Dulce Oscuridad - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Todo Prestamos y Finanzas en tiempos de crisis y>Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG

Género: .___. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


Capítulo I: ¿Me serás fiel, Harry Potter?

Las lágrimas se deslizaban vertiginosamente, sin limitación alguna, por su demacrado rostro. Sus ojos estaban vacíos después de tanto sufrimiento y agonía. Algo dentro de sí se había quebrado, para volverse irrecuperable. No había forma de que el mundo volviera a parecerle habitable. La paz que escasamente había existido se había ido para no volver jamás. Ese pensamiento le hizo estremecer. Tantas esperanzas extraviadas, tantos sueños incumplidos, tantas pesadillas reflejadas en la realidad


Tantas almas que pudieron ser pero no fueron. Tantos cuerpos desplomados a su alrededor, muertos. Tantas sonrisas emitidas en vano. Tantas lágrimas solitarias en un espacio de infinita incomprensión. Tantas muecas de desprecio hacia el mundo en sus rostros. Innumerables miradas desafiantes, que concluyeron siendo temblorosas. ¿Quién tenía el valor de enfrentarse a algo así, aun teniendo algo a lo que aferrarse para hacerlo?

Él ya no creía tener a nadie ni a nada. Todo había sido absorbido por la Oscuridad. Hasta sus fuerzas para luchar, para incorporarse. Su cuerpo le pesaba demasiado. La tristeza que le invadía era inmensa. El dolor físico de su cuerpo y el espiritual de su corazón le hacían imposible hacer algo más que


Llorar patéticamente.

Reconocía perfectamente esos cuerpos a su lado. Había agradecido tantas veces el brillo de locura alegría de aquellos ojos de Luna. Había encontrado siempre tanto enigma detrás de esos ojos marrones de Neville, relucientes de estima y admiración hacia él. Ellos habían sido sus amigos, una parte de su vida. Y ahí estaban, muertos. ¿A manos de quién? Cómo sino fuera tan predecible la respuesta


- Llorar es de cobardes e inútiles, Harry, de débiles, y tú no eres débil. - Dijo el asesino de sus amigos con una sonrisa despiadada.

Harry se mordió el labio inferior, reprimiendo sus ganas de gritar y maldecir. De dejarse llevar por lo que sentía.

- Mátame y acaba con esto, Voldemort. - Alzó sus ojos esmeraldas sumisos en dirección a los carmesíes.

Ambos habían cerrado la mente al otro, pero claramente podían leerse los pensamientos observándose a los ojos fijamente. El odio era demasiado para ser contenido.

- ¿Es lo que realmente debería hacer? - Se burló el otro disfrutando del momento de plena victoria. Harry cayó de rodillas al suelo, murmurando inaudibles insultos.

- ¿Por qué? - Preguntó Potter, con la garganta reseca y los ojos ardiéndole. Su mirada clavada en el suelo.

- ¿Porqué qué?

- ¿Por qué no tuviste piedad con ellos y conmigo sí? No dudaste en matar a chiquillos sin un gran potencial mágico, pero te resignas a matar a tu peor enemigo. Dime qué ha cambiado desde nuestro último encuentro. - Voldemort sonrió misteriosamente, echando su elegante túnica hacia atrás y agachándose, para estar al mismo nivel que su receptor.

- No eres el mismo Harry Potter de aquella ocasión. - Contestó sencillamente. - Tu poder ha aumentado y al mismo tiempo, ya no eres el ingenuo dominado por las fuerzas de Dumbledore. - Los ojos de Harry brillaron momentáneamente.

- Que no sea dominado no significa que no apoye su causa. Eres el asesino de mis padres y actualmente, también de dos de mis amigos. ¿Qué es lo que deseas?

- Tu lealtad. - El rostro de Voldemort era indescifrable. No había emoción alguna en él. Sus ojos en ese momento estaban vacíos: no había ni aborrecimiento ni rencor. No había ambición. No había nada, salvo


- Nunca. - Respondió Harry vehementemente. - No eres más que un ser sin compasión, lleno de odio y avaricia. ¿Por qué debería yo servirte a ti?

- Porque tengo algo tuyo. Algo por lo que darías tu vida.

El Señor Tenebroso se puso nuevamente de pie y con la misma sonrisa de antes, señaló en dirección a un grupo de mortífagos, que permanecían quietos en su lugar, esperando órdenes de su Señor.

Harry se puso de pie también, ya que desde el suelo le era imposible ver algo. Su corazón latía agitadamente, temiéndose lo peor. Y lo peor llegó. Su organismo se convulsionó repentinamente cuando sus ojos verdes se conectaron con los almendrados de su mejor amiga, atrapada en brazos de un mortífago, sin posibilidad de huir. Tenía diversas heridas por todo el cuerpo, pero mantenía la conciencia. Su mirada serena diciéndole suplicantemente ‘no te rindas.’

Al lado de Hermione estaba Ron, debatiéndose con un mortífago furiosamente. Instantes después caía bajo los efectos de un cruciatus. La mente de Harry quedó en blanco en ese mismo momento, sintiendo cómo su corazón sufría al mismo tiempo que el de Ron. Hubiera empezado a correr hacia su amigo sino fuera porque el Dark Lord lo había jalado hacia atrás, agarrándolo de un brazo, con los ojos rojizos resplandecientes en triunfo.

La impotencia de escuchar los gritos y no poder hacer nada para detenerlos le penetraba punzantemente


Por otro lado, también estaba Ginny. Pero al contrario de Ron y Hermione, se había desmayado. ¿O acaso estaba
?

- O te inclinas ante mí o ellos caen muertos, Harry. - Dijo el Dark Lord, sacándolo de sus pensamientos.

- ¿Cómo confiaré de que no los matarás aún si acepto?

- Interesante pregunta. - Sonrió Voldemort. - Pero deberás confiar. Es la única opción que te queda, ¿verdad? Eso o la muerte de ellos por tu negación


Estiró su mano y acarició suavemente la mejilla izquierda de Harry, quien se echó para atrás, asqueado por el contacto. Era fría, sin embargo, tenía una calidez propia. Una calidez que nunca había sentido antes


- ¡Harry, no lo hagas, no le creas! ¡Él se maneja con la falsedad! - Gritó Hermione, debatiéndose por la liberación. Voldemort volteó a verla, con una sonrisa cruel en su rostro.

- Es sangre sucia, ¿verdad? - Le murmuró a Harry para que sólo éste escuchara. - Podríamos torturarla, demostrarle quienes son los verdaderos magos para luego matarla sin piedad. Pero eso no sucederá si te unes a mí, Harry. ¿O no darás tu vida por ella? - Tras un tenso y ligeramente largo silencio de parte del joven de Gryffindor, el Dark Lord le hizo una seña al mortífago que sostenía a Hermione.

- Crucio.

La muchacha cayó al suelo, gritando sin parar por el sufrimiento que azotaba su cuerpo. Sus ojos estaban cristalizados por las lágrimas contenidas. Aquella imagen de su mejor amiga siendo torturada era insoportable
No podía aguantar eso.

- ¡Déjala! - Exclamó Harry, mirando a Voldemort, suplicante. - ¡Ella no tiene nada que ver con esto!

- ¿No? - Cuestionó Voldemort con cierta ironía en su voz, levantando una ceja. - ¿Acaso no es la mejor amiga de Harry Potter? - Una ola de culpabilidad le golpeó el corazón mientras se mordía el labio inferior.

- Déjala
- Pidió sin quitar su mirada de la figura de su amiga.

Voldemort le obligó a mirarle a los ojos, tomándole imperativamente de la barbilla. Su rostro y el de su enemigo estaban sólo a centímetros de distancia.

- ¿Me serás fiel, Harry Potter?

Harry respiró hondo, preparándose para lo que iba a decir. Jamás había pensado que podría traicionar a su gente. Ellos no se merecían eso, no obstante
la vida de sus amigos era el precio que se pagaba. Y él no podría soportarlo si eso sucedía
La culpa
La soledad
Terminaría volviéndose loco. Y entonces no habría valido la pena el desafío ante la propuesta


- Sí, mi lord. - Aunque su tono no fue disciplinado, más bien casi sarcástico, bastó para que Voldemort volviera a sonreír ampliamente.

- Eso espero.

Y con un rápido movimiento, le besó imprevisiblemente, apretándolo contra sí, rodeándolo con sus brazos. Harry quedó paralizado en su lugar por el espanto. Cuando reaccionó, intentó resistirse, pero la fuerza del Dark Lord pudo más que la suya propia. Terminó cediendo levemente, dejándose dominar por la Oscuridad.

Al mismo tiempo que le besaba posesivamente, Voldemort lo cubrió con su capa. Un momento después, había dejado los terrenos seguros de Hogwarts para adentrarse en un lugar completamente diferente, donde nunca había llegado a estar: la fortaleza de la Orden Tenebrosa. Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


Capítulo II: ¿Cuánto estás dispuesto a dar por tus amigos?

Cuando abrió los ojos al sentir que sus pies tocaban suelo, se encontró al lado del Señor Tenebroso, enfrente de un castillo de aspecto terrorífico, como los que formaban parte de las películas de terror muggle. No obstante, la entrada estaba formada por árboles y arbustos que suavizaban el aire tenso que se respiraba. Al mirar hacia atrás, vio una alta e imponente muralla que rodeaba todo el territorio del Dark Lord.

- ¿Te gusta? - Preguntó Voldemort, con una sonrisa cínica en su rostro. Se contuvo a responder. - Sígueme. - Cómo si le quedara otra opción.

Caminaron unos cuantos minutos por un sendero limitado por piedras medianas. Nunca se había imaginado que el hogar de su peor enemigo pudiera tener tanta
¿belleza? Más bien, vida. A su derecha, en la lejanía, podía apreciar un lago, similar al de Hogwarts. Le pareció ciertamente curiosa la semejanza.
Finalmente llegaron ante la entrada del castillo. Las grandes puertas se abrieron mágicamente y su Señor le hizo una seña para que entrara primero que él. Harry, tembloroso por lo que podría llegarse a topar, suspiró y obedeció.
No se sorprendió demasiado cuando advirtió que la mayoría de los colores que adornaban la sala principal eran negros, verdes, plateados y rojos. No había una gran decoración en sí, salvo que se tomara en cuenta la elegante alfombra verde oscura. A pesar de eso, no estaba tan mal

Pegó un salto desde su ensimismamiento al escuchar como detrás de él las puertas se cerraban y una sensación de encierro recorrió todo su cuerpo cuando cayó efectivamente en la situación en la que se encontraba. Estaba atrapado en las rigurosas redes de la oscuridad

Se volteó a ver a Voldemort con inocente interés.

- No me esperaba ser bienvenido en este lugar. - Murmuró Harry, pero lo suficientemente alto para que el otro lo escuchara. Voldemort se acercó peligrosamente a él.
- A partir de ahora éste será tu hogar. Cuando verdaderamente me demuestres lealtad, te permitiré ser libre por los terrenos. Mientras tanto
- Se detuvo. De nuevo sus rostros no estaban a más de un palmo de distancia. - ¿Cuánto estás dispuesto a dar por tus amigos, Harry?

Había sido un siseo casi inaudible. El joven Potter miró perplejo a su ex enemigo, viendo algo extraño en los ojos del otro. ¿Era su imaginación o había
deseo? Retrocedió instintivamente, a lo que el Lord sonrió.

- Los has dejado libres, ¿verdad? - Preguntó Potter con la voz titubeante. - Ahora están en Hogwarts, a salvo

- Si ahora estuvieran libres y a salvo, ¿no te parece que buscarías a toda costa una forma de volver a los territorios de Dumbledore, resistiendo constantemente a mis órdenes, ya que no tengo nada con lo que obligarte a estar aquí? No soy tonto, Harry. Hasta que no me demuestres que estás sumiso a mis deseos, ellos serán prisioneros.
- Ese no era nuestro trato. - Dijo Harry, furioso.
- No les pasará nada, estarán bien cuidados. Salvo que me desobedezcas, obviamente

- ¿Qué es lo que me detiene a aparecerme en Hogwarts, escapar ahora mismo? - Replicó Harry, fulminándole con la mirada.
- Punto uno, tus amigos ya están aquí. Punto dos, hay barreras anti aparición que ni siquiera tu poder puede bloquear. - Contestó Voldemort burlonamente.
- También había barreras anti aparición en Hogwarts y sin embargo

- Al final, sigues tan sometido al poder de Dumbledore como en nuestro último encuentro. - Rió obscuramente el Dark Lord. Una risa que puso los pelos de punta a Harry, quien retrocedió aun más. Pero el otro lo tomó del brazo derecho fuertemente. - Entiende que ahora me perteneces, Harry. Aceptaste sacrificarte por tus amigos, ahora no hay vuelta atrás. Salvo que quieras que ellos

- No. - Le interrumpió Harry inmediatamente, recuperando su postura. - Sin embargo, no me obligarás a formar parte de los mortífagos.
- ¿Quién dijo que yo quería la marca tenebrosa en tu brazo, Harry? - Le respondió con sorna. - Te quiero para algo que va más allá de las pequeñas mentes de mis aliados. Me han contado que eres un magnífico estratega. - Sonrió ante la expresión sorprendida del muchacho. - Por el momento ayudarás en eso. Ya veremos luego.

Los ojos brillantes del Señor Tenebroso le advirtieron a Harry que, en realidad, él ya había pensado algo, pero prefería mantenerlo en secreto. Apretó sus labios con frustración, pero terminó asintiendo. Sus amigos contaban con él, se recordó mentalmente.

***

Estaba en una posición patética para cualquiera que lo viera. Abrazándose a sí mismo, pensando en todas las cosas que le estaban sucediendo. Algunos pensarían que sentía lástima de sí mismo y otros jurarían que estaba perdiendo su cordura al encontrarse aislado de sus ideales, sometido a la voluntad de un ruin villano a causa de sus amigos.
Pero no tenía lástima de sí mismo. No era tan arrogante como para hacerlo. Todo lo que le estaba sucediendo era mérito propio, se convencía. Y en cuanto a la cordura, estaba seguro de haberla perdido hacía tiempo. Capaz desde la muerte de su padrino, la cual le abrió los ojos a la auténtica existencia, demostrando que el mundo estaba cubierto de mentira y odio. No había dos bandos llamados la luz y la oscuridad, sino los poderosos contra los poderosos, utilizando a los débiles como escudo.
Después de descubrir aquello, cualquiera diría que hubiera huido de Dumbledore, culpable de sus actuales agonías. Sin embargo, se mantuvo del lado de la Orden del Fénix, porque tenía una razón para no estar en el otro bando. Nunca se uniría al Dark Lord por voluntad propia. Él le había quitado toda la felicidad, todas las oportunidades. Aunque sea, en Hogwarts todavía tenía a sus amigos, a gente que le apreciaba y que estaba dispuesto a luchar para que siguieran con vida, sanos y a salvo.
Por eso mismo, él se había convertido en uno de los estrategas de la defensa contra ataques de la Orden del Fénix. Luego de la muerte de Sirius, encontró consuelo entre libros de estudio, obteniendo el nivel de Hermione y volviéndose el segundo sabelotodo. Con inteligencia, un poco de astucia e ingenio, sus estrategias eran efectivas.
Pero eso no significaba que Voldemort tenía que saberlo. Las habilidades de los miembros de la Orden solían mantenerse lo más recelosamente escondidas posible. Lo que representaba que había un espía dentro de la Orden pasándole esa información al Señor Oscuro

Perdió el hilo de sus pensamientos en ese momento, cuando recordó lo sucedido en Hogwarts. ¿Desde cuando el Dark Lord besaba a cada persona que accedía a estar bajo su mandato? ¿O él había sido un caso
especial? Se estremeció al sólo pensarlo. El deseo latente en las iris escarlatas

Era verdad que en cierta forma, él era especial, pero Voldemort no había demostrado valorarlo de esa forma al colocarlo en una celda. Si bien era más cómoda de lo que se había imaginado (estaba rodeada de una barrera que le prohibía hacer cualquier tipo de magia, además que su varita estaba en las manos del Innombrable, por lo tanto gozaba de la inexistencia de las cadenas), tampoco había sido tan rebelde como para ponerlo allí.
Se preguntaba si sería verdad que sus amigos estaban vivos, encerrados, pero vivos. Solicitaría verlos a Voldemort luego. Amenazaría con no ser fiel a él si no le ofrecía pruebas de que lo que decía no era mentira. Pero

¿Cuánto estás dispuesto a dar por tus amigos, Harry?
Tragó saliva. Eso no sería nada fácil
Vivir en ese lugar no sería nada fácil

Y no se lo haría fácil tampoco al Dark Lord. ¿Lo quería como vasallo? Pues, tendría que batallar para lograrlo.
Deslizó una sonrisa astuta en su rostro, compitiendo con la de su lord. Habría que ver quien de los dos ganaría


***

Unos pasos retumbaron en el pasillo al lado de su celda. No se inmutó para nada. Había algo interesante en la pared que le hacía imposible separar sus ojos de allí. Por supuesto, cuando la puerta se abrió y el Dark Lord advirtió que le ignoraba completamente, levantó la varita y le lanzó un cruciatus que le hizo recordar que él no tenía piedad ni paciencia con sus sirvientes. El dolor continuó durante un par de minutos en los cuales no dejó de chillar. Pero no suplicó. Su resistencia era lo único que le quedaba contra toda esa oscuridad.

- Para que recuerdes a quien le debes fidelidad, Potter. - Dijo al detener la maldición imperdonable.

Con cierta dificultad, Harry se incorporó del suelo y miró al asesino de sus padres con determinación.

- Tengo tareas para ti. Sígueme. - Ordenó, dejando a entender que no escucharía excusas, pero aún así Harry pensó que no perdía nada gastando un minuto del tiempo del Lord.
- Me gustaría ver a mis amigos para asesorarme de que dices la verdad.

El Innombrable volteó a verlo. Parecía que ese día ya no estaba del mismo buen humor que el anterior. ¿Qué habría pasado?

- Deberás empezar a tenerle confianza a mi palabra, Potter. Tengo honor, si bien no lo creas. Y sólo por esta vez, y para que comiences a hacer bien tu trabajo, te permitiré verlos.

Con una mirada fría, le indicó que sería la última vez que consentiría atrasar sus planes. Harry asintió, teniendo cuidado de no efectuar ninguna sonrisa victoriosa.
Caminó detrás del Dark Lord en silencio. Harry intentaba memorizar el camino, por si alguna vez
Pero le era imposible, estando en un castillo desconocido, seguramente con pasadizos secretos y cosas por ese estilo, además que se percató inmediatamente que su Señor estaba dando algunas cuantas vueltas de más, para marearlo al darse cuenta de que Harry miraba su alrededor buscando señales llamativas que recordar.
Llegaron ante una puerta común, igual a las demás, sellada con magia negra. Voldemort, con un sencillo movimiento de su varita, quebró el hechizo y la abrió, dejando que Harry entrara primero.
Era una celda muy parecida a la suya propia, sólo que en ella habitaban tres personas. Los contempló, con el estómago dándole vueltas y la garganta seca por la tristeza y la culpa. Empezó a examinarlos, acercándose lentamente a ellos. Hermione y Ron se habían incorporado al verlo entrar, con señales de preocupación infinita en sus ojos. Ginny, en cambio, estaba encogida a un lado de la celda, aislada, con la mirada absorta en otra dimensión, sin demostrar emoción por las visitas.
Voldemort permanecía apoyado en la pared, al lado de la puerta, mirando la situación silenciosamente, atendiendo a todas las reacciones. Harry no soportó más, al igual que sus dos mejores amigos, y se abrazaron fuertemente, Hermione empezando a llorar en su hombro y Ron mordiéndose el labio. El joven Potter se dejó llevar por las indicaciones de cariño. Le parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que los había visto.
Al romperse el abrazo, no pudo evitar cuestionar el por qué del distanciamiento de Ginny.

- ¿Acaso le has hecho algo? - Preguntó, volteándose hacia un indiferente Voldemort.

Hermione y Ron se mantuvieron a su lado, callados, admirando el valor de su amigo de tratar así al Dark Lord.

- Cayó en un trance, a causa del encantamiento que le propinó un mortífago, en el cual recuerda los peores momentos de su vida, luego tiene pesadillas al dormirse hasta finalmente morir por la angustia o suicidarse.
- ¿Y no se puede detener el encantamiento?

Su tono ya no era tan amenazante. De eso dependía la vida de Ginny
Y Voldemort pareció darse cuenta, por la sonrisa que elaboró luego.

- Creo que todavía no me has demostrado lealtad como para salvar a tus amigos, Harry. Hicimos un trato, pero no lo estás cumpliendo demasiado. ¿Por qué yo debería desempeñar mi parte?

Harry se contuvo a contestar y bajó su mirada al suelo para que no se viera el rencor que ardía en ellos. Sintió una mano sobre su hombro derecho y al mirar, vio a una Hermione sonriéndole débilmente.

- Hagas lo que hagas, Harry, siempre recuerda que nosotros te queremos.

Harry le miró pensativo. ¿Aún si se convertía en asesino, ellos le iban a querer? No lo creía.

- ¿Qué es lo que sucedió ayer, compañero? - Preguntó Ron en un susurro bajo. Harry suspiró, cansado de todo eso.
- ¿Cómo los han estado tratando? - Dijo Potter, eludiendo la pregunta. Hermione, demasiado inteligente como para no deducir lo que eso significaba, contestó.
- No deberías sacrificarte de esa forma por nosotros, Harry.
- No estoy dispuesto a dejarlos, Mione, ustedes son todo lo que he tenido estos años. No soportaría que

- Suficiente. - Dijo Voldemort, incorporando su postura ante tantas cursilerías. - Has robado demasiado de mi tiempo, Harry.

El muchacho apretó los labios. No se iba a disculpar ni iba a hacer ninguna reverencia.

- Todo estará bien, Harry. - Dijo Hermione como despedida, abrazándole.
- Haré que lo esté para ustedes. - Replicó Harry en un susurro.Contestación de reviews:

CheP:
Realmente me has sorprendido XD! No esperaba que leyeras DO.. Igualmente, no habrá rating R hasta muy por delante de esto y le he prometido a Ger que lo editaré... XD! No, los cambios aquí no se harán tan repentinos.. Aunque Harry se enamora demasiado rápido para mi gusto *snif* Muchas gracias.. No sabes la ilusión que me hace saber que no se te ha hecho tan pesado ^^ Gracias y besos!

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Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

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Capítulo III: Demasiado que perder y poco que ganar

El encuentro con sus amigos no había hecho más que causarle remordimientos durante el camino a la sala donde, según el Dark Lord, les esperaba un mortífago con los planos y las explicaciones del ataque que iban a realizar próximamente y que él quería que analizara. Al ingresar a la dichosa sala, un aborrecimiento hacia las dos personas que vio surgió de lo más profundo de su alma.
Era la primera vez que volvía a tener a la asesina de Sirius enfrente de sí
Y la otra sabandija de Lucius Malfoy baboseando detrás
¿Acaso el Señor Tenebroso no podía buscarse mejores compañías? De esas sentía pena

Inmediatamente, Bellatrix y Lucius se inclinaron profundamente, clavando la mirada en el suelo, sin atreverse a desafiar a su Señor. Harry alzó una ceja ante esto, pero prefirió no decir nada. Sólo se levantaron cuando Voldemort hizo un gesto con su mano. Uhm
¿él también tenía que inclinarse cada vez que lo viera? Argh


- Bellatrix. - Dijo Voldemort, como permitiéndole la palabra.
- Mi lord, aquí tengo el informe del ataque a Hogwarts.

Bellatrix le lanzó una mirada de odio a Harry al terminar de decir eso. El muchacho se dio el gusto de devolvérsela, pero al triple. El Lord, al notar eso, les miró curiosamente, recordando el encuentro en el quinto año del joven.

- Veo que aún no perdonas a Bella, Harry. - Sonrió con cierto cinismo.
- Y supongo que ella tampoco me perdona las torturas que habrá tenido que sufrir luego de perder la profecía. - Replicó el muchacho, dejando atrás su pensamiento de ser cuidadoso. Observó a Bellatrix, sonriendo arrogantemente cuando ella se estremeció ligeramente al recordar.
- Puedes retirarte, Bella. - Indicó Voldemort, sin esconder su sonrisa divertida ante aquella situación.

La mortífaga asintió e hizo otra reverencia, antes de privarlos de su honorífica presencia.

- Lucius. - Saludó el Dark Lord. - Supongo que no será necesario presentarte a Harry
- Malfoy y Potter se fulminaban con la mirada. Era obvio que se conocían.
- Nos hemos visto en otras ocasiones, mi lord. - Dijo Lucius entre dientes, sin dejar de deslizar rencor en sus palabras.
- Supongo que a partir de ahora serán buenos colegas

- Buenísimos. - Repuso Harry sarcásticamente.
- Harry, este será tu hogar y, por lo tanto, la gente que también viva aquí, tu familia. No sería nada bueno que te llevaras mal con tío Lucius, ¿verdad? - Sonrió divertidamente el Lord. Harry alzó las cejas, incrédulo.
- ¿Y veré seguido por aquí a mi primo Draco, entonces?
- Ah. Tampoco te llevas bien con Draco
- Observó Voldemort. - ¿Alguna razón en especial?
- Déjame ver
Muchas, pero principalmente, no es mi estilo. - Respondió Potter burlonamente.

El Dark Lord frunció el entrecejo, preguntándose si no malinterpretar las últimas palabras.

- Bien, siéntense. Es hora de empezar a ponerte al día, Harry.

Voldemort se sentó en la cabecera de una mesa mediana, no muy grande. Seguramente allí no se hacían grandes reuniones y tampoco demasiado seguido. Harry y Lucius se sentaron a su lado, enfrentados (lo que les permitía mirarse directamente con desprecio y no con intermediarios), ambos manteniendo una postura orgullosa.
Harry examinó un poco la sala. Era básicamente una biblioteca, con esa única mesa y una vista privilegiada al lago si mirabas por la ventana. Podría apostar a que todos los libros que había en las estanterías eran de magia negra


- Explícale nuestro plan, Lucius, enséñale los mapas y veremos lo que el estratega puede hacer. - Indicó Voldemort, con una sonrisa socarrona.
- ¿Cree que Potter pueda ayudarnos verdaderamente, mi lord? ¿No intentará más bien mandarnos a la boca del lobo? - Preguntó Lucius, mirando con desconfianza al joven, que levantó una ceja.
- No cuestiones mis órdenes, Lucius, ya deberías haber aprendido a no hacerlo. Sin embargo, responderé a tu inquietud. No lo hará, tiene demasiado que perder y poco que ganar si lo hace, Lucius. ¿Verdad, Harry?

El joven se mordió un labio y permaneció en silencio. Viendo que no obtendría respuesta, Voldemort se recostó en su asiento, tomando los pergaminos que Bella había dejado sobre la mesa, y empezó a leerlos con el ceño fruncido.

- El ataque será en el Callejón Diagon. - Comenzó Lucius a explicarle de mala gana a Harry. Apoyó un mapa general del paseo de los magos, en el que Harry se ubicó inmediatamente. - La mayoría de las salidas estarán bloqueadas, lo que significa que nadie podrá huir, salvo nosotros que estamos entrenados para hacerlo. - Harry no estaba muy seguro de eso, al fin y al cabo, los aurores de Dumbledore

- ¿Y se podrá entrar? - Preguntó Harry, interrumpiendo a Lucius.
- No, activaremos unas barreras que eran imposible eso.
- ¿Activaran una barrera sin que Dumbledore se dé cuenta? - Preguntó Harry irónicamente. - Creo que este plan no fue hecho por alguien cuerdo

- ¡Está perfectamente hecho! - Exclamó Lucius, conteniéndose a ponerse de pie, con un tono ligeramente ofendido. Casi al instante, recobró su soberbia postura, volviendo a mantener la calma.
- Claro, lo has hecho tú. - Adivinó Harry, riéndose disimuladamente. - Algo que deberías haber aprendido es a no subestimar al rival, Lucius. Tienes que analizar cualquier movimiento que éste pueda llegar a hacer, por más imposible que parezca, para estar asesorado de que el plan está perfectamente hecho. - Voldemort alzó la vista, al escuchar el discurso de Harry.
- ¿Y tú qué sabes, mocoso? - Gruñó Lucius, dispuesto a asesinarlo en cuanto tuviera la oportunidad. Harry sonrió provocadoramente.
- He notado ese error en ustedes en algunas ocasiones. Supongo que todos eran planes tuyos
- Lucius se paralizó en su lugar, al notar que su Señor estaba prestando atención a la conversación. No obstante, Harry no se iba a intimidar por eso. - Creo, tío Lucius, que tendrás mucho que aprender de mis estrategias.
- Así que analizabas nuestros planes
- Murmuró Voldemort, interesado.

Harry se mordió un labio, recién dándose cuenta que había soltado información. Traicionas sin darte cuenta, a eso se llama atención


- Por lo tanto, ya estás acostumbrado a nuestro ritmo de trabajo
- Los ojos del Lord brillaban. Estaba planeando algo. Y eso a Harry no le gustaba

- No creo que
- Comenzó a decir Lucius, prediciendo lo que su Señor estaba pensando.
- ¿No he dicho que no me contradigas? - Voldemort calló a Lucius, comenzando a perder su poca paciencia por su culpa. - ¿Cómo administrarías el ataque, Harry?

El joven no se esperaba eso, sin duda alguna. Y por el conflicto de su rostro, tampoco estaba dispuesto a cooperar.
Harry había estudiado demasiadas veces los movimientos de los mortífagos para no conocer casi la totalidad de sus fallos. Antes, cuando estaba en Hogwarts, ideaba maniobras junto con Albus para aprovecharse de esas debilidades. Voldemort ya había deducido aquello. Entonces, si hacía el plan, borrando los fallos, la Orden del Fénix no tendría casi ninguna posibilidad contra la Orden Tenebrosa en ese ataque, sería todo demasiado cerrado. Demasiadas muertes bajo su conciencia... ¿Era justo sacrificar tantas vidas inocentes, personas sin rostro para él, por la vida de sus amigos?
No existía la justicia en ese mundo. ¿Decían que todas las vidas eran valoradas de igual manera? No, había algunas que pesaban más que otras, con más importancia. ¿Qué importaba si miles de personas morían, pero sus amigos gozaban de felicidad?
Una felicidad falsa, porque la muerte tocaría la puerta de sus vidas algún día
Pero él ya no estaría en ese mundo para verlos morir. Morirían sólo cuando él ya no pudiera hacer nada para salvarlos


- ¿Cuántos mortífagos atacarán? - Preguntó, con la voz inexpresiva.

Voldemort sonrió complacido y Lucius le miró sorprendido, no esperando que aceptara.

***

Ese lugar no era tan desagradable. Por alguna extraña razón, Harry comenzaba a sentirlo acogedor. ¿Sería porque había pasado todo el día en ese lugar y se había acostumbrado? No podría decirlo ciertamente.
El atardecer se veía preciosamente desde aquella sala, reflejando los últimos rayos del sol en el pacífico lago. Una inusitada tranquilidad invadió su cuerpo mientras lo contemplaba. Tantas veces en Hogwarts lo había admirado desde la torre de Gryffindor, mientras hacía sus deberes junto a sus amigos. En aquellos momentos, nadie podría haber deducido que en cuestión de tiempo estaría viéndole desde la morada de Lord Voldemort, ayudándolo con sus maléficos planes, donde cientos de personas morirían...
Lucius ya se había retirado, cuando su Señor había decretado que no era necesaria su presencia. Ahora estaban sólo él y Harry, los cuales no se dirigían la palabra desde hacía una hora o tal vez más. Concentrados cada uno con lo que debían hacer.
Harry releyó la última línea que había escrito, con indicaciones de posiciones, maniobras efectivas y cosas por el estilo. Volvió a compararlo con el mapa, por si había algún fallo. No divisó ninguno. Levantó la vista nuevamente, pero esta vez se encontró con los ojos carmesíes contemplándolo. Un estremeciendo cruzó su médula espinal.

- ¿Has terminado, Harry?

El malhumor se había esfumado. Harry no sabía si alegrarse o entristecerse por eso.

- Creo. - Respondió sin ánimo.

Al pasar el tiempo, había desaparecido su entusiasmo para burlarse de Lord Voldemort y los suyos. Se sentía sometido. Igualmente miró curioso los pergaminos que había estado leyendo el Dark Lord.

- ¿Qué son? - Obviamente, parecía que su receptor no se había esperado esa pregunta por la mirada sorprendida que le dirigió.
- Estadísticas del ataque a Hogwarts. Sufrimos algunas cuantas bajas, pero gran parte del plan fue realizado. El viejo loco no volverá a sonreír por mucho tiempo. - Dijo Voldemort, con una sonrisa arrogante en su rostro.

El estómago de Harry dio un vuelco. ¿Cómo se habría tomado Dumbledore el desvanecimiento de su presencia en Hogwarts?

- Gran parte del alumnado que iba a graduarse este año fue aniquilado junto con algunos chiquillos


En esa parte del alumnado aniquilado estaban Neville y Luna. Podía recordar como pocos días atrás habían estado juntos, riéndose, compartiendo apuntes, estudiando
Y ahora
Simplemente sus esencias ya no existían. Ya no habría más risas. Ni más letras divertidas de Luna, con las que necesitabas un traductor profesional para entender
Ni un Neville emocionado por la Herbología
Ya no más.
Y lo peor era que ellos habían muerto frente a sus ojos. Mientras defendían el colegio, a los alumnos más jóvenes
Dos Avada Kedavra brillaron entre gritos y llantos. Entre todo el movimiento. La luz verde apareció tan rápido como se desvaneció, llevándose consigo dos vidas. Con gusto Harry hubiera saltado, para que la maldición imperdonable se lo llevara a él. Ya no quería vivir más. No en ese mundo donde no sabías cuándo sería tu último día o el de tus amigos. Temías no volver a verlos al día siguiente

Contuvo las solitarias lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos. No iba a llorar enfrente de Voldemort. No iba a mostrar debilidad
No podría volver a exponerla como en Hogwarts. Debía ser fuerte, por aquellos seres queridos que quedaban con vida

Percibió como una mano fría acariciaba su mejilla, quitándole dulcemente las lágrimas que se le habían escapado. Gimió, volviendo a sentir las convulsiones de su organismo. Demasiado guardado en su interior, ya no daba más.
Cuál fue su sorpresa cuando al abrir los ojos vio nublosamente que aquel que le consolaba era la figura del Demonio en cuerpo de hombre. Voldemort, el cual se había puesto de pie, había caminado hacia él y se había agachado a su lado, mirándole con
¿preocupación?

- No vale la pena llorar por los muertos, Harry. - Murmuró el Dark Lord.
- Me hacen tanta falta
- Susurró el joven, inconsciente que estaba compartiendo sus penas con el asesino de sus padres.

Ahora las lágrimas caían libremente, humedeciendo su piel y la de Voldemort.

- Todo sucede por una razón, Harry, y tenemos que aceptarlo de alguna forma u otra. - Dijo Voldemort, sin mostrar sentimiento en su voz.
- Nunca lo aceptaré sino comprendo
- Replicó Harry con la voz quebrada. El Dark Lord le sonrió débilmente, aún acariciando su rostro.
- No siempre se puede comprender todo y tampoco en el tiempo que uno quiere, Harry. Si quieres respuestas, algún día las obtendrás, pero sólo hay que esperar


El joven Gryffindor asintió lentamente, comenzando a tranquilizarse a su vez. Levantó su mirada del suelo y la conectó con la del Dark Lord. Una infrecuente sensación nació desde el fondo de su alma. En esos ojos escarlatas no había nada de lo que hubiera esperado encontrar. Sólo un brillo de sinceridad y confianza. Contestación de reviews:

CheP:
Uhm.. Tienes razón XD! Siempre cambio las personalidades de los personajes para que se adecuen a mi argumento, pero bue... Qué le voy a hacer. ^^ Claro, la historia comienza... Si? Te gusta que el fict vaya tan lento? XD! En realidad, cuando las cosas se pongan *calientes*, como tú dices XD, cambiarán algunas cosas, pero seguirá habiendo una base de nuestro Harry. Ya lo verás. Sep, lo tuyo es impresionante... XD! Pero qué digo? Yo soy más distraída... Gracias por el review y un besote a ti tbm!

Lena: Gracias por el review! La verdad que si quisiera, podría hacer una actualización por semana, ya que tengo escrito hasta el capi 15 o 16 más o menos... Pero soy una persona distraída y hasta que no tengo que actualizar un fict al terminar de escribir un capi no me doy cuenta... ¬¬ Pero prometo actualizar más seguido.

Strawberry: Gracias. Tienen pasados parecidos, por lo tanto no es de extrañar que compartan algunos rasgos de sus personalidades... Así que es una buena base para un slash ^^ Ya te he agregado al MSN, espero verte pronto por allí. Besos!

Damika: Gracias por los dos reviews! De hecho, Tom y Harry son la pareja que sabemos es *imposible* que suceda en el canon, eso es lo que lo hace entretenido. Nosotros creamos nuestros mundos en el slash... Es extraño, pero comparten rasgos en sus personalidades a causa de que sus pasados no son tan diferentes después de todo. Si bien requiere demasiado sacrificio por parte de Harry... Siempre crea un buen drama. Bueno, lo de los rumores... Supongo que sí. XD! Hace un par de años que vengo escribiendo ficts y me he esforzado en mejorar. Habrá más palabras cariñosas. ^^ En la semana tal vez me pase por tu fict (soy una persona distraída, así que no te extrañes si me olvido... -.-) Gracias!

Kachorra Potter: Gracias! Me alegro que te haya gustado (vale doble si es que no te gusta el slash y puedes soportarlo.) Oh, sí... Es extraño... Pero es mi mente retorcida la que está al mando de este fict, por lo tanto... no te extrañes. XD! Voldemort cumplirá su promesa, porque sabe que se juega mucho sino lo hace... Ojalá te siga gustando. ^^

***

Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

***

Capítulo IV: Esto no es un juego, bebé Potter

Pasaron rápidamente los días en la fortaleza del Dark Lord y no habían surgido grandes cambios desde aquel día en la sala de estrategias. Harry seguía aferrado a la idea de que la sumisión de su voluntad no se lograría tan fácilmente, y menos si Voldemort quería la totalidad de ésta. No se volvería a descuidar de aquella manera. No iba a ofrecerle su confianza a aquel monstruo, que sólo actuaba para


¿Y si de verdad no estaba actuando? ¿Y si se había preocupado? Demasiadas cosas le habían ocurrido en menos de cuarenta y ocho horas. La amenaza de asesinar a sus amigos, su ofrecimiento, el imprevisible beso y ahora parecía que el Dark Lord se había encariñado con él.

Aunque debía admitir que hacía algunos días que no veía a su Señor. Según había llegado a escuchar, algunas cosas no habían acontecido como él esperaba. Por eso los repentinos malhumores y los mortífagos que circulaban alterados por el castillo, porque la insuficiencia de sus trabajos poseía graves castigos
E intentaban hacer todo lo que podían para que éstos no fueran necesarios. ¿Pero qué rayos podían hacer?

Igualmente, ese ya era su décimo quinto día en el castillo. Continuaba en la celda, a la cual ya estaba empezando a tomarle aprecio después de tantas horas meditando ahí adentro. Ya no podía hablar con sus amigos (había oído demasiada información que le serviría a Dumbledore y, por supuesto, Voldemort no deseaba que éste se enterase, y por lo tanto
sus amigos tampoco), pero por suerte, sí tenía permitido verlos. Después de que su estrategia del Callejón Diagon fuera revisada por el Dark Lord, el cual le felicitó (no sin antes mostrar un infinito orgullo), premio a sus servicios había sacado a Ginny del trance depresivo.

Ya no desafiaba tanto a Voldemort, si bien tampoco le obedecía alegremente. Era un avance, había dicho el Heredero de Slytherin, que significaba que estaba comenzando a aceptar. Pero para Harry solamente significaba que cada día más se preocupaba por el bienestar de sus amigos. No debía ser lindo para ellos estar encerrados todo el día, y más sabiendo que sus vidas tenían un precio. Y por eso se sentía culpable. Cuanto más rápido el Dark Lord creyera que le era fiel, más rápido sus amigos volverían a Hogwarts.

Sin embargo, su hobby preferido, que antes hubiera sido el Quidditch, ahora se había transformado en molestar e irritar a los mortífagos. Especialmente a Lucius, quien ahora parecía estar haciendo la ley del hielo contra él. A Voldemort no le importaba sinceramente si hablaba o no con los mortífagos o si se llevaban bien, solamente quería armonía a la hora de trabajar. Y armonía obtenía, pues sus vasallos no querían recibir ningún cruciatus y Harry tampoco quería que sus amigos sufrieran ese mismo final.


Esa misma tarde, mientras jugaba con una pelusa entre sus manos, la puerta de su celda se abrió y la poderosa figura del Innombrable le indicó con un gesto que le siguiera. Harry, quien veía que eso era mucho más divertido que estar con la pelusa, obedeció gustoso.

Subieron unos dos o tres pisos en dirección contraria a la cámara de sus amigos (desechó inmediatamente la idea de hacerles una visita cuando empezaron a subir escaleras y no a bajarlas
), tomando algunos atajos intermedios. Consiguieron llegar hasta una puerta con serpientes (de metal, supuso Harry) enroscadas entre sí. Por un minuto pensó que sería decoración, hasta que dedujo que eran en realidad guardias.

- Ábrete. - Murmuró el Dark Lord en pársel. Harry le miró interrogantemente, pero el otro ignoró eso.

Las serpientes cumplieron con el mandato. Al desenrollarse, quedando algunas del lado derecho y otras del izquierdo, la puerta cedió. El Dark Lord le dejó pasar primero y luego le siguió. Harry escuchó como detrás de ellos las puertas volvían a cerrarse.

Un corredor elegante apareció ante sus ojos. Estaba alfombrado lujosamente, de un color rojizo como la sangre (para dar énfasis a la atracción del Señor Tenebroso a la tortura.) En las paredes habían cuadros de personajes históricos de la magia (Salazar Slytherin
) y cosas así.

Recorrieron unos cuantos metros hasta llegar a la primera puerta del pasillo. Voldemort le hizo detener y Harry volvió a repetir su mirada interrogante, que nuevamente no fue tomada en cuenta, ya que el Dark Lord estaba muy ocupado levantando sus dos manos y murmurando unas palabras inaudibles para los oídos de Harry.

La puerta se abrió con un suave quejido pero, a pesar de eso, produjo nerviosismo en el muchacho del cual el Slytherin se burló con una sonrisa. Le empujó sin brusquedad hacia adentro, porque si la decisión dependía de Harry, éste se hubiera quedado en la puerta. Luego se habría arrepentido, pues se hubiera perdido de un regalo de su Señor.

Un dormitorio. Si le quedó alguna duda de que Voldemort estaba orgulloso de su sangre, se evaporó cuando admiró una decoración verde-plateada. La cama para una sola persona, la alfombra, la pintura de las paredes
Los muebles a simple vista daban impresión de ser grandes antigüedades. Harry no supo explicar con palabras qué era lo que sentía. Esa habitación le brindaba una calidez única. Nunca había experimentado esa sensación. Tal vez sí, una vez


Era como sentirse en casa.

- Tu habitación. - Anunció Voldemort, satisfecho por el shock que había ocasionado en el Gryffindor. - Ya no merecías estar en esa celda. Como apreciarás, es decoración para un Slytherin, así que te tendrás que acostumbrar. - Sonrió antes de continuar.
- Tiene baño propio. - Señaló una puerta que había en el fondo. - E inmediatamente al lado está mi habitación. - Eso sí que Harry no se lo esperaba. - Aquí no verás ningún mortífago, la entrada está diseñada especialmente para eso. Y como recordé que podías hablar pársel


Harry no mostraba signos de querer hablar. Le escuchaba atentamente, sí, pero no se había imaginado obtener tan apresuradamente ese favoritismo. Hubiera jurado tener que pasar aunque sea un mes en la celda. Pero no


Una mano se apoyó en su hombro, sobresaltándolo. Hermione solía hacer eso cuando le veía deprimido o desanimado, pero la muchacha ya no estaba a su lado para hacer eso. Y no se había esperado que el Dark Lord pudiera hacer ese gesto en ese momento. Nuevamente le había tomado de sorpresa
Diablos.

Al sobresaltarse, se había girado por puro reflejo, quedando frente a frente con Voldemort. Él le miraba estupefacto por su reacción. Su respiración se había agitado ligeramente y sus labios habían quedado entreabiertos. La imagen de un Harry Potter que no había pronosticado estaba ante sus ojos, indefenso. Sonrió ampliamente, empezando a acariciar la piel pálida del rostro del joven. Sintió como se estremecía ante su contacto.

- ¿No te preguntaste por qué ya no te duele la cicatriz, Harry? - Murmuró. Él negó con la cabeza, no encontrando su voz para responder. - Investigué, antes del ataque a Hogwarts, una poción para el cesamiento del dolor, pero no de nuestra conexión. La hice mezclar con tu primera comida aquí. ¿Verdad que se está mejor? - Podía sentir la respiración del muchacho en su rostro. Estaban tentadoramente cerca


La tentación fue demasiada. Como la última vez, terminó cediendo a sus impulsos. Besó los inhábiles labios del Gryffindor en un ágil movimiento que al muchacho no le dio tiempo a nada. Colocó una de sus manos en la cintura de él y otra en su espalda, atrapando a su presa temblorosa, que quedó sin salida. Éste intentó forcejear, pero para su mala suerte, habían quedado demasiado cerca de la pared, donde fue empujado.

Y como la anterior vez, terminó cediendo por descarte luego de unos cuantos segundos de resistencia. Pero marcando la diferencia con la experiencia de hacía quince días, el beso fue más profundo. El Dark Lord se abrió paso por su boca, explorándola sin impedimentos. Harry sintió como al mismo tiempo su alma se contaminaba ininterrumpidamente, perdía el control de su cuerpo, de su mente
Llegó a dominarse lo suficiente como para no responder.

Cuando Voldemort consideró que no deseaba que el muchacho se ahogara, separó sus labios, sin quitar los ojos de su insegura figura. Harry permanecía con los ojos cerrados, apoyado contra la pared, con la respiración dificultosa. Pocos instantes después, conectaron miradas, donde el Dark Lord pudo leer la debilidad que el muchacho había escondido. Que había pisado, que había sabido manejar para parecer frío y calculador. Pero a pesar de sus deseos, la debilidad continuó allí. Y él la había vuelto a sacar a la luz. Estaba revelando la verdadera imagen del alma de Harry Potter. Inocente y frágil.

- Tom
- Susurró Harry tenuemente.

El nombrado alzó las cejas, atónito de escuchar su auténtico nombre en los labios del niño que vivió por primera vez. Y dicho con tanta dulzura


- Te enseñaré a amarme, Harry. Y no necesitarás fingir lo que no eres, aquí eres libre de mostrarte sinceramente... No serás el pilar de nadie.

Se dio vuelta y dejó la habitación, dejando al muchacho consternado con sus pensamientos.

***

Fingir lo que no era. Esas palabras habían sonado tan absurdas en los labios del Dark Lord. Pero tenía razón
Se había esforzado para llegar a cubrir las expectativas de su alrededor. Que pensaran que él podría con toda la carga. Por eso se había vuelto más frío y calculador durante aquel año escolar, pero había sido sólo una imagen. Una imagen que nadie se detuvo a mirar dos veces para comprobar su validez. Algo que en cierta forma le indignó. Nadie se preocupaba realmente por él


Negó con la cabeza, alejando esos pensamientos. Sus amigos siempre habían estado a su lado apoyándolo incondicionalmente, ellos le conocían. Sabían cuánto había sufrido para llegar a ser lo que era. No dejaría que un asesino cambiara sus ideales. No le iba a dar el gusto.

Pero le era tan difícil
Voldemort parecía saber todo lo que pensaba y deseaba. Por más que cerrase su mente constantemente, él parecía entender su mirada en un segundo. Como si siempre se hubieran conocido, como si siempre hubieran convivido. Esa idea le aterrorizaba. No tener armas para vencer esa fuerza. Y no armas refiriéndose a una varita o a una espada, no, sino su propia voluntad. Había tenido que bajar la mirada al suelo por sus amigos. Pero ahora empezaba a dudar que lo hiciera sólo por ellos.

Para distraer su mente, se puso a explorar lo que iba a ser su habitación a partir de ahora. Se dirigió al armario, abriéndolo de par en par. Quedó pasmado al ver la cantidad de ropas elegantes que había allí, a su entera disposición. No tardó en percatarse que la mayoría eran verdes o con tonos plateados
Realmente Voldemort estaba esmerado en representar a su sangre
Concluyendo que ya era momento de despojarse de la túnica de Hogwarts, tomó algunas ropas al azar y caminó hacia el baño.

Lo examinó con la mirada. Normal. Se detuvo a ver su reflejo en el espejo. Tenía su cabello azabache aún más alborotado de lo normal y sucio. Por un instante pensó que no importaba, pero
Su cuerpo pedía un poco de consideración con la higiene. Pero desconfiaba. ¿Y si
Voldemort lo estaba viendo, como en esos programas muggles, por una cámara oculta
? No pudo evitar soltar una carcajada amargada. Estaba siendo paranoico.

Mejor empezar a confiar en la palabra de Voldemort, ¿no?

***

La puerta de la habitación se abrió sin hacer ningún sonido. Pero había escuchado los pasos en el pasillo, así que se había preparado. Tras la puerta, apareció el Innombrable con el rostro indiferente. Hasta que vio a Harry esperándolo pacientemente, sentado en la cama. No quiso contener la sonrisa que se deslizó por sus labios.

Admiró como el cuerpo del joven se adaptaba preciosamente a las nuevas vestimentas. Tenía una blusa verde oscura y pantalones negros normales, que no se veían a causa de la elegante túnica del color de sus ojos esmeralda, que le cubría completamente, salvo los hombros, dejando ver así la blusa. Un cinto con forma de serpiente decoraba su cintura. Todo esto, junto a la palidez natural de su rostro, el brillo esperanzador de sus ojos y la timidez oculta que infundían sus labios hacían de Harry toda una tentación.

- Veo que encontraste tu ropa
Fue hecha esencialmente para ti, Harry. Empezaba a odiar verte con la túnica de Hogwarts
En fin, es hora de cenar. - Recibió una mirada atónita de parte del joven. - No pensarías que ibas a comer solo eternamente, ¿verdad?
- Así lo prefiero. - Replicó el Gryffindor.
- Pero no va a hacer así. Es hora que vayas asumiendo tu papel en el Círculo de las Sombras.
- No seré ningún mortífago a tu servicio.
- ¿No hablamos de eso tu primer día aquí? No serás mortífago, Harry, sería un nivel muy bajo para ti. Serás como mi mano derecha, en realidad
Cuando estés listo te enseñaré la magia más poderosa de todas, para que aprecies íntegramente la oportunidad que te he otorgado al marcarte como mi igual
- Acarició con suavidad la cicatriz de su frente.
- No quiero aprender nada de ti. - Murmuró con desprecio, pero Voldemort no le creyó ni una palabra.
- Ya veremos, Harry
Mejor no hagamos esperar más a mis súbditos, que han estado trabajando arduamente y deben estar cansados. - Dijo con ironía.

Salieron de la habitación sin más palabras y caminaron hasta la puerta con las serpientes de guardia. Voldemort repitió el procedimiento de la entrada, lo que les permitió volver a lo que sería el castillo público. Le condujo por un corredor izquierdo hacia el Comedor.

Allí estaban los mortífagos de pie, conversando entre ellos, aguardando la llegada de su Señor. Al tan solo abrirse la puerta, todos se inclinaron ante él, mostrando su sumisión y admiración hacia el poder que profesaba. Harry observó todo en silencio, sintiendo sobre sí miradas celosas y de bronca. Estuvo a punto de preguntarle en burla a Voldemort si él también tenía que inclinarse, pero se contuvo, emitiendo una sutil sonrisa.

Con un gesto, su acompañante aprobó a los mortífagos, los cuales esperaron a que su Señor se sentara en la cabecera de la mesa para seguirle. Para su desdicha, le obligó a sentarse a su lado, a su derecha. Pensó que iba a perder el apetito cuando se dio cuenta que enfrente de sí estaba la asesina de su padrino, Bellatrix, quien rápidamente le sonrió con insolencia. Bajó la mirada a su plato de comida vacío. No podía verla sin tener los malditos impulsos de agarrar el cuchillo y clavárselo en el pecho. Mentalmente, comenzó a planificar una estrategia para matar a Bella.

- Buenas noches, señores. Espero sepan valorar la presencia de nuestro nuevo aliado, Harry Potter, en esta cena. Podría decirse que este banquete será una especie de bienvenida a él a nuestro bando
- Sonrió en dirección al muchacho, que estaba demasiado entretenido admirando el brillo de su plato como para prestarle atención.
- Tendrán que acostumbrarse a su presencia por el castillo. Está terminantemente prohibido herirlo sin mi consentimiento. Quien se anime a desobedecer estas órdenes, sufrirá las peores de las torturas. Quedando estos puntos en claro, buen provecho para todos.

Terminado el magnífico discurso de Voldemort, los recipientes esparcidos por toda la gran mesa se rellenaron mágicamente de suculenta comida al mismo tiempo que los murmullos recomenzaban. El Señor de las Tinieblas entabló una interesante conversación con Bellatrix, quien de vez en cuando le miraba de reojo. Pero Harry no tenía ánimos para conversar con esas odiosas personas que lo único que hacían o pensaban hacer era torturar a gente inocente. Se sentía incómodo en ese lugar, que estaba determinado a no pertenecer. Nada de ese mundo se comparaba con Hogwarts, su verdadero hogar. Y tampoco le harían cambiar de opinión.

No probó bocado, cosa que no pasó de ser percibida por el Lord, quien le incitaba con la mirada a hacerlo. Pero su estómago estaba cerrado y él estaba de acuerdo. No iba a ingerir nada que esas inmundas personas tocaran. Le daban asco. Hasta se hubiera puesto de pie para retirarse del lugar, sino fuera porque recordó que de eso dependían sus amigos.

- Ahora este es tu hogar, Harry. Tendrás que acostumbrarte
- Murmuró el Dark Lord.

Una cosa era verlos en la sala de estrategias (o en la biblioteca) donde prácticamente no había contacto y otra compartir con ellos el día, o parte importante de éste, como resultaba ser la cena.

- No nos quiere, mi Señor. Piensa que no estamos a su nivel. - Se burló Bellatrix, mirándole con sus imperiosos ojos negros. Voldemort sonrió, inclinándose en su dirección.
- La ambición de todo mortífago es sentarse a mi lado derecho, donde estás tú, Harry. Anhelo que entiendas que el puesto en el que te encuentras es único. Meses llevaba desocupado.
- El orgullo me mata, mi Lord. - Respondió Harry con máximo cinismo. Bellatrix frunció el entrecejo, ante el abierto desafío que emanaba el joven.
- Esto no es un juego, bebé Potter. No te conviene tratar de esa forma al
- El Dark Lord detuvo el discurso de la mortífaga con un gesto de su mano.
- Déjale, Bella, terminará aprendiendo que no gana nada con esa actitud. - Ella asintió. - ¿Bebé Potter? - Preguntó, curioso.
- Oh, sí. - Rió Bella. - ¿Verdad que es un lindo sobrenombre?
- Muy cariñoso, diría yo. - Opinó el Lord. - Me agrada que se traten con tanta amistad
- Sarcasmo.

Pero ese comentario prendió una idea en la mente del joven de Gryffindor. Justamente lo que necesitaba


Venganza.Contestación de reviews:

CheP:
Oh, querida Che... Esos son los efectos del slash! XDD Aquí tienes lo que se le ocurrió a nuestro inocente Harry... (nótese la ironía) Nah, ese nombre es originalmente de Bella y seguirá estando así. Verás... Si yo dejara los 16 capis que tengo escritos... Tendrían que esperar como están esperando los de ff.net, y eso son unos... uhm... dos meses ya llevo? Ah, sí. ^^ No keréis eso, ¿verdad? XD Así que rueguen más bien para que no lleguemos al 16, porque tengo la historia bloqueada ahí... T.T Y sí... Harry se está contradiciendo demasiado... Veremos como termina. Gracias por el review!

Strawberry: Verás... Si yo dejara los 16 capis que tengo escritos... Tendrían que esperar como están esperando los de ff.net, y eso son unos... uhm... dos meses ya llevo? Ah, sí. ^^ No keréis eso, ¿verdad? XD Oh, sí... Harry tiene mucho tiempo libre para pensar... Me alegro que te guste el rumbo que está tomando el fict ^^ Espero que te guste el capi!

***

Capítulo V: ¿Actúas o verdaderamente me amas, Tom?

Nada revelador sucedió en las siguientes semanas. Salvo la acomodación de Harry al nuevo territorio. El Dark Lord le permitió, con el paso de los días, la libertad limitada de pasear por los pasillos, acostumbrándose y aprendiendo a manejarse por si mismo por el lugar. Si bien los primeros días casi desistió de la idea de no tener guía, ahora agradecía no haberlo hecho. Sabía el camino a la sala de estrategias, al comedor (al que se le volvió a obligar a ir repetidas veces), a los jardines, donde pasaba la mayor parte de su tiempo libre, a su habitación y a la celda de sus amigos. Pero lamentablemente, tenía prohibido visitar ésta última sin la presencia de Voldemort. No sólo porque estaba sellada con encantos que él todavía no sabía bloquear, sino también porque tenía imposibilitada la comunicación con sus seres queridos. De no tener vigilancia, podría hablar tranquilamente con ellos sobre lo que deberían decirle a Dumbledore cuando estuvieran sueltos y
eso era perjudicial para el bando tenebroso.

De vez en cuando se atrevía a burlarse del Dark Lord, aunque asegurándose antes de que las bromas fueran inofensivas. Voldemort se hallaba complacido de su actitud. No había mostrado indicios de querer escapar y tampoco había sido tan rebelde como para desobedecer órdenes importantes (ejemplo, salir de noche por los pasillos...) Sin embargo, se había percatado del que joven estaba armando un gran plan dentro de aquella astuta mente. Un plan que desconfiaba que fuera de su agrado.

No habían vuelto a tener ningún otro acercamiento para la tranquilidad del joven, que pasó muchos días perturbado con aquellos besos posesivos del Asesino... Habían sido tan posesivos que la idea de que el Lord lo quisiera para algo más que para ser su mano derecha empezaba a invadir su mente. Pero, aunque no hubiera besos, sí había habido indiscretas caricias e inquietantes abrazos, cuando Voldemort lo encontraba desprevenido, con pensamientos decaídos. Le trataba con cuidado, hasta casi con cariño. La idea le enfermaba, le odiaba con toda su alma. No obstante, no muchas personas se habían ocupado de él como parecía hacerlo el Dark Lord. Sabía que era porque ambicionaba su poder a su entera disposición, pero le trataba como si fuera una joya extremadamente delicada y valiosa a la cual con un simple movimiento podría deshacer en contra de su voluntad. Por esa razón, por la atención que le daba aquel Monstruo, una calidez, un agradecimiento hacia él iniciaba su crecimiento en el fondo del alma de Harry.

Y Tom estaba al corriente de que se estaba ganando el aprecio de Harry, por más que éste luchase por recordar que él era el asesino de sus padres, un ser sin piedad, sin corazón. Porque estaba empezando a conocer, a familiarizarse con el verdadero hombre tras la imagen global que todos describían.


Una brisa cálida jugueteó con los cabellos negruzcos del muchacho. Había empezado el verano. De no haber caído en la redes de Voldemort, ahora estaría comenzando sus vacaciones en la casa de los Dursley, con todas las agresiones físicas y maltratos psicológicos de todos los veranos. No era que esos muggles pudieran trastornarlo, pero desde la muerte de Sirius se habían hecho insoportables. Pensar que esas personas eran lo último que le quedaba para acercarse al recuerdo de sus padres, sino tenía en cuenta a Lupin. Casi agradecía estar en la fortaleza de la pesadilla del mundo mágico, donde aunque sea no sufría maltratos físicos.

Aunque no podía decir lo mismo de su mente. También él había descubierto la distorsión que estaban sufriendo sus ideales en ese lugar. Meses antes, había jurado perfecta lealtad a Dumbledore, sin importar las condiciones que se presentaran frente a él. Pero nunca hubiera imaginado que Voldemort pudiera entrar tan pacíficamente al castillo y tomar de rehenes a sus mejores amigos.

Si ahora le ofrecieran completa libertad para elegir nuevamente el bando, dudaba que cambiara de sitio. Se sentía indigno de volver a los terrenos de Hogwarts. Le habían marcado, le habían contaminado. La oscuridad lo había absorbido, toda luz en él había desaparecido.

No, no era esa la razón. Tenía miedo de que la contaminación de su ser le obligara a dañar a aquellos que confiaban en él. Que un día no se pudiera controlar y adaptara una posición de mago oscuro, torturando
Se sentía una amenaza. Había asumido que su persona significaba indiscutiblemente Poder y, como tal, podía inclinarse en contra de sus creencias, como bien estaba haciendo ahora... Se había prometido luchar para que no le dominaran y allí estaba
habiendo pasado como mucho un mes y medio en ese lugar, obedeciendo...

Se dejó caer pesadamente sobre la hierba húmeda. Había perdido las ganas de pasear. Le daba igual. Todo era tan injusto para él


No se había percatado que ojos escarlatas le contemplaban desde una de las salas de la torre norte


***

El encierro que provocaba la noche en esa habitación estaba alterándolo. Con un insomnio indeseable, tras incalculables intentos de dormirse o de distraerse con algo, estaba perdiendo todo humor que hubiera alcanzado poseer. Ya no sabía que más innovar para que cada minuto no se le hiciera interminable.

Mirando el techo, se le ocurrió que ya era hora de poner su plan en marcha. Dirigió sus calculadores ojos hacia la puerta. El Lord había dicho: no te pasees por las noches en el castillo, Harry
¿Por qué debería él, Harry Potter, obedecer semejante orden? Además que estaba deseoso de demostrar que no estaba a la merced de Él. Aunque sea, no como éste pensaba que estaba.

Se colocó sus botas en silencio, conmemorando el detalle de que el dormitorio de al lado era el de Voldemort. Debía ser cauteloso. Caminó con insonoros pasos hacia la puerta, la abrió con habilidad escurridiza y salió a las luces del pasillo. Las antorchas se iban prendiendo en su avance. Todo indicaba que el plan estaba yendo bien. Al llegar a la guardia, murmuró lo más bajo posible las palabras en pársel y


Libertad.

Respirando hondo, aumentó la velocidad de sus pasos. El Dark Lord no tardaría en notar su ausencia. Caminaba sin rumbo, pero sí con una misión en mente. Sabía que los mortífagos hacían rondas nocturnas como los profesores de Hogwarts, repartiéndose el trabajo las diferentes noches. Y sabía también que ese era el horario de la persona a la que él buscaba. Solamente necesitaba un poco de tiempo y se la cruzaría


Tras diez minutos de caminata, la figura de la mortífaga más fiel a Lord Voldemort se halló con él. Como siempre, Bellatrix lucía prendas altamente provocadoras para las hormonas masculinas. Pero nunca le había prestado atención. Ahora, y con el plan en mente, no pudo evitar sonreír. E hizo que su sonrisa fuera ambiciosa.

