Corazón partío - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

¡¡¡¡¡HOLA!!!!! SIIIIII YA ESTOY DE VUELTAAAAAA!!!!!!! K TAL TODOS???? ESPERO K MUY BIEN, OS E EXADO D MENOS A TODOSSSSSSSSS!!!!!!!

Xro en vacaciones m ha dado tiempo (muxo muxo) y he escrito este pequeño fic


Antes d empezar a leer os aviso que es Slash, Sirius y Remus, así que si no os gusta este tipo de parejas (respetando los gustos de todos, aunque yo creo que hacen una pareja fantástica ^^) yo ya he advertido.

Bss y k lo disfrutéis.




CORAZÓN PARTÍO






Tiritas pa este corazón partío.

Tiri-ti-tando de frío.

Tiritas pa este corazón partío,

pa este corazón partío.




Las lágrimas brotaban de sus ojos, pero a él no parecía importarle.

Abría la boca en un desesperado gesto de dolor, porque él ya no estaba, porque él le había abandonado, ya no le llegaba el suave aroma de su piel, ni la claridad de sus ojos azules, ya no veía su rostro en la penumbra, y tampoco podía acariciar con un estremecimiento el aterciopelado tacto de sus manos.

Ya ni siquiera vivía, era un ser que se limitaba a existir, que vagaba siempre por el mismo lugar, arropado por el dolor y el odio, vestido con la muerte de esa neblina fría que le alimentaba, que elevaba sus ojos ambarinos hacia el cielo bañado en la nívea luz de la Luna esperando ser reconfortado, porque él sabía que le seguía esperando, lo sabía.




Ya lo ves, que no hay dos sin tres,

que la vida va y viene y que no se detiene





Los hombros se agitaban en violentos sollozos; no eran hombros de hombre, era el cuerpo de una bestia, una bestia que podía sentir, un ser que aullaba a la luz de la Luna, un monstruo que seguía esperando todas las noches de Luna llena a que él regresara, esperando una esperanza, deseando una llamada, sufriendo en silencio porque su corazón dejó de latir por él, ya no más, le había abandonado.

Y seguía delirando, y seguía recordando, y seguía soñando que él seguía a su lado.

Porque aún sentía el sudor y la sangre mezclados en su boca, porque aún le mojaban las lágrimas que habían nacido en los ojos azules que una vez le amaron, porque seguía aspirando el olor que había permanecido en las sábanas blancas, cicatrices de su amor, y recordaba esas noches sin final dónde el tiempo se detenía para brindarles una última oportunidad de amarse sin pensar en el dolor que más tarde sufrirían al separarse.





Y, qué sé yo,

pero miénteme aunque sea, dime que algo queda

entre nosotros dos, que en tu habitación

nunca sale el sol, ni existe el tiempo, ni el dolor.




Pero ya no se repetirían aquellas pasiones que los inundaron un día, porque él le había abandonado sin dejar recuerdo alguno más que un dolor insufrible, más que aquel río de sangre en el que su rostro le hacía guiños y le dedicaba dulces sonrisas que habrían nuevamente la herida, y él se abalanzaba sobre sus recuerdos y volvía a llorar desesperado al abrir los ojos, al encontrarse como cada amanecer solo, tirado en su cama, rodeado de sangre y sudor, débil tras transformarse en aquella bestia inhumana que cada mes se internaba en el bosque persiguiendo su rastro.

Ya ni siquiera las palabras tenían sentido a sus oídos, ni siquiera las caricias o los abrazos, porque de él no eran los brazos, y ya no volvería a saborear sus labios de miel, ni a contemplar sus ojos azules como un arrebato de pasión en las tantas noches compartidas.

Y no quería vivir, si no era junto a él.

Ya no deseaba sonreír, el dolor era tan grande que cada noche de Luna llena se entregaba al delirio y se torturaba, deseando acabar con todo. Quería volver junto a él.

Esbozó una brevísima e irónica sonrisa. Quién pensaría que sufriría tanto por amor, que se desangraría de dolor porque no se encontraba a su lado.




Llévame si quieres a perder,

a ningún destino, sin ningún por qué.




Pero él se negaba a creerlo, seguía aferrándose al recuerdo, a la melancolía, seguía viviendo en su mundo imaginario donde era acariciado en sueños y murmullos de una cueva solitaria, único testigo de aquel amor que una vez sintieron, aquel amor al que se sujetaba, y él no quería escuchar a la voz que gritaba ¡SE FUE, SE FUE!, porque seguía conservando en su boca el sabor de sus labios, porque le volvía a ver junto a él, en su habitación cubierta de dolor.

Pero cerraba sus ojos, para ser absorbido de nuevo por sus labios, que cada vez que despertaba ellos se evaporaban dejando tras de sí tan solo lágrimas, lágrimas y dolor.

Y no hizo nada por evitar que dos lágrimas se deslizaran por sus mejillas.



Ya lo sé, que corazón que no ve

es corazón que no siente,

o corazón que te miente, amor.




Aulló de nuevo, quería acabar con todo, se sentía sucio, asqueado consigo mismo, porque ya no era purificado por sus besos, porque ya no sentía su piel, porque la agonía era inmensa y creía que la vida no tenía sentido ya.

