mínimo que saliese de la cámara.

James estaba perplejo. Miró a su hermano y a suprima a los ojos, sin querer asimilar que lo que decían tenía sentido. Incapazde decidirse, se fue y les dejó solos.

¡James! ¡Espera!

Será mejor que le dejes le dijo Rose.

Tenemos que hacer algo. Estoy seguro que Cato noplanea nada bueno.

Sí, ¿pero qué podemos hacer? No sabemos qué planea.

Ya
De momento tenemos que informar Scorpius yLizzie. Les enviaré una carta.

O escribimos cada uno una. Vayamos a labiblioteca.

Vale.

Las respuestas fueron claras: «no hagáis nada sinnosotros», así que Albus y Rose tuvieron que esperar a la vuelta de sus amigospara poder planear algo. Pensaron en seguir a Cato, pero eran tan pocos alumnosen esas fechas que se hubiese dado cuenta enseguida.

El día que el Expreso de Hogwarts volvió deLondres, cayó una fuerte nevada que zarandeaba los carruajes y hacía imposibleque los de primer año llegasen al castillo en los botes. Albus y Rose esperarona sus amigos en el vestíbulo, pero con aquel tiempo, los carruajes seretrasaron más de lo esperado. Los primeros alumnos que llegaron, lo hicieron cubiertosde nieve, y dejaron pasar por la puerta una ventada que cubrió parte delvestíbulo de blanco. Albus y su prima se apartaron tanto como pudieron de lapuerta, pero se quedaron lo suficientemente cerca como para ver quién entraba.Scorpius y Lizzie llegaron juntos y se sacudieron la nieve de las capas cuandoestuvieron a salvo de la ventisca que se colaba por la puerta. Los cuatro niñosse reunieron y se saludaron con abrazos después de pasar dos semanas separados.

 

Hablaron de sus vacaciones y sus regalos deNavidad mientras paseaban por el castillo y, cuando llegó el momento de hablarsobre lo que Albus había descubierto de las notas, Scorpius y Lizzie se miraronapenados antes de hablar.

Oye, Al empezó Scorpius, no creo que podamoshacer nada, ¿sabes?

Sí. Lo hemos hablado y en realidad no tenemosninguna posibilidad con Cato siguió Lizzie.

¿No podríamos hablar con un profesor? preguntóScorpius. Ellos sabrán qué hacer.

¿Estáis locos? exclamó Rose. ¡Luned sedescontrolaría!

En realidad, yo también pienso eso dijo un pocoavergonzado Albus, y su prima le echó una mirada ofendida. Es verdad, nopodemos hacer nada. Había pensado que podríamos seguir ayudando a Luned hastaque controle su magia, y entonces que saliese de la cámara. No podemos saberqué quería conseguir Cato con las notas, pero no me ha enviado más.

¡Eras tú el que quería hacer algo contra Cato!se indignó Rose.

No lo había pensado. Me emocioné con eldescubrimiento

Ya, bueno le interrumpió Rose con un puchero,claramente molesta, lo que vosotros digáis.

Albus sabía que eso era lo máximo que conseguiríade su prima, así que se conformó.

Enero pasó tan tranquilo como febrero. Nollegaron cartas anónimas, Luned no tuvo ningún descontrol importante y Jamesestaba tan ocupado con los entrenamientos de quidditch que no tuvo tiempo dehacer trastadas junto a Blake y Anne. En la penúltima semana de febrero sellevó a cabo el tercer partido de quidditch de la temporada: Ravenclaw contraSlytherin. Aunque el equipo de Albus se esforzó y se defendió bastante bien, Ravenclawles superaba en todo, así que acabaron perdiendo. Pero eso sí, con elreconocimiento del equipo contrario del trabajo bien hecho. Hasta James reconocióque estaba sorprendido.

¿Por qué? le preguntó Albus cuando su hermanose lo comentó.

Slytherin siempre ha sido muy tramposo y amantedel juego sucio, y esta temporada se están controlando mucho.

Porque yo he entrado en la casa bromeó Albus.

James rio y le revolvió el pelo a pesar de (o másbien, motivado por) las quejas de su hermano.

Al día siguiente fue el cumpleaños de Lizzie y,para celebrarlo, convocaron una reunión del ECHS. Hubo regalos, decoracionesrocambolescas, inventos Weasley y artefactos divertidos. Al final de la fiesta,todo el mundo dijo lo bien que se lo había pasado y se fueron despidiendo.Cuando apenas quedaban Rose, Scorpius, Lizzie, James y Albus, éste último seacercó a la pizarra y actualizó los datos.


Próxima reunión:02 de marzo, 4 pm


Albus → 136 pts

Lizzie → 96 pts

Scorpius → 126 pts

Rose → 100 pts

James → 90 pts

Sabrina → 70 pts

 

Jayden → 90 pts

Alexander → 110 pts

Rebecca → 90 pts

*Bote dedecimales → 20 pts


Cuando Albus se giró, vio que Lizzie observaba lapizarra con los ojos entrecerrados.

No entiendo lo de «bote de decimales».

Lo hemos explicado antes le regañó Rose.

Ya, pero no estaba escuchando confesó sinningún arrepentimiento Lizzie.

James rio mientras jugaba con un juguete deSortilegios Weasley, pero Rose le echó una mirada recriminatoria.

Es por si alguien pierde los puntos explicóScorpius mientras amontonaba los regalos en una mesa. En vez de pensar almomento cuántos puntos ganaría haciendo una cosa vergonzosa, recuperaría lospuntos que hayan apuntados ahí.

Sí, ya; ¿pero de dónde salen esos puntos?

De cuando se reparten los puntos que se hanapostado y ganado y hay decimales. Los decimales se suman y se ponen ahí.

Lizzie se quedó en silencio, encogió los hombroscomo si aún no lo hubiese entendido pero le diese igual, y se puso a hacer otracosa.

Salieron los cinco juntos y caminaron mientrashablaban de la fiesta hasta llegar al sitio donde siempre se separaban. Albusfue el único que bajó las escaleras hasta las mazmorras. Se plantó delante delmuro lleno de musgo, dijo la contraseña («Agua de vida») y entró poco a poco ala vez que buscaba a sus amigos. Los compañeros que le reconocían, se loquedaban mirando desde arriba, como si le estuvieran juzgando. Albus intentó nosentirse intimidado, pero todos eran mayores que él y, en comparación, se veíatan pequeño como una cucaracha. Vislumbró a Cian y Richard en una de las mesasjugando al ajedrez, y fue como un rayo de esperanza para él. Aceleró el paso yllegó a la mesa.

¡Hola! saludó.

¡Hola, Al! exclamó Cian con una sonrisa.

¡Hey! saludó Richard, sin apartar la mirada deltablero.

Mostró los dientes en una sonrisa, movió una desus piezas y se echó hacia atrás en el respaldo de la silla. Cian observó elmovimiento y sus opciones y chasqueó con la lengua.

Por Merlín, me has vuelto a ganar.

Oíd empezó a decir Albus en voz baja: ¿sabéispor qué la gente me mira tanto hoy?

Cian miró a su amigo sorprendido.

¿No has oído los rumores?

No, he estado
Ocupado.

Cian miró a Richard, y él encogió los hombros yseñaló a Albus con la cabeza como para alentarle a contárselo. Después, ambosmiraron a Albus a los ojos.

Coge una silla y siéntate, Albus le dijoRichard.

Albus obedeció un poco asustado.

Se dice empezó Cian sin miramientos en cuantoAlbus se hubo sentado que has fundado un club de enemigos de los Sekinci, yque os reunís para planear ataques y bromas contra ellos.