Lestrange frunció su entrecejo, extrañada por esa reacción.

- ¿Qué haces por aquí, bebé Potter? - Preguntó, acercándose más a él.
- Paseaba. - Contestó sencillamente. Ella alzó una ceja, escéptica.
- ¿Y por qué debo creer eso? Podrías estar intentando escaparte del Señor. Aunque no lo lograrías.
- Bonita noche, ¿no? - Susurró suavemente, ignorando el comentario de Bella, aproximando su rostro al de ella.

Sus labios no se rozaban por escasos centímetros. Podía identificar el aroma dulce del perfume de la mortífaga.

- Casi tan bonita como tú. - Notó que ella estuvo a punto de separarse de él, pero se lo pensó mejor, decidiendo seguirle el juego.
- ¿Qué tramas? - Cuestionó, interesada. Harry acrecentó su sonrisa.
- Quiero caer bajo tus encantos. Supongo que ya sabes que eres preciosa


Lentamente, y preguntándose mentalmente por qué Bellatrix no le bofeteaba, se dirigió al cuello de la mujer, mordiéndolo con ligereza, demostrando un deseo inexistente. Fue recorriendo la piel blancuzca de ella hasta llegar nuevamente a sus labios, donde interrumpió su viaje. Para ese momento, Bellatrix le devolvía la sonrisa.

- Nunca lo hubiera pensado del Gran Harry Potter.
- He cambiado. - Se limitó a excusar.
- Y qué cambio. - Se burló la mortífaga.

Escuchó pasos acercándose. Con una última sonrisa, se alejó unos pasos de Bella para voltearse a ver a un levemente furioso Dark Lord.

- Creí que había dejado claro que tenías prohibidas las salidas nocturnas. - Fueron sus primeras palabras.

Todo su ser mostraba furia ante la desobediencia y decepción, algo que Harry se alegró de advertir, pero decidió disimularlo.

- Tenía insomnio, Tom. - Se había acostumbrado a llamarlo así. O sino, en su modo sarcástico, mi Lord. - Y creí que me volvería loco si seguía en la habitación.
- Podrías haberme avisado y te hubiera dado una poción para dormir.
- Lo tendré en cuenta para la próxima. - Asintió Harry, seriamente. Pero al ver que la furia de Voldemort no cesaba, insistió: - ¡No he intentado escapar, Tom! Sólo quería
distenderme.
- Que sea la última vez que me desobedeces, Harry Potter. - Tomándolo de un brazo le jaló en dirección al pasillo de sus habitaciones. - Que tengas buenas noches, Bellatrix. - Ésta realizó una reverencia.
- Buenas noches, mi Señor.

***

Por la mala suerte que le caracterizaba, Harry no volvió a ver a la mortífaga hasta la semana siguiente. Estuvo ocupado en algunos planos de un pueblo a las afueras de Londres como para pavonearse por los pasillos en su búsqueda. Ante todo, quería seguir manteniendo una postura normal. Que Tom creyera que auténticamente no le había desobedecido para escaparse (algo que en cierta forma era verdad.)

Ahora en su habitación había un estante propiamente elaborado para almacenar pociones para dormir. Voldemort le había advertido que no las tomara continuamente porque sino terminaría volviéndose una adicción desfavorable. Pero no las había necesitado demasiado durante aquellas noches.

Desde su acercamiento con Bellatrix, una culpabilidad ocupaba su corazón. Supuso que sería ese lado que Sirius había dejado vacío en él, que le recordaba que su padrino no quería que le vengara, simplemente que fuera feliz (imposible, pero... sueños eran sueños.) Pero demasiado tiempo con los mortífagos le hizo olvidar eso. En ese momento podría decirse que estaba cegado por la sed de venganza. Y por supuesto, un deseo recóndito en las profundidades de su alma.

¿Actúas o verdaderamente me amas, Tom?

Tendría que demostrarlo. Si dejaba que la mortífaga jugara con él significaría que actuaba, y si


***

- Será todo un éxito, mi Señor. No quedará nadie en vida. - Dijo Lucius, sonriendo ante el anticipado sentimiento de victoria.
- Eso espero, Lucius. Confío en las buenas estrategias. - Mirada directa en dirección al joven Potter, que estaba distraído mirando hacia los jardines por la ventana. - Pueden retirarse todos, menos ustedes, Bella y Lucius.

En pocos segundos, la sala se había vaciado completamente. Los dos mortífagos miraron a su Señor, gustosos de serle útiles. Por otro lado, el joven seguía sin atender a nada de eso.

- ¿Cuándo traerás a tu hijo, Lucius?
- Tan pronto como esté listo para servirle, mi Señor, o a la hora que usted decida.
- Perfecto. La semana que viene sería perfecta. Puedes retirarte.

Con una reverencia, el señor Malfoy desapareció de la vista de los presentes. Voldemort se inclinó hacia Bellatrix, hablándole en un susurro tan bajo que Harry no pudo oírle.

- Vigílalo. Tengo que hacer unas cosas y está demasiado sospechoso como para dejarlo sin guardia.
- Confíe en mí, Señor, no sucederá nada.

Con un asentimiento y, para la sorpresa de Harry quien se volteó a ver para creerle a sus oídos, Voldemort les dejó solos, dándole la oportunidad perfecta. Aguardó a que los pasos del Dark Lord se perdieran para dar el primer movimiento.

- Extrañé tu presencia, Bella. - Comenzó a caminar lentamente hacia la mortífaga, analizando sus reacciones.
- ¿Sigues queriendo jugar, bebé Potter?
- Nunca dejaré de desearlo.

Su voz sonó tan seductora que perturbó el control perfecto que mantenía Bella de la situación. Acarició dulcemente con su tibia mano el rostro de ella.

- Eres demasiado inexperto. - Se burló ella, tomando su mano y mirándolo fijamente a los ojos. - Debes ser más directo con alguien con tanta experiencia como yo, bebé Potter. - Y sin más, le presionó contra sí, eliminando la distancia de sus labios.

El primer pensamiento coherente de su mente luego del comienzo de un beso violento e impulsivo con la mortífaga fue la sensación desemejante a la que sentía con Tom. Él le trataba con cuidado y serenidad, haciendo que la razón dominara al corazón, haciéndole olvidar el odio para comprender que ahora le pertenecía a ese ser que exponía su energía sobre la suya. Con Bellatrix, todo era un juego, donde no había cuidado sino lujuria. Donde todo su interior se volvía vacío y se convertía en una marioneta en manos equivocadas y sin ningún consentimiento de su verdadero dueño.

Sin embargo, sabía que era un juego y por eso se dejó llevar, dejando que la mortífaga le enseñase cómo. Ella le quitó con un hábil movimiento su túnica, tirándola al suelo, a un costado. Pero cuando iba a continuar con la camisa, la puerta de la sala se abrió de par en par. Quedaron paralizados en su lugar. El Dark Lord les miraba con aborrecimiento, con asco, con


Celos.

Una fuerza invisible lanzó a Harry hacia el lado contrario de la habitación, pegándose un duro golpe contra la pared, donde permaneció apoyado, levemente aturdido. Bellatrix había salido disparada para el otro lado, con una expresión temblorosa. En cambio, el Gryffindor hacía grandes esfuerzos para disimular una sonrisa triunfal.

- Mi Señor, yo

- Caíste en su juego como una novata, Bellatrix. - Rugió Voldemort. Un aura oscura le rodeaba poderosamente. - Hubiera esperado que fueras más cautelosa. ¿No te diste cuenta que buscaba venganza? Y ahora he encontrado una excusa para hacerle caso. - Los ojos de Bella se abrieron aún más.
- No, le juro que

- No se toca lo que es mío, Bella. Pensaba que ya lo sabías. Y caíste tontamente bajo los encantos del chico. ¿Qué se hace cuando se desobedece al Dark Lord
? - La mortífaga tragó saliva.
- No merezco su misericordia.
- Y no la obtendrás. - Sentenció Voldemort.

Fue una hora de intensa tortura que Harry presenció gustosamente. Bellatrix gritó y gritó revolcándose en el suelo patéticamente al no poder mantenerse de pie con dignidad a causa de las cruciatus de su Señor, sabiendo que lo inevitable se acercaba y que ella lo había buscado (o más bien, respondido.)

También fue maltratada por los latigazos, que sacudieron su quebrantado cuerpo indeterminadas veces. La belleza que había poseído tan sólo horas atrás había sido sustraída sin poderlo evitar. Ahora, la imagen de una mujer muriéndose, cubierta de sangre rojiza y profundas heridas, sin nada de encantos, era la que los ojos de Harry distinguían.

Hasta que finalmente, una daga deslumbró terroríficamente en las manos de Voldemort.

- Dame una razón para perdonarte. - Ordenó el Dark Lord.
- No existe ninguna, mi Lord, le desobedecí y pagaré las consecuencias, por más que éstas signifiquen mi muerte. Me sentiré honrada de morir en sus manos.

El corazón y el estómago de Harry se encogieron simultáneamente cuando la daga perforó el pecho de Bellatrix, traspasando en su camino su corazón sin piedad. Fue una muerte instantánea. Sólo un grito ahogado que el tenso silencio consumió. La impresión de la sangre cubriendo el inerte cuerpo de ella le provocó agudas nauseas. Y su corazón le gritaba irreprochadamente que él la había asesinado. Aunque hubiera sido por la mano de Voldemort, él le había dado la daga para que lo hiciera. Él la había matado, como ella mató a Sirius, necesitó recordarse. Pero
¿qué había obtenido a cambio? ¿Había valido la pena vengarse? ¿Descansaría Sirius en paz ahora? ¿O sencillamente había permitido que lo dominasen, que cambiaran sus pensamientos como quisieran?

Cerró los ojos cuando se percató que Voldemort caminaba hacia él. Se detuvo a limitados pasos de él. Podía oír su viva respiración sobre su rostro. Gimió, imaginando cuál sería su castigo. Le gustaría que fuera morir, pero dudaba que le concediera el gusto.

- ¿Qué haré contigo, Potter? ¿Estabas conciente de las consecuencias de tus actos mientras se besaban? ¿No recordabas que eras mío y bajo ningún concepto iba a permitir eso? Cuando me refería a que no te dañaran esto estaba incluido. Porque sabía que era posible que lo intentaras. Pero pensé que elegirías a alguien menos importante, como Lucius o
- Se detuvo, enfatizando el punto.
- Me diste las pistas para que me diera cuenta cuál sería tu víctima, pero no lo noté
Y al verlos comprendí el por qué. Nunca olvidaste a Sirius Black.

El nombre de su padrino en los labios de Tom sonaba tan doloroso, le traía tantos recuerdos, tantos remordimientos
Sintió que le tomaban de la barbilla y volvió a abrir los ojos.

- Ya he decidido tu castigo. Te quiero dentro de una hora, preparado en tu habitación.

Sin agregar nada más ni entregándole ninguna pista para lo que debía prepararse, salió del lugar, sin mirar en ningún momento al cadáver en el centro de la sala ni al joven Potter, que permanecía rígido contra la pared, cayendo en cuenta definitivamente de todo lo que le había sucedido.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG 15

Género: .___. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

Este capítulo contiene una escena tal vez algo fuerte. Aunque si les hablo sinceramente, no creo que llegue a ser demasiado (es muy sencilla.) Pero si no quieres leerla, no afectará a la trama


Nota de Autora: Si no actualizo de aquí a dos semanas estarán en todo su derecho de insultarme, torturarme, matarme, revivirme y volverme a matar. Tal vez así logre acordarme... *sigh* Los reviews han sido contestado en los mismos reviews (este nuevo sistema es sorprendente XD)

~*~

Capítulo VI: No sabemos nada acerca del futuro


Tragó saliva, intentando que sus nervios no se salieran de su control. Tenía un mal presentimiento sobre lo que podría ser su castigo, pero no se había tenido a pensarlo por el miedo a entrar en un crítico pánico. Se había cambiado las ropas, sin fijarse bien en como lucía. Su corazón estaba encogido y se sentía lívido frente a la situación a enfrentar. Realmente se hallaba mal, al punto de pensar que podría desmayarse en cualquier momento.

Se puso de pie al mismo tiempo que Voldemort ingresaba a su habitación a la hora indicada. Las ropas que llevaba puestas eran únicas y refinadas, jamás lo había visto tan arreglado. Y menos para un castigo. ¿Qué tenía de especial ese momento?

Se mantuvo en silencio mientras el Lord caminaba con lentitud alarmante hacia él, haciendo que la paciencia del joven empezara a extinguirse. Sonrió ansiosamente mientras depositaba una de sus manos en la nuca del Gryffindor y otra en su espalda, atrapándolo entre sus brazos. Harry comenzó a sospechar de qué se trataba todo eso, pero deseaba que fuera solamente un mal presagio o una cruel pesadilla.

Voldemort lo empujó contra sí, besándolo con fiereza. Como en las otras ocasiones, Harry se dejó explorar sin más, pero no correspondiendo en ningún momento. Cuando el beso concluyó, el Lord se deslizó hacia el cuello del joven, mordisqueándolo con suavidad. Sentía la respiración agitada de Harry en su oído, a lo cual sonrió.


- Bienvenido a tu castigo, Harry. - Murmuró seductoramente en el oído del muchacho. Se deleitó con los estremecimientos que el cuerpo sumiso entre sus brazos emitió. - Tendremos una noche muy larga

- Tom, por favor

- Calla. Te lo mereces, recuérdalo, Harry.


Volvió a besarlo, pero esta vez el joven puso resistencia. No iba a dejarse, al fin de cuentas. Lucharía, por más que fuera en vano. Por lo tanto, el Dark Lord tuvo que obligarlo con movimientos bruscos a aproximarse a la cama y allí le hizo caer, aún besándolo para que no escapara. Veía claramente la desesperación reflejada en los ojos de Harry, y todo su cuerpo temblaba rebeldemente, no creyendo lo que le estaba sucediendo.

- Jugaré contigo como tú lo hiciste conmigo.
- Perdóname
por favor
yo

- ¿No era esto lo que querías, pequeño? ¿No querías provocarme?


Lágrimas solitarias y súplicas ignoradas acompañaron a Voldemort mientras le quitaba la túnica con expertos movimientos. Las manos del Dark Lord acariciaron las facciones inocentes del rostro pálido, deteniéndose a admirarlo por su belleza, antes de continuar con su trabajo. A medida que desabrochaba los botones de la camisa, podía percatarse de la precipitada respiración de su presa por los movimientos de su pecho y la tensión de sus músculos. Sí, realmente había entrado en pánico.

La camisa quedó junto a la túnica, a un costado de la cama. Tom sonrió mientras acariciaba cariñosamente el pecho del joven, intentando tranquilizarlo. Fue en vano, pues lo único que logró fue una alteración mayor.


- Tom
- Susurró suplicantemente Harry. Él le besó, ahogando las palabras.
- Eres virgen. Todo tu cuerpo lo anuncia. No me esperaba encontrarme con el honor
Por algo tienes dieciséis años. Se ve que Dumbledore te tenía bien sujeto. - Murmuró, divirtiéndose con la tortura.

Volvió a concentrarse en el despojamiento de las prendas. Sólo quedaba la parte inferior, o sea el pantalón y la ropa interior. Pensando que hacerlo a la manera muggle sería una gran pérdida de tiempo y ya habiendo perdido gran parte de su paciencia, con un sencillo encantamiento las hizo desaparecer, dejando al joven desprovisto, a su completa merced.

Repitió el encantamiento en sí mismo, sonriendo complacido al ver el vivo sonrojo de las mejillas del joven, las cuales acarició con estremecedora ternura antes de prestarle nuevamente atención al cuello, donde apoyó sus labios, presionando, para luego continuar usando los dientes, mordiendo aquella piel blanquecina. Harry, debajo de su cuerpo, los cuales estaba íntimamente cerca, chilló de dolor, sintiéndose cada vez más inseguro y frágil. Sintiéndose un juguete en las manos de Voldemort, quien se entretenía con su desmoralización y sufrimiento.

No podían cruzar palabra. Tom porque estaba demasiado excitado como para seguir burlándose de su pequeño y Harry prácticamente inconciente de todo. Y deseaba seguir así, porque sino perdería la razón en ese castigo. Ver como su propio cuerpo se arqueaba ante el contacto, buscando un acercamiento más
profundo, como todo su ser parecía desear que el ritmo de las caricias se acelerara hasta llegar al máximo
le haría sentir peor que en toda su vida. Sucio, impuro, indigno.

En un último intento, repleto de abatimiento, Harry logró formular algo coherente que hizo detener los hábiles besos sobre las diferentes zonas de su cuerpo.


- No
me merezco
esto
Nunca fuimos pareja
y nunca
lo seremos

- No sabemos nada acerca del futuro, Harry. - Acarició provocativamente el miembro del joven, ocasionando un gemido de placer de parte de él. Sonrió y, en contra de sus deseos, se distanció de Harry, poniéndose de pie. - Creo que mejor lo dejamos aquí. Pero la próxima vez, no me detendré a escucharte, pequeño.

Ropas volvieron a cubrir el perfecto cuerpo de Riddle, quien segundos después abandonó el dormitorio.

***

Sollozó tendido en la cama, sin fuerzas para levantarse. Una nueva grieta se había producido en su corazón, estampándolo. Sólo ahora se dio cuenta de la magnitud de sus actos. Del costo de su desobediencia. Una desobediencia que él había pensado, resultaría una gran satisfacción. No ver a Bellatrix nunca más con vida había sido la gran tentación. No se había detenido a pensar qué pasaría luego de eso. Y jamás hubiera llegado a imaginar que su castigo sería
eso.

¿Qué era lo que había detenido a Lord Voldemort? ¿Por qué no había terminado con lo que había empezado? Dudaba que se asociara a sus súplicas, si ese Monstruo no buscaba eso en él.

La próxima vez no me detendré a escucharte.

¿Sería una indirecta de que sí, algo de lo que había dicho le había perturbado? ¿O lo había dejado así, con su cuerpo ansiando llegar al límite, tan sólo para traumarlo más? Porque debía admitir que esa noche había muerto una parte de él. Capaz lo poco que quedaba de su auténtica persona.

¿Qué era lo que buscaba el Dark Lord en él? Su lealtad. Pero
¿habría algo detrás de esa
lealtad? ¿Por qué había tenido la impresión de ver celos en el rostro de Riddle cuando lo encontró con Lestrange? ¿Sería acaso que él estaba enamorado de Harry Potter? No, imposible. Una persona que amaba a la otra no intentaría lo que


Y sin embargo, la realidad le golpeó. Si no hubiera desobedecido, nada hubiera pasado. Él se merecía lo que le había sucedido. Tom debería haber terminado la tortura. Pero había tenido clemencia de él
¿Por qué
?

Te enseñaré a amarme, Harry.

Y sin poderlo eludir, se quebró en un histérico llanto.

***

Su mirada estaba perdida. No podía concentrarse. Las imágenes de la noche anterior regresaban a su mente perseverantemente como fantasmas que buscaban atormentarlo aún más. A pesar de haberse bañado hacía poco tiempo, continuaba sintiéndose sucio, corrompido. Ropas abrigadas le cubrían, porque si bien era verano, un frío indescriptible le invadía. Se sentía un punto negro en un plano blanco.

La puerta de su habitación se abrió, pero él lo ignoró. No se iba a mover de su lugar. No le importaba morirse desnutrido por no alimentarse. Es más, sería una gran delicia morir. Un premio que él no valía. Quería aislarse de toda sociedad. De toda burla. De toda crítica. De todo recuerdo. De todo sentimiento. No se sentía digno de sentir. Para él, eso no existía. Ya no más.

Percibió una mano fría sobre su mejilla húmeda. Se asqueó al contacto, rechazándolo, alejándose, huyendo. No pensaba levantar la vista del suelo. No quería recordar. No quería ver.


- Harry
- Susurró la persona frente a él. Su voz agitó todo lo dormido. Gimió de dolor ante los remordimientos.
- No, no, no. - Dijo Harry con una voz sumergida en la depresión. - Vete.


No le hizo caso. Le tomó por la barbilla y levantó su mirada del suelo. Tom vio en ella tantas cosas
Harry huía de él. Tenía miedo de que todo volviera a suceder.

- Por favor

- Perdóname, pequeño. - Musitó Tom suavemente, fijando sus ojos carmesíes en las esmeraldas del joven. Esas esmeraldas que le rogaban infinidad de cosas. - Me dejé llevar por la furia
- Harry se mordió un labio, conteniendo una inmensa angustia con ese gesto.

Le rodeó con sus brazos, abrazándolo, sintiendo la urgencia de demostrarle que allí estaría protegido, que nada volvería a suceder. Debajo de sus fuertes brazos, sintió como el cuerpo del Gryffindor se estremecía, tal vez recordando. Lo veía tan débil, tan necesitado de cariño. Acarició los cabellos ébanos dulcemente, mientras murmuraba palabras tranquilizadoras, intentando evitar que el joven volviera a caer en la depresión.

Cuando se separaron, Harry observó fijamente los ojos de Voldemort. Investigando para conseguir respuestas a sus preguntas. Respuestas que Voldemort resumió en dos palabras.

- Te amo, pequeño. Y esperaré a que también lo hagas el tiempo que sea necesario.

Asintió en silencio. El Dark Lord le ayudó a ponerse de pie y ambos salieron de la habitación, en dirección al comedor.

***

Entre los mortífagos que habitaban en el castillo había diferentes teorías sobre las causas de la muerte de Bellatrix a manos de Lord Voldemort. Había rumores de que ella había desobedecido órdenes fundamentales sobre el siguiente ataque y cosas por el estilo, pero nada se acercaba a la auténtica realidad. Absolutamente nadie pensó que tenía que ver con el Niño que Vivió.

Cuando esa mañana su Señor hizo aparición junto con el muchacho, la mayoría de los discípulos del Dark Lord notaron algo diferente en éste último. Días atrás, solía entrar con una postura arrogante y orgullosa, y con un aura bastante poderosa envolviéndole para la edad que tenía. Ese día era totalmente diferente.

Los ojos esmeraldas estaban clavados en el suelo con pesadumbre. Su cuerpo estaba encogido, agarrado por la cintura a Lord Voldemort, quien al estar en presencia de mortífagos desechó cualquier gesto de preocupación hacia él. Tenía apariencia reservada hasta peligrosamente avergonzada.

La rutina de todos los días volvió a acontecer. Los mortífagos se inclinaron ante su Señor, pero éste, en vez de ir hacia la mesa, los examinó con sus autoritarios ojos a cada uno de ellos. Cuando encontró al que buscaba, le hizo un gesto para que se acercara. Luego, le habló a Harry en un susurro que sólo él y el mortífago pudieron escuchar.

- Míralo, Harry, y dime qué sientes.

Potter miró de reojo al Lord, extrañado por esa orden. Sin embargo, decidió obedecer, preguntándose mentalmente que tendría ese mortífago de especial.
Sin lugar a dudas, no se esperaba encontrarse con él y menos en ese momento. Nota de autora: Sorpresa! XD Este es el efecto que tienen las amenazas en mí, ya ven... Bueno, los dejo con el nuevo capi. Ya saben dónde están las respuestas de los reviews, así que sólo me queda agradecerles por su paciencia ^^

Feliz Halloween!


***

Capítulo VII: Voces entre delirios

Un penetrante dolor nació en lo más profundo de Harry. Los recuerdos agobiando su mente. Las imágenes de un pasado que parecía tan lejano
Tan fuera de su alcance. Rostros que no parecían formar parte de su vida o no querían. Esa persona que había odiado, pero perdonado por la miseria que irradiaba. Por el tonto pensamiento del recuerdo de su padre.

Pensar en su padre también le hizo recordar a Sirius, quien había intentado asesinar a la persona frente a él, junto con Remus. Y él, ciegamente, había detenido todo. Confiando en la justicia. En su destino de ser feliz. En el momento, no se dio cuenta que feliz no estaba dentro del vocabulario de su vida. Ahora, todo cobraba un auténtico sentido.

Peter Pettigrew no había merecido su misericordia.


- Traidor. - Musitó.


Era una única palabra que contenía todo el odio de su alma. Toda la agonía. No era necesario decir cómo se sentía, con eso bastaba. Deseaba aniquilarlo. Que rogara por una oportunidad que sus padres no habían tenido, que su padrino no había tenido, y tampoco Cedric
Y Luna
Neville


Tom lo estrechó más contra sí, en un gesto inconsciente de protección, recordándole dónde estaba, con quién y frente a quienes.


- ¿Es justo que Colagusano siga con vida mientras que a Bellatrix la sentenciaste a una muerte dolorosa? - Susurró Tom en su oído. Harry se estremeció. - ¿No crees que él también merece sufrir por todo lo que te hizo?
- ¿Mi Lord? - Preguntó Pettigrew, aprensivo, retrocediendo cortos pasos.


Harry temblaba, intentando contener sus pensamientos negativos de venganza, de mantener el control sobre sí. Cosa que le estaba costando verdadero trabajo. No estaba en condiciones para eso.


- Tom, por favor
- Suplicó Harry, deseando no estar en ese lugar.


Había bajado la mirada al suelo para no ver a Peter a los ojos. No serviría de nada.


- Esta es la única oportunidad que tendrás de vengarte. Sino lo haces ahora, Colagusano se irá a una misión lejos, muy lejos
y anda a saber si tendrás algún otro momento para decirle lo que sientes, Harry.
- No tengo nada que decirle. - Dijo Potter entre dientes, sabiendo que eso era mentira. Y Voldemort también lo sabía.
- Sólo deja que la magia fluya por tu sangre. Déjala que te guíe. Concentra todo tu odio, todo aquello que deseas hacerle sentir, hacerle recordar, por su cobardía. Y di lo que desees comentar. Con toda la libertad que quieras.


Tom había dicho todo eso suave y lentamente, casi confundiéndose con la voz de sus pensamientos. Terminó cediendo a la propuesta. Tom tenía razón, tenía mucho que decirle. Pero se resumía sencillamente en una palabra y la cual no era traidor.

Su varita estaba en su mano. No sabía cómo había llegado allí y no tenía ni las más mínimas ganas de saberlo. Ahora sólo importaba lo que iba a hacer. Hacía tanto tiempo que no utilizaba su magia
Le demostraría a esa rata lo que era Poder
Suplicaría para que se detuviera



- Crucio.


Ahora todos guardaban silencio. La mayoría de los mortífagos no pudiéndose creer lo que el ex chico dorado de Dumbledore estaba haciendo. Su Señor sonreía satisfecho, admirando el poder intenso que manifestaba la cruciatus. Los gritos de Pettigrew quebraron la armonía del lugar. Pocos segundos después, se revolcaba por el suelo, sintiendo el insoportable dolor en todo su cuerpo. Clavándose como un cuchillo, invadiendo velozmente cada centímetro de su piel. Era una pesadilla, de la cual deseaba despertar. Y si en verdad era real
Quería morir. Quería que todo terminara de una vez. Ya no había razón para seguir respirando. Nada le mantenía aferrado a esa mísera vida. ¿Por qué no dejarse llevar
?

Pero finalizó. No supo cuánto tiempo estuvo bajo su efecto, pero pudo respirar. Temblaba. Sus músculos no respondían. Sus huesos ardían. Sus pulmones parecían bloqueados. Su visión estaba nublosa y se encontraba mareado. Si bien no podía ver bien, identificó la figura del chico Potter en brazos del Dark Lord.

La maldición se había interrumpido ya que Harry no había resistido más y había caído en brazos del Lord, quien lo sostuvo para que no cayera al suelo y le abrazó cálidamente. La magia había tomado demasiada energía del cuerpo del joven y por eso estaba al borde de la inconciencia.


- Lo hiciste muy bien, Harry, mejor de lo que esperaba. - Murmuró Voldemort.
- No

- Shh, mi pequeño. Ahora necesitas descansar.


Y como si de una orden se hubiera tratado, Harry obedeció, cerrando sus ojos y permitiendo que el sueño lo venciese.

***

Caos. Nunca había pensado que el mundo pudiera reducirse a tal rencor. Todo parecía arder en llamas. Llamas que no quemaban. Simplemente flameaban, cubriendo aquello que alguna vez había sido la esperanza, la alegría, la sinceridad y el amor. Ahora eran el alimento de los fuegos del odio. De la maldad. De la Oscuridad.

En vez de voces contentas y risas inocentes había súplicas amargas y gritos repletos de terror. Imágenes del mundo que fue y no volvería a ser. Porque no había vuelta atrás.

Cadáveres en el suelo. Sangre inundando la hierba. Pasos cautelosos se escuchaban a lo lejos, confundiéndose con el murmullo de los árboles meciéndose a voluntad del viento. Lágrimas derramadas. Rostros vacíos de expresión. Muerte.


¡Harry!, gritó una voz de una muchacha entre el doloroso mutismo. ¿Por qué haces esto?
Te desconozco, tú no eres mi amigo., exclamó histéricamente otra voz.
¿Por qué no luchaste, Harry? Sollozó dulcemente una tercera persona femenina.
La culpa ahogará tus días

No esperaba esto de mi ahijado, confié en él

Y lo hiciste sin duda alguna en vano, Siri.
¿Qué hicimos para merecernos tu odio?, la primera voz de nuevo.
Ellos no te comprenden, Harry
Esa voz le era tan familiar

Te odio



- ¡NO! - Gritó, incorporándose en su cama.


Tardó unos instantes en percatarse que todo había sido un sueño. Una pesadilla, más bien. Su rostro estaba empapado por las lágrimas y dentro de sí volvía a tener esa sensación de vacía angustia. Un sudor frío atravesaba su frente.


- Por favor, dime que no es verdad
- Murmuró para sí.
- ¿Qué no es verdad, Harry? - Preguntó una voz muy cerca de su oído.


Pestañó un par de veces para ver claramente la situación. Un fuerte cuerpo le estaba abrazando, acariciando su espalda, reconfortándolo. Nunca antes nadie se había detenido a hacer aquello luego de una de sus pesadillas. Se sentía tan bien entre esos brazos cálidos, pero a la vez extrañamente fríos. Cerró los ojos, logrando que la pesadilla quedara en un segundo puesto en su mente. Ahora se concentraba en sentir el cariño, de grabar ese momento.

Cuando la persona que le abrazaba se apartó de su cuerpo, Harry reconoció rápidamente aquellos alargados ojos escarlatas fijos en su figura. La piel empalidecida y tersa de su rostro. Aquellos labios rojizos que tanto le habían rozado. De estar plenamente conciente (y bien), se habría alejado del hombre, lo habría apartado de sí. Pero en ese estado de hundimiento, ya nada le importaba. Ambicionaba sentirse querido alguna vez en su vida y por un momento pensó que esa persona que le reanimaba era su amigo Ron
tal vez Siri
Sin embargo, ¿Tom?

Esperaré a que también lo hagas el tiempo que sea necesario.

¿Acaso ese hombre pensaba que estaba loco? ¿Cómo iba a amar a aquel que arruinó su vida, matando a sus padres, a Sirius, a sus dos amigos
? Sería la mayor traición de todas. No podía hacerle eso a su gente.

Pero a la vez sentía que las energías para luchar se estaban acabando
y su corazón se estaba ablandando ante el hombre
Y él no podía detener lo que sentía.


- ¿Qué no es verdad, Harry? - Repitió Tom pacientemente, observándolo a los ojos con determinación.
- Una pesadilla. - Excusó en un susurro tan bajo que el Dark Lord, el cual estaba a sólo centímetros de él, tuvo que esforzarse para escucharlo.


Su respiración estaba ligeramente agitada y le había costado demasiado decir dos sencillas palabras. Siempre se encontraba debilitado luego de una pesadilla sin razón alguna. No hallaba a qué aferrarse. A veces, el mundo giraba cuando se despertaba de esa forma, mareos enérgicos, que a veces terminaban en nauseas. Por suerte, esa no era la ocasión.


- ¿Y qué sucedió en ella? - Preguntó Tom con curiosidad, más que nada para que el muchacho se desahogara con él.
- Yo
- Se detuvo, respirando hondo. - Nada importante. - Susurró incrédulamente.
- ¿Nada importante y estás alterado así, pequeño? No lo creo.


Una ceja alzada y una débil sonrisa de apoyo en el rostro de Voldemort. Harry bajó sus ojos a las sábanas de colores plateados.


- Puedes confiar en mí, Harry. ¿No te he demostrado que soy una persona de palabra? - El joven se estremeció. No pudo comprender de qué.
- Horrible. - En su tono de voz había toques de tristeza y sufrimiento. Innecesario desde el punto de vista de Voldemort. - Todo estaba destruido

- ¿Todo? - Tom pidió más detalles.
- Hogwarts. - Harry hizo una mueca al pronunciar el nombre de su ex colegio.
- ¿Había mortífagos?
- No. Sólo cuerpos inertes.
- ¿Personas sin rostro? - Tal vez el muchacho se había encontrado con algún ser querido muerto o algo por el estilo

- Sí.
- ¿Y qué sucedió?
- Voces. - Sollozó el joven, aferrándose a las sabanas como si conmemorar la pesadilla fuera un terrible dolor.
- ¿De quiénes? - Inquirió el Dark Lord, frunciendo el entrecejo.
- Mis amigos. Mis padres. Mi padrino



Silencio. Un silencio que parecía imposible de quebrarse por la tensión que poseía.


- ¿Qué decían? - La pregunta del Slytherin estaba vaciada de emoción.
- Cosas.


No quería repetir esas palabras. Palabras que le indicaba que no tendría perdón por más que rogase. Sentirse a gusto en los brazos del Dark Lord salía caro
Valía la confianza de aquellos a los que había deseado y deseaba proteger. Y capaz ahora, terminaría matando



- Harry
- Susurró Tom insistentemente. Él negó con la cabeza.
- No vale la pena.
- Sí que vale. Por algo estás así



Harry gimió, agarrándose fuertemente de su túnica. Tom le miró sorprendido, pero se apresuró a responder a la súplica silenciosa: le abrazó de nuevo. Así se mantuvieron unos minutos, sin decir nada.


- Gracias.


Definitivamente, el muchacho empezaba a amarlo


***

Se abrazó a si mismo viajando a través de sus pensamientos. Tom insistía que estaba demasiado callado por esos días. Tenía razón. Se sentía otra persona. No era el mismo Harry Potter que había sido raptado meses atrás. Tantas cosas habían pasado
Y sus ideales habían cambiado en gran medida. Era conciente que seguía estando allí por sus amigos. Aunque
el ambiente de ese lugar ya era prácticamente su hogar.

No podría volver a Hogwarts como si nada hubiese pasado, si tuviera la oportunidad.

Había torturado a Pettigrew. Oh, sí. Había sentido el placer del dolor de aquella rata andando por su sangre. Lo había disfrutado. Se lo había merecido. No era suficiente, una traición de ese tamaño debía ser pagado con muerte, detestablemente lenta, punzante y sangrienta. No obstante el cruciatus estaría bien por el momento


¿En qué rayos estaba pensando? ¡Él no se volvería un Monstruo, una maquina de odio y venganza! Por supuesto que no. Aunque


El arrepentimiento no formaba parte de su corazón.

Y eso le agobiaba. Estar en esa red de oscuridad solamente había traído de resultado que se acostumbrara, que adoptara sus costumbres, que disfrutara de lo que antes había repudiado. El vacío de su corazón era cada vez más grande. Y una nueva fuerza comenzaba a surgir en el fondo de su alma.

Algo que no estaba dispuesto a permitir. Ya no más. No sería la marioneta ni el pasatiempo de nadie. Para algo existían los crucigramas, ¿no? Y los muñecos de madera con los que los muggles se divertían tontamente


Muggles. Seguro sus tíos estarían terriblemente preocupados por él. Ya se los imaginaba



¿Dónde está mi sobrino?
Señora Dursley, por favor, guarde calma
La noticia que le daremos será dolorosa.
Dígalo de una vez.
Su sobrino ya no está en nuestras manos, lo han secuestrado, no pasará el verano con usted

¡OH! Qué pena, Dios Santo
¡Vernon, podremos irnos de vacaciones!


Idiotas.



La puerta se abrió. Elevó la vista para conectar miradas con el Lord. Había una sonrisa extraña en su rostro. Se preguntó qué tendría entre manos. Siempre tenía un plan. La mente de Voldemort era un enigma ciertamente. Funcionaba tan velozmente, tan clara, pero a la vez tenía tantos pasillos ocultos en las tinieblas, en los cuales costaba tanto ingresar


- ¿Cómo estás, Harry?
- Bien. - Contestó secamente.
- Sígueme, irás a ver a tus amigos.


El chico Potter le dirigió una interrogante mirada. Hacía tiempo que no les veía, pero ya no hacía nada para que sucediera. Cada vez que iba a visitarlos, sus pensamientos se tornaban pesimistas o dolorosos, y quería evitarlo. A veces se ponía a pensar lo que ellos estaban pasando en esa celda por su culpa. Sin embargo, no sabía hasta que punto tendría que llegar para que Voldemort confiara en él y los liberara.

Sin protestar, caminó detrás de Voldemort en silencio. De vez en cuando el Innombrable se volteaba a ver si estaba detrás de él, ya que sus pasos eran imperceptibles. Había aprendido a manejarse con el mutismo de los pasillos. Era una forma de sobrevivir, de no tener todo el tiempo a los mortífagos detrás de él, acusándole de querer encontrar una forma de escapar.

Nunca la había buscado. No huiría y dejaría a sus amigos a la merced del Dark Lord. Pero al parecer, muy pocos mortífagos sabían de la presencia en la mansión de los tres Gryffindor. Suponía que era una medida de seguridad, para que nadie intentara lastimarlos sin el conocimiento del Lord. Porque ante todo, Tom quería ganarse su confianza. Que no dudara de su palabra.

Voldemort abrió la puerta de la celda, tras bloquear los encantamientos que la protegían, y permitió a Harry entrar primero. Sintió una mirada de tristeza y otra de odio sobre su figura. Ginny y Ron.

Se detuvo en seco, con sus ojos esmeraldas fijos en Hermione, su cuerpo tendido sobre el suelo, con heridas ligeramente graves por diferentes zonas de éste. Se encontraba inconsciente. Harry se mordió el labio inferior y corrió rápidamente hacia ella, sentándose a su lado. La palidez de su rostro era evidente. La habían torturado sin piedad. Tomó una de las manos de Mione y la estrechó entre las suyas.


- ¿Qué te han hecho? ¿Qué te han hecho? - Murmuró, sintiendo la culpa y el dolor de nuevo en él.


Respiró hondo y observó a Voldemort con furia, el cual estaba apoyado en una de las paredes, mirándolo con calma. Casi le recordaba a Dumbledore.


- ¿Qué le has hecho?
- ¿Perdón? - Dijo Tom con voz burlona. - Querrás decir, qué le has hecho tú. Porque eso es por tu culpa. - Harry apretó los labios en un gesto de rabia. - No terminé tu castigo, ¿recuerdas? Y bueno... Creí que tu amiga sangre sucia podría pagar por ti. - Harry se puso de pie, enfrentándolo.
- ¿Lo qué me hiciste a mí no bastó? - Le gritó, sin poderse contener.
- Si no te hice nada. - Voldemort alzó una ceja. - No llegamos a nada.

Pero para Harry había sido demasiado. La vergüenza que había sentido... ¿Y aquella sensación que le había dejado de suciedad, con la moral tan abatida
?


- Te odio. - Musitó Harry.
- Últimamente andas diciendo muchas mentiras, pequeño. - Contradijo Tom, sonriéndole socarronamente.
- No le hagas caso, Harry, es un monstruo. - Susurró Ginny a su lado. Harry simplemente asintió, mirando a la pelirroja.
- Lo siento
Todo esto es mi culpa

- No digas eso, compañero. - Le sonrió Ron, intentando animarlo.
- Hermione no estaría así si yo no
- No pudo continuar por el nudo que se formó en su garganta.
- ¿Qué hiciste? - Preguntó Ginny, viendo la frustración de su amigo.
- No, no importa ya.
- Hermione está así por eso, creo que tenemos derecho a saber. - Determinó Ron, reclamándole la verdad.
- Yo
- Suspiró, buscando la palabras adecuadas para expresarse. - Me dejé llevar por el sentimiento de venganza, Bellatrix

- ¿La mataste? - Preguntó Ron, con los ojos abiertos al máximo. Dicho de esa forma tan directa, sonaba tan espantoso

- Indirectamente. - Repuso Harry, bajando la mirada. Su corazón latía a una velocidad alarmante. Tenía miedo de que sus amigos le acusaran, le llamaran asesino
como en su sueño

- Oh, Harry. - Murmuró Ginny. - Tenemos que salir de aquí. Tienes que salir. Te están dominando como

- No. No, Gin. Ustedes tienen que salir de aquí vivos y para eso yo
Podré resistir. - Los Weasley le lanzaron desconfiadas miradas.
- Has cambiado. - Señaló Ginny. - Te han cambiado. - Aclaró. Harry se estremeció. ¿Cómo ellos, tras solamente minutos de hablar con ellos, habían notado
? - Estás más sumiso a las órdenes del Dark Lord que cuando llegaste.
- Antes hubieras hecho algo más aparte de decir te odio. - Agregó Ron, resaltando el punto. - Pareces cobarde
- Dijo con cierto desprecio.
- Temo por ustedes

- Todo estará bien, Harry, ya verás. Saldremos de aquí, volveremos a Hogwarts y

- Soñar no cuesta nada, ¿verdad, Gin? - Harry miró el techo de la celda, no pudiendo soportar los ojos de los Weasley sobre sí. - Ya nada será igual
- Ellos fruncieron el entrecejo.
- Pero

- Prometo que volverán a Hogwarts. Pero no guardo esperanzas para mí. - Susurró, poniéndose de pie, viendo que el Dark Lord empezaba a mirarlo impacientemente. - Cuídense.


Y sin volverlos a mirar a la cara, salió de la celda.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertida/o.

***


Capítulo VIII: El amor es ciego

Por más que lo intentara con todas sus fuerzas, no podía sacarse de la cabeza la imagen de Hermione, torturada por su atrevimiento. Simplemente, su corazón se encargaba de repetirle una y otra vez que todo era su culpa. Todo por su desobediencia frente a las normas marcadas. Si se hubiera dejado, aquella noche del castigo, ella no tendría que haber sufrido por él. Pero


No podía cambiar el pasado por más que lo desease. Su mejor amiga había sufrido por su culpa, por haberse resistido al escarmiento. ¿Acaso ya no valía la pena pelear? Y si lo hacía, serían ellos quienes siempre pagasen con su sangre, hasta con la vida misma
Y él allí, prácticamente ileso, siendo el causante de todo y sin poder hacer nada



- ¿En qué piensas, Harry?


Estaban caminando con lentitud en dirección a la sala de estrategias, donde los mortífagos estarían esperándolos para continuar con los planes cotidianos. Tom estaba firmemente a su lado, pero esta era la primera vez que intercambiaban palabra luego de haber salido de la celda.


- ¿Qué es lo que debo hacer para que cures a Hermione, Tom? - Murmuró, con la vista derrotadamente fija en el suelo. Un nudo de angustia en su garganta.


Tom detuvo la marcha, se inclinó levemente hacia él y le tomó por el mentón con delicadeza, levantándolo, para que le mirara verdaderamente a los ojos.


- Tú sabes lo que debes hacer. - Murmuró Voldemort con suavidad. Harry se estremeció de pies a cabeza, recordando los acontecimientos pasados.


El Dark Lord acercó lentamente sus labios a los de Harry, dándole tiempo para razonar lo que le acababa de decir, y le besó con vehemencia, con sutil ternura, con ardiente deseo. El muchacho, como en ocasiones anteriores, cedió, dejándole explorar cuanto quisiera, pero no participando en ningún momento. Podría resistirse
Se lo prometió a sus amigos, no caería, no


Advirtiendo eso nuevamente, Tom rompió el beso, pero no apartó demasiado su rostro del suyo. Podía sentir su respiración anhelantemente sobre su piel
Trastornando sus sentidos. Alertando a su mente. Descontrolando su alma.


- No puedes luchar con lo que estás sintiendo, Harry. - Dijo mientras acariciaba su mejilla con sus cálidos dedos. Potter permanecía con los ojos cerrados, resignado a no querer ver esos ojos carmesíes. - ¿De qué sirve luchar, si sabes que perderás?


Era verdad. Acababa de admitirlo ante sus amigos. No había esperanzas para él. Había cambiado demasiado para volver a internarse entre la gente de Dumbledore, las influencias, los sucesos, los sentimientos lo habían hecho cambiar. Ya no era el Harry Potter que había salido de Hogwarts. No había resistido la tentación de vengarse de aquellos que le habían traicionado, en el caso de Peter, o sencillamente arrebatado aquello que por fin había conseguido y


Nunca más volvería a tener.

Además que sabía que no deseaba irse de la Fortaleza. Era el único lugar donde alguien había estado para consolarle, para entenderlo
Aunque estuviera hablando del asesino de sus padres



- Ellos no te comprenden, Harry. - Murmuró Tom. - Para ellos eres simplemente el Salvador. Pero dime
¿serías tú capaz de matarme?


No, ya no. Había encontrado a una persona detrás del monstruo. Una persona que le quería por lo que era realmente. A pesar que también quisiera utilizarlo por su poder, esos besos no eran actuados. Esos abrazos no eran forzados. Esas caricias no eran de lástima. Él le entendía como nadie lo había hecho.

Aunque las apariencias engañan, él anhelaba que todo aquello fuera real


Él y Tom Riddle eran tan parecidos
Ambos sabían lo que era la soledad. El desprecio. Ninguno de los dos había sentido por suficiente tiempo el sentimiento de amor hacia ellos
Huérfanos, abandonados entre los muggles por una sociedad indiferente, ambiciosa por sus propios intereses.

Era hora de darse una oportunidad.


Tom volvió a besarlo, pero esta vez surgió la diferencia.

Le respondió. No permitió que ingresara de mala gana, por obligación. No, lo hizo gustoso. Deseoso de experimentar un sentimiento nuevo en su vida. Y Tom le permitió controlar el ritmo del beso. Le permitió ingresar en su boca, examinarla con emoción. Demostrar cuanta pasión podía haber.

Harry posó sus brazos por el cuello de Tom, atrayéndolo contra sí. El Slytherin lo aceptó al instante, también rodeándolo, pero por la espalda. Así permanecieron el tiempo que les condescendieron sus pulmones.

A la hora de separarse, sus respiraciones eran bastante agitadas, pero no les importó. Harry abrió los ojos mientras respiraba hondo y se halló con aquellos ojos escarlatas contemplándolo con un brillo especial. No era malicia, ni victoria, ni lujuria. Era amor. Algo que nadie podría imaginar encontrar en el Dark Lord. Y menos dirigido a lo que antes había sido uno de sus más maldecidos enemigos. Pero sí. Y Harry fue testigo de ello.


- Te amo, Tom. - Murmuró Harry, con la mente totalmente en blanco. No quería pensar.


Dijo aquello con toda la sinceridad y todo el sentimiento que en ese momento surcaba su organismo. Tom sonrió con ternura. Había esperado tanto tiempo para escuchar eso



- Lo sé, mi Harry. Yo también. - Observó, en silencio, como lágrimas cristalinas vagaban sin rumbo por el rostro del muchacho. - ¿Por qué lloras, pequeño? - Ligera preocupación en su tono.
- No me lo perdonarán
- Murmuró entre sollozos, culpándose a sí mismo de traición.


Pues eso era, un traidor. Había decepcionado a su gente, había ignorado sus ideales, para terminar enamorándose de


Tom lo abrazó fuertemente. Harry dio rienda suelta a su llanto, desahogándose en sus brazos, en Su Mundo.

Escuchó como Tom abría la puerta cercana a ellos (magia sin varita
) y lo jalaba dulcemente hacia adentro de ésta, sin dejar de abrazarlo. Al entrar, la volvió a cerrar, sellándola con algunos encantamientos de magia negra. Harry comprendió por qué lo había hecho. Si hubieran seguido en el corredor, cualquier mortífago podría verlos y esa no era la idea principal de Tom. En una sala solitaria poseían privacidad.


- Shh. - Tom lo apretaba contra sí, otorgándole el calor que le estaba faltando. - No llores, pequeño.
- Me odiarán
- Tom no supo bien a quienes específicamente se refería, pero prefirió no preguntar.
- ¿Por qué?
- Me he enamorado del asesino de mis padres
del asesino de mi familia
de mis amigos



No encontró qué decir para consolarlo. Supuso que el silencio sería lo mejor. Que el chico se descargara con él a través de las lágrimas. Lágrimas que contenían desesperación, desesperanza, dolor
Por el pasado, un solitario pasado devastador e intolerable. Por el presente, por el temor de saber que eso no era lo correcto, que la razón debería dominar al corazón en esa situación, pero no tenía la fuerza para contradecirlo. Por el futuro, por los rencores dirigidos a su persona y por el desconcierto de no saber qué se avecinaba.

Notaba que se aferraba a él como si temiera que al soltarse ya no estuviera a su lado. Le agradecía su presencia de una forma indirecta, pero sincera. No se sentía solo entre tanta oscuridad y confusión. Él estaba a su lado, a pesar de todas las cosas.


- No te dejaré, pequeño. Ya no estarás solo, ¿entiendes?
- Por favor
- Tom le besó por un corto instante, en intento de tranquilizarlo.
- Te amo, Harry. Todo estará bien.
- Ya he oído eso antes. - Le recordó el joven, sollozando. - Y resultaron ser puras mentiras

- ¿No crees en mí, Harry?


Sintió como el cuerpo del joven se estremecía, debatiendo una respuesta entre todo su desconcierto. No siempre la mente y el corazón opinaban lo mismo. Y esa situación era el mejor ejemplo.

Él era quien le había quitado las oportunidades de ser feliz. Le había quitado a su familia, a sus amigos, y le habían raptado amenazando matar a sus mejores amigos. Le había obligado a mantenerse obediente. Tras la muerte de Bellatrix, el joven parecía muchísimo más sumiso que antes y había proseguido a planear las clases de magia negra. Era hora de que el poder de Harry Potter se revelara ante el mundo mágico.

Lo había influenciado lo suficiente para que hiciera una cruciatus al traidor de los Potter.

Pero en ningún momento le había mentido. Había dicho que le castigaría por engañarlo con Bella, y como no había terminado el escarmiento planeado por detenerse a escuchar las súplicas, había decidido sacudir el cuerpo de Granger a latigazos. Y eso había servido para que Harry finalmente se diera cuenta que no merecía la pena pelear, no había esperanzas para él.

Pero ese monstruo que había sido el Asesino, le había consolado, le había cuidado, le había hablado con palabras cariñosas cuando más lo había necesitado, sabiendo leer en sus ojos cuando deseaba un abrazo consolador. No lo había vuelto a mirar con odio ni había hecho el mínimo indicio de querer matarlo. Le quería, ya fuera con justificación o sin ella. Había decidido entregarse finalmente a esa persona que le haría sentir lo que nadie consiguió.

Harry confiaba en él, porque ya no confiaba en Dumbledore. Tantas mentiras habían terminado por arruinar los ideales del joven hacia el bando de la luz. Y había determinado otorgarle la oportunidad. Y Tom no la desperdiciaría. Haría que su pequeño no se arrepintiera de su lealtad, al principio forzada, ahora hecha a voluntad.


- A veces me haces acordar a Dumbledore
- Susurró Harry con timidez. Voldemort frunció el entrecejo ante esto.
- No soy Dumbledore, Harry. Me has ofendido con ese comentario. - Dijo con un tinte divertido.
- Lo sé. Pero
No puedo evitarlo. Ambos quieren mi poder

- Muy pronto descubrirás la diferencia entre Dumbledore y yo, mi pequeño, y no dudarás de quien es quien.
- Sé quien es quien, Tom. Sé que no me mentirías como él lo ha hecho. Sé que me amas. Pero
tengo miedo de que una vez que haya hecho lo que desees que haga, me abandones

- No eres una herramienta desechable, Harry. Eres el Poder, y no hay que derrocharlo cuando se lo tiene, mucho menos abandonarlo. Y yo no haría eso. Te necesito de mi lado. Y no me refiero porque seas poderoso, no.


Le besó por unos instantes, resaltando las palabras inexistentes.


- Eres mi posesión más preciada
y deseada.


***

Interrumpió su concentrada escritura. Alzó sus ojos dubitativamente en dirección a la ventana de la sala, buscando sustento en el paisaje. Ya era de noche. Colores oscuros bañaban el cielo, con la luz de la luna reflejada en la superficie del lago. Luna llena. Serena y elegante, esperando
¿A qué? Las estrellas le acompañaban, obedientes, iluminando la inmensa Oscuridad.

Se estremeció. Tal vez de frío
Tal vez de rabia
o de remordimientos. No había pasado mucho tiempo desde que había visto el cuerpo torturado de Mione. Sólo unas cuantas horas, que había logrado superar centrando todos sus pensamientos en el trabajo que tenía enfrente.

Pero no poseía más excusas para eludir la inevitable realidad. Las palabras del Dark Lord resonaban perseverantemente en su mente, paralizándolo. Se sentía perdido en un mundo inexplorado. No sabía que hacer, cómo reaccionar a los nuevos acontecimientos. Haber admitido que se había enamorado de aquel detestable ser le había sustraído toda la autoestima que había podido reunir en ese lugar.

¿Cómo había podido olvidarse de sus ideales? ¿Del lugar de su lealtad? Sus amigos, su familia, nunca se lo perdonarían. Ni siquiera rogaría por perdón: no lo merecía. No tendría que haber dejado que Lord Voldemort lo sedujera.

Todo era un mar de dudas. No sabía en quién confiar. La imagen de Voldemort, la imagen de un Monstruo que le habían hecho creer, demostrando que era la auténtica con ejemplificaciones (entre las que se incluía su odiado pasado), no existía. Más bien, existía, pero no para él. Cuando se quedaban a solas, demostraba poseer aquellos sentimientos de los que se le había acusado carecer. Pero enfrente de los mortífagos, era el Voldemort que había asesinado a sus padres y a sus amigos


El amor es ciego.

Respiró profunda y entrecortadamente, procurando que las lágrimas no se originaran. La pesadumbre de su alma debía ser guardada en su interior, de otra forma



- Qué sorpresa, Harry Potter
- Murmuró una voz familiar, aunque remota en los recuerdos de Harry, como si formara parte de una vida anterior, antigua.
- Qué alegría verte por aquí, Draco. - Respondió con ironía, sin voltearse.
- Seguro me has extrañado mucho. - Añadió Draco con el mismo tono.
- Tanto como tú a mí. - Se limitó a contestarle.


Escuchó los pasos adoquines de Malfoy, que se proponían ser silenciosos, acercándose hacia donde él se encontraba sentado. La silla del otro lado de la mesa se corrió, siendo el aviso que el futuro mortífago estaba ubicado enfrente suyo. Más que nunca, se concentró en el trabajo que el Dark Lord le había dispuesto.

Ver a Malfoy frente a él, en el mismo bando, sería una dura realidad.


- ¿Cómo has estado estos meses aquí, Potter? - Preguntó Draco con inocente interés.
- ¿Cómo has estado estos meses en Hogwarts sin mí, Malfoy? - Para su sorpresa, el Slytherin sonrió.
- Querrás decir, cómo han estado, ¿verdad, Potter? ¿Quieres saber la reacción de Dumbledore ante tu desaparición y la de tus inmorales amigos?


Harry dejó de escribir. En su pecho, su corazón latía apresuradamente. Su nerviosismo fue detectado en el ligero temblor de sus manos. Conectó sus ojos con los grisáceos de Malfoy, deslizando odio y desafío en ellos. Al contrario de él, su rival demostró intensa burla y diversión.

Malfoy colocó un periódico viejo encima de la mesa, sonriéndole. Harry le lanzó una interrogante mirada, fijando su concentración en el Profeta, aunque sin moverse ni un centímetro.

No le interesaba lo que había dicho Dumbledore, no le interesaba


No logró convencerse.


- Guardé este Profeta, sabiendo que algún día de estos volvería a verte. Sabía que el Lord te mantendría aislado de las noticias. Mmm
¿Quieres o no? - Harry, reuniendo toda la indiferencia posible, elevó una ceja en intento de parecer suspicaz.
- ¿El Lord no te castigará? - Preguntó con burla. - ¿No estás arriesgando tu impecable historial?
- No. - Sonrió Malfoy. Acercó el Profeta aún más a Harry. - ¿Lo quieres o no? - Potter cerró los ojos, queriendo evitar seguir sus impulsos. Pero



Lo tomó, sin detenerse a observar la expresión del rostro de Malfoy.



TRAGEDIA EN HOGWARTS

El establecimiento que había sido denominado uno de los lugares más seguros de toda Inglaterra fue embestido por las fuerzas del Señor de las Tinieblas sin previo aviso, al desaparecer las barreras antiguas de protección. Los estudiantes estaban indefensos, en camino a una usual cena luego de un extenuante día de clases. Pero las cosas no salieron como siempre: los mortífagos junto con criaturas aliadas al Dark Lord (entre los que se encontraban los Dementores
) irrumpieron Hogwarts, el colegio de magia y hechicería, agrediendo sin piedad a los jóvenes aprendices.

Los estudiantes de cursos superiores inmediatamente se pusieron adelante, para evitar muertes de inocentes niños de cursos inferiores. Los profesores se apresuraron a ayudarles, pero los mortífagos eran muchos más en número y, lamentablemente, en habilidad.

No quedaron numerosos estudiantes de sexto y séptimo años vivos, y si hay, están en una situación crítica, luchando por sus subsistencias en San Mungo.

El profesor Dumbledore declaró que hay cuatro alumnos desaparecidos, tres pertenecientes a sexto curso y otro a quinto, de la casa de Gryffindor. Todas las sospechas están dirigidas a que están en manos del Dark Lord, y que sus secuestros habían sido previamente proyectados. Esos estudiantes son: Hermione Granger, Ronald y Virginia Weasley, y Harry Potter.

Las clases del colegio estarán suspendidas por un período de tiempo indeterminado, mientras se decide si Hogwarts continuará abierto o si sería más favorable cerrar la institución educativa.



Harry no pudo leer más. Dejó el Profeta sobre la mesa y respiró hondo, antes de mirar despreciablemente a Malfoy.

- ¿Han cerrado Hogwarts? - Un nudo en su garganta le impidió seguir enumerando sus dudas.
- No. Tardaron semanas en decidirlo, pero han impuesto nuevas barreras de protección y nuevas medidas de seguridad. - Malfoy hizo una mueca. - Cómo si el Dark Lord ya no supiera como burlarlas

- ¿Han
? - Harry se mordió un labio antes de continuar. - ¿Han hecho más declaraciones?
- Por supuesto, no se habló de otra cosa por semanas. Pero nada sobre ti, Potter. Me atrevería a decir que Dumbledore no ha movido ni un dedo para intentar encontrarte, mucho menos rescatarte. - Harry se quedó de piedra, bajando su mirada.
- ¿Ni siquiera por
?
- ¿La sangre sucia y los pobretones? ¿Crees que la Orden del Fénix se arriesgará por ellos, Potter? No les importan. ¿O acaso no te has dado cuenta en el tiempo que llevabas con ellos, que a las personas que no aparecen por sus propios medios son ignoradas, salvo que sean de utilidad? Salvan su propio pellejo nomás.


Harry lo sabía. Sin embargo, nunca lo había vivido por su propia piel. Había tenido la esperanza que esta vez fuera diferente
Pero había esperado en vano, había confiado en vano. Sólo él podía salvar a sus amigos
Ya no quedaba ninguna otra salida.

Debía entregarse completamente al Dark Lord


Y una parte de sí se alegró de que lo hubiera admitido por fin.



- Draco. Tu padre acaba de decirme que habías llegado
- Saludó una voz proveniente de la puerta. Tom. Escuchó como Malfoy se ponía de pie y se inclinaba ante su Señor.
- A sus órdenes, mi Lord. - Harry sintió la poderosa mirada de Tom en su nuca. Pero no se volteó.
- Veo que han estado hablando
- Voldemort se acercó a la mesa y agarró el periódico. Lo examinó con fría inquisición. - ¿Lo has leído, Harry? - Le pareció detectar una cruel burla en su tono de voz. El muchacho asintió en silencio. - ¿Y qué opinas?
- No esperaba otra cosa. - Contestó en voz baja. En su mente imaginó las sonrisas de los dos Slytherin.
- A medianoche será tu iniciación, Draco. Estate preparado, será en los jardines. Puedes retirarte. - Tras una reverencia, Malfoy salió de la sala de estrategias.


Tom le forzó a levantar la vista, queriendo ver sus ojos esmeraldas concentrados en él y no en un aburrido pergamino.


- Será mejor que te apresures, mi pequeño. Tienes que lucir elegante en la ceremonia.
- ¿Iré a
?
- Obviamente. Es hora de que empieces a participar de las reuniones.
- Tom, yo
- El Dark Lord le hizo callar, sonriéndole misteriosamente.
- Sorpréndeme, Harry. - Sin decir más, se dio vuelta y salió de la sala, abandonando a un joven aturdido.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .___. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

***


Capítulo IX: Triste adiós

Los jardines parecían atentos a todos sus movimientos. El aire que se respiraba estaba muy lejos de ser tranquilo. El ruido molesto de las capas y los murmullos incesantes de los ansiosos mortífagos se confundían con las voces cautas de la noche. Una noche insensible. El lago estaba agitado, coordinando perfectamente con la situación. Encima de ellos, la luna y las estrellas les contemplaban acusadoramente, testigos de la Maldad reinante en la Fortaleza.

Los mortífagos llevaban sus aterradoras máscaras puestas. Todos salvo Draco, quien vestía una costosa túnica verdosa, con detalles finos en plateado y el escudo de Slytherin, del cual el joven mostraba estar plenamente orgulloso. Los ojos grisáceos relucían en emoción, sin dejar ver ninguna clase de miedo o duda. Su rostro estaba tan pálido como siempre.

Harry se encontraba callado al lado del Dark Lord, admirando la situación con interés y a la vez deseando no estar allí. Pero no se iba a atrever a desobedecer una orden de su Señor, ya no quería arriesgarse más, ni su pellejo ni el de sus amigos. Y tampoco tenía razón para desobedecerlo. Vestía una túnica sencilla, aunque no por eso sin gracia. No se había entusiasmado en elegir algo más complejo, a su gusto la situación no lo merecía.

Y por las ropas que llevaba Voldemort, a él tampoco le parecía un momento digno para lucirse. Sin embargo, era la incorporación de un nuevo mortífago a sus filas y eso no dejaba de tener su importancia. Aunque el mortífago tuviera diecisiete años, le sería útil, con una vida de pleno servicio por delante


Por ejemplo, Draco había estudiado las barreras mágicas de Hogwarts y los operativos de seguridad, así que pronto tendría un informe sobre el colegio. Algo que para el Dark Lord era un arma totalmente eficaz en sus manos. Harry sospechaba (y temía) que dentro de unas cuantas semanas Tom le comentara que estaba proyectando un ataque masivo a Hogwarts
Y no le hacía ninguna gracia. Teniendo en cuenta que capaz para ese momento sus amigos estuvieran en la institución



- Queridos mortífagos, nos vemos aquí reunidos para recibir



Harry recordaba haber escuchado palabras parecidas cuando se unió a la Orden del Fénix. La diferencia era que en aquella situación, quién reprodujo el discurso fue Dumbledore y quienes lo escucharon, gente que le había inspirado plena confianza, amigos. Entre los mortífagos no había nadie a quien se pudiera llamar de confianza, mucho menos amigo
Esa palabra no existía de ese lado del mundo
Amistades fundadas en intereses.

Aunque capaz hallara alguna que otra excepción
Globalizar no estaba bien.


- A un nuevo aliado en nuestras filas, quien ya ha probado ser merecedor de nuestra confianza



Claro, merecedor de confianza era sinónimo de ser hijo de uno de los mortífagos de más alto rango
En otras palabras, Lucius Malfoy. Si Draco decidiera traicionar a Lord Voldemort, el prestigio de su padre se iría por la borda, junto con sus vidas, obviamente



- Teniendo sus aceptables razones



Entre las que se encontraban el desprecio a los muggles y el seguimiento a muerte de las leyes de Salazar Slytherin



- ¿Alguien se niega a la incorporación de Draco Malfoy? - El silencio fue la única respuesta. Draco sonrió, complacido.


No durará aquí
Es demasiado idiota para poder cumplir las órdenes de Tom


Los mortífagos habían formado un cerrado círculo alrededor. Draco estaba en el centro, frente a Tom, quien estaba al lado de un ensimismado Harry. Pero la concentración del Dark Lord estaba con Malfoy en ese preciso instante.

Tom alzó su mano derecha, despojando a Malfoy de su túnica para dejar al descubierto su brazo izquierdo. Con otro movimiento elegante de su mano, el antebrazo del joven destelló en la oscuridad y Draco tuvo que contener un humillante grito de dolor. Segundos más tarde, todo cesó, como si nada hubiera ocurrido. La Marca Tenebrosa habitaba ahora en el cuerpo de Malfoy, como señal inmortal de lealtad a la Magia Oscura.


- Bienvenido a nuestra familia, Draco. - Dijo Voldemort firmemente. - Aquí aprenderás a saborear el Poder y la Gloria, y conocerás la eterna Verdad. Ahora, para concluir la ceremonia
Nos demostrarás tu poder enfrentándote a uno de los nuestros.
- A sus órdenes, mi Lord. Estaré dispuesto a batirme a duelo con quien usted decida. - Voldemort asintió, con una sonrisa peligrosa en sus labios. Bajó su mirada a Harry.
- Harry Potter. - El Gryffindor miró sorprendido a Tom, boquiabierto, dispuesto a contradecir la orden.
- Mi varita
- Voldemort se la tendió, sonriéndole, mientras se agachaba para que estuvieran a la misma altura.
- Demuéstrales de lo que eres capaz, Harry. Sorpréndenos.


Tomó su varita dubitativamente y contempló a Draco, evaluándolo en cierta forma. Asintió, instantes después, suspirando momentáneamente. No le quedaban muchas opciones. Además, tampoco parecía tan mala la idea
Un poco de diversión a esa noche de su vida no vendría mal, ¿no?

Tom retrocedió unos cuantos pasos, para cederles más espacio para el duelo. Los mortífagos hicieron lo mismo, siguiendo el ejemplo de su Señor.

Se ubicó frente a Malfoy, extrañamente alterado. Vació su mente de todo pensamiento que no se asociara al duelo y comenzó a buscar en su memoria hechizos que pudieran servirle en ese momento. Sostuvo su varita con más firmeza en su mano, indicándole a Malfoy que estaba preparado. No iba a perder. Qué deshonra sería sino



- Todos los encantamientos están permitidos, salvo los causantes de fallecimiento. Que comience el duelo.


Por unos segundos, los mortífagos pensaron que los muchachos no habían escuchado el mandato del Señor. Permanecían rígidos, mirándose únicamente a los ojos, con intenso odio en sus iris. La última vez que habían tenido un duelo oficial, ninguno de los dos había salido victorioso por razones ajenas al control de ambos. Era el momento de saldar deudas y exponer quién de los dos era el más experto en la temática.


- Vermillious. - Draco fue el primero en atacar, con un sencillo hechizo. Harry se redujo a invocar un escudo de mínimo nivel para bloquearlo.
- Bolus Hydous. - Con un movimiento circular, un globo de agua surgió de la varita de Harry, con dirección hacia Draco, quien la esquivó sin más.
- Radius Sufferre.
- Escudo.


Hechizos iban y venían, cada vez más potentes y prácticos. Draco comenzó a variar su magia, dejando de utilizar la Magia Blanca para producir hechizos más dañinos y oscuros con la magia alabada por los mortífagos. Harry, que sólo había recibido lecciones de Magia Blanca, se preocupó en originar escudos más duraderos y útiles frente a la Oscuridad y en atacar con hechizos enérgicos.

Los minutos pasaban y todo seguía igual. Algunos mortífagos que ya se habían aburrido del duelo empezaban a hablar con sus compañeros sobre temas desatinados para la situación. Otros observaban con interés el manejo de poder que ambos demostraban poseer para su temprana edad. Mientras que restantes empezaban a desear que llegara el momento que cada uno usara el as bajo la manga para terminar todo aquello.

Voldemort no quitaba sus ojos escarlatas de Harry, analizando cada movimiento y cada error del joven, que cosas debía reforzar y perfeccionar. No podía dejar de odiar que todos los encantamientos que el Gryffindor ejecutase fueran de Magia Blanca, revelando así la influencia que por años había sido Albus Dumbledore en él. Le enseñaría cómo lucir mejor su poder. La Magia Negra siempre demandaba respeto y admiración, que era lo que el joven Potter necesitaba.


- Crucio. - Murmuró Malfoy. No se encontraba bien. Tenía diversas heridas por todo su cuerpo. Alguna que otra de gravedad.


Harry obvió la maldición, girándose repentinamente. Su siguiente movimiento no fue pensado sino que contestó instantáneamente, con inexorable determinación.


- Crucio. - La maldición dio de lleno en su rival, quien cayó de rodillas, sin poder resistir el dolor, conteniendo por momentos el grito que pugnaba por salir de él.


Harry, al contrario de su primer intento con Peter, estaba decidido, con todas sus energías centradas en el Cruciatus. Su postura emanaba orgullo y consistencia ante las circunstancias. Su varita estaba en su mano, sin temblar ni un instante. Sus ojos reflejaban vacío, indiferente al dolor que arremetía contra Malfoy.

Un minuto
Dos
bajo la maldición. Cuando Potter bajó su varita, el mortífago se desplomó por el suelo, rogando a sus pulmones respirar y a su organismo controlarse. Los mortífagos contemplaban todo conteniendo la respiración. Sólo Voldemort sonreía, y cabe decir que muy ampliamente.


- Excelente, Harry. - Victoreó el Dark Lord. El joven parecía shockeado y respiraba con ligereza. - El duelo ha concluido junto con esta reunión. - Anunció.


Al instante, sus fieles sirvientes desaparecieron, algunos maldiciendo no poder ver lo que sucedería después. Sólo permaneció Lucius, que ayudaba a incorporarse a su hijo.


- Lo has hecho bien, Draco
pero creo que no lo suficiente. - Sonrió burlonamente.
- Prometo ser mejor para la próxima, mi Lord. - Contestó Draco obedientemente, pero en sus ojos era visible la rabia que sentía.
- Nosotros nos encargaremos de eso, Draco. - Dijo Lucius.
- Pueden retirarse. Guía a tu hijo a su habitación, Lucius.


Nuevamente solos
Escuchó como Tom se acercaba a él y le abrazaba reconfortadamente, aliviando la vacía dolencia que sentía en su pecho. Cerró los ojos, su vista demasiado nublosa para serle ventajosa. Unos labios familiares se posaron sobre los suyos, abriéndose camino hábilmente. Se estaba acostumbrando al aroma de Tom, al sabor dulce de sus labios, a su autoritario pero suave tacto. Ya no se estremecía al pensar que lo requería. Era el único remedio a su infinito vacío.

Las únicas luces que antes habían iluminado mágicamente la zona para la reunión se apagaron, dejándoles completamente a oscuras.


- Me sorprendiste y estoy seguro que lo seguirás haciendo, pequeño
Te enseñaré a manejar la poderosa Magia Negra, Harry, y confío en que no te resultará demasiado complicada

- Tom

- Shh. Tienes que estar preparado, Harry. Los débiles no sobreviven en este mundo y tú no lo eres, salvo que te niegues a aprender



Sin decir más, el cuerpo de Harry cayó en sus brazos, adormecido por un encantamiento.


***


Abrió los ojos somnolientamente para luego observar a su contorno con intenso temor, despojando toda la existencia de sueño que pudiera haber quedado en él. Desconocía el lugar donde se encontraba, aunque empezó a sospechar, al analizar los objetos que formaban parte de la sala. Unos muebles característicos de un dormitorio, puertas a los lados con inscripciones de serpientes en ellas, una pequeña mesa con sillas a un costado y una cama de doble plaza donde se encontraba acostado cómodamente.

No debía ser muy inteligente para deducir que estaba en un dormitorio. Sin embargo, no era el suyo.


- ¿Te gusta nuestro dormitorio, Harry? No es muy diferente al que tenías antes, sólo que



La voz de Tom le hizo despertar completamente. Sus nervios se alteraron y miró al Slytherin en busca de explicaciones.


- ¿Qué
?
- Oh, mi pequeño. - Tom se sentó a su lado, observándole atentamente, mientras acariciaba su rostro. - Es que ya no podía soportar estar sin ti
- Murmuró con suavidad mientras besaba los labios del joven con lentitud, apaciguando la incertidumbre.
- Yo
- Susurró Harry, cuando sus labios se separaron.
- ¡Ah, me olvidaba! Tengo que informarte sobre tu premio por haber vencido a Draco

- ¿Premio
?
- Oh, sí. Realmente fue un magnífico espectáculo. Además que lo hiciste estupendamente
- Sonrió, mientras sus labios se deslizaban al cuello del joven, rozando su piel. - Liberaré a tus amigos.
- ¿Qué? - Harry no creía lo que acababa de escuchar. Mirando insistentemente a Tom, dijo algo más coherente. - ¿Cuándo lo harás?
- Hoy. - Sonrió al ver la alegría y la gratitud en las iris esmeraldas. - Y supuse que tal vez quisieras despedirte de ellos. Porque como ya sabrás, tú no te irás. - Harry sonrió débilmente, bajando sus ojos a las sabanas, con las mejillas levemente sonrojadas.
- Ni aunque me concedieras la libertad me iría
- Tom evitó que su sorpresa fuera evidente al oír la frase que nació de los labios de su amante.
- Eres tan dulce e inocente, mi pequeño


***


Pensar que por fin había conseguido que sus amigos fueran liberados, que estarían a salvo en Hogwarts, donde sus familias y profesores se encargarían de su seguridad y bienestar, le llenaba de alegría y aliviaba la culpa que había sentido todo ese tiempo en la Fortaleza. Pero también sería la última vez que vería a sus amigos en indeterminado tiempo
Pero estarían a salvo, y eso era más de lo que él podía pedir. Estarían lejos de la abrumadora celda y de la culpabilidad que deberían sentir


Aunque dudaba que el bienestar en Hogwarts durara mucho. Y su intuición le indicaba que no tardaría en volver a verlos
Sólo que la situación sería bastante diferente. No quería imaginársela: estarían en diferentes bandos, defendiendo opuestos ideales. No quiso profundizar sus pensamientos en aquel tema porque sino la tristeza volvería a cubrir sus facciones. Y él quería mostrarse vivo frente a Hermione, Ginny y Ron. Que ellos siguieran creyendo que se resistía


Todavía no estaba listo para escuchar de los labios de sus amigos la palabra traidor


Aún estaba aturdido por lo que le había dicho inconscientemente a Tom minutos antes.

¿Podría amarlo si él mataba en un futuro ataque a Hogwarts a sus amigos? ¿Podría perdonarlo por lo que le había hecho en un pasado y lo que podría llegar a hacer en un futuro?
La respuesta solamente ocasionó que su corazón se encogiera y que su mente le regañara por sentir aquello. Ese amor no debería existir
Pero era irrevocable. Y ya no había vuelta atrás


Tragó saliva cuando la imagen de su nuevo dormitorio le vino a la mente. El dormitorio que de ahora en adelante compartiría con Tom
Una sospecha flotó en sus pensamientos al mismo tiempo que comenzaba a unir ideas, por algo era estratega... Dormitorio con Tom
Eso era definitivamente sinónimo de Peligro.

Recordó el castigo incompleto tras la muerte de Bella y no pudo evitar que un color rojizo se subiera a sus pálidas mejillas. Percibió la mirada inquisidora de Voldemort sobre sí, pero la ignoró sin demasiado disimulo. ¿Y si
? ¿Y si Tom quería que
?

No, él no estaba preparado
Estaba seguro que Tom esperaría, que no le forzaría


La próxima vez, no me detendré a escucharte.

Una insólita desesperación cobró vida en él, sin una raíz clara. Detuvo su caminata, fijando su vista en el suelo e intentando normalizar su respiración, de la cual había comenzado a perder el control. Algo que estaba ocurriendo demasiado seguido para su gusto. Tom le amaba, no le haría nada que le dañara
Él le cuidaba, como nadie más había llegado a hacer, si le había castigado alguna vez era porque lo había merecido
Era Su Culpa. No le obligaría. ¿O sí? ¿Podría más el deseo de sentirlo suyo al amor que el Dark Lord profesaba por él
?


- Harry, ¿estás bien? - Preguntó Tom, con el entrecejo fruncido, extrañado por su anómala y repentina reacción.


Harry intentó responder, pero sus cuerdas vocales se negaron a no ceder al silencio.


- ¿Harry? - Le tomó por los hombros, sacudiéndole suavemente.


De repente, Potter empezó a temblar. Primero ligeramente, pero luego comenzaba a similar ser una hoja de árbol en otoño.


- ¡Harry!
- Tom
Por favor
- Murmuró Harry, con los ojos bañados de lágrimas. Se sentía ligeramente lívido y una inusual debilidad acudió a él. - Dime que no me harás daño
Dímelo
Que no me harás hacer nada que yo no quiera. ¡Por favor! - Tom le miró preocupado, preguntándose en qué rayos estaba pensando, pero asintió a su pedido.
- No te haré daño, pequeño. Salvo que

- Que yo lo merezca, lo sé. - Acabó Harry la frase por él.


Instantes después, le abrazó fuertemente, a la vez que su cuerpo retornaba a la normalidad con lentitud.
Al poco tiempo, llegaron a la mortificante celda. Harry respiró hondo antes de entrar, comenzando a meditar sobre lo que iba a decirles a sus amigos. No les iba a mentir, pero tampoco les brindaría la absoluta verdad


Ahí estaban ellos, esperándole impacientemente. Seguramente habían sido informados de que él vendría y de que serían liberados, aunque no les habrían explicado la razón. Hermione se lanzó al instante hacia él, abrazándole con ímpetu y a la vez llorando descorazonadamente, luciendo así la extremada preocupación que había sufrido por él durante ese tiempo.

Harry no contestó el abrazo en su integridad, pero permitió que su amiga se desahogara de esa forma, que se expresara con aquellas lágrimas. Capaz sería la última vez que fuera un soporte para ella
La miró directamente a los ojos y con un gesto cariñoso, le quitó las lágrimas que humedecían su rostro. Estaba sana, sin ninguna cicatriz que manifestara ser recuerdo de la tortura.


- Mione, no llores
Que sino me harás llorar a mí también. - Sonrió, intentando que el aire que se respiraba fuera algo más ameno.
- Harry
Me niego a irme sin que vengas con nosotros. - Dijo Granger con decisión. Ron y Ginny se acercaron, ambos lucían la misma expresión facial que la Prefecta.
- Mione, no

- ¡Me quedo, Harry! ¡No te dejaré solo aquí, en este horrible y odioso lugar!
- ¡Deben entender que no hay otra forma! - Exclamó Harry, comenzando a enojarse por la actitud de sus amigos. Él había entregado todo por ellos. No podían despreciarle de esa forma
- ¡Sólo quiero que estén a salvo! ¡No podría vivir con la culpa de pensar que
!
- Somos tus amigos. - Le cortó Ginny secamente. - Y por lo tanto, nos rehusamos a abandonarte.
- ¡Nosotros tampoco podemos dormir tranquilos, pensando que él te obliga a hacer cosas que no quieres y todo por nuestra culpa! - Dijo Ron, en tono terminante. Harry se mordió el labio inferior, en completo desacuerdo con el pelirrojo.
- No es por tu culpa, Ron. - Murmuró Harry. - Es sólo mía, ¿ya?


Sin previo aviso, sintió un duro golpe en su mejilla izquierda. Se llevó una mano allí automáticamente y miró a Ginny, sorprendido de que ella le hubiera abofeteado de esa manera.


- ¡Estoy harta de que todo el tiempo te hagas la víctima! Nosotros también sufrimos contigo, ¿sabías? - Chilló la joven, mirándole con algo entre preocupación y rabia. Harry vio de reojo que Tom se enderezaba, con el ceño fruncido, mirando la dramática escena.
- ¡Basta! No hay otra opción.
- ¡La encontraremos! - Hermione seguía llorando, rehusándose a la realidad, y Ginny no estaba muy lejos de imitarla.


Ellas sabían que una vez que se fueran, ya nada volvería a ser igual



- No.


Era tal su enojo que comenzó a sentir como la magia se despertaba en su cuerpo involuntariamente. Intentó controlarse con todas sus fuerzas, pero no había desarrollado demasiado aquel campo. No iba a dañar a sus amigos



- Somos tus amigos. - Repitió Ginny con convicción.


El vacío dentro del corazón de Harry era cada vez más inmenso, provocado por el abatimiento que sufría con esa escena. Escuchar esas palabras le dolía, le torturaba, le mataba sutilmente


La magia involuntaria hizo lo suyo, y no pudo detenerla. Al segundo sus tres amigos estaban inmovilizados, podían hablar, pero ya no moverse. Harry tragó saliva, no pudiendo mirarlos a los ojos.

Eso que estaba sucediendo no era lo que él había pensado. No quería



- ¡Harry! - Gritó Hermione tras un momentáneo y doloroso silencio. - ¿Por qué haces esto?
- Cuídense, ¿sí? Y díganle a Dumbledore que ande con cuidado



Hizo una mueca. El nombre de su director no debería haber formado parte de esa despedida. Y sus amigos habían notado el desprecio que iban aliado a sus palabras.

Cerró los ojos, conteniendo las lágrimas, y se volteó hacia Tom, caminando hacia él. El Dark Lord sonreía, no sabía bien porqué. Le detuvo cuando iba a salir por la puerta, tomándolo de la muñeca fuertemente. Le miró fijamente a los ojos, como advirtiéndole lo que iba a hacer, antes de besarlo posesivamente, con sus amigos mirando todo con los ojos simulando ser platos. No lo rechazó, no podría jamás, pero las lágrimas se deslizaron por su rostro con más abundancia.

En ese momento no podía pensar correctamente, ahogado por las emociones que acudían a él en aquella confusión.


- ¡Te desconozco! - Escuchó que exclamaba Ron histéricamente. - ¡Tú no eres mi amigo!
- ¡Ron! - Gritó Hermione, intentando hacerlo callar. Harry sentía sus ojos almendrados mirándole con urgencia, buscando respuestas que él no estaba dispuesto a darle.
- ¡No luchaste! ¡Cobarde!
- ¡Ron! - Ginny

- ¡Te controlaron como quisieron! ¡Les dejaste hacer contigo lo que quisieran!
- Tom, por favor
- Murmuró Harry, con los ojos cerrados y temblando incontrolablemente.
- ¡Te odio! ¡Nos abandonaste! ¡TRAIDOR!


Sintió como Tom lo arrastraba fuera de la celda, cerrando la puerta detrás, haciendo que los gritos cesasen. Harry, en cambio, no se tranquilizó por eso. No, más bien, se desesperó más ante el silencio, sintiendo la soledad y la oscuridad cercándole completamente. Percibió que enérgicos brazos le rodeaban, acariciándole el cabello y murmurando palabras suaves en su oído.

Cuando abrió los ojos minutos más tarde se halló en su dormitorio, siendo abrazado por Tom. Gimió, aferrándose con más fuerza a la túnica del mago. Las lágrimas no podían contenerse, estaba en la histeria.


- Vamos, pequeño
Respira hondo

- Tom
- Dijo entrecortadamente. Los gritos de Ron zumbaban en sus oídos todavía.
- Shh. Tranquilízate, mi Ángel

- Me odia
Me odia
- Sollozó. Tom le abrazó con más fuerza, murmurando un encantamiento.


Segundos después, Harry dormía plácidamente de nuevo bajo sus efectos.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertido/a.

~*~

Capítulo X: Dudas inquietantes

Era increíble como en tan poco tiempo su vida había cambiado tan bruscamente. Antes jamás se había imaginado que Voldemort lo secuestrara y le demostrara cariño, dejando de lado a sus amigos, a su familia, a su Mundo. Y ahora le parecía tan lejano el tiempo en que escuchaba los reclamos de Hermione sobre el horario de sus estudios, cuando jugaba con Ron y Ginny al Quidditch, cuando durante las noches se centraba en la Orden del Fénix
No era él el que había vivido aquello


No había estado preparado para que le llamaran traidor. Tom tuvo que aplicarle casi continuamente hechizos sedantes durante los siguientes días hasta que finalmente aceptó su destino. Se arrepentía de no haber podido disculparse, explicarse, para que aunque sea tuviera la oportunidad que le comprendieran. Si bien Hermione y Ginny no le habían repudiado y habían querido detener los gritos de Ron, sus expresiones continuaban vigentes en su mente.

Hagas lo que hagas, siempre recuerda que nosotros te queremos.

¿Qué tan seguro podría estar ahora de eso?

¡Estoy harta de que todo el tiempo te hagas la víctima!

Él estaba harto de ser la víctima, en realidad. Hubiera dado todo por ser normal, una persona normal, sin un destino impuesto a penas nacer, sin grandes poderes mágicos
Hasta se hubiera conformado con ser muggle
Todo por no ser Harry Potter. Todo para que sus amigos no sufrieran por su culpa. Todo para que Sirius, sus padres, Luna y Neville no hubieran muerto
Todo para no enamorarse de su enemigo, traicionando a quiénes le habían entendido y acompañado en sus aventuras alguna vez


¿Era realmente cobarde por desear eso? ¿Por no afrontar la realidad? ¿Por no resistirse a lo que sentía su corazón, a lo que anhelaba su alma y maldecía su mente? ¿Por sacrificar a la gente por puros intereses suyos? ¿Por querer darle una oportunidad, una única oportunidad, a Tom? ¿Por desconfiar de Dumbledore, odiándolo cada vez más?

¿Era cobarde?

Se llevó una mano a la mejilla donde días atrás Ginny le había cacheteado. Suspiró cansadamente.

Perdónenme



- Mi Ángel, ¿no deberías descansar? - Murmuró la voz de Tom desde la puerta. Elevó sus ojos de la cama para encontrarse con la mirada escarlata.
- No tengo sueño, Tom.


El Dark Lord frunció el entrecejo, arrimándose a él y acariciando su cabello. Harry cerró los ojos, disfrutando de las diversas sensaciones que le invadieron al sentir el cálido tacto.


- No puede ser que no puedas dormir correctamente sino es por pociones o encantamientos, Harry. Tu salud está agotada por tanta magia afectándola. - Detuvo el sermón, para comenzar a hablar en un tono de voz más suave. - Debes dejar el pasado atrás, pequeño. Aceptar el presente como se muestra para tener la mente fría a lo que vendrá después.
- Es tan fácil decirlo, Tom. - Susurró Harry. - Pero ellos eran lo que quedaba de mi familia

- Harry, no olvides que yo siempre estaré a tu lado. Y si no lo estoy físicamente, creo que nuestra conexión podrá ayudarnos a estar constantemente unidos.
- No es lo mismo, Tom
- El Slytherin besó su frente y se enderezó, con el rostro serio de nuevo.
- Los mortífagos me esperan. - Harry elevó los ojos, sorprendido.
- ¿No iré contigo?
- Creo que no estás muy bien de salud para poder concentrarte... Salvo que quieras venir

- No, prefiero quedarme. - Tom asintió solemnemente y salió de la habitación sin decir nada más.


Era increíble que ese Tom que se preocupaba por su bienestar fuera el mismo que había asesinado a sus padres


Asfixió su llanto, abrazándose desesperadamente a la almohada.


***


- ¿No hay noticias de Hogwarts, Nott? - Preguntó fríamente.


Necesitaba saber cuál había sido la reacción de Dumbledore cuando los tres Gryffindor aparecieron en los terrenos de su castillo. No sólo para sus propios planes, sino también para saber hasta que punto podía hablar del tema con Harry.


- Para nada, Señor. - Contestó el mortífago, bajando la mirada al suelo, como disculpándose de su ignorancia, y suplicando silenciosamente por no ser castigado.


La figura que se encontraba a su lado avanzó tímidamente unos pasos, para atraer la atención de Voldemort. Nott suspiró aliviado, al dejar de ser el centro de atención.


- ¿Draco? - Preguntó Voldemort, interesado en escuchar la información del joven aprendiz.
- El Profeta le entrevistó luego de la reaparición de Granger y los Weasley. El ministro opina que la Comunidad se alegrará de recibir esas buenas noticias.
- A la Comunidad le gustaría más oír que todos los mortífagos están en Azkaban y que yo he muerto incomprensiblemente. - Comentó Voldemort burlonamente. - ¿Cuándo saldrá la entrevista?
- Mañana en el Profeta, mi Señor.
- Perfecto. Me pregunto qué habrá dicho el vejete
- Murmuró Voldemort pensativamente. - ¿Qué noticias traes del ministerio, Lucius?


***


- Vamos, Harry, necesitas alimentarte
- Insistió Tom.


Estaban en el cotidiano Comedor con todos los mortífagos, cenando. No obstante, el joven no había agarrado los cubiertos ni una sola vez en la noche.


- No tengo hambre



Muchos mortífagos intentaban oír su conversación con Voldemort, pero sus voces eran lo suficientemente bajas para que sus ineptos oídos no entendieran nada.


- Es tu salud la que está en juego, Harry. Debes comer.
- Lo siento, Tom, pero



La puerta del comedor se abrió, interrumpiendo la discusión. Todos los ojos se centraron automáticamente en la figura que apareció allí. Harry percibió como los ojos de Tom registraban la larga mesa, en busca de algún mortífago ausente, y luego volteó a la persona estática en la puerta. Por debajo de las ropas, pudo ver a Tom aferrándose a su varita. Se puso de pie y con una sonrisa socarrona, saludó al invitado.


- Severus, qué agradable sorpresa nos traes



Harry palideció al mismo tiempo que reconocía a su ex profesor de pociones al examinarlo con más detenimiento. Sus miradas se encontraron durante un pequeñísimo instante. Pero no pudo entender lo que en esos ojos negros habían reflejado.

Los mortífagos empezaron a murmurar entre ellos, inspeccionando cada centímetro de Snape con sus mordaces miradas.


- Ven, siéntate. - Tom señaló la silla vacía a su lado izquierdo.


Tras la muerte de Bellatrix ese asiento no había sido ocupado, ya que no se había encontrado al mortífago que mereciera el puesto.

Severus asintió a la invitación-orden del Dark Lord y lentamente se dirigió hacia allí. Hizo una reverencia ante Voldemort, evitando en todo momento ver a su ex alumno a los ojos, y se sentó en la silla, con una expresión indiferente, pero sumisa, en su ilegible rostro.


- ¿Qué te trajo hasta aquí, Snape? - Murmuró Tom amenazadoramente, volviéndose a sentar. Harry se estremeció ante el tono de voz empleado. Se había acostumbrado a su tono suave de los últimos días.
- Quiero volver a incorporarme a sus filas, ahora que Dumbledore ha dejado de vigilarme



Harry se contuvo a alzar las cejas. Así que continuaba en su papel de espía para la Orden
Notó que Tom buscaba alguna señal en su rostro. Por el bien de Severus, miró su plato de comida con furia.


- ¿Qué razones tengo para volver a admitirte, Severus, cuando no pudiste participar en el ataque a Hogwarts, donde requerí de tus servicios?
- Traigo información importante acerca de Dumbledore. - Miró fijamente a Harry, quien huyó de su mirada esta vez. - Sus planes y pensamientos sobre la situación actual
- Tom miró con curiosidad a Harry y retornó su concentración a Snape.
- ¿Con situación actual te refieres a la desaparición de Harry, Severus?
- En efecto. - Harry se mordió el labio inferior, sintiendo como en su pecho el corazón le latía aceleradamente. - Está muy preocupado sobre lo que podrías estar haciéndole a Potter, mi Señor. - Voldemort alzó una ceja, escéptico.
- ¿Preocupado por su propio pellejo, he de suponer?
- No. Por él. - Miró a Harry insistentemente, pero el chico siguió evadiendo su mirada. - Sobre todo después de que Granger y los Weasley fueran liberados
Le han estado insistiendo muchísimo sobre

- Basta, Severus. Esto debe ser tratado en una reunión. Creo que deberías recordar las normas

- Lo siento, mi Lord.


Los ojos de Tom buscaron conectarse con los de Harry, pero éste seguía fascinado con el color tentador de la carne en su plato...

¿Sería verdad que Dumbledore estaba preocupado por él e ideando planes para rescatarlo? ¿Sería verdad que sus amigos le habían estado insistiendo para que lo hiciera o todo era una farsa de Snape?


***


- Estás muy callado, Harry. - Comentó Tom horas más tarde, cuando se encontraban ya en el dormitorio.
- Lo siento, Tom, es sólo que



Tom tomó su rostro con las dos manos, mirándole fijamente a los ojos, sin dejarle terminar la frase. Harry se retorció, queriendo liberarse, pero Tom le continuó sosteniendo.


- ¿Le has creído a Severus, Harry? ¿Piensas que Dumbledore se sacrificará por ti? ¿Qué no te han abandonado después de todo?
- No
no
- Sollozó Harry.
- ¿No me has dicho que aunque pudieras no te irías? ¿O me has mentido?
- No, Tom, es sólo que

- Recuerda que ellos no te comprenden, sienten lástima de ti. Te quieren utilizar para matarme, si quieren que vuelvas es sólo para eso. ¿Deseas que te sometan a esa presión de llevar la esperanza de toda la Comunidad sobre tus hombros de nuevo? ¿Serías capaz de matarme, Harry? ¡Dímelo! - Le sacudió con más violencia, comenzando a impacientarse de los lloriqueos del muchacho.
- No quiero, no quiero volver a aparentar lo que no soy

- ¿Serías capaz de matarme, Harry?
- No. - Murmuró el Gryffindor con toda la firmeza que podría llegar a tener en un momento así. - Porque te amo



Tom dejó de sacudirlo y las manos que tenía sobre el rostro del muchacho se deslizaron hasta los hombros. Se miraron por unos eternos instantes, leyéndose los pensamientos mutuamente. Tom vio en el brillo verde de los ojos de su ángel la sinceridad de sus palabras y la desesperación que sentía. Dócilmente, como si formara parte de un sueño, besó los labios del joven, quien lo recibió velozmente.

Cuando el beso se rompió y Tom iba a soltar a Harry, el muchacho le tomó de las manos y le miró suplicantemente.


- No me abandones, Tom
Eres lo único que me queda

- Tranquilo, pequeño. Me quedaré a hacerte compañía hasta que te duermas. - Harry le sonrió débilmente, agradeciéndole.


Se tendió en la cama aún con la túnica de la cena, cerrando los ojos y abriéndolos para precisarlos en el techo de la habitación. Su mente estaba en blanco a causa de un punzante dolor de cabeza, causado por los problemas que estaba afrontando, la escasez de descanso y de alimentación.

Se ruborizó cuando se dio cuenta que los ojos escarlatas analizaban cada uno de sus movimientos con atención.


- Creo que deberé esperar mucho tiempo hasta que te duermas, ¿verdad? - Preguntó Tom, divertido al ver el color rojizo en las pálidas mejillas.
- Me duele la cabeza. - Excusó Harry.
- Deberías haber comido algo. - Le reprendió él severamente.
- Uhm
- Lo obvió.
- ¿Vas a dormir con la túnica puesta? - Se burló Tom, cambiando de tema al llegar a la conclusión que no lograría nada reclamándole. El sonrojo de Harry aumentó la intensidad.
- Yo
- No le causaba gracia tener que cambiarse de ropa frente a Tom. Éste sonreía ampliamente, ante el claro nerviosismo del joven.
- Si quieres puedo ayudarte. - Dijo Tom, con los ojos brillándole sobrenaturalmente.


Harry se horrorizó cuando su amante, ante la falta de respuesta, se inclinó hacia él y empezó a desabrocharle la túnica.


- No, no, Tom



Cuando terminó de decir aquello, escuchó como el Dark Lord comenzaba a reírse a carcajadas. Pero no eran carcajadas frías y tenebrosas, como las que solía hacer en las reuniones de los mortífagos. No. Era una risa sin maldad, simplemente entretenida por la escena.

Pero se interrumpió cuando se dio cuenta de que Harry le miraba con cierto pánico en los ojos. Hizo un movimiento con la varita y las ropas del joven se transformaron mágicamente en un cálido pijama.


- ¿Pensabas que iba a hacer otra cosa? - Preguntó Tom. Su voz estaba entre serena y burlesca. Harry se estremeció, pero Tom simplemente acarició su rostro con una mano. - Mi Ángel. ¿No recuerdas que te prometí no hacerte daño? ¿Qué no iba a obligarte a hacer nada que no quisieras? Esperaré hasta cuando estés preparado, del mismo modo que esperé hasta que me amaras

- Tom, yo
- Susurró Harry, avergonzado, enderezándose en la cama hasta quedar sentado. Tom se sentó a su lado en la cama también y le acercó suavemente a su regazo.


Harry se encontró sintiéndose a gusto y cómodo en esa posición. El contacto con la piel de Tom le colmaba de una calidez especial, sintiéndose protegido en ese lugar, mientras su amante acariciaba su cabello un tanto pensativo. Estaba a salvo y en paz. Y no estaba solo.

El sueño que por días le había abandonado retornó y lentamente fue quedándose dormido mientras pensaba que después de todo, la vida no era tan cruel con él



***


No era un lugar muy diferente a lo usual en la mansión. Era sencillamente una sala especialmente dedicada al aprendizaje de Magia Negra y todo lo relativo a ella. Las paredes estaban decoradas con cuadros de viejos personajes revelantes en la historia de ese arte. Todo con colores opacos, deprimentes, que incentivaban a sus sentimientos a decaer. El aroma venenoso que se respiraba lo aturdió en una primera instancia y la sensación de sentirse observado por miles de ojos se acrecentó a medida que cruzaba el umbral de la puerta.

La desconfianza a no estar haciendo lo correcto invadiéndolo con cada inspiración


Tom le había prometido instruirlo en la materia, para así poder manejar y desarrollar mejor sus extraordinarios poderes mágicos al máximo. No como Dumbledore, que había intentando mantenerlos ocultos hasta cuando dieran las circunstancias. Pensar en el vejete no hizo más que sacudirle el estómago y apretar los labios inconscientemente.

Había discutido mucho con Tom sobre ese tema y aún no podía poner sus pensamientos en orden. Nada estaba claro. Todo era un mar de confusión. Él, que había pensado que se libraría de la culpa cuando sus amigos abandonasen la fortaleza, se sentía oprimido cada vez más. Y la presencia de Snape no hacía nada por reparar ese pequeño problema



- Notarás, si es que Dumbledore te enseñó verdaderamente la
uhm
belleza de la Magia Blanca, que manejar las Artes Oscuras es mucho más fácil. Aunque hay que dominarla a la perfección o puede producir daños innecesarios
- Empezó a explicarle Tom, sentados frente a frente en unos cómodos sillones.
- ¿Cómo qué? - Preguntó Harry, interesado. Tom sonrió con cierta ironía.
- Si tú no las dominas a ellas, ellas te dominan a ti, pequeño. - Su tono era cauto, estimulándole a tomar en serio las cosas por ese lado.
- ¿Y qué sucedería si
uhm
ellas me dominaran? - Volvió a preguntar Harry, titubeante.
- Ante todo, eso no sucederá porque sino me decepcionarás, y mucho, Harry. - Sonrió débilmente antes de continuar. - Si sucumbes ante ellas, pues
perderás el dominio de tus actos y pasarán a controlar tus movimientos y pensamientos, que se volverán terminantemente destructivos e indiferentes hacia el mundo que te rodea. Podría ser hasta un gran peligro para ti mismo: podrían llevarte al suicidio, si es que no les agradas
- Harry frunció el entrecejo. - Pero si te concentras, nada de eso tendría por qué suceder.
- ¿La magia sin varita se incluye en la Magia Negra?
- La magia sin varita es de ambas clases, Harry. Sólo que del lado del blanco, es mucho más trabajoso hacerlo. Pero es el riesgo que se corre en nuestra magia, pagas un gran precio por la sencillez. Sin embargo, Harry, muchos hechizos de Arte Oscura son sumamente complicados, así que no te confíes demasiado
Requiere su esfuerzo a pesar de

- Ante todo, debes recordar que tus poderes mágicos son un arma intensa, mortal, que debes manipular con prioridad. No abuses de ellos. Las consecuencias que pagarías serían demasiado altas como para permitirse eso
- Continuó Tom luego de una pausa, mirándolo fijamente. - A veces pueden faltar cuando más los necesitas
- Harry se estremeció.
- ¿Qué es más poderosa, la magia negra o la blanca?
- Depende, pequeño. - Murmuró su Maestro un tanto pensativo.
- ¿De qué?
- De quién la utilice y con qué experiencia o habilidad. Pero la Magia Negra tiene límites que son inalcanzables para Dumbledore y los suyos



Al igual que la Magia Blanca. Con las Artes Oscuras, su madre nunca habría podido crear un escudo hecho de amor para salvar su vida en aquel nefasto Halloween
Sus padres
¿Qué pensarían ellos de él en ese momento? ¿Entenderían su locura de enamorarse de Tom? ¿O también le llamarían traicionero, como Ron? ¿Le odiarían? ¿Negarían que fuera su hijo? ¿Excusarían que Voldemort le había hechizado y por eso
?

Sacudió la cabeza ligeramente, tratando de espantar esos pensamientos. Tenía que tener la mente concentrada en lo que estaba enseñándole Tom. No podía errar. No había mínima probabilidad de error en ese momento. Sus padres podrían esperar hasta la noche, cuando el insomnio atacase sus barreras



- Deberías dejar de darle vueltas al tema, Harry. - Le regañó Tom, haciéndole volver a la realidad. - Ya no tienes por dónde mirarle. - El joven bajó los ojos, apesadumbrado.
- Lo sé, Tom, pero no es fácil.
- Tú no lo quieres hacer fácil. - Corrigió Tom severamente.


¿Tendría razón Tom? ¿Sería él el que no quería admitirlo? ¿Prefería pensar que todo era muy complicado, evadirlo, y en verdad sólo se estaba engañando por su miedo al presente? ¿Acaso no tenía el valor de aceptar que amaba a Tom? ¿De profesarlo al mundo? ¿De demostrar que aquello no era falso y que su corazón había
?


- Hay veces que pienso que todo esto es un sueño o que no me está pasando a mí. - Murmuró Harry. - Que si realmente me esfuerzo me levantaré en mi dormitorio en la torre de Gryffindor, Ron me regañará por haberme quedado dormido y Hermione nos estará esperando en el Gran Comedor, leyendo el Profeta y criticándolo. Y Ginny, Neville y Luna se acercarán a nosotros y preguntarán si queremos jugar al Quidditch luego de las clases

- Soñar no cuesta nada, ¿no, Harry? - Éste tragó saliva y sonrió amargamente.
- Cambiaste tanto mi vida, Tom
- El Slytherin le sonrió, mientras acariciaba su mejilla con una mano.
- Y tú la mía, mi ángel. - Harry alzó los ojos, incrédulo ante aquellas palabras. Seguía sin poder creer realmente que Lord Voldemort le amara
- En serio.
- ¿Cómo puedes ser tan cruel y tan tierno a la vez, Tom? - Susurró Harry, tan bajo que hasta a su receptor le costó entenderle.
- Sólo contigo se consiguen esas cosas, Harry. Pero nos hemos desviado de la clase
- El joven rió nerviosamente.
- Discúlpame. - Tom le observó, alzando una ceja, para luego retomar a la clase.
- ¿Qué te parece si empezamos con esto? - Abrió un libro y señaló el título de una de las páginas. Harry lo leyó y luego volvió a mirar a Tom, boquiabierto.
- No lo dirás en serio.
- Lo digo tan en serio como que te amo. - Sonrió con sutil delicadeza.

Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

~*~

Nota de autora: Lamento la postergación de la actualización, pero creo que comprenderán que me encuentro bajo período de exámenes finales... Y estoy sumamente estresada (juro que nunca he estado así xD) Decidí publicar el capi, a pesar de no tener tiempo hasta el viernes por la tarde (en otras palabras, mañana) para responder reviews. ^^'
Como compensación, el domingo/lunes subiré un nuevo capi (sólo si la cantidad de reviews cumple mis expectativas xD)


~*~

Capítulo XI: ¿Te gusta el cambio?

Dos semanas habían acontecido. Harry había avanzado mucho en el aprendizaje de las Artes Oscuras, pero esos días las clases se habían suspendido porque Tom tenía algunos temas de jerarquía que tratar y Harry simplemente no quería ser una molestia en sus planes. A penas había visto al Heredero de Slytherin del tiempo que éste se pasaba en la sala de estrategias y en reuniones privadas con ciertos mortífagos. Parecía que algo había sucedido en el Ministerio, pero Potter no se sentía con el suficiente valor como para preguntar. Y temía una respuesta negativa a sus deseos, además.

Así que empleaba su tiempo en lecturas de libros o vagando por el castillo, especialmente por los jardines, para serenar sus pensamientos. Practicar solo era terriblemente aburrido, asimismo muy peligroso. Porque si algo llegaba a ocurrirle, Tom no estaría allí para reparar el daño
Si bien la conexión que les unía era fuerte, tardaría segundos en estar al tanto de lo ocurrido


Y segundos bastaban para acabar con su vida


No se había cruzado ni con Snape ni con Malfoy últimamente. Creía que Tom tenía algo que ver, especialmente en lo de Malfoy. Había llegado a sus oídos que Dumbledore había hecho una declaración respecto a sus amigos, pero nadie le había alcanzado un periódico para leerla. Seguramente el primo Draco hubiera estado complacido de satisfacerlo en ese punto, mas las circunstancias no le habían permitido


En cuanto a su propia salud, volvía a estar estable, aunque no del todo. Había vuelto a alimentarse como debía y a descansar las horas suficientes para empezar los días con energía, y no como antes, con pesadez.

En cierta forma, se sentía surcado por la soledad. Las pocas horas que veía a Tom en la semana junto a la falta que le hacía un brazo de alguno de sus amigos, le hacían sentirse ligeramente abandonado. Sin embargo su pareja no le permitía desarrollar esa idea en su mente. Como Tom le había dicho una vez, que estuvieran separados físicamente no hacía que sus mentes no estuvieran ligadas. Había establecido límites en ella, frustrado por las amarguras que solían deprimir a su ángel.

Harry había protestado, argumentando que le estaban aprisionando, que le estaba quitando su libertad (la que podía maniobrar dentro de la Fortaleza, claro está.) Luego calló. En cierta manera, le había hecho bien poder evitar el tema. Aunque


Ese día los jardines estaban armónicos, compartiendo ese sentimiento con él. Le invadía una inusual tranquilidad. ¿Qué importaba si había traicionado a sus seres queridos al enamorarse del
? Estaba harto de que esa pregunta resonara en su cabeza. Pero su conciencia no dejaba de chillar. No le permitía disfrutar de Tom, de lo que éste le proponía y ofrecía a cada momento. Era demasiada la culpa para dejarse llevar, y eso le abrumaba.

No obstante, ese día parecía ser la excepción.

El cielo estaba cubierto de oscuras nubes, videncia de la lluvia que había humedecido la tierra hacía pocas horas. Una brisa fresca sacudía su túnica paulatinamente mientras se aferraba a sus abrigos por el frío anormal de verano. Casi otoño, a decir verdad. Pero la temperatura estaba baja y si Tom llegara a verlo con certeza se ganaría una reprimenda.

Estás jugando con tu salud. Eres mi propiedad, Harry, y no voy a permitir que te dejes enfermar de esa forma
Tu desinterés por ti mismo es un gravísimo error.


Entornó los ojos. ¿Qué importaba si se ganaba un resfriado? Los jardines estaban demasiado bonitos para desaprovechar la oportunidad. No era un frío helado, brusco, sino más bien agradable. Y él agradecía poder ver y sentir algo así entre tantos problemas y conflictos internos, le otorgaba confianza en sí mismo. Algo que le estaba escaseando.

Con un gesto de su mano, una llama azulina se apareció ante sus ojos, sobre su palma. No quemaba, simplemente iluminaba. Le encantaba hacer magia sin varita. Si bien ésta estaba en su bolsillo (tras innumerables advertencias de Tom), quería desprenderse de ella, pues era simplemente una herramienta que ayudaba a canalizar la magia del brujo. Le quitaba la emoción. Haciendo magia sin ella, una cálida y maravillosa sensación se deslizaba por toda su sangre y una excitación extravagante concurría a él. Se terminó acostumbrado, pero la primera vez había pegado un gran salto. Desde entonces, eludía su varita, deseando dominar su magia naturalmente.

Unos pasos detrás de él le advirtieron que alguien le seguía. Detuvo su caminata, intentó desechar la amplia sonrisa de su rostro (sin lograrlo) y se giró, quedando frente a frente con Severus Snape. No pudo menos que sorprenderse.

Severus vestía la misma capa de siempre, sus ojos seguían mostrando la misma impasibilidad y su rostro continuaba ilegible de emoción. Sin embargo, había algo diferente en él. Le miraba con atención, con insistencia. Harry pestañó, preguntándose qué se traía entre manos el mortífago. No le había dicho nada a Tom sobre Snape, porque no quería más culpa sobre su conciencia. Pero no podía evitar sentirse desconcertado por su reaparición, arriesgando su vida en eso. Había olvidado que a la Orden no le importaban los riesgos, sino los resultados


En eso se aliaban mucho al lema Slytherin: el fin justifica los medios.

- Severus. - Saludó Harry con cortesía.
- Cierra tu mente por un instante. No quiero que Él se entere que hablamos. - Harry le miró extrañado, pero asintió a su pedido.


Durante su sexto año había llegado a manejar completamente Oclumancia, así que no se le hizo muy difícil cerrar la conexión con Tom. Sabría que luego éste le preguntaría por qué lo había hecho, pero no era ese el momento de ponerse a inventar excusas.


- Bien, Harry
- Éste elevó una ceja, escéptico, sin creer que su ex profesor acabara de llamarlo por su nombre de pila. - Necesito que me cuentes qué ha sucedido aquí.
- ¿Refiriéndose a qué?
- El Dark Lord y tú. ¿Qué es lo que
? - Harry bajó sus ojos al suelo.
- Pensé que Ron, Hermione y Ginny ya le habrían contestado esa pregunta a la Orden. - Murmuró secamente.
- Ellos sólo vieron el hecho, pero no pueden explicarse cómo

- No me interesa. - Le cortó Harry. - Ahora ellos están en Hogwarts, no tienen de qué preocuparse. - Snape le miró entre incrédulo e irascible.
- Te está dominando, Potter. Tú no lo ves, pero poco a poco dejas de ser tú mismo para pasar a ser un arma en sus manos

- ¡Cállese!
- ¿Dónde quedaron tus lealtades, Potter? Ahora mismo tienes la posibilidad de huir y

- Cállese. - Repitió Harry, sólo que más fuerte. - No sabe qué es lo que

- Por eso he venido a que me lo cuentes tú mismo, ya que no pudiste con tus amigos



Harry deshizo la flama azul para abrazarse a sí mismo. Todo su cuerpo estaba helado. Tardó unos instantes en reunir su voz para contestarle a Snape.


- Le amo. - Susurró, sin mirar a los ojos negros.


Escuchó como los pasos del mortífago se acercaban a él. Una mano levemente cálida le tomó de la barbilla y la elevó.


- Repítelo. - Le desafió, conectando miradas y sin consentirle la desconexión. Harry tragó saliva, cerrando los ojos y volviéndolos a abrir.
- Le amo. - Su voz tenía diversos matices de emociones. Tristeza, seguridad, culpa, dulzura



Snape le soltó, retrocediendo, y observándole con asco. Harry hizo una mueca. Volvía a sentir las mismas punzadas que cuando Ron le había gritado



- Te salvaré, Harry. - Sin decir más, se giró y comenzó a caminar en dirección al castillo.

Harry no terminó de comprender las palabras de Snape.

***

Aquellos labios que le subyugaban
El sabor azucarado que irrumpía su boca cada vez que sus labios se unificaban. Le hacían olvidar todo. El Mundo no existía. Todo el cuidado que el ser frente a sí le reclamaba era concedido. No sólo el cuidado, sino el amor, la confianza y la atención. No podía resistirse a ellos, porque le otorgaban todo lo que alguna vez quiso, deseó tener y pensó que jamás tendría. Y allí estaba
Ya no le importaba el precio que había pagado por ellos. No era nada comparado con eso


Tom lo abrazó más contra sí, en un gesto posesivo y protector. Y lo aceptó. Necesitaba sentirse querido. Más en ese momento, que las palabras de Snape seguían presentes entre sus pensamientos más ocultos. No iba a arrepentirse. No podría irse. Porque ese era su hogar. Esos brazos que le rodeaban. Allí se sentía satisfecho. No requería nada más.


- ¿Qué te sucede, Harry? Estás muy pensativo
- Murmuró Tom en su oído mientras acariciaba su cabello azabache.
- ¿Cuánto tiempo falta, Tom? - Éste frunció el entrecejo.
- ¿Para qué?
- Para el ataque a Hogwarts. - Un tenso silencio ocurrió tras sus palabras, Tom meditando la respuesta que le daría.
- Cuando estés preparado
- Harry elevó sus ojos, para fijarlos en la profundidad de los de Tom.
- ¿En qué sentido?
- En todos, mi ángel. - Besó su frente, rozando la cicatriz en forma de rayo. - No tienes porque agobiarte con este tema todavía. - Harry suspiró y Tom aprovechó el momento para robarle un delicado beso.
- Extrañaba el sabor de tus labios
- Murmuró el Dark Lord, risueño. Él también. El tiempo había pasado y apenas se habían encontrado. - A propósito, ¿se puede saber por qué esta tarde me cerraste el acceso a tu mente? - Su tono se volvió rígido de repente. Harry se estremeció.
- Necesitaba
uhm
privacidad. - Tom elevó una ceja.
- Estuve a punto de ir a buscarte, sino fuera porque Lucius me hablaba sobre algo impostergable

- Entiéndeme, Tom. Me siento esclavo de ti
- Sintió una caricia sobre su mejilla.
- Es exactamente lo que eres, mi pequeño. Eres mío y, muy pronto, lo serás completamente
- Harry se estremeció ante ese comentario. - Pero tú te entregaste. Y según tengo entendido, disfrutas de

- Sí, no obstante
No dejas de vigilarme, siguiendo mis pasos
No puedo hacer muchas cosas
- Tom sonrió con ironía al escucharlo.
- Tienes más libertad que cualquiera de mis anteriores posesiones, pequeño. Esa ambición que tienes
Me pregunto por qué no fuiste seleccionado para Slytherin



Rompieron el abrazo al decidir Tom que era hora de descansar y Harry se acomodó en el regazo de su amante. En esa posición se le hacía mucho más fácil caer dormido. Y el Dark Lord siempre esperaba a que lo hiciera, para luego dormir él. Aunque Harry sabía que no lo hacía durante muchas horas, algo sorprendente.

Pero no tratándose del Dark Lord



***


De nuevo allí, en la sala de estrategias. No porque quisiera, sino porque los jardines estaban inaccesibles a causa de la lluvia que caía precipitosamente. Él la observaba, calmado, desde la ventana, sintiéndose desbordado por las ideas que le venían a la mente. Le parecía que la lluvia y él eran tan similares
Se sentía comprendido bajo su poder. Era tan triste
como él


Se obligó a mirar al otro lado, donde algunos mortífagos estaban concentrados en sus trabajos. Tom en la cabecera, consultando algunos planos y libros. Le había permitido no participar en esa reunión, consintiendo uno de sus caprichos. Le gustaba mucho más contemplar la lluvia caer que estar rodeado de esas inmundicias, entre pergaminos
Además que los pensamientos destructivos de esos hombres hacía de los trabajos que ejecutaban un verdadero dolor de cabeza. La obsesión por la tortura iba mucho más allá de los muggles e hijos de muggles


Llamaban traidores a los sangre pura que no apoyaban los ideales del Dark Lord. Planeaban maquiavélicas persecuciones a todos ellos. Familia por familia. Algunos cederían a la propuesta. Otros morirían en negativa. El ejemplo más claro para Harry era los Weasley. No obstante, todos sabían que ellos apoyaban a Dumbledore y directamente estaban en la lista de futuros asesinatos. Asesinatos que serían desarrollados tras la Victoria sobre Dumbledore. O sea


Faltaba mucho


Negó con la cabeza, pensativamente. Tom hacía pocos días le había contado su pasado. Su vida en un orfanato muggle, el desprecio natural que sentía por ellos, fundamentado en todo aquello. El rechazo y abandono de parte de su padre hacia él. Y Harry no había podido menos que terminar contando también su experiencia con los Dursley.

Sin embargo, Harry no sentía un gran odio por ellos. Sencillamente, un desprecio por todo el dolor que le habían causado. Odiaba más a Dumbledore, que era el causante de que su pasado fuera de esa manera. Las miles de posibilidades que había tenido de ser feliz y le habían sido arrebatadas


Ya no le importaba si torturaban a los muggles, su postura respecto a ellos era neutral. Lo que no quería era que sus amigos muriesen


Percibió los poderosos ojos escarlatas sobre su figura. Conectó sus esmeraldas con ellos. Dejó que Tom leyera sus pensamientos. Y vio como una sonrisa se dibujaba en el rostro del Dark Lord.

No les sucederá nada, pequeño. Estarán bien.

Se estremeció al escuchar la voz de Tom en su mente. Todavía no se acostumbraba a eso. Era muy extraño. Aunque excesivamente útil en una situación crucial


Le devolvió la sonrisa.


***


- Se dice que el Ministerio también está haciendo algo parecido, mi Lord. - Dijo Lucius.
- ¿El Ministerio? - Preguntó Voldemort, visiblemente extrañado. - ¿Está recurriendo a magia antigua?
- Nadie lo sabe realmente, mi Lord, pero los rumores que circulan por los pasillos van hacia ese camino. - Dijo otro mortífago, al lado de Lucius.
- Personalmente, no lo creo. - Opinó Snape. - Los focos de magia serían fácilmente investigables y, por lo tanto, podríamos destruirlos con facilidad, permitiéndonos la entrada al Ministerio.
- Además que Dumbledore no quiere que las barreras protectoras del Ministerio sean similares a las de Hogwarts. - Apuntó Draco. - Fudge está aterrado. Se sabe que el Ministerio está en la mira. Ya hemos atacado Hogsmeade, Hogwarts y Diagon Alley. Sólo nos faltaría el Ministerio y San Mungo

- Hay muchos lugares más que merece la pena que dominemos, Draco. - Sonrió Voldemort ambiciosamente. - Pero por el momento
- Se interrumpió, pensativo. - ¿Cuánta protección tiene ahora nuestro querido Cornelius?


Un tenso silencio se formó en la sala. Los mortífagos intercambiaban miradas, en busca de alguien que supiera la respuesta. Nadie contestó.


- ¿Dumbledore no te ha comentado nada sobre eso, Severus?
- Para nada, mi Lord.
- Entonces... - Los ojos escarlatas se fijaron en una fluctuante figura del círculo. - Colagusano, encárgate de hallar la respuesta. Pasado mañana quiero tu perfecto informe.


Tras un vacilante asentimiento de Pettigrew, el Dark Lord se volteó hacia Lucius Malfoy.


- Reúne a tu grupo de ataque, Lucius, y crea una buena estrategia sorpresa. - Sus ojos brillaron peligrosamente. - Cornelius está viviendo sus últimos días de vida



Las risas tenebrosas resonaron por toda la sala.

Y había un mortífago que no compartía la emoción de sus compañeros.

***

Harry no tardó en percatarse que algo bueno había ocurrido en el bando de Lord Voldemort en las mañanas siguientes. Los mortífagos poseían un sospechoso buen humor que hacía que el aire en el castillo se asemejara al de una lujosa celebración. Tom se mostraba misterioso, sin compartir sus planes con él, manteniéndolo aislado de las reuniones y estrategias, como si planeara hacerle una fiesta de cumpleaños a escondidas. Pero Harry estaba muy lejos de pensar que Tom fuera a hacer eso.

No. Sabía que estaban trazando un ataque importante, donde alguien fundamental para la Comunidad moriría. Sin embargo, no entendía por qué Tom no quería su mente detrás de las estrategias.

Al fin de cuentas, el ataque a Diagon Alley fue todo un éxito


Aún recordaba los gritos triunfantes de los mortífagos cuando arribaron en la Fortaleza tras la visita al Callejón. El aroma a sangre y a terror. A Muerte. Las varitas impugnadas de una energía obscura. Magia Negra utilizada en exceso. Tras esa imagen de la Orden Tenebrosa, todo el llanto, toda la desesperación vivida, todo el dolor y toda la agonía eran deducibles.

Y se repetiría. No obstante, él no sería parte activa de eso. En cierta forma le aliviaba. Su conciencia no tendría que vivir con eso. Pero a pesar de aquella tranquilizadora sensación, estaba desorientado. No comprendía.



Por otra parte, estaba debatiendo consigo mismo sobre si informarle a Tom sobre dónde estaba la verdadera lealtad de Severus. Aunque tenía la sospecha que en realidad el Dark Lord ya lo sabía, que sólo quería jugar con él, ver qué era lo que quería, para luego terminar matándolo sin piedad, haciéndole sentir un dolor fuera de lo imaginable. Como Bellatrix


Tras el último encuentro con el Maestro de Pociones, dedujo qué era lo que ciertamente quería lograr, arriesgándose a morir en manos del Dark Lord.

Quería sacarlo de la Fortaleza. Volverlo a llevar con Dumbledore.

Ahora que tenía la oportunidad frente a él, tendría que probarle a Tom que sus declaraciones eran auténticas.

Aunque
añoraba el aire familiar de Hogwarts, a pesar que fuera tan irreal
Aunque sólo lo quisieran para despojar a la Comunidad de la Maldad



¿Valdría más su amor por Tom que los recuerdos de una adolescencia con sus amigos?

¿Tendría el valor de confirmar su traición al bando de Dumbledore dejando que Severus muriera?

¿Podría olvidarse de todo aquello que alguna vez vivió y que no volvería a tener aunque suplicara?

¿Podría rechazar la oportunidad de volver a la felicidad imaginaria?

¿Todo por amor al Dark Lord
?

¿Tom o sus amigos?


Hacía semanas había elegido. Ahora de nuevo, para que reparara su error o confirmara su decisión. ¿Qué elegiría?

***

- Potter. Hacía tanto tiempo que no te veía

- Malfoy. - Se limitó a responder Harry, sin dejar de contemplar el paisaje por la ventana del corredor. Era simplemente un casual encuentro con el Slytherin, que estaba haciendo su patrulla de la tarde por los pasillos de la Fortaleza.
- Ha llegado a mis oídos que estás aprendiendo Magia Negra. - Draco pretendió querer empezar una conversación con él. Harry sabía que sólo buscaba burlarse de él. Quería vengarse de su anterior derrota en el duelo, frente a los ojos críticos de los mortífagos y del mismísimo Lord Voldemort.
- ¿Y qué? - Draco sonrió perversamente ante su ingenuidad.
- ¿Te gusta el cambio? - Harry frunció el entrecejo ante la pregunta. No se la había esperado. - Es que
Me quedó la curiosidad desde aquella vez que nos vimos en la biblioteca de Hogwarts

- ¿De qué hablas, Malfoy? - Preguntó Harry, despistado. Había pasado tanto tiempo

- ¿Acaso no recuerdas cuando te advertí que esto sucedería? El Dark Lord ya me lo había comunicado



Lo recordó con claridad tras la explicación de Malfoy. Estaban él, Hermione y Ron estudiando para los exámenes, cuando Malfoy se acercó a la mesa donde estaban con aire arrogante, como si supiera algo que ellos no. Y en ese momento



- ¿Qué quieres, Malfoy?
- Simplemente quería ver cómo estaban mis queridos compañeros

- Agradecemos tu insólito interés, Malfoy, pero nos da asco tu preocupación.
- Nadie te preguntó, pobretón. Siento pena por ti.
- Y yo de ti. Ahora, ¿nos dejarías estudiar?
- Qué tierno. No saben lo que está a punto de suceder y por eso están tan preocupados en tontos exámenes

- Al contrario que tú, Malfoy, nos preocupamos por tener un digno futuro.
- Así que la sangre sucia quiere ser alguien importante

- Cállate, Malfoy. Vete de aquí. No eres bienvenido.
- ¿Ah, sí?
- ¡Expell
!
- ¡Alto, Ron!
- ¿Harry?
- ¿Qué querías decir con lo que está a punto de suceder, Malfoy?
- Muy pronto lo sabrás, Potter
Pero seguro te agradará el cambio

- ¿Por qué no me dejaste atacarlo, Harry? ¡Es un idiota! ¡Todo lo que dice es mentira!
- ¿Pero si es verdad? ¿Y si
? ¿Y si tiene que ver con Voldemort?
- No digas tonterías, Mione. Malfoy no sabe nada de nada. Además, la Orden lo sabría, ¿no te parece?
- Espero que tengas razón, Ron. ¿Harry? ¿Estás bien?
- Perfectamente.



Se dio vuelta y comenzó a caminar en sentido contrario a Malfoy. No soportaba la astuta mirada grisácea sobre él. Los recuerdos le castigaban y en ese momento anhelaba estar solo.

¿Cómo no se había dado cuenta en esa conversación en al biblioteca del ataque a Hogwarts que Voldemort había planeado para secuestrarlo?

¿Acaso se estaba arrepintiendo de estar en la Fortaleza
?Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

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Nota de autora: La próxima actualización será el jueves/viernes... ^^ Tengo decidido que a partir de diciembre, las actualizaciones sean los Lunes y Jueves. Una gran noticia para ustedes XD

~*~

Capítulo XII: Descontrol


Murmurando palabras incoherentes, terminó de cruzar la última calle tras esperar que el tonto muggle que conducía su automóvil cruzara la avenida. Se aferró aún más a la capa que llevaba puesta, empapada a causa de la intensa lluvia que caía sin piedad. Tenía frío, pero no tenía el valor ni el tiempo para entrar a un bar a esperar que la lluvia aminorase. El Señor había sido claro: tenía casi dos días para entregarle la información. Sino lo hacía, no quería ni pensar en las consecuencias.

Desde allí se apreciaba claramente la mansión del Ministro. Algunas habitaciones estaban iluminadas, pero la gran mayoría estaba notoriamente a oscuras. Miró nerviosamente a ambos lados de la calle antes de transformarse en rata y dirigirse a los inmensos jardines internos. La hierba estaba húmeda y realmente no era de su agrado aquella exploración.

Sin embargo, todo por satisfacer las órdenes de Lord Voldemort y no sufrir ninguna clase de tortura. Se deslizó entre los diversos arbustos cuidadosamente, examinando el terreno. Allí, el aire estaba impugnado de magia. Se sentía la alta protección del lugar. Seguramente nadie podría aparecerse en aquella zona
Debería consultar si se podía hacer magia sin ser detectado


Se detuvo. Le había parecido escuchar pasos. Olisqueó el suelo. Un aroma familiar. Escuchó la voz risueña que inmediatamente identificó. Albus Dumbledore. Y Fudge. Ambos iban caminando en dirección a la entrada principal de la mansión. Conversando. Agudizó el oído, mientras se aseguraba de no entrar en el campo de visión de ambos magos.


- Pero no puede ser, Dumbledore

- Cornelius, no podemos negar que



En ese mismo instante, unos relámpagos iluminaron el cielo y ambos magos se pararon a contemplar la furia de éste. Parecían pensativos, discutiendo sobre un tema de aguda importancia. Pettigrew se acercó un poco más, tratando de eludir las ramas y hojas que obstaculizaban su camino. Tal vez dijeran algo que le sirviera a su Señor
Y así el Lord le felicitaría por su trabajo


Observó la apariencia de ambos hombres. Dumbledore, siempre tan imponente, con una túnica púrpura oscura, la larga barba y aquellos sabios ojos azulinos, que parecían ver a través de toda máscara. Fudge, encogido, con su usual sombrero de hongo y elegante vestimenta. Estaban dentro de una burbuja que los aislaba de la lluvia y del viento. Peter deseó tenerla también, la misión no sería tan fastidiosa sino...

Pero no podía hacer magia. Menos en aquel lugar. Tenía que mantenerse oculto, como el mejor espía. Si llegaran a saber de su existencia
si el Ministerio supiera
No sólo el escarmiento de Voldemort, sino su futuro en Azkaban. Y se pudriría allí, porque nadie se preocuparía en rescatarlo.

Una natural amargura surgió desde dentro de sí. Saber que nadie se preocupaba por él. Que si moría, nadie lloraría. Más bien, festejarían sobre su cadáver. Se preguntaba por qué insistía en seguir vivo. Aquella no era la vida que él había querido. Nada había salido como él había querido.


- Lindo tiempo, ¿verdad, Albus? - Sonrió Cornelius, algo perturbado. Dumbledore le devolvió la sonrisa, pero sin prestarle mucha atención al Ministro. - Menos mal que tenemos esta burbuja
Detesto no poder aparecerme en mi propia casa. - Albus le observó de reojo.
- Estás en peligro, Cornelius. Medidas de seguridad que debes adoptar. Aunque te recomendaría no soltar esa información al aire

- Tienes razón, Albus, tienes razón.


Les siguió cuando reprendieron la marcha. Sabía que se estaba arriesgando al acercarse tanto, pero valía la pena. Cornelius era demasiado despistado, soltaría más información sobre la mansión



- ¿Crees realmente que le está enseñando magia oscura, Albus?
- Estoy esperando informes de mi espía. - Contestó con sencillez, admirando el paisaje.
- ¿Es ese espía de fiar? - Murmuró Fudge desconfiadamente.
- Por supuesto.
- ¿Qué contaron los Weasley y Granger? - Dumbledore fijó sus ojos en la figura de Cornelius por un instante, antes de volverlos a desviar.
- Nada revelador. - Tono indiferente.


Así que hablaban de Potter
Él también estaba interesado en el tema y, a pesar de verlo todos los días en la Fortaleza, no poseía mucha información respecto a éste. El Dark Lord mantenía toda su relación con él en secreto, siendo uno de los grandes misterios que los mortífagos tenían más ansías de conocer la verdad. Y por su precaria jerarquía en el Círculo de las Sombras, él no estaba más al tanto del tema que Fudge.


- ¿Crees que lo haya hechizado, Albus?
- Todo es posible con Lord Voldemort, Cornelius. - El Ministro se estremeció al escuchar el nombre del Innombrable, lanzándole una rencorosa mirada al director de Hogwarts.
- ¡Intenta evitar su nombre cuando yo esté contigo, Dumbledore! - Los ojos azules le miraron con curiosidad.
- Tonterías, Cornelius. Es sólo un nombre.
- Sólo un nombre, sólo un nombre
- Murmuró Fudge, molesto. - ¡Es el nombre del Dark Lord, por Merlín! - Albus le ignoró. Casi estaban llegando a las puertas. - Capaz
Capaz
el Dark Lord le ha hechizado y por eso
- Dijo, retomando el hilo de la conversación.
- Nadie podría asegurarlo.
- ¿Cuándo tendrás el informe del espía?
- Pronto, muy pronto. - Respondió Dumbledore.
- Espero que nos traiga buenas noticias
Estamos cada vez más indefensos ante el Innombrable
- Con un movimiento de su varita, las puertas de la mansión se abrieron de par en par. - Adelante, Albus.


Wormtail detuvo su caminata. Era la hora de elegir que hacer. ¿Inspeccionar terreno o seguir escuchando la conversación?

La segunda opción era la más tentadora y la que tomó casi sin pensarlo.


***


Silencio. Sólo el ruido monótono de los cubiertos, los platos y los vasos irrumpían el mutismo que invadía el Comedor. Nadie conversaba, todos demasiados concentrados en sus propios pensamientos y comida como para intercambiar opiniones con otros.

Harry no había probado bocado. Tenía el estómago cerrado, ni siquiera había cedido a beber algo de jugo. Tom le insistió al principio, pero le dejó finalmente. Ya estaba acostumbrado al escaso interés de Harry en alimentarse cuando tenía mejores cosas que hacer. Así que el joven Potter estaba de brazos cruzados, con el entrecejo fruncido y la vista fija en un punto indeterminado, meditando.

Evitaba ante todas las cosas conectar miradas con Severus, quien estaba frente a él. Harry se preguntaba sino había mejor mortífago para poner en ese lugar. La lealtad de Snape era dudada hasta por los mismísimos mortífagos novatos, ¿por qué Tom insistía en tenerlo cerca? ¿Tal vez para mantenerlo a raya, vigilarlo? ¿O simplemente porque le interesaba ver sus diferentes reacciones?


- ¿Para cuándo crees que tendrás listo tu trabajo, Severus? - Cuestionó Tom.
- Mañana mismo, mi Lord.
- Excelente.


No dejaba de sentir los ojos de Snape sobre sí a cada instante. Era como si quisiera llamar su atención, pero Harry le ignoraba. Sus pensamientos eran mucho más importantes de lo que Snape pudiera llegar a decirle (y enfrente de Tom, dudaba que fuera algo revelador
)


- Ahora mismo Peter debe estar haciendo la investigación. - La sonrisa del Dark Lord no podría haber sido más cruel en ese momento. Parecía estar deseando con todas sus fuerzas que el mortífago no regresara con vida. - Nos traerá información muy interesante.
- Así es, mi Lord. Si es que sale vivo, obviamente
- Ambos rieron por lo bajo. Harry se mantuvo en silencio.
- ¿No tomas nada, Harry? - Preguntó Tom, mirándolo fijamente. El muchacho bajó la mirada.
- No me apetece

- Vamos, Harry, aunque sea sólo un trago
- Instó Tom. Harry suspiró resignadamente y bebió un poco de su vaso, entornando los ojos.
- ¿Contento? - Deslizó un poco de resentimiento en la pregunta.


Al instante sintió una sacudida en su estómago. Frunció el entrecejo, intentando pensar e identificar a que se debía. No tardó en dar con el problema. Sea lo que fuese, estaba bajando sus barreras de protección de la mente. Desestabilizando su control. Volvió a tomar el vaso y olisqueó el contenido. Y terminó de determinar de qué se trataba.

Veritaserum, la poción de la Verdad. No pudo impedir que sus ojos se elevasen en dirección a Snape con un odio inhabitual. ¿Quién más podría haber colocado aquella poción en su bebida?

El mortífago le miró impasible, aunque un ligero movimiento de cejas demostró el interés que tenía en su reacción. Curvó sus labios en una mueca de burla, que no pasó de ser percibida por Harry. Tom había notado el movimiento entre ellos dos, pero lo disimulaba prudentemente, sin saber nada de la situación en apariencia.


- ¿Sucede algo malo, Severus? - Preguntó Tom fríamente.
- No, mi Lord.
- ¿Harry? - Su tono cauto, pero suave.


El muchacho apretó los labios, sintiendo el efecto de la pócima en sí. Intentaba hacerle hablar y no le permitía a sus cuerdas vocales emitir palabra que no fuera cierta. Quiso contradecirlo, pero solamente logró mantenerse al margen unos instantes.

Las palabras fluyeron inconscientemente.


- Alguien colocó Veritaserum en mi bebida. - Tom frunció el entrecejo, agarrando el vaso de Harry y olisqueándolo como el joven había hecho.
- Los elfos no serían capaces
- Murmuró Voldemort pensativo. - Me pregunto quién



El instinto de Harry le indicó que a pesar de no manifestarlo con palabras, Tom tenía una elevada sospecha que coordinaba con la suya propia.

Los ojos rojizos de Tom se detuvieron sobre sus esmeraldas, como solicitándole una respuesta u opinión. Harry se estremeció, siendo su prioridad principal bloquear los efectos de la poción.

En una pregunta peligrosa, la terrible verdad corrompería su moral. O lo poco que le quedaba



- Y para qué
- Una mueca despectiva en el rostro del Dark Lord al decir aquello, contradiciendo el sobrenatural brillo entusiasmado de sus ojos. - Pero ya que estamos, vamos a aprovecharla, ¿verdad, Harry? - Burla. Harry se mordió un labio al percibirlo. - ¿Quién es el espía de la Orden? - Preguntó directamente.


El Gryffindor tragó saliva. Su garganta estaba seca y sus nervios destacaban de sobre manera por la falta de control de sus expresiones faciales. Una mueca de amargura al detectar que sus barreras estaban tardando en reconstruirse


Contestarle esa pregunta a Tom marcaría su traición
Por otro lado, Severus no merecía morir, no. Pero
¿quién de todos los asesinatos cometidos por Lord Voldemort había merecido realmente aquel nefasto destino?

Tal vez, su padre muggle


Maldito Severus por colocar esa poción en su bebida y malditos los motivos que le habían llevado a eso.


- Yo
- Tartamudeó, encontrando su control. Suspiró. - No lo sé. - Mintió, los efectos del Veritaserum disminuyendo en él.


Notó cierta decepción en los ojos de Tom. Triunfo en la profundidad de los de Snape.


- ¿Dumbledore nunca te había comentado
?
- Sí. - Su cuerpo le traicionó. Frunció su entrecejo, concentrándose en poner una excusa al asentimiento automático. - Pero nunca dio nombre. - Agradeció mentalmente su poder sobre la pócima. Severus le debía la vida

- Ya veo
- Su tono no dejaba de ser incrédulo, pero decidido en no oponer más presión.


Harry aprovechó ese momento para fulminar a Snape con la mirada. No tendría que haberle hecho caso a Tom en beber. O capaz seguir el ejemplo de Ojo Loco Moody
No era bueno probar algo ofrecido por el enemigo.

Y Snape estaba enfrente de él.


***


- Maldito Snape. - Murmuró mientras caminaba furiosamente en dirección a los jardines.


Por segunda vez en la semana, había vuelto a cerrar su mente a la de Tom. No le importaba ya las quejas de su pareja, necesitaba libertad. Una rebeldía nacía de su interior, como reclamándole que hacía mucho tiempo que no demostraba negatividad a los deseos de Tom. Simplemente admitiéndolo, asumiéndolo y aceptando.

Había perdido la esperanza. Amaba a Tom y estar a su lado le sumergía en una extraña tranquilidad, pero también le infundía inseguridad y debilidad. Junto a sus amigos siempre se había sentido fuerte, seguro, responsable como había sido de sus vidas. Sin embargo, con el Dark Lord
Conocía más profundamente su propio poder, pero
Lo quería y necesitaba, pero sentía como si
un vacío le impidiera disfrutarlo.

Ambos bandos lo utilizaban. Aunque de diferente manera, no dejaban de hacerlo. Dumbledore no había mandado a Snape porque extrañara su presencia, le preocupara su estado. No. Quería informarse de los acontecimientos, saber para qué debía prepararse. Y si la situación se daba, llevarlo de nuevo a donde pertenecía.

Ya no sabía dónde estaban sus prioridades. Su amor por Tom y por sus amigos lo hacían sentirse dividido en dos personas.

Ojalá pudiera hacerlo


¿No podía todo eso terminar con sencillez?

Basta de palabras. Quería dejarse llevar por los sentimientos por una vez en su vida
Reaccionar como lo haría naturalmente, y no sometido a un control.


- ¡Eh, Potter!


Hablando de control


Volteó a ver a Draco Malfoy entre la oscuridad de la noche, aunque los jardines tenían una tenue iluminación mágica.

Pocas estrellas eran visibles por las nubes que ocultaban sus destellos. La luna menguante brillaba sobre sus cabezas, en una perfecta imagen de belleza, lejos de ser doblegada al poder de las sombras.


- ¿Desde cuando el Lord te deja pasear por los jardines a estas horas? - Preguntó Malfoy, en tono acusador. Harry se encogió de hombros.
- Simplemente obtuve su permiso. - Draco alzó una ceja, escéptico.
- Me gustaría saber cómo lo conseguiste. - Una sonrisa burlona en los labios pálidos del Slytherin. Harry le fulminó con la mirada, inmutable.
- Ve y pregúntale, a ver que te responde

- ¿Qué eres su juguete sexual? ¿Qué le prometiste una noche
?
- Eres un idiota, ¿lo sabías, Malfoy? - Le cortó Harry, frunciendo el entrecejo y girándose para alejarse del mortífago.


Pero no pudo. Malfoy lo paró, instalándose enfrente de él. Esos ojos grises le examinaron cuidadosamente, como buscando con ahínco algo en su ser.


- ¿Seguro que sabes dónde estás parado, Potter? ¿Qué es lo que Él piensa hacer contigo? ¿Estás de acuerdo con
?
- ¿Desde cuando te preocupas por mí, Malfoy?
- Desde que estoy interesado en saber si te gusta ser su
uhm
mano derecha. O mejor dicho, ¿pareja?


Harry eliminó la escasa distancia que lo había separado de Malfoy, caminando lentamente hacia él, con aire amenazador. El Slytherin no se acobardó, pero sí le miró extrañado. Un aura oscura rodeaba a Harry, surgida de la mezcla entre el odio que sentía por Snape y la furia que estaba induciendo Draco en ese momento en su interior. Incrementando sus interrogantes, sus titubeos ocultos. Todo lo que viniera de Draco era mentira, sobre todo la idea de que Tom lo quería como un pasatiempo.

Porque él no era ningún pasatiempo, ¿verdad?


- No hables de lo que no sabes, Draco. - Murmuró Potter frívolamente. - Nada me detiene a usar mi poder contra ti. - Advirtió algo de sospecha en los ojos de Malfoy.
- ¿Y quieres que crea que el Señor consentirá que uses Magia Negra sin su permiso y mucho menos contra uno de sus más fieles súbditos? - Harry soltó una risa sarcástica.
- ¿Y desde cuándo tú eres uno de sus más fieles súbditos? ¿Qué has hecho por él, más que molestarme y perseguirme?
- Más cosas de lo que tu mente podría llegar a interpretar, Potter. Y ni hablemos de hacer



Un rayo azulino rozó a Draco por centímetros, gracias a los hábiles reflejos del rubio. Sino fuera por ellos, ahora estaría chillando de dolor. Sacó la varita rápidamente, dispuesto a contradecir el ataque de su enemigo. Harry no se movió, sonriendo con soberbia, dispuesto a probar hasta que punto de poder podía llegar su magia sin varita.

Ambos jóvenes permanecieron estáticos por unos cuantos minutos. Cualquiera diría que estaban intentando asesinar al otro con la mirada.

Draco lanzó un hechizo de magia oscura, que Harry eludió con un escudo de leve nivel y contrarrestó con un maleficio ofensivo de alto nivel. El Slytherin procuró protegerse, pero la potencia del maleficio quebró la barrera, haciendo que llegara a herirlo, aunque no muy gravemente. Furioso, lanzó una serie de encantamientos, los cuales Harry tuvo algunas complicaciones para evitarlos.

Así continuaron por lo menos durante quince minutos, donde los rayos fueron y vinieron en todas direcciones. Cada vez más peligrosos y perniciosos. Ninguno de los dos tenía ventaja sobre el otro en cantidad de heridas, sin embargo, las que cubrían el cuerpo de Harry eran más superficiales.

Hubieran seguido por más rato, sino fuera porque Severus Snape los vio batallar desde una de las ventanas de los pasillos del castillo y se dirigió inmediatamente al despacho de su Señor, para informarle lo que ellos estaban haciendo en ese preciso instante (ya que el Dark Lord sería el único que podría detenerlos sin salir herido antes.) Por supuesto, sabía que Él no consentiría una actitud tan infantil de parte de ambos jóvenes



¿Qué quieres a estas horas, Severus?
Discúlpeme, mi Lord, pero Potter y Malfoy

¿Sí?
Están combatiendo en un duelo de magia que, me atrevería a decir, está muy elevada para ser sólo una pelea de colegiales...



Con esas palabras, Voldemort se puso de pie y, olvidándose a Snape en el despacho, fue velozmente hacia los jardines, encontrándose con la imagen de sus dos aprendices francamente heridos. Sólo necesitó ordenarles fuertemente que terminaran el duelo para concluir con toda la situación, deslizando furia en sus palabras y en su aura, y le mandó a Malfoy buscar a su padre y que éste se encargara de sanarlo, ya luego recibiría su merecido castigo...

Tenía asuntos más importantes que atender que un rubio arrogante, y uno de ellos era Harry. Sin ni siquiera dialogar, le tomó de un brazo (asegurándose de no tocar alguna zona herida, aunque Harry no pudo impedir emitir una mueca de dolor) y le jaló en dirección a los dormitorios. Potter no se opuso a causa del agotamiento reinante por todo su cuerpo, pero la verdad que lo que menos quería en ese momento era escuchar a Tom.

Sin embargo, sucedió. Al llegar al dormitorio, los ojos carmesíes de Tom le observaron con cólera, perforándolo. Intentó huir de ellos, pero el Dark Lord le tenía bien sostenido por los hombros.


- ¿En qué rayos pensabas? - Murmuró en un tono indiferente. Harry se mordió el labio inferior. No iba a responder. Le sacudió un tanto violento. - ¿Qué creías que hacías? ¡No puedes usar tu poder tan deliberadamente! ¡Puede descontrolarse!
- ¿Y qué importa? - Le cortó Harry, bruscamente. - ¿Qué importa si termino matando a Malfoy? ¡Porque a él no le estás limitando las libertades en este momento! ¡Él sí puede atacarme, pero yo no!
- ¿Quién te limita libertades, Harry?
- ¿Acaso no puedo usar mi poder como tú? ¿O es que quieres utilizarme como una herr
?
- Creo que no escuchaste como hubiera correspondido cuando te expliqué los riesgos vigentes cada vez que el poder se descontrola. No sólo podrías haber matado a Malfoy, sino también a ti. O

- ¿Qué importa si yo muero? ¿Qué importa?


Estaba sumergido en la histeria total, no pensaba ni siquiera en lo que decía. Entre Snape y Malfoy lo habían trasladado hasta allí. Y ahora, Tom


El Dark Lord se quedó estático al escuchar su exclamación. Le miró serenamente, como pensando qué decir a continuación. Pero Harry leyó en sus ojos que todo su interior era un caos. Entre la furia, la preocupación, la impaciencia, la desesperación


No obstante, a Harry no le interesó. Sólo quería tranquilidad. Estar solo. Sentirse libre de presiones y límites. Experimentar cuánto quisiera, sin que después tuviera que soportar largas discusiones. Estaba harto de todo eso.


- Deberías saber que no consentiré que dejes de existir

- ¿Por qué? - Preguntó fieramente Harry, logrando alejarse de los brazos de Tom que lo habían sujetado. - ¿Porqué no tendrás a alguien con quien jugar por las noches? Yo creo que



Percibió un agudo dolor en la mejilla izquierda, la cual ahora estaba volteada hacia el otro lado. Atónito, retornó a la posición anterior. Tom estaba con una mano alzada en el aire, mirándole con decisión. Le había abofeteado


Determinado, miró momentáneamente al Dark Lord con ira, antes de salir como una flecha de la habitación, en dirección a cualquier sitio desolado de la Fortaleza, donde especialmente no viera ni a Tom ni a Snape ni a Malfoy.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


***


Nota de autora: ¿Cómo están? Espero que todo esté bien. Sé que algunos deben estar rindiendo exámenes, así que les deseo la mejor de las suertes ^^ (porque yo ya he terminado el colegio! Jajaja. Bienvenidas, vacaciones de verano!! (disculpen, estoy demasiado feliz para disimularlo) Además, acabo de recibir una grandiosa noticia!! *se ve a Parv dar saltitos de la emoción ^^* Las nominaciones a los Premios Anuales!! Laguna Estigia ha sido nominado como el mejor fict en proceso! Mi serie de fict (Desde HPOrden a Los Hermanos Potter) en proceso también, junto a HP y el Destino del Heredero. Más mi nominación como mejor escritora menor de 15 años. Jojojo! Gracias por tantas alegrías juntas!! XD Lo único que tal vez me afligió un poco es que DO no haya estado, pero bueee... No se puede tener todo en la vida. Tal vez el año que viene... XDD (dejen, mis neuronas han dejado de funcionar momentáneamente...)


Felicidades a todos aquellos que hayan sido nominados! ^O^!


Feliz semana!! Mejor los dejo o los terminaré abrazando a todos por la emoción, y no podrán leer el capi XD Hasta el martes!

***

Capítulo XIII: Abandonamiento


Acarició su mejilla izquierda con suavidad, recordando la expresión facial de Tom la última vez que lo vio, hacía un par de horas. No estaba seguro si el Dark Lord estaba preocupado por él, buscándolo por la Fortaleza, pero no le interesaba en ese momento saberlo. La soledad le estaba haciendo bien. Todo lucía más claro, viéndolo con tranquilidad y objetividad.

Todas las confusiones de las semanas pasadas parecían olvidadas en el fondo de su mente. Carecían de prioridad. Las horas pasaban rápido si se concentraba más en una imagen imaginaria que en sus problemas actuales. Cómo desearía que todo aquello no hubiera sucedido
Estar en Hogwarts, con sus amigos


Una sacudida de su estómago le previno que tenía que desviar su pensamiento o sino la nostalgia volvería a él. Por más que volviera ahora a Hogwarts, ya era demasiado tarde. No había nada más que hacer. Estaba perdido, abandonado, en un pozo sin comienzo ni fin. Por su propia decisión.

Los tontos intentos de Snape por ‘hacerlo entrar en razón’, las constantes disputas con Malfoy
y ahora su reciente discusión con Tom, donde las palabras habían surgido directamente de sus cuerdas vocales, sin pasar por la supervisión de su cerebro.

¿Realmente le daba igual todo? ¿Sería cierto lo que había mencionado? ¿Acaso un deseo oculto de su alma, que ni siquiera él mismo había sabido?

¿Tener la sensación de que te gustaría dejar de existir?

Jugueteó con la varita entre los dedos, un tanto nervioso. Una persona normal que lo viera en ese estado, le aconsejaría sin pensarlo consultar a un psicólogo para ver su salud mental. No obstante, se convencía que él estaba perfectamente. Sabía lo que era la Realidad, el problema era afrontarla y pensar qué hacer en el Futuro.

Una habitación pequeña, oculta tras un pasadizo en el ala norte de una de las torres, era su refugio. Sólo había una pequeña ventana, por la cual podía ver minúsculamente la luna. El cielo estaba intranquilo, contradiciendo su imagen de cuando empezó el duelo con Malfoy. Una nueva tormenta se avecinaba a medida que los minutos iban pasando


Minutos densos, pausados. Otros rápidos y placenteros. Algunos angustiosos y añorantes del Pasado. Y por último, los indiferentes. Donde el todo se volvía nada, para pasar a ser algo secundario en la vida, sin sentido. Sin porqué.

Y Harry se sentía asimilado con cada uno de esos minutos. Porque ellos eran su reflejo. Cuando para él eran densos, capaz para otra persona era la felicidad suprema
Qué curioso era el destino, cuando uno se lo ponía a pensar de esa forma. Mientras algunos lloran, otros ríen
Mientras personas mueren, otras nacen


Un ciclo de vida. Nada más que eso. Donde todo se reducía a existir
y a sobrevivir.

Suspiró, buscando una posición más cómoda, tendido en el suelo. Todo su cuerpo estaba adormecido por el dolor físico. Cómo le hubiera gustado estar en una cama cálida, siendo curado por Tom
Pero aún la imagen de la bofeteada seguía insistente en su mente. No encontró a ese Tom comprensivo que había deseado. O capaz él mismo no dejó que éste llegara a él.

¿Tendría que volver a los dormitorios, comiéndose su orgullo?

No, de ninguna manera. Tom no debería de haberlo tratado así. Era él el que tenía que buscarlo y rescatarlo de ese lugar, ¿no?

Tosió, llevándose una de las manos a la boca. Sangre rojiza manchó su piel. Debería tener una costilla en mal estado o algo así
El dolor era demasiado como para llegar a identificar las zonas afectadas. Pero no dudaba de algunas cuantas quebraduras de huesos y heridas profundas


Malfoy había mejorado bastante en aquel poco tiempo. Quien fuera el que le había enseñado (Harry estaba seguro que definitivamente Lucius no era, y Tom tampoco
No era su estilo), lo había convertido en un magnífico mortífago.

Y él fue y le retó. Qué tonto había sido


Malfoy no estaría mejor que él
Sin embargo, si el duelo no hubiera acontecido, ahora estaría perfectamente junto a Tom, abrazándolo, y no solo en una habitación en una torre desierta, herido y respirando dificultosamente. Sin saber realmente en qué pensar para pasar mejor el tiempo


Era como limitarse a existir, intentando olvidar el dolor y las inquietudes. Era una tranquilidad extraña la que se sentía, ya que carecía de fundamento. Su mente no dejaba de regañarlo por no procurar solucionar los problemas a los cuales estaba expuesto mientras que su cuerpo se quejaba imperceptiblemente. Omitía todo. No tenía importancia.

¿De qué servía levantarse, si sabía que se iba a volver a caer? ¿Para qué sonreír, si en verdad tenía ganas de llorar?

Llorar sin conciencia. Eso era relajante. Porque se desprendía de la responsabilidad de pensar en aquellas cosas disimuladas. Su cuerpo lo hacía por él, reaccionando de esa manera. Eran lágrimas vacías, no era ni de tristeza, ni de añoranza, ni de odio. Eran simplemente el reflejo de algo invisible.

Pero ese día, su cuerpo quería mantenerse firme. Sin demostrar debilidades. Era irónico, si pensaba que estaba a punto de desmayarse, con la fiebre altísima, en cierta forma casi delirando. Fuera del universo real, perdido en otra dimensión. Sus pensamientos se nublaban de vez en cuando, mientras que otros permanecían coherentes. Ilógico.

Tendría que haberle comprado a Goyle su regalo de cumpleaños
En ese momento el pobre Mortífago debería estar llorando porque él no le había mandado nada
Y Harry, encima, preocupado por sus delirios. Qué desagradecido que era, con lo bueno que Goyle siempre había sido con él


¿Qué estarían haciendo Ron y Hermione? Seguramente estudiando en la biblioteca, con lo histérica que debería estar Hermione respecto a los EXTASIS
Compadecía a Ron, por tantas horas bajo esa presión. Faltarían meses para los exámenes


¿Y Dumbledore? ¿Estaría sumergido en los planes de la Orden, charlando con Fudge o comiendo caramelos de limón, mientras admiraba el bello paisaje?

Ahora su mente le acusaba de estar evitando pensar en Tom, intentar perdonarlo por lo hecho, haciendo una cuenta nueva en sus vidas. ¿Por qué no volvía a los brazos expectantes del Dark Lord?

La humillación


Entonces, ¿cuándo y cómo le perdonaría?

No pudo responderse a sí mismo la pregunta, porque eligió ese preciso momento para caer en la inconsciencia.


***


Respiró pausadamente, buscando aquietar sus nervios, pero era absolutamente imposible. Llevaba horas buscándolo por todo el castillo. Hasta había ordenado a los mortífagos hacer lo mismo, deteniendo el tiempo de crear estrategias, de hacer las rondas nocturnas y de descansar para muchos de ellos. Había recorrido cientos de pasadizos secretos, sin embargo, por la cantidad impresionante que tenía la Fortaleza, sería prácticamente imposible encontrarlo pronto.

Tampoco podía rastrear su aura mágica (y eso que era bastante poderosa; chocaba con la suya propia
) Lo que sólo podía significar tres cosas: o que no estaba en la mansión (imposible, ya que los mortífagos de la guardia deberían de haberlo visto salir o él mismo hubiera sentido como se desaparecía) o que estaba terriblemente debilitado o


Muerto.

Rogaba interiormente que fuera la segunda opción. Era la mejor de las tres, a pesar de las consecuencias que podría traer. Esa opción conllevaba esperanzas consigo. La posibilidad de poder volverlo a tener entre sus brazos, dolorido, pero a salvo
Ni enfrente de los ojos de Dumbledore ni enterado bajo tierra


No podría soportar perderlo ahora que


Había sido totalmente estúpido de su parte abofetear al muchacho, no obstante había tenido que hacerlo para parar las tonterías que Harry había estado diciendo. ¿Realmente
realmente su ángel deseaba
dejar de existir
?


- ¿Dónde estás, Harry
?


La idea de que siguiera en la Mansión, pero debilitado, había dejado de entusiasmarle. Más bien, provocaba otra clase de preocupación. Suponer que el chico no lucharía por seguir adelante si no recibía la atención necesaria


Parecía una lucha contra el reloj. Sencillamente, esperaba salir victorioso de ella. Era mucho lo que se perdía con cada segundo que pasaba


O capaz estaba exagerando, pero no sentir el aura



- Mi Señor



Interrumpieron sus pensamientos con cautelosas palabras. No queriendo provocar su furia, ni deseando ser víctima de la ira que actualmente formaba parte del aura oscura del Dark Lord. Dejó de lado su meditación, volteándose a mitad del pasillo para ver qué mortífago impertinente quería quejarse de que estaba extenuado. Débiles. No entendía cómo aquellas moscas podían continuar viviendo


Ja. Snape. Alzó ambas cejas al contemplarlo. El mortífago se inclinó, exhibiendo su sumisión. Lo que menos necesitaba ahora era ver a Snape. Sin embargo, debería tener buenas razones para interrumpirlo, ¿no? Todo por Harry. Respiró hondo, exigiéndose a sí mismo paciencia.


- Dime, Severus.
- Hemos hallado a Potter

- ¿Dónde? ¿Quiénes? - La expresión inexpresiva de Snape tuvo una sombra de nerviosismo antes de responder.
- Larry Macvied se quedó cerca del lugar para asegurarse del que el chico no huya. Igualmente, estaba inconsciente
O eso parece.
- ¿Dónde?


Era en esas ocasiones en las que se preguntaba que rol jugaba Snape en la guerra... Con su actitud de buen mortífago no le convencería, sin embargo


Harry era más importante.


***


Un aroma dulzón penetró por sus fosas nasales. Era extremadamente agradable. Estaba acostado en un lugar blando y cómodo. No había dolor ni nada semejante. Sólo una sensación de paz, de satisfacción. Era casi como estar en el paraíso de su imaginación. No quería abrir los ojos. Sabía que si lo hacía, todo el placer que le provocaba la situación se desvanecería y no quería eso. Deseaba continuar así, puro y alegre.

Hasta que las imágenes reaparecieron y arruinaron todo lo lindo del momento. Convirtiendo todo el sueño en una especie de pesadilla. ¿Dónde estaba? Obviamente que en una cama. O tal vez era simplemente una ilusión, un delirio. Al no sentir dolor, no estaba seguro si era real o no. No podría distinguir.

Sólo le quedaba abrir los ojos y evaluar. Saber a qué debía enfrentarse. Si es que había algo a lo cual enfrentarse. Quizás sólo era un camino hacia la muerte. Aunque parecía muy cálido para serlo. La muerte era la salvación, sin embargo, no la había imaginado tan adorable.

Lo primero que detectó al abrir los ojos fue que no estaba solo. ¿Muertos le acompañaban? Nah. Eso no era la muerte. Parecía una sombra, a pocos metros del lugar donde estaba él. Igualmente, no le interesaba saber quién era.

La miopía le impedía observar con claridad su alrededor. Condenados anteojos, ¿dónde estaban cuándo se los necesitaba?


- ¿Tal vez aquí? - Escuchó que le decían. Alguien le colocó el objeto requerido. La voz del individuo le sonaba tan familiar, tan liada a sus recuerdos.


No tuvo que ponerse a buscar entre ellos, porque al poder observar bien las cosas, no tardó en reconocer a Tom a su lado. Con un semblante serio, determinado, aunque preocupado. Una sacudida en el estómago le advirtió que sentía algo de culpabilidad al ser el causante de esa inquietud.

Pero Tom también tenía que sentirse culpable. No había tenido ninguna consideración al golpearlo.


- Días llevabas inconsciente. - Informó Tom, intentando iniciar una conversación. Harry hizo una mueca, sin tener ganas de esforzarse en hablar.


Y Tom se dio cuenta de ese detalle, así que calló. Un tenso silencio se produjo entre ambos. Ninguno sabía bien por dónde empezar, si es que querían empezar.


- Estuve muy preocupado por ti.


Lo sabía. Era fácilmente legible en el brillo de sus ojos escarlatas. Pero no servía para remediar la humillación que sentía.


- No debí



La habitación estaba igual que siempre. La única diferencia era que ya no parecía acogedor, sino más bien una prisión. No se sentía el cariño ni la delicadeza. Solamente existía la imagen de la quebradura de algo dentro suyo al mismo momento en que recibió aquella cachetada. No había nada más que recordar más que eso.

El Tom que le había parecido descubrir sólo había sido producto de su mente. Lord Voldemort no le comprendía. Nadie lo hacía.


- No debí haber hecho lo que hice, Harry, pero
No encontré otra forma de hacerte parar.


Nada justificaba el golpe. Nada le había dolido más que recibirlo. Le había despertado. Cómo hubiera deseado seguir durmiendo
No estaría siendo tan negativo con su propia vida.

Pero, ¿para qué seguía respirando? ¿Por qué estaba curado? ¿Por qué no había muerto? ¿Cuál era la misión que tenía en ese condenado mundo más que sufrir desilusiones?


- Te amo, Harry



Le tomó por la barbilla, intentando mirarle a los ojos para manifestarle su sinceridad. No obstante, Harry le eludió, decidido a no creerle. Tom, sin detenerse por ese detalle, le besó en los labios, en busca de hacerle sentir la emoción de siempre.

Pero fue un beso seco. Indiferente. A Harry no le interesaba lo que estaba sucediendo, todo era mentira, todo formaba parte de una mentira.

Tom y Dumbledore no eran tan diferentes como había pensando.


***


Nunca más depositaría su confianza en nadie. Todos le decepcionaban, se aprovechaban de él, lo usaban para sus necesidades personales, fingiendo sentimientos codiciados por su persona para cegarlo de la realidad.

Había nacido para ser infeliz, condenado a perderse en las sombras del infierno, donde sólo existía el odio y la ambición. Estaba atrapado allí, sin posibilidad de escape ni decisión. Nunca la decisión estaba en sus manos. Era simplemente un muñeco de trapo en manos ajenas, porque no existían las propias.

¿Quién era realmente Harry Potter?

Nadie... Nadie


No tenía derecho a nada. A ningún placer humano, no vivía en él ni el amor, ni la felicidad, ni la paz
Nada para él
Qué patético era vivir de esa forma, subordinado a la nada.

Podía recurrir a su única forma de escape, aunque ésta fuera fatal, irreversible. Una vez que se decidiera y se llevara a cabo, no volvería a ver los ojos escarlatas de Tom


Tom
¿Por qué le había usado de esa manera? ¿Por qué el había mentido
? Todo por Poder. Éste no era una bendición en él, sino su maldición. ¿Para qué quería Poder si todos le mirarían deseando dominarlo
?

Tenía que acabar con ese poder y tenía que hacerlo ahora.


- ¿Terminaste, Potter?


No despegó sus ojos esmeraldas del libro de artes oscuras que estaba leyendo. Sentía la imperiosa mirada de Lucius Malfoy sobre sí, exigiéndole una respuesta. ¿Pero quién era el maldito mortífago para decirle qué hacer? Él tenía un rango superior desde cualquier punto de vista. No tenía por qué recordarle que había una estrategia que concluir, si el mismo Lucius estaba más distraído de lo normal.

De hecho, la mayoría de los mortífagos parecían sumergidos en sus pensamientos desde hacía algunos días. Voldemort comenzaba a realizar sus reuniones demasiado seguidas para que todo esto fuera una sencilla casualidad.

Se acercaba la hora de un gran golpe y todos estaban a la expectativa de éste. Todos menos Harry, a quien la situación actual le daba igual. No le importaba quién estuviera a punto de morir o no. Aunque se tratara de sus antiguos amigos


Ya nada era trascendental.

De hecho, a Harry le habían dicho los puntos fundamentales de la estrategia que tenía que hacer, le habían entregado un mapa de una zona de alto nivel, pero ni siquiera se había interesado en hacer sus normales preguntas para estar informado al respecto. Se limitaba a elaborar lo pedido de la mejor manera posible. No sabía por qué seguía insistiendo en la perfección de su trabajo, sabiendo que todo en lo que había creído se había ido por la borda. Francamente no quería levantar sospechas con una actitud desinteresada.

No obstante, su desinterés era sumamente percibido por Tom. Su actitud ácida, reservada. Su silencio. Su resignación. Todo encendía la alarma intuitiva del Dark Lord, que no le dejaba ni un segundo solo, privándole de las mínimas libertades. Le examinaba cuidadosamente, en busca del origen de su cambio de actitud. Aunque bien sabía la razón, no hallaba una forma de remediarlo.

Y tampoco le encontraría si la seguía buscando en el muchacho, pues éste estaba fijo en su pensamiento de jamás perdonarlo, de no volver a caer en la trampa, a pesar que su corazón se desplomase al mismo tiempo. Total, ya nada importaba. Ni los sentimientos ni los pensamientos ni los valores. Faltaba poco tiempo para librarse de todo eso. Sólo necesitaba



- Potter, será mejor que respondas mi pregunta

- No. - Respondió con ligera burla, conectando sus ojos con los grisáceos de Malfoy.


Pudo percibir un ligero aumento de color en el rostro de Lucius por la rabia, pero fue casi invisible.


- Déjale, Lucius. El Señor ya se encargará de él. - Intervino una tercera persona. Severus, como siempre.
- Pero mientras tanto, perdemos tiempo, Snape. - Replicó Malfoy, en desacuerdo con su camarada.


Severus emitió una mueca, pero siguió escribiendo su parte de la estrategia. Eran un trío curioso de trabajo. Todos odiándose continuamente. Esa era una de las grandiosas ideas y ambiciones del Dark Lord, al parecer



- No tenemos tanto tiempo como parece que supones. - Prosiguió Malfoy, en un tono soberbio. - Y si no lo entregamos a tiempo
- Severus alzó una ceja, mirándole fijamente, como retándolo a terminar la frase.
- ¿Le tienes miedo a la tortura? - Le provocó Severus.
- No. - Respondió Lucius, sospechosamente de inmediato. - No quiero decepcionar al Lord. Quiero cumplir con sus expectativas
¿Y tú, Severus? - Harry les miró de reojo, deseando saber también la respuesta.
- Lo que tenga que suceder, sucederá. - Murmuró el antiguo maestro de pociones.


Por un veloz y mínimo segundo, los ojos negros profundos de Snape se encontraron con los de Harry. Un segundo que bastó para que ambos dedujeran el pensamiento del otro. Una poderosa barrera se había alzado entre ellos, impidiéndoles el entendimiento anteriormente. Y por ese pequeño segundo, pudieron superarla. No que Harry quisiera, pero


Snape encontró la indiferencia de Harry ante la situación, cosa que le sorprendió, pero supo ocultarlo. Semanas, días antes, el muchacho había estado decidido a quedarse en la Fortaleza. Ahora quería abandonarla, pero lo que Snape no sabía que no se refería sólo a físicamente sino que era un pensamiento mucho más recóndito.

Sin embargo, una llama de esperanza brilló momentáneamente en los oscuros ojos. Podría lograr el regreso de Potter
Solamente tenía que trabajar en eso.


- ¿Acabaste con eso ya, Potter? - Volvió a cuestionar Lucius.


Harry le ignoró, dejando de lado el libro que había estado leyendo y poniéndose a escribir en un pergamino una conclusión que había sacado. Las barreras de magia blanca que debían reducir eran muy poderosas, pero no existía ningún hechizo que no pudiera ser repelado, sobre todo si se hablaba de la poderosa magia oscura. Todo llegaba a su final


De hecho, las barreras eran demasiadas para que fuera alguna simple institución mágica. Dudaba que fuera Hogwarts (los mortífagos no estarían tan tranquilos), pero capaz el Ministerio


Los planos no coincidían con la imagen mental que poseía de sus últimas visitas al lugar. No obstante, no había otro lugar de esa categoría en su memoria



- Potter, estoy comenzando a perder mi paciencia. - Susurró Lucius amenazadoramente. En vano, pues la indeferencia de Harry era infinita.
- No es un gran logro, a decir verdad. - Opinó Harry, sonriendo burlonamente. - ¿Desde cuándo tienes una gran paciencia? Obviamente no desde que llegué
- Un golpe seco y algunos libros cayeron al suelo. Definitivamente, Lucius no estaba de humor

- ¡Potter! ¡Dame el condenado trabajo o no me detendré a medir las consecuencias! ¡Y El Señor estará de acuerdo!
- Me da igual. - Dijo Harry. Sinceramente. Lucius se quedó de piedra, no esperándose esa contestación.
- ¡No deberías gozar de los favoritismos que te ha dado mi Señor! ¡Desacreditas su nombre!
- ¿Y? - Preguntó Harry, alzando una ceja escépticamente.


Con un bufido, Lucius se dio la vuelta y salió rápidamente de la sala, no soportando la arrogante presencia de Potter a escasos metros de él. El joven rió, entretenido, por haber logrado su cometido una vez más. Ahora solo faltaba Severus para poder ser libre y llevar a cabo sus planes


No contaba que en ese preciso instante, el Dark Lord entrara en la habitación y volviera a arruinar sus proyectos. Con una expresión sólida en su rostro, Voldemort les observó evaluadoramente. Severus hizo una ligera inclinación a penas ingresó en la sala mientras que Harry desvió su mirada, sin deseos de encontrarse con la imagen de Tom enfrente de sí.


- Puedes retirarte, Severus. - Más que permitirlo, le estaba ordenando que lo hiciera. Snape asintió en silencio. En segundos Tom y Harry volvían a estar solos.


Y ese era uno de los momentos que Harry más odiaba, ya que Tom quería volver a conseguir su confianza, obtener una respuesta a sus preguntas. Volver a sentir la sinceridad del joven hacia él y no esa dolorosa apatía


Un tenso silencio se formó. Tom se sentó al lado del joven, el cual estaba terriblemente concentrado en la revisión de la información obtenida en ese día.


- Puedes dejarlo por hoy, Harry. Quiero hablar contigo.
- No tenemos nada de qué hablar.
- Sí, y lo haremos a pesar que no quieras.
- Pensé que eras diferente, Tom. - Le cortó Harry, accediendo a mostrarle levemente sus pensamientos. - Y ahora puedo ver que siempre tuve la verdad ante mis ojos, pero me engañaste, haciéndome caer en tus trampas. Siempre fui sólo Poder para ti. Ni siquiera sé que es lo que me detiene a desaparecerme de aquí
- Antes de que pudiera continuar con su discurso, Tom le tomó fuertemente de la barbilla, obligándole a mirarle a los ojos.
- ¿Qué es lo que te lleva a esa conclusión, Harry? - Forcejeó para separarse de Tom. El contacto con aquella cálida piel le torturaba, le hería. Revivía los recuerdos. Los remordimientos.
- Nunca me comprendiste. - Dijo Harry, fríamente, disimulando todo su conflicto interno. - Me usaste, como todos.
- Harry

- Por una vez, detén tus mentiras. - Pidió Harry, queriendo terminar todo aquello más que otra cosa. - Por una vez, háblame con la verdad. No me pidas perdones que sabes que no obtendrás. Ni me mires fingiendo arrepentimiento. Eres Lord Voldemort. Siempre lo serás. Nunca me amaste ni nunca me amarás. Déjame vivir en paz, si sabes lo que significa esa palabra.


Silencio. Un silencio que escondía debajo de sí palabras no emitidas y emociones reservadas. Un silencio que fue la base del valor de Harry de alejarse de Tom definitivamente y acercarse a la puerta de la habitación. Voldemort no lo detuvo. Simplemente le observó. Y Harry le devolvió la mirada, sorprendido que no le restringiera la salida.


- Si quieres volver a Hogwarts, no te lo impediré. Es tu decisión.


Y toda decisión tiene sus consecuencias.

Harry salió de la habitación, sin mirar atrás.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


***

Capítulo XIV: El Ritual


A pesar de la determinación demostrada al salir de la habitación donde anteriormente había estado hablando con Tom, tuvo que detenerse a mitad del pasillo y reposar un instante sobre la pared, para pensar correctamente lo que estaba haciendo.

¿Qué haría ahora?

Tenía un mar de posibilidades enfrente de sí, pero temía que la elegida sólo lo llevara a la perdición. Tenía la ligera sensación que ninguna le haría un verdadero bien. Si se quedara o no en la Mansión, cambiaría las perspectivas, pero no los finales. Seguiría siendo una herramienta utilizada por manos poderosas.

¿Volver con sus amigos o permanecer con Tom?

Era difícil pensar quedarse con Tom en la situación en la cual se encontraban. No deseaba perdonarlo, porque le había herido muy profundamente, además que sólo recibía mentiras de su parte. Actuaciones, palabras vacías.

Y con Dumbledore y sus amigos sucedía lo mismo. No lo aceptarían. Ron se lo había expresado muy claramente: no obtendría su perdón. Y en cuanto a Dumbledore, le daba igual.

¿Qué otra posibilidad interesante le quedaba?

Huir sin dirección fija, buscando su verdadero lugar. No obstante, necesitaría mucho valor para hacerlo
Y energías. Ganas de vivir.

Y eso era precisamente lo que le estaba faltando. El entusiasmo.

Lo que le llevaba a seleccionar la cuarta opción


El suicidio.

Escapar, ser libre de todo y de todos. No tener que seguir órdenes de nadie. Dejar de existir, dejar de ser. De esa forma encontraría su auténtica identidad
Si tan similar se sentía a la nada, ¿por qué no experimentaba con ella? Suicidarse era de cobardes, de débiles
Pero carecía de importancia lo que dijeran de él. En ese momento, la elección estaba entre vivir con el dolor y la soledad como sombra o morir, consiguiendo la felicidad inmortal y la paz absoluta de su ser.

Porque ya no habría más ser.

Suspiró, mientras que su mente comenzaba a trazar mejor el plan básico que ya poseía. Tenía que hacerlo limpiamente, pero sobre todas las cosas, en un lugar aislado, donde nadie lo viese ni hallara por mucho tiempo. Aunque sea, el tiempo suficiente para que su vida se deshiciera.

Sonrió por primera vez en muchos días. La emoción comenzaba a recorrer su sangre, incitándolo a acelerar la rapidez de los pasos para concluir de una vez con toda esa pesadilla, de la cual ya quería despertar. Sus pasos se agilizaron mientras utilizaba algunos pasillos secretos para llegar más rápido a una de las mazmorras menos concurridas, cerca de donde antes habían estado sus amigos.

Amigos a los cuales había decepcionado.

Entró en la mazmorra, no sin antes tener que echar a bajo todas las barreras de protección de la sala mediante artes oscuras. Al ser una celda, era natural que tuviera tanta defensa encima, a pesar de estar vacía.

Se ubicó en el centro de la sala, examinando cuidadosamente cada uno de los detalles que poseía. No era muy distinta a la celda que anteriormente él había tenido que habitar, sólo que ésta era menos hospitalaria. El suelo estaba visiblemente sucio y el aire que se respiraba tampoco era demasiado puro. Parecía que todo dentro de aquella habitación estaba contaminado.

Pero se equivocaba. Era él el contaminado.

Sonrió amargadamente ante el pensamiento que cruzó su mente. Era muy patético tenerse compasión a si mismo, pero era verdad
También sentía cierto asco hacia su persona. Desvaloraba todo aquello de lo cual debería estar tremendamente agradecido. Por ejemplo, de la vida. Pero para Harry no había nada mejor que hacer en ese momento que acabar con su propia respiración, con el latido de su corazón, con todo aquello que le hacía subsistir
No quería vivir una vida llena de decepciones y pesadillas. A eso no se le denominaba vida


Suspiró, ahuyentando sus pensamientos. Había tomado una decisión y no tenía que seguirle dándole vueltas. Tener la mente en blanco haría todo el proceso más eficaz y rápido. Justo lo que necesitaba.

También lo haría menos doloroso.

Rebuscó entre sus ropas hasta dar con su varita mágica. La contempló atentamente, siendo conciente que esta podría ser la última vez que la usara. Pero no titubeó. Dejó caer todas sus barreras de restricción a su poder, llamándole a aparecerse en la sala. Su aura aumentó intensamente y una sensación de insólito placer le invadió. Su poder era libre


Se concentró en realizar los complejos movimientos de su varita. Con suavidad, pero con desánimo, en un gesto de abandono. Alrededor de él, el suelo iba marcándose mágicamente a medida que avanzaba, trazando un dibujo en el cual Harry estaba en el centro.


- Perdido en las redes de las tinieblas, te otorgo todo aquello que de mí deseas. Estoy a tu servicio, reina del universo, Imperiosa Muerte.


Cerró los ojos, centrando todas sus energías en el ritual. Donando su alma y su cuerpo a la Muerte, para que ella hiciese con él lo que quisiera. Ya no le importaría más, no estaría en sus manos la decisión. No sufriría, ya que ese era una parte del trato hecho.

Era una forma limpia de acabar con todo. Sin sangre, sin dolor, sin tortura. Simplemente con la poderosa magia negra.

No tenía nada de qué quejarse



***


Observó pensativamente la puerta cerrada de la sala de estrategias. Por ella había salido Harry momentos antes. Seguramente el joven estaría al otro lado, esperando que saliera a buscarlo. O tal vez no. Tal vez ya había emprendido su viaje de retorno a Hogwarts


Con incontrolable furia, se puso de pie. No podía dejar que aquello por lo que tanto había luchado por conseguir se fuera de esa manera. Por más de lo dicho anteriormente, él no le permitiría huir. No. Todos esos meses de entrenamiento, de evolución de la relación que mantenían no habían sido en vano.

No entendía como Harry podía ser tan inmaduro para alterarse de esa manera por una sencilla bofetada en un momento de discusión. Aquellos pensamientos suicidas que había manifestado aquella noche resonaban continuamente en la mente de Tom como una advertencia.

¿Seguiría el joven pensando así?

En su garganta se formó un rudo nudo. ¿Por qué había empezado a pensar de esa forma? ¿Qué lo había incentivado a pensar que no servía, que nadie le apreciaba, que simplemente era una herramienta? Por más que intentase hallar una respuesta, todas eran tan ilógicas e improbables. No recordaba haber visto a Harry tan autocompasivo de sí mismo. Ni siquiera en sus primeras semanas en la Fortaleza. Su orgullo era prácticamente visible en todo momento.

¿Qué había desinflado todo el carácter del chico? ¿Dónde estaba el ánimo que alguna vez había demostrado poseer? ¿Dónde estaba la confianza ciega que había manifestado hacia él? ¿Dónde?

Los sucesos anteriores al duelo de Harry y Draco volvieron a su mente. El Veritaserum que alguien había colocado en la bebida de Harry, la resistencia que éste había demostrado a decir la verdad, su pedido de libertad por los jardines
Y el duelo de magia oscura.

Interrumpió sus pensamientos. Magia oscura usada deliberadamente


¡Eso era! Harry había sido poseído por la magia negra. Por eso su indiferencia, su repentino ataque de destrucción hacia su persona, su negatividad hacia el afecto
Y sus ojos vacíos, sus gestos hoscos y sus labios sin sabor. Todo su ser estaba dormido bajo los efectos de haber usado demasiada magia oscura en una sola noche. Más el debilitamiento que había sufrido su cuerpo y su mente


Por lo tanto, eso significaba que Harry no estaba en camino a Hogwarts.

No lo pensó dos veces y salió casi corriendo de la habitación. Miró a ambos lados del pasillo. Ni rastros de Harry. Agudizó el oído, intentando captar algún sonido de pasos humanos. Nada. La mayoría de los mortífagos estaban entretenidos en sus cuarteles, organizando el ataque a Fudge en los próximos días.

Respiró hondo, concentrándose en buscar el aura de Harry en la Fortaleza.

Sin embargo, se llevó una no muy grata sorpresa. El aura de Harry estaba esparcida por todo el castillo y no había forma de localizar el origen de toda la fuerza a causa del ritual tan poderoso que se estaba llevando a cabo. Todo el aire tenía impregnado en sí una minúscula parte de Harry


Procurando mantener la serenidad, intentó de otra forma. Por algo estaba conectado tan agudamente con el joven. Sus mentes estaban liadas de una forma casi permanente. No obstante, esta vez fue la excepción. El joven había soltado todo su poder, lo que significaba que toda su persona estaba a un alto nivel de magia. Su mente estaba absolutamente cerrada a él. No podría ubicarlo


Si Harry había soltado todo su poder, ya sabía de qué ritual se trataba. Y una mínima sensación de desesperación acudió a él.

El tiempo se agotaba.

Su mente buscaba una y otra vez alguna forma de hallar al muchacho, sin tener que vagar por cada rincón del castillo antes. Mientras caminaba velozmente por los corredores, llamó a su fiel serpiente Nagini en un siseo casi inaudible. Pero no para su amiga, quien acudió inmediatamente a él, cruzándose por su camino con su sutil organismo.


- ¿Tom?
- Nagi, necesito que busques a Harry por las mazmorras
Sé que tú sola puedes hacerlo con tanta validez.



Nagini desapareció tras haber escuchado su pedido. Tom se mordió el labio inferior y suspiró.


- Detente, Harry



***


Cayó fuertemente al suelo de rodillas, agotado por todo el proceso del ritual, el cual le había exigido una gran concentración y fuerza mágica. Su poder seguía vagante por el lugar, pero su energía física era casi escasa. Todo su cuerpo estaba entumecido, anhelante de concluir con todo. Sus párpados pesaban de sobremanera, rogándole dejarse llevar con el sueño eterno que estaba citándole, prometiéndole la paz tan deseada


Su respiración estaba siendo limitada mágicamente. Sus pulmones agonizantemente pronto se quedarían sin aire
Su mente estaba totalmente borrosa. No podía pensar. Tampoco quería hacerlo. Todo bajo sus pies daba bruscas vueltas. No sin razón. Pronto dejaría de estar conciente, para pasar a un estado en coma, seguido de la muerte.

Algo dentro de sí se desgarró sin previo aviso y no pudo evitar gemir. No de dolor ni de angustia. Simplemente
gimió. La vida escapándosele de las manos; el delicado hilo de vida que se iba apagando poco a poco en él, por los efectos del ritual.


- ¿Potter?


La Muerte le hablaba. Qué halagador
Lástima que no pudiera responderle


Cayó tendido al suelo, golpeándose ligeramente la cabeza al hacerlo. Pero era un dolor superficial, con el paraíso que le esperaba. Cerró los ojos finalmente, accediendo a la propuesta de finalizar con el ritual.

Su poder haría el resto



***


Tom se dio cuenta en ese momento como toda el aura de Harry, que había estado vigente en el oxígeno que respiraba, se esfumaba delicadamente, siendo la primera señal de que el ritual se había hecho correctamente. Esto más que calmarlo, le alteró irremediablemente. Si no le encontraba pronto, los efectos serían irreparables y perdería a Harry sin poder evitarlo


Nagini entró en su campo de visión en silencio. Le observó con cautela, como temiendo ser víctima de su furia y desesperación. Sin embargo, la serpiente parecía estar pensando más bien cómo informarle de los acontecimientos.

Su amo podía llegar a ser muy irritable si se lo proponía y esa no era la idea



- Le he encontrado, Tom.
- ¿Y qué esperas para llevarme a él, querida?



Un silbido de Nagini le advirtió que había sido muy desconsiderado con ella, que en ese momento era la única que tenía en sus manos la posibilidad de salvar a Harry.

La siguió apresuradamente, recorriendo pasillos, bajando incontables escaleras, en dirección a una de las mazmorras más secretas de la Fortaleza, donde eran enviadas las personas más peligrosas que eran capturadas. Finalmente, Nagini le indicó cuál era la sala en la cual estaba el muchacho y se lanzó hacia allí, prácticamente llevándose por delante a la serpiente en el camino. El aura de Harry estaba tan debilitada


Y ahí estaba su ángel, tendido sobre el piso frío de la mazmorra, en el centro de dibujos trazados durante el ritual. Su piel estaba extremadamente pálida y su respiración podía clasificarse por inexistente. Le tomó entre sus brazos con delicadeza y se concentró en el conjuro que sería la única forma de volver a ver aquellos ojos esmeraldas, mirándole con emoción


Tenía que cancelar el trato que Harry había hecho con la muerte, ofreciéndole algo cambio de la vida del muchacho. Tenía unos cuantos prisioneros inútiles en algunas mazmorras: ellos perfectamente podrían saldar la cuenta. Obviamente, ésta no quedaría cubierta completamente, porque nadie, a parte de él mismo, tenía tanta magia como la que Harry había demostrado. Sin embargo, por el momento sería suficiente.

Sólo rogaba que todavía no hubiera tomado mucho de la vida de Harry


Acarició el suave rostro del Gryffindor mientras llevaba a cabo la recuperación. Una sensación de frialdad le recibió. La piel de joven estaba helada, casi carente de la calidez de la vida. La razón empezaba a indicarle que ya era demasiado tarde, no había llegado a tiempo para que le devolvieran a su ángel
Pero su corazón suplicaba para que solamente sus sentidos le estuvieran engañando
Él no podía morir de esa forma


Percibió una leve descarga de energía que se transmitía a través de su contacto con la piel de Harry. No supo identificar si era su propio estallido de poder o si era un retorno del de Harry. Siguió murmurando unas palabras incoherentes para todo aquel que no supiera el idioma, intentando una y otra vez hasta que la diosa le escuchase


No supo realmente cuanto tiempo estuvo intentando llevar a cabo la ceremonia, pero no había mejoras aparentes. Se aferró al frágil cuerpo de su ángel, ya sin más que hacer. Le abrazó con todo el cariño que podría llegar a demostrarle y, en un impulso repentino, unió sus labios con los del joven, sintiendo el gusto dulzón de ellos. No quería separarse de ellos, no


Pero fue entonces cuando un imperceptible movimiento de Harry le retornó las esperanzas. Un gemido de dolor y aquellos ojos verdes se entreabrieron con un determinado esfuerzo.


- Tom



***


Oscuridad. Todo su contorno estaba cubierto de sombras. No sabía que era la luz en aquel lugar. Todo estaba perdido, no había nada por lo cual luchar. Estaba en la absoluta nada, finalmente muerto
La tan anhelada muerte por fin invadiendo cada parte de su ser, alejándole de él y simplemente abandonándole sin identidad.

Se sintió sofocado. Ahogando en un mar de dudas y preguntas. ¿Era esto lo que había querido? ¿Qué es lo que le había llevado a tan dolorosa decisión? Por más ilógico que le pareciera, lo hecho no podía ser reparado.

Estaba muerto y debía admitirlo. Adiós a Tom y a su mundo. Ahora estaba siendo bienvenido en un territorio completamente desigual. Infernal.



Fue entonces cuando unos cálidos brazos le rodearon en busca de fundirle un sentimiento de protección y cariño. Y Harry los sintió. Pero no superficialmente, sino también en lo profundo de su alma. Aquel sentimiento del cual se había olvidado durante días, ahora volvía a él con nitidez. Aquel sentimiento del cual había tenido miedo, había negado toscamente y finalmente había aceptado, no sin antes sumergirse en una lindante culpa


Unos labios se apoyaron sobre los suyos, vacilando al principio, firmes luego al abrirse paso por él. Unos labios que no se le hicieron desconocidos y que revivieron sus energías dormidas, su poder agotado. Le hicieron despertar de su trance, tanto a su mente como a su cuerpo. Darse cuenta que no estaba más cerca de la muerte que de los muggles a aliarse con los magos. Y que todo, a pesar de sus ilusiones, había sido un mero engaño
De una autoría superior que le había dominado y él no ofreció ni la más remota resistencia
¿Cómo había llegado a aquel punto tan
patético?


- Tom



¿Qué hice, Tom? Quería llorar. ¿Qué hice, Tom? Quería abrazarlo, sentirlo a su lado, sin embargo, su cuerpo no respondía. A lo único que atinó en ese momento fue a abrir los ojos y hallarse con la nublosa forma del Dark Lord, contemplándole ansiosamente, preguntándole a través de aquellos ojos escarlatas cómo se encontraba. ¿Qué hice, Tom? Quería castigarse por su infinita estupidez


¿En qué rayos había estado pensando? ¿Cómo había dejado que jugaran con él de esa forma? Tom le había advertido y sin embargo


El Poder había podido más que su propia voluntad.


- ¿Qué hice, Tom? - Sollozó. Unas manos acariciaron su rostro, en un gesto de comprensión.
- Shh. Descansa, mi ángel
Descansa



Agarró firmemente la túnica de Tom, mientras hundía su rostro en su pecho, como tantas veces antes había hecho. Tal vez no con la misma urgencia, pero sí obteniendo los mismos resultados.

La sensación de ser bien recibido y que allí encontraría su lugar, donde nada malo le podría suceder



***


Negrura. Espectros en movimiento, sigilosamente vagando por lugares prohibidos, sin ser detectados. Imágenes inocentes, frágiles. Desconcierto. Ideas perdidas en un océano de incógnitas. Ideales desechados, pisados por la Magnitud del Poder. El Deseo restringido de ser libre, poseer la Verdad y ser respetado. Respetado era un término muy amplio para referirse solamente a ser amado, sin embargo, necesitaba explicarse de esa forma


Quería huir de todo aquello. Correr y correr. Alejarse de esos espectros que invadían sus territorios descaradamente. Le confundían. Le agobian. Le hacían recordar que su identidad era inexistente. Dominada. Esclavizada siempre a pies de algo o alguien.

La vida o la muerte. Y si también quería incluir a aquellas personas que habían guiado su vida, Dumbledore o Tom.

Simplemente quería dejar de ser todo eso. Sin embargo, esos espectros le obligaban
Le sometían. Le hacían recordar que fuera de esos territorios, sería la nada absoluta, que no habría vida
Que ese era el único camino que tenía, y que debía seguirlo. No le permitirían el escape.

La Muerte era una salvación, pero demasiado precipitada. Todavía tenía posibilidades de


¿De
?

Escalofríos. Pensamientos en blanco, buscando alguna salida. Alguna idea coherente. No obstante, todo carecía de sentido. Tenía que dejarse llevar por la corriente. Una corriente que le arrastraba, le golpeaba, le maltrataba, y a la vez le enviaba a lugares maravillosos, donde deseaba permanecer eternamente. Le inspiraban armonía y serenidad. Justamente lo que anhelaba.

A veces persistía allí algún tiempo, pero la mayoría de las oportunidades, desaparecía antes de que sus ojos pudieran admirarlo como merecía
Privándole de la tranquilidad, conduciéndolo al Infierno. Los conflictos internos, los pesares, los arrepentimientos, el sufrimiento interminable




- ¿Harry?


Temores.

Sonrió a la nada, respondiendo su pregunta. Era una conciencia insólita, ya que no sentía su cuerpo, no obstante sus pensamientos eran profundos, desconcertantes, sí, pero pensamientos coherentes al fin de cuentas. Nada que sus sueños o pesadillas pudieran crear. No estaba alucinando, sólo
Meditando. Algo que necesitaba hacer con mucha urgencia sino deseaba enloquecer.

¿Había intentado
suicidarse?

Los espectros le habían inducido. Habían querido experimentar con él, saber hasta dónde podía resistir su alma


No habían previsto que una tercera persona interviniera.

Los espectros se enfurecieron, cierto. No sin razón
Habían gastado su tiempo en vano, ya que él había sobrevivido a sus garras.

Cabía decir que los espectros eran nada más ni nada menos que las Artes Oscuras, su poder.

Temía que todo volviera a suceder.

Volver a perder el control de sus pensamientos, de ser manejado nuevamente, de decir y hacer cosas que nunca se animaría ni siquiera a mencionar
De perder todo aquello que ahora tenía. Por poco que fuera, poseía un valor. Su vida no era en vano. Nada había sucedido porque sí, todo hecho tenía detrás una causa y una consecuencia. Él tenía que ser conciente de ambas. Y que esa consecuencia siempre dejaba algo importante para él, ya fuera de carácter físico o espiritual, positivo o negativo.


- ¿Harry?


Unas manos enérgicas le tomaron por los hombros, sacudiéndolo ligeramente. Con ese movimiento, retornó finalmente a la realidad. Unos ojos carmesíes le observaban con cuidado, inquiriendo con su poderosa mirada lo que estaba mal, demostrando preocupación en su brillo esencial.


- ¿Estás bien? - Pestañó. La sensación de añoranza por aquella pregunta le invadió.
- No lo sé. - Contestó Harry sinceramente. Observó como Tom levantaba una ceja, cuestionándolo. - Me siento
vacío. Débil.
- Lo de débil es entendible. - Dijo Tom serenamente. - Usaste todo tu poder en el ritual y bueno
tardará en volver a ser lo que era antes. En cuanto a lo de vacío, creo que eso se puede solucionar con una charla. - Propuso.


Harry no contestó. Miró a su alrededor, reconociendo la habitación que Tom y él habían compartido. Su amante estaba sentado a su lado, sobre las sábanas. Intentó incorporarse a medias, pero Tom le detuvo, diciéndole que no debía hacer esfuerzos físicos. Asintió, no muy a gusto con la idea de yacer en esa cama por algún tiempo, pero no se quejó. Eran las consecuencias de su poca precaución.


- ¿Cuánto he dormido?
- Aproximadamente un día.


Centró su atención en Tom. Se veía cansado. Seguramente había estado al pendiente de él todo ese tiempo. Además, tenía que seguir manteniendo apariencias frente a los mortífagos, teniendo en cuenta que un nuevo ataque estaba próximo, aunque él no supiera claramente a quién sería.


- Te ves mal. - Harry se animó a informarle. Tom le sonrió a medias, con un deje de tristeza.
- No más que tú. Debí haberte protegido más y no avanzar tanto en la enseñanza... Tendría que haber previsto que

- Lo hecho, hecho está. - Le cortó Harry, sin ganas de oír explicaciones ni disculpas. Quería olvidarse del ritual, pero recordar su error.
- ¿No tienes preguntas
? - Dijo Tom, sorprendido.
- No. No quiero pensar sobre eso
Me hace sentir todavía más vacío
Yo no soy así. Yo no quería



Un corto beso en los labios paró su respuesta. Un beso que expuso la comprensión de Tom hacia él, su agudo cariño, todo el sufrimiento que había pasado durante esos días, sus disculpas, sus perdones. Le hizo sentir bien, de nuevo Persona. Alivió un poco aquel hoyo que habitaba en su corazón y despejó todas sus dudas. Recordó lo agradable que era estar con Tom y se aferró a esa sensación



- ¿Quieres volver a Hogwarts?


La pregunta le agarró desprevenido. Contempló a su amante, pasmado. Él esperaba pacientemente su respuesta con un rostro ilegible, ocultando todas sus emociones. Pero Harry las percibía a través de su conexión con el Dark Lord. Respiró hondo, organizando sus pensamientos.


- No.


Tom sonrió ampliamente. Una sonrisa que Harry había pensado haber extraviado en sus recuerdos. La admiró, sintiendo como el contento de su pareja se tornaba también el suyo. Como parecían volverse uno, coordinados por los sentimientos.

Si alguna vez le había tenido miedo a Tom, éste desapareció en ese mismo instante. Tom le había salvado la vida, se la había devuelto sin pedirle nada a cambio más que su sencilla compañía. Porque eso era lo que había cuestionado antes. Ambos se habían dado cuenta verdaderamente como ahora necesitaban del otro. De su presencia para sentirse absolutamente completos.

Desorientadas lágrimas cayeron solitariamente por su suave rostro. Sin razón, no la requerían.


- Te amo, Tom. - Dijo vehemente mientras buscaba reiteradamente el contacto de sus labios con los del Slytherin.


Labios que le ofrecieron vida.


Nota de autora: Bien. Lean esto que es muy importante, que después no quiero reclamos. Este capítulo es R, así que está en tu responsabilidad leerlo o no. Lo hice lo más suave y largo que pude, ya que este capi sólo se centra en eso, por si alguien no desea leerlo. No le infundirá ningún desvío en la trama del fict. Uhm.. tal vez este capi debería ser censurado, pero... me constó mucho escribirlo en su momento y sería una verdadera pena.. está tratado muy delicadamente a mi parecer. ^^

Para quienes lo lean, enjoy it! Hasta el próximo martes!



***

Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: R --> El fict acaba de perder su virginidad XD!

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


***


Capítulo XV: Vida


- Te amo, Tom. - Dijo vehemente mientras buscaba reiteradamente el contacto de sus labios con los del Slytherin.


Labios que le ofrecieron vida.




Luego de aquella sincera declaración, nacida de lo más profundo del corazón del Gryffindor y que desafiaba todas las contrariedades, Tom no tuvo duda de que Harry pronto llegaría a aceptar su destino a su lado, si es que no lo estaba haciendo ya. Todas las finas facciones del rostro de su amante demostraban una anómala paz, nada que hubiera advertido anteriormente. Sus ojos estaban cerrados, en una mezcla de cansancio y encanto, causada por la firme confianza que se había desarrollado entre ellos. Estaba sencillamente ahí, reposando, desarrollando en Tom una terrible tentación.

¿Estaría Harry listo en definitiva?

Como si le hubiera leído el pensamiento, el joven abrió sus ojos sorpresivamente y le contempló con atención, como esperando la respuesta a su pregunta mental. Por un momento llegó a pensar que Harry estaba recapacitando lo mismo que él. Pero la idea de que tal vez todavía su Ángel no estuviera listo para Afirmar su relación con el Dark Lord continuaba vigente. Todo podría desmoronarse.

¡Pero ya había esperado demasiado tiempo, maldición! No podía dejar que simplemente el tiempo pasase y no hubiera evoluciones.


- Deberías castigarme por no haberte hecho caso. - Murmuró Harry, volviendo a cerrar los ojos. Tom elevó ambas cejas, extrañado por aquella opinión.
- ¿Tú crees?
- Todo se podría haber evitado de esa forma. - Justificó Harry, para luego emitir una sonrisa leve. - Además... - Parecía atragantarse con sus propias palabras. - ya no te tengo miedo.


En aquel momento Tom comprobó su teoría de que Harry había estado pensando lo mismo que él. Sus ojos rojizos destellaron con un especial brillo a la vez que sobre las mejillas de Harry brotaba un ligero rubor que se vio disminuido en importancia cuando aquellos ojos esmeraldas se alinearon con los de Voldemort. Mostraba decisión en su elección, aunque el adulto no pudo evitar cuestionarlo.


- ¿Estás seguro? - Harry asintió.
- Es la única forma de demostrarte que mi amor es auténtico y que no te he estado mintiendo. - Respondió suavemente.


Y Tom no tuvo más razones para seguir conteniendo sus deseos. No dudaba de que su pequeño le quisiera, pero una vez que se estaba entregando, ¿por qué habría de rechazarlo?


***


No sabía que le había impulsado a expresarle a Tom sus deseos de ser castigado. Ni siquiera lo había pensado por demasiado tiempo, sencillamente había surgido, como si fuera un deseo recelosamente escondido de su corazón.

Saber que le pertenecía a alguien.

Todo su ser parecía estar de acuerdo en ello. Además que era una forma de agradecerle a Tom todo lo que había hecho por él, la forma en la que había volteado el rumbo de su vida y le había hecho ver Aquella Realidad. Su deuda de vida con Tom. En ese mismo instante no estaría respirando sino fuera gracias al hombre enfrente de sí.

¿Qué más podía hacer más que creerle y corresponderle?

No recordaba a muchas personas que se hubieran arriesgado por salvarle la vida. Cabía decir que al realizar el pedido para la devolución del espíritu de Harry, Tom se había arriesgado a ser rechazado directamente, lo que provocaría secuelas en él. También había quedado moderada la culpa de la muerte de los padres de Harry al devolverle la vida.

Tenía que olvidarse del pasado y vivir el presente, ser feliz ahora. Ya nada podía hacer por sus asesinatos, el hombre que estaba frente a él demostraba tener vida. La guerra iba en segundo lugar en ese sentido.

Todo parecía tener tanta lógica y en verdad la carecía. Además, no necesitaba más justificaciones. Se había decidido, se quedaría con Tom y deseaba probarlo en todos los aspectos.


***


Tom lo atrajo para sí, besándolo dócilmente, al contrario de lo que había hecho la anterior vez, en el castigo por su atrevimiento con Bellatrix. Harry le correspondió, a la vez que dejaba que Tom explorase cuanto quisiera de él. Aquel beso duró varios instantes y cuando se rompió, el Dark Lord se deslizó al cuello del joven donde colocó toda su atención.


- Haré de esta noche inolvidable para ti, mi Ángel.


No esperó respuesta, pero sí escuchó unos chillidos cuando mordisqueó fuertemente la piel delicada del cuello del joven. Pero éste no se quejó, con sus esmeraldas cerradas, procurando disfrutar cada instante de aquel exótico rito que Tom estaba realizando sobre él. Aquello no se compraba en ningún momento a la tortura que recordaba haber sufrido tras la muerte de Bellatrix. Todo había cambiado tanto...

En principio, ya no tenía más miedo al Dark Lord, confiaba en él y sabía que no le haría más daño del necesario. Había sepultado sus remordimientos por aquella noche y no dejaría que ellos arruinasen aquel momento. Y a la vez, un lazo invisible de afecto estaba fundado entre el Niño que Vivió y su anterior peor enemigo. Eso no era una tortura o un castigo, era un acto de cariño único.

Como la primera vez, Tom prosiguió a despejarle de sus prendas, lo que no resultaba muy complicado. Ya no eran aquellas vestimentas aristocráticas, sino su traje de dormir, compuesto de pantalón y blusa de tela ligera y de colores Slytherin a los cuales Harry ya se había familiarizado completamente. Al mismo tiempo que le despojaba de la blusa, Tom se encargaba de entretenerle con caricias y demás, para que el nerviosismo no comenzara a invadirle.

Pronto las prendas del Gryffindor estuvieron acomodadas en un rincón de la habitación, volviendo a dejar al joven desprovisto, a su completa merced. Tom contempló el cuerpo de su amante con cierto aire divertido, al ver sus mejillas completamente sonrojadas y su mirada invadida por una ligera sensación de vergüenza. Hizo desaparecer sus propias vestimentas con un rápido encantamiento, su excitación era evidente.

Volvió a prestarle nuevamente atención al cuello, donde apoyó sus venenosos labios, presionando, para luego proseguir empleando los dientes, mordiendo aquella piel dulcemente blanquecina. Harry chilló de dolor otra vez, debajo de su autoritario cuerpo. Estaban íntimamente cerca, tanto que sus respiraciones parecían volverse una.

Harry no sabía exactamente qué era lo que estaba sintiendo. Era un crisol de emociones. Una infundada inseguridad, a la vez reprimida por aquella honesta alucinación de protección. Aquel incomprensible placer que asaltaba cada parte de su cuerpo se mezclaba con un dolor superficial. Era muy difícil describir lo que le estaba sucediendo. Sólo sabía que anhelaba continuar, que no se estaba arrepintiendo de su decisión.

Si bien todo aquel acto podría llevar a Tom a dejar de pensar lo que estaba haciendo con su Ángel, limitándose a abandonarse en la conmoción de placer, se esforzaba en mantener el control sobre sí mismo. No quería dañar excesivamente a su pequeño y más que nada quería infundirle todo su sentimiento. Aunque su necesidad de sentirlo completamente suyo, sin nada que les separara, marcarlo como su propiedad, pudo más que su voluntad y al poco tiempo se encontró encima del frágil cuerpo del Niño Que Vivió, preparándole para la completa penetración.

Que se llevó acabo sin piedad por parte del Dark Lord. Harry se cuestionaba mentalmente (con todo el esfuerzo que ello conllevaba en ese mismo instante) cuál era la mejor palabra para describirlo: ¿tortura o placer? Era difícil concretarse entre alguna de las dos, pero prefirió en ese momento disfrutar del momento más que buscarle lógica. La carecía. Su interior fenecía en un eterno placer que le descontrolaba, simultáneamente que un extraño sufrimiento le acompañaba. En menor medida, sin embargo existía. Era el precio que había que pagar por la delectación, por el amor que Tom le ofrecía en ese acto...

No pudo evitar gritar el nombre de su amante y aferrarse a su cuello fuertemente, como si la vida se le estuviera escapando en el acto... En realidad la vida la estaba sintiendo con una intensidad nunca antes comprendida, en todo su ser.

Fueron muchas las embestiduras, pero las suficientes para que ambos alcanzaran el clímax, invadidos por un inexpresable sentimiento y un cansancio deleitable. Un clímax que contenía todo lo que significaba su relación, con todos los motivos que les habían impulsado y todos los esfuerzos por olvidar el pasado y quiénes habían sido, y eran. Todo el dolor, toda la culpa, toda la preocupación, desaparecía en ese preciso instante y sólo en ése, para marcar un antes y un después.

Pero en ese momento no les inquietaba el futuro, estaban allí sencillamente ellos dos y los demás eran la nada absoluta, inexistente. El Todo ya lo poseían entre sus manos. Y Nadie, definitivamente nadie, los desviaría de éste.


Si hubieran podido contemplar el cielo oscuro desde su habitación, habrían visto como ciertas estrellas brillaban especialmente, coordinadas con lo que estaban viviendo, en un sosegado síntoma de que a partir de ese santiamén, el destino había tomado un rumbo imprevisto.


Ambos cuerpos se derrumbaron en la cama. Tom rodeó con sus brazos a Harry, quien aún mantenía los ojos cerrados y sonreía suavemente, con una inocencia que el Dark Lord nunca había visto anteriormente. Acarició su mejilla dulcemente y luego besó su frente, justamente encima de la cicatriz en forma de rayo. Una corriente de poder les asaltó, pero la ignoraron sistemáticamente.


- Tom...
- Shh. Descansa, mi pequeña serpiente. - Se miraron fijamente, hipnotizados por la profundidad de los ojos del otro, antes de disponerse a dejarse llevar por las garras del sueño...
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


***

Nota de autora: Bien, ya hemos llegado a la parte interesante ^^! (no que los anteriores 15 capis fuesen aburridos, pero.. XD) El punto de esplendor de DO reside en los próximos cuatro capítulos... y últimos. Así que deben disfrutarlos XD

Este capítulo está dedicado a CheP, una lectora que este fin de semana ha cumplido 18 años! Weee!! Felicidades, amiga! XD

Gracias por sus reviews sobre el capi 15, por cierto. ^^ Fue un gran alivio. ^o^ Hasta el próximo viernes! (sigh.. el viernes es una fecha de luto.. Tendré el examen de inglés! ToT.. I'm gonna to dead..)

***


Capítulo XVI: Ataques con consecuencias


El sol caía pacíficamente sobre el horizonte, avisando del fin del día, dándole paso a la plácida noche. Colores púrpuras y rojizos bañaron el cielo, casualmente semejantes a la sangre. Se veía precioso desde allí. Muchas veces antes lo había visto desde aquella misma posición, pero no todas con Tom a su lado, a solas y en paz.


- ¿Adónde será el ataque, Tom?
- A la casa del ministro. - Contestó el Dark Lord en un susurro, mientras revisaba los últimos detalles de la estrategia. - Es hora de sacarse a esa rata incompetente de encima
- Harry asintió, estando de acuerdo con el calificativo usado.
- ¿Cuándo?
- Mañana por la noche. ¿Por qué estás tan interesado? - Preguntó Tom, mirándolo por encima de los pergaminos. Harry se encogió de hombros.
- Desde que estoy aquí, no he visto que le dedicaran tanto tiempo a los planes de un ataque. - Tom sonrió misteriosamente.
- ¿Piensas que el ataque a Hogwarts lo hicimos de un día para otro? Ataques de esta magnitud tienen que ser claros y precisos, faltos de errores. No podemos darnos el lujo de perder más miembros. Y además la información tiene que ser escogida. Un traidor puede estar en nuestras filas.


Harry tuvo que suprimir un escalofrío. La imagen de Severus Snape retornó a su mente; lo había olvidado por completo. Aquel mismo día del duelo con Draco, el profesor de pociones había colocado un Veritaserum en su bebida. Posteriormente, nada más había ocurrido que llamase su atención. Y ese silencio le estaba trayendo malas predicciones.

¿Debería decirle a Tom sobre Severus? ¿Sobre la verdad de sus lealtades?

Aunque dudaba que el Dark Lord no lo supiera. Después de todo, no era tan idiota. Pero Harry entonces no sabía qué estaba esperando para torturarlo, al fin de cuentas sólo estaba pasándole información a Dumbledore sobre sus movimientos y, sobre todas las cosas, de la relación que él y Harry estaban manteniendo.

¿Acaso quería jugar con Severus? ¿Quería que Dumbledore supiera la absoluta autenticidad de la situación de primera mano?


- Este ataque es la base de nuestro poder. Quitar al Ministro debilitará la concentración de las defensas. - Comenzó a explicarle Tom, con una frialdad que le hizo estremecer. - Dumbledore se dará cuenta que es sólo una advertencia; que el próximo lugar donde correrá sangre será Hogwarts. La última batalla, si me dejas predecir. - Se detuvo, tal vez permitiéndole hablar, pero Harry continuó en su silencio. - Pero para hacerle perder alguna de sus esperanzas necesito tus servicios, Harry.


El joven asintió, con la garganta seca y un dolor difuso en su estómago. Desde la mención de Hogwarts que estaba allí. Suponía que era la excesiva culpa que llevaba sobre sus hombros y el temor a lo que podría suceder en el futuro. ¿Cómo reaccionaría al volver a ver al castillo de Hogwarts, pero ya no como estudiante sino como
mago oscuro?


- Necesito que me permitas utilizar tu firma de la Orden del Fénix.


Harry le miró, con los ojos como platos, no esperándose bajo ningún concepto nada tan
inocente de parte de Tom. Se mordió la lengua, recordando viejas experiencias en el bando de Dumbledore. ¿Qué mal podía hacer, entregándosela a Voldemort?

La firma de la Orden consistía en una marca personal. Toda estrategia de su autoría tenía su firma. En caso de que fuera un auror de la Orden y atrapara algún mortífago, al entregarlo al ministro lo marcaría a su vez con la firma, como prueba de quién le había capturado. Vendría a cumplir una función similar a la Marca Tenebrosa, sólo que la de la Orden era personal de cada miembro, con una característica en común en todas: un fénix siempre estaba presente.


- ¿Para qué, Tom? Me refiero a que es algo insignificante, no servirá para mejorar el ataque...
- Mi ángel, esa firma posee más significado de lo que imaginas. - Tom acarició su mejilla izquierda con suavidad, divertido por su ingenuidad. - Es tan sencillo como decirles que ahora eres Mío, completamente Mío. - Rozó deliciosamente sus labios con los de Harry, destacando el sentido de sus palabras. - Dispongo de ti para mis planes, ¿entiendes? Estoy seguro que Dumbledore ya lo sabe hace tiempo, sin embargo la comunidad mágica necesita saber la Verdad que se les fue ocultada.
- ¿Y con ella firmarás el ataque?
- Estoy seguro que quedará muy bonita al lado de la Dark Mark, ¿tú que opinas? - Dijo Tom, con una sonrisa astuta en su rostro. Harry sonrió con cierta nostalgia antes de responder.
- Sí, quedarán muy bien. Impactarán: dos antiguos y mortales enemigos aliados al favor de la Oscuridad.


Aunque la opinión interna de Harry era muy diferente. ¿Cómo reaccionarían Ron, Hermione y Ginny al enterarse de su absoluta unificación con Voldemort? ¿Cuánto afectaría a la memoria que ellos tenían de él, a la confianza que habían mantenido, a la unión que tantos años habían desarrollado
?

La voz de Ron en su mente le recordó que ellos ya habían revelado lo que harían en caso de que se uniera al Dark Lord.

Le olvidarían completamente cuando se pudriesen de repudiarlo por lo que estaba haciendo.


Como todos los traidores, ¿no es cierto? Las reglas del juego no cambiarían porque él fuera Harry Potter. Nada excusaba semejante traición, semejante sumisión a las órdenes del enemigo de la Luz. Pero, ¿qué habría podido hacer él contra ese poderoso sentimiento que le invadía cada vez que Tom le miraba profundamente, le rozaba delicadamente
? No había podido obviarlo. Su voluntad no había sido lo suficientemente firme como para lograrlo. Y su corazón había caído en la tentación


Por amor una persona hacía los sacrificios más locos.


- Nosotros hacemos juntos un gran complemento, Harry. Pero debemos hacérselo notar a la Comunidad, ¿no estás de acuerdo?
- Efectivamente.


Y ya no había vuelta atrás.


***


Un grupo seleccionado de mortífagos profesionales se deslizaba entre las sombras de la noche, evitando ser notados por las barreras de protección de la mansión y cualquier agente que pudiera interferir en los planes de su Señor. Colagusano había hecho bien su trabajo, ubicándolos bien en el mapa del lugar, no obstante la estrategia ideada por el Trío Fantástico (véase Lucius, Severus y Harry) era realmente un éxito.

Todo estaba controlado y en orden. Sabían todas las contrariedades que podrían tener en ese ataque, pero estaban preparados para afrontarlas plenamente. Por algo tenían el título de mortífagos de alto rango. No eran ningunos incompetentes de los que presumían ser fieles a Lord Voldemort y luego aparecían lamiéndole las suelas de los zapatos a Dumbledore.

No. Ellos eran Mortífagos. Tenían poder para torturar, protección del Señor en caso de peligro, pero sobre todas las cosas el respeto de los inferiores. Ellos coordinaban estos ataques estratégicos. Eran gente de absoluta confianza y de elite. ¿Quién podría oponérseles a ellos y a las sobrenaturales fuerzas de Voldemort?

¿Tal vez una dotación de aurores del ministerio, con Dumbledore al frente de ella
?

Había un traidor en la elite, al parecer




La batalla no era para nada trivial. Ambos bandos estaban preparados para enfrentarse, ambos previendo qué cantidad de miembros podrían tener cada uno. Conjuros de Magia Blanca y Negra traspasaban los terrenos de la mansión de un lado a otro, cada vez más serios y dañinos. El grupo de mortífagos iba tomando ventaja, avanzando sobre el Grupo Defensor y acercándose a su objetivo.

Porque el ministro estaba en el Grupo Defensor.

No que el viejo mago quisiera permitir que los aurores y los mortífagos hicieran lo que desearan con su casa, destruyéndola casi completamente entre desvíos y explosiones de hechizos. Era realmente ingenuo si pensaba que iba a sobrevivir a esa experiencia.

Pero como dicen, quién no se arriesga no gana.


***


Los Aurores retrocedieron unos cautos pasos cuando el escudo de magia blanca que habían desarrollado para protegerse se tambaleó peligrosamente ante un masivo ataque de las fuerzas Oscuras. No porque el ataque fuera demasiado fuerte (ya que lo estaban haciendo uniformemente), sino que ese escudo estaba compuesto de una mínima parte de energía mágica de cada uno. Muchos aurores estaban débiles o malheridos, el escudo perdió su anterior resistencia...

Pero no perdían la esperanza. No estaban en condiciones para rendirse, muchas vidas estaban jugándose en ese momento. Tenían que servir a la Comunidad Mágica que les necesitaba. De perder esta estrategia de defensa, ¿con qué orgullo podrían declarar que eran policías mágicos? ¿Con qué dignidad recordarían los esfuerzos del pasado?

La Muerte era un reto que ellos estaban dispuestos a enfrentar por sus ideales. Ideales que a su vez formaban parte de una ilusión; volver a la paz condicional, donde no habría mortífagos atacando ni Señores Oscuros mortificándolos, donde el destino de cada uno no se jugaría sólo por un instante, ni se valoraría únicamente las partes negativas de las cosas. Donde tendrías la capacidad de decidir qué hacer en tu vida y no que otros te manipulen, lanzándote a la súbita e impiedosa Muerte.

Luchabas por sueños que se desmoronaban cada instante un poco más.


***


Beneficiándose con el centralismo de la ofensiva en la mansión, donde los aurores defendían al Ministro, una sombra paseaba tranquilamente por el extremo opuesto, gozando la actuación de sus servidores con una sonrisa cruel. Por supuesto, algo en el plan no había salido como debería, pero Harry no había tenido la culpa de no saber quién era el traidor y aniquilarlo antes de que todo sucediera.

Él sabía quién era el Traidor, y sabía que su amante también. Cierta furia le asaltó cuando, al preguntarle al muchacho sobre su identidad, éste siguió defendiéndole con una mentira titubeante. Siguió apoyando de una manera imperceptible a sus amigos, no traicionándolos, no ofreciéndole la Verdad a su Nuevo y Verdadero Bando. Sabía que sólo lo hacía por sus amigos, por las memorias que le traía ver a Severus en la mansión, pero... Había defendido a un Traidor y que encima... Trabajaba para Dumbledore. ¿Cuánta lealtad podría haber, entonces? ¿Cuándo definiría totalmente su posición en esa Guerra Mágica?

El Dark Lord suspiró despejando sus pensamientos sobre su amante en ese momento clave. Era la hora de su aparición. Pero antes...

Con un movimiento ágil de su varita, comenzó a trazar unas figuras absurdas que se fueron unificando hasta adoptar la forma deseada: un fénix dorado con las iniciales HP en el pecho, de color plateado. Realizó sobre la incorpórea firma, conformada de una sustancia imprecisa similar al humo, un encantamiento de invisibilidad; todavía no era el momento de que se mostrase.

Lord Voldemort avanzó rápidamente hasta el centro del ataque. Cuando estuvo suficientemente cerca, levantó la poderosa varita y con ella señaló en dirección a las fuerzas de Dumbledore y del Ministerio, que fueron tomadas desprevenidas, sin haber notado la presencia de su más temible enemigo en el terreno de batalla. Él se adelantó hasta estar al frente de sus aliados, con una sonrisa digna de un Dark Lord.


- Tanto tiempo sin verte, Dumbledore. - Saludó Voldemort como si se tratara del reencuentro de dos viejos amigos. El vejete le observó con su intensa y pensativa mirada, evaluando su aura de poder.
- ¿Cómo has estado, Tom?
- Hubiera estado mejor sino hubieras metido a tu cordial espía Snape en mi castillo. Al fin de cuentas, ¿de qué te ha servido? - Dirigió su atención al tembloroso ministro que estaba detrás de su custodia, no pudiéndose creer la presencia del Innombrable enfrente de sus ojos. - Cornelius morirá y todos tus inútiles aurores no lo podrán evitar.


Paralelamente, la plenitud de la cantidad de mortífagos elevó las varitas y lanzó maldiciones. Tal cual ellos, los aurores conjuraron escudos, que no resultaron lo bastante efectivos como para soportar también un conjuro del Dark Lord.

Los grupos se dispersaron y Dumbledore avanzó, intentando interponerse en el camino del Asesino.


***


Bajo la inexistente presencia de los mortífagos en el Castillo, Harry decidió manipular mejor su tiempo libre antes de permanecer en la sala de estrategias o en su habitación, meditando sobre temas de los cuales ya había pensando bastante. Prefería más explorar las zonas desconocidas del edificio a las cuales todavía no había llegado. Ocupaba su mente con otras cosas y a la vez, adquiría cierto nuevo conocimiento. No es que tuviera de meta conocerlo en totalidad sino que se asimilaba más a un pasatiempo nacido de la curiosidad.

Se estremeció de frío durante el instante que salía de sus cámaras personales. La baja temperatura, nata en la ubicación geográfica en la cual se encontraba, estaba sofocándolo casi todos los días. Por más túnicas abrigadas de pieles de dragón que se pusiera, ésta se las ingeniaba para llegar a sus sentidos, sobre todo luego de dejar un lugar tan cálido como eran las habitaciones.

Tras asegurarse de no haberse olvidado la varita (aunque prácticamente había dejado de utilizarla gracias al avance de sus entrenamientos) comenzó a caminar sin rumbo, indeciso si dirigirse a las mazmorras o a las torres. Finalmente, midiendo los pros y contras de cada uno, optó por la segunda acción, ya que haría menos frío que en el subsuelo.

Mientras subía las escaleras del quinto piso tuvo la sensación que estaba siendo ávidamente observado por alguien. Sabiendo perfectamente que esas intuiciones que tenía solían ser ciertas, buscó recelosamente con la mirada algún posible lugar de ocultamiento. Seguramente sería algún mortífago, a menos que Dumbledore hubiera decidido utilizar la ocasión del abandonamiento del castillo para infiltrar a aurores en terreno enemigo y atacar en secreto. Podría ser posible, de no ser por la paz que reinaba en el aire. No estaría tan tranquilo con intrusos adentro, ¿no?

Además que Dumbledore tampoco subestimaba los escudos de magia negra que desde siempre Voldemort había colocado en su fortaleza. Tendrían que debilitarse para que aflojaran y sinceramente hablando, Harry dudaba que ésta fuera la situación planteada. Así que, le quedaba una única posibilidad...


- Buenas noches, Severus. - Saludó a la nada, mientras seguía subiendo las largas escaleras.


Vio como la figura impasible de su ex profesor se asomaba en el final de la escalera, que ya no le quedaba muy lejos.


- ¿Qué haces aquí, Potter? - Preguntó Snape tal cual lo hubiera hecho en sus antiguos tiempos de Hogwarts. Siempre produciendo esa sensación de estar haciendo algo mal y que pronto recibiría el castigo digno...
- Creo que soy yo quien debería preguntarte eso, Severus. - Contestó Harry, igualmente frívolo que él. - ¿No deberías estar en la casa del Ministro en este preciso instante? - Snape le sonrió con cierta ironía.
- No es necesaria mi participación. Creo que el mortífago que me está substituyendo lo está haciendo mejor, ¿no compartes mi opinión?
- Totalmente. - Harry hizo una mueca.


Sólo le faltaba un escalón para estar frente a frente con el mortífago. Sin embargo, le esquivó para dirigirse al corredor, como si ya no le importara la conversación. Escuchó como detrás de él, Severus le perseguía.


- Mientras ese mortífago sea un mínimo de leal al Dark Lord, será mejor que un traidor, y encima espía, como tú.
- Creo que tampoco estás en condiciones de hablar, Potter. Tú has traicionado a tu gente, tal vez de peor forma que yo. - El tono odioso y crítico de Snape detuvo a Harry.


Harry comenzó a percibir como una innatural furia nacía de lo más profundo de su ser. Snape le criticaba, aún ignorando todo lo que había sucedido para que él tomara aquella decisión de permanecer del lado de Tom. Era un error bajo los perfectos esquemas elaborados de Albus Dumbledore, obviamente. Estaba seguro que el Director no había previsto su secuestro. Había cambiado hábilmente el rumbo de la historia.

Se volteó, encarando a Snape, por primera vez determinado a deshacer esa imagen falsa que el profesor de pociones tenía de él. Sus ojos verdes esmeraldas brillaban peligrosamente.


- ¿Sabes bajo qué circunstancias tomé esa decisión, Severus...?
- Amenazado por el Dark Lord. - Dijo Snape, interrumpiendo a Harry. - Pero perfectamente podrías haber escapado luego de la liberación de los Weasley y Granger.
- El Dark Lord me ofreció cosas que Dumbledore siempre ocultó de mí. La Verdad, la libertad sobre mi vida, el conocimiento sobre mi propio poder...
- Sólo te utiliza como a todos sus sirvientes, Potter. Te está entrenando para transformarte en un arma, que usará en Hogwarts.
- Si me utiliza, no está haciendo nada que Dumbledore no haya hecho antes. - Le cortó Harry, manteniendo su postura y la calma. - Dumbledore manipuló mi vida como quiso, jugó con mi inocencia y con todo aquello que me importaba. Me mintió, me ocultó las verdades que desde un principio merecía saber. Me moldó como quiso para que cumpliera con la idiotez que contiene la Profecía de Trelawney. Para que me hiciera cargo de las vidas de los demás, para que fuera el clásico héroe de todos. Parecía que para él, vencer o morir en manos de Voldemort era la única misión que yo tendría en mi vida. La felicidad iba por un camino paralelo.
- En Hogwarts fuiste feliz...
- Bajo engaños. ¿Es realmente felicidad, Severus? Lo único sincero que tuve fueron mis amigos, pero no quiero que ellos mueran por mi culpa, así que alejarme de ellos puede ser una buena solución, ¿no te parece?
- Voldemort no te ofrece felicidad... - Harry sonrió con burla, pero con un deje de amargura.
- Me ofrece la Verdad y todo lo que él pueda brindarme en ello. Y he decidido que definitivamente prefiero su amor a las mentiras de Dumbledore. Por más que mis amigos me odien... Es algo que aprenderé a superar.
- Das por hecho que Voldemort ganará la batalla final, ¿verdad? - Harry le miró fijamente y luego soltó una risa vacía, quizás sarcástica.
- ¿Cómo no va a lograrlo, si ya el viejo loco no tiene más a su Golden-boy, a aquel que iba a trabajar por él, mientras se sentaba a admirar el duelo con un caramelo de limón? - Snape le miró con auténtico odio, viendo finalmente que todas las esperanzas para que el Niño que Vivió volviera al Bando de la Luz se habían esfumado de su mente.


Pero bien Harry sabía que eso no terminaría allí.

Cuando Severus le apuntó con la varita, él ya había empuñado la suya con idéntica firmeza.


***


Ciertamente, las palabras de Lord Voldemort habían tenido toda la razón de su lado. No faltó mucho tiempo para que los mortífagos dominaran el escudo mágico y lo destruyan completamente, perdiendo así los aurores una de sus mejores defensas. Pronto la mayoría de las cosas estuvieron bajo el control del lado oscuro. Los aurores que continuaban luchando, que no se habían rendido en la desesperación, sólo lo hacían para su propia supervivencia. Cornelius Funge ya no tenía más custodia.

El único elemento que retrasaba su muerte era el ligero duelo que mantenían Voldemort y Dumbledore en esos momentos. Ninguno de los dos estaba profundamente concentrado en la batalla, sabían que nada se definiría con ella. No era ni el momento ni el lugar.


- ¿Crees que podrás vencerme, Albus? - Cuestionó Voldemort luego de una de sus risas maniáticas características.


El hechizo del profesor dio en la inmensa serpiente que el Dark Lord había conjurado, sin causarle el mínimo daño.


- ¿Qué podrás salvar al Mundo Mágico y Muggle de mi reino de tinieblas?


Sus provocaciones no llegaron a ejecutar ninguna expresión facial visible en el rostro del vejete ni que ninguna palabra (que no fuera un encantamiento, claro está) saliera de sus labios. Su silencio, que a primera vista daba la sensación de ser sabio y pensativo, sólo ponía en evidencia su opinión al respecto. Ya no había nada más que hacer.


- ¿Qué clase de líder del bien eres que mandas a tu gente a la muerte, les hablas con la mentira e insitas falsas e improbables esperanzas? - Dijo Voldemort, con una sonrisa sádica en su rostro.


Ninguna respuesta.

Harto de tanta rutina y mutismo, Lord Voldemort decidió que era hora de terminar con el ataque. Hora de celebrar el triunfo con sus súbditos en la Mansión. Y con Harry, obviamente... Se preguntaba que estaría haciendo el muchacho en ese mismo instante. ¿Capaz durmiendo, para ver el ataque a través de sus ojos...?

Todo sucedió muy rápido. Señaló imperturbablemente con su varita a Dumbledore, de tal forma que muchos de los que estaban contemplando el duelo pensaron que el siguiente movimiento sería asesinar al vejete. No estaban muy lejos de la verdad, sólo que el muerto sería otro...


- ¡Avada Kadavra! - En el último instante, la poderosa varita bajó al suelo y Voldemort levantó su mano izquierda (la libre) hacia Funge.


El rayo de luz verde no sorprendió a nadie, pero sí la dirección. Un microsegundo más tarde, su querido ministro de la magia caía al suelo, inerte, sin haber tenido ni la minúscula posibilidad de evitarlo, al estar de espaldas a Voldemort, entretenido por unos mortífagos.

Y para que el shock fuera absoluto y que durara por bastante tiempo, el Dark Lord volvió a elevar su varita en el aire. Muchos aurores contuvieron la respiración. Otros ni se animaban a ver lo que estaba ocurriendo.


- Morsmordre.


Sincrónicamente hizo desaparecer el encantamiento de invisibilidad sobre la marca de Harry. La Marca Tenebrosa y la Firma personal de la Orden del Fénix ocuparon su lugar en el oscuro y desolador cielo, una junto a la otra, significando mucho más de lo que las mentes inocentes podrían deducir.

Fueron también la señal para los mortífagos de que había llegado la hora de la retirada. Todo mago oscuro, que estuviera físicamente habilitado para, se esfumó de los ojos de los aurores, llevándose consigo todo aquello que la Comunidad Mágica habían estado construyendo dignamente por años.


***


Al arribar en la Mansión, Voldemort indagó mentalmente por la ubicación de Harry. Frunció al entrecejo al darse cuenta que el poder del joven estaba practicándose. ¿Y ahora qué demonios pasaba?

Draco Malfoy había estado en el ataque, lo había visto, así que era imposible que fuera el muchacho. Y fuera de haberlo visto o no, dudaba que intentara volver a provocar a Harry, ya que el castigo que le había impuesto había sido sumamente severo. Dos minutos seguidos bajo la maldición Cruciatus, más una larga lección de las limitaciones de un mortífago, en donde se incluía no tocar nada que fuera del Dark Lord, sin su pleno permiso... Más unos cuantos minutos bajo sangrientos latigazos... Debería haber aprendido la lección, si uno se guiaba por sus súplicas.

Volteó a contemplar al grupo de mortífagos detrás de él, que se habían retirado las máscaras de los rostros y ahora se felicitaban mutuamente por la tan deseada victoria obtenida. Los terrenos del castillo lucían energizantes y radiantes por primera vez en meses, gracias al estado de sus habitantes. Pero eso no era lo que le preocupaba al Dark Lord.

Severus Snape no estaba entre ninguno de los mortífagos que habían concurrido a la irrupción. El maldito espía debía ser el oponente de su pareja...

Traidor. ¿Qué quieres ahora?


Pospuso el festejo para un rato más tarde. Primero estaba Su Ángel.


***


Mientras tanto, en la Torre Oeste, Severus y Harry se fulminaban con la mirada, ambos con la respiración agitada y combatiendo por mantener cierto control sobre el otro y sobre sí mismos. Harry tenía la ventaja de poder usar la magia natural y con canalizador, junto con todo su conocimiento, pero Snape tenía muchísima más experiencia que él en duelos de magia oscura. Hacía largo rato que ninguno de los dos parecía liderar el duelo.

Snape tenía en mente la idea de que si iba a abandonar el territorio del Dark Lord, no lo haría sin llevarse a Potter con él. Algo que no iba a permitir era que Voldemort tuviera la ventaja con el muchacho de su bando: le secuestraría tal cual éste había hecho. Por supuesto, el joven se resistía y no le hacía las cosas fáciles. Pero todavía tenía cierto tiempo hasta que Voldemort y los demás mortífagos volvieran, así que... Potter no tenía a nadie más para socorrerlo: sólo a sí mismo.


- ¿Crees que el Dark Lord verdaderamente te ama, Potter? ¿No estarás cayendo en el mismo juego ingenuo de siempre? - Tentó el terreno, formulando aquella pregunta.
- En caso de que así sea, ¿qué es lo que pierdo creyéndole? - Contestó Harry, sin perder su concentración en el duelo. - No más de lo que perdería apoyando las mentiras de Dumbledore, ¿no le parece, profesor Snape?
- Tu conciencia pagará tu error, Potter. Tú eras la esperanza... - Harry soltó una risa sarcástica ante su comentario.
- ¿Esperanza llaman a colocar toda la carga sobre mis hombros e indicarme a dónde ir, para luego desaparecer? Usarme como un arma, el que acabaría con la Oscuridad... ¿Pero acaso la luz no subsiste con la presencia de la Oscuridad? Sino hay oscuridad, ¿a qué llamamos luz?


Ambos detuvieron la conversación por unos instantes, para recobrar el aliento y continuar con el arduo duelo.


- Además, Severus, no hay ni luz ni oscuridad, sino una variada tonalidad de grises. Nada es absoluto en este mundo. - Harry miró profundamente los ojos obscurecidos de Snape, indagando por alguna chispa de entendimiento. - Dumbledore no es mejor que Voldemort, ambos tienen cosas que el otro carece. No obstante ambos tienen una meta en común: el Poder.
- ¿Qué es para ti el poder, Potter? - Harry pareció sorprendido por aquella pregunta, pero luego volvió a su postura indiferente.
- Una bendición y una maldición. - Respondió el joven Gryffindor con sencillez. - El ser humano anhela poder, lo que le lleva a realizar y sacrificar las más imposibles acciones y elementos. Lamentablemente - Harry emitió un suspiro, a la vez que su mano se movía con gracia en el aire, fortaleciendo el escudo. - soy un atajo a él y no tengo la voluntad para ejercerlo por mi propia mano, creo que comprendes... - Severus frunció el entrecejo. ¿Acaso el muchacho no quería controlar su propia vida?
- Dumbledore me educó para preocuparme por los demás, llevar sus cargas y afrontar las situaciones. Pero también me infundó algo que me impide desear y conseguir control sobre Mi Vida. Una debilidad de voluntad, en cierto sentido, que le permitía moldearme como quisiera. Creo que no preveía que Lord Voldemort también se aprovechara de esto, ¿verdad? Sólo que lo hizo de una forma más sutil. - Harry sonrió débilmente, como feliz de que las cosas hubieran ocurrido de esa forma. - Enamorándome. Cursi, ¿verdad? Pero auténtico.


En ese mismo momento, algo extraño sucedió. Harry, que si bien no tenía toda su atención centrada en el duelo, se percató del brillo anómalo de los ojos de su ex profesor. Éste se acercó rápidamente a él (justo cuando Harry estaba recuperándose de un poderoso hechizo de magia negra que le había alcanzado) y le sujetó fuertemente, a pesar de los forcejeos del muchacho. Sus rostros estaban a sólo centímetros de distancia y en las esmeraldas verdes de Harry sólo se apreciaba un infinito odio hacia el ser que tenía enfrente.


- ¿No estarás planeando llevarme con él?
- No puedo permitir que el Dark Lord tenga la ventaja. - Susurró Snape, en un tono de voz venenoso. Era prácticamente visible el asco que le daba tocar al traidor de Potter.


Si bien Snape era un traidor, no había tenido amigos ni seres queridos a los cuales dejar doloridos. Si bien Potter se quejaba de todo lo que le había hecho Dumbledore, había tenido soportes a los cuales sostenerse cuando lo necesitó y había tenido en sus manos la mayoría de las cosas que había deseado. Capaz no en totalidad, pero... Comparada con la niñez y la adolescencia de Severus Snape, había sido una vida maravillosa.

Se preguntaba qué diría James Potter de ver a su hijo actuando de esa forma...


- Sin embargo, no tienes el poder para asesinarme y dudo que puedas secuestrarme sin que nadie se dé cuenta.
- ¿Qué apostamos, Potter? - Intentó aliar su mirada con la verdosa, para encontrarse con un desvío de la misma.


Estaba seguro que el joven de Gryffindor lo había escuchado, pero parecía ensimismado en algún elemento detrás de él. Como si estuviera asegurándose de la autenticidad del mismo o pidiéndole su opinión respecto a la conversación. Sencillamente no le estaba prestando atención a Severus o eso comenzó a creer cuando los segundos pasaban y no estaba obteniendo respuesta.


- ¿Qué tal tu vida, Severus? - Una voz fría y cruel se escuchó detrás de él. Supo inmediatamente que el tiempo se le había acabado. Pero no soltaría a Potter. Todavía no.


Se volteó, aún sosteniendo fuertemente al muchacho. En su mano libre estaba su varita mágica, lista en posición de defensa. Dudaba que llegara a infligirle algún daño al mago tenebroso más poderoso de la historia. Además que el Gryffindor había agotado la mayoría de sus fuerzas mágicas.


- Me parece correcto, mi Lord. - Respondió Severus, con evidente sarcasmo. No se intimidó cuando la varita de Voldemort señaló directamente su rostro.
- Suelta a Harry, Severus, y tal vez podamos negociar cómo vas a morir.
- Decide tú por mí, Voldemort, no necesito tu maldita misericordia. - Murmuró el profesor de pociones, sin cambiar su postura.
- Sabes que no llegarás a las entradas del castillo. No sólo que yo no te lo permitiré, sino que te encontrarás con mis fieles mortífagos en el camino, ¿crees que te dejarán huir con Harry, cuando el que te detenga obtendrá una gran recompensa? Entonces, Severus, ¿por qué insistes en sacrificar tu vida por las ideologías de un viejo arruinado y un reciente difunto?


La mirada de Severus adquirió cierta preocupación, como si hubiera estado esperando que Fudge siguiera con vida en ese momento y que la Orden hubiera podido hacer algo en contra de las imperiosas fuerzas de Voldemort. Como si hubiera estado deseando que todos sus esfuerzos no hubieran sido en vano. Que Voldemort no obtuviera la ventaja parcial sobre ellos. Que las esperanzas del mundo mágico aún subsistieran antes del ataque a Hogwarts...

Pero ante todo, que el mundo mágico no fuera en ese preciso instante un caos total. Se dio cuenta que por más que llegara a raptar a Potter, nada cambiaría. Voldemort ya tenía la ventaja y aunque no tuviera a su amante con él, seguiría teniendo todas las posibilidades de triunfo. Potter se negaría a luchar a favor de la luz, aunque sus amigos le insistieran. Y todo estaría perdido.

Y realmente lo estaba.

Suicidio. Eso era.


- ¿No te convendría más devolverme a Harry, Severus, y reconsiderar tu elección?
- Ya no. - Contestó automáticamente, amenazando con la mirada a Potter, que seguía intentando alejarse de él.
- ¿Qué piensas hacer entonces, Severus? - Preguntó Tom, adoptando una postura arrogante, aunque no dejando en ningún momento de mirar de reojo a su Ángel.


Había escuchado la última parte de la conversación con Snape y había quedado anonado de las declaraciones de Harry. En sus palabras demostraba una absoluta confianza en él y aún estaba queriendo averiguar desde cuando ésta existía. Mas ya no le interesaba demasiado saberlo, finalmente... Finalmente su Ángel le había aceptado. Había aceptado el destino que le deparaba a su lado, al lado del Dark Lord.

Por otro lado, Snape sonreía ampliamente, algo que contradecía enormemente la sensación que debería estar invadiéndole en ese instante. Todo lo que había hecho no había servido para nada, ¿no traía eso Impotencia? ¿Odio? ¿Frustración? Sentimientos que obviamente Severus no estaba dispuesto a mostrar enfrente de su enemigo.

¿Cuánto tiempo podrás resistir bajo el cruciatus antes de caer en la locura, Severus?


- Dumbledore ganará. No importa cuántas ventajas tengas sobre nosotros. La luz brillará por siempre sobre la oscuridad.


Los ojos de Lord Voldemort produjeron un destello de sadismo que nadie más podría desarrollar. Escuchar esa frase típicamente Gryffindor de los labios de un Slytherin indignaba excesivamente. Era sencillamente una frase que reflejaba toda aquella ilusión viviente en los corazones de los nobles guerreros del Bien y que realmente carecía de fundamento.

¿Cuánto tiempo puede resistir la Luz? Nada es para siempre...


- Te creía más inteligente, Severus. - Expuso Voldemort con una sonrisa en su rostro. - Un astuto y digno Slytherin... Veo que me he equivocado. O tal vez sólo te has dejado dominar por las tonterías de las que siempre habla Dumbledore, porque ese no es un pensamiento de alguien que ve la realidad con claridad y objetividad.
- No debes subestimar a Dumbledore, Voldemort. - Snape le desafió con la mirada. El Dark Lord le respondió con una risa socarrona.
- ¿No subestimar a Dumbledore? Hoy mismo le he visto, Severus. Es patética la actuación de su Orden y de los inútiles aurores del ministerio, ¿con eso pretenden destruirme? Salvo que esté dejando lo mejor para cuando llegue el momento de ver morir a sus estudiantes... Cosa que tiraría abajo su máscara de Vejete Simpático, ¿no compartes mi opinión?


La varita de Voldemort, a centímetros del rostro de Snape, dejó escapar unas chispas rojizas, signo patente de la irritación del Lord ante tal incompetente conversación. Impaciencia ante la pérdida de tiempo. Ahora mismo podría estar haciendo cosas más fructíferas que dialogar sobre los bandos con un sucio traidor. Ese adjetivo estaba decisivamente bien aplicado, si uno apreciaba la cabellera negra del profesor.


- Ahora devuélveme a Harry, Severus, y dejemos la charla para nuestras reencarnaciones. Ellas podrán discutir sobre los hechos, al contrario de nosotros.


Al ver que Snape no consentía su capricho, Tom se dispuso con un sencillo movimiento de varita a separar a Harry de Severus, pero no previó lo que iba a acontecer en ese mismo momento. Algo que no cabía en los esquemas de sus planes.

Percibió como una fuerza incorpórea chocaba contra el escudo de magia negra antigua que rodeaba íntegramente a la Fortaleza. Una fuerza que procuraba echar abajo la protección del lugar. Y lo que efectivamente sorprendió a Voldemort fue la rapidez con la cual lo hizo: ni le dio tiempo a aumentar la resistencia de la magia que el escudo ya había desaparecido por completo. Y con él empezaron todos los gritos.

Teniendo en cuenta que los mortífagos solían festejar las victorias en los terrenos y que ciertamente el alcohol se infiltraba entre los elogios, solamente los suficientemente abstemios y vivaces podrían resistir un contraataque de la Orden del Fénix. Algo que nunca había pasado. La Orden siempre se había confinado a la defensa. Pero esa noche parecía ser la excepción.

No obstante todo parecía estar meticulosamente pensado: una grandiosa estrategia. Simultáneamente a la destrucción de los escudos (que provocó cierto aturdimiento en el Dark Lord, que no se esperaba para nada en ese momento un ataque) Snape hechizó a Harry para que perdiera el conocimiento, sin ni siquiera tener la oportunidad de defenderse, y a la vez que su peso corporal se aligerara. Todo consistió en aprovechar los segundos de ventaja.

Cuando el Dark Lord cayó en cuenta de lo que estaba sucediendo (el caos de los jardines y el intento de secuestro), el profesor ya había llegado al pie de la escalera del quinto piso gracias a un encantamiento de levitación, cargando en sus brazos a Potter.

Y comenzó la persecución.


***


No supo cómo pero muy pronto se encontró con las puertas de la Fortaleza enfrente de él. Escuchó como no muy detrás de él Voldemort ordenaba a los mortífagos que pudieran oírle que le bloquearan el paso o le noquearan, no importaba los medios que emplearan para hacerlo. Sin embargo, no muchos mortífagos estaban dispuestos a obedecerle, teniendo en cuenta que la gran mayoría estaba luchando por su vida. ¡La Orden había traído los mejores aurores, maldición!

Pronto un quinteto de aurores le cercó para servirle de escudo y finalmente consiguió llegar a los oscuros jardines. Sólo quedaba cruzar todo el campo de batalla, que era una total masacre, y alcanzaría los límites del hechizo de anti-aparición donde toda la estrategia concluiría. Se detuvo unos segundos a recobrar el aliento al notar que Dumbledore se interponía en el intento de cacería de Voldemort... El profesor lograría entretenerlo el período suficiente de tiempo.

La Orden del Fénix tenía la ventaja.

Mientras continuaba caminando hacia los límites, observó las diferentes actuaciones de los miembros de la Orden, quienes eran fácilmente reconocidos por sus túnicas escarlatas y doradas. Gryffindor a más no poder. Vio como no muy lejos de él, Lupin descargaba toda la tensión de aquellos meses en los dos mortífagos más cercanos. Luchaba impecablemente. Todo por el muchacho que él tenía en sus brazos, lo único que quedaba de sus antiguos amigos. La única razón que le quedaba para seguir luchando.

Severus salió de su quimera al escuchar un grito de advertencia de Dumbledore hacia él, no muy lejos. Se dio cuenta que estaba gastando demasiado tiempo en tonterías, que si seguía así pronto Voldemort le atraparía y volvió a emprender su escape, apresurando sus pasos lo máximo posible. Cuanto antes llegara a Hogwarts, mejor. La Orden no resistiría mucho más en el territorio enemigo, todo dependía de él.

Al dejar la zona de anti-aparición, Snape concentró todas sus energías en la imagen de la escuela. Y dejó que la magia hiciera el resto.

Cuando se aseguraron de que el profesor de pociones había escapado satisfactoriamente, el resto de la Orden del Fénix hizo lo mismo, abandonando la Fortaleza en un caos absoluto. Ambos bandos estaban en la misma situación. Con la sencilla diferencia que ahora quienes poseían a Potter en su poder era el bando de la Luz.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.

***


Nota de autora: Lamento el retraso... Pero es que no se imaginan todo lo que me sucedió ayer! ^^' Primero, tuvo que rendir el tan famoso examen de inglés, que me tenía los pelos de punta. A la noche, me entregaron la nota.. y jooo! XD 9 en el escrito, 8 en el oral, 8 de promedio. ^O^ Una de las notas más altas (el examen en sí era difícil.. más los nervios..) Mi hermano hasta me abrazó de la emoción y me regaló una de esas figuras que parecen gelatinosas para pegar en la superficie del PC! Un buho! ToT (otro día les contaré porké el buho significa tanto para mí XD)Así que verán.. entre la emoción de la calificación y que de por fin soy libre de toda clase de libro de estudio.. Me olvidé de actualizar. xD

En los dos futuros capis se encontrarán con varias escenas flash back. Están enunciadas, no tendrán problema en detectarlas. Este capi no tiene POV de Voldie (sé que lo extrañarán xD!), pero sí tenemos de Dumbledore. Para odiarlo más de lo que ya lo hacemos. Enjoy the fict! (Espero que no me haya quedado muy cursi... Argh.)

Hasta el próximo martes!


***

Capítulo XVII: Oigo y olvido


Los miembros de la Orden del Fénix que no habían acudido al contraataque (y desconocían de éste en gran medida) se encontraban reunidos en silencio en el armónico despacho del profesor Dumbledore, anhelando respuestas que revivieran las esperanzas perdidas desde el ataque a la casa del Ministro. Una hora ya había pasado desde la muerte del mismo y ni señales había de Dumbledore y compañía. Algo que les tenía sumamente preocupados.

Luego de media hora más de larga espera, el resto de los miembros aparecieron en la sala. Algunos ingresando por la puerta de la misma o apareciendo por la chimenea. La mayoría de ellos tenía vendajes en diferentes zonas del cuerpo, pero procuraban ocultar el dolor. Contradiciendo esta imagen de guerra, sus ojos y expresiones demostraban un aire triunfante, como si hubieran hecho un gran avance.

Tampoco tardaron en advertir la presencia del profesor de pociones, al cual no veían desde hacía ya un par de meses. Su tiempo en la Fortaleza no había permitido un contacto directo con ellos, simplemente mensajes codificados con la información necesaria y fundamental.

Todos los que ignoraban del triunfo les observaron extrañados. ¿Cómo podían estar tan... tan... felices si el Ministro de Magia actual acababa de ser asesinado por mano y obra de Lord Voldemort, enfrente de los ojos de Dumbledore y los aurores?


- ¿Qué...? - Preguntó Hermione, observando expectantemente a Dumbledore.


Desde su liberación, tanto ella como Ron habían sido aceptados en la Orden del Fénix. Estaban cursando su séptimo año en Hogwarts y mientras tanto, recibían un cierto entrenamiento mágico de la Orden. También acudían a todas las reuniones, porque la totalidad de éstas se realizaban en Hogwarts. Ningún lugar podía ser más seguro y confiable, y además Dumbledore se negaba a dejar el castillo por demasiado tiempo. Indefenso quedaría.


- Hemos triunfado en el contraataque. - Anunció Dumbledore con satisfacción. Hermione pasó su mirada de Dumbledore a Remus, de Remus a Snape y finalmente de nuevo a Dumbledore, no comprendiendo a qué se referían.
- ¿Contraataque?
- ¿Qué quieres decir con eso, Albus? - Preguntó Molly Weasley, con una repentina curiosidad.
- Intentamos evitar la muerte del Ministro con los aurores medianamente experimentados, pero no lo logramos. Voldemort se confió y no previó un ataque en su propia Fortaleza, utilizando a nuestros mejores aurores. Los atrapamos desprevenidos. - Explicó Snape con un tono y una mirada impasible. Lo normal en él.
- Con razón ha vuelto, profesor. - Razonó Ron, con algo de ironía. - Voldemort ha descubierto su posición...
- Ya la sabía. - Le interrumpió Snape, mirando a su alumno de Gryffindor con odio. - Sólo que me dejó jugar y perdió.
- ¿Entonces...? - Ron pidió ir directamente al resultado.
- Hemos rescatado a Harry. - Informó Remus, con reluciente alegría.


Las palabras del licántropo tardaron en llegar a ser interpretadas por los cerebros de los presentes. Exclamaciones de gratificante regocijo inundaron el despacho. Hermione abrazó a Ron con todas sus fuerzas en un inconsciente impulso y dejó escapar lágrimas en el transcurso. Muchos compartieron sonrisas, todos menos Severus Snape, quien en cuanto tuvo la oportunidad se acercó a Albus.


- ¿Puedo hablar contigo un momento, Albus?
- Por supuesto, Severus. - Se dirigieron al otro extremo del despacho, donde nadie les escucharía.
- Va a costar volverlo a poner de nuestro lado, Albus. - Murmuró Snape, obviamente refiriéndose a Potter. - Voldemort le ha influenciado demasiado, más de lo que hubiera esperado. Luego de mi último encuentro con él antes del ataque ha cambiado demasiado y no tengo ni la menor idea del porqué. Se ha determinado tanto que me desconcertó. ¡Y su magia, Albus! No sé que le han hecho, pero se ha vuelto extremadamente poderoso.
- Ya veremos. - Dumbledore contempló de reojo a los dos jóvenes Gryffindor, que no se encontraban muy lejos. Celebraban el retorno de su mejor amigo, de aquel que se había sacrificado por ellos... - Esperemos que ellos puedan hacerle recapacitar.


Como si se hubieran dado cuenta que estaban hablando sobre ellos, Ron y Hermione se voltearon a ver a ambos profesores y se encaminaron hacia ellos, no sin antes intercambiar una mirada cómplice. Al perderse el tercer miembro del trío, se habían vuelto mucho más unidos y ya no discutían tan frecuentemente. Se habían vuelto el soporte del otro y no se les veía separados casi en ningún momento. Los rumores que abundaban en Hogwarts hablaban de una relación amorosa entre los dos Gryffindor, sin embargo ellos los desmentían constantemente.

Antes de hablar, Hermione titubeó ligeramente y Ron le hizo un gesto de ánimo.


- ¿Cómo...? ¿Cómo está? - Preguntó ella. No era necesario indagar a quién se refería. Dumbledore y Snape permanecieron en silencio unos instantes, provocando cierto nerviosismo en los dos jóvenes.
- Física y mágicamente, está en perfectas condiciones. - Respondió Snape, haciendo una mueca de desprecio. - Pero no puedo decir lo mismo psicológicamente hablando...
- ¡Severus! - Reprendió Albus, lanzándole una circunspecta mirada. Luego se volteó hacia Hermione y Ron. - Todavía no he conversado con él. Pero después de pasar tanto tiempo bajo la influencia de Voldemort, ustedes sabrán que esperar...
- ¡Harry no es influenciable! - Exclamó Ron, indignado.
- Claro que no, señor Weasley. - Dijo Snape sarcásticamente. Iba a continuar con otro comentario irónico, cuando Hermione le interrumpió.
- ¿Dónde está, profesor? - Dumbledore miró a Hermione cálidamente, con un aire ligeramente paterno.
- Tal vez mañana puedan hablar con él. Primero lo haremos Remus y yo...
- ¿Crees que el licántropo podrá ayudar? - Severus elevó una ceja.
- Es lo único que queda directamente de su familia, Severus. Como ya te dije, no tiene que ser tomado a la ligera... - Hermione frunció el entrecejo.
- ¿Se está refiriendo a que... a que Harry nos ha traicionado voluntariamente? - Murmuró, formándosele un nudo en la garganta de la angustia. Snape le miró impacientemente, como si fuera lo más obvio de toda la situación.
- Tuve que secuestrarlo, Granger.
- ¡Harry no se hubiera quedado en esa fortaleza de no haber estado nosotros amenazados de muerte! - Exclamó Ron, pero cuando sus ojos se cruzaron con los de Hermione, sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo. - No... No es verdad que le ama, ¿verdad?
- No lo sabemos, Ron. Creo que sería conveniente hablar con él antes de sacar conclusiones. En caso de que sea verdad, pues tendremos que intentar convencerle de retornar a nuestro bando. No podemos dejar que Voldemort tenga la ventaja...


***


Cuando Harry abrió los ojos, se encontró en un lugar desconocido y sin relación alguna con las habitaciones de la Fortaleza a las que ya tan acostumbrado se había vuelto. Tampoco tardó tanto en reconocer dónde estaba, sobre todo por la decoración y los muebles que se veían. Eran los clásicos de Hogwarts y el gran escudo en la alfombra le comprobó su teoría.

¿Pero cómo rayos podía estar en Hogwarts?

Intentó hacer memoria de los sucesos antes de desmayarse. Lo recordó claramente. Cómo Snape y Tom habían estado discutiendo, cómo en un instante Tom pareció haberse aturdido y después... Severus noqueándole. No podía ser que Snape hubiera podido secuestrarlo sin que nadie le detuviera, lo cual significaba que algo más había sucedido y se lo había perdido.

El resultado estaba enfrente de él. Encerrado en una de las torres del castillo de Hogwarts, en una habitación que a primera vista era agradable y cálida. Pero para Harry no pudo haber sido menos hospitalaria. Volvía a traer al presente todo los remordimientos que había sufrido semanas y meses atrás, donde una y otra vez su traición había hecho sufrir de sobremanera. Cuando por fin había aceptado ese dolor, esa culpa... todo volvía a empezar.

¿Por qué tenía que ser tan difícil?

Sus ojos corrieron por la habitación, inspeccionando. La única ventana que había estaba sellada mágicamente. Había una cama, en la cual él estaba recostado, un gran armario y dos puertas. Concentrándose en la principal, detectó otro encantamiento más que impedía que saliera de la torre. La otra seguramente conduciría al baño. No que le interesara en ese momento, pero tal vez luego lo necesitara.

Definitivamente, no era nada hospitalario. Estar en Hogwarts no incitaba la misma alegría que antes. Ya no más. Tenía la misma sensación que le había invadido cuando estuvo en aquella celda de las mazmorras en la Fortaleza. Encerrado. Aislado. Odiado.

Cerró los ojos con pesar, tal vez imaginando que cuando los volviera a abrir, Tom estaría sonriéndole y sus brazos estarían rodeando su cuerpo posesivamente. Ilusión que fue quebrada por la realidad. Y por el ruido de una puerta al abrirse.

No tuvo que imaginarse por mucho tiempo quién sería. Lo sabía de sobras y por eso se preparó para el golpe mental. Su mente se cerró automáticamente e hizo de su rostro lo más impredecible que pudo en ese segundo. Tenía que controlarse... Pero no sabía en qué postura ponerse. ¡Si ni siquiera le habían dado tiempo para pensarlo!

Probablemente el vejete tendría alguna alarma que le avisaba cuando se despertaba, conociéndole...

Volvió a abrir los ojos, para centrarlos en la orgullosa imagen de Albus Dumbledore, observándole atentamente. Procurando mostrar cariño. Argh.


- ¿Cómo estás, Harry?


Uhm... No habían cambiado sus técnicas para nada. Siempre la misma pregunta, de la cual siempre obtenía la misma respuesta. Debía de decirla por costumbre, porque nada beneficioso podía salir de ella. Aunque sea no si estabas hablando con Harry Potter... ¿Qué podía responderle más que un seco e indiferente bien?


- Podría estar mejor. - Comentó como si nada.
- ¿Sabes qué es lo que sucedió? - Dumbledore conjuró una silla al lado de su cama y se sentó en ella, sin dejar de mirar a Harry. ¿Podría ser que pudiera emplear magia sin varita (obviamente su varilla no estaba con él)? No lo iba a comprobar enfrente de Dumbledore, pero...
- Pues, me... rescataron. - Murmuró, disfrazando en la última palabra todo su pesar por su situación.
- ¿Sabes cómo?
- Me gustaría saberlo, de hecho.
- Atacamos la Fortaleza, aprovechando que las defensas de la misma estaban debilitadas, porque sabrás que los mortífagos no pueden evitar celebrar sin incluir bebidas alcohólicas y otros elementos... Severus aprovechó el momento de aturdimiento en Voldemort, al romperse simultáneamente todos los escudos, para desmayarte y salir lo más rápido que pudo de la barrera de anti-aparición.


Se imaginaba lo furioso que estaría Tom ante el fracaso de sus mortífagos. Harry mismo tenía ganas de asesinarlos por su incompetencia. ¿Cómo no habían podido detener a Snape, que encima iba cargándole a él? ¿Tantos aurores estaban protegiéndole en ese instante?

¿Cómo no había podido él mismo detener el desmaius de Snape? ¡Se suponía que tenía un poder nato con la magia sin varita!

Algo de su furia debió detectarse en su rostro, porque Dumbledore dijo:


- Todo estará bien, Harry. Estás de nuevo aquí, con tus amigos...
- Y de nuevo con tus mentiras, también. - Le interrumpió Harry. Las palabras se escaparon de sus labios y no pudo hacer nada para retenerlas. Se castigó mentalmente por ello.


Dumbledore suspiró cansadamente y luego de unos instantes, le observó con aquellos ojos azules brillando en preocupación y culpa. Harry se contuvo a hacer una exasperación con sus ojos. Todo formaba parte de la farsa, era tan sencillo aparentar culpa... Exteriormente podría estar arrepintiéndose de sus engaños y de su manipulación, pero interiormente sólo estaba trazando más planes para continuar dominándole. Jugaba de tal forma con la confianza de su gente, que Harry estuvo tentado a echarle todas las verdades a la cara a través de gritos furiosos y tal vez golpes... Reclamarle por la sinceridad que no poseía. La confianza que había corrompido. Las esperanzas que traicionaba. Cada una de las muertes que indiferentemente cargaba en sus hombros...

Pero no. Todavía tenía que pensar qué postura adoptar frente al vejete. No le convendría llevarle la contra o le tendría allí encerrado, incomunicado del mundo y como un miserable rehén, jaqueándose de su inocencia. Capaz podría actuar igual que Dumbledore y...


- Sé que me he equivocado, Harry. Y mucho. - Comenzó nuevamente el profesor con su aburrido discurso. - Sé que he sido yo el que ha permitido que Voldemort te haya afectado de esta forma, pero no puedes tomar esta decisión incorrecta, Harry. Tus amigos están aquí, te necesitan junto a ellos. ¿No son ellos tu familia?
- Lo son. - Murmuró Harry, con la voz seca.
- Entonces, ¿por qué no luchas por ellos? ¿Con ellos? - Harry quiso responder a esa pregunta, pero pensó que quedaría más dramático que permaneciera en silencio, intentando organizar pensamientos. - Ellos ya están aquí, a salvo. No les pasará nada si te quedas en Hogwarts, Voldemort ya no los tiene en su poder.


Harry se estremeció. Si esa situación se hubiera presentado a penas semanas del rescate de sus amigos, estaba seguro de que hubiera aceptado volver a Hogwarts, a la Orden y luchar contra Voldemort. Al fin de cuentas, todavía no había sucedido nada entre ellos. Pero ahora... Ahora era Tarde. Nada podría hacerle olvidar todo lo que había acontecido los últimos meses y la deuda que poseía con Tom. Había cambiado a sus amigos por él y ya no había vuelta atrás.


- Yo... - Titubeó. Todo sobreactuado. - Necesito pensar. - Fijó sus ojos esmeraldas en los de su ex mentor, transmitiéndole un mensaje erróneo con la realidad. Pero el vejete le creyó, o eso aparentó, y tras un asentimiento, se puso de pie.
- Remus quería verte ahora, ¿prefieres que lo dejemos para mañana?


Harry enmudeció ante la pregunta. No se la esperaba, pero a la vez anhelaba volver a ver a la persona más cercana a sus padres que quedaba con vida. Colagusano no se consideraba persona. Sabía que Remus no le presionaría como Dumbledore, pero... ¿valía la pena arriesgarse?


- Me gustaría verlo. - Sus impulsos ganaron.


***


Cuando Remus ingresó tras la puerta, Harry le estaba esperando pacientemente, ya fuera de la cama y vestido con unas clásicas túnicas del uniforme de Hogwarts. Estaba sentado en la orilla de cama, balanceándose ligeramente. Extrañaba la presencia de los brazos de Tom rodeándole. Ni habían pasado veinticuatro horas de la última vez que le había visto y sentía un infinito vacío en su alma. Era esa sensación de que kilómetros los separaban y que sería tan difícil volver a estar juntos...

Lupin avanzó inseguramente hacia él, mirándole con sincera preocupación. Sus ojos expresaban cuánto dolor había sufrido tras su secuestro a fines del anterior año. Harry era lo último que quedaba de sus amigos, de su familia... No quería perderlo. Y para el muchacho fue un gran golpe emocional ver ese dolor en Moony.


- Remus... - La voz de Harry se quebró. Y esta vez no fue teatralmente.
- Harry.


El siguiente movimiento de Remus fue abrazarlo fuertemente. Al principio Harry se tensó, sin embargo se fue aflojando y cediendo a la muestra de cariño del merodeador. Le hacía recordar esos viejos tiempos que había compartido con Ron y Hermione, con Sirius y él... Tiempos que formaban parte de un pasado demasiado lejano. Un pasado que ya no volvería.


- No sabes lo preocupado que he estado por ti estos meses. Pero estás bien, de nuevo en Hogwarts... - El abrazo se deshizo y Lupin pudo observar los ojos de Harry. Brillaban de diferente forma, no como los recordaba. -¿Qué te ha hecho?
- Remus, yo... - Tragó saliva, intentando hacer tiempo para conseguir las palabras más adecuadas para expresarse.
- No me importa de qué lado estés, Harry. No me importa que las advertencias de Severus sean verdad, sólo que estés bien, ¿entiendes? A mí me gustaría más que nada en el mundo que luchásemos lado a lado, pero si lo que te hace feliz es estar con él y tienes tus razones, lo aceptaré. Eres lo último que queda de mi familia...


Harry bajó los ojos al suelo ante las palabras de Remus. Sabía de sobra que no estaba actuando como Dumbledore, porque términos parecidos había escuchado provenir de él durante el verano antes de su sexto año. En aquel momento, Moony le había dicho que lo único que le mantenía con vida era él y el recuerdo de sus amigos luchando, que quería honrar esa memoria y a la vez, protegerle. No había querido ocupar el lugar de Sirius en su vida, no. Simplemente cumplir con la promesa que les había hecho a sus padres y a su padrino.

El muchacho de Gryffindor recordaba como luego de oír esas palabras, abrazó al merodeador con desesperación y descargó todo su dolor en él, llorando en su hombro. Fue el único que le vio llorar por Sirius y su destino, a parte de Dumbledore. Y no lo recordaba como una debilidad, ya que a partir de ese momento tanto Remus como él se habían vuelto bastante unidos.


- Puedes contarme lo que quieras, descargarte conmigo. Tienes mi apoyo, Harry. Y sé que lo sabes.


Remus no le estaba obligando a hablar. Sólo decir aquellas preocupaciones y tristezas que poseía dentro de él, para que no las contuviera tan dolorosamente. Tras pensarlo unos instantes, Harry decidió que el adulto tenía derecho a saber, uno de los pocos de hecho. Había mostrado ser alguien de confianza y... realmente necesitaba explicarse, justificarse... Que lo odiasen, pero con razones.

Poco a poco fue contando lo que había sucedido en la Fortaleza. Sin muchos detalles, sólo los sucesos más importantes. Aunque omitió el castigo luego de la muerte de Bella, lo que había estado a punto de hacer dominado por las artes oscuras, y por supuesto que no le contaría a Remus lo acontecido algunas noches antes, con Tom... No quería preocupar a Remus ni provocarle más dolor (y odio) del que ya tenía.

El licántropo se limitó a escucharle, no comentando nada hasta que terminó. Y Harry se lo agradeció, porque hubiera sido muy difícil narrarle todo con interrupciones. Además que de aquella forma, no tenía tiempo de arrepentirse de lo que estaba diciendo. No obstante, al término de la narración de los hechos, Remus se encontró con un frágil Harry, sollozando en frente de él. Se sorprendió muchísimo ante la imagen, ya que durante el tiempo que llevaba en aquella torre, el muchacho había permanecido sereno, tranquilo y decidido.

Pero allí estaba el Golden-boy, expresando toda su culpa.


- Sé que no debí, Remus, pero...
- El amor no tiene razón, Harry. Si esto sucedió de esta forma, será por algo. - El licántropo colocó una mano en su hombro derecho. - No te atormentes. Yo no te culpo.
- Pero... - Remus suspiró, interrumpiendo el lamento de Harry.
- No me importa con quién estés, mientras te haga feliz. Y por tu mirada... - Remus señaló sus ojos esmeraldas y Harry le observó, pasmado. - Sé que de una manera especial y anormal, lo eres. Es todo lo que necesito saber.


Al asimilar aquellas palabras, Harry sintió como un gran peso de su cuerpo se aligeraba. Cerró los ojos, intentando tranquilizarse. Las lágrimas dejaron de caer, porque ya no tenían sentido. Su rostro se volvió a serenar y por primera vez desde que había despertado en Hogwarts, le sonrió a Lupin con agradecimiento. Sonrisa que fue respondida.


- Ahora bien. Tengo una duda. - Dijo Remus, indeciso. Harry le miró expectantemente. - Me resulta extraño creer que sigas teniendo tu inocencia contigo.


Luego de una mirada significativa de parte de Lupin, Harry comprendió a lo que se refería y los colores se subieron a su rostro. Escuchó la suave risa del adulto, al adivinar la respuesta a su incertidumbre. Harry se sintió reconfortado por el amable trato de su ex profesor.


- ¿Tiene algo de... malo? - Preguntó cohibidamente. Remus le sonrió cálidamente.
- Depende tu opinión al respecto. - Contestó Remus. - ¿Es malo?
- No. - Respondió Harry, tras unos segundos de meditación.
- Entonces no tiene nada de incorrecto.
- Gracias, Remus.


Por varios instantes, el silencio se alargó porque ninguno sabía como quebrarlo. Harry, que durante tiempo había querido tener una conversación así con alguno de sus amigos, simplemente esperaba a que el otro hiciera sus típicas preguntas. Remus, en cambio, estaba buscando la mejor manera de desenrollar la problemática cuestión que tenía en su mente con Harry.


- Creo saber cómo vas a actuar el tiempo que estés en Hogwarts. - Dijo Remus, tras armarse del valor suficiente. - Supongo que aparentarás meditar el tema y recapacitar, para que Dumbledore no te tenga encerrado, ¿verdad?
- Dumbledore también lo sabe. - Contestó Harry, luego de asentir. Iba a seguir hablando, pero Remus le cortó.
- Esta conversación quedará entre nosotros dos, de eso no te preocupes. Sólo te pido que hagas tus movimientos con cautela, si vas a salir de Hogwarts tienes que estar vivo, ¿comprendes?
- No te recordaba tan sobre protector, Moony. - Se burló Harry.
- Pasé malos momentos tras tu secuestro...
- Todo estará bien. Lo prometo.


***


Dumbledore acomodó algunos pergaminos antes de colocarlos dentro de uno de sus sagrados cajones de su escritorio. Tras un largo suspiro, conectó miradas con Severus Snape, que en su rostro tenía una expresión de furia que puso alerta algunos de los sensores mentales del vejete. Snape llevaba aproximadamente veinte minutos discutiendo con él y no había logrado que el viejo director diera su brazo a torcer respecto a la situación.


- ¡No sirve de nada tenerlo vivo en el castillo! - Llevaba diciendo frases como esa desde que Dumbledore expresó su deseo de mantener a Harry en una de las torres del colegio el tiempo que fuera necesario.
- ¿Qué propones que haga Albus, Severus? ¿Matarlo? - Respondió Remus, que estaba apoyado en una de las paredes del despacho, pensativo. Acababa de llegar de su reunión con el dichoso muchacho. Sólo ellos tres estaban en el despacho.
- Sería lo ideal. Apoya al Dark Lord y con el poder que tiene en sus manos, perderíamos sin ni siquiera una oportunidad. Mientras lo tengamos con vida en una torre, Hogwarts será el foco de atención de sus planes.
- Y si lo matamos, ¿dejará de serlo? - Cuestionó Albus escépticamente.
- Por lo menos no tendría más a su arma...
- Entiende esto, Severus. El muchacho se ha dejado influenciar, pero tal vez esto también pueda sernos de ayuda.
- ¿De qué forma? - Preguntaron Snape y Lupin al unísono. Pero Dumbledore se limitó a sonreír misteriosamente.


Snape salió del despacho al instante siguiente, con un rencor flameante en sus ojos. Incongruentemente, Remus se sentó en la silla que el profesor de pociones había dejado vacía y miró a Albus, como solicitándole alguna explicación. El director le ignoró por completo y siguió escribiendo esos valiosos informes en los que últimamente se veía sumergido.


- ¿Qué tal fue el reencuentro? - Preguntó Albus, sin levantar los ojos.
- Extraño, pero bien. - Contestó el hombre-lobo en un murmullo. - Supongo que la prensa no sabe nada de su rescate, ¿verdad?
- Absolutamente nada. - Confirmó Dumbledore. - No quiero otro caos como el del ataque... - Remus se estremeció levemente ante la mención de ese suceso.


.:: Flash back ::.

Hogwarts era un completo caos. Un mundo de desconcierto, agonía y sufrimiento. Cuerpos y sangre adornaban el antiguo y reconstituyente Gran Comedor. Las mesas destrozadas, copas y platos les acompañaban... Eso no podía ser el Gran Comedor. Estaba irreconocible. El aire que se respiraba hacía doler los pulmones, arder la garganta y al corazón latir más rápido. Se sentía la desesperación y la tristeza de aquellos que perdieron y dejaron todo en aquella batalla.

Habían sido tomados casi desprevenidos. Pero las fuerzas no habían podido contrarrestar semejante golpe que les habían dado. Y mirase a donde mirase, había heridos... Tal vez muertos. No quería agacharse para comprobarlo. Era una quebrada realidad. Capaz alumnos de grados mayores había perecido al luchar por sus ideales. Ideales que murieron con ellos.


- ¡Albus! ¡Albus! - Sollozó una voz detrás de él. Al voltearse, con sus ojos azules destellando en preocupación, vio a la profesora McGonagall corriendo hacia él.
- ¿Minerva? - Preguntó con la voz seca. Su energía se había esfumado de su alma.
- Sólo faltan revisar éstos. - Informó ella. - Pero hasta el momento hay...
- Ahora no quiero saber un cálculo aproximado de cuántos muertos. Más tarde, cuando sea una completa verdad... - Le cortó Dumbledore.
- ¡Pero, Albus! - McGonagall miró con desesperación el Gran Comedor, reconociendo alguno de los rostros que vio en el camino. - Todavía no han encontrado a Harry... Ni siquiera algo de su cuerpo. - Las palabras de Minerva no habrían podido expresarse con mayor pesar. Albus pareció reaccionar al escucharla.
- ¿Qué?
- Algunos de los sobrevivientes afirman haberle visto morir frente al Dark Lord, pero... Hay un inquietante rumor corriendo por el alumnado.
- ¿De qué trata? - Cuestionó Albus con turbación.
- Que el Dark Lord le ha secuestrado, junto con el señor Weasley y las señoritas Granger y Weasley.
- ¿Cómo es eso posible...?
- Dicen que le amenazó con quitarle la vida a sus amigos sino se unía a él y que fue cuando Harry aceptó, que el Dark Lord y los suyos decidieron irse.
- Entonces, eso significa que no atacaron Hogwarts para tomar su control... - Los ojos azules de Dumbledore exploraron el cielo oscuro del Gran Comedor. - Sino para el secuestro...
- ¿Qué haremos?
- Curen a los heridos. - Terminó la conversación duramente.


Si la desaparición de Harry era verdad, todo había sido un gran error suyo. Y tendría que corregirlo cuanto antes, salvo que quisiera perder la guerra mágica contra Voldemort. No obstante, caminando por los tumultuosos pasillos donde los medimagos iban y venían y los aurores corrían apresurados entre los desastres, el futuro no parecía ser muy inspirador.

La Orden del Fénix tenía que reunirse esa misma mañana y decidir qué rumbo tomar. Mientras tanto, tenía secuelas de un ataque de las cuales ocuparse. Todavía tenía que tener la esperanza de que Harry y sus tres amigos aparecieran entre las personas que faltaban atender y sanar... Rogaba que fuera así.


Doce horas más tarde, Albus Dumbledore supo que ya no había más esperanza a la cual aferrarse. Potter, los dos Weasley y Granger estaban en manos de Voldemort, que tenía las de ganar en ese preciso instante con sólo mantenerlos cautivos e inactivos. Pero Albus bien sabía que utilizaría la inteligencia y el poder de Potter a su favor. El bando de la luz había perdido prácticamente a su líder y el bando de la oscuridad poseía un nuevo y eficaz aliado. Salvo que la Orden pudiera rescatar a los cuatro muchachos a salvo y sin ninguna clase de influencia del Dark Lord en sus inocentes mentes.

Y en eso se tenía que poner a trabajar. Pero la prensa se lo estaba haciendo difícil. Las entrevistas a los alumnos que habían luchado y sobrevivido, las constantes agresiones hacia su persona: la ineptitud del director de Hogwarts que mandó a la muerte a sus alumnos y el poder terrorífico que tenía el secuestro del Niño que Vivió en la sociedad eran demasiados fuertes. Era como ir en contra de un río furioso de gran caudal.

La sociedad estaba dividida en si apoyarlo a él o al insuficiente ministro de la magia que poseían. Aunque Fudge estaba teniendo sus serios problemas en ese momento, el Ministerio de la Magia era la organización más desorganizada de toda Gran Bretaña. Entre la escasez de nuevos aurores, la falta de entrenamiento de los viejos y la arrogancia normal que eran el soporte de los miembros de éste, todo lo que proviniera del MM era puramente desatinado. Había juiciosas suposiciones de que Fudge era un mortífago, sin embargo Albus dudaba de ello: era demasiado imbécil para estar al nivel de aliarse con el Dark Lord.


- ¿Es verdad que Harry Potter ha desaparecido, Dumbledore? - Hablando de inútiles, ahí estaba Cornelius Fudge, entrando en su despacho en mitad de una reunión de la Orden del Fénix. Tras un suspiro repleto de pesar, el director respondió.
- Voldemort le ha secuestrado.


Observando los rostros de los miembros, vio que ellos también compartían su abatimiento. Algunos más que otros, como la familia Weasley, que estaba de luto. Comprensible, teniendo en cuenta que los dos miembros más jóvenes de su familia estaban a merced de Voldemort. Remus tenía una mirada perdida, aparentaba no estar allí objetivamente hablando.

Dumbledore volvió a suspirar. Malos tiempos se avecinaban.


.:: Fin del Flash back ::.



***


Harry cerró los ojos a la vez que fruncía el entrecejo, procurando pensar claramente en lo que estaba sucediendo. Habían bloqueado su magia, seguramente sólo en aquella torre, de tal forma que ni siquiera pudiera convocar un absurdo lumos. Llevaba horas en soledad, tendido en aquella cama, y no encontraba ninguna salida a aquella situación. Sólo dejarse llevar por la corriente.

Había probado forzar la pequeña ventana a abrirse, pero fue imposible. No que Dumbledore hubiera descuidado ningún detalle en la seguridad de su cautiverio, sin embargo no había perdido nada intentando. En el baño no había ningún elemento filoso o que pudiera servir para auto provocarse daño. No era que tuviera en mente suicidarse, pero podría servirle de defensa personal en caso de que la situación se pusiera delicada y no pudiera emplear magia.

Sólo le quedaba un as bajo la manga por utilizar. Anhelaba que Dumbledore no se hubiera acordado de aquel detalle y que no hubiera también bloqueado su mente de alguna forma retorcida. Era su único posible contacto con Tom. De no poder llevarse a cabo, estaría desorientado de lo que pasaría en el futuro. Necesitaba saber. Saber cuando moverse y quitarse aquella máscara de inocencia. Aunque Dumbledore no se la hubiera creído, podría funcionar con sus amigos. Odiaba tener que usarlos de aquella forma, pero... Era eso o morir.

Así que despojó la fuerza de sus barreras mentales y se dejó dominar por el sueño, que acudió a él inmediatamente, a pesar de no estar cansado. Eso quería decir que alguien estaba esperando ese momento de debilidad de su mente. Confiaba que no fuera Dumbledore, porque sino todos sus planes se derrumbarían. No sólo eso, sino que perdería el control sobre su propio cuerpo si eso era lo que el vejete estaba planeando. Suspirando, sabiendo que se estaba tirando a la boca del lobo, permitió que la quimera acudiera a él.

Y una inconfundible sensación le atacó.


Estaba allí. Allí, de nuevo...

La ventana por la que usualmente había apreciado la caída del Sol. La habitación donde la muerte de Bellatrix Lestrange había ocurrido. Donde la mayoría de los planes del Dark Lord se desarrollaban. La última vez que recordaba estar en ese lugar, Tom había estado a su lado. Sabía que estaba ahora también. Pero era solamente una imagen mental, no habría contacto corpóreo. Sin embargo, agradecía poder sentirse dentro de la Fortaleza a salvo y poder conversar con Tom. Tal vez no cuánto tiempo quisiera, porque ese tiempo era energía consumida y sería extraño que luciera exhausto frente a Dumbledore y los suyos luego de una noche entera de sueño.

Tan ensimismado estaba observando la sala que se sobresaltó cuando unos brazos impalpables le abrazaron por detrás. Escuchó la suave risa resonar cercana a su oído y todos sus sentidos se alteraron. Era esa risa. Cerró los ojos, disfrutando de ella. Y se rió igualmente.

Aquellas manos que en realidad eran inexistentes viajaron hasta sus mejillas, acariciándolas pero a la vez no haciéndolo. Era tan triste no sentir la calidez de aquellas manos, tal era el vacío, la añoranza que le dominaban cuando advirtió que los labios de Tom se unían a los suyos y en realidad nada de eso sucedía. Formaba parte de un sueño, por más realidad paralela que quisiera ser. Lo único que en realidad existía eran las voces y las imágenes. Nada de sensaciones, ni aromas ni gustos.


- Harry... - Los ojos escarlatas buscaron en los suyos la respuesta a una pregunta no formulada.
- Tom. - Contestó el muchacho con abatimiento, pero con una rara alegría dentro de su ser.
- ¿Te han hecho algo, mi ángel?
- Todavía no. Salvo que se tenga en cuenta el aislamiento en una torre y el bloqueo de mi magia... - Harry se estremeció al percibir la furia viviente en su pareja.


En aquella clase de sueños, tanto Harry como Tom podían sentir con mucha más intensidad los sentimientos que abundaban en el otro. Harry sabía que Tom percibía su alegría. Hacía de la relación muchísimo más sincera, en ese sentido.


- Pronto atacaremos Hogwarts, Harry. Te sacaré de allí. Mientras tanto, procura buscar alguna forma de hacerte con la confianza de tus amigos o del mismo Dumbledore, aunque dudo que en este momento no sepa que estamos hablando. Estoy seguro que no ha bloqueado tu mente a propósito.
- ¿Por qué? ¿De qué le puede servir? No puede interferir o escuchar nuestras conversaciones, ¿verdad?
- No, son sólo nuestras y de nadie más. Pero creo que nos está permitiendo comunicarnos por alguna razón en especial. Razón que en este preciso instante desconozco. - Harry dejó escapar un gemido de tristeza.
- ¿Cuánto tiempo? - La etérea mano de Tom intentó reconfortarlo, pero sólo produjo un inmenso vacío. Los ojos de Tom parecieron oscurecerse.
- Pronto, mi ángel. Pronto podremos sentirnos... Tenemos que conformarnos con poder comunicarnos. Cada noche, ya sabes qué hacer.
- Castígalos por mí, Tom. - Harry sonrió ligeramente mientras expresaba su pedido.
- Ya lo he hecho, Harry. Mis mortífagos le temerán más al alcohol que a cualquier otra cosa, ya verás. Cuídate.
- Te amo...
- Yo también.




Y en ese momento, la imagen se descompuso. Todo comenzó a estar falto de sentido e inmediatamente se despertó de nuevo en aquella aborrecible cama, con todo un mundo de significaciones abrumándolo. No había término medio. Había dejado un lugar donde la nada no tenía forma y ahora se encontraba en un todo perceptible.

Ese vacío de su alma no sólo no se había minimizado, sino que había aumentando en profundidad. ¿Por qué aquellos besos no podían ser reales? ¿Por qué esos abrazos formaban parte de un mundo de ilusiones? ¿Por qué sus preguntas carecían de respuesta? ¡Todo eran tan incoherente y a la vez...! A la vez estaba conformado de sentido, sólo que él no sabía verlo. Los pensamientos se confundían en su mente, no sabía qué pensar en definitiva. Siempre quedaba aturdido después de estar en ese ilusorio mundo. Era como si tuviera patentemente a la vista sus metas y de repente, éstas desaparecieran y no supiese qué camino elegir para volverlas a distinguir. Quedaba extraviado, como si fuera una mente sin conocimiento previo.

En fin, un vacío mental y emocional que no cualquiera podría calmar. Todo podía hacerlo maximizar, pero había muy pocas cosas que le hacían apaciguar y la principal de ellas estaba muy lejos de su alcance en ese presente. Le necesitaba tanto, requería tanto aquellos ojos rojizos mirándole fijamente, sus manos recorriendo su rostro, sus labios en los suyos, en su cuello, en su frente, en su cuerpo... Aquellos brazos aferrándose a él... Sometiéndole en un sentimiento de protección, seguridad y cariño irrepetibles e inconmensurables. Allí pertenecía. Pero todos sus deseos se quedaban en el vacío de los sueños. Se quebraban antes de siquiera emprenderse.

Oigo y olvido. Veo y recuerdo. Hago y comprendo.


Aquel mundo sólo le pertenecía a ellos y a nadie más...
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


***

Nota de autora: Hi everyone! ^O^ *se ve a Parv saltar de la felicidad* Estas serán una de las mejores navidades de mi vida XDD Rowling ha terminado HP6 y estará en inglés el 16 de Julio! No lo esperaba tan pronto! Que felicidaddd!! ^____^

Estoy trabajando todo lo posible en el capi 20, que como ustedes saben es el final.. Estoy extremadamente preocupada, porque la musa no me está beneficiando y no sé porqué.. ¬¬ Así que tal vez.. Para el 20 tendrán que esperar un par de días más de lo habitual.. ya les diré el viernes.

Por cierto, sino los veo antes, Feliz Navidad. Que todos vuestros deseos se hagan realidad, o que por lo menos... puedan seguir teniendo Deseos. Ese es mi deseo! ^O^ Siempre tenemos que mantener la fe y esforzarnos por ser mejores, aunque todo se nos caiga encima.. Ojalá pasen unas felices fiestas, con sus seres queridos y con quienes de verdad quieran pasar la Navidad. Que reciban muchos significativos y cálidos regalos, que es lo que merecen! XD Oh.. me he hecho el discurso del año. Jajaja. Y ya que estamos, les agradeceré el apoyo incondicional que me han dado, a lo largo de este fict y otros, la paciencia.. y el cariño.

De todo corazón, felices fiestas!!

Este capítulo va dedicado a mi beta Nagini. Sin ella, este capi me hubiera costado 100 veces más.


***


Capítulo XVIII: Veo y recuerdo


Los terrenos de Hogwarts jamás habían lucido tan plácidos como aquella tarde. Aunque sea, así aparentaban ser para ella. Le brindaban la seguridad que no tenía, apaciguaban sus incertidumbres y miedos y le ofrecían un lugar único donde sentirse en casa. Su segundo hogar, donde había pasado su complicada adolescencia. Diez meses en aquella escuela durante siete años... Le había tomado cariño.

Siete años maravillosos donde había compartido todo con las únicas dos personas que habían sabido comprenderla y apoyarla, conocerla y alegrarla incondicionalmente. Aquellas dos personas por las cuales daría lo imposible, sólo para seguir viviendo un poco más a su lado, con aquella ingenua alegría del pasado.

Caminando por las orillas del lago, los recuerdos volvieron a ella una vez más. Las tristezas, alegrías, desilusiones, preocupaciones, triunfos y momentos. Momentos que nunca olvidaría, momentos que formaban parte de ella, momentos que de ser borrados de su memoria harían de su personalidad incoherente. Ella era lo que esos momentos le habían enseñado a ser: Hermione Granger.

Hermione sonrió ampliamente, llena de un júbilo que hacía tiempo no sentía. Dejó que la brisa del viento jugara con sus cabellos castaños mientras que sus ojos almendrados brillaban, disfrutando del tranquilo paisaje. Luego de haber sido rescatada de la Fortaleza de Lord Voldemort, se había sentido perdida y vacía. Culpable por no haber hecho nada para evitar dejar a uno de sus mejores amigos en manos de tal asesino. Ahora esa sensación había pasado a un segundo plano. ¡Había recuperado al segundo pilar que la sustentaba, la segunda razón de su existencia prácticamente!

No le importaba lo que dijera o pensara la Orden sobre Harry, ella quería volver a ver fijamente esos ojos verdes esmeraldas, volver a abrazarlo fuertemente, volver a escuchar su voz. Él se había entregado por ella, por Ron y Ginny. Le debía demasiado. Y tal como él había sido un gran soporte en su vida, ella debía serlo ahora para él. No le iba a dejar caer.

Porque sabía que si él decidía traicionarlos... Le perdonaría. Entendería sus razones. Bah, las toleraría más bien. Sería duro tener que enfrentarse... saber que él defendía una Causa por la cual tanto había luchado en su juventud y por la cual tantos habían muerto. Pero él nunca había podido elegir qué hacer en su vida. Entendía que por primera vez en su vida... Se le estaba brindado una oportunidad única.


- ¡Mione! - Escuchó que la llamaban. Se volteó para ver a un Ronald Weasley corriendo en su dirección, devolviéndole la sonrisa.


Estaba segura que Ron pensaba como ella. El pelirrojo había madurado en los últimos meses lo suficiente para no repetir las estupideces del pasado y entender los sucesos que acontecían en la realidad. Si bien tanto ella como Ron estaban inquietos por cómo iban a reaccionar frente a Harry y cómo éste les respondería, no podían eludir sentirse nuevamente completos. El trío dorado junto de nuevo. Sufrido ligeramente, desgastado tal vez... Pero unidos como nunca antes lo habían estado.


- Ron, ¿qué sucede? - Preguntó Hermione, sorprendida. Ron solía respetar sus momentos de soledad necesaria, no interrumpiéndola en sus clásicos paseos por los terrenos.
- Dumbledore me ha informado que hoy a la tarde nos permitirá verlo...
- ¿Lo dices en serio?
- ¿Crees que jugaría con algo así, Mione? Me ofendes. - Dijo Ron, en broma.


Era extraño. Todo aquel aire de agradable diversión y confianza no solía ser visto en los últimos tiempos. Por más complementarios y tolerantes que se hubieran vuelto con el otro, no solían expresarse tan abiertamente y con tanta... ¿simplicidad? El retorno de Harry a sus vidas había sido la llave para que la tensión se esfumara. Nadie más lo comprendería, pero para ellos... tener a su hermano de nuevo era volver a ser plenamente ellos mismos.

Hermione avanzó los pocos pasos que le separaban de Weasley y le abrazó como si su vida dependiera de ello. Escasas lágrimas se escaparon de sus ojos. Lágrimas que vagaron sin rumbo por el rostro de la muchacha y se perdieron; Lágrimas que llevaban consigo ilusiones de un pasado que nunca fue, un presente que nunca sería y un futuro inalcanzable.

Sólo tendría un momento más para compartir.


- No sé qué haría si ustedes no estuvieran conmigo... Les necesito tanto.
- Yo también te quiero, Mione, pero no puedo respirar... - Hermione le observó, divertida.
- Tal vez le estoy haciendo un bien al mundo en este preciso instante, Ronald. - Dejó escapar algunas risitas.
- ¿Ah, sí? - Ron posó su mano sobre la cabeza de su amiga y la despeinó rápidamente.
- ¡Eres un Tonto!
- Descubriste América, Hermione.


***


Harry estaba tendido en la cómoda cama, observando pensativamente el techo de la torre. Una pequeña ranura de luz ingresaba por la bloqueada ventana, la única evidencia que tenía de que la mañana ya estaba madurando. Hacía pocas horas su desayuno había aparecido sobre uno de los muebles de la sala. No lo había tocado, ya que no tenía forma de comprobar si no habían infectado la comida.

Las palabras de Tom aún vagaban intensamente por su mente y estaba intentando encontrarles un doble sentido, sólo para tener algo que hacer. Sencillamente anticipaba el aburrimiento de un tedioso día de encierro. O tal vez el vejete tuviera planes para él, una agenda llena de actividades programadas, ¿verdad?

Estoy seguro que no ha bloqueado tu mente a propósito.

El muchacho se mordió el labio inferior. Eso era lo que más le preocupaba: la inseguridad de no saber qué planeaba hacer Dumbledore con él. Porque sabía que no se escapaba de su entendimiento sus actitudes y palabras falsas; el director estaba al corriente que todo era una actuación y que estaba fundamentada en su reunión con Tom de la pasada noche. Reunión que el maldito manipulador había permitido.

¿Por qué? ¿Por qué me permite dialogar con Tom?

Dialogar... Simplemente dialogar. También eso le llenaba de nostalgia. No había más que un intercambio de palabras y sentimientos. Pero no había tacto, no había sensaciones, ni fragancias ni gustos... La impotencia que le invadía era inmensa. Y todo era a causa de la retorcida idea que el Bando de la Luz mantenía respecto a él... el Arma que definiría el ganador de la guerra. Sólo por aquella idiotez que contenía la profecía y esa cicatriz que decoraba su frente.

¿Por qué no lo dejaban en paz, no le dejaban ser feliz de una vez por todas? ¿¡Qué le importaba a él si gente inocente, sin rostro, moría?! Solos tenían que encontrar una solución, ¡ése no era su problema!

Estuvo tentado a acceder a las lágrimas inhábiles que querían derramarse, a la furia que recorría sus venas en ese preciso instante. Pero no. Tenía que mantenerse sereno y controlado. No podía mostrar debilidad en terreno enemigo. No podía quebrarse, sólo conseguiría otorgarle a Dumbledore una razón para satisfacerse.

Ahora, volviendo a la pregunta clave... Seguramente Dumbledore estaba planeando algo Grande para derrotar a Voldemort, utilizándole como en el pasado. Sin embargo, el profesor había tenido que cambiar de táctica, ya que no sería Harry quien asesinaría al Dark Lord. Tal vez le estaba usando de señuelo o por ese camino debería andar el plan... Capaz quería pedirle una tregua temporal al Dark Lord a cambio del bienestar del Niño que Vivió...

Harry se estremeció ante la idea de ser empleado de esa forma. Estorbaba en las ambiciones de Tom, quien no dejaría que Dumbledore le torturara y aceptaría... Aunque probablemente Tom estaría preparado para un caso así, por algo era un mago tan poderoso y astuto, ¿no?

¿Por qué Dumbledore se molestaba en mantenerle con vida, cuando muerto le sería de más utilidad? Porque Harry de ninguna manera iba a ir en contra del ser que amaba, por más que eso implicara dejar sus amistades y pasado atrás. Ya lo había hecho una vez, podría volver a intentarlo. No retornaría a las filas de Dumbledore, donde sólo había conseguido mentiras y agonías. Tom le hablaba con la verdad que podía entregarle, prometiéndole nuevos cielos... Y hasta el momento no le había decepcionado.

Fue en ese momento de meditación cuando el sonido de voces comenzó a escucharse, a pocos metros de la puerta principal. Al principio las ignoró, ya que tenía la seguridad de que sería el vejete con algún otro miembro fiel de la Orden, que venían a asegurarse de que siguiera vivo. Pronto verificó que su teoría era parcialmente errónea.

Empezó a prestarle atención a las voces. Le eran familiares. Una era la del vejete, como no, y las otras dos... ¿Sería posible...? No, sus oídos debían de estarle jugando una mala pasada. Su propio cuerpo se había aliado a la estrategia de Dumbledore, ¡seguro! Pero... ¿y si...? ¿Y si en verdad eran ellos?

Se descubrió a si mismo entrando en un ligero ataque de pánico. Era demasiado temprano para verlos, no podía... No estaba listo. De repente vino a su memoria aquel último día que los había visto en la Fortaleza, en el cual Ron... Suspiró, criticándose a sí mismo por su cobardía. Había hecho sus decisiones a voluntad, era hora de afrontar las consecuencias. De superar esa maldita culpa, ese inconsciente odio a sí mismo...

La puerta se abrió, indicándole que su tiempo de preparación para lo que iba a venir había concluido. Las tres personas que ingresaron estaban sumergidas en un silencio tenso, tal vez ansioso. Una permaneció en el marco de la puerta, un lugar perfecto para admirar toda la situación. Otra avanzó algunos pasos, contemplándole con ímpetu y finalmente la tercera se abalanzó hacia él, sin importarle las miradas de los demás, y le abrazó con toda su energía que poseía para proseguir a sollozar en su hombro.

Dumbledore, Ron y Hermione respectivamente.


- ¡Hermione! - Exclamó Harry, pasmado al ver a la muchacha llorar de aquella forma.
- ¡OH, Harry! ¡No sabes...! - Las palabras fueron ahogadas por las lágrimas.
- Los dejaré solos. - Informó Dumbledore con una ligera sonrisa en sus labios. Falso. Posteriormente cerró la puerta detrás de él.


Hermione continuó aferrada a él unos instantes más mientras que Ron se fue aproximando a ellos poco a poco. En su mirada celestina Harry podía ver reflejados sentimientos como la culpa, la preocupación, pero también la alegría de volver a verlo. Lo mismo sucedía con Hermione. Estar allí con ellos de nuevo le traía alegres y tristes recuerdos, pero por primera vez en bastante tiempo percibió la amistad que compartían los tres. De esas amistades que ya no habían en el presente. Los estudiantes de ahora se profesaban una inmensa desconfianza y si había alguno que fuera confidente con otro, seguramente era porque sus familias habían sido amigas en el pasado. Nada más.

La muchacha se separó de él lentamente y le miró con una brillante sonrisa en su rostro. Harry se dio cuenta entonces cuánto extrañaba verla. La última vez que habían estado en Hogwarts juntos de aquella forma sencillamente había sido la noche en la que todo había empezado.



.::Flash back::.


- Ya han repasado para Transformaciones, ¿verdad? - Preguntó Hermione mientras se sentaban para comer la cena luego de un día lleno de exámenes. Y faltaban...
- ¿Otra vez? - Se quejó Ron con aburrimiento.
- Cuantas veces sea necesario para que puedas rendir el EXTASIS el año que viene, Ron. ¿Verdad que tengo razón, Harry?
- ¿Qué? - Cuestionó el susodicho, perdido en sus pensamientos. Su mirada se desvió momentáneamente hacia la mesa de profesores.
- Que Ron haría bien en revisar sus conocimientos antes del examen. - Repitió Hermione calmadamente, acostumbrada a la reciente falta de atención de Harry.
- ¿Qué has estado pensando, compañero? Últimamente andas más callado... - Dijo Ron, mirándole con el entrecejo fruncido.
- Impresión tuya. - Contestó Harry, fijando ahora su atención en su plato de comida. La verdad que el apetito no le invadía en ese momento...
- Nos tienes preocupados, Harry. ¿Seguro que no ha pasado nada con la Orden? - Hermione le lanzó una calculada mirada, examinándolo.
- Nada, Mione. Únicamente que Snape sospecha que pronto el Dark Lord hará un gran movimiento. No sabemos a dónde ni cuándo. - Murmuró el Niño que Vivió.
- La verdad que Snape no sirve de espía. - Susurró Ron confidentemente a sus dos amigos. - A penas trae información, ¿no?
- Para mí que Voldemort ya sabe que es espía. - Opinó Hermione. - Igualmente, es el único espía de la Orden. No creo que al profesor Dumbledore le gustaría perderlo, por más poca información que traiga... Es algo.
- Supongo. - Dijo Harry encogiéndose de hombros.
- ¿Cómo les fue en el examen de Defensa? - Preguntó Neville que en ese preciso instante se sentaba al lado de Harry.
- Bien. - Dijo Ron sin demasiado entusiasmo.
- Excelente. - Sonrió Hermione. - Es uno de los exámenes más fáciles que hemos tenido hoy, ¿no te parece?
- Seguro. Además, con todo el entrenamiento que nos dio Harry en el ED, ha sido facilísimo.
- No tienes nada que agradecer, Neville. - Interrumpió Harry a su amigo, antes que empezara con ello.
- ¡Por supuesto que sí! Hemos mejorado mucho en pocos meses.
- Dejen eso. Dumbledore quiere hablar. - Informó Hermione.
- ¿Desde cuándo nos interesa? - Preguntó Ron, sin quitar su vista de la comida. Pero fue la palidez en el rostro de Harry que les alertó que algo malo pasaba.


Harry había estado todo ese tiempo mirando a Dumbledore de reojo, ya que tenía el presentimiento que algo fuera de lo normal sucedería esa noche. Algo que no era bueno. Cuando el profesor se levantó de su asiento tras producir un salto, el Gryffindor supo que había tenido razón y al contrario del resto de sus amigos, él sabía qué había desatado ese sobresalto en el profesor.

Las barreras de Hogwarts estaban siendo atacadas.

¿Cómo lo sabía? Los repentinos y dolorosos pinchazos de su cicatriz eran una clara señal. Sólo tuvo que unir las pistas que tenía. La respuesta era demasiado obvia para cualquiera.


- Por favor, los alumnos menores de quinto año diríjanse rápidamente a sus salas comunes. Sexto y séptimo año, ya saben que hacer.


Simultáneamente el cuarteto de Gryffindor se puso de pie. Habían practicado a lo largo del año diferentes situaciones de emergencia. En caso de ataque, los dos años superiores se encaminarían a las entradas, formando una barrera, para que los estudiantes de grados inferiores pudieran refugiarse. Ciertos profesores mandarían la alarma al Ministerio, para que los aurores de refuerzo fueran enviados inmediatamente. El resto de ellos irían a defender al colegio al frente de los alumnos.

Todas las conversaciones alegres concluyeron tras el discurso de Dumbledore. Los Prefectos se estaban encargando ahora que el caos no se profundizara y mandaban a sus alumnos a cumplir la orden del director. Todo estará bien, prometían. Harry no creía en esas palabras. Estaban viviendo una guerra y en las guerras gente moría... Nada estaría bien de nuevo. No si Lord Voldemort y todo aquello que le sostenía seguía con vida.

La palidez de los rostros de los estudiantes que formaban la barrera era completamente visible. Todos estaban desconcertados, nerviosos y aterrorizados. ¿Sería realmente un ataque de mortífagos? Los alumnos mejor preparados (véase los miembros del ED) estaban al frente. Las grandes puertas del castillo estaban firmemente cerradas, con hechizos de toda clase aplicados en ella para protección. Ninguna varita estaba en alto todavía, demasiados shockeados para reaccionar.

Y capaz fue eso lo que provocó que el elemento sorpresa fuera un éxito. Justo cuando todos estaban preocupados en que ningún alumno inexperimentado quedara por la zona principal, las puertas cayeron con un único golpe. Era maravilloso lo que la Magia Negra podía lograr.

Harry ya no escuchó más. Demasiados gritos para aturdirle el pensamiento. Estaba preparado para lo que viniera. Lamentablemente ni Ron ni Hermione estaban a su lado, las corridas habían provocado que se distribuyeran. Sin embargo, sí vio a Neville y a Luna, uno a cada lado de él, sosteniendo la varita con toda la firmeza posible. La única arma que podría mantenerlos con vida. No se detuvo a preguntarle a Lovegood porqué estaba allí, si ella formaba parte del grupo de alumnos a evacuar. No había tiempo para conversaciones.

Los mortífagos atacaron. Harry nunca se había imaginado que su magnitud de ataque fuera tan colosal. Al unísono, enviaron diversos hechizos de magia negra hacia las defensas. Los profesores se abrieron para esquivarlos y allí se les permitió el paso.

Caos. De repente todos se vieron divididos en varios conjuntos. Harry, junto con Neville y Luna, pertenecían al grupo de Vestíbulo, donde la batalla era mucho más reñida. Sin embargo, otros estaban en el Gran Comedor y el resto parecía estar defendiendo los pasillos, ya que los mortífagos parecían estar dirigidos a torturar a los alumnos evacuados, fundar el mayor daño posible en los débiles... O los que llegaron a estarlo. La gran mayoría no pudo protegerse en sus Salas Comunes. No hubo tiempo. ¡Había pasado tan rápido!

Cada vez su cicatriz ardía más, lo que era una gran molestia porque desviaba su concentración. En un duelo contra dos mortífagos que parecían estar bastante bien entrenados por su Señor, resultaba una gran desventaja. Además anticipaba la peor noticia de todas: Lord Voldemort estaba presente. En algún lugar del colegio (no en el Vestíbulo, el dolor no era tan profundo) estaba.


- ¡Harry! - Escuchó que gritaba una voz familiar a sus espaldas. Se volteó justo a tiempo para eludir un encantamiento de un mortífago. Maldito cobarde, atacando por la espalda como un sucio traidor...
- Gracias, Ron. - Gritó. Por un microsegundo sus miradas se alinearon y mensajes incomprensibles viajaron en ambos sentidos. Luego Harry tuvo que girarse para continuar el duelo con aquellos mortífagos.


Parecía que aquella noche sería interminable y lo peor era que sabía que cambiarían muchas cosas. Tal vez no estaba al tanto de cuánta verdad poseía su predicción o qué elementos implicaba, pero sabía que corría un grave peligro. Tanto él como sus amigos. ¿Qué le aseguraba que volvería a ver a Hermione, a Ron... vivos?

Sacó esos pensamientos de su cabeza al instante de pensarlo. No había porqué preocuparse. Todo estaría bien. No te engañes a ti mismo, Harry. Voldemort está en Hogwarts, ¿crees que muchas personas podrán sobrevivir? Intentaba que sus pensamientos no fueran pesimistas, pero ser optimista cuando veía a sus compañeros caer en batalla era... demasiado ficticio.

Los aurores de refuerzo no llegaron hasta veinte minutos después de comenzado el ataque, cuando más de un tercio del alumnado mayor había caído (desmayado o muerto, véase.)


- Esto es una masacre. - Murmuró Neville a su lado, mientras apretaba con fuerza su brazo izquierdo. No tenía un buen aspecto. Harry asintió, sus ojos viajando por el vestíbulo. Cuerpos y más cuerpos decoraban el suelo.
- Será mejor que vayamos a ayudar al Gran Comedor, ni con Dumbledore pueden controlar a los mortífagos... - Dijo Luna, acercándose a ellos. Fue en ese momento que la cicatriz de Harry produjo en el muchacho un infinito sufrimiento.


El siguiente desencadenamiento de sucesos que originó aquello simplemente fue velocísimo. Harry se giró, sabiendo con quién se enfrentaría al hacerlo y en ese preciso instante una luz verdosa le rozó por pocos centímetros, y el destino hizo que chocara con Luna, que se había adelantado un paso hacia él... El Avada Kedavra resultó igual de efectivo que siempre. La Ravenclaw cayó inerte al suelo, con sus ojos nulos de vida.

Harry escuchó a su lado una exclamación ahogada de Neville y un instante después otra luz verde apareció ante sus ojos. Su amigo cayó de igual forma que Luna, sin posibilidad de defenderse y no siendo realmente partícipe de toda la situación. Harry permaneció de pie, contemplando los dos cuerpos, no aceptando... no queriendo aceptar la realidad que se le presentaba. Algo en su interior se quebró al ver la muerte en los ojos de sus amigos. Había podido salvarlos, aunque sea advertirles del peligro y en cambio...


Estaban muertos.

Elevó sus ojos verdes del suelo para encontrarse con aquellos ojos escarlatas que tanto aborrecía. La varita de su enemigo ahora estaba señalando el piso, cosa que le extrañó de sobremanera. No obstante, ya no importaba. Nada importaba.

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro y se dejó caer de rodillas.


- Llorar es de cobardes e inútiles, Harry, de débiles, y tú no eres débil. - Dijo el asesino de sus amigos con una sonrisa despiadada.


Ya nada volvería a hacer como antes.


.::Fin del Flash Back::.




- Te extrañamos mucho, Harry. - Dijo Hermione lentamente, mirándolo fijamente a los ojos y expresando completa sinceridad.
- Y yo a ustedes. - El joven Potter se animó a sonreír ligeramente, aunque fue una sonrisa vaga y melancólica.


Ron se adelantó titubeante hacia ellos, no pudiendo conectar miradas con su anterior mejor amigo. Harry se dio cuenta que Ron estaba incómodo por los remordimientos que poseía en su interior. Era evidente en el brillo de sus ojos. Y también sabía que el pelirrojo poseía un orgullo interminable, lo que no le permitía disculparse. Pero Harry actuó como sino se hubiera dado cuenta; necesitaba escuchar lo que tenía para decir por mucho que le costase.


- Harry, nosotros... - Empezó Hermione, al ver que Ron permanecía en silencio. - Nosotros queremos agradecerte lo que hiciste por nosotros... Sabemos que te entregaste en mayor parte por nosotros, que de no haber estado nosotros encarcelados no hubieras cedido...
- Reaccioné como un idiota. - Dijo Ron, aunque se notaba como le costaba hacerlo. Huía de los ojos verdes de Harry, que estaban centrados en él.
- Era entendible. - Opinó Harry.
- ¿A qué te refieres? - Harry suspiró ante la pregunta de Hermione.
- No todos los días se ve al que se espera que sea el futuro salvador del mundo mágico, besándose con su enemigo, ¿verdad? - La muchacha le miró profundamente indignada.
- ¡Puede que Dumbledore y los demás lo vean así, pero para nosotros no eres el salvador del mundo mágico, Harry! ¡Eres nuestro amigo!
- Hermione...
- Escúchanos, Harry. No eres una herramienta. No eres influenciable, ¿entiendes? - Chilló Ron. A Harry le dio la impresión que no lo decía para convencerle a él, sino también a sí mismo.
- Soy una herramienta y soy influenciable. Si fuera de otra forma, no estaría pasando de mano en mano como un trapo, ¿no les parece? Sencillamente porque fui marcado como el igual del Dark Lord...
- A nosotros no nos importa eso. - Le cortó Ron.
- ¿Ah, no? - Harry levantó una ceja. - ¿No te importaría tener que luchar contra mí en una batalla?
- ¿No estarás queriendo decir que...?


Harry le sonrió a la nada, mirando el techo de la habitación como si de repente hubiera encontrado algo fascinante en él. Sin embargo, estaba tratando de decidir las palabras correctas con las cuales les informaría a sus amigos que se acabó el héroe de Harry Potter. Por más que necesitara su confianza y silencio, no podría mentirles diciendo que había vuelto o que estaba meditando.

Estaba harto de las mentiras. Si engañaba a sus amigos, estaría jugando la misma partida que Dumbledore y eso le desagradaba extremadamente. Solamente podía ofrecerles la verdad, por más dura e irreal que pareciera. Se había enamorado de Voldemort y asumiría las consecuencias. Demostraría porqué había pertenecido a Gryffindor, no se acobardaría. No quería seguir siendo influenciable y una patética herramientas en manos de alguien.

Sería por primera vez él mismo el que elegiría qué hacer y cómo hacerlo, con razones o sin ellas.


- Dumbledore ha hecho de mi vida un suplicio. Abandonándome por largos diez años en Privet Drive, engañándome y ocultándome cosas en Hogwarts... He sufrido muchísimo, pero en aquel momento pensaba que era el precio de mi felicidad en Hogwarts. - Se detuvo un instante. - Ahora ya no pienso así. Simplemente me estaba usando para lo que sería luego su jaque contra Voldemort. Pero no esperaba que el Dark Lord consiguiera secuestrarme, ¿verdad? No protegió bien a su arma dorada y la perdió... - Emitió una mueca burlona, aunque por dentro sentía un infinito vacío. - Decidí darle una oportunidad a Voldemort. Una única oportunidad. Y por el momento no la ha desperdiciado...
- ¿Le amas? - Preguntó Hermione en un murmullo. Harry intentó leer sus emociones, pero el rostro de su amiga era neutral. Lo mismo sucedía con Ron. Habían madurado mucho...
- Sí. De alguna forma retorcida, le amo. - Su voz sonó seca.
- Harry... Sabes que no nos importa con quién estés... Eres nuestro amigo. Te apoyaremos. - Dijo Ron. Los ojos verdes se engrandecieron, sorprendidos.
- ¿Ustedes...?
- Pero cuéntanos, Harry. ¿Qué has hecho estos meses? Tenemos curiosidad... - Le interrumpió Hermione, cambiando descaradamente el tópico de la conversación.


Harry supo entonces cuánto les costaba a ellos aceptar que se hubiera enamorado de un asesino. No obstante, les agradeció mentalmente por el apoyo que le estaban brindando. Ellos no le estaban mintiendo, sólo les costaba hablar sobre el tema. Era como sino quisieran recordar, pero lo tuvieran presente.

Así que comenzó a contarles sobre las clases de Artes Oscuras y la magia sin varita. Ellos le escucharon con atención, ambos interesados en lo que su amigo era capaz de hacer con su poder. Luego les tocó a ellos contarle todo lo que había sucedido en Hogwarts y los cambios que se habían dado a lo largo de las semanas.

Las barreras de Hogwarts se habían duplicado y el colegio estaba muchísimo más seguro de lo que había llegado a estar en años. Estaban totalmente restringidas las salidas nocturnas; quien fuera encontrado vagando en los pasillos a horas indeseadas sería expulsado sin más. Las rutinas diarias se reducían a acudir a clases, comer y dormir, no había actividades extra escolares (eliminándose así el Quidditch y las visitas a Hogsmeade...) Aurores habitaban en las zonas no empleadas del castillo, por si llegaban a necesitarse. Muchas veces servían de escoltas cuando se creía que una situación podía ser peligrosa, aunque no había habido ningún asesinato dentro de los muros de Hogwarts desde el ataque del curso anterior.


- A propósito... ¿Dónde está Ginny? - Preguntó Harry luego de media hora de charla.
- Hubo un accidente en la clase de pociones y se encuentra en la enfermería. - Ron suspiró con cierto pesar. - Lleva días allí, inconsciente.
- ¿Qué sucedió? - Harry frunció el entrecejo.
- No sabemos, ya que no estábamos en la clase obviamente. - Respondió Hermione. - Pero según una compañera de Gryffindor, uno de los Slytherin agregó un ingrediente exótico a su pócima y ésta estalló segundos después, sin darle tiempo a cubrirse... Creemos que los efectos son similares a los de una poción somnífera.
- ¿Los Slytherin siguen tan molestos como siempre? - Preguntó Harry, sonriendo con sorna.
- Peor. - Dijo Ron. - Tú no sabes la tortura que se ha vuelto soportarlos en las clases. Aunque Malfoy anda silencioso y circunspecto, no sabemos qué le está pasando...


Harry estuvo a punto de preguntar si se estaba refiriendo al mismo Draco Malfoy que él había visto en la Fortaleza días atrás, cuando se percató que esa sería una pregunta idiota. Era obvio que el rubio no abandonaría sus estudios en Hogwarts; después de todo, Voldemort necesitaba un espía interno en el lugar. Sólo que se las debía de ingeniar de alguna forma para acudir a las reuniones que planeaba el Dark Lord... Ya fuera para que los demás no se dieran cuenta de su ausencia o tal vez la realización de clones inexorables... Eso podría explicar lo extraño que le habían notado Ron y Hermione.


- Sé que no debería preguntar y que tal vez no puedan responderme... Pero, ¿qué está sucediendo allá afuera?
- ¿Qué? - Preguntó Ron, no comprendiendo su pregunta.
- Sé que Fudge está muerto. - Declaró Harry. - Y hasta allí llegué a enterarme. ¿Ha sucedido algo más?


Ron y Hermione se observaron, evaluando si debían contarle o no la verdad que sabían. Después de todo, Dumbledore les había prohibido informar a Harry de los acontecimientos. Ya le habían desobedecido comunicándole a su amigo sobre los cambios de Hogwarts... ¿qué más podían llegar a perder?


- Se ha colocado a un ministro temporal. - Dijo Hermione. - Dentro de un par de semanas se harán las elecciones justamente... Todavía no están los candidatos definitivos, pero la Orden piensa colocar algún representante... y supongo que Voldemort hará lo mismo. - Harry asintió.


Tom le había hablado sobre ello. Formaba parte de las consecuencias que conllevaba el fallecimiento del ministro Fudge: la elección de uno nuevo. Por supuesto que no dejaría que Dumbledore pusiera a alguien de los suyos al mando... Si un mortífago conseguía el puesto, el ministerio de la magia estaría a sus pies y eso aceleraría todo el proceso. Habían estado evaluando a las diferentes personalidades políticas en los rangos del Dark Lord, pero no habían hallado alguien que contara con todas las características... Por lo menos, hasta allí había llegado a enterarse Harry antes de que lo raptaran de la Fortaleza. Y la verdad que tenía otras cosas en las cuales pensar y consultar a Tom a la noche como para que el ministerio de la magia fuera una prioridad en una próxima conversación.

Luego Ron y Hermione comentaron el shock de la Comunidad Mágica ante el asesinato de Fudge y la aparición de la marca tenebrosa junto a otra de la Orden. Obviamente, muy pocos sabían que el último sello le pertenecía a él... Y esos pocos eran los miembros de la Orden que lo habían visto participar en las reuniones el año anterior. Suponía que Dumbledore no quería que nadie descubriera el verdadero significado que tenía la escena de las dos marcas, pero la gente no tardaría en adivinarlo. No era muy difícil... O en el caso contrario, había otras deducciones menos placenteras que podían idearse: como la corrupción de la Orden del Fénix.

Harry sonrió interiormente. Tom había pensado en ello detalladamente. Si bien la idea en sí no le había agradado al Gryffindor, tenía que admitir que el Dark Lord tenía estrategias nocivas y efectivas bajo la manga. Siempre tenía.

O eso esperaba. No creía poder soportar demasiado tiempo en Hogwarts, encerrado en aquella torre... Sin posibilidad de defenderse. No estaba en su viejo hogar, sino en una mera cárcel. Deseaba tanto volver a estar a salvo en la Fortaleza, sentir los brazos de Tom envolviéndole y saber que nadie más le separaría de ellos. Aunque actualmente la realidad fuera muy distinta.

Le había asegurado que sería pronto. Pero sabía también que si era demasiado pronto, la estrategia sería planeada precipitadamente y habría muchos más errores de los que Tom al presente se podía permitir. No quería ser una carga para el ataque de Hogwarts: todo tenía que ser meticulosamente calculado. No obstante, sabía que Tom sentía la misma desesperación que él y eso tal vez le dificultara pensar fríamente.

Contrariamente... le aterraba pasar demasiado tiempo en Hogwarts. No tenía ganas de saber qué estaba proyectado Dumbledore para él, porque estaba seguro que si Voldemort no se apuraba en rescatarlo, el vejete tenía otros planes en mente. No iba a matarle porque sería mal juzgado. Demostraría quién era en realidad. Pero seguro canalizaría su magia bloqueada de alguna forma especial para aprovecharla. Tal vez Harry se convirtiera en la fuente de una nueva barrera de Hogwarts. No era desconocimiento para Dumbledore el poder que el muchacho manejaba... Utilizando la plenitud de ellos, haría que la misma magia de Harry se convirtiera en su propia prisión.

Estrategias como esas u otras podían ser elaboradas por la Orden del Fénix. Pero de algo estaba seguro: una herramienta como él no era desperdiciable. Sobre todo, en situaciones como esas...


***


Sonrió al contemplar la joven figura, sentada sobre la superficie de su cama y observando absortadamente al vacío, sin haberse percatado de su presencia. Los ojos esmeraldas, que usualmente se mostraban inexpresivos y fríos cuando iban dirigidos a él, brillaban ahora con sentimiento y añoranza. Sus labios estaban curvados en una sonrisa amarga mientras que sus cabellos azabaches permanecían desordenados... más de lo común. Era la imagen perfecta de un ser cautivo y reprimido, y de una vida vulnerable e ingenua, aunque sus facciones tuvieran una madurez inusitada para su edad y su mente estuviera realizando viajes rápidos por los complicados problemas que le asaltaban, buscándoles solución.

Lástima que no la tuvieran. No podría salir de allí. No lo permitiría.


- Buenas noches, Harry. - Saludó cortésmente, para que el muchacho despertara de su ensoñación. Él le miró notablemente sobresaltado por haber sido capturado con la guarda baja.
- Profesor Dumbledore. - Devolvió el saludo, con algo de hostilidad. El anciano sonrió internamente: sabía que esa sería la reacción del joven. No había tenido tiempo para reponerse de la sorpresa. Su máscara de amabilidad había caído.
- Espero que hayas disfrutado de la visita de tus amigos. - Dijo, intentando entablar una conversación civilizada.
- Lo he hecho. - Se limitó a responder el joven, huyendo prudentemente de los ojos azules que querían atraparlo. Dumbledore fingió suspirar.
- Harry... Piensa bien lo que has hecho. Todavía estás a tiempo para remediar tus errores.
- ¿Cuál error, Dumbledore?


Era sorprendente como la dulzura y tranquilidad que inspiraba el pálido rostro de Harry podía cambiar enteramente a su opuesto: austeridad e indocilidad. Definitivamente Voldemort le había enseñado bien a Harry como usar las diferentes máscaras en diversas situaciones. Además, era increíble como expresaba sus ideas: directa y duramente, como sino le importara las consecuencias que su desobediente acto tendría. Sumado al poder que su cuerpo emanaba, hacían de él una herramienta política que de ser explotada correctamente, tendría grandes frutos.

Pero nuevamente... tenía que descartar otro plan. Harry tenía sus ideales bien marcados y no cambiaría de parecer, sólo por un par de conversaciones con sus amigos y Remus (mucho menos con él mismo.)


- Sabes muy bien a cuál me refiero.


Ambos botaron sus máscaras de gentileza y su tacto delicado para convertirlo en la verdadera frialdad y animadversión que poseían entre sí. Ya no eran más mentor y discípulo. Eran enemigos. Tal vez no en la máxima expresión de la palabra, pero la relación era cercana. El antiguo mentor, al que antiguamente Harry había admirado tanto, se transformó en el brujo manipulador que siempre había sido, mientras que el discípulo sumiso dejó de serlo para tornarse en el amante del mago oscuro más poderoso de los últimos tiempos.

Bandos enfrentados.


- Si calificas de error el haberme enamorado del Dark Lord, no comparto tu opinión. - Los ojos verdes le miraron fijamente, haciéndole saber que no le temía a las represalias.
- Es una lástima que te hayas dejado dominar de tal forma, Harry. Una verdadera lástima.
- ¿Qué es una lástima? ¿Qué haya dejado de ser tu marioneta? - Dumbledore sonrió astutamente ante su pregunta.
- No sabes cómo pueden desarrollarse los sucesos. Tal vez vuelvas a servirle al bando de la luz, aunque no sea por tu propia voluntad. - Harry frunció el entrecejo, pero Dumbledore soltó una carcajada burlona. - No finjas, Harry. Sé que sabes a lo que me refiero. Has estado pensando en ello todo este tiempo.
- No me volverás a utilizar, Dumbledore.
- Ya veremos, Harry...


Ver al verdadero Dumbledore, hablando tan descaradamente enfrente de él, le causaba un terrible vacío a su alma; el haber sido engañado durante tantos años, por una farsa imagen de un profesor que no existía. La manera atrevida y confiada con la que platicaba le hería espantosamente. Era como si le quitara todas las esperanzas, todas las ganas por luchar... Despojándolo de su seguridad e incitando sus dudas y miedos... hasta los más ocultos y profundos.

Cerró los ojos por un instante, concentrándose en la imagen mental de Tom, para obtener fuerzas de donde no las conseguía. Al volver a mirar a Dumbledore, vio cómo éste sonreía con sorna y sabiendo de antemano qué estaba haciendo.


- Es inútil que deposites tu confianza en él, Harry. No logrará rescatarte. Sabes perfectamente que el tiempo que necesitan los preparativos para el ataque a Hogwarts es más de lo que podrás resistir.
- No puedes estar tan seguro de ello.
- Oh, sí. Lo estoy, Harry. Antes de tu secuestro, el ataque a Hogwarts había sido ligeramente planteado. Ahora es una misión fija si Voldemort quiere recuperar a su más preciada posesión. - Ojos azules le examinaron críticamente. - Si se apura demasiado, cometerá errores que no podrá tolerar y que nosotros aprovecharemos completamente. Como podrás deducir, tú eres la herramienta necesaria para obligarlo a acelerar el ritmo de la estrategia.
- Hacer desesperar al enemigo... - Murmuró Harry, sintiendo como el horror comenzaba a tomar lugar en sus emociones principales.
- Así es. Eres una simple...
- Carnada. - Terminó el joven por él.
- No sólo eso. - Replicó Dumbledore. - Supongo que has podido imaginarte cómo funciona esta torre, ¿verdad?


Harry tenía sus sospechas, pero todavía no había encontrado la ocasión para confirmarlas, así que tuvo que negar con la cabeza humilladamente. No sabía si el director de Hogwarts iba a exponerle todos los planes que tenía pensado para su estadía en el castillo para que estuviera al tanto de la realidad o si tan sólo estaba procurando desmoralizarle para que todo el proceso fuera más rápido. Tal vez ambas opciones...


- Bien. Te lo explicaré. La torre es un bloqueo espiritual y mágico.


Los ojos de Harry se oscurecieron al darse cuenta de lo que eso significaba, sin embargo Dumbledore omitió su reacción y siguió hablando, revelándole lo que eso representaba.

Su magia estaba bloqueada en todo sentido junto con sus emociones. Por lo tanto, toda vibración mágica que su cuerpo produjera era absorbida y revotada por esa barrera invisible, lo que provocaba que todo su poder mágico estuviera concentrado en un solo lugar. En cuanto a sus emociones...

Maldita sea. ¡Dumbledore le estaba diciendo esto para atormentarlo! ¡Le estaba avisando que perdería absolutamente la comunicación con Tom a través de los sueños por la reacción de sus propias exaltaciones emocionales y mágicas!

No podía dejar que Dumbledore se saliera con la suya. Necesitaba prevenirle... Tal vez no tuviera otra oportunidad. Sin importarle los riesgos que estaba corriendo, concentró todas sus energías y sus pensamientos en contactarse con el Dark Lord; cada célula de su cuerpo estaba obsesionada con su objetivo: tenía que explicarle a Tom lo que iba a suceder y en qué dirección era preferible orientarse. Se aisló del presente en el cual se encontraba para hallarse en otro.

Pronto cayó en el nubloso sueño de siempre: sólo que esta vez se le hizo mucho más lejano e insustancial que antes... Lo que le informaba de que Dumbledore ya había puesto en marcha su plan.

Sin embargo, Esta vez la escena fue otra. No era la sala de estrategias, sino una de las bibliotecas privadas de la Fortaleza. Al tomar forma en el lugar, la silueta de Voldemort volteó a verlo, entre pasmado y alterado. Se puso de pie, abandonando el libro que se encontraba leyendo, y quiso encaminarse hacia él de inmediato, pero Harry llegó antes de que moviera un solo pie, sabiendo que el tiempo que le quedaba estaba contado.

Hubiera querido que ese encuentro fuera mucho más ameno, similar al de la noche anterior, pero bien sabía que eso era imposible. Una magia ajena a la suya propia y a la del Dark Lord quería llevarlo nuevamente a la conciencia... Sabía que era el vejete. Aquella no era una nueva sensación para él: de hecho, era muy común. Dumbledore jalaba de un lado de la soga mientras que Tom lo hacía del otro. Lástima que él fuera la soga... La posesión que ambos querían resguardar bajo su custodia.


- Tom, Dumbledore ha creado un bloqueo mágico y espiritual.
- ¡¿QUÉ HA HECHO QUÉ?!
- Por favor, no agilices el ataque por mi causa. Es lo que quiere que hagas.



Los brazos impalpables de Tom le rodearon, intentando protegerlo y mantenerlo a su lado... Sin obtenerlo. Quiso infundirle seguridad y cariño a través de sus besos... pero el contacto era cada vez más indiferente.

Sólo le hacía más daño.


- Suceda lo que suceda, Harry, no desistas. No dejes que él te venza...
- No lo haré, Tom.
- Te amo.



A penas llegó a escuchar esas dos últimas palabras antes de que brutalmente se le retirara de ese ensueño. Cayó al suelo de rodillas, jadeando entrecortadamente, sintiéndose más agotado que nunca. Al elevar su mirada, vio a un imperioso Dumbledore, señalándolo con su varita y mostrando una insana aversión hacia él.

Supo que de ahora en más, los días serían más largos y punzantes de lo que habían sido jamás en su vida, ya que tendría que aferrarse a recuerdos para no perder el control sobre la situación. Pensar en Tom como una vieja realidad. Aferrarse a ello. Tenía que manipular el bloqueo que le ofrecía la torre o... Albus tendría razón. Su magia le jugaría en contra y con ello, todo estaría perdido.

Volvería a servirle a la Orden del Fénix.

Tal vez ahora Snape estuviera feliz...

Veo y recuerdo. Hago y comprendo.
Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertid@.


***

Nota de autora: Bien, muchos se estarán preguntando el porqué de la demora de esta actualización. Pero ante la demora que se estaba produciendo en la escritura del capi 20, decidí arretrasar el capi 19 así la espera no sería tan larga. Para vuestro deleite, hoy a la madrugada terminé DO, faltan los retoques y el beteo, pero.. El borrador ya está.

El martes que viene lo publicaré. Es el último de DO.. Pero dejo las despedidas y agradecimientos para ese entonces. ^^

Enjoy the fict! Feliz día de los inocentes! (Happy Birthday, papo querido! ^O^) Y próspero año nuevo para todos!! Feliz 2005!

Es increíble cómo te hacen falta tus seres queridos cuando no están... Cómo te das cuanta cuánto los necesitas cuando ya es demasiado tarde para decírselo. Por esa misma razón, te dedico a ti el capítulo, amiga de mi alma... Porque siempre estarás conmigo. ~


***

Capítulo XIX: Hago y comprendo


Desesperación. Dolor.

Una sensación de ahogante tristeza y un vacío en su alma. Se sentía perdido y débil, sin la magia natural que siempre había estado impregnada en su piel y que ahora se encontraba liberada en el aire, absorbida por esas condenadas barreras. Se desconocía a sí mismo, tendido sobre la maldita cama. Hasta respirar se le hacía dificultoso: era la mala reacción de su cuerpo ante el exceso de poder concentrado en un único lugar. Respiraba magia... magia contaminada por el encierro.

Le asfixiaba... Le agobiaba.

Percibía una opresión anormal en su pecho en cada respiración. Si se movía con demasiada brusquedad, el dolor aumentaba. Tal vez sólo era producto de su imaginación, después de todo... Esa situación le estaba haciendo enloquecer, ¿verdad? ¿Pero qué podía afirmarle lo contrario? Era demasiado real. Quizás fuera eso aquello que le hiciera dudar.

Era increíble que solamente horas de encierro le hubieran causado eso. No sabía que su magia bloqueada provocara tanto sufrimiento interno. Era sorprendente... pero no positivo. ¿Cuánto tiempo podría resistir a este paso? No entendía nada.

No quería especular. No quería ser pesimista... ni optimista. Era un gran problema no saber qué querer. Exasperante, pero... Él no podía manejar el tiempo ni las condiciones que el presente les estaba dando. No había nada que pudiera hacer al respecto. Bah, él no podía hacer nada, pero Dumbledore sí. Claro que sí. El vejete lo había pensado todo minuciosamente... y aquí estaban los resultados.

Ahora estaba completamente vulnerable. Lo sabía de sobras. Tan sólo viéndole luchar con su propia mente, que estaba haciéndole titubear sobre viejas palabras; con su poder, que le llenaba de una sensación de desagradable suciedad; con su cuerpo, que cada vez parecía más enfermizo y tenía que hacer mayores esfuerzos para levantarse y caminar con normalidad. Sería complicado volver a tener una posición favorable en esa guerra.

No sabía qué creer... qué pensar. Era obvio que la torre podría contener una inmensa cantidad de poder, sin embargo, ¿hasta cuánto? Y si tenía un límite, ¿qué sucedería?

Diosa, no podía creer que su alma sintiera tanta incertidumbre en un único segundo. Nada iba de acuerdo con el plan original.

Y odiaba eso enormemente.

No había un punto de partida. No había planes alternativos que utilizar. No había manera de escaparse sin ayuda externa de esa fornida red donde le habían capturado... Y lamentablemente, esa ayuda externa estaba demasiado lejos de allí como para poder asistirle.

Tom...

Cuánto lo extrañaba. Estaba tan furioso consigo mismo, porque al fin de cuentas, era su propia magia quien le estaba privando de poder escuchar su voz... Su risa... Cuánto más silencio había en la habitación, más sentía que la angustia de su alma se profundizaba a causa de que esa añoranza se hacía más consistente.

Y no sólo el silencio le causaba dolor: todo era así. Todo le recordaba por momentos aquellos momentos que había vivido con él. La soledad del lugar le hacía crear una fantasía donde Tom estuviera junto a él, tan sólo para volver a sentir minúsculamente su tacto sobre su piel, sus besos, su calidez... Nuevamente con él.

Le costaba mucho esfuerzo crear una imagen de Tom en su mente: era como si estuviera bloqueado. Podía recordar hasta sus fragancias, pero... la imagen parecía ser tan nublosa que se le hacía imposible reconocerlo.

Entonces, cuando llegaba la noche, todo se convertía en un infierno; la situación se agravaba. Perdía el control de su mente y era en esos momentos donde la desesperación y el impulso a rendirse le acosaban. Acostado sobre la cama y mirando el techo, escuchaba unas voces murmurarle palabras al oído; palabras que su comprensión no digería, que no pertenecían a su idioma. O tal vez sí, pero ya no estaba en él la capacidad de entenderlas. No entendía qué sucedía... No sabía qué hacer con ellas. Sabía que no correspondían a ninguna persona del mundo real: cualquiera que entrara a la habitación se asfixiaría por el extremo poder acumulado.

Y a la vez que las escuchaba monótonamente, veía sombras acercándosele. Le perseguían, le hostigaban... le alcanzaban. Le rodeaban. Le invadían de una Oscuridad sin nombre, que le corrompía lentamente. Era el poder oprimido, que poco a poco quería irse consumiendo y no podía.

Estaba completamente débil. Espiritual, física y mentalmente.

Pronto no sabría cómo diferenciar la realidad de sus sueños...


***


Era interesante ver al ex Golden-boy desmoronarse enfrente de sus ojos; porque eso era lo que estaba sucediendo: el muchacho estaba perdiendo su fuerza, su convicción y... su cordura.

Durante las noches se le escuchaba gemir palabras ininteligentes, cargadas de consternación e impotencia. Sus ojos habían perdido toda clase de brillo y se habían vuelto insustanciales; sin nada que expresar. Era una dolorosa existencia. Los recuerdos se le confundían y sus propios pensamientos se volcaban en su contra. Perdía el hilo de todo.

Era irónico pensar que fuera la misma Magia de Potter la que le estuviera matando. Magia en estado puro, sin limitaciones ni bloqueos. Vagaba libre en el aire; un aire contaminado que lentamente iba afectando a la magia, corrompiéndola. Entonces dejaría de ser pura y manifestaría su verdadero poder.

Sería entonces cuando daría el golpe final, que acabaría tanto con Potter como con Riddle.

A menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo.

Ellos triunfarían, como estaba destinado a ser.



***


- Harry, ¿seguro que te encuentras bien? Estás muy callado...
- No tienes de qué preocuparte, Mione. Simplemente estaba pensando.
- Piensas demasiado, amigo.


Un trío de risas resonó en la torre.

Esos eran sus únicos momentos de coherencia.

Cuando Dumbledore aligeraba la tensión del bloqueo de la torre para que sus amigos pudieran visitarle.

La Magia se suprimía momentáneamente, para que Ron y Hermione no murieran por la sobrecarga de poder en el aire, a la cual sus organismos no estaban acostumbrados. Por otro lado, Harry sí se había habituado y eso de no sentir la magia... era como no estar respirando. Su cuerpo se alteraba ante el cambio e intentaba adaptarse nuevamente, tan sólo para tener que volver a su viejo estado.

Maldito Dumbledore. Lo tenía todo controlado.


- Remus quería venir a verte, pero Dumbledore le pidió que suspendiera la visita, porque creía que no era bueno para ti demasiadas visitas juntas...


Argh. Cuánto desearía poder decirles a Hermione y a Ron lo que realmente estaba sucediendo. Pero por alguna razón (en otras palabras, Dumbledore) no podía contarles la Verdad. Sencillamente, las palabras correctas no salían por sus labios y tampoco podía escribirlas. Sospechaba que se trataba de un encantamiento de retención de información que el Vejete le había aplicado luego de explicarle cuál sería su futura condición.

Sabía que pronto dejaría de ver a Herm y a Ron. Dumbledore restringiría las visitas.

No obstante, tenía unas ganas inmensas de ver a Remus, y obviamente... el director no iba a cumplir su capricho.

¡Ah! Se olvidaba de ese detalle. Ahora que su poder estaba bloqueado, atacaba sus barreras mentales, ocasionando que prácticamente... todos sus pensamientos se pavonearan por la mente de Dumbledore cuando éste ejercía la Legeremancia en él. Maldecía que Tom no pudiera hacer lo mismo.

¡¿Por qué su conexión tenía que estar obstruida?!


- Los mortífagos han atacado un supermercado muggle. - Comentó Ron como si se tratara de una trivialidad, aunque se le notaba demasiado que estaba interesado en saber la reacción y opinión de Harry al respecto, quien frunció el entrecejo.


Debían de haber sido mortífagos novatos, sólo para un entrenamiento directo, porque Tom no malgastaría a sus aliados en algo tan simple y poco fructífero. Salvo que el Dark Lord realmente no estuviera interesado en rescatarlo, pero Harry desechó la posibilidad inmediatamente. Sabía que Tom estaba trabajando arduamente en la estrategia, para que volvieran a estar juntos y sin Vejete de por medio, y que eso demandaba tiempo.

Tal vez el pequeño ataque había sido para que la Comunidad Mágica no olvidara que seguía vivo después de tres semanas de monotonismo... o...

Mejor no pensar en las posibilidades. No quería dudar de Tom.


- Casualmente Hestia Jones estaba haciendo sus compras allí. - Dijo Hermione. - Ya sabes, una miembro de la Orden del Fénix...


Harry la recordaba perfectamente. Había sido una de los principales miembros en negarse a su unión a la Orden (aunque no superando a la señora Weasley.) Y una vez que Dumbledore los convenció a todos de que la Orden necesitaba de su presencia en la organización, fue una de las personas que más exigió de él a la hora de planear las estrategias de defensa y le trataba fríamente, por lo cual tardó en ganarse su cariño y confianza.

Por lo que importaba ahora...


- Murió. - Informó Ron con voz lúgubre. Harry sintió un nudo en su estómago, pero pronto se deshizo. No sentía pena por ella. Estaba en su destino tal final.
- La Orden está muy afligida. - Continuó Hermione, aunque su voz tembló ligeramente. Harry dedujo que recientemente tanto ella como Ron habían tenido contacto con Jones, lo que significaba que los dos Gryffindor eran parte de la Orden.


Bandos opuestos.

Sólo esperaba que no tuviera que enfrenarlos en campo de batalla... o que no murieran en ella. Esa guerra no los involucraba a ellos, y no merecían morir peleando por algo que no les pertenecía. Suspiró con consternación. Le dolía tanto no poder contar con ellos en todo sentido. Ellos, que siempre habían estado a su lado... en los buenos y malos momentos... los había dejado por Tom. Tenían todo el derecho a oponerse a él, pero...

Cuán feliz le haría que sus amigos estuvieran con él en la Fortaleza, pero no los iba a forzar a hacer decisiones que no querían. Ni eran necesarias, sólo porque fueran un capricho de él. Con suerte, pronto esa guerra terminaría y no sería obligatorio elegir bando... ya que no habría opciones.

Aunque siempre hay opciones, siempre hay caminos alternativos. No obstante, Harry Potter estaba muy acostumbrado a que aquella regla no fuera aplicada para él también.

Odiaba ser quien era, pero sino lo fuera... Nunca hubiera conocido a Tom de la forma en la cual lo había hecho y no se habría enamorado de él... No tendría tan formidables amigos, y todo su mundo sería diferente. Y para toda aquella felicidad, había que hacer sacrificios. Nada era gratuito.

Nada.


***


Dos semanas más tarde, Hermione y Ron se dirigían animadamente hacia la torre donde residía su amigo. Ambos creían que era totalmente injusto que tuvieran a Harry tan aislado... y más que lo retuvieran contra su voluntad. Ellos contemplaban el dolor que estaba pasando su amigo a través de sus expresiones faciales y el brillo apagado de sus ojos; les lastimaba considerablemente ese estado moribundo de Harry.

Si al principio de su reencuentro, ellos respetaban su decisión de estar con el Dark Lord, ahora anhelaban que Voldemort viniese pronto a Hogwarts y sacara a Harry de esa cárcel tan... tan... lúgubre; de ese mundo que cada día desgastaba más su vida. Pero nunca se atreverían a manifestar sus opiniones a la Orden, mucho menos a Dumbledore. Simplemente les ignorarían y dirían que ellos sabían lo que era mejor, tanto para Harry como para la Comunidad Mágica.

Hermione suspiró amargamente. Entendía que Dumbledore quisiera ganar esa guerra a costa de lo que fuera, pero... Sacrificar a Harry estaba muy lejos de lo que ella pensaba tolerar. No obstante, ella no podía hacer nada: era una alumna, a punto de graduarse, sin ningún poder político o mágico extraordinario. Encima era sangre sucia, lo que reducía enormemente sus posibilidades de ser escuchada en aquella comunidad tan discriminatoria.

Por el momento, se contentaba con poder chequear el estado de su amigo semanalmente. Sólo una vez por semana podían visitarlo, sin embargo era suficiente para que ellos supieran cuánto más Harry podría resistir allí.

No mucho más.

En cada visita, se le veía más atenuado que en la anterior. Se les hacía mortalmente difícil tanto a ella como a Ron sacarle una sonrisa, mucho menos una risa. Las conversaciones giraban muy fríamente entorno a temas triviales. Por alguna razón, ella notaba que Harry no podía hablar de su condición actual. Eso levantó sospechas en su mente perspicaz.

¿Por qué Harry caía tan bruscamente en un pozo sin fondo?

Llegaron hasta la gárgola oculta (que se asemejaba bastante a la que custodiaba la entrada al despacho del director) en uno de los pasillos menos frecuentados por los alumnos y detuvieron la larga caminata. Intercambiaron miradas, brindándose valor mutuamente, y Hermione fue la encargada de decir la contraseña.


- Dulce Oscuridad.


Dumbledore siempre tuvo una especialidad para elegir contraseñas. Siempre tan llamativas y repletas de tantos dobles sentidos. Además que coordinaba perfectamente con Harry, con la oscuridad que recientemente asaltaba a su amigo. Él nunca perdió su pureza, a pesar de yacer en manos del Dark Lord. Sus manos nunca se cubrieron con sangre...

Y no iba a negar que la Oscuridad de Harry fuera única... Era atrayente; un aura de poder dormido que no intimidaba, esperando pacientemente al momento ideal para ser utilizado. Al contrario, producía una sensación de agradable paz en el ambiente, de cariño y dulzura particulares de su amigo.

Qué envidia que él tuviera un aura especial y que ellos sólo tuvieran un aura típica en magos normales. Pero bueno, analizando la situación, lo prefería así. Bien sabía todo lo que había pasado Harry por tener esa aura.

Normalmente, la gárgola se movería hacia un costado, revelando la puerta de ingreso a la torre, donde posteriormente tendrían que subir excesivas escaleras hasta llegar a la habitación de Harry. Pero en esta ocasión, la gárgola no se movió de su lugar, sino que permaneció mirándolos con indiferencia.

Tanto Ron como Hermione no se tomaron demasiado bien ese acontecimiento. Repitieron la contraseña muchas veces, pero en ningún momento hubo reacción por parte de la gárgola.


- ¿Qué significa esto?
- No lo sé, Ron. Mejor vayamos a ver a Dumbledore. Él tiene que saber qué está sucediendo.
- ¿Crees que haya pasado algo grave?
- Sinceramente espero que no.



En el trayecto al despacho de Dumbledore, ambos jóvenes armaban diferentes hipótesis de lo que podría estar sucediendo. El castillo estaba extremadamente tranquilo, por lo tanto estaba claro que Voldemort no estaba atacando, aunque eso no negaba que no fuera a serlo pronto. Tal vez por un método de seguridad, Dumbledore había decidido cambiar la contraseña y con suerte, serían informados de ella. O quizás...

Quizás Harry había conseguido escapar de alguna manera, evadiendo todas las barreras que le aprisionaban en esa torre.

Una vez frente a la gárgola del director, pronunciaron la contraseña correspondiente y subieron la escalinata rápidamente. Necesitaban respuestas. Hermione respiró hondo antes de llamar a la puerta del despacho. Algo dentro de ella le estaba notificando que nada bueno estaba ocurriendo.


- Pase.


Ron abrió la puerta y entraron. No se extrañaron de ver al profesor, sentado tras su escritorio, comiendo un caramelo de limón mientras examinaba una enorme pila de papeles dispuestos sobre la superficie. Sus ojos azules se elevaron hasta llegar a ellos y mostraron reconocimiento, como si los hubiera estado esperando hacía rato.


- Ah. Ron, Hermione. Siéntense.


Obedecieron, aunque ambos tenían los sentidos alterados. Había algo en ese despacho que estaba fuera de lugar. Mirando todo el lugar, Hermione pudo ver que no había algún nuevo elemento ni nada que pudiera causarles esa intranquilidad. Bueno, salvo aquellos ojos azules irradiando confianza y simpatía, pero eso no contaba. No eran tan poderosos como para hacerlos sentir sobrecogidos.


- Supongo que estarán notando la nueva barrera sobre los terrenos de Hogwarts. - Dijo Dumbledore, sonriéndoles cálidamente. - Tal vez antes no se percataron de su presencia porque estaban en lugares amplios, pero en las salas pequeñas como ésta se siente mucho más personal. Ya se acostumbrarán.
- ¿Cómo es la nueva barrera? - Hermione se apresuró a preguntar, llamada por su curiosidad. Dumbledore sonrió misteriosamente.
- Lamento no poder decirles. Por seguridad, cuantas menos personas sepan, mejor. Pero estoy seguro que no venían a hablarme de esto, ¿verdad?
- Así es. - Contestó Ron. - Hoy íbamos a visitar a Harry, pero nos hallamos o con una gárgola muy antipática...
- ¿O usted ha cambiado la contraseña, señor? - Preguntó Hermione, completando la frase de Ron. Albus suspiró, señalando con ese gesto su cansancio y resignación.
- Harry cada vez está peor mentalmente. Me temo que se ha vuelto peligroso para el contacto...
- La última vez que lo vimos estaba perfectamente. - Replicó Herm, frunciendo el entrecejo.
- Deben entender que él está del lado de Voldemort, y sospechamos que éste pronto va a atacar Hogwarts. No queremos darle la oportunidad de usarlos a ustedes como rehenes nuevamente o...
- ¡Harry nunca haría eso! - Chilló Hermione, poniéndose de pie bruscamente.
- Lo siento, Hermione, pero es una medida de seguridad. Lo mejor es que únicamente yo sepa cómo entrar a la torre.
- Pero eso le hará más daño a Harry. - Murmuró Ron, cohibido por la furia de su amiga.
- Lo lamento. - Dumbledore se puso de pie lentamente y les observó tras sus anteojos de media luna. - Tengo una reunión de alta importancia a la cual atender, así que... Será mejor que dejemos esta conversación para más tarde.
- Que tenga una buena tarde, profesor. - Se despidió Hermione de malas formas, saliendo del despacho inmediatamente.


***


- ¡Hermione! ¡Espera!
- ¿Qué quieres, Ron?
- Yo también sé que aquí hay gato encerrado, pero no sirve de nada que vayas por los pasillos como una fiera.


La joven se detuvo en mitad del corredor y volteó a ver al pelirrojo, que la miraba inexpresivamente, pero esa mirada cambió cuando se dio cuenta de que su amiga estaba llorando. Se acercó a ella y la abrazó fuertemente, entendiendo la preocupación que sus ojos castaños reflejaban.


- No sé qué está sucediendo, pero sé que esto no le hará ningún bien a Harry.
- Yo también. Pero lamentablemente no podemos hacer nada.


Como estaban empezando a llamar la atención de los alumnos que caminaban por ese corredor, decidieron ir a orillas del lago para charlar tranquilamente. El aire fresco le hizo bien a Hermione, que como pudo contuvo las lágrimas e intentó mostrar su semblante de seriedad usual. Ron sonrió ante esto. Aunque fue una sonrisa que se desvaneció cuando contempló el castillo de Hogwarts desde los terrenos... Pensar que en alguna de esas torres, su mejor amigo estaba aprisionado...

Una vez que estuvieron lo suficientemente tranquilos, empezaron a conversar y a intercambiar ideas sobre los sucesos actuales.


- La última vez que lo vimos Harry estaba muy bien. No pudo haber desmejorado en tan poco tiempo...
- Tal vez nos prohibieron las visitas por seguridad, como dice Dumbledore, y Harry está perfectamente.
- No lo estará. ¿Sabes lo horrible que debe ser la Soledad que sufre?
- Pero, ¿qué podemos hacer?
- No lo sé, pero... - Hermione miró el cielo raso, como si éste pudiera contestar todas sus inquietudes. - Estoy inquieta. Esta nueva barrera de Hogwarts es muy poderosa.
- Sí, me he percatado de ello.
- Hacía tiempo que las barreras no sufrían tal incorporación de poder... Me pregunto de dónde lo habrán conseguido... - Ante sus palabras, Ron palideció.
- Hermione... ¿es posible drenar la magia de un mago a las barreras?
- Claro. - Hermione frunció el entrecejo ante la pregunta de Ron, al no entender qué quería decirle Weasley. - Se necesita comprimir el poder de esa persona en un lugar pequeño, tras haber hecho alguno de los rituales de retención de magia, y cuando llegue a un punto máximo, puede ser distribuido a una barrera como la de Hogwarts.
- ¿Crees...? ¿Crees que Dumbledore sería capaz de hacerle eso a Harry? - Hermione abrió los ojos desmesuradamente, conectando todos los cabos de la situación.
- ¡Tienes razón! ¿Cómo no nos dimos cuenta? - En la voz de Mione sonaba la desesperación, y Ron se asustó ante eso.
- ¿Qué? - Hermione miró a Ron seriamente.
- Se llega al punto máximo del poder de una persona cuando ésta se encuentra en peligro de muerte...
- ¿Quieres decir que...?
- Y si muere... todo el poder de la persona queda concentrado en la barrera...


Y a Dumbledore le convenía que Harry muriera.


***


La soledad... el infierno de un mundo. Una soledad que desgarra, daña y te hace llorar de desesperación y desazón. Un estado secreto de tu espíritu, donde las palabras no son necesarias, las sensaciones son demasiado confusas para ser interpretadas y te ves cegado por tu misma visión. No tienes a quien contarle nada, así que tu expresión se ve minimizada al más bajo de los eslabones.

Es tu Mismo Infierno, donde los recuerdos no pueblan, sino que profundizan tu estado. Es entonces cuando tu conciencia toca fondo, cuando de repente notas todos tus errores, todos tus delirios... Todos tus sueños perdidos. Es una soledad infinita, que a pesar de tener punto de partida... lo desconoces. Y sabes que nunca terminará, porque está clavada en tu alma.

A la Soledad se la llama Nodriza de la Sabiduría. Y tienen toda la razón. Es un momento puro, donde tu esencia se limita a tu existencia, donde aprendes donde reside el verdadero sentido de tu vida... y es también donde adquieres la tan reconocida y admirada locura. Todo carece de sentido. Pierde su importancia, su valor. A tus ojos, es sólo un mundo, que merece estar cómo está y no tiene escapatoria.

Un Ciclo sin fin, una lucha imperecedera del Mal y el Bien... Esos son sus seudónimos. En realidad, no existen tales inclinaciones. El poder no puede clasificarse de tal manera; hay un mar de posibilidades para definirlo. No puedes juzgar al poder por su color o por su finalidad: el ser humano nunca tendrá el verdadero dominio y criterio como para poder concretar lo que está mal y lo que está bien. Tal vez es por eso que la Justicia no sirve... porque no existe.

Las normas y las leyes no se emplean para nada; no funcionan. Porque si fuera así, no serían necesarias las cárceles o no se tendría a ningún criminal en el mundo. Pero todo reside en un único objetivo: poder. ¿Y cómo se obtiene el poder? Actualmente, la forma más inmediata es con riquezas. En un mundo corrupto como en esta realidad, es todo lo que importa. Derrocha todas tus virtudes como persona, todas esas características maravillosas que cada uno tiene... sólo porque no se tiene poderío.

Más en tiempos de Guerra, donde toda persona se convierte en un peón y es casi imposible salirse de la partida. Sólo la gente rápida y astuta, podrá deslizarse afuera a tiempo... Y tal vez llegue a ver la destrucción de su mundo sin ser partícipe directo del enfrentamiento. Sin defender lo que en realidad, nunca le perteneció.

Eso quizás es lo que más duele: que nada te pertenece, ni siquiera tu vida. Absolutamente nada. Tu mente y alma están oscurecidos a tal nivel que es imposible escaparse de las garras de esa fantasía que cuesta mucho más de lo que uno está dispuesto a pagar. Y es así como pasa tu vida: dolor, tristeza y... soledad. Un Infierno de mil colores.




Le costaba admitir aquella tremenda debilidad, pero era tan evidente que no valía la pena negar que las ventajas que alguna vez había tenido sobre Dumbledore se habían esfumado. Sus barreras mentales y mágicas estaban totalmente destruidas, dejándole a la merced del Vejete, que ahora utilizaba su poder para incrementar las defensas del castillo... Lo que hacía que Tom tuviera que esforzarse más a la hora de atacar...

Y por lo tanto, su rescate estaba demasiado lejos. Estaba tan agotado que dudaba que resistiese mucho más. A penas podía mover su cuerpo, ya que había perdido toda clase de sensibilidad. La magia estaba concentrada de tal forma que era imposible hacer otra cosa que permanecer allí, un tiempo infinito... en un espacio reducido.

La sensibilidad... Si era incapaz de sentir su propio cuerpo, que era lo básico, no sabía que podía esperar del resto. Odiaba no saber si al fin de cuentas estaba vivo o se trataba de un sueño eterno, del cual jamás despertaría... porque era sinónimo de la muerte. Los recuerdos se embrollaban en su mente, porque ya no había ninguna organización ni voluntad que los controlase.

Una y otra vez, había visto pasar sus tiempos en Hogwarts y había percibido como cada grano de culpa que yacía en su alma se agravaba, llenándole de un vacío espiritual inmenso. Luego, su infancia con los Dursley provocó que su mente colapsara en una devastadora ira y deseo de venganza, por todo el daño que le habían causado... Nunca había sentido tanto odio hacia ellos y tampoco había estado dispuesto a asesinarlos, pero ahora que su razón estaba nublada por su inconciente... sus oscuros secretos salían a la superficie continuamente. Descubría cosas de sí mismo que había desconocido y se hallaba con verdades inusitadas.

La mente humana es maravillosa. Por instinto, sabe dónde debe acomodar cada pensamiento, y cuando pierde ese orden... uno se halla con conocimientos que había adquirido en el pasado, pero que el tiempo se había encargado de hacerle olvidar. Tenebrosos o tristes pensamientos, que le incitan a uno a cometer las locuras que no hubieran sido permitidas en un estado psicológico aceptable.

La desesperación empeoraba. Entre toda la confusión mental y espiritual en la cual Harry se hallaba, nada era lo suficientemente cierto como para mantenerle estable. Ya no sabía si alguna vez había estado con Tom o sólo eran alucinaciones de su mente; si alguna vez Remus le había brindado su apoyo o habían sido puros juegos de su imaginación; si Hermione y Ron habían estado junto a él o si siempre había estado solo... Si alguna vez había sido el Golden-boy o sólo era un muchacho común y corriente, que ya no podía escapar de sus delirios causados por factores indeterminados.

Ya no sabía qué sentir. Qué pensar. En qué creer...

Ni siquiera estaba seguro de que fuera él mismo el que estaba pensando y no un ser secundario que le obligara a dirigir sus pensamientos hacia aquel rumbo. Por momentos era conciente de su estado, pero eran tan aislados esos momentos que no llegaba a colocar toda la situación en orden que ya estaba de nuevo sumergido en aquella Locura.

Vacíos. Todo su ser era un vacío.

Necesitaba saber que su existencia era cierta o terminaría por caer en la Oscuridad.

Necesitaba sentir algo físicamente. El espíritu ya no le servía: con él sentía tantas cosas que a veces se volvía realmente complicado interpretarse a sí mismo en ese estado. Requería algo más Sólido, algo que le aseguraba que estaba viviendo aún... que tenía algo por lo cual luchar...

Sabía lo que quería sentir: dolor. Dolor era lo que fríamente le devolvía a la Realidad, le hacía abrir los ojos y hallarse con un mundo nunca antes visto, pero que en realidad siempre había reinado. Pero... ¿cómo sentir Dolor cuando no podía moverse y no había forma de causarse daño a sí mismo?

Pero Harry se estaba olvidando de un factor que siempre había influenciado en su vida: su lazo con la Magia. A pesar de estar esparcida por Hogwarts, concretamente en esa habitación, seguía respondiendo imperceptiblemente a sus órdenes, a sus más anhelados deseos. La Magia responde siempre a un estímulo del mago. Es su deber natural.

Y este estímulo era contundentemente poderoso, a pesar de ser involuntario; todo el ser vacío de Harry estaba condensado en él.



Lentamente cortaduras fueron hechas sobre los brazos de Potter, quien no pareció percatarse; Cortaduras que desprendieron sangre rojiza y que recorrió dulcemente la piel del joven, acaramelándola con su aroma; esa sangre pronto simuló convertirse en lava ardiente, al empezar a quemar la piel. Ningún Dolor.

Las cortaduras se hicieron más profundas. Harry lo percibió como si se trataran de pequeños pinchazos, un sufrimiento muchísimo menor al que debería ser. Pero por lo menos, su organismo comenzaba a recuperar la sensibilidad.

La sangre cubrió extensas superficies, dañando y calcinando aquello que hallaba a su paso.

Fue entonces cuando Harry recuperó casi la totalidad de su razón, y con ella el verdadero sufrimiento comenzó a desarrollarse por sus sentidos. Se dio cuenta de que estaba Vivo, que el llamado que se había hecho a sí mismo había tenido resultados victoriosos.

Pero a grandes precios.

La magia dejó de actuar. La sangre dejó de quemar. No obstante la mutilación estaba efectuada. Como pudo, el Gryffindor salió de la cama para caer luego de rodillas al suelo. Un suelo helado. O tal vez, esa era su impresión.

Chilló por el sufrimiento que hacía que su cuerpo temblara en convulsiones. Apretó los dientes con fuerza, para intentar callar las súplicas, pero sólo terminó provocándose otra herida más. Sus ojos estaban cerrados fuertemente y sus puños apretados, con furia latiendo en sus venas. Todo eso era por culpa de Dumbledore... por haberlo alejado de Tom...

Su corazón latió con más emoción cuando por fin consiguió una imagen mental nítida del Dark Lord y pudo recordar las cálidas sensaciones experimentadas junto a él. Le llenó de una fuerza desusada, y que le permitió perdurar unos instantes más con conciencia.

Con un esfuerzo extravagante, elevó su mano a la altura de sus ojos. El estado de ésta le hizo estremecer; cubierta completamente de sangre, con la piel mortalmente pálida... Casi parecía un muerto. Su muñeca tenía unos cortes de muy mal aspecto, y se daba cuenta también por el dolor que podía percibir en esa zona de su cuerpo...

Ahora sabía que le había fallado a Tom. Le había fallado de la peor de las formas. Había fracasado a la hora de cumplir su última promesa, de la cual dependía toda su felicidad y su vida, tanto de él como del Dark Lord.

Suceda lo que suceda, Harry, no desistas. No dejes que él te venza...

Lo siento, Tom... Pero me venció...


Y la oscuridad volvió a nublar su percepción y se olvidó del tiempo.



***


En ese preciso instante, a miles de kilómetros de distancia, un Dark Lord sentía como un gigantesco poder chocaba contra su conexión con el Niño que Vivió. O tal vez, se transmitía por ella...

Antes de que ese acontecimiento ocurriera, Voldemort había estado estudiando unos planos avanzados de los terrenos de Hogwarts, procurando revisar todos los detalles para lograr un ataque exitoso. No había posibilidad de error. Uno solo, y todo por lo que había luchado en los últimos años se vendría abajo.

Llevaba semanas concentrado en la sala de estrategias, comandando sus futuros movimientos y entrenando a sus aliados para lo que sería la Batalla Final. Pero faltaba más de un tercio de la estrategia, y por esa razón sus humores recientes eran muy bajos y oscuros. Los mortífagos evitaban a su Señor a toda costa, ya que quien osaba a interrumpirlo sufría la última tortura de su vida... porque ya no tendría más vida.

Y era por eso que el gran estallido de poder proveniente de alguien ajeno a él lo shockeó de sobremanera. Tan lacónico estaba, que le dislocó plenamente y tardó segundos en recuperarse y entender lo que estaba sucediendo.

El único estallido de poder que podía afectarle era de alguien que en aquel presente se encontraba en Hogwarts y del cual teóricamente no podría advertir su aura, ya que las macizas barreras del condenado castillo se lo impedían. Había pasado noches enteras intentando conectarse con su ángel, pero el bloqueo mental del joven era más poderoso que su propia Legeremancia. Y que de repente pudiera sentirlo, no le tranquilizaba en lo más mínimo.

Quiso volver a intentar comunicarse con Harry, pero ahora no se halló con un bloqueo mental, sino con un terrible debilitamiento del aura de su amado. Una temible cólera se extendió por su ser a la hora de interpretar lo que aquello significaba... Sólo una vez había sentido aquella aura tan poderosa en tal decaimiento y esa ocasión había sido...

El Ritual... El intento de Suicidio... Y el casi triunfo en la misión.

¿Podría ser que...? ¿Qué Harry estuviera repitiendo una experiencia semejante? ¿Qué estuviera... muriendo?

Ante la sola idea, los pergaminos en los cuales había estado trabajando salieron volando a causa de una insólita ráfaga de viento proveniente del Dark Lord, que se encargó de destruir todo lo que estuviera a su alrededor. Sus ojos carmesíes parecían estar inyectados en sangre en aquel estado máximo de ira.

Dumbledore iba a morir... Ya no le importaba fallar... Lo que le estuviera haciendo a su Harry debía de ser inhumano, y lo iba a pagar caro. Rescataría a Harry ahora. Ya no había más tiempo para planificaciones... Estaban en la situación límite. Sino actuaba ahora, le perdería... Y la sola idea le espantaba, algo que desde hacía mucho no sucedía.

Aquella sensación de estar a la merced de lo que Dumbledore quisiera hacerle a su ángel no debería de estar ocurriendo. Le estaba dando poder sobre él. Una debilidad que explotar... Pero ya era demasiado tarde para eludirlo. Harry había cavado hondo en él y no permitiría que Dumbledore le pusiera un solo dedo más encima al muchacho.


- ¿Mi Lord?


Voldemort miró de reojo al mortífago que había ingresado por la puerta. Debería ser un mortífago temerario, ya que todos los presentes en la Fortaleza se habían dado cuenta del estado de furia del Dark Lord. Como si su aura no fuera lo suficientemente perceptible en aquellos momentos de vulnerabilidad...


- Malfoy. Ya era hora.
- Lo siento, Señor. - Draco bajó la cabeza, en modo de arrepentimiento. - Pero no conseguía información lo suficientemente valerosa.
- Espero que ahora sí. - Los ojos rojos anunciaban un castigo de ser la respuesta negativa.
- Muy valerosa. - Draco levantó la cabeza, aunque no enfrentó directamente a Voldemort, sino que mantuvo su postura respetuosa y servicial. - Respecto al Joven Potter.


Los ojos del Dark Lord destellaron en una extraña manera y Draco supo de inmediato que tenía toda la atención del Lord en él. La información que estaba a punto de enunciar era requerida y deseada, y sería muy bien recompensado. Sonrió interiormente.


- Escuché a Granger y a Weasley hablando sobre él.
- ¿Qué dijeron?
- Que la última vez que lo habían visto había estado muy bien, y que no entendían porqué Dumbledore les prohibía visitarlo.
- Interesante...
- Además, mi Lord, nos han ahorrado el trabajo de averiguar sobre las nuevas barreras incorporadas al castillo.
- Cuéntame lo que has averiguado. - El tono del Dark Lord demostraba impaciencia.
- Dumbledore ha drenado la magia de Potter a las barreras de Hogwarts, y es por eso que recientemente están muchísimo más poderosas...
- ¿QUÉ DUMBLEDORE HA HECHO QUÉ?


Una vigorosa ráfaga de viento lanzó a Malfoy contra la pared de la sala de estrategias, provocándole un intenso dolor, del cual no pudo evitar quejarse en un gemido. Al levantar los ojos, se sorprendió considerablemente al percatarse de la increíble aura que desprendía el Dark Lord. Era Poder Puro, teñido de aborrecimiento y sed de venganza. La imagen de su Señor en tal estado hizo que se diera cuenta de porqué la gente le temía tanto, e hizo que él mismo sintiera un agudo pánico en su interior.


- Granger y Weasley no saben si Potter está con vida o no. Lo siento, mi Lord, pero es lo único que he podido averiguar.
- Bien, Malfoy. - Dijo Voldemort, tras varios minutos de respirar hondamente e intentar calmar su temperamento. - Ve y avísales a los mortífagos de la elite que los quiero dentro de cinco minutos aquí. Hay que hacer la estrategia definitivamente y dentro de dos días atacaremos Hogwarts.
- ¡¿Dos días?! ¡Mi Lord, eso es imposible! ¡Estaremos totalmente desorganizados!
- ¡¿Estás desafiando mis órdenes, Malfoy?!
- Pero... Mi Lord... por su bien, tómese las dos semanas que había dicho para terminarlo correctamente. Estaríamos jugando con la suerte de otra forma.
- Ya no queda tiempo, Malfoy. Y más te vale que te muevas y vayas a transmitir mi orden.
- Sí, Señor. - Draco agachó la cabeza y tras una pequeña reverencia, se dispuso a salir de la sala.
- Malfoy.
- ¿Sí, mi Lord?
- ¡Crucio!


***


El paisaje nunca había resultado tan intimidante, ni siquiera la última vez que habían estado allí para hacer un ataque similar, aunque de diferente gravedad. El ataque ocurrido en junio había sido especialmente para hacer derrumbar al niño que vivió. El actual era para rescatarlo y terminar con aquella guerra estúpida de una vez por todas.

Hogwarts siempre había sido un castillo imponente, pero de noche lucía muchísimo más inquietante. Las escasas luces que resplandecían desde las torres le daban un toque de misterio único, junto a la pasibilidad del lago... que estaba demasiado tranquilo para el viento que soplaba furiosamente, como anunciando las muertes que acontecerían dentro un período limitado de tiempo.

El bosque prohibido permanecía silencioso, aguardando sospechosamente para el estallido del caos. Las filas de hombres vestidos completamente de negro esperaban impacientemente a que su Señor terminara con el peliagudo trabajo que significaba demoler las imperiales barreras de Hogwarts, sobre todo con la reciente incorporación del poder mágico del joven Potter.

Una vez estuvieran destruidas, ellos avanzarían sobre los terrenos de Hogwarts y tomarían de sorpresa a Dumbledore, sus profesores y alumnos, quienes no sabían que esa sería la última noche de sus vidas.

La Batalla Final estaba a punto de iniciarse.

Título: Dulce Oscuridad

Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brusco vuelco. Deberá sobrellevar la culpa de enamorarse del asesino de sus padres, dejándose dominar por la Oscuridad... Spoilers HP5.

Autora: Parvati

Pareja: Harry/Tom

Rating: PG13

Género: .. Romance/Drama/Dark... Naturalmente Angst... o.O

Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a J.K.Rowling, soy simplemente una admiradora del universo de Harry Potter... ¿Contentos? T.T

Advertencia: Slash (relación homosexual, ok?) Si te ofende, no lo leas. Estás advertida/o.


***


Capítulo XX: La Imperfección de la Quimera


Hermione tuvo una sensación de deja vú cuando Dumbledore se puso de pie inexpresivamente, interrumpiendo la cena que estaba teniendo lugar en el Gran Comedor, y anunció que Hogwarts estaba siendo atacado por las fuerzas de Lord Voldemort. Escuchó gritos y sollozos de desesperación en la lejanía, porque su mente había vuelto meses atrás, para darse cuenta por qué aquella escena se le hacía tan familiar.

Era como el ataque en el cual Voldemort los había secuestrado. Sólo que esta vez, el niño que vivió no estaba a su lado para apoyarlos y defender el colegio como lo había hecho. Cerró los ojos por un momento, sintiendo una enorme melancolía al momento de recordar las muertes de Neville y Luna, quienes tampoco estarían allí.

Habían muerto defendiendo lo que era suyo.

Ella haría lo mismo. Se paró, junto al resto de los Premios Anuales y Prefectos, para organizar las rutas de escape para los niños de cursos inferiores, mientras el resto se disponía a mentalizarse en la Batalla que tendría lugar, y a la cual tendrían que asistir sino querían perder aquella Guerra Mágica.

En el último momento, cuando las filas de alumnos desde quinto año estaban dispuestas frente a las grandes puertas de Hogwarts, Hermione tuvo la necesidad de acercarse a Ron y abrazarlo con todas sus fuerzas. Con ese gesto, ambos se llenaron de una fuerza que carecían y se miraron fijamente a los ojos, intentando no pensar que esta podría ser la última vez que hablaran.


- Sobrevive. Por favor, Ron... Sobrevive. - Le suplicó Hermione, conteniendo las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos.
- Lo mismo te digo, Mione. - Ron le sonrió débilmente. - Estaré cubriendo tu espalda. Juntos saldremos de esta. - Hermione correspondió su sonrisa.
- Espero que Harry esté bien. - Murmuró, mirando de reojo la gran puerta, que permanecía cerrada e intacta.
- Lo estará, te lo aseguro.


Con un último apretón de manos, se colocaron en sus lugares predeterminados y se prepararon para enfrentarse con la muerte. Los aurores del ministerio tardarían en llegar, salvo que se tuviera en cuenta a la gente que conformaba la Orden del Fénix, que ya estaba presente, y a los aurores que vivían en el castillo por si una situación como esa llegaba a darse.

Ron nunca olvidaría los rostros temblorosos de sus compañeros, sus varitas alzadas con titubeo, el miedo impreso en el aire que respiraba... Una juventud no entrenada para esta clase de escenarios. No podía imaginarse cómo alumnos como ellos podrían hacerle frente a asesinos que estaban listos para hacer lo que tuvieran que realizar y no sentirían miedo en ningún momento, porque tenían la situación bajo control.

Cuánta gente había muerto así y cuánta más lo haría...

Sólo esperaba que ésta fuera la última vez...

Sabía que eran ilusiones falsas, que los combates entre la Oscuridad y la Luz continuarían hasta el final de los tiempos, pero... Aquella guerra tenía que terminar, no le importaba si moría en el proceso o no... Pero tenía que llegar a su punto de culminación. Ya nadie más la soportaba. No había energías. No había valor dentro de sus corazones... Sólo la desesperación los inducía a luchar una vez más.

Mientras que esa desesperación no aminorara, seguirían luchando. Sólo el desánimo los haría renunciar, sentir aquella esperanza dañada... Podrían recuperarla únicamente incitándola a través de la desesperación y la bronca... Sólo triunfando podrían encontrar una luz, una nueva luz que los guiara a nuevos rumbos. Cualquier ideal, cualquier habilidad, a la cual se aferraban era frágil y se derrumbaba con cada vida perdida. Tenían que aferrarse a algo interior, a una fuerza interior y mucho más profunda y propia. Una necesidad humana de hallar vida cuando ya no existe.

O tal vez sí lo haga, pero es tan invisible... tan transparente que se pierde en el aire... se pierde para no volverse a encontrar.


***


Remus se sobresaltó cuando la alarma que estaba ubicada en una de las paredes de su despacho sonó agudamente, interrumpiendo su concentrada lectura de un libro sobre hechizos de protección avanzados. Como miembro de la Orden del Fénix, su presencia había sido requerida en Hogwarts para estar presente inmediatamente en caso de ataque. Por eso tenía una alarma mágica que estaba directamente conectada con Fawkes, quien distribuía las noticias a través de ésta.

Por esa razón supo lo que estaba sucediendo pisos más abajo; la Batalla que estaba a punto de desencadenarse. Lo más rápidamente que pudo se alistó para salir a defender el castillo, colocándose la primera túnica que vio sobre los hombros, tomando su varita y asegurándola en el cinturón de su pantalón. Se detuvo por un segundo enfrente de la puerta que lo separaba del Caos. Pensó en todas aquellas personas que habían muerto luchando por esa causa; sus amigos, Lily, James y Sirius, y su propia familia. Por ellas pelearía con honor.

Abrió la puerta y salió por ella con determinación. Se apresuró a llegar a las escalinatas que le conducirían a la gárgola que custodiaba la torre de Harry. Sabía que Voldemort iría hacia allí o esperaba que así lo hiciera, porque sino se aseguraría de arrastrarlo hacia allí con sus propias manos. El tiempo se reducía y si no actuaban pronto, tal vez sería demasiado tarde...

Por primera vez en mucho tiempo agradeció ser un licántropo. Sus sentidos olfativos y auditivos estaban intensificados en gran medida, y gracias a ellos ahora podía captar un olor inusual entre las paredes de Hogwarts; un aroma que irradiaba poder oscuro y desesperación. Sus pasos se apresuraban en la misma dirección que Remus, intentando pasar desapercibidos. Obviamente cualquier ser humano no hubiera podido escucharlos, pero para Remus eso era extremadamente fácil.

Ahora debía dedicarse a perseguirlo y cazarlo.


***


Sentía su presencia. La sentía en su piel, impregnada en el aire. Su corazón se aceleraba ante la perspectiva de su cercanía, latía nuevamente al recuperar esperanzas disipadas... Al mismo tiempo que una desesperación florecía en su interior. ¿No era demasiado pronto? ¿No estaba arriesgando mucho...? ¿Arriesgándolo Todo, prácticamente por él?

En su mente resonaban gritos de dolor y de auxilio... Llantos histéricos. Súplicas. Gritos que desgarraban gargantas en su afán de expresar algo más que desmoralización... Veía fulgores de diversos matices, en todas direcciones... nublando una realidad, oscureciendo otra. El aroma intenso y penetrante de la sangre, llegando a sus fosas nasales y provocando más náuseas de las que ya de por sí desarrollaba su organismo.

El sufrimiento ajeno se asimilaba en el suyo. Convulsiones sacudieron su cuerpo, débilmente sostenido contra una pared. Tan débil... le habían sacado todo lo que tenía. Cada gota de su energía, de su voluntad... cada recuerdo... cada suspiro... Ya nada era suyo. Ni siquiera podía morir en paz. Seguramente pensaban que no lo merecía, que no era digno de tal maravilla.

Quisiera parar de sentir tanto dolor. Sólo un instante. Para poder disfrutar de la hermosa sensación que le invadía al saber que... él había venido por él, que intentaría rescatarlo... que podría verlo una vez más junto a él... si tenía suerte, rozar sus dulces labios. Oír su voz. Era la única Felicidad que pedía. Lo último que todavía podía pertenecerle.

Un sollozo se escapó entre sus labios. Sus deleznables brazos quisieron abrazar su propio pecho, en un intento fallido de hallar algo de calidez entre tanta oscuridad. Perdió el equilibrio que había logrado mantener durante aquellos pocos minutos y cayó de rodillas al suelo. Las lágrimas vencieron las barreras que les habían obstruido la salida y pronto se encontró como un niño pequeño y vulnerable, llorando sin cesar y sintiendo como poco a poco la vida se le escapaba de las manos... perdía su gracia... y se despedazaba.



***


- Malditos sean... Malditos mortífagos... - Murmuró entre dientes Tonks, mientras luchaba ferozmente con tres de ellos.
- ¿Necesitas ayuda? - Kingsley salió entre la muchedumbre por obra de magia y gracias a su ayuda, los tres mortífagos terminaron noqueados a los cinco segundos.
- Esto está mal. - Susurró Tonks, mientras observaba una fea herida que tenía en el brazo izquierdo y que le impedía realizar hechizos con facilidad. Kingsley tampoco tenía mejor aspecto que ella. - Nos superan en número... Calculo que serán el triple que nosotros, y más.
- Los dementores y los vampiros nos están ocasionando grandes problemas. - Comentó el auror, suspirando y masajeándose las sienes. Tonks contempló en la dirección que él señalaba y vio que tenía toda la razón.


El campo de batalla era un infierno viviente. Al principio del ataque, las defensas se las habían ingeniado para mantener a los mortífagos y a las criaturas oscuras en los terrenos de Hogwarts y defender desde allí el castillo. En el interior de éste permanecían los refuerzos, listos para entrar en acción si perdían el control.

Nunca lo habían tenido.

Cuerpos, tanto de aurores como de mortífagos y criaturas, decoraban lúgubremente el suelo de los terrenos de Hogwarts, que hacía poco rato habían relucido en belleza y ahora se veían destrozados por los hechizos, las torturas y las muertes. El bosque prohibido le daba un toque dramático a toda la batalla. Irradiaba intranquilidad y furia hacia las masas ofensivas... El bosque quería defender Hogwarts. El viento soplaba fuertemente, lo cual provocaba que las copas de los árboles se movieran furiosamente a su compás.

El cielo estaba oscurecido por las nubes que no les permitían ver ninguna señal de estrellas o de la luna. No había luz a la cual sujetarse. Pronto una tormenta estallaría... y el cielo lloraría.


- ¿Dónde está Dumbledore?
- No lo he visto desde que empezó el ataque.
- ¿Y...? ¿Y alguien ha visto al...? ¿Alguien ha visto al Innombrable? - Tonks preguntó nerviosamente, fijando sus llamativos ojos en la expresión de su compañero.


El rostro de Kingsley se ensombreció.


- ¿Crees que seguiríamos con vida si estuviera aquí presente?


Un duro silencio continuó luego su respuesta y ambos aurores se concentraron en la misión que tenían por delante. Varios mortífagos se acercaron a ellos y empezaron a luchar con todo lo que tenían, combinando magia con golpes muggles. Ya nada más importaba, sólo la increíble necesidad de sobrevivir.

No eran mortífagos expertos, pero tampoco se trataba de aprendices. Si bien ambos aurores los superaban en habilidad, la cantidad hacía la diferencia ya que no podían cubrirse las espaldas fácilmente. Durante veinte minutos lucharon ferozmente, lanzándose hechizos de diferente intensidad. Pero el agotamiento y la preocupación les desconcertaban.

En un brusco movimiento, Tonks logró eludir un cruciatus que la amenazaba directamente, pero Kingsley, que estaba de espaldas a ella, no lo vio venir y recibió la maldición con la guardia baja. Por unos instantes, el auror contuvo cualquier gesto de dolor, pero pronto se vio arrodillado en el suelo y jadeando. La aurora se apresuró a desarmar al mortífago que conservaba la maldición sobre su compañero y una vez que se aseguró que tendría tranquilidad por unos segundos, corrió hacia Kingsley.

Su aspecto no revelaba una situación óptima. El cruciatus había provocado una mayor sensibilidad, lo que hacía que el dolor de las heridas aumentara y la sangre brotara más rápida y exuberantemente. Tonks aplicó velozmente los hechizos básicos de medimagia que le habían enseñado en la Academia de Aurores para que la sangre dejara de aflorar y el sufrimiento disminuyera a un nivel tolerable, aunque eso no significaba que las heridas estuvieran totalmente curadas. Al contrario, en aquella clase de contextos, sino se era precavido, su estado podía empeorar aún más.

Pero su deber era sobrevivir y eso era lo que querían hacer.


***


Utilizando diversos hechizos de magia negra, consiguió ocultar su presencia de los ojos vigilantes de los aurores y alumnos cuando el ataque comenzó. Se internó rápidamente entre los pasillos del primer piso, extrañándose de que Dumbledore no estuviera en las defensas del colegio, ya que él hubiera sido el único mago que podría haberse percatado de su presencia. Igualmente, con la sigilación con la cual se manejaba, hubiera sido imposible que eso sucediera.

Escuchó a lo lejos los gritos de advertencia de los aurores cuando las puertas de Hogwarts se abrieron, y los encantamientos que comenzaron a pronunciarse con urgencia. Para ese entonces, estaba lejos de ellos, aunque tenía que vigilar de no toparse con ningún auror que estuviera patrullando o dirigiéndose hacia la zona de batalla.

Rememoró las indicaciones que el muchacho Malfoy le había entregado sobre la ubicación de la torre donde encerraban a Harry. Si bien Malfoy no había logrado la ubicación exacta, espió en algunas personas que la sabrían bien para guiarse. Estaba claro que tenía que ser en algún lugar alejado de las entradas del castillo y donde la seguridad se concentrara. Así que rastreando dónde se centralizaban las fuerzas de las ex barreras que habían estado impuestas, supo situarse.

Tendría que subir escaleras, tomar caminos alternativos... pero no le importaba. Tenía que ser rápido. Tenía que acabar con eso rápido.

Cuando había destruido las barreras de Hogwarts, se había percatado de que la magia de Harry estaba demasiado introducida en ella, lo cual significaba que el muchacho se hallaba en un estado crítico. No muerto, porque sino su magia estaría totalmente impregnada en Hogwarts, pero sí balanceándose en aquel hilo que separaba a la vida de la muerte. Tenía que apresurarse.

Había sido complicado quebrar las barreras de Hogwarts e interiormente se sentía orgulloso del desarrollo de la magia de Harry en ese sentido. Lástima que Dumbledore le había quitado todo el dominio sobre ella, o sino estaría a niveles muchos más altos y controlados.

Era una suerte que sus sentidos se guiaran instintivamente por Hogwarts o sino ya estaría perdido hacía mucho tiempo. Su inconsciente conocía cada uno de esos pasillos, cada atajo secreto, dónde conducía cada puerta... todo. Habían pasado muchos años desde la última vez que había recorrido Hogwarts, es verdad, pero era algo que no se olvidaba jamás. ¿Cómo iba a olvidar el primer lugar al que podría haber llegado a considerar... ‘hogar’?

Se detuvo en el trayecto entre el cuarto y quinto piso, al percibir bruscamente un aroma extraño, casi animal, que se aproximaba a él a toda velocidad. Sacó su varita silenciosamente e intentó analizar de qué dirección provenía la criatura. Luego, procuró captar su aroma lo suficiente para voltearse en un mismo segundo y quedar cara a cara con él, a sólo centímetros de distancia.

Dos varitas mágicas se señalaron amenazadoramente, sacando chispas por las puntas.


***


Vestido con su típica capa negra y ocultando su rostro en ella, Severus Snape acompañaba a los aurores que defendían Hogwarts, junto con el resto de los profesores y alumnos avanzados. Había estado en muchas batallas, pero nunca había participado en una que con cada hechizo, con cada grito... con cada llanto, desgarrara tanto honor, tanto dolor... Tanta pérdida.

Jóvenes, con grandes futuros e ideales, caían rendidos al suelo. Algunos muertos, otros agotados... Otros demasiado débiles como para defenderse. Y también estaban quienes se mantenían de pie, con firmes varitas y luchaban, sabiendo que de esa batalla no sólo dependían sus vidas, sino el futuro de dos comunidades, mágica y muggle.

Los aurores intentaban encargarse de los mortífagos más experimentados, pero se confundían entre la masa de gente a pesar de sus túnicas púrpuras sugestivas. Los miembros de la Orden los apoyaban, sus clásicas túnicas escarlatas y doradas resaltando sobre las negras y púrpuras. Tal vez era por ello que captaban más la atención de los mortífagos que el resto. No sabía si era estrategia de Dumbledore desde un principio o nunca habían caído en el detalle que eran fácilmente reconocibles.

Severus, que se había percatado de ese detalle muchos ataques antes, se había vestido de negro, aunque corría el riesgo de ser confundido como mortífago. ¡Qué importaba! Vestido de Orden o de Mortífago, alguien terminaría de reconocerlo y tendría serios problemas.

Por el momento no se había cruzado con nadie que viera a través de su capa, pero sabía que llegaría el momento. El nefasto momento. Luchando con cinco mortífagos simultáneamente, se relucieron sus habilidades en duelo al noquearlos con facilidad. Suspiró cansadamente, mientras recobraba la postura. No veía la hora en que todo aquello terminara. Que ganara Voldemort o Dumbledore, ¡qué mas daba! Simplemente quería que concluyeran aquellas batallas sin sentido, estúpidas guerras donde sufrían y morían personas inocentes.

Hablando de Voldemort y de Dumbledore, no había visto a ninguna de las dos personalidades. Eso le proporcionaba malos presentimientos. ¿Dónde podría estar el director de Hogwarts en un momento tan crítico como ése? Lo había visto hacia un rato en el Gran Comedor, al organizar las filas de alumnos. ¿Dónde se había metido?

Salvo que Voldemort se las hubiera ingeniado para entrar a Hogwarts... queriendo salvar a Potter, obviamente, y Dumbledore lo hubiese seguido. ¿Sería eso posible?


- Demonios.


Una herida en su brazo izquierdo no paraba de arderle y molestarle. Si bien no era demasiado profunda, era un obstáculo a la hora de moverse con agilidad y precisión, ya que ese brazo le fallaba. Maldijo por lo bajo, mientras, sin proponérselo, le daba un puñetazo a un mortífago en la cara cuando dio un giro de ciento ochenta grados. Observó como el hombre caía al suelo y le sonrió malévolamente.


- Eso te pasa por atacar por la espalda, traidor. - Murmuró con aire burlón y triunfal.


Pero no era el único mortífago que pensaba atacarle por la espalda. Viendo que estaba entretenido mofándose de un camarada, uno de ellos le señaló con la varita y susurró un encantamiento, que le dio de lleno ya que no lo había visto ni escuchado venir. Cayó al suelo boca abajo. Tosió, y la tierra se manchó de sangre. Le había dado en las costillas.

Se puso de pie dificultosamente para encararse con Lucius Malfoy, que le apuntaba directamente con la varita. Tenía un aspecto mucho más demacrado que la última vez que Severus lo había visto, con visibles signos de haber sido torturado por horas y humillado constantemente. El profesor de pociones sonrió internamente, imaginando que la mayoría de los mortífagos estarían en igual estado. Todos habían sufrido la ira de Lord Voldemort tras el secuestro de Harry Potter enfrente de las narices de todos ellos.

Uhm... Eso significaba que todos los mortífagos estarían en busca de su cabeza... ya que había sido él, Severus, quien había sacado a Potter... provocando la cólera del Innombrable. Y ahora Lucius le había reconocido, y por la expresión de odio en aquellos ojos grisáceos, pudo deducir que le tenía todo menos simpatía y piedad.


- Fuiste muy estúpido, Severus.
- ¿Te has mirado en el espejo últimamente, Lucius?


Ambos se miraron con profundo resentimiento y al mismo tiempo, dirigieron maldiciones al otro, las cuales se cruzaron en el aire causando una enérgica explosión que los envió contra los árboles del bosque prohibido. Sus brazos y piernas se rasparon con las ramas y así sus elegantes túnicas se mancharon de sangre superficial. Por suerte, Severus había sostenido imperturbablemente su varita y así ésta no había salido disparada en cualquier dirección. Lucius compartió su suerte.

Jadeando, Snape halló su equilibrio y se puso de pie, sosteniéndose con dificultad de un árbol. El golpe había agravado la herida de sus costillas y no pudo evitar escupir sangre en abundancia. Apretó los dientes con furia; Lucius le contemplaba con una sonrisa de suficiencia en su rostro, ya que él no estaba tan herido y definitivamente tenía la ventaja sobre él. No obstante, Snape no se dejó vencer con tanta desenvoltura y volvió a comenzar el duelo, cuidándose de no caer al suelo o dejar alguna debilidad a la vista.

El duelo persistió por más de quince minutos. Los hechizos en su mayoría eran magia negra, lo que hacía aún más excitante el reto. A este paso, ambos estaban en iguales condiciones físicas y ya no se preocupaban por el alrededor. Nadie se acercaba a ellos, por la ferocidad que demostraban a simple vista. Además, la mayoría de las personas suponían que eran dos mortífagos que se peleaban por tal o cual privilegio, así que nadie de la Orden o los aurores mismos se acercarían a ayudarles. A lo sumo, los matarían a ambos cuando llegara el momento.

Maldiciendo su suerte, escuchó como Lucius volvía a burlarse de su debilidad cuando nuevamente tosió sangre en abundancia. Le costaba demasiado respirar y la visión se le nublaba momentáneamente.


- ¿Qué demonios quieres, Malfoy? - Preguntó Snape en un murmullo débil.
- Deberías de saberlo ya, Snape. Venganza. Traicionaste al Dark Lord, y por tu inconsciencia pagarás caro.
- Creo que ustedes ya pagaron por mí. - Snape se las ingenió para sonreír irónicamente en un momento tan crítico.
- Tal vez el Lord no esté aquí para hacerte sufrir como deberías, pero me encargaré de que no mueras en paz. Me encargaré de que te arrepientas de haber traicionado al Dark Lord. Sufrirás los infiernos. Suplicarás. Y finalmente, morirás como la rata inmunda que eres. - Lucius rió diabólicamente.
- Veremos quién ríe último, Malfoy...


***


- Voldemort.
- Lupin.


Se observaron, ninguno de los dos sorprendido. Lupin había captado y reconocido la identidad del intruso antes de verlo y Voldemort había supuesto que se encontraría con algún auror o profesor, y con suerte sería alguien que lo conduciría directamente a Harry en vez de estar buscándolo a ciegas.

Las varitas estaban chocadas a la misma altura. Ninguno tenía ventaja sobre el otro, aunque Remus suponía que tratándose del Dark Lord, con un simple movimiento de su varita estaría muerto. Pero se lo debía a Harry, debía armarse de valor.


- Supongo que estarás en busca de Harry. - Dijo Remus con el rostro inexpresivo.


No obtuvo respuesta, aunque era demasiado obvia. ¿Qué otra cosa podría estar haciendo el Dark Lord dentro de Hogwarts, cuando la acción estaba en los terrenos? Se había vuelto muy predecible en ese aspecto. El licántropo se preguntó si él sería el único que había sospechado esa reacción. Seguramente no, y eso era lo que temía.


- Eres el asesino de sus padres, Cedric Diggory, Luna Lovegood y Neville Longbottom, influenciaste en la muerte de su padrino... Sin contar las miles de millones de vidas de gente inocente que has arrebatado... las monstruosidades que has cometido... y aún así Harry es capaz de perdonarte. - Remus cerró momentáneamente los ojos, reflejando con ese gesto el dolor interno que sentía.


El odio y la cólera que abundaba en lo más hondo de su corazón, porque el maldito destino había jugado con ellos... Había cruzado personas que no debería haber cruzado, había manipulado vidas ajenas a la guerra... y había destrozado tantas esperanzas... tantos mundos que podrían haber sido y nunca serían.

Había provocado sentimientos prohibidos e incitado momentos imposibles... y aún así, posibles.


- Aún así... Es capaz de amarte. Pero quiero dejarte algo en claro: Harry no se ha olvidado de todo el daño que le has hecho a su vida; porque toda su infelicidad del pasado es por causa tuya, y cada huella que ha dejado en él decaerá en ti. Por esa misma razón, más te vale honrar su confianza, porque de otra forma, los resultados serán funestos.


Voldemort elevó ambas cejas, examinando a Remus con sus intensos ojos rojizos, que parecían estar inyectados de sangre. Por un momento, el merodeador pensó haber visto un brillo especial en aquellos ojos, el mismo brillo que había contemplado en las esmeraldas de Harry semanas atrás.

Por otro lado, el Dark Lord recordaba las conversaciones que había tenido con Harry sobre Remus, cuando habían estado charlando sobre sus amistades en Hogwarts. El licántropo era alguien esencial, conectaba al Gryffindor con su pasado, era el último de los merodeadores (olvidándose de Colagusano, obviamente) con vida, y Voldemort había visto lo que significaría para su amante que éste muriera. No era un padrino, porque Sirius era irremplazable en el corazón de Harry, pero sí podría ser un hermano o un amigo de gran estima...


- No creo en ti, pero sí creo en Harry. - Comentó Remus, mirando a Voldemort fijamente. - Y sé que lo mejor para él es salir de aquí. Dumbledore lo está matando lentamente... y... - Su voz se quebró por unos instantes, hasta que recobró la postura. - Te conduciré a él.


Voldemort asintió, midiendo las palabras de Remus con seriedad. Sabía que el Licántropo sólo colaboraba con él por el bienestar de Harry, pero no pudo evitar pensar que sería un grandioso aliado si decidiera unirse a él. Tal vez en un futuro no muy lejano, al igual que en ese momento, lo hiciera por Harry...

Aliado o no, su ayuda fue gratamente recibida. Emprendieron nuevamente el camino hacia la torre, con un silencio tenso establecido entre ellos. Remus reflexionaba una y otra vez sobre toda la situación: estaba traicionando a la Orden del Fénix, a Dumbledore... Tal vez lo que estaba haciendo costaría las vidas de millones, ¿sería capaz de tolerar esa culpa sólo por la vida de Harry?

Suspiró, sonriéndole al vacío. Harry era la última persona valiosa que quedaba con vida en su existencia, no había nada que simbolizara tanto para él como la felicidad del hijo de James. Se los debía a ellos: a Sirius, a Lily, a James... Habían muerto por la vida de Harry. Él estaba dispuesto a hacer lo mismo, y a sacrificar mucho más.

Miró de reojo a Voldemort, encontrándose con sentimientos opuestos en su interior ante su sola presencia. Lo odiaba. Era quien le había quitado a su familia, en otras palabras... a sus mejores amigos, a los únicos que confiaron en él plenamente sin importarles la enfermedad que le maldecía. Era el causante de todo su dolor y soledad. Pero si podía sacrificar las vidas de personas inocentes por la de Harry, también sería capaz de olvidar momentáneamente que Tom Riddle, la persona de la cual el Niño que Vivió estaba enamorado, era el Dark Lord.

Quizás Harry era el único que veía la humanidad en el alma de Riddle. Quizás... sería capaz de cambiarlo, si tan sólo el amor de Voldemort por Harry sobrepasara su ambición... Quizás, y sólo en ese momento, sería capaz de olvidarse de la dominación del mundo y fijarse en lo que realmente hacía feliz a su amante.

Pero dudaba que Harry tuviera tanto poder sobre Voldemort. O tal vez sí, si evaluaba la situación actual: Voldemort se estaba arriesgando enormemente sólo por rescatar a Harry. Había acelerado las estrategias del ataque a Hogwarts y tal vez no había calculado las trampas que podrían aguardarle al llegar a Harry, porque Remus estaba seguro que Dumbledore tramaba algo. Sabía lo que Voldemort venía a hacer a Hogwarts.

Sólo esperaba que lo que fuera que Dumbledore hubiese tramado, no tuviera nada que ver con la salud de Harry y su felicidad, porque sino se aseguraría de matar al Vejete en la próxima luna llena, y también a Voldemort, por ser el provocador de toda la situación.

Si Harry no se hubiese enamorado de él, todo sería mucho más simple...



Pronto se hallaron frente a la gárgola. Remus suspiró con cansancio. Sabía que la contraseña que él poseía no era la correcta luego de que Dumbledore la hubiese cambiado. Ron y Hermione habían hablado con él sobre ello. Rayos, odiaba no ser de gran utilidad a partir de ahora.


- Dumbledore cambió la contraseña. - Informó Remus con la voz firme, aunque seca. - Nadie la sabe, a excepción de él mismo.
- Ya veo. - Murmuró Voldemort, analizando la gárgola con sus ojos felinos.


Había una tonelada de encantamientos aplicados sobre esa torre, además que percibía la magia que irradiaba, seguramente proveniente de Harry. Hechizos de seguridad, de encierro... la restricción de magia voluntaria... el bloqueo espiritual y mágico... En fin, innumerables encantamientos que evitaban que brujos vulgares pudieran forzar la entrada o la salida.

No obstante, Lord Voldemort no era un brujo vulgar. Era el Dark Lord más poderoso de los últimos tiempos, así que... para él no era ningún problema entrar. Observó a Remus por unos instantes, pensando detenidamente las palabras correctas para expresarse.


- Puedo ingresar, obviamente utilizando magia negra. Pero lamentablemente sólo puedo forzar la entrada de una persona.
- Por lo tanto, tú eres el encargo de salvar a Harry a partir de ahora. - Terminó por él Remus. Los ojos castaños brillaron intensamente. - No me queda otra opción que confiar en ti para sacar a Harry sano y salvo de allí.


Voldemort permaneció en silencio, mientras el merodeador sentía como un gran vacío se iba formando en su interior. Se sentía inútil. ¿Y si Harry lo necesitaba? ¿Y si...?


- Me sentiría mucho más seguro acompañándote, pero... entiendo que esta torre está extremadamente protegida y ya de por sí es grandioso que una persona pueda entrar sin la contraseña. Debo confiar en ti. - Insistió Remus. Tom pensó que estaba tratando de auto convencerse. De confiar realmente en él, y no sólo decir tal cosa.
- Haré lo imposible para sacar a Harry de aquí, Lupin. - Respondió Voldemort impasiblemente. - No porque tú me lo pidas, sino también porque el mismo vacío que sientes tú ahora, es lo que sentí yo todas estas semanas sin él. Me sentí inútil, con todo el poder del mundo en mis manos, pero sin poder utilizarlo para lo que realmente quería. A pesar de todos los bloqueos que impuso Dumbledore, llegué a sentir su sufrimiento hace un par de días. - Remus vio como Voldemort cerraba los ojos un par de segundos, para recomponer su postura. - Harry no merece algo así, y me aseguraré que Dumbledore pague por lo que hizo.
- No me importa la venganza, me importa Harry. - Los ojos de Lupin se oscurecieron. - Te juro que si no sale con vida de allí, me encargaré personalmente de eliminarte. No me importa si eres o no el mago más poderoso en la faz de la tierra, pero por Harry soy capaz de cualquier cosa, y te lo advierto. Más te vale hacer lo imposible por él, porque sino lo lamentarás.
- Me gusta tu determinación. - Una sonrisa se expandió por el rostro de Riddle. - Creo en tus palabras y acepto el trato. Te aseguro que Harry saldrá con vida de aquí, aunque me cueste la mía.


Remus miró a Voldemort pasmado. Nunca hubiera esperado palabras tan sinceras y afectivas por un monstruo como él. ¿Sería Voldemort capaz de dar su vida por la de Harry? ¿Serían sus palabras verdaderas?


- Harry entregó muchas cosas por mí. - Voldemort sonrió levemente. - Ahora es mi turno.
- Lo amas. - Dijo Remus en un murmullo, sintiendo como el alivio rellenaba un poco su vacío espiritual. Y vio como la sonrisa de Voldemort llegaba a su máxima expresión; la máxima expresión que podía darse en un momento como ese y de una persona tan cruel.


Y le creyó.


***


Su visión estaba completamente nublada. No podía pensar correctamente. El dolor de su cabeza, de su pecho... de su cuerpo en general era devastador. Aumentaba con cada segundo que pasaba, alcanzando niveles incalculables. Perdió la sensibilidad, no sólo de sí mismo sino también del mundo. Ya no sentía frío... ya no sabía lo que era el calor. El dolor... un sentimiento manipulado por el cerebro. Un cerebro agobiado, que emitía más órdenes de las que el organismo podía responder.

De rodillas frente a una alta sombra, todo su cuerpo y el suelo a su alrededor estaban manchados de una sustancia rojiza. Una sustancia que no pertenecía al mundo exterior; simplemente se había escapado de su morada, aunque no voluntariamente. Heridas de diferente gravedad se extendían por todo su cuerpo, no que él notara la diferencia en cantidad. Sólo una era más intensa que las demás. Sólo una marcaba la discrepancia.

Una espada, finamente elaborada, atravesaba su pecho. Permanecía allí, ya que su agresor esperaba a que muriera para retirarla finalmente. El arma mortal había rozado por milímetros su corazón, no obstante... lo había rozado lo suficiente como para alterar su sistema. Le quedaban segundos de vida, y no podía hacer nada.

Si las cosas se hubieran dado de otra forma en el pasado, su presente no estaría tan oscurecido. Pero todo era culpa de las decisiones que había tomado a lo largo de su vida, conciente o inconcientemente. El problema residía en la elección, cuáles habían sido correctas y cuáles no... Y si había aprendido de esos errores.

Pero parecía que había hecho las cosas bastante mal. O había cometido un error exorbitante, que descompuso totalmente la balanza. O tal vez, sólo era un inocente más... sin oportunidad de elegir. Sin oportunidad de poder diferenciar la realidad de los sueños... Quizás era por eso que a medida que iba perdiendo la conciencia definitivamente, perdía aquel sufrimiento. A pesar que cada parte de su ser estuviera estremeciéndose por el dolor, por aquella tortura que se tornaba infinita... no era tan intensa como debería de ser.

Quizás era todo un sueño. O un juego de mesa, donde alguien superior manipulaba las fichas para hacer los movimientos a su antojo, con la intención de ganar aquella partida. No le importaba sacrificar inocentes... mientras cubrieran a las fichas más importantes. Mientras hicieran su misión correctamente, mientras todo se mantuviera bajo su control...

Mientras el sacrificio valiera la pena.

Tarde o temprano había sabido que llegaría su hora. Por eso se resignó. Ahora era el momento. Una muerte más en una guerra, con un propósito tan típico y poderoso como inútil.


Severus Snape se desplomó en el suelo, sin vida.



***


Tras haber ejercido la suficiente cantidad de energía sobre la gárgola, ésta se abrió y Voldemort se apresuró a entrar. Delante de él, vio como una gran escalera se ampliaba y maldijo a Dumbledore por tener que ubicar a Harry en una de las torres más altas de Hogwarts; siempre complicando todo. No obstante, él no se preocuparía en subir esas escalinatas manualmente.

Concentrando la magia en su cuerpo, logró levitar su cuerpo unos diez metros y se dirigió a toda velocidad hacia la puerta al final de las escaleras. El camino se le hizo eterno. Sabía que cada segundo contaba, que mientras estaba allí, Harry podría estar muriendo, podría estarlo perdiendo para siempre... y se sentía impotente de no poder ir más rápido, de que todo hubiera salido de aquella forma...

Por supuesto, a la hora de analizar qué hechizos había aplicados sobre la puerta, encontró una variada cantidad de bloqueos, mucho más difíciles de superar que los de la gárgola. Seguramente Dumbledore se habría preparado para su irrupción. Aunque lo subestimaba si creía que esos patéticos hechizos lo iban a separar más tiempo de su Ángel. Prácticamente los hizo volar por los cielos y se apresuró a ingresar a la sala, donde sabía que hallaría a Harry... vivo o muerto, pero lo hallaría. Podía sentirlo.

A penas pisó la habitación, percibió el golpe de una gran corriente de poder. El poder encerrado de Harry, que quería salir, quería escapar... Pero era muy diferente a la última vez que lo había sentido. Ahora estaba más... corrupto. Más... teñido de emociones negativas, ya no tan puro como había llegado a estar, cargado de esas sensaciones cálidas que Harry siempre había inspirado. Aquello que más había amado de él, su pureza, había sido arrebatada. La habían pisoteado, se habían burlado de su entereza... y... ahora su aura estaba contaminada. Podía sentir el sufrimiento y la tristeza de Harry en ese poder, podía sentir su odio y su furia... no dirigidos a él, sino a un mundo en general, que lo había abandonado a su suerte, que había jugado con él como un muñeco de trapo... y ahora...

Se detuvo abruptamente cuando sus ojos escarlatas encontraron la débil figura de Harry, tendida en el suelo. A su alrededor, sangre seca manchaba la alfombra, convirtiéndose en el testimonio del crimen que se había cometido allí. Cegado por la desesperación, el Dark Lord corrió agitadamente hacia él y se inclinó a su lado. El rostro del Gryffindor estaba mortalmente pálido y grandes ojeras marcaban sus ojos. Sus ropas estaban empapadas de sangre y también estaban rasgadas furiosamente en algunas zonas, donde las heridas se centraban. Se preguntó quién podría haberse atrevido a dañar así a su ángel...

Inmediatamente buscó por signos vitales, colocando una mano sobre el cuello de su amado e indagando por pulso... un pulso que resultó ser gravemente débil, pero existente. Si se apuraba, aún podría salvarlo... Aún podría ver aquellas esmeraldas una vez más... y con suerte, las vería por mucho tiempo.

Rompiendo sus ilusiones, escuchó como la puerta por la cual había entrado se cerraba fuertemente y al elevar su vista, se sorprendió al encontrarse frente a frente con el director de Hogwarts, quien lo miraba imperturbablemente con aquellos ojos azules tan característicos. Usualmente brillaban e inspiraban confianza, ahora sólo imitaban la frialdad misma y reflejaban la gran amenaza. Voldemort se preguntó cómo no se había dado cuenta de la presencia de Dumbledore al final de la sala, pero había corrido tan abatido hacia Harry, que no se había fijado en su alrededor.

Ahora pagaría las consecuencias de haberse dejado llevar por sus emociones...

Maldición.

Se puso de pie, no queriendo en realidad dejar de tener a su ángel entre sus brazos, pero la situación así lo requería. Analizó qué debería hacer. Estaba seguro que Dumbledore había usado a Harry como carnada (eso lo había sabido desde el principio, desde que lo secuestraron) para tomarlo desprevenido y matarlo. No iba a darle el gusto al vejete, claro que no. Pero... ¿en qué condiciones tendría que realizar el duelo?

No podía utilizar magia en exceso. Teniendo en cuenta que el bloqueo de la magia de Harry aún persistía, una sobrecarga de poder sería su final. Si la situación de Harry no fuera tan delicada, podría exponerse a tomar tales riesgos, pero... había demasiado que perder. Tendría que pelear con Dumbledore en un combate cuerpo a cuerpo. Era la única salida. Podría convocar la espada de Slytherin y con ella atacar al profesor...


- Harry siempre ha sido tu debilidad. - Dumbledore sonrió peligrosamente. - Desde el momento que fue el niño que vivió hasta ahora... Siempre él pudo atraerte, pudo capturarte y vencerte. Esta vez, venció tu inercia. Lo convertiste en tu punto débil, la persona por la cual lo arriesgarías todo... El error de los que aman... Es irónico que hayas caído en la misma trampa que tus oponentes. Es irónico pensar que el Dark Lord, aquel que odia el amor, se haya enamorado de aquel que estaba destinado a asesinarle... aquel ser que es tan puro que fue capaz de perdonarte.
- ¿Terminaste ya tu honorable discurso, Dumbledore? - Voldemort contempló como su enemigo reía. Una carcajada carente de emoción.
- Has caído tan bajo, Tom...
- Bueno, eso también podría aplicarse a ti, Dumbledore. - Murmuró el Dark Lord con cierta furia. - ¿Cómo eres capaz de sacrificar a uno de sus estudiantes predilectos de esta forma? ¿Cómo eres capaz de abandonar Hogwarts... abandonar a tu alumnado, al cual dices querer y proteger tanto, sólo por tu deseo de terminar esta guerra? Has expuesto a Hogwarts a un riesgo innecesario, te has cobrado vidas... ¿no te sientes algo culpable, siquiera? - Una sonrisa despectiva cruzó el rostro del Dark Lord, cuyos ojos brillaban de odio. - Parece que los papeles se han invertido.
- Eres tú el que los has asesinado, no yo. Y eres tú quien ha asesinado a Harry.
- ¡¿Qué mierda estás diciendo?! ¡Tú, con este estúpido bloqueo, has provocado que Harry se hundiera, que su propia magia pretendiera matarlo! ¡Tú y sólo tú, lo has aislado de quienes lo apoyan! Lo utilizaste como si se tratara de un objeto al cual no te importa perder...
- Sacrificios deben ser hechos para el bien de la Comunidad.
- Qué buena Comunidad debes manejar para que permitan cosas así... Para que permitan que vidas inocentes paguen por las de otros, mucho más importantes al parecer.
- Estamos salvando las vidas de miles en este preciso instante, Voldemort. - Dijo Dumbledore, mientras se acercaba lentamente a él, con su varita alzada.
- Preocúpate en salvar la tuya, viejo necio.


Voldemort se alejó cautelosamente de Harry. Iba a desatarse una batalla, y si estaba muy cerca de ellos resultaría herido... y eso era algo que no iba a permitir, así que colocó un escudo sobre el cuerpo de Harry, para que rechazara cualquier ataque de magia. Luego, extendió su brazo y centralizó su atención en convocar la espada de Slytherin, que acudió a su llamado de inmediato. Dumbledore hizo lo mismo, sólo que transfiguró su varita en una.

Los dos magos más poderosos con vida sintieron como la expectación se convertía en una corriente que recorrió el cuerpo de ambos, incitando a dar comienzo a la batalla que decidiera el destino de muchos. Midieron las distancias que los separaban y las debilidades y resistencias del contrincante. Las espadas estaban empuñadas, dispuestas a chocarse.

El momento de la batalla final había llegado, y cada uno pelearía por lo que creía y quería.



El primero en atacar fue Voldemort. Fue un movimiento poco peligroso, sólo para tentar el terreno en el cual se estaba movilizando. Dumbledore bloqueó efectivamente su ataque, e intentó contraatacar pero el mago oscuro ya se había alejado lo suficiente como para no ser tomado de sorpresa. Por un instante, los zafiros atravesaron los rubíes y el aborrecimiento destruyó cualquier tipo de comprensión o piedad por ambas partes. Los colores y contrastes se perdieron, oscureciéndolo todo.

Cualquiera podría haber subestimado las habilidades físicas de Dumbledore por su edad, pero eso hubiera sido un error que Voldemort no se arriesgó a cometer. A pesar de su vejez, el profesor demostraba una gran energía y era un digno rival en el combate cuerpo a cuerpo. Sorprendió a Voldemort con su agilidad para esquivar y atacar, al igual que su coordinación de movimientos. La edad también brindaba experiencia.

Experiencia que el Dark Lord también poseía. Estaban en igualdad de condiciones prácticamente. A excepción de que Voldemort tenía parte de su atención dirigida a Harry y a su urgencia por terminar aquella batalla rápido. En su mente, el sonido del frágil pulso del Gryffindor lo atormentaba y sentía una opresión en el pecho ante el solo pensamiento. Por eso procuró no pensar al respecto, sólo esmerarse en el maldito duelo.

Una y otra vez, las espadas se tocaron. A penas habían llegado a rozar la piel de su víctima. Voldemort y Dumbledore peleaban sin cesar, moviéndose por toda la sala, forzando acciones violentas y olvidándose del tiempo. Constantemente buscaban un momento de distracción, un único segundo donde alguno de los dos bajara la guardia, para aprovecharlo y sacar la ventaja que no aparecía...

Con una repentina estrategia en mente, Dumbledore combinó un ataque de espada con un hechizo de magia sin varita, que Voldemort pudo eliminar fácilmente. El Dark Lord se extrañó que el vejete hubiera hecho ese movimiento, pero pronto supo la razón.

Escuchó un gemido lastimoso surgir de los labios de su ángel... un sonido que hizo que la opresión de su pecho se acrecentara... que una desesperación floreciera en su mente...

Dumbledore había hecho un poderoso hechizo, que había inducido una irregularidad en la magia concentrada en la torre, y eso hirió la magia de Harry, que se encontró tratando de asimilar una cantidad de poder innecesaria en poco tiempo. Todo hechizo que se realizara de ahora en más dañaría a Harry de sobremanera, ya que cualquier movimiento que se hiciera en esa torre se conectaría rápidamente con él, y no podía tolerar más magia.

El director de Hogwarts, beneficiándose con su perturbación, acorraló a Voldemort contra una pared con una veloz embestida de la cual no pudo defenderse. La espada de Dumbledore ahora estaba colocada amenazadoramente a centímetros cuello del Dark Lord, quien respiraba con agitación, pasmado por haber sido aprisionado con la guardia baja.


- Harry es tu debilidad definitivamente, ¿verdad, Tom? - Los ojos azules brillaron en deleite. - El único con el poder para destruirte...


Pero Voldemort no le prestaba atención. Sus ojos estaban fijos en la figura de Harry, muriendo del otro lado de la habitación, y sufriendo... sufriendo como nunca lo había hecho en su vida. El bloqueo mágico y espiritual estaba llegando a extremos críticos. Lo estaba perdiendo, y lo sabía. No soportaba estar allí, y no poder hacer nada por él... contemplar simplemente como cada suspiro de su vida se esfumaba de su cuerpo, sentir como poco a poco su calidez se disipaba... como su aura se opacaba... Cerró los ojos, como si dejar de ver hiciera que el tiempo se detuviera. Como si esa acción pudiera ayudar a Harry...

Subconscientemente, buscó por una señal de conciencia por parte de su ángel del otro lado de su conexión con él. Halló una débil, muy débil señal, pero lo suficiente como para que agrupara todas sus fuerzas, todos sus ánimos, todo su cariño y lo dirigiera en esa dirección. Sólo para darle una razón más para luchar, para resistir... para triunfar sobre el dolor que le invadía. Esperando que el gesto le ayudara a confiar, a seguir creyendo que juntos... sólo juntos podrían salir de esa oscuridad...

Abrió los ojos y desafió a Dumbledore con sus ojos rojos. Lucharía por Harry. No por venganza, no... Sino para darle fuerzas a él. Para informarle que allí estaba él, confiando en él y haciendo lo imposible para cambiar sus destinos.

Él tampoco se iba a rendir.


***


La Oscuridad le acariciaba con suavidad. Intentaba adormecerle para que dejara de reñir contra su propósito. Pero él persistía. Imágenes difusas solicitaban el acceso a su mente, pero él las negaba. Sabía que serían momentos repletos de amargura para estimularle a dejarse dominar. Había pasado por esto varias veces en los últimos meses, sabía qué hacer para evitar caer completamente.

Pero era difícil luchar, no iba a negarlo. Estaba en medio de un abismo, donde toda emoción real estaba lejana y se sentía solo... abstractamente abandonado. No veía nada, no obstante... veía todo. Era una discordancia entre realidades. Sentía sus muñecas sujetadas por imaginarias cadenas, que lo encarcelaban al Olvido. Lo encarcelaban al Odio, a la Tristeza... Al Dolor. Si tan solo pudiera librarse de ellas, si tan solo por un instante tuviera control de ese mundo mental que jugaba con él...

Porque eso era. Un mundo indeterminado en el interior de su mente, en lo más profundo de todo. Un lugar adonde nadie tenía acceso, ni siquiera él mismo. Se sentía perdido y confundido, aunque viera todo claro y conciso. Cuánto quisiera... cuánto quisiera sentir su presencia allí, no obstante ese era el único lugar adonde Tom no podía aproximarse. La Oscuridad se encargaba de ello, aislándolo de todo. Hasta de su propio cuerpo.

Ya no sentía el dolor físico. Pero aquel hoyo en su alma... nada podría recomponerla. Y dolía... cómo dolía. Era como si lo separaban de una parte de su ser, a la cual siempre había pertenecido... y ahora se hallara sin rumbo, sin razón para existir. Con un vacío inmenso, nublándolo todo... matizando nuevos mundos en su mente y atormentándolo. No sabía que sentía... o tal vez sí, pero no quería percatarse...


¿Odio?
No.


¿Arrepentimiento?
No creo.


¿Culpa?
No lo sé.


¿Rencor?
Quizás.


¿Dolor?
Supongo.


¿Tristeza?
Medianamente.


¿Amor?
...


Sí. Lo amaba. Con cada fibra de su ser... con toda su esencia. No sólo a Él, sino también a Hermione, a Ron, a Remus... A aquellos que lo habían dado todo por él, y a los cuales él estaría dispuesto a entregarles un mundo. Deseaba protegerlos y prevenirlos de toda clase de peligros, que pudieran vivir en paz... como lo merecían. Que pudieran disfrutar de los típicos placeres de la vida.

Era algo que no conseguiría si permanecía encerrado en su propia mente, ¿verdad?

Rayos. Estaba tan cansado... Tan cansado de pelear y nunca ganar, cansado de perder y ver gente inocente morir por su culpa, cansado de no poder vivir tranquilamente, cansado de poder amar libremente, de que todo lo que involucrara a su felicidad estuviera prohibido; estaba cansado de que la vida fuera tan injusta con él.

¿Acaso no merecía... no merecía verlo una vez más?

¿Tan mal había hecho al enamorarse del monstruo que mató a sus padres, a miles de personas...? ¿Del Dark Lord que día a día torturaba y hacía suplicar a gente vulnerable por piedad, para nunca obtenerla? ¿Tan mal había hecho de enamorarse de Lord Voldemort, aquel al cual personas malévolas servían, personas con grandes ambiciones y poco corazón? ¿De Tom, del ser que se preocupaba por él, que quería protegerlo, que le había enseñado a abrirse al mundo sin miedo a reclamos y, le abrazaba fuertemente y le besaba con una pasión incomparable? ¿Con un sentimiento inigualable?

¿Acaso era erróneo enamorarse? ¿Corresponder a una maravilla así?

¿Querer formar parte de un universo sin barreras que lo aislara de la Soledad, que lo llenara de lo que siempre le había faltado y querido? Era simplemente injusto no poder disfrutar de aquel sinfín de oportunidades extraviadas en el tiempo.

De haber podido, hubiera llorado. Hubiera gritado y desgarrado su garganta en el proceso... Hubiera cerrado sus puños con fuerza y hubiera pegado a la primera persona que se cruzara en su camino, sólo para descargar ese sentimiento. Ese vacío. Ese dolor. Esa Impotencia.

No le importaba pagar por un error así. Un error que valía la pena cometer. Un error que estaba
dispuesto a cometer.

Besar sus dulces labios una vez más...

Sintió como una calidez inusitada le asaltaba y le brindaba fuerzas. Provenía de Él, lo sabía. Reconocía esa energía... ese aroma. Esa esencia. Y abstractamente, sonrió al vacío. Había roto su promesa una vez, era verdad, pero... ahora tenía una segunda oportunidad para corregir su debilidad.

No se rendiría.


Tenía que despertar, y ningún bloqueo espiritual lo iba a mantener alejado de Tom por más tiempo.


***


Dolor. Eso fue lo primero que sintió al recobrar la razón. Un dolor que se desarrollaba por todo su cuerpo, pero se centraba en la zona del pecho. Le costaba infinitamente respirar, pero se concentró para hacerlo lenta y profundamente. Pero hasta eso dolía. Ni intentó mover un brazo o una pierna, ya que sabía que eso sólo le provocaría más sufrimiento.

Se sentía asfixiado. Hubiera querido toser, pero estaba casi seguro que el resultado sería más sangre. Escuchó el murmullo de un par de voces en la lejanía. ¿Serían voces reales o formaban parte de su locura transitoria? Se concentró en captarlas y en entenderlas... Ambas le eran extrañamente familiares e inconcientemente percibió una gran angustia. Una angustia muy peculiar, que sólo se producía cuando el pensamiento de Tom llegaba a su mente.

¡Tom! Una de las voces era Tom. Podría haber saltado de la felicidad en ese preciso instante, pero prefirió no hacerlo. Estaba al corriente de la delicadeza de su estado, no era tan idiota como para no percatarse de la debilidad de su sistema. Pero... ¡Tom había venido a Hogwarts! ¡Para rescatarle! Y ahora estaba allí, a solo metros de él... después de tanto tiempo aguardando, tanto tiempo suplicando internamente... él había acudido en su ayuda. ¡Estaba allí!

Pero si todo estuviera tan bien, ¿por qué Tom no estaba junto a él? ¿Por qué no le estaba abrazando? ¿Por qué no le había sacado de esa condenada torre? ¿Por qué no estaban en la Fortaleza, en la tibieza de sus habitaciones...?

Ah. Dumbledore. Esa era la otra voz.

En cinco segundos, formuló mentalmente cientos de insultos dirigidos al Vejete. Cada uno peor que el anterior. Cómo lo odió en ese momento, porque se percató de la gravedad de la situación.

Tom lo estaba arriesgando todo por él.

Se inclinó levemente hacia la derecha y pudo ver difusamente a Tom y a Dumbledore, en uno de los extremos de la habitación. Éste último tenía a Tom acorralado contra la pared, con una espada apremiando la vida del Dark Lord. El corazón de Harry se agitó aún más ante la escena. La preocupación y la desesperanza confundiéndolo. No podía permitir que Dumbledore matara a Tom. Jamás. Primero tendría que pasar sobre su cadáver.

Tenía que aprovechar que Dumbledore le hablaba vivazmente a Tom y no estaba prestándole atención a él, dándole la espalda. Pero... ¿qué podía hacer? ¿Cómo podía atacar silenciosamente a Dumbledore en la condición en la cual se encontraba? Estaba malherido, a penas podía moverse... su magia estaba siendo manipulada, así que no tenía acceso a ella... ¿qué podía hacer, maldición?

Recordó como si fuera una especie de flash back, la primera lección que Tom le había dado sobre magia negra. Aquella vez en la cual no había creído lo que el Dark Lord iba a enseñarle, pero ahora lo agradecía eternamente. Sería esa enseñanza la que salvaría la vida de Tom.

Rituales. Eso era. Había un único ritual que en aquella situación sería el idóneo. Silencioso, y no necesitaba magia ni habilidad física. Sólo... sólo su vida.

Un ritual que sólo se realizaba en situaciones de extremo de debilitamiento y necesidad.

Era el momento.

Perdóname, Tom.



Poco a poco, fue moviendo los dedos de sus manos, procurando recobrar la sensibilidad de sus brazos: lo único que necesitaba. Lo logró, aunque el dolor hubiese aumentado mil veces más. Tenía que hacerlo... tenía que salvar a Tom. Se lo debía, y además... era lo que quería. Lo que Realmente Quería.

Sus dedos tocaron la sangre seca en el suelo y se estremeció al recordar los sucesos de los días anteriores. Sacando esos pensamientos de su mente, se concentró en la importante misión que tenía por delante.

Como pudo, se las ingenió para cambiar la posición de su cuerpo: en vez de estar boca arriba, se colocó de bruces, para tener una mejor visión de Voldemort y Dumbledore. Por encima del hombro del vejete, Tom llegó a ver sus movimientos y por poco sonrió del alivio. Harry se esforzó en mandarle con sus ojos un mensaje mental: ‘distráelo.’ El Slytherin lo captó, aunque se mostraba hostil a seguir el comando. Después de todo, sospechaba que Harry tramaba algo, y en la condición en la cual el Gryffindor estaba, cualquier movimiento brusco conllevaría grandes consecuencias. Harry ignoró los ojos inquietos de Tom, aunque hubiese deseado verlos un poco más... hablar un poco más con él... pero no había tiempo que perder. Dumbledore no se pasaría la vida hablando.

Harry apoyó las cinco yemas de sus dedos de sus dos manos manchadas con su sangre seca en el suelo de piedra, de tal forma que pudieran representar las cinco puntas de dos estrellas. Cerrando los ojos para omitir el dolor al cual estaban sometidos sus dedos por el esfuerzo que hacía, levantó una de sus manos. Se llevó el dedo índice a una de sus heridas para mancharlo de sangre fresca (se preguntaba cómo podía seguir vivo y no haber muerto de pérdida de sangre, pero suponía que su magia tenía algo que ver con eso) y unió los puntos que había marcado antes, dibujando el pentagrama con su sangre.

Repitió el proceso con la otra mano.

Suspiró por el cansancio y casi gimió por dolor de sus pulmones. Pero apretó los labios con ímpetu para no emitir sonido alguno. No quería advertir a Dumbledore de sus movimientos; Tom estaba haciendo un gran trabajo, distrayéndolo con sus típicos discursos sobre la dominación del mundo seguramente. Una pequeña sonrisa divertida se extendió por su rostro, pero tan rápido como se produjo, desapareció.

Por un instante, se aseguró de recordar perfectamente las frases que debería pronunciar. Se encargaría de proferirlas lo más suavemente posible. Estaba lejos de Dumbledore y Voldemort; no tendrían porqué escucharlo.

¿Por qué no podía ser todo mucho más fácil? ¿Por qué Tom no agarraba su espada y apuñalaba a Dumbledore, matándolo en el acto? ¡Argh!


- Shi wa eien. Watashi ga shi wo mottekuru. Watashi ga toki da. - Harry respiró hondo, con los ojos cerrados, diciendo esas palabras en una lengua perdida en el tiempo, que casi nadie reconocería. Un idioma que sólo las artes oscuras aún utilizaban. - Shi no tobira wo toorinukete hontou no jinsei no tobira ni tadoritsukimasu. - Sus ojos fijos en la espalda de Dumbledore, concentrando todo su odio en la intención de asesinarlo.


Odio que renovó recuerdos de engaños, amarguras y punzantes cementerios de ilusiones; Ilusiones arrastradas por el viento de la codicia y la crueldad, que no tuvieron piedad al destrozar el último suspiro de su mundo.

Harry sollozó de dolor. Gritó cuando sintió como una energía le despedazaba el alma. Pero sabía que había realizado el ritual correctamente. El sacrificio valdría la pena.

Dumbledore estaba muerto.

Tom viviría.



***


Había pasado más de cinco minutos conversando con Voldemort, podría decirse que se estaba burlando verbalmente de él. No podía evitar que una sonrisa triunfal se estuviera formando en su rostro envejecido: tenía al Dark Lord justo donde lo quería y ahora no podría escapar. La espada de Slytherin estaba a metros de ellos, demasiado lejos para que la alcanzara... y sabía que Voldemort no se aventuraría a hacer magia, viendo cómo Harry era afectado por ella.

Todo su plan se había desenvuelto a la perfección. Y ahora estaba decidido: era el momento de quitar la amenaza de Voldemort del mundo, era hora de repetir la experiencia que había vivido con Grindelwald. Nuevamente sería el salvador de la Comunidad Mágica. Había vivido muchas guerras en su vida, y había salido triunfador en todas las que había participado activamente. Una razón para estar orgulloso y creer que por fin, todo acabaría.

No estaba muy lejos de la verdad, aunque no con el rumbo que él pretendía.

Empuñó la espada con más determinación, sin dejar de ver fijamente a Voldemort, el cual no podría expresar más odio en su mirada. Sin embargo había algo extraño en ella. Una leve... ¿inquietud? Bah. Voldemort iba a morir para siempre. Claro que estaría inquieto.

Iba a dar el golpe final cuando su cuerpo dejó de responder a sus comandos. Una sorpresa no muy grata. Estaba paralizado. Miró al Dark Lord, esperando hallarse con una varita apuntándolo, una mano emitiendo magia o algo, pero él ya no estaba preocupado por él: una vez que se aseguró que Dumbledore ya no podría atacarle, se deshizo de la espada sobre su cuello y corrió en la dirección en la que el director supuso estaba Harry.

Potter... él... él había hecho algo. Lo sabía. Su intuición se lo decía. Además, ¿quién más podría haberle atacado?



Fue en ese momento cuando empezó. Una energía mucho más poderosa que la suya propia ingresó a su cuerpo sin su permiso, imponiéndole una aguda agonía ante el choque de las auras. Lo ocupó y Dumbledore sintió como pequeños hilos comenzaban a arrancarle la vida sin piedad. Como si fueran... arañazos. Al principio eran leves e inofensivos, pero pronto cobraron gravedad. Era difícil describir lo que le sucedía. Se le estaba extirpando la vida, él no quería y forcejeaba contra esa fuerza, pero era inútil. No podía hacer nada. Cada parte de su alma, de su ser, parecía estarse destrozando lentamente... desgarrando... sangrando... muriendo. No obstante, físicamente estaba en perfectas condiciones.

Voldemort y Harry lo vieron retorcerse del dolor, caer de rodillas al suelo y gritar. Gritar con desesperación, con puro tormento. La energía que dominaba la vida de Dumbledore estaba jugando con ella: la sacudía, la arañaba, la partía... la destrozaba. Lentamente. Haciéndolo sentir un dolor inhumano y sobrenatural. Un dolor que conducía a la locura, ya que penetraba cada centímetro de tu piel. Cada trozo de alma. Cada gota de espíritu que aún quedaba en su cuerpo. Una maldición mortal nacida de un ritual, de un sacrificio de una vida, que quitaba otra y la hacía pedazos. Producto del odio, de la tristeza y el dolor de los recuerdos. De las marcas que él había dejado en su pasado.

Moría, y no podía evitarlo. Perdía... y eso fue todo en lo que podía pensar. Ya nada más importaba... Todo carecía de sentido.

Su mundo se desplomaba como un desamparado castillo de naipes.



Sabía que aquella tortura sería larga y duraría horas hasta matarlo finalmente. Horas donde su cordura sería maltratada y sería humillado por la maldición. No obstante, alguien en esa sala no estaba dispuesto a perder más tiempo esperando su muerte y decidió concluir con ello rápidamente.


- Esto es por tu necedad.


Voldemort agarró la espada de Slytherin que yacía en el suelo y apuñaló el pulmón izquierdo de Dumbledore perversamente de una sola embestida. El director de Hogwarts se sacudió del dolor e intentó recobr***


Hermione y Ron nunca se separaron en todo el ataque. Cubriendo las espaldas del otro y con las varitas firmemente levantadas en dirección a los incompetentes mortífagos que les rodeaban, intentaban defender sus vidas. Ya no había ideales a los cuales sostenerse.

Observando los terrenos, divisaban miles de cuerpos yaciendo sin vida a sus alrededores. La gran mayoría, jóvenes de corta edad a los cuales la posibilidad de vivir y de ser les había sido despojada, y finalmente entendieron la razón de aquella batalla. La razón íntimamente relacionada con ellos. No había Dumbledore o Voldemort por los cuales preocuparse más; sólo un objetivo vacilaba en sus mentes: sobrevivir para vivir por aquellos que no habían podido, que habían sucumbido para lograr lo que ellos estaban tan lejos de conseguir.

Un ganador.

El canto de la muerte retumbaba en sus oídos, amenazando y acechando... Tan cerca y a la vez tan lejos. Estaban distantes a obtener la paz o una mínima tranquilidad. No sabían las masacres que estaban aconteciendo mientras ellos peleaban con mortífagos; no sabían los amigos y familiares que perecían a cada minuto... cada segundo malgastado. Y a pesar de todo, dolía. Porque sueños morían, futuros se perdían y pasados se olvidaban.

Todo giraba sobre un eje de oscuridad.

A la distancia distinguieron a una silueta familiar, acercándose a ellos rápidamente con notable desesperación. Ron se interpuso entre él y Hermione por instinto, mas cuando reconoció quién era no pudo menos que aliviarse al saber de su bienestar.


- ¡Están vivos! - Exclamó Remus en un tono de voz que demostraba su júbilo. - ¡Están vivos! - Corrió hacia ellos en un impulso y los abrazó paternalmente.


Ron y Hermione, a pesar de su perplejidad, intercambiaron una ligera sonrisa.

Fue entonces cuando Lupin se percató de una leve irregularidad en el ambiente, que correspondía al aura de Dumbledore. Sólo él se dio cuenta de ese detalle que cambiaba el rumbo de las cosas, gracias a su alta sensibilidad causada por su condición de licántropo adulto. Supo que ese era el fin del bando de la luz, y que Voldemort había triunfado sobre ellos.

No pudo eludir su dicha ante tales noticias. Eso significaba que Harry tendría una nueva oportunidad de ser libre y feliz, o aunque sea... eso aspiraba.


- Ron, Herm... debemos salir de Hogwarts. - Murmuró Remus. Su rostro se había empalidecido.
- ¡¿Qué?! - No podían dejar a sus compañeros, a sus profesores... a gente inocente luchando por sí sola. Ellos... ellos tenían que ayudarles.
- Dumbledore ha muerto. - Anunció Remus, aunque en voz sumamente baja, para que sólo ellos dos pudieran escucharle. - Ya no tenemos oportunidad de ganar. Moriremos todos si permanecemos aquí.
- Pero... ¿y Harry? - Preguntó Hermione.
- Él... él está en buenas manos. - Lupin hizo un amago de sonrisa mientras decía aquello. Ambos estudiantes le miraron curiosamente, pero no interrogaron más.
- Pero... Remus... ¡tenemos que intentar luchar! - Exclamó Ron, quien miraba nerviosamente el campo de batalla.
- Ya no hay nada por lo cual luchar. - Replicó el licántropo. Sus ojos castaños habían perdido brillo.
- Vamos. - Hermione tomó a Ron del brazo y jaló de él, comprendiendo perfectamente las palabras de su ex profesor... y creyendo en ellas. - ¿Tienes algún plan, Remus?
- Síganme.


***


- ¡Harry!


Voldemort corrió hacia él luego de haber acabado a Dumbledore, la espada de Slytherin olvidada a un lado del cuerpo inerte, y se sentó junto a su amado, tomándolo entre sus brazos empapados de sangre enemiga y abrazándolo con todo su espíritu centrado en el gesto. Harry gimió entre sus brazos y se aferró aún más a él. El Dark Lord percibió como su elegante túnica se humedecía de lágrimas, pero no le afectó. Lo único que le importaba era su ángel y él... él...

Se había sacrificado por él.

No era conciente de que había ganado la batalla, de que Hogwarts en ese mismo instante podría ser suyo, de que podría estar dando el primer paso para lograr la dominación mundial... Todas sus grandes ambiciones quedaron en el pasado. En ese momento, sólo veía a Harry, convulsionándose entre sus brazos y sollozando, disculpándose y suplicándole que le perdonara; que lo había hecho por él. Sólo por él. Voldemort podría haberse enfadado, podría haberle gritado a Harry por su inconsciencia... pero el error ya estaba hecho... y él nunca podría gritarle a Harry. No ahora. No cuando lo estaba perdiendo... y no había nada que hacer.

Separó el rostro de Harry de su túnica y vio sus centellantes ojos verdes, que había perseguido por semanas... él nunca se había imaginado ese final. Nunca había pensado que Harry moriría sacrificándose por él... en un ritual que él mismo le había enseñado, que le había prohibido bajo cualquier condición usarlo... Salvo que fuera una situación extrema. Y Harry así lo había creído... y Tom nunca sería capaz de reprenderlo por ello.

Al observar esas esmeraldas, se dio cuenta que sería la última vez que las vería... brillando con tanta intensidad. Expresando tanto. Queriéndolo tanto. Y... sintió la desesperanza abrumarlo. Su razón de felicidad, su ángel, se esfumaba entre sus manos... Y el condenado ritual no tenía marcha atrás. Ni hablando con la Diosa podría lograr que le retornara la vida... ni siquiera otorgando la suya a cambio...

Se equivocó al pensar que el aura de Harry había sido corrompida. Ahora estaba tan pura como siempre había estado. Libre de las ataduras que la habían mantenido retenida por semanas. Lástima que pronto... pronto todo ese poder se desvanecería.

Vio su paraíso reflejado en aquellos ojos jade. Aquel mundo que nunca más volvería a alcanzar...


- Tom... por favor... - Harry murmuró. Tom se percató que la respiración de Harry era cada vez más elaborada.


Por lo menos moriría en paz...

Por primera vez desde muchísimos años, una lágrima rebelde viajó por el rostro de Lord Voldemort. Una lágrima que llevaba consigo todas las ilusiones, todos los momentos que habían compartido... cada palabra pronunciada, cada beso dado... No se avergonzó de su muestra de debilidad, si así podía considerarse. Harry, en cambio, se sorprendió e inmediatamente sus propias lágrimas aumentaron en cantidad, al darse cuenta que él era el culpable del dolor de su amante, del ser que más quería y necesitaba. Siempre él era el causante del dolor ajeno de aquellas personas que le rodeaban.


- Por favor...


Voldemort contempló el rostro pálido del único ser que había aprendido a amar de verdad. Supo que necesitaba probar sus delicados labios una última vez... Necesitaba sentir su débil respiración unirse con la suya... Su aroma acaramelado impregnado en el suyo... sus ojos, fijos y solamente fijos en él. Pero antes... antes...


- Déjame morir contigo, mi ángel. - Los ojos de Harry se abrieron, no creyendo lo que había escuchado. No queriendo creerlo. Pero la mano de Tom acariciando cariñosamente su rostro reafirmaba sus palabras.
- No, Tom, tú debes...
- Yo debo estar contigo. - Voldemort apoyó su frente contra la de Harry y la cercanía produjo una calidez que ambos añoraban sentir. - Dumbledore tenía razón en una sola cosa... tú eres el único con el poder para destruirme... hazlo.
- ¿Qué? - Tom sonrió levemente ante la confusión de su amado.
- Maldice mi vida junto con la tuya. Puedes hacerlo a través de la conexión.
- No, Tom, yo... ¡no puedo hacer tal cosa! Tú... Tú debes... - Harry respiró hondo. Había tantas cosas que decir y tan poco tiempo. - Tú debes dominar Hogwarts, dominar Inglaterra... cumplir tus ambiciones... vengarte del mundo... ¿no era lo que más anhelabas y has estado buscando durante tanto tiempo?
- Creí que lo era. Pero me he dado cuenta que lo que más quiero... Eres Tú. - Nunca quebró el contacto visual con las esmeraldas mientras hablaba, y su voz nunca dejó de sonar sincera. - Sin ti... Sería una existencia monótona... ¿de qué sirve dominar el mundo, Harry, cuando no puedo conseguir lo que verdaderamente quiero? Todo esto no tiene sentido.
- Claro que lo tiene, tú...
- Harry. Quiero que muramos juntos... Cumple ese deseo mío. Es lo último que debes hacer... y compartiremos juntos la eternidad. - Las lágrimas de Harry cesaron levemente, cuando la comprensión llegó a él.
- Tom...
- Te amo, mi ángel. No sabes lo que he sufrido por ti estas semanas. Cuánto te he extrañado... - Los ojos escarlatas descendieron a los labios del muchacho y ambos sonrieron simultáneamente. - Cuánto he deseado tenerte así de cerca y... besarte.


Fue el beso más especial que compartieron. Ni siquiera el primer beso que Harry le había dado a Tom voluntariamente se comparaba con la pasión que se desataba a cada segundo. El Dark Lord envolvía a Harry entre sus brazos, queriendo protegerle y retenerlo con él, junto a él... no volverlo a perder. Harry respondía a la intensidad del beso, sin importarle como su cuerpo se estremecía del dolor, como poco a poco la maldición iba robándole la vida...

Aquel momento sólo les pertenecía a ellos. Sería el último.

Sus labios se buscaban, queriendo expresar miles de sentimientos en un único instante. Queriendo más de lo posible. Deseando lo imposible. Sobrepasando límites. Los rubíes y las esmeraldas se volvieron una sola gema, con todos sus contrastes, con todo el dolor y la tristeza que los había llevado a esa unión.

No obstante... era el amor lo que unía sus almas. Era el amor lo que les había llevado a salvarse la vida y a sacrificarla por el otro. Era amor lo que les había obligado a quebrar sus promesas, y ahora las reafirmaba. Y era amor los que los mataría... pero siempre juntos.

Millones de vidas podrían estarse perdiendo en ese momento sin embargo ellos no se percatarían de la diferencia. En ese ahora, en ese lugar, sólo ellos estaban. Sólo ellos importaban. Y se esforzaron por lo que sería la última vez de sus vidas en expresarse todo lo ya dicho... una vez más. Sólo para que la sensación de quimera nunca cesase. Sólo para que el amor reviviera. Sólo para que los besos quemaran y todo... absolutamente todo les perteneciera.

Sus destinos habían estado unidos desde el primer momento, pero ellos se habían encargado de marcar la contradicción. De no ser manipulados por sus azares y vivir como ellos querían... aunque hubiese sido por un tiempo limitado... Habían sabido disfrutarlo y no habían perdido ni un solo instante.

En todo caso, no había tiempo de arrepentimientos.

Eso era lo único imperfecto de toda la quimera: el tiempo.


- Te amo, Tom. - Susurró Harry, enterrando su cabeza por última vez en el pecho del heredero de Slytherin, quien colocó una mano sobre su cabello azabache y lo acarició cariñosamente.
- Yo te amo más, Harry.


Harry cerró los ojos y permitió que la maldición se expandiese por la conexión. Al instante, Tom gimió dolorosamente y sus brazos se afianzaron con más fuerza alrededor del cuerpo del Gryffindor.

Parece que no pude cumplir mi promesa, Lupin... Pero te aseguro que él será feliz. Me encargaré de ello, porque estaré junto a él, adonde sea que vayamos.

Tom se inclinó y besó suavemente los labios de Harry en una promesa silenciosa, al mismo tiempo que sus lágrimas se mezclaban y profundizaban el sentimiento que les invadía, y que ahora compartían intensamente.

Las divinas esmeraldas de su ángel fue lo último que vio antes de perderse en el abismo de la Oscuridad, que los adormeció a ambos y les dio la bienvenida a los brazos tan solicitados de la Diosa de la Muerte.

Dos almas celestiales e idénticas enlazadas bajo un infinito cielo estrellado, tiñéndolo de tinieblas, creando...

Una Dulce Oscuridad Eterna.


*~*~*


~ El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece. Supone siempre la renuncia a la propia comodidad personal... ~


~ Muy frecuentemente las lágrimas son la última sonrisa del amor... ~



Fin






Agradezco a cada uno de ustedes, que con su pequeño granito de arena aportaron más de lo que hubiera esperado para que DO resultara ser lo que hoy es ^^! Todo empezó con un par de páginas, de una historia que no planteaba serlo, y que poco a poco fueron desarrollándose... ha sido una experiencia espeluznante Nunca hubiera esperado escribir algo así, y sin embargo... Estoy extremadamente satisfecha de sus resultados.

*Se ve una lágrima recorrer el rostro de Parv*

Este fict va dedicado a todos ustedes.

Espero que hayan disfrutado de estas páginas, que llevan consigo todo mi esfuerzo y dedicación, momentos de desesperación... y felicidad que ahora dejo en vuestras manos.

Vuelvo a agradecerles la paciencia, el apoyo y los ánimos que me han brindado a lo largo del fict. Sepan que significaron mucho para mí, y en ellos encontré a veces la energía que necesitaba para continuar e intentar mejorar. ¡Muchas gracias!



Dedicatoria especial a Nagini: ¿Qué decirte, querida amiga? Tenemos que agradecerle a nuestra profe Cris por darnos tantas horas libres donde pensar una y otra vez sobre DO. Gracias por acompañarme y apoyarme en este Gran Proyecto. Creo que sin tus caras largas, sin tus gritos emocionados o simplemente sin tu presencia, DO no sería lo que es. No me hubiera esforzado tanto, sólo para sorprenderte o para que no tuvieras que betear tanto. Compartimos muchos momentos especiales gracias a este fict, ¡y espero que se sigan repitiendo por el trayecto de LE! Jajaja. ¡Porque todavía no ha vencido tu contrato conmigo, mi niña! ¡Seguirás beteando! XD Y por supuesto. Saber que si algún día necesito un hombro amigo donde llorar, una persona con la cual compartir alegrías o simplemente pasar el rato... sé que hallaré esa amiga en ti. Muchas gracias por Todo. ¡Te kero, Paddie! - Se ve a Parv abrazar a Nagini fuertemente, mientras ésta intenta zafarse de sus brazos-.



Con cariño,
Los quiere,

Parvy



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Dulce Oscuridad fue empezado el 24 de enero de 2004 y
concluyó con 145 páginas y 20 capítulos el 29 de diciembre de 2004.

Dulce Oscuridad - Fanfics de Harry Potter

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Título: Dulce Oscuridad Resumen: Slash H/T. Tras aceptar serle fiel al Dark Lord, a causa de la amenaza a las vidas de sus amigos, la vida de Harry da un brus

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2023-02-27

 

Dulce Oscuridad - Fanfics de Harry Potter
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