Y entre las lágrimas de desesperación se mezclaban también las de rabia, impotencia, porque se sentía estúpido de seguir creyendo que él volvería, que un día se despertaría arrullado por su aroma.

Y entre dolor y tristeza solo se preguntaba una y otra vez el por qué, la razón por la que le abandonó con tanta crueldad.


FLASH BACK


OoO OoO OoO

Volvió a sollozar con fuerza y propinó otro furioso puñetazo a la almohada. Odiaba sentirse así, odiaba ser quien era, y también odiaba a Sirius, porque era el culpable de su estado. Habría dado cualquier cosa por haber sido detenido antes de llegar a la Sala Común para encontrarse semejante espectáculo.

Apretó de nuevo los dientes, intentando no pensar en nada mientras dos lágrimas furtivas surcaban sendas mejillas, pero la imagen de Sirius besándose apasionadamente con Susan March se filtraba una y otra vez en sus pensamientos


¿Por qué se sentía así?

La respuesta hizo que un suave rubor tiñera las mejillas del joven licántropo y volviera a encajar otro golpe a la desdichada almohada.

-Imposible. - murmuró, aunque parecía decirlo para convencerse a sí mismo.

Alguien llamó con suavidad a la puerta precedido de un quejido lastimoso tras la puerta.

-Remus, ¿qué diablos te pasa?

Éste se sobresaltó al oír la voz de Sirius. No
¿Cómo podía tener tan malísima suerte?
Se enjugó la cara con la túnica y lanzó una mirada llena de desdén y a la vez dolor a la puerta cerrada.

-Déjame, Sirius. No pasa nada. - contestó secamente.

Pero el animago no se dio por vencido. Forcejeó varias veces la puerta con sus respectivas amenazas y quejidos, pero no consiguió abrirla, para diversión de Remus.
Al final, la voz de Sirius, simulando ser infantil, se oyó en el cuarto de 7º curso de los hombres de Gryffindor:

-Está bien, Remi-pooh, no abras la maldita puerta si no quieres. Pero voy a quedarme aquí sentado hasta que tu cabezota decida razonar.

Se oyó un revuelo de túnicas y un golpe sordo seguido de un pequeño quejido de Sirius, quien se había dejado caer en el suelo demasiado fuerte.

Remus esbozó una breve y resignada sonrisa y asió el pomo de la puerta, abriéndola y encontrarse con un Sirius sentado y con las piernas entrecruzadas, los brazos cruzados en un gesto malhumorado por encima del pecho y el rostro volteado mirando hacia un lado en una expresión infantilmente mosqueada.

-¿Sirius?

Solo recibió un resoplido como respuesta.

-¡Oh, está bien, pero deja de comportarte así! - exclamó Remus sin lograr ocultar una sonrisa.

Sirius le miró de reojo.

-¿Admitirás que te has comportado como un idiota?

-Sí.

-¿Dejarás de ser tan taciturno y gruñón?

-¡Oye! Está bien, está bien.

-¡Entonces te perdono! - concluyó Sirius levantándose y dando infantiles saltitos de alegría, mientras Remus farfullaba un débil Pero si no te he pedido disculpas
que quedó totalmente hundido por la radiante sonrisa que le dedicó su amigo.



-Vale - concedió Sirius, una vez que él y Remus se hubieran acomodado en la cama del último; Sirius desparramándose como si se tratara de la suya propia y Remus abrazando sus piernas junto a la cabecera - , ahora, dime, ¿qué demonios te pasó ahí abajo?

Remus se apartó un fugitivo mechón de pelo castaño claro que le había resbalado por el rostro antes de resoplar con resignación.

-Nada, supongo. - fue su corta respuesta.

Sirius se levantó unos segundos para evaluar a Remus con una ceja levantada; después se sentó con las piernas entrecruzadas, como había hecho al otro lado de la puerta, y fulminó a su amigo con la mirada.

-Osea, que no te da la gana decírmelo, ¿no? - al ver que el licántropo no respondía, Sirius le dedicó una especialmente severa mirada. - ¿Y se puede saber el por qué?

Remus tan solo se encogió de hombros. No es que él no se lo quisiera explicar a Sirius, pero es que ni siquiera sabía que le había sucedido.
En realidad, tenía una ligera sospecha, pero siempre la había despreciado; su vida ya estaba demasiado criticada, no necesitaba más material para ser desgraciado.

-Remus, te conozco. Sé que te ocurre algo. Y pienso averiguar qué es si no me lo dices tú. - lo amenazó Sirius. Remus se sobresaltó al oír su voz tan cerca; mientras él había estado indagando en sus pensamientos, Sirius se había acercado al chico de ojos dorados hasta quedar prácticamente Sirius encima de él. Remus sintió su respiración agitada y sintió como sus mejillas se encendían. Ambos no se movieron por largo rato, mirándose a los ojos sin decir nada.
Remus notó con sorpresa como Sirius, que no parecía haberse dado cuenta de su postura, se sonrojaba y bajaba sus grandes ojos azules oscuros.

-Yo
- consiguió articular el animago.

Cuando sus miradas volvieron a cruzarse, ambos la rehusaron con sus respectivos sonrojos, pero nadie se movió.

