Historia de Amor - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Antes que nada, este fic pertenece a un mexicano cuyo nombre desconozco, en otra web pudieorn haberla leido posteada por CLOUD, pedí su autorización para publicarla aca en HA y ella felizmente me la concedió, asi que por favor NO ME DENUNCIEN POR PLAGIO, sepan que la historia no es mia y no me estoy apropiando de ella. Por otro lado es la historia más hermosa que leí hasta ahora, es bastante larga así que si te gustan las emociones fuertes y leer mucho esta es definitivamente la historia para vos.

1.- Atrapados en la Sección Prohibida

Ella no sabía por qué sentía frío en una noche tan calurosa; sus manos temblaban, sus labios se secaban. Se sacó los zapatos y los mantuvo en sus manos mientras bajaba las escaleras de la sala común silenciosamente. Saltó el tercer escalón, pues rechinaba siempre. En aquellos momentos, cualquier movimiento en falso hubiera resultado fatal.
Observó la soledad de lugar que normalmente estaba habitado por Gryffindorianos que reían y charlaban mientras ella, como siempre, se encerraba en un libro para huir de la triste realidad de su vacío existencial. Mientras salía de la sala común recordó infantilmente cuando su madre solía contarle cuentos en la oscuridad, cuando la luz fallaba; cuando aún no conocía la profundidad de los pensamientos humanos y lo destructivos que podían llegar a ser. Hubiera querido escuchar uno en aquellos momentos, sí, en su cama, junto a su madre; y no tener que ir a la biblioteca, a encontrarse con su peor enemigo.

William humedeció la punta de la pluma sobre la tinta y comenzó a escribir lo que sería su primer libro:


¿Qué es el tiempo? Muchos dicen que se trata de la duración de las cosas sujetas a cambio, otros dicen que es la gran y única condena del hombre. Yo, personalmente, creo que el tiempo es la soberana medicina de nuestras pasiones, pues proporciona nuevos y diversos objetos a la imaginación, que borran las antiguas impresiones por profundas que sean. Es un río que arrastra todo lo que nace; es el destructor de la vida y de los más firmes sentimientos. Si el tiempo es tanto dentro de la vida del hombre, ¿Por qué tenemos que conformarnos con verlo pasar? Dicen que él es irreparable, que lo que sucede no se repetirá jamás. ¿Por qué he de conformarme con tal terrible afirmación? Si sé que en mis manos hay magia, si sé que puedo cambiarlo, lo haré. Cambiaré el pasado, y el tiempo renacerá de las cenizas.

Sonrió sintiéndose conforme con su introducción.

Si van a leer la historia que viene acontinuación, he de advertirles que debe ser para mentes abiertas a la imaginación. Pues sin ella no podrán servirse del más esquisito postre que ha creado la humanidad: la fantasía. Este es mí relato, lo que sucedió y seguramente no podré probar. Sin embargo, dicen que lo que se escribe y llega a ojos de otros, queda impregnado de por vida y eso es lo que pretendo. Espero mi osadía no sea demasiado grande. Esta es la historia de Xavier Pirandello y de Isabella Shawn, pero sobre todo, es la historia de Draco Malfoy y Hermione Granger, quienes cambiaron el pasado. El tiempo, se los proporcioné yo

Ellos hicieron el resto.

Volvió a humedecer la pluma mientras al final de la primera hoja escribía:

William de Castilla.


Y la magia comienza una fría noche de junio mientras una chica entraba a la biblioteca..
Hermione ingresó a la biblioteca y cerró la puerta tras sí sin producir el más mínimo sonido. Respiró sintiendo cómo su corazón latía a velocidades inigualables; tenía terror a ser encontrada a tales horas de la noche por Peeves, o peor aún, por Filcht. Siendo Prefecta aquello sería imperdonable, y peor aún, estando a solo meses de graduarse. Una voz fría la sacó de sus temores imaginarios.
- Hasta que por fin decidiste aparecer.- dijo la voz entre las sombras de una biblioteca vacía y sin iluminación alguna más que la que penetraba por las ventanas. - No me gusta esperar.
Hermione solo necesitaba escuchar aquel tono frío para sentir rabia e ira correr por sus venas. Pronto una silueta se dejó ver de entre las sombras, y un chico alto, de cabellos rubios y ojos grisáceos apareció ante sus ojos. Su despectiva mirada se había fijado en ella.
- No me interesa lo que te guste o no Malfoy.- respondió la castaña mientras caminaba hacia la mesa del fondo de la biblioteca, pasando estanterías completamente llenas de libros. Pudo sentir la mirada del rubio seguirla todo el camino. Y tuvo miedo, sí, tuvo miedo de ser humillada como tantas otras veces; pero no lo demostró.
Hermione sacó los libros necesarios de las estanterías sin necesidad de buscar, era como si supiera dónde estaba cada uno de ellos. Draco se sentó sobre la mesa y encendió una vela que sería suficiente como para que pudieran leer. No soportaba tener que estar ahí, con ella. El solo hecho de su existencia le fastidiaba enormemente. Su inferioridad lograba enfermarlo hasta puntos exagerados. Era imposible resisterse a humillarla, no siendo lo que era. Ahí estaba, ordenando los libros por orden alfabético como un insoportable ratón de biblioteca, ocultando su figura ya de por si nada atractiva con una larga falda y una blusa completamente abotonada.
Estaban ya en séptimo curso y no quedaban más que nueve meses para graduarse. El trabajo se les había asignado dos semanas atrás y no se habían reunido por el simple repudio mutuo que ambos se manifestaban. Ni él ni ella se acercaron el uno al otro a decidir cómo harían el trabajo, simplemente lo olvidaron, como se hace usualmente con todo lo que perturba. Pronto llegó la hora de presentarlo, y perder el año no les convenía.
- Qué tal si haces algo más que estar ahí mirándome?- dijo Hermione dejando el último libro sobre la mesa. - O es que es muy difícil para un Malfoy usar el cerebro?
Draco fijó sus ojos centelleantes en los marrones brillantes de la castaña ¿Cómo se atrevía a hablarle siendo tan por debajo de él?
- Lo que es difícil para un Malfoy, es tener que soportar la presencia de una asquerosa sangre sucia.
Ante la rudeza de las palabras pronunciadas, y tal vez, ante el estado de ánimo intenso que caracterizaba a la castaña en aquellos momentos, nada fue más preciso que lanzar un golpe que cayó sobre la cara de su enemigo.
Draco saltó de la mesa y se sostuvo el rostro con ambas manos. Al principio, Hermione no había notado el hecho de que estaba sola, completamente sola con un Slytherin que no tendría la menor piedad tratándose de ella. Había llegado demasiado lejos, y lo comprobó cuando sus ojos se chocaron con los grises llenos de odio desbordante del rubio. Ya antes se había atrevido a golpearlo, y por estar acompañada había salido viva para contarlo; aquello estaba a punto de cambiar.
Draco caminó hacia ella, y sin darle la menor oportunidad de correr la tomó por su cabello castaño ondulado acercando su rostro al de él, lo suficiente como para que pudiera observar su destino en la pupila de sus ojos grises. Hermione soltó un quejido de dolor, pero lo ahogó con el temor de ser encontrada por Peeves. El rubio haló más de su cabello apretándolo aún más y ejerciendo fuerza sobre ella. La castaña mordió su labio tratando de no producir mucho ruido y con ambas manos trataba de soltarse. Pronto, al sentir la varita de Draco clavándose en su cuello, desistió de la absurda idea.
- Vas a aprender a respetarme, Granger.- dijo sin soltarla ni un segundo y con un tono tranquilo, lo que anticipaba cosas malas. - Para ello, me temo que tendré que castigarte.
El corazón de Hermione latía velozmente mientras su respiración se volvía entre cortada. Draco pudo ver cómo su pecho elevaba y cedía ante cada inhalación y exhalación.
- Vas a lastimarme?
- Sí.
- Vas a matarme?- preguntó una vez más y con un tono algo desafiante. Él odiaba cuando hacía eso.
- Aún no lo decido.- dijo sonriendo. - es por eso, que una impura no debe meterse con un futuro mortífago..ahora lo comprendes?
De un tirón la arrastró pasando estanterías y mesas mientras que ella forcejeaba y trataba de no gritar de dolor. Se resistía a caminar por donde él la llevaba, pero aquello no servía de nada; Draco era más fuerte y la arrastraba con facilidad. Pasaron unos cuantos estantes de la biblioteca y pararon frente a la Sección Prohibida.
- Ya lo decidí. Mejor espero a salir de Hogwarts para matarte, y créeme, no usaré magia; lo haré con mis propias manos - dijo Draco abriendo la puerta de la sección prohibida. - Por ahora, solo te dejaré aquí. Ya veremos qué explicación darás en la mañana cuando te encuentren..
- Diré que fuiste tú quien me encerró!
- Es tu palabra sangre sucia contra la mía- dijo Draco meintras abría la puerta.
El lugar estaba oscuro, iluminado por la leve luz de unas antorchas. El rubio lanzó a Hermione hacia adentro haciendo que ella tropezara y cayera en el frío suelo.
- Buenas noches, Granger.- dijo Draco, pero justo cuando pretendía irse, la gran puerta de la sección prohibida se cerró, dejándolos a ambos adentro.

Era como si el destino lo hubiera planeado desde siempre. Tenían que ser ellos, nadie más que ellos los que me encontraran..

Los dos miraban la puerta cerrada sin decir nada, incrédulos ante lo que acababa de ocurrir. Hermione comenzó a reirse a carcajadas.
- Eres tan estúpido que dejaste que la puerta se cerrara tras de ti!
Hermione seguía riéndose sin cansancio, parecía casi no poder respirar. Draco podía sentir la sangre correr. Estaba siendo humillado nada más y nada menos que por una asquerosa sangre sucia. Nunca había tenido tantas ganas de tomar entre sus manos aquel delicado cuello y aplastarlo, sin dejar absolutamente nada de él.
Hermione no podía respirar. La risa no se lo permitía.
- Siempre te creí capaz de hacer cualquier cosa, pero no algo tan estúpido!
La castaña de cabello ondulado y largo se incorporó tranquilizándose. Tenía lágrimas en los ojos y le dolía el estómago de tanto reir. Draco se había sentado en el suelo y estaba arrimado contra la pared, con la corbata desarreglada y la camisa por fuera.
- Muy bien, ahora qué hacemos?.- dijo Hermione recuperando la serenidad, pero aún con una leve risita en su rostro.
Draco fijó sus ojos grises en ella con una llama de odio en ellos. Esto no la intimidó en lo más mínimo; conocía ya esa mirada de asco que él le dedicaba cada vez que podía, esa que decía sin tener que hablar Ubícate, soy superior a ti
El rubio se levantó y caminó hacia ella, pronto la tenía pegada contra la pared y su mano derecha apretaba con fuerza la garganta de la chica.
- Primero, te callas y miras abajo antes de dirigirme la palabra.- dijo Draco. - Segundo, ahórrate las burlas que de eso me encargo yo. Y tercero..- apretó con más fuerza su garganta. - Recuérdame hacerte pagar el golpe que me diste.
Con esto la soltó y ella tosió compulsivamente. Se sostuvo la garganta sintiendo que el dolor era demasiado grande ¿Quién se creía que era? Era un maldito mal nacido. De no ser porque hacer ruidos no iba a ayudarlos hubiera sacado su varita y le hubiera demostrado que tener el título de La mejor bruja de Hogwarts sí significaba algo.
- Esperaremos hasta mañana, a las seis en punto las puertas de la biblioteca se abren automáticamente, saldremos antes de que nos vean.- dijo Draco paseándose por el lugar.Antes que nada, este fic pertenece a un mexicano cuyo nombre desconozco, en otra web pudieorn haberla leido posteada por CLOUD, pedí su autorización para publicarla aca en HA y ella felizmente me la concedió, asi que por favor NO ME DENUNCIEN POR PLAGIO, sepan que la historia no es mia y no me estoy apropiando de ella.

2.- William de Castilla

Todo estaba oscuro y lleno de polvo. Se notaba a leguas que no muchas personas entraban ni siquiera para ocuparse de la limpieza. El rubio siguió inspeccionando, sin prestar ni la más mínima atención a la chica que aún tosía con lágrimas en sus ojos marrones. Vio un libro que cautivó su atención:
Historia de las artes oscuras y el surgimiento del Señor Oscuro
Trató de sacarlo, pero estaba demasiado apretado contra los demás libros que se encontraban a su alrededor. El chico no se rindió y siguió en su lucha, sin embargo parecía caso perdido.
- Maldita sea!- dijo pegándole una patada a la estantería.
Fue entonces cuando un gran libro cayó al suelo produciendo un gran estruendo y levantando grandes cantidades de polvo. Los dos chicos permanecieron observándolo durante algunos segundos. Tenía una cubierta negra y a su alrededor bordes dorados.
Draco se inclinó hacia él sintiendo una gran curiosidad, mas éste se abrió bruscamente antes de que él pudiera posar sus manos en él. Un viento que estalló por todo el salón hizo que los dos chicos cayeran al suelo. Hermione se agarró de lo que tuvo cerca y lo mismo hizo el rubio. Todo se movía dentro del lugar, las estanterías parecían estar a punto de desplomarse unas sobre otras y las mesas temblaban sonoramente. Lo primero que cruzó por la cabeza de Hermione fue que Peeves pronto aparecería y los acusaría, sin embargo el hecho de que había una ráfaga de viento que intentaba tragarlos era mucho más preocupante.
Poco a poco el viento fue cediendo en un pequeño torbellino que provenía del abierto libro. Draco pudo ver cómo las páginas comenzaban a cambiarse solas mientras el torbellino se hacía cada vez más pequeño.De repente, una silueta salió del libro mientras éste se detenía en una página específica. La sombra adquirió pronto la difusa forma de un hombre. Draco se arrastró por el suelo hasta colocarse al lado de Hermione. Ambos miraban asombrados desde el piso al hombre que se mostraba frente a ellos. No tenía más de 25 años y era alto, blanco, de ojos negros viváces, y estaba peinado y vestido a la usanza de una época muy antigua. Llevaba un sombrero negro y un smoking, muy a la edad media. El hombre fijó sus ojos en Draco y Hermione, y los abrió alegremente.
- Xavier? Isabella?.- dijo mirándolos. - No puedo creerlo! Están vivos!

Draco y Hermione se miraron impresionados, aún sin entender lo que sucedía.
- Sí estamos vivos,- dijo Draco con la misma superioridad de siempre.- Pero no me llamo Xavier.
- Ni yo Isabella.- dijo Hermione confundida.
El hombre miró a su alrededor comprendiendo inmediatamente.
- Claro. Han pasado muchos años desde entonces. - dijo él mirando al suelo. - Entonces ustedes deben ser solo su descendientes

- Qué?- dijo Draco. - Mejor cerremos el libro.- dijo mirándo a Hermione, pero ella negó con la cabeza y lo miró aprensivamente.
- Escuchemos lo que tiene que decir.- dijo Hermione. - Un libro con un holograma es fascinante
Draco levantó una ceja con fastido evidente.
- Creo haberte dicho que mires hacia abajo cada vez que me dirijas la palabra.- dijo finalmente.
- Primero muerta.- contestó ella.
- Entonces tendré que matarte.
Su discusión fue interrumpida por la repentina risa del holograma, como lo llamó Hermione.
- Y dicen no ser Xavier e Isabella!? Si siguen peleándose como siempre! Por cierto! No soy un holograma. Soy un recuerdo.

Sus ojos me miraron fijos, y la confusión se asomó por su rostro

- Qué?- dijo esta vez Hermione.
- Sí, así es. Puedo entender su confusión. Hace ya mucho tiempo que creé esto, ya casi no tenía esperanzas de que alguien lo abriera. - rió irónicamente señalando el libro viejo y casi en ruinas que yacía en el suelo. - Quién diría que justamente ustedes, los descendientes de mis dos mejores amigos, serían los que descubrieran mi invento.- Se aclaró la garganta y arregló su corbatín. - Lo creé para que cuando alguien lo abriera, pudiera cambiar el pasado.

Cambiar el pasado..Acaso no es también tener el poder de transformar el destino?

Draco y Hermione lo miraban sin decir nada, con una mezcla de incredulidad y asombro.
- Muy bien, creo que lo mejor es comenzar desde el principio.- dijo el hombre.- Mi nombre es William de Castilla, pertenezco a la edad media, mi posición económica es
bueno, era media alta adinerada. Mejor amigo de Xavier Pirandello desde que éramos niños, y amigo de Isabella Shawn, cuando se casó con Xavier.
- Qué!?- dijo Draco. - Dices que mi antepasado se casó con una sangre sucia?!.-
Hermione se lanzó sobre Draco haciendo todo lo que posible para golpearlo. Éste la empujó lejos de él y la miró furioso.
- Te advertí que no volvieras a poner tus sucias manos sobre mí.
- Y yo te advierto; si vuelves a llamarme así, con mis propias manos voy a arrancarte la lengua.
William rió.
- Aún puedo ver la llama de pasión encendida en sus cuerpos. Son el uno para el otro.- dijo él sonriendo.
Hermione miró fijamente los ojos negros de William con la boca semi abierta sin poder creer lo que había dicho.
- Ahora sí cerremos el libro.- dijo Hermione gateando hacia éste dispuesta a cerrarlo.
- No!- dijo William aterrado. - He esperado siglos para que alguien abriera mi invento

- Invento?- dijo Draco.
- Sí. Lo creé para poder cambiar el pasado ya se los dije! Pensé usarlo para cambiar otras cosas de mi vida, pero cuando Xavier e Isabella murieron supe que eso era lo que tenía que cambiar; el destino. Lastimosamente, cuando terminé con mi creación ya era muy anciano y morí antes de poder usarlo, sin revelar la existencia de éste a nadie. Dentro de este libro conservé mi juventud, para poder guiar a quienes iban a ser los destinados a cambiar el pasado de Xavier e Isabella. Osea, ustedes.
- Dices que..-dijo Draco. - pretendes que nosotros hagamos que tus amigos no mueran y evitemos su muerte cambiando lo que sucedió retrocediéndo en el tiempo por medio de tu invento, osea ese libro?
- Exacto.
- Estás loco si piensas que voy a desperdiciar mi tiempo salvándome la vida años pasados. Si se supone que debo morir en aquella época pues que así sea!- dijo Draco.
- Pues, respeto tu decisión. - dijo William. - Solo que en el pasado tu mueres a los 19 años, lo que significa que en esta vida morirás a esa misma edad

- QUÉ?!- dijo Draco.
- Al menos que cambies el pasado.
El silencio invadió el lugar. Ya no era solo Hermione quien tenía la boca semi abierta. Pasaron unos segundos antes de que alguien se atreviera a decir algo coherente.
- Bueno yo no sé tu Malfoy, pero yo pienso cambiar mi pasado.- dijo Hermione levantándose. - A los 19 años estoy demasiado joven para morir.
- Yo también!- dijo Draco. Miró a William. - Qué es lo que debemos hacer?

William sonrió.
- Excelente. Muy bien, mi invento puede hacerlos volver en el tiempo
- Pero cómo sabremos qué hacer?- dijo Hermione.
- He ahí el dilema.- dijo William. - Para eso, tendrán que revivir lo que sucedió, desde el momento en que Xavier e Isabella se conocieron e investigar cómo murieron; averiguar qué fue lo que causó su muerte para así cambiar lo sucedido.
- Pero eso es una larga historia! Solo podemos estar aquí esta noche!- dijo Hermione.
- Pues tendrán que arreglárselas para venir todas las noches, hasta que vean cómo sus antepasados murieron. Una vez que lo hagan, retrocederé el tiempo una hora en la edad media, una hora antes de su asesinato y cambiarán lo que sucedió.
Draco y Hermione se miraron. Lo que estaba sucediendo parecía un sueño, o mejor dicho una pesadilla, algo totalmente fuera de la realidad.
- Haz lo que tengas que hacer.- dijo Draco.
- Sí, vamos a hacerlo.- dijo Hermione.
- Perfecto! Tendrán que aprender a llevarse mejor, porque pasarán mucho tiempo juntos.- dijo William,- Muy bien, esto será cómo ver una película, solo que estarán dentro de ella. Acérquense


Draco y Hermione se acercaron lentamente al libro hasta encontrarse frente a él.
- Presten mucha atención..- dijo William. Entonces desapareció.
- Dónde se fue!?- dijo Hermione.
- No lo sé.- dijo Draco. - A lo mejor

Pero Draco no pudo terminar su frase, pues justo en ese momento un enorme torbellino salió del libro con tal potencia que los tragó a ambos.
Antes que nada, este fic pertenece a un mexicano cuyo nombre desconozco, en otra web pudieorn haberla leido posteada por CLOUD, pedí su autorización para publicarla aca en HA y ella felizmente me la concedió, asi que por favor NO ME DENUNCIEN POR PLAGIO, sepan que la historia no es mia y no me estoy apropiando de ella.

3.- Edad Media, Isabella Shawn.

Hermione cayó sobre la tierra. Sintió como todo el polvo de ésta se elevaba y penetraba sus fosas nasales. Empezó a toser e inmediatamente escuchó la tos de Draco, quien parecía encontrarse en las mismas circunstancias que ella. Hermione se restregó lo ojos quitándose el polvo de éstos, fue entonces cuando vio asombrada el extraño lugar en el cual se encontraban.
Estaban en la tierra mientras muchas personas transitaban sobre calles de piedra. Señoras con vestidos largos y sombrillas que volaban encima de ellas (seguramente estaban en tierra de magos), seguidas de sus mucamas. Muchas carrillas movilizadas por medio de unicornios robustos y negros con un conductor que por medio de una enorme varita hacía que el unicornio diera giros a donde él quisiera. Dentro de estas carrillas iban personas, obviamente aristócratas, con muchas joyas si se trataba de mujeres y en el caso de los hombres con relojes de oro colgando de sus bolsillos y guantes blancos de seda, impecables. Un gran reloj estaba en medio de la plaza pública, y hablaba con un señor que se encontraba arrimado a él. Hermione recordó que había leído que en aquella época, los magos tenían sus propias tierras, alejados de los muggles. Ningún muggle era permitido en tierra mágica y viceversa.
Había estado tan sumergida observando todo aquello que no vio a Draco que ya se había parado y le extendía una mano para que se levantara. Como ella no lo vio el chico la agarró bruscamente del brazo y la levantó. Hermione soltó un quejido de dolor.
- Podrías ser más delicado!?- dijo Hermione molesta.
- No.- dijo Draco fastidiado. - Y bien, dónde diablos estamos?
- En la edad media obviamente. Parece que nadie nos ve..- dijo la castaña caminado enfrente de las personas, pero simplemente ni siquiera se percataban de su presencia. - Sí, definitivamente no nos pueden ver



Draco se quedó observando fijamente una cafetería que estaba justo frente a ellos. Hermione trató de ver qué era lo que llamaba su atención, mas no vio nada fuera de lo común. Fue entonces cuando el rubio la tomó nuevamente por el brazo y la arrastró hacia el café. Al entrar ella pudo ver a muchos hombres tomando y riendo, algunos estaban acompañados por mujeres jóvenes y hermosas. Aquel lugar tenía una música de rocola bastante vieja, pero que le daba un ambiente al lugar algo bohemio y elegante. Pronto se vio frente una mesa y Hermione entendió el por qué de su repentino interés en aquel sitio.
Tres hombres estaban sentados conversando animadamente. Uno de ellos era William, y el otro
..
- No puede ser.- dijo Hermione impresionada - Eres tú
.
- No tonta.- aclaró. - Es Xavier.
Parecía algo simplemente sobrenatural. El joven que estaba frente a ella, era el vivo retrato de Draco. Su cabello rubio, cayendo por su frente libremente y sus ojos grises era inconfudibles. Hasta la misma expresión de superioridad estaba impregnada en él. Sus gestos eran fríos y a la vez intensos. Era Draco, no cabía duda alguna.
- Eres tú definitivamente, en tu rostro se ve reflejado la estupidez que te envuelve.
- Cállate Granger.- dijo Draco agarrándola fuertemente del brazo y acercándola lo suficiente como para susurrarle en el oído. - Por algo te casaste conmigo no es así!?

Hermione quiso responder ante esto pero mejor no lo hizo. Draco la soltó bruscamente prefiriendo escuchar la conversación.

- Y entonces Pirandello? Cuándo piensas casarte?- dijo el hombre que no sabían quién era, pero que hablaba animadamente.
Xavier rió.
- Casarme? .- dijo él riendo. - Hay tantas
. por qué escoger solo a una?

Hermione soltó un respingo de rabia.
- Dicho y hecho. Es igual de estúpido como tú.

- Por qué no le pides la mano a Michelle?.- dijo William. - Es de buena familia.

Xavier levantó una ceja, gesto que Draco había heredado.
- Michelle? No gracias, yo paso

- Pues ella se ve muy ilusionada..- dijo William.- No deberías jugar con algo así.
- Yo no le doy ilusiones.- dijo Xavier descaradamente. - Ella se las hace sola..

Draco rió. Encontraba muy gracioso verse a él mismo en aquellas vestimentas tan antiguas, y sin embargo, hablando exactamente como él lo haría.
- Bueno.- dijo el hombre desconocido. - Ustedes no tiene problemas con ello. Cuando quieran señalan a una doncella con el dedo y se casan. Yo no puedo hacer eso, debo encontrar a una rápidamente..no quiero envejecer solo.
- De qué hablas?- dijo William. - Aún falta mucho para eso!- dijo burlándose con Xavier.
- Pero no tengo su fortuna! Ustedes dos son ricos, millonarios, yo no. Ninguna señorita de clase quiere casarse con alguien que no tenga dinero para mantenerla como una reina!
- Mira; las mujeres, son todas unas interesadas. No tienen nada en el cerebro, lo único que saben hacer bien es cuidar a los hijos y por eso hay que mantenerlas en la casa. Y para colmo pretenden que el marido, que es quien gana el dinero trabajando, las mantenga. Son como una plaga.- dijo Xavier.
- Pero son buenas!- dijo el desconocido. - Por favor admitámoslo! Sin ellas la vida sería aburrida. Esas curvas, esas caritas..dios mío qué haría yo sin mujeres!
Xavier y William rieron al unísono.
- Eso sí!- dijo William.

Hermione tenía una cara de ofendida única.
- Machistas imbéciles!- gritó, pero aquello no funcionaba, ellos no la escuchaban. - Cómo pueden ser así! Las mujeres sí tenemos cerebro en qué piensan ignorantes!?
- Ya cállate Granger!- dijo Draco. - Estamos en una edad machista recuérdalo.
- Pues esta edad apesta!
- Puede ser.- dijo William, pero no el William que estaba sentado con Xavier y el desconocido, sino el mismo que los había llevado hasta allí. Estaba al lado de Draco y se observaba así mismo algo alegre. - Qué buenos tiempos eran aquellos!
- Xavier es una idiota.- dijo Hermione. - Me enferma tan solo escucharlo.
Draco miró despectivamente a Hermione y ella le devolvió la mirada.
- Cómo fue que decidí casarme con ésta? - dijo Draco tratando de encontrar una explicación a todo aquello. Hermione era una insufrible sabelotodo, sangre sucia, y nada atractiva ¿Cómo pudo él, el Príncipe de Slytherin, fijar sus ojos en alguien así? Ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro había explicación coherente.
- En realidad en quien fijaste tus ojos primeramente no fue en Isabella, sino en su hermana, Carmen.
- Lo sabía!- dijo Draco. - Tenía que haber alguna explicación razonable.
- Sí, lo que pasó fue que conociste a Carmen sin saber que tenía una hermana, osea Isabella. Vas a ver, su historia es muy complicada. Lo único que puedo decir es que Carmen es sinónimo de pecado, lujuria y lo podrás comprobar con tus propios ojos..mientras que Isabella..
-
una desabrida..- dijo Draco mirando a Hermione.
William rió.
- Vas a ver tú mismo lo que sucedió para que te casaras con Isabella, pero único que puedo decirte es que ella es muy diferente a Carmen. Lo único que ambas tienen en común es que son intensas. Isabella era espontánea, vivía sin reglas ni normas..por eso le costó tanto a Xavier llevarse bien con ella, pues tuvo que aprender que a Isabella no había nadie quien pudiera controlarla
era como el aire
se iba de las manos

- Dominarla? No creo que me haya costado trabajo alguno..- dijo Draco mirando a Hermione.
- De hecho, ambos terminaron dominándose mutuamente
- dijo William,- Pero basta, ya me voy ustedes solo sigan a Xavier.
William se desvaneció.
- Genial, por qué tuve que dejar caer ese libro!- dijo Draco mientras seguía a Xavier, que se había levantado y ahora caminaba fuera del café.
- Porque eres un idiota.- dijo Hermione.
- Cállate la boca Granger antes de que te la parta de un golpe.
- Eres tan cobarde como para golpearme Malfoy?
Draco paró un instante fijando sus ojos grises en ella firmemente. La castaña retrocedió inconscientemente.
- No me pongas a prueba Granger- dijo él, y entonces siguió su camino.
Hermione se quedó callada el resto del camino. Draco no era capaz de pegarle, pero decirle aquello había servido para que cerrara el pico de una vez por todas.

Llegaron a las internaciones de un bosque, el sol de la tarde pegaba cada vez más fuerte. Hermione y Draco habían empezado a sudar y ya estaban cansados de seguir a Xavier, cuando de repente éste se paró. Un hombre se encontraba arrimado a un árbol. Tenía un sobretodo negro puesto, por lo que no se podía dislumbrar su rostro.
- Por fin llegaste.- dijo el desconocido.
- Estaba ocupado. Y qué noticias me tienes?
El hombre se dirigió al él, mostrando unos ojos verdes esmeralda y un cabello negro azabache que fue fácilmente reconocido por los dos chicos.
- Harry!- dijo Hermione.
- Qué hago hablando con Potter!?- dijo Draco furioso.

- Los Gitanos han dejado la zona norte, se dirigen hacia acá. Sabes muy bien sus demandas, y sabes la clase de criaturas que son.- dijo Harry sacando su varita y limpiándola con su sobretodo.
- Sé quienes son.- dijo Xavier. - Malditos ladrones. Son una raza peligrosa en nuestros planes y lo sabes. Son muy ingeniosos, y mentirosos..no se puede confiar en ellos.
- Entonces qué hago?- dijo Harry.
- Tom, por ahora, solo investígalos. Lo haría yo, pero estoy con varios negocios encima y lo sabes bien.-

- Tom?? Se llama Tom?- dijo Hermione.
- Sí, que no oíste Granger?- dijo Draco.
Sí que había oído, pero le resultaba algo curioso, que precisamente en el pasado, Harry Potter, el que venció al Señor Oscuro se llamara precisamente como él.

¿Harry llevándose bien con Malfoy? ¡Aquello no podía pasar ni en sueños! Sin embargo sucedía. Parecían llevarse muy bien juntos contra cualquier razón lógica. A la memoria de Hermione volvió entonces el recuerdo de su primer día en Hogwarts. Harry había sido interceptado por Draco y éste le había propuesto unírsele, a lo que su amigo respondió con un no rotundo, cambiando el destino ¿Qué hubiera sucedido si en aquel preciso instante él hubiera aceptado ser amigo de Malfoy? Comprendió entonces, que se trataba simplemente de las decisiones que se tomaban en el ambiente en el cual la persona se desarrollaba. En el presente, Harry hizo amistad anteriormente con Ron, por lo que aceptar la de un chico que despreciaba al pelirrojo no era posible para él; pero en el pasado las situaciones variaban, por lo que seguramente, los resultados también.

- Como quieras, si algo se me ocurre, iré a buscarte.- dijo Tom mientras guardaba su varita de dimensiones exageradas.
- Perfecto.

Tom se alejó caminando mientras Xavier permanecía ahí parado. Parecía pensar profundamente en algún tema. La castaña recordó en ese preciso momento cosas que había leído en libros anteriormente sobre aquella época.
Los magos y brujas vivían en un mundo bipolar. Separado en dos partes: muggles y magos. Éstos se encargaban de controlar criaturas oscuras y espectros, que habitaban más que nada en esos tiempos. Los Gitanos eran una raza intermedia, no eran considerados magos, pero tampoco eran considerados muggles. Repudiados por ambos lados, su única salida era viajar y vivían nómadamente robando o engañando, pues en eso era expertos.
*Cuando regrese volveré a leer el libro.* pensó la chica.
Xavier por fin caminó quitando ramas y atravesando algunos arbustos. Hasta quedar frente a un río.
Hermione se arrimó a un árbol mientras Draco se sacaba la corbata que ya le estaba molestando bastante.
- Hace demasiado calor..- comentó el rubio.

Xavier observaba el lago cuando de pronto, entre los árboles encontró un vestido blanco.
- Y esto?- dijo él.
Fue entonces cuando del río surgió una cabeza y luego el cuerpo de una mujer bronceada y de cabellos castaños. Estaba dando la espalda a Xavier, el agua le llegaba hasta la cintura, por lo que solo permitía ver su espalda desnuda. Suficiente como para que tanto Draco y Xavier de quedaran boquiabiertos.
- Carmen.- dijo Hermione.
Pero entonces la chica volteó el rostro ante el crujir de una rama, y Hermione se vio frente a una mujer idéntica a ella.
- Isabella?- dijo Draco.

La castaña a penas podía respirar. Ella conocía aquel rostro. Los ojos que la miraban todas las mañanas desde el espejo parecían cobrar vida en otro cuerpo. Sí, podía reconocerse en aquellas pecas que cubrían sus hombros como un manto imperfecto, en aquellos labios rojos por la vieja costumbre de mordérselos, en esa piel bronceada sin necesidad de recibir la luz del sol. Todo..todo era de ella, pero estaban alguien más.
- Vaya Granger
en verdad tienes ese cuerpo??
Hermione se puso roja y le tapó los ojos a Draco con ambas manos.

- Esto es tuyo?- dijo Xavier sonriente tomando el vestido blanco. - Creo que no es bueno que ande una doncella por aquí sola, podría encontrarse con cualquiera

Isabella tenía unos ojos marrones intensos, como si fuego habitara dentro de ellos. Draco lo notó en cuanto se soltó de las manos de Hermione. Era ella, la sangre sucia de siempre, pero convertida en una mujer.
- Yo sé lo que hago.- dijo Isabella. - Ahora, suelta mi vestido.
- No quieres que te lo acerque?- dijo Xavier acercándose al río. Entonces Isabella tomó una piedra y la lanzó contra él.
- Auch!.- dijo Xavier. - ok entendí la indirecta!
- Ahora puedes lárgate!- dijo Isabella.- Vete!
Isabella seguía tomando rocas y las lanzaba contra Xavier, el chico soltó el vestido y se fue antes de que una de esas piedras cayera sobre su cabeza.
- Eras una salvaje Granger!- dijo Draco.
- Te lo merecías, por pervertido.- dijo Hermione. - Creo que ahora seguimos a Isabella no te parece?
- Como sea.- dijo Draco.
Isabella caminaba hasta la orilla del río. Hermione volvió a taparle los ojos a Draco para que no la viera desnuda.
- Déjame!- decía Draco. - Yo puedo ver lo que quiera!
- Sí pero es mí cuerpo y no quiero que lo veas!- dijo Hermione.


En cuanto Isabella se puso el vestido blanco, Hermione quitó las manos de los ojos de Draco, quien ya estaba empezando a molestarse más de lo usual. Isabella empezó a caminar entre los árboles. Hermione y Draco trataban de seguirle el paso mientras algunas hadas volaban de arriba hacia abajo entrando en alguno agujeros de los grandes robles. Hermione tenía la impresión de que Isabella era de clase baja, pues tenía un vestido blanco ligero, el cual usaban solo las mujeres humildes; mientras que las adineradas los usaba con encajes y de más. Mientras caminaban Draco no dijo nada sobre aquello, y por un momento la castaña pensó que no se había percatado de ello, pero se equivocó.
- Ves Granger?- dijo finalmente el rubio. - En el pasado, presente y futuro siempre serás una más del montón, junto a los inferiores.
Hermione le dirigió una mirada llena de rabia.
- Y tú siempre serás un imbécil, pasado, presente y futuro.

Los dos se detuvieron al verse frente una casa grande, obviamente esta si pertenecía a gente adinerada. Isabella entró por la puerta de atrás. Hermione notó la sonrisa esbozándose en el rostro del rubio.
- Eras una criada.- dijo Draco riendo mientras seguía a Isabella.
- Cállate o haré que tu vida sea un infierno.- dijo ella siguiéndolo.
Ambos entraron en una cocina inmensa donde había muchas mujeres cocinando. Una de ellas se levantó de una mesa y corrió hacia Isabella.
- Mi niña la señora la andaba buscando, yo le dije que fue a la tumba de su padre, pero no estoy segura de que me creyera.
- No importa, gracias nana.- dijo Isabella mientras salía de la cocina.


- Nana?- dijo Draco, - creí q eras una criada

Hermione siguió a Isabella, aquello estaba muy extraño. Draco la siguió muy de cerca. Isabella subió las escaleras de la casa y atravesó un largo pasillo hasta entrar a una habitación. Draco y Hermione entraron también. Adentro estaba una gran cama y velador, con espejo y silla, y un armario amplio. Por todas partes había fotografías
de Isabella.
- Qué?! Ahora sí que no entiendo.- dijo Draco viendo una foto, allí Isabella salía con vestidos elegantes y sofisticados, como cualquier otra señorita de sociedad.
En esos momentos ella estaba encerrada en el baño. Hermione estaba igual de sorprendida que Draco.


- Qué razones tiene para vestirse como plebeya cuando no lo es
- se dijo en voz alta la castaña. - seguramente Xavier no sabe que ella tiene dinero, ha de pensar por la vestimenta que usaba que era una campesina más.
- Sí
pero por qué lo hace?- dijo Draco.
William apareció sonriendo.
- Cómo les va?
- Estamos algo confundidos.- dijo Hermione.
- Si, por eso aparecí, pude sentir que tenían una duda y ahora veo cuál es. Bueno, como les dije, Isabella es muy especial. Miren, ella es hija de el difunto Ernesto Shawn, gran brujo, y de una bruja pirata, Juana Xu.
- Una pirata?- dijo Draco.
- Exacto, entonces, bueno su madre era una mujer valiente, que se encargaba de ayudar a los que no tenían nada. Murió en su intento pacifista. Luego el señor Shawn se volvió a casar, con Magdalena, madre de Carmen.
- Entonces son medias hermanas.- dijo Hermione.
- Sí. Bueno, en cuanto el señor Shawn murió, Magdalena trató muy mal a Isabella, la odiaba, porque no era de su sangre, solo era la hija de una pirata cualquiera. Solo la tolera en la casa porque el señor Shawn le dejó una suculenta herencia, de la cual Isabella es acreedora. Bueno, la chica no creció con mucho amor, pero sí es de armas tomar eh? Sacó el gen de su madre, el de ayudar a los demás.
- Entiendo, se viste como una mujer corriente para juntarse con los necesitados y ayudarlos sin ser descubierta!- dijo Hermione.
- Exactamente!- dijo William
- Tenía que ser tu antepasado, es igual de repulsivamente caritativa.- dijo Draco tornando los ojos.
- Qué hora es?- dijo Hermione sin prestarle atención.
Draco miró su reloj. Marcaban las cinco de la mañana, claro, era la hora de su mundo, no la de aquel.
- William tenemos que estar en Hogwarts dentro de una hora, para asistir a clases.- dijo Hermione..
- Está bien, en una hora los recojo no se preocupen.- William desapareció

Isabella salió del baño con un vestido blanco con hermosos encajes. Su cabello, antes naturalmente suelto, ahora estaba recogido en una trenza y con ciertos adornos en ella. Tenía un poco de rubor en sus mejillas y difícilmente se podría decir que era la misma chica que vieron en el lago.
- De verdad me veo así con vestido?- dijo Hermione observando a su antepasado.
- He visto mejores..- dijo Draco con la intensión de irritar a la castaña, pero en realidad le gustaba mucho lo que veía. - En todo caso, mejor te ves sin nada..
La puerta de la habitación se abrió. Una mujer con un vestido negro y cabello rubio entró. Su piel era blanca y sus ojos verdes, tenía ciertas arrugas en su rostro, y sin embargo era hermosa.
- Dónde has estado?- dijo Magdalena con cierto enojo. - No se ve bien que una doncella salga sola.
- Pues yo salgo a donde a mí me da la gana.- dijo Isabella. - Necesitaba tomar aire, el encierro me aturde.


- Cuidado cómo me contestas muchachita insolente!- dijo Magdalena.
- Cómo quieres que te conteste entonces?- dijo Isabella.

La puerta se abrió y una mujer joven de por lo menos la misma edad que Isabella entró. Tenía el cabello rojo oscuro como la sangre y la piel blanca. Sus ojos verdes parecían dos gemas que irradiaban una energía increíblemente sobrenatural. Cargaba un vestido rojo que resaltaba su exuberante belleza. Aquello no podía ser verdad. En el mundo, no podía existir belleza tan perfecta. Draco quedó mirándola mientras Hermione sonreía.
- Es Carmen.- dijo Hermione.
- Es impresionante....- dijo Draco completamente embelesado.
Isabella era tan insignificante como Hermione delante de aquella diosa.

- Qué pasa mamá?- dijo Carmen.
- Tu hermana me saca de casillas!- dijo Magdalena. - Ya no soporto sus malcriadeces..eso definitivamente lo sacó de su madre!
- Sí, yo creo que lo heredé de ella.- dijo Isabella sonriendo, parecía orgullosa de ello.
- Ya déjala mamá! Si ella quiere salir tiene todo el derecho de hacerlo.- dijo Carmen. Su voz era seductora, al igual que todo en ella. - Isabella es libre de hacer lo que se le plazca.
Isabella le sonrió a su media hermana.
- Como sea!- dijo Magdalena saliendo del cuarto.

Carmen se sentó en la cama de Isabella.
- Donde fuiste?- dijo Carmen mirándola maliciosamente. - No me digas que hay algún pretendiente y yo no sé nada..
- No, para nada.- dijo Isabella. - Sabes muy bien que no pretendo casarme.
- Por Merlín! No me digas que sigues con esa idea loca de no casarte. Qué vas a ser entonces eh? Monja?
- No. Me dedicaré a recorrer el mundo en barco, ayudando a los demás. Como lo hacía mamá.- dijo Isabella esperanzada.
Carmen entornó los ojos.
- Eso es ridículo, una mujer que no es monja sin casarse y andando en barcos cuando eso es de hombres
.quién ha visto algo así!
- Y eso no es todo.- dijo Isabella sonriéndole. - También pienso andar en pantalones.
- Pantalones! Qué es lo que piensas hacer cambiar de sexo?- dijo Carmen.
- No digas esa palabra!- dijo Isabella inevitablemente ofendida. Se sonrojó toda con solo escucharla. - No es algo que debe salir de la boca de una doncella!
Carmen volvió a tornar los ojos.
- Pero si así se llama! Por merlín Isabella! Todas esas reglas de lo que hay que decir y hacer me tienen sin cuidado. Qué es eso de que uno no puede tocar ni dejarse tocar por su novio hasta después del matrimonio? Me parece absurdo y aburrido.
Isabella la miró incrédula.
- A mí también me parecen absurdas algunas reglas, como la de los pantalones y lo de que una mujer no puede vivir si no es casada con un hombre que la mantenga..pero lo de tocar y dejarse tocar??? Por merlín Carmen qué pensamientos precaminosos tienes??

Draco empezó a matarse de risa.
- Precaminosos??- dijo mientras se mataba de risa.
Hermione le dio un golpe en la espalda.
- Y bueno en esa época decir lo que dice Carmen era solo de las putas!- dijo Hermione defendiéndose.
- No me toques Granger!- dijo Draco ante el golpe de Hermione. - Ubícate quieres..aunque estemos juntos en esto ponte en tu lugar..
- Como sea Malfoy.- dijo Hermione mirándolo furiosa.


Carmen reía ante la corrección de Isabella.
- Querida hermana
ya te veré cuando encuentres un hombre que te haga sentir, y vas a ver cómo te va a encantar que te acaricie, que te diga cosas al oído y te haga temblar entre sus brazos..
- Ya basta Carmen! Qué no te han enseñado a ser más recatada?? Además, hablas como si lo hubieras vivido ya!
Carmen se pasó seductoramente la lengua por el labio superior.
- Tal vez ya lo he vivido

Isabella la miró incrédula, parecía no poder siquiera hablar ni pronunciar palabra alguna.
- Por Merlín! En qué clase de mujer te has convertido! Ni siquiera estas comprometida y ya has estado con un hombre?!
Carmen la miró fastidiada.
- No seas hipócrita hermanita, porque eso de salir a ayudar a la gente no te lo cree nadie. Quien sabe con quien andas a escondidas de mamá.
- No me creas como tu.- dijo Isabella. - Yo no soy capaz de hacer esas cosas!
Carmen se levantó y se dispuso a salir, pero antes miró de arriba abajo a su hermana.
- La diferencia entre tu y yo, es que yo digo las cosas de frente y no soy una hipócrita como tu.- con esto salió.

- Qué grosera!- dijo Hermione.
Draco se dispuso a decir algo pero entonces todo se puso borroso y luego negro. Los dos chicos sintieron un frío piso y abrieron los ojos. Estaban nuevamente en la biblioteca, en la zona prohibida. Draco se levantó y miró a William que salía del libro.
- Bueno, los traje a tiempo.- dijo él. - nos vemos en la noche.- y con esto desapareció.
Hermione se levantó del suelo.
- Hay que salir rápido!- dijo la castaña.4.- Carmen y Xavier

Los dos escucharon el sonido del gran reloj del colegio que indicaba que todos los salones se abrían nuevamente. Hermione giró la perilla de la puerta y se dio cuenta que ya estaba abierta.
- Vámonos de aquí.- dijo Draco.
- Hermione
.Hermione
.HERMIONE!!- dijo Ron a su amiga que estaba dormida sobre el pupitre. - Si la profesora McGonagal te ve estarás en problemas!
Hermione se restregó los ojos. No había dormido en toda la noche, y bueno tampoco lo haría aquella. Tenía que pensar en algo, porque si en el día iba a tener clases y en la noche a salvar su vida años atrás
cuándo dormiría??
Harry le dio un empujón pequeño con el codo y la miró algo preocupado.
- Qué pasó Herm? No dormiste bien anoche?
- Yo? Este..no! Eso solo que
mmmm yo
tuve una pesadilla..y, bueno
eso.- dijo Hermione sin saber que decir.
- Como quieras, solo no babees en la mesa quieres?. - dijo Ron burlándose.
En otro momento ella le hubiera golpeado, pero no se sentía con ganas de hacerlo. Se le había ocurrido una idea grandiosa.

Draco estaba semidormido mientras caminaba por el pasillo con su banda de amigos: Pansy, que iba junto a él; Spencer y Zabini que iban atrás de los reyes de Slytherin y finalmente Crabbe y Goyle, que iban detrás de los dos anteriores.
- Draco te ves muy cansado. No dormiste bien no es así?- dijo Pansy acariciando el rostro del chico. Tenía el cabello recogido en una alta cola y caminaba agarrada del brazo del chico más apuesto de Hogwarts. Y bueno, la verdad era que ella también era de las mejores del colegio, por eso Draco la había escogido entre tantas, más que nada por exhibicionismo.
- Sí, es que no pude dormir nada bien.- dijo Draco dándole un pequeño beso a Pansy.
- Entonces el viernes en la noche quedamos no?- dijo Zabini sonriendo maliciosamente. - Nadie puede faltar a esta reunión.
- Tenemos listo todo, solo faltan ultimar detalles.- dijo Spencer.
- El viernes en la noche?!- dijo Draco. Cómo iba a ir si todas las noches tenía que regresar al pasado?
- Despierta Malfoy!- dijo Zabini. - Siempre nos reunimos los viernes en la noche, no vamos a cambiarlo ahora. Bueno, al menos que tú lo decidas no? Después de todo eres el jefe.
- No, el viernes en la noche está bien.- dijo Draco. Ya se le iba a ocurrir algo para salir de aquel lío.

Draco paró de caminar cuando desde una esquina Hermione le hacía señas para que se acercara. El rubio miró a su grupo y habló.
- Ya los alcanzo, tengo un asunto que terminar.
- Está bien..pero no te demores quieres?- dijo Pansy seductoramente mientras se pasaba la lengua por los labios. A Draco le encantaba cuando hacía eso.

En cuanto su banda se fue Draco caminó fastidiado hacia la castaña, asegurándose que nadie los viera.
- Qué es lo que quieres? Ya tengo suficiente con verte la cara todas las noches.- dijo el rubio.
- A mí tampoco me hace gracia verte Malfoy, pero tengo que darte algo.- Hermione sacó de su bolsillo un frasco de gotas y se lo dio.
- Qué es esto veneno?. - dijo Draco.
- No, ojalá lo fuera pero no. Eso es para que tomes una gota diaria, equivale a ocho horas de sueño. Las tomas y no importa que no duermas, porque le dan la misma energía a tu cuerpo, como si hubieras dormido plácidamente toda la noche. Creí que lo necesitarías después de que no vamos a dormir en mucho tiempo.- dijo la castaña ingeniosamente.
- Como quieras. - dijo Draco retirándose sin siquiera decirle gracias. Hermione se fue caminando; tampoco esperaba el agradecimiento del rubio.


La noche llegó rápidamente. Hermione se aseguró de haber terminado todos los deberes y salió de la sala común lo más silenciosamente que pudo. Se había bañado y tenía el cabello mojado, ya que al día siguiente no iba a tener tiempo de hacerlo como siempre lo hacía durante la mañana. Caminaba lejos del retrato de la señora gorda cuando una voz conocida la llamó desde atrás.
- Dónde vas?- dijo Harry.
Hermione se dio la vuelta y vio atrás de ella a sus dos mejores amigos cruzados de brazos, mirándola inquisitivamente.
- Este, yo
voy a dar un paseo nada más..- dijo Hermione.
- A esta hora de la noche?.- dijo Ron mientras caminaba más cerca de ella. - A quien quieres engañar?
Harry y Ron la miraban esperando una respuesta. La castaña temblaba ante las miradas de sus amigos. Ahora qué inventaría?? Ellos no se iban a comer cualquier cuento.
- Verán
.- dijo Hermione. - No me lo van a creer
.!
- Pruébanos.- dijo Harry mientras su ojos verdes seguían observándola esperando más que una respuesta, una explicación.
- Este..sí, claro, pero no me lo van a creer
.- dijo Hermione nerviosa mientras pensaba en qué decir.
*Vamos piensa! Vamos algo se te tiene que ocurrir!* se decía así misma. Hermione se pasó la mano por el cabello mojado.
- Quieres dejar de dar vueltas y decir a dónde pensabas ir sin nuestro permiso??- dijo Ron. Aquello fue más de lo que ella podría tolerar.
- Su permiso???- dijo Hermione incrédula. - Yo no necesito su permiso para nada! Puedo andar sola y hacer lo que se me plazca! De hecho..ni siquiera sé por qué les doy explicaciones de lo que estaba haciendo, mejor me voy!- dijo la castaña dando media vuelta y caminando lejos de ellos. Por un momento de felicidad pensó que aquello bastaría y que se había salvado milagrosamente de sus amigos, pero supo que se equivocaba cuando Harry la tomó de su brazo derecho y Ron del izquierdo.
- No te vas hasta que nos digas a dónde y por qué a estas horas de la noche.- dijo Harry susurrándole en el oído.
- Así que te hacemos la pregunta nuevamente, a dónde vas?- dijo Ron.
Hermione se quedó estática, no sabía qué decir. Entonces una figura apareció por el pasillo y respondió altivamente.
- Va conmigo, y qué?- dijo Draco mientras miraba desafiantemente a Harry y a Ron, y luego despectivamente a Hermione.
- Qué?!- dijo Harry y luego miró a Hermione aún sosteniéndola por el brazo y esta vez, apretándola con más fuerza. - Responde a eso!
Hermione podía sentir todo su cuerpo temblar ante la mirada furiosa de sus amigos y la satisfecha de Draco por haberle causado un problema.
- Si, verán..en realidad es muy fácil de explicar
- dijo Hermione.
- Si Granger, explícales lo que hacemos todas las noches en la biblioteca
- dijo Draco.
- QUÉ?!- dijeron los dos amigos furiosos, especialmente Ron, que era el más celoso de ambos. Eso tenía muchas diversas interpretaciones.
Hermione sentía que no podía respirar. Draco iba a pagar todo aquello.
- Eso sonó peor de lo que es en realidad
- dijo Hermione. - No es como lo dice Malfoy. Solo que todo lo que sale de su boca sale distorcionado

- Habla de una vez!- dijo Ron apretando con fuerza el brazo de la castaña.
- Bueno, miren..lo q pasa es que primero fue por lo del trabajo de Snape..
- Pero el trabajo de Snape acabó hoy!- dijo Harry. Sus ojos verdes esmeralda estaban fijos en ella, centelleantes.
- Sí, déjame terminar..- dijo Hermione. - Mira, en realidad es una historia muy cómica
.verdad Malfoy??-
- Sí lo es.- dijo Draco disfrutando de molestar a Potter y a Weasley, pero sobre todo de causarle problemas a la sangre sucia. - Si es muy cómico cómo nunca han notado la ausencia de su amiga en las noches

Ron estuvo apunto de lanzarse contra Draco , pero Hermione lo tomó por la túnica.
- Es muy cómico porque
.- dijo Hermione inventando lo primero q se le venía a la cabeza. Draco sonreía maliciosamente, era divertido ver cómo la sangre sucia inventaba cosas, era de cierta forma hasta gracioso. - Bueno, Snape
sí, Snape
nos puso mala nota
porque..no le gustó el trabajo que hicimos

- Claro, porque en las noches hacíamos de todo menos trabajar..- dijo Draco.
- Claro!..sí este
solo nos reunimos una vez!.- dijo Hermione tratando de corregir lo que el rubio había dicho. - A eso se refiere con que hacíamos de todo menos trabajar. No nos habíamos reunido, entonces nos mandó un trabajo enorme
.
- Sí enorme.- dijo Draco sonriente.
- Y es tan grande que tenemos que quedarnos durante las noches haciéndolo..- dijo Hermione.
- Sí, haciéndolo.- dijo Draco sonriendo.
Harry y Ron soltaron a Hermione aún con la duda marcada en sus rostros. La castaña pudo respirar tranquilamente. Algo le decía que se la habían creído.
- Quieres q vayamos contigo?- dijo Ron.
- No! No,para nada. Yo me sé cuidar sola..- dijo Hermione mirando molesta al Slytherin.
- No me gusta nada esto.- dijo Harry. - Trata de llegar temprano..
- Si, lo prometo


Harry y Ron le dieron una mirada fulminante a Draco y se metieron a su sala común.

Hermione se dio la vuelta y miró furiosa a Draco, que aún tenía una sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro.
- Eres un maldito desgraciado!- dijo Hermione.- Puedes pudrirte en el mismísimo infierno!
- Vengo de allí..- dijo Draco borrando la sonrisa y poniendo su natural gesto de asco.- Granger
no fue para tanto.
- Qué viniste a hacer por aquí??! Quedamos en vernos en la biblioteca no por mi sala común!- dijo Hermione histérica.
- Pues es tú culpa! Te estaba esperando y no llegabas! A mí nadie me deja esperando. Así que me dispuse a buscarte por mi cuenta y traerte arrastrada si de eso se trataba, cuando vi que tus amigos con complejo de guardabosques te estaban causando problemas

- Y decidiste arruinarme la vida!- dijo Hermione.
- Exactamente ¿Hay algo más divertido que eso?- dijo Draco sarcásticamente.


Los dos fueron caminando en silencio hacia la biblioteca. Draco iba unos metros más adelante que la castaña, mientras que ella caminaba lento para no aproximarse demasiado a él. De pronto Draco paró bruscamente en mitad del camino y volteó.
- Se me olvidaba. No nos podemos reunir ningún día viernes, queda claro?
- Por qué?- dijo Hermione.
- Porque a mí me da la gana. Alguna otra pregunta?- dijo Draco mientras daba la vuelta y entraba a la biblioteca.
- Idiota arrogante...- dijo Hermione mientras entraba, muy bajito.

Los dos entraron a la sección prohibida. Ahí estaba William.
- Ya era hora.- dijo. Y no pasaron ni dos segundos cuando un torbellino los succionó, tal cual la otra vez.


- Qué no eres capaz de poder siquiera lavar una maldita ropa??!- dijo Carmen lanzándole a la mucama uno de sus tantos vestidos.
- Lo siento mucho señorita.- dijo la sirvienta impecablemente vestida. Varios plumeros encantados limpiaban solos el polvo de la habitación.
- No lo sientas, solo lávalo ahora.- dijo Carmen fastidiada.


- Podría haberla tratado un poco mejor no??- dijo Hermione ofendida viendo la escena.
- Por qué??- dijo Draco. - Si esa tipa no es eficiente entonces hay que tratarla como se merece..no salgas en defensa de los de tu clase Granger, es patético.
- Es más patético escucharte, así que cállate.- dijo Hermione.

Carmen se miró al espejo y humedeció sus labios rojos. Definitivamente era una mujer hermosa, con una belleza exótica y embriagadora. Draco la miraba como si no pudiera creer que existiera algo más perfecto sobre la tierra.
- Me gustaría ver que miraras así a alguien delante de Pansy.- dijo Hermione burlonamente.

Carmen salió de la habitación. Automáticamente Draco salió disparado tras ella. Hermione trató de seguirle el paso.
- Espera un poco!- dijo la castaña.
Draco dejó salir un respingo lleno de furia y corrió hacia Hermione tomándola de la muñeca fuertemente y obligándola a correr a su misma velocidad.
Pronto alcanzaron a Carmen, que salía a escondidas de la casa por a puerta trasera, igual que Isabella.
- A dónde irá??- se preguntó Hermione en voz alta.

Caminaron un buen tiempo adentrándose en los páramos. Entonces Carmen atravesó unos arbustos y desapareció. Hermione y Draco pararon.
- Veamos qué hay detrás.- dijo Hermione dando un paso adelante, pero entonces Draco la tomó por la muñeca con firmeza.
- Sí que eres osada Granger! No sabemos qué hay, puede ser cualquier cosa. Andemos con cuidado quieres.- dijo Draco. - Y para empezar déjame ir adelante.
Hermione tornó los ojos mientras Draco se ponía a la cabeza. Hizo a un lado las ramas del arbusto.
Lo que vieron fue devastador. Muchas personas trabajaban cavando pozos enormes y sacando oro. Podían ser identificadas fácilmente como no magos por el letrero que cada uno poseía y decía muggle. Parecían cansados, sedientos, llenos de suciedad. Habían unos que al parecer eran los guardias, esos sí eran magos por las varitas en sus manos, cada vez que uno de los muggles paraba de trabajar los guardias lanzaban un hechizo que equivalía a un latigazo en la espalda.
- Qué es esto???- dijo Hermione espantada.
- Es como un campo de concentración de híbridos
- dijo Draco sonriendo. - así me gusta ver a los muggles

Hermione lo miró incrédula y a la vez llena de odio.
- Eres de lo peor que existe Malfoy!- dijo Hermione mientras lo empujaba y se alejaba de él siguiendo a Carmen.
Draco no supo por qué, pero aquellas palabras insultantes de la castaña, por primera vez habían surtido un efecto dentro de él.

Draco alcanzó a Hermione sin decir nada más. Podía ver el rostro de la chica, mirando todo aquello impresionada y a la vez con un sentimiento de impotencia.
- Ya sal de tu asombro Granger! ya era hora de que vieras lo que hay fuera de la burbuja en la que has estado todos estos años gracias a la sobreprotección de Potter y Weasley; este es el mundo real, es así como se trata a la gente como..
- Como yo??- dijo Hermione mirándolo con sus ojos marrones llenos de lágrimas de furia. - Vamos dilo, sácalo de tu boca.
Draco se quedó callado, decidió que aquello era lo mejor. No quería seguir provocándola, especialmente porque acababa de ver a Xavier entrando a una cabaña de la mano con Carmen.

Draco corrió para alcanzarlos y Hermione lo siguió. Ambos entraron a la muy acogedora cabaña. Carmen estaba abraza de Xavier.
- Te extrañé.- dijo Xavier.
- Yo más a ti. Hace cuánto tiempo que no nos vemos?- dijo Carmen
- Siete años?- dijo Xavier. - Si es que no son más.

William apareció justamente en aquel momento donde más confundidos estaban.
- Muy bien, lo diré rápidamente: Carmen y Xavier fueron mejores amigos desde pequeños, siempre se llevaron muy bien. Se dejaron de ver por los viajes frecuentes que Xavier realizaba y ahora último se han reencontrado.
- Ah! Ahora lo comprendo- dijo Hermione.


- Estas bellísima!- dijo Xavier mirándola de arriba a bajo mientras sus ojos grises brillaban. Realmente se notaba el impacto que ella causaba en él.
- Tu tampoco estas nada mal.- dijo Carmen mirándolo coquetamente.


- No sé por qué pero me parecen todo menos amigos estos dos.- dijo Hermione.
- Mejor.- dijo Draco mirando a Carmen.
- Como sea.- dijo William. - Lo q importa es que pasará un mes entero en el cual ellos dos se encuentren y terminen en algo más. Por eso mismo los adelantaré cuatro semanas
.sujétense de la mano.
- Es realmente necesario?- dijo Draco.
Hermione le dio una mirada fulminante y tomó bruscamente la mano de Draco.
- Deja de quejarte , q a mí tampoco me agradas.
Draco la miró sorprendido ante esta acción de la castaña.
Un torbellino los envolvió.
El viento que los rodeaba era demasiado fuerte, ahora entendían por qué el sostenerse de las manos. Sentían que pronto iban a terminar succionados. Justo cuando sus manos estaban por soltarse de tanta presión ambos cayeron en el suelo de la casa Shawn. Draco primero, y luego Hermione, encima de él.
- Quítate Granger!- dijo Draco.
- Eso hago!- dijo Hermione levantándose.- Estamos en la casa de Isabella, es de noche..-

Todo estaba oscuro. Draco se sacudía la túnica mientras miraba todo a su alrededor. La gran sala era tan solo iluminada por la luz de la luna que penetraba por la ventana. Hermione se cogió el cabello en un moño alto y entonces le hizo la señal a Draco de que alguien bajaba las escaleras. Era Carmen.
Draco la miraba admirando su grado de perfección. Cargaba una suave seda para dormir que parecía deslizarse por su cuerpo como pétalos de rosas. Su cabello rojo rizado caía elegantemente por sus hombros blancos mientras que sus ojos verde esmeralda brillaban. Era sin duda alguna, la más hermosa que él jamás hubiera visto en su vida.
Hermione siguió a Carmen quien se dirigía a la cocina. Draco pronto hizo lo mismo.

Carmen caminaba con discreción, obviamente no quería que nadie se despertara. Abrió la puerta trasera, y entonces la figura de Xavier entró a la casa. El chico la tomó por la cintura y la pegó contra sí, sin dejarla decir nada más, y la besó con una pasión única, que incluso logró escandalizar a Hermione.
- Muy bien, solo han pasado cuatro semanas!- dijo Hermione impresionada.
- A mí me parece suficiente tiempo...- dijo Draco sonriendo mientras disfrutaba de la escena.
Carmen se aferraba de la espalda de Xavier mientras él tomaba el muslo de la chica y lo levantaba a la altura de su cintura, acariciándolo mientras mordía su cuello. Carmen no pudo evitar dejar salir un gemido que de inmediato lo reprimió por el terror de que su madre o su hermana se despertaran. Carmen empujó a Xavier.
- Vamos a mi cuarto
está un poco alejado de las otras habitaciones, no nos escucharán.- dijo ella.

- Zorra!- dijo Hermione.- Solo llevan cuatro semanas! Y están encima de todo en términos de la edad media! Apenas tocarse las manos sin estar casados era un sacrilegio!
- Ya tranquilízate quieres? Carmen no tiene nada de parecido a ti
- dijo Draco anonadado. - Ni punto de comparación entre ustedes..

- Te extrañé.- dijo Xavier. - Hoy no me visitaste

- Te mandé a dejar un recado con un elfo doméstico.- dijo Carmen. - Aquí todo está peor de lo que te imaginas

- Por qué?- dijo Xavier preocupado.
- Es mi hermana.- dijo Carmen. - Ella, bueno, es una mosquita muerta. Mamá lo sabe, aunque siempre la ha criado como si fuera su hija, ella nació con la clase de su madre en la sangre. Sale muy a menudo, sin compañía, y según yo he visto con varios hombres. No me gusta para nada, se está convirtiendo en una prostituta barata como su madre lo era. Y bueno, mamá está atormentada con todo eso. Y la verdad, yo también.

- Qué!!!??- dijo Hermione. - Eso no es verdad!!! Mira quién habla de prostitutas!! Isabella sale siempre sola para ayudar! William lo dijo! Por qué miente!?
- Quién sabe..a lo mejor Carmen te descubrió con alguien..- dijo Draco.
- No! Ella miente! Y mira quien viene a hablar de prostitutas la muy perra!

Carmen y Xavier subieron corriendo. Draco quiso seguirlos, pero Hermione seguía parada cruzada de brazos en la cocina.
- Oye los vamos a perder!- dijo Draco.
- Y para qué quieres seguirlos?? Qué vas a ver cómo se acuestan o qué! Prefiero quedarme aquí!- dijo Hermione.
- Deja de ser necia! Podríamos perdernos de una pista o algo que sirva!
- No voy a subir!- dijo Hermione testarudamente.
- Mira no seas terca, no me obligues a obligarte..- dijo Draco molesto.
- Y qué vas a hacer ah??- dijo Hermione desafiante.
Entonces Draco la tomó y la cargó sobre su hombro. Hermione gritaba y daba pequeños golpes en la espalda atlética del chico, pero él no la soltaba.
- Ves que te puedo obligar a lo que yo quiera cuando yo quiera??- dijo Draco mientras subía las escaleras.
- Para! Mira eso!- dijo Hermione señalando tras ella.
- Crees que soy idiota para caer en tu trampa?- dijo el rubio.
- No! Es enserio!.

El rubio se volteó y vio que al final de la sala. Una puerta que estaba entre abierta dejaba salir una luz dejando claro que alguien se encontraba allí.
Draco bajó a Hermione pero aún sosteniéndola de la muñeca caminó hacia la puerta. Entraron.
Aquella era una biblioteca, tenía varias reprisas con libros de ciencias, historia, magia, muggles, de todo un poco. En un escritorio sentada en una silla se encontraba Isabella. Quien parecía sumergida en un libro mientras que hojas con cálculos permanecían regadas por la mesa.
- Qué?? Isabella sabe leer???- dijo Draco acercándose a ella.
- Parece que sí..- dijo Hermione. - Y no solo leer, sino escribir y hasta ciencia..
- Cómo puede ser?? En esta época las mujeres no estudiaban, no sabían, nadie tenía permitido enseñarles. Ahora sí se puede decir que estamos en el término de la edad media


El rostro apacible de Isabella se vio perturbado con un ruido proveniente de arriba. Hermione y Draco habían casi olvidado que Xavier se encontraba con Carmen en la segunda planta.
Isabella cerró el libro y caminó hacia la puerta, mirando con curiosidad la escalera, pensando si ir o no ir. La castaña se mordió el labio inferior y entonces caminó fuera de la biblioteca.
Hermione y Draco la siguieron espantados. Iba a descubrirlos, sí que lo haría.
- Por favor que no los descubra!- dijo Hermione.
- Se mordió el labio te diste cuenta??? Justo como lo haces tú.- dijo Draco sonriendo impresionado.
- No sabía que te habías percatado de ese gesto.- dijo Hermione mientras caminaba por el pasillo detrás de Isabella.
- Soy mucho más observador de lo que imaginas Granger.

Isabella se detuvo frente la habitación de Carmen. Pegó su oído en esta y escuchó otro ruido extraño. Entonces levantó la mano y tocó la puerta con fuerza.
- Carmen abre la puerta!- dijo Isabella. - ábrela! Ya!
Hermione y Draco estaban impactados. Aquello iba a ser un escándalo. Isabella tenía su rostro firme y seguro, parecía saber que un hombre estaba dentro por eso cierta indignación se dibujaba en su tersa y brillante piel. Draco tuvo que admitir que aunque, no tenía comparación con Carmen, había cierta ternura y pureza única en aquel rostro. Isabella se alejó de la puerta y entonces corrió hacia la habitación continua y se asomó por la ventana. Hermione hizo lo mismo para observar lo mismo que su antepasado veía. La figura de Xavier saliendo por la ventana del cuarto de Carmen fue clara y precisa. El chico saltó y salió corriendo lejos de la casa. El rostro del joven intruso no se dislumbraba correctamente, pero de que era un hombre, era un hombre.
El rostro de Isabella era como si hubiera recibido una ofensa. Se sintió indignada mientras contenía el aire. Caminó nuevamente hacia el cuarto de Carmen justo cuando ella lo abría, entonces ella entró al cuarto sin pedir siquiera permiso.
- Estaba durmiendo Isabella, no todas somos unas come libros como tú, qué quieres!- dijo Carmen cínicamente.
- Eres una mentirosa!- dijo Isabella. - Acabo de ver a un hombre salir por tu ventana! Que no te respetas ni a ti misma???!!
Carmen cambió de inmediato de expresión. Sentía cómo su corazón latía a mil. Isabella la tenía en sus manos, y ella no podía hacer absolutamente nada.
- Y qué vas a hacer? Se lo vas a contar a mi madre?- dijo Carmen. - No te va a creer. Es tu palabra contra la mía. Puedo decir que me tienes celos y por eso inventaste todo eso.
- No pienso decirle a Magdalena. - dijo Isabella. - Si quieres ser una zorra es tú problema, pero no manches nuestro apellido! El apellido que mi padre siempre se encargó de mantener en alto no lo pases sobre el fango como si no valiera nada!
- Hablas como si estuviera con muchos hombres a la vez!
- Quiero saber si sigues siendo una doncella!

- Doncella??- dijo Draco.
- Si eres doncella, eres virgen, si no eres doncella, es porque perdiste ya la virginidad entiendes?- dijo Hermione.
- Si, no soy retrasado.- dijo Draco.
- Pues pareces.

Carmen la miró desafiante y con una media risita en su boca.
- Solo estás celosa porque ningún hombre se fija en ti, después de verme. Soy yo la que atraigo a los hombres, mientras que tú
.solo te quedarás con las sobras que yo deje en el camino.
Isabella rió.
- Cuántas veces te he dicho que yo no me quiero casar y no pienso hacerlo. Por eso papá antes de morir me enseñó a leer y a escribir, para que sea independiente, como mi madre. Ahora responde de una vez.
- Ya no lo soy.- dijo Carmen. - Y si tanto quieres saberlo, hace ya dos años que no lo soy más, feliz??
Isabella no podía cerrar la boca de la indignación.
- Qué bueno que papá esta muerto así no tiene que ver en lo que te has convertido Carmen. O sea que este no es el primero.
- No, pero sí es al que amo.- dijo la pelirroja.
- Pero estás comprometida!

- Qué?!- dijo Draco.- Carmen está comprometida?!
Hermione rió.
- Parece que Xavier no sabe eso
.Carmen juega con los dos!


- Y?- dijo Carmen. - Yo pienso casarme con Andrés si eso es lo que te preocupa. Lo haré, es un perfecto partido.
- Y este tipo?? Qué es entonces éste!?- dijo Isabella.
- El es mi amor. No tengo que mezclar el amor con lo que me conviene o si??- dijo Carmen. - Xavier tiene una mina, no es un hacendado ni mucho menos un hombre de negocios que pueda darme los lujos que me merezco. Sin embargo, es el hombre que Andrés jamás podrá ser, aún teniendo todo el dinero que tiene, dudo que me haga sentir lo que Xavier me hace sentir

- Eres una perdida..- dijo Isabella. - Qué crees que te hará Andrés al ver que no eres doncella??
- Engañarlo será fácil, de eso no te preocupes hermanita.
Isabella no hablaba ya, parecía indignada, incrédula de los bajos escrúpulos que su media hermana demostraba.
- Has lo que quieras! Pero no ensucies el nombre de mi padre, ni mucho menos bajo su techo trayendo a ese hombre!
Con esto Isabella se fue azotando la puerta con fuerza.


- Zorra.- dijo Hermione.
- Por primera vez estamos de acuerdo
es una zorra- dijo Draco sin poder creer que Carmen de verdad estuviera engañando a su antepasado. - Qué clase de imbécil fui que no me di cuenta?!
- Lo sigues siendo así que no lo culpes.- dijo Hermione.
- Mira Granger, me estoy hartando de tener que lidiar contigo, así que mejor cállate o de verdad harás que me enoje..y tú aún no me has visto de mal humor.
Hermione le lanzó una mirada fulminante mientras salía del cuarto de Carmen, pero entonces una luz los cegó y en segundos se vieron sobre el frío suelo de la biblioteca. Ambos miraron el reloj, tenían el tiempo justo para ir a recoger sus libros y salir corriendo hacia sus respectivas clases.
- Maldita sea! Muévete Granger!- dijo Malfoy tomándola de la muñeca y levantándola bruscamente del suelo. - Tenemos que salir de aquí.
- Ya voy!- dijo Hermione tratando se seguirle el paso.

Los dos salieron de la biblioteca y corrieron en opuestas direcciones, cada uno directamente hacia su respectiva sala común.5.- Fiestas, Bromas y Disputas

- Hermione ya deja eso quieres?dijo Harry ya hartándose de verla hacer deberes un horas libres. - Por qué no mejor haces otra cosa??
- No hay nada mejor que hacer. Tú y Ron juegan ajedrez y me dejan a un lado como siempre..- dijo Hermione apoyándose mejor en el árbol. Los tres amigos disfrutaban de la tarde sentados sobre el césped justo enfrente del lago. La castaña leía y hacía resúmenes mientras que el pelirrojo y el moreno jugaban animadamente una nueva partida que tenía ganador predefinido.
- Jaque mate.- dijo Ron mientras bostezaba y luego ponía una sonrisa burlona en su rostro. - Tengo que admitir que aunque has mejorado tus tácticas, te sigo ganando con facilidad..
- Que risa, algún día te ganaré..y será pronto ya lo verás.- dijo Harry.
Los dos amigos seguían apostando cuando Luna, Ginny y Parvati llegaron corriendo.
- Hermione por fin!- dijo Ginny.
- Vas a venir con nosotras o no?- dijo Luna.
- Hay mucho que contarte.- dijo Parvati.
Harry y Ron habían dejado de un lado el ajedrez y ahora se concentraban en las cuatro amigas.
- Y de qué tanto quieren hablar con Hermione?- dijo Harry.
- No será para andar chismeando como siempre verdad?- dijo Ron. - Al menos eso es lo único productivo que Ginny hace..
- Cállate Ron.- dijo Ginny sacándole la lengua a su hermano mayor. - Más chismoso eres tú, que te pasas tratando de escuchar mis conversaciones.
- Bueno, bueno.- dijo Parvati poniendo orden. - Que yo sepa, Hermione no es propiedad de Potter y Weasley asociados. Así que ella puede decidir si viene o no con nosotras.
Harry y Ron rieron ante el comentario de Parvati.
- Está bien llévatela.- dijo Harry.
- Pero la queremos intacta.- dijo Ron.
Parvati hizo una risa burlona mientras Luna ayudaba a Hermione a levantarse.
- Me guardan los libros ok?- dijo Hermione a sus amigos.
- No.- dijo Ron. - Mentira..por ahí los dejamos en la sala común.
- O donde Mirtle la Llorona!- dijo Harry burlándose.

Las cuatro amigas caminaban hasta que sentaron a la castaña en la fuente.Todas parecían emocionadas.
- Qué pasa??- preguntó Hermione.
- Adivina.- dijo Luna.
- Es algo que jamás pensamos que ocurriría.- dijo Ginny.
- Qué es??- dijo Hermione, hasta que de repente una idea cruzó fugazmente por su cabeza. - No!!! Eso no!!! Ginny no me digas que Thomas ya se te declaró??!!
- SIIIIIIIII!!!!- gritaron todas al unísono.
- Ahhhhhhhhhh!!!- gritó Hermione levantándose emocionada y abrazando a Ginny. - Felicidades!!! No puedo creerlo!!!
- Yo tampoco..- dijo Ginny sonriendo y a la vez sonrojándose.
- Por eso mismo, hoy en la noche hay fiesta!- dijo emocionada Parvati.
- Cómo que fiesta??- dijo Hermione, - Eso va contra las reglas

- Por favor Herm! Es viernes! Podemos levantarnos tarde mañana, y además, será una mini-fiesta, solo entre nosotras cuatro en un aula vacía que encontré el otro día cerca de la sala común.
- Además Ginny se merece que festejemos esto no??- dijo Luna sonriendo.
- Si
bueno, creo que está bien ya que es viernes
- dijo Hermione.
- Además, los Slytherins siempre hacen fiestas y de las grandes en su sala común y nadie se entera, qué te hace pensar que no descubrirán a nosotras??
- Es verdad..me convenciste.- dijo Hermione sonriendo.

La noche llegó rápidamente. Hacía una fresca pero fuerte brisa que penetraba las ventanas de Hogwarts. Ningún sonido parecía provenir de las distintas salas comunes que la conformaban, pero no era aquella causa de inactividad. Los alumnos sabían ya moverse cuidadosamente durante la noche para evitar ser descubiertos, habían perfeccionado aquel arte.
En un aula vacía, muy cerca del sótano donde se encontraba la sala común de Slytherin, los siete reyes de Slyherin se encontraban preparándose para el golpe que habían planeado tanto tiempo y se realizaría aquella misma noche.
Spencer se colocó el sobretodo negro y se lo ajustó perfectamente mientras tomaba su varita y la empuñaba.
- Estamos listos no?- dijo Zabini sonriendo. - Vaya sorpresita que se van a llevar los Gryffindors.
- Sí, así lo es..va a ser muy divertido.- dijo Pansy sonriendo. Sus perspicaces ojos negros miraron a Draco seductoramente. - Después podemos ir a mi cuarto a festejar..- dijo la morena acariando el rostro de su novio. Los reflejos de su cabello negro suelto contrastando con su piel blanca pálida la hacían ver aún más perfecta de lo que ya era
Draco le sonrió.
- Por qué no?- dijo él.
- Y nosotros qué??- dijo Crabbe.
- Si y nosotros?- dijo Goyle.
- Ustedes no sé, pero en lo que respecta a mí y a Jack nosotros ahí nos tiramos a las dos amiguitas de Pansy que están bien buenas.- dijo Blaise riendo con Jack
- Idiotas..- dijo Pansy riéndose.
- Bueno vamos sí o no a meternos a la sala común de los Gryffindors??- dijo Draco.
- Obviamente.- dijo Jack.- Se nos olvidó decirte Malfoy, cambiamos un poco el plan.
Draco levantó una ceja inquisidoramente.
- Bien saben que no pueden cambiar las cosas sin mí consentimiento.- dijo el rubio molesto.
- Lo sabemos, pero fue de último momento. Las bombas de mal olor se acabaron, y solo pudimos conseguir otra cosa
sin embargo, creo que es mucho mejor para darle una buena lección a esos imbéciles
- dijo Zabini.
- Qué es?- dijo Draco.
- Papá consiguió un humo tóxico
es mucho mejor que tan solo dejarlos con mal olor..- dijo Jack riendo.
- Humo tóxico? Cuáles con los efectos
- dijo Draco.
- Bueno, toserán durante días..y bueno tal vez uno que otro deje de respirar durante unos diez segundos..pero eso es lo máximo..será grandioso..- dijo Jack riendo con Zabini.
Sin embargo dejaron de hacerlo al ver que el rostro de Draco seguía serio, se dieron cuenta de inmediato que no le gustó para nada la idea.
- Qué pasa Malfoy? Acaso te preocupa la salud de los Gryffindors?- dijo Zabini burlonamente.
- No seas imbécil!- dijo Draco. - Si se mueren seguirá sin importarme..
- Entonces qué pasa?- dijo Jack.
Draco permanecía en silencio. Ellos no lo entenderían nunca, si Hermione se enfermaba por aquellos tóxicos, o le llegaba a afectar más que a los demás (lo cual era lo más seguro ya que era una sangre sucia débil) no podría volver en el tiempo durante algún tiempo hasta que se recuperara
y por ahora eso no le convenía.
- No, no pasa nada..- dijo Draco. - Pero ya que has tomado esa decisión sin mi consentimiento tomaré otra yo: el tóxico será puesto el el sector de los hombres, no de las mujeres

- Por qué? Esas perras también deben pagar
por zorras.- dijo Zabini riendo.
- Sí, pero ya tomé la decisión. Me entendiste?- dijo Draco amenazadoramente.
- Como quieras Malfoy.- dijo Zabini .

Hermione reía al ver a sus amigas encima de las mesas del aula vacía, bailando en ellas como si fueran artistas sobre un escenario. Lavander se había unido a la fiesta, y todas estaban con la música en alto volumen y en pijamas. La castaña seguía comiendo chocolate en el suelo mientras escuchaba las canciones, no tenía ganas de bailar.
- Vamos Hermione, ven es divertido!- dijo Parvati saltando sobre la mesa y riendo.
- No, prefiero verlas y así me rió.- dijo Hermione, que tenía su cabello castaño recogido en una cola.
Todas estaban felices, por supuesto ninguna como Hermione, quien por fin sentía que descansaba de todo el estrés de volver en el tiempo y hacer deberes.
- Se imaginan si nos encontraran?- dijo Luna riendo. Parecía hacerle mucha gracia el hecho de que podrían ser atrapadas en cualquier momento.
- Jajaja se moriría quien nos encontrara así vestidas!- dijo Ginny riendo.
Hermione pensó que tenían razón, pues todas estaban con shorts pequeños y pegados al cuerpo. Tipo de pijama que usaban en aquellas noches calurosas. Precisamente el de Parvati decía atrás Hot stuff así que no sería de sorprenderse que si alguien las encontraba se asustaría.
- Mejor regresemos.- dijo Lavander.
- Por qué? No seas aguafiestas!- dijo Parvati.
- No. Hablo enserio, no sería bonito que Peeves entrara y gritara por todas partes chicas semidesnudas!
- Buen punto.- dijo Ginny bajándose de la mesa.

Los seis Slytherins estaban ya enfrente del retrato de la señora Gorda. Jack no pudo evitar reir.
- Siempre odié a esa gorda asquerosa.- dijo mirando despectivamente al cuadro.
- Mejor te quedas.- dijo Draco a Pansy.
- Por qué?! Yo también quiero participar!
- No quiero que el humo te afecte, es mejor que te quedes y nos esperes.- dijo Draco mientras le daba un beso. - Haz lo que te digo.
Pansy sonrió coquetamente y le susurró al oído: Lo de esta noche, en mi cuarto, sigue en pie Y con esto se alejó.
- Vaya, qué protector con tus mujeres no?- dijo Zabini. - digo tus mujeres porque Pansy no es la única..
Todos rieron al unísino. Draco levantó una de sus cejas .
- Pansy es la única oficial, las demás, son solo otras

Con esto Draco sacó un frasco verde y lo abrió. La señora Gorda despertó de su sueño bruscamente y pareció aturdida.
- Ya hizo efecto.- dijo Draco. - Abre la puerta gorda..
- Sí..claro.- dijo mientras abría el paso a la sala común Gryffindoriana.

- Cállate por Merlín Lavander!- dijo Ginny.
- No puedo! Tengo que hablar! Es una necesidad corporal!- completó ella.
- Pues tu necesidad corporal hará que nos escuche alguien!- dijo Parvati.
Las tres se detuvieron tras Hermione, que miraba el retraro de la señora Gorda.
- Qué pasa dile la clave!- dijo Parvati.
- Ya se la dije, se la he dicho como tres veces..- dijo Hermione.
- Genial! Ahora no nos quiere abrir!- dijo Ginny.
- Tal vez cambiaron la clave justo cuando nos fuimos, o tal vez está profundamente dormida, creen que sea sonámbula? Tal vez eso es lo que hace que constantemente aprezca en otros cuadros..aunque muchos dicen que es porque está loca y le gusta molestar a los demás, pero yo no diría eso..
- YA CÁLLATE LAVANDER!!!
Hermione abrió el retrato con la mano. Todas se callaron asustadas.
- Está abierto.

Hermione entró y las demás la siguieron. Lo hicieron lo más silenciosamente posible, no solo porque no querían que alguien se percatara, sino porque sabían que algo andaba mal. Parvati dejó la grabadora en la mesa de la sala común.
- Parece que todos duermen
- pero entonces Jack salió detrás de la cortina y le tapó la boca apuntándola con la varita en el cuello. - miren los regalitos que encontré!
Hermione, Ginny y Lavander se voltearon y vieron a Zabini, Crabbe y Goyle caminando hacia ellas y tomándolas justo como Jack lo había hecho con Parvati.
- Suéltame engendro!- gritó Ginny cuando Crabbe la tomó, pero él fue más rápido y la apuntó con su varita, la pelirroja dejó de moverse inmediatamente.
- Qué hacen aquí?!- dijo Hermione aún tratando de zafarse de Zabini, sin embargo él la tenía bien agarrada de las manos por detrás y la varita en el cuello.
- Tranquila, tranquila Granger,
no sabía que tenías tan lindas piernas..- dijo Zabini mientras aprovechaba la situación y con su mano derecha acariciaba el muslo descubierto de la chica. - Ah, pueden gritar todo lo que quieran porque no las escucharán; pusimos un hechizo silenciador.
Hermione trató de gritar por la repulsión que sintió, pero Zabini le tapó la boca riendo.
- Así me gustas más Granger..-
- Deberíamos quedárnosalas, ya saben, para festejar..- dijo Jack tocando el seno de Parvati mientras ella forcejeaba.
- Tú que dices Draco?- dijo Goyle.
Hasta entonces, Hermione no se había percatado de la presencia del Slytherin, que estaba mirando todo lo que sucedía desde las esquina. Caminó hacia donde estaban sus amigos con la misma pose arrogante de siempre.
- No las podemos dejar ir
nos han visto ya.- dijo Zabini. - mejor quedémonos esta noche con ellas.
- Amárrenlas a los muebles.- ordenó Draco.
- Qué?- dijo Jack.
- Que las amarren que no escucharon!- dijo Draco empezando a enojarse.
*Y ahora qué?* pensó el rubio. No, lastimarlas no le convenía. Malditas sangres sucias, tenían que cumplicarlo todo, y encima venir tan poco cubiertas, aquello era demasiada tentación para sus compañeros
no tanto para él, pues tenía clase, y las sangres sucias no le atraían para nada. Sin embargo no pudo evitar desviar unos segundos su mirada hacia las piernas descubiertas de la castaña.

Zabini fue el último en terminar de atar a Hermione, pues ésta ponía demasiada resistencia. La castaña miraba con odio y rabia al rubio, quien permanecía como líder sin mover un solo dedo, con ese mismo inexpresivo rostro que seguía conservando esos aires de superioridad.
- Listo, ahora déjanos tocarlas.- dijo Jack suplicante a Draco.
- Primero vamos a poner el humo tóxico, después, hagan lo que quieran con ellas.- dijo Draco.
Hermione no podía creer lo que escuchaba. Lo odiaba, lo detestaba tanto! Iba a pagar todo aquello, y lo iba a pagar caro.
Jack y Zabini subieron seguidos de Crabbe y Goyle. Draco caminó para subir también, pero antes pasó por al lado de Hermione y le susurró al oído:
- Granger, tú te lo buscaste.
- Qué van a hacernos?!- dijo Ginny asustada. - No quiero que me toquen!
- Nadie quiere Ginny! Hay que soltarnos de alguna forma!- dijo Parvati.
- No podemos! Las cuerdas están demasiado fuertes!- dijo Lavander que ya había rompido en llanto.
- Cállense, a estos bichos hay que tratarlos por lo que son. Déjenme todo a mí, ellos no nos van a poner un solo dedo encima.- dijo Hermione.

Los Slytherin bajaron matándose de la risa. Todos menos Draco, cuya situación no soportaba un segundo más; aquello había dejado de ser divertido desde que la sangre sucia y sus amigas habían intervenido. Zabini miró a Hermione.
- Ahora sí
vamos a ver qué tan buena eres..- dijo mientras caminaba hacia ella y volvía a posar sus manos en las piernas de Hermione, tocándolas toscamente mientras subía por la entrepierna.
- Si nos tocan diremos que fueron ustedes!- dijo Hermione. Blaise paró bruscamente.
- Qué has dicho sangre sucia?- dijo Jack.
Hermione tomó aire.
- Dije que si nos tocan, le diremos a Dumbledore que ustedes fueron los que pusieron ese tal humo tóxico en el área de los hombres.
Todos se quedaron en silencio por unos segundos, luego Jack rió.
- Es tu palabra, asquerosa sangre sucia, contra la nuestra.
- Prueba a quien le van a creer más.- lo desafió la castaña audazmente.
Draco no pudo evitar sonreir ante la suspicacia de la chica.
- Vámonos.- dijo Draco. - Y déjenlas.
- Qué?- dijeron Crabbe y Goyle a la vez.
- Es un trato perras, ustedes no dicen nada de que nos vieron aquí, y nosotros no abusamos de su virginidad .- dijo Zabini.
Los cinco amigos fueron saliendo.
- Adiós perras usadas!- dijo Jack antes de irse.
6.- Amenazas y un nuevo viaje al pasado.

Hermione, Parvati, Lavander y Ginny no comían nada de lo que había en las mesas Gryffindorianas. Todos los hombres de su casa tosían sin parar y se quejaban de un dolor de gargante espantoso. Claro, ninguno de ellos tenía idea de lo que realmente había sucedido.
- Ni si quiera sé por qué todos tenemos lo mismo?- dijo Ron. - crees que se haya dañado la calefacción?
- Si se hubiera dañado entonces las mujeres tendrían lo mismo, pero da la casualidad que solo somos nosotros.- dijo Harry tratando de aclarar su garganta.
Hermione se sentía miserable por no poder decir la verdad, pero sobre todo podía sentir la rabia correr por sus venas a una velocidad impresionante. Lavander y Ginny tenían la mirada clavada en la mesa, humilladas ante lo ocurrido la noche anterior, mientras que Parvati y Hermione tenían ambas la mirada bien en alto, con la diferencia que Parvati mirada a cualquiero otro lado menos a la mesa de Slytherin, mientras que la castaña lo único que hacía era mandar miradas asesinas hacia los implicados.
- Mejor vámonos ya, se nos va a hacer tarde.- dijo Parvati. Las chicas se levantaron. Ginny saludó a Luna, quien no sabía nada de lo ocurrido, pero que pronto lo haría.

-Cómo puedes estar tan tranquila??- dijo Ginny a Parvati mientras caminaban por los pasillos. - estás como si nada!
- Es solo que no voy a dejarme vencer por unos imbéciles como ellos. Tengo un plan para hacerles pagar lo que hicieron, porque ni crean que porque no podemos decir nada ellos se van a salir con la suya.- dijo Parvati.
- De qué hablas?- dijo Lavander.- No me gusta para nada tus planes, siempre terminan en problemas..y lo que menos encesitamos ahora son problemas. ¿Sabes lo que nos harían? Nos colgarían! A ellos no les importa lo guapa que eres Parvati, no importa si te levantas la falda delante de ellos. No dudarán el hacerte daño y peor a nosotras que no tenemos tu figura eh? Compadécete aunque sea! No quiero ser comida de Slytherins! Y definitivamente no quiero que Goyle intente tocarme nuevamente!
- Lavander ya cállate!!! Hablas demasiado!!- dijo Parvati. - Quienes no tengan el valor para vengar lo que le hicieron a nuestros compañeros perfecto, huyan como cobardes, pero así sea sola pienso hacerlo. Qué dices Hermione?- dijo Parvati, pero ella se había ido caminando a lo largo del pasillo y perdiéndose entre los demás alumnos.

- No piensas ir a clases?- dijo Spencer siguiendo a Draco
- No.- dijo el rubio caminando fuera del castillo. - No es la primera vez que me fugo..di que estoy en enfermería y después me das los apuntes.
- Como quieras.- dijo Spencer caminando nuevamente hacia el castillo.
Draco caminó por el campo de Quittich. Aquel año iba a ganar la copa, iba a plastar a los Gryffindors fuera como fuera, tenía que hacerlo. Su orgullo no le iba a permitir perder aquel año. Sí, aplastaría a Potter delante de todos sus fans, y Pansy lo alabaría aún más.
*Pansy.* pensó maliciosamente recordando la noche anterior que había pasado con ella. Había sido bastante entretenida.
- Expelliarmus!- gritó una voz sumamente conocida mientras que el hechizo mandó a volar a Draco haciéndolo caer de espaldas en el suelo. El rubio levantó la mirada y la fijó en los ojos marrones de la castaña, que tenía su varita levantada, apuntándolo desafiantemente y con rabia en sus ojos.
Estaba esperando que la furia de Hermione explotara por lo de anoche.
- Maldito seas Malfoy!- dijo ella mientras seguía apuntándolo. La rabia y la humillación que había recibido hacían que su mano al sostener la varita temblara. - Si crees que por lo de ayer vas a salir impune, te equivocas. Haré que tú y cada uno de los de tu grupito paguen caro lo que hicieron!
Draco se levantó del suelo. Sus ojos grises gélidos estaban fijos en ella. Una risa burlona se dibujó en su rostro.
- Pagar por lo que hice Granger?- dijo mientras caminaba lentamente hacia ella. - Crees que te tengo miedo?
- No te acerques!- gritó Hermione empuñando con más fuerza su varita.
- Lastimarme? No eres capaz Granger. Es eso lo que te hace patética, el hecho que a la hora de rebelarte, te tiembla la mano.
- Tú no me conoces Malfoy, no me provoques.- adviritó la chica. - No necesito una varita para vengarme, es eso lo que nos hace diferentes.- con esto guardó su varita.
- Ah si?- dijo Draco riendo ante la insolencia de la castaña.- Y cómo piensas vengarte de mí sin tu varita sangre sucia eh?
El rostro de Hermione se relajó conteniendo la ira. Sin embargo el desafío no había terminado.
- Eso es fácil, solo diré una palabra: Pansy.
En todo ese tiempo, Draco se había mostrado firme y superior, pero al escuchar el nombre de su novia la perra de Hogwarts, su rostro cambió completamente de pose.
- Mientras no me quites ciertas partes, estamos bien Granger.- dijo bruscamente, creyéndose más ingenioso que ella y esperando que se callara ante su comentario, sin embargo, la reacción de la chica fue muy diferente de la que esperaba; Hermione levantó delicadamente su ceja mientras que una sonrisa se formaba en su rostro, era esa sonrisa altiva que tanto detestaba.
- Es eso precisamente lo que te quitaré Malfoy, porque no creas que me como el cuentito de que la quieres ni mucho menos.- dijo Hermione apagando por completo el comentario audaz del chico. Esto lo enfadó; nadie era capaz de responder a sus frases ácidas, no iba a hacerlo ahora una simple sangre sucia. Quería guerra? Pues eso era lo que iba a tener.
El rubio caminó lentamente hacia ella. Los ojos marrones de Hermione habían estado tan absortos en los grises del chico que no se dio cuenta del acercamiento hasta cuando ya solo habían unos escasos centímetros que él acortó tomándola de la cintura y pegándola contra sí. Hermione quiso reaccionar, pero todo había ocurrido tan rápido que apenas y pudo soltar un gemido de miedo cuando el chico posó su mano en su muslo y subió sus manos por él rápidamente, sin darle tiempo de nada.
Hermione lo empujó, pero ante esto él la pegó más contra sí, pegando sus labios en el oído de la castaña.
- Entonces tendrás que servir de reemplazo Granger. Una pregunta insoportable sabelotodo..¿sigues siendo virgen? O será que me tocará ser el primero

La chica gritó y lo empujó con todas sus fuerzas, no solo por lo que había dicho, sino porque al mismo tiempo en que había pronunciado aquellas hirientes palabras su mano había alcanzado su parte más íntima.
- Eres un asqueroso Malfoy! Jamás dejaría que me tocaras!- gritó ofendida, humillada, nuevamente.
Draco esbozó una sonrisa de satisfacción.
- Sí, sigues siendo virgen. No cabe duda. - con esto caminó para irse, pero al último momento se volteó nuevamente. - No creas siquiera que disfruté el tocarte..eres una sangre sucia, completamente inferior a mí
recuérdalo siempre Granger.

Lavander cepillaba el cabello de Ginny mientras que Parvati parecía muy ocupada tomando unas notas en la mesa de la sala común. Fue entonces cuando se escuchó cómo alguien ingresó a la sala. Todas levantaron la vista y chocaron con los ojos marrones centelleantes de Hermione.
- Ahora dime, ¿cuál es tu plan Parvati para vengarnos de esos mal nacidos?- dijo la castaña.
Parvati sonrió.

Hermione llegó a la biblioteca media hora después de la hora acostumbrada. Era normal, ya que había estado planeando con las demás lo que harían para vengarse de los Slytherins. Se imaginaba una gran pelea con Malfoy, quien seguramente le reclamaría la tardanza, y sin embargo, descubrió al llegar que él no estaba.
- Increíble..aún yo llegando tarde él sigue siendo el impuntual!- dijo Hermione molesta.

Estuvo esperando una media hora más. Justo cuando estaba punto de irse muerta de la rabia el rubio ingresó.
- Qué milagro llegaste??- dijo sarcásticamente Hermione.
- No estoy como para tu sarcasmo barato quieres? - dijo Draco altivamente. - Tengo cosas más importantes qué hacer. Recuerda Granger, yo sí tengo una vida..
Hermione entornó los ojos y se dirigió a la sección prohibida. El libro abierto yacía en el suelo y William estaba sentado, mirando los libros.
- Vaya! Ahora sé por qué es sección prohibida.- dijo William.- Era hora de que llegaran
- Es que al señor le parace que hay cosas más importantes que salvar su propia vida.- dijo Hermione.
Draco le dio una mirada odiosa y caminó hacia el libro.
- Vamonos ya no?- dijo el rubio.
Hermione se acercó.
El torbellino los absorvió.

Hermione cayó encima de Draco mientras éste se quejaba de dolor.
- Granger! Que no se te haga una costumbre!- dijo mientras la levantaba.
Hermione iba a responderle, pero prefirió no hacerlo al ver en el lugar donde se encontraban. Parecía un bar o algo por el estilo. La gente bebía en mesas y conversaban alegremente.
- Estamos algo lejos..- dijo Draco mirando por la ventana. Hermione notó que tenía toda la razón. Por afuera se veía el horizonte con campos descubiertos, seguramente estaban lejos de la ciudad.
- Mira!- dijo Hermione señalando una mesa.
Draco sintió que la sangre le hervía.
- Es Ron!- dijo Hermione corriendo hacia una mesa sonriedo.
El rubio la siguió.

En una mesa, el pelirrojo hablaba con lo que parecía ser un campesino. Ron vestía singularmente, con un sombrero y unos vaqueros; una escopeta estaba a su lado. Parecía ser un cazador.
- Dijiste entonces que una curandera salvó a tu hija?- dijo Ron.
- Exactamente, con sus manos! Fue milagro!! No usó varita o hechizo alguno!!
Ron rió.
- Eso me están diciendo muchas personas que dicen ser testigos de los milagros pronunciados.. pero, yo creo que es una farsante, sea quien sea voy a atraparla..no puede ser que siga engañando a a gente de esa forma..cuánto les cobró?
- Stephen, te dije que no nos cobró nada!
- No importa si no quieres decirme cuánto te cobró, pero la voy a atrapar, eso tenlo por seguro. Se aprovecha de que estamos en plena guerra civil contra los Gohts y coge a los heridos para engañarlos. No se va a quedar así.
Ron, o mejor dicho, Stephen, se levantó de la silla y muchas de las camareras suspiraron.
- Espera!- dijo el campesino. - Ya te he dicho que es mejor que dejes de pelear en esa guerra. Por qué no dejas que sean otros los que se arriesguen?? Los Gohts son demasiado peligrosos y lo sabes.-
Stephen rió.
- Tranquilo, yo sé lo que hago. Y si estoy metido en la guerra es porque no voy a dejar que criaturas como esas destruyan más de lo que ya han hecho.


Hermione miraba con ojos brillantes y asombrada a Ron, su mejor amigo, hablando como un héroe de historias fantásticas. Parecía otra persona. La sonrisa burlona de Draco la sacó de sus pensamientos.
- Pobretón en una vida, lo serás en la otra.- dijo mirándo a Ron irse del lugar.
- Cállate Malfoy! Que tú con dinero o sin él nunca serás ni la mitad de hombre que es Ron.
Aquello hizo que Draco quitara la sonrisa orgullosa de su rostro.
- Repite lo que dijiste Granger, y juro que no saldrás de aquí nunca más.
- Ya no te tengo miedo, hace mucho que descubrí que eres solo palabras. Es eso lo que te hace tan falso.
Antes de que Draco pudiera responder a aquello, un viento fuertemente los envolvió. Solo pudo escuchar el grito de Hermione antes de que no pudiera ver nada.

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ACUERDENSE DE Q ESTE FIC NO ES MIO, SINO DE UN MEXICANO Y PUDIERON HABERLO LEIDO EN OTRA WEB A NOMBRE DE CLOUD QUIEN ME AUTORIZÓ A PUBLICARLO AQUÍ, PORFAS NO ME DENUNCIEN POR PLAGIO! NO ME ESTOY ADUEÑANDO DE NADA.
7.- Separados En La Edad Media

Draco se golpeó la cabeza contra el suelo. Se levantó bruscamente y miró a su alrededor. Hermione no estaba.
- Granger!! Granger!! - gritó, pero nada, simplemente no estaba. - Maldita sea a dónde se fue!

La puerta sonó. Una criada corrió a abrir la puerta. Un jóven ingresó, era bastante alto y a Draco le pareció familiar. Tal vez porque en aquella vida lo había conocido.
- Pase por favor..- dijo la criada.

Por las escaleras bajó Magdalena, como siempre, demostrando esa belleza única que había heredado Carmen. El vestido que carga puesto parecía acariciar su piel formando de aquella, una imagen perfecta. Sus pasos eran delicados, como si volara y no tocara realmente la tierra.
- Es un honor tenerte aquí. Por Merlín! La última vez que te vi tan solo eras un niño y mírate! Ahora eres todo un hombre!- dijo ella extendiendo una mano que él besó sin dejar de observarla.
- Y usted es tal como la recuerdo, la belleza no la ha abandonado.- dijo él. Su cabello castaño estaba perfectamente peinado mientras que sus ojos miel fijos en la escalera, como si esperara a alguien en especial.
- Pero si estás guapísimo Andrés. Tu talla, tu piel blanca como siempre y todo de ti, seguramente mi hija se va a morir cuando te vea.

Draco comprendió entonces que se trataba de un pretendiente, pero de cuál de las dos hermanas?? Parecía ser conocido ya de la familia, así que seguramente era alguien de apellido importante.

Por las escaleras un vestido rojo hizo su aparición. Carmen, más hermosa de lo usual bajó por éstas, y los ojos de los presentes brillaron ante tal aparición esplendorosa. Parecía una fantasía, algo totalmente fuera de lo normal.
- Querida, éste es Andrés Buchamp, tu prometido; claro, si todavía quiere serlo.
- Cómo no serlo,- alegó Andrés inclinándose y besando la mano de Carmen. - Es imposible creer que hay algo más perfecto en este mundo que su hija. Sería para mí un honor que ella me aceptara.
Carmen sonrió.
- Nada de eso, es para mí un halago que alguien como usted fije sus ojos en mí.
- Dime Andrés, y explícame quién en este mundo no quedaría embelesado al mirarte. Todo lo que me habían dicho sobre tu belleza han sido palabras burdas sin peso suficiente, pues es simplemente inexplicable el arte que te envuelve.
Draco miraba la escena ofendido.
- Maldita zorra!! Apuesto a que mi antepasado no sabe de esto.
Ya se lo había imaginado, aquel no podía ser más que el prometido de Carmen. Isabella era una revolucionaria a quien lo que menos le importaba era casarse, y por lo tanto, lo demostraba proyectando esa imagen de ser alguien que no convenía para esposa. Además, quién eligiría a Isabella después de ver a Carmen? Era ilógico.
- Lamentamos que no esté presente Isabella, la hija de mi difunto marido, pero salió a realizar algunas diligencias. Por supuesto aprueba por completo su unión.
- Pues bien, la conoceré en otra ocasión. Definitivamente debe ser un encanto, teniendo una hermana así.
- Pues mi hermana, es un ser especial. - dijo Carmen.

Hermione sintió caer fuertemente sobre tierra. Abrió los ojos y éstos se llenaron de polvo. Tosió al sentir todo el polvo sobre ella mientras se levantaba. Se restregó los ojos y miró al frente, entonces, decidió correr: una manada de monsturos nunca antes vistos corrían hacia ella. Hermione gritó y huyó, sin embargo tropezó y cayó al suelo. Todo parecía perdido. Se cubrió con ambas manos en el suelo mientras sentía cómo la estampida pasaba a sus lados, sin verla.
*Qué sucede?? Qué son esas cosas???* pensó Hermione, y entonces recordó lo que había dicho Stephen.

estamos en plena guerra civil contra los Gohts..
Sí, aquellas bestias no podían ser otros que los Gohts. Parecían grandes caballos que andaban en dos patas, con rostros gruesos y cuerpo robusto y fornido. Monstruos, no podían ser otra cosa. Hermione se levantó y corrió entre ellos hacia unos árboles para protegerse. Entonces escuchó disparos. Rugidos de bestias heridas se expandían por el lugar. Una vez protegida, pudo ver cómo muchos hombres corrían y disparaban a los Gohts, inmediatamente reconoció a Stephen entre ellos.
La castaña jamás habría pensado que en su vida presenciaría una escena igual a aquella; estaba en un campo de guerra, donde magos disparaban hechizos con varitas enormes (realmente en aquella época no tenían varitas más pequeñas??) y los Gohts lanzándose sobre ellos como toros salvajes. Ella no podía hacer nada más que observar con la boca abierta y cierta angustia en su mirada, tenía un sabor amargo en los labios y entonces notó que su rodilla sangraba.
*Qué??!! Estoy lastimada??
un momento
eso quiere decir
que si me pasa algo aquí
enrealidad me sucede
sin emportar que sea aun recuerdo!* pensó, pero eseguida un una bala que cruzó justo sobre su cabeza y cayó en un árbol la hizo gritar.
Había estado a centímetros de una muerte segura. ¿Dónde estaba Draco en aquellos momentos? ¿Por qué no aparecía cuando más lo necesitaba?
- Maldito Malfoy!- gritó, pero entonces empezó a sentir algo extraño. Sí, era un olor penetrante que había invadido el lugar. Hermione se volteó y vio que justo en el árbol donde había caído la bala, salía un humo de color verde.
*Qué estúpida!* se dijo. Claro, ya lo había leído antes. En aquel tiempo los magos usaban escopetas mágicas, con balas que al caer tenían humo tóxico, otras gas, otras explosiones
en realidad múltiples resultados provenían de ellas. La chica no pudo pensar en algo más, porque cayó al suelo completamente desfallecida mientras todo se tornaba negro.

- Maldita sea Granger dónde diablos te metiste?- dijo Draco subiendo las escaleras de la mansión Shawn. Abajo, en la sala, Carmen y Andrés hablaban bastante animadamente, cosa que no quería presenciar; una zorra para pasar el rato estaba bien, pero una puta que se burlaba de él aunque fuera en el pasado, era más de lo que un Malfoy podía tolerar.
Caminó subiendo las escaleras. Entonces, en una ventana del pasillo, pudo ver a Isabella. Sí, era ella, se despedía de la nana y estaba vestida como una campesina, seguramente se dirigía a realizar uno de sus tantos actos de caridad. Aquello le causó repugnancia, no soportaba la bondad falsa de los seres humanos. ¿Acaso ella no lo hacía en el fondo para sentirse bien consigo misma? No lo hacía por el simple hecho de ayudar ni mucho menos, todo aquello era también un acto de egocentrismo, para poderse llenar la boca al decir: Al menos soy mejor que Carmen en algo.. Nadie más lo veía, pero él sí, él podía ver claramente el lado oscuro de Isabella
.era experto de descubrir defectos.
No tardó en bajar las escaleras corriendo y salir de la casa. Alcanzó pronto a Isabella, sin embargo perdió toda esperanza cuando ésta se montó en un caballo.
- Maldita sea! Debe ser la única mujer en esta época que sabe montar!- dijo. Sin embargo no iba a darse por vencido, tenía dos opciones: seguir fuera como fuera a Isabella, o quedarse viendo a la zorra de Carmen. Prefería la primera opción. La alcanzaría tarde, pero lo haría, solo tenía que seguir las huellas del caballo.

Hermione abrió los ojos lentamente. Sentía sus párpados pesados. Al ver hierba a su alrededor se levantó de inmediato recordando dónde estaba. Apoyándose en un árbol consiguió levantarse. Miró al frente, la imagen era desgarradora; los Gohts habían desaparecido, habían algunos muertos por todo el campo al igual que hombres. Hermione caminó entre cadáveres, aterrada y a la vez curiosa, como si buscara algo que en realidad aún no entendía. Fue entonces cuando lo vio, tirado en el suelo, con una gran herida en el pecho.
- Stephen!- dijo cayendo de rodillas mientras lágrimas corrían por sus mejillas.
Ella sabía que estaba en el pasado, pero aquel hombre era Ron, su mejor amigo, y estaba muerto. No podía dejar de sentir una opresión en el pecho que la hizo temblar. Fue entonces, cuando la vio.
Algo lejos, entre todo el polvo levantado en el aire, una mujer se acercaba. Sí, podía distinguirla a distancia: era Luna. Cargaba una bata blanca y larga, y su cabello rubio y lacio largo hasta la cintura se movía con la brisa. Se veía angelical, totalmente fuera de ese mundo terrenal. Era como un dios caminando entre tinieblas, dando un contraste de imágenes que la castaña solo pensó alguna vez poder ver en libros. Cuán equivocada estaba! Toda una vida perdida tratando de buscar experiencias en textos y enciclopedias, y ahora, solo ahora comprendía que había que vivir todo aquello para poder grabarlo en la piel, en la memoria. Todo un mundo a sus pies, más de lo que los libros le podrían mostrar jamás.
Luna se inclinó ante el cuerpo de Stephen. Su mano dulce y blanca acarició su cabeza, toda ella, emanaba una paz que era capaz de purificar todo lo que se encontraba cerca.
Unos hombres, campesinos, caminaron y se le acercaron.
- Señorita todos están muertos.- dijo uno.
- No, él sigue con vida.- dijo Luna. - Ayúdenme a llevarlo, por favor.
Los dos hombres se dispusieron a cargarlo, y así lo hicieron. Luna caminó junto a ellos, sin tener idea que Hermione los seguía, muy de cerca.

