JAMES vs. HARRY - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

CAPÍTULO 1: UN MAL HECHIZO
-Te juro que voy a matar a Quejicus. Si no fuera porque es el último año y Dumbledore ya nos ha amenazado con echarnos, lo mortificaría hasta que se le cayese la grasa del pelo.

-¿Hablando de Snivellius, Sirius?-preguntó Lily cuando llegó a ellos cargada de libros- Hola James - saludó a su novio con un beso suave en los labios.

-Yo también quiero- dijo Sirius poniéndole los labios a Lily, mientras ésta le seguía el juego. Pero acto seguido tenía un libro clavado en la cabeza, obra de su mejor amigo.

James, Sirius y Lily siguieron caminando hacia el aula de transformaciones comentando la última jugada de Snape, que había hecho perder a griffindor 30 puntos tras provocarles en la clase de pociones.

-Se va a enterar ese ahora. Vamos a recuperar los treinta puntos en transformaciones. No hay nadie que nos gane a mi cornamenta y a mí en transformaciones- afirmaba Sirius mientras pasaba el brazo por encima de su amigo- ¡Eh, Remus! ¿Dónde te has metido? ¡Ah! Ya veo- comentó con una sonrisa diabólica cuando vio a Remus venir con Andrea, una chica de griffindor de su mismo curso- Srta. Markins- Sirius hizo el ademán de un saludo propio de la corte de Luis XIV

-No seas payaso Sirius- comentó Andrea, mientras la profesora McGonagall salía para pedir a sus alumnos que entraran en clase.

-No lo puede evitar-comentó James al pasar al lado de su amiga

Efectivamente Sirius y James recuperaron los treinta puntos perdidos, pero con mucha mayor dificultad con la que se los había quitado. McGonagall era muy estricta y les costó recurrir a sus conocimientos de animagos para impresionarla. Cuando salieron de clase estaban contentos e iban bromeando camino del comedor. Lily iba hablando con su amiga Andrea, una chica de pelo largo y moreno con unos ojos tan negros y profundos como el corazón de Snape (según solía decir Sirius). Lily le iba proponiendo una broma para Snape, ella era la prefecta, la niña buena que no se sabía cómo había ido a para con el cabecilla de los merodeadores; sin embargo, ella era tan poco aficionada a las normas como su novio, bueno, tanto no, pero le encantaba hacer sufrir a slitherin, siempre que tuviera un motivo.

-Deberíamos hacerle algo que le hiciera sufrir de verdad. Estoy harta de que pretenda dejarnos en ridículo delante de todos los profesores.

-¡Sí!- decía Andrea muy animada- ¡Dejémosle en ridículo delante de todos!- una sonrisa perversa cruzó su cara, pero se convirtió en una mueca de asco cuando oyó la voz de Snape.

-¡Vaya, vaya! ¿Dónde van las dos sangres sucias sin sus guardaespaldas?- dijo Snape forzando una sonrisa, sin darse cuenta de que a sus espaldas estaban James, Sirius y Remus.

Sirius tuvo que agarrar a James y a Remus para que no se lanzasen hacia Snape, le resultó raro porque ese papel debería haber corrido a cargo de Remus, pero se había acostumbrado a que cuando insultaba a Andrea, Remus perdiera el control tanto como lo hacía James con Lily. Además, deseaba fervientemente ver a Snape ridiculizado por Lily.

-¡Cállate, Quejicus!-fue la fría contestación de Lily.

-No te pongas chulita conmigo, asquerosa sangre sucia.- Dijo Snape cargado de odio mientras se acercaba a Lily con cara de asco.

Lily sacó su varita y apuntó a Snape. Andrea fue a ayudar a Sirius a agarrar a James que estaba desesperado por soltase y machacar a Snape. Gritaba cosas como si la tocas te mato, pero Snape estaba muy concentrado regodeándose en maldecir a Lily. Para su desgracia, Lily era excelente en encantamientos y muy hábil con la varita, así que antes de que se diera cuenta, Snape estaba atado y colgado de la lámpara del pasillo, mientras todos se reían a su alrededor. James se lanzó hacia Lily y la abrazó, después se giró para ver a Snape y le apuntó con la varita.

-Ni se le ocurra, James Potter. Él me ha provocado y yo me he defendido. Si usted abusa de alguien indefenso tendré que quitarle algunos puntos.

Lily reía ante el comentario que acababa de hacerle a James. Dejando a Snape colgado de la lámpara se dirigieron al comedor, mientras Sirius no dejaba de decirle a James lo mucho que quería a su novia. La mejor, Cornamenta, no te podías haber echado una novia mejor Ay, cómo te quiero y le daba un beso en la mejilla mientras James intentaba apartarlo del camino y todos los demás se reían.
Ya en el comedor reían animadamente. Snape entró media hora después acompañado del jefe de la casa slitherin que habló acaloradamente con McGonagall. Ésta le dirigió una mirada seria a los merodeadores que agacharon sus cabezas en los platos que tenían delante. La profesora McGonagall apareció detrás de Lily con los labios muy finos, lo cual no era nunca buena señal.

-Srta. Evans - Lily se giró para ver a su profesora - Mañana la quiero en mi despacho para cumplir su castigo. No me esperaba algo así de usted, debería mejorar su compañía- dijo mirando de soslayo a James y Sirius que sentados frente a ella comían sin mirar a McGonagall a la cara, no fuera a ser que se ganaran otro castigo, que sería el tercero en la primera semana de clases.

Al día siguiente, Lily llegó muy cansada a la sala común después de su castigo, el primero de la temporada llegó diciendo antes de tumbarse en el sofá junto a James. Todos estaban esperándola y cuando entró una enorme sonrisa cómplice se dibujó en sus caras.

-Lily, te necesitamos.- empezó diciendo Sirius.

-Ya lo sé Sirius, yo también te quiero- respondió ella con ironía, mientras todos se rieron.

-No, en serio, cariño- siguió James- te necesitamos para la venganza de Snape.

-Ya me vais a liar y al final me voy a ganar el segundo de la temporada. Os lo tengo dicho, no me metáis en vuestros líos que soy prefecta.

-Remus también es prefecto- atacó su amiga Andrea- y es el artífice de la historia

Lily alzó una ceja y miró a Remus que se escondía tras un libro. Siempre hacía lo mismo, ponía su cara de niño bueno, soltaba la idea y dejaba que los demás las llevasen a cabo.

-Venga- dijo Lily resignada- ¿En qué consiste?

-Pues verás- empezó Sirius- cuando estabas en el castigo y a lunático se le ha ocurrido la idea, Cornamenta y yo hemos ido a la sección prohibida con la capa y hemos sacado este libro- Sirius le mostró camufladamente un libro muy viejo titulado hechizos para jugar con el tiempo. Lily los miró sorprendida, jugar con el tiempo era algo muy peligroso.

-Y hemos encontrado esto- James le quitó el libro, buscó una página y se la enseñó a Lily.

-¿Os habéis vuelto locos, verdad?, definitivamente, quiero decir. Y tú Remus- a Lily le estaba saliendo la vena autoritaria- ¿Cómo se te ocurre? Es el hechizo más difícil que he visto en mi vida y el más peligroso.

-No exageres- dijo Andrea- Eres la mejor en encantamientos que ha pasado por este colegio, según el propio Flitwick. Seguro que no pasa nada.

-Vamos Lily, - la animó James acurrucándola entre sus brazos y poniendo cara de bebé- imagínate a Snivellius con tres añitos correteando por ahí, tan inocente- James miraba a un punto imaginario lleno de falso orgullo.

-Está bien- terminó aceptando Lily.- dame ese libro, tengo que estudiarlo todo esta noche. Mañana por la tarde podremos hacerlo si todo va bien.

En la hora de la comida Lily no dejaba de ojear sus notas. Había pasado toda la noche despierta estudiando el hechizo para que nada saliera mal. Había probado durante el recreo con una rata de transformaciones y la había convertido en un pequeño bebé de rata sin pelo y muy gritón. Con la idea de Snivellius de pequeño, levantó sonriente la cabeza de sus pergaminos y les dijo a sus amigos que todo estaba listo. Sólo tenían que preparar el sitio y cómo llevar a Snape.

-La logística déjanosla a nosotros- dijo Sirius metiéndose un gran pedazo de pollo en la boca- Está todo planeado. Remus y Andrea te ayudarán en la clase de encantamientos en todo lo que necesites. Peter se encarga de la puerta, de avisar si viene alguien y Cornamenta y yo- reposó su cabeza cubierta de una preciosa melena de pelo negro sobre el hombro de su amigo que sonrió graciosamente- lo engañamos para que nos siga.

-¿y si no va?- preguntó acertadamente Andrea.

-Pues lo paralizamos, lo atamos, lo dormimos... Eso es lo de menos- dijo descuidadamente James.