-¿Por qué te besaste con March? - preguntó de repente Remus, cogiendo a Sirius por sorpresa. Al ver que había sido demasiado indiscreto, agregó - Si antes la odiabas


Sirius, sin apartarse de Remus y pareciendo que aún no se daba cuenta de lo comprometido de la situación, se encogió de hombros, desviando la mirada del licántropo.

-No fui yo. Ella había hecho una apuesta con Figg y Evans, y me besó por la fuerza; me aparté de ella al oírte a ti dejar caer los libros. - se explicó con sequedad.

Remus sintió una suave sacudida en su corazón; Sirius no estaba saliendo con Susan, al menos tenía una oportunidad. Pero luego recordó que él NO quería una oportunidad con Sirius, aunque no explicaba los sonrojos, los titubeos


-Moony, yo
- volvió a tartamudear Sirius, acercándose más al rostro del licántropo.

Éste contenía la respiración, pero parecía que el corazón se le iba a salir del pecho por los violentos y rápidos latidos. Tan solo existían Sirius y él, el mundo ni el terror por la aparición de un nuevo Señor Tenebroso existían, y se sentía nervioso, muy nervioso, porque no podía explicar por qué se sentía así.

Sus labios casi podían rozarse, pero ninguno se decidía por desviar la mirada; era una lucha entre ojos azules y dorados, pero en la que no batallaban, sino que estaban en una tregua permanente.

Sirius aún no se había apartado y Remus también se había acercado más a su amigo.

Tan sólo les separaban unos milímetros.

Ambos cerraron los ojos, sin saber muy bien lo qué hacían.

Sus labios estaban tan cerca que no se sabía dónde acaban unos y dónde empezaban los otros.

-¡Sirius! ¡Remus! ¿Estáis ahí? ¡Abridme la maldita puerta! ¡Llevo media hora aporreándola!

Sirius y Remus parpadearon con sorpresa y en un segundo Sirius saltó de la cama a la vez que un fuerte tono carmesí cubría su rostro, al igual que el de Remus.

-¡Hola! ¡¿Me abrís de una buena vez?!

-Sí, James, ya voy. - siseó Sirius, mientras abría la puerta y desaparecía por ella, dejando a James bastante confundido y a Remus todavía más.

OoO OoO OoO


FIN FLASH BACK

Pero, sabes que en lo más profundo de mi alma

sigue aquel dolor por creer en ti

¿qué fue de la ilusión y de lo bello que es vivir?




Ahora la luz de la Luna había iluminado su rostro de animal, con ojos ambarinos y dorados desesperados, y él seguía aullando y llamándole en discontinuos gritos resquebrajados que rompían el silencio del bosque y causaban horror en los oídos y ojos humanos, pues ver a ese ser vagando sin más rumbo que el camino de la muerte y mortificándose a sí mismo produce escalofríos.

Pero el animal seguía recordándole, cada llamada, cada beso apasionado, cada furiosa caricia, cada libidinosa mirada intercambiada, cada sonrisa violenta perdida en los gemidos de la noche.

Por ende, también seguía lamentándose por las noches solitarias de Luna llena que había sufrido durante los trece años solitarios en los que su amado había estado prisionero y lejos de su aroma y de su piel, y que volvería a sufrir no estando de nuevo él, porque sin el calor de sus brazos nada tenía sentido ya, porque sin sentir su piel junto a la suya la luz del día no conseguía brillar a través de la tormenta.

Su destino era oscuro y cruel.

Pero aún conservaba una esperanza, una llamita azul guardada en lo más profundo de su corazón, a salvo de las lágrimas, que cada día iba debilitándose más y más
él ya lo salvó una vez, ya volvió a sujetarlo entre sus brazos de nuevo y a enredar su boca en su cabello
y eso
¿de qué servía ahora, si cada noche de Luna nueva volvía a llorar con amargura, pues se despertaba solo y la anterior noche había sido en solitario y vestido de dolor, como cada noche tras su muerte?




Para qué me curaste cuando estaba herío

si hoy me dejas de nuevo el corazón partío.





La bestia dejó de aullar durante un segundo solo para observar con ojos vacíos la Luna llena.

Parecía que el animal, encogido y abrazado a sí mismo como estaba, se encontraba recordando o sintiendo, recordando una noche junto al mar, perdido en unos cabellos negros, sintiendo el agua salada rozándole las piernas


Una nueva lágrima brotó de aquellos ojos ambarinos, inhumanos, no obstante hermosos.

Añoraba con demasiado dolor cada palabra susurrada a su oído, cada promesa embelesada y cada ‘te amo’ dicho con tanta sinceridad por los labios de ambos amantes.

Echaba demasiado en falta sus brazos, sus abrazos protectores en los que se perdía en las tardes de verano.

Deseaba volver a escuchar su voz, pero bien sabía que solo la volvería a admirar en sueños, mientras lloraba en silencio.


FLASH BACK


OoO OoO OoO

Se sentía tan bien
quería que ese momento no terminara nunca, que el instante en el que se sentía completamente feliz fuera eterno, reposando su cabeza con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios sobre el pecho desnudo de la persona que estaba acostada junto a él, mientras éste enredaba los dedos en su cabello dorado, y sus cuerpos estaban cubiertos tan solo por una fina sábana blanca.