Draco caminaba siguiendo las huellas mientras pensaba. ¿Cómo su antepasado había sido tan estúpido como para dejarse engañar de tal forma? Era verdad, Carmen era esplendorosa, la mujer más atractiva que había visto en toda su vida (y sí que había visto muchas) simplemente, parecía irreal, y a eso había que aumentarle que tenía carácter, sí, uno ambicioso y manipulador, si estuviera en Hogwarts, sin duda sería una Slytherin por excelencia. Si lo pensaba mejor, podía comprender por qué Xavier estaba tan ciego por ella, sin embargo, la humillación de verse así mismo años atrás engañado por una mujer era inadmisible. Sentía la rabia correr por sus venas, ¿por qué tenía que estas ahí perdiendo su tiempo y enojándose por cosas que pasaron ya hace muchísimi tiempo? Aburrido, esa era la palabra, podría estar en ese preciso momento tirándose a Pansy o a otra de las tantas que llenaban su lista, y no siguiendo los pasos de una estúpida sangre sucia, que ni en el pasado había dejado de ser lo que era: una desabrida sabelotodo. Ya todo aquello lo estaba aburriendo demasiado, iba a tener que empezar a buscar alguna forma de divertirse..y Granger iba a ayudarle en eso.
Su orgullo de Malfoy no le permitía decir lo que pensaba, y muchas veces ni siquiera pensar lo que quería. Pero en aquel momento pareció dejar los escrúpulos a un lado y admitir, que de cierta manera, sí se sentía atraído hacia Granger. Parecía ilógico, no era bonita, en conjunto realmente había mucho mejores donde podía elegir, era una sangre sucia y era una aburrida come libros de lo peor. Pero, en aquel tiempo en que habían pasado obligados ambos, juntos, había descubierto cosas que antes no. Después de todo, su piel era suave, (como lo había comprobado ese mismo día) y el hecho de tener la seguridad de que nadie antes había puesto sus manos sobre ella lo excitaba. Aquellos aires que se sabe continuamente de saberlo todo sobre la tierra habían dejado de molestarle y pasado a incitarlo, además, si observaba algunas veces de cerca..tenía una boca perfecta, rosada y que sabía nadie nunca había besado. Sus ojos, pardos a pesar de ser comunes, tenían en conjunto esas pestañas largas y esos rasgos de inocencia, que aunque ella insistía en ocultar tras esa máscara de perfección, los poseía. No le gustaba, pero había dejado de disgustarle
podría ser un gran objeto de diversión, especialmente porque la conocía lo suficiente como para saber que no se dejaría fácilmente.
Una sonrisa malévola se formó en su labios cuando paró frente a lo que parecía una pequeña y modesta aldea. Observó a los niños corriendo y jugando, mientras que otros magos realizaban distintas labores. Ahí, junto a unos niños estaba Isabella. Su cabello castaño suelto y ese vestido blanco llano sin encajes la hacía ver como cuaquier otra campesina.
Entre sus manos tenía unos libros que leía mientras los niños reían alrededor de ella. Isabella sonreía en aquellos instantes, mostrando una dentadura blanca y perfecta, exceptuando por aquellos incisivos más largos de lo normal, pero en aquel momento casi no lo notó. Una niña se acercó a ella y le susurró algo en el oído, por lo que Isabella no tardó en estallar en carcajadas. También tenía una linda risa. ¿Hermione también reía así? La verdad era que no lo sabía, jamás había prestado atención a nada de lo que tuviera que ver con la castaña insignificante. Pero aquello había empezado a ser un experimento algo divertido.
¿Analizar a Granger? Sí, aquello sería una buena forma de distracción. Especialmente porque cuando encontrar sus puntos débiles la haría sufrir. Ella nunca sabría cuan placentero era para él destrozarla, nadie nunca lo sabría. Observó a Isabella, ahora no sabía dónde estaba la insoportable de Granger, pero por lo menos tenía a su antepasado. Sus hombros estaban descubiertos por el vestido, tenía ligeras pecas en ambos, aquello era un punto a favor para ella. No era muy bonita, eso era cierto; pero había algo
algunas cosas en ellas que eran bastante excitantes. Hubiera analizado más de no ser que un hombre ingresó a la aldea gritando.
- Vienen hacia acá!! Los que toman las tierras vienen hacia acá!- gritó el hombre. Todos los habitantes de la aldea lanzaron gemidos de desesperación y algunas mujeres rompieron en llanto. Draco no comprendía bien la situación, pero estaba seguro de que pronto lo haría.

8.- Xavier y Isabella, Enfrentados

- Tranquilos!- dijo Isabella. - Nadie se llevará sus tierras, ustedes llevan años aquí y les pertenece legalmente!
- Pero señorita!
- Pero nada, déjenmelo a mí, ya verán que

Pero no terminó la frase, porque unos jinetes ingresaron, eran como diez. Caballos negros y granges, bastante imponentes galopaban rodeando el lugar. Los niños corrieron a esconderse en sus casas con sus madres, solo Isabella y algunos hombres permanecieron firmes. Un jinete se puso al frente, Draco se interesó en la escena al ver que se trataba de Xavier.
- Así que el destino se empeña en que nos encontremos no?- dijo él mirando a Isabella con una sonrisa jactante en su rostro. - Te acuerdas de mí??
- Claro que me acuerdo de usted, cómo olvidarlo? Dígame, las piedras que le lanzé son tan duras como parecen??
Xavier mantenía su sonrisa mientras levantaba una ceja. Con que le iba a tocar discutir con aquella alzada, pues bien, parecía interesante el reto.
- Si vives aquí, lamento decirte que tú y tu aldea tendrán que desalojar. Estas tierras me pertenecen, y voy a usarlas.- dijo él sin perder su carisma. Isabella permanecía desafiante, con ambas manos en su cintura.
- Pues no me iré a ninguna parte, porque aquí llevamos viviendo exactamente 10 años, en los cuales todo lo que ves alrededor, es decir, casas, árboles, vegetación lo hemos creado nosotros. La tierra es nuestra..
Xavier la rodeó mientras su caballo levantaba polvo galopando alrededor de ella.
- Pero lamentablemente, no es eso lo que dicen los escritos no? Además, si quieren, pueden llevarse sus casas y sus árboles
porque de cualquier manera vamos a tumbarlos
necesitamos el terreno libre.
Isabella estaba indignada. Aquel imbécil creía que estaba hablando con una campesina que no sabía nada de asuntos legales, que a duras penas sabía leer. Cuanto se equivocaba.
- Vamos a ver, - dijo ella. - han pasado diez años en lo cuales el terreno no ha sido reclamado, ni siquiera ha pedido un alquiler. Hemos usado magia para que la tierra se fertilice, según tengo entendido, si el dueño de una tierra en el código mágico no la reclama en cinco años el contraro pierde su validez no es así? Y ya han pasado 10, me temo, que lo que trata de hacer es completamente ilegal.
Xavier borró la sonrisa de su rostro. Cómo aquella ignorante y simple obrera sabía todo aquello? La prepotencia que demostraba empezó a molestarle. Se bajó del cabello y caminó hacia ella.
- Pues bien, tienes razón.- dijo él . - Y dime quién va a defender lo que dices? Mi nombre es Xavier Pirandello. De verdad crees que una simple obrera como tú va a impedir que tome lo que quiero?? En esta ciudad, todo lo que yo digo se hace, así que no importa si la ley está de tu parte porque aquí no existe la justicia, y alguien como tú, debería saberlo.
Isabella encolerizó. Aquel era un maldito bastardo. Cómo podía haber en el mundo alguien tan ruin??
- Pues no nos iremos y me vale todo lo que usted y su dinero hagan!- gritó Isabella.
- Pues entonces voy a tener que obligarte a salir.- dijo Xavier mientras le hacía señales con los dedos a los hombres que lo seguían. Dos caminaron hacia ella para agarrarla por la fuerza.
Draco se sorprendió, cuando de repente de su vestido, Isabella sacó una navaja con la que amenazó a los dos que pretendían acercarse. Xavier se sorprendió tanto como Draco..ninguno de los dos esperaba aquella reacción.
- Se me acercan, y les juro que no respondo.- dijo Isabella.
A Xavier le brillaban los ojos mientras la miraba y una sonrisa burlona se asomó en su rostro.
- En algún momento tenía que salir no es así? Mejor prepara tus cosas salvajita..porque la próxima vez que venga será con un equipo desalojador mágico. Hasta entonces preciosa.- dijo esto último inclinándose ante ella mientras se montaba en su caballo y se alejaba. Los demás lo siguieron.

Hermione estaba dentro de lo que parecía una gran cabaña. Luna había dejado a Stephen recostado en una cama. Éste sudaba frío y parecía estar en muy malas condiciones. El calor que hacía en el lugar era realmente fuerte. Hermione se recogió en cabello en una cola y pasó una mano por su nuca. ¿Dónde estaba Luna?
En ese preciso momento, la castaña pudo ver cómo Stephen abría los ojos con esfuerzo, los cerraba, y los abría, parecía estar entre despierto y dormido. Hermione quiso acercarse y reconfortarlo, pero él no podía verla, además, en ese instante un pie se asomó por la escalera.
Stephen veía todo borroso. Lo único que recordaba con exactitud era la batalla, y como un Goht lo hirió. Ahora estaba en un lugar distinto, y sentía un dolor fuerte en su pecho, no podia moverse
¿acaso iba a morir?
Volteó la cabeza y la fijó en la escalera de madera, viendo como unos pies blancos bajaban los escalones delicadamente. Una tela blanca los rozaba, era el vestido, según notó luego
era
era una mujer.
Hermione volvió a sentir aquella paz que solo Luna proyectaba con su presencia. Ella caminó lentamente hacia donde se encontraba Stephen y se arrodillóa su lado. En el suelo, había una vasija con agua y una tela blanca. Luna la humedeció y la puso en su frente, refrescando el calor que en aquellos instantes él sentía. Una gasa estaba sobre la herida que tenía en su pecho, Hermione sintió dolor y a la vez repugnancia al ver cuando Luna la quitaba y dejaba un agujero al aire, lleno de sangre. Esa, era una herida mortal, no era necesario saber de medicina para afirmalo. Luna dejó la gasa llena de sangre en la vasija, y pronto el agua se tornó roja.
Estaba oscuro ya, y lo único que iluminaba el lugar era una chimenea, que proyectaba llamas en la madera. Luna parecía tranquila, proyectando esa paz interior increíblemente fuera de lo normal. Fue entonces, cuando sus blancas y delicadas manos de posaron en la herida de Stephen. Él gimió de dolor, pero pronto volvió a quedarse quieto. La rubia cerró sus ojos mientras mantenía sus manos en la herida. Solo Hermione, quien presenciaba la escena asombrada, pudo soltar un grito de impresión cuando Luna quitó sus manos de la herida sin dejar un solo rastro de ella.
Hermione no pudo ver más, ya que una ráfaga de viento la tragó nuevamente.

La castaña cayó sobre el frío piso de la sección prohibida. Soltó un quejido cuando sintió una mano levantándola bruscamente del suelo. Se topó con los fríos ojos grises de Malfoy.
- Dónde maldita sea te metiste Granger eh?! Creíste que iba a buscarte o algo por el estilo?? Qué no sabes que no podemos separarnos o tu cerebro definitivamente estalló por sobrecarga, pequeño ratón de biblioteca ?!
- Cállate Malfoy!! Tus estúpidos comentarios me tienen sin cuidado, y no es mi culpa que tu trasero haya dado a parar a otra parte, porque en lo que a mí respecta, donde yo estaba tú no apareciste ni en pintura!
Draco dio un paso adelante, justo hacia ella, provocando que ella retrocediera y se golpeara con el estante de libros. Fue entonces cuando William apareció. Por la expresión de su rostro se podía notar que no estaba muy contento.
Hubo un momento de silencio. Nadie decía nada, Draco y Hermione lo miraban y él a ellos sin pronunciar palabra. La castaña miró por una pequeña ventana con rejas de hierro que había en el lugar, aún estaba oscuro. ¿Por qué habrían regresado entonces?
- Ella tuvo la culpa.- espetó Draco rompiendo el silencio.
- Eso no es cierto!!- dijo Hermione.
- Claro que sí, si yo no tuve la culpa entonces la tuviste tú..además, siempre las sangres sucias hacen todo mal.
Hermione soltó un gritó de ira mientras se lanzaba sobre él, pero entonces William detuvo la pelea.
- Basta!! Por merlín! Son lo suficientemente mayores como para actuar como niños de 15 años! Ambos tienen 17, ya crezcan de una buena vez!
- 18.- dijo Malfoy corrigiendo.
- Como sea!.- dijo William,.- quiero que algo quede muy, pero muy claro. No vuelven a hacer lo que hicieron hoy.
- Pero si no hicimos nada!- dijo Hermione. - El viento llegó y

- Y no hicieron lo que yo les dije que hicieran desde un comienzo!- dijo William exasperado. - Les dije, y me harté de explicarles, que cuando eso suceda deben agarrarse el uno al otro, o irán a lugares distintos!
Los dos chicos se mantuvieron en silencio. Aquello era cierto, pero a ninguno le hacía ninguna gracia tener que tocarse.
- Miren, sé que no se llevan bien. Pero es peligroso que vayan a lugares distintos porque puede ser que nunca los encuentre y no los pueda regresar! Además! Se supone que están juntos para protegerse el uno al otro! La historia que están viviendo no es un cuento de hadas! Hay guerras y mosntruos y situaciones peligrosas, como ya Hermione pudo experimentar.
Draco por primera vez vio bien a Hermione. Estaba con el uniforme lleno de polvo y su rodilla sangraba. Tenía el cabello recogido en un moño alto dejando ver su nuca. Tenía que admitir, que si algún encanto tenía, ese era su cuello y sus hombros llenos de pecas.
- Por eso nos regresaste tan temprano no es así?- dijo Hermione.
Draco notó que tenía razón, miró su reloj, aún faltaban dos horas para que amaneciera.
- Pues sí, y ahora tendrán que quedarse aquí hasta que sea la hora conveniente. Mejor ambos actualícense de lo que vieron respectivamente.
Con esto William desapareció.
Draco caminó resignado a pasar dos horas encerrado, ya que aún no era hora de que abrieran la biblioteca, hacia la ventana y se sentó en el espacio que había frente a ella. Sacó un cigarrillo de su túnica y lo encendió, mientras miraba por el cristal.
Hermione no pudo evitar ver aquella imagen que quedaría imortalizada en su mente para siempre; la luz de la luna, reflejando en su cabello rubio un hermoso matiz. ¿Quién iba a pensarlo? Ella ahí, sola con Draco Malfoy; el Rey de Slytherin, la serpiente mayor. Trató de apartar la vista del chico, pero no pudo, su curiosidad era inocente, lo miraba sin pensar en absolutamente nada. Cargaba sus pantalones negros y esa camiseta blanca siempre con los primeros botones desabrochados. Su cabello rubio corría sobre su frente; parecía un dios.
Y lo era, era nada más y nada menos que el dios de la casa de Salazar Slytherin. ¿Cómo podía ser alguien tan inhumano cómo él? Todavía recordaba lo sucedido la noche anterior y le temblaba el cuerpo de ira. Zabini, tocándola, y él, mirando fríamente, sin mover un solo dedo. ¿Y entonces por qué le seguía mirando? ¿Por qué su mirada seguía cautiva en él?
Draco terminó el cigarrillo y lo aplastó con la suela de su zapato. Ya había pasado demasiado tiempo aburrido; era hora de un poco de diversión. Sus ojos grises se fijaron en Hermione, y notó que ella lo había estado observando. No pudo evitar forjar una sonrisa burlona en su rostro al ver el nerviosismo con el que había volteado la cabeza, fingiendo que no había estado mirándolo. Draco se levantó y caminó hacia ella.
- Granger, una pregunta..¿Siempre sales con las prostitutas de tus amigas en ropas menores por todo Hogwarts? ¿o solo fueron a hacerle algún favor a los de alguna otra casa?- espetó ácidamente, disfrutando de la ofendida expresión de la chica.
- Qué te importa Malfoy!- dijo sumamente molesta y mirando a otras partes, no quería chocarse con los ojos grises del chico..no sabía por qué, pero aquella noche no tenía valor como para hacerlo.
Draco rió.
- Cierto! Se me olvidó que aún eres virgen, jaja entonces tus amigas trataron de conseguirte a alguien
pero tranquila, algún día alguien querrá hacerte el favor.
Hermione quiso avalanzarse contra él, pero solo pudo dar unos pasos, y luego solo pudo soltar un quejido por su rodilla herida. Hubiera caído al suelo, de no ser que Draco la había tomado por las muñecas y la había pegado fuertemente contra la pared.
Hermione volvió a soltar un gemido de dolor por la fuerza con la que la había lanzado. Él mantenía las muñecas de Hermione pegadas a la pared arriba de su cabeza, y aseguraba su cuerpo contra el muro pegándose a ella, tanto, que la chica casi no podía respirar.
Ahora, a eso sí se le podía llamar diversión. Granger podía ser todo un juguetito en sus manos. La chica tenía su carácter, era muy interesante discutir e insultarla, además, su cuerpo jamás descubierto le daba ese aire de misterio que lo cautivaba por completo
solo la insultaría un poco más. ¡Cuánto disfrutaba humillándola!
La respiración de Hermione era agitada, Draco podía sentir todo el cuerpo de la chica pegado al de él, lo que lo incitaba a darle más acción a la escena
solo quería asustarla un poco, maltratarla..y luego dejarla
ese era el plan.
- Si quieres, te puedo enviar a Zabini
a él le encanta desvirginar mujeres créeme
y como ya quedan pocas en todo Hogwarts, en su lista solo quedas tú. Mejor acéptalo Granger, nunca tendrás una mejor opción que la de un Slytherin..
- Ya cállate!!- gritó Hermione llena de indignación . - Si soy virgen o no, no es tu maldito problema Malfoy! Y créeme que todo esto lo vas a pagar, todo!
Draco rió. Cuan excitante podría ser seguir insultándola. No sabía por qué disfrutaba tanto de humillarla, simplemente lo hacía. No podía avitarlo.
- Granger, la verdad que debe ser frustrante ser la única en tu grupito de amigas putas que no tiene ni un solo pretendiente
tal vez es por eso que te la pasas en la biblioteca, comiendo libros

Hermione no soportaba más la humillación en la que se veía sometida. Ella sabía que no era más atractiva que Ginny, Lavander, Luna ni muchos menos Parvati..pero tampoco era un monstruo a quien nadie miraba..eso era mentira. Se dispuso a darle en donde más le dolía.
- Y tal vez tú eres un maldito ninfómano que se tira a todas las tipas de Hogwarts para compensar su complejo de infierioridad! - gritó con ira. - todas esas tipas con las que te acuestas! Esa estúpida imagen que te has formado! Esa vida llena de superficialidades! Quién eres en realidad Draco Malfoy??! Nadie te conoce! Ni tu mismo! Y así pretendes ganarle a Harry??? Das lástima!
Draco la soltó bruscamente y ella cayó al suelo. Hermione había esperado que el chico se exasperara, que le gritara más insultos, o la humillara aún más después de aquel último comentario, sin embargo, el rubio la había soltado borrando la risita burlona de su rostro y caminado nuevamente hacia la ventana.
Hermione se levantó aguantando el dolor de su rodilla.
- Qué pasa Malfoy? Se te acabaron los insultos o tu última neurona murió?- dijo Hermione recobrando fuerzas.
Él rió ante el comentario ácido que bien hubiera sido digno de un Slytherin. Se mantuvo en silencio unos segundos. Luego la miró fríamente, como siempre lo hacía.
- Me aburriste nuevamente Granger, y justo cuando empezaba a divertirme
eso es todo. Ahora, que tal si mejor dejas de decir cosas sin sentido y comienzas a contar lo que pasó mientras nos separamos, y que te dejó en ese estado tan patético.
Hermione se sintió obviamente ofendida ante aquello, pero prefirió terminar la pelea allí, y no seguir. Comenzó su relato sobre lo que había visto.
9.- Manos a la Obra

La castaña se tomó su tiempo al relatar, lo había hecho con lujo de detalles y especificando exactamente lo que había sucedido. Cuando terminó Draco se quedó en blanco, seguía mirando por la ventana en silencio.
- Te toca.- dijo Hermione algo adolorida y mirándose la rodilla.
- No tengo nada interesante que contar. La puta de tu hermana se comprometió, de ahí te peleaste conmigo por unas tierras y eso fue todo.
Hermione lo miró molesta, ella que se había tomado el tiempo necesario para relatar los hechos con punto y coma
mientras que el chico ni se tomaba la molestia de explicar bien lo que había visto. Seguía ahí, con su mirada arrogante.
*Narcisista* pensó mientras volteaba la cara furiosa.
Draco rió, sabía que aquello le había fastidiado a la muchacha. ¿Pero qué culpa tenía él de que ella fuera una exagerada, aburrida e insoportable perfeccionista que se preocupaba tanto por contar las cosas al pie de la letra? Su filosofía era, mientras menos palabras, mejor. No entendía cómo la Grifindor vivía así, siendo tan perfecta, haciendo exactamente todo lo que le decían. Las horas libres se las pasaba comiendo libros dando esa imagen de quien no rompe una sola regla, de la que siempre hace lo que está correcto. Eso le molestaba terriblemente, y hacía aún más divertido fastidiarla.
*Malfoy, ya vas a ver..vas a tragarte cada una de tus palabras..te lo juro. No sabes aún lo que soy capaz de hacer..* pensaba Hermione mientras trataba de controlar su ira.
Draco la observaba, su ceño estaba fruncido y mordía sus labios , tenía esos gestos dignos de niña ofendida. Había decidido no molestala más
pero era irresistible..
- Ya quita esa cara Granger, solo muestra cada vez más lo aburrida que eres.
Eso fue lo último que iba a tolerar.
Hermione se puso en pie con mucha dificultad y levantando ligeramente la pierna, pues le ardía la rodilla.
- Pues tú no te creas un mar de diversión Malfoy!
Draco rió.
- Eso no es lo que dice Pansy y el resto de Hogwarts

Hermione abrió la boca sin emitir ningún sonido. El rubio se sintió vencedor ante aquel comentario y disfrutó del gesto de la castaña.
- Pues
.si quitamos a las tipas en celo sí eres aburrido!
Con esto la chica dio media vuelta y caminó cojeando hacia la puerta.
- Y ahora qué haces Granger
- Me largo, no te soporto más.- dijo ella mientras abría la puerta de la sección prohibida.
Salió cojeando y pronto fue seguida por el rubio. Ahora que lo notaba, ya todo estaba abierto.
*Que suerte que es domingo..si no cómo iría a clases en estas condiciones??* pensó ella. *Ahora deben seguir todos dormidos..así que nadie notará si entro a la sala común así..*
Draco se había adelantado para salir, cuando descubrió una voz sumamente conocida.
- Draco??- dijo la voz de Pansy.
Hermione abrió los ojos como platos mientras corría y se escondía tras una repisa de libros. Inmediatamente apareció la figura perfecta de la Slytherin, quien se lanzó sobre Draco dándole un beso que el chico correspondió con intesidad, tomándola por la cintura y pegándola contra su cuerpo. La castaña sintió rabia, aunque no supo por qué realmente.
*Esto es desagradable
.Es que ella no tienen dignidad?? Lo busca todo el tiempo!! Y él.. qué no le da vergüenza ser tan exhibicionista???...esa fue una pregunta estúpida
ese tipo no tiene escrúpulos para nada Hermione!*
- Qué haces aquí??- preguntó Pansy cuando por fin dejaron de un lado el beso..aunque Draco lo había reemplazado por morder su oreja.
- Y tú cómo me encontraste?- dijo Draco. La castaña sonrió, cuán hábil era para desviar la conversación! y seguramente la estúpida de Pansy no lo notaría. Le faltaba medio cerebro.
- Pues..no estabas en ninguna parte, y según Zabini podrías estar aquí en busca de un libro con encantamientos de magia negra o algo por el estilo. Últimamente te han visto muchos en la biblioteca- dijo Pansy.
Mientras Draco mordía su oreja, le hacía señales a Hermione para que aprovechara el momento y saliera de una buena vez. Sin embargo la chica no se movía, sabía que eso le molestaría al rubio..era hora de tomar un poco de venganza.
Hermione lanzó apropósito un libro de la estantería. Pansy se dio la vuelta y chocó con los ojos marrones de la castaña.
- Perdón.- dijo inocentemente.
- Qué haces aquí tan temprano patética rata de biblioteca?..- dijo Pansy mirándola de arriba abajo. - Estabas con ella??- le preguntó a Draco.
El rubio estalló a carcajadas mientras miraba despectivamente a la castaña.
- Yo?? Con ésta?! Por favor Pansy, sí que no has perdido tu sentido del humor.- dijo mientras la volvía a tomar por la cintura, pero ella lo alejó volviéndose nuevamente hacia la castaña. Draco le enviaba miradas furiosas. Iba a pagar lo que había hecho.
- Lárgate de una vez y mira si te pegas un baño, das más asco de lo normal retrasada.- dijo la rubia. Ella no podía perder ni un solo segundo para insultar a Hermione, era su naturaleza. La odiaba como a nadie dentro de Hogwarts.
- Y tú mira si te das un transplante cerebral; estás más tarada de lo normal.- dijo la castaña haciendo uso del sarcasmo del cual era maestra.
- Cómo te atreves maldita..- dijo Pansy mientras caminaba hacia ella dispuesta a golpearla, pero entonces Hermione sacó su varita apuntándola.
- No te atrevas tú..- dijo la castaña. - Deberías aprender a llevar tu varita a todas partes..no sabes cuándo la puedes necesitar.
Pansy la miraba llena de odio. Draco seguía apoyado en la mesa de brazos cruzados, observando la escena sin que nada le perturbara. Le hubiera gustado ver a Pansy golpearla, pero ya qué
el destino no lo había querido así.
- Te espero en la sala común.- dijo Pansy molesta mientras salía de la biblioteca.
Hermione tenía una sonrisa dibujada en su rostro mientras guardaba su varita nuevamente, Draco caminaba hacia ella mirándola furioso.
- ¿Qué se supone que hacías?! Tendrías que haberte largado en cuanto te dije que lo hicieras
- Pues, resulta que se me cayó el libro..no fue mi intensión.- dijo haciéndose la inocente.
Draco rió sarcásticamente.
- Yo no nací ayer Granger.
- Yo sí.
- Eres la mentirosa más grande que he conocido, y eso que estoy en Slytherin.- dijo el rubio. - Pero eres la peor de todas mintiendo, porque la hipocresía brota por los poros de tu cara.
- Como sea, me voy a bañar como dijo tu novia.- y con esto salió triunfante, aunque todavía faltaba la mejor parte para comenzar su venganza. Malfoy se iba a arrepentir de haberla humillado. Ya vería quién era Hermione Granger.

- Gané!!- gritó Parvati lanzando la última carta.
- Eres una tramposa!!- gritó Luna ofendida por haber perdido por cuarta vez consecutiva.
- Y tú una mala perdedora.- dijo Parvati sacándole la lengua.
Hermione leía un libro arrimaba al árbol mientra sus amigas jugaban cartas en el cesped. Después de bañarse, relajarse un poco e ir donde Madame Pomfrey para que arreglara la herida en su rodilla había decidido tomar aire con sus amigas. Miró unos instantes a Parvati; alta, con su cabello lacio y negro brillante, sumamente atractiva. Ella nunca podría ser así.
*Ya basta! No debes dejar que los insultos de Malfoy te afecten! Es verdad, no eres linda como Parvati o Pansy..pero tienes otras cualidades bastante interesantes* pensó volviendo a fijar sus ojos en el libro. En ese momento un avión de papel aterrizó sobre su falda. Hermione volteó y sus ojos se chocaron con los grises de Draco, quien se fue rápidamente con otros amigos suyos de Slytherin.
Inmediatamente la castaña ocultó el papel con el libro, no quería que sus amigas lo vieran. Lo abrió con cuidado, desplegándolo silenciosamente:
Hoy no iré en la noche.
Malfoy.
Hermione sintió cómo la sangre corría por sus venas rápidamente. ¿Quién se creía, el dueño del mundo? Creía que todo lo que salía de su boca eran ordenes que debían cumplirse??? Maldito engreído!
Hermione dejó escapar un soplido de furia. Sus amigas la miraron.
- Qué pasa Hermione?- preguntó Ginny.
La castaña las miró sin saber qué decir.
- Yo sé lo que le pasa.- dijo Parvati. - se acordó de lo que los Slytherins nos hicieron y le dio rabia. Pero les diré qué, ya me cansé, lo haremos esta noche.
Todas permanecieron en silencio y enpalidecieron, todas excepto Hermione quien no pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro de satisfacción. Sí, aquella noche sería su venganza.

La noche había llegado hace mucho tiempo ya. Eran más de las doce, y se suponía todos los alumnos debían estar durmiendo, sin embargo, en Slytherin nadie pensaba hacer lo de costumbre.
Era conocido por todos la clase de fiestas que las serpientes de Hogwarts organizaban amenudo. No invitaban a ninguna casa, ya que simplemente eran inferiores, y además; entre reptiles se entendían mucho mejor. La música estaba fuerte, y se aseguraron de que nadie afuera de la sala común la escuchara con un hechizo silenciador super potente. Las luces eran de distintos colores y daban un ambiente bastante bohemio al lugar. Las Slytherins, fumando, tomando, bailando provocativamente o acostándose arriba en las habitaciones con quien se les pasara por delante; Los Slytherins, exactamente lo mismo. Enrealidad, en aquellas fiestas no había una sola persona que terminara la velada sin llevarse a alguien a la cama. No por nada se habían ganado el título descrito por los Ravenclaws como Ninfómanos de m...
- Mira esas perras
estan provocándome enserio..- dijo Spencer mirando hacia la mesa de la sala común. Allí bailaban las más atractivas de Slytherin, encabezando por supuesto Pansy Parkinson, quien se movía atrevidamente mientras posaba sus ojos en Draco. - Por supuesto quitando a Pansy..- aclaró después de notar la mirada asesina del rubio.
Draco Malfoy, el Rey de Slytherin, estaba en una esquina tomando con sus amigos, riéndose de las mismas bromas venenosas de siempre y señalando quienes serían las afortunadas aquella noche. No podían si quiera imaginar, que mientras un Slytherin había salido un instante y usado la clave para volver a ingresar, cinco chicas, cuatro Gryffindor’s y una Ravenclaw, entraban en su sala común invadiendo territorio ajeno.
- Por Merlín!! Así que estamos en una de las bien conocidas orgías a lo Slytherin!- dijo Parvati emocionada mientras gateaba por el suelo con un frasco en la mano.
- Cállate! No grites demasiado! El hechizo es de invisibilidad no silenciador!- dijo Ginny. - Herm, cuánto dura el hechizo para que no nos vean?
- Una hora, así que apurémonos quieren?- dijo Hermione mientras seguía gateando.
Las cinco tenían un frasco en mano, donde unos extraños animales negros aleteaban. En fila, esquivaban a Slytherins de la sala común que no las podían ver ni imaginar que se encontraban ahí. Hermione pudo ver fugazmente a Draco, junto con sus amigotes, observando pervertidamente la mesa donde las zorras esas se prostituían sin importarles nada. Era ese ambiente el que no soportaba la castaña; esos seres que se creían perfectos, populares, invencibles. No lo eran, y esa noche ella se los probaría.
- Aquí, pongámoslas.- dijo Hermione poniendo el frasco detrás de un mueble. Todas lo hicieron.
- Vamos Herm, es tu turno, solo tú te sabes el hechizo.- dijo Lavander.
Hermione asintió mientras sacaba la varita. Susurró algo mientras un rayó salió de su varita hacia los frascos. Y comenzó un Tic, Toc, Tic, Toc
el reloj comenzó a rodar.
- Vámos ya!- dijo Luna mientras todas gateaban hasta la salida.
Una vez fuera rieron fuertemente.
- Me hubiera gustado verlos gritar..- dijo Parvati.
- No hubiera sido bonito si nos quedábamos.- dijo Luna.
- Eso es cierto.- dijo Ginny.
- JAJAJAJAJ.- seguía riéndose Lavander.
- Un momento
- dijo Hermione buscando en su túnica. - Alguien ha visto mi listón celeste?
- Tu listón?? El que usas para atar tu cabello??- dijo Luna. - No, yo no.
- Estaba en mi bolsillo antes de entrar a la
.- dijo mientras se quedaba petrificada mirando la entrada de la sala común de Slytherin. - oh, no. 10.- Consecuencias

La fiesta se interrumpió abruptamente ante una manada de bichos negros volando por todo el lugar. Eran tan grandes como langostas. Todos gritaban mientras éstos no dejaban de llenar la sala común; subían por las escaleras hacia las habitaciones, no dejaban nada a su paso. El pánico invadió el lugar al ver cómo cada vez había más de ellos. Nubes negras se elevaban en el aire pegándose en las caras y ropas de los Slytherins. Los gritos despavoridos de las mujeres ante aquellos repulsivos insectos eran impresionantes.
Draco corría en dirección de donde la nube negra de insectos salía; detrás del mueble. Se lanzó hacia ellos y vio cinco frascos de donde seguían saliendo insectos voladores sin parar. Sacó su varita y lanzó un hechizo retenedor; los bichos dejaron de salir.
Todos en la sala se tranquilizaron mientras Pansy lanzaba un hechizo inmovilizador que impidió que los insectos siguieran moviéndose; todos ellos cayeron al suelo.
- Maldita sea qué fue eso!- dijo Spencer levantándose del suelo al igual que muchos que habían caído por la desesperación del momento.
- Alguien puso esa mierda!- gritó Zabini señalando los frascos. - Quién fue para partirle la cara!?
Todos discutían menos el rubio, quien seguía inclinado frente a los frascos, sin decir una sola palabra. La sangre hirviendo corría por sus venas como nunca antes lo había hecho. La rabia y la ira mezcladas empezaban a profundizar en sus pensamientos y en su cuerpo. No decía nada, solo podía apretar entre los puños de sus manos, un listón celeste que recordaba perfectamente sostenía la noche anterior el cabello de Hermione Granger.

Hermione despertó aquella mañana con una sonrisa en su rostro. Sí, le había dado su merecido a toda esa bola de engreídos Slytherins, sobretodo a Draco y a Pansy, quienes desde siempre se habían empeñado en hacer su vida completamente imposible. Entonces su felicidad momentánea se nubló al recordar el listón olvidado.
*no puedo tener tan mala suerte como para que él lo haya encontrado, y encima, recordado que lo usé la noche anterior! No, no puede ser
eso sería demasiada mala suerte* pensó levantándose de la cama. Vio por la ventana cómo llovía increíblemente fuerte. Parvati entró al cuarto sin tocar, aún seguía en pijama.
- No hay clases las primeras horas del día por la lluvia, parece que han habido unos problemas con goteras y todos estan ocupados arreglándolo. Pero habrá clases normales después del almuerzo así que puedes dormir hasta entonces
aunque yo ya voy a desayunar mejor ven conmigo.- dijo.
- Sí ya voy.- dijo Hermione preocupada y sin prestarle mucha atención. ¿De qué sería capaz Malfoy si supiera que ella había sido la que había colocado esos frascos? ¿De qué? Tenía que confesar que no sabía hasta dónde podría llegar el chico.
*No me interesa lo que me haga si se entera.* pensó. Igual, aquel día era como cualquier otro. Uno en el cual Harry y Ron ni se preguntaban lo que le sucedía. Nadie podía indagar en sus pensamientos, nadie sabía lo que había dentro de ella. Quién podría imaginar que la chica más inteligente de Hogwarts, mejor amiga del niño que vivió podría tener tantas cosas guardadas dentro de sí que no le permitían ser feliz. Nadie, esa era la respuesta, nadie ni siquiera pensaba que ella se odiaba a sí misma. Se tenía tanto rencor, por ser exactamente como era, una mujer que era valiente para todo menos para enfrentar sus propios problemas, y para evitarlos, estudiaba como desquiciada y se ocultaba en la pasta de los libros. Era cierto, le encantaba leer, conocer sobre todo
pero no era tan cerebrito como para pasar días libres en la biblioteca. Eso sólo lo hacía para mantenerse ocupada, y no llorar por la soledad que la embargaba. Soledad que no tenía aparente explicación.

Hermione se vistió y se dejó el cabello suelto. Estaba deprimida, así que el apetito se le había abierto fantásticamente. Seguramente iría a deborar la mesa Gryffindoriana, lo que la engordaría y haría que se deprimiera más de lo que ya estaba. De cualquier forma, estaba bastante delgada, de hecho tenía una figura esbelta para lo que solía comer cuando estaba triste. Aquello le sorprendía, pero no evitaba que sintiera remordimientos.
Bajó las escaleras hacia la sala común y no encontró a ninguno de sus amigos, supuso que estarían o durmiendo o desayunando. Así que decidió salir sin preocuparse.

Harry dormía boca abajo, con todo su cabello desordenado y sin camisa, como solía hacerlo ya por costumbre, dejando a la luz sus músculos desarrollados por prácticas de Quidditch. Abrió los ojos lentamente y miró el reloj con una nota se Neville, que hablaba sobre la cancelación de las clases en la mañana. Suspiró mientras se levantaba y tomaba una alhomada entre sus manos. Observó al pelirrojo que estaba dormido con la boca semiabierta y lanzó la almohada sobre él lo suficientemente fuerte como para despertarlo.
- Qué mierda quieres Harry..- dijo sin abrir los ojos.
- Que te levantes para ir a comer..tengo hambre.- dijo Harry mientras se arrimaba a la pared y miraba por la ventana. - llueve bastante eh?
Ron asintió sin moverse ni abrir los ojos. Harry se puso una camisa blanca y se colocó los anteojos.
- Es cierto que tu hermanita tiene novio?
El pelirrojo abrió los ojos ante el comentario repentino.
- Pues, sí. Es un tal Thomas de Hufflepuff.
- Ah.- dijo Harry sacando su uniforme. - Yo que tú estaría preocupado.
Ron se levantó y miró extrañado a su mejor amigo.
- Por qué lo estaría?- preguntó interesándose en la conversación.
- Me han dicho que es de los que no toman las cosas enserio, tu sabes de lo que hablo.
- Si ese mal nacido le hace algo a mi hermana se va arrepentir toda su vida.
- Mejor que evites que le haga daño no?- dijo Harry. - No sé, es tu hermana menor, si le dices que no puede verse con ese tipo, tendrá que obedecerte no?
Ron rió.
- No conoces a Ginny. No me hará caso en nada, esa mocosa no me respeta.
- Pues imponte no? Ya va siendo hora.- dijo Harry. - Claro, al menos que quieras que ese tipo la use y luego pues

- Cállate Harry!- dijo Ron. - ni lo digas, lo mato antes. Hablaré con esa niña, va a tener que entender por las buenas, o por las malas.

Hermione caminaba por los pasillos hacia el gran comedor, cuando a unos metros chocó con la mirada de Draco Malfoy. No supo cómo, pero en sus ojos grises pudo ver la rabia y la ira contenida solo de quien sabía que ella había hecho algo en su contra. Se quedó estática, recibiendo la mirada del chico durante algunos segundos en que ninguno de los dos se movió.
*Lo sabe, sabe que fui yo.!* pensaba aterrada mientras cada parte de su cuerpo temblaba.
Entonces sucedió algo que le heló la sangre por completo; el rubio se abrió paso entre los alumnos que caminaban por el pasillo para dirigirse hacia ella. Hermione solo pudo reaccionar volteándose y corriendo. A dónde? No sabía, cualquier parte donde Malfoy no estuviera. Segundos después que la castaña había empezado a correr, el rubio había gritado.
- Granger no huirás!!- y seguido de esto, corrió tras ella.
*No por favor no!!!* pensaba ella mientras corría por los pasillos volteando en esquinas lo más rápido que podía, huyendo de la furia del chico. En el fondo sabía que era inútil; Draco Malfoy era uno de los mejores atletas en el colegio, la alcanzaría en cuestión de segundos. Sentía cómo el rubio se adelantaba y entonces aceleró el paso lo más que sus piernas le permitieron.

*Maldita perra, no te me vas a escapar..vas a pagar!* pensó Draco mientras la seguía muy de cerca. La castaña dio una vuelta a la derecha y salió del castillo por la puerta que daba a las afueras de Hogwarts.

A Hermione le importó muy poco el hecho de que llovía a cántaros, aquello no era importante ahora: su vida lo era! Y con Malfoy, ésta corría peligro. Corrió sin mirar hacia atrás y llegó a la cancha de Quidditch. Ya estaba sintiendo cómo sus piernas empezaban a bajar la velocidad mientras las del rubio parecían tomar más fuerza y alcance.
- Ahh!- gritó cuando sintió una mano agarrándole el brazo y obligándola a voltear. Hermione chocó contra el rubio.
Ambos estaban completamente empapados. Draco Malfoy seguía observándola con su cabello rubio mojado cayendo sobre su frente y fijando sus ojos grises hielo en ella mientras forcejeaba. La pegó más contra su cuerpo mojado inmovilizándola.
- Maldita perra vas a pagar lo que hiciste!!!
- No hice nada déjame!!!.- gritaba Hermione sin dejar de moverse.
- Así que además de perra eres mentirosa!!- dijo Draco enfadándose más de lo normal. Sus dedos los tenía clavados en los brazos de la chica.
- Me lastimas!!
- Eso es lo que quiero!!
Hermione temblaba toda, ¿en qué se había metido? ¿Por qué precisamente se le tenía que haber caído algo a ella? Nada de aquello importaba. Tenía que librarse de él fuera como fuera. La castaña comenzó a dar patadas, pero él solo la apretó más.
- Lo que hiciste fue una muy, pero muy mala idea sangre sucia.- dijo mientras tomaba el control nuevamente. - creíste que te burlarías de un Slytherin y saldrías ilesa?? La sola idea es estúpida

Hermione le escupió en la cara. Solo después noto que aquello no había sido una buena idea. El rubio la tomó de la cintura y la levantó colocándola sobre su hombro derecho mientras caminaba hacia la entrada del castillo. Hermione gritaba y lo golpeaba con sus manos. Sabía de sobra que aquello no lo lastimaba ni un poco, pero al menos quería ser molesta, lo más molesta posible


Entraron al castillo y solo ahí Hermione comprendió la gravedad del asunto. No sabía cuan vengativo podría ser Malfoy, pero suponía que su ira no tenía límites, y no tendría consideraciones con ella
una sangre sucia. El frío comenzó a subir por su piernas y recorrer todo su cuerpo, y no solo era por el hecho de que estaba completamente mojada.

El rubio entró en la primera sala que encontró y cerró la puerta. Lanzó a la castaña al suelo sin la menor consideración y sacó su varita hechando un hechizo sellador de puertas tras uno silenciador, asegurándose de que nadie pudiera oirlos.
- Para qué fue eso Malfoy?!- dijo Hermione levantándose del piso sin reconocer los hechizos lanzados.
- Para que nadie escuche tus gritos Granger
- aquellas palabras helaron el cuerpo de la castaña, sin embargo, ella no era de las que se rendía fácilmente. Del bolsillo de su túnica empapada sacó su varita y lo apuntó, sin embargo él había sido rápido, y ahora ambos se apuntaban amenazantes.
- Ni lo intentes Granger
soy un experto en artes oscuras recuerdas?? No por nada voy a ser mortífago.
- Y yo soy la bruja con más coeficiente intelectual en Hogwarts, creo que estamos en igual de condiciones.- dijo mordazmente.
El rubio la miró de arriba abajo. El uniforme se había pegado a su cuerpo por completo, la camisa blanca se había vuelto transparente, dejando notar unos senos mucho más grandes de lo que él creía eran. El cabello castaño de Hermione estaba empapado, y algunos mechones caían desordenados en su frente. Siempre la había visto insignificante y nada atractiva, sin embargo, así tenía cierto brillo que no había visto antes. Su venganza hacia ella iba a resultar más placentera de lo que pensaba.
- Te equivocas, sigo ganando.- dijo mientras sin bajar su varita se sacaba la túnica y la dejaba en el suelo. - Lo que pasa es que tú no te das cuenta de ello.. ¡Tymplus!
Aquel hechizo bloqueó los poderes de la varita de Hermione. El rubio sabía perfectamente que en una batalla común, la castaña seguramente le ganaría; pero sin varita con qué defenderse
¿quién sería el triunfador?
- Eres una basura!- gritó Hermione dejando caer su varita ahora inservible. - Debí suponer que harías algo así!
- Soy un Slytherin qué esperas?!- dijo Draco. - Y si hay algo que los Slytherins no toleramos, es la burla..y no toleraré que una Gryffindor sangre sucia se burle de mí..
Draco comenzó a caminar hacia ella amenazadoramente. Hermione retrocedió y tomó una silla lanzándola contra él. El rubio la esquivó satisfactoriamente. Aquello iba a resultar más divertido de lo que él esperaba; la torturaría un poco..y después se vengaría.
Hermione seguía lanzando sillas. Deseaba que hubieran más cosas a su alrededor, pero estaba en un aula de clases olvidada, ¿qué otra cosa más podría lanzar? ¿Mesas?
- Sabes Granger? Creo que no hay nadie en Hogwarts que te conozca más que yo. - dijo mientras se acercaba más esquivando todas las sillas. - quién podría ver detrás de esa imagen de virgen intelectual más que yo?
debes sentirte frustrada de no ser deseada por nadie en todo el colegio
claro, sacando a Zabini, pero ese se tira a cualquiera que tenga pechos..no tiene clase al elegir.
- Eres un idiota Malfoy!- dijo lanzándo una silla con tanta rabia que acertó dándole en el hombro. El chico dejó salir un gemido de dolor, mas aquello lo único que hacía era darle más fuerzas para seguir; si antes tenía cierta lástima de lo que iba a hacerle, ahora no le importaba en lo más mínimo.
Lágrimas de rabia corrian por las mejillas de la castaña, no iba a soportar más humillaciones del chico, no más. Ella sabía bien quien era; Hermione Granger, inteligente pero no muy linda, y así estaba bien. Eso no implicaba que le gustara que se lo recordasen cada instante.
- Mira Malfoy, te lo diré una sola vez y espero que te quede bien claro!- dijo Hermione aprovechando que le rubio aún se quejaba del dolor de su hombro. - Sé que no soy una modelo como tu noviecita, pero al menos tengo personalidad y dos dedos de cerebro para defenderme de lacras como tú!- y con esto último tomó otra silla que lanzó nuevamente aprovechándose de la poca atención que tenía Draco en en aquel instante.
La silla cayó sobre su espalda mientras él soltaba otro gemido y ella corría hacia la puerta para salir. Al ver que era imposible abrirla, empezó a pegar con sus manos en ella gritando, esperanzada de que sus ruegos fueran escuchados por alguien. Draco se levantó adolorido y con más rabia que nunca dentro de él. ¿Quién se creía esa insignificante sangre sucia para golpearlo de aquella forma? Ella era la única mujer que se había atrevido a golpearlo en innumerables ocasiones y de alguna u otra manera había escapado ilesa; eso estaba a punto de cambiar.
THE DARK LADY/SHANY (No se exáctamente quién sos o como llamarte... xD): Me alegra q te guste esta historia... Si con esto q postee hasta ahora te gusto, para el final preparate porq vas a quedar shockeada... jeje Mira, esta historia la encontré en un foro, pero me gustaría q me dijeses en q webs la encontraste vos. Dijiste q en una usaban un lenguaje penoso, lo cierto es q yo le cambio algunos términos (mínimos) a esta para q sea de más altura, aunq como verás hay cosas q no se le puede sacar como por ej cuando le dicen "zorra" a Carmen, porq un "mala persona" no le llega ni a los talones... Voy a aprovechar q te gusta este fic y te pido un favorazo, PROMOCIONALO, a la gente q conozcas hablale de esta historia y pasales la pagina para q la lean y dejen rr, es bellisima y merece ser leída...

11.- Venganza?

Hermione no se rendía, seguía pateando la puerta y golpeándola con sus puños todo lo que podía. ¿Por qué?¿Por qué le tenía que suceder aquello precisamente a ella? ¿Por qué él siempre se ensañaba con ella? Tantas sangre sucias en Hogwarts!
Sintió que la agarraban del brazo y la volteaban bruscamente pegándola contra la puerta fuertemente y sin la menor delicadeza. Draco se pegó contra el cuerpo de la castaña rozando sus labios y aspirando su aliento.
- De aquí no vas a salir no lo entiendes?
Hermione respiraba el aliento del rubio, mientras sentía cómo éste cada vez más se pegaba a ella, sin dejar espacio alguno entre sus cuerpos. Soltó un gemido de dolor ante el hecho de estar aplastada contra la puerta. No se dio cuenta cuándo ni cómo, pero la mano de Draco había comenzado a moverse paseándose por su pierna y secando las gotas que rodaban por ellas. Hermione gritó ante aquello y trató de empujarlo pero no pudo. Forcejeó con todas sus fuerzas pero entonces el rubio dejó de jugar rozando sus bocas y mordió el labio inferior de la castaña. Hermione sintió un choque de electricidad recorriendo todo su cuerpo, Draco pudo sentirlo perfectamente
y le gustó. Dejó de morder su labio para besarlo con ímpetu mientras con ambas manos la pegaba más a su cuerpo, sintiéndola.
No estaba resultando nada desagradable como él pensaba iba a ser. Su venganza se iba a dar de aquella forma; la iba a hacer suya en ese mismo momento. No mintió cuando dijo que nadie la conocía más que él, pues quien realmente conoce a fondo a una persona es la que sabe sus debilidades a la perfección.
Sus labios, completamente vígenes, eran de él. El sabor de ellos era inigualable, la suavidad que poseían bien daban ganas de morderlos nuevamente. Iba a enseñarle a besar, pues la chica, aunque había dejado de forcejear, aún se resistía a seguirle el paso. La lengua de Draco penetró su boca intensificando el beso y sacándo algunos gemidos por parte de ambos. El cuerpo de la chica temblaba y se estremecía al sentir el contacto de sus manos, aquello él jamás lo había experimentado con nadie. Normalmente se acostaba con mujeres que tenían ya experiencia, y no sentían los nervios que Hermione presentaba. Era muy extraño para él que ante sus caricias, una chica temblara tanto
de cierta forma daba risa. Iba a envolverla en sus redes, y sabía cómo.
- No estás harta de siempre ser la niña perfecta?- le dijo mientras mordía su cuello. - Quién te agradece tanta dedicación?? Tus amigos de verdad aprecian lo que haces por ellos?? Ni siquiera han notado que todas las noches desapareces. Solo te usan cuando te necesitan, cuando quieren que les ayudes en algún deber, o a pasar de año porque sus pequeños cerebros no pueden con todo mientras que tú sí. No estás harta de ser usada por todos??
Lágrimas seguían corriendo por el rostro de Hermione. Aquello era cierto, era lo que ella siempre había sentido, y por eso un vacío siempre había existido en su interior. Es que nadie lo hubiera puesto mejor en palabras que él! Era humillante hasta qué punto la conocía. Cómo podía darse cuenta de todo aquello que ella tanto se esmeraba en ocultar?? Precisamente él, su peor enemigo.
Sin embargo, si la castaña lo dejaba tocarla, si lo había dejado aproximarse a ella había sido no por sus palabras, porque ella ya conocía aquellas verdades; sino porque estaba harta de ser usada, de ser perfecta. Todo tiene un límite, una raya de la cual pasar sería terrible. Los sentimientos de Hermione habían cruzado la línea entre lo soportable y lo insoportable. Ya no quería ser más así, se odiaba, ya no quería ser ella un solo día más! ¿Por qué había dejado que todo llegara hasta aquel patético instante? ¿Por qué siempre se había empeñado en guardar lo que sentía? No, ya no más. Desde aquel día iba a destruir a Hermione Granger; ella iba a ser su propia verduga. Acostarse con Draco
¿por qué no? La virginidad, no era tan importante..¿o sí? De cualquier forma nadie se enamoraría de ella, la perdería en algún momento con alguien que seguramente la utilizaría, como todos. No, prefería perderla ahora y sin amor. Así no la lastimarían. Su peor enemigo era el sujeto perfecto, sí, pues sería su venganza contra la ignoracia de sus amigos. Todos esos años y nunca se habían dado cuenta de cómo ella se sentía, nunca les había importado. Solo eran ellos dos, y ella sobraba ¿Romper las reglas? no solo rompería con las reglas de todo lo normal que se podría pedir en ella, sino también con las de lo intolerable. Sería su protesta contra el mundo entero. Tal vez nadie la escucharía, sus amigos seguramente nunca se enterarían de que se había acostado con su peor enemigo; pero ella lo sabría, y eso sería suficiente. Solo tendría que mirar a Harry y a Ron y pensar que aunque ellos no tenían idea de lo que había hecho, tenían la culpa de todo. Todos tenían la culpa de todo.

Draco notó las lágrimas que corrían por el rostro de la castaña, y sin embargo, ella no parecía detenerlo en ningún instante. Ante aquello, comenzó a ser más amable y dejó de tocarla con tanta brusquedad....no supo por qué, pero lo hizo. La besó y ésta vez ella permitió que su lengua entrara por completo quitándole todo el aliento que le restaba. Ella no sabía qué hacer, así que sus manos se mantenían en el aire mientras él la tenía pegada contra él y la besaba.
- Solo tienes que seguirme..- dijo Draco notanto la confusión de la chica. Tomó sus brazos y los colocó detrás de su cuello mientras volvía a besarla.
Sus labios eran tibios y suaves. Hermione comenzaba a aprender cómo era aquello de besar y pronto siguió perfectamente el ritmo del rubio. Draco se sorprendió de lo rápido que aprendía. Claro, así tenía que ser, ¿era perfecta no? Apartó con sus manos los mechones castaños de su rostro aún llenos de gotas de agua mientras le sacaba la túnica. Tomó su cintura y la pegó a la suya, mientras sus manos acariciaban sus muslos subiendo y subiendo. Hermione se estremecía, y cada vez que sentía que iba a dejar salir un gemido se mordía el labio con fuerza; se iba a sentir realmente estúpida dejado salir sonidos extraños.
*Cómo puede ser que seas tan fría Granger??* pensó el rubio al ver que cualquiera ante lo que sucedía ya hubiera caído rendida, y sin embargo, ella aún parecía resistirse en el fondo. Se resistía a lo inevitable.
Iba a resultar un poco más difícil de lo que creía.
Draco dejó que sus manos subieran aún más por sus muslos hasta tocar por segunda vez su parte más íntima. Y funcionó, todo el cuerpo de la castaña tembló y su corazón pareció detenerse. Morder su labio no sirvió de nada en aquel instante. Los nervios parecían querer vencerla.
- Tranquila..- le susurró en el oído mientras bajaba por su cuello besándolo, conteniendo las ganas de morderlo. Sabía que si lo hacía la asustaría más de lo que ya estaba.
*Maldita sea..es por esto que no me acuesto con vírgenes..* pensó el rubio. Quería ser él, actuar como él lo hacía cuando se acostaba con alguien; pero no podía, porque era la primera vez de la chica y podría asustarse ante sus métodos. * Hubiera sido más fácil si no fueras una bendita monja Granger..*

Hermione decidió que tenía que actuar más, o de lo contrario, el rubio podría hartarse e irse, y ella se quedaría sin su venganza. Las manos suaves de la castaña corrieron por el cuello de Draco bajaron por su pecho, comenzando a desabrochar su camisa mojada. Esto le gustó mucho al rubio, por lo menos ya no todo el trabajo era suyo. Justo cuando acabó de desabrochar los botones, él la había tomado por atrás y levantado para colocarla sobre una mesa. Hermione desvió su mirada hacia el perfecto abdomen de Draco, que ahora estaba totalmente descubierto, mostrando ese cuerpo que hacía suspirar a miles de perras del colegio. Hasta Parvati, que era una anti-Malfoy había dicho alguna vez: Maldito Malfoy, solo porque es el más guapo de Hogwarts se cree el dueño del mundo.

Draco abrió las piernas de la chica, que se encontraba sentada en el filo de la mesa, y se colocó en el medio de ellas, mientras comenzaba a besar y morder su cuello. Hermione sentía las manos del chico sobre su blusa, tocándola.
*No puede ser..qué estoy haciendo?* pensó. Pero no iba a parar, no ahora que tenía el valor para hacerlo.
Draco sonrió al notar la reacción de la castaña ante él. La inocencia de Granger había llegado a causarle gracia.

Hermione dejó sin querer, salir un gemido cuando él tomó con sus manos uno de sus senos simplemente perfectos. No tenía un cuerpo que quitaba sueño, él mucho antes de comenzar a desnudarla lo sabía. Sus curvas no eran muy pronunciadas como las de Pansy, mas sus piernas, bronceadas por completo eran espectaculares. Sí, eso era, le encantaban los senos y las piernas de la chica
más las hermosas pecas que seguramente vería en sus hombros en cuanto le quitara la blusa. Y eso fue lo que comenzó a hacer. Desabrochó los botones rápidamente, y Hermione se sorprendió con la habilidad y facilidad que lo había hecho.
*Claro tonta, eso es lo que hace todos los días; desabrochar blusas de tipas..* pensó.

Se sintió avergonzada cuando el chico le quitó la blusa por completo y quedó simplemente con su sostén blanco. Estaba semi desnuda delante de Draco Malfoy! Era humillante y vergonzoso! Qué estaba haciendo se había vuelto loca??!
Draco no perdió tiempo y mordió los hombros de la castaña. Eran simplemente hermosos, con esas pecas sobre ellos. La sangre sucia resultó tener lo suyo. Eran esos pequeños detalles que la rodeaban y lograban encenderlo.
Hermione no supo cuando, pero de repente sintió que su sostén se había desabrochado. Draco lo había hecho con una sola mano y en cuestión de segundos. Se separó de ella solo unos centímetros para sacar completamente el sostén que dejó caer al suelo.
Sí, estaba comprobado. Tenía los senos más lindos que jamás hubiese visto en su vida. Aquello era capaz de hacerle olvidar que era una sangre sucia patética. La empujó y la dejó caer acostada sobre la mesa mientras él se montaba en ella. El corazón de Hermione comenzaba a latir a velocidad impresionante. Mordió su labio inferior como acostumbraba a hacerlo y Draco sonrió. Iba a pagar haberse burlado de él, ahora vería quién se burlaba de quién.

Levantó su falda, y tiernamente la despojó de su ropa interior, rozando con sus dedos los muslos de la chica.
Estaba lista, no quedaba nada más qué hacer. Ahora vendría lo más difícil. Pudo ver el temor reflejado en los ojos marrones de la castaña, temblaba demasiado y todo su cuerpo estaba tenso. Entonces se inclinó y acercó sus labios al oído de la chica.
- No te haré daño, tranquila.- le dijo mientras le daba un beso que logró tranquilizarla un poco.

Muchas cosas pasaron por su cabeza. Una de ellas fue el que aún podría arrepentirse. Pero no, no quería, ya había llegado demasiado lejos y no iba a detenerse ahora. El rubio abrió más sus piernas y suavemente, se acostó sobre ella. Mordió su labio inferior mientras se aferraba a Draco, quién no se movía y permanecía estático, tratando de causarle el menor sufrimiento posible.
* maldita sea, y ahora qué? * pensó el rubio. Nunca, en su vida había estado con alguien que jamás hubiera tenido relaciones sexuales. Podía sentir el cuerpo tenso de la chica debajo de él, y sus piernas, rodeándolo lo apretaban fuertemente mientras parecía contener el dolor.
- Estás bien?- le dijo al no saber qué hacer.
- Como si te importara.- dijo Hermione dejando salir algunas lágrimas.
Claro que no le importaba, se estaba vengando! Pero por lo menos ella debía haber tenido alguna consideración con él ya que se había tomado la molestia de ser amable no? Pero no, así era Hermione Granger, la maldita sangre sucia y su personalidad tan difícil. Tuvo ganas de golpearla, pero no lo hizo, solo dejó salir un respingo lleno de rabia. Hermione lo notó y se dio cuenta de que era hora de fingir que no se odiaban tanto.
La mano de la castaña acarició la mejilla del rubio suavemente.
- Ya estoy bien..- dijo.
Era una sensación un tanto extraña, mas increíble. Nunca pensó que estaría en verdad disfrutando estar con Malfoy. ¿Qué le estaba pasando es acaso que estaba loca o qué? ¡Era Draco Malfoy! No podía estar disfrutando que él la tocara, que él la hiciera suya.
*Tranquila Hermione
solo estás teniendo frívolas relaciones con alguien a quien no quieres..solo es eso
nada más* se dijo a sí misma, convenciéndose de que no se trataba de otra cosa lo que empezaba a sentir en su interior.
Draco iba a marcarla para siempre, no habría ni un solo lugar de su piel que él no hubiera tocado.

Draco tomó sus manos y las puso arriba de su cabeza, impidiéndole que pudiera tocarlo y mordió su cuello, succionando su piel y dejando una marca en él. ¿Por qué siempre se resistía a hacer lo que él le decía? ¿Por qué era la única que se atrevía a contradecirlo?

Llevaban ya algún tiempo teniendo relaciones, el chico controlaba la situación perfectamente extendiendo la duración del momento. Hermione sentía que ya no podía más, sus piernas estaban a punto de ceder. Por un momento la castaña pensó que iba a desmayarse, pero no fue así.

Draco no lo comprendía, las cosas habían resultado como él quería, pero no como él suponía iban a suceder. Él pensó que ella caería fácilmente porque bueno, nadie se resistía a Draco Malfoy , pero no fue así, lo podía sentir. No se estaba acostando con él por debilidad, lo sabía.
*Por qué permites entonces que esto suceda? Por qué?* pensó. Pero ya no le importaba, su venganza sería dulce. La sangre sucia iba a pagar caro.
Con un último movimiento se desplomó sobre ella, sintiendo los latidos rápidos de su corazón.

William humedeció su pluma.
..ellos estaban más unidos por sus debilidades de lo que creían. Xavier e Isabella, Draco y Hermione, no importan los nombres. Siguen siendo dos.

Hermione despertó en su habitación, acostada en su cama como cualquier día común y corriente. Pero no era un día, sino una noche. Miró por la ventana la oscuridad de ésta y luego al reloj que marcaban las siete.
- Qué hago aquí??- se dijo.
Lo último que recordaba era haber estado encima de aquella mesa, con Draco sobre ella, ninguno de los dos decía nada, y luego..sus ojos cerrándose.
- Me quedé dormida!- dijo. - Pero..¿cómo llegué aquí??
Aquello ya no importaba, había estado dormida por lo menos cuatro horas. Seguramente debieron haberle puesto faltas en todas las clases de la tarde. Nada podía ser peor. Lo que necesitaba ahora era un baño y pensar, urgentemente.

Draco estaba en la sala común de Slytherin pensando en qué darle a Pansy de regalo por su cumpleaños. Odiaba tener que elegir los regalos, así que esta vez, como tantas otras, le preguntaría a una de las tipas con las que se acostaba qué le gustaría que le regalaran y eso le daría a su novia.
La imagen de Hermione cruzó por su cabeza.
Definitivamente había sido una experiencia totalmente nueva acostarse con una sangre sucia, y encima, virgen. Lo peor de todo es que no le había desagradado en lo más mínimo. No entendía muy bien; Hermione Granger era una tipa común, sin nada en especial. No tenía una figura perfecta, de hecho no era hermosa ni se la podría llamar una chica excepcionalmente bella. Sin embargo, tenía ciertos detalles. Cosas, pequeñas y hasta estúpidas, pero eran suficientes para él. Además, era la única mujer que realmente le pertenecía
era suya. Pansy había sido virgen cuando él se acostó con ella, verdad, pero ya había sido tocada por miles antes que él. De ahí en adelante, todas las demás habían sido ya usadas. Hermione no, era una sangre sucia petética e insolente, pero era completamente suya. Antes de él, no había nadie. Su piel, sus labios, todo en ella era virgen cuando él la hizo suya. Esa sensación de poder, de posesión le agradaba. Su venganza podría esperar un poco más, después de todo, es un plato que se come frío. Por ahora, sería divertido usarla un poco más. Después vería qué hacer.

Hermione bajó las escaleras de la sala común con su cabello mojado suelto. No había nadie presente, seguramente ya estaban en el comedor; ya era hora de la cena.
Caminó hacia el salón mientras miles de imágenes sobre lo que había pasado en la mañana cruzaban su mente. No podía creer aún que lo hubiera hecho. Sin embargo no se arrepentía de nada. Si aquello había sido el costo de dejar de ser perfecta por unos minutos entonces bien. Mientras se acostaba con Draco, había sacado todo lo que durante años había guardado dentro de ella.
*pero
qué hará él ahora?? Para qué se habrá acostado conmigo?? Yo sé por qué lo hice, pero él..por qué?* y ese solo pensamiento le aterró.

Hermione entró al gran comedor sin mirar a la mesa de Slytherin, aunque pudo sentir el hielo sobre ella ante la mirada gris de Draco. El chico la observó entrar y la siguió con la mirada todo el camino hasta la mesa Gryffindoriana. Pansy estaba junto a él y lo abrazaba. Aquella noche se había puesto un perfume que secretamente a él le encantaba. Toda su atención hubiera estado sobre ella, de no ser por el hecho de que le empezó a molestar profundamente que la castaña ni siquiera hubiera volteado a mirarlo, y aún no lo hacía.

Hermione se sentó tranquilamente, o por lo menos aparentando estarlo. La sola mirada del chico la hacía temblar, todo su cuerpo se estremecía y su corazón comenzaba a subir a su garganta. No, no iba a mirarlo. No le iba a dar el gusto ¿Para qué? ¿Para que se burlara de ella nuevamente o la humillara? No, no se lo iba a permitir. Seguramente creía que ella se había costado con él porque, como tantas estúpidas del colegio que no tenían ni la mitad de su inteligencia, se moría por él. Ella sabía que no era así
¿verdad?
Fue eso lo que se preguntó al sentir una rabia penetrando su alma cuando miró de reojo y observó a Pansy junto a él.
*Estará enamorado de ella?* se preguntó. Aquello sería lo más normal, los dos eran unas malditas serpientes, amantes de la perfección. Si supiera ella que su novio a solo unas horas había estado con ella, tal vez no estaría presumiendo todo el tiempo y diciéndole lo insignificante que era.
*Y si Malfoy le dice algo a alguien sobre lo sucedido??* pensó horrorizada. *No, tengo que pensar en algo rápido!*

Draco parecía enojarse cada segundo aún más. ¿Quién se creía esa sangre sucia? Ni siquiera se percataba de que él existía. Después de todo había resultado una perra al igual que todas las demás. Si ella no le había dado importancia a lo sucedido, pues él tampoco. Había querido fingir que le había importado, pero si ella quería jugar así, pues entonces jugarían a su modo.
- Pansy, vamos a tu cuarto.- dijo Draco oliendo su cuello y acariciando sus piernas por debajo de la mesa. No eran como las de Hermione.
- Quieres? Creí que te quedarías leyendo en tu cuarto como todas las noches.- dijo Pansy. Lo que ella no sabía era que leer no era precisamente lo que hacía en las noches. Probablemente entraría en histeria si supiera la verdad.
- Pues, esta noche no quiero leer..- le dijo mordiéndole el oído, sabía que aquello le gustaba mucho.
- Está bien, vamos.- dijo levantándose y llevándoselo de la mano.
Hermione los vio salir, imaginándose para qué habían abandonado el comedor. Sin darse cuenta, había apretado las manos debajo de la mesa.
*Piensa en qué vas a hacer Hermione, no puedes dejar que se lo diga a nadie..*
- Bien, ahora nos puedes explicar dónde estabas??!- dijo Harry poniéndose frente a ella junto con Ron.
Perfecto, lo que le faltaba.
- Yo
. me dolía la cabeza y me quedé dormida en mi cuarto..
- Hasta las siete?!- dijo Ron.- Qué clase de estúpidos crees que somos?
*Los más grandes de la historia* pensó.
- No me di cuenta que eran las siete y seguí durmiendo ya? Y si no me creen pues es su problema. Búsquense una vida y déjenme en paz!- dijo levantándose de la mesa y corriendo hacia la salida.
- Hermione ven que..!- dijo Ron, pero Harry lo detuvo.
- Ella, nunca nos ha hablado así..- dijo. - Algo está mal Ron.

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*
CHAN! Este cap en realidad contiene muchos más detalles sobre el encuentro de Draco y Hermione, pero traté de sacarle las cosas más fuertes, pero no podía poner "tuvieron sexo" y punto porq este es un cap importante... Igual, el rating q le puse ya es de advertencia...12.- Shawn & Buchamp, Compromiso

Hermione miró el reloj de la biblioteca que marcaba ya la una de la madrugada. Había esperado horas y horas a que el chico llegara para poder retroceder en el tiempo, pero no había dado rastros de vida. La imagen de Draco saliendo con Pansy del gran comedor vino a su mente. La castaña soltó un grito lleno de rabia mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de ira. No iba a llegar; era un completo irresponsable a quien no le importaba absolutamente nada. El cargo de consciencia comenzaba a llegar a su cabeza ¿Cómo había sido capaz de acostarse con él en primer lugar? ¿Tan insegura era en el fondo que había llegado a caer en una trampa por simple debilidad? Lágrimas con sentimientos mezclados corrieron por sus mejillas mientras se apoyaba a la pared sollozando. Era demasiado infeliz. Nada, absolutamente nada parecía salirle bien. Era como una maldición, un carma. Ya no soportaba más estar encerrada en las paredes de sus propios pensamientos. Estar consigo misma podría ser fatal; había comprobado que su peor enemigo era ella en sí.
Se secó las lágrimas del rostro bruscamente mientras recuperaba compostura y caminaba decididamente hacia la sección prohibida.
William, que se encontraba caminando de un lado a otro revisando los libros de las estanterías volteó para mirarla de frente.
- Vaya! Creí que no
¿y dónde está Xavi
.Draco?- dijo observando que la chica estaba sola.
Hermione colocó un libro entre la puerta para que ésta no se cerrara.
- Él no vendrá, así que iré yo sola esta vez.
William abrió la boca para replicar, pero la castaña habló antes.
- Yo sé cuidarme sola, no necesito de alguien más. Tengo mucho más cerebro que ese y creo que sola trabajaré mejor en esto. Además, él no toma enserio nada. Odio su irresponsabilidad y no voy a morir a los 19 años por su culpa, así que envíame donde tengas que enviarme ya que lo único que haces es retrasar las cosas.
Él permanecía perplejo.
- No has cambiado para nada Isabella, perdón, Hermione. Escucha, no voy a intentar hacer que cambies de opinión, porque sé que cuando algo se te mete en la cabeza no hay nadie quien pueda sacártelo. Sin embargo hablaré con Draco en cuanto lo vea, porque el que vayas sola es peligroso, y no porque piense que necesitas de protección. Sé que te vales por ti misma, siempre lo has hecho; pero recuerda que las cosas son distintas allá, y más vale cuatro ojos que solo dos.
William se abrió paso y mostró el libro a la castaña. Ésta se acercó y se inclinó. Pronto desapareció.

Xavier estaba sentado tras el escritorio de una biblioteca vasta. Las luces eran sofisticadas y el decorado muy a la antigua, pero moderno para su época. Hermione pasó admirada por las estanterías llenas de ejemplares de manuscritos antiquísimos. Eran reliquias que hubiera estado encantada de leer. Dedujo inmediatamente que se encontraba en la mansión de los Pirandello. Por el tamaño de la sala en la que se encontraba, comprendió que era muchísimo más grande que la de los Shawn, y eso ya era decir bastante.
*Debe haber tenido mucho dinero.* pensó mirando a Xavier. Por un momento olvidó que se trataba de el antepasado de Draco y no de él en sí y quiso golpearlo. La vida sería muchísimo más fácil si no existieran personas como Malfoy y Pirandello.
La puerta se abrió y William entró. Sus ojos negros eran brillantes y su semblante reconfortante como siempre. El solo hecho de su entrada le devolvió la paz que necesitaba a la chica.
- Xavier he conseguido el refugio para las personas víctimas de los ataques de los Gohts. No sabes lo que me costó, pero lo hice.- dijo sentándose.
Xavier levantó la mirada fijando sus ojos grises en su amigo.
- No entiendo por qué te empeñas en ayudar a gente que ni siquiera conoces.- alegó mientras seguía revisando unos papeles que tenía sobre el escritorio. - Hay tantas otras cosas en qué preocuparse y tú haciendo de brujo caritativo ¿Por qué no mejor dejas eso a los curas?
Hermione se ofendió inmediatamente.
- Porque él si tiene conciencia social no como tú!- dijo indignada.
- Alguien además de los curas debe hacerlo no te parece?- dijo William borrando la son risa de su rostro y comenzando a ponerse serio. - Hay algo de lo que debo hablarte.
Xavier levantó una ceja.
- De qué se trata?.
- De algo que me acabo de enterar hoy en la cafetería, charlando con algunos amigos. Es sobre Carmen.
El solo nombre hizo que Xavier tomara imprevista atención.
- Qué pasa con ella?- preguntó.
- La quieres verdad?- dijo William.
Xavier sonrió. Sus ojos brillaban con algo nuevo.
- Más que a nada. Pienso casarme con ella.
- Casarte??- dijo William sorprendido. - Cómo puede ser que te haya enamorado tanto?? Tú? Hablando de matrimonio??
- Para qué tener a muchas mujeres cuando solo teniéndola a ella es suficiente.- alegó el rubio.
William bajó la mirada, parecía que trataba de decir algo importante que no salía de su boca. Sus ojos negros volvieron a levantarse y se fijaron en los grises de su amigo. Con gran dificultad habló.
- Carmen está comprometida Xavier, hace mucho tiempo que lo está.
La noticia fue como un golpe en el estómago para Xavier. Hermione nunca vio un rostro tan sorprendido y confundido a la vez. Pronto la rabia invadió sus facciones.
- Qué?!- espetó levantándose. - Hace cuánto?! Con quién?!
- Desde siempre, con Andrés Buchamp. Un multimillonario que recientemente llegó para tomar su mano. Ella aceptó. - dijo William. - Xavier, ella solo ha estado utilizándote. Siempre supo que se casaría con él.
Hermione observaba la escena algo emocionada. Parecía que estuviera dentro de una película, y le enfermaba no poder participar.
Xavier golpeó la mesa con fuerza, mostrando en sus ojos una rabia nunca ante expresada.
- Esa maldita zorra me las va a pagar! Lo juro!

Un viento rápido llevó a Hermione. La castaña conocía ya lo que debía hacer cuando aquello sucedía. Cerró sus ojos y protegió su cabeza con ambas manos. Pronto sintió el golpe al caer al suelo. Abrió sus ojos lentamente y se vio en la sala de la casa Shawn, estaba completamente decorada y llena de gente, parecían estar en una gran fiesta.
Hermione se levantó y pronto vio a William frente a ella.
- Y bien, estás en la fiesta de compromiso de Carmen.- dijo él.
- Pero..
- Adelanté un poco el tiempo, nada importante sucedió así que no creí necesario que estuvieras. Bueno, me voy.
Antes que la castaña pudiera decir nada él ya había desaparecido.
- Genial.- dijo exasperada.
Miró a su alrededor, todos conversaban con champagne en sus manos vestidos muy elegantemente. Un pianista tocaba una melodía sutil que daba un ambiente agradable al lugar. Pudo ver a Andrés charlar con varias personas en una esquina. Carmen no estaba por ninguna parte. Hermione levantó la mirada hacia las escaleras y chocó con los ojos verdes de su hermana, quien se había asomado un poco y regresado inmediatamente, ocultándose. La castaña no pudo comprenderlo hasta que volteó, y vio a Xavier, que bebía champagne con la sed de venganza en sus pupilas.
- Qué hace él aquí??- se preguntó. Inmediatamente subió las escaleras.
Caminando por el pasillo escuchó dos voces discutiendo. La puerta del cuarto de Carmen estaba entre abierta. Decidió entrar.
- Tienes que ayudarme?! Sé que si bajo él hará un escándalo o quien sabe qué otra cosa!- dijo Carmen suplicando. - Podría arruinar el compromiso!
- Cómo puede ser que hayas dejado que las cosas llegaran a este punto Carmen?! Debes estar loca! Sabías que estabas comprometida y mientras tanto estabas con un tipo cualquiera!! Y pretendes que yo te saque de todo este asunto?!- dijo Isabella enfadada. Su vestido era amarillo y con hermosos encajes que reslataban el bronceado de su piel, se veía muy bien. Hermione se preguntó por qué su antepasado se veía bien y ella no. Cuál era la diferencia?
*Tal vez sea que usa lindos vestidos..* pensó.
Carmen parecía desesperada. Su vestido concho de vino resaltaba con ímpetu su belleza ya existente.
- Hermanita, tú no querrás que yo sufra verdad???- dijo Carmen usando su último recurso. - No puedes hacerme algo así yo soy tu hermana te necesito..
- Ahora me necesitas no? Y cuando intenté advertírtelo me mandaste al infierno. Ensucias la reputación de nuestra familia como si fuera un tapete! Papá estará revolcándose en su tumba con todo lo que haces Carmen pareces una cabaretera!
Carmen lloraba afligida. Hermione no se comía el cuento, lo único que hacía era fingir y esas lágrimas de cocodrilo no eran reales. Isabella parecía por el contrario, creer en ellas.
Isabella mordió su labio inferior mientras ponía sus manos en su cintura.
- Voy a bajar, trataré de hacer que se vaya.- dijo ella.- Pero no te aseguro absolutamente nada. Todos deben estar preguntándose por qué no bajas.
- Gracias hermanita! Yo sabía que no me dejaría sola!
- No lo hago por ti. Lo hago por mi padre, él no hubiera querido que por tu culpa nuestro apellido fuera pisoteado. Me da pena por Andrés, parece un buen hombre y no se merece la esposa que va a tener.
Carmen secó sus lágrimas.
- Es el rubio de ojos grises. Es alto, el más lindo de toda la sala, lo reconocerás de inmediato. Su nombre es Xavier pero no recuerdo su apellido, de cualquier forma debe ser uno común, ya que no es de nuestra clase social.
- Te acostaste con él sin siquiera saber su apellido?? Estás mal Carmen, muy mal.- dijo Isabella asqueada.
Con esto salió rápidamente de la habitación. Carmen dejó salir un respingo de rabia mientras caminaba al tocador a retocar su maquillaje.
- Estúpida.- dijo en voz baja.

Hermione se ofendió ¿Después de que Isabella había aceptado ayudarla ella la insultaba? Qué clase de harpía era? La castaña dio un respingo y salió del cuarto corriendo hasta ver que Isabella aún no bajaba las escaleras.
- Tranquila, piensa lo que vas a hacer. - se dijo mientras tenía la mano derecha sobre su pecho. - Papá, dame fuerzas.
Isabella bajó las escaleras y Hermione la siguió. Varios invitados se le acercaron besando su mano y halagándola con lo bien que se veía.
- Y tu madre dónde está?
- Ella no es mi madre, es mi madrastra.- contestó. - Magdalena debe estar en la cocina coordinando que el banquete esté listo.
La castaña observaba como su antepasado trataba hábilmente de deshacerse de los invitados que le hacían conversación. Pronto se hubo alejado de todos y comenzó a inspeccionar la sala. Hermione buscó también con su mirada a Xavier, y lo encontró en la esquina de la sala. Sus ojos grises estaban posados en Isabella, totalmente sorprendido de que la muchacha que había visto tantas veces como una aldeana común y corriente, ahora llevara vestimentas dignas de una señorita de sociedad. Hermione notó aquello y miró a Isabella, ella aún no notaba los ojos que la observaban.
- Isabella!!- dijo Briana, una joven hermosa acercándose a ella. - Mucho tiempo sin verte! Y tu hermana dónde está?
- Sigue arreglándose ya sabes los vanidosa que es, además, quiere estar presentable y captar la mirada de los invitados.
- Pero si sea lo que sea que se pongo tendrá la atención de todos!- dijo Briana. - Todos saben que es la más bella de todas las doncellas.
- Pues ella igual quiere verse aún mejor.- dijo Hermione buscando a alguien que tuviera las características que Carmen le había dado.
- Tú también estás muy linda.- dijo Briana. - Te has recogido el cabello y los rizos te quedan espectaculares!
Isabella no estaba para charlas superficiales, le dejaba eso a su hermana ¿Dónde podría estar él? Sus ojos seguían buscando entre la multitud.
- Parece que buscas a alguien o me equivoco?
*Hasta que pensó* pensó Isabella.
- Pues, conoces aquí a alguien que se llame Xavier
mmm no recuerdo muy bien el apellido

- Pues hay muchos Xavieres aquí.- dijo Briana. - Ahora, si buscas al más apuesto e increíblemente seductor sé de quién hablas y te está mirando en este preciso momento. Mira atrás tuyo..
Isabella volteó inmediatamente y chocó con unos ojos grises conocidos. No podía ser! Era él! El mismo que la había visto desnuda en el lago, el que había intentado despojar de sus tierras a los aldeanos. Era él!
Siguieron mirándose por unos segundos en los cuales Isabella pareció no poder respirar. Xavier esbozó una media sonrisa, bastante sarcástica a decir verdad, como diciéndole que la había descubierto. Isabella sintió que todo se ponía negro mientras se desvanecía y caía al suelo bruscamente.
Hermione abrió la boca y autománticamente se la tapó con ambas manos. Aquella tenía que ser sin duda alguna una situación bastante incómoda. Descubrir que el amante de su hermana era nada más ni nada menos que el mismo ser despiadado que había conocido tiempo antes, y que de casualidad, creía que ella era una aldeana y no una señorita de sociedad, era bastante perturbador. Comprendía completamente el que se hubiera desmayado del susto.
Andrés había ya corrido ha ayudar a su cuñada y la había levantado del suelo y acomodado en uno de los muebles de la casa. Todos los invitados estaban rodeándola curiosos de lo sucedido.
- Aléjense, hay que darle espacio para que respire sin dificultad.- dijo Andrés mientras los invotados se hicieron para atrás.
Sacó su varita, que era tan grande como la de Ron, o mejor dicho, la de Stephen. Dijo un conjuro bastante antiguo y Isabella comenzó a abrir los ojos. Andrés sonrió.
- Esta es una forma bastante extraña de conocernos.- le dijo dándole la mano para que se levantara. Los invitados volvieron a sus charlas y la música reinició como si nada hubiera sucedido. - Se encuentra usted bien?
- Sí, solo se me bajó la presión.- dijo Isabella.
- Está bastante pálida.
- No es de preocuparse.- dijo ella temblando.
- Claro que lo es, pronto seremos familia, de hecho ya te considero como parte de ella. Todo lo que te suceda me interesa.
Isabella se esforzó y sonrió. Se sentía tremendamente culpable por saber las cosas terribles que su hermana había hecho y no decirle a Andrés, cuando él parecía ser simplemente un hombre escepcional. Se mordió el labio inferior mientras se tranquilizaba un poco.
- Quiero que sepas que puedes contar conmigo para lo que sea, y que si necesitas de mi ayuda allí estaré para ti. Creo que el amor vino hacia mí desde que vi a tu hermana, sé que es la mujer de mi vida.
- Me disculpas? Voy a subir a ver a Carmen.- dijo Isabella cortante. - Gracias por todo.
- No fue nada.
La música del piano cambió mientras ella caminaba entre los invitados. Comenzó a sonar un vals y todos encontraron una pareja y comenzaron a bailar. Justo cuando Isabella estaba por subir las escaleras, una mano tomó la suya y al voltear chocó con los mismos ojos grises de antes.
- Baila conmigo.- dijo Xavier mientras la llevaba a la pista de baile.
La tomó de la cintura y la pegó contra sí mientras bailaban entre los demás invitados el vals que tocaba. Hermione observaba de cerca, quería escuchar lo que decían.
El rostro de Isabella se había vuelto blanco, parecía que iba a volver a desmayarse. Los ojos de Xavier brillaban malignamente. Hermione hubiera dado todo por saber lo que cruzaba por su cabeza en ese instante.
- Así que no eres una simple aldeana, sino una de las Shawn.- dijo mientras seguía bailando y aprentándola para segurarse que no huyera de repente. - Qué par de hermanitas que salieron ustedes dos no? La una es una zorra, y la otra una mentirosa compulsiva.
- Te ruego que no me faltes el respeto.- dijo Isabella.
- Hasta tu forma de hablar cambió de repente; ya no usas frases comunes, sino un lenguaje completamente digno de la clase social que representas.- dijo él sonriendo. - Así que esta es la familia de las zorritas. Me pregunto, dónde está la zorra mayor que no sale de la cueva??
Hermione notó que la situación era grave. Xavier estaba realmente molesto y de verdad podía ser capaz de arruinar el compromiso.
- Escúchame, sé que Carmen debió decirte que estaba comprometida, pero entiende que no es perfecta. Lo único que queremos es que te vayas de aquí, y dejes que este compromiso transcurra normalmente.- dijo Isabella.
Xavier rió.
- Sí es verdad que entre perras se ayudan.
- Ya basta! No lo voy a tolerar más. No soy como mi hermana me entendiste? Y suficiente tengo con tener que arreglar los desastres que ella comete como para soportar los insultos de un completo desconocido.
- Pero sí me conoces, o es que ya no te acuerdas? Ahora si quieres saber mi nombre, te lo haré saber, y recuérdalo siempre, porque Xavier Pirandello se en cargará de castigar a la maldita zorra de tu hermana.
Isabella pareció sorprenderse ante el apellido nombrado. Carmen le había dicho que no era un hombre de su clase social, pero el apellido Pirandello era de una familia multimillonaria existente durante años, incluso muchísimo más importante que la Buchamp.
*Seguramente Carmen no lo sabe..si lo hubiera sabido, no se hubiera comprometido con Andrés.* pensó Isabella.
- Ahora hazme un favor y dime dónde está la zorra de tu hermana, porque con tu ayuda o sin tu ayuda, yo subiré esas escaleras.- dijo Xavier.
- No lo harás, yo no te dejaré.
Xavier rió.
- Qué vas a hacerme? Vas a sacar nuevamente una navaja en medio de la sala para que los invitados vean que llevas una doble vida?
- Mi doble vida es para ayudar a los que no tienen nada!
- Como sea y digas lo que digas yo no te creo nada. Eres de la misma calaña que tu hermana y eso es lo único que sé. No vine a arruinar el compromiso como tu crees..pero no me iré de aquí hasta hablar con Carmen.
Isabella notó que estaba bastante decidido, y que fuera como fuera iba a subir las escaleras. Era mejor tratar de solucionar el problema de una mejor forma.
- Vamos afuera, subirás por la ventana. No te pueden ver subir los invitados. Y que sea rápido. Carmen ya debió bajar hace mucho tiempo.
Xavier soltó a Isabella y salió disimuladamente. Isabella sentía que iba a llorar ¿Por qué le tenía que estar pasando eso a ella? Y todo por la culpa de Carmen.
- No es justo, no es justo.- se dijo a ella misma.
- No sabía que su familia conocía a Pirandello.- dijo Andrés acercándose amable como siempre. - Y Carmen?
- Ya baja, es que tuvo un inconveniente con su vestido y está solucionándolo.- dijo Isabella.
- Quisiera que me dijeras cuáles son las cosas preferidas de tu hermana, quisiera darle un regalo pero no sé qué le podría gustar.
- Dale algo lindo, que sea escogido por ti pensando en ella y le gustará.- dijo la castaña completamete nerviosa.
- Quiero hablarle, conocerla más a fondo. Por lo que hablé con ella el otro día es una persona maravillosa.

Hermione se alejó de la conversación y subió las escaleras. Quería ver personalmente lo que sucedería entre Xavier y Carmen.
Entró a la habitación de Carmen y la vio pegada contra la pared y a él acorralándola. Ella mantenía los ojos llenos de terror mientras que él despedía ira por los poros.
- Solo quiero saber por qué, por qué maldita sea!- gritó Xavier.
- No sé!! No fue mi culpa no lo entiendes??- dijo Carmen. - Mamá me obligó! Desde siempre quiso que me comprometiera y no me quedó más que aceptar!
- Ya no me trago tus asquerosas mentiras.- dijo Xavier. - Si quieres demostrarme que lo que dices es cierto, entonces huye conmigo; vámonos lejos de aquí.
Carmen se mantuvo en silencio. Hermione sabía ya lo que ella iba a responder.
- No puedo hacer eso.- dijo ella. - No entiendes! Lo que dices no tiene ni pies ni cabeza! Con qué dinero viviremos?? No tienes para mantener el tipo de vida que yo llevo.
Xavier pareció sorprenderse ante aquello. Luego comprendió; Carmen creía que él no tenía dinero; por eso se casaba con Buchamp. Maldita perra ambiciosa. Pero se iba a arrepentir, él mismo se encargaría.
Xavier rió.
- Perdóname, yo te amo.- dijo Carmen. - tu..eres el hombre que yo más he querido, lo tienes todo..pero, lamentablemente te falta algo muy importante y es un apellido y una condición social. No funcionaríamos. Estoy acostumbrada a otro tipo de vida, un tipo de vida que tú no me podrás dar nunca.
Xavier se alejó de ella. Qué poca cosa que era! No podía entender cómo se había enamorado de alguien así. Lo peor de todo era que su corazón seguía latiendo al estar cerca de ella, pero su orgullo era más grande que todo aquello.
Caminó hacia la ventana y bajó, dejando sola a Carmen.
Hermione la observó tomar aire y contener lágrimas; realmente parecía que lo que había dicho era cierto, lo quería, pero amaba muchísimo más el dinero. Se retocó un instante el maquillaje y el peinado y salió de la habitación.
Hermione quiso seguirlos, pero el viento tan bien conocido la envolvió. Cerró los ojos y se protegió con ambas manos. Pronto calló a suelo frío de la sección prohibida.
- Ya es hora de que vuelvas a clases, son las sies de la mañana.

Draco se despertó con el cuerpo de Pansy sobre él. Se restregó los ojos con ambas manos y la movió a un lado lentamente. Se acercó a su oído para susurrarle:
- Ya despierta, tenemos que ir a clases.
Pansy bostezó mientras se estiraba en la cama.
- Vaya que estuviste muy bien anoche Draco..- dijo Pansy.
- Yo siempre estoy más que bien y lo sabes.- aclaró el rubio.
- Sí pero anoche fue aún mejor.
La rubia se levantó desnuda y se colocó la ropa que estaba regada por el suelo para poder ir a su habitación.
- Nos vemos en el gran comedor.
Draco se metió al baño, recordó que tenía entrenamiento de Quittich. Ese año iba a derrotar a Potter fuera como fuera.13.- Confusiones

Hermione estaba sentada en la mesa de Gryffindor. A su lado estaba Parvati y Lavander, quienes conversaban animadamente. Ginny estaba al frente peleando con Ron y Harry quienes habían estado hablando con Dean sobre sus estrategias para el próximo partido de Quittich. Cualquiera que se hubiera fijado en la castaña hubiera notado lo extraño que era que no probara bocado alguno y permaneciera absorta en un libro viejo de la biblioteca.
Hermione había decidido leer más sobre la edad moderna, ya que ya casi se estaban adentrando en ella, y seguro le serviría leer datos importantes.
Los Gohts eran criaturas temibles. Crecieron y se formaron bajo la tierra, por medio de túneles en los cuales crearon ciudades subterráneas. Al vivir en tales condiciones sus aspectos físicos se volvieron toscos y robustos, transformándose en bestias rudas y violentas. Comenzaron a salir de a tierra para asentarse en las afueras, y para ello atacaron tierras mágicas, lo que se convirtió en una guerra sin fin entre magos y Gohts. Masacres fueron los resultados de estas batallas.
*Entonces sí son muy peligrosos.* pensó la castaña. Volteando la página encontró otra de las criaturas que invadían el mundo mágico por aquellos tiempos.
Los vampiros en aquella época eran una de la razas más rechazadas. La sociedad mágica no tenía aceptación ante estos seres así que fueron exiliados al mundo muggle, donde se alimentaron y reproducieron inimaginablemente. Pronto éstos se dividieron en clanes, y formando un complot regresaron al mundo mágico, uniéndose a los Gohts en su batalla contra los magos.
*Esto aún no sucede, pero pronto seguramente sucederá.* pensó Hermione.
- Quieres comer un poco aunque sea?- dijo Ron. - Aliméntate mujer!
Hermione iba a replicar, pero Harry tomó el libro arrebatándoselo de las manos. Lo cerró y miró la pasta desdeñosamente.
- Hermione, creo que te has leído millones de libros como éste, después de comer podrás aburrirte todo lo que quieras acabando con los libros de la biblioteca.- dijo el chico con cabello negro azabache mientras la miraba con sus suspicacez ojos verdes.
Hermione entornó los ojos y comenzó a desayunar, mas pronto toda su atención se enfocó en una sola persona que acababa de ingresar al gran comedor.
Draco entró con Zabini y se sentaron ambos en la mesa de Slytherin. Hablaban sobre el entrenamiento que tendrian aquella misma tarde. El rubio ni se percató de la mirada de la castaña y seguía absorto en su conversación. Hermione sintió que la rabia la invadía.
*Es un estúpido. Ni siquiera se ha acercado para explicar su ausencia la noche anterior. Aunque no necesita explicar, yo ya la sé. Es un irresponsable.* pensó.
- Hermione, crees que me puedas ayudar a estudiar para pociones? Es que..estoy mal, y Snape quién sabe qué me hará si me sale mal de nuevo..- dijo Neville tembloroso.
Hermione le sonrió.
- Claro Neville, hoy en la tarde te parece bien?
- Gracias, de verdad.
La castaña volteó sonriendo y sus ojos se chocaron con los grises provenientes de la mesa de Slytherin. Fue como si le hubieran extraído el aliento de repente. Un choque de electricidad recorrió todo su cuerpo mientras la sonrisa se iba desvaneciendo de su rostro. Podía sentir su corazón latiendo a velocidades inverosímiles. El rubio tenía la mirada fija sobre ella, y no parecía queder ceder. Hermione desvió la mirada y se incluyó en la conversación de Parvati y Lavander. Draco se exasperó.
*Quién se cree que es esa sangre sucia?* pensó. Nadie le cortaba la mirada a él, y ella no iba a ser la primera en hacerlo.

Las clases transcurrieron normalmente. Hermione se preocupó por prestar especial atención en cada una de ellas. Bastante desatenta había estado los últimos días. Resultó perfecto y entendió absolutamente todo. Los hechizos le salieron excelentemente y para las próximas lecciones estaba segura solo necesitaba repasar un poco y estaría lista. Al sonar el timbre que daba término a las jornada Harry y Ron se la llevaron para que observara el entrenamiento.
- Pero aunque sea déjenme ir a la sala común a dejar mis cosas no?- dijo Hermione.
- Está bien señorita..pero regresas rápido o Ron y yo te haremos cosquillas.- dijo Harry.
Hermione rió sarcásticamente y caminó hacia su sala común. Dentro estaban Lavander, Parvati y Ginny que también se disponían a salir.
- Vamos a ver el entrenamiento.- dijo Ginny.
- Sí ya voy, solo voy a dejar esto en mi cuarto.- dijo la castaña
Al bajar las escaleras sus amigas ya se había ido. Tal vez ver el entrenamiento la distraería un poco de todos sus problemas que ahora tenían un solo nombre y apellido: Draco Malfoy. Debía haber estado loca cuando dejó que aquello sucediera, ahora estaba metida hasta el cuello en una situación más que incómoda.
Al llegar al campo pudo ver al equipo en medio de la cancha, pero parecían estar inmersos en una discusión bastante grande. Hermione corrió y al ver el color verde del uniforme de Quittich entre los rojos de Gryffindor lo comprendió todo. Estaban los dos bandos, Slytherin a un lado y Gryffindor en el otro. Dos chicos en representación de las casa enemigas discutían: Harry y Draco.
- Snape nos dio permiso, así que Potter entrena otro día.- dijo Draco.
- No! Estamos hartos de todos ustedes y sus autorizaciones de Snape. rEservamos esta cancha mucho tiempo antes!- dijo Harry.
- Ya oyeron lárgense.- dijo Angelina.
- No nos iremos, y ya que este es un país libre, entrenaremos en la otra mitad de la cancha.- dijo Draco sonriendo triunfante.
- No podemos entrenar en solo una mitad!- dijo Harry.
- Pues tendrán que hacerlo Gryffindors,- dijo Spencer. - Porque estamos en igual de condiciones, ustedes con su reservación, y nosotros con el permiso de Snape.
Los Slytherins se repartieron por la cancha mientras reían burlándose de los otros.
- Malditos!! Te juro que un día de estos voy a matarlos uno a uno hasta que no quede ninguno de su maldita raza!!- dijo Ron reventando de rabia.
- Vámonos, entrenaremos en cuanto ellos desocupen la cancha.- dijo Angelina.
- ¿Qué?!- dijo Harry. - Y dejarles la cancha así como así?!
- Mira Harry, a mí también me revienta la rabia, pero no podemos perder tiempo con estupideces. Sabes que es imposible entrenar bien en la mitad de la cancha. Mejor dejémoslos que hagan lo que quieran ahora, ya veremos cuando los derrotemos en el partido.- dijo Angelina, y como capitana había dicho. Todos desalojaron en lugar.
- No es justo, Malfoy y sus amigos son unos hijos de p..- dijo Parvati. - Pero ya verán, ya verán.
Hermione prefirió no decir nada, aunque la rabia la consumía por dentro. Miró el reloj: era hora de ayudar a Neville.

La biblioteca estaba casi vacía, los únicos que la ocupaban eran unos niños de primer año y Hermione y Neville que se encontraban sentados en una mesa alejados de todo. La castaña pasó un dedo por las estanterías en busca del libro perfecto y lo sacó. Se sentó nuevamente en la mesa mientras el chico molía unos ingredientes.
- Mira, dice que ahora lo que debes hacer es agregar el ajo y el polvo de pie.- dijo Hermione algo asqueada por los ingredientes. - Pero hazlo en pequeña cantidad, recuerda que cuando una poción tiene muchos ingredientes debes poner poco de cada uno, y viceversa.
- Claro.- dijo poniendo todo su esfuerzo en la poción. Luego la revolvió con una pipeta y obtuvo el color que esperaba. - Creo que me salió!!!
Hermione sonrió ante el logro de su amigo. Neville parecía más que emocionado al ver que por fin había hecho algo bien en aquella materia.
La sangre de la castaña se heló cuando a lo lejos distinguió el color verde del uniforme de Quittich de Slytherin. Draco Malfoy había entrado.
*Tranquila, por favor tranquila.* pensó. Pero aquello fue imposible, y peor aún cuando el chico fijó sus ojos en ella y caminó hacia la mesa donde se encontraba.
Neville pegó un gritito cuando vio al rubio frente a la mesa. Miró a Hermione y luego fijó sus ojos despectivamente en el otro chico.
- Dile que se vaya.- dijo Draco.
- Estoy ocupada.- dijo Hermione.
- No me interesa. Dile que se vaya.
Hermione tomó aire, por la mirada del chico entendió que no era hora de desafiarlo. No le hubiera importado en lo más mínimo de no ser que vio el temor en el rostro de Neville, y mejor era no involucrarlo.
- Vete Neville, sigue practicando.- dijo Hermione dedicándole una sonrisa. El chico no se movió. - Ve tranquilo, estaré bien. No me asustan las serpientes.- dijo mirando despectivamente a Draco.
Neville se levantó y como un ratón asustado salió de la biblioteca. Hermione cerró con fuerza el libro que tenía entre sus manos y se levantó dirigiéndose a la estantería para colocarlo donde debía estar.
- Así que dando clases extras a gente sin remedio. Creo que deberías dedicarte a eso de ayudar a gente necesitada no Granger? Te queda bien.- dijo burlándose. Pero Hermione no estaba para sus burlas.
- No sé qué es lo que quieres Malfoy, pero sea lo que sea no me interesa. Lo único que tenemos en común es que debemos intentar salvarnos la vida retrocediendo en el tiempo, y ni siquiera eres capaz de hacer eso correctamente.
- Yo creo que tenemos más en común no crees Granger?- dijo Draco acercándose a ella y susurrándole en el oído. - Por ejemplo, que nos acostamos juntos no te suena?
- No quiero hablar de eso.- dijo Hermione colocando el libro en su lugar. - Lo único que te digo es que no voy a morir por tus irresponsabilidades.
- Hasta qué hora me esperaste Granger? Me pareció divertido dejarte aquí sola.
- No te importa Malfoy. Ahora que tal si mejor te cuento lo que averigüé ayer.
Draco levantó una ceja.
- Fuiste sola?
- Claro. O pensaste que me quedaría esperándote toda la noche.- dijo Hermione caminando hacia la otra estantería. Draco la tomó por el brazo y la atrajo hacia él hundiéndose en sus ojos marrones.
- Él dijo que era peligroso..no se suponía que debías ir sin mí.
- Yo no le tengo miedo al pasado.- dijo Hermione. - Y menos cuando se trata de salvar mi vida Malfoy.
- Eres la persona más necia que conozco.- dijo el rubio.
- Y tú la más detestable.- dijo Hermione soltándose de él.
- No me decías eso ayer cuando te hacía mía.- dijo Draco.
- A qué quieres jugar Malfoy?- dijo Hermione. - Dime, porque no te logro entender.
El rubio no dijo nada, solo se limitó a observarla detenidamente. No comprendía por qué usaba la falda tan larga teniendo piernas tan perfectas, aquello solo ocultaba la belleza de éstas. Miró su blusa, perfectamente abrochada hasta el último de los botones, también ocultando sus senos, y las pecas de su pecho y hombros. Se sintió importante al saber que solo él conocía aquellas cualidades, solo él conocía su belleza. Claro que nunca le diría que realmente había cosas de ella que no eran nada desagradables; era mejor que siguiera pensando que era completamente insignificante.
La castaña dio un respingo.
- No me gusta que me dejen hablando sola Malfoy, sino me quieres responder, entonces siéntate y escucha lo que tengo que contarte.

- Pero por qué?!- dijo Ginny enfadada. - No es tu problema con quien ando o no!
- Sí que lo es! Soy tu hermano mayor!! Y ese tipo no te conviene y ya.!- dijo Ron.
Harry observaba la pelea sentado en un mueble de la sala común mientras sonreía.
- Thomas me conviene y además yo lo decidí así por qué tienes que entrometerte!?
- Mira Ginny, es así de simple; te prohibo que lo veas y se acabó!- dijo Ron.
- Te odio!- gritó Ginny mientras corría subiendo las escaleras.
Harry hizo todo por borrar la sonrisa de satisfacción de su rostro.
- Hiciste bien, ya sabes como es Thomas mejor que no esté con ella.
- Sí lo sé.- dijo Ron . - Jugamos ajedrez?

Ginny lanzaba cosas por toda su habitación mientras Parvati y Lavander agarraban en el aire las cosas que lanzaba para que no se rompieran.
- Ginny tranquila!- dijo Lavander. - vas a romperlo todo!
- Maldito Ron por qué siempre tiene que meterse en mi vida!! Yo no lo hago con la suya!! Cuando salió con esa tipa de Ravenclaw a mí no me gustó pero no le dije nada!
- Por último, quién dice que debes hacerle caso a lo que él diga! Sigue viendo a Thomas y se acabó!- dijo Parvati.
- Es que no lo conoces! Seguramente va a hablar y amenazará a Thomas, lo conozco bien!- Ginny se dejó caer en la cama ya cansada de lanzar cosas. Ante aquello Parvati y Lavander casi lloran de la alegría; por un momento pensaron que no quedaría nada de la habitación.
No sabía si realmente le afectaba no ver a Thomas. Era cierto, él era lindo y popular, e inteligente también. De cualquier forma no era a él a quien ella siempre había querido secretamente. Harry seguía siendo su ídolo y su amor platónico a la vez, porque sabía que era imposible que sucediera algo entre los dos por múltiples razones. Igual, Thomas estaba bien! Por qué Ron tenía que espantarlo??

Hermione le relataba detalladamente lo que había ocurrido en su regreso al pasado. Draco casi no prestaba atención a lo que decía, estaba aburrido, pero entre tanto, se había dado cuenta que la voz de la castaña era bastante seductora. Después de notar aquello fijó sus ojos grises en las estanterías llenas de libros. Aquel era el lugar donde la castaña se escondía, era increíble como una persona elude sus problemas enfrascándose en libros.
*Así que eres toda una Gryffindor Granger, no le temes ni al pasado ni al presente ni al futuro; pero le temes a tus propias debilidades* pensó.
-Y bueno, de ahí William me regresó. Pero aún no entiendo muy bien por qué Xavier no le dijo a Carmen que era millonario, si se lo hubiera dicho ella no lo hubiera dejado.
- Se trata de orgullo Granger, Xavier va a hacerle pagar la humillación.- dijo Draco comprendiendo perfectamente. - Te gusta hablar verdad?
- Solo cuando es necesario
- dijo tomando un color rosa. Ya sabía que hablaba bastante y había veces que no podía parar, pero nunca antes el chico había notado aquel defecto.
- Hablas más que cien Pansys juntas.- dijo Draco.
El solo nombre de la morena exasperó a Hermione.
- No me compares con tu novia si?- dijo molesta levantándose de la mesa.
- Es verdad, no hay comparación entre ustedes dos.- dijo Draco. Había llegado la hora de fastidiarla un poco. - Y yo más que nadie lo sé, no lo crees Granger?
- Mira Malfoy, quiero que te quede bien claro algo, y eso es que lo que pasó entre nosotros tuvo una razón que tu jamás comprenderías, pero esa no fue precisamente el que me gustaras ni mucho menos. Y dudo que yo te guste a ti.
- Por qué buscas tantos por qués a las cosas. Ahora si me preguntas, acostarme con una sangre sucia y encima virgen, fue algo nuevo.
- Me imagino.- dijo Hermione, e inmediatamente contra atacó. - Pero creo que ambos deberíamos olvidarlo, digo no, porque sino podría ocurrir otro incidente dentro de tu sala común, y esta vez no serían simples bichos.
Draco borró la sonrisa de su cara incrédulo ¿Realmente la estúpida lo estaba amenazando? No sabía en lo que se acababa de meter.
- No te atrevas a amenazarme, tan solo eres una insignificante sangre sucia.- dijo Draco. Aquellas palabras nunca le habían dolido tanto a Hermione como ahora. No sabía por qué, pero por primera vez habían llegado profundamente dentro de ella.
- No te atrevas tú a decir lo que sucedió entre nosotros a alguien, porque yo no respondo.- dijo Hermione. Draco sonrió maliciosamente, ahora comprendía el temor de la castaña.
El rubio caminó alrededor de ella observándola. Ella permanecía quieta, ya sin verlo porque se había colocado detrás de ella. Tembló al sentir las manos de Draco rodear su cintura por detrás y pegarla a él. Sintió la respiración del chico sobre su oreja, rozando sus labios en ella, quemándola. Quiso soltarse pero era imposible. El rubio bajó poco a poco hasta su cuello, donde se hundió aspirando su aroma. Hermione se estremeció, el rubio sonrió.
- Así que después de todo no te soy tan indeferente no Granger?
- No te confundas, lo que siento es asco.
- Ya lo veremos.- dijo Draco mientras la volteaba y la pegaba contra la pared. No la dejó reaccionar, simplemente la besó.
Hermione tembló completamente mientras un calor insoportable invadió todo su cuerpo. La lengua de Draco penetró en su boca furiosamente. Sintió que le arrancaba el aire poco a poco. Trató de soltarse, no quería que él notara que le gustaba el hecho de que la besara, pero no pudo. Sus lenguas pronto se encontraron, ella ya no podía resistirse más a lo inevitable y él lo sabía. El rubio mordió con fuerza el labio de la castaña sacándole un gemido; le había resultado imposible no morderlo. Hermione se odió por no haber reprimido el sonido. Las manos de Draco cobraron vida de repente y comenzaron a tocar el cuerpo de la castaña, ese mismo que no hacía mucho había marcado como suyo. Hermione quería pararlo con todas su fuerzas, pero por otro lado, no podía detenerlo porque había una parte de ella que quería que él siguiera. Hubieran continuado de no ser que se escuchó el ruido de alguien ingresando a la biblioteca, lo que los hizo separarse.
Draco la tomó del brazo y la empujó contra sí tras una estantería de libros.
- Déjame salir!- dijo Hermione tratando de soltarse. Nunca había sentido tantas ganas de salir de aquel lugar como ahora.
- No, no te vas hasta que yo lo decida.- dijo Draco en voz muy baja.
- Quieres que grite y que quien sea que haya entrado te vea conmigo??
Draco soltó a la castaña bruscamente. Hermione le dirigió una última mirada mientras corría hacia la salida.
Una vez afuera se pegó contra la pared y cerró los ojos. Aún podía sentir todo su cuerpo temblar ante las caricias del rubio. Aquello estaba mal, muy mal.

- No es nada ya te dije Spencer no seas un maldito pesado.- dijo Pansy tirándose a uno de los muebles de la sala común de Slytherin.
- No estoy exagerando Malfoy, tu novia está teniendo dolores de cabeza frecuentes y no lo niegues Parkinson.- dijo Jack jugando con una pelota de cristal.
- No lo niego pero no es para exagerar

Draco se arrimó a una de las paredes y fijó sus ojos grises inexpresivos en los negros de la morena. Ella los evadió tercamente y arregló su túnica.
- Pansy, mañana vas a la enfermería.- ordenó el rubio.
- Pero si no es grave..- dijo la morena.
El rubio la observó aprehensivamente. No le gustaba repetir las cosas.
- Dije que vas mañana.- repitió molesto.
- Como digas.- dijo Pansy.
La puerta de la sala común se abrió. Ninguno se imaginó que quien entraría sería precisamente la persona a quien menos esperaban, especialmente Draco.
Lucius Malfoy entró posesivamente e inmediatamente los Slytherins que se encontraban en la sala se levantaron en señal de reverencia y respeto. Todos sabían lo que era tener a un Malfoy dentro de su sala, y significaba aún más cuando se trataba de un actual mortífago y modelo a seguir.
- Sígueme.- dijo mirando a Draco y dándose la vuelta, saliendo de la sala común.
Draco se quedó unos segundos ahí parado, tratando de imaginar el motivo de su visita. Lo siguió inmediatamente.
Lucius paró en una de las esquinas de los pasillos de Hogwarts y observó a su hijo severamente, como siempre lo hacía.
- Cómo vas con Pansy.- dijo Lucius como haciendo una introducción a la conversación.
- Bien, pero dudo que hayas venido a preguntar qué tal grado de satisfacción le doy a mi novia o si?
- No, por supuesto que no. No dudo de tus técnicas.- esto último lo dijo algo ácidamente. - Solo trato de tranquilizarme antes de poder hacerte la siguiente pregunta: Qué diablos crees que haces Draco?
- Qué
existir?- dijo el rubio burlándose. A su padre aquello no pareció agradarle.
- No estoy para tus patéticas imitaciones de niño retrasado. Sabes bien de lo que hablo.
- No, a decir verdad no lo sé.- dijo tranquilamente.
- Hace dos semanas que espero que envíes una lechuza para avisarme que estás listo para la iniciación, y nada!
Draco entornó los ojos. Siempre supo que eso era lo que venía a hablar, desde que entró y pensó cuál sería la razón de su repentina visita y a su mente solo vino aquella respuesta. Odiaba cuando su padre venía a presionarlo. La santa iniciación para convertirse en mortífago sí se la había tomado enserio, aunque él pensara lo contrario, Draco sí se había tomado con responsabilidad el poder pasar la prueba de iniciación. Solo que él quería realizarla a final de curso, y no a mitad de éste como la mayoría de Slytherins de séptimo habían hecho. Era mucho mejor hacerse esperar, y mucho mejor contradecir las ordenes de su padre.
- Solo te lo diré una vez más Draco, y más te vale que prestes atención a mis palabras: quiero que seas el mejor de los que ingresen este año. Dejar el apellido Malfoy en alto esta en tus manos esta vez y espero que lo hagas bien porque para eso te eduqué!
- Sé lo que hago. No quiero hacer la iniciación todavía, esperaré al último para hacerla, y no porque no esté listo, con los ojos cerrados puedo derrotar a todos los que ya han entrado, sino porque me da la gana. Contento?
La furia pareció asomarse por el rostro de Lucius.
- Este no es un juego en el que mandas, esto es mucho más peligroso y ya es hora de que vayas aprendiendo algo sobre la vida. Sé lo bueno que eres, y sé que eres mucho mejor que todos los Slytherins que están metidos en tu sala común
pero eso, todo eso lo puedes traer abajo por tu maldito orgullo. No es un juego, es algo serio!
- Me exiges seriedad y eso tendrás! Pero primero déjame en paz, sé lo que hago ya te lo dije.
- Dejarte en paz? Debes estar delirando.- dijo Lucius. - No te puedo dejar ni un segundo porque lo único que haces es poner en peligro todo lo que he formado con años. Ers un Malfoy recuérdalo!
Draco dio media vuelta y caminó lejos. Lucius lo llamó histérico, pero él no volvió. Estaba harto, harto de su padre y sus ordenes absurdas. Él era un Malfoy, y como tal no le rendía cuentas a nadie, ni siquiera a los de su misma sangre.

