Bastian Lemoine en el mundo de los muertos - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Después de haber convivido más de un año conla familia Lemoine en el mismo barrio, ningún vecino se sorprendía ya de lasconstantes explosiones, los gritos nocturnos que provenían de la casa y de lasescapadas a la madrugada que hacían el señor y la señora Lemoine, para volveral amanecer con al menos una bolsa de contenido misterioso.

Bastian, el hijo menor, tenía unos quinceaños, y estaba sencillamente harto de su familia. En el colegio se burlaban deél, decían que era raro; pero no eracierto, sólo su familia era rara.

Su madre, la señora Lemoine, era la videntemás conocida de la ciudad. Tenía un puesto en el centro y cobraba más de cien dólares a cualquiera que quisiera que su futuro sea leído. Su padre, el señorLemoine, tenía un laboratorio en el sótano de casa en donde estudiaba losfenómenos paranormales. Un pequeño cartel en la puerta del depósito mugrientorezaba "Lemoine & Maréchal. Ahuyentadores de Espíritus y Seres Paranormalesdesde 1982".Una o dos veces por semana, una familia rica o una anciana que vivía sola losllamaban a él y a su socio para purificar su casa.

 

Bastian no podía entender cómo esos dosabsurdos sueldos podían darles el lujo de vivir en una bonita casa, en unbarrio aparentemente normal y periférico, y cómo él y sus hermanos podíanasistir al colegio privado más caro de la zona.

Debo ir a trabajar anunció de repente laseñora Lemoine.

Alta y erguida cuan era, se había puesto suconjunto ridículo de chales violetas y uno de sus talismanes al cuello.

Bastian, que hasta ese momento había estadoviendo televisión sin sobresaltos, se volvió a su madre y objetó:

Son las dos de la mañana.

Y tú deberías estar durmiendo, muchachorebatió ella. Giró el picaporte de la puerta y se dispuso a salir, peroentonces Bastian contestó, por lo bajo:

No pienso ir al colegio mañana.

Por suerte, o quizá no, su madre ya se habíaoído y no alcanzó a oírlo. Entonces volvió a abrir la puerta y su cabeza entróal vestíbulo:

Casi me olvidaba. Revisó el bolsillo de suabrigo y sacó un papelito arrugado. Baja al sótano y dale a tu padre esto, esun pedido.

Lo dejó sobre la mesita que estaba al lado dela puerta y, sin despedirse siquiera, salió de la casa nuevamente.

Bastian suspiró. Se levantó con parsimonia yse dirigió a la mesa. Tomó el papelito y lo leyó:

Anne-LiseLavoissier

CalleBordeau, 28

Asunto:espíritu de esposo muerto vagando por la casa.

La mujerse queda hasta mañana por la mañana en la ciudad.

Todo estaba escrito con la letra mística yprolija de la señora Lemoine. Ella era quien le hacía los pedidos a su esposo,ya que él se encontraba casi todo el día encerrado abajo, excepto cuando salíaa cazar fantasmas.

Bastian nunca entraba al sótano si podíaevitarlo, desde que se había convertido en la oficina de su padre.

Estaba lleno de objetos extraños, dibujoshorribles y macabros en las paredes, y el muchacho juraría que las cosas semovían. Su papá argumentaba que había demasiada fuerza antiespiritual allí, yque eso podía ocasionar la atracción de los espíritus mismos. Bastian no loentendía.

Antes el señor Lemoine y su socio tenían unaen el centro, pero la crisis del 99 los había arruinado y se habían vistoobligado a convertir aquella parte de la casa en su lugar de trabajo.

 

Bastian golpeó la puerta y un escalofrío loinvadió por completo. Como nadie contestaba, tiró hacia dentro y empezó a bajarla escalera.

Estaba casi todo oscuro, excepto por una luztenue que titilaba. El señor Lemoine trajinaba con unos cacharros bajo esalamparita.

Hum
¿papá? preguntó Bastian con sumocuidado. Él no contestó.

Bastian continuó bajando las escaleras hastallegar abajo, y se acercó lentamente a su padre.

¿Papá? repitió de nuevo.

Él se dio media vuelta. Tenía unas ojeras queanunciaban que llevaba varias noches sin dormir.

Ah, hola, hijo saludó sin ganas. ¿No esalgo tarde para que estés despierto?

Es que
mamá me dijo que te dé esto Bastianle tendió el papelito.

Su padre lo colocó sobre él, bajo la lámpara,y lo leyó con el ceño fruncido.

¿Sólose queda hasta mañana por la mañana? Querrá decir, esta misma mañana, ¿no?preguntó. Pero Bastian no contestó, generalmente su padre preguntaba o decíacosas a nadie en particular.

Calle Burdeau repitió el hombre. Vaya, esun barrio muy prestigioso. Más que este, si me lo preguntas. Una anciana solaque pagaría muy bien, ya lo creo.

Bastian optó por seguir sin contestar, y sepuso a mirar los objetos en los que su padre estaba trabajando.

Un montón de fotos de unos niños muertos seacumulaban desordenadamente sobre un escritorio de metal. Decidió apartar lavista inmediatamente, y le entraron unas ganas inmensas de abandonar ese lugar.

Pero no puedo ir, tengo que terminar esteinforme por la mañana suspiró el señor Lemoine. Y Maréchal se fracturó unapierna. Me temo que no puedo hacer nada. Es una lástima. Un caso así, biencobrado, nos hubiera dado un buen montón.

Siguió trabajando. Como no dijo nada más,Bastian dio media vuelta y empezó a subir la escalera. Cuando se encontraba yaen el último escalón, la voz de su padre dijo:

Bastian.

El muchacho se detuvo y, sin darse mediavuelta, preguntó:

¿Qué?

Me pregunto si

Parecía estar dudando de algo.

¿Qué?

Sí, por qué no
Ven aquí.

Bastian no fue inmediatamente. Cuando tomóaire y se armó de valor, empezó a bajar la escalera nuevamente, temiéndose lopeor, como quien se dirige a su lecho de muerte.

Yo sé que eres un muchacho empezó su padre.Pero yo a tu edad ya había tenido dos trabajos. ¿Te importaría ir a la casa deesta anciana? Te explicaré qué tienes que hacer. No podemos dejar pasar un casode esta magnitud

¿Qué? El alma de Bastian se le cayó a lospies. ¿Él, como un estúpido cazafantasmas?

Debes hacerlo dijo su padre, con aquellamirada de seguridad que tanto asustaba a Bastian. Al mirarlo así, ya no habíavuelta atrás, por mucho que el muchacho se negara.

Papá, yo no sé qué hacer; es tu trabajo, yo

Bastian

Yo no quiero hacerlo.

Bastian, Bastian, Bastian. El señor Lemoinele puso una mano en el hombro, cosa que nunca había hecho, que Bastianrecordara. El don de comunicarse con los espíritus es algo que se da degeneración en generación. La familia Lemoine es una de las más antiguas. Tuabuelo, mi padre, fue uno de los ahuyentadores de seres paranormales másfamosos de su época. Y tu bisabuelo, cuando emigró de Francia, se llevó consigoa su mujer, muerta en un incendio.

 

Bastian tragó saliva. No le interesaban sabertodas aquellas cosas, lo único que quería era volver arriba a ver televisión oacostarse

Es imprescindible que lo hagas, Bastian. Elseñor Lemoine volvió a sus cacharros, lo cual significaba que había terminadola discusión.

Pero
pero
yo no quiero hacerlo

Su padre lo ignoró.

No sé qué debo hacer

Lo sabrás respondió él sin darse vuelta.Había adoptado nuevamente aquel aire de superioridad que lo caracterizabageneralmente. Sólo llévate mi bolso, tienes todo lo que necesitas. Está allí,sobre esa mesa. Ahora, vete. Cóbrale quinientos dólares, cómo mínimo; pero sisabes regatear ve por más. Y no vuelvas hasta que cumplas con la misión.

¿Qué? preguntó Bastian, horrorizado.¿Quieres que vaya
ahora?

¡Desde luego! La mujer se va de la ciudadesta mañana. ¿Cuándo quieres ir? ¡Vamos, hijo, no pierdas más tiempo! ¡Cadasegundo es un pretexto para que más fantasmas invadan una morada!

La noche estaba helada. Y allí estaba Bastian,transitando las desiertas calles perfectas de su barrio, deseando con másfuerzas que nunca haber tenido otra familia.

¿Por qué le había tocado esos dos padresdescerebrados? ¿Por qué no podían ser como sus hermanos mayores, ambostrabajadores y gente normal? Él ya había decidido hacía mucho tiempo que, alcumplir dieciocho, abandonaría aquella casa de locos y se iría a estudiar lejosde sus padres, tal y como habían hecho sus hermanos. Pero parecía que el tiempono pasaba.

El bolso le pesaba. Ni siquiera sabía quéhabía allí dentro, y se preguntaba qué demonios haría cuando llegara a destino.

No tenía ni la más pálida idea de qué era loque tenía que hacer; jamás había visto a su padre en acción, y siempre habíadetestado los programas como Cazafantasmaso Scooby Doo, por el simple hecho deque le recordaban a su propia vida.

Llegó a una esquina donde un elegante cartelanunciaba que era la calle Burdeau. Realmente eran unos casones tremendos. Tambiénantiguos. Escalofriantemente antiguos.

Se guió por la numeración de las casas y llegóhasta la número 29.

Se disponía a llamar a la puerta cuando notóque ésta estaba entreabierta. Al ver eso, sintió un arranque que no sabríaexplicar, que lo impulsaba a salir corriendo de ese barrio. Pero se contuvo eingresó a la casa.

Un olor a anciano se expandía por todo ellugar. El vestíbulo, innecesariamente inmenso, estaba lleno de mesitaselegantes, cada una de ellas con una colección de cucharas de plata. En lapared había cuadros de viejos decrépitos y elegantes hombres de etiqueta, todosellos mirando con formalidad al vacío.

Escuchó unas voces provenientes de algún lugarde la casa.

¿Señora Lavoissier? llamó Bastian con unhilo de voz, pero nadie contestó, y las voces seguían.

Optó por seguirlas. Caminó por gran parte dela casa, guiado por una charla que parecía un monólogo. Atravesó un últimopasillo, especialmente oscuro, y las voces se oyeron tan claramente que lehicieron dar cuenta al muchacho de que, la persona que hablaba, se encontrabaal otro lado del pasillo.


aquí. Y aquella vez, cuando tus amigos y túse juntaron a tomar brandy y fumar habanos, aquel desgraciado quemó mi cortinafavorita. No me gusta menospreciar a las personas, pero aquel colega tuyo,querido

 

Bastian tragó saliva. Miró su reloj de muñeca:las tres y cuarto. Hubiera dado todo lo que tenía a cambio de que fuera de día,porque eso hacía que tuviera el doble de miedo. Pero faltaban horas para queamaneciera.

Abrió la puerta lentamente.

La anciana estaba de espaldas y continuabahablando, aunque no había nadie enfrente de ella.


Siempre lo he tratado muy bien, Abélard,pero sigo sin entender por qué siempre lo tienes que invitar a él en lugar de
¿Abélard?¿Sigues ahí?

La anciana se dio vuelta con una rapidez tanimpresionante que Bastian creyó que iba a atacarlo. Con el susto de aquello, másla expresión de la anciana, el chico dejó caer el bolso, que hizo un estrépitotremendo sobre el suelo de madera.

¿Quién eres tú, querido?

Yo
Yo soy Bastian Lemoine, y

¡Ah, de Lemoine & Maréchal! Ella selevantó con dificultad de la silla y se acercó al chico. Lo detalló de arribaabajo. No tenía pensado que me iban a mandar a un chico tan joven.

Es que
mi padre está
imposibilitado deasistir hoy.

De acuerdo, los dejaré solos para que seconozcan dijo la vieja.

¿Qué? preguntó Bastian, mirándolahorrorizado. Aquello le daba más miedo del que podía soportar, no iba aquedarse sólo con un supuesto fantasma por nada del mundo.

Mi esposo, Abélard dijo la señora Lavoissierfalleció hace unos meses, pero algo le impide salir de casa e irse con las demásalmas libres. Particularmente, me inclino a pensar que tiene que cumplir algunamisión, pero bueno, eso lo desmentirás o confirmarás tú, que eres el experto.

No, yo

Si me necesitas, estaré en la cocina.

No, señora, yo tengo que irme de aquí. En realidades mi padre el que hace el trabajo, yo sólo vine

¿Qué dices, chico?

En realidad yo
Sólo vine a trasmitirle unmensaje: que mi padre no podrá venir. Sólo eso, yo

¡Pero si vienes preparado! Vamos, chico, nojuegues con la mente de una anciana de noventa y un años.

¡En serio!

Pero

¡ME VOY! aulló Bastian,fuera de sí, y se marchó corriendo del lugar, sintiendo un escalofrío en laespalda, como si el esposo de la anciana lo estuviera tocando en ese mismomomento.

Se sentía sucio, contaminado; sentía que,ahora que había ingresado en el mundo de los espíritus, le costaría muchosalir. Abrió la puerta de calle de un tirón y corrió, corrió y no se detuvohasta llegar a su barrio. Nevaba.

Entró en la casa procurando no hacer muchoruido; no quería que su padre se percatara de su llegada, y se fue corriendo asu habitación. Se sacó la ropa mojada, se secó con una toalla y se acostó sinpensarlo.

Cuando despertó unas horas más tarde, tuvo lasensación de que no había dormido nada.

Había soñado con un anciano que le decía, máso menos, algo como "¿Por qué temes a tu segunda vida?", pero Bastian se olvidóde eso en cuanto despertó.

La puerta se abrió de un tirón y tras ellaapareció la señora Lemoine, envuelta en chales, tal y como había salido de casala noche anterior. Miró a su hijo, como interrogándolo con la mirada.

No voy a ir al colegio dijo él a modo derespuesta.

Sabía que me dirías eso contestó su madre,entrando en la habitación y mirando los objetos, aparentemente muy curiosa. Noentraba casi nunca en el dormitorio de su hijo. Mejor dicho, casi nunca estabaen casa. Las cartas me lo dijeron.

 

Bastian alzó las cejas y optó por no decirnada.

También continuó su madre una montañaenorme se irguió frente a mí en una de las cartas, cuando estaba pensando enti. Quiero decir, obviamente, que se te ha presentado un problema o un viajepeligroso. ¿Quisieras contármelo? No había nada de voz comprensiva en la madrede Bastian, o al menos él no la notó. Tenía su tono interesado, como decostumbre.

¿Recuerdas la nota que le dejaste a papáanoche? preguntó Bastian, levantándose de la cama.

Su madre asintió.

Bueno, anoche papá me mandó a que yo hicierasu trabajo.

¿En serio? Con todo, la señora Lemoineparecía sorprendida.

Sí, pero seguro que ya lo sabías repusoBastian en tono irónico.

Las cartas no muestran cosas exactas.Entonces, ¿fuiste?

Sí, pero me arrepentí a tiempo, antes dehacer el ridículo papel de cazafantasmas.

Eso no estuvo bien respondió la mujeralzando una ceja. Es obvio que, como todos tus antepasados masculinos, tienesel don de comunicarte con espíritus; al igual que yo, tal y como todos misantepasados femeninos, tengo el don de la adivinación. Cambiando de tema, ¿porqué no quieres ir al colegio?

¿En serio me lo preguntas? Bastian soltó unarisotada. Por eso mismo que me acabas de decir. Todo eso de la adivinación ylos espíritus
Mis compañeros de clase piensan que soy raro, mamá. Nadie mehabla; no tengo amigos. No teniendo esta familia. Nadie quiere venir a casa,piensan que está lleno de muertos o algo así.

¿Y eso te molesta? pregunto su madre, comosi no lograra entender al chico.

¿Si
si me molesta? Tengo quince años. Unchico normal de mi edad tiene amigos y sale con ellos.

¿Y tú no te consideras normal?

A Bastian le hubiera gustado decir que aquienes no consideraba normales era a ella, su madre, y a su padre, pero secontuvo y sólo dijo:

Sí, pero no el ambiente que me rodea.

Pero te tocó este ambiente, y deberíassentirte orgulloso.

Damien y Delphine abandonaron todo estocuando tuvieron edad para hacerlo. ¿Por qué yo simplemente no puedo
?

Tus hermanos mayores nunca tuvieron el don.

¿Y tú cómo sabes que yo sí lo tengo?preguntó Bastian enfadado.

El don se manifiesta entrando en la pubertadde un individuo, y si son tres o más hijos el tercero será siempre el

Basta con eso del don, ¿sí? interrumpió Bastian, y salió de la habitación a pasodecidido.

Su madre seguramente se quedaría en la casa elresto de la mañana, y Bastian no tenía ningunas ganas de seguir estando conella en el mismo edificio, así que, tras comprobar que aún era temprano, sevistió y optó por ir al colegio.

Salió al frío amanecer; la nevada de la nocheanterior había dejado un considerable manto blanco sobre la calle, la vereda ylos coches estacionados pulcramente en el perfecto barrio.

Después de unos quince minutos de caminar, sedio cuenta de que estaba en la intersección de las calles Bounirbe Principal yBurdeau; la calle en la cual había estado la noche anterior cuando la ancianale pidió que se comunique con el fantasma de su marido. La noche anterior no sehabía percatado de que la calle Burdeau estuviese tan cerca de su colegio.

 

A una calle estaba el caserón de la vieja, yBastian notó que había varios coches estacionados en la puerta, entre ellos lapolicía forense y una ambulancia.

¿Pero qué
? se preguntó a sí mismo, y empezóa caminar lentamente por la nieve, dejando unas huellas que temían serúnicamente de ida.

Cuando llegó a la puerta de la casa, había unpoco de revuelo. Dos oficiales de la policía científica hablaban rápidamente yun médico forense transportaba un cuerpo tapado en una camilla. Otro médicohablaba con un cura, fumando un cigarrillo, asintiendo con la cabeza.

Disculpe, ¿le pasó algo a la señoraLavoissier? preguntó Bastian, interrumpiendo la conversación de los dospolicías forenses.

Ah, ¿la conocías? preguntó el oficial, untipo muy joven. Tenía un sujetapapeles en la mano. ¿Eras familiar de ella?

No, yo
ella sólo me cuidaba cuando era niñoinventó Bastian, pues no quería darle explicaciones acerca de lo de la nocheanterior, pero al mismo tiempo quería investigar lo que había sucedido. ¿Porqué habló en pasado? ¿Quiere usted decir que..? ¿Se murió?

Así es. Anoche a las cinco en punto de lamadrugada.

¿Qué fue lo que le pasó?

Ha sido un ataque repuso el otro. El cuerpoapareció magullado y
Pareció darse cuenta de que le estaba dando demasiadainformación, porque su colega lo miró asombrado. Pero en ese momento un hombrellegó corriendo desde la calle de enfrente, jadeando.

¡Padre Broussard! ¡Padre Broussard! Todos lomiraron horrorizados, pues tenía una cuchilla ensangrentada en la mano, y lablandía como si quisiera cortar cabezas. Se apresuró a bajarla, y, por eldelantal y por el local del que acababa de salir, Bastian se dio cuenta de queera el carnicero de enfrente. He descubierto algo
que los dejará totalmente
Es mejor que lo vean. Lo registraron las cámaras de seguridad. Acompáñenmetodos

Los seis individuos intercambiaron miradas deasombro y empezaron a desfilar por lacalle. Bastian se apresuró a preguntarle a uno de los forenses si le importabaque fuera con ellos.

No, adelante. Supongo que tienes derecho averlo, sea lo que sea, si esta anciana cuido de ti. Por cierto, lo siento.

No es nada repuso Bastian como un autómata.

Todos entraron a la olorosa carnicería.

El padre Broussard miró con desconfianza loscerdos colgados en los filosos ganchos.

Es por aquí los guió el carnicero a todospor un pequeño pasillo contiguo a la tienda. Tengo algunas cámaras deseguridad; como éste es un barrio prácticamente de ancianos y los robos a ellosson más usuales que nunca, el gobierno las colocó en mi negocio y también fuerade él, en la puerta. Hay una cámara Entramos a lo que parecía una pequeñaoficina. Había una computadora apagada en un rincón, con el monitor roto; dostelevisores pequeños y dos video caseteras. Al lado de ella, cinco inestables einmensas pilas de cintas de video que registra todo lo que ocurre en la manode enfrente. Pude captar algo
realmente espeluznante Había palidecido.

Todos se apiñaron alrededor de uno de lostelevisores pequeños, y el carnicero se sentó, tomó la cinta que estaba másarriba, la cual decía: "VIERNES,04:55:48-05:12:08",y la colocó en el aparato.

Una lluvia blanca y negra salió en lapantalla, luego un ruido extraño y acto seguido se vio un primer plano de lacasa de la señora Lavoissier. Todo parecía en orden. La ventana de lahabitación en donde Bastian había estado la noche anterior tenía las cortinascorridas, y en un momento se vio claramente cómo la vieja anciana caminabalenta y parsimoniosamente, hasta que se perdió de vista al llegar al otrolímite de la ventana.

 

Entonces, un objeto voló de punta a puntadentro de la casa. Todos contuvieron la respiración.

Bastian hubiera pensado que lo había arrojadola misma señora Lavoissier, pero aquel objeto había sido arrojado desde otrolado en el que la vieja se encontraba. Otro objeto más voló, y esta vez Bastianlo reconoció: era un florero. Continuaron siendo arrojados diversos objetos.

Por el amor de Dios, ¿qué significa esto?peguntó el padre, mirando a la pantalla casi sin pestañar. ¿No vivía laseñora Lavoissier sola?

Hasta hace cuatro meses, cuando falleció suesposo respondió el carnicero, pero nadie le prestaba mucha atención; todoslos ojos seguían fijos en la pantalla, pues seguían siendo arrojados objetos depunta a punta.

Aún no es todo advirtió el carnicero, comosi quisiera que todos le prestaran el máximo de atención porque llegaba elmomento más culminante.

Entonces, Bastian se lanzó hacia atrás cuandovio aquello: la señora Lavoissier volvió a aparecer caminando lentamente, todaensangrentada. Sin duda había sido golpeada por aquel individuo que le arrojabalas cosas.

Por Dios Santo se lamentó un oficialforense. ¿Es esto obra de vándalos, ladrones o qué diablos?

¿Qué opina usted, padre? preguntó elcarnicero.

El cura estaba casi sin habla, pero pestañeóvarias veces, sacudió la cabeza y, cuando abrió la boca para responder, Bastianexclamó:

¡Oigan! ¿Qué es eso?

Le había parecido ver, en la pantalla, unaespecie de nuble plateada flotando, pasando de límite a límite de la ventana.Pero ya había desaparecido.

¿Qué cosa, muchacho? preguntó un oficial.

Juro que vi algo
retroceda la cinta.

El carnicero frunció el entrecejo y oprimióuno de los botones de la video casetera durante unos segundos.

Aquí anunció Bastian.

Durante cinco segundos, sólo vieron laventana, abierta pero vacía, y entonces Bastian volvió a darse cuenta.Definitivamente algo había pasado, de punta a punta de la ventana.

¿Lo vieron?

Todos asintieron con la cabeza.

Pero ¿qué significa eso, padre? preguntó elcarnicero.

Es posible
es posible que se trate de
Tragó saliva. De un espíritu.

Todos se quedaron en silencio. Uno de losoficiales de la policía científica soltó una risotada, y el médico le sonrió asu colega, divertido. Pero Bastian no dibujó ni media sonrisa. El carniceroescuchaba al cura atentamente.

La Iglesia no cree en fantasmas, en realidad continuó elpadre. No admite la existencia del limbo. Sin embargo, yo
bueno, yo tengo unahistoria personal que se asemeja con un
fantasma. Y por eso es que
creo enellos.

Ahora nadie se rió.

Mis padres murieron cuando yo era un jovenadulto, en un incendio. Yo me salvé de milagro. Vi a mis padres arder enllamas, pero no hice nada para salvarlos. Me arrepentí toda la vida, y me hicesacerdote para llegar a los brazos de Dios y poder pedirles perdón a mispadres. Yo creo que ellos
aún están en la casa donde me crié, atrapados

 

Basta zanjó un oficial. Muy interesante suaporte, señor
miró al carnicero.

Bouve. Gaston Bouve dijo éste, hinchando elpecho.

Bien, gracias por su aporte Se incorporó. Sucolega lo imitó

. Fue de mucha ayuda. Me temo, eso sí, quedebemos llevarnos la cinta de video.

El carnicero abrió la boca pero la cerróenseguida y le tendió la cinta.

Que pasen todos muy buenos días.

Y ambos se marcharon. Los dos médicos hicieronlo mismo, y entonces Bastian se había quedado solo con el padre Broussard y elcarnicero Bouve. Los tres se miraron.

Yo sí le creo, padre dijo el carnicero.Luego miró a Bastian, como desafiándolo a que él opinara lo contrario. Peropara Bastian, por muchas pruebas que podía llegar a haber visto, era realmente odioso tener que creer querealmente existían los fantasmas, ya que los había odiado por toda su vida. Sentíaque los muertos le habían arruinado la existencia. Por la culpa de los muertosno tenía amigos y tenía unos padres que no le prestaban atención y que dormíande día y vivían de noche. Bastian se levantó y se fue sin decir nada, mientraslos otros dos lo miraban hasta que el chico se perdió de vista.

Había muchas personas en aquel salón.

Bastian recorría el lugar de una esquina a laotra, observando a todas las personas que podía. Todas, sin excepción de una,iban vestidas de gala. Los hombres, de etiqueta, parecía personas anticuadas, ylas mujeres, de vestido formal, tenían un gesto deprimente en el rostro.Algunos mozos decrépitos pasaban por entre las personas portando bandejas,ofreciendo copas de champaña. Bastian se fijó en uno de los invitados que enese momento tomaba una copa. Tenía la cara larga y anciana, era alto y erguidoy parecía un tipo muy serio. A Bastian le sonaba extrañamente conocido, aunquesea mínimamente.

Se despertó a causa del frío. Aún era denoche, pero iban a ser las siete y media de la mañana. No podía volver a faltaral colegio; el día anterior había sido por el suceso en la casa de la señoraLovissier, pero no podía dejar que se convirtiese en una costumbre. Y, de todasmaneras, aquel era el último día de clases antes de las vacaciones de Navidad.Hasta podría llegar a ser divertido, se dijo Bastian mientras se vestíarápidamente para no pasar demasiado frío. Pidió un taxi y se subió a élcomiéndose una tostada.

Al Colegio Nacional Multipaflithé, por favordijo Bastian al chofer, conteniendo un bostezo.

Ah, ¿tú eres el hijo de los Lemoine, verdad?preguntó el chofer, mirando al muchacho por el espejo retrovisor. Sí, yo vinea tu casa hace un par de años. A la oficina de tu padre. Él me ayudó con unproblema que tenía. Mi padre, ¿sabes? Ni muerto me dejaba descansar. Porsuerte

Limítese a conducir, ¿quiere? soltó Bastian,cuyo humor estaba muy a flor de piel y no tenía ganas de hablar de espíritushasta con el chofer de un taxi.

El hombre no replicó, pero miró de mal modo aBastian. Llegaron a la puerta del colegio diez minutos más tarde, la cualestaba abarrotada de estudiantes.

 

Seis dólares informó el conductor, sin dejarde mirar mal a Bastian por el espejo. El chico le dio el dinero y bajó del automaldiciendo sin motivo alguno.

Cuando llegó a su salón de clases, ya todos suscompañeros estaban instalados, hablando a voces y riendo a carcajadas. Bastianocupó su habitual asiento en los primeros bancos, bien apartado del bulliciopopular. El timbre sonó en ese momento, aunque no fue hasta que entró laprofesora de Psicología, que todos se sentaron e hicieron silencio. Aunquequizás el repentino silencio se debió a que la profesora Chevalier veníaacompañada de un chico al que Bastian nunca había visto.

Buenos días saludó la profesora Chevalier,una mujer cuarentona y regordeta. Hoy tenemos un nuevo alumno que viene desdeel pueblo de Saint-Gédéon. ¿Alguien sabe dónde queda?

Daphne, la chica más lista del curso, dijo sinvacilar:

En el norte de Bounirbe, profesora Chevalier.Es un pueblo que queda en el cruce de los ríos Grand Fleuve e Inn.

Excelente, Daphne repuso la profesora,satisfecha. Bien, él se llama Jacob Durand. Entró a mitad del semestre porquesus padres se mudaron aquí a trabajar. ¿Verdad, Jacob?

Él asintió con la cabeza, rojo como un tomate.Bastian giró la cabeza automáticamente y se dio cuenta de que el único asientolibre era el que estaba a su lado. Suspiró y, entonces, la profesora dijo:

Ve asentarte en ese asiento libre, al ladode
¿Bastian, verdad? preguntó con desconfianza.

Todos soltaron una carcajada. Aparentementeles resultaba gracioso que ni siquiera la profesora conociera bien el nombre deuno de sus alumnos a mitad de año.

Bien dijo la profesora acomodándose en suescritorio. El jueves pasado nos quedamos en el capítulo once; los métodos deinvestigación psicológicos. Como habíamos dicho, la psicología entendida comociencia básica o experimental, enmarcada en el ejemplo
Pero entonces lapuerta del aula se abrió bruscamente y por ella se asomó la portera delcolegio, Eloane. Todos soltaron una carcajada; algunos se pusieron a reír envoz alta; Eloane siempre era un objeto de burla entre los muchachos. Inclusolos profesores la trataban con desprecio. ¿No te enseñan a golpear allá dedonde vienes? le preguntó fríamente la profesora Chevalier.

Profesora, se solicita su presencia endirección respondió Eloane alzando la cabeza. El director

Estoy dando clase, ¿no puede ser en otromomento?

Dice que es urgente, profesora respondió laportera negando con la cabeza rápidamente.

De acuerdo, de acuerdo respondió ella. Dejóel libro sobre el escritorio y se dirigió a la puerta. Antes de salir, dijo:Estén en orden o les pondré un examen.

No bien hubo cerrado la puerta, el alborotovolvió al curso. Nadie parecía prestar atención al chico nuevo, pero Bastianhizo un intento.

Soy Bastian.

Jacob, mucho gusto respondió élsonriéndome. ¿Siempre son todos así de gritones?

Siempre afirmó Bastian, también sonriendo.Más hoy que es el último día de clases antes de las vacaciones de Navidad.¿Harás algo por las vacaciones?

No; llegamos hace dos días. Aún no hemosterminado ni de desempacar las cosas. Esta ciudad es muy grande comentó.

Sí, supongo. Y ¿dónde vives? preguntóBastian.

Hum
no recuerdo el número, pero la calle esPortué. En frente de una plaza con una fuente, a dos cuadras de la biblioteca.

 

¿Bromeas? saltó Bastian. ¡Yo también vivoahí! A una cuadra y media de la biblioteca.

¡Genial! exclamó Jacob, igual de radiante.Podríamos juntarnos estas vacaciones. ¿Te gusta ir a la biblioteca? A mí meentretiene eso más que otra cosa.

Bastian vaciló unos momentos; ir a labiblioteca no era definitivamente una de sus pasiones. Sin embargo, no podía desperdiciarla ocasión de hacerse un amigo, así que dijo:

Claro, me encanta. ¿Quieres ir después declases?

¿Hablando de bibliotecas? preguntó una vozgrotesca a espaldas de Bastian y Jacob. Ambos se dieron vuelta. Era Eddie, unode los bravucones del curso. ¿Ni el último día de clase puedes dejar de sermarica, Lemoine?

Déjalo en paz le espetó Jacob.

Por un momento pensé que Eddie iba agolpearlo, pero ese momento entró la profesora Chevalier con cara de pocosamigos, y Eddie se contentó con responder:

Al menos tienes un novio, fantasmita.

El colegio se hizo liviano con Jacob presente.Resultó ser, además de un chico inteligente, alguien con mucho sentido delhumor, así que Bastian se divirtió bastante. Cuando sonó el timbre queanunciaba el fin de las clases, todos salieron disparados para la puerta,celebrando y tirando libros y mochilas al viento.

¿Son todos tan inmaduros en este colegio?preguntó Jacob sonriendo al pasar por un grupo de alumnos de segundo quepisaban sus carpetas, gritando y cantando.

Lo que me causa gracia es que festejan comosi hubieran terminado la Universidad o algo así comentó Bastian. Y sólo son quincedías de vacaciones con diez grados bajo cero. Las vacaciones perfectas, ¿eh?

Y que lo digas. Allá en Saint-Gédéon hacía uncalor infernal comparado con el clima de aquí. Hablando sobre eso, tengo quepreparar un informe sobre el calentamiento global. Voy a presentarlo a unarevista a la cual estoy suscripto. ¿Quieres acompañarme a la biblioteca abuscar algo de información?

Hablando de una cosa y otra, llegaron a labiblioteca.

La bibliotecaria les alcanzó varios librosreferentes al tema, pero al parecer Jacob no estaba satisfecho.

Tengo que buscar acontecimientos climáticosreales dijo, mirando descontento el montón de libros abiertos sobre la mesa. Tornadosrecientes, terremotos, cosas así. ¿Crees que puedes ir a buscar algunos diariosviejos? No sé dónde están las secciones aquí.

Bastian tampoco tenía idea de dónde estabanlas secciones allí, porque no iba nunca a la biblioteca, pero decidió no decirnada, pues no quería perder la amistad nada más empezándola. Llegó a la secciónde periódicos y empezó a buscar en uno de agosto de ese mismo año; estabaconvencido de que aquel mes había habido un huracán en algún país. Buscoatolondradamente, pasando las hojas, cuando se detuvo en una fotografía que lellamó la atención.

Una cara anciana y arrugada estaba impresa,con el título: " MUERE UNANCIANO, SU ESPOSA ES SOSPECHOSA". La mujer de la foto era, indudablemente, laseñora Lovissier. Al lado de la foto de la mujer, había otra, de un hombre conpinta de serio, que debía de ser Abélard Lovissier. A Bastian le resultaba algoconocido. Debajo había un pequeño artículo. Bastian empezó a leer:

Ayer porla tarde se dio a conocer un extraño caso sucedido entre los propios vecinos denuestra ciudad. La señora Lovissier, revela en exclusivo el diario La Verdad,revela a las autoridades la repentina muerte de su esposo, el señor Lovissier,de noventa y un años, el cual supuestamente se hallaba muy enfermo. Noobstante, el hay pruebas sólidas acerca de que el señor Lovissier fue halladocaminando por su barrio en saludables condiciones, dos días antes de su muerte.

 

JacquelineDesmarais, una anciana que solía jugar a las cartas con la señora Lovissier,dice que su amiga se encontraba muy extraña durante los últimos días y queprobablemente le estuviese siendo infiel a su marido.

Esto daque pensar, y podría tratarse de un drama pasional. Misteriosamente, periódicosde mayor tirada que éste han evitado la noticia o la han modificadonotablemente.

Bastian dejó el periódico en el suelo y sequedó contemplando al vacío durante unos momentos. ¿Y si la señora Lovissierhabía matado a su marido? Pero ¿por qué iba a hacerlo? Si cuando Bastian habíallegado a su casa la había encontrado hablando con "él", tan campante.

¿Encontraste algo? preguntó Jacob por detrásde Bastian, quien se sobresaltó.

N-no. No, no creo que haya muchos artículos

Jacob suspiró; parecía malhumorado.

Bueno, tengo una semana más para buscar. ¿Nosvamos?


Bastian rompió el artículo de la señoraLovissier y se lo puso debajo de la camiseta antes de salir.

Bajaron hacia el gran vestíbulo de labiblioteca, cuando Bastian vio a alguien que le pareció conocido. Una personaestaba llegando al mostrador de la biblioteca con tres gordos libros bajo elbrazo.

Bastian hizo un esfuerzo para recordar dequién se trataba, y entonces lo logró: era el señor Bouve, el carnicero que vivíaenfrente de la casa de los Lovissier. Se pregunto si

Se acercó hacia él, seguido de un extrañadoJacob, y le tiró de la manga.

Señor Bouve.

¿Sí? El aludido interrumpió su charla con lamujer del mostrador y miró a Bastian. ¡Ah! Eh
Bastian, ¿verdad?

Sí, señor respondió el chico. ¿Qué haceaquí?

¿Quieres saberlo? preguntó Bouve con tonomisterioso. Es algo que no tiene importancia, en realidad. Pero
de acuerdo,te contaré. Ven conmigo. Vamos al café contiguo de aquí, ¿de acuerdo?

Bastian asintió y preguntó:

¿Te importa si él viene conmigo? Es un amigo,Jacob.

No, no; que venga Bouve presentó su carné dela biblioteca y los tres salieron.

Un momento después, ingresaron en la bonitacafetería que estaba al lado de la biblioteca, y buscaron una mesa algoapartada del bullicio de personas.

Bastian, desde que el padre Broussard mecontó su historia empezó Bouve; la del incendio de sus padres, a mí me quedómuy implementada la idea de la existencia de
bueno, ya sabes; espíritus.

Jacob lo miró como si se hubiera vuelto loco,pero ni Bastian ni Bouve lo notaron.

Y desde entonces he estado teniendo visionescontinuó Bouve, es por eso que he decidido investigar más sobre el caso delos Lovissier. He descubierto que
Bueno, Anne-Lisa, la vieja, le era infiel aAbélard, su esposo.

Sí, yo también leí algo de eso en un diariorepuso Bastian, sacando el recorte de periódico de debajo del uniforme escolary dejándolo sobre la mesa.

 

Bien, pues resulta que
Tres cafés, por favorLa camarera se había estado acercando sigilosamente a la mesa mientras Bouvehablaba, y había escuchado casi la mitad de la conversación. Sin embargo, noparecía importarle nada y se marchó arrastrando los pies. Bien
entonces,Abélard, el esposo, se enteró de esto, y amenazó con dejarla y, por ende,llevarse toda su fortuna.

Disculpen saltó Jacob, que no habíahablado. ¿Alguien me puede contar de qué hablan?

Bastian miró a Jacob algo triste, pues noacababa de hacerle oír a su nuevo amigo una sarta de estupideces que lo haríanalejarse de él, como el resto de sus compañeros.

Lo siento, Jacob dijo Bastian. No era miintención que oyeras todo esto, pero

¿Bromeas? Jacob había esbozado una sonrisade oreja a oreja. ¡Me encanta todo esto del misterio y los fantasmas! Esinteresantísimo. Puedo ayudarlos a desvelar este caso, sea cual sea. ¡Seremoscomo Scooby Doo!

Bouve lo miró alzando una ceja, y en esemomento habían llegado los tres cafés.

¿Le dejo las tostadas, o les traigo Scooby-galletas? preguntó la moza contono de burla, cuando dejó un platito con tostadas.

Scooby-galletas,gracias repuso Jacob con una mueca. La moza se alejó maldiciendo algo.

¿Cómo averiguaste eso? preguntó Bastianinteresado a Bouve. Lo de que Abélard amenazó con dejarla y llevarse su fortuna.

Por el testimonio de la criada de losLovissier, la cual fue despedida cuando la anciana se enteró de que habíaescuchado toda la discusión. El caso es que Abélard estaba apunto de dejarla,pero Anne-Lisa se desquició y puso unas pastillas en su brandy. Los forensesatribuyeron su muerte por una sobredosis de pastillas para la tos.

Es ridículo comentó Bastian.

Claro que es ridículo respondió Bouve. Laseñora Lovissier pagó un buen montón a la policía y a los hospitales para quese dijese esa versión. Lo que más me inquieta de todo esto es
que el espíritude Abélard se quedó en la casa los siguientes meses para molestarla yatosigarla, y bueno, posteriormente matarla, como se registró en la cinta devideo.

Los tres salieron de la cafetería, y nohubieron caminado media cuadra cuando Bastian se frenó completamente. Dospatrulleros estaban estacionados frente a la puerta de su casa, y también unaambulancia.

¿Qué pasa? preguntó Jacob, al ver queBastian había dejado de caminar.

Es
mi casa

¿Qué?

Bastian empezó a correr, y Jacob lo siguió,extrañado. Bouve se apresuró a no quedarse atrás. Llegaron al frente. Bastianvio que su padre estaba allí plantado, mirando la ambulancia con expresiónausente.

¿Papá? preguntó Bastian, acercándose a él.¿Qué pasó?

Su padre no contestó enseguida, pero cuando lohizo fue con una voz tranquila:

Tu madre está agonizando.

¿Qué? preguntó Bastian.

Lo que sintió Bastian fue algo extraño;tristeza, pero no dolor. Se acercó lentamente a la ambulancia, la cual teníalas puertas abiertas. La señora Lemoine estaba sobre una camilla, con los ojosabiertos. Bastian se metió dentro del vehículo y la miró. Ella movía la boca, yel muchacho pudo captar:

Bastian
Bastian
dile a tu padre que

Pero no continuó.

¡Clave roja! gritó uno de los médicos,apartando de un empujón a Bastian y entrando a toda marcha en la parte traseradel furgón. Bastian se sentó en el cordón de la vereda, y Jacob se acercólentamente a él.

 

Lo siento mucho
dijo.

Bastian no respondió y se metió dentro de lacasa, dejando allí a Jacob, a Bouve y a su padre, que aún seguía viendo haciala nada, con expresión ausente.

La mañana del lunes amaneció gris y lluviosa,como si el mundo quisiera alertar la muerte de la señora Lemoine. Los títulosde los diarios habían sido claros: "MUERELEMOINE, LA VIDENTE MÁSFAMOSA DE LA CIUDAD". Sin embargo, elseñor Lemoine no había permitido que se presentaran periodistas al funeral;sólo amigos y familiares. El caso es que los Lemoine no tenían muchos amigos nimuchos familiares.

Los hermanos de Bastian, Damien y Delphine,llegaron al cementerio vestidos de negro. Delphine le dio a Bastian unfraternal abrazo, y luego Damien.

¿Estás bien? preguntó Damien.

Sí contestó Bastian. No había derramado niuna sola lágrima, pero sentía que estaba apunto de explotar. Quería gritar,correr, alejarse de allí.

El funeral estaba compuesto por el señorLemoine, quien lo presidía, los tres hijos del matrimonio Lemoine, y dosestrambóticas amigas de la señora Lemoine que lloraban a lágrima viva.

Hasta pronto, querida dijo, para finalizar,el señor Lemoine. Cuando menos te lo esperes estaremos en contacto nuevamente.Porque los espíritus

Me marcho de aquí dijo Bastian con furia,soltándose del brazo de su hermano.

¡Bastian! llamó Delphine.

No tengo ganas de escucharlo hablar de losespíritus otra vez repuso Bastian, pero hizo un movimiento torpe y tropezó conuna lápida. Se cayó y se golpeó la cabeza contra otra.

Estaba otra vez en aquel salón gigante. Eracomo un festín de la gente más rica de la ciudad. Una música de violines seescuchaba de fondo, pero no era para nada agradable. Todos vestían de etiqueta,nuevamente. Bastian se volvió a concentrar en un tipo alto y con bigote, decara seria, y se acercó a él.

Disculpe, me resulta usted conocido.

El hombre lo detalló con la mirada.

Lo siento, muchacho, pero no lo creo. SoyAbélard Lovissier.

Bastian ahogó un grito.

¿Dónde estamos? ¿Qué es este lugar?

Oh, pues se celebra una fiesta cada vez queuna persona influyente fallece y llega a nuestro mundo contestó Abélard. Nosé quién eres tú ni cuán influyente eres, en realidad, porque no te conozco.Pero has hecho una buena elección. Un smoking Elègant de 1999. Confeccionadoen

Pero Bastian no lo escuchaba, se había miradoa sí mismo y, efectivamente, iba vestido de etiqueta.

Mira, ahí llega la persona por la cual se hacelebrado esta fiesta.

Todos aplaudían monótonamente, y una luzalumbró el escenario al tiempo que aparecía de la nada

¿Mamá? preguntó Bastian.

Las cabezas de las personas, todas ellas muyaltas, tapaban la imagen de su madre. Los aplausos empezaron a ser más fuertes.

¿Mamá? repitió Bastian, más fuerte.

Pero no lo oía nadie; ahora todos gritaban yvitoreaban.

¡MAMÁ!

Bastian abrió los ojos. Volvía a estar tendidoen el cementerio.

¿Hijo? preguntó una voz.

¿Mamá? repuso Bastian sin pensar.

Pero era un voz masculina. Abrió los ojoslentamente y se empezó a formar una imagen borrosa.

 

¿Papá?

Despertaste. El señor Lemoine parecíapreocupado. Vestía la ropa del funeral, pero no estaban en el cementerio;aquello se parecía a la habitación de un hospital.

¿Qué pasó? quiso saber Bastian, y seincorporó. Le dolía un poco la cabeza.

Tropezaste y te diste la cabeza contra unalápida explicó el señor Lemoine con el entrecejo fruncido. Y juraría añadióque tuviste un contacto con el Más Allá. Gemías. Murmurabas cosas. Y dijiste"mamá" en repetidas ocasiones. Dime la verdad, ¿viste a tu madre?

Bastian no contestó enseguida. Necesitaba untiempo para reorganizar las cosas en su cerebro. Pero el señor Lemoine leinsistía:

Cuéntamelo Su voz algo comprensiva se habíaesfumado, y había dado lugar a un ladrido que sonaba más a una orden que a otracosa. ¿Qué viste? ¿La viste a tu madre?

No la vi de cerca repuso Bastian al fin.

Pero ¿la viste, verdad? Parecía emocionado.¿Hablaste con ella?

No, no hablé con ella respondió Bastian.Estaba en un salón
de fiestas, o algo parecido. Un hombre me dijo que estabanapunto de recibir a un nuevo muerto. Y ella apareció, pero luego desperté.

El señor Lemoine miraba fijo a su hijo, con elentrecejo fruncido. Luego de un minuto más o menos, lo que a Bastian se le hizocomo una hora, despegó los labios y dijo:

Así que así es como se llega al Más Allá,¿eh? Mediante una fiesta de muertos.

Parecía pensativo.

Seguro ya lo sabías murmuró Bastian.

Su padre no contestó, seguía mirando a la nadacon expresión ausente. Al cabo de un rato, posó los ojos sobre los de su hijo yle dijo:

Por fin estás mostrando los dones.

Bastian puso los ojos en blanco.

Los dones se dan en el tercer hijo, la mayoríade las veces. Mi padre fue gran conectador del mundo de los vivos con el de losmuertos, pero mis dos hermanas mayores no fueron privilegiadas con ese don.

Bastian no decía nada, sólo escuchaba, con lavista al techo.

Necesito
que me digas
¿Has tenido contactocon el mundo de los muertos alguna vez más? preguntó el señor Lemoine.

Nunca tuve contacto con el mundo de losmuertos respondió Bastian fríamente. Fue sólo un sueño.

El señor Lemoine soltó una risotada y exclamó:

¿Sólo un sueño? Se levantó de la cama.¿Cuándo vas a entender, Bastian? ¿Cuándo vas a darte cuenta de lo querealmente eres, cuándo vas a empezar a cumplir con tus responsabilidades?

¿De qué responsabilidades me estás hablando?estalló Bastian.

¡Tienes el don, Bastian! ¡Te transferí eldon! ¡Tienes la responsabilidad de aceptar quién eres, como mínimo!

¡No tengo esa responsabilidad! bramóBastian. Temblaba de ira.

¡Sí, la tienes!

¿Ah, sí? ¡Y dime una cosa! Bastian encontróun argumento para discutir con su padre, algo que quería haberle dicho desdesiempre. ¿Y tú cuándo vas a empezar a cumplir con tus responsabilidades comopadre?

¡Tienes una casa en el mejor barrio de lazona, un colegio privado al cual
!

¡Me importa una mierda dónde viva o a quécolegio vaya! gritó Bastian, y entonces comprendió que había ido muy lejos.Por un momento pensó que su padre iba a golpearlo, así que hizo un movimientoinstintivo para cubrirse la cara. Pero su padre no se movió. Quiero decir
dijo, más calmado. Responsabilidades
típicas de un padre. No encerrarse lasveinticuatro horas en un galpón haciendo cosas extrañas.

 

Espero que tu muerte sea más interesante quetu vida dijo el señor Lemoine en un susurro, casi tan bajo que Bastian tuvoque leerle los labios. Porque tu vida es penosa, Bastian. Penosa.

En ese momento se abrió la puerta de lahabitación y se asomó la enfermera, con cara de preocupación.

¿Está todo bien? preguntó.

Sí respondió el señor Lemoineautomáticamente. Ya me estaba yendo. Tengo mucho trabajo que hacer.

Excelente, puede llevarse a Bastian. Eldoctor dice que sólo fue un golpe y asegura que está listo para que se le de elalta.

No, tengo que irme respondió el hombre contono cortante.

Pero

¡He dicho que tengo que irme, mujer! ladróel señor Lemoine, salpicando con saliva el rostro de la enfermera, la cual pusoun desagradable gesto.

Dicho aquello, el señor Lemoine salió deldormitorio dando un portazo detrás de sí.

Tengo un padre encantador, ¿vio? comentóBastian con amargura, saliendo de la cama y poniéndose las zapatillas.

La enfermera lo miraba extrañada, pero undoctor que entró muy rápidamente en el cuarto la hizo salir de su trance.

Enfermera Roux, el doctor Thomas la busca.Hay un hombre en el vestíbulo que solicita una información, pero no podemosdeterminar si es legal proporcionársela. Como usted estudió abogacía, queríamospreguntarle algunas cosas.

¿De qué se trata? preguntó la enfermeraRoux.

Quiere unos datos acerca del día delnacimiento de un niño y los que lo inscribieron en el registro civil, y no sécuánta información más respondió el doctor, mirando con desconfianza aBastian. Luego añadió: ¿Estás ocupada o podemos hablar en privado?

No, claro, vamos respondió la enfermeraRoux. Bastian, ya puedes irte. No hagas movimientos muy bruscos, ¿sí?

De acuerdo.

Bastian alcanzó a oír al doctor, que lehablaba a la enfermera mientras salían del dormitorio:

El sujeto se llama Bouve, es un hombre que

¿Bouve? ¿Se trataría del carnicero Bouve? No,de seguro que había un montón de Bouve en la ciudad, pensó Bastian. Sea comosea, si el carnicero era el que solicitaba la información, no le importabademasiado para qué.

Bastian llegó a la casa a media tarde, y sedio cuenta de que había más barullo del habitual cuando entró en el vestíbulo.Venían algunas voces de la sala de estar.

Para su sorpresa, Delphine y Demian, sushermanos mayores, se encontraban sentados en el largo sofá tomando café.

Bastian dijo Delphine al verlo llegar.¿Cómo te encuentras?

Íbamos a ir a visitarte, pero llamamos alhospital y nos dijeron que no era nada grave se apresuró a decir Demian.

Estoy bien respondió Bastian.

Estás pálido comentó Demian.

Sí, mírate dijo su hermana. Parece quehubieras visto un fantasma, Bastian. ¿Qué te pasa?

Bastian suspiró profundamente y se dejó caeren el sillón.

Discutí con el psicópata que tenemos porpadre.

¿Qué sucedió? inquirió Delphine.

Dice que ya tengo cualidades para empezar ademostrar que tengo el don, y todas esas estupideces con las que nos crío.

 

Sus dos hermanos pusieron los ojos en blanco.

No te hagas mala sangre, Bastian lo animó suhermana.

Sí, ya conoces a papá añadió Demian.

Créanme, no lo conozco bufó Bastian. Bueno,¿qué tal con ese café? No comí nada en todo el día. Voy a desmayarme de unmomento a otro.

Delphine fue hasta la cocina y preparó otrocafé para Bastian. Cuando volvió a la sala de estar, trajo una bandeja llena degalletas.

Gracias dijo Bastian cuando Delphine letendió su taza. ¿Y ustedes están bien?

Fue un golpe duro admitió Demian. Perobueno, tampoco es que tuviéramos una gran relación con mamá.

Si te soy sincera terció Delphine yo sílloré. Toda la noche, de hecho. Pero bueno. La vida tiene un final.

Y ese final marca un principio, según lacreencia de papá y mamá comentó Demian. Así que podemos estar felices pormamá. Según sus creencias, ella simplemente está comenzando una nueva vida,¿no?

Supongo que sí dijo Delphine. Oye, Bastian,mientras estabas en el hospital llamó un amigo tuyo. Un tal
Jayco, creo.

¡Jacob! exclamó Bastian. Me había olvidadopor completo de él. Prometí ayudarlo con un proyecto.

Bueno, se puede decir que te sucedieronalgunas cosas repuso Demian alzando las cejas. Supongo que lo entenderá.

Bastian no contestó, y se quedó pensando. Tendríaque empezar a cuidar más a sus amigos, porque ya se había ido su madre, a supadre prácticamente no lo tenía, y Jacob era el único amigo que tenía en esosmomentos.

Creo que voy a llamarlo.

Bastian se levantó del sillón y se dirigió alteléfono, pero una voz lo sobresaltó.

Bastian.

Él y sus hermanos miraron para todos lados.

Aquí abajo.

Bastian miró hacia abajo. Había un pequeñoagujero trazado con algún serrucho que dividía el piso del salón con el techode una parte del sótano.

¿Qué le hiciste al piso? preguntó Delphinehorrorizada, levantándose del sofá.

De esta forma evito que los espíritus seconcentren demasiado tiempo aquí abajo contestó la voz del señor Lemoine.Bastian, necesito que bajes. Tengo que hablar contigo sobre algo muyimportante.

Bastian dudó unos momentos, pero al final sedirigió a la puerta del sótano sin decir nada. Bajó la escalinata y llegó hastadonde estaba su padre.

¿Qué? preguntó Bastian en un tono para nadaeducado.

Bastian dijo su padre. Tu madre queríadecirme algo antes de morir. Ella estaba apunto de revelármelo cuando
sufrióaquel paro cardíaco.

Ajá.

Necesito que averigües qué es aquello tanimportante.

De acuerdo, ya mismo la llamo dijo Bastianfingiendo normalidad, sacó el teléfono celular de su bolsillo y se lo llevó ala oreja. ¿Qué hay, Parca? ¿Oye, estaría mi madre por ahí? ¡Dale saludos aFrank Sinatra! Cerró el teléfono y se quedó mirando a su padre con una mueca. Captain Tsubasa Spain

Veo que esto es un juego para ti dijo él perono para mí. Yo estoy perdiendo el don. Supongo que te lo estoy transfiriendo ati, y eso hace que yo
En fin
debes comunicarte con tu madre nuevamente. Perono podemos esperar a que te golpees la cabeza y haya una fiesta de bienvenidapara otro muerto. Debes ingresar en el Más Allá.

De acuerdo. Me iré al Más Allá. Me iré MásAllá de esta casa de locos.

Intentó caminar, pero algo se lo estabaimpidiendo. Sus pies
¡Sus pies no se lograban mover!

 

Bastian forzó sus piernas con todas susfuerzas, pero no obtenía respuesta. Un dolor horrible empezó a extenderse porsus dos piernas, y Bastian forcejeaba, desesperado, gritando.

¿Qué pasa? ¡Déjame ir!

Yo no estoy haciendo nada respondió supadre. Son los espíritus.

¿Qué espíritus? ¿De qué hablas? ¡Déjame enpaz!

Bastian se tomó una pierna con las manos eintentó levantarte, pero seguían sin responderle.

Debes prometerle a los espíritus que irás ahablar con tu madre para que te diga qué era aquello tan importante que queríadecirme.

Yo

¡Bastian!

¡De acuerdo! ¡De acuerdo, lo prometo, peropor favor, que pare! ¡Que pare, es insoportable!

El dolor de sus piernas cesó y una fuerzaincontrolable lanzó a Bastian hacia delante, haciendo que se choque la cabezarecién sanada contra la pared.

Esta noche se llevará a cabo el rito. Vete adescansar, necesitarás esa cabeza sana para cuando se haga de noche.

Lo único que le faltaba a Bastian eraparticipar en un rito para conectarse con fantasmas.

La experiencia de aquella tarde le había hechocomprender realmente que existía aquel mundo paralelo del que sus padres tantole habían hablado durante toda su vida.

Le temía a aquel mundo, pero no podía negar suexistencia. Se pasó la tarde sentado en la cama, pensando que hacer.

¿Presentarse en aquel ritual, someterse a unaextraña conexión al Más Allá? Eso era algo diabólico, o al menos así lo sentía.No quería tener nada que ver con aquel tipo de cosas; al menos no directamente.Y ser partícipe de un ritual era definitivamente tener que ver.

Cuando decidió por fin lo que iba a hacer,armó una mochila con un par de mudas de ropa y hurtó algunas comidas de lacocina. Sus hermanos ya no estaban en la casa, pero le habían dejado una nota:

"Bastian: tuvimos que irnos a trabajar.Cualquier cosa, llámanos. Sabes que cuentas con nosotros.

Delphine y Demian".

Bastian sonrió ligeramente y se guardó la notaen el bolsillo de su pantalón. Sin hacer demasiado ruido, salió a una nubladatarde de invierno.

Empezó a llover, y más tarde lo que empezó acaer fue aguanieve. Al cabo de quince minutos, nevaba sobre la ciudad, yBastian lamentó no haberse llevado un paraguas. Pero ya era tarde para volver.

¿A dónde iría?

El único lugar que le quedaba, por muy tristeque sonase incluso en su propia mente, era a la casa del señor Bouve. La casade Jacob quedaba demasiado cerca de la suya, y no pensaba arriesgarse a que loencontraran.

No pensaba volver nunca más a su casa. Nunca.

Llegó a la avenida principal y cruzó en la Burdeau. Sintió un escalofríoal ver la casa del señor y la señora Lovissier, y se preguntó si Bouve habíaavanzado en su caso. Cruzó la calle y golpeó tres veces en el cristal de lacarnicería.

El hombre salió con una sonrisa bonachona.

¡Bastian!

Hola, señor Bouve.

¡Bastian! Había extendido los brazos, y loestaba abrazando.

Extrañado, el chico le devolvió el abrazo,aunque con menos entusiasmo.

¿Está todo bien, señor Bouve? preguntóBastian.


sí. El señor Bouve tenía los ojosbrillosos. Está todo en perfecto orden. Nunca podrían haber estado mejor. ¡Oh,Bastian! Siento mucho lo de
bueno, ya sabes. Qué terrible
Y volvió aabrazarlo. ¿Qué quieres, café, té? ¿Chocolate caliente? ¿Por qué trajiste lamochila tan gorda? preguntó de repente, fijándose en el abultado bolso deBastian.

 

Bueno
decidí no volver nunca más a mi casa.Espero que no moleste si me
quedo
Elseñor Bouve lo miró como si Bastian estuviera loco, y el chico no lo culpaba:¿pedirle quedarse a vivir a un hombre al cual había conocido hacía apenas unosdías?. No importa, puedo quedarme en casa de Jacob, él

Pero para su sorpresa, Bouve esbozó unasonrisa de oreja a oreja:

¡Será un placer que te quedes aquí! ¡Será unplacer, ya lo creo que sí! Sin decir una palabra más, atravesó la carniceríahasta una puertita que (Bastian suponía) debía de ser su casa, contigua a latienda.

Bastian lo oyó trajinar en la cocina, y sesentó en la pequeña oficina llena de cintas de video en donde habían visto elfantasma del señor Lovissier.

¿Y cómo va el asunto de los Lovissier?preguntó Bastian en voz alta.

¡Bueno, voy a tratar de presentar mi teoría ala policía! oyó que respondía Bouve desde la cocina. Aunque, como bien sabes,si la señora Lovissier sobornó a la federal para que no se dijese una palabra,la tengo difícil.

¿Por qué te interesa tanto este caso?preguntó Bastian, pues acababa de notar que había un montón de artículosrelacionados con ese suceso sobre el escritorio.

Bouve apareció por el marco de la puerta conla pava en la mano.

Bueno, últimamente la policía está dando másproblemas que otra cosa, y algunas entidades del gobierno premian a los civilesque logran resolver este tipo de casos. Y, si te soy sincero echó un vistazo asu alrededor una ayudita no me vendría mal. Ya sabes, algunos dólares. Comopara salir adelante, ¿entiendes?

Claro sonrió Bastian.

Bueno, ven a tomar el chocolate calientellamó Bouve.

Bastian ingresó en la pequeña cocinita.

¡Oh, espera, voy a cerrar la puerta de latienda! exclamó Bouve de pronto. Si me roban, estoy muerto.

Bouve salió a toda pastilla y Bastian sintióun arrebato de lástima hacia el hombre. Miró la cocina, muy pequeña. Era muyhumilde; sólo tenía algunos cucharones colgados, algunos recipientes acumuladosy un par de vasos y platos. Los cajones y las alacenas estaban rotos, y el refrigeradorparecía bastante antiguo.

No es gran cosa se apresuró a decir Bouvecuando llegó y vio que Bastian parecía examinar su cocina. Pero supongo quepara dos está bien. Del otro lado de la casa hay una gran habitación; podrásestar a tu gusto. Tengo algunas gallinas y unos cerdos; los gallos se vuelvenpesados al amanecer, espero que no te moleste, aunque supongo que vas alcolegio, así que

Es perfecta le dijo Bastian con sinceridad,aunque en parte para que se callara. Tienes una casa muy bonita, Bouve. Enserio. Yo creo que estaremos muy a gusto aquí.

¿En serio? preguntó Bouve radiante. Luegopareció acordarse de algo. Pero ¿y tu padre?

Él me echó de mi casa dijo Bastianautomáticamente.

Ya tenía inventada esa historia. No quería quele hicieran preguntas incómodas ni que lo llamaran, y suponía que con esobastaría. Sin embargo, Bouve preguntó:

¿Cómo que te echó?

Sí, bueno; discutimos.

De acuerdo, no hablaremos de eso si noquieres. Pero ¡estaremos juntos! Como si fuera la primera vez

 

¿Qué?

Nada Bouve enrojeció rápidamente.

Los días se pasaron mucho mejor en la casa deBouve. Bastian no iba al colegio; su padre podía buscarlo allí. Su teléfonosonaba unas doce o trece veces por día, hasta que Bastian se cansaba y loapagaba, pero generalmente lo tenía encendido.

Bastian había optado por contarle a Jacob queestaba viviendo allí, pues no quería perder su amistad; de modo que, después deque éste hubo prometido guardar el secreto, Jacob iba después del colegio a lacasa de Bouve y se quedaba toda la tarde con Bastian, mientras Bouve atendía lacarnicería.

Una noche, Bastian se encontraba en el mullidosofá, frente al fuego, con la pequeña televisión en blanco y negro encendida,aunque sin que nadie le prestara atención. Bastian pensaba un poco en lo queiba a hacer de su vida. Se sentía como una especie de fugitivo. Pero él nohabía hecho nada, se repetía una y otra vez para tranquilizarse. Él simplementequería ser normal.

Sus hermanos. Ellos le habían dicho que, antecualquier cosa, los llame. Y ahora él, Bastian, estaba desaparecido; seguro queellos lo daban por muerto o algo así. Hacía ya cuatro días que había salido elanuncio en los periódicos y noticieros acerca de la desaparición del pequeñoBastian, pero éste se las había ingeniado para que Bouve no se enterase denada: quemaba los periódicos antes de que Bouve los leyese o quitaba laspáginas en donde se podía nombrarlo. No quería que él lo entregara a lajusticia si se veía en un aprieto.

En ese mismo momento, su propio nombre hizoque prestara atención al pequeño televisor. Bastian se levantó y se apresuró asubir el volumen no tenía control remoto; era un aparato muy antiguo. Supropia foto, una de él hacía una Navidad con cara larga, pues, como todas lasNavidades de su vida, había sido un bodrio, con el rótulo debajo "EL HIJO DELOS LEMOINE SIGUE SIN APARECER". La presentadora del telediario hablaba defondo:


deintensa búsqueda, sigue sin aparecer. Ocho días después del acontecimiento, aúnno se tiene información relevante acerca del paradero de Bastian Lemoine, dequince años de edad. La policía ha puesto dos equipos de rastrillaje: uno aéreoy otro por tierra, aunque sin éxito hasta la fecha. El jefe de la Policía Leblanc habló paraRapport Quatre esta mañana y anunció

La voz de un oficial de policía gordo ybarbudo apareció en pantalla. El sujeto decía:

Elpróximo miércoles se incluirá un equipo de búsqueda acuático. Se registraránzonas marítimas próximas a la ciudad, las cuales no revelaremos por evidentesrazones. No obstante, tenemos orden explícita de abandonar el rastrillaje si elchico no se encontrase en los próximos diez días.

¿Elsecuestrador ha dado señales? preguntó la reportera.

Noexiste tal secuestrador, hasta el momento. Ignoramos cuál puede ser lasituación del muchacho. Hasta ahora, oficialmente está desaparecido hasta quese pida un rescate o se demuestre lo contrario de alguna forma. Como ya le hedicho, si no se proporciona a la Policía pistas relevantes acerca de que el chico se encuentrecon vida, la búsqueda será interrumpida hasta nuevo aviso.

La cara de la presentadora del informativoapareció nuevamente tras el escritorio:

 

El padre del muchacho, el señor Lemoine, conocido en aquella ciudadcomo un famoso supuesto comunicador de espíritus al mundo de los vivos, no haquerido dar testimonio, y se mostró aparentemente indiferente con la noticia. Pasemosahora a algo más alegre, la ceremonia de los distinguidos premios Grammys sellevó a cabo ayer en la ciudad de

Bastian arrugó lafrente, sintiendo un vacío en el estómago. Habían dicho que su padre se habíamostrado indiferente al saber que cancelarían el rastrillaje. ¿Acaso él noestaba preocupado?

Luego otro pensamientole vino a la mente. Si la noticia de su desaparición había trascendido hasta uninformativo de televisión que se emitía en todo el país, evidentemente, Bouveya debía de sospechar algo; no eratonto. Ahora que lo pensaba bien, Bouve recibía el periódico cada mañana. Perosin embargo no parecía enfadado.

En ese mismo momento,alguien aporreó la puerta. Asustado, Bastian corrió hasta ella y la abrió concautela, sin quitar la cadena.

¡Soy yo, Jacob!exclamó el chico. Parecía asustadísimo.

Bastian se apresuró acerrar la puerta y quitar la cadena, y luego la abrió para dejarlo pasar.

¿Estás bien? ¿Quésucedió? preguntó Bastian.

Tu padre
Bastiantragó saliva. Tu padre me ha ido a buscar a mi casa y me amenazó con que lediga donde estabas.

¿Qué? preguntóBastian. Pero ¿te hizo algo?

Se puso un pocoviolento contestó Jacob, y se arremangó la chaqueta para dejar ver una marcaen la muñeca. Pero nada grave. Un vecino fue quien se percató de los gritos yvino a mi casa con su escopeta de cazar. Lemoine no se quedó mucho después deeso; de hecho salió casi corriendo y se metió en la puerta de tu casa. Estabacon su socio.

Y ¿por qué viniste?

Bueno, mis padreshabían salido y yo no iba a quedarme con aquel psicópata a cincuenta metros demi casa, ¿no?

Supongo que tienesrazón convino Bastian. Acabo de verme en televisión. El jefe de policía dijoque

Pero no pudo terminar.

La puerta de la pequeñacasa fue derribada, e hizo un gran estrépito en el suelo; Bastian y Jacob seapartaron de un salto para evitar el impacto. Volaron partículas de polvo entodas direcciones. Había tres personas allí plantadas, bajo la nieve que estabaempezando a caer.

Su padre, el socio deeste Marèchal y, para sorpresa de Bastian, el padre Broussard.

Muchas gracias, Jacobdijo el señor Lemoine. Nos condujiste exactamente donde estaba mi hijo.

¿Q-qué?

Era obvio que ibas avenir hacia aquí, así que decidimos seguirte.

Pero yo no

Basta zanjó elhombre. Marèchal, Broussard, tomen al niño. Yo llevo a Bastian.

¿A dónde vamos,Lemoine? preguntó Marèchal, sujetando a Jacob por los hombros.

Tenemos que llevar acabo el ritual ya, de modo que

Hay un parque cercanopropuso el padre Broussard. Si quiere ir

De acuerdo, vamos
Pero apurémonos. Es un barrio privado, y la verdad, qué insensatez derribar lapuerta. Habremos despertado a toda la calle.

Padre Broussardterció Bastian. Nunca pensé que usted

Se necesita un curapara realizar la ceremonia explicó el señor Lemoine.

Pero ¿por qué usted?le inquirió Bastian.

Lo siento, muchacho.Pero necesito que te comuniques con mis padres. Lo harás, ¿verdad?

 

Bastian hizo una muecade dolor cuando su padre lo tomó sin ninguna precaución sobre los hombros.

¿Qué pasa? preguntóuna voz somnolienta desde la puerta. Bouve acababa de levantarse, y estaba allíplantado, en pijama.

¡No! gritó. ¡No sellevarán a Bastian! ¡No de nuevo!

¿No de nuevo?preguntó Lemoine, y soltó una risotada. ¿Y a éste qué le pasa?

¿Me deshago de él,Lemoine? preguntó Marèchal.

Sí, pero no lo mates.Déjalo inconciente respondió Lemoine.

Marèchal soltó aJacob, quien ahora lo tomó Broussard, y fue directo hacia el asustado Bouve. Ésteintentó defenderse, pero fue en vano porque Marèchal lo golpeó en la cabeza dosveces con un cenicero pesado y Bouve se quedó tumbado sobre el suelo,inconciente.

¡Basta! gritóBastian, y una lágrima se derramó por su mejilla.

No llores, Bastianle espetó su padre. Cualquiera hubiera pensado que era un comentariocomprensivo, pero lo dijo casi escupiéndolo. Yo no te enseñé eso.

¡Tú no me enseñastenada, absolutamente nada! gritó Bastian, fuera de sí, soltándose de su padre.¡Pero tú creíste que sí! ¿Y sabes por qué? ¿SABES POR QUÉ? ¡Porque jamás voy aser como tú!

¿Aún no lo captas,Bastian? preguntó el señor Lemoine cansinamente. ¡Debes hacer esto, es tu obligación!¿Todavía piensas que lo extrasensorial es mentira? ¿Después de la experienciaque tuviste la semana pasada en el sótano, cuando los espíritus te aferraronlas piernas?

Bastian tragó saliva ydijo, más calmado:

Es probable que todaesa porquería exista, y que tú seas un maldito comunicador con los espíritus.Pero yo no, ¿me oíste? ¡Yo no tengo nada que ver con eso!

¡Claro que sí,Bastian! ¡Debes comunicarte! ¿No entiendes la importancia del asunto?

Sinceramente no.

Bastian
tu madrellevaba meses intentando decirme algo, pero siempre se complicaba, por loshorarios o diferentes cosas. Y yo estoy perdiendo mi don, si es que ya no loperdí completamente. ¿Y sabes por qué, Bastian? ¡Porque te lo traspasé a ti,querido! ¡Ahora tú debes conectarte con el Más Allá y preguntarle a tu madrequé quería decirme! Es importante, Bastian
podría ser más importante de lo quecrees.

Y para que yo hablecon mis padres añadió Broussard emocionado, pero nadie le prestó atención.

Bastian se quedó comotildado durante varios segundos. Luego miró a Jacob, como esperando que él ledijera lo que tenía que hacer a continuación, pero su amigo se limitó aencogerse de hombres. Al final, el chico tragó saliva, miró a su padre y ledijo:

De acuerdo. Tragósaliva. De acuerdo. Haré ese estúpido ritual, pero no va a funcionar.

Está bien, vamosdijo Marèchal.

No voy a moverme deaquí aseguró Bastian con rotundidad.

No se puede hacer unritual así en un lugar cerrado, niño repuso Marèchal con burla. A menos quequieras espíritus jugueteando en esta casa para siempre.

Al no poder rebatirante aquel argumento, Bastian se puso la chaqueta y se dirigió al hueco endonde hasta hace diez minutos se encontraba la puerta.

Espera. ¿Y Bouve? Novamos a dejarlo aquí, con esta puerta derribada.

De acuerdo, deacuerdo. Marèchal, Broussard, y tú, el otro chico, lleven a Bouve hasta unlugar más seguro. Su habitación o algo así.

No pienso ir a ningúnlado con ellos murmuró Jacob.

 

Lemoine, harto, gritó:

¡De acuerdo! ¡Ustedesdos, vayan!

Marèchal y Broussard,sobresaltados ante la orden, se apresuraron a obedecerla. Hasta el momento enque regresaron, sucedieron unos minutos muy incómodos y violentos entreBastian, su padre y Jacob.

¿Listos ya? preguntócon furia el señor Lemoine. ¿Nadie tiene que ir al baño, terminar de cenar oducharse? Excelente, vámonos.

Jacob se pegó aBastian. Los cinco individuos salieron a la calle, bajo una intensa nevada, yempezaron a caminar sobre el manto blanco, dejando huellas detrás de sí.

Frío endemoniado oyóBastian que murmuraba Marèchal con furia, subiéndose el cuello de su chaqueta.

Continuaron caminando,y Bastian y Jacob se adelantaron un poco para poder hablar sin ser oídos.

¿Qué pasa, Bastian?preguntó Jacob. Su voz denotaba temor real.

Mi padre quiere queme comunique con mi madre para que ella le diga algo que no pudo decirle envida.

Tengo miedo. No penséque íbamos a llegar a este extremo. Debo volver a casa, mis padres van a volvery

Ellos no van adejarte ir repuso Bastian con amargura. Sabes demasiado, Jacob.

Sonó muymelodramático, pero al fin y al cabo era cierto. Jacob enmudeció y siguiócaminando duro como un robot y casi tan pálido como la nieve que iban pisando.

Es allí dijoBroussard unos minutos después, casi gritando, señalando un parque lleno dejuegos para niños.

Vamos, pues dijo elseñor Lemoine, y se adelantó. Se metió dentro de un juego para niños queparecía un tobogán con forma de bota. Dentro uno podía meterse y resguardarsede la nieve.

Puf, apesta a orinesse quejó Marèchal tapándose la nariz cuando entraron.

Bastian lo confirmócon su propia nariz y se la tapó con el cuello de su chaqueta.

Es lo mejor quepodemos conseguir.

¡Ahí hay algo! gritóel padre Broussard, señalando con un gran dedo tembloroso a una esquina deldiminuto lugar.

Algo se movía, pero

Es un gato, idiotaespetó Lemoine. El pobre animal, asustado ante tanta gente, se escabullórápidamente por un pequeño hueco que daba al exterior del juego. ¡Basta dedistracciones! Necesito que todos se den la mano.

Él alzó ambas manos,una a cada lado, esperando que le sean tomadas, pero sin embargo todos semiraron sin saber muy bien si hacer caso o no.

¿Qué esperan?

Lemoine, yo nunca heparticipado en una de éstas comenzó Marèchal. Es decir, he tenido algunoscontactos con espíritus en la oficina y en las casas donde somos contratados,pero un rito de esta magnitud

Marèchal murmuróLemoine, y su tono de voz bastó para que éste le tomara la mano.

Al lado de Lemoineestaba su hijo, Bastian, quien dudaba si tomarle o no la mano a su padre. Sinembargo, decidido a que era mejor terminar aquello lo antes posible, se la tomósin vacilar. Las sintió heladas, aunque estaba convencido de que no era por elfrío. Unas manos familiares irradiarían un calor especial; aquellas estaban tancongeladas como la propia nieve. El padre Broussard le tomó la mano a Marèchal,y alzó la otra para que Jacob se la tomara, pero éste no sabía bien qué hacer.

En un rito no debehaber testigos que no participen dijo Lemoine en tono de amenaza. Jacob,temblando, le tomó una mano a Broussard y otra a Bastian, quien sintió algo másde calor que con la mano de su padre.

 

Bien dijo Lemoine.Broussard, empiece el rito.

Estamos reunidos enceremonia ante los invocadores presentes para solicitar la aparición o, en sudefecto, la comunicación con ciertos espíritus y poder proveernos de susabiduría del Más Allá. Si éstos se encuentran conformes con la proposición,imploro que den una señal.

Todos se mantuvieronen silencio y enseguida se oyó el "miau" del mismo gato, quien se había quedadoatorado en un hueco. Forcejeó como pudo y luego salió corriendo por la nieve.

¿Eso fue la señal?preguntó Bastian. ¿El maullido de un gato?

No sé qué esperabasrepuso Broussard.

Ahora tú, Bastianindicó su padre.

¿Qué?

Empieza el rito.

No sé cómo

Tienes que darindicaciones, cerrar los ojos, ése tipo de cosas. Y luego invoca al espíritu detu madre. ¡Es fácil, por Dios! gritó Lemoine.

Bastian tragó saliva ydijo:

Bueno, ya oyeron alpsicópata. Todos cierren los ojos.

Todos cerraron losojos enseguida, excepto su padre, quien lo fulminó con la mirada unos segundosantes de hacerlo.

Ahora
eh
bien,espíritu de mamá
Yo te invoco
te estamos llamando
Aparece
Te estoy llamando
Soy yo, Bastian
Mamá
Hijo llamando a mamá

¿Es en serio?preguntó Lemoine con furia.

No lo sé, dímelo tú.

¡Bastian, hazlo bien!

¡Y yo qué sé cómo sehace! gritó Bastian.

¡Está en tu sangre,deberías saberlo! Intentémoslo otra vez.

Broussard repitió laspalabras, y todos se quedaron en silencio escuchando la señal. Cinco minutosdespués, cuando todos empezaron a desesperarse, un trueno impresionante que hizotemblar las paredes del tobogán con forma de bota sonó en el cielo.

Ahora todos cierrenlos ojos indicó Bastian. Él los cerró fuertemente y trató de concentrarseexclusivamente en su madre. Ella y solamente ella. La imagen de la mujer,vestida con sus estrambóticos chales y collares, apareció en su mente. Sonreía,muy triste. Mamá. Mamá, soy yo, Bastian. Soy Bastian, tu hijo. Necesitamospreguntarte algo
Mamá, por favor. Llévame hasta donde estés, para que puedapreguntarte algo.

Por un momento Bastianestuvo convencido y los demás también de que ocurriría algo. La imagen de laseñora Lemoine en la mente del chico era tan nítida que casi parecía queestuviese enfrente de ella. Pero entonces un haz de luz blanca hizo que Bastianvolviera a la realidad. Abrió los ojos bruscamente y sintió una especie deelectricidad en la mano izquierda, la cual sujetaba su padre. Él también ladebió sentir, porque abrió los ojos al igual que Bastian, y lo mirósorprendido.

Los demás tambiénabrieron los ojos.

¿Y? preguntóBroussard ansioso. ¿Te pudiste comunicar? Ahora hazlo con mis padres, porfavor

¿La viste, hijo?preguntó Lemoine. ¿La viste? ¿Qué te dijo?

No me dijo nadarespondió Bastian. La vi, aunque no estoy seguro si fue realmente unaexperiencia espiritual. Creo que sólo me estaba imaginando su rostro.

Pero
Lemoineparecía anonadado, como sin encontrar explicación. Broussard también estabaextrañado:

¿No pudiste hablarcon ella? preguntó.

Bastian negó con lacabeza.

Pero es imposible.Hicimos las cosas bien, estoy seguro.

 

Yo se los dije. Notengo ningún don. Simplemente

Pero no pudo terminar.Aún sujetaba la mano de su padre, y entonces sintió la misma especie deelectricidad que había sentido hacía unos momentos, aunque el triple de fuerte.Entonces todo se volvió blanco y otra escena se empezó a formar ante sus ojos.

Estaba en un pradogrande. Había mucho sol, y el césped brillaba bajo él. Una mujer de figura altaestaba parada sobre una ladera de césped, contemplando el vacío, de espaldas.

Bastian se encaminóhacia ella, cuando otra figura le hizo distraer su atención: un hombre tambiénalto se dirigía hacia la mujer. Era el padre de Bastian.

Ambos se encontraron yse miraron.

¿Qué pasa? trató dedecir Bastian, pero de su boca no salió ninguna palabra.

Su padre movió loslabios, también.

Qué extraño, pensó Bastian.

Muy extraño, ¿verdad?, oyó claramente la voz como lejana desu padre. En este mundo sólo podemosleernos los pensamientos. No podemos hablar

Me di cuenta, gracias, pensó Bastian.

Su padre le lanzó unamirada asesina y ambos empezaron a subir la ladera de césped, hasta llegar a lamujer que estaba dada vuelta, con las manos en la espalda. Sus cabellos sevolaban al viento.

¿Mamá?

Ella se dio vuelta y,por primera vez en su vida, Bastian se percató de que nunca había sabido ver lobella que era su madre. Intentó apartar esa idea de sus pensamientos, puesahora los demás podían leérselos, pero para su alivio su madre sonrió.

Aquí están PeroBastian vio que ella había movido la boca. Al parecer, sólo ella podía hablaren ese lugar.

Daphnée pensó su padre.

En medio de aquellasituación, Bastian sintió una especie de sorpresa. Muy pocas veces alguienllamaba a la señora Lemoine por su nombre. De hecho Bastian estaba seguro deque hacía años que nadie la llamaba así. Para todos, ella era la señora Lemoine o Madame Lemoine, incluso para su esposo.

Daphnée. ¿Qué era eso que
querías decirme?
preguntó el señorLemoine, tragando saliva.

He intentado decírtelo siempre. Pero nunca hetenido la oportunidad

¿Quées? ¿Qué? incluso los pensamientos del hombre tenían aquel tono impacientey soberbio que tanto lo caracterizaba.

Bastian, querido
Debo contarte una historia.

¿Unahistoria?

Sí, una historia. Pero tu padre deberáacompañarnos. Tú no tienes la capacidad de introducirte en este mundo, porqueno tienes el don, como tu padre ha bautizado a la capacidad de comunicarse conlos espíritus. Sin embargo, si él te acompaña no habrá problemas. De cualquiermanera, es algo mental; no está en la sangre.

¿Quépasa? ¿A dónde vamos? preguntó el señor Lemoine. Daphnée, ¿por qué no podemos hablar?

La mujer lo ignoró y tomó de la mano aBastian, quien sintió un calor aun más fuerte que el que había sentido al tocarla mano de Jacob. Entonces, el lugar se dispersó, dando paso a un montón deneblina, y luego los tres se vieron flotando sobre la ciudad.

Estaban justo encima del hospital en dondeBastian había estado internado unos días antes, después del golpe en elcementerio. Guiado por su madre, Bastian penetró las paredes sin sentir eltacto, seguido de su padre. Flotar era una sensación maravillosa, pero unaespecie de impresión hacía pensar a Bastian que se trataba de un sueño.

 

Estaban en una sala de partos. Una segundaseñora Lemoine, más joven, exhausta y sudada, se encontraba tendida en unacamilla, con aspecto preocupado. Un médico le hablaba:

Lo siento mucho.

¿Qué haré ahora? preguntó Daphnée, conquince años menos. Lloraba.

No lo sé. En verdad no lo sé. Lo sientomucho, señora Lemoine. Fue un parto muy complicado. Los sietemesinos nuncatienen demasiadas esperanzas, y con la complicación que se presentó durante elparto

Mi hijo
¡MI HIJO! gritó Daphnée, y unapartera se estremeció.

La puerta de la sala de partos se abrió degolpe, y un doctor entró en la estancia atolondradamente.

Señora Lemoine, puedo proponerle algo. No eslo mismo, pero quizás
usted esté de acuerdo
Yo sólo se lo propondré, ¿deacuerdo? Le pido que, si no está de acuerdo, se limite a decirme que no ypunto. Yo sólo lo hago porque tengo varios niños adoptados, y

¿Adoptados? ¿Qué insinúa?

Mire, hay un niño sietemesino que nació eljueves y se encuentra en incubadora en este momento. Su madre murió durante elparto, y no tiene padre, ni abuelos, ni nadie que lo haya venido a buscar.Además, según fuentes confiables, la mujer que lo dio a luz se encontrabatotalmente sola, sin familia. Parecía extranjera, por su acento y su tono depiel. Es probable que fuese una prostituta que emigró aquí para buscar mejorvida.

La señora Lemoine recibió esa informacióntranquilamente, sin hablar durante varios segundos. El doctor volvió a hablar:

¿Desearía
?

¿Y el padre? ¿El padre del chico? preguntóDaphnée.

No hay registro sobre él. Pero es posible queni siquiera esté enterado del asunto. Y esta es una ciudad de más de dosmillones de habitantes; créame que no va a ser fácil hallarlo. Usted tiene laoportunidad de criar al niño en una casa en lugar de un orfanato.

No la presiones lo reprendió la partera.

No la presiono, yo sólo

Lo haré interrumpió Daphnée. Denme a eseniño.

¿Está usted segura? preguntó la partera,quien no parecía para nada convencida.

Totalmente contestó la mujer. Pero estodeberá quedar aquí. Aquí y en ningún lado más. Bastian Lemoine será él, locuidaré y lo amaré como si fuera mi propio hijo. Será mi propio hijo.

La imagen volvió a distorsionarse entre unmontón de niebla. Bastian sentía algo extraño en su interior. Algo que nohubiera podido definir.

Podía experimentar lástima después de habervisto aquello. Pero también sentía dolor, un dolor emocional que le revolvíalas entrañas. Y además se sentía humillado y engañado. No podía entender cómo,en quince años, ella no le hubiera revelado aquello. No le entraba en suscabales. Los pensamientos del señor Lemoine llegaron a los oídos de Bastian.Una palabra que, en términos algo más civilizados por muy complicado queresultara aquello, significaba más o menos:

Meretriz.

Entonces lo siguiente que sintió Bastian fuemucho frío. Abrió los ojos y sintió el tacto de una mano indiferente en lasuya. Se dio cuenta de que era la de su padre y la soltó con asco.

Estaban nuevamente metidos en el tobogán conforma de bota. El padre Broussard, Jacob y Marèchal los miraban como bobos.

 

Volvieron en sí anunció Broussard.

Lemoine giró la cabeza lentamente y se quedócontemplando a Bastian. Éste no lo imitó.

¿Qué sucedió? preguntó Marèchal. ¿Lemoine?¿Lemoine, que pasó?

Él
él no
empezó él, pero no pudo hablar.

Bastian se levantó de la nieve y miró a supadre desde arriba, con profundo desprecio. Apenas despegando los labios, ledijo:

Tú nunca fuiste mi padre y nunca lo serás.¿Ahora ves por qué? Ni siquiera tenemos la misma sangre.

Yo

En ese momento una luz deslumbrante cegó atodos.

¿Qué está sucediendo aquí? preguntó una voz.

Cuando, un momento más tarde, los ojos deBastian se acostumbraron a la luz, pudo ver que era un oficial de policíamostrando la placa.

Oficial Baker; salganinmediatamente todos de aquí.

¿Qué hay, Baker? se oyó la voz de otrooficial fuera. ¿Jóvenes drogándose o intrépidos adolescente conociéndosemejor?

Pero los ojos de Baker se detuvieron en los deBastian, y luego en los de su padre.

Nada de eso, Peyrelongue. Algo mucho más
interesante.

Bastian se encontraba en uno de los patrulleros, con una manta sobre sus hombros y una taza de chocolate que le calentaba las manos. El oficial Baker llegó hacia la ventanilla, se inclinó y le dijo:

Bastian, quiero a presentarte a alguien Una mujer se inclinó al lado de Baker y sonrió a Bastian. Ella es Madame Pasteur, una
vidente profesional puso un énfasis sarcástico en las últimas palabras. Yo no creo en nada de eso, pero insiste en hablar contigo. Entre al auto, Madame Pasteur.

Ella desfiló con elegancia, rodeó el coche y se metió en el asiento trasero, junto a Bastian. El chico dio un vistazo al exterior para contemplar el panorama: tres oficiales hablaban con el señor Lemoine, Marèchal y Broussard los tres esposados y Jacob charlaba con sus padres seriamente en la camioneta de ellos. Más allá, dos cámaras de televisión, recién llegadas, cubrían la escena. Bastian llegó a captar algunas palabras de una periodista:


hallado en este lugar; al parecer, según su propio testimonio, había sido obligado a participar en un rito espiritual por su propio padre, el conocido


Bastian dijo la voz de Madame Pasteur. ¿Qué tal estás?

¿Usted también va a burlarse de mí cuando le diga lo que pasó? preguntó el chico, ya cansado de las muecas que habían puesto los oficiales cuando él había tratado de explicarles lo sucedido.

Cuando Bastian miró a la mujer, le resultó vagamente familiar.

Claro que no. No seas tonto. Yo me dedico a esto, ¿cómo puedes pensar esto? ¿Quieres contarme qué pasó?

Claro que quiero. Porque voy a morirme si lo tengo guardado mucho tiempo más.

Entonces suéltalo. Por lo que escuche de los policías, tuviste un encuentro con tu madre, ¿no?

Bastian le explicó todo lo que había sucedido en aquél especie de viaje extrasensorial que había experimentado. Madame Pasteur lo miraba con el entrecejo fruncido, asintiendo con la cabeza.

Entonces, eras adoptado.

Así es.

Por ende, nunca tuviste el don, como tu padre creía.

Mi madre también lo creía apuntó Bastian, recordando que en algunas ocasiones ella también había puesto fue en que su hijo demostraría su don tarde o temprano.

No realmente repuso Madame Pasteur. Escucha, Bastian. Aquel don, como tu padre lo llama, no existe realmente. Es decir, él podía tener comunicación con los espíritus; de acuerdo, si lo prefieres llamar así, tenía el don. Pero aquellas paparruchas acerca de que "el tercer hijo de un padre con el don será el que los obtenga"
Son puros cuentos. Aquello sólo ocurre si realmente uno quiere tener el famoso don. Como tú viviste bajo el seno de una familia que te crió con todo eso, algunas cosas fueron aprendidas por ti. Seguro tuviste algunas experiencias paranormales, ¿verdad?

Sí respondió Bastian, recordando cuando los espíritus habían tomado sus piernas, impidiéndole caminar, o esos sueños que había tenido en los cuales se celebrara la fiesta de muertos para recibir a un nuevo fallecido con influencia económica.

¿Ves? Pero sin embargo no eras hijo del señor Lemoine ni la señora Lemoine. Todo fue mental, no hereditario. Yo conocía a tu madre, Bastian
Quiero decir, a Madame Lemoine.

Entonces el muchacho recordó dónde la había visto antes: ella era una de las mujeres que lloraba en el cementerio, cuando Daphnée había sido enterrada.

Éramos grandes amigas. Era una buena mujer. No quiero que lo que viviste en aquel viaje te haga cambiar de opinión respecto a ella.

Nunca estaba en casa. Ella


Ella era una vidente hecha y derecha, realmente. La videncia es un arte muy impreciso, pero para quienes la practicamos es muy substancial. En cambio, el oficio de tu padre, podría compararse tranquilamente con un episodio de Los Cazafantasmas. Si tu madre no te prestó demasiada atención, no era porque no te quisiera. De hecho ya ves cuánto te quería para que te adoptara. No obstante La mujer miró por la ventanilla. Probablemente ella esté arrepentida por no haberte dedicado un
ojo más interesado, por decirlo de algún modo. Pero cuando pases a su mundo, ella te lo recompensará.

Bastian también miró para afuera. En ese momento, su "padre" se estaba violentando físicamente y los oficiales lo sujetaron y lo estamparon contra un patrullero.

No pienses en ello dijo Madame Pasteur al advertir la cara de preocupación de Bastian. Tu madre siempre decía algo muy interesante. El destino baraja las cartas. Pero nosotros somos los que jugamos.


Casi era de día en la ciudad, pero la nieve seguía cayendo a toneladas. El cielo estaba teñido de un azul oscuro diluido.

Cortaron todas las calles de la zona para el tránsito dijo el oficial Baker a otro más muy seriamente. No podemos desplazarnos a la comisaría. Las entrevistas deberán realizarse aquí, dentro de los automóviles


Bastian suspiró y vio que Jacob corría hacia él, con un paraguas. Se metió en el patrullero. Baker lo miró, pero no dijo nada.

Hola saludó el chico, cerrando el paraguas y luego la puerta.

Hola. ¿Qué tal estás?

Bien. Mis padres me dijeron que debería haber llamado a la policía después de que tu padre
quiero decir, el señor Lemoine
se metió en mi casa.

Se quedaron un rato en silencio. Bastian contemplaba la nieve que caía copiosamente tras la ventanilla del auto, pensando.

¿Qué pasó allá? preguntó al final, señalando con la cabeza el lugar del parque nevado donde Lemoine seguía esposado, junto a Broussard y Marèchal. ¿Los arrestarán?

El padre Broussard se puso como loco porque no pudiste comunicarte con tus padres y confesó toda la verdad. Estaba desquiciado... Y sí, aparentemente los arrestarán a los tres por varios cargos. Uno de ellos es secuestro.

¿En serio? preguntó Bastian, aunque le sorprendió revelar que aquella información no le afectaba demasiado. Simplemente, lo que sucedería con Lemoine no le incumbía. Lo único que quería era no verlo nunca más, pero igual le daba si lo metían en la cárcel o si seguía viviendo en la misma casa.

Pero creo que llegaron a un arreglo, por lo que oí prosiguió Jacob. Como tiene mucho dinero, será un arresto domiciliario. No pasará lo mismo con Maréchal y Broussard; los llevarán a la cárcel común y luego tendrán un juicio en el que dictarán la sentencia. Si quieres mi opinión...

Pero Bastian no lo escuchaba. Se había concentrado en una figura que se acercaba de entre los árboles, empapado hasta la médula, y se dirigía hacia el patrullero.

¡Bouve!

Con una sonrisa en los labios, bajó la ventanilla y gritó.

¡Bouve! ¡Aquí!

El señor Bouve no lo escuchó al primer intento debido al intenso ruido de la nieve, el viento y el movimiento de policías, reporteros y personas que caminaban de aquí para allá. Una vez que lo oyó, el aludido sonrió también y corrió a refugiarse en el auto. Ni el oficial Baker, ni ningún otro, se percataron. Bouve abrió la puerta y él y Bastian, instintivamente, se abrazaron.

Bastian
¿Estás bien? Bouve temblaba debido al frío.




Los dejaré solos dijo Jacob, quizá sintiéndose de más en aquella situación. Volvió a extender su paraguas y salió, dirigiéndose a la camioneta de sus padres, ambos con caras de preocupación.

¿Cómo sabías que estaba aquí? preguntó Bastian.

Desperté hace un rato. Aquel tipo me pegó un buen golpe con ese cenicero horrible. Siempre supe que tenía que tirarlo, pero en fin
el caso es que fui a la sala de estar y habías dejado el televisor encendido. Una chica, más precisamente ésa señaló a través de la ventana a una reportera de Rapport Quatre que no dejaba de hablar estaba en la tele y dijo algo acerca de ti. Luego escuché el nombre de este parque, y me pareció lógico, puesto que está bastante cerca de mi casa
Pero dime, Bastian
¿qué sucedió?

Bastian le contó, como había hecho con los oficiales, con Jacob y con Madame Pasteur, lo que había ocurrido, aunque ahora lo hizo con lujo de detalles. Bouve se mostró apenado al final de la historia.

Siento que tengo la culpa de muchas cosas, Bastian dijo al final.

¿Qué quieres decir?

Diantres, no es fácil.

Tragó saliva.

Vamos.

Tomó aire y dijo:

Yo soy tu padre.

Bastian tardó varios segundos en reaccionar. Pestañeó varias veces, atónito.

¿Qué? preguntó.

Bouve no contestó. Parecía muy avergonzado.

Y entonces Bastian empezó a atar cabos. Claro, todo tenía sentido. Él se parecía físicamente a Bouve cosa que siempre había pasado por alto, pensando que eran aquellas casualidades de la vida. Y Bouve siempre se había mostrado tan
¿paternal era la palabra?

¿Cómo
?

Bouve se armó de valor y empezó a relatar torpemente:

Conocí a tu madre hace diecisiete años. Yo estaba veraneando en el Caribe, con unos amigos. Era un jovencito aventurero; tenía unos dieciocho años. Debes comprenderme
una noche, se nos fue la mano con el alcohol, y decidimos
La tez de su cara, aunque estaba blanca por el frío, se tornó de un rojo intenso. Bueno, sucedió algo. Contratamos a unas mujeres
en nuestro departamento. Éramos jóvenes, entiéndeme
Pero
pero ella quedó embarazada, aunque yo jamás lo supe.

Bouve tragó saliva.

Volví aquí para empezar a estudiar, y varios meses después ella vino para buscarme y criar a nuestro hijo. A ti. Pero no me encontró, y ella estaba de siete meses. Sin embargo, naciste tú, ansioso
Rió tímidamente.
Supongo que no pudiste esperar y naciste antes de tiempo. Yo nunca lo supe. Nunca, hasta hace unos días. La familia de tu madre me telefoneó. Quiero decir, tu madre biológica; aquella muchacha caribeña... Yo, sinceramente, apenas la recordaba. Como ya te dije antes, nunca supe nada acerca de... Volvió a tragar saliva. Luego suspiró. Me dijeron
me dijeron que hacía quince años había muerto su hija durante un parto, y estaban convencidos de que yo era quien la había embarazado, pues encontraron información mía en mi billetera, la cual olvidé en el departamento.

¿Por qué tardaron quince años en darse cuenta de eso? preguntó Bastian, quien iba asimilando la información con tanta tranquilidad que estaba sorprendido de sí mismo.

Fue una casualidad, la verdad. Una de las hermanas de tu madre se mudó al departamento en el que yo me hospedé aquella semana. Lo hizo hace cosa de un mes. Y encontró mi billetera guardada en un cajón, dentro de un armario que no se utilizaba desde la última vez que alguien había habitado aquel lugar... Yo.

¿Y cómo... cómo supieron todo lo de mi madre? preguntó Bastian, dándose cuenta de que cada vez entendía menos. Es decir, ¿por qué relacionaron a mi madre contigo?

También estaba la cédula de identidad de tu madre en aquel cajón. Fue
Volvió a enrojecer. Jugamos a un juego, no sé cómo explicarte, me da tanta vergüenza hacerlo...

De acuerdo. No quiero saberlo
repuso Bastian con amargura.

El caso continuó Bouve, cada vez más avergonzado es que recibí la llamada y fui al Hospital General de la ciudad, tratando de buscar algo de información. Y ahí fue cuando averigüé toda la verdad.

¡Yo estaba en el hospital ese mismo día! exclamó Bastian, sintiendo emoción. Y oí a los doctores hablar acerca de que un tal Bouve estaba buscando infomación


¿En serio? Bueno... sí, era yo
Yo ya sabía estabas internado en ese mismo hospital, y le pedí a uno de los médicos que te realizara una extracción de sangre para poder llevar a cabo un estudio de ADN. Pero tú ya estabas consciente. Por suerte ellos te habían sacado sangre para analizarla cuando estabas inconsciente, y los médicos accedieron de mala gana a hacer el estudio, puesto que tú no sabías nada y no era correcto. Sin embargo, les supliqué tanto que al final cedieron. Hicimos el análisis, y esta noche recibí los resultados.

Bastian lo miró inquisitivamente, aunque obviamente ya sabía la respuesta.

Positivo confirmó Bouve.

Bastian apartó la vista un momento de Bouve, pero porque necesitaba unos momentos para pensar. Tragó saliva. Aquella noticia, por muy impactante que fuera, hacía brotar en su interior una especie de felicidad que nunca antes había experimentado. Contrarrestando la amargura de todo lo que acababa de suceder, se sentía muy lejos de estar enfadado con Bouve. Era como volver a nacer.

Más allá de haber desaprovechado tantos años con su verdadero padre, ahora era cuando sabía toda la verdad, y era una verdad perfecta. Era la vida que siempre había deseado tener, y estaba dispuesto a vivirla aunque fuese tarde.

¿Entonces
eres mi padre? Una risa nerviosa se apoderó de él, incontrolable. Bouve lesonrió. Vaya. Vaya, qué extraño. Eres mi padre. ¡Y ni siquiera sé tu nombre depila!

 

 

 

 

Bouverió, aún más nervioso que Bastian, y contestó:

Gaston.Mi nombre es Gaston Bouve.

BastianBouve. Hijo de Gaston Bouve recitó Bastian. Suena bien.

Entonces,después de meditar unos momentos, dijo:

Creoque
si no te molesta, me gustaría también tener el apellido de mi madre.

Nosé el apellido de tu madre repuso Bouve rápidamente, enrojeciendo nuevamente.

Node mi madre biológica aclaró Bastian. El apellido de la señora Lemoine,quiero decir explicó. Su apellido de soltera, claro: Bathurst. ¿Qué te parece?

BastianBouve Bathurst dijo Bouve. Me parece que si es lo que quieres, es lo quevamos a hacer Sonrió, pero le duró un microsegundo. Enseguida puro cara depreocupación y preguntó: Entonces
¿qué vas a hacer? ¿Volverás con tu
padre?Es decir, con el señor Lemoine

Bastianrió con tantas ganas que le dolieron las mandíbulas.

Claro,desde luego repuso irónicamente. ¿Estás hablando en serio? No, por supuestoque no.

Entonces...¿quieres...? ¿Crees que te gustaría...? Bueno, no lo sé. A lo mejorquerrías venir a
eh

¿Vivircontigo? preguntó Bastian tímidamente.

Losojos de Bouve se tornaron brillosos, y una ancha sonrisa se dibujó en su cara.

¡¿Lodices en serio?!

Claroque sí repuso Bastian. Pero eres mi padre, deberás tratarme como tal. Creoque quiero una paga mensual, y
Es broma, es broma se apresuró a aclarar.

¿Broma?Yo no estaría tan seguro repuso Bouve, sonriendo enigmáticamente. Adivina qué.

Sacóuna carta arrugada del bolsillo de su chaqueta y se la entregó a Bastian.

¿Quées esto?

Unacarta redactada, firmada y enviada directamente por el Presidente de la Nacióncontestó Bouve con orgullo.

Bastianlo miró sin comprender.

 

¿Recuerdasel caso de los Lovissier? Bastian asintió. Bueno, lo desenmascaré todo.Escribí al presidente informándole mi teoría: que Abélard Lovissier habíaamenazado a su esposa con dejarla y ésta, en un ataque de ira, lo mató. LuegoAnne-Lise, la vieja loca, sobornó a dos agentes de la policía y a algunosforenses para tapar todo el caso y que la versión oficial fuese una sobredosisde pastillas para la tos. El gobierno investigó todo y comprendieron que yotenía razón.

¿Deverdad? preguntó Bastian, maravillado. ¿Tú sólo revelaste todo el caso?

Sí.Bueno, me costó mucho. Pero eso no es lo mejor... Me enviarán entre veinte ytreinta mil dólares esta semana. Se hizo una pausa, como esperando a queBastian lo felicitara o dijese algo. Sin embargo, Bastian estaba tan atónitoque las palabras no le hubieran salido con mucha facilidad. Gaston se pusonervioso y empezó a excusarse: Bueno, no es demasiado, pero... bueno, nosalcanzará para comprar un bonito departamento

Esgenial lo interrumpió Bastian. Es realmente genial. Es mucho dinero, de todasmaneras

Quizás,con lo que nos sobre, yo pueda poner algún negocio de detective privado yalejarme de la carnicería. ¿Qué te parece... GastonB., Detective Privado? Lo dijotan extasiado que Bastian comprendió que no era la primera vez que lo pensaba.

Mientrasno te dediques a cazar fantasmas, haz lo que quieras respondió Bastian sinpoder contenerse, y Gaston estalló en carcajadas.

Elmuchacho no lo pudo evitar: le dio un abrazo a Gaston, el cual éste lerespondió con entusiasmo, aunque algo aturdido.

Nuncacreí que te lo tomaras tan bien admitió el hombre. Si quieres saber laverdad, creí que ibas a odiarme.

¿Porqué iba a odiarte? Me encanta que seas mi padre aseguró Bastian. Es genialque mi padre no sea el señor Lemoine. ¿Qué mejor que seas tú? ¿Salimos del auto?añadió.

Elsol ya estaba terminando de asomarse, y el cielo se estaba despejando poco apoco. Nevaba cada vez menos, y el paisaje había dejado asomar un hermoso arcoiris. El gato negro que se encontraba en el juego con forma de bota durante elritual se asomó, curioso, entre unas plantas.

Bastiany Gaston se encaminaron hacia la salida del parque, flaqueada por dos altascolumnas de hierro.

Espera,se me olvidaba algo dijo Bastian deteniéndose, y salió corriendo hacia lacamioneta donde los padres de Jacob hablaban entre ellos, muy seriamente, y elmuchacho, en el asiento trasero, contemplaba el exterior con cara de pocosamigos.

¡Hola!saludó Jacob al ver llegar a Bastian, y salió de la camioneta.

Lamentotodo lo que has tenido que pasar anoche, de verdad se disculpó Bastian. Hassido de gran ayuda en mis días de... secuestro falso.

Jacobsonrió.

Nolo menciones. Para eso están los amigos, ¿no?

Sesumieron en un corto abrazo.

Quizáte interese saber que me mudaré de la casa que está enfrente de la Biblioteca ledijo Jacob. A tu padre le darán prisión domiciliaria. Mis padres no quieren vivircon ese psicópata a cien metros.

Meparece muy sabio de su parte. Pero quizá te interese sabr que el señor Lemoineno es mi padre repuso Bastian, y le contó, sin demasiados detalles, la charlaque acababa de tener con Gaston dentro del auto.

Unavez que finalizó, Jacob estaba pasmado.

Entonces
quieres decir que
¿El carnicero Bouve es tu padre? ¿En serio? ¡Uau! Sinningún tipo de disimulo, observó a Gaston y le sonrió. El hombre estaba parado,temblando de frío, en una de las columnas de hierro de la entrada del parque, intentandosujetar un gato negro que se frotaba contra sus piernas.

Yadebo irme con él dijo Bastian. Pero nos veremos pronto, ¿sí?

Bastianregresó hacia donde estaba Gaston.

¿Tegustan los gatos? preguntó el hombre.

Megustan los gatos, sí. ¿A ti?

Nodemasiado. Pero míralo, éste no es tan feo.

¿Quieresque nos lo llevemos? preguntó Bastian riendo. Gaston tomó al gato manteniendouna distancia prudente, y el animal lo miró con dos penetrantes ojos verdes,analizándolo.

Seencaminaron nuevamente hacia la salida del parque con el gato pero como nopodía ser de otra manera fueron detenidos por el oficial Baker, que estaba muyatareado con un cuaderno en la mano y el handyen la otra.

SeñorBouve, ¿qué cree que está haciendo? Bastian es una de las víctimas y, como tal,debe proporcionar testimonios.

Losiento, yo...

Oficial,sólo quiero irme a la cama le dijo Bastian. Mañana daré testimonio, y lo queusted quiera.

GastonBouve, usted también deberá quedarse dijo Baker, ignorando olímpicamente aBastian.

OficialBaker, Gaston Bouve es mi padre reveló Bastian cortante. Acabo de pasar unanoche extrasensorial, donde me enteré que la persona con quien había vividoquince años no era mi padre, y hace menos de diez minutos supe que mi verdaderopadre es nada menos que Gaston Bouve, y estoy extremadamente feliz por eso. Leruego que no nos estropee el momento; daré testimonio mañana, en serio. Sefrotó los ojos. Ahora sólo quiero irme a la cama.

Bakerse quedó contemplando al muchacho como si le hubieran dado una bofetada. Luegopestañeó dos veces y Bastian no estaba seguro, pero le pareció ver queesbozaba media sonrisa antes de dar media vuelta y marcharse sin decir unapalabra.

Bastian Lemoine en el mundo de los muertos - Fanfics de Harry Potter

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Después de haber convivido más de un año conla familia Lemoine en el mismo barrio, ningún vecino se sorprendía ya de lasconstantes explosiones, los gritos

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2023-02-27

 

Bastian Lemoine en el mundo de los muertos - Fanfics de Harry Potter
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