Otra noche más, otra noche infinita de Luna llena en la que él y su compañero habían vagado por el bosque para luego refugiarse en las sábanas blancas cuando la Luna dejaba de brillar a través de las nubes.

Cuando dejó de sentir los finos dedos juguetear en su cabello abrió sus grandes ojos dorados y se sonrojó al sentir la efusiva mirada azul oscura que le observaba con deseo y ternura.

-Buenos días, dormilón. - saludó Sirius, depositando un suave beso en los labios del licántropo.

Remus se sonrojó de nuevo como un adolescente al sentir esa caricia en su boca. Simplemente, no creía que eso pudiera estar pasando; habían tenido que superar tantos obstáculos para que Sirius y él pudieran seguir adelante
y, al fin, la dura y sufrida travesía había merecido la pena, y no importaba lo pasado, porque ahora Sirius volvía a estar junto a él.

-Buenos días. - le correspondió con una tímida sonrisa.

Sirius miró pícaramente a Remus, mientras éste desviaba la mirada, abochornado.

-No puedo creer que aún te sigas sonrojando - comentó el animago con una sonrisita. - como cuando teníamos dieciséis años.

-No me sonrojo. - replicó Remus, negándose a mirar los ojos azules oscuros de Sirius.

Éste se encogió de hombros y buscó la mirada de Remus. Cuando la encontró, apoyó un dedo en la barbilla del licántropo, obligándolo a mirarle. Sus ojos denotaban tristeza y melancolía.

-¿Qué te pasa? - preguntó Sirius con suavidad.

Remus apartó el dedo de su barbilla con delicadeza y perdió su mirada en algún punto lejano de las sábanas.

-Es solo que
¿Crees que estamos haciendo lo correcto? - al notar la mirada inquisitiva del animago se apresuró a añadir - Quiero decir
al verte a ti cada noche, al oírte susurrar cada palabra cerca de mí, sé que me he enamorado y
y tengo miedo
a que no sientas lo mismo, y
y a que me abandones
y a que me dejes solo
- llegado a este punto, Remus intentó que las lágrimas no lo aborden, y enterró la mirada en el suelo de mármol de la habitación número 15 del nº 12 de Grimmauld Place.

Sirius dudó un momento; parecía estar a punto de fruncir el entrecejo o de sonreír con dulzura. Se decantó por lo último.

Se inclinó sobre Remus, cuyos ojos seguían centelleando por las lágrimas contenidas, y besó su mejilla con ternura.

-Remus, mírame - pidió con suavidad. Remus subió la mirada mientras un color rubí teñía sus mejillas. - Nunca, nunca te voy a dejar solo. ¿Entiendes? Yo te quiero. Te quiero, Remus, y eso nunca va a cambiar.

Remus solo atinó a asentir con la cabeza y dejó que Sirius lo abrazara mientras él descansaba otra vez su cabeza en el pecho del animago. Sonrió como un niño al sentir de nuevo los dedos de Sirius juguetear en su cabello. Sí. Siempre estaría allí.

OoO OoO OoO

FIN FLASH BACK






¿Quién me va a entregar sus emociones?

¿Quién me va a pedir que nunca le abandone?

¿Quién me tapará esta noche si hace frío?

¿Quién me va a curar el corazón partío?

¿Quién llenará de primaveras este enero,

y bajará la luna para que juguemos?

Dime, si tú te vas, dime cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?




Un frágil aullido inundó débilmente el bosque y el lago de profundas aguas y estremeció al lobo que aguardaba la fría llamada como cada noche, esperaba ese momento de éxtasis en el que se sentía libre y se fundía con la brisa invernal.

Sentía frío
Se acurrucó y acarició con su hocico las hojas que flotaban en el viento encantado


Pero él seguía sabiendo que las heridas que dolían en lo más profundo de su alma nunca cicatrizarían.

Porque cada noche de Luna llena, en el momento infinitesimal en el que la sangre dejaba de derramarse, él volvía a estrechar furiosamente en sueños sus labios contra los de él, buscando la pasión perdida, los mordía con violencia, y experimentaba un sádico placer al saborear de nuevo su sangre, de sentir como, otra vez, sus caricias estremecían a su acompañante, y ya no era consciente de sus actos, ya la pasión y el deseo dominaban su cuerpo y más grande era el dolor cada vez al abrir los ojos ambarinos y darse cuenta de que sus labios seguían secos y amargos, y que la dulzura se había muerto junto a él.




Tiritas pa este corazón partío.

Tiritas pa este corazón partío.




Debía aprender a aceptarlo
él se había ido para no volver, pero aún así, él podía sentirlo
o quizá fuera el desesperado deseo de volver a observar sus ojos, de volver a rozar su rostro


El viento de esa fría noche seguía murmurando amenazas y sutiles y astutos consejos que sonaban tentadores a los oídos del licántropo.