Esa tarde después de las clases, Remus, Andrea, Lily y Peter se metieron bajo la capa de invisibilidad de James y se dirigieron al aula de encantamientos. Los tres primeros entraron dejando a Peter en la puerta que tendría que avisar si venía algún profesor y dejarles a James y Sirius el campo libre para cuando llegaran con Snape.

-Necesito absoluta tranquilidad- dijo Lily a Andrea y a Remus, que tenía su varita sacada y la capa de James en las manos, dejando a la vista solo la mitad superior de su cuerpo- Si ese bichejo llega con la boca abierta, quiero un silencio- refiriéndose al encantamiento- antes de que pueda decir nada.

-No te preocupes Lily, yo me encargo de eso- dijo Andrea sacando también su varita.

-Esto es un poco peligroso-dijo Lily con voz más grave- Espero que salga bien.

Sirius y James entraron con Snape atado por cuerdas mágicas y nada más abrir la puerta, Andrea hizo su trabajo y por mucho que Snape movió la boca, ni un sonido salió de ella. Lily estaba en el centro del aula, con los ojos cerrados y una mueca de concentración. Detrás de ella sus cuatro amigos la miraban preocupados, intercambiando miradas significativas que llevaban a pensar si realmente estaban haciendo lo correcto.

Estuvo concentrándose diez minutos mientras todos empezaban a incomodarse pero no abrían la boca, James era el más preocupado ¿y si le pasaba algo a ella?. Snape miraba a Lily atemorizado pero no se oía ni un ruido en la habitación, los chicos empezaron a respirar más despacio para no interrumpir la concentración de la prefecta.
Lily abrió los ojos, levantó su mano e hizo el movimiento que tanto había practicado desde la noche anterior. Abrió la boca y sus labios se movieron pero ninguno de los que estaban allí pudo oír lo que había dicho, en su lugar la voz chillona de Peter atravesó la puerta.

-¡VIENE MCGONAGALL!

De repente todo se volvió de un blanco luminoso, miles de imágenes pasaron delante de sus ojos. Se llamaban entre sí pero no podían oír su propia voz. Unos segundos después que se les habían hecho extremadamente largos, se vieron tirados en el aula de encantamientos.

-¿Cómo estáis?-Preguntó James jadeando. Todos sus amigos contestaron excepto Lily -¿Lily? ¿LYLY?

James se levantó y desesperado buscó a su novia hasta encontrarla tirada en el suelo agarrada con fuerza a su varita. Estaba agotada, a penas podía moverse.

-Lily, cariño, ¿cómo estás?

-No está- contestó y James buscó preocupado la mirada de Sirius- Snivellius no está- siguió con mucha dificultad.
Hasta ese momento no se habían dado cuenta de que Snape no estaba. Sólo habían llegado Sirius, Remus, que ayudaba a Andrea a levantarse, James y Lily, todavía muy cansada, apoyada en los brazos de su novio

-Esto no tiene buena pinta- dijo Remus mirando a su alrededor- Como hayamos perdido a Quejicus ya podemos despedirnos de los EXTASIS.

-VOY A MATAR A COLAGUSANO- Gritó Sirius intentando descargar toda su ira.

Se sentaron en las mesas que los rodeaban y se miraban preocupados pensando qué harían para traer de vuelta a Snape.

-¿Y si lo hemos perdido en el tiempo?- preguntó Andrea muy preocupada- ¿Y si ahora está por ahí perdido en otro tiempo?

Sirius miró disimuladamente a James con media sonrisa. No estaba del todo mal tener a Snape por ahí perdido en una época que no era la suya. Podía haber caído en la edad media y que lo persiguieran los muggles para llevarlo a la hoguera. James captó los pensamientos de su mejor amigo y sonrió tímidamente, pero bajó la cabeza para que Lily no lo viera riendo en una situación tan delicada.

-Quizá deberíamos echar un vistazo fuera- dijo finalmente James cuando recuperó la compostura- a lo mejor solo lo hemos mandado a otro sitio. Dame la capa, Remus, no quiero que McGonagall nos pille antes de tiempo.-Remus le tendió la capa que llevaba en la mano- ¿Vienes conmigo, Lily?

James y Lily salieron del aula bajo la capa de invisibilidad. Los pasillos estaban vacíos, no había ningún rastro de Peter y tampoco de McGonagall, y lo peor. Snape no aparecía por ningún lado. James miró a Lily que caminaba muy preocupada metida en sus pensamientos. Un horrible arrepentimiento se apoderó de él, si los expulsaban Lily nunca podría trabajar en Gringotts y siempre había soñado con hacerlo, desde que pisó por primera vez el banco mágico. Se dirigieron a la torre griffindor para buscar a Peter y que él les contara lo que había ocurrido. Cuanto más se acercaban al retrato de la Sra. Gorda, más alumnos de griffindor encontraban, charlando animadamente en grupos, entrando y saliendo a través del retrato.

-¿Ves a Peter?- susurró James al oído de Lily.

-¿Conoces a alguno de estos?- le preguntó ella mirándole con cara muy preocupada.

James negó con la cabeza y una extraña sensación invadió su cuerpo. Pasaron junto a un grupo de dos chicas y dos chicos que hablaban junto a la puerta del retrato y Lily notó que la capa había rozado a uno de ellos que buscó sin éxito algo a su alrededor.

-Creo que me estoy volviendo loco- afirmó James cuando estuvieron en la sala común, lejos de todos los alumnos- Creo que he oído a una chica de ahí fuera decir que sólo queda un merodeador. ¿Qué crees que significa?

Los peores presagios hicieron presa en la pareja que se miró muy preocupada en la escalera que llevaba a sus dormitorios, donde no había nadie.

-No nos habrán expulsado a todos menos a Peter, ¿verdad?- Preguntó Lily con la voz llena de angustia.

Un chico bajó las escaleras proveniente de la parte de los chicos. Parecía estar en quinto o sexto, Lily, que estaba de frente a él lo miró intrigada, pues no le sonaba nada la cara. James seguía mirando preocupado a su novia y no se fijó en quien era.

-Potter, Snape te estaba buscando- dijo el chico al pasar rápidamente al lado de la pareja.

Ambos respiraron aliviados. Si Snape no estaba perdido, Dumbledore no los expulsaría. Sabía que eran los mejores alumnos. James y Lily eran premios anuales, no podía expulsar a dos premios anuales.

De la mano y con la capa escondida bajo la túnica, atravesaron la sala común sin llamar mucho la atención de sus componentes, aunque ellos estaban sorprendidos al ver que no conocían a nadie ¿Habremos perdido la memoria? se preguntaba James mientras salía a través del agujero del retrato. El ajetreo de fuera había desaparecido y en la puerta solo había un grupo de chicos y chicas de griffindor.

-Ey, ¡Canuto!-exclamó James al ver a Sirius- No te lo vas a creer.