Albus abrió mucho los ojos, aunque intentódisimularlo, y se puso rojo. Sus amigos se miraron un momento entre ellos antesde exigirle a Albus explicaciones. Él miró a su alrededor y se fijó en quehabía mucha gente mirándoles.

No, no, qué tonterías mintió, por si alguienllegaba a escucharle. El club no tiene nada que ver con los Sekinci. Se lo haninventado para que nos castiguen.

Mientras se levantaba, les pidió en voz muy bajaque fueran a la habitación. Esperó sentado en su cama después de asegurarse queSekinci no estaba allí a que Cian y Richard aparecieran. Cuando entraron,cerraron la puerta tras de sí y preguntaron si Sekinci estaba, y Albus negó conla cabeza.

 

No es exactamente así les explicó.

¿Cómo es entonces? preguntó confundido Richard.

No planeamos hacer nada para molestarles. Elclub es para gente que odia a los Sekinci, pero ya está. O sea intentóexplicarse de nuevo, es como el Club de Arte o el Club Hobstones de Hogwarts:es un club en el que se entra sólo si odias a los Sekinci, y allí hacemosjuegos, deberes, estudiamos, hacemos fiestas, hacemos apuestas, charlamos
Comolo que hacemos nosotros en nuestro tiempo libre, pero con gente nueva.

No entiendo por qué has hecho el club, si haceslo que haces siempre con nosotros dijo Cian con una mueca.

Para conocer gente nueva. Nunca sé cómo hablarcon otra gente, soy demasiado tímido. Me pareció buena idea para hacer nuevosamigos con los que no me hablaría si no fuera por estar en el mismo club. Nuncase sabe la gente interesante que puede aparecer un día.

Pues sí, me parece una buena idea dijo Richardmientras asentía con la cabeza.

¿Y por qué nosotros no estamos en el club? seofendió en broma Cian.

Os lo iba a decir, pero no "reclutamos" nuevosmiembros hasta abril.

¿Reclutáis gente? preguntó Cian sin saberexactamente qué significaba eso.

Sí, porque el club es un poco secreto. En teoríanadie sabe para qué es el club. Los profesores podrían prohibirlo por pensar loque ahora se rumorea: que el club es para hacer daño. ¿Sabéis?

Pues alguien se ha ido de la lengua alzó lascejas Cian y miró inquisitivamente a Albus.

Pero no tiene sentido. Ninguno de los que somosmiembros lo diría por ahí. ¿Vosotros sabéis quién empezó a decirlo?

No, ni idea.

Esas cosas nunca se saben.

Albus resopló.

Bueno. Ya es demasiado tarde para arreglarlodijo Albus en voz baja.

Son rumores dijo Richard. Los profesores casinunca hacen caso de los rumores. No tendría por qué pasarte nada.

Al día siguiente, en mitad de Defensa Contra lasArtes Oscuras, Albus fue llamado al despacho de la directora, y, mientrasrecorría el aula hacia la puerta, tanto sus compañeros de Slytherin como los deHufflepuff le miraron sin disimulo y susurraron entre ellos. El profesorDunkle, quien estaba de guardia, acompañó a Albus al despacho de Morgan, perosólo hasta la estatua del hipogrifo. Desde allí, el profesor le dijo quesubiese solo y llamase a la puerta, pues la directora le estaba esperando. Así,Albus obedeció y, una vez ante la puerta de la directora, llamó con losnudillos. La voz de Morgan le dio permiso para entrar desde el otro lado de lapuerta, y Albus se encontró con que no estaba él sólo en el despacho; habíacuatro personas más allí, y todos se giraron hacia Albus como si le hubiesenestado esperando.

Acércate, Potter.

Albus obedeció y se colocó entre Lizzie yScorpius. Al otro lado de Lizzie estaba James, y al otro lado de Scorpius,Rose. Los niños se miraron entre ellos nerviosos, pues ninguno sabía por quéles habían llamado. Ninguno excepto Albus, que ya se lo imaginaba.

Me han llegado rumores y denuncias sobre vosotros.Al tratarse de eso, rumores, no les di la suficiente importancia, pero losalumnos se han quejado y están muy asustados, y eso no podía ignorarlo. Voy aser directa, y espero que vosotros seáis sinceros conmigo Albus suspiró ensilencio y retuvo el aire. Al llegar allí, había planeado mentir para evitarcastigos y malentendidos, pero al escuchar el discurso de Morgan, toda esaconfianza y ese plan se habían esfumado. Morgan miró a los ojos a los cinconiños. ¿Es cierto que fundasteis un club para atentar contra los hermanosSekinci?

 

No contestaron los cinco al unísono, aunquealgunos lo hicieron indignados, otros cogidos por sorpresa y otros seguros desí mismos.

No pudieron adivinar cómo había hecho sentir esarespuesta tan cortante a Morgan, pues su expresión neutra no se movió un ápice.Era frustrante.

No me dejáis muchas opciones. Os creo. Podéismarcharos.

¿De verdad? preguntó Scorpius, verdaderamentesorprendido. ¿Es todo?

¿Esperabas algo más? preguntó Morgan, con untono que decía que sentía curiosidad.

Pues
Sí. Si ha habido denuncias, puede queseamos peligrosos. O que hayamos mentido.

¡Scorpius! se quejaron todos.

¿Pero a ti qué te pasa? murmuró Rose alagarrarle del brazo.

¡Es la directora del colegio! ¡Deberíapreocuparse más!

¡No teníamos ni idea de que íbamos a venir aquíy, aun así, hemos respondido todos lo mismo! exclamó Albus. ¡No podemos habermentido!

Podríamos haberlo ensayado por si nospreguntaban.

¡Pero cállate! ¡No le des ideas! exclamó James.

Está indignado se dirigió Lizzie a Morgan,quien observaba la discusión atentamente sentada tras su escritorio, pero nopor eso quiere decir que le hayamos mentido, de verdad.

Claro que no le hemos mentido acordó Scorpius,pero eso no quiere decir que no tenga que preocuparse. Tendría que investigarmás.

Así pues habló por fin Morgan, según tuopinión, debería hacer caso a todos los rumores que supongan un peligro paralos alumnos, ¿no es así?

Claro.

Bien. Quedas detenido. Llamaré a los aurorespara que te lleven a Azkaban. Los hermanos Potter, también estáis detenidos.Rose Granger-Weasley y Elizabeth Hayward, quedáis expulsadas de Hogwarts.

Los gritos, las quejas y las preguntas inundaronla estancia, y Morgan hizo un hechizo para que no pudiesen hablar.

Scorpius Malfoy, los rumores te acusaron de serhijo de Lord Voldemort. Los hermanos Potter fueron acusados por fuentes noverídicas de poseer magia negra y ser un peligro para el mundo mágico. YGranger-Weasley y Hayward han sido denunciadas por crear un club que atentacontra la vida y la integridad de tres alumnos miró directamente a Scorpius alos ojos. Es lo que querías, ¿verdad? Scorpius se quedó sin palabras y supalidez se pronunció durante unos segundos antes de cubrirse de rojo. Podéismarcharos. Los rumores son poderosos, pero jamás deberían penetrar tanto ennuestra piel como para llegar a hacer algo estúpido.

Los cinco niños salieron del despacho en el másabsoluto silencio. Ninguno de ellos se sentía en condiciones de volver a clase,así que pasearon por el castillo. Pasaron largo rato caminando en silenciohasta que el timbre que avisaba del final de la clase lo rompió, y James lesavisó que debía volver a clase, y tomó un camino diferente del de los otroscuatro niños. Se despidieron de él y siguieron caminando perdidos en suspensamientos. Lizzie extendió los brazos de repente e hizo que todos sedetuvieran bruscamente.