Hermione disfrutaba de observar a sus dos mejores amigos jugar ajedrez mientras tomaba un poco de calor sentada frente a la fogata. Sus ojos marrones estaban perdidos entre las llamas y en lo único que podía pensar era en lo que había hecho. Definitivamente había llegado demasiado lejos. Ese era el resultado de haber guardado sus frustraciones durante tanto tiempo. Había sido más que una presa fácil para los planes de Malfoy, y ni su inteligencia ni su capacidad para controlarse parecieron funcionar en ese momento. Prefería no pensar, no recordar lo que había sucedido con Malfoy. Era mejor mantener la cabeza ocupada en otras cosas y tratar de que aquello no volviera a pasar.
*Sin embargo
él ha dado muestras de que quiere todo lo contrario.* pensó la castaña. Inmediatamente su cuerpo de estremeció.
Autocontrol. Siempre había sido buena en ello. Pero entonces, ¿por qué no fue capaz de detenerlo en la biblioteca? No, no podía ser que estuviera cediendo ante su peor enemigo, y aún peor, que estuviera disfrutando estar con su peor enemigo.
- No!- gritó sin querer. Harry y Ron la miraron automáticamente algo sorprendidos por el repentino estallido de la chica.
- Estás bien Hermione??- dijo Ron.
Hermione pudo sentir el color subir a sus mejillas ¡Qué vergüenza! Por qué no apredía a cerrar la boca por una vez en su vida?
- Sí, estoy bien.- dijo ella nerviosa y avergonzada a la vez.- Voy a domir.
Con esto subió las escaleras corriendo y desapareciendo de la vista de los presentes.
X MERLIN!!! NO PESE Q EN UN DIA IBA A JUNTAR TANTOS RR!!! ACA LES DEJO OTRA PARTE, Y ESPERO Q ME SIGAN DEJANDO SUS COMENTARIOS SI?? UN BESOTE ENORME A TODOS!!!

14.- Mi cuarto, mi cama y mis besos.

Eran las doce cuando Draco llegó a la biblioteca. Aún seguía algo alterado por la visita de su padre, tal vez por eso solo se sentó en una de las mesas sin preocuparse si Hermione había llegado ya o no. Estaba harto, cansado de Lucius Malfoy y sus órdenes ¿Quién creía que era? ¿El amo y señor del mundo? No era así, por lo menos iba a prender la clase de cuervo que había criado. Draco le iba a enseñar que si llevaba el apellido Malfoy era por algo. Su padre podría tener poder sobre muchas cosas, pero no sobre él.
*Te enseñaré quién de los dos es el mejor Lucius Malfoy* pensó y sin darse cuenta había apretado ambas manos hasta formar puños.
Tal vez se trataba de una necesidad para el rubio el demostrar que era superior a todos, inclusive a los miembros de su propia familia. Su rivalidad con el mortífago más importante había comenzado años atrás, precisamente porque Draco lo veía como una gran piedra que estorbaba su camino hacia la excelencia. Él tenía más metas en mente de lo que su padre podría jamás imaginar. Si Lucius había conseguido muchas cosas y había logrado ganarse un respeto dentro del mundo oscuro, Draco pensaba gobernarlo ¿Por qué seguir a Voldemort cuando él podría ser el líder? Capacidad, la tenía. Unirse a los mortífagos solo era el primer paso, después destronar a su padre como el mejor mortífago y mano derecha de Voldemort y colocarse a él mismo como tal. Juntar fuerzas al lado del señor oscuro hasta encontrar sus debilidades, y luego, traicionarlo. Draco era mucho más ambicioso de lo que todos creían. Eso, unido a su gran mentalidad e ingenio, lo diferenciaba de los demás Slytherins, y lo convertía en superior.
Las palabras de su padre volvieron a su cabeza como relámpagos que golpearon sobre él de repente: Cómo vas con Pansy?
Le hubiera encantado responderle que excelentemente bien, exactamente igual como le iba a él con sus amantes, pero se había contenido. Parkinson era una familia sobresaliente, y el que hubiera tenido el matrimonio una hija había resultado perfecto para los Malfoy. Draco no tuvo ningún inconveniente con eso; Pansy estaba más que buena. No habría pedido más de una novia: tenía excelente condición social, un apellido importante, estaba en la casa de Slytherin, y era la chica más guapa de Hogwarts. Todo había estado bien para él, hasta que le empezó a fastidiar el hecho de que había sido precisamente su padre quien la había seleccionado para él. Draco sabía que aunque Lucius no se la hubiera impuesto, él la habría escogido, pero el simple hecho de que no era así, de que no había sido decisión de él desde un principio le enfermaba. Había ocasiones en las que le daban deseos que hacer algo al respecto, pero no podía. Dejar a Pansy? Ni loco, él la quería como novia, y la quería como futura esposa. Nadie mejor que ella para esos títulos. Entonces qué? Qué hacer para desquitarse de su padre una vez más y burlarse de él al mismo tiempo.
El rostro de Hermione apareció ante sus ojos en aquel instante.
Claro, era perfecto. Acostarse con Granger, una sangre sucia sería el perfecto golpe hacia el ego de su padre. A Lucius no le molestaba el que su hijo tuviera amantes, pero seguro le fastidiaría, le enfermaría, que su amante fuera precisamente una sangre sucia amiga de Harry Potter.
*Resultaste aún más útil de lo que esperaba, Granger* pensó.
Igual pensaba usarla un tiempo más, tenía que admitir que después de todo era algo nuevo y fuera de la rutina tirarse a una Gryffindor sabelotodo y virgen. Fue en ese instante, cuando los pensamientos parecieron tomar forma dentro de su cabeza cuando se levantó y notó que era la una de la madrugada.
Hermione aún no había llegado.

Hermione bostezó mientras se sacaba el uniforme y comenzaba a colocarse la pijama. Sin quererlo se había quedado dormida sin haberse cambiado. Había decidido desde la tarde que aquella noche dejaría plantado a Malfoy, dándole una cucharada de su propia medicina. Se sintió un poco mal por William, pues era él el que tenía que tragarse los problemas que tenían ellos dos, sin embargo no cedería esta vez. Además, estaba muy cansada. Tenía derecho a un poco de descanso no?
Se colocó encima un sueter enorme blanco que había pertenecido antes a una tía obesa que vivía en australia y que en una de sus visitas lo había olvidado en su casa. El abrigo era tan grande, que le llegaba casi a las rodillas y dejaba sus hombros completamente al descubierto. Era su pijama favorita y la más cómoda para dormir.

Apagó las luces y caminó hacia la ventana. Un frío viento entraba por ésta. La cerró antes de que terminara congelándose y se aseguró que no se volvieran a abrir durante la noche. Pudo ver las luces apagadas en la cabaña de Hagrid y los campos de Hogwarts brillando bajo la luz plateada de la luna. Hubiera permanecido más tiempo observando el paisaje de no ser que la puerta de su habitación se abrió y cerró de repente, dejando entrar a alguien en donde no debía.
El corazón de Hermione se heló, todo el cuarto estaba oscuro y no podía ver más que la sombra de alguien parado a unos metros de ella. Pensó rápidamente y recordó que su varita yacía sobre su velador.
- Quién es?- dijo para poder despistar un poco la atención del intruso.
No hubo respuesta.
La castaña se movió velozmente hacia el velador, pero antes de llegar unas manos la agarraron por la cintura y la atrajeron hacia un cuerpo caliente. Hermione gritó mientras golpeaba al intruso sin poder reconocer quién era. No podía soltarse, solo sabía que era presa del pánico total. El desconocido pareció soltarla de repente y ella corrió hacia el interruptor para acabar con la agonía de no saber de quién se trataba. La luz ilimunó el lugar haciendo brillar la figura de un hombre alto, rubio y ojos grises.
- Malfoy?
Draco desvió su mirada del rostro confundido de la chica hacia sus piernas descubiertas, para luego pasar a deleitarse ante sus hombros totalmente descubiertos mostrando esas pecas que en aquellos momento eran capaz de hacerle perder el control.
Pero no, aún no. Primero iba a jugar un poco.
- Cómo lograste entrar??
- Yo tengo mis métodos Granger, y ya deberías saber que sé cómo ingresar a tu sala común.- dijo hechándole una mirada a la habitación. - Cómo crees que logré traerte sana y salva aquí después del exhausto encuentro que tuvimos?
Hermione sintió su corazón latir más rápido y la sangre subir a sus mejillas ante las palabras del rubio ¿Por qué él lo decía con tanta tranquilidad y normalidad cuando ella de solo pensarlo sentía que el mundo se le venía encima?
- Vete de aquí quieres?.- dijo la castaña con tono severo.
- No, no quiero.- dijo el rubio sonriendo mientras jugaba con la paciencia de la chica. Sabía que la estaba incomodándo, pero aún quedaba mucho por hacer
y cosas mucho más incómodas.
- Por qué me haces esto eh?- dijo Hermione en tono algo suplicante. Parecía estar a punto se llorar. - Qué no te basta con todas las humillaciones que me haces diariamente?? No puedo siquiera deshacerme de ti unas pocas horas del día??!!
Draco dejó de examinar el lugar y fijó sus ojos en los marrones de la chica. Emanaban un brillo especial aquella noche, y sus labios, estaban rojos. Sonrió un poco nuevamente mientras se sacaba la túnica y la dejaba sobre una silla.
- Por qué no fuiste a la biblioteca Granger?- dijo él. - Te esperé, y no llegaste.
- Qué curioso no? Fue exactamente lo que hice yo ayer, solo que no me metí en tu habitación en medio de la madrugada!
- Es diferente, una cosa es que tú me esperes
otra que yo tenga que esperarte. Me fastidió mucho lo sabías?- dijo acercándose a ella peligrosamente.
- Si te acercas grito.- dijo Hermione advirtiéndole. Sabía que si se aproximaba demasiado ella podría flaquear.
- Muy tarde, antes de entrar puse un hechizo silenciador.- dijo Draco. - deberías aprender que yo pienso en todo

Hermione miró su varita, que yacía sobre el velador.
- No Granger, ni se te ocurra.- dijo Draco notando la idea que cruzaba la mente de la castaña. - Antes de que llegues a ella yo habré sacado la mía.
Hermione sabía que tenía razón, era imposible salir de aquel lío.
- Qué quieres Malfoy?- dijo ella retrocediendo.
- A ti.- dijo él mientras se aflojaba la corbata y acortaba cada vez más la distancia entre los dos.
- Por qué no vas y te revuelcas con Pansy, para eso es tu novia no?
- Podría hacerlo, pero no.- dijo Draco. - Verás, es bueno variar un poco no?
Justo cuando estaba a unos pocos centímetros de ella, la castaña lanzó una patada en las partes más delicadas el cuerpo del chico. El rubio se inclinó ante el dolor mientras ella corría hacia el velador. Estuvo a cortos pasos de tomar la varita y acabar con el tormento al que estaba siendo sometida. Pero una mano la alcanzó firmemente y la arrojó sobre la cama.
Antes de que pudiera levantarse Draco Malfoy ya estaba sobre ella. Se apoyaba con los codos sobre la cama para no aplastarla mientras su ojos grises se hundían en los marrones de la chica.
Hermione no podía luchar más. Su respiración era agitada y el rubio lo notó.
- No me gustó lo que hiciste.- dijo mientras se acercaba más a ella hasta susurrarle en el oído. - Si lo vuelves a hacer, tendré que castigarte..
- Ya lo estás haciendo no?- dijo Hermione.
Draco mordió su cuello sacando un gemido involuntario por parte de la castaña.
- No creo que esto sea para ti un castigo.
*Eso es lo que crees..* pensó Hermione.

Draco sonrió. Hermione mordió su labio inferior tratando de no sentirse tan culpable por lo que estaba a punto de hacer ¿Por qué era tan débil cuando estaba con él? ¿Por qué?
- Ahora, te voy a enseñar un poco de anatomía.- dijo Draco mientras sus dedos corrían por los muslos de la chica subiendo cada vez más.
Hermione no pudo evitar reir.
- Sé mucho más que tú sobre anatomía Malfoy.- dijo Hermione audazmente. - No por algo soy una sabelotodo como dices.
Draco esbozó una sonrisa.
- No todo se aprende en los libros Granger; la experiencia es mucho mejor.

Draco sonrió, por lo menos ya no se reprimía como la primera vez. Aquello iba a resultar mejor de lo que pensaba. Ya no era virgen, podía enseñarle un par de cosas.
Pasó su lengua por los muslos de la chica, de vez en cuando succionando algunas partes. No había nada más qué decir, adoraba las piernas doradas de Hermione. Podría besarlas para siempre. Se detuvo de repente sintiendo la necesidad de tenerla sobre aquella cama completamente desnuda. Tomó el abrigo, que ahora estaba levantado hasta la cintura, y se lo sacó dejándolo caer al piso. Los senos desnudos de Hermione aparecieron ante sus ojos y le parecieron la cosa más tierna sobre la tierra. Aún podía sentirlos en sus manos desde la última vez que los tuvo. Y eran solo suyos, como toda ella. Solo el pensar en aquello, y verla ahí, con su cabello ondulado esparcido sobre las mantas blancas y su cuerpo dispuesto solo para él, hizo que un sentimiento en su pecho comenzara a incendiar todo lo que consideraba inquebrantable, intocable. Subió hacia sus labios y se hundió en la humedad de ellos. Su lengua penetró su boca encontrándose con la de ella, que respondió con igual intensidad el beso que le había sido entregado. Las manos de la castaña se envolvieron en el cabello plateado del chico acercándolo más hacia ella.
El rubio soltó sus labios solo para bajar trazando un camino de besos y mordidas desde su cuello hasta su abdomen.
- Dijiste que me enseñarías anatomía..- dijo Hermione de repente entre gemidos. Cada caricia quemaba su piel.
- Qué no estás aprendiendo ya?- dijo Draco mientras desabrochaba su camisa. - Puedo enseñarte más. No has visto nada aún. Solo trato de no pervertirte tanto.
Hermione desabrochó el pantalón del rubio mientras él terminaba de sacarse la camisa. Pronto se encontró completamente desnudo, al igual que ella. Solo rozó sus labios e inmediamente bajó nuevamente besandola. Hermione gimió sonoramente y tensó las piernas. Draco pensó que aquello era demasiado para ella y subió, jugando ahora con sus senos mientras mantenía su mano jugando. Su piel era suave, como porcelana. El tacto era perfecto. Toda ella resultaba tan tierna, que tenía miedo ser demasiado brusco. No podía evitar que sus manos se movieran tocando cada parte de su cuerpo, simplemente había comenzado a perder el control de las cosas.
Hermione soltó un grito de dolor cuando el chico tomó uno de sus senos con su mano derecha y lo apretó demasiado. Podía sentir el deseo que corría el cuerpo del rubio; de verdad él la deseaba. Aquella sensación resultaba extraña. Draco Malfoy deseándola? No podía ser cierto. Pero era así, y lo podía notar por la forma en la que sus manos la tocaban desesperadamente.
El calor había invadido sus cuerpos. La castaña notó la pasión reflejada en aquellos ojos grises mientras ella seguía explorando con su mano partes prohibidas.
- Qué haces?- dijo Draco.
- Aprendo anatomía.- respondió suspicazmente.
El rubio soltó un gemido ante lo que ella hacía allá abajo con su mano. No sabía exactamente qué era lo que estaba haciendo, pero parecía ser suficiente como para transtornarlo. Draco tomó la mano de la castaña y la retiró de aquel lugar fijando sus ojos en ella.
- Si haces eso, harás que termine rápido.- dijo él como dándole lecciones, aún intentaba recuperar el control, pero con Hermione tocándolo así era demasiado difícil.
Como la mañana anterior, se demostraro lo que en realidad no sentían, o empezaban a sentir.
Hundió su cabeza en sus cabellos, respirando el aroma salvaje que provenía de ellos. Era el olor exacto de las flores silvestres que se encontraban en el jardín de la profesora de Herbología; puro, natural. Hermione dejaba salir gemidos mientras se aferraba a las espalda del rubio.
- Eres mía Granger
recuérdalo..- dijo mientras caía exhausto sobre ella.

Hermione abrió los ojos lentamente. Con una de sus manos se restregó ambos ojos como acostumbraba a hacer cada mañana al despertarse. Sabía que aún era temprano sin necesidad de ver el reloj, pues el sol a penas comenzaba a salir. Fue entonces cuando notó que estaba completamente desnuda bajo las sábanas blancas.
Por un momento creyó que iba a enloquecer, pero pronto recordó el por qué de su situación al ver la ropa del Slytherin y la suya mezcladas en el suelo.
*Un momento..su ropa está ahí
entonces
él
* pensó y entonces sintió la respiración pacífica del rubio en su cuello haciéndole cosquillas. Draco tenía su brazo alrededor de ella, abrazándola mientras su cabeza descansaba sobre su pecho. La castaña lo observó unos instantes, el cabello rubio lo tenía esparcido por la frente y la blancura de su piel se veía simplemente perfecta en aquel instante.
- Perfecto, ahora cómo se supone voy a salir?- dijo la chica sin moverse, le daba algo de pena despertarlo ahora que se veía tan inofensivo. Nadie sospecharía que al despertar aquel aspecto de niño indefenso cambiaría al de un déspota.
*Hermione Granger qué se supone que estás haciendo??? Por qué lo permites? Por qué permites que estas cosas sucedan?* se reprochó así misma. *Y por qué te da pena levantar al desgraciado éste?*
Con éste último pensamiento se levantó bruscamente. Draco cayó sobre la cama e inmediatamente comenzó a moverse en busca del cuerpo caliente que había desaparecido de entre sus manos. Abrió los ojos, mostrando la grandeza del color grisáceo que los envolvía y miró algo fastidiado a la castaña.
- Es temprano aún Granger, ¿qué haces levantada?
- Madrugo.- dijo Hermione. - Además me estaba empezando a dar claustrofobia al tenerte todo encima mío.
Draco rió.
- No te molestó anoche.- dijo y luego bostezó. - Así que eres de esas perras frías que a la mañana siguiente no quieren ni ver a la persona con quien durmieron. Pensé que ese sería yo.
- Te das cuenta de lo que está sucediendo Malfoy?- dijo Hermione alterada. - Mírame, soy Hermione Granger. Una Gryffindor sangre sucia y amiga de Harry Potter
acaso se te olvidó que me odias?
Draco la miró a los ojos, encendiendo un fuego dentro de ella que gracias a merlín él no pudo notar, ya que para Hermione hubiera resultado bastante vergonzoso.
- Y yo un Slytherin, racista, elitista, ambicioso y que siempre te ha humillado. Aún así me permitiste entrar en tu cama.
Hermione quiso responder a aquello, pero las palabras no salieron de su boca. Además no tenía nada qué decir, no había explicación para eso.
- Nunca vas a cambiar no Granger? Siempre complicando las cosas, haciendo una tormenta dentro de un vaso con agua. No te importan mis razones, y a mí obviamente no me interesan las tuyas.- dijo Draco poniéndose cómodo. - Ahora, ya que te llevaste la sábana podrías aunque sea pasarme la ropa?

Hermione no había notado hasta ese preciso instante que de verdad al levantarse se había llevado todo consigo, y lo que estaba en su cama era un joven rubio completamente desnudo. Sus mejillas se sonrojaron mientras sentía el calor invadirla de repente. Se volteó mirando hacia otra parte totalmente avergonzada. Draco se levantó de la cama como si nada y comenzó a vestirse. Ni siquiera lo hacía con prisa para acabar con la agonía de la castaña, mas bien lo hacía lo más lento posible, tomándose su tiempo.
- Pensándolo bien, mejor que me despertaste Granger, así podré salir antes de que los Gryffindors se levanten y me vean rondando por su sala común.- dijo mientras se terminaba de abrochar la camisa. - Nos vemos en la noche.
Y con esto salió de la habitación triunfante, mientras Hermione no quería nada más que morirse.


15.- Cambios

La mañana era fresca. Los colores resplandecientes de las banderas con los respectivos escudos de las casas sobre sus mesas parecían tomar un brillo especial. Los últimos días habían sido oscuros, llenos de neblina. En cambio aquel había empezado con el sol en su máximo esplendor, lo cual daba a los alumnos un buen augurio para iniciar la jornada de clases.
Hermione se sentó en el mismo lugar de siempre junto sus amigos. Harry y Ron conversaban y reían así que no quiso entrometerse, además hace mucho tiempo ya que la habían dejado fuera de sus planes y discusiones. Sus ojos marrones cubiertos por aquellas largas pestañas brillaron al ver las manzanas, fresas, cerezas y mandarinas que yacían frente a ella. Con todo el estrés que se había apoderado de ella desde el día en que encontró el libro en la sección prohibida había olvidado hasta alimentarse correctamente. El apetito corrió desde su estómago hasta su boca haciéndola sentir claramente los sabores de aquellas frutas sin siquiera haberlas tocado. La castaña tomó una fresa y la metió en su boca. Cerró los ojos disfrutando del delicioso sabor que comenzaba a correr por sus papilas gustativas. Fue interrumpida por las risas de sus amigas que la miraban burlándose.
- Hermione, parece que estuvieras teniendo un orgasmo aquí mismo.- dijo Parvati estupefacta. Lavander le dio un golpe en la espalda mientras seguía riéndose.
- Es solo que tenía mucha hambre.- dijo Hermione avergonzada tomando una ceresa esta vez. - Qué te pasa Ginny?
La pelirroja no comía nada, solo mantenía la vista centrada en algún lugar de la mesa sin decir nada. Por la expresión de su rostro era obvio que no andaba muy bien.
- Te lo contaremos camino a clases.- dijo Luna integrándose en la mesa. A pesar de ser una Ravenclaw pasaba más tiempo en la mesa Gryffindoriana que nadie.

Hermione pasó las clases sentada al lado de Parvati y Lavander, lo cual de cierta forma logró molestar a sus mejores amigos, quienes al final de la clase de Transformación le dijeron que bien podría sentarse con las demás en la siguiente clase. Hermione no les hizo caso, prefería ser tomada en cuenta por las dos chicas que ser ignorada por dos hombres. Además, el problema de Ginny tenía que ser discutido. Parvati y Lavander no dejaban de decirle que tenía que hablar con Ron de inmediato.
- Vamos Hermione! Ronnie y Harry tienen debilidad por ti! Si les pides algo con insistencia harán todo lo que les digas.- dijo Parvati en medio de la clase de Pociones.
- No es tan fácil como lo planteas. Ni Ron ni Harry tienen debilidad por mí. Lo que hará Ron será mandarme al diablo si le hablo siquiera de lo mal que hace al prohibirle a Ginny que salga con quien quiera.- dijo la castaña mientras trataba de moler las escamas de cocodrilo que estaban sobre la mesa. - Esto es imposible!
Sin querer lanzó la piedra demasiado fuerte sobre las escamas golpeándose el dedo índice. Soltó un grito de dolor mientras se metía el dedo lastimado en la boca. Pronto vio a Snape frente su mesa.
- Le ruego Señorita Granger, que la próxima vez que intente preparar una poción no rompa la mesa ni sus propios huesos.- y con esto se volteó a seguir humillando a Neville.

Hermione sin querer dejó correr sus mirada hacia los Slytherins y vio Draco pretendiendo trabajar mientras una de sus manos se deslizaba por las piernas de Pansy. Ella reía ante las caricias del chico estúpidamente. Un sentimiento de ira corrió por todo su ser, iba mezclado con un sabor amargo y algo de dolor. Sin darse cuenta había dejado nuevamente caer la piedra esta vez al suelo, produciendo un sonido seco que se expandió por toda la sala. Todos voltearon hacia ella y sus mejillas se tornaron rosa ante tantas miradas sobre ella.
- Hoy estás más estúpida que nunca Granger.- dijo Pansy al otro lado del aula.
Muchos Slytherins rieron, incluyendo Malfoy.
- Y tú más antipática que se costumbre.- respondió Hermione.
- 10 puntos menos para Gryffindor.- espetó Snape antes de volver a fijarse en Neville. - Perdón, 20 menos.
Hermione dirigió una mirada asesina a Pansy y trató de no hacer contacto visual con Draco, ya que hubiera sido catastrófico.

Al sonar el timbre Hermione se tardó en salir ya que se quedó ayudando a Neville. Parvati y Lavander se fueron, ya que no querían tener nada que ver con ayudar a alguien tan torpe.
- Lo siento pero no entiendo cómo soportas tanto las estupideces de Neville.- dijo Parvati. - Solo de verlo me dan ganas de golpearlo y que así deje de ser tan..tan
tan Neville!
Pero Hermione no lo veía así. Lo que veía en el chico era simple temor a dejar salir sus cualidades y algo de baja autoestima. En el fondo estaba segura que él era era capaz de grandes cosas, y le molestaba profundamente que nadie más que ella creyera en eso.
- Gracias Hermione.- dijo Neville. - Pero ya vete, debo esperar aquí hasta que Snape me de un castigo.
Hermione notó el temor correr por sus ojos. Le sonrió para reconfortarlo y tomó sus libros dirigiéndose a la salida. Hubiera sido mejor encontrar a Voldemort frente a ella en aquellos instantes que a las personas que vio. En el pasillo estaban algunos Slytherins, y su mirada chocó con la de Pansy y su grupito de amigas perfectas, quienes por alguna razón sonrieron malévolamente al verla salir sin ninguna compañía.
Hermione apretó sus libros con fuerza y caminó con la barbilla bien en alto, entonces Pansy se interpuso en su camino, y pronto sus amigas la rodearon.
- Granger, tengo una propuesta para ti. Qué tal si te presto dinero y pides una cirugía estética completa para parecer un ser humano normal?
Las Slytherins rieron disfrutando el momento. Hermione pudo notar la figura de Draco con sus amigos más allá del pasillo. Ellos también reían.
La castaña agradeció aquello, pues la impulsó a responder el insulto de la morena.
- Y yo te tengo otra propuesta, qué tal si te lanzas por la ventana de la torre más alta de Hogwarts mientras yo veo y me río.- dijo Hermione con una sonrisa sarcástica en su rostro.
En la otra esquina Draco rió. Se alegró de que Pansy no lo hubiera notado.
- Te crees más lista que yo verdad?- dijo la morena mirándola con odio genuino reflejado en sus ojos negros.
- Creí que eso estaba claro.- dijo Hermione. - Ahora, si no te importa, quisiera que tus amigas y tu se quitaran del paso porque no puedo pasar.
Pansy rió.
- Solo si admites que eres una asquerosa sangre sucia sin futuro alguno.
Hermione quiso golpearla, pero no le iba a dar el gusto. Por el contrario, antes de que ninguna de las taradas presentes pudiera preeverlo, la castaña ya estaba empuñando su varita apuntándola en la garganta de Pansy.
La morena tembló mientras la risa se desvanecía de su rostro. Las Slytherins se quedaron estáticas, tratando de examinar en qué momento había sacado la varita sin que se hubieran percatado de ello.
Hermione esbozó una sonrisa.
- Así está mejor, ahora, te queda claro quién es la más lista?
- No tan rápido Granger.- dijo un voz a sus espaldas. Volteó un poco pero fue lo suficiente como para ver a Draco Malfoy empuñando una varita contra ella. - Debes aprender, que nadie puede apuntar a un Slytherin y salir triunfante de ello.
Hermione sintió una punzada dentro de ella. Él estaba defendiendo a su novia y a su casa, era un Malfoy, se debía entender aquello ¿Entonces por qué le molestaba tanto?
- Los Gryffindors si podemos.- dijo Harry detrás de Draco, apuntándolo con su varita. - Baja esa cosa y no vuelvas a acercártele me entendiste?
Draco bajó su varita.
- Potter defendiendo como siempre a los indefensos..
- Yo creo que ella lo estaba haciendo bastante bien.- dijo Harry. - Si no hubieras interferido, tu noviecita no hubiera sabido qué hacer.- le hizo una seña a Hermione quien caminó hasta él y se colocó a su lado. - Debes entender, que nadie apunta a un Gryffindor y sale triunfante de ello.

Con ésta última frase sus ojos verdes brillaron mientras se daba media vuelta tomando a Hermione por la mano y levándosela. La castaña volteó un poco la cabeza solo para darle una sonrisa triunfante al grupo de Slytherins, incluyéndo a Draco. Pronto los dos Gryffindors desaparecieron de su vista, y el rubio golpeó la pared con su puño sintiendo que la ira lo carcomía.
*Maldito seas Potter!* pensó mientras Pansy pasaba una mano por su pecho acariciándolo.
- Ya no importa, esa Granger no siempre va a tener tanta suerte.- dijo la morena.

Harry caminó con Hermione tomados de la mano hasta llegar al retrato de la señora gorda, donde él dio media vuelta y la miró severamente. Hermione pestañeó tiernamente ante los ojos verdes serios de su amigo.
- Por qué me miras así?- dijo Hermione en un tono inocente y dulce.
- Porque te estás comportando muy extraña últimamente Hermione, te metes en problemas con Slytherins, no te sientas con nosotros, y las pocas veces que Ron y yo te vemos estás en otro mundo, pensando en cualquier otra cosa. Ya no sabemos quién eres! Ni idea de las cosas que pasan por tu cabeza

- Harry ya cállate.- dijo Hermione fastidiada mientras decía la clave e ingresaba a la sala común.
¿Quién se creía para venir a hablarle de su actitud? Él! Precisamente él! Que no sabía absolutamente nada! ¿Ahora se daban cuenta que ella existía? ¿Ahora! ¿Y por qué no notaron el problema antes? ¿Por qué cuando todo esto viene desde años atrás? Desde siempre! ¿Pasar tiempo con ellos? Pero si ella casi no estaba con ellos nunca! Y eso ha sido desde siempre también! Siempre han sido Harry y Ron, Ron y Harry y ella ha sido solo un tercio fastidioso que solo sirve para ayudar en las tareas difíciles. Daba la pequeña casualidad de que sus amigos solo se acordaban de ella cuando estaban aburridos, cuando no tenían en nada qué pensar, entonces ahí recién decían oye has visto a Hermione? ¡Qué hipocrecía venir a hablar de eso ahora! Ahora, bien podían irse al infierno.

La castaña entró a la sala común tirando fuego por los ojos. Pudo sentir a Harry perseguirla de cerca.
- Hermione te estoy hablando!- gritó él parándose en medio de la sala común. Muchos los quedaron mirando, y Ron que estaba sentado enseñándole a Dean estrategias en el ajedrez se levantó.
- Ya hablaste con ella?- preguntó el pelirrojo.
- No Ron!.- dijo Hermione volteándose. - No ha hablado conmigo porque no se lo voy a permitir. Y se los digo a ambos, déjenme en paz!
Con esto corrió subiendo las escaleras de el área de chicas. Harry quiso alcanzarla pero ella ya había desaparecido. Furioso golpeó la pared mirando a Ron fijamente.
- A mí me vale que sea el área de mujeres si quieres subo.- dijo Ron caminando decidido pero Dean lo detuvo.
- Qué estás loco?! Te matarán!
En ese momento la pelirroja Weasly bajaba las escaleras con un libro en su mano. Todos la miraron aliviados, encontrando en ella la posible solución a sus problemas.
- Ginny, por favor sube y dile a Hermione que baje.- dijo Harry suplicante.
La pelirroja pasó su mirada altiva desde él hasta su hermano y luego volvió sus ojos miel a los verdes del chico.
- Lo haría, de no ser que antes de hacerle un favor a ustedes dos, me corto ambas manos.- dijo sonriendo sarcásticamente.
- A qué viene eso? Yo no te he hecho nada.- dijo Harry fingiendo ser inocente.
- ¿Ah no? Piensa Harry, o quieres que tal vez te lo recuerde? Hoy, en la mañana, cuando Ron fue a hablar con Thomas para que no me buscara más. Mi queridísimo hermano no tuvo que hablar porque tú lo golpeaste y le advertiste que sería peor si se me volvía a acercar. Ahora recuerdas?
Harry pensó que definitivamente Hogwarts estaba lleno de chismosos. No podía suceder nada antes de que medio colegio ya lo supiera.
- Como puedes ver estoy muy bien enterada. Especialmente cuando algunas chicas de Ravenclaw se me acercan y me preguntan si tengo algo contigo.
- Conmigo?- dijo Harry impactado. Ron pareció también sorprenderse.
- Sí, contigo. Me dijeron que estuvo muy mal que engañara a Thomas, y que fuera él el que pagara las consecuencias. Gracias, por no solo arruinar mi noviazgo, sino por hacerme quedar como una zorra delante de todo Hogwarts.- Ginny dejó el libro sobre una mesa. - Ahora si me dan permiso, voy a lamentarme por mi terrible forma de vida y a llorar por mi parentezco con ese engendro de dos metros..- dijo señalando a Ron. -..y por inútilmente haber confiado en un imbécil con una cicatriz en su frente.
Con esto salió de la sala común dejando a todos boquiabiertos.

Hermione lloraba en su habitación, observando todo lo que había lanzado en su momento de rabia. Su espejo estaba algo roto y las cosas yacían en el suelo mientras ella sollozaba ¿Qué era eso que sentía que la hacía ser tan infeliz? ¿Por qué simplemente ese vacío no desaparecía? Todo estaba mal. Ni siquiera podía mantener una relación normal con sus amigos.
*Vamos Hermione..nunca has sido emocionalmente inestable.* pensó. *..o a lo mejor siempre lo fuiste, solo que lo ocultabas.*
Odiaba que las cosas estuvieran resultando de aquella forma. Secó con rabia las lágrimas que corrían por sus tersas mejillas. Ella no se iba a permitir llorar, era patético. Se levantó y decidió leer un poco. Eso la sacaría de su realidad.

Draco estaba en su cuarto. Guardaba en un armario vacío unos papeles y cuadernos grandes cuando Pansy entró. El rubio cerró rápidamente el closet y miró algo severo a su novia.
- Creo haberte dicho que tocaras antes de entrar?- le dijo mientras ella cerraba la puerta tras de sí.
- Lo sé, pero creí que debía recompensar el que me hubieras defendido.- habló seductoramente mientras se sacaba los zapatos y comenzaba a desabrochar su blusa.
Draco desvió su atención hacia los senos que ahora se dejaban ver cubiertos por un brasier color negro. Se quedó parado, justo donde estaba, mientras una sonrisa se asomaba por la comisura de sus labios. Pronto la morena se deshizo de todo hasta quedar solo en ropa interior.
- Fuiste a la enfermería?- le preguntó el rubio mientras caminaba hacia ella.
- No, lo olvidé.- dijo mientras le sacaba la camisa. Draco la detuvo.
- Pansy, no me gusta que me desobedezcan. - le advirtió el rubio.
- Iré mañana si?- dijo ella mientras lo llevaba a la cama.

Parvati leía una revista arrimada a un árbol cuando alguien posó la cabeza sobre sus piernas.
- Ponte cómodo no?- dijo ella mirando a Ron mientras él sonreía.
- Sabes estás más linda hoy..qué te hiciste?
La rubia cerró su revista.
- Qué es lo que quieres?
- Es solo un pequeño favor.- dijo el pelirrojo. - No te va a costar nada.
- Si es sobre Hermione, déjame decirte que no es mi culpa que ahora quiera sentarse conmigo y con Lavander.
- Ella no solía estar tanto con ustedes.- dijo Ron poniéndose serio. - Sí era amiga de ustedes, pero seguía siendo nuestra.
Parvati rió.
- ¿Nuestra? Por favor Ron, Hermione no es un objeto!- dijo la rubia aprehensivamente. - No sé por qué se alejó de ustedes tanto últimamente, pero por algo será. A lo mejor ya no se siente cómoda, eso es todo. Y no me vengas a preguntar porque las razones que ella tiene yo no las sé.
- Pero puedes averiguarlo.- dijo el pelirrojo audazmente.
- No. Ron, por si no te has dado cuenta Hermione tampoco es que pasa mucho tiempo con nosotras. La diferencia es que el poco tiempo que dedicaba a andar contigo y con Harry ahora lo hace con nosotras. Pero la mayoría del tiempo, no tengo idea de dónde está. Si me preguntas por Lavander, Luna o Ginny te responderé lo que quieras
ahora, entiende que nuestra Hermione, es todo un misterio.
Ron se levantó molesto y se fue con las manos vacías. La rubia movió la cabeza en señal de reprobación y volvió a su revista. Se espantó con el artículo que leyó.

La noche llegó y el frío azotaba las ventanas del castillo. La castaña se puso su bufanda Gryffindoriana y salió de su sala común hacia el encuentro nocturno de siempre. Por alguna extraña razón se sentía mucho mejor ahora. Tal vez era el frío que solía ponerla de buen humor. Casi había olvidado que se iba a encontrar con Malfoy.
- So your stupid eyes will die, and I will be there, smilling so bad..- cantaba en voz baja mientras ingresaba a la biblioteca.
A primera vista no vio a nadie. Caminó por el largo pasillo hasta la última mesa, donde siempre esperaba la llegada del rubio. Se sentó sobre ella, y entonces vio que no estaba sola.
Al lado de la gran ventana que dejaba entrar la luz de la luna estaba él arrimado. La observaba con aquellos ojos grises brillantes que hicieron que todo su cuerpo temblara.
- Veo que estás de buen humor Granger,- dijo sin quitar su mirada de ella. - Apuntar a Pansy debió ser relajante.
Hermione tragó saliva. Había olvidado lo sucedido aquella tarde. Sin embargo ya había llegado a un punto en el cual ya nada le importaba más. Si el rubio iba a hacerle algo, que se lo hiciese. Mejor si la mataba de una buena vez.
- No, el que Harry te apuntara fue lo que me relajó.- dijo esbozando una sonrisa burlona. No pasaron más que segundos para que el rubio estuviera frente a ella y la hubiera tomado por la garganta. Sus rostros estaban cerca el uno del otro, tan solo iluminados por el leve resplandor plateado que ingresaba por las ventanas.
- Estás buscando que te lastime verdad?- dijo él. Hermione notó que sus manos no apretaban su garganta, solo la sostenían.
Hermione sonrió.
- Tal vez.- respondió.
- No lo haré.- dijo mientras sus dedos se movían, acariciando el cuello de la chica. Pudo sentir cómo su cuerpo se estremecía ante su roce. Su piel era suave, tersa. - No puedo asegurar lo mismo con respecto a Potter.
- No lo harás.- dijo ella sonriendo. Draco casi nunca la veía reir. - Él no te dejará. Y si llegas a hacerlo, yo me encargaré de ti.
Draco sonrió, y aquella fue la sensación más extraña que Hermione hubiera sentido. Semanas atrás, ante aquellas palabras él le hubiera hecho daño, pero ahora era diferente; ahora él le sonreía.
El rubio se acercó lo suficiente como para rozar sus labios y probarlos. Toda ella tembló, entre sus manos.
- Me encantaría ver que lo hicieras Granger.- y con esto la soltó. - No vuelvas a tratar de agredir a Pansy, te lo advierto.
Draco no lo dijo en un tono agresivo, sino en uno calmado, tranquilo. Hermione comprendió que hablaba muy enserio. Podría ser entonces, que después de todo, él sí quisiera a la Slytherin; a su modo, pero la quería. Aquella hipótesis hizo que sintiera un dolor profundo dentro de ella.


Cuando entraron en la sección prohibida un William serio y con una expresión algo severa en su rostro los recibió.
- Se puede saber a qué debo el honor de su presencia?- dijo él muy sarcásticamente.
Draco levantó una ceja mientras se cruzaba de brazos. La castaña avanzó un poco hasta colocarse a unos metros del recuerdo.
- No es eso lo que siempre hacemos?- dijo ella.
- No, no siempre.- corrigió él. - No vinieron ayer, y antes de ayer solo viniste tú ¿Acaso creen que esto es un juego?
Draco entornó los ojos. Un Slytherin no recibía reproches de nadie.
- Y tú Xav
perdón, Draco. ¿Cómo se te ocurre faltar la otra noche?! Hermione no puede regresar ella sola!
- No me dio la gana de venir.- dijo el rubio. - Y además, creo que ella se las arregló bien sola.
- No se trata de eso! Siempre vas a ser un irresponsable no es así?! Qué hubiera sucedido si algo le hubiera pasado eh?!- dijo señalando a Hermione, Draco fijó sus ojos en ella. - no tomas medida de las consecuencias!
- Ay por favor!- dijo Hermione cortando la discusión. - No soy una niña, puedo valerme yo sola perfectamente. A decir verdad, él solo me estorba. Así que en lugar de perder el tiempo que tal si nos regresas a la edad media eh?
- Claro! Los dos son unos testarudos! Por último me esperaba irresponsabilidades de él!- dijo William señalando a Draco. - Pero de ti Hermione?? Se puede saber qué estaban haciendo ayer en la noche!?
El silencio invadió el lugar mientras la castaña se sonrojaba escandalosamente. Draco tenía sus ojos grises fijos en ella y la miró de arriba abajo sonriendo. La chica sentía que quería morirse. Mordió su labio inferior tratando de contrarestar el efecto que había tenido el recuerdo de lo sucedido la noche anterior en ella. Por fin Draco se apiadó de ella y respondió cortando el incómodo silencio.
- Cosas.- dijo él. - Da igual, lo importante es que ahora estamos aquí.
- Sí, supongo.- dijo William mientras hacía un ademán para que se acercaran al libro que ya había comenzado a escupir enormes cantidades de viento.

Hermione se acercó y lo mismo hizo el rubio. Un torbellino los tragó.
16.- Revelaciones que complican.

Hermione se acercó y lo mismo hizo el rubio. Un torbellino los tragó.

Se vieron justo fuera de la mansión Shawn. Muchas personas salían y entraban y la música proveniente del piano era estridente.
- Por qué todo esto?- dijo el rubio.
Hermione dejó salir un respingo.
- Ya te lo dije, es el compromiso de Carmen te lo conté en la biblioteca!
Draco esbozó una sonrisa, no le había estado prestando absolutamente nada de atención.

Entonces sus ojos fríos vieron salir de la mansión a Isabella, y de repente su corazón de hielo pareció pararse. Fueron unos segundos en los cuales el chico no respiró, no se movió, no existió; todo lo que hizo fue seguir con la mirada a la castaña que tantas otras veces había visto. Su cabello recogido y con tiernos rizos cayendo, ese vestido amarillo suave, armando una figura linda, no hermosa, pero bastante linda y dejando ver esos hombros bronceados con bellas pecas sobre ellos. Sus pestañas largas adornaban el color marrón de unos ojos preocupados.
Isabella corrió hasta alcanzar a Xavier, quien caminaba fuera de la mansión, alejándose de todo aquel ambiente de fiesta que no le sentaba nada bien. Solo la mano de Hermione que lo tomó por la túnica arrastrándolo hacia la escena lo sacó de su deslumbramiento.

La castaña tomó a Xavier por el brazo y lo volteó hasta quedar frente a frente, mientras unos ojos húmedos se posaban en él suplicantes.
- Por favor, no vuelvas por aquí. Te lo suplico, si alguien supiera que mi hermana y tu
-
- Si alguien supiera que tu hermana se acostó conmigo entonces no habría matrimonio!- dijo él soltándose de Isabella bruscamente. - Sé lo que te molesta, que tu apellido sea manchado. Me tienen sin cuidado tus superficialidades y las de tu hermana. Pronto nos volveremos a ver.
Con esto se fue, dejando a una Isabella apunto de estallar en llanto ¿Qué iba hacer? Tenía miedo, sí, y este se reflejaba en su rostro. No sabía de qué era capaz Xavier.

- Esto no está bien
- dijo Hermione. - ¿Qué tendrá planeado Xavier?
- Seguramente algo para vengarse, y tiene muchas razones. Eso es lo que yo haría..- dijo Draco sin quitar sus ojos de Isabella.
No lo comprendía, ¿cómo no había visto antes aquella belleza oculta? A penas la estaba descubriendo, pero antes, lo único que podía ver en ella era insignificancia total. Sus ojos grises se posaron en Hermione, quien examinaba a los invitados en busca de algo en especial. Semanas atrás no había notado nada de lo que ahora sí. Comprendía entonces, que se trataba de un gran enigma.
- Eres un misterio Granger..- le dijo sin quitar sus ojos de ella.
- Lo mismo digo.- dijo ella sin prestarle mucha atención. - Ahí está! Entremos.
La castaña tomó nuevamente a Draco por la túnica y lo llevó hacia la mansión. El rubio pareció fastidiarse y se soltó de repente. Hermione se volteó y éste la tomó por la mano inesperadamente. Aquello provocó que cada parte de su cuerpo se estremeciera.
- Cuando quieras llevarme a alguna parte, solo tienes que tomar mi mano..terminarás rompiendo mi túnica.
Hermione soltó la mano del rubio.
- Trato de no causarte repugnancia, después de todo, soy una impura no?
Con esto entró a la mansión sin preocuparse si él la seguía o no. En todo caso lo hizo. Fue entonces cuando vio a Carmen.

Sus ojos grises brillaron. Carmen lucía espectacular, como siempre. Parecía totalmente irreal y acaparaba absolutamente todas las miradas. Los hombres decían que era imposible que existiera tanta belleza en una sola mujer, las doncellas envidiosas decían que seguramente se había creado algún hechizo para formar esa aura de perfección que envolvía cada poro de su piel.
Mientras caminaba, parecía que sus pies flotaran en el aire. Su nariz respingada y sus ojos verdes directamente fijos en Andrés Buchamp, quien ya tenía en sus ojos encendida la llama de la lujuria, con tan solo días de haberla conocido. Draco rió; aquel era el primer efecto que causaba la engañosa apariencia de Carmen. Solo un buen observador notaría, que la belleza tan perfecta que poseía era precisamente lo que rompía en con el arte
.Arte,
arte era Isabella, cuyo enigmatismo y belleza extraña era lo que la transformaban en una obra nunca antes vista.
Miró a Hermione.
*Tal vez no seas tan insignificante después de todo
* pensó.

Una ráfaga de viento comenzó junto con un temblor de tierra. Draco tomó a Hermione y ella se abrazó de él con fuerza mientras ambos sentían que todo se movía a su alrededor. La castaña gritó al sentir que caía de una altura considerable. Odiaba cuando aquello pasaba.
Pronto se vieron en el piso y Hermione sintió que no podía respirar.
- Quítate de encima me estás ahogando!!- le exigió ella.
Draco se levantó observando el lugar completamente nuevo para él. Era como una cabaña, un espacio pequeño y en una cama estaba Stephen, completamente dormido.

- Qué es esto?- preguntó Draco algo fastidiado ante la presencia del pelirrojo.
- Ya te lo expliqué también!- dijo Hermione molesta. - Nunca me escuchas no es así?

Hermione subió los cuatro escalones de madera y se dispuso a abrir la puerta que se interponía en su camino. Una mano la detuvo.
- Qué haces? No sabes lo que puede haber allá fuera.
- No seas ridículo, no va a haber nada peligroso.- dijo Hermione.
- No lo sabes, menos si dices que habían Gohts por estos lados.- dijo el rubio y notó el asombro en la expresión facial de la chica. - Ves que sí te escucho?
- Sea como sea, no vamos a quedarnos aquí si no está pasando nada. Hay que averiguar, para eso estamos no?
- Me parece buena idea, siempre y cuando me consultes cuando vayas a hacer algo que pueda costar nuestras vidas te parece?- dijo haciéndola a un lado y abriendo la puerta lentamente. Solo la abrió completamente cuando notó que muchas voces infantiles inundaban en lugar.

Hermione y Draco se vieron frente una sala de dimensiones impresionantes. Seguía siendo una cabaña, pero sin duda alguna la más grande que hubieran visto en toda su vida. Muchas camas hacían filas interminables con personas durmiendo, sin embargo la mayoría eran niños lastimados que hablaban entre sí. Sus vestimentas estaban roídas y viejas. Hermione caminó a lo largo del pasillo cuando vio a Luna sentada en una silla con varios niños rodeándola.
- Por favor otro cuento!!!- dijo una niña pelirroja.
- Sí Lilith, nos portaremos bien lo prometemos!- dijo otro niño.

- Así que Luna se llama Lilith aquí..- dijo Hermione.
Draco observaba todo a su alrededor. Parecía una posada, un lugar de atención a personas con necesidad de ella. Automáticamente asoció la guerra que se producía en las zonas rurales y las personas que eran víctimas de los ataques de los Gohts.
- Así que ella es la curandera que Stephen asegura es una farsante.- dijo Draco petulante.
- Sí, pero no es una farsante.- aclaró la castaña. - Ya te conté también..
- ..que la viste curando a Weasly con tan solo tocarlo y bla bla bla. Lo sé Granger.
Hermione le dedicó una mirada fulminante y estaba a punto de responder cuando vio a Stephen parado frente a la rubia.

Lilith fijó sus ojos celestes en los miel del pelirrojo. Su cabello dorado caía angelicalmente por sus hombros hasta llegar a su cintura. Su piel blanca de porcelana y sus labios rosados la hacían parecer un ser celestial. Tanto Draco como Hermione pudieron sentir una repentina paz que invadió el lugar mientras Lilith se levantaba.
- Niños, vayan a comer y después les contaré otra historia. - dijo ella mientras los niños corrían bajando otras escaleras al fondo de la cabaña.
- Quién..- pero Stephen se detuvo de repente. - Qué eres?
- Soy Lilith.
- Crees que no recuerdo?
Ella se mantuvo en silencio.
- Pues recuerdo perfectamente tus manos sobre mi herida, y ésta sanando como si nada.- dijo él. - cómo lo hiciste? Yo estaba destinado a morir.
- No lo estabas, si ahora estás aquí.
- Mi herida era mortal
- Acaso no somos mortales todos los seres humanos?
- Tú no eres humana.
- Lo soy.
- No.
Lilith caminó hacia una de las camas donde un hombre sudaba frío por fiebre sumamente alta.
- Qué es ser humano?- dijo ella mientras una de sus manos se posaba sobre la frente del hombre. - Si es no tener dones especiales e inexplicables
me temo entonces que no lo soy.
Cuando su mano se retiró el hombre había dejado de temblar y sudar. Dormía tranquilamente.
- Puedes sanar a las personas con solo tocarlas.- dijo Stephen. - eso
eso es..
- Magia?- completó Lilith. - Sí, lo es.
- Sin varita.
- Sin ella.- dijo Lilith revisando a los demás heridos. - Eres un guerrero no es así?
- Lucho para librarnos de los Gohts.- respondió él. - Cómo lograste tener esta cabaña?? Cómo la mantienes?
Lilith fijó sus ojos en los de él.
- Recibo ayuda de una amiga. Ella me da dinero para lo necesario.
- Quién es ella?
- Dudo que la conozcas, es del centro de la ciudad. Su nombre es Isabella Shawn.

- Isabella?- dijo Draco asombrado. - Parece que tu trabajo comunitario llega a grandes escalas Granger..
- No empieces quieres? Sé perfectamente el desdén que tienes hacia los que no tienen las mismas oportunidades que tú y no comparto tus ideas.
- Tal vez no lo haces porque es precisamente de ahí donde provienes.- dijo venenosamente el rubio, recobrando su despotismo.
Hermione lo miró con los ojos llenos de indignación mientras se paraba firmemente frente a él.
- Mírame Draco Malfoy, y mírame bien. Porque así como me ves, es como soy. Y no me averguenzo de ello. Así que bien puedes tragarte tus palabras sobre mi origen o lo que sea que pienses sobre los hijos de no magos porque siendo completamente impura, soy cien veces mejor bruja de lo que tú podrías llegar a ser. Para vencerme en un duelo, tendrías que recurrir a tus métodos sucios como el que usaste la otra vez. Pero peleando limpio, tu sangre pura quedaría sobre el suelo mientras la mía estaría en pie.
Draco la tomó del brazo haciendo uso de su fuerza.
- No me hables así Granger, no sabes de lo que soy capaz.
- Y tú no me toques!- dijo ella soltándose de él. - No quiero que vuelvas a tocarme!
- Eso lo dice tu boca, pero tu cuerpo siempre dice lo contrario.- dijo Draco sonriendo mas destellando ira por sus ojos grises.
- Crees que soy estúpida? Sé que solo te acostaste conmigo para humillarme, y lo sigues haciendo porque disfrutas de saber que tienes esa parte de mí. Lo que tú no entiendes es que este no es tu juego, es el mío, y yo lo detengo cuando quiera.

El rubio quedó impactado ante las palabras pronunciadas. No había esperado aquello de ella..¿por qué siempre tenía que sorpenderlo cuando menos lo imaginaba? ¿Por qué tenía que ser tan odiosamente impredescible? ¿Quién se creía ella para hablarle así? ¿Acaso había olvidado con quién estaba tratando?
Habría que recordárselo entonces..

Draco la tomó por la cintura y la pegó contra sí cortándole la respiración. En cualquier otro momento ella hubiera perdido el aliento y todo hubiera resultado confuso ante el aire embriagador que despedía el Slytherin. Sin embargo él había logrado hacerla enojar lo suficiente como para que su sangre hirviera y corriera a velocidades inimaginables. La castaña se retorció y lo golpeó sacando fuerza de donde no tenía hasta que él se vio obligado a soltarla.
- Te dije que no me tocaras!- gritó ella.
Entonces Draco se quejó de dolor sosteniendo su nariz. Hermione cayó en cuenta que había llegado demasiado lejos.
- Maldita seas Granger!- dijo Draco asegurándose que no le había roto la nariz. - eres una maldita salvaje!
- Tú te lo buscaste..- dijo ella sin poder evitar ver que de verdad había estado a punto de lastimar al rubio. No estaba arrepentida, no después de lo que él le había hecho. - Y ahora déjame en paz quieres? No quiero ni siquiera escuchar tu voz al menos que sea necesario.
Por un breve momento Draco creyó estar en sueño o viviendo algo que no le correspondia. No podía ser cierto, ¿ella lo estaba rechazando?
No tuvo tiempo de pensar más porque la castaña se había concentrado en la conversación de Lilith y Stephen nuevamente.

- Que te ayude a qué?!- dijo Stephen.
- No es tan difícil, solo necesito ir al centro de la ciudad, pero para eso necesito ir acompañada de alguien que sea capaz de protegerme

- Protegerte??- dijo el pelirrojo algo ofendido .- Tengo cara de ser guardaespaldas?
Lilith dio un respingo y fijó sus potentes ojos celestes en él.
- Muy bien, se trata de esto. Durante mucho tiempo he buscado un guerrero, alguien valiente y capaz de vencer criaturas sobrenaturales. Mi problema es que los Vampiros están regresando..y ellos me buscan.

Hermione recordó lo que había leído en su libro de la edad moderna. Los Vampiros regresarían y se unirían con los Gohts causando la Guerra de la Sangre.

- Vampiros?? He oído que han visto algunos..
- No algunos, están regresando por grupos en distintas zonas. Hay ciertos vampiros que me buscan desde tiempo atrás por mis poderes curativos. Para qué me quieren usar?? No sé. Pero por ahora los aldeanos mantienen este lugar en secreto. La ciudad es donde seguramente deben estar en estos momentos y si voy sola..pues, podría no volver.
Stephen pareció comprender la situación.
- No se trata de mí.- agregó Lilith. - No le tengo miedo a esas criaturas; se trata de todos ellos.- y con esto señaló las camas llenas de heridos y los niños jugando. - Me necesitan. Y en cuanto se recuperen tengo que estar aquí para recibir a los nuevos que vendrán. Si no estoy
.habrá plaga de muertes.
- Te entiendo.- dijo él mientras parecía dar un respingo. - Seré tu protector entonces
pero no guardaespaldas!
Lilith sonrió dulcemente.

El suelo tembló. Draco se apresuró y tomó a la castaña entre sus brazos y ella se protegió en ellos. Sabían que cada vez que cambiaban de lugar el proceso era demasiado fuerte. Una ráfaga de viento los succionó y nuevamente la sensación de caer desde una gran altura se presentó en ambos. Pronto todo dejó de moverse, y por primera vez Hermione notó que no había caído en el suelo.
Draco fue soltándola lentamente mientras observaba que estaban en la sala de la mansión Shawn. No había nadie presente.
Aquello estaba a punto de cambiar.

El timbre sonó y una sirvienta corrió y antes de llegar a la puerta con un hechizo la abrió. La persona que ingresó los dejó a ambos impactados.
- Está la señora de Shawn?- preguntó Xavier.
- Sí claro póngase cómodo, ahora mismo la busco. - dijo la joven subiendo las escaleras mientras dejaba un café preparándose solo.

- Por Merlín!!! Qué hace Xavier?! Para qué quiere hablar con Magdalena?!
- Creo que se está vengando.- dijo Draco. - Le va a decir todo..

Magdalena bajó las escaleras con una sonrisa en su rostro. Estaba hermosa a pesar de los años, y demostraba así que era creadora de la belleza perfecta de Carmen. Pronto estuve frente al rubio, y éste se inclinó besando su mano.
- Mi nombre es Xavier Pirandello. He vinido para tratar un tema sumamente importante.- dijo él. Pero entonces algo total mente impredescible sucedió.
Carmen bajaba las escaleras cantando sin notar la presencia de su madre y su amante en la sala. De haberlo hecho no se le hubiese ocurrido bajar. Sus ojos verdes se chocaron con los grises del chico y sintió que todo se moría a su alrededor mientras enpalidecía.
- Querida, no seas maleducada! Saluda al señor Pirandello.
Aquello cayó como un balde de agua fría sobre la cabeza de Carmen. ¿Pirandello? No podía ser! Si ese apellido era el más importante de la cuidad. Entonces
¿Xavier era millonario? Después de todo..¿era alguien importante? ¿Por qué maldita sea no se lo había dicho antes!
Carmen no supo cómo sus pies lograron caminar y llegar hacia él. Su mano se extendió y él la besó fríamente, más sus ojos grises la miraban con la misma lujuria de siempre, esa que solo ella era capaz de despertar en él.

- Cuál es ese tema tan importante que debe tratar conmigo?- dijo Magdalena.
Carmen pudo sentir cómo su mundo se destruía en pequeños pedazos al escuchar a su madre pronunciar aquellas palabras. Los segundos que duró el silencio fueron interminables, pero Xavier lo terminó hablando; y con sus palabras ambas quedaron impresionadas.
- Quiero pedir la mano de su otra hija, Isabella.
17.- Peleas

- Quiero pedir la mano de su otra hija, Isabella.

- Qué?!- dijo Carmen mientras sus ojos esmeralda se llenaban de lágrimas. Su corazón iba a explotar en segundos si no se controlaba. Cada parte de su cuerpo temblaba y sentía que iba a desfallecer de un momento a otro.

Magdalena sonrió sin poder creerlo.
- Vaya! Es..algo repentino. Es sin duda el mejor pretendiente que mi hijastra podría tener. No puedo hacer más que aceptar su petición. Isabella y usted estarán comprometidos.
- Yo qué?- dijo Isabella bajando las escaleras al escuchar su nombre, fue entonces cuando entendió la situación. Su hermana temblaba y parecía descompuesta mientras que Xavier sonreía frente a su madrastra. Carmen fijó sus ojos llenos de ira en ella.
- Isabella, cariño.- dijo Magdalena hipócritamente. - Xavier Pirandello ha venido a pedir tu mano.

La castaña perdió toda noción de la realidad mientras que sentía que todo lo que sucedía se ponía en cámara lenta. El rubio pronto se acercó a ella observándola fijamente con sus ojos grises astutos. Sí, su venganza era perfecta ¿Qué podría herir más a Carmen que el hecho de que él se casara con su hermana? Precisamente Isabella, a quien ella veía como insignificante e inferior.
Xavier se inclinó y besó la mano de la castaña, quien parecía estar completamente en blanco.
- Me encantaría hacerte mi esposa.
Todo lo demás fue confuso. Isabella se desplomó en el suelo tal y como lo solía hacer cuando recibía emociones demasiado fuertes.

Todo se puso negro ante Draco y Hermione. Pronto sintieron el frío suelo de la sección prohibida.

Draco se levantó rápidamente, mas la Gryffindoriana parecía aún impactada por lo que había acabdo de presenciar y permanecía inmóvil en el suelo. Así que por eso Xavier se había casado con Isabella; para vengarse de Carmen ¡Y vaya venganza! Simplemente jamás se le hubiera ocurrido algo por el estilo. Aquello solo podía ser maquinado por una mente fría, calculadora y llena de rencor. Todas esas características las tenía Xavier.

- Levántate.- dijo Draco. - El suelo está frío, podrías enfermarte.
El rubio le extendió una mano. Hermione a penas podía creer que lo hubiera hecho, pero aún estaba demasiado molesta con él como para aceptarla. Se levantó dándole la espalda y rechazando su mano extendida. El Slytherin sintió la rabia correr por sus venas ¿Quién se creía ella para hacerle eso? Tan solo era una más del montón, una cualquiera.
Pero era la única del montón a la que él le permitía esa rebeldía. Simplemente porque si no fuera así, no sería ella; no sería Hermione Granger.

Cuando los dos salieron de la biblioteca Hermione cuidó de no chocar con los ojos grises del chico, no tenía ganas de ver reflejado en ellos el sentimiento que comenzaba a tener por él. Ambos se dirigieron aquella mañana a sus salas comunes, respectivamente.

A veces pienso, que ambos se esfrozaban demasiado en no admitir lo que sentían el uno respecto al otro ¿Es que acaso no sabían que llegaría un momento en el cual sería imposible esconderlo?

Luna leía un libro tranquilamente en las afueras de Hogwarts. No sabía por qué, pero algunos momentos disfrutaba más de estar sola que acompañada. De cualquier forma no tenía muchas amigas. Las de su mismo curso no le hablaban porque la consideraban extraña, solo porque no le gustaba usar maquillaje o subirse la falda más de lo debido. Muchas veces le habían dicho Monja y se reían a sus espaldas al ver que su falda era más larga que cualquiera y cubría hasta sus rodillas. A Luna no le importaba, las pocas amigas que tenía eran Parvati, Lavander, Ginny y Hermione; para ella eran más que suficientes.
Fue entonces cuando sus ojos celestes vieron a un Slytherin correr hasta la cabaña de Hagrid. Aquello le pareció más que extraño.
La rubia cerró su libro y caminó atravesando el campo hasta llegar a la vieja cabaña. La puerta estaba entre abierta, así que creyó que no era necesario tocar y abrió. Reconoció el rostro del Slytherin inmeditamente, Jack Spencer. En sus manos tenía unos papeles que había sacado de la cómoda de Hagrid. Luna supo inmediatamente que se trataban de las respuestas del exámen teórico de Cuidado de Criaturas Mágicas. Quiso decir algo, pero entonces ante el sonido de alguien acercándose Spencer la tomó tapándole la boca y escondiéndose ambos tras unas cortinas.
El corazón de Luna latía a mil. Por un instante había pensado que el Slytherin iba a lastimarla por haber descubierto lo que estaba haciendo. Entendió que se trataba de esconderse simplemente cuando Hagrid ingresó a la cabaña. Tomó al gran perro negro y salió nuevamente. Luna se soltó.
- Si dices algo, me encargaré que sea lo último que digas en toda tu vida.
La rubia no decía nada, solo tenía sus ojos celestes fijos en él. Jack no supo qué sucedió en ese preciso instante, solo sintió como una llama dentro de su oscura alma se encendía. Nunca nada más fue igual.
- No diré nada.- dijo Luna con su voz tierna. - Pero debes dejar eso donde lo encontraste.
Jack jamás había visto ojos tan celestes como los de la rubia, tan puros, nítidos, perfectamente hechos. Su piel blanca parecía porcelana, la había sentido bajo sus manos cuando tapó su boca y había sido el tacto más suave que hubiera tenido jamás. Era tersa, sumamente delicada ¿Por qué estaba pensando en todo aquello?
Spencer no pudo hacer otra cosa que guardar en el cajón nuevamente los papeles. Sus ojos aún seguían fijos en ella, como si de repente había sido cautivo en algún extraño hechizo.
Luna no comprendía por qué el Slytherin la miraba así, pero aquello no le gustaba nada. Solo había tratado de ser amable con él. Su naturaleza era esa. La Ravenclaw sabía muchísimo de Filosofía ya que la consideraba importantísima, considerando que la mayoría de los filósofos como Sócrates y Platón eran magos. En sus estudios había llegado a la conclusión de que ningún ser humano es perverso, simplemente era ignorante; no conocía la diferencia entre el bien y el mal. Por eso ella no despreciaba a los Slytherins como lo hacían las otras casas, simplemente porque en su corazón libre de impurezas no cabía la posibilidad de que la maldad realmente existiese. Esa inocencia era la que conformaba la personalidad de Luna Lovegood.
- ¿Por qué no dirás nada? Podrías decir que me viste, y obviamente te crearían. Me quedaría de año, y te vengarías de un Slytherin.- dijo Jack.
- Pero yo no quiero vengarme.- dijo Luna. - No me has hecho nada.
Aquello era demasiado. Spencer no comprendía la pureza que parecía emerger de ella, como si ningún sentimiento oscuro pudiera tocarla.
Luna dio media vuelta y salió de la cabaña. Jack seguía ahí parado, comprendiendo que el magnetismo que la rubia había ejercido en él aquel momento iba a durar para siempre.

- Presta atención Hermione.- dijo Madame Pomfrey mientras salía a hacer unas diligencias. - Los frascos celestes van junto los blancos, y no toques mucho esa sustancia gelatinosa, aún no descubro si tiene efectos secundarios.
Una de las tantas tareas a las que la Gryffindoriana siempre se anotaba era a voluntaria para la enfermería. Algunas veces, cuando había muchos pacientes y Madame Pomfrey no podía con el trabajo, la llamaba y ella le ayudaba en tareas de enfermera. Sabía hacer ciertas cosas ya, por eso precisamente la castaña había decidido apuntarse como voluntaria: para conocer más sobre medicina mágica.
Qué aburrido. Había dicho Ron cuando se había enterado. Pero a ella no le importaba la opinión de sus amigos. Una de sus metas en la vida era conocer de todo un poco, no solo para superarse día a día, sino para poder ser superior a los demás aunque fuera tan solo en inteligencia. Si no era brillante, ¿entonces qué era?
Aquella mañana, durante la clase de transformaciones, le había dado tanta rabia ver a Draco convertir la mesa en una silla sin dificultad alguna ¿Acaso él se esforzaba la mitad de lo que ella hacía? El Slytherin ni siquiera parecía estudiar, o hacer el menor esfuerzo, y sin embargo, también era un excelente alumno en casi todas las materias. Claro que no mejor que ella, pero aún así era bueno.
*Ya basta Hermione! Deja de pensar en él! Es enfermizo lo que tienes!* pensó. Y sí, era cierto. Se estaba transformando en algo más grande de lo que creía. No dejaba de pensar en él ni un solo segundo. Lo veía en todas partes. Acostarse frívolamente con él había sido mala idea, ¿por qué no vio venir que las relaciones frívolas suelen transformarse en sentimentales cuando se trataba de ella? Tenía que frenar aquello ahora antes de que las cosas se pusieran peores y resultara herida.
Había estado acomodando los frascos mientras pensaba y solo salió de su laguna mental cuando sintió a dos personas entrar a la enfermería. Su corazón se paró cuando vio quienes eran.
- Así que Granger, ahora eres enfermera?- dijo Pansy con sus ojos negros centelleantes y burlones, distinguiendo lo gracioso de la situación.
Hermione posó la mirada en el rubio que la acompañaba. Draco había quedado igual de sorprendido que su novia. Lo que menos se esperaba era encontrársela ahí, y menos siendo una suplente. Debía haberlo sospechado antes; la perfecta Hermione Granger tenía que estar en absolutamente todo. Se preguntaba si alguna vez en su vida la castaña había conocido la palabra descansar.
- No te quedes allí Granger! Vamos a ver qué dotes medicinales tienes.- dijo Pansy mientras se sentaba en una camilla. Sus piernas largas y esbeltas estaban al descubierto bajo una falda relativamente corta. Parecía una diosa mirando a una mortal. - Me ha dolido la cabeza últimamente, mucho ha decir verdad. Granger..sálvame la vida!- dijo mientras se dejaba caer sobre la camilla.
Hermione sonrió sarcásticamente.
- Trataré.
Caminó hacia el botiquín y se colocó unos guantes blancos. Draco se fijó en la vestimenta de la castaña. Llevaba un vestido blanco típico de las enfermeras que era más corto que su usual falda gryffindoriana. Dejaba apreciar mejor sus piernas bronceadas. Sus mejillas estaban rosadas igual que sus labios. Sus largas pestañas la hacían ver tierna, como una muñeca. El rubio no le quitaba la vista de encima, y esto provocaba que los nervios en Hermione crecieran.
- Toma esto.- dijo ella dándole un vaso con una sustancia granulienta. Nada agradable a la vista.
- Quieres matarme Granger?- dijo Pansy. - No tomaré eso.
- Es tu problema entonces.- dijo Hermione.
- Tómalo.- ordenó el rubio. - Ya me quiero ir de aquí.
Pansy entornó los ojos y bebió la sustancia. Sus manos se tornaron rojas.
- Qué es eso?!- dijo la morena asustada.
- Significa que lo que tienes es falta de vitaminas. No te estas alimentando debidamente.- dijo la castaña ingeniosamente. - Es eso lo que te produce los dolores de cabeza. Algunas personas deberían dejar de hacer dietas absurdas.
Draco sonrió ante la inteligencia de la chica. Pansy la miró con desagrado.
- Por lo menos eso hace que tenga el cuerpo que tengo. Tú deberías hacer dieta sabes?? Es solo una recomendación.- dijo la morena mirándola desdeñosamente.
- No gracias.- contestó. - Algunas tenemos otras cosas más importantes en qué pensar.
- Como sea sangre sucia, gracias por tus servicios.- dijo Pansy mientras se levantaba y enlazaba los brazos alrededor del cuello de su novio. - Ves que no es nada importante?
Con esto lo besó. Hermione se sintió sumamente incómoda ¿Qué era lo que estaba sintiendo? ¿Estaba celosa? ¡No! No de Malfoy!
Sus ojos marrones seguían fijos en ellos dos, y entonces observó que Draco había abierto sus ojos grises, y mientras besaba a su novia la miraba fijamente a ella. Hermione sostuvo la mirada, tratando de mostrarse indeferente a la situación. Pronto Pansy se separó de él.
- Vámonos.- dijo la morena tomándolo de la mano y saliendo con él.

Hermione respiró profundo. Se volvió hacia las gabetas sacándose los guantes cuando sintió de repente unos brazos fuertes entrelazándose alrededor de su cintura. Su respiración se detuvo cuando éstos la pegaron por detrás al cuerpo de alguien que ya había identificado como Draco. Podía sentir el calor correr dentro de ella cuando él mordió su cuello haciéndola temblar por completo. Sus labios subieron hasta su oído.
- Te perdono por lo haberte portado mal...- le dijo apretándola más contra su cuerpo. - Me hiciste enojar mucho sabías?
Hermione no podía verlo, pues la tenía aprisionada con sus fuertes brazos mirando hacia el frente mientras que él tenía todo su cuerpo pegado al de ella por detrás. Por un momento sintió que iba a desmayarse, tal y como lo hacía Isabella.
- Suéltame.- dijo ella tratando de soltarse. - Y no te he pedido perdón.
Draco rió. Era encantadora incluso cuando trataba de discutir con él.
Hermione no podía más. Podía sentir la respiración de chico corriendo por su cuello mientras él rozaba sus labios sobre su delicada piel. El rubio hubiera querido quedarse más tiempo junto a ella, pero ahora era imposible. Mordió su oreja y con esto la soltó.
- Nos vemos pronto...- dijo, y atravesando la puerta desapareció.
Fue entonces cuando la castaña recordó que era viernes, y que aquella noche no se reunirían.

Harry reía mientras hablaba con unas chicas de Hufflepuf en las afueras de Hogwarts. Las dos tenían sus ojos brillantes fijos en el ahora alto moreno jugador de Quittich. Muchas cosas habían cambiado y ahora en séptimo el Gryffindor era el prospecto de novio ideal para todas las chicas del colegio.
La interrupción abrupta de una pelirroja los sorprendió a todos.
- A qué creen que juegan tú y mi hermano eh?- dijo Ginny repentinamente. Las dos chicas se miraron mutuamente sin saber qué sucedía.
- Mejor hablamos luego.- dijo una de ellas mientras se iban y los dejaban solos.
Harry sonrió.
- No sé a qué te refieres.- añadió. - y acabas de hacer que se fueran..
- Sí, las dos tipitas que te estaban rondando no?- dijo la chica completando la frase. - Pues tú y mi hermanito se encargaron de hacer que Thomas ni siquiera me hable!
Harry se separó del árbol en el que había estado arrimado.
- Tenía que ayudar a mi mejor amigo no?- dijo él. - me pidió un favor, y yo solo espanté al tipo ese.
- Ah si?? De verdad te lo pidió o lo golpeaste por cuenta propia?
- En todo caso no veo por qué te molesta tanto haber terminado con ese imbécil.- dijo Harry acercándose a ella, hasta que solo hubo unos centímetros de distancia. - Si se asustó con un solo golpe, y no fue capaz ni siquiera de luchar por ti; entonces no te merece.
Ginny creyó que iba a desfallecer al estar tan cerca de aquellos ojos verdes que desde siempre había cautivado su atención por completo. Tomó aire antes de volver a hablar, controlándose y manteniéndose firme.
- Y entonces quién vale la pena para mí según tú opinión???... Tú Harry?
Aquello fue totalmente inesperado. Harry rió burlándose del comentario de la chica, pero por dentro algo ardía; como si hubieran tocado su punto más débil.
- Ginny, tienes mucha imaginación.
Harry caminó hacia el castillo dejando sola a la pelirroja. Entrando se pasó una mano por su cabello negro azabache y se hizo la pregunta que había estado evadiendo desde hace mucho tiempo: ¿Sentía algo hacia Ginny?
*No, no puede ser* pensó. Decidió que había que ponerle fin a ese sentimiento, si es que existía, o solo era un capricho; pero fuera lo que fuera había que terminar con aquello. Y lo iba a hacer.

Draco terminó de cenar y fue directo a su sala común acompañado de su banda de amigos. Al entrar se encontró con Pansy sentada en el sillón de la sala común. Por la expresión de su rostro podía decir que algo andaba mal.
La morena se levantó con su barbilla en alto y lo miró con ojos brillantes de rabia.
- Ya era hora de que entraras no?- dijo Pansy desafiante.
Draco levantó una ceja.
- Qué te pasa?
Pansy rió sarcásticamente.
- Que qué me pasa? Te diré qué me pasa. Me pasa que te estaba esperando en tú habitación cuando encontré un listón celeste!- dijo ella mientras lo mostraba entre sus manos. Toda ella temblaba de la ira. Draco pareció enfadarse.
- No tenías permiso para entrar a mi cuarto.- dijo arrebatándole el listón de las manos.
Zabini rió sonoramente, le encantaba presenciar las peleas entre los reyes de Slytherin, era algo sumamente divertido.
- De quién es ese listón Draco!? Porque mío no es!
- No tengo por qué responderte! Lo que haga con mi vida no te incumbe y ya sabes como odio que se metan en mis cosas. Sabes bien que tienes prohibido entrar a mi cuarto sin que yo te lo permita!
- Soy tu novia! Y merezco una explicación!- gritó Pansy. Estaba histérica, furiosa. El rubio se estaba empezando a hartar, si había algo que detestaba eran las escenas de celos, y aún peor, que se metieran en su vida. - Sé que no soy la única y eso no me molesta porque siempre me has respetado y puesto encima de las otras! Pero por lo menos deberías tener la delicadeza de no guardar cosas de las tipas con las que te acuestas!
- Piensa lo que quieras!- dijo mientras caminaba fuera de la sala común.
- Te estoy hablando!- gritó Pansy pataleando. Pero él no se detuvo y salió.
Los ojos de la morena se llenaron de lágrimas de odio y rabia mientras gritaba con ira contenida. Crabbe y Goyle permanecían en silencio mientras que Zabini reía sonoramente sobre uno de los sillones.
- Ya cállate!- gritó Pansy a Blaise.
El chico se acomodó y dejó de reir, mas aún sonreía.
- Por favor Pansy, querida, debes ya saber que Draco es un príncipe, y los príncipes tienen todo lo mejor..
- Yo soy lo mejor.- dijo Pansy.
- Es cierto.- dijo Zabini. - Pero crees que Malfoy se conforma con una?? Confórmate con saber que eres la reina! La formal, la oficial. No deberías armar estas escenas porque eres afortunada.
- No!!!!- gritó llorando con rabia. - Una humillación así no estoy dispuesta a tolerar! Él siempre ha ocultado muy bien ante mis ojos si tiene a otra. Que lo siga haciendo!
Blaise rió.
- Y qué piensas hacer?? Si quieres que te de un consejo, sé lista y no vuelvas a hacer una escenita así. Ahora ve a dormir, porque dudo que Draco regrese esta noche..

18.- Caprichos?

El rubio caminaba por los pasillos desérticos de Hogwarts. Cómo odiaba cuando Pansy se portaba así; peor aún, no toleraba el hecho de que se hubiera atrevido a desoberdecerlo y hubiera entrado a su habitación. Había cruzado la línea. Las mujeres eran mucho mejores cuando no hablaban, no pensaban y no actuaban al menos que se lo pidiera.
Paró y se escondió en una esquina cuando vio a Peeves rondar por ahí cantando una canción extraña. Sus ojos grises los siguieron hasta que se perdió de vista. No pensaba regresar a su sala común; no quería escuchar los reclamos de Pansy por el famosos listón celeste de Hermione. Sonrió.
Ya sabía dónde iba a pasar la noche.

- Ya era hora de que llegaras no?- dijo Harry sentado en el mueble de la sala común observando las estrategias de Ron en el ajedrez. Había querido hablar con ella desde la discusión que habían tenido hace poco.
- Como sea- dijo Hermione indiferentemente terminando de tomar el café que tenía entre sus manos.
- Tenemos que hablar, y lo sabes.- dijo Ron seriamente.
La castaña suspiró.
- Yo no tengo nada qué hablar con ustedes dos. Solo les pido que dejen de fingir que les importa lo que me sucede. Sigan con su ajedrez y llámenme cuando necesiten que les ayude en algún deber.- dijo tranquilamente, como resignada al distanciamiento que se había formado entre ellos. - Que todo vuelva a la normalidad.
Con esto ella caminó hacia las escaleras pero Ron la detuvo tomándola del brazo.
- ¿Qué está sucediendo contigo? Estás diciendo estupideces. Siempre nos va a preocupar lo que te suceda Hermione, siempre. Y si queremos hablar contigo es porque de repente has dejado de ser quien eres para transformarte en alguien a quien no conocemos.
Hermione rió tristemente mientras sus ojos se llenaron de lágrimas.
- Yo no he cambiado Ron. Sigo siendo yo. Lo que sucede es que ya no somos más amigos.- dijo la castaña, y vio por primera vez en su vida vio cómo los ojos de Ron se llenaron de lágrimas frente a ella, heridos. Harry tuvo la misma reacción que el pelirrojo y se levantó del mueble. Aquellas palabras le habían dolido. - De hecho, ya no estoy segura si en algún instante lo fuimos realmente.
Una lágrima corrió por la mejilla de la castaña. Se aprovechó de que la impresión había hecho que Ron soltara su brazo y subió las escaleras, llorando y sintiendo una agonía interna.

Por fin le había dicho lo que sentía a los dos, y sin embargo, no dejaba de sentirse terrible. Las lágrimas seguían corriendo por su rostro cuando entró a su habitación. Cerró la puerta y se apoyó en ella sollozando ¿Por qué las cosas tenían que ser así? Todo le salía mal. Le había dolido tanto decir abajo lo que había dicho, pero esa era la verdad. Ya no soportaba más sentirse usada, todos la usaban ¿Es que acaso ella no era más que un objeto desechable? Entonces por qué tenía sentimientos que cada vez se veían más heridos?
Hermione prendió la luz por fin y se sorprendió al ver a un rubio sentado en el marco de su ventana, observándola. Él había estado allí todo el tiempo, escuchándola llorar..No podía ser cierto.
La castaña se secó las lágrimas que caían por su rostro inmediatamente. No, no iba a demostrar debilidad frente a él. Sabía que era de la clase de personas que se aprovecharían del hecho.
Draco la observaba tratando de descifrar aquella mirada triste que poseía. Nunca, en toda su vida había visto ojos más tristes; y era esa tristeza lo que los hacían hermosos. La había estado esperando hace algunos minutos, y cuando entró pensó en decir algo, pero al escucharla sollozar se calló. Nunca había visto llorar a Hermione. Jamás se le había cruzado por la cabeza que una persona que aparentaba tanta perfección sufriera como los demás. Se veía tan tierna, tan indefensa en aquel estado. Si había algo que Draco ya conocía perfectamente en ella era que a pesar de tener su carácter fuerte y difícil, no perdía es a ternura e inocencia que la caracterizaban. Era algo extraño, hasta para una sangre sucia.
- Qué estás haciendo aquí Malfoy?- dijo Hermione una vez que se sintió capacitada para hablar.
- Vine a quedarme.- respondió él.
Hermione sintió que su mundo se derrumbaba. No, definitivamente no podía tener tan mala suerte.
- Déjame en paz quiero estar sola que no ves?!- dijo ella exasperada.
- Tranquila, solo pienso dormir aquí. No voy a perturbarte.- contestó él mirando por la ventana. Sus ojos grises se veían fríos y distantes. - Puedes seguir llorando si es lo que quieres, no diré nada.
Hermione sabía que no valía la pena decir nada más. El rubio no se iba a ir ya que ya había tomado la decisión de quedarse, y ella no estaba de ánimos como para discutir. Caminó hacia su baúl y sacó un calentador gris y una blusa celeste, ya que era la única pijama que la cubría bastante bien, y se metió al baño. Ya adentro humedeció su rostro tratando de borrar la evidencia de que había estado llorando. Se colocó la pijama dejando el uniforme sobre una estantería doblado y salió sin mirar al rubio que seguía en el marco de la ventana. Apagó la luz y se metió en su cama, cubriéndose con la sábana.
Había ella ya cerrado los ojos, pero los volvió a abrir sin poder evitar mirar a Draco, quien tenía unos papeles blancos entre sus manos y un carbón con el que parecía hacer algo en uno de los papeles. Él miraba por la ventana y automáticamete volvía a posar sus ojos grises sobre éstos. Hermione se sintió algo mal al verlo ahí, con el frío que hacía y sin nada con qué cubrirse.
- ¿Quieres que te de una sábana?- dijo ella en un tono suave.
Draco fijó sus ojos grises en ella. La luz de la luna era suficientemente fuerte como para iluminar la habitación y dejar ver todo lo necesario.
- No, así estoy bien.- respondió y siguió haciendo lo que hacía.
- Para qué viniste? No estarías más cómodo en tu cuarto?
El rubio volvió a fijar sus ojos en ella sin decir nada. Hermione comprendió que estaba metiéndose mucho en lo que no le importaba.
- Perdón, eso no debe importarme.- dijo ella.
- Tuve una discusión en mi sala común, eso fue todo.- dijo Draco, sin saber por qué respondió. - No quise pasar la noche allá.
Hermione abrazó la almohada tiernamente. La noche era silenciosa. Le gustaba mucho el silencio. Había veces que de verdad era necesario, preciso.
- Y tú, por qué llorabas?- preguntó él.
Aquella pregunta fue inesperada. Hermione jamás había pensado que aquellas palabras fueran a salir de la boca de un Slytherin hacia ella, y menos, de la boca de Draco Malfoy.
Tardó unos segundos en responder.
- Tuve una discusión en mi sala común, eso fue todo. - dijo imitándolo.
Draco sonrió. Ella siempre lograba sorprenderlo.
- Te peleaste con Potter y Weasly verdad?
- Y tú con alguno de tus seguidores?
- Con Pansy.
Aquel nombre fue suficiente como para hacer que Hermione se callara. No sabía por qué, pero ya no soportaba escucharlo.
- Ella encontró esto.- dijo el rubio sacando el listón celeste del bolsillo de su túnica. - Creo que te pertenece Granger.
- Le dijiste que era..
- No. No le dije nada y me fui. - dijo él mientras seguía moviendo el carbón sobre el papel. - Y qué pasó con Potter y Weasly?
Hermione a penas podía creer que estuviera sosteniendo una conversación con Draco sin discutir, insultarse, o provocarse mutuamente. No podía negar, que se sentía bien.
Suspiró y tragó saliva antes de contestar.
- Me cansé de sentirme usada, eso es todo. Ellos creen que lo saben todo, que pueden ver detrás de cada rostro, de cada mirada. Pero ellos no ven nada. No saben nada. Dicen que se preocupan por mí
pero ya es tarde para eso.
Le costó trabajo contener las lágrimas ante las palabras pronunciadas, sin embargo lo logró. El rubio tenía sus ojos grises fijos en ella.
- Eso te lastima?
Hermione mordió su labio inferior.
- Mucho.
Ante aquello el rubio supo que les iba a hacer pagar a esos dos cada una de las lágrimas que ella había derramado. Draco no sabía por qué, pero con la única persona con la que realmente lograba disfrutar conversar era con ella. Retiró lo que había pensado sobre que las mujeres no debían pensar ni hablar al menos que se lo ordenaran; más bien las mujeres deberían pensar y hablar como Hermione, solo así se las podría tolerar.
- Eres muy débil si algo tan simple te afecta tanto.
- Es fácil para ti, porque no tienes amigos.
Draco se quedó en silencio y ni siquiera intentó replicar lo dicho. Ella tenía razón. Sus supuestos amigos eran tan solo unas cuantas personas a las que él requería para sus servicios. Lo admiraban, y andaban como perros falderos tras él. Solo eran sirvientes.
- No necesito tener amigos Granger. Siempre me pareció una pérdida de tiempo.
- Puede ser..- dijo ella. - A estas alturas ya no sé si es mejor estar sola.
- Las relaciones afectivas solo producen debilidad, y en esta vida hay que ser fuerte si quieres sobrevivir

Hermione fijó sus ojos marrones en los de él.
- Debe ser difícil para ti, ser fuerte todo el tiempo. Deberías darte un respiro.- dijo ella suavemente, sintiendo cómo el sueño comenzaba a inundar su cuerpo. - Sentir como los demás no te hace débil.
- Puede ser..- respondió él. - Pero yo no soy como los demás, por lo tanto, tampoco siento como el resto.
Hermione ya había cerrado los ojos. Sus largas pestañas acariciaban sus pómulos. Sin embargo había escuchado cada una de las palabras pronunciadas por el rubio. Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro, y él pudo captarla.
- Tu sientes?- dijo ella. - Eso es algo nuevo.
Draco no respondió ante aquello ¿Que si él sentía? Claro que lo hacía, todos los seres humanos sienten, era algo innato. Pero sus sentimientos eran distintos, exclusivos y poco humanistas; todo lo contrario a los de la Gryffindoriana. Por eso no trató de explicarle nada, simplemente porque no lo comprendería.
Inesperadamente la castaña cortó el silencio que parecía haber sido permanente.
- Qué haces con eso?
- Con qué?
- Con el papel y el carbón. Escribes?
Draco fijó sus ojos grises en ella. Tenía sus ojos cerrados y permanecía abrazada a la almohada. Su cabello castaño estaba esparcido por la cama, como un manto. Su piel brillaba con la tonalidad de la luz lunar.
- Dibujo.
A Hermione aquello le pareció de lo más extraño.
- Sabes dibujar?
- Sí.
- Y por qué lo haces?- dijo ella.
Draco se mantuvo un instante en silencio, luego respondió.
- Porque quiero.
Hermione se acomodó en la cama, quiso abrir los ojos pero prefirió mantenerlos cerrados. Ya casi estaba quedándose dormida.
- Dibujas algo por la ventana, qué es?
- El bosque prohibido.
- Por qué lo dibujas?
Le tomó unos segundos responder.
- Dibujo todo lo que me obseciona, lo que no deja de rondar mi cabeza. Lo que logra cautivar mi atención.- dijo. - En ese bosque voy a realizar mi iniciación para ser mortífago.
A Hermione solo le llegaron las primeras palabras y luego lo demás fue confuso. Creyó escuchar la palabra mortífago pero no le dio importancia y se rindió al sueño.

Aquella mañana Hermione no se preocupó por levantarse temprano. Era sábado y podía dormir todo lo que quisiera. Abrió levemente los ojos para comprobar que aún era muy temprano y notó que Draco no estaba en el marco de la ventana. Seguramente debía haber regresado a su sala común. La castaña se dio la vuelta en la cama y sintió que su nariz se pegaba contra otra, sintiendo la respiración de alguien mezclándose con la de ella. Abrió los ojos y vio al rubio acostado a su lado, durmiendo como un ángel caído del cielo.
Y es que cualquiera que lo hubiera visto así lo hubiera confundido con uno. Su túnica yacía en el suelo al igual que sus zapatos. Tenía la camisa blanca fuera de los pantalones y la corbata desatada. Su cabello rubio caía sobre su frente perfectamente. Hermione solo podía estar anonadada ante tanta belleza.
*Por qué tiene que verse así?? Tan inocente
cuando en realidad es todo lo contrario* pensó ella mientras cerraba los ojos y se disponía a seguir durmiendo. Aquel era el momento perfecto. Estaba junto a él, tranquilamente, simplemente juntos. Humedeció sus labios y volvió a abrir sus ojos marrones. Éstos se chocaron con los grises del rubio que la miraban tan de cerca que no pudo evitar dejar salir un pequeño grito.
- No hagas eso!- dijo ella sintiendo que su corazón había estado a punto de salir de su pecho.
Draco cortó la poca distancia que había entre ellos y le dio un pequeño beso. Hermione quedó impactada ante aquel gesto, que más que cualquier cosa había parecido uno de cariño. Aunque mejor era no fiarse; viniendo de él nada era seguro.
El Slytherin se estiró un poco y se pasó la mano por la cabeza mirando la hora en su reloj.
- Aún es temprano no te preocupes.- dijo Hermione colocando la cabeza nuevamente sobre la almohada. Draco la observó unos segundos, y fueron suficientes como para intimidarla.
- Sabes? Pobre del que se case contigo Granger; no dejaste de moverte en toda la noche.
Hermione rió.
- Quien dijo que yo me iba a casar?
Draco sonrió.
- Imitando a Isabella?
- No!- dijo Hermione riendo. - Es solo que, no creo que exista alguien en el mundo que quiera casarse conmigo.
El Slytherin levantó un ceja, no se había esperado aquella respuesta. Una vez más ella lo había sorprendido. Junto a ella todo era nuevo. Resultaba imposible acostumbrarse.
- No existe en el mundo alguien que sea capaz de soportarme, y menos durante toda la vida Malfoy. Es por eso que estoy segura nunca me casaré.
- A qué te refieres con soportarte Granger? No me digas que por fin admites que eres realmente una pesada..
La castaña hizo una mueca y se sentó en la cama, dispuesa a iniciar una nueva conversación.
- Lo admito. Sé muy bien que soy difícil. Hablo demasiado, pienso demasiado y no soy una persona a quien le gusta que le ordenen ni mucho menos someterme a algo que se ha impuesto. No soy muy tolerante, y es muy difícil que confíe en las personas como para contarles mis asuntos privados. - dijo colocándose el cabello que le caía en el rostro detrás de las orejas. - Mi problema es precisamente eso; soy demasiado en absolutamente todo. Los hombres prefieren, cosas más equilibradas y definitivamente yo no soy así.
Draco permaneció en silencio. Muchas cosas pasaron por su cabeza, pero no dijo nada. Se levantó de la cama y recogió su túnica colocándose los zapatos nuevamente.
- Iré a bañarme. Hazlo tú también y nos vemos en la biblioteca. Aprovechemos que es sábado y retrocedamos en el tiempo todo el día.
- Es una buena idea.- dijo Hermione.
Con esto el rubio salió y ella se desplomó sobre la cama con una sonrisa en su rostro. Nunca había mantenido una conversación tan profunda con ningún chico antes, y ahora lo hacía..y con él. Se sentía como si estuviera volando, era una sensación como de estar ida, y una felicidad que embargaba su pecho.
*Será
será que estoy enamorada de Draco Malfoy?*
¡No! No podía ser ¿Cómo se había vuelto tan tonta? Qué estúpida! No, definitivamente hasta ahí había llegado todo. En primer lugar, nunca debió haber aceptado tener algo con él. Todo porque él se aprovechó de que estaba en un momento confuso.
*Basta Hermione..ya no más, él también te usa. Y prometiste no dejar que vuelvan a usarte nunca más*

Harry dormía tranquiamente sobre su cama cuando sintió unos labios rozar su oído derecho.
- Despierta.
El chico abrió los ojos sintiendo cabellos acariciando su pecho desnudo, y lo que vio lo impactó.
- Ginny?? Qué haces aquí?!
La pelirroja estaba aún en pijama y se encontraba en su cama, encima de él. Harry miró a su alrededor y vio que nadie estaba en el cuarto.
- Te has vuelto loca?!- dijo él pero ella le puso en dedo sobre los labios
- En realidad, sí.- dijo la pelirroja. - Estoy harta de ser un juguete tuyo y de mi hermano, y ahora me encargaré de ser yo la que juegue con ustedes dos. O bueno, por lo menos contigo.
Harry se levantó pero al intentar hacerlo chocó con el cuerpo de Ginny y sus rostros solo quedaron a milímetros de distancia. La pelirroja tenía sus manos sobre el pecho de Harry y se hundía en aquellos ojos verdes.
- Ginny, sal de mi cuarto.- dijo él sin apartarse un solo centímetro ella. El solo hecho de tener a Ginny encima de él en la cama era bastante perturbador. Sus ojos chocolate estaban demasiado cerca de los suyos, sus labios cereza y su cabello rojo fuego eran demasiado tentadores.
- No me trates como una niña.- dijo ella advirtiéndole.
- Entonces deja de comportarte como tal
- Estoy haciendo exactamente todo lo contrario. Verás Harry, estoy un poco harta de que mi vida ronde alrededor de las decisiones de Ron y de que tú te metas donde no te llaman. Mi venganza va a ser bastante dulce.
Ante aquellas palabras reveladoras Harry supo que tenía que alejarse de ella, pero al intentar por segunda vez salir, ella acortó aún más la distancia pegando completamente su cuerpo al de él, sin dejar un solo espacio entre los dos. Harry supo en aquel instante que había perdido el control de la situación.
Ginny había llegado allí solo a provocarlo. Tenía muy claro que él no la quería, y que solo la consideraba la hermanita menor de su mejor amigo; sin embargo él seguía siendo un hombre, y torturarlo iba a ser fácil. Iba a pagar haber interferido en su vida.
La pelirroja terminó de cortar la distancia y unió sus labios contra los del Buscador de Gryffindor. Al principio Harry se resistió e intentó sacársela de encima, pero pronto sus fuertes brazos rodearon su cintura y la pegó aún más contra sí, cortándole la respiración. Sus lenguas se encontraron enseguida mientras que ella pasaba sus manos por la cabeza de Harry despeinándolo aún más de lo que ya estaba. Fue entonces cuando su beso fue interrumpido por la puerta de la habitación abriéndose dejando ver por ella el rostro impactado de Dean.

Cuando Draco bajó las escaleras de su sala común lo que menos esperó ver fue a Pansy obstruyéndole el paso. Sus ojos negros estaban más calmados que ayer, pero aún tenían aquel brillo que solo los celos provocaban en ella. El rubio dejó salir un respingo, como preparándose para lo que venía.
- No me gustó encontrar ese listón.- dijo Pansy. Mantenía su mentón en alto, tratando de contener el veneno que quería salir de sus poros. - No quiero que estés enojado conmigo por esta estupidez.
- Ya pasó.- dijo el rubio. - Solo no vuelvas a desobedecerme.
Pansy asintió y sonrió mientras se pegaba a él peligrosamente.
- Si quieres, puedo recompensar mi mal comportamiento ahora..
A Draco le dolió rechazar aquella invitación. En realidad, ni siquiera supo bien por qué sintió la necesidad de rechazarla.
- Qué tal esta noche? Es mejor, ahora debo organizar algunos asuntos.
Le dio un beso rápido y salió de la sala común. Pansy sentía como si se hubiera tragado una enorme espina y ahora su garganta estuviera sangrando. Había tenido que ceder, pero la rabia de haber encontrado aquel listón no se había ido; y no se iría hasta encontrar a la dueña de éste.

Draco ingresó a la biblioteca y le molestó no encontrar a Hermione dentro esperándolo. Se sentó irritado sobre una mesa y entonces observó en las estanterías algunos de los libros con los que la había visto a la castaña en inumerables ocasiones. Varios temas y todos relacionados con la importancia de la magia y su desarrollo, incluyendo por supuesto, historia. Su mundo era tan complejo, tan extenso; no era la primera vez que había deseado estar dentro de la cabeza de Hermione aunque fuera unos minutos. Había algo en ella, en su vida, en sus palabras y acciones que lo intrigaban demasiado. La noche anterior hubiera querido decirle que no llorara, que todo estaría bien, que no necesitaba ni a Potter ni a Weasley porque lo tenía a él. Pero aquellas palabras jamás serían pronunciadas. Ella era una sangre sucia, y él tenía que poner una barrera entre ambos. Ya era bastante desesperante el darse cuenta que le estaba empezando a gustar demasiado compartir tiempo con ella.
*Voy a tener que hacer algo al respecto.* pensó.
Estaba bien que él la usara para sus fines, que ella fuera solo otra más de su colección; pero estaba mal, muy mal, el que empezara a tener un brillo especial que la diferenciaba de las demás. Había rechazado a Pansy, solo para estar con la castaña. Él no era de los que se engañaban estúpidamente, sabía que si hubiera querido estar con Pansy simplemente se hubiera quedado con ella sin importarle en lo más mínimo volver a dejar plantada a Hermione. Pero no lo hizo, y aquello también estaba mal.
Draco se pasó la mano por su cabello rubio y suspiró. No se estaba enamorando de ella ni mucho menos, el amor para un Malfoy no existía. Pero sí estaba empezando a encapricharse mucho con su nueva adquisición, y no debía ser así, menos tratándose de una a sangre sucia. 19.- Reencuentros

Hermione caminaba hacia la lechucería con una sonrisa sobre su rostro. Releyó la carta que había llegado hace algunos minutos a su habitación sin dejar de sonreir.

Querida Hermione:

Perdona si encuentras algunas faltas ortográficas en esta carta, pero aún se me dificulta el idioma. Brevemente, solo quiero decir que pronto iré a Hogwarts por intercambio. Espero verte con ansias.

Vicktor Krum.

Hermione le había respondido una larga carta en la que le contaba algunas cosas que había leído sobre él en el periódico y lo mucho que lo felicitaba. Sabía que no le había puesto la fecha de su llegada porque quería que fuera una sorpresa. A pesar de la distancia no habían cortado su amistad y se comunicaban constantemente. No podía negar que saber que vendría la ponía de muy buen humor.
Colocó la carta en una de las lechuzas y la acarició antes de dejarla ir. Inmediatamente miró el reloj, y sus ojos se abrieron de asombro al notar que ya se había tardado bastante.

Los ojos grises de Draco centellearon al ver la puerta de la biblioteca abrirse y dejar entrar a la Gryffindoriana. El rubio se levantó de la mesa y caminó hacia ella.
- Llevo esperándote media hora! Dónde estabas?
Hermione parpadeó varias veces.
- Lo importante es que llegué no es así?
- Dije que dónde estabas..- volvió a repetir.
- Eso no te importa.- contestó ella mientras aprovechaba y colocaba un libro que había prestado de la biblioteca en su lugar.
Draco tomó aquello como un gran y enorme golpe a su egocentría. Ella, precisamente ella le estaba diciendo que sus asuntos no le importaban a él ¿Quién se creía esa sangre sucia para responderle así? De sus amantes, ninguna se había atrevido a responderle de tal forma ¿Qué era lo que la hacía sentirse tan importante como para ser la primera que lo hiciera?
Hermione se dispuso a caminar hacia la siguiente estantería de libros pero el rubio la tomó posesivamente del brazo y la obligó a volver quedando frente a frente.
- Cuando te pregunto algo, tú debes responder.
- Y lo he hecho.- dijo ella hasta con cierta inocencia. - Dije que no te importa.
Hermione trató de volver hacia los libros pero él la atrajo nuevamente sin soltar su brazo.
- Creí que había quedado claro que me perteneces; y mientras seas mía, haces lo que yo te diga.
- Yo no soy un objeto Malfoy, así que no puedo ser tuya. Mi vida privada, es mi vida privada, y no tengo por qué darte explicaciones de lo que haga con ella.
¿Vida privada? Acaso ella tenía una vida en primer lugar?
Hermione continuó:
- Creo que yo no te lleno de preguntas sobre lo que haces cada vez que llegas tarde, o lo que sea. Si yo no las hago, tu tampoco las harás. Es lo justo.
- Yo no conozco la palabra justicia Granger.- aclaró el rubio. - Mis reglas, son mis reglas..y no me agrada que las rompan.
- Yo respeto las tuyas mientras tú lo hagas con las mías.- dijo Hermione. - Yo no soy como Pansy o las otras a las que estás acostumbrado. Si pretendes mandarme, estás equivocado. Yo no obedezco a nadie. Y si te parece mal pues bien puedes hacer tu berrinche de niño engreído en otra parte.
Hermione pudo ver la rabia en el rostro de Draco, pero eso no le importaba ya; él iba a tener que aprender que ella no era tan fácil como las demás y acostumbrarse a ello.

Draco no quiso saber más y dio media vuelta molesto caminando hacia la sección prohibida ¿Por qué siempre tenía que complicarlo todo? Era una fastidiosa e insoportable sangre sucia. Si pensaba que él le iba a rogar, estaba completamente equivocada. Le había dado todo, incluso había tenido la cortesía de comenzar a tratarla bien, y ella seguía empeñada en contradecirlo, en rebelarse contra sus decisiones. Ahora pues bien, ella tendría lo que había buscado ¿Quería al antiguo Malfoy? Pues lo tendría de vuelta.

Entró y encontró a William como siempre, rondando entre las estanterías. Hermione entró tras él segundos después.
- Vaya, no los esperaba.- dijo él.
- Hemos decidido aprovechar la mañana.- dijo Hermione.
- Nos regresas antes de las seis de la tarde.- dijo Draco irritado.
- Está bien, acérquense.

Draco y Hermione se acercaron, y tal como las otras veces, fueron succionados por un gran torbellino.

Ambos se vieron en una habitación familiar, y claro que lo era, pues ya la habían visitado antes. El cuarto de Isabella era más pequeño que el de Carmen, pero tenía la elegancia en decoración que lo compensaba. Todo lo que rodeaba el lugar era sofisticado, lo que dejaba ver a cualquiera que ingresara que la dueña lo era también.
Hermione fijó sus ojos en su antepasado. Isabella permanecía en cama mientras un señor de barba blanca y larga, bastante parecido a Dumbledore, pero con la nariz grande y redonda parecía examinarla. Magdalena estaba en una esquina del cuarto observando todo, había cierto rasgo de angustia en su rostro.
- Se despertará en cualquier momento.- dijo el doctor. - Lo que tiene es un mal genético; su presión suele subir y bajar con gran intensidad ¿Recibió alguna noticia inesperada?
- Pues sí, una bastante inesperada diría yo.- dijo Magdalena. - Pero no es nada grave verdad?
- Nada de qué preocuparse. Cuando le vuelva a dar un desmayo ya sabrá que solo es un problema de presión alta o baja. Dele un zumo de calabaza y se pondrá bien.
- Está bien, gracias. - dijo Magdalena. - Tyara acompaña al Doctor hacia la salida.- le ordenó a una de las mucamas mientras ella se acercaba y acariciaba la frente de Isabella.

- Pobre, se desmayó con la propuesta de Xavier recuerdas?- dijo Hermione. - Me pregunto cómo reaccionará al despertar.
Draco quiso decir algo hiriente, algo que la lastimara, justamente como solía hacerlo antes. Entonces notó que los insultos que antes emergían de su boca con naturalidad y espontaneidad ahora tenían que ser pensadas; y aún así, no sentía deseos de decirlas ¿Por qué no era capaz de volver a insultarla como antes? Sus ojos grises la recorrieron despectivamente; no era nadie, tan solo la misma sangre sucia insignificante. Ella no había cambiado en nada, y él tampoco lo había hecho; sin embargo, sabía que ya nada era igual ¿Acaso se estaba encaprichando demasiado con ella? El Slytherin se conocía perfectamente y por lo tanto sabía que los retos y las cosas difíciles siempre habían llamado su atención más de lo normal. Tal vez el hecho de que ella fuera tan complicada era lo que lo había atado de cierta forma.

En ese preciso momento los ojos marrones de Isabella se abrieron. Pareció confundida al principio, mirando a su alrededor preguntándose seguramente qué hacía allí. Se sentó en el borde de la cama sosteniéndose la cabeza. Le dolía bastante.
- Qué pasó?- dijo ella con la garganta algo reseca. Tomó el vaso con agua que le esperaba en el velador.
- Te desmayaste ¡Vaya susto que nos has dado! Tu cabeza golpeó contra el suelo como una pelota!
Los ojos de Isabella se abrieron centelleantes, como si de repente todo fuera claro nuevamente en lo que respecta a sus recuerdos. Se levantó de la cama con los ojos llorosos mientras señalaba a Magdalena con un dedo.
- Tú, tú mentiste verdad??? Qué hacía él abajo!- dijo ella aterrada.
- Xavier Pirandello?? No me digas que no lo recuerdas! Ya te dije que vino a comprometerse contigo en matrimonio.
Los temores de Isabella se vieron conformados mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas, como si aún se sintiera dentro de una pesadilla.
- No!- gritó ella. - Yo no me casaré con él!! No quiero casarme nunca lo he querido!!
- No puedo creer que de verdad hayas dicho todo eso enserio!- dijo Magdalena ofendida. - Creí que eran locuras tuyas como las que siempre planteas! Ahora resulta que realmente te has vuelto loca!
- Loca o no, no me casaré!
- Tú harás lo que yo diga porque quieras o no, soy tu madrastra. Yo estoy en cargo de lo que hagas o no. Y ya le di tu mano a Pirandello!
Isabella pareció desfallecer nuevamente. Se sostuvo a la pared para no caer al suelo mientras se tapaba la boca con ambas manos. No podía ser cierto, no podía!
- Que hiciste qué?!
- Como oíste! Le di tu mano a Pirandello! Y él quiere casarse lo más pronto posible contigo, sin fiesta de compromiso ni nada por el estilo. Será una boda doble; tú y tu hermana se casarán el mismo día. Y no quiero saber más del asunto!!- dijo Magdalena mientras caminaba hacia la salida.
- Huiré!!- gritó Isabella entre sollozos. - Me iré lejos antes de que me puedas obligar!
- No lo harás! Y no lo harás porque te encerraré en este cuarto hasta el día de tu boda! No saldrás a ninguna parte!- y con esto Magdalena cerró la puerta. Automáticamente con un hechizo le puso seguro.
Isabella corrió hacia la puerta y gritó mientras trataba de forzar la cerradura y abrirla. Cuando se dio cuenta que era imposible, se dejó caer al suelo sollozando sin consuelo.
La voz de Magdalena llegó através de la puerta:
- Probablemente no lo entiendas ahora, pero todo lo que hago es por tu bien.

- Esto no está bien..- dijo Hermine mirando a Isabella. No era justo que la obligaran. Y sin embargo, sabiendo la historia entre Xavier y Carmen, ella seguía callada protegiendo el honor de su hermana.
- Lo sé.- dijo Draco. - Cómo se supone que vamos a salir si la puerta está cerrada?
La respuesta fue una ráfaga de viento que los envolvió repentinamente. Draco tomó a Hermione y la abrazó contra sí, sosteniéndola fuertemente.

Cayeron al suelo como tantas otras veces. Draco dejó soltar un grito de dolor al caer sobre su mano derecha. Hermione lo observó mientras se podía de pie.
- Estás bien?
- Sí, no es nada.- repondió él.
La castaña entonces miró a su alrededor. Estaban dentro de un enorme barco, y por la bandera que sostenía, parecía uno pirata.
Draco se asomó por la borda y vio que estaban sobre tierra. Una de dos: o al barco aún no zarpaba, o ya había llegado a su destino final. Cualquiera de las dos respuestas parecían sin importancia cuando vio algo completamente nuevo ante sus ojos.
- Granger
ven.- dijo Draco.
Hermione caminó hacia la borda y se asomó; lo que vio logró impactarla. Siempre había querido ver personalmente Gitanos de verdad, y ahora su sueño había sido cumplido. Gitanas bailaban con sus vestimentas llamativas y con cuencas colgando. Usaban muchas joyas que al moverse sonaban melodiosamente. Los calés tocaban los tambores y bebían mientras contaban dinero. Por lo que parecía, habían robado un barco pirata y se habían apoderado del botín.
- Gitanos..- dijo Draco impresionado.
- Ginny!!! Es Ginny!- gritó Hermione sin poder creerlo señalando a una pelirroja que subía al barco tratando de no ser vista por sus compañeros.
Era nada más y nada menos que ella. Usaba las vestimentas de una Gitana y su cabello rojo era largo y caía por su espalda como cortinas de fuego. Hermione la siguió al ver que bajó por unas escaleras.
Draco corrió alcanzándola inmediatamente. Bajaron las escaleras y se vieron en lo que parecía una bodega. La luz que provenía de una antocha encendida era leve, pero dejaba ver clara y nítidamente, a Tom amarrado en una silla.
- Potter.- dijo Draco. - Los Gitanos lo atraparon.

Tom miró a la pelirroja que acababa de ingresar. Una media sonrisa se formó en su rostro.
- Y ahora qué? Te mandaron para seguir torurándome?.- dijo él secamente. - Ya dije que no diré nada.
Ginny sonrió mientras caminaba rodeándolo, observándolo. Se detuvo detrás de él y se inclinó para susurrarle al oído.
- Vine a sacarte de aquí.

Los ojos verdes de Tom parecieron alumbrarse por unos instantes mientras volteaba la cabeza y fijaba sus ojos en los chocolate de la pelirroja.
- Quién eres?- dijo él.
- Mi nombre es Tamara.- dijo ella. - Y soy una infiltrada.

- Infiltrada?- dijo Draco.
- No es una Gitana, solo finge serlo para poder llevar noticias a otros.- dijo Hermione comprendiendo la situación inmediatamente.

- Eres conocida de Pirandello?- preguntó Tom mientras ella lo desataba.
- No sé de quien me hablas. Soy infiltrada por mi propia cuenta. No tengo un jefe..- dijo cortando las cuerdas.
Tom rió.
- Pirandello no es mi jefe, es mi socio.
- Como quieras.- dijo ella por fin terminando de desatarlo. - Ahora voy a gritar, y vas a taparme la boca y ponerme esta navaja en la garganta.- dijo dándole un chuchillo. - Saldrás amenazando a los demás con esta pistola.
Tom tomó la pistola.
- Qué es esto?- dijo confundido.
- Uun artefacto que recogí en un viaje hacia tierras muggles. El punto es que funciona por emdio de pólvora, creo. Apretando el gatillo mientras apuntas a alguien logras herirlo. Los Gitanos de aquí le tienen terror a la pistola, así que te dejarán ir, y llevarme contigo.
- Si quieres venir conmigo por qué fingir delante de ellos que te estoy llevando forzada?- dijo Tom.
- Porque pienso regresar algún día.- dijo ella.
Seguido de esto pegó un grito y Tom hizo exactamente lo que ella le había indicado. La tomó y la llevó subiendo por las escaleras con la navaja en su cuello.

Draco y Hermione quisieron seguirlos, pero nuevamente se vieron atrapados por una ráfaga de viento.

Carmen lloraba histéricamente mientras lanzaba contra las paredes todo lo que tenía a su alrededor. Las mucamas alarmadas le suplicaban que se tranquilizara, pero ella no lo hacía, no podía. Hermione esquivó un retrato que casi la golpea y automáticamente el Slytherin se puso frente a ella protegiéndola de los demás objetos que caían por todas partes.
- Señorita!!
- Lárgense!!!- gritó Carmen tirándose al suelo y llorando. - Déjenme sola!!!
La mucamas salieron espantadas y cerraron la puerta. Carmen sollozaba en el suelo justo como lo había hecho Isabella ¿Por qué todo aquello le estaba sucediendo? ¿Por qué Xavier no le había dicho que era de su misma clase social! Si ella lo hubiera sabido, si tan solo lo hubiera descubierto antes! Sería ella la que estaría comprometida con Xavier y no la insípida de su hermana.
Magdalena abrió la puerta e ingresó a la habitación. Miró espantada el desastre que su única hija había causado.
- Te has vuelto loca?!
- Sí! Estoy loca qué no ves?!- dijo Carmen llorando en el suelo. - Y tú tienes toda la culpa!! tú!
- De qué estás hablando?!
- Compremetiste a la inútil de Isabella con Xavier! Por qué mamá!? Yo soy tu hija!! No ella!!
- No logro entenderte!- dijo Magdalena. - Siempre me preocupé por tu futuro, te comprometí con Buchamp para que nada te faltara! Yo no busqué a Pirandello para tu hermana! Él vino solo.
- No!! Yo no quiero a Andrés!! Es un estúpido! Yo amo a Xavier y él a mí!
- Qué?!- gritó Magdalena espantada.

Hermione estaba boquiabierta ante la situación. Carmen había comenzado a relatarle a su madre toda la verdad ¿Qué iba a suceder ahora?
- Esta zorra está demente!- dijo Draco. - Xavier va a hacer que pague muy caro lo que hizo.
- Qué dices?! Xavier estaba enamorado de ella! Uno no se puede olvidar de alguien así de rápido.
- Tú mismo lo has dicho: estaba enamorado de ella.- aclaró el rubio. - Si él es como yo, entonces debes entener que con la misma intensidad que puedo llegar a querer, puedo odiar también.
Aquello le produjo escalofríos a la castaña. Se preguntaba si realmente conocía el lado oscuro de Draco, o si tan solo había visto una parte de él.

Magdalena cayó sentada sobre la cama con los ojos llenos de lágrimas.
- Tú?...mi única hija
es una cualquiera!- dijo después de haber escuchado toda la historia.
- Mamá! Ahora lo sabes! No puedes dejar que él se case con Isabella!! No puedes!
Magdalena se secó las lágrimas y por un momento pareció pensar y analizar con cabeza fría la situación. Pronto se levantó y miró fijamente a su hija.
- Tú no vas a manchar el apellido Shawn, ese que tanto me costó mantener en alto! La boda se realizará! Y tú te casarás con Buchamp.
Con esto dio la media vuelta y salió del cuarto mientras Carmen sollozaba en el suelo.

Todo se puso negro, y ambos volvieron a la sección prohibida.

- Muchas cosas van a cambiar..- dijo Ginny mirando fijamente al frente.
Hermione escuchaba atentamente sintiéndose por primera vez en mucho t iempo tranquila junto a sus amigas. Parvati, Lavander, Ginny y Luna eran muy divertidas y comprensivas. De hecho, ninguna se parecía a la otra ni tenían cosas en común; sin embargo eran amigas, y eso era lo que las hacía especiales. La castaña las observó, y aunque se sentía bien ahí, no podía dejar de sentir el vacío de sus dos mejores amigos.
- De qué estás hablando Ginny?- dijo Lavander. Se había arrimado al árbol y colocado su bufanda. Estaba comenzando a anochecer.
- De la gente metiéndose en mi vida. Ron no ve que ya no soy una niña, y Harry se mete en donde nadie lo llama. Ya comenzé mi venganza.
- Venganza?- dijo Luna algo asustada. - Eso no está bien Ginny..
- Y lo que ellos me hicieron estuvo bien?! No, no, no, hay veces que uno tiene que poner las cosas en su lugar.
Parvati asintió mientras sonreía.
- Me parece bien Ginny. Y dime qué estás haciendo?
La pelirroja sonrió peligrosamente.
- Digamos que, estoy descontrolando un poquito las hormonas de Harry..
Hermione al escuchar el nombre de su amigo, y saber que nunca más iba a poder hablar con él como antes, sintió un vacío abismal en su estómago que la hizo querer vomitar. Se levantó del césped mirando al cielo que tomaba una tonalidad rojiza por el ocaso y decidió caminar un rato sola.
Miró a su alrededor, en realidad nunca podría caminar completamente sola. Muchos alumnos tomaban aire en las afueras de Hogwarts incluso en ese momento en el que estaba por oscurecer. Hermione respiró profundamente y entonces, al sentir el calor de una mano posándose en su hombro derecho, ella se volteó y sus ojos marrones chocaron con unos negros profundos e infinitos. Pronto unos dientes blancos se asomaron en una gran y armoniosa sonrisa que opacaba la tosquedad de un rostro moreno.
- Viktor!!- dijo Hermione mientras entrelazaba sus brazos en él.
- Qué bella estás!- dijo él devolviéndole el abrazo con fuerza y levantándola en el aire, riendo de felicidad por volver a verla. - Llegué en el almuerzo, Dumbledore me presentó como de intercambio pero no te vi allí..
Hermione no dijo nada. Sentía que él no podía haber llegado en un momento más oportuno. Justo cuando necesitaba alguien con quien hablar y que no le diera consejos como sus amigas, sino que simplemente la escuchara. Se separaron por fin pero sin cortar mucho la distancia. Hermione seguía sonriendo y algunos de sus mechones castaños volaban con la suave brisa. Krum los acomodó en su lugar y con su mano acarició la mejilla de la castaña para luego con su dedo dulcemente apuntar a la pequeña y tierna nariz de la Gryffindoriana.
- Cómo has estado?- preguntó él sonriendo aún. Sus ojos brillaban con tan solo verla.
- En realidad
- dijo ella borrando sus sonrisa. - No tan bien.RESPONDIENDO LOS RR!!!
SHANY: Mil gracias por seguir esta historia tan fielmente...
Te cuento, entré a la página q me dijiste y esa es una parodia del auténtico, por eso habrás encontrado un vocabulario y muchas cosas muy distintas... Tengo la tentación de dejarlos en la espera un par de días pero no te preocupes q no soy tan mala... jeje Lo q sí, voy a subir menos caps por día, en vez de subir 8 de una como hice la otra vez voy a subir uno o dos diarios porq estoy ayudando a rendir a un par de amigas y me tengo q poner a estudiar cosas q hacia años no veía... Don't worry q dps ya vuelvo a mi ritmo normal... ;)
HALLY: Tengo otro fan! Espero q sigas paso a paso lo q se viene porq la historia se va complicando más... Un besote!

EL RESTO TRATE DE DEJARME NOMBRES PORFA!!!

20.- Consfesiones

Draco salía del castillo en compañía de sus seguidores y su novia. Spencer parecía ido mientras Zabini, como siempre decía incoherencias. Pansy iba de la mano del rubio sin decir nada, tan solo disfrutando de su compañía y de las miradas envidiosas de muchas que quisieran estar en su lugar. El rubio no pensaba nada en especial. Había decidio salir a tomar aire un rato y su pandilla había decidido seguirlo y no dejarlo solo ni una maldita hora. Había veces en las que simplemente no soportaba las cuatro paredes de Hogwarts. Sí, era cierto; se trataba de cuatro paredes enormes, pero seguían siendo barreras que lo sofocaban. En aquella vez había querido con toda su alma ver a Hogwarts bajo llamas. Y no estaba exagerando.
Zabini paró bruscamente y dejó salir un sonido de burla de los que tanto solía hacer.
- Vaya! Y yo que pensé que esa iba a ser mía..- dijo riéndose. - Pensándolo bien , quizas desde cuarto que esa Granger ya no es virgen.
Draco ya no escuchaba más lo que salía de la boca de Zabini. Tenía todos y cada uno de sus sentidos fijos en Hermione y Vicktor Krum que hablaban muy juntos alejados de los demás alumnos. Sus ojos grises de hielo no cambiaron de lugar ni un solo segundo. Muchas cosas pasaron por su cabeza en ese instante, y ninguna de ellas fue buena.

¿Qué hacía el imbécil de Vicktor Krum en Hogwarts? Fue lo primero que pensó. Era un maldito mal nacido que había en cuarto curso, elegido como su pareja a una sangre sucia. Recordó inmediatamente la obseción que Vicktor profesó siempre por Hermione. Nunca lo comprendió, ella aparecía ante él tan insignificante delante de todas las interesadas del colegio que se morían por él. Y él la había elegido a ella.
Pero aquello había pasado exactamente dos años atrás; ahora Hermione le pertenecía. Pero entonces, ¿Qué diablos hacía ella con él?! Se lo había repetido millones de veces; ella era de él hasta que él decidiera dejarla. Draco no soportaba la idea de que alguien le desobedeciera
y ella parecía hacerlo todo el tiempo, y sin el menor reparo.
- Draco, Draco..- dijo Pansy llamando su atención.- Oye qué te pasa reacciona?!
El Slytherin dio media vuelta y caminó irritado hacia el castillo.
- Oye Malfoy! Qué pasa?- dijo Crabbe siguiéndolo.
- No pasa nada y haz que Pansy no me siga.- ordenó obviamente molesto. Sus ojos hielo parecían ser cualquier cosa menos fríos en aquel instante. Brillaban con tal intensidad y rabia interna que hasta Crabbe se sintió algo intimidado.
- A dónde vas?!
- A la biblioteca!- gritó enfadado antes de desaparecer por la entrada del castillo.

Harry no se sentía bien. No había hablado con Ron en todo el día porque simplemente no lo había visto.El pelirrojo se había levantado y desaparecido el resto del día. Aún podía sentir las palabras de Hermione como gotas ácidas cayendo sobre su cabeza. Ya no somos más amigos eso es todo. Cuánto la detestó en ese preciso instante ¿Cómo fue capaz de hablar tan fríamente? Su cabeza daba vueltas tratando de buscar alguna explicación y simplemente no la encontraba. Ni él ni Ron se merecían el trato que ella les había dado últiamente. Lo habían tolerado durante semanas, y lo hubieran podido soportar por muchísimo tiempo más; pero cuando aquellas palabras salieron de sus dulces labios rosa, Harry supo que todo había acabado; por lo menos en lo que respectaba a él. No quería saber nada de Hermione, no quería verla, oirla, ni siquiera sentir el aroma del perfume que Ron le había regalado en 4to curso y que aún usaba. Ella había muerto para él, y para siempre.

Cuando vio a Dean en la sala común y éste le devolvió una mirada algo molesta recordó lo que había sucedido con Ginny en la mañana. Dean subió las escaleras hacia el cuarto y Harry lo siguió. Al entrar cerró la puerta tras de sí.
- Tenemos que hablar.
- Yo creo que tienes que hablar con Ron, no conmigo.- dijo Dean mientras guardaba algunas cosas.
- Lo que viste..- comenzó el moreno. - No es lo que crees.
- Mira, no soy ciego Harry. Sé muy bien lo que vi y para mí no está mal: Ginny está buena. Pero no me parece justo que no le digas a Ron que estás con su hermanita menor.
- No tengo nada con Ginny!- gritó Harry molesto. - Ella entró a la habitación y se montón encima mío! Está loca!
Dean no dijo nada por unos segundos. Solo lo miró con una ceja levantada y como un brillo de incredulidad en sus ojos. Cuando notó que Harry no se retractaba de lo que acababa de decir, se vio obligado a hablar.
- ¿A quién quieres engañar con eso?? ¿Ginny? Ella es una de las chicas más dulces con las que he compartido una conversación. Introvertida, espontánea
¿Y dices que se te tiró encima? Qué poco hombre de tu parte no reconocer tus errores Harry!
esto ha sido lo más bajo que jamás te haya escuchado decir!
Dean se había indignado. Tomó su túnica y salió del cuarto dejando a un Harry irritado por completo. Había dicho la verdad y había quedado como un degenerado. Nadie le creería, nadie. Todos consideraban a Ginny una santa. Era más fácil creer que él era un déspota.

Harry cayó sentado sobre la cama sin creer lo terrible que había sido su día, es que simplemente era increíble. La puerta se abrió y Ron ingresó. Tampoco tenía muy buen aspecto.
- Maldito Snape, me extendió el castigo 5 horas solo porque rompí un frasco.
Harry recordó entonces que su amigo había sido castigado desde el viernes por haber respondido indebidamente a la autoridad.
Ron se sentó en su cama.
- Solo quiero dormir y olvidar que existo ni siquiera voy a cenar.- dijo el pelirrojo hechándose a la cama y desatándose la corbata. - Has visto a Hermione?
El solo nombre de la castaña lo alteró lo suficiente.
- Quieres dejar de hablar de ella?! Trato de olvidar que alguna vez la conocí!- dijo levantándose de la cama.
- Qué dices estás loco?- dijo Ron.
- No, estoy más cuerdo que nunca ¿Qué no escuchaste lo que nso dijo? Que haga lo que quiera yo ya no pienso preocuparme más por ella.
- Sé que lo que dijo fue estúpido, y la hubiera golpeado de no ser que es una mujer; pero no es para tanto. Ya se le pasará.
- Pareces no entender que lo dijo muy enserio..- dijo Harry entonces sus ojos verdes se fijaron petrificados al ver sobre su cama, justo al lado de las almohadas, un papel que decìa en grande: Ginny y un beso estampado color rojo. Su corazón casi sale de su pecho.
- Mira, yo también estoy enojado con ella. De hecho, no le pienso hablar hasta que me pida perdón. Pero tampoco para olvidarnos de que existe como dices.- dijo el pelirrojo. Mientras él habló Harry se había lanzado a la cama y acostado sobre las almohadas. - Oye
estás bien?
Harry arrugó el papel y disimuladamente lo metió en su túnica.
- Sí, claro.- dijo mientras incómodamente sobre la cama esbozaba una sonrisa intranquila.
Hasta ahí había llegado el jueguito de Ginny.

Hermione entró al gran comedor acompañada de Krum. Varias chicas voltearon recelosas ya que odiaban ver a alguien tan popular con alguien tan insignificante como lo era la Gryffindoriana. La castaña sonreía mientras se sentaban y seguían la conversación que ya habían iniciado hace dos horas. Simplemente no podían parar de hablar. Los ojos marrones de Hermione se apagaron aun más cuando vio a Harry entrar por la gran puerta y mirarla con un rencor que le dolió profundamente. El chico se sentó lejos de ella con algunas chicas de sexto ¿Ahora era él el que guardaba rencor? En qué estaba pensando! Ella no le había hecho nada! Era él y Ron quien la habían puesto en segundo plano siempre. Y ahora Harry la miraba con odio.
- Te pasa algo Herrmione?- dijo Krum. - Hermione, jaja perdón. De vez en cuando pronuncio demasiado la r
- No es nada..- dijo ella. - Es mentira, sí me pasa algo.
- Quieres hablarme de eso? Lo íbamos a hablar desde el principio pero me fui de largo con mi vida
cuéntame.
- Es solo que no quiero aburrirte con mis problemas.- dijo Hermione mientras sus ojos se inundaban con lágrimas.
Vicktor la observó, y pudo ver la ternura de su tristeza. Tomó su mano dulcemente sobre la mesa, sin dejar de verla.
- Nunca, nada que venga de ti podría llegar a aburrirme.

Draco, quien hacía poco había ingresado al gran comedor, al ver lo sucedido se levantó bruscamente de la mesa y salió.

Hermione se sintió muy bien después de hablar con Vicktor. Por fin había encontrado a alguien con quien descargarse. Sacó todo lo que había tenido guardado durante tanto tiempo y que estaba empezando a matarla lentamente. Él la escuchó atentamente, prestando atención a cada una de sus palabras como si fueran lo más importante sobre la tierra en aquel instante. Eso fue lo que hizo que Hermione se sintiera especialmente bien; con Krum se sentía importante, nada "insignificante" como todos la consideraban. Esto hacía que hubiera querido quedarse toda la noche con él. Al ver que el reloj marcaban las 12 de la noche y ellos aún paseaban por las afueras de Hogwarts, la castaña se espantó y se despidió de él rápidamente, pero mucho más tranquila y relajada que antes. Vicktor besó su mano gentilmente y se dirigió a la sala común de Slytherin, donde siempre era colocado.

Durante el camino hacia su sala común, Hermione se cuidó especialmente de no hacer ningún sonido fuera de lo normal que pudiera despertar a los cuadros o gárgolas ni menos atraer a Peeves. Cuando estuvo a una esquina de entrar a su sala común una mano la tomó por la cintura y en cuestión de segundos se vio lanzada contra la pared. El golpe que recibió su espalda tras chocar contra el frío muro fue doloroso y logró sacarle un gemido. Dos brazos se apoyaron contra la pared a sus lados, acorralándola, mientras unos fríos ojos grises la miraban de cerca.
- Malfoy? Qué estás haciendo?
- Eso es lo mismo que yo te pregunto: qué estás intentando hacer? Enojarme? Porque déjame decirte que lo lograste.

Hermione lo miraba confundida. Hubiera querido decir algo inmediatamente pero estaba demasiado aturdida, así que le tomó unos segundos ordenar las ideas y colocarlas coherentemente en una oración.
- No entiendo. Ahora por favor quítate tengo que entrar a mi sala común.- dijo ella tratando de empujarlo, pero fue inútil, no dio ni un paso atrás, incluso se acercó más.
- No me dijiste que Krum y tú tenían algo..Me pregunto qué diría él si sabe que durante su ausencia su dulce Hermione Granger se acostó con un Slytherin.
- Cállate!- dijo Hermione mientras unas lágrimas de indignación se asomaron por sus ojos. - Eres de lo peor que he conocido!
- Eso no te impidió acostarte conmigo.
Hermione no entendía, ¿por qué disfrutaba tanto de hacerla sufrir? ¿Por qué todo tenía que ser así? ¿acaso nunca se cansaría de hacerle daño?
- Qué es lo que quieres?!
- Nada, solo intento entrar en tu mente por una maldita vez. Y siempre termino fuera, fuera de tu vida Granger.- dijo él con rabia, mas por un instante una señal de dolor se hizo notar en su tono de voz.
Hermione ya no contenía las lágrimas. Ya era demasiado; sus amigos, Malfoy...ya no podía más!
- Por qué te encanta humillarme!!?? Hacerme sentir tan insignificante! Tan horrible como me siento ahora! Por qué?!
Draco lo miró sin decir nada, solo hundiéndose en sus lágrimas.
- Si fueras insignifcante Granger, no estaría aquí.

Aquellas palabras, a pesar de ser aún frías, habían sido las más sinceras que jamás había escuchado Hermione salir de la boca del Slytherin ¿Le estaba diciendo que no era poca cosa? Pero si él precisamente se había encargado de hacerla sentir así siempre!
Hermione lo miraba fijamente, y sus ojos marrones solo dejaban caer las lágrimas completamente confundida.
- Si quieres estar con Krum, te olvidas de mí.- dijo el rubio sin cortar el contacto visual ni la distancia. - No estoy celoso, pero ya es hora de que sepas que me he encaprichado contigo sangre sucia, y soy posesivo con lo que siento que me pertenece.
Hermione no pudo pronunciar palabra alguna, sus labios permanecían semi abiertos y sus ojos fijos en los de él ¿Era él el que estaba hablando? ¿Draco Malfoy le estaba diciendo aquello? ¿Capricho?
- Las reglas van a cambiar de ahora en adelante.- continuó en rubio. - Si te quedas conmigo, no verás a Krum, ni a nadie que te mire como otra cosa fuera de una simple amistad o como quieras llamarlo. Yo respetaré tu privacidad si eso es lo que tanto quieres; pero tú también respetarás mis reglas.
Por fin Hermione pudo hablar.
- Crees que esto es un juego??? Que requiere de reglas y esas cosas estúpidas que pasan por tu cabeza?? Ya he sufrido demasiado y prefiero estar sola.
- Es tu última palabra? Porque una vez que te deje ir, nunca más volveré a aceptarte a mi lado. Piénsalo bien.
Hermione no podía creer lo que estaba oyendo.
- Malfoy, no eres tan importante como te crees. Ahora, déjame salir.
Draco la miró fijamente y soltó sus brazos de la pared, dando pasos hacia atrás y dejándole el camino libre. Hermione caminó lo más rápido que pudo hacia la sala común, desapareciendo del lugar.

"Ellos creyeron que era el fin, ¡oh pobre ignorantes! Tan solo era el comienzo.."
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[email protected] buenas y santas!!!
Acá estoy de nuevo respondiendo rr...!
DARK LADY: Me gusta que te guste... xD Voy a seguir actualizando a diario, lo q dije es q ya no iba a subir de a 5 o 6 los cap porq gran parte del tiempo estoy estudiando y preparando unas clases de biología para unos amigos que necesitan ayuda... Pero no te alteres q a mi lado oscuro lo tengo controlado... El único momento en el que sale es cuando tengo q hacer q los Sly la pasen mal en otro fic q escribo asi q tranqui no mas...
HALLY: No te preocupes que tenes una escritora responsable... Y como encima tengo complejo de hada madrina, en vez de subir dos como me pediste ahora voy a subir tres... jaja Suerte wapa!
SARAH KRAMNS: Ya deberías saber q no los voy a dejar con las ganas... Más q nada porq se lo q es estar leyendo esta historia y q no podes parar de leer... Un besote!
HERMIONE MALFOY: No se si pusiste ese nombre por vos o en referecia a la historia... jeje En fin, cumpliendo con lo pedido acá dejo más caps!
JANE MADISON DOVALE: "Ellos creyeron que era el fin, ¡oh pobre ignorantes! Tan solo era el comienzo.." Si así lo dijo William yo no lo voy a negar, de esa discusión se desprenden otras cosas así q agarrate q se viene con todo!
Ahora sí! CAP 21!

21.- Declaraciones de paz y guerra.

Harry y Ron bajaron las escaleras de la sala común y se dirigieron al gran comedor. Aquella mañana del día domingo era fresca, pura, y todos podían sentir cómo se esparcía en el ambiente un aire de alegría y entusiasmo. Al entrar como siempre, vieron a todos los alumnos del colegio hablando y riendo. En realidad el tema del día era el partido de Quittich que se llevaría a cabo al día siguiente. Gryffindor vs. Slytherin, nadie podía perderse de aquello. Desde ya estaban haciendo sus respectivas apuestas entre casas, y los ánimos estaban encendidos.
Harry se sentó con Ron y entonces sus ojos verdes chocaron con unos chocolates que lo miraban. Desvió la mirada inmediatamente, pero aún podía sentir los ojos de Ginny fijos en él y hasta pudo sentir la burla que salía de sus labios al esbozar una sonrisa digna de quien sabe está logrando su objetivo principal. Aquello lo enfadó; estaba hartándose de todo aquello ¿Qué era lo que Ginny pretendía? ¿Qué quería de él?

En ese instante pudo ver que la pelirroja se levantó de la mesa y caminó hacia él. Solo se tranquilizó cuando ella tan solo se inclinó entre él y Ron y le habló a su hermano mayor.
- Vamos a tener entrenamiento?? No pretendo perder mañana contra los Slytherins.- dijo la pelirroja.
- Y qué me preguntas a mí??- respondió Ron. - Pregúntale a Harry, él es el capitán.
La pelirroja se volteó y fijó sus ojos dulces en los de él con una sonrisa algo juguetona.
- Vamos a entrenar Capitán??- dijo ella.
Harry iba a responder, pero de repente el aire se esfumó de sus pulmones. Sintió cómo todo lo que estaba a su alrededor daba vueltas y cómo todo su mundo parecía derretirse. Trató de fingir que nada sucedía, lo que menos quería era que en la mesa Gryffindoriana todos notaran lo que acababa de suceder: mientras Ginny le había preguntado si había entrenamiento, su mano se había posado en su rodilla por debajo de la mesa, y había subido por su entrepierna lentamente. Aquello era demasiado ¿Qué se suponía debía hacer? Si le gritaba que sacara la mano llamaría la atención, y por supuesto, si decía que la pequeña y dulce Ginny Weasley lo estaba acosando nadie le creería. Ella estaba jugando con él, y se jactaba de estar ganando.
Harry tomó bruscamente la mano de la pelirroja y la sacó dando un golpe por debajo de la mesa que llamó la atención de todos los que estaban cerca. Ginny sonrió, mientras más incómoda la situación para el moreno, mejor para ella. Iba a hacerlo sufrir lentamente, hasta que pagara el haberse metido en su vida. Iba a bajarle esos humos, que ya bastante se le habían subido.
- Qué fue eso?- dijo Ron mirando a Harry extrañado.
- Yo...golpié la mesa con la rodilla...- dijo el chico disculpándose con los que estaban a sus lados y lo miraban. - Lo siento

- Estás demasiado raro últimamente.- inquirió el pelirrojo mientras seguía desayunando.
No más. Esperaría a ver completamente sola a la pelirroja y acabaría con el jueguito que ella había puesto en marcha.

Hermione caminaba por los pasillos de Hogwarts. Se dirigía a la biblioteca. Ni siquiera había cruzado por su cabeza el presentarse a desayunar aquella mañana. Desde temprano había sentido unas inmensas ganas de vomitar, como náuseas hacia la vida. Solía sucederle cuando estaba triste, y el apetito se volaba de ella como un pájaro que deja su nido. Además, no quería toparse con las miradas llenas de rencor de sus amigos. Era increíble como, a pesar de que ella por fin había hecho algo para que cayeran en cuenta de cómo se sentía, ellos aún no se daban cuenta de nada. Creían que ella era la que tenía la culpa y no miraban más allá de sus propias narices. Aquello le dolía más que nada; el darse cuenta de que tal vez nunca fue importante para ellos la lastimaba.
Había disfrutado de haber dormido por fin tranquilamente aquellos últimos días. Las pastillas que había adquirido funcionaban bien, lograban hacerla sentir como si de verdad hubiera dormido toda la noche. Pero nada se comparaba con acostarse en al cama, y sentir todo el cuerpo relajándose al igual que la mente.
Krum había sido muy amable con ella. Definitivamente había llegado en el momento más oportuno. Hubiera querido seguir charlando con él, pero en aquel instante él debía estar entrenando en el campo de Quittich ya que pronto tendría un campeonato en Alemania.
Respiró profundo y siguió caminando. Fue entonces cuando la voz de Snape cruzando la esquina llamó su atención. Comenzó a dar pasos más lentos y precavidos hasta que llegó a la esquina precisa y se asomó con cautela. Sus ojos marrones identificaron al profesor de pociones, ya antes reconocido por el tono de su voz, y a Draco Malfoy.
- Me avisaron hace poco. - dijo Snape. - Tu padre dice que Narcisa cayó por las escaleras y por eso está en el hospital.
Hermione se tapó la boca con ambas manos. Pudo ver que en el inexpresivo rostro de Draco ni un solo gesto se formaba, mas en sus ojos grises, había un vacío profundo y doloroso, como un abismo sin fin. Por un momento, capturo en su memoria aquella imagen, y notó en el Slytherin algo que jamás había notado antes: una inmensa soledad.
El rubio no dijo nada durante varios segundos, se mantuvo en silencio, mirando un punto fijo. De repente, una rabia pareció emerger de la profundidad de su mirada y lo hizo voltear y caminar lejos del lugar. Snape trató de impedírselo.
- Malfoy no hagas nada estúpido.- le advirtió.
Draco se volteó lleno de ira. Hermione jamás había visto tanto odio en aquellos ojos grises.
- Mamá no cayó por las escaleras!- gritó furioso. - Ese es el maldito pretexto que papá siempre pone cuando la golpea!

Los ojos de Hermione se llenaron de cálidas lágrimas. No podía creer lo que estaba escuchando. Era terrible lo que Draco decía. El Slytherin desapareció del lugar caminando sin rumbo definido, mientras la castaña se pegó contra la pared y se dejó caer al suelo lentamente mientras trataba de asimilar lo que había escuchado. Nunca antes sintió lástima por Draco, pero ahora lo hacía. Tal vez el que fuera tan frío, tan seco, también se debía a todo lo que le había tocado vivir ¿Qué clase de ejemplo había recibido de su padre? Tan solo a sentir odio y desprecio por todo lo que se interponía en su camino.
A su mente volvieron las imágenes de lo que había sucedido la noche pasada.
Draco era alguien que no decía lo que sentía, era un ser tan cerrado, que era muy difìcil poder decir con precisión lo que pensaba o sentía. Hermione jamás se imaginó que alguna vez él fuera a buscarla, y a decirle que estaba "encaprichado" con ella ¿Sería podible que después de todo, él estuviera comenzando a sentir algo por ella?
*Un capricho..* pensó
Aquella soledad que había visto en sus ojos grises no era falsa; de verdad existía. Cuando había hablado con él, el chico le había dicho que era preferible estar solo, pero eso solo lo decía porque jamás había sentido lo que era estar realmente fuera de esa soledad. Draco Malfoy no conocía lo que era "sentir" como ella lo hacía.. ¿Y si ella intentaba enseñarle? *Un capricho...puedes hacer que eso se transforme en algo más* pensó.
No, estaba pensando en tonterías. Se horririzó al darse cuenta que ya era demasiado tarde: se había enamorado de Draco Malfoy.
*No puede ser...cómo pudo suceder??* pensó petrificada.
Aquello ya no era importante, lo que realmente importaba era la decisión que iba a tomar. El mal ya estaba hecho, ella ya estaba enamorada de él. No tenía nada qué perder si intentaba ayudarlo. Aunque no quisiera admitirlo, le dolía ver que estuviera tan solo, y que peor aún, no se percatara de que había mejores cosas en la vida. Si aceptaba el trato que le había propuesto la noche anterior, esa sería la única forma de acercarse a él e intentar ayudarlo.
*Y si no funciona...y si no lo consigo??* pensó.
Si no lo conseguía no habría perdido nada ya. Todo lo que había podido perder ya estaba perdido y era irrecuperable. Por lo menos lo habría intentado.
*Hermione! Estás aceptando ser su amante!!* le dijo una voz en su cabeza.
¿Y qué importaba ahora eso? Hace mucho que estaba siendo la "otra" de Malfoy. Las cosas se habían salido de sus manos desde hacía mucho tiempo ya. Tal vez las cosas podrían cambiar si ella intentaba hacerlo. Se había propuesto algo que muchos hubieran dado por perdido en ese mismo instante: hacer sentir al más frío de los Slytherins. Sabía que podía lograrlo, solo tendría que darle lo que nadie jamás le había dado: amor. En ese momento no tenía claro nada, mas sus piernas la obligaron a levantarse y pronto se vio caminando por el pasillo por el cual el Slytherin había desaparecido poco tiempo atrás.
En poco tiempo se vio fuera del castillo. Sus ojos divisaron a Draco sentado bajo un árbol.

El rubio tenía la mirada perdida. Pensaba en muchas cosas en aquel preciso instante. Hubiera querido tener a su padre enfrente para matarlo con sus propias manos ¿Cuántas veces no se había descargado golpeando a su madre? Maldito cobarde. Levantar la mano hacia alguien que no tenía cómo defenderse era lo más despreciable que podía cruzársele por la cabeza. Lucius no merecía llevar el apellido Malfoy. Tan solo deseaba que llegara el momento preciso para poder hacerle pagar a su padre todas las cobardías que había hecho en toda su vida. Lo quería ver aplastado bajo la suela de su zapato. Y lo iba a conseguir así fuera lo último que hiciera.
Sus ojos grises se fijaron repentinamente en la castaña que estaba parada frente a él. Sus ojos dulces y cálidos lo miraban, y sus labios rosa estaban entre abiertos, como si quisieran decir algo. El rubio se levantó, aún con sus ojos grises fijos en los de ella. Ahora la necesitaba, no había nada más en el mundo que quisiera más que sentir su calor, tierno, puro, inocente; sincero. Ella, después de todo, era lo único que realmente le pretenecía. No era justo que ella le impidiera tenerla.
Se acercó y tomó la cintura de la Gryffindoriana entre sus brazos, pegándola contra sí. Sus labios se rozaron y esto bastó para estremecer a la castaña. Draco se sintió poderoso, sentirla temblar entre sus brazos, como la primera vez que la hizo suya, aquello no se podía comparar con nada en el mundo. Hundió su cabeza en el cuello de Hermione, sintiendo su tibiesa, aspirando su fresco aroma y jugando con su cabello, suave y salvaje. Hermione por fin pudo articular palabra:
- Me quedo contigo.- dijo casi susurrándolo.
Draco levantó nuevamente su cabeza mirándola fijamente. Sus narices estaban juntas, y sus labios a milímetros. El rubio sintía su aliento tan cerca del de él; no podía entender cuánto tiempo había perdido insultándola, cuando podía haberla tenido así desde antes.
- Serás mi reina entonces..- dijo Draco mientras la sostenía con ternura, y sus labios se deslizaron hasta el oído de la castaña. - Pero si me traicionas
será lo último que hagas Granger..
Con ésta última advertencia atrapó sus labios entre los suyos quitándole el aire por completo. Hermione sintió como todo a su alrededor se movía, y hubiera caído de no ser porque los brazos del rubio la sostenían con fuerza contra su cuerpo. Draco mordió su labio inferior sin poder contenerse; eran demasiado provocadores. Su lengua penetró la boca de la chica, exigiéndole más de ella y logró sacar un gemido a ambos. Parecía como si el Slytherin estuviera dispuesto a demostrarle que tenían que estar juntos, y que ella le pertenecía quisiera o no. Fue entonces cuando Hermione cortó el beso repentinamente y respiró recuperando al aire perdido.
Draco la miró confundido, sin entender por qué había interrumpido el momento. Los ojos marrones de la castaña se fijaron en él severamente.
- Pero ahora van mis partes del trato Malfoy.- inquirió la Gryffindoriana audazmente. - Si quieres que lo que sea que tengamos continúe, no quiero un solo insulto saliendo de tu boca hacia mí, me entiendes? Ni una sola humillación de tu parte, porque me encargaré de hacértela pagar muy caro..
Draco sonrió. Normalmente aquello le hubiera fastidiado, pero como ya antes lo había pensado; si no fuera tan difìcil, no sería Hermione Granger.
- No quiero que te metas en mi vida ni en mis decisiones.- continuó ella.- Yo no lo haré en las tuyas. Por supuesto, lo nuestro debe seguir en secreto. Ah! Cierto, odio que me ordenen así que cada vez que lo intentes haré todo lo contrario...
Hubiera seguido, pero Draco la cortó besándola nuevamente. Ahora no quería escucharla, solo tenerla entre sus brazos.

Spencer estaba sentado en el mueble de su sala común. Su mirada estaba perdida, y sus pensamientos fijos en un mismo punto. Todo había cambiado desde aquel día en la cabaña. Su mente no había podido borrar la imagen de Luna de su cabeza. Ella era diferente, sí, totalmente diferente a todas las perras que él conocía. Siempre creyó que las mujeres eran un ser inferior, y todas tan solo existían para satisfacer los deseos del hombre. Aún seguía pensando así; todas eran unas zorras. Pero Luna no, ella era distinta. Ella era superior, inocente, infantil, tierna. Todo lo que podía inspirar a su alrededor era alegría, porque toda ella era algo luminoso, que irradiaba sentimientos dentro de él, cosas que creyó no existían. Ella podría llegar a ser un estorbo en sus planes, mas seguía siendo el más divino estorbo que podía haber caído sobre él.
Días atrás, después de haber estado con unos amigos hablando sobre las próximas iniciaciones a mortífagos había chocado con ella. Sus ojos celestes se fijaron en él y tan solo esto bastó para hipnotizarlo por completo. Una tierna sonrisa se dibujó en su rostro de porcelana.
- Perdón, no quise.- dijo ella, y luego siguió su camino.
Su voz era melodiosa, como música. Sí, no había duda alguna, ella tendría que ser la elegida.

Ginny caminaba hacia la sala común cuando sintió como alguien la tomaba fuertemente del brazo y la hacía volver. Sus ojos chocolate se chocaron con los verdes de Harry. Se sorprendió al comienzo, pero pronto su sonrisa burlona volvió a aparecer. Aquello le dio más fuerzas a Harry para terminar con todo aquel juego.
- ¿Qué pretendes Ginny?!! Te has vuelto loca o qué?!
La pelirroja se hizo la inocente, papel que dominaba a la perfección.
- Yo?? No entiendo nada.
- Por favor Ginny! Lo único que has hecho últimamente es hacer de mi vida un maldito infierno!
- Mmm ya sé de lo que hablas!- dijo Ginny fingiendo. - Estás refiriéndote a mis métodos efectivos de hacerte pagar el meterte en mi vida!
- Estás demente.
- Tú te lo buscaste Harry. Y créeme, aún no comienzo. Pero tranquilo, Ron también tendrá lo suyo, me encargaré de él personalmente.
- Vas a terminar con todo esto!- dijo Harry enfadado.
- Vas a hablar con Thomas y disculparte por golpearlo sin razón aparente.
- Nunca!
- Entonces esto es guerra.

Lavander pintaba las uñas de Parvati en el sillón de la sala común. Como siempre, Lavander no dejaba de hablar y hablar. La exótica rubia solo escuchaba; ya estaba acostumbrada a la elocuencia de su amiga. La puerta de la sala común Gryffindoriana se abrió dejando paso a un pelirrojo.
Ron entró rápidamente dejando algunos libros sobre la mesa y terminando lo que parecía un vaso con cerveza de mantequilla. Siempre le preguntaban dónde y cómo lograba conseguir aquella bebida que nunca daban en las comidas de Hogwarts y él solo reía; no les iba a revelar el secreto de conocer la entrada a la cocina.
Se desató la corbata y se dispuso a subir cuando la voz cautivadora de Parvati lo detuvo.
- Ronnie, Ronnie; cómo se sienten tú y Harry después de haberse portado tan estúpidamente mal con Herm?
Lo que menos necesitaba el pelirrojo eran las palabras de la "eterna defensora" de Hermione. La miró ácidamente.
- Y cómo te sientes tú al ser tan patéticamente entrometida eh?
- Por lo menos sé admitir cuando me equivoco. Y no soy tan tarada como para dejar escapar a un amigo por mis errrores.
Ron rió sarcásticamente, de pronto había comprendido todo.
- Dile a Hermione que no mande a intermediarios; si quiere hablar con nosotros que hable y se disculpe!
- Se disculpe?! Por favor Ron! Tú y Harry no se merecían tener la amistad de Hermione! Y ella lamentablemente es tan digna que jamás me pediría que te dijera algo a ti respecto a esto. Cuánta pena me das! Tanto tiempo con ella y no la conoces ni un poco!
Ron había perdido la paciencia.
- Tú cállate que si ella se alejó en primer lugar de nosotros fue por ti y tus demás amiguitas! Sé muy bien que eres tú quien le ha llenado la cabeza a Hermione en contra nuestra! Te crees lo mejor solo porque te consideran la "Diosa de Gryffindor" y necesitas a ovejitas que te sigan día y noche como sirvientas! No es cierto Lavander???
Lavander dejó caer el esmalte manchando la alfombra. Sus ojos estaban llenos de ira. Parecía una bomba a punto de estallar.
Y estalló.
- Tú no sabes absolutamente nada de nada Parvati es mandona posesiva y todo lo que quieras tal vez algo egocéntrica y egoísta pero es mucho mejor amiga que tú y Harry y yo no soy la sirvienta de nadie lo que pasa es que tú no sabes lo que es mover un solo dedo para ayudar a un amigo!- dijo Lavander sin hacer las respectivas pausas. Lo dijo tan rápido que a penas pudo respirar al final.
- Tranquila,- dijo Parvati levantándose del mueble y sacándo pecho indignada. - Puedes insultarme y decir lo que quieras en mi contra Weasley...pero te advierto..no vuelvas a llamar a ninguna de mis amigas "sirvientas", ni a referirte a ellas tan despectivamente; porque te demostraré entonces lo que es sufrir lentamente y sin piedad.
Con esto último Parvati y Lavander subieron las escaleras hacia el área de niñas.
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22.- Cambios.

Era la primera vez que Draco había querido llevarla a su habitación. La castaña se había negado rotundamente al comienzo, pero pronto decidió mejor no pelear con él; callar es de sabios, y nadie más que Hermione sabía que al final de todo aquello ella sería la que saldría ganando.
El rubio se aseguró de que no hubiera nadie en la sala común antes de hacerla entrar. Ya era la segunda vez que la Gryffindoriana pisaba territorio Slytherin, pero solo esta vez prestó especial atención al albergue de las serpientes. La decoración era muy sofisticada; víboras plateadas y una combinación de varios tonos verdes hacían del lugar un sitio con ambiente soberbio y elegante.
Hermione pronto se vio subiendo las escaleras hacia el área de hombres. En realidad nunca hubiera accedido a ingresar allí, pero Draco se encontraba realmente mal y no quería dejarlo solo; por lo menos no en aquel estado. La castaña sabía que no le era indiferente al rubio. Había dejado de ser la insignificante sangre sucia para pasar a ser algo más importante en su vida. El Slytherin nunca lo admitiría, pero ya habría tiempo para obligarlo. Ella lo iba ayudar, fuera como fuera; sentía que ese era su deber.

Draco nunca sintió tantas ganas de tenerla entre sus brazos. Ella era la única que parecía comprenderlo y lo demostraba con tan solo mirarlo con aquellos ojos tiernos y misteriosos..tan lejanos. Cuando hablaba, lo único que salía de su boca eran palabras que lograban extasiarlo; incluso cuando lo insultaba o lo exasperaba, de alguna forma siempre conseguía despertar algo extraño en él.
El rubio cerró la puerta de su habitación rápidamente y la abrazó con fuerza.
- Ayúdame a olvidar, solo hoy.
Hermione pudo sentir el dolor oculto detrás de lo pronunciado; de verdad le había afectado la situación de su madre. La castaña lo acarició dulcemente, y él sintió ganas de quedarse allí para siempre. Procuraría de ahora en adelante no decir ni una sola palabra más que pudiera exponerlo; Hermione no podía saber lo que él estaba sintiendo.

Se acercó a sus labios rojos y mantuvo su boca rozando con la de ella, disfrutándola. Mientras tanto lentamente le sacaba la túnica, acariciando su piel con la yema de sus dedos. La Gryffindoriana temblaba; él jamás la había tocado así, tan delicadamente, haciéndola sentir como si fuera lo más importante que existiera sobre la tierra.
- Te dije que te haría mi reina.- le susurró y la besó.
Hermione supo en aquel preciso instante, que el chico le había arrancado algo de lo profundo de su alma. Todo dentro de ella pareció estallar, y creyó que no iba a soportar ya los latidos de su corazón que parecía querer salir de su pecho. Draco intensificó el beso, mas seguía tocándola con la misma delicadeza que logró sorprenderlo segundos antes; jamás había sido así con ninguna otra chica, y lo peor de todo era que le gustaba.

Draco la hizo suya como otras veces, pero sintió que fue la primera vez que realmente la había tenido entre sus manos. Nunca había experimentado lo que aquella vez. Era como si aquel agujero que siempre había existido dentro de él y que había considerado irreparable se hubiera llenado mientras la besaba y acariciaba. Su piel bronceada, cada centímetro le pertenecían a él. Hasta aquellas pecas que poblaban sus hombros eran suyas. Todo fue perfecto por primera vez en su vida.
¿Qué le estaba pasando?

Hermione acarició su cabello plateado hasta que él quedó completamente dormido. Fue entonces cuando miró el reloj y espantada notó que eran las seis de la tarde. Tendría que haber estado en la biblioteca desde hace media hora.
Krum debía estar esperándola.

"Personalmente, creo con firmeza que el propósito de Hermione ya había sido cumplido mucho antes de que ella lo intentara. Él ya la amaba, así no lo admitiera. Y vaya que no lo admitiría en mucho tiempo! pero ahora eso es banal, no sirve para lo que intento expresar. Es aquí donde realmente empieza todo, el amor entre ellos; Xavier Isabella, Draco y Hermione, no importan los nombres ni las épocas. Los cuatro necesitaron convivir para lograr amarse."

William humedeció la punta de la pluma en la tinta y prosiguió:

"Parecerá curioso, insólito, extraño, que ambas historias hayan comenzado en el mismo tiempo. Isabella y Xavier se casan; Draco y Hermione deciden seguir juntos. En ningún caso imaginan siquiera lo que sucederá. Hubiera sido mejor prevenirlos, que supieran que la aventura estaba por iniciar....

"Siéntense, y prepárense queridos lectores. Probablemente lo que lean de ahora en adelante no lo leerán en ninguna otra parte..."

- Vamos Ginny! no me digas que te vas a arrepentir justamente ahora!.- dijo Parvati mientras caminaba junto a sus amigas por los pasillos de Hogwarts.
- No me arrepiento!.- dijo la pelirroja. - Solo que es difìcil tener que "lanzármele" a Harry! no es algo que suelo hacer!
Sus amigas jamás lo entenderían, nunca experimentarían la verguenza que ella sentía cada vez que se veía obligada a seguir con su plan. Lo único lo suficientemente fuerte como para impulsarla a realizar todo lo que hacía era la rabia que habían causado las acciones de Harry y Ron contra ella. Sabía que tenía que ser fuerte, y no debilitarse ni un solo momento. Tenía que hacerles pagar.
- Tienes que admitir Ginny que debes tener agallas para hacer lo que haces!- dijo Lavander. - Mira que tocar a Harry!!! jajaj
La pelirroja se sonrojó escandalosamente. Solo la apacible voz de Luna la salvó de las burlas de su amiga.
- Creo que Ginny debería dejar de hacer esto.- dijo dulcemente. Luego fijó sus ojos celestes en ella. - Si tan solo hablaras con ambos tal vez ellos comprenderían..
- Por favor Luna!.- dijo Parvati. - No digas nada angel, tú siempre vas a poner la otra mejilla cuando alguien te abofetee; pero no te preocupes, nosotras estamos aquí para defenderte cuando sea necesario. En cuando a Ginny, ella no va a poner la otra mejilla estúpidamente. Luna, eres demasiado buena. Te acepto así pero no pretendas que la bondad que sale de tus poros lo haga en otras..
Luna se cruzó de brazos resignada.
- Ya que tu plan va a seguir...ahora qué piensas hacer??- preguntó Lavander.
Ginny esbozó una sonrisa.
- Ya lo verás...- dijo triunfante. - Harry va a desear nunca haberme conocido después de esto.

Draco abrió los ojos y se sorprendió al no encontrar el cuerpo de Hermione a su lado. Se sentó en la cama y por un momento tuvo miedo de que al salir sola la hubiera visto algún Slytherin.
*No seas estúpido. Es demasiado inteligente como para haberse dejado ver.* pensó mientras se levantaba de la cama y miraba el reloj. Ya eran las siete de la noche.
Creyó que era mejor vestirse y bajar a cenar. De cierta forma le había molestado no encontrarla a su lado ¿Cuál había sido la urgencia de salir antes de que él despertara? ¿Tendría algo más importante qué hacer?
Alejó todas esas preguntas de su cabeza. Aquello no le tenía que importar. La vida de la castaña no tenía que interesarle. Con tan de que estuviera a su lado cuando él la necesitara era suficiente. Todo terminaría rápidamente, él lo sabía. Ahora que había decidio estar con él pronto se aburriría como con sus tantas otras amantes y dejaría de pensar tanto en ella y de desear tenerla entre sus brazos. Pronto volvería a ser la sangre sucia de siempre, y él ya no tendría más ataduras como las que había comenzado a sentir ¿Enamorado? No, él no creía en eso. No existía tan sentimiento. Era para idiotas.

Salió de su sala común y entró al gran comedor. Zabini automáticamente le hizo un puesto en la mesa de las serpientes.
- Malfoy! por lo menos tú apareces!.- dijo Zabini burlonamente. - Spencer está más demente y sádico que nunca. Se queda en el cuarto solo y pensativo. Ya ni siquiera ha abierto el closet ese que tiene con cadenas y candados. Como si a alguien le importara revisar sus cosas..

Draco no comía. Sus ojos grises estaban fijos en la mesa Gryffindoriana; Hermione no estaba.
- El maldito de Spencer..- continuó Zabini. - Hace unos días golpeó a la Hufflepuf sangre sucia en la cara. De no ser porque la tuve que amenazar para que no hablara hubiera sido expulsado del colegio. A veces hace cosas de imbéciles.
Los ojos grises del Slytherin se encendieron de repente y se fijaron en Zabini.
- Cómo que el mal nacido de Spencer golpeó a una mujer!- dijo Draco mientras ira brotaba de sus poros.
- Lo mismo digo.- dijo Zabini poniéndose serio. - Es una sangre sucia y todo, no vale nada, pero sigue siendo mujer...me pareció que se excedió. Sabes bien como siempre ha sido Spencer, repudia más que tú y yo juntos a los impuros. Será un excelente mortío, aunque siempre pensaré que esta algo demente..
Draco no soportó más el seguir escuchando esa sórdida historia. Se levantó cuando notó que en la mesa de las serpientes un puesto estaba desocupado.
Viktor Krum faltaba.

Hermione entró a la biblioteca y vio a Krum en una de las últimas mesas. Parecía leer algo con bastante atención. La castaña se acercó y se sentó frente a él.
- Ya leí ese libro.- dijo ella sonriente.
Viktor esbozó sonrisa en su rostro y sus ojos brillaron al verla presente. Hermione no había olvidado para nada en lo que había quedado con Draco, pero aquello aún estaba por decidirse. No estaba dispuesta a terminar una amistad tan importante justamente ahora que había perdido a sus dos mejores amigos; mucho menos por un capricho del rubio. No sabía cómo pero iba a convencer a Draco para que le permitiera estar con Krum, y si no lo lograba, lo cual era muy poco probable ya que ella siempre conseguía lo que se proponía, lo vería igual. Muy claramente le había dicho que ella no obedecía a nadie; le iba a corroborar aquello.
- Tardaste.- dijo Vicktor aún sonriendo. - Creí que ya no vendrías.
- El tiempo se me pasó. Nunca te dejaría plantado.- dijo ella. - Y dime, te gusta el libro?
Krum rió.
- Me encanta. La política Muggle es interesante. Muy diferente a los métodos que usamos aquí, pero fantástica.
- Pienso igual, aunque es obvio que la falta de estrategias políticas es lo que mantiene a la mayoría de países dentro del subdesarrollo.
Viktor sonrió y la miró tiernamente.
- Eres fantástica lo sabías?- le dijo.
- ¿Mejor que la política Muggle?
Viktor hizo como si estuviera pensando.
- Igual de fantástica.
Hermione le dio un leve golpe en el brazo y él negó con la cabeza.
- Sabes que eres mucho mejor.

Hermione rió divertida mas su sonrisa se borró lentamente cuando vio unos ojos grises fijos en ella, mirándola desde la entrada de la biblioteca.

Draco pareció despedir ira por su mirada. La castaña sabía que aquello estaba mal.
*Por favor, que no haga nada, que no haga nada frente a Viktor* pensó.

El Slytherin caminó hacia una de las mesas, algo apartadas de donde ellos se encontraban y tomó cualquier libro. Se sentó y lo abrió, fingiendo estar leyendo lo que éste decía. Podía sentir sus manos temblar de la ira y su corazón latir como cuando salía al campo a jugar Quittich. Hermione iba a pagar lo que le estaba haciendo.
*No quieres ser tratada como una reina Granger..pues entonces no lo serás.* pensó y volvió a levantar la mirada.
Los ojos marrones de Hermione estaban aterrorizados y fijos en él. Captó perfectamente el mensaje cuando el Slytherin movió la cabeza en señal de que alejara a Krum de ella inmediatamente. La Gryffindoriana supo lo que tenía que hacer y rápido, antes de que el rubio hiciera algo delante de Viktor que pudiera comprometerla.
- Viktor..sabes, ahora quiero estudiar ya que como sabes, los exámenes se acercan ¿Me disculpas un momento? Podemos vernos mañana..
- Claro! lo comprendo..ahora que te gradúas todo debe ser más complicado.
Viktor se levantó y tomó la mano de Hermione. La castaña sonrió nerviosamente. Podía sentir el calor de la mirada de Draco sobre ella en aquel preciso instante. La estaba quemando.

El chico besó gentilmente la mano de la Gryffindoriana y le sonrió.
- Hasta mañana.- le dijo y con esto salió de la biblioteca dejandolos solos completamente.

23.- Sucesos

Hermione sintió que iba a desmayarse del terror. Se quedó sentada en la mesa mientras que el rubio se levantó de donde estaba lanzando el libro sin importarle ya de este. Pronto se vio frente a ella y con un golpe sobre la mesa que hizo temblar a la castaña habló.

- Te parece que soy una burla tuya Granger?- dijo irradiando ira de sus poros. Hermione lo miraba con la boca semi abierta, obviamente impactada y asustada a la vez. - Respóndeme!

Hermione tembló ante el grito del rubio que había resonado en toda la biblioteca. Sabía muy bien lo que tenía que hacer.
- No.- dijo ella. Tenía que jugar muy bien con las cartas que tenía en mano.
- Entonces por qué siempre haces lo que se te da la maldita gana?! habíamos quedado en algo Granger! detesto cuando me desobedecen!
Ante aquello Hermione se levantó bruscamente de la mesa y fue esta vez ella la que golpeó la mes al lanzar el libro sobre ella.
- No soy ni tu mascota, ni tu hija, ni una sirvienta como para obedecerte Malfoy! Y te dije que tus órdenes para mí eran reglas que romper! te lo advertí desde un principio!- gritó ofendida. - Voy a verme con quien yo quiera! cuando yo quiera! y a donde yo quiera! y si no te gusta bien puedes buscarte alguien lo suficientemente estúpida como para someterse a tus órdenes!

En aquel preciso instante Draco sintió que ella había cruzado la línea de su paciencia. No lo iba a tolerar. La tomó del brazo y la empujó hacia la estantería tan fuertemente que varios libros cayeron al suelo produciendo fuertes estruendos. La castaña soltó un gemido de dolor al golpearse la espalda contra la estantería mientras Draco la tomaba de ambas manos y las ponía a sus lados, inmovilizándola por completo.
Sus alientos se mezclaban; estaban tan cerca que sus narices rozaban las unas con las otras. Hermione aún se quejaba del dolor que le había producido el rubio.
- Eres peor que una mascota Granger! eres una sangre sucia y recuérda lo que te digo: voy a hacer que cada uno de los de tu raza perescan y sufran hasta exterminarlos como insectos!

Las palabras habían salido sin ser pensadas. El Slytherin pareció enfermarse al terminar y notar que había pasado el límite. No había querido expresarse así de ella; no así. Pero ya era muy tarde para arrepentirse, la ira que había experimentado la había expulsado en veneno que había inyectado en Hermione, quien tenía sus ojos marrones llenos de lágrimas mirándolo con descepción, más que alguna otra cosa.

Pasaron unos segundos antes de que alguien dijera algo. El rubio la soltó sin cortar el contacto visual y luego pasó una mano por su rostro. Se destestaba ¿Cómo había sido capaz de decir aquello tan imbécilmente? La perdería. Estaba seguro que lo haría.

Hermione logró cerrar su boca y antes de hablar respiró profundamente.
- Tú lo has querido así Malfoy, te dije que no me volverías a humillar nunca más en tu vida porque no te lo iba a permitir. Esto se acabó. No quiero que te me acerques, ni que me hables, ni que respires cerca de donde yo estoy!

Hermione había dicho lo que tenía que decir. Cerró los ojos tratando de controlarse internamente. Sus palabras habían sido demasiado fuertes. Nadie jamás había logrado causar en ella tanta rabia como la que estaba sintiendo en ese preciso instante. Miró a Draco. El Slytherin estaba apoyado en la mesa, con su mirada hacia abajo. Sabía muy bien la estupidez que había hecho. Hermione no era cualquiera...¿entonces por qué había hecho aquello? Se había ido de sus manos.
La Gryffindoriana dio media vuelta y caminó a lo largo de la biblioteca. Se dirigía directamente hacia la sección prohibida. Lo que más quería era regresar al pasado, porque el presente la estaba enfermando.

Draco volvió a pasarse una mano por su cabello rubio tratando de controlarse. Hermione había desaparecido de su vista y entrado a la sección prohibida.
¿Qué era lo que había acabado de suceder? ¿Ella lo había terminado a él? ¿Y cómo fue tan estúpido de decir aquello sabiendo el carácter que la caracterizaba? Se había dejado llevar por sus impulsos, torpemente; aquello no se lo perdonaría. Era un error de inexpertos, muy poco profesional. Se había dejado llevar por la ira. Qué imbécil.

En cuanto se tranquilizó caminó hacia la sección prohibida y encontró a Hermione mirando por la ventana en completo silencio.
- Por fin.- dijo William quien se entontraba apoyado en la estantería.- No sé el por qué de sus caras...pero espero que estén preparados ya que todo se complica de ahora en adelante. Acérquense.

Hermione se acercó sin mirar al rubio. Draco hizo lo mismo y una ráfaga los envolvió.

- Maldita sea!- dijo Draco al golpearse contra un árbol. Notó que estaban en medio de la selva. Muchas plantas los rodeaban y hadas volaban alrededor de Hermione, quien se levantaba del suelo fangoso.
- Qué asco!- dijo Hermione mirando toda su túnica llena de lodo. Tomó un listón que tenía en su bolsillo y ató su cabello con él. El calor del lugar ya estaba empezando a causar sus efectos.

Draco fijó sus ojos grises en ella. Su cuello estaba al descubierto ahora que su cabello no lo cubría. No supo por qué exactamente aquello logró cautivar su mirada durante tanto tiempo. Un extraño sentimiento comenzó a invadirlo. Era algo raro, totalmente diferente; estaba seguro de que jamás había experimentado algo igual. Quería hablarle, estar con ella como estaban antes del incidente. Una idea que lo paralizó por completo llegó a su mente: ¿Qué sucedería si ella no lo buscaba más? La conocía lo suficiente como para saber lo digna que era. Después de lo que le había dicho, era más que seguro que ella no se acercaría a él.
Tampoco supo por qué detestó aquella idea.
*Maldita sea Granger. No eres necesaria; puedo prescindir de ti cuando me de la gana.*

Hermione seguía examinando el lugar. Trataba de tener contacto visual con el rubio. Ya estaba mucho más tranquila, pero la rabia de las palabras pronunciadas aún seguían dentro de ella. Lo prefería así, se obligaría a conservar la rabia fresca; era la única forma de hacerle pagar cada sílaba pronunciada. Aquello también había sido parte del trato así que no estaba haciendo nada que no fuera justo y legal. Si el Slytherin quería volver con ella, tendría que arrastrarse a sus pies como un insecto.

Unas pisadas los alertaron de que dos personas se acercaban.

A la escena ingresaron Tamara y Tom. Ambos pararon descansando obviamente agotados por una caminata extensa. El moreno se arrimó a un árbol y tiró la pistola que la pelirroja le había dado horas atrás; detestaba los objetos muggles. Eran demasiado complicados y poco prácticos.
Tamara lo miró aprehensivamente y tomó la pistola del suelo.
- ¿Para qué quieres ese estúpido objeto muggle?- espetó él.
- Te dije que volvería con los Gitanos no? me va a servir no solo con ellos sino para asustar a brujos como tú..- y con esto la pelirroja apuntó al lado del moreno y disparó. Un hada cayó al suelo muerta mientras su luz se extinguía.

Tom miró asombrado y comprendió que se trataba de un arma letal. Tamara subió su pierna y la apoyó en un tronco caído. Su falda larga y llena de cuencas se abrió ante este movimiento dejan ver claramente toda su pierna y parte de sus muslos; allí justamente tenía lo que parecía un ligero, donde acomodó la pistola y con esto se incorporó. Tom la miraba algo sorprendido.
- Por qué debes regresar con los Gitanos? son una peste.
- Son personas, como tú y yo, solo que ellos no son tan antipáticos como tú. De no ser porque te necesitaba para salir de allí sin que sospecharan de mí, te hubiera dejado con ellos.- dijo mientras se acomodaba el cabello. - Te dije que soy espía, mi hermano y yo tenemos sospechas de que los vampiros encontraron el camino hacia tierras mágicas gracias a los Gitanos. Debo comprobar si eso es cierto, y mejor si encuentro más cosas. Por ahora tengo información que debo hacérsela llegar a mi hermano de inmediato. Por eso necesitaba salir me entiendes??
Tom la miró de arriba a abajo. Era bellísima, eso sin duda alguna. Jamás se había topado con una mujer que tuviera las agallas de un hombre; aquello lo impresionó.
- Yo, de ser tu hermano, no dejaría que anduvieras sola por ahí metiendo las narices en una guerra que es para hombres. Si los Gitanos descubren algún día que tan solo eres una traidora, te matarán.
Tamara rió y se acercó a él hasta estar tan solo a unos centímetros de distancia.
- Guerra de hombres?? pero si los hombres son unos cobardes...y encima idiotas. Se necesita una mente perfeccionista como la del sexo femenino para absolutamente todo. Soy una guerrera..y en cuestión de segundos saco la navaja que tengo en mi cadera y te mato sin que tengas tiempo de defenderte.
- Antes de que puedas hacerlo yo saco mi polvo paralizador y te detengo antes de que siquiera puedas rozarme.- dijo Tom creyéndose más listo.
- Eso sería si lo siguieras teniendo en tu bolsillo.- dijo Tamara mientras levantaba su mano sosteniéndo un frasco. - Ni siquiera notaste cuando te la quité. Soy muy rápida, la mejor en esto. Ahora entiendes por qué mi hermano me deja meterme en una guerra que solo es para hombres?

Hermione sonrió ante el comentario audaz de la pelirroja. Realmente era todo lo contrario a la Ginny que conocía. William tenía razón, todo dependía de cómo se habían criado en aquella época; en el ambiente en el cual habían crecido. Tom, por ejemplo, parecía alguien que bien podría pertenecer a Slytherin. No era nada parecido a Harry. Ahora más que nunca se preguntaba cuántas diferencias tendría ella con Isabella y Draco con Xavier ¿Habrían muchas? Por lo menos Malfoy y Pirandello parecían iguales ¿Qué pasa con ella e Isabella? Ambas disfruataban de leer e instruirse; luchaban hasta el final por lo que querían y tenían una moral bien puesta. Pero aquello no aseguraba nada. Algo le decía que aún no conocía la faceta más intrigante de su antepasado. Inclusive se podría decir que algo que las diferenciaba era lo impulsiva que podía llegar a ser Isabella en ciertas ocasiones; una vez estuvo a punto de herir a uno de los acompañantes de Xavier. Hermione sabía que no haría jamás algo así. Siempre había pensado que con la mente y la razón, todo se solucionaba mejor. La inteligencia era la mejor arma en su opinión.

Un viento nuevamente los envolvió. Draco tomó esta vez la mano de la castaña simplemente en forma fría.
IBA A SUBIR 3 SOLAMENTE PERO ESTE CAP ES IMPORTANTE Y ME SENTIRIA MAL SI NO LO PUSIERA YA DE UNA VEZ... SUERTE A TODOS!

24.- La Boda.

Ambos cayeron al suelo. Hermione se levantó adolorida y se vio en la sala de la mansión Shawn. Muchas mucamas caminaban con manteles, adornos y muchas cosas de un lado para el otro. En una gran mesa estaba colocada en el centro dos grandes tortas que tenían novios en las cimas.

- Por Merlín! estamos en la boda.- dijo Hermione mientras subía corriendo las escaleras. Draco la siguió inmediatamente.

La castaña entró al cuarto de Isabella y se quedó con la boca abierta. Varias mujeres estaban dentro de cuarto; unas maquillaban a Isabella, otras elegían las joyas, mientras que otras le arreglaban la cola del gran vestido blanco que cargaba puesto.

Draco ingresó, no pudo creer lo que sus ojos veían. Era como un sueño, algo totalmene irreal. Era ella, Hermione...o Isabella, eso no importaba. Su vestido armaba perfectamente su cuerpo, con un escote recatado y abierto como el de una princesa, desde la cintura hacia abajo. Sus hombros estaban al descubierto, mostrando aquellas hermosas pecas que tanto le gustaban. Su cabello castaño estaba recogido en un elegante moño alto mientras que sus pestañas largas realzadas y sus labios con un tono rosa perfecto. Nunca, en toda su vida había visto algo igual, o que pudiera compararse siquiera con ella.
Era estúpido y lo sabía. En otros tiempos, no hubiera quedado tan impresionado ante aquella imagen. Solo era la sangre sucia arreglada, y aquello no le hubiera quitado lo insignificante ante sus ojos. Sin embargo, ahora que la miraba con ojos distintos, podía captar esa belleza única que muchos ignoraban y dejaban pasar. Seguramente el mismo Xavier no se sorprendería ante ella, y sí ante la figura de Carmen. Eso era porque aún no veía lo que él.

Isabella tenía la mirada perdida, triste, como en otro mundo lejano en el cual no se casaba obligada. Magdalena entró y la miró de arriba a abajo.
- Divina. Tu hermana ya está lista, ¿y las joyas?
Una de las mujeres le mostró el collar de brillantes con hermosos pendientes.
- Perfecto.- dijo mientras se acercaba a Isabella y le colocaba el collar alrededor del cuello.- Ponte los zarcillos.
- No me obligues a esto.- dijo como suplicante. - Por favor.
- Harás lo que yo te diga que hagas. No creo que seas capaz de escapar y hacer un escándalo. Sabes muy bien cómo mancharía el apellido de tu padre y su memoria. Dudo que eso quieras hacer...
- Sabes bien que no!!- gritó Isabella mientras gruesas lágrimas caían de su rostro.
- No llores que el maquillaje se corre!- la reprendió Magdalena acercándose a ella para arreglarla.
Isabella hizo un ademán de que la dejara en paz y se secó las lágrimas. No tenía salida. Lo que menos quería era ensuciar la memoria de su padre muerto; para ella aquello era sagrado. Pero tampoco quería casarse! y menos con alguien tan frívolo e insensible que lo único que tenía era sed de venganza. Se sentía usada, atada de pies y manos. El aire parecía no entrar en sus pulmones y de repente tuvo la sensación de ser un pájaro dentro de una jaula. La habían encarcelado y cortado sus alas...esas alas de libertad con las que había nacido y heredado de su madre. Ninguno de sus sueños se harían realidad ya. Viajar ayudando en la guerra a los que más lo necesitaban ya no sería posible ¿Por qué ella tenía que pagar con los errores de su hermana? No era justo!! Tuvo ganas de correr hacia el dormitorio de Carmen y golpearla por insensata e indigna.
- Ya estás lista, baja que tu hermana te espera abajo.- dijo Magdalena friamente. - Las cosas se van a dar como se estan dando. Tu padre siempre quizo un hogar recto y eso es lo que estoy dándoles. Te casarás, y tu hermana también. Quieran o no.

Hermione por primera vez creyó entender a Magdalena. Ella no era una persona sin sentimientos ni mucho menos malvada. Lo único que quería era mantener el apellido Shawn en alto y libre del fango que su hija Carmen había traído a él. Creía firmemente que estaba haciendo lo correcto. Lo que su moral le dictaba.

Draco siguió a Isabella mientras ella bajaba las escaleras. La Gryffindoriana hizo lo mismo.

En la sala, Carmen se levantó al ver llegar a su hermana. Sus ojos verdes brillaron y se humedecieron. Isabella hizo lo mismo, y no pudo contener caminar hacia ella y lanzar una bofetada sobre su rostro. Carmen soltó un quejido de dolor mientras lloraba. Sus ojos reprochantes de fijaron en Isabella.
- No te cases con él!- dijo Carmen en tono desesperado.
- Todo esto es tu culpa!!- gritó Isabella. - No te basta con arruinar tu vida sino que ahora también lo haces con la mía!
Carmen se secó las lágrimas aún sosteniendo la mejilla que había recibido el golpe de su hermana.
- Huye, tú siempre has querido irte de aquí a ayudar a los afectados de la guerra. Vete, puedes hacerlo yo te cubriré. Así no tendrás que casarte.- inquirió Carmen.
Isabella rió tristemente.
- Ya es muy tarde. Todos saben de la boda. Si huyo, el apellido de papá quedará por el suelo. Jamás haría algo así.
- Entonces qué?!- gritó la pelirroja. - Vas a casarte con él??!! no lo amas!! yo sí!
- Debiste haberlo pensado antes de comprometerte!!- dijo Isabella.
- Te odio!
- Yo también!

Hermione observó a Carmen. Estaba bellísima. Su vestido blanco con varias capas y perlas en algunas esquinas. Sus labios rojos perfectos y su cabello rojo semi recogido en un medio moño que dejaba caer algunos rizos por las esquinas. Era inexplicable la belleza perfecta que la envolvía. Deseó por un instante ser como ella; debía ser maravilloso cautivar la mirada de todos con tanta facilidad. De verdad que no era nada al lado de Carmen. Pronto volvió a la realidad y quitó esas ideas estúpidas de su cabeza. Carmen podía ser bella, pero jamás tendría lo que Isabella; inteligencia y caracter decidido. Eso la hacía inferior.

Un temblor repentino les avisó que estaban a punto de cambiar de lugar. Draco tomó la mano de Hermione firmemente mientras cerraban los ojos. Pronto, cuando sintieron la tierra fija y quieta, volvieron a soltarse.
- Es la mansión de Xavier.- dijo Hermione al notar la confusión en el rostro de Draco. Él jamás había estado allí, pero la castaña sí, y reconocía fácilmente aquella decoración gótica y elegante. Ahora que lo pensaba, igual de sofisticada de que de la sala común de Slytherin.
Sus ojos marrones se fijaron en las dos personas que bajaban las escaleras. William parecía discutir con Xavier. Ambos estaban muy bien vestidos, la usanza de la época.
- No puedes simplemente casarte por venganza!- dijo William. - Vas a hacerte infeliz y a hacer infeliz a Isabella!
Xavier fijó sus ojos fríos en su amigo.
- Noticicas para ti Will: ya soy infeliz! Y lo único que me queda es hacerle pagar a esa zorra lo que me hizo. Su hermana me va a ayudar en eso.
- Isabella no es un maldito instrumento!! es un ser humano!
- Una tipa que es de la misma calaña que su hermana! vive un doble vida haciendo quien sabe qué! no sé cuál de las dos es peor. Le hago un favor al mundo paralizando a dos mujeres como esas.

William respiró hondo y se cruzó de brazos. Sabía como era su amigo, lo que estaba haciendo era terrible pero nada lo hará cambiar de opinión.
- No estoy de acuerdo con nada de lo que pretendes hacer, y que eso quede claro.- dijo él. - Si voy a esta farsa de boda es solo porque eres mi mejor amigo. Me temo que a lo que iré será al velorio de muchos.
- Al velorio de dos malditas mentirosas...a eso vamos.- dijo Xavier. - Carmen va a pagar. Lo juro.

- Maldito.- dijo Hermione sin importarle si Draco escuchaba o no. El Slytherin podía ver la rabia que inundaba a su antepasado. Sus ojos grises destellaban ira. Su venganza era perfecta. La pregunta era si sería capaz de manejarla, sin que se le fuera de las manos.

La tierra volvió a sacudirse y Hermione se aferró al brazo del rubio. Sus ojos se cerraron con fuerza esperando que todo terminara. Cuando todo dejó de moverse abrió los ojos y se vio nuevamente en el bar donde por primera vez había visto a Stephen. Lentamente se despegó del brazo de Draco, y él sintió como poco a poco el frío volvía a su cuerpo cuando ella se soltó. Era tan tibia, suave ¿Por qué tenía que creerse tan importante como para rechazarlo? Él nunca había tenido que pedir algo, ya que todo iba hacia sus manos ¿Y ahora ella pretendía que él la buscara? ¿Qué le hacía pensar que haría algo así?
*Tal vez porque es eso lo que estás a punto de hacer..* pensó. Y su boca se dispuso a hablar, mas logró contener el impulso ¿En qué estaba pensando? ¿Humillarse por las migajas de una sangre sucia? No valía la pena. En el colegio había muchas mejores y menos difìciles que ella. No la buscaría. Él era un Malfoy.

La puerta del bar se abrió. Lilith y Stephen ingresaron. Todos se voltearon a ver a la rubia que había entrado. Su simple presencia era angelical. Aún tenía su vestido blanco, mas un sobretodo negro había sido puesto encima de él para cubrirla del frío. Stephen se acercó hacia en cantinero.
- El gran Stephen!!- dijo el hombre robusto. - Pensé que no vendrías en unos meses.
- Pues ya ves.- dijo el pelirrojo. - Tienes algo para ella?
- Quieres una cervesa niña?- dijo el cantinero sonriendo.
Lilith fijó sus ojos celestes en él y sonrió.
- No bebo.- dijo.
Stephen rió sarcásticamente.
- Tienes algo así como leche?
El cantinero rió escandalosamente.
- Pues..café.
- Eso estará bien.- dijo Lilith sonriendo.
- Has traído a una princesa Stephen.- dijo el cantinero guiñándole un ojo.
El hombe robusto ingresó a lo que parecía la cocina del bar y entonces el pelirrojo habló.
- Estamos a unos kilómetros ya de la ciudad. Antes de ir a ver a tu amiga pasaremos por donde un amigo mío. Quiero saber que tan cerca de la ciudad están los Gohts.
- Está bien. Y pregúntale sobre los vampiros también si?- dijo ella mientras el cantinero le ponía una taza de café en la mesa.
Stephen tomó un trago de cervesa y miró a su alrededor. Se acercó a Lilith y le puso la capucha sobre la cabeza.
- Muchos te buscan, no solo vampiros.- dijo Stephen. - La noticia de que curas enfermos se ha esparcido por toda la región. Muchos quieren usarte para otras cosas. Así que tendremos cuidado con decirle a la gente quien eres.
Lilith iba a asentir mas al tomar un trago de café se atragantó y casi no pudo respirar. Dejó la taza sobre la mesa mientras tragaba amargamente el líquido en su boca.
- Está muy cargado..- dijo la rubia.
- Por Merlín niña!- dijo el cantinero.- Tienes paladar de bebé recién nacido.
Stephen rió mientras que las mejillas de Lilith se encendían tiernamente.

Draco se acercó a la ventana de bar y una mano lo detuvo. Se volteó y chocó con la mirada de la castaña.
- Tenemos que estar atentos. No te desvíes de la situación quieres?- le dijo aprehensivamente. El calor de la mirada castaña de Hermione logró derretir el hielo de sus ojos grises. Pronto, en un abrir y cerrar de ojos se encontraban en otro lugar.
Era una iglesia.

Draco se quedó impactado. Jamás había estado dentro de un templo religioso. Grandes imágenes y vitrales cautivaron su mirada.
Hermione caminó entre los asientos llenos de gente que seguramente asistía a la boda. Se detuvo al ver que Draco permanecía estático.
- Camina.- le dijo friamente.
- No creo en Dios.- le dijo el rubio.
- Y? la iglesia no te va a comer.- le dijo secamente mientras seguía caminando.

Eso decía ella. Las imágenes lograban parecer tenebrosas inclusive ante sus ojos. Era como si todas ellas tuvieran sus ojos fijos en él, reprochándole algo. Caminó detrás de Hermione decidido a no observarlas más.
Aún sentía el peso de sus miradas acusadoras.

La Gryffindoriana se detuvo frente a Xavier, quien estaba parado frente a altar a la derecha, mientras que en la izquiera estaba Andrés, sonriente.

- Qué situación tan incómoda.- dijo Hermione.

Entonces la música empezó a sonar. Las grandes puertas del templo se abrieron dejando pasar a dos hermosas novias. Sus rostros estaban cubiertos por el velo, que ocultaba perfectamente la tristeza de ambas. Todos tenían las miradas fijas en ambas; la mayoría admirando la belleza de Carmen. Isabella nunca tuvo tantas ganas de correr, mas sus pies tan solo caminaban lentamente y resignados como quien camina hacia la horca.

La tierra volvió a temblar. Draco estaba un poco lejos de Hermione, por lo que por un momento temió no agarrarla a tiempo, mas al final logró tomarla entre sus brazos y pegarla a su cuerpo.

Hermione abrió los ojos y se separó del rubio bruscamente cuando todo volvió a la normalidad. Estaban en un lugar bastante extraño. Parecía una casa abandonada. Todas las ventanas estaban cerradas con madera, por lo que a penas leves rayos de luz lograban ingresar por ellas.

Una voz fría los alertó de que no estaban precisamente en un lugar abandonado.

- Por fin llegaste..- dijo la voz. Hermione sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal. Nunca había escuchado una voz tan tétrica en toda su vida. Era de un hombre, joven; de eso estaba segura.
- Me costó trabajo localizarla. Pero ya sé donde está.- dijo una vos femenina. También era fría.

La luz de una vela logró iluminar el lugar lo suficiente como para dejar ver a los presentes. Eran tres. La voz masculina había, afectivamente, procedido de un hombre de no más de 20 años. Se encontraba sentado en una silla roja, que más bien parecía un trono. Su piel era blanca y pálida, su cabello castaño cubriendo su frente mientras que unos ojos aceituna parecían vívidos y contrarestaban el efecto que su pálida piel causaba. Estaba completamente vestido de negro, aql igual que las dos mujeres que estaban en la sala. Hermione tenía que admitirlo; era bastante bien parecido apesar de todo el aire lúgubre que lo envolvía. Sin embargo algo definitivamente le pareció repulsivo; en el lado derecho de la gran silla donde estaba sentado, una rata negra permanecía como una mascota más.

- Lilith.- dijo la misma voz femenina que había sonado en un principio. Se trataba de una mujer también joven. Su cabello negro azulado perfectamente lacio llegaba hasta su cintura. Su piel también era terriblemente pálida, y sus ojos negros brillantes la hacían ver aún más hermosa de lo que era. Sus labios estaban pintados de un rojo fuerte, que contrastaba con esa piel extramadamente blanca. Tenía una túnica negra, y debajo de ésta, un vestido negro largo que armaba unas curvas perfectas. - Viene hacia acá, la ciudad.

La otra mujer que había encendido la vela sonrió. Dejando ver unos enormes colmillos que le dejaron bien claro a la Gryffindoriana el por qué de la palidez de los presentes.
- Por Merlín! son vampiros!- dijo Hermione tapándose la boca.
Draco ya lo había notado antes y aún no lograba salir del impacto. La mujer que había encendido la vela se sentó sobre la mesa cruzando sus piernas bajo el vestido negro. Su cabello era rubio y con perfectos rizos. Sus ojos grises lograban asombrar a cualquiera, ya que no hacían más que intensificar la palidez de su piel. Sus labios rosa eran finos, pero hermosos.

- Morrigan, tráeme la daga.- dijo el hombre.
La rubia se bajó de la mesa y sacó de su bolsillo un cuchillo con un mango plateado y con un demonio tallado en él. Se lo entregó.
- Pero está acompañada Siron.- dijo la mujer de cabello negro.

Draco supo que Siron era el nombre del vampiro.
- Maldita sea!- gritó tomando la daga y guardándola. - Es más lista de lo que creíamos.
- Damona puede morir en cualquier momento. Tenemos que apresurarnos.
- Lo sabemos Zulema!- dijo Morrigan. - Tienes una mejor idea que atraparla en cuanto llegue??
Zulema la miró despectivamente.
- Viene con un guerrero. No será fácil.
- Nada es fácil.- dijo Siron. Se quedó en silencio por un instante, luego fijó sus ojos en Morrigan. - Puedes encargarte del guerrero?
La rubia se lamió los labios.
- Sangre fresca....claro hermanito.
- Bien, Zulema y yo nos encargaremos de conseguir más embarcaciones que traigan a más de los nuestros.
- Creo que ya somos suficientes.- dijo Morrigan. - Más de 500.000 vampiros han llegado a tierras mágicas. Ganaremos la guerra.
- Nunca es suficiente.- corrigió Zulema ácidamente. - Papá siempre lo ha dicho. Supongo que nunca has terminado de aprender..

Morrigan hizo un sonido como de serpiente mientras mostraba sus colmillos enfadada.
- Quien es el más adinerado de la ciudad?- preguntó Siron.
- Pirandello.- dijo Zulema mientras hizo algo que impactó aún más a Draco y a Hermione.

Una serpiente pareció salir de su vestido y subir hacia su hombro, enrrollándose dócilmente en su brazo mientras ella la acariciaba. Así muchas otras salieron envolviendo el cuerpo de Zulema mientras ella reía.
- Quiero encargarme de él..ya lo he visto. Es muy apetecible..
Siron hizo un ademán hacia la silla y la rata saltó siguiéndolo. Miles de ratas aparecieron de la nada e hicieron lo mismo. Pronto Siron desapareció entre las ratas y Zulema también entre sus serpientes, que la envolvieron toda y cayeron al suelo formándose miles de ellas saliendo del lugar.
Morrigan entornó los ojos fastidiada y levantando la mano un manto de murciélagos la envolvió y sucedió lo mismo que pasó con sus hermanos; despareció y los murciélagos se alejaron volando.

Hermione aún no podía cerrar la boca cuando todo se puso negro. Cayó al frío suelo de la sección prohibida.
Hola hola mis malcriados!!! Acá les dejo más para q disfruten... Pero tmb quiero pedirles un favor... =( Cada cap de esta historia la leen un promedio de 50 personas, pero son menos de 10 las q me dejan rrs!! Teniendo en cuenta los q entrar dos o incluso tres veces por cap no alcanza para llegar al total... ASI Q POR FAVOR, DEJEN RR TODOS! Sino mi lado malvado no va a tardar en salir... Un besote a todos!

25.- Quidditch sucio

Hermione sentía frío. Seguía en el suelo sin poder comprender lo que acababa de presenciar. Realmente había visto vampiros. Jamás creyó que sus ojos verían algo parecido. Fue asombroso. Se levantó ante la voz del Slytherin.
- Levántate, vas a enfermarte.- le dijo al igual que otras veces, mas esta vez su voz salió seca mientras abría la puerta de la sección prohibida.
- Como si te importara; una sangre sucia menos en tu lista no?- dijo Hermione y con ésto atravesó la puerta haciéndolo a un lado.

Draco la siguió y la tomó por el brazo. Ese simple contacto lo hizo temblar ¿Qué le estaba sucediendo?
- No trates de hacerme sentir culpable por lo sucedido. Fuiste tú quien estaba aquí con Krum riéndose como si nada.- le dijo.
Hermione se soltó bruscamente de él.
- No me toques..podrías ensuciar tu sangre pura.- le dijo mientras daba la vuelta y se alejaba.

El Slytherin la vio salir por la puerta de la biblioteca y con ella todo sentido que lo atara a la realidad. No estaba acostumbrado a nada de aquello. Siempre era él quien tenía el control sobre absolutamente todo lo que lo rodeaba y no podía entender por qué con ella todo era diferente.
*Maldita sea Granger! por qué tienes que ser tan complicada?!* pensó mientras pateaba una estantería.

Entonces recordó que aquella mañana era importante; Gryffindor vs, Slytherin en el campo de Quittich.

Cuando Hermione terminó de bañarse y limpiar su uniforme manchado de lodo, salió del baño para encontrarse con Parvati y Lavander en su cuarto.
- Vístete rápido tenemos que coger buenos asientos!- dijo Parvati a la castaña mientras observaba el cuarto. - Hace mucho que no entro a tu cuarto...has estado enojada últimamenete?
Hermione hechó una mirada a su habitación. Lo última vez que lanzó cosas a las paredes se había olvidado de recogerlas. El comentario de su amiga la hizo sonrojarse y sacó ropa interior del cajón y un nuevo uniforme.
- Sabes Hermione? te entendemos si no quieres ir al partido. Nos hemos dado cuenta que has tratado de evitar lo mayormente posible a Harry y a Ron..
- Iré.- dijo la castaña mientras se vestía. - Ginny también va a jugar. Voy por ella. Además, no me importa que ellos estén allí.
- Si tú lo dices.- dijo Lavander. - Son unos tarados. Parvati peleó con Ron por eso.

Pavarti le dio un puntapié a Lavander por el gran error que había cometido. Hermione fijó sus ojos marrones en la rubia mientras ella veía ver problemas.
- Qué hiciste qué?!- dijo Hermione molesta. - Te dije que no te metieras en esto!!
- Pero es que no pude evitarlo Herm...es realmente fastidioso el saber lo cerrados y estúpidos que son esos dos!- justificó Parvati.
- No puedo creerlo...ahora seguramente piensan que te mandé para que lo hicieras. Perfecto!- dijo ella sarcásticamente mientras salía de la habitación.
Parvati miró asesinamente a Lavander mientras ella la miraba temerosa.
- Hice algo malo??-

Nadie podía desayunar aquella mañana. La emoción invadía a cada uno de los alumnos de Hogwarts. Pronto las tribunas se llenaron de estudiantes respectivamente. Hermione se puso la bufanda Gryffindoriana por el frío que comenzaba a hacer. Ya estaban cerca del invierno y pronto los campos se llenarían de nieve. A la castaña le gustaba el frío, pero por otra parte, siempre solía enfermarse de gripe, lo cual no era muy bueno.
- Herm?- dijo Parvati poniéndose a su lado. - No estás molesta verdad?
- No, ya no importa no es tu culpa.- respondió la castaña.
- Oh miren!! es Loony!!- dijo Lavander saludando a Luna que se encontraba en la tribuna de Ravenclaw sonriéndoles.
- Me pregunto si Ginny estará nerviosa.

- Todos!- dijo Harry preparándolos antes de salir. - Vamos a dar lo mejor de nosotros, vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo allá afuera, y si algún Slytherin hace trampa..
- Yo le doy a una bludger y hago que golpee la cabeza de cuantas serpientes entén cerca.
Ante el comentario de Ron los miembros del equipo estallaron en risas.
- Puede funcionar..- dijo Harry soñando. - Pero no! te quiero concentrado en tapar los aros Ron. Nada de trampas..eso nos vuelve como ellos.
- Uck! no quiero ser como un Slytherin..- dijo Spinnet mientras se levantaba.

Harry se inclinó para tomar su esboba con fuerza, entonces sintió que todo su cuerpo tembló ante el roze de una mano suave en su cuello. Ginny se apoyó contra la pared cerca de él con una sonrisa en su rostro.
- Suerte. Aunque no la necesitas, siempre tomas la snitch.- dijo ella.
Harry se le acercó con el fin de intimidarla, pero lo único que hizo fue caer nuevamente en sus trampas. Un aroma a cerezas lo envolvió y lo obligó a fijar sus ojos en aquellos labios rojos.Su respiración se volvió agitada. Tomó fuerzas para volver a fijar sus ojos verdes en los chocolate de ella.
- No quiero que trates de distraerme durante el juego..podría costarnos perder.- le advirtió. - Necesito consentrarme.
- Y yo te desconcentro mucho no es así?- dijo la pelirroja sonriendo. - Te dolería mucho perder el partido no es verdad?
- Hablo enserio Ginny.
- Yo también.- y con ésto último rió. - Tranquilo, no quiero perder. Atrapa esa snitch que yo me encargo de meter la bola en los aros de los Slytherins.

La voz de Dean Thomas, el nuevo animador sustituyente de Lee Jordan, les indicó que era hora de salir.

"Y AQUÍ VIENEN!! EN LA DERECHA EL EQUIPO DE GRYFFINDOR!!! ENCABEZADO POR EL FAMOSO HARRY POTTER"
Los Gryffindorianos se pusieron en sus posiciones. Harry y Ron estaban acostumbrados a levantar en ese preciso instante la mirada hacia la tribuna y mirar a Hermione, quien los animaba y daba fuerzas para el partido. A ambos les dolió llegar y mirar al suelo, sin saber a qué otro lugar fijar sus ojos.
"Y A LA IZQUIERDA LLEGAN LOS P..." pero él no pudo terminar de decir la palabra ya que McGonagal se lo impidió. "...EL EQUIPO DE SLYTHERIN!!! ENCABEZADO POR SU CAPITÁN DRACO MALFOY"

Los Slytherins salieron con sus aires de superioridad y vanagloriándose entre la multitud de serpientes que los aclamaban en las tribunas. Draco levantó la mirada hacia donde estaba Pansy, quien le sonreía y mandaba besos. Sus ojos grises no pudieron evitar desviarse unos breves segundos a la tribuna Gryffindoriana. Hermione parecía contener el aliento mientras observaba a sus amigos.
*No le importas.* pensó y sus ojos se fijaron en Potter y Weasley.*Hora de que pague el cicatrizado y el zanahorio*
Había querido desde mucho tiempo atrás hacerles pagar las lágrimas que Hermione había derramado por ellos. Ella era su posesión, y no soportaba el hecho de que otros la lastimaran; solo él podía hacer eso. Era el tiempo perfecto para saldar viejas deudas.

"Y COMIENZA EL JUEGO!!"

Los jugadores de elevaron en el aire y salieron disparados en sus escobas a grandes velocidades cada uno encargado de su respectivo puesto. Todos los alumnos gritaban y animaban a su equipo preferido esperando a que sucediera algo interesante. Siempre, cuando jugaba Gryffindor contra Slytherin, algo de suma importancia sucedía, algo que seguramente sería comentado durante una semana o hasta que apareciera algo mejor de qué hablar.

"Y GINNY WEASLEY TOMA INMEDIATAMENTE LA QUAFFLE! ESA CHICA NO PIERDE EL TIEMPO!!! WOW! ESQUIVA LA BLUDGER LANZADA POR EL SLYTHERIN!!! ESO FUE BAJO! CREO QUE NUNCA HE VISTO A UNA CHICA VOLAR TAN RÁPIDO!"

Harry se desconcentró de la snitch un segundo para ver a la pelirroja lanzar la Quaffle en el aro izquierdo de los Slytherins.

"Y UNA WEASLEY ANOTA!! EL MARCADOR VA 10 PARA GRYFFINDOR Y 0 PARA LOS SLYTHERINS"

Aquellas palabras fueron suficientes para despertar la ira de las serpientes. Draco voló hacia el bateador de Slytherin.
- Dale a Weasley- le ordenó mientras bajaba rápidamente al ver que Harry había salido en picada ante el destello de la brillante snitch.

"PARECE QUE HARRY POTTER HA VISTO LA SNITCH Y BAJA EN PICADA HACIA ELLA! MALFOY LE SIGUE MUY DE CERCA!"

Harry volvió a subir y Draco vio a la snitch claramente unos centímetros de la mano del moreno. Aceleró hasta alcanzar al Gryffindor y con una patada hizo que se desviara y chocara contra la pared.

"OH! ESO NO PUEDE SER!!! POTTER HA CAÍDO Y WEASLEY TAMBIÉN ANTE EL GOLPE DE UNA BLUDGER!! SLYTHERINS APROVECHAN Y ANOTAN!!!"

- No!!!- gritó Hermione mientras bajaba de la tribuna.

Harry hizo una señal con la mano pidiendo tiempo fuera. McGonagal asintió.

"Y TIEMPO FUERA!"
- Esos malditos!- gritó Ron sosteniéndose el brazo donde le había golpeado la bludger. - Casi me lo rompen!
- Seguro que no podemos hacer trampa?- preguntó Ginny molesta.
- Dije que no nos rebajaríamos a su nivel y lo sigo manteniendo!- dijo Harry molesto mientras caminaba de un lado a otro. - Somos mejores que ellos! necesitan jugar sucio para ganarnos! pero no lo vamos a permitir..queda entendido?
Todos asintieron. Fue en ese momento cuando Hermione entró corriendo. Se quedó parada sin decir nada al ver a todo el equipo.
*Harry y Ron están bien..* pensó aliviada viéndolos.

Hubo un silencio por unos segundos antes de que alguien dijera algo. Ginny comenzó a hablar.
- Hermione! que bueno que viniste! tienes agua? me muero de sed.- dijo la pelirroja.
- Ándate.- dijo Harry bruscamente.
La castaña se quedó donde estaba sin creer lo que el moreno le había dicho.
- No me voy, tú no me ordenas.- dijo ella.
- Estamos ocupados que no ves?!- dijo Ron fastidiado. Se había resentido muchísimo más desde la pláctica con Parvati. Y le había herido el que ella no se hubiera acercado ni siquiera a desearles suerte sabiendo lo importante que era aquel partido para ellos.
- Ron!- dijo Ginny incrédula. - Eres retardado o qué?!
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas pero no soltó ninguna.
- Suerte Ginny.- dijo mientras daba media vuelta y se alejaba.

Los Slytherins reían y festejaban disfrutando de la delantera que habían ganado.
- Lo mejor fue Weasley gritando de dolor y la Quaffle entrando- dijo una de las serpientes.
- No, para mí lo máximo fue Malfoy lanzando a Potter contra el muro.

Todos comenzaron a salir mas Draco se tardó un poco más. Potter había sido muy inteligente en pedir tiempo fuera, de no haberlo hecho para entonces el equipo de Slytherin ya hubiera ganado. Él se había enfadado por aquello, mas los de su equipo que no veían más allá de sus narices festejaban. Le fastidiaba enormemente la falta de cerebro que tenían los que lo rodeaban.
Justo cuando estaba a punto de salir alguien lo llamó por detrás. Fue en cuestión de segundos cuando volteó y recibió un golpe bastante cerca del ojo, justo el en pómulo. Con ésto retrocedió mientras se sostenía el rostro y fijaba sus ojos grises en la Gryffindoriana que ahora se quejaba de dolor.

Hermione sostenía su mano mirando sus nudillos rojos. Ahora comprendía por qué era preferible dar bofetadas.
Draco no supo lo que sintió en ese preciso instante; si estaba enojado realmente o si emocionado de tenerla cerca nuevamente. Cualquier cosa que hubiera sentido no importaba, estaba completamente vulnerable. Cuando estaba cerca de ella olvidaba que era Draco Malfoy. Eso lo detestaba.
- Estás demente Granger?!- gritó sin saber qué otra cosa decir.
Hermione seguía sosteniendo su mano. Trató de ocultar el dolor cuando habló.
- Eres un maldito tamposo Malfoy ¿Nunca vas a cambiar verdad? Es que no hay un poco de conciencia en esa mente retorcidamente frívola que tienes!
El Slytherin comprendió de qué se trataba todo el escándalo.
- Te preocupó lo que pasó con Potter?? no fue planeado.
- Me crees estúpida?! se te olvida que no soy tarada como tu novia o qué? Vi perfectamente cómo te le acercaste al lanzador y segundos después una bludger golpeaba a Ron! también te vi volar hacia Harry y extender tu pierna poara desviar su escoba!
Draco rió sarcásticamente.
- Y qué te importa lo que hago o no de todas formas? que yo sepa tu y yo ya no tenemos absolutamente nada. Se nota que has estado muy pendiente de lo que he hecho durante todo el juego Granger...será que te estás arrepintiendo?
Hermione abrió la boca ofendida, indignada ¿Realmente se creía tan importante? Ella iba a bajarlo de esa nube.
- Jamás Malfoy! de quienes estoy peocupada es de mis amigos! no quiero que nada les suceda y menos por tu culpa!
- Creí que ya no eran amigos.- dijo el rubio provocándola. - Además, qué te hace pensar que porque me golpeaste voy a dejar de hacer lo que se me plazca? es más, pensaba bajar la intensidad del castigo para Potter..pero ahora que la virgen de la caridad a venido en su rescate me temo que ya no seré tan indulgente.
Hermione sacó su varita y lo apuntó, mas el rubio ya había previsto aquello y la empujó contra la pared haciendo que ella soltara la varita. Draco tomó sus brazos y los pegó contra el muro, dejando a la chica completamente inmóvil. Su cuerpo se pegó al de ella quitándole la respiración. Todo hubiera sido más sensillo si solo la hubiera empujado y quitado la varita, mas sabía bien que había usado ese pretexto para estar cerca de ella. En otros tiempos lo habría hecho para provocarla, y ahora lo hacía porque le gustaba. Eso logró fastidiarlo.
Hermione sabía lo que podría venir si no actuaba rápidamente. Volteó la cabeza a un lado y cerró los ojos con fuerza, dejando que la nariz del rubio quedara rozando con su mejilla.
Él captó la negación de la chica al igual que sentía su respiración agitada contra su pecho.

- Malfoy ya es tiempo!- gritó uno de los de su equipo desde fuera.

Draco la soltó sin despegar sus ojos grises de ella y salió.

"Y GINNY WEASLY PARECE HABERSE PROPUESTO ANOTAR CUANTAS VECES PUEDA!! 20 PUNTOS PARA GRYFFINDOR!!"

Con la voz de Dean Hermione se metió al castillo. De repente ya no quería estar allá mirando el partido. Le había herido el cómo sus amigos la habían tratado, y sentía que iba a desmoronarse de un momento a otro. No quería que nadie la viera en ese momento, odiaba que los otros conocieran sus debelidades.
*Vamos Hermione...organiza tus prioridades. Piensa en algo que ocupe tu tiempo.* pensó y entonces recordó que tenía una prueba de pociones el viernes. Sería mejor estudiar.
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QUIERO RRS!!!!! MI RITMO DE ACTUALIZACION VA A SER PROPORCIONAL AL NUMERO DE RR Q RECIBA!!!!!26.- Jugarretas y algo más

Cuando llegó a su sala común y hubo tomado todos los libros necesarios escuchó al tumulto de Gryffindorianos entrar emocionados y sonrientes. Parvati corrió hacia Hermione riendo.
- Ganamos!! Harry atrapó la snitch!- dijo casi muriendo de la felicidad. - Viste a Ginny? estuvo espectacular!
Hermione sonrió tristemente.
- Sí, que bien que ganamos.
- Sería bueno un poco más de ánimo no?- dijo Lavander. - Vamos a hacer una mini fiesta aquí así que deja esos libros!
- No, saben? quiero estar sola.- les dijo la castaña lo más amablemente que pudo y se dispuso a salir. Vio a Harry y a Ron reir y conversar con varias Gryffindorianas. Con esto se fue.

Spencer estaba cansado de las estupideces de los Slytherins. Era uno de esos días en los cuales no estaba dispuesto a pasar el tiempo con todos esos cobardes. Todos lo eran, hasta Zabini quien pensó era la escepción. Todavía podía recordar cómo lo insultó por haber golpeado a la sangre sucia. Esa estúpida inservible y asquerosa sangre sucia. Si hubiera tenido una varita a la mano la hubiera matado. Algún día, cuando se graduara y pudiera ejercer su título de mortífago, eliminaría a toda esa plaga impura sin restricciones.
Pensaba en esto arrimado al árbol cuando la vio.
Su cabello rubio, lacio y largo cayendo hasta su cintura y tapando la bufanda que delicadamente rodeaba su cuello de porcelana. Sus labios rojos por el frío, y sus mejillas intensamente rosadas la hacían ver como un ángel que había sin querer pasado por la tierra a saludar a algunos mortales. Sus ojos la siguieron hasta que unas chicas de Ravenclaw la empujaron riéndose e hicieron que sus libros cayeran al suelo.
Luna se inclinó para recogerlos. Ya estaba acostumbrada a ese tipo de bromas y ya no le molestaban. Los estaba tomando cuando una mano recogió el último que faltaba. Sus ojos celestes se elevaron para mirar al Slytherin.
- Es tuyo.- le dijo Spencer entregándoselo.
Luna se levantó y lo tomó sonriendo.
- Gracias.- le dijo aún con una sonrisa tierna y dulce en su rostro.
Spencer no podía entenderlo. Era demasiado perfecta para ser real. Era esa inocencia lo que lo embelesaba. Ella no era como las demás tipejas que rondaban por Hogwarts. Su pureza la hacía superior, la elevaba a un nivel inalcanzable.
- ¿Por qué te hicieron eso?- dijo él.
- No lo sé.- respondió ella. - No les agrado mucho.
Aquello le pareció imposible ¿Cómo alguien podía no sentir agrado hacia alguien tan perfecto?
Jack quiso decir más, pero Luna ya se había encaminado hacia otra parte. Se volteó para sonreirle amistosamente y se alejó.

Hermione llevaba ya mucho tiempo estudiando. Miró el reloj que marcaba las 5 de la tarde. En la sala común debían seguir en fiesta. Y se sentía mucho mejor y también había aclarado mucho más su cabeza.
* Soy la única que estudia en este colegio?!* pensó al ver que la biblioteca se había quedado solitaria nuevamente.
Volvió a fijar sus ojos marrones en el grueso libro que tenía sobre la mesa. Ya había perdido la concentración. Muchas ideas comenzaban a flotar por su cabeza sin algún orden en absoluto cuando notó la presencia de alguien.
Hermione levantó la mirada y vio a Draco parado frente a ella.
- Si vienes a quejarte por el golpe que te di, o para desquitarte conmigo porque perdiste en el partido te advierto que no estoy de humor.- espetó la castaña y hablaba muy enserio.
El Slytherin tenía sus ojos grises fijos en ella. Como siempre, la Gryffindoriana fue incapaz de poder descifrar su mirada. Era como una barrera impenetrable.
- No vine a eso.- le dijo inesperadamente. - Tenemos que hablar.

Hermione quedó completamente impactada ¿Draco Malfoy le estaba hablando dócilmente? Era demasiado bueno para ser cierto. Una sonrisa se dibujó en la comisura de su boca mientras sus ojos marrones comenzaban a brillar. Trató de ocultar lo mejor posible todo aquello y cerró el libro repentinamente mas sin moverse de donde estaba sentada. Como una reina dispuesta a mandar.
- Hablar? Malfoy, creo que ya hemos dicho todo lo que teníamos que decir.
- Eso no lo decides tú Granger.
Hermione rió.
- A no? si no quiero escucharte, no puedes obligarme.
- Quieres dejar de actuar como una niña inmadura?- le dijo enormemente fastidiado. Sabía muy bien que lo que ella pretendía era controlar la situación y no se lo iba a permitir. Al menos iba a intentar no permitírselo.
Hermione volvió a abrir su libro y pareció muy intersada en uno de los temas. Era hora de hacerle pagar lo que había dicho.
- Está bien, hablaremos.- le dijo. - Pero será después de que termine de estudiar.
Eso había sido demasiado para el rubio ¿Quién se creía que era? ¿Le estaba poniendo condiciones a ÉL?
- No hablas enserio verdad Granger?- le dijo incrédulo. - Dije que quería hablar y eso es ahora!
Hermione sonrió triunfante.
- Si no me vas a esperar, entonces mejor te vas y me dejas sola. Si quieres hablar conmigo, te quedarás allí sentado esperando a que yo acabe con esto.- le dijo señalando la silla de enfrente.

Hermione sabía que él estaba allí porque quería regresar con ella. Eso era bueno, al menos ya había logrado ser necesaria para el Slytherin. No estaba segura de lo que Draco sentía, él era muy diferente a todos. Su mirada impenetrable, sus palabras frías. Probablemente seguía siendo solo un capricho para él, pero eso ya no importaba. Ella no había desistido de su propósito, mas darle su merecido era algo que tenía que hacer.

Draco golpeó la estantería de enfrente furioso. Respiró hondo mientras pasaba una mano por su cabellera rubia tratando de tranquilizarse. Hermione seguía con sus ojos marrones fijos en él, esperando una respuesta a su proposición.
El Slytherin volvió a fijar sus ojos grises en ella y en segundos tomó una silla volteándola y sentándose.
- Apúrate.- le dijo fastidiado.
Hermione sonrió y abrió el libro para seguir estudiando.

Los Gryffindorianos estaban más felices que nunca. Habían conseguido comida y bebidas de la cocina secretamente mientras que Parvati había conseguido hacer un hechizo de música que era el único que en realidad le salía a la perfección. Todos estaban pasándola muy bien y mientras las horas pasaban ellos seguían festejando la victoria. No hubieran estado tan alegres de no ser que a quien habían ganado era a la casa de Slytherin.
Lavander se reía sonoramente de las estupideces que había comenzado a decir Dean gracias a un caramelo de extraña proscedencia.
- Ya me aburrí. Ojalá Herm estuviera aquí.- dijo Parvati tomando más de su ponche.
- Pues no deberías estar aburrida, todos los chicos no ven a nadie más que a ti.- dijo Ginny dándole un codazo a su amiga.
- Si bueno no tengo la culpa que sus hormonas están alteradas.- dijo la rubia sin prestar atención. Estaba acostumbrada a captar las miradas por su inocultable belleza.
- Hablando de alterar hormonas...creo que es hora de alterar un poco las de Harry. Mírame.- dijo Ginny mientras caminó con ella hacia la mesa de bebidas.

Harry, Ron y varios Gryffindorianos estaban sentados en los muebles de la sala común. Habían iniciado haciendo algunas bromas y terminaron apostando. Cinco chicos habían puesto todo su dinero por que Ron ganaría el partido de ajedrez contra Seamus, quien se había vuelto indiscutiblemente un buen competidor, mientras que otros apoyaban a su contrincante. Ya casi estaban cerca del final y el dinero de todos los participantes estaba en juego.
- Vamos Ron tú puedes! - gritó uno de los que había apostado por él.
- Seamus ganará!- gritó otro del lado contrario. - Hazlo o pierdo 10 galeones!

Harry reía sabiendo que su mejor amigo sería el triunfador. No había duda alguna de aquello. Fue entonces cuando sus ojos verdes se fijaron en una cabellera lacia y roja que centelleaba a lo lejos. Unos ojos chocolates radiantes lo miraban fijamente. Quiso mirar hacia otro lado, pero no pudo. Había quedado atrapado.
Parvati reía al lado de Ginny.
- Mira esto.- le dijo la pelirroja.
La respiración de Harry se detuvo repentinamente ¿Había visto mal? No. Ginny había tomado una barra de dulce caramelo rojo y lo paseaba por su boca mientras su lengua lamía el rastro que éste dejaba. Mientras tanto, jugaba tiernamente con su cabello como si nada. No, ella no podía estar haciéndole eso a él.

Parvati no podía dejar de reirse, la situación era demasiado cómica. Los ojos verdes de Harry brillaban con lujuria mientras miraba a la pelirroja sin poder hacer otra cosa más que dejarse envolver por sus encantos.

Harry logró despertar después de varios segundos ¿Qué estaba sucediendo? Ginny seguía jugando con él como si se tratara de una marioneta. Si había algo que realmente detestaba era que lo utlizaran, y sentirse como el muñeco de cuerda de una niña malcriada le fastidiaba enormente.
Desvió la mirada de la dulce pelirroja y la fijó en Pamela, una chica de 6to curso que lo había estado observando toda la fiesta riendo con sus amigas. Le sonrió y ésto fue suficiente como para que la chica dejara sus amigas y corriera hacia él. Se sentó a su lado y comenzaron a charlar.

- Perra!- dijo Parvati.
Ginny sintió los celos oscurecer su alma cuando Harry se acercó al oído de la chica y le susurró algo. Ambos rieron.
- Sígueme la corriente.- dijo Ginny poniéndose más agresiva. Si la situación lo ameritaba, iba a hacerlo.

Parvati y Ginny se pusieron en el centro de la pista de baile y comenzaron a bailar entra varias personas. Sin embargo, el ángulo era perfectamente visible para los ojos verdes del Gryffindoriano.
La canción era suave, ligera y provocadora. Parvati sabía exactamente cómo seducir a hombres con aquel tipo de música así que, comprendiendo lo que su amiga pretendía hacer, se le acercó y bailó pegada a ella mientras le decía muy bajo:
- Muévete con delicadeza, no me toques, pero tratemos que que nuestros cuerpos rozen el mayor tiempo posible. Créeme, no hay nada que llame más la atención a un hombre que ver a dos mujeres bailando.
La pelirroja asintió y ambas comenzaron a moverse muy seductoramente. Ginny solo quería capturar los ojos verdes de Harry, pero había logrado con Parvati, producir un afecto en la mayoría de los chicos en la sala.

- Mira eso!- dijo Dean que se había integrado al círculo de apuestas. - Ummm sigan por favor!...digo, sigue Parvati!- corrigió al ver que Ron había volteado la mirada para ver por qué Seamus se había desconcentrado.
- Ginny?! está loca o qué?!- dijo Ron levantándose molesto.
- Tu hermana es una santa, seguramente ni sabe que lo que está haciendo produce cierto alteramiento hormonal en todos..- dijo Seamus. - Ahora...si hablamos de Parvati...ella sabe muy bien lo que hace y le encanta hacernos sufrir!

Muy tarde, Harry ya había vuelto a fijar sus ojos esmeralda en ella ¡Por Merlín por qué tenía que moverse así?! No lo podía soportar más. Aquello estaba saliéndose de su control. El pequeño cuerpo de la pelirroja se movía con tanta delicadeza mientras que su cabello parecía foltar en el aire. Todos observaban a Parvati, pero él se perdía en esos ojos chocolate que lo miraban desde la pista de baile. Se detestó por haberse dejado llevar; pero se odió por haber mirado así a la hermana menor de su mejor amigo.

- Harry a dónde vas?.- preguntó Ron pero fue muy tarde. Su amigo ya había subido las escaleras hacia el área de dormitorios masculinos.

Hermione seguía extremadamente concentrada en su libro, o por lo menos fingía hacerlo. Ya había pasado más de una hora y el Slytherin había comenzado a hartarse. Al comienzo, se había quedado sentado simplemente observándola. Sus largas pestañas era adorables y sus labios rosa pronunciando palabras en susurros para recordar lo estudiado había sido suficiente como para embriagarlo. Sus tersas y delicadas manos corrían por las páginas de los viejos y gruesos libros que tenía sobre la mesa. Algunos de ellos el rubio ya los había leído, era una actividad que solía tomar cuando estaba aburrido o no tenía nada importante qué hacer. Era preferible que escuchar las estupideces de Zabini, Crabbe, Goyle y Spencer.
Le asombró increíblemente el intelecto que manejaba la Gryffindoriana. Se conocía tan perfectamente los libros, que no necesitaba buscar en el índice para llegar al tema que necesitaba releer por alguna razón. Se preguntó en se preciso instante si Pansy conocía lo que era leer más de un párrafo.
Después de un buen tiempo observando a la castaña ella había levantado sus ojos marrones y le había reprendido por aquel hecho. Al sentirse imposibilitado de observarla por más tiempo, tomó la decisión de levantarse y recorrer la biblioteca examinando algunas estanterías que jamás había visto. Pronto volvió donde Hermione estudiaba.

La chica había descubierto que no tenía absolutamente nada que releer gracias a su insuperable memoria desde hacía mucho tiempo, mas la idea de tener esperando a Malfoy por ella era demasiado tentadora como para dejarla escapar con tanta facilidad. Trataba de contener la risa cada vez que él, tratando de distraerse, miraba hacia varias partes y luego como un niño comenzaba a jugar con sus manos sin sentido aparente. Había resultado bastante divertida aquella hora.

Pero como todo lo bueno llega a su inevitable final, ella repentinamente sintió un golpe sobre la mesa. Levantó su tibia mirada para chocar con los gélidos ojos grises que siempre lograban atraparla.
- Será que la señorita "todo lo sé pero quiero saber aún más" ya terminó de estudiar?
Hermione pestañeó dos veces y cerró el libro.
- No realmente, pero seguiré mañana ya que el hecho de tenerte aquí rondando es algo fastidioso para mi concentración.- dijo ella triunfantemente.
Draco trató de hacerse el sordo ante aquello y no ceder ante sus provocaciones. Había ocasiones en las cuales era necesario tener la mente fría e imperturbable; aquella era una de esas.

El rubio se sentó y una sonrisa se dibujó en la comisura de su boca. Ella se creía tan ingeniosa haciendo todo lo que hacía, pues él la iba a bajar de ese pedestal.
- Hiciste todo este teatro para molestarme verdad?- le dijo sin borrar esa sonrisa. De cierta forma le agradaba que se hiciera la importante. Eso cautivaba aún más su interés en ella.
- Yo??- dijo Hermione inocentemente. - Nunca. Ahora, ¿De qué querías hablarme?
Draco rió.
- Dije que teníamos que hablar, eso implica a ambos.
- Yo no tengo nada que decir.- dijo Hermione.
- Eso ya lo veremos.- dijo el rubio levantándose de la silla. - Quiero que quede claro algo entre nosotros Granger, y eso es que no tolero que toquen lo que es mío. Prometo no referirme más despectivamente de los...de tu condición, al menos cuando estés presente. Pero no provoques mi ira, porque te puede ir muy mal.
Hermione lo observaba incrédula.
- Sigues hablando como si tuviéramos algo.
- Lo tenemos.
- Ya no.
- Eso no lo he decidido.- dijo Draco esta vez con una voz firme. Parecía estar imponiéndose. - Te dije que te trataría como una reina, pero si no quieres que te siga tratando así créeme que tengo otros métodos.
Hermione se levantó y se puso frente a él.
- ¿Qué es lo que buscas Malfoy? ¿Por qué tanto empeño en mantenerme a tu lado? ¿Por qué tantos celos hacia Krum?
Ni él mismo sabía las respuestas a esas preguntas.
- Porque tú pareces no comprender que yo hago todo lo que quiera, y cuando quiera. Y he decidido que eres un lindo trofeo en mi vitrina Granger.
Hermione rió sarcásticamente.
- ¿Trofeo? Así que pasé de ser una insignificante sangre sucia a un trofeo. No es un gran avance, pero es algo.- dijo burlándose.
- No juegues conmigo Granger.- le advirtió fijando sus fríos ojos grises en ella y acercándose.
- Lo mismo digo.- dijo ella sin retroceder. Mostrándole así que estaba muy firme en sus convicciones. - Ahora, si soy un trofeo como me llamas, un objeto que se gana pues entonces vas a tener que ganarme Malfoy. Es así de simple, vas a tener que esforzarte si quieres verme en tu "vitrina".

Hermione sabía lo que hacía. Él iba a arrepentise de haberla llamado "trofeo". Ella no era un objeto y odiaba cada vez que el rubio se refería a ella como si fuera de su posesión. Seguía pareciéndole imposible poder derribar aquella barrera fría de sus ojos, ojalá algún día pudiera ver algo distinto al odio o rabia en ellos.

Se volteó para irse, pero el brazo del rubio fue más rápido y la agarró por la cintura, pegándola contra su cuerpo y sintiendo sus labios nuevamente en los suyos. Fue increíble, jamás había sentido lo que sintió en aquel instante; una corriente pareció invadir su cuerpo y una especie de fuego que emanaba de los labios de la castaña logró quemarlo. Pronto sintió que no podía despegarse de ella, tenía que tenerla entre sus brazos. Su lengua penetró la boca de Hermione intensamente mientras que el corazón de la castaña estaba a punto de estallar. Él la pegó más contra él, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. Se aterró al darse cuenta que nunca había deseado a nadie de aquella forma. La necesitaba. Era como una droga de la cual no podía prescindir, incluso sabiendo que iba a terminar destruyéndolo. Gimió entre los labios de la castaña, sintiendo como un alivio al tenerla nuevamente así, junto a él. Fue entonces cuando la cordura de la Gryffindoriana volvió. No hubiera querido separarse nunca de él, pero hacerle las cosas fáciles sabiendo lo engreído que era no estaba en sus planes. El orgullo pudo más.

Hoy se me hizo tarde para actualizar pero aquí estoy al pie del cañón dejandoles unos caps más!!
Me encantó ver cómo ISA, JANE MADISON DOVALE,Y HALLY me dejaron más de un rr... xD Se nota q estan verdaderamente enganchadas con la historia... jeje
THE DARK LADY, KLAUDIA LUPIN Y SARAH KRAMMS, gracias por seguir tan fielmente este ff q la verdad promete mucho.... Como le conte a Shany en el msn el otro dia, falta muuuuuucho para q termine, pero cada vez se va a ir poniendo más interesante y más apasionante, a no flaquear mis lectores!!!
PADME FUMOFFU, es el 1er rr q me dejar y espero q no sea el último... Un abrazo!
Sigue habiendo mucha gente q no se digna a escribirme... Y no es por hacerme de rogar pero de verdad me gustaría q todos opinen...
Hally, aquí tu hada madrina deja para todos unos caps más... jeje Q LOS DISFRUTEN!!! Besos y cuídense (q nunca esta demás...)

27.- Altercados

Hermione tuvo que tomar aire al separarse de él. Aún tenía el sabor de sus labios sobre los de ella. Le costó poder hablar firmemente, pero logró hacerlo.
- No.- dijo ella. - No así.
- Así cómo?- dijo susurrándole mientras hundía su cabeza en el cuello de la castaña.
Ella lo empujó y él volvió a sentir cómo el frío lo invadía.
- Cuando yo lo decida.- dijo la Gryffindoriana fijando sus ojos cálidos en los de él .- Vas a tener que esfrozarte recuerdas?
- ¿Por qué eres tan difícil?!- exclamó molesto. - ¡Maldita sea!
Y con esto salió de la biblioteca furioso. Sin embargo no había dicho que no había aceptado el reto, por lo cual Hermione entendió que lo había logrado.
Hermione regresó a su sala común cuando ya era hora de cenar. No tenía nada de hambre, y sabía que después de haber festejado toda la tarde los Gryffindorianos tampoco la tendrían. Entró a su habitación y entontró una carta sobre su cama. Notó que había dejado la ventana abierta, por lo que perfectamente una lechuza podría haber ingresado por ella. Se sentó y la abrió.

Querida Hermione:
Tuve que irme inmediatamente. No me dieron mucho tiempo y aunque te busqué por Hogwarts no logré encontrarte. Me hubiera gustado despedirme de ti, pero ya ves, las cosas sucedieron de este modo. De cualquier forma, sabes muy bien que nos volveremos a ver. Encontrarte ha sido una de las mejores cosas de mi vida.
Te quiere,
Tu fiel admirador,
Viktor Krum

Hermione apretó la carta contra su pecho y sintió las lágrimas brotar. Él había sido su única compañía desde la pelea con Harry y Ron. Sería injusto hacer a un lado a sus amigas, pero ellas solían meter las narices más de lo que ella deseaba en el asunto, y un ejemplo perfecto era lo que Parvati había hecho.
Se secó las lágrimas y respiró profundamente.
*Fuerza Hermione, fuerza. Todo va a salir bien.* pensó animándose a sí misma.

Harry estaba tumbado boca arriba en su cama. Miraba al techo sin decir absolutamente nada. Ron salió del baño con una toalla alrededor de su cuello. Después de haber derrotado a Seamus había optado por un buen baño caliente; el invierno se estaba asomando y el frío incrementaba cada vez más. El pelirrojo se secó al borde de su cama sin romper el perturbador silencio.
- Notaste que Hermione no estuvo en la fiesta?- dijo con una voz algo seca.
- Sí.- respondió Harry sin dejar de mirar al techo. - Y también noté que no estuvo en la segunda parte del partido.
- Nunca le perdonaré eso.- dijo Ron con rencor en su tono de voz.
Harry no dijo nada. Le había herido tanto el que Hermione no hubiera presenciado su victoria como tantas otras veces que ya simplemente quería olvidarlo. Si en algún momento había creído que las cosas con ella podrían solucionarse, ahora estaba seguro que eso jamás sucedería. Ella estaba muerta para él.
- Noto muy extraña a Ginny.- dijo Ron cortando el tema. - Me parece demasiado extraño que se haya olvidado de lo de Thomas con tanta rapidez.
El solo nombre de la pelirroja logró despertar cada nervio del moreno. Tragó saliva y esperó que aquello no hubiera sido captado por los ojos de su amigo. Lo que menos quería era pelear con Ron; era el único amigo que le quedaba.
- No sé, yo la veo igual.- dijo el moreno casi sin voz.
- No, lo dices porque no la conoces como yo. Pero lo voy a averiguar, algo me dice que está tramando algo.

Pansy gritó del dolor cuando Zabini posó su mano en su hombro derecho. Los ojos centelleantes de Blaise ardieron mientras una sonrisa malévola se formó en su enfermo rostro. Crabbe y Goyle, sentados en los muebles de la sala común, observaban absortos. Spencer permanecía quieto, en una esquina.
- No chilles tanto. No fue tan doloroso.- dijo Jack.
- Sí que lo fue maldito.- dijo Pansy mientras Zabini seguía mirando con una sonrisa el hombro de Pansy.
- Así que por fin, estás marcada.- dijo Blaise mientras una carcajada estallaba de su boca. - Espera que lo sepa Malfoy.
- Qué es lo que tengo que saber?- dijo Draco ingresando a la sala común. Crabbe y Goyle se levantaron de sus asientos inmediatamente ante la imponente presencia del rubio. Zabini le sonrió y se explicó.
- La han iniciado ya. Pansy es mortía.
- Y la jodida marca duele!- dijo la morena mientras se dejaba caer a un sillón.
- El dolor es parte del placer.- dijo Spencer desde la esquina.
Zabini estalló en una nueva carcajada.
- Eres un enfermo, pero tienes razón!- dijo Blaise.
Draco había fijado sus ojos grises en Jack repentinamente, como si hubiera caído en cuenta de algo que era importante.
- Qué pasa Malfoy?- dijo Jack mirándolo. - Te he hecho algo para que me mires de ese modo...?
Su voz era irónica, fastidiosamente desafiante. Draco conocía a los de su calaña y su perfecto lema para ellos: Cria cuervos, y te sacarán los ojos.
- No me has hecho nada.- dijo con voz severa. - Soy yo quien haré que te arrepientas de haber nacido si vuelvo a enterarme que golpeaste a una mujer.
Los ojos de Pansy se levantaron hacia Jack. Zabini había dejado de reir y Crabbe y Goyle parecían no saber qué hacer ante la situación.
- Draco..- dijo Pansy. - Me enteré de eso también, me enfadé con el mal nacido pero; ten en cuenta que tan solo fue una sangre sucia.
- Un maldito cobarde, no es digno de estar en esta casa.- dijo Draco sin dejar de mirar a Spencer. - Eres un Slytherin, recuérdalo.
- Parece que eres tú quien está empezando a olvidarlo Malfoy.- dijo Jack repentinamente, cuando todos habían dado por terminada la conversación. E l silencio inundó el lugar. Nadie, jamás se había atrevido a responderle al rey de Slytherin. Pansy comprendió la gravedad de la situación y decidió interferir ante la rabia que enamaba de los ojos grises de su prometido.
- Subamos, quiero que veas la marca sobre mi piel.
Lo tomó de la mano y ambos subieron por las escaleras. Cuando ya sus pisadas no se escucharon más Zabini explotó.
- Estás demente!? En qué pensabas cuando le respondiste a Malfoy! Quieres morir?!
- No es capaz de golpear a una maldita sangre sucia y crees que será capaz de matarme? Me das risa.- respondió Jack.
- No, tal vez no lo haga: o tal vez sí. Si hay algo que sé de él, es que no sé nada. Es el ser más misterioso que he conocido y eso lo hace peligroso. Sé lo que me conviene, y ser enemigo de Draco Malfoy no está en mis planes. Si tú quieres hundirte y tener en tu contra al rey de Slytherin sabiendo la influencia que su solo nombre tiene en el mundo oscuro, hazlo solo.
Y con esto se fue. Jack se quedó en silencio algunos segundos. Bastardos. Todos eran unos bastardos.
Se volteó para chocar con los ojos de Crabbe y Goyle que lo observaban.
- Qué miran!?- gritó y se fue.

Draco acarició la marca tenebrosa que cubría la delicada piel del hombro de su novia. Ella se quejaba del dolor, y éste se reflejaba en sus ojos negros; mas el orgullo de ser una mortífaga la embargaba completamente. Había superado la prueba exitosamente, y las palabras de Voldemort rondaban aún su cabeza como un manto enigmático y fascinante.
Eres perfecta: fuerte y frívola; ambiciosa y leal. Tu meta ha sido cumplida, y ahora, me perteneces.
Los ojos rojos de Voldemort fue lo último que vio y luego....
- Lo conseguiste.- dijo Draco friamente. - Te lo mereces.
- Lo sé.- dijo ella sin dejar de ver la marca en su hombro. - Es...
- Perfecta....- completó el rubio sin poder dejar de mirar el sello que Voldemort había dejado sobre ella. - Algún día también estará en mi hombro.
Pansy fijó sus ojos negros en los de él.
- Por qué no haces la iniciación de una buena vez? Qué estás esperando?
Draco se quedó en silencio algunos segundos. Una de sus manos recorrió el rostro de Pansy acariciándola como a una mascota.
- Sé paciente.- le dijo. - El poder, es todo lo que ambiciono; y para conseguirlo, esperar es lo más prudente. - sus ojos estaban más fríos que nunca y lograron congelar por unos instantes el corazón de Pansy. - Cuando llegue a la cima, tú estarás conmigo...eres la indicada.
- Siempre lo he sido.
- Y lo seguirás siendo.- dijo Draco como convenciéndose. - Ahora, necesito que me dejes solo.
Pansy se levantó obedeciendo y sus ojos se fijaron en el grueso armario que su novio cerraba con un hechizo desde años atrás.
- Eres indescifrable Draco.- dijo sin quitar los ojos del closet. - A veces quisiera conocer aunque sea un poco de todo lo que ocultas.
Con éstas últimas palabras abandonó la habitación. La noche estaba fría, pero el rubio se familiarizaba con aquel ambiente. Miró el reloj y se colocó la túnica.
Era hora de volver al pasado.

Hermione entró a la biblioteca y notó inmediatamente que Draco no se encontraba. Caminó a lo largo de ésta y llegó hasta la sección prohibida.
William leía un libro bastante interesante sobre la Guerra de la Sangre. Los ojos de Hermione brillaron cuando logró ver el título.
- Lo he buscado por todas partes!!- dijo ella caminando hacia él. Entonces William ocultó el libro tras de sí.
- Tú verás esta guerra con tus propios ojos..¿para qué quieres leerla cuando la vivirás? No seas anticipada.- dijo él mientras le negaba rotundamente el libro.
Hermione se quedó quieta mientras se cruzaba de brazos. No estaba aún resignada, mas tenía otro asunto en mente.
- Quién es Damona?- dijo ella al William.
- Qué?
- Damona. Los vampiros la mencionaron esa vez. No suelo dejar pasar cosas tan importantes como esas.
William sonrió.
- Cada vez me recuerdas más a Isabella lo sabías? Ha! Pues bien...se supone que eso lo debes averiguar tú sola no?? Yo no sé más de lo que tú.
- Eso no es cierto.- dijo Hermione audazmente. - Sé muy bien que sabes mucho más de lo que dices, conoces cada movimiento...TODO. Y sin embargo, te empeñas en hacernos esto más difícil.
William rió y Hermione creyó enamorarse por unos instantes de aquella risa infantil, inocente. Defintivamente él era alguien especial.
- Hermione, tienes razón. Sé muchas cosas. Pero si las expreso, no sería lo mismo no crees? Prefiero que pienses...que saques conclusiones.
- Ya he sacado las mías por supuesto.
- Dímelas.- dijo él emocionado.
- Damona debe ser alguien importante para ellos, por eso Zulema dijo que debían apresurarse o ella moriría. Sé que Lilith tiene que ver con ello, la necesitan seguramente, para sacar a Damona de la muerte; conociendo los poderes de Lilith, todo esto tiene una lógica.
- Perfecto!- dijo William aplaudiendo.
- Me perdí de algo?- dijo Draco arrimado en el marco de la puerta y con ambas manos sumergidas en los bolsillos de sus pantalones.
Hermione se volteó para chocar con aquella fría mirada. Sus ojos marrones brillaron con tan solo verlo. El Slytherin no cortó el contacto visual; adoraba aquellos ojos llenos de vida, puros y valientes. Eran tan distintos a los de cualquier chica que el jamás hubiese tenido entre sus brazos. Los de ella eran cálidos, apasionados.
Lo que le había dicho a Pansy era verdad, ella era la indicada para él. Sangre pura, bella y obediente. Y sin embargo, lo único que hacía últimamente era pensar en Hermione. Su cabello, sus ojos, sus labios; hasta su voz lograba cautivarlo. Era extraña y obsesiva la necesidad que sentía de tenerla entre sus brazos. Ahí mismo, en aquel preciso instante tuvo que contenerse para no tomarla y hacerla suya.
La voz de la castaña lo sacó de sus pensamientos.
- Solo discutíamos una situación que me pareció interesante.- dijo ella volviendo a mirar a William mientras éste sonrería.
- Bueno, bueno. Ha sido bastante divertido hablar contigo Hermione. Pero me temo, que es hora de que ambos regresen y comprueben con sus propios ojos qué tan ciertas con esas suposiciones.
Con un ademán los invitó a acercarse al libro.
Pronto desaparecieron.

Se encontraban en un gran salón. Mucha gente bailaba y hablaba con copas de champagne en sus manos. La decoración era soberbia y elegante. Todos vestían adecuadamente mientras que una pequeña orquesta tocaba una sinfonía particularmente bella. En una mesa, una gran torta blanca les hizo percatarse de dónde se encontraban.
- Debe ser la fiesta después de la boda.- dijo Draco.
- Mira! Allí está Isabella!
Hermione corrió abriéndose paso entre las personas que bailaban en la pista y Draco la siguió. Pronto pararon en la esquina donde ella se encontraba.
- Pobre.- dijo la Gryffindoriana viendo a su antepasado. Su mirada era triste, y parecía sumida en sus pensamientos.

Isabella no estaba bien. No entendía cómo su vida se había transformado en un infierno de un día para el otro ¿Qué había hecho para merecer todo aquello? El sí acepto que había salido de su boca en la iglesia había sellado y hecho verídico el documento que la mantendría unida a un hombre que amaba a su hermana por el resto de su vida ¿Dónde se habían ido sus sueños? ¿Dónde estaban?
- Estás bien?- dijo Andrés acercándose. - Detestaría ver a mi cuñada mal en un día tan importante!
- Si, es la emoción.- mintió Isabella.
Andrés rió.
- Lo comprendo, Carmen está saludando a algunos invitados y también está nerviosa. Eso la hace mucho más bella.- dijo mientras sus ojos brillaban con tan solo pensar en la susodicha.
En ese instante una voz fría se unió a la conversación.
- ¿Entreteniendo a mi esposa Buchamp? - dijo Xavier sin siquiera esconder el rencor en su tono de voz. - Deberías estar más pendiente de la tuya, no crees?
- Tienes razón!- dijo Andrés sonriendo amablemente. - Pues bien bella dama, te dejo en buenas manos.
Andrés se alejó e Isabella dio media vuelta para alejarse, mas Xavier la tomó por la cintura y la obligó a volver, pegándola contra él.
- Vas a sentarte, y a quedarte tranquila toda la fiesta. Tengo cosas qué hacer.- le dijo él en casi un susurro.
- Vete al infierno.- le dijo Isabella en voz muy baja también y desafiándolo. - Yo hago lo que se me de la gana.
Xavier apretó más la cintura de la castaña.
- Ahora eres mi esposa, y harás lo que yo te diga.- le dijo mientras en sus ojos grises el rencor se acumulaba cada vez más.
- ¿Disfrutas de todo esto verdad? Quieres vengarte inútilmente de mi hermana y para eso me usas!
Xavier puso su dedo sobre la boca rosa de Isabella haciendo que se callara.
- No hables. Ni siquiera eso harás de ahora en adelante sin mi permiso. Voy a destruir a tu hermana...y si para ello tengo que hacerlo contigo, entoces vale la pena.
- Yo no tengo la culpa de las tonterías que hizo Carmen!
- Eres igual que ella.- dijo Xavier enfadándose. - Lo sé, eres una mentirosa e igual de promiscua que tu hermana.
- No soy como ella!
Xavier la soltó en cuanto William se acercó.
- Xavier déjala, esa no es forma de tratar a nadie.
El rubio fijó sus ojos grises nuevamente en Isabella.
- Hablamos luego.- dijo y con esto se perdió entre la multitud.
Isabella pareció sentir un alivio al estar lejos de Xavier. William se quedó en silencio unos instantes.
- Lo siento.- dijo William. - Él no es tan malo como parece. Es solo que su vida ha sido muy difícil..y lo que hizo tu hermana..
- No trates de justificarlo.- dijo Isabella. - Es un monstruo.
- Mi nombre es William de Castilla.
- Mucho gusto.- dijo Isabella amablemente.

- Ese imbécil de Xavier!- dijo Hermione. - Todo es culpa de Carmen.
- Como sea.- dijo Draco. - Mejor seguimos a Xavier no te parece?
Ambos nuevamente esquivaron invitados y vieron a lo lejos cómo Xavier entraba por una puerta. Draco y Hemione corrieron hacia ella e ingresaron antes de que ésta se cerrara.
- Tom viene hacia acá.- dijo un hombre a quien reconocieron inmediatamente como Zabini.

- Es Zabini!- dijo Hermione. - ¿Será otro de los inflitrados de Xavier?
- Parece que sí.- dijo Draco prestando especial atención a la conversación que man tenían.

- Eso ya lo sé.- dijo Xavier. - Tom no es fácil de atrapar, sabía que escaparía de los Gitanos fácilmente.
- Los vampiros llegan cada segundo. La ciudad está infestada en estos momentos de ellos.
- ¿Qué es lo que quieren?
- Según buenas fuentes, quieren unirse a los Gohts para la guerra.
Xavier golpeó la pared con fuerza.
- Malditos.- dijo. - Son un ejército. Los Gohts son fáciles de eliminar, pero ellos unidos a los vampiros será imposible!
- Van a conquistar la ciudad, y pronto, el mundo mágico. Seremos esclavos de razas infierores.
- Cállate!- dijo Xavier. - No sucederá. Hay que buscar el punto débil de los vampiros..debe ser así. Todos tenemos un punto débil y ellos tienen que tenerlo también.
- Ellos son inmortales. La muerte definitivamente no es su punto débil.
- Y sin embargo con una estaca de madera los transformamos en cenizas.- dijo Xavier. - Eso corrobora que todos tenemos un punto débil. Debemos encontrar el de ellos antes de que sea demasiado tarde.
Zabini estaba vestido como Tom. Todo completamente de negro, su túnica, sus botas; todo. Sacó una pipa y comenzó a fumar.
- Estás algo tenso. No se supone que estés así el día de tu boda Pirandello.- dijo él irónicamente.
- Eso no te importa.- dijo Xavier mientras abría la puerta para volver al salón. - Si tienes más noticias, me las haces saber.
Con esto último salió, y Draco y Hermione lo siguieron. Ambos notaron que los ojos grises del recién casado buscaban algo entre la multitud. Pararon fijos cuando encontró a Isabella, y una sonrisa se dibujó en la comisura de su boca cuando notó que Carmen se acercaba a ella.
- Ven!- dijo Hermione tomando la mano del Slytherin y corriendo hacia ellas. Llegaron a tiempo para escuchar la conversación.

- ¿Dónde está Xavier?- le preguntó Carmen a su hermana. Isabella no cabía de indignación.
- Carmen estás casada! Olvídate de él! - dijo Isabella espantada de la falta de escrúpulos de su hermana.
Carmen rió.
- Tú debes estar loca hermanita. Jamás podría olvidarme de Xavier. Es perfecto en todos los sentidos. Andrés no es ni la sombra. - dijo mientras sus ojos verdes brillaban. - Si crees que porque te casaste con él, ambos dejaremos de vernos estás loca. Ahora está enfadado, pero hasta el hecho de haberse casado contigo fue para mantenerme cerca. Cuando se le pase, él volverá a mí.
- Pretendes que sean amantes?!- dijo Isabella incrédula. - Eres de lo peor ¿Y tú crees que yo voy a permitir eso?
- No veo cómo puedas impedirlo.- dijo Carmen riendo. - Por Merlín! Mírate! Y mírame...notas la gran diferencia? Eres insignificante. Insípida. Jamás podrás hacer que Xavier se aleje de mí.
- No quiero tener nada con Xavier créeme. Y no necesito de eso para impedir que sigas ensuciando el apellido de papá. Si para algo va a servir esta farsa de matrimonio va a ser para separarte de él!
Carmen iba a responderle a su hermana cuando Xavier se acercó y besó a Isabella en la mejilla mientras tomaba su mano. Luego fijó sus ojos en Carmen.
- Espero que no te importe que me lleve a tu hermana.
Xavier caminó lejos de allí con Isabella y la llevó a la pista de baile. La tomó de la cintura y la pegó contra su cuerpo. Todos notaron que los novios habían comenzado a bailar y comentaban sonriendo la linda pareja que hacían. Por supuesto, estaban muy lejos de suponer la realidad.
Isabella miraba hacia un lado incómoda. Xavier había fijado sus ojos en ella, penetrando como navajas su alma.
- Qué te dijo ella?- preguntó el rubio.
- Nada.- dijo Isabella cortante.
- Mírame cuando te hablo.
- No quiero.
Era más difícil de lo que él había creído iba a ser. Se trataba de todo un caso. Aún la recordaba defendiendo a los habitantes de la aldea, con una navaja en sus manos cuando la quisieron tocar sus guardias. Y la imagen de ella bañándose en el río aún permanecía vívida en su mente ¿Quién era ella realmente? No la conocía y definitivamente era un enigma indescifrable. Cuando aparentaba ser una más del montón era fuerte, decidida, hasta algo salvaje; y ahí, enfrente de la sociedad era una dama educada, con clase y silenciosa ¿Cuál de esas dos personalidades realmente pertenecían a Isabella Shawn?
- Tu impertinencia me está comenzando a fastidar.- dijo Xavier repentinamente.
Isabella volteó su cabeza quedando por fin su rostro frente al de él. Sus narices se rozaban mientras que sus ojos marrones lo miraban fijamente.
- No me importa.- repondió ella.
- No me conoces. No sabes de lo que soy capaz de hacer.- dijo casi en un susurro. Sus ojos grises fríos le hicieron entender que no bromeaba.
- Tú tampoco.

PERDON POR HABER SUBIDO SOLO UNO AYER!! Pero se me hizo tardísimo y las letritas empezaban a bailar en el ordenador del sueño q tenía... jeje

28.- Un par de verdades.

Aquella respuesta impactó a Xavier. Ninguna mujer lo había desafiado de tal forma antes. Esas dos simples palabras lograron que notara que Isabella era extremadamente diferente. Debía de haberlo supuesto; las mujeres de la familia Shawn eran una en un millón...
*..de putas...* pensó observando a Carmen que hablaba animadamente con Andrés.

Draco tomó a Hermione de la cintura repentinamente pegándola contra sí. La castaña no comprendió lo que sucedía y miró extrañada al Slytherin.
- Qué haces?- preguntó ella.
- No sé, me dieron ganas de bailar.- dijo el rubio mientras comenzaba a dar vueltas con Hermione por toda la pista. La Gryffindoriana reía sin parar al ver la ridiculez que estaba haciendo el Slytherin.
Draco sonreía al verla reir mientras seguía dando vueltas y vueltas con ella alrededor del lugar tras la música instrumental. Tan solo había sentido el impulso de hacerlo, y sabía que aquello iba a divertir a Hermione. Era bastante cómico lo que ambos hacían, por lo que dejar de reir se le hizo casi imposible a la Gryffindoriana.
- No más!- dijo ella sonriendo y deteniéndolo. - Tenemos que estar atentos a los que dicen..
- Lo sé.- dijo mientras se acercaba a la boca de la castaña. Pero tan solo logró rozarla, pues ella se alejó aún con una sonrisa en sus labios.
- No. Aún no te lo has ganado.- dijo ella astutamente.

La tierra comenzó a temblar. Draco tomó la mano de la castaña y pronto cayeron entre árboles y tierra.
- ah!- dijo Hermione levantándose rápidamente. - Mira...allí están.
Draco observó a Tamara y a Tom quienes caminaban siguiendo su viaje hacia sus respectivos destinos. Repentinamente, la pelirroja se detuvo. Tom volteó y la miró extrañado.
- Qué te pasa? tenemos que seguir.
- No. Verás, ya no me eres útil. Gracias por todo pero aquí me quedo. Sé cómo llegar hacia donde necesito ir.
- Como quieras.- dijo Tom dispuesto a seguir su camino, pero entonces sintió como si no pudiera moverse. Cayó al suelo sin entender por qué razón ya no tenía control de su cuerpo. Tamara se acercó a él.
- Lo siento mucho ¿Recuerdas las frutas que comimos en el camino? Les puse algo especial a las tuyas. No es nada grave solo estarás inmóvil por una media hora, después el efecto se irá.- dijo ella mientras revisaba los bolsillos del moreno y sacaba papeles y todo lo que había dentro de ellos. - Me llevaré esto. Pude haberme ido y dejarte ir, pero soy una investigadora, y el hecho de que tú lo seas también no significa que no deba investigarte. Todos tenemos secretos y hay algo en ti que me huele a escondido, comprendes?

- Qué divertida se me hace esta situación.- dijo Draco. - Puedo imaginar que no se trata de su antepasado sino de Potter.
- No es divertido.- dijo Hermione.
- Ya no es tu amigo, por qué lo defiendes?
- No lo entenderías Malfoy, hasta tú mismo me lo dijiste una vez recuerdas? No sientes como los demás.

Tamara se levantó y guardó los papeles en su blusa. Sus ojos chocolate se fijaron por última vez en los verdes del chico.
- Au revoir!- dijo la pelirroja mientras se iba rápidamente del lugar.

La tierra volvió a temblar. Esta vez Hermione creyó que el cielo estaba cayendo sobre ellos. Draco la tomó nuevamente de la mano firmemente mientras caían en la sala de la mansión Pirandello.
- Qué hacemos aquí?- dijo Draco. - Terminó ya la fiesta?
- Creo que sí.- dijo Hermione.

La puerta se abrió dejando entrar a Isabella seguida por Xavier. La castaña observó lo que de ahora en adelante sería su nuevo hogar. La mansión tenía que ser inmensa, y se notaba tan solo por el gran recibidor que tenía. Unas grandes y amplicas escaleras con gárgolas le decían que el segundo piso iba a ser mucho más grande que el primero. Sus ojos marrones dejaron de inspeccionar el lugar y se fijaron en Xavier, quien desataba el corbatín que ya casi no lo dejaba respirar.
- Cuál va a ser mí habitación?- preguntó Isabella.
Xavier rió ante aquel comentario y sirvió del bar un poco de coñac en una copa de cristal.
- Tú habitación? Querrás decir...nuestra habitación.- le corrigió él. Ahora le iba a ahcer sufrir; pagaría el haberlo desafiado anteriormente.
Isabella abrió los ojos como platos.
- No pienso dormir en el mismo cuarto contigo!- dijo ella decidida.
- No solo dormirás en el mismo cuarto engreída, también en la misma cama ¿Qué no se supone que te enseñaron éstas cosas anteriormente?- dijo él burlándose de la situación.
Isabella no podía creer lo que el estaba diciendo.
- No dormiré contigo! Me oíste?! Suficiente hice con casarme y mantener esta farsa como para humillarme de tal forma!
- Humillarte? Quién dijo que quiero humillarte?- dijo Xavier. - Tan solo exijo lo que es normal cuando dos personas se casan ¿O tampoco te enseñaron lo que sucede después del matrimonio? ¿Aún crees que la cigüeña trae a los bebés?
Isabella ignoró aquel comentario. Estaba ya demasiado nerviosa y su cabeza no pensaba correctamente.
- Digo que es humillante porque tú no me quieres! Estás obsecionado con mi hermana y crees que es divertido vengarte usándome! Eso no va a suceder! Ya tienes lo que querías! Estoy casada contigo pero tú no me pondrás un dedo encima!
Xavier dejó la copa en el bar y caminó peligrosamente hacia ella.
- Y quién me va a impedir que te toque.. ¿Tú? Ya eres mía legalmente. Me perteneces. Y haré contigo lo que quiera mientras decido qué hacer con la perra de tu hermana.
Isabella corrió y tomó una espada de esgrima que había en la esquina del recibidor con la cual amenazó a Xavier. El rubio quedó parado donde estaba, sin moverse ni un centímetro más. No había pensado obligarla a estar con él, de hecho, ni siquiera tenía interés en acostarse con ella. Tan solo le había parecido divertido provocarla, y darle un vuelco al juego que ella pretendía mantener con él. Jamás se había esperado aquella rápida reacción que le recordó a la Isabella de la aldea.
La mano de la castaña estaba firme mientras sostenía la espada. Sus ojos marrones brillantes lo observaban atentamente.
- Si me tocas, soy capaz de matarte.- dijo Isabella suavemente, mas algo en sus ojos le dijo que no jugaba. - Así que ya que dentro de ésta casa no tenemos que guardar apariencias vamos a poner ciertas reglas para una convivencia civilizada.. ¿Te parece?
Xavier rió. Era bastante cómico que ella hablara de convivencia civilizada con una espada en sus manos y amenazándolo.
- Por qué no empezamos por bajar la espada? Eso haría algo más civilizada la conversación no te parece?
Isabella no la bajó.
- Aléjate de mí primero.
Xavier retrocedió hasta volver a la esquina en donde se encontraba. Isabella bajó la espada.
- Las reglas aquí las pongo yo, y tú tendrás que someterte a ellas sino quieres que te obligue a aceptarlas.- dijo el rubio comenzando a hartarse de ella.
- Te equivocas. Yo no voy a hacer nada de lo que me digas al menos que tenga ciertas libertades dentro de ésta cárcel.
- ¿Cárcel? Vivirás en una mansión con todos los lujos. Aún mucho mejor que en la que vivías.
- Es una maldita jaula!- dijo Isabella. - Mi casa también lo era! Y no me importa que la decores con oro sigue siendo un jaula y me asfixia!
- Y para no asfixiarte supongo que querras salir por allí y nadar desnuda por ríos o defender gente de las aldeas no? Por lo menos tu hermana escogía bien con quien se acostaba. No quiero ni saber con qué clase de hombres te has relacionado.
Isabella no podía creerlo ¿De verdad él pensaba que si ella salía era por puro libertinaje? ¿Creía que ella era una promiscua? Ya no importaba, nada de lo que dijera lograría hacerlo entender. Él la veía como el reflejo de su hermana Carmen.
- Piensa lo que quieras.- dijo Isabella. - Pero no dejaré mis actividades.
Xavier rió.
- Tú no saldrás de esta casa sin mi permiso. La mansión está rodeada de guardias y si me matas irás a una verdadera cárcel. Veo que tu peor temor es que te quiten tu libertad no es así?
No pudo haber dado más en el clavo. Isabella tenía terror a aquello.
- Si no me dejas salir no haré nada de lo que me pidas!- dijo ella desesperada.
- No me interesa! Peor para ti! Te quedarás en esta casa todos los días de tu vida si no te comportas bien! Queda en tus manos Isabella: o haces lo que digo, y podría darte algunas libertades si eso es lo que tanto quieres, o no obedeces y te trataré peor que a un rehén. Tú decides.

- No es justo!!- dijo Hermione. - Isabella no tiene salida!! Esto apesta!
Draco no dijo nada. Sabía que tal vez él en la situación que vivía Xavier, hubiera hecho exactamente lo mismo.

Isabella se había callado. Xavier sonrió victorioso. Ella, solamente ella iba a ser el arma letal que arruinaría a Carmen. Después....después ya nada importaba.
- Sígueme. Te daré una habitación- dijo Xavier mientras subía las escaleras.

Hermione y Draco se dispusieron a seguirlos pero una ráfaga de viento logró tragarlos y pronto cayeron en la sección prohibida.

- Vi que se divirtieron bastante en la fiesta de bodas no??- dijo William sonriendo. Hermione se sonrojó y Draco esbozó una media sonrisa.
- Bueno, ya es tarde. No vemos mañana Will.- dijo Hermione mientras salía de la sección prohibida. Draco salió detrás de ella.

El Slytherin tomó rápidamente un libro de la repisa y corrió alcanzando a la castaña.
- Toma.- le dijo dándole el libro. - Léelo, te gustará.
Hermione pestañeó dos veces y miró la portada de éste. Era exactamente la clase de lectura que le fascinaba. Fijó sus ojos marrones en él algo sorprendida. Los ojos grises de rubio parecían esperar alguna respuesta. Seguían fríos, distantes, y misteriosos. Otra vez se vio sumida en el enigmático mundo del Slytherin. Sus reacciones eran tan inesperadas, y sus actos siempre con un motivo detrás motivándolo; en éste caso, el de volver a hacer su amante a Hermione.
- Cómo sabes que me gustan ésta clase de libros?- preguntó.
- Soy observador.- dijo el rubio si apartar su mirada de ella. - Te he visto escogiendo los libros que quieres leer y casi todos tratan de lo mismo. En realidad no comprendo tu obseción por los conflictos sociales en el mundo; a mí me aburren bastante.
Hermione rió sarcásticamente.
- Por supuesto que te aburren. Eres un racista y elitista Malfoy, ni siquiera comprendo por qué aún despreciando a los magos y brujas de sangre sucia quieres que sea tu amante.
Las palabras de la Gryffindoriana no fueron agresivas no en forma de reproche, mas bien lo dijo en un tono bastante sutil mientras sus ojos marrones brillaban fijos en los de él, tratando de romper esa barrera de hielo que no la dejaba dislumbrar nada claramente. Draco se acercó a ella y retiró de su frente un mechón de cabello castaño que colgaba maravillosamente de su rostro. Al hacerlo, ella retrocedió unos milímetros sintiéndo como la mano del Slytherin acariciaba su piel al colocarlo detrás de su oreja.
- Tienes razón, desprecio a los sangre sucia.- dijo sin dejar de mirarla. - Pero a ti no.

La sangre de Hermione pareció congelarse durante algunos segundos pero no lo dejó notar, aunque en su mirada, tibia y transparente, todo era claro para aquellos ojos grises.
- Pues supongo que piensas que debo sentime muy halagada por que soy la escepción en tu lista de gente inferior no?- dijo ella suavemente. Aún recuperándose de las repentinas palabras del rubio. - La pureza de la sangre no mide la capacidad de un buen mago o bruja, es ignorante y cerrado de tu parte creer..
Pero entonces el Slytherin se acercó más a ella quedando casi ningún espacio entre sus cuerpos y tapó su boca obligándola a no seguir. Lentamente quitó la mano de sus labios rosa y sus ojos grises recorrieron éstos deseando tenerlos entre los suyos. Su mirada subió hasta los ojos marrones de Hermione, quien estaba casi sin aliento por la cercanía del chico.
- No quiero sermones.- dijo casi en un susurro. - Odio a todo lo que me rodea menos a ti.
Era imposible que las palabras dichas no tuvieran efecto en Hermione. Era demasiado. Muchas cosas pasaron por su mente en aquel instante y no fue capaz de agarrar ni una sola idea. Sus ojos marrones seguían cautivos en los de él. Quería moverse, decir algo, pero no podía. Las palabras no bortaban de sus labios y su cuerpo había dejado de obedecerle. Por un instante logró captar la gran cantidad de resentimiento que el Slytherin guardaba hacia el mundo. Era odio en su máximo esplendor, y vivía cómodamente dentro de él, alimentando a un ser frío e implacable. Y sin embargo, había cierta esperanza. Si era cierto lo que de sus labios había salido hacia ella, entonces tal vez su corazón no estuviera tan duro como ella creía. Hermione no sabía mucho de la vida de Draco, pero por lo poco que conocía entendía que él era así por las duras enseñanzas de su padre y por la vida misma. Odio todo lo que me rodea menos a ti Esas fueron sus palabras que aún resonaban en su cabeza.

29.- Debilidades

Draco disfrutaba del calor que despedía toda ella. Era como fuego entre sus brazos y sentía cómo el frío que lo envolvía comenzaba a desaparecer. No había mentido en sus palabras. Odiaba todo y a todos, pero a ella no; o tal vez sí, por haberse convertido en alguien tan imprescindible dentro de su vida ¿Qué era lo que la diferenciaba de todas las demás? No podía entenderlo. Lo ella lograba despertar en él eran sensaciones fantásticas que jamás había experimentado con ninguna otra. Estaba casi seguro de que se trataba del conocimiento de que ella en verdad le pertenecía. Sí, tenía que ser eso. Todavía podía sentir la suavidad de su piel en sus dedos; el fresco aroma que desprendía su cuerpo mientras la hacía suya. Él había sido el primer hombre en besar aquellos labios vírgenes, y quería ser el último también.

Draco acercó sus labios mas ella los rechazó. Aún no, y ella sabía que no era tiempo.
- Solo un beso..- susurró el rubio buscando nuevamente sus labios mas ella se separó de él y huyó antes de que fuera demasiado tarde y cediera.

Las palabras de el Slytherin rondaron su cabeza hasta llegar a su sala común.

Aquella mañana el frio cedió dando paso a un sol que brilló en todo su esplendor. Mientras todos desayunaban Ginny continuó con su plan de alterar a Harry mientras Parvati la animaba para que continuara. Al terminar de comer. La pelirroja salió del gran comedor al igual que todos y caminando por los pasillos sintió como una mano la tomó del brazo y la obligó a voltear.
Sus ojos chocolate se chocaron con unos verdes.
- Ya no lo voy a soportar más.- dijo Harry furioso. - O terminas este maldito juego, o le diré a Ron todo lo que has estado haciendo últimamente.
- Y yo le diré que es una mentira y que eres tú quien ha estado acosándome. Conoces a Ron, los celos de hermano lo cegarán y me creerá a mí. - dijo Ginny.
Harry no podía creer hasta qué punto podía llegar la pelirroja.
- Ni siquiera sé por qué haces todo esto! No es algo que vendría de ti!
- No me conoces.
- Te equivocas, te conozco perfectamente y por eso mismo es que sé que todo esto es solo una maldita máscara de mujer vengativa que no pega contigo para nada! Tú sigues siendo la misma niña inocente que no mata ni una sola mosca.
- Es mentira! - gritó la pelirroja y entonces Harry la pegó contra la pared y rozó sus labios con los de ella. Olían a cereza.
Ginny se congeló y no pudo ni mover un solo músculo. Su respiración se volvió agitada mientras los ojos verdes del chico la recorrían. Una sonrisa victoriosa se dibujó en el rsotro del Gryffindor.
- Ves? Finges ser fuerte y toda una experta pero solo necesito acercarme un poco a ti para que te acobardes y vuelvas a ser la misma inocente pelirroja de siempre.
Ginny no podía soportarlo más. Tenía que ser fuerte, no podía dejarse ganar por él. Si Harry se iba en ese preciso instante él había ganado el juego. No podía permitírselo.
*Ginny sé fuerte, se fuerte!* se dijo a sí misma.
Antes de que el buscador de Gryffindor pudiera reaccionar la pelirroja se había colgado de su cuello y unido sus labios contra los de él. Harry quiso parar, pero al sentir el cuerpo de la chica pegado contra al suyo lo único que pudo hacer fue rodear la cintura de Ginny con sus fuertes brazos y apretarla aún más. Él quería a la pelirroja, y lo había descubierto hace algún tiempo atrás. Sin embargo, trató de quitar ese pensamiento de su mente ya que se trataba de la hermana menor de su mejor amigo. Aquello le había resultado imposible con el juego que ella había iniciado, provocándolo todo el tiempo, y seguramente ella creía que lo único que él sentía hacia ella en esos precisos instantes era deseo y nada más; pero aquello no era cierto. Su lengua penetró la boca de la pelirroja sacando en ambos gemidos. La cordura regresó al moreno y se separó de ella inmediatamente mientras ella tomaba aliento y sonreía.
- Qué fue lo que dijiste?- dijo ella victoriosa.
- Nada.
Y con esto se fue lo más rápidamente y Ginny se sintió terrible.

Ron salió del castillo y caminó por los campos de Hogwarts. Algunas chicas de quinto lo miraron y hablaron entre ellas sonriendo y arreglándose el cabello para llamar su atencion. En cualquier otro momento él se hubiera acercado y entablado una conversación con ellas, pero ahora no era un buen momento. Su mirada buscaba entre los campos a alguien en especial. Había tomado la resolución de averiguar lo que le estaba sucediendo a Ginny y mejor si lo conseguía lo más pronto posible.
Para su desgracia, su pequeña hermanita no tenía mcuhas amistades. En su curso no se llevaba íntimamente con nadie. Sus amistades eran Lavander (con la cual no hablaba mucho), Hermione (con la cual él no hablaría jamás), Parvati (una insufrible que no le diría nada) y Luna...., a quien buscaba en esos precisos instantes.
Ella resultaba ser ideal. Estaba en 6to curso con Ginny, en distintas casas, pero varias materias las cursaban juntas. En realidad no sabía mucho de Looney Lovegood. Las pocas veces que había cruzado palabras con ella era bastante retraída. Algunas veces, cuando charlaba con chicas de su mismo curso, ellas se habían referido a ella como rara y loca. No estaba tan seguro de aquellas afirmaciones, pero siendo amiga de Ginny cualquier cosa podría esperarse.
Fue entonces cuando sus ojos se detuvieron ante la figura de una chica sentada bajo un árbol. El tiempo pareció detenerse de repente. Los rayos de luz que lograban penetrar las ramas del grueso roble que la cubría caían sobre ella, haciéndola ver inconfundiblemente angelical. Su cabello era rubio y largo, cubriendo esa piel que él solo había visto una vez en una muñeca de porcelana que su madre había adquirido en una subasta. Sus manos, finas y delicadas, cambiaban la página del grueso libro que descansaba sobre sus piernas cubiertas por una larga falda que pasaba sus rodillas. Por un momento creyó estar presenciando algo irreal, una visión. Un ángel caído del cielo, un ser celestial; eso era lo que despertaba ante sus ojos, la imagen de un ser inmortal y fuera de aquel mundo terrenal.

Luna leía atentamente el libro que tenía sobre sus piernas. Ya había acabado el volúmen uno y ahora se deleitaba con el dos. Una historia caballerística bastante interesante. Sus labios le ardían por el repentino cambio de clima que se había dado aquel día. Estaba casi segura que mañana llovería o haría un frío escalofriante. Sus ojos celestes se fijaron en el pelirrojo que se recostó frente a ella en el fresco césped.
Ron sonrió antes de hablar.
- Hola, leyendo después de clases? Me recuerdas a Hermione.
Luna sonrió y Ron notó que su belleza era aún mayor cuando se la veía de cerca. Sus mejillas eran rosas y sus labios rojos, haciendo contraste con aquella piel blanca y tersa. Sus ojos celestes eran claros, puros y brillantes. Parecía perfecta.
- Me gusta leer. Además, no tengo muchas cosas que hacer después de clases.- dijo Luna.
En realidad a la rubia se le hacía bastante extraño el que el pelirrojo le estuviera hablando. Algunas veces había intercambiado palabras con él, pero nada del otro mundo. Lo único que sabía de él era que era el hermano de una de sus mejores amigas y que la mayoría de las de su curso se morían por él.
- Entonces tendré que enseñarte a divertirte un poco.- dijo Ron aún sonriéndole. Era tan tierna en todos los sentidos. Sus gestos, su voz.... - Por lo pronto permitiré que leas.
Luna sonrió pero pronto sus ojos se fijaron a la orilla del lago. El pelirrojo volteó tratando de ver qué era aquello que cautivaba su atención. La rubia se levantó y corrió hacia la orilla.
- Espera!- dijo Ron levantándose.
Cuando la alcanzó vio cómo arrancaba un diente de león de entre algunas plantas que crecían cerca. Lo acarició con sus delicadas manos y al Gryffindor le pareció nuevamente que se encontraba junto a alguien superior.
Luna lo miró y comprendió que era algo extraño lo que había hecho. Decidió explicarse.
- Mamá solía regalarme dientes de león cuando vivía. Casi nunca logro verlos y menos ahora que viene el invierno. Es un milagro que este haya sobrevivido.
- Ahora que lo arrancaste ya no.- dijo Ron y Luna rió. Tomó el diente de león de las manos de la chica y se lo acercó a la nariz haciéndole cosquillas. Ella retrocedió y estornudó.
- No hagas eso!- dijo riendo. - Soy alérgica.
- Entonces deja eso!- dijo Ron arrebatándole el diente de león. - Estás loca o qué?
- Eso dicen.- dijo inocentemente Luna. - Soy alérgica a ellas desde que mamá murió, papá dice que se trata de un trauma.
El reloj del colegio sonó y la Ravenclaw corrió a tomar sus cosas.
- Lo siento debo irme.- dijo y corriendo se adentró al castillo.
Ron se quedó viéndola hasta que se perdió entre la multitud. Su cabello dorado había ingresado a Hogwarts dando destellos de luz. Fue después, cuando recuperó el sentido, que notó que no había preguntado nada de lo que venía a preguntar.

Hermione se había instalado justamente después de las clases en la biblioteca. Durante el camino se había cruzado con Harry, mas sus ojos simplemente evadieron los verdes de él y siguió su camino. Le dolía el que su amistad se hubiera roto con tanta facilidad después de tantos años compartidos, pero lo que más le afectaba era el hecho de notar que la reclación con ellos se había deteriorado hasta tal punto en que se sentía igual de sola que cuando aún eran amigos. Parecía que la única compañía que siempre tendría era a sí misma; y eso no era muy tranquilizador.
Unos instantes después vio a Ron entrar a la biblioteca, sus ojos chocaron velozmente con los de él, pero no duró más que unos segundos. El pelirrojo siguió su camino hacia una estantería y tomó algún libro que seguramente le iba a ser útil para los exámenes y salió. Ella suspiró y siguió su lectura. Cuando leía el mundo entero desvanecía, no habían problemas y angustias; lograba sentirse otra persona completamente diferente a ella y eso le agradaba. Respiró profundamente cuando, inconscientemente, o tal vez porque sus sentidos le advirtieron que estaba siendo observada, levantó la mirada y vio al otro lado de la biblioteca a Draco. Sus ojos grises fijos en ella desde hacía ya mucho tiempo antes de que se hubiera percatado. Estaba con algunos Slytherins en la gran mesa que se preparaban para los exámenes. Mientras estudiaban, comentaban que ya más del 50% de los pertenecientes a la casa de las serpientes ya eran mortíos. Draco sabía que tenían razón; Zabini, Crabbe, Goyle, Spencer y Pansy ya se habían iniciado, mas no tomaba parte en la discusión porque le parecía estúpida y detestaba la falta de discresión de los ineptos que lo acompañaban. Había cosas mucho más importantes que hacer en aquel preciso instante, y una de ellas era mirar a Hermione.
Los ojos marrones de la Gryffindoriana le transmitieron calor en los breves segundos que chocaron con los suyos. Ella bajó la mirada y el rubio notó complaciente que las mejillas de la castaña se habían encendido. El simple gesto logró volverlo loco.

Hermione había decidido ignorar la penetrante mirada de Slytherin y seguir con su lectura, pero pronto notó que le era imposible. Sentía los ojos grises del rubio recorrerla, y no podía dejar de intimidarse ante aquel hecho. Volvió a levantar la mirada y esta vez la sostuvo, hundiéndose en aquellos claros ojos fríos.
Draco disfrutaba con el hecho de tan solo verla. Aquellas deliciosas pequeñas pecas castañas en sus mejillas junto con unas largas pestañas que solo había visto en muñecas varias ocasiones la hacían demasiado irresistible. Le parecía una eternidad el tiempo en el cual no la había tenido entre sus brazos; quería sentirla, tenerla a su lado aunque fuera unos instantes.
Los ojos marrones de la Gryffindoriana seguían fijos en él y Draco sonrió maliciosamente notando que con tan solo mirarla lograba ponerla nerviosa ¿Qué otra se intimidaba con algo tan simple? Por lo menos él no conocía a ninguna, y si la conociera no hubiera sido tan adorable como Hermione. La castaña sintió que aquello era una tortura pero no se movió de donde estaba. No le iba a dar el gusto. Fijó sus ojos nuevamente en el libro y se tranquilizó, volviéndose a sumir en la espesa lectura.
Draco no soportó más.
- Ya vengo.- les dijo a los demás Slytherins mientras se levantaba de la mesa.
- A dónde vas?
- A fastidiar a Granger.

Draco caminó hacia la mesa de Hermione y ella lo sintió venir. El rubio se sentó en la silla que estaba frente a ella mientras la castaña lo miraba incrédula.
- Estás loco?! Tus amigos te están viendo!- dijo ella.
- Piensan que te estoy insultando.- dijo Draco con la misma expresión fría de siempre mientras fijaba sus ojos en el libro que ella tenía entre sus manos. - Veo que lees lo que te di.
Hermione sonrió.
- Sí.- respondió. - Qué es lo que quieres?
Draco tenía sus ojos fijos en ella cuando las palabras salieron de su boca.
- Que termines este maldito juego. - dijo respondiendo a su pregunta.
- Pronto.- dijo la castaña.
- Me estoy cansando.
- Si quieres alcanzarme tendrás que ser paciente Malfoy, esa es una cualidad que valoro mucho.
- Puedo ser muy paciente Granger.- respondió él. - Pero necesito saber cuánto más tengo que esperar. No me gusta hacer el papel de idiota.
Hermione notó en la seriedad de su rostro que de verdad estaba comenzando a enfadarse. Ya lo había previsto. Conocía el carácter impetuoso de Draco e incluso le sorprendía el hecho de que no hubiese estallado antes. De cualquier forma, eso también ya estaba en el plan.
- Déjame pensarlo.- dijo ella.
- No te creas tan importante.- dijo él tomando nuevamente su tono agresivo. Lo conocía perfectamente y ahora estaba a la defensiva. - Si quieres rechazar todo lo que te ofrezco es tu problema. Cualquier otra moriría por estar en tu lugar.
- Yo no soy cualquier otra.
Draco sabía que tenía razón, pero nunca se lo diría.
- Hay mejores que tú Granger.
- Entonces por qué tanto interés en mí cuando puedes tener algo mucho mejor?- dijo Hermione cruzándose de brazos. - Tus argumentos con contradictorios.

Cómo la detestaba. Nunca antes ella había sido capaz de ganarle en una discusión y en los últimos tiempos todo lo que hacía era derrotarlo ¿Qué era lo que ella tenía que lo hacía tan vulnerable? No comprendía qué deseaba con tantas fuerzas de la Gryffindoriana teniendo a tanas otras a su disposición. Pero no, él no quería a nadie más. Se había obsesionado tanto con Hermione, que hasta había dejado de mirar a las demás mujeres que poblaban Hogwarts. Por supuesto, la castaña no podía saberlo, ni siquiera imaginar hasta qué punto se había incrustado en los pensamientos del Slytherin. Draco había aprendido con los años a ser tan frío y tener una mirada protegida por una barrera tan impenetrable que cualquier sentimiento era automáticamente invisible ante los ojos de los demás. La castaña tenía que escuchar y analizar cada frase pronunciada para seguir sacando la misma concusión, la cual por cierto, no la satisfacía en lo más mínimo. Se trataba de una obsesión dolorosa la que crecía cada día más dentro del rubio; fuerte, penetrante y angustiantemente insaciable.
Sin embargo, a pesar de todas las cosas que ella despertaba dentro de él ya no estaba dispuesto a soportar más la situación. Su orgullo había sido lo suficientemente pisoteado. No más.
- Como quieras Granger.- dijo Draco levantándose. - Es tú decisión.
Salió de la biblioteca e inmediatamente los Slytherins que estaban en la mesa de la esquina se levantaron y le siguieron.

Hermione siguió leyendo tranquilamente notando que ya había estirado la cuerda hasta donde ésta podía llegar; aquella misma noche volvería con él.
30.- Juntos

Cuando Luna terminó de dar algunas clases al niño de primer año del cual era tutora se dirigió caminando hacia su sala común. Tenía mucha más facilidad para tratar con niños o jóvenes menores a ella que con los de su edad. Tal vez era porque resultaba evidente que la rubia nunca había dejado de ser una niña. Su cabello dorado era una cortina suave y lisa que no tenía explicación ante los cambios que la adolescensia producía mientras que su piel tenía no solo el aspecto, sino la suavidad de un bebé de meses. Nadie sabía que desde muy pequeña, cuando su madre aún vivía, la llenó de mimos y se encargó de transformarla en el ángel que era. Solía bañarla con violetas y jazmín para luego untarle miel que conservó su piel intacta. Después, cuando cumplió los seis años y su cabello había crecido lo suficiente se consagró a cepillarlo tres veces al día; jornada que no acababa hasta que éste quedara cedoso y brillante. La nana nunca dejó que Luna tocara un solo plato, o que moviera un solo dedo de sus tiernas manos para labores domésticas. La rubia al levantarse siempre encontraba su desayuno listo y la ropa tendida y planchada sobre la cama. Incluso cuando su madre murió las atenciones hacia ella incrementaron. Había sido criada en una burbuja que su padre y la nana habían fabricado para que ningún mal llegara a alcanzarla. Tal vez por eso era un angel que no creía en la maldad dentro del mundo; simplemente porque no la había conocido.
Durante el trayecto a su sala común una voz la detuvo. Se volteó y observó distraídamente a Jack Spencer, quien al tener aquellos ojos celestes capturados en los suyos sintió cómo sus manos comenzaron a sudar y notó que las palabras parecieron desvanecerse. Luna le sonrió dulcemente y esto le devolvió las fuerzas.
- Quieres que te acompañe a tu sala común?- preguntó él.
Luna asintió no dándole mucha importancia.
En el camino, ella le contó sobre lo gratificante que era poder ser tutora y sentirse útil para alguien. Le habló sobre varios libros pedagógicos que había estado consultando y cuando terminó Spencer notó que solo había captado la mitad de lo que ella había dicho. Luna se despidió amistosamente antes de entrar a su sala común y al entrar solo escuchó al Slytherin decirle:
- Quisiera ser tutor también!

Harry estaba sentado en el sillón de la sala común. Muchas cosas cruzaban por su mente y todas tenían relación con Ginny ¿Por qué estaba sintiendo lo que sentía? No podía ser verdad, a él no podía gustarle la hermana menor de su mejor amigo. Aquello sería una especie de traición hacia Ron. Ya podía escuchar los gritos del pelirrojo estallando en su rostro, y sería completamente comprensible. Harry desató un poco su corbata y hechó la cabeza hacia atrás. Sus ojos verdes se fijaron en el techo de la gran sala. Si Ginny seguía con aquel juego él no iba a ser lo suficientemente fuerte como para resistir. Tenía que encontrar la forma de sacarla de sus pensamientos y de su vida para siempre ¿Pero cómo?
En aquel preciso instante Parvati entró a la sala común. Tarareaba una canción mientras dejaba sus cuadernos rayados sobre la mesa. Revisó sus uñas comprobando que la manicure que Lavander le había aplicado permanecía intacta y sonrió.
Harry había fijado sus ojos verdes en ella. Parvati Patil era considerada la chica más linda de Gryffindor. Era amable, popular e increíblemente atractiva. Sin duda alguna era lo que todos los chicos, no solo de su casa sino de todas, deseaban. Las ideas comenzaron a volar por su mente y comprendió que la única forma de eliminar a Ginny de su mente era con otra. En aquel preciso instante el cabello rubio de Parvati pareció brillar ante sus ojos como oro. Ella resultaría perfecta. Durante mucho tiempo había estado buscando a una novia, alguien con quien salir y sentirse bien. Eran muchas las chicas que ahora se le insinuaban, pero ninguna llegaba a interesarle. Parvati estaba bien, bastante bien. Tenía carácter y personalidad definida, lo que en definitiva a Ginny le faltaba. Estaba seguro que si hacía el intento, podría funcionar.

Parvati abrió su cuaderno y lo volvió a cerrar al instante. Tenía pocos apuntes y no podría estudiar correctamente así.
*Qué más da! Se los pediré a Hermione..* pensó cuando notó que Harry se acercaba.
- Si vienes a preguntarme sobre Hermione déjame decirte que creo que es mejor que hables tú con ella y no..
- No quiero hablar de eso.- interrumpió el moreno. - Quiero conversar de otras cosas.
Con esto se sentó en la mesa dibujando en su rostro la mejor de las sonrisas. Sus ojos verdes centelleaban con tal fuerza, que Parvati tan solo pudo sentarse y antes de que comprendiera algo ya estaba sumida en una larga y entretenida charla con el buscador de Gryffindor.

La noche llegó rápidamente. Desde la ventana de la habitación de el rey de Slytherin copos de nieve caían lentamente cubriendo los campos de Hogwarts. Los ojos grises y fríos de Draco estaban fijos en el cristal mientras dejaba con rabia el dibujo que tenía entre sus manos sobre un velador. Pasó una mano sobre su cabello rubio y miró su cama, recordando el cuerpo de la castaña cubierto por las verdes sábanas. La odiaba. La detestaba como a nadie. No podía sacarla de su cabeza ni un solo segundo. Ella jugaba y él caía estúpidamente. Ya no más. El orgullo de un Malfoy no podía ser brutalmente aplastado por una sangre sucia ¿Quién se creía ella para rechazarlo? Quería lastimarla, hacerle todo el daño posible. Que pagara, que pagara por no aceptar estar con él. Y así lo haría. El Draco amable que había estado fingiendo ser desaparecería. Hermione iba a conocer el infierno esa misma noche.

Cuando Hermione bajó las escaleras de la sala común arreglándose la bufanda. El frío sin duda estaba congelándola lentamente. Harry y Parvati se encontraban conversando sentados en una de las mesas del hall. Los ojos marrones de la chica chocaron fugazmente con los verdes del moreno. Fue la primera vez que agradeció el estar peleada con él. En cualquier otra ocación Harry le hubiera preguntado qué hacía saliendo tan tarde, pero debido a que ya no se hablaban, no se sentía con el derecho de hacerlo. De todas formas se sintió mal mientras caminaba por los pasillos. Normalmente a la hora de su salida furtiva todos estaban durmiendo en sus respectivas habitaciones. Ahora Harry y Parvati la había visto salir, y si bien el moreno no la iba a interrogar estaba segura que la rubia sí lo haría.
*Pero.. ¿Qué hacían hablando ellos dos? *
Con estos pensamientos rondando por su mente abrió la puerta de la biblioteca. Automáticamente reconoció al Slytherin sentado sobre una mesa. Sus ojos chocaron con los de él y un extraño escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Sus ojos de hierro estaban más fríos y severos que nunca. Podía sentirlo, y sabía que debía actuar rápidamente.

Draco se bajó de la mesa en cuanto la vio entrar. Se quedó parado a varios metros de ella preparado para lastimarla de todas las formas posibles. Estaba dispuesto a atacar, cuando la castaña caminó hacia él y rodeando sus brazos alrededor de su cuello le dio un pequeño beso en los labios. La rabia pareció despejarse de su mirada repentinamente cuando ella sin cortar la cercanía lo miraba con sus ojos cálidos y dulces.
- Ya olvidé todo. Te perdono.

Aquello paró el corazón de Draco por varios segundos. Contra todo sentido común la tomó entre sus brazos y la besó intensamente robándole el aire. Sintió el calor de la lengua de Hermione, y su tibio aliento desvaneciéndose entre sus labios. La había extrañado demasiado. Tomó la cintura de la castaña y pegó su pequeño cuerpo aún más contra el de él, sintiéndola. La Gryffindoriana no pudo evitar soltar un gemido ante las caricias que el rubio esparcía por todo su cuerpo sin dejar de besarla con una necesidad imperiosa. Las delicadas y finas manos de la chica se enterraron en su cabello rubio mientras él mordía su labio inferior. Draco la tomaba como si su vida dependiera de ello, y sabía bien que si la soltaba iba a morir.
Hermione sintió el frío recorrer su espalda cuando él la pegó contra la pared. El Slytherin dejó los labios de la castaña bajando por su cuello y besándolo con fuerza mientras sus manos se movían debajo de la falda escolar de la Gryffindor. Fue entonces cuando ella lo alejó lentamente.
- Tenemos que regresar al pasado.
- No me interesa el pasado.- dijo él mientras seguía besando su cuello en las partes más sensibles.
Hermione encontró las fuerzas para responder.
- A mí sí. - le dijo separándose de él y esbozando una dulce sonrisa. - Ya habrá tiempo.
Pero ella era incapaz de comprender lo que Draco sentía cuando no la tenía entre sus manos. Siempre había estado acostumbrado a aquel frío que lo envolvía y nunca llegó a molestarle, pero desde que la había hecho suya había conocido la tibiesa y ese frío que siempre lo acompañaba desaparecía ante tan solo una mirada de sus ojos marrones. Ya no podía vivir sin ese calor que ella le transmitía. Simplemente le era imposible.
Mas nunca se lo diría. Su orgullo no le permitiría confesar la dependencia en la que se veía envuelto hasta mucho tiempo después. Ahora prefería cortarse la lengua antes de decírselo. Solo él sabía qué tan bajo había caído.
Hermione tomó su mano aún sonriendo y lo condujo hacia la sección prohibida. El Slytherin sintió su corazón bombear más rápido con tan solo ese simple contacto.

- Qué bien!- dijo William aplaudiendo cuando ellos entraron. - Vinieron! Creí que no vendrían esta noche.
- ¿Por qué lo dices?- dijo Draco.
- Por nada, solo que llegan un poco tarde no?- dijo William mientras les abría paso. - Pero eso ya no es de importancia. Regresen y solucionen el enigma. Ya hemos avanzado bastante, pero no lo suficiente.

Hermione y Draco se acercaron y pronto vieron todo completamente negro.

Hermione observó a su alrededor. Se encontraba en la sala de la mansión Pirandello, de eso no cabía duda. Las espadas estaban perfectamente arregladas y algunas mucamas limpiaban el lugar.
- Muy bien...y ahora qué?- preguntó Draco notando que no había nadie más que las sirvientas en el lugar.

Entonces Xavier apareció bajando las escaleras. Estaba con tan solo un pantalón negro de ceda que contrastaba con el color excesivamente blanco de su piel. No cargaba camisa. El cabello rubio caía por su frente dándole un aire de ángel caído mientras que sus ojos grises se fijaron en una de las mucamas.
- Ya está el desayuno?- preguntó él.
- No lo haré enseguida señor.- dijo Mya caminando hacia la cocina.

Xavier dio media vuelta para volver a subir y entonces recordó que se había casado y que ya no estaba solo más en esa casa. Regresó para mirar a la ama de llaves.
- Has visto a mi esposa? - preguntó él.
- Se levantó muy temprano. Estuvo rondando por la mansión y bueno, usted sabe lo grande que es este lugar. Ni idea de dónde puede estar ahora.

Xavier terminó de bajar los escalones y cruzó la sala hacia un largo pasillo. Draco y Hermione lo siguieron hasta llegar a una gran puerta que él se encargó de abrir. La imagen pareció impactarlo. Isabella estaba en el mueble con un grueso libro entre sus manos. Su cabello estaba recogido en un moño y usaba un vestido blanco que le recordó la vez que la vio bañándose desnuda en el río. Cuando lo vio entrar ella cerró el libro y se levantó.

- Qué estabas haciendo?
- Esa debe ser la pregunta más estúpida que me han formulado a lo largo de mi existencia.- dijo Isabella aún con el libro en sus manos.- Leyendo, no es tan difícil de deducir.
Xavier la observó extrañado. Le tomó unos segundos hablar.
- Las mujeres no leen.- dijo mientras caminaba hacia ella y le arrebataba el libro. Miró la portada. - Mucho menos un libro como La Ciencia de la Magia.
- Pues yo sí.- dijo ella groseramente. - Me he leído todos los tomos pero ese era el que me faltaba. Si hay algo bueno en esta casa es que tienes una biblioteca completa.
Xavier parecía extremadamente confundido. Aún parecía no asimilar lo que ella le había dicho.
- Tú debes estar demente. Ninguna mujer es capaz de leer este tipo de libros y entender la mitad de lo que en ellos dicen.
Isabella rió.
- Por favor! Si eso sucede es por esta sociedad machista en la cual solo el hombre tiene todos los privilegios. Si a las mujeres se les enseñara lo mismo que a los hombres seríamos capaces de borrar esa estúpida idea de que no servimos para otra cosa que para cuidar niños.
- Está bien! Yo lo creo así. Parece que en algo estamos de acuerdo. Mi madre también sabía de todas estas cosas. A lo que me refería es a que es muy extraño ver a una mujer que sepa leer y tenga una idea de los conocimientos más importantes que rodean al mundo.- dijo Xavier ariscamente. - Con razón Carmen se quejaba de lo extraña que eras.
- Mi hermana no sabe ni siquiera cómo controlar su vida y pretendes que sepa lo que es abrir un libro? Ni siquiera conoces de quien te enamoraste, es patético.
Xavier miró con rabia a Isabella. El odio y la ira se reflejaban en sus ojos nítidamente.
- Cállate! No quiero que vuelvas a hablar sobre ello me entendiste? Pareces no querer comprender que tu vida está en mis manos de ahora en adelante.
Isabella dio media vuelta he hizo ademán de irse cuando la puerta se cerró de repente ante un hechizo conjurado por el rubio.
- No he dicho que te podías ir.- dijo él.
La castaña se volteó lentamente controlando las ganas de gritarle lo mucho que lo detestaba.
- Te vas a arreglar hoy. Vamos a ir en la noche a la casa de Buchamp.

En los ojos de Isabella se reflejó el terror mientras su boca se abría sin poder creer lo que él le decía.
- No voy a ir allá! Qué es lo que pretendes?! Seguir con toda esta estúpida venganza?! No es suficiente todo lo que ya has hecho?! No voy a participar en esto!! Andrés es un buen hombre y no se merece la esposa que tiene ni mucho menos lo que tú estás haciendo!
- Tú harás lo que yo te diga me entendiste?!.- gritó Xavier. - Andrés nos invitó y no pienso perderme esa oportunidad. Me perteneces y vas a ir!
- No lo haré!- dijo ella poniendo sus manos contra la mesa.
Xavier caminó hacia ella y la tomó fuertemente del brazo. El dolor recorrió el cuerpo de la castaña pero contuvo el impulso de gritar y tan solo soltó un gemido.
- Escúchame bien porque es así como van a funcionar las cosas de ahora en adelante: si no haces lo que te digo, te encierro en tu habitación y no saldrás por el resto de tu vida me entiendes? Espero que hayas comprendido lo que te conviene.
Con esto la soltó bruscamente haciéndola caer al suelo. Solo cuando Xavier salió ella dejó que las lágrimas corrieran por su rostro.

- Qué imbécil!- dijo Hermione pero no tuvo tiempo de decir más. El suelo tembló y Draco tomó su mano antes de aterrizar en el mismo bar de siempre.

- Y? Qué hacemos aquí?.- preguntó Draco mirando a su alrededor.
- Stephen y Lilith ya debieron salir hace tiempo.- dijo Hermione. - No entiendo.

Pero comprendió cuando la puerta se abrió dejando entrar a una exuberante pelirroja. Era Tamara. Varias personas se voltearon a verla y por su vestimenta de Gitana comentaron asqueados la naturaleza imperfecta de aquella raza que pronto quedaría en el olvido. Había pasado mucho tiempo caminando hasta que encontró a un unicornio salvaje el cual se encargó de domar y la trajo hasta allá. Sabía que si quería conseguir información sobre el paradero de su hermano no había mejor lugar que aquel.
Se sentó en la barra y sonrió al robusto cantinero quien le devolvió la sonrisa y sirvió una cervesa sobre la mesa.
- Siempre será bienvenida por aquí la hermana de Stephen el valiente!
La pelirroja sonrió y tomó un poco de cerveza.
- En realidad, vine porque necesito saber dónde está mi hermano. No logro encontrarlo en ninguna parte, ni siquiera en las cabañas de guerra.
- BAH! Si no está allí! Está en la ciudad.
- ¿Qué dices?! Por qué fue allá?!
- De eso no tengo idea. Pero estaba acompañado por un dulce ángel.
- Un ángel?
- Una joven de tu edad. Traía como un aire de paz. No sé explicarlo correctamente pero es así.
Lo último que faltaba; que Stephen estuviera tras unas faldas. Eso sí podría llegar a entorpecer los planes que había formado juntos.
*¿Por qué los hombres son tan débiles y vulnerables?* pensó mientras le quitaba la pipa al cantinero y fumaba un poco de ella.
- Te busca la policía mágica y lo sabes bien muchacha. Te recomiendo que no te dejes ver demasiado.- le dijo mientras limpiaba algunos tarros de cerveza.
- Han venido aquí a preguntar por mí?
- En varias ocasiones mi niña, pero sabes bien que aquí nadie es traidor. Se han retirado con las manos vacías. Pero aseguran volver.
Tamara dejó salir el humo por sus labios rojos formando una nube gris a su alrededor.
- Entrometidos.- comentó. - ¿Por qué no se meten en lo suyo? ¿Acaso yo les hago algo?- dijo en un falso tono inocente.
- Digamos que no les gustó para nada a los banqueros que hubieras robado 100 mil galeones eh? No creo que levanten la denuncia. Desean verte bajo rejas.
- Ese dinero fue mejor utilizado en la aldea del pueblo donde los Gohts atacaron. Por lo menos pudimos reconstruir esas áreas.
- A los citadinos los asuntos de la guerra les importa muy poco princesa.
- Pues debería importarles. Los vampiros estan llegando e invadiendo la ciudad. Cuando se den cuenta que la guerra no solo se da en las afueras se involucrarán, ya lo verás.
- Y tal vez sea demasiado tarde! Ha ha!- dijo el cantinero entrando a la cocina.
Tamara terminó su cerveza y se levantó dejando algunos knuts sobre la barra.
- Larry!- gritó antes de irse. - Tú no me has visto.

Con esto se dirigió a la salida. Al abrir la puerta una rágafa de viento envió a Draco y a Hermione lejos de allí.

31.- Paz armada.

Hermione cayó sobre Draco en el suelo. Hacía mucho que habían ambos dominado las caídas, mas aquella fue realmente fuerte. La Gryffindoriana sintió dolor en sus rodillas cuando éstas rasparon con el suelo. Se levantó con ayuda del rubio y entonces se dio cuenta que estaba en una gran habitación.

El lugar era esplendoroso. Decorado con lámparas de oro y vidriería inglesa pulida y en forma de varias figuras. Un dormitorio lujoso, con todas las comodidades posibles y hasta las imposibles. Frente a la ventana abierta Isabella desataba un pergamino de la pata de una lechuza gris.
La castaña se sentó sobre la cama y abrió la carta. Inmeditamente tanto Hermione como Draco se lanzaron a ambos lados para leer lo que en ésta decía.

Estimada Isabella:
Lamento haber tardado tanto en comunicarme contigo, la verdad es que localizarte me resultó extenuante, y también a Kurl (la lechuza). No tenía idea de tus planes de matrimonio y al enterarme me sorprendió muchísimo debido a tu espíritu algo travieso y libre. Creí que la vida de matrimonio no estaba hecha para alguien como tú. De cualquier manera te felicito y te deseo lo mejor. Realmente te lo mereces.
Me encuentro ya en la ciudad. Los heridos aumentan en gran cantidad y me temo que la oligarquía citadina ha prohibido el uso de magia en las afueras de la ciudad. Guardias custodian a los que se atreven a cruzar las fronteras , (no me preguntes cómo logré cruzarlas ya que es una larga historia). Me encuentro acompañada, así que estoy debidamente protegida. Lo que me preocupa es que el número de muertes aumenta cada día y aunque hago todo lo que puedo, mis poderes comienzan a fallar cuando abuso de ellos. Me buscan los vampiros y cada día temo más por la vida de los que me rodean ¿Es que acaso el humanismo ha desaparecido por completo del corazón del hombre? ¿Cómo recuperarlo Isabella? ¿Cómo?
Es triste. Sufro y mis lágrimas son delatadoras. Debo ser fuerte, lo sé. En mis manos hay un gran poder, y si tengo que morir para salvar a los demás, pues entonces lo haré. Solo sabiendo que todos estan bien podré ser feliz.
Ya sé en dónde vives. En el momento que termines de leer estas palabras yo estaré en la parte trasera de tu jardín, más específicamente junto a las rejas. Baja, tenemos que charlar.
Lilith.

Isabella dejó caer el pergamino al suelo justo en el momento en que la puerta se abrió. Una mucama se inclinó ante ella antes de hablar.
- Dice el señor que baje a comer. El almuerzo ya está preparado.
La castaña se levantó y pateó el pergamino debajo de la cama antes de hablar.
- Dígale que es muy amable de su parte, pero que comer junto a él me produciría ganas de vomitar y no quisiera arruinar la tapicería italiana del comedor. - dijo ella sarcásticamente con una sonrisa en su rostro. - Y por favor, asegúrate de decírselo al pie de la letra; tal y como lo dije.
La mucama pareció aterrada y tragó saliva, como temiendo la ya pronosticada reacción del señor de la casa ante tal impertinente respuesta. Todo el personal en aquella mansión sabía cómo era Pirandello, y si sus órdenes no eran ejecutadas, el desobediente lo pagaba muy caro.
- Si señora.- dijo ella.
- Dime Isabella, ¿cuál es tu nombre?
- Mika.- respondió tímidamente.
- Pues perfecto Mika! No quiero nada de reverencias cuando estés frente a mí si? No soy ni un dios ni alguien superior para que hagas eso. Me llamarás por mi nombre y bien, si haces eso creo que llegaremos a ser muy buenas amigas.
La mucama quedó impactada y sus ojos se llenaron de lágrimas. No estaba costumbrada a un trato tan cariñoso por parte de nadie. Las mujeres eran tratadas como seres inservibles y aún peor cuando no eran de alta sociedad. Ella tan solo era un criada, por lo tanto era menos valuable que el jarrón indonés que decoraba la sala de estar.
-Perdón!- dijo Isabella acercándose a ella y tomando sus manos. - Dije algo que te ofendiera? Lo siento de verdad...
Mika retiró las manos y se secó las lágrimas aún temblando y con la mirada fija en el suelo, como si fuera un animal.
- No ha hecho nada señora, usted es muy buena y gentil.- alcanzó a decir la joven de no más de 20 años.
- Es acaso que Xavier también es un déspota con la gente que lo asiste día y noche?! - dijo Isabella tratando de buscar una explicación por la cual Mika no se encontraba familiarizada con lo que era un trato humano.
- No, no, no! Déspota? No! El señor es admirable!- dijo Mika temblando. - El señor me ha acogido a mí y a mi familia desde mucho tiempo. El señor es severo, pero justo. El señor es misterioso, pero comprensivo. Usted debería amarlo señora, es un ser admirable..
- Eso ya lo dijiste.- dijo Isabella. - Pero jamás podría sentir algo por alguien como él. Y créeme Mika, tengo mis motivos.
- Señora, me retiro.
Mika salió de la habitación y pasaron tan solo unos segundos para que Isabella saliera de la habitación corriendo.

- Hay que seguirla!- dijo Hermione corriendo tras de ella. Draco la siguió.
Atravesaron un largo pasillo hasta llegar a un espacio con algunos muebles de cuero y luego bajar las escaleras cruzando la sala hasta los pasillos del piso inferior.
- Va demasiado rápido!- dijo Draco corriendo con todas sus fuerzas tras Isabella.
- Lo sé!- dijo Hermione tomando aire y esforzándose por no parar el trote.

Isabella empujó dos puertas de madera cubiertas por vidrios en donde ángeles parecían gravados y pronto, todos se vieron frente a un campo inigualable de césped, flores y árboles. Una gran fuente estaba en el centro, rociando agua magistralmente. Hermione apenas pudo hablar.
- Es tan hermoso que es...atemorizante.- dijo ella casi sin habla.
Draco no dijo nada. La grandeza de todo aquello le había dejado sin palabras y muy parte, no quería expresar su asombro. Estaba tan acostumbrado a callar todas sus emociones que le era imposible cambiar aquel hábito justamente ahora.

Isabella corrió nuevamente atravesando el campo y pasando la fuente. Ellos la siguieron dejando atrás árboles y rosales espectaculares. Una vez que llegaron al fondo, la vieron parar frente a una reja negra. Allí estaban Lilith y Stephen.
- Por fin llegaste! Creí que no podías bajar.- dijo la rubia.
- No puedo, por eso lo hago a escondidas. Xavier no sabe que me involucro en esto.
- Tu marido no sabe nada de esto?- preguntó Lilith asombrada. - Deberías compartir esto con él.
- Yo no comparto nada con Xavier.- dijo ella secamente.
- No comprendo.
- Es una larga historia. Mejor dediquémonos a lo que es importante. Cómo protegemos las aldeas que aún no han sido atacadas?
- Necesitamos guerreros. Pero la mayoría han muerto en batallas y los Gohts son muy violentos; siempre ganan.
- Entonces tendremos que dejar de defendernos.- dijo Isabella. - Es hora de atacar.
- Qué?!- dijo Stephen por primera vez integrándose a la conversación. - No sé quien eres pero seguramente la locura te ha infectado. No podemos atacarlos! Viven bajo tierra y solo salen en lugares estratégicos.
- Precisamente!- dijo Isabella. - Su debilidad es esa! ¿Te has preguntado qué es lo que hace que no salgan sino en lugares estratégicos? Tanto tiempo viviendo bajo tierra...afuera es todo un mundo del cual no están acostumbrados! Ni su anatomía, ni sus tácticas de guerra funcionan afuera.
- Créeme, funcionan perfectamente.- dijo Stephen. - Yo he estado en una batalla y casi muero en manos de ellos. No especules.
- Pero ganan porque las batallas se dan tan solo en lugares seguros para ellos! Eso es!- dijo Isabella mientras se dirigía nuevamente a Lilith. - Voy a examinar los ataques que han producido, sé que su debilidad está muy relacionada con los lugares en donde atacan. Una vez que sepamos cómo combatirlos, seremos nosotros quienes los sorprendamos.
- No tenemos un ejército! Qué parte de eso no entiendes?-. dijo Stephen.
- Lo conseguiré ten eso por seguro.- respondió Isabella. Metió su mano en el escote de su vestido y sacó una bolsa llena de galeones. - Tómalos Lilith, para los alimentos que sean necesarios para toda esa gente herida en tu cabaña de reposo.
Lilith tomó la bolsa y sonrió tristemente.
- Si tan solo el dinero fuera capaz de salvar la vida de todos ellos...-

- Todo esto es muy triste ¿Cuánta gente tendrá que seguir muriendo?- dijo Hermione.
Pero Draco había enfocado su mirada dentro de la mansión.
- Ven.- le dijo mientras tomaba su mano y la llevaba hacia adentro.
Al llegar a al comedor encontraron a Xavier sentado en la cabecera de la mesa. Parecía fastidiado de esperar cuando Mika apareció caminando notablemente nerviosa.
- Y? Dónde está Isabella?- preguntó molesto.
- En su habitación.- dijo Mika con una voz suave y baja, temblando.
- Le dijiste que bajara?
- Sí.
- Dile que se apresure.- ordenó Xavier tomando un poco del vino de su copa.
- Es que..la señora me dijo que le dijera algo...al pie de la letra.
Para entonces los nervios estaban asesinando a Mika. Los ojos grises de su amo se fijaron en ella friamente.
- Dime.- dijo finalmente tratando de decifrar el contenido del mensaje por medio de los gestos de la pobre y nerviosa criada.
- Me dijo...ella dijo que le dijera que usted era muy amable, pero que comer a su lado le produciría ganas de vomitar...y no quiere arruinar la tapicería italiana del comedor.

Hermione tapó su boca tratando de contener la risa que quería escapar por sus labios. Xavier permanecía quieto, y en sus ojos grises una llama de ira parecía encenderse, y crecer con cada segundo que pasaba.
Golpeó la mesa mientras se levantaba repentinamente y caminaba furioso hacia la sala. Mika lo vio subir las escaleras.
- Ay no! Esto no va a ser nada bueno!

Hermione seguía riéndose.
- No veo qué te produce tanta risa.- dijo Draco muy serio. - Si no te diste cuenta Xavier está subiendo las escaleras hacia la habitación de Isabella. Dudo que sigas riéndote cuando llegue y no la encuentre.
La Gryffindoriana pareció haber olvidado ese pequeñísimo detalle.
- No!- dijo mientras corría nuevamente hacia el jardín en busca de Isabella.

Cuando llegaron a la entrada del gran jardín Isabella ya se había despedido de Lilith y Stephen y se encontraba caminando hacia adentro. Sus ojos marrones quedaron suspendidos en el aire cuando los grises de Xavier la miraron de frente llenos de ira.
- Qué haces aquí?- dijo Xavier con una voz bastante baja, pero con una entonación que demostraba claramente su pésimo humor.
- Tomo aire.- mintió la castaña groseramente.- También para eso tengo que pedirte permiso?
Aquello ya era demasiado. Jamás creyó que Isabella iba a resultar tan increíblemente molesta. Pensó que sería dócil y se dejaría mandar con facilidad; a cambio, era nada más y nada menos que una niña malcriada y engreída; altanera y petulante. Todo un fastidio. No tenía la menor idea de que le iba a tocar educar y domar a su futura esposa.
La observó durante un breve instante y ella simplemente, con su barbilla bien en alto y su mirada altiva caminó esquivándolo y entrando a la mansión. Xavier se quedó allí unos segundos en los cuales trató de controlar su ira. Se había casado por venganza, y la verdad era que no quería tener ningún tipo de buena relación con Isabella, ella tan solo era un objeto y prefería que se quedara así. El problema era que su esposa se resistía a ello, y él no estaba dispuesto a tolerarlo.

Hermione y Draco lo siguieron en cuanto vieron que daba media vuelta y entraba con paso decidido hacia la mansión.
- A dónde va?- dijo Hermione subiendo las escaleras lo más rápido que sus piernas le permitían tras el rubio.
- Creo que va donde Isabella. Dudo que le haya gustado quedarse con la palabra en la boca.- espetó Draco.

Efectivamente, Xavier irrumpió en la habitación de la castaña y cerró la puerta con fuerza tras de sí. Isabella permanecía estática e imperturbable, se había acostumbrado demasiado pronto a los ataques de ira que el rubio parecía tener cada cinco segundos.
- Qué hice ahora?- preguntó Isabella. - Parece que solo te basta ver mi rostro para enojarte.
- Si tu quieres crear un infierno tu vida, por mí excelente.- dijo Xavier enfurecido. - Puedo ser ese carcelero que quieres que sea y créeme, disfrutaré de verte suplicar en rodillas que sea compasivo.
- Primero muerta antes que rogarle a alguien como tú!- dijo Isabella levantándose de la silla donde había estado sentada desafiante.
- Dejarme en ridículo frente al mis sirvientes lo vas a pagar caro. Traté de ser amable, pero tú pareces querer el peor de los tratos y eso es lo que tendrás!
Xavier dio media vuelta para salir pero entonces Isabella habló.
- Dile a Mika que me traiga la comida acá.
El rubio se quedó parado sin poder creer lo que ella acababa de decir ¿Acaso creía que él era otro de los sirvientes que lamía las zuelas de sus zapatos? Era una altanera que para su insignificancia se creía demasiado. Se volteó y fijó sus ojos centellantes de rabia en ella.
- Si no comes conmigo abajo, no comerás en ninguna otra parte.
- Entonces no comeré.
- Perfecto, muérete de hambre.
Con esto cerró la puerta con furia y gritó a todo el servicio doméstico la estricta prohibición de no dar alimento a su esposa ni permitir que se acercara a la cocina, advirtió que si esto sucedía, el culpable sería despedido.
Todos asintieron temerosos.

Una ráfaga de viento los tragó y pronto se vieron en la sección prohibida.

William suspiró mientras ellos se levantaban del suelo. Guardó uno de los libros que tenía en sus manos y se cruzó se brazos.
- Se llevaban bastante mal no?- dijo él mirándolos.
- Xavier era un imbécil.- dijo Hermione pero enseguida Draco salió al rescate de su antepasado.
- Tú tampoco eras una santa Granger.
- Bueno, bueno. Ya no importa. Las cosas estan por cambiar muy pronto ya lo verán.
Con éstas últimas palabras William desapareció dejándolos solos.

Hermione sacudió su falda que estaba llena del polvo que se había prendido a ella en su viaje al pasado. Fue entonces cuando notó que el Slytherin la miraba fijamente, con sus ojos grises brillantes; aquello la intimidó notablemente.
- Es mejor que ya nos vayamos.- dijo la Gryffindoriana dando media vuelta para salir, pero entonces él la tomó del brazo regresándola.
Su cuerpo chocó con el del rubio y sus narices quedaron juntas, rozándose. El calor de sus alientos logró envolverlos. Draco la aprisionó tomando su cintura entre sus brazos y sosteniéndola posesivamente contra él. Los labios rosa de Hermione estaban demasiado cerca.
- Ahora no, tenemos que ir a clases.
- Ya he esperado demasiado.- le dijo y con esto la besó.

Hermione sintió todo su cuerpo temblar y disolverse entre los brazos del rubio. Sentía el corazón latirle en la garganta mientras él introducía su lengua dentro de su boca, robándole el aire. Draco acarició aquel cabello color caramelo, entrelazándolo entre los dedos de sus manos y gimió en el placer de tan solo sentirla junto a él.
La castaña se separó de él gentilmente y sonriéndole.
- Me tengo que ir.
Le dio un dulce y rápido beso en los labios y se fue. Llevándose todo lo puro que Draco Malfoy jamás llegó a sentir por nadie en el resto de su vida.

Draco cerró la puerta de la sección prohibida dispuesto a irse cuando sus ojos grises chocaron con los verdes de Blaise Zabini, quien lo observaba sentado en una de las frías mesas de la biblioteca.
Por unos breves segundos el rubio pareció impactado de que él estuviera tan temprano en aquel lugar de estudio. Varias ideas cruzaron por su cabeza, entre ellas el hecho de que sin duda alguna había visto salir a Hermione. Fue entonces cuando comprendió que todo aquello no era una simple casualidad.

Zabini bajó de la mesa. Su rostro era inexpresivo, lo cual era totalmente extraño en él, quien siempr etenía una risa burlona y despectiva en su rostro. Miró a Draco y luego rió tristemente bajando la mirada unos segundos para luego volver a subirla y enfrentar al rey de Slytherin.
- Con Granger? Estás loco Malfoy?!- dijo por fin estallando. Parecía sorprendido y preocupado a la vez. - Sabía que engañabas a Pansy con muchas, pero no que tuvieras una fija y que se tratara nada más y nada menos que de una sangre sucia!
32.- A la luz y a oscuras

- Yo hago lo que quiera Zabini.- dijo Draco bruscamente.
- Lo sé! Es tú decisión lo que haces o no Malfoy yo no voy a intervenir en eso. Pero, te has puesto a pensar qué sucedería si Voldemort se enterara?? Jamás llegarías a ser mortífago!
- Como si eso te importara. Sé muy bien que todos ustedes se pasan caminando a mis sombras solo por conveniencia. Saben que soy el mejor y que a mi lado siempre serán candidatos importantes frente a Voldemort.

Zabini se quedó callado durante unos segundos con sus ojos verdes fríos fijos en él. Draco no supo decir si estaba enojado, o sorprendido.
- Eso es lo que piensas Malfoy?- dijo Zabini tomando un color rojo en sus mejillas por la ira. - Mira mejor a tu alrededor! Yo he estado contigo desde que entraste a este maldito colegio de beneficencia! Sé muy bien que eres el mejor! Pero yo también tengo mis ambiciones! Si quisiera destruirte simplemente le informaría a Voldemort que su candidato predilecto se acuesta con una sangre sucia todas las noches! Pero no lo hago, ni lo pienso hacer Malfoy. Acepto que eres mejor y lo respeto! Lo respeto maldita sea!
Golpeó la mesa con fuerza mientras trataba de controlarse. Respiró profundamente. Draco no dijo nada, por un breve instante creyó escuchar las palabras más sinceras que la boca de Blaise Zabini había pronunciado.

El chico fijó nuevamente sus ojos verdes en el rubio.
- Haz lo que quieras, tú eres el rey.- dijo mirando sus nudillos que ahora sangraban. - Solo quiero que sepas que de mi boca no saldrá nada. Ni una sola palabra de todo esto. Y seguiré a tu sombra, como lo dijiste hace un momento. Pero manteniéndome fiel Malfoy. No soy ningún traidor.

Blaise caminó saliendo de la biblioteca y dejando al otro Slytherin completamente solo. El rubio pasó una mano por su rubia cabellera y dio un respingo de ira mientras pateaba con fuerza una estantería.


Ginny desayunaba tranquilamente cuando vio a Parvati llegar al gran comedor junto con Harry. Realmente aquello logró sorprenderla; ¿Desde cuándo la rubia se llevaba con él? Normalmente casi no se dirigían la palabra, por lo cual las sonrisas que en ambos rostros se dibujaban eran incomprensibles.

Hermione se sentó junto a su amiga la pelirroja y tomó una manzana entre sus manos. No tenía mucha hambre tampoco aquella mañana así que con una fruta bastaría. Lavander la observó con los ojos bastante abiertos.
- Hermione solo piensas comer eso? No te has estado alimentando nada bien éstos días. Mírate! Cada día estás más delgada!
Aquel comentario, el cual debió haberla molestado profundamente tuvo un sentido contraproducente. La castaña por primera vez en mucho tiempo se miró fijamente. Sí, era cierto; había adelgazado notablemente. Su cintura seguía siendo ancha comparada con la de sus amigas, pero su abdomen se había aplanado bastante. Nunca fue gorda ni nada por el estilo, pero si tenía una que otra libra de sobra y algunos rollitos en el estómago que la enojaban enormemente. Se puso de muy buen humor al notar que ni siquiera se había propuesto hacer una dieta y sin embargo había logrado bajar las imperfecciones que tanto le molestaban.
- Hermione come!- dijo Lavander poniéndole un pedazo de pan sobre el plato.
- Quisiera...pero de verdad no me provoca.- dijo Hermione.
- Hazlo por mí si???- dijo la morena en tono suplicante y haciendo gestos resentidos.
La Gryffindoriana suspiró y se llevó un poco de pan a la boca. Automáticamente sintió que quería vomitar, pero lo tragó solo porque su amiga se lo pedía y además, no quería que pensara que se estaba haciendo bulímica o algo por el estilo.
Sus ojos marrones chocaron con los miel de Ron cuando él ingresó al comedor. Pasaron varios segundos antes de que el pelirrojo quitara la mirada para fijarla en Dean y comenzar a charlar sobre aejdrez. Hermione volvió a sentirse mal.

Los ojos chocolate de Ginny paseaban por la mesa cuando Parvati se sentó a su lado por fin desprendiéndose de Harry. Sus ojos brillaban emocionados mientras le hacía señas a sus amigas para que se acercaran.
- ¿Qué sucede?- preguntó Lavander.
- Nada...- dijo Parvati. - Mentira!! Sucede muchísimo ni se lo imaginan!
Ginny tomó un poco de jugo de calabaza sin quitar los ojos de encima de su amiga. No sabía por qué, pero sentía que algo no muy bueno se estaba gestando en la boca de la rubia, esperando a salir.
- Yo creo que mejor te apresuras, las clases están por comenzar y no pienso llegar tarde.- argumentó la castaña.
- Ya va señorita puntualidad! Además, ni creas que se me olvidó lo de ayer en la noche...tenemos que hablar.- contestó la rubia.
Hermione cerró la boca y miró hacia abajo haciendo como si nada pasara.
- Vamos habla! Qué es eso tan importante de lo cual no tenemos idea??
Paravti sonrió ampliamente y su belleza pareció esparcirse en aquel preciso instante con tan fuerza que golpeó a todos los que estaban cerca como un látigo de cuero dejándolos petrificados.
- Es que no van a creer quién parece estar interesado en mí.- comentó haciéndose la interesante.
- Además de todo el colegio quién más?- dijo Ginny sonriendo.
- Es bastante extraño...de hecho ni yo puedo creerlo pero es así. Sé captar todas las señales que envían los chicos cuando pretenden algo más y creo que ésta vez estoy dispuesta a mantener una relación seria.
- Habla ya!!!- gritó Lavander desesperada.
- Es Harry.

Ginny no supo identificar con precisión lo que le sucedió en aquel momento. Fue como si hubiera dejado de respirar durante varios segundos y sus funciones vitales hubieran sufrido un paro. Trató de moverse, de gritar, de llorar; pero nada pudo salir de aquel cuerpo inerte que ahora no parecía querer obedecerla. Sin pedirlo, sus ojos chocolate se dirigieron a ver a Harry, quien reía como si nada junto a sus amigos, sin notar lo que acababa de suceder. Fue entonces cuando su sentido auditivo pareció volver a funcionar y escuchó los gritos de Lavander que saltaba de un lado a otro felicitando a Parvati y a Hermione repitiendo varias veces un pequeño SHHH, dejen de gritar!. Tragó saliva, y entonces notó que aún estaba con vida.
Una fiebre pareció envolverla. Se sentía hirviendo dentro de aquel uniforme de colegio, mas cualquiera que la hubiera visto en aquel instante hubiera inferido, que por su semblante pálido y sus manos nerviosas firmamente aferradas a la mesa, se estaba muriendo de frío. Tal vez eso la hizo pasar por desapercibida, ya que el invierno estaba realmente fuerte y todos, sin escepción, usaban bufandas y túnicas más abrigadas que las normales. Ginny no se movió ni pensó en nada hasta que la mano de Hermione sobre su hombro la hizo despertar de la pesadilla en la cual se veía inmersa y sin aparente salida.
- Ya tenemos clases.- le dijo.
Entonces la pelirroja notó que ya casi todo el mundo había abandonado el gran comedor. Una fría lágrima corrió por sus mejillas pero la secó inmediamente. Aquel momento sería memorable para Ginny años más tarde, cuando frente a una fogata jugando verdad o reto afirmaría que fue ahí cuando desaparecieron los últimos rastros de su inocencia.


Ron caminaba por los pasillos de Hogwarts cuando debía estar en la clase de pociones. Realmente no tenía ánimos de escuchar a Snape y odiaba, además, la materia. Unas chicas de primer curso suspiraron al verlo pasar y esto le pareció al Gryffindor sumamente ridículo. Durante los últimos años se había convertido en una obseción para muchas de las chicas de Hogwarts cuando antes, ni siquiera lo veían pasar. Lo acosaban cada vez que podían y no había segundo que pudiera caminar tranquilo a solas porque estaban espiándolo y comentando entre ellas lo maravilloso que era todo lo que él hacía.
Aprovechó al ver el pasillo que llevaba hacia la torre despejado y corrió hasta sentirse a salvo de cualquiera de sus fans ¿Quién diría que Ron Weasly estaba buscando en ese preciso momento a la que era considerada más insignificante de todo el colegio?

Ron se había engañado diciéndose a sí mismo que lo único que estaba haciendo era buscar a Luna para preguntarle sobre Ginny. En realidad no pretendía ver en su interior ni mucho menos descubrir la razón por la cual no había dejado de pensar en ella desde la tarde de ayer. Sin duda, admitía que había algo en ella que lo atraía magnéticamente. No era puro físico, él lo sabía, pues Luna no era su tipo. Se trataba de algo más espiritual y profundo, era ese sentimiento que le producía ver su piel de porcelana y aquellos ojos celestes tibios. Su voz, por Merlín esa voz! Era dulce y suave, como una suave brisa recorriendo sus oídos sin piedad y produciéndole un placer espeluznantemente adictivo. Había algo en ella que la diferenciaba de todas las demás. Una belleza angelical, casi perfecta. Él se sentía orgulloso de haber sido el primero en descubrir aquella perfección.
Siguió caminando decididamente; sabía que todos los alumnos de Ravenclaw que cursaban quinto año estaban en clase con Hagrid a escepción los que pertenecían a la Orquesta Instrumental Básica de Hogwarts.
Luna estaba entre ellos.

Muchas veces, junto a las chicas de esa misma casa había escuchado comentarios bastante despectivos hacia Luna. Siempre estaban burlándose de su falda larga y de su lunática y extraña forma de ser. Pertenecer a la orquesta tan solo había empeorado su condición social, mas él admiraba la capacidad que tenía de simplemente ignorar los comentarios y hacer lo que le gustaba. Ron sabía que ella era mucho más que una simple monja patética, como le decían sus compañeras de curso. La rubia era un ser superior, inmortal; una obra de arte. El pelirrojo había averiguado ciertas actividades que realizaba, y se sorprendía al notar que mientras ella era tutora, estudiante, y artista, él a penas podía con una sola materia, y eso que desde la pelea que tuvo con Hermione habían empeorado sus calificaciones. No quiso pensar más en la castaña y siguió caminando.

Necesitaba a Luna, aunque fuera tan solo un breve instante. No sabía qué era lo que le impulsaba a buscarla, pero lo hacía porque él era impulsivo, y poco racional. Subió las escaleras hacia la torre y vio a algunos estudiantes bajando. Ante la posibilidad de que la clase hubiera acabado se sintió desilusionado, mas algo le dijo que subiera. Así lo hizo, y antes de abrir la puerta escuchó una melodía dulce y pacífica que paró su corazon y relajó cada uno de sus sentidos. Una fresca brisa hizo volar algunos de sus rojos mechones haciéndolos caer sobre su frente. Abrió lentamente la puerta y entró.


Nunca se olvidaría de aquella imagen. Luna se encontraba con un arpa tocando como los ángeles, totalmente digna de su especie. Sus dedos delicados como el cristal recorrían las cuerdas del instrumento mientras sus ojos permanecían cerrados, dejándose llevar por la música. El pelirrojo se arrimó a la pared y permaneció quieto, escuchando la creación que salía de las ligeras y blancas manos de Luna.

La melodía duró unos minutos más, tiempo en el cual Ron terminó de enamorarse de ella, solo que no se percató hasta mucho después. Cuando la rubia terminó lentamente fue abriendo sus ojos y al ver que no había estado sola todo ese tiempo se sobresaltó. Sus mejillas porcelánicas se tornaron de un rojo intenso y su mirada demostraba la vergüenza por la cual estaba pasando. Humedeció sus labios dulcemente, apenada de que Ron Weasly la hubiera visto en un momento tan personal.
Al Gryffindor, por su parte, le pareció simplemente perfecta. El color rojo de sus mejillas y sus movimientos nerviosos delataron su tímida e introvertida forma de ser; esto logró cautivarlo por completo. La ternura fresca que parecía salir de ella hizo que su mente se quedara por varios segundos en blanco.

Nadie dijo nada durante varios segundos hasta que el pelirrojo notando la vergüenza que pasaba Luna decidió evitarle más sufrimiento y habló sin siquiera pensar en lo que iba a decir. Expresó lo primero que ella logró inspirarle.
- Eres hermosa...
Aquellas palabras tuvieron un efecto contraproducente en ella. Solo pudo aumentar la vergüenza que ya de por sí sentía. Nadie, ni mucho menos un chico, le había dicho aquello en toda su vida. Sintió que era una mentira y por un breve instante creyó que el Gryffindor se estaba burlando de ella, mas en aquellos ojos miel orgullosos y algo arrogantes notó un brillo de sinceridad. No sabía cómo reaccionar ante el pelirrojo desordenado que estaba frente a ella. Él jamás comprendería lo que aquellas palabras habían significado para ella. Y estaba ahí, arrimado contra la pared, con la camisa blanca por fuera y la corbata algo desatada. Su mirada penetrante permanecía fija en ella, lo que logró intimidarla inmediatamente. Para ocultarlo, se levantó y colocó el arpa sobre la pared sin conseguir que el chico dejara de observala.

Ron estaba impresionado, al verla notó que cada paso que daba era como si no hubiera tocado el suelo ¿Es que ni siquiera podía caminar como los mortales? Sonrió y caminó por el auditorio. Los ojos celestes de Luna lo siguieron.
- Tienes talento.- dijo el Gryffindor y ella le respondió con una tímida sonrisa.

Se acercó atraído hacia ella y sin despegar sus ojos de los de Luna tomó el arpa y la volvió a colocar entre las manos de la rubia.
- Toca , por favor.

Luna sonrió y se sentó nuevamente en la silla juntando sus blancas piernas mientras apoyaba la cabeza en el arpa y cerraba los ojos. Ron volvió a olvidarse del objetivo principal de su visita mientras la observaba detenidamente sin saber que desde aquel día no haría ninguna otra cosa que no fuera pensar en ella.


Uma lanzó el grueso libro sobre la mesa de Slytherin y se sacó la túnica dejando a relucir varios de sus tatuajes. Pansy la miró con desagrado y ella lo notó. Antes de subir las escaleras hacia el área de mujeres se volteó.
- Parkinson, si me vuelvas a dar una de tus miradas de niña engreída pienso sacarte los ojos y ponerlos en un frasco. A mi cuervo le encantaría comérselos de desayuno.

Pansy hizo una mueca y puso los pies sobre la mesa de la sala común. Sus ojos negros brillaban y se fijaron en Spencer y Zabini mientras ingresaban.
- Saben donde mierda está Draco?- preguntó enormemente fastidiada mientras se levantaba del mueble.
- No.- dijo Zabini. - Seguramente está estudiando, ya sabes que siempre quiere ser el mejor en todo.
- Y siempre lo es sin tener que estudiar! Últimamente estudia demasiado y no me trago ese estúpido cuento!- gritó Pansy entrando en histeria. Por primera vez se sentía lejos de su novio.
Spencer sonrió y se sentó en el sillón del frente mientras fijaba sus ojos en la morena.
- Por qué mejor no lo buscas debajo de las faldas de una Gryffindoriana? Seguro que lo encontrarías inmediatamente...
Zabini gritó antes de que terminara la frase.
- Cállate Spencer no hables estupideces!
Pero los ojos de Pansy habían adquirido un brillo bastante atemorizante. Sus cuerpo temblaba y se mantenía estática mientras sus músculos se tensaban visiblemente.
- Qué es lo que sabes Spencer? Quién es esa asquerosa Gryffindoriana..
- No hagas caso a la mierda que él dice! Yo lo he visto estudiar y eso es lo que hace! Él no se rebajaría estando con una Gryffindoriana y lo sabes Pansy!- girtó Blaise haciendo uso de su capacidad para mentir.
- Yo ya no sé nada. Solo sé que si eso es cierto...quien quiera que sea no durará por mucho tiempo. De eso me encargaré personalmente.
Con ésta última sentencia subió furiosa las escaleras hacia los dormitorios. Zabini se lanzó sobre Spencer desplomando un golpe sobre su rostro. La sangre manchó el verde tapete de la sala común y Jack se secó la nariz lastimada mirándo a Blaise que parecía haber perdido el control.
- Escúcha lo que te voy a decir Spencer y espero que lo oigas bien!- gritó fúrico. - Si hay algo que detesto son los traidores! Y ya me di cuenta que a parte de loco, eres un maldito traidor! No sé qué tanto sabes, pero si no quieres que me convierta en tu pesadilla, mejor cierra esa maldita boca!
Una sonrisa macabra se fue dibujando en el rostro de Jack y por un momento, Blaise creyó que había llegado al límite de su propia locura.
- Eres una patética oveja Zabini...y lo serás por siempre. Tú, Crabbe, Goyle y sobre todo Pansy me dan lástima. Lo único que hacen es proteger a Malfoy, un rey que se acuesta con una desagradable sangre sucia. Por mí, se pueden ir todo al infierno; porque es allí a donde irán si Voldemort se entera.
- A la mierda contigo!- dijo Blaise y salió furioso de la sala común mientras Jack reía sonoramente.


Draco buscó a Hermione por todas partes después de clase. Comenzó a hartarse y se enojó cuando al fin se rindió y aceptó que jamás la encontraría. Pasó una mano por su rubia cabellera y se arrimó a un árbol ¿Qué tan lejos estaba llegando lo que tenía con la Gryffindoriana? Se preguntaba miles de veces qué era lo que lo mantenía atado a ella y no podía encontrar una respuesta. Le preocupaba demasiado el hecho de que estuviera empezando a...sentir. Sabía que la situación se había escapado de sus manos, y odiaba con toda su alma no tener el control. Ni una sola palabra de amor saldría para Hermione, ni un solo gesto; él se encargaría de personalmente de que no sucediera. Tenía que seguirla tratando con la misma frialdad de siempre, tenerla a su lado, pero no demostrarle ni un poco de debilidad. Ocultar sentimientos era su especialidad.
El Slytherin fijó sus ojos grises en el lago casi congelado. La nieve comenzó a caer silenciosamente sobre él sin perturbarlo ni un instante.
Fue la primera vez que Draco Malfoy tuvo miedo.

Una lechuza negra voló alto cruzando los campos y el rubio extendió su brazo mientras ella se posaba en él. Soltó el pergamino sobre la mano del Slytherin y este lo abrió. Reconoció de inmediato la perfecta caligrafía de su madre.

Querido Draco:

Primero que nada quiero asegurarte que me encuentro bien. La caída por la escaleras no fue muy grave y me estoy recuperando. Tu padre me comentó de tu actitud con respecto a postergar tu iniciación como mortífago, está de sobre decirte que tienes todo mi apoyo, pero no provoques la ira de tu padre, por favor. Lo conoces muy bien, y sabes lo importante que es para él que ingreses pronto siendo su único hijo.

Te quiere,
Narcisa Malfoy


Las manos del rubio temblaron mientras sus ojos grises se llenaban de ira ¿Qué tan estúpido creía su madre que era? Ella no se había caído por ninguna escalera y segurament escribía es carta por miedo de que Lucius también se atreviera a agredirlo a él. Lo que ella no s abía era que antes de que su padre pudiera ponerle una mano encima él era capaz de matarlo. Arrugó lentamente el pergamino entre sus manos, imaginando que era el cuello de su padre.
El odio invadió su ser aquella tarde, y mirando alrededor por primera vez se sintió completamente solo.


Hermione entró a la sala común sumamente cansada. Había estado adelantándose algunas clases con la profesora McGonagal y eso la dejó exhausta. En el camino de regreso vio a Harry y a Parvati sumamente entretenidos charlando. Al ver a su mejor amigo sintió un vacío dentro de ella que le produjo ganas de hecharse simplemente a llorar, mas se contuvo y siguió su camino. Tenía que ser fuerte ante la realidad de que jamás volvería a ser amiga de Harry y Ron; o por lo menos eso era lo que ella creía.

Subió las escaleras hacia su dormitorio y cuando abrió la puerta le sorprendió encontrar a una pelirroja parada frente a la ventana, mirando por el cristal con unos ojos tristes y huecos. Hermione se sentó en su cama sin decir nada. Sus ojos marrones estaban fijos en Ginny, quien parecía inmensamente infeliz, y por un momento la castaña creyó ver su propio reflejo en ella. Humedeció sus labios después de varios segundos trasncurridos y habló.
- Ginny...qué haces...- pero Hermione no pudo terminar la frase. Ginny había corrido hacia ella y se había dejado caer al suelo abrazando las piernas de la castaña con fuerza mientras sollozaba. Por primera vez la bruja más inteligente de Hogwarts no supo qué hacer ni qué decir, así que se limitó a acariciar la cabeza de la pelirroja mientras ella lloraba inconsolablemente; como si se hubiera tragado cada lágrima durante mucho tiempo y sin más remedio hubiera explotado.

Ginny recibía las caricias de su amiga sin poder articular una sola palabra. Las lágrimas seguían cayendo por su rostro y por un momento creyó que nunca tendrían fin.
- Yo quiero a Harry, Hermione...por qué tiene que fijarse en todas menos en mí?? Por qué en una de mis mejores amigas?? Yo mentí! Mentí! Dije que solo me quería vengar de él pero no era así, no lo era. Yo solo quería estar cerca de él, hacer que se fijara en mí. Mentí Hermione! Parvati no lo sabe y no debo decírselo porque se ve tan emocionada! Me quiero morir! No vivir más me siento muy mal! Yo lo quiero, no lo puedo negar más lo quiero Hermione perdóname!- dijo Ginny sollozando sin parar.
- Shhh- dijo Hermione sin dejar de acariciar la cabeza roja de su amiga.- Ya lo sabía.

Se quedaron así durante un tiempo incalculable. Cuando a la pelirroja se le acabaron las lágrimas y le ardieron los párpados se acostó en la cama se la castaña y mientras su amiga le contaba un cuento bélico de esos que tanto le gustaban a la pelirroja, se quedó dormida. Al despertar ya eran las doce y Hermione se había ido. Se sorprendió al notar que se sentía más ligera y con mucho menos peso que con el que había ingresado a aquella habitación. Miró al velador y allí había una taza de chocolate caliente que seguramente la castaña le había preparado. Tomó cada sorbo lentamente, tomándose su tiempo sin siquiera imaginar que en ese preciso instante Harry le pedía a Parvati que fueran novios y ella, sonriente, decía que sí.

Cuando Hermione entró a la biblioteca de una forma u otra le sorpendió no encontrar al rubio esperándola. Suspiró y se sentó en una de las sillas de la biblioteca. Miró los libros que la rodeaban y se sintió feliz de estar nuevamente allí. Tenía mejores recuerdos en aquella biblioteca que en su misma sala común. Ese lugar había sido su templo durante varios años; el único sitio en donde podía llorar sin ser vista y estar sola. Sus ojos marrones se encendieron cuando vio al rubio entrar.

Le bastaron segundos para entender que algo malo estaba sucediendo. El Slytherin tenía la corbata desarreglada como siempre y la camisa por fuera. Su cabello rubio caía por su frente tratando de ocultar aquellos ojos grises que se encontraban más sombríos que nunca. Cuando los ojos gélidos de Draco se fijaron en ella, una ola de hielo congeló los sentidos de la castaña y comprendió que estaba más que solo enojado; parecía emanar odio, rencor. Tendría que cuidar muy bien las palabras que utilizaría.

Le dio un beso fugaz en los labios mientras dejaba su túnica sobre una mesa sin decir nada. Hermione pestañeó varias veces y logró hablar.
- Qué te pasa?- preguntó repentimamente.
- Nada. - respondió secamente mientras caminaba hacia ella y la tomaba por la cintura. Comenzó a dar mordiscos en su cuello, lo que provocó que la castaña temblara entre sus brazos compulsivamente ¿Qué estaba haciendo? Jamás había tenido un trato tan...desesperado con ella.
Draco la apretaba contra su cuerpo como si con ella quisiera apagar la rabia que sentía contra su padre. La besó con tanta intensidad, que Hermione notó inmediatamente que lo que le sucedía era grave.

La Gryffindoriana lo separó de ella con gran dificultad y él pareció enfadarse.
- Qué sucede?? Por qué estás actuando así
- Actuando cómo?!- gritó Draco descargando su ira. - Por qué siempre le tienes que buscar una maldita explicación a las cosas?!
- Algo te pasa lo sé.- dijo Hermione tratando de descifrar el idioma de su mirada. - Lo puedo sentir. Me besaste de una forma extraña...como si, como si no fueras tú.
- Soy yo. Siempre soy yo.- dijo él
- No, tú eres otro cuando estás conmigo.- dijo fijando sus ojos marrones en él. -Te noto frío...
Draco no quería mirarla, sentía la fuerza de sus ojos miel en él y no quería caer. No ahora. Ella tenía la capacidad de ver demasiado através de la barrera que se encargaba siempre de mantener entre ambos. El rubio sabía que si le decía que pronto iba a unirse a los mortífagos ella no lo entendería. Jamás comprendería la sed de venganza que nacía en sus venas; no precisamente hacia los impuros, pero sí hacia su padre. Quería destruirlo, y nadie se lo iba a impedir.
- Es mí problema.- dijo él de forma cortante.

El Slytherin se sentó en una de las mesas con la mirada fija al frente, evitando la de la castaña. Sus ojos chocaron solo cuando él sintió el calor de la mano suave y pequeña de ella sobre la suya. Volteó para verla junto a él, mirándolo con una ternura que en ese momento le fastidió.
- Entonces es mío también.- le dijo casi en un susurro. - Dime qué sucede, podemos discutirlo..
No, ella no podía entenderlo ¿Qué quería que le dijera? Que él se convertiría en un mortío para asesinar a su propio padre y luego ser el líder de los mortífagos? No. La verdad aterraría a la castaña, y por ahora él la necesitaba a su lado. Si ella se enteraba se alejaría...y él no estaba seguro de querer que eso sucediera.
- No quiero hablar!- dijo soltándo la mano de la castaña bruscamente. De solo pensar que ella podría descubrir su verdad le produjo pánico. - Creí que habíamos quedado en que no nos meteríamos en la vida del otro y ahora esto se aplica. Detesto que me hagan preguntas personales porque éstas solo me corresponden a mí me entendiste?
- No realmente, pero si eso es lo que quieres está bien.- dijo Hermione tranquilamente. No iba a insistir más y él pudo notar un brillo de tristeza en su mirada. Draco jamás comprendería lo que era para ella estar completamente fuera de todo en su vida. Le estaba llegando a afectar más de lo que creía.

El Slytherin no dijo nada. Estaba cansado de los intentos absurdos de la castaña por intentar conocer todo lo que pasaba por su cabeza ¿Por qué no se conformaba con tener lo exterior? Todas las demás lo hacían. Pansy jamás había intentado mirar en su interior, simplemente porque sabía que dentro de él solo había cosas oscuras. Draco no quería que Hermione conociera ese lado de él, tenía miedo de espantarla, de que huyera. Prefería hacerla sentir mal por unos minutos, hacerle creer que estaba fuera de su vida y que siempre lo estaría antes que soportar su rechazo. Podía imaginar el desprecio que sentiría ella hacia él si supiera la verdad.
- Vamos, tenemos que ir con William.- dijo él caminando hacia la sección prohibida sin mirarla, secamente.
Unas lágrimas corrieron por el rostro de la chica, no tanto por sentirse apartada de todo lo relevante en la vida de Draco Malfoy, pero sí porque sabía que algo estaba envenenando los pensamientos y oscureciendo el corazón del Slytherin. Si tan solo él le premitiera conocer lo que le estaba sucediendo...

Claro que Hermione Granger tenía el corazón demasiado fuerte y la mente muy inocente. Mala combinación, en cuanto se trata de sobrevivir en el campo de guerra que se había transformado su vida, mas resultaba una perfecta mezcla en cuanto a la creación de ese ser complejo y único que era. Podía sentir lo oscuro acercarse, pero su mente, ingenua aún por la corta edad que poseía, no imaginaba siquiera lo profundo de ese lago negro que comenzaba a remarcar su vida. Quería entrar en la mente de Draco, pero ya había logrado penetrar como un taladro en el lugar más sombrío y oculto del chico, rompiendo la gruesa armadura de hierro que lo cubría...

su corazón


Draco entró repentinamente y le dirigió una mirada fría a William. Éste no tuvo la menor reacción; conocía muy bien aquellas miradas y el poco daño que eran capaces de hacer. Después de todo, Xavier y Draco seguían siendo de cierta manera, la misma persona. El moreno sonrió amablemente a Hermione cuando ésta llegó. Su forma de ser, limpia y transparente, dio a notar inmediatamente que algo le ocurría. Sin embargo, parecía tratar de ocultarlo por todos los medios posibles y por lo tanto, para no convertir la situación en una más incómoda de lo que ya era, William puso en práctica la valiosa virtud del silencio en el momento preciso.

Hermione se acercó al libro sin decir ni una sola palabra y con la mirada hacia el suelo. Draco hizo lo mismo, manteniéndose lo más alejado posible de la castaña para así ceder al impulso de acurrucarse entre sus brazos como un niño. Una ráfaga de viento los tragó. William rió solo en cuanto se fueron moviendo la cabeza de un lado al otro, comprendiendo en los ojos marrones intensos de la castaña la única verdad que ocupaba aquella sala; hubiera sido conveniente advertir al rubio que él conocía perfectamente ese brillo curioso ya en los ojos de Isabella y que ahora irradiaba en los de su descendiente, y que fuese lo que fuese que acababa de suceder entre ambos, la Gryffindoriana no se iba a quedar con la duda.


En el preciso instante que Hermione tocó el suelo bajo sus pies supo que iba a averiguar lo que estaba sucediendo con el Slytherin. No era metida, pero la curiosidad por aquel mundo enigmático que lo rodeaba empezaba a comerla viva. Su gran imaginación comenzaba ya a inventar soluciones al problema desconocido que aquejaba al rubio. Muchas veces su madre le había advertido lo peligroso que podía ser aquella imaginación desbordante ¿pero cómo iba a saber que ésta vez su madre no había exagerado? No lo pensó. Ese fue el problema.

Draco fijó sus ojos grises en Isabella, quien llevaba un vestido negro largo y brillante que formaba su figura bastante bien. Su espalda estaba ligeramente descubierta y ella no pudo evitar sentirse desnuda. Magdalena se lo había comprado, encargado desde París, en donde la moda actual era el uso de ropa más descubierta para las mujeres. Isabella no estaba acostumbrada a ello.
- ¿Por qué?..- susurró tristemente.

Su cabello castaña estaba suelto, por primera vez, en su intento de cubrir su espalda. Las olas onduladas de su pelo la hacían ver exhuberante y por primera vez pudo alcanzar un poco la belleza insuperable de su hermana. Se sostuvo el estómago durante unos instantes mientras miraba por la ventana. Fue entonces cuando Hermione recordó que Xavier le había prohibido a las mucamas llevarle comida al cuarto al menos que ella bajase.

Alguien tocó la puerta suvamente lo que dio señal absoluta de que no se trataba de Xavier. Isabella caminó y la abrió.
- Señora le traje un poco de comida.- dijo Mika sonriente mientras entraba y sacaba de un cesto frutas, pan y jugo. La castaña sonrió y tomó las manos de la jóven empleada.
- Dale este alimento al primer mendigo que veas en la calle.- dijo ella. - Yo no lo necesito tanto.
- Pero si no ha comido nada en todo el día!- d ijo Mika trsitemente. - Se va a enfermar. Usted es muy delgada y débil..
- Soy más fuerte de lo que te imaginas.- dijo Isabella sonriendo. - Haz lo que te pido sin d iscutir, por favor. Te doy mil gracias por el gesto.
- No es nada Señora, no me parece justo cómo el señor la está tratando. Él no suele ser tan intransigente, últimamente ha estado muy amargado.
La castaña pensó por un instante en su hermana y lo sucedido. Tal vez el orgullo de un hombre pisoteado era el dolor más grande. Mika la miró y sonrió.
- Está bellísima. Esta noche va a sobresalir.
- Lo dudo.- dijo ella tristemente. - Todo lo que deseo es poder salir de aquí..
- Siento tanto que se sus ánimos estén tan decaídos. Me ocuparé de usted personalmente de ahora en adelante.- dijo Mika sonriendo. - Por cierto! El Señor la espera abajo, dice que se apresure.

Isabella tomó aire como armándose de valor para no desarmarse y salió de la habitación. Draco y Hermione la siguieron, aún sin decirse nada.


Xavier estaba caminando de un lado a otro en la sala para cuando los dos alumnos llegaron. No podía dejar de pensar en Carmen. Aquella noche la vería nuevamente, y la haría sufrir la mayor cantidad de tiempo posible. Pronto dejó de caminar y se quedó parado en seco frente la escalera. Isabella estaba en comienzo de ésta, mirándolo fijamente con aquellos ojos intensos que solo en ese instante el fue capaz de apreciar. La recorrió con la mirada impresionado, y después apartó los ojos de ella despectivamente; tenía que recordar la clase de mujer que era, y no dejarse llevar por la aparente sencillez y sinceridad que demostraba porque era completamente falsa.
- Vámonos.- dijo mientras salía por la puerta principal rápidamente.

Isabella ssupiró y lo siguió.

Antes que que pudieran seguirla, Draco y Hermione se vieron en vueltos en una repentina ráfaga de viento. Habían permanecido alejados, por lo que no pudieron tomarse de las manos y salieron del lugar disparados en distintas direcciones gritando sus nombres, como si con ello quisieran alcanzarse.


Hermione cayó sobre arena. Sintió ésta incrustándose en sus ojos e inmeditamente se levantó tratando de quitársela de encima. Cuando por fin pudo abrir los ojos observó impactada lo que tenía al frente.
- Por..Merlín...

Un buque enorme estaba frente al gran puerto. La luna daba la orilla del mar una luz pálida y algo lúgubre. Sus ojos marrones no se apartaban de la cantidad de gente que bajaba de él. Una tercera parte, Gitanos; la otra estaba compuesta por vampiros indudablemente. La piel pálida y las capas negras le mostraron aquella espantosa verdad. Cadáveres deambulantes y chupadores de sangre invadían el lugar mientras se daban un banquete con los magos que vigilaban el puerto.
Hermione tuvo que contener las ganas de vomitar cuando vio a un vampiro clavar sus colmillos en el cuello de un hombre mientras la sangre corría. Se sintió terrible, y quiso salir de allí inmediatamente mas cuando se volteó, unos rostros conocidos impidieron que se moviera.
Siron caminaba sonriendo tétricamente y a sus lados estaban Morrigan y Zulema. Los tres se acercaron a un vampiro se pelo negro y largo, quin miró a Zulema morbosamente.
- Me prestas a tu hermana Siron??
- Olvídalo.- dijo él empujando a la rubia que estaba a su izquierda. - Toma a Morrigan, solo para eso sirve.
La rubia fijó sus ojos grises llenos de odio en él. Y se alejó del extraño.
- No me pongas un dedo encima o haré de tu vida un infierno..
- No pretendo hacerlo de cualquier forma princesa...Zulema es más atractiva.

La morena cortó la conversación bruscamente.
- No interesan tus comentarios ya que para ello tendrías que pensar, lo que creo se te dificulta bastante. Llegaron los últimos?
- Son todos.- dijo el hombre aún mirándola morbosamente.
- Entonces creo que estamos listos para la guerra.- dijo Zulema. - El dinero para pagar esa tropa lo tendrás pronto, ya ubicamos a un afortunado que servirá para la causa.
- Pirandello no es así?- dijo Morrigan
- Sí.
- Lo que me recuerda que aún no has encontrado a Lilith. Te di una simple tarea que no pudiste cumplir. Es patético.- dijo Siron mirando despectivamente a su hermana.
- Por q ué no encargas a Zulema? Ya que ella todo lo hace a la perfección!
- Ella no tiene tiempo para encargarse de eso. Está ocupada con Pirandello y hasta ahora lo ha hecho perfectamente. Es la última oportunidad que te soy Morrigan, ya es toy harto de cargar a cuestas una hermana inútil.
Siron dio vuelta y tomó la mano de Zulema llevándosela hacia el otro lado con los demás vampiros. Morrigan apretó los puños enterrándose las uñas en las palmas de las manos mientras veía a su hermano alejarse.
- Debe ser terrible ser la segunda en todo no?- dijo el vampiro antes de irse.


Hermione sintió algo de lástima por Morrigan, pero aquellos ojos grises muertos no le trasnmitían sentimientos. Había algo terrible en ella, una maldad incluso más grande que la que Zulema, con sus grandes serpientes trasnmitía. No pudo evitar que su piel se erizara. Sintió que se ahogaba de repente y vio por un instante todo nublado. Sin embargo, pronto volvió a normalidad y logró salir de esa angustia que parecía invadirla.

- Draco dónde estás??



Draco cayó de pie y antes de caer al suelo se sostuvo de la pared. Miró a su alrededor inmediatamente, desesperado, en busca de una Hermione que se había ido bastante lejos de donde él estaba. Se pasó una mano por su rubia cabellera al ver que la ahbía perdido. Recordaba ahora las palabras de William diciéndole que era peligroso el que estuvieran separados. El simple hecho de pensar que algo malo podría sucederle a la castaña por su ineptitud hizo que la rabia que sentía hacia él mismo se increcentara. Pegó a la pared con fuerza sin sentir el dolor de sus nudillos heridos.
- Maldita sea!

Su respiración era agitada. Trató de tranquilizarse pero no pudo. Aquel en definitiva, era el peor día de toda su vida. Quería saber dónde estaba la Gryffindoriana, pero no podía. Tal vez en ese preciso instante estuviera corriendo peligro..y todo por tu culpa.

Sus ojos grises de fijaron en la gran mesa donde Carmen, Andrés, Xavier e Isabella cenaban. Carmen no dejaba de mirar al rubio. Su vestido rosa tentativo la hacía resaltar en la habitación. Los ojos grises del recién casado estaban fijos en la pelirroja también, sin poder medir la ira, el rencor, y la lujuria que ella despertaba en él. Andrés seguía hablando animadamente sin notar la tensión que se daba en la mesa.
- En sí, yo creo que el sistema capitalista que se está dando actualmente en el mundo mágico y me atrevería a decir, e n el muggle también ya que según el oráculo pronto vendrá una revolución....mmm se me fue el nombre..
- Industrial.- agregó Isabella repentinamente. - Dicen que en algunos años los muggles serñan grandes inventores de artefactos que sin poderes mágicos realizan tareas indiscutiblemente asombrosas.
La atención de los dos hombres estaba ahora en las manos de Isabella. Xavier había dejado de observar a Carmen para fijar los ojos en su esposa, cuya sencilla y opacada belleza hasta entonces no había relucido, y ahora parecía querer salir a flote en un mar de ideas.
- Vaya! No sabía que eras tan conocedora de estos asuntos.- inquirió Andrés mientras sus ojos brillaban sobre ella. - En definitiva, creo que el capitalismo regirá sobre todo el mundo, mágico y muggle.
- No lo creo.- dijo Isabella nuevamente integrándose a la conversación. Aún mantenía ese tono tímido y recatado, mas no podía evitar intervenir. - Es decir, en mi opinión, y segñun varios estudios que he realizado, en base a estadísticas e idiologías próximas..creo que ya que el capitalismo es un sistema que beneficiará a algunos y hundirá a otros, esos otros crearán otro sistema que los protega..posiblemente uno para clase media baja. Podrá llegar a ser el principal enemigo del capitalismo, como lo conocemos.
Andrés rió.
- No lo había visto desde ese punto de vista! Pero..es algo extraño.
Xavier hasta entonces había estado con la boca semiabierta observándola, pero intervino en ese preciso instante.
- No es extraño lo que dice tiene sentido.- dijo el rubio. - De hecho yo también he llegado a la misma conclusión. Un sistema más social, con tendencias hacia una repartición equitativa de las riquezas...
- Podría ser. Isabella.. no sabía que estudiaras tanto.- dijo Andrés.
- Pues, creo que la educación debería impartirse para todos; hombres y mujeres. Pensamos de igual manera no es así?
Carmen odió desde ese instante a su hermana y no dejaría de hacerlo nunca. Por primera vez, sintió que no era el centro de atención y esto no lo pudo soportar. En aquel instante, por única vez en su vida sintió envidia de su hermana. Jamás había tenido nada que ella no tuviera. Su belleza, sin duda alguna sobrepasaba a la simplona de la de Isabella. Carmen sabía que era más carismática, encantadora, elegante, interesante y seductora. Entonces..¿por qué de repente se sentía tan inferior a Isabella? Tal vez era porque los ojos de Xavier brillaban al mirarla como jamás habían brillando al verla a ella. Porque su hermana parecía ser mucho más inteligente de lo que ella jamás podría ser. Tal vez era eso; no lo sabía. Solo tenía la firme certeza de que la odiaba, y que en ese momento se había declarado la guerra entre ambas, aunque la castaña aún no lo supiera.

Xavier, a quien le había impactado la intervención repentina de su esposa, había comenzado a dudar seriamente de todas las acusaciones que Carmen había tenido para con su hermana. Ahora se preguntaba qué tan cierto era que alguien tan bien preparada y con obvias inclinaciones hacia lo social pudiera ser la clase de zorra que la pelirroja había descrito en otras ocasiones. Supo, que mandaría de inmediato a investigar los antiguos pasos de su esposa, y así conocería la verdad.

Isabella había dejado de comer y parecía tener la mirada fija sobre la mesa. No soportaba más la situación que estaba viviendo. Era demasiado incómodo tener que ser parte de aquella farsa, de esa mentira que la estaba destryendo poco a poco. Sintió que se asfixiaba, que el aire le faltaba. Trató de tranquilizarse y regular sus emociones.
- Mi hermanita, como siempre tan elocuente no es así?- añadió Carmen. - Ya que estamos en una conversación tan animada por qué no nos hablas de tu madre? Andrés estuvo interesado en saber de ella pero yo, la verdad, mucho no sé. Era una pirata no es así?- dijo venenosamente la pelirroja.
Isabella notó las palabras hirientes de su hermana y las recogió inmeditamente para que al menos Andrés no lo notara.

- Sí, lo era. Una mujer admirable que dedicó su vida en beneficio de otros. No muchas pueden decir lo mismo. Resulta algo patético que muchas de las llamadas damas de la sociedad se pasen los años de su vida tejiendo, en una silla mientras otras las atienden ¿es ese un propósito de vida coherente?
Xavier no pudo evitar sonreir. De cierta forma, el sarcasmo inteligente de la castaña resultaba cómico.
- Estoy de acuerdo queridísima hermana, pero, ¿no es eso acaso lo que ambas estamos destinadas a hacer? Me temo, que tu catalogación también te incluye.
Las mejillas de la castaña tomaron un color rojo ante el comentario sucio y vil que sin duda había sido destinado a herirla. Isabella se levantó de la mesa bruscamente.
- Discúlpenme, debo tomar aire.
Con esto salió.

Se asomó por el balcón de la sala y respiró permitiendo que el aire penetrara sus pulmones. Las últimas palabras de su hermana le habían llegado profundamente. Tenía razón, ella estaba condenada a pertenercer a esa clase inútil y desprovista de ideales ¿Cómo podría seguir viviendo con aquella certeza? Sintió que las lágrimas venían cuando una mano tomó su brazo y delicadamente la volteaba. Sus ojos marrones brillantes de chocaron con los grises del rubio muy de cerca.
- Siento haberme retirado de esa forma.- se justificó Isabella confundida.
- Estás bien?
- Qué?- dijo ella creyendo no haber escuchado bien. Era la primera vez que Xavier dirigía palabras amables hacia ella.
- Estás pálida. Recuerda que Andrés no debe notar nada de esto.
- Es una pesadilla.
- Es culpa de tu hermana
- No la mía.

Isabella dirigía una mirada llena de reproches al rubio y éste, por primera vez sintió la llama de fuego que en aquellos ojos brillaba, y parecía querer quemarlo hasta consumirlo en la miseria más cruel y despiadada. Había bastado aquellos dos días de compartir con ella para saber que la mujer con la cual sse había casado no era ninguna tonta. Era brillante. Precisamente en esto consistía el poder de su carácter; firme, dominante. Sus ojos expresaban una viva intensidad que jamás había visto antes en ninguna otra mujer. La inteligencia que Isabella poseía era lo que le impedía controlarla como había pensado hacer desde un comienzo. De repente, todos los conocimientos que creía tener sobre la materia femenina se vieron desprovistos de base. Supo que no sabía a qué atenerse con aquella castaña ojos marrón que tenía al frente, y por primera vez, Xavier Pirandello titubeó ante los ojos ardientes de una mujer.

Isabella se soltó del rubio y sin bajar la barbilla ni un solo instante, dando muestras de eterno amor propio y orgullo desmedido, dio media vuelta y entró al comedor.
- Sucedió algo?- preguntó inocentemente Andrés, quien en definitiva, no podía siquiera imaginar lo que se estaba dando en su propio hogar.
- Es solo que requería un poco de aire.- se disculpó Isabella.
- Y Xavier?
- Está por entrar.
Carmen sonrió y repentinamente se levantó de la mesa.
- Iré a buscarlo. No queremos que se pierda del postre que yo misma preparé.

Isabella miró con rabia e indignación a su hermana mientras ella salía hacia el balcón ¿Cómo podía tener tan pocos escrúpulos? Sintió como todo su cuerpo, lleno de ira temblaba. Trató de ocultarlo por respeto a Andrés, después de todo, él no tenía la culpa de nada. Pero supo que iba a vengarse de todo aquello. Iba a tomar la justicia en sus propias manos; por ella, y por Andrés- las víctimas de todo el asunto-

Draco, por supuesto, no podía saber lo que pasaba por la mente de la castaña en esos instantes, y la verdad, poco le importaba realmente. Solo podía pensar en Hermione, reprochándose una y otra vez no haber seguido las estrictas instrucciones de William. Si algo llegaba a pasarle....
- Maldita sea! - gritó mientras saliía al balcón.


Carmen lucía esplendorosa bajo la luz pálida de la luna.Xavier tuvo que hacer grandes intentos para controlarse, y no ceder ante todo lo que su presencia le producía. Aunque gran parte de su corazón seguía latiendo fuertemente cada vez que la veía, el sentimiento de rencor y odio prevalecían de tal forma que se le hacía imposible verla como la veía antes. La venganza era lo único que cruzaba por su mente, y lo único que alimentaba su ser.
- Qué tal has estado con la simplona de Isabella?- dijo Carmen sonriendo malévolamente. - Ella te odia, y por lo que veo, está siendo para ti el dolor de cabeza que antes era para mi madre. Cometiste un error al casarte con ella solo para vengarte, y lo irás pagando lentamente con la joyita que te acabas de llevar.
Xavier sonrió sombríamente y un escalofrío recorrió la espina dorsal de la bella mujer de Buchamp. El rubio se acercó a ella tanto, que solo quedó unos pocos milímetros de distancia entre sus bocas. Él la miró fijamente.
- Tu ignorancia habla en esa boca como si tuviera vida.- espetó. - ¿Quién te dijo a ti, camelia, que eres mejor que aquella que ahora, sin importarle las condiciones en las que se ve envuelta, está en ese comedor soportando lo que ninguna otra mujer en su lugar soportaría? En eso radica la diferencia entre una dama, y una simple ramera.
Carmen cerró los ojos como tragando el insulto que había sido recientemente lanzado en su contra. Pronto volvió a abrirlos, despertando esa belleza peligrosa y venenosa que la envolvía.
- Tu me amas, lo sé. Puedes admirar a Isabella porque está allí sentada pero solo hace todo esto porque es una hipócrita cien veces más ramera de lo que tu me acusas. Mi error fue haber ambicionado una escala social alta antes que ceder al amor que siento por ti; eso llega a ser entendible. Mi hermana es una prostituta que se vende al mejor postor, y no por ambición, sino por placer. Mira tú a cuál de ambas prefieres.
Con éste último comentario ácido la pelirroja dio media vuelta y entró. Unos minutos después el rubio hizo exactamente lo mismo.



Hermione había llevado bastante tiempo escuchando las negociaciones entre los vampiros y gitanos cuando la lluvia comenzó a caer como por arte de magia sobre todos los presentes. La castaña vio cómo todos se metían en los barcos o simplemente corrían en distintas direcciones dejando cadáveres de guardias en la bahía del puerto como muestra de la tremebunda tradición alimenticia de estos seres dotados de gruesos colmillos. Hermione gritó de rabia al sentirse completamente mojada y el frío inmediatamente caló sus huesos. Hubiera querido correr como los demás ¿Pero a dónde? No había solución. Miró a su alrededor y entonces reconoció a Zulema, estática, dejando que la lluvia corriese por su vestido negro y humedeciera su piel de porcelana. Su cabello negro carbón caía mojado por su frente, largo y lacio, tapando la eterna oscuridad de unos ojos vidriosos. Siron corrió hacia ella y la tomó del brazo obligándola a voltear.
- Vámonos! La lluvia aterroriza a los gitanos ya no tenemos nada que hacer aquí.
Zulema se soltó de su hermana bruscamente y lo miró friamente.
- Detesto a los gitanos. Quisiera matarlos.
- Sabes que no podemos, nos conviene ahora mantenerlos de nuestra parte.
- Puedo escucharla..
- ¿A quién?
- A Damona...
- Que dice..
- Que si no encontramos a Lilith pronto, va a morir.- dijo mirando a su hermana con una expresión tan...tan...muerta.
- La inútil de tu hermana no a conseguido su paradero.
- Morrigan es una inepta.- dijo Zulema sacando una daga de su capa mientras varias serpientes la envolvían acariciando su escamosa piel. - Voy a matar a Pirandello.
- Como quieras, sabes que no puedo negarte ningún tipo de placer mi princesa..- dijo acariciando el rostro de su hermana. - Solo, asegúrate de conseguir el dinero.
- Lo haré.

Hermione sintió el frío entumecer cada parte de su cuerpo mientras en su mente solo rogaba por retornar antes de que el clima terminara por congelarla.
33.- Cartas sobre la mesa

Durante el viaje de regreso a la mansión Pirandello nadie dijo nada. Xavier permanecía observando a su esposa, mas ésta solo miraba por la ventana, como rechazando cualquier tipo de contacto visual con aquel ser que sin duda alguna detestaba.
Draco los siguió todo el tiempo hasta entrar a la sala de la mansión, donde la pelea de siempre comenzó a estallar. Isabella había caminado directamente hacia las escaleras cuando la voz petulante de Xavier la detuvo en seco.
- ¿Cómo logras tolerar todo esta situación?- preguntó él con un tanto de curiosidad morbosa.
- Es eso, o manchar el apellido de papá, lo cual ni muerta haré.- dijo la castaña cortante. Su voz era fria y distante.
- O tal vez sea porque eres igual que tu hermana, y te casaste porque tengo dinero.
Isabella se volteó bruscamente y lo miró con ojos ardiendo en ira, parecía que sus labios estaban a punto de articular alguna frase que callara al rubio, sin embargo, pareció tragárselo y esbozar una sonrisa tétrica, desafiante y perturbadora mientras altiva, miraba con superioridad a Xavier.
- Mañana desayunaré contigo.- dijo en un tono amable, tan amable, que produjo escalofríos en el rubio. - Así que espero que estés presente. Aclararemos algunas cosas.
Isabella dio media vuelta y subió las escaleras desapareciendo. Xavier supo que algo tramaba aquella cabeza que cada vez lo dejaba más sorprendido. Aquella misma noche escribió una carta a uno de sus seguidores para que investigara la labor que Isabella Shawn realizaba en la comunidad local.

Un temblor brusco lo llevó hacia el piso frío de la sección prohibida.

Draco fijó sus ojos grises en William, quien lo observaba aprehensivamente, e inmediatamente volteó a ver a Hermione, quien se levantaba completamente empapada y temblando. Sus labios estaban morados y tenía un semblante pálido. El Slytherin se aterró mientras se levantaba y la tomaba entre sus brazos, abrazándola con fuerza, tratando de transmitirle calor. Aquel delicado cuerpo, que tantas otras veces había sido capaz de desprender llamas de fuego ahora parecía un témpano de hielo. William parecía furioso, y no le faltaba razón para ello.
- ¿Ustedes creen que esto es un juego verdad? Si de verdad lo creen, entonces deberían no regresar más y simplemente dejar que las cosas sucedan como sucedieron años atrás!- inquirió notablemente molesto. - Creí que trataba con dos personas maduras! No con dos niños que por una riña pierden el control del trabajo importante que les fue encomendado!
- ¿Cómo sabes que discutimos?- preguntó Draco extrañado. - Y no me gusta que me griten! Mucho menos un simple recuerdo!
- Ya basta!- gritó Hermione volviendo a tomar el color natural rosa de sus mejillas. - Perdónanos Will, no sucederá nuevamente.
Hermione se separó del rubio y salió de la sección prohibida. Draco la siguió inmediatamente.
La castaña caminaba dispuesta a retirarse de la biblioteca cuando una mano la tomó por la cintura y la obligó a voltear. El rubio la pegó contra su cuerpo y el sentirla, temblando bajo sus manos, lo excitó terriblemente. La pequeña nariz de Hermione permanecía roja, y sus labios habían recobrado su color natural.
- ¿Estás bien?
- No vas a disculparte verdad?- preguntó la castaña sintiendo su aliento chocar contra el de su amante.
- No.- respondió él pegándola más contra sí. - No me arrepiento de nada.
Hermione sintió un dolor grande al saber que no tendría más opción que investigar aquello que él ocultaba. Había estado a punto de irse cuando el rubio cortó la poca distancia entre ellos y la besó intensamente. La castaña sintió cómo el calor volvía vivamente a su cuerpo mientras él indagaba con su lengua en el interior de la boca de la Gryffindoriana. Sus manos, con dedos largos y finos como los de un pianista, recorrieron el cuerpo de la chica con desesperación y con unas incontrolables ganas de poseerla. Poco le importó el hecho de que estuviera empapando su uniforme de Slytherin mientras sus cuerpos chocaban contra sí. Él había comenzado a desabrochar la blusa de Hermione cuando ésta de repente dejó de responder a sus caricias. Sus ojos grises se fijaron en ella mientras observaba cómo unos ojos marrones apagados lo miraban inquisitivamente.
- Para ti soy solo un objeto verdad?- le dijo sin dejar de mirarlo ni un solo instante. No quería perderse ni una mínima reacción.
- No te entiendo.- dijo Draco alejándose de ella y manteniendo la barrera de siempre. No, ella jamás podría saber lo que él sentía. Prefería morirse, o dejarla antes de que ella lo supiera. - Creí que esto era un acuerdo.
- Osea que es eso lo que yo sigo significando para ti verdad? Un estúpido arreglo. Siempre lo fui.
- Eso nunca te molestó.
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.
- ¿Nunca? ¿Qué clase de zorra crees que soy? ¿Crees de verdad que puedo ser tan frívola como para mantener solo un trato cuando te he dado....todo de mí?
- No me has dado todo Hermione Granger.- dijo Draco respondiendo crudamente. - Siempre, solo he poseído tu cuerpo.
- Lo mismo digo.
- Ese fue siempre el trato.
- ¡Este trato es inmaduro y patético!- inquirió la castaña.
- Es el que tú misma te empeñaste siempre en mantener!- espetó el Slytherin. - Siempre me has mantenido alejada de todos tus asuntos personales y eso es exactamente lo que yo hago, estamos a la par.
- Quiero dejarlo! Y si te digo que ahora estoy dispuesta a cambiar esa parte del trato?
- No quiero.
Draco caminó por entre las estanterías acomodándose la corbata, evadiendo como podía la situación. Hermione caminaba tras de él.
- Eres un cobarde.- le dijo. - ¿A qué le tienes tanto miedo? ¿A que sepa tus secretos o a que aún después de conocer los míos quieras permanecer a mi lado?
- Me estás hartando! Te estás comportando igual que Pansy!
- No te atrevas a compararme con tu repugnante novia!- gritó Hermione sin poder creer lo que él acababa de decir. - No soy igual que ella y lo sabes! Por eso estás conmigo o lo niegas? Atrévete a negarlo!
- Solo eres la otra maldita sea!- gritó el rubio estallando y sin medir sus palabras. Estaba desesperado, tenía que alejarla de su vida antes de que ella descubriera la verdad. No sería capaz de soportar el odio que ella sentiría hacia él si conociera sus planes. - ¿Qué te hace pensar que tienes más derechos que ella?! ¿Qué te hace pensar que puedes entrometerte en mi vida! Si piensas que hay sentimientos involucrados en toda esta situación lamento descepcionarte ¿Quieres saber la verdad? Te diré la única verdad.- dijo mientras se acercaba a ella con aire déspota. - Me casaré con Pansy, y todo esto quedará en el olvido en cuando nos graduemos. Siempre lo supiste, no te engañé nunca. Tú decidiste quedarte conmigo a pesar de todo esto. Esa es la verdad.
Hermione escupió en el rostro de Draco, tal y como Isabella lo había hecho alguna vez con Xavier y salió de la biblioteca corriendo pensando que aquel sería sin duda el peor momento de su vida. No tenía ni idea de que todo en esta vida sucedía por alguna razón, y lo que llegamos a creer perjudicial, mucho después conlleva a algo sumamente gratificante ¿Pero cómo iba ella a saber que el haberse bañado en lluvia hasta el punto de congelarse le serviría para recuperar a sus amigos?

Parvati entró an gran comedor y corrió hacia Harry dándole un beso fugaz en la boca que no sorprendió a nadie, claro, nadie exceptuando a Ginny. Neville se apresuró en informarla de que el moreno y la rubia ya eran novios y la pelirroja dejó de comer. Su rostro se tornó pálido mientras todos reían en la mesa felicitando a los dos chicos. Ron, reía eufórico diciendo frases que lo único que lograban hacer era el momento aún más doloroso para ella.
- Siempre supe que terminarían así! Es decir, hacen una pareja perfecta!- dijo él sin siquiera sospechar que estaba apuñalando lentamente el corazón de su hermana.
Ginny hizo un esfuerzo por controlarse. Su mirada estaba fija en la mesa y trataba de no observar cómo Harry tomaba a Parvati por la cintura y sonreía sin siquiera percatarse de su presencia. Como si no existiera. De repente, los sonidos parecieron desvanecerse, y lo único que la pelirroja lograba captar eran los latidos lentos de su corazón, y la debilidad que comenzaba a esparcirse por todo su cuerpo. Resultaba intolerable. Pero no se levantaría o se retiraría de allí. Tenía que ser fuerte.
*Vamos, tu puedes Ginny* se dijo cuando la voz alegre de su amiga la devolvió a la realidad.
- Ginny!!! Ah! Quería contártelo ayer en la noche pero no sé dónde diablos dormiste!! No te encontré!- dijo Parvati sentándose a su lado. - Harry es..., no sé cómo explicarlo pero creo que por fin he encontrado una relación estable. No sabes lo esperanzador que es esto.
Ginny levantó la mirada hacia el buscador de Gryffindor que reía mientras hablaba con sus amigos; parecía extremadamente feliz. Volteó hacia su amiga.
- Me alegro por ti Parv.- le dijo casi en un susurro.
- Siento que esto arruine tu venganza contra él, de verdad.- dijo la rubia. - Es solo que... ¿Sabes? Siempre me he sentido como...utilizada por los hombres. Muchas veces me odié a mí misma, repugnando mi cuerpo y mi rostro..
- Pero si eres hermosa.- dijo Lavander interviniendo en la conversación. - La más bella de Gryffindor.
- Precisamente. Todos, lo único que veían en mí era eso. Cuántas veces no quise ser como tu Lavander. Todos saben que Dean se muere por ti, pero no es solo por tu físico, sino por lo que eres. El ser catalogada como bella siempre fue un castigo. Me sentía...una envoltura bonita..pero de qué sirve una envoltura si adentro no hay un regalo? Todos estaban demasiado ocupados en ver mi exterior, que no les importaba si yo pensaba o no. Terminaba siendo una muñeca, y...debo confesar, que me sentía inferior. Siempre las he envidiado a todas ustedes. Ahora....Harry, él no me ve solo por mi exterior me comprendes? Él ve más allá de eso. Es el primer chico que le importa lo que estoy diciendo y me escucha sin observar el escote de mi blusa. Creo..creo que va a funcionar.
Parvati dijo todo esto con tanta sinceridad, y tanta esperanza en su mirada que Ginny se sintió aún peor de lo que se sentía. Por el brillo que destellaba en los ojos verdes de Harry al mirar a la rubia, sabía que él estaba comenzando a sentir algo por Parvati. La pelirroja quiso morirse en ese preciso instante. Respiró profundamente y dejó que el dolor la consumiera por cinco sengundos.
*1.,...2...,.3..,.4..,.5* contó mentalmente y logró contener las lágrimas que estaban demandando salir.
Fue en ese instante cuando entró Hermione con sus mejillas encendidas un poco más de lo usual. Se sentó y tomó un poco de jugo.
- No tienen frío?- dijo ella a sus amigas tapándose con la túnica fuertemente y colocándose la bufanda.
- De hecho, no hace tanto.- dijo Lavander.
- Pero si está nevando!
- Está encendida la calefacción Hermione!- dijo Parvati. - Me sorprende que no estés muriéndote de calor bajo esa bufanda.
Fue entonces cuando a la rubia se le ocurrió posar su mano en la frente de su amiga. Su expresión empalideció e inmediatamente exclamó.
- Por Merlín Hermione! Estás ardiendo en fiebre!
- No es cierto!- dijo la castaña. - Tengo tanto frío...
- Vamos a la enfermería ahora!- dijo la rubia levantándose decidida a llevar a su amiga lo más rápidamente posible al departamento médico.
- No iré..- dijo la castaña levantándose haciendo ademán de irse cuando de repente tambaléo. Todos en la mesa Gryffindoriana alertaron que la chica más inteligente de Hogwarts había estado a punto de desmayarse. Parvati la tomó por el brazo y la encaminó fuera del gran comedor. Harry y Ron las observaron hasta que desaparecieron.

Draco entró a la clase de Transformaciones seguido por su grupo de siempre. Spencer se mantenía al final, ocupado en sus propias elitistas maquinaciones. Todos los presentes se sintieron un poco aliviados al sentir la calefacción encendida en la clase; ya habían tenido que pasar por el frío gélido que invadía los pasillos y con eso había sido suficiente. La mayoría había decidido que morir de hipotermia sería sumamente incómodo y se prometieron a sí mismos ponerse dos medias en cada pie al día siguiente.
Una vez que la clase pareció llena, la profesora McGonagal miró el reloj y notó que era hora de iniciar su clase. Se levantó de la mesa con la elegancia de un gato y observó a sus alumnos desde las alturas que su conocimiento le había proporcionado. Pareció fijar unos segundos más su mirada en dos asientos que se mantenían libres, pero inmediatamente hizo como si no fuera importante y habló indicándoles lo que deberían hacer para la clase de aquella mañana. Fue entonces cuando Parvati entró.
- Perdone profesora.- se disculpó ingresando.
- ¿Cuál es la razón tan poderosa que le permite atribuirse la importancia suficiente como para llegar tarde a mí clase señorita Patil? - dijo severamente, mas conservando su típico tono de voz.
La rubia no tardó nada en contestar.
- Es que acompañé a Hermione Granger a la enfermería. No se sentía nada bien.
Nadie, a excepción de Zabini, notó que el líder de Slytherin pareció alterarse y voltear sus centelleantes ojos grises sobre la rubia con obvio interés.
- ¿Qué tiene?- dijo Ron en voz alta sin preocuparse de que los demás lo notaran. La profesora McGonagal no se lo impidió, ya que en el fondo también quería saber la respuesta a esta inquietud.
Sin duda alguna, en aquela clase habían más personas preocupadas de lo que nadie podría imaginar.
- No sé.- respondió Parvati. - Estaba ardiendo en fiebre y con escalofríos. El clima no le ha sentado bien. Madame Pompfrey se quedó con ella.
- Siéntense señorita Patil.- ordenó la profesora. - Y encárgese de darle los apuntes a su amiga sobre la clase de hoy; esto entrará en los exámenes.
Pero ninguno de los tres hombres más reconocidos en Hogwarts pudo prestar atención a nada de lo explicado en aquella clase durante las horas siguientes. Harry clavaba la punta del lápiz sobre la mesa tratando de contar los minutos que faltaban para que la hora terminara, ya se estaba empezando a desesperar; Ron, por su parte, rayaba sobre una hoja líneas sin sentido, tratando de concentrarse en cualquier ptra cosa que no fuera el hecho de que su mejor amiga estaba en la enfermería; Draco mientras tanto, era aún más obvio que ningún otro. No soportó más la presión y se levantó sin dar explicaciones a la hora y media (récord máximo que su paciencia le había permitido) y salió del aula dejando a todos atónitos.
- Vaya. No es la primera vez que tengo que soportar este clase de comportamiento por parte del señor Malfoy. - dijo McGonagal obviamente molesta. - Señorita Parkinson, asegúrese de informarle a su novio que hablaré personalmente con el profesor Snape sobre esto.
- Sí, lo haré.- dijo la morena volteándose a ver a Spencer con una mirada ácida mientras él mantenía una sonrisa vil en su rostro.
Hubiera deseado quitársela de un solo golpe. Pero todos subestimaban el nivel de captación que Pansy Parkinson poseía. Y ya no era la primera vez que sentía, que algo sucedía y parecía ser una de las pocas que no lo sabía.
Aquello estaba a punto de cambiar.

- Hermione Granger! Hace cuánto que no comes decentemente!?- exclamó Madame Pompfrey después de leer lo que el termómetro de enfermedades físicas le dictaba.
- La verdad es que no me ha dado cuenta..- dijo ella acostada en la cama. Tenía los ojos cerrados ya que le ardían. Su cabeza daba vueltas y sentía que si hacía el leve intento de levantarse vomitaría.
- Tus defensas están terriblemente bajas! Eso, y el clima te ha hecho terrible daño. Estás al borde de una bronquitis.
- Lo siento, es que he estado muy estresada..y no me he dado cuenta de si estoy alimentándome debidamente.
- Es importante Hermione! Por ahora las pastillas vitamínicas que te tomaste estarán bien, pero nada compensa la energía que la comida proporciona. Si no te alimentas bien tendrás graves problemas de salud.- dijo ella mientras guardaba unos medicamentos. - Por ahora descansa hasta que las pastillas hagan efecto. La fiebre bajará pronto y te sentirás mejor. Si tu problema es el miedo a engordar, come fruta por montones pero no dejes de alimentarte!
- Yo no soy así!- exclamó la castaña. - No soy tan idiota como para preocuparme de esas superficialidades. Es solo que...no me ha dado hambre. Algunas veces..hasta me da asco.
- Ya arreglaremos eso. Por ahora descansa.
Madame Pompfrey salió dejándola sola. No pasaron más de quince minutos cuando sintió unos pasos.
Draco ingresó y cerró la puerta tras de sí. Sus ojos grises se fijaron en la camilla en donde la Gryffindoriana descansaba, dormida aparentemente. Miró a su alrededor, corroborando el hecho de que no había nadie y caminó hacia ella lentamente.
Hermione sabía que era él. Podía sentirlo, y pudo comprobarlo cuando estuvo al pie de su cama y el aroma masculino que siempre despedía penetró sus fosas nasales. No había nadie que tuviera un olor como aquel. No supo exactamente por qué, pero no quiso abrir los ojos. Prefería seguir en su actuación de dormida, antes que despertar y comenzar a reñir con el rubio. Además, no quería verlo. Aún le repugnaba lo que le había dicho en la biblioteca. El Slytherin se había trasnformado en un témpano de hielo imposible de producir algo que no fuera un frío que la lastimaba y acababa con sus esperanzas diariamente. Él la estaba matando. Ya no sabía si tenía fuerzas para continuar con todo aquello. Tal vez el dolor sería menor si simplemente se alejara y olvidara todo aquello se ayudarlo. Ahora le quedaba claro que él no era como los demás seres humanos; Draco Malfoy no necesitaba a nadie. Había sido su error el creer que la soledad que lo rodeaba iba a terminar asfixiándolo y matándolo en su propia mentira. No, con él no funcionaba así. Parecía tan acostumbrado a ese mundo vacío, que no podía salir; y en el caso de que lo hiciera ¿Podría vivir fuera de él?
Draco avanzó hasta estar al lado derecho de la camilla. Sus ojos grises recorrieron su cuerpo, tierno y dulce, imaginando miles de formas de tenerlo entre sus manos nuevamente. Dejó todo aquello para deleitarse con el increíble efecto que producía su ondulado cabello castaño, esparcido por encima de la almohada. Sus mejillas estaban encendidas, más que de costumbre. Seguramente por la fiebre que según Parvati poseía. No sabía por qué el verla ahí, indefensa, lo hacía sentirse tan vulnerable.
Odiaba sentirse así.
La odiaba a ella especialmente.
Por causar tal efecto sobre él.
Ahora ella dormía. Jamás sabría lo que él guardaba en el fondo de su ser. Tenía tanto miedo de que supiera la verdad, que prefería alejarla. Levantó dudosamente su mano, y entonces acarició suavemente la mejilla de la castaña.
Hermione dejó de respirar. Su corazón comenzó a latir con fuerza sin poder creer lo que sentía. No podía ser. Ahora comprendía, que era la primera vez que recibía una caricia por parte del Slytherin ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué? ¿Por qué estaba allí en primer lugar?
Solo había una respuesta posible; él de alguna forma estaba preocupado por ella.
La sola idea la petrificó.
Draco dio dos pasos atrás cuando Madame Pompfrey entró. Ella lo miró por varios segundos.
- ¿Se va a recuperar?- preguntó repentinamente el rubio y conservando ese tono fríovolo.
- Pues...sí.
- ¿Cuánto tiempo?
- Si todo va bien en unas horas se sentirá mejor.
- Haga lo que tenga que hacer quiere?- dijo él groseramente. - Para eso le pagan.
Con esto salió rápidamente desapareciendo del lugar.
- Qué grosero!

Spencer dejó los libros sobre la larga mesa de la biblioteca y observó a Luna. La rubia guiaba amablemente a uno de los niños de primer año. Ya varios habían aprendido a levitar objetos, y a trasnformarlos también. La verdad era que Jack no soportaba a ninguno de aquellos mocosos, pero el haber accedido a la tutoría le permitía estar cerca de Luna.
La rubia rió junto al niño y él sintió que todo dentro de él se encendía ¿Cómo alguien podía ser tan perfecta? Había tratado de buscar defectos en ella, pero simplemente no los encontraba. Siempre pensó que las mujeres servían solo para satisfacer necesidades físicas, y siempre las consideró inferiores; sin embargo, Luna era la excepción. Para acercarse a ella había sido capaz de comportarse como un caballero, simplemente porque eso era lo que ella le inspiraba.
- Los encontraste ya?- dijo Luna observando los libros. - Eres muy útil gracias. Ya necesitaba un poco de ayuda por aquí.
- No es nada.- logró articular.
- Esto es fascinante.- dijo ella. - Todos ellos están tan interesados en aprender. Me siento muy bien siendo de ayuda para ellos. Es como si pudiera cambiar el mundo.
- No se puede.- dijo Jack. - El mundo es como es; imposible transformarlo.
- Y cómo es ese mundo?- dijo ella curiosa.
Spencer se sentó y fijó sus ojos claros en ella.
- Hay quienes son mejores que otros, y son esos los que triunfan. Es una constante batalla..
- Estás equivocado.- dijo la rubia dulcemente. - El mundo no es más que un lugar lleno de especies distintas tratando de convivir juntas. Como es difícil tolerar, muchos prefieren eliminar. Pero esos son cobardes, y yo, aunque te parezca tonto, todavía tengo esperanza de que la cobardía no invada los corazones de los demás.
- ¿Qué es esperanza?
- Es lo que me mantiene con vida.
Luna sonrió después de haber pronunciado aquellas palabras y siguió enseñando a los niños. Jack la observó cada segundo, sin perderse ni un solo gesto facial.
Por primera vez en su vida el Slytherin sintió algo puro.

Hermione se sentó en la camilla y sintió como su cabeza le dio vueltas. Se sentía mejor, pero aún tenía esa sensación de adormecimiento que no soportaba. Quería irse ya para dormir en su cama. Aquellas camillas le traían malos recuerdos y no eran muy cómodas. Fue entonces cuando dos personas entraron a la enfermería.
Hermione no pudo ver quienes eran al principio ya que las cortinas estaban corridas, pero pronto pude ver las figuras de sus dos mejores amigos frente a ella.
Nadie dijo nada por varios segundos, los cuales se tornaron sin duda alguna en interminables. Sus ojos marrones chocaron constantemente con los verdes del moreno y los miel del pelirrojo. Ron metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón y miró hacia otra parte sin moverse. Fue Harry quien comenzó a hablar.
- Cómo estás?- preguntó sintiéndose algo incómodo por la situación.
Hermione pestañeó varias veces antes de contestar.
- Mas o menos. Pero estaré bien.- dijo.
Nadie pareció querer decir nada después de eso.
- Nos alegramos de que estés bien.- dijo Harry sin saber qué más agregar.
- Si.- dijo Ron vagamente.
- Gracias.- dijo ella. Ya no soportaría más otro silencio prolongado así que decidió tomar la iniciativa. - Te felicito por lo de Parvati.
- Ah! Eso, gracias.- dijo el moreno aclarándose la garganta.
Hermione bajó la mirada sin saber qué más decir. Fue entonces cuando inesperadamente Ron habló.
- Ya me cansé de toda esta mierda así que me perdonan si soy el único aquí que tiene el valor para tocar el tema que debimos haber tocado desde hace mucho tiempo atrás.- dijo el pelirrojo bastante molesto. - No tengo la menor idea de qué pretendías Hermione al decir que ya no éramos amigos así simplemente después de todo lo que hemos pasado juntos. Si no significamos ya nada para ti ese es un problema tuyo y no me incumbe, pero no tienes derecho a alejarme de tu vida me entiendes?- reclamó con tono enfadado. - Así que creo por lo menos nos merecemos una disculpa por cómo nos trataste.
- Cállate, ella no dirá nada y nosotros tampoco. Ya no tenemos nada que ver, esta fue solo una visita informal y nada más.- dijo Harry renovando su rencor por la castaña.
Hermione se levantó de la cama y caminó hacia ellos molesta.
- ¿Quieren saber por qué dije que ya no éramos amigos? ¡Por que nunca lo fuimos! Siempre fueron ustedes y yo solo fui alguien extra ¿Cuándo se preocuparon por mí realmente? Solo me llamaban cuando necesitaban ayuda en sus deberes y me excluían de todo. Pasaban burlándose de chistes que ni siquiera me contaban y lo único que hacía era preguntarme qué hacía yo dentro de su amistad!- exclamó la castaña mientras lágrimas corrían por su rostro. - Tuve problemas con mis padres en innumerables ocasiones en las cuales me sentía deprimida y sola.. ¿acaso ustedes se preocuparon? Ni siquiera estuvieron ahí! Dudo que siquiera se hubieran percatado de que algo me sucedía! Era como si yo no existiera! Así me sentía cuando estaba entre ustedes! Como un ser inexistente y ya no lo soportaba más! ¿Y todavía pretenden que me disculpe? Ustedes deben estar enfermos si creen que yo..!
Pero con tantos gritos y emociones volvió a marearse y cayó al piso. Ron corrió y la levantó sentándola nuevamente en la camilla.Una vez que se estabilizó el silencio volvió. Todos querían hablar, pero no sabían por qué las palabras habían decidido no salir.
- Entonces todo este tiempo fue eso.- dijo Ron. - ¿Sabes? Para ser la bruja más inteligente de Hogwarts eres bastante estúpida.
Hermione mantenía la mirada en el suelo. Hasta entonces Harry parecía no creer lo que había escuchado. Tal vez no lograba entender aún.
- ¿Por qué nunca nos dijiste que te sentías así?- preguntó Ron
- No les interesaba igual.
- No digas que no nos importaba!- gritó Harry. - Siempre nos importaste maldita sea!
- No me grites!- reclamó ella.
- Te lo mereces!- exclamó Harry. - Todo este tiempo me maté preguntándome qué había hecho mal, qué era lo que te había alejado de nosotros y no fuiste capaz de explicarnos lo que sentías? Cómo esperas que lo supiéramos!
- Tiene razón.- dijo Ron apoyando a su amigo. - No sabes lo que pasamos.
- Ustedes no saben lo que yo pasé.- dijo Hermione.
Un breve silencio los acompañó durante varios según dos. Había un dolor fijo dentro de cada uno que había dejado una herida difícil de sanar. Hermione no decía nada más porque aún no encontraba las fuerzas necesarias como para hacerlo. Temía que en cualquier palabra pronunciada estallara nuevamente en llanto. No sabía lo que sus amigos estaban pensando en aquel momento, pero por su silencio supo que no la estaban pasando mejor que ella.
- Lo único que sé es que ya ni siquiera estoy seguro de que alguna vez fuiste nuestra amiga Hermione.- dijo Harry fijando por fin sus ojos verdes en los de ella. - Nunca te hicimos nada que mereciera esto..
- Es inútil y absurdo discutir esto porque nunca nos pondremos de acuerdo.- dijo la castaña haciendo su mayor esfuerzo por no soltar ni una sola lágrima. - Ustedes creen que tienen la razón de su lado y yo viceversa. Lo cierto es que si yo les hice daño piensen cuanto tiempo yo llevo callándome el que ustedes me han causado.
- Esa no es nuestra maldita culpa Hermione!- dijo Ron. - Debiste habernos dicho que te sentías así y no habértelo callado y simplemente alejarnos de esa manera!
- Ron, es difícil hablar con ustedes cuando en lo único que se preocupan es en sus propias problemas. Son tan ciegos que no ven más allá de su círculo. No me digan que realmente me consideraron su amiga porque es una mentira. Se limitaban a tenerme a su lado cuando les convenía: Hermione ayúdame con esto.. Hermione qué hago en este deber? Hermione enséñanos cómo hacer esto. Para eso servía y nada más.
- Sabes ya cállate Hermione! Voy a terminar odiándote.- dijo Harry lleno de ira. - Siempre cuando nos pediste algún favor allí estuvimos! No tienes nada que reprocharnos!
- Entonces ódiame.- dijo Hermione. - Ya no me interesa más. Tus ojos solo ven lo que quieren ver Harry. Muchas veces quise algo muy simple, que me escucharan, y eso fue lo único que no pude tener de mis mejores amigos.
- Ya basta!.- gritó Ron repentinamente y un rayo se reflejó en las ventanas de la enfermería avecinando un a tormenta. Todos quedaron en silencio total. El pelirrojo parecía bastante agitado. - Son los peores amigos que me pudieron haber tocado.
- Lo mismo digo.- dijo Harry.
- Tu cállate.- dijo la castaña. - Los odio a ambos y no los quiero volver a ver en lo que me resta de vida!
- Por fin en algo estamos de acuerdo!- exclamó el moreno. - Es más! No quiero ni recordar q ue alguna vez fuimos amigos! A los dos les voy a devolver todo lo que me dieron!
- Me parece perfecto porque eso es exactamente lo q ue yo haré!- dijo Ron saliendo de la enfermería. Harry y Hermione lo siguieron exaltados.
Los tres amigos caminaron furiosos por los pasillos de Hogwarts directo hacia su sala común. De vez en cuando iban empujándose al doblar en las esquinas y al subir las escaleras parecieron participantes de una carrera internacional. La señora Gorda tuvo que hacerse a un lado ante el carácter pesado de Ron al decir la contraseña y referirse a ella como Estúpida gorda entrometida. Dean y Lavander, quienes se encontraban sentados junto a la chimenea, se levantaron al verlos entrar discutiendo.
- Subimos, tomamos todas las tonterías que nos hemos dado y las traemos acá.- dijo Hermione. - Nos las entregamos y adiós para siempre!
- Siempre ordenando no? Por fin me voy a librar de eso! Hasta nunca!.- dijo Ron subiendo las escaleras.
Harry ya lo había hecho mucho antes y la castaña decidió subir también a su cuarto.
Dean y Lavander intercambiaron miradas y se dirigieron cada uno en busa de sus amigos.
- Cállate y dame eso!- gritó Harry al pelirrojo mientras éste le lanzaba una caja.
- Igual nunca me gustó nada de lo que me regalaste.- dijo Ron tomando todas las cosas que guardaba de sus amigos.
- Lo mismo digo! Tanta chatarra acumulada..- dijo el moreno al borde de un ataque de rabia sacando las cosas sin importarle que estaba destruyendo todo a su alrededor.
Dean entró y se sorprendió con la escena.
- Qué les pasa perdieron la cordura?!- exclamó.
- No, la recobramos!- dijo Ron. - Adivina qué? Ya no somos amigos! El trío se desintegró por fin!
- Qué?! Escuchen, no sé lo que sucede pero reaccionen!
- Ya bajemos de una buena vez!- dijo Harry. - Quiero terminar con esto ya!
Harry y Ron bajaron con un montón de cosas en sus manos dejando a Dean confundido.
Cuando los dos Gryffindorianos bajaron se encontraron con la castaña más inteligente de Hogwarts esperándolos. Tenía una pila de libros sobre la mesa.
- Aquí está todo. Libros que me han regalado y que ya me los había leído antes de que se les ocurriera comprármelos; claro que lo hubieran sabido de no ser que nunca prestaron atención a nada de lo que decía. Ah! Por cierto, también el perfume que me regalaste Ron, nunca lo usé.- dijo ella groseramente y con la barbilla bien en alto.
- Pues aquí está toda la basura que me regalaron ambos!- dijo Harry dejándola sobre la mesa. - Pueden hacer lo que quieran con ella.
- Lo mismo digo!.- dijo el pelirrojo. - Todo esto es una pérdida de tiempo.
Fue entonces cuando una rubia bajó las escaleras seguida de Lavander y Ginny. Por supuesto, Parvati había sido informada del problema y había acudido inmediatamente. Los miró a los tres mientras cruzaba los brazos y levantaba una ceja.
- Qué diablos creen que hacen?- les dijo.
- No te importa.- contestó Ron fastidiado.
- No le hables así!- gritó Harry.
- Ay por favor ya cállense!- dijo Hermione.
- Cállate tú!- dijo el pelirrojo.
- Shhhhh!- dijo la rubia mientras todos se callaron. Ginny se había ido a sentar a uno de los muebles mientras fingía leer un libro. En realidad, si había bajado era solo por Hermione. - Saben? Son las tres personas más patéticas que el mundo dejó sobre la tierra.
- No estoy de humor para esto Parvati, ya olvídalo así tenía que terminar.- dijo Hermione mientras caminaba hacia las escaleras, pero su amiga se lo impidió.
- Estás demente si crees que vas a irte ahora. Ninguno de ustedes va a moverse hasta que yo les diga las cuatro verdades que tienen que escuchar ahora en su cara!- ordenó Parvati y todos se quedaron en silencio. - Primero que nada, ustedes dos.- dijo señalando a Harry y a Ron. - Por qué hacen tal show de que van a dejar de ser amigos cuando durante todos estos años han pasado hasta sobre la muerte siendo fieles los unos a los otros?! Por favor! Esto es un teatro! Ni aunque quisieran dejarían de ser amigos así que para qué fingir! Una vez discutieron en cuarto curso y no les duró ni un mes. Ustedes han sido capaces de dar la vida mutuamente si la causa lo requería y ahora se pelean como si fueran dos niños pequeños! Como si no supieran que es imposible romper la amistad que los une! Ya está en la sangre!
34.- Puzzle completo, o casi

Harry y Ron se miraron pero voltearon inmediatamente. Lavander sonrió y Parvati tomó aire para proseguir.

- Todo esto me suena a show de tercera clase. Patético, insulso y desagradable ¿Qué pretenden con esto? ¿Formar un drama? Nadie pagará para ver esta desfachatez!.- inquirió mientras los señalaba. Automáticamente fijó sus ojos en Hermione. - Ahora voy contigo amiguita. Estoy cansada de ver cómo los dos la ignoran y ella los ignora a ustedes como si jamás se hubieran visto. Son estúpidos de verdad. Primero voy a decirte, señorita sabelotodo, que siempre he estado de tu parte pero ya va siendo hora que descubras que no eres la víctima en todo lo que sucede sobre la tierra. En primer curso recuerdo muy bien que estos dos tipos a quienes criticas como malos amigos fueron capaces de enfrentarse a un Trol con tal de que no te pasara nada, y eso que aún no se conocían bien. Tal vez tú jamás lo sepas porque no estuviste allí, pero en segundo curso cuando quedaste petrificada Ron y Harry fueron todos los días a visitarte y no descansaron hasta descrubrir la verdad. Nunca los vi tan felices en mi vida como cuando te recuperaste y volviste a la normalidad. Ron incluso se internó al bosque siguiendo a las arañas con tal de hacerte justicia, y recuerdo muy bien cuando te defendió delante de Malfoy mientras el muy déspota te llamaba impura de esa forma tan grotesca. En cuarto curso me contaste tú misma que mientras en los mundiales de Quidditch la marca tenebrosa se elevaba en el aire ellos te protegieron todo el tiempo sin importarles el peligro que los acechaba. Neville me contó también que en quinto, Harry casi muere pensando que tú habías resultado lastimada. No me resultó nada extraño sabes por qué? Porque ustedes tres no sirven si no están juntos! Yo lo sé, ustedes lo saben, todo el mundo lo sabe!

Para ese entonces los tres amigos miraban el piso. Se sentían terriblemente mal, todos los buenos recuerdos de su amistad habían regresado con cada palabra pronunciada de Parvati. Ron recordó las millones de ocasiones en las cuales Hermione se había desvelado por ayudarlo a pasar las materias, y también rememoró aquella vez que fue atado a una roca en el fondo del mar por ser la persona más importante en el mundo para Harry.
Harry, por su parte, pudo pensar en todo el tiempo desperdiciado en aquella pelea absurda. Hermione había sido más que una amiga; había sido una hermana. En cuarto curso estuvo con él cada segundo, ayudándolo a descifrar los enigmas del huevo y a pasar el torneo de los tres magos. Sin ella jamás habría llegado tan lejos. Ron, su a migo leal que había estado junto a él durante todos esos años, enfrentándose a peligros con Voldemort sin tener que hacerlo realmente, y sin embargo lo hacía por él.
Hermione se sintió estúpida. Toda su vida había sido atacada por todo el colegio como una sabelotodo insoportable e insufrible, además de sangre sucia. Sus amigos la habían defendido siempre, enfrentándose a todo y a todos.
Parvati continuó.
- Son tan estúpidos que olvidaron todo lo increíble que los une solo por un par de errores que los comete cualquiera ¿Cómo se atrevieron a dejar que eso pasara? ¡Ojalá yo tuviera una amistad que hubiera pasado por tantas pruebas como la de ustedes tres! Si la tuviera, créanme, que la cuidaría con mi propia vida, y no la destruiría como ustedes lo están haciendo. - Parvati caminó molesta hacia las escaleras y antes de s ubir se volteó por última vez. - Hagan lo que quieran; estoy acostumbrada a permanecer rodeada de tarados.
Parvati subió e inmediatamente Ginny se levantó seguida por Lavander retirándose del lugar. Al subir, la pelirroja se sintió peor de lo que ya se sentía ¿Por qué no podía ser como su amiga Parvati? Hermosa y con carácter. Ella jamás sería así. Se odiaba. Tal vez Harry había hecho bien al elegirla ¿Quién preferiría a una pelirroja impulsiva y que no sabe lo que quiere cuando puede tener a una rubia decidida? Ginny tenía una personalidad cambiante, y vivía en una constante metamorfosis e inestabilidad. Sus emociones la llevaban de un lugar a otro sin que ella pudiera tomar control sobre ellas. Tal vez ésta fue la peor época que vivió en los años que permaneció en Hogwarts. Muchos creyeron que esa impulsividad y esos sentimientos desbordantes eran síntomas de la edad, pero solo pocos supieron que eran características que la acompañarías por el resto de sus días. Eso era lo que la hacía especial.
Aquella noche comenzó el verdadero tormento de Ginny Weasley.

Regresando a la escena más importante del relato actual, y antes por supuesto, de desviarme de la trama principal de los hechos, es mejor explicar y dejar en claro que la situación jamás hubiera tenido arreglo sin la intervención de esta peculiar señorita. Los tres amigos eran buenos y valientes de corazón, mas el orgullo y su amor propio muchas veces llegaba a extralimitarse y a llevarlos a situaciones incómodas. Conviene segurir al lector que interprete lo escrito a su visión propia; utilizando su perspectiva ante la discusión antes establecida. Quienes son buenos analíticos sabrán de inmediato, que solo los excelentes amigos pelean y se quieren a la vez. Esto definitivamente me hizo recordar mis tiempos con Xavier...

ah! Ese Pirandello!

Los tres amigos permanecieron en un silencio sepulcral durante varios minutos. Nadie se atrevió decir nada, y nadie se atrevió a levantar la mirada. Fue entonces, cuando todos notaron que si alguien no daba la iniciativa se quedarían allí durante horas, cuando los tres levantaron la mirada y se observaron por primera vez. Una sonrisa tímida se fue dibujando en cada rostro de los presentes. Algo se había roto y mágicamente reconstruído aquella misma noche...
O tal vez nunca se rompió.
- Y ahora qué?- dijo Ron rascándose la cabeza sin borrar la leve sonrisa de su rostro.
- Creo que me llevaré lo mío.- dijo Harry tomando sus cosas nuevamente. - Y ustedes?
Ron y Hermione se miraron y poco a poco fueron caminando hacia la mesa; los dos tomaron sus pertenencias.
Mientras recogían, Hermione levantó la mirada y la fijó en sus dos mejores amigos. Supo en ese preciso instante, que no había personas más valiosas en su vida que ellos.
- Mañana nos llevan a Hogsmade.- dijo Ron. - Fred dice que han creado una librería con libros comestibles. Diferentes sabores dependiendo del tema del libro. Hermione, pensé en ti cuando supe de ello...y obviamente en mí porque me dio hambre.
La castaña rió y los dos amigos al verla, notaron cuánto habían extrañado aquella risa espontánea y fresca. Nunca más se la perderían por una estupidez como aquella.
- Si, vamos.- dijo Harry.
- Está bien.- d ijo Hermione tomando los libros de la mesa. - Pero debo deicr algo: ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien hacer libros comestibles! Es una barbaridad! Los libros estan llenos de conocimientos y definitivamente no son para comer...
- Bla, bla, bla...como digas!- dijo Ron riendo.
No necesitaron decir nada más. Charlaron durante horas sobre muchos temas y rieron como nunca aquella noche. No notaron que habían permanecido horas en la sala común hablando de lo que habían pasado durante todo el tiempo separados. Ninguno tocó el tema de reconciliación, simplemente porque no era necesario. En el preciso instante que habían empezado a recoger sus regalos de la mesa habían vuelto a ser los mismos amigos de siempre. Muchas vec es, las palabras eran tan superciciales que sobraban y hasta estorbaban. Ahora había que utilizarlas correctamente, en los temas precisos. Una conversación se desarrolló aquella noche mientras Draco Malfoy se encontraba sentado junto a la ventana del cuarto de Hermione, esperándola.

- Eso fue todo?- dijo la castaña antes de subir las escaleras hacia su habitación mientras reía. - He hecho cosas más interesantes yo sola que ustedes juntos durante todo el tiempo en el cual no nos hablamos.
- Ha! Entonces dinos qué!- dijo Ron
- No, son mis secretos. Pero confíen en que son mucho más interesantes.
Harry no dijo nada, solo esbozó una sonrisa en su rostro. Recordó en aquel preciso instante que no hacía muchos días atrás había encontrado a Hermione saliendo de la sala común a altas horas de la noche. Decidió no interrogarla en aquel momento ya que estaba demasiado feliz de haber reanudado su amistad con ella, mas no iba a pasar aquel hecho por alto. Estaba más que seguro, que la bruja ocultaba algo; un misterio que llevaba consigo mucho tiempo antes de que se pelearan. Él iba a descubrirlo, así tuviera que hacer la humillante labor de detective.
Hermione se despidió de sus amigos con un abrazo a ambos, e increíblemente, ellos respondieron de igual forma. La castaña dedujo que era la emoción de a reconciliación, porque en cualquier otro momento no la hubieran dejado acercarse.
Subió las escaleras sonriendo y sintiéndose sumamente dichosa. Definitivamente, los había extrañado demasiado. Ahora, por fin, se sentía llena; o por lo menos en gran parte. Era como si, en todo aquel tiempo, hubiera estado dividida en partes y ahora al menos dos de esas partes se habían reincorporado a ella. Era bastante relajante saberlo.
Respiró profundamente y abrió la puerta de su habitación. La cerró tras de sí y al prender la luz, chocó frente a frente con el rubio príncipe de Slytherin. Sus ojos grises la obligaron a retroceder hasta que quedó pegada contra la puerta y cerró los ojos dando un respingo. Se sostuvo por unos instantes el pecho, ya que su respiración se mantenía agitada.
- ¡Casi me matas de un susto! - declaró la castaña. - ¡Qué estás haciendo aquí?
Draco dio media vuelta y caminó hacia la ventana, se sentó en el borde como acostumbraba a hacer y tomó una manzana que estaba sobre el velador de la chica. Jugó con momento con ella entre sus manos, como alargando el momento de hablar.
- Te esperé horas.- dijo el rubio con un tono escalofriantemente fúrico. - Si no pensabas aparecer, al menos debiste informarme.
Hermione golpeó su frente con la palma de su mano; lo había olvidado por completo.
- ¡Lo siento! Olvidé que era jueves...
- Sabes que no podemos perder tiempo de esta manera. - inquirió fijando sus centelleantes ojos grises en ella. - Y tú lo único que haces es retrasar el asunto. Ya vienen las navidades y serán dos días completamente perdidos. No podremos regresar al pasado.
Hermione mordió su labio inferior mientras se soltaba la trenza y dejaba su ondulado y desordenado cabello suelto. Se sacó los zapatos y se deshizo de su pequeña corbata Gryffindoriana. Caminó tranquilamente hacia el Slytherin y, sorprendiendo completamente al chico, besó rápidamente sus labios fríos para luego caminar hacia su armario y sacar una pijama larga con dibujos de vaquitas por toda ella. En cualquier otra circunstancia no hubiera podido contener la risa ante la ridícula pijama, sin embargo, el beso que había llegado hasta sus labios y que obviamente no se merecía lo había dejado impactado.
Por su parte, Hermione había decidido ya en la enfermería, completamente conmovida por el gesto de Draco al preocuparse por ella, que iba a perdonarlo. Por un momento creyó que había perdido su t iempo tratando de hacer que él sintiera algo por alguien; sin embargo se equivocó. Cuando él la acarició, fue suficiente como para deducir que al menos una pequeña llama lo movía hacia ella, y eso ya era una esperanza. No se iba a rendir ahora, y sobretodo, no se iba a rendir ante el hecho de investigar las extrañas actitudes que el rubio adoptaba últimamente. Su persistente y obstinado carácter no se lo permitía.
Draco seguía sin poder pronunciar palabra mientras Hermione se quitaba la túnica y desabrochaba los botones de su blusa. No la entendía. Simplemente no la comprendía, y no lo lograría jamás. Detestaba tanto que fuera así, tan impredecible, tan anormal. Aún no existía la palabra justa que pudiera describirla. Había tenido entre sus brazos a las mejores mujeres de Hogwarts, todas unas zorras que usaban la ropa interior y pijamas más provocativas que existían dentro del mundo mágico. Y ahora.. ¿En dónde estaba? Estaba en el cuarto de una Gryffindor, una chica común y corriente, impura, y que usaba pijama de vaquitas. Lo peor de todo aquello, era que no comprendía por qué todo aquello lo volvía loco. Era, quizás, el simple hecho de que con ella podía ser él mismo, no tenía que verse obligado a fingir ¿Cómo hacerlo si ella no era como las otras? Cualquier otra ante el simple hecho de tener a Draco Malfoy en su cuarto se hubiera puesto el atuendo más provocador que encontrara en su armario. Pero no, no Hermione Granger; a ella le daba igual. Actuaba como si él no fuera más que otro muchacho, uno del montón. Le importaba poco si sus pijamas resultaban ridículas, o si su rostro permanecía desprovisto de maquillaje. Era ella misma, sencilla y natural ¿Por qué tenía que ser tan perfecta?
La odiaba, cuánto la odiaba.
Hermione desabrochó el botón de su falda y la dejó caer. Tomó la pijama de vaquitas y se la puso encima. Le quedaba bastante grande, pero así le gustaba; dormía mucho más cómoda.
- Veo que ya no tienes miedo de desnudarte delante de mí.- dijo Draco por fin logrando articular palabras.
La castaña pasó dos veces el cepillo por su cabello y caminó hacia la cama.
- No. Da igual, de cualquier forma ya me has visto no es así?- dijo ella.
- Por qué me besaste? - preguntó Draco repentinamente. No era su estilo ir por la ramas así que fue directo.
- No lo sé. No quieres que lo haga?- dijo ella acostándose.
- No se trata de eso y lo sabes bien.- dijo Draco molesto.
- Hice algo malo?- dijo ella mirándolo.
- No!.- dijo él exasperándose. - Es solo que...no lo entiendo.
- Quieres que terminemos lo que sea que tenemos?
- No.
- Entonces no te cuestiones tanto. Si yo lo hiciera, no estarías aquí.- dijo ella ingeniosamente mientras se cubría con una sábana. Pero entonces pareció recordar algo. - Lo olvidé también!
Hermione se levantó y corrió hacia una montaña de libros que tenía en una mesa. Revisó por título y dio un suspiro de alvio.
- Creí que había olvidado...
Pero cuando se volteó Draco estaba ya tomándola por la cintura y la pegaba contra sí besándola con fuerza, como si la hubiera deseado desde hace mucho tiempo atrás sin poder tenerla. Sus manos la pegaron tanto contra su cuerpo, que la castaña creyó por un momento desfallecer ante la imposibilidad de respirar correctamente. Sus frías manos recorrieron su cuerpo mientras ella temblaba ante el tibio aliento del rubio contra su rostro. Su lengua penetraba su boca intensamente mientras la guiaba poco a poco hacia la cama. Ambos cayeron en ella y fue entonces cuando la Gryffindoriana de un salto se levantó y miró al rubio que algo frustrado la observaba tendido en la cama.
- Y ahora qué?!.- dijo Draco obviamente fastidiado.
- Nada, es solo que no quiero.
- Qué?
- No quiero.
Draco Malfoy sintió aquello como si le hubieran clavado un puñal en el pecho y luego cremado en una hoguera. Era la primera vez que alguien lo rechazaba, con el estúpido argumento de no quiero. Se sintió confundido, y no pudo hablar durante varios segundos los cuales no supo precisar. Cuando por fin pudo hablar, no estuvo seguro de expresar lo que realmente quería decir.
- ¿Por qué! - dijo él.
- Porque aún no supero psicológicamente el que me hubieras comparado con tu novia, y que simultáneamente te refirieras a mí como otra más de tus amantes. Quiero olvidarlo, pero dame tiempo; va a costar más que solo 24 horas.
- No lo dije enserio.
- Solo lo dices porque quieres acostarte conmigo.
- No es así.- dijo el rubio fijando sus ojos grises en los marrones intensos de la castaña. - No miento. Estaba enojado, no quise compararte.
- Está bien, lo sé.- dijo ella mientras se sentaba en la cama. - No me interesa si crees que Pansy es superior a mí, porque sé quién soy y sé que tu novia no me llega ni a los talones. En cuanto a decirme que soy la otra, tampoco me ofende, porque lo soy.- dijo ella brillantemente, mirándolo con algo de astucia. - Pero el hecho de que me lo hubieras dicho tú, precisamente, fue bastante molesto. Mi orgullo sigue herido así que, siéntente afortunado de estar por lo menos compartiendo el mismo aire conmigo.
Draco suspiró y miró al techo acostado sobre las mantas. Si hubiera podido decirle que no solo la consideraba mejor que Pansy, sino que todas las mujeres que invadían Hogwarts, entonces tal vez el orgullo de Hermione se hubiera visto reparado. Sin embargo calló, y dejó que el silencio dijera lo que quisiera.
Hermione se acostó y tomó las sábanas cubríendose por completo hasta la nariz, la cual dejó afuera como acostumbraba. Draco se quedó observándola varios minutos, sin saber bien en qué momento había perdido toda la cordura. Besó tiernamente la nariz de Hermione y ella sonrió bajo las mantas.
- Quédate.- dijo ella suavemente, casi en un susurro. - Duerme aquí.
Draco no dijo nada, pero ella supo que aquella noche él se quedaría.

Pansy entró en histeria aquella noche, en la cual entró al cuarto de su novio y no lo encontró. Comenzó a gritar y a lanzar cosas sobre el armario que el rubio siempre mantenía con candado gritando injurias. Zabini y Spencer, quienes compartían la habitación de al lado despertaron y corrieron hacia allá. Blaise tomó a Pansy obligándola a parar.
- Tranquilízate! Te has vuelto loca?!- gritaba Zabini mientras Spencer reía estúpidamente en el marco de la puerta.
- Sí!! Adivinaste lacayo! Estoy loca! Malfoy me ha vuelto loca!- gritó ella entre llanto.
- Pansy..
- No está!! Dónde mierda pasa las noches que no está conmigo?!!! Sé que lo sabes Zabini!!! Habla!!! Eres un maldito sirviente de él! Hasta le besas los pasos así que debes saberlo!
- Y por supuesto que lo sabe!.- dijo Spencer riendo. - ¿Segura que quieres saber el pequeño secretito que guarda tu novio?
Zabini corrió hacia Spencer y volvió a golpearlo en el estómago, haciendo que sangrara por la boca.
- Eres un maldito Spencer! Tú no sabes ni mierda de este asunto!- gritó Blaise y luego se dirigió hacia la morena. - No lo escuches! Él está furioso porque ya no pertenece a nuestro grupo! Draco lo sacó por cobarde y desleal! Ahora solo quiere perjudicarnos!
- Entonces habla tú!.- gritó Pansy. - Sé que lo sabes!
- Él se prepara!- exclamó Zabini diciendo lo primero que se lo vino a la cabeza. - Está preparándose para la prueba final del Señor Oscuro! Para ser mortío Pansy! Lleva meses en ello y tú te pones histérica por nada!
Pansy pareció tranquilizarse y sentirse avergonzada. La excusa, en verdad, era perfecta. Zabini se sintió más que satisfecho con ella y de haber podido hacerlo, se hubiera fabricado un altar por tan grandiosa idea.

Hermione despertó y abrió lentamente sus ojos marrones. Nuevamente, aquel ángel caído dormía a su lado. Su piel, extremadamente blanca, y su frente, cubierta por desordenados cabellos rubios la obligaron a quedarse quierta, observando aquella creación casi perfecta.
Casi.. pensó mientras se levantaba y miraba el reloj. Pronto sería tiempo de la partida del tren hacia Hogsmade. Tenía que prepararse de inmediato, lo sabía.
Al poner el primer pie fuera de la cama una mano la tomó intuitivamente por la muñeca con decisión, mas con sutil delicadeza. Volteó y se chocó con aquellos gélidos ojos grises de siempre.
El ángel había despertado.
- Qué haces?- preguntó e rubio.
- Me voy a bañar. Tú debes irte ya, pronto tendremos que ir a Hogsmade.
Draco la miró fijamente sin soltarla de la muñeca.
- Estás demente, ni tu ni yo iremos a ese viaje.
Hermione lo miró estática. No comprendía lo que el Slytherin pretendía, pero ya podía pronosticar una fuerte discusión entre ambos.
La castaña se levantó soltándose de él y con voz interrogante le preguntó:
- ¿Y si puede saber por qué no iremos a Hogsmade?
- Ayer no regresamos al pasado, debemos hacerlo a hora.- agregó el rubio con algo de mal humor
- Pues lo hacemos en la noche.- arguió ella.
- Imposible.- discutió él levantándose y colocándose la camisa.- Sabes que los viernes no puedo.
- Pues no estoy supeditada a tus horarios Malfoy.- dijo ella. - Acabo de reconciliarme con las únicas personas que se preocupan por mí en este lugar y pienso aprovechar el día. Carpe diem! Yo iré!
Hermione dio la vuelta para meterse al baño. Fue entonces cuando sintió que una mano la tomaba por el brazo y la obligaba a pegarse contra la pared. Draco la aprisionó con su cuerpo y sus alientos se chocaron formando un solo ser mientras que sus miradas desafiantes estaban fijas en una guerra sin ganador.
- Hermione.- le dijo, por primera vez. - Harás lo que te diga.
- No lo haré.- dijo ella aparentando que no le había sorprendido en lo absoluto el que la hubiera llamado por su nombre. - Y no estás en condiciones de obligarme a nada.
Draco sintió aquellas palabras clavarse como dagas en su pecho. Ella lo estaba estorcionando, aprovechándose de la culpa que sentía por haberla tratado tan despectivamente el día anterior. Era cierto, no estaba en condiciones de obligarla a nada. Pero no era eso lo que realmente le dolía; no se trataba de tan solo el saber que poseía poco poder sobre la castaña, también era por ellos..
Potter y Weasley.
La noticia de su reconciliación había sido como dos golpes en su estómago sin piedad. Se había acostumbrado a poseerla completamente; a no tener que compartirla con nadie. Ahora, para su pesar, todo comenzaba a cambiar. Los malditos Gryffindorianos habían vuelto para complicarle la vida. Los odiaba. No los quería cerca de ella por ningún motivo. Siempre se habían creído con más derecho sobre ella, pero ahora las cosas eran distintas; Hermione le pertenecía, era suya y de nadie más. Su voz, su sonrisa, su mirada, su cuerpo, su aroma....todo, absolutamente toda ella y sus componentes tenían que dedicarse a él. Y ahora, ahora ella se refería a ellos como..
Los únicos que se preocupabn por mí en este lugar
Sí, él sabía que aquellos infelices ocupaban un lugar muchísimo más que importante dentro de la vida de Hermione. Si tan solo ella supiera que él la quería y deseaba en tantas miles de formas que sus amigos jamás podrían igual ni ella imaginar, entonces tal vez no estaría retándolo con aquella mirada altiva y orgullosa de quien cree haber ganado una batalla.
Draco se alejó de ella y se vistió con r apidez insólita. Antes de irse se volteó para observarla detenidamente.
- Haz lo que quieras.
Y con esto se fue.

Ginny Weasley entró a un compartimento del tren vacío. Había esquivado a sus amigas para poder asegurarse en soledad durante el trayecto. La verdad era que estaba en un total estado de melancolía, odio y rencor, por el cual la compañía de otras personas no le habría sentado nada bien.
Ginny era el tipo de chica que disfrutaba plenamente de sus momentos en soledad. Muchas veces, cuando el dolor de su alma superaba cualquier medida dentro de lo tolerable, prefería estar con sus amigas y así olvidar la crisis interna con la cual luchaba diariamente.
Desde el día de su nacimiento, hasta sus actuales 16 años, la pelirroja había sido intensa y apasionada en cada una de las cosas que hacía, decía, sentía o creaba. Precisamente era esa intensidad que la caracterizaba la que la hacía vivir en el borde del abismo casi todo el tiempo. En varias ocasiones había maldecido el ser tan melodramática como la catalogaban sus hermanos. Y es que ella, por cada paso que daba, experimentaba un desbordamiento total de emociones e ideas. Era exagerada, como una pintura barroca en su máximo esplendor. Lo sabía, y lo detestaba. Odiaba su condición con tanto fervor que solo le recordaba desgarradoramente el mismo hecho de su desbordante personalidad. Tal vez, si no hubiera adquirido tales características no se encontraría sufriendo de la manera que ahora lo hacía.
Una de las razones por las cuales en definitiva se había alejado de sus amistades en aquel viaje era por que no se encontraba con ánimos como para fingir felicidad que actualmente no sentía. Odiaba tener que actuar delante de los demás. Tampoco quería escuchar a Parvati hablar sobre lo fantástico novio que había resultado Harry, porque entonces, literalmente, tomaría su varita y se auto lanzaría un Aveda Kadevra.
Otra vez exagerando! pensó con rabia mientras sacaba su carpeta negra de cuero. Al abrirla, un montón de hojas se vieron perfectamente organizadas. Sacó el bolígrafo que su padre le había obsequiado para navidad y comenzó a escribir.
Por primera vez en el día se sintió en paz.
Escribir era como una terapia que la ayudaba a deshacerse un poco de todas aquellas ideas y emociones que constantemente la rodeaban y obligaban a huir de sí misma. Era fantástico lo que un pergamino y una pluma podían hacer.
Observó cómo el tren comenzó a moverse y sonrió al ver la nieve caer ligeramente sobre el cristal de su ventana.
Tal vez aquel día sola no sería tan malo como creía.
Toda la historia, aunq no la haya escrito yo, tiene muchas coincidencias con mi propia vida.... Así q como se q algunos de mis conocidos leen esto, aclaro: Cualquier similitud con MI realidad, es pura coincidencia....
Aviso porq desde los primeros cap q me suelen preguntar si de verdad lo escribio otro.... Un beso a todos y disfruten!

35.- L.P.B.

Hermione rió ante el comentario de Ron. El tren había arrancado no menos de cinco minutos atrás. Harry reía también ante la astucia del pelirrojo mientras Dean y Lavander parecían decirse cosas graciosas al oído.
Fue entonces la puerta del compartimento se abrió y Parvati entró.
- ¿La encontraste?- preguntó Lavander.
- La rubia se sentó junto a Harry con una expresión notablemente molesta.
- No.- dijo ella. - Es muy hábil seguro puso un hechizo de invisibilidad temporal de las puertas de los bagones. Aprovecha que yo no tengo idea de cómo usar esos hechizos.
Ron rió.
-Déjala, Ginny es un a histérica y necesita su espacio.
Hermione le dio un ligero golpe a Ron y lo miró secamente.
- Esto es más serio que tan solo histeria Ron.- argumentó la rubia. - Ha estado actuando de una forma extraña durante todo este tiempo.
- A qué te refieres?- dijo Dean
Harry miraba por la ventana sin decir nada, y nadie se percató tampoco de su aparente falta de interés en el tema.
- Te lo explico.- dijo Lavan der. - Ginny siempre ha sido un espécimen extraño. Un día le dan esos ataques en los que odia a toda cosa que tenga vida y otros, por el contrario, amaba la existencia en sí. Ella es así de cambiante y lo sabemos. Digamos que en este tiempo se ha quedado estancada en esa etapa que mencioné anteriormente de que odia a todo lo que se mueva a su lado. Ya casi no habla con nosotras, nos huye. Se la pasa sola y desaparece todo el tiempo.
- Exactamente!- exclamó Parvati.- Me está enfermando toda esta situación! No sé qué diablos le pasa! No sé si es que se considera demasiado como para estar on nosotras o si en defimitiva se volvió loca!
Hermione permanecía en silencio. Ella sabía perfectamente que Ginny tenía sus razones para estar en decidida guerra con la vida. No la apoyaba, pero sabía lo que era estar en una crisis existencial, y sabía también que la única forma de superarla era sacando todo el veneno interno. Lamentablemente, eso era algo que solo ella podía hacer, y sola.
- Como sea allá ella.- dijo Ron sacando el tablero de ajedrez. - Harry, te doy a portunidad de vencerme por primera vez en tu vida.

Draco se sentó mientras proseguía su charla con Zabini.
- De cualquer forma no mentiste.- dijo el rubio.- Es cierto que me preparo, pronto me uniré a los mortífagos.
- Me preocupa Spencer.- adhirió Blaise.- Ese imbécil sabe más de lo que debería. Ya parece habersse transformado en nuestro enemigo.
- Tengo que aceptar que me equivoqué con él.- dijo Draco viendo por la ventana. Fríos copos de nieve caían sin cesar.- Creía que podía ser de confianza cuando lo integré al grupo.
- Pues es un desleal inservible.- dijo Blaise obviamente fastidiado por el tema.- ¿Dónde están los idiotas de Crabbe y Goyle?
Draco rió falsamente.
- Al menos ellos sí son fieles.
- No les da la cabeza como para traicionar a nadie.- inquirió Zabini.- Malfoy, no quiero meterme en tus asuntos, ya lo sabes bien. Es solo que no comprendo por qué arriesgas todo y sigues viéndote con una....bueno..con Granger.
- No quiero hablar sobre ello.- d ijo Draco cortante.
- ¡Malfoy es una sangre sucia!
- Ya los sé!
Zabini se quedó callado. Jamás lo comprendería. Hermione Granger era simplemente desagradable. No entendía qué era lo que el Rey de Slytherin pretendía con aquel juego.
La puerta del compartimento se abrió dejando entrar a una morena exhuberante. Pansy fijó sus ojos en Draco. Blaise supo que debía irse.
- Voy a buscar a Crabbe y a Goyle.- dijo mientras salía.
Draco miró por la ventana pretendiendo que ella no estaba allí. Pansy entendió el gesto y le dolió profundamente.
- Creo que es obvio el hecho de q ue nos hemos distanciado bastante últimamente.- dijo ella.- Pero sé que no ha sido mi culpa.
- Ahora me culpas?
- Quién es ella?!.- exclamó.
Draco se quedó en silencio. Era inútil seguir negándolo. Pansy no era tan estúpida, y además, no se lo merecía después de todo. Lo mínimo que podía hacer era ser lo más honesto que su conciencia roída le permitía.
- Qué importa quién es? Crees que si te lo digo algo cambiaría?- dijo él fijando sus ojos en ella nuevamente. - Lo que importa realmente es que, algún día, nos casaremos. Eso nadie lo va a cambiar.
- Ya no estoy tan segura de ello.- dijo Pansy.- Cada vez te reconozco menos. Es omo si te alejaras de mí todo el tiempo.
Draco miró por la ventana tan solo unos segundos antes de volverse a ella. Iba a ahcerle una pregunta bque lo estaba martirizando constantemente.
- Crees que he cambiado?
Pansy lo pensó por varios segundos aunque ya sabía la respuesta. Draco esperaba con ansias las palabras de su novia, tratando de descubrir qué le había pasado al Malfoy de hace algunos meses.
- No, no has cambiado; y sin embargo...ya no te siento igual.
Aquella frase contradictoria tenía mucho significado. Draco supo que describía perfectamente su estado actual. Miró a Pansy y le señaló el asiento a su lado. La morena caminó y se sentó junto a él.
Así estuvieron el resto del viaje.

Ginny tomaba su taza con chocolate caliente y aspiraba el aroma que ésta despedía mientras miraba por la ventana. Aunque el viaje a solas las había tranquilizado un poco y el dolor había cedido, ahora sentía cómo la angustia y la rabia se apoderaban de ella. No podía entenderlo ¿De dónde provenían todos aquellos sentimientos? ¿Era acaso alguna frustración escondida? Odiaba no poder entenderse en lo más mínimo ¿Por qué tenía que ser tan complicada? Nuevamente deseó ser otra persona mientras tomaba más chocolate. En ese preciso momento la puerta del compartimento se abrió.
Ginny fijó sus ojos miel en el chico que había acabado de entrar. Su cabello era de un castaño fuerte y su piel notablemente bronceada. Sus ojos, de color aceituna, dejaban ver una personalidad enigmática y algo abrumadora. No tenía el uniforme, por lo que tratándose de cualquier otra persona ella no lo habría reconocido jamás. Lamentablemente, siendo amiga de Parvati, conocía a los más apuestos del colegio con tan solo tenerlos en frente. Paul Chiller, de Ravenclaw, había sido uno de los tantos amoríos de la rubia. Sin embargo, a pesar de que Parvati había asegurado que era el hombre perfecto, había terminado engañándola con otra más. La Gryffindoriana sufrió durante meses mientras a él parecía ni importarle el hecho de que ella lo había dejado por eso. Todo un canalla. Pero eso no le quitaba lo adorable que era tan solo verlo.
Ginny levantó una ceja algo interrogante mientras él cerraba a puerta del compartimento.
- Sabes? Puse un hechizo en la puerta para que los que pasaran pensaran que estaba vacío.- dijo la pelirroja con un tono algo rudo. - En otras palabras; llegué primero y no quiero a nadie aquí.
El chico la miró altivamente con una sonrisa creída en sus labios.
- No veo tu nombre en él.- dijo el Ravenclaw mientras astutamente se sentaba frente a ella. - Y en el caso de que lo estuviera, no sé tu nombre así que no lo reconocería.
Ginny lo vio con rabia mientras él miraba por la ventana y se quedaba en silencio, sentado, esperando al fin del viaje. Precisamente por Parvati sabía que se trataba de un chico enigmático, tremendamente misterioso y de pocas palabras. Su amiga le había asegurado que, aunque no era muy elocuente, cada palabra que pronunciaba era la precisa. Algo que le intrigaba a la pelirroja era que, siendo tan apuesto, no fuera popular ni mucho menos. Muy pocas veces se lo veía acompañado de alguien. Siempre andaba solo, con sus libros y observando a los demás con superioridad desmedida. Luna, quien pertenecía a su casa, decía que las chicas se morían por él todo el tiempo, y él, no era un santo que las despreciaba.
- Haz lo que quieras.- dijo Ginny mientras seguía escribiendo en su carpeta.
Paul seguía sentado y ni se inmutó por las palabras de la pelirroja. Normalmente, nada captaba la atención del Ravenclaw, mas la pelirroja lo había hecho en cuestión de segundos. Había algo en ella que él había visto en algún otro lugar y no lo recordaba. Ella era una chica simple, y eso de cierta forma le gustaba. Era difícil encontrar mujeres así en Hogwarts. La mayoría, se bañaba en maquillaje o en ropa de marca como si eso comprara su inteligencia perdida. Le fastidiaba no poder recordar dónde la había visto antes.
Analizándola, con tan solo un par de miradas había notado una personalidad introvertida. Él confiaba en sus instintos, y algo le decía, en el fondo de su ser, que aunque la pelirroja frente a él parecía no tener nada fuera de lo común; estaba terriblemente equivocado. Sin embargo, prefirió seguir siendo un completo enigma y permaneció callado en todo el trayecto.

Harry parecía resignado a otra pérdida mientras esperaba la próxima movida estratégica de Ron. Su mejor amigo sonreía mientras miraba el tablero. Hermione los observaba y se sentía feliz de poder presenciar todo aquello como antes. Con todo lo que había sucedido, le había quedado claro que sin sus amigos, la vida resultaba un tanto más complicada.
La puerta del compartimento se abrió dejando entrar a una rubia dulce y sonriente. Ron volteó al igual que todos para recibir a Luna, e inconcientemente tumbó algunas piezas de ajedréz.
- Lonney!.- dijo Parvati emocionada.- Te estábamos esperando.
- Si, es que me quedé un rato asignando algunos libros a los de primero. Claro, que ellos prefieren que les enseñe a hacer figuras con papel..me temo que de eso no sé mucho..- dijo mientras se sentaba.
Ron tenía sus ojos fijos en ella, y cuando ella chocó sus ojos celestes con los de él, no pudo avitar sonrojarse escandalozamente. Le pareció vergonzoso y trató de ocultarlo, mas el pelirrojo sonreía encontrando la situación adorable, como toda ella. Fue así como descuidó el juego, y cuando volvió a la tierra ya era demasiado tarde.
- Jaque mate!.- gritó Harry.- No puedo creer que te gané!
Ron se levantó, mientras todos felicitaba a Harry incrédulos ante una victoria no esperada, y se sentó al lado de Luna que lo observaba tiernamente con ojos celestes cielo.
- Creí que eras invencible.- dijo ella.
- Fue tu culpa; al verte me distraje.- dijo Ron, y no pudo evitar sonreir cuando su confesión premeditada produjo nerviosismo en la rubia. Él notaba claramente, que cada vez que estaba al lado de ella, una extraña energía lo embargaba; un calor extralimitado que lo sofocaba hasta el punto de no dejerlo respirar. Y sin embargo, por alguna razón le encantaba.
Sacó se su bolsillo un papel doblado y lo entregó en manos de la rubia. Luna lo observó por varios segundos antes de desplegar el papel con manos temblorosas. Jamás se había sentido así con nadie, y a pesar de todo, cada vez que estaba con Ron parecían estallar sentimientos dentro de ella. Sabía muy bien lo transparente que solía ser, y temía que él lo notara absolutamente todo.
Sus delicados y finos dedos de porcelana permitieron que el pequeño pergamino corriera por sus dedos. Ella leyó el contenido aguantando la respiración.
En Hogsmade, te espero en Souler, a las tres de la tarde
Luna sonrió tímidamente y asintió mientras Ron se levantaba y caminaba hacia Hermione.

Cuando el tren paró Ginny se levantó sin siquiera mirar a Paul, lo que produjo que él sonriera. Así que la pelirroja tenía su carácter, después de todo.
Se levantó, tomó su carpeta negra y salió con tanta prisa, que no permitió al chico informarle que, al levantarse, una de las hojas de su carpeta había caído al suelo.

Hermione, Harry y Ron iban juntos corriendo hacia Zonko, detrás de ellos, Parvati, Lavander y Dean trataban de alcanzarlos. Luna se había excluído al salir y encontrarse con su tía quien la invitó a tomar unas cervezas de mantequilla a las cuales le fue imposible negarse. El día comenzaba a cobrar vida mientras el sol parecía querer derretir la nieve que había cubierto el suelo y los tejados de las tiendas. Había un ambiente fresco y bastante divertido del cual nadie quería dejar de participar.
Hermione entró a la tienda con sus amigos y se recogió el cabello en una cola alta. Todos estaban emocionados viendo varias bromas de las cuales ya elegían cuáles comprar. Ella reía contenta cuando de repente, sus ojos marrones chocaron através del cristal de la vitrina, con unos grises fuertes. Draco estaba afuera acompañado de su grupo, como siempre. Pansy iba abrazada al brazo de su novio con desición, como marcando patéticamente su territorio. Hermione había quedado atrapada en esos ojos fríos y jamás hubiera logrado despegarse de ellos de no ser que el Slytherin volteó la mirada y se alejó de la tienda.
Se fue.. pensó ella con un nudo en la garganta. Estaba con ella..
Hermione ya sabía muy bien que Pansy era la novia oficial de Draco, pero ella sabía que él no la quería. Podía sentirlo. El rubio nunca decía nada, parecía mantener sus sentimientos cautivos en una caja fuerte; sin embargo, había algo dentro de Hermione que le decía, que le gritaba, que él la quería a ella. Si no era así, ¿Entonces por qué siempre Draco volvía a sus brazos? Tenía que ser cierto, y aunque en el fondo lo sabía, necesitaba oirlo de sus labios. No lo lograba todavía; todavía no conseguía descrifrar el enigma que era Draco Malfoy. Eso la atormentaba.
- Hermione! Ya vámonos.- dijo Harry llamándola desde la puerta. La castaña asintió y lo siguió.

Ginny se sentó sobre una piedra. Miró a su alrededor y se sintió aliviada. Había estado buscando durante horas un lugar solitario, donde nadie estuviera gritando emocionado por la visita a Hogsmade. Por un breve momento creyó haberse rendido, y entonces recordó aquel castillo al cual todos creían embrujado. Nadie iba hacia ese sector. No había tiendas, ni sectores que causaran mucha diversión por lo tanto muchos lo evitaban.
Era el lugar perfecto.
Desde la piedra observó el castillo. A ella le parecía hermoso, tétrico, pero hermoso. Muchos decían que estaba en decadencia, pero Ginny creía que estaba en sus mejores años. Las cosas antiguas, especialmente los castillos, tan solo lograban captar las miradas cuando se mantenían en pie durante varios años. Para la pelirroja, aquella era sin duda una pieza arquitectónica de gran valor cultural. Había estudiado la historia de aquel castillo una vez que Hermione le había sembrado la duda, y ésta era muy buena.
Respiró profundo y sintió que estaba acompañada. El delicioso sentimiento de soledad se desvaneció rápidamente cuando volteó y sus ojos chocolate chocaron con unos aceituna que a observaban no muy lejos.
- No tienes algo mejor que hacer que perturbar los lugares que elijo para estar sola y alejada de la sociedad?- dijo Ginny incrédula ante su mala suerte.
Paul esbozó una media sonrisa y caminó hacia ella.
- El sarcasmo no se te da así que déjalo.- dijo mientras metía sus manos en los bolsillos. - En qué año vas? Cuarto?
- Sexto.- corrigió Ginny molesta. - Pero mi paciencia llega hasta dos veces que me hacen lo mismo. Así que, si te vas a quedar, entonces voy a irme.
La pelirroja se levantó y caminó en dirección opuesta cuando la voz de Paul la obligó a pararse en seco.
- Ojos negros soledad..
El corazón de la Gryffindoriana creyó pararse indefinidamente al escuchar la primera frase de un poema que había escrito en las vacaciones. Quiso hablar, pero su voz había desaparecido y ahora su garganta parecía causarle dolor contínuo. Se volteó lentamente para ver al Ravenclaw sosteniendo un pergamino que reconoció de inmediato.
Paul levantó una ceja y sonrió victoriosamente.
- Ojos negros soledad,
Pareceres distinta y fría,
Tus pulmones se hicieron de piedra,
Y tus pasos lentos e invisibles.
Una sonrisa vana y falsa, fabricada con odio, se dibuja venenosa en ti.
Ríe,
Llora,
¡Oh niña, haz algo!
Porque la muerte de a poco va carcomiendo tu alma.
Pronto tu piel se hará polvo,
Y de acero se volverán tus alas
¿Quién te extrañará, oh Diosa de las letras?
¿Quién te sacará del lodo?
Tú que besaste el cielo y con ambas manos lo destruiste
¿Pretendes morir sin ser condenada?
Cuando el coro de ángeles exiliados cante tu nombre..
¿Voltearás a verlos?
Nadie se negará a tus egocéntricos caprichos;
Pero tal vez yo lo haga.
Eres todo lo absurdo,
Una figura abstracta que infecta mi destino.
¿Quién eres tú para decirme cómo he de vivir?
¿Qué quieres de mí!
Si te lo he dado todo ya,
Tal vez ahora me niegue.
Divago entre sombras,
Siempre tratando de huir de ti.
Porque eres arte,
Y me lastimas.
Mi otro yo,
Me está ahogando.
Y tú,
Sentada,
Ves como muero,
Mientras lo seco, recorre tu alma.

Ginny no lograba articular palabra. Sus nervios la empezaban a traicionar mientras miles de ideas rondaban por su cabeza ¿Cómo consiguió robarle el poema? Estaba segura de haber tenido su carpeta con ella todo el tiempo ¿Qué había sucedido entonces?
- Me alegro de que resultaras lo suficientemente descuidada como para dejar caer de tu carpeta este poema, de no ser por eso, jamás me hubiera enterado de tu talento y seguramente hubiera votado en contra..
Ginny aún no entendía absolutamente nada, y se confundió aún más cuando observó a varias personas salir del castillo mientras comenzaban a formar un círculo alrededor de ella. Sí, reconocía a bastantes de ellos. Estaban en el colegio! Habían Hufflepufs, Gryffindors y Ravenclaws.
- No te asustes.- dijo una chica de cabello negro y rizado. - Paul es solo uno de nuestros integrantes.
- Dame mi poema!- dijo Ginny ofendida. - Es algo privado!
Paul se lo entregó y ella lo tomó groseramente. No entendía nada pero aquello no le estaba gustando.
- Eres una engreída retraída.- dijo Paul molestándose. - Si estás aquí es solo porque tienes talento, me caigas bien o no hay que reconocerlo.
- Quiénes son todos ustedes?- d ijo Ginny confundida.
- Quienes somos?- dijo un chico de Hufflepuf, también había salido con Parvati. - Somos los grandes, el talento de Hogwarts reunidos ante ti Ginny Weasley. Somos los que conocemos la realidad y la sabemos plasmar en un papel; los que ven más allá de las paredes simples que se empeña la sociedad en poner frente a nuestros ojos; los que están dispuestos a aquedar ciegos, pero no mudos; esos somos Los Poetas de Babel.
Ginny era incapaz de pronunciar palabra coherente. Había escuchado ya rumores de una supuesta organización secreta en Hogwarts, creada por alumnos con talento literario durante siglos atrás. Pero también había escuchado que se se había disuelto durante la época del Señor Oscuro. No podía ser que siguiera funcionando..
¿O sí?
- Ginny, es así de simple.- dijo Anabel Gym, una chica de Gryffindor que estaba en cuarto curso. - Los poetas de babel somos todos nosotros. Solo elegimos a un integrante más para que se integre a nuestra asociación cada año, y por supuesto, debe ser alguien desbordante en talento, como todos nosotros..
Ante éste comentario todos rieron, obviamente, sabiéndose dignos de pertenecer a la organización.
- Creí que la asociación se había disuelto en los años de..- dijo Ginny, pero fue interrumpida por un jugador de Ravenclaw.
- De quien no debe ser nombrado?.- agregó él. - Pues sí! Los mortíos mataron a todos los integrantes de esa época, porque hablaban demasiado. Pintaban en las paredes del colegio ideas rebeldes que incitaban a todos a tener el valor de luchar contra ya sabes quien.
- Quién? Voldemort?- dijo Ginny y ante éste simple nombre muchos palidecieron.- Para ser los rebeldes de Hogwarts son bastante temerosos.
Paul sonrió. Y Adriana, la actual presidenta se dirigió a ella.
- Eres perfecta. Nos encantaría tenerte de integrante.
Se produjo un silencio sepulcral el lugar. Ginny observaba a todos los presentes algo curiosa.
- Todos aquí, saben escribir?- preguntó.
- Todos. Y somos los mejores en ello.- dijo uno.
- Y qué hace esta organización secreta, si nadie sabe de ella?
- Precisamente, todos, ignorantes ante la grandeza del talento que nos ha sido otorgado, se mantienen fuera. Nosotros, nos reunimos todas las noches en una cabaña que se encuentra en el bosque oscuro. La creamos solos.- dijo Paul. - Escribimos, y leemos poemas que realmente valgan la pena. Nuestro trabajo es discutir sobre los problemas dentro de Hogwarts, y marcar la diferencia en ellos.
- Fueron ustedes los que, hace unos años atrás pintaron en las paredes los nombres de los famosos escritores románticos de la época?
Todos rieron.
- Algunos de nosotros.- respondió Adriana. - La mayoría que ves ahora frente a ti son nuevos. Cada año innovamos.
- Y cómo hacen para mantenerse en secreto?- preguntó Ginny.
Paul fijó sus ojos aceituna en ella y caminó hasta quedar frente a frente con la pelirroja.
- Es una de las reglas, quien entra, no sale hasta que llegue a séptimo y se gradúe. Por supuesto, se debe mantener en secreto la organización.- el chico sacó de su bolsillo un collar con una insignia de dos triángulos dorados y se lo colocó alrededor del cuello. - Sabemos lo que es ser incomprendidos Ginny, todos los escritores los somos, nadie entiende el poder de nuestra grandeza ni el de nuestra mente. Tus sentimientos desbordantes son tan solo parte de tu talento; solo quienes sienten más de lo debido logran percibir lo que otros no, y solo ellos, pueden escribir. Aquí, todos somos como tú, y tú eres como nosotros. Pertenecemos al mismo mundo; al mundo fantástico de las letras.
La nieve comenzó a caer lentamente sobre el cabello rojo fuego de la pelirroja. El sol se debilitaba tornando las nubes de un color rojo sangre.
El día había llegado casi a su fin.

Hermione había aprovechado para caminar sola por ahí ahora que Ron había desaparecido repentinamente y Harry parecía ocupado con Parvati. El día había legado a su fin dando paso a la tarde. Ya había previsto que iba a comenzar a nervar por e tenue frío que comenzaba a esparcirse por el lugar, mas, terca y necia como era, lo había ignorado or completo y siguió en su travesía. Caminando, justamente, los copos de nieve sobre su cabello castaño le avisaron que buscara un lugar en donde pudiera protegerse.
No puede ser.. pensó al ver cómo la nieve comenzaba a caer.
Fue entonces cuando corrió y entró a la primera tienda que tuvo enfrente.
El ambiente estaba cálido en el interior de aquel lugar. Un señor bastante anciano tocaba el piano espectacularmente. Sus manos, robustas y arrugadas se movían con tanta agilidad que hasta había resultado impresionante. Hermione se sentó en una mesa sonriente y lo observó tocar, permitiendo que la melodía penetrara por sus oídos y la obligara a volar. Estuvo así durante varios instantes hasta que la puerta del lugar se abrió, y ella volteó instintivamente chocando nuevamente con unos ojos grises que, inmediatamente, le transmitieron un calor exagerado y vergonzoso. Qué fácil resultaba perder la tranquilidad con su simple presencia.
El rubio había logrado escaparse de sus amigos y de su novia después de varios intentos fallidos. Había estado de pésimo humor durante el paseo, y aunque había hecho el esfuerzo de pasarla bien con Pansy, aquello le había resultado casi imposible. Aliviado de no tener que esconder más su rabia interna se dirigió al único lugar que le proporcionaba paz en Hogsmade, un pueblo que consideraba aburrido y sin chiste. Mucho más interesante resultaba el callejón Knocturn, y era precisamente esa la razón por la cual adoraba aquel café bar: pertenecía a un mortífago convicto, y todas las pertenencias de allí eran lavado de dinero. En el sótano, había una entrada que conducía al callejón de brujas y magos oscuros. Ir hacia allá había sido su idea principal, mas la presencia inesperada de la castaña había perturbado una vez más su mente.
Maldita sea pensó mientras entraba al lugar sin dejar de mirarla. Siempr tenía que estar interrumpiendo sus planes. Con aquellos ojos cálidos y esa boca rosada que lo volvían loco y a la vez, le daban cierto sentido a lo absurdo de su vida.
Con un gesto de cabeza le dijo que lo siguiera. Hermione se levantó y caminó entre las mesas llenas de gente charlando e intercambiando pequeñas bolsas n egras bajo la mesa. Por estar cautivada por la música del pianista no había notado el extraño y sospechoso aspecto de la gente que concurría aquel lugar. Ahora lo comprendía, y se sintió ofendida.
Draco abrió una puerta y la cerró después de permitirle la entrada a Hermione. Ésta inmediatamente explotó.
- ¿Cómo puedes frecuentar un lugar como éste!
El Slytherin d io un respingo lleno de rabia. Debió suponer que era lo suficientemente inteligente como para notar la procedencia del lugar.
- Sabes muy bien el tipo de lugares que yo frecuento, ya deberías estar acostumbrada.- dijo él sacando un cigarrillo y encendiéndolo. - Quieres tomar algo?- le dijo señalándole un bar que estaba en la esquina de la habitación.
Fue solo entonces cuando la Gryffindoriana cayó en cuenta en el lugar que estaba. Era como una mini suite lujosa y con todas las comodidades que un Malfoy debía tener. Seguramente era el lugar que Lucius le había obsequiado a su hijo.
- No bebo.- respondió ariscamente ella.
Draco caminó hacia el bar.
- Sé que no bebes.- dijo mientras servía en una copa ago de coñac. - Me refería a si quierías beber alguna otra cosa.
- No.- dijo ella secamente. - ¿Para qué me trajiste aquí?
El rubio la observó misteriosamente durante varios segundos.
- Para nada.- respondió.
- Me trajiste aquí para nada?
- Yo no te traje, tú viniste.
Hermione no podía creer lo que estaba escuchando. Por un instante sintió el impulso de gritar y salir corriendo, pero algo le impidió que hiciera aquello.
- Me hiciste señas para que te siguiera!
- Y tu me seguiste.- dijo él. - No hay motivo, solo causa y efecto.
Draco apagó el cigarrillo y de un armario sacó una capa negra que se colocó rápidamente.
- Vas a alguna parte?- preguntó Hermione con tono algo cortante.
- Sí, al callejón knocturn.
- Qué?!- exclamó la castaña. No lo entendía pero ya estaba enfadándose. - Si esto es una forma de venganza porque decidí venir y no quedarme como tú exigías pues lo siento mucho!
- No me estoy vengando.- dijo él tranquilamente mientras se acercaba a ella. No se detuvo hasta quedar a tan solo unos milímetros de Hermione. - Si quieres que me quede, pídemelo.
Hermione pestañeó varias veces sin poder asimilar la información. Tenía que estar loco.
- Estás drogado?
- No. Es simple Hermione Granger; nadie te obligó a seguirme, tú lo hiciste porque querías hacerlo. Ahora estás aquí y te toca preguntarte lo mismo que yo me pregunto todos los días cuando voy a buscarte en lugar de quedarme con Pansy: ¿Qué estoy haciendo?
Hermione podía notar la rabia en el tono de voz del rubio. Estaba molesto, sin duda alguna. Pero aquello no evitó que ella lo desafiara.
- Yo sé lo que estoy haciendo Draco Malfoy, ¿Y tú?
El rubio no se movió ni un centímetro. Sus alientos de mezclaban y el aroma que despedía el cuerpo de Hermione penetraba sus fosas nasales seductoramente. Tenía que estar enloqueciendo en su interior, pero el orgullo siempre manejaba al Slytherin, por lo que se mantuvo firme todo el tiempo. Mas la pregunta de la castaña había sido suficiente como para derrumbarlo. Sin bajar ni un instante la mirada retrocedió y se dirigió hacia la puerta.
Fue entonces cuando Hermione corrió y se interpuso entre él y la salida.
- Quédate.- dijo mientras se ponía un puntas para alcanzar los labios del rubio y besarlos con fuerza. Draco respondió inmediatamente pegándola contra la puerta y penetrando su boca con ímpetu e intensidad. El cuerpo del Slytherin se pegó con más fuerza al de ella, sintiéndola y despertando una lujuria incontrolable dentro de él. Hermione soltó un quejido al sintir cómo la perilla de la puerta se incrustraba en su espalda mas aquello no le importó en lo más mínimo. Los dos se necesitaban mutuamente y, aunque se habían propuesto negarlo, resultaba muy difícil ocultar un sentimiento que comenzaba a cobrar tanta fuerza en su interior.

Mientras esto sucedía en el sur de Hogsmade, en el norte, una rubia sonreía cuando en Souler, encontraba un arpa último modelo envuelta en un lazo rojo.

- Hermione...- susurró Draco en el oído de la castaña mientras la besaba en el cuello y lentamente la conducía hacia la cama. - Te necesito..
Hermione ya no sabía muy bien lo que estaba haciendo, simplemente caía en aquella telaraña que se había apoderado de ella desde hacía mucho tiempo. Eran esas esperanzas vanas de que tal vez, solo tal vez, la fuerza de lo que ella sentía podría cambiarlo. Muchas veces había estado a punto de terminar con todo, de olvidarse de su objetivo y alejarlo de su lado; mas no había sucedido, y Hermione temía que fuera ya demasiado tarde para detenerlo.
No es tarde.. pensó, pero sus ideas se desvanecieron cuando sintió su piel desnuda chocar contra la del rubio. En un momento de confusión quiso llorar sin saber exactamente por qué, pero cuando las manos del Slytherin comenzaron a moverse sobre ella todo pareció detenerse; había algo distinto. La Gryffindoriana contuvo la respiración y sintió todo su cuerpo temblar, Draco jamás la había tocado así. El rubio la tomaba con una ternura y delicadeza únicas, gesto que jamás se había atribuído con ella. Sus manos, que antes recorrían su cuerpo con desesperación y cierta brusquedad, ahora la acariciaban con, incluso, un deseo aún más intenso que el de muchas otras veces; pero seguían siendo caricias. Se deslizaban suavemente por sus piernas y sus caderas mientras atrapaba su boca entre la suya, quitándole por completo la respiración. Por primera vez en mucho tiempo ella se sintió importante en sus brazos.
Draco sabía que jamás saldrían palabras expresivas de su boca hacia ella, sabía que no se lo podía permitir. Entre ellos había un abismo que resultaba imposible destruir. Sin embargo, aquella tarde quería demostrarle con toda su alma lo que ella había sido capaz de construir dentro de él; quería regalárselo. Sin a penas notarlo, Hermione había logrado inspirar en él sentimientos que jamás pensó existieran. Ella, solamente ella era capaz de destruirlo todo y en segundos crearlo nuevamente en su interior. Por eso la necesitaba con la misma fuerza con la que la odiaba. Era algo enfermizo e inexplicable.
Draco mordió el cuello de la castaña mientras pasaba su lengua por ciertos puntos que ya conocía producían fuerte reacción en ella. Hermione lanzó un quejido mientras lo aprisionaba con sus piernas alrededor de su cintura. El Slytherin las abrió con delicadeza antes de entrar mientras las acariciaba.
Él no podía saber, que ésta sería la última vez en mucho tiempo que la tendría entre sus brazos.

William humedeció su pluma y sacó un nuevo pedazo de pergamino para seguir con el relato.

Las historias alcanzan siempre un climax en el cual resulta interesante notar cómo los problemas van solucionándose llegando al fin del relato. Así pues, es necesario explicar que eso no sucederá con nuestra novela amigos, no. A mí entender, el climax inicia ahora, y se prolonga con inumerables sorpresas que jamás sospechamos podrían llegar. Les recomiendo, presten suma atención;

posiblemente no se repita nunca más
Mis amoresssssss!!!!!! Moony, proveedora de historias para muggles y magos adictos a la lectura, se enorgullece en presentar 5 CAPS MAS!!!!! Oh yeah baby.... Me siento generosa asi q esta noche les subo 5 capis para q se entretengan un buen rato....
Resumo rápido las respuestas a los rr... Mil gracias a todos los q siguen la historia, en especial los q vienen leyendo desde un principio.... Tiempo al tiempo! La historia termina cuando terminan las clases, y ni siquiera llego navidad! Q no cunda el panico q hay historia para rato y cada vez se vuelve mas interesante (pensaron q no se podia? jeje) Los dejo con un nuevo cap! Disfruten!

36.- Vacíos...

Luna paseaba sus dedos finos y delicados por el arpa brillante bañada claramente en oro blanco. Sus ojos celestes parecían delirar mientras acariciaba aquel artefacto. Ron no pudo sentirse más complacido.
Lo único que quería era hacerla feliz.
- Te gustó?.- preguntó él ya conociendo la respuesta.
- Me encanta..- dijo ella casi sin voz. Entonces se lanzó sobre él y lo abrazón con fuerza mientras sus mejillas se iban tornando rosa al notar lo que su impulso la había llevado a hacer.
Quiso alejarse y disculparse, pero notó pronto cómo los brazos de Ron rodeaban su cintura recibiendo aquel abrazo del que ya no podía escapar. Se quedaron así durante algunos segundos más antes de soltarse. Luna tenía su mirada ahora en el piso, tratando de evitar la juguetona del pelirrojo, que la observaba sin querer perderse ni un solo gesti facial que pudiera delatarla.
- Yo..no sé cómo agradecerte.- dijo ella sin saber qué más decir.
Ron se acercó y tomó con su mano el rostro de la rubia, obligándola a levantar la cabeza y a clavar sus ojos cielo en él.
- Ya lo hiciste.- dijo él mientras acariciaba dulcemente la mejilla de la Ravenclaw.
Luna sonrió y a él le pareció simplemente perfecta. Aquella imagen jamás se borraría de su mente y lo acompañaría hasta el último momento de su larga y futura vida.
Ella miró hacia el gran reloj que estaba frente a ellos y sus ojos se abrieron como platos.
- Ya es hora! Tenemos que estar en el tren o nos dejará!- exclamó la rubia.
Ron volteó y sonrió.
- Tienes razón.
Luna no pudo decir más porque el chico ya la había tomado de la mano y corrían esquivando personas mientras reían sin parar.
Parecían dos niños jugando.
De cierta forma lo eran.

Así mismo, Draco y Hermione corrían tomados de la mano hacia aquella misma dirección. El rubio, al ver la cabeza pelirroja llegando hacia la entrada del tren, soltó la mano de la castaña y con una tierna mirada desapareció. Hermione sintió un papel entre sus dedos, pero al ver a Ron llegar con Luna decidió introducirlo en el bolsillo de su jean.
Así juntos entraron.
- ¿Y Harry?- prgeuntó Hermione mientras caminaba entre los compartimentos.
- No sé, se supone que estabas con él.- dijo Ron. - O no?
Hermione casi se atraganta y tosió un poco para aclararse la garganta.
- Sí, pero, me distraje y me fui a tomar un paseo sola..
- Vaya, otra Ginny.- dijo sarcásticamente el pelirrojo.
Fue entonces cuando Luna se paró en seco.
- El arpa!- dijo tapándose la boca con ambas manos. - La olvidamos!
- Tranquila tampoco pensaba traerla con nosotros.- dijo el pelirrojo. - Tengo un amigo en Souler que la llevará a Hogwarts el próximo fin de semana.
- Le regalaste un arpa?- dijo Hermione mientras abría un compartimento y se encontraba con sus amigos.

Harry y Parvati reían juntos mientras que Dean y Lavander jugaban piedra, papel o tijera usando hologramas con sus varitas. Los ojos verdes del cabello azabache se fijaron en las tres personas que entraban pero le d ieron una mirasa especial a Hermione. Ella se había desaparecido de repente y aquello solo había corroborado su sospecha de que la castaña oculataba algo. Ahora más que nunca estaba decidido a descubrir qué era ese algo.

Ginny había hablado tantas horas con Adriana dentro del castillo abandonado aclarando las reglas que ahora tenía que cumplir como integrante, que se había olvidado por completo de la hora. Cuando acordó lo que estaba dispuesta a hacer y lo que no, volvió a la realidad y esto produjo que se asustara terriblemente.
- El tren debió salir hace ya una hora!!! - gritó Ginny aterrada.
- Tranquila, ser integrante de los Poetas de babel te da ciertos privilegios. Tenemos entradas secretas por todas partes. Eso nos da más acceso y libertad.- dijo la castaña mientras se levantaba. En ese momento entró Paul y se arrimó con cierto queminportismo en la pared observando algo indiferente a ambas chicas. - Cierto! Lo olvidaba; los nuevos integrantes tienen un guía, alguien que los ayuda a integrarse a nuestro ambiente. Tu guía será Paul.
- Qué?!- gritó Ginny algo exasperada.
Pero Adriana hizo caso omiso al reclamo directo de la pelirroja y salió del castillo. La Gryffindoriana quiso decir algo pero no supo qué así que mejor calló. Paul caminó hacia ella.
No te muevas pensó ella sin d ar un solo paso atrás. Entonces el castaño pasó a su lado y en su oído susurró:
- Sígueme, pelirroja.
Ginny dio media vuelta y lo observó caminar bajando unas escaleras de piedras. Paul se vio obligado a detenerse ante la voz firme de la pelirroja.
- Antes de seguirte voy a aclarar algunos puntos contigo.- dijo seriamente y algo altiva. - Primero, no vuelvas a tomar mis cosas porque te arrepentirás de por vida; segundo, el que seas mi guía significa que voy a obedecerte todo el tiempo; y tercero, pero no menos importante, mi nombre es Ginny, no pelirroja.
Con esto ella bajó las escaleras cruzándosele y adelantándose. Paul la vio descender y una sonrisa se fue formando en su rostro.
Ella tenía carácter.

Draco bajó del tren con Zabini mientras hablaban muy acaloradamente. Sin duda alguna cualquiera que los hubiera visto habría sabido inmediatamente que estaban discutiendo. Los Slytherins que los conocían bien caminaban mientras comentaban entre sí lo extraño que era ver al Rey de su casa pelear con su mano derecha. Todos se preguntaban cuál era la causa de la disputa sin siquiera imaginar lo que en realidad estaba sucediendo.
Pobres ignorantes.
Draco entró al castillo con un paso molesto y fastidiado seguido por Zabini. El rubio estaba hartándose de las reprimendas que recibía por parte de su amigo, y ya no estaba dispuesto a escuchar más quejas.
Se volteó ardido.
- Yo hago lo que quiera! Me entiendes?! Si me da la gana de desaparecerme del mundo eso hago!
- Tú no respetas nada Malfoy! Ni siquiera el hecho de que lo único que hago es proteger tus espaldas todo el tiempo! Yo debería largarme y dejarte solo haber qué haces con Pansy y los demás que ya sospechan!
Se produjo un silencio aterrador después de aquellos gritos. Sin duda, Blaise había llegado a su límite. Draco fijó sus ojos grises glaciales en él.
- Por qué no te vas entonces?- le dijo con una voz firme. - Nadie te obliga a nada.
Zabini levantó su mirada y conteniendo la rabia y las ganas que ahora se apoderaban de él de golpear a Draco haber si esto lo hacía reaccionar, habló.
- Porque soy tu único amigo!- dijo como si la respuesta fuera tan obvia que ya se tornaba algo tonta la simple formulación de la pregunta. - Si yo te dejo estás perdido.
Draco permaneció en silencio. Sabía que él tenía la razón. Nunca sintió tanto arrepentimieto de haberle gritado a Blaise en toda su vida. Era cierto, sin su ayuda estaría perdido.
El rubio titubeó tratando de pensar en una manera de reparar lo hecho sin tener que disculparse. Un Malfoy jamás pedía perdón. No recordaba, por supuesto, que si había alguien que lo conocía a fondo además de Hermione, era Zabini, y éste decidió hacerle las cosas más fáciles.
- Ya no importa.- dijo hartándose. - Me harías un gran favor escuchando mis consejos de vez en cuando: aléjate de Granger. Ella es lo peor que pudo haberte pasado. Si estuviera en mis manos, la eliminaría yo mismo. Y es eso lo que un futuro mortífago debe hacer. Malfoy, yo no me uní a ti desde un principio por cualquier cosa, lo hice porque supe desde que te vi que eras el único en esta casa llena de imbéciles que tenía la ambición desmedida que yo necesitaba. Aquí, fuiste como mi maestro. No hagas que pierda ese respeto por ti.
- Todos esperan cosas de mí.- dijo Draco. - Y yo no sé si cumpliré las espectativas de todos. Eso sí, debes tener algo muy claro Zabini; pienso alcanzar mis metas, y no me importará hacer a un lado todo lo que me estorbe. Aplastaré a quien tenga que aplastar. No me importará a quien..
- Así me gusta oírte hablar!- exclamó Zabini. - Ese es el Malfoy que yo siempre he admirado! Después de todo, él vive en ti y nunca te podrás deshacer de él.
Draco dio media vuelta dispuesto a caminar hacia su sala común, mas entonces se detuvo repentinamente.
- Blaise, te llegó ya la noticia?
El rubio escuchó una risa a sus espaldas.
- Sí. Esta mañana le llegó a todos los mortífagos. Así que hoy en la noche, todos estaremos iniciándote.

El rubio gestó una media sonrisa vacía y desapareció por los corredores de Hogwarts.

Hermione entró a su habitación y sacó inmediatamente el papel que había guardado e n su túnica. Era un pequeño papiro doblado en cuatro. Lo desdobló con algo de impaciencia y leyó su contenido:
No regresaremos al pasado hoy.
No me esperes.
Las palabras frías y secas del rubio habían sido suficientemente poderosas como para deprimir a Hermione ¿Hasta cuándo iba a tener que soportar todo aquello! Él la acariciaba como si ella fuera lo más importante en su vida, mas después, solo palabras vacías llegaban hacia ella como una lluvia de granizo en su cabeza. No lo aguantaba más...
Entonces una idea cruzó por su mente con gran rapidez, mas produciendo el efecto más relevante dentro de ella.
Draco había insistido tanto en la mañana para que regresaran al pasado que Hermione supuso que en la noche lo harían. Pero ahora, él rechazaba la oportunidad de regresar. Sin duda alguna algo no cuadraba en todo el asunto.
Pero si... pensó.
Claro, no había otra explicación. El Slytherin sabía desde la mañana que en la noche estaría ocupado, y por eso quería aprovechar el día ¿Pero, ocupado en qué?
Todos los misterios estaban volviéndola loca. Necesitaba descubrir lo que se estaba gestando tras todo aquello.
Y voy a hacerlo pensó.
No más. Aquella noche se aparecería por la sala común de los Slytherins y observaría qué era tan importante que no podía esperar.
Tal vez sabría así, qué era lo que atormentaba al rubio.

Ginny caminaba por un estrecho túnel subterráneo al cual Paul la había conducido. Jamás se había imaginado que aquel camino existía dentro del gran castillo que hace algunas horas observaba con admiración. No habían hablado desde la partida, y niguno parecía estar interesado en hacerlo. La pelirroja estaba ya cansada de caminar por piedras y sentía sus piernas temblar por cada paso que daba. Sin embargo no expresó nada en voz alta. Era tan complicada hasta para aquello.
Fue entonces cuando él decidió hablar.
- Nunca le has enseñado a nadie tus poemas verdad?- dijo él.
- No. Como te dije anteriormente, era algo personal.- dijo ella mientras seguía caminando.
- Yo también creía que eso era lo mejor. Lo cierto era que yo era un egoísta, y no quería compartir mi talento con nadie. Es decir, ¿Para qué molestarme mostrando mis obras a seres con tan inferior nivel crítico literario?
Ginny sonrió tímidamente. Se reconocía perfectamente en aquellas palabras.
- Por qué me estás hablando?- preguntó Ginny.
- Por qué no habría de hacerlo.- dijo él conservando su rostro inexpresivo. Totalmente misterioso.
- Porque no lo haces con nadie. Eres tan callado que no te tomas la molestia de entablar una conversación con ninguna persona. Eso como si hablar no te importara..
- Y tú cómo sabes eso?- dijo él algo confundido.
- Saliste con una de mis mejores amigas.- dijo ella mientras seguía caminando. - Parvati Patil.
Se hizo un silencio en el cual Paul no dijo nada. Ginny no se volteó a verlo simplemente siguió avanzando.
- Ella te dijo eso de mí?- soltó una risa algo irónica. - Entonces no era tan perdida como creí que era. Resultó observadora.
- Acertó en tu descripción o no?- dijo Ginny
- Sí. - respondió él. - Las palabras habladas me parecen falsas y poco trabajadas. Prefiero las escritas.
- Y sin embargo entablas una conversación conmigo...
- Porque eres como yo. No suelo gastar mis palabras en gente que no comprende lo que es ser escritor.
- Y cómo sabes que yo lo entiendo?
Paul paró en seco y se volteó para verla. Caminó acortando la distancia hasta que estuvieron a solo unos centímetros.
- Todas las mañanas te despiertas preguntándote por qué estás aquí, y al no obtener una respuesta clara buscas en libros algo que calle los gritos de tu mente. No lo consigues, y te desesperas. Sientes que eres una histérica, y que tu vida es un drama sin sentido y culpas a tu personalidad por ello. Claro que no sabes que no es culpa de tu personalidad, sino de tu mente, que observa al mundo desde una perspectiva superior a la de las demás. Escribes, porque tratas de sacar todas las ideas sueltas que te agobian en el interior. Sirve por un momento, hasta que nuevas frustaciones crecen dentro de ti y tienes que volver a escribir. Sabes cómo sé todo esto? Porque así me siento yo todos los días de mi vida. Eso, te obliga a expresarte por medio de palabras. Eso te hace una escritora.
Ginny tenía sus ojos perdidos en los verdes del castaño ¿Cómo había podido acertar tanto? Era impresionante.
Paul esbozó una media sonrisa ante la expresión atónita de la pelirroja y volteó para seguir caminando. Ginny lo siguió sin decir nada.

Spencer descansaba en su cama de Slytherin mientras miraba por la ventana de su habitación. El sol se estaba tornando rojo y las nubes tomaban un color sangriento.
Sangre...
Eso era lo que él deseaba ver correr por las piedras de Hogwarts. Sangre sucia y asquerosa de todos los impuros que habitaban y respiraban el mismo aire que él. Cuánto los detestaba. Eran como una lacra que no dejaba de espandirse y traer más genes muggles inservibles al mundo de los grandes. Y ahora, el Rey Malfoy se revolcaba con una de ellos.
Aquello le resultaba repugnante.
Cuando se enteró de lo que realmente había sucedido cayó en cuen ta de que él era el único Slytherin que realmente valía la pena en aquella casa. Él, que conservaba los valores especiales que se toman en cuenta al entrar a la gran casa de las serpientes, podía llegar a expandir sus enseñanzas para destruir la raza imperfecta. Dos razas mezcladas; resultaba patético. Jack Spencer odiaba y repugnaba a cada sangre sucia como si se tratara de la misma defecación de un perro callejero. Ya había tolerado lo suficiente durante aquellos seis años y medio; ya era hora de tomar la justicia por sus manos.
Sí que lo haría.
Iba a sembrar el pánico en Hogwarts. Su plan era perfecto, no podía existir equivocaciones.
La nueva era estaba a punto de ser iniciada.
Entonces pensó en Luna.
Luna, Luna, Luna...
Su cabello y sus ojos aparecían frente a él como si fueran llamas ardientes que encendían todo en su interior. Ella era pura, tierna, inteligente. Tan lejana a todos los males del mundo terrenal. Parecía flotar sobre los demás mortales cuando caminaba. Superior, un ángel caído. Para él, resultaba un espectáculo el simple hecho de observarla. La quería, la deseaba, la necesitaba solo para él. Ella tenía que ser suya para siempre. Su reina. Siempre había pensado que las mujeres eran prescindibles e irrelevantes. Nunca quiso tener una para compartir una vida, simplemente las tomaba cuando quería satisfacer deseos carnales. Ahora, Luna había despertado en él sentimientos que no solo se limitaban a lo físico. Ella no era como las demás putas que plagaban Hogwarts. Putas, sí; todas las demás eran ordinarias Putas. Luna era una mujer. Y eso la hacía especial e irradiante entre las otras.
Cerró los ojos lentamente, evocando en su memoria los ojos cielo que tanto anhelaba.
Nunca pudo ser más feliz.

Cuando la luna asomó aún más esplendorosa que cualquier otra noche todas los alumnos en sus respectivas salas comunes se prepararon para descansar. Ron, Harry y Parvati aún estaban sentados en los muebles de la sala común. Conversaban sobre un tema bastante interesante y parecían no querer dejarlo. Fue entonces cuando la puerta de la sala comun se abrió dejando entrar a una pelirroja que llamó la atención inmediatamente.
Ginny posó los ojos en los presentes mas a utomáticamente los retiró y caminó hacia la escalera para subir a su habitación.
- Buenas noches.- dijo suavemente.
- Detente!.- exclamó Parvati. - ¿Dónde has estado?
- Por ahí.- dijo Ginny volteándose.
Harry tenía sus ojos verdes clavados en la pelirroja mas no decía nada. Ya había decidido no participar en la conversación. La rabia que lo embargaba tenía suficiente fuerza como para hacer estallar un volcán. Por eso prefirió no decir nada.
- Cómo que por ahí?.- dijo ella. - Detalles y explicaciones Ginny. Te desapareciste todo el viaje y no conforme con eso regresas a la sala común en la noche!
- Parvati, no quiero sonar grosera, pero en realidad lo que yo haga o deje de hacer no es de tu incumbencia.
- De la mía sí.- dijo Ron levantándose del mueble. - Crees que me voy a quedar como si nada cuando todo el día me he estado preguntando en dónde has estado?! Y qué es esta hora de llegar? En dónde estuviste?.- estalló Ron, quien se había mostrado indiferente todo el día con respecto a la ausencia de su hermana, mas por dentro estaba tan o más angustiado.
Ginny lo observó inexpresivamente y recordó las palabras de Paul.
¿Por qué gastar mis palabras con quienes no van a comprenderme?
Tenía razón.
La pelirroja dio media vuelta con su cabeza bien en alto y subió las escaleras sin dar ninguna clase de explicación.

Ron se quedó parado estático. Nunca, durante toda su vida había recibido tal bofetada de indiferencia por parte de su hermana menor. Parvati tampoco se movía. Estaba acostumbrada a ser el centro de atención y a ser la mejor amiga en la que todos confiaban; ahora sentía que Ginny no sentía la menor confianza hacia ella y eso la a tormentaba ¿Había hecho algo mal? ¿Qué era lo que la había alejado? Tuvo miedo, mucho miedo. No quería perder la amistad de la pelirroja.

Sin duda alguna la actitud de Ginny había sorprendido a todos en la sala común, pero a nadie más que a Harry. El moreno no podía creer que la introvertida y tímida pelirroja, la que nunca había desafiado a nadie y más bien parecía tranquila y simple ahora se desatara de tal manera. Estaba altiva, desafiante, orgullosa y bastante pedante. Cosas que jamás había dislumbrado en ella anteriormente. Lo más curioso de todo aquello era que, a pesar de que estos defectos habían salido a flote en la personalidad enigmática de la Weasley, lo único que hacían era incrementar su belleza. Sus aires actuales de superioridad y astucia combinados con el tímido silencio que la caracterizaba la cubrían de un manto misterioso aún más grande del que siempre la había cubierto. Si antes brillaba, ahora irradiaba. Y Harry podía sentir el dolor y la angustia que la embargaban; en sus ojos chocolates un vacío agudo de mostraba claro y doloroso. Eran como espinas que se clavaban en él cada evz que la observaba. Un sufrimiento que era de él, profundo e incurable. La herida en su interior solo lograba hacerse más grande cada vez que la miraba y notaba que ella día a día se alejaba de él. En algún momento fatídico tendría la seguridad de no tenerla jamás.
Tal vez moriría en aquel preciso instante.

Parvati pasó una mano por su hombro y esto lo obligó a despertar. La rubia se inclinó y le dio un beso tierno en los labios.
- Voy a dormir.
- Ve, que duermas bien.

Él la vio alejarse.
El dolor aún no se había ido.
37.- La Iniciación

Cuando Hermione se levantó después de haberse quedado dormida durante varias horas y observó el reloj quiso morir ¿Cómo había podido haberse quedado dormida? Eran las doce de la noche y ya era demasiado tarde como para entrar a la sala común de Slytherin. El cansancio la había vencido y obligado a reposar en la cama. Sin notarlo, sus ojos se habían ido cerrando de a poco y en cuestión de segundos se vio inmersa en un sueño profundo. Y ahora era muy tarde.
La castaña se levantó y se colocó en la oscuridad una pijama larga y blanca. Era una bata que su abuela le había obsequiado en su cumpleaños. No era nada bonita, pero al menos era cómoda. Caminó hacia la ventana para cerrarla y no permitir que el frío calara sus huesos. Fue entonces cuando un giro inesperado cambió sus planes de inmediato.
Muchos encapuchados con sobretodos negros corrían por los campos de Hogwarts adentrándose en el bosque prohibido. Sus ojos marrones se abrieron como platos mientras sus pies cobraron vida propia y comenzaron a caminar hacia la puerta para bajar corriendo las escaleras de la sala común.
Iba a seguirlos.
Sus pequeños pies iban corriendo silenciosamente por los pasillos de Hogwarts. El frío de las piedras bajo sus pies parecía importarle muy poco a la curiosidad que caracterizaba a Hermione. Su bata blanca volaba con la brisa mientras ella corría dejando atrás se cabello castaño ondulado suelto y libre. Su corazón latía a mil. Su mente no dejaba de maquinar ideas extrañas y extravagantes de lo que podía estar sucediendo: y si eran mortíos? Y si se trataba de ladrones? Secuestradores? Profesores de una secta?! Su imaginación seguía viajando sin fin mientra sus pies se hundían en el césped aún húmedo por el clima. Ella no podía siquiera sospechar lo macabro de lo que estaba a punto de presenciar.

Las estrellas cubrían como un manto el cielo completamente despejado de nubes. Los Slytherins corrían adentrándose en el bosque. Esquivaban ramas y árboles frondosos sosteniendo sus sobretodos negros. Todos estaban llenos de una sombría emoción; aquella noche el Rey de Slytherin se iniciaría como mortífago. Ahora sí estabarían completos.
Los encapuchados llegaron al claro del bosque. Rodeados por árboles y arbustos, en el centro de lugar Colagusano, el fiel vasallo del señor oscuro, sostenía las riendas de un caballo negro pura sangre. Los Slytherins, actualmente mortíos, hicieron un círculo alrededor de su inminensia y gestaron una reverencia parejos. La luz de la luna, plateada, alumbraba lo suficiente como para resaltar la grandeza del Mago que ahora bajaba del caballo y con un gesto de su mano hacía que todos se levantaran.
- Revélense ante mí.- ordenó una voz poderosa, firme y tosca.
Uno por uno de los encapuchados, en orden de izquierda a derecha fueron sacándose las capuchas dejando ver sus rostros. Aparecieron más de la mitad de los integrantes de la casa Slytherin. Zabini, Spencer, Crabbe, Goyle y Pansy estaban entre ellos. Todos usando guantes de cuero negros, destellando odio en sus miradas frías y calculadoras. Jóvenes aprendices que pronto se unirían a la caza de brujas más sangrienta en toda la historia.

En el centro, el único encapuchado que no había revelado su rsotro avanzó hasta el centro. Su cabeza inclinada hacia abajo.
- Revélate.- ordenó la voz poderosa.
El joven con unas manos blancas como porcelana bajó su capucha revelando un cabello rubio plateado y unos ojos grises gélidos. Su mirada era dura, fría y vacía; hueca. Mas una intensidad desbordante provenía de ellos con fervor únicos. Era aquella ambición desmedida lo que Lord Voldemort anhelaba, y al verlo supo que un diamante negro ingresaba a su clan. No sabía que él sería su ruina.
El señor oscuro levantó sus manos y sacó su capucha fuera de su cabeza dejando ver el rsotro de un hombre que no parecía más de 45 años. Sus ojos rojos llenos de odio y su piel blanca lo hacían ver superior a todos los presentes quienes se inclinaron de inmediato. Draco hizo una reverencia sin bajar ni un segundo la mirada.
- Te unirás a los mortífagos esta noche, pero debes jurar sobre todas las cosas fidelidad a tus convicciones y hacia mí.- dijo Voldemort mientras lo rodeaba y sacaba su varita negra y plateada.
- Lo juro.- dijo Draco sin dejar de mirar al frente, sintiendo a todos observándolo y repitiendo palabras mágicas a su alrededor.
Y a sí lo hacían. Los Slytherins habían estado anteriormente en iniciaciones y sabían las palabras que debían repetir para que en unión el hechizo que El Señor Oscuro estaba a punto de realizar tuviera el poder necesario.

Colagusano le ordenó sacarse el sobre todo negro y así, Draco quedó descubierto por completo a excepción de su pantalón negro. Su pecho desnudo, esperaba firme la segunda parte del ritual. El pequeño Peter sacó una daga con la insignia de una serpiente rodeando el mango y avanzó hasta el rubio.
- Debes jurar también.- prosiguió Lord Voldemort. - Que estás dispuesto a morir por tus convicciones, y sufrir dolores incalculables si eso es necesario.
- Lo juro.- dijo Draco mientras Colagusano se acercaba clavando la punta de su daga en su pecho. El rubio cerró los ojos soportando el dolor por unos segundos mientras el fiel vasallo gravaba unas iniciales que ahora sangraban en el pecho del Slytherin.

Voldemort sonrió mientras levantaba s u varita.
- Entonces estás casi listo, te falta jurar una última cosa.- inquirió. - Debes jurar detestar a todos los sangre sucia del planeta, y estar dispuesto a destruirlos sea cual sea el costo que ello implique.
Tran un breve silencio Draco levantó la mirada fijándola, llena de odio en el poderoso.
- Lo juro.

Voldemort levantó su varita y exclamó unas palabras en latín. De la varita destellaron chispas verdes que luego se conviertieron en llamas de ese mismo color que se extendieron en el cielo con fuerza. El rubio observó cómo entre las llamas verdes se creaban rostros calavéricos, seguramente, de todos aquellos quienes habían muerto por esa varita.
El Señor Oscuro bajó su varita y los demás mortífagos levantaron con más fuerza su voz, repitiendo palabras en latín con ímpetu.
- Serás entonces, de los nuestros.- dijo mientras con la punta de su varita apuntaba al hombro derecho del rubio.
Draco soltó un grito de dolor mientras sentía miles de cuchillas clavándosele en la piel. Pronto los Slytherins bajaron la voz hasta casi convertir el canto en un susurro. Las llamas verdes desaparecieron y todo volvió a la normalidad. Draco fijó sus ojos en su hombro, y pudo ver la Marca Tenebrosa brillando sobre él.

Voldemort sonrió secamente mientras todos aplaudieron. Draco se levantó y se colocó el sobretodo negro encima. Sus ojos parecían algo perdidos cuando de repente, se clavaron en el fondo boscoso, donde entre unos arbustos, unos ojos marrones llenos de lágrimas habían observado toda la ceremonia.

Draco sintió cómo cada parte de su cuerpo se debilitaba y el terror calaba cada parte de su cuerpo. Ella lo había visto todo. Aquellas lágrimas hacían brillar el color marron de sus ojos. Jamás se lo perdonaría; la había perdido para siempre ¿Cómo había conseguido llegar hasta ahí? ¿Cómo? Todo aquello parecía una pesadilla, una terrible jugada del destino. Lo había calculado todo con tanta meticulosidad para que nada saliera mal, y ahora...ya todo estaba perdido.
Los ojos marrones se desvanecieron entre los arbustos y un crujir de rama hizo que los mortífagos voltearan inmeditamente a ver.
- Hay alguien ahí.- dijo Voldemort. - No importa, Nagini se encargará.

Una serpiente de tamaño gigantesco salió de las penumbras y atravesó el claro con rapidez sorprendente. Draco quiso morir en aquel preciso instante. La serpiente se arrastró velozmente hacia el arbusto donde hace unos segundos Hermione había estado y lo atravesó internándose en el bosque.
- Sea quien sea, no podrá decir nada.- dijo Voldemort. - Esto es todo, pueden retirarse.

Los mortífagos se inclinaron y Draco hizo lo mismo mientras todo su cuerpo temblaba.
No...la va a alcanzar, la va a matar..la va a matar pensaba petrificado mientras el Señor Oscuro se montaba en su caballo negro y se alejaba con Colagusano. Los Slytherins volvieron a colocarse sus capuchas y se dirigieron a la salida del bosque. Draco automáticamente se desvió siguiendo el rastro de la serpiente.

Hermione corría mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. Sentía el terror recorrer cada parte de su cuerpo. Lo que había visto había sido repugnante, lo más horrible que jamás le había tocado presenciar. Ver a Voldemort le había producido un miedo impresionante, aquellos ojos...su expresión demente habían helado su corazón. Sin embargo, nada pudo compararse con lo que sintió al ver que era Draco aquel el de la capucha negra. Su mundo entero se fue abajo. Había querido salir corriendo mucho tiempo antes, pero sus pies temblaban y no parecían querer moverse. El dolor había cubrido todos sus sentidos. Se sentía usada; traicionada ¿Cómo había podido él jurar odiar a los sangre sucias y destruirlos cuando todo aquel tiempo había estado con ella? Era demasiado, más de lo que ella podía soportar. Su corazón parecía estar a punto de estallar en mil pedazos.

La castaña corría descalza aplastando ramas en el suelo y esquivando árboles. No sabía hacia dónde se dirigía y ya no le importaba. Solo quería correr lo más lejos de aquel lugar terrible. Sentía el dolor de las piedras clavándose en sus pies mientras avanzaba, mas ahora eso ya carecía de importancia. Sentía que el aire se le escapaba y no entraba en sus pulmones. La vida entera se le estaba escapando de las manos.

Al pasar un árbol un brazo la agarró por la cintura y una mano le tapó la boca. Hermione sintió el aliento embriagador del rubio en su oído mientras ella forcejeaba. Su mínimo contacto le repugnaba.
- No te muevas!- le ordenó. - O van a matarte.
Hermione dejó de forcejear al ver la sombra de una enorme serpiente atravesando unos árboles cercanos. Ya conocía aquellos seres monstruosos aliados de Voldemort. En segundo curso había sido petrificada por una de sus criaturas. El terror se ifiltró en su sangre al saber que ésta vez no tenía un espejo para defenderse.

Nagini se movía lentamente, como quien sabe que su presa no está muy lejos. Tenía cada uno de sus sentidos en alerta, esperando el mínimo movimiento para asesinar a la intrusa.

Draco tomó su varita y casi susurrando lanzo un hechizo. A lo lejos se escuchó un movimiento bastante consistente. Nagini salió disparada alejándose rápidamente del lugar.

El Slytherin pegó a la castaña contra el roble y a la vez ella había comenzado a forcejear nuevamente. Mordío con fuerza la mano que el rubio usado para tapar su boca mas no produjo gran daño gracias a los guantes de cuero negros. Se pegó contra ella hasta dejarla completamente inmovidlizada.
- Déjame!!! Te odio! No quiero saber nada me repugnas!- gritaba ella mientras intentaba soltarse.
- Lo sabías desde un principio!! Siempre lo supiste Hermione! Soy un Malfoy y éste es mi destino! No te pido que lo comprendas porque jamás lo harás! Y la verdad..la verdad jamás la entenderías!
Hermione lloraba y trataba de soltarse con todas sus fuerzas. A Draco le dolió como una espada atravesando su estómago el rechazo tan radical que ella tenía hacia él.
- Es mi culpa!- exclamó ella sollozando. - Yo fui la estúpida que creyó que podías cambiar! La imbécil que pensó que Draco Malfoy detrás de esa barrera inútil e inservible ocultaba a un ser humano común y corriente! Fui una necia! Una idiota! Y Tú! Tú eres un despreciable monstruo que el mismo día que se acostó conmigo juró liquidar a los impuros y despreciarlos! Pues sabes qué?! Yo te desprecio a ti! Si alguna vez sentí lástima por tu soledad y tu vida patética ahora ya no lo hago! Quisiera verte muerto! Sí! Que murieras! Y eso aún no sería suficiente! Me repugnas! No quiero saber nada de ti! Ni siquiera quiero sentirte cerca porque podría vomitar! Vivirás solo y revolcándote en tu asqueroso ego para siempre Malfoy!! Y yo voy a estar ahí para observarlo! Te juro! Te juro que nunca he sentido tanto odio hacia ti como ahora!
Los ojos grises de Draco se humedecieron ante las palabras pronunciadas. Conocía a Hermione, pero ahora, no sabía a quién tenía enfrente. Aquellos ojos marrones qu solían mirarlo con ternura ahora tenían odio, un odio puro en su esencia que jamás había visto en la inocente expresión que la Gryffindoriana siempre había poseído. Años más tarde despertaría en la oscuridad sudando frío después de interminables pesadillas con la castaña, repitiéndole las mismas palabras y odiándolo. Aquella marca, nunca lograría sanar.

Draco la soltó sintiendo que lo poco que tenía vida en su interior ahora moría. Hermione lo empujó y salió corriendo lejos de él.
DEBERÍA DEJARLOS EN SUSPENSO CON EL CAP ANTERIOR, PERO HASTA NO LLEGAR A LOS 40 NO PARO DE ACTUALIZAR.... JEJE

38.- Distancias

Ginny despertó aquel sábado en la mañana y sintió como si en realidad no hubiera descansado nada. Cuando abrió los ojos vio a Parvati sentada frente a su cama. Se restregó los ojos para asegurarse de que no estaba equivocándose; y no lo hacía. La rubia estaba cruzada de piernas y con una sonrisa en su rostro.
- Dormilona! Faltan dos días para navidad! Vamos! Vístete que tenemos que ir a desayunar.- dijo la rubia emocionada.
Ginny no tenía tantos ánimos, y lo que más le hubiera provocado hubiera sido despertar en tierno silencio, y no con la hiperactividad de su amiga. Sin embargo, no quería sonar grosera así que se vistió de mala gana y le siguió la corriente en todo lo que ésta decía. La pelirroja se había quedado hasta tarde escribiendo. Tenía suerte de no haber amanecido con los párpados inchados como solía sucederle cuando tenía pocas horas de sueño.

Cuando llegaron al gran comedor Ginny cayó en cuenta que aquel era otro día de los suyos en los que tenía que soportar una vez más que una de sus mejores amigas estuviera de novia con el chico que amaba. Se sentó en la mesa diciendo un buenos días general sin siquiera fijar los ojos en el moreno. Harry lo notó, y le dolió.
- Amaneciste con humor nuevo?- preguntó Ron.
Ginny esbozó una tímida pero fingida sonrisa. Hizo todo lo posible para que se viera natural, y los malos observadores creyeron que se verdad lo era. Tomó una manzana y se la llevó a la boca. No tenía la más mínima intensión de voltear hacia Harry. Él en ese instante abrazaba a Parvati y reía ante sus comentarios divertidos. La verdad era que odiaba tener que estar ahí; se sentia enferma cada vez que se encontraba cerca de ellos.
- Hoy tenemos un plan para todo el día!- dijo Parvati. - La vamos a pasar increíble! Te explico Ginny, primero, vamos a ir a jugar Quidditch. Harry me va a enseñar y bueno tú ya sabes así que también me das una ayuda. Luego haremos un picnic en la cancha y....
Parvati siguió relatando el excelente plan que tenía para pasar el día todos juntos mientras Ginny pensaba desesperadamente en cómo desaparecer.
- Por cierto dónde está Hermione?- dijo Harry.
- No despierta aún.- dijo Parvati. - Toqué su puerta pero la dejó con llave y no me respondió.
- Bueno será mejor que le avisemos.- dijo Ron.
Ginny dejó la manzana en el plato y levantó la mirada por primera vez en el día. La fijó directamente en Parvati.
- No creo poder ir con ustedes.

La sonrisa de la rubia pareció desvanecerse y Ron pareció enfadarse. El rostro de Harry se oscureció mas no intervino, volteó la mirada con algo de rabia y la contuvo lo más que pudo.
- ¿Por qué?- preguntó Parvati. - Ginny...hice algo que te molestara??
- No.- dijo Ginny. - Tengo cosas que hacer de verdad lo siento.
Ron golpeó la mesa al mover el brazo con brusquedad llamando la a tención de todos en el comedor.
- ¡Qué diablos te sucede? Lo único que haces es decir que estás ocupada pues quisiera saber qué tanto haces!
- No hagas escándalos Ron es vulgar!- dijo Ginny levantando la voz. - Crees que voy a decirte algo a ti? Por favor!- dijo riéndose en son de burla. - Hace mucho tiempo que perdí toda la confianza hacia ti Ron.
- Ginny tengo que cuidarte y lo único que haces es actuar como una adolescente malcriada!
Ginny rió sarcásticamente y se levantó de la mesa dispuesta a irse. Parvati se levantó y la tomó del brazo.
- Ginny qué te pasa?!
- Déjame en paz Parvati! No quiero ir con ustedes es tan difícil de entender?! Y no estoy enojada simplemente no quiero!
- Ginny regresa!- ordenó Ron histérico mientras la pelirroja caminaba hacia la salidad.
La Gryffindoriana salió y desapareció de la vista de todos. El comedor entero murmuraba lo sucedido mientras que en la mesa de Ravenclaw, Paul no podía evitar sonreir. Se disculpó y se levantó a los pocos minutos saliendo del lugar.

Draco Malfoy tampoco se había presentado a desayunar aquella mañana. No había dormido en toda la noche. Al salir de su sala común sus pasos lo condujeron directamente hacia la biblioteca. Sabía que el sábado nadie estaría allí, y aquel lugar se había transformado en el preferido del Slytherin. Al llegar sintió más que una sorpresa al ver a Hermione sentada en una mesa.
Los ojos marrones de la Gryffindoriana se fijaron en él secos, indiferentes. Aquella mirada fue capaz de herir lo más profundo del rubio. Hermione no había podido dormir de tanto llorar, sin embargo, se había armado de fuerzas para estar aquella mañana actuando como ahora lo hacía. No iba a rendirse, jamás le daría el gusto a Malfoy. Se levantó y guardó el libro que tenía en sus manos.
- Sabía que vendrías.- dijo con una voz apagada. - El suceso de ayer en la noche no lo voy a olvidar jamás Malfoy. Lo que dije ayer, recuerdalo porque será para siempre lo que piense cada vez que te vea. Sin embargo, hay algo que aún nos une, y eso es el pasado.
Draco tenía sus ojos grises fijos en ella. Hermione jamás iba a comprender lo que él hacía, nadie jamás lo entendería. Si tan solo supiera que cada paso que él daba era por ella, entonces tal vez le permitiría explicarle que lo que había visto no era lo que creía. Cuán equivocada estaba! Y lo peor de todo era que él sabía, que ni una sola palabra jamás saldría de su boca hacia ella.
Era demasiado peligroso.

Las palabras de Hermione eran crueles, y él entendía la posición de la Gryffindoriana. Mas él conocía sus motivos, y no iba a ceder un solo paso. Tras años de mentiras y de engaños, una de las mejores cualidades que había adquirido era la de fingir. Ocultó su angustia y habló lo más serenamente posible.
- Qué bueno que no dejas que nuestros problemas personales influyan en lo que debemos hacer.- dijo él.
- No existe nuestros en primero lugar.- aclaró ella. - Sígueme, es mejor que le expliquemos a William por qué tanta tardanza.
William levantó sus grandes ojos negros y los fijó en los dos jóvenes que acababan de entrar. Había estado observando por la ventana durante horas a los alumnos jugar y reir aprovechando el tiempo. No podía dejar de maravillarse al ver cuán distintas eran las cosas ahora. Sabía perfectamente que ya estaba muerto, y que tan solo era un holograma con la copia exacta de su personalidad e intelecto, pero al final, seguía siendo una burda copia. Había tenido una vida bastante atormentada después de la muerte de Xavier; se había dedicado únicamente al invento que podría cambiar el destino horrendo que se le había otorgado a su mejor amigo. Ahora, tenía la oportunidad de hacerlo. Si ellos lograban salvar la vida de Xavier y la de Isabella, el pasado cambiaría, y él habría vivido feliz.

- ¿Cómo se encuentran? Listos para viajar?- dijo William mientras caminaba hacia el libro.
- Sí lo estamos.- dijo Hermione.
- Muy bien, hay que apresurarnos, tenemos demasiado tiempo en nuestra contra.- dijo Will.
- Lo recuperaremos.- inquirió Draco quitándose la túnica y aflojándose la corbata. Mechones lacios de su cabello rubio caían sobre sus ojos grises. - Nos quedaremos en Navidad.
Hermione volteó y lo miró repelente. Parecía obviamente molesta.
- Ni siquiera me lo has consultado.- arguió.
- Pues no sé tú pero no pienso perder más tiempo.- dijo con una voz firme, mas evitando la mirada de la castaña. Tenía que permanecer frío ante ella; Hermione no podía siquiera sospechar que él no la odiaba por ser una sangre sucia. Era mejor que lo siguiera creyendo así. Por su propio bien, mantenerla alejada sin duda iba a matarlo a él lentamente, pero si con ello lograba salvarla....
Si tan solo supieras... pensó mientras introducía ambas manos en su bolsillo.

El misterio que envolvía a Draco Malfoy era invisible e impalpable. Siempre había trabajado solo, y ahora no iba a ser la excepción. Hermione, por supuesto, no podía siquiera imaginar que los planes del Slytherin estaban muy lejos de lo que ella creía...

Tal vez, si él le hubiera dicho la verdad desde un inicio, Hermione lo habría amado aún más en lugar de odiarlo, como ahora pretendía hacer.

Aunque, todos sabemos... ¿Qué es el odio sino un amor cruelmente herido?

- Fingirás delante de tus amigos que pasarás la navidad con tu familia, armarás tu baúl y te subirás al tren pero bajarás antes de que éste arranque, yo haré lo mismo. Pasaremos la navidad en la biblioteca, regresando al pasado.- espetó el rubio aún evitando la mirada de la chica. De cualquier forma, ella tampoco buscaba encontrar sus ojos con los de él.
- Como quieras.- dijo ella mientras caminaba hacia el libro.

Draco la siguió y pronto un torbellino los tragó.

William sonrió. Como digno holograma, y escritor de esta fascinante historia, sabía bien los sucesos recientes, y también conocía cómo éstos terminaban.

Ginny se bajo un gran roble en las afueras de Hogwarts. Tenía su carpeta a la mano ya que últimamente, con tantos sentimientos encontrados en su interior, no podía dejar de escribir. Debía hacerlo, era su única terapia. Se sentía mal por haber tratado mal a Parvati. Ella era, después de todo, su amiga. La pelirroja pasó una mano por su cabello rojo sangre y suspiró. Sabía que su intensión jamás había sido levantarle la voz a su amiga, y sin embargo, no le había quedado otra opción ante la presión que veía sobre ella. Últimamente todos parecían confabulados para angustiarla. Ron se había convertido en su enemigo número uno; cuánto le dolía no poder confiar en su propio hermano! Él no la entendía, nadie lo hacía. Creía que ella seguía siendo una niña y no veía que lo que tenía ante sus ojos era a una adolescente a la cual no le faltaba mucho para convertirse en una mujer. Se sentía tan sola, humillada y débil. Era como si todas sus fuerzas la hubieran abandonado de un solo golpe dejándola herida en el suelo.
Ella mantenía sus ojos cerrados con la cabeza arrimada al roble cuando la presencia de alguin la obligó a abrirlos. Paul se encontraba parado frente a ella, con sus ojos verdes brillantes y su corbata desatada. Se sentó en el cesped frente a ella, mirándola fijamente.
- ¿Qué sucede?- preguntó la pelirroja.
Paul esbozó una media sonrisa aún así sin mostrar sus dientes. Sacó de su bolsillo un cigarrillo mágico que a penas tocó su boca comenzó a encenderse. Un fresco olor a menta se espandió por el lugar mientras humo verdoso salía del cigarro. Ahora él miraba el lago fijamente.
- Vaya escándalo en el comedor eh?- dijo él manteniendo su rostro sereno, inalterable.
Ginny bajó la mirada.
- Está bien.- dijo él. - No vine a hablar de eso.
La pelirroja fijó sus ojos chocalate en él. Parecía tan misterioso, serio y lleno de secretos. Bastante enigmático y a la vez apuesto. Entendía por qué las chicas de Hogwarts se morían por él y sin embargo, ella no veía nada en especial en él que llamara su atención. Todo lo que él era, ella también lo era a la vez.
- Pensé que no estarías aquí.- confesó la Gryffindoriana. - Creía pasarías el día con alguien, como todos, haciendo algo.
Paul dejó salir el humo por su boca.
- No quiero desgastar mi tiempo con nadie, si tengo que hacer algo que sea con alguien con potencial. Aún no estoy seguro de qué tan inteligente seas, y voy a averiguarlo ahora.
- Ahora?- dijo ella. - Desgastar tu tiempo con los demás? Y Parvati y algunas pocas con las que has salido? Con ellas también desgastaste tu tiempo no?
- Nunca desgasto mi tiempo.- arguió él. - Si estuve con ellas, es porque vi algo en su interior. Parvati, por ejemplo, es bastante auténtica; eso es algo difícil de encontrar.
- Y por qué nunca conservas a nadie?- preguntó Ginny curiosa.
- Por la misma razón por la cual tú estás sola.
La pelirroja se quedó en silencio y miró al lago. Pasaron unos segundos antes de que volviera a hablar.
- No creo que sean las mismas circunstancias.- dijo ella casi en un susurro.
Paul la miró y vio el gran vacío que su alma proyectaba. Dolor puro habitaba dentro de ella. Aquello resultaba apasionante.
- No son para mí.- admitió el castaño siguiendo el camino de la conversación. - Parvati, las demás; no tienen eso que me ate a ellas para siempre.
Ginny levantó una ceja dudosa.
- Acaso hay algo que te ate a ti?
Paul miró al frente.
- Me conozco bien. Si alguna vez llego a amar, lo haré hasta volverme loco por esa persona. Es mi destino cruel; así somos los poetas.
Ginny sonrió un poco y Paul no se perdió de ningún movimiento facial.
Era la primera vez que la veía sonreir.

Hermione cayó al suelo y se golpeó ligeramente la barbilla. Draco escuchó su quejido y sin decir nada se levantó. Le estiró la mano, mas ella no la tomó y se paró sin decirle nada.
- Puedo sola.
- Haz lo que quieras.- le dijo el rubio cansado de mantener aunque sea un trato civilizado con ella. Parecía querer empeñarse en tratarlo como la peste pura; pues bien, él no se iba a tragar sus insultos, menos cuando sabía no se los merecía.
La castaña observó que se encontraba en la sala de los Pirandello. Una de las mucamas atendía a un hombre alto y que vestía ropa negra, al igual que Tom.
- Baja enseguida.- dijo la sirvienta mientras desaparecía del lugar.
Hermione levantó la mirada y la fijó en Xavier, quien bajaba las escaleras y al llegar se saludaba con el hombre.
- Averiguaste lo que te pedí? - preguntó el rubio.
- Sí, todo lo necesario.- dijo el hombre con una sonrisa llena de satisfacción. - Isabella Shawn, conocida en muchos lugares de la región por su constante ayuda a los indigentes y desafortunados. Ha levantado aldeas enteras y financiado, según parece, un hogar que acoge niños huérfanos de padres dentro de la guerra. Fin de su historial. Nada negro. Tu mujer, es una santa.
Con esto dejó sobre la mesa una carpeta llena de papeles en los que constaban las averiguaciones con pruebas contundentes de lo que acababa de informarle. Xavier cerró los ojos y se pasó una mano por el cabello rubio.
Todos sus planes se venían abajo.
Resultaba, por obvias razones, mucho más fácil el que Isabella fuera como su hermana; una perra. Ahora que sabía que no lo era y que se había sacrificado casándose con él por el honor de su familia todo se complicaba ¿Cómo lastimar a Carmen sin tener que lastimar a Isabella también? Había sido un imbécil. Todo aquel tiempo, lo único que había hecho era arrastrar a la castaña al infierno que él padecía sin preguntarse realmente si se lo merecía o no.
¿Cuántas veces Isabella le había gritado que no era como Carmen? Muchas, sin duda alguna, y él no había querido escucharla. Y ahora qué...qué?
- Maldita sea!- dijo golpeando la mesa sin notar que el investigador ya se había retirado. Mika apareció en la escena algo asustada.
- ¿Puedo ayudarle en algo señor?- preguntó tratando de averiguar si podía hacer algo para calmar el mal humor de su amo.
Xavier estuvo a punto de decirle que nada y que mejor era que se retirara, sin embargo, se calmó y pensó mejor antes de decir cualquier cosa. Levantó la mirada y la fijó en ella.
- Llama a Isabella, dile que necesito hablar urgentemente con ella.
Mika palideció repentinamente. Su respiración pareció agotarse y sus ojos se llenaron de vivo terror. Una de las tantas mucamas bajó las escaleras.
- Marta, viste a Isabella? Llámala, dile que necesito que baje ahora.- dijo Xavier.
- Señor, creí que estaría con usted. Vengo de limpiar su cuarto; está vacío.

Xavier miró inmediatamente a Mika quien ahora temblaba más pálida que nunca.
- Mika se ha convertido en fiel ayudante de Isabella; ella la ayudó a salir de la mansión.- pensó Hermione en voz alta. - Por eso se puso tan nerviosa....

- Señor no la culpe yo la ayudé a escaparse! Dijo que no tardaría mucho y se estaba muriendo de la trsiteza al estar aquí encerrada! Perdóneme mi señor!- exclamó Mika repentinamente.

Draco observó a Xavier. Su rostro parecía tener un sin número de emociones encontradas. Era como un mar de confusión y sin duda alguna deseó jamás poseer esa expresión perdida que ahora su antepasado poseía. La puerta del jardín se abrió dejando entrar a un a Isabella diferente. Cargaba el vestido blanco de tela sencilla con el cual la había visto por primera vez y llevaba su cabello suelto. Sus ojos marrones se paralizaron al igual que el resto de su cuerpo al encontrarse con el rubio en la sala y a Mika temblando afligida.
- Retírense.- ordenó Xavier.
Mika y Marta se fueron dejándolos solos.
Isabella tragó saliva manteniendo su rostro bien en alto. Su corazón palpitaba con increíble velocidad mientras su lengua era incapaz de pronunciar palabras. Ya no le importaba el castigo que podría llegar a recibir por su marido; todo valía con tal de salir de aquella terrible prisión.
Contra todo pronóstico, Xavier se sentó en un mueble con un a expresión serena y con un gesto de su mano le señaló el mueble de enfrente.
- Siéntate.- dijo él.
Isabella levantó una ceja asombrada. Había esperado un estallido de gritos de su parte y sin embargo, ahora permanecía quieto, con sus ojos grises fijos en ella, como taladrándola.
Ella se sentó sin decir ni una sola palabra.
- Creo es bastante obvio que no nos hemos llevado nada bien en este tiempo.- comenzó el rubio. - Mayormente es gracias a mi despecho, y de eso tú no deberías tener que pagar.
La castaña a penas podía creer lo que sus oídos estaban escuchando ¿Pirandello estaba hablándole tranquilamente? ¿Confesaba que ella no merecía el trato recibido hasta el momento? ¿Qué estaba sucediendo con el mundo!
- No veo cuál es el motivo de tan repentino cambio de parecer.- dijo ella dudosa. - Hasta hace poco decidiste matarme de hambre y encerrarme en la alcoba como si fuera un animal a quien debías domesticar, y ahora, hablas de que no debería pagar las acciones movidas por tu despecho?- rió con ironía inminente, su altivez pareció relucir en aquel instante con mayor ilaridad. - Creo, príncipe Pirandello, que mi purgatorio inició desde que pediste mi mano. Resulta hasta cómico que mantengamos esta conversación absurda sobre lo que debo o no pagar. Es curioso no? Carmen y tú tienen un amorío, ella te deja por otro creyendo que no tienes dinero, y tú te casas conmigo para vengarte; de todo este problema creo ser yo la inocente que es vilmente utilizada como acceso a vía cerrada!
- Deja a un lado el sarcasmo Isabella!- inquirió Xavier. - Sé bien a dónde tratas de llegar, conozco a más de una igual que tú. Quieres terminar con mi paciencia, deseas que comienze una pelea. No sucederá, hoy quiero hablar.
Isabella levantó aún más su barbilla y lo miró con una intensidad terrible y orgullo desmedido.
- No, te equivocas como siempre; tú no me conoces.
Xavier la observó sin decir nada. Ahora que la miraba ahí sentada frente a él, una mujer con poderosa inteligencia y astucia desmedida; valiente e incontrolable mas con la virtud de callar en los momentos necesarios provocando un aire de misterio fascinantes, sí, sin duda no la conocía para nada. Al menos, no conocía el límite de su petulante sentido del humor, bastante ácido para ser precisos. Constantemente, sentía que era la burla de ella.
- Volveré al punto central, si no te importa.- agregó el rubio levantándose y caminando hacia el bar. Era temprano en la mañana, sin embargo necesitaba beber algo fuerte para tranquilizarse y poder hablar con ella. - Deja a un lado el escepticismo, está de más. Hablo muy enserio esta vez. Te debo una disculpa por el trato injusto que te he dado. Creí que..
- Creíste, que era como Carmen.- completó Isabella con movimientos elegantes de su mano. - Me gustaría, que te guardaras las disculpas en donde te quepan, si no es mucha molestia.
- Eres una necia!- exclamó en ira.
- Perdón señor Pirandello!- dijo sarcásticamente. - Si no lo recuerda está pidiendo disculpas a quien ha tenido encerrada en un cuarto sin alimento y ha humillado hasta el punto más alto que alguien pudiera soportar! Perdone mi falta de tacto cuando le digo que sus disculpas no reparan nada!
- Te ayudaré.
Un silencio se formó en la sala. Isabella pareció confundida hasta un punto en el cual las palabras dignas de su elocuencia habían dejado de fluir. Su mente estaba en blanco y aún no comprendía el significado de las palabras pronunciadas por el rubio.
- Qué?
- Te ayudaré con tus labores humanitarias.- continuó él. - Sé muy bien a lo que te dedicas; pondré mi dinero e influencias a tu disposición.
Isabella se quedó en silencio durante vaerios segundos, aún asimilando la información.
- Y mi libertad?
- Podrás salir cada vez quieras.
Una sonrisa sincera se dibujó en el rostro de Isabella. Era pura y transparente, llena de alegría y vitalidad. Era la primera vez que Xavier presenciaba el florecimiento de tal gesto.

Luna organizaba algunos libros en la clase que usaba para dar clases a los niños de primero que tenían dificultades. Cargaba una pesada pila cuando estuvo a punto de resbalar. Una mano sostuvo los libros ayudándola a sostenerlos firmemente. Sus ojos celestes se fijaron en los miel del pelirrojo y sus mejillas se encendieron tiernamente. Ron sonrió y colocó los libros sobre la mesa.
- Perdona, casi resbalo..- dijo ella.
- No importa, para eso estoy no?- dijo él y de repente puso frente a su rostro una paloma de papel. Luna la observó con deleite mientras la tomaba en sus manos finas y porcelánicas.
- Lo hiciste tú?
- Si.
- Es maravillosa..- dijo ella observando los perfectos dobleses que tenía. Era un manejo manual impresionante que tan solo había visto en práctica en Origami.
Ron se acercó hasta que sus labios acariciaron el oído de la rubia y susurró mandando ondas de calor a cada parte de su cuerpo:
- Es tuya.
Luna sonrió y pestañeó varias veces.
- Enserio?
- Sí, dijiste que los niños querían aprender a hacer este tipo de figuras con papel, puedo enseñarles.
- Lo harías? Gracias!- dijo Luna emocionada. - Les va a encantar!
Salieron de la clase y Luna se aseguró de que ésta quedara bien cerrada. Así caminaban por los pasillos de Hogwarts mientras el pelirrojo jugaba con un papel en su mano. En cuestión de minutos tuvo hecha una rosa.
- Es tuya también.- le dijo dándosela en la mano.
Luna la tomó con manos nerviosas.
- Gracias.
Ron se acercó un poco a ella acortando espacio.
- Puedo decirte algo..?- dijo él mientras seguía acortando la distancia. Pronto Luna se vio contra la pared. Sus mejillas estaban rojas y su mirada daba a conocer los sentimientos que nacían en lo más profundo de su ser. Casi no podía articular palabra alguna. Podía sentir el aliento del chico mezclarse con el suyo mientras que su corazón latía tormentosamente.
- Si...- dijo casi en un susurro.
- Eres hermosa...- le dijo mientras se acercaba aún más.
Sus labios se rozaron tiernamente, parecían desear encontrarse pero antes preferían jugar. Dulcemente, el pelirrojo acarició con su mano la mejilla de la rubia bajando hasta su cuello. Luna tembló y sintió que sus piernas ya no la iban a sostener más cuando Ron cortó los milímetros de distancia y la besó. Fue lo más increíble que él jamás hubiera experimentado. Había besado ya, a algunas chicas con las que salió, no muchas, pero jamás le habían hecho sentir lo que ahora. Era como tocar el cielo. Podía sentir un inmeso fuego crecer en su interior mientras la besaba.
Cuánto la adoraba.
El pelirrojo se separó lentamente de ella, solo unos centímetros para poder hundirse en sus ojos una vez más. Luna, aún después del beso, seguía con los ojos cerrados, como ida. Poco a poco fue despertando de su adormecimiento y fijó sus ojos celestes en él. Sus mejillas estaban escandalosamente encendidas. Pasaron unos segundos hasta que una sonrisa tímida se formó en el rostro de la rubia. Ron seguía acariciando su rostro, como si fuera una obra de arte lo que tuviera en sus manos.

Aquella mañana, ambos fueron felices.
39.- Máscaras

Hermione se sostuvo del tronco de un árbol para no caer. Draco hizo lo mismo y sintió pronto el calor de la selva esparcirse por su cuerpo. Miró a su alrededor y pronto vio a Stephen caminando mientras apartaba ramas con Lilith, quien estaba completamente cubierta por un sobretodo blanco. A penas unos pocos mechones rubios lograban dislumbrarse.
- Ya casi salimos del área citadina.- dijo el pelirrojo cansando. - Quieres agua?
- No, gracias.- dijo la rubia suavemente y algo temerosa. - Solo quiero llegar..
El chico la observó durante varios segundos.
- Hasta ahora no han aparecido vampiros, no veo por qué te alarmas tanto.- replicó Stephen. - Aprovecha que hay un río frente a nosotros y toma agua.
Lilith fijó sus ojos celestes en él por breves instantes, automáticamente caminó hacia el río. Se arrodilló y se sentó sobre sus talones mientras bajaba la capucha de su sobretodo blanco. Sus sentidos estaban alerta, podía sentir cómo los cabellos de su nuca de erizaban... ¿Pero por qué? Con sus manos porcelánicas tomó agua del arroyo y se la levó a la cara, mojándola mientras el sol hacía brillar las gotas sobre su piel. Stephen no dijo nada más; nunca había notado lo angelical que era Lilith.
Tomó más agua y ésta vez se la llevó a la boca. Fue entonces cuando sintió una terrible angustia que se espandía en su interior. Algo andaba mal, muy mal.
Lilith se quedó quieta, no movió ni un solo músculo de donde estaba.
- Stephen....algo no está bien..- dijo casi en un susurro algo temeroso.
- Todo está bien no te preocupes, estoy contigo. - dijo él.
Fue entonces cuando de uno de los arbustos salió una nube de murciélagos que rodearon a Lilith mientras ella gritaba. Stephen corrió dirigiéndose a ella mientras la chica agitaba sus manos tratando de deshacerse de ellos.
- Corre!- dijo Stephen mientras tomaba su mano y corría con todas sus fuerzas llevándosela.
Los murciélagos eran por lo menos más de mil. Una montaña de ellos voló velozmente atrás de ellos mientras los dos chicos seguían corriendo, atravesando árboles y ramas. Hermione y Draco casi se quedaron atrás, mas llegaron justo a tiempo cuando Lilith tropezó y cayó al suelo. La nube de murciélagos fueron uniéndose hasta formar un manto negro del cual apareció ante sus ojos una mujer pálida, con ojos rojos como la sangre y cabello rubio con delicados rizos brillantes. Dos flamantes colmillos se dislumbraban en su boca. La inyección de sangre en sus ojos fue desapareciendo hasta q ue éstos se tornaron de un gris casi imperceptible. Eran tétricos.
Lilith la miraba aterrada mientras Stephen apuntaba a Morrigan con una de sus armas.
Ella rió.
- Piensas, de verdad lastimarme con eso?- dijo Morrigan burlona. - Ya estoy muerta...qué me puedes hacer?
Lilith casi no podía respirar; estaba perdida. No habría solución alguna los vampiros la habían atrapado.
- Verás, pequeña..necesitamos de tus servicios.- dijo Morrigan fijádose en Lilith. - Damona te necesita.
Damona...Lilith conocía ese nombre. Se trataba de la Vampireza líder del clan; por eso la estaban buscando.
- Es hora, de que nos vayamos.- dijo Morrigan mientras se inclinaba y la tomaba del brazo. Bruscamente la levantó y entonces...algo completamente inesperado sucedió.
- AHHH!!!- gritó Morrigan mientras la mano con la cual había tocado a la rubia se quemaba y las heridas comenzaban a espandirse por su cuerpo. Un ray de luz pareció irradiar en toda ella mientras una sustancia negra, como petróleo salía de su boca.
Morrigan miró a Lilith aterrada e inmeditamanete se transformó en miles de murciélagos que desaparecieron a lo lejos.
Lilith casi no podía respirar cuando Stephen corrió hacia ella y la abrazó pegándola contra su pecho. La rubia temblaba, mas con el calor del pelirrojo pronto se sintió protegida.
- Estás bien?- le preguntó.
- Sí...no entiendo..- dijo ella confundida.
- Yo sí.- respondió el pelirrojo y luego sonrió juguetonamente. - El arroyo...es agua bendita.
Lilith volteó y fijó sus ojos en el río del cual había bebido agua y se había humedecido el rostro. Ahora lo comprendía; los vampiros no toleraban agua santificada. Sonrió y volteó para fijar su mirada en los ojos miel del chico.
- Lo supiste todo el tiempo verdad?- preguntó Lilith poniéndose la capucha nuev amente.
Stephen siguió caminando mientras sonreía.
- Obviamente; o crees que le hubiera dejado acercarse tanto a ti de no ser que estabas ya protegida? Soy un guerrero recuerdas? Hace más de media hora que noté que nos seguían. Insistí en que tomaras agua; sabía que sería suficiente.
Lilith no pudo hacer más que asombrarse ante la astucia del pelirrojo y seguir caminando. La angustia aún persistía en ella. Si Morrigan ya había descubierto su paradero, ahora estaba vulnerable ante los vampiros.
Aquello se estaba volviendo una cacería a muerte.

Paul apagó el cigarrillo en el césped y lo pisó. Ya llevaban bastante tiempo charlando ahí, sentados bajo la sombra del roble. El sol estaba brillanta y una fresca brisa golpeaba sus rostros. Era increíble que no estuviera nevando en aquellas épocas navideñas, el clima se había puesto bastante raro.
- T.S Eliot es bueno.- dijo Paul prosiguiendo con la conversación.
- Mi favorito es Bauldelaire.
Se formó un silencio en el cual el chico fijó sus ojos verdes en ella y una ligera sonrisa se formó en su rostro.
- Qué pasa?- preguntó Ginny confundida.
- Nada.- dijo él sacando otro cigarrillo de menta. - Es mi favorito también.
Durante la larga conversación que habían mantenido ambos, habían descubierto un sin número de cosas en común que jamás creyeron poseer. Era curioso, bastante curioso.
- Por qué te peleaste con tus amigos en el comedor?- le preguntó él repentinamente.
Ginny pestañeó varias veces y luego desvió su mirada hacia el lago.
- No es de tu incumbencia.
Paul rió ¿Qué tan complicada podía ser una mujer?
La pelirroja lo miró.
- Por qué sonries así?
- Porque eres impredescible.- le dijo volviendo a su expresión misteriosamente serena.
- Es solo que son temas míos, y no riego mi vida privada por ahí. Además, no te tengo confianza aún.
- Me parece bien.- dijo él. - Yo no confío en nadie.
A Ginny le pareció eso ya algo exagerado, mas al verlo notó que decía la verdad. Paul era la clase de chicos que no mentía, decía la verdad por más desagradable que fuera; y ser directo era una virtud que muchas veces la gente no apreciaba precisamente porque podía llegar a ser cruelmente honesto. Si es que aquello existía.
- Y tú, confías en alguien Ginny Weasley?
Aquella era una buena pregunta. El chico tenía su mirada taladrando sobre ella mientras lo analizaba. Por un momento creyó que la respuesta que iba a sarlir d su boca iba a ser un no, mas lo pensó mejor y supo, reconfortada, que la respuesta era diferente.
- Solo en una persona.- dijo la pelirroja. - Hermione Granger.
- Entonces tus demás amigos son solo una pantalla..- dijo Paul fumando. - Vaya, también vives en la hipocrecía.
- Ellos son buenos amigos, es solo que....yo soy difícil.- admitió la pelirroja.
- Lo sé.- contestó él mirando hacia el lago.
Ginny observó el perfil perfecto del chico. Era un ser extremadamente enigmático y sin embargo, dejaba ver muchas cosas que otros no lo harían.
La Gryffindoriana cerró su carpeta y se dirigió a él firmemente.
- Si no confías en alguien significa que no tienes amigos, no es así?
- Exacto.- dijo él mirándola. - No los necesito.
- Yo no lo creo.- respodió la pelirroja. - Creo que alejas a todos a tu alrededor porque te crees muy superior a cualquiera, crees que ellos son ignorantes y por eso son felices mientras que tú, al conocer la realidad y no ignorarla, estás muy lejos de una vida tranquila y lejos de tus pesadillas y temores.- le dijo directamente. - Pienso, que eres un cobarde y un evidioso.
Paul sonrió y siguió fumando, reacción que ella no se esperó nunca.
- Puede ser.- inquirió después de unos segundos. - Quieres? - le dijo meintras le extendía el cigarrillo.
- No gracias. Intoxícate solo
- Está bien. Igual, al respirarlo eres fumadora pasiva. Son de sabores no es nicotina.
- Igual no quiero.- arguió ella. - Por cierto, no he leído un solo poema tuyo.
Paul rió nuevamente.
- Ni lo harás, al menos no por ahora. No estás preparada para leerlos.
- Crees que no soy digna de tu poesía?
- Sí, eso creo.
Ginny abrió la boca para discutir mas él con la mano de la tapó y la miró fijamente.
- No hables. Te explicaré las reglas de la sociedad.

A lo lejos, Parvati saltaba de felicidad mientras felicitaba a Ron y a Luna quienes ayudaban a llevar las cestas del picnic mientras Harry se adelantaba algo distraído.
- No puedo creerlo!!! Es increíble! Hacen tan linda pareja!!.- exclamaba la rubia emocinada mientras daba vueltas caminando por las afueras de Hogwarts. Repentinamente se detuvo, y la sonrisa que se había dibujado en su rostro se borró lentamente. - Qué significa eso...??
Todos voltearon a ver lo que estaba sucediendo y por varios segundos no dijeron nada. Los ojos verdes de Harry brillaron con un destello de impresión y rabia.
- Ginny??- dijo Luna inocentemente. - Quién es él?
- Está viéndose con Schiller??!- exclamó Ron. - Ese tío no me gusta!
Parvati seguía ahí, sin decir nada. Su expresión era consternada y de impresión no superada. Lavander corrió hacia ellos riendo con Dean, pronto se paró en seco al observar a lo lejos a Ginny con....
- Paul Schiller!!!- exclamó la morena. - Por Merlín que hace Ginny con ese desgraciado! Parv! Parv! Está con tu ex!
A Harry poco le importó lo que acababa de escuchar, estaba demasiado ocupado tratando de entender por qué una profunda rabia parecía querer consumirlo. Cuando las palabras acudieron a su boca se dirigió a Ron furioso.
- Tu hermana se está transformando en una cualquiera.- dijo sin pensar lo que decía.
- Cállate Harry!- exclamó Parvati quien por fin pareció reaccionar.
- Tiene razón!- inquirió Ron celoso. - Cómo voy a permitir que mi hermana menor se involucre con un tipo que no tiene escrúpulos! Y toda esa rebeldía ahora entiendo de quién la sacó!
- Vámonos ya.- dijo Parvati. - Hablaré con ella después. Ahora sería perdudicial decirle algo. Hay que saber manejar éste asunto como se debe.
La rubia tomó por la mano a Harry lo lo obligó a caminar lejos de ahí.
El Gryffindor no volvió a hablar en horas.

Hermione cayó al suelo levantando un poco de polvo de la alfombra. Draco logró sostenerse del mango de la puerta de la gran biblioteca. Al levantarse, la castaña observó por los cristales de la ventana que ya era de noche. Xavier se encontraba en el escritorio con varios papeles esparcidos y se veía bastante ocupado. Su cabello rubio caía por su frente y cierta aflixión de denotaba en su rostro.
La puerta se abrió lentamente.
El rubio levantó la mirada y la fijó en Isabella, quien cerró la puerta tras de sí y sin decir nada caminó hacia una estantería de libros.
- Vas a leer otro? Ayer te llevaste Quijote.
- Lo acabé ya.- respondió mientras devolvía el grueso libro del Quijote en su lugar y tomaba otro.
Xavier la observó algo asombrado, aún no se acostumbraba a la brillante inteligencia de la castaña; muchas veces hasta lo aterrorizaba. Una mujer con más cerebro que diez hombres era bastante temible, especialmente porque sabía era alguien con quien él podía competir de igual a igual, y con serias posibilidades de perder.
- Creo que éste estará bien..- dijo Isabella tomando un libro y sonriendo.
- Espera.- dijo deteniéndola antes de que lograra escapar. - Necesito tu opinión.
Isabella pestañeó varias veces y caminó hacia el escritorio para sentarse en una silla.
- Tú necesitando mi opinión?- dijo con sarcasmo. - Dónde está el Xavier déspota del cual al menos sabía a qué atenerme??
- Sabes? Tus sarcasmos me tienen sin cuidado niña engreída. - arguió él. - Si te pido una opinión es porque sé que eres capaz. Es impresionante tu nivel intelectual..
- Gracias.
- No me lo agradezcas.- inquirió mientras organizaba algunos papeles. - Si tuvieras un capital, y pudieras invertirlo en algún negocio para poder hacer más ganancias, como sabes bien nos encontramos en época de guerra así que poner un negocio sería arriesgado.
- Depende del tipo de negocio que vayas a poner.
- Exacto!- dijo interesado. - Ese es mi punto; estaba pensando en una negocio de armamentos. Pero tendría graves problemas con la aduana si quiero hacer que el negocio llegue a otras partes del mundo..
- No realices ese negocio.
- Qué?
- No lo hagas.- repitió ella nuevamente. - Eres un aristócrata sin duda alguna; tienes más dinero de lo que podrías terminar de contar, más la mía, que heredaste por dote nupcial. Para qué vender armas y ganar más dinero del que tienes?
- Porque ambiciono a la grandeza. Veo que no tienes metas.
Isabella rió.
- Imaginé que dirías algo semejante; y es una mentira de proporciones gigantescas. Para tu información, tengo otro tipo de metas, bastante distintas a hacerme más rica cuando hay gente que se muere de hambre. Mis objetivos son menos egoístas que los tuyos, Xavier Pirandello. Con todo ese capital de inversión podrías bien alimentar, vestir y educar a todos los niños que no tienen esa oportunidad por una vida entera. Pero no, tienes razón, es mejor invertilo para hacerte más rico que ayudar a los demás. Te entiendo y dices la verdad, no tengo metas.
Isabella se levantó y caminó hacia la salida.
- Nunca vas a dejar de odiarme verdad?- dijo él molesto.
Ella se volteó.
- No te odio, simplemente me pareces una persona egoísta y egocéntrica. No tengo paciencia para esa clase de personas.
Con esto dio media vuelta y salió.
Xavier se pasó una mano por el cabello rubio con algo de rabia.
- Qué insufrible!- exclamó mientras guardaba sus papeles.
Fue entonces cuando un golpe seco y un grito lo obligó a levantarse bruscamente se su asiento.
- Isabella?!- gritó mas no tuvo respuesta.
Xavier tomó un fierro negro de la chimenea y salió de la biblioteca. Hermione y Draco lo siguieron agitados y a la vez emocionados.
La Gryffindoriana se había quedado impávida con el ruido y el grito sordo. Al salir al pasillo siguiendo a Xavier, todo estaba en una oscuridad inconcebible. E rubio intentó prender las luces, mas éstas no funcionaban. Un rayo y gotas de lluvia golpeando sobre el techo con furia fue el último toque macabro que la situación precisaba. Caminó a lo largo del pasillo hasta asomarse a la sala, donde la escena lo petrificó instantáneamente.
- Zulema...- dijo Hermione mirando incrédula mientras tapaba su boca.
Zulema estaba en las escaleras con Isabella atrapada entre sus brazos. Una serpiente envolvía el cuello de la castaña mientras ésta trataba de soltarse. La luz de la luna fue suficientemente plateada como para iluminar las ventanas y dejar observar la belleza de la vampireza que ahora, amenazante, sonreía.
- Xavier Pirandello...- dijo mientras bajaba las escaleras y dejaba a Isabella inmóvil custidiada por una boa gigantesca. - Tanto tiempo observádote, analizándote; deseando que el momento de nuestro encuentro llegara pronto. Es un gusto conocerte.
- Suéltala.- ordenó el rubio firmemente mientras amenazante mostraba el fierro. Zulema abrió los ojos fingiendo terror.
- Oh! No, no, no! Esa no es la forma correcta de presentarse. Mi nombre es Zulema.- dijo extendiendo su mano. - No me besas la mano? Que poco caballero eres! No importa. Te recomiendo que bajes ese fierro...no me puede lastimar.
Fue entonces cuando Xavier notó los brillantes colmillos que su boca mostraba y se asombró.
Vampiros...están aquí
- He venido a visitarte solamente; mas al verte realmente ha despertado mi apetito. No hay por qué alarmarse, me conformo con a dulce sangre de su esposa...
- No!- gritó él. - Sé que buscas algo...si solo quisieras alimentarte no te tomarías tantos rodeos.
Zulema rió.
- Que poco me conoces querido. Lo sádico de alimentarse de sangre es hacer sufrir y torturar a la presa, sino, se pierde el placer.- con esto último pasó su lengua por su labio inferior. - Aunque ya que ofreces intercambiar algo por la vida de esa mujer...hagamos un trato.
Xavier fijó sus ojos grises en Isabella. La castaña permanecía inmóvil mientras la boa la apretaba con fuerza. En su rostro se dislumbraba dolor.
Respiró hondo y sin ninguna otra opción respondió a su llamado.
- Habla.
Zulema esbozó una sonrisa tétrica en su rostro.
- Ya no importa sabes? Decidí tomar lo que creí necesario. Verás...no hago tratos con humanos. Mi boa adora estrangular, es un ejercicio que le encanta. No le negaré usar a tu esposa para ello...
Xavier escuchaba con pánico los planes que Zulema había preparado. Sin duda alguna, fuese lo que fuese lo que había venido a buscar, ya lo tenía. Ahora solo quería divertirse y por eso iba a matar a Isabella. Eso, él no lo podía permitir.Sus ojos grises volvieron a clavarse en su esposa, que tomaba un color pálido y débil mientras la boa apretaba con más fuerza cada parte de su cuerpo. Fue entonces cuando supo debía actuar. Estiró la mano atrás de él sacando la cruz que un día le habían regalado y no supo botar a la basura. La hermosa vampireza seguía hablando sin saber lo que él hacía.

Draco lo había notado de inmediato y aquello no le pareció una buena idea, sin embargo, podía entender el dilema en el que se veía su antepasado. No le quedaba otra opción.

Fue en cuestión de segundos cuando Zulema comenzó a sentir un fuego en su interior que destruyó la frialdad de su inerte cuerpo. Se volteó inmediatamente y notó que Xavier estaba a unos pocos centímetros de la boa con una cruz en su mano.
- No te atrevas.- dijo ella
Pero fue muy tarde; Xavier clavó la cruz en la boa y ésta soltó un quejido animalesco ensordecerdor. Isabella cayó por las escaleras mientras Zulema gritaba observando su piel pálida llenarse de llagas dolorosas. La boa se convertió en cenizas que cayeron sobre el suelo.
Xavier no supo precisar cuánto tiempo le tomó a la morena saltar sobre él y con ambas manos tomar su cuello apretándolo como si se tratara de un juguete. Sintió el dolor mientras el aire no entraba en sus pulmones. Zulema se acercó sin soltar sus poderosas manos del cuello del rubio. Pasó su lengua por el oído del chico tentadoramente.
- Pagarás por esto.- le susurró antes de dar su golpe final.
Fue entonces cuando Xavier sintió la mordida de una serpiente en su cuello. Un dolor insoportable lo envolvió mietras caía al suelo viendo todo borroso.
Zulema se inclinó hacia él y lo miró con sus ojos negros muertos.
- Volveré, y pronto Pirandello.
Isabella se levantó haciendo uso de todas sus fuerzas y la vio convertirse en miles de serpientes. La castaña corrió hacia un mueble y se lanzó sobre él mientras observaba aterrada a las víboras arrastrarse por el suelo velozmente hacia la salida. Desaparecieron en cuestión de segundos.
La castaña volteó la cabeza y observó al rubio inconciente en el suelo.
- No!- gritó Isabella mientras corría hacia Xavier y lo tomaba entre sus brazos.
Las luces volvieron y todo se iluminó. Mika apareció aterrada con los guardias de seguridad y gritó al ver a su amo en tan desagradables condiciones.
- Está inconciente!!!- gritó Mika llorando. - Va a morir!!
- No!- exclamó Isabella.- Tráeme ahora gasas, un cuchillo y agua hirviendo...ahora!!
Mika corrió inmediatamente y los guardias ayudaron a levantar a Xavier.

Ginny caminaba pateando una que otra piedra con Paul a la orilla de gran lago. El sol ya se había puesto, y la oscuridad comenzaba a reinar. Parecía inverosímil, pero había estado hablando con el chico todo el día sin parar y no se había aburrido, fastidiado sí, pero aburrido nunca.
- Nos reunimos en la cabaña y escribimos, escuchamos música, y leemos poemas para que los miembros los critiquen. Hay un orden, un día, leen dos personas, otro día otras dos...así todas las noches no hay un solo día que no nos reunamos.- dijo él aflojándose un poco la corbata. - Charlamos sobre problemas sociales y de toda índole que se den en el mundo y nos infiltramos en los de Hogwarts.
- Se infiltran?- preguntó Ginny confundida. - Cómo?
- Lo irás conociendo poco a poco. Tenemos grandes secretos que cuando los sepas sabrás lo importantes que son. No pueden salir de nuestro círculo, es así, como una hermandad.
- Esto no es como una secta o algo así verdad?- preguntó la pelirroja.
- No, para nada.- dijo Paul riendo. - No vamos a sacrificar a nadie. Aunque no sería mala idea.
Ginny rió y entonces se detuvo. El castaño comenzaba a internarse en el bosque.
- A dónde vas?- le preguntó la pelirroja.
- A la reunión recuerdas? Te mostaré dónde es la cabaña. Ya todos deben estar allí.
Ginny sonrió y lo siguió contenta. Estaba demasiado emocionada y ni siquiera imaginaba que estaba a punto de vivir la aventura más grande de toda su vida. Muchos años después recordaría a la Sociedad como lo mejor que le pasó en su vida.
Entraron al bosque y a Ginny le pareció muy lejos de tenebroso como lo calificaban. Se había imaginado un ambiente mucho peor de lo que ahora observaba. Era un bosque, solo un bosque. Claro que sabía la clase de criaturas que habitaban en él, pero no temía, y no tenía idea de por qué.
Paul caminaba rápido y le iba dejando atrás. Para la pelirroja resultaba un poco más difícil el poder deshacerse de las ramas y arbustos que obstaculizaban su camino.
- Espera!- gritó Ginny.
- Tienes que ser rápida si vas a ser una de nosotros.- inquirió él a metros de distancia. - Y sobre todo...debes tener intuición.
Ginny levantó la mirada ante aquella última frase y no vio a Paul. Giró la cabeza en varias direcciones sin ver rastro del chico.
Había desaparecido.

Hermione respiró hondo mientras observaba cómo Isabella sacaba el veneno de la herida que Xavier posería en el cuello. Con el cuchillo arrancó dos colmillos que habían quedado impregnados en su piel y desinfectó con agua tibia.
- Está ardiendo en fiebre!- exclamó Mika temerosa.
- Marta, Vita y Clemencia; tráiganme agua fría si es posible congelada y toallas limpias. Háganlo!
Las mucamas salieron inmediatamente en búsqueda de lo necesario.
Isabella observó consternada el semblante el rubio. Lo más peligroso aún no había pasado. Lo que ella más temía eran los efectos secundarios de veneno que logró infiltrarse en él. Todo dependía de qué tan fuerte resultaba Xavier contra la fiebre que seguramente lo azotaría toda la noche.
- Por favor..resiste.- dijo Isabella mientras dos gruesas lágrimas salían de sus ojos.
- Mi niña llora? No llore mi niña por favor! Se pondrá bien! Ya lo verá..- dijo Mika acariciando la cabeza de la castaña.
- Mika, él me salvó.- dijo ella entre sollozos. - Se arriesgó y no le importó lo que pudiera suceder...
- Le dije que no era tan malo...- dijo Mika sonriendo. - Solo es..una persona que ha sufrido demasiado. Tal vez por eso su carácter es tan duro; no confía en nadie, ya que todos lo han herido de cierta forma...
- Y yo que utilizé mi sarcasmo para humillarlo...- lamentó Isabella. - Sabes qué le expresé antes de que me atacaran? Que era un egoísta. Y míralo ahora! Cómo puede ser alguien tan egoísta y a la vez nada de eso? No es capaz de pensar en nadie en muchos momentos y en otros, es capaz de arriesgar su vida por la de los demás. Sé que no le importo tanto, entonces, por qué lo hizo?
Mika guardó silencio durante algunos segundos.
- Tal vez, es porque no le importa mucho su vida.
Isabella volteó y fijó sus ojos en Xavier. Por primera vez pudo ver más allá de aquella máscara de hierro que solía poner sobre él. No era tan fuerte como parecía. Su cabello rubio y platinado rozando su frente, y su cuerpo blanco porcelánico lo hacía ver como un ángel. Isabella se inclinó hacia él y besó su frente.
- Perdóname.
Los ojos de Hermione se llenaron repentinamente de lágrimas. Aquella situación se invertía en el presente; Draco quería destruirla y eliminarla por tener una sangre mezclada, impura. Humedeció sus labios y trató de contener las lágrimas. No quería que éstas salieran y dejaran al descubierto sus propias debilidades. Pronto sintió los ojos grises de Draco fijos en ella. Un escalofrío recorrió su cuerpo como electricidad ¿Por qué tenía que doler tanto? Era un sufrimiento inimaginable que desgarraba todo su interior. Giró su cabeza y fijó sus ojos marrones débiles en él. Draco pudo sentir la trsiteza que éstos transmitían, y giró la cabeza, huyendo de esa mirada que lo lastimaba profundamente.
- Nunca te importé verdad?- dijo ella mientras unas lágrimas brotaban de su rostro.
Los ojos grises de Draco estaban fijos al frente, no podía mirarla. En su interior quería gritar, y su verdad parecía estar callada y querer permanecer así para siempre. Sabía, que por más que le doliera, su máscara debía seguir bien puesta.
- Soy un Malfoy Hermione, no me importa nadie.- dijo con una voz tan firme que destruyó el ligero escudo que ella había utilizado para su protección.
Hermione caminó hacia él y lanzó una bofetada sobre su rostro. El rubio miró hacia el suelo al saber que ella estaba frente a él y no dijo nada, ni siquiera pareció inmutarse de que una sangre sucia lo había golpeado.
- Voy a hundirte Malfoy; a ti y a todos esos elitistas retrógradas mortíos de tu casa! No sé cómo lo voy a hacer, pero van a pagar por todas las muertes y sufrimientos que ha causado durante siglos su desprecio por la gente como yo.

Ginny permanecía en pie. Muy bien, él había hablado de intuición... ¿Acaso estaba jugando con ella? Sí, lo más seguro era que la estaba poniendo a prueba. No había otra explicación para que se hubiera desaparecido así, de la nada.
Muy bien Ginny, piensa...
La pelirroja caminó hacia delante haciendo a un lado las ramas y saltando los troncos caídos llegando hasta el punto en el cual Paul se le había perdido de vista. Soltó un grito y se sostuvo de una rama cuando su pie resbaló y estuvo a punto de caer por un barranco cuyo fin estaba cubierto por niebla.
- Paul cuando te vea voy a matarte!- gritó ella sosteniéndose de la rama. Era imposible que él hubiera descendido por ahí....o si?
Fue entonces cuando escuchó su voz.
- Intuición Ginny. Aquí es cuando vas a demostrar tu osadía. Si quieres ser parte de los Poetas de Babel debes entender que no es un camino muy transitado ni mucho menos fácil. La pregunta es.. ¿Estás dispuesta a tomar el desafío? Porque si no es así, te recomiendo que des media vuelta y regreses al castillo.
Ginny casi no había prestado atención a las palabras dichas, estaba tratandod de averiguar de qué sitio venía la voz.
- Tienes dos opciones Ginny: o das media vuelta y regresas, o te aventuras a seguirme.
Fue entonces cuando la pelirroja comprobó segura que la voz provenía del fondo del barranco. Sin pensarlo dos veces bajó y resbaló. Rodó por él hasta caer en el suelo firme. Por un monto creyó olvidar dónde se encontraba, pero pronto su cabeza se asentó y notó la locura que estaba haciendo; y no se arrepintió de nada. Se levantó y vio a lo lejos a Paul corriendo alejándose nuevamente de ella.
- Espera!- gritó Ginny mientras se levantaba y corría tras de él.
Paul corría demasiado rápido, con la oscuridad y las ramas era casi imposible seguirlo. Mas la pelirroja no era de las que se rendían fácilmente. Corrió con todas sus fuerzas mientras seguía el sonido de las hojas crujir con sus pisadas. Eso la guió todo el tiempo hasta que llegó a un claro y levantó la cabeza. Su boca se quedó entre abierta.
Paul la observó sonriendo y se acercó hasta ella. Se colocó detrás y retiró el cabello rojo de su oído para acercar sus labios a éste.

- Bienvenida, al refugio de nuestra sociedad.- le susurró y con esto se dirigió hacia la entrada de la gran cabaña rupestre que tenía al frente.
40.- Malas expectativas

Ginny se quedó ahí, inmóvil. Era simplemente hermosa. No supo precisar si era la emoción o tal vez la luz plateada de la luna lo que la hizo percibir el lugar como un santuario o algo por el estilo, mas pasaron varios segundos antes de que pudiera moverse de donde estaba. Pronto decidió caminar.
Al entrar la música francesa llegó perceptible a sus oídos como cálido arrullo. Todos conversaban entre sí y tomaban jugo de calabaza. Otros estaban riendo en mesas y escribiendo concentrados. La mayoría fumaba aquellos cigarrillos de sabores que Paul le había ofrecido en la tarde. Aquel lugar tenía todo el ambiente bohemio que Ginny tan solo creyó podía soñar con estar en él. Y ahora, ahora estaba allí. Se sintió feliz e invencible. Esa noche sería la mejor de su vida.
- Ginny Weasley!!- gritó Adriana, la presidenta acercándose sonriente. - Es un honor tenerte por aquí.
- Gracias.- dijo tímidamente.
- Paul me dijo que avanzas con rapidez! Lo has sorprendido, él no tenía fe en ti. Pero yo siempre lo supe, eres fantástica. Digna de ser una de nosotros.
Entonces un chico alto y robusto se levantó con una copa en mano.
- Todos brindemos por nuestra nueva integrante! La que escribe como los dioses!
Todos levantaron su copa de jugo y brindaron aplaudiendo y riendo. Ginny se sonrojó ligeramente.
Una campana sonó y todos comenzaron a hablar en bajo y a sentarse. Ginny pareció algo confundida cuando Adriana hizo lo mismo dirigiéndose a una mesa. Pronto sintió la mano de Paul tomando la suya y llevarla hacia otra mesa.
- Qué sucede?- preguntó la pelirroja.
- Ahora van a leer sus poemas Richard y Huma. A ellos les toca hoy. - dijo mientras se sentaba.
Un jóven de mediana estatura, rubio y ojos miel se paró en una tarima pequeña. Tomó un banco negro y se sentó arregalndo el micrófono. Sus ojos parecían irradiar grandeza y pureza.
- Él es Richard.- dijo Paul casi en un susurro a Ginny. - Es de los primeros en entrar. Escribe excelente. A muchos no les gusta su estilo, ya que es mas bien una poesía crítica y que se burla de los estándares artísticos. A mí, personalmente, me agrada. Escúchalo y dime qué te parece.
Ginny fijó sus ojos miel en Richard cuando comenzó a leer.

MONA LISA:
Y tu sonrisa cautivó miradas,
¿Qué es lo que sabes tú? Y yo desconozco?
Tu piel,
Tus ojos,
Te transformaste en el maravilloso enigma artístico.
Ni Hermes ni Afrodita eres,
Pero la mezcla de ambos te creó.
Musa de todas las obras,
Si Leo llegó a amarte por qué no lo haré yo?
Eres ironía pura,
Y bajo esa sonrisa nunca nadie sabrá
Qué grandes secretos esconde tu alma.
Perdí yo,
Y predió Da Vinci.
Pero me conforta saber que todos los que te vean también perderán.
Porque al final, en este juego limitado
Eres tú,
Mona, Mona, Mona,
Quien siempre termina
Con la sonrisa en el rostro.

Al terminar sonrió y todos aplaudieron y vitoriaron. Ginny pudo notar como algunos no se unieron a las felicitaciones, pero eran pocos comparados a los demás que sobrepasaban en número. Paul se levantó para felicitar a Richard y la pelirroja no pudo evitar hacer lo mismo.
- Excelente.- dijo Paul al rubio. - Como siempre.
- Gracias hermano! Y mira lo que ha traído el Grande! La nueva!- dijo observando a la pelirroja.
- Mi nombre es Ginny Weasley dijo extendiéndole la mano. Gusto en conocerte.
Richard rió.
- Perdón, discúlpame debí haberte preguntado el nombre. Vaya que tienes carácter eh!
- Si, eso me han dicho.- agregó Ginny tímidamente. - Tu poema, ha estado espectacular. Me encantó la parte de Hermes y Afrodita, realmente es así ya que la unión de los vocablos forman hermafrodita que es un ser con ambos sexos. Esa es una teoría de analistas, que aseveran la Mona Lisa no era ni hombre ni mujer, sino ambos.
- Exacto! No sé si todos lo entendieron pero me vale!.- dijo Richard riendo. - Eres inteligente! Me agradas!
Ginny sonrió.
- Es solo que tu poema me ha emocionado. He estudiado sobre la Mona Lisa y Da Vinci, me encanta ese cuadro y el artista es mi preferido. Me fascinó la parte en la cual citaste: Si Leo llegó a amarte por qué no lo haré yo? Llamar Leo a Leonardo Da Vinci fue increíble...
- Ya tengo un fan!- dijo Richard riendo. - Pero me temo, que no todos opinan igual. En cambio, todos han estado de acuerdo que en entraras, bueno, todos menos tu guía.
Ginny miró de reojo a Paul.
- Pero ahora ya notó tu talento.- completó el rubio. - Fue unánime. A todos les fascinó tu poema así que tienes ya demasiados fans incluyéndome, por supuesto.
La pelirroja no pudo sentirse mejor. Aquel, sin duda alguna, era el mejor día de su vida.

Isabella colocó la toalla con hielo sobre a frente del chico. Mika recogía algunas cosas que se encontraban en el suelo del cuarto. La luz tenue de la lámpara en el velador era lo único que alumbraba el lugar. Mika acarició el cabello de la castaña.
- Señora, debería ir a dormir.- le dijo en tono cariñoso.
- No Mika, ve tú. Yo dormiré aquí, junto a él.- dijo Isabella sin despegar sus ojos piadosos de él.
Mika sonrió y se retiró cerrando la puerta.
La castaña colocó su mano sobre el pecho del rubio, corroborando que su respiración estaba constante. Se recostó al lado del rubio acariciando su cabeza tiernamente. Él movió la mano y la entrelazó con la delicada y fina de Isabella. Sus ojos grises se fueron abriendo lentamente, viéndolo todo borroso.
- Isabella...- dijo con dificultad. - Isabella...
- Aquí estoy.- dijo ella.- No hables, descansa.
- Perdóname..- dijo y cerró los ojos quedándose profundamente dormido.
La castaña se acercó hasta la frente del chico y la besó. Era tan hermoso así, vulnerable. Casi le resultaba inconcebible que al despertar fuera tan déspota. Nunca creyó que algún día estaría allí, sentada, preocupada por la salud de quien la había encarcelado en la vida que ahora llevaba.
Entonces...por qué aquel sentimiento que lograba despertar en ella el estar a su lado??
Isabella borró aquellos pensamientos de su mente y se relajó.
Mañana, sería otro día.

Hermione y Draco sintieron un temblor fuerte y pronto se vieron en la sección prohibida. La castaña miró a William quien les sonreía desde la esquina. Lamentablemente, ella no estaba con ánimos para devolverle una sonrisa sincera. Dio media vuelta para salir mas una voz distante y fría la detuvo.
- Mañana te espero temprano aquí.- dijo Draco mirándola.
Hermione podía sentir la penetrante mirada del rubio sobre ella. Salió sin decir absolutamente nada.
Draco miró al suelo y respiró profundamente. Luego miró a William, quien seguía con aquella sonrisa en su rostro que en estos momentos tan solo lograban exasperar al Slytherin.
- Quita esa sonrisa o te la borraré yo lo juro!- dijo Draco mientras salía furioso.
Por supuesto, nadie sabía que William sonreía por motivos más que fuertes. Rió sonoramente mientras se acercaba a la ventana.
Sabía que pronto Draco y Hermione volverían a estar juntos.

Ginny corría junto a los demás integrantes de la sociedad bajo la lluvia que había empezado a caer con fuerza.
- Toma mi mano!- gritó Paul estirándole la mano para subir el barranco que ahora era lodo por la lluvia.
- Eso hago!- gritó la pelirroja.
El agua caía con fuerza empapándolos por completo mientras los integrantes de la Sociedad de Poetas de Babel corrían lo más rápido que podían para llegar al castillo. Paul arrastraba prácticamente a Ginny mientras esquivaba árboles. Se tropezó con una rama y cayó al suelo llevándose a la pelirroja consigo haciéndola caer sobre él.
Ginny rió con todas sus fuerzas mientras se levantaba.
- Ahora tendrás que seguirme..-
Con esto salió disparada lejos de él. Paul se levantó y corrió tratando de alcanzarla mientras ella seguía riendo y disfrutando de las gotas de lluvia mientras caían por su rostro y su cuerpo. Ya nada le importaba más en aquellos momentos que la Sociedad, donde todos parecían sinceros y auténticos con ellos mismos. Vivían una verdad pura, alejada de la perversidad de una sociedad putrefacta.
No imaginaba lo que le estaba esperando en las puertas de la sala común.

Ron caminaba de un lado a otro mientras miraba el reloj. Doce de la noche. Doce y Ginny no aparecía! Parvati permanecía sentada, con una expresión bastante alarmada mientras que Harry tenía su mirada perdida en la fogata. Su novia le había recomendado que subiera a dormir pero él había puesto de excuza que no se iría hasta que ella lo hiciera, le dijo que quería acompañarla cuando en realidad lo único que quería era saber dónde estaba la pelirroja.
Lavander bajó las escaleras.
- Logré abrir la puerta de Hermione. No está.- dijo molesta. - Es que no sienten que las dos nos ocultan cosas todo el tiempo?!
- Maldita sea.- exclamó Ron con la nueva noticia. - Ambas me van a escuchar.
- No te sulfures, yo me encargo de Ginny.- dijo Parvati.
- Pareces muy interesada desde que supiste que anda con Paul..- dijo Lavander.
- Claro que estoy interesada! Bien sabes lo que él me hizo y no quiero que se lo haga a Ginny!- dijo Parvati y automáticamente miró a Harry, comprobando que ni siquiera se había percatado de la conversación. El moreno había estado sumido en sus propios pensamientos todo el día.
Fue entonces cuando el cuadro se abrió dejando entrar a una castaña. Sus ojos marrones se quedaron fijos en sus amigos, quienes la habían estado esperando en la sala.
- Dónde estuviste todo el día Hermione?!- exclamó Ron.- Y por qué llegas a esta hora?! Que no tienes reloj!
- Ron cálmate!- dijo Hermione. - Pues...estaba con la profesora McGonagall, ella quería que la ayudara en algunas cosas y pues me tardé todo el día en ello.
- Y esperas que te creamos eso?- dijo Ron.
- De hecho sí, porque es la verdad.
- En qué la ayudabas?
- Yo?
- Quién más! Ves?! Eres una mentirosa! Todos mienten y me estoy volviendo loco!
El cuadro se abrió y una pelirroja entró. Todos quedaron boquiabiertos al verla completamente empapada. Gotas caían de su rostro y de su cabello color sangre. Harry pareció salir bruscamente de us pensamientos en ese preciso instante.
- De dónde vienes Ginny?!- exclamó Lavander tapándose la boca.
- Me mojé con la lluvia.
- Qué hacías afuera a esta hora?! Tú estás buscando que le diga a mamá!- exclamó Ron furioso. - Le va a encantar saber lo que su hija hace con un chico de séptimo!
Ginny quedó perpleja.
- Paul, te vimos con él.- dijo Lavander.
Parvati se levantó y miró a su amiga consternada.
- ¿Cómo puedes salir con él Ginny? Bien sabes cómo es! Es un despreocupado, poco práctico que se preocupa demasiado por irrelevancias. Es un soñador y vive en las nubes. Lo peor de todo es que no es estable Ginny, te ilusionará y te dejará.
Los ojos chocolate de la pelirroja se fijaron en ella.
- Que te haya hecho eso a ti no significa que me lo hará a mí Parvati. Yo no soy tú.
- Ginny!- exclamó Lavander. - No digas eso!
- Es verdad!- dijo Ginny molesta. - Estoy harta de sus acosos y sus preguntas! Yo puedo tener los amigos que quiera!
- A Schiller nunca!- gritó Ron. - Y ahora mismo me vas a decir de dónde vienes!
- No te tengo que dar ninguna explicación a ti!- gritó la pelirroja. - Me tienes cansada! Ya no te soporto más! Y ya que todos parecen interferir en mis decisiones les voy a decir algo: yo hago lo que quiera! Y si me da la gana de andar con Paul es mi problema, y si me da la gana de un día de éstos no regresar a esta sala común pues lo haré. Estoy cansada de que estén constantemente tras de mí! Déjenme en paz! Déjenme sola!
- Quieres de verdad estar sola Ginny? Porque es eso lo que estásn consiguiendo con todo esto.- dijo Parvati.
- Sí.- dijo Ginny mientras sus ojos se humedecían. - Eso es lo que quiero. Parvati, eres mi amiga y te respeto, pero tú no me estás respetando a mí. Sé lo que Paul te hizo. Y no me parece que es cierto lo que dices de él. Es verdad, es un soñador, pero ve las cosas de una forma que ustedes jamás entenderían. Él es por ahora lo que yo necesito; el único que me entiende.
- Mañana mismo voy a hablar con él Ginny! De eso que no te quepa la menor duda! Él se tendrá que alejar de ti.- arguió Ron.
Ginny rió tristemente.
- Haz lo que quieras. Paul no es como Thomas; te irás con las manos vacías.
Con esto dio media vuelta y subió las escaleras. Hermione hizo automáticamente lo mismo antes de que comenzaran a interrogarla a ella.

La mañana llegó fría y Hermione fue la primera en levantarse. Organizó todo para su supuesto viaje de navidad y bajó las escaleras con un bolso pequeño. Sus amigos la esperaban abajo con regalos en mano, ya que sabían ella no pasaría con ellos. Pudo notar que el humor de Ron estaba mejor, mas al observar detenidamente a Harry, notó extrañada que parecía más que descontento.
- Feliz navidad!!- gritó Parvati entregándole un regalo.
- Gracias.- dijo Hermione sonriendo. - Por favor, metan los regalos en mi bolso, los abriré en el tren.
- Aún no comprendo por qué no decisdiste pasar navidad con nosotros, siempre lo haces.- dijo Ron metiendo de mala gana el regalo en la mochila.
- Entiende que Hermione Granger no nos quiere dar el placer de su presencia en estas festividades.- dijo Lavander introduciendo el suyo.
- Ella ya no hace lo que siempre hace, las cosas cambian; no es verdad Hermione?- dijo Harry fijando sus ojos verdes en ella. La castaña pudo sentir la ironía tras la frase mas prefirió ignorarla y le sonrió dulcemente.
- También te voy a extrañar Harry.- le dijo mientras lo abrazaba. El moreno la apretó con fuerza contra así, disfrutando del abrazo fraternal de quien se había convertido en su hermana. Sin saber por qué, sintió paz al recibir aquel gesto de su mejor amiga. Ella lo miró con sus ojos marrones tiernos y acarició su mejilla con su mano. - No abuses del regalo.
Hermione guiñó un ojo y se dirigió a Ron para abrazarlo con fuerza también. El pelirrojo le hizo cosquillas en la nuca y levantó su bolso.
- De qué regalos hablas?- le preguntó.
- De los que les dejé a todos en sus camas.- dijo la castaña.
Ron soltó el bolso como un niño y subió las escaleras. Todos hicieron lo mismo menos Harry quien permanecía en la sala común.
- No vas a subir?.- preguntó la castaña.
- No. Te acompaño hasta el tren.

Hermione sonrió levemente mientras el moreno levantaba el bolso. Había creído que la noticia de los regalos los obligaría a salir corriendo hacia sus respectivas habitaciones y ella aprovecharía el momento para escabullirse. Sin embargo, tenía el pésimo presentimiento de que el moreno estaba sospechando demasiado. Ojalá no se quedara hasta el momento en el que el tren saliera.
El retrato de la señora gorda se abrió y ambos salieron. En la esquina una pelirroja apreció con un regalo en la mano. La sonrisa de Ginny se borró al ver que quien acompañaba a su amiga era el buscador de Gryffindor. Fijó unos breves instantes sus ojos chocolate en los verdes penetrantes de Harry mas en pocos segundos desvió la mirada hacia su objetivo principal e hizo un enorme esfuerzo por sonreir nuevamente.
- Feliz navidad.- dijo extendiéndole el regalo a la castaña.
- Gracias!!- dijo Hermione abrazando a Ginny con fuerza. Aprovechó el acercamiento para susurrarle en el oído: - Tenemos que hablar..
La pelirroja asintió. La castaña fijó sus ojos marrones en Harry.
- Te importa si me acompaña Ginny? Debo aclarar algunos puntos con ella.
A Harry éste hecho no le gustó nada, mas no podía hacer nada para evitarlo así que dio media vuelta y regresó a la sala común.
- Qué sucede?- preguntó Ginny.
- Muchas cosas, principalmente lo de anoche, yo también estoy preocupada pero no quiero presionarte.- dijo Hermione. - Solo te pido que me asegures que sea lo que sea que estás haciendo, estás bien y no necesitas mi ayuda.
Ginny sonrió. Sí, Hermione era la única en quien ella confiaba plenamente.
- Estoy bien Herm, gracias por entender que no puedo decirte.
- Lo comprendo, créeme: hay cosas que son imposibles de contar.- dijo Hermione. - Necesito que me ayudes tú ahora, sin preguntar, porque no puedo responderte.
- Sí claro, dime.
- Acompáñame hasta el tren y en cuanto me veas entrar te vas. Si te preguntan, dirás que estuviste hasta que el tren salió y te que me despedí de ti por la ventana de un compartimento. Lo harás?
Ginny se quedó algo anonadada ante la petición pero asintió inmediatamente. Ambas se tenían la suficiente confianza como para saber que para entenderse no tenían que contarse sus más íntimos secretos.

Draco lanzó una maleta negra al suelo y ésta rodó hasta el fondo de la biblioteca. Aquella sería sin duda alguna la peor de las navidades. Caminó y se sentó en la mesa del fondo. Era increíble pensar que toda aquella historia angustiante había comenzado de la misma forma. Él, sentado en ese misma mesa; y ella, buscando libros en una estantería. Si hubiera sabido de ante mano todo lo que iba a tener que sufrir por su culpa, entonces no la hubiera llevado arrastrada hacia la sección prohibida.
Se pasó una mano por el cabello rubio y se recostó sobre la mesa. Maldito el día en el cual la había tocado por primera vez; maldito el momento en el cual comenzó a escucharla; maldito el instante en el cual dejó de verla como una sangre sucia. Él había planeado toda su vida de una forma preestablecida antes de que Hermione interfiriera, y ahora, todo había cambiado. Sus objetivos y metas iban dirigidas a otro sitio, el cual no estaba seguro fuera el correcto, pero estaba dispuesto a arriesgarse. Ya ni siquiera le importaba no tenerla junto a él nunca más. Prefería, verla feliz; y sabía que aquello sería imposible si permanecía a su lado. Era demasiado peligroso.
Respiró profundamente. Lo conveniente era aprovechar lo que restaba del año y poder observarla aunque fuera de lejos. Una vez graduados, ya no la vería nunca. Y tal vez eso era lo mejor.
Sus ojos grises miraban hacia el techo cuando un sonido sordo a su lado lo obligó a sentarse. Hermione había lanzado su maleta sobre la mesa, justo al lado de su oído. La castaña lo miró inexpresiva y se sentó en una silla.
- Voy a ordenar algunas cosas.- dijo la Gryffindoriana mientras abría su maleta. - Después podemos ir al pasado.
Draco no respondió nada y abrió su maleta también.
Hermione sacó los regalos que sus amigos le habían dado por navidad y los colocó sobre la mesa. El primero que abrió fue el de Luna, quien se lo había dado la noche anterior. Era un libro sobre el desarrollo de la magia en los últimos tiempos. La castaña sonrió al ver que era de los pocos que no había leído ya. Draco no dejó de notar aquel gesto. El segundo en abrirse fue el de Harry, el cual se trataba ni más ni menos que una tarjeta que proporcionaba entrada gratuita a uno de los museos mágicos más importantes de Londres.
Por primera vez acierta! pensó ella.
Ron le regaló una blusa increíble que tenía una las siglas P.E.D.D.O las cuales la hiceron soltar una risita. Había resultado muy ingenioso de su parte. Parvati y Lavander le obsequiaron ambas ropa y accesorios que Hermione jamás usaría. Lo que más le impactó fue el regalo de Ginny, el cual al abrirlo, tan solo encontró un sobre. La castaña lo rompió y sacó de su interior un libro de poesía. Había escuchado hablar del muggle Baudelaire anteriormente, mas ahora tendría la oportunidad le leer su obra completa.
La voz del rubio cautivó su atención repentinamente.
- Come.- le dijo hechando un hechizo sobre la mesa. Una variedad de frutas aparecieron ante sus ojos. La castaña observó el pan, salchicha y cereal notando que hacía meses no desayunaba nada de aquello.
Los ojos marrones de Hermione se fijaron en él.
- No tengo hambre.- dijo rechazando la invitación.
- No te estoy pidiendo que lo hagas.- dijo el Slytherin rudamente. - Te lo estoy exigiendo.
Hermione lo observó anonadada.
- No eres nadie para exigirme nada Malfoy.
Draco fijó sus ojos grises en ella y caminó hasta colocarse al lado de la silla en la cual se encontraba sentada. Apoyó su mano derecha en la mesa y la izquierda en el espaldar de la silla acercando sus labios a la oreja de la castaña. Hermione no movió ni un músculo, sintió que el rubio había dejado una distancia bastante prudente, ya que no sentía su aliento sobre su cuello. Aquello de cierta forma le hizo pensar, que ahora él sentía asco hasta en acercarse a una impura. Fue entonces cuando dijo en voz muy baja, pero bastante firme.
- Estás extremadamente delgada. He visto perfectamente lo mal que te alimentas Granger, por eso hasta paraste en la enfermería..recuerdas?- dijo sintiendo su aroma mas sin distraerse ni un solo instante. - No necesito a una enferma si lo que vamos a hace es regresar a salvar nuestras vidas. Así que tienes dos opciones; o comes, o te obligo a comer.
Con esto se alejó y se sentó en la silla más lejana. Hermione lo miró fijamente por varios segundos.
No mucho tiempo después estiró su mano tomando una manzana.

- Y fue así como mi mamá tuvo la increíble idea de llamarme Ginny.- dijo la pelirroja en el césped del campo de Quittich. Paul bateaba constantemente a una bludger jugando, mientras la escuchaba.
- A mí me gusta tu nombre.- dijo él mientras esquivaba la pelota. - Existe un poema con él sabías?
- Enserio?- dijo ella sorprendida.
- Sí.- dijo él corriendo y bateando la blugder una vez más. - Lo escribió un autor anónimo en la época del Romanticismo. Era brujo.
Ginny miró al cielo. Las nubes tenían formas extrañas y a la vez hermosas. Por primera vez creyó ver algo interesante en el día; solía preferir la noche.
Paul fijó sus ojos verdes en la pelirroja. Aquella mañana, su cabello tenía un color sangre intenso. Bateó la bludger nuevamente antes de dirigirse a ella.
- Pareces molesta.- comentó él.
- No.- dijo ella fijando sus ojos en el suelo. - Estoy deprimida. Me siento....vacía.
El Ravenclaw sonrió.
- Bienvenida, al mundo oscuro de los existencialistas.
- Mi hermano no quiere que siga hablando contigo.- dijo bruscamente la pelirroja fijando su mirada en él. Paul se desentendió completamente de la bludger y con un hechizo la mandó lejos.
- Qué?
- Parvati le habló mal de ti. En realidad, ella le dijo la verdad. Piensa que tenemos algo y dijo que hablaría contigo.
- Que lo haga.- respondió él sereno. - Me vale.
La bludger regresó y él la bateó con tanta fuerza que salió aún más lejos que con el hechizo.
- No quiero causar más problemas a nadie.- dijo Ginny levantándose. - Estoy perdida dentro de mí desde hace tiempo. No me entiendo, y hago cosas que están completamente fuera de contexto. Día a día me digo que alguna mañana despertaré y será diferente, pero nunca es así. Siempre despierto y veo el mismo hueco reflejado en mi rostro. Me desespero; grito y entro en histeria y pánico. Es este absurdo el que me consume no lo entiendes?! Ron puede resultar violento, y últimamente yo solo le he dado causas para que piense que tú tienes la culpa de lo que me sucede....
- Te dije que me vale.- dijo Paul fijando sus ojos verdes en ella. - Ginny, no me interesa lo difícil que tu vida personal sea, pero detesto que me digan con quien debo hablar y con quien no. Si me da la gana de hablarte, lo haré al menos que a ti te incomode...
- Bien sabes que no.
- Entonces no va a haber ningún problema.- inquirió Paul.
Ginny se pasó una mano por la cabeza.
- No sé qué voy a hacer para pasar vacaciones aquí. No puedo estar cerca de mis amigos...
- Si son tus amigos como dices, no veo el problema.
- Jamás lo entenderías.- dijo ella sonriendo melancólicamente.
- Pruébame.- desafió el castaño.
Ginny se cruzó de brazos y miró al suelo.
- Recuerdas lo que dijiste, eso de que nunca has sentido nada por nadie...
- Sí.- dijo él.
- Imagina que lo hicieras, por única vez, y supieras que es para siempre...Imagina, que tu mejor amigo y esa persona deciden estar juntos. Ya no hay espacio para ti.
Paul fijó su mirada en ella. Nunca sintió tal sentimiento de tristeza, reflejado en el rostro de una mujer tan joven y hermosa. Aquello, sin duda alguna, era poético.
- Debe ser difícil.
- Estoy volviéndome loca.- dijo Ginny. - No es solo ese el problema, sino que me siento inútil...impotente, como si no tuviera claro lo que estoy haciendo en este patético mundo. Ese sentimiento me frustra, me desespera. Mis amigos...ya no puedo estar con ellos porque no comparto su alegría.
Paul sonrió irónicamente y entonces vio a lo lejos, al buscador del equipo Gryffindoriano acercarse con mejor amigo de siempre y rió más.
- Ese no es tu hermano?
Ginny abrió los ojos como platos y dio media vuelta.
- No les digas que me viste.- dijo antes de salir corriendo.
Paul la miró alejarse y luego pasó a observar a los dos chicos discutir señalándolo. Sonrió nuevamente y siguió jugando con la bludger.

- Ya termina quieres?!- exclamó Harry.- Deja el asunto en mis manos. Tú vas a alterarte, te conozco, y vas a acabar golpeándolo.
- Es lo que se merece.- dijo Ron furioso.
- A Luna no le va a gustar ni un poco que te atrevas a hacer eso.- dijo Harry y por un instante Ron pareció calmarse. - Yo hablo con él.
Harry se alejó del pelirrojo y caminó al campo de Quittich.

Paul golpeó la bludger con fuerza nuevamente y ésta despegó perdiéndose de vista. Sus ojos verdes se confundieron entre los de Harry mientras él se acercaba.
Ahora lo comprendía todo.
- Eres Paul Schiller no es así?- dijo Harry parándose frente a él.
- Sí, y tú por lo que veo Harry Potter. No puedo decir que es un gusto conocerte, porque estaría mintiendo.- dijo él directamente.
- Vengo a...
- A decirme que me aleje de Ginny, lo sé. Me esperaba a su hermano, no a ti.
- No.- corrigió el moreno amenazadoramente. -Vine a advertirte que te alejes de ella.
Paul sonrió ante la astucia del Gryffindor.
- ¿Y por qué habría de hacerlo?
Harry tenía ganas de partirle el rostro en dos, mas se contuvo. La ironía y el sarcasmo reflejados en él le enfermaba.
- Porque te conviene. No voy a soportar que uses a Ginny como lo haces con todas las que conoces. Ella es demasiado para ti.- arguió
- De eso no tengo ninguna duda.- dijo Paul fijando su mirada audaz en su contrincante.. - Sin embargo, sigo siendo el mejor entre tú y yo.
Harry se quedó impresionado ¿Cómo él podía saber.....?
- Mira Potter,- dijo él repentinamente. - ¿Quieres que te diga la verdad? Ella y yo no tenemos nada; solo somos amigos.
El moreno sintió un alivio al escuchar aquellas palabras aunque de cierta forma su paranoia no lo dejó creer en ellas. Paul dejó el bate y caminó hacia Harry quedando frente a frente.
- Pero voy a ser sincero; Ginny para mí es perfecta. Y no voy a mentir diciéndote que solo siento amistad cuando está a mi alrededor, porque el simple hecho de escuchar su voz es cautivante. No sé si me gusta, pero sé que no me es indiferente. La quiero a mi lado, y no va a haber nada que hagas para que eso cambie.
- Ella no es para ti.
- Ni para ti tampoco Potter. Y lo peor de todo, es que tú lo decidiste así. La alejaste; la dejaste por Parvati Patil que salió conmigo y puedo afirmarte que siendo lo fantástica que es no vale la mitad de lo que Ginny. Fue tu elección, y creo que es hora de que la dejes en paz. Esperaré a tu amigo. Entiendo a un hermano celoso, pero no a alguien que pretende tener potestad sobre ella siendo absolutamente nada.
Harry volteó la mirada al ver a Parvati acercarse a ellos repentinamente. La rubia miró a su novio y notó de inmediato que algo sucedía, mas aquello no le importó.
- Aléjate de Ginny.- le dijo a Paul. - Ella no es como yo, es una niña demasiado inocente y no puedes usarla!
Paul rió sarcásticamente.
- Ginny es una mujer en primer lugar, y en segundo, lo que haga o deje de hacer no te importa. Ni siquiera me conoces.
Con esto el castaño dejó el bate sobre el césped y se alejó.
Harry miró a Parvati y ella tomó la mano del moreno. Juntos entraron al castillo sin decir absolutamente nada, pues bastante tenían ambos en qué pensar. Aún no podía creer en qué momento había perdido el control total de sus sentimientos por Ginny. Siempre la quiso, de eso no había ninguna duda. Era simplemente la chica más impresionante que jamás hubiese conocido. Sin embargo, su amistad con Ron le prohibía aquel sentimiento ¿Cómo podría él traicionar a su mejor amigo de esa forma? Jamás. Por eso se había unido a Parvati, creyó que la rubia sería el elemento perfecto que lo obligaría a olvidar a Ginny. Cuánta rabia y frustración acumulada sintió cuando descubrió que lo único que conseguía era obsesionarse cada día más con quien no le pretenecía ni podría ser suya jamás. Al principio se creyó usado por la pelirroja, pensó que ella lo miraba como un juguete al cual podía utilizar cuando gustase; fue después cuando descubrió que tan solo había sido la venganza de quien le reclamaba el no actuar. Ginny en el fondo, no le reprochaba lo que había hecho con Thomas, lo que realmente le fastidiaba era el hecho de que él, sintiendo lo que sentía, se limitara a fingir que no lo hacía. Ella era así, intensa en cada acción. Si no se tratara de la hermana menor de su mejor amigo, las cosas sin duda serían diferentes.

Estaba condenado.
41.- Acercamientos en la edad media

Luna tenía los ojos tapados cuando entró a la clase. Ron la agarraba de la cintura dándole equilibrio para que no tropezara contra las mesas y las sillas. Una sonrisa curiosa estaba dibujada en la boca rosa perla de la rubia. Ron paró y ella hizo lo mismo. Se colocó en frente de ella sonriente.
- Ya llegamos?- preguntó ella.
- Sí, ya estás lista para ver tu regalo.- dijo Ron sonriendo.
- Qué es?
- Ya lo verás.- dijo él dándole un beso rápido en los labios.
Ron volvió a colocarse tras la rubia y desató el pañuelo que cubría sus ojos. El color celeste cielo de su miraba brilló en cuando descubrió lo que tenía enfrente. En una mesa, una caja de oro la esperaba con ángeles grabados en todas partes.
- Puedo..??
- Claro...es tuya.- le dijo Ron.
Luna caminó hacia la mesa y con manos temblorosas por la belleza de aquel regalo abrió la caja. De ella provino una melodía angelical tocada por un arpa. Luna volteó impactada y miró a su novio.
- No me digas que es...
- Sí, es una caja recordadora. La música que toques con tu arpa, automáticamente se grabará allí. Así podrás escucharla cuando quieras.
Luna se lanzó sobre él abrazándolo con fuerzas y dándole besos rápidos en las mejillas.
- Así que te gustó no?
- Es el mejor regalo que he recibido.- inquirió ella. - Ahora tendrás q ver el mío.
La rubia tomó la caja con su mano izquierda mientras que con la derecha tomaba la mano de Ron y lo llevaba fuera del salón.
Reían y se daban pequeños besos mientras salían, sin siquiera sospechar que quien los observaba oculto entre las sombras, juraba vengarse de la situación que se había escapado de sus manos.
Spencer golpeó la pared compulsivamente descargando toda su ira hasta sentir sus nudillos sangrar. Un hilo de sangre chorreó por la pared mientras él se dejaba caer al suelo.
Aquella tarde comenzó el infierno.

Hermione terminó de comer dos manzanas y de llegarse fingiendo que tomaba un poco de cada cosa al poco tiempo. Draco parecía un guardían en la silla del frente, observándola y a la vez revisando sus propios regalos. La verdad era que ninguno le interesó en lo más mínimo. Su navidad resultaba como de costumbre; terriblemente aburrida. Claro está, que ésta además de ser aburrida sería incómoda, lo que hacía el asunto cien veces peor de lo que ya de por sí era. Sus ojos fríos se detuvieron en una carta que la lechuza de su padre le había entregado días atrás, y que por obvias razones no había querido leer. Siempre supo que de una u otra forma tendría que hacerlo, mas era preferible postergar el momento.
Abrió el sobre y sacó el pergamino con algo de brusquedad. Sus ojos grises se clavaron en la fina caligrafía.

Draco:
Te felicito. Has ingresado como mortífago dignamente, era eso lo que me esperaba de ti, un Malfoy. Creo que lo que te enseñé de artes oscuras en las vacaciones ha sido suficiente. Tienes grandes dotes de mago. Necesito que estés preparado para todo.
Lo más probable es que la guerra comienze automáticamente después de tu graduación.
Lucius Malfoy

Draco arrugó el papel con rabia contenida, aplastándolo con sus dedos. Hermione notó la reacción que el rubio había tenido para con la carta mas no dijo nada relativo al tema. Mas bien, se levantó y con su varita desapareció la comida de la mesa.
- Ya comí. Vámonos ya.- dijo ella cortante mientras caminaba hacia su maleta y la cerraba. - Claro, si es que no tienes alguna otra objeción
El Slytherin se levantó de la silla y la miró con ojos glaciales.
- Creo que debemos aclarar algo Granger.- dijo él duramente, se estaba cansando de los comentarios ácidos que ella solía dirigirle. - Comprendo que me detestes, pero si queremos seguir con la misión que debemos cargar a cuestas, me parece que deberías tratar de madurar y guardarte cualquier comentario.
- Lo siento pero me resulta imposible.- inquirió ella. - Es difícil tener que soportar tu actitud déspota todo el tiempo.
- También es difícil tener que soportar a.....
Draco se detuvo bruscamente, ya no quería seguir con una pelea estúpida y sin sentido. Que creyera lo que quisiera, eso ya no le importaba en lo más mínimo. Cada palabra pronunciada por la Gryffindoriana lo hería tanto, que no podía creer que existiera la manera de destruirlo más de lo que ya estaba. Sin embargo, la brusca pausa del rubio llegó a la castaña de uan forma completamente distinta. Sus ojos marrones irradiaban despecho y dolor cuando se le acercó desafiante.
- Soportar qué?!.- dijo ella indignada. - A una sangre sucia??? Eso era lo que pensabas decir?? Ya no me afectan tus calificativos Malfoy, estoy muy por encima de eso. Ya no me afecta nada que venga de ti.
Draco fijó sus ojos en la castaña, hundiéndose en la rabia que ella misma se había encargado de fomentar. Cómo la odiaba. Si ella hubiera podido sentir lo que él, tal vez no estaría reclamándole absolutamente nada.
- Me da igual Granger, siempre me has dado igual.- mintió descaradamente mientras caminaba hacia la sección prohibida.
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas mas las contuvo. Se inclinó y recogió el papel arrugado que yacía en el piso y lo guardó en el bolsillo de su jean. Desde ese preciso momento iba a encontrar todas las pruebas que tuviera en mano para destruirlo. Ella pensaba cumplir su promesa; los mortífagos pagarían caro su elección. Se encargaría personalmente de que así fuera.
Draco entró y William sonrió con aquel gesto cándido y fresco que siempre lo caracterizaba. El Slytherin no se molestó en contestar aquel saludo sincero y simplemente caminó hacia el libro.
- Y Hermione?- preguntó el moreno.
- Ya viene.- dijo él cortante.
- Te sucede algo?- preguntó William aunque ya sabía la respuesta.
- No.- mintió él.
- Porque si te sucede algo, créeme, pasará pronto.- le dijo mientras le dedicó una mirada bastante curiosa que provocó cierta confusión en el rubio. La castaña entró a los pocos segundos.
- Muy bien, ¿A qué hora los regreso?- preguntó William.
- Doce.- dijo el rubio.
- Perfecto! Buen viaje.
Y un torbellino los succionó a ambos.

Hermione cayó sobre un mueble bastane confortable. Era la primera vez que había tenido un aterrizaje cómodo. Se levantó y vio que Draco también lo hacía al ver a Isabella dormida al lado de Xavier.
Había pasado toda la noche controlando la fiebre del rubio, sin duda alguna, sintiendo aún cierta culpabilidad ante la clase de trato que le había dado hasta el último momento. No había sid justa, su orgullo la había cegado. En los momentos en los cuales ella optó por humillarlo y llenarlo de sarcasmos malintencionados siempre la voz de su padre recorrió su mente diciéndole la misma frase que cuando niña le repetía, Todos los humanos cometen errores cariño. Muchas veces éstos son espantosos. Algunos cometen más errores que otros, pero lo cierto es que no tenemos potestad de juzgar a los demás; recuerda que tanto tú como yo, también somos humanos. Ella sabía que no debía culpar de todo a Xavier. Era cierto que sus celos y despecho lo habían cegado, pero no parecía ser un mal hombre. Había cometido un error ¿Quién era ella para juzgarlo? Y ahora, ella le debía la vida. Si se moría...no estaba segura de que podría cargar con aquella culpa.
Xavier abrió los ojos lentamente. El color gris de éstos volvió a sorprender a Hermione ¿Por qué tenía que tener aquella mirada? Era como una mezcla de todo lo que despreciaba en el mundo entero, y sin embargo, lograba hacerla temblar con tan solo presenciarla.
El rubio miró a su alrededor y depositó sus ojos en Isabella, quien dormía tiernamente a su lado. Sus ojos grises la recorrieron completamente, como si por primera y única vez la hubiera visto realmente tal cual era. Su cabello castaño salvaje e indomable descansaba esparcido por la almohada cubriendo gran parte de ésta; sus largas pestañas acariciaban dulcemente sus mejillas rosadas, mientras que sus labios intensamente rojos, se mantenían con una pequeña apertura por la cual salía un suspiro. Aquel rostro, con nada en especial, lo cautivó durante varios segundos en los cuales creyó delirar. Sus ojos, grises penetrantes, bajaron observando su cuello y hombros descubiertos por aquel vestido blanco ligero. Las pecas que cubrían sus hombros finos y delicados parecieron encender una llama en su interior ¿Qué le estaba sucediendo? Seguramente era que no se había recuperado completamente del veneno, pensó. Pero muy en el fondo sabía que no era así. Su mirada bajó aún más y un escote que nunca antes ahbía descubierto lo pretrificó. La respiración de la castaña era suave y constante; podía ver cómo su pecho se elevaba y bajaba en un apacible ritmo. Las manos finas de Isabella descansaban sobre su abdomen, como pudo apreciar mientras sus ojos seguían aquel extasiante recorrido. Sus ojos grises brillaron intensamente al ver unas delgadas y perfectamente formadas piernas descubiertas por la falda del vestido, que ahora estaba a una altura bastante escandalosa. No pudo despegar la mirada de ella, y no hubiera podido hacerlo nunca, de no ser que Isabella despertó.
Sus manos fueron las primeras en moverse. Subieron hasta su rostro y pasó sus delicados dedos por sus dos ojos marrones. Xavier la observaba sentado mientras ella abría aquellos ojos exóticos para chocarse con la realidad. Al principio pareció no entender en dónde se encontraba, inmediatamente después recordó lo sucedido la noche pasada y miró a Xavier, quien ya llevaba observándola tiempo atrás y se sentó en la cama bruscamente.
- Estás bien? Ya no tienes fiebre? Cómo te sientes? Quieres que pida el desayuno? Lo puedo hacer yo si quieres..- dijo ella mientras pasaba su mano por la frente del rubio, comprobando que la temperatura había descendido hasta su grado normal.
Xavier aún no pronunciaba palabra, estaba demasiado absorto en la castaña como para preocuparse de otra cosa. Fue entonces cuando Isabella notó que al dormir, su vestido se había desajustado de su lugar. Sus mejillas de sonrojaron mientras subía el escote y bajaba la falda del vestido. Evitó la mirada penetrante de Xavier, la cual ahora podía sentir intensamente sobre ella. Al rubio le pareció algo gracioso que ella se hubiera sonrojado, y le encantaba el hecho de saber que poseía inteligencia como para intimidar, y suficiente inocencia como para ser intimidada.
- Bien.- respondió él. - Estoy bien.
Isabella fijó sus ojos en él tímidamente y humedeció sus labios.
- Yo quería disculparme.- dijo ella firme. - Así como puedo ser bastante ácida y no me da vergüenza admitirlo, también sé cuando me equivoco. Y creo que me equivoqué contigo. Me dejé cegar por la rabia que te tengo y eso no me dejó pensar correctamente. No suelo ser así y yo....
- Estuviste aquí toda la noche?- preguntó repentinamente, interrumpiéndola.
- Sí, tenía que estar pendiente de la fiebre.- respondió ella y luego preguntó con cierta timidez. - Te molesta?
- No, para nada. Es solo que huele a flores campestres, así suelen oler las mujeres, es como su marca natural.
A Isabella le pareció, con aquel comentario, que Xavier tenía demasiada experiencia con las mujeres para su gusto. Prefirió callar aquella opinión que ya sabía era correcta y se levantó de la cama, sintiendo que ahora que él estaba bien, era incorrecto estar allí.
- Ya que estás bien me retiro, le diré a Mika que te suba el desayuno.
- Desayuna conmigo.- pidió él fijando sus ojos grises en ella. A la castaña le sorprendió aquella invitación.
- No creo correcto que yo desayune aquí, en tu cuarto. Ahora que estás bien no debo estar aquí.

Draco sonrió por primera vez desde ya mucho tiempo atrás. Claro, era obvio; en aquella época resultaba indigno que una mujer estuviera en el cuarto de un hombre.

Xavier tuvo la misma reacción que Draco y sonrió sin retirarle la mirada de encima.
- Eres mi esposa, ¿qué tiene de malo que estés en mi habitación?
- Bien sabes que no somos nada. Solo es un papel.
El rubio dio un respingo.
- Creí que eras una mujer bastante rebelde y que por ello sabías que las normas de etiqueta resultan estúpidas y sin sentido alguno. Dime algo, Isabella Shawn, ¿Crees que sentarte en mi cama, por ejemplo, es algo incorrecto cuando bien sabes, solo estás manteniendo una conversación conmigo?
Isabella abrió la boca para responder mas se detuvo. Pareció detenerse unos instantes a pensar.
- No....no es incorrecto. Yo sé que no estoy haciendo nada pero...
- Bien, es eso lo que importa. Lo que tú sabes que eres, y no lo que los demás creen que eres. Pero si tanto te incomoda estar aquí, entonces yo bajaré a la mesa...
- No!- respondió ella. - No puedes estas muy débil.
- Entonces me temo que tendras que desayunar conmigo.- inquirió él triunfante. - Me lo debes.
Isabella suspiró y salió de la habitación.
Hermione y Draco la siguieron.
Isabella bajó las escaleras y se encontró con una escena poco agradable. Mika estaba en la sala, recibiendo a nada más y nada menos que su hermana menor. Carmen fijó sus ojos verdes en ella y sonrió triunfante ante la expresión confusa de la castaña. Mika, quien intuyó el ambiente de la situación prefirió no intervenir.
Muy prudente de su parte.
- Señora, con permiso.- dijo meintras se retiraba.
- Qué haces aquí?- dijo bruscamente Isabella mientras caminaba hacia ella.
- Vine a darle una visita a mi hermana.- dijo Carmen aparentando inocencia. - Andrés está de viaje, muy ocupado con sus negocios y bueno yo me aburro mucho en mi casa, sola.
Isabella rió sarcásticamente.
- Por favor Carmen! Toda la vida has estado en la casa sin hacer absolutamente nada y nunca te has aburrido.
- Las cosas cambian.- dijo ella sonriente. - Y dime, ¿Dónde está Xavier?
Isabella no pudo creerlo.
- Carmen quiero que te largues!- dijo ella amenazadoramente. - Porque te juro que no respondo.
- No me puedes hacer eso hermanita, yo te recibí en mi casa recuerdas?
- Quieres dejar de ser tan hipócrita?!
- Uhhh! Vaya! Estás bastante agresiva! Qué será lo que te está pasando??? Será que te estás enamorando a Xavier??
Aquella pregunta sonó como una afirmación, lo que cayó sobre la castaña como un balde de agua fría. Automáticamente fue a la defensiva.
- Yo no me enamoraría de Xavier nunca, de eso no te preocupes. Pero te dije que no te iba a permitir seguir siendo la adúltera de siempre!- exclamó Isabella.
Hermione levantó la cabeza hacia las escaleras cuando la presencia repentina de Xavier interrumpió la discusión de las hermanas. Sus ojos pasaron de Isabella a Carmen.
Aquello se iba a poner interesante.
El rubio bajó las escaleras con una media sonrisa dibujada en su rostro. Era fría, lo cual de cierta forma alarmó a Isabella; nunca se sabía lo que podía suceder cuando usaba esas expresiones. Sin embargo, notó el manejo de Xavier en cuanto a la situación.
Parecía saber exactamente lo que hacía.
- A qué viniste Carmen?- dijo él colocándose al lado de la castaña.
- Vine a visitarlos, únicamente.- dijo Carmen con ojos brillantes. Sin duda alguna la simple presencia del chico la había perturbado.
- Pues creo que no es el momento oportuno.- inquirió el rubio. - No me encuentro bien y quisiera descansar un poco con Isabella ¿Podrías postergar la visita para otro día?
La castaña observa los ojos grises de Xavier que parecían clavarse en su hermana como puñales. Tenían toda la intensión de lastimar. Bruscamente, Isabella interrumpió el diálogo.
- Saben qué? Me tienen harta los dos.- dijo ella mientras caminaba hacia las escaleras. - Perdonen que me retire, pero si hay algo que repudio es la hipocrecía, no la soporto, y no fingiré que nada está sucediendo cuando bien sabemos todos que este es un teatro barato!
- El teatro lo comenzó Xavier al casarse contigo hermanita. No pudo buscar a alguien que por lo menos fuera competencia para mí.
- No Carmen.- dijo Xavier con sus ojos llenos de ira. - Fuiste tú la que inició todo, Recuerdas? O hace falta que entre en detalles de cómo fuiste mía y después te regalaste por dinero!
- Fue un error! No soy perfecta lo sabías?
- Claro que lo sé, estás muy lejos de la perfección. Jamás podrás alcanzar a Isabella, es por eso que ahora es mi esposa.
- Pero no la amas!- exclamó ella con obvio desagrado.
Los ojos de Xavier brillaron con un destello de venganza por unos breves segundos.
- Eso no es cierto.
Carmen recibió aquello como una bofetada mientras sus ojos esmeralda de humedecían. Miró a su hermana y luego nuevamente al rubio.
- Estás mintiendo...- dijo ella mientras lágrimas brotaban de sus ojos. - Tú no me puedes olvidar, y mucho menos por ella...
- Te estoy diciendo la verdad Carmen. Tu hermana y yo vivimos felices, y no necesitamos más recordar el pasado.- dijo Xavier caminando hasta Isabella, quien ya estaba bastante confundida. - Ahora que lo pienso...tal vez nunca te quise realmente.
Xavier sabía que aquella era la precisa oportunidad para humillar a Carmen. Ella creía ser siempre el centro de atención, la única que realmente sobresalía entre las demás. Ahora él le haría pagar lo que le hizo. Tomó a Isabella por la cintura y la pegó contra sí mientras unía sus labios a los de ella.
La castaña se petrificó. Sus sentidos parecieron mezclarse y confundirse entre ellos terriblemente. El rubio besaba su boca con intensidad y rabia; ira contenida. Sí, la estaba utilizando y ella lo sabía. Lo que no comprendía era por qué si quería separarse y alejarse de la situación su cuerpo parecía no responderle de la misma forma. Xavier se separó de ella a los pocos segundos y fijó sus ojos triunfantes en Carmen, quien dejaba correr sus lágrimas.
- No te creo nada.- dijo ella mientras tomaba sus guantes. - Me iré, pero voy a regresar; mientras yo viva tú no estarás tranquilo con mi hermana.
Con esto la pelirroja dio media vuelta y salió. Hermione estaba algo impresionada y a la vez ofendida por la escena. Volvió a fijar su mirada en su antepasado algo consternada.
Isabella parecía no poder respirar. Su rostro estaba confuso, como si quisiera expresar algo que no confirmaba aún como certero. Sus ojos marrones se fijaron en el rubio por unos segundos antes de que una expresión de indiganación de reflejara en ella. Una bofetada cayó sobre la mejilla derecha del chico obligándolo a voltear.
Xavier fijó sus ojos grises fríos en los de ella. Isabella respiró profundamente sin cortar el contacto visual que él había empezado.
- Nunca me vuelvas a tocar.- dijo ella amenazadoramente. Cierto fuego brillaba en sus ojos y esto logró cautivar el interés repentino del rubio. - Si te voy a dejar pasar ésta, es porque ayer me salvaste la vida pero creo que con las cosas que ambos nos hemos hecho mutuamente, ya estamos a mano.
- Tanto te molestó?- preguntó él penetrando su mirada en ella mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro. - Claro, se me olvidó que eres una santa intocable, no es así?
Isabella estuvo a punto de responder pero entonces él la interrumpió.
- Lo sé, lo sé.- dijo mientras cambiaba su expresión burlona a una seria. - No debí usarte.
- Qué bueno que lo deduciste.- dijo ella irónicamente. - Tenemos que hablar sobre cómo van a ser las cosas de ahora en adelante.
- Me parece bien.- contestó él. - Pero lo haremos en mi cuarto, mientras desayunamos como quedamos antes de lo sucedido te parece?
- Está bien..- dijo ella con algo de recelo. - Le diré a Mika.
Hermione sintió un temblor en la tierra y automáticamente buscó a Draco. El Slytherin la tomó por la cintura y la pegó contra sí. Sus labios quedaron a tan solo milímetros de distancia. El rubio sintió cómo toda aquella barrera que tanto se había esmerado en crear ahora se derrumbaba ante el simple hecho de sentir el cuerpo de la castaña, tibio y frágil, completamente adherido al suyo. Ella le pertenecía, y a la vez, jamás podría tenerla. Los ojos marrones de Hermione despedían una intensidad algo tortuosa. Draco tan solo se hundía en su mirada extasiado. La Gryffindoriana no pudo evitar perderse también en aquellos ojos grises que bien eran capaces de acabar con toda ella. Pasaron varios segundos antes de que notaran que el temblor había acabado, y ahora se encontraban en la gran cabaña de Lilith.

Lilith entró y miles de niños corrieron a abrazarla con fuerza. Ella sonrió quitándose la capucha blanca mientras les devolvía el abrazo.
- ¿Cómo se han portado sin mí?
- Bien!!!- exclamaron todos al unísono.
Fue entonces cuando sus ojos celestes se fijaron en una pelirroja que se encontraba sentada en una silla al fondo de la cabaña. Sus ojos miel estaban fijos en ella y en Stephen. Su ropa era bastante reveladora y por lo que pudo notar, era vestimenta gitana. La chica se levantó y sonriendo habló.
- Stephen el Grande; es toda una odisea encontrarte hermanito.
Lilith se volteó para notar que el pelirrojo sonreía. Tamara corrió hacia él y se prendió de su cuello mientras él la levantaba en los aires. Fue entonces cuando entendió lo que estaba sucediendo.
- Dónde has estado?! Te esperaba hace tres semanas!- dijo Stephen feliz de verla, su rostro parecía iluminado repentinamente.
- Los Gitanos no me dieron otra opción. Fue todo un trabajo salir de ellos sin que pensaran que los traicioné pero al fin lo hice. No tengo noticias muy alentadoras.
Lilith permanecía estática. Stephen la miró y riendo las presentó.
- Lilith, ella es mi hermana Tamara. Tamara, ella es quien me salvó la vida. De no ser por ella, habrías llegado y encontrado a tu hermano muerto.
La pelirroja miró a la rubia y se inclinó.
- Entonces te debo toda una vida.
- No es nada.- dijo Lilith sonrojándose.
- Muy bien, tenemos que hablar ahora sí.- dijo Stephen tomando una silla y sentándose.
Las dos chicas hicieron lo mismo. Las risas de los niños se mezclaban entre los sonidos que se esparcían por el lugar.
- Los vampiros están aquí, se aliaron con los Gitanos para llegar a tierra firme. Lo que tenemos que hacer, es dividirlos. Los Gitanos deben estar de nuestra parte.
- Cómo haremos eso? Además, en ellos no se puede confiar.
- Te equivocas.- argumentó Tamara. - Una vez que están apoyando a un lado, mueren dándole el apoyo; claro, siempre y cuando no haya traición de por medio....
Hermione y Draco prestaron atención a la conversación evitando que sus miradas se chocaran nuevamente. Resultaba bastante peligroso cualquier tipo de contacto visual. En ese intento vano de observar hacia otro lugar Hermione divisó unos ojos verdes en la ventana, espiando.
Era tom.

Ginny se encontraba sentada en el piso de uno de los pasillos de Hogwarts. Era aquel uno de sus lugares preferidos ya que nadie solía pasar por allí. Había pasado sola practicamente todo el día de navidad. Ya eran las cinco de la tarde y seguía allí, completamente sola.
Siempre lo has estado se dijo tristemente mientras sus ojos profundos se cerraron. Cómo deseaba ser otra persona. Sí, por primera y única vez no sentirse atrapada en aquella personalidad que muchas veces la aterraba. Su rabia contra todo parecía incrementar cada día frustrándola más y produciendo el nacimiento de un odio en ella. Sí, era odio ¿Hacia qué? No sabía precisamente a qué odiaba, solo tenía la certeza de que era a algo, o a alguien. Lágrimas cayeron de sus ojos mientras arrugaba los papeles que tenía sobre la falda. Poemas que no habían resultado como ella quería; eran el reflejo abstracto de su vida.
Fue entonces cuando las pisadas de alguien la obligaron a abrir los ojos nuevamente. Paul se encontraba frente a ella fijando su mirada instintiva. Ginny se secó las lágrimas con rabia algo avergonzada de que la hubieran encontrado en tan vulnerable escena.
- Sigues sola, como lo veo.- dijo Paul estirándole la mano para que se levantara, sin embargo ella no se movió.
- Siempre lo estoy.- dijo tristemente.
Paul se sentó a su lado sin decir ni una sola palabra. Sus ojos verdes estaban fijos en ella, en aquel rostro vacío, inexpresivo ¿Qué le había sucedido para que su mirada fuera tan dolorosa? Estaba como muerta, y por un momento deseó estar en su mente, para saber qué era lo que cruzaba por sus sentidos aunque fuera una vez.
Ginny pasó una mano por su cabellera rojiza. Sus ojos estaban fijos en un punto perdido. Era como si en realidad no estuviera allí junto a él.
- Qué te sucede? Estás rara.- preguntó él.
Ginny rió falsamente y con un destello de ironía fijó sus ojos en él.
- Y tú cómo puedes saber si estoy rara o no? Ni siquiera me conoces.
- Te equivocas.- respondió él.
La pelirroja sonrió tristemente y con algo de ira.
- No puedes conocerme porque ni yo misma sé quién soy.- dijo ella seriamente. Luego rió y lo miró directamente a los ojos. - Sabías que estoy loca?
El castaño sonrió y miró al frente.
- Lo noté desde un principio.
- Qué bien.- dijo ella mientras metía su mano en el bolsillo derecho del chico. Sacó un cigarrillo de sabores y lo encendió llevándoselo a la boca. - Pero más que demencia, estoy enferma.
Paul la observó desconcertado. Hasta entonces no había notado lo cambiante que resultaba Ginny. Era tan intensa, que no tenía idea de cómo manejar el fuego que la rodeaba. Por ello, pasaba por el mundo destruyendo todo lo que se encontraba a su alrededor. Anteriormente le había dicho que no fumaba, y ahora, lo hacía como si fuera una experta. Sus ojos miel hace unas horas antes habían sido puros, y ahora estaban vacíos. Parecía otra persona. Sus diálogos provenían de la rabia y la ira que contenía en su interior, y que poco a poco la estaban matando. Ginny dejó salir un humo color rosa de su boca sin pronunciar palabra alguna.
- Qué te pasa?- dijo ella sin mirarlo. Sus ojos seguían fijos en un vacío inexistente. - Me creíste cuando te dije que no iba a fumar nunca??- rió irónica y vacíamente. - Nunca creas nada de lo que digo. Constantemente estoy mintiendo.
Paul la observaba detenidamente sin decir nada en lo absoluto. Estaba impresionado. Ella era todo lo destructivo que existía sobre la tierra. Era como un veneno dulce, irremediablemente exquisito. A lo largo de su vida, jamás había conocido a alguien como ella. Fue entonces cuando notó que si seguía con aquello, ella iba a terminar matándolo. Una llama incontrolable había despertado la pasión dentro de Paul, y supo que estaba destinado a enloquecer por Ginny.

Hermione observó a su alrededor y notó que estaba en el cuarto de Xavier nuevamente. Un nuevo temblor los había llevado al lugar de inicio dejando inconclusa la anterior situación. La Gryffindoriana no podía dejar de preguntarse qué haría Tom ahora. Tal vez estaba allí para vengarse de Tamara, pues la acción que había cometido en su contra no había sido nada placentera.
Draco fijó sus ojos en Xavier e Isabella, quienes permanecían sentados en la cama comiendo frutas de una charola que descansaba en el centro de ésta. La luz del sol penetraba por los cristales de las ventanas y daban justo al rostro de Isabella, iluminándolo. Sus ojos marrones adquirieron más claridas y su cabello un destello dorado. Draco la observó deseando tenerla entre sus brazos, sabiendo que era Hermione, y que si no podía mirarla directamente por lo menos podía adorar su reflejo, su antepasado.
Isabella tomó una cereza y se la metió en la boca disfrutando del fresco sabor de ésta. Xavier la observaba fijamente y solo cortó la mirada para tomar una uva e introducírsela en la boca. Una media sonrisa se formó en su rostro.
- No puedo creer que me hayas golpeado.- dijo él casi riendo.
- Y yo no puedo creer que me usaras como si fuera una simple cosa.- dijo Isabella reprochante. - De cualquier forma, creo que siempre voy a terminar siendo eso para ti.
- Eso es mentira.- inquirió él.
- Por favor!- dijo ella. - Pediste mi mano sin importante lo que pudiera suceder conmigo, tan solo para vengarte de Carmen. Resulté ser un objeto sí o no?
Xavier esbozó una media sonrisa.
- Puede ser.- dijo mientras tomaba otra uva. - Pero ahora las cosas sn distintas.
Isabella rió.
- Sí, muy diferentes.- dijo sarcásticamente. - Tan distintas que me besaste en la sala para enojar a Carmen.
- Está bien, es cierto. Pero estoy tratando de cambiarlo eso ya es un avance significativo no crees?
- No. Yo funciono con hechos.- dijo ella sonriendo triunfante. - Y hablé muy enserio cuando dije que si volvías a ponerme un dedo encima iba a hacer que lo pagaras caro.
- De eso no tengo duda alguna.- dijo él mirándola penetrantemente.
Isabella tomó una fresa y la mordió sin cortar el contacto visual con el rubio. Sus miradas eran intensas, él casi podía sentir el fuego que parecía despedir los ojos marrones de la chica. Era eso, y su dominante inteligencia, lo que la transformaban en la mujer más excitante que hubiera conocido jamás. Aún no comprendía por qué tenía que tener ideas tan extrañas como las de no casarse y viajar por el mundo.
Isabella se lamió los labios humedeciéndolos y respiró profundo observando directamente a su interlocutor.
- Muy bien, creo que es hora de que convengamos algunos puntos.- dijo ella persistente. - Creo que tenemos claro el hecho de que la palabra divorcio no existe en esta situación. Jamás mancharía el apellido de mi padre y dudo que tú quieras ensuciar el de tu familia.
- Correcto.- dijo él escuchándola.
- Así que obviamente, vamos a tener que permanecer juntos lo que nos resta de vida. Sin embargo, hay reglas que vamos a tener que establecer. La primera, y muy importante, no voy a permitir que me uses para vengarte de Carmen.- dijo advirtiéndole. - Creo que sabes ya cómo me pongo cuando suceden este tipo de cosas.
- Está bien, es un trato.
- Aún no termino.- aclaró ella.- Segundo, te exijo respeto. Durante el tiempo que te conozco, he notado tus estados de humor y sé que cuando te enojas olvidas que no soy un trapo con el cual puedes trapear. Tercero, quiero conservar mi libertad.
- Tu libertad la tienes.- dijo él. - Pero vas a tener que someterte a mis reglas también.
Xavier retiró la charola y la colocó en el suelo. Aprovechando que ahora poseía más espacio, se acercó más hacia la castaña y aunque esto la puso nerviosa en un principio, pronto notó que no tenía nada que temer.
Sus ojos grises lo miraban fijamente.
- Primero, no soportaré ninguna clase de desplantes de tu parte. Eso quiere decir que comerás conmigo en la mesa y cuando yo quiera, lo harás en mi cuarto.- dijo esbozando una sonrisa astuta. - Segundo, tendrás toda la libertad que quieras, pero entre ciertos horarios. Eso implica que no toleraré que más allá de las cinco de la tarde no estés en casa.
- Hasta ahora me parece justo.- dijo ella aceptando las peticiones.
- Aún no has escuchado la tercera.- dijo él sonriendo con algo de malicia y astucia en su rostro.- Tercero, eres mi esposa; quiero que duermas en mi cuarto.
Isabella saltó un gritito y saltó de la cama como espantada. Sus ojos marrones impactados estaban fijos en el rubio quien seguía sonriendo, como disfrutando de la situación en la cual la acababa de colocar.
- Debes estar bromeando..- espetó ella.
Xavier rió sarcásticamente.
- Yo nunca bromeo.
La castaña no podía creer que él le estuviera pidiendo aquello. Ni siquiera entendía la razón de su petición. Lo conocía ya perfectamente como para poder afirmar que lo hacía para molestarla. Xavier disfrutaba profundamente de la confusión que profesaba la castaña, era un deleite verla nerviosa ante sus insinuaciones. Lo que ella no podía preveer era que él ya había decidido desde la mañana, cuando la vio tendida en su cama, que iba a domesticar a aquella indomable jóven. Por supuesto, no quería admitir aún la atracción que había nacido dentro de él y que desde aquel día no haría más que crecer; llevándolo a la más intensa pasión que nunca pensó poder llegar a sentir por alguien.
- Creo que no me gusta esa parte del trato.- dijo Isabella suavemente.
Xavier rió.
- Qué curioso no? Porque es mi parte favorita.- le dijo penetrando su mirada en ella, lo que con seguía alterarla más de lo que ya estaba.
- No veo la razón por la cual no podamos tener habitaciones separadas.- dijo ella defendiéndose con lo que podía.
- No las ves? Pues te diré algunas bastante valiosas: la servidumbre está sospechando, y bien sabes que los chismes corren como viento. Si más personas se enteran de que no vivimos como marido y mujer, ¿Eso no terminaría ensuciando tu apellido?
Isabella pareció comprender, y la expresión nerviosa de su rostro logró enternecer al rubio. Xavier no pudo evitar levantarse y caminar hacia ella. La castaña retrocedió al verlo tan cerca mas él logró acercarse más. Él no la tocaba, tenía sus manos lejos de ella, mas ssu aliento embiragador se chocaba contra el suyo y notó cómo su corazón había comenzado a latir con fuerza ante su cercanía. Un sentimiento extraño, que jamás había sentido.
- Me tienes miedo no es así?- dijo él mirándola con ojos grises penetrantes. Una media sonrisa se esbozó en su rostro. - Por eso no quieres que te toque...
Isabella esquivó al rubio y caminó hacia el otro lado de la habitación fingiendo una risa sarcástica. Su corazón latía demasiado fuerte ¿Qué era lo que le estaba pasando?
- Por favor! Yo? Tenerte miedo? A lo único que le temo es a perder mi libertad, ahora, si tú influyes en eso pues sí, te tengo miedo. En cuanto a lo de que no quiero que me toques es solo lo normal. No somos nada y no soy como Carmen; bien sabes que yo de hombres no sé nada.
Xavier sonrió y deslizó su mirada por el cuerpo de la castaña lo cual la puso más nerviosa. Saber que ningún hombre había poseído aquel cuerpo transformaba la situación en algo más excitante. Una sonrisa maliciosa se formó en su rostro. No podía evitarlo, disfrutaba tanto de verla tan alterada.
- Tienes miedo de lo que pueda llegar a hacerte?- dijo Xavier caminando nuevamente hacia ella mientras la castaña retrocedía. Pronto sintió la pared tras su espalda y se pegó como pudo a ella, tratando de alejarse de él. El rubio la tenía atrapada, mas aún cumplía su parte del trato y no había osado a poner un dedo sobre ella.
- No.- dijo Isabella casi sin voz. - Eres suficientemente inteligente como para saber que si te vuelves a propasar conmigo sufrirás. Ya me conoces; cumplo lo que prometo.
Xavier sonrió. Sí, ella resultaba cautivante.
- Eres todo un personaje lo sabías?- dijo mientras se alejaba de ella. Isabella respiró aliviada despegándose de la pared mientras observaba a Xavier, quien volvía a recostarse sobre la cama. - No te preocupes Santa Isabella, no mancharé tu pureza ni corromperé tu virginidad. Bueno, al menos no en realidad, porque créeme, cuando desperté y te encontré en mi cama muchas cosas pasaron por mi mente.
Isabella se sonrrojó escandalosamente y lo miró algo ofendida.
- Eres un vulgar!- dijo mientras salía de la habitación. Xavier permaneció riendo.

- Eres muy bonita sabes?- dijo Tamara a Lilith. - De verdad no eres la novia de mi hermano?
La rubia se ruborizó notablemente y bajó la cabeza moviéndola en forma negativa. Stephen rió mirando a su hermana.
- Ya te dije que mi relación con ella es de amistad, nada más.- aclaró el pelirrojo.
- Lo que sea..- dijo la chica levantándose. - Voy a tomar el caballo que está afuera, viajaré a la ciudad en busca de.... ¿Cómo se llamaba ella?
- Isabella Shawn. Recuérdalo.- dijo Stephen. - Tenemos que poner en marcha este plan, si es que queremos tener a los Gitanos de nuestra parte.
Tamara puso una expresión dudosa en su rostro.
- Están seguros de que se puede confiar en ella?? Me dices que es una aristocrata.
- Es plenamente confiable.- afirmó Lilith. - Ella es la líder. Tendrías que ver las cosas que ha hecho por las aldeas destruídas.
Stephen meneó la cabeza.
- No lo sé..- agregó repentinamente. - De cualquier forma, es una millonaria que ha crecido con todo a su alcance, no me sorprendería que en el momento en que llegue la parte difícil se retirara.
- No la conoces Stephen.- dijo Lilith.
- Bueno ya!- interfirió Tamara. - No nos queda otra alternativa que ir hacia ella. Si no conseguimos los que necesitamos pronto, entonces tendremos a Gitanos, Vampiros y Gohts todos en nuestra contra.
Lilith se levantó de la silla y caminó hacia una de las ventanas. Miró al exterior; qué curioso, pudo haber jurado el haber visto una capa negra.
- Qué sucede?- preguntó Stephen.
- Nada.- dijo ella volteándose y dirigiéndose a la pelirroja. - Debes apresurarte al ir con Isabella. Una vez que lo hagas no regreses hasta aquí, lo más probable es que para entonces los vampiros ya hayan descubierto la cabaña.
- Qué?! Y los niños?- dijo Tamara aterrada.
- Tendré que sacarlos ahora. Este lugar ya no es más seguro.- dijo Lilith consternada. - Si no soy atrapada nos veremos en el bar de siempre, si lo soy, entonces deberás afirmar que nunca me has visto. Por tu propia seguridad.
- No te atraparán.- dijo Stephen. - ¿Para eso estoy recuerdas?
- Hay cosas que se escapan de las manos.
- A mí nada se me escapa Lilith.
Tamara sonrió mientras caminaba y se inclinaba frente a la rubia, haciendo reverencia.
- Nos volveremos a ver.- dijo ella. Luego miró a su hermano. - Te veo pronto aborto con suerte.
Lilith no pudo evitar reir.
- En el fondo me quiere.- dijo Stephen.
Tamara salió de la cabaña y se montó sobre un caballo negro pura sangre. El animal comenzó a andar con trote normal y para luego despegar con fuerza a lo largo de las llanuras.

No notó que la seguían muy de cerca.
Respondiendo rrs!!
LILIANA EVANS: Es una suerte que te guste este fic... Tenes toda la razón cuando decis q es uno de sos amores que duelen demasiado... Y perdon, pero no puedo garantizar que nadie salga al menos un cachitín lastimado... Me dijiste que se te escaparon unas lagrimitas leyendo! Preparate, porq vas a tener q romper el chanchito y comprarte una buena reserva de pañuelitos de papel para el final...
JANE MADISON DOVALE: Viste lo realista que resultan ciertas conversaciones o dichos?? Hay frases que lei 80 veces tratando de grabarmelas...
KRISTY_GRANGER: Ojala me sigas dejando tu opinion sobre el resto de los caps! Es hermoso como te podes meter en la piel de todos los personajes verdad?
SARAH KRAMNS: Hola wapa!!! Veo que estas más que enloquecida con la historia! jaja No te preocupes que voy a seguir actualizando... Para subir cada cap me lo tengo q leer completito asi q don't worry, q a pesar de ser la segunda vez q lo leo estoy igual q uds!!!
ISA: Otra gran fan! Tenes toda la razon, va a haber emocion, MUCHA emocion! :P Prometo buscarte lo de Baudelaire...
HERMIONE MALFOY: Acá estoy de nuevo... Para q no me extrañes xD
MARIELLA: Yo me encontre esta hist en un foro con el titulo de "El amor entre hermione y malfoy" y tmb pense q seria otra mas del monton... Cuando vi q le ponian era "historia de amor" me desilusione mucho, y cuando lei la primera parte no pude parar... jeje
HALLY: Cuándo viste un HM enojada?? jaja Un beso wapa!

POR FAVOR, LES PIDO Q RECOMIENDEN LA HIST ENTRE SUS CONOCIDOS... HAGANME ESE FAVOR!!!!

42.- Promesas

Hermione y Draco volvieron a sentir un gran temblor en la tierra y se tomaron de las manos manteniendo el equilibro.
Pronto se vieron un un lugar sumamente oscuro.
Hermione no pudo ver nada al principio y al sentir la pérdida del equilibrio automáticamente estiró los brazos para sostenerse de lo que fuera. Sus manos chocaron contra las de una pared hecha por piedras sin tallar lo cual le produjo un dolor indescriptible. Sus nudillos habían recibido el golpe directo y ahora latían reclamándole el descuido. Escuchó la voz de Draco llamando su nombre a los pocos segundos. No podía verlo. Por más esfuerzo que hacía en despertar su sentido visual, la poca luz que el lugar proporcionaba le impedía cualquier clase de visión.
- Granger?!
- Estoy bien.- dijo ella.
- Dónde estás?
- No lo sé.
Pronto una llama de fuego provino de una antorcha que colgaba de la pared. Varias se prendieron en orden formando un largo camino hasta el final de la habitación. Ahora podían ver. Se encontraban en una especia de sótano bastante sórdido. Parecía mas bien, una cripta. Hermione podía sentir su corazón latir con fuerza al ver, que en el fondo de la habitación, donde la luz no llegaba, había movimientos leves de algo que tenía vida.
Draco se mantuvo estático. Sus ojos grises parecían querer divisar lo que se encontraba en aquel lugar recóndito y el hecho de no poder captar la imagen requerida lo desesperaba. El sonido de una puerta de madera abriéndose lo sacó de su frustrante propósito. Alguien había ingresado al lugar.
Pronto comprobaron que no se trataba de una sola persona, sino de dos. Siron y Zulema aparecieron ante sus ojos como dos espectros de belleza insólita. Resulataba hasta insultante el pensar que criaturas que estaban médicamente muertas podían ser tan deslumbrantes. Siron, con su cabello castaño lacio cayendo sobre la piel pálida de su frente, sus ojos aceituna vidriosos y su cuerpo perfecto lo hacía parecer una figura épica. Zulema, por su parte, bien podría haber vencido en belleza a Carmen. Su cabello negro carbón caía lacio sobre su espalda descubierta. Aquella fina piel pálida dejaba notar ligeramente sus venas. Sus ojos eran tan oscuros como la noche y sus labios inyectados de sangre podrían haber hipnotizado a cualquiera. Eran perfectos.
Eran peligrosos.
Siron dio un paso al frente observan fijamente el rincón oscuro en el cual algo o alguien reposaba.
- Damona, somos nosotros.
El silencio reinó por varios segundos antes de que una voz ronca y agonizante contestara.
- Dónde... está... Lilith??
- Morrigan ha seguido su rastro, pronto estará aquí.- agregó Zulema.
- Morrigan??? Ella.....es..una inútil..- dijo la voz que parecía encontrarse en un sufrimiento ilimitado.
- Lo ha conseguido.- dijo Siron. - Todo estará bien, llegará con Lilith antes de que tus energías se agoten.
- Más....ahh...más les vale......recuerden que sin su reina.....el clan se extinguirá.
Siron miró a Zulema y le hizo una señal de que saliera junto a él. Hermione se apresuró a seguirlos; por nada del mundo quería ver el aspecto de Damona. Le aterraba tan solo escuchar aquella tétrica voz. Observar más hubiera sido osado de su parte. Draco, por el contrario, estaba guiado por una curiosidad morbosa mas tuvo que ceder al ver que la castaña se dirigía a otro lugar.
La puerta de madera se cerró una vez que estuvieron fuera. Siron parecía enfadado.
- Morrigan es una inútil!!!- gritó con rabia. - Voy a golpearla tanto cuando llegue, que va a aprender a ser como sus hermanos!!!
- Por qué te angustias tanto?? Es solo Damona...- dijo sonriendo macabramente. Había algo en aquella sonrisa que petrificó a Hermione.
- Es la reina del clan! La única que puede engendrar! Detesto que hagas preguntas imbéciles!!!- dijo golpeando con fuerza la pared que estaba al lado de Zulema. Un pedazo de piedra se despegó cayendo al suelo.
La sonrisa complacida de Zulema se extinguió en aquel preciso instante. Ahora su mirada oscura y hueca estaba fija en la ira de su hermano, que pronto fue apagando su carácter explosivo y arrepentido la abrazó besando su cuello afectivamente.
- Perdóname Zulema.- dijo él prendiéndose de su hermana. Mantuvo sus ojos cerrados mientras la abrazaba por varios segundos, mas en tan solo unos instantes después sus ojos se abrieron bruscamente inyectándse de sangre. Hermione soltó un gritito mientras retrocedió hasta pegarse contra la pared.
Lentamente, sin que el vampiro pestañeara ni una sola vez ni dejara a un lado el gesto de su impactado rostro, se fue separando del cuerpo de su hermana. Zulema tenía una sonrisa desfigurada mientras sus ojos irradiaban chispas mirando de frente a su hermano mayor. Siron estaba a tan solo unos centímetros de ella y clavaba sus ojos sanguinolentos en la vampireza.
Pasó más de un minuto sin que nadie dijera nada. Hermione y Draco permanecían absortos en la situación cuando bruscamente, el rostro sorprendido de Siron fue adquiriendo un tono rabioso con el que respondía a la irónica y monstruosa sonrisa de Zulema. Su mano derecha se dirigió con fuerza hacia el abdómen de su hermana y enterró los dedos profundamente en éste, produciendo que sangre negra corriera por las caderas y piernas de la vampireza, quien mantenía su sonrisa tétrica, como si no sintiera la agresión que su hermano había tenido sobre ella.
Pocas palabras en casi un susurro salieron de la boca de Siron mientras enterraba con más fuerza sus dedos en la barriga fértil de Zulema.
- ¿Qué es esto?- le preguntó aterrado.
Zulema extendió su mano acariciando el rostro de su hermano.
- Es la nueva raza. Damona debe morir, porque soy yo la nueva reina.- dijo y entonces tomó la mano del vampiro enterrándosela más en el vientre.- Lo sientes? Siron, soy fértil. He adquirido la reproducción infinita....lo sientes? Hay vida.
Hermione se tapó la boca al escuchar las palabras de Zulema. No podía creerlo, la vampireza que había estado a punto de matar a Xavier y a Isabella había nacido con las propiedades de una reina. Si eso era así, y si ella lograba dar a luz a más vampiros...
¿Cómo terminaría aquella procreación sin fin?
¿Cómo detener a una raza implacable que ahora era incuantificable?
Draco agarró a Hermione por la cintura y la pegó contra sí ante el nuevo temblor que ahora se presentaba.

En cuestión de segundos se vieron en la biblioteca de Xavier.
Draco observó a su antepasado sentado en la silla frente al escritorio con aires arrogantes y algo orgullosos mientras hablaba con su mejor amigo, al cual reconocieron inmediatamente. William parecía aún reir por algún comentario que el rubio realizó. En cuanto se tranquilizó logró hablar.
- Pirandello, vamos a lo que realmente importa no crees?- dijo él ávidamente. - Cómo van las cosas con tu esposa?
Xavier rió irónicamente.
- No sé. Cuando se trata de ella, las palabras me quedan cortas, no sé qué decir.
- Cómo que no sabes qué decir? Deja los rodeos hombre! Han adquirido una mejor relación o sigues maltratando a la pobre inocente.
El rubio pareció expresar algo de culpabilidad en su rostro ante éste último comentario.
- Es complicado, no sabría decirte. Ella es...todo un caso. Hemos llegado a una tregua pero, me molesta que sea tan...cerrada.
William estalló en un risa bastante sarcástica.
- Por favor! No puedo creer que seas tú, la persona más obstinada y cerrada del mundo, la que califique a otra de poseer sus mismo defectos.- dijo mordazmente. - De cualquier forma yo he hablado con ella y me parece todo menos cerrada.
- Eso es porque parece preferir a todos menos a mí.- agregó el rubio con algo de molestia, mas trató de ocultarla con queminportismo.
- No exijas más de lo que mereces Xavier.- dijo Will. - Cómo quieres que ella se abra a ti y te tenga confianza cuando te has mostrado como un déspota? Por esa patética obsesión con Carmen hasta olvidaste que Isabella era una dama y aún más que eso; una inocente muchacha que se crió sin un padre. No le has dado una muy buena figura masculina.
- Ya basta! Sé lo que hice mal, no me lo recuerdes.- dijo Xavier poniéndose serio. - Y no estoy obsesionado con Carmen, sé que es algo más.
- Claro que es algo más Pirandello! Es tu orgullo herido. Tú, el gran Xavier no pudo soportar ser engañado por una mujer. Tienes despecho y tu egocentría no te deja pensar en otra cosa q ue no sea e vengarte. No quieres a Carmen, solo la usas como el reflejo de tu ego.
- Puede ser.- dijo Xavier fijando sus ojos grises en su amigo. - Sin embargo, no voy a poder descansar hasta hacerle pagar.
William sonrió tristemente.
- Ay Xavier, tú vas a destruirte y lamentablemente te llevarás contigo a Isabella. La única que realmente es inocente dentro de toda esta historia.
- Ella estará bien.- dijo Xavier. - Yo me encargaré de que nada le falte.
- Será que algún día comprenderás que no se trata de lo material? Peor cuando hablamos de una mujer como Isabella! Esa mujer se crió con todo en el mundo y lo admirable es que bien podría vivir sin ello.
- Voy a protegerla Will.- afirmó Xavier. - Juro que no sufrirá más por esta situación. Aquí los únicos que van a hundirse seremos Carmen y yo. Isabella no tiene nada que ver con esto.
- Tiene mucho que ver Xavier! Es la hermana de Carmen y es tu esposa!! Cómo piensas sacarla ilesa de todo esta locura que tienes en mente!?
Xavier permaneció en silencio, como si no tuviera más que decir. No, no sabía cómo hacerlo. Lo único que tenía claro era que trataría de no lastimar más a Isabella, de reparar el daño que desde el principio le había hecho.
Pasaron algunos segundos sin que nadie dijera nada. William rió con algo de lástima por su amigo.
- Sabes qué creo? Creo que vas a llevarte un gran golpe cuando descubras que Isabella no es una mujer común. Lo supe desde el momento en el que la vi. Y cuando tú lo descubras vas a desesperarte, te conozco, y vas a vivir un infierno que no tardarás en transmitirle a ella. Ambos sufrirán.- pronosticó él. - Lo peor de todo es que siento más pena por ella que por ti. Después de todo, eres tú el ciego dentro de todo esto.
William se levantó y caminó hacia la salida. Tal vez, si Xavier le hubiera hecho caso, las cosas hubieran resultado diferentes.
Xavier permaneció en el mismo sitio durante algunos minutos, fue entonces cuando pareció sacar el resultado perfecto de un enigma frustrante. Se levantó bruscamente y corrió un cuadro de la pared. Comenzó a abrir una caja fuerte y entonces notó, con frío espanto, que la llave que abría su cuenta en el centro de Londres había desaparecido. Aquello era lo que Zulema había tomado.
Hermione miró a Draco y por unos breves segundos sus miradas se chocaron, mas automáticamente ella se encargó de destruir el contacto visual. La tierra se sacudió nuevamente y a penas alacanzaron a agarrarse de las manos cuando cayeron en el cesped del jardín de la mansión. Isabella se encontraba con una bata blanca con encajes preciosos y de tiras. Estaba acostada en el cesped mientras miraba las estrellas. Muchas cosas cruzaban por tu mente en aquel instante.
Ya eran más de las diez de la noche. Hacía una hora que debió haber estado durmiendo y de hecho, ya podía sentir el cansancio calar sus huesos. Sin embargo, la nueva situación de dormir en el mismo cuarto con Xavier la intimidaba un poco ¿Cómo actuar como si aquello fuera algo normal cuando ella no lo consideraba así? En su vida había siquiera imaginado un futuro al lado de un hombre, mucho menos el compartir la misma cama con uno. Por alguna extraña razón, con tan solo pensarlo sus nervios se ponían de punta y parecía faltarle el aire. No, aquella era una situación demasiado incómoda, ¿Por qué la había expuesto a tal bochorno? Él sabía que aquello la alteraba y parecía disfrutar con ello ¡Qué agonía! Sí, no había duda alguna, tendría que reclamarle y expresarle su deseo de dormir en el cuarto que desde un principio se le había asignado.
Sí, eso haría.
Isabella se apoyó sobre la puerta. Su respiración era tensa y profunda. Cerró los ojos dejando que las pestañas acariciaran sutilmente sus mejillas rosadas. Su cabello castaño estaba recogido en una media cola, con una cinta blanca, al igual que su bata larga y sedosa. Hermione la observó esperando cualquier nuevo movimiento. Se había quedado media hora más en el jardín y finalmente decidió subir, mas ahora parecía encontrar difícil el poder entrar al cuarto que desde aquel momento compartiría con Xavier.
Draco dio un respingo.
- Va a moverse o qué?- dijo fastidiado.
Hermione no dijo nada. En lo posible trataba de no cruzar palabra alguna con el rubio.
Isabella se despegó de la puerta y dio media vuelta, quedando frente a frente con ésta. Su mano rodeó la perilla y la giró.
Ya estaba adentro.
Xavier se encontraba sentado en una silla de cuero negro que descansaba frente la ventana. Sus ojos grises brillaron con intensidad al verla. Ni un solo gesto facial se mostró en él. Su mirada estaba clavada en ella. La castaña cerró la puerta tras de sí justo después de que Hermione y Draco lograron pasar.
- Dónde estabas?
- Por ahí
- Esa no es una respuesta
- Para mí lo es.- dijo ella conservando su tono jovial, no quería más disputas, pero no por ello iba a permitir que él controlara cada uno de sus movimientos. Aquello terminaría asfixiándola.
Un fugaz destello de rabia pasó por los ojos grises imperturbables de Xavier, sin embargo pareció contenerlo y habló con tono moderado.
- No me desafíes, odio que lo hagan
- Si mal no recuerdo, eso no estaba en el trato.- dijo astutamente la castaña. - Quedemos claro en algo, y eso es que no soporto que me controlen. Estaba en la casa eso es lo importante no? Qué importa en qué lugar? Es irrelevante. Resulta asfixiante.
- Asfixiante?- dijo él retándola mentalmente. - Isabella, no tienes idea lo asfixiante que puedo llegar a ser si me lo propongo. No provoques que lo sea.
Ella rió.
- Claro, tú tienes la cadenas en mano; yo soy la que las lleva puestas. Solo tienes que tirar para apretar más para llevarme a una agonía infinita.
- No seas exagerada!- dijo él levantándose del mueble y caminando hacia la ventana sentándose en el marco de ésta.
- Digo la verdad, o no es así?- inquirió cruzándose de brazos.
Hubo un silencio por varios segundos. Xavier miraba por la ventana fríamente, una media sonrisa de esbozó en su rostro.
- Puede ser que tengas razón.- dijo fijando sus ojos nuevamente en ella. - Pero estoy tratando de ser lo más flexible...
- Pues no lo estás haciendo bien.- dijo ella mordazmente.
- Enséñame entonces.- pidió él. - Pero te advierto, hay cosas que no cambiaré.
Isabella caminó hacia la cama y se sentó.
- Tu machismo es desmedido, así no lo quieras admitir así es. Crees que cualquier mujer que viva bajo tu techo es un objeto de tu propiedad. Te doy las últimas noticias del mes: eso no es así. Te molestó tanto el que llegara a esta hora a dormir porque no sabías en qué parte de la casa estaba, o qué estaba haciendo. Te molesta no tener el control de las cosas, y por mi parte, me enferma ser manejada como un títere. Creo que aquí radica un grave problema de convivencia, no crees?
- Completamente de acuerdo.- dijo él mirándola fríamente. Sus ojos eran dos témpanos de hielo, brillantes y furtivos. - Siempre he sido posesivo.
- Y yo muy desprendida.- agregó ella. - Desde que nos casamos he sido yo la que ha tenido que ceder a todo. Ahora es tu turno de ceder. Cuando salgo de la casa he aceptado atenerme a un horario fijo, pero más allá de eso, el decirte en qué lugares me encuentro cada segundo me resulta incómodo. Nunca he tenido que darle cuentas a nadie. Yo no te pregunto en dónde estás ni mucho menos así que espero lo mismo de tu parte.
- Me parece bien.- dijo él - Trataré de ser más flexible.
A Isabella le sorprendió el que estuviera tomando sus pedidos tan maduramente. Por supuesto, ella no sospechaba que era tan solo por la culpa que él aún sentía por haberla llevado consigo a aquel desastre. Quería causarle el menor daño posible, era lo menos que podía hacer.
La castaña pareció tomar aire y armarse de valor. Xavier notó el nerviosismo en sus intensos ojos marrones. Ella lo miró firmemente.
- Hay algo más.- dijo repentinamente
- Dime.
- No voy a dormir aquí contigo.
Xavier no despegó ni un instante sus ojos de ella, parecía estarle clavando la mirada con fuerza. Ella se mantuvo en su posición sin decir nada. Había tomado una desición y esperaba que ésta fuera respetada.
- No.- dijo él bruscamente.
- No voy a dormir aquí!- dijo ella decididamente.
- Si vas a romper el trato entonces lo haré yo también y no saldrás de ésta casa.- dijo él amenazadoramente- Entiende que lo hago por ti.
- Qué? Por favor!- dijo ella levantándose de la cama exaltada. - Nada haces por mí! Todo es por ti y tu ego!
Xavier caminó hacia ella obligándola a retroceder. Cuando ya no hubo cómo escapar, ella levantó la mano mas él la agarró por la muñeca.
- Te salvé la vida o no lo recuerdas?- dijo él mientras en sus ojos brillaba un fuego intenso. - Si duermes sola no estaré seguro de que estás bien protegida. Es peligroso.
- Que yo sepa esa vampireza vino para llevarse algo tuyo no por mí.
- Te equivocas engreída,- le dijo sin soltar su muñeca. - Eres una necia que no ve más allá de sus ojos. Si tan solo hubiera querido llevarse la llave de mi cuenta lo habría hecho y se habría ido inmediatamente. Sin embargo, se quedó. Por qué crees que lo hizo?
Los ojos de Isabella parecieron deshacerse y un destello de temor brilló en ellos.
- Dices....dices que vino por mí?
- Por la llave, y para matarte obviamente.- dijo Xavier soltando la muñeca de la castaña. - No me sorprende que hayan descubierto tu vínculo con los opositores dentro de la guerra. Eres peligrosa para ellos.
- Pues poco me importa.- dijo ella. - No pienso dejar mis ideales.
- Haz lo que quieras. Pero me temo que no será la última visita que tengamos. Cuando descubran que tengo infiltrados y que tú te relacionas con los opositores volverán. Por eso, vas a dormir conmigo. Y no es cuestionable.
Isabella miró al suelo sin decir nada. Xavier la observó por unos instantes y poco a poco fue acercándose. Tomó su barbilla y lalevantó obligándola a mirarlo directamente a los ojos.
- No quise levantarte la voz.- dijo él temiendo que su actual estado fuera de resentimiento.
- No es eso.- dijo ella pensativa, muchas cosas cruzaban por su cabeza ante la noticia de un posible peligro. La verdad era que no le importaba morir con tan de seguir su causa y defenderla hasta el final. Pero con todo esto, había comprendido que era hora de darse prisa en encontrar guerreros.
Un temblor de tierra los llevó bruscamente hacia el suelo de la sección prohibida. Hermione levantó la cabeza y encontró la sonrisa de William recibiéndolos.
- Ya son las 12, Feliz Navidad!!!
Draco salió de la sección prohibida y se sentó en una silla de la biblioteca. Pasó su mano por su cabello rubio y dejó salir un grito de rabia mientras trataba de tranquilizarse. Hermione lo había mirado despectivamente y se había quedado con William hablando. A él ya simplemente no le importaba más. Ya solo vivía con el fin que una vez se había propuesto y el que nadie nunca conocería. Tal vez eso era lo mejor, que ella lo odiara. Sí, tenía que ser así. De ahora en adelante se encargaría de ser el mismo Malfoy de siempre, el elitista y déspota que aún vivía dentro de él mas había escondido tan solo por ella. No, ya no más. Sería el mismo de siempre, hasta con Hermione. Mientras más lo odiara, mejor. Si no podía tener su amor, al menos tendría su desprecio.

Hermione se aseguró de que Draco estuviera fuera de la sección prohibida para poder sacar el papel arrugado en su bolsillo. Leyó con cierta repugnancia lo escrito por Lucius Malfoy y dejó caer la carta asqueada, mareada. Sus ojos marrones se llenaron de lágrimas de ira e impotencia, mas las contuvo. No, no lloraría más por él. Lo odiaba, y se encargaría de ser quien lo destruyera.
La voz de William resonó por el lugar.
- Ve a su habitación.
Hermione fijó sus ojos en él confundida.
- Qué?
- Entra a la sala común Slytherin y ve a su habitación. Hazlo el lunes, en la tarde.
La castaña quiso preguntarle el por qué de todo aquello mas no pudo, el holograma desapareció introduciéndose en las páginas del libro.
Respiró profundamente y tomó el papel del suelo metiéndolo en su bolsillo; algún día le serviría para hundirlo. Lágrimas corrieron por sus mejillas. Se detestó por no poder contenerlas ¿Cómo había llegado hasta aquel patético punto? Se sentía agonizar lentamente por dentro. Todo, completamente todo en su interior se había roto desde la noche en la cual lo vio convertirse en uno de ellos ¿Cómo había podido hacerle eso? ¿Cómo pudo jurar odiar y repugnar a los impuros cuando ella le dio todo lo que tenía? Por un breve instante sintió que era importante cuando estaba entre sus brazos, cuando él la tomaba con fuerza y la hacía suya siempre la hacía sentir relevante. Todo fue una mentira, una gran y asquerosa mentira. Probablemente hacía lo mismo con todas, y ella siendo la idiota de siempre había caído. Quería gritar, golpearlo hasta la muerte y luego escupir en su rostro. Por primera vez en su vida deseó con toda su alma tener las agallas para matar a alguien, solo así hubiera podido deshacerse de él para siempre. Era como una peste que se propagaba por todos sus sentidos y no la dejaban respirar ¿Hasta cuándo? ¿Hasta cuándo tendría que soportar tanta agonía?

Ginny aplaudió con fuerza mientras todos levan sus copas en el aire. La Sociedad de los Poetas de Babel festejaban la navidad en la madrugada. Todos sonreían mientras festejaban. Música clásica en el fondo del escenario le daba vida al lugar en donde los más talentosos escritores de Hogwarts pasaban una velada memorable. La pelirroja miró a Paul quien caminó hacia ella alejándose de un grupo de amigos.
- Vas a recitar tú esta noche.- dijo él sonriente.
- Qué?!- dijo ella casi atragantándose con la bebida. - No tengo mi carpeta aquí.
- Debes saberte alguno de tus poemas.- insistió él.
- Sí pero..
- Pero nada. Lo han decidido todos. No tienes otra opción.
Ginny rió sarcásticamente.
- Claro que tengo opción, no pueden obligarme.
Paul la miró sin retirar su media sonrisa.
- Haz lo que quieras. Pero no te quejes después de que los poetas se quejan de tu actitud. Ya va siendo hora que sepas que aquí todos, sin excepción, son bastante críticos.
Ginny miró a su alrededor y supo que lo que Paul decía era cierto. Humedeció sus labios y miró con ojos brillantes al Ravenclaw.
- Está bien, lo haré.- dijo ella sonriendo peligrosamente. - Pero tú me acompañarás a donde yo quiera cuando la reunión termine.
Paul quedó algo desconcertado ante la petición.
- Y a dónde iremos.
- Ya lo verás.- dijo ella mientras caminaba hacia algunas chicas que discutían junto a las velas flotantes del lugar.
El chico contuvo la respiración por varios segundos. La conocía lo suficiente como para saber que nunca nadie lograría concerla realmente. Era un enorme misterio lo que cruzaba por la mente de aquella exhuberante pelirroja. Hacía y deshacía, decía y luego contradecía; un día era algo, y el otro era un ser totalmente opuesto. Ginny tenía una mezcla explosiva de emociones, lo cual resultaba algo peligroso. Paul jamás había conocido a una mujer que sintiera tan intensamente como ella. En ocasiones, hasta tenía algo de temor por ella; sentir con la fuerza con que ella lo hacía podía resultar destructivo, y él lo sabía más que nadie. Sin embargo, ¿No era su propio reflejo el que estaba observando al ver a Ginny? La misma desesperación y frustración que ella poseía él la cargaba a cuestas. Tal vez la diferencia radicaba en que él sufría por lo que nunca había conocido, y ella por lo que había perdido.
La voz de Ginny en el micrófono pareció sacarlo de aquel trance en el que se encontraba. Aquel tono dulce y penetrante llegó a sus oídos como melodía fresca y pura; y es que así era ella, fresca y limpia de toda impureza. Incorrupta. Perfecta.

Todo está oscuro,
y en las tinieblas aspiro tu aroma;
fuerte,
asfixiante.
Cortas mi sangre y la absorves.
Tú, monstruo de la belleza,
Quieres que muera en brazos del odio
Y mi mente te huye
Mientras mi alma te clama.
Enciendes todo lo negro,
Tu voz parece de cristal
La serpiente que rodea mi cuello
Me dice que algún día te irás.
¿Te irás?
¿Te irías de mí para siempre?
Y si te vas, ¿te llevarías todo de mí?
Por favor hazlo,
Porque al mirarme al espejo solo veo tu reflejo
Insultante, vanidoso
Y en las tinieblas brillan tus ojos,
Fríos,
Mortíferos.
Y ya no me reconozco....
Ya no sé quién soy

Paul sintió como al aire se le escapaba de las manos y mientras todos aplaudían y corrían hacia ella para felicitarla, él permanecía estático, como si su cuerpo no pareciera querer responderle.
Era demasiado tarde;
Ya había quedado atrapado.



43.- Distancias y palabras sinceras

Draco clavó sus ojos grises en Hermione cuando ella salió de la sección prohibida. Sus ojos marrones le dedicaron una mirada fugaz y luego fue directamente hacia su maleta. Al sacar su pijama decidió esconderse tras una estantería para poder cambiarse. El aroma de su cuerpo llegó y despertó todos los sentidos del Slytherin. Tuvo que hacer grandes esfuerzos para no moverse de donde estaba. No tardó más que unos diez minutos. Al regresar tenía un calentador y un sueter que dejaba al descubierto uno de sus hombros. Se dirigió hacia su maleta y la abrió para meter en ella la ropa que había acabado de sacarse de encima.
Fue entonces cuando la pesadilla comenzó.

Un papel arrugado cayó al suelo junto a los pies de Hermione. Draco lo observó y bastó con unos segundos para que reconociera lo que acababa de caer de entre las ropas de la castaña. Sus ojos grises se fijaron con rabia en ella mientras caminaba y tomaba el papel ente sus dedos. Una vez comprobadas sus sospechas, sus ojos parecieron brillar con peligrosa ira contenida, la cual estalló contra Hermione.
- Qué hacía esto entre tus cosas?!- gritó él
La Gryffindoriana se mantenía firme, sin pronunciar palabra alguna. Aún no sabía qué decir. Un desconocido temor creció dentro de ella. Estaba sola, con un mortífago.
- Respóndeme!- gritó tomando el brazo de la castaña con fuerza y sacudiéndola.
- Suéltame!- gritó ella golpeándolo en la cara con todas sus fuerzas. - No vuelvas a ponerme un dedo encima!
Draco sintió su mejilla arder al igual que su sangre. Ya no lo soportaba más. No le iba a tolerar aquello ni un segundo más.
El Slytherin la empujó contra la pared haciendo uso de todas sus fuerzas. Por un instante ella creyó que iba a desvanecerse ante el golpe que había recibido cuando su espalda chocó contra las piedras frías de mármol. Al ver que seguía en pie y consciente notó que Draco la había aprisionado con su cuerpo, dejándola sin aire. Los ojos grises de la serpiente irradiaban llenos de ira y rabia mientras la miraba directamente a tan solo milímetros de distancia. Hermine podía sentir el dolor de su cuerpo ante la fuerza con la cual estaba aplastado contra la pared. Soltó un gemido de dolor mientras algunas lágrimas brotaron por sus ojos marrones.
- Te odio!!- gritó ella con fuerza
- Yo mucho más Granger!!- dijo él. - Debí haberte matado cuando pude, desde un maldito inicio debí haber apretado tu cuello entre mis manos y verte morir!
Sí, debió haberla matado en aquel preciso instante. Si lo hubiera hecho no estaría sufriendo como ahora. La odiaba. La odiaba por haberle hecho lo que le hizo, por haberlo enloquecido por ella. Quería destruirla, aplastarla como un insecto entre sus dedos. Él vendía su alma para ella y la maldita robaba sus cartas para hundirlo! Se merecía lo peor. Si no se hubiera acostado con ella, si nunca la hubiese escuchado! Cómo quería retroceder el tiempo! Sí, regresar a cuando él era frívolo, cuando no sentía absolutamente nada. Ella lo había hecho vulnerable. Ella tenía la culpa de todo.
- Vas a pagar en Azkaban Malfoy!! Tú y todas las serpientes asquerosas de tu casa! Lo juro! No descansaré hasta que así sea! Voy a destruirte! Voy a hundirte y cuando estés de rodillas voy a escupir sobre ti!- dijo con rabia mientras sollozaba.
- No antes de que me deshaga de ti sangre sucia!
Hermione dejó soltar un gemido más ante el dolor y la rabia que sentía en aquel instante. Draco se pegó más a ella mientras la castaña gritaba. Sí, que sufriera. Él quería que ella sintiera aunque fuera la mitad del dolor que él ahora estaba viviendo. Todos esos sentimientos lo estaban envenenando; odio, ira, deseo, rabia, amor, desprecio, lujuria ¿Qué era todo aquello sino su autodestrucción? Pues entonces ella se iría abajo con él.
El rubio cortó los milímetros que distanciaban sus labios y los unió en un beso poco sano. Su lengua penetró la boca de Hermione con rabia y desesperación mientras ella lanzaba otro gemido. Trató de empujarlo con todas sus fuerzas mas le fue inútil, lo único que conseguía era aumentar la intensidad del beso. Lo odiaba, y a la vez lo quería con todas las fuerzas de su alma. En su lucha por librarse de quien lo único que hacía era lastimarla, trató de levantar su pierna para golpearlo en su parte vulnerable, mas él fue más rápido e introdujo ambas rodillas en la mitad de sus píernas, obligándola a abrirlas y dejándola completamente imposibilitada de moverse.

Harry miraba al techo acostado en su cama. Había intentado domir, mas se le había hecho imposible. Sus pensamientos lo ahogaban hasta el punto de hacerlo sentir en un claustro infernal. Lamentó, como todas las noches, tener un solo nombre rondando su cabeza: el de Ginny Weasley. Era ella la única que podía acabar con aquella agonía infinita que estaba viviendo. Pasó una mano por su cabeza sintiendo el calor de la noche calar en sus huesos. Por unos breves instantes creyó sentir el aroma fresco de la pelirroja y su tersa piel bajo sus dedos. Era algo imposible. Al principio, su tonta vanidad le había dicho que lo que lo atraía a la Gryffindoriana era un simple capricho. Sin embargo, pronto había caído en la difícil realidad que lo envolvía; jamás podría sacársela de la cabeza.
¿Cómo olvidarla? ¿Cómo hacerlo cuando estaba en todas partes? Su cabello rojo sangre la diferenciaba de todas las demás.. El aire artístico que siempre la había envuelto lo volvía loco cada vez que la observaba y notaba ese reflejo perfecto en su pupila. Su intensa personalidad era tan solo otra de las tantas características que no lo dejaban seguir con su vida ¿Por qué no podía querer a Parvati? Ella era todo lo que cualquier hombre desearía, mas por alguna extraña razón él no. Sí, al notar que se estaba obsecionando con la hermana menor de su mejor amigo decidió poner algo de por medio, y para eso escogió a Parvati. Creyó estúpidamente que sería cuestión de tiempo para deshacerse del recuerdo de Ginny.
Qué imbécil había sido.
Desde el comienzo de su noviazgo las cosas no habían hecho más que empeorar. Ginny había entrado en una etapa de rebeldía incontrolable y preocupante. Él la conocía más de lo que nadie pudiera imaginar, y sabía lo sensible que podía llegar a ser. Harry supo desde un inicio que la noticia de su relación con Parvati heriría a la pelirroja profundamente, mas esperó que con el tiempo ella se olvidara de él y así ambos pudieran seguir con sus vidas. Las cosas no habían salido como él esperaba. La pelirroja se había alejado de sus amigos y cada día parecía descender a esa oscuridad que su soledad le proporcionaba. Hasta había entablado una amistad con un tipo que fue capaz de herir los sentimientos de una de sus mejores amigas. Llegaba tarde a la sala común, no presentaba las tareas, era constantemente multada y ya casi no pronunciaba palabra. Mas bien parecía permanecer en un mundo completamente ajeno al suyo. Las pocas ocasiones que sus miradas se encontraron, él pudo notar una barrera que le impidió ver más allá. Cierta ironía se veía reflejada en su rostro, y casi siempre, un destello de odio era directamente dirigido hacia él. Tal vez ella jamás lo comprendería, pero lo único que Harry quería era verla feliz; y con él nunca podría serlo.
Respiró profundamente y escuchó el ronquido de Ron a su lado, corroborando que se encontraba en un imperturbable sueño. Harry lo envidió. Volvió a fijar sus ojos verdes en el techo. Sí, ella lo odiaba ¿Y qué podía hacer él? Nada. Ginny actuaba de aquella forma para hacerlo sentir culpable, él lo sabía. Sin embargo Harry no se arrepentía de lo que había hecho. Tenía que de alguna forma alejarla de él. Ginny merecía alguien que pudiera brindarle seguridad, que la protegiera todo el tiempo y que estuviera con ella siempre. Él tenía aún que resolver demasiados problemas en su vida. La muerte de su tío no iba a quedar impune; tenía que matar a Voldemort ¿Cómo podría protegerla cuando el simple hecho de ser alguien importante en su vida ya era peligroso? No. Además, su lealtad hacia Ron era incorruptible. Deseaba con todas sus fuerzas poder dejarla ir, poder dejar de quererla como lo hacía. Sin embargo, se vio aquella mañana desafiando al Ravenclaw para que la dejara ¿Por qué tenía que importarle con quién andaba la pelirroja? ¡No! Tenía que serle indiferente todo lo que le sucediera! Mas por el contrario, si lo que Ginny estaba buscando era volverlo loco, pues bien, lo estaba consiguiendo. Sentía cómo ella se le escapaba de las manos, y riendo danzaba en el borde del abismo sin importarle siquiera el peligro que corría de caer. Lo estaba torturando.
La puerta de su habitación se abrió de un solo golpe y una rubia se lanzó sobre su cama llorando desesperada.
- Parvati??
- No está Harry! Es la una de una madurgada y ella no está!!- dijo sollozando. - Temo que esté con Paul...por merlín!!! Qué le está pasando a Ginny?!

Hermione dejaba correr las lágrimas por su rostro mientras sentía cómo su cuerpo, antes tenso, ahora se relajaba. No podía creer que aún después de todo lo que él le había hecho ella siguiera amándolo. Tan solo el simple contacto de sus labios y de sus cuerpos a prisionados había bastado para recordarle el profundo dolor que le había causado; aquella herida que solo puede ser hecha por quienes queremos.
Draco sintió cómo la rabia fue poco a poco abandonándolo, y todo fue reemplazado por aquel infinito placer que le producía el saber que la tenía entre sus brazos, forzada, pero al menos la tenía. Por aquellos breves segundos sintió que su constante sufrimiento se detenía repentinamente. Ella era un alivio. Su cuerpo entero temblaba al sentirla pegada a él. Fue en ese preciso instante cuando notó lo profundo de sus sentimientos hacia ella. Antes disfrutaba al tenerla, sí, pero nunca como ahora. Terminó por corroborar que nunca odiaría más a nadie que a Hermione Granger. Después de todo, solo se puede odiar a quien se quiere, y la intensidad de sus sentimientos hacia ella eran tan fuertes como el odio que crecía cada vez que la veía. Sus manos corrieron por sus cintura, subiendo por sus costillas y acariciando sus pechos, para luego terminar envolviéndolas en su pequeño cuello. Su beso se volvió más desesperado mientras su lengua profundizaba en la boca de la castaña. Quería apretar sus manos y acabar con la vida de quien había destrozado la suya. Y sin embargo, no podía hacerlo. Sin duda alguna, su devoción por ella superaba la rabia y el dolor que le producía el ser haberse transformado en su esclavo.
El beso terminó cuando él lentamente soltó sus labios de los de ella sin separar sus cuerpos aún. Hermione tenía sus ojos marrones fijos en él sin decir nada, aparecía ante él inexpresiva, con la mirada algo perdida. Soltó sus piernas dejando que éstas se asentaran nuev amente en el suelo y se separó ligeramente. Fue entonces cuando ella reaccionó: todo ocurrió en fragmentos de segundo. El Slytherin jamás vio cuándo ni cómo la castaña logró sacar su varita y apuntarlo mientras con ira contenida lanzaba una maldición prohibida hacia él.
- Crucio!- gritó mientras un rayo caía sobre el rubio y lo lanzaba metros adelante. Hermione lo había estado practicando mucho tiempo atrás. Sabía que por ser una bruja sin práctica en las artes oscuras su hechizo no sería tan potente como el de los mortífagos, sin embargo esperaba que fuera la suficientemente fuerte para causarle a Malfoy el mayor dolor de su vida.
Y así fue. Draco Malfoy jamás había experimentado en toda su vida un dolor tan grande como aquel. Sabía que el Crucio era incluso más fuerte, sin embargo, la rabia con la cual ella lo había lanzado le había dado cierto poder extra. Sentía todo su cuerpo retorcerse del dolor en el suelo mientras cerraba los ojos gritando. Una vez que el punzante sufrimiento fue cediendo, pudo poco a poco abrir los ojos sin fuerzas siquiera para levantarse y ver a Hermione parada frente a él. Sus ojos marrones brillaban llenos de lágrimas.
- Vas a pagar todo lo que me has hecho Malfoy, te lo juro.
Con esto dio media vuelta y caminó hacia la sección prohibida, donde durmió encerrada toda la noche.

El calor era insorportable. Aunque en las afueras estaba nevando, la calefacción dentro del castillo estaba demasiado potente. Ginny sentía las gotas de sudor caer por su rostro y rodar hasta su blusa blanca húmeda. Sus mejillas estaban arreboladas cuando a las cuatro de la madrugada se paró frente al retrato de la señora gorda.
- Pie de calabaza.- dijo y el cuadro se abrió.
No tuvo tiempo ni de reaccionar. Al entrar sintió una mano tomarla del brazo con extremada fuerza hasta llegar al punto de lastimarla. Ron la agitó mientras gritaba en histeria.
- Se acabó Ginny!!! Hasta aquí voy a tolerar todo esto!!!! Me escuchas?! Me escuchas?!!!! Ya no más!!!! Se terminó!!
Ginny lanzó una bofetada sobre su hermano con tanta rabia que hizo que él volteara la cara y retrocediera varios pasos. Se sostuvo el brazo que él había tomado notando de inmediato que un morado se formaría allí. El grito de Parv ati estalló.
- Ginny te has vuelto loca!!!!!- gritó sollozando. - Cómo pudiste pegarle a tu hermano??!!! Qué te está pasando Ginny!!!! Ya no eres tú!!!! No sé quién eres!!
- Nunca lo has sabido Parvati.- dijo ella reflejando vacío en su mirada mientras sus ojos miel enrrojecían de rabia y se humedecían llenos de lágrimas. - Déjenme en paz!!!
- Estás llegando al límite!!- gritó Harry por primera vez interviniendo. Sus ojos verdes brillaban con fuego intenso. - No te estás dando cuenta que la única que se lastima con todo esto eres tú?!!
- Tú cállate!!- gritó Ginny caminando hacia él y enfrentándolo. - Tú menos que nadie tiene derecho a intervenir! Te odio!
Aquellas palabras hirieron al moreno, pero más que eso fue la expresión de furia en su mirada lo que lo lastimó irremediablemente. Después de lo dicho, ella pareció sonreir con satisfacción al saber que lo que había expresado había tocado a Harry, era como si disfrutara de cada acto destructor que cometía.
Ya tendría tiempo para llorar y arrepentirse después.
Ahora solo quería desahogarse.
Parvati la tomó por el brazo obligándola a volverse y a quedar frente a frente con ella.
- Estabas con él no es así?!! Él tiene la culpa de todo esto yo lo sabía!!! Es demasiado existencial!! Te está arrastrando hacia todo esta negrura que te cubre!! Qué no comprendes que él no te quiere?? Solo te usa!!! Como lo hizo conmigo!
Ginny no comprendió por qué sintió tanta rabia al ver que hablaban así de la única persona que en aquel momento ella consideraba su amigo.
- Sabes cuál es tu problema Parvati?!! Que no puedes comprender por qué él sí logró sentir algo por mí y tomarme enserio cuando a ti no te vio más que algo pasajero. Te pediría de favor, que no volvieras a hablar así de él enfrente mío. Porque tu vanidad y egocentría me la he tragado todos los días Parvati! Pero esto, esto no.
Los ojos de Parvati se llenaron aún más de lágrimas mientras se quedaba ahí, estática. Ginny quería morirse en aquel preciso instante. Ella jamás la entendería. Nadie podría entenderla. Dio media vuelta y subió corriendo las escaleras dejándolos ahí, impactados.
Durante varios segundos nadie dijo nada. Parvati miró al suelo y Harry caminó hacia ella abrazándola, sintiendo que así tal vez, podría al menos consolarla.
Ron levantó la cabeza por primera vez desde el golpe y miró lleno de ira a sus amigos. La rubia trató de interceder por su amiga.
- Ginny está mal...tenemos que ayudarla...
- No.- dijo bruscamente el pelirrojo. Sus ojos parecían furiosos y a la vez decididos. Harry jamás en su vida lo vio tan firme en algún punto. - Ella ya no es más mi hermana.
- Ron!- dijo Parvati mas el pelirrojo caminó sin escucharla hacia las escaleras.
Aquellas serían las peores navidades.

Hermione despertó en el suelo de la sección prohibida. Sintió sus labios resecos y por ello los humedeció de inmediato. La luz del día penetraba por los cristales de la ventana anunciándole el nuevo día de Navidad. Su cuerpo adolorido le pidió a gritos una cama. Fue entonces cuando los recuerdos golpearon intensamente su cabeza.
Sí, le había lanzado una maldición a Draco. Ni siquiera podía reconocerse en aquel acto ¿Por qué había hecho algo semejante? Sin duda alguna él se lo merecía. Se había unido a los mortífagos....a Voldemort, jurando odiar a los impuros cuando ella le había entregado su cuerpo y lo más importante, su alma y vida entera ¿Cómo pudo traicionarla así? Durante todo aquel tiempo se había engañado falsamente diciéndose a sí misma que lo que sentía hacia él era odio y nada más, sin embargo, la noche anterior había caído en la patética realidad de que estaba enamorada de su peor enemigo. Draco se lo había recordado, y por ello, lo había lastimado de la peor forma que se le ocurrió en aquel momento. Sí, quería que él sufriera, ahora lo único que quería era verlo aplastado. Frías lágrimas corrieron por sus mejillas.
No siente nada...él no siente nada! se dijo mientras sollozaba y apretaba sus manos en un puño. Eres una tonta, una tarada! Él no te quiere...
¿Cómo no lo había notado desde un principio? Sus ojos fríos se lo decían todo el tiempo! En el fondo ella tenía que haber sabido que él jamás la querría ¿Por qué se había autoengañado de aquella manera? Lo único que logró fue lastimarse terriblemente. Ahora solo podía sentirse agonizando en un dolor perpetuo. Desde el día en el cual lo vio convertirse en uno de ellos todo habían cambiado. Todas las noches tenía pesadillas en las cuales ella huía en la bosque y al final Draco la apuntaba con su varita lanzando la maldición Avada Kedavra.
- Buenos días Hermione.- dijo William llamando su atención. - Por qué esas lágrimas?
Hermione se secó las gotas que caían por sus mejillas y se levantó sin decir nada. William la observó caminar hacia la puerta y salir. Al final sonrió.
Solo él sabía cómo iba a terminar todo aquella historia.
Cuando Hermione salió observó nuevamente el desayuno puesto en la mesa para ella. Draco estaba ya vestido y se encontraba sentado en el marco de la ventana. Sus ojos grises huecos se fijaron en ella. Hermione jamás sintió una mirada tan fría e inexpresiva como la que le dedicó en ese preciso instante.
- Come, y luego vístete.- dijo él con voz neutra. - Regresaremos al pasado lo más pronto posible.
Con esto Draco se levantó y caminó directamente hacia ella. Por un momento la castaña creyó que le haría algo, sin embargo se limitó a cruzar por su lado sin decir nada y entró a la sección prohibida dejándola sola.
Lágrimas volvieron a correr por el rostro de la Gryffindoriana meintras caminaba hacia la mesa. Se sentó y respiró profundamente.
- Feliz Navidad, Hermione Granger.

Ginny abrió los ojos y sintió cómo la realidad golpeaba su rostro con una fuerza espeluznante. Sí, había abofeteado a su hermano y gritado a Parvati ¡Cómo odiaba su carácter explosivo! ¿Por qué tenía que ser tan impulsiva? ¡Pero es que ellos ya se estaban pasando de la raya! Había llegado a su límite. Se pasó una mano por su cabello rojo y miró el reloj que marcaba las diez de la mañana. Todos debían estar desayunando abajo y abriendo los regalos.
- Ni loca bajo.- se dijo mientras se cubría con la cobija.
Tenía que pensar en algo. No quería pasar Navidad junto a Ron, Parvati ni mucho menos junto a Harry. Bien podía quedarse en su cuarto el resto del día. Sí, esa era una buena idea. Podía escribir y escuchar música. Por primera vez aprovecharía su soledad para descargar toda la rabia que la estaba intoxicando. Ella se merecía aquel tiempo a solas. Después de lo que había sucedido la noche anterior dudaba que ninguno de sus amigos la buscara así que el plan era perfecto. Sintió un dolor en el pecho.
Estaba sola.
En realidad lo había estado desde el noviazgo de Harry con Parvati. Sabía que ya las cosas no podrían ser iguales. Lamentaba profundamente que su amistad con la rubia se viera afectada, pero le resultaba imposible seguir como antes cuando nada era como solía ser. Ginny podía ser de todo, menos hipócrita. Prefirió alejarse y dejar que los demás sean felices, ya que ella no lo era. Por el momento lo único que ella podía darles era problemas, por eso era mejor que se separaran ¿Cómo soportar ver a Harry abrazando a Parvati? ¿Besándola? Era más de lo que podía tolerar. Pudo sentir las lágrimas llegar a sus ojos y querer salir, mas las contuvo y con ira lanzó la almohada contra la pared. Se metió la cobija en la boca para contener un grito de auxilio.
Nadie podría ayudarla.

Lavander le quitó el libro a Luna y lo cerró bruscamente dejándolo sobre el cesped. Parvati parecía sumamente angustiada y no notó el gesto que su amiga tuvo. Las tres chicas se encontraban sentadas bajo el gran roble en aquella mañana. El desayuno había estado completo mas casi nadie había comido. Parecía que aquella Navidad todos habían perdido el ánimo. Tenían razones de sobra.
- Estaba leyendo..- dijo Luna inocentemente mientras parpadeaba algo perpleja.
- Estamos hablando de algo importante!!- dijo Lavander llamando la atención de la rubia. - Vives en otro universo!
- Ah??- dijo Luna confundida.
- Ah estás volada!!! Ginny! Hablamos de Ginny!
Lavander se rindió y sostuvo su cabeza con ambas manos tratando de tranquilizarse.
- Creo que si ella quiere estar sola debemos dejarla.- dijo Luna. - Es su decisión.
- Me preocupa demasiado.- dijo Parvati por primera vez interviniendo en la conversación. - Ginny no es así, desde que se juntó con Paul todo este asunto ha sucitado inesperadamente. Me angustia pensar que ella podría sufrir a su lado.
- Por qué dices que va a sufrir?- dijo Luna con voz suave.
- Porque Paul no la quiere.- dijo Parvati como si fuera lo más obvio. - Lo conozco, es del tipo que no puede mantener un a relación estable. Además, es bastante existencialista, tiene cosas raras en la cabeza.
- Y eso qué tiene de malo?- inquirió la rubia.
- Ah Luna!! Eres tan inocente!- dijo Lavander.
- Es que no entiendo cuál es el problema.- dijo Luna. - Parvati, no crees que es posible el que Paul de verdad sienta algo por Ginny?
Parvati se quedó en silencio. Aquella posibilidad ni siquiera había cruzado por su mente. No, simplemente eso no podía ser. Tal vez era aquella egocentría que nutría a la Gryffindoriana lo que no la dejaba ver más allá de sus narices. Siempre se había creído la sobresaliente en su grupo de amigas y de cierta forma siempre había sido ella quien llevaba las riendas. Hermione era antisocial y la cerebrito del grupo, Luna tímida y reservada, Lavander parlanchina y alocada, Ginny cambiante e impredescible; por el contrario, Parvati era la más popular y bella de Gryffindor, sin contar el que siempre había tenido esa actitud de líder y de perfecta amiga. Su vanidad le impedía creer aquello de que Paul, habiendo sido su novio, se hubiera enamorado de Ginny y no de ella en su debido momento. Aquello sería como admitir, que la pelirroja de cierta manera la superaba y eso no cabía en su mente. Se sintió un poco culpable ante tal pensamiento. Por supuesto que la pelirroja no era inferior a ella; era de sus mejores amigas. Entonces, ¿por qué no había considerado antes la opción de que él se hubiera enamorado de ella? No, ya no podía quedarse más pensando en aquello. Paul no podía haberse fijado en Ginny, no cuando ella era más bella y tenía más personalidad. Cualquiera que estuviera en la mente de Parvati hubiera creído que la rubia seguía sintiendo algo por el Ravenclaw, mas la realidad era una completamente distinta. Se trataba de que ahora veía su vanidad cruelmente herida. No podía quedarse más tiempo c on la duda, tenía que hablar con él.
- Parv!! Mira quién va allí!- dijo Lavander señalando al campo.
La Gryffindoriana fijó sus ojos avellana en el castaño que caminaba con algunos libros en brazo. Era su oportunidad.
Antes de que sus amigas pudieran detenerla se levantó y caminó directamente hacia donde el Ravenclaw estaba. Su aire de misterio como siempre lo envolvía y muchas chicas que se encontraban alrededor suspiraban tratando de imaginar cómo sería estar junto a él. Todas se pusieron celosas al ver a la Gryffindoriana dirigirle la palabra.
- Hola necesito hablar contigo.- dijo ella bruscamente.
Paul fijó sus ojos verdes en la rubia y con su mismo gesto inexpresivo respondió.
- Veo que no has perdido tus modales Parvati. Sé de lo que quieres hablar, de hecho, me sorprende que no hayas venido antes.
- Mira no estoy para rodeos. En cuanto a mis modeles creo que no esperabas que te preguntara cómo estabas o algo por el estilo no es así? Bien sabes que a mí las hipocrecías no me van.
- No entiendo por qué tienes que ser tan agresiva. Yo no lo estoy siendo contigo
La Gryffindoriana sabía que era cierto. Incluso, en el momento en el que él la dejó, siempre fue amable. Sin embargo ella se había empeñado en ser arisca con él. Tal vez era también por su orgullo y vanidad.
- Mira, te voy a poner los puntos muy claros Paul. Ginny es una de mis mejores amigas y voy a defenderla de ti cueste lo que me cueste. Si le haces daño, voy a sacarte los ojos y se los daré a los cuervos. Haré que sufras por el resto de tu patética y antisocial vida.
Paul no pudo evitar soltar una risa algo irónica. Trató de organizar sus ideas antes de hablar, no quería decir algo que fuera demasiado iriente hacia la rubia.
- Parvati, entiendo tu preocupación. Creo que me conoces lo suficiente como para saber que no miento, soy bastante honesto así que diré lo salga de mi boca y perdóname si con ello te ofendo; preferiría cortarme ambas manos antes que lastimar a Ginny.
La rubia se quedó impactada. Sí, lo conocía bastante, lo suficiente como para saber que aquellas palabras jamás habían salido de su boca para alguien anteriormente. Los ojos verdes de Paul estaban fijos en ella, y al momento de haber pronunciado el nombre de la pelirroja, parecieron encenderse con una viva pasión.
- Qué es lo que quieres entonces con ella?- preguntó Parvati.
- Si te refieres a lo que siento por ella, es muy fácil; la adoro, es mi vida.- respondió él, como si fuera algo que se dijese todos los días. - Alguna otra pregunta?
Ella no pudo respirar por varios segundos.
- Tú no quieres a nadie Paul. Eres un queminportista que se pasa con sus libros en cosas extrañas y fuera de este mundo. Vives en otra realidad que no existe y te quieres llevar a Ginny, quien es muy voluble, contigo. Aprovechándote que es una persona débil de carácter.
Paul rió tristemente.
- Me da lástima escucharte. Dices que es tu mejor amiga, y no la conoces para nada.- dijo él abruptamente. - Voluble? Débil de carácter? Ginny es la persona más completa que he conocido en esta vida. Ahora, puedo entender el que me veas de la forma en la cual me describiste, y también comprendo que la veas a ella de esa forma, porque eres diferente a nosotros. Parvati, lo siento pero eres demasiado superficial como para entender algo de todo esto. Ni siquiera lo intentes.
- Quién eres tú para decirme todo esto?! Tú no sabes nada! Estoy con Ginny seis años y en un mes crees saber más de ella de lo que yo?? Y ahora me dices que yo soy superficial y que Ginny no, y que por eso no puedo entender nada! Me comparas con ella??
- No quise menos preciarte, si a eso te refieres.- dijo él honestamente. - Ser superficial, no es en si algo malo pero te estoy diciendo la verdad. Dudo mucho que te importe lo que yo piense de ti así que te repito lo que realmente te importa. Ginny está en mi cabeza día y noche, cada minuto, cada segundo; es lo que me inspira todo el tiempo. Sé muy bien que ni tu, ni tus amigos quieren que yo esté a su lado, pero escúchame bien Parvati, porque solo lo repetiré una vez: te respeto, pero si interfieres, no me va a importar en lo más mínimo pasar sobre ti. La única manera en la cual yo podré alejarme de Ginny será que ella me lo pida.
Con esto Paul dio media vuelta y caminó hacia el castillo, dejando a Parvati humillada y sintiéndose por primera vez en su vida, celosa por no acaparar toda la atención.

Hermione se levantó del suelo con algo de dificultad. Se sentía mareada y algo confundida. Al pincipio ni siquiera pudo precisar en qué lugar se encontraba, mas pronto notó que estaba amaneciendo, y que estaba en el cuarto de Xavier.
Isabella se había despertado minutos atrás por la lluvia que golpeaba los cristales de la ventana, mas había permanecido quieta y con los ojos cerrados, tan solo sintiendo el olor a humedad y frescura que la llovizna le traía. Sin embargo, así de repente, se estiró tratando de sacar el cansancio de su cuerpo y al hacerlo topó con su mano derecha el cuerpo caliente que se encontraba a su lado. La impresión fue tan grande que se sentó bruscamente en la cama y al recordar en dónde se encontraba se tapó la boca.
Por suerte Xavier no despertó, seguía en un profundo e imperturbable sueño. La castaña suspiró y se recostó nuevamente con precaución. Estaba a punto de volver a quedarse dormida cuando sintió el calor de una mano sobre su abdomen. Abrió los ojos bruscamente y notó que el rubio la observaba con sus ojos grisáceos algo suspicacez.
- Qué haces despierta tan temprano?- preguntó él con una voz algo ronca.
- Me despertó la lluvia.- dijo ella retirando la mano de Xavier fuera de su estómago.
- Eres una masoquista.- dijo él mientras cerraba los ojos nuevamente. - Nadie se levanta a ésta hora.
- Tú lo estás no es así?- dijo ella audazmente.
Xavier rió y se sentó en la cama restregándose los ojos. Sus cabello rubio despeinado, cayendo perfectamente sobre su frente lo hacía ver como un Dios. Isabella no pudo dejar de sonrojarse al ver que el rubio no cargaba camisa, por ello volteó la mirada sintiéndose bastante incómoda.
- Tú me levantaste.- dijo él finalmente.
- Ahora es mi culpa..
- Sí. Nunca he dormido con alguien que se moviera tanto ¿Así eres siempre o es solo porque sigues nerviosa?
Isabella abrió la boca pero las palabras no salieron hasta segundos después. Una grandiosa idea se le había ocurrido.
- Yo no estoy nerviosa.- dijo ella fingiendo tranquilidad.
Para Xavier aquello de intimidarla se había vuelto en un placer extasiante que no podía abandonar. Quería contenerse y dejarla en paz, pero no podía; disfrutar de aquella inocente pureza era demasiado tentador.
Isabella tenía su cabello regado por la almohaba mientras cerraba los ojos tiernamente. El rubio sonrió y se acercó hasta hundir su cabeza en el cuello de la castaña, absorviendo aquel aroma exótico que había estado aspirando toda la noche. La primera reacción de la chica fue empujarlo, pero eso duró menos de dos segundos; la risa terminó venciéndola.
- Me haces cosquillas!- dijo ella riendo al sentir la respiración del rubio directamente en su cuello.
- Lo siento, no puedo evitarlo; hueles demasiado bien.- dijo mientras aspiraba su aroma con más fuerza. Isabella rió más.
Xavier nunca tuvo más ganas de llenarla de besos como en aquel instante. El simple hecho de que ahora, en lugar de reclamar estuviera riendo, le decía nuevamente que quien estaba a su lado era una niña con cuerpo de mujer. Y sí, la inocencia era lo que la mantenía pura de todo. En aquel momento recordó a Carmen, ¡Cuán distintas eran!
Sus delicadas manos lo empujaron lejos mientras ella aún permanecía riendo sobre la cama. Era hermosa, ¿Por qué no lo había notado antes? Sí, tenía algo que la había brillar de una forma especial. Una vez que se tranquilizó, Isabella fi