Parecía como si la desesperación y la tristeza acumulada durante meses en su corazón quería explotar y manifestarse de alguna forma, precipitadamente, sin esperar más, con una solo idea en la mente, hacerle llegar ese mensaje de alguna manera
Quería que supiera que no lo había olvidado, que no había enterrado en la memoria las tantas noches juntas, pero que lo necesitaba para seguir viviendo, que le dolía su muerte


Le quería dar todo aquello que le pesaba, todo aquello que le hacía sufrir.


FLASH BACK


OoO OoO OoO

-Potter ha creído ver en sueños como a Black le estaba torturando el Señor Tenebroso en el Departamento de Misterios; se ha internado en el Bosque Oscuro con Dolores Umbridge y la Srta. Granger. Ronald y Virginia Weasley, la Srta. Lovegood y Longbottom se han quedado en el despacho de la Prof. Umbridge bajo el cuidado de Malfoy, Crabbe y Goyle. Pero Potter y Granger no salen del bosque. - anunció Severus Snape, hablando a través de unas llamaradas azules brillantes, con polvos Flu-Secretos y Especiales para Miembros de la Orden del Fénix.

Al otro lado del fuego índigo, Sirius había estado escuchando con impaciencia a Snape, pero cuando había mencionado la ausencia de Harry y Hermione, se levantó con brusquedad de la silla, que cayó al suelo.

-¡Pero, Severus, Harry no sabe que Sirius está aquí! - exclamó alarmada Nimphadora Tonks, ese día lucía un corte de pelo capeado de un tono caoba con mechas anaranjadas.

-Seguro que ha escapado de Umbridge con Granger y está de camino al Departamento de Misterios. - gruñó Alastor Moody, escudriñando a Snape con su ojo normal, como si esperara encontrar una respuesta en él.

-¡Tenemos que ir allí! - concluyó Remus, lanzando una fugaz y persuasiva mirada a Sirius.

-Pero alguien tiene que quedarse aquí para cuando llegue Dumbledore - intervino Snape. Sus ojos oscuros se posaron en Sirius. -, y lo más sensato sería que fueras tú, Black. Así no tendrás que arriesgarte a ponerte en riesgo. - añadió maliciosamente.

Sirius soltó una blasfemia y avanzó hacia el fuego añil, por el cual Snape le miraba con una sonrisa desdeñosa.

-Mira, Quejicus, no pienso quedarme aquí esperando a que Harry esté en peligro porque un asqueroso mortífago me lo mande, ¿te enteras? - siseó con expresión amenazadora.

Todos se habían quedado en silencio, pero Kingsley Shacklebolt se situó junto a Sirius y posó una oscura mano en su hombro.

-Sirius, Severus está en lo cierto. Deberías quedarte aquí; nadie pone en duda tu valentía, pero ninguno queremos que te pase nada, ¿entiendes? Además, Severus tiene razón; alguien tiene que avisar a Albus cuando vuelva. - lo persuadió con su grave y tranquila voz.

Sirius le observó durante unos segundos. Después, negó un par de veces con la cabeza.

-Lo siento, Kingsley, pero soy el padrino de Harry y es mi deber protegerle. - contestó, mirando con odio contenido aún a Snape.

-Pero, Sirius, no puede pasarte nada malo
- protestó Tonks, mirando implorante a su tío.

Sirius avanzó hasta ella y la abrazó con ternura.

-No me va a pasar nada malo, Dora. - sonrió tranquilizadoramente, llamándola por el apodo que siempre había utilizado para referirse a ella. - Tú no te quedarás sin tu tío favorito. - terminó en una forzada carcajada.

-Está bien, pero alguien tendrá que avisar a Dumbledore. - recordó Moody, mientras giraba su ojo mágico a gran velocidad y hacía difíciles movimientos con la varita.

-¡Kreacher lo avisará! - replicó Sirius, mientras practicaba los mismos movimientos de varita que Moody.

Moody gruñó, Kingsley se alzó de hombros, Tonks asintió con la cabeza y Snape hizo un gesto indiferente, antes de desaparecer por la chimenea.
Remus, que hasta entonces no había opinado, abrió sus ojos dorados y se dirigió a Sirius, que parecía muy entusiasmado de poder volver a luchar.

-Sirius, ¿podemos hablar antes de irnos? - murmuró con seriedad.

Sirius asintió, y fueron a un lugar reservado de los demás.

-¿Se puede saber que demonios vas a hacer, Sirius? - exclamó Remus.

A Sirius se le congeló la sonrisa en el rostro. Esperaba cualquier reacción menos esa. Cuando se recuperó de la sorpresa, alzó una ceja y respondió:

-Vamos, Moony, no me va a pasar nada. Además, Harry es mi ahijado, ¿no? Tengo más derecho que nadie a salir de aquí. - replicó Padfoot, mirando con asco la casa, para luego sonreír a Remus.

Pero Remus seguía con el entrecejo fruncido y miraba con preocupación a Sirius.

-Sirius, me prometiste que jamás me dejarías solo, ¿recuerdas? No quiero que te pase nada malo. - susurró Remus, enterrando la mirada en el sucio suelo.

Sirius dibujó una dulce sonrisa y elevó el rostro del licántropo, obligándole a mirarle.

-Remus, te prometí que nunca te dejaría solo, y nunca te voy a dejar solo. Volveremos los dos victoriosos del Departamento de Misterios. - prometió Sirius con suavidad.

