HHP: Primera Guerra Mundial Mágica - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Uno: Nacimientos.

26 de junio del 2006.

Londres, Inglaterra.

Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.


Aquel día, la ciudad entera estaba siendo aquejada por una ola de frío intensa, lo que sumado a que era una mañana a principios de verano, lo hacía un acontecimiento fuera de lo ordinario. Los meteorólogos muggles decían que un frente frío proveniente del hemisferio sur era el causante del inusual fenómeno en la capital británica, pero aún así, no dejaba de ser extraño.

Vamos, vamos
¡Cuánto tardan!

En San Mungo, un hombre se paseaba con impaciencia por la sala de espera de la sección de Maternidad y Pediatría y quienes desfilaban por ahí, al ver quién era ese hombre, se alejaban a toda prisa.

Aquel personaje, que vestía una túnica negra de broches plateados y detalles en color verde oscuro era inconfundible por su cabello rubio platino, su porte altivo y su expresión desdeñosa, mezclada en ese momento con una pizca de desesperación. Ese hombre, de fríos ojos grises, era Draco Malfoy, hombre conocido en la comunidad mágica tanto por su apellido como por sus propios actos.

10:02 AM

Un berrido infantil llegó hasta los oídos del señor Malfoy, que se detuvo en seco a mitad de uno de sus paseos por la sala de espera, atento a cualquier movimiento. De repente, de unas puertas dobles cercanas, salió un mago de túnica color verde lima y gesto de cansada satisfacción, y caminó hacia el señor Malfoy.

Felicidades, señor soltó el mago Ya es padre de una hermosa niña.

El señor Malfoy frunció el ceño por un segundo, como si aquellas palabras le hubieran molestado profundamente, para acto seguido sonreír con orgullo.

¿Y cómo están las dos? inquirió con cierta seriedad.

El mago sonrió un poco, con alivio.

En perfectas condiciones, señor respondió Pronto podrá verlas.

El señor Malfoy asintió e ignorando al mago, siguió dando vueltas por la sala. El mago que le había dado las buenas nuevas, un sanador acostumbrado a toda clase de reacciones, se fue por donde había venido, algo contrariado.

Casi una hora después, el señor Malfoy fue conducido por una sanadora castaña al cunero, donde a través de un largo cristal, podían verse varios niños y niñas que mostraban los más distintos rasgos. Y el señor Malfoy fue de inmediato colocado frente a la cuna de una bebé con cabello rubio platino adornado su coronilla y sus claras cejas, las cuales enmarcaban unos ojos de un tono azul muy opaco, que se veía como gris. Al ver eso, el señor Malfoy sonrió con orgullo e increíblemente, con ternura.

Ternura que desgraciadamente, jamás volvería a demostrarle a su hija.

Grant, ven rápido llamó entonces una sanadora de cabello rizado, dirigiéndose a la que atendía al señor Malfoy Una mujer con trabajo de parto acaba de llegar, ¡pero a que no adivinas quién la acompaña!

La otra bruja se disculpó apresuradamente con el señor Malfoy y siguió a su colega con prisa, dejando al rubio hombre en libertad de ir al cuarto de su esposa, si quería. Apenas se había decidido a hacerlo cuando algunas exclamaciones de júbilo e incredulidad fuera del pasillo llamaron su atención. Movido por la curiosidad, fue a investigar el origen del barullo, hallándose con que un grupo numeroso de personas ocupaba ya la sala de espera, entre hombres, mujeres y niños. El señor Malfoy distinguió varias cabezas rojas y rostros pecosos, así que se ocultó tras una pared a la vez que hacía una mueca de desprecio. Tal parecía que nacería otro Weasley.

Cálmate, amigo, todo saldrá bien le decía uno de los pelirrojos a un hombre joven, alto, de desordenado cabello negro azabache que en ese momento se retorcía las manos con nerviosismo Ya verás que sí.

Lo dices muy fácil, Ron le soltó el hombre de cabello negro, sonriendo a medias y fijando en el pelirrojo unos ojos color verde esmeralda, radiantes de alegría contenida Tú ya pasaste por esto.

El pelirrojo soltó una carcajada y se volvió hacia una mujer de melena rubia y ojos saltones de aspecto brumoso, que sostenía en brazos a una bebita de escaso cabello rubio rojizo muy rojo y la carita llena de pecas. La rubia sonreía con calidez, aunque su semblante en general le daba un aire inconfundible de chiflada.

Sí, por eso mismo digo que todo saldrá bien Ron sonrió ampliamente Mira a mi Rosaline, ¡es una belleza! Por favor, cálmate, Harry.

El hombre de cabello negro sonrió un poco más tranquilo y se puso a pasear por la sala, presa de la ansiedad. Sus acompañantes lo veían ir y venir con sonrisa divertidas.

Papá, ¿qué hacemos aquí? inquirió una pequeña de cabello rojo, largo y rizado, y con grandes ojos verdes, al hombre pelirrojo y pecoso al que le tomaba la mano, que usaba unas gafas con armazón de carey.

Acompañamos a un amigo de tío Ron, Penny explicó el pelirrojo con una vaga sonrisa La esposa del señor va a tener un bebé.

La pequeña Penny asintió en señal de comprensión.

Draco Malfoy, al darse cuenta de lo que significaba aquello, hizo una mueca de aversión peor que la anterior.

¿Señor Malfoy?

El aludido se volvió y se encontró con el sanador que le había dado la noticia del nacimiento de su hija. Llevaba en las manos un sujetapapeles con pergaminos en él y una pluma de águila.

¿Qué quiere? inquirió con frialdad.

¿Podría decirme el nombre completo de la pequeña, por favor? el sanador se comportó de manera prudente, dada la actitud del señor Malfoy.

El rubio frunció el entrecejo. Ese detalle lo tenía pensado desde hacía mucho tiempo, tanto reviviendo una vieja costumbre familiar como darle un claro aliciente a su vanidad. Dado que su esposa había nombrado a su primogénito


El primer nombre será Danielle indicó, viendo de reojo cómo el sanador lo escribía con sumo cuidado Sonrió maliciosamente antes de agregar Y el segundo
el segundo será Eltanin.

El sanador detuvo su escritura.

¿Eltanin? repitió, extrañado ¿Cómo la estrella?

Sí, sí, como la estrella respondió Malfoy con voz cansina, aún sonriendo Anótelo bien, ¿quiere? Mi hija se llamará Danielle Eltanin Malfoy.

El sanador asintió, tomó algunos datos más que eran de rigor y se retiró. Malfoy lo vio perderse de vista y dejó de sonreír con lentitud.

Espero que me enorgullezcas, Eltanin musitó con cierta satisfacción Y que seas la primera en todo. Serás mejor que cualquier Potter que se te cruce enfrente. Aunque hizo una mueca de desprecio más te vale que ese bebé no nazca hoy.

¿Qué impulsaba a Draco Malfoy a decir eso? La sola idea de que él tuviera algo en común con Harry Potter, su némesis en su época de estudiante, le repugnaba. Así que, considerando que el alumbramiento de Danielle se había adelantado, le echaba la culpa a su pequeña de que ahora, al parecer, compartiría algo con el vástago de Potter. Algo tan ilógico como cruel, pero que era verdad.

Tan verdadero como que de Draco Malfoy podía esperarse eso y más.




10:02 P.M.

Tantas horas, tantos nervios y tantas tazas alternadas de té y café le habían puesto a Harry James Potter los pelos de punta, justo al escuchar un llanto de bebé proveniente de la sala de partos de San Mungo. Quienes lo acompañaban, todos buenos amigos desde hacía años, se quedaron inmóviles al oír eso, observando las reacciones del legendario Niño - que - vivió, ahora convertido en adulto. El silencio fue roto por una bruja de túnica color verde lima que salió a través de unas puertas dobles, suspirando con cansancio y con la cara colorada y sudorosa.

No era para menos. Además del esfuerzo realizado, había tenido que aguantar, con algunos colegas más, el brusco cambio de temperatura que se había dado a la mitad del día. De ser un día a principios de verano inusualmente frío, había pasado a ser una noche a principios de verano inusualmente caliente. Los termómetros rebasaban los cuarenta grados centígrados y varias personas afectadas por esa drástica alteración en el ambiente habían tenido que ser hospitalizadas. Los meteorólogos muggles decían que el frente frío del hemisferio sur había chocado con un frente cálido del hemisferio norte, el cual lo empujaba hacia el sitio del que había venido. Los meteorólogos habían concluido que tan extraño fenómeno provocaría tormentas en los próximos días.

Pero eso a Harry Potter no le importaba. Lo que ahora quería saber era algo mucho más importante, algo que ansiaba con el alma.

Felicidades, señor Potter le dijo la bruja de la túnica color verde lima con una gran sonrisa Es usted padre de una hermosa niña.

¡Niña! susurró Harry, sin poder creer del todo aún lo que oía, para luego sonreír ampliamente y volverse hacia sus acompañantes Amigos, ¡tengo una hija! anunció a voz en cuello.

¡Felicidades! Ron Weasley se acercó a Harry de inmediato y le dio un fuerte abrazo ¿Lo ves? Te dije que todo saldría bien.

Harry asintió vagamente y comenzó a recibir elogios de todos los presentes. Él les agradeció su compañía y apoyo, lamentando que algunos de los Weasley que habían llegado con él al hospital hubieran tenido que marcharse por cuestiones de trabajo, con lo que se habían perdido el especial acontecimiento.

Señor Potter llamó la sanadora En un momento podrá pasar a ver a las dos.

Gracias dijo Harry, sonriendo aún Las dos están bien, ¿verdad?

La sanadora asintió antes de retirarse.

¡Enhorabuena, socio capitalista! le soltó Fred Weasley a Harry con expresión crítica Ya pronto sabrás los pormenores de la crianza de infantes.

Ojalá que tu hija no salga tan aventurera como tú, Harry, o manejarla te será tan complicado como yo la tengo con mis niños comentó George Weasley.

Acababa de decir eso cuando dos sanadoras, cubiertas de pies a cabeza de vendas como si fueran momias a medio embalsamar, hicieron su aparición en la sala de espera. Cada una llevaba de las orejas a dos niños pelirrojos, un niño y una niña, aunque una pareja de ellos tenía una expresión falsamente inocente, mientras que la otra estaba entre aguantarse una queja o una carcajada.

Señores Weasley llamó una de las sanadoras, la que llevaba a la pareja de pelirrojos que casi se echan a reír o a refunfuñar.

Cinco adultos pelirrojos se giraron hacia ella al escuchar semejante llamado y al segundo siguiente, tres de ellos la ignoraron por completo.

Ángel, Frida Fred negó con la cabeza, sonriendo resignadamente ¿Qué les hicieron a estas amables señoritas?

En tanto, George se acercó a la otra sanadora con gesto severo, sin dejarse convencer por las caras aparentemente angelicales del otro par de pelirrojos.

Gina, John, ¿en qué se metieron esta vez? quiso saber.

Estos niños, señores Weasley, se colaron a nuestro almacén y comenzaron a lanzar las vendas al aire como si fueran serpentinas se quejó la sanadora que llevaba a Frida y a Ángel Decían que era por el bebé del amigo de su tío Ron, ¡que hacían una fiesta! ¿Pueden creerlo?

Al oír eso, los gemelos Fred y George soltaron una carcajada, misma que fue secundada por los demás presentes en la sala de espera en cuestión de segundos.

¡Ay, de verdad lo sentimos, señoritas! logró farfullar Fred al dejar a duras penas de reírse No podemos evitar que hagan eso, ¡son niños!

La sanadora le hizo un gesto de fastidio, empujó a Frida y a Ángel hacia Fred y se marchó, muy enfadada y quitándose vendas de encima. La otra sanadora, luego de un rato hablando con George, le dejó a Gina y a John para seguir a su colega.

Te agrada ser padre, ¿no, Fred? le preguntó otro hombre pelirrojo, de cara ancha y expresión bonachona.

Fred abrazó a Frida y a Ángel con cariño.

La verdad sí, Charlie Fred sonrió y se volvió hacia sus hijos Niños, ¿qué les dije sobre jugar en el hospital?

Estábamos aburridos se quejó Ángel.

Y las señoritas no se quitaron a tiempo secundó Frida, haciendo un mohín.

Fred negó con la cabeza silenciosamente.

No se vuelvan a ir de aquí sin avisarme, ¿entendido? pidió.

Tanto Frida como Ángel asintieron con ganas.

Harry sonrió, pensando que pronto estaría en una situación similar con su hija. De repente, el pelirrojo que no había hablado, de túnica oscura y con una oreja perforada, como si antaño hubiera lucido un pendiente en ella, dejó el periódico que leía y miró a su derecha, donde dos niños pelirrojos mayores que Frida, Ángel, Gina y John, un chico y una chica, se entretenían jugando ajedrez mágico.

Niños, ¿nos vamos a casa? inquirió el hombre amablemente.

Si tú quieres sí, papá respondió uno de los niños, dejando la partida de ajedrez un instante para mirar al hombre con unos ojos muy azules.

Yo quisiera ver a la bebé, papá comentó la chica, de larga melena y ojos tan azules como su compañero de juego ¿Se puede?

Tal vez en un rato más, Belle contestó el hombre Frank, ¿te importaría esperar un poco más?

No, papá respondió el niño de ojos muy azules Si mi hermana quiere, nos quedamos otro rato.

La niña llamada Belle le dedicó una sonrisa. En ese momento, Charlie Weasley consultó su reloj.

Lo siento, pero tengo que retirarme ahora avisó Mañana debo estar en Rumania. Sophie y los niños me esperan para irnos de vacaciones a India. ¿Me disculpas, Harry?

No hay cuidado, Charlie aseguró éste Salúdame a tu esposa y a los niños
¿Allyson y Samuel, cierto?

Con tantos hermanos Weasley, era evidente porqué Harry hacía tal pregunta. Llevar la cuenta de los nombres de los hijos de sus amigos era algo pesado.

Exacto, Allie y Sam corroboró Charlie Buenas noches a todos se despidió en voz alta, agitando una mano.

Los presentes le devolvieron la despedida antes de verlo desaparecerse.

Ojalá veamos a Charlie pronto comentó con cierto pesar una mujer pelirroja, pecosa y de ojos castaños, que sostenía a un pequeño de cabello rojo oscuro en brazos Últimamente ha tenido mucho trabajo.

Seguro vendrá a la reunión navideña, Ginny le aseguró suavemente la rubia madre de la hija de Ron Él y su familia nunca se la pierden.

Es cierto, Luna reconoció Ginny Ahora solamente espero que regrese Neville. Dean se quedó dormido observó un segundo al pequeño que sostenía Quisiera llevarlo a casa.

Señor Potter llamó entonces una joven sanadora Puede pasar al cunero.

Harry dejó temporalmente su conversación con Ron y siguió a la sanadora. Pronto estuvo ante la larga ventana del cunero, justo frente a una bebita un tanto morena, con poco cabello negro azabache adornando su cráneo y sus cejas. La niña giraba la cabeza de un lado a otro, como intentando verlo todo con su par de brillantes ojos castaños. Harry se conmovió mucho al percatarse de eso.

Los ojos de su madre
susurró, sonriendo Como yo.

¿Quiere pasar a ver a
la madre, señor? inquirió la sanadora.

Harry asintió y se dejó guiar por el pasillo hasta una habitación algo retirada del cunero. La sanadora llamó y enseguida abrió la puerta, dejando entrar a Harry.

Sólo cinco minutos indicó la mujer, para luego retirarse.

Harry entonces pudo fijar la vista en la mujer recostada en la cama, de revuelta cabellera castaña y con semblante apacible, durmiendo luego de horas de trabajo de parto. Harry sonrió con ternura, se acercó y se sentó en un costado de la cama, para luego darle un beso en la frente a la durmiente castaña.

¿Harry? murmuró la mujer, abriendo los ojos lentamente ¿Eres tú, verdad?

Claro que sí, Hermione respondió él con suavidad Lamento despertarte.

No hay cuidado afirmó la castaña, negando con la cabeza ¿Ya viste a la niña?

Harry asintió, esbozando una sonrisa orgullosa, y le tomó una mano a Hermione.

Es
preciosa comenzó, sin poder ocultar su emoción Tiene tus ojos, Hermione, lo vi. Los ojos de su madre. Como me pasó a mí.

Entonces seguramente tendré que aguantar a dos aventureros y fanáticos del quidditch bromeó ella con una sutil sonrisa Aunque espero que ella y yo tengamos algo más en común que el color de ojos.

Lo tendrán, ya verás aseguró Harry, besándole la mano que le sostenía Ahora, señora Potter, dígame, ¿recuerda nuestro acuerdo sobre los nombres?

Hermione, sonriendo con un poco más de ánimo, asintió.

Sí, lo recuerdo, y creo que la niña no podrá llamarse Lily le hizo ver Eso era si tenía tus ojos y no sucedió.

Harry rió con delicadeza.

Lo sé, así que tendrá por segundo nombre el tuyo Hermione arqueó las cejas Vamos, cariño, prometiste que si tenía tus ojos, aceptarías que llevara tu nombre.

Sí, lo recuerdo, y siempre cumplo lo que prometo. ¿Y cuál será su primer nombre? quiso saber Hermione ¿Jane, acaso? agregó, haciendo una mueca.

Harry rió con ganas, recordando que en una ocasión, Hermione le había comentado que su segundo nombre, Jane, le resultaba de lo más común.

Tú eres quien se pasó leyendo libros con nombres para el bebé durante los últimos cuatro meses le recordó ¿Cuál sugieres?

Pues
ya que se parece tanto a ti
¿Qué te parece Hally? Se parece a tu nombre y me recuerda al cometa.

¿El cometa Halley?

Hermione asintió con convicción.

Quiero que ella brille a donde quiera que vaya, haga lo que haga comentó con una sonrisa soñadora Y que brille por ella misma añadió, tornando su sonrisa en un gesto de preocupación No por ser la hija de Harry Potter.

Harry asintió, ligeramente incómodo.

Le enseñaremos a hacerlo prometió con firmeza Le enseñaremos que si la quieren o la odian, tiene que ser por sí misma, no por el apellido que lleva. Se lo enseñaremos juntos.

Hermione volvió a asentir, en señal de acuerdo, sonriendo ante la férrea voluntad de Harry. En ese momento, llamaron a la puerta.

Adelante indicó Harry.

La sanadora que lo había llevado hasta esa habitación entró, llevando en las manos un sujetapapeles con varios pergaminos y una pluma.

Disculpe, señor, pero necesitamos algunos datos para el registro de la niña informó la mujer de túnica verde lima ¿Cuál va a ser su nombre completo?

Harry y Hermione se miraron por un segundo, antes de asentir silenciosamente.

Hally respondió Harry Ése será su primer nombre.

¿Como el cometa? quiso saber la sanadora.

Hermione negó con la cabeza y selo deletreó.

Ah, gracias la sanadora terminó de escribir y prosiguió ¿Segundo nombre?

Harry, sonriendo con aire divertido, lo pronunció, para luego deletreárselo a la confundida sanadora, quien al terminar de anotarlo, sonrió con algo de malicia.

¿Apellido? preguntó ¿El paterno o el materno?

Pues
Harry fingió titubear antes de contestar Para el caso es lo mismo, ¿no? El apellido de ambos es Potter.

Con semejante frase, la sanadora supo que había metido la pata y que los rumores eran ciertos: el famoso Harry Potter ya estaba casado. Luego de escribir el apellido en el registro, se retiró con la cabeza baja.

Hally Hermione Potter
musitó Hermione, pensativa Ella no tendrá nuestras iniciales notó de inmediato.

Mejor así Harry se encogió de hombros No queremos que viva bajo mi sombra, ¿cierto?

Hermione no pudo estar más de acuerdo y Harry, al percatarse de su gesto, seguro y sincero, no resistió la tentación de darle un tierno beso.

Y dicha ternura no solamente se la daría a su esposa de ahora en adelante, sino también a su hija.




17 de Febrero de 2007. 2:25 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola, gente bonita! ¿Cómo han estado? ¿Cómo estuvieron las fiestas decembrinas, y las de Año Nuevo, las de Reyes y las del día de San Valentín? Espero que todos se lo hayan pasado de maravilla.

Como pueden ver, vuelvo a la carga, ¡les agradezco infinitamente su paciencia! Hasta hoy (me refiero a la fecha y hora del inicio de esta nota de autora) pude acabar el primer capi de manera satisfactoria, por lo que espero que les guste. Es un poco más corto de lo que acostumbro últimamente, pero debido a la inspiración, es lo mejor que me salió. Aunque no crean, sé lo que quiero para lo que sigue. Solamente espero hacerlo pronto.

Veamos
Como pueden ver, aquí hay algunas cosas nuevas, como por ejemplo, que comenzara narrando algo del pasado del fic. ¿Saben qué? Nada más es para darles varios datos interesantes. Espero que me los adivinen, aunque cierta personita ya se sabe algunos, porque me los sonsacó por MSN. Lo que claro, considerando lo que me tardaba en publicar, no me extraña: quería unos adelantos. Pero bueno


Ahora sí, me despido. Oigan, empecé la universidad apenas hace unas
¿dos semanas? Válgame, tengo que hacer tarea (¿para qué me acordé? Ni modo, el deber llama, jajaja). Cuídense, vivan a lo grande y nos leemos pronto.

P.D. ¡Feliz día de San Valentín! Sé que es atrasadísimo, pero quise decírselos de todas formas. ¡Adiosín!
Dos: Detonantes.

25 de junio de 2019.

Shangai, China.

Jardín Tian Zi.


Los magos chinos terminaban un apacible día de labores en su sitio comercial por excelencia. Adornado por exuberante vegetación y atravesado por un agradable riachuelo surcado por pequeños puentes de colores, el jardín Tian Zi no tenía nada que envidiarle a ningún otro jardín, fuera mágico o muggle. Y el orgullo del jardín Tian Zi era la Torre Wu (1), que albergaba al Ministerio de Magia en pleno. En pocas palabras, la Torre Wu era el mayor símbolo arquitectónico, político, económico y cultural de la comunidad mágica de aquel enorme país oriental.

Los funcionarios del Ministerio que ocupaban los cinco niveles de la torre concluían sus actividades, alegres por marcharse a casa. Sin embargo, en la oficina del ministro, ubicada en el nivel conocido como Huo (2), se llevaba a cabo una reunión importante que por su contenido, seguramente terminaría algo tarde.

Procederé a ordenar el registro le decía un hombre de porte frío y formal, con el cabello y los ojos oscuros que lucía una túnica oriental negra, a un hombre de túnica azul con los bajos llenos de curveadas líneas blancas que simulaban nubes y viento Es lo más justo. Sin embargo, la familia querrá pruebas.

El hombre de túnica azul, con el cabello y la larga y delgada barba de un tono gris casi blanco, asintió tranquilamente.

No hay problema aseguró Hay suficientes pruebas para lo que se ofrezca.

El mago de túnica negra, haciendo una leve mueca de incredulidad, asintió.

¿Duda de la familia, señor ministro? se extrañó el hombre de túnica azul.

Profesor Song, si los conociera como yo, también dudaría de todos y cada uno de sus miembros, se lo aseguro.

El adulto de túnica azul, el profesor Yuan Song, director de la Escuela Zen de Hechicería, esbozó una sonrisa de satisfacción apenas perceptible a través de su barba.

No crea eso, he visto desfilar por la escuela a varios integrantes de esa familia recordó, ya sin sonreír No todos se han graduado para bien, y lo sabe.

El ministro asintió con pesar, al parecer sumido en sus pensamientos.

Y a todo esto, ¿no quiere conocer a la persona objeto del registro? inquirió el profesor Song con amabilidad La traje conmigo, puesto que está bajo mi tutela y no podía dejarla sola en la escuela. El curso escolar terminó.

El ministro dio un respingo, sorprendido, y asintió distraídamente. El profesor Song, sin inmutarse, sacó su varita y apuntó a las puertas dobles de madera rojiza que hacía de entrada principal del despacho. La puerta se abrió suavemente, y por ella pudo verse la delgada figura de una joven de túnica oriental roja, cuyo cabello oscuro estaba peinado en dos chongos, cada uno adornado con una cinta roja de puntas doradas. Le daba la espalda a las puertas dobles, por lo que cuando el ministro la distinguió, la chica no se dio por enterada.

Querida llamó el profesor Song, alzando el volumen de su serena voz.

La joven se dio la vuelta y el ministro pudo verle la cara a detalle. Tenía rasgos delicados, agraciados, aunque lo que destacaba en su rostro eran esos ojos de un tono azul claro e intenso, inusual para un oriental. La admiró con discreción, mientras que la joven, con gesto de extrañeza, se acercaba cautelosamente a las puertas dobles, dispuesta a entrar.

¿Me llamaba, maestro? inquirió la joven con voz pausada y cortés.

Sí, pasa indicó el profesor Song.

La chica asintió y al tenerla más cerca, el ministro dedujo que tendría unos diecisiete años.

Querida, te presento al señor ministro el profesor señaló al hombre de túnica negra con una mano O mejor dicho, al nuevo ministro.

La joven, haciendo una reverencia ante el hombre de túnica negra, asintió y dijo.

Mucho gusto, señor.

El ministro asintió y le dedicó una vaga sonrisa.

Igualmente afirmó, tendiéndole la mano Soy Ming Tai (3) Lin.

La joven se sobresaltó ligeramente al escuchar eso, para luego sonreír con ironía.

Seguramente sabe mi nombre¿no? comentó, para luego agregar ante la negativa del ministro Soy Ming Yue Lin.

Ahora fue el ministro quien resultó sorprendido.

El uno para el otro bromeó entonces el profesor Song.

Los dos Ming presentes no pudieron evitar echarse a reír.

Es una coincidencia supuso Yue Lin, inclinando la cabeza hacia un lado, pensativa Aunque es agradable. Es decir, considerando que somos familia


El ministro adoptó una expresión neutra.

El registro procederá en cuanto dé la orden, mañana por la mañana le hizo saber el ministro Pero te advierto que no será bien recibido una vez que concluya. Se supone que mi rama de la familia es la jefa de los Ming y


Yue Lin asintió.

A mí no me interesa hacerle honor al apellido sentenció Lo único que quiero es tener mi identidad. No es nada agradable vivir como hija de nadie.

Creo comprender eso susurró el ministro con aire taciturno.

Yue Lin lo observó con atención, queriendo descifrar en su semblante algo de lo que le pasaba por la cabeza, pero entonces, una terrible punzada le aguijoneó la cabeza.

Se llevó una mano a la frente, cerrando los ojos con fuerza, para al segundo siguiente abrirlos de golpe, mostrando que el azul de sus iris se había puesto casi blanco. Y en su mente aparecieron imágenes desconcertantes por un detalle: eran muy borrosas, como una película a cámara rápida, y casi no podía distinguir nada. Fue cuando el último rostro pasó ante ella que pudo armar el rompecabezas, puesto que al dueño de ese rostro lo tenía a la mano en ese instante. Inhaló profundamente, cerró los ojos de nueva cuenta y se volvió hacia el profesor Song y el ministro, que la contemplaban con una mezcla de susto e incredulidad.

Señor llamó Yue Lin, dirigiéndose al ministro ¿Qué día es hoy?

La pregunta tomó al hombre por sorpresa completamente, pero logró contestar.

Es veinticinco de junio, ¿porqué?

Yue Lin miró por una ventana cercana, con las cortinas abiertas de par en par, hacia el cielo nocturno. En él, entre unas cuantas nubes blancas y el sinfín de estrellas que titilaban con sutileza, destacaba la luna, redonda y totalmente llena, como un farol gigante. Y fue precisamente esa luz la que le hizo notar unas extrañas sombras en el firmamento. Sombras que iban directamente hacia la Torre Wu.

Ella podía verlos, y no por una experiencia agradable. Sin embargo, en ese momento no importaba eso, sino su presencia en ese sitio. Esperaba que su visión fuera clara, porque de ella, dependía algo sumamente valioso: vidas humanas.

Señor ministro, ¿tiene planeado viajar?

El ministro arqueó una ceja, mucho más confundido que antes.

No, claro que no espetó un tanto molesto Fui nombrado hace una semana. Necesito arreglar algunos asuntos antes de viajar y


Maestro, ¿podría hacer un traslador? Yue Lin cortó el diálogo del ministro y se dirigió al profesor Song.

¿Ahora? se sorprendió el anciano.

Sí, ahora Yue Lin no le quitaba la vista a la ventana, y notó que las sombras se hacían cada vez más grandes. Hizo una mueca de concentración Necesitamos largarnos de aquí ahora mismo. Y directo a un sitio en particular.

¿Quién te crees que eres? quiso saber el ministro, receloso ¿Porqué
?

Yue Lin lo miró y para sorpresa del ministro, sonrió.

Tai Lin, somos una familia. Tal vez no me conozcas, pero para mí, el saber que eres de mi propia sangre te hace valioso. Incluso más que el que seas el nuevo ministro.

El hombre se quedó pasmado ante eso. Más cuando recordó a la que siempre había llamado familia. Se aclaró la garganta antes de poder preguntar.

¿Y se puede saber a dónde vamos y para qué?

Yue Lin amplió su sonrisa.

Nos vamos para que no vayan a matarte comenzó, respondiendo en orden inverso a como el ministro le había preguntado. Se volvió entonces hacia el profesor Song y continuó Y tenemos que irnos a América. A México, para ser exacta. Maestro, ¿sabe cómo llegar a un sitio llamado Kuh (4) Há?

El profesor Song frunció el entrecejo un instante, pensativo, hasta que por fin asintió.

Pues allá iremos sentenció Yue Lin con firmeza Tengo que verificar algo.

De repente, el sonido de cristales rompiéndose con fuerza llamó su atención. Y al ver lo que entraba por la ventana recién rota, Tai Lin no pudo evitar pensar que debía confiar en Yue Lin como nunca confió en los demás Ming.




25 de junio de 2019.

Yucatán, México.

Villa Kuh Há.


Era una mañana fresca, la brisa marina proveniente de la cercana playa anunciaba que eran principios de verano y el sol iluminó con gracia las innumerables lagunas de aguas color turquesa de la población enteramente mágica de Kuh Há. Las casas, mayoritariamente de un piso y con techos en forma de cono, tenían un aspecto acogedor y a aquellas tempranas horas, algunos hombres y mujeres salían de ellas, directo a sus lugares de empleo. Casi todos se desaparecían al cerrarse las puertas tras ellos, directo a un mismo lugar. Al mismo al que por cierto, iba Mauricio Salais, vistiendo una túnica delgada de color marrón y con un portafolios de piel en las manos.

¡Que te vaya bien, papá! se despidió de él una joven de cabello castaño, que era rizado en las puntas, morena y con unos ojos castaños cubiertos a medias por unos anteojos sin armazón Acuérdate que tienes que llegar temprano, tendremos visitas.

El señor Salais asintió, sonriendo, para acto seguido desaparecerse.

Bien, a trabajar la joven cerró la puerta, sonrió para sí misma y corrió a una silla sencilla de madera, a ponerse un delantal a cuadros rosas y azules.

Los quehaceres domésticos, según Itzel del Carmen Salais Nicté, nunca acababan. No bien terminaba de barrer una habitación, recordaba que tenía algo en el fuego dispuesto, para la comida, y tenía que ir a vigilarlo. Luego iba por todas partes, poniendo orden, y procurando que bajo ninguna circunstancia descontrolarse, puesto que podía hacer magia accidental. Cosa que en ese momento, no le convenía.

No después de lo ocurrido en Europa, en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un ataque ordenado por el Terror Rubio, Hugo Hagen, y del que a duras penas salieron vivos todos los que entonces se encontraban habitando aquellos terrenos: todo Hogwarts y sus visitantes, participantes en el Torneo de las Tres Partes. Al pensar en lo ocurrido el día de la tercera prueba, aún sentía escalofríos. Y eso que había ayudado a evitar una muerte.

Sacudió la cabeza al tiempo que iba a los dormitorios a tender las camas. Estaba por entrar al dormitorio de su padre cuando escuchó una especie de caída y algo golpeando la madera. Asustada y empuñando un palo de madera que encontró en su camino, regresó a la estancia principal, que servía de sala y comedor.

¿Pero qué
? soltó, entre sorprendida y alterada.

Había unas cuantas personas en su comedor. Una joven vestida de rojo con el oscuro cabello en dos chongos, un anciano vestido de azul y un hombre vestido de negro. Este último, por cierto, estaba tendido de costado en la mesa, como si hubiera caído en ella desde algún sitio alto. Los tres lucían túnicas, con lo que daban a entender que eran magos. Itzel arqueó las cejas, sin comprender.

¿Se puede saber qué pretenden? inquirió en español, enfadada ¿Cómo se atreven a aparecerse en mi casa así nada más?

Los visitantes se volvieron hacia ella con gestos de confusión. Al ver sus rasgos, Itzel se quedó más asombrada que antes. Aunque logró esbozar una sonrisa al reconocer a la chica.

¡Yue Lin! saludó, acercándose a ella luego de dejar el palo de madera apoyado en una silla ¿Qué haces aquí? le preguntó en español, mirándola directo a los ojos.

Yue Lin Ming no apartó la vista y sonrió.

¿No me digas que no sabías que veníamos? inquirió a su vez en mandarín.

Itzel sacó la punta de la lengua, dando a entender que la había descubierto.

Tal vez, pero ése no es el punto le tendió una mano a la oriental para ayudarla a ponerse de pie Sigo sin saber qué hacen aquí.

Yue Lin señaló al hombre vestido con túnica negra.

Te presento al ministro de magia chino indicó, esta vez usando el inglés como idioma de comunicación Ming Tai Lin.

Itzel se volvió hacia el hombre, quien hacía una reverencia al oírse presentado, gesto que Itzel se apresuró a corresponder.

Mucho gusto, señor saludó en un inglés impecable Soy Itzel Salais, a sus órdenes.

El anciano de túnica azul carraspeó sonoramente, llamando la atención de todos.

Señorita Salais, ¿es ésta su casa? quiso saber.

Sí, profesor afirmó Itzel, reconociendo a aquel anciano como el director de la Escuela Zen de Hechicería, Yuan Song Lo que me lleva a preguntar cómo llegaron.

En traslador respondió Yue Lin sin darle importancia Aunque fue de lo más incómodo. Casi al ir llegando, sentimos como si golpeáramos con algo y luego caímos.

¡Ah, eso! Itzel sonrió despreocupadamente La villa Kuh Há está dentro de un escudo mágico anti - intrusos. Ningún mago extranjero puede entrar sin autorización. Lo que me extraña es que dejara pasar su traslador
se quedó pensativa un segundo A no ser que


En ese momento, llamaron a la puerta. Los presentes se miraron entre sí, confundidos.

Ya me lo temía susurró en español Itzel, torciendo la boca en un gesto despectivo Por favor, vayan por ese pasillo y entren en la segunda habitación a la derecha les indicó a sus visitantes en inglés Yo arreglo esto.

Los tres orientales asintieron y se fueron por donde Itzel les indicó, mientras ella respiraba profundamente, tomaba de nuevo su palo de madera y se encaminaba a la puerta. La abrió y al ver quién era, su gesto anterior se intensificó.

¿Qué quieres, Terruño?

Un joven castaño de ojos oscuros la miraba con una sonrisa fanfarrona, vistiendo una túnica marrón con un emblema en la parte superior izquierda. El emblema mostraba un escudo redondo color amarillo y una lanza verde que lo cruzaba en diagonal.

¿Cómo es que ahora permiten que gente como tú sea un tlapiani (5)? se quejó Itzel con indiferencia Y ya que lo menciono¿qué haces aquí?

Hubo un aviso de intrusión a la villa en el Departamento de la Tlapixqui (6). Me enviaron a investigar el joven acentuó su sonrisa Además, sirve que vuelvo a verte.

Itzel le hizo una señal de desdén con una mano.

Pues aquí no ha pasado nada aseguró con cierto dejo de aburrimiento Nada más que espero visitas. Mi novio y mis amigos, ¿sabes?

A la mención del novio de la joven, Terruño hizo una mueca.

¿Qué le viste a ese tonto? quiso saber.

Itzel fingió ponerse a pensar profundamente.

¿Por dónde quieres que empiece? inquirió, burlona, blandiendo su palo.

Terruño alzó una mano, en señal de rendición.

Eres imposible aseveró Bueno, tendré que revisar las otras viviendas. Nos veremos, Itzel. Y espero que pronto.

El joven se alejó por la pequeña calle, luego de lo cual Itzel cerró la puerta de golpe.

Sí que me pone de mal genio.

Se fue directo a la habitación donde les había dicho a los chinos que se ocultaran y los encontró en muy distintas posiciones: el ministro se había sentado en una silla de mimbre, en actitud pensativa, el profesor Song observaba con interés una pequeña pintura colgada en la cabecera de la cama y Yue Lin ocupaba un sitio en la cama, mirando algo que sostenía en las manos, con una sonrisa.

Como lo pensé les comentó a sus visitantes luego de llamar su atención con un simple hola Su llegada sí se supo en la Secretaría. Esperemos que el tonto de Terruño se haya creído lo que le dije. Ahora, ¿gustan algo de comer o beber? Yo apenas iba a almorzar.

¿Pues qué hora es aquí? se interesó el profesor Song.

Alrededor de las diez de la mañana.

¿Y qué día es hoy? preguntó ahora el ministro.

Veinticinco de junio.

Yue Lin frunció el ceño al oír el dato, pero no dijo nada. Se limitó a seguir, junto con sus compatriotas, a Itzel, directo a la mesa del comedor. Ahí, durante la siguiente media hora, se concentró en tomar el almuerzo que su amiga mexicana les sirvió, que consistió en algo que Itzel llamó huevos rancheros.

Son algo picantes avisó Itzel Tengan cuidado.

Señorita Salais, ¿sabía que vendríamos? preguntó el profesor Song cuando iba por la mitad de su ración de huevos.

Itzel, en ese momento con la boca llena, se limitó a asentir.

Itzi, lamento decírtelo, pero nuestra llegada no es por algo bueno.

Yue Lin había hablado con un tono serio, haciendo a un lado su tenedor y clavándole la mirada a su amiga. La aludida dejó de comer para ver a los ojos a la oriental.

Pues explícamelo pidió en español, lo más amable que pudo.

Yue Lin soltó un suspiro y asintió.

Tuve una visión comenzó, sin dejar de mirar a Itzel y hablando en mandarín Algo espantoso, si me permites decirlo. Era un ataque contra el ministro y él resultaba muerto. No podía permitir eso. Menos ahora que sé que él es familia.

Itzi arqueó las cejas, pasmada.

Lo que me sorprendió de esta visión es que se cumplió demasiado rápido continuó Yue Lin, resistiendo la tentación de bajar la mirada La tuve y en menos de cinco minutos se hacía realidad. Debiste ver cómo atacaron la Torre Wu, rompieron una ventana de la oficina del ministro en el nivel Hou con toda la facilidad del mundo y luego
casi nos matan.

Itzi hizo una mueca.

Tal como lo describes, no es bueno afirmó con cautela Pero lo que no entiendo es porqué viniste conmigo. No es que no me alegre verte, pero


Creí que podías ayudarme a aclarar algunas cosas. Que quizá
pasó algo como lo de la tercera prueba.

Pues lamento decirte que lo único que sabía de antemano es que llegarías con tu director y el ministro. De ahí en fuera, mi Legado no me ha mostrado más. Y será mejor que descansen y se marchen antes que la Tlapixqui sepa que están aquí.

¿La qué? se extrañó Yue Lin.

La Guardia Nacional explicó Itzi con calma Sus miembros, los tlapiantin, son el equivalente a los aurores. Como te decía, si la Tlapixqui sabe que están aquí, podrían arrestarlos. Entraron al país sin permiso y peor aún, a una población mágica protegida como Pedro por su casa


¿Cómo quién? soltó Yue Lin, confusa.

Itzi negó con la cabeza, sonriendo levemente.

Lo siento, es una frase que se usa mucho aquí expuso Significa que entraron a Kuh Há como si nada. Y eso no cualquiera puede hacerlo.

Yue Lin asintió en señal de comprensión.

Disculpen llamó entonces el ministro, viéndolas con estupefacción ¿Acaso me engañan mis oídos? ¿Cada una habla en su lengua natal y se entienden?

Las dos chicas se miraron, desconcertadas. Tan concentradas estaban en su charla que se habían olvidado que el profesor Song y el ministro estaban ahí.

Perdone usted se disculpó Itzi en inglés Es algo que hacemos sin querer.

Yue Lin asintió silenciosamente, confirmando las palabras de su amiga.

Si no les importa, quisiera saber algo intervino el profesor Song con serenidad Señorita Salais, ¿sabe dónde vive mi colega, el profesor García?

A Itzi la pregunta la tomó por sorpresa, pero logró asentir.

En ese caso, me gustaría que me lo indicara pidió el anciano maestro Quizá él pueda ayudarnos a arreglar nuestra estancia aquí de manera discreta. No creo que sea conveniente que regresemos a China, al menos de momento.

Itzi comprendió y volvió a asentir.

De hecho, tendré visitas en un rato y una de esas personas puede llevarlos recordó, poniéndose de pie Ahora si me permiten, voy a ordenar los dormitorios.

Se retiró, dejando a los tres extranjeros sentados a la mesa, terminando su almuerzo y sumidos en sus reflexiones. Justo cuando terminaron de comer, se oyó que llamaban a la puerta y se giraron hacia el pasillo por el que había desaparecido Itzi. En menos de tres segundos, la joven mexicana apareció, caminando hacia la puerta con paso ligero y sacudiéndose el delantal que traía sobre una desgastada túnica color rosa pálido.

¡Hola, hola! saludó Itzi a quienes halló parados en el umbral al abrir la puerta Pasen, por favor. Espero que no les importe, pero tengo otras visitas.

Los recién llegados, dos castaños, un rubio y un chico de cabello negro, se quedaron un tanto confundidos con ese dato, y al mirar al comedor, se quedaron asombrados ante quienes lo ocupaban. Sin embargo, el rubio, cuyo cabello en un tono oscuro lucía unas cuantas mechas doradas y tenía unos ojos de un tono verde azulado, soltó una exclamación alegre.

¡Yue Lin!

La joven oriental lo observó con atención, antes de sonreír.

Hola, Lalo saludó, llamando la atención de todos al hablar en español.

No sabía que hablaras el idioma, Ming intervino uno de los castaños en inglés, que poseía unos agradables ojos color miel.

No lo hablo Yue Lin adoptó el inglés para aclarar eso Pero he aprendido algunas palabras. Me da gusto saludarte de nuevo, García.

Tonatiuh García Quezada sonrió al asentir.

Se hicieron las presentaciones de rigor y los jóvenes se quedaron impresionados de conocer al ministro de China, aunque no lo demostraron demasiado. Luego de eso, Yue Lin y Lalo se enfrascaron en una conversación en inglés muy animada, ante la mirada atónita de los demás.

Y Lalo decía que nosotros éramos los locos por tener novias comentó el chico de cabello negro, irónico.

Compréndelo, Héctor, aún no conocía a una que le gustara indicó Ton.

Y esa chica, ¿de verdad era la campeona de su escuela? se sorprendió el otro castaño ¿Tuviste que competir contra ella?

Sí, y debo admitir que es buena oponente, Beto, sobre todo cuando hacía equipo con sus compañeros de Parte Ton frunció el ceño Ahora vuelvo.

Dejó a sus dos amigos sentados a la sala para ir a la cocina, donde Itzi se dedicaba a lavar los platos del almuerzo. Sonrió al verla tan afanada, tomó un trapo que encontró en un mostrador y se acercó a ayudarle.

¿Quieres que seque los platos? preguntó.

Itzi se volvió hacia él y asintió.

¿Qué hacen los chinos aquí? inquirió Ton sin rodeos.

Itzi suspiró con cierto cansancio.

Básicamente, están huyendo respondió Intentaron matar al ministro.

A Ton casi se le cae el plato que secaba al escuchar eso.

Yue Lin lo vio justo antes que pasara y lo único que se le ocurrió fue venir a verme, creyó que yo había visto algo más Itzi detuvo su labor un segundo Pero por desgracia, no sé nada. Lo único que ya sabía es que ella y los dos señores vendrían. Casi los cacha el idiota de Terruño, ¿sabías que ahora es tlapiani? ¡Qué desgracia!

Nunca me has contado lo que te pasó con él recordó Ton.

No vale la pena. Lo que sí te puedo decir es que el idiota quiso pasarse de listo conmigo, pero lo puse en su lugar. Lo malo es que parece que no entendió la indirecta.

Esa explicación no hizo más que preocupar a Ton. Más a sabiendas que la familia paterna de Jonathan Terruño Álvarez era de las más conocidas de la comunidad mágica mexicana.

¿Y qué van a hacer ahora? se decidió a preguntar, notando que a Itzi no le agradaba en absoluto el tema de Terruño.

El profe Song preguntó por tu abuelo respondió Itzi, sonriendo a medias Cree que él puede ayudarles a permanecer en el país un tiempo.

De poder, puede. Solamente veamos si no es mucha molestia para él.

Itzi le sonrió con agradecimiento antes de darle un beso en la mejilla.

Muchas gracias susurró.

Ton le sonrió a su vez.

De nada.




25 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

West End, Oxford Street.


El distrito comercial ubicado en West End, al oeste de la City de Londres, es donde la crema y nata de los londinenses van a comprar y relajarse. Es un sitio de ocio por excelencia, y donde se encuentran toda clase de establecimientos, entre boutiques, restaurantes y bares. Y uno que otro local pequeño, pero antiguo y de mucho prestigio.

Gracias por su compra.

Una joyería, que en comparación con los locales vecinos era diminuta, se encontraba abierta desde temprano. Una joven de unos diecisiete años, de cabello rubio rojizo y ojos de un tono verde grisáceo, la atendía con una vaga sonrisa cortés, y en ese momento, se quedó pensando en el artículo que acababa de vender. De pronto, una puerta tras ella se abrió ligeramente y una cabeza de cabello castaño claro se asomó por ella. Su dueño, un hombre maduro de espesa barba grisácea, la miró y le sonrió.

Tu madre y yo tenemos que salir informó Estás a cargo, Mara.

La joven asintió y sonrió con algo más de amplitud.

Que les vaya bien, padre deseó.

El hombre castaño asintió, luego de lo cual su cabeza desapareció por la puerta, cerrándola tras sí. La chica, al cabo de unos segundos, abandonó el mostrador y se encaminó a la entrada de la joyería, a voltear un letrero que por una cara decía Abierto y por la otra, Cerrado. Hizo que la cara de Cerrado quedara hacia la calle y regresó al mostrador, donde tomó asiento en una silla cercana y alcanzó un pequeño plato, donde había un emparedado de jamón.

El sonido de una campanilla provocó que la chica se detuviera a punto de darle el primer mordisco al emparedado. Se levantó, miró hacia la entrada, una puerta hecha de cristal, y se encontró con que una persona había penetrado en el local a pesar del letrero. La joven esbozó una mueca, y más ante la vestimenta de dicha persona: era totalmente oscura, y cubierta casi en su totalidad por una larga capa color vino. La persona traía puesta la capucha de la capa, dejando ver apenas parte de su rostro, de piel morena.

Disculpe, pero está cerrado indicó amablemente, intentando ver al recién llegado.

La persona, observando en ese momento a su alrededor, asintió.

Vengo a hablar con usted informó de repente, lo que sorprendió a la rubia rojiza. La voz indicaba que era una mujer y además, una persona conocida ¿Se puede, señorita Kreisky?

La joven, arqueando una ceja, asintió.

Esto será rápido aseguró la mujer, acercándose al mostrador e inclinándose sobre éste, como si admirara la mercancía ¿Qué sabe de un ataque a China?

La pregunta la tomó desprevenida y en su semblante se dejó ver una sombra de ansiedad.

Yo
titubeó, sin dar con las palabras adecuadas para expresarse Tengo un registro. Espere aquí.

La joven se perdió de vista tras la puerta por la que antes su padre se había asomado para despedirse, dando oportunidad a la mujer de la capa a admirar los artículos en venta. Lo hizo de manera cautelosa, girándose de vez en cuando a la puerta de cristal, como si temiera que alguien la estuviera siguiendo. Al otro lado de la calle, justo frente a la joyería, creyó ver a una mujer rubia a la que conocía, pero sacudiendo la cabeza, eliminó la posibilidad.

Aquí tiene la joven dependienta había vuelto, pero no con el aspecto que tenía. Ahora su cabello era rubio y lacio, y sus ojos eran totalmente grises. Le tendía a la mujer de la capa color vino una especie de grabadora negra en miniatura, parecida a las que usan los periodistas Su amiga sí que es buena en hechizos. Cumplió con su palabra.

La mujer de la capa color vino asintió levemente, estiró la mano y tomó la grabadora.

¿Le importa si me la llevo? quiso saber.

La rubia negó con la cabeza.

Se la devolveré hoy mismo, lo prometo declaró la mujer de la capa, guardándose el aparato en un bolsillo de lo que la rubia distinguió como una falda negra Ahora, tengo que irme. Cuídese y que tenga buen día.

La rubia asintió de nuevo, y vio cómo su visitante se marchaba. A los pocos segundos, se acercó a la puerta de cristal, para quedarse viendo la calle, y frunció el ceño ante lo que vio: una mujer rubia delgada y excesivamente alta cruzaba la calle hacia la acera de la joyería y se iba en la misma dirección que la mujer de la capa color vino. Eso le dio muy mala espina.

Esperemos que no sea nada susurró antes de recorrer todo el local, bajar las cortinas metálicas de protección, tomar una chaqueta multicolor de detrás del mostrador junto con el emparedado de jamón y salir de la joyería, cerrándola con llave Pero por si las dudas


Le dio un mordisco al emparedado, distinguió por dónde se había ido la rubia altísima y poniéndose su chaqueta y la capucha de ésta, se puso en camino.




25 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Departamento de Misterios, Ministerio de Magia.


La organización mágica encargada del orden y la paz en Reino Unido, el Ministerio de Magia, guardaba muchos secretos. La mayoría se encontraban bien custodiados en el Departamento de Misterios, el último nivel de las instalaciones subterráneas del ministerio, y que presentaba un lúgubre aspecto. Mientras que otros departamentos, ubicados en niveles superiores, estaban acondicionados con ventanas mágicas que reflejaban alguna ilusión que diera la sensación de exterior, el Departamento de Misterios estaba sumido en la penumbra, apenas iluminado con algunas antorchas. Aunque los miembros de dicho departamento tenían ciertas libertades a la hora de decorar sus diminutas oficinas.

Pase, por favor indicó una mujer de espesa cabellera castaña, recogida entonces en una cola de caballo, sin levantar la vista de los pergaminos que leía.

La puerta de aquella oficina decorada con algunas fotografías mágicas en las paredes y un florero sobre uno de los tantos archiveros ahí instalados, se abrió. En el umbral, un hombre joven y atractivo, de cabello negro y brillante e interesantes ojos violetas, admiró la oficina por un segundo antes de comentar.

Remus siempre dice la verdad.

Al oír aquello, la mujer castaña alzó la mirada, del mismo color de su cabello. Observó al hombre un solo instante y con eso supo quién era.

Pasa, Jim.

El hombre sonrió y entró, cerrando la puerta tras sí.

Debo decir que no todo lo que dice Remus es cierto comentó de pronto la mujer.

Jim se echó a reír.

Es posible, pero yo solamente me refería a su afición por resolver misterios y con un gesto de mano, abarcó el sitio, lleno hasta el tope de pergaminos y libros de consulta.

Más que nada, me gusta aprender algo nuevo siempre sentenció la mujer, sonriendo, e hizo a un lado los pergaminos que había estado leyendo Bien, Jim, ¿en qué puedo servirte?

Por toda respuesta, Jim colocó sobre el escritorio lo que a simple vista parecía una caja negra y rectangular de plástico.

Su grabadora mágica funciona felicitó El registro se realizó en el momento justo.

La mujer tomó la cajita, que en realidad era una grabadora muggle en miniatura como las que usan los periodistas, y oprimió un par de botones. A continuación, una voz de chica por completo inexpresiva se dejó oír.

El sol y la luna de oriente logran verse, antes de una amenaza contra el sol perpetrada por la amenaza proveniente de Germania
Buscan explicaciones en la tierra del dios del agua, pero citlalli vespertina no puede dárselas
El sol y la luna de oriente se unirán contra el resto de los mandatos, puesto que quieren despedazarlos
Y la amenaza proveniente de Germania no se dará por vencida
Seguirá con su causa perdida tras las Pitonisas y las hijas del doble día


La voz se apagó y un sonido en la grabadora indicó que era el fin de la cinta. La mujer dejó la grabadora en su escritorio y frunció el ceño, pensativa.

¿Qué opina, señora Potter? inquirió Jim.

La mujer dio un leve respingo.

Oh, por favor, no seas tan formal pidió, sonriendo No soy mayor que tú por más de tres años, supongo. Puedes llamarme Hermione.

Jim asintió.

Esto es bastante perturbador, ¿ya se confirmó el ataque a China? quiso saber la señora Potter con gesto severo.

Jim volvió a asentir.

La Torre Wu es el edificio mágico más protegido de China y aún no saben cómo es que alguien pudo penetrar al nivel donde está la oficina del ministro, el nivel Hou explicó el hombre en tono profesional Lo raro es que según los aurores chinos, hay rastros mágicos del uso de un traslador, lo que les hace pensar que el ministro escapó. Lo malo es que no han tenido noticias suyas y la familia está presionando muy duro para que lo encuentren.

¿Cómo se llama el ministro de magia chino?

Apenas fue electo hace una semana. Se nos informó que se llama Tai Lin Ming.

La señora Potter arqueó las cejas.

Ming, en chino, significa mandato susurró, más para sí misma que para Jim, quien a pesar de eso, escuchaba con atención No sé mucho mandarín, pero algo me dice que el nuevo ministro chino y la campeona de Zen estaban juntos al momento del ataque. Parte del nombre de ella significa luna. Lo que significa
se quedó callada un segundo antes de concluir Que creo saber dónde están ahora.

Jim frunció el entrecejo, un tanto incrédulo.

Eso ayudaría mucho soltó con cierta ironía El clan Ming es uno de los más antiguos e importantes de China. Según nuestras averiguaciones, el clan estaba orgulloso de que uno de sus miembros hubiera alcanzado un puesto tan alto. Sin embargo, había rencillas entre el ministro y sus parientes, así que


Seguro por eso quieren despedazarlo, ¿no? aventuró la señora Potter.

Esa frase le abrió los ojos a Jim sobre lo que acababa de oír en la grabadora.

No creerá que
el clan tuvo que ver
tartamudeó, sorprendido.

No sé, pero no lo dudaría la señora Potter se encogió de hombros Habría que investigar un poco. Por cierto, ¿cómo está tu amiga?

Ante el cambio de tema, Jim supo que ya no se hablaría del contenido de la cinta de la grabadora. Al menos de momento.

Se fue a la Europa continental respondió con gesto preocupado Espera poder obtener algunos datos más de nuestro rubio preferido hizo una mueca Aunque sabe que será casi imposible, dado lo que pasó en Hogwarts.

La señora Potter asintió.

Le enviaré esto a la señorita Kreisky dijo, señalando la grabadora La va a necesitar. Y por otra parte, comunícate con tu amiga. Dile que tenga mucho cuidado.

Jim asintió, se puso de pie y despidiéndose con un gesto de mano, salió de la pequeña oficina. La señora Potter, por su parte, tomó un trozo de pergamino y una pluma, escribió unas cuantas líneas y luego de doblarlo de manera extraña, le apuntó con su varita. Al instante, el pergamino se convirtió en un avión de papel viviente, que salió despedido por un hueco casi imperceptible en una esquina superior de la oficina, en el que cupo a duras penas. Las pocas líneas del pergamino, dirigido a un colega de la señora Potter en el Departamento de Misterios, decía lo siguiente:

Querido Anom: Estoy haciendo una investigación y necesito tu ayuda. Por curiosidad, ¿cómo se dice dios del agua en maya? Por tu atención, gracias.

Hermione Potter.


(1) Wu en chino, significa cinco.

(2) En chino, Huo quiere decir fuego.

(3) Tai es parte del nombre chino del sol.

(4) La palabra Kuh significa Dios.

(5) Tlapiani, en náhuatl, quiere decir guardián.

(6) La palabra tlapixqui, en náhuatl, significa policía.




22 de Febrero de 2007. 1:05 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags)

Hola, gente bonita. Aquí Bell reportándose. ¿Creyeron que los dejaría en suspenso por más tiempo? Pues no, lo siento, jajaja Si acaso me tardé, fue falta de tiempo (ya les contaré...). Aquí tienen el segundo capi, que espero que les guste.

Ahora, como pudieron darse cuenta, los llevé a un recorrido por el globo: de China a México, y de allí a Inglaterra, ¡qué viaje! Si hiciera eso en la vida real, acabaría exhausta. Ni puedo imaginármelo.

Primeramente, lo ocurrido en China. Aproveché para presentar la sede del Ministerio de ese país, la Torre Wu. ¿Porqué se llama así? Ah, por los elementos espirituales que manejan ellos: agua, tierra, fuego, metal y madera. Esos elementos, junto con el Yin y el Yang, son básicos en su astrología, y me pareció buena idea incorporarlos. Pero bueno, regresando al ataque contra el ministro, ¿qué les pareció eso de que Tai Lin y Yue Lin sean familia? Y más con semejantes nombres
Aprovecho para darle las gracias a mi nueva herramienta en eso de poner palabras extranjeras y su significado: los diccionarios para autodidactas Aulex. Una amiga me los dio a conocer y desde entonces me han servido mucho. Así que si a alguien se le ofrece alguna palabreja extranjera, ya le di el dato.

Ahora, México. La villa Kuh Há es un sitio bonito, acogedor, algo así como un pueblito algo grande, jajaja. También aquí puse palabras nuevas, como el equivalente al auror: el tlapiani (siendo sincera, el plural me lo inventé yo, jajaja) y la Tlapixqui, la Guardia Nacional, que me suena como al ejército, ¿a ustedes no? Lo que me agradó fue que Lalo pudiera ver de nuevo a Yue Lin, ¡qué bonito! No creí que pasara pronto, pero pasó. Lo malo estuvo en que Itzi no pudo informar nada más a lo que vio Yue Lin..

Y ya terminando el recorrido, Londres. Aquí hubo dos escalas: la joyería en Oxford Street y el Departamento de Misterios, en el Ministerio. Creo que es obvio a qué familia pertenece la joyería, ¿no es así? Y sigo con mis enredos, ¿quién será la rubia increíblemente alta? Pues eso, amigos(as) míos(as) me lo reservo para el futuro. En mi mente apenas se está creando el personaje, así que no me presionen, por fa. Lo que sí puedo decir es que traerá problemas. Tantos o más como la grabación que oyeron Hermione y Jim (ay, cómo me encanta este hombre, es tan inteligente y simpático
Jajaja)

Bueno, siendo todo por el momento, me despido. En un rato me largo a la uni, así que hay que prepararlo todo. Cuídense y nos leemos pronto.
Tres: Parientes del pasado.

25 de junio de 2019.

Berlín, Alemania.

Puerta de Brandeburgo, bulevar Unter den Linden.


Caía la noche en gran parte de Alemania, incluyendo, obviamente, a su capital Berlín. Ciudad orgullosa y cruelmente abatida en incontables ocasiones por los desastres humanos llamados guerras, Berlín ha logrado que Alemania se sienta feliz de tenerla por capital. Es una ciudad industrial y cultural impresionante, donde cualquiera puede fascinarse ya sea por su historia, en alguna ocasión dividida por un muro, o simplemente por su arquitectura antigua.

Muestra del pasado arquitectónico es la Puerta de Brandeburgo, que cerraba a Berlín en el siglo XVIII y cuyo diseño está inspirado en los propileos (puertas ceremoniales) del Partenón en Atenas. Ahora, esta puerta queda en el centro de la capital alemana, en el extremo oeste del bulevar Unter den Linden (el Paseo de los Tilos), una de las vías urbanas más importantes por sus edificios históricos, y esa puerta ha sido sede, a lo largo de los años, de varios hechos trascendentales. Tanto muggles como mágicos.

Llegas tarde.

La persona que descansaba en una de las columnas, un hombre rubio de aspecto duro, observó con el ceño fruncido a quien se acercaba por la plaza llena de gente que se iba a casa a descansar luego de un largo día de trabajo.

Sí, claro, como digas espetó en alemán la recién llegada, una mujer morena que se cubría con una capa color vino. Dejó caer la capucha y una cascada de cabello oscuro y ondulado quedó libre, ondeando a la escasa brisa del incipiente verano. Los ojos marrones de la mujer se clavaron en el rubio con desafío ¿Qué quieres?

El hombre rubio sonrió con algo de ironía.

Espera a que llegue alguien más y hablaremos indicó.

La mujer morena arqueó una ceja. Eso de esperar no le daba buena espina. Y su mal presentimiento se confirmó cuando vio que por el otro lado de la plaza venía una figura increíblemente alta, de cabellos rubios.

Hola saludó la tercera persona, también una mujer, que a diferencia de la morena, vestía por completo de negro. Sus labios, muy delgados, esbozaron una extraña mueca maliciosa al clavarle a la otra mujer sus ojos, fríos como el acero Gusto en verte, Turner.

La morena inclinó la cabeza a modo de saludo, pero no dijo nada.

Ya que estamos reunidos, vamos al grano el rubio alzó la vista, aparentemente admirando la estatua de una cuadriga guiada por la Victoria alada que coronaba la puerta de Brandeburgo Turner, ¿conseguiste algo en Inglaterra?

La morena, sin dejarse amedrentar por la rubia que no le quitaba la vista de encima, asintió vagamente, al tiempo que soltaba un bufido.

No entiendo para qué mantener mis contactos en el Ministerio espetó quedamente.

Eso, Turner, te lo diré en su momento aseguró el rubio, para luego volverse hacia la otra mujer Romanov, ¿qué me tienes, eh?

La rubia, moviendo su cabeza de un lado a otro con gracia, sonrió.

Pues no mucho. Hay pocos que quieran unírsenos. Tal parece que el ataque a Hogwarts los desanimó por la cantidad de bajas.

El rubio frunció el ceño, esta vez con desagrado.

Bien, no importa indicó, enfadado De todas formas, voy a cambiarte de asignación, Romanov. Irás a China y averiguarás qué rayos falló en nuestro ataque.

La rubia asintió, mientras que la morena arqueó las cejas.

¿China? inquirió, algo sorprendida.

Turner, el jefe mandó matar al nuevo ministro chino, ¿no me digas que no lo sabías? la rubia la miraba con una antipatía casi palpable.

Algo escuché cuando fui a ver a mis contactos, pero no era nada confirmado respondió Turner con total tranquilidad Déjenme adivinar, ¿intentaron atacar al tipo en el interior de la Torre Wu?

La rubia la miró con sorpresa.

¿Qué te hace pensar eso? quiso saber.

Porque la única forma en que uno de nuestros ataques fallara era intentando penetrar uno de los edificios mágicos más resguardados de China le hizo ver Turner, visiblemente impaciente Es la sede del Ministerio de Magia de ese país, por todos los cielos, ¿a quién se le ocurrió meterse ahí a la fuerza?

Se hizo el silencio entre aquellas tres personas, roto solamente por las charlas alegres de un grupo de jóvenes teutones que reían con entusiasmo. Cuando el grupo de jóvenes se alejó, el rubio desvió la vista de la estatua de la puerta y miró a ambas mujeres por turnos.

Ahora no estoy para discusiones absurdas les aclaró, haciendo una mueca, con lo que una cicatriz muy marcada en su mejilla derecha se vio más fea Cada quien a lo suyo. Turner, te necesito en Inglaterra cada vez que puedas, hazles creer a esos idiotas que aún estás de su parte, pero no te excedas la mujer morena asintió Y tú, Romanov, en cuanto sepas lo que falló en el ataque en China, te desvías en tu ministerio a sonsacar lo que creas que nos resulte útil para nuestro próximo golpe allí. No importando sus actividades, a las dos las quiero ver en el cuartel general el primer viernes de agosto.

Las dos mujeres asintieron y vieron cómo el hombre rodeaba la columna en la que había estado apoyado, para desaparecerse sin dejar rastro.

¿Cómo te fue en Inglaterra, Turner? quiso saber Romanov, con sorna ¿Hiciste muchas compras en Oxford Street?

Turner la miró por encima de un hombro, dado que le daba la espalda, y le dedicó una mueca de fastidio.

A decir verdad, quería ver un nuevo par de pendientes, pero no me gustaron.

Romanov abandonó su gesto sarcástico, para quedarse impávida.

Algo grande escondes, Turner, y lo voy a averiguar sentenció, antes de imitar al rubio y rodear una columna de la puerta con discreción, para desaparecerse.

Al notar que su acompañante se había ido, Turner se permitió soltar un suspiro.

Ojalá todo esto valga la pena, Kelly susurró, con acento melancólico Quiero vivir en paz de una vez por todas.

Y acto seguido, rodeó una columna, pero no para desaparecerse, sino para quitarse la capa color vino y dejar al descubierto su conjunto de falta y blusa color negro, que hacía juego con un listón que estaba atado a su cuello. Se recogió el cabello en una cola de caballo con una liga negra y sólo hasta entonces rodeó la columna para desaparecerse.




25 de junio de 2019.

Berlín, Alemania.

Restaurante Kohlröserl (1), bulevar Kurfürstendamm.


El bulevar más conocido e importante de Berlín, el Kurfürstendamm, está desbordante de transeúntes, que desfilan sin cesar por las tiendas, los hoteles, los restaurantes y los cines que en esa calle existen. Es bien sabido que cuando la noche es joven, las personas aprovechan para entretenerse un rato paseando por esa avenida tan llena de vida, pero mientras los minutos pasan, los comercios van haciendo sus últimas negociaciones del día.

Lo mismo podría decirse de un pequeño restaurante ubicado casi al final del bulevar, casi colindante con lo que queda de la Iglesia Conmemorativa del Káiser Guillermo, una torre en ruinas que se conserva para demostrar la inutilidad de la guerra. La gente observa la fachada, adornada por el dibujo de una graciosa orquídea negra que semeja a una rosa, por una décima de segundo, para luego desviar la vista hacia la torre de la iglesia. Como si no existiera. A menos, claro, que se sea un mago.

Una mujer se aparece por dentro del restaurante, en la entrada principal. Luego de mirar por la puerta de cristal cortado de reojo, se acomoda la falda negra que usa, que le llega hasta la rodilla, se dobla bien el cuello de su blusa negra y se pasa una mano por su melena oscura, atada en una cola de caballo. En un brazo le cuelga una capa color vino y respirando profundamente, se dirige al capitán de meseros, que tras un pequeño atril, va recibiendo a los escasos magos y brujas que esa noche cenarán ahí.

Buenas noches, bienvenida al Kohlröserl, Fraülein (2) la saludó el capitán de meseros con toda cortesía, en perfecto alemán.

La mujer inclinó la cabeza en señal de amabilidad.

Tengo una cita indicó, aunque a sus oídos, esas palabras sonaron de lo más extrañas.

¿Nombre? inquirió el capitán.

La mujer pronunció un apellido, que para el capitán sonó claramente inusual, y casi al instante la mujer obtuvo una respuesta.

Su acompañante ya llegó indicó Pase por aquí.

El capitán abandonó su atril y con una mano, le señaló el camino. La mujer lo siguió al interior del restaurante, admirándolo con discreción, pero a la vez con deleite.

Era un local pequeño, iluminado a esas horas por ornamentados candelabros dorados cuyas velas emitían un brillo tenue, pero suficiente. Las mesas, circulares y cubiertas por manteles blancos, lucían en el centro floreros de plata con varias flores naturales, entre las que resaltaban aquellas similares a la orquídea negra del letrero de entrada. En las mesas ya ocupadas, magos y brujas vestidos elegantemente degustaban platillos de aspecto delicado y exótico, charlando con alegría como si olvidaran la actual situación en la Europa continental y en Alemania, particularmente. En las mesas vacías, por otra parte, había platos y cubiertos dispuestos con total corrección, en espera de ser usados. La mujer no pudo menos que asombrarse ante la gala del lugar.

Aquí estamos anunció de pronto el capitán de meseros, tendiéndole las manos ¿Me permite su capa por favor, Fraülein?

La mujer asintió, entregándole la capa, y vio de reojo hacia la mesa que ocuparía. Un hombre bien parecido levantó la mirada del menú negro de terciopelo que leía y le sonrió.

Ordenen cuando quieran el capitán les dedicó la típica sonrisa amable de cualquier mesero para con sus clientes antes de dar media vuelta Disfruten la velada.

La mujer asintió vagamente, tomando asiento frente al hombre. Al instante, apareció un menú de terciopelo negro frente a ella, sobre la mesa.

Qué buen servicio comentó con asombro, dejando translucir en su alemán un vago acento inglés Hace mucho que


Se quedó callada lentamente, y en su semblante podía notarse cierta tristeza.

Hace mucho que no vienes a Alemania, ¿verdad? intentó adivinar el hombre bien parecido, sonriendo ligeramente.

Sí, podría decirse admitió la mujer morena Oye, te sienta bien ese color de cabello.

El hombre hizo un mohín de fastidio fingido, mirando de reojo su imagen en el reluciente florero de plata. Su cabello, de un tono castaño rojizo, parecía contrastar con sus ojos, de un verde oscuro intenso.

A mí no me gusta renegó el hombre, encogiéndose de hombros Pero dada la situación, creo que es mejor que no me ande quejando. A propósito, ¿porqué llegaste tarde?

Lo siento, pero tuve una cita. Y confirmé lo de China.

El hombre asintió, pesaroso. Como si hubiera confirmado un mal presentimiento.

Muy bien, habrá que discutir los pormenores durante el plato fuerte indicó, tomando el menú a su lado Por el momento, un aperitivo nos caería muy bien.

La mujer no pudo evitar reír un poco.

Solamente tú podrías decir algo así soltó con ánimo.

El hombre, sin inmutarse, se limitó a encogerse de hombros.

Ordenaron la cena a los platos y éstos se llenaron casi al instante de la comida que querían. Entre bocado y bocado, la mujer ponía al tanto a su acompañante de algunas cosas y éste se limitaba a escuchar con atención, asintiendo de vez en cuando para dar a entender que comprendía. Cuando llegaron los postres, el hombre sonrió sinceramente al ver cómo la mujer probaba el primer bocado de su Apfel Strudel (3).

¡Deliciosa! susurró ella, extasiada.

Ahora, ya con el postre, hay algo más que quiero saber, Katrina.

La mujer bajó el tenedor, lo colocó a un lado del plato y lo observó con atención.

Sí, dime pidió.

El hombre, que había pedido de postre una copa de helado, también dejó su cuchara.

¿Quisieras repetir la cita?

Katrina arqueó las cejas.

Si hablas de trabajo, claro que tendremos que repetirla repuso ella, para luego esbozar una sonrisa y agregar Y si no fuera así
Igualmente la repetiría. Aunque habría que esperar a que todo esto terminara, Orestes.

El hombre sonrió ampliamente, demostrando así lo satisfecho que se sentía.

Siendo así, ya no me importa el color de mi cabello afirmó.

Katrina no pudo evitar reír ante semejante comentario.




25 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Centro de Hyde Park.


Era tarde, muy tarde, para andar a esas horas en la calle, y más en Hyde Park. Eso cualquiera con algo de sentido común lo sabía, pero ¿qué podía hacer ella? Tenía que llegar a su destino. Tenía que hacerlo esa misma noche. Era su única oportunidad.

Había investigado a fondo, vaya que lo había hecho. No por nada buscar, descubrir y aplicar conocimientos eran sus especialidades. Eso no le había servido de mucho en su vida personal, pues en los últimos años, sentía que había ido de mal en peor, pero en el trabajo sí que habían sido cualidades más que apreciadas. Si tan solo no hubiera hecho la elección equivocada hacía tantos años
Aunque lo único bueno de aquella elección lo llevaba ahora en brazos, deseando procurarle todo el bienestar posible.

Cruzó Hyde Park con cautela y no precisamente porque hubiera algún peligro de que la descubrieran. Si así era, unos cuantos movimientos bastarían para zafarse de las dificultades. No, lo que la preocupaba era que llegando a su destino, todo su esfuerzo hubiera sido en vano. Todas sus indagaciones, los favores cobrados y los que ella misma había realizado para obtener los datos que quería se fueran al caño. Pero no permitiría que eso sucediera. Si su primer plan fallaba, simplemente tendría que elaborar otro. Sería un largo proceso, casi tanto como el que le llevó al plan que estaba a punto de ejecutar, pero lo repetiría de ser necesario.

Knightsbridge era un barrio elegantísimo, ahí solamente vivían familias con dinero y con clase, supuestamente. Sabía lo suficiente como para poder afirmar que la mayoría de esas familias tenían oscuros secretos qué ocultar tras su fachada de educación y un buen fajo de billetes. Meneó la cabeza, se acomodó lo que cargaba en brazos con delicadeza y siguió su camino. Pronto llegó ante la puerta principal de lo que parecía una mansión enorme, y sin importarle que fueran cerca de las dos y media de la mañana, localizó el timbre y llamó.

Pasaron varios segundos sin que obtuviera respuesta y eso se lo esperaba. Es decir, ¿quién espera visitas a las tantas de la madrugada? Nadie, se dijo con cierta impaciencia. Giró la cabeza a ambos lados de la solitaria calle, por la que apenas se veían transitar algunos autos de los más recientes modelos (seguramente pertenecientes a los juniors de las casas aledañas que regresaban de alguna fiesta) y luego de dudarlo un instante, volvió a llamar, pero esta vez con más insistencia. Sabía que era una descortesía, pero necesitaba que la atendieran. Según lo que sabía, al día siguiente no habría nadie en esa casa. Y a ella no le quedaba mucho tiempo.

De pronto, oyó que la puerta se abría lentamente, aunque no por completo. Un ojo redondo, grande y verde, casi del tamaño de una pelota de tenis, se dejó ver por la pequeña ranura que formó la entreabierta puerta y una voz chillona, en voz algo baja, inquirió.

¿Qué desea, señorita?

Necesito hablar con los señores de la casa respondió ella, con la voz más firme que pudo, que sin embargo no ocultaba su miedo a ser descubierta Sé que es tarde, pero es importante. ¿Podría dejarme pasar? No quisiera quedarme a esperar respuesta aquí afuera.

El dueño de aquel ojo verde ladeó la cabeza, como si estuviera pensando lo que debía hacer, y la mujer, a través de la ranura de la puerta, alcanzó a distinguir una oreja parecida a la de un murciélago. Frunció el ceño, pensativa.

Por favor insistió al cabo de un momento Si no, soy capaz de sacar la varita.

Ante aquellas palabras, lo que fuera que poseía ese ojo verde y grande dio un respingo.

Disculpe la señorita bruja susurró un tanto asustado Pero debo consultarlo con mis amos y no puedo dejarla entrar. Iré lo más pronto posible, ¿podría esperar?

A la mujer no le quedó más remedio que asentir.

Pero que sea rápido rogó, acomodándose de nuevo aquello que cargaba.

El dueño del ojo verde asintió y cerró la puerta, escuchándose luego al otro lado una especie de plin. La mujer volvió a vigilar la calle en ambas direcciones antes de percibir cómo la puerta se abría de nuevo, pero esta vez por completo, revelando al dueño del ojo verde: un elfo doméstico, que una criatura parecida a un humano, con ojeras amplias de murciélago, que llevaba a modo de vestimenta una extraña combinación de prendas de vestir y que al cuello, le colgaba un extraño medallón, donde estaba grabado un rayo. La larga nariz del elfo casi roza el suelo cuando hizo una reverencia ante ella.

Dobby la llevará con sus amos, señorita indicó el pequeño ser, haciéndole un gesto de mano para indicarle que lo siguiera Por aquí, si es tan amable, señorita.

La mujer asintió y lo siguió. Admiró el jardín, que parecía cuidado con esmero, y luego se quedó de una pieza al ver la casa. Era enorme, tal como había supuesto, pero no fue eso lo que le llamó la atención. La casa despedía un aura
tan cálida
Podía respirarse tranquilidad, confianza, y sobre todo, amor. En esa casa había mucho amor, de eso no había duda.

Por aquí, señorita oyó que decía la voz chillona del elfo.

Ella obedeció, y sin saber porqué, aferró de manera protectora a aquello que llevaba en brazos. Sabía que en esa casa no podía pasarle nada malo, pero era tanto por lo que había tenido que pasar para llegar a ella
Era lógico que ante algo desconocido, temiera.

Llegaron a una sala de lo más agradable, en su mayor parte decorada en tonos rojizos, y que tenía una chimenea empotrada en la pared opuesta a la entrada. En aquel momento estaba apagada, cosa normal en una noche calurosa de principios de verano, y sobre la repisa de la misma, se veían algunos portarretratos dorados, aunque lo que más llamaba la atención era que las fotografías en ellos parecían
vivas.

Buenas noches saludó una voz grave, perteneciente a un hombre.

La mujer vio de dónde provenía. En el sofá, luciendo una bata color verde oscuro sobre la pijama, se encontraba un hombre alto y moreno, de corto y revuelto cabello negro, que usaba anteojos redondos delante de unos ojos de color verde impresionante. Aunque lo que más impresionaba de ese hombre era un rasgo un tanto insignificante para quien no fuera buen observador: una cicatriz en la frente medio oculta por su flequillo. Una cicatriz en forma de rayo que era la que hacía a aquel hombre una de las personas más famosas de Reino Unido. Al menos para ciertas personas.

Es un honor conocerlo dijo enseguida la mujer, haciendo una pequeña inclinación Y de nuevo me disculpo por venir a semejante hora.

Dobby nos dice que es algo importante comentó ahora una voz de mujer un tanto severa, pero a la vez amable. La visitante pudo ver que su dueña era una mujer de larga melena castaña, cuya mirada, del mismo color, estaba fija en ella Y confiamos en su palabra. Dobby se volvió hacia el elfo, quien hizo una reverencia Trae algo de té, por favor.

Sí, señora el elfo asintió con energía y acto seguido, desapareció.

Tome asiento, por favor le pidió el hombre a la visitante, señalando un sillón cercano.

La mujer asintió, y al sentarse, se acomodó en el regazo aquello que había estado cargando con tanto celo, observándolo con una ternura infinita.

¡Por las barbas de Merlín! exclamó por lo bajo la mujer castaña ¿Está bien?

Obviamente se refería a lo que descansaba en el regazo de su visitante, a lo que ésta se limitó a contestar con un asentimiento de cabeza.

En ese caso, la escuchamos dijo el hombre con amabilidad Pero antes, si no le molesta que pregunte, ¿podría decirnos su nombre?

La visitante asintió, pero antes, se llevó una mano a la cabeza. Como la cara se la ocultaba a medias con una especie de gorra de béisbol, consideró que debía quitársela. Así lo hizo, dejando ver el rostro agraciado de una mujer de tez pálida, abundantes pecas en la nariz y unos preciosos ojos color azul lavanda, un tono fuera de lo común, por cierto. Su cabello, de un tono negro muy parecido al del hombre, no le llegaba más allá de sus hombros, y todo porque era muy corto. Sonrió tímidamente al ver la expresión de sus anfitriones.

Como ya les dije, es un honor conocerlos dijo con voz pausada Soy Violet.

Como la flor susurró la mujer castaña.

La mujer asintió.

Tendrá un apellido, ¿no? aventuró el hombre.

Sí, lo tengo, pero no se los diré por el momento indicó Violet, firme.

El hombre no insistió.

¿En qué podemos servirle? quiso saber la castaña, hablando con amabilidad.

Violet suspiró, como reuniendo valor. Miró directamente al hombre.

Señor Potter, ¿recuerda su vida como muggle?

El hombre hizo una mueca.

No es algo que me guste recordar a menudo espetó, procurando seguir hablando con cierta cordialidad Pero sí, aún me acuerdo de esos tiempos. ¿Qué sabe al respecto?

Violet volvió a suspirar.

Algunas cosas, pero la primera versión que oí era algo
cambiada. A usted lo pintaban como al malo del cuento sonrió con ironía Lo bueno es que soy bruja y no me la creí.

El hombre arqueó las cejas.

Pero vayamos por partes indicó Violet, al percibir el gesto del señor Potter En primer lugar, creo que debería aclarar que no soy inglesa. Mi nombre es en ese idioma, pero eso no es nada. En realidad, soy rusa.

Pues no lo parece se atrevió a observar la castaña.

Tal vez, pero es cierto Violet sonrió levemente antes de seguir Mis padres eran rusos, y magos muy buenos, debo añadir. En Rusia nuestra familia era muy conocida, tanto como aquí lo son ustedes, los Potter, pero no por los mismos motivos. Más bien por ser un grupo de ricachones con ideas algo excéntricas.

Y rió suavemente, deteniéndose a los pocos segundos. Como si hacía mucho que no reía.

Lo siento se disculpó, para luego aclararse la garganta Verán, éramos tomados por locos. Hacíamos un montón de cosas atrevidas, como despilfarrar galeones en causas muggles o incluso casarnos con ellos hizo una mueca, entre triste y furiosa, para luego agregar Y uno que otro eligió un mal camino. Así somos en mi familia.

¿Y usted qué hizo? indagó el hombre.

Violet se encogió de hombros.

Apoyar causas muggles respondió con cierto desenfado Y bueno
una mala decisión que me llevó a tener esto y se señaló a sí misma, haciendo énfasis en sus ropas desgastadas y en lo que descansaba en su regazo.

La pareja dueña de la casa la miró como si no comprendiera de lo que hablaba.

Conocí a un inglés hace algunos años dijo Violet, dando comienzo a un relato que pensaba llevarse a la tumba, al menos hasta antes de concebir su plan Era director de una pequeña organización que se dedicaba a otorgar becas de estudios a niños muggles de bajos recursos. Lo vi por primera vez en Moscú, charlamos un par de veces y acepté en dar algunos donativos de vez en cuando. Desde un principio, el inglés me pareció tan poca cosa, que nunca se me pasó por la cabeza que mi amabilidad le llamaría la atención de alguna forma. Al paso de los meses, me invitaba a pasear cada vez que iba a Moscú, cenábamos y platicábamos de mil cosas. Tan indiferente era para mí que me sorprendió cuando me pidió matrimonio. Me negué, obviamente, yo no lo amaba. Pero siguió insistiendo y al ver su empeño, creo que pudo más en mí la compasión que otra cosa, y acabé aceptando. Ahí tienen la peor decisión de mi vida.

Violet suspiró con desgano.

Pero
¿qué no es feliz? inquirió la castaña.

¿Qué? ¡No! soltó Violet, sonriendo con cierto desprecio Señora Potter, da la casualidad de que no sabía la serpiente que me echaba al cuello. El hombre caballeroso que había conocido como alguien preocupado por otros era una simple fachada. Al poco tiempo de casados, luego de vivir una temporada en Moscú, decretó que nos marchábamos a Inglaterra. No tengo nada en contra de este país, lo poco que conozco de él me ha gustado, pero que me arrancaran de mi tierra sin siquiera consultarme
soltó un bufido indignado antes de seguir Se lo dije, le dije que al menos iba a despedirme de mi familia, pero no lo consintió. Entonces le afirmé que no le estaba pidiendo permiso, le estaba avisando, y fue cuando
Bueno, les bastará con decirles que tuve que practicar algo de magia curativa en una de mis mejillas suspiró, pero esta vez con resignación.

¿Pero cómo es posible? se sorprendió la señora Potter, escandalizada, a sabiendas de lo que eso significaba.

No sé, sólo pasó. Estaba tan asombrada que no pude reaccionar. Al segundo siguiente lo tenía a un lado, disculpándose por su arranque, y jurando que no volvería a pasar. Pero sabía que se repetiría, no por nada había estudiado la sociedad muggle a fondo. Así que fingí que le creía para tenerlo calmado, lo dejé preparando el viaje a Inglaterra, y en cuanto cometió un descuido, me le escapé. Claro, si para algo sirve ser bruja agregó, sonriendo con malicia.

Pero todo eso
¿qué tiene que ver cono nosotros? quiso saber el señor Potter.

A eso voy. Luego de escapármele, tramité el divorcio según las leyes muggles, pues por fortuna no nos casamos bajo las leyes mágicas rusas, ésas son un tanto más complicadas. Pues bien, logré enterarme que se puso rabioso con mi huída. Y más con la carta que le dejé, en la que le pedí que no me buscara porque le iba a pesar. Aunque ahora que sé bien quién es, creo que lo que más le molestó fue la posdata de la carta: Ah, cariño¿adivina qué? Te has casado con una bruja. Una de verdad, con magia, varita y toda la cosa. Así que si me vuelves a poner una mano encima, te maldeciré como no tienes idea.

¿Se lo soltó así, sin más? la señora Potter se quedó de una pieza al oír eso.

Violet se echó a reír, y esta vez sin detenerse. Además, sentía que le había hecho mucha falta a lo largo de los años.

Sí, se lo dije. Conociéndolo, se quedaría callado, nadie le creería eso de su esposa la bruja. Pero como mencioné antes, no sabía la serpiente que me había echado al cuello. El tipo resultó tener contactos con el bajo mundo inglés, y no me extraña porque su aspecto intimida a cualquiera, y pega muy duro se llevó la mano a la mejilla derecha, frunciendo el ceño Así que dispuso todo para buscarme. Yo lo sé porque también tengo mis contactos, y por eso he ido de un lugar a otro para darle pistas falsas y que no pueda encontrarme. Y con la magia, eso es mucho más sencillo.

Sigo sin entender qué tenemos que ver en esto intervino el señor Potter de pronto.

Violet sonrió, pero esta vez de manera más irónica que antes.

La primera versión de su vida con los muggles la tuve de ese idiota, ¿sabe? confesó, meneando la cabeza Nunca pensé que estaba hablando de usted hasta que lo investigué a fondo. Y vaya sorpresa que me llevé, créame. Por casualidad, ¿ha tenido contacto con sus parientes muggles, señor Potter?

Por supuesto que no respondió el susodicho sin dudarlo ni un instante Desde el momento en que fui mayor de edad, no he vuelto a verlos. Y estoy seguro de que no querrían verme. La última noticia que tuve es que mi primo, sorprendentemente, acabó la universidad. Cosa que me sorprendió, porque nunca lo creí con cerebro para eso, ¿sabe?

Violet volvió a reír.

Sí, según su historial, le pasaban sus tonterías por dos cosas: era un atleta y sobornaba a más no poder. Digno hijo de su padre, prepotente y que guarda las apariencias, ¿verdad?

Aquella descripción hizo que el señor Potter se pusiera en guardia.

¿Segura que conoce a los Dursley solamente por haber investigado? quiso saber.

Eso quisiera, pero no Violet se encogió de hombros La verdad yo


En eso, aquello que reposaba en su regazo se movió. Violet inclinó la cabeza y sonrió con suavidad, preguntando en tono dulce.

¿Dormiste bien, cariño?

A quien Violet le hablaba era a una adorable niña de unos diez años, de cabello rubio y lacio, de cara pecosa y ojos color azul lavanda. Su carita, redonda e infantil, giró hacia ambos lados, con los párpados entrecerrados por el sueño, y se frotó los ojos con una regordeta mano de tez muy clara, volviéndose hacia Violet.

¿Dónde estamos, mamá?

La pregunta, hecha con una voz aguda y algo lenta, no fue comprendida por los Potter. Y es que había sido hecha en ruso.

Donde te había dicho, cariño, pero debes hablar en inglés, ¿si? pidió Violet.

La niña hizo un pequeño puchero.

De acuerdo, mamá aceptó, hablando esta vez en inglés, y su voz siguió sonando tan lenta como antes, además de que se notaba que el idioma le costaba trabajo.

Gracias Violet sonrió con ganas y miró a los señores Potter antes de dirigirse de nuevo a la niña Estas personas son de las que te hablé, ¿recuerdas?

La pequeña les dirigió a los Potter su mirada y ellos pudieron advertir que parecía algo turbia, y no precisamente porque acabara de despertar.

Hola saludó la niña con cierta dificultad.

Hola, pequeña saludó amablemente la señora Potter, sonriendo ¿Cómo te llamas?

La niña ladeó la cabeza, frunciendo el ceño como si se hubiera molestado. Ese gesto hizo que el señor Potter se acordara de alguien, pero no sabía de quién.

Drusie respondió la niña por fin, haciendo una mueca.

¿No te gusta tu nombre, acaso? aventuró el señor Potter, tratando de sonar amistoso.

La niña se le quedó viendo por un largo rato, e hizo una mueca similar a cuando pronunció su nombre. Ahí fue cuando el señor Potter creyó saber dónde había visto antes rasgos parecidos a los de esa niña. Pero era imposible


Es
raro comenzó la niña con timidez Nada más.

Pues mira, si a esas vamos, el nombre de mi esposa es más raro indicó el señor Potter, sonriendo levemente Se llama Hermione.

Drusie abrió mucho los ojos y empezó a sonreír. Fue un gesto sincero, que llenó de calidez su redonda carita, y el señor Potter no pudo reprimir más tiempo una pregunta.

¿De dónde conoce usted mi vida muggle, Violet?

La mujer, un tanto sorprendida por la brusquedad de la pregunta, volvió a suspirar. Ya se esperaba eso, pero no tan pronto.

De mis investigaciones, señor Potter. Comprenderá que no podía presentarme aquí sin saber lo que iba a encontrarme. Y más cuando necesito que me haga un favor. Uno muy especial. Necesito
que cuiden de Drusilla.

No me gusta que me llames así se quejó Drusie con desdén Por favor, mamá.

Pero Violet miró a su hija fríamente por primera vez desde que había llegado a Londres. La pequeña, sabiendo lo que esa mirada significaba, bajó la vista.

Lo siento se disculpó Se me había olvidado papá.

Sí, hija, olvidaste a papá corroboró Violet, seria Tu nombre a él le gusta, pero eso no garantiza que le vayas a gustar tú. Sabes que ni soporta oír la palabra con m. ¡Qué ridículo!

Entonces
tú crees que
¿un día lo veré? quiso saber la niña.

Violet volvió a suspirar, más con cansancio y hartazgo que otra cosa.

Si cambiara, te lo aseguro afirmó Antes no.

Drusie comprendió y asintió con pesadez. A la señora Potter esa conducta con ralentizados movimientos y forma de hablar no le daban buena espina.

No ha contestado mi pregunta le hizo ver el señor Potter.

Pero pienso hacerlo ahora Violet tomó aire, como si lo que fuera a decir le fuera a costar todo su valor Mi hija es mitad inglesa, y estando en Reino Unido, seguramente le llegará una carta para asistir a esa escuela de magia suya
¿Hogwarts, no? los Potter asintieron Drusilla lleva mi apellido, ya que nació poco después de que su padre y yo nos divorciamos, pero seguramente en la carta vendrá su apellido auténtico, así que
Cariño se volvió hacia la niña ¿Podrías decirle al señor Potter tu nombre completo, por favor? Pero con el apellido de papá.

Drusie asintió, y fijó en el señor Potter sus ojos, idénticos a los de su madre, pero que con esa mirada confusa que les decía que no era una niña ordinaria.

Mucho gusto, señor saludó en primer lugar, para luego decir Me llamo Drusilla
Drusilla Lily Dursley.

(1) Kohlröserl, literalmente, significa rosa de carbón.

(2) La palabra Fraülein, en alemán, designa a una señorita.

(3) El Apfel Strudel es una tarta de manzana, asada.




6 de Marzo de 2007. 11:15 A.M. (Hora de Aguascalientes, Ags.)

¡Hola, gente bella! Aquí su servilleta reportándose. ¿Me extrañaron? Espero que sí, porque yo sí que extraño recibir sus comentarios. Nada raro si considero que no he actualizado últimamente, jajaja.

Y no esperen que lo haga pronto después de hoy. Paso por un momento difícil, ando de luto, y si agregan a eso que los exámenes empezaron acá en la uni, ¡es el acabose! Así que pido su comprensión y aviso que de aquí a que me lean de nuevo, pasará un buen rato.

Pero bueno, pasemos al capi, ¡los dejé con la boca abierta! No me mientan, estoy segura, lo conseguí. Vámonos por partes.

Primero, lo de Alemania. Katrina, como dijo Jim, se fue a conseguir información de nuestro rubio favorito (nótese el sarcasmo, por favor) y de paso, nos volvimos a topar con la rubia altísima que responde al apellido Romanov. ¿Que de dónde lo saqué? ¿Se acuerdan de esa película de Disney Anastasia? Pues de allí mismo, de la realeza rusa. La familia en sí existió, fue la última en ocupar el trono ruso antes de la Revolución. ¿No lo sabían? Pues váyanse a repasar Historia Universal, que mal no les hará.

Y luego, nos vamos al Kohlröserl, a ver la singular cita entre Katrina y
¡sí, Orestes Onassis! No creí que este Centurión apareciera pronto, pero lo hizo, y me agrada. La creadora de Katrina no podrá negarme que Orestes es guapo, jajaja. Así que luego veremos si la relación avanza como Orestes quiere, y si no
Seguro que querrán colgarme. Pero les recuerdo que sin mí, no hay más fic.

Y por último, Violet. Una rusa desconocida, bruja experta en investigaciones (casi una versión de Hermione¿no?) y que lleva en brazos a su pequeña Drusie (o Drusilla, como quieran llamarla)¡la hija de un Dursley! Seguro ahora sí que querrán matarme, en serio. La idea de Drusie me surgió hace tiempo (mientras terminaba la primera entrega e iba a medias de la segunda), pues había quienes decían que estaría bien que Hally tuviera un hermano o hermana. Bueno, Drusie no será su hermana, ¡pero son parientes! Algo es algo, ¿no? Además, me encantaba la idea de pagarles a los Dursley con la misma moneda que ellos le dieron a Harry, ¡tanto que lo despreciaron por ser mago y ahora un miembro de su familia tiene magia! Ja, ¿cómo les quedó el ojo, eh? (Ay, no, qué mala soy).

Bueno, me despido, que ya me he extendido mucho. Como les dije, no creo que nos leamos pronto. Pero lo que sí les deseo es que se cuiden mucho y que vivan la vida. ¡Adiosín!



"HHP: Primera Mundia Mágica" ahora está dedicado a mi sobrino, fallecido el día 28 de febrero de 2007.

A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.





Cuatro: Celebración.

25 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Número 22 de Hyde Cross, distrito de Knightsbridge.


Señora, ¿en verdad espera que crea esto?

El señor Potter miraba a Violet con las cejas arqueadas, en actitud desafiante, y no era para menos. La noticia con la que había llegado podía ser de todo, menos agradable.

La pequeña sentada en el regazo de la mujer, al oír el tono de voz del señor Potter, se encogió un poco, entre somnolienta y asustada, pero en sus ojos no había más que confusión.

Antes de seguir charlando, ¿puedo pedirles un favor? inquirió Violet tímidamente.

El señor Potter iba a replicar, pero su esposa se le adelantó.

¿Qué se le ofrece?

Violet indicó con la mirada a Drusie, que luego del sobresalto inicial, se dormía de nuevo.

Podría
¿me prestarían una cama para Drusilla?

La señora Potter asintió y se puso de pie.

Sígame pidió.

Las dos mujeres abandonaron la estancia, cosa que el señor Potter aprovechó para levantarse de su asiento y dar vueltas, con el ceño fruncido. Aquel asunto no tenía ni pies ni cabeza y sin embargo, no quería mostrarse insensible. Pero la situación no era normal, y tenía sus sospechas.

En muchos años no había recibido noticias de su familia muggle, ni una sola. Sus tíos y primos, haciendo gala de una indiferencia igual o mayor a la que mostraban en sus cumpleaños, en cuanto se marchó aparentaron que nunca lo habían conocido; o mejor para ellos aún, fingieron que ni siquiera existía. Ni cuando la segunda guerra se puso tan mal que afectó su perfecto mundo sin magia y llegaron a necesitarlo, se contactaron con él. Solamente su tía hizo un gran esfuerzo y le envió una carta por vía muggle (cosa que lo sorprendió, pues no recordaba haberle dado su dirección) en la que le contaba, sin muchos detalles, que estaban bien y que su primo se había graduado de la universidad con grandes honores. Él lo dudó en su momento y si lo que Violet decía era correcto, no se equivocaba: su primo nunca había tenido mucho intelecto.

Ahora, la gran incógnita era cómo había llegado Dudley a Moscú y más como representante de algo que tuviera qué ver con ayudar a los desvalidos. Aún recordaba vagamente sus excursiones con su pandilla para abusar de los débiles, y eso, más que otra cosa, era lo que le parecía incongruente en el relato de Violet. Por eso quería hablar con esa mujer sin rodeos, y para empezar, quería saber su apellido.

Ya volvimos anunció la señora Potter, sonriendo ligeramente Violet, tome asiento le indicó a su visitante Y antes que otra cosa suceda, creo que debe decirnos su nombre completo. Comprenderá que si no lo hace, no podremos confiar en usted.

El señor Potter se limitó a asentir con la cabeza, en señal de acuerdo.

Supongo que es lo justo Violet se encogió de hombros, resignada Aunque seguramente no le hará mucha gracia miró al señor Potter Más con la profesión que tiene.

Dígalo y luego veremos eso invitó él.

Soy Romanov. Violet Romanov.

La señora Potter frunció el ceño, extrañada, pero el señor Potter abrió mucho los ojos. Su esposa supo, al ver ese gesto, que el apellido le sonaba de algo. De algo no muy bueno.

Su familia últimamente es acusada de unas cuantas cosas comentó el señor Potter con seriedad Más que nada, por uno de sus miembros. De hecho, casi lo arrestamos hace dos días.

Violet hizo una mueca de fastidio.

Sí, me enteré admitió Mientras que a mi querida prima la anden buscando, yo también estaré en problemas. Y no quiero que Drusilla sufra por eso. En parte por eso vine.

Quería alejarla de ese ambiente supuso la señora Potter.

Violet asintió en silencio.

No la culpo el señor Potter frunció el ceño En cierta etapa de nuestras vidas, nos preocupó de manera similar el futuro de Hally, nuestra hija. Eso puedo entenderlo.

Harry
comenzó la señora Potter a modo de advertencia.

Pero eso no significa que le crea prosiguió el señor Potter como si nada, ignorando a su esposa como pocas veces lo hacía Es decir
¡no me cabe en la cabeza que mi primo consiguiera casarse! Eso para mí es
antinatural.

Al ver sonreír levemente al señor Potter, Violet intuyó que sus más recientes palabras eran para infundirle un poco de confianza. Que aunque le tenía reservas, intentaría comprenderla. Y llegado el caso, podría incluso llegar a apreciarla.

Ya le dije que pudo más en mí la compasión que otra cosa Violet soltó un suspiro y los Potter empezaron a creer que eso era algo característico de ella Así soy yo: veo a alguien indefenso, desvalido, triste y
Simplemente no lo soporto. Aunque ya aprendí que debo ser cauta con ese rasgo mío. No todos se merecen mis buenas intenciones.

Sonrió con ironía y se llevó una mano a la cabeza, acomodándose un mechón de negro cabello tras una oreja. Hizo una mueca de ligero fastidio.

Lo único que me incomoda reconoció de repente es tener que estar huyendo. No es bueno para el estado de Drusilla.

Fue entonces que los Potter arquearon las cejas, mirándose entre sí.

La niña tiene algo, ¿verdad? inquirió la señora Potter con cautela.

Violet volvió a suspirar. Los Potter empezaban a encontrar irritante ese gesto.

Drusilla tiene
El Síndrome de Tardobius al ver el gesto de incomprensión de sus interlocutores, Violet se aclaró la garganta Es una enfermedad mágica muy rara, tanto que se consideraba extinta. Básicamente consiste en que
todo lo que haga será a velocidad ralentizada. Aunque por fortuna, hay cosas que le salen como a los demás. Increíblemente, habla mi idioma natal a la perfección, pero el inglés le cuesta trabajo sonrió con ironía Si su padre lo supiera
Él siempre quería que conversáramos en inglés, porque el ruso no era su fuerte. Qué loco
y movió la cabeza de un lado a otro, resignada.

Y
¿eso no puede curarse? quiso saber el señor Potter, no queriendo sonar interesado.

Pero su esposa lo vio con una efímera sonrisa en los labios. Sabía que por muy mal que se hubiera llevado en el pasado con sus tíos y primo, Harry James Potter no era una mala persona. Y menos con quien le solicitaba ayuda.

No que yo sepa Violet se encogió de hombros Todo lo que he podido hacer por mi pequeña es darle mi afecto y enseñarle cosas a su ritmo. No es nada fácil hacerlo, ¿saben? sonrió nerviosamente, como si estuviera a punto de llorar Menos viajando de un lado a otro.

Para que no las encuentre Dudley supuso el señor Potter.

Violet asintió, inclinando la cabeza. Lo que estaba a punto de pedir era una soberana locura, más considerando con quiénes estaba hablando, pero para eso había ido a aquella casa, haciendo un largo viaje por medio continente con una niña pequeña y enferma a cuestas. Y esa niña, se recordó, era la razón de sus esfuerzos y de toda su existencia.

Necesito que ustedes cuiden de Drusilla pidió pausadamente, pero con un dejo de convicción en la voz Mientras mi prima siga haciendo de las suyas, toda mi familia será investigada, comenzando por mí. Si llegan a encontrarme, Dursley también lo hará. Y lo que menos quiero es que Drusilla esté con un padre que no la comprenderá jamás.

Los Potter la observaron con cierta admiración. Si bien sus continuos suspiros les revelaron que era una persona que se andaba con algunos rodeos, descubrieron que eso no significaba que fuera una cobarde. Sobre todo si se trataba de algo que le importaba.

Aún no puedo creer que ese primo mío tenga inteligencia suficiente para mandar buscarla por todo el continente refunfuñó el señor Potter de repente Violet, para empezar, ¿sabe cómo llegó a esa institución de beneficencia que me comentó? El Dudley que recuerdo era más afecto a dañar personas que a auxiliarlas.

No, y eso que he investigado bastante.

El señor Potter asintió como si llegara a una importante conclusión, para luego mirar a su esposa con determinación.

Hermione, ¿no tenemos una habitación libre en el primer piso? Ahí puede quedarse Violet esta noche, mientras tú y yo discutimos este asunto.

Violet lo miró asombrada, mientras que la señora Potter arqueaba las cejas.

¿Qué asunto exactamente? quiso saber.

El señor Potter esbozó una sonrisa sarcástica.

¿Tú cuál crees? preguntó a su vez.

La señora Potter negó con la cabeza, sonriendo y recordándose por enésima vez que su esposo era una de las mejores personas del mundo.




26 de junio de 2019.

Condado de Wiltshire, Inglaterra.

Número 33, Wisteria Field’s Lane.


Alegría. Eso era lo que predominaba en la enorme y antes lúgubre mansión Malfoy en el condado de Wiltshire. Algo que sus actuales dueños sabían que antaño no tenía.

Patrick Malfoy recibía a los invitados al evento de ese día con una sonrisa por las alabanzas dirigidas al bebé pelirrojo y pecoso que sostenía, que emitía sonoros balbuceos ante las muestras de cariño que recibía. Ése era Ly Malfoy, el mayor de los hijos de Patrick y Frida, a quien su padre presumía con orgullo.

En el interior de la casa, Frida les indicaba a los invitados dónde podían colocar los obsequios que llevaban, envueltos en brillantes papeles multicolores. Frida sostenía en brazos a su otro bebé, Lance, quien a diferencia de su hermano, dormía plácidamente a pesar del creciente alboroto que había a su alrededor. Solamente hizo ademán de despertar cuando llegó un par de personas en particular.

¡Mira qué lindo!

La exclamación provino de la señora Molly Weasley, quien junto con su esposo Arthur, aprovechó lo que parecía la única oportunidad cercana de conocer a sus primeros bisnietos y había hecho el largo viaje desde Brighton. El señor Arthur contempló al bebé un segundo antes de sonreír con aprobación.

Mientras tanto, en el jardín, se notaba mucho más qué tipo de festividad se llevaría a cabo. Numerosos globos de colores colgaban del techo de una carpa blanca, formando una colorida red, y varias mesas redondas estaban distribuidas por el sitio. Algunas de las mesas ya estaban ocupadas, sobre todo por personas de cabello de un tono rojo intenso, pero había algunas otras cabezas castañas, de cabello oscuro e incluso algunas rubias. Había una mesa un poco más grande que las demás, en un extremo de la zona delimitada por la carpa, donde había dos sillas de respaldo alto, ya ocupadas. Una por una niña de cabello negro y anteojos redondos, vestida de blanco y rojo; y la otra, una niña de largo cabello rubio platino vestida de blanco y verde.

Todos los que recién llegaban, pasaban a saludar a ese par de niñas, les daban un abrazo y les presentaban sus mejores deseos para ese día. Las dos parecían sumamente divertidas, y en cuanto se quedaban solas, charlaban en susurros, en un mundo que parecía exclusivamente suyo. Y apenas supieron cuando algunas personas ocuparon los lugares a sus lados.

Los lugares libres que quedaban junto a la chica de anteojos ahora eran de tres personas: un hombre de cabello negro azabache, ojos verdes y anteojos redondos, con una curiosa cicatriz en la frente en forma de rayo. Le seguía una mujer de melena castaña y ojos del mismo color, que observaba con detenimiento a su alrededor. Cerraba ese trío una niña de ademanes lentos y ojos color azul lavanda, cara pecosa y cabello rubio y lacio que sorprendentemente, lanzaba algunos destellos rojizos al sol.

Mientras que a un lado de la chica rubia estaba el joven matrimonio Malfoy, conformado por Patrick y Frida, y cada uno cargaba a uno de sus gemelos. En algún momento, los habían intercambiado, así que al momento de sentarse, Patrick sostenía a Lance y Frida, a Ly.

La joven rubia, en un momento dado, interrumpió educadamente su charla con la chica de anteojos y se giró hacia Patrick.

Pat, ¿cómo están los niños? preguntó con curiosidad.

Están perfectamente, Danny le respondió Patrick con una sonrisa ¿Y tú, cómo estás?

La chica rubia sonrió de oreja a oreja.

¡Es genial, Pat! exclamó sin poder evitarlo Nunca pensé
¡Gracias por la fiesta!

Patrick se limitó a sonreír con benevolencia y miró por encima de su hombro a Frida, que arrullaba a Ly para que imitara a su gemelo y durmiera una siesta.

Disculpa, Patrick intervino de pronto la chica de anteojos con amabilidad Aún no te agradezco que me permitieras venir.

No hay de qué aseguró Patrick Eres amiga de Danny. Y tu cumpleaños también es hoy, así que ¿porqué no celebrarlas a ambas?

La muchachita de anteojos hizo una mueca, como insegura, para luego sonreír.

De todas formas, gracias afirmó, moviendo la cabeza hacia su derecha ¿Sí, papá?

Se volvió hacia el hombre de cabello negro y ojos verdes sentado a su lado (quien la había llamado con mucha discreción) y los dos rubios rieron se miraron, para luego reír brevemente.

¿Siempre es así?

¿Quién, Hally? inquirió la chica rubia a su vez Sí, siempre. Por eso es mi amiga.

Antes que Patrick pidiera alguna explicación a eso, el hombre de cabello negro y ojos verdes se puso de pie y llamó la atención de todos alzando los brazos.

Queremos agradecer a todos su asistencia comenzó Es un honor que aceptaran asistir a la fiesta de cumpleaños de Hally miró a la niña de anteojos, quien sonrió nerviosamente al saberse el centro de atención que a su vez, es fiesta de cumpleaños de Danielle, una de sus mejores amigas ahora señaló con un gesto a la niña rubia, que entrecerró sus azules y opacos ojos con algo de vergüenza Y sin más, deseo a ambas señoritas un feliz cumpleaños y que tengan muchos días de éstos en un futuro.

Todos aplaudieron cuando el hombre de cabello negro terminó con su discurso, y se dispusieron a probar el pastel que en ese momento, dos elfos domésticos se encargaban de repartir con ayuda de su magia, haciendo levitar varios platos a la vez.

En ese momento, para dicha de las dos festejadas, un grupo de personas muy particular acababa de llegar al sitio, aunque solamente uno de ellos se quedó impávido ante la muestra de magia de los elfos.

¡Thomas!

Danielle se levantó de su asiento de golpe y antes que su hermano Patrick pudiera preguntarle qué sucedía, corrió hacia el único de los recién llegados que no veía a los elfos con la boca abierta: un chico de cabello rojo anaranjado y ojos de un tono verde claro que sonreía siempre
O casi siempre.

Ah, hola, Danielle saludó el chico sin inmutarse demasiado, observando a su alrededor Bonita fiesta comentó, para luego mirarla Te ves bien.

Gracias respondió Danielle, aunque ya no tan contenta.

Por cierto el chico observó una mesa cercana, donde estaban cuatro jóvenes de su edad que al notarlo, le hicieron distintos gestos de saludo sin hacer caso a los regaños de sus padres ¿Porqué no vinieron todos? Sólo veo a Walter, Sunny, Rose y Bryan.

Danielle suspiró. Aquello no iba bien y no se necesitaba ser un genio para saberlo.

Ryo y Amy están en Londres y sus padres no los traerían precisamente aquí ni aunque les pagaran comenzó a explicar, ligeramente fastidiada Paula y sus padres tuvieron que irse de emergencia a Alemania. Henry avisó que saldría esta mañana para México y Procyon
No tengo idea de dónde pueda estar frunció el ceño Thomas, ¿pasa algo?

Pero el nombrado no respondió, porque entonces la otra festejada se acercó.

Hola, Thomas saludó Hally, sonriendo Nos alegra que pudieras venir.

Thomas asintió, pero Hally notó lo mismo que Danielle: su amigo no sonreía. Y eso, en Thomas Elliott, era algo muy raro.

Thomas, ¿qué es eso? preguntó alguien detrás de él, una chica de unos catorce años de cabello largo y oscuro, de ojos azules Parece un duende.

Eso no es un duende corrigió Thomas de repente Es un elfo, Sydney.

La joven arqueó una ceja, sin comprender.

¿Y cuál es la diferencia, sabelotodo? espetó otra chica mordazmente, de cabello también largo, pero rubio, y ojos verdes muy parecidos a los de Thomas.

Skye, déjalo en paz intervino un chico, también de unos catorce años, cabello rubio oscuro y ojos azules Mucho gusto saludó a Hally y Danielle Soy Scott. Y estas latosas señaló a las chicas Son Sydney y Skye. Somos los hermanos de Thomas.

Hally y Danielle les tendieron la mano enseguida, recordando lo que su amigo les había contado sobre ellos. Eran trillizos y muy traviesos. Aunque ahora no lo parecían.

Thomas, cariño, ¿ellas son tus amigas? inquirió alguien de pronto.

Danielle y Hally observaron a la pareja que se acercaba a ellos. Quien había preguntado era una mujer rubia de belleza impresionante, que les recordó vagamente a las veelas del pasado Mundial de Quidditch. Sus ojos, de un tono azul claro precioso, tenían un brillo misterioso y amable. Y el hombre que le tomaba el brazo, un pelirrojo de ojos verdes, tenía la sonrisa a flor de piel. Era como ver una copia crecida de Thomas.

Sí, mamá respondió el aludido con seriedad Chicas, les presento a mis padres.

Mucho gusto saludó el hombre pelirrojo, sin dejar de sonreír Sean Elliott, a sus órdenes. ¡Pero qué señoritas tan lindas! exclamó en voz baja Me alegra que mi hijo tenga amigas así en esa escuela suya


Sean, cálmate, amor le pidió la mujer rubia antes de presentarse con total cortesía Soy Charlotte Elliott, mucho gusto.

Creí que era Jackson se sorprendió Danielle, al darle la mano.

Ése es el apellido que uso en el trabajo, pero soy una Elliott de pies a cabeza la mujer rubia sonrió y Danielle vio que ese gesto era idéntico al que hacía Thomas cuando estaba orgulloso de algo Tú debes ser Danielle, Thomas habla mucho de ti.

¿Ah, sí? se extrañó la rubia, y Hally aprovechó que no participaba en la conversación para observar a Thomas, quien de pronto se había quedado rígido.

Por cierto, ¿en serio eso es un elfo? Skye miró con recelo a Dobby, que era el que pasaba cerca en ese momento, haciendo flotar un par de charolas por encima de su cabeza Yo creí que los elfos serían como Orlando Bloom en El Señor de los Anillos.

¿De quién hablas? soltó Danielle inocentemente.

Skye la miró como si estuviera loca.

¿No sabes quién es Orlando Bloom? exclamó ¿Pues en qué planeta vives, niña?

Skye, los magos no saben nada de cine le recordó Sydney con aire aburrido Eso nos lo dijo el sabelotodo.

Chicas, sí que son imposibles suspiró Scott con una ligera sonrisa.

Gracias dijeron Skye y Sydney al unísono, con orgullo.

Dejen de molestar a su hermano pidió entonces el señor Elliott, severo El que Thomas sea bueno en la escuela no quiere decir que


Papá, sin ofender, pero se la pasa leyendo rebatió Sydney con voz cansina Y sabes lo que opinamos al respecto. ¡Por favor! No leía tanto desde


¡Sydney Harriet Elliot! llamó su madre, entre alarmada y molesta.

Pero Sydney se encogió de hombros, sin intimidarse, siendo observada por sus hermanos. Menos por Thomas, que seguía quieto como estatua.

Buenas tardes saludó entonces el padre de Hally, que se había acercado al ver que charlaban sin tener intenciones de moverse de sitio ¿Gustan sentarse? Ya estamos comiendo. A propósito, soy el señor Potter se presentó, sonriendo levemente.

¿Ese mago tan famoso del que habla Thomas? se sorprendió Skye, adelantándose y sonriendo nerviosamente ¡Mucho gusto! Su historia se parece a la de una serie de películas basadas en unos libros, ¿sabe? Son siete, y tratan de un niño mago que se queda huérfano y


No abrumes a este amable caballero con eso, querida rogó la señora Elliott con cortesía, indicando claramente que aún estaba algo molesta ¿Podría indicarnos dónde tomar asiento, por favor? se dirigió al señor Potter.

Éste asintió, y los condujo a una mesa vacía cerca de la propia. Hally los siguió, pero Danielle se quedo atrás. Veía a Thomas, que no se había movido para nada.

¿Pasa algo, Thomas? inquirió con cautela ¿Porqué no sonríes?

Thomas pareció salir de sus cavilaciones, porque la miró con las cejas arqueadas.

¿Qué más da? soltó de repente No tengo que estar feliz todo el tiempo, ¿o sí?

Danielle se mordió el labio inferior, nerviosa.

No, quizá no admitió por fin Pero me preocupas.

Fue eso lo que increíblemente, le arrancó una sonrisa al pelirrojo anaranjado.

¡No es para tanto! afirmó Thomas con su ánimo usual Mírame, soy el mismo de siempre. ¿A dónde se fue esa familia mía? se extrañó, al no ver a sus padres y a sus hermanos.

Danielle soltó una carcajada.

El padre de Hally los llevó a una mesa, para que comieran respondió ¿No vienes?

Thomas vio por un segundo la mano que Danielle le ofrecía, para luego perder de nuevo la sonrisa y asentir.

Sí, vamos.

Pero a Danielle no le agradó esa seriedad en el pelirrojo. Ni eso ni que hubiera rechazado su mano, avanzando delante de ella hacia la mesa donde se divisaban sus otros amigos.




La fiesta acabó alrededor de las nueve de la noche, y al despedirse de todo el mundo, Hally y Danielle les agradecían su asistencia y los obsequios. De los últimos en irse fueron los Elliott, que no dejaban de admirar cómo los dos elfos domésticos presentes ayudaban a limpiarlo todo y cómo Patrick y el señor Potter, con varios movimientos de varita, recogían el mobiliario y comenzaban a quitar la carpa.

Ojalá hubiéramos sido magos suspiró Sydney de repente Parece que pueden hacerlo todo desvió la vista hacia Thomas ¿Tú puedes hacer eso?

Y movió una mano hacia Patrick Malfoy, que hacía levitar parte de la carpa blanca, ya doblada, hacia la puerta trasera de la mansión.

Sí, nos enseñaron algo así recordó Thomas vagamente Pero no puedo usar magia fuera del colegio hasta que cumpla diecisiete aclaró, al ver un gesto malicioso en su hermana.

¡Qué horror! se quejó Skye, haciendo una mueca frustrada Y nosotros que queríamos que nos ayudaras a bromear a papá y mamá en el viaje a Turquía


¿Qué les quieren hacer esta vez? Thomas entornó los ojos, perspicaz.

Mejor no sepas, luego te castigan advirtió Scott.

Thomas negó con la cabeza. Conociendo a sus hermanos, podía esperarse cualquier cosa. Internamente, por el carácter de los trillizos agradecía que no fueran magos: seguro si lo fueran, serían seguidores a morir de los Cuatro Insólitos.

Thomas, ¿ya te vas?

Ése fue el momento que eligió Danielle para acercarse. Tenía una expresión extraña, entre seria y melancólica, cosa que a Thomas le sorprendió. No es que Danielle fuera vivaracha precisamente, pero ese día al menos había estado tan sonriente


Sí, papá traerá el auto ahora respondió el niño, mirando de reojo cómo sus hermanos le hacían leves ademanes de burla, al parecer secreteándose algo en verdad divertido ¿Qué pasa?

Bueno, que necesito preguntarte una cosa Danielle jugueteó con sus dedos un segundo, y Thomas arqueó una ceja. Ése era el gesto de nerviosismo de su amiga por excelencia ¿Tú porqué crees que Procyon no vino?

Eso sí que lo tomó por sorpresa. Se encogió de hombros.

Para serte sincero, no tengo idea respondió verbalmente Cuando nos despedimos en King’s Cross, me dio la impresión de que, como el año pasado, vendría aunque fuera a rastras se rió un poco antes de calmarse y seguir como si nada Pero no sé
Sabes cómo andan las cosas últimamente con nuestro amigo Black


Que Thomas llamara a Procyon por su apellido solamente indicaba una cosa: sarcasmo. Y no precisamente porque Procyon no fuera su amigo, sino porque a juzgar por lo que pudo conversar con Walter, Sunny, Rose y Bryan, el único motivo de la ausencia de su mejor amigo había sido, irónicamente, la persona que más le importaba.

¿No creerás que
fue por Hally? se sorprendió Danielle.

Thomas asintió, confirmando sus sospechas. Danielle lo había pensado toda la tarde, pero había descartado la posibilidad cuando recordó que Procyon era leal por encima de todo. Pero tal parecía que ver a Hally con Melvin Corner (cosa que habría sucedido de haber asistido) le calaría hondo al último de los Black.

A decir verdad, no estoy seguro. Según lo que nos contó en el tren, no le molestaba que Hally estuviera con Corner. En serio agregó, ante la mueca de incredulidad de la rubia Dijo que le dolía, cosa que no es lo mismo.

Danielle suspiró. Y ella que creía que a los trece años aún se era muy joven para tener problemas amorosos
Por no mencionar los propios, ahora que recordaba.

Esperemos que cuando le escribamos, nos mande una excusa convincente decidió luego de un largo silencio Por otra parte
¿Qué te pasa a ti, eh? Apenas si sonreíste y


Otra vez lo mismo, ¿qué manía tienen con mi sonrisa? se molestó Thomas de pronto, sobresaltando a Danielle Es decir, ¿no tengo derecho a ponerme serio de vez en cuando? ¡Vamos, que no es para tanto! Mi padre a veces lo hace y no por eso los paparazzis le inventan que se está volviendo loco


¿Los qué? logró articular Danielle, tras reponerse del susto inicial.

Thomas, al oír esa pregunta, olvidó su enfado y se echó a reír.

¡No me acordaba que eres bruja de sangre limpia! soltó sin pensarlo mucho Aunque es bueno que tomarás Estudios Muggles. Porque tomarás Estudios Muggles, ¿no?

Sí, eso ya te lo había dicho asintió Danielle, un tanto molesta porque se rieran a costa suya ¿Eso qué tiene que ver con mi pregunta?

Que espero que por fin sepas quién es Orlando Bloom respondió Thomas, mirando por el rabillo del ojo a sus hermanas, que ante la mención del famoso actor muggle, se pusieron más atentas que antes a la charla de su hermano pequeño Y un paparazzi.

Suena a palabra italiana masculló Danielle.

Thomas volvió a reír.

Como sea, al menos en eso seré el primero de la clase afirmó Yo también tomaré Estudios Muggles.

¿Pero qué dices? se asombró Hally, que recién se aproximaba a ellos Thomas, tu familia es muggle, vives como muggle, ¡ya lo sabes todo sobre ellos! Yo no la tomé porque viví con ellos once años, y mis padres fueron criados por muggles.

Ya lo dije: quiero ser el primero en al menos una materia, y precisamente Estudios Muggles es la única materia donde no los tendré a ti, a Henry y a Procyon luciéndose. Porque Paula sí que la tomó. O eso dijo Ryo.

¡Yo no me luzco! se defendió Hally, escandalizada.

Hally, se te agradece la modestia, pero reconócelo: en lo que a conocimientos se refiere, tu cerebro parece una esponja y tras decir eso, Thomas rió de nuevo.

Hally frunció el ceño y miró a Danielle en busca de apoyo, pero se encontró con que su amiga veía con cierto alivio que Thomas anduviera tan animado. Sonrió muy a su pesar.

¡Thomas, vámonos! llamó en ese momento la señora Elliott desde la puerta principal, donde se encontraba despidiéndose del hermano de Danielle y su esposa.

Nos veremos, chicas se despidió el pelirrojo ¡Les escribiré desde Turquía! recordó de pronto, para luego concluir ¡Escríbanme antes, para tener lechuza con qué contestarles!

Vaya con ese niño se quejó Danielle en broma cuando la puerta principal de la mansión se cerró tras su amigo Debería comprarse una lechuza.

Pero no tendría dónde ponerla, acuérdate que su familia es muggle y además, famosa apuntó Hally con una mueca Si un paparazzi ve una lechuza entrando y saliendo de la mansión de los Elliott, sí que saldría en primera plana del Times


¿Qué es un paparazzi? quiso saber Danielle, medio harta de oír esa palabra y no saber lo que significaba.

Hally rió y amablemente, se ofreció a explicárselo. Justo estaba terminando cuando se le acercó la niña rubia de ojos lavandas, mirándola entre ansiosa y aduladora.

Hally
podrías
¿llevarme al
baño? inquiró lentamente.

La aludida asintió y se volvió hacia Danielle, arqueando una ceja, interrogante.

Yo la llevo se ofreció la rubia, tendiéndole una mano a la niña de ojos lavandas.

La niña miró a Hally con cierta súplica.

Vamos las tres sugirió Hally De paso, me entero dónde está tu baño.

Danielle sonrió ante la sugerencia y las tres se alejaron por un pasillo. Llegaron ante la puerta del baño, sencilla y con una serpiente grabada en la madera oscura, y mientras Drusie estaba dentro, Hally soltó un suspiro.

¿Acaso cuidar a una niña es tan agotador? se burló Danielle amablemente.

No es eso a Hally no le importó el tono de su amiga, sabiendo que tenía algo de razón Es que todo sucedió tan de repente


***Inicio de remembranza***


26 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Número 22 de Hyde Cross, distrito de Knightsbridge.

Hally despertó lentamente, aunque casi enseguida una sonrisa se asomó a su rostro. Ese día era su cumpleaños. Lo festejaría con una de sus mejores amigas, todas las personas que le importaban estarían allí, ¿qué podía salir mal?

Buenos días saludó una hora después, luego de bañarse y vestirse, al bajar a desayunar Papá, mamá, ¿qué hay de
?

Se detuvo en seco. En el comedor, entre su padre y su madre, estaba sentada una niña de cabello rubio de leves destellos rojizos y ojos de un tono azul lavanda muy bonito, que por cierto, le recordaron a los ojos de su amigo Procyon.

Hola, cariño saludó en respuesta la señora Potter ¿Puedes tomar asiento, por favor? Tenemos que hablar contigo.

Hally asintió por toda respuesta y se sentó frente a sus padres y la niña, que la veía con ojos entrecerrados. Como si todavía tuviera sueño.

Hija, ella es Drusilla presentó el señor Potter a la niña rubia Drusilla Dursley, tu prima.

Hally arqueó las cejas, levemente molesta.

¿No eran los Dursley esos parientes tuyos que no te querían? soltó Al menos eso leí.

Bueno, hay cosas ciertas en los libros y otras no admitió el señor Potter Y lo de mis parientes es cosa cierta. Pero ése no es el punto


El punto es, Hally, que tu prima tiene problemas prosiguió la señora Potter Y vivirá con nosotros por un tiempo.

Pero a juzgar por la expresión hermética de su hija, los Potter dedujeron que la charla sería larga.

¿Dónde están sus padres? inquirió Hally con recelo.

Los Potter suspiraron y la señora Potter, calmadamente, refirió la conversación de la noche anterior con Violet Romanov. Hally escuchó atentamente, como si estuviera en clase, para al final ladear la cabeza, pensativa. El señor Potter se atrevió a romper el silencio.

Hemos decidido que Drusilla estará con nosotros hasta que los problemas de Violet se resuelvan informó con solemnidad Independientemente de cómo me tratara su padre en el pasado, Drusilla es una niña la miró un segundo antes de agregar Y es familia. No podemos dejarla sola.

Como no me dejaron a mí opinó Hally con sarcasmo.

Por un fugaz instante, pensó en ella misma. En cómo había sido dejada a la deriva en un orfanato durante once años, sin ninguna explicación. Y luego pensó que a Drusilla le estaba pasando lo mismo: su madre la dejaba atrás para que no sufriera. Si alguien debía entender cómo se sentía la pequeña rubia, ésa sería Hally.

Hally, ¿qué quieres decir? quiso saber la señora Potter.

Mamá, para ser tan lista, a veces eres algo lenta Hally sonrió con ironía ¿No lo ven? A ella señaló a Drusilla le están haciendo lo mismo que a mí. La diferencia es que ella sí tendrá una familia porque ustedes son buenas personas. En cambio conmigo, no tuvieron más opción que dejarme con completos desconocidos porque los parientes más cercanos me habrían tratado como escoria.

¡Hally! exclamó su madre, sorprendida.

No, no, déjame terminar la nombrada se acomodó los anteojos antes de continuar En realidad no los culpo. De hecho, eso lo tengo superado se encogió de hombros, aunque su tono de voz no era muy convincente Así que si en algo puedo ayudar, es en aceptar a mi prima, ¿no? Tú lo dijiste, papá, ella no tiene la culpa de nada. Además, será como tener una hermanita.

Los Potter se miraron con cierto asombro. Creyeron que tratar el asunto con Hally sería difícil, pero no se esperaban una reacción así. Al menos no el señor Potter.

Son idénticos reflexionó en ese momento la señora Potter en voz alta Harry, en serio. Esta niña es como tú. Sale con cada argumento


No, creo que en eso, se parece a ti rebatió el señor Potter con una sonrisa Recuerdo a cierta chica castaña engañando a una profesora para meterse a un bosque lleno de centauros furiosos


La señora Potter rió ante aquello, causando que Drusilla los mirara con extrañeza.

Oigan
¿dónde
está mamá? logró articular Drusilla.

Eso les calló las risas a los adultos.

Tu madre tuvo que irse esta mañana, querida le respondió la señora Potter con dulzura Pero prometió visitarte pronto. ¿Quieres desayunar?

La pequeña asintió. Mientras los señores Potter se ponían de pie, dispuestos a preparar el desayuno, Hally abandonó su silla y fue a sentarse a la derecha de Drusilla.

Hola saludó con una sonrisa Soy Hally. ¿Puedo llamarte Drusilla?

La aludida se le quedó viendo largo rato, como analizándola con aquella mirada de color hermoso y turbio brillo, para luego sonreír. Era una sonrisa que surgía lentamente, como sus palabras y sus ademanes, pero que era sincera y limpia, como correspondía a una niña de once años totalmente inocente. Y con una seguridad rara en ella, Drusilla contestó con fluidez en inglés.

Mejor Drusie. Mi madre me llama Drusie.

Hally le correspondió el gesto.

De acuerdo concedió Bienvenida a la familia, Drusie.

Eso solamente hizo que Drusie la mirara con un dejo de admiración y que sonriera aún más.


***Fin de remembranza***


Creo que te adora.

Fue la sentencia que salió de boca de Danielle cuando Hally concluyó su relato. Indicó con una mano la puerta del baño, ante la que las dos esperaban pacientemente.

No lo digas de esa forma, ¿quieres? pidió Hally con cansancio Es una buena niña.

Nunca dije que no lo fuera Danielle sonrió Pero admítelo, pareces su ídolo.

¿Porqué crees eso?

Porque te sigue a todas partes. Y no te quita la vista de encima. Y


Sí, sí, ya entendí la cortó Hally, un tanto harta Pero le tengo paciencia. Supongo que eso de que su madre no está y su enfermedad la tienen nerviosa.

Danielle asintió en silencio, y se quedó callada. No consideraba necesario alertar a su amiga con historias de lo que ella sabía del Síndrome de Tardobius.

En ese momento, la puerta del baño se abrió y Drusie salió de ahí con calma. Cerró la puerta con cuidado y se volvió hacia las dos chicas que la esperaban.

Ya
podemos irnos anunció.

Hally le tendió una mano que Drusie estrechó en el acto, gustosa y aparentemente feliz. Danielle sonrió ante la escena, que era de lo más tierna, preguntándose qué cara pondrían sus amigos cuando se las narrara.

Lo que la llevó a pensar por enésima vez en Procyon. ¿Cuál había sido la causa real para que no hubiera asistido a la fiesta? Esperaba saberla pronto y que fuera una buena, porque si le salía con una tontería
Entonces que Procyon se cuidara de Danielle Malfoy.

&&&


6 de Abril de 2007. 6:30 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags)

¡Aleluya! Damas y caballeros, bienvenidos al siguiente capi de mi tercera entrega. Creo que de ahora en adelante seguiré el consejo de una de mis mayores fan’s y abreviaré el título de la siguiente manera: PGMM. ¿Qué tal?

Antes que nada, muchas gracias por las muestras de cariño que me mandaron en algunos comentarios por lo de mi luto. Ahora estoy mucho mejor, y como ven, he vuelto a las andadas con los capítulos enredados. Jajaja, o a lo mejor lo de enredados es un eufemismo y en realidad, el capi de hoy es de lo más simple
¡No, no es cierto!

Presentando la fiesta de cumpleaños de Hally y Danielle, vemos que no todos sus amigos pudieron asistir, ¡lástima! Dada la explicación de Danielle, era comprensible. Pronto sabremos exactamente qué hicieron los ausentes para compensar a sus amigas, ¿o qué, creyeron que las iba a dejar así?

Igualmente quiero su opinión sobre la familia de Thomas, ¡esos trillizos son lo máximo! Y Skye, escandalizada porque haya alguien que no sepa quién es Orlando Bloom (ya, en serio, que alguien me diga quién es. ¡Es broma, es broma!). Además, ¿alguien captó la indirecta de las siete películas basadas en libros sobre un niño mago que se queda huérfano y demás? El personaje que dice Skye que se parece al señor Potter. El detalle es divertido, ¿no?

Ah, pero antes de eso, se ve la conclusión de la charla entre Violet y los Potter. Violet resultó apellidarse Romanov, ¿el apellido les suena? Aparte de haberlo escuchado por el fic, quiero decir. Pues si no, se los cuento: es el apellido de la última familia real rusa, antes de la Revolución de aquel país, allá por el final de la Primera Guerra Mundial. ¡Ándale, hasta le atiné en eso de la guerra! Juro que es coincidencia, en serio. En fin, me acordé de ese apellido por la peli de Disney Anastasia, y aparte por un poco de historia que leí en la Encarta (ah, la querida Encarta, ¿les conté ya que tengo la versión nueva? No, si es una maravilla). Así que, queridos(as) fan’s, ojalá no se anden perdiendo en la trama, porque va para largo.

Bueno, me despido. Siento tener que avisarles que ahora es Semana Santa, pero aún no estoy de vacaciones (es el detalle de vivir en Aguascalientes), y como se me vienen los exámenes encima, tendrán que prescindir de una actualización pronta por un largo tiempo (sí, lo sé, apenas me aparezco y me largo de nuevo, pero ni modo). Así que cuídense, disfruten del sol y el esparcimiento (lo digo por los(as) mexicanos(as) que andan ahorita de vacaciones) o en caso contrario, de las clases (ajá, eso va para mis fan’s del otro hemisferio, que andan ocupadísimos con los inicios de curso, más o menos como yo) y nos leemos pronto.



A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.





Cinco: Contratiempos.

27 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Cuartel General de Aurores, Ministerio de Magia.


Aquello era un hervidero de actividad, algo increíble si se consideraba que eran casi las doce del día, hora del almuerzo para la mayoría de la gente. Quien observaba aquel vaivén de magos y brujas apurados desde una incómoda silla de madera, resopló en ese instante. Estaba harto del sitio y quería irse cuanto antes.

Qué lindo día masculló entre dientes, malhumorado.

Su mal carácter tenía una justificación aceptable. De haberse levantado el día anterior con una ligera sonrisa, había acabado hoy ahí, en el Ministerio, luego de un paseo rápido por el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, y no por gusto precisamente. Bufó de indignación al acordarse y mejor fijó sus ojos en otro punto del lugar. Cualquiera que le hiciera olvidar, aunque fuera por un momento, qué hacía allí.

Cariño, ¿quieres algo de comer?

La pregunta le llegó por sorpresa y se giró a la izquierda, donde una mujer relativamente joven, de cabello oscuro y ojos azules, vestida de manera muy distinta al resto de la concurrencia (con una blusa azul claro, un pantalón de vestir oscuro y una bata blanca de médico) lo miraba con una mezcla de afecto y preocupación.

No, mamá, gracias el chico, moreno y de brillante cabello negro, esbozó una sonrisa no muy convincente, al tiempo que entornaba sus inusuales ojos de tono azul violáceo, en dirección a cierto cubículo frente a él, por cuya entrada se vislumbraba una figura femenina y severa.

Pero hijo, hoy casi ni desayunaste se quejó la mujer suavemente.

El chico ni caso le hizo. La verdad era que esa mañana, igual que casi todo el día anterior, no había tenido mucha hambre. El recuerdo de los más recientes sucesos le quitaba el apetito.

¿Seguro que te sientes bien? inquirió la mujer entonces.

El chico asintió silenciosamente. No quería preocupar a la mujer diciéndole que precisamente en el instante que la figura femenina y severa que observaba dejaba ver su rostro, a él se le revolvía el estómago. Definitivamente ni ese día ni el anterior habían sido buenos. Y eso que el actual apenas iba por la mitad


Señora Black llamó la susodicha figura, perteneciente a una mujer de corto cabello castaño y algunas arrugas alrededor de sus ojos. Lo que más llamaba la atención eran sus almendrados ojos, que eran del color ocre de las hojas secas de los árboles en otoño ¿Podría venir un momento, por favor? Tiene que firmar algunos papeles.

La mujer de cabello oscuro y ojos azules asintió, poniéndose de pie y alisándose la bata blanca que cubría la mayor parte de su vestuario, se despidió del chico de cabello negro.

Ahora vuelvo indicó.

Entró al cubículo de la mujer castaña, mientras el chico gruñía por enésima vez en el día. Intentando distraerse, vio algunos aviones de pergamino revolotear por el techo, y estaba sonriendo por un avioncito particularmente torpe cuando escuchó una voz conocida a su izquierda.

¡Ron, espera! Firma el reporte antes de enviarlo, ¿quieres? Después la señorita Holmes se enfadará contigo de nuevo.

El chico se encogió más en su asiento y gracias a eso, un hombre pasó frente a él sin siquiera notarlo. El hombre, de túnica azul marino, alborotado cabello negro y ojos verdes tras unos anteojos redondos, leía un pergamino mientras se pasaba una mano por la frente, donde tenía su más distintivo rasgo: una cicatriz en forma de rayo.

Y eso no hizo más que recordarle al jovencito el motivo principal de su fastidio.

***Inicio de remembranza***


26 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Número 12 de Grimmauld Place.

Vamos todos, a desayunar. ¿Me escucharon?

El reclamo de Magnolia Black tenía una razón. Tenía trabajo qué hacer en el Ministerio y no quería irse sin compartir la mesa con su familia, a saber: su hijo Jim, su nuera Casiopea y su nieto Procyon. Si los había invitado a pasar unos días en su casa antes que se marcharan de vacaciones de verano al extranjero, era por tenerlos un poco más cerca que en los últimos tiempos.

Sí, mamá, lo que digas masculló Jim Black, adormilado, descendiendo por las escaleras seguido de cerca por su esposa Casiopea ¿No ves que mis vacaciones ya empezaron? Sí que eres cruel bromeó.

Como digas, pero quiero que desayunemos juntos sentenció Magnolia con voz seria Casiopea, ¿cómo dormiste, querida?

Bien, señora Casiopea, se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.

Vamos pues a desayunar indicó Magnolia, pero al segundo siguiente volvió sobre sus pasos, gritando en dirección a lo alto de la escalera ¡Procyon, ven ya!

¡Ya voy, abuela! gritó la voz de un chico.

El aludido se vestía con prisas, cosa que lo hizo sentirse extraño. Se había levantado temprano, entre nervioso y alegre, pero se había quedado en la cama leyendo El Señor de los Anillos. El retorno del Rey, libro que había comenzado a principios de marzo pero que por diversos sucesos, no había concluido.

Bajó a toda velocidad, corrió por el amplio corredor de paredes desnudas (por ya no ostentar los retratos de la familia) y entró al comedor, donde lo esperaban sus padres y su abuela. Magnolia lo miró y sonrió entre divertida y severa.

Querido, toma aire y siéntate le pidió Ahora te sirven. ¡Kreacher!

Al segundo siguiente, un elfo doméstico viejísimo (a juzgar por lo arrugado de su piel), con largas y amplias orejas y ojos enormes inyectados en sangre, de color castaño, apareció en la habitación, a un lado de Magnolia, a quien le lanzó una mirada entre temerosa y desdeñosa. Vestía un mugriento taparrabos, que apenas si lo cubría, y algunos pelos le salían por las orejas.

¿Qué se le ofrece al ama? inquirió el elfo, haciendo una reverencia pronunciadísima, para luego murmurar Ay, mi pobre ama, ¿qué diría si me viera servirle ahora? Esta mujer es una traidora a la sangre de lo peor, mira que aceptar muggles en la ilustre casa de los Black


Sírvele el desayuno a Procyon, por favor ordenó Magnolia, cortando la perorata del elfo.

El ser, haciendo otra profunda reverencia, desapareció con un crack, no sin antes mascullar.

Sólo porque no tengo opción, le obedezco. Igual que con ese Potter sangre mestiza, que se atrevió a mandarme a las cocinas de Hogwarts. Ah, mi pobre ama, ¿qué diría si viera en qué manos he caído
?

No entiendo porqué no liberas a esa cosa soltó Jim de repente, molesto.

Magnolia se encogió de hombros.

En primera, está unido a la familia respondió, para luego esbozar una sonrisa maliciosa Y en segunda
Me agrada pensar que estoy haciéndolo sufrir. Eso se gana por lo de Sirius.

Jim siguió desayunando sin hacer más comentarios al respecto. La historia de cómo ese elfo doméstico de desagradable aspecto y aún peor carácter era un asunto tabú para él. Aún no asimilaba del todo lo que su madre le había contado, sobre que ese elfo había tenido parte de responsabilidad en la muerte de su padre.

El elfo apareció en ese instante, a un lado de Procyon, y depositó frente a él un plato lleno de huevos revueltos, arenques ahumados y un par de rebanadas de pan tostado con mermelada.

Gracias le dijo Procyon, sonriendo ligeramente.

Como ya era costumbre, el elfo hizo una pronunciadísima reverencia y antes de desaparecer, musitó.

Mi pobre ama no creería que ése es el último Black, un sangre mestiza que no es digno del apellido ni de esta casa


Cuando por fin se perdió de vista, Procyon se concentró en el desayuno, ingiriéndolo tan deprisa que su madre se vio forzada a detenerlo.

Cariño, tranquilo. El plato no saldrá volando al segundo siguiente, Casiopea rompió a reír A menos que tu padre o tu abuela usen la varita.

Lo siento se disculpó Procyon, limpiándose la boca con la servilleta Ya vamos tarde y


Los adultos intercambiaron miradas divertidas.

Lo sabemos, pero no queremos que te atragantes indicó Magnolia, terminando su propio desayuno para ponerse de pie al segundo siguiente Yo me retiro. Nos veremos en Wiltshire.

Y sin más, se alisó la túnica azul celeste que lucía y se desapareció.

Bien, vámonos Jim terminó su desayuno cinco minutos después, ante la mirada impaciente de su hijo Procyon, lo siento, pero primero dejaremos a tu madre en Saint Helen, ¿no importa?

Procyon negó con la cabeza.

Casiopea Black poseía un sencillo auto color azul marino de cuatro puertas, el cual abordaron ella, su esposo y su hijo y dejando que Jim condujera, Casiopea ocupó el asiento del copiloto, revisando el contenido de su maletín médico.

Esperemos que hoy nos llegue el equipo nuevo de Estados Unidos comentaba Casiopea a los cinco minutos, yendo de camino a Londres, a las orillas del Támesis Lo necesitamos para determinar el tratamiento de los niños. Jim, ¿a qué hora sales del trabajo?

Jim frunció el ceño, esquivó a un motociclista que casi se le cierra al doblar hacia la izquierda en una calle angosta y bufó.

Supongo que a las siete respondió, para luego renegar ¡Estos jóvenes
!

Casiopea rió por lo bajo.

Ya te veré cuando Procyon esté en la edad de la punzada señaló, dejando de reír.

Jim bufó de nueva cuenta, dando ahora vuelta a la derecha. Frente a ellos apareció Saint Helen, ya sin rastros del incendio que el año pasado casi lo consume, y por sus puertas entraban y salían varias personas, entre empleados, visitantes y pacientes. Jim, ya prevenido por su esposa, dio un rodeo y fue a estacionarse a una puerta lateral, exclusiva para el personal.

Nos veremos después, chicos se despidió Casiopea, sujetando su maletín con una mano y lanzándoles un beso con la otra. Salió del auto, cerró la portezuela y antes de alejarse, se volvió y se asomó por la ventanilla abierta Saluda a tus amigas de mi parte le pidió a Procyon.

El chico asintió, viendo cómo su madre daba media vuelta y penetraba en el hospital.

Muy bien, ahora al Ministerio murmuró Jim, arrancando.

El plan era que desde el Atrio, Jim llevaría a Procyon a Wiltshire, dado que tenía que reportarse al cuartel a primera hora. Algo relacionado con unos disturbios mágicos en las cercanías de Oxford


De repente, algo lo sacó de sus cavilaciones. El tráfico se había detenido casi por completo y los autos a su alrededor comenzaban a usar el claxon en señal de protesta. Al cabo de unos minutos, una multitud aterrada pasó corriendo por las aceras. Jim frunció el ceño, desconcertado, para luego observar a los conductores delante de él: salían de sus vehículos como huyendo de algo y hacían ademán de abrazarse a sí mismos, liberando por sus bocas un visible aliento. Algo fuera de lo común en un día a principios de verano.

Papá
lo llamó Procyon entonces, con voz débil.

Jim se volvió y encontró a su hijo acurrucado en un extremo del asiento trasero, intentando ver por la ventanilla hacia el exterior, pero temblaba ligeramente. El vaho que salía de su boca empañaba el cristal de la ventanilla, donde tardaba mucho en desaparecer.

¿Qué pasa? inquirió Jim, un tanto preocupado.

Por toda respuesta, Procyon lo miró y a continuación, con un movimiento de cabeza, le pidió que se asomara a la calle.

Jim obedeció, abrió su ventanilla y sacó la cabeza. En cuanto lo hizo, sintió un aire helado impropio de la estación que venía directo del frente. Pero no era un frío común y corriente: era como sumergirse en agua gélida que llenaba los pulmones y poco a poco, nublaba la vista. Para él, eso sólo significaba una cosa


Procyon, sal del auto ordenó, metiendo la cabeza de nuevo al auto y desabrochándose el cinturón de seguridad Esto no es un embotellamiento normal.

El chico no supo qué pensar ante eso, pero tuvo una mejor idea de la gravedad del asunto cuando vio que su padre sacaba discretamente la varita, abría su portezuela y abandonaba el auto mirando hacia ambos lados con extrema precaución.

Anda, vamos apuró Jim.

Procyon obedeció, buscándose en los bolsillos. En uno de ellos halló su varita, lo que agradeció silenciosamente. Para él, salir de casa sin varita, aunque no pudiera usarla, era algo inverosímil. Y estaba a punto de obtener más razones para apoyar su teoría.

Los dos Black corrieron contra la marea de gente que se alejaba de aquel sitio, temblando y castañeando los dientes. Jim, al ver un grupo de personas especialmente grande avanzando en desorden, tomó la mano de su hijo antes de seguir su camino. Aunque deseaba, con toda su alma, estarse equivocando en sus suposiciones.

La calle terminaba en una glorieta, adornada con una estatua y una ornamentada fuente, y la escena no era nada alentadora. La estatua tenía varias grietas hechas recientemente y el agua de los delgados chorros había quedado suspendida en su camino habitual, fruto de haber sido congelada por algo antinatural; eso era deducido fácilmente al ver que no se derretía.

¡No puede ser
! masculló Jim con enfado e incredulidad, apuntando con la varita.

Procyon dirigió su vista hacia donde su padre apuntaba, frunciendo el ceño. ¿Porqué lo preocupaban unos encapuchados que iban y venían entre la gente, aspirando ruidosamente? A menos que el frío que no lo dejaba en paz viniera de esos lúgubres estertores que soltaban al respirar.

Antes que llegara a alguna conclusión, un rayo de luz roja pasó rozándole la oreja izquierda, y eso hizo que su padre lo rodeara con los brazos y lo tirara al suelo.

Seguidores de Hagen
Y dementores alcanzó a oír Procyon que susurraba Jim, antes que éste se levantara Procyon, escóndete en un lugar alejado de la fuente.

Pero papá
intentó protestar el niño.

Jim no lo escuchó. Alzando su varita, se encaminó con determinación hacia el núcleo del problema, observando a su alrededor con la esperanza de encontrar alguna cara conocida, algún aliado
Pero nada. ¿Cómo era posible que un acontecimiento así no fuera del conocimiento del Ministerio? ¡Era una pelea en toda regla en el mundo muggle! Ya debería haber alguien


Mientras tanto, la ayuda a los muggles que aún seguían en aquel sitio no podía esperar a que al Ministerio de Magia se le diera la gana actuar. Jim lo supo con sólo ver a las espantosas criaturas que los seguidores de Hagen habían llevado como aliadas, seres contados entre los más repugnantes sobre la tierra: dementores. Sabía defenderse de ellos, no en vano su madre y luego el curso de auror le enseñaron a hacerlo, así que agitando su varita, lanzó una figura plateada hacia un grupo de dementores que empezaban a rodear a una familia muggle, lo que permitió que ellos escaparan. La figura plateada corrió en círculo, ahuyentando a otros dementores en el proceso, para luego desaparecer al caminar de vuelta hacia Jim.

Pero aún así, el hombre no pudo evitar que ciertas cosas le pasaran por la cabeza al estar más cerca de esas cosas, que parecían enfriar el ambiente de manera palpable a cada segundo: cuchicheos a su paso a causa de su aspecto físico, el frustrado deseo de conocer en persona a su padre, las escasas pero desgarradoras peleas sostenidas con su esposa, el repudio de la mayoría de la sociedad mágica al conocerse su verdadero apellido
Era demasiado para su mente. Trastrabilló, la vista se le nubló y cayó de rodillas, llevándose las manos a la cabeza (soltando la varita en el proceso) y se revolvió el cabello con desesperación.

Procyon, desde su escondite tras un auto abandonado por su dueño, no se había perdido detalle. Vio con admiración cómo su padre había auxiliado a aquellos muggles aterrados, pero ahora lo asustó sobremanera verlo caer y sostenerse la cabeza exasperadamente. Se había quedado sin varita y uno de los encapuchados, detectando eso, se le estaba acercando. Procyon no lo pensó dos veces para sacar su propia varita y salir de detrás del auto.

¡Expelliarmus!

Nunca había empleado el hechizo de desarme, apenas lo había leído un par de meses atrás, pero para su sorpresa, le salió a la perfección. El encapuchado perdió la varita y lo observó, o al menos eso pareció. Procyon, apretando su varita, se quedó plantado en su sitio, en actitud firme. No iba a doblegarse ahora que había decidido actuar.

El encapuchado quiso ir hacia él, pero no logró dar ni el primer paso. Jim había logrado reaccionar y se abalanzó sobre él, dejándolo inconsciente de un puñetazo. Procyon vio eso casi con la boca abierta, al tiempo que Jim recogía su varita, la agitaba y ataba al noqueado encapuchado.

Procyon, regresa a donde estabas ordenó Jim con voz enérgica Yo me encargo.

Se oía tan autoritario que Procyon no puso reparos. En tanto, Jim dio media vuelta y fue hacia la fuente, lugar desde el cual, la mayoría de los encapuchados lanzaban maldiciones a diestra y siniestra a los escasos muggles que no habían logrado marcharse.

¡Alto ahí! escuchó que le ordenaban.

Se detuvo en seco, fijando los ojos en una de las partes más altas de la fuente. Una figura encapuchada y sin lugar a dudas femenina le apuntaba con la varita. Su voz, grave y con fuerte acento germano, no dejaba paso a ninguna emoción.

Baje la varita y no sufrirá las consecuencias
aún indicó la mujer, haciendo un imperativo gesto con la mano que sostenía su propia varita ¡Ahora! vociferó, señalando algo tras Jim.

Jim se giró y descubrió, horrorizado, que uno de los encapuchados llevaba casi a rastras a Procyon, al que había desarmado y logrado sacar de su escondite. El niño miraba a su padre de manera extraña, entre temeroso de lo que fuera a pasarle y desafiante, como indicándole a su padre que no se atreviera a obedecer a semejante gente.

Pero Jim no tenía opción. Lentamente se inclinó, con intenciones de depositar su varita en el suelo, cuando de pronto el sonido de algo corriendo a su lado lo paralizó. Más cuando la mujer soltó por lo bajo algo parecido a una palabra alemana antes de gritar con rabia.

¡Patronus!

Jim alzó la vista. Un enorme ciervo plateado, de enormes cuernos, embestía a los dementores más cercanos, haciéndolos retroceder. Cerca, neblinas plateadas brotaban de distintas varitas, pertenecientes a los enviados del Ministerio, en dirección a los dementores, que iban a reunirse a la fuente, a los pies de la mujer que a pesar de la situación, seguía apuntándole a Jim.

Tú quédate quieto le ordenó con voz silbante, totalmente encolerizada No aceptaré otro fracaso como el de la Torre Wu.

La Torre Wu
Así que el ataque a la residencia del Ministerio de Magia Chino sí había sido obra de Hagen y sus secuaces. Y por lo que decía, esa mujer había estado involucrada.

Así que querían matar al ministro chino comenzó Jim, mostrando más sangre fría de la que en realidad sentía, al tiempo que los aurores recién llegados se hacían cargo de todo y notó, con alivio, como uno de ellos, un joven de cabello castaño y rizado, peleaba con el encapuchado que había tenido atrapado a su hijo ¿Y qué fue lo que les salió mal, eh? ¿Que no conocían las defensas mágicas de la Torre Wu? ¿O que son demasiado engreídos como para pensar que lo podían todo?

La mujer pareció exasperarse con eso, y blandió la varita. Y debido a que la tipa usó magia no verbal, Jim no pudo prever cuál hechizo le había lanzado hasta que lo sintió en carne propia: una maldición imperdonable. Un
Cruciatus.

Cayó al suelo por completo, abrazándose a sí mismo. Jim nunca creyó posible llegar a sentir semejante dolor corporal, como miles de cuchillos incandescentes clavándosele en la piel. Rogó para que se detuviera, para ya no sentir
Pero al parecer, la mujer lo disfrutaba, pues alcanzó a oír su malévola y sarcástica risa.

¡Expelliarmus!

El hechizo era tan débil que apenas si golpeó a la mujer en la mano que aferraba su varita, pero logró el cometido de romper la maldición de la que Jim era víctima. El hombre, tembloroso, se puso de pie, y miró a su alrededor con la vista parcialmente nublada. Fue entonces que vislumbró a su hijo apuntándole a la encapuchada con la varita, con gesto rabioso y decidido, y tras él, logró ver a un joven de cabello castaño y rizado que parecía ser el mismo que lo había rescatado minutos antes.

Pero eso fue lo último que Jim supo, ya que al instante siguiente, se desmayó.

En tanto, Procyon no podía creer lo que había hecho. Acababa de emplear magia por segunda vez fuera del colegio, ¡y una de esas ocasiones, en presencia de un auror! Ahora sí daba por hecho que el Ministerio lo castigaría. Estaba en grandes problemas


Buen tiro, Black felicitó alguien a su espalda. Era el auror que lo había rescatado del encapuchado que minutos antes, para su sorpresa, lo localizó atrás de un auto vigilando atentamente los movimientos de su padre. Procyon casi se queda boquiabierto al ver de quién se trataba: un ex - compañero del colegio, Geoffrey McGill Aunque tendré que informar de esto, no creo que haya mucho problema.

Procyon asintió como autómata, pues no terminaba de asimilar lo que ocurría. Solamente pareció reaccionar cuando un grito anunció con desesperación.

¡Ayuda para Black! Está inconsciente y no responde a ningún hechizo.

Fue cuando el chico creyó firmemente que si un día empieza bien, no siempre termina igual.


***Fin de remembranza***


Después de eso, las cosas se habían dado demasiado deprisa. Loa aurores sometieron a los pocos encapuchados que no lograron desaparecerse, algunos integrantes del Cuartel General de Desmemorizadores se encargaron de los testigos muggles (luego de que éstos fueran debidamente interrogados, claro) y un par de sanadores de San Mungo se aparecieron para llevarse a Jim. Procyon, totalmente confundido, quedó a cargo de McGill, quien se lo llevó sin previo aviso al Ministerio de Magia, al Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Ahí, buscó rápidamente a Magnolia, a quien halló conversando con un joven rubio y de ojos azules, y entregándole a Procyon, le dio un informe breve de lo ocurrido. Magnolia, conmocionada, dijo enseguida que se haría cargo de su nieto y que mandaría un mensaje a su nuera, luego de lo cual McGill asintió y se despidió de ella y del joven rubio que la acompañaba. Procyon, por lo tanto, estuvo con su abuela hasta su hora de la comida, cuando ambos se trasladaron al número 12 de Grimmauld Place por la red Flu, donde se encontraron a una desesperada Casiopea. La madre de Procyon había escuchado el altercado por las noticias y por las rarezas que los reporteros describían, estaba segura que era un ataque mágico.

¡Procyon, cariño! soltó, y abrazándolo, se echó a llorar.

No tuvieron noticias de Jim sino hasta la noche, cuando una lechuza de San Mungo les comunicó que se encontraba en perfectas condiciones. Casiopea quiso ir a visitarlo, igual que Procyon, por lo que Magnolia accedió a llevarlos. Sin embargo, no pudieron ver a Jim: la encargada del mostrador de Información les informó que el acceso a él estaba restringido.

¿Cómo pueden hacer eso? se indignó Magnolia ¡Somos su familia! Queremos saber cómo está mi hijo.

Pero de nada le valió quejarse. El Ministerio había ordenado que nadie viera a Jim Black hasta que éste fuera interrogado, y así se estaba haciendo. Magnolia, echando chispas, tuvo que retirarse del hospital mágico seguida de cerca por su nuera y su nieto, que no tenían mejor talante que ella.

Lo que llevaba a Procyon al momento actual. Su madre, luego de una conversación muy larga con Magnolia, había decidido ir en persona a hablar con quien fuera necesario para que la dejaran visitar a su marido, sin importarle que fuera una muggle.

Es ridículo que no pueda verlo, ¡es mi esposo! había argumentado Casiopea.

Así las cosas, Magnolia le indicó ir directamente al Cuartel General de Aurores y entrevistarse con la persona de más alto rango que hallara, quien resultó ser aquella mujer de ojos color ocre y aspecto severo. A pesar de todo, la bruja escuchó a Casiopea atentamente y luego de unos minutos, había ido a charlar en privado con un hombre rechoncho que había llegado al cuartel de improviso. Y tal parecía que Casiopea conseguiría lo que quería, dado la vaga y fugaz sonrisa que esbozó la mujer severa al llamarla a firmar unos papeles.

Hola, Procyon saludó una voz de repente ¿Qué haces aquí solo?

El chico alzó la vista lentamente, pues al reconocer la voz, no tenía prisa. Quien le hablaba no era otro que el señor Potter, padre de su amiga Hally.

Buenos días, señor respondió al saludo, evasivo Yo
vine con mi abuela.

¿Magnolia anda por aquí? se extrañó el señor Potter Pero si Jim no vino a trabajar


Pero las demás palabras del señor Potter se ahogaron ante un repentino grito iracundo, proveniente de un cubículo cercano.

¿Pero de qué están hablando? ¿No puedo ver a mi marido sólo por ser
no - bruja?

Mientras el señor Potter arqueaba las cejas, extrañado, Procyon cerró los ojos, entre molesto y avergonzado. Ésa persona que gritaba era su madre y por sus palabras, no le estaba yendo bien.

¡No lo entiendo! continuó la voz de Casiopea Black, que parecía que en vez de disminuir el volumen, lo aumentaba a cada palabra que pronunciaba En esas circunstancias no debería importar si se tiene magia o no. ¡Casi pierdo a mi marido ayer! ¿Eso es muy difícil de comprender?

Procyon no aguantó más. Se puso de pie de un salto, dejó al señor Potter con la palabra en la boca y se encaminó hacia la entrada del cubículo al que había entrado su madre. Se asomó discretamente, para saber a ciencia cierta qué estaba pasando.

Su madre, de pie ante un escritorio de madera pulida, miraba con cierto rencor a un hombre de lo más curioso, rechoncho y de cabellos cortísimos y rizados de un tono castaño opacado por las canas. Su rostro, moreno y con algunas arrugas, tendría un aire bonachón si no fuera por la mirada fría que adornaba sus ojos castaños, que hacían juego con su cabello y su túnica color marrón oscuro. En una mano, sostenía un bastón de madera oscura y puño de plata y en la otra, un pergamino al que veía con mucha más atención de la que le prestaba a Casiopea. A la derecha de Casiopea, sentada en una silla de madera, estaba la mujer castaña y severa que la había llamado minutos antes, y su expresión delataba que no estaba nada conforme con lo que sucedía.

Mamá
se atrevió a llamar, entrando de lleno al cubículo.

Los presentes dieron un respingo y se volvieron hacia él. El hombre rechoncho sacudió la cabeza, con lo que sus diminutos rizos se movieron graciosamente, para luego dedicarle a Procyon una mirada de censura.

¿Qué hace este niño aquí? quiso saber Holmes, explíquese.

La mujer de ojos color ocre, carraspeando un poco antes de hablar, se puso de pie.

Es el hijo de la señora, señor ministro respondió escuetamente.

¡Eso sí que era un gran acontecimiento! O eso pensaría Procyon si no estuviera más interesado en enterarse de la razón de la furia de su madre. Aunque no todos los días se tenía de frente al actual ministro de magia, Edmund McGill.

Ah, vaya, el último Black susurró el ministro, un tanto desdeñoso En fin, que salga de aquí. Esto no le concierne.

Claro que le concierne intervino Casiopea, calmándose a medias y tendiéndole una mano a Procyon, quien la aceptó de inmediato Es de su padre de quien estamos hablando. Dígame, señor, si a mí me niegan una visita a Jim, ¿se la negarán a mi hijo? Él sí es mago. Supongo que él sí puede entrar a ese hospital suyo.

El ministro parecía un tanto incómodo, pues se removió en su silla un par de veces. En tanto, Holmes esbozaba una discreta y triunfal sonrisa.

Sí, supongo que el niño puede entrar reconoció al cabo de unos segundos Pero necesitará que alguien lo escolte. Y no puede ser un pariente agregó, al ver que Casiopea estaba a punto de hablar Será uno de nuestros aurores. Holmes, ¿a quién recomienda?

La aludida sonrió levemente.

Si me permite, preferiría traerlo indicó No tomará mucho tiempo.

El ministro la despachó con un gesto y la aurora salió del cubículo tan deprisa como le fue posible. Eso lo aprovechó Casiopea para sentarse, un poco más tranquila, y Procyon ocupó la silla que había sido de Holmes, dándole a entender a su madre con una mirada que todo saldría bien.

En menos de cinco minutos, Holmes había vuelto, y tras sí entró un auror sumamente alto, de cabello rojo intenso y rostro pecoso. Sus ojos claros repasaron con algo de sorpresa a los presentes, deteniéndose un poco en Procyon antes de prestar atención a lo que su superiora decía.

Weasley se hará cargo de escoltar al joven Black, señor ministro. Y para su beneplácito, al terminar la visita a San Mungo, entregará un informe detallado de la misma.

El ministro, con facha de no estar nada contento con la elección de auror pero sin quedarle remedio, asintió de mala gana. Se puso de pie, apoyó su bastón en el suelo con inusitada fuerza y dedicándoles a todos miradas severas, salió del cubículo seguido de cerca por Holmes. Sin embargo, la aurora volvió segundos después, con una mueca desagradable en la cara.

Bien, Weasley, lo pondré al corriente rápidamente comenzó sin rodeos Tiene que llevar al joven Black a San Mungo a visitar a su padre. Como escuchó, deberá entregarme al finalizar la visita un informe completo de lo que ocurra y de cualquier anormalidad que detecte. Pero lo que no me dirá es que llevó a Potter con usted.

¿Y eso porqué, señorita? quiso saber el auror, sumamente intrigado.

La señorita Holmes sonrió maliciosamente.

Porque se supone que Potter no va, ¿me comprende?

Ronald Weasley, acostumbrado a esa clase de frases desde hacía años, no hizo más que asentir con una sonrisa divertida y salió apresuradamente del cubículo.




Una hora después, Procyon iba en camino a San Mungo en compañía de los señores Potter y Weasley, en completo silencio. Lo que para él era raro, pues creía que ambos aurores lo interrogarían sin descanso sobre el asunto.

Lo que él no sabía es que antes de partir al hospital, ambos hombres habían sido puestos al tanto de la situación por su jefa y por algunos de sus colegas que habían presenciado el ataque mágico perpetrado por los seguidores de Hagen y los dementores. El día anterior no habían sabido gran cosa, habían estado en Wiltshire, pero en cuanto regresaron, oyeron todo tipo de rumores que no les fueron confirmados hasta que un joven de rizos castaños y de ojos verdes (que según sabían, era un recién ingresado a la Academia) se acercó a ellos y les contó sobre el tema.

Y como siempre, El Profeta lo tapa todo concluyó el muchacho, con aspecto enfadado.

En efecto, en el periódico mágico no había rastro de un ataque. Lo que les extrañó mucho, ya que en el pasado, el no informar a la comunidad mágica de lo que realmente pasaba en tiempos oscuros había equivalido a graves pérdidas. Pero considerando el carácter del actual ministro, a los dos amigos no les sorprendió: seguramente El Profeta se mordía la lengua por orden ministerial, para no alarmar a los magos y brujas que vivían pacíficamente.

Me recuerda a la segunda guerra había murmurado el señor Potter con pesadumbre.

Y el señor Ron no pudo estar más de acuerdo. Ellos y sus familias recordaban a la perfección esa época, y antes que ellos, todavía quedaban algunos que recordaban la primera guerra. El hecho de que Hugo Hagen ahora aterrorizara medio continente europeo era de preocuparse, y lo peor era que el Ministerio británico no prestara atención a hechos semejantes.

Llegamos anunció de pronto Procyon.

Los aurores asintieron y luego del anuncio de costumbre, pudieron entrar al hospital. Procyon lo encontró como el día anterior, excepto que ahora la sala de espera no estaba tan llena y que la fila frente al mostrador de Información era reducida. Solamente se veía a dos personas: una mujer anciana que tenía la cabeza vuelta hacia su izquierda y parecía que no podía girarla y un hombre de cabello castaño rojizo que traía un ramo de flores enorme, en el que se distinguía unos pequeños botones negros que despedían un aroma delicioso, parecido a la vainilla.

Mi nieto de nueve años quiso arreglarme el cuello dijo la anciana a la bruja castaña que ese día estaba tras el mostrador de Información.

La bruja, fastidiada, le indicó a qué planta dirigirse, antes de sonreírle bobaliconamente al hombre que llevaba el enorme ramo de flores.

Vengo a visitar a un paciente en la cuarta planta dijo, al tiempo que extendía un pergamino con un sello azul en la esquina superior derecha, que se veía importante Asuntos internacionales.

La bruja arqueó una ceja, leyó el contenido del pergamino y asintió, dejando de sonreír.

Adelante, con toda confianza indicó la bruja, viendo con mirada soñadora cómo el hombre se alejaba del mostrador y pasaba por las puertas dobles junto al mostrador ¡Siguiente!

Buenos días saludó el señor Ron con una sonrisa Venimos a ver a James Black.

La bruja arqueó las cejas nuevamente.

Permiso pidió, extendiendo una mano.

El señor Ron, por toda respuesta, sacó un sobre cerrado con un sello morado del Ministerio y se lo entregó. La bruja lo abrió, sacó el pergamino que contenía, lo leyó y asintió en silencio.

Adelante, sala Ignatus Truck indicó.

Los dos aurores y Procyon le dedicaron gestos de cabeza, en agradecimiento, para luego atravesar las puertas dobles. Encontrando las escaleras, empezaron a subirlas, siendo el señor Ron quien contaba las plantas en voz baja.

Ron, ya hemos venido antes le hizo notar el señor Potter con algo de fastidio Sabemos dónde está la cuarta planta.

El nombrado se encogió de hombros y dejó de contar cuando llegaron a la planta indicada. Miraron a ambos lados del pasillo y decidieron irse hacia la derecha, que era un tramo más largo. Por fortuna acertaron y luego de tres puertas, la cuarta tenía un letrero que decía: Sala Ignatus Truck. Sanador responsable: Terry Boot. Sanadora en prácticas: Melinda Christie.

El señor Potter abrió la puerta y se encontró con una sala ocupada por cinco camas, dos de las cuales estaban vacías. Una de ellas, la del fondo, la cubría una larga cortina estampada con verdes tréboles. Y por lo que dedujo al observar a los demás pacientes del lugar, Jim debía estar en la cama tras la cortina. Le hizo un gesto a Ron, quien entró detrás de Procyon a la sala.

Ve y anúnciate le pidió al pelirrojo Yo vigilo la entrada.

El señor Ron asintió y se adelantó. Procyon quiso seguirlo, pero una mano del señor Potter en su hombro lo detuvo.

Dejemos que Ron ponga a Jim sobre aviso indicó.

Procyon asintió y observó cómo el señor Ron se paraba junto a la cortina de tréboles y hablaba.

Hola, Jim, ¿estás despierto?

Al otro lado de la cortina, se vio una débil sombra de alguien sentado en una silla que se puso inmediatamente de pie. Luego, la voz de Jim Black se dejó oír.

Hola, señor Weasley saludó ¿Qué se le ofrece en este pabellón de lágrimas? bromeó.

Pues
Harry y yo venimos escoltando a tu hijo informó el señor Ron, quien no dejaba de vigilar a la sombra que se había levantado de la silla El Ministerio autorizó a que viniera a verte.

Ya era hora se quejó Jim Creí que mi familia se había olvidado de mí. ¿Puede esperar un minuto, por favor?

Sí, claro.

Luego de un momento de silencio, la cortina se descorrió, dejando ver a Jim recostado en su cama y con aspecto de lo más saludable. Junto a él, de pie y acomodando un enorme ramo de flores en un jarrón, estaba un hombre de cabello castaño rojizo.

¿No estaba usted antes que nosotros en la fila de Información? se extrañó el señor Ron.

El desconocido, dejando de acomodar las flores, asintió un par de veces con la cabeza, sin siquiera mirarlo.

¿Cuál es su nombre? inquirió el señor Ron.

El hombre, luego de un segundo de reflexión, asintió en silencio como para sí mismo.

Orión dijo Orión a secas.

Al señor Ron ese nombre le sonaba de algo, pero en el momento, se le hizo sumamente extraño.

Las visitas a mi colega están restringidas informó de mal humor ¿Cómo pudo entrar?

Orión no se veía que fuera a responder, así que el señor Ron le hizo un gesto al señor Potter para que se acercara. Éste lo hizo, con Procyon pisándole los talones.

Harry, el caballero no quiere decir cómo le dieron permiso para entrar comenzó el señor Ron Dice que se llama
¿Orión, verdad?

El citado asintió. Procyon, en tanto, ignoró el asunto para acercarse a su padre y saludarlo.

Hola, papá, ¿cómo has estado?

Bien, gracias Jim sonrió con satisfacción al recorrer a su hijo con la mirada y comprobar que estaba en perfectas condiciones ¿Porqué no vinieron tu madre y tu abuela?

Procyon compuso una mueca de fastidio.

No las dejaron entrar se decidió a contestar Por seguridad y no sé qué
Y aparte, a mamá la dejaron afuera por ser muggle.

¿Qué? exclamó Jim con asombro ¿Quién hizo semejante cosa?

Creo
que el señor ministro susurró Procyon con timidez, consciente que no era bueno estar en contra de alguien de tan alto rango Lo vi hoy
Creo que no le caemos bien los Black.

Jim soltó un bufido de exasperación antes de recordar que su primer visitante aún seguía ahí.

Ore
Orión llamó, mordiéndose la lengua al segundo siguiente por casi equivocarse de nombre ¿Podrías agradecerle las flores a tu novia de mi parte? Y dile que me escriba en cuanto pueda, hace mucho que no la veo. Quiero noticias suyas.

Sí, se lo diré asintió Orión, siendo entonces cuando el señor Potter detectó en su voz un acento extranjero Con su permiso, señores y antes que alguien pudiera decir lo contrario, abandonó la sala.

Esto irá al informe sentenció el señor Ron sin miramientos, antes de volverse hacia Jim ¿Quién es tu amiguito, eh?

Pues
alguien que conocí en una misión en Grecia respondió Jim, restándole importancia al asunto Él es
influyente allá, por decirlo de alguna forma. Seguramente así consiguió el permiso para verme. No alcanzó a decírmelo porque yo no sabía que mis visitas estaban restringidas. Procyon se giró hacia su hijo ¿Cómo está tu madre?

Bien, papá, aunque algo molesta contestó el chico, encogiéndose de hombros No la dejaron entrar, ya te imaginarás
Ella y la abuela están de peor humor que Kreacher.

¿Kreacher? se extrañó el señor Potter, interviniendo en la conversación ¿De dónde conocen a ese elfo?

Está en casa de mi madre respondió Jim de mal talante Está atado a lo que queda de la familia y mi madre no quiere liberarlo. Y nos ordenó a Procyon y a mí no hacerlo. Según ella, así pagará lo que le hizo a papá.

El señor Potter compuso una triste mueca, asintiendo. Ante tal gesto, Procyon recordó lo que Hally le contó una vez, que su padre había sido ahijado de Sirius Black.

Jim, cuéntanos, ¿es verdad lo que nos dijeron del ataque? indagó entonces el señor Ron ¿Había dementores con los seguidores de Hagen?

Jim asintió con pesar.

No será fácil hacerles frente afirmó el señor Potter Lo digo por experiencia propia. Si Hagen consiguió tener de su lado a los dementores, por algo será. Habrá que investigar mucho al respecto para prevenir a los demás Ministerios del continente.

Tanto el señor Ron como Jim asintieron, sin tomar en cuenta que Procyon estaba presente. El niño aprovechó eso para pensar detenidamente en lo sucedido e idear algunas cosas.

Y una de ellas sería averiguar qué eran exactamente los dementores y cómo combatirlos.

&&&


26 de mayo de 2007. 11:37 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola, hola, gente linda! Pido una enorme disculpa, casi tan grande como lo es mi país, por la tardanza. ¡No puedo evitarlo! Entre escuela, quehaceres y similares, no había llegado por completo la inspiración para terminar este capi (y eso que lo empecé casi cuando publiqué el anterior). Así que mejor pasemos a lo bueno.

Aquí se resuelve una gran incógnita que se dejó en el capi anterior, ¿porqué Procyon no asistió a la fiesta de cumpleaños de Danielle y su adorada Hally? Pues no fue por gusto, eso ya se vio. Esto del ataque mágico es simplemente la punta de un iceberg que próximamente se hará tan grande como Groenlandia (válgame, qué comparación), si no es que más. Eso y la aparición de Geoffrey McGill en escena, lo que lleva a la siguiente pregunta: si apenas ingresó al curso de auror, ¿cómo es que ya entra en acción como auror profesional? Y otra cosa, ¿porqué se tardó tanto el Ministerio en enviar ayuda, siendo el ataque en el mundo muggle? Esperemos que no sea porque temían a los dementores, jajaja.

Los dementores
Dudé mucho en incluirlos en esta entrega, siendo criaturas a las que nadie quisiera encontrarse ni de chiste, pero me pareció adecuado. Sembrando el pánico a donde quiera que van, los vi como los aliados perfectos para Hagen y su banda de desquiciados. Así las cosas, tendremos dementores para rato.

Y Casiopea soltando espuma por la boca (no literalmente, pero se entiende) por no poder ver a su marido¡eso es amor! La ocasión propicia para la primera aparición en escena de Edmund McGill, el ministro de magia. Ya sé, algunos ya empezaron a sacar sus conclusiones, y no los culpo: he dado suficientes pistas al respecto. Una cosa sí les digo: este señor será una mezcla extraña entre Fudge y Scrimgeour. De mí se acordarán cuando salga en más ocasiones.

Bueno, creo que eso es todo lo que hay que comentar por ahora. Si algún detalle se me pasó, será por la hora (casi medianoche acá, debo dormir, jajaja), así que me despido. Cuídense, disfruten el calor (los del hemisferio norte) y el frío (los del otro hemisferio) y nos leemos pronto
Espero.



A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.





Seis: Desde algún lugar.

1 de julio de 2019.

Ciudad de México, Distrito Federal.

Departamento de Inteligencia Mágica, Secretaría de Magia de los Estados Unidos Mexicanos.


La Secretaría de Magia Mexicana, ubicada de manera subterránea en el Zócalo de la Ciudad de México, siempre era un lugar lleno de actividad. Aunque los niños y jóvenes de todo el país disfrutaran de unas merecidas vacaciones de verano, los miles de empleados del gobierno mágico mexicano no podían hacer lo mismo. Tenían mucho qué hacer, y deambulaban de un lado a otro con rapidez, algunos enfrascados en sus propios pensamientos, otros charlando con colegas sobre las acciones a seguir y unos más, ni siquiera daban señas de saber en qué mundo vivían. Estos últimos, por lo general, eran integrantes del Departamento de Inteligencia Mágica.

Dicho departamento era considerado uno de los más importantes de la Secretaria, pero también uno de los más enigmáticos. Se sabía, por ejemplo, que sus miembros se ocupaban de tareas como la traducción de antiguos códigos e idiomas, pero nadie sabía el modo. También sabían que del departamento salían gran número de espías, sin embargo, nadie conocía sus identidades. De igual forma, muchos estaban al tanto de que existían investigaciones a largo plazo, pero nadie conocía los temas de las mismas. La mayor parte de las maniobras del Departamento de Inteligencia Mágica, por lo tanto, eran literalmente secreto de Estado, a menos que el jefe de departamento en turno o el mismo Secretario de Magia considerara prudente revelar información.

Pero esa posibilidad se estaba volviendo remota en esas fechas. Los ataques mágicos a Europa mantenían en ascuas a los demás continentes, y América no era la excepción. México, aunque casi no trataba con países del Viejo Mundo, no podía cerrar los ojos a lo que sucedía, así que ya estaba planteándose ofrecer su ayuda. El problema estaba en cuál podía prestar.

Muy bien, quiero sugerencias alegaba el jefe del Departamento de Inteligencia Mágica, un hombre de rostro severo, escaso cabello castaño oscuro y ojos del mismo color, a la cabeza de una larga mesa rectangular de madera El señor Echeverría las solicitó con urgencia.

La mayor parte de los que ocupaban la mesa, hombres y mujeres de túnicas oscuras uniformados solamente con una banda de tela color violeta adornando su brazo izquierdo, hicieron muecas de fastidio. Por lo general, todos y cada uno de ellos trabajaban en solitario. Y ahora se les pedía que, entre todos, pensaran en soluciones alternativas para el Secretario de Magia.

Vamos, son las mentes más brillantes de México, elegidos para este trabajo desde que estaban en Calmécac¡deben tener alguna idea!

Una mujer al fondo de aquella sala de juntas se removió en su asiento. Se tapaba el rostro con la capucha de su túnica color verde olivo y nadie, por alguna misteriosa razón, reparaba en su presencia. Se ladeó ligeramente hacia la derecha, como queriendo escuchar mejor, al tiempo que una de las personas más próximas al jefe del departamento, un mago de túnica marrón y cabello oscuro, alzaba una mano. El jefe de departamento, arqueando una ceja, le cedió la palabra.

¿Qué opina de los espías dobles? sugirió con timidez.

El jefe de departamento arrugó el ceño.

Probamos eso en el pasado y no funcionó del todo farfulló con cierto enfado Además, Reino Unido tiene sus propios espías dobles. No creo que sea necesario mandarles más.

Pero siempre es bueno contar con varios elementos en esta clase de misiones apuntó una mujer de túnica azul oscuro Confunde al enemigo.

El jefe de departamento pareció meditarlo; en tanto, la mujer del fondo se llevó la mano derecha al mentón, mostrando que la traía enfundada en un guante del mismo color que su túnica. Ese repentino movimiento hizo que uno de los presentes, de túnica negra, fijara la vista en esa dirección, entrecerrando sus ojos castaños, para luego encogerse de hombros y atender la reunión.

Quiero otra idea exigió el jefe del departamento ¡Ahora!

Los demás lo observaron con verdadero asombro, como si el hombre no soliera ser así. La mujer del fondo bajó su mano derecha lentamente, apoyándola en la mesa.

Señor, ¿se encuentra bien? inquirió con precaución una mujer de túnica amarilla.

El jefe del departamento la miró con expresión furiosa, y la mujer se encogió en su asiento, intimidada. Los demás se miraron entre sí, más extrañados que antes. Y eso fue suficiente para que la mujer de verde que estaba al fondo sacara su varita y le apuntara al hombre.

Un rayo de luz cruzó la mesa de extremo a extremo, sobresaltando a los presentes, y dio de lleno al jefe del departamento, quien cayó de espaldas con los ojos muy abiertos. Todos, al verlo, se pusieron de pie enseguida y mientras algunos lo auxiliaban, otros salían de la sala a toda carrera, en busca de ayuda. Solamente dos de los presentes se acordaron de buscar el origen de aquel misterioso rayo de luz.

No encontraron nada a simple vista, solamente un rincón de la sala casi a oscuras, pero una de las personas que registraba ese punto tuvo la idea de levantar su varita y alumbrarse un poco.

¡Lumos!

Al pequeño destello de la punta de la varita, pudo verse una sombra humana. Seguramente quien estaba allí tenía un hechizo para no ser visto, pero la luz no actuaba a su favor. Quien acompañaba al dueño de la varita encendida apuntó con cuidado e hizo una complicada floritura. Pero antes de ver un resultado, la sombra se movió a tal velocidad que no parecía de un humano.

¡Alto! exclamó el dueño de la varita encendida.

La sombra se detuvo un segundo, pero después continuó su camino hacia la salida de la sala. Los dos magos que la habían encontrado se decidieron a seguirla.

Los pasillos del Departamento de Inteligencia Mágica estaban bien iluminados, sus paredes eran de colores claros y solamente tenían puertas de madera pulida por adorno. Eso les facilitó la persecución a los magos, que distinguían perfectamente por dónde pasaba la sombra. Le pisaban los talones cuando descubrieron que llegaba a las puertas del único ascensor en la Secretaría que conducía al departamento, y luego que dichas puertas se abrieran y cerraran sin que aparentemente fuera abordado el ascensor, les decía una sola cosa: la presa se les había escapado.

¡No puede ser! farfulló el que había encendido la varita Seguro ya se desapareció.

Eso si sabe que se puede hacer eso en el ascensor le recordó su colega.

El primero frunció el ceño, sintiendo que se le escapaba algo.

¡Lo sabe! exclamó sorpresivamente, espantando a su acompañante La sala de juntas del departamento tiene un repelente mágico para personal no autorizado. Quien quiera que haya sido esa persona, era del departamento.

El otro no pudo evitar componer una mueca de frustración cuando uno de sus colegas, el de la túnica negra, los llamó con insistencia.

¡Vengan ahora mismo! pedía Martínez, Romo, no van a creer esto.

Los aludidos se miraron entre sí con desconcierto, para luego acercarse a su compañero, de regreso en la sala de juntas. Ahí, sentado en una de las sillas, estaba su jefe, con una mano en la frente y aire confundido.

El señor Ruiz dice no recordar qué hacía aquí informó el hombre de túnica negra De hecho, no recuerda nada de lo ocurrido en los últimos días.

¿Pero qué
? se sorprendieron los dos ex-perseguidores.

El de túnica negra asintió lentamente.

Creemos que estaba bajo un Imperius continuó Así que increíblemente, el intruso que se les escapó nos hizo un gran favor.

Los otros dos se miraron sin saber qué pensar.

¿Y qué haremos ahora? inquirió uno de ellos.

En eso, la bruja de la túnica amarilla, con semblante tímido, se les acercó.

El señor Ruiz quiere que llamen al señor Echeverría informó Quiere hablarle. Y dice que tienes que estar presente, Salais.

El de la túnica negra, con gesto cansado, asintió y abandonó la sala de juntas. Recorrió el pasillo que conducía al ascensor, sumido en sus pensamientos, y al abordar el diminuto cubículo, presionó un botón. El aparato comenzó a subir luego de una breve sacudida, lo que fue señal para que una voz de mujer se dejara oír.

¿Ves cómo tenía razón?

El hombre suspiró levemente.

Aún así, fue muy arriesgado espetó Pudieron descubrirte, o pudieron activarse las alarmas del departamento.

Por las alarmas no había problema. Aún me acuerdo de cuáles son y sé que conmigo no se hubieran activado. En cuanto a que me descubrieran
Digamos que nunca me pasó por la cabeza pasar desapercibida. Si me atrapaban, me explicaba y ya.

El hombre negó con la cabeza, pero esbozó una sonrisa muy tenue.

Tenías que ser de esta familia
murmuró con resignación.

Hubo un momento de silencio, roto por las puertas del elevador abriéndose. El hombre salió y observando el magnífico paisaje a su alrededor, caminó sin ninguna prisa.

La parte de la Secretaría donde se encontraba, conocida como la Plaza, era de grandes dimensiones. De forma circular, asemejaba el jardín interior de una hacienda antigua, pues las plantas la inundaban por todas partes. Los rayos solares que se colaban a través del techo, un vitral multicolor sostenido por innumerables columnas de brillante ónix, eran producto de la magia, pero se veían de lo más auténticos. El piso pulido, de un tono verde intenso, estaba hecho del más puro jade, adornado aquí y allá con incrustaciones de otras piedras preciosas que formaban las más diversas ilustraciones. El vitral del techo, por cierto, también era de materiales preciosos y si uno se fijaba bien, las figuras que mostraba cambiaban con lentitud cada hora, como si narraran una historia que solamente el más observador y paciente podía descubrir. El hombre miró el vitral por un segundo, alcanzando a ver cómo un hombre indígena ataviado con un casco en forma de cabeza de águila se desvanecía para dar paso a una mujer de verde vestida como ave. Sonrió con ironía.

Algún día sabremos lo que dice murmuró, antes de seguir su camino.

Las columnas de ónix hacían de marco a varios pasillos que se veían eternos. Y en el centro de la Plaza se podía ver una fuente de cantera impresionante que al hombre le recordaba viejos tiempos. La fuente era casi una réplica de la que existía en Calmécac, con la diferencia de que en ésta, había humanos: un hombre con cabeza de águila, otro con cabeza de jaguar, uno más con cabeza de serpiente emplumada, una mujer con tela en los brazos y apariencia de ave y otra con una cola de reptil colgando por detrás. Los cinco portaban largas varas que apuntaban hacia el cielo, por las que salían los chorros de agua de la fuente. El hombre de túnica negra pasó junto a un letrero que señalaba algo sobre la fuente: Fuente de la Alianza. Todo lo recaudado en ella se destina, equitativamente, al Hospital General Aztlán (HOGAZ) y a la Fundación Nacional de la Igualdad de Condiciones Mágicas (FUNNICOM).

El hombre se adentró por uno de los pasillos, que al igual que la Plaza, tenía el piso de jade, pero sus paredes eran frías y grises, solamente adornadas con soportes de antorchas. Anduvo un largo trecho en silencio, hasta que llegó al fondo del pasillo, frente a unas puertas dobles de madera con aplicaciones de plata. Inhaló profundamente, aguardó un segundo y llamó a la puerta.

Adelante se oyó que le contestaban.

El hombre abrió una de las puertas y asomó la cabeza.

Buenos días saludó cortésmente.

La habitación al otro lado, inmensa y a la vez sencilla, tenía por mobiliario un escritorio de piedra muy antiguo y tras él, un librero también de piedra y lleno hasta el tope de pesados y viejos volúmenes. Al escritorio, concentrado en algunos pergaminos, un hombre mayor, moreno y con la coronilla calva, alzó la vista al escuchar una voz en la puerta.

Ah, es usted, Salais se desentendió el hombre calvo, puesto que enseguida regresó la vista a sus pergaminos Puede pasar. ¿Qué se le ofrece?

Salais asintió, abrió la puerta un poco más de lo necesario, entró y cerró la puerta tras él con cierta parsimonia antes de aclararse la garganta.

Señor Echeverría, lo llama el señor Ruiz comenzó Tiene algo urgente qué decirle.

¿Algo como qué? espetó el señor Echeverría, arqueando una ceja con aspecto de no saber qué era tan importante para requerirlo en el Departamento de Inteligencia Mágica.

Alguien no identificado se coló a la sala de juntas de nuestro departamento y le quitó de encima una maldición Imperius al señor Ruiz.

El señor Echeverría abrió mucho los ojos, dejó caer los pergaminos y lo miró, atónito.

¿Cómo es posible
? tartamudeó, para después carraspear y lograr decir ¿Cómo es posible que alguien lograra entrar a algún sitio de su departamento? ¡Tienen los mejores repelentes mágicos contra personal no autorizado! exclamó con enfado Exceptuando los de esta oficina, claro está aclaró con un débil dejo de orgullo, poniéndose de pie Vamos.

Salais asintió y abrió con cuidado la puerta, esperando a que el señor Echeverría saliera. Éste lo hizo, seguido de cerca por Salais, y ambos se dirigieron a la Plaza y de ahí, al ascensor que conducía al Departamento de Inteligencia Mágica.

El señor Echeverría se veía nervioso, y no era para menos. A un día de las elecciones secretariales, no se esperaba un conflicto en el interior de la Secretaría, sobre todo en el sitio más resguardado de aquella edificación subterránea. Su gestión no podía cerrar mal.

Pronto avanzaban por el pasillo principal del departamento, y llegaron a la sala de juntas en menos de cinco minutos. Salais abrió la puerta y dejó que el señor Echeverría entrara primero, para seguirlo poco después. Entonces pudo darse cuenta que el señor Ruiz ya se sostenía en pie, apoyando las manos en la larga mesa rectangular y con aspecto cansado, pero por lo demás, bien.

Muchas gracias por venir, señor le dijo el señor Ruiz con voz pausada al señor Echeverría Y como supongo que le adelantó Salais, esto es preocupante.

¿Exactamente qué es lo preocupante, Ruiz? inquirió el señor Echeverría con frialdad ¿El que un extraño que colara a su sala de juntas, que le lanzara un hechizo o que usted tuviera encima un Imperius sin que nosotros nos diéramos cuenta?

En la habitación, el ambiente se puso tenso. El señor Ruiz, haciendo acopio de toda su fortaleza, se atrevió a responder.

Supongo que todo lo que ha dicho es cierto. Sin embargo, lo apremiante en este caso, muy a mi pesar, es el Imperius.

Los demás a su alrededor asintieron con cierto pesar.

Creo que todo sucedió hace tres días inició a relatar, tomando asiento en ese momento Estaba en casa, cenando con la familia, y contándoles sobre lo que Europa está pasando, cuando llamaron a la puerta. Normalmente abre la elfina, pero como estaba ocupada en la cocina, le dije que yo lo hacía, no había problema
suspiró y continuó Fui, abrí y me encontré a una mujer vistiendo una capa de viaje, con la cabeza baja y el rostro oculto. A primera vista, no me dio buena espina, así que le pregunté qué quería, pero lo último que recuerdo es que dijo algo como "que deje de molestarnos" y me apuntó con la varita.

Luego de eso, el señor Ruiz suspiró de nuevo y no dijo más.

En ese instante, el señor Echeverría meneó la cabeza de manera apesadumbrada, y paseó alrededor de la mesa rectangular con semblante pensativo. Al cabo de unos minutos, había dado la vuelta completa a la mesa, y adoptó una expresión falsamente segura.

Bien, esto es lo que haremos sentenció Nada de declaraciones a la prensa, nada de conversaciones con otros departamentos, nada de nada, ¿entendieron? No divulgaremos lo ocurrido hasta que se sepa qué ocurrió aquí.

Salais sonrió con ironía, cosa que nadie más notó.

Y es que al día siguiente, las elecciones secretariales dejarían sin efecto esa orden.




1 de julio de 2019.

Niza, Francia.

La Riviera, playa privada de la familia Lumière.


El atardecer acababa de caer en aquel rincón del mundo, tiñendo de oro y rojo el agua del vasto océano y las nubes de naranja y rosa. Sentados en la suave arena, contemplando los últimos rayos de sol, dos jóvenes sonreían sutilmente, cada uno sumido en sus pensamientos, pero unidos por algo que a simple vista, los demás no llegarían a notar fácilmente: una gran amistad.

No importa cuántas veces lo vea murmuró en francés uno de los jóvenes, una chica de larga cabellera de tono castaño claro, ojos azules y apariencia entre altanera y serena El atardecer en este lugar siempre me hechizará.

Su acompañante, un joven de cabello rubio rojizo, sonrió levemente, algo irónico.

Pienso lo mismo respondió en el mismo idioma que ella Es agradable vivir aquí.

Te envidio reconoció la joven de pronto No es que me queje de París, pero esto extendió los brazos, abarcando el mar y la costa que se extendían a ambos lados Es el paraíso.

El chico no hizo más que reír suavemente.

Por cierto recordó de pronto la chica, sonriendo a su vez con ligera picardía ¿Cuándo llega esa novia tuya, eh?

El joven se ruborizó un poco, pero no se alteró. Fijó su vista en el horizonte con calma.

No es mi novia aclaró Solamente es una amiga. Sin embargo
se interrumpió un segundo antes de añadir Me gustaría que lo fuera.

La chica movió un poco la cabeza, agitando su largo cabello ondulado, para luego hacer un gesto de orgullosa satisfacción.

Creo que a ella también le gustaría afirmó de pronto, haciendo que el joven la mirara con incredulidad Aunque me desagrade admitirlo, es buena chica.

Eso último hizo que el muchacho riera.

Sabía que no cambias de opinión tan fácilmente, Isabelle recriminó el chico de manera bromista Ya veremos cómo se llevan ustedes dos cuando ella llegue. Será en dos semanas.

Ah, bien, en ese caso prepararé el campo de batalla.

El muchacho rió de buena gana ante semejante frase, a sabiendas que era un chiste, pero fue cortado de golpe por un grito infantil tras ellos.

¡Chicos, chicos! La radio
Un ataque
Oriente


Los dos jóvenes se giraron y se levantaron, viendo cómo un pequeño castaño se les acercaba a toda velocidad, escaso de aliento. La chica avanzó un par de pasos hacia él.

Jean, detente le pidió amablemente Ahora, respira profundo recomendó, cuando el niño ya estaba de pie ante ella y se llevaba las manos a las rodillas Bien, dinos, ¿qué sucede?

El niño tardó unos segundos en responder.

La radio
inició de manera entrecortada Le Magique Solei transmitió
una mala noticia, Isabelle
Madame Lumière me envió a buscarlos.

Los dos muchachos se miraron entre sí, arqueando una ceja. Eso no les daba buena espina, así que mientras Isabelle tomaba al niño de la mano, su amigo rubio rojizo salió corriendo hacia una casa empotrada sobre un pequeño risco, cerca de allí. Isabelle lo siguió un poco más despacio, sin descuidar al pequeño Jean.

Pronto, los tres subieron por una escalera de caracol metálica de color blanco hasta la casa del risco, llegando a su patio trasero, donde una piscina circular aún reflejaba algunos rayos solares. El joven rubio ya no estaba a la vista cuando Isabelle y Jean acabaron de subir la escalera de caracol, por lo que siguiendo la única luz que estaba encendida en el interior de la casa, que correspondía a la cocina, supusieron que él estaba allí. Sin perder más tiempo, Isabelle soltó al niño y echó a andar.

¿Qué fue lo que pasó? preguntaba el joven amigo de Isabelle cuando ésta entró a la cocina, una habitación reluciente decorada mayormente de azul claro y blanco Madre¿qué pasa?

La aludida, una mujer de porte elegante y largo cabello rubio oscuro, miró al chico con calma, pero una expresión de ligera lástima en los ojos.

La radio mágica acaba de dar la noticia, Julien informó por fin la mujer Dice que hubo un ataque mágico en Oriente. Según parece, fue culpa del Terror Rubio.

¿Pero en qué parte de Oriente? se desesperó Julien ¿El Oriente Próximo o
?

Al ver el rostro de su madre, Julien se preocupó más. Isabelle, tras él y tomando de nueva cuenta la mano de Jean, se sobresaltó al oír sobre el refrigerador que la radio mágica emitía una leve alarma que ella se sabía muy bien.

Atención, compatriotas, noticia de última hora dijo una voz femenina que intentaba sonar impasible Más detalles acerca del ataque mágico ocurrido en la capital nipona. Como se dio a conocer antes, parece obra del Terror Rubio, más con la aparición de lo que sus mismos seguidores llaman "su marca", la Deathwolfhead. Esta señal de muerte y destrucción masiva apareció a poca distancia de la Torre de Tokio, y todos coinciden que su ubicación es por encima del Templo Amaterasu (1), el centro de actividades mágicas de Japón. Seguiremos informando.

La noticia acabó y la madre de Julien, en un gesto de aminorar la tensión, apagó la radio con un movimiento de varita. Se sentó a la mesa del desayunador que se encontraba cerca y llamó.

Julien, ven aquí.

El joven, casi como autómata, obedeció y fue a sentarse junto a su madre.

Me preocupa esto tanto como a ti comenzó la mujer, sujetando una mano de su hijo entre las suyas Ahora me doy cuenta que no se está seguro en ninguna parte. Sin embargo, hay que conservar la calma y pensar con claridad.

Julien asintió vagamente, con la mirada perdida.

Madame Lumière llamó tímidamente Isabelle ¿Me permite su chimenea? Quisiera hablar con mis padres.

La señora asintió e Isabelle abandonó la cocina, tirando suavemente de la mano de Jean.

Y otra cosa agregó la señora Lumiére, sonriendo tenuemente Llegado el caso en que tengamos que enfrentar algo malo
Hay que hacerlo bien.

Julien pudo por fin esbozar una sonrisa.

Sí, madre respondió en un susurro Seguro Sakura lo está haciendo.

Y con ese pensamiento, la tensión de Julien disminuyó un poco.




1 de julio de 2019.

Tokio, Japón.

Templo Amaterasu.


La noche hacía horas que había caído en las tierras del lado oeste del Pacífico, pero en Tokio, algunos no podían decir que sentían sueño. Sentían incertidumbre por su destino, miedo por sus vidas y coraje contra quienes les provocaban pensamientos pesimistas. Empero, si los japoneses sabían hacer algo a la perfección era trabajar en equipo. Sobre todo por un bien mayor.

El Templo Amaterasu, el sitio de las actividades mágicas más importantes de Japón y un equilibrado conjunto de edificios tradicionales y atractivos conjuntos de plantas, flores y estanques, llevaba el nombre de una famosa bruja nipona de la antigüedad que entre otras cosas, había llevado la paz a dos pueblos que durante siglos habían peleado por razones tanto absurdas como distorsionadas por el tiempo. Los japoneses muggles, en su historia, recordaban a Amaterasu como una diosa, la más importante de todas, lo que tal vez era el único vestigio que tenían de ella en sus débiles memorias. Pero ahora, aunque Amaterasu viviera y fuera de verdad una diosa todopoderosa, sus habilidades no hubieran servido de mucho. Más que nada, porque ella no sabía con qué se estaría enfrentando.

Varios magos de túnicas negras, cuyas caras se cubrían con las capuchas, habían comenzado hacía dos horas con un desagradable espectáculo, lanzando hechizos y maldiciones a todo lo que se les cruzaba enfrente. Al momento de que los japoneses que terminaban sus actividades del día se dieron cuenta, escaparon como pudieron, pero hubo otros que no tuvieron tanta suerte, pues quedaron atrapados por los encapuchados luego que éstos hicieran aparecer en el cielo su espeluznante Deathwolfhead, siendo observados de cerca por los Samuráis que habían acudido.

Los Samuráis eran el nombre japonés para los aurores, y en cuanto su Ministerio les ordenó ir al Templo Amaterasu, no dudaron ni un segundo. Lo que no se esperaron fue encontrar una toma de rehenes en el interior de una lujosa tienda de ropa, por lo que desde el jardín más próximo (una de las tantas extensiones floridas dentro del templo) meditaban sobre el paso a seguir. Cerca de ellos, revoloteando como buitres en busca de alimento, había varios reporteros, tanto nacionales como extranjeros. Algunos respetaban el trabajo de los Samuráis y se limitaban a transmitir a sus jefes lo que sucedía (mediante complicados hechizos de charla a distancia), pero había uno que otro que se arriesgaba y se dirigía a algún Samurái.

Disculpe preguntó entonces en inglés una rubia de ojos claros, tez pálida y largo cabello rizado a un Samurái de túnica roja y porte severo ¿Podría decirnos qué ha pasado desde la toma de rehenes? ¿Y ya se sabe quiénes son los rehenes?

El Samurái la miró con expresión amenazante, lo que intimidó a la rubia. En lugar de seguir preguntando, realizó un hechizo complicado, apuntándose a la garganta con la varita.

Buenas noches, radioescuchas, o al menos aquí en Tokio, Japón, es de noche comenzó, hablando con voz baja, pero fluida Transmitimos en vivo y en directo desde el Templo Amaterasu, donde un grupo de los mejores aurores japoneses (llamados aquí "Samuráis"), intenta deliberar cómo penetrar el local de la casa de moda Umikaze, donde se han refugiado los partidarios del Terror Rubio que atacaron este sitio mágico hace aproximadamente tres horas. Hasta el momento, no ha habido actividad por parte de ningún bando, lo que puede indicar que ninguno de los dos sabe cómo proseguir la punta de la varita de la rubia empezó a ponerse roja y a titilar, por lo que la joven hizo una mueca de fastidio y concluyó Para los Cuarenta Magistrales reportó Norma Monroe y me comunicaré la próxima hora con más información.

La rubia se apuntó a la garganta otra vez y la punta de su varita dejó de verse roja.

Fue ese momento el que eligieron los seguidores de Hagen para salir y uno de ellos se apuntó a la garganta con la varita. Pronto, una voz fría y masculina, con fuerte acento germano pero hablando japonés, se dejó escuchar por todo el lugar.

Muy bien, nipones, ¿qué pueden ofrecernos para dejar libres a los rehenes?

Los Samuráis, por lo visto, ya tenían eso previsto, pues uno de ellos, de túnica azul oscuro y cabello castaño, se señaló la garganta con la varita.

Soliciten lo que quieran indicó, y su voz también resonó por los terrenos del templo Veremos la mejor forma de cumplir con sus demandas.

Los encapuchados se miraron entre sí; algunos hasta soltaron risitas satisfechas. Los reporteros, en tanto, observaban todo con interés y la mayor parte había sacado a toda prisa plumas a vuelapluma para documentar el hecho.

Solicitamos hablar con Kiyota dijo el mismo encapuchado, sin denotar emoción alguna.

¿De qué Kiyota estamos hablando? inquirió el Samurái de túnica azul con desconcierto.

Uno de los encapuchados se acercó al que hablaba y le susurró algo.

A la campeona de Hoshikino del pasado Torneo de las Tres Partes respondió.

Los Samuráis se miraron entre sí, asombrados. ¿Para qué querrían esos hombres hablar con una joven de diecisiete años? No tenían tiempo para averiguarlo ahí parados. Mientras el Samurái de azul respondía afirmativamente a la demanda, uno de sus colegas se desapareció, claramente en busca de la chica. Esperaba encontrarla pronto.

Lo que nadie sabía era que la muchacha en cuestión, Sakura Kiyota, ya estaba en el Templo Amaterasu. Había escuchado todo, desde el inicio del ataque mágico hasta la petición tan descabellada por parte de los terroristas, pero no sabía qué hacer. Y todo porque estaba oculta de todos en el interior de la mismísima tienda de la casa Umikaze.

Sakura había ido de compras al templo, como preparativo de su futuro viaje a la Riviera francesa a visitar a su amigo francés Julien Lumière, y se había tardado más de lo previsto paseando por los andadores de piedra viendo la multitud de árboles de cerezo en flor y luego en la tienda de la casa Umikaze admirando las túnicas más recientes. Así que, al principiar el ataque, lo único que le vino a la mente fue salir del templo, pero no contó con que los encapuchados se dirigieran a la tienda de túnicas. Sin pensarlo dos veces y aprovechando la confusión general, se coló detrás del mostrador, abrió una puerta cuyo letrero decía "Sólo personal autorizado" y entró a un diminuto baño de empleados, el cual cerró de golpe. Gracias a que la puerta del baño tenía una pequeña ventana, ella podía ver cómo los encapuchados metieron a todas las personas que pudieron a la tienda, cerraban la puerta principal tras sí y comenzaban a amenazarlas, todo sin que a ella la notaran. La ventana, desde el lado de los encapuchados, semejaba un espejo gracias a un hechizo que había realizado apresuradamente.

Sakura no sabía qué hacer. Había intentado desaparecerse del baño para volver a su casa, pero se encontró con que la tensión no le permitía concentrarse. Además, algo le decía que no podía abandonar a esas personas prisioneras. Decidió entonces quedarse, vigilar desde su escondite y en cuanto tuviera la oportunidad, ayudar en algo, lo que fuera. Sólo esperaba salir con vida.

Afuera, mientras los reporteros continuaban con su labor sin atreverse a hablarles a los Samuráis, los encapuchados observaban hacia el frente, donde detrás de un trecho de suelo tapizado de flores multicolores, había gran cantidad de Samuráis cuchicheando entre sí. Los terroristas no tenían paciencia, pero ante este asunto, debían conseguirla de donde fuera. Esta misión debían terminarla favorablemente, o se enfrentarían a la cólera de su jefe. Y a ninguno le hacía gracia imaginarse lo que sucedería si fallaban.

En eso, el Samurái que se había desaparecido minutos antes regresó solo, se acercó a su colega de túnica azul y habló con él en voz baja. El de túnica azul no hacía más que asentir de vez en cuando, para luego poner cara de susto. Finalmente, tragó saliva y volvió a hablar con los encapuchados, pero ya no con tanta seguridad como antes.

Señores, eh
No podemos acceder a sus demandas se decidió a decir Kiyota-san no se encuentra en el país.

Eso ninguno de los encapuchados se lo esperaba.

No nos importa cómo le hagan, pero queremos hablar con Kiyota exigió el encapuchado que había estado dialogando con el Samurái No estamos jugando.

Nosotros tampoco, señor afirmó el Samurái Pero ya la buscamos y


El encapuchado le apuntó con la varita, hizo un brusco movimiento y un haz de luz verde salió de ella. Para cuando el Samurái alzó su propia varita, era demasiado tarde: la luz verde lo había alcanzado, matándolo al instante.

¿Alguien más cree que no ha buscado a Kiyota lo suficiente? inquirió el encapuchado con un dejo de crueldad en la voz.

Los Samuráis se quedaron atónitos ante el cuerpo de su compañero caído, y los reporteros no dejaban de dictarles en murmullos apresurados lo acontecido a sus plumas a vuelapluma.

Queremos ver a Kiyota en una hora ordenó el encapuchado, dando media vuelta Eso decidirá si nos ponemos a matar rehenes o no.

Y seguido de los otros encapuchados, entró de nueva cuenta en la tienda.

Dentro del local, Sakura había escuchado todo, estupefacta. No había visto el asesinato del Samurái negociador, pero lo supuso. No quiso quedarse ahí más tiempo, así que con una precaución que en otra situación hubiera sido exagerada, abrió la puerta de su escondite poco a poco.

Logró vislumbrar a varios hombres, mujeres y niños sentados en un grupo compacto junto a una percha de túnicas occidentales en barata, atados de pies y manos con cadenas negras. Junto a la puerta de la tienda se hallaba un encapuchado, con la vista fija en los rehenes y jugueteando con su varita. Al otro lado de la tienda, tras varias perchas con diversa mercancía, consiguió ver a duras penas una puerta de madera con un letrero que indicaba que era la salida de emergencia. Sonriendo entre aliviada y triunfal, cerró la puerta del baño nuevamente, respiró profundo y frunció el entrecejo en actitud concentrada.

Estaba decidida a darles la cara a los terroristas. Pero antes, salvaría esas vidas inocentes.




1 de julio de 2019.

Londres, Inglaterra.

El Atrio, Ministerio de Magia.


Mara Kreisky no era del tipo de personas que se desesperaba fácilmente. Al contrario, poseía tanta paciencia que algunos la tomaban por demente, al ver que mantenía la serenidad cuando otros tenían los nervios de punta. Sin embargo, y en contra de lo que muchos pensaban de ella, también su paciencia tenía límites. Límites que estaban traspasándose en esos momentos.

Golpeaba el suelo con un pie, con ritmo frenético, y veía en todas direcciones con rapidez, como buscando algo que no se dignara a mostrarse. Tenía los brazos cruzados y los labios apretados, reprimiendo un bufido de indignación. Iba camino a una reunión y ahora, por alguna razón que no habían querido darle a conocer, estaba ahí de pie, sin hacer nada, esperando que la dejaran en libertad de hacer lo que le diera la gana.

De pronto, una persona caminó directamente hacia ella, con semblante serio. Era una mujer, de cabello castaño y algo alborotado, cargando un montón de pergaminos. Descruzando los brazos y sonriendo sutilmente, Mara se irguió y la miró.

Buenas tardes saludó educadamente, con su acostumbrado aire de misticismo, pero un poco más impaciente de lo normal.

Buenas tardes respondió la mujer Sigamos caminando. No es seguro hablar aquí.

Mara asintió y viendo a su alrededor por última vez, la siguió. La mujer castaña acomodó un poco los pergaminos en sus brazos y abordó un elevador, seguida de cerca por Mara.

Departamento de Misterios anunció una fría voz femenina.

La mujer castaña esperó a que las puertas se abrieran para abandonar el aparato, con Mara tras de sí. Ambas anduvieron un buen rato hasta llegar ante una puerta de madera desgastada, que la mujer castaña se apresuró a abrir a pesar de estar con las manos ocupadas. Al conseguirlo, le indicó a Mara que entrara, lo cual ella hizo sin titubear.

Le sorprendió la pequeñez de la oficina, pero no así el montón de pergaminos y libros que apenas dejaban espacio para un par de sillas, un escritorio y algunos otros utensilios básicos. Tomó asiento en la silla libre frente al escritorio con sumo cuidado y observó a su alrededor ya sin la creciente desesperación que la atacara minutos antes.

Debe ser bueno trabajar aquí comentó, queriendo iniciar una conversación.

La mujer castaña, luego de depositar los pergaminos que llevaba en un rincón, sonrió sutilmente y se sentó al escritorio, tomando un pergamino, al parecer al azar.

Digamos que tanto misterio tiene sus compensaciones se encogió de hombros, leyó el pergamino en su mano y lo dejó de lado para seguir Dígame, señorita Kreisky, ¿qué se le ofrece?

Por toda respuesta, Mara sacó un pergamino del bolsillo de su falda muggle color gris claro y se lo tendió. La castaña frunció el ceño, extrañada, para luego tomar el pergamino y comenzar a leerlo con cuidado. Al terminar, arqueó las cejas con sorpresa.

¿Así que ahí están? inquirió con voz trémula.

Por lo que sabíamos, era más que probable Mara se encogió de hombros, un tanto indiferente Pero me preocupa
¿No han sabido aquí nada del asunto?

La castaña negó con la cabeza.

Mis contactos en el Cuartel General de Aurores dicen que es un caso extraño. Los aurores chinos aún no tienen pistas y el clan Ming está desesperado.

Mara asintió, como si eso ya lo supiera de antemano.

Y ahora, con lo de Japón
la castaña suspiró al tiempo que le devolvía el pergamino a Mara Todos están muy nerviosos. Es la noticia del día, quizá de la semana
Quién sabe cómo vaya a acabar todo esto.

Mara ladeó la cabeza, pensativa, mientras la mujer frente a ella se ponía de pie y dirigiéndose a un pequeño archivero, encendió la pequeña radio mágica que había sobre éste. Justo cuando se sentaba, una voz joven de mujer resonó por la abarrotada oficina.


Y hace escasos diez minutos, los terroristas soltaron su demanda: hablar con Sakura Kiyota, que si recuerdan, damas y caballeros, fue la representante de Hoshikino en el pasado Torneo de las Tres Partes celebrado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Luego de saber que la señorita Kiyota está fuera de Japón, uno de los terroristas asesinó a sangre fría al Samurái negociador, Jiro Minamoto, dejando a los aurores japoneses en una grave situación. Los terroristas quieren hablar con Kiyota en poco menos de una hora, si no aseguran que empezarán a matar a los rehenes. Un momento
¿qué fue ese sonido?

A lo lejos se escuchaba una explosión, muchos gritos, pasos, gente corriendo
Se notaba que había estallado el caos. La mujer castaña y Mara contenían la respiración, deseando que no pasara nada malo. Y entonces


¡Damas y caballeros, algo increíble! Los rehenes están fuera de peligro, bajo custodia de los Samuráis. Repito, los rehenes están fuera de peligro. ¡Qué veo! Sakura Kiyota está en la línea de fuego, entre los rehenes y los terroristas y a juzgar por las caras de los Samuráis, la chica les dice a los partidarios del Terror Rubio que está dispuesta a ceder a sus demandas. ¿Está loca o qué? Disculpen, radioescuchas, pero es que no lo comprendo. Un minuto, ahora que recuerdo¿qué esa niña no estaba fuera del país, ¿de dónde salió?

Eso también se lo estaban preguntando Mara y su acompañante. Aunque la pregunta principal seguía en el aire, ¿para qué querrían los terroristas hablar con una joven de diecisiete años?

Si el enlace de los Cuarenta Magistrales con su corresponsal no se rompía, no tardarían en averiguarlo tanto ellas como el resto de Reino Unido.




2 de julio de 2019.

Tokio, Japón.

Templo Amaterasu.


Recién comenzaba un nuevo día en Japón, pero el país apenas se daba cuenta. Al menos la parte mágica, que estaba con los nervios de punta por lo ocurrido en el Templo Amaterasu (o como lo llamaban los nipones, Amaterasu-Jinja), que parecía ir de mal en peor.

Cuando estaba a punto de cumplirse el plazo para que Sakura Kiyota hiciera su aparición, un fuerte estallido había distraído a los terroristas, casi todos en el exterior, pues el sonido venía del interior del local donde tenían a los rehenes. Entraron al edificio con rapidez y lo descubrieron lleno de humo, con señas de una explosión cerca de la puerta, la cual parecía haber herido a su compañero que hacía guardia, y unos cuantos gritos aterrados de parte de los capturados los volvían locos. Uno de los terroristas agitó su varita y una fuerte corriente de aire disipó el humo. Grande fue la sorpresa de los encapuchados al no ver a los rehenes donde los habían dejado. Y una puerta pequeña de madera al fondo del local les dio una vaga idea de lo que había ocurrido.

¿Cómo es posible? rugió uno de los encapuchados en alemán, que obviamente parecía el líder de la operación ¿No se supone que les quitaron las varitas a todos?

Los otros encapuchados asintieron vigorosamente, casi con temor, ante semejante reclamo.

¡Allá van! soltó uno de los terroristas, incrédulo.

El líder se giró para observar el exterior. Era cierto, los rehenes corrían con desesperación hacia los Samuráis, quienes los recibían amablemente, pidiéndoles que se tranquilizaran. El líder se enfureció y salió, con la varita en alto y apuntando a los rehenes. Iba a echarle una maldición a una mujer pequeña y robusta que sostenía a una niña, pero en eso una especie de tirón le arrebató la varita, lanzándola lejos, y segundos después, se vio una mano levantada, con una varita en alto y apuntando directamente al encapuchado.

Retroceda ordenó la voz de una joven en japonés, mientras que su dueña, una chica de cabello castaño dorado, entraba en el campo de visión de los presentes, entre los Samuráis y los encapuchados Hablaré con usted si no le hace daño a nadie, señor.

Los espectadores de dicha escena se sorprendieron ante eso. La joven, vestida con una túnica oriental en su mayor parte rosa, tenía un aspecto en general dulce, pero su expresión era otra. Daba a entender que sabía lo que estaba haciendo y que no cedería ante la maldad.

Sakura Kiyota nombró uno de los encapuchados en japonés, avanzando unos cuantos pasos. Algo en su voz hizo que la joven sintiera un escalofrío, pero no lo demostró Compañeros, aquí está la chica que estábamos buscando. ¿No es así
mi pequeña flor?

Sakura abrió los ojos desmesuradamente al escuchar eso último. ¡Simplemente no podía creerlo!

¿Suzuhara? soltó con sorpresa.

Tras ella, los Samuráis comprendían toda la conversación y estaban anonadados.

¿Kiyota-san se refiere a Suzuhara-san? decía uno de ellos ¿Suzuhara Kotarou-san, un miembro del Ministerio?

¡Tiene que estar bromeando! exclamó otro Samurái con indignación.

Pero uno de los aurores japoneses, de cabello oscuro y ojos castaños de mirada por lo general amable, no opinaba lo mismo.

A Suzuhara lo creo capaz de esto y más masculló con rabia contenida.

Uno de sus colegas lo oyó, y para su sorpresa, asintió levemente.

No es muy amable que digamos se limitó a decir.

Se concentraron en la escena, para no perderse detalle. Sakura ya no parecía tan segura como antes, pero no había bajado la varita.

Ya sabía que hallarías personas con mentes tan desquiciadas como la tuya soltó la joven sin miramientos, pero no en son de burla, sino con cierto dejo de rencor ¿Qué, el Ministerio te pareció muy poca cosa para lograr tus sueños de grandeza?

Por toda respuesta, Suzuhara levantó la varita.

No creo que quieres enfrentarme, mi pequeña flor advirtió maliciosamente.

Cierto, no quiero Sakura se mantenía firme en su posición Vine a hablar.

Ladeó la cabeza ligeramente hacia el mago al que le había quitado la varita a hechizo limpio, que en aquel momento ya la había recuperado y se acomodaba un poco la capucha con un ademán despectivo y elegante.

Suzuhara, a un lado ordenó el encapuchado en alemán, empuñando su varita con fuerza No hay que desviarse del objetivo.

Suzuhara movió la cabeza negativamente, pero el otro lo empujó sin miramientos para quedar frente a Sakura, quien se tensó ante el movimiento y alzó un poco más la varita.

Kiyota, necesitamos una información que seguramente tú tienes comenzó el encapuchado, esta vez en inglés e ignorando los bufidos de disgusto de Suzuhara ¿Dónde está Ming?

Sakura abrió los ojos al máximo.

¿Yue-chan? susurró en inglés, atónita ¿Y porqué sabría yo dónde está Yue-chan?

El terrorista dio un paso hacia ella, lo que puso sobre aviso a los Samuráis, que alistaron las varitas. Eso, a su vez, hizo que el resto de los encapuchados adoptaran posiciones de ataque.

Nuestras fuentes afirman que soy muy amigas el terrorista habló con cierto sarcasmo ante las últimas dos palabras antes de seguir ¿Tienes idea de dónde está?

Sakura frunció el ceño, enfadándose cada vez más.

¿Destrozaron un sitio mágico histórico, torturaron inocentes, mataron a un servidor público y se aprovecharon de la situación
Solamente para preguntarme eso? reclamó la chica con ira contenida en la voz Creí que eran más inteligentes añadió con descaro y frustración.

En realidad, lo somos, pasamos por China antes de venir aquí el encapuchado soltó una breve risa malvada antes de continuar Pero no sacamos gran cosa, sólo que no está en ese país. Por cierto dijo, como si acabara de recordar algo Tú no estabas en el país, ¿cómo llegaste tan pronto para responder a nuestra demanda?

Porque, grandísimo tonto, estaba más cerca de lo que tú y tu séquito de locos puede imaginarse respondió Sakura sin medir las consecuencias Estaba en la tienda.

Los terroristas se miraron entre sí con sorpresa, o al menos eso parecía a juzgar por sus movimientos bruscos de cabeza y sus ademanes de desesperación.

Yo causé la explosión que dejó fuera de combate a su guardia continuó la chica Yo desaté a los rehenes y los hice salir por la puerta trasera. Yo creé la cortina de humo para que no nos descubrieran. Y yo fui quien te desarmó hace menos de cinco minutos. Como ves sonrió, entre desdeñosa y orgullosa no fui campeona de Hoshikino por nada.

Los encapuchados se veían de verdad enfadados y todos a una, levantaron sus varitas. Sin embargo, el líder hizo un ademán para que se detuvieran y se volvió hacia Suzuhara.

Encárgate de ella ordenó secamente en alemán, antes de volverse hacia sus compañeros Esta misión ha fracasado, nos vamos.

Los demás encapuchados asintieron a regañadientes y comenzaron a correr en todas direcciones antes que los Samuráis pudieran lanzarles hechizos obstaculizadores. En tanto, Suzuhara y Sakura se miraban frente a frente sin mostrar alguna expresión, aunque en el caso de él era imposible saberlo: la capucha le seguía ocultando el rostro.

Mi pequeña flor, esto me dolerá más a ti que a mí afirmó Suzuhara con cruel sarcasmo Aunque debo reconocer que te lo haz ganado.

Sakura frunció el ceño, claramente sin entender, hasta que distinguió un potente rayo de luz que iba hacia ella, antes que algo la empujara y la tirara al suelo. Cuando pudo alzar un poco la cabeza, se encontró con que un joven Samurái estaba encima de ella, y que Suzuhara veía la escena con incredulidad y furia.

Tenías que ser tú, Komori se quejó entre dientes, apuntando de nuevo Pero esta vez será la última que intervengas, ¿entendiste?

Antes que alguno de los presentes supiera qué había ocurrido, tanto el Samurái como Sakura fueron cubiertos por una sombra y se habían esfumado. Y por el sonido, habían usado una cosa que en un sitio como el Templo Amaterasu en esas condiciones, no era recomendable.

Tal parecía que habían empleado la desaparición.




3 de julio de 2019.

Yucatán, México.

Villa Kuh Há.


Una de las casas más grandes y acogedoras de la villa Kuh Há era la de la familia García. Antonio García había ganado tanto como Secretario de Magia, profesor en Calmécac y luego director de la afamada escuela, que era natural que su hogar reflejara sus riquezas. Pero eso no era nada comparado con lo que él era, una persona noble, servicial y siempre dispuesta a ayudar a los demás. Cosa que en esta ocasión, podía traerle problemas.

Desde hacía unos días, unos magos nada convencionales eran sus huéspedes: eran ni más ni menos que su colega, el profesor Song de la Escuela Zen de Hechicería, su mejor alumna Yue Lin Ming y el mismísimo Ministro de Magia, Tai Lin Ming. Le hacía el favor a su nieto, aunque no estaba muy seguro de ello. Más cuando en esos días, estaba por mudarse al pueblito perdido donde vivían su nieto y sus padres.

Lo que le llamó la atención esa mañana de julio, tan calurosa como resplandeciente, fue leer el periódico mágico mexicano en primer lugar. La noticia de la primera plana, en lugar de ser ese horrible y lamentable ataque al Japón mágico de hacía un par de días, era otra: Resultado oficial de las elecciones secretariales. Terruño Omeyollo (2) logra victoria inesperada.

El profesor García no pudo más que negar con la cabeza.

¿Sucede algo, señor? le preguntó en ese momento una joven oriental de cabello oscuro recogido en dos chongos e inusuales ojos azules, vestida mayoritariamente de rojo.

Las elecciones secretariales están definidas respondió sencillamente Y no ganó alguien que sea de mi agrado.

La joven oriental ladeó la cabeza, confundida, para luego girarse hacia una amplia ventana del comedor en el que se encontraban. Un ave muy blanca, que no era otra cosa que una gaviota, se acercaba. Y parecía que chocaría con el cristal de no ser porque se quedó revoloteando ante el vidrio, el cual picoteó con fuerza para llamar la atención.

¿Qué tenemos aquí? inquirió el señor García sin inmutarse, poniéndose de pie, soltando el periódico y acercándose a la ventana Parece que llegó el correo.

La oriental arqueó las cejas, sorprendida, pero vio que efectivamente, la gaviota llevaba una nota atada a una pata. El ave revoloteó por encima de sus cabezas, en círculos, hasta que fue a posarse en el respaldo de una de las sillas de mimbre del comedor, fijando sus ojillos en la chica.

Creo que es para usted, señorita Ming indicó el señor García.

La muchacha, algo cohibida, extendió las manos y le quitó la nota a la gaviota con delicadeza. Una vez hecho esto, le hizo una reverencia al animal, que al poco rato salió volando por donde había entrado. El señor García contempló el vuelo de la gaviota con una ligera sonrisa antes de escuchar una especie de grito ahogado tras él. Se volteó enseguida, encontrándose a la chica con la mirada perdida, mientras que la nota que había leído yacía a sus pies.

¿Ocurre algo malo, señorita Ming? preguntó con cautela.

Por toda respuesta, la aludida se inclinó a recoger la nota, sacudió la cabeza y lo miró con un brillo especial en los ojos. Un brillo extraño, mezcla de miedo y determinación.

Tenemos que volver a China.

Lo dijo de manera tan seria que el señor García no pudo más que sorprenderse.

Creí que el señor Ming corría peligro recordó, intrigado.

Y lo seguirá corriendo afirmó la señorita Ming Pero no es por él que hay que volver. Es a mí a la que quieren.

Dejó la nota en la mesa del comedor con un golpe seco y salió corriendo. El señor García, sabiendo que era una falta de respeto, no pudo evitar tomar aquella nota, escrita en una hoja de papel en vez del acostumbrado pergamino de los magos, y la leyó con rapidez.

Querida Yue-chan:

Te escribo desde algún lugar perdido en el mar. Lo único que hallamos para enviar esto es una gaviota a la que hemos estado entrenando. Y no me tomaría esta molestia si no fuera algo importante.

Shigure-kun, un buen amigo, y yo, acabamos de escapar del ataque mágico de Amaterasu-Jinja por obra de un incidente de lo más extraño. Alguien nos desapareció de allí, cosa que era imposible pues los Samuráis aplicaron hechizos anti-desaparición en Amaterasu-Jinja para facilitar la captura de los terroristas. Lo más extraño es que no sabemos quién fue. Pero eso ahora, por inverosímil que te parezca, es irrelevante.

Los terroristas mágicos estaban buscándote, Yue-chan. Pidieron hablar conmigo porque saben que somos amigas y supusieron que yo sabía tu paradero. No lo sé, y aunque lo supiera, no se los hubiera dicho, pero
Yue-chan, donde quiera que estés, cuídate mucho. No quisiera que te pasara nada y por favor, en cuanto puedas, comunícate conmigo para saber de ti. Pero no me digas dónde estás. No quiero ponerte en riesgo.

Deseando que todo esté bien contigo, se despide cordialmente:

Sakura.

P.D. Si estás en China, no solicites ayuda al clan que lleva tu mismo apellido. Están furiosos porque su pariente más importante, el ministro, ha desaparecido sin dejar rastro, y se están haciendo cargo del gobierno sin que nadie pueda evitarlo.


Antonio García dejó la nota en su lugar con lentitud justo a tiempo, pues en ese instante llegaron al comedor sus demás huéspedes orientales.

No dejaré que mi familia cometa semejante tontería mascullaba el ministro chino en mandarín con gesto de incomodidad ¿Cómo se atreven a tomar las riendas de la comunidad mágica? Ni que supieran mucho al respecto


Tai Lin, lo arreglaremos afirmó suavemente la señorita Ming, viendo en ese momento al hombre de larga y delgada barba que los seguía ¿Está listo, profesor Song?

El anciano de la barba asintió, luego de lo cual la señorita Ming se volvió hacia el señor García con aspecto firme.

Por favor, señor García le dijo en inglés Necesitamos regresar a China.

El señor García asintió con pesar. Él era el único que podía sacarlos de la villa sin levantar las alarmas de la Tlapixqui, pero le llevaría un poco de tiempo prepararlo.

Está bien suspiró Solamente que haremos una escala antes. ¿Le importa, señorita Ming?

La joven negó con la cabeza, sonriendo levemente.

Puede llamarme Yue Lin, señor le pidió Y además
eso ya lo tenía previsto.

Ante esa frase, Tai Lin Ming se sorprendió, mientras que el profesor Song y el señor García suspiraban, aunque con un aire muy cansado.

Creo que nunca terminaré a acostumbrarme a esto murmuró el señor García al salir del comedor, sacando la varita de uno de sus bolsillos.

Lo que tenía que hacer no era fácil, pero si Yue Lin Ming tenía previsto eso, suponía que podía creer que el asunto saldría bien.

(1) Amaterasu era la diosa más importante en las leyendas japonesas. Representaba al sol.

(2) Omeyollo es una palabra náhuatl que quiere decir farsante, hipócrita.

&&&


13 de Junio de 2007, 10:20 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags.)

¡Por fin! Jajaja, creí que nunca lo conseguiría, pero aquí lo tienen, el sexto capi.

No pueden negarme que es bastante movido, ¿verdad? Veamos, ¿por dónde podría comenzar? Hay muchas curiosidades y espero que ninguna se me olvide.

Empezamos nuestro recorrido global en México, en la Secretaría de Magia. Antes que alguien lo pregunte, "Estados Unidos Mexicanos" es el nombre oficial de mi país, por eso lo escribí. Ya aclarado ese punto, vemos cómo se da una reunión en el Departamento de Inteligencia Mágica, que vendría siendo como el Departamento de Misterios del Ministerio de magia inglés. Lo que le hicieron al jefe del departamento parecía a primera vista un ataque, pero resultó que le hicieron un favor, y por las pistas, supongo que es evidente quién fue, jajaja. Y déjenme confesarles algo: esos señores que persiguen a la "sombra", les puse los apellido de una de mis mejores amigas de Aguas (la misma cuyo cumpleaños es el 24 de abril, el de los gemelos Malfoy), y si leyera esto, se muere de risa, estoy segura. Y en cuanto a la aparición del Secretario de Magia, Echeverría, les diré que el apellido siempre se me ha hecho de lo más rimbombante, y su descripción física me recuerda a la del actual presidente de mi país (espero que el señor FC no llegue a leer esto en su vida), y me hizo gracia. Algunos detalles nombrados en ese pedazo de capi volverán a aparecer luego, de mí se acuerdan, pero no los esperen muy pronto. Se van a cansar.

Luego, sigue un vistazo a la hermosa Niza, en la Riviera francesa. ¡El hogar de Julien! Si se les olvidó, este apuesto francés es el mejor amigo de la ex-campeona de Beauxbatons Isabelle Richelieu (creí que no podría teclear el apellido de la francesita rapidito, como hace mucho que no lo hago
) y ellos siempre se ven en el verano. Lo que ahora se empañó con la noticia del ataque mágico a Japón.

Japón, la tierra de los nipones, del sake y del kabuki, jajaja
El Templo Amaterasu, aunque no lo describa mucho (lo siento, creo que el momento no lo requería) es muy hermoso. Nomás imagínense un montón de edificios japoneses tradicionales, jardines llenos de flores, estanques con nenúfares y juncos y ya está. Pero volviendo al ataque
Estos seguidores de Hagen no aprenden: después de lo ocurrido en la Torre Wu de China, ¿de verdad esperaban que esto les saliera bien? Creo que no. Más con Sakura al acecho, decidida a hacer lo que fuera necesario para que los inocentes no sufran. Cosa que consiguió luego de que se leyó una escena en Londres.

¡Ah, Londres! Mara fue a ver a alguien al Departamento de Misterios (no hay que ser genio para saber a quién), aunque no revela para qué, y ambas mujeres sí que no pueden con su carga de trabajo. Aunque claro, aunque no parezca, Mara la tiene más difícil, se los puedo asegurar.

Y para terminar, México otra vez, pero ahora la villa Kuh Há. El señor García alojando a los orientales, aunque sin revelar cómo consiguió que no los cacharan los de la Secretaría, donde por cierto, hubo elecciones. Por el apellido del que se llevó la victoria, pueden imaginarse que no saldrá nada bueno de esta decisión del pueblo (yo y mis misterios
) y Yue Lin recibió una nota de Sakura, que dice que le escribe "desde algún lugar
". Eso es lo que le da título al capi, pero además, me acordé de las transmisiones de noticias que vemos normalmente, que los reporteros dicen "transmitiendo desde
" y todo lo demás. Y con eso del ataque mágico a Japón había un sinfín de reporteros
Bueno, creo que me entienden.

En fin, me despido por el momento. Cuídense, disfruten el verano (que acá apenas va a empezar) y nos leemos pronto.



A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.





Siete: Huída del desierto.

7 de julio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Trayecto entre el distrito Knightsbridge y Grimmauld Place.


Los Potter no pudieron pedir una tarde más apacible que aquella para salir de paseo. El verano estaba en su apogeo, el sol brillaba como la única joya del cielo y el ajetreo vivaracho de las personas en las calles demostraba que todo estaba bien. Pero los Potter, por mucho que quisieran, no se olvidaban de a dónde iban.

¿Tardaremos mucho? inquirió Hally, un tanto nerviosa.

Su padre asintió un par de veces con la cabeza, sin decir palabra, y Hally bajó la vista, apretando un poco más, sin darse cuenta, la mano de su padre.

Tranquila le dijo el señor Potter en un susurro No te parecerá tanto tiempo.

Hally intentó sonreír, pero no pudo. Una sensación de vacío en el pecho se lo impedía.

¿Qué
es esa cosa?

La voz lenta e infantil de su prima Drusie la sacó de sus pensamientos. La pequeña rubia señalaba un aparador muggle, donde se exhibían toda clase de juguetes.

Una muñeca muggle respondió la señora Potter, que la llevaba en brazos con gesto protector La mueves como quieras y toma la posición que más te guste.

¿No
hablan? quiso saber Drusie.

Algunas, pero no como las muñecas mágicas respondió la señora Potter en un susurro.

Drusie miró de nuevo aquella delgada y rubia muñeca del aparador, que portaba un traje de baño rosa y una sonrisa fija combinada con unos ojos azules pintados, y asintió en señal de comprensión antes de añadir.

No son
muy bonitas.

La señora Potter rió brevemente.

Muchas niñas no dicen eso aclaró Pero si algo puedo decir al respecto es que no son nada realistas.

Vamos, Hermione, se nos hace tarde apuró el señor Potter.

Su esposa asintió y avanzó hasta quedar a su lado, teniendo a Hally entre ellos.

¿Cómo es la casa a la que vamos? preguntó de pronto Hally.

Ah
Pues muy grande comenzó la señora Potter, recordando con facilidad Por dentro parecía la casa de los peores magos oscuros de la historia, pero seguramente, ya habrán cambiado muchas cosas. Y espero que entre esas cosas, lograran quitar ese retrato


¿Qué retrato?

El de una señora muy desagradable se limitó a decir el señor Potter.

Hally asintió en señal de comprensión.

Ah
Y
¿no deberíamos tomar un autobús para ir allí?

Los Potter y Drusie observaron a Hally con cierta extrañeza.

Es más cómodo ir a pie respondió por fin el señor Potter A fin de cuentas, ahí está.

Hally levantó la cabeza, viendo la destartalada plaza frente a ella. Y también vio las casas en una orilla, con sus números relucientes indicando la dirección. Pero por más que leyó, no encontró el número que andaban buscando.

Papá, ¿dónde
?

No tuvo tiempo de terminar la pregunta. Mientras Drusie dejaba escapar un débil ¡Oh! de sorpresa, Hally se quedó con la boca abierta. Ahí, entre los números once y trece, apareció la fachada de una mansión que a primera vista, era sumamente tétrica.

Sean bienvenidos al número 12 de Grimmauld Place anunció el señor Potter, fingiendo solemnidad, al tiempo que subían los escalones del porche Ahora, esperemos que el timbre no cause problemas


Y presionó un pequeño botón dorado a un lado de la puerta.

Poco después, unos pasos en el interior avisaron que pronto les abrirían. Efectivamente, una mujer de cabello oscuro y ojos azules, vestida al estilo muggle y con una sonrisa encantadora, apareció en el umbral y los saludó con entusiasmo.

¡Oh, bienvenidos! se hizo a un lado Buenas tardes, pasen, por favor. ¿Quién es esta preciosidad? indagó, refiriéndose a Drusie.

Drusilla, una sobrina respondió la señora Potter con una débil sonrisa Vivirá con nosotros una temporada.

La mujer ojiazul asintió en señal de comprensión y los guió por el vestíbulo, recorriendo un largo pasillo hacia la sala. Durante el recorrido, Hally no pudo dejar de notar que las paredes tenían señas de haber sido despojadas de varios cuadros, para reemplazarlos por infinidad de fotografías, tanto mágicas como muggles, en marcos de todos los diseños y materiales imaginables. En algunas aparecía la mujer de ojos azules, y siempre sonreía.

Pasen por aquí indicó la mujer, llegando a la sala, donde el matrimonio Potter se llevaron una grata sorpresa al verla tan arreglada Y disculpen un minuto, llamaré a los demás. Siéntanse como en su casa.

Acto seguido, abandonó la estancia, dejando que los Potter y Drusie se acomodaran en los sillones antiguos. Hally miraba a su alrededor entre curiosa y nerviosa, pero la distraía un poco que Drusie, a su lado, le señalara algunas cosas y preguntara por ellas.

Este sitio ha cambiado bastante soltó el señor Potter lentamente Para bien, debo añadir. Magnolia ha hecho un buen trabajo.

Me alegra oír eso.

Quien pronunció aquella frase era una mujer realmente bella, de largo cabello rubio y ojos de un violeta impactante, notorios a pesar de los anteojos que los cubren parcialmente. Hally ya había visto antes a esa mujer, pero siempre tenía la sensación de que podría aparentar menos edad de la que realmente tenía, si quería. Eso era porque esa mujer era Magnolia Black, la abuela de su amigo Procyon.

Buenas tardes saludó Magnolia con una leve inclinación de cabeza, encaminándose a la butaca que le quedaba más cerca, tomando asiento al segundo siguiente Disculpen a Jimmy, pero le llegó una lechuza del Ministerio hizo una mueca de fastidio, meneando la cabeza Casiopea vendrá dentro de unos minutos, está preparando el té.

Hally frunció el ceño. La señora Magnolia no había mencionado a Procyon.

Le dije que Kreacher podía hacerlo, pero no me escucha continuó Magnolia La última vez que intenté convencerla de que ahora tenía servidumbre, mi nuera salió con que ella era muggle a mucha honra y se dedica a las tareas domésticas como si nada. Sinceramente


¿Kreacher? soltó el señor Potter, dando tal respingo que Hally y Drusie se asustaron un poco Yo que ustedes, no le confiaría nada importante masculló con rencor.

No hay problema. Tiene prohibido repetir cualquier cosa que escuche en esta casa ante quienes no sean de la familia que la habita. Y como por ahora, solamente la habitamos Jimmy, Casiopea, Procyon y yo
Magnolia se encogió de hombros, sonriendo levemente Hemos aprendido de los errores del pasado, Harry.

El señor Potter asintió, no muy convencido.

¿Cómo han estado últimamente, Magnolia? inquirió amablemente la señora Potter.

Quitando la estúpida restricción hacia Casiopea en San Mungo, bien Magnolia torció los labios en otra mueca de disgusto Desde que Jimmy salió, ha estado bien atendido por su mujer y su hijo. No tengo más que desear.

Aquí está el té anunció Casiopea Black en ese momento, cargando una charola de plata con tazas y una tetera de porcelana Es de durazno, espero que sea de su agrado.

Tras ella, una criaturilla repulsiva, de grandes orejas y enormes ojos color verde claro inyectados en sangre se asomaba con curiosidad y cautela para contemplar a las visitas con detenimiento. Por el movimiento de sus labios, se notaba a leguas que decía algo.

Más inmundicia a la noble casa de los Black, ¿qué diría mi pobre ama si lo viera? se oyó que decía una voz ronca y ahogada, proveniente de la criaturilla que seguía a Casiopea Sí, recuerdo a Potter, ese sangre mestiza que fue mi amo, ahora se ha unido a la sangre sucia y llena este mundo de más sangre mestiza indigna que


¡Cállate, Kreacher!

La orden, fuerte y clara, venía de la entrada de la sala y había sido hecha con evidente mal humor. Magnolia, suspirando, se volvió hacia el dueño de la voz, un chico de cabello negro y ojos de un tono azul violáceo poco común, que poseía un aire de altivez y elegancia. El elfo, al escuchar la orden, rechinó los dientes e hizo una exagerada reverencia hacia el joven.

Como diga el joven amo afirmó, para luego musitar con rabia Y ahí viene el sangre mestiza que deshonra el apellido de la ilustre familia de los Black, ¿qué diría mi ama si supiera que tengo que servirle a él?

Ve a la cocina a hacer en silencio tus tareas ordenó el chico, enfatizando sobremanera las palabras en silencio.

Kreacher volvió a ejecutar su reverencia y rechinando los dientes, salió de la habitación.

No debes tratar así a la servidumbre, Procyon reprendió Casiopea a su hijo.

El jovencito se encogió de hombros.

Vamos, mamá, por como nos ha tratado él, no creo que merezca otra cosa.

Procyon llamó Magnolia en señal de censura Respira profundo, querido. Tenemos visitas, ¿acaso no lo has notado?

El aludido hizo un gesto de asentimiento con la cabeza, recorriendo brevemente a los presentes con la mirada. Sus ojos se detuvieron unos segundos de más en Drusie, a quien no conocía, y arqueó las cejas.

¿Ella quién es? inquirió en tono educado, señalando a la pequeña rubia.

Drusilla, una pariente respondió el señor Potter con cierta sequedad Vivirá con nosotros una temporada.

Procyon asintió y siguió observándola otro poco, antes de dirigirse a su madre.

Mamá, ¿es tu té de durazno? Porque si es así, le llevaré una taza a papá. Cuando venía para acá, se veía alterado.

En ese caso, se lo llevo yo dijo Casiopea con decisión Tú quédate un rato aquí, cariño. Casi no has salido de tu dormitorio estos días.

Procyon asintió, aunque aparentemente de mala gana. Casiopea, luego de servir el té y dejar en la mesita de centro un plato con galletas, cargó con la charola hacia las escaleras principales, meneando la cabeza y tarareando una canción.

Y díganme comenzó Magnolia, tras un breve e incómodo silencio ¿Cómo ha estado todo por el Ministerio? El inepto de McGill debió hacer una declaración a la prensa después de que se dio a conocer el ataque de Hagen y los dementores.

Nada fuera de lo ordinario el señor Potter torció la boca con ligera frustración Alegó que los refuerzos se tardaron en llegar al sitio del ataque por atender un altercado en las cercanías de Oxford. Sí, había problemas por Oxford, pero no tan graves como un ataque de terroristas ayudados por dementores le dio un sorbo a su té para exclamar por lo bajo ¡Está muy sabroso!

Receta especial de Casiopea, se la llevará a la tumba bromeó Magnolia, luego de beber ella mismo un poco de su té Así que
No sé, este asunto es de lo más extraño. Si hay dementores sueltos por ahí, ya no será del todo seguro andar por las calles. Tendremos que cargar con las varitas todo el tiempo, y en caso de que estuviéramos contra algunos y además, frente a muggles
suspiró con cansancio Me hace temer otra guerra.

No debería ser tan pesimista, Magnolia trató de alentarla la señora Potter Por lo que hemos sabido, Hagen está concentrándose en atacar lugares fuera de Europa. Lo de finales de junio quizá solo fue venganza por lo que le pasó a Javacheff en Hogwarts.

Magnolia meneó la cabeza con pesadumbre, en tanto Hally se aventuraba a mirar a Procyon para saber cómo reaccionaba él ante eso. Después de todo, había presenciado el ataque.

Ella se había enterado la semana pasada, cuando una de las tres cartas que le había enviado a su amigo por fin obtuvo respuesta. Shadownight llegó el martes en la noche, penetró a su dormitorio por la ventana y revoloteó por encima de su cabeza un par de veces antes de ir a posarse al respaldo de una silla, estirando la pata con presteza. Snowlight, desde una percha colocada junto a las puertas del armario, lo vio de reojo antes de soltar un ulular molesto. Sin hacer caso de ese comportamiento de su lechuza, Hally desató un pergamino de la pata de Shadownight y le dio distraídamente al ave un trozo de chocolate al tiempo que leía. En la carta, Procyon comenzaba disculpándose infinitamente por no asistir a su fiesta de cumpleaños, para a continuación narrarle detalladamente los sucesos que lo detuvieron en Londres. Horrorizada, estrujó el pergamino en una mano y salió de su habitación hacia el estudio, donde sabía que sus padres estaban ocupados con algunos trámites de sus respectivos empleos. Les comentó con prisa lo que Procyon le había contado y ellos, mirándose previamente entre sí por unos segundos, la tranquilizaron diciéndole que tanto Jim como Procyon estaban bien y que de hecho, habían sido invitados a visitar a los Black el fin de semana. Hally suspiró de alivio al saberlo y prometió ya no preocuparse más.

Sin embargo, la actitud de Procyon era otra historia. Desde que había llegado a Grimmauld Place lo sentía distante, ni siquiera la había saludado directamente. Le recordaba a la época en la que se supo su verdadero apellido y en Hogwarts casi nadie le hablaba y con pesar, eso la entristecía. Se había acostumbrado a verlo sonriente.

Hally
oyó que la llamaban en voz baja.

Dio un respingo, miró a su derecha y encontró a Drusie observándola con una media sonrisa, señalando con un movimiento de cabeza hacia la izquierda de su prima. Ahí, de pie y con un gesto de sorpresa, se encontraba Procyon.

Lo siento, pero las pláticas de los adultos sobre el Ministerio me aburren se encogió de hombros, señalando a Magnolia y el matrimonio Potter, que estaban enfrascados en una diatriba sobre las más recientes acciones del ministro de magia y ni siquiera los miraban ¿Te importa si hablamos en otra parte? A la abuela no le importará.

Hally negó con la cabeza, poniéndose de pie. Drusie la secundó un segundo después, mirando a uno y a otro con aprensión. Procyon, comprensivo, le tendió una mano.

Mucho gusto saludó Me llamo Procyon Black. Tú eres Drusilla, ¿verdad?

Drusie asintió, aceptando la mano de Procyon con una sutil sonrisa. Hally, sonriendo también, siguió a su amigo fuera de la sala por un largo pasillo hacia una habitación contigua, una especie de salón. Procyon recorrió la estancia con la vista antes de soltar un bufido.

No soy bueno para esto, así que iré al grano soltó con brusquedad, soltando a Drusie y metiéndose las manos a los bolsillos de su pantalón azul oscuro Estos días han sido un caos total, con papá en el hospital, renegando contra el idiota del ministro por lo que le hizo a mamá, mudándonos con la abuela de manera permanente
suspiró Hally, todo esto es para estar molesto. No quería saber en qué día vivía ni quién andaba afuera. No sé, supongo que todo fue por esos malditos dementores


Perdona susurró Hally con temor ¿Qué son los dementores?

Procyon y Drusie la miraron como si no creyeran lo que oían.

Son
asquerosos susurró Drusie entrecortadamente, sorprendiendo a su prima Criaturas altas, de túnicas negras
Sin ojos y con manos podridas que
te quitan lo más alegre de tu vida. Sólo te dejan en la memoria
lo más desagradable. Son
de lo peor concluyó, sacudiendo la cabeza, como queriendo librarse de alguna imagen mental.

Hally abrió mucho los ojos, anonadada. Posó su mirada en Procyon, como pidiendo una confirmación de lo que Drusie había dicho, y la consiguió en el gesto afirmativo de cabeza que él le dedicó. A continuación, Hally inquirió.

Drusie, ¿tú los has visto?

La pequeña la vio de reojo antes de asentir con vaguedad.

Cuando mamá y yo
estuvimos por
Vaduz
La capital de Liechtenstein aclaró, al percatarse que tanto Procyon como Hally arqueaban las cejas con desconcierto Paramos ahí
antes de llegar a Londres
Mamá habló con una amiga
y al separarnos de ella
Los dementores nos encontraron


Drusie sacudió la cabeza nuevamente, haciendo una mueca.

Me sorprende comentó de pronto Procyon, mirando a Hally A estas alturas, creí que habrías leído algo sobre los dementores.

No digo que no viera el nombre en alguno de los libros que he leído se defendió Hally Sólo que no sabía lo que eran. Y por lo que veo, son de cuidado, ¿verdad?

Procyon y Drusie asintieron a la vez.

Procyon, ¿quién más te ha escrito?

Ah
al chico lo tomó por sorpresa la pregunta, así que se tomó unos segundos para pensar en la respuesta Henry me mandó a su halcón ayer, la respuesta le estará llegando la próxima semana, porque él y su familia están en México. Sunny también escribió, pero no gran cosa. Más que nada, la noté enojada porque Snape no la deja salir por lo del ataque sonrió levemente Danielle lo hizo hace tres días, le contesté en cuanto su búho se recuperó del viaje. Estaba más enojada que Sunny, si eso era posible. Su pajarraco me picoteó por diez minutos antes que Shadownight regresara de uno de sus paseos y lo arrojara contra la pared.

El imaginar a la negra lechuza de Procyon embistiendo al viejo búho de Danielle le provocó una corta carcajada a Hally.

Pobre Wilfred lamentó al cabo de un minuto Seguramente Danielle le ordenó no regresar sin una respuesta tuya. Es que le conté que a mí no me escribías y


Eso pensé Procyon se encogió de hombros, sonriendo con nostalgia Y creo que no me he disculpado por eso se puso serio En verdad lo siento.

Pero Hally, que días atrás estaba de mal humor porque Procyon no escribía y tenía pensado hacérselo pagar, ahora se limitó a sonreír de manera comprensiva.

Ya con eso aclarado, ¿me quieren contar quién es esta señorita? Procyon le sonrió a Drusie, quien agachó la vista sonriendo y ligeramente sonrojada.

Su amiga asintió y después de una breve mirada aprobatoria de Drusie, contó lo que sabía de su historia familiar. Procyon, al escucharla, se limitó a soltar un silbido de sorpresa al saber quién era el padre de Drusie, así como frunció el ceño ante el apellido de Violet.

Romanov
susurró cuando Hally acabó su relato El Ministerio la anda buscando
No a tu madre corrigió, viendo que Drusie componía una expresión asustada A una mujer llamada Luba
Dicen que está chiflada.

Si está con Hagen, claro que lo está afirmó Hally de mal talante.

¡Se me olvidaba! exclamó Procyon de pronto, golpeándose la frente con una mano Esperen aquí, ¿quieren?

Salió de aquel salón precipitadamente, dejando a ambas niñas muy confundidas.

Qué simpático señaló Drusie, para luego mirar a Hally y agregar Y qué alto.

¿Alto? Hally frunció el entrecejo, confundida. Ahora que su prima lo mencionaba, su amigo había crecido unos cuantos centímetros en pocas semanas Sí, lo es.

Y
qué bonitos ojos tiene continuó Drusie despistadamente No es un color común.

Supongo que no. Tiene azul por parte de su madre y violeta por parte de su padre y su abuela. Pero los tuyos tampoco son comunes, Drusie. También son bonitos.

La rubia la recompensó con una tímida sonrisa.

¡Aquí está! anunció Procyon instantes después, cargando con una caja envuelta en papel rosa, con un moño blanco Es el regalo que pensaba darte, Hally. A Danielle le envié el suyo desde la oficina de correos del callejón Diagon, porque Wilfred no habría podido con el paquete. Espero que te guste.

La aludida lo recibió y visiblemente emocionada, comenzó a abrirlo. En el interior de la caja encontró una pequeña mochila de un tono rosa intenso, casi rojo, que al frente tenía bordado un relámpago amarillo.

Muchas gracias le dijo a Procyon con una gran sonrisa ¿Dónde la compraste?

No soy tan tonto como para contestarte con pelos y señales el jovencito soltó una carcajada Sólo te diré que la encontré por casualidad cuando recién regresamos del colegio, cerca de donde vivía antes. En cuanto la vi, me acordé de ti.

Y sin que Hally lo viera por mostrarle la mochila a Drusie, Procyon le dedicó una cariñosa sonrisa que habría hecho rabiar de celos al novio de su amiga.




7 de julio de 2019.

Riad, Arabia Saudí.

Aljibe de Morgana.


Ya había oscurecido en la capital de Arabia Saudí, yéndose la mayoría de sus habitantes a tomar un merecido descanso. Bajo la ciudad muggle, la actividad apenas terminaba, puesto que el Aljibe de Morgana procuraba estar disponible hasta tarde en esas fechas vacacionales.

El Aljibe de Morgana, hábil construcción subterránea que por techo tenía estalactitas gigantescas y era recorrida por distintos riachuelos a modo de calles (lo que la asimilaba a la Venecia muggle), era el orgullo de los magos árabes, puesto que para ellos era un verdadero oasis en el desierto. Lo protegían fieramente, pues resguardaba las tiendas más exclusivas y prestigiadas, la sede de Gringotts de su país y además, la mayor parte de las embajadas mágicas. Quizá por eso los magos del Ministerio de Magia árabe habían decidido reforzar la seguridad, en vista de los lamentables sucesos que se desarrollaban en la Europa continental y recientemente, en Japón. El ministro de Magia de Arabia Saudí, Ahmed al - Rashid, les había rogado a sus compatriotas encarecidamente que tomaran precauciones al salir de sus casas, ya fueran a la ciudad muggle o al Aljibe, porque el peligro acechaba. Muchos incautos, que se creían de un pueblo mágico casi invencible, recordarían esa noche las palabras de su ministro con toda claridad y lamentarían no haberle hecho caso.

Uno de los últimos negocios en cerrar era el de Novedades Scheherazade (1), propiedad de la familia Sahel. Aquel día, Salomé Sahel se había encargado del negocio porque su marido había emprendido un viaje de negocios. Tenía por única ayuda a los dos dependientes de la tienda y a Salomón, su hijo, que desde que había vuelto de Inglaterra, parecía haber adquirido un gran sentido de la responsabilidad y determinación para tratar a los extraños.

La señora Sahel recordaba que antes de irse y ser campeón de Almira en el Torneo de las Tres Partes, Salomón era atento y cordial, pero no solía frecuentar lugares llenos de gente. Es más, nunca iba a la tienda de su padre, pues se sentía agobiado entre la entusiasta clientela que buscaba los artículos de occidente que su padre comerciaba con muy buen tino. Sin embargo, aunque la señora Sahel estaba satisfecha de que su hijo hubiera mejorado para bien, sentía que algo lo tenía sumamente pensativo. Pensó, como muchos, que el ataque a Hogwarts durante la tercera prueba lo había alterado y por eso no se preocupó mucho en indagar.

Aparte de eso, en Arabia Saudí estaban muy orgullosos de Salomón, por haber resultado uno de los indiscutibles triunfadores del Torneo. En cuanto regresó, el ministro al - Rashid en persona le otorgó una condecoración de mago distinguido, incitando a la juventud de su país y a algunos magos adultos a imitar sus dotes. Enseguida, lo invitó a trabajar en el Ministerio, si quería, y en general, el muchacho fue recibido como héroe.

En eso meditaba la señora Sahel, preguntándose también si su hijo consideraría la oferta del señor al - Rashid, cuando oyó alboroto proveniente del exterior. Como la dirección de donde venían los gritos era la misma por donde se ubicaba La gruta de Alí Babá, al principio no se preocupó demasiado, pensando que algunos parroquianos de la conocida taberna habían bebido demasiado y celebraban alguna fiesta improvisada. Pero un portazo repentino la sacó del corte de caja del que se ocupaba, y también llamó la atención de Salomón, que regresaba en ese momento de la bodega, donde ordenaba una mercancía recién llegada. Uno de los dependientes, que se había marchado hacía cinco minutos, había regresado a toda carrera, resoplando para recuperar el aliento y acomodándose torpemente su claro turbante.

Señora, tienen que irse advirtió, mirando una y otra vez por encima de su hombro, como si alguien lo estuviera siguiendo Terroristas mágicos
Explosión
Un ataque


Cálmate, Harum pidió amablemente la señora Sahel, acercándose a él Ven, siéntate y explícate con


¡No hay tiempo! se negó Harum con desesperación, asomándose de nuevo hacia la callejuela del exterior Señora, parece que los terroristas han llegado al Aljibe. Vi cómo quitaban de su camino a un montón de aurores. Yo volví porque me acordé que se quedarían hasta tarde, pero si me lo permite
Mi madre y mis hermanos


Sí, entiendo, vete, Harum cortó la señora Sahel Pero usa la otra puerta.

El empleado asintió, se inclinó con agradecimiento y caminó a la parte trasera de la tienda, donde se perdió tras una cortina.

Salomón, cierra la bodega con los hechizos de siempre ordenó la señora Sahel con aplomo Yo tomaré el dinero y sellaré los archivos.

Salomón obedeció. Mientras sacaba la varita y realizaba los encantamientos acostumbrados para defenderla de los ladrones, se preguntó porqué su madre querría sellar los archivos, aunque no tardó en dar con la respuesta: varios de sus clientes y proveedores eran magos y brujas de negocios importantísimos en sus países de origen, y tratando casi siempre con Occidente, un terrorista lo suficientemente listo podría sacarle provecho a los datos que conservaba el señor Sahel en su tienda. Deseando que el ataque no llegara ahí hasta que él y su madre se hubieran ido, Salomón terminó con los hechizos, se guardó la varita y regresó a la parte principal del local, donde su madre ya traía la capa puesta y atada a la cintura, una bolsa oscura de cuero muy abultada. Ella tenía la varita en ristre, como si fueran a atacarla en cualquier momento y al mirarlo a los ojos, le dedicó un gesto de cabeza para que hiciera lo mismo. Salomón no se hizo del rogar, volvió a sacar la varita y siguió a su madre a la puerta trasera, por donde Harum había salido hacía ya casi quince minutos, y la señora Sahel, una vez afuera, cerró la puerta con un floreado movimiento de varita.

También la puerta del frente quedó cerrada comentó, ante la silenciosa pregunta que Salomón le hacía con la mirada Vámonos de aquí, antes que sea tarde.

Salomón asintió y los dos anduvieron por la angulosa y estrecha calle en dirección contraria a la de La gruta de Alí Babá, que los llevaría hacia la salida de evacuación del Aljibe de Morgana. Rogando por que nadie los encontrara, ambos Sahel observaban atentamente a su alrededor, aferrando fuertemente sus varitas y escuchando con atención. De repente, una explosión a sus espaldas los hizo girar precipitadamente, dando un respingo.

Un edificio ardía en llamas y su techo estaba parcialmente destruido, con señas de haberse hundido. La señora Sahel ahogó un grito, llevándose una mano a la boca.

¡La tienda! dejó escapar en hebreo.

Sigamos, madre pidió Salomón escuetamente Ya casi salimos.

La señora Sahel asintió, aún sin recuperarse por completo de la impresión, y siguió a su hijo, que se había colocado frente a ella con la varita en alto. Ninguno de los dos pensó en invocar luz, a pesar de lo densa de la oscuridad circundante, pues cualquier señal podía delatarlos. Pir fin, después de lo que pareció una hora, llegaron a la salida de evacuación, una puerta de piedra completamente redonda con diversos grabados árabes representando a una mujer vestida de odalisca, en cuya mano derecha ocultaba una varita con la que apuntaba discretamente a un hombre gordinflón sentado en el suelo, ante ella, degustando una magnífica cena. Se colocaron justo donde se veía la odalisca, y tocando la varita del grabado con la propia, la señora Sahel murmuró con prisa.

Simbad.

Retiró la varita del grabado y al segundo siguiente, la puerta vibró y comenzó a rodar hacia un lado, abriendo un enorme boquete que mostraba un canal subterráneo lleno de estalactitas y estalagmitas. El canal era estrecho, apenas tenía agua por ser estación seca y al meterse los Sahel al interior, la puerta comenzó a cerrarse, sumiéndolos en una oscuridad peor que la del Aljibe. Pero eso fue temporal, porque en cuanto la puerta redonda se cerró por completo con un fuerte golpe, innumerables antorchas a ambos lados del canal se encendieron y revelaron que donde principiaba el recorrido del agua, había un pequeño bote de madera cuyo piso estaba cubierto por una raída alfombra árabe de vivos colores. Salomón y su madre no perdieron tiempo, se subieron al bote, se sentaron sobre la alfombra y enseguida, la pequeña embarcación comenzó a moverse, alejándolos poco a poco de la puerta redonda.

Al menos ya estamos a salvo suspiró la señora Sahel, relajándose un poco Aunque el hecho de usar la salida de evacuación no me agrada mucho.

Salomón creía entenderla. Ese canal, a diferencia de los existentes en el Aljibe de Morgana, no estaba bordeado de muelles repletos de alegres paseantes, ni de tiendas llenas de vociferantes comerciantes. Solamente estalactitas y estalagmitas conformaban, junto con las antorchas, el decorado. Era una visión desolada y lúgubre.

Madre, ¿crees que haya otros que usen la salida? inquirió con gravedad.

Eso espero deseó la señora Sahel No te preocupes, si alguien más la usa, un bote aparece de inmediato para conducirlo fuera de aquí. Es una concesión especial que el Ministerio le dio a la salida de evacuación por la situación actual. Lo que me preocupa ahora frunció el ceño, reflexiva es la tienda.

Mi padre la volverá a levantar aseguró Salomón, entre esperanzado y firme Ya lo verás, madre. Seguramente se pondrá contento de que lográramos salir ilesos.

La señora Sahel asintió, sonriendo, pero no le duró mucho el gesto. Un estruendo a espaldas de ambos los hizo sobresaltarse y temer lo peor. Sonaba como un derrumbe.

No puede ser murmuró aterrada la mujer.

Salomón no comprendía qué veía su madre, hasta que él también lo notó: las antorchas que habían dejado atrás se apagaban una a una.

Alguien violó la salida de evacuación informó la señora Sahel, levantando levemente su varita y mirando hacia el piso del bote ¿Dónde está, dónde está? musitaba, al parecer buscando algo, hasta que repentinamente exclamó por lo bajo ¡Ah, aquí está! y con sumo cuidado, clavó la punta de su varita en el centro de la alfombra, donde el bordado dibujaba una antigua lámpara de aceite.

La lámpara del bordado emitió un destello dorado y Salomón sintió, incrédulo, que la alfombra comenzaba a elevarse. Se sentó mejor en ella, viendo cómo su madre vigilaba con frecuencia su retaguardia, y en cuanto la alfombra anduvo más o menos a medio metro por encima del bote, emprendió el vuelo a gran velocidad sobre el canal.

Salomón apenas tuvo tiempo de aferrarse con ambas manos a aquella alfombra, de la impresión que le dio el brusco cambio de velocidad. Su madre, como si estuviera acostumbrada, simplemente se arregló un poco la túnica y sin descuidad las antorchas que dejaban atrás, respiró profundamente, como si intentara tranquilizarse.

¿Esto también es cortesía del Ministerio? inquirió Salomón lo más quedo que pudo, acercándose a su madre hasta hablarle prácticamente al oído.

No, esto es medida de seguridad de los mercaderes del Aljibe respondió la señora Sahel con una leve sonrisa que sorprendió al muchacho Cuentan que la misma Scheherazade la inventó, en colaboración con los jinn.

El joven arqueó una ceja. Como actualmente los jinn no eran muy amistosos, le resultaba imposible imaginárselos ayudando a una bruja. Estaba haciendo una mueca ante esa idea cuando sintió que algo le rozaba la cabeza y al segundo siguiente, su madre lo empujaba hacia abajo, cubriéndolo de algo.

¡Nos siguen! le avisó la señora Sahel casi a gritos Ponte en guardia, hijo.

El muchacho no necesitó oírlo dos veces al ver un rayo de luz roja pasar a un lado de la alfombra, estrellándose finalmente en una estalagmita especialmente delgada que se quebró y cayó en el canal, levantando una gran ola. La alfombra pasó a través del agua, empapando a sus tripulantes, quienes no tuvieron tiempo de quejarse por ello pues intentaban defenderse de la sorpresiva tanda de rayos luminosos que se les venían encima.

Tras ellos, montando en escobas, iban al menos media docena de magos, todos con túnicas negras y las capuchas puestas. Salomón sintió de repente que estaba de nuevo en Hogwarts, sumergido en el lago para la tercera prueba del Torneo de las Tres Partes, y la sensación lo hizo enfurecer, ¿porqué tenía que pasar de nuevo por algo así?

Sin pensar claramente en lo que hacía, se fijó en el techo que tenía sobre sí en aquel instante, lleno de estalactitas sumamente grandes y puntiagudas, y luego de estirar un brazo para hacer que su madre se tendiera en la alfombra, alzó la varita.

¡Bombardo!

Un potente rayo fue a dar al techo, retumbó en la caverna y de inmediato pudo verse su efecto: las estalactitas comenzaron a caer encima de los magos en escobas. Por desgracia, esa acción había provocado una grieta que hacía que las estalactitas se derrumbaran en cadena y poco a poco, esa singular avalancha alcanzaba a Salomón y su madre.

Hijo, creo que eso fue precipitado se quejó la señora Sahel con un mohín de fastidio, en tanto usaba su varita para desviar otro rayo proveniente de uno de los tres magos que todavía los perseguían. Los demás encapuchados habían sido derribados por las estalactitas cayentes Ojalá que el remedio no salga más caro que el mal.

El muchacho asintió, estando de acuerdo con su madre, para acto seguido apuntar a la escasa agua del canal, la que quedaba entre ellos y los perseguidores, y haciendo un circular movimiento de varita, movió los labios sin pronunciar palabra.

En ese momento, los encapuchados se percataron, con pavor, que el agua se arremolinaba y los embestía con fuerza, cual tornado. En la confusión de dar media vuelta a sus escobas y librarse de las estalactitas que todavía les llovían del techo, no pudieron coordinarse. Y desde su ángulo, Salomón y la señora Sahel vieron caer a los encapuchados restantes, escapando así de un ataque más que claro.

Lo dicho, Salomón, esto fue precipitado corroboró la señora Sahel, ahora sonriendo y viendo algo en el extremo del canal que aún tenía luz Ya casi llegamos anunció.

Efectivamente, pronto vislumbraron claramente un boquete idéntico al que les había dado paso al canal, pero sin puerta que lo bloqueara. La alfombra, al llegar a él, fue disminuyendo la velocidad hasta quedar suavemente suspendida encima de un diminuto muelle de madera, al que los dos tripulantes saltaron con gusto. La alfombra, cual educado servidor, inclinó su parte delantera hacia ellos para desaparecer gradualmente ante sus ojos.

Los Sahel, sin guardar las varitas, emprendieron el camino hacia el exterior, que si Salomón no estaba mal informado, era un extremo de la ciudad de Riad, el más cercano al desierto donde se ocultaba la Academia de Magia Almira. Los recibió una impresionante cantidad de luz, imposible de conseguir de noche aunque hubiera luna llena, y pronto supieron la razón.

Allí, con infinidad de varitas en alto, encendidas y apuntándoles, se encontraban más magos encapuchados, al parecer esperándolos.

Buenas noches saludó en inglés una voz masculina, ronca y burlona Bienvenidos sean, mercaderes del Aljibe de Morgana. ¿Qué le hicieron a su guardia de honor?

La pregunta fue coreada por varias carcajadas maliciosas, pero la señora Sahel, tomándole un brazo a su hijo discretamente, los encaró con una expresión desafiante.

Si se refiere a los magos que nos seguían, señor, tuvimos que dejarlos atrás.

Las risas se apagaron y una figura alta se separó del grupo, apuntándole con la varita directo al corazón. La mujer tragó saliva, pero no se amedrentó.

Vaya, saben el idioma se sorprendió la figura, dueña de la voz que había hablado anteriormente ¿Y se puede saber, mi estimada señora, porqué dejó atrás a mis colegas?

Querían matarnos se limitó a responder la señora Sahel, presionando un poco más el brazo de Salomón Es instinto de cualquier persona el defenderse.

El encapuchado dejó de apuntarle, asintiendo levemente.

Pero siento que no le guste lo que voy a pedirle comentó la voz ronca, imprimiéndole severidad a su tono Deme a su hijo.

La señora Sahel negó enfáticamente con la cabeza, poniéndose delante del joven.

Vamos, no es tan difícil le hizo ver el encapuchado Me da a su hijo y si su ministro es lo suficientemente cuerdo, lo tendrá de vuelta muy pronto. Aunque no le garantizo que se lo regrese en buen estado.

Hubo otro coro de carcajadas, y mientras el encapuchado que hablaba giraba levemente la cabeza para disfrutar el éxito de sus palabras, del boquete del canal surgía un encapuchado con escoba en mano, escurriendo agua y con rastro de haber sufrido algunas quemaduras. La mojada indumentaria se adhería a su cuerpo, mostrando formas femeninas.

Esos malditos árabes masculló la mujer, y Salomón la entendió perfectamente pues habló en el idioma de su padre Poner un craken en el canal, ¿en qué estarían pensando?

¿Sigues entera? quiso saber el encapuchado que le apuntaba a la señora Sahel.

¿No me ves? escupió la aludida, ahora en inglés como su camarada Definitivamente no volveré a involucrarme en una persecución por una buena temporada.

No te quejes en vano recriminó el otro, antes de dirigirse a la señora Sahel de nueva cuenta Ahora, ¿en qué iba? ¡Ah, sí! Necesitamos al campeón, así que no sea terca, señora, y entréguenos a su hijo. Ya se lo dije, no es tan difícil.

La señora Sahel volvió a negar con la cabeza. Como ella atraía toda la atención, Salomón vio su oportunidad para buscar una ruta de escape, la que fuera, y así salvarse él y su madre. Pero la única vía medianamente posible era regresar al canal, pues por ese flanco, solamente estaba la bruja recién llegada, que en ese instante se secaba la túnica con la varita. Y arriesgando todo, sacó la varita y le lanzó un conjuro a la distraída bruja.

Las reacciones no se hicieron esperar: la atacada, haciendo gala de reflejos increíbles, esquivó el hechizo de Salomón, apuntando con la varita a su agresor, pero tanto ella como los demás se dieron cuenta que una espesa cortina de humo entre azul y verde lo cubría todo. Trataron de deshacerse de él con diversos encantamientos, pero nada les daba resultado. Fastidiada, la bruja atacada alzó su varita por encima de su cabeza y con un giro rápido, murmuró algo. Enseguida algunas nubes grises, formadas de la nada, bañaron aquel humo con una fuerte lluvia, haciéndolo a un lado. Cuando por fin todos tuvieron una buena visibilidad (aunque habían quedado empapados), comprobaron con rabia y horror que los Sahel habían desaparecido. Sin tiempo qué perder, se organizaron, decidieron buscarlos en los alrededores.

¡No puede ser! se quejó el que en apariencia, dirigía la operación Hay que encontrar a ese muchacho, cueste lo que cueste. Seguro su madre se desapareció con él, ¡búsquenlos.

Y se dispersaron, unos a pie y otros desapareciéndose, entre éstos últimos la bruja atacada.

En cuanto los encapuchados quedaron fuera de la vista, una cabeza se asomó desde detrás del boquete que daba lugar a la salida del canal de evacuación. Era la señora Sahel, que comprobaba si no había moros en la costa. Al no ver a nadie, asintió con la cabeza y le hizo señas a Salomón, que iba tras ella con la varita todavía en alto.

Parece que se la creyeron comentó la señora Sahel, haciendo una mueca Salomón, la verdad no lo entiendo, ¿de dónde sacaste la cortina de humo?

Me la enseñó una amiga que conocí en Hogwarts se limitó a responder el joven, inspeccionando que efectivamente, no quedara ningún encapuchado cerca No deberíamos quedarnos aquí, por si se les ocurre volver.

Tienes razón. Vayamos a casa y


Al primer sitio al que irán a buscarnos será a nuestra casa, madre. Hay que pensar en otro lugar, uno del que no lleguen a sospechar.

La señora Sahel asintió y tomando una mano de su hijo, se desapareció.




Salomón había sentido los desagradables efectos de la aparición conjunta y por enésima vez, se aseguró que era mejor aparecerse solo. Pero olvidó eso al percatarse de dónde estaba.

¡Te dije que aquí vendrán a buscarnos, madre! exclamó con enfado.

No estaba en otro lugar que su casa, completamente en penumbras a causa de la hora. La señora Sahel, sin inmutarse, la recorrió practicando algunos hechizos y después se plantó ante una de las paredes de la sala, que tenía por único adorno un cuadro mágico bastante viejo, que mostraba cómo un mago travieso convertía las frutas de un bosquecillo en piedras preciosas. La señora Sahel, luego de hacerle un mohín al cuadro (que fue correspondido por su ocupante, el cual transformó otra fruta antes de echarse a dormir una siesta), lo hizo a un lado. Salomón se quedó con la boca abierta al descubrir una caja fuerte tras el cuadro, pero a diferencia de las muggles, no se le veía cerradura alguna.

Madre, ¿qué
?

Trasladé los documentos aquí, en caso de que la tienda no resistiera explicó la mujer rápidamente, sacando una caja de madera llena hasta el borde de pergaminos No podía dejar eso en manos de esos delincuentes. Ahora sí, con esto y el dinero que tenemos, podemos irnos. ¿A dónde sugieres ir?

Salomón se encogió de hombros. No tenía idea de algún lugar donde pudieran estar a salvo. Aunque una cosa tenía segura: tenían que dejar la casa lo más pronto posible. De pronto, una imagen iluminó su mente.

¿Crees que busquen a unos árabes en América?

Su madre se encogió de hombros, pero sonreía.

No perdemos nada averiguándolo concedió Además, ahí está tu padre ahora.

Con eso en mente, Salomón ayudó a su madre con la caja de pergaminos, le tendió la mano con presteza y la señora Sahel, luego de reacomodar el cuadro y echarle el hechizo protector pertinente, volvió a desaparecerse.

Cinco minutos después, al llegar un montón de magos encapuchados a registrar el lugar, lo único que encontraron fue un burlesco mago en un cuadro mágico, riéndose a carcajadas.

¡Las palomas volaron! decía al verlos destrozar la casa entera Son más listos que ese tonto de Aladino, ¿sabían?

Pagó su osadía con un hechizo que le lanzó una bruja en árabe, audiblemente irascible.

El señor Hagen no aceptará este fracaso masculló rencorosamente.

Todos sus compinches no pudieron estar más de acuerdo.

(1) Scheherazade (el nombre se castellaniza algo así como Sherezada), fue la reina árabe que narró los cuentos de Las mil y una noches para evitar ser asesinada por su esposo, el sultán Schahriar.




28 de Agosto de 2007, 5:45 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags.)

¡Hola, hola, gente hermosa! Por fin, después de una largísimo espera (sin comentarios), aquí tienen el cabalístico capi 7 de PGMM, ¿qué les pareció, eh?

Veamos, las curiosidades
En primera, la visita a Grimmauld Place. Siendo los Potter tan amigos de los Black en el pasado y ahora, no faltaba más. Que los adultos se pusieran a charlar de política y problemas sin tomar en cuenta a los niños, también no podía faltar. Que Procyon se disculpara con Hally por faltar a su cumpleaños y le diera su regalo
No tiene precio (sí, lo sé, mala imitación del comercial de cierta tarjeta de crédito, jajaja)

Pero lo que realmente quiero que tomen en cuenta es lo ocurrido en Arabia Saudí, porque marca la aparición en escena en esta entrega de Salomón Sahel, ¡qué lindo! El muchacho, quiero decir. Lo que le pasa, que tiene que huir de un lugar para otro, no es nada lindo.

Y espero que notaran todas las referencias a cuentos que hice esta vez. Sherezada (no estoy 100 segura de que así se castellanice el nombre, lo siento), Morgana, Alí Babá, la vieja lámpara de aceite
Todos esos datos vienen de Las mil y una noches. Y la historia de Sherezada va más o menos así: su marido había sido engañado por una esposa, así que cuando se volvió a casar, gozaba de noche (vaya forma de decirlo, jajaja) y asesinaba a la esposa en cuestión al día siguiente, para que no le pusieran el cuerno otra vez (qué salvaje). Así las cosas, era comprensible que ya nadie quisiera ser reina, pero cuando a Sherezada le llegó el turno, ideó un plan: contarle una historia a su hermana, de forma que su marido escuchara, pero dejarla sin terminar. Así, el marido le perdonó la vida al día siguiente nomás para oír el fin del cuentito. Pero ella lo alargó mil y una noches (o eso dicen, de ahí el nombre de los cuentos), hasta que su marido la dejó vivir y desde entonces, fue una reina feliz. Ah, soy bien sabihonda, ¿verdad? Leo mucho, cual Hermione, jajaja.

Bueno, por el momento me despido, no sin antes hacerles una advertencia: no quiero spoilers de Deathly Hallows, por favor. Han querido contarme, pero no quiero saber nada de nada hasta haber leído yo misma la historia. Si les contara lo que pasó la última vez que me ofrecieron contarme lo que pasaba en uno de los libros de Harry Potter, supongo que no me creerían, pero
Créanme, puedo vivir sin spoilers. Así que por fa, no me salgan con algo como ya te equivocaste porque en el libro pasa esto
o le atinaste a esto otro. Nada de spoilers o dejo en suspenso el fic deliberadamente por una larga temporada (la reciente espera fue por falta de inspiración en vacaciones e inicio de clases y servicio social, no intencional, por lo que ustedes sabrán). Ahora sí, cuídense, disfruten del fin del verano y nos leemos pronto.



A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.




Ocho: Tabla de salvación.

15 de julio de 2019.

Salem, Massachusetts.

Residencia de Queiron
(1) Bruce.

Salem, conocidísima población estadounidense por sus arcaicas cacerías de brujas, ahora es una ciudad como cualquier otra. Cerca de la Casa de los Siete Aguilones, vestigio de su antigüedad y de cuando la brujería era incansablemente perseguida, había una mansión que aunque más pequeña, parecía su fiel copia. Desde la calle, era vista con cierta curiosidad, pero eso estaba bien porque de haber podido presenciar lo que adentro ocurría, muchos se hubieran sentido de nuevo en 1692.

¡Muchas felicidades!

Una joven pequeña y rubia, vestida con una túnica plateada hasta las rodillas que hacía juego con algunos mechones de su melena y vivos ojillos azules, levantó una copa alargada llena de líquido burbujeante. Los presentes, magos y brujas más o menos de su edad, la imitaron casi de inmediato, mirando de reojo a una pareja que sentada en un rincón, se observaban entre sí antes de clavar los ojos por un momento en los bultitos que cargaban entre mantas.

Es hora de un poco de luz soltó de repente un joven de rizos castaños y ojos verdes, sacando lo que parecía una bengala común y corriente bastante larga, agitándola.

A los pocos segundos, la bengala se prendió, soltando chispas de muy diversos colores que comenzaron a revolotear por la habitación.

Eres imposible reconvino suavemente la rubia, para luego dirigirse a la pareja que era el centro de atención ¿Se están divirtiendo?

¿Bromeas? inquirió a su vez la mujer de esa pareja, una pelirroja con un aire entre travieso y dulce que la hacía encantadora. Lo que cargaba, un bebé pelirrojo y pecoso como ella, estaba despierto y mirando con sus ojillos grises a la rubia con un vago gesto de reconocimiento Nunca pensé que tendría un primer aniversario tan feliz. ¿Y tú, Pat?

Se volvió hacia su compañero, un rubio de ojos grises, sonrió con serenidad, vigilando que lo que tenía en brazos, un bebé idéntico al que tenía la pelirroja (pero con una peca diminuta en la punta de la nariz como distintivo), no despertara.

Tampoco, Frida reconoció el rubio No debiste molestarte, Judith.

.Me gusta esto de organizar fiestas confesó la pequeña rubia, encogiéndose de hombros alegremente Creo que le haré caso a Mindy y lo convertiré en una profesión. ¡Hola, Cat!

Judith recién veía pasar a una joven castaña, con los mismos ojillos que ella, por el pasillo que llevaba del vestíbulo a la sala, donde se celebraba la reunión. La castaña, que vestía una túnica violeta, era seguida por algunas jóvenes con túnicas del mismo color, aunque de diversos largos. Cuando la castaña se puso de frente a Judith, pudo verse en la parte superior izquierda de la túnica una especie de escudo: una luna creciente amarilla atravesada por la sombra marrón de una escoba.

¿Vienen del SWI? quiso saber Judith en cuanto se despidió de Pat, Frida y sus bebés y sorteó a unos cuantos invitados (entre éstos una niña rubia parecidísima a Pat y el castaño que había encendido la bengala minutos antes) para estar cerca de la castaña.

Sí, terminamos los exámenes y ahora vamos a la junta de verano explicó la castaña con falso gesto de fatiga ¿Porqué no me avisaste que tendrías tanta gente en la casa por tu fiesta?

Porque no me lo preguntaste contestó Judith, sonriendo con picardía Pero pasen, chicas miró un momento a todas las jóvenes que acompañaban a Cat Únanse.

No, gracias declinó amablemente una chica de largo cabello rubio recogido en una sencilla cola de caballo, con la túnica violeta hasta los tobillos El trabajo es primero.

Siempre tan seria, Cindy le recriminó una castaña peinada con una coleta del lado izquierdo, cuyo cabello estaba adornado con varios adornos minúsculos de distintos colores. Sonreía con picardía Un poco de diversión no hará daño.

Al rato pasamos cedió Cat Tammy, Cindy tiene razón, primero es el trabajo.

La chica llamada Tammy hizo un mohín, pero casi enseguida recuperó la sonrisa.

Las jóvenes, nueve en total, avanzaron por el corredor hasta las escaleras, las cuales subieron entre murmullos alegres y vagos sonidos provenientes de la fiesta que dejaban atrás. Pronto estuvieron en la segunda planta, donde torcieron a la izquierda y caminaron hasta que Cat abrió la puerta de una habitación inundada de sol, el cual entraba por un amplio ventanal con vista a la Casa de los Siete Aguilones. Junto a ese ventanal, se encontraba un escritorio muy ordenado, y frente a éste un librero repleto con libros, revistas y algunas cajas. Las jóvenes fueron hacia el rincón del escritorio, ya fuera sentándose en el suelo, sobre ovaladas alfombras o cojines de colores, o bien en un pequeño banco blanco de espaldas al ventanal. Cat, siendo la dueña del dormitorio, se apropió de la silla del escritorio, a la que para sorpresa de sus compañeras, se trepó para alcanzar la repisa más alta del librero, de donde tomó un fajo de pergaminos atados con un brillante listón anaranjado.

¿Y eso para qué lo quieres? quiso saber una de las chicas, una pelirroja cuyo cabello había recogido en dos coletas atadas con cintas de color verde botella.

Sí, Catherine, ¿para qué quieres las cartas de Lester? se interesó una joven de larga melena negra adornada con una diadema dorada y brillantes ojos verdes.

¿Lester, Phoebe? se interesó de pronto una morena de cabellera negra recogida en una cola de caballo con una liga rosa, con una expresión suspicaz y divertida ¿El mismo con el que apareció en la portada de la Teenage de diciembre pasado?

El mismo, Emma confirmó la de cabello negro y ojos verdes, Phoebe.

Emma soltó un silbido de asombro, mientras que Cat bajaba de la silla, la sacudía y se sentaba en ella luego de depositar los pergaminos en el escritorio.

No quieras hablarnos ahora de la Teenage, Emma se quejó suavemente una chica castaña, que lucía anudada al cuello una mascada color rojo sangre.

Bien, bien, no lo haré, Maude renegó Emma con una mueca.

Se referían a la revista Magic Teenage (2), la sensación entre la juventud mágica de todo el mundo. Había nacido en Manhattan, una de las ciudades más cosmopolita de Estados Unidos, y siempre que parecía que no podía ofrecer algo más, salía con alguna cosa que resultaba la sensación por mucho tiempo. Como por ejemplo, El Pensadero del Amor, una sección de consejos sobre asuntos del corazón que ya estaba por cumplir dos años, y que orgullosamente era escrita por


Emma llamó de pronto una muchacha de tez clara, ojos negros rasgados y larga trenza rubia adornada con estrellitas ¿Y El Pensadero? ¿No van a quitarlo de la Teenage, verdad?

Claro que no, Ulani Emma negó con la cabeza No los dejé. En cuanto se los insinué a los lectores, llegaron tales vociferadores al editor, que no volvió a mencionar el tema sonrió Cat, ¿no quieres un consejo sobre el tal Lester? Tal vez te sirva de algo.

No, gracias negó Cat, viendo cómo Emma y Tammy se echaban a reír. Apartó un poco los pergaminos del listón anaranjado del alcance de una joven de cabello castaño rojizo con las uñas esmaltadas en naranja y bufó con aire cansado Mejor vamos a tener nuestra junta. Y Tess se dirigió a la de las uñas naranjas Deja en paz mis cosas.

La aludida asintió, imitando un saludo militar, provocando más risas de parte de Emma y Tammy. Acto seguido, Phoebe y Cindy sacaron pequeñas libretas y bolígrafos, se aclararon las gargantas y esa fue la señal para que empezaran a trabajar en su junta de verano, algo importante, normal y obligatorio en Las Musas de Blair.

Las Musas de Blair, al igual que la Teenage, eran una revelación entre los jóvenes del mundo mágico. Con nueve integrantes, era una agrupación grande, pero eso ayudaba a poseer una diversidad extraordinaria. Una de sus integrantes, Cat, últimamente se había vuelto más popular que las demás, y todo por haber representado al Instituto de las Brujas de Salem en el Torneo de las Tres Partes, competencia amistosa entre nueve de las escuelas mágicas más importantes de América, Asia y Europa. La contienda se celebró en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, uno de los participantes, pero las cosas no habían resultado del todo bien: durante el transcurso de la tercera prueba, un ataque terrorista puso fin al torneo de manera brusca.

Cat, a su regreso, no había hecho declaraciones a la prensa. Los reporteros, claramente ofendidos, comenzaron a especular las razones de su silencio: unos decían que Medea Rice, la directora del SWI, le había pedido que callara, otros decían que había recibido amenazas de los terroristas y unos más (los más sensatos) aseguraban que callaba por respeto a su familia.

Porque además, Cat era una Bruce, que entre los magos norteamericanos, equivalía a poseer una distinción transmitida a través de las generaciones. Cat (cuyo nombre completo era Catherine, como actualmente sólo la llamaba Phoebe) y su hermana Maureen eran hijas de Chrono (3), el hijo menor de Queiron Bruce, un hombre ya mayor que trabajaba de intermediario en el Departamento de Asuntos Marítimos entre Magos y Muggles entre la Embajada Británica del Ministerio de Magia y la Secretaría de Magia estadounidense, siendo el orgullo del abuelo: a pesar de su carácter mayoritariamente alegre, habían heredado la prudencia natural de los Bruce, lo que fue garantía que la idea de Cat de ser parte de un grupo musical había sido analizada cuidadosamente.

Sin embargo, a los magos y brujas estadounidenses no les cabía en la cabeza que Queiron Bruce no hubiera dicho nada acerca del atentado que sufrió el Torneo de las Tres Partes. Nada, ni una mísera queja sobre la seguridad de la competencia. Y eso era raro, puesto que era un hombre de armas tomar en lo a defender a su familia se refiriera. La última vez que lo vieron sacar las garras (por decirlo de alguna forma) había sido años atrás, cuando se opuso tajantemente al matrimonio de su primogénito, Zeus, con una inglesa bonita pero de muy malas relaciones públicas (en pocas palabras, la tipa no llegó a caerle bien a ninguna de las amistades del señor Queiron cuando fue presentada a la sociedad mágica norteamericana). Al final, se reconcilió con Zeus al conocer a su primer nieto, pero eso dejó dañada la posibilidad de un buen entendimiento con su nuera.

Pero eso a Cat la tenía sin cuidado. Sabía de sobra que si su abuelo no había cedido a las presiones de la prensa era porque esperaba que Chrono y su esposa regresaran de su viaje, que llevaban a cabo por motivo de una investigación secretarial. Seguramente no quería comprometerse a decir algo que la perjudicara en un futuro.

Bien, terminamos anunció Cindy después de un rato, luego de revisar notas con Phoebe Las pasaremos en limpio para mandarle una copia a Donny. ¿Estará muy ocupado para recibirla?

Quién sabe Emma se encogió de hombros Según sé, está pasando una temporada con su familia que inició desde la semana pasada.

No podemos enviarle esto a casa de su familia apuntó Maude Ya me imagino las revistas muggles diciendo que una reunión de los Mottola fue bruscamente interrumpida por una lechuza hizo un gesto de fastidio Donny nos matará.

Las chicas rieron, acordándose de su representante. Donald Mottola (mejor conocido como Donny) era un mago de aspecto severo y ademanes amables, especializado en el talento joven del mundo mágico. Siendo de una familia muggle célebre, sabía cómo moverse en el negocio, pero de eso a que sus padres (una cantante y un productor, respectivamente) y su hermana mayor (actriz de lo que los muggles llamaban telenovelas, como lo fue su madre en su juventud) entendieran el complicado sistema de correos de los magos
Eso ya era pedir demasiado.

Con su permiso, chicas Phoebe se pone de pie de pronto, guardando sus cosas en una bolsa bordada en distintos tonos de verde Tengo trabajo hoy, así que me voy.

Phoebe había conseguido un empleo de verano en una biblioteca del Radcliffe College.

¡No puede ser! saltó de pronto Tammy, consultando su reloj y viendo a Maude, que puso cara de espanto ¡Tenemos ensayo hoy! Si no nos apuramos, llegaremos tarde.

Tammy y Maude, cada vez que podían, actuaban en funciones teatrales a beneficio de sitios como el hospital mágico Saint Ursula.

Y a mí casi se me olvida la sesión fotográfica para la filial de la casa Calvin - Thomas en Nueva York recordó Ulani, aunque aparentaba no darle importancia.

Ulani ocasionalmente se prestaba para modelar túnicas de los más diversos diseñadores.

Emma¿podrías ayudarme con unas frases? dijo entonces Cindy, dirigiéndose a la mencionada morena El Wizard’s quiere la revisión de un artículo de Sociales para la semana entrante y no sé qué sugerir respecto a relaciones de amor - odio.

Cindy era auxiliar de verano de uno de los editores del diario mágico The Wizard News, que de manera coloquial era designado como el Wizard’s.

Emma asintió a la petición y mientras ella y Cindy charlaban, Tess se miraba las uñas al tiempo que murmuraba por lo bajo algunos saludos efusivos. Practicaba para el inicio de su emisión de radio semanal, que se llevaría a cabo al día siguiente. La emisión, de media hora, trataba más que nada de charlar de algún tema que a los jóvenes les preocupara, encontrando en Tess una caja de resonancia sensata y divertida.

Elly, ¿tú también tienes algo hoy? interrogó Cat cuando sus demás compañeras se iban retirando una por una, para cumplir sus compromisos.

Sí, lo siento se disculpó la pelirroja de coletas También tengo sesión fotográfica. Para el nuevo catálogo de Troya.

Troya era una marca de cosméticos muggle nacida en Grecia. Siendo Elly de padres muggles, de vez en cuando les pedía permiso para aparecer en campañas publicitarias como aquella, que además de resaltar su lindo rostro con maquillaje gratis (según palabras textuales de Tammy), le permitían aportar dinero a causas altruistas. En esta ocasión, Troya pensaba dar parte de las ganancias de su nuevo producto (una base de maquillaje líquida con protector solar incorporado) al Centro de Investigaciones Patológicas de la Edmond Company.

¿Y tú, Cat? inquirió Elly a su vez, con una débil sonrisa ¿No tienes nada qué hacer hoy?

No, es mi día libre, iré a la fiesta de Judith un rato. Pero antes contestaré la carta de Lester.

Cat, en los veranos, era guía voluntaria en los recorridos turísticos muggles por Salem.

Se despidió Elly finalmente, agitando una mano. Cat correspondió al gesto, cerrando la puerta de su alcoba tras ella. Fue a sentarse al escritorio y luego de golpearse la barbilla con la punta de la pluma por largo rato, se puso a escribir una largísimo misiva.




15 de julio de 2019.

Cambridge, Massachussets.

Campus del Radcliffe College.


Phoebe se había aparecido en Cambridge, una de las ciudades de más alcurnia en el estado de Massachussets, en una oficina de la parte mágica de la reconocida biblioteca Arthur y Elizabeth Schlesinger, especializada en las mujeres de la historia de Norteamérica. Phoebe siempre había sido aficionada a los libros, aunque quizá eso era debido a que sus padres eran expertos en Gramática Mágica y la casa siempre estaba llena de libros de todo tipo. La joven, luego de sacudirse la túnica y revisar que en uno de los bolsillos aún siguiera su cartera (en la cual, entre dinero muggle y otras cosas, tenía su Licencia de Aparición para Menores de Edad), se puso manos a la obra.

La biblioteca Arthur y Elizabeth Schlesinger era uno de los orgullos del Radcliffe College, que desde hacía siglos había dedicado gran parte de sus esfuerzos a darle educación de calidad a las mujeres para darle algo de progreso a la sociedad. La sección mágica de dicha biblioteca, por tanto, estaba dedicada casi en su totalidad a las grandes brujas que habían pasado a la historia en ese país. Phoebe tenía el sencillo cargo de ordenar libros y catalogar material nuevo que fuera llegando, pero en cuanto tenía tiempo libre, tomaba algún grueso ejemplar, se sentaba en la pequeña oficina y leía con interés. Ese día en particular, parecía uno con tiempo de sobra para ella, pero de repente, un leve estallido proveniente de la chimeneada hizo dar un respingo, tirando algunos pergaminos, y al volverse a ver de quién se trataba, se quedó con la boca abierta.

De entre las llamas verde esmeralda de la red Flu, salía un joven moreno, de piel tostada por el sol y vestimenta muggle compuesta por un pantalón de vestir color marfil y una camisa negra. Su cabeza ostentaba un turbante del mismo color que el pantalón, lo que visto en la calle, seguramente causaría curiosidad y miradas indiscretas, pero para Phoebe, el turbante era lo de menos en ese momento. Dejando regados por el suelo los pergaminos que tenía que archivar, caminó rápidamente hacia el muchacho y casi lo tira con el fuerte abrazo que le dio.

¡Salomón! susurró, entre alegre y preocupada ¡Qué bueno que estás bien!

Salomón Sahel, que no esperaba semejante bienvenida, sonrió con nerviosismo y con cierta torpeza, correspondió al abrazo por breves instantes. Cuando por fin se separaron, pudo notar que la chica parecía levemente avergonzada por su arrebato.

Perdona se disculpó Phoebe, sin mirarlo Es que hacía tiempo que no sabía de ti y
Con todo eso del Aljibe de Morgana que ha salido en los periódicos, temí que


El muchacho asintió, comprensivo.

¿Tú estabas ahí cuando todo pasó, verdad? inquirió Phoebe de repente, mirándolo con temor. Cuando lo vio asentir, abrió los ojos con sorpresa ¿Y cómo te escapaste?

Salomón suspiró, buscó con la mirada en la pequeña oficina y vislumbrando una silla vacía, fue a tomar asiento. Phoebe se le unió, sentándose en un taburete cercano a él.

El chico respiró hondo y luego comenzó su narrativa. A medida que avanzaba, podía notar una expresión de preocupación en Phoebe que se convirtió en una constante, más cuando llegó a la parte en que los terroristas habían soltado para qué lo querían.

¿Cómo se atrevieron? se indignó Phoebe, aunque su verde mirada seguía tan disgustada como antes Se nota que no tienen escrúpulos sentenció finalmente.

En eso coincido contigo, porque se ve que al tal Hagen ya no solamente le interesa el poder en la Europa continental. Ahora le interesa que todo el mundo sepa de él y de lo que es capaz.

Tal afirmación de Salomón sobresaltó a Phoebe. Por supuesto que tenía noticias de lo que ocurría al otro lado de ambos océanos que rodeaban América, pero para ella, esos ataques terroristas estaban demasiado lejanos. Ahora, viendo que esos ataques afectaban a alguien que apreciaba, pudo empezar a darse cuenta de su verdadero alcance.

Mi madre y yo logramos encontrar a mi padre dijo Salomón de pronto, rompiendo el silencio en el que se habían sumido Nos hospedamos con unos amigos de mi madre en Manhattan, en tanto las cosas se calman en Riad.

¿Van a regresar?

Claro. Mi padre quiere reconstruir la tienda lo antes posible, además de ayudar en la reconstrucción del mismo Aljibe de Morgana. Y estoy de acuerdo con él, hay que ayudar a nuestros compatriotas en lo que se pueda.

Volvieron a quedarse callados. De pronto, una especie de alarma, similar a la corneta de una bicicleta, se oyó un par de veces en la oficina.

Es mi hora del almuerzo informó Phoebe, al ver que Salomón se llevaba una mano al bolsillo bruscamente, queriendo empuñar la varita ¿Me acompañas?

Salomón asintió, ambos se pusieron de pie y él la siguió hacia una puerta de madera del fondo de la oficina con un letrero que decía Salida del personal.

Phoebe lo invitó a seguirla y ambos fueron a dar a una calle muggle a las afueras del Radcliffe College. Salomón se quedó bastante asombrado por ello.

Es la salida más rápida, sin que nos vean los muggles le aclaró su amiga.

Caminaron por un rato hasta llegar a una calle tranquila a unas cuantas cuadras, donde una casita de estrecha fachada y elegante diseños les dio la bienvenida con un letrero a un lado de la puerta blanca que decía simplemente Holybird.

Es un barrio muggle comenzó Phoebe, luego de abrir la puerta e invitar a Salomón a pasar La casa tiene encantamientos especiales para que no se vea nada de magia desde la calle. Ya me imagino el susto de algún vecino si viera llegar visitas por la red Flu.

Salomón asintió, observando a su alrededor. El recibidor de la casa daba la sensación de que ésta era más grande por dentro que por fuera. A la derecha se podía acceder a la sala y a la izquierda, a un comedor. Las escaleras que conducían al piso superior quedaban frente a la puerta, torciendo con gracia hacia su derecha. Pero fue la unión entre las paredes y el techo lo que llamó poderosamente su atención: empotrada en ese punto, había un estante lleno de libros.

Libros de todos colores y los más diversos idiomas mostrados en sus lomos se podían ver allí, pero lo increíble es que se movían. Se parecía mucho a una percha giratoria muggle que había visto en una tienda, enseñando corbatas. Los libros, lentamente, iban y venían por toda la casa, porque en cuanto Phoebe le indicó que podía entrar a la sala y tomar asiento, constató que el estante se extendía a todas las habitaciones. De repente, Phoebe se dio cuenta de qué lo tenía tan entretenido.

Casi todos son libros de mamá explicó, con aire nostálgico Papá los tiene ahí para que no se maltraten. Yo leo seguido todos los que puedo entender, para eso hablo inglés y español, pero él casi no los usa desde que ella murió.

Fue eso último lo que hizo que Salomón le quitara la vista de encima a un libro de pastas de cuero y caracteres árabes que se deslizaba suavemente sobre la chimenea.

¿Tu madre murió? inquirió lo más respetuoso que pudo.

Sí, en la Navidad de hace dos años.

Claro, ahí estaba la razón de la expresión triste de Phoebe el año pasado, cuando la invitó al Baile de Navidad del Torneo de las Tres Partes.

Lo siento murmuró, incómodo No lo sabía.

No hay problema Phoebe se encogió de hombros, simulando no darle importancia.

Pero Salomón, observándola detenidamente, sabía que sí le importaba. Sus ojos se habían ensombrecido ligeramente y se mordía el labio inferior de manera inconsciente.

Ahora que recuerdo Phoebe dio un involuntario respingo No es que me moleste, pero
¿a qué has venido a verme?

Creí que sería bueno visitarte respondió sinceramente el muchacho No podré escribirte en mucho tiempo, al menos hasta que las cosas se calmen, y quise que supieras que no era mi culpa.

Phoebe asintió, y volvió a morderse el labio inferior.

En ese caso, no importa afirmó ella, intentando sonreír Ya me suponía algo así con el ataque al Aljibe de Morgana. ¡Pero qué tonta! No te he ofrecido nada. ¿Gustas algo de beber? se puso de pie Tal vez luego quisieras ver uno de los libros de mamá hizo un gesto vago sobre su cabeza, señalando el estante mágico Hay algunos en árabe que seguramente entiendes.

Phoebe la llamó Salomón.

Había tal tono de seriedad en su voz, que la joven se giró hacia él, entre confusa y nerviosa. Cuando lo vio de pie, tendiéndole una mano, no supo qué decir.

Yo no me voy, Phoebe. No para siempre soltó él lentamente.

El habitual control que la chica mantenía sobre sus emociones se había quebrado. Siempre le pasaba lo mismo cuando mencionaba a su madre, pero esa vez no pudo o no quiso controlarse. Simplemente empezó a llorar, tomó la mano que Salomón le ofrecía y fue a desahogar su pena en su pecho, deseando que de verdad él no se fuera del mismo modo en que su madre lo había hecho.

Mucho menos por lo que parecía el inicio de una maldita guerra.




20 de julio de 2019.

Cordillera de los Andes.

Cercanías de Machu Picchu.


El viaje ya iba llegando a su fin, para beneplácito de aquella caravana. Habían andado durante la semana prevista por las laderas de los Andes, sin más equipaje que una bolsa tejida, la túnica gris que portaban, la vestimenta puesta bajo la misma y el cayado largo que usaban para un mejor avance, lo que era bueno para lo que les esperaba: escalar una de las altas montañas para llegar a su destino final. Cualquiera en su sano juicio que los hubiera visto, hubiera creído que eran unos locos insensatos por aventurarse de esa manera a aquellos picos en pleno invierno del hemisferio sur, cuando se desataban ventosas tormentas de nieve, pero a los viajeros eso no les intimidaban. Como si no hicieran el mismo recorrido mes a mes, algunos desde su más tierna infancia.

Aquel peculiar grupo estaba conformado por todos los magos y brujas licántropos de América del Sur, que por disposición de la Confederación de Magos Suramericana, hacían esa expedición desde hacía poco más de tres siglos, por seguridad suya y de los demás. Al principio, el origen del Pastoreo Lunar (como llamaban a ese viaje) había sido de lo más cruel: la idea era que los licántropos se debilitaran desde un principio y poco a poco fueran cayendo durante la semana que duraba la travesía, y quienes sobrevivieran, seguramente terminarían sus días en su parada final, a causa de la altitud y del cansancio. Pero eso había quedado atrás, porque los hombres - lobo de aquella parte del mundo habían demostrado, en más de una ocasión, que antes que todo eran humanos, eran magos, y ayudarían a sus semejantes siempre que les fuera posible. Así que en los últimos años, se habían suavizado las medidas para la realización del Pastoreo Lunar, y aunque todavía debía llevarse a cabo el viaje por una semana (porque eso agotaba tanto a los licántropos que después, apenas les quedaban fuerzas para atacar ya transformados), ahora se les concedían dosis de poción mata - lobos para pasar las lunas llenas tranquilas y cuando el periodo de aislamiento terminaba, se les permitía usar magia para regresar a casa. Porque la restricción de no - magia en el transcurso del Pastoreo seguía en pie, ya que estando cerca de un monumento arqueológico como lo era Machu Picchu, no querían arriesgarse a dañarlo.

Machu Picchu, que coronaba una de las amplias y escasas planicies de los Andes peruanos, se preciaba de ser una antigua construcción respetada por magos y muggles. Cerca de ahí, se podía vislumbrar el valle que servía a los licántropos suramericanos para sus transformaciones mensuales, una pradera pacífica que les recordaba, entre los dolores de la transformación (ya más o menos soportables con la poción mata - lobos) y la luz de la fatídica luna llena, que en pocos días podrían volver con sus familias y amigos para recibir sus mimos. Al menos es lo que pensaba la mayoría.

Una de las personas al final de la caravana se arrebujó más en su túnica gris, sin permitir que la capucha cayera de su cabeza y sin dejar de sostener su cayado con una mano de delgados dedos de piel clara, que dejaban suponer que era de una chica. Sin embargo, la firmeza con que sostenía ese instrumento de caminata daba a entender que no era débil en absoluto. De pronto, a mitad del ascenso por la montaña, se escuchó una especie de silbido, seguido de cerca por un extraño crujido, y todos los licántropos se pusieron en guardia. Si había algo bueno de su condición eran los sentidos altamente desarrollados que habían adquirido, aún como humanos. La chica, aferrando más fuerte el cayado, dejó ver por un momento la muñeca, donde ostentaba una pulsera engarzada con perlas negras, de un metal blanco que semejaba plata. La joven miró la joya, ladeó la cabeza en actitud pensativa y luego de moverla de un lado a otro, como si negara impaciente, se bajó la capucha.

Una cascada de ondulados cabellos oscuros, del color de la madera mojada, cayó de repente, libre de su prisión grisácea, para ondear al frío viento andino. La joven sacó de inmediato un listón verde de un bolsillo y lo usó para atarse el cabello en una coleta. Acto seguido, dirigió el oído hacia el frente de la caravana, intentando distinguir el sonido anterior, y cuando lo logró, frunció el ceño sobre unos ojos color verde olivo de brillo reflexivo. Enseguida, volvió a ponerse la capucha con sumo cuidado y caminó lo más rápido posible hacia el frente del grupo, donde el guía de ese mes charlaba en susurros con otro hombre. Cuando la muchacha los alcanzó, pudo notar algunas frases.

Vale, vale, sé que no es normal murmuraba el guía del mes, un hombre corpulento cuyos gruesos dedos apretaban tanto su cayado que parecía que lo quebraría de un momento a otro. Su voz, aunque con acento extranjero para la chica, seguía siendo del continente Esos ruidos parecen cosa mala, cierto. ¿Qué sugerís que hagamos?

Su interlocutor, que solamente dejaba ver un mechón de cabello castaño entrecano desde el interior de su capucha, meneó la cabeza.

Lleguemos hasta el valle dijo por fin, luego de un largo segundo en silencio, aunque para asombro de la joven, lo hizo en inglés Hay que ver de qué se trata.

El otro asintió, mientras la chica titubeó en acercárseles. Esa voz que había hablado en inglés se le hacía conocida, ¿pero era posible que su dueño estuviera tan lejos de casa?

Pronto los licántropos apresuraron el paso, pues al igual que la muchacha, habían captado sonidos no muy gratos provenientes de su retiro mensual. Así, pronto llegaron a una saliente desde la cual, podía contemplarse Machu Picchu y su valle sin dificultad, pero lo que encontraron hizo que las pocas licántropas del grupo ahogaran un grito.

Su valle, el que se había convertido en su refugio durante las lunas llenas y que aparte, era un símbolo de cómo ahora los magos sanos cuidaban de ellos, se estaba consumiendo. Alguien le había prendido fuego al escaso pasto que todavía quedaba, lo que provocó que el césped ya seco ardiera rápidamente. Lo peor es que el incontrolable fuego iba sin descanso hacia Machu Picchu, lo que acabaría desatando una catástrofe.

Los hombres - lobo de la caravana se organizaron de inmediato, formando grupos que se encargarían de extinguir el incendio lo más pronto posible. Antes, sacaron de sus pequeñas bolsas tejidas una botella de cristal, la destaparon y alzándola como en un brindis cualquiera, bebieron el contenido humeante de golpe. Algunos hicieron muecas de asco, como un joven de unos dieciocho años que se notaba a leguas que era su primer Pastoreo Lunar, pero por lo demás no hubo problemas. Se guardaron las botellas vacías y bajaron enseguida, porque habían descubierto que la causa del fuego no era otra que un tipo que iba y venía por el valle, arrastrando un bulto de forma extraña con una mano y con otra, ondeando una varita con la que lanzaba diversos hechizos que generaban e intensificaban las llamas.

Algunos de los hombres - lobo se quedaron haciéndoles compañía a las mujeres y los niños que viajaban con ellos, consientes de que debían calmar a las primeras. Porque si había algo más peligroso que un licántropo transformado y furioso, era una licántropa furiosa, estuviera o no transformada. Como en el caso de la joven de ojos verde olivo, que con expresión fría tenía la vista fija en el mago causante del desastroso incendio.

Pili, no te preocupes.

La voz que había pronunciado esas palabras, en el idioma de dos de los países más poderosos del mundo, devolvió a la muchacha a la realidad. Se bajó la capucha con un gesto elegante, dio media vuelta y se encontró con el hombre de cabello castaño entrecano que había estado cuchicheando con el guía del mes. Éste ya se había bajado la capucha también, y en su rostro lleno de prematuras arrugas, adornado con unos ojos claros y signos de una amabilidad que nunca perdía, la hicieron sentirse menos iracunda.

Profesor, ¿qué hacéis vos por aquí? inquirió en cuanto intercambiaron los saludos de rigor. Para ello, había hablado en inglés, pues sabía que el hombre no dominaba ningún idioma de esa parte del continente.

Hay problemas en mi continente para los de nuestra condición, Pili, por el Terror Rubio se limitó a contestar el Profesor, haciendo una leve mueca Además, tenía que hablar con todos ustedes sin intervención de la Confederación.

A la citada Pili le intrigó ese detalle. ¿Hablar con los licántropos suramericanos sin intervención de la Confederación de Magos correspondiente? No tenía mucho sentido.

Quiero saber hasta qué punto estarían dispuestos a participar en una posible guerra continuó el Profesor, aparentemente adivinando que Pili tenía sus dudas Por lo que parece, el Terror Rubio quiere meter a todo el mundo en sus planes.

Sólo espero que no hable con Yanakilla (4) masculló Pili de mal talante.

Y con un movimiento de cabeza, indicó al causante del desastroso siniestro del valle. Pero notando que su interlocutor arqueaba una ceja, como sin entenderle, suspiró con cansancio.

Llaksa (5) Yanakilla le da mala reputación a los nuestros en este continente explicó, sin perder su mal humor Nunca ha seguido las disposiciones de la Confederación y cada mes tenemos al menos a otro congénere gracias a él.

El Profesor asintió, con una mirada triste adornando sus ojos claros. De pronto, frunció el ceño, estiró el cuello para ver mejor algo en el valle cuyo incendio poco a poco era controlado, y enseguida su cara dejó translucir cierta rabia.

Ahora vengo dijo sin más Pili, ten cuidado.

La chica apenas si tuvo tiempo para sorprenderse por el cambio de humor del hombre cuando lo vio sacar de una bolsa de cuero una botella similar a la de los licántropos que ya habían bajado al valle y beber el contenido de un trago. Reprimiendo una mueca, el Profesor se guardó la botella y se apresuró a bajar, dejando a Pili más que desconcertada. Solamente cuando observó la escena a sus pies con más detenimiento, pudo saber qué era lo que había alertado a su conocido.

El mago incendiario, identificado por ella como Llaksa Yanakilla, había presionado lo que cargaba contra una de las derruidas paredes de Machu Picchu, olvidándose por completo del fuego que él mismo había causado. Lo que presionaba con una fuerza inusitada en aquella vieja ruina era, por desgracia, una persona. Una pequeña niña que estaba al borde de la inconsciencia.

Eso fue todo lo que Pili pudo soportar. Sacó de su propia bolsita tejida una botella, quitó con cuidado el corcho sellado con cera y luego de dejar escapar un poco del vapor del contenido, se bebió el espeso líquido sin protestar. Ella no hizo ninguna mueca, sino que con toda la calma del mundo, se guardó la botella y procedió a bajar por una pendiente más o menos segura
Al menos para su forma humana. Levantó la vista, confirmando en el cielo despejado que la luna pronto sería su enemiga, y siguió su camino. Pronto estuvo con los pies plantados en el pasto del valle, destruido casi por completo, y anduvo unos pasos hacia su objetivo. Con lo que no contó fue con que el Profesor se le adelantara, enarbolando la varita y lanzándole a Yanakilla un poderoso hechizo en la espalda, que lo hizo tirar a su víctima, tambalearse y volverse hacia su agresor. La visión de su rostro, y de toda su fisonomía en general, no era nada agradable.

Era, se viera por donde se viera, de figura delgada y huesuda, como un ser acosado por el hambre y capaz de devorar cualquier cosa que se pusiera enfrente sin consideración alguna. Tenía la piel cobriza, producto de su propia raza y de largas exposiciones al sol. Su cabello, negro y lacio, brillaba de manera grasienta y repulsiva, pegado a su cráneo. Su nariz daba la impresión de una escultura mal proporcionada, con el tabique demasiado estrecho y las aletas desmesuradamente anchas, sobre todo ahora por pretender guiarse por el olfato a través de la casi completa oscuridad del lugar. Su boca, de labios delgados, semejaba un simple tajo abierto por una cuchilla en arcilla blanda, se torció en una mueca que quien lo conociera, identificaba como su más malévola sonrisa.

Vaya, vaya, alguien quiere arruinarme la fiesta se quejó Yanakilla con voz gutural, como un rugido. Sus ojos, igual de negros que el cabello y profundos como el fondo de un pozo seco, no auguraban algo bueno ¿Quién es el patoso que lo está intentando, eh?

Como respuesta, un segundo hechizo salió volando hacia él, pero lo esquivó con imprevista agilidad, sin acordarse de la pequeña niña de vestimenta muggle y expresión asustada a la que segundos antes estuvo a punto de asfixiar. Pili sí la notó, y mientras Yanakilla se entretenía con el Profesor, ella fue despacio hacia la pequeña, dispuesta a auxiliarla.

No debería atacar a personas indefensas musitó el Profesor con desprecio.

Esperaba que por hablar en inglés, el tipo no lo entendiera, pero para su sorpresa, Yanakilla le contestó en el mismo idioma.

¿Qué hace un inglesito de cuarta en esta parte olvidada del mundo? quiso saber.

El Profesor bufó. No se esperaba que su contrincante supiera su idioma.

Vamos, hombre, no dejes que me devore la curiosidad continuó Yanakilla con increíble cinismo ¡Ah, ya! Seguro eres de esos idiotas que creen que debemos convivir todos junto y en paz, ¿no? torció la boca, pronunciando aún más su macabra sonrisa Pues va a ser que no.

Estiró un brazo hacia el suelo, buscando algo, pero al no hallar lo que quería, el licántropo se enfureció, girando la cabeza en todas direcciones, hasta que descubrió a Pili alejándose de él, con la niñita en brazos y una expresión determinada en el rostro.

¿A dónde vas? increpó Yanakilla con desprecio Tráeme acá a la niña.

Pili negó con la cabeza y siguió andando. Yanakilla quiso seguirla, pero un hechizo del Profesor le cortó el paso, haciéndolo trastabillar.

Ni se te ocurra amenazó el Profesor con voz ronca.

21 de julio de 2019.

0:00 A.M.


Yanakilla se convulsionó notoriamente, cayendo de rodillas al suelo. Tanto el Profesor como Pili levantaron la vista al cielo, nublado po el humo del incendio, y comprendieron qué sucedía.

La luna se había llenado finalmente.

A su alrededor, sus compañeros del Pastoreo Lunar también comenzaban a transformarse, pero sin tantas muecas de dolor. El Profesor también cayó al poco rato, para espanto de Pili, quien tuvo que dejar a la niña sentada en una roca alta, donde sabía que no podría alcanzarla en su forma lobuna. Le entregó su bolsita tejida y sintiendo las sacudidas propias de la transformación, se arrodilló, cerrando los ojos con fuerza y deseando que pasara pronto.

Pero no contó con la rápida transformación de Yanakilla, que pronto estuvo convertido en un enorme y desgarbado lobo de pelaje negro y lacio. Éste, viendo que a su alrededor todos estaban detenidos por los efectos de la luna llena, se lanzó de lleno hacia Pili, quien apenas si se movía, y de un zarpazo la hizo a un lado.

La joven chocó pesadamente contra unas rocas, y a causa de su transformación, no pudo levantarse sino hasta minutos después, que en su lugar quedó una loba castaña de intensos ojos verdes. Sacudió la cabeza, despabilándose, alzó la nariz y olfateando, pudo formarse una imagen mental del terreno que ante su vista, seguía algo borroso por el golpe que se había dado. Cuando escuchó unos gritos agudos y asustados, comenzó a andar.

Yanakilla, habiéndose librado de Pili, se encaramaba salvajemente en la roca donde estaba la niña, queriendo alcanzarla. La pequeña, aterrada, se encogía sobre su precario refugio, quitándose constantemente de la frente algunos rizos castaños. Sus ojos, de un tono castaño con vetas doradas, se veían cristalinos, a punto de soltar un torrente de lágrimas. Por su gris vestimenta muggle, manchada de tierra y hierbas, podía deducirse que no era común que viera personas sacando rayos de luz multicolores de unas varitas de madera y mucho menos que se convirtieran en animales.

La agilidad de Yanakilla y su persistencia rindió frutos, pudiendo llegar hasta la niña, halándola con una de sus flacas patas. Lo hizo con tanta fuerza que consiguió bajarla de la roca de un brusco tirón y antes que alguien pudiera detenerlo, le clavó los colmillos en el cuello.

Siempre le había agradado morder a sus víctimas femeninas en el cuello, cual vampiro hambriento, porque de esa manera sentía un cruel placer. Luego, procuraba no pasarse de la raya, dejar viva a la víctima en turno, para seguir haciéndola sufrir de otras formas, como desgarrándole la piel con sus afiladas garras. Y si no le satisfacía todo eso, siempre podía dejarla lo bastante debilitada para que en cuanto recuperara la forma humana, lanzarle una efectiva maldición asesina, librando así al mundo de una licántropa más. Ése era el modus operandi que le había granjeado el status del criminal mágico más buscado en toda América. Lo peor es que lo había buscado a conciencia y se enorgullecía de semejante título.

Pero ser tan despiadado no le sirvió de nada cuando sintió unas garras afiladas clavársele en el lomo, haciendo que por ello soltara el cuello de la niña y aullara de dolor. Cuando se giró, fijó sus negros ojos en el lobo con pelaje entrecano que lo rondaba, acompañado de cerca por una loba de inusuales ojos verdes, y casi pudo verse cómo su hocico componía una mueca despectiva. Se lanzó al ataque, sin importarle la ventaja numérica de sus adversarios, y ladró con saña.

Sus sitiadores no eran nada tontos. Apenas vieron que Yanakilla se les venía encima, el lobo de pelaje entrecano se fue hacia él, mientras la loba iba hacia la herida niña, que por culpa de la mordedura, ya estaba convulsionándose frenéticamente, a punto de transformarse. La loba, sin perder tiempo, metió el hocico a la bolsa tejida que le había encargado, sacó una botella de cristal tapada con un corcho y se la puso en las manos con cierta dificultad.

¿Qué? se extrañó la niña en voz muy baja, hablando en español ¿Me bebo esto?

Al ver que el animal junto a ella asentía, destapó la botella, la observó por un momento y dio el primer sorbo a su contenido. Estuvo a punto de escupir el trago, pero la loba la incitó a no hacerlo con un movimiento de cabeza, así que se aguantó y tomó el resto. Sin querer, dejó caer la botella al venirle una nueva convulsión, y pronto en vez de una niñita se pudo ver a una lobezna de pelaje castaño con un rizo en la punta de la cola.

La lobezna, totalmente desorientada, miraba de un lado a otro, queriendo adaptarse a su nueva condición, pero no tuvo mucho tiempo para ello. La loba le hizo un gesto de cabeza, guiándola lejos de donde Yanakilla y el transformado Profesor estaban peleando, dedicándole de vez en cuando un gruñido que daba a entender que no se preocupara.

En tanto, los otros dos lobos no cejaban en su lucha, aunque el lobo entrecano llevaba las de perder. Finalmente, Yanakilla le dio un cabezazo, empujándolo a una roca cercana, y viendo que por fin se lo había quitado de encima, alzó la nariz para olfatear el aire. Sí, el olor de su víctima seguía cerca, aunque debido a que el humo del incendio había aumentado, no podía verla. Tendría que ayudarse de la nariz para encontrarla.

Pili, gracias a la dosis de poción mata - lobos que había ingerido antes de la transformación, estaba totalmente lúcida, por lo que detectó enseguida el trote de un animal a sus espaldas. Sin dejar de poner atención a ese sonido, anduvo unos metros más con la lobezna a su cargo, hasta llegar a otra pared de roca, ésta de las ruinas de Machu Picchu. Como no podía hablar, lanzó un bufido de exasperación. Estaban atrapadas y seguramente Yanakilla las encontraría en cualquier momento.

Pero para su sorpresa, de las sombras salió un tambaleante lobo entrecano, con algunas heridas abiertas a causa de su reciente pelea, pero con la mirada clara y enfocada, señal de que estaba razonablemente bien. La loba se acercó a él con cautela, le hizo un gesto de cabeza acompañado por un suave gruñido y el lobo contestó moviéndose hacia un punto impreciso entre el humo que iba quedando del incendio, ya extinto. La loba asintió, llamó con la cabeza a la lobezna de cola rizada y los tres se fueron alejando del lugar, hasta llegar a donde el Profesor quería llevarlas: unas escaleras de las ruinas de Machu Picchu que conducían a un pasaje subterráneo.

Pili ya había oído hablar de ello. Machu Picchu, en la antigüedad, había sido una comunidad donde magos y muggles habían vivido pacíficamente, y como prueba de amistad, los magos habían construido un corredor mágico subterráneo para que todos pudieran escapar de la ciudad en caso necesario. Aunque los muggles, con el tiempo, desconfiaron tanto de las intenciones de los magos que éstos tuvieron que desmemorizarlos, el corredor siguió siendo de conocimiento público para los magos de esas latitudes, sobre todo para los licántropos: lo tenían previsto para vaciar las montañas en casos de emergencia. Y esa noche, sin lugar a dudas, era uno de esos casos. Ninguno de los licántropos participantes en ese Pastoreo Lunar quería encontrarse con Yanakilla cuando se diera cuenta que había sido abandonado.

Y efectivamente, cuando Yanakilla rastreó el lugar y no encontró nada, lanzó un aullido que para nada era de dolor. Era de ira pura, dedicada a aquellos que le habían quitado su diversión de la noche y lo habían dejado a la deriva. Pero ya arreglaría cuentas.




21 de julio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Departamento de Misterios, Ministerio de Magia.


Iniciaba un nuevo día de trabajo, al menos para algunos. Los miembros del Departamento de Misterios, por ejemplo, era raro que tuvieran libres los fines de semana. Sus investigaciones solían ser complicadas y requerían varias horas.

Esto me tiene harto.

Que alguien trabaje en el Departamento de Misterios por gusto, no quiere decir que de vez en cuando, no quiera mandar sus obligaciones al diablo. Como le estaba pasando a Anom Nicté. Llevaba revisando unos pergaminos en español desde la semana pasada, pero no había dado con lo que le habían ordenado encontrar. En ese momento, que estaba a punto de mandar los pergaminos a la chimenea y encenderlos, llamaron a la puerta de su diminuta oficina.

Adelante mandó, impaciente.

La puerta se abrió de manera lenta, y un sutil aroma lo dejó saber quién era su visitante. Aunque claro, eso no lo diría nunca, pues el aroma lo podía percibir gracias a su Legado.

Mucho trabajo por aquí, me han dicho comentó la recién llegada, una mujer que cuando dio su segundo paso en aquel pequeño espacio repleto de cosas, tropezó con una silla Lo siento.

No importa, estoy acostumbrado responde Anom, que con la excusa de leer un pergamino, ocultó una sonrisa ¿Qué se te ofrece?

La mujer soltó un suspiro.

Hablar, supongo. Hace mucho que no nos vemos.

Ahora fue Anom quien suspiró.

Si, y lo siento. Pero este condenado trabajo no me deja tiempo para nada. A veces desearía no haber pedido estar en este departamento. ¡Mírame! dejó el pergamino de golpe en su escritorio, para acto seguido indicarse la cara, donde una incipiente barba y unas grandes ojeras delataban su estado No he dormido bien, ni tengo tiempo de afeitarme en las mañanas. Y no es que sea muy vanidoso añadió, un tanto bromista.

No, yo lo sé, pero dime, ¿se puede saber en qué trabajas? indagó la mujer.

Anom estuvo a punto de responder cuando llamaron a la puerta. El hombre, visiblemente molesto de que le arruinaran el momento, dio permiso para que pasara quien quiera que fuera.

Lo siento, no sabía que estuviera ocupado dijo la persona recién llegada, una mujer envuelta en un largo velo rojo, luego de decir Buenos días Nicté, te llama la señora Potter.

¿A mí? se extrañó Anom, poniéndose de pie Bueno, iré a ver qué quiere, porque luego no podré seguir con esto señaló vagamente los pergaminos en su escritorio Ahora vuelvo le dijo a la primera mujer, que en respuesta le dedicó una débil sonrisa antes de verlo salir.

Me alegra verte tan contenta dijo la del velo rojo de repente.

La otra, encogiéndose de hombros, le dedicó una sonrisa socarrona, casi irónica, antes de quitarse de la frente un mechón de cabello color rosa chicle.

Y a mí me alegra que lograras algo que yo no respondió.

Tonks
comenzó la mujer de velo rojo con voz cansina.

No, no, déjame hablar pidió Nymphadora Tonks con aire divertido Lo quise, de eso no hay ninguna duda, pero supongo que lo único que logré fue
prepararte el terreno. Sí, eso es, te preparé el terreno miró a la otra con determinación Aunque no lo creas, cuando estuve con él, me costó mucho hacerlo entender que también él tenía derecho a ser feliz. Lo fueron sus mejores amigos,. ¿porqué él no? inquirió con cierta diversión En fin, supongo que mi punto es que no te guardo rencor suspiró, aunque sonreía levemente No podría. Eres buena persona.

¿En serio crees eso? se interesó la del velo rojo.

Erin, mejor no sigas por ese camino, que el hecho de comprenderte no significa que me caigas bien del todo masculló Tonks sin mucho ánimo ¡Lograste llevar a Remus Lupin al altar! Si no lo hubiera visto, no lo hubiera creído.

La agente Erin soltó una suave y franca carcajada.

¿Y tú? quiso saber al cabo de unos segundos, cuando calmó su risa al ver la expresión de niña enfadada de Tonks ¿Qué hay con Nicté?

Nada más allá de lo que crees. Me cae bien, le caigo bien. Salimos de vez en cuando, tenemos algunos gustos en común
Supongo que no vamos aprisa.

Más bien, no quieres ir aprisa.

Eso también.

Se quedaron en silencio por unos minutos. Suponían que no tenían que añadir algo más a esa conversación, una que debieron tener hacía tiempo.

Nymphadora Tonks tenía razón, por supuesto. No podía caerle enteramente bien la agente Erin, puesto que ella, sin muchos esfuerzos, había obtenido algo que ella quiso hacía años: un matrimonio con Remus Lupin. La aurora Tonks, en su momento, luchó por el afecto de ese hombre, demostrándole una y otra vez que no le importaba lo que él era, pero aunque sí habían llegado a tener una relación, no había funcionado. Terminaron en buenos términos, no en vano se trataba de Remus, un hombre que a pesar de todo, era amable por naturaleza. Sin embargo, Tonks sentía, en algún rincón de su corazón, que ella había fallado en algo.

Pero no había sido así, simplemente lo suyo no pudo seguir. La segunda guerra, una vez que acabó, dejó ver que algunas de las cosas entre ella y Remus se habían esfumado con la misma facilidad con la que el vapor de una taza de té se hacía invisible al ojo humano. Ella se culpaba, pero él no, porque lo tenía muy claro: le agradecía que lo hubiera querido tanto y le deseaba lo mejor si algún día decidía volver a intentarlo con alguien más.

Cosa que él sí hizo. Reencontrar a la persona de la que había estado enamorada en su juventud, Heather O’Campbell, había hecho que recordara todo lo que Tonks le había enseñado durante el tiempo que duró su relación, lo puso en práctica y descubrió que la aurora tenía razón: él tenía derecho a ser feliz, como cualquier persona. Ya había dejado pasar muchas oportunidades, había esperado demasiado
Y la espera fue recompensada convirtiendo a la señorita O’Campbell en la actual señora Lupin. Eso lo llenó de una alegría tal que todos la percibían, Tonks sobre todo, que se decía con melancolía que había hecho lo correcto dejándolo ir.

Por eso para la agente Erin (que no era otra que Heather) quedaba pendiente la charla recién concluida. Sabía lo que hubo entre la aurora que tenía frente a ella y su marido, pero temía poner en palabras lo que pensaba: que quizá la extravagante metamorfomaga no había olvidado a su antiguo amor. Pero podía dejar ese pensamiento en el pasado, porque aunque así fuera, se notaba a leguas que Tonks quería que Remus fuera feliz. Tanto o más de lo que fue con ella.

La puerta abriéndose de golpe interrumpió bruscamente los pensamientos de las dos mujeres. Anom Nicté, notoriamente agitado, sostenía en una mano algo parecido a un periódico, y fue a su escritorio sin hacerles mucho caso a las personas que seguían en su oficina. Dejó el periódico encima de una montaña de libros, se puso a revolver los pergaminos que había dejado abandonados minutos antes en el escritorio, y no reaccionó hasta que Tonks lo llamó.

¿Qué pasa, Anom?

El hombre la miró por un segundo de manera penetrante, se pasó una mano por el cabello, arrugó el ceño y finalmente, soltó un suspiro que delataba cansancio y frustración.

No estoy seguro confesó finalmente Pero voy a averiguarlo. Agente Erin dijo al segundo siguiente La señora Potter le manda el periódico. Acaba de llegarle.

La aludida, ladeando la cabeza con cierta incredulidad, asintió, tomó el periódico que Anom le señalaba con un gesto de cabeza y lo extendió para leerlo ahí mismo. Tonks decidió ignorarla y seguir interrogando a Anom cuando se oyó el ruido del periódico cayendo y unos pasos apresurados camino a una puerta que se abrió y cerró con brusquedad. Tonks apenas se volvió a tiempo de ver el velo rojo desaparecer del lugar.

¿Qué le habrá pasado? se preguntó en un susurro.

Viendo que Anom no le prestaba la menor atención, se puso de pie y fue a recoger el periódico. Cuál no sería su sorpresa al encontrarse en la primera plana de El Profeta una foto mágica que mostraba a un mago de cabello castaño entrecano y ojos claros notoriamente cansado, acompañado por una chica de unos diecisiete años de cabello oscuro y ojos verdes y por una niñita de unos nueve años con la cabeza cubierta de rizos castaños. El titular decía:

SABOTAJE EN EL PASTOREO LUNAR EN SURAMÉRICA. SALDO: UNA LICÁNTROPA NUEVA Y DAÑOS CONSIDERABLES EN MACHU PICCHU.


La aurora Tonks arqueó las cejas, sorprendida, para enseguida leer la crónica completa del titular. Así fue como supo la causa de la precipitación de la agente Erin: según el artículo, ... el profesor Remus J. Lupin, actual subdirector del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, en conjunto con la joven Pilar Asís­ - Rinaldi, evitaron que una inocente acabara muerta a causa de Llaksa Yanakilla, el hombre - lobo más buscado de América del Sur. Sin embargo, no lograron evitar la conversión de la pequeña, de quien todavía se ignoran sus generales, pues


La aurora de cabello rosa cerró el periódico, mirando de reojo a Anom, que seguía afanado en sus pergaminos, aparentemente sin encontrar el que requería. Soltó un bufido.

Anom, ¿ya leíste tú el periódico? inquirió.

Sí, lo hice respondió él distraídamente, para luego quedarse quieto, como si de pronto hubiera recordado algo Nympha, ¿te preocupa?

¿Que algo le haya pasado a Remus? No, claro que no Tonks se encogió de hombros Pero que últimamente haya tantas desgracias alrededor del mundo
Eso preocupa a cualquiera.

Anom asintió, dándole toda la razón. Tantas desgracias alrededor del mundo no eran normales.

Y si no encontraba ese maldito pergamino, incluso habría algunas más.

&&&


(1) Queiron (en español, se acentúa en la o; también conocido como Quirón) es, en la mitología griega, un centauro que educó a varios héroes, entre ellos Jasón.

(2) Magic Teenage vendría siendo Juventud Mágica.

(3) Chrono (en español, Crono), en la mitología griega, era hijo de Urano, a quien destronó para reinar en su lugar. Después fue derrocado por su propio hijo, Zeus.

(4) Yanakilla, normalmente usada como nombre propio, es una palabra en quechua que significa Luna Negra.

(5) En quechua, Llaksa es un nombre propio que quiere decir el que tiene el color del bronce.




18 de octubre de 2007, 6:25 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags.)

¡Hola, hola, gente bonita! Aquí Bell, reportándose. ¿Qué, me han extrañado? Espero que sí porque yo también. ¿Quieren saber porqué?

Bueno, este capi lo hubiera terminado desde hace como dos semanas, pero la despistada de su servilleta perdió su memoria USB con la única copia existente del capi. ¡Es frustrante! Ya llevaba 20 páginas y con el extravío antes mencionado, tuve que volver a empezar. En cuanto vi la situación, hice las anotaciones pertinentes, para no olvidar los detalles más importantes, y me puse manos a la obra en reescribir. Pero una cosa sí les digo: aprendí la valiosísima lección de hacer respaldo de todas las formas habidas y por haber. No quiero que esto me vuelva a pasar.

A causa de eso, el capi quedó visiblemente modificado. En primera, la parte de Estados Unidos y siendo más clara, el encuentro de Phoebe y Salomón, que originalmente no ocurría en la biblioteca del Radcliffe College el día quince, sino en una calle cercana el día diez. Pero lo básico está ahí: ambos chicos estuvieron hablando, Salomón supo más de Phoebe y ella se desahogó con él acerca de su madre y su temor a perderlo (¿serán pareja algún día, a pesar de las diferencias culturales? Se los dejo de tarea). Y como seguramente dedujeron, la fiesta que organizó Judith Bruce era por el primer aniversario de bodas de Patrick y Frida Malfoy, ¡vivan los novios! Y seguramente más de uno sabrá a qué familia famosa pertenece Donny, el representante de Las Musas de Blair, y cómo se llama su hermana mayor, jajaja. Con eso de que la noticia sobre dicha hermana había salido para cuando yo tenía previsto acabar este capi (¡aaaaay, mi memoria! Válgame, parezco La Llorona, es una leyenda mexicana de una aparecida buscando a sus hijos, jajaja), pues se me ocurrió meter el dato.

Luego, sigue la parte de Suramérica, ambientada en el magnífico escenario de los Andes peruanos y Machu Picchu. A mí esas ruinas encumbradas siempre me han llamado la atención, por lo que no pude resistirme a sacarlas. Aquí también hay obvias modificaciones respecto al original que perdí, pero lo que más pude rescatar de mi memoria (la mental, no la extraviada USB) fue la descripción física de ese hombre - lobo que causará pesadillas de ahora en adelante: Llaksa Yanakilla. ¡Válgame, sí que el tipo es de cuidado, siendo humano o no! Convirtió a una pobrecita en licántropa sin deberla ni temerla, eso es cruel. Pero la niñita estará bien, dentro de lo que cabe
Tengo grandes planes para ella y sus salvadores, Pilar y Remus, jajaja.

Y por último estamos en Londres, donde Tonks y Heather tuvieron una especie de charla de chicas por ser ambas poseedoras del cariño de nuestro licántropo favorito (aunque el cariño lo disfrutó cada una en diferentes épocas, jajaja). Podría decirse que han quedado en paz, aparte que Tonks tiene a Anom para ella solita, jajaja. Pero eso ya lo veremos después.

Bueno, gente, los dejo. Cuídense, perdónenme infinitamente por dejarlos esperar tanto, deseen por mí que me consiga pronto otra memoria USB (es que se convirtió en un indispensable para mí, porque ahí movía escritos, cosas de la uni, música, imágenes y fotos, entre otras cosillas) y nos leemos pronto.



A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.





Nueve: Sangre perdida.

25 de julio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Cuartel General de Aurores, Ministerio de Magia.


Como siempre, los aurores paseaban por los cubículos del cuartel sin preocuparse mucho de lo que pasara a su alrededor, o con sus demás colegas. Estaban hasta las narices de trabajo, al menos los pocos que seguían allí. Y es que de buenas a primeras, el Ministro de Magia había decidido enviar a algunos de sus mejores aurores a diversas latitudes del mundo, para auxiliar a los sitios que habían sido atacados por Hugo Hagen y su horda de lunáticos.

Esto sí que es maravilloso.

Eso lo murmuró por lo bajo uno de los recién ingresados a la Academia de Adiestramiento de Aurores, un joven sumamente atractivo, con la cabeza llena de rizos castaños e inmaculados ojos verdes. Algunas de las brujas que lo veían y provenían de familias muggles coincidían comparando a ese muchacho con la pintura de un ángel renacentista.

¿Ahora de qué te quejas, Geoffrey? quiso saber su acompañante, un pelirrojo de ojos azules con semblante serio.

De nada en particular, Johann respondió Geoffrey con pesadumbre Es que pensé que cuando entráramos a la Triple A y pasáramos al Nivel 1, no tendríamos que estar metidos en los cubículos todo el día, supliendo a los ausentes.

Pues tú ya pudiste tener algo de práctica se quejó Johann de repente, frunciendo el ceño Y no te fue tan mal, ¿verdad?

Al revés, no me fue muy bien corrigió Geoffrey, dejando a Johann sumamente extrañado.

Los dos siguieron caminando hacia su destino, el cubículo de la comandante Holmes, a entregar un par de informes antes de irse a clases. Ese día no tendrían más que una práctica de Sigilo y Rastreo, que si terminaban satisfactoriamente, les dejaría el resto del día libre, lo que siendo verano, era la gloria. La Academia de Adiestramiento de Aurores daba clases incluso en el verano, aunque un tanto más relajadas que las del periodo escolar normal. Sin embargo, los jóvenes habían percibido que sus profesores estaban poniéndose estrictos ante cualquier falla, seguramente por la tensión de lo que pasaba en el mundo a causa de Hagen.

Ah, ya era hora les dijo de mal humor la señorita Holmes en cuanto vio entrar a los dos muchachos Denme los informes y váyanse a su clase, ¿quieren? Y McGill agregó, antes que los dos amigos desaparecieran por la puerta En cuanto acabe, venga a verme. Todavía queda pendiente lo de hace un mes.

El joven asintió, sonriendo entre apesadumbrado y orgulloso, y abandonó el cubículo seguido de cerca por Johann, que lo veía con cierto aire despistado, como si quisiera comprender algo.

Geoffrey, ¿qué pasó hace un mes? se decidió a preguntar cuando estaban por abordar un ascensor que los llevaría directo al Atrio.

Geoffrey McGill se tardó en contestar. Primero, era un tema delicado el andar hablando de los sucesos que tuvo que enfrentar el mes pasado. Y segundo, el ascensor estaba lleno de gente.

Cuando lleguemos a la Triple A, te cuento prometió.

Johann asintió, un poco más tranquilo, para luego ponerse a hablar con Geoffrey de trivialidades, hartando a algunos de los otros ocupantes del ascensor cuando les entró la risa al recordar una clase de hacía dos meses sobre Pociones Antropomórficas, que a uno de sus compañeros le granjeó unas orejas de conejo por tres semanas. Por eso, cuando por fin la voz fría de mujer anunció en el interior de elevador El Atrio, los demás ocupantes del aparato emitieron un débil suspiro de alivio al verlos marcharse.

Sí que son delicados se quejó Johann, pues había percibido el suspiro colectivo Ahora vamos, que no tenemos todo el día.

Geoffrey asintió, ambos se dirigieron con paso firme a uno de los bordes de la Fuente de la Nueva Era y cerrando los ojos, se desaparecieron.




25 de julio de 2019.

Condado de Wiltshire, Inglaterra.

Stonehenge, Academia de Adiestramiento de Aurores.


El mítico monumento pétreo de Stonehenge ha maravillado a la población del mundo desde que se tiene memoria. Descubrir quién o quiénes fueron sus constructores ha tenido absortos en el tema a historiadores de diversos puntos del globo terráqueo, queriendo encontrar sus identidades de una buena vez. Pero eso, mientras los magos y brujas existan, no lo lograrán jamás. Al menos mientras siga ocultando la Academia de Adiestramiento de Aurores.

La Academia de Adiestramiento de Aurores (nombrada frecuentemente Triple A), a diferencia de algunas otras instituciones de educación superior del mundo mágico, necesitaba grandes espacios al aire libre para algunas de sus asignaturas. Así que después de mucho meditarlo, el Ministerio de Magia británico había decidido emplazarlo en Stonehenge, aprovechando que pocos muggles se acercaban ahí y que los que lo hacían, acabaran rápido sus asuntos porque de pronto recordaban que ese lugar se consideraba embrujado. Lo que no estaba muy lejos de la realidad.

Geoffrey y Johann habían aparecido cerca de Stonehenge, protegido de las posibles miradas curiosas por un bosquecillo. Salieron de entre los árboles con cautela, mirando a ambos lados para asegurarse que no hubiera moros en la costa, hasta llegar a un pilar de lo que podría pasar como una entrada al círculo que formaban aquellas gigantescas piedras. y mientras Geoffrey seguía vigilando, Johann sacó la varita, golpeó con ella un símbolo en la roca, (símbolo invisible para los muggles, por cierto) y esperó.

Al instante, el símbolo emitió un breve destello blanco azulado, que pareció resonar con otros símbolos similares en las demás rocas que formaban el círculo. A continuación, vieron que la supuesta puerta frente a ellos dejaba de mostrar el paisaje campestre de Wiltshire, para dejar ver un hueco oscuro, como el de un pasillo sin iluminación extendiéndose hasta límites insospechados. Johann se guardó la varita, le hizo un gesto de cabeza a Geoffrey y los dos, con sumo cuidado, atravesaron el arco que formaban las piedras.

Al instante, su alrededor cambió. Era como si realmente hubieran entrado a otro sitio, puesto que el cielo, el césped e incluso el bosquecillo que habían usado para aparecerse se desvaneció. En su lugar, al cruzar la puerta, ésta se cerró, mostrando un arco de piedra idéntico al que acababan de dejar atrás, y por delante, el pasillo comenzaba a vislumbrarse mejor, debido a las múltiples antorchas que se encendían a ambos lados. Sin dejar de caminar y con la familiaridad que les daba haber hecho lo mismo antes, recorrieron el pasillo, flanqueado con columnas muy similares a las de Stonehenge, que tenían grabadas varios dibujos y símbolos, contando historias que varios no tenían ni idea de lo que significaban. Además, nunca les habían prestado demasiada atención, porque los dibujos, algunos demasiado antiguos, no paraban de cambiar de columna, mirándolos como si fueran seres de otro planeta y riendo por cualquier tontería.

Ya llegamos, ¿me lo vas a contar? quiso saber Johann, cuando casi llegaban al final del pasillo, donde se podía mirar una puerta idéntica a la que habían usado pocos minutos antes.

No aún respondió Geoffrey Las piedras oyen.

Señaló con la cabeza las columnas de piedra, una de las cuales mostró en ese instante a un mago de larga barba blanca con una vara dorada en las manos.

Jovencito, qué desconfiado eres le hizo ver el mago con un dejo de reconvención.

Lo siento, pero es privado se disculpó Geoffrey con el mago, viendo que éste, sin ofenderse, inclinaba la cabeza y se retiraba de su vista, reapareciendo en una columna más atrás charlando con quien parecía un muchacho rubio que examinaba una espada con incredulidad.

Llegaron hasta la otra puerta, en cuya columna derecha había un símbolo que Johann también tocó con su varita y era igual al que habían empleado para entrar ahí: una mano que empuñaba con fuerza una varita, la cual despedía algunas chispas de la punta, situada a la derecha.

El símbolo brilló un instante antes que el hueco de la puerta dejara ver otro pasillo, éste increíblemente luminoso, que daba a una especie de patio exterior. Ambos cruzaron la puerta y como la vez anterior, al hacerlo la puerta se cerró tras ellos. Ahora estaban uno de los pasillos del Jardín Pendragón (1), el jardín principal de la Triple A, donde además de relajarse, los próximos aurores (llamados durante su instrucción Aspirantes) podían hacer las tareas cuando había buen clima, almorzar si es que no les gustaba el comedor y como Geoffrey y Johann pudieron constatar en ese momento, reunirse con alguien.

Un chico de cabello rojizo y túnica de un tono marrón anaranjado estaba muy cómodo echado en una de las bancas de piedra del jardín, apoyando la cabeza en el regazo de una chica de cabello castaño y túnica color azul oscuro. Geoffrey no pudo resistir la tentación y acercándose con sigilo, carraspeó sonoramente para llamar la atención de la parejita.

Los dos chicos dieron un respingo. La chica, luego de evitar por poco que su compañero cayera al suelo, se pudo de pie, se acomodó la túnica y se le quedó mirando a Geoffrey con reproche, más cuando notó que tras él, Johann se reía a carcajadas.

¿Se puede saber qué les pasa, McGill? se quejó el muchacho de cabello rojizo, poniéndose también de pie ¿No tenemos derecho a descansar o qué?

No, qué va respondió Geoffrey con una sonrisa Es que se veían tan tiernos
se burló.

Ante esa frase, Johann se rió todavía más.

Y tú, será mejor que te calles, Lindsay amenazó la chica, apuntándole con la varita.

Para sorpresa de todos, Johann se calmó enseguida.

A la orden dijo, sonriendo e imitando un saludo militar con la diestra en la frente.

No seas ridículo espetó la chica de mala gana, guardándose la varita ¿Vienen a la práctica de Sigilo y Rastreo de su Nivel, no? Porque vimos a Shacklebolt yendo hacia La Ambientadora.

Johann miró con cierto sobresalto a Geoffrey, que simplemente se encogió de hombros.

Pues tendremos que irnos comenzó el castaño, mirando a la pareja Ustedes sigan con lo suyo, no nos importa. Johann llamó a su amigo Vamos, antes que se nos haga más tarde y Shacklebolt nos deje fuera de la práctica.

Johann asintió, se despidió de la pareja (que lo veía con cara de pocos amigos) y salió corriendo tras Geoffrey. Tomaron el pasillo por el que habían entrado al Jardín Pendragón, doblaron a la izquierda, luego a la derecha y finalmente, luego de un largo tramo que los hizo pasar por varias de las aulas donde tenían clases durante el curso ordinario, llegaron ante unas puertas dobles que para su fortuna, todavía estaban abiertas. Eran unas puertas de madera con aplicaciones doradas, y cuyos grabados cambiaban de forma, predominando la de una dama de lacia cabellera surgiendo del agua.

Un hombre alto, negro y calvo, con semblante severo a pesar del arete de oro que adornaba una de sus orejas, vio cómo los dos muchachos llegaban corriendo, negó levemente con la cabeza y revisó un pergamino en el sujetapapeles que cargaba.

Lindsay, McGill, ya era hora de que llegaran los reprendió con voz grave y pausada.

Mientras Johann trataba de recuperar el aliento, Geoffrey quiso explicarse.

Lo sentimos, profesor Shacklebolt, pero antes de venir aquí, debíamos entregar unos informes a la Comandante, así que


El profesor Shacklebolt asintió en señal de comprensión, pero por su cara, se notaba que no les pasaría otro retraso, ni aunque tuviera que ver con el mismísimo Ministro de Magia.

Muy bien, varitas listas ordenó, al tiempo que revisaba el pergamino Lindsay, en cuanto entres a La Ambientadora, busca a Wood. McGill, como tu penalización sigue vigente, irás solo. ¿Está todo claro? los dos chicos asintieron ¿Alguna pregunta?

Esta vez negaron, arremangándose un poco las mangas, para acto seguido atravesar las puertas dobles que el profesor había estado vigilando de vez en cuando.

La Ambientadora, que era como se conocía la habitación a la que recién entraban Geoffrey y Johann, era esencial en el curso de auror. La habitación, de acuerdo a lo que el profesor en turno indicaba por fuera a los grabados de la puerta, cambiaba a los más variados aspectos y situaciones. Podía ser desde un prado sin nadie a kilómetros a la redonda, hasta un campo de batalla de lo más cruento. Esa habitación solía usarse para las prácticas y clases de los Aspirantes desde el Nivel 1; o sea, los que ya llevaban un año en la Triple A y habían aprobado favorablemente todos los exámenes que se les aplicaban durante ese periodo. Ningún alumno de Nivel 0 (de reciente ingreso) podía acceder a ella, a menos que fuera una situación especial.

Geoffrey pronto vio que la habitación aún no recibía instrucciones del profesor Shacklebolt, pues se veía como un sitio gris y desolado, sin un solo adorno, ni ventanas, ni más puerta que la que había utilizado para entrar. En La Ambientadora, ese día perfecto de verano, solamente había otros cinco Aspirantes, aparte de Johann y él mismo. Sabía que en su nivel, había ya al menos quince personas, pero algunos de ellos se habían anotado para hacer las prácticas de Sigilo y Rastreo hasta septiembre, cuando volvieran todos a clases ordinarias. Geoffrey se había anotado a todas las prácticas de verano que pudo, y no solamente porque quisiera. Era parte de su penalización por lo ocurrido hacía un mes, asunto que iba a tratar con la comandante Holmes y que no le agradaba recordar. De pronto, notó un torbellino de colores a su alrededor y supo que La Ambientadora había sido instruida para ponerse a trabajar. Empuñó la varita y se preparó para enfrentar lo que sea que se le hubiera ocurrido a su profesor esta vez. Con toda seguridad, sería algo desafiante.




Los Aspirantes salieron completamente agotados de La Ambientadora, tras deambular dos horas por una casa abandonada de cinco pisos, presunta guarida de traficantes de sangre de dragón. Como la materia era Sigilo y Rastreo, habían recibido las instrucciones de la práctica de antemano: nada de gritos ni sonidos innecesarios, solamente lograr el objetivo (que en esa ocasión, era llegar a la habitación donde se encontrara el jefe de la banda, para arrestarlo) sin causar daños. Uno de ellos, la pareja de Johann en el ejercicio, se vio obligado a aplicarse un encantamiento silenciador porque no podían evitar dar bufidos de irritación por lo lentos que tenían que moverse, pero eso estaba permitido. Lo que sí no podían hacer era ocasionar un desastre que los descubriera, como le pasó a una chica que no podía dejar de tropezar con sillas y muebles.

Terry, si sigues con errores semejantes, tendré que suspenderla.

La advertencia de Shacklebolt le cayó como balde de agua fría a la chica, de cabello rubio y ojos color miel, que se limitó a hacer un mohín de fastidio.

Bien hecho, Wood felicitó el profesor a la pareja de Johann, un joven de cabello castaño Permítame decirle que esa idea suya de auto - silenciarse fue astuta.

Gracias, señor el muchacho hizo un respetuoso gesto de cabeza.

Ken, deberías darle unas clases privadas a Terry se burló Johann, hablándole al oído.

El aludido se encogió de hombros.

Ken Wood era una de las excepciones para entrar a La Ambientadora. Apenas había conseguido la admisión a la Triple A en junio, cuando concluyó su séptimo curso en Hogwarts, pero la Academia ofrecía a los Aspirantes de Nivel 0, justo al iniciarse las vacaciones de verano, hacer los exámenes para pasar de Nivel sin el transcurso del tiempo. Pocos eran los que se apuntaban, pero ese verano, Ken Wood había sido el único de nuevo ingreso en aprobar los exámenes con las notas requeridas. Estar a esas alturas en el Nivel 1 para él era un gran honor y estaba dispuesto a no dejar que nada ni nadie le quitara lo que había conseguido con tanto esfuerzo.

Jóvenes, terminamos por hoy anunció el profesor Shacklebolt, consultando un pisapapeles, donde tenía varios pergaminos Vayan directo a sus casas, descansen y prepárense para la siguiente práctica, que quedó para el miércoles de la semana entrante. Señor McGill llamó, y el aludido lo miró por encima del hombro, pues estaba por marcharse en compañía de Johann Vaya al Jardín Pendragón. Lo buscan.

El joven, ladeando la cabeza llena de rizos, parecía sumamente extrañado. Johann lo miró con desconcierto, pero se preocupó más cuando lo vio asentir y caminar a toda velocidad. Lo siguió en el acto, más determinado que antes a saber lo que ocultaba.

Geoffrey, ¿ahora sí puedo saber qué pasó hace un mes?

La pregunta, que por lo visto Geoffrey esperaba, le arrancó un suspiro y una sonrisa irónica.

Seguramente recuerdas el ataque al Londres muggle comenzó.

Johann, que se acordaba perfectamente de los titulares de El Profeta al respecto, asintió.

Y también recuerdas que mi castigo empezó ese mismo día.

Johann volvió a asentir.

Pues bien, ahí empezó todo. Si no fuera por mis tonterías, no me habrían castigado y no hubiera estado donde no me llamaban


***Inicio de remembranza***


26 de junio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Cuartel General de Aurores, Ministerio de Magia.

Los aurores no eran conocidos en el Ministerio por ser de lo más ordenados. Así que cuando Geoffrey McGill llegó ante las puertas dobles que daban paso a los cubículos del Cuartel General de Aurores, vistiendo una túnica marrón con el símbolo de la Triple A en la manga izquierda, hizo una mueca ante lo que le esperaba.

Había sido enviado ahí como castigo. Una broma que según él era de lo más inocente (la aplicación de un encantamiento de cambio de color al cabello de un compañero de Nivel) le granjeó un regaño fenomenal de parte de la irascible profesora Curiè, de la asignatura de Pociones Avanzadas (los aurores debían saber preparar toda clase de pociones, en caso de necesidad), quien decidió que el mejor correctivo para el muchacho era mandarlo directo al Cuartel a que auxiliara a los aurores en sus tareas. La orden exacta era


Obedezca a los aurores en cualquier cosa que le ordenen, ¿entiende, McGill? ¡Aunque sea la de cargar su comida de un lado a otro!

Respirando profundamente, Geoffrey se dirigió al primer cubículo. Se asomó luego de dar un par de golpes al panel de la entrada, asomó la cabeza y saludó.

Buenos días, soy el Aspirante McGill. Vengo por una penalización.

La mitad de la mañana se la pasó así, avisando su presencia y poniéndose a disposición de sus futuros colegas. Justo había terminado eso y cumplía su primer encargo (llevar unos pergaminos a la Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia por orden de un auror robusto), cuando una alarma extraña, como la bocina de un barco muggle, se escuchó por todo el Cuartel. Geoffrey supuso que la alarma estaba hechizada, pues los demás departamentos del Ministerio que ocupaban esa planta no la notaron para nada.

¿Qué rayos estará ocurriendo? quiso saber un auror de ojos verdes inusitadamente tristes.

¡Muévase! le ordenó una mujer de cabello muy corto y ojos del color ocre de las hojas de los árboles en otoño. Geoffrey la identificó de inmediato como la actual comandante del Cuartel General de Aurores, Dahlia Holmes Ataque en el Londres muggle. ¡Rápido, muévanse, Fonteyn!

El auror de los ojos verdes inusualmente tristes, dando un respingo, se puso rígido antes de ir a su cubículo y salir de ahí segundos después, con varita en mano. Hizo un floreado movimiento, apuntó a su túnica y cuando ésta se transformó en ropa muggle, se desapareció. Otros aurores, al poco rato, lo imitaron, aunque unos cuantos tomaron los ascensores para irse.

Geoffrey, todavía cargado con un montón de pergaminos, no se creía lo que oía, ¿un ataque al Londres muggle? No podía imaginarse qué tan grave sería el asunto para requerir a los aurores, cuando la mayoría de los asuntos mágicos en el mundo muggle los trataban en otro departamento.

Usted señaló de pronto la aurora Holmes a Geoffrey, que se había quedado parado justo cuando iba entrando en la sección de la Oficina Contra el Uso Indebido de la Magia ¿A dónde cree que va, jovencito?

Ah, Comandante
comenzó Geoffrey, algo nervioso. No era para menos, sentía que se le caía la montaña de pergaminos y además, la aurora Holmes le había clavado los ojos de manera intimidante. Ahora creía entender cómo se había ganado su actual puesto.

Nada de peros. Acabo de ordenar que los aurores disponibles se vayan al Londres muggle, en las cercanías del Támesis, ¿qué no escuchó la alarma?

Sí, Comandante, pero


Nada, nada. Lleve ese montón de pergaminos a donde deben estar y lárguese a ayudar a sus colegas, ¿entiende? la aurora Holmes suspiró, para luego mascullar con rabia De no ser el Ministro, ese idiota de McGill me las pagaría todas juntas


Geoffrey tragó saliva, se acomodó mejor los pergaminos que cargaba y se apresuró a cumplir el encargo con ellos, antes que la aurora Holmes notara su ausencia. Volvió a los cubículos de los aurores en pocos minutos, chocando por poco con un moreno que iba de salida.

¡Cuidado, niño! espetó el moreno, haciéndolo a un lado con brusquedad.

Geoffrey lo miró de mala manera. Sacudiendo la cabeza y pensando que aparte de malos ratos, eso de ser auror tendría su lado divertido al ver algunas personalidades a diario (pues sabía que los legendarios Harry Potter y Ronald Weasley trabajaban ahí), ya no pudo sentirse enfadado. Además, no tuvo nada de tiempo.

¡Oiga! le espetó la aurora Holmes en cuanto lo vio entrar a un cubículo, atendiendo el llamado de un auror sumamente delgado y de barba larga ¿Qué no me escuchó? ¡Váyase ahora mismo al Londres muggle! El ataque no es cosa de niños, necesitamos todas las manos disponibles.

Pero Comandante


Geoffrey no podía creer que la aurora fuera tan distraída. Todos los Aspirantes tenían órdenes estrictas de llamar a sus superiores por su cargo, sin agregarle siquiera el apellido, hasta graduarse. Era por eso que no había dejado de llamarla Comandante desde que había llegado.

Nada de peros, jovencito lo cortó la aurora Holmes, fastidiada, demostrando que eso de interrumpir a quienes le hablaban era un hábito suyo Váyase al Londres muggle. No tardará mucho en llegar al sitio, está causando un tráfico enorme. Y espero que sepa convocar un patronus agregó, algo pesimista Ya confirmamos que hay dementores en el sitio.

El muchacho tragó saliva por segunda vez en el día.

¡Ande, muévase! totalmente impaciente, la aurora lo empujó hacia los ascensores Matthews llamó y un hombre muy alto y de espalda ancha, con el cabello rubio muy corto, se colocó a un lado de la aurora, caminando a su mismo ritmo Vaya al Londres muggle. Y llévese a este chico, que no me quiso obedecer a la primera.

El tal Matthews asintió en silencio y al llegar a los ascensores, la aurora Holmes los dejó, para volver a los cubículos. Al ir bajando en el aparato, Matthews negó repetidamente con la cabeza.

Si ya sabes el humor que se carga la señorita Holmes cuando se enfada comenzó Matthews, dirigiéndole una mirada no muy amable a Geoffrey ¿Porqué diantres no le haces caso a la primera? Hasta parece que no la conocieras


Es que no la conozco se defendió el joven en el acto Traté de decirle a la Comandante que no pertenezco al Cuartel, pero


Matthews levantó una mano, en clara señal de que se callara.

¿Eres un Aspirante? inquirió, entre atónito y fastidiado.

En menos de cinco minutos, Geoffrey le mostró el símbolo en su manga izquierda y contó el motivo de su presencia en el Cuartel General de Aurores. Al concluir, Matthews soltó un silbido.

Pues te aguantas, niño, porque ahora tendrás que ir al Londres muggle conmigo sentenció en cuanto las puertas del ascensor se abrieron en la planta del Atrio No hay tiempo de regresar y explicarle a la señorita Holmes el malentendido y es cierto que necesitamos todas las manos disponibles. Esa gente de Hagen sí que está loca, ¡traer dementores
! farfulló, apretando los puños Espero que por tu bien, sepas hacer siquiera un patronus.

Geoffrey asintió y tragó saliva por tercera vez, pero de manera más lenta y preocupada que antes. Si su penalización hubiera sido otra, seguramente no le hubiera quedado la misma lección de ese momento: que debía aprender a hablar más deprisa en su propia defensa.

Y, señor
se decidió a hablar en cuanto estuvieron en las calles muggles, habiendo usado la entrada de visitantes para no llamar la atención ¿Se puede saber porqué es tan preocupante un ataque al Londres muggle? Sé que sonará ridículo, pero


Lo ridículo, niño, es lo que hizo el Ministro respondió Matthews de mal talante, andando apresuradamente por las calles con una mano en el bolsillo de su pantalón marrón. Él y Geoffrey se habían transformado las túnicas en ropa muggle antes de dejar el Ministerio Neutralizó las alarmas para que no pudiéramos enterarnos, ¡vaya tipo! No sé cómo diablos consiguió el puesto.

¿Porqué el señor Ministro haría semejante cosa? preguntó Geoffrey con fingida inocencia.

Para conservar la imagen de que el país está a salvo, ¿para qué más? refunfuñó Matthews, mirando en ese momento que pudieran cruzar una transitada avenida Por como están las cosas en la Europa continental, no le conviene que los magos británicos nos demos cuenta de que Hagen está llegando aquí. Cosa que no sé cómo pasará desapercibida si el mismo Ministro declaró a
El Profeta que mandó aurores a las zonas afectadas para asegurar nuestro bienestar.

Ante aquella información, Geoffrey no sabía qué decir: que ya la conocía o ya la imaginaba. Ambas cosas eran ciertas, pero la manera en la que había conseguido enterarse del asunto no era del todo igual a la del resto de la comunidad mágica

Minutos después, habían llegado al lugar, una glorieta adornada por una estatua y una fuente. El caos era impresionante, los aurores recién llegados enfrentaban a un montón de encapuchados de túnicas negras y lanzaban patronus a diestra y siniestra, entre los que destacaba un enorme ciervo plateado de grandes cuernos. De reojo, captó que una mujer en lo alto de la ornamentada fuente le apuntaba a un hombre de brillante cabello negro, pero que por sus ademanes, se notaba enfurecida por los innumerables patronus que provocaban el repliegue de los dementores. Pero lo que llamó más su atención fue ver a uno de los encapuchados sostener a un niño de cabello negro, aferrándolo por el cuello con intenciones homicidas. Sin darle tiempo de nada, Geoffrey le lanzó un encantamiento obstaculizador por detrás, pero el maldito tenía buenos reflejos, porque lo esquivó sin siquiera volverse. Lo bueno es que en el proceso, el encapuchado había soltado al niño.

El encapuchado giró su cara hacia él, aunque eso no era muy alentador puesto que por la capucha, el rostro le quedaba oculto. Masculló unas cuantas palabras que Geoffrey no pudo entender, para luego apuntarle con la varita y atacar con saña. Geoffrey no se quedó atrás, se defendió cuanto pudo, agradeciendo mentalmente haber sido compañero de dormitorio de los dos Insólitos varones, que a cada rato practicaban toda clase de hechizos que había que esquivar y repeler. Siguió así por algunos minutos, hasta que pudo dejar inconsciente a su contrincante. Según como fue viendo que hacían los otros aurores, ató al encapuchado y fue entonces que escuchó que la mujer en la fuente pronunciaba una maldición imperdonable contra el hombre de cabello negro y brillante al que le había apuntado antes..

Pero sin duda, lo que lo sorprendió más fue que el niño al que había rescatado levantara la varita sin titubeos y le mandara un hechizo de desarme a la bruja que atacaba al mago. El hechizo no produjo más efecto que el de cortar la maldición, pero al chiquillo le dejó una mueca de angustia en el rostro. Geoffrey supo lo que se estaba imaginando: que haber empleado magia en el mundo muggle y peor aún, frente a aurores del Ministerio, lo había metido en serios problemas. Sin embargo, aquella situación era extraordinaria y seguramente, nadie lo notaría. No fue sino hasta que se le acercó para ver si estaba bien que reconoció al chiquillo: lo había visto en Hogwarts un par de veces, junto con la prima pequeña de los Cuatro Insólitos: el chiquillo no era otro que el último Black, Procyon. Sonrió.

Buen tiro, Black felicitó sinceramente. El niño lo miró, saliendo de sus pensamientos, y tal parece que lo reconoció, porque abrió ligeramente la boca, sorprendido Aunque tendré que informar de esto, no creo que haya mucho problema.

Y si su precario conocimiento de la ley mágica era correcto, no mentía. Miró a su alrededor, comprobando que la situación ya estuviera bajo control, cuando escuchó que pedían ayuda para Black. Frunció el ceño, vio que el niño abandonaba sus reflexiones y corría hacia el hombre que había recibido la maldición imperdonable minutos antes. Hasta que los vio juntos, no pudo relacionarlos. Sin lugar a dudas, eran padre e hijo.

McGill oyó que lo llamaban.

Reconociendo la voz, el chico suspiró y se dio la vuelta. El auror de los ojos inusualmente tristes, Fonteyn, lo miraba con mala cara.

Los demás aurores que estaban presentes, al escuchar el apellido, dieron un respingo.

¿Qué se le ofrece, señor? inquirió Geoffrey con falso servilismo.

Los otros, al oír que respondía al llamado de Fonteyn, lo vieron de mala manera.

Se supone que no debería estar aquí recriminó Fonteyn de inmediato ¿En qué estaba pensando, eh? Es solamente un Aspirante, ¡debería estar cumpliendo con una simple penalización!

Geoffrey le dedicó una imperceptible mueca de desprecio.

Chico lo llamó Matthews en ese momento Los desmemorizadores están llegando, así que por favor, llévate al niño al Ministerio señaló a Procyon, que veía con impotencia cómo un par de sanadores de San Mungo se llevaban a su padre Su abuela trabaja en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Entrégaselo y cuéntale lo sucedido. Después, regresa al Cuartel.

Geoffrey, por primera vez agradecido de lo que era su penalización, asintió vehementemente, tomó a Procyon y sin mirar atrás, se desapareció rumbo al Ministerio.


***Fin de remembranza***


Lo demás fue una pesadilla prosiguió Geoffrey, caminando más lento al divisarse el Jardín Pendragón Luego de dejar al niño Black con su abuela (donde pude saludar a William, por cierto), regresé al Cuartel, y en cuanto me vio, la Comandante empezó a vociferarme qué estaba haciendo ahí, que Matthews se iba a enterar de lo que era bueno y no sé que más. Pero entonces uno de los aurores que se había quedado me vio, me llamó para ayudarle a ordenar un poco su archivero y fue entonces que la Comandante me preguntó quién era. Cuando se enteró, puso tal cara que creí que se desmayaría ahí mismo.

Johann soltó un bufido.

Es lo malo del apellido, ¿no? comentó, entre burlón y comprensivo.

Geoffrey asintió con convicción.

Ambos llegaron al jardín y vieron, que en la misma banca de piedra que hacía dos horas, seguía la pareja a la que se habían encontrado antes de la práctica. Pero Geoffrey no les prestó la menor atención, porque cerca de él, en otra banca de piedra, se encontraba sentado un hombre rechoncho de cortísimos y entrecanos cabellos rizados. Su túnica, azul marino, era de lo más formal, y el bastón de madera oscura con puño plateado, que sujetaba con una mano, no dejaba de golpetear el suelo con notoria impaciencia. El hombre, al ver a Geoffrey, se puso de pie, ayudado con el bastón, y caminó hacia él de manera lenta y firme.

Esto no será agradable masculló Geoffrey sin pizca de humor.

Nos veremos después se despidió Johann, acercándose a la pareja que seguía en su banca y que miraba con incredulidad al hombre rechoncho.

¿Ése es quien creo que es? le musitó el chico de cabello rojizo a Johann, en cuanto éste estuvo de pie junto a él.

Sí, supongo respondió Johann sin mucho interés.

Lindsay, ¿qué puede querer el Ministro de Magia justo aquí? lo interrogó la chica.

Johann esta vez se encogió de hombros.

Anderson, yo que ustedes, me iba le advirtió al chico, que se puso de pie con intención de saber de qué hablaba No es muy agradable ver conversar a ese par explicó, señalando a Geoffrey y al hombre rechoncho Y menos cuando discuten.

El día que obedezca una orden tuya, Lindsay, me iré a sacar una tomografía desdeñó la chica, cruzándose de brazos dando a entender que no se movería de sitio.

¿Qué es una tomografía? le preguntó Johann a Anderson.

Un examen que hacen los muggles que se dicen médicos respondió Anderson, sonriendo levemente ante la cara de incomprensión de Johann Es para revisarte el cerebro.

Y mi padre sabe hacerlo perfectamente intervino la chica, torciendo la boca.

Ya sabemos que tu padre es muggle, House, gracias por recordárnoslo Johann, se encogió de hombros Pero ya que no quieres irte por las buenas
se arrodilló frente a la chica, que le dedicó una breve mirada interrogante con sus redondos ojos azules Bueno, haré que te marches, aunque sea para intentar matarme.

Y sin previo aviso, le tomó el rostro entre las manos y la besó.

Mientras Anderson arqueaba las cejas, silbando con asombro, pudo percibir débilmente que su amiga no hacía ningún intento de quitarse de encima a Johann. O tal vez era porque estaba demasiado impactada como para reaccionar. Hasta que Johann no se separó de ella, no pudo sino pronunciar una frase en voz alta y clara, poniéndose de pie bruscamente y sacando la varita.

¡Vas a morir, Johann Lindsay!

Acto seguido, se podía ver a Johann corriendo por los pasillos interiores de la Triple A, seguido de cerca por una House de expresión asesina y un Anderson entre divertido y preocupado.

Por eso, ninguno de los tres estuvo presente en el Jardín Pendragón cuando Geoffrey arqueó una ceja de manera altanera al ver la figura de Edmund McGill acercársele. Ya se imaginaba lo que vendría, pero nunca que sería tan pronto. Y menos de la manera en que se dio.

Así que estás penalizado comenzó el ministro, con un tono de voz bajo y desdeñoso, como siempre que trataba un tema desagradable para él.

Señor, no creo que le interese el expediente de un simple Aspirante fue la respuesta de Geoffrey, al tiempo que se encogía de hombros Además, es cosa pasada. La penalización termina oficialmente en septiembre, cuando comiencen las clases ordinarias.

Ante la indiferencia del chico, el ministro carraspeó sonoramente.

No me vengas con cuentos, Adonis espetó en un siseo.

Geoffrey dejó escapar un suspiro de exasperación.

No me llame así exigió de mala gana Y en cuanto a la penalización
Se supone que veré a la Comandante en una media hora consultó su reloj de pulsera No me gusta llegar tarde a ver a mis superiores, así que con su permiso


Apenas dio un paso para dejar el jardín cuando el bastón del ministro se colocó frente a su cuerpo, impidiéndole avanzar.

No te irás hasta que resolvamos esto ordenó.

Disculpe, pero no sé a qué se refiere Geoffrey alzó una mano para quitar el bastón de su camino Yo estoy muy bien en la Triple A. Mientras cumpla con la penalización, podré cursar las materias requeridas para el Nivel 2 el siguiente año. Así que


¿Porqué te penalizaron? quiso saber el ministro, severo.

Ah, nada del otro mundo. Estaba probando un hechizo de cambio de color en un compañero de nivel, pero fue en la clase de la profesora Curiè, así que


¡Estabas haciendo tonterías en clase! exclamó indignado el ministro Eso no va para nada con el comportamiento normal de la familia. A decir verdad, ni siquiera sé cómo se te ocurrió ingresar a la Academia
No es nuestro estilo concluyó, haciendo una mueca.

No será su estilo, señor aclaró Geoffrey con dignidad Así como no es mi estilo estar en una oficina, escribiendo aburridos documentos o mandándole a todo el mundo. Quiero un lugar en el mundo, ¿de acuerdo? Y quiero sentirme orgulloso de habérmelo ganado con mi esfuerzo, no con mi apellido. Y si no tiene más que decirme añadió, consultando de nuevo su reloj tengo que ir a ver a la Comandante.

¿A Holmes? se extrañó el ministro.

Sí, quiere tratar lo de mi penalización, con eso de que me mandó por equivocación a una misión
Geoffrey no le dio mucha importancia a sus palabras, y en cuanto comenzó a irse, se volvió y dijo por encima de su hombro ¡Ah, se me olvidaba! Ya déjeme en paz.

No bien había llegado al corredor de salida del jardín cuando escuchó al ministro vociferar.

¡No me dejes con la palabra en la boca, Adonis!

¡Ya le dije que no me llame así! gritó Geoffrey a su vez, girándose velozmente y sin desandar su camino Y por favor, no me suelte esas frases. Ni que fuera mi madre.

Que Merlín me libre de ser como tu madre espetó el ministro con furioso desprecio No sé qué le vería Apolo a esa
señora.

Geoffrey no hizo más que mirar al hombre con una ira infinita. El ministro no se dejó intimidar, no bajó la vista, pero su bastón tembló ligeramente.

Pues mire, contrario a lo que usted cree, mi madre no tiene la culpa de que quedara en Gryffindor comentó el muchacho como si nada, conteniendo a duras penas las ganas de gritar Y mucho menos de que quiera ser auror. Madure, ¿quiere?

Una frase así no era propia de Geoffrey, eso lo sabían todos los que lo conocían. Pero como Johann había tenido ocasión de comprobar desde que había entrado junto con el chico a la Triple A, el ministro solía sacar de sus casillas a su amigo con mucha facilidad.

¿Entonces a quién debo culpar? indagó el ministro entonces, avanzando hacia Geoffrey con lentitud, pero decidido ¿A tu padre? Disculpa, pero Apolo ha sido de todo menos irresponsable. Él nunca dio estos problemas.

Mejor dicho, él fue como ustedes esperaban, nada más Geoffrey se encogió de hombros En lo personal, no me quejo, papá es un buen hombre. Pero lamento decir que no tengo su carácter, por lo que no puedo ser igual a él. Y ahora que me fijo bien, tampoco puedo ser igual a ninguno de ustedes señaló al ministro con un vago gesto de mano Por favor, viva y deje vivir.

El ministro bufó de tal forma, que toda su cara se arrugó.

¿Dónde aprendes ese tipo de vocabulario? inquirió finalmente. Por su expresión, parecía que había sido la primera idea coherente que se le había ocurrido en esa situación.

Ah, por ahí. En casa, en el colegio, aquí
Geoffrey alzó una mano para abarcar el Jardín Pendragón y sus alrededores Oiga, debería salir más seguido recomendó, sonriendo con ironía.

No si eso me lleva a ser como tu madre.

La nueva afrenta contra su madre hizo que Geoffrey perdiera la paciencia.

Ya estuvo bien espetó de mala gana No tengo porqué tolerar sus insultos. Desquítese conmigo si quiere, pero a mi madre déjela en paz. Ahora, si no tiene algo más importante qué decir, me marcho consultó su reloj Ya voy tarde a mi reunión con la Comandante.

Y sin esperar respuesta, se desapareció, dejando en aquel bello jardín a un hombre que haría el enfado a un lado para darle paso a otro sentimiento mucho peor: rencor.




25 de julio de 2019.

Londres, Inglaterra.

Cuartel General de Aurores, Ministerio de Magia.


El mago alto y moreno que iba en el ascensor, a punto de abandonarlo cuando las puertas se abrieron en la segunda planta del Ministerio de Magia, tuvo que hacerse a un lado al notar que lo empujaban. Un joven con la cabeza llena de castaños rizos había dejado el artefacto y no se veía de buen humor, pero el moreno se sorprendió al escucharlo musitar.

Disculpe usted, señor.

Lo siguió fuera del ascensor y por una coincidencia, fueron los dos a parar al mismo lugar: las puertas dobles que ostentaban un letrero deslustrado que decía Cuartel General de Aurores. El muchacho de cabellos rizados, que en la manga izquierda de su túnica llevaba una mano empuñando una varita, era reconocido fácilmente.

Buenos días, Aspirante se decidió a saludar.

El joven, que evidentemente seguía de mal humor, ladeó la cabeza en su dirección, pero no respondió. Se limitó a respirar hondo y abrir las puertas dobles, entrando al entretenido caos que eran los cubículos de los cazadores de magos tenebrosos.

El mago moreno, sin inmutarse, siguió al muchacho por unos cuantos pasillos, hasta que tuvo que quedarse en un cubículo. Lo vio seguir de largo, sin saludar a nadie, hasta llegar al fondo de la estancia, donde sabía que estaba el cubículo de la aurora Holmes, y luego de llamar, el chico entró a paso lento, pero sin rastro de nerviosismo.

¿Qué miras, Harry?

La pregunta hizo que el mago moreno desviara la vista hacia el ocupante del cubículo, un mago alto, desgarbado y pelirrojo con el rostro lleno de pecas, que sentado a un escritorio repleto de cosas, trataba de redactar una especie de informe.

Al chico que acaba de entrar con la señorita Holmes respondió el mago moreno, tomando asiento en la única silla libre del cubículo, encogiéndose de hombros Era el Aspirante que está viniendo por lo de la penalización.

El pelirrojo frunció el ceño, suspendiendo por un instante su labor.

¡Ah, sí! pareció recordar, añadiendo un par de líneas al informe que escribía Ya me acuerdo. McGill, ¿verdad?

El moreno asintió, acomodándose las gafas redondos que lucía y entrecerrando sus ojos, de un tono verde esmeralda intenso.

No me acordaba que se apellidaba McGill comentó, como si nada ¿Qué sabes de él, Ron?

El pelirrojo, dándole los toques finales a su informe, arqueó una ceja.

Ay, Harry, deberías leer el periódico más seguido. ¿Te acuerdas del artículo que sacó El Profeta el año pasado sobre un pariente del ministro en la Triple A?

Harry asintió.

Pues el dichoso pariente es él Ron indicó con un gesto el cubículo de la aurora Holmes Creo que es su sobrino - nieto, por parte de padre.

Por el apellido, se nota ironizó Harry, cruzándose de brazos.

Ron soltó una carcajada.

Lo extraño del asunto, amigo mío, es que los McGill no se distinguen por ser personas de acción continuó Ron, dejando a un lado la pluma y el informe recién terminado Todos se conforman con trabajos tranquilos que no les dañen el rostro hizo una mueca desdeñosa y al ver el gesto de incomprensión de Harry, se explicó En serio, no sé qué tiene esa familia, pero todos ellos parecen salidos de obras de arte. No hay ni un McGill que sea feo.

Harry se echó a reír.

Mientras tanto, la aurora Holmes se concentraba en explicarle a Geoffrey algunas nuevas tareas que realizaría en el Cuartel en tanto acabara su castigo. El muchacho la escuchaba atentamente, pero a la mujer no se le escapó que se veía sumamente molesto. Terminó de darle instrucciones y carraspeando, dijo con cautela.

McGill, si no es indiscreción, ¿se puede saber qué lo tiene tan malhumorado?

El nombrado, descruzando los brazos, dejó escapar un breve suspiro.

Asuntos familiares, Comandante respondió Geoffrey con sencillez Nada relevante.

La aurora Holmes arqueó una ceja, dando a entender claramente que no le creía, pero decidió no hacer más comentarios. Asintió en silencio y con un ademán, le ordenó retirarse. Geoffrey se puso de pie, pero cuando estaba a punto de salir, se detuvo de golpe.

Disculpe, Comandante la llamó con un débil dejo de timidez en la voz Si no es mucha molestia, ¿puedo pedirle un favor?

La aurora asintió, observándolo con atención. Detectó que el muchacho ladeaba la cabeza con aire reflexivo, lo que hacía que sus rizos cayeran sobre uno de sus hombros.

Espero no parecer arrogante ni nada, pero
Geoffrey respiró hondo Llámeme Caine.

La aurora lo mira notoriamente sorprendida.

¿Disculpe? es todo lo que se le ocurre decir.

Geoffrey se aclara la garganta.

No más McGill para mí, Comandante afirma con rotundidad Ahora soy Caine.

Acto seguido, hace una inclinación respetuosa de cabeza y se retira del cubículo.

Para el final de ese día, ya todos en el Cuartel General de Aurores están murmurando sobre cómo un pariente del Ministro de Magia había renegado de su apellido.

(1) Pendragón, según leyendas antiguas de Reino Unido, era el padre del mítico rey Arturo.




6 de Noviembre del 2007. 11:30 A.M. (Hora de Aguascalientes, Ags.)

Hola a todo el mundo. ¿Qué, desean hacerme algo por tan prolongada ausencia? Pues mejor resérvense las ganas, damas y caballeros, porque al rato querrán hacerme más, jajaja.

Saludando desde una compu del sitio donde realizo mi servicio social (para más detalles, consulten mi bitácora en línea, que por cierto, al rato voy a actualizar, jajaja), me siento orgullosa de terminar este capi. Se supone que tenía más, pero debido al tamaño (ya van 17 páginas de Word), prefiero cortarle aquí. Es que quiero que lo que sigue les encante.

Y ahí va la otra razón por la que seguramente, al rato querrán matarme: decidí, de buenas a primeras, cortar el presente capi en dos partes, ¿porqué? Ah, buena pregunta, mis queridos educandos
Ups, perdón, quiero decir fan’s
Miren, la explicación es simple: lo de Geoffrey me resultó tan intenso, que creí conveniente dejar la miel y la ternura para más tarde.

Además, les tengo una nueva, ¡me largo de excursión! Sí, el fin de semana me voy al DF, a Puebla y no me acuerdo a dónde más (tengo que preguntarle a mi madre), así que quise dejarles algo para que me esperen a gusto, porque al menos para el capi siguiente, tengo la idea clarísima.

Pero pasemos a los comentarios de este capi, que el entusiasmo por escribir más me rebasa.

Lo principal, como seguramente notaron, fue presentar la situación de Geoffrey Adonis McGill
Sí, sé lo que están pensando, ¿porqué le pones semejante segundo nombre? Pues para quienes ya me conocen, no debería extrañarles, yo soy muy expresiva con eso de los nombres. Para quienes lo dudaron, Apolo es el padre de Geoffrey, ¡pobre hombre! Pero bueno, ya vimos de pluma de la propia Rowling que los magos tienen nombres tan raros, que
Bueno, creo que me entienden. Y espero que entiendan también al pobre chico, con eso de andar cambiándose el apellido. El ministro, como ven, lo provocó con ganas.

También presento la versión de Geoffrey de lo sucedido el 26 de junio, ¿a que no se lo esperaban? Ya sabemos una cosa más por la que Holmes y otros más no está contenta en el Ministerio: Edmund McGill. Este tipo
No sé, aún no termino de definirlo bien en mi propia mente, pero como habrán podido notar, no parece querer mucho a la madre de Geoffrey, ¿porqué? Ah, se las dejo de tarea. Una cosa sí les digo: el ministro es un idiota. Ya me dirán si no. Aunque me di una idea cuando lo presenté en el capi 5, Contratiempos.

Por otra parte, quise presentarles dos de mis nuevas obsesiones televisivas con indirectas, ¿adivinaron cuáles? Vamos, no es tan difícil, chicos y chicas. Están más claras que el agua. Pero en fin, veremos quién las nota. ¿Es mi imaginación o últimamente ando metiendo mucha farándula en mis historias? Que alguien me diga lo que piensa, por fa, porque yo ya no sé nada.

Y presentando de paso a Johann Lindsay (que no sé porqué el nombre me recuerda a Lindsay Lohan, nótese el sarcasmo) como un casanova en potencia (pobre de House), a Ken Wood como un Aspirante superdotado (oigan, eso de estar en Nivel 1 nada más salir de Hogwarts es un logro), a Lester Anderson también de Aspirante (sí, era Lester Anderson, el amigo de Catherine Bruce) y una aparición honoraria de Kingsley Shacklebolt como profesor de Sigilo y Rastreo, me despido.

Cuídense, abríguense bien (hace un montón de frío por acá, pero los del otro hemisferio seguro pronto se asan de calor), ayuden a Tabasco (no sean malos, con las inundaciones la están pasando fatal) y nos leemos pronto.

P.D. Título del próximo capi (que nomás les doy porque soy generosa y porque se las debo por a mi larga ausencia): Sangre ganada. A ver si adivinan más o menos de qué trata.

A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.

 

Diez: Sangre ganada.

26 de julio de 2019.

Buenos Aires, Argentina.

Oficina de Asuntos Familiares de Magos Menores de Edad, Secretaría de Magia.

La República Argentina, uno de los países más grandes de América en cuestión territorial, se sentía orgullosa de sus políticas. Sus habitantes, además de tener en claro lo que significaba ser originario de ese país (donde el español, lengua oficial, convivía sin problemas con el guaraní), sabían de sobra que si dañaban a uno, los dañaban a todos. Actualmente, ese punto de vista tan solidario, era más seguido por los magos que por los muggles. Y es que los magos, cuando recibían ayuda, no olvidaban fácilmente.

La Casa Rosada, sede del gobierno muggle argentino, es una construcción que no puede pasarse por alto al visitar la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, capital de la nación. Con su característico color, ya da un primer motivo para fotografiarla y admirarla. Un paseo por la Plaza de Mayo, donde se encuentra dicho edificio, tampoco puede faltar, pero los magos argentinos rara vez pueden darse ese lujo. Cuando van a la Plaza de Mayo, no pueden ver mucho tiempo la fachada de la Casa Rosada, sino que tienen que irse directamente al callejón que está tras la misma, ir a una pequeña puerta blanca de madera y entrar por ella.

La Casa Rosada, en un ala trasera de considerables dimensiones, escondía la Secretaría de Magia de Argentina, lo que a algunos otros países acababa sorprendiendo en cuanto se enteraban. ¿Cómo podía operar la Secretaría sin ser detectado por muggles, siendo que desde la Casa Rosada se dirigía también su gobierno? Simple: el presidente y vicepresidente en turno tenían pleno conocimiento de la existencia de la Secretaría en el inmueble, pero se abstenían de contarlo y de saber sus asuntos. Se les había dicho que solamente se solicitaría su presencia cuando los muggles estuvieran en riesgo y eso no había pasado en los últimos ciento cincuenta años. Argentina, al igual que los demás países de América Latina, tenía políticas mágicas de resolución pacífica de conflictos y rara vez había consecuencias para los muggles.

 

Sin embargo, se había presentado una situación sumamente irregular. El Secretario de Magia argentino, hombre de armas tomar, había decidido a principios de esa semana tener una reunión con el presidente y el vicepresidente muggles para ponerlos al tanto de lo que ocurría en la comunidad mágica mundial, previniéndolos de posibles desastres futuros. Ambos hombres, si bien no se lo tomaron muy bien, agradecieron la advertencia y se pusieron a disposición del Secretario para lo que hiciera falta. Éste, a su vez, les prometió protección mágica si se enteraba de algún peligro para ellos. Los tres hombres se despidieron con un vago temor, pero en buenos términos.

Esa reunión ocupaba los encabezados del Añete (1), el periódico mágico nacional. Aquel último viernes de julio, los argentinos estaban sutilmente divididos: unos creían que el Secretario de Magia había hecho bien en avisarles a los gobernantes muggles de lo que podía pasar, mientras que otros afirmaban que no había valido la pena semejante amabilidad del Secretario.

El señor Secretario Perón tuvo reunión de Estado con el gobierno muggle.

Una chica de largo cabello oscuro y ojos color verde olivo, estaba sentada en un pasillo de la Oficina de Asuntos Familiares de Magos Menores de Edad, en la Secretaría de Magia argentina, a primera hora de la mañana. Prácticamente se había pasado la última semana en ese lugar, con viajes esporádicos a su casa y a caminar a la Plaza de Mayo, y empezaba a sentirse harta. Ahora, mientras leía su ejemplar del Añete, fruncía el ceño con evidente fastidio. La prensa, al parecer, estaba del lado de los que creían innecesario advertir a los muggles de posibles peligros.

¿Qué dice el periódico, Pili?

La pregunta, hecha en inglés por un hombre delgado de cabello castaño entrecano y ojos claros, sacó a la joven ojiverde de sus pensamientos.

El Secretario estuvo con el presidente y el vicepresidente muggles respondió la chica en inglés, encogiéndose de hombros al mismo tiempo Seguramente para ponerlos al tanto de lo del Pastoreo y para prevenirlos sobre lo que puede venir.

El hombre asintió, mirando el periódico de la joven de reojo. En la primera plana, además del titular (que cada cierto tiempo, cambiaba del español al guaraní), podía verse la fotografía de un hombre rubio con algunas arrugas surcándole la frente, sentado a una redonda mesa de madera con otros dos hombres, uno moreno y otro de tez clara, ambos vestidos de manera muggle. De fondo, en una pared, podía verse la bandera argentina.

¿Eso es malo? quiso saber el hombre, señalando la fotografía.

La chica, frunciendo el ceño ligeramente, negó al cabo de unos segundos.

 

Los muggles tienen derecho a saber lo que les espera opinó con sensatez.

El hombre asintió justo cuando la puerta de madera frente a ellos se abrió, dando paso a una bruja con una túnica azul marino que en la parte superior izquierda del pecho, tenía un círculo a rayas blancas y azul celeste, con las iniciales SMRA en amarillo. La bruja llevaba de la mano a una pequeña que no tendría más de nueve años, con innumerables rizos castaños en la cabeza y unos ojos preciosos, castaños con vetas doradas, que veían en todas direcciones con aire asustado.

Buenos días saludó la bruja en español Ahí tienen a la niña hizo una mueca de fastidio que no pasó desapercibida No pude sacarle ni una palabra.

La muchacha ojiverde, Pili, intercambió una ojeada con el hombre castaño, quien a su vez, se veía sumamente sorprendido.

Pero habla nuestro idioma aseguro Pili por fin, en español.

Pues no entendí nada de lo que dijo rebatió la bruja con gesto de cansancio Quiero ver si ustedes la pueden hacer hablar.

La chica, visiblemente contrariada por lo insensible que se estaba portando aquella mujer, se acercó a la pequeña, tendiéndole una mano.

Hola saludó dulcemente ¿Te acuerdas de mí?

La chiquilla, clavándole la mirada con intensidad, poco a poco mostró una sonrisa de alivio.

¡Tike (2)! exclamó, zafándose de la bruja y corriendo hacia la joven de ojos verdes, que la recibió con cierta sorpresa.

¿Ves lo que te digo? se quejó la bruja, negando con la cabeza.

No sé porqué no puede entenderla se extrañó Pili, sonriendo levemente al corresponderle el abrazo a la niña ¿No hablás guaraní?

Ante la negativa de la bruja, Pili se inclinó hacia la niña, le susurró unas cuantas palabras y enderezándose, se volvió hacia el hombre castaño.

Le pedí que hable español informó en inglés Se asustó cuando la separaron de nosotros y se soltó hablando en guaraní. No se preocupe, profesor. Yo le traduciré todo.

El hombre, visiblemente aliviado, asintió.

Bonita le dijo Pili a la niña en español ¿Puedes contestar las preguntas de la señora?

La pequeña, mirando alternativamente a la chica y a la bruja, asintió en silencio con la cabeza. La bruja, aclarándose la garganta un poco y con expresión un tanto avergonzada, inquirió.

¿Cómo te llamas, pequeña?

El tono era serio, pero no brusco, así que la niña no sintió temor al responder.

Jasy (3).

¡Qué tierno! se le escapó a Pili por lo bajo.

La bruja la vio con cara de pocos amigos.

Perdón se disculpó la muchacha en el acto.

Durante los siguientes cinco minutos, la bruja se dedicó a hacerle preguntas a Jasy, que eran respondidas de manera corta. Pili, cada dos o tres preguntas, se volvía hacia el Profesor y traducía la entrevista (que más bien parecía interrogatorio), con lo que se enteraron de varias cosas.

Jasy vivía en la provincia de Corrientes, lo que explicaba que supiera guaraní (en esa provincia, el mencionado dialecto era lengua oficial junto con el español) y que su nombre fuera de ese lenguaje. La Casa Hogar Santa María del Sol había sido su hogar desde que tenía memoria, y eso le llevó a Pili a comprender que era huérfana, igual que ella. Pero además, por lo que pudo escuchar, Jasy no consideraba del todo raro lo que había visto en Machu Picchu.

 

He visto cosas más raras confesó, respondiendo a la última pregunta que le hizo la bruja de túnica azul marino, ¿te asustaste con algo de lo que viste?

¿Porqué dices eso? quiso saber la bruja, frunciendo el ceño.

Pero Jasy torció la boca, negándose a hablar más. Por lo visto, la pregunta era de algo que no tenía intenciones de revelar. Pili, arqueando una ceja, se volvió hacia el Profesor, quien la interrogó con un movimiento de cabeza.

No le extrañó mucho lo que vio en el Pastoreo le dijo en inglés sin más.

El Profesor asintió, sacó su varita y dando un par de pasos, se acercó a la pequeña, quien al reconocerlo, le sonrió de manera cálida e inocente.

Pili, ¿podrías traducir? solicitó el Profesor.

La aludida asintió y se acercó, ante la expresión reprobatoria de la bruja de azul marino.

Pequeña, ¿sabes qué es esto? inquirió el Profesor con calma, mostrándole la varita a Jasy.

Pili repitió la pregunta en español y Jasy, inclinando levemente la cabeza, negó.

¿Quieres sostenerla un poco? quiso saber el Profesor.

La joven ojiverde tradujo la pregunta, un tanto extrañada, y su sorpresa fue mayúscula cuando Jasy, un tanto más emocionada que cuando la abrazó minutos antes, asintió con vehemencia.

El Profesor, sonriendo con cordialidad, le colocó la varita en la mano y Jasy se le quedó viendo al instrumento mágico con fascinación. La alzó un poco ante sus ojos, con una cara entre respetuosa y asombrada, y se sobresaltó cuando con un movimiento brusco, unas chispas doradas salieron de la punta de la varita. Tanto Pili como la bruja de azul marino dieron un respingo.

Dile a la señorita que esta niña es bruja le indicó el Profesor a Pili, luego de quitarle suavemente la varita a Jasy, quien en el proceso, se había aferrado a una de las manos del hombre Las varitas siempre reaccionan con los magos, sean o no sus dueños.

Pili, un tanto nerviosa, le dijo a la bruja en español lo que el Profesor quería. Cuando terminó, la bruja torció la boca en un gesto desagradable, pero antes de decir algo, entró a su oficina para volver instantes después con un fajo de pergaminos que le tendió al hombre mientras dictaba con contrariedad lo que parecían órdenes.

Pili, que sí entendía lo que la bruja decía, se impacientó a medida que la bruja aumentaba el volumen de su voz. Cuando por fin la bruja terminó su discurso, dio media vuelta y se metió a su oficina dando un portazo, dejando a un extrañado Profesor con un montón de pergaminos en una mano y a Jasy prendido de la otra. Se giró hacia Pili, buscando respuestas.

Ah
La señorita le da los documentos que pidió comenzó la joven con timidez Dice que
Allá usted si quiere una niña así y que
Bueno, que tardará al menos un año en conseguir cerrar el trámite, pero que la custodia temporal es suya si consigue una carta de recomendación de su gobierno. Disculpe que pregunte, pero
Profesor, ¿va en serio? ¿Se quiere quedar con Jasy?

El Profesor, dirigiéndole su clara mirada, asintió con convicción, para luego ver largamente a la niña que seguía tomándole la mano con fuerza, con sus ojitos viendo de un lado a otro como si esperara que en cualquier momento, se la llevaran lejos de aquel par de personas que se habían convertido tanto en sus héroes como en su manada.

 

La historia era larga, si es que no se tenía mucho interés en escucharla. El Profesor, pese a ser extranjero, fue tratado como local en cuanto el grupo de licántropos suramericanos del Pastoreo Lunar del mes regresó a la civilización por medio del pasaje subterráneo mágico de Machu Picchu. A todos los licántropos se les interrogó severamente, pues el rastro de magia en el valle del Pastoreo no pasó desapercibido para la Confederación Suramericana de Magos, en ninguna de sus sedes. Los hombres y mujeres lobo del grupo, reunidos en Cuzco, Perú, tuvieron que tolerar toda clase de trámites para deslindarse del desastre en las cercanías de las afamadas ruinas incas, además de que permanecieron incomunicados. Era por eso que Jasy se había abalanzado sobre Pili en cuanto la vio y no soltaba al Profesor: todo aquello de ser tratada como una licántropa era nuevo para ella y seguramente, los magos adultos con los que estuvo esos días de aislamiento no la habían hecho sentir bien.

Pero la separación forzada, mientras las distintas Secretarías de Magia de Suramérica resolvían el asunto del incendio en Machu Picchu, no evitaron que el Profesor se sintiera irremediablemente encariñado con Jasy. La niña tenía un aspecto dulce y desvalido, que invitaba a protegerla y consentirla, pero además, al Profesor le recordaba a alguien. Antes de separarse de ella, la había sostenido en brazos, dormida profundamente, y sonrió con nostalgia imaginando que esa pequeña era la representación perfecta de algo que daba por perdido: la posibilidad de tener hijos. Había que admitir lo obvio: ya no estaba en edad adecuada para ser padre. Por mucho que lo anhelara, sabía que no se haría realidad.

Aunque eso no le afectaba cuando estaba con Jasy. La chiquilla, hasta el momento, le había demostrado un gran afecto, y eso que ya había visto su peor lado. Lado que por desgracia ahora compartían, recordó con pesar. Sintió ira contra Llaksa Yanakilla, ese ser que no merecía ser llamado hombre, pero al instante recordaba la delicada carita de Jasy y se decía que no valía la pena almacenar rencor. Mejor concentrarse en hacer feliz a la pequeña
O todo lo feliz que podía ser una licántropa a esa edad.

Pili, por su parte, detectó que el Profesor no bromeaba en absoluto. Ella había sido testigo de cómo el hombre procuraba que la niña estuviera bien cuando salían del valle, cuando abandonaban el pasillo subterráneo cuando la luna dejó de estar llena, cuando bajaban de la montaña y cuando llegaron finalmente a la Residencia Lunar (el refugio de los licántropos suramericanos en Cuzco para cuando terminaban el Pastoreo). Mientras las mujeres lobo se ocupaban de los niños y los licántropos se organizaban para avisar a sus respectivas Secretarías, el Profesor se había mantenido al margen. Sentado en un catre con una manta a rayas, entretenía a Jasy con unos sencillos trucos de varita, a los que la chiquilla siempre respondía con una sonrisa. Al quedarse dormida finalmente, en brazos del Profesor, a Pili no le cupo la menor duda que los dos habían simpatizado. Es más, si ella estuviera en el lugar de Jasy, hubiera reaccionado igual: también habría sostenido la mano de aquel amable caballero extranjero como si su vida dependiera de ello.

 

Y su vida sí que había dependido de ello. Jasy parecía que no resistiría su primera luna llena, pero el Profesor se había encargado de atenderla tan bien, que ahora la niña apenas si se veía con alguna lesión causada por el episodio. Eso había contribuido, en gran medida, a que cada vez que el Profesor la veía o le hablaba, Jasy le prestara toda su atención.

Justo como pasaba ahora.

Pili suspiró, entre cansada y resignada. A ella no le había tocado tanta suerte de niña, porque la habían mordido cuando tenía cuatro años y en circunstancias peores. Como que había sido el mismo Yanakilla quien la había convertido y casi matado en el proceso, de no ser porque el día se le vino encima y la dejó agonizante en un terreno baldío muy cerca de un arrabal de Buenos Aires.

Ahí había empezado su vida de desgracia. En primer lugar, quien la encontró no fue otra que su actual tutora, Imelda Jusid, que casi de inmediato reconoció a la malherida niñita como una bruja, así que la llevó a Raymi apareciéndose, encomendándose a un sanador amigo suyo. Éste, luego de darle el diagnóstico, aseguró que Pili viviría y se puso en contacto con la Secretaría de Magia argentina, que luego de hacer sus respectivas investigaciones, determinaron que la señora Jusid se hiciera cargo de Pili, porque debido a su condición, no podía seguir en su orfanato ni un día más. Sobra decir que a la señora Jusid, la disposición secretarial no le hizo ninguna gracia.

Imelda Jusid era una auténtica ermitaña. No hablaba con nadie ni dependía de nadie; hacía todo sola en la medida de lo posible. El mundo mágico parecía molestarle, así que vivía la mayoría del tiempo como muggle. Y Pili se había convertido en su carga más pesada, pues representaba todo aquello que la exasperaba más: compañía, magia y juventud.

Por eso Pili nunca la llamaba cuando el Pastoreo Lunar terminaba. Según las reglas de la Confederación Suramericana de Magos, cuando el Pastoreo concluía, los licántropos menores de edad eran recogidos por sus padres o tutores en la Residencia Lunar de Cuzco. Pero con Pili nunca era así. La primera vez que asistió al Pastoreo y éste acabó, la lechuza que le mandó a la señora Jusid nunca obtuvo respuesta. Tuvo que pedirle amablemente a un licántropo, argentino también, que la llevara a la Plaza de Mayo, inventándose que su tutora no había podido ir por ella.

Y hablando de la reina de Roma

Una mujer avanzaba por el pasillo, haciendo evidentes movimientos para evitar el contacto con quien anduviera cerca. Vestía una túnica marrón deslucida, que no parecía combinar mucho con la bufanda a rayas blancas y celestes que le envolvía el cuello. Su cabello estaba entrecano y su rostro, surcado de arrugas por todas partes, sobre todo en las comisuras de los labios y cerca de los ojos pequeños y oscuros. Quien la viera, podía pensar que era una mujer mayor, sin nada llamativo a pesar del cuerpo bien proporcionado. Sin embargo, en cuanto alguien la trataba, saltaba a la vista que carácter le sobraba.

Ahí va musitó la muchacha, viendo cómo su tutora se le acercaba.

Pronto, la mujer de túnica marrón la tenía a dos pasos de distancia y se decidió a hablar.

¿Se puede saber porqué no volviste a casa enseguida?

La pregunta tomó a Pili completamente desprevenida.

 

Mandé una lechuza se explicó de inmediato en español. A su lado, el Profesor la observó con interés, sin soltar la mano de Jasy El Profesor necesita a alguien que le sirva de traductor señaló al hombre castaño, quien al notar eso, esbozó un gesto cortés e inclinó la cabeza.

Me importa un cominoespetó la señora Jusid Me pone de muy mala leche que ignores mis órdenes, lo sabes perfectamente. Y más para hacerme venir a este atolladero.

Pili arqueó una ceja, sin impacientarse demasiado. Sabía que la señora Jusid detestaba las multitudes, pero si le seguía la pelea, las cosas acabarían muy mal. Suspiró.

Pues lo siento, pero yo me quedo se resolvió a contestar Ya me iré a casa en taxi.

¿Con qué plata, si puede saberse? repuso la señora Jusid, triunfante.

Pili se encogió de hombros.

Ya me las arreglaré.

No pensaba pedirle ni un knut a su tutora, de ninguna manera. La última vez que lo había hecho, Pili acabó pidiendo prestados los libros las primeras dos semanas de curso en Orixá, en castigo por gastarse unos cuantos sickles en una bufanda.

La señora Jusid estaba a punto de replicar cuando tras ella, se vio acercarse a un mago alto, moreno y de cabello claro, que se quedó mirando la escena con genuino interés.

Nada, vienes conmigo, chica la señora Jusid dio un paso hacia Pili, estirando una mano Tenemos mucho qué hacer, ¿pues tú de qué vas? Las clases comienzan la semana entrante, tuve que recibir tus lechuzas y peor, ¡hacer tus compras! Por no mencionar a tus amiguitos, preguntándome por ti cada dos por tres. Y además

¿Porqué no me recogisteis entonces en la Residencia? quiso saber Pili fingiendo inocencia, cruzándose de brazos y sin intenciones de ceder.

La señora Jusid hizo una mueca de repulsión que no pasó desapercibida para el Profesor.

¿Pilar Asís-Rinaldi?

El llamado vino del hombre tras la señora Jusid, quien dio un respingo. Pili, extrañada, asintió, arqueando una ceja, pues la cara de aquel hombre le sonaba de algo. El Profesor, sin comprender, se colocó a espaldas de Pili, con Jasy aferrada a su mano y sus ojitos muy abiertos.

Soy Benjamín Asís-Borges, miembro de la Confederación Suramericana de Magos, sede argentina se presentó el hombre, sonriendo levemente antes de ponerse completamente serio Se nos informó que no había ido a casa directamente desde la Residencia Lunar, señorita Asís-Rinaldi. ¿Se puede saber el motivo exacto?

Pili suspiró, resignada a contestar preguntas absurdas del sistema burocrático, cuando de pronto el señor Asís-Borges sonrió un poco más.

Mejor no digáis nada, niñapidió, agitando la mano izquierda, con lo que fue visible que en el pecho, de ese lado, había un círculo a rayas blancas y celestes con las letras SMRA Ya nos dieron el pitazo de lo que está pasando con vos se volvió hacia la señora Jusid Mi estimada señora, me temo que acaba de perder a su tutelada.

¿¡QUÉ!?

La exclamación fue idéntica, pero hecha en distintos tonos. Mientras que la señora Jusid sonaba indignada, Pili dejó translucir un dejo de alivio.

¿Pero de qué va esto? soltó la señora Jusid, sin poder contenerse más Señor
Asís-Borges, ¿no? el hombre confirmó que el apellido era correcto con un asentimiento, antes de seguir oyendo sus quejas Yo no he hecho nada malo con esa niña, ¿qué se supone que pasa aquí?

 

Simple, señora el señor Asís-Borges, por alguna extraña razón, parecía contener a duras penas la risa La Confederación monitorea cuidadosamente las actividades del Pastoreo Lunar, ayudándose con el personal de la Residencia Lunar de Cuzco, y sabemos de buena fuente que nunca ha hecho nada por la chica miró a Pili con cierto afecto antes de seguir Como que fui yo quien la llevó a la Plaza de Mayo después de su primer Pastoreo.

¡Claro, ahora lo recordaba! Y no se explicaba cómo había podido olvidarlo, si el tipo era un monumento, tal como seguramente lo llamaría su amiga Paty. Si hasta parecía actor de televisión.

Aunque claro, también el apellido compuesto debió darle alguna pista. En Suramérica, como en el resto de América Latina, los magos y brujas usaban oficialmente dos apellidos: el paterno y el materno, en ese orden. Sin embargo, por motivos prácticos solía nombrarse solamente un apellido en trámites y actos solemnes. Y en el caso de los licántropos de Argentina, su primer apellido era antecedido por Asís, pues según las historias antiguas que todavía estaban vigentes, así se había llamado el primer hombre-lobo del país. En el caso de Pili y otros huérfanos licántropos, el apellido compuesto se convertía en sus dos apellidos cuando era necesario.

Pero volviendo al tema del señor Asís-Borges
Bien, era oficial: su amistad con Paty le estaba afectando el cerebro. ¿Cómo se le ocurría pensar que un hombre era atractivo con un novio tan cariñoso (y también atractivo, había que reconocerlo) como Paulo? En cuanto le escribiera a Paty, le prohibiría volver a hablar de esas cursis telenovelas muggles que a la rubia tanto le gustaban
Por los actores, claro. ¿Qué diría Pedro al respecto, por cierto, ahora que era el novio de Paty?

Cuando se dio cuenta que divagaba, Pili sacudió la cabeza, moviéndola de un lado a otro, y centró su atención en la discusión que había iniciado la señora Jusid con el señor Asís-Borges.

Pero eso no es posible renegaba entonces la señora Jusid En ningún momento me llegó alguna queja de parte de la Confederación. ¿Está seguro de lo que dice? escudriñó al señor Asís-Borges con la mirada, como buscando en su semblante alguna seña de una mentira.

El señor Borges, por toda respuesta, asintió.

La Confederación encomienda los casos sospechosos a un delegado, que deberá hacer de espía el hombre sonrió entre orgulloso y alegre, justo cuando la bruja que había interrogado a Jasy salía de su oficina. La bruja lo vio, sonrió de manera boba por el aspecto del hombre y acto seguido, se perdió por el pasillo apresuradamente Y siendo el miembro licántropo de la Confederación, ¿quién mejor que yo para el trabajo? se cruzó de brazos y borrando la sonrisa de su rostro completamente, clavó los ojos en la señora Jusid de manera acusadora No se preocupa por esta niña, señora, y es inútil que siga fingiendo.

La señora Jusid, sabiéndose descubierta, solamente atinó a hacer un mohín de disgusto, dar media vuelta y salir de allí evitando a toda costa chocar con los magos y brujas que iban y venían por el pasillo. Al verla retirarse, el señor Asís-Borges se descruzó de brazos, emitió un breve suspiro y se volvió hacia Pili, que desde hacía unos segundos, tenía aspecto asombrado.

 

Y no era para menos, ¡de buenas a primeras, se había quedado sin tutora! No era que la señora Jusid le cayera especialmente bien, pero sabía que la necesitaba. ¿Dónde viviría ahora? ¿Quién le compraría lo que le hiciera falta para la escuela? En pocas palabras, ¿qué pasaría con ella?

Enviaremos a alguien de la Secretaría a recoger vuestras cosas dijo entonces el señor Asís-Borges, como si le hubiera leído el pensamiento Lo que sea de vos, es presumible que se compró con el dinero que la República otorgó para su manutención. Señorita Asís-Rinaldi, ¿gustaríais informarme de lo que hay que recoger de casa de la señora Jusid?

Pili, suspirando, asintió y luego que el señor Borges sacó de sus bolsillos un pergamino arrugado y una pluma a vuelapluma azul, comenzó a enumerar las pertenencias que podía recordar: ropa, libros, objetos personales
No paró hasta que nombró lo último (una secadora de cabello muggle de color verde que le había regalado Pedro en su último cumpleaños).

Veremos que no falte nada prometió el señor Borges, guardándose el pergamino y la pluma Mientras tanto, ira a vivir al Kuarahi (4), ¿de acuerdo?

Pili asintió de nuevo, pero de manera vaga. El Hospital Mágico Multicultural Kuarahi contaba con un espacioso albergue para magos y brujas sin hogar. No era desagradable, pero Pili odiaba los hospitales. O tal ves eso tenía que ver con que la señora Jusid casi siempre la llevaba a centros muggles cuando enfermaba. Ya casi no se acordaba cómo era ser atendida por un sanador.

Ah, Pili, disculpa
llamó tímidamente el Profesor.

La muchacha se giró hacia él, sobresaltada. Se le había olvidado que seguía ahí.

Lo siento, Profesor se disculpó ¿Qué pasa?

El Profesor vio de reojo al señor Asís-Borges, que parecía esperar algo, antes de hablar.

¿Hay algún problema?

Pili negó con la cabeza, sonriendo levemente.

No, con usted no respondió El señor le informó unas cuantas cosas a mi tutora
Bueno, a mi ex-tutora se corrigió, encogiéndose de hombros Si quiere mi opinión, es un asunto molesto en sumo grado. Quisiera que no hubiera tantas complicaciones en el mundo.

La frase le sonó al Profesor algo rebuscada, pero estuvo seguro de comprender a qué se refería. Para él, el mundo siempre era más complicado de lo que parecía para los demás.

Disculpe llamó de pronto el señor Asís-Borges, arqueando una ceja en tono interrogativo y dirigiéndose al Profesor Señor, ¿usted es
?

Pili tradujo la pregunta, y el Profesor, luego de meditarlo por unos segundos, la autorizó a que contestara con la verdad. Verdaderamente extrañada, Pili obedeció.

Es el profesor Remus Lupin, señor Asís-Borges. Vino desde Reino Unido a
a visitarme durante el Pastoreo y a
hablar con algunos de nuestros congéneres.

¿Y de qué quería hablarnos, señor?

El que el señor Asís-Borges formulara la pregunta en inglés sorprendió notoriamente a Pili y al profesor Lupin, que solamente atinaron a mirarse, sin saber qué decir. Jasy, en tanto, no podía más que ver al profesor Lupin con gesto de extrañeza, queriendo saber qué ocurría.

Tengo entendido, señor, que usted es inglés siguió el señor Asís-Borges, adoptando poco a poco seriedad en su expresión El Añete cuenta todo tipo de historias al respecto. Y no solamente nuestro periódico, sino los demás diarios mágicos del mundo. Con las cosas como están, no creo que le extrañe que los reporteros se den vuelo con una noticia semejante.

 

El profesor Lupin asintió sin mucha emoción.

Si algo se le ofrece de nosotros, sus congéneres americanos, puede pedirlo ofreció el hombre Pero si es algo que la Confederación no debe saber
prosiguió en voz baja
será mejor que nos veamos en otro momento y lugar, para hablar con libertad. Sinceramente, no me agrada la actitud que pretende tomar la Confederación para con nosotros si efectivamente entramos en guerra, y quiero formar parte de la diferencia, si es que hay la oportunidad de una.

Después de eso, el señor Asís-Borges observó al profesor Lupin con determinación, dando a entender que hablaba en serio. Por su parte, el profesor no esperaba una respuesta así por parte de alguien con un cargo tan importante en ese país, así que le tomó algunos minutos recuperarse de la impresión. Pili, al ver que no era necesaria su intervención en la charla, se hizo cargo de Jasy, que veía a los adultos sin comprender ni una palabra de lo que decían.

Señor pudo decirle el profesor Lupin finalmente al señor Asís-Borges Me alegra
Me alegra mucho que comprenda la situación. Y sí, abusando de su generosidad
quisiera saber si nuestros congéneres argentinos estarían dispuestos a ayudar en la guerra. Aunque de una forma que no es muy convencional.

El señor Asís-Borges asintió, y por la expresión de su rostro, se notaba satisfecho. De pronto, pareció acordarse de algo, porque giró levemente la cabeza hacia donde Pili se había sentado con Jasy en las rodillas, en espera de alguna novedad.

Señorita Asís-Rinaldi llamó en español, con tono cordial Digame una cosa, ¿qué tiene pensado hacer de ahora en adelante?

¿Perdón? dejó escapar la muchacha, sobresaltando a Jasy.

Es que tengo una excelente idea anunció el señor Asís-Borges, con una sonrisa de niño malo que los otros tres licántropos (sí, Jasy incluida) captaron con asombro Miren, matará dos pájaros de un tiro el hombre adoptó el inglés para que también lo comprendiera el profesor Lupin Usted, profesor Lupin, ¿es cierto lo que nos informó este departamento? ¿Que quiere adoptar oficialmente a la nueva licántropa?

Vio a Jasy de reojo, pero con tanta cordialidad que la chiquilla le dedicó una tímida sonrisa.

Ah
sí, es cierto respondió el profesor Lupin, extrañado ¿Pero eso qué
?

Señorita Asís-Rinaldi el señor Asís-Borges se volvió hacia la susodicha Respóndame una cosa, ¿qué sabe de la adopción inversa?

Pili se quedó con la boca abierta. Literalmente.

¿Quiere que inicie eso? pudo preguntar finalmente.

¿De qué están hablando? quiso saber el profesor Lupin.

Eso
es poco común hoy en día procedió a explicar el señor Asís-Borges En América Latina, cuando un mago o bruja menor de edad cumple quince años y es huérfano, tiene derecho a solicitar la adopción inversa; o sea, a ser ellos quienes adopten padres. Es un procedimiento similar al que usted acaba de iniciar con la pequeña indicó a Jasy con una mano pero más complicado, dado que para ello, tanto el menor de edad como la familia a adoptar son cuidadosamente evaluados por la Secretaría. Además, en este caso la adoptante inversa sería licántropa frunció el ceño, como si de repente algo estuviera mal en su brillante plan La familia a adoptar, a juicio de la Secretaría, tendría que estar muy loca o contar con medios para los cuidados especiales de un licántropo, porque si no

 

¡Remus! llamó una voz femenina ¡Remus, aquí!

La voz venía del final del pasillo, a duras penas se oía entre el alboroto. El profesor Lupin levantó la cabeza todo lo posible, pero fue Pili, encaramada a su asiento después de dejar en el suelo a Jasy (que se le quedó viendo a la joven con una débil sonrisa, antes de imitarla), quien descubrió el origen de los gritos.

Profesor llamó en inglés Es su mujer.

El profesor no cupo en sí de admiración al distinguir por sí mismo la cabeza llena de rizos de Heather, abriéndose paso entre el gentío. Cuando por fin lo logró, recuperó el aliento con una gran bocanada de aire, antes de lanzarse a los brazos de su marido.

¡Me tenías preocupada! exclamó Remus, cuando leí El Profeta pensé
¿Nadie salió herido, verdad? preguntó de pronto, al notar que su esposo no correspondía a su abrazo ¿Todos esos licántropos están bien, cierto?

La pregunta, comprendida a la perfección por el señor Asís-Borges, era sorprendente. A él, al igual que a muchos licántropos, le sorprendía sobremanera cualquier muestra de consideración de los magos y brujas normales. Y de pronto, escuchar a esa mujer preocuparse no solamente por el compañero de su vida, sino también por los congéneres de éste

¡Qué bonita! exclamó Heather de repente ¿Es la nueva licántropa?

Se había quedado viendo a Jasy, que se había bajado de su asiento para ir a tomarle la mano al profesor Lupin, en tanto observaba a Heather con ojos muy abiertos y asustados.

Sí, se llama Jasy respondió el profesor Lupin, quien titubeó antes de proseguir Ah, Heather
La niña es huérfana, así que considerando que la salvé y ahora parece que le agrado
la niña se encogió cuando Heather la miró de nuevo, aferrada a la mano del hombre Inicié los trámites de adopción internacional soltó finalmente, con gesto cansado.

Contrario a lo que el profesor Lupin esperaba, Heather no se enfadó ni vociferó quejas. En lugar de eso, se arrodilló junto a él, para quedar a la altura de la niña, y le tendió una mano.

Hola saludó con una cálida sonrisa, para luego señalarse a sí misma Heather pronunció con claridad ¿Tú? preguntó, indicando a la pequeña.

La niña, ladeando la cabeza con los ojos muy serios, frunció el ceño.

Jasy dijo, sin asomo de temor ¿Taita? levantó la vista hacia el profesor Lupin, como queriendo saber qué era exactamente Heather de él.

¿Eso qué quiere decir? se extrañó Heather, viendo a su marido.

El profesor Lupin sonrió, acariciando los rizos de Jasy.

Pili me dijo en Cuzco
que esa palabra significa padre. ¿Ves porqué me ganó por completo?

Heather, conmovida, regresó los ojos a Jasy e impulsivamente, le dio un fuerte abrazo.

Disculpe intervino Pili, dirigiéndose al señor Asís-Borges en español Eso de la adopción inversa
¿va en serio? ¿Sabe de alguna familia que esté lo suficientemente tocada como para
aceptarme de miembro sin poner muchos reparos?

 

El señor Asís-Borges, por toda respuesta, miró un poco hacia su izquierda.

Creo que ambos sabemos quiénes podrían aceptarla respondió.

Y al ver en la misma dirección que aquel apuesto señor, Pili supo que tenía razón.

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2 de agosto de 2019.

Buenos Aires, Argentina.

Hospital Mágico Multicultural Kuarahi.

Si había un sitio en la Argentina mágica que ofreciera calidez a quien fuera, era el Hospital Kuarahi. Con un total de seis plantas; jardín, cafetería y tienda de regalos incluidos, era muy parecido a un hospital muggle de lo más humilde. Las diferencias obvias estaban en la clase de pacientes que recibía a diario a través de sus cuatro puertas (una por cada punto cardinal), siendo la principal la que daba a la avenida 9 de Julio, la más ancha del país, que compite en dimensiones con el Eje Monumental de Brasilia, en Brasil, que oficialmente es la más ancha del mundo.

Y hablando de Brasil

Un joven muy moreno, de cabello negro y vestimenta mayormente verde, entró por la puerta principal oriente (la que daba a la avenida 9 de Julio), cargando un ramo de flores. Tras él, tomados de la mano, un chico de ojos color miel y una joven de pálidos cabellos rubios con escandalosas puntas rosadas lo seguían, prestos, viendo por todas partes y riéndose bajito de vez en cuando.

Por favor rogó el joven de verde en un español pausado, dirigiéndose a la pareja que lo seguía Compórtense. Es un hospital.

¡A la orden, jefe! bromeó el chico de ojos miel, haciendo un saludo militar.

No, no lo cortó la rubia Acuérdate que es el campeón.

El chico de ojos miel, agitando su cabello castaño oscuro (que era un poco largo) asintió.

¡Ah, sí! ¡A la orden, campeón!

El joven de ropas verdes negó con la cabeza resignadamente, y fue hacia un módulo de información a la derecha de unas puertas dobles enormes.

Buenos días saludó cortésmente Disculpe, ¿el albergue del hospital?

Cuarta planta recitó una bruja de cabello muy largo y oscuro con cara de aburrimiento, vestida con una túnica amarillo pálido (como todos en el hospital) ¿A quién venís a visitar? inquirió, tomando un fajo de pergaminos y examinándolos.

A Pilar Asís-Rinaldi.

La bruja, acomodándose un mechón de cabello que le caía en los ojos, frunció el ceño.

No tengo a nadie con ese nombre sentenció con firmeza, haciendo el fajo de pergaminos a un lado Debé estar buscando a alguien más.

El joven de verde, arqueando una ceja, negó con la cabeza.

Vengo a ver a Pilar Asís-Rinaldi repitió, un poco impaciente.

La bruja, suspirando con cansancio, hizo amago de revisar sus pergaminos a conciencia, hasta que su expresión pareció la de alguien que recuerda algo de improviso. Sacó un pergamino del fajo y lo leyó rápidamente.

¡Ah, ya sé de quién hablás! sonrió levemente Disculpad, pero con los trámites, se me había olvidado el aviso. Cuarta planta, por favor. Si hace falta, preguntad por el señor Márquez.

El muchacho asintió, no muy convencido de lo ocurrido, y haciéndole una seña a la parejita que lo acompañaba (que se había quedado en la sala de espera, observando cómo un mago parecía sacar flores por la boca), cruzó las enormes puertas dobles junto al módulo.

 

¿Porqué te ves tan serio? quiso saber la rubia, que tenía ojos color azul verdoso.

Dice la bruja que no hay nadie con ese nombre en el albergue respondió el de verde.

¡Debe estar loca! espetó la rubia Paulo, tío, Pilar no nos habría dicho que estaba aquí si no fuera cierto. ¿Verdad, Pedro?

El joven de cabello algo largo asintió enfáticamente, en tanto el moreno de verde asentía, acomodándose las flores que cargaba. Llegaron al principio de las escaleras que los llevarían a la cuarta planta y comenzaron a subir.

Paty Bombal, Pedro Valencia y Paulo Sabedoria no se reunían desde que habían regresado de Reino Unido, donde la Escuela de Magia Orixá, su escuela, fue una de las participantes en el Torneo de las Tres Partes. Paulo, de hecho, había sido elegido como campeón de la escuela, por lo que Pedro y Paty se divertían bromeándolo con el tema. Sin embargo, el motivo de reunión de los tres amigos era para saber de la persona ausente en el grupo de los P: Pilar Asís-Rinaldi.

Luego que lo sucedido en Machu Picchu saliera en prácticamente todos los periódicos mágicos del mundo, Paulo se preocupó bastante, como el buen novio de Pilar que era. No importando que estuviera en su casa en Brasil, en compañía de sus padres y dos de sus hermanas celebrando que hubiera vuelto entero (pues todavía recordaban el ataque terrorista a Hogwarts), se puso en contacto con Pedro y Paty, ambos en Chile. A Paty la encontró casi enseguida, porque tuvo el buen tino de mandar la carta con el hermano mayor de ella, empleado de la Secretaría de Magia chilena, porque de habérsela enviado a la joven directamente, era capaz de convertirla en un boceto para un nuevo y extravagante vestido muggle. En cuanto a Pedro, que su carta hubiera tardado en obtener respuesta era comprensible: la mayor parte de las vacaciones, su amigo estaba viviendo con sus padres en Raymi, pues su padre atendía personalmente su tienda de túnicas.

Lo que los tres habían decidido hacer era contactar a Pilar directamente, así que le enviaron una lechuza. La respuesta que recibieron fue un tanto extraña, tratándose de ella: en lugar de relatarles lo ocurrido a detalle, simplemente les pedía visitarla en el Kuarahi algún fin de semana antes de entrar a las clases. Así que ni tardos ni perezosos, los otros tres P se pusieron de acuerdo y viajaron a Argentina en traslador a primera hora de ese viernes. Y como llegaron a la Secretaría de Magia de ese país, fue pan comido pedir informes sobre la ubicación del hospital mágico.

Llegamos avisó de pronto Paulo.

Paty y Pedro, que venían tras él, arquearon una ceja.

Estaban ante unas puertas dobles de mimbre, en cuya parte superior había un letrero que decía simplemente Albergue Perón. En el mimbre, pintado con verdadero esmero, había una escena multicolor de un mago con cara bonachona, rodeado de varias personas de aspecto desamparado.

Se nota que los Perón son importantes aquí desde hace años comentó Pedro, indicando con un gesto el nombre del albergue.

Bueno, bueno, vamos a por Pilar indicó Paty con el ceño fruncido Nos debe un par de explicaciones, ¿no les parece?

 

Los chicos asintieron y luego de inhalar profundamente, Paulo abrió las puertas dobles.

Al otro lado, el ambiente era alegre. La sala, llena de camas con base de mimbre, tenía espacio al centro para algunas largas mesas de madera oscura. En ese momento, como era hora del almuerzo, las mesas estaban llenas de niños y algunos jóvenes, en tanto los adultos les servían y se ocupaban de las personas mayores o muy enfermas que no podían abandonar sus lechos. Incluso había un lado dedicado a las madres solteras, que junto a sus camas, tenían sencillas cunas de mimbre dónde recostar a sus hijos, en aquel momento dormidos.

Luego de echarle un vistazo a toda la zona central, Paty sonrió de oreja a oreja al fijarse en una mesa a su derecha.

¡Allá! dijo, casi gritando ¡Eh, Pilar, amiga mía!

Una joven delgada, de cabello oscuro, se giró enseguida. Su rostro, ovalado y delgado, era adornado por unos ojos de color verde olivo que brillaron al darse cuenta de quién la llamaba. Se puso de pie, con una mano en alto, y los dos muchachos notaron que con la otra mano, sostenía el hombro de una niña sentada a su izquierda, que la veía con confusión.

¡Eh, chicos, por aquí! indicó Pilar.

Sus tres amigos obedecieron, teniendo que sortear a unas cuantas personas a su paso. Luego de un par de minutos, pudieron estar cara a cara con Pilar, notando que su amiga estaba un poco más delgada que antes, pero con una expresión más alegre.

Me alegra que hayan podido venir saludó en inglés, para sorpresa de los otros tres Disculpen el idioma explicó al instante Es que no es bueno que Jasy oiga ciertas cosas.

Y meneó la cabeza hacia la niña a su izquierda, una muy bonita de rizos castaños que los vio con atención un segundo antes de, a una seña de Pilar, volver a concentrarse en su comida.

¿Como qué cosas? quiso saber de inmediato Paulo.

Y es que aquella situación no había iniciado como había esperado. Se suponía que hablarían de lo ocurrido en el Pastoreo Lunar del mes pasado, para eso le habían escrito en primer lugar, y ahora salía pidiéndoles discreción. Y en otro idioma, además.

Esperen solamente un segundo pidió Pilar, antes de agacharse hacia la niña. Habló en un dialecto indígena, seguramente, por la entonación y el acento de las palabras. Lo que sea que haya dicho, obtuvo una sonrisa y un asentimiento de parte de Jasy, que comió tranquilamente Ahora sí, vengan conmigo. No tardaremos mucho.

Se encaminó a un extremo del albergue que daba a otras puertas dobles de mimbre, las cuales abrió de par en par con mucho cuidado. Los amigos de la chica se quedaron boquiabiertos ante la auténtica terraza a la que salieron, adornada con macetas aquí y allá, cada una con una exuberante planta tropical. Habiendo una mesa de jardín de hierro forjado con sombrilla en dicha terraza y sillas a juego, Pilar fue a tomar asiento. Sus amigos y novio la imitaron.

Así, cualquiera vive aquí comentó Paty en broma, para romper el silencio Ahora, amiga mía, ¿nos puedes explicar porqué no contestaste la lechuza como acostumbras?

Antes que nada, todo aquí tiene oídos advirtió Pilar en inglés Así que hablen en inglés, por favor. Lo que voy a contarles es
algo delicado.

¿Delicado en qué sentido? inqurió Pedro con curiosidad. Y tal como le había pedido Pilar, usaba el inglés.

 

Pilar suspiró y los miró a todos por turnos.

Como sabrán, el profesor Lupin estuvo en el Pastoreo comenzó, con un extraño semblante entre sereno y triste Vino especialmente a charlar con los licántropos del continente acerca de la guerra que se nos viene encima a todos. No lo supe hasta que llegamos a Machu Picchu, porque

Un segundo paró Paty inesperadamente, y al darse cuenta que hablaba en español, se aclaró la garganta antes de continuar en inglés ¿Lupin también cree que la guerra se le viene encima a todo el mundo? al ver que Pilar asentía, la rubia resopló con fastidio ¡Ya anda hablando como Max! se quejó, pero no parecía bromear en absoluto.

Y mis padres no se quedan atrás comentó Pedro en aquel momento Mi padre quiere sacar sus negocios de Chile, pero mi madre le dice que no sea loco. Que de todas formas, la guerra nos va a alcanzar.

Los cuatro jóvenes se dedicaron miradas preocupadas. Claro que sabían de la guerra, de ese conflicto iniciado por Hugo Hagen en la Europa continental, pero nunca se imaginaron que tendrían con él más contacto que el que tuvieron en Hogwarts en junio. Pilar carraspeó, en señal de que seguiría su relato.

Y vaya que lo siguió. No omitió nada, desde el brutal ataque de Yanakilla hacia Jasy hasta su encuentro con el señor Asís-Borges en la Secretaría de Magia, donde le había propuesto el inicio de la adopción inversa. Al escuchar eso último, Paty se llevó una mano a la boca y por primera vez desde que sus amigos la conocían, no tuvo un comentario ocurrente qué decir al respecto.

Adopción inversa
musitó Paulo al cabo de unos segundos Una de mis hermanas trabaja en la Secretaría de Magia de Colombia y es experta en el tema. Pero Pilar, ¿segura que hay una familia dispuesta a
?

Se detuvo al ver la cara de su novia, que ostentaba una radiante sonrisa. Solamente la había visto así de contenta unas dos o tres veces, entre las que se incluía el día que le pidió que fueran novios. Se preguntó en qué estaba pensando.

El señor Asís-Borges me ayudó a tramitarlo todo explicó Pilar, sin desvanecer su sonrisa Si todo sale bien, cuando inicien nuestras vacaciones de verano tendré una familia nueva. Y me iré a pasar las vacaciones con ella.

¿Perdón? se quejó de inmediato Paty Pilar, siempre pasas las vacaciones de verano conmigo y con Max. ¡Nos la pasamos genial en Santiago! la rubia hablaba de la ciudad capital de Chile, su país natal ¿De verdad te irás?

Pilar asintió con un aire de madurez y serenidad que los otros tres nunca le habían visto.

Hasta que no sea mayor de edad, no me iré definitivamente aclaró, al cabo de unos segundos Saben que en Argentina, los magos alcanzamos la mayoría de edad a los dieciocho, así que permaneceré aquí y acabaré el colegio. Pero sí puedo ir a pasar las vacaciones con mi familia.

¿Y se puede saber cuál es la familia que elegiste?

La pregunta de Pedro fue hecha con suma cautela. Todo el asunto, para él, tenía gato encerrado. Tras la adopción inversa que tramitaba su amiga, sentía que se escondía algo grande.

Claro que puede saberse Pilar volvió a sonreír, pero de manera más calmada Se trata de los Lupin. Y sí, sé que se preguntan porqué ellos añadió, al ver las caras de sus amigos y su novio Y si prometen no contarlo, con gusto les diré mis razones.

 

Los otros tres, al instante, se miraron entre sí antes de ver a Pilar y asentir silenciosamente con la cabeza, llevándose la diestra al pecho, a la altura del corazón. La ojiverde se conmovió ante eso, pues hacía mucho que ella y sus amigos no recurrían a ese gesto, con el que juraban calladamente que no hablarían del tema aunque su vida dependiera de ello.

Y cuando Pilar les detalló las razones para convertirse en una nueva Lupin, los otros tres P supieron que si rompían su promesa, podían perder la vida en el proceso.

(1) Añete, en guaraní, significa verdad.

(2) La palabra tike, en guaraní, quiere decir hermana mayor.

(3) Jasy, en guaraní, tiene dos significados: luna y mes. Aquí se toma en cuenta el primero.

(4) La palabra kuarahi, en guaraní, quiere decir sol.

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7 de Enero de 2008. 6:40 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

Ah
¡Hola, gente hermosa! Aquí Bell, reportándose después de una largísimo espera. ¿Serviría de algo decirles que lo siento? Pues si no es así, de todas formas lo diré, ¡lo siento con el alma! No pude terminar este capi antes de manera satisfactoria, a pesar de tener la idea bastante clara, como adelanté en el capi anterior. Ahora sí, me dejaré de excusas y pasaré a las curiosidades.

En primera, que no le extrañe en dónde comienza el capi. Este asunto había que liquidarlo, por decirlo de alguna forma. ¡La nueva licántropa! Como ya vieron, su nombre es Jasy, y si todo sale bien, su apellido será Lupin, ¡qué linda! Aunque no lo crean, se parece físicamente a Heather nomás para que nuestra Flora se enternezca, jajaja. Y claro, para enganchar a nuestro licántropo favorito. Aunque me han dicho también que Pilar les cae genial.

Ah, Pilar
La explicación del apellido compuesto, con el
Asís, me vino tan de repente, que al principio no sabía cómo colarla en el capi (porque tenía que salir en este capi), pero al final, después de un montón de cambios de tamaño de letra, corrección de párrafos y demás, quedó. Lo que me recuerda
A
Flormania, lectora de Potterfic's, le agradezco mucho que me ayudara con la forma de hablar de los argentinos. Flormania, por betear mi capi (y créanme, nunca había necesitado semejante cosa), muchas gracias.

Ahora, respecto a que Pilar sea una nueva Lupin
Eso ya lo tenía pensado desde
ET3P. Para que vean, que tengo las ideas claras respecto a algunos personajes cuando los saco a la luz. Lo que pasa es que en la pasada entrega, lo principal era el Torneo de las Tres Partes y presentar el inicio del conflicto (o sea, porqué Hagen anda de loquito atacando a tres cuartos de mundo, jajaja), así que ahí no había oportunidad de mostrar nada de lo que ahora se perfila como el inicio de una nueva y maravillosa familia. Lo que también me recuerda
¡adiós para siempre, Jusid! Nunca me caíste bien y tus apariciones tan esporádicas solamente indicaban una cosa: te marcharías pronto de la saga. Lo siento por ella, pero así soy yo, jajaja.

 

Bueno, bueno, creo que es todo de momento. Ya me tardé demasiado en terminar este capi, pero al menos me sirve para acordarme de un par de cosas que tengo que escribir en esta época (en la del fic, que es ya el primer viernes de agosto
¿A que nadie se acuerda qué está pasando en el fic, pero en otra parte del mundo?). Cuídense mucho, vivan la vida y nos leemos pronto.

P.D. ¿Cómo les fue en las pasadas fiestas? A mí de lo mejor. ¿Qué les regalaron en Navidad? A mí, dos libros, un cobertor con delfines, un mini juego de plumas, muchos dulces y no me acuerdó qué más, jajaja. ¿Brindaron bien y bonito en Año Nuevo? Yo sí, vaya que brindé, jajaja. ¿Y los regalos del día de Reyes? A mí no me trajeron nada, como que creen que ya estoy grande para eso, pero la rosca estuvo sabrosa, jajaja. ¿Preparados para volver este mes a clases? Yo no, porque hoy volví a servicio social (figúrense, madrugar para entrar al servicio a las 8 A.M., no se vale, ¿o sí). Y ya por último, ¿tendré listo el capi siguiente para antes del mes que entra? Ah
Mejor no pregunten, jajaja. ¡Adiosín!


A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.

Once: Planificación.

2 de agosto de 2019.

Berlín, Alemania.

Subsuelo de la Siegessäule (1).

Aquel era el primer fin de semana de agosto y para la mayoría de los jóvenes europeos, el primero de su último mes de vacaciones escolares. En Alemania, los adolescentes escaseaban, dado que el país había disminuido su tasa de natalidad desde hacía más de dos décadas, pero parecía no importar. Los sitios nocturnos seguían recibiendo una clientela considerable.

Así, sitios como el Tiergarten, el principal parque de Berlín y hospedante de la Siegessäule, quedan prácticamente desiertos, excepto para algunos que salen tarde de sus empleos y tienen la oportunidad de contemplar la Gold-Else (2) que la corona con su inmóvil magnificencia aunque sea de lejos. La altísima columna, de sesenta y nueve metros, llama la atención de inmediato en el enorme parque que la aloja. Aunque claro, a algunas personas la miran por algo más que su tamaño, por la diosa en su punta o por su privilegiada ubicación en el Tiergarten.

Uno a uno, varios encapuchados parecen surgir de la nada, atravesando el parque por distintos caminos, hasta llegar a la base de la Siegessäule, donde misteriosamente, desaparecían tras ir rodeando la base con concienzuda rapidez. Un segundo veías a un par de encapuchados reuniéndose y comenzando a caminar alrededor de la base y en cuanto se perdían de vista, no reaparecían. Era como si se los tragara la tierra.

Suposición que no estaba lejos de la realidad. Ciertos magos germanos, cuando los muggles construyeron el mirador de la columna, añadieron una escalera secreta para ir a un subterráneo lejos de las miradas indiscretas. Y es que los magos que habían logrado construir ese misterioso complejo que se extendía hasta setecientos metros bajo tierra eran los Hagen.

El apellido era bien conocido para la comunidad mágica de la Europa continental, pero más para los alemanes. Cada uno de sus miembros había contribuido con lecciones de maldad y horror a formar la historia mágica de Alemania y sus alrededores desde hacía siglos. Así que, cuando Hugo Hagen decidió tener un cuartel general, nada como la Alemannen Platz (3) para ocultarse del ojo vigilante de los magos y brujas que los buscaban a él y a sus seguidores. Desde ese lúgubre lugar, Hagen podía mandar los ataques que quisiera por tiempo indefinido, abandonándolo solamente cuando quería despistar a los contrarios dejándose ver, y que así no descubrieran la que era su residencia casi permanente. Pero en las actuales circunstancias, Hugo Hagen se estaba hartando de ella. Viendo cómo sus seguidores descendían por la amplia y larga escalera de caracol hasta la explanada, se le antojaba castigar a varios de ellos. Por muchos motivos.

 

Los seguidores de Hagen que iban por primera vez a la Alemannen Platz ese día de agosto, se quedaron estáticos por unos segundos antes de poder hablar. Cuando la escalera de caracol bajaba lo suficiente para dejar ver a plenitud el sitio, lo primero que los dejaba atónitos era el aspecto del mismo. Parecía un gran salón de baile de la realeza muggle de antaño, con un techo alto decorado con innumerables candelabros de cristal, paredes engalanadas con telas exquisitas y un piso de losetas del mármol más brillante, en blanco y negro, como tablero de ajedrez gigante. Al centro de la descomunal estancia, una fuente alta con las estatuas de dos personas (un mago y una bruja, aparentemente) añadía algo de sonido con sus finos y cristalinos chorros de agua.

En el extremo del salón contrario a las escaleras, se distinguía un estrado en el cual, Hugo Hagen podía contemplarlo todo sin levantarse de una silla de oro con las patas en forma de garras de dragón, tapizada en telas oscuras. Con un codo recargado en uno de los apoyabrazos de la silla, el Terror Rubio daba la impresión de estar sumamente concentrado en algo, mientras sus ojos iban vagamente de un lado a otro del salón, el cual poco a poco se iba llenando. Sus seguidores, en especial aquellos a los que quería castigar, se mantenían al margen y apenas estaban frente a él, le dirigían un rápido gesto de reconocimiento con la cabeza o con la mano, antes de reunirse con algunos colegas a charlar.

Presienten lo que se les viene encima comentó una voz femenina tras Hagen cuando la concurrencia estuvo casi completa.

Hagen sonrió socarronamente.

Sí, pero esperemos que eso no los haga renunciar, ¿verdad, Turner? inquirió.

Katrina Turner, de pie tras la silla de Hagen, ladeó la cabeza meditabundamente.

A mí no me lo preguntes exigió con voz helada Hay que abordar primero el tema de los triunfos, así quienes fracasaron se confiarán. Luego, podrás castigarlos.

Hagen asintió, sacó la varita de uno de los bolsillos de su túnica negra y alzándola, provocó una ligera pero sonora lluvia de chispas azules.

Los presentes, al verla, dejaron sus infinitas charlas en distintos idiomas, algunos se aplicaron el hechizo fonotraductor que les permitía entender el alemán y se giraron hacia Hagen, prestándole toda su atención. Tal como se pensaba, quienes habían participado en las últimas misiones frustradas se colocaron hasta el final, cerca de la escalera de caracol, como si con ello guardaran una vana esperanza de librarse de algún suplicio.

Poco a poco, el silencio se apoderó de la estancia, en tanto las chispas azules se iban borrando. Los candelabros del techo, totalmente encendidos, bajaron la intensidad de su luz en cuanto Hagen les apuntó con su varita brevemente. Los presentes, cautos, siguieron con la vista fija en el sitio de honor del salón, esperando lo inevitable.

 

Bienvenidos sean a la Alemannen Platz comenzó Hagen.

Eso tomó por sorpresa a varios de los seguidores del hombre, sobre todo a quienes ya habían estado en aquel recinto subterráneo. Pero también los ponía alertas, porque cuando su señor adoptaba un tono de fingida amabilidad, es que planeaba algo.

Para algunos de ustedes, es su primera visita al salón privado de mi familia siguió Hagen, como si no hubiera notado las expresiones de asombro que había provocado Así que les suplico que no causen ningún estropicio. De hacerlo, ni con todos los galeones de su vida podrían pagarlo.

Se hizo un tenso y breve silencio antes que Hagen se pusiera de pie, con varita en mano, y paseara de un lado a otro del estrado pausadamente, analizando cada rincón del salón.

En primer lugar, quiero recibir a quienes se han adherido recientemente a nuestra causa Hagen fijó la vista a su izquierda, donde un pequeño grupo de magos que no llevaban túnicas negras, sino de color rojo muy oscuro, le dedicaron una reverencia al estilo oriental Compañeros asiáticos, sean bienvenidos.

Los magos de las túnicas rojas asintieron con la cabeza, sin pronunciar palabra. Los demás, en tanto, se preguntaban porqué sus capuchas no dejaban ver sus rasgos.

En segundo lugar, la búsqueda del control de la Europa continental está saliendo a pedir de boca sonrió con malevolencia Al menos en Alemania ya no hay resistencia. El ministro Merkel está dispuesto a negociar con nosotros a cambio de dejar tranquilo al país. Y no sólo él, sino que la gran mayoría de la comunidad mágica europea está en las mismas. Sin embargo

Hizo una pausa, observando a algunas personas al fondo que se removían con nerviosismo, presintiendo lo que diría Hagen a continuación.

Algunas misiones nos han desprestigiado espetó sin asomo de piedad, entrecerrando sus ojos azules Para empezar, la incursión a la Torre Wu, en el jardín Tian Zi. Que vengan al frente los involucrados exigió con firmeza.

Abriéndose paso, algunos magos del fondo se unieron con una figura que se encontraba enfrente, erguida con actitud orgullosa. A una señal de Hagen, el pequeño grupo dejó sus rostros al descubierto, entre los que se encontraba la dueña de la figura erguida, una mujer de cortísimo cabello rubio, que miraba de vez en cuando a Turner con desprecio.

Su comportamiento fue inaceptable comenzó a reprenderlos Hagen En el sentido de no investigar a fondo los hechizos defensivos de la Torre Wu. De haberlo hecho, no se habían enfrentado a semejante fracaso en la misión que les encomendé.

¡El fracaso no fue por eso! replicó en el acto un mago de cabello negro y lacio, con rasgos notoriamente orientales Entramos a la Torre Wu sin dificultades. El fracaso estuvo en que el ministro no estaba allí cuando llegamos, a pesar de que habíamos confirmado su presencia.

Varios creyeron que el mago de rasgos orientales debía ser nuevo en el grupo para haberle contestado a Hagen de esa forma
nuevo o idiota.

¿De verdad? inquirió Hagen con interés ¿Y puede saberse porqué?

 

El mago de rasgos orientales asintió levemente con la cabeza.

Hallamos rastros del uso de un traslador en el lugar explicó con calma Verificamos la oficina de cabo a rabo, así como todo el nivel Huo, antes de irnos de la torre. Así que

¿No se les ocurrió pensar que quizá, alguien le avisó del ataque?

La pregunta de Hagen dejó petrificado al mago de rasgos orientales, que se pasó la mano por su cabello negro con gesto entre desesperado y tranquilizador.

De ninguna manera intervino desde el grupo de magos de túnicas rojo oscuro una voz suave, inexpresiva y masculina. Hablaba en alemán, pero con fuerte acento asiático Tai Lin no tiene contacto con muchas personas. Personalmente me he encargado de eso.

Para que se pudiera encargar de que el mismísimo Ministro de Magia chino no tuviera contacto con quien quisiera, ese tipo debía ser importante.

Me alegra escuchar eso concluye Hagen tras unos instantes de reflexión de su parte Pero no resuelve la duda de porqué fracasó la misión, ¿saben? se dirigió a la concurrencia entera, que no hizo otra cosa que mirarlo con un ambiguo pavor Es decir, ¿cómo pudo el Ministro de Magia chino fabricar un traslador y usarlo justo cuando íbamos por él?

Otro silencio, esta vez de meditación, cayó en aquel salón. Finalmente, Hagen soltó un bufido de impaciencia, como si no pudiera creer la ineptitud de la gente a su alrededor para darle una simple respuesta. Cambió de tema abruptamente.

Damas y caballeros, díganme una cosa, ¿no les pedí que buscaran a la campeona de Zen? ¿Y no me informaron acaso que no aparece por ninguna parte?

Esta vez, un mago de rasgos orientales situado a la derecha de Hagen, sumamente apuesto pero de expresión calculadora en los ojos castaños, se atrevió a hablar.

Creímos que su amiga de Hoshikino tendría algún indicio explicó Pero

Suzuhara, sé perfectamente que esa incursión al Templo Amaterasu fue tu idea lo cortó Hagen de pronto Te atreviste no solamente a llevarte a varios de mis mejores hombres a una misión menor, sino que peor aún: te diste a conocer. Tus compatriotas ahora te están investigando, ¿no es así? al ver el aspecto lívido del oriental, Hagen bufó de nuevo Una de nuestras reglas es no develar nuestra pertenencia a este grupo y tú la desacataste deliberadamente.

Y apuntándole con la varita, Hagen gritó ¡Crucio!

Suzuhara cayó pesadamente, retorciéndose entre horribles dolores, a la vista de sus camaradas.

La mueca gélida de Hagen solamente decía lo mucho que se concentraba en realizar la maldición con los peores efectos posibles, a la vez que meditaba otros asuntos. Turner, a su espalda, entrecerró los ojos. No le gustaba presenciar esas escenas, pero a través de los años, se había vuelto insensible a ellas. Si no, hacía mucho que Hagen la había desterrado de su presencia.

Al cabo de unos minutos, Hagen concluyó con la maldición. Suzuhara, sintiéndose libre, se levantó con dificultad, respirando entrecortadamente. Apoyó las manos en las rodillas, exhausto, y se obligó a no mirar a sus compañeros, sintiéndose completamente humillado.

Siempre deben pensar bien lo que van a decir antes de abrir la boca en mi presencia les hizo notar el Terror Rubio con una rabia helada, una que contenía con toda la elegancia de la que era capaz No soy hombre que tolere los errores. Mucho menos suelo perdonarlos fácilmente. Así que, Suzuhara
miró a quien acababa de torturar con absoluta indiferencia ¿Tienes idea de cómo ganarte mi perdón por esa derrota en el Templo Amaterasu?

 

Se hizo un nuevo silencio, esta vez expectante. Los presentes querían oír con detalle cuál sería la respuesta de Suzuhara. Debía ser buena si no quería otro Cruciatus.

Yo
comenzó el oriental, frunciendo el ceño. Se notaba que se concentraba excesivamente Lo que usted diga estará bien, señor musitó finalmente, con la vista baja.

Bien dicho Hagen inclinó la cabeza un poco, antes de ordenar Regresarás a tu país, admitirás los cargos en tu contra y te dejarás encerrar en Shinitani (4).

Suzuhara abrió los ojos desmesuradamente, al igual que los magos de las túnicas rojas del otro lado del salón. Era bien sabido por los magos de países con playas en el Pacífico que Shinitani era el nombre de una de las peores cárceles mágicas del mundo. Actualmente, Shinitani era tan temida como lo había sido Azkaban en manos de los dementores.

Suzuhara tragó en seco.

En ese caso
así lo haré, señor hizo una profunda y respetuosa reverencia para luego indagar entrecortadamente Y
hecho eso
¿qué quiere que
?

Verás qué magos de los que están ahí pueden ser buenos aliados lo cortó Hagen de tajo Planeo hacer una revisión de las prisiones mágicas y ya que has cometido la insensatez de descubrirte en tu país, si haces bien lo que te pido, iremos primero por Shinitani. Tienes una oportunidad de salir pronto de ahí si te comportas, Suzuhara, así que no la desperdicies.

El aludido asintió, comprendiendo plenamente la orden recibida.

Ahora, respecto a mi encargo en Arabia Saudí
Hagen cambió de tema, haciendo una mueca de desprecio ¿Dónde están los responsables?

Otro grupo de los del fondo se adelantó, pero a paso lento y firme.

Les pedí una simple cosa les espetó Hagen, perdiendo la paciencia a ratos Una muy sencilla: capturar al campeón de Almira. El muchacho es muy apreciado por el Ministerio de Magia saudita, hubiera sido pan comido dominarlo si teníamos al muchacho de rehén, ¿y qué obtuvieron? se calló unos segundos antes de vociferar ¡El muchacho en cuestión los derrotó! Se escapó en sus propias narices, junto con su madre, y ahora no sabemos dónde encontrarlo. Sin contar con que la información de sus clientes también se esfumó en el aire. ¿Qué tienen que decir en su defensa?

Una de las personas del grupo de la misión en cuestión, inclinándose humildemente, dio un par de pasos al frente. Se bajó la capucha y algunos hombres a su alrededor contuvieron el aliento.

Se trataba de una mujer increíblemente bella, de piel morena y cabellos oscuros, cuyos ojos destacaban en su rostro como dos trozos de brillante obsidiana. Su boca, de labios gruesos y bien delineados, se torció en una sonrisa sutil pero sin lugar a dudas, tentadora. Sin duda era un vivo ejemplar de la belleza femenina de Medio Oriente.

Pido disculpas, señor comenzó a hablar la mujer, con una voz suave y acento árabe en sus germanas palabras De verdad creímos que no sería complicado conseguir al joven. Lo vigilamos atentamente desde que regresó a casa, así fue como decidimos atacar el Aljibe de Morgana, pero no contábamos con que su madre lo pondría fuera de nuestro alcance con el pasaje subterráneo de emergencia. Fue un error de cálculo y espero que nos conceda benevolencia.

 

Cuando la mujer concluyó, muchos dudaban que Hagen no la castigara. La misión al Aljibe de Morgana, a pesar de haber causado daños considerables y algunas muertes, no había logrado su objetivo principal. El Terror Rubio hizo un movimiento con la mano que empuñaba la varita.

Tus cálculos son demasiado efectivos la mayor parte de las veces, Ecevit se extrañó Hagen con expresión ligeramente desconcertada ¿Porqué fallaron esta vez?

Con todo respeto, señor, hacía mucho que no viajaba a Arabia Saudí. La estructura mágica de ese país ya me era desconocida.

Hagen, después de observarla por largo rato y para asombro de algunos de sus seguidores, la dejó en paz. Eso hizo que Ecevit sonriera de manera imperceptible, con malicia.

Aquel gesto desconcertó a los caballeros presentes, dado que le daba a la tal Ecevit la imagen misma de una cazadora, dispuesta a lo que fuera con tal de conseguir a cualquier presa que se le diera la gana. Lo cual, por cierto, no estaba lejos de la realidad.

Tansu Ecevit era conocida por ser una brillante estratega. Después de Hagen y Turner, quien tenía las riendas de las misiones era esa mujer tan fría y calculadora como hermosa y educada. Su porte era el de alguien acostumbrado a ordenar y ser obedecido; además, mandando lo que fuera con ese tono cordial e incitador, casi nadie se le oponía. Y sus vastos conocimientos acerca de la política mágica y muggle la hacían una aliada sumamente valiosa; más ahora que Hagen estaba a punto de entrar en tratos con el Ministro de Magia alemán para tomar posesión del país.

Alemania, al menos la parte mágica, estaba vencida. A pesar de la ayuda internacional que había recibido en las últimas semanas, los magos germanos no lograron detener los ataques ordenados por el Terror Rubio, con los cuales iba ganando poder poco a poco. Merkel, preocupado, había alertado al canciller muggle de la situación, pero únicamente para que estuviera al tanto: como tristemente le aclaró, no había mucho que los muggles pudieran hacer para salvarse. Si Hagen conseguía el control de la Alemania mágica, la comunidad muggle se vería seriamente afectada.

El ataque a la Marienplatz en Munich, con el que Hagen anunció su regreso, era el mejor ejemplo de lo que le esperaba a quien se atreviera a oponérsele. Hagen no solía tener misericordia con nada ni con nadie, puesto que en ese ataque había matado a su propia familia. Lo único que lo contrarió aquella vez fue comprobar que su primo Karl no había fallecido también, pero eso era un fallo menor. Sabía que tarde o temprano lo tendría a sus pies, rogando clemencia.

Ese pensamiento, que le vino de repente a la mente, en vez de desesperarlo más, lo tranquilizó. Estaba seguro que su primo no podría mantenerse escondido por mucho tiempo, nunca había sido ese tipo de hombre. Como había demostrado años atrás, Karl Hagen era la clase de persona que busca la manera de servir a su nación aunque fuera desde el otro lado del mundo, sin pensar siquiera en recibir recompensa, sino en volver a su tierra natal algún día sin temer represalias y con su familia a su lado. Y pensar que pudo ser peor que él si se lo hubiera propuesto
Maldita la hora en que su primo había conocido a Isa Klaus.

 

Y recordando a aquella mujer, Hagen se llevó una mano a la cicatriz en su mejilla, recorriéndola lentamente con los dedos. Si había algo que tanto él como la mayoría de su familia despreciaba con el alma era a cualquier hijo de muggles que se hiciera llamar mago. Los sangre sucia tenían los mismos derechos que los magos sangre limpia y no era nada justo; más cuando se estaban multiplicando. Y estaba dispuesto a cambiar eso en cuanto el idiota de Merkel firmara la rendición del Ministerio de Magia alemán.

Ecevit llamó de pronto, sobresaltando a unos cuantos ¿Cómo va el Tratado?

La mujer, al escuchar que la llamaban, adoptó una expresión netamente profesional.

Los términos del Tratado han sido redactados tal como lo pidió, señor. Personalmente me encargué de que no quedara ninguna laguna en las cláusulas, para evitar cualquier alegato por parte del señor Merkel. Está dispuesto que se firme la próxima semana.

Hagen asintió.

Romanov llamó, dirigiéndose a la rubia altísima que había formado parte del grupo que incursionó a la Torre Wu Te quiero de testigo para firmar el Tratado. Y a ti también, Turner.

La morena aludida se limitó a asentir. Sabía que Romanov no le quitaba la vista de encima, así como el motivo para semejante comportamiento: quería su puesto. Romanov hacía, deshacía y peleaba como nadie para Hagen y éste, en contra de lo que esperaba, nunca la tomaba en cuenta. Turner nunca quiso sobrepasarla, pero eso hubiera sido imposible: Romanov, si algo tenía al momento de enfrascarse en una misión, era un fanatismo desmesurado a demostrar fe en la causa. Y alguien así no le convenía a Hagen como segunda al mando.

En ese caso, que la firma sea el sábado de la próxima semana pidió Hagen con impaciencia No quiero tardar demasiado, podría hacer que Merkel se confiara e intentara alguna jugarreta.

Al oír la fecha, Turner arqueó levemente las cejas.

Señor llamó, captando la atención de todos en el salón ¿No me había encargado una misión para ese día?

Hagen frunció el entrecejo con fastidio.

Ah, sí, se me estaba olvidando masculló, recordando Entonces que la firma sea

No me espere, señor lo interrumpió Turner con fría delicadeza Sé que el Tratado es muy importante. Mejor lleve a alguien más de testigo.

Hagen asintió.

Foss, tú serás el otro testigo.

El aludido, un hombre muy alto de cabellos rubios y luciendo una túnica negra que lucía costosa, asintió a la vez que esbozaba una leve mueca de satisfacción que no pasó desapercibida para casi nadie. Era bien sabido que Foss, como Romanov, querían llegar a donde Turner y Ecevit estaban ahora, sin importar el costo. La diferencia estaba en que Foss, en las misiones, conservaba gran parte de su sentido común a pesar de las circunstancias.

No crean que he terminado soltó de pronto, haciendo que unos cuantos magos del fondo sintieran un escalofrío Romanov, ¿me quieres explicar porqué se te ocurrió llevar al Londres muggle a los dementores? Fue un acto totalmente irresponsable. Ahora los aurores saben a qué atenerse respecto a nosotros.

Señor, creí que eso haría más rápida la caída de Reino Unido se defendió la rubia.

Tal vez, pero conocías mis intenciones. No quería que se supiera de mi alianza con los dementores sino hasta que asumiera oficialmente el mando de la Alemania mágica. Sin embargo
Hagen miró de reojo a Turner, quien no lo veía a él, sino a un punto incierto en la multitud ahí reunida Tengo informes de que el ataque sirvió para que los británicos empiecen a desconfiar de su actual ministro. Y esa situación puede ser la clave para no castigarte.

 

Romanov, a pesar de haber adoptado una expresión gélida, vacilaba entre la frustración y el regocijo. Si Hagen tenía informes de cómo estaban las cosas en Reino Unido, era por la estúpida de Turner; empero, si el ataque al Londres muggle no le acarreaba una reprimenda, podía respirar tranquila, al menos de momento.

A partir de que tenga el control del Ministerio alemán, será mucho más sencillo que les haga llegar sus distintas misiones informó el Terror Rubio, paseando lentamente frente a ellos, de un lado a otro, observando concienzudamente las reacciones que provocaban sus palabras Si alguno tiene que cubrir sus huellas en sus respectivos países, tendrá todo agosto para ello. Las actividades normales se reanudarán en septiembre, a menos que surja algo extraordinario. Pueden retirarse.

Los presentes, inclinándose brevemente en actitud respetuosa, comenzaron a dispersarse, listos para salir de la Alemannen Platz en grupos compactos. Muchos murmuraban conjeturas acerca de lo que les esperaba ahora que su líder manejaría su propia patria, pero unos cuantos se retiraban en completo silencio, sumidos en sus pensamientos.

Turner llamó Hagen tras unos instantes, aprovechando el pequeño alboroto que causaban los presentes Espero que la misión salga a pedir de boca. Sabes que es importante.

La mujer respondió a ello con una inclinación de cabeza, imperturbable.

En cuanto tengas novedades, búscame ordenó Hagen, antes de marcharse con los magos de túnicas rojas, que aparentemente lo estaban esperando.

Esto sí que es interesante.

El susurro, lejos de provocarle un respingo a Turner, solamente la hizo sonreír levemente.

Déjate de tonterías masculló la morena, molesta e incómoda ¿Qué es lo interesante?

Ladeó la cabeza, para encontrarse con un hombre bien parecido de ojos color azul claro, que recordaban al cielo de la mañana. Era lo único que delataba quién era, porque por lo demás, no era como lo recordaba.

¿Qué le hiciste a tu cabello esta vez? quiso saber Turner.

Un par de hechizos metamórficos, un tinte muggle y una poción enteramente mía respondió el hombre, encogiéndose de hombros y tocando con los dedos un mechón de su corto cabello negro azulado Aunque la verdad, no me gusta
Y eso que se parece a mi color natural.

Voy a pensar que te gusta cambiar de aspecto solamente por diversión masculló Turner, reprimiendo una sonrisa divertida ¿Qué tienes para mí?

Aquí no indicó el hombre, poniéndose repentinamente serio El sábado, tal como acordamos. Y le llevaré los papeles que necesita, señorita añadió de pronto en voz muy alta.

Turner miró de reojo a su alrededor. Romanov estaba a poca distancia de ellos, observándolos con suspicacia y una mueca de contrariedad en el rostro.

Muy bien, Onassis, estaré esperándolos Turner le siguió la corriente al hombre, al menos hasta que Romanov se marchó Esa tipa me está preocupando susurró al segundo siguiente Cuando fui a Londres después de lo de la Torre Wu, me anduvo siguiendo. Y el día que cenamos en el Kohlröserl tuvo el descaro de preguntarme si compré mucho en Oxford Street.

 

Al menos no sabe a qué fuiste aventuró Orestes Onassis, cruzándose de brazos Ahora salgamos de aquí, antes que alguien más se nos quede viendo como Romanov.

Turner asintió y al cabo de varios minutos, se encontraban atravesando la Alemannen Platz, en dirección a las escaleras y conversando con toda la naturalidad posible, considerando las circunstancias. A los oídos de los rezagados que todavía quedaban, las frases que se dirigieron eran escasas y hechas con un tono indiferente y profesional. Sin embargo, tras ellos iba Foss, quien no se tragaba el cuento de que eran simples compañeros en una inusual campaña. Él estaba seguro que algo se traían, dándole una rabia enorme que fueran dos de los seguidores de Hagen con más secretos a su alrededor. Musitó un par de maldiciones en alemán antes de sobresaltarse con la frase que alguien le dedicó a sus espaldas.

Ese vocabulario, Foss, no es digno de alguien de tu alcurnia.

El rubio giró la cabeza para encontrarse con la figura altiva y sugestiva de Ecevit.

¿Tú qué sabes de mi alcurnia, Ecevit? renegó Foss en el acto.

Sé, por ejemplo, que tu familia ha estado en los más altos cargos del Ministerio alemán por siglos comenzó a recitar Ecevit con total ligereza, que no correspondía a la imagen enteramente profesional que ofrecía ante Hagen También sé que la mayor parte de los Foss están de acuerdo con nuestras ideas, pero cuidan sus apariencias. Y sé, por último, que eres el único que toma medidas tan radicales para restaurar la pureza de sangre en esta tierra.

Foss la miró con un naciente respeto y admiración.

Ahora comprendo porqué el señor Hagen te tiene en tan alta estima admitió muy a su pesar Deberías darme algunas lecciones, Ecevit.

La mujer, por toda respuesta, le dedicó una sonrisa seductora.

Cuando quieras aceptó Siempre y cuando me invites una copa. ¿Has oído del Kohlröserl? Quiero conocerlo desde la primera vez que visité este país.

Foss asintió con deleite.

Deberías saber que mi familia tiene entrada preferente ahí comentó arrogantemente.

Ante eso, Ecevit acentuó un poco su sonrisa.

Entonces, avísame cuando tengas tiempo pidió, pasando a su lado en dirección a las escaleras Iré a mi país a arreglar algunos asuntos, pero regreso para septiembre. Nos veremos.

Y se alejó, dejando a Foss realmente fascinado por su belleza y su firme actitud.

&&&

10 de agosto de 2019.

Londres, Inglaterra.

Cementerio Fallen Souls (5).

A pesar de ser agosto, aquella mañana de sábado amaneció ligeramente nublada y fría. Con la repentina y débil niebla que se estaba formando, no era un día muy adecuado para ir a visitar un cementerio y menos a temprana hora. Pero hubo quien lo hizo.

Por aquí.

Katrina Themis Turner nunca faltaba a Fallen Souls ese día, por muy ocupada que estuviera. Siempre, sin importar dónde estaba ni qué hacía, se las ingeniaba para ver a sus seres queridos aunque fuera por unos minutos. La diferencia ese año era que no iría sola.

Lindo lugar para descansar en paz aventuró un hombre de cabello negro azulado, usando la mano derecha para cubrirse los ojos de la escasa luz solar ¿Aquí está toda tu familia?

 

Katrina negó con la cabeza.

Aquí está Kelly porque ella y Anthony lo dispusieron. Creí que te lo había contado, Orestes.

El hombre a su espalda, bajando la mano, negó con la cabeza.

No eres muy parlanchina en lo que se refiere a la familia le recordó.

Anduvieron varios metros entre pasillos de losas de piedra bordeados de gruesos árboles que comenzaban a perder las hojas, hasta llegar a una bifurcación a la izquierda que Katrina tomó sin titubear. Orestes Onassis la siguió, volviendo a cubrirse los ojos para no deslumbrarse por el sol, que comenzaba a calarle a pesar de la niebla.

En el mausoleo de la familia no podía estar comentó de pronto Katrina, esquivando un par de lápidas deterioradas por el tiempo en las que a duras penas se distinguían letras El abuelo Turner era muy
especial. No le gustaban los muggles y cuando papá se casó con mamá, pues

Se encogió de hombros con indiferencia, pero una tenue sonrisa de orgullo.

Papá mandó hacer otro mausoleo, especialmente para la familia, pero
Bueno, Kelly había dejado claro que si se casaba, quería que la enterraran junto a su marido y sus hijos sonrió con nostalgia Estaba tan segura que tendría su propia familia

Suspiró con pesadumbre. El tema de su gemela era caso cerrado, al menos en parte, por lo que recordarla se había vuelto cada vez menos doloroso con el correr de los años.

¿Y ésos? inquirió de pronto Orestes a sus espaldas ¿Quiénes son?

Katrina salió de su ensimismamiento, para echar un vistazo en la dirección que le indicaba su acompañante con la mano izquierda, en la que sujetaba un gran ramo de lirios lilas.

Creo
que son Anthony
y Kane musitó Katrina con un nudo en la garganta, divisando dos difuminadas siluetas a través de la niebla No creí que vinieran a esta hora.

¿Nunca te los has encontrado? se extrañó Orestes.

Nunca vengo a la misma hora. Ahora veo porqué
A veces, cuando llegaba, ya había flores en la tumba explicó Katrina, tragando saliva Creí que vendría Anthony solo, pero

Se obligó a guardar silencio, pues sus pasos comenzaban a resonar con un eco demasiado intenso para su gusto, delatando su presencia. A los poco segundos, el señor Poe y su hijo menor, desconcertados, giraron las cabezas con expresión de no saber quién estaría en aquel solitario cementerio a esa hora de la mañana.

Katy
susurró el señor Poe, sorprendido Creí que

Miró de reojo a su hijo, que tenía la vista fija en la pareja que se acercaba a paso firme pero lento, y pronto los ojos grises del chico se desviaron al ramo que Orestes cargaba.

Gracias, señor dijo serenamente Son para mamá, ¿verdad, tía Katrina?

Se dirigió a la mujer, quien asintió con una vaga sonrisa, dejando atónito al señor Poe.

Walter, tú
¿de dónde conoces a Katy?

El aludido, arqueando sus castañas cejas, negó pesadamente con la cabeza.

Saludemos a mamá primero, ¿sí? pidió.

Anthony no pudo estar más de acuerdo, así que con un gesto de mano, invitó a Katrina y a Orestes a acercarse.

La tumba frente a la que estaban era, aparentemente, como cualquier otra sepultura muggle. Una lápida blanca, con letras gradabas en color rojo, rezaba:

 

Kelly Desdémona Poe

Nacida el 24 de noviembre de 1981

Fallecida el 10 de agosto de 2006.

Gracias por el regalo viviente que me dejaste en el mundo.

Con amor, Anthony.

Katrina siempre leía eso con un nudo en la garganta que no desaparecía fácilmente, ni siquiera cuando sacaba la varita y realizaba un floreado movimiento para aparecer una corona de lirios lilas idénticos a los del ramo que llevaba Orestes. Al depositar la corona sobre la lápida, Katrina rozaba con los dedos el nombre de su hermana, sonriendo con nostalgia, y charlaba con el aire de épocas pasadas, como si fuera Kelly quien la escuchara, tal como lo hacía en vida: con una sonrisa tierna y deseosa de algún día, realizar hazañas semejantes a las que relataba su gemela.

Ese año, sin embargo, depositó la corona de lirios y acarició el nombre de su hermana, pero no habló. Ahora venía acompañada y la habrían juzgado loca por hablar sin ton ni son, aunque seguramente la hubieran comprendido al cabo de unos segundos.

Mamá, mira. Ya conozco a tía Katrina.

La mujer, dando un respingo, alzó la mirada de golpe. Tras ella, Walter tenía fija la mirada en la lápida de Kelly, con expresión neutra. En una mano, sostenía una única cosa: un pergamino atado con un listón lila, que al cabo de unos segundos, el chico desenrolló para mostrar que no era muy largo, si acaso del tamaño de una hoja de papel muggle. Walter se aclaró la garganta y leyó.

Querido Kane:

Escribo estas líneas ante la ventana de mi dormitorio, injustamente encerrada en casa por el desconsiderado de tu padre que se ha aprovechado de mi permiso por maternidad. ¡Hombres! Ya verás, tú serás igual, por mucho que te esfuerces en aparentar lo contrario.

Cuánto me alegro que vengas en camino, ¡brinqué de felicidad al enterarme! No hace ni un año que conocí al hombre maravilloso que es tu padre y ya voy a tenerte. Me gustaría que Katy estuviera aquí para darle la noticia (no pude dársela la última vez que nos vimos, hace un mes), pero últimamente tiene mucho trabajo.

Ah, es que no sabes
Ella es todo un caso. Es mucho mejor que yo en varias cosas, si quieres mi opinión, como tratar con criaturas mágicas, y eso que a las dos nos encantan. ¡Consiguió acercarse a una quimera en Creta hace cuatro meses y no acabó rostizada! Me lo contó entre risas, porque se salvó al caerse frente a la criatura al intentar lanzarle un hechizo. Sí, Katy es todo un caso.

Kane, debo informarte, desde este momento, que Katy no se anda con rodeos, sabe lo que quiere y si hay que luchar para conseguirlo, lo hace. Yo soy así, pero la diferencia entre ambas es que yo sé mantener la cabeza fría cuando hace falta, ella no. Cuando se exalta, no hay quien pueda con ella; ni siquiera yo. Pero eso sí, es leal a morir. Igual que yo.

Jim vino a visitarme hace una semana. ¿Adivina? ¡Su esposa va a tener un bebé! Sonreía tanto que creí que le habían echado alguna maldición para que no pudiera quitarse el gesto de la cara. Aseguró que era lo mejor que le había pasado en lo que llevaba de vida, lo que en él, es una frase común. Y disculpó a Charles por no venir, pero tuvo que llevar a Becky al doctor muggle de último minuto, porque se lastimó una muñeca al trepar a un árbol.

 

Charlar con Jim me ha hecho mucho bien. Me contó los últimos cotilleos del Cuartel, como que Fonteyn se casó por obligación con aquella muggle a la que embarazó, pero que se le ve sospechosamente contento por ello. También dicen que el famoso Harry Potter sí está casado, porque dicen que hace poco tuvo una hija en San Mungo, ¿aún no sabes quién es Harry Potter? Querido Kane, lo sabrás pronto, ya verás. Y también comentan que Holmes ha estado más insoportable que de costumbre, porque Wilson avisó que por más galeones que le ofrezcan, su renuncia es irrevocable. Jim y yo estuvimos algunas horas aventurando qué es cierto y qué no, como cuando oíamos chismes en el colegio, y nos divertimos mucho.

Te preguntarás, y con justa razón, porqué te escribo todo esto si es que te lo contaré cuando nazcas. Y la respuesta es sencilla: quiero vencer a la memoria. Hay ocasiones en que, por más que nos esforcemos, no recordamos sino sucesos muy marcados, sean buenos o malos, y a través de estas líneas, quiero que tú recuerdes por mí lo que era vivir normalmente, sin presiones ni amenazas de ningún tipo
Y que sepas que tanto Katy como yo contribuimos a hacer un mundo mejor para vivir.

No sé porqué, pero tengo un mal presentimiento cada vez que Katy viene. Me alegro demasiado al verla, la abrazo, la bromeo y charlo con ella como si no fuera a haber una próxima vez. ¿Crees que es por ese trabajo en la Europa continental que era mío, pero acabó haciendo ella? No sé, tal vez temo que la próxima lechuza que me llegue, sea anunciándome su muerte, pero mantengo la esperanza. Katy es muy fuerte y determinada, sabe cuidarse.

Cariño, oigo pasos afuera, debe ser tu hermana mayor, Gwen, que quiere que vayamos a la plaza del pueblo a ver cómo instalan un pequeño circo que acaba de llegar. Debes saber, Kane, que Gwen es una señorita muy pulcra, a pesar de tener casi doce años. Solamente sale a divertirse cuando ha terminado sus tareas. Dice que se lo enseñó su madre
Sí, yo no soy su madre, pero la quiero mucho. Es una chica tenaz, que de haber sido bruja, habría sido brillante. Aquí entre nos, me encanta la carita que pone cada vez que hago algo de magia frente a ella, ¡es tan graciosa y feliz! Me divierto mucho contándole cosas de los magos, y pide con fervor que un día la lleve a pasear al Callejón Diagon o a Hogsmeade.

Bien, creo que te he dicho lo que quería, así que ataré este pergamino junto con todos los demás que te he escrito desde que me enteré que nacerías, y veré que Gwen desayune como se debe antes de irnos a la plaza. Anthony, su padre y el tuyo, sale del trabajo temprano, así que si ve a una hija y a una esposa felices de verlo y arrastrarlo al circo, seguro se pone contento. Ay, Kane, cuando conozcas a tu padre, espero que lo quieras tanto como lo quiero yo. Aunque pensándolo bien, creo que solamente ha existido una persona que ha querido a Anthony como lo quiero yo: Morgan, la madre de Gwen. Descansa en paz, Morgan, que yo cuidaré de tu familia, dado que ahora también lo es mía.

Nos veremos en otro momento, Kane, tal vez cuando Katy venga de nuevo al país, que será en una semana. Caray, para entonces ya será agosto y el calor no me dejará en paz. ¿No quisieras nacer ya, cariño? Descuida, es una broma. Llega cuando quieras, que te recibiré con los brazos abiertos.

 

Con amor:

Tu madre.

P.D. ¿Te gusta el nombre de Kane, verdad? Katy y yo lo elegimos, porque comienza con la misma letra que los nuestros. Además, a mí me gusta porque viene del país de tu padre. ¿Te he dicho ya que eres descendiente de un galés de pura cepa? Este país es hermoso. Te lo mostraré con mucho gusto
Y verás que la magia no solamente es para los magos.

Cuando terminó, Walter notó que Katrina tenía los ojos llenos de lágrimas que no se preocupaba por enjugarse. Tuvo que ser Orestes quien, después de depositar el ramo de lirios sobre la tumba de Kelly, le tendiera un pañuelo bordado con grecas azules en los bordes.

Encontré esto en el desván de la casa, mamá, en un baúl explicó Walter en un susurro, pero no se dirigía a ninguno de los presentes: miraba fijamente la lápida de su madre, donde estaba escrita la fecha de su muerte Papá me contó que el baúl era tuyo, de cuando ibas al colegio, y que se salvó el día que nací porque lo habías hechizado. Ahí guardó todo lo que era tuyo
Al menos todo lo que sobrevivió ese día.

Katrina, aceptando el pañuelo de Orestes, no pudo reprimir un gemido: sabía de qué hablaba Walter. Recordar cómo habían ocurrido las cosas aquel día de hacía trece años, por más que lo intentara, no dejaría de doler jamás. Se sentía terriblemente culpable

Yo también quiero vencer a la memoria, ¿sabes? comentó de pronto Walter, con un dejo de alegría, acuclillándose ante la tumba Escribo mucho. Danielle, una de mis amigas, me regaló una libreta fantástica, ¿sabías que hay libretas que escondes lo que pones en ellas cuando hace falta? Me sorprendí mucho la primera vez que la usé, y eso que Danielle me explicó cómo se usa
Ser mago es genial, mamá. Por eso yo también agradezco el regalo que me dejaste en el mundo, aunque no sea precisamente una cosa viviente.

El jovencito sonrió levemente, enderezándose, y su padre se colocó a su lado, pasándole un brazo por los hombros.

Kelly
susurró Katrina entrecortadamente, mirando el nombre de su gemela fallecida Muchas gracias por no dejarme sola

Se cubrió el rostro con el pañuelo, para luego sentir que alguien le posaba una mano en un hombro. Movió los ojos y descubrió a Orestes dedicándole una sonrisa de consuelo.

¿Quieres venir a comer, Katy? inquirió el señor Poe de repente, intentando sonar tan sereno como de costumbre Hoy habrá pastel de chocolate hecho especialmente por mi madre.

Katrina frunció el ceño ante la cara de su cuñado, que había adoptado una ligera sonrisa. Pero de pronto, cayó en la cuenta del motivo para una fiesta: sería muy el aniversario de la muerte de Kelly, pero también era el cumpleaños de su sobrino. ¿Cómo pudo haberlo olvidado?

Iré, por supuesto asintió en el acto, limpiándose algunas lágrimas que le quedaban en las mejillas Pero antes tenemos
miró a Orestes de reojo, quien a pesar de sí mismo, vio su reloj de pulsera con cierta preocupación Tengo que hacer algo.

El señor Poe asintió.

Nos vemos más tarde, tía Katrina se comenzó a despedir Walter Espero que te guste el pastel de chocolate.

Katrina, por primera vez en mucho tiempo, soltó una ligera risa que no parecía concordar con su entorno. Se llevó una mano a la boca para ahogar un poco el sonido, y asintió.

 

Kane, debes saber que me enloquece el pastel de chocolate.

Walter sonrió, agitó una mano y comenzó a andar junto a su padre, que únicamente le dedicó a Katrina un movimiento de cabeza que bien podía significar Hasta pronto.

La familia es un tesoro comentó Orestes de pronto, repentinamente serio Por ellos peleamos, Katrina. Que no se nos olvide nunca. Y lamento arruinar el momento consultó de nuevo su reloj, de correa color azul oscuro y con las manecillas adornadas por diminutos diamantes Pero vamos retrasados.

La mujer asintió, le echó un último vistazo a la lápida de Kelly y sonrió con nostalgia.

Hasta la próxima, hermana murmuró con emoción.

Y al alejarse, recordó lo que Kelly solía responderle en vida ante aquella frase.

Hasta nunca, hermana, si sigues de loca.

&&&

10 de agosto de 2019.

Londres, Inglaterra.

Sala de las Profecías, Departamento de Misterios, Ministerio de Magia.

Nunca en su vida creyó que volvería a pisar ese lugar, no desde que lo había hecho varios años atrás, conducida por lo que parecía una cuestión de vida o muerte, y resultó en tragedia. No sabía si alegrarse o enfadarse con sus superiores, ¿pero qué remedio le quedaba? El ofrecimiento de aquel cargo había caído del cielo, era la oportunidad perfecta.

Ahora solamente quedaba armar un buen plan. Ese lugar estaba tan bien protegido que cualquier movimiento en falso podría acarrear graves consecuencias. Pero en sí, ella no quería robar nada, ¿cierto? Le intrigaban las palabras que le habían enviado, más porque creyó haberlas visto antes, en una ocasión en que le permitieron leer los registros de las profecías guardadas. Cierto, no era devota de creer en profecías, pero desde su directa intervención en una de ellas, ya no podía desdeñarlas del todo. Sin embargo, opinaba que por más que las palabras de algún vidente lo anunciaran, cada quien era libre de crearse su propio destino.

Así, rondó las estanterías de madera, que por lo que pudo observar, no habían cambiado gran cosa: seguían siendo altas y oscuras, con miles de esferas de cristal llenas de polvo. Miró los números en las estanterías, dejándose llevar por los recuerdos, y pronto estuvo cerca de aquella que en el pasado, había contenido algo que le arruinó la vida a un inocente.

Suspirando, se alejó un poco, queriendo despejarse la mente y dejar los recuerdos a raya. Pero entonces, sin darse cuenta, se internó en un pasillo que no conocía, y decidida, encendió la varita (hacía mucho que las antorchas más cercanas ya no le iluminaban el camino) para tener mayor visibilidad. Ese pasillo, aparentemente, era como el resto, pero había algo que

Se detuvo un solo instante para vislumbrar el número del pasillo, pero no lo encontró. Frunciendo el ceño, siguió avanzando, pero con mayor lentitud y sigilo que antes. Ahora sí que se estaba volviendo loca, ¿quién querría atacarla en ese lugar? Aún así, el ambiente no ayudaba a quitarle esa extraña sensación de que algo ocurriría.

Siguió caminando, escuchando cómo sus pasos resonaban por el lugar, cuando distraídamente posó los ojos en una esfera de cristal de las muchas que había ahí. La hubiera pasado de largo si no hubiera sido porque debajo de ella, como en el resto, había una pequeña placa metálica con una inscripción que llamó poderosamente su atención.

 

SPT (q.e.p.d.) a HAH

ICS, YLM, MEK y HHP, DEM, (¿?) otros no identificados.

Las letras se le quedaron grabadas en la retinas, como si alguien le hubiera colocado un cartel frente a la cara que no pudiera despegársele. Negando frenéticamente con la cabeza, dio un par de pasos hacia atrás, a trompicones, queriendo alejarse de allí lo más pronto posible. Se sentía aterrorizada, pero a la vez su cerebro, trabajando a mil por hora, comenzaba a comprender

No, no
susurró en tono de súplica, queriendo en vano anular con eso la conclusión a la que estaba llegando Ella no, por favor, ella no

Al chocar con la estantería contraria a la que observaba, reaccionó bruscamente, inhaló con lentitud para tranquilizarse y echando a andar, quería encontrar alguna explicación lógica para lo que acababa de ver. ¿Porqué tuvo que tocarle precisamente a ella ese duro trance? El empleo venía con sus malos ratos, cierto, pero hasta la fecha, nunca le había tocado uno así. Más que antes, más que otra cosa, deseaba salir de esa sala, entrar a su despacho y ponerse a trabajar en lo que recién le había llegado esa mañana con una lechuza. Era un insignificante trozo de pergamino, bastante viejo, con anotaciones al reverso que indicaban la posible interpretación del párrafo en el anverso, pero además, había otro pergamino, con una sola línea, que por ahora no le importaba. Solamente quería el pergamino viejo, el que decía más cosas, porque ahí estaban sus respuestas. Y quizá, con la suerte que tenía, la desgracia para su familia.

Al llegar a la sala circular que servía de entrada a la mayoría de las salas del Departamento de Misterios, pudo apagar la varita al tiempo que ordenaba a la nada con voz enérgica.

Quiero ver la salida, ¡ahora!

Enseguida, una puerta que daba a un pasillo iluminado con antorchas normales se abrió y pudo dejar la sala circular negra y sus antorchas con llamas azuladas. Anduvo con la cabeza baja, sacando conclusiones aún, cuando escuchó pasos que no eran suyos. Cosa rara, si consideraba que ya era tarde y pocos estaban autorizados a rondar por ahí. Sacando la varita, se puso en guardia.

¿Señora?

La pregunta, hecha con extrañeza y alivio a un tiempo, la sobresaltó.

¡Vaya susto! exclamó, bajando la varita sin dejar de aferrarla con fuerza ¿Qué haces aquí a estas horas, muchacho? ¿Qué, nunca descansas?

El aludido, un hombre de aspecto joven con revuelto cabello castaño, hizo una mueca.

Claro que descanso, pero tuve una diligencia complicada que apenas terminé hace
miró su reloj con sus ojos grises
Diez minutos. Ya me iba, pero creí oír algo, así que

Ya, ya ella frunció el ceño un poco, analizando al hombre Pero dime, ¿cómo sé que eres tú realmente y no alguien más?

Vamos, señora, eso es fácil, pregúnteme lo que sea.

La mujer torció la boca ligeramente, concentrándose.

¿Qué esconde Abil Nicté Graham en la mano derecha, que siempre lleva enguantada?

El hombre, arqueando las cejas, soltó un silbido.

El tatuaje que le hicieron en Calmécac.

La mujer asintió, suspirando.

 

Sí que es paranoica, señora resopló el hombre.

El ambiente lo provoca se disculpó la mujer escuetamente Salgamos de aquí, que ahora que lo recuerdo, tenemos qué hablar.

El hombre asintió y caminaron sin prisa, pero sin pausa, hacia uno de los ascensores que los llevaría hasta el Atrio y de allí, hacia la entrada de visitantes.

¿Tenemos que hablar en el mundo muggle? quiso saber el hombre.

La mujer asintió, metiéndose a una cabina de teléfono muggle, seguida por su acompañante.

Pronto estuvieron en una calle que, por la hora, estaba transitada. Las personas que pasaban por ahí medio suspiraban de alivio, por la llegada del fin de semana, aunque refunfuñaban por el inesperado aire frío que se sentía de vez en cuando. Los dos magos, que antes de salir a la calle se habían transformado las túnicas por ropas muggles, apenas si se miraban.

¿Puede saberse qué quiere de mí, señora? inquirió el castaño, entre serio e impaciente No es por apurarla, pero se supone que tengo una cita ahora mismo, y ya voy retrasado.

Lo siento, solamente es una insignificante pregunta apuntó la mujer con severidad Anom, ¿qué significa citlalli?

El aludido arqueó las cejas con desconcierto.

¿Tanto alboroto para eso? espetó, un tanto indignado Señora, creí que había estudiado los dialectos indígenas de mi país cuando tuvo la oportunidad de estar allá

No tuve tanto tiempo libre como crees rebatió la mujer con el ceño fruncido Aunque me hubiera gustado. Anda, contéstame, ¿qué significa citlalli?

Bueno, en primera, es una palabra de un dialecto que no domino aclaró Anom Aunque sé lo que quiere decir. Es estrella en náhuatl.

¿Náhuatl?

Sí, sí, náhuatl. En ese dialecto están varios de los hechizos antiguos de mi país.

La mujer se quedó pensativa largo rato.

¿Hay alguna palabra o nombre en tu dialecto que signifique estrella vespertina?

Bueno, creo que sí Anom se puso a pensar, hasta que sonrió y exclamó ¡Claro, cómo no me acordaba! Mi prima, se llama Itzel, ¿sabe? Ese nombre significa lucero de la tarde.

¿Y puede ver el futuro, cierto?

Ante eso, Anom se detuvo en seco, anonadado. La mujer avanzó un par de pasos más antes de imitarlo, girándose para quedar de frente a él, con expresión neutra, pero un dejo de tristeza en los ojos que parecía decirle que las cosas no iban muy bien.

Señora, ¿qué
? comenzó Anom.

Me temo que tu prima está en peligro dijo simplemente la mujer Y ella, si de verdad ve el futuro, ya debe saberlo. ¿No te ha contado nada al respecto?

Anom, sin salir de su asombro, asintió.

Hace poco me mandó una carta
Decía que
Había visto muerte y destrucción
Guerra y dolor
Y que si quería a alguien, debía pelear por tenerla añadió, haciendo una mueca Muy expresiva mi primita desdeño.

Pues necesito comunicarme con ella. Tiene qué ayudarme.

Ahora sí que Anom se quedó con la boca abierta.

¿Y se puede saber, al menos, el motivo de semejante petición? quiso saber.

El motivo, Anom, está en la Sala de las Profecías. Y podrás saberlo de mí cuando acepte el cargo que me han ofrecido esta mañana.

Entonces es cierto musitó el hombre Usted será la nueva encargada de la Sala de las Profecías. Pero creí que no las consideraba ciertas recordó, extrañado.

 

No es eso. Simplemente creo que no hay que darles mucho valor. Cada quien hace su destino, Anom. Si quieres seguir las palabras que otros pronuncian, es tu problema.

Anom soltó un silbido.

En ese caso, creo que mi prima y usted podrán trabajar bien juntas, señora.

La mujer, pasándose una mano por la melena castaña, pudo esbozar una sonrisa.

Genial comentó Pero por última vez, Anom, ¡puedes llamarme Hermione!

Ante la exaltación de su acompañante, que minutos antes parecía estar paranoica respecto a su seguridad, Anom no pudo más que reír.

Bien, bien, Hermione, pero no espere que la tuteé, porque me sentiré extraño. Ahora, si no le importa, me marcho. Tengo una cita, como ya le dije, así que dispongamos los detalles de este asunto en otra ocasión, ¿quiere? ¡Ah! soltó de improviso, cuando ya se iba hacia un callejón para desaparecerse Mi prima, en esa última carta, me pidió que le dijera algo que no entendí, pero que usted captaría al instante. Según ella, la planificación le dará las respuestas.

¿La planificación? repitió Hermione Potter, sin ocultar su desconcierto ¿Y se supone que yo capto al instante lo que significa?

Según Itzi, sí. No sé qué esté planeando, Hermione, pero de ahí sacará las respuestas.

Acto seguido, Anom fue a un callejón cercano, agitó una mano y se desapareció.

Fue al levantar la vista al cielo estrellado, que la señora Potter creyó saber qué quería decir aquella frase. La planificación
Sin duda, se refería a la idea que le rondaba por la cabeza antes que la placa de aquella profecía le borrara todo de la mente.

Si de verdad ella está involucrada
musitó, preocupada Más que nunca, necesito descifrar esas palabras. No temas, cariño
Ni tú ni nadie inocente sufrirá si puedo evitarlo.

Y decidida, buscó un sitio dónde desaparecerse. Antes de ir a casa, tenía algo qué hacer.

(1) La Siegessäule es la Columna de la Victoria, erigida para conmemorar la victoria de Prusia, en alianza con el Imperio Austriaco, contra Dinamarca en la Guerra de los Ducados de 1864. También conmemora las victorias de Prusia en la Guerra de las Siete Semanas contra el Imperio Austriaco en 1865 y la Guerra Franco-prusiana contra el Imperio de Napoleón III.

(2) Gold-Else, en alemán, significa Isabelita de Oro. Es la estatua de Niké, la diosa de la victoria, en la cima de la Siegessäule.

(3) El nombre de Alemannen Platz quiere decir Plaza del Alamán.

(4) Shinitani viene de los vocablos japoneses shi (muerte) y tani (valle). La palabra significaría entonces valle de la muerte.

(5) Literalmente, Fallen Souls quiere decir Almas Caídas.

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24 de Febrero de 2008. 11:10 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags., México)

Hola a todos(as), soy Bell reportándose. Sí, he sido mala dejándolos en ascuas durante tanto tiempo, pero créanme, no quieren que les diga por lo que he tenido que pasar, no todavía. Se los contaré más adelante, aunque de pasada. Mejor pasemos primero al capi.

La idea de presentar la simpática reunión de nuestro rubio favorito (nótese el sarcasmo en la mayoría de la frase) me vino a la mente al releer un poco tanto la presente entrega como las pasadas, buscando detalles que me ayudaran a seguir. Y sí, sé lo que están pensando: es tremendamente complicado acordarse de tantos capítulos: 60 de La siguiente generación, 58 de ET3P y con éste, 11 de PGMM
Y ni qué decir de los detalles que me han surgido de la nada y tengo en papel

 

Bueno, esta junta de malvados era fundamental para saber cómo están las cosas. Hugo se ha apoderado de la Alemania mágica, y hará que el ministro firme un Tratado que lo dejará fuera de la jugada. Aprovecho para decirles que el apellido del Ministro de Magia alemán, Merkel, es el de la primera mujer en ser canciller de ese país, aunque ahora no recuerdo su nombre de pila. Pensé que era un buen recurso y si lo preguntan, les diré que en mi fic, el ministro Merkel es pariente de la canciller Merkel. Eso explicaría que se desempeñe tan bien en la política.

Lo mismo va para Tansu Ecevit: el nombre de pila es por la primera mujer en ser primera ministra en Turquía, mientras que el apellido, es de un político de ese país. Por añadidura, la nacionalidad de esta mujer es turca, por eso tiene ese aire de Medio Oriente. Aunque una cosa es segura: para conseguir lo que quiere, no solamente hace uso de sus conocimientos políticos. Ya luego le preguntan a Foss de qué hablo, jajaja.

Katrina se ha librado por un pelo de ser testigo en el Tratado, ¿eh? Y ahora sabemos porqué: se fue a Fallen Souls a visitar a Kelly. Orestes la acompañó, ¿no es lindo este hombre? La creadora original de Katy no puede quejarse, hace bonita pareja, jajaja. Y aunque Katy sea tan despistada como para haber olvidado el cumpleaños de su sobrino, el chico no parece ofendido por ello. Y sí, la carta que leyó Walter él la tenía desde hacía mucho, pero como en ella su madre nunca especificó quién era Katy, el niño no sabía que era su tía. Sí que soy buena dejando esas lagunas, ¿verdad? La pregunta aquí es, ¿qué misión tendrían Katrina en Reino Unido, como para que Hagen la dejara marchar tan campante y no retrasar la firma del Tratado? Ah, se los dejo de tarea. Y si hacen sugerencias, no me importará.

Si alguien se pregunta qué es de mi vida cuando no escribo, pásense por mi bitácora en línea. Es fatigoso andar explicando porqué ya no actualizo tan seguido como antes y créanme, en estos momentos no ando de humor: comencé a trabajar hace dos semanas, y ando en fase de adaptación. Y de mucho trabajo para los contadores de mi país, así que de una vez les pido que no me anden insistiendo por los comentarios en que actualice pronto. O pensándolo mejor, pueden hacerlo, pero amablemente. Porque quien está más emocionada por seguir, soy yo, jajaja.

¡Ah, una cosa! Lo de la bitácora en línea me recuerda que pronto lanzaré una especie de convocatoria a través de ella, así que quienes puedan, pásense por ahí, que tiene que ver con la saga, aunque de manera muy simple. La explicación completa espero ponerla en la semana, aunque el trabajo y la uni no me dejarán, jajaja. Sólo les adelanto que tiene que ver con las cartas del tarot.

Bien, me despido, que ya es tarde y mañana hay trabajo, un examen tremendamente complicado en la uni y eso solamente es el inicio de un fin de mes muy pesado (qué frase tan rara, jajaja). Cuídense, ténganme paciencia con la entrega (que me está saliendo más difícil de hacer que las anteriores) y nos leemos pronto.

 

A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.

Doce: Regreso del mar.

1 de septiembre de 2019.

Londres, Inglaterra.

Estación de King's Cross.

King's Cross es uno de los sitios más transitados de la capital británica. Miles de personas van y vienen en los trenes, que a través de los años se han hecho cada vez más rápidos y cómodos. Sin embargo, alguien muy observador se daría cuenta que el primero de septiembre, discretamente, había un goteo constante de personas con equipajes y charlas muy peculiares.

Por fin, por fin, ¡este año voy a conocer Hogsmeade!

Una jovencita alta y delgada, de largo y despeinado cabello rubio rojizo, empujaba un carrito cargado con un baúl y una jaula que contenía una lechuza de plumas grisáceas. La chica, dando saltitos de alegría que avanzaba por los andenes 9 y 10, llamaba la atención de los usuarios, que alzaban las cejas entre divertidos y ofendidos. La mayor parte de esos individuos eran hombres y mujeres de aspecto muy serio, vestidos de traje y corbata, con sendos maletines y portafolios en las manos, camino al trabajo. Y desviaban la vista al recibir la mirada fulminante de unos ojos azules pertenecientes a un hombre muy alto, pecoso y pelirrojo que caminaba tras la chica.

Rosaline, cariño, guarda tus energías para el tren aconsejó el pelirrojo.

La jovencita, mirando al hombre por encima de su hombro, asintió con vehemencia y disminuyó un poco la frecuencia de sus saltos, aunque seguía sonriendo con ganas.

Ronald, déjala le pidió al pelirrojo una mujer delgada, de larga melena rubia y unos ojos claros de aspecto brumoso, entre azules y grises, que eran idénticos a los de la chiquilla con el carrito Desde que le dijimos, está así.

El hombre, Ron, suspiró y siguió con la mirada a la chica, que con su carrito, se iba acercando de manera lenta a la barrera que separaba a los andenes 9 y 10. Sin dejar de dar saltitos, se fue contra el sólido muro de piedra y ante la atenta mirada del pelirrojo y la rubia, desapareció en ella sin que a su alrededor se dieran cuenta.

Nuestro turno, Luna indicó el pelirrojo, ofreciéndole el brazo a la rubia.

La mujer asintió, se aferró al brazo del pelirrojo y ambos atravesaron la barrera.

Al otro lado, un andén completamente diferente les dio la bienvenida. Una locomotora roja de vapor arrojaba nubes blanquecinas por su chimenea, haciendo que algunas de las personas que transitaban por ahí no fueran visibles del todo. Niños y jóvenes de entre once y dieciocho años llevaban baúles y jaulas al tren, despidiéndose de sus familias y reencontrándose con sus amigos tras un largo verano sin verse. La jovencita, deteniéndose casi por completo con su carrito, giró la cabeza en todas direcciones, como buscando algo, para luego consultar un reloj de pulsera de correa roja y manecillas doradas. Al reparar en la hora, frunció el ceño y ubicó a los adultos tras ella rápidamente.

¡No han llegado! exclamó.

La mujer rubia, esbozando una serena sonrisa, se acercó a la chica con gesto tranquilizador. En cambio, el pelirrojo consultó su respectivo reloj, que en lugar de manecillas tenía estrellas girando en la periferia de la carátula, y torció la boca, inquieto.

 

Quién lo diría de Hermione
comentó, encogiéndose de hombros.

Luna, que en ese momento le acariciaba suavemente la cabeza a la jovencita, miró a Ronald con ligero interés, antes de sonreír.

Ya llegarán afirmó sin pizca de duda.

Unos minutos después, cuando los numerosos adultos reunidos en el andén se despedían de los chicos que ya se habían subido al tren, un pequeño grupo salió de la barrera que separaba los andenes 9 y 10. Estaba compuesto por cuatro personas: un hombre alto de revuelto cabello negro, ojos verdes y anteojos; una mujer castaña de andar resuelto y aguda mirada castaña; una chica de cabello negro con leves destellos rojizos, ojos castaños y anteojos y una pequeña de cabello rubio ligeramente rojizo y ojos color azul lavanda. Las dos chiquillas llevaban carritos y la de cabello negro cargaba, además de un baúl, una jaula con una lechuza blanca como la nieve.

¡Hally! exclamó la chica pelirroja, abandonando su carrito en manos de la mujer rubia y corriendo hacia la chica de cabello negro y anteojos ¿Cómo estás, amiga? inquirió de forma animada, dándole un abrazo tal que casi la derrumba.

Rose, parece que no me has visto en un mes se quejó la joven de anteojos, entre alegre y sorprendida ¿Qué te pasa, eh?

Pero Rose no contestó, sino que enseguida le sonrió a la pequeña rubia.

¡Hola, Drusie! dijo en voz muy alta, haciéndose oír por la mitad de los presentes a su alrededor ¿Comienzas este año en Hogwarts?

La pequeña rubia, un tanto intimidada, asintió desde la espalda de Hally.

Les ayudaremos con sus cosas avisó en ese momento el hombre de cabello negro y ojos verdes ¡Eh, Ron! Anda, subamos los baúles de las niñas.

El pelirrojo, haciendo una mueca de falso fastidio, hizo sonreír a la mujer rubia que lo acompañaba. En tanto, la mujer castaña se acercó a las chiquillas.

No temas, Drusie, verás que todo sale bien le aseguró a la pequeña rubia con cariño Hally te cuidará mucho, ¿sabes?

Drusie miró con sus inocentes ojos a Hally, quien asintió firmemente con la cabeza.

Rose, que tengas un buen curso le dijo de pronto Luna Y pórtate bien.

Rose asintió y el grupo se fue tras Ron y el hombre de cabello negro, que con unas varitas de madera apuntándoles a los baúles, hacían que éstos y las dos jaulas levitaran al frente, en tanto buscaban un compartimiento dónde subirlos. Lo ubicaron en la mitad posterior del tren, cuando una voz entre ronca e infantil llamó con fuerza.

¡Señor Potter, señor Weasley, por aquí!

A una ventanilla, con medio cuerpo de fuera, se asomaba un chico delgado de cabello rojo anaranjado, con ojos color verde claro y una enorme sonrisa. Agitaba una mano vigorosamente para hacerse notar.

Thomas, estás loco se rió Rose ¡Quítate de ahí!

El aludido se encogió de hombros por toda respuesta, antes de meterse completamente al compartimiento y en menos de dos minutos, bajar del tren a toda prisa.

Vamos, chicas, que el tren no tarda en partir las apuró con varios aspavientos ¡Hola, bonita! saludó a Drusie ¿Te vienes con nosotros?

Esta vez, Drusie asintió silenciosamente, lo más rápido que pudo y muy sonrojada.

Muy bien, hasta Navidad se despidió el señor Potter, luego de darle un abrazo a Drusie y un beso en la mejilla a Hally Cuídense mucho y escriban con frecuencia.

 

Claro, papá prometió Hally, ayudando a Drusie a subir al tren.

¡Y estudien mucho! pidió la mujer castaña con cierto aire autoritario.

Hermione, no presiones a las pobres niñas antes de empezar el curso suplicó Ron, risueño Más a sabiendas que tu hija heredó tu cerebro.

El señor Potter se rió ante el comentario de su amigo, ante la cara ligeramente indignada de Hermione y el semblante calmado de Luna.

Yo les escribiré mucho, mucho, mucho prometió Rose de repente, siendo la última en subir y con un dejo de hiperactividad En serio, mamá, este año te vas a cansar de mis cartas.

Entra ya, Rose ordenó Luna suavemente Esperaré tus cartas con ansias.

Rose asintió con ganas y se metió al tren con los demás.

Rose, amiga mía, andas muy agitada, ¿no crees? le comentó Thomas cuando iban camino al compartimiento a toda carrera, para asomarse a las ventanillas y despedirse una última vez de los adultos que dejaban atrás.

Luego sabrás prometió Rose, antes de entrar al compartimiento que su amigo le indicó con un gesto ¡Hola a todos! Qué bonito día para irnos a Hogwarts, ¿no? y sin dar tiempo a alguna frase de desconcierto de los presentes, se encaminó directo a la ventanilla, asomó la cabeza y sacando los brazos, los agitó de un lado a otro por encima de su cabeza mientras decía ¡Adiós, mamá! ¡Adiós, papá! ¡Mándenme muchas lechuzas! ¡Nos veremos en Navidad!

¿Qué rayos le pasa a Rose? inquirió con extrañeza una chica con la melena castaña recogida en una cola de caballo, que tenía un bloc de dibujo en el regazo.

Eso quisiera saber, Sunny aseguró Thomas, sentándose frente a la aludida, entre un castaño de ojos verdes y un chico de brillante cabello negro y ojos azul violáceo.

Me toca, me toca exigía Hally a Rose, empujándola levemente para apartarla de la ventanilla. Al conseguirlo, se asomó y también agitó una mano, aunque no tan locamente como su amiga ¡Adiós, papá! ¡Adiós, mamá! ¡Que estén muy bien!

Ustedes sí que saben despedirse comentó una joven de cabello rubio platino y ojos azules tan opacos que parecían grises. Esbozaba una sonrisa divertida.

Creo recordar a cierta rubia que no quería separarse de un par de bebés pelirrojos soltó de pronto una chica de largas trenzas de cabello castaño claro, que apenas si despegaba sus ojos azules de un pañuelo blanco con bordes de encaje azul cielo.

Lo sé, Amy, lo sé reconoció la de melena rubia Es que Ly y Lance son muy lindos.

¿Vinieron Frida y Patrick con los niños, Danielle? se interesó Rose, tomando asiento por fin entre Sunny y Hally No los he visto desde el bautizo.

Sí, vinieron respondió la de melena rubia Estuvimos toda la semana pasada en Londres. Compramos mis cosas de Hogwarts y paseamos por algunos sitios.

Al menos pudiste salir refunfuñó Sunny, cerrando de golpe su bloc Snape estaba paranoico, ¡ni siquiera me dejó visitar a Will y a sus niños!

Pero eso no era porque se plantara en su papel de ogro negro le recordó un castaño de ojos grises, sentado entre el chico de los ojos azul violáceo y un muchachito de rasgos orientales Tú misma lo dijiste: fue por el ataque terrorista al Londres muggle

 

Se hizo el silencio. Los presentes, trece en total, intercambiaron miradas sin saber exactamente qué decir al respecto. Fue el de ojos color azul violáceo quien, llevándose una mano a la frente como si se acordara de algo, sonrió y se puso de pie.

Oigan, quiero presentarles a alguien se rebuscó en los bolsillos de la chaqueta negra que traía puesta hasta que de un bolsillo interior, sacó lo que parecía una fotografía instantánea muggle La verán en persona cuando lleguemos a Hogwarts.

Les tendió la fotografía a los presentes, quienes se levantaron de sus asientos y formaron un círculo en torno al muchacho. En la fotografía, que en realidad era mágica, podía observarse a una pareja de adultos compuesta por una mujer de cortos rizos castaños y ojos de un tono azul grisáceo suave y un hombre de cabello castaño entrecano y ojos claros; entre la pareja, se hallaba una niñita de rizos castaños y aspecto tímido pero feliz. Los tres eran despeinados por el viento, lucían abrigos gruesos y tenían a sus espaldas una calle muggle muy transitada.

¡Unicornios! exclamó el muchacho de rasgos orientales ¿Es el profesor Lupin?

El mismo, Ryo confirmó el dueño de la fotografía, sonriendo Él y tía Heather adoptaron a Erin este verano. Genial, ¿no?

¿Esa niña se llama Erin, Procyon? quiso saber el castaño de ojos verdes, suspicaz.

El dueño de la fotografía asintió.

En tanto los demás chicos meditaban sobre esa noticia, la mayor parte de las chicas en el compartimiento veían a la castaña de la fotografía con ternura.

Un minuto musitó Thomas de pronto Yo he visto a esta niña antes
y llevándose una mano al mentón, adoptó una expresión de intensa concentración.

Ahí va musitó con desgano una chica de corto cabello rubio cenizo, de ojos azules con ligeros matices verdes, que lucía unos aretes verdes en forma de rosa El informe de la memoria fotográfica de Thomas.

¿Memoria fotográfica? se extrañó Danielle, mientras las chicas que sabían de las cosas de los muggles soltaban una carcajada.

¡Eres única, Paula! un muchacho de cabello castaño rojizo y ojos oscuros le sonrió a la rubia de los aretes de rosas.

¡Claro! exclamó Thomas de repente, sobresaltando a todos Chicos, esa niña
señaló la fotografía que Procyon se guardaba en la chaqueta ¡Sí, estoy seguro! Salió en El Profeta hace semanas. ¡Es la nueva licántropa del ataque a Machu Picchu!

¿De qué estás hablando? espetó Sunny con impaciencia.

Sunny Thomas se volvió hacia su amiga con un aire de superioridad que ninguno de sus amigos le conocía Vives con un mago, ¿y no lees El Profeta ni por equivocación?

Yo no tengo la culpa de que Snape no me deje leer el periódico se defendió Sunny, desconcertada. Era realmente raro oírle a Thomas ese tono, que era más propio de

Ahora que lo mencionas, sí se parecen habló el castaño de ojos verdes, mirando a Procyon Leí la crónica de la interrupción del Pastoreo Lunar en El Códice
El periódico mágico de México agregó, al notar las caras de sus amigos ante aquel vocablo.

¿En dónde no se leyó? soltó Ryo Eso sólo pareció confirmar que el mundo se está volviendo loco. El abuelo Yao temía ataques en Shangai por lo de la Torre Wu y la abuela Rachel le escribió a papá preocupadísima por lo de Amaterasu-Jinja
El Templo Amaterasu aclaró, al ver el desconcierto de la mayoría Luego estuvo ese ataque al Aljibe de Morgana, en Riad, y la interrupción del Pastoreo
No ha sido un buen verano para el mundo concluyó tristemente.

 

Ryo, no tienes porqué recordárnoslo masculló Rose con fastidio.

Al menos consiguió que te bajaras de tu nube sentenció el castaño de ojos verdes.

¡Yo no andaba en una nube, Henry! recriminó Rose, plantándole cara.

¡Pues parecías un conejo, dando saltos sin parar!

Por favor, no empiecen
suplicó Hally con voz cansina.

Pero de nada sirvió, porque en los próximos minutos, todos tuvieron que soportar cómo Henry Graham y Rose Weasley se echaban en cara múltiples reclamos que en ocasiones, no tenían el más mínimo sentido. Al menos nadie les prestó mucha atención hasta que la pelirroja dejó escapar.

No tiene nada de malo andar alegre, Henry, Y mi razón para estarlo, grandísimo idiota, ¡es porque mi madre va a tener un bebé!

Ante eso, las chicas se quedaron boquiabiertas, de levantaron de sus asientos y fueron a abrazar a Rose, claramente felicitándola. En cambio, Henry se había quedado mudo y los chicos se miraban entre sí con asombro.

¡Boggarts! logró exclamar Ryo finalmente ¿Otro Weasley?

Lo dices como si fuera algo malo se quejó Rose, que en ese momento era abrazada por la chica de las trenzas, Amy.

No te ofendas, Rose, pero es que
¡Son muchos! musitó el chico de cabello castaño rojizo entre tímido y divertido.

No, no me ofendo, Bryan la pelirroja le dedicó una sonrisa Lo sé perfectamente.

¿Y tu familia ya lo sabe? inquirió Danielle.

Antes que Rose pudiera contestar, la puerta del compartimiento se abrió, y una melena de cabello rojo oscuro se abalanzó sobre Rose.

¡Felicidades, Rose! ¡Vas a tener un hermanito! ¡Tendremos un primo nuevo!

O prima apuntó un chico muy alto, de unos diecisiete años, desde la entrada del compartimiento. También era pelirrojo, de ojos castaños y sobre el lado izquierdo del pecho, prendida a su camisa blanca, brillaban dos insignias: una de prefecto y otra, un poco más grande, de Premio Anual Hola, Rose.

Hola, Dean logró contestar Rose en cuanto la dueña de la melena roja, una niña de ojos castaños y carita redonda Nerie, ¿de dónde sacas tanta energía?

¿Qué más da? desdeñó Nerie Longbottom con una sonrisa, volviendo a exclamar al segundo siguiente ¡Vas a tener un hermanito!

O hermanita rebatió suavemente Dean Longbottom Lo supimos ayer le explicó a Rose Tío Ron se apareció de pronto en la sala de nuestra casa, gritando a los cuatro vientos que tendría otro hijo el joven rodó los ojos Los Weasley somos complicados.

Muchos de los presentes rieron, más tomando en cuenta que Nerie y Dean no eran Weasley de apellido, aunque sí de aspecto y de sangre.

¿Cómo está tía Luna? preguntó Dean, ladeando la cabeza en actitud pensativa.

Bien, aunque papá dice que está más tranquila de lo usual Rose se encogió de hombros Lo que es raro, porque cuando iba a nacer yo, no podía quedarse quieta.

Eso lo explica todo comentó Henry por lo bajo, irónico.

Por suerte, nadie lo escuchó.

Bien, nos retiramos indicó Dean, luego de darle un breve abrazo a Rose Quedé de ver a Nigel y a las chicas antes de la junta de prefectos. Nerie, ¿y tus amigos?

 

Ah, sí, Alan, Odette y Agatha deben estar esperándome recordó la niña, llevándose una mano a la frente ¡Nos vemos, Rose!

Y después de un gesto de mano, ambos Longbottom salieron del compartimiento.

Felicidades, Rose le dijo de pronto Henry en un susurro Y disculpa lo de

¡Ah, no importa! aseguró la pelirroja, minimizando la situación con un movimiento de cabeza Como he dicho antes, los hombres tardan mucho en madurar.

Sus amigas le dieron la razón entre risas, en tanto los chicos se veían con extrañeza.

Gracias por el piropo se burló Procyon Chicos, ¿quieren iniciar la sesión o
?

En ese momento, la puerta del compartimiento se abrió de nuevo. Presintiendo lo que pasaría, la mayoría de los chicos metieron las manos a los bolsillos, empuñando las varitas. Y para su desgracia, no se habían equivocado.

Lo sabía masculló con desdén la desagradable voz de Hellen Brandon, una morena jovencita de ojos azules y fríos La pelos locos es la causante del alboroto.

¿No pueden estar sin molestar cinco segundos? masculló Sunny con fastidio, dedicándoles a los recién llegados, cinco en total, un ademán de molestia.

Nadie te incluyó en la conversación, sangre sucia dijo con tono inexpresivo el robusto y rubio Arnold Sullivan, entornando sus negros ojos.

A una, los seis chicos ocupantes del compartimiento enarbolaron las varitas.

¿Hemos de recordarles por las malas que no usen esas expresiones en nuestra presencia? quiso saber Procyon, desafiante.

¿Y qué te hace pensar que les haremos caso, Black? escupió un muchacho de ojos castaños y cabello negro muy corto.

No sé, Calloway. Quizá el no querer recibir una maldición.

Los amigos de Procyon se rieron ante la ocurrencia.

Black, déjate de tonterías pidió increíblemente una chica de cabello castaño y ojos oscuros y pequeños, Cloe Scott Tú, teniendo un apellido tan ilustre en el mundo mágico
Es una lástima que tu madre sea una insignificante muggle.

¿En serio? inquirió el aludido con voz falsamente pasiva.

Sí, en serio apoyó a Scott el castaño de Oliver Mackenzie con una ligera mueca mordaz Black, eres la rama podrida de un magnífico árbol familiar. Y alguien te ha de podar algún día.

Que idea tan interesante susurró Danielle con ira contenida. Al oírla, sus amigos observaron de reojo que tanto ella como el resto de las chicas (a excepción de Drusie) tenían las varitas arriba En ese caso, Mackenzie, deberías empezar por tu propio árbol. ¿O quieres que divulgue de dónde salió tu padre exactamente?

¡Mi padre es mago! espetó Mackenzie, transformando su mueca burlona en una de ira.

Ajá asintió Danielle con incredulidad Pues sé de buena fuente algunas cosas que me hacen dudar de dónde viene exactamente. Y créeme, Mackenzie añadió con una sonrisa desafiante No me importará decirlo a los cuatro vientos si no dejas de molestar.

Mackenzie le lanzó una mirada fulminante, al menos hasta que la voz de Dean Longbottom anunció el regreso de su dueño a aquel compartimiento.

Rose, se me olvidaba, ¿recibieron carta de
? se interrumpió el muchacho al ver a los cinco en la puerta del compartimiento que barrían con la mirada a su prima con la varita en alto, igual que sus amigos ¿Ocurre algo? inquirió con severidad.

 

Los cinco intrusos, viendo de reojo las insignias de Dean, le dedicaron un mohín de disgusto antes de marcharse por donde habían venido. Dean, luego de eso, se dirigió a Rose.

¿Recibieron carta de tía Fleur en tu casa?

¿Tía Fleur? se extrañó la pelirroja, en tanto ella y sus amigos guardaban las varitas No, no llegó nada a casa, al menos que yo recuerde. ¿Porqué?

Creí que ustedes también habían recibido un vociferador de tía Fleur Dean suspiró A casa llegó uno donde sonaba muy molesta. Frank
se casó con Sally Wood sin decírselo a nadie.

Rose se quedó con la boca abierta.

¿Lo dices en serio? logró decir ella ¿Frank? ¿Nuestro Frank? Pero
¡Apenas se había reconciliado con Sally Wood en Año Nuevo! consiguió susurrar finalmente, dejándose caer en su asiento, sin fijarse que casi aplasta la mano de Sunny.

Dean asintió, mientras Hally recordaba que Frank era el primo de Rose que trabajaba en el Ministerio de Magia francés. Y al segundo siguiente creyó pasar a toda velocidad por su mente la imagen de un pelirrojo de ojos muy azules defendiendo a una castaña alta de rostro atractivo y cabello corto en el ataque terrorista que truncó la tercera prueba del Torneo de las Tres Partes.

La boda fue en Francia explicó Dean de golpe Frank aprovechó que Sally fue a visitarlo el mes pasado para llevársela a la embajada y casarse. Tuviste suerte movió la cabeza de un lado a otro con aspecto resignado No oíste el vociferador de tía Fleur.

Acto seguido, consultó su reloj.

Ya va a empezar la junta comentó Nos vemos, Rose.

Cuando el chico se retiró, los presentes en el compartimiento contemplaron a Rose.

La familia crece a pasos agigantados la escucharon musitar.

Rose, ¿estás bien? le preguntó Hally afectuosamente.

La aludida asintió con vaguedad.

¿Qué tiene de malo que tu primo se casara? quiso saber Sunny, abriendo de nuevo su bloc.

Nada, nada, pero es que
Rose tomó aliento antes de seguir Frank siempre
ha sido muy serio. Muy responsable. No suele hacer cosas como ésa sin antes habérselo dicho siquiera a sus padres o a Belle. Esto
en él es raro.

Quizá
aventuró Bryan con lentitud, eligiendo cuidadosamente sus palabras Quizá esté preocupado por las cosas en el continente, Rose. Tal vez
quiera venir a vivir aquí con su esposa.

Al decir aquí, Bryan desvió la vista hacia la ventanilla, que en esos instantes mostraba un paisaje un tanto árido de la campiña, y un cielo gris y opaco.

Muchos magos y brujas del continente están mudándose al país continuó Bryan Papá y mamá lo estuvieron hablando todo el verano. Muchos extranjeros solicitaron asilo al Ministerio.

Tan
¿tan graves andan las cosas? musitó una incrédula Sunny, dejando caer su bloc.

Por toda respuesta, Bryan asintió.

Will no me dijo nada recordó la castaña, inclinándose a recoger su bloc de dibujo, en el que se pudo vislumbrar por breves instantes el retrato a lápiz de una joven de cabello largo y pecas Vino a despedirme y no comentó nada

Tal vez no sepa gran cosa supuso el castaño de ojos grises, conciliador.

¿Cómo no va a saber, Walter? Trabaja en el Ministerio, ¡algo debió escuchar!

Pero últimamente no puede confiarse en el Ministerio espetó Procyon de golpe, sobresaltando a Drusie, que se sentaba frente a él Ya vieron que McGill ha resultado un

 

Pero lo que era el ministro no llegaron a saberlo, porque la puerta del compartimiento se abrió de nueva cuenta. Para desconcierto de todos, un joven moreno con la túnica de Hogwarts ya puesta y una insignia de prefecto en el pecho de color azul y bronce, les sonrió débilmente.

Hola a todos saludó el muchacho, que tendría unos quince o dieciséis años Hally, ¿podemos hablar un momento?

La nombrada, sonriendo, salió del compartimiento después que el moreno le cedió el paso.

Idiota masculló Procyon por lo bajo.

¿Dijiste algo? quiso saber Walter.

Procyon arqueó las cejas altivamente, para después negar con la cabeza.

Seguía pensando en el ministro afirmó.

Ninguno de sus amigos le creyó del todo.

&&&

Hally andaba por el pasillo con la mirada algo baja, retorciéndose las manos inconscientemente, como siempre que estaba nerviosa. En un momento dado, se llevó la diestra a un arete, frotándolo un poco, antes de darse cuenta, por el rabillo del ojo, que Melvin Corner, su novio, venía a su lado con un porte orgulloso y una sonrisa.

Había sido un lindo detalle que la buscara en su compartimiento, pensaba ella, pero era más halagador pensar que Melvin se había tomado la molestia de averiguar en qué parte del tren estaba. Por la insignia que le brillaba en el pecho, Hally supuso que se había encontrado con Dean Longbottom y éste le había pasado el dato.

¿Qué tal el verano, Hally? inquirió Melvin de pronto.

Ella, dando un leve respingo por lo sorpresivo de la pregunta, se mordió un labio.

Bien, estuvo bien respondió Es muy divertido pasar ratos con Drusie
Ya sabes, mi prima aclaró, al ver que Melvin arqueaba una ceja.

Ah, sí, ya la recuerdo. Me alegro por ti.

Al decirlo, no parecía muy convencido, así que Hally tragó en seco antes de atreverse a hablar.

Melvin, ¿pasa algo malo?

El muchacho ladeó la cabeza con expresión ausente, como buscando la mejor manera de contestar aquello. Al final, no pareció lograrlo, porque soltó un breve suspiro.

Nada, no pasa nada aseguró, dedicándole una sonrisa que pretendía calmarla, pero que no era nada convincente Cuéntame, ¿tu prima
está bien?

Hally creyó saber a qué se refería, pues le había escrito regularmente a Melvin, y algunas de las cartas trataban de cómo Drusie se desempeñaba a pesar del Síndrome de Tardobius.

Mamá llevó a Drusie a San Mungo para que la examinaran, a finales de julio. Los sanadores le recetaron algunas pociones bastante complicadas que la han ayudado bastante. Papá escribió al colegio para que se las sigan dando.

¿Era la niñita de cabello rubio que estaba en tu compartimiento, verdad? Recuerdo haberla visto en tu fiesta de cumpleaños.

Hally asintió.

Es una niña muy linda reconoció Melvin Y a simple vista se nota que algo le sucede. Tendrás que cuidarla mucho, ¿eh? inquirió medio en broma.

Mamá ya me lo encargó rió Hally.

Melvin se encogió de hombros, observándola detenidamente. De pronto, desvió la vista hacia el frente y arrugó el ceño, claramente molesto.

Ven le indicó a Hally, tomándola de una mano No me agrada Zabini.

 

¿Quién?

La chica no obtuvo respuesta sino hasta que vio que por el pasillo venía un chico negro, de cabello oscuro y muy alto, que llevaba la túnica del colegio con los colores verde y plateado, iguales a los de una insignia de prefecto muy similar a la de Melvin. Entonces lo reconoció: había chocado con él en Hogwarts el curso anterior y su novio le contó que era un Slytherin de su curso.

Aquí está bien dijo Melvin de repente, señalando un compartimiento Entremos.

Simplemente Hally se dejó llevar y su compañero, luego de meterla al compartimiento, se quedó en la puerta del mismo un segundo, antes de entrar y cerrar tras sí.

No me agrada musitó Melvin con enojo Ya sabía yo que Zabini era el favorito para ser prefecto de Slytherin, pero no me agrada.

Melvin
lo llamó débilmente Hally Felicidades.

El chico abandonó sus pensamientos al instante, así como retiró la vista de la puerta.

¿Disculpa? soltó.

Es que
No sabía
La insignia señaló el pecho del muchacho.

¡Ah, eso! Melvin se rió un poco, aliviado Perdona, supongo que por la emoción, se me olvidó contártelo en mis cartas. Mis padres estaban muy contentos, no dejaban de hablar de otra cosa, me tenían loco ladeó la cabeza Y eso me recuerda
Longbottom me advirtió que no llegara tarde a la junta. Él se iba antes porque tenía que arreglar algunos asuntos. Con eso de que ahora es Premio Anual

Sí, lo sé, me lo contó Rose recordó Hally de repente Sus padres están muy contentos.

Se me olvidaba que los Longbottom están emparentados con los Weasley Melvin sonrió levemente La señora Longbottom es una Weasley, ¿cierto? al ver que Hally asentía, Melvin dio una cabezada antes de echar un vistazo al pasillo Creo que Zabini ya se fue. Y yo voy tarde añadió con fastidio, consultando su reloj Hally, ¿te importa si te busco después?

No, Melvin, claro que no. Pero si quieres ir a ver a tus amigos después de tu junta, hazlo. Tengo
la chica titubeó, sin saber exactamente cómo expresarse Tengo algo qué hacer.

El moreno arqueó una ceja, pero no preguntó más. Asintió y acercándose unos pasos, depositó un beso en la mejilla de Hally, antes de indicarle que salieran del compartimiento. Avanzaron unos metros por el pasillo, cuando desafortunadamente, se encontraron con el mencionado Zabini, que venía de regreso de donde quiera que hubiera ido.

Corner llamó el joven negro, entrecerrando los ojos ¿No deberías estar en la junta?

Lo mismo te pregunto respondió Melvin, mordaz, antes de ver de reojo a Hally.

Zabini siguió la dirección de su mirada, escrutó a Hally unos momentos y se marchó.

Lo dicho, no me gusta masculló Melvin Mejor te dejo aquí, Hally, ¿te importa?

La chica negó con la cabeza y lo vio alejarse en sentido contrario. Suspirando, emprendió el camino a su compartimiento distraídamente, reflexionando.

Melvin parecía preocupado por algo, pero no le había sacado nada. Quizá él tenía razon y no era algo de importancia, pero no dejaba de provocarle la vaga sensación de que las cosas no andaban bien. Encogiéndose de hombros, decidió por el momento olvidarse del asunto y concentrarse en la reunión de la Orden del Rayo que por una cosa u otra, no había podido comenzar. Justo cuando se acordaba de la presencia de Drusie, se halló ante la entrada de su compartimiento, donde todas sus amigas esperaban de pie, charlando.

 

¿Qué hacen aquí? quiso saber Hally, después de dirigirles a las chicas un movimiento de mano a modo de saludo.

Los muchachos se están cambiando respondió Amy con serenidad Que esperáramos a que volvieras para que fuera nuestro turno.

¡Son unos aprovechados! masculló Sunny con molestia.

¿Qué te pasa? la interrogó Rose.

Nada, nada la castaña levantó la mano que sostenía su bloc de dibujo, moviéndola de un lado a otro con ligereza Es que
Bueno, me preocupa algo bajó la voz hasta convertirla en un susurro apenas audible y siguió ¿De qué estarán hablando esos seis?

Y señaló la puerta del compartimiento.

¿Cómo que de qué? Rose arqueó las cejas De lo que hablan la mayoría de los chicos de su edad: quidditch, bromas, chicas

¿Chicas? se extrañó Amy.

Bryan se quejó la Navidad pasada de ese tema recordó Hally Dijo que Owen y Dickens lo hartaron con esa plática.

Además, Thomas nos ha estado preguntando qué nos parece Salisbury apuntó Paula, haciendo una mueca Yo no he querido decirle que esa chica no es su tipo, porque lo veo animado, pero en fin
Ya se dará cuenta él solo.

¿Porqué dices que Salisbury no es su tipo? se interesó Danielle.

Paula suspiró.

Mira, lo que voy a decir no me consta, solamente lo he escuchado algunas veces en la sala común de Ravenclaw, pero dicen
miró a ambos lados del pasillo, para cerciorarse que no había nadie, antes de susurrar
Dicen que le saca partido a su aspecto y su cerebro siempre que puede. Los pocos chicos que han conseguido tener una cita con ella, salen perdiendo. Para colmo, su familia es como la tuya miró a Danielle con cautela Solamente busca el prestigio en el mundo mágico a través de la sangre, así que

Nunca le haría caso a Thomas por ser hijo de muggles concluyó Amy, tímida.

Paula asintió.

Pues será una idiota si se atreve a hacerle algo a nuestro amigo replicó acaloradamente Rose Porque no solamente tiene a cinco amigos incondicionales señaló con un pulgar la entrada de su compartimiento Sino a otras seis que la dejarán peor que un gusarajo si hace falta.

Calma, Rose pidió Hally, luego que las palabras de la pelirroja causaran las risas de sus amigas Primero esperemos a que Salisbury le haga algo a Thomas y luego la amenazamos a gusto. ¿Te parece bien?

Esa voz me agrada, amiga Rose le pasó un brazo por los hombros, antes que ella y Hally se echaran a reír.

Las demás también estuvieron de acuerdo, pero a Danielle había algo que no le cuadraba de todo eso. Y tenía mucho qué ver con que, últimamente, Thomas se ponía más serio que de costumbre. Y eso, en él, era preocupante.

&&&

1 de septiembre de 2019.

Estrecho de Nemuro.

Isla de Hokkaido, Japón.

El estrecho de Nemuro, al norte de la isla de Hokkaido, aparece en los mapas como una fina línea azul que separa Hokkaido de la isla Kunashir. A pesar de su aspecto sereno y despejado, pocos se atrevían a navegar por ahí cuando el mar estaba tempestuoso, pues podían encontrarse con desagradables sorpresas. O con sorpresas a secas.

¡Capitán, mire!

Un pequeño barco pesquero, el Susanowo (1), recorría con suma cautela el recorrido desde el estrecho hasta Nemuro, donde pertenecía. Su tripulación había aprovechado el buen clima otoñal que había predominado en la mañana, pero a avanzada hora de la tarde, algunas nubes grises y un viento violento anunciaron que se les venía encima una tormenta. Dispusieron todo para marcharse, pero tardaron tanto que la noche les había caído encima. Por pura suerte, la tormenta no había iniciado aún. Sin embargo, el vigía ahora llamaba a su capitán con premura.

 

¿Qué pasa, Matano-san? inquirió con cierto fastidio un hombre de ojos rasgados y cabello gris muy revuelto a causa del viento, que usaba una chaqueta azul marino.

El vigía, encaramado en lo alto del mástil principal, señaló algo al frente.

¡Mire, capitán! Parecen náufragos.

El capitán, arqueando las cejas, fue hacia proa y escudriñó el horizonte con la mirada. Según su experiencia, era rarísimo encontrar náufragos en esos lugares, pero no imposible, así que tenía que cerciorarse. Tomó unos binoculares que le colgaban al cuello y los enfocó al sur, hacia Nemuro.

Al principio, no encontró absolutamente nada, salvo las olas que poco a poco, por la tormenta venidera, incrementaban su tamaño. Pero al cabo de unos segundos, a punto de darse por vencido y reprender a su vigía, distinguió algo: una especie de bulto blanco que se movía entre el mar, fácilmente detectable en la creciente oscuridad del anochecer y del agua azul oscuro. Notoriamente sorprendido, se retiró los binoculares de los ojos.

Imamura-san, a estribor ordenó apuradamente ¡Rápido!

El timonel, al escuchar la orden, obedeció en el acto. El Susanowo viró de manera ralentizada a causa de las zarandeadas que le daba el océano, pero finalmente tomó rumbo hacia el bulto blanco, que a cada minuto, se acercaba de manera desesperantemente lenta.

Tanemura-san, necesitamos ir más rápido ordenó el capitán.

Tanemura, un hombre muy alto y fornido, asintió en silencio y se le vio retirarse a la parte inferior del barco con increíble rapidez. Poco después, una tenue vibración en todo el barco indicó que el motor que les permitía un aumento de velocidad había sido activado.

En pocos minutos, quedaron a un costado del bulto blanco, que resultó pertenecer a la vela de un bote muy pequeño y rudimentario. Ahora que se fijaba bien, la tripulación entera del Susanowo creyó que la vela estaba hecha con retazos de tela, pues en toda su extensión se veían remiendos. El bote, hecho de madera muy oscura, daba la macabra sensación de ser lo que había quedado de alguna embarcación más grande.

Mientras los marineros se preguntaban de dónde habría salido semejante bote y se preparaban para atarlo, el capitán se inclinó sobre un costado, queriendo tener una mejor panorámica de su hallazgo. Ciertamente era extraño encontrar personas en problemas en esas costas, donde tenían tierra firme y con civilización a pocas millas náuticas de distancia. Pero entonces creyó ver algo más en la vela del bote, así que llamó a toda prisa a uno de sus hombres de mayor confianza.

Saikaku-san, venga a ver.

El aludido, un hombre moreno y castaño, dejó entrever una ligera sorpresa ante el llamado del capitán, pero acudió en el acto. En cuanto estuvo a la diestra de su superior, éste le señaló la vela y en voz baja, inquirió.

 

¿Conoces eso, Saikaku-san?

El hombre castaño observó a donde su capitán le señalaba con el ceño fruncido, para luego abrir los ojos desmesuradamente, incrédulo.

Eh
Capitán, la verdad yo

Recuerdo que una vez, traías algo con ese
dibujo entre tus cosas lo cortó el capitán, repentinamente serio Dime, Saikaku-san, ¿conoces o no ese dibujo?

Oyendo el tono severo del capitán, a Saikaku no le quedó de otra más que asentir.

En ese caso, puedes decirme de qué se trata.

Esta vez Saikaku negó.

No lo sé con exactitud confesó.

El capitán se dio por satisfecho con esa respuesta, ocupándose ahora de vigilar cómo su tripulación manejaba las cuerdas y poleas que subían el bote a bordo. Tardaron más de lo previsto por el clima, pero finalmente lo lograron. Después, con mucha cautela, varios se le acercaron.

El bote, a simple vista, parecía completamente cubierto por la vela a modo de tienda de campaña, seguramente para protegerse del viento y la ligera llovizna que había caído en los últimos días por esa región. Sin embargo, el capitán hizo un gesto y todos, excepto Saikaku, se retiraron del bote. Había algo en él que le daba mala espina.

Saikaku-san, hazte cargo mandó el capitán Imamura-san, enfile de nuevo hacia Nemuro. Tenemos que llegar al puerto antes que la tormenta nos alcance.

Los marinos se dispersaron, para encargarse de sus labores, pero Saikaku tragó saliva con lentitud antes de atreverse a tocar la vela. Cierto, era de varios pedazos de otras velas, todas de color claro, y habían sido cosidas con tosquedad pero de manera que resistiera los embates del aire. Caminó alrededor del bote, hasta llegar al dibujo que tanto llamara la atención del capitán minutos antes, y aclarándose la garganta, susurró de manera apenas audible.

¿Hay alumnos ahí?

De pronto, la vela comenzó a moverse de tal forma que revelaba que había algo o alguien debajo de ella. Saikaku, luego de dar un respingo, volvió a aclararse la garganta.

Si pueden oírme, quiero informarles que están a bordo del Susanowo, de Nemuro. Vamos hacia allá precisamente, ya están a salvo.

De nuevo se movió la vela y el dibujo que había llamado la atención del capitán, una especie de vara a la que le salían ramas y flores en forma de estrellas, se partió en dos, dejando ver dos rostros demacrados y pálidos, pero sonrientes.

¿Saikaku-san? pronunció una voz femenina con indecible alivio ¿Es usted?

El hombre, sin saber qué decir exactamente, asintió.

¡Por el kimono de Amaterasu! exclamó por lo bajo, con voz muy ronca, una voz masculina Ya era hora de salir de ese lugar y hallar una cara amiga.

¿Pero dónde han estado todo este tiempo? quiso saber el señor Saikaku, estupefacto.

Los dueños de las voces, a todas luces unos jóvenes orientales que no tendrían más de dieciocho años, se miraron con gesto cansado, antes de salir torpemente del bote y desplomarse junto a éste.

Créame, Saikaku-san -comenzó el muchacho, un castaño que conservaba en su débil fisonomía el rastro de un carácter sereno y práctico Por el momento, no querrá saber.

Llegando a Nemuro, nos vamos a Tokio dijo de pronto la joven, de larga cabellera castaña dorada y con mucho, la que peor se veía de salud Hay
problemas en

Pero no pudo continuar, porque un repentino mareo le provocó un desmayo. Su compañero de travesía la sostuvo, aunque no se veía mejor que ella.

 

En cuanto lleguemos, Keiko-chan enviará un mensaje de ésos de los suyos convino el señor Saikaku Ahora descansen, muchachos. Les traeré algo de comer y

Un relámpago iluminó el cielo de una noche ya cerrada sobre sus cabezas.

Parece que el cielo también anuncia las desgracias musitó el joven con pesadumbre.

El señor Saikaku, de pronto, no quiso saber de qué estaba hablando. Aunque tenía el mal presentimiento de que no tardaría en enterarse.

(1) El nombre de Susanowo proviene del sintoísmo. Es una deidad antigua conocida también como Nube Tormentosa.

&&&

9 de marzo de 2007. 5:10 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola a todo el mundo! Aquí Bell, de vuelta con este fic. ¿Cómo les ha ido? Ah, ya estamos a marzo, mes de la primavera en el hemisferio norte
Ya se siente el calorcito, ¿saben? Pero mejor pasemos a las curiosidades, que seguramente sobran.

A que los sorprendí con algunas cosillas, ¿verdad que sí? De entrada, Rose anda feliz como lombriz (jajaja, es una frase popular acá, yo la uso de vez en cuando) porque su madre va a tener un bebé, ¡sí, otro Weasley! No me canso de crear bebés en esta saga, ¿eh? No sé, me pareció una idea interesante ponerle un hermanito a Rose, para ver si le cambia en algo el carácter o se pone más loca de lo que ya está. Y si ya me conocen, deben saber que ya tengo el nombre del bebé, qué sexo es y todo lo demás. Sí, lo sé, soy única.

Y también nos enteramos que Frank Weasley se casó con Sally Wood en Francia. Fleur, según Dean, está muy enojada, y no es para menos, ¡se le casó su único hijo varón y no estuvo invitada! Ay, Fleur, no sé porqué, pero quise hacerte renegar un poco, y eso que desde el sexto libro me caes bien. Ya veremos cómo le va a esta nueva parejita, que espero sacar un poco más seguido, dado que todavía queda una duda que resolver en el aire. Si alguien se acuerda de cuál es, dígala ahora o calle para siempre, jajaja.

Melvin Corner es prefecto, ¡hurra! No me miren raro, el niño es inteligente, por algo está en Ravenclaw como su papá, aunque bueno
Muchos(as) han de querer que lo que lo preocupa, aparte de aguantar al vástago de Zabini como colega, sea algo que tenga que ver con su noviazgo. ¡Pues qué malos(as) son! A mis personajes no los trato tan mal
A menos que se lo hayan ganado o sea un recurso de la historia. Pero ya veremos qué sale.

Y lo que le da título al capi, es la última parte. Supongo que no hay que ser genios para deducir qué es lo que sucede en ese barco pesquero nipón. Aunque el meollo del asunto es más complicado de lo que parece, por el momento los dejaré en ascuas. ¿Porqué? Porque me reservo los detalles para el siguiente capi
Al menos la mayoría de ellos. Espero que no les importe.

Ahora, en un asunto aparte, quiero informarles (o mejor dicho, recordarles) que desde el mes pasado estoy trabajando por las mañanas, además de estudiar por las tardes. Eso significa que tengo mucho menos tiempo para escribir que antes, por lo que les ruego algo de paciencia y que no me hostiguen de manera agresiva con peticiones de actualizar pronto. Trataré de no dejar la historia colgada mucho tiempo, pero no quiero prometer nada porque ya no soy dueña y señora absoluta de mi tiempo. Así que si me ven actualizar hasta el mes entrante (que es cuando tengo vacaciones de la Feria en la uni), ya saben porqué es.

 

Y ya para acabar, quiero convocar a todos los que se declaran fan's de mi saga a visitar mi bitácora en línea (pueden encontrar la dirección en mi perfil como mi homepage), donde he subido una entrada para
pedirles una especie de ayuda. La entrada en cuestión (que si no me falla la memoria, es la última que he subido) tiene en el título
Arcanos Visionarios y es algo que pienso usar próximamente en la saga HHP, así que quienes estén interesados, dense una vuelta. A partir del momento en que este capítulo esté en línea, queda abierta oficialmente la convocatoria de la bitácora, jajaja. Y por si las dudas, la dirección de la bitácora es la siguiente (quitando los espacios, obviamente): http : / / diario . de / tere . atilano

Muy bien, me despido, esperando tener noticias suyas tanto por el medio habitual (un lindo review) o en mi bitácora, ayudándome con mi más reciente locura para HHP. Cuídense, feliz inicio de primavera (en este hemisferio) y de invierno (allá en el hemisferio sur) y nos leemos pronto.

Trece: Padecimientos.

1 de septiembre de 2019.

Norte de Escocia.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

El cielo, para sorpresa de muchos, se iluminaba esa noche. Los estudiantes que descendían del expreso de Hogwarts en la pequeña estación de Hogsmeade alzaron la vista cuando el primero de varios relámpagos dejó su huella en el firmamento. Algunos de primer año temblaron de nervios ante semejante ambiente.

Tranquila, todo estará bien.

Hally trataba así de animar un poco a Drusie, que en cuanto había visto los destellos en el cielo, se había apretado contra ella, observando a su alrededor con gesto atemorizado.

¡Los de primer año, síganme, por favor!

El profesor Hagrid llamaba a los estudiantes nuevos con voz fuerte, sosteniendo una lámpara y agitando la mano libre de un lado a otro, en señal de bienvenida.

Tienes que ir allá le indicó Hally a Drusie con amabilidad Los de primero llegan al colegio por otro lado. Cuando llegues allá, estaremos juntas, ¿de acuerdo?

Drusie asintió en silencio, no muy convencida.

¿Y
si quedara
en otra casa
que no sea
la tuya?

Hally dio un leve respingo ante eso, pero sorpresivamente, fue Thomas quien contestó.

No importa. Alguno de nosotros te hará compañía entonces. Amy y Bryan los nombrados lo miraron por encima del hombro, extrañados están en Hufflepuff. Ryo y Paula los aludidos, inmersos en una conversación sobre sus viajes, se giraron con desconcierto están en Ravenclaw. Y Danielle, Sunny, Walt y yo Walter dio un bufido a su espalda al escuchar eso estamos en Slytherin. Y no hay que olvidar a nuestro cuarteto de Gryffindor señaló a Hally, Rose, Procyon y Henry, que arquearon una ceja que son una maravilla.

¿Qué, deseando reunirte con ellos ahora, Elliott?

La frase no pudo sonar más despectiva, al menos viniendo de Mackenzie. El chico y sus amigos, se adelantaba en ese momento al lugar donde los carruajes sin caballos aguardaban a los alumnos de segundo en adelante. Thomas, luego de dedicarle un mohín de fastidio, desvió la vista con brusquedad hacia Drusie.

 

Si quedas en Slytherin, prometo que te cuidaremos de esas víboras ponzoñosas espetó.

Thomas, ¿se puede saber de dónde sacas ese vocabulario? se sorprendió Sunny Creí que tú, siendo hijo de quien eres, no lo conocías.

Lo bueno de venir al colegio es que mis padres no me escuchan usarlo soltó el pelirrojo anaranjado sin más Una cosa es conocerlo y otra, usarlo. En casa soy de lo más correcto.

Sí, algo dijo una de tus hermanas recordó Danielle de repente Que en casa te la pasas leyendo. Y que no lo hacías desde
desde algo que no supimos porque tu madre la regañó.

Thomas se encogió de hombros, pero para ninguno de sus amigos pasó desapercibido que se había quedado sin su habitual sonrisa. Aunque eso no tuvo comparación a cuando, después que Hally acompañara a Drusie con el profesor Hagrid, Thomas pasara a toda velocidad junto a los carruajes, subiéndose al primero que encontró vacío de un salto.

¿Y a ti qué te pasa? le reclamó Procyon en broma al alcanzarlo.

Pero Thomas, lejos de contestarle, se encogió en su asiento, con la vista fija en la punta de sus zapatos. Sus amigos se miraron entre sí, desconcertados.

¿Quién se viene con nosotros? quiso saber Procyon.

Como no cabían los doce en el carruaje, Hally y Danielle se fueron con Thomas y Procyon. Los demás, despidiéndose con un gesto de mano, buscaron otros dos carruajes libres.

No es normal dijo Henry de pronto, cuando su carruaje emprendió el camino al castillo.

¿De qué hablas? se interesó Bryan.

Thomas. ¿Es mi imaginación o está más
serio que de costumbre?

Debiste verlo en la fiesta de cumpleaños de Hally y Danielle Bryan negó con la cabeza Llegó sin sonreír y eso ya es decir mucho. Después anduvo como siempre, pero me da la impresión de que ya tenía algo desde que terminó el curso pasado.

Eso ni dudarlo espetó Walter de repente Ustedes tal vez no se den cuenta, pero yo sí, pues compartimos dormitorio en el colegio. Desde que lo conozco, me ha parecido extraño, eso lo saben, pero no es nada comparado a cómo se pone cuando volvemos a clases. El año pasado, por ejemplo, me preguntó no sé qué de los carruajes.

¿De estos carruajes? se extrañó Sunny, moviendo una mano por encima de su cabeza. Walter asintió Pues yo no le veo nada raro a los carruajes comentó la chica.

Ni yo, pero supongo que él sí, como es de familia muggle
aventuró Henry.

Ya, pero a estas alturas, no debería resultarle tan raro que los carruajes se movieran solos repuso Sunny Incluso a mí dejó de sorprenderme el año pasado.

En su respectivo carruaje, Amy, Paula, Ryo y Rose tenían el mismo tema de conversación,

Los carruajes
no se mueven solos afirmó Amy de pronto, lo que sorprendió a los otros.

¿Qué dices? le preguntó Rose.

Mi hermano Ernest
una vez me dijo que los carruajes no se mueven solos respondió Amy con cautela Dice que eso parece, pero que no es así. Aunque le pregunté qué tiraba de los carruajes, no quiso decirme. Según él, era algo delicado y no quería asustarme.

¿No habrá querido bromearte? inquirió Ryo, dudoso.

 

No, no. Si me lo hubiera dicho Harold, tal vez lo creería, pero no puedo pensar eso de Ernest. Él es muy serio con esas cosas, no por nada estaba en Ravenclaw.

Es cierto, tu hermano salió el año pasado recordó Paula ¿Y ahora qué hace?

Trabaja en el Ministerio, en el Departamento Contra el Uso Indebido de la Magia. No me extraña, puesto que es un perfeccionista en extremo. No sé cómo su novia lo soporta.

El gesto de Amy al decir eso fue tan cómico, que sus amigos estallaron en carcajadas.

Entre una cosa y otra, los carruajes cruzaron las verjas decoradas con cerdos alados y llegaron al castillo justo cuando un trueno increíblemente fuerte anunció el inicio de la lluvia. Los alumnos recién llegados tuvieron que correr para empaparse lo menos posible.

Genial, y acababa de alisarme el cabello se quejó una chica castaña de cuarto, con los colores de Ravenclaw en el uniforme.

Pero si te queda mejor el cabello al natural.

La chica, sobresaltada, miró por encima de su hombro para saber quién le había dicho eso. Se encontró con Thomas, que junto con sus amigos, se escurría el agua de la túnica.

¿Eso crees? inquirió la chica, dudosa.

Thomas asintió con una gran sonrisa.

No me acuerdo de ti dijo la chica entonces ¿Quién eres?

Thomas Elliot. Y tú eres Sherry Salisbury, Ravenclaw, cuarto curso, ¿correcto?

La chica asintió.

Creo que ya te recuerdo comentó Salisbury de pronto, sonriendo socarronamente Eres un Slytherin hijo de muggles, ¿no?

Antes que Thomas pudiera decir algo, la chica se dio la vuelta, salpicó al pelirrojo anaranjado con su cabello mojado y fue con sus amigas, riéndose a carcajadas.

Idiota masculló Danielle con desdén, al más puro estilo Malfoy ¿Vieron cómo lo trató?

No somos ciegos ni sordos apuntó Procyon, también molesto Pero ya lo pagará.

Y al decirlo, mostró la más maliciosa de sus sonrisas.

No quisiera estar ahora en el lugar de Salisbury se burló Ryo.

¿Qué tanto dicen de Salisbury? inquirió Thomas en ese momento.

Los demás negaron con la cabeza, sonriendo nerviosamente.

Simpática, ¿no? al oír eso, los chicos contuvieron una mueca de desagrado, en tanto las chicas abrían los ojos con incredulidad No se preocupen, caerá. Me la debe.

Y sin decir más, se sacudió el agua del cabello, sonrió y se alejó en dirección al Gran Comedor.

¿Qué diablos está pasando aquí? Rose fue la que dejó escapar la duda que todos tenían.

Quién sabe, pero luego lo sabremos indicó Danielle Ahora vamos a cenar.

Los demás asintieron, fueron al Gran Comedor aún escurriendo y cada grupo se fue a su respectiva mesa, ante la mirada resignada de los demás.

Poco después, cuando la mayoría de los estudiantes ya estaban medianamente secos, los de primer año entraron por las puertas dobles, calados hasta los huesos, encabezados por el profesor Lupin, que llevaba de la mano a una pequeña de rizos castaños con una gastada túnica puesta de manera pulcra. La niña veía a su alrededor con atención.

Miren, miren señaló Procyon a sus amigos de la mesa de Gryffindor Es Erin.

Es muy bonita reconoció Hally.

Sí, con esos rizos de caramelo
soltó Rose en tono soñador.

¿Rizos de caramelo? se extrañó Henry Rose, tú siempre pensando en comida.

Pero la pelirroja, contraria a su costumbre, ignoró a Henry y esbozó una sonrisa.

 

Lo de su nuevo hermanito la tiene loca comentó Procyon con una risita.

El profesor Lupin, dejando a Erin con el resto de los alumnos de primero, salió del Gran Comedor un momento, para volver con un taburete de tres patas y un viejo sombrero puntiagudo negro, lleno de remiendos e incluso, algo chamuscado. Colocó el sombrero en el taburete, se apartó unos pasos y al cabo de un segundo, un desgarrón en el sombrero se abrió y éste comenzó a cantar.

Mucho gusto, damas y caballeros

Otro año ha llegado ya

Es hora de ponerme a trabajar

Y cumplir con diversos anhelos.

Cuentan que cuando inició este colegio

Cuatro eran los maestros, de enorme talento

Los más respetados en aquellos tiempos

Y con uno que otro enemigo, por supuesto.

Estaba el valiente Godric Gryffindor, un caballero,

Cuya osadía le granjeaba admiración.

También estaba Salazar Slytherin, su astuto compañero,

Tenía las mejores tretas para lograr su ambición.

Además, la bella Rowena Ravenclaw, una dama sin igual,

Que con su cerebro admiraba a las grandes masas.

Y su amiga Helga Hufflepuff, justa y leal,

Eterna luchadora, en sus causas daba el alma.

¿Entonces cómo fue que mal todo acabó?

Slytherin en sus ideas puritanas se estancó

Gryffindor no las compartía, le daban terror,

Así que su amigo, insultado, se marchó.

Ravenclaw y Hufflepuff estaban con Gryffindor, ni dudarlo

Pero sintieron que Slytherin partiera así de enfadado

Y aunque la paz volvió al colegio afamado

Nunca fue el mismo que resplandecía antaño.

No permitan que esa historia se repita,

Sin importar que yo los separe, pues es mi misión,

Vamos, únanse y compréndanse con fervor

No sabrán nunca si de eso dependerá su vida.

Acabando su canción, el sombrero se quedó muy quieto, y aunque los estudiantes le dedicaron los aplausos de costumbre, varios se pusieron a murmurar. Sin duda, el Sombrero Seleccionador había querido decirles algo ese año.

Debe ser la guerra comentó Nick Casi Decapitado en la mesa de Gryffindor, a pocos asientos de Hally y sus amigos Lo mismo pasó cuando las dos guerras comenzaron: el sombrero se puso a advertir del peligro y a pedir la unión del colegio.

¿Y eso qué nos importa? espetó Victory, la prefecta de sexto.

Importa, señorita, porque la guerra del continente tarde o temprano puede llegar aquí.

Victory le dedicó un ademán despectivo al fantasma, que ofendido, se marchó al extremo de la mesa que ocuparían dentro de poco los nuevos de primer año.

Buenas noches saludó el profesor Lupin con una amable sonrisa, sosteniendo en una mano un largo pergamino Bienvenidos sean a Hogwarts. Los de primero, presten atención: les pondré el sombrero y así sabremos cuál será su casa, ¿entendido? los aludidos asintieron, todos con algo de nerviosismo Muy bien
¡Abarbanel, Jacob!

 

Un chiquillo castaño con cara alargada se adelantó, entre asustado y firme.

¡Ravenclaw!

La mesa de Ravenclaw aplaudió con fuerza, en tanto Jacob Abarbanel se acercaba con una expresión aliviada y tomaba asiento.

¿No es un apellido un poco extraño el suyo? se extrañó una de las chicas de séptimo de la casa de las águilas.

Es judío comentó entonces Mara Kreisky Su padre y el mío hacen negocios juntos.

¿Y qué hacen, se dedican a ver pasar a la gente normal? se burló la chica.

No. Son comerciantes de joyas.

Las demás chicas de séptimo se quedaron boquiabiertas.

¡About, Apollyne!

Una chiquilla rubia y delgada caminó con paso titubeante.

¡Hufflepuff!

¡Aguilar, Marco!

¡Ravenclaw!

¡Alighieri, Luigi!

¡Griffyndor!

¿Es mi imaginación o este año hay muchos apellidos extranjeros en la selección? notó Rose arqueando una ceja, mientras Luigi Alighieri, un pequeño castaño con el cabello muy corto, pasaba a sentarse a la mesa de Gryffindor.

No solamente eso se fijó Henry, viendo de reojo que Asquith, Ashley, era seleccionada para Slytherin Hay más alumnos de primero que el año pasado. Tampoco cuando entramos nosotros había tantos. Bryan tiene razón: muchos extranjeros están viniendo a vivir aquí por lo que pasa en la Europa continental.

¡Babenberg, Frederick!

¡Hufflepuff!

¡Bailly, Jacques!

¡Ravenclaw!

¡Bakunin, Milenka!

¡Gryffindor!

¡Balakirev, Boris!

¡Slytherin!

¡Balbo, Alessio!

¡Hufflepuff!

¡Belleau, Colette!

¡Ravenclaw!

Se estaba convirtiendo en la Ceremonia de Selección más larga que se había presenciado en Hogwarts en muchos años; tal vez en siglos. Los más pintorescos apellidos se dejaron oír, causando muecas en los presentes. El profesor Lupin, por cierto, no parecía tener ningún problema para leerlos, ni tampoco le daban ganas de reír como les dio a los hermanos Visconti al oír el de Caccini, Carlo, que fue seleccionado para Hufflepuff.

Este año cenaremos tarde, por lo visto farfulló Rose al escuchar llamar a Carlyle, Carolyn.

Por favor, Rose, no pienses tanto en comida por una vez en tu vida espetó Henry antes de aplaudirle a Carolyn Carlyle, que se había convertido en una Gryffindor.

Después de Carmichael, Ellis, muchos perdieron el interés en la ceremonia, poniéndose a charlar en susurros ininterrumpidos. Así pues, Hally tuvo problemas para seguirle la pista, desesperándose cuando logró captar a medias la voz del profesor Lupin llamar a Darling, Dorian.

Ya van en la D musitó, jugueteando con los dedos y desviando los ojos hacia Drusie, que entre los alumnos sin seleccionar, esperaba su turno con las manos entrelazadas.

Ninguna de las dos tuvo que esperar mucho. Ocho nombres fueron suficientes para que el profesor Lupin pronunciara finalmente.

¡Dursley, Drusilla!

La pequeña rubia, con un poco de torpeza, se abrió paso entre algunos estudiantes para llegar hasta el taburete. Se sentó con cuidado, cerró los ojos cuando sintió el sombrero sobre su cabeza y para asombro de Hally, éste no tardó ni cinco segundos en dar su veredicto.

 

¡Slytherin!

La mesa de las serpientes aplaudió con desgano, tanto por la ceremonia tan larga como porque el apellido de Drusie se les hacía desconocido. Debían pensar, y con razón, que era hija de muggles.

Y así, la ceremonia continuó. Desde su mesa, Hally había vigilado cómo llegaba Drusie a la suya, donde fue recibida casi de inmediato por Danielle y Sunny. Suspirando brevemente con alivio, decidió distraerse con los de primero, yendo ya la lista en la letra E.

Definitivo, esto parece que tardará siglos se quejó Rose ¡Y tengo hambre!

Pues perdona a los magos extranjeros que hayan querido mandar a sus hijos aquí rebatió Henry entonces, cuando un aplauso en la mesa de Hufflepuff recibía a Évora, Elvira.

Siento que mi estómago te haga enfadar tanto.

Por favor, no empiecen les pidió Hally.

Sí, es fastidioso tener que separarlos a cada momento secundó Procyon.

Henry y Rose, observándolos con curiosidad, se olvidaron de su riña.

En la mesa de Slytherin, Drusie se sentía un poco triste por haberse separado de Hally, pero Danielle y sus amigos intentaban animarla.

Tranquila, podrás ver a Hally más seguido de lo que crees aseguró Danielle.

Sí, claro. Y si no, ella te buscará siguió Thomas.

Drusie, sonriendo a medias, miró a Thomas con agradecimiento.

¡Fahrenheit, Ferdinand!

¡Ravenclaw!

¡Fabre, Philippe!

¡Gryffindor!

¡Fellini, Ana!

¡Hufflepuff!

¡Fernández, Hernán!

¡Gryffindor!

¡Figueroa, Fernanda!

¡Slytherin!

¡Finsen, Fyn!

¡Ravenclaw!

¡Flamsteed, Stella!

¡Ravenclaw!

¡Fontaine, Armand!

¡Gryffindor!

¡Franconi, Ángelo!

¡Hufflepuff!

¡Freud, Franz!

¡Slytherin!

Por la forma en que se estaban distrayendo los alumnos, la profesora McGonagall finalmente se puso de pie al llegar el profesor Lupin a la letra G, levantó la varita y provocó una lluvia de chispas. Los estudiantes se volvieron hacia su directora, apenados.

Jóvenes, la Ceremonia de Selección es uno de los actos más importantes del colegio les recordó la profesora McGonagall con severidad Sé que este año tenemos una gran remesa de alumnos de primero, pero les suplico que guarden compostura o me veré obligada a castigar a todas las casas. ¿Les ha quedado claro?

Paseó la mirada por el Gran Comedor, encontrándose con varios asentimientos de cabeza.

Conforme, la profesora McGonagall le hizo un gesto de cabeza al profesor Lupin, quien carraspeando, procedió a llamar a Garrett, Melinda, que poco después fue a parar a Ravenclaw, donde un emocionado Edward la recibió con alegría.

Poco a poco, para beneplácito de los más hambrientos, los alumnos por seleccionar fueron disminuyendo. Curiosamente, se emocionaban al ver que se avanzaba en el alfabeto, pero sí que hubo varios respingos cuando, al final de la letra L, se oyó el nombre de Lupin, Erin.

¿Lupin?

¿No será una broma?

No, seguro que no. Leí en El Profeta que Lupin adoptó a una niña.

¡Debes estar bromeando! Para eso necesitaría estar casado.

¡Y lo está! Se casó en las vacaciones de Semana Santa, ¿no te enteraste?

Entre esa clase de murmullos, Erin Lupin avanzó hacia el taburete, se sentó y con cara de pocos amigos, dejó que el profesor Lupin le pusiera el sombrero. Su sonrisa no tuvo límites cuando el sombrero anunció con fuerza.

 

¡Gryffindor!

Erin anduvo con determinación a la mesa de Gryffindor, que le aplaudía con efusividad. Más que nada, porque aparte de bonita, la niña era la hija de su jefe de casa.

¡Hola, Erin! saludó Procyon con entusiasmo ¿Cómo estás, eh?

Hola correspondió la niña, y a su alrededor le detectaron un marcado acento latino en la voz Qué bueno que estás conmigo, Procyon. Me ayudarás con lo que no comprenda, ¿verdad?

Por supuesto, ¡faltaba más! Ah, te presento a mis amigos de casa: Hally, Rose y Henry Procyon los fue señalando uno a uno conforme los nombraba Luego conocerás a los demás.

La niña asintió y Luigi Alighieri, apoyado por una niña de esponjado cabello negro, decidieron entablar conversación con ella.

La ceremonia siguió en esos términos por un buen rato, habiendo un aplauso adicional (de puro gozo, sin duda) cuando se escuchó el último nombre (Xin, Hong, Slytherin). A continuación, en tanto el profesor Lupin se retiraba con el sombrero y el taburete, la profesora McGonagall se puso de pie y todos la vieron con mucho respeto.

Bienvenidos sean a Hogwarts nuevamente inició Cómo sé que no es el momento para discursos, y además ya esperaron demasiado, de momento los dejaré cenar. Provecho.

Se sentó, dio un par de palmadas y enseguida, la cena se materializó en las mesas.

Pronto, las protestas por el hambre y la extensa Selección quedaron en el olvido.


1 de septiembre de 2019.

Londres, Inglaterra.

Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.

La lluvia apenas se escuchaba desde la sala de espera de San Mungo, y eso que su entrada principal daba directo a la calle muggle. Los pocos magos y brujas sentados a las viejas butacas se entretenían con números atrasados de Corazón de Bruja, controlando síntomas de los más diversos padecimientos
o con tareas de lo más naturales.

Anda, cariño, duerme un poco.

Gina Weasley acunaba en brazos a uno de sus gemelos, que no quería tomar su siesta, en tanto William Bluepool se encargaba de que su otro hijo no despertara. Para ambos, eran evidentes las diferencias de carácter de los niños, a pesar de lo pequeños que eran. Sobre todo para William, porque Gina seguía siendo un tanto distraída y no lograba distinguirlos a simple vista.

Vince, deja descansar a mamá le susurró William a su pequeño despierto, que no hacía más que balbucear y sonreír ante la cara de su madre.

¿Brad no se despierta?

No, es un angelito.

En ese momento, una sanadora morena de cabello corto se les acercó.

Buenas noches saludó, sonriendo con cordialidad Soy la sanadora Doctorow, ¿es usted
Georgina Weasley? inquirió, verificando el nombre en un pergamino que llevaba en un sujetapapeles. Al ver que Gina asentía, se puso un poco más seria Sígame, por favor.

La pelirroja se puso de pie y estaba por hacer que William cargara a Vince cuando la sanadora Doctorow pareció pensárselo mejor.

¿Es usted el esposo? quiso saber, dirigiéndose a William.

Ah, bueno, en sentido estricto, no, pero

Pero es el padre de los niños, ¿cierto? completó la sanadora.

William asintió.

 

Entonces esto también le interesa movió una mano a modo de invitación Venga.

La pareja, mirándose con algo de sorpresa, obedeció. Al andar por los pasillos del hospital, William repasaba el motivo de su visita: Gina, a pesar de los buenos pronósticos de los sanadores que la habían atendido cuando dio a luz, no se había recuperado del todo. Al menos eso parecía, porque se veía pálida y cansada, a pesar de trabajar en casa con los contratos internacionales de Sortilegios Weasley. Por lo atareado que estaba, William había atribuido eso a sus obligaciones como madre primeriza, pero cuando en su última visita, John lo llevó aparte y lo amenazó con una maldición si se enteraba que no cuidaba bien de su gemela, habló con Gina largo y tendido.

No sé le había contestado ella al preguntarle qué le pasaba Quizá sea mejor que vaya a San Mungo. Aprovecharé la revisión mensual de los niños.

Eso había sido hace dos semanas. Y en ese momento, debido a una lechuza que llegó empapada a la ventana de su departamento, habían arreglado a los gemelos para acudir a una cita repentina en el hospital mágico. No podían dejarlos en casa: ninguno de sus amigos podía cuidarlos.

Cuando el rubio se dio cuenta, ya estaban en el consultorio de la sanadora, una habitación bien ordenada y con un estante de libros a la derecha, junto a una ventana cuadrada que dejaba ver la tormenta que estaba cayendo en la ciudad. La sanadora Doctorow fue a tomar asiento a su escritorio y con un ademán, les pidió imitarla en las sillas de madera frente a ella.

Esto no es sencillo comenzó la sanadora, lo que no era buena señal Señorita Weasley, ¿cuándo empezaron los malestares? Se diagnosticó su afección cardiaca al estar embarazada.

Ah, pues
Antes de saber que estaba embarazada, ya me sentía un poco mal. Eso fue
Gina entrecerró los ojos, concentrándose en recordar Hace un año. Me encontraba en el extranjero, trabajando, y como tomaba trasladores continuamente, no le di importancia.

La sanadora asintió, revisó el expediente en el sujetapapeles y suspiró.

Me temo que lo que tiene no es algo que pueda arreglarse con una poción. Si las pruebas y los análisis de apoyo que pedimos a la Edmond Company no se equivocan, su corazón se está atrofiando, señorita Weasley. Y eso, a la larga, le puede ocasionar la muerte.

Se hizo un tenso silencio, durante el cual solamente resonó un trueno afuera y un balbuceo titubeante de Vince, que seguía despierto. William, saliendo de su asombro, estiró una mano y buscó la de Gina, quien al sentirla, automáticamente le dio un apretón.

¿Y eso
cómo es posible? logró preguntar Gina en un susurro.

Es lo que tratamos de averiguar reconoció la sanadora Doctorow con pesadumbre Es una enfermedad rara, los muggles le dan un nombre sumamente largo y fastidioso, pero los magos no padecemos ese tipo de cosas, al menos no de manera frecuente. Cuando eso sucede, los enfermos son remitidos a los tratamientos muggles y éstos los complementamos con lo mejor que tenemos en la rama mágica. En su caso, señorita Weasley, parece que el embarazo fue el detonante.

Ante el argumento de la sanadora, William no pudo evitar dedicarle una sonrisa irónica.

Lo que quiere decir es que, para evitarse esto, Gina no debió tener a los niños, ¿cierto?

Oiga, señor, yo no

 

No, escuche William se puse de pie de un salto, soltando la mano de Gina en el proceso Tal vez tenga razón, tal vez Gina no debió ser madre tan joven. Pero no le consiento que les eche a los niños la culpa de esto, ¿entiende? Si alguien la puso así de nerviosa, así de enferma, fue un infeliz que no dejaba de acosarla. Nuestros hijos concluyó, decidido son una bendición.

Acabando su alegato, William respiró profundamente, esperando calmarse, pero de pronto Brad comenzó a moverse en sus brazos. Después de mirarlo, se inclinó hacia Gina y le besó la frente.

Disculpen musitó y salió de la habitación meciendo a Brad.

La sanadora suspiró con cansancio.

Perdónelo pidió Gina de pronto, lo que desconcertó a la sanadora Doctorow William es así. No le gusta que me hagan daño.

Pues debe quererla mucho. Aunque eso se nota desde lo que salió en El Profeta.

Eso fue una tontería espetó Gina, arqueando una ceja con confusión Conozco a la que escribió esa sarta de estupideces. William estuvo en la mira del Ministerio casi un mes hasta que su jefe sacó la cara con él. Si no fuera porque me decía que no era nada, habría ido a maldecir a esa Cobra en persona concluyó, indignada.

Vince, en brazos de su madre, soltó una repentina risita.

Es bueno ver que su humor está intacto comentó la sanadora Eso le ayudará, señorita Weasley. Mientras tenemos el reporte completo de la enfermedad que tiene, le daremos una poción reconstituyente con ingredientes específicos para su corazón. Le daré la receta, ¿puede hacerla?

Logré aprobar el ÉXTASIS de Pociones, creo que podré. Si hay algún problema, tengo amigos que pueden ayudarme.

La sanadora asintió, fue al estante de libros y sacando uno de los volúmenes, se lo llevó con ella de regreso al escritorio, donde con pluma en mano, escribió por unos minutos hasta llenar veinte centímetros de pergamino.

Lamento si es una poción complicada, pero debe hacerse al pie de la letra la sanadora le entregó el pergamino después de duplicarlo y guardar la copia en el expediente La indicación normal es una vez por semana, pero en su caso, es recomendable que sean dos veces, habiendo dos días de descanso entre cada ingestión, ¿está claro?

Gina asintió.

Bien, es todo por el momento. Le programaré una revisión para fin de mes, ¿está bien? La fecha se le hará llegar con una lechuza.

¿No podría ser de otra forma? William y yo vivimos en una zona muggle, la lechuza llamaría mucho la atención.

En ese caso, podemos enviársela a él, al trabajo.

Aunque no parecía agradarle la idea, Gina asintió.

Muy bien, en ese caso puede irse, señorita Weasley. Pero unas últimas instrucciones recordó la sanadora, cuando Gina ya salía Nada de sobresaltos, controle hasta un mísero resfriado y si tiene empleo, tómese un descanso.

¡Pero si trabajo en casa! ¿De verdad debo dejarlo?

Por el momento, sí. Es precaución.

Gina suspiró con resignación, volvió a asentir y se marchó.

Ya en el pasillo, la joven madre se quedó de pie un momento, totalmente quieta y aferrando un poco más a Vince, quien de repente se había quedado callado, como si comprendiera que algo malo estaba pasando en su pequeño mundo.

¿Cómo era posible que le estuviera pasando esto? En ese momento de su vida, se sentía más feliz de lo que recordaba, teniendo a su lado al hombre al que amaba, unos hijos tiernos y a su alrededor, una familia que la apoyaba y unos amigos incondicionales. Además, su trabajo la hacía sentirse útil en el universo de Sortilegios Weasley, a sabiendas de que su padre y su tío eran los verdaderos genios creadores de las bromas. ¿Porqué tenía que pasarle eso a ella? ¿Porqué, de buenas a primeras, la posibilidad de morir le pisaba los talones? No quería dejar a familia. No quería dejar a sus amigos. No quería dejar a sus hijos. No quería
dejar a William.

 

¿Gina?

La voz de William la sacó de sus pensamientos. Él estaba de pie frente a ella, aún meciendo levemente a Brad, observándola con preocupación.

¿Sí? ella intentó sonreír, acomodándose a Vince en los brazos.

William suspiró, se mordió un labio y acto seguido, le tendió una mano.

Vamos a casa.

La frase la tomó por sorpresa.

¿Es todo lo que vas a decirme? inquirió ella, dolida.

Aquí sí.

Gina asintió, pesarosa, le tomó la mano y pronto sintió el efecto de la Aparición Conjunta. Cerró los ojos un momento, un tanto mareada, para luego abrirlos al detectar un aroma familiar. Estaban en su departamento y alguien se había metido a su cocina.

Increíble musitó la chica ¿John?

¿Qué haría tu hermano aquí? quiso saber William, desconcertado.

Bueno, no conozco a nadie más que sepa cocinar chuletas de carnero marinadas con whisky de fuego. Créeme, mamá nos enseñó a prepararlas, pero solamente John logró aprendérsela bien se rió brevemente, antes de gritar ¿John, eres tú?

¡Hola! anunció la amable y seria voz de John Weasley desde la cocina Lamento la intromisión, pero salí temprano del trabajo y como Sun Mei se marchó esta mañana, pensé que les agradaría hacerme compañía para cenar.

Bueno, eso nos ahorra el tener qué cocinar bromeó William, viendo cómo su cuñado se presentaba ante ellos con un delantal blanco puesto sobre la túnica azul oscuro Hola, John. Hace tiempo que no nos veíamos.

Cierto, debería darme más vueltas por tu departamento John se limpió las manos en el delantal antes de acercarse ¿Dónde está mi ahijado? preguntó.

Con tu hermana.

John sonrió, se inclinó hacia el bebé que Gina cargaba y se puso a jugar un poco con él. Eso lo aprovechó William para llevar a Brad a su cuna, sin poder sacarse de la cabeza lo que la sanadora les había dicho en San Mungo.

Se sintió muy mal al escuchar que Gina podía morir en cualquier momento, pero más lamentaba no saber qué hacer. ¿Cómo se anima a la persona amada en una situación así? ¿Cómo podía animarse él mismo, para animarla a ella? ¿Cuáles eran las palabras correctas? No quería, pero ahora sí tenía que preguntarse cuánto tiempo podría estar con Gina. Ese presentimiento tan pesimista que llegó a perseguirlo en el pasado, al iniciar él y Gina su noviazgo, ahora era una realidad que se tenía que plantear.

Cubrió a Brad con una manta color verde claro, lo contempló unos segundos y enseguida regresó a la sala, donde encontró a Gina y John sentados en el sofá, siendo el pelirrojo quien cargaba a Vince en tanto le contaba a su hermana algunas anécdotas del trabajo.

Quisiera trabajar como antes comentó Gina entonces Pero los niños
y también William
me necesitan.

 

Esbozó una sonrisa melancólica, y William supo que tenía que hacer algo. Algo que a ella la alegrara y le diera la certeza, aunque fuera minúscula, de que saldría de ésta y lo tendría a su lado.

Con paso decidido, se plantó frente a Gina, quien lo miró con desconcierto, y con un rápido movimiento, se hincó ante ella, le tomó una mano y habló con voz serena.

No importa lo que pase de ahora en adelante, sea bueno o malo. Pero quiero que estemos juntos en lo que sea, que Vince y Brad nos tengan y quiero cuidarte todo lo que pueda. Georgina Angelina Weasley, ¿quieres casarte conmigo?

John paseó la mirada de William a Gina y se quedó atónito ante lo que vio. Los dos tenían los ojos vidriosos, tristes, pero al mismo tiempo llenos de determinación. Y por lo que le había contado su gemela en cierta ocasión, que William usara su nombre completo significaba algo importante.

Yo
yo

Gina se tropezaba con las palabras; no creía del todo haber recibido semejante propuesta, por más que la hubiera deseado. Pero comprendía, por alguna razón, que si el rubio le pedía aquello era para demostrarle cuánto la quería y que no le importaba en absoluto lo que les habían dicho en San Mungo. Así que finalmente respondió.

William Vincent Bluepool, yo
Sí. Sí quiero casarme contigo. Y querré aunque me muera.

Gina rió un poco, pero John creyó que no era una broma. Más que nada, porque cuando William la escuchó, se enderezó y la abrazó con fuerza.

No vuelvas a decir eso rogó William por lo bajo.

Lo siento, lo siento. No es fácil deshacerse del gen Weasley, ¿sabes?

Eso sí le arrancó una sonrisa a William.

No es por meterme en lo que no me importa
intervino John entonces Pero quisiera que me explicaran esto en cuanto deje a Franklin en su cuna, ¿de acuerdo?

Gina y William asintieron en el acto, viendo cómo John se ponía de pie con un dormido Vince. Ambos sabían que si alguien lograba hacer dormir a su hijo mayor, aparte de ellos dos, era John. Eso y que el joven Weasley lo llamaba Franklin con orgullo, por ser su ahijado.

Minutos después, los tres se encontraban a la mesa redonda, cenando las mencionadas chuletas de carnero que William encontró francamente deliciosas. John agradeció los cumplidos y antes de servir el postre (helado napolitano muggle), adoptó una expresión neutra.

Bien, ¿se puede saber qué está pasando aquí?

Luego de consultarse con la mirada, William se decidió a hablar. Contó todo, incluso que había perdido ligeramente los estribos con la sanadora, pero al parecer eso le granjeó la furia de John.

Te lo advertí masculló el pelirrojo con aire amenazante Que si algo le pasaba a mi hermana, te las verías conmigo.

William lo miró con respeto, pero también con algo de temor. Ahora comprendía porqué en el colegio, a pesar de su apariencia gentil, nadie se atrevía a enfadar a John.

¡John!

Gina se puso de pie de un salto, viendo a su hermano con incredulidad.

¿Te atreviste a amenazar a William, acaso? quiso saber.

Claro que no, Gina. Solamente le advertí, que no es lo mismo.

¿Pero qué te has creído? se exaltó la pelirroja ¿Pensaste que, en caso de que William resultara un patán, no podría darle su merecido? ¿Que lo maldecirías a diestra y siniestra? Pues te tengo noticias, hermanito, ¡ya no soy una niña! Gina se apartó un largo mechón de cabello rojo de la cara; ciertamente estaba furiosa Serás mayor que yo, pero no puedes protegerme por siempre. De vez en cuando, tengo que tropezarme y levantarme yo solita. Además sonrió con orgullo si aprendí a defenderme, fue gracias a ti.

 

O sea que ya no me necesitas.

¡No seas ridículo! Eres más que mi hermano, eres mi gemelo. Siempre voy a necesitarte. Pero no para todo, John. Me conseguí una vida en la que no siempre entras. Y tú también.

John asintió, sin poder rebatir a su hermana. Ella tenía razón, por supuesto. Después de todo, había sido su inspiración para atreverse a pedirle a Sun Mei que vivieran juntos.

Abrió la boca para volver a hablar, pero se encontró con que William también se hallaba de pie, sosteniendo a una pálida Gina con delicadeza.

Tengo que admitirlo el pelirrojo sonrió Gina está en lo cierto, no puedo andarme metiendo en sus cosas toda la vida. Si ella dice que está bien contigo, William, debo creerle.

Gracias, cuñado. Ahora, si no te importa, la llevaré a acostar.

William, no soy una inválida, puedo ir sola.

O te lleva él o lo hago yo advirtió John.

Hermanito, tú nunca aprendes.

Los tres soltaron una carcajada. Y John, tiempo después, recordaría ese momento con una dolorosa mezcla de alegría y furia.

Catorce: Primeras impresiones.

2 de septiembre de 2019.

Norte de Escocia.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.


La mañana deslumbró a más de uno en el castillo, después de la tormenta que había caído la noche anterior. Los estudiantes pudieron levantarse a buena hora para el desayuno y los de tercero estaban bastante entusiasmados: les entregarían sus horarios para las nuevas materias.

¿No es sensacional? comentó Rose en la mesa de Gryffindor, sirviéndose huevos revueltos y salchichas Hoy comenzamos con las materias optativas.

Es raro que te emociones por eso repuso Henry, llenando su copa con jugo de naranja por segunda vez.

Pero es que esas materias las elegí yo. Será genial empezar con ellas de una vez.

En ese momento, Dean Longbottom y Janice Edmond recorrieron la mesa de Gryffindor, repartiendo los horarios. Rose le echó un rápido vistazo al suyo en cuanto lo tuvo en la mano, arqueando una ceja al poco rato.

¿Es mi imaginación o tendremos clases los sábados?

No era la imaginación de la pelirroja. En una columna extra, se indicaba que los sábados se impartirían algunas de las materias optativas nuevas.

No, es cierto Procyon frunció el ceño Espero que esto no afecte los entrenamientos de quidditch. Porque este año sí hay quidditch, ¿no?

Dean me dijo que sí se acordó Rose Él es el capitán del equipo ahora.

¡Estupendo! celebraron Hally y Procyon a la vez.

En la mesa de Slytherin, Danielle y Sunny revisaban sus horarios con ojo crítico, viendo que tendrían juntas una de las nuevas optativas esa mañana. Ellas, Walter y Thomas apuraron lo que quedaba en los platos; los cuatro sorprendidos por las clases sabatinas.

¿Qué pasará con los entrenamientos de quidditch? se preguntó Sunny en voz alta, dándole una mordida a un pan tostado con mermelada de fresa.

En primer lugar, hay que ver si seguimos en el equipo le recordó Walter ¿Quién será capitán ahora? Blake se graduó con los Insólitos y el año pasado no hubo copa.

El único que queda del equipo original es Stewart contestó Danielle, frunciendo el ceño Ahora está en séptimo. Seguramente lo eligieron a él de capitán.

Será de lo más agradable con nosotros, seguramente ironizó Sunny.

Buena suerte con sus entrenamientos les deseó Thomas, consultando un reloj plateado en su muñeca derecha Yo solamente tengo que preocuparme por las clases.

Es
un reloj
muy bonito.

Drusie, sentada frente a Thomas y junto a una chiquilla de cabello negro y rasgos orientales, sonreía con timidez, llevándose una salchicha a la boca.

¿En serio? el pelirrojo anaranjado sonrió con nostalgia Mis hermanos me lo regalaron este año por mi cumpleaños. Ayer, antes de llegar a King’s Cross, Sydney y Skye se andaban peleando por dármelo, y al final Scott tuvo que quitarles el paquete. Mis padres ya me habían comprado algo en el callejón Diagon cuando fuimos por mis libros.

¿Porqué te dieron el regalo ayer en King’s Cross? se extrañó Danielle.

Bueno, ayer fue mi cumpleaños, ¿porqué otra cosa, si no?

Sus amigos lo miraron con ojos muy abiertos.

¿Estás bromeando, no? soltó finalmente Sunny, incrédula.

No respondió Thomas con esas seriedad que mostraba últimamente, que no le quedaba para nada ¿Porqué creen que desde que me conocen, no hemos celebrado mi cumpleaños? En primer curso se comprende, no éramos amigos, pero el curso pasado


¿Y porqué no lo dijiste antes?

Danielle se puso de pie de un salto, con semblante ofendido. Walter y Sunny, sorprendidos, decidieron no intervenir y terminarse los restos de su desayuno.

Mira, la verdad es que no hacía falta Thomas se encogió de hombros y luego de beber lo último de su jugo de naranja, alzó la vista al techo encantado parcialmente nublado, por donde revoloteaban algunas lechuzas retrasadas Me encanta llegar aquí y disfrutar el banquete de bienvenida. Es como si el colegio entero me hiciera una fiesta.

Definitivamente andas mal de la cabeza últimamente sentenció Danielle.

Acto seguido, la rubia salió del Gran Comedor a toda prisa.

¿Se puede saber porqué se pone así? soltó Thomas, un tanto enfadado, poniéndose de pie también No es nada del otro mundo.

Para ella sí replicó Walter con voz severa Sabe lo que es no celebrar los cumpleaños. Nos lo ha contado.

En tanto el castaño y Sunny se adelantaban, Thomas hizo un gesto de contrariedad. Había olvidado que hasta ese año, Danielle nunca había tenido una verdadera fiesta de cumpleaños, con parientes y amigos que la felicitaran y le hicieran montones de regalos. Pero al comparar eso con su propio cumpleaños, negó con la cabeza y fue a alcanzar a sus dos amigos de casa.

Ya intentaría explicarle las cosas a Danielle más tarde.




¿Todavía falta mucho?

Rose hizo un puchero al ver el asentimiento de Hally a su pregunta.

Las dos amigas, junto con Thomas y Walter, se encaminaban a la torre norte, a su primera clase de Adivinación Antigua, materia que cada uno había elegido por diversos motivos: Hally la encontraba interesante (a pesar de que su madre no parecía tenerle aprecio), Rose quería comprobar lo que decían sus primas Frida y Gina (aseguraban reírse de lo lindo en esa materia), Walter, ya que había elegido sus optativas al azar, le pareció que encajaba en el perfil y Thomas
nada más quería saber de qué se trataba.

Espero que no salgan con tonterías muggles para leer la suerte comentó Thomas de pronto, mirando por una ventana hacia el exterior Para eso, tengo con Sydney.

¿Una de tus hermanas? se extrañó Rose.

Ajá. Ella es aficionada a ese tipo de cosas.

Llegamos.

Hally señaló el inicio de una escalera de caracol frente a ellos, donde estaba agrupada el resto de la clase. Entre los alumnos que esperaban, Rose notó con desagrado a Bridget Fonteyn, de Slytherin, y a Emily Lancaster, de Hufflepuff.

Al menos ninguno del quinteto está en esta clase masculló la pelirroja.

Ya es hora indicó Thomas, consultando su reloj ¿Estará abierta el aula?

Como respondiendo a esa pregunta, una trampilla en lo alto de la escalera de caracol se abrió con lentitud, mostrando vagamente un techo abovedado de piedra. La clase, sin saber qué decir, se limitó a subir la escalera, aferrando las mochilas y los libros. Hally y sus amigos quedaron impresionados con lo que encontraron.

No era un aula común y corriente. Era una sala circular, semejante a un antiguo salón de té, con una chimenea enorme y las ventanas, rectangulares y alargadas, abiertas de par en par. La chimenea, a pesar del clima tan agradable que había, estaba encendida, y una tetera grande de cobre en ella lanzaba algunas nubecillas de vapor. Al centro, un atril y una silla de madera muy elegantes parecían indicar el sitio del profesor, pues a su alrededor se ubicaban mesitas circulares y varias sillas de madera mucho más sencillas.

¿Y el profesor? se extrañó un chico de Hufflepuff de cabello negro.

Estoy aquí, señor Dickens.

Todos miraron al centro, estupefactos. En la silla junto al atril, sentado cómoda y correctamente, un mago observaba el desfilar de los alumnos por la habitación, en busca de un asiento. La mayoría de las chicas contuvieron un suspiro.

Hally y Rose se miraron, pensando lo mismo: que los rumores sobre el profesor humano de Adivinación Antigua eran totalmente correctos. Era un hombre de aspecto joven, de cabello rubio, lacio y brillante que le llegaba a los hombros. Sus ojos, de un tono azul marino oscuro, combinaban a la perfección con su túnica, de tela brillante y carente de adornos. Del cuello, con una delgada cadena dorada, le colgaban unos anteojos ovalados de marco plateado. Alto y delgado, daba una imagen de fragilidad que no cuadraba con la un hombre ordinario, pero al volver a hablar, dio la impresión de que era fuerte y decidido.

Bienvenidos sean a la clase de Adivinación Antigua dijo con un tono gentil y al mismo tiempo, un tanto inexpresivo Soy el profesor Cassidy, como muchos de ustedes habrán supuesto ya. Señor Dickens, lo sentaré al frente, para que apruebe mi materia sin ningún problema miró de manera penetrante al Hufflepuff de cabello negro, quien tragó saliva Alumnos de tercero, iniciaremos con algo sencillo, para que empiecen a familiarizarse con las artes adivinatorias, pero antes
se interrumpió, levantándose de su silla y extendiendo una mano al atril a su derecha, donde reposaban un grueso libro y varios pergaminos Pasaré lista y les asignaré una mesa. Las mesas son de dos personas, y deberán sentarse igual todo el año. Muy bien


El profesor Cassidy tomó uno de los pergaminos, se puso los anteojos, sacó una pluma azul de su bolsillo y con tranquilidad, comenzó a nombrar a los alumnos. Para mala suerte de Hally, fue puesta con un chico de Ravenclaw al que nunca le había hablado. Thomas y Walter, separados por dos mesas, quedaron con Dickens y Fanny Kleiber; respectivamente. Rose, en una mesita cercana a la puerta, compartía sitio con Emily Lancaster, quien fulminó a la pelirroja con la mirada.

Saquen los libros y lean lo referente a geomancia. Prepararé su material de estudio.

A continuación, el profesor se acercó a la chimenea, atendiendo a la tetera que ya emitía un débil silbido. Los alumnos, extrañados, obedecieron y se pusieron a leer.

¡Qué soberanamente aburrido! musitó con fastidio el compañero de mesa de Hally.

¿Lo crees? inquirió ella en un susurro.

El chico, de cabello lacio y castaño claro, asintió con vehemencia.

Por cierto, creo que nunca nos hemos saludado notó el chico Soy Donald Warren.

Mucho gusto Hally le sonrió, tendiéndole la mano Yo soy


Ni hace falta que lo digas interrumpió Warren, estrechándole la mano y fijándose de reojo en sus aretes en forma de rayo Todo el mundo sabe quién eres desde que apareciste en la Selección hace dos años. Estábamos sorprendidos de saber que Harry Potter tuviera una hija.

Hally le dedicó una risita nerviosa, concentrándose en su libro. Que la reconocieran como la hija del mago más famoso de Reino Unido seguía poniéndola incómoda.

¿Tú eres de familia de magos? preguntó, solamente por cambiarle el tema.

Mis padres son magos, si a eso te refieres respondió Warren con recelo Pero mi padre es de familia muggle. ¿Algún problema?

Hally negó en silencio, notando el tono de voz de Warren y reprendiéndose mentalmente. Tal parecía que el cambio de tema no había sido el apropiado. Un tanto nerviosa, mejor se concentró en la lectura, viendo por el rabillo del ojo que Warren había decidido ignorarla.

Jóvenes llamó el profesor Cassidy después de diez minutos, con la tetera levitando frente a él gracias a un movimiento de varita Tomen una taza de los estantes y vengan a servirse. Espero que para este momento, ya hayan leído el tema completo, porque lo van a necesitar.

Algunos de los alumnos se veían con nerviosismo y atacaron las páginas de Disipando las Nieblas del Futuro con increíble rapidez antes de acatar el mandato del profesor.

Así que
¿problemas para seguirle el paso a la clase, Weasley? inquirió Emily Lancaster con sarcasmo, usando su libro para que el profesor no la viera.

Eso quisieras masculló Rose a modo de respuesta, cerrando su libro de golpe y poniéndose de pie Ahora, si me disculpas


La pelirroja fue hacia los estantes, donde otros tres alumnos ya se debatían por qué taza tomar y sin miramientos, sujetó una taza blanca con bordes plateados, para encaminarse con paso firme al profesor, quien con una mirada penetrante, le señaló la tetera flotante con un gesto de cabeza.

Ah
¿podría bajarla un poco, profesor? pidió Rose tímidamente.

El hombre le dedicó un ademán interrogante.

Bueno, si pretende que me sirva el té yo misma, como dice el libro, necesito que la tetera esté a mi alcance. Soy alta, pero no tanto.

Tal discurso dejó aturdida a la mayoría.

Señorita Weasley, no deje que el apellido se le suba a la cabeza indicó el profesor Cassidy sin signos de disgusto, a la vez que movía la varita y la tetera descendía poco a poco hasta quedar de frente a Rose Al menos no en mi materia, por favor.

La pelirroja, tragando saliva, asintió antes de sujetar la tetera con cuidado y servirse.

Weasley sí que sabe cómo decir las cosas se burló Warren, cerrando su libro.

¿Eso qué significa? inquirió Hally, algo molesta, dejando también su libro.

Sin ofender, Potter, pero no creo que esa actitud sea buena para el estudio. Seguramente tú y sus demás amigos tienen que ayudarla en todo.

Hally arrugó el ceño. Sí, era cierto que a veces, el carácter de Rose no le ayudaba en las clases y que tanto ella como los demás tenían que darle varios consejos al respecto, pero no era para que Warren se lo dijera de esa forma, a sabiendas de que era su amiga.

Tú serás perfecto se limitó a espetarle, yendo por una taza de porcelana.

No, pero al menos mi cerebro está conectado a mi boca.

Hally le dedicó una mueca de fastidio.

En diez minutos, la clase entera tenía sendas tazas de té servidas. Los alumnos, por la temperatura de la bebida, no podían ingerirla deprisa, pero eso no parecía importarle al profesor, que se dedicaba a observar a todos con un leve gesto de indiferencia.

Ese profesor me da escalofríos musitó Thomas en cuanto terminó su té.

Los de tu casa siempre han sido cobardes ironizó Fanny Kleiber, sosteniendo su taza con un ademán elegante No me extraña que digas eso.

¿En serio tengo que soportar a esta niña todo el año? masculló el pelirrojo anaranjado por lo bajo, sin dirigirse a nadie en particular, pero obviamente deseando que Kleiber lo oyera.

¿Qué dijiste, Elliott?

Antes que otra cosa pasara, Thomas le puso su taza vacía enfrente con un golpe seco.

Haz algo útil. Mejor ponte a leer mi taza.

Kleiber le dedicó una mirada de desprecio antes de terminarse su té y empezar a leer las húmedas hojas de té en el fondo de la taza. Thomas, con una sonrisa triunfante, agarró la taza de Kleiber y con su libro abierto a un lado, se puso a trabajar.

En su mesa, Walter y Dickens parecían no tener dificultades en ponerse de acuerdo. Para sorpresa de Walter, Dickens no le veía nada malo a que fuera de Slytherin.

Un tío mío fue ahí le contó Dickens en cuanto se pusieron a descifrar las hojas de té Y aunque era un tanto gruñón, generalmente podías llevarte bien con él.

La clase entera, dado que el profesor Cassidy no les indicó lo contrario, supusieron que debían poner en práctica lo que decía el libro en cuanto bebieran todo su té, por lo que veían las hojas del fondo de las tazas concienzudamente, ayudándose con los libros para saber qué deparaba el futuro.

Esto de verdad es raro comentó Warren, meneando la vista entre la taza de Hally que hacía girar entre sus manos y el libro.

Pues esto también replicó Hally con sarcasmo Una bellota con una cruz
Serás infeliz pero te caerá oro del cielo rió Y aún así, suena lógico


¿Lógico, señorita Potter?

La chica y su compañero de mesa dieron un respingo. De pie frente a ellos, el profesor Cassidy los observaba con curiosidad.

¿Qué hay de lógico en esa taza, señorita Potter? insistió el profesor con amabilidad.

Ah
Hally no sabía qué decir Es que
la única forma en que esto ocurra señaló la taza del chico es que algún pariente de Warren muera y le deje herencia.

Algunos que prestaban atención a la charla rieron, en tanto otros arqueaban las cejas con desdén. El resto se limitó a esperar las palabras del profesor.

Debo decir que es una lectura bastante interesante concedió el profesor Cassidy.

Ahora casi todas las caras del grupo mostraban asombro.

¿Alguien más quiere decirme qué ve? inquirió el profesor.

Los jóvenes intercambiaron miradas, nerviosos.

Yo, profesor se ofreció aduladoramente Emily Lancaster, alzando una mano.

Rodó la taza de Rose tal como decía el libro y recitó.

Un sol, significa felicidad a raudales
y un
¿relámpago? Representa calamidad
una desgracia repentina.

Como si fuera a creer eso musitó Rose.

Y una flor muy grande
Nueva familia.

Al terminar, Emily depositó la taza en la mesa y vio al profesor en busca de aprobación.

Sigue las instrucciones bien, señorita Lancaster felicitó el profesor Cassidy, para alegría de Emily ¿Alguien más, jóvenes?

Uno a uno, los demás se animaron a decirle sus predicciones al profesor, recibiendo de éste alguna palabra de aliento o, en caso contrario, recomendaciones para mejorar la lectura (como tuvo que hacer con Bridget Fonteyn, que predijo a su compañera de mesa una muerte dolorosa y en realidad, debía decirle que tendría una cena pavorosa). Cuando menos se acordaron, la campana sonó, revelando el fin de la clase.

De tarea, descríbanme detalladamente la lectura que acaban de hacer, con ilustraciones incluidas ordenó el profesor Cassidy al verlos guardar sus cosas Y también necesito su propia opinión respecto a la credibilidad de la lectura. Eso lo dejo a su criterio sonrió de manera casi imperceptible Que tengan un buen día.

Los estudiantes se retiraron del salón en pequeños grupos, descendiendo por la escalera de caracol y discutiendo con distintos tonos lo que les había parecido la clase.

Lo dicho, ¿tendré que aguantar esto todo el curso? soltó Thomas cuando estuvieron lo suficientemente lejos del resto ¡Kleiber es intolerable! Ahora sé porqué Paula no la aguanta.

¿Me están engañando mis oídos? se burló Walter ¿Thomas Elliott está llamando a alguien por su apellido?

No me provoques, Walt retó Thomas, de muy mal genio ¡Mira que predecirme una grave enfermedad! Yo casi nunca me enfermo, así que no lo creo.

Siempre hay una primera vez para todo declaró Rose con firmeza.

¿Perdón? el pelirrojo anaranjado la vio con escepticismo ¿De parte de quién estás? ¡Como si Lancaster no te hubiera estado fastidiando!

Oh, vamos, cálmate Rose hizo un gesto desdeñoso de mano Es la verdad.

Eso es cierto concordó Hally de repente Aún me acuerdo de la primera vez que yo quise partir naranjas. Sé que no tiene nada qué ver, pero


¡Silencio!

La exclamación le salió a Thomas de forma tan fría y desesperada, que sus amigos se le quedaron viendo con caras confusas.

¿Quieren hacerme el favor de no hacerme sentir peor? pidió Thomas, intentando sonar más tranquilo Ya tengo suficiente con esas cosas en los carruajes y


¡Eh, chicos! ¡Por aquí!

Su frase fue interrumpida por alguien al final del pasillo que recorrían. Era Procyon, que agitando una mano en alto, era seguido por Danielle, Amy, Ryo, Henry y Sunny. Los seis se veían cansados, pero felices.

Sin decir palabra, Thomas dio media vuelta y se marchó, lo que desconcertó a Procyon y compañía cuando alcanzaron a Hally, Rose y Walter.

¿Y a él qué le pasa? quiso saber Procyon.

Creo que no le gustaron sus predicciones bromeó Rose, encogiéndose de hombros.

¿Y ustedes de dónde vienen? quiso saber Hally.

De Autodefensas Muggles le respondió Danielle con una sonrisa A decir verdad, es una clase muy agitada, pero tiene su lado divertido.

¿Correr por casi media hora te parece divertido? le espetó Sunny, cuyas sonrojadas mejillas eran prueba fehaciente de sus palabras Ese tal Kukai está loco


¿Qué clase de apellido es Kukai? preguntó Rose, haciendo una mueca.

Les contamos luego pidió Henry, consultando su reloj Toca Transformaciones.

Amy asintió a esa frase de Henry.

Y a nosotros, Herbología apuntó Walter.

Ryo abrió mucho los ojos, revisando sus libros al segundo siguiente.

¿Lo juras? se alarmaron Rose y Sunny.

No era para menos: el aula de Transformaciones quedaba prácticamente al otro lado de donde estaban. Y los invernaderos, ni se diga: había que salir del castillo y atravesar los jardines


Como Henry y Walter asintieron, el grupo se echó a correr. No querían llegar tarde.




Aunque el profesor Lovecraft era estricto, ese día tenía algo diferente. Los chicos de tercero de Gryffindor y Hufflepuff vieron que, entre sonrisas, el profesor hacía las anotaciones pertinentes para el primer tema del curso: animagos.

Nos cae como anillo al dedo les susurró Procyon a sus amigos.

Apenas habían hablado del tema en sus cartas, pero la Orden del Rayo entera ya había recabado suficiente información para su plan de convertirse en animagos. Más que nada, se habían concentrado en el procedimiento y cómo evitar las fallas en el mismo. Sabían que, regresando al colegio, podrían concentrarse en la práctica.

Ahora, permítanme una demostración al pronunciar esas palabras, la clase entera dejó de escribir y lo miró con avidez Pase usted, profesora.

Por la puerta entró la profesora McGonagall, dejando con la boca abierta a más de uno.

Si ya terminaron de copiar algunos, al escuchar eso, escribieron las últimas líneas a toda velocidad la directora podrá mostrarles de lo que estoy hablando.

Cuando el último alumno (un castaño de cabello crespo con los colores de Hufflepuff en el uniforme) dejó la pluma, la profesora McGonagall inclinó la cabeza con ligero aire de superioridad y a continuación, se transformó ante toda la clase en una gata atigrada con marcas oscuras alrededor de los ojos, que recordaban a sus habituales gafas.

Llovieron los aplausos; los estudiantes de verdad estaban encantados. La directora recuperó su forma original con un pequeño estallido, mostrándose complacida por la reacción que había obtenido, para luego dirigirse al profesor Lovecraft, decirle unas cuantas palabras en voz baja y despedirse de todos con un gesto de cabeza.

Esta semana estará dedicada al tema de los animagos avisó el profesor Lovecraft en cuanto los estudiantes dejaron de comentar con emoción de lo que su directora había hecho Es muy extenso, así que quien no preste la atención debida, puede estar en grandes dificultades. Por el momento, les explicaré algunas generalidades


Los miembros presentes de la Orden del Rayo eran, con diferencia, los más atentos. Todo lo que les enseñara Lovecraft toda la semana, les sería de gran utilidad. Así que fueron de los pocos que no protestaron con la cantidad exorbitante de tarea que el profesor les dejó al finalizar la clase.

Ustedes sí que son raros oyeron que les espetaba Emily Lancaster al salir de clase.

En tanto Amy y Bryan le dedicaban una mueca, Procyon se adelantaba al Gran Comedor para el almuerzo, seguido de cerca por Henry. Rose le sacó la lengua a Emily burlonamente y Hally se limitó a amenazarla con la mirada.

Así que Lancaster sigue molesta con Procyon dedujo Bryan.

Claro, ¿porqué crees que él se adelantó? le hizo notar Rose.

Eso era evidente musitó Amy con una mueca de inconformidad En el dormitorio, ha estado lanzándome indirectas de que se desquitará de nuestro amigo. Al menos creo que ella y Procyon no tienen muchas clases en común, ¿cierto?

Hally y Rose se encogieron de hombros.

Si quieren, les consigo el horario de Emily continuó Amy como si nada, para sorpresa de sus amigos A Madison no le importará pasármelo, sabe que en ocasiones, Emily es muy pesada.

Amy, debo decirte que asustas aseguró Rose, con ojos muy abiertos.

No deberías, Rose. Simplemente me preocupa lo que Emily pueda estar planeando.

Las dos Gryffindor’s se volvieron hacia Bryan, y al verlo asentir, no pudieron estar más de acuerdo con la idea de Amy.

Consigue el horario, entonces accedió Hally Nosotras veremos el de Procyon y ojalá que no coincidan mucho.

Amy asintió, sonriente.

Cada uno se fue a su respectiva mesa al entrar al Gran Comedor, no sin antes despedirse con un ademán y una sonrisa. En cuanto se sentaron a la mesa de Gryffindor, Rose y Hally les preguntaron a los chicos cómo les había ido en su primera clase de Autodefensas Muggles, que según recordaban, era una de las nuevas materias optativas. Henry y Procyon, luego de beberse de un trago una copa de jugo de calabaza, sonrieron.

Bueno, es algo interesante inició Henry Al menos en el mundo mágico.

Sí, es como practicar deportes a la forma muggle siguió Procyon, riendo El profesor Kukai nos ha dicho que nos enseñará varias formas de defensa personal: karate, kendo, tae kwan do, box, esgrima
Oye, ese tipo parece saber de todo.

Creo que sabe todo eso y más aventuró Henry Eso de correr durante la mitad de la clase debe ser para ponernos en forma. Muchos magos no hacen tanta actividad física.

Pues no tienen necesidad, ¿o sí? declaró Rose entonces, sirviéndose carne y papas.

No, quizá no aceptó Procyon, repentinamente serio Pero tal como están dándose las cosas, los magos menores de edad necesitamos trucos bajo la manga guiñó un ojo.

Procyon, no te hagas el importante sermoneó Rose.

El pelinegro se encogió de hombros antes de empezar a comer.

Ese profesor
Kukai dijo Hally de repente ¿Es el oriental? Recuerdo que McGonagall lo presentó en el banquete junto con el resto de los profesores nuevos.

Procyon y Henry, con las bocas llenas, asintieron, señalando con un gesto la mesa de profesores. Ahí, entre algunas caras que no eran conocidas para la mayoría del alumnado, se hallaba un hombre muy alto y delgado, de lacio cabello castaño oscuro y ojos negros rasgados con una túnica negra de estilo oriental atada con un cinturón blanco, que recordaba vagamente a las de Hoshikino y Zen. Podría pasar por pariente de Ryo.

¿Y al menos les ha ido bien? se interesó Rose.

Al menos no acabamos desmayados por el esfuerzo Procyon soltó una carcajada Hubieran visto cómo acabaron Owen y Tate


No deberías burlarte, Procyon reprochó levemente Hally.

Procyon se calló, suspirando y con aire divertido. Rose y Hally, en cambio, intercambiaron miradas con asombro, agradeciendo mentalmente no haber tomado esa optativa, dado lo dura que parecía ser. Comieron apaciblemente, preparándose para su siguiente clase, que según sus horarios, era Cuidado de Criaturas Mágicas.

Al menos en esa optativa nos vemos todos se alegró Rose en cuanto acabaron el almuerzo y se encaminaron a los jardines Dean me contó que es muy divertido ir a Cuidado de Criaturas Mágicas, que el profesor Hagrid te enseña cada cosa
Ángel y Frida se divertían de lo lindo.

Sí, claro, seguramente haciéndoles bromas a los pobrecitos animales.

El comentario de Hally fue recibido por una carcajada afirmativa de Rose.

Exactamente. Aunque no creas, a les gustaban los animales, como a Sam y a Allie.

Cuando Henry abrió la boca para preguntar algo, sonó la campana. Los alumnos que quedaban en el Gran Comedor apuraron el almuerzo y se marcharon a sus respectivas clases o a sus salas comunes, según fuera el caso. La Orden del Rayo se reunió en el vestíbulo y haciendo conjeturas de lo que les esperaba, se dispusieron a bajar a los jardines junto con otra docena de compañeros de curso.

La clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, impartida por el profesor Hagrid (que además, era el guardián de las llaves y terrenos del colegio), daría inicio fuera de su cabaña, en los lindes del Bosque Prohibido. Entre comentarios y risas, los alumnos esperaban una buena clase cuando al fin se congregaron en el sitio indicado y poco después, el profesor Hagrid salió de su cabaña, ataviado con su acostumbrado abrigo de piel de topo y con una sonrisa apenas visible entre su enmarañada barba entrecana. Sus ojos negros veían a los chicos con indecible entusiasmo.

Buenos días saludó, agitando en alto una mano tan grande como la tapa de una alcantarilla Bienvenidos sean a esta materia, alumnos de tercero. La lección de hoy se ha convertido en una tradición y generalmente, la uso para saber el ritmo al que debo enseñarles rió brevemente antes de aclararse la garganta y proseguir Pasaré lista para irlos conociendo, ¿está bien?

Los jóvenes asintieron, dándose cuenta de que, al igual que en algunas de las otras optativas que ya habían tenido hasta el momento, en ésa las cuatro casas se entremezclaban. Cuando Rose y Procyon escucharon los apellidos de Brandon, Calloway y Mackenzie, soltaron un bufido.

Cuando terminó, el profesor se guardó la pluma y la lista en uno de los bolsillos de su abrigo, dedicándose a observar a la clase antes de preguntar.

Bien, díganme, ¿quién pudo abrir el libro?

Se refería a El Monstruoso Libro de los Monstruos, el libro de texto. En tanto algunos sacaban sus peludos ejemplares envueltos en lo que fuera que los mantuviera cerrados, Hally y sus amigos se limitaron a pasarle la mano por el lomo a sus libros y éstos, mansamente, se dejaron abrir. Los demás los miraron con admiración
o casi todos.

Patético masculló Brandon ¿Quién nos manda comprar un libro que muerde?

Más patético es quien ni siquiera se tomó la molestia de averiguar cómo se abría replicó Rose con tono indiferente, el cual recordaba a su madre.

¡Muy bien! felicitó el profesor Hagrid a Hally y compañía ¡Y tú también, Patterson! miró a un alumno de Hufflepuff pelirrojo y de semblante sereno Bueno, quienes no pudieron abrir el libro, solamente acarícienle el lomo los aludidos asintieron Y ya que todos lo hayan abierto, vayan a la página cuarenta y nueve.

Todos obedecieron y más de uno ahogó un grito de admiración ante el título del tema.

¿Hipogrifos? dejó escapar Mackenzie, con un dejo de falso desprecio.

El profesor Hagrid asintió, con el entusiasmo de un niño con juguete nuevo.

Exactamente, hipogrifos. El texto es útil, puedo asegurárselos, pero nada es más grato que el contacto directo comenzó a alejarse de su cabaña Síganme, por favor.

Los alumnos no tuvieron más remedio que obedecer, preguntándose qué tan directo sería el contacto con el tema de los hipogrifos. Poco a poco, fueron rodeando el bosque y llegaron a donde, si no mal recordaban, había estado el parque salvaje de la primera prueba del Torneo de las Tres Partes. Ahora había ahí un cercado y tras éste


Varias de las chicas de la clase se echaron hacia atrás. Al otro lado del cercado, trotando de manera despreocupada alrededor de un gran poste de madera (al cual estaban atados con una cadena), estaban al menos una docena de criaturas muy peculiares. Eran grandes, con la mitad delantera de águila, de enormes alas y pico del color del bronce. Los cuartos traseros eran iguales a los de un caballo ordinario, aunque la cola era mucho más larga de lo usual. Cada una de las criaturas era de distinto color: negro azabache, castaño, ruano, gris
La variedad hacía la verdadera diferencia. Por lo demás, eran idénticas. A un silbido del profesor Hagrid, los hipogrifos alzaron la cabeza y miraron la cerca, lo que hizo retroceder más a la clase.

Ahora, unas generalidades de los hipogrifos empezó a disertar el profesor Hagrid Lo primero que deben saber de ellos es que son de carácter orgulloso. Nunca insulten a uno, porque podrían ser lo último que harían. Así mismo, si llegan a hacer algo extraordinariamente bueno por uno, éste lo recordará toda su vida y siempre les será leal.

Brandon, Calloway y Mackenzie no prestaban demasiada atención a la explicación, sino que se dedicaban a susurrar entre sí con evidente mal humor. Hally y Danielle estaban comenzando a molestarse.

Y respecto al contacto directo que decía hace rato
el profesor Hagrid paseó los ojos por los chicos, interrogante ¿Alguien quiere ser el primero en saludarlos?

Dicho esto, indicó con una mano a los hipogrifos.

Todos veían a las criaturas con recelo, a pesar de que éstas se encontraban sosegadas.

¿Nadie? insistió el profesor, algo desilusionado.

¡Qué rayos
! soltó Thomas por lo bajo, antes de levantar una mano ¡Yo!

Sus amigos lo observaron como si se hubiera vuelto loco.

Perfecto, Elliott el profesor lo llevó hasta la puerta de la cerca, a pocos pasos de distancia, y ambos la cruzaron con rapidez Veamos
Probarás con Flashblack.

Y acto seguido, el profesor se acercó a un hipogrifo negro como la tinta y ayudado por la cadena que lo amarraba, lo guió hacia Thomas.

Esto sí que será interesante musitó Calloway con malicia, adelantándose.

El resto de los estudiantes lo imitaron. El profesor Hagrid, luego de poner al hipogrifo negro a unos dos metros de Thomas, alzó la voz para que todos lo oyeran.

La forma más segura de acercarse a un hipogrifo es con una reverencia explicó Lo miran a los ojos, se inclinan y esperan. Si el hipogrifo responde, entonces pueden acercarse y tocarlo.. Y si no hace nada, pues
Déjenlo por la paz.

Lo último hizo que Thomas tragara en seco, pero no se movió. Se concentró en hacer lo que el profesor Hagrid había dicho y vio a los ojos del hipogrifo casi sin parpadear. Los ojos del animal, de un tono naranja muy oscuro, le sostuvieron la mirada hasta que Thomas se decidió a inclinarse de manera solemne. Al enderezarse, volvió a fijar los ojos en el hipogrifo, quien para su sorpresa, casi de inmediato hizo una reverencia profunda, doblando las patas de águila. Al enderezarse, el animal agitó un poco las alas y lo observó como esperando algo.

La clase gritó con gozo y se puso a aplaudir, en tanto Thomas le pasaba la mano por la emplumada cabeza a Flashblack, el cual parecía feliz de recibir esas caricias.

Excelente, Elliott felicitó el profesor Hagrid, dándole una palmada en la espalda que casi lo derriba Bien, jóvenes, ¿alguien más quiere intentarlo?

Al escuchar eso, los alumnos se decidieron a entrar al cercado y a los hipogrifos, que el profesor Hagrid iba soltando de uno por uno. Pronto, las reverencias eran el común denominador de todos, alegrándose mucho cuando tenían la oportunidad de tocar a una de las criaturas. Miles Richards, que había intentado primero con un hipogrifo castaño, se desanimó cuando éste no se inclinó ante él, pero se recuperó al ver que un hipogrifo gris le correspondía en el acto. Aparte de eso, los únicos que tuvieron problemas fueron Brandon y Mackenzie: ninguno de los hipogrifos quiso corresponderles la reverencia.

A lo lejos, de repente sonó la campana, indicando el final de la clase. Hubo quienes dejaron escapar una queja, pero se resignaron y abandonaron el área cercada, en tanto el profesor Hagrid volvía a atar a los hipogrifos.

De tarea, harán una redacción sobre los hipogrifos, en base a lo que vimos hoy y a su libro les gritó el profesor, pues para devolver a los hipogrifos a su sitio, había quedado lejos de los estudiantes Me lo entregarán la próxima clase. Pueden marcharse.

Hipogrifos, ¡eso estuvo genial! exclamó Ryo al ir de camino al castillo Ya quiero ver qué nos mostrará la próxima clase.

Yo también reconoció Amy Cuando te acostumbras a ellos, son muy bonitos.

Potter, préstale tus anteojos a Macmillan, que se está quedando ciega.

Brandon dijo aquello al pasar a su lado, seguida por Calloway y Mackenzie.

No la soporto escupió Sunny Ni a ella ni a Sullivan. ¿Saben que ese troglodita está con nosotros en Autodefensas Muggles?

¿Quién, Sullivan? se sorprendió Walter.

A nosotros también nos tomó por sorpresa confesó Danielle Intentó demostrar sus dotes para los golpes con el pobre de Owen cuando nos pusimos a correr, pero el profesor Kukai se dio cuenta y le quitó cinco puntos a Slytherin hizo una mueca Lo dicho, Sullivan es un idiota.

Creí que eso ya lo teníamos claro apuntó Thomas.

Por cierto intervino Bryan Thomas, ¿porqué te ofreciste a saludar al hipogrifo?

El pelirrojo anaranjado adoptó una expresión reflexiva, dándose toquecitos en la barbilla con un dedo, para finalmente encogerse de hombros.

No sé, pensé que era tonto que nadie lo hiciera y


¿Tonto? soltó de repente Rose ¡Esas cosas pueden sacarte los ojos!

Sólo si los molestas le recordó Thomas.

Y arrancarte un brazo o algo siguió Danielle, dudosa.

Vamos, no me morí antes y no creo hacerlo ahora.

Diciendo eso, Thomas se adelantó, dejando a sus amigos muy desconcertados.

Definitivo, ese niño está muy mal soltó Sunny con el ceño fruncido ¿Sabían que su cumpleaños fue ayer? Y no se tomó la molestia de decírnoslo.

Los demás se encogieron de hombros.

Por si no lo habías notado, Thomas es muy independiente observó Paula de repente Eso lo demuestra aprendiendo tanto de los magos por su cuenta. Sólo díganme una cosa, ¿cuándo lo han visto pedirle ayuda a alguien?

A nosotros respondió Rose en el acto En las reuniones de


No me refiero a eso interrumpió Paula Me refiero a cosas más serias.

Como lo de los carruajes recordó Walter de inmediato.

Los otros lo vieron con desconcierto.

¿Recuerdan lo que les dije ayer, que Thomas me preguntó el año pasado algo sobre los carruajes? Henry, Bryan y Sunny asintieron Pues por su cara, se notó que le costó trabajo hacerme la pregunta. No sé, hay algo de él que no acaba de gustarme.

Walter
reprendió Danielle por lo bajo, arrastrando cada letra.

El castaño suspiró, callándose, reconociendo el tono de la rubia como aquel que delataba su molestia. Últimamente, Danielle perdía la paciencia con facilidad.

Según mi horario, toca Alquimia anunció Henry de pronto, con una sonrisa de oreja a oreja ¡Es lo que estuve esperando todo el día!

¡Ah, sí! soltó de pronto Procyon, consultando su propio horario Vámonos.

Los dos chicos Gryffindor’s comenzaron a andar, seguidos de cerca por Hally y Paula.

¡Oigan! los llamó Danielle ¡Thomas también tomó esa clase! Vean que vaya, ¿sí?

Procyon alzó un pulgar, en señal de haber atendido su petición.

Según los horarios, la clase de Alquimia sería en un aula del quinto piso, en el ala este. Ellos habían pasado por ahí contadas veces y recordaban que bajo una ventana, había un trozo de pasillo acordonado, dado que era, literalmente, un pantano. La primera vez que Hally se atrevió a preguntar por eso, Rose le había contado con entusiasmo la historia, casi legendaria, de cómo sus tíos Fred y George habían hecho eso antes de volar (literalmente) fuera del colegio en su séptimo año.

Ésa es una anécdota poco creíble comentó una voz delante de ellos, incrédula.

Al avanzar un poco más, los cuatro amigos descubrieron a un grupo reducido de alumnos de tercero frente a una puerta de madera, esperando con cierta impaciencia. Entre ellos, rápidamente pudieron distinguir el cabello rojo anaranjado de Thomas, que por cierto, no tenía buena cara por tener junto a él a un par de indeseables.

Es en serio dijo Thomas con voz cansina a una de sus oyentes, una chica de Ravenclaw Cualquier Weasley puede corroborarlo. Hasta los Longbottom podrían.

Como digas desdeñó Fanny Kleiber con gesto adusto.

Que tú, por venir de familia muggle, te creas lo que sea por ignorante, no quiere decir que nosotras también.

Cloe Scott le dedicó una sonrisa socarrona que fue imitada por Kleiber casi al instante. Al poco rato, ambas chicas se retiraron de Thomas, quien las fulminaban con la mirada.

¿Qué hacen esas dos en esta clase? soltó Henry, en voz apenas lo suficientemente alta como para que Scott y Kleiber lo escucharan ¿Tienen bastante cerebro para esto?

Eso le granjeó gestos de enfado de las dos chicas y carcajadas de sus amigos.

¡Ésa sí que es buena, Henry! felicitó Thomas en cuanto paró de reír.

Gracias Henry hizo una leve inclinación de cabeza Supongo que algo bueno de ser amigo de Rose es aprender su estilo en el sarcasmo.

No se te ocurra decírselo a la cara, que se le subirá a la cabeza bromeó Procyon, para acto seguido, ojear la puerta de madera ante la que esperaban. Leyó cuidadosamente la placa de bronce en ella Novalee Nobel, profesora de Alquimia frunció el ceño ¿A qué hora nos piensa abrir?

Como si lo hubiera oído, la puerta de madera se abrió, dando paso a una bruja delgada, de rostro ovalado y largo cabello castaño claro, lacio y brillante. Su semblante era el de una persona amable, pero su túnica, de un tono azul claro, mostraba varias manchas multicolores. En una mano traía la varita y en otra, un rollo de pergamino. La mujer consultó entonces su reloj de pulsera, observó a la clase y a continuación, esbozó una gentil sonrisa.

Buenas tardes saludó con ánimo Bienvenidos sean a su primera clase de Alquimia. Soy la profesora Nobel, pasen.

Se hizo a un lado para dejarlos entrar, y los alumnos, entre curiosos y expectantes, comenzaron a admirar el aula en cuestión que con diferencia, era muy particular.

Los chicos que provenían de familias muggles compararon aquel sitio con un laboratorio de química común y corriente de una escuela de su comunidad de origen. Distribuidas por la estancia, había varias mesas largas, similares a las de la clase de Pociones, pero que contaban con sus propios grifos de agua y dos lavabos. En cada mesa reposaba un mechero encendido, un mortero y una especie de cartel pequeño. Los alumnos giraron la cabeza hacia el techo y descubrieron que, en vez de algún candelabro en forma de araña, cada mesa tenía sobre sí una luz intensa, proveniente de una sola vela con llama completamente blanca.

Colóquense en las mesas, por favor pidió la profesora Nobel, dirigiéndose a la cabecera de la clase, donde su escritorio parecía una réplica de las demás mesas, aunque de menor tamaño Deben ser seis personas por mesa. Y les aviso que así se sentarán todo el curso, para que elijan buenos compañeros de trabajo.

Hally no lo pensó dos veces: les dedicó a sus amigos una seña y ocuparon una mesa cercana al escritorio de la profesora. Al poco rato, se les unió quien habría de completar el equipo del curso, un chico de Hufflepuff pelirrojo al que recordaban de la pasada clase de Cuidados de Criaturas Mágicas como Archibald Patterson.

Mucho gusto saludó Hally, tendiéndole la mano.

Sí, mejor tú que Kleiber o Scott argumentó Thomas, dedicándole una sonrisa.

Procyon le celebró la frase riéndose un poco.

Muchas gracias por el cumplido comentó Patterson, sereno.

Jóvenes, miren al frente.

La petición de la profesora fue rápidamente atendida, así que la mujer, desplegando de nuevo una sonrisa amable, se aclaró la garganta, desenrolló el pergamino que sujetaba (sin soltar la varita en el proceso) y comenzó a pasar lista. No hizo comentarios sobre nadie, pero algunos le detectaron una leve mueca al llegar al nombre de Kleiber. Cuando terminó, dejó el pergamino a un lado, agitó la varita y los carteles en las mesas levitaron ante las caras de los estudiantes, girando lentamente para que todos pudieran verlo bien.

Lo que están viendo es lo primero que deberán aprenderse en esta clase: la tabla periódica de los elementos explicó la profesora con un tono serio que no demeritaba sus facciones benévolas Aunque no lo crean, iniciaremos con Química Básica, que es la que los muggles normalmente estudian, para comprender un poco el comportamiento de los elementos al natural. Después


Un minuto interrumpió Scott de mal talante Nadie me avisó que vendría a estudiar esta materia como una simple muggle.

La profesora Nobel le dedicó un ademán de censura.

Parece que no leyó atentamente el temario de la asignatura en las vacaciones de Semana Santa, señorita Scott. De haberlo hecho, habría visto que la Química es uno de nuestros temas principales.

Scott frunció el ceño, molesta, en tanto algunos hacían gestos de gozo.

Como decía
continuó la profesora con naturalidad
Después de la Química Básica, pasaremos a la Historia de la Alquimia, donde sabremos el origen de la misma, y por último, la Alquimia Básica, que les enseñará las transmutaciones más sencillas de esta ciencia. En ocasiones, le hallarán similitudes a esta clase con la de Pociones, pero no se preocupen: los que no son muy diestros en Pociones, podrían serlo aquí y viceversa.

En su mesa, Franco Visconti dio un suspiro de alivio.

Por el momento, necesito que copien la tabla periódica señaló a cada mesa con la mano libre, sobre las cuales seguían girando las réplicas de la mencionada tabla La necesitarán no solamente este año, sino todo el tiempo que cursen Alquimia. Nunca se atrevan a entrar a esta aula sin su tabla periódica advirtió, entrecerrando los ojos Prefiero que falten a que trabajen sin tabla periódica; podrían causar un accidente.

Ahora no únicamente Visconti, sino la mitad de la clase, tragó en seco. Se veía que, a pesar de su apariencia, la profesora Nobel podía ser sumamente estricta.

Así pues, la clase entera se puso a copiar la dichosa tabla, aunque tuvieron dificultades en colocar cada símbolo en su correspondiente columna. Scott, en su mesa, se quejó por lo bajo que estaba trabajando como vil muggle, pero si la profesora la escuchó, fingió muy bien, porque no dijo nada. Lo que sí dejó claro fue que la tabla debía estar debidamente transcrita, de lo contrario, a la hora de consultarla para los trabajos, podrían causar un accidente. Y eso, evidentemente, provocó que los alumnos revisaran una y otra vez que cada elemento estaba donde le correspondía.

Les llevó tanto rato copiar la tabla periódica que cuando los primeros dejaron las plumas, aliviados, sonó la campana. Desconcertados, los rezagados anotaron los últimos símbolos, bajo la mirada atenta de la profesora Nobel, que de repente, movió la cabeza negativamente, con aire resignado.

Es todo por hoy anunció Quienes hayan terminado de copiar la tabla periódica, pueden marcharse. Los demás, dejen las plumas.

Los alumnos obedecieron y Hally, seguida de cerca por sus amigos, abandonaron el aula. En cuanto Patterson cerró la puerta tras ellos, creyeron ver a la profesora agitar la varita por encima de su cabeza, para luego decir con voz seria.

Ustedes también pueden marcharse. Y pídanle a algún compañero que les ayude a completar su tabla antes de la próxima clase.

Pronto, los rezagados salieron del aula, farfullando quejas sin ton ni son.

¿Qué creen que haya hecho la profesora? se preguntó Procyon en voz baja.

Sea lo que sea, lo sabremos la próxima clase, que será
Paula se interrumpió unos segundos, buscando su horario.

El viernes respondió Thomas por ella.

Exacto.

A mí me da la impresión de que es una maestra a la que no hay que enfadar dijo Hally repentinamente Y que cuando está de humor, es de lo más linda.

Sus amigos mostraron su acuerdo afirmando con la cabeza, para enseguida irse rumbo al Gran Comedor para cenar.Quince: Clases sabatinas.

7 de septiembre de 2019.

Norte de Escocia.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.


Esa mañana, un reloj despertador sumamente escandaloso fue motivo de peleas en el dormitorio de las chicas de tercero de Slytherin.

¿Podrían apagar esa porquería? espetó Brandon de mala gana.

Scott se limitó a taparse la cabeza con la almohada, lo mismo que Fonteyn.

Ignóralas le pidió Danielle a Sunny, en tanto las dos se vestían Entonces, ¿a qué hora terminas con tus clases?

Sunny, anudándose la corbata lo mejor que pudo, frunció el ceño.

Creo que Arte Mágico es antes del almuerzo recordó Y la de Cocina será antes de comer, así que
Para la cena me habré librado de todo.

Sí que te compadezco bromeó la rubia con una risita.

Sunny sonrió ampliamente antes que se escuchara otra queja de Brandon.

¿Piensas apagar esa porquería o qué, Wilson?

La castaña, suspirando, apagó el despertador y siguió a Danielle hacia la puerta del dormitorio, no sin antes soltarles a sus compañeras.

Y yo que les hacía un favor al despertarlas


¡Ya lárgate! gritaron Brandon y Scott al unísono.

Sunny cerró la puerta y al segundo siguiente, ella y Danielle soltaban la carcajada.

Ambas llegaron a su sala común así, para encontrarse con que Thomas y Walter, enfrascados en una improvisada partida de damas chinas muggles, las esperaban.

Ya era hora comentó Walter con una mueca, lo que tal vez se debía a que Thomas le iba ganando la partida Vamos, que quiero desayunar antes que inicie la clase.

¿Y tú porqué vienes, Danielle? preguntó Thomas, guardando sin ningún cuidado el juego de damas en la mochila.

Es la costumbre, me levanto temprano. Además, luego me veré con Bryan, Hally y Henry para trabajar en Runas Antiguas.

Luego me ayudas a mí con eso, ¿eh? pidió Walter.

Danielle asintió.

Los cuatro amigos iban platicando despreocupadamente al salir de su sala común, notando de reojo que había pocos estudiantes despiertos a esa hora. Y que la gran mayoría de éstos eran de tercero, como ellos.

¿Ése no es Patterson? dijo de pronto Thomas, cuando entraban al Gran Comedor.

Un pelirrojo de aspecto sereno y los colores de Hufflepuff en el uniforme venía de los pisos superiores, con una pluma en la mano.

Sí, es él corroboró Walter, distraído Vamos, tengo hambre apuró.

Ahora suenas como Rose bromeó Sunny.

Los cuatro rieron.

El desayuno lo consumieron casi en completo silencio, pues Sunny y los chicos estaban bastante nerviosos ante la perspectiva de su primera clase de Arte Mágico. Por alguna razón, ésa y la asignatura de Cocina y Repostería Mágicas tenían programada una clase de dos horas los sábados, lo que había acarreado algunas bromas entre la Orden del Rayo: Hally, por ejemplo, comentaba el alivio de quedarse en cama hasta tarde.

¡Chicos! hablando de la reina de Roma, Hally entró entonces al Gran Comedor, agitando una mano a modo de saludo. Tras ella, increíblemente, iba una Rose entre pasmada y somnolienta ¿Adivinen quiénes se
?

Hally Potter, si sueltas eso ahora, dejaré de hablarte por una semana advirtió la pelirroja con evidente fastidio Ni que fuera para tanto, ya deben saberlo


¿Saber qué? inquirió Sunny, curiosa.

Las dos Gryffindor’s se miraron entre sí, frunciendo el ceño.

¿En serio que no se han enterado? soltó Rose ¿Tú, precisamente?

Vamos, no sé de qué hablas, así que


La frase de Sunny fue cortada por unas cuantas lechuzas que llevaban el correo. Como era temprano, no abundaban, pero enseguida una de plumaje castaño se acercó a la mesa de Slytherin, colándose entre Hally y Rose para poder aterrizar.

¡Hola, Nutty! saludó Sunny al reconocer a su lechuza, quitándole la carta que llevaba Veamos, seguro es de Will, le conté de mis clases nuevas y le pregunté por los niños
se calló y comenzó a leer, no levantando la vista hasta diez segundos después, completamente asombrada ¡Así que era esto! exclamó, maravillada, mirando a Rose ¡Will le pidió matrimonio a su novia!

¿Hablas en serio? se sorprendió Danielle.

Sunny, para que no le quedaran dudas, le pasó la carta para que lo viera ella misma.

Querida Sunny:

Me alegra mucho que me escribas en estas fechas. Sé que el ingreso a tercer curso es duro, dado las nuevas materias, pero por lo que me cuentas, no pareces tener dificultades. Y eso de las nuevas optativas te resultó muy útil, ¿no? Ya veremos qué opina tu tutor al respecto.

Me preguntas por los niños, y te diré que ambos están perfectamente. Vince es un revoltoso, ya hace algunos desastres mágicos que me tocan arreglar, pero a pesar de todo, es un niño tierno. Brad, por su parte, tiene un temperamento tranquilo, aunque veo que de alguna forma, quiere seguirle el paso a su hermano. Esos dos son tal para cual.

Ahora, algo que debo comunicarte sin falta, siendo mi única hermana: voy a casarme. Le propuse matrimonio a Gina hace como una semana (y me parece que fue ayer, la verdad) y si todo sale bien, este mes seremos marido y mujer. Sé que ella te agrada, así que confío en que no tengas ningún inconveniente. Con mi madre he tenido bastante.

Bien, tengo que dejarte, dado que el trabajo en el Ministerio y en mi departamento (ya no se parece nada a como lo conociste, créeme) me dejan poco tiempo. Cuídate mucho y mucha suerte con tus materias nuevas.

Tu hermano:

William.


Cuando Danielle terminó, alzó la vista y notó que, aunque Sunny no parecía molesta, Rose ostentaba una expresión preocupada.

¿No te agrada la idea? le preguntó a la pelirroja en el acto.

Hablas como Hally masculló Rose, encogiéndose de hombros No es eso. Es que
todo es tan confuso se dejó caer en un banco frente a la rubia, lo que desconcertó a unos cuantos de quinto de Slytherin Este año mi familia entera anda patas arriba.

Sí, claro, como si eso te molestara
recriminó Hally en tono jocoso.

No precisamente. Pero me molesta el porqué se van a casar. Ya te lo he explicado muchas veces, no me hagas repetirlo.

Luego de eso, Rose suspiró, se puso de pie y se marchó a su mesa.

¿De qué estaba hablando? intervino Walter.

Hally bufó, miró cómo Rose se sentaba a la mesa de Gryffindor junto a su primo Dean y se inclinó hacia sus amigos.

Su tía Angelina le escribió a su madre, diciéndole que una amiga suya que trabaja en San Mungo vio a Gina ahí. Según la amiga de la señora Angelina, Gina está muy enferma.

¿Pero de qué? se preocupó Sunny.

Hally se encogió de hombros.

Si eso es cierto, ¿porqué Will no me lo dijo? se quejó la castaña, viendo fijamente su carta antes de doblarla y guardarla en la mochila sin miramientos Ya verá ese loco
Mira que casarse por eso
Parece como si creyera que


No terminó la frase, porque tomó su copa, se acabó el jugo de naranja de un trago y poniéndose de pie de golpe, salió del Gran Comedor con aspecto severo.

¿Es mi imaginación o ya le hace efecto vivir con Snape? comentó Thomas cuando él y sus otros amigos de casa salían del Gran Comedor. Era obvio que se refería a Sunny.

No digas tonterías masculló Walter.

¿No le viste la cara? rebatió el ojiverde Parecía a punto de desquitarse con el primero que se le pusiera enfrente. Y eso hace Snape en nuestras clases de Pociones.

O donde esté un alumno que no le agrada agregó Danielle Acuérdate de Drusie.

La prima de Hally, luego de su primera clase de Pociones (que había sido el miércoles, en conjunto con los de Hufflepuff), había llegado a su sala común con semblante abatido, apoyada en una chiquilla de rasgos orientales, balbuceando algo de que no había sido su intención derramar la poción en el escritorio del profesor. Por lo que pudieron oírle al resto de los chicos de primero, Drusie había entregado su primera poción tan lentamente, que un compañero tras ella la empujó y le tiró la botella con su muestra.

Drusie no cuenta desdeñó Thomas Por más Slytherin que sea, Snape ya debe saber que es pariente de los Potter, así que mucho cariño no debe tenerle.

Eres increíble masculló Walter.

Por otro lado, mejor caminamos más aprisa, amigo mío Thomas consultó su reloj Si de verdad Sunny quiere desquitarse con el primero que vea, hay que impedirlo.

Walter se encogió de hombros y se marchó, despidiéndose de Danielle con una mano.




Arte Mágico se impartiría en el ala sur, cosa que a varios alumnos les intrigó.

No comprendo, casi nadie viene por aquí comentó Thomas, pensativo.

Walter se encogió de hombros. Él tenía una duda más apremiante.

¿Recuerdas quién será el profesor de esta materia? le preguntó a su amigo.

El pelirrojo anaranjado le dirigió la mirada, arqueando una ceja.

¿Porqué me lo preguntas a mí? quiso saber.

¡Pues porque tú tienes buena memoria para las caras de la gente!

Sí, pero para caras que he visto. Por si no te acuerdas, nunca presentaron al profesor de Arte Mágico en el banquete de bienvenida.

Walter se sorprendió por el dato, pero ahora que Thomas lo mencionaba, se daba cuenta de ello: el titular de Arte Mágico era el único que permanecía anónimo.

Ahí está Sunny avisó de repente Thomas, sacando a Walter de sus pensamientos.

Sí, Sunny estaba ante unas puertas dobles de madera en compañía de Ryo, quien tenía una expresión ansiosa. Junto a ellos, conversaba el resto de la clase, que para la materia en cuestión, eran más de los que Walter o Thomas hubieran imaginado.

Creímos que te desquitarías con el primero que se te pusiera enfrente.

¿Qué? Sunny no comprendió ni una palabra de lo que Thomas le decía.

Se refiere a lo de tu hermano le aclaró Walter.

¡Ah, ya! la castaña se echó a reír Sí, me desquité con Ryo. Él dice que no debería preocuparme tanto, que los hermanos mayores son así.

Oye, pero que Sun Mei es una chica le recordó el Ravenclaw.

Como sea
Igual es tu hermana mayor. Ya es una referencia.

Yo también tengo una hermana mayor apuntó Walter.

Pero te dejé en la mesa, así que no podías darme tu opinión.

Y a mí ni me la pidas se zafó rápidamente Thomas Mis hermanos están locos.

Los cuatro amigos se echaron a reír.

¿Alguien cree que estos cuatro tenga talento?

Los aludidos arquearon una ceja ante el comentario de Emily Lancaster, que junto con su amiga Madison Depp, los veía con desdén.

Creo que aquí, la que tal vez no tenga talento eres tú salió al rescate Giselle Olsen, lo que sorprendió a Sunny, Walter y Thomas Hola saludó la Gryffindor cuando Depp y Lancaster se marcharon Hally y Rose ya me habían dicho que estarían en esta clase, ¿saben? Y que tú eres buena con el lápiz miró a Sunny Ojalá me eches una mano.

¿Eres Giselle Olsen de Gryffindor, no? dijo Thomas en ese momento Y tu madre es profesora en la Academia Mágica de Moda, Belleza y Diseño de Londres.

Sí, Elliott, correcto, ¿cómo lo supiste?

Fácil: tu madre también atiende muggles y fue quien arregló para su boda a mi ahora tía Shirley, junto con toda su comitiva.

Ah, ya, se me olvidaba Giselle rodó los ojos Tu madre es Charlotte Jackson.

En ese momento, antes que Thomas pudiera decir algo más, las puertas dobles de madera se abrieron con lentitud.

Vayan entrando, jóvenes, y elijan el sitio que más se les acomode respecto a los ventanales. Necesitarán buena luz para trabajar.

La voz se les hizo familiar a algunos, pero no fue sino hasta que entraron que, luego de quedarse boquiabiertos por semejante aula, miraron a quien les impartiría la clase.

Buenos días. Obedezcan, que en cinco minutos pasaré lista y los quiero sentados.

¿Pero qué
? espetó Ryo por lo bajo ¿Sun Mei?

Sun Mei Mao, vistiendo una túnica azul marino, acomodaba materiales al centro de la estancia circular que tenían por aula, que de hecho, a los pocos Ravenclaw’s presentes les recordaba a su sala común: con largos ventanales y un alto techo abovedado. Vistos desde ahí, los terrenos adquirían una belleza inusual, además que el lago lanzaba hermosos destellos al sol de la mañana.

¡Vamos! Sun Mei dio un par de palmadas con gesto autoritario Acabo de darles una orden. Cúmplanla antes que comience con la lista, ¿quieren?

Ryo miró a sus amigos antes de elegir uno de los bancos de tres patas del aula, que estaba frente a un caballete. Su hermana mayor nunca le dijo que iba a trabajar en Hogwarts como una nueva profesora. Aparte, se veía diferente, severa y sin el aire de gentileza que acostumbraba mostrar
Definitivamente, algo raro estaba pasando ahí.

Muchas gracias Sun Mei sonrió levemente al ver a todos sentados en sus bancos, con las mochilas a un lado y mirándola con atención en el centro de la habitación, sosteniendo una pluma y un pergamino Ahora, algunos tal vez no me conozcan, pero


¿Cómo que no la conocemos? soltó un pecoso castaño con la corbata de Ravenclaw Usted es la prefecta Mao.

Gracias, pero ya no soy prefecta. Si volví al colegio, fue como profesora.

¿Y eso? se interesó Madison Depp.

Bueno, la profesora McGonagall vio algunos de mis últimos trabajos y creyó que era la persona indicada para enseñar esta nueva materiaSun Mei carraspeó Pero esa es otra historia, ahora pasemos a


¿De qué trabajos está hablando? inquirió amablemente Karen Tate.

Sun Mei suspiró y decidió tomar medidas drásticas.

Jóvenes, les hablaré de eso más tarde. Ahora, si no me dejan dar la clase, tendré que quitarle cinco puntos a cada uno.

Varios tragaron saliva con nerviosismo y Ryo, muy a su pesar, tuvo que reprimir la risa. Ésa era la Sun Mei que conocía, justa pero amable.

La joven se aclaró la garganta y comenzó a pasar lista. Por su expresión, la remesa de alumnos le parecía pequeña, pero satisfactoria, porque cuando terminó, dejó el pergamino y la pluma con una sonrisa y se dedicó a observar por turnos a los chicos.

Como pueden ver, cada uno tiene un espacio dónde empezar Sun Mei señaló unos cuantos caballetes El arte, tanto mágico como muggle, tiene el mismo nacimiento: la mente humana, la imaginación
Los sueños más bizarros, en ocasiones sonrió un poco Este curso comenzaremos con un poco de Historia del Arte, y la combinaremos con técnicas muggles de pintura y escultura. Hacia el final, les enseñaré las bases para animar un cuadro y supongo que eso los emociona, ¿no?

Algunos, como Giselle Olsen y Karen Tate, sonrieron de manera radiante ante eso último, pero unos cuantos se desanimaron al saber que tendrían que esperar.

Así que, para ir observando de lo que pueden ser capaces, esta primera clase la dedicarán a hacer un dibujo un par de chicos de Hufflepuff dejaron escapar un bufido El caballete que cada uno tiene ya está preparado, así que tomen un lápiz y hagan lo que se les ocurra. No lo calificaré ni nada, solamente diviértanse.

Y con otra sonrisa, se sentó en su banco de tres patas, en el centro de la estancia, y poniendo el ejemplo, sacó un lápiz de su bolsillo y se puso a dibujar en su caballete.

Los estudiantes, envalentonados con eso, pusieron manos a la obra. Para Sunny no fue tan difícil, puesto que tenía la costumbre, pero para sus amigos tomó un poco más de tiempo comenzar el trabajo. Cuando faltaban cinco minutos para terminar la clase, Sun Mei se puso de pie.

Abajo lápices mandó Pero antes
Pongan sus iniciales en la esquina inferior derecha de manera creativa. Será su firma para sus trabajos de ahora en adelante.

Los alumnos asintieron y acataron la indicación.

Ahora, por favor, coloquen los dibujos en mi escritorio con sumo cuidado. Nos veremos la próxima semana y
¡Ah! Se sentarán en el mismo lugar todo el curso, para que no haya peleas después, ¿está bien?

Los estudiantes asintieron y quitaron los bastidores de los caballetes para llevarlos al escritorio de la profesora, en un extremo del aula. Justo el castaño pecoso de Ravenclaw dejaba su dibujo cuando sonó la campana, anunciando el almuerzo.

¡Salgan en orden, por favor! pidió Sun Mei al ver que se amontonaban en las puertas dobles Y lean el capítulo uno de su libro de texto, ¿de acuerdo?

Más bufidos de los Hufflepuff se dejaron oír, recordando lo grueso que era el libro de la asignatura, Arte Mágico para Principiantes. Y eso que tenía magníficas ilustraciones.

¡Sun Mei! canturreó Ryo, cuando el resto de la clase, hasta sus amigos, se habían ido Qué mala eres, hermanita, ¿porqué no me dijiste que vendrías, eh?

La aludida, luego de revisar la montaña de dibujos, le sonríe a Ryo.

Bueno, no tengo porqué contártelo todo, ¿o sí? guiñó un ojo con picardía Quería un trabajo estable ahora que vivo con John, y cuando la profesora McGonagall me ofreció el trabajo después de ver mis obras en Beaux Arts, pues


Ryo abrió mucho los ojos. Beaux Arts Magique era una revista mágica francesa muy famosa, de tiraje internacional, que divulgaba distintas obras contemporáneas.

Entonces, ¿te veré seguido? pregunta el chico, entusiasmado.

Sí, supongo. Aunque no tengo idea de porqué elegiste esta materia.

No sé, supongo que tanto verte con libros de pinturas me dio la idea. Además, es agradable hacer renegar a los abuelos Mao, ¿no? Ponen unas caras tan chistosas


Sun Mei rompió a reír.

Muy bien, de acuerdo, pero ahora ve a almorzar.

Ryo asintió y se dirigió a la puerta, aunque antes de salir se puso serio.

Sun Mei, ¿qué sabes de la enfermedad de Gina Weasley?

La joven se sorprendió por la pregunta, antes de suspirar con tristeza.

Es grave, del corazón se decidió a contestar John cree que todo saldrá bien mientras William esté con ella y con los niños.

¿Por eso ellos se casan, verdad? Sunny está algo
desconcertada por eso.

Miró a Sun Mei, quien asintió.

William tiene miedo de no poder hacerlo después fue la explicación de la chica.

Ryo asintió en silencio de nueva cuenta, abrió una de las puertas y se marchó.




Después del almuerzo, la Orden del Rayo celebró una breve reunión en la biblioteca para resolver juntos sus tareas. No podían salir porque varias nubes anunciaban lluvia.

Creo que Sun Mei se merece una lección pronunció Ryo de pronto, a la mitad de su redacción para Pociones.

Sus amigos lo miraron como si se hubiera vuelto loco.

¡No me dijo que vendría! fue la explicación que soltó el Ravenclaw Está bien que ya no nos veamos tan seguido, pero no me gustó que llegara sin avisar.

Admítelo, no estás molesto por eso fue el repentino comentario que hizo Paula, sin dejar de escribir una redacción para Defensa Contra las Artes Oscuras Lo que pasa es que te sentó mal no verla en todo el verano.

Eso también, pero no me importó tanto. Con eso de sus trabajos en el extranjero y que vive con su novio, ya me estaba acostumbrando.

¿Seguro? aventuró Amy, arqueando una ceja.

Ryo le dedicó una mueca sarcástica antes de asentir en silencio, dado que el señor Milton pasaba por ahí cargado de libros.

Lo que me preocupa ahora es lo que me dijo de tu cuñada el chico miró a Sunny, quien alzó la vista de un mapa para Astronomía con desconcierto Como Sun Mei es novia de John Weasley, era obvio que sabría algo, así que le pregunté. Y
me dijo que lo que tiene Gina Weasley es algo grave del corazón.

Sunny entrecerró los ojos, meditabunda, hasta que sin más, regresó a su mapa.

Ya veremos si Will me dice lo mismo se limitó a afirmar.

¿Perdón? se sorprendió Rose, captando por fin el tema de conversación. No había oído nada antes porque estaba concentradísima en una redacción de Encantamientos No deberías meterte donde no te llaman, Ryo regañó, haciendo que el aludido la viera con incredulidad Y tú, Sunny, no te preocupes tanto aconsejó.

Sí, claro ironizó Sunny, aparentemente sin ganas de creerle a Rose Por eso Will no se tomó la molestia de decirme nada. No, ya verá tachó el nombre de una estrella que había escrito donde no era, para luego dejar la pluma un segundo y suspirar Este ambiente me saca de quicio.

¿Qué ambiente? se interesó Amy.

¡Éste! Sunny hizo un ademán para abarcar la biblioteca y su entorno No sé si se habían dado cuenta, pero todo el mundo parece esperar la fatalidad.

Es oficial, te hace efecto vivir con Snape soltó Thomas, cerrando El Monstruoso Libro de los Monstruos de golpe Aunque lamentablemente, tienes razón. Mis padres no querían que volviera, ¿saben?

Los demás lo miraron con ojos muy abiertos.

¿Y eso? se decidió a preguntar Henry, suspicaz.

Al ver las noticias de El Profeta, temían que acabara herido o muerto el pelirrojo anaranjado se encogió de hombros Pero les juré que el colegio era muy seguro, que lo de junio fue caso aparte y que me cuidaría. Hasta mis hermanas querían que me quedara en casa. El único que estaba de mi parte era Scott.

Supongo que estaban asustadas aventuró Danielle.

Thomas se encogió de hombros nuevamente, aunque mostró una débil sonrisa.

No, yo sé porqué fue. Pero no les di importancia.

Sus amigos se miraron entre sí, preocupados.

¿Y porqué fue? se atrevió a preguntar Hally, haciendo a un lado su redacción para Transformaciones ¿Porqué ni tus hermanas querían que volvieras?

Thomas soltó un bufido, abrió de nuevo el libro y se escondió tras él.

No pienso hablar de ello espetó No ahora.

Hally abrió la boca para insistir, pero Procyon le hizo una seña para que desistiera.

Pasando a otro tema
Bryan hizo un mohín de disgusto por una traducción de Runas Antiguas que no le salía ¿Qué pasará con los equipos de quidditch?

Pues hay pruebas hoy y mañana recordó Rose, poniendo cara de circunstancias Hoy son para los de primer año. Mañana les tocan a los que quieren ser titulares.

Déjame adivinar: le sacaste el dato a tu primo Dean aventuró Hally.

No, lo vi en el tablón de anuncios la pelirroja vio a su amiga ¿No lo leíste, Hally? Incluso decía que los suplentes pasados teníamos prioridad en las pruebas de titulares.

Hally la miró con ojos muy abiertos, desconcertada.

¿En serio? ¡No me di cuenta! rió, tapándose la boca con una mano, dado que el señor Milton se acercaba Hacía mucho que no andaba así de despistada, ¿verdad?

Se volvió hacia Rose y Sunny, que luego de mirarse entre sí, soltaron un suspiro.

Sí, ya te habías tardado reconoció la castaña A veces, en clase les contó a los demás un profesor le preguntaba algo y ella salía con alguna incoherencia. Eso era porque se la pasaba soñando despierta, pensando en quién sabe qué cosa


Creo que fue por la época en que Val le dijo que era bruja se acordó Rose de pronto Se ponía a imaginarse lo que podría hacer cuando viniera aquí y por eso le pasaban esas cosas. Una vez, cuando salimos de paseo, se tropezó y se cayó en un charco de lodo enorme Rose contuvo una carcajada ¡Se veía muy graciosa!

Hally las veía a las dos con ojos entrecerrados.

No es para que lo anden divulgando les advirtió.

Pues ahora que lo mencionan, en las cartas hacía algo parecido Danielle sonrió A veces me contaba alguna historia dos o tres veces, y no se acordaba, ¿verdad, Hally?

Pero eso fue raro soltó Rose de pronto Hally, ¿no te distraerá Corner ahora?

¿Qué? Hally la miró sin comprender No, no creo. Esta semana casi ni nos hemos visto. He estado ocupada con las tareas y la animagia, así que


¿Cómo es posible? se extrañó Amy.

Pues han sido muchas tareas y


Amy no habla de eso Paula hizo una pausa en su redacción y observó a Hally con seriedad ¿Cómo es posible que casi no hayas visto a Corner?

Pues sí. Me comentó que los profesores están dándoles a los de quinto muchas tareas, pues es su año de TIMO’S. Y aparte, siendo prefecto


Esa no debería ser excusa reclamó Rose Debería verte de vez en cuando.

Cálmate le pidió Hally Hasta pareces más interesada en esto que yo.

Es que eres muy pasiva a veces, aunque no sé qué me sorprende. Ya te conozco.

Hally negó con la cabeza y volvió a su redacción. Los demás la imitaron al poco rato.

Sonó la campana alrededor de media hora después, y la Orden del Rayo se quedó un tanto desconcertada. Habían estado muy concentrados y no se habían dado cuenta de la hora, pero en cuanto Sunny consultó su reloj, casi se le escapa un grito.

¡Llegaremos tarde! exclamó por lo bajo, guardando sus cosas ¡La clase, la clase!

Rose la secundó al oír eso, igual que Ryo. Amy, sin embargo, se tomaba su tiempo para arreglar sus cosas en la mochila, sin hacer caso del apuro de sus amigos.

¡Los veremos después! se despidió Rose apresuradamente, siguiendo a Sunny y a Ryo por los pasillos, saliendo de la biblioteca como vendaval.

Bueno, nos veremos Amy sonrió y abandonó la biblioteca también.

¿Porqué Amy está tan tranquila? quiso saber Bryan al verla alejarse.

Por una razón muy simple Hally meneó la cabeza con resignación Val tiene un pésimo sentido de orientación en sitios mágicos, ¡y eso que ella estudió aquí!

En efecto, la profesora de Cocina y Repostería Mágicas era Valery Hagrid, la hija del profesor Hagrid. Tal vez para la cocina muggle fuera tan desastrosa como su padre, pero en la cocina mágica era una experta, gracias a las enseñanzas de su madre. Por eso, al verla en el banquete de bienvenida como una de las nuevas profesoras, Rose, Sunny y Hally fueron parte de quienes más aplaudieron cuando la presentaron.

En el mundo muggle no tiene problemas siguió contando Hally al dejar la biblioteca Como vive ahí, conoce Londres como la palma de su mano. Pero si va al callejón Diagon, seguramente se pierde. No la culpo, si yo hubiera ido sola la primera vez, también me hubiera perdido, ¡es enorme!

Mis padres se volvieron locos ahí recordó Thomas Cuando me llevaron a comprar las cosas para el colegio la primera vez. Incluso se sorprendieron de que mi varita tuviera adentro
¿Qué dijo el señor de la tienda? ¡Ah, ya! Nervios de corazón de thestral.

¿Thestral? se extrañó Danielle Hally, ¿no era de ese animal el núcleo de la varita de Rose? Ya sabes, por las chispas tan brillantes que soltó


¡Ah, sí! Hally se llevó una mano a la frente De eso era, de pelos cola de thestral.

¿Y cómo lo saben? inquirió Procyon, curioso.

Henry le contó brevemente el día que él, Ryo, Hally, Danielle, Rose, Sunny y Amy se habían topado en la tienda de varitas. Procyon y Thomas soltaron silbidos de asombro.

Eso de las varitas hermanas es muy raro comentó Paula Y ahora resulta que la varita de Rose no es tan única como dijo el señor Ollivander ante las caras atónitas de sus amigos, la joven rubia se explicó Según Henry, la varita de Rose es la única que hizo con ese núcleo, ¿no? En ese caso, ¿porqué no mencionar que había otra varita con partes de thestral en el interior?

¿Qué, debió mencionarlo? se extrañó Bryan.

No, pero si ese hombre de verdad recuerda cada varita que ha fabricado y vendido, el detalle debió parecerle digno de contar. Como lo hizo con los núcleos de las varitas de Hally y Danielle, ¿me entienden?

Los demás asintieron.

A mí ese señor Ollivander me dijo algo se acordó Thomas Cuando me vendió mi varita, luego de probar como cien, susurraba que algo era curioso. Y al preguntarle qué era lo curioso, contestó que hacía unos días, había vendido
a la hija de mi varita.

¡¿A la hija?! soltaron sus amigos, asombrados.

Thomas asintió.

¿Y qué habrá querido decir con eso? indagó Danielle.

Ante esa pregunta, Thomas se encogió de hombros.

No valía la pena comentarles que desde entonces, no había parado de investigarlo.




En otro extremo del castillo, los cuatro amigos que tomaban la clase de Valery Hagrid bajaban las escaleras que conducían tanto al sótano de Hufflepuff (según les habían dicho Amy y Bryan a sus amigos) como a las cocinas. La clase se impartía en un espacio de las cocinas especialmente reservado al otro extremo de las puertas, lo que les había causado una fuerte impresión a quienes nunca antes habían visto a un elfo doméstico.

Nunca dejarán de sorprenderme.

Sunny, entrando delante de sus amigos a las pobladas cocinas, veía el ajetreo de los elfos domésticos entre admirada y desdeñosa. Le parecía increíble cómo los pequeños seres podían con todo el trabajo, pero no le agradaba su actitud, exageradamente servil.

No es la gran cosa alegó Ryo Aunque en casa, no tenemos elfos domésticos. En casa de los abuelos Mao sí hay, lo que es una de las razones para que no me guste ir ahí.

¿Y eso? se sorprendió Amy Sé que tus abuelos paternos son estrictos, pero


La niña no prosiguió al ver el gesto Ryo. Parecía que recordaba algo repugnante.

Genial masculló Rose entonces, al dejar la mochila sobre una de las mesas para los alumnos ¿Podrían retirarse de aquí? Es nuestra mesa.

Les hablaba a Fanny Kleiber y sus amigas de Ravenclaw, que como si nada, habían ido a ocupar los bancos de la mesa que en la primera clase, les habían asignado a Rose y sus amigos, a sabiendas que no debían hacerlo. Kleiber le dedicó un gesto de desdén a Rose, pero inmediatamente un pelirrojo de semblante sereno depositó su mochila en la mesa con un golpe seco, llamando la atención.

Que haya paz pidió Archibald Patterson, dedicándole a Kleiber una mirada fría Keliber, me parece que su mesa es aquella y señaló una mesa cercana a una chimenea, donde en ese momento bullía el contenido de una gran olla de cobre.

¿Y quién te crees para andarme sermoneando, Patterson? espetó Kleiber en ese momento, sin poder ocultar su mal talante No te creas la gran cosa, porque no te queda. Sé de buena fuente que eres un miserable


Patterson le fijó aún más la vista, lo que cortó la frase de la chica.

¿Sangre sucia? completó, sin pizca de enfado Me sorprende que alguien que dice tener tanta categoría en el mundo mágico use una expresión que casi puede considerarse malsonante en esta época. Aquí no soy yo el que se cree la gran cosa.

Tal despliegue de palabras y serenidad incomodó a Kleiber, que dio media vuelta y se marchó con aire indignado. Sus amigas no tardaron en imitarla.

Patterson, eres lo máximo susurró de repente Rose, acercándose al muchacho.

El aludido le dedicó una ligerísima sonrisa antes de tomar asiento.

No ha sido nada repuso, sacando uno de los libros de la materia, Manipulación Mágica Básica de la Comida He tenido que lidiar con estas cosas desde que llegué.

Y yo que creí que los de mi casa eran los únicos idiotas con ese asunto de la sangre masculló Sunny, encogiéndose de hombros.

Pues ya ves que no, Wilson Patterson se encogió de hombros La gente no tiene determinada personalidad por la casa que le toca.

¡Bienvenido seas a nuestro equipo! se entusiasmó Ryo, dándole una palmada en la espalda que casi lo tira del banco ¡Salamandras! No sé porqué habrás tomado esta clase, pero será agradable trabajar contigo.

Mao, eso ya me lo habías dicho recordó Patterson, algo incómodo.

Sí, Ryo, no agobies al pobre Archie apoyó Amy, tranquilizadora.

¿Archie? soltaron Sunny, Ryo y Rose sin comprender.

Amy asintió.

Así le decimos todos explicó.

¡Pues Archie será! Ryo le dio al pelirrojo otra vigorosa palmada en la espalda.

¡Buenas tardes a todos!

Valery Hagrid acababa de llegar, resollando y vadeando las cuatro largas mesas en donde los elfos colocaban lo que en pocas horas, sería la comida de todo el colegio.

Lamento el retraso se disculpó, sentándose a una mesa en la que, aparte de una pequeña olla de peltre suspendida sobre un mechero, reposaban un frutero lleno y algunos libros Muy bien, ¿ya se colocaron en sus mesas? Quiero pasar lista.

Los pocos estudiantes que todavía no se sentaban ocuparon sus lugares a toda prisa e imitaron a Patterson, sacando su ejemplar de Manipulación Mágica Básica de la Comida. Acto seguido, Val sacó un pergamino de entre uno de los libros de su mesa y con pluma en mano, pasó lista.

El conjunto que estudiaba la materia era de lo más pintoresco. La mayor parte de los alumnos eran mujeres, pero había algunos chicos para equilibrarlo. Repartidos en seis mesas, los jóvenes hacían equipo con quienes quisieran, pero para las chicas presentes había sido frustrante no poder sentarse con Ryo Mao o con uno de sus compañeros de casa, un castaño pecoso. Amy había rogado que esos dos se sentaran con sus admiradoras para que las clases no fueran tan ruidosas a causa de suspiros de anhelo, pero Ryo la había ignorado olímpicamente por una razón obvia: entre sus admiradoras se encontraba Fanny Kleiber y no tenía la menor intención de hacerle un favor.

Aunque sentado donde estaba, tampoco ayudaba mucho. Amy y Sunny torcieron el gesto varias veces por culpa de Kleiber y sus amiguitas, dado que no dejaban de dedicarles muecas desdeñosas a Patterson, que por su parte, se dedicaba a la clase con tranquilidad, haciendo caso omiso a las miraditas que le dirigían desde otra mesa Cecil Finnigan, Diane Creevey y Vivian Malcolm.

Hoy comenzaremos con la multiplicación anunció Val al cabo de un rato, guardando la lista y sonriéndoles a los alumnos Seguramente verán algunos de estos principios en Transformaciones y Encantamientos, pero aquí lo enfocaremos no solamente a producir copias de un objeto porque sí. Si hemos de multiplicar algo comestible, debemos ser minuciosos con los detalles. El sabor, por ejemplo tomó una manzana de su frutero y la hizo girar entre los dedos, mostrando que estaba sin un golpe, con un color amarillo brillante Al multiplicar alimentos, algunos magos simplemente se basan en aspecto, pero muchas veces, si no lo hacen bien, pueden obtener
¿cómo se los digo? Manzanas con sabor a tierra, por decir algo.

Algunas de las chicas hicieron muecas de asco.

Es por eso que deben tener presente cada característica de un alimento a la hora de multiplicarlo prosiguió Val, dejando la manzana en su mesa, a la vista de todos, para luego sacar su varita y apuntarle Presten atención, ¡Multiplicare manzana!

Al segundo siguiente, una manzana idéntica surgió a un lado de la original, causando exclamaciones de admiración por parte de los alumnos.

Ahora, veremos si ustedes pueden hacerlo igual retó suavemente Val, para susto de la mayoría Tomen algo de sus fruteros y traten de multiplicarlo por lo menos una vez. Y recuerden: deben estar sumamente concentrados.

La advertencia fue de utilidad para personas que, como Diane Creevey, a cada rato fallaba en aplicar los hechizos: solamente tuvo que intentarlo cinco veces antes de obtener una pieza de pera muy similar a la que había sujetado en primer lugar. A pesar de los consejos que Val se ponía a darles a los chicos al pasearse por sus mesas, no todos podían hacer lo que ella pedía, porque cuando de manera entusiasta alguien anunciaba que lo había logrado, la profesora lo obligaba a probar el producto de su trabajo
y se llevaba un chasco. Por no ir más lejos, la primera copia que Fanny Kleiber obtuvo de un durazno le supo a estiércol, o al menos eso pensó Mary Ann Alcott al olerlo.

Qué complicado se quejó Rose al blandir la varita por tercera vez para conseguir un duplicado de una naranja. Hasta ahora, las que había conseguido tenían un vago sabor cítrico, pero no era el correcto Hasta Lovecraft nos pone las cosas más fáciles.

Sunny suspiró ante el alegato de la pelirroja, observando con disimulado orgullo la réplica perfecta de un plátano, la cual había conseguido al primer intento. Ryo, en su misma situación, comparaba con Patterson lo bien que le había salido duplicar una lima.

Si te concentras y te calmas, Rose, verás que lo consigues aconsejó Amy.

Rose le dedicó un gesto raro, entre sarcástico y agradecido, a la vez que le echaba un vistazo al trabajo de la castaña. Para sorpresa de Val, Amy había logrado duplicar un racimo entero de uvas negras al segundo intento, cosa que según dijo a la desconcertada clase, era sumamente difícil.

No se desesperen pedía Val a intervalos La comida es una de las cosas más difíciles de hechizar, aunque sea para algo tan simple como esto. Por cierto, quienes vayan logrando el objetivo, vengan a mi mesa, para registrar el ejercicio.

Los que habían conseguido un duplicado correcto de su fruta hicieron una fila delante de la mesa de Val y mostrándole el resultado de su trabajo, dejaban que ella probara la fruta en cuestión, para después asentir y anotar algunos datos en un largo pergamino. Fanny Kleiber, harta de no conseguir un durazno decente, se le ocurrió tomar el original y presentarlo, pero no se esperaba que Val le apuntara con la varita despreocupadamente y el durazno, poco a poco, se desvaneciera.

Señorita Kleiber, ha perdido diez puntos para Ranvenclaw anunció Val.

En su afán de librarse de aquello, Kleiber no se había fijado que antes de probar los duplicados, la profesora les apuntaba con la varita, al parecer comprobando algo.

¿Pero porqué? quiso saber la chica, intentando cubrir su falta.

Por la simple razón de que me entregó una copia incorpórea.

A su alrededor hubo murmullos de asombro y unos cuantos de queja, sobre todo de los Ravenclaw’s presentes. Una copia incorpórea era una reproducción fiel de un objeto, pero totalmente hueco por dentro y que solamente su creador podía desvanecer. Era magia muy avanzada y ahora la clase le tenía más respeto a la profesora Hagrid.

Ya pueden irse anunció Val cuando, media hora después, sonó la campana que indicaba la comida De tarea, deberán practicar un poco más el hechizo, que lo haremos ahora con fruta real. Les aseguro que después de usar las copias incorpóreas, les resultará pan comido. Hasta luego y que tengan un buen fin de semana.

¡Hasta la próxima, profesora! se despidieron la mayoría de los chicos, caminando por un extremo de las cocinas para no molestar a los elfos domésticos, que ya mandaban los alimentos al Gran Comedor por el techo.

Eso sí que fue una gran lección para Kleiber comentó Patterson, antes de sonreír y adelantarse a su sala común.

Archie tiene razón Amy esbozó una débil sonrisa Kleiber nunca se imaginó que la profesora Hagrid hubiera tomado medidas contra trampas de ese tipo.

Por favor rogó alguien tras Amy y sus amigos Soy Val.

La profesora Hagrid los había alcanzado, obviamente de camino al Gran Comedor.

Sí, lo que digas ironizó Sunny entonces Serás Val fuera de clase, si quieres.

Es un avance Val se encogió de hombros Por cierto, Wilson, ¿te habían dicho que te hace efecto vivir con Snape?

¡No otra vez! se hartó la castaña aludida, para seguidamente caminar más aprisa, dejando a sus amigos atrás.

¿Qué, dije algo malo? se extrañó Val.

Digamos que por hoy, tuvo más que suficiente Rose estaba a punto de reír.

Val se encogió de hombros, les sonrió y los adelantó con paso firme.

Con una profesora así, todas las clases serían de lo mejor comentó Ryo.

Ya verás, se lo diremos a tu hermana amenazó Rose.

Ryo no hizo más que reír y seguir su camino.




7 de septiembre de 2019.

Guanajuato, Guanajuato.

Escuela Calmécac de Artes Mágicas.


Si hay algo que cualquier humano sabe, es que lo incomprensible crea temor en la gente y tiende a ser destruido. Tanto fue el afán de los antiguos mexicanos en destrozar lo que chocara con lo que consideraban correcto, que los magos y brujas no esperaron su posible exterminio para ocultarse. Crearon un sinfín de construcciones invisibles para el ojo muggle y sus actividades habían transcurrido con la mayor tranquilidad posible.

La principal institución educativa del país al principio se situó bajo las orgullosas ruinas de Teotihuacán, ciudad que tanto magos como muggles habían ayudado a construir, pero ahora los segundos la habían tomado como centro recreativo y turístico, por lo que los magos trasladaron todo a una comunidad igual de respetada, aunque menos antigua: Guanajuato. Con su aire de calmada longevidad, nadie sospecharía que en su subsuelo, se ocultaba la Escuela Calmécac de Artes Mágicas, cual si fuera una más de esas casas que los guanajuatenses se esmeraban en restaurar como patrimonio cultural.

La entrada a Calmécac era protegida por el Laberinto Catacúmbico, creado por largos y variados pasillos de catacumbas. A través de los siglos, solamente pocos docentes de la escuela sabían el camino correcto para entrar y salir, el cual era enseñado a los miembros del Concejo Estudiantil Mágico, el grupo de estudiantes de más alto rango de la escuela, para que en caso de emergencia, guiaran a sus compañeros por ahí hacia el exterior. En el centro del Laberinto Catacúmbico se ubicaba la Escuela Calmécac de Artes Mágicas, en un terreno encantado para que se viera como si estuviera en la superficie.

Calmécac estaba dividido en cuatro secciones: Primaria, Secundaria, Bachillerato y Universidad. Ahí, los jóvenes magos y brujas podían estudiar con tranquilidad desde su más temprana infancia, supliendo la sección Primaria la necesidad de enviar a los niños a escuelas muggles a que aprendieran a leer, escribir y hacer cuentas. A partir de su ingreso a la sección Secundaria, los magos y brujas comenzaban a ser educados en serio en terreno mágico, mezclando las lecciones con elementos básicos de comportamiento y cultura muggle, dado que la comunidad mágica mexicana vivía de incógnito en terreno muggle. Y al abandonar la sección Bachillerato, los alumnos tenían la opción de permanecer en la sección Universidad de la escuela, aprendiendo una profesión, o elegir alguna carrera que tuviera que estudiarse en otra parte. Algunos de los que debían salir de Calmécac si querían aprender su profesión eran quienes aspiraban a convertirse en miembros del Departamento de la Tlapixqui.

Vamos, vamos.

Eso sí que era pesado, mucho. Aquellos de la sección Bachillerato que, a finales del curso anterior, habían declarado que querían ser tlapiantin, debían someterse a un muy riguroso entrenamiento durante los sábados de su último año de estudios, para adquirir la condición física básica requerida. Los aspirantes, la mayoría varones, parecían estar totalmente agotados a pesar de llevar apenas media hora de entrenamiento.

No quiero quejas reprendió en ese momento un mago alto, moreno, fornido y con cara de mal genio ¡Arriba, adelante!

En el lado izquierdo del pecho de su túnica, portaba el emblema de la Tlapixqui (un escudo amarillo cruzado por una lanza verde), por lo que los muchachos le tenían un gran respeto. Además, si ese Adiestrador veía que el entrenamiento no lo cumplían de forma satisfactoria, significaría su expulsión automática del proceso de selección del Departamento de la Guardia Nacional.

¿Cómo fue que nos involucramos en esto? masculló un joven con la túnica azul oscuro de la escuela, con una banda verde esmeralda en su brazo derecho Ya no siento los brazos agregó con una mueca, haciendo otra lagartija mientras soplaba para quitarse de los ojos castaños un mechón de cabello negro.

Héctor, será porque
¿no íbamos a dejar solo al campeón? bromeó otro chico, también ataviado con la túnica de la escuela, de cabello rubio con mechas doradas, entrecerrando sus ojos de un tono verde azulado.

Si no quieres sufrir, Lalo, será mejor que te calles espetó un joven castaño de ojos color miel Si nos cacha el Adiestrador de nuevo


¡Eh, ustedes tres! ¿Otra vez distraídos?

Los tres jóvenes negaron con la cabeza, siguiendo con el ejercicio.

¿Cómo creen que les estén yendo a los demás con los cursos? inquirió Héctor por lo bajo, en cuanto el Adiestrador se volvió a regañar a otro despistado.

Lalo suspiró, en tanto el castaño de ojos miel desvió la vista hacia su derecha, donde uno de los pasillos del patio cubierto daba a una de los edificios principales.

Esperemos que bien alcanzó a musitar, antes que el Adiestrador vociferara.

Ahora, cambiemos de ejercicio. ¡Cincuenta abdominales, ahora!

¡Qué tirano! se quejó un chico de cabello rizado por todo lo alto.

Ton, ¿qué cursos dijiste que sigue tu sabihonda novia? le preguntó Héctor al castaño de ojos miel, captando la dirección en la que miraba.

El citado Ton hizo una mueca de disgusto, antes de echarle un vistazo al Adiestrador y colocarse en posición para iniciar las abdominales.

Ahora está tomando Poliglotismo recordó, haciendo otra mueca, pero ésta de alegría Suena muy tierna queriendo hablar en alemán
Aunque el francés parece dársele bien, ¿saben?

Tenía que hablar el enamorado
masculló Lalo por lo bajo.

Los tres amigos soltaron una risita que ni el Adiestrador pudo callar en un buen rato.

En tanto, en el edificio que Ton había mirado, su novia se esmeraba en comprender la lección del día, enfocada en frases cotidianas francesas. Como bien había dicho Ton, a la joven castaña de anteojos se le escuchaba un acento bastante creíble, aunque al hablar lo hiciera de manera lenta. Itzel Salais estaba dando todo de sí para aprender diversos idiomas a la vez, dado que quería ingresar a la Secretaría de Magia. En concreto, deseaba seguir los pasos de sus padres y ser admitida en el Departamento de Inteligencia Mágica.

¿Compris? (1) interrogó una bruja rubia de porte elegante, con gesto adusto.

El alumnado congregado en el aula asintió. Acababan de escuchar a la profesora recitar un pequeño diálogo acompañada por Itzel, quien leyó lo mejor posible su parte.

Les agradezco su tiempo, pueden retirarse anunció la profesora, cerrando su libro de texto cuando sonó la campana Mademoiselle Salais, s’il vous plaît (2), espere.

Itzel asintió, guardó su propio libro de texto y tomó asiento en su banco, que se encontraba en la primera fila, casi frente al escritorio de la profesora.

Sí, dígame, Madame Itzel inclinó la cabeza.

La profesora, asintiendo, se colocó frente a ella, con varita en mano.

Necesito entregarle algo que se me ha encomendado la mujer agitó la varita sobre el pupitre, haciendo aparecer en éste lo que parecía un paquete envuelto en papel de estraza Ya no está seguro en donde se guardaba, ¿compris?

Itzel asintió y tomó el paquete con sumo cuidado.

Se me informó que sabría lo que era continuó la profesora con seriedad Así que le pido que lo cuide bien y no lo revele a menos que sea necesario.

Itzel volvió a asentir.

Une question (3), Madame se atrevió a decir la chica, acomodándose los anteojos delante de los ojos castaños, con gesto suspicaz ¿Pourquoi ils vous avait-elle? (4)

Itzel estaba usando el idioma de la profesora a propósito, dado que sabía que debía serle más cómodo así. Empero, se percató que la mujer suspiraba con cierto cansancio al contestarle con la mayor serenidad posible.

Parce que ce sont des trésors familiers fue la respuesta.

Itzel frunció el ceño, pensativa, hasta que no tuvo más remedio que asentir. Observó el paquete entre sus manos, de forma rectangular y en cierta manera, pequeño, para luego respirar profundamente y guardárselo en un bolsillo.

No se preocupe, Madame Lumière. Cuidaré esto con mi vida de ser necesario.

Madame Lumière no pudo más que asentir y confiar en la palabra de la chica.

Por el bien de ella, de sí misma y de muchos otros más.

A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito. Blog sobre psicologia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Dieciséis: Mandatos despedazados.

1 de octubre de 2019.

Shangai, China.

Torre Wu, Jardín Tian Zi.

La Torre Wu, desde el exterior, no es más que una pagoda tradicional muy alta. Ya en el interior, cada uno de sus niveles tenía algún detalle que lo hacía distinto a los demás. El más alto de todos, el nivel Huo, podía identificarse, en primera instancia, como una zona blindada, a la que no cualquiera entraba libremente.

Identificación, por favor.

La joven, acomodando un poco los pergaminos que cargaba en los brazos, arqueó una ceja y le clavó los ojos intensamente al guardia que le impide la entrada. El tipo, sin inmutarse demasiado, tuerce ligeramente la boca y repite su exigencia.

Identificación, por favor.

La muchacha suspiró y como pudo, sacó su varita de un bolsillo y la agitó con un corto pero fluido movimiento. Al instante, los pergaminos que cargaba levitaron junto a ella en un montón compacto y la dejaron libre para registrarse los bolsillos.

 

Aquí tiene dijo, tras hacerse de una tarjeta rectangular, de unos diez centímetros de largo, en la cual apenas hay tres líneas escritas verticalmente a la derecha de una fotografía suya ¿Podría abrirme ahora?

El guardia, ligeramente incómodo por lo que leyó en la identificación, asintió y sin decir palabra abrió las puertas dobles tras él. Al instante, la joven inclinó la cabeza de forma agradecida, cruzó el umbral con los pergaminos flotantes siguiéndola y esperó a que la puerta se cerrara para soltar otro suspiro, esta vez de alivio.

Si salimos de esto, lo mato murmuró, ligeramente fastidiada, para luego comenzar a andar con una sonrisita en los labios.

Sonrió precisamente porque está bromeando. Al guardarse la identificación en un bolsillo, miró discretamente las puertas a ambos lados del pasillo, que se ve muy solitario. Todas las mencionadas puertas están cerradas, lo que da al nivel una falsa impresión de tranquilidad. Dirigiendo los pergaminos con la varita, la chica se detuvo al final del pasillo, ante unas puertas dobles rojas con aplicaciones doradas, y llamó suavemente.

Pase.

La joven abrió la puerta, mandó a los pergaminos por delante con un movimiento de varita y luego entró a la habitación, que por su mobiliario, daba a entender que era el sitio de una persona de muy alto rango.

¿Porqué debo traerte la correspondencia? soltó la joven inmediatamente, guiando a los pergaminos flotantes a una mesita cercana de patas talladas en forma de garras ¿No podrían enviártela o algo?

El hombre serio a quien va dirigido esa pregunta ni siquiera se altera. Sentado al amplio escritorio de madera pulida, se mantiene leyendo un largo pergamino antes de alzar la vista y esbozar una ligera sonrisa sarcástica.

Te dije que esto sería pesado le recordó sin asomo de impaciencia, dejando el pergamino en el escritorio Aunque también necesario. Evita las interferencias.

La chica bufó, resignada.

Como si no lo supiera recordó Yo lo preví.

El hombre sonrió a medias.

Y te lo agradezco. Ahora la comunicación la siento bastante sincera. Y haciendo indagaciones, creo saber quién andaba tras todo eso de la interferencia.

La chica arqueó una ceja, interrogante.

Para mi alivio, la interferencia no tiene qué ver con miembros de los Baxian (1). Aunque no parezca, son muy leales al ministro en turno el hombre sonrió con ironía Y en este caso más, puesto que no hay miembros de la familia en ellos.

La joven arqueó una oscura ceja.

Ah, ¿entonces debemos agradecer que los Ming se crean lo suficientemente superiores para no ser unos simples Baxian? Tai Lin, sí que conoces a tu propia sangre.

Tai Lin Ming le sonrió a la muchacha, aunque esta vez de una manera más abierta.

No exactamente corrigió el Ministro de Magia chino con serenidad, acercándose los pergaminos que la joven le había llevado Verás, lo que conozco es mi propia personalidad. Gracias a ello, sé qué tan distinto soy al resto del clan y puedo
Digamos que ponerme en sus zapatos.

No me entusiasma la idea alegó la joven, tomando asiento frente al escritorio del ministro Como tampoco me entusiasmó cambiar de aspecto para esta pequeña treta. Aún así, debo admitir que es gracioso cómo los Baxian que cuidan tu oficina se ponen nerviosos al leer mi identificación se sacó la tarjeta que le había mostrado al guardia anteriormente, observándola con distracción De verdad que eso de "asistente personal del ministro" impresiona mucho.

 

Tai Lin negó distraídamente con la cabeza, leyendo un pergamino.

Por cierto la muchacha se guardó la tarjeta y su semblante retomó la firme entereza que le era habitual He estado pensando
Sería bueno que yo fuera una Baxian, ¿no te parece?

¿Tú, una Baxian? se desconcertó levemente Tai Lin Nadie en la familia está en eso le recordó, cambiando de pergamino Levantaría sospechas. Cuando tu registro fue publicado en el Xian Bao (2), hubo mucho revuelo.

La joven asintió, en señal de que recordaba el incidente. El mencionado registro, que se refería a una autentificación de identidad, causó un gran escándalo en la alta sociedad china; todo porque hacía mención a uno de los clanes más antiguos y poderosos de la comunidad mágica del país.

No me interesa recalcó la joven, cruzándose de brazos en actitud retadora Después del torneo, estuve pensándolo seriamente. Es una profesión que me queda. Hasta estudié para el examen de admisión para la academia, pero entonces surgió esto con una mano, hizo un gesto que abarcaba toda la oficina.

¿Ahora estás culpándome?

No, solamente te cuento los hechos.

Se quedaron en silencio por un momento. Tai Lin siguió revisando los recién llegados pergaminos, pero en su expresión se adivinaba que tenía otras cosas en la mente. Al cabo de un rato, dejó lo que leía (sobre un tratado con Corea del Norte) y miró a la chica que, con total despreocupación, se revisaba las uñas.

Ahora sí creo que has cambiado murmuró Tai Lin Antes, en tus ratos de ocio, no te hubieras preocupado por tus uñas.

La joven se encogió de hombros.

Respecto a lo que decías continuó el ministro, adoptando un gesto de resignación Supongo que no hay problema en que seas una Baxian. Quién sabe, quizá resulte útil.

¿Quieres que nos resulte útil a ambos o nada más a ti?

Por favor, Yue Lin. No malinterpretes mis intenciones.

Yue Lin Ming soltó una suave carcajada.

Sí, había conocido lo suficiente a Tai Lin en poco más de cuatro meses como para tomarse la libertad de bromearlo de esa forma. Le resultaba tan increíble que él no fuera como el resto del clan Ming que se sentía bien actuando naturalmente en su presencia. Su personalidad era normalmente tranquila, nada frívola, pero con Tai Lin se sentía algo diferente. Como estar con el hermano que nunca había tenido.

Una cosa más, querida prima dijo de pronto Tai Lin ¿A qué división de los Baxian piensas ingresar? Dependiendo de eso, deberás preparar el examen de admisión.

Yue Lin sonrió con aire de suficiencia.

Eso lo sé afirmó Quiero ser una Baxian de la división Zhongli (3).

Tai Lin no pudo ocultar su sorpresa. De todas las divisiones de los Baxian, la Zhongli era la más exigente de todas, con un entrenamiento que hacía desertar a la mitad de los aspirantes en los primeros seis meses. Y si no mal recordaba

Pero esa división no acepta mujeres soltó incrédulamente.

 

Lo sé Yue Lin se encogió de hombros Son quienes entran a servicio activo en caso de batalla. Dije que quiero ser de la división Zhongli, no que pudiera serlo.

¿Entonces?

Yue Lin sonrió un poco más.

Pues considerando las circunstancias, podría ser de la división He (4) o la Cao (5).

Tai Lin asintió en señal de conformidad.

Aunque no será tan entretenido.

¿Sólo piensas en pelear?

Yue Lin negó con la cabeza, abatida, cosa que no pasó desapercibida para Tai Lin.

No. Más que nada, pienso en que vienen muchas peleas y quisiera estar preparada.

En ese caso, puedo recomendarte para la división Zhongli.

Yue Lin lo miró con incredulidad.

Oficialmente, no hay ley escrita que prohíba la entrada de mujeres a esa división, o al menos eso era cuando cursé la carrera de Derecho Mágico Tai Lin tomó distraídamente un pergamino y se puso a examinarlo Así que, en caso de que no me equivoque, con una buena recomendación debería bastar.

Tai Lin
musitó la chica, anonadada ¿No te echarás encima a los comandantes de los Baxian por eso?

Tal vez, pero con las cosas como están, espero que lo comprendan. Y no eres la única que quiere entrar a esa división.

Yue Lin no lo comprendió al principio, pero en el transcurso del día lo hizo. Tai Lin le pidió ordenar algunos archivos y entre éstos, encontró varias cartas formales de mujeres chinas que, al menos en los últimos diez años, habían solicitado que se hiciera algo al respecto sobre la admisión de su género en la división Zhongli.

Así que había precedentes para lo que ella quería. Yue Lin se preguntó si Tai Lin planeaba algo al respecto, aunque no tuvo oportunidad de preguntarle. Por la tarde fueron algunos funcionarios de alto rango a reunirse con él y ella simplemente no podía distraerse porque, como asistente personal del ministro, debía llevar escrupulosas notas. Al anochecer, estaba realmente agotada, aunque logró terminar con los archivos y transcribir en limpio las notas sobre las reuniones.

Hasta mañana se despidió ella débilmente.

En tanto Tai Lin correspondía a su saludo y arreglaba su maletín negro, Yue Lin se miró de reojo en un espejo octagonal que había colgado cerca de la puerta del despacho. Era cierto que no parecía ella misma, con el cabello castaño y los ojos negros, pero era absolutamente necesario que nadie la reconociera. Tanto su participación en el Torneo de las Tres Partes como la publicación de su registro como una integrante del clan Ming la habían hecho irremediablemente famosa.

&&&

5 de octubre de 2019.

Shangai, China.

Hong Lang (6), Jardín Tian Zi.

Para el fin de semana, el Xian Bao publicó una declaración oficial de Tai Lin Ming en la que informaba que, de acuerdo con las leyes vigentes, toda mujer que quisiera integrarse a la división Zhongli podía intentarlo y no habría represalias en su contra. Aclaró, además, que el país no podía seguir con pensamientos antiguos sobre los roles de hombres y mujeres y que todos deberían apoyarse mutuamente para defender la nación.

Muy bien hecho, señor ministro.

Yue Lin estaba sentada en una hermosa banca de metal forjado en uno de los laterales del Hong Long, viendo distraídamente a los paseantes. Era sábado, su día libre, así que había invitado a Tai Lin a almorzar en alguno de los muchos locales en el corredor más famoso del jardín Tian Zi para charlar sobre lo que había publicado el principal periódico mágico de China. Y acabando el almuerzo, en el que charlaron de muchas cosas, habían ido a ocupar una de las bancas del corredor tapizado de mosaicos rojos y la chica había soltado aquella frase. Tai Lin no tuvo que preguntar a qué se refería.

 

Muchas gracias, querida prima.

De nada. Ahora, como me preparé desde antes para el examen de admisión, sólo tendré que repasar unas cuantas cosas y estaré lista. Hay una oportunidad el mes entrante, para rezagados, así que la tomaré.

Tai Lin asintió en silencio, inclinándose un poco. Apoyó los antebrazos en las piernas, en actitud pensativa y ése fue un aviso que Yue Lin conocía de sobra.

¿Ha pasado algo? inquirió.

Nada que no esperara el ministro se encogió de hombros Algunos vociferadores en protesta, unas cuantas cartas de agradecimiento, reuniones con los comandantes de los Baxian que parecen eternas

Ya, pero eso lo he visto en vivo y en directo.

Ajá. Pero falta la mejor parte ironizó Tai Lin, abatido Recibí carta de mi padre.

Yue Lin arqueó una ceja.

¿Y eso qué?

Quiere que renuncie a mi cargo.

¿Qué?

Yue Lin ciertamente no encontraba sorpresivo el gesto. Indirectamente ya conocía a casi todos los miembros influyentes del clan Ming a través de su papel como la asistente de su primo. Entre esos integrantes estaba Jintao Ming, uno de los hombres más respetados en toda China, con una habilidad especial para convertir los negocios en campos de batalla. Según lo que sabía Yue Lin, Tai Lin nunca se llevó bien por sus padres, pero especialmente con Jintao, por sus políticas respecto al bienestar común. Sin ir más lejos, padre e hijo tuvieron una discusión monumental al regresar el segundo de América en compañía de su prima y el profesor Song. El motivo principal fue que Jintao, en conjunto con algunos de los Ming más capacitados, intentaron tomar el mando del Ministerio de Magia chino en lo que Tai Lin estaba ausente.

Alega que no soy apto para el cargo y debería dejárselo a alguien más.

Como si él fuera tu jefe para ordenarte eso
protestó Yue Lin enseguida.

Lo sé, mi padre no puede obligarme a renunciar. Pero debes admitir que como buen Ming, tiene sus métodos para conseguir lo que quiere.

Yue Lin hizo un mohín. Si de eso se trataba, ella no era la excepción a la regla. Para conseguir el regreso a China desde México había hecho varias manipulaciones con las posibilidades de los demás.

En primer lugar, tenía previsto que para sacarlos de su país, Antonio García tendría que llevarlos de la villa Kuh Há hasta una isla que no aparecía en los mapas muggles, frente a las playas de Yucatán. Ahí, entre arena blanca, frondosas palmeras y grandes olas, vivía la familia de Tonatiuh García Quezada, que atónito, ayudó a su abuelo en todo lo posible para sacar a los extranjeros del país. La isla, que tenía el inverosímil nombre de Tesoro de la Bahía, era considerada por sus habitantes como parte de territorio mexicano, pero dicho país apenas si recordaba su existencia. Ésa era la mayor ventaja del lugar, al menos para muchos magos: podía usarla como conexión entre México y el exterior sin hacer saltar las alarmas de la Tlapixqui. Los García lo sabían y por eso habían decidido sacar a los Ming y al profesor Song por ahí. La escala tenía otro propósito: concretar la mudanza del profesor García a Tesoro de la Bahía, dado que según el mismo director de Calmécac, estar en la villa Kuh Há pronto no sería seguro para él.

 

Menos con Terruño de secretario masculló con disgusto.

Yue Lin le preguntó a Tonatiuh a qué venía eso, y el joven se encogió de hombros por toda respuesta. La chica dejó el tema por la paz, pero en cuanto estuvo de vuelta en China, luego de ver con admiración cómo su primo expulsaba del Ministerio a todo aquel Ming que no debía estar, le escribió una carta detallada a Itzi. No esperó que la contestara enseguida y así fue: hasta la fecha, seguía esperando la respuesta.

Y regresando a su actualidad
No se imaginaba peor momento para que Tai Lin tuviera problemas con su familia: se venía encima el pase de revista para los Baxian que irían en nombre del Ministerio de Magia chino a vigilar Shinitani. Y tomando en cuenta lo ocurrido el mes pasado en la prisión mágica del Pacífico, no era algo sencillo.

¿Quiénes irán a Shinitani?

La repentina pregunta hizo que Tai Lin diera un respingo.

Aún no tengo la lista oficial declaró, respirando profundamente Probablemente Bing (7) me la dará en la semana.

Yue Lin asintió. Wang Bing era el general de los Baxian; el hombre que de ser necesario, podía pasar por encima de los comandantes de división. Lo había conocido en persona el mes anterior, apenas dos días después de los encabezados periodísticos sobre Shinitani: quería tratar con el ministro algunas cuestiones de seguridad. Yue Lin lo veía como una persona sumamente comprometida con su trabajo y con su país.

¿Crees que él ponga algún reparo en que sea Baxian?

Para nada. Bing es el tipo más patriota que conozco. Si considera que es por el bien de China, dejaría ingresar a los Baxian incluso a alguien ciego, mudo y sordo.

Yue Lin rió por lo bajo.

En ese caso, procuraré no fallar en el examen. Quiero pasarlo a la primera.

Tai Lin mostró su aprobación con un gesto de cabeza. Acto seguido se puso de pie con lentitud, ante la mirada curiosa de su prima y mostró una cara seria bastante imponente.

Será mejor ponernos a revisar lo otro le pidió el hombre, arrebujándose en su túnica oriental marrón Aunque no me explico de qué nos servirá.

Ya verás, ya verás.

Yue Lin nunca hablaba gran cosa de sus visiones; era una medida de seguridad que tanto ella como sus amigas extranjeras Itzi Salais y Mara Kreisky habían tomado en cuanto tuvieron conciencia de que los tiempos venideros no eran para nada alentadores. Sus cartas desde que se separaron el verano pasado eran verdaderas artesanías en cuanto a claves secretas se refería, y lo increíble es que no habían acordado de antemano la codificación. O sea, que se entendían tan bien que no les hacía falta.

Y lo que tenía que trabajar con Tai Lin estaba relacionado con la última ronda de cartas que se habían enviado las tres amigas. Algo relacionado, precisamente, con el poderoso clan Ming y todo lo que ello implicaba.

Al final, estar contra la familia sería una necesidad en vez de una atrocidad.

&&&

 

5 de octubre de 2019.

Tokio, Japón.

Hospital Mágico General Shiroi Heian-Bushi (8).

Era ahora o nunca. Agradecían enormemente las atenciones que les habían dedicado, pero ya estaban hartos. Así que por mucho que los regañaran después, necesitaban darse una escapada, aunque fuera a mitad de la noche.

Los dos amigos, al recorrer la última planta, no pudieron contener una risita, como si cometieran una travesura de infantes. En cierta forma lo era, pero además, les hacía recordar mejores tiempos, en los que no debían inquietarse por conflictos internacionales ni una probable guerra mágica.

Espero que no nos descubran deseó una chica de cabello castaño dorado recogido en una trenza Nos harían volver a la cama y es molesto no poder estirar las piernas.

Su acompañante, un joven de cabello oscuro y amable mirada castaña, se encogió de hombros, fingiendo que no sabía qué decir al respecto. Sonreía un poco, pero aún así se le notaba un dejo de preocupación.

Cálmate le pidió su compañera Ni que fuéramos a escapar del hospital.

Cierto concedió el muchacho en un susurro, con una mano en el interior de uno de los bolsillos de su bata blanca Pero aún así

Nada, nada. Prometiste que me acompañarías. Y admítelo, también te hace falta.

El muchacho asintió y se quedaron nuevamente callados. Pronto llegaron al inicio de una escalera que conducía a una puerta rectangular muy ancha, comenzando a ascender a paso lento. Al llegar a la puerta, la empujaron levemente y comprobaron con alegría que no estaba cerrada con llave o algún hechizo. La cruzaron enseguida, para ir a dar a la azotea, un área con el piso lleno de losetas blancas, barras metálicas en las que se tendía la ropa recién lavada y por sobre todo, una hermosa vista del cielo y de la capital nipona.

¿Hace cuánto que no sentíamos el viento? inquirió la chica, abriendo los brazos y alzando la cara al cielo, con los ojos cerrados.

Suenas como si siempre estuviéramos encerrados la regañó su amigo.

Lo sé, pero es que así se siente aclaró la joven, abriendo los ojos para dirigirlos a su derecha, por donde se distinguía la Torre de Tokio llena de luces Si supieran los muggles lo cerca que estamos de ellos

Mejor para ellos permanecer en la ignorancia, ¿no?

Me pregunto por cuánto tiempo podrán estar sin ser perjudicados.

Ambos se quedaron en silencio, contemplando la ciudad muggle que se extendía más allá de los dominios mágicos del hospital y del terreno donde se asentaba, que era parte del Templo Amaterasu. Al cabo de un rato, el sonido de unas pocas apariciones les avisó que tenían compañía.

Hola saludó una voz femenina Sakura-chan
Komori-kun

Los aludidos se giraron, hallándose con una joven de melena negra y otra chica de cortísimo cabello castaño; ambas sonrientes y vistiendo túnicas al estilo oriental.

¡Kimi-chan! Sakura Kiyota corrió a abrazar a la joven de melena negra.

Keiko-san, qué gusto verlas Shigure Komori le sonrió a la castaña recién llegada.

Pues si supieran las tonterías que tuvimos que inventarnos
Kimi Sei contuvo una risita, separándose de Sakura En primer lugar, prácticamente tuve que secuestrar a Kei-chan de su casa, ¿pueden creerlo?

 

No es para tanto desdeñó Keiko Saikaku, agitando una mano Mi padre es un exagerado, ya lo conocieron se volvió hacia Sakura y Shigure Es muy alarmista.

Tú también lo serías si hubieras rescatado a dos personas medio muertas a mitad del océano señaló Sakura con seriedad.

Los cuatro jóvenes soltaron una breve carcajada, antes de comenzar a charlar de cosas simples. O de cómo iba el segundo trimestre en la Escuela de Magia Hoshikino, al que Shigure y Sakura no habían podido asistir por la hospitalización.

Sakura y Shigure, luego de ser encontrados por el barco del señor Saikaku, fueron llevados al puerto de Nemuro sin tardanza, donde los internaron en el hospital local. Al día siguiente, no solamente los visitó el señor Saikaku, sino su hija Keiko, quien parecía que había recorrido media ciudad para llegar a su lado. Quitando el sonrojo que le dio cuando Shigure la abrazó repentinamente, se comportó a la altura de las circunstancias al enviar una lechuza al Ministerio de Magia japonés, notificando lo que sus amigos le dijeron con un hilo de voz, aún sin creerse del todo lo que habían presenciado.

Shinitani había sido tomada por asalto.

Sakura y Shigure no se explicaban qué había sucedido. Un instante se encontraban en una playa caminando sin parar, sin saber dónde se encontraban ni cómo habían logrado escapar del ataque al Templo Amaterasu, y al siguiente habían ido a dar junto a los altos muros de un edificio de roca oscura y aspecto tétrico. A los dos les sonaba de alguna parte, como si hubieran visto esa construcción en algún libro, así que a pesar de lo lúgubre de la visión, buscaron una entrada. No hallaron ninguna.

Se habían preguntado cómo era posible que algo como eso pudiera existir, al menos durante unos días. Como no llevaron la cuenta al cabo de dos semanas, no supieron cuánto tiempo transcurrió exactamente hasta que algo que sonaba a explosiones brotó del interior de aquel cubo de piedra negra. Los dos se miraron con desconcierto, sacaron sus varitas y se prepararon para cualquier cosa que pudiera venir, aunque tanto tiempo en aquel paraje ya les había dejado claro que la magia no funcionaba bien (no conseguían desaparecerse y los hechizos les contaban muchísimo trabajo). Nunca se esperaron que fueran rodeados por altas y delgadas figuras encapuchadas que congelaron el ambiente con jadeos mortales.

¿Cómo es que había dementores en una playa? Bueno, supusieron que la densa niebla que apenas dejaba distinguir sus rostros ayudaba a esas criaturas, pero aún así era inexplicable su presencia allí. Aunque lo peor fue reconocer una especie de mancha blanca que cada dementor tiene en su raída túnica, específicamente en la capucha, sobre su supuesta frente: la figura de una flor de cerezo recortada en una hoja de árbol en color blanco. Sakura sabía lo que significaba, no porque tuviera el mismo nombre que esa flor, sino porque el mismo Shigure se lo contó en cierta ocasión.

La flor blanca de cerezo en la hoja de árbol era el símbolo de Shinitani. ¡Eran los dementores de Shinitani! Al contrario de su similar Azkaban, Shinitani y otras prisiones mágicas habían usado dementores durante siglos sin ninguna dificultad importante, dado que había veces en que las condenas más graves a los prisioneros pagaban el precio por la lealtad de esos seres. Sin embargo ahora parecían totalmente fuera de control, rodeando a dos personas que para empezar, ni siquiera estaban en

 

¡No puede ser! había exclamado Shigure, incrédulo ¿Esto es Shinitani?

Y señaló el edificio de piedra con una mirada aterrada.

No tuvo tiempo de averiguar la respuesta. Sakura lo tomó de una muñeca y echó a correr, llevándoselo con ella, sin saber exactamente a dónde ir. Si esos dementores eran tan buenos en detectar sentimientos como temía, no tardarían en alcanzarlos. Pronto llegaron a una parte de la playa que se les hacía conocida, aunque ninguno de los dos habrían podido jurarlo (llevaban semanas viendo prácticamente lo mismo) y tropezaron con un montón de maderos, cuerdas y telas viejas y enmohecidas. Sin recordar los desastres que habían ocurrido al principio de su extravío al tratar de hacer magia, Sakura les apuntó a los desperdicios con su varita, concentrándose en la sola idea de salir de allí. Para su sorpresa, los maderos y las cuerdas formaron una rudimentaria balsa y las telas, una tiendita de campaña sobre ésta. La joven arrastró a Shigure a ella sin perder tiempo.

¿Crees que con esto saldremos de aquí? increpó Shigure, dudoso.

Al menos hay qué intentarlo renegó Sakura, empujando la balsa al mar.

Shigure salió de su estupor y le ayudó. Al tener en el agua su rudimentaria lancha, sintieron frío de nuevo y ambos constataron que los dementores los habían encontrado. Maldijeron a su suerte por enésima vez desde que salieron del Templo Amaterasu y ambos intentaron usar magia de nuevo, aunque temían que no resultara.

¡Expecto Patronum!

Un vago humo plateado salió de ambas varitas, lo que los alentó a no perder la calma y seguir concentrados. Alejándose de las criaturas, se aferraron a sus días felices en la escuela, en lo que habían vivido en los veranos con sus familias, a lo que cada uno había vivido en el pasado Torneo de las Tres Partes
Y por fin de sus varitas brotaron un gato siamés de porte elegante y un perro grande y fuerte. Embistieron a los dementores en tanto los jóvenes abordaban su balsa, deseosos de dejar atrás esa pesadilla.

Los dementores se fueron enseguida, lo que ocasionó la desaparición de los Patronus. Sin embargo, para Sakura y Shigure las cosas no acabaron allí: poco a poco, al alejarse de la costa, detectaron un punto en ésta que se iluminó intensamente, para luego parpadear de manera discontinua y finalmente, apagarse. Si no mal calculaban, ese punto antes luminoso había sido el cubo de piedra oscura y si Shigure tenía razón y era Shinitani

No puedo creerlo
susurró Sakura, espantada ¿Qué habrá pasado?

Shigure negó con la cabeza, con el ánimo devastado. Obviamente no tenía buenas suposiciones qué darle como respuesta. Tal parecía que Shinitani no era segura ya.

Lo supieron con seguridad cuando Keiko los visitó de nuevo en el hospital de Nemuro a la semana de su ingreso, escoltada por tres Samuráis que necesitaban hablar con ellos. Luego de informarles que serían trasladados a Shiroi Heian-Bushi, uno de los Samuráis quiso que describieran su estancia en la isla donde estaba Shinitani, sin omitir detalles. Pareció sorprenderse al enterarse de cómo habían llegado, pero no pasó a mayores hasta que revisó la documentación que le habían entregado, en donde constaban los nombres de los muchachos.

 

¡Ustedes! había exclamado el auror japonés Tienen muchas preguntas qué hacerles en el Ministerio, jovencitos.

Se enteraron de las razones en los días siguientes. El haber vivido con la comida y el agua potable indispensables los había dejado muy delgados, aunque nada comparado a lo que encontraron en Tokio: la gente los trató como héroes de guerra. No paraban de saludarles, sonreírles y algún atrevido les preguntaba cómo habían escapado del ataque del Templo Amaterasu, cosa que ellos mismos seguían sin contestarse. De hecho, cuando los días en el hospital se convirtieron en semanas, Sakura y Shigure se preguntaban si su prolongada convalecencia no sería asunto ministerial y no de salud.

Precisamente ese tema los había impulsado a comunicarse con Keiko y Kimi para que fueran esa noche y les llevaran noticias. El beneficio de los alumnos del último año era que, durante los fines de semana, podían abandonar Hoshikino para visitar a sus familias.

En la escuela no se habla de otra cosa, al menos cuando no nos ocupan las tareas respondió Kimi a la pregunta de Shigure respecto a la situación en Hoshikino Menos cuando salieron en los diarios con aspecto de sobrevivientes de un desastre. Ashikaga-sensei ha hecho de todo para que la prensa no moleste allá con sus cosas, pero no tardarán mucho en enterarse de dónde están.

Por razones de seguridad, casi nadie sabía que Sakura y Shigure estaban en el hospital. Temían que de divulgarse ese dato, podría darse otro ataque contra la ex campeona. Quien por cierto, resentía mucho no poder asistir a clases.

Si las cosas siguen así, no podré preparar el examen de admisión comentó de repente, sorprendiendo a sus amigos.

¿Examen de admisión? se atrevió a preguntar Keiko ¿Para qué necesitas un examen de admisión? Creí que te encargarías del negocio de tu familia.

Siendo la familia Kiyota la dueña de una de las mejores librerías mágicas de Japón, a Keiko y a Kimi les llamaba la atención la mención de un examen de admisión por parte de Sakura. A su amiga le encantaba leer y adiestrarse para hacerse cargo del negocio familiar parecía lo más natural en su caso.

¿Yo, encargarme de ese negocio tan aburrido, sin nada de acción? desdeñó Sakura, dejando a sus amigos con caras de asombro, ¡nunca la habían escuchado hablar así! No, no
De eso se encargarán Ren-nesan y su marido.

Ahora los otros tres estaban más asombrados que antes. Ren, hermana mayor de Sakura, estaba casada con un hombre de apellido Asuka, que trabajaba en el Ministerio de Magia. Además, si no mal recordaban, Ren era empleada de Gringotts, ¿querría ponerse a cargo de la industria familiar, cuando le fascinaba ser rompedora de maldiciones?

Debes estar bromeando se atrevió a decir Kimi ¿Tu hermana haciéndose cargo de la Mahon (9)? Sakura asintió ¡Pero es una locura! En tu casa pondrán el grito en el cielo, además de que tus otros hermanos no estarán de acuerdo.

No lo creo aseguró Sakura en el acto, sonriendo Debido a
ciertas cosas Keiko y Shigure supieron al instante que eso significaba "Suzuhara" mis padres han estado más flexibles últimamente con eso de seguir sus tradiciones. Sé que a mis otros hermanos no les interesa la librería y casi todos ya tienen sus empleos. Ren-nesan quiso hacerlo siempre, pero mi padre nunca la consideró adecuada. Por eso eligió ser rompedora de maldiciones. Pero ahora
Digamos que si convenzo a mi padre de darle una oportunidad, ella estará feliz y yo podré pedirle un favor a su marido.

 

¿A su marido? se extrañó Keiko, que junto con Kimi y Shigure, ya estaba dudando de las facultades mentales de su amiga.

Sí, a su marido. Shigure-kun, ¿no has oído hablar de Asuka Aki-san?

El nombrado comenzó a negar con la cabeza, pero detuvo el movimiento lentamente con expresión sorprendida. Como si acabara de escuchar algo inconcebible.

¿Asuka
Aki? inquirió, para luego exclamar por lo bajo ¿No estarás hablando de
Asakura Aki-dono?

¿Porqué le cambias el apellido? se extrañó Kimi.

Cosas mías respondió Shigure con una brusquedad nada propia de él Sakura-san, contesta mi pregunta, ¿estamos hablando de la misma persona?

Por toda contestación, Sakura afirmó con la cabeza.

Tienes una suerte condenadamente buena masculló Shigure sorpresivamente.

Andas de lo más irritable desde que te hospitalizaron, ¿verdad? aventuró Keiko Shigure-kun, que no pudieras completar tu práctica de verano con los Samuráis no quiere decir que te pongas en ese plan

Pero Shigure la calló con un gesto de mano, observando fijamente a Sakura.

¿Qué favor se supone que le pedirás a Asakura-dono? interrogó.

Entre menos sepa ninguno de ustedes, mejor.

En tanto Keiko y Kimi abrían los ojos con la sorpresa reflejada en los rostros, Shigure no se conformó con esa respuesta. Hizo una mueca de fastidio.

Sakura-san, por la amistad que tenemos, dime qué estás pensando pidió con voz amable y severa a la vez Son tiempos difíciles, pero no por ello vayas a tomar una decisión precipitada acerca de tu futuro.

No lo hago afirmó Sakura Esto lo he querido desde hace tiempo.

¿Entonces porqué no sabíamos nada al respecto?

Porque especialmente tú, Shigure-kun, habrías tratado de disuadirme. Si por algo acepté ser una candidata para el Torneo de las Tres Partes fue para demostrarme a mí misma cuánto valgo y además, que puedo cuidarme yo sola.

Si se trata de lo que estoy pensando, ¿qué esperabas que hiciera? se desesperó Shigure, cosa que sobresaltó a Kimi y a Keiko No tienes que probarle nada a nadie, Sakura-san, todos sabemos lo buena bruja que eres. En cuanto a que trataré de disuadirte, ¡pues claro que lo haré! ¡Es mi trabajo!

Trabajo que pienso eliminar sentenció Sakura con voz neutra Estoy harta de esas tradiciones, Shigure-kun, absolutamente harta. Y con lo que tengo planeado, no sólo acabaré con esta estupidez en la que estás metido, sino que Ren-nesan podrá recibir los honores que merece
Aunque sea por ser esposa de Aki-san.

Se hizo el silencio. Tanto Keiko como Kimi pasaban la vista de Shigure a Sakura, sin ocultar su sorpresa e incomprensión. Desde que los conocían, los jóvenes Komori y Kiyota rara vez peleaban. De hecho, se llevaban maravillosamente y si alguien los observaba de lejos, podía imaginarse que sus conversaciones estaban llenas de alegría y sensatez.

Nunca te he llevado la contraria, Sakura-san le recordó Shigure Pero lo haré si es necesario. Mira que hago ya bastante siguiéndote a todas partes

Admítelo, al principio de nuestras vidas, no lo querías.

Esa frase sí que acabó por desesperar a Keiko.

 

¿De qué están hablando? se dirigió a Sakura Por favor, explíquennos.

Sakura suspiró, entre cansada y resignada. Shigure se limitó a inclinar la cabeza.

Es una larga historia y con todo respeto, no te incumbe, Kei-chan Sakura miró a la castaña nombrada, quien con un respingo mostró su enfado Y no porque no seas de fiar, claro que no. Digamos que esto es cosa de magos.

Ah, ¿y cuándo dejé de ser bruja, si puede saberse? ironizó Keiko.

Oye, Kei-chan
titubeó Kimi, porque creía saber a dónde quería llegar Sakura Mejor hazle caso a Sakura-chan. Por ahora, no intervengas.

¿Tú también, Kimi-chan? se impacientó Keiko ¿De cuándo acá usan sus apellidos para mantenerme al margen de las cosas? ¿De cuándo acá me recuerdan que soy hija de muggles para hablar sus asuntos importantes? ¿De cuándo acá
?

Keiko se calló porque Kimi le puso una mano en la boca, pero también por la escena que tenía enfrente. Sakura, con semblante firme, se había acercado a Shigure y había hecho que la mirara a la cara. Y Shigure, increíblemente, comprimía fuertemente los labios en signo inequívoco de contener el llanto.

No te andes preocupando por mí, Shigure-kun pidió Sakura suavemente No por una orden. Eres mi amigo, más que mi tozama (10), ¿te queda claro?

Eso me parece una orden masculló el muchacho.

Quizá lo es. Si al menos con eso me haces caso

Shigure asintió con la cabeza y Sakura sonrió levemente.

Así que
Está decidido la joven Kiyota se volvió hacia sus dos amigas, a las cuales encontró en una postura un tanto graciosa Ya, Kimi-chan, deja respirar a Kei-chan. Tenemos muchas cosas de qué hablar y si no nos damos prisa, no terminaremos hoy.

Kimi le destapó la boca a Keiko, quien aún se veía un tanto aturdida por aquello. Le parecía increíble que hubiera llegado con Kimi hacía poco, contenta por ver a sus amigos hospitalizados, y hubieran acabado los cuatro metidos en un ambiente un poco tenso. O al menos lo fue al darse cuenta de algo.

Sakura-chan
Eso de tozama
dudó en seguir, pero como sus amigos la miraban con caras interrogantes, terminó por formular la pregunta que tenía en mente ¿No era una práctica en desuso en el mundo mágico?

Se supone renegó Sakura por lo bajo Pero no del todo. Verás, lo que está en desuso es que se les niegue un trato digno a los miembros de un clan tozama, pero no significa que su posición respecto a su clan shogun cambie. Es
algo complicado concluyó, torciendo la boca y llevándose una mano a la cabeza.

Keiko, siendo de familia muggle, en cuanto ingresó a la comunidad mágica se volvió una adicta a la historia de la misma, por lo que dejó que el silencio cayera de nuevo en el grupo para recordar. Según lo que sabía, en la antigüedad hubo innumerables batallas entre clanes para asegurarse los conocimientos y las herramientas mágicas, y un clan fuerte adoptaba el apelativo de shogun cuando lograba derrotar a otro y lo convertía en su eterno sirviente, el cual se convertía en su clan tozama. El método para ello era prácticamente desconocido en la actualidad, pues ya no se usaba, pero los sobrevivientes de ambos tipos de clanes seguían unidos entre sí por esa extraña relación. La época actual permitía concederles a los miembros de un clan tozama las mismas oportunidades que a los de un clan shogun, pero socialmente, los miembros de un clan tozama eran considerados poca cosa comparados con los del clan que estaban obligados a servir.

 

Entonces
susurró Keiko finalmente, granjeándose una mirada curiosa de sus amigos Komori-kun
Tu familia

Lo has comprendido asintió Shigure No es raro que lo hicieras, Keiko-san. De los cuatro, eres la mejor en Historia Antigua de la Magia.

¿Un clan tozama? soltó Keiko sin poder evitarlo Los Komori
¿son el clan tozama de los Kiyota? ¿Eso no es esclavitud?

Antes lo era reconoció Sakura Los Kiyota y los Komori ahora somos amigos, pero la relación de la antigüedad no se ha roto, es como un hechizo a largo plazo. Es fácil saberlo si un Kiyota y un Komori tuvieran qué pelear entre sí.

¿Porqué? se extrañó Keiko.

El Komori no podría ni lanzar el primer ataque. Caería muerto al instante.

Ante la afirmación de Sakura, Keiko se queda muda. Kimi, por su parte, no hace más que menear la cabeza y cruzarse de brazos.

Es algo largamente investigado en el Ministerio recordó Kimi Lo sé porque mi padre trabaja en la Oficina de Hechizos Antiguos, en el Departamento de Misterios. Es como algo que ahora está en la genética de los clanes tozama, que les impide hacerles daño a sus respectivos clanes shogunes. ¿No es ridículo?

A ti esas cosas siempre te han parecido ridículas, por eso eres la agitadora de nuestra generación bromeó Sakura, sonriendo Aunque si la tuya llega a ser una revolución buena, pues bienvenida sea.

Por fin pudieron reír los cuatro juntos ante esas palabras. Aunque no les duró mucho el gusto, pues escucharon pasos provenientes de la escalera que conducía al interior del hospital. Sakura y Shigure miraron a Kimi y Keiko con ademán serio.

Márchense pidió Shigure Vengan otro día, terminaremos esta charla.

Y como premio por la molestia de hoy siguió Sakura, guiñando un ojo les contaré qué me traigo con ese asunto de Aki-san. ¿De acuerdo?

Kimi y Keiko asintieron y se desaparecieron, dejando a sus amigos solos.

¿Estuvo bien decir eso? inquirió Shigure por lo bajo.

Sí, ya era hora de que lo supieran Sakura asintió sin ninguna duda Además, así no les extrañará nada lo que intento hacer.

Eso es otra cosa. Nunca creí que Ren-dono se hubiera casado precisamente con Asakura-dono. Ya me imagino lo que le vas a pedir y si lo consigues
Bueno, Sakura-san, déjame advertirte que te convertirás en una verdadera leyenda. Nadie obtiene una recomendación de Asakura-dono sin darle verdadera pelea.

Lo sé. Y el Torneo de las Tres Partes me dio un motivo para practicar.

Los dos jóvenes sonrieron sutilmente justo cuando la puerta de la escalera se abría y algunos sanadores la traspasaban, alegando molestia y fastidio. Arrastraron a los chicos escaleras abajo, regañándolos incesantemente por abandonar sus habitaciones (de nuevo), pero ninguno de los dos hace caso. Están demasiado ocupados con sus reflexiones como para preocuparse por las tonterías que les dicen para regañarlos.


(1) Baxian, en mandarín, es el nombre dado a los Ocho Inmortales, deidades chinas reverenciadas en el taoísmo.

(2) Xian quiere decir primero, en tanto bao significa diario. En el contexto de la historia, podría traducirse como Primer Diario.

 

(3) Zhongli se toma del nombre del líder de los Ocho Inmortales chinos, Zhongli Quan. Representa a los militares.

(4) He viene del nombre de la única mujer plenamente reconocida dentro del grupo de los Ocho Inmortales chinos, He Xiangu. Representa a las doncellas.

(5) Cao se deriva del nombre de uno de los Ocho Inmortales chinos, Cao Guojiu. Representa a la nobleza.

(6) El vocablo hong significa rojo, en tanto lang quiere decir corredor. En conjunto, el sitio se llama corredor rojo.

(7) Bing quiere decir soldado.

(8) Shiroi significa blanco en japonés; heian es el nombre dado a una Era o Periodo de la historia de Japón y también de la antigua capital, cuya escritura quiere decir tranquilidad o paz; bushi significa guerrero. Eso le da al hospital el nombre de Guerreros Blancos de la Tranquilidad.

(9) El nombre de la librería se escribiría con los caracteres japoneses ma (verdad) y hon (libro), para sí significar libro de la verdad.

(10) El término tozama surgió en el periodo Kamakura para designar a los daimyo (soberano feudal más poderoso del siglo X al XIX en Japón, representante de un shogun; el título significa gran nombre) considerados como amenazas para el shogun (personaje que gobernaba en nombre del emperador; es contracción de una frase que significa gran general que se impone a los bárbaros) o que habían sido vencidos por éste. Los tozama-daimyo eran considerados intrusos o enemigos potenciales.

&&&

16 de noviembre de 2008. 9:18 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

Oh, gente querida, fan's que me aman
Supongo que ahora quieren odiarme, ¿no? Esta vez sí que me tardé en traerles un nuevo capi. Pero entre una cosa y otra

Para empezar, desde junio hasta septiembre me ocupé en una novelita de concurso, algo corto pero conciso que a mí me gustó, pero que no obtuvo ni una mísera mención honorífica (en pocas palabras, no gané el concurso en mi categoría, ¡eso frustra!). Agréguenle a eso que en vacaciones tengo limitada la computadora, que en agosto empezó el penúltimo semestre de mi carrera (con lo que todo eso conlleva) y que en mi casa también ando ocupadísima
Pues sí, tenía la agenda llena. Y la inspiración vaga.

Pero bueno, pasemos al capi. Sobre el título, pues
Pensaba centrarlo en el clan Ming (si no se acuerdan qué significado le doy a ese apellido, regrésense ahora mismo a
ET3P), pero no me fue posible. Más que nada porque las charlas entre Yue Lin y Tai Lin me recordaron que tenía que aclarar cierto asunto. Aunque antes de pasar a éste, debo decirles que el hecho de que Yue Lin ande ahora de asistente de su primo es muy gracioso. Es decir, si la vieran sus compañeros de Zen, no se la creerían, porque ellos siempre la andaban despreciando por su aspecto y porque era muy lista. Y ahora, con eso de que es reconocida como miembro de una de las familias más reconocidas
Deben estarse arrepintiendo de todo lo que le hicieron, jajaja.

 

Por otra parte, en esa misma charla Yue Lin se acuerda de cómo regresó a su país desde México. Eso era algo que seguramente querían saber, ¿no? Pues si no, se aguantan, porque quise dar el dato aquí. Aunque la curiosidad es en que al profesor García le dé mala espina el nuevo Secretario de su país. ¿Viejas rencillas o qué? Se los dejo de tarea.

En cuanto a la otra sección del capi (por llamarla de alguna forma), Sakura anda muy misteriosa, ¿no les parece? Creo que ser amiga de Yue Lin le está haciendo efecto, jajaja. Ya en serio, lo que se trae ella con el marido de su hermana Ren tiene qué ver con el hecho de que lo conozcan tanto por el apellido Asuka como por el apellido Asakura. ¿No suenan parecidos esos apellidos? Hay una razón, que por cierto, debo anotar mentalmente para no olvidarla, jajaja. Pero además, la explicación de lo que es un clan shogun y un clan tozama, ¿quedó entendida? ¿Nadie tiene dudas? Porque esto es relevante. Prácticamente, de ahí deriva que Shigure y Sakura se conozcan desde que eran niños. Si queda alguna laguna o un dato que no se comprenda, háganmelo saber y trataré de resolvérselos. Aunque he de investigar un poco más, dado que lo que quiere Sakura es complicado y quizá me tarde un poco en acabar de mentalizarlo. Pero para eso me sirven las lecturas de datos japoneses en Internet entre mi búsqueda de información para mis tareas finales, jajaja. Es que ya voy a acabar el semestre en la uni, lo siento.

Y el dato de porqué Sakura y Shigure fueron rescatados en altamar fue finalmente revelado, ¡Shinitani fue atacada! Quienes no se acuerden de Shinitani, regrésense ahora mismo al capi 11, Planificación. Nuestro rubio favorito (nótese el sarcasmo) mencionó algo de dicha prisión mágica. Increíble que nuestros dos amigos nipones, después de que los sacaran del Templo Amaterasu, acabaran en ese lugar. Hay muchas incógnitas que persisten en torno a ese hecho y espero que las hayan notado. Y si no, pues se las haré notar yo, que para eso soy la autora, jajaja.

Eso me lleva a otra cosa: publiqué hace poco un fic que es como un crossover, donde mis personajes queridos me hostigan bien y bonito. Se titula Encuentros y Entrevistas con
(el sistema le quita los puntos suspensivos, pero el título es con ellos) y si pudieran leerlo para reírse un rato (aunque sea a mi costa), se los agradecería. Eso les aliviará la espera del siguiente capi de esta historia que por desgracia, aún no tengo ni idea de cómo será. A duras penas pude terminar el presente, y eso que lo empecé hace meses
A veces soy un desastre, jajaja.

Bueno, me despido, no sin antes hacer notar que ahora no elijo Arcano. No me llegó ni una mísera propuesta. Bueno, espero que ahora se activen. Damas y caballeros, ¿quién es el mejor representante de El Emperador de entre los varones de la saga HHP, eh? Espero esta vez propuestas, porque si no, capaz y pongo a Harry Potter. No sé, como que eso de hacer la pareja con Hermione (que quedó como La Emperatriz) me hace ilusión. Pero quiero opiniones primero, ¿sale?

 

Ahora sí, me marcho. Cuídense mucho y nos leemos
Lo más pronto que pueda.

P.D. La fan que me quiere devolver al buen camino, porque según ella ando leyendo algo demasiado
vacío, pues a ver si en este capi me deja un comentario, los echo de menos. No solamente de pláticas de MSN vivo yo, jajaja. Sí, hablo de ti,
Duo.


A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.


Diecisiete: Paseando, jugando y peleando.

27 de octubre de 2019.

Norte de Escocia.

High Street, Hogsmeade.

¿A dónde vamos primero?

Rose mostraba una enorme sonrisa al recorrer la calle principal de Hogsmeade con sus mejores amigos. Era su primera visita al único pueblo enteramente mágico de Reino Unido y estaba dispuesta a pasarla en grande. En ese propósito, el único que la superaba en exaltación era Thomas.

¡Miren eso! exclamó el pelirrojo anaranjado de repente, señalando un ventanal.

Es sólo un restaurante desdeñó Danielle.

Pero mira insistió Thomas, con los ojos muy abiertos ¡Los postres flotan!

Los demás, incluso Walter y Sunny, rodaron los ojos. Esa escena venía repitiéndose desde que habían entrado al pueblo y ya no tenían ganas de replicar.

Ni las habían tenido en las últimas semanas, la verdad. Entre otras cosas, porque estaban sintiendo que tercer curso no era tan maravilloso como habían creído en un principio. Al menos eso fue en septiembre; ahora ya estaban acostumbrándose al ritmo de trabajo y creían que no acabarían el trimestre enfermos por agotamiento.

En las pruebas de quidditch, Thomas y Bryan fueron meros espectadores de cómo el resto de sus amigos daban lo mejor de sí. Henry y Procyon fueron, con mucho, los mejores golpeadores en presentarse por Gryffindor, cosa que Walter les envidió, dado que él había tenido que competir contra Sullivan y otros tres de Slytherin de cuarto curso. Danielle y Ryo se alegraron de que los buscadores de sus respectivas casas ya se hubieran graduado, pues eso les dio posibilidades de quedarse con los puestos, pero Paula no estuvo muy contenta de presentarse a las pruebas de cazadora junto con Melvin Corner, dado que Hally le había contado que su novio era muy bueno. En situación similar estaba Sunny, pero más que nada porque su competencia inmediata era Mackenzie, que le dedicaba sonrisitas de autosuficiencia que pretendían intimidarla. Finalmente, Hally, Rose y Amy no creían que se les tomara en cuenta, pues que los titulares anteriores de sus equipos seguían en el colegio y probablemente habían entrenado durante el verano para conservar su posición. Aún con todo, ninguno desistió en su propósito y fue una sorpresa que los capitanes de las cuatro casas, como si se hubieran puesto de acuerdo (cosa poco probable, al menos en el caso de Stewart), incluyeran al grupo de amigos en pleno en los equipos. Hubo algunas quejas (en Gryffindor, por ejemplo, Lawrence Finnigan mascullaba que Dean Longbottom estaba incurriendo en nepotismo), pero quedaba demostrado en los entrenamientos que había sido lo mejor.

 

En cuanto a las clases, los jóvenes de tercero tenían una carga descomunal de trabajo, sobre todo de las materias optativas nuevas. Ahora batallaban de lunes a sábado sin descanso con tareas largas y complicadas cátedras, cosa que no les gustaba a algunos. Rose y Ryo, por ejemplo, fueron los primeros del grupo en resentirlo físicamente: en una de las reuniones con sus amigos para hacer las tareas, se quedaron dormidos usando rollos de pergaminos como almohadas. Aunque se rieron mucho después, en el momento se fastidiaron, porque habían manchado unos mapas de Astronomía muy importantes.

Así las cosas, la excursión a Hogsmeade se había convertido en una especie de escape para todos. Aunque seguían sin comprender de dónde sacaba Thomas tanta energía.

¿Eso es Honeydukes? inquirió, llegando ante unas vitrinas que mostraban dulces de diversas índoles.

¡Al fin! suspiraron Rose y Henry al unísono, adelantándose a entrar.

Los demás los miraron como si se hubieran vuelto locos. No era para menos: esos dos casi nunca estaban de acuerdo en algo. Había sido una sorpresa descubrir que ambos amaban las golosinas lo suficiente como para proponer ir a Honeydukes en primer lugar.

Todavía me dan escalofríos bromeó Thomas al seguir a Henry y Rose Deberíamos aprovecharnos de ese gusto compartido suyo para que no pelearan tanto, ¿no? se giró al resto de sus amigos, quienes parecieron pensar detenidamente sus palabras.

¿Qué propones, que los chantajeemos? inquirió Procyon.

Oye, no es mala idea, amigo mío. Aunque me daría un ataque de risa verlos suplicar por una barra extra grande de chocolate o por

¿Bolas de chocolate rellenas de mousse de fresa y nata de Cornualles? interrumpió Ryo, señalando al frente.

Ahí, entre un grupito de chicas de sexto, Rose y Henry se peleaban por lo que parecía la última de unas esferas de chocolate del tamaño de una pelota de golf. Sus amigos suspiraron; había sido demasiado esperar que ese par no discutiera por nada.

¡Eh, ustedes dos! regañó Hally de sopetón Si ya no hay más bolas de chocolate, pídanlas en el mostrador y dejen de pelear. Por cierto se volvió hacia Ryo ¿Dices que están rellenas de mousse de fresa y nata de Cornualles? el Ravenclaw asintió ¡Entonces yo también quiero! exclamó Hally, ganándose miradas pasmadas incluso de Henry y Rose De seguro a Drusie le van a encantar

Y a continuación, tomó a Rose de un brazo y la arrastró al mostrador.

Ahí va suspiró Sunny Se me había olvidado
Hally adora el chocolate.

¿En serio? quiso saber Walter.

Sí, en serio. Pone una cara de felicidad al comerlo
Sunny sonrió un poco Dice que es el dulce por excelencia.

El resto hizo diversos gestos de incredulidad. Se notaba que hasta la fecha, la Hally que habían conocido era muy parecida a su madre, sensata y modesta. Pero la que describían de vez en cuando Rose, Sunny e incluso Danielle era una que no veían a menudo.

¿Ustedes no van a comprar nada? preguntó de pronto Henry, acercándose a sus amigos con las manos llenas de diversa golosinas Hay muchas cosas interesantes.

 

Pues parece que alguien está acaparando provisiones para el invierno se burló Thomas, sonriendo con sorna, antes de apartarse a donde veía unos diablillos de pimienta Me pregunto si mis hermanos caerán de nuevo y se comerían uno de estos

Procyon se acercó a él y comenzaron a planear la mejor forma de hacer que alguien se comiera uno de los diablillos sin saber lo que era realmente. Los otros, atendiendo la interrogante de Henry, se dispersaron por el local, dispuestos a dejar gran parte de su dinero ahí. Al cabo de quince minutos, salieron con sendas bolsas llenas hasta el tope.

¿Y ahora a dónde? quiso saber Amy, que como siempre, era la más tranquila de todos y solamente cargaba con una bolsa de dulces medio llena.

Vamos a Zonko, ¿sí? pidió Rose, que apenas si podía con sus compras Quiero ver qué novedades tienen. Quizá llegó algo nuevo de Sortilegios Weasley.

¿Zonko? se extrañó Henry ¿La tienda de bromas?

Rose asintió vigorosamente, con una cara de entusiasmo única. Para asombro de todos, Henry no hizo comentario alguno en contra, con lo cual, decidieron ir a esa tienda.

Era increíble, por aquí y allá había una cantidad infinita de artículos, entre algunos que parecían inofensivos hasta otros que, luego de saber sus efectos, los hacían carcajearse al imaginárselos. Rose se fue directamente a ver el estante dedicado a Sortilegios Weasley, que prácticamente abarcaba una pared del local, en tanto Thomas y Procyon hicieron mancuerna para comprar las cosas más disparatadas. Era evidente que esos dos juntos eran digna competencia para los Cuatro Insólitos.

Nunca voy a enfadar a esos dos prometió Ryo en cuanto salieron de Zonko Soy afortunado de tenerlos como amigos.

Sí que eres optimista recriminó Walter.

¿Les parece si ahora paramos un rato en Las Tres Escobas? sugirió Bryan.

El resto del grupo no pudo estar más de acuerdo.

Al entrar al establecimiento, lo encontraron lleno a medias, aunque algunos no eran parroquianos ordinarios. En la barra había un par de individuos con las caras vendadas y túnicas orientales, en tanto en una esquina se veía a unas mujeres
o algo que parecían mujeres, con cabezas de ave, alas escamosas y cuerpos llenos de plumas. Y cerca de la puerta, con aspecto sombrío, un par de encapuchados a los que no se les veía más que las manos, escamosas y con garras afiladas.

Se nota que este pueblo es enteramente mágico comentó Thomas al entrar.

Déjame adivinar: lo leíste en un libro aventuró Procyon.

Pues claro, ¿de dónde más saco yo la información? Ni que pudiera obtenerla en Internet Thomas se encogió de hombros antes de adelantarse y acercarse a una mesa llenas de risueñas chicas ¡Hola, Sherry!

Sherry Salisbury, dejando a un lado la charla que sostenía, lo observó con una ceja arqueada, como indagando qué hacía el chico ahí.

¿Qué quieres? se decidió a preguntar la castaña.

Nada, saludar Thomas se encogió de hombros, esbozó su mejor sonrisa y le echó una ojeada a las amigas de Salisbury, que lo miraban como si fuera la primera vez que lo hacían Me alegra ser de tercero ahora, puedo venir al pueblo y hallar cosas interesantes guiñó un ojo Nos vemos en otra ocasión, que mis amigos esperan.

Y sin más, dio media vuelta y se alejó, encontrándose con que sus amigos lo veían con cara de no saber qué estaba pasando.

 

¡Ah, sí, tengo que explicárselos! recordó de pronto el pelirrojo anaranjado ¿Buscamos una mesa?

Vayan, nosotras iremos por las bebidas indicó Paula, seguida por Amy y Danielle.

En tanto, el grupo encontró cerca de una ventana una mesa vacía lo bastante grande para todos, así que se sentaron dejando antes sus compras en el suelo, a sus pies. Para aminorar la espera de las bebidas, comenzaron a charlar sobre lo que les esperaba en el banquete de Halloween, para el que faltaban pocos días, cuando Amy y Paula regresaron con varias botellas cada una.

¿Y Danielle? preguntó Ryo, poniéndose de pie para ayudar a Paula.

La atraparon respondió Amy, al tiempo que le pasaba algunas botellas a Bryan Se encontró con Blow en la barra y él intenta sacarle plática.

No creo que sea lo único que quiera sacarle bromeó Rose al mirar a la barra, donde una sonrojada e incómoda Danielle intentaba ser cordial con un chico de cabello castaño y ojos negros, con el emblema de Hufflepuff en la capa.

Thomas veía a la rubia con expresión reflexiva, la cual borró de su cara al verla despedirse del Hufflepuff e ir a la mesa.

¿Al fin le diste el sí? preguntó rápidamente Rose.

No contestó Danielle con simpleza, posando en la mesa las botellas que llevaba Le pedí muy amablemente que por hoy, me dejara en paz.

¿Porqué no le aceptas una cita? quiso saber Amy.

No sé Danielle tomó asiento entre Hally y Paula Es instinto, presentimiento o qué sé yo, pero cada vez que se me acerca
hizo una mueca ¿No les ha pasado?

A mí me da eso cada vez que se me acerca el quinteto de tarados razonó Rose con fingida seriedad, para luego soltar entre risas ¡Creo que soy alérgica a los idiotas!

Estoy hablando en serio regañó Danielle.

Igualmente Rose volvió a ponerse seria, pero esta vez de verdad Hay personas que nos caen bien o mal desde el comienzo, pero otras no tanto. Blow bien podría entrar en la segunda categoría. ¿Saben algo importante de Blow? les preguntó a Amy y Bryan.

Pues
aparte de que su familia es dueña de una cadena de librerías mágicas, que es el nuevo prefecto de nuestra casa contestó Bryan Erica cree que es bueno para el cargo, pero demasiado blando.

¿Es prefecto? se extrañó Henry No le veo cara de serlo.

Es que no todos presumen la insignia alegó Bryan, encogiéndose de hombros Si lo sabré yo, que cuando Erica consiguió la suya, no la dejaba ni para dormir.

¿Qué era eso que ibas a explicarnos, Thomas? soltó Procyon de pronto.

El nombrado frunció el ceño y adoptó esa expresión seria que sus amigos le veían últimamente y que no le quedaba mucho.

Lo de Salisbury, que no es la gran cosa comenzó En resumen, estoy cobrándome una ofensa que le hizo a Scott.

¿A tu hermano? se sorprendió Hally.

Exactamente. Verán, a Salisbury la reconocí del colegio muggle al que iba antes. Cuando era pequeño, la veía siempre con mis hermanos. Era buena amiga de Sydney y Skye, además de que a Scott le empezó a gustar. Pero luego ya no la vieron, así que supongo que eso fue porque ella entró a Hogwarts.

Un segundo interrumpió Paula, algo confusa Según sé, los padres de Salisbury son magos de ideas puritanas e idiotas. ¿Qué hacía entonces en un colegio muggle?

 

No sé y la verdad no me importa desdeñó Thomas El asunto es que en las vacaciones de Semana Santa del año pasado, Salisbury y mis hermanos se volvieron a encontrar. Los trillizos se alegraron mucho, sobre todo Scott, que la hallaba más bonita que antes, pero Salisbury los trató muy mal. La gota que derramó el vaso fue que cuando Scott quiso verla para tratar de arreglar las cosas, Salisbury le dijo que no quería volver a ver a alguien como él rondándola, pues se merecía algo mejor. Si no le hubiera soltado eso con tanto desprecio, seguramente no se habría ganado que Sydney y Skye la bañaran con una manguera cuando la vieron pasar frente a nuestra casa.

La anécdota, que en otras circunstancias habría arrancado risas, ahora no hacía más que aumentar el repudio por Salisbury. Al menos eso explicaba porqué, cuando inició el curso, a Thomas no le afectó el obvio desaire que la Ravenclaw le había hecho.

Así que desde entonces, he estado pensando qué hacer para que pague por ello Thomas esbozó una breve sonrisa cínica Salisbury me conoce, pero parece que no se acuerda de mí, lo que aprovecharé para darle una cucharada de su propia medicina. A ella le gusta lo que no puede tener y dado que es una mestiza con aires de sangre limpia, ahora le haré creer que beso el suelo que pisa, para después mandarla a volar.

¡Eso es muy cruel! se quejó Amy inesperadamente.

Sabía que alguno de ustedes me lo diría, pero no cambiaré de idea. Además, no pienso hacerle verdadero daño ni mucho menos mentirle.

Pero si finges que te gusta, estás mintiendo, ¿no? le hizo notar Walter.

Lo sé, lo sé, pero es que en sí, no me parece fea. Si no me hubiera enterado de la historia con Scott, de verdad andaría tras ella. Así que técnicamente, no estoy mintiendo.

Tu sentido de la lógica me asusta musitó Rose.

Gracias por el halago ironizó Thomas.

¿Y qué esperas de nosotros ahora que lo sabemos? indagó Paula ¿Que te guardemos el secreto de buena gana? Y si se te pasa la mano, ¿qué?

Por eso no les pido ayuda. Solamente les explico la situación para que no les extrañe lo que voy a hacer y además, para que no se metan.

¿Que no nos metamos? se escandalizó Danielle Thomas, ¡esa tipa te trata fatal con tal sólo acercarte! ¿Y pretendes que no nos metamos?

Exactamente. Este asunto es mío y los problemas que salgan de él, también.

Ante eso, los demás no supieron qué decir. Con ese argumento, Thomas demostraba lo que Paula había comentado en una ocasión sobre él, que era muy independiente. Pero de una cosa estaban seguros todos: si Salisbury llegaba a hacerle daño a Thomas, se las vería con la Orden del Rayo en pleno. Lo que pensaba hacerle Thomas sería una mala jugada, pero su amigo juraba que se la había ganado y confiaban en su palabra.

Después de eso, siguieron charlando de otros temas en lo que se tomaban las cervezas de mantequilla (que provocaron que Thomas exclamara por todo lo alto lo sabrosas que eran) antes de decidir a dónde irían a continuación.

¿Porqué no pasamos a Dervish y Banges? opinó Sunny.

Yo quisiera ir a la Casa de las Plumas, necesito algunas recordó Amy.

Y yo quisiera ver la Casa de los Gritos culminó Procyon con firmeza.

¿Porqué no vemos lo más cercano ahora y dejamos el resto para la próxima? inquirió Hally finalmente Vendremos otras veces, no hay de qué preocuparse.

 

Pero no vendremos todos juntos, ¿o sí? Danielle miró a Hally significativamente.

La aludida se encogió de hombros.

Sí, finge que no sabes de qué hablo rezongó Danielle Oigan, pues aquí cerca queda la Casa de las Plumas, así que podemos ir ahí primero por lo que necesita Amy. ¿Seguros que nadie más necesita plumas?

Sus amigos negaron con la cabeza y llegando a ese acuerdo, se pusieron de pie, recogieron sus compras de Honeydukes y se marcharon, enfilando hacia la Casa de las Plumas, donde aparte de Amy, Walter terminó comprando tinta.

Olvidé que casi se me acaba comentó.

Al salir, se entretuvieron mirando los escaparates y charlando de muchas otras cosas. Llegando al final del pueblo, Procyon les hizo notar que la Casa de los Gritos no estaba lejos, así que decidieron echarle un vistazo.

Tal como decían los relatos, era algo siniestra. De al menos tres plantas, la casa estaba descuidada, con las ventanas cegadas y algunas paredes mostraban sendos hoyos. Un cercado los mantenía alejados del edificio al menos diez metros.

¿Alguien vivió en eso? se preguntó Rose en voz alta.

Si eso pasó, fue hace mucho tiempo aventuró Henry.

Observaron la casa un rato más antes de marcharse. La última parada que hicieron antes de volver al castillo fue en Dervish y Banges, donde Thomas pudo contemplar un montón de artículos mágicos, lo que volvió a entusiasmarlo.

Recuérdenme porqué es amigo nuestromasculló Walter, al ver ir de un lado para otro al pelirrojo anaranjado, secundado por Procyon y Sunny.

Bueno, nos cae bien le contestó Danielle Y se lo ha ganado.

¿Incluso con lo que piensa hacerle a Salisbury? sacó a colación Walter.

Incluso con eso. Al menos así lo vemos animado. Por cierto, ¿no le has sacado nada respecto a lo que lo tiene de ese ánimo últimamente?

Walter negó con la cabeza.

Le pasé el trabajito a Procyon, que lo conoce mejor admitió con gesto derrotado.

Danielle asintió, mostrando su aprobación.

Al final, la visita a Hogsmeade había resultado mucho mejor de lo que la Orden del Rayo había esperado. Se habían divertido mucho, conociendo la mayoría de los lugares de interés en el proceso y de regreso al castillo, ya estaban planeando lo que harían para la próxima ocasión. Hally recordó entonces que su novio le había pedido que le reservara la siguiente excursión, la cual probablemente sería antes de las vacaciones de Navidad.

Al menos la primera vez pude venir con ustedes afirmó con una gran sonrisa la chica ¡De verdad que fue divertido! Bien decía papá que esto era genial.

¿Qué cosa? se interesó Amy.

Salir de paseo a Hogsmeade con tus amigos.

¿Tanto le gustaba a tu padre? quiso saber Thomas.

Sí. Cuando venía al pueblo, lo hacía con mamá y el señor Ron, al menos casi siempre.

Ay, sí, papá también me habló de eso recordó Rose con la mirada perdida Que en las excursiones pasó muy buenos ratos.

Pat me contaba lo mismo remembró Danielle Además, Frida dice que fue en Las Tres Escobas donde él le entregó el anillo de compromiso.

¡Qué romántico! exclamó Amy por lo bajo Ernest y Harold también se la pasaban muy bien aquí recordó, aumentando el volumen de su voz.

Igual que Erica masculló Bryan Aunque me cansaba que me contara cosas que solamente a ella le gustaban. Como cuando abrieron la tienda de túnicas de la casa Umikaze.

 

Will no habla mucho de Hogsmeade comentó Sunny de pronto, frunciendo el ceño O eso será porque casi no nos hemos visto. Snape me tuvo prácticamente encerrada todo el verano, ¡eso es fastidioso!

Pero al menos te firmó la autorización señaló Thomas con una sonrisa entre pícara y melancólica Yo tuve que engañar a mi padre para que la firmara.

¿Y eso? se extrañó Procyon Papá firmó la mía sin siquiera leerla.

Bueno, por lo que les dije antes, que no quería que volviera, pero al final conseguí traspapelar la autorización entre algunos contratos que tenía que firmar y listo Thomas chasqueó los dedos, orgulloso de sí mismo.

Cuando actúas así, me das miedo bromeó Sunny, riendo al segundo siguiente en compañía de Rose.

Sí, ya me lo han dicho.

Thomas se adelantó un par de pasos, por lo que no vio las caras de sorpresa de sus amigos. ¿Quién podría haberle insinuado antes que él daba miedo?

Con una mirada, Procyon les pidió a sus amigos que lo dejaran a solas con Thomas, a lo que ellos accedieron sin reparos, adelantándose. Cuando el pelirrojo anaranjado miró por encima de su hombro, se sorprendió al solamente encontrar a Procyon, que le dirigía una mirada penetrante e interrogante.

¿Y los demás? preguntó.

Delante de ti.

Thomas vio al frente. Era cierto, el resto de sus amigos estaba por delante de ellos, era fácil saberlo al distinguir a sus seis amigas, que para la visita al pueblo, se pusieron de acuerdo para peinarse de manera similar, aunque cada una a su estilo. Sin darse cuenta, se puso a divagar preguntándose qué les pasaría por la cabeza a esas amigas suyas.

Rose, con la melena que poseía, le encantó la idea de recogérsela en dos coletas bajas, las cuales le daba un aspecto más inocente en conjunto con el vestido a cuadros rojos y amarillos que había decidido usar. Y para completar, la bolsa que le colgaba del hombro derecho hacía juego con el vestido

Por otro lado, Paula también lucía un par de coletas bajas, pero por lo corto de su cabello rubio apenas se notaban, agregándole que las coletas eran tapadas casi por completo por la capucha de su chaqueta azul, que hacía juego con el conjunto deportivo muggle que llevaba puesto, sus rigurosos aretes en forma de rosas y la mochila deportiva en forma de triángulo a su espalda.

Y ni qué decir de Sunny, que aunque también llevaba un conjunto deportivo muggle, era gris con líneas azules, las cuales combinaban con las ligas que ataban su cabello en dos "medias trenzas": había partido su melena castaña en dos, había trenzado solamente la mitad de cada parte y lo demás lo había dejado suelto. Su mochila deportiva, de diseño clásico y pequeño, era azul oscuro.

Amy era, definitivamente, lo más opuesto a Sunny que podía verse, aunque eso se sabía desde antes de verla con ese vestido amarillo de falda amplia y el chaleco negro atado al cuello con un listón también amarillo. Thomas creía que, inconscientemente, la castaña ojiazul trataba de reafirmar su pertenencia a Hufflepuff con esa ropa, sobre todo para tener contentos a sus padres, que últimamente no le escribían mucho. Las coletas altas de la chica estaban adornadas por moños negros y del hombro derecho, le colgaba la delgada correa de una bolsa negra.

 

Danielle, con mucho, lo había sorprendido. Sus dos coletas, en realidad, eran dos chongos en primer lugar, cubiertos por tela a la usanza oriental después de dejar mechones libres de los mismos. Su vestido y su saco largo eran grises con detalles del mismo tono de verde que sus botines y su bolsa, cuya correa llevaba cruzada, era blanca con verde, adornada con detalles orientales. Todo el conjunto, según la rubia, había sido el regalo de cumpleaños que Ryo le había dado ese año.

Por último, Hally sí que se había lucido. Su vestimenta, consistente en un pantalón corto y un saco largo de color rojo, combinaban a la perfección con sus zapatos. Las medias que lucía, largas hasta el inicio de los pantalones cortos, eran rosas, del mismo color que su blusa de manga larga. Como su cabello no era tan largo como el de Danielle o Sunny pero al menos lo era más que el de Paula, decidió sólo recogerse la mitad y hacerse una especie de chonguitos enroscando el cabello. Sinceramente, a Thomas casi le da risa cuando vio eso, pero las demás estaban gratamente sorprendidas con esa originalidad, así que mejor se quedó callado. Tener dos hermanas le había enseñado que no era bueno burlarse de la ropa o los peinados femeninos.

Chicas
murmuró de pronto No sabes si admirarlas o temerles.

¿Qué cosa? se sorprendió Procyon.

No, nada Thomas se encogió de hombros Ahora, suéltalo.

¿Qué?

No me engañas, ¿me vas a sermonear en nombre de todos por lo de Salisbury?

No, fallaste. Queremos saber qué te tiene
así.

La duda en la voz de Procyon no le ayudaba a Thomas a pensar en una excusa. Sabía que sus amigos no eran tontos, que acabarían dándose cuenta de que algo no estaba bien con él, pero tampoco estaba dispuesto a hablar de ello. Era sumamente difícil.

No se rehusó enfáticamente.

Pero Thomas

No repitió el aludido sin asomo de duda, aunque Procyon le notaba un leve rictus de desesperación No estoy para que ustedes también sepan de esto. Es mi asunto.

Ah, pues qué poco confías en tus amigos protestó Procyon amargamente.

Precisamente porque son mis amigos

No salgas con estupideces cortó Procyon, arremangándose lentamente la chaqueta negra Si te guardas esas cosas porque crees que nos proteges de algo, déjame decirte que no funciona. A mí me pasó por la cabeza no contarles lo de papá y los dementores, pero lo hice, ¿porqué? Porque ustedes podían ayudarme a sentirme mejor. Y si acaso no lo cuentas porque tienes miedo, entonces te diré que te queda la casa en la que estás.

Thomas lo fulminó con la mirada, cosa que Procyon francamente esperaba, pero no que su amigo tuviera un brillo tan frío en sus ojos verde claro.

No creí que usarías eso para insultarme comentó el pelirrojo.

No pensaba hacerlo, pero ahora te lo has ganado.

Los dos se veían a los ojos fijamente, retándose. Al final, Procyon hizo un movimiento inesperado y veloz que a Thomas lo tomó por sorpresa, aún más cuando lo sintió, antes de caer de sentón hacia atrás.

Procyon lo había golpeado.

¿Qué creen que están haciendo?

Paula había sido la primera en darse cuenta de que algo no estaba bien, dado que no había dejado de vigilar a sus dos amigos desde que los dejaron atrás. Así que en cuanto vio que Procyon se arremangaba, obligó al resto a volver, encontrándose con la escena. Y Procyon debía admitir que la expresión de Paula era atemorizante.

 

¿Se puede saber en qué estabas pensando? quiso saber la Ravenclaw, con los ojos entrecerrados en ademán de ira contenida Queríamos que lo animaras, que hablaran pacíficamente, ¡no que empezaran a molerse a golpes!

En sí, solamente yo golpeé corrigió Procyon con frialdad.

¡Ése no es el punto! intervino una Rose indignada.

¿Estás mal de la cabeza o qué? secundó Sunny.

No me lo esperaba de ti se atrevió a confesar Amy.

Procyon no contestó a nada de eso, sino que miró a Thomas, que seguía en el suelo, con una mano en la mejilla donde había recibido el puñetazo. Danielle se había acercado para intentar ayudar al caído a levantarse, pero una mano en alto del chico la detuvo.

Vaya forma tienes de arreglar las cosas comentó Thomas, incorporándose.

Sí, lo sé reconoció Procyon, esbozando una pequeña sonrisa.

Sacudiéndose la ropa, Thomas imitó la sonrisa de Procyon y acercándose a él, lo tomó del cuello y lo despeinó frotando un puño en su coronilla.

¿Porqué siempre tienes que ser tan brusco, eh? quiso saber, dejando a todos con la boca abierta Con que me hubieras amenazado con algo, habría bastado, ¡ese puñetazo sí que me dolió! Se nota que eres golpeador de quidditch.

Ah, gracias Procyon hizo una mueca Ahora, ¿podrías dejar mi cabello en paz? Y mi cuello, de paso.

Como quieras Thomas lo soltó enseguida.

Ustedes sí que son raros observó Hally de pronto ¿Así es como los hombres resuelven sus cosas, a golpes?

No siempre le respondió Thomas tranquilamente Solamente cuando uno de los dos es demasiado terco. Es
complicado explicarlo.

Y prefiero no saberlo pidió Hally, negando con la cabeza.

¿Y qué, todo está bien? preguntó Ryo, observando a Procyon y Thomas.

¡Oye! increparon las chicas.

¿Es lo único que te preocupa? quiso saber Danielle.

Más o menos le contestó Thomas a Ryo Tengo que pensarlo le dijo ahora a Procyon Pero supongo que terminaré contándolo. ¿Te importaría esperar?

A mí no, pero a ellas
Procyon señaló a sus amigas con un vago gesto de cabeza.

Las chicas adoptaron posturas ofendidas y dando media vuelta, los dejaron atrás.

¿Se enojaron? inquirió Bryan, preocupado.

Supongo, pero se les pasará aseguró Henry.

¡Es que nos adoran! exclamó Thomas con su entusiasmo habitual.

Tienes la autoestima muy alta, ¿eh? Walter sonrió con ironía.

Sin añadir más, los chicos se apresuraron a reunirse con sus amigas, para tratar de reconciliarse con ellas antes de la cena.

&&&

¿No eran tu prima y sus amigos?

Dean Longbottom era, junto con sus amigos, uno de los pocos transeúntes que deambulaban por High Street en el momento en que la Orden del Rayo entera pasaba por ahí. Janice Edmond, su novia, le hizo notar eso porque le pareció extraño que las chicas se fueran sin esperar a los chicos.

Sí, lo son respondió Dean tras ver aquello Es difícil que un grupo tan grande no discuta, ¿cierto?

¿Crees que se pelearon? Janice hizo una mueca de preocupación.

No será nada grave. Seguro en menos de lo que pensamos andarán como si nada.

Son de lo que ya no hay.

 

Ése fue el seco comentario de Mara Kreisky, que tomada de la mano de Nigel Thomas, ladeó la cabeza para tener mejor campo de visión de los doce jóvenes de tercero que ya iban rumbo al castillo.

¿Te parece? le preguntó Nigel, curioso.

Sí, me parece. Si son tan buenos amigos, seguro serán grandes magos.

Estoy de acuerdo comentó Dean, para enseguida consultar su reloj Con razón ya regresan, se hace tarde. ¿No nos falta nada?

Janice y Mara negaron con la cabeza, revisando las bolsas de compras que llevaban. Nigel simplemente hurgó en su morral tejido multicolor antes de negar también.

Con eso en mente, los cuatro emprendieron la marcha de vuelta hacia el colegio. Comentaban animadamente lo que habían visto en el pueblo, pese a haberlo visitado incontables veces en el pasado, pero ahora sus gestos tenían un aire nostálgico. Para las dos parejas, ése era su último año en Hogwarts y probablemente al graduarse tardarían mucho en volver a recorrer las calles de aquella población.

Ahora comprendo a los Insólitos soltó Dean al atravesar las verjas del castillo, luego que se agotara la graciosa charla de las parejitas que habían visto por las cercanías del salón de té de Madame Pudipié Si ellos no pueden venir por aquí cuando quieran, mucho menos lo lograremos nosotros.

¿Piensas estar muy ocupado para eso? bromeó Nigel.

No tengo idea. El trabajo que tengo en mente no es
algo sencillo. En realidad, ni siquiera sé si me acepten en el entrenamiento requerido, ni mucho menos estoy seguro que mis padres estén de acuerdo con

¿Y eso? interrumpió suavemente Mara, con su usual misticismo Dean, no creí que los obstáculos fueran tan grandes en tu mente. Tus padres no pelearon una guerra para que su hijo se amedrente frente a la vida real.

¿Eso qué tiene qué ver con el tema? se impacientó Dean, cosa que a Janice y a Nigel no les extrañó demasiado. El pelirrojo era muy sensible respecto al tema de sus padres y la segunda guerra.

Bueno, que si ellos lograron lo que querían, no veo porqué tú no. Serás un excelente investigador, de eso no tengas ninguna duda.

Dean ni se molestó en preguntar cómo era que Mara estaba al tanto de eso. Ya había visto (o mejor dicho, oído) que ella era capaz de ser muy exacta en predecir lo que habría de ocurrir. En cambio, Janice y Nigel fruncieron el ceño, confundidos.

Dean, ¿no ibas a entrar al Ministerio, como tu padre? quiso saber Janice.

Pues yo creí que sería sanador o algo así opinó Nigel Al menos eso deduje por las materias que tomaste para los ÉXTASIS. Casi todas son las requeridas en San Mungo.

Bueno, sí, me llama la atención la profesión, pero ofrecen una oportunidad en otro lado que no quiero dejar ir. Iré al entrenamiento en la Sección W (1) de la

¿Qué cosa? exclamó Janice, interrumpiéndolo ¿Por eso me pediste todos esos datos? ¿Quieres ingresar a la Sección W de la compañía?

Cuando dices "compañía"
comenzó Nigel, dudoso.

Janice asintió.

Sí, hablo de la Edmond Company.

Nigel mostró su sorpresa, pero Mara no tanto. A decir verdad, los cuatro sabían lo que era la Sección W de la Edmond Company, pero en alguna parte de su mente Nigel dudaba que Dean quisiera entrar a ella. Más que nada porque no tenía nada qué ver con lo que sus familiares solían hacer: el padre de Dean era empleado del Ministerio, en tanto su madre era una famosa ex-jugadora de quidditch que actualmente entrenaba al Holyhead Harpies, su antiguo equipo. Eso sin contar a los Weasley, que desempeñaban profesiones respetables (aunque en casos como el de Charlie Weasley y familia, también resultaban peligrosas). No, el punto en sí era que

 

¿Vas a trabajar con muggles? es la pregunta de la cual Nigel quería una respuesta, y que finalmente pudo pronunciar No malentiendas, seré mago pero mi padre es de familia muggle, así que no tengo nada en contra de ellos. Es que

¿No te lo esperabas? completó Dean, sin alterarse. Nigel asintió Bueno, admito que la idea me llegó de repente, porque ser sanador parece interesante, pero a veces no tienes la oportunidad de investigar el origen de alguna enfermedad o nuevas formas de curación. Así que cuando me tocó la orientación académica con Lupin, le expliqué esa inquietud mía y me habló del entrenamiento de la Sección W, que combina conocimientos de sanación con prácticas médicas muggles.

Así que por eso tardaste tanto con Lupin ese día recordó Nigel, pues su amigo había estado casi tres horas en el despacho del jefe de su casa cuando le había tocado presentarse a su orientación académica, hacía más de un año ¿Y porqué no nos lo habías contado? quiso saber finalmente.

Porque aún no estaba completamente seguro. Pero ahora, por como están las cosas, creo que es lo que más me conviene.

Dirigirás ese lugar un día si sigues esforzándote tanto soltó Mara inesperadamente, entre bromista y misteriosa Estaría bien, ¿no?

¿Qué, dirigir la Sección W? se sorprendió Janice, echándose a reír No podría a menos que mi hermano Steven, que es el actual presidente de la compañía, acceda. Y con eso de que no me soporta
la chica negó con la cabeza Ha mantenido la Sección W en funcionamiento a regañadientes y todo por petición de papá. Cree que podría ingresar en ella un día suspiró.

Pero tú irás a Gringotts, ¿no? comentó Nigel.

Janice asintió. Ella pretendía obtener un puesto en el banco mágico.

Si no hubiera sido bruja, me habría convertido en corredora de bolsa explicó.

¿Qué es
? comenzó Nigel, pero Mara le dio un suave apretón de manos y él, al mirarla negar levemente con la cabeza, decidió no preguntar.

Y es que Dean le dirigía una mirada extrañada a Janice. Como si viera en ella algo que no conocía pero que al mismo tiempo, hubiera estado esperando. Así que ahora fue turno de Nigel de hacerle un gesto a su novia para que se adelantaran un par de metros.

Tú sí querías ser presidenta de la compañía, ¿no? inquirió Dean por lo bajo.

Janice meneó su oscura melena, con los ojos cerrados. Cuando los abrió, el azul de sus orbes estaba más brillante, aunque no parecía que fuera a llorar.

Tenía ese sueño admitió, sonriendo ligeramente Cuando papá llegaba a casa y contaba lo que le pasaba en la compañía, era la única que ponía atención. Mis hermanos creían que eran historias aburridas, pero a mí me encantaban, como los cuentos con los que mamá me entretenía a la hora de dormir dejó escapar una risita Hasta Roland me veía entonces como bicho raro, al menos hasta que él mismo se especializó en el mercado de valores. Ahora trabaja en la City siempre que puede, aunque con el trabajo de Lizzy

 

¿Y porqué no lo haces?

Ya no soy la indicada. Tal vez, si hubiera estudiado una carrera muggle
Janice se encogió de hombros Además, ahora tengo otra perspectiva y quizá le haga caso a papá de formar parte de la Sección W. No sé, consiguiéndole fondos del Ministerio o algo así.

Pues según Lupin, eso les caería bien a los magos que trabajan ahí. Les reducen mucho el sueldo por cooperar con muggles.

Lo que es idiota, ¿no?

Sí, bastante. Oye, ¿crees que tu familia me llegue a aceptar?

Quién sabe. Mis hermanos son capaces de decirles a sus amigos que eres un vago sin oficio ni beneficio, sino, ¿cómo explicarían que estudias en un colegio de magos?

Buen punto. Aunque quizá a mí me iría peor si tuviera padres de sangre limpia que odiaran a los muggles. Te lanzarían maleficios sin miramientos.

Ambos rieron, sabedores de que esa clase de cosas no cambiarían fácilmente en el mundo mágico, a pesar de cuántas cosas ocurrieran en él. La discriminación era común tanto para magos como para muggles y siempre habría personas a favor o en contra.

Las consecuencias que vinieran después dependían de cada cual.

(1) La Sección W toma para su nombre la letra inicial de la palabra wizardry, que en inglés significa magia, brujería.

&&&

10 de diciembre de 2008. 1:45 A.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

¡Hola, gente querida! Sí, sé que esto es algo repentino, pero por una de esas cosas de la vida, parece que la inspiración no me abandonó en cuanto acabé el capi anterior del presente fic, así que me lancé a aprovecharla. Además, esto de la excursión ya lo tenía medio pensado desde no sé cuándo.

Por una parte, la querida Orden del Rayo aparece de nuevo, ¡ya era hora! Lo sé, lo sé, los tenía medio olvidados, pero era para que no me descubrieran el pastel muy pronto. ¿De qué? Pues de lo que le da al capi la palabra peleando en su título. Dígame alguien, ¿opina como Amy, que no esperaba esa reacción de Procyon? Los fan's varones (sí, aunque lo duden, los hay) que me platiquen algo de sus relaciones amistosas. Supongo que eso podría servirme en un futuro. Pero regresando al tema
Thomas simplemente no quiere soltar la sopa y dadas las circunstancias, supongo que le pasará algo muy extremo para que lo haga. Y eso ya lo tengo en mente, ¿cómo ven? Soy mala, lo sé, y ya verán cuánto cuando lean lo que le tengo preparado ahora al pelirrojo anaranjado ojiverde (es la
descripción corta más larga que he hecho de Thomas, ¿alguien entendió la paradoja en esa frase?). Y por cierto, si alguien quiere ver las ropas de las chicas (al menos las de Amy, Hally y Danielle) que me pregunte por mi hi5, donde tengo el dibujo. De las demás me inventé los atuendos sobre la marcha, y si no describí los de los chicos, es porque me pareció mucha lata. Aunque sí dije que Procyon trae una chaqueta negra (imagínenla de lo que prefieran, con eso de que muchas babean por él
)

Lo de Dean y compañía tenía que ponerlo porque
Bueno, este cuarteto me cae bien. Son serenos, pero valientes. Me recuerdan al trío original de Gryffindor y a la Ravenclaw loca que la
Innombrable (sí, la autora del universo Potter, a la que apodo así por ciertas muertes) introdujo en el libro 5. Además, ¿quién duda que vuelva a salir el tema después? Ah, mis queridos fan's
Esperen de mí cualquier cosa, jajaja.

 

Muy bien, me despido, no sin antes anunciar que para mi próximo Arcano, El Emperador, me decidí finalmente por Harry Potter. No es porque me instalara en mi capricho (al menos no por completo), sino porque era una de las sugerencias que me dieron por ahí (y fue el mismo fan de siempre, ¡eres un encanto, Sakurasukamori!). Aparte, he alcanzado los 100 comentarios en Fanfiction, ¡increíble! No creo que la persona que me mandó el centésimo review lo hubiera hecho si no se lo hago notar, así que ya pensaré si le doy una recompensa. Y no creo ir ni por la mitad del fic. A este paso, cuando termine la entrega, tendré trescientos, jajaja. Recen para que pueda escribir algo en estos días, que si no
La tendré difícil. Por si las dudas, de una vez les deseo felices fiestas. Cuídense mucho y nos leemos
pues espero que pronto, porque ahora tengo exámenes finales, vienen las vacaciones de invierno y estaré con la compu restringida. ¡Adiosín!


A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.


Dieciocho: Bajo lluvia y ataque.

23 de noviembre de 2019.

Norte de Escocia.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

El ambiente era meramente festivo. Los alumnos de tercer curso estaban sumamente agradecidos de que lo único que suspendía las clases de materias optativas de los sábados fuera la copa de quidditch. Se jugaría el primer partido de la temporada, Gryffindor contra Slytherin, en un día que nada tenía que envidiarle a la caída del diluvio universal.

Bien, equipo, el clima no nos sorprende, ha estado así toda la semana comenzó así Dean Longbottom con sus palabras de aliento en los vestidores Por no mencionar los vientos helados que nos aquejaron desde principios del mes

Sus compañeros de equipo hicieron una mueca de dolor ante eso. En uno de los primeros entrenamientos de noviembre, los cazadores suplentes se transformaron en confuso montón a causa de unas ráfagas que los desviaron de sus trayectorias, teniendo una caída espantosa.

Confío plenamente en que todo eso nos sirviera de algo Dean hizo una ligera mueca, como si no pudiera creer en sus propias palabras, cosa que los titulares no dejaron de notar con cierta aprensión Slytherin querrá aprovecharse de la situación para hacer alguna de sus jugarretas, pero no se dejen intimidar. ¿Entendido?

Hubo un coro de asentimiento con voces firmes, cosa que puso una leve sonrisa en el rostro del capitán.

En tanto, en los vestidores de Slytherin, Stewart sermoneaba a sus jugadores de manera completamente diferente. Más que nada, parecía como si los amenazara.

Hay que ganar este partido era lo que más repetía No es posible que no hayamos podido ganarles a esos Gryffindor's de quinta en décadas.

Danielle, Walter y Sunny arquearon imperceptiblemente una ceja, pues a ellos les daba igual esa rivalidad casi legendaria entre su casa y la de los leones, pero para el resto del equipo, su capitán tenía toda la razón del mundo. Y a ellos no les convenía pelearse con su capitán poco antes del partido.

 

Quiero buenos resultados concluyó finalmente Stewart A cualquier precio.

Y sin más preámbulos, salió de los vestidores seguido de cerca por sus jugadores.

¡Bienvenidos, damas y caballeros, a nuestro primer partido de la temporada! la voz entusiasta de Erica Radcliffe venía de uno de los cuatro megáfonos (el de color amarillo) que salía de un pequeño cubículo de cristal (obra del profesor Lovecratf), que era habitualmente el palco de los comentaristas ¡Gryffindor contra Slytherin! Muchos se preguntan cómo se ha formado semejante equipo titular en Gryffindor. Como cazadores, tenemos a Odette Wood, Alan Copperfield y el capitán Dean Longbottom varios aplausos de los aficionados de Gryffindor se dejaron oír, especialmente donde Janice Edmond y Nerissa Longbottom estaban sentadas y aferradas a sus paraguas Como golpeadores, Procyon Black y Henry Graham la Orden del Rayo que no jugaba aplaudió y silbó, más con los nombres que seguían Como guardiana, Rosaline Weasley Lawrence Finnigan hizo una mueca en su asiento Y como buscadora, Hally Potter.

El viento soplaba con fuerza, lo que impedía escuchar con claridad las aclamaciones del público. El profesor Krum observaba por encima de su cabeza las oscuras nubes que hacían increíble pensar que era de mañana. La pesada lluvia y los vendavales garantizaban un partido largo y complicado.

Y ahora vemos al equipo de Slytherin, comandado por uno de sus cazadores, Peter Stewart ahora comentaba la voz de Melvin Corner, la cual salía de un megáfono azul Los otros cazadores son Sunny Wilson y Oliver Mackenzie. Los golpeadores son Walter Poe y Montgomery Montage. El guardián es Todd Nott. Y la buscadora es Danielle Malfoy.

Slytherin solamente fue ovacionado por su casa, aunque la mayoría no estaba de acuerdo con la inclusión de Walter y Sunny al equipo. Tampoco toleraban a Danielle, pero ella era una Malfoy y la salvaba el hecho de ser una sangre limpia. Drusie y dos chicos que la acompañaban, una chiquilla oriental y un jovencito de tez aceitunada, fueron los únicos que sonrieron al escuchar los nombres de Danielle, Sunny y Walter.

A continuación, se nombró a los suplentes de primer año de cada casa, pero apenas se le prestó atención a ese hecho. La multitud, para entonces, estaba calada hasta los huesos y deseando resguardarse bajo techo.

¡Capitanes, dense la mano! ordenó el profesor Krum a gritos, para hacerse oír.

Dean y Stewart se acercaron y se dieron la mano con fuerza, frunciendo el ceño y mirándose de manera desafiante. El profesor hizo una seña y los capitanes se alistaron, esperando la liberación de las pelotas.

Las blugders y la snitch se perdieron enseguida, aunque la segunda con más rapidez que las primeras. Después de eso, el profesor Krum lanzó la quaffle, la cual fue disputada por Stewart y Dean en el acto, siendo seguidos de cerca por los otros cazadores.

El partido, oficialmente, había comenzado.

&&&

Después de dos horas, el partido no se decidía. El público había podido mantenerse al corriente por la narración de Corner y Radcliffe, que metidos en su cabina de cristal con hechizos impermeabilizadores, tenían una excelente visión del juego. Sin embargo, varios rogaban porque el encuentro terminara pronto. Hasta el momento, se habían dado dos reemplazos de jugadores en cada equipo, siendo uno de los más preocupantes el de Odette Wood por Luigi Alighieri: una bludger había salido de la nada y antes que alguno de los golpeadores pudiera reaccionar, golpeó a Odette en la cabeza, haciendo que perdiera la quaffle y cayera al vacío. De no ser porque Erica Radcliffe anunció el hecho con voz aterrada, la profesora Nicté no hubiera podido intervenir con un potente hechizo que hizo más lenta la caída de la chica, que de inmediato fue llevada a la enfermería. Hally, después de ver aquello, buscaba la snitch con cierta impaciencia.

 

En las gradas, sentados juntos a pesar de las miradas repulsivas que recibían de parte de los Slytherin's, los restantes miembros de la Orden del Rayo veían con nerviosismo el desarrollo del encuentro. Thomas y Ryo llevaban los omniculares que se habían comprado en los Mundiales de quidditch el año pasado, que con un buen Impervius, podían usarse sin problemas. Ellos se los prestaban a sus amigos por turnos, visiblemente preocupados.

Ojalá hubieran cancelado el partido susurró Amy de pronto No me agrada cómo se está poniendo esto.

Haría falta un verdadero huracán para cancelar un partido renegó Ryo de improviso Por lo pronto, esperemos que Hally o Danielle atrapen la snitch en cuanto puedan.

Estoy contigo musitó Thomas con aprensión, pasándole sus omniculares a Paula.

Oigan
llamó Bryan con voz titubeante, clavando la vista en un conjunto de gradas frente a ellos ¿Qué es eso?

Señaló con una mano lo más alto de las gradas al otro lado del campo, donde estaba de pie una altísima figura encapuchado, cuya túnica andrajosa era movida por el viento de manera casi fantasmal
y antinatural.

¿Eso es una persona? se extrañó Amy.

Paula enfocó los omniculares en aquel punto, pero para su sorpresa, la encapuchada figura había desaparecido.

¿A dónde se fue? se impresionó Ryo.

¡Anotación por parte de Sunny Wilson! exclamó entonces Melvin Corner a través de su altavoz azul Setenta a cincuenta a favor de Gryffindor. Ahora la pelota la lleva Bakunin, de Gryffindor, que se la pasa a Longbottom, quien va a toda velocidad

En tanto, Hally y Danielle seguían con su búsqueda. En un momento dado, llegaron a estar cerca una de la otra lo suficiente como para verse claramente a los ojos. Y en esa breve ocasión, no necesitaron palabras para decidir algo: tenían que acabar el partido con rapidez, sin importar qué equipo ganara.

Poco después, ambas lograron ver un brevísimo destello dorado cerca del suelo, en el área de Slytherin. Sin pensarlo mucho, se lanzaron en picada hacia él, sin prestar atención a nada más. Apenas si escucharon a Erica dar gritos de emoción al distinguirlas.

¡Potter y Malfoy han visto la snitch! ¿Cuál de las dos la atrapará primero?

Apenas había pronunciado la frase cuando Melvin anunció una anotación hecha por Milenka Bakunin, que había esquivado por poco una bludger enviada por Montage (evitando así salir del partido de la misma forma que Alan Copperfield, a quien había reemplazado). Luego de eso, el joven Ravenclaw se concentró en ver el vuelo de las buscadoras sin perderse detalle.

 

Sólo había una persona en el estadio que no contemplaba lo acontecido. Thomas, luego de entrecerrar los ojos para vislumbrar a sus dos amigas, de pronto sintió mucho frío. Al principio creyó que era por el viento y la lluvia, pero se preocupó cuando el ruido de esos elementos y el de los espectadores se extinguieron. Era como si se hubiera quedado sordo de golpe. Se llevó un dedo al oído derecho y se rascó con fuerza.

¿Thomas? nombró Bryan.

Pero el pelirrojo anaranjado no respondió. Parpadeó un par de veces, aturdido, y a la tercera notó con horror que una especie de neblina blanca le bloqueaba la visión.

¡No veo nada! soltó, asustado.

Ten le dijo Amy entonces, creyendo que quería los omniculares.

El chico no se dio por enterado. Seguía abriendo y cerrando los ojos con fuerza, pero no funcionaba; aquella neblina seguía ahí, sin dejarlo distinguir su alrededor. Y su reciente sordera dio paso a unos gritos furiosos en su cabeza que hacía mucho que no recordaba.

Fue tu culpa, niño. ¡Fue tu culpa!

No susurró con desesperación, llevándose las manos a los oídos.

Con ese brusco movimiento, hizo que Amy tirara los omniculares que le tendía.

¿Qué pasa? preguntó ella, confundida.

Se volvió hacia Thomas y se llevó una desagradable sorpresa. Su amigo estaba encorvado, tapándose los oídos y negando con la cabeza. Tenía los ojos muy abiertos y parecía murmurar algo.

¡Chicos! exclamó la castaña, angustiada ¡Algo le pasa a Thomas!

Bryan fue el primero en atenderla y comprobó lo que decía. Rápidamente hizo que Ryo y Paula se fijaran en la situación dándoles unos toquecitos en los hombros. Los dos Ravenclaw's se alarmaron mucho, pero lograron mantener la calma.

Ryo, ve a buscar a un adulto mandó Paula en el acto Esto no es normal. Que Bryan y Amy se queden con los omniculares le pasó los que tenía a su amigo Hufflepuff, mientras Amy recuperaba los omniculares que se le habían caído Ellos seguirán pendientes del partido por nosotros.

Los tres le hicieron caso y en tanto Ryo abandonaba con dificultades las gradas, Bryan y Amy recorrieron la cancha con la mirada. Paula, por su parte, se había inclinado hacia Thomas, intentando escuchar lo que decía.

No fui yo era lo que Thomas murmuraba una y otra vez No fui yo

Paula frunció el ceño y acercó sus manos al pelirrojo, tratando de alzarle el rostro, cuando ella también lo sintió. Un frío tan sobrecogedor que la hizo ponerse a temblar. Luego el sonido del ambiente se apagó para ella y a cada parpadeo, sentía que algo blanco, como humo o niebla, la dejaba ciega.

Chicos vociferó, sabiendo que para sus amigos, los gritos y la tormenta aún debían existir ¡Chicos, no veo nada! ¡Y me estoy congelando!

Amy seguía con la vista a Hally y Danielle, que perseguían con muchos esfuerzos la alada pelota dorada, pero Bryan alcanzó a oír a Paula y giró la cabeza. Su sorpresa fue mayúscula al ver lo que estaba parado tras ellos, en la cima de las gradas: encapuchados altísimos, con túnicas negras agitadas por el viento graciosamente, como si el agua no les afectada. Todas esas siluetas señalaban a Thomas y a Paula con manos largas, delgadas y de aspecto putrefacto. El joven Hufflepuff dio la alarma enseguida.

¡Dementores!

 

Esas manos, grises y viscosas con pústulas por todas partes, eran inconfundibles. A pesar de haberlas visto solamente un par de veces en un libro, Bryan no las olvidó. Se le grabaron más en la memoria cuando Procyon les contó a sus amigos el ataque que había presenciado en junio por parte de esas criaturas. Ante el grito del castaño, Amy desvió la vista del partido para mirarlo con espanto.

¿Qué dices? inquirió, incrédula.

Un frío envolvente, acompañado de ceguera y sordera sobrecogedoras, fueron su respuesta. Sin querer, dejó caer los omniculares y se llevó una mano al pecho, donde inconscientemente retenía el aire. Sin poder evitarlo, comenzó a sentirse desdichada y en su cabeza resonaron los desplantes de sus hermanos y todas las discusiones que había tenido con sus padres por ser amiga de Danielle. Era espantoso.

Por otro lado, Ryo no había llegado muy lejos en la búsqueda de un adulto. A mitad de una de las estrechas escaleras que daban acceso a las gradas, quedó acorralado. Un par de dementores lo esperaban abajo, apuntándole con sus pútridas manos.

¿Pero qué
? se sorprendió, antes de experimentar el peor frío de su vida.

Se tambaleó al nublársele la visión, pero logró apoyarse en una pared. Respiró atropelladamente y trató de no desesperarse, pero era tarde: unas voces en su mente, lejanas y resonantes, le hicieron acordarse de cómo sus abuelos paternos despreciaban a su hermana por el camino que había elegido y cómo sus padres no habían defendido a Sun Mei de todo eso. No quería recordar eso, pero de nada le sirvió desearlo.

El resto de los presentes en aquellas gradas tampoco podía evitar acordarse de cosas pasadas y tristes. El aviso dado por Bryan sobresaltó a los que estaban en los asientos contiguos, impulsándolos a huir. Pero pocos lo lograron, dejando tras sí a varios bajo la influencia maligna de aquellos seres.

Y en el campo, las cosas no iban mejor. En cuanto el profesor Krum se percató del peligro, quiso anular el partido, pero luego notó que los dementores no se interesaban para nada en los jugadores. Así que, pese a las señas de Dean Longbottom solicitando un tiempo muerto, hizo que continuara el juego.

¿Pero qué le pasa a Krum? se preguntó Rose con desconcierto, vigilando que no se acercaran cazadores de Slytherin a los aros Dean quiere tiempo muerto y lo ignora.

La lluvia seguía, así que apenas reaccionó a tiempo para parar un tiro de un chiquillo de Slytherin de tez morena, que había sustituido a Oliver Mackenzie media hora atrás. La pelirroja le pasó la quaffle a Alighieri y luego vio que en las gradas la gente se movía, pero de forma distinta a cuando apoyaban a su equipo. De hecho, hacía buen rato que no oía ovación alguna. Se preguntó qué rayos estaría pasando.

Fue cuando un frío débil pero asfixiante comenzó a invadirla, haciendo que sus dientes castañearan. Por alguna razón, supo que no era causado por la lluvia, porque sin más, empezó a sentirse decaída y abandonada, como cuando iba y venía entre sus tíos, antes que sus padres regresaran. Esos días estaban llenos de soledad para ella, a pesar de sentirse querida, además de recordar que odiaba sentirse una carga.

Rose sujetó con fuerza el palo de su escoba, intentando concentrarse. Vislumbró una sombra volar hacia ella, pero no la reconocía. Por si las dudas, le clavó sus brumosos ojos e hizo bien, porque resultó ser Stewart, dispuesto a anotar un tanto, seguido de cerca por Sunny. Stewart tiró, pero Rose logró parar el tiro y lanzarle la pelota a Bakunin, luego de lo cual vio pasar frente a ella dos manchas, una verde y otra roja, haciendo un vuelo en picada a gran velocidad.

 

Eran Hally y Danielle, que habían conseguido ver la snitch de nueva cuenta, luego de perderla a causa de la lluvia y una bludger mandada por Henry. Ellas también habían percibido frío y alboroto en las gradas, pero continuaron con la mente en el juego. De esta vez no pasaba, era lo que pensaban ambas; una de las dos atraparía esa escurridiza cosa dorada y concluiría el encuentro de una buena vez.

Y fue justo cuando ambas estiraron la diestra, codo con codo, buscando ganarle la pelota alada a la otra, que vieron algo a su derecha caer precipitadamente. Suponiendo que sería una bludger mal dirigida (algo más que probable por la poca visibilidad), las dos buscadoras estiraron aún más sus manos. Hally hizo un veloz movimiento con la suya y se apoderó de la snitch, mirando a Danielle con tristeza, a manera de disculpa. Sin embargo, la rubia le respondió ese gesto con uno propio que expresaba la poca importancia que le daba al suceso. Lo importante es que por fin podrían abandonar aquel clima, que cada vez era más peligroso.

Oyeron el silbatazo final, lo que las puso de mejor humor, pero luego no escucharon más. Como si se hubieran sumergido de golpe en el silencio, con un manto helado y denso cubriéndolas. En sus cabezas empezaron a resonar frases de sus más tristes recuerdos.

¿Qué clase de nombre es HHP?

Tú nunca tendrás una fiesta de cumpleaños, Danielle, y es mi última palabra.

¡Hazte a un lado, cuatro-ojos! Eres tan rara

No digas tonterías, Danielle. No necesitas un abrazo.

Somos no deseados, ¿sabías, HHP? Nadie nos quiere.

¿Que si alguien en esta casa te quiere? Danielle, no preguntes estupideces.

¡Basta!

Con un potente grito conjunto, Hally y Danielle abrieron los ojos (no se habían dado cuenta de en qué momento los habían cerrado) y apartaron esas voces de sus mentes, aunque les costó mucho trabajo. Se aferraron a sus escobas, de las que milagrosamente no se habían caído, mirándose entre sí con confusión. Sus capitanes se les acercaron en ese momento, haciendo que rompieran contacto visual.

¡Malfoy! gritó Stewart de muy mal genio Tenemos que largarnos de aquí, ¡ya!

Hally Dean le hizo un gesto de mano para que se acercara Debemos irnos. Las cosa no están bien aquí.

¿Qué pasa? preguntaron las dos chicas al unísono, sin comprender.

Obtuvieron respuesta en voz de Erica Radcliffe, amplificada por su megáfono.

A todos los asistentes se les pide abandonar el estadio lo antes posible. Hay una intrusión de dementores.

¿Dementores? soltaron Danielle y Haly, de nuevo a coro.

Eso explicaba el frío, la sordera, la ceguera y los gritos de terror de la afición. Era tal como Procyon lo había descrito de su experiencia con dementores en junio. Las dos amigas siguieron a sus respectivos capitanes, observando de reojo a su alrededor. Todo era un caos en las tribunas, la gente abandonaba sus lugares a toda prisa, unos cuantos magos les lanzaban cosas de vapor plateado a fantasmales figuras encapuchadas, pero las horrorizó en extremo ver que el profesor Krum examinaba a una figura tendida en el campo, cubierta de lodo, con la túnica de quidditch verde y plateada tan sucia como su largo cabello castaño.

 

¡Sunny!

Por cuarta vez en ese día, Hally y Danielle hablaron al mismo tiempo y sin importarles lo que dijeran sus capitanes, dejaron de seguirlos y volaron directamente hacia el profesor Krum, quien había recogido las pelotas en cuanto concluyó el partido y descubrió justo a tiempo que Sunny Wilson, cazadora de Slytherin, caía inconsciente. Le apuntó con la varita y logró que el daño no fuera mayor. Acto seguido, se le había acercado para evaluarla.

¡Sunny! escuchó el profesor tras él, y vio asombrado que varias personas se acercaban volando en escobas. Reconoció al primero en llegar, que de hecho era quien había gritado, como uno de los golpeadores de Slytherin, Walter Poe Sunny, ¿me oyes?

¿Pero qué rayos pasó? increpó Rose en cuanto llegó.

¿No escuchaste a la hermana de Bryan, Rose? espetó de mala gana Henry.

Nosotras vimos cómo se caía susurró aterrada Hally Potter, acompañada al aterrizar por Danielle Malfoy ¡De haberlo sabido
!

Soltó un sollozo ahogado y solamente al profesor Krum le sorprendió que ninguno de los chicos presentes se acercara a confortarla. Ninguno, excepto Procyon Black.

Tranquila con sumo nerviosismo, Procyon le pasó a Hally un brazo por los hombros Verás que Sunny se pondrá bien.

Profesor, ¿no hay que llevarla la enfermería? inquirió Walter con impaciencia.

El profesor Krum asintió y haciendo unos cuantos movimientos de varita, colocó a Sunny con suma delicadeza en una camilla que salió de la nada y que además, flotaba. Iba hacia una de las salidas del estadio, seguido de cerca por Walter, Danielle, Henry, Rose, Procyon y Hally cuando frente a todos aparecieron fantasmales encapuchados. Supieron qué eran al verles las manos, viscosas y llenas de pústulas.

¡Atrás, niños! rugió el profesor, para luego apuntarles a las figuras con la varita.

Una cosa plateada fue a embestir a los dementores, obligándolos a retirarse. El profesor Krum aprovechó eso para seguir adelante a paso rápido, acompañado aún por la camilla de Sunny y los amigos de ésta.

Ya en el exterior, se encontraron con la mayoría del público y el profesorado entero calmando a los asustados alumnos, al tiempo que la profesora McGonagall se acercara.

Viktor, ¿me quiere explicar por qué razón
? ¡Por las barbas de Merlín! la directora observó la camilla flotante y a su ocupante ¿Cómo pasó? quiso saber.

El profesor Krum hizo un breve relato de lo sucedido y la profesora McGonagall escuchó atentamente, observando al pequeño grupo que rodeaba a la desmayada cazadora de Slytherin. Cuando Krum dejó de hablar, tomó una decisión.

Vaya a las gradas del lado norteordenó Hay alumnos y público que no han podido salir por culpa de los dementores. Pídale a Demian, Abil y Remus que le ayuden.

El profesor búlgaro asintió y se marchó apresuradamente. Cinco segundos despuyés, un gemido ahogado de Danielle se dejó escuchar.

¡Thomas! susurró con pánico, volviéndose hacia sus amigos Chicos, Thomas y los otros
¡Se sentaron al norte! Los vi poco antes de empezar el partido.

 

Todos se miraron entre sí, angustiados. La situación era complicada y nada agradable.

También
¿Drusie también? preguntó Hally en un susurro, casi esperando que su rubia amiga negara con la cabeza.

Pero ahogó un gemido cuando Danielle asintió con gesto de angustia.

Ojalá pudiéramos ayudar en algo masculló Rose, frustrada.

Sus amigos asintieron. Pensaban igual que ella.

Espera, podemos rebatió Procyon con decisión, liberando a Hally de su medio abrazo ¿Recuerdan ese hechizo que hemos estado practicando cuando
no probamos con nuestro proyecto? ¿El que Thomas y yo encontramos en la biblioteca?

Debes estar bromeando espetó Henry en ese momento Ninguno de nosotros lo ha dominado aún. Ni siquiera yo añadió, no queriendo sonar engreído.

Pues habría qué intentarlo ahora.

La firmeza de Procyon contrastaba con los titubeos de sus amigos. Los comprendía, porque en el fondo, estaba igual o más asustado que ellos, pero no soportaba la idea de quedarse sin hacer nada. Simplemente quedarse esperando no estaba en su naturaleza.

Una mísera pregunta soltó Rose en ese instante, con una ceja arqueada que le daba a su rostro cierto halo de seriedad y misterio Si tantas ganas tienes de que ayudemos a los otros, ¿cómo nos escapamos de esto?

Señaló con una mano a su alrededor, donde los profesores vigilaban que los alumnos y el público fueran hacia el castillo, resguardados por sombras de humo plateado que salían de diversas varitas. Henry le dedicó una mueca de sorpresa a la pelirroja, pues por lo general, ella no era muy observadora. Hally alguna vez comentó que cuando Rose se ponía así, se parecía mucho a su madre y al recordar a Luna Weasley, Henry admitió mentalmente que aquello era cierto. Regresó su atención a la conversación cuando Procyon frunció el ceño, en actitud concentrada, lo que Henry reconoció como el signo de que su amigo estaba ideando un plan.

Que Walter se encargue decidió sorpresivamente No va a moverse de aquí.

El aludido, lejos de enfadarse al oír eso, asintió enseguida. Los demás creyeron comprender por qué aceptaba eso al ver que no se apartaba de la camilla de Sunny.

¿Quieres ruido o no? quiso saber Walter.

Mejor nada de ruido. La gente está muy asustada.

Ante la indicación de Procyon, Walter asintió de nuevo y devolvió sus ojos a Sunny, antes de hurgar en sus bolsillos y sacar su varita junto con un par de cosas. No tuvieron tiempo de averiguar qué eran, porque Procyon les hizo un gesto para que lo siguieran fuera de la vista de los profesores, hacia las gradas del norte.

Eso les recordó el día de su primer partido de quidditch, hacía dos años, cuando se lanzaron a buscar a Sunny por los terrenos del castillo. Las circunstancias no eran iguales, pero en una cosa coincidían al ciento por ciento.

Iban a prestar auxilio, aunque sabían que podían fallar en el intento.

&&&

El lado norte del estadio de quidditch se había convertido en un campo de batalla. No había gritos, ni heridos en el estricto sentido de la palabra, pero los hechizos volaban con fuerza y precisión desde uno de los bandos, en tanto el otro, silencioso y macabro, no hacía más que avanzar y retroceder, dependiendo de sus oportunidades.

Entre el público que se había ofrecido a ayudar estaban algunos magos que nunca se habían visto por ahí; seguramente eran visitantes de Hogsmeade con permiso de la profesora McGonagall para estar en el interior del colegio. Usaban túnicas con diseños extranjeros, pero nadie se iba a detener a indagar sobre sus intenciones. Lo importante era que realizaban unos excelentes movimientos para alejar a los dementores de sus víctimas, aunque un tanto arriesgados.

 

Uno de esos magos extranjeros, cuya cara no era visible por la capucha que usaba, logró finalmente colarse a la escalera bloqueada por dementores. Se encontró a la mitad de la misma a un chico de rasgos orientales, con la cara pálida y que se sostenía en pie por haberse apoyado en una pared. Se le acercó enseguida, tragando saliva.

¿Estás bien, muchacho? preguntó el tipo con voz baja y ronca.

Sí, señor respondió un aturdido Ryo Mao, respirando profundamente ¡Trolls, esto ha sido espantoso! exclamó por lo bajo, claramente molesto.

¿Hay más gente arriba? siguió el sujeto.

¡Mis amigos! Ryo pareció recuperarse por encanto, aunque aún lucía descolorido.

Una seña del adulto hizo que el chico se detuviera cuando ya había dado media vuelta para subir la escalera.

Están evacuando a todo el mundo le informó Será mejor que bajes y

Oiga, no puedo dejar a mis amigos solos allá arriba con esas cosas

Lo siento, pero será lo mejor.

Y sin decir más, el hombre se adelantó, dejando a Ryo desconcertado y sin saber qué hacer exactamente. Ya se estaba resignando a marcharse cuando detectó unas sombras que subían y sin pensárselo, sacó la varita. Quizá los nervios no le ayudarían si intentaba ese hechizo que Procyon y Thomas les hacían practicar de vez en cuando, pero

¡Ryo! escuchó, y sintió mucho alivio descubrir que quienes subían no eran otros que sus amigos, al menos los que habían jugado quidditch ese día. Lo había llamado Danielle, que venía tras Henry y Procyon, junto a Hally y Rose ¿Estás bien?

Sí, dentro de lo que cabe masculló el Ravenclaw, torciendo la boca al ver mejor al grupo ¿Dónde se quedaron Walter y Sunny?

Walter distrayendo y Sunny, en camilla resumió Henry tajantemente, arrancándole una mirada de preocupación a Ryo Te lo explicaremos después. ¿Y los demás?

Por toda respuesta, Ryo señaló hacia arriba.

Se supone que yo buscaría a algún adulto que nos ayudara, pero unos dementores me cerraron el paso se quejó Un señor me los quitó de encima y acaba de subir.

Pues nosotros también subiremos decretó Procyon ¿Cómo dejaste al resto?

Amy y Bryan estaban siguiendo el partido, así que no sé si los dementores les afectaron. Paula parecía tranquila, al menos cuando me fui. Thomas estaba peor, murmurando cosas sin sentido y tapándose los oídos.

Ryo contestó con sinceridad porque no veía qué ganaría si ocultaba la verdad. Mientras mejor informados estuvieran, mejor.

Vamos mandó Procyon, con la varita lista Por nuestro propio bien, esperemos que esta vez nos salga el encantamiento.

¿Piensas intentarlo en una situación como ésta? soltó Ryo, aunque también tenía la varita en la mano ¡Dragones, Procyon! Tú sí que eres temerario.

Tal vez, pero es lo único que puede ayudar ahora.

Dicho esto, el grupo de amigos subió la escalera lo más rápido que pudo, para llegar a las gradas y encontrarse con un agitado y feo panorama.

 

Aquellas gradas estaban mayoritariamente ocupadas por alumnos, lo que explicaba que Paula hubiera mandado a Ryo a buscar auxilio. El tipo que había subido antes ya estaba haciéndoles frente a los dementores, lanzándoles humo plateado sin descanso, en tanto impedía que un grupo de estudiantes fuera alcanzado por esos seres. Eso distraía a los dementores lo suficiente como para que no se percataran de los recién llegados, quienes tuvieron tiempo de concentrarse. Si querían realizar el hechizo a la perfección, tal como Thomas les había explicado una y otra vez, debían tener en mente lo más feliz que se les ocurriese, y sólo así

¡Expecto Patronum!

El primero en intentarlo, Procyon, demostró la razón para ser considerado uno de los genios de su generación. El humo plateado que provenía de la punta de su varita bastó para rechazar a un solitario dementor que los había percibido y se estaba acercando. El adulto que protegía a los afectados giró la cabeza en su dirección, con lo cual se distrajo y su Patronus empezó a desvanecerse.

¡Señor, cuidado! alertó Hally entonces, antes de alzar su varita e imitar a Procyon ¡Expecto Patronum!

Su intento resultó, aunque en la cara se le notaba el enorme esfuerzo que hacía para mantenerlo. El adulto siguió mirándolos (o eso parecía, debido a la capucha que le cubría el rostro), pero su varita estaba firmemente sujeta, apuntando al frente y alimentando su Patronus, que comenzaba a adquirir una forma vaga, como la de un animal de gran tamaño. El adulto bufó sonoramente, pero siguió con lo suyo.

En tanto, Hally y Procyon apremiaban a los demás con la mirada, para que hicieran su intento. Ryo fue el primero en hacerles caso, demostrando una gran habilidad al conseguir que su hechizo no solamente fuera humo, sino una figura fácilmente reconocible como la de una rana, delgada y de largas patas, que saltaba sin parar alrededor suyo. Rose no se quedó atrás, aunque su hechizo solamente mostró una cabeza de algo muy extraño antes de convertirse en humo, como el de sus amigos. El mismo resultado obtuvo Henry, pero seguramente era porque no estaba dando el máximo, dada la situación de riesgo. Eso lo sabría cualquiera que lo conociera.

La caballería, ¿eh? bromeó el adulto, cuando por fin logró que los dementores abandonaran aquella tribuna Niño, te dije que te fueras le espetó a Ryo, quien arqueó una ceja con fastidio al tiempo que su rana plateada saltaba a su cabeza y desaparecía.

Y yo le dije que no iba a dejar a mis amigos con esas cosas le recordó Ryo con fiereza, para luego abrir los ojos desmesuradamente ¡Gárgolas, mis amigos! ¿Dónde
?

No terminó la pregunta porque Rose le dio un tirón a su muñeca y lo arrastró hacia el rincón de las gradas donde había dejado a Paula, Bryan, Amy y Thomas. El adulto, que tenía a éstos a un lado, enseguida se inclinó sobre una figura sentada en cuclillas, que no dejaba de taparse los oídos, a pesar de que los dementores se habían ido.

Thomas
llamó Danielle cautelosamente, al acercarse.

Procyon se le adelantó, le hizo un gesto negativo de cabeza y se arrodilló al lado de su pelirrojo amigo. Le dio unas palmaditas en un hombro, lo que pareció sacarlo de su estado, pues dio un respingo y alzó la vista. Sus ojos, normalmente brillantes por la alegría y la curiosidad, ahora estaban vidriosos, como señal de que si no había llorado, estaba a punto de hacerlo.

 

¿Qué fue lo que pasó? inquirió, poniéndose de pie con dificultad.

Procyon procedió a explicárselo, en tanto el resto de sus compañeros revisaron cómo se encontraban Amy, Bryan y Paula, quienes aparte de sus caras pálidas y expresiones de susto, parecían estar bien. Cuando Procyon concluyó, Thomas frunció el ceño y no pudo reprimir un escalofrío.

Qué criaturas más desagradables masculló con verdadero rencor, antes de tambalearse y finalmente, desmayarse.

¿Qué pasó? se sobresaltaron las chicas. Incluso Drusie y su amiga, que iban una a cada lado de Hally.

Debieron afectarle más de lo que parecía, como a Sunny diagnosticó Henry con expresión sombría Hay que largarse de aquí antes que

Acab, estás en graves problemas.

Al escuchar cómo la profesora Nicté, recién llegada a las gradas en compañía de los profesores Lupin, Krum y Lovecraft, reprendía a su hijo, la Orden del Rayo supo que estaba en problemas.

&&&

¿En qué estaban pensando?

La profesora McGonagall era amada y respetada en Hogwarts porque, entre otras cosas, sabía impartir justicia, aunque tuviera que afectar a la casa de Gryffindor, de la que había sido jefa por muchos años antes de convertirse en directora. Ahora lo estaba demostrando, teniendo reunidos en su despacho a los jefes de las cuatro casas y a varios alumnos, todos ellos de tercer año, por lo ocurrido al final del partido de quidditch.

Jóvenes, quiero una respuesta sensata y sincera, y la quiero en este momento.

La directora recorrió con la vista a todos los estudiantes, pareciéndole increíble que la hija de una de sus mejores alumnas estuviera metida en aquel lío, al menos hasta que recordó que también era hija de uno de sus estudiantes más
atípicos. Hally Potter se mordía el labio inferior de vez en cuando, claramente sin saber qué decir, pero con una mirada que indicaba que no creía haber hecho nada malo. Esa actitud era compartida por Procyon Black, quien se recordó la anciana profesora, era el nieto de uno de los más grandes alborotadores del colegio. Rose Weasley no le sorprendía en absoluto, porque si en algo se parecía a sus padres era en la lealtad inquebrantable que demostraba a sus amigos, así que lo más lógico era que hubiera seguido a Hally en lo que fuera que ella necesitara. Lo que le parecía curioso era comprobar, mucho más de cerca, que Danielle Malfoy era tan unida a Hally como estuvieron enemistados los padres de ambas. En todo el rato que llevaban ahí, las dos chiquillas no dejaban de lanzarse fugaces miradas de apoyo. Henry Graham no había levantado la cabeza para nada, lo que seguramente era un signo de preocupación hacia las represalias maternas que le esperaban. Ryo Mao parecía tan indiferente por la situación que la profesora McGonagall creía que le estaba tomando el pelo, pero finalmente pudo detectarle una mueca cada vez que veía a su jefe de casa, quien no parecía muy complacido por tener que estar en el despacho. Y finalmente, la directora se preguntaba cómo era posible que Walter Poe hubiera logrado que sus amigos se escabulleran con unos simples cachivaches de Sortilegios Weasley y algunos hechizos de transformación básica. Seguramente la influencia de sus amigos estaba dañando su carácter centrado, heredado de su difunta madre.

 

Al pensar en eso último, la mujer dejó su examen visual y suspiró. Si se olvidaba por un momento de ponerse en los zapatos de los muchachos, no podría ser lo suficientemente imparcial. Necesitaban un castigo, cierto, pero de manera que comprendieran que no debían dejar de lado lo que los había orillado a actuar.

En primer lugar, deben saber que todos los afectados por los dementores están siendo debidamente tratados en la enfermería. La señora Pomfrey y la señora Finch-Fletchley trabajan a toda su capacidad, porque además de alumnos, se ofrecieron a darles los primeros auxilios a cualquier miembro del público que lo necesitara.

Un débil suspiro colectivo se oyó en el despacho ante aquella información.

Y en segundo lugar, permítanme avisarles que sus jefes de casa tendrán que aplicarles una sanción por su irresponsable intromisión en este asunto. Aunque al final, consiguieron ayudar la directora hizo un mueca, que no se sabía si era de orgullo o disgusto no tenían autorización para intentar siquiera enfrentarse a los dementores. Así que, súmenle al castigo de su respectivo jefe de casa el que les daré yo.

¿Cuál será su castigo, profesora? preguntó educadamente Henry.

Todavía tengo que pensarlo cuidadosamente, pero no duden que será a la medida de su falta. Ahora explíquense, ¿porqué hicieron semejante maniobra?

Los amigos se miraron entre sí, consultándose unos a otros. Finalmente, Procyon se aclaró la garganta y dio un paso al frente.

Disculpe usted, profesora McGonagall, pero no nos parecía correcto dejar a nuestros parientes y amigos atrás. Solamente fuimos a ver en qué podíamos ayudar.

Se escuchó un resoplido de desdén desde la silla del profesor Snape.

La directora volvió a suspirar, pero esta vez con cansancio. El asunto le recordaba dolorosamente a las dos guerras, donde personas apenas mayores que estos niños habían tenido que pelear a muerte para sobrevivir. ¿Porqué a estos chiquillos les había tocado esta época, con otra guerra en puerta, en la que sintieran la imperiosa necesidad de luchar sin descanso? No, mejor no pensar en eso. Había que guiarlos por un buen camino mientras fuera posible y después, que cada uno tomara sus decisiones.

Ya aclararemos esto más tarde, con calma indicó, lo que desconcertó a los chicos visiblemente Por ahora, pueden retirarse. Profesores, tenemos que tratar algunos asuntos respecto al suceso de hoy.

Los profesores asintieron, en tanto los jóvenes hacían respetuosos gestos y se retiraban. Cuando el último cerró la puerta tras de sí, Snape no pudo contenerse más.

¿Vamos a creer lo que esos niños nos digan? espetó con aspereza.

De momento, sí respondió la profesora McGonagall con resignación Aunque en particular, no me preocupa que desobedecieran la orden de evacuación. Lo que me llama la atención de todos ellos es

¿Su conocimiento del Patronus? aventuró el profesor Lupin, con el ceño fruncido.

Exacto. Tal parece que lo llevan practicando desde hace un tiempo. En casa no puede ser, la mayoría vive en el mundo muggle y tienen terminantemente prohibido hacer magia allí. Y por otra parte, deben haberlo practicado lo suficiente como para que les haya salido en una situación crítica, como fue la de hoy.

 

O no tanto se atrevió a decir Lovecraft, con aspecto imperturbable Conozco bien a los alumnos de mi casa, y puedo decirle que Mao logra realizar los hechizos a la perfección en poco tiempo. Y en mis clases, todos esos amigos suyos van muy avanzados. Claramente estamos ante un grupo particularmente talentoso.

Snape no pudo contener una mueca de desagrado. Recordó que su tutelada, en ese momento en la enfermería, también era parte de ese grupo y Lovecraft tenía razón. Incluso en Pociones esos mocosos sacaban buenas calificaciones, y eso que él no solía ser muy justo con la mayor parte de los Gryffindor's.

El punto es que se están adelantando a su generación expuso el profesor Lupin, con cara de no agradarle lo que estaba por opinar Pronto tendremos que mantenerlos vigilados, por si su sentido de la amistad los lleva a cometer alguna insensatez más grave que la de hoy. Hay que recordar que la mayoría de ellos hizo algo parecido hace dos años, aunque aquella vez no los castigamos.

Snape no tuvo nada en contra por eso. Él había estado presente en aquella ocasión, así que sabía, de primera mano, que Lupin tenía razón.

Hablen con ellos antes de imponer los castigos sugirió la profesora Brownfield con suavidad, siendo la única que no tendría que reprender a un alumno de su casa Hay que hacerles entender en qué estuvieron mal exactamente y quizá con eso, nos ganemos su confianza. ¿No es lo más lógico?

Concuerdo con Florence dijo la profesora McGonagall, asintiendo con la cabeza Ya luego les impondré mi propio castigo a esos niños, con una charla previa. Ahora, dejemos ese tema por un momento y concentrémonos en las defensas del colegio. Habrá qué reforzarlas para que los dementores no vuelvan a acercarse a los estudiantes.

Los cuatro jefes asintieron y enseguida comenzaron a proponer diversas estrategias.

&&&

En cuanto los liberaron del despacho de la directora, Hally y compañía se dirigieron a la enfermería. Cualquiera pensaría que tenían prisa, dado que algunos de sus amigos estaban siendo atendidos, pero apenas se sorprendieron al descubrirse caminando a paso lento, pero constante. Cada uno tenía mucho en qué pensar.

¿Cómo creen que estén? preguntó Rose finalmente, rompiendo el silencio.

Esperemos que bien deseó Walter, con aspecto pensativo.

No puedo creer que esas cosas se metieran al colegio comentó Procyon de pronto Con tenerlas cerca una vez tuve suficiente.

Y ahora todos sabemos lo que se siente le hizo notar Henry No hay de qué avergonzarse si se sintió miedo. Yo lo sentí. Recordé
cosas desagradables admitió, incómodo Creí que los libros exageraban con lo que decían.

¡Esfinges, Henry! No confíes tanto en los libros reprendió Ryo.

Mira quién habla ironizó Rose enseguida, como por acto reflejo.

Aquel intento de broma logró su cometido y los amigos soltaron algunas risitas. Lograron calmarse cuando llegaron a las puertas de la enfermería, abiertas de par en par y por las que entraban y salían bastantes personas. Observaron a su alrededor para ver si alguien les restringía la entrada, pero al ver tan ocupadas a las señoras Pomfrey y Finch-Fletchley, simplemente se colaron entre la multitud que iba en todas direcciones y se pusieron a buscar a sus amigos.

Procyon tuvo buena suerte y localizó a Thomas en una cama a su izquierda, cerca de las puertas. Iba a llamar a sus amigos, pero algo le dijo que esperara. Se aproximó a Thomas, encontrándolo despierto, con la vista fija en el techo y semblante abstraído.

 

Hola lo saludó con cuidado, por si estaba distraído.

Thomas no pareció sorprenderse. Más bien era como si lo estuviera esperando, porque lo miró y compuso una sonrisa irónica.

Black, amigo mío, creí que vendrías enseguida a mi lecho de convaleciente bromeó, aunque con pocas ganas ¿Dónde estabas?

Con McGonagall. Nos castigarán por intentar salvarles el pellejo, ¿puedes creerlo?

Aunque sonrió, Thomas no compartió del todo el chiste. Se encogió de hombros y se sentó en la cama, mirando hacia ambos lados.

Quiero irme, pero las enfermeras no me dejan comentó ¿Y los demás?

Seguramente buscan a los otros. Mira, ahí vienen.

En efecto, un grupo considerable se les acercaba. Bryan se apoyaba en Henry para caminar, lo mismo hacía Paula con Ryo y Amy con Rose. Thomas arqueó una ceja.

Falta Sunny indicó.

Está tan mal como tú o peor. Se cayó de la escoba.

Por lo visto, Thomas no lo sabía, porque abrió los ojos desmesuradamente.

¿Qué tienes? le preguntó Danielle a Thomas enseguida.

No sabía lo de Sunny se limitó a explicar Procyon, para librar a su pelirrojo amigo del embarazoso momento ¿La encontraron?

Sí, parece estar bien contestó Walter La señora Pomfrey nos dijo que está dormida por una poción que le dio, pero que estará como nueva para mañana.

Increíble que se cayera comentó Thomas ¿Qué fue, una bludger o un choque?

Ninguna de las dos cosas -aclaró Hally Los dementores agregó por toda respuesta, al ver la confusión en la cara de Thomas A todos nos afectaron, de una forma u otra. Si Danielle y yo no nos hubiéramos concentrado en la snitch, hubiéramos acabado igual, ¿verdad?

Al recibir la mirada de Hally, Danielle asintió, confirmando las palabras de su amiga.

Esto parece manicomio masculló Thomas tras una pausa en la conversación Ya quiero irme. Nunca me han gustado estos lugares.

Pero si ya has venido a la enfermería, ¿no? comentó Walter, extrañado.

Recordaba vagamente que hacía dos semanas, en clase de Herbología, Thomas había tomado por accidente una planta que provocaba ronchas al contacto, en lugar de la planta con raíces medicinales que estaban estudiando. La profesora Brownfield lo había mandado a la enfermería inmediatamente, y para la hora del almuerzo estaba como nuevo.

No me refería a la enfermería en sí corrigió Thomas con aires de sabihondo, unos que a veces mostraba cuando quería hacerse el gracioso Me refiero a esto con una mano, abarcó la estancia, donde las personas no paraban de caminar en todas direcciones con el ánimo caldeado y sin atender más que sus asuntos Parece manicomio repitió.

¿Qué es un manicomio? inquirió Rose, con el ceño arrugado.

Un lugar muggle donde internan a los que están locos le respondió Hally, suspirando En serio, Rose, ¿no recuerdas cuando Val nos habló de eso? Fue cuando comenzabas a visitarme en el orfanato.

La pelirroja sonrió torpemente, a modo de disculpa, lo que desvió la atención de Thomas, cosa que éste agradeció. Aprovechó el breve intervalo para reflexionar sobre lo acontecido, apenas prestando atención a cuando Hally y Danielle recordaron contarles el resultado del partido de quidditch (Gryffindor había ganado, para alegría de Rose y resignación de Walter). Los dementores, pese a ser criaturas despiadadas, le habían dejado un asunto sobre el cual reconsiderar. Algo que tenía que ver con ese puñetazo que se había ganado de parte de Procyon en su primera visita a Hogsmeade.

 

Quizá había llegado el momento de confesar.

&&&

6 de febrero de 2009. 11:25 PM (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

Hola, gente bonita, bienvenida sea a este capi de PGMM. Sí, sé que me extrañaron, o al menos lo deduzco por los comentarios que me han llegado. Pasemos ahora al capi.

En primer lugar, señalaré que este capi se llamaba, originalmente, Pesadillas. ¿Porqué? Simple: creí que podría explicar aquí algunas cosas que mejor dejaré para el siguiente, dada la longitud que alcanzó éste (es de veinte hojas de Word, ya saben especificaciones de letra y lo demás). No quise sobrecargar sus mentes con demasiada información. Más con lo que puse que pasó.

Este capi lo tenía planeado desde la segunda entrega, cuando pensaba en meter a los dementores en esta. Incluso gran parte de los eventos en el partido de quidditch los tenía en borrador (entiéndase por borrador que escribí todo eso en una libreta, a lápiz y a toda velocidad), inspirándome en la melodía de la peli Harry Potter y el Prisionero de Azkaban que sale en la escena, precisamente, del partido de quidditch bajo la lluvia. Dean Longbottom siempre me ha caído bien y quería poner un poco su actuación como capitán, que se parece un poco a su primo John por amable y concentrado. Y los comentaristas, Corner y Radcliffe, llevaron muy bien, ¿eh? (Nótese el sarcasmo).

Los dementores sí que se quedaron a gusto, colándose donde había gente entre alegre y fastidiada. Supongo que eso convirtió al público en un blanco fácil. Uno de los más vulnerables resultó ser Thomas, lo cual me lleva a uno de los asuntos que dejaré para el capi siguiente: ¿porqué a este entusiasta niño le afectaron tanto los dementores? Como él mismo piensa al final, llegó el momento de confesar. Esperemos que le resulte fácil hacerlo. Aquí entre nos (y al menos hasta que lo plasme en un capi), el peor recuerdo de Thomas es muy triste. Ya me darán la razón al leerlo.

Igualmente, Sunny salió mal librada. Se cayó de la escoba, aunque gracias a Krum, no sufrió mucho daño. También ella tiene algo por ahí, pero a diferencia de Thomas, se ha esforzado tanto en olvidarlo que prácticamente lo logró y eso no le afecta en su vida diaria, al menos no con frecuencia. Le ayuda mucho el hecho de haber encontrado a su hermano (¡ah, el buen Will
! Debo sacarlo pronto, ¿qué opinan?) y que Snape, aunque no lo demuestre seguido, se preocupe por ella. Ya veré si Sunny, después de todo esto, también llega a hablar de su pasado. Pero no creo que sea pronto.

Y los profesores ya le están echando el ojo a nuestra Orden del Rayo. Saben que son buenos, pero a veces demasiado impulsivos. Alguien me dijo alguna vez, en un comentario a una de las pasadas entregas, que debía mostrar a Hally como hija de Harry que es, que no se pareciera tanto a Hermione, y creo que aquí lo logré un poquito. Al menos ante los ojos de McGonagall, jajaja. Me encantaría redactar la reacción de Hermione cuando sepa lo que piensa la directora de su querida hija. Aunque tanto convivir con Harry (al menos en mi saga) quizá hagan que Hermione solamente se encoja de hombros y murmure algo como es una Potter, ¿qué esperaban, que fuera una blanca paloma? Ay, nomás de pensarlo, me da risa.

 

Bueno, aquí me despido, porque ya es tarde y quisiera subir el capi
No sé, ahora mismo o mañana a más tardar (pensando en que son tres páginas en las cuales publico, no es de extrañarse). Y les notifico que para el Arcano siguiente,
El Sumo Sacerdote, en vista de las sugerencias de mi fiel Asesino de los Cerezos (¿era así, verdad, Leo? ¿Puedo llamarte Leo?), colocaré a
¡Ryo Mao! No sé, pero me lo imagino bien de Sumo Sacerdote, ¿será por su ascendencia oriental? No, no me respondan. Mejor mándenme un buen candidato para el Arcano siguiente, en el que por única ocasión, podría considerar una pareja y por pura casualidad, queda perfecto con el mes: Los Enamorados. Cuídense mucho, feliz día de San Valentín y nos leemos
lo más pronto que pueda.

P.D. Leo, respecto a cierta propuesta que hiciste en la que anotaste kill me but true, debo darte la razón. Lo curioso es que en lo personal, ese personaje lo imagino mejor en otro Arcano. A ver si en un futuro me adivinas para cuál.


A Luigi, que era fan de Harry Potter tanto como yo. Disfruta esto desde el más allá, angelito.


Diecinueve: Pesadillas.

1 de diciembre de 2019.

Norte de Escocia.

Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Aquel domingo amaneció frío, sorprendiendo al alumnado entero con los jardines cubiertos por una delgada y crujiente capa de nieve. Los niños de primer año, algunos de regiones casi árticas, disfrutaban con ese paisaje, pero para la mayoría de los habitantes del castillo, diciembre solamente significaba que podían dejar atrás la experiencia del primer partido de quidditch de la temporada, supliéndola con

Fiestas
¡Del demonio!

Rose Weasley soltó aquello cuando ella, Hally, Henry y Procyon cruzaban el retrato de la Señora Gorda, de camino al Gran Comedor para el desayuno. Era una frase extraña en una chica a quien siempre le encantaba divertirse.

¡Ya verán, será una reunión familiar fenomenal! continuó la pelirroja, sarcástica Veremos a Sally, la esposa de Frank, pero tía Fleur echará humor por las orejas. Igual que tío George, porque Gina se casó nada más por estar enferma. Y para colmo, papá estará insoportable diciéndole a todo el mundo que tendrá otro bebé. Eso sin contar con John y su novia, igual que Ángel y su novia, ¡ah! Y Sam con su novia, ¿sabían que está saliendo con la famosa Krum? Será de locos concluyó, algo decaída.

Sí que tiene sus complicaciones tener una familia grande comentó Henry, aunque no con intención de rebatir a Rose, como de costumbre En mi caso, el problema es la familia que vive en el extranjero. Mi mamá quiere que vayamos a México
de nuevo.

 

¿Y de qué te quejas? Al menos también tendrás fiestas comentó Procyon.

Sí, pero

Henry se interrumpió, sin saber cómo explicarse. El asunto no era tan simple como que los husos horarios que atravesaba lo hicieran pedazos (cosa que en realidad, era cierta). No, mejor decir la verdad a medias. Al menos de momento.

Mi tía Itzi no me hace mucho caso reveló, haciendo una mueca Está en prácticas, en la Secretaría de Magia de México. A duras penas le darán vacaciones.

Menudas fiestas te esperan ironizó Procyon.

Al menos acuérdate de escribirnos pidió Hally vagamente, pues iba leyendo un libro de tapas duras color marrón, al tiempo que Rose la llevaba de un brazo Queremos saber que has sobrevivido al otro lado del mar.

Qué graciosa, Hally.

Los cuatro amigos siguieron bromeando un poco con el tema de las fiestas, hasta que llegaron al vestíbulo. Sus amigos Hufflepuff venían de los sótanos y los de Slytherin, de las mazmorras. Antes de entrar al Gran Comedor, Paula y Ryo alcanzaron a los Gryffindor's.

Buen día nos espera saludó Ryo, emulando de forma bastante precisa el tono de sarcasmo de Rose ¿Están listos?

Para cuando terminemos de desayunar, quizá Procyon se encogió de hombros.

No me dan nada de envidia musitó Paula, rodando los ojos.

Aquella mañana, la mayoría de la Orden del Rayo cumpliría con el castigo que les había impuesto la profesora McGonagall por el incidente de los dementores. Paula, pese a sus palabras, en realidad estaba preocupada por lo que podría pasar en el cumplimiento de esa sanción, que tendría lugar en el Bosque Prohibido en compañía de los profesores Hagrid. La Ravenclaw había acordado con Sunny, Thomas, Bryan y Amy trabajar en la biblioteca duramente mientras los otros cumplían su castigo, pues así les podrían pasar la mayor parte de las tareas que tenían pendientes. Y es que los profesores Lovecratf, Lupin y Snape no se habían medido con sus respectivos castigos, consistentes en redacciones de temas que una exasperada Rose juraba que eran "torturas encubiertas".

Claro que no te damos envidia corroboró Ryo con un mohín ¡Gárgolas! No me imagino qué haremos en ese bosque.

Nosotros tampoco, pero habrá qué resignarse Hally cerró su libro, con lo que pudo leerse el título, Mitos y Leyendas de la Antigua Inglaterra ¿Cómo has estado, Paula?

La aludida asintió con una ligera sonrisa. No comprendía la reciente manía de Hally de preguntarle eso, pero la agradecía. Demostraba que se preocupaba por ella.

¡Hola! saludó Thomas, mostrando su mejor sonrisa ¿Hoy tienen su día de campo?

No fastidies recriminó Danielle detrás de él Sabes que vamos a un castigo.

Lo siento, era un chiste.

¿Cómo les va con las tareas? les preguntó Walter a Paula y a Ryo.

Logré terminar mis redacciones extras para Lovecratf ayer Ryo se encogió de hombros Nada del otro mundo, la verdad.

El resto de sus amigos castigados lo miraron con cierto resentimiento. ¿Cómo se atrevía a decir eso el Ravenclaw, sabiendo que los demás estaban hasta el tope de deberes? En ocasiones, Ryo no sabía el efecto de algunas de sus frases.

¿Qué? preguntó el muchacho.

 

Nos dan ganas de asesinarte escupió Procyon por lo bajo.

Nosotros batallamos para terminar las redacciones extras de Lupin secundó Hally.

Y ni qué decir de las de Snape siguió Walter.

En pocas palabras, ¡no presumas! corearon sus amigos.

Ryo se quedó frío ante eso, para luego componer una mueca avergonzada.

Lo siento se disculpó.

Pobre, sí que te ha tocado un buen regaño lo consoló Thomas Para que te perdonen, deberías ayudarles en su día de campo.

¿Y tú sigues con eso? regañó Sunny Ya tienen suficiente con todo lo que les obligaron a hacer como castigo, ¿no comprendes la gravedad del asunto?

Bueno, intento eliminar un poco la tensión.

Eres imposible suspiró finalmente Rose Vamos a desayunar, que nos espera una mañana muy larga llena de trabajos forzados.

Hablas como si fueras una esclava apuntó Hally.

Rose se encogió de hombros, sonriendo ligeramente, en tanto el pequeño grupo entraba al Gran Comedor, para luego dividirse e ir a su respectiva mesa.

&&&

Muy bien, niños, ¿lo tienen todo?

Hally y el resto de sus amigos castigados asintieron ante la pregunta del profesor Hagrid. Él y su hija, vestidos de marrón y con botas de suela gruesa, les habían encargado el transporte de algunos costales, un par de palas, picos y cajas. No sabían para qué necesitarían todo eso, pero decidieron no preguntar. Además, el hecho de que fueran los profesores Hagrid quienes estarían al mando de aquel castigo no les parecía tan mal.

A lo largo del trimestre, Rubeus Hagrid había demostrado ser muy diestro en cuanto a manejo de criaturas se refería. Sus preferencias por seres monstruosos (como se reflejaba en el libro de texto de la materia) no era problema, en ocasiones incluso resultaba divertido
siempre que no te acercaras a él cuando trataba con cosas a las que no les hallabas pies ni cabeza. En cuanto a Val, sus clases eran muy entretenidas y siendo la mayoría del alumnado chicas, la profesora lograba un ambiente tranquilo y risueño en el que a los pocos varones que tomaban la materia no les incomodaba estar.

No salgan del sendero, chicos. Sígannos en todo momento.

La indicación de Val no pudo llegar en mejor momento, pues comenzaban a adentrarse a una zona del Bosque Prohibido frondosa y en penumbras. La mujer, acomodándose mejor una mochila que le colgaba a la espalda, sacó su varita y la encendió. Los chicos tras ella y su padre la imitaron.

¿A dónde vamos exactamente? quiso saber Danielle, un tanto nerviosa.

¡Ah, es cierto, no se los habíamos dicho! recordó el profesor Hagrid La profesora McGonagall nos preguntó a Valery y a mí si no teníamos alguna tarea pendiente, porque necesitaba imponerles un correctivo a unos muchachos, así que recordé que los corrales de los thestrals requerían reparaciones. Así que aquí nos tienen.

¿Thestrals? se sorprendió Ryo ¿Tienen thestrals aquí?

Claro respondió Val Ellos tiran de los carruajes de Hogwarts, ¿no lo sabían?

Los jovencitos negaron con la cabeza.

¿Y porqué no podemos verlos? indagó Walter distraídamente.

Sólo quienes han visto morir a alguien pueden verlos sentenció Henry

Exactamente el profesor Hagrid asintió con la cabeza Por eso se dice que traen mala suerte. Pero aquí tenemos la única manada doméstica de Reino Unido.

Vamos, padre, que tú hiciste un buen trabajo con ellos alabó Val.

 

Gracias, hija. Bien, hemos llegado.

Se detuvieron en un claro al que llegaban unos cuantos rayos de luz, colados por entre el espeso ramaje de los árboles circundantes. Los corrales resultaron ser muy sencillos, de largos troncos de madera desprovistos de ramas, unidos entre sí por cuerdas muy gruesas. Según les fue explicando el profesor Hagrid, todo lo que tenían qué hacer era revisar las uniones, avisar si alguna estaba en mal estado y reforzarla con el material que habían llevado. Además, construirían un bebedero para los thestrals, pues la fuente de agua más cercana quedaba lejos y el profesor temía que les pasara algo.

Padre, esas criaturas tienen el mejor sentido de orientación del mundo se quejó Val al escuchar aquella preocupación Siempre saben dónde está el sitio que necesita su usuario, además de que su velocidad es impresionante, ¿y temes que les hagan algo?

Al menos los thestrals no se pierden como tú, Val bromeó Hally.

Todos se echaron a reír.

Si bien era una sanción por mal comportamiento, los chicos disfrutaron la tarea. Estar al aire libre los hacía sentir bien, pese a que ya empezaba a refrescar el clima, y hacer actividades que no requirieran mucho uso de varita y libros les resultaba desafiante.

¡Eh, puedo estar más tiempo que tú! retó Procyon a Ryo, al inspeccionar ambos un punto de la cerca.

El Gryffindor se había trepado a lo más alto, caminado sobre la cerca. Tenía muy buen equilibrio, aunque se tambaleaba de vez en cuando. Walter miraba aquello con reproche, pero se sorprendió cuando Ryo secundó a Procyon con su jueguito.

¡Bájense de ahí! ordenó Walter, molesto.

Vamos, ¡es divertido! renegó Ryo ¡Sube tú también, Walter!

Ni loco.

Oigan, ¿puedo hacerlo yo también? quiso saber Rose, que había llegado hasta allí cargando con un balde lleno de una sustancia viscosa y amarillenta (era lo que usaban para reforzar las uniones de la cerca).

¿Estás loca? le soltó Walter.

¡Claro, sube! invitaron Procyon y Ryo.

Walter se asombró al ver a Rose alcanzar a sus amigos con increíble agilidad, a pesar de usar una falda larga a cuadros azules y amarillos.

¿Ahora qué están haciendo? intervino Henry Casi es hora de almorzar y

Diles que bajen pidió Walter, esperanzado.

Henry era básicamente racional. Seguramente podría

¡Eh, Henry! ¿Podrías medirnos el tiempo, para saber quién dura más?

Bien, Ryo, espera un segundo.

Walter se quedó boquiabierto con eso.

Ahora sí se acaba el mundo musitó, derrotado.

¡Ustedes tres, dejen eso ahora mismo!

Henry, que miraba su reloj, se sobresaltó un poco, pero nada comparado con Ryo, Procyon y Rose, que casi se caen. Vieron cómo Hally, con el ceño fruncido y con unas tablas en los brazos, negaba con la cabeza.

Tenemos mucho quehacer, ¡pueden jugar después! les reprochó la chica.

Mi salvadora susurró Walter.

¿Y tú porqué les sigues la corriente? quiso saber Hally, dirigiéndose a Henry.

Si no puedes contra ellos, úneteles se defendió Henry con indiferencia.

Son un montón de locos masculló Hally antes de marcharse.

De repente, se hizo el silencio. Los que se habían quedado ahí se miraron unos a otros, hasta que soltaron una carcajada.

 

Hacía mucho que no se divertían tanto. Habían pasado tanto rato preocupándose por la escuela, su proyecto y las noticias del exterior, que simplemente les sorprendió comportarse como lo que aún eran: unos niños. Al reanudar su labor, notaron que no eran los únicos, dado que pronto oyeron a Hally tararear al ayudar a Val con el bebedero nuevo. Incluso llevaba con los pies el ritmo de una melodía que nadie identificó excepto Walter, que dijo que era de un grupo muggle. Rose y Danielle poco después hicieron lo mismo, con una canción de Las Musas de Blair, lo que animó a sus amigos a aplaudir y pedir una función. Las chicas, riéndose, les ordenaron que dejaran de burlarse.

¡Hora de almorzar! llamó Val de repente.

Al final sí tuvieron el día de campo que tanto mencionó Thomas. Sentados sobre un gran mantel a rayas, los muchachos y los profesores compartieron algo ligero de comer, ya que aún no terminaban. Mientras los jóvenes charlaban, Val se acercó a su padre.

¿No son un encanto? comentó, sonriente.

Algunos me recuerdan a sus padres reconoció el profesor Hagrid Pero en general son buenos chicos. ¿Sabías que siempre están muy atentos en mis clases?

Los que cursan mi materia son iguales. Me pregunto porqué la profesora McGonagall insistió tanto en castigarlos

El profesor Hagrid se encogió de hombros.

Después de tres horas más, los chicos estaban algo sucios, pero satisfechos. Habían concluido el castigo en un día, lo cual dejó muy entusiasmado al profesor Hagrid, diciendo que a él el trabajo le habría llevado una semana entera. Regresaron al castillo con el ánimo alegre, comentando sin parar los sucesos del día. Al entrar al vestíbulo, muchos los miraron con las cejas arqueadas.

No es justo, ¿tan bien se la pasaron? se sorprendió Thomas a la hora de comer, cuando Danielle y Walter les contaron todo a él y Sunny en la mesa de Slytherin.

Sí, en realidad, fue interesante reconoció Danielle.

En ese caso, quisiera estar castigado refunfuñó el pelirrojo anaranjado.

No digas tonterías riñó Sunny.

Es que lo de ellos fue mejor que lo nuestro, ¡encerrados en la biblioteca!

Prometimos hacerlo para ayudarles, ¿te acuerdas?

Thomas asintió de mala gana, para terminar de comer poco después y marcharse sin esperar a nadie. Sus amigos de casa vieron aquello con inquietud.

¿Le ha pasado algo más? quiso saber Danielle.

Desde el encuentro con los dementores, Thomas había tenido que tolerar todo tipo de burlas debido a su desmayo. Por su carácter, el chico había sobrellevado el asunto con humor, incluso había hecho bromas al respecto. Sin embargo, algo en él no era igual que antes. Walter les había contado que Thomas se quedaba despierto hasta tarde, leyendo sin parar, para acabar yendo a clases a toda carrera y sin desayunar siquiera. Y ahí estaba otro punto de preocupación, que casi no comiera. Asaltaba las provisiones de dulces de Rose y Henry, pero en el Gran Comedor ya no se llenaba el plato.

En la biblioteca estuvo como siempre Sunny negó con la cabeza Parloteando y buscando libros raros. Quiere convencernos

¿Convencernos? inquirió Walter.

Sí. Quiere que creamos algo que no es. ¿Entienden lo que quiero decir?

Los otros dos asintieron, centrándose nuevamente en su comida.

&&&

Thomas sacó de su bolsillo un caramelo muggle de café, lo desenvolvió, se lo metió a la boca y caminó a paso lento. Había estado en la biblioteca toda la mañana, pero solamente haciendo tareas y buscándoles información a sus amigos castigados. Ahora quería ir allí para hallar algún libro interesante y entretenerse con él un rato.

 

¡Tú, grandísimo mentiroso!

Thomas arqueó una ceja, pues había reconocido la voz, pero le extrañaba la frase. Se detuvo, dio media vuelta y se encontró con que Procyon corría hacia él.

¿Y eso a qué viene? quiso saber el pelirrojo anaranjado.

¡Lo prometiste! soltó Procyon en cuanto estuvieron separados por un par de pasos, uno frente al otro Cuando saliste de la enfermería, ¡dijiste que se los contarías!

¿Hay alguna prisa?

La apatía con la que hablaba Thomas era devastadora. De pronto, Procyon no tenía ganas de seguir con sus reclamos, sino de animar a su amigo a dejar atrás sus miedos.

Bueno, quizá no, pero creo que te haría bien respondió el moreno finalmente, lo que consiguió producir una mueca de desconcierto en Thomas Además, dejarían de preocuparse tanto por ti, ¿te has dado cuenta de las caras que ponen los demás en estos días, al menos cuando te ven? Y yo no puedo decirles nada porque lo prometí.

No es justo, ¿eh? aventuró Thomas.

No, para nada.

Thomas lo pensó un momento. Si razonaba aquello desde el punto de vista de Procyon, tenía sentido. El único inconveniente estaba en la posible reacción del resto de sus amigos, porque Procyon se lo había tomado inusualmente bien. Suspiró.

Bien, bien. Nos vemos en la escalinata de piedra. Ve a acabarte la comida.

¿Cómo sabes que dejé el plato a medias?

Te conozco, amigo mío. Eres muy impulsivo en este tipo de cosas.

Procyon le dedicó una sonrisa irónica antes de asentir e irse por donde había venido.

&&&

¿Y dices que pidió reunirnos aquí porque
?

Rose, es algo importante, así que cállate.

La pelirroja arqueó una ceja, entre frustrada y meditabunda. Procyon no solía ser brusco, al menos no con las chicas. Que se comportara así solamente significaba que el tema a tratar le ponía los nervios de punta.

Los que habían cumplido castigo ese día estaban literalmente exhaustos, pero antes de retirarse a hacer tareas y descansar, accedieron a la petición de Thomas, hecha a través de Procyon. El joven Black insistió tanto que no pudieron negarse.

¿Creen que por fin vaya a contarnos qué le pasa? inquirió Sunny de golpe, rompiendo el incómodo silencio en el que estaban sumidos.

Eso espero Ryo se encogió de hombros, no muy convencido.

Ahí viene indicó Bryan.

Thomas bajaba la escalinata de piedra con aspecto meditabundo, cosa que sus amigos tomaron como presagio de malas noticias.

Hola saludó el pelirrojo anaranjado, sin mucho ánimo No sé, pero tengo la impresión de que últimamente, se preocupan demasiado.

Los demás, a excepción de Procyon, lo miraron con asombro.

Lo lamento se disculpó Thomas, sentándose en un escalón No fue mi intención.

Pues sí que lo demuestras bastante bien ironizó Henry entonces.

Te hace daño ser amigo de Rose le hizo notar Thomas con una vaga sonrisa Aunque yo también soy su amigo, así que no puedo quejarme.

Si no te molesta, Thomas, ¿podrías ir al grano? pidió Amy amablemente.

 

El aludido asintió, tomando aire.

Cuando era pequeño, no tenía ni la menor idea de qué eran todas esas cosas raras que me pasaban. Lo cual, siendo muggle, era normal. A mis hermanos no les importaba jugar conmigo; es más, lo encontraban divertido, porque a veces hacía levitar las muñecas de mis hermanas o los cochecitos de Scott. ¡Ah! Y no hay que olvidar a Jeremy.

En ese punto, varios de los chicos dieron un respingo. ¿No se suponía que el segundo nombre de Thomas era Jeremy? Aunque poniéndose a recordar, su amigo no parecía muy feliz la primera y única vez que les mencionó ese dato.

Jeremy era mi mejor amigo Thomas sonrió con triste nostalgia Lo conocí en la escuela muggle y nos caímos bien de inmediato. Él no se me acercó porque mis padres fueran famosos, aunque se emocionó mucho cuando los conoció dejó escapar una breve risa, para después ponerse serio Estábamos juntos cada vez que podíamos y cuando se empezó a dar cuenta de las cosas increíbles que me pasaban, no salió huyendo. Le parecían geniales y como a mis hermanos, le causaba risa que una pelota botara sola o que un muñeco cambiara de color. Pero un día

Thomas suspiró y sus amigos notaron que su semblante era más triste que nunca.

Teníamos ocho años. Fuimos al parque, a jugar fútbol. La madre de Jeremy nos acompañó, incluso nos compró helados antes de llegar. Ella se sentó en una banca a leer y nosotros nos fuimos por ahí. Jeremy
insistió en que hiciera que la pelota se moviera sola, era su truco favorito. Le dije que no estaba seguro de poder hacerlo, pero aún así lo intenté. Creo que me esforcé demasiado, porque la pelota salió zumbando frente a la madre de Jeremy, hacia la calle. Y justo cuando la señora regresaba la vista a su libro, Jeremy pasó frente a ella, tras la pelota.

Procyon, apretando los puños, se dio cuenta del trabajo que le costaba a Thomas contar todo eso. Así que se acercó a él y le posó una mano en el hombro.

Sí, sí Thomas le hizo una mueca a su amigo En fin
Fui tras Jeremy, gritándole para que se detuviera. Y al levantar una mano para sujetarlo, no sé
Mi magia debió empujarlo, porque lo siguiente que vi fue a mi amigo a mitad de la calle, recogiendo la pelota, y luego
Luego un camión. Uno grande, rojo, golpeando a Jeremy porque el chofer no pudo frenar. Fue horrible.

Los otros veían a Thomas con una mezcla de comprensión y espanto. Ahora les quedaba más que clara la renuencia del chico a no hablar al respecto. Presenciar algo así, cuando se era tan pequeño, debió ser espantoso.

Corrí a verlo recordó Thomas con los labios apretados Lo moví un poco, le pedía que me dijera algo
Fue cuando abrió los ojos y me miró. Y yo
empecé a ver lo que él estaba recordando. Eso de que ves pasar tu vida ante tus ojos cuando mueres, déjenme decirles que es cierto. Al menos con Jeremy lo fue.

Thomas se pasó una mano por la cabeza, despeinándose. El gesto le impidió notar las miradas de extrañeza y melancolía que intercambiaban sus amigos.

Obviamente me asusté, porque me puse a gritar prosiguió el pelirrojo anaranjado La madre de Jeremy llegó entonces, me empujó y creo que fui a dar contra el camión, porque sentí un golpe en la cabeza y me desmayé. Desperté en casa, en mi habitación, con mi hermana Sydney cuidándome. Cuando desperté, Sydney me pidió que me quedara en cama un rato, que iba a llamar a mis padres, pero cuando le pregunté por Jeremy y vi su cara
Entonces supe que había muerto.

 

»Me sentí muy triste. Y culpable, para qué negarlo. Después de todo, ser raro al final sí tuvo algo de malo. Les dije a mis hermanos que quería ir al funeral de Jeremy a disculparme, pero Sydney y Skye no quisieron oír de eso. Scott me llevó, a condición de no pedir perdón. "Fue un accidente, nadie está enojado contigo", aseguraba. Qué equivocada estaba.

¿Te
te culparon? preguntó tímidamente Amy.

Thomas vio a su castaña amiga y le dedicó una irónica sonrisa.

Por supuesto contestó, decaído En cuanto me vio llegar al funeral, la madre de Jeremy nos corrió a Scott y a mí, gritando que yo había matado a su hijo. Scott me sorprendió en ese momento, porque pocas veces se enoja y comenzó a gritar también, regañando a la señora por decirle algo semejante a un niño. Creo que la señora incluso habría golpeado a Scott si su marido no hubiera intervenido. Él fue más amable, nos pidió retirarnos y se excusó en nombre de su mujer. Pero cuando nos íbamos, todo el mundo me miraba. Y podría jurar que la mayoría pensaba como la madre de Jeremy.

El chico se encogió de hombros, como queriendo restarle importancia a lo recién dicho.

Tardé mucho en recuperarme de eso confesó, tratando de sonreír No sabía por qué había visto todo eso de Jeremy, así que me puse a investigar. Como tengo buena memoria, eso me ayudaba en clases. Pero a mis hermanos no les gustaba que sólo fuera a la escuela, leyera, comiera y durmiera. Ya no jugaba con ellos ni salía de la casa. Y mis padres, en aquel tiempo muy ocupados con el inicio de sus carreras, apenas si se daban cuenta del cambio. Pero fueron corriendo a la escuela cuando los llamaron para avisarles que iba camino al hospital.

¿Al hospital? se extrañó Rose, haciendo una mueca.

Iba a decir más, pero Procyon la calló con un gesto. Eso le hizo pensar a más de uno que Procyon estaba al tanto de esa historia, porque a medida que escuchaba no se sorprendía, sino que lucía más y más indignado.

Resulta que algunos niños, seguramente porque lo oyeron de sus padres, también comenzaron a culparme por lo de Jeremy explicó Thomas sin mucho ánimo Lo curioso es que ninguno era su amigo más que yo. Un recreo se les pasó la mano y me lanzaron de todo, con lo que una piedra me dio en un ojo y una pelota de béisbol me rompió un dedo. Y duele, créanme.

»No fue nada grave, así que solamente pasé una noche en el hospital. Pero mis padres comenzaron a pensar que algo pasaba, más con lo que mis hermanos les habían contado días atrás, así que me llevaron con un psicólogo

¿Un qué? se sorprendió Rose.

Es
como un sanador del pensamiento resumió Thomas con una sonrisa, sacando la lengua y señalándose la sien con un dedo, dejando a Rose con una expresión de total desconcierto Querían saber qué andaba mal conmigo, pero no hablé con el psicólogo de nada que no fueran libros y películas. El psicólogo creyó que mis padres no me prestaban atención, y ellos dejaron de llevarme. Pero mis hermanos se imaginaban por dónde iba el asunto y finalmente, decidieron contarles a mis padres las locuras que me ocurrían.

 

»Fue muy divertido, porque mis padres no se lo creyeron hasta que Skye me hizo enfadar frente a ellos y la volví pelirroja. Ellos no sabían qué hacer, andaban de un lado para otro, murmurando incoherencias, hasta que de pronto, mi padre recordó a un hombre que lo había visitado semanas atrás. Se vestía muy raro y quería hablarle de mí, pero como estaba ocupado, solamente le pidió alguna forma de comunicarse con él y el tipo le dio una tarjetita con un número telefónico. Así que decidió llamarlo. Resultó ser un tipo del Ministerio, de los encargados de vigilar la magia en menores de edad, y había ido a ver a mi padre por el incidente con Jeremy. Querían llevarme a San Mungo porque creían que sin querer, había practicado Legeremancia.

¿Legeremancia? soltó Paula, incrédula Bueno, eso explicaría lo que viste cuando murió tu amigo
reflexionó ¡Pero fue accidental! exclamó con indignación ¿Iban a llevarte al hospital mágico porque creían que eras peligroso?

No tengo idea y en ese momento ni siquiera sabía de qué estaba hablando ese tipo Thomas se encogió de hombros Simplemente puse atención cuando dijo que era mago y eso sí que causó una revolución con mis hermanos. Se quejaban de no ser magos también, pero al mismo tiempo, se imaginaban toda clase de bromas. Así son ellos rió brevemente Me apoyaron mucho. Insistieron en ir conmigo a San Mungo, ya que mis padres no podían hacerlo, y una vez allí, no paraban de moverse, preguntando por todo y riéndose con algunas tonterías que se les ocurrían.

»Allí tampoco hablé con los sanadores. Me hacían las mismas preguntas que el psicólogo y como él, comenzaron a creer que quería llamar la atención de mis padres. Mis hermanos alcanzaron a oír eso y no solamente Scott se enfadó, sino que Sydney y Skye también se pusieron como locas. La gente normal no lo entiende, pero no por ser actores y ausentarse tanto, mis padres eran desobligados. Siempre estaban al pendiente de nosotros. Así que Sydney me cargó, Skye y Scott le dieron patadas en la espinilla a los sanadores y me sacaron de San Mungo. ¡Quisiera ver las caras de esos sanadores si ahora mis hermanos y yo volviéramos allí!

Con ese pensamiento, Thomas pudo reírse un rato, lo que sus amigos sinceramente agradecían. Ya no soportaban verlo con aspecto desolado.

Después de eso, mis padres se tomaron un descanso en el trabajo para pasar tiempo conmigo. Les dije que no hacía falta, pero mi madre soltó que eso lo decidían ellos. Así que toda la familia se fue a un crucero, ¿pueden creerlo? Recorrimos el Mediterráneo y mis hermanos fueron el terror de los pasajeros el pelirrojo rió de nuevo Aunque no le mencioné a nadie lo que vi sobre Jeremy, sí me atreví a contar que había sido mi culpa, por mi magia. Y ellos alegaron que había sido un accidente y que cuando viniera a la escuela de los magos, aprendería a usar la magia sin lastimar a nadie. Así visto, suena como una paradoja, pero mis padres me dejaron claro que no creían que fuera mi culpa. Jeremy tuvo un accidente y murió, así de sencillo.

Thomas dejó escapar un suspiro, pero sus amigos inmediatamente supieron que seguía creyendo que el incidente de su difunto amigo era su responsabilidad. No podían decirle lo contrario o tratar de consolarlo, porque ya lo había escuchado hasta el cansancio.

Así que no se preocupen más dijo repentinamente Thomas, observando a todos con aire de sabelotodo y sonriendo ampliamente Ya lo tengo superado. El problema es que los dementores me lo recordaron de mala manera, es todo.

 

Como digas Sunny se encogió de hombros, denotando algo de sarcasmo en su voz Aunque si de verdad lo tenías superado, no te hubieras puesto tan mal.

Mira quién habla, la que se cayó de la escoba Thomas le devolvió el golpe.

¿Qué dijiste? reclamó Sunny con el ceño fruncido, algo avergonzada de que su amigo sacara el tema a colación ¿Te burlarás de mí por eso?

Ah, no, solamente me estoy defendiendo. Tú empezaste.

¡No puedo creerlo, eres imposible!

Sunny se acercó para darle un coscorrón a Thomas, quien no pudo esquivarlo y soltó una queja. Parecía ser que, en forma algo imprevista, el ambiente entre los doce amigos estaba volviendo a la normalidad.

No lo trates así le pidió Amy a Sunny con cierta preocupación.

Lo trato como se merece alegó la Slytherin castaña, haciendo una mueca.

Confiesa, solamente querías desquitarte conmigo alegó Thomas.

¿De qué, de lo del partido? se extrañó Sunny ¡Claro que no! Eso sería estúpido. Y suficiente tuve con aguantar a Snape preguntándome de qué me había acordado.

¿De qué te acordaste, por cierto? quiso saber Walter.

Ah, no, si no le dije a Snape, menos a ustedes masculló Sunny, cruzándose de brazos Ya quiero que sean las fiestas, ¡tengo permiso para pasarlas con Will! Así veré a los niños y platicaré con él largo y tendido.

La frase de Sunny fue la pauta para cambiar definitivamente de tema, en tanto dejaban la escalinata de piedra para entrar al castillo. El sol se ocultaba en el horizonte, ofreciendo un espectáculo de rosas y anaranjados que parecían sacados de un sueño. Thomas se quedó atrás un momento, observando el panorama.

Se sentía mejor tras haber contado aquella historia de manera coherente. Cuando al salir de la enfermería tras el incidente con los dementores, Procyon prácticamente lo había obligado a hablar, con lo que apenas pudo controlar algunas lágrimas. El recuerdo de Jeremy aún le dolía y más con los recuerdos de su fallecido amigo rondándole por la cabeza. Era increíble que al morir, lo que más confortara a Jeremy eran los recuerdos con él y no los de su familia rica, que le daba todo lo que quería.

Supongo que soy buena persona después de todo murmuró, ladeando la cabeza y asegurando A Jeremy le habría gustado esto.

¡Eh, tú! Procyon había vuelto sobre sus pasos, quedándose a dos escalones de distancia ¿Qué pasa? inquirió.

Nada, nada Thomas se encogió de hombros Irás a terminar tus tareas, ¿no? Se hace tarde y después mañana no podrás desayunar canturreó lo último en broma.

Mira quién habla masculló Procyon con fingido enfado.

Los dos amigos se echaron a reír y subieron la escalinata. Thomas sonrió al quedarse de nuevo atrás apenas por un par de pasos, contemplando las espaldas de sus amigos. Ninguno había hecho un comentario negativo al respecto, sino que se habían dedicado a escuchar y mostrarle una silenciosa solidaridad.

Sí, aunque ninguno se lo hubiera dicho, Thomas sabía que contaba con cada uno de sus amigos. No tendría que cargar con su dolor en soledad nunca más.

&&&

28 de Febrero de 2009. 4:25 P.M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México)

 

Hola, gente maravillosa. Espero que les haya gustado el presente capi de PGMM. Oh, si les contara las cosas que pasé para terminarlo

Poniendo el castigo de McGonagall, que fue ir a arreglarle su casita a los thestrals
Por fortuna ninguno de los chicos los ve, porque en caso contrario, había dado pauta a muchas explicaciones. Val no entiende porqué McGonagall castigó a los niños, pues los encuentra adorables (Val, no eres la única). Y eso sirvió para que por un rato, todos recordemos que los miembros de la Orden del Rayo aún son escuincles, a pesar de estar casi entrados en la pubertad. ¿Alguna otra persona cree, como yo, que la palabra
pubertad suena medio rara?

Por otro lado
N
o sé, lo de escribir traumas no es lo mío, aunque me gusta un poco de drama de vez en cuando. Sé que nadie en esta vida es perfecto y por eso quise mostrar el lado triste y sombrío de Thomas, un personaje que ha caído bien a varios(as) fan's. Si lo sabré yo, que con el capi anterior, querían enterarse de qué le pasaba al pelirrojo anaranjado. Y pues bien, aquí está. Las frases que escuchaba con los dementores eran casi todas de la madre de su amigo muerto. ¡Qué cruel! Si quieren mi opinión, nadie debería decirle eso a un niño, sin importar la edad que tenga. En el fic, a Thomas le dijeron eso con ocho añitos (ya me imagino lo tierno que sería entonces, pero eso no viene al caso) y Scott, que iba con él, se enojó con toda la razón del mundo. Y luego él y Skye dándoles patadas a los sanadores, ¡esos trillizos Elliott son lo máximo!

Bueno, ya, regresando al tema central
Thomas ha confiado en sus amigos, aunque Procyon parecía saberse la historia desde antes. Hay una mención de que nuestro pequeño Black lo obligó a sacar todo en cuanto salió de la enfermería, así que no digan que no lo aclaro. Si no puse esa conversación fue porque hubiera sido repetir gran parte de lo que revelé en este capi. Así de simple.

Y una preguntita que seguramente a pocos les pasa por la cabeza, ¿porqué cuando se encontró con los dementores, Thomas alegaba que no había sido él? Otro detalle simple: Thomas se siente culpable por la muerte de Jeremy, pero a la vez quiere convencerse, de alguna forma, que no tuvo nada qué ver, tal como le dicen sus padres y sus hermanos. Complicado, ¿no? Pero pongámonos en su lugar: la culpa no siempre sigue la lógica de la mayoría, sino la propia, así que el pobre chico no sabe qué creer.

En fin, basta de palabrería mía. No hubo propuesta para el siguiente Arcano, y es una lástima, porque febrero ha terminado hoy y Los Enamorados apenas quedaban para el mes del amor (que estoy en huelga con eso y prefiero decir que es el mes de la amistad, jajaja). Pero eso ya se arreglará. Cuídense mucho y nos leemos pronto.

Veinte: Ilusiones.

15 de diciembre de 2019

Londres, Inglaterra.

Bloomsbury, departamento de la familia Bluepool.

Muchísimas gracias por haberla traído, profesor.

William Bluepool no podía evitar sentir cierto recelo en presencia de Severus Snape, por mucho que Sunny le hubiera dicho que, en cierta forma, era buena persona. La niña prácticamente le había rogado a su tutor para que la dejara pasar las vacaciones con su hermano, cosa que todavía se preguntaba cómo había conseguido. El departamento, aparte de modesto, estaba en una zona muggle transitada y poco confiable desde el punto de vista mágico.

 

¿Está todo tal como me dijo? inquirió sombríamente el profesor Snape.

William asintió, reprimiendo a duras penas una mueca de hartazgo.

En ese caso, nos veremos en Hogwarts le indicó a Sunny, dedicándole una mirada de soslayo que ella correspondió con un asentimiento de cabeza.

Acto seguido, el profesor se dirigió a las escaleras y se marchó. William dejó escapar un suspiro de alivio al ver eso.

Creí que tendría que invitarlo a pasar masculló el rubio, encontrándose con una ceja alzada de Sunny Admítelo, no soy de su agrado se defendió.

Lo sé, lo sé Sunny volvió a encogerse de hombros en tanto William cargaba con la maleta de su hermana ¡Qué bonita! exclamó al ver la sala.

Me alegra que te guste. Cuando Gina y su amiga Mindy se pusieron a redecorar el mes pasado, temí que no se viera muy bien.

Pues es muy bonito. Y me gusta que tenga verde.

Bueno, aceptaba el rojo aquí o en el dormitorio.

Sunny lo miró con ojos muy abiertos, lo que provocó que William soltara una carcajada.

Era broma. Nuestro dormitorio tiene detalles en azul. En donde dormirás tú, la habitación de invitados, sí hay algo de rojo, pero no es mucho.

La castaña no le dio importancia a ese comentario. Se dedicó a observar los detalles, como los sillones de un tono verde musgo, la alfombra de color crema y la mesa de centro, de cristal con base de madera. Algunas fotografías (debían ser muggles, pues no se movían) le describían algunos momentos de William con Gina y los niños, incluyendo uno al que ella le hubiera gustado asistir: la boda de su hermano.

Mis suegros indicó William, señalando una foto donde él y Gina salían con George y Alicia Weasley Supongo que has oído de ellos por tu amiga Rose.

Sí, un poco. Sus tíos gemelos son los dueños de Sortilegios Weasley, ¿no?

Exacto. El padre de Gina se hace cargo de la sucursal de Irlanda del Norte.

Por cierto, ¿dónde está Gina? ¿Y los niños?

William ladeó la cabeza, extrañamente pensativo, para luego sonreír levemente e invitarla con un gesto de mano a que lo siguiera. Caminaron por un pasillo hasta el fondo, donde una puerta a la izquierda estaba entreabierta. William la empujó con suavidad y volviéndose hacia su hermana, se llevó un dedo a los labios, pidiendo silencio. Luego ambos entraron.

La habitación de los pequeños Bluepool estaba decorada en blanco y azul pastel. Las cunas se habían colocado una frente a otra, junto a dos ventanas que Sunny supuso que serían mágicas, porque mostraban un sol radiante y en la sala había visto que estaba nublado. Uno de los bebés tenía mantas azules y el otro, verdes. Por cierto, el que tenía mantas verdes andaba agitando los puñitos en alto, como reclamando atención.

Vince, ¿despertaste ya, bribón? William se acercó a cargar al gemelo despierto, seguido de cerca por Sunny Mira quién vino a visitarnos siguió el rubio, mirando a la castaña Anda, Sunny, ¿no quieres sostenerlo?

Antes de obtener respuesta, William le pasó al bebé con sumo cuidado, lo que por poco hizo que Sunny pegara un brinco. No obstante, la castaña se sintió extrañamente alegre al contemplar la carita de su sobrino, quien no dejaba de mirarla y sonreírle, estirando las manitas para intentar tocarla. La chica sintió un nudo en la garganta, como si fuera a ponerse a llorar.

 

¿Pasa algo? preguntó William, luego de asegurarse que Brad todavía durmiera.

No sé reconoció Sunny, con una sonrisa temblorosa Es
tan pequeñito y tan bonito
susurró, moviendo un poco a Vince, quien soltó una risita.

Cierto. Te hace pensar en muchas cosas. Po cierto, ¿te había mencionado que Brad tiene el lunar de nuestra madre en el mismo hombro que tú?

¿En serio? Sunny se sorprendió.

En serio. Y Vince lo tiene en el mismo hombro que yo.

Sunny sonrió, imaginándose el famoso lunar de estrella de seis puntas en los bebés. Vince la veía con una pequeña sonrisa, queriendo alcanzarle las mejillas con sus deditos.

¿Y Gina? volvió a preguntar, sin dejar de mirar a su sobrino.

William hizo una ligera mueca, sin dirigirle la vista a la castaña.

No tarda fue todo lo que contestó, echándole otro vistazo a Brad Ven, la esperaremos en la sala. Además, tenemos que hablarte de algunas cosas.

Al oír eso, Sunny frunció el ceño, lo que causó que Vince dejara de sonreírle.

¿De qué vamos a hablar? quiso saber, meciendo a Vince.

De seguridad William se encogió de hombros, caminando hacia la puerta para abrírsela a su hermana Como si con Snape no tuviera suficiente
masculló de pronto.

Ya en la sala, Sunny presintió que el asunto era un poco más serio de lo que su hermano quería aparentar. El rubio no dejaba de mirar nerviosamente a su alrededor mientras llevaba su maleta a la habitación de invitados. Era como si esperara que pasara algo. Además, Gina tardó todavía otra hora en llegar al departamento mediante aparición.

¡Hola! saludó la pelirroja, sonriendo suavemente. Cargaba bolsas en ambas manos.

Ah, hola respondió Sunny débilmente, pues había logrado que Vince se durmiera otra vez.

¡Llegaste, Sunny! Gina le dedicó una sonrisa un poco más amplia, al tiempo que depositaba las bolsas en uno de los sillones Me alegra mucho. Fui de compras porque en Navidad iremos a La Madriguera, ¿sabes? ¡Todos los Weasley reunidos, como cada año!

¿La Madriguera? Sunny se imaginó la cara de Rose al verla allí y sonrió ligeramente.

Exacto. Casi no he podido salir, así que aprovecharemos para pasear un poco con los niños, ¿cierto, William? el aludido asintió con la cabeza distraídamente Y no hay que perderse el sermón que tía Fleur le echará a Frank por casarse así. ¡Será genial!

Gina, ¿lograste comprar todo? preguntó William entonces.

¡Ah, sí! Lo dejaré en nuestro dormitorio la pelirroja le dirigió una breve mirada a Sunny antes de volverse al chico Lleva a Vince a su cuna y después puedes comenzar.

William asintió y todo aquello se hizo en menos de dos minutos. Sunny, que se sentía con los brazos extrañamente vacíos sin su sobrino, se preguntó qué se traerían entre manos su hermano y su cuñada. El rubio había dicho algo de seguridad, ¿pero a qué se refería?

Muy bien, ahí vamos musitó William cuando él y Gina estuvieron sentados frente a Sunny, uno junto al otro Debo decirte que fue muy difícil conseguir que vinieras a pasar las vacaciones aquí, hermanita. Snape no quería ni oír del asunto. Prácticamente tuve que rogarle.

 

No me sorprende masculló la castaña con cierto sarcasmo.

Al final, Gina y yo acordamos que, como de todas formas íbamos a implantar protecciones mágicas en el departamento, que podíamos empezar en estas fechas

¿Protecciones mágicas?

El matrimonio Bluepool se miró por un instante con seriedad antes que Gina suspirara.

Las cosas no van bien reconoció William Aunque Reino Unido sigue relativamente en paz, el ataque de junio con dementores es preocupante. Si la situación en Europa continental sigue como hasta ahora, tememos que el país entre en guerra.

A Sunny no le sorprendía escuchar eso. Más o menos había llegado a la misma conclusión al discutir las noticias de El Profeta con sus amigos. Y con la remesa de alumnos de primero que había entrado en septiembre, era evidente que el continente ya no era considerado seguro. Hizo una mueca irónica al recordar que cuando quiso preguntar al respecto, Snape simplemente se había quedado callado, sin ningún signo de querer saciar su curiosidad.

Por suerte, William es excelente en Defensa Contra las Artes Oscuras alabó Gina, lo que causó en su marido un gesto de indiferencia Los hechizos de ocultación son sencillos, pero preparamos algo extra para complacer al profesor Snape Gina hizo una mueca de disgusto a la mención del tutor de su cuñada Ahora este lugar está bajo un Fidelio.

¿Un qué? soltó Sunny, confusa.

Es un hechizo sumamente complicado procedió a explicar William Consiste en ocultar algo mágicamente en la mente de alguien. Lo que sea que se esconda de esa forma, no se puede hallar. Generalmente se usa para proteger sitios de gente no deseada. Este departamento, por ejemplo hizo un gesto de mano para abarcar su entorno Ahora nadie puede encontrar este lugar, a menos que yo le haya dado la dirección, pues soy el Guardián Secreto.

¿El Guardián Secreto?

Así es. El departamento está escondido en mi cabeza mediante el encantamiento Fidelio. Si yo no digo dónde está, nadie puede hallarlo.

Pero entonces
Snape

El profesor Snape sugirió usar el Fidelio apuntó Gina Aunque debo decir que lo hizo de muy mala gana. Como si se acordara de pronto que William era capaz de hacerlo.

A la vez, el nombrado y la castaña presente rodaron los ojos con impaciencia.

Así es él admitió Sunny, muy a su pesar Entonces, ¿ahora puedo venir cuando quiera?

Ésa es la idea, aunque Snape no esté muy de acuerdo William asintió con la cabeza.

Sunny sonrió poco a poco con verdadero deleite, como pocas veces. William la imitó al cabo de unos segundos y entonces Gina contempló con sus propios ojos lo que solamente Thomas Elliott había vislumbrado en alguna ocasión.

Ambos hermanos sonreían de manera idéntica.

Qué familia tan guapa bromeó la pelirroja en ese instante, granjeándose miradas incrédulas de los otros dos Seguro mis niños serán asediados por las chicas con semejante herencia.

Y soltando una carcajada, logró que William y Sunny la vieran como si estuviera loca.


15 de diciembre de 2019.

 

Manhattan, Nueva York.

Little Central Park, Central Park.

La ciudad de Nueva York es una de las más famosas y grandes del mundo. Centro de finanzas, espectáculos y glamour, parece ser una metrópoli que lo tiene todo. Incluso para los magos.

En un rincón muy aislado de Central Park, los magos estadounidenses habían instalado lo que llamaban Little Central Park. Tenía todo lo que el parque muggle podía ofrecer, con algunos agregados mágicos que lo hacían más interesante.

En época de Navidad, lo más concurrido de Little Central Park era la pista de hielo y las tiendas a su alrededor. La pista, creada con un pequeño lago como base, rebosaba de personas sonrientes que patinaban con gusto, aunque no siempre con gracia. Y a pocos les incomodaba darse de bruces contra el suelo, de lo contentos que estaban.

¿Quieres venir de una buena vez? Anda, no es tan difícil.

Frida Malfoy miró a su marido con el ceño fruncido. Ambos planearon esa excursión a Nueva York con sus hijos y Danielle desde hacía semanas y ahora Patrick no quería acercarse a la pista.

Quizá para ti renegó suavemente Patrick, cuidando a sus gemelos, que descansaban de lo más tranquilos en una doble carriola muggle ¿Porqué me trajiste?

Oh, vamos, ¿no me digas que no quieres aprender?

Francamente no.

La pelirroja dejó caer la cabeza con resignación.

¿Es por las caídas? se atrevió a preguntar No te preocupes, hay un encantamiento especial para que el hielo no te haga daño.

No es eso.

¿Entonces?

Patrick hizo una mueca.

Vamos, Pat, ¡es divertido! animó entonces Danielle, que regresaba de dar su cuarta vuelta a la pista Muchas gracias por traerme, Frida.

De nada Frida observó cómo Danielle se iba nuevamente a recorrer la pista a paso lento para después acercarse a su esposo ¿Crees que lo harás peor que Danielle? preguntó en un susurro, cuando estuvo lo suficientemente cerca.

No exactamente. Sólo que
es incómodo que tu hermana pequeña tenga más talento que tú.

Frida contuvo a duras penas una carcajada.

Si es por eso, no eres el único al ver que Patrick arqueaba una ceja, Frida se explicó Aunque no parezca, Ángel me hacía sentir envidia. El quidditch se le da de maravilla.

A ti también.

¿Todas las posiciones? rebatió Frida con aire divertido Es condenadamente bueno.

Bien, lo capto Patrick hizo una mueca de resignación Espera un minuto, ¡Corney!

De la nada, apareció el elfo doméstico de los Malfoy, luciendo un suéter verde que le quedaba demasiado grande. La criatura hizo una reverencia.

A sus órdenes, amo.

Cuida a los gemelos en lo que estamos en la pista ordenó Patrick, señalando la carriola Y échale de vez en cuando un vistazo a Danny agregó, tras pensárselo un instante.

Lo que diga el amo. Todo sea por la joven ama y los futuros amos.

Y pensar que antes lo trataba tan mal
musitó Patrick cuando, diez minutos más tarde y con patines puestos, recorría la pista de hielo lentamente, de la mano de Frida Creo que me obedece solamente por Danny, por los niños y por ti.

¿Quién, Corney? No es cierto. Danielle dice que al principio lo sorprendiste, pero nada más.

Eso y que tú te casaras conmigo.

Eso también.

Pasados unos minutos, la pareja empezó a patinar un poco más aprisa, conversando de cosillas sin importancia, cruzándose de vez en cuando con una sonriente Danielle. Frida, sin que Patrick se diera cuenta, quiso soltarlo para que anduviera por su cuenta, pero él no la dejó al aferrarse a su cintura de manera rápida.

 

Ni se te ocurra amenazó cariñosamente el rubio Si me caigo, no vuelvo en mi vida.

Pat, no exageres.

Es en serio.

Encogiéndose de hombros, Frida