N/A: Hola a todos, tenía ganas de escribir sobre los merodeadores, de hecho tengo el primer capítulo de otra historia íntegra de ellos, pero no me lanza a escribirlo. Para los que estéis leyendo "HP y la antorcha de la llama verde" no pienso dejar de escribirlo, a no ser que me lo pidais claro. pero la verdad es que ahora es cuando se pone más interesante (ah! gracias por los reviews), bueno pues eso, que pronto estará el siguiente capítulo.
MUCHOS BESOS Y DEJAD R/R
CAPÍTULO 2: PRACTICANDO DEFENSA.
-Harry, cariño, llevamos una semana de clase y ya nos has traído aquí cuatro veces. No te das cuenta de que necesitas un descanso.
-Ginny, desde que cumplí los diecisiete llevo practicando en casa defensa con Lupin, no quiero perder la práctica. Si no queréis venir lo decís y ya está.
-No es eso, Harry- intercedió su mejor amiga, Hermione Granger- es que este año tenemos los EXTASIS y encima esa vena que te ha dado por la defensa. Nos dejas agotados.
-Esa vena ¿dices?- preguntó un poco enfadado- ¿crees que practico defensa contra las artes oscuras por gusto? ¿crees que estuve el año pasado dando clases especiales de transformaciones y defensa por amor al arte?
-No te enfades- dijo su amigo Ron echándole un brazo por encima- Sabemos por qué lo haces y te echaremos una mano. ¿verdad?- miró inquisitivamente a su hermana y a Hermione que aceptaron con la cabeza.
Unos minutos después estaban en el aula de transformaciones haciendo un duelo dispar. Ron, Hermione y Ginny lanzaban hechizos y maldiciones contra Harry que se defendía con habilidad y destreza. Los tres compañeros eran muy buenos con la varita, pero nada en comparación con Harry que había pasado su sexto año trabajando duro con su profesora de defensa contra las artes oscuras, una aurora que lo preparó bien para poder enfrentarse a Voldemort con más oportunidades de salir vencedor. Tras dos horas de intensa lucha, Ginny se tiró al suelo y con un movimiento de varita hizo aparecer una bandera blanca ondeando sobre su cabeza. Harry empezó a reír por la ocurrencia de su novia y se arrodilló junto a ella, dándoles a sus amigos unos segundos para respirar.
-¿Estás cansada?- le dijo antes de besarla suavemente. Ella sólo pudo hacer un movimiento con la cabeza- Espera un momento.
Se sentó a su lado, cerró los ojos y se concentró. Hermione y Ron lo miraban aburridos, estaban un poco cansados de esos preliminares antes de hacer un hechizo sin varita. Sabían que Harry necesitaba mucha concentración para lograrlo y que quedaba bastante agotado, aunque ya había mejorado mucho desde que empezó a practicarlo en sexto, cuando descubrió que era capaz de hacerlo.
-Accio botellines- dijo después de unos minutos de concentración y cuatro pequeñas botellas tapadas con un corcho flotaban justo delante de él- Tómate esto. Y vosotros también,- dijo pasándoles dos botellas a sus amigos.
-¿Qué es?- preguntó Ginny con desconfianza mirando la botella y luego a Harry.
-Es una poción revitalizante, mezclada con una cicatrizante- le señaló el labio por el que Ginny sangraba un poco.
Ninguno de los tres abrió la botella, a pesar de que después de esa información debían haberla estrujado hasta la última gota, para volver a recuperar su fuerza.
-Esto...- empezó tímidamente Ron.
-¿La has hecho tú?- sentenció su hermana, que todavía tenía el gesto de desconfianza en su cara.
Harry levantó una ceja y la miró con media sonrisa en los labios, después sopló decepcionado y se tumbó en el suelo, junto a su novia.
-Menuda confianza tenéis en mí ¿eh?
-No cariño- Ginny se levantó un poco con dificultad y se apoyó en su pecho mientras Hermione y Ron reían un poco. - Tú sabes que mientras tengas una varita en las manos...
-O incluso sin ella- cortó Ron desde el fondo de la habitación.
-O incluso sin ella,- ratificó su hermana- confiamos en ti muchísimo, pero...
-Pero con un caldero...- dijo Hermione tímidamente.
-Admítelo, Harry, con un caldero delante eres un poco malo.- terminó Ron.
Harry sonrió al ver lo preocupados que estaban sus amigos y su novia por no querer ofenderlo. Él sabía que era un poco desastre en pociones, había mejorado mucho practicando con Remus durante el verano, pero no tanto como para hacer bien una poción mezclada.
-La hizo Remus- terminó diciendo justo antes de engullir el contenido de su botella.
Al oír eso los demás le imitaron y sus heridas cicatrizaron sin marca muy rápidamente. Sin embargo sus túnicas seguían mostrando señales de lucha. Mucho más recuperados todos, Ginny y Hermione movieron mecánicamente sus varitas y susurraron un reparo que dejó las túnicas como nuevas. Era algo a lo que se estaban acostumbrando después de que Harry insistiera tanto en practicar con ellos. En el fondo Harry no sólo quería seguir su entrenamiento, no aprendería mucho más de lo que ya sabía entrenando con Ron, Hermione y Ginny, sino que quería prepararles a ellos y que pudiesen defenderse en unos momentos tan duros.
La puerta se abrió y dejó la peor imagen que podía haber para los que estaban dentro del aula de transformaciones hablando tranquilamente.
-Pero si es Potty y su ejército de potty-estúpidos.
-Malfoy, ¿Por qué no haces el favor de morderte la lengua y morirte?- respondió con asco Ron.
-Cállate Wisslipiss- detrás de Malfoy aparecieron Crabbe y Goyle, que cuantos más años pasaban más grandes eran y más tontos parecía.
-Malfoy, - empezó Harry tranquilamente- si tantas ganas tienes de demostrar que eres mejor que yo porqué no pasáis y me lo demuestras.
El pálido rostro de Draco se sonrojó de ira y con una señal a sus matones pasaron al aula con la varita fuera. Ginny miró a Hermione y ésta le devolvió una sonrisa de lástima hacia los tres que acababan de entrar. Efectivamente ninguna de las dos se había equivocado. Malfoy, Crabbe y Goyle no les duraron en pie ni cinco minutos. Harry había estado peleando con Malfoy y éste había quedado en tan mal estado que ni una de las pociones de Remus le podía haber hecho efecto, por su parte, harry a penas había sudado. Crabbe y Goyle también tuvieron que ir a la enfermería después de pasar por las manos de las chicas y de Ron.
-Será mejor que nos vayamos antes de que ese se lo cuente a Snape.- dijo Hermione entre las risas de sus amigos.
-Nos espera un buen castigo- siguió Ginny agarrándose el estómago que le dolía de reír.
-No importa- dijo Harry con cara de ensoñación- Ha merecido la pena. Primera lección del año para Malfoy.
-Sí, señor- Dijo Ron con gesto triunfante- Potter uno, Malfoy cero- levantó el brazo de su amigo provocando más risas entre sus amigos.
Pasaron junto al aula de encantamientos de camino a la torre griffindor y Harry se quedó extrañado mirando la puerta, mientras sus amigos seguían andando escuchando a Ron relatar la última invención de los gemelos Weasley.
-¡Harry! ¿vienes o qué?- le dijo Ginny sacándolo de su mundo.- ¿qué ocurre?- le preguntó agarrándole la mano.
-Nada, luego os lo digo- le susurró- ¿y luego qué hacen las gominolas?- preguntó a su amigo que seguía con los sortilegios Weasley
Al llegar al pasillo del retrato de la Sra. Gorda había mucho movimiento, alumnos que entraban y salían a través del agujero que constantemente estaba abierto. Se pararon cerca de la puerta y siguieron hablando un rato hasta que Ginny recordó la reacción de Harry en la puerta de encantamientos.
-¿Qué te ha pasado al pasar por la puerta del aula de encantamientos?
Ron y Hermione le miraron preocupados, cualquier cosa podía venir de Harry, entre oír voces que no oye nadie, ver sueños premonitorios y sentir el estado de ánimo de Voldemort, sus amigos estaban preparados para lo peor.
-Creo que me estoy volviendo loco- dijo rascándose la nuca como una seña de vergüenza- No os lo vais a creer pero creo que he oído a Sirius. Juraría que era su voz.
-Harry- dijo su novia con dulzura- Sirius está...
-Muerto- terminó él mismo- Ya lo sé. Pero seguiría apostando mi saeta de fuego a que era su voz.
-¿y qué decía?- preguntó Ron que después de todo lo que había visto junto a su amigo se creía cualquier cosa.
-Dijo voy a matar a colagusano
-Muy propio de él- respondió Hermione con una sonrisa al recordar la obsesión que Sirius tenía por matar a Peter.
-Pues si Sirius ha vuelto se va a llevar una decepción- dijo Ron con un tono de humor- porque de eso ya se encargó quien-vosotros-sabéis el año pasado.
A Harry le hizo gracia el comentario de Ron, la verdad es que le costaba creer que lo que había oído fuese verdad. Su padrino estaba muerto, así llevaba casi dos años y no tenía sentido que hubiese vuelto a la vida solo por su obsesión de matar a colagusano. Vale que eso le hizo resistir con los dementores, pero una cosa es salir de Azkaba y otra cruzar el velo de la muerte de vuela al mundo de los vivos.
-Bueno, pues ya solo queda un merodeador- comentó Ginny apretando un poco la mano de su novio.
Harry se giró buscando algo, lo que se ganó una nueva mirada de preocupación por parte de sus amigos.
-De verdad creo que me estoy volviendo loco.
-¿Otra vez Sirius?- preguntó Hermione muy preocupada.
-No, es que he notado como si me rozase alguien, como si una capa se enredase en mi mano.
Todos miraron a su alrededor buscando algo, pero no había nadie cerca. El pasillo se estaba quedando más vacío, era la hora de cenar y la gente o estaba dentro de la sala común o se estaba dirigiendo poco a poco al gran comedor. Ellos no tenían mucha hambre, habían picado algo antes de ir a entrenar para conseguir fuerzas, así que siguieron hablando un rato junto al retrato antes de bajar al comedor.
-¡Cornamenta! ¡Ey James! ¡Lily!
-Ahora sí que me estoy volviendo loco- dijo Harry muy asustado sin fuerzas para mirar de donde venía la voz que estaba oyendo- Os juro que estoy oyendo a Sirius llamar a mis padres.
-No Harry,-dijo Hermione con los ojos muy abiertos- todos estamos oyéndolo.
Le hizo un gesto para que mirara hacia atrás, por donde un joven moreno y unos enormes ojos grises con el uniforme de griffindor se acercaba hacia ellos seguido de otro chico y una chica

N/A: el encuentro está muy cerca. ¿os está gustando? Dejad vuestras opiniones
BESOSCAPÍTULO 3: EL ENCUENTRO.