Remus lo observó con ojos ahogados antes de asentir con la cabeza resignadamente.

-Te quiero. - confesó Sirius con una sonrisa, sabiendo que Remus se sonrojaría.

En efecto, un fuerte color rubí tiñó las mejillas del licántropo, antes de que éste murmurara:

-Y yo a ti. - susurró, recordado la promesa del animago.

OoO OoO OoO


FIN FLASH BACK




Dar solamente aquello que te sobra

nunca fue compartir, sino dar limosna, amor.

Si no lo sabes tú, te lo digo yo.




Se había levantado del suelo, ahora la luz de la Luna se extinguía rápidamente entre las nubes y aquel monstruo se erguía con tortuosa lentitud. Parecía que cada delicado movimiento fuera de gran importancia, y cuando el último rayo de Luna se reflejó en sus ojos ambarinos, el lobo profirió un largo y agudo aullido antes de que la figura se retorciese y se transformase entre gritos de dolor en un hombre joven, lleno de heridas que emanaban grandes cantidades de sangre y con el rostro hermoso pero claramente sufrido.

El hombre se dejó caer en el suelo a trompicones, respiraba entrecortadamente, como si le costara un gran ardor jadear, y pronto esa respiración se convirtió en un llanto violento y furioso, mientras su frágil cuerpo se agitaba en sollozos.

Por fin podía llorar a través de ojos de hombre, podía sentir todo ese dolor no desde una bestia, sino desde un ser humano


Lo odiaba
lo odiaba por hacerle sentir así


Con mucho dolor, el hombre se levantó del suelo, y avanzó tambaleándose a través de la noche


Había tomado una decisión. Le vengaría aunque fuese lo último que hiciera en la vida. La muerte se lo había llevado, el último adiós, la última sonrisa, el último beso, la última caricia, el último ‘te quiero’, la última noche
Todo, todo se había terminado. Todo. Ya no le quedaba nada. Nada que pudiera servirle.




Después de la tormenta siempre llega la calma,

pero, sé que después de ti,

después de ti no hay nada.




Había llegado el momento.


El cielo ahora llovía con fuerza, tanta que no se distinguía como una frágil figura avanzaba con dificultad entre las sombras del bosque hasta perderse en un lugar donde ninguna figura humana había pisado antes.

Sentía confusión, miedo y horror, pero por encima dolor.

Lloraba sin poder evitarlo


No quería perderlo, no quería ver como de nuevo se desvanecía entre sus dedos y no volvía a sentir su piel


En ese momento todo desapareció y él se sintió flotar en una atmósfera oscura y agobiante, era un espíritu que apenas erraba por aquel lugar, porque estaba demasiado herido como para ni siquiera poder llorar.

Por todos esos años de amor, de entrega mutua, ¿qué obtenía? ¿Por qué tenía que haberse ido? ¿Por qué no le dio la mano para evitar perderle? Era un profundo pozo de desesperación, se encontraba en el fondo del océano y era una criatura privada de la luz del sol, de la luz de sus ojos durante demasiado tiempo, condenado a no volver a encadenarse a su cuerpo y a su esencia, pero ya el dolor se había convertido en una parte más de sí mismo, ya no sentía, ya no dolía la vieja herida que nunca cicatrizaría, porque el llorar ya se confundía con el agua del mar, y porque ya nunca más podría volver a perderse en sus cabellos y besar su cuerpo.




Para qué me curaste cuando estaba herío

si hoy me dejas de nuevo el corazón partío.




Era todo demasiado doloroso. Deseaba morir, porque ya no podría soportar aquel sufrimiento un segundo más. Y, sin embargo, el cielo no escuchaba sus ruegos, sus súplicas por dejar de existir, para no sentir más, para dejar de llorar y lamentar.

Porque su boca ya estaba acostumbrada a sus besos, y se lo había arrancado. Porque su piel ya deseaba con ímpetu cada caricia. Porque a su cuerpo ya le habían enseñado a vivir encadenado al cuerpo y a la pasión del otro hombre. Le habían robado la vida y la muerte, no le daban opción, la opción de olvidar, la opción de no revivir aquellos besos, aquellas caricias, aquellos ‘te quiero’ que se perdían y se escuchaban cada vez más lejanos


¿Quién le quedaba ahora que todo había acabado?

¿Quién le abrazaría con dulzura y le susurraría ‘te amo’?

Solo un susurro perdido en la fría brisa de esa noche fue capaz de hallar respuesta.

-Sirius


Al oír pronunciar ese nombre por sus propios labios sintió como la amargura y las lágrimas subían por su garganta hasta su boca y vomitaba sangre sobre las plantas que crecían con parsimonia en el bosque.

Las lágrimas nuevamente inundaron sus ojos dorados, pero no podía hacer nada por evitarlo, lo había amado tanto, tanto, y lo seguía amando con tanta locura que cada palabra y promesa hecha por él le dolía y se clavaba con más fuerza en su corazón, cada caricia estremecía su piel y él no podía hacer nada por evitarlo, porque sentía horror y al mismo tiempo no quería desprenderse de su recuerdo. No quería olvidarlo, quería vivir aferrado a las noches de tormenta en los que se perdía en su boca.

-Me prometiste que nunca me abandonarías
no otra vez


Aún recordaba la noche en la Casa de los Gritos, cuando la alegría inundó su corazón al verse reflejado de nuevo en los ojos azules de Sirius, cuando sintió que, a través del tiempo y el espacio, todo se aclaraba, todo se solucionaba, que no importaría las vidas que tendrían que sacrificar, no importaría si estaban juntos de nuevo.

Era una actitud tan egoísta y tan arrogante que le producía asco el mirarse, pero a la vez le daba igual porque la vida había perdido ya todo su sentido.

Todo era tan trivial pero a la vez tan poderoso que le producía un incesante miedo porque alguien pudiera arrebatarle el recuerdo de Sirius, lo único valioso que tenía, lo único por lo que aún vivía


¡Oh, por Merlín, estaba sufriendo demasiado y ni siquiera el cielo le permitía morir para no volver a llorar nunca más!

Suspiró y solo una gota de sangre, nacida en uno de sus ojos dorados, se deslizó por su mejilla dejando un inconfundible rastro rojo intenso.




¿Quién me va a entregar sus emociones?

¿Quién me va a pedir que nunca le abandone?

¿Quién me tapará esta noche si hace frío?

¿Quién me va a curar el corazón partío?

¿Quién llenará de primaveras este enero,

y bajará la luna para que juguemos?

Dime, si tú te vas, dime cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?




Levantó los brazos.

Ni siquiera era consciente de sus actos, porque la agonía y la tristeza dominaban su cuerpo y ya ni las lágrimas tenían sentido.

El viento empezó a arremeter y a soplar con fuerza, en medio de un revuelo de agudos silbidos que denotaban histeria.

¿Qué haría ahora que todo su mundo había muerto junto a él, que todas las palabras habían desaparecido de su vida?

No era justo, él le había estado esperando cada Luna llena, y él no había aparecido, le había abandonado, no podía perdonarle.

Ahora el viento había formado un huracán a su alrededor, y se enroscaba en torno a su cuerpo cubriendo éste de una neblina plateada y brillante que iluminaba la noche; había puntos de luz que también giraban a su alrededor, cercándolo, como con miedo a que escapase una figura tan frágil.

Cerró los ojos y sintió como toda su angustia se iba
Casi sin pensarlo, estiró su mano derecha y extendió la varita mágica que sujetaba.

Por Merlín, tanto sufrimiento no era humano, era una bestia que cada día le desgarraba con violencia los trozos rotos de su corazón. Era agonizante ver como cada noche volvía a despertar, solo, cubierto de sudor y lágrimas, tras haber visto otra vez en pesadillas su cuerpo desaparecer y su aroma evaporarse.

Él no podía pensar. La desesperación y el horror que dominaban su mente le había cegado por completo y no podía pensar con claridad; solo una idea le cruzó los pensamientos en ese momento y se filtró por los recovecos de su conciencia, presentándose así como la última oportunidad para terminar con ese dolor, para volver a verle.

Con el corazón latiéndole con violencia, y en la mirada reflejado el arrepentimiento como única excusa para lo que iba a cometer; con un movimiento ligero, voluble, majestuoso; con el corazón partido y en la varita, se acercó ésta a la cabeza, y, dirigiendo una última mirada dorada y bañada en lágrimas a la Luna, invisible entre las nubes, siseó con voz ahogada por la tristeza:

-Avada Kedavra

En el momento infinitesimal en el que el chorro de luz verde sacudía su cuerpo, oyó una voz demasiado familiar para él, que gritaba con voz desgarrada:

-¡Remus! ¡NOOO!

Sus miradas se cruzaron. Ojos dorados y ojos añiles que se decían mutuamente que todo iba a salir bien, que no había cambiado nada entre ellos.

Una lágrima brotó de cada ojo.

En ese momento, la lluvia arremetió con más fuerza y, cuando el delicado cuerpo del licántropo no pudo sostenerse en pie por más tiempo, cayó sin vida sobre la mata de hierva descuidada y la Luna llena volvía a iluminar el bosque, demasiado tarde para convertirle en lobo.

Su corazón latía ya sin vida, pero con la suficiente fuerza aún para esbozar una brevísima sonrisa de tristeza mientras dos lágrimas se deslizaban por sus mejillas. ¿Qué había hecho?

Notó como alguien le daba la vuelta, pero ya no distinguía las formas ni los colores. La persona que lo había volteado estaba llorando sobre él y le abrazaba con desesperación. Sirius susurraba cosas incoherentes que Remus no entendía, pero tampoco entendía nada entonces.

Remus sintió como su vida se iba, se la estaban arrancando de su propio cuerpo con crueldad y le desgarraba cada célula de su piel, se escapaba de aquel abrazo, y susurraba en el oído de Sirius:

-Siempre te amaré.




¿Quién me va a entregar sus emociones?

¿Quién me va a pedir que nunca le abandone?

¿Quién me tapará esta noche si hace frío?

¿Quién me va a curar el corazón partío?

¿Quién llenará de primaveras este enero,

y bajará la luna para que juguemos?

Dime, si tú te vas, dime cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?



********************************************************

Una figura esbelta y atractiva, cubierta con una capa azul oscura, corría desesperada por el bosque, buscando algo, algo que no encontraba.

Cuando, exhausto, cesó en el intento de aquella búsqueda inútil, otra figura, más alta y que lucía una barba larga y plateada que sobresalía de su túnica azul celeste, se acercó a la primera y preguntó con voz grave:

-¿Le has encontrado?

-No, Albus, no está ni en la Casa de los Gritos ni en los sitios del bosque donde solíamos pasear con nuestras formas animales. Es como si la tierra lo hubiera tragado. - respondió en un susurro misterioso la figura de capa añil.

Albus Dumbledore resopló con impaciencia y miedo.

-No sabe que tú has regresado, ¿verdad?

-Claro que no, Albus, ni siquiera lo sabía yo. Es una suerte que encontraras el hechizo para que alguien pudiera atravesar el Arco y
- pero la figura se interrumpió con violencia.

Le parecía haber notado el aroma de un ser muy familiar para él cerca de allí.

Rápidamente, sin notar siquiera la mirada inquisitiva de Dumbledore sobre él, dirigió una fugaz y espantada mirada a la Luna llena, quien se encontraba totalmente ocultada por la tormenta, y se transformó en un gran perro negro de entrecerrados y perspicaces ojos añiles, que empezó a correr hacia el corazón del bosque, haciendo caso omiso de los gritos que Dumbledore profesaba.

Llegó justo a tiempo para transformarse y ver como un hombre de apariencia delicada se apuntaba con una varita y susurraba algo que sin duda alguna era el conjuro mortal, pues un haz de luz verde se había disparado de la varita.

El tiempo se congeló.

Sirius se vio a sí mismo correr mientras las lágrimas azotaban su rostro con violencia, Sirius oyó su propia voz gritando desgarradoramente:

-¡Remus! ¡NOOO!

Remus cruzó un instante la mirada con Sirius, y en el maravilloso segundo en el que el aura de magia que envolvía al chorro verde sacudía el pelo castaño de Remus, Sirius sintió que entre ellos no había cambiado nada, que aún se querían, que nada malo pasaría.

El tiempo se puso de nuevo en movimiento.

Sirius vio caer al licántropo y se abalanzó desesperadamente sobre el cuerpo inerte de Remus.

-¡No! ¡Remus, no puedes morir! ¡No puedes morir ahora; he vuelto, Remus, mírame, podremos estar juntos de nuevo!

Pero Remus no le entendía bien; sonreía a Sirius entre lágrimas y parecía aferrarse a él como intentando retener su aroma, pero no le reconocía.

-¡No! - sollozaba Sirius entrecortadamente - ¡No, Remus, Moony, no puedes morir! ¡No
! ¡No, Remus, mírame, no puedes hacerme esto!

Pero Remus seguía con la mirada perdida en los ojos añiles de Sirius, intentando ver en ellos la respuestas a todas sus preguntas, y parecía que vivir tan solo un segundo más le producía un enorme y punzante esfuerzo.

-¡Remus! - llamó Sirius, llorando sobre el rostro del licántropo, mientras la agonía se deslizaba en su garganta - ¡No, Remus, no me puedes hacer esto! ¡Por favor, piensa en nosotros, piensa en mí! ¡No me puedes dejar solo!

-No me puedes dejar solo de nuevo
- sollozó en un susurro entrecortado Sirius, abrazando el cuerpo de Remus con afán y desesperación.

Pero éste parecía ajeno a todo eso; había abierto la boca, su sonrisa había desaparecido pero no sus lágrimas, y susurró por última vez a Sirius con ternura:

-Siempre te amaré.




¿Quién me va a entregar sus emociones?

¿Quién me va a pedir que nunca le abandone?

¿Quién me tapará esta noche si hace frío?

¿Quién me va a curar el corazón partío?

¿Quién llenará de primaveras este enero,

y bajará la luna para que juguemos?

Dime, si tú te vas, dime cariño mío,

¿quién me va a curar el corazón partío?







FIN







Notas de la Autora: Snif, snif, soy mala, lo sé, pero no puedo evitarlo (XD
no, se supone que esto es serio, Laura

) Espero que os haya gustado leer el fic tanto como a mí escribirlo, porque francamente me he puesto muy triste cuando escribía cómo se sentía Remus, cuando recordaba fragmentos de su vida con Sirius, (bueno, ahí reconozco que me e psado un pelín xikitin) cuando decidió morir para estar junto a Sirius y resultó que éste estaba vivo
Bueno, si os ha gustado me dejáis un rr, y si no, también.

Miiiiiiiiiiiiiiiles d bsss!!!!!!!!!!!!


Laura GP
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Corazón partío - Fanfics de Harry Potter

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¡¡¡¡¡HOLA!!!!! SIIIIII YA ESTOY DE VUELTAAAAAA!!!!!!! K TAL TODOS???? ESPERO K MUY BIEN, OS E EXADO D MENOS A TODOSSSSSSSSS!!!!!!!Xro en vacaciones m ha d

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2023-02-27

 

Corazón partío - Fanfics de Harry Potter
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