¿Esos son
?

Albus y los demás dirigieron sus miradas haciadonde lo hacía Lizzie, y vieron pasar a Cato y Aelia Sekinci. Los cuatro se miraronentre ellos antes de seguirles lo más silenciosamente que pudieron. Seacercaron a ellos hasta que pudieron escuchar de lo que hablaban, pues porsuerte se sentaron en unos escalones de una de las torres.

 

Lo de las notas fue una estupidez le dijo Catoa Aelia.

Sí, pero no tiene sentido arrepentirnos ahora.

¿Arrepentirnos?¿Por qué lo dices en plural?

Se le llama «solidaridad».

Cato la miró entre severo y divertido.

¿Y qué vamos a hacer? preguntó él, y Albusreparó en el uso del plural.

Quizás es hora de que todo salga a la luz.

Cato la miró con los ojos muy abiertos eincrédulo de lo que oía.

¿De verdad?

Ha pasado demasiado tiempo. Creo que es hora deacabar con todo de una buena vez.

Albus miró a sus amigos, asustado, y entonces seescuchó un ruido. Cato y Aelia miraron atrás, por las escaleras que subían.Cato hizo un espasmo, como si hubiese visto algo que no se esperaba, y gritó:

¿Quién es? ¿Quién hay ahí? ¡Eh! se levantó delescalón y subió las escaleras con la varita en la mano.

Aelia se levantó para seguirle, pero Lizzieresbaló por la pared en la que estaba apoyada y Aelia lo oyó. Se giró hacia suescondite y alzó la varita.

¿Quién hay? ¡Homenumrevelio!

¡Corred! exclamó Albus en voz baja.

¡Eh, eh!

Aunque los cuatro corrían lo más rápido quepodían, Aelia les empezó a perseguir, y era más rápida de lo que Albusesperaba, así que con un hechizo tiró al suelo una armadura, y Aelia tuvo queparar en seco para no tropezarse con ella. La perdieron de vista, pero nodejaron de correr hasta estar casi en la otra punta del colegio. Cuando por finpararon, se apoyaron en las rodillas o en la pared y respiraron con rapidezpara recuperar el aliento.

¿Qué quiso decir
? empezó a preguntar Lizzie entreresoplido y resoplido. ¿Qué quiso decir con eso de
? ¿De «acabar con todo deuna buena vez»? Da mucho miedo. Me da mucho miedo. ¿Sabe lo de Luned?

Albus resopló hondo y sonoramente antes dehablar.

No lo sé, estoy muy confundido.

Pero lo que hemos confirmado es que trabajanjuntos dijo Rose entre suspiros, y que Cato planea algo.

Es una locura musitó Scorpius.

Escucharon el timbre que avisaba del inicio de lasiguiente clase y todos se miraron entre ellos.

¡Llegamos tarde! exclamó Scorpius.

Otra vez a correr se quejó Lizzie, justo antesde empezar una carrera contra el tiempo para poder llegar lo antes posible a susiguiente clase.

Fue muy complicado evitar a Cato y a Aelia por eltiempo en que consiguieron hacerlo. Sin duda, el Mapa del Cancerbero les sirvióde mucha ayuda, pero la suerte tenía que acabarse pronto, y sobre todo Albus yScorpius lo tenían muy en cuenta, pues ellos dos eran los que tenían másprobabilidades de encontrárselos.

El primer viernes de marzo, Albus se encontrabaen su habitación. Estaba sentado en la cama con las piernas cruzadas al estiloindio, y desperdigadas delante de él estaban las notas que hacía meses le habíaescrito Cato. Albus las había estado observando desde hacía ya rato, intentandodescifrar su propósito, pero obviamente había sido en vano. No comprendía quéquería conseguir Cato con esas notas, y tampoco entendía a qué se debía laconversación entre Aelia y Cato que escuchó a hurtadillas. ¿Por qué pensabanacabar con todo de una buena vez? ¿Qué era ese «todo»? ¿Cómo pensaban«acabarlo»?

 

Albus se llevó las manos a la cabeza y revolviósu pelo, cansado de no poder conseguir ninguna respuesta. Cogió las notas sincuidado y las guardó debajo del colchón. Se levantó, alisó las sábanas y salióde su cuarto. Mientras caminaba, movía los brazos hacia delante y hacia atráscomo si se tratase de un desfile militar y pensaba en que quizás era hora depasar a la acción y abordar a Cato. Preguntar directamente y que les dieseexplicaciones; revelar por fin toda la verdad.

¡Albus Potter! oyó que le llamaba una chica.

Albus alzó la cabeza y volvió a la realidad.Buscó alrededor y vio a Aelia Sekinci acercándose a él. Él abrió mucho losojos, cogió aire por la nariz y cambió el peso de un pie a otro hasta que ellase acercó lo suficiente.

Eras tú con tus amigos, ¿verdad? ¿Qué oísteis?

Los latidos del corazón de Albus se aceleraron ysus pulsaciones se dispararon. La pregunta había sido tan directa que no le diotiempo a relajarse y prepararse, así que Aelia notó que se había puestonervioso. Ya no había forma de escapar de aquello.

¿Por qué piensas que fuimos nosotros? intentódisimular, aunque sabía que no funcionaría.

Os vi los ojos de Aelia luchaban por dejarescapar algún sentimiento, pero ella conseguía mantenerlos fríos.

¿Y por qué estás preocupada? ¿Tienes secretos?a pesar de lo fuertes y rápidos que sentía sus latidos, Albus no queríarendirse sin pelear.

No intentes jugar conmigo, niño. ¿Qué oísteis?

Albus cerró la boca y observó atentamente esosojos que le demandaban respuestas. Se sentía tan indefenso delante de ella, tanpequeño e insignificante. Ella le sacaba ventaja en todo: experiencia, altura,edad, inteligencia, astucia, fuerza. ¿Cómo podía dejarla fuera de juego elsuficiente tiempo para poder escaparse de la situación? ¿Cómo conseguía quebajara la guardia?

Escuchamos una conversación, pero no dijisteisnada que nosotros no supiéramos ya.

El desconcierto que esas palabras le causaron aAelia se reflejó de repente tanto en sus ojos como en el resto de su rostro, yAlbus aprovechó para alejarse corriendo, dejando a Aelia petrificada en elsitio.

Era casi la hora de la cena, así que sus amigos ysu hermano estarían llegando al comedor, pensó Albus. Tenía que avisarles yexplicarles lo que había pasado con Aelia. Corrió por los pasillos de lamazmorra y, ya cerca de llegar a la gran escalera, Albus se detuvo. Empezó anotar un temblor bajo los pies que fue creciendo. El suelo temblaba como si setratara de un terremoto, y después fue como si algo por debajo de ellos explotara.Albus cayó al suelo, al igual que algunos cuadros, y se quedó muy quieto. Eltemblor había desaparecido, pero Albus se temía lo peor. ¿Le habría pasado algoa Luned? Después de comprobar que el temblor no volvía, Albus se levantó yemprendió la carrera hacia el Gran Comedor.

Cuando llegó a la puerta doble, se encontró conun montón de personas apiñadas ante el muro que quedaba al lado de la puerta.Desde la distancia, intentó saltar para averiguar por qué todos miraban el muroy para intentar vislumbrar a sus amigos, pero no consiguió ninguna de las doscosas, así que se metió entre la gente.

¡Albus! alguien le cogió del cuello del jerseypor detrás y le arrastró.

 

Albus se giró para ver de quién se trataba,aunque ya se lo imaginaba. Efectivamente, era James, rodeado de sus compañerosde año de Gryffindor.

¿Qué pasa? ¿Por qué está todo el mundo aquí? lepreguntó a James entre el barullo.

Te lo enseñaré.

James avanzó y fue apartando a los demás alumnosde su camino hasta llegar a las primeras filas y dejar espacio para que pasaraAlbus. El niño se vio delante de un escrito en la pared que rezaba:

Cabezas del Cerbero, corred a esconderos,

pues la Cámara de los Secretos se ha descubierto

Mientras intentaba asimilar las palabras escritasen la pared, James le puso una mano en el hombro, y él se giró poco a poco amirarle.

¿Qué significa esto, James?

Creo que es una amenaza de Sekinci, Al. Sabe queLuned existe y que se esconde en la cámara. Es lo único que tiene sentido
Sóloél nos llamó «cerbero», ¿recuerdas?

El temblor
susurró Albus, preocupado. ¿Y sihabía sido Sekinci? ¿Y si Sekinci y Luned estaban peleando en ese momento?.¡Tenemos que ir a la cámara! ¡Ha habido un temblor antes!

¿Qué? los ojos de James se abrieron de par enpar, y su mirada se volvió tan sombría y preocupada como pocas veces le habíavisto Albus.

¡Puede estar en peligro!

¡Quédate aquí, Albus! ¡Procura que nadie quierair en busca de la cámara! ¡Que se queden todos aquí! le pidió mientras sealejaba entre el gentío.

¡Tengo once años! ¡Nadie me hará caso! ¡James!

Pero su hermano ya estaba lejos para oírle.Chasqueó la lengua y se giró para intentar buscar a sus amigos. Le pareció veruna cabellera muy rubia que podría ser la de Scorpius, así que se dirigió paraella. Resultó no ser él, pero encontró a Lizzie cerca.

¡Albus!

¡Lizzie!

¿Has leído lo de la pared?

¡Al! Rose se acercó a Lizzie y él acompañada deScorpius.

¡Chicos! Sí, lo he leído, ¿y vosotros?

También contestó Lizzie. Tenemos

Les llegó el ruido de una armadura cayendo alsuelo cerca de la Gran Escalera, y todos desviaron la vista hacia donde habíavenido el ruido y callaron por un momento. Les llegaron resquicios de unadiscusión, y Albus y sus amigos se movieron entre el gentío y se acercaron alas personas que discutían.

¡¿Dónde vas con tanta prisa?! le gritó Sekincia James.

Ambos blandían cada uno su varita. Sekinci estabajusto delante del acceso a la Gran Escalera, por lo que impedía que Jamespudiera pasar.

¡Apártate de una vez! ¡Desmaius!

¡Protego!¿Vas a ver a Luned, Potter?

Tanto James como Albus y sus amigos se quedaroncallados y muy quietos, con una expresión de fastidio y temor a partes iguales,mientras que Sekinci tenía un porte de superioridad y una sonrisa ladeada en elrostro.

¡Desgraciado! ¡Expelliarmus!

Sekinci evitó con facilidad el hechizo de James.

¡Sé lo que significa ese escrito! anunció enalto a todos los presentes.

¡Oh, no! exclamó Scorpius en voz baja.

Va a contarlo comprendió Albus, y enseguidaempezó a pensar un plan.

¡Potter tiene una amiga escondida en elcastillo! ¿No es cierto?

Todo el mundo empezó a susurrar a su alrededor.Albus sintió la tensión y el peligro en el aire, y eso no le dejabaconcentrarse.

 

¡Cállate! ¡No sabes nada!

James intentó otro hechizo, pero Sekinci sedefendió.

Cuánto te equivocas. El que no sabe nada, erestú. ¡Su amiga vive debajo de nosotros, en la Cámara de los Secretos! ¡Y nocontrola su magia! los alumnos que estaban allí hicieron gritos ahogados, semiraron y cuchichearon. Seguro que os habéis preguntado qué pasó con lasentradas a las salas comunes hace meses. ¿Por qué se rompieron todas? ¡Fue porella! ¡A la amiga de Potter se le descontroló la magia y destrozó las entradasa las salas comunes!

Albus se quedó pálido y con los ojos muyabiertos. ¿Era eso verdad? Recordó que, al darse la noticia de lo de lasentradas, James desapareció. ¿Había ido a ver a Luned? ¿A pedirleexplicaciones? ¿A controlarla?

¿Fue ella? susurró Lizzie, incrédula.

No
No creo
se negó a creer Rose, aunque surostro decía lo contrario.

¡Eso es una locura! ¡Luned no tuvo nada que ver!¡Sospecharía mil veces más de ti que de ella! entonces, la mirada dura deJames se suavizó por un momento, como si acabase de comprender algo. Fuistetú. ¡Lo tenías todo planeado, ¿verdad?! parecía que se estaba controlando parano saltarle encima de la yugular.

Te vigilaba, sí dijo Vergilius, y continuó consu historia. Confié en que tú podrías controlarla, pero hice mal. Jamás debífiarme de ti, ni de ella. ¿Sabes algo de su ascendencia, Potter?

¡Eres un cabrón!

Tu amiga es descendiente de Morgana, Potter. Unabruja que trató con magia negra y fue culpable de muchos crímenes. ¡Es ladescendiente de una asesina!

Otro grito ahogado recorrió la sala y loscuchicheos volvieron a crecer. Incluso James se había quedado sin palabras.Albus y los demás se miraron entre ellos con los ojos abiertos.

Morganes descendiente de Morgana corrigió Albus en un susurro dirigido a sus amigos,y subrayó el nombre de la profesora.

Por las barbas de Merlín exclamó Scorpius conlos ojos muy abiertos, como si se hubiera dado cuenta de algo importante.Luned pensó que la había matado, pero lo único que hizo fue quitarle laexpresión de la cara. Es su madre. Morgan es la madre de Luned.

Los niños se miraron entre ellos, todos con losojos muy abiertos.

Por Merlín
susurró Albus.

¿Y sabes gracias a quién descubrí eso? tentóVergilius a James, y Albus y sus amigos dejaron su conversación para centrar laatención en James y Sekinci. Tu hermano y sus amigos lo descubrieron todos segiraron para mirarles, incluido James, que les dedicó una mirada de sorpresa eincredulidad. Albus negó con la cabeza, pero no le dio tiempo a explicarse.Porque ellos también están metidos. Le han estado enseñando hechizos en secretopara que fuese aún más peligrosa. Albus Potter incluso mantenía correspondenciacon ella.

¡Es mentira! exclamó Albus, indignado. Todo elcolegio estaba pendiente de su discusión, aunque no había ningún profesor.Albus se preguntó dónde estaban. ¡La ayudamos a controlar su magia! ¡Noqueremos que se vuelva más peligrosa!

Deja de poner excusas, Potter le inquirió uncompañero de Ravenclaw de su mismo año. Nadie va a creerte.

Albus miró al alumno de Ravenclaw.

¿Y tú qué sabes? le dijo con rabia, y despuésmiró a los demás. ¿Y vosotros creéis a Sekinci? ¿De verdad os creéis laversión de un racista antes que la nuestra?

 

Todos se miraron entre ellos y cuchichearon.Vergilius lo observó con la cara compungida mientras pensaba en qué decir.

La chica está ahí abajo dijo al fin. Nopodemos permitir que siga descontrolada. ¿Cuántos tenéis hermanos pequeños?¿Permitiréis que sigan corriendo un peligro que podemos evitar? Yo no. Locomotor Mortis hechizó a James y estecayó hacia atrás con las piernas unidas.

¿Qué va a hacer? preguntó Rose en voz bajamientras lo veía alejarse.

Va a por Luned dijo Lizzie, y se dispuso aperseguir y detener a Sekinci, pero alguien la cogió, igual que a Albus, Rose yScorpius.

Les quitaron las varitas y les lanzaron el mismohechizo que Sekinci había lanzado a James, y tanto Albus como sus amigoscayeron con las piernas unidas. Todos los que estaban allí siguieron a Sekincisin que Albus, James y los otros pudieran evitarlo. Pasaban por encima de ellosy por los lados, como si no existieran, como si quisieran restregarles que nopodían hacer nada. Y todos ellos iban a por Luned.

¡FiniteIncantatem! hechizó alguien que Albus no pudo ver, y sus piernas se sintieronlibres de nuevo.

Albus se levantó junto a sus amigos, y ante ellosestaban los miembros del ECHS: Sabrina, Rebecca, Alexander y Jayden.

Lo siento, no hemos podido pasar antes entre lagente se disculpó Alex, y le dio a Scorpius todas las varitas.

Scorpius las repartió y después salvaron ladistancia que les separaba de James, quien había hecho el contrahechizo y ahorase alzaba entre Blake y Anne.

¡James! le llamó Albus mientras él y los otroscorrían hacia él.

¡Al! ¿Estás bien? cuando Albus le dijo que sícon la cabeza, James miró a los demás. ¿Y vosotros?

Sí, sí dijeron Scorpius, Rose y Lizzie alunísono.

Tenemos que hacer algo dijo Albus para llamarla atención de James. ¿Qué hacemos?

Vosotros, quedaros aquí. Blake, Anne y yo, ir ala cámara.

¡No! se quejaron todos menos James, Blake yAnne.

James abrió los ojos de la sorpresa y les miró atodos a los ojos.

Luned no podrá controlar su magia. Al, te quedasaquí.

Ni hablar. Podemos ayudar.

Vernos la calmará añadió Rose.

No tenemos tiempo para esto murmuró James.Vale, protegeos entre todos. Tenemos que irnos. Vosotros id por el camino desiempre. Nosotros iremos por uno más rápido, pero más peligroso.

Rose fue a protestar, pero Albus habló antes.

Vale. Vamos, por aquí.

Utilizaron pasadizos secretos del Mapa delCancerbero para llegar más rápido a la sala de trofeos y, una vez allí,Scorpius dijo la contraseña y entró el primero, seguido de Rose, Alex, y todoslos miembros del ECHS. Albus fue el último.

Cuando Albus aterrizó en el suelo de culo, se viorodeado de alumnos de otros cursos a parte de de sus amigos.

¡Albus! exclamó Rose cuando le vio. Sonalumnos que no han querido seguir más a Sekinci. Scorpius está hablando conellos.

Nosotros vamos a seguir le dijo, y Albus lideróa los demás entre los pasillos.

A medida que se acercaban a la cámara, ibanllegando a ellos ruidos y gritos. Empezaron a correr y, cerca de la puerta dela cámara, Scorpius y Rose se les unieron de nuevo. Cuando atravesaron lapuerta, se quedaron quietos, asustados y confusos de lo que estaban viendo.Todo era un caos. Luces de hechizos, golpes, gente volando de un lado al otrode la cámara, gritos, trozos de los muros desmoronándose, alumnos llorando en lasesquinas, otros escondidos
Era una batalla.

 

Por Merlín, ¿cómo vamos a detener esto?preguntó Rebecca, asustada.

No lo sé respondió Albus en un susurro, a puntode echarse a llorar.

James debía estar en medio de todo aquello juntoa sus amigos, pues se suponía que habían llegado antes que ellos, pero era tododemasiado caótico como para intentar buscarle.

¡Elizabeth, espera! ¡Elizabeth! oyó gritar aSabrina, y se giró para mirarla, al igual que los demás. ¡Se está alejando!¡Tenemos que cogerla! gritó mientras empezaba a correr.

¡Sabrina! llamó Albus, y también empezó acorrer tras ella.

Todo el grupo corrió uno detrás de otro. Scorpiusles dijo que se cogieran de la mano en parejas, y que en la otra mano tuvieranpreparadas sus varitas. Todos le obedecieron, pero al ser impares, Rebeccaquedó sola entre las parejas que formaban Sabrina y Albus, y Jayden y Alex. Lesllegaron varios hechizos que evadieron o bloquearon. Sabrina no perdía de vistaa Lizzie, quien corría varios metros por delante de ellos. Llegaron a laestatua de Salazar Slytherin, donde había un remolino de luces que alejaban agolpes a todo el que se acercase. Así, había a su alrededor un espacio libre degente, aunque seguían llegando hechizos de la batalla.

¡Vergilius Sekinci! llamó de repente una vozque cubrió toda la cámara, y todo se detuvo.

Las luces, los hechizos, los gritos, los golpes.Todo excepto esa gran bola de luces que tenían Albus y los demás delante. Enmedio de la cámara, la gente empezó a apartarse para dejar un espacio libre.Allí, de pie y erguida, se encontraba Aelia Sekinci, con la varita en la manoderecha. A unos metros frente a ella, su hermano Vergilius la miraba con rabia,también con la varita en la mano.

Sé que así es como te criaron nuestros padres ledijo Aelia, con la mirada fija en él. Nos criaron a los tres así. Pero puedesescapar de ello. Verg, Luned no es mala. Sólo tiene miedo. ¡Mira lo que hascausado! señaló con la mano izquierda a la bola de luces de detrás de ella,pero sin retirar la mirada de su hermano. Vete de aquí, Verg. Tenéis que irostodos desvió la mirada de su hermano a todos los que estaban en la cámara.Sólo los profesionales pueden ayudar a Luned. Dejad de pelear entre vosotros,por amor a Merlín. Luned será llevada a San Mungo. Yo mismo me encargaré deello prometió, y puso una mano en su pecho para señalarse a sí misma.

¿Y cómo sabemos que dices la verdad? ¡Tú tambiénla has estado ayudando! ¡Eres su mejor amiga! ¡Dirías cualquier cosa paraayudarla!

Albus frunció el ceño y miró a sus amigos.

¿Aelia es amiga de Luned? preguntó en unsusurro, totalmente incrédulo.

Ellos le miraron igualmente sorprendidos yconfusos.

¿¿Por qué haces esto?? preguntó Aelia y, porprimera vez, mostró algo en su rostro: desesperación. ¿Qué pretendes?

¡Eliza! exclamó Sabrina en voz baja, y Albus segiró para mirarla.

¡No! exclamó él también al ver que Lizzie semetía en la bola de hechizos que había creado Luned.


¡Lizzie! gritaron Albus, Rose y Scorpius cuandosu amiga se introdujo en la bola de luces.

¡Lizzie, vuelve!

¿Qué haces?

¡Tenemos que pararla! exclamó Rose.

¿Pero cómo? gritó Albus. ¡Lizzie! ¡Lizzie!¡Rose! gritó lo último cuando su prima emprendió una carrera hacia la bola,pero esta la rechazó.

 

La envió volando hacia atrás y cayó encima deScorpius. Ambos aterrizaron en el suelo, Rose con el labio partido.

¡Rose! ¿Estás bien? Albus se acercó a su primamientras esta y Scorpius se ayudaban mutuamente a levantarse.

Rose se llevó una mano al labio, que sangraba, ydespués se miró la mano.

¿Por qué no he podido pasar? preguntó Rose, sincomprender.

No lo sé, no lo entiendo confesó Albus, y miróhacia la bola. ¿Cómo ha podido entrar Lizzie?

Todos quedaron en silencio un momento, y sequedaron pensativos, con las miradas perdidas.

Seguro que no lo ha hecho entrando como unaloca, como Rose opinó Jayden.

Rose le dedicó una mueca burlona, pero a Scorpiuspareció iluminársele una bombilla.

Claro. Es eso dijo, y miró a Albus. Lizzie leha hablado a Luned. Estoy seguro que le ha hecho llegar su voz relajada y poreso la ha dejado pasar.

¡Genial! exclamó Sabrina, y miró a Albus.Háblale y le acercó a la bola de hechizos.

¡No, no! se adelantó Scorpius para detener a Albus.Ahora tiene que estar concentrada en Lizzie. Si le habla alguien más, podríadescontrolarse más y echar a Lizzie, o hacerle daño ahí dentro. Lo mejor quepodemos hacer ahora es esperar a que Lizzie la tranquilice.

Todos se miraron entre ellos. Scorpius teníarazón. Si alguien más intentaba llamar la atención de Luned, se pondríanerviosa. Detrás de ellos, los hermanos Sekinci seguían discutiendo, pero elgrito de Vergilius les llamó la atención, y desviaron la mirada de la bola deLuned hacia los Sekinci.

¡Protego!gritaron dos voces como respuesta al hechizo de ataque de Vergilius.

Una de esas voces había sido la de Aelia, y laotra

¡James! reconoció Albus cuando su hermano secolocó al lado de Aelia.

¡Estúpido entrometido! le gritó Vergilius cuandole reconoció.

James y Vergilius se enzarzaron en una batallamágica en la que Aelia intentaba intervenir, pero Vergilius se movía rápido. Nopodía petrificarle, sus hechizos fallaban, y James tampoco conseguía vencerleen el duelo. Vergilius era mejor que él.

Alguien del grupo de Albus se adelantó y lanzó unhechizo a Vergilius que logró entretenerle.

¡Petrificustotalus!

El hechizo de James le dio a Vergilius de pleno mientraseste se disponía a responder a Rebecca con otro hechizo. Vergilius cayó alsuelo de espaldas, con los brazos pegados al cuerpo y las piernas pegadas entreellas. Nadie movió un músculo durante unos segundos, hasta que James utilizó unhechizo para aumentar su voz y poder llegar a toda la cámara.

¡Quiero que me escuchéis muy bien todos los queestáis aquí! Habéis venido aquí para proteger a vuestros seres queridos. Habéispensado que Luned era el peligro, ¿pero no os dais cuenta de lo que habéishecho? ¿Dónde están vuestros seres queridos ahora? ¡Están aquí! ¡Heridos,asustados, vulnerables! ¿Y ha sido Luned la causante de esto? ¡NO! ¡Habéis sidovosotros, estúpidos gilipollas! era la primera vez que Albus veía a James tanafectado y enfadado y, extrañamente, le llegó al alma. Os pido que os larguéisde aquí. Llevaos a vuestros hermanos y vuestros amigos fuera de aquí yprotegedles sólo de lo que sabéis que es peligroso, y no os dejéis llevar más porlas tonterías que dice un idiota.

 

Todo se quedó en silencio. Nadie se movió, nadiedijo nada. Todo se convirtió en un silencio sepulcral. Entonces Albus se diocuenta. La bola de hechizos debería de estar haciendo ruido, pero en vez deeso, empezó a escucharse un sollozo. Un sollozo que cada vez se hizo másfuerte. Todos los allí presentes, poco a poco, fijaron su atención en Luned.Estaba arrodillada, sangrando, y abrazada con fuerza a una niña morena llena deheridas por todo el cuerpo. Luned lloraba desconsolada en el brazo de Lizzie apesar que la primera era cinco años mayor que la segunda. Nadie se atrevió aacercarse a ellas. Al contrario, aquello pareció incomodar tanto a los queestaban allí, que la cámara empezó a vaciarse. Blake y Anne indicaban el caminode salida, Vergilius era llevado en brazos hacia la enfermería, y James y Aeliase lanzaron una mirada de complicidad.

Rose se acercó a Albus y le cogió de la mano. Élle sonrió y se la apretó antes de que Scorpius se uniese a ellos y le cogieratambién la mano a Albus. Los miembros del ECHS se fueron uniendo a ellos hastacrear un círculo con las manos cogidas. James se acercó a ellos y puso una manoen el hombro de Albus, y este miró a su hermano mayor con admiración mientrasAelia pasaba por detrás suyo hacia Luned.

¿Luned
? dijo en voz baja, y Luned se separó deLizzie para mirar a Aelia. Lo siento. Lo siento mucho.

Luned, con la cara roja y mojada, se quedóobservando a Aelia durante un momento, se levantó poco a poco con la ayuda deLizzie y abrió los brazos para abrazar a Aelia.

Está bien logró decir Luned, con la boca seca yquebradiza.

Lizzie fue hacia sus amigos y les cogió de lamano, aunque Rose se lanzó hacia ella y la abrazó.

¿Luned? la llamó Scorpius, y ella se separó deAelia para mirarle. ¿Podemos hablar?

Aelia cogió la mano de Luned y la apretó antes desusurrarle:

Es la hora.

Luned, sin establecer contacto con Aelia, asintiócon la cabeza mientras decía:

Lo sé.

Los profesores les estaban esperando a la salidade la cámara. Casi se tiraron encima de Aelia, James, Albus, Rose, Scorpius yLizzie (los demás se habían quedado en la cámara para evitar que les pillasen),y les prometieron uno de los mayores castigos jamás impuestos por el colegiopor ocultar y mantener en secreto a Luned en la cámara de los secretos. Teníanlos rostros rojos de ira y la mayoría no controlaban su tono de voz, que sedescontrolaban sin piedad.

Luned

La voz de Morgan pareció llegar a todos losprofesores que estaban en la sala de trofeos, y todos detuvieron sus regañospara observar la escena. Luned, herida, miraba a su madre como si no pudieramantener el contacto visual durante mucho rato, pero Morgan miraba a su hijacon lágrimas en los ojos y con una esperanza y felicidad increíbles. No podíamostrar ninguna emoción con el rostro, pero los ojos fueron suficiente.Suficiente para que su hija supiera lo mucho que la quería y la había echado demenos. Morgan abrió los brazos y abrazó a Luned, que le correspondió, y ambascayeron de rodillas al suelo, envueltas en lágrimas.

Quizás nos replanteamos la dureza del castigocomentó el profesor Faulkner sin retirar la mirada de las Morgan.

El castigo no fue sólo para los que habíanretenido al salir de la cámara; también fue para Vergilius y Cato. El deVergilius fue más duro que el de los demás (lo que encantó a Albus y losotros), y les ayudaba a pasar sus tardes de castigo. A pesar de ello, los querecibieron más reprimendas de sus padres fueron ellos, y no Vergilius.

 

Luned fue llevada a San Mungo para ayudarla acontrolar la magia y, un sábado de castigo de abril, recibieron una lechuzasuya. En la carta, Luned decía que le habían dado la buena noticia de que,eventualmente, podría acudir a clase y podría vivir una vida normal, con totalcontrol sobre su magia.

A la semana siguiente, a Albus le tocó compartircastigo con Aelia, y esta se decidió a explicarle todo el asunto de las cartasanónimas.

Era yo, Albus. Yo te escribí las cartas y lasdejé en tu habitación.

¿Tú? se sorprendió Albus, pero no retiró lamirada de la ventana que estaba limpiando a mano. Pensaba que era Cato

No rio incómoda ella. Verás, Luned, Cato y yosomos amigos desde hace tiempo. Siempre estábamos juntos e intentábamos ayudara Luned con su problema y, cuando desapareció, ambos la buscamos como locos.Fuimos los dos los que la ayudamos desde entonces. Cuando Cato vio a tu hermanocon ella, pensó que era mejor que no supiera nada de mí.

¿Por qué? preguntó Albus, curioso.

Porque mi familia tiene muy mala fama. Tuhermano habría pensado que tramaba algo contra ella. No se hubiera fiado de mí,tanto como yo no me fiaba de él. Había oído cosas, y temía que perturbase aLuned. Así que se me ocurrió involucrarte a ti miró a Albus con una mueca deincomodidad y culpabilidad. Mi plan era que le interceptases algún día antesde entrar en la cámara, que le impidieses entrar y que le convencieses para queno volviera más allí. Pero todo se descontroló. No salió como lo habíaplaneado.

No hace falta que lo jures comentó Albus, entreserio y divertido.

Lo siento, Albus.

Tranquila. Al final, lo que queríamos todos eraayudar a Luned.

Se quedaron en silencio mientras limpiaban loscristales de las ventanas. El agua quedaba tan sucia que Albus se preguntó silas habían lavado alguna vez, y también cómo podían ver a través de ellas contanta suciedad. Miró a Aelia, que frotaba con fuerza los bordes de una ventana.

Tus padres
empezó a preguntar Albus. Aelia lemiró un momento antes de volver a la ventana
¿cómo son?

¿Cómo son? repitió Aelia sin comprender.

Sí, quiero decir
mojó el trapo en el agua, loescurrió y volvió a frotar el cristal. ¿Se toman muy en serio eso de lasupremacía de la sangre?

¡Ja! exclamó. No sabes hasta qué punto. Eshorrible vivir con ellos. Hubieran sido mortífagos si hubieran podido.

Albus retiró bruscamente la mirada de la ventanapara mirar a Aelia.

¿Tanto?

Aelia le miró con las cejas alzadas y con lacabeza ligeramente inclinada hacia abajo, como si le mirase sobre unas gafasinvisibles.

No sé cómo yo aún estoy cuerda volvió a frotarel marco de la ventana con el trapo con fuerza. Estoy deseando acabar estecurso para poder largarme de casa.

¿Tus padres saben que no estás de acuerdo con suforma de ser?

Cuando mi hermano entró en Hogwarts y vio cómoera yo realmente, se lo dijo a mis padres. Pero soy la favorita, así que no lecreyeron y le amenazaron con hacerle daño si volvía a mentir sobre mí. Ydelante de ellos disimulo muy bien. Así que no, no lo saben. Y no lo sabránmientras yo siga viviendo con ellos, que espero que sea por poco tiempo más.

 

Qué situación más complicada tienes en casacomentó Albus, después de resoplar sonoramente.

Ya

El castigo incluía no acudir a los partidos dequidditch, así que se perdieron los tres últimos de la temporada. Cuando seenteraron de esta parte del castigo, todos se quejaron y se enrabiaron, perodespués del primer partido, se relajaron, pues Sabrina se lo contó tandetalladamente que parecía que hubieran estado allí. Tampoco les dejaron celebrarmás reuniones del ECHS durante todo el tiempo que durara el castigo, así que nopudieron reclutar más miembros.

Se podría decir que los últimos meses en Hogwartsfueron aburridos y agotadores, pero de lo que no se dieron cuenta los niños fuede lo amigos que se habían hecho todos durante esos castigos. Cuando mayollegaba a su fin, parecía que se conocían de toda la vida. Todos exceptoVergilius, por supuesto, al que cogieron incluso más rabia y odio que antes.

Lo que también trajeron los castigos con ellos yque nadie se esperó fue el malhumor de Rose y el estrés de Scorpius. Seacercaban los exámenes finales, y entre tanto tiempo ocupado, casi no teníantiempo de estudiar.

¡Juro que si suspendo el primer año en Hogwarts,mataré a Aelia por involucrarnos! decía enrabiada Rose.

¡Pero si fuiste tú la que dijo que podíamosayudar a Luned! le recordó Albus.

Cosa que no hubiera hecho si Aelia no hubieraenviado las notas.

¿Podemos dejar de quejarnos y concentrarnos, porfavor? instó Scorpius entre nervioso y enfadado.

Perdón dijeron Rose y Albus al unísono mientrasvolvían a concentrarse en el párrafo que tenían delante.

A pesar de los nervios de Albus y sus amigos,Aelia, que se enfrentaba ese año a los exámenes EXTASIS, parecía muy relajada,y Albus no lo entendía. Había tenido tan poco tiempo como ellos para estudiar,pero se la veía tan preparada como si hubiera estado estudiando durante meses.Cuando Albus le preguntó, ella simplemente de contestó:

El poder de saber organizarse, amigo mío y,antes de retirarse, añadió. Y de tener un delegado ayudándote a estudiar.

Alguien la llamó, y Albus, como Aelia, vio aArchelaus Mulder, el delegado de su casa, acercarse a ella con algunos librosen la mano.

¿Vamos? le dijo él, y señaló la puerta de lasala común con la cabeza.

Ella asintió con la cabeza, se giró paradespedirse de Albus y salió de la sala común junto a Archelaus.

Pero, como supo Albus más tarde, no había motivospara preocuparse tanto por los exámenes. Fueron más fáciles de lo que habíancreído, y a la que le costó un poco más que a los demás fue a Lizzie, e inclusoella comentó que no le habían parecido muy complicados.

El castigo se acabó el mismo día que losexámenes, así que al día siguiente, todos los que habían sido castigados (menosVergilius) salieron con el ECHS a celebrarlo. Jugaron a quidditch, fueron avisitar a Hagrid, tomaron té con él, jugaron a los Gobstones y al ajedrez ehicieron la reunión de reclutamiento para el ECHS de forma extraordinaria porno haberla hecho cuando tocaba. Fue un poco incómodo para Albus y los demás quehabían sido castigados, pues sentían que su club estaba en contra de Aelia.

Podemos referirnos sólo a los hermanos que sonchicos sugirió Lizzie cuando Scorpius confesó su incomodidad con el nombre delclub. Al fin y al cabo, el nombre es «Entidad Contra los Hermanos Sekinci». Los hermanos
chicos. Masculinos. ¿Sabéis?

 

Sí, creo que te entendemos dijo Rosesarcásticamente, como dándole a entender a su amiga que se había explicadodemasiado y que había quedado más que claro.

No creo que nos lo tome en cuenta añadióLizzie.

Sí, yo lo veo bien se despreocupó James.

De acuerdo aceptó Albus. ¿Todos vais a traer aalguien nuevo al club? preguntó entusiasmado.

Tuvo su respuesta el mismo día de la fiesta defin de curso. Se reunieron por la mañana en el aula que servía como cuartelgeneral del ECHS los nueve alumnos que formaban el club y cinco alumnosinvitados.

Yo soy Blake Eldred, estoy en tercero y soy unleón se presentó Blake, y de similar forma se presentó Anne, ambos invitadospor James.

Rebecca trajo a una amiga del equipo de quidditchde su casa, Mackenzie Maccrum, que odiaba a Vergilius Sekinci por su juegosucio. Se convirtió en el miembro mayor del club, ya que estaba en sexto.Albus, cómo no, trajo por fin a Cian y Richard, que no podían estar máscontentos de estar en aquel club.

Y así, con la introducción de los nuevosmiembros, hicieron una pequeña celebración de fin de curso en la que decoraronel aula, jugaron a varios juegos e hicieron rondas de preguntas para conocersemejor y contar anécdotas divertidas. Acabaron cerca de la hora de comer, asíque bajaron todos juntos hasta el Gran Comedor y se separaron al entrar.

La sala estaba decorada con amarillo y negro portodas partes, y con un gran estandarte detrás de la mesa de los profesores enel que se mostraba un tejón, todo para conmemorar el triunfo de Hufflepuff enla Copa de las Casas. Ese año, el primer puesto había estado cambiandocontinuamente entre Hufflepuff y Ravenclaw, pero el castigo de Scorpius y Cato (comode los demás), incluyó la pérdida de muchos puntos que no pudieron salvar ladiferencia con Hufflepuff ni siquiera después de ganar los azules la Copa de Quidditch.Pero, sorprendentemente, los alumnos de Ravenclaw no la habían tomado contraScorpius ni Cato.

Todos han sido extrañamente amables habíacomentado Scorpius cuando Albus le preguntó. Dicen que entienden que lo hicepor ayudar a Luned.

Ya
A mí me suena a que se sienten culpables porcómo actuaron con Luned aquel día, y por eso no se atreven a echártelo en carahabía dicho Rose, un poco enfadada.

Albus se sentó junto a Cian y Richard y frente aCharlie y Jillian justo antes de que Morgan pidiera silencio para dar sudiscurso.

Buenas noches a todos. Soy consciente que esteaño ha sido muy intenso, pero espero que esto os haya enseñado algo valioso. Amí, por lo menos, me lo ha enseñado dirigió una mirada a todas las mesas,buscando unos rostros en concreto en ellas. Pero, aparte de esto, tenemos queentregar la Copa de las Casas. A continuación, diré cómo han quedado los puntosde este año: en cuarto lugar, Slytherin, con 386 puntos; en tercer lugar, Gryffindor,con 402 puntos; en segundo lugar, y por una diferencia de lo más ajustada,Ravenclaw, con 488 puntos. Y, por último, en primer lugar y, por tanto, ganadorde la Copa de las Casas, Hufflepuff, con 492 puntos.

Los alumnos de Hufflepuff tiraron sus sombrerosal aire y se abrazaron y felicitaron entre ellos, mientras que en las mesas deGryffindor y Slytherin, todo eran caras mustias.

 

En último lugar
se lamentó Cian, y negó con lacabeza.

Y todo por culpa del tema con Luned dijo Albusentristecido. Lo siento, chicos.

Tranquilo dijo Richard, y le dio un golpecariñoso en la espalda. Nosotros te hubiéramos acompañado si no hubiéramos idoa buscar a los profesores aquel día.

Sí, y entonces tendríamos aún menos puntos.

Albus rio y, después de la celebración de la Copade las Casas, apareció el festín en las mesas. Albus y sus amigos tragaron comosi se tratase del fin del mundo, pues todos sabían que en casa no les esperabauna comida así. Esa noche, todos los alumnos se durmieron rápido en sus camas ydisfrutaron de la última noche en Hogwarts antes de volver a sus casas parapasar las vacaciones de verano.

A la mañana siguiente, todos madrugaron parapreparar los baúles y, mientras recogían sus cosas, les llegaron los resultadosde los exámenes. Para sorpresa de Albus, sus notas eran bastante buenas, igualque las de sus compañeros de habitación, excepto las de Charlie, que erantirando a bajas.

No pasa nada le dijo Cian mientras tiraba suropa al interior de su baúl, es el primer año y nunca habías hecho magiaantes. Es normal. Ya verás que en segundo mejorarás.

Eso espero le sonrió Charlie mientrasorganizaba su ropa doblada y sus materiales escolares en diferentes pilas.

Todos acabaron sus baúles antes que Albus, asíque se quedó unos minutos rezagado en el cuarto, ahora tan desierto, cuando oyóunos toques en el cristal que daba al lago. Albus se giró hacia él con unasonrisa, pues se imaginaba lo que significaba ese ruido. La criatura marina conla que había trazado una curiosa amistad estaba frente al cristal, moviendo lacola para mantenerse en el lugar. Saludó con la mano cuando Albus le sonrió, yel niño la imitó. Mediante signos le indicó que debía irse ese día, y lacriatura asintió como para darle a entender que ya lo sabía. Albus se quedó unmomento pensativo, y entonces se le ocurrió algo. Le dijo a la criatura (consignos, claro) que ese verano intentaría aprender su idioma para poderse asícomunicar, y la criatura le sonrió mostrando sus afilados dientes. Ambos sedespidieron con la mano y, cuando la criatura desapareció, Albus fue hacia subaúl para cerrarlo y salir de la habitación.

Albus no vio a sus amigos hasta llegar al andénde Hogsmeade a través del lago con las barcas, donde todos se despidieron deHagrid y le dijeron que le echarían de menos. Albus, Rose, Scorpius y Lizzie sesentaron en el mismo compartimento y compartieron las notas de los exámenes.Por supuesto, Scorpius y Rose aprobaron todo con la nota máxima, y Lizzieconsiguió notas medias, lo que sorprendió tanto a sus amigos como a ella misma.

Durante el trayecto, jugaron, comieron yrecordaron todos los eventos que habían pasado aquel curso mientras, por laventana, se mostraban los paisajes rurales de las altas tierras de Escocia y uncielo encapotado, preparado para soltar una tormenta.

Cuando el expreso llegó a la plataforma 9 y ¾,aminoró la marcha y llenó la plataforma de humo. Albus y los demás estabanpegados en el cristal para intentar ver a sus familias, pero había tantosrostros y tantos colores a los que luego se añadió el humo del tren que fueimposible. Cuando el tren por fin se detuvo, los niños cogieron sus baúles ysus abrigos y salieron del compartimento sólo para encontrarse con un atasco degente en el pasillo. Todos se morían por salir y reencontrarse con susfamilias, así que tuvieron que esperarse un buen rato hasta que se vació unpoco el pasillo como para poder pasar. Albus saltó al andén desde el tren ycogió en brazos su baúl con una mueca de esfuerzo.

¡Espera, espera! Ya lo cojo yo dijo alguien quecogió el baúl y lo dejó en el suelo del andén con mucha más facilidad queAlbus.

Albus había reconocido la voz, y se alegró devolver a oírla después de tanto tiempo. Se giró hacia su padre y, con unaamplia sonrisa en el rostro, se tiró a su cuello para abrazarle. Harrycorrespondió al abrazo y estrechó a su hijo fuerte contra él.

¡Te he echado de menos! le dijo Albus.

¡Y yo a ti, Al!

Cuando Harry dejó a Albus en el suelo, se colocóbien las gafas y acarició la mejilla de su hijo.

¿Cómo estás? ¿Qué tal ha ido todo? ¿El castigofue duro?

Albus ni siquiera se había acordado del castigo,y entonces se dio cuenta que, a pesar de la alegría de su padre al volver averle, ese verano le esperaba una bronca y un castigo. Antes de que pudieracontestar a su padre, Ginny apareció por detrás de su marido de la mano deLily, quien corrió a su hermano mayor para abrazarle.

¡Por fiiiiin! ¡Te he echado mucho de menos!¡Tienes que contármelo todo!

¡Hola, Albus, cariño! le saludó su madre, ytambién le abrazó y le dio un beso en la coronilla.

También vinieron tío Ron y tía Hermione con Hugo.Scorpius y Lizzie se despidieron de sus amigos para poder irse a reunir con suspadres, y los niños se prometieron entre ellos que se escribirían ese verano.James se reunió con ellos poco después, y los cinco Potters se despidieron delos Granger-Weasley para volver a casa bajo la lluvia que ya había empezado acaer.


¡Hola a todos! Espero que os haya gustado este capítulo final. Habrá segunda parte, pero no sé cuándo estará disponible.Me gustaría leeros en los comentarios para saber vuestra opinión ^^¡Gracias por continuar durante todo el viaje!

Albus Potter y el legado de Morgana - Potterfics, tu versión de la historia

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