-¡Cornamenta! ¡Ey James! ¡Lily!- gritaba Sirius corriendo por el pasillo.

-¿Se han quedado sordos?- decía Andrea que intentaba alcanzar a sus amigos.

Harry, Hermione, Ron y Ginny miraban con cara asombrada a los chicos que venían corriendo. No conocían a ninguno pero ellos les parecían muy familiares. Harry tenía la boca abierta, no podía mover ni un músculo. Él sí los conocía, los había visto en el pensadero de Snape cuando estaba en quinto, pero eso debía ser una alucinación. Los Sirius y Remus jóvenes no podían estar en el pasillo corriendo hacia él.

-James... ¿estás... sordo?- Dijo entrecortadamente Sirius recuperando la respiración mientras se apoyaba en el hombro de Harry, que lo miraba como si lo que estuviera viendo fuese algo imposible.

Sirius se recuperó y miró de frente a Harry y a sus amigos, después se giró para mirar a Remus y a Andrea que también tenían la boca abierta mientras miraban a Harry.

-Tú no eres James- dijo Sirius mirando con sorpresa a Harry y luego se volvió a Ginny-Y tú no eres Lily- dijo seductoramente.

-Esto es imposible. No puede ser, no puede ser- se repetía Harry mirando a unos y a otros mientras Remus se acercaba para examinarlo de cerca.

Dándole la espalda a Sirius, a Remus y a Andrea, Harry juntó la cabeza con sus amigos que aún mantenía la cara de desconcierto.

-Es Sirius- susurró Harry y a pesar del bajo volumen Sirius lo oyó y en su rostro se reflejó la sorpresa de que ese chico le conociera- Y Remus.

Si se pensaba que no podían mostrar mayor desconcierto, era un error pues los tres abrieron la boca sorprendidos y les lanzaron una mirada de soslayo a los visitantes.

-¿Sirius, nuestro Sirius?- preguntó Ginny

Sirius y Remus no cabían en su asombro y se miraban como si eso fuera una alucinación. Sin embargo en Don Juan que habitaba en el interior de Sirius no pudo obviar la última pregunta de Ginny.

-De ellos no sé- dijo separando un poco a los chicos y dirigiendo se a Ginny y a Hermione- pero vuestro soy lo que queráis. ¿Cómo una chica tan guapa como tú ha pasado desapercibida todos estos años?- le decía Sirius a Ginny pasándole la mano por el pelo.

-Eh, ¡Las manitas quietas, Sirius!- Harry no pudo resistir los celos cuando vio a Sirius tontear con su chica y la atrajo hacia sí mientras Hermione y ella se miraban divertidas con la sola idea de que Sirius, el que ellas conocían, estuviera ligando con ellas.

Al oír el nombre todos se volvieron hacia él. El aludido lo miró con gesto extraño, como si estuviera analizándolo. Hermione y Ron los miraba con suspicacia intentando encontrar un parecido en el rostro de esos jóvenes con los hombres que ellos habían conocido.

-Ey, ¡Canuto!-Sirius se volvió al oír la voz de James- No te lo vas a creer.

-Tú si que no te lo vas a creer.-dijo riéndose.

En ese momento Harry miró a su padre y volvió a tener la misma sensación de estar mirándose en un espejo que tuvo cuando se metió en el pensadero de Snape. Por mucho que añorara a Sirius y por muy importante que éste hubiera sido en su vida, a Harry se le sobrecogió el corazón al ver de repente a su padre delante de él, acercándosele como si no estuviera. Inmediatamente buscó a su madre que llegaba de su mano y quedó hipnotizado mientras la miraba caminar con soltura, sintió que el estómago se evaporaba y se le retorcieron las tripas. Estaba mucho más guapa de lo que la recordaba del pensadero.

-Aquí tu doble- siguió Sirius- Me conoce y encima me dice que las manos quietas. ¿pero tú que te crees?- preguntó girándose hacia Harry, pero éste estaba muy concentrado mirando a su madre.

-Eh!- exclamó James para llamar la atención de Harry- ¿No tienes bastante con quitarme la cara que también quieres a mi novia?

Lily le dio un pequeño golpe en el brazo a James y se acercó a Harry, sorprendida por el parecido con su novio. Ron, Ginny y Hermione no podían articular palabra, pasaban sus ojos de Remus a Sirius y de éste a James y Lily, que efectivamente tenía los mismos ojos que su hijo.

-Soy Lily Evans- dijo extendiendo la mano hacia Harry- ¿sois de griffindor?

-Esto es una horrible pesadilla-contestó Harry estrechando nerviosamente la mano de su joven madre. Al ver la cara que puso y que se dirigía hacia sus amigos Harry hizo las presentaciones- Lily, yo soy Harry...¡ay!-estuvo a punto de decir su apellido pero Hermione le pellizcó la espalada justo antes de que pudiera-, Harry- sentenció- y ellos son Ron, Hermione y Ginny.-Lily hizo el gesto de presentar a sus amigos- No te molestes,- la cortó Harry- Chicos, estos son Sirius, Remus, Lily y James, a ti no te conozco- dijo refiriéndose a Andrea

Tenía la sensación de estar viviendo un sueño, o una pesadilla, no sabía muy bien lo que era pero se sentía muy extraño

-Andrea, Andrea Markins- respondió en un hilo de voz tan sorprendida como todos los demás.

-¿Cómo habéis llegado?- intervino Hermione que mantenía el gesto de asombro en su cara

-Esto es muy extraño Canuto- dijo Remus detrás de él.

-Llegamos corriendo, ¿no nos visteis?- inquirió Sirius con tono arrogante.

-¿No os habéis dado cuenta? Esto es una locura- dijo Ginny alucinada.

-Tenemos que ver a Dumbledore. Hay que contarle que habéis llegado.

-A Dumbledore ni palabra- dijo James- Ya estamos advertidos para expulsarnos. ¡Y quieres dejar de actuar como si nos conocieras!

-¡Es que os conozco!- gritó Harry que empezaba a recordar lo poco que le gustaba su padre y Sirius cuando eran jóvenes.

-Habéis salido de vuestro Hogwarts, por así decirlo- intentó suavizar Ron al ver la tensión que se estaba generando entre los dos Potter.

-Estábamos haciendo un hechizo para Snivellius- intentó explicar Lily.

-POTTER.- la voz de Snape adulto resonó en todo el pasillo. Tanto Harry como James levantaron la vista para ver quien pronunciaba su nombre

-Ahí tenéis a vuestro Snivellius, ¡Corred a esconderos!- les dijo Harry

Los recién llegados miraron con suspicacia a Harry pero prefirieron esconderse. Doblaron las esquina a gran velocidad y se quedaron allí mientras Snape se acercaba a Harry y a sus amigos con una sonrisa maléfica en su cetrino rostro enmarcado en dos cortinas de grasiento pelo.

-¿quería algo profesor Snape?- dijo Harry inocentemente marcando el apellido de su profesor

-PROFESOR ¿QUÉ?- se oyó la voz de Sirius desde detrás de la esquina del pasillo. Ginny tuvo que esconderse tras su melena rizada para evitar que Snape la viera reírse.

-Te crees muy listo Potter. ¿Crees que no sé lo que ha pasado con Malfoy esta tarde? Estás castigado. Y vosotros también. Mañana os quiero en mi despacho.

-Sí profesor Snape- dijeron con sorna los cuatro a la vez.

-Ah! Y quince puntos menos para cada uno por pelearse- una asquerosa sonrisa se dibujó en su cara al ver que los cuatro amigos se contorsionaban de la ira.

Cuando se fue por donde había venido. Los merodeadores y las chicas aparecieron con una cara aún más asombrada.

-¿Potter?- James y Sirius se habían acercado a Harry y lo examinaban minuciosamente- ¿Te llamas Potter?- siguió preguntando James- No serás de mi familia ¿no? Todos los magos Potter son de mi familia.

A los cuatro se les cortó la respiración, Ron empezó a temblar, Hermione miraba desasosegada a Harry sabiendo que cualquier mención sobre el futuro podía cambiar el curso de la historia. Ginny que sabía de la necesidad de su novio de conocer a su familia lo miraba desesperada intentando negarle con la mirada que dijera nada, pero a Harry no le hizo falta mirar a ninguna de las dos para tomar su decisión.

-Eso ese imposible, mi familia es muggle- respondió con convencimiento.

-¿quién era ese profesor?- preguntó Remus, una vez que se había aclarado el primer punto.

-El profesor Snape- respondió Ron- Jefe de la casa slitherin. El más odioso de todos los profesores y sí- dijo mientras los merodeadores abrían cada vez más la boca- el mismo Snape al que intentabais hechizar cuando llegasteis aquí.

-Eso es imposible- dijo Andrea.

-Eso llevo yo diciendo desde que os he visto- dijo Harry mirándola con una ceja levantada.

-¿Quieres decir que hemos llegado al futuro?- preguntó Lily con miedo.

-Exacto- dijo Ginny- ¿En qué curso estáis...? estabais, bueno lo que sea

-En séptimo- dijo Sirius sin quitarle los ojos de encima a Ginny.

-Pues habéis avanzado...- Hermione se paró a hacer algunos cálculos.

-21 años exactamente- terminó Harry.

Todos quedaron en silencio, examinándose con la mirada.

-Eso es imposible, es una mentira- dijo James- Cuando estábamos ahí dentro un chico ha pasado por nuestro lado y me ha dicho que Snape nos buscaba y ni si quiera se han fijado en nosotros ¿no crees que dos personas nuevas en la sala común llaman la atención?

Harry le miró como si se sintiera un poco decepcionado de que su padre fuera tan diferente a como él lo había imaginado. Después armándose de paciencia para no enfrentarse otra vez a él le contesto.

-Primero, Potter, - dijo señalando el apellido- Snape estaba buscando a un Potter, pero no a ti sino a mí y segundo por si no te has dado cuenta, vosotros dos- y señaló a sus dos padres que estaban cogidos de la mano- no llamarías nunca la atención ahí.

Levantó la mano de Ginny a la que estaba aferrado para evitar un nuevo ataque de Sirius y todavía agarrado a ella se señaló a sí mismo y a su novia como si eso bastara como toda explicación

-Tienes que contárselo a Remus, Harry- Ginny estaba empezando a tomar la iniciativa.- y ...

-¿a mí?- preguntó el Remus joven.

-A tu yo adulto, diría yo- dijo Ron que no salía de su asombro.

-¿Nos vas a contar cómo nos conoces, señor Harry Potter?- James seguía desconfiando de Harry.

-Todos sois bastante conocidos en este colegio. No creo que sea bueno que digáis vuestros nombres

-¿has oído cornamenta?- dijo alegremente Sirius que parecía el menos preocupado- Lo logramos. Somos famosos.

-Sois famosos individualmente, no como merodeadores.- interrumpió Harry- Sólo sus hermanos os adoran- siguió diciendo refiriéndose a los hermanos gemelos de Ron- Bueno Andrea, lo cierto es que tú no eres famosa.

La chica hizo un pequeño gesto de conformación con la cabeza. Todos se quedaron en silencio pero los tres merodeadores reaccionaron.

-¿Cómo sabes tú que somos los merodeadores?- preguntó Remus.

-No te acabas de enterar que conoce a tu yo adulto- Dijo Ginny como si fuera lo más evidente

-¿Y yo soy guapo de adulto?- le preguntó Sirius mirando a Ginny a los ojos. Esta no pudo más que reír ante la idea de que Sirius intentase ligar con ella.

-Mucho- dijo Harry con desprecio mientras tiraba de Ginny para sí otra vez.

-¿Algo más que debamos saber?- preguntó James que no abandonaba su desconfianza

-En realidad no deberíais saber absolutamente nada- cortó Hermione. - Será mejor que hablemos con Dumbledore. Ya debe estar en su despacho.

Una gran cantidad de alumnos enfilaba el pasillo hacia donde ellos estaban. Hermione y Ginny iban comentando lo mucho que Sirius había perdido en Azkaban; estaba guapísimo y tenía unos ojos alucinantes.

-Creo que Harry terminará discutiendo con su padrino- susurró Hermione entre risas- ¿Has visto cómo te mira?

-Ey Potter- dijo James que iba al final hablando con Lily- ¿sabes la contraseña?- James se había parado en la puerta de los profesores.- Creo que deberías pedírsela a alguien ¿no crees?

Harry llamó a la puerta del despacho de los profesores tras dedicar a su padre una mirada de asco. Empezaba a odiar al joven James, desde que lo había visto en el pensadero no había dejado de ser mucho más arrogante de lo que ahora se mostraba. La profesora McGonagall salió y se sobrecogió al ver a Harry, pero su cara se volvió un poema cuando vio a los chicos del pasado.

-¿Qué significa esto, Potter?

-Verá profesora- comenzaron a la vez James y Harry.

-Harry Potter, por favor- especificó McGonagall. Se detuvo un momento y una idea imposible se le cruzó por la cabeza- ¿no se te habrá ocurrido traer al presente a tus pa...?

-Amigos- interrumpió Hermione justo antes de que su profesora descubriera todo- Y no, profesora, han venido ellos por voluntad propia.

-Un momento, con que aquí fue donde estuvisteis- los miró como lo hacía justo antes de castigarlos- Pasamos horas buscándoos, Petegrew estuvo al borde del infarto.

-Pues ya le podía haber dado- dijo Ron sin pensarlo, ganándose la mirada de reproche de todos excepto de Harry que había pensado lo mismo que su amigo.

Los merodeadores y sus amigas no sabían muy bien qué era lo que estaba ocurriendo, no les servía la explicación que les habían dado antes. Para James todo era muy raro, primero ese chico con su apellido y tan parecido a él que poca gente los distinguirían a un simple golpe de vista. Luego ese rollo de que son famosos y que se han trasladado a 21 años después de su tiempo. Dumbledore tenía que llevarlos de nuevo a su Hogwarts, a ese donde él era el chico popular, donde se divertía con sus amigos gastando bromas a Snape, a un Snape que por suerte no tenía el título de profesor.

La profesora McGonagall los llevó al despacho del director lanzándoles miradas nerviosas a todos. Todavía no podía creerse que tenía delante otra vez a los merodeadores. Se apretujaron en la escalera de giratoria que les subía al despacho de Dumbledore. Sirius y James estaba apoyados en la pared con gracia, como si eso fuera un día más, otra visita al ya más que conocido despacho circular. Por su parte Andrea movía las manos compulsivamente y miraba a Remus y a Lily buscando en ellos un poco de la calma que solían desprender, pero en esos momentos Harry pudo ver que Remus y su madre eran los más concientes de todo lo que estaba ocurriendo y por tanto los más preocupados.

En el breve lapso de tiempo que la profesora los dejó en la puerta para hablar primero con el director, Harry se dio cuenta de cuál era exactamente la situación. Tenía a su padre y a su madre y a Sirius, a esos a quienes había querido y se habían ido y lo más importante tenía la oportunidad d cambiarlo todo, de ser feliz, de conservar a sus padres con el solo hecho de decirles que nunca confían en Peter. Miraba a su madre apoyada junto a la puerta, sola, mirándose las manos muy apesadumbrada mientras su padre expresaba a través de risas sobreactuadas lo nervioso que estaba. La veía tan dulce, tan linda, con esa mirada tan amable que estuvo a punto de dirigirse a ella y contarle la verdad.

Ginny se dio cuenta de lo que le estaba ocurriendo a su novio. Se acercó a él en silencio y le agarró la mano con fuerza, él se dio cuenta de lo que ese gesto significaba. En el tiempo que llevaban juntos Ginny le transmitía esa fuerza y esa esperanza que tanto ansiaba. Le sonrió y le besó la frente justo cuando McGonagall salió para pedirles que entraran al despacho.

N/A: ¿OS ESTÁ GUSTANDO? ESPERO QUE SÍ, MUCHAS MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWS, NO ME ESPERABA TANTOS, PERO DE VERDAD QUE ME ENCANTAN Y ME DA MAS GANAS DE SEGUIR (AUNQUE ANDO JUSTA DE TIEMPO). BUENO YA HEMOS VISTO EL ENCUENTRO, EL ENFRENTAMIENTO ESTÁ CERCA.CAPÍTULO 4: EN LA TORRE GRIFFINDOR.

Entraron en el despacho y se acomodaron en las sillas que la profesora McGonagall hizo aparecer. Dumbledore como siempre estaba tranquilamente sentado en su sillón jugando con Fawkes, como si la profesora McGonagall le hubiese contado la predicción del tiempo y como si quienes estaban delante suya no hubieran viajado más de veinte años hacia delante.

-Un placer volver a encontrarles- se limitó a decir mirándoles uno a uno.- Hacía mucho tiempo que mi despacho no recibía a unos inquilinos tan habituales.

A pesar de que la situación era muy tensa y de que todos estaban muy preocupados, el director consiguió sacarles una sonrisa.

-Minerva me ha contado lo ocurrido. La verdad es que me interesaría mucho saber cómo habéis llegado hasta aquí exactamente.

-Intentaba convertir a Snape en un bebé- dijo Lily muy avergonzada- Era una broma, pero Peter me interrumpió y todo salió mal.

-Ya veo señorita Evans. Al parecer en vez de ver a un Severus bebé, os vais a encontrar con un profesor Snape ya adulto.

-Ya lo hemos visto- dijo Sirius cargado de asco.

Dumbledore se levantó de su enorme asiento y se asomó por la ventana, pasaron unos minutos en silencio mientras todos intercambiaban miradas nerviosas. Todos excepto James y Sirius que se recostaron sobre el respaldar de su silla, y Harry que miraba a un punto inexistente inmerso en sus pensamientos.

-Jugar con el tiempo es muy peligroso- comenzó Dumbledore como si estuviera meditando para sí mismo- Os devolveré a vuestro tiempo, pero todavía no sé como. Será muy arriesgado y necesitaré tiempo para conseguirlo. Es imprescindible que os lleve al momento exacto en el que desaparecisteis. Hasta entonces seréis alumnos del Hogwarts actual. Cuanto menos conozcáis de este tiempo mejor para todos vosotros. Las cosas podrían ser fatales si se cambiara el curso de la historia.

Todos se irguieron en sus asientos. Estaban tensos, unos vivirían en un tiempo que no les correspondía y los otros tendrían como compañeros a los adultos que habían conocido o que habían querido conocer.

-No quiero bromas ni perros ni ciervos- se dirigió a las sillas donde estaban sentados los nuevos visitantes que abrieron la boca pero no fueron capaces de articular palabra al ver que Dumbledore sabía que eran animagos- ni ninguna de vuestras maravillosas aventuras- señaló a Harry y sus amigos- y sobre todo no quiero que reveléis cosas que deben quedarse en silencio.- los profundos ojos de Dumbledore se clavaron significativamente en Harry que entendió perfectamente lo que quería decirle.- Ah! Y otra cosa muy importante. Diréis que venís de Norteamérica, que vuestros padres trabajarán aquí por un tiempo indeterminado, por si consigo devolveros pronto a vuestro tiempo ¿entendido?

Los chicos afirmaron con la cabeza.

-Y quizá- intervino McGonagall- debieran cambiar sus nombres ¿no cree director? Creo que los alumnos de este colegio los reconocerían enseguida.

-Tienes razón Minerva. Vamos a ver... Andrea, creo que tú no necesitas cambiar tu nombre.- el director se quedó unos instantes observándola, meditando sus palabras para ver si habían sido correctas.

-Ya, profesor, ya me han dicho que soy la única que no es famosa- Dumbledore le dirigió una pequeña sonrisa que a juicio de Harry que ya conocía sus medias tintas había sonado a tapadera.

-Sirius, ¿Qué tal Anthony...

-¿Barker?- Terminó Sirius emocionado (N/A Barker significa ladrador en inglés, va muy bien con su personalidad)

-Sí, creo que ese nombre te irá bien - y le dirigió una mirada cómplice- James tu solo tienes que cambiar tu apellido, tu nombre es muy común ¿Evans te parece bien?

Las personas que estaban en su tiempo real sonrieron ante la idea de que fuese James el que tomase el nombre de su novia cuando, sería ella la que años después (o años atrás) tomase el de él.

-Perfecto, profesor- James tomó Lily de la mano y le sonrió con la idea de compartir el apellido.

-Remus ¿te gusta Jack Moon? Creo que viene muy bien contigo.

-No sé profesor...- Remus dudaba porque pensaba que los demás no sabían que era un licántropo.

-Ah! Por cierto- continuó Dumbledore- la próxima luna llena será en tres días. Hablaré con Severus para que te dé la poción matalobos, es un gran invento.- dijo muy satisfecho.

-¡Profesor Dumbledore!- le interrumpió Remus muy alterado por la revelación.

-Remus- dijo Ron- quiero decir Jack. Es la tercera vez que te decimos que conocemos a tu yo adulto. Y como has de suponer, como adulto, sigues siendo un licántropo.

Remus se sonrojó un poco y bajó la cabeza, aceptando tanto su nuevo nombre como el hecho de que todos los presentes conocieran sus secreto.

-A ver... ¡ah sí! Señorita Evans- Harry salió de su mundo y se fijó en su madre que esperaba expectante su nuevo nombre- Creo que Eva...¿McTwain? Sí siempre me ha gustado ese apellido- dijo Dumbledore un poco soñador- ¿le gusta?

Lily asintió.

-Está bien, pues creo que eso es todo. Os mantendré informados. Bueno, claro, Minerva os mostrará donde dormiréis. En la torre Griffindor, por su puesto.

Los chicos se levantaron y conforme lo hicieron las sillas desaparecieron, estaban a punto de girarse para dirigirse a la puerta.

-Señor Moon, Señorita McTwain, los prefectos de séptimo de la casa griffindor son el Sr. Weasley y la Srta. Granger- dijo señalando a los aludidos- así que mejor que me entreguen sus insignias.

Lily y Remus se quitaron sus insignias rojas y doradas y con mucho pesar se las dieron a Dumbledore.

-Srta McTwain, creo que también debe ceder el honor de ser premio anual a la Srta Granger- Lily sonrió a Hermione que estaba un poco avergonzada- Y ustedes Señor Barker y Sr Evans tampoco pueden seguir siendo premio anual, ya tenemos premios actuales.

-Está bien, no se preocupe- dijo James- Me dolería más dejar el equipo.

-Eso tendrá que hablarlo con el capitán del equipo de su casa. Por supuesto, usted ya no es el capitán. - al oír que su padre era el capitán del equipo de quidditch Harry se sintió lleno de orgullo por haber seguido sus pasos, al fin y al cabo Sirius siempre decía que volaba tan bien como él, pero en el fondo supo que eso le traería problemas con el joven James.

-¿Quién es el capitán, profesora McGonagall?

-Yo- contestó Harry antes de darle tiempo a contestar.

Como Harry había previsto eso supuso una nueva mirada de reproche mezclado con desprecio por parte de James.

-Vámonos,- dijo McGonagall. Todos la siguieron hasta la puerta.

Entraron en la sala común acompañados de la profesora que dio a todos la explicación que Dumbledore les había recomendado y presentó a los nuevos alumnos. Después se marchó y se acomodaron en algunos sillones que quedaban libres. Como no podía ser menos, cinco alumnos nuevos y extranjeros llamaron la atención de todos, pero especialmente de las chicas que cuando vieron a Sirius no pararon de decir tonterías para llamar su atención. Al cabo de un rato la mayoría se dirigió a sus habitaciones y la sala quedó mas vacía. Los chicos seguían sentados hablando con unos y otros que se les acercaban, repitiendo constantemente la historia de su llegada de Norteamérica.

-¿Y cómo habéis caído todos en la misma casa?- preguntó Lavender a Remus sentándose a su lado.

-Todos estábamos en la misma casa en América- se apresuró a decir Andrea- Pegaso, la casa de los valientes y...- no pudo continuar hablando al ver a Lavender casi tirada encima de Remus.

-Los eruditos- terminó Remus que empezaba a sentirse un poco cohibido con el comportamiento de Lavender.

Sirius estaba un poco ausente de la conversación que estaban teniendo, miraba la sala común, que a penas había cambiado en todos esos años. En el tablón de anuncios seguían pinchados pergaminos para cambiar cromos de las ranas de chocolate y diversos anuncios. Se quedó mirando uno muy concentrado y dio un brinco de su asiento para quitarlo rápidamente.

-Ya no necesitas esto.- dijo lanzándoles el pergamino a Harry.

Harry lo cogió y lo leyó. Era el pergamino que había colgado el primer día para anunciar la fecha de la elección del cazador que les hacía falta en el equipo de quidditch.

-James ocupará ese puesto. Es el mejor. ¡Oh! ¡No he visto a nadie volar como él!

-Sí que lo has hecho- murmuró Harry pero solo Hemione lo oyó- No voy a darle el puesto a nadie sin hacer las pruebas.

-Pero yo soy el capitán del equipo.

-No, James, Harry es el capitán del equipo- corrigió Remus mirándole significativamente para que abandonara esa postura tan arrogante.

-Está bien, me presentaré a las pruebas- concluyó James algo molesto- ¿cuándo son?

-Mañana a las 5- respondió poniéndose de pie para dirigirse a su habitación.

Ginny subió con él y al cabo de unos minutos también lo hicieron los demás. Andrea y Lily se acomodaron en la habitación que Hermione compartía con Lavender y con Parvati. Los merodeadores tendrían que dormir en una habitación al lado de la de los alumnos de séptimo

No fue una buena noche para ninguno. Al hacerse el silencio y mientras estaban cómodos entre los doseles de su cama el miedo vino a hacerles una visita. James había pasado todo el día intentando hacerse el héroe al que nada le importa, sin embargo le apareció la idea de no volver a ver a su familia, de no ver su tiempo, tener que quedarse en un tiempo 20 años más adelantado del que le correspondía ¿y si eso cambiaba algo? ¿y si esa maldita broma a Snape les costaba su vida? No escuchó la respiración profunda y relajada de sus amigos, a la que se había acostumbrado durante siete años, lo que significaba que ni Sirius ni Remus estaban durmiendo. Tendrían los mismo miedos que tenía él, sin embargo, sabía que a la mañana siguiente todos actuarían como si fuese un día más.

-¿estás bien, Harry?- Ron asomó su cabeza entre los doseles de la cama de su amigo.

-Ningún problema- mintió Harry- duérmete.

Harry tampoco durmió esa noche. Veía a su madre y a su padre, veía a Sirius, aunque eso supusiera verlo tonteando con Ginny. Y después pensaba en su vida, en lo dura que había sido lejos de sus padres, en lo mucho que los había añorado y sintió la necesidad de ir al cuarto de al lado y despertar a James para contarle la verdad, para decirle que no confiara en Peter. Él solo quería aprovechar un tiempo que Voldemort le robó.

Cuando bajó a desayunar Ginny, Ron y Hermione ya estaban allí, había conseguido dormir algunas horas y eso le hizo retrasarse. Al final de la mesa, lejos de donde estaban sus amigos estaban los recién llegados, al parecer algo más preocupados y ojerosos que el día anterior. Tenían clase de transformaciones (excepto Ginny) por suerte era una asignatura en la que estaba cómodo, desde los entrenamientos del año anterior era el mejor de la clase, incluso había mejorado a Hermione.

Al entrar en clase Lily los recibió con una gran sonrisa y los llamó para que se sentarán cerca de ellos. No era un mal comienzo pensó Harry. Lily estaba sentada entre Andrea y James en la segunda fila. Remus y Sirius compartían la primera banca. Sirius pasaba divertido las páginas del libro, le hacía gestos a Remus y decía algo como menuda tontería, esto lo controlamos en cuarto. No pudieron contestar a Lily cómo habían pasado la noche porque la profesora McGonagall había entrado y pedido silencio.

-Buenos días. Hoy comenzaremos a hacer aparecer cosas de la nada- empezó con gesto autoritario- Espero que al acabar la semana hayan podido hacer aparecer al menos una tetera.

Se pasó una de las dos horas dictando apuntes. Después hizo que los alumnos comenzarán con las apariciones. Para la mayoría fue un reto mayor de lo que pensaban. La profesora McGonagall pasaba entre ellos dándoles instrucciones, Harry pudo ver que contemplaba con cariño los esfuerzos que Lily hacía por conseguir hacer aparecer una taza de té. Después negó con la cabeza en gesto desesperado y se acercó por detrás a Sirius que se había girado para hablar con James olvidando cualquier cosa que tuviera que ver con la clase.

-Señor Barker.

La clase guardó silencio pero Sirius no se percató de que estaba refiriéndose a él. Harry levantó la cabeza para mirar a su padrino ajeno a todo, tenía un juego de 6 tazas de porcelana chica encima de su mesa y ayudaba a Ron a conseguir hacer aparecer una. Hermione tenía una en su mesa pero le había costado un buen rato conseguirla.

-Señor Barker- dio unos golpecitos en el hombro de Sirius, los labios de la profesora a penas eran apreciables- que venga de fuera no significa que ignore mis clases. Y lo mismo va por usted- dijo señalando a James.

-Disculpe profesora- contestaron los dos a la vez. Movieron sus varitas y unas pequeñas tazas adornadas aparecieron sobre su mesa.

La profesora siguió paseando.

-Muy buen trabajo señor Potter.

-Gracias profesora- contestó James con descaro, justo ante de darse cuenta de su error.

-Hablaba con el señor Potter- dijo con furia la profesora- Cuando me refiera a usted, Señor Evans, - y marcó mucho el apellido- podrá hablar.

James bajó la cabeza un poco avergonzado pero antes dedicó a Harry una mirada cargada de odio. Harry bajó la cabeza para no tener que soportar más ese rencor que no alcanzaba a saber de donde venía. Pudo ver cómo su padre hacía aparecer sin ningún esfuerzo una bandeja con tetera, jarrita y seis tazas en perfecto estado. Después se giró y miró con suficiencia a su hijo, que no pudo más que mirar a Lily, la cual miraba asombrada a su novio, y pensar cómo una persona como ella acabó con un idiota como su padre.

Esa tarde no tendrían clase. Una reunión inesperada de los profesores fue la causa de que tuvieran la tarde libre. Seguramente tendría mucho que ver con el hecho de que los merodeadores hubieran vuelto a Hogwarts, pero nadie supuso que eso era así. Durante la comida, Hermione descubrió que el Remus joven era tan entretenido e interesante como el adulto y se pasó toda la hora conversando con él y con Andrea, que pareció hacer muy buenas migas con la chica. Ron estuvo muy divertido con Sirius que se dedicó a clasificar a las chicas del gran comedor y a contarle anécdotas a Ron, que el Sirius adulto nunca hubiera contado. Después de comer todos aprovecharon para ir al jardín y aprovechar los últimos restos del verano, pero cuando iban de camino James y Harry se perdieron.

-¿Dónde está cornamenta?-preguntó Sirius acomodándose debajo de un árbol junto al lago.

-¿y Harry?- preguntó Ron a su lado.

Lily y Ginny habían estado muy ocupadas hablando con Hermione y Andrea y no se habían dado cuenta de la desaparición, sin embargo las dos tuvieron un mal presentimiento y se marcharon rápidamente a buscarlos.

-No crees que estén peleando ¿verdad?- dijo Lily caminando muy preocupada junto a Ginny hacia la sala común.

-No, no creo- respondió Ginny sin mucha convicción.

Al entrar a la sala común solo vieron a James y a Harry y siguiendo el presentimiento de las chicas estaban discutiendo, o mejor dicho, James discutía con Harry y éste hacían grandes esfuerzos por controlarse.

-....NO SÉ QUIÉN ERES POTTER PERO NO ME GUSTAS ¿ME OYES?- gritaba James desesperado al ver que su interlocutor no respondía a los insultos y se quedaba delante de él mirándole con decepción y con tristeza.

-Vamos James ¿qué te pasa?- le preguntó Lily agarrándole la mano en la que sostenía la varita.- Déjale en paz. No te ha hecho nada.

Ginny mientras tanto conducía a Harry escalera arriba hacia su cuarto. Él no dijo nada, sólo miraba a su padre intentando buscar algo de la maravillosa persona que todos decían que era. Al llegar a la habitación se tumbó en su cama y deseó que Ginny desapareciera, quería quedarse solo, quería golpear todo lo que estuviera a su alrededor, estaba furioso. No le bastaba con no haber conocido a su padre sino que cuando tenía la oportunidad, éste se enfrentaba a él como un niño malcriado.

-¿Quieres hablar?-preguntó Ginny con cautela sentándose a su lado.

Harry no contestó, sólo se aferró a ella como si de esa forma todo fuese a solucionarse. Ella le daba seguridad y tranquilidad. Sintió que el odio bajaba progresivamente y ya no tenía ganas de romperlo todo.

-¿por qué lo hace?- preguntó Harry cargado de amargura todavía abrazado a su novia que le acariciaba el pelo con cariño- ¿por qué me odia tanto?

-Tú eres su contrincante. Te pareces a él, Lily se lleva muy bien contigo, eres el capitán del equipo. Estás ocupando su puesto, cariño y no puede soportarlo.

-Pero tiene que entender que ha llegado más de 20 años después de su tiempo, las cosas no pueden ser igual. Es tan... tan...

-¿inmaduro?

-¡Sí!. Pero tenemos la misma edad.

-Harry, tu padre viene de una de las familias más ricas de Inglaterra, es guapo, inteligente, divertido y rico. Ha tenido en la vida todo lo que ha querido y tú..., tú has tenido una vida muy difícil. No has tenido una familia y eso hace madurar.

-Pero puedo solucionarlo.-Harry se puso de pie y tenía un extraño brillo en sus ojos- Sólo tengo que hablar con él, contárselo todo, decirle que es mi padre y que jamás confíe en Peter. Eso hará que ellos estén aquí y yo tendré una vida normal.

-No, cariño, no puedes hacer eso.- Ginny sintió al mismo tiempo compasión y miedo.- Todo cambiaría si tú hicieras eso.

-¡Eso es lo que quiero! Quiero que estén vivos, quiero que mi madre me lleve al colegio, que mi padre me enseñe a jugar al quidditch. Quiero, quiero una familia como la tuya.

Ginny sintió que su corazón se le rompía al oír esas palabras de Harry, sabía lo mucho que necesitaba una familia, sabía que no era suficiente que los suyos lo trataran como uno más. Pero eso no podía ser.

-Cariño, si Sirius fuese el guardián de tus padres en lugar de Peter, él moriría antes de decir dónde están y...

-Sirius está muerto. Sólo le ahorraría 13 años en azkaban y un par de años de prófugo.

-Y te robarías a ti el placer de conocerlo, pero esa no es la cuestión. A lo mejor tus padre no hubieran muerto aquella noche de Halloween, pero Voldemort os habría perseguido sin tregua hasta encontraros y matarte y a lo mejor en esa nueva situación tu madre no iba a estar a ahí para dar su vida por ti. Volveríamos a la situación inicial de tener a tus padres muertos, con la diferencia de que el mundo en el que vivimos también estaría muerto.

-No sé qué quieres decir- Dijo Harry un poco más calmado.

-Eres nuestra única esperanza. Sé lo duro que es para ti tener esa carga, pero el sacrificio de tu madre te ha dado una protección increíble y nos dio a todos 13 años de paz. Si no hubieses vivido con los Dursley no te habrías convertido en el maravilloso hombre del que me he enamorado. Si hubieras muerto, Voldemort no tendría límites. Harry, no habría nada, ni Ron, ni Hermione, ni un nosotros. Aunque sólo sea por darme la oportunidad de compartir mi vida contigo- por el rostro de Ginny empezaba a correr algunas lágrimas cargadas del dolor que sentía Harry por lo que le estaba pidiendo- No les digas nada.

Harry sintió que se moría en ese mismo instante. No podía ver llorar a Ginny y la estrechó entre sus brazos con toda su fuerza. Supo que su vida podría haber mejorado con sus padres cerca, pero Ginny tenía razón, quizá tampoco los hubiera conocido. El ataque de Voldemort habría sido cuestión de tiempo y ahora al menos tenían una oportunidad de seguir adelante.

-No sé por qué te cae tan bien- decía James tirado en un sofá de la sala común- No me da buena espina. Estoy seguro de que oculta algo. ¿no viste esas niñas de primero en la comida? oh... ¡Es Harry Potter! ¿y esa cicatriz? ¡No me gusta!

Lily lo miraba en silencio mientras él hablaba haciendo muchos aspavientos con las manos.

-Estás celoso, eso es lo único que te ocurre- le decía Lily algo molesta con él por su comportamiento con Harry- Es el capitán del equipo de quidditch, es bueno en transformaciones, es simpático...

-Y te mira de forma extraña- la interrumpió James.

-No digas tonterías. Él tiene su novia.

-Y tú me tienes a mí y también lo miras de forma extraña. Lo admito, estoy celoso, pero no porque sea el capitán del equipo ni bueno en transformaciones sino porque tengo la sensación de que se parece a ti, tengo miedo de que te guste más que yo.

-¡Oh! James ¿cómo puedes pensar eso?- le abrazó muy fuerte para reconfortarlo, pero Lily sintió una punzada de culpabilidad cuando descubrió que su novio había descubierto un sentimiento del ella todavía no estaba segura.

De la escalera aparecieron dos jovencitas de tercero con su escoba al hombro hablando muy entretenidas. Se pararon de golpe a ver a James y sonrieron tontamente. Cuando salían por el retrato entraba Seamus que iba como un rayo a su habitación, allí se encontró a Ginny y a Harry que ya llevaba su túnica de quidditch y su saeta de fuego.

-Os veo abajo- le dijo a su novia que fue a su cuarto a cambiarse y a su compañero.

La sala ya estaba más llena, tenía mucho movimiento y bastante chicos y chicas bajaban de sus dormitorios con una escoba y se dirigían hacia el campo de quidditch. Eran más de las cuatro y media y en breve comenzarían las pruebas para el puesto de cazador.

-Deberías cambiarte- dijo Harry al llegar junto a Lily y James- Si es verdad lo que dice Sirius, quiero decir Anthony- y no solo se refería a los comentarios del joven Sirius- Serás una pieza importante en mi equipo.

-No tengo una escoba decente. La dejé en mi habitación.- dijo todavía un poco frío aunque con más cordialidad que sus últimas palabras a Harry.

-Ya nos ocuparemos de eso si consigues el puesto.

-Ese puesto es mío. Dijo mientras se levantaba y se dirigía a su habitación para cambiarse de ropa.

Lily se puso un poco nerviosa cuando Harry se fijó en ella. Sintió la necesidad de abrazarla y llamarla mamá, pero eso sería un golpe demasiado fuerte para ella y además iría en contra de todo lo que le había prometido a Ginny.

-Esto...- empezó a decir Lily jugando con la manga de su túnica- No le hagas mucho caso a James... - no era capaz de mirar a Harry a los ojos, a unos ojos que se parecían extraordinariamente a los suyos- Él tiene que acostumbrarse a todo esto.

Harry no dijo nada. Sólo le sonrió, en ese momento llegaban Ginny y Seamus y se fue con ellos hacia el campo.

-Nos vemos en el campo, Lily- le dijo Ginny mientras salían por el agujero del retrato.

N/A: MUCHAS MUCHISIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWS, SEGUID DEJÁNDOLOS CON VUESTRAS OPINIONES. YO SIGO ESCRIBIENDO AUNQUE ME CUESTA XQ TENGO MUCHAS COSAS Q HACER, AUNQUE PROMETO NO RETRASARME DEMASIADO.
CAPÍTULO 5: CLASE DE POCIONES.

Aunque no lo quisiera, era obvio que Harry sentiría especial debilidad por fichar a su padre como cazador. Sin embargo, también era cierto que nadie lo iba a poder acusar de favoritismo pues hasta el momento todos los que habían probado eran realmente malos. El año anterior les había costado mucho conseguir la copa, después de que la mayoría del equipo terminara el colegio, Harry tuvo que hacer de capitán de un equipo nuevo con poca compenetración, sin embargo hizo un buen trabajo. Ahora la idea de tener a su padre en el equipo, no solo le provocaba una gran cantidad de sentimientos encontrados, sino que le daba muchas esperanzas para que Griffindor se llevara la copa por cuarto año desde que él era buscador.

James voló con la escoba de Ginny. Desde abajo sus amigos le animaban pero no le hacía ninguna falta, se movió entre las bludger como si tuviera un hechizo repeledor y engañó a Ron tantas veces que éste estuvo a punto de dejar el equipo por depresión. Harry lo miraba lleno de orgullo, de repente había olvidado que su padre podía ser un arrogante que le odiaba, tuvo una sensación de arraigo. Todos los años que había pasado sin conocer a sus padres le habían provocado a veces la sensación de pensar que no pertenecía a ningún sitio, sin embargo, el ver volar a su padre de una forma tan atrevida a como él lo hacía le hizo darse cuenta de que pertenecía a una familia.

La decisión de darle el puesto a James fue tomada por unanimidad y ninguno de los aspirantes puso en duda que esa fuera una buena decisión. Pero James no era el más contento de todos, de hecho Harry tuvo la sensación de que no le hacía especial ilusión conseguir ese puesto. Sirius, por su parte, estaba eufórico, les contaba a todos los tantos más espectaculares que James había hecho y aunque Harry ya los conocía, porque se los había contado él mismo, lo escuchaba con atención mientras simulaba estar hablando con Hermione y con Lily.

-No pareces muy contento- le apuntó Andrea, que se había percatado de la reacción de James.

-No es eso, es que éste hubiera sido mi cuarto año como capitán y ahora me tengo que ver a las ordenes de ese Potter- el apellido no sonó con tanto desprecio como lo hubiera hecho en boca de Malfoy sin embargo, cualquiera hubiera pensado que era una buena imitación.

-Harry no es tan malo como capitán ¿sabes? - le señaló Ginny un poco molesta, le había dolido mucho que hubiera hecho sentir a Harry tan mal.-Las decisiones se toman en equipo, él nos tiene en cuenta a todos antes de hacer algo.

Ninguno le dio especial importancia al comentario de James ni a la respuesta de Ginny. Los merodeadores, Andrea y Lily pasaron el resto del viernes en la sala común mientras que Harry, Ron, Hermione y Ginny la pasaron cumpliendo el castigo que Snape le había impuesto por pelearse con Malfoy. Snape los dejó solos en la mazmorra limpiando y preparando algunas pociones que le hacían falta, así que muy inteligentemente dejaron a las chicas a cargo de las pociones mientras Ron y Harry se dedicaban a limpiar, no es que fuese una tarea apetecible, pues la mazmorra estaba llena de ingredientes medio podridos y trozos de algo que supusieron que algún día debió pertenecer a un animal, pero eso era mucho mejor que ponerse delante de un caldero y recibir después las críticas de Snape y un posible nuevo castigo.

Aunque pareciera mentira, Snape fue el punto de unión entre uno y otro grupo. Después del castigo pasaron horas insultándole y sacándole defectos. Los recