El verde del fin - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

No puedo seguir fingiendo. Túelegiste tu camino y yo elegí el mío.

Las palabras perforaban mi memoria como puñales de hielo. Era una de lascosas que más me había dolido en la vida
hasta cinco segundos después, cuandotraté de explicarme una vez más y ella, la que había sido mi única y verdaderaamiga, me soltó palabras que oí, mas no atendí, antes de mirarme con desprecioy darme la espalda.

Y conociéndola, eso sería para siempre.

Hasta ese momento, comprendí lo que me habían costado mis ideas, mispreferencias en cuanto a la magia, las amistades con las que contaba en micasa. De pronto, todo se me hizo falso, asqueroso, peor que aguantar lasestúpidas bromas de Potter y sus amigos. Pero no dejé nada. No hice el másmínimo esfuerzo por demostrarle a mi amiga que estaba equivocada. Porque en sí,en esos retorcidos ideales hallaba un aliciente a superar a quienes medespreciaban, a vengarme de quienes me dañaban
Incluso creí que eso me daríael poder suficiente para alcanzar la gloria.

 

Todo eso se opacó con un intenso rencor el día que mi amiga (porque para míseguía siéndolo) mostró, según mi conciencia, haber caído más bajo que yo.

Se juntó con mi peor enemigo. De alguna manera que no comprendo, terminó saliendocon Potter.

¡Con Potter, a quien no había parado de menospreciar y reñir! ¿Por qué conél, de entre todos los magos del mundo? Sintiendo que ya no me quedaba nada,aún menos intenté recuperar su aprecio. Mi amiga había dado a entender queestaba muerto para ella. ¡Bien! Haría lo mismo. Ella estaría muerta y enterradaen mis pensamientos.

¡Tonterías! No podía hacer eso mismo en mi corazón.

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Nacido de quienes lo handesafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes

Fue lo último que escuché y con eso pareció bastar, pese a que me echaronde Cabeza de Puerco. Yo tenía queencontrarme con alguien más allí, pero creí que esa información era losuficientemente buena como para obtener el favor del Señor Tenebroso. Asípodría tocar la magnificencia y quedar sobre los demás mediocres que loseguían.

En cierta forma, fue así. En otra, me equivoqué.

Como bien había creído en mi juventud, mi amiga seguía adherida a micorazón, marcada en él como un hierro al rojo vivo o, por qué no, como eloscuro símbolo que me conecta con el Señor Tenebroso. Porque al darme cuenta delo que había desencadenado, era demasiado tarde y sabía que, sin importarcuánto suplicara, no obtendría una positiva respuesta. Así que hice lo único(lo más evidente, pero a la vez lo más osado) que se me vino a la cabeza. Quizáperdería todo en el intento, quizá no. Sin embargo, no me cruzaría de brazos aesperar que por un milagro, el Señor Tenebroso accediera a mis peticiones.

Hice una cita con Dumbledore.

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Toda una vida de pequeños logros, de importantes disputas, de grandesemociones
Todo eso terminó, creo yo, como debía terminar.

Algo muy dentro de mí me decía, desde que había escogido seguir esa sendade muerte y oscuridad, que aquel al que llamaba Amo me mataría o que mandaría matarme, daba igual. El punto era queun vago presentimiento, como una certeza disfrazada de broma, me decía que nosaldría vivo de la segunda guerra, de la última batalla entre quienes defendíanlo correcto y quienes querían lo mejor y más falso.

Tuve razón, ¿no?

En esos últimos instantes, contemplé a Potter. No al enemigo de mis días deestudiante que me hacía trastadas cada dos por tres. No, contemplé al otro, asu hijo, a ese bebé que el Señor Tenebroso no pudo matar por mi informaciónincompleta. Hice un esfuerzo sobrenatural para darle mis recuerdos, lo únicoque quizá le podría ayudar a terminar con esa encarnizada lucha sin sentido,para luego pedir algo, cuando ya me estaba quedando sin aliento.

Mírame

Y así, obtuve un pequeño consuelo en mi lecho de muerte. Dumbledore teníarazón, eran sus ojos, exactamente los de mi amiga. Ironías de la vida (o de lamuerte, dadas las circunstancias) que justo cuando me iba, le estuviera viendoa ese mocoso el parecido con su madre, el que tanto me negué a ver y quesiempre estuvo allí.

Iba a alcanzarte por fin, Lily. Y espero que ahora sí puedas perdonarme.

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Las palabras perforaban mi memoria como puñales de hielo. Era una de lascosas que más me había dolido en la vida hasta cinco segundos después, cuandotraté

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2023-02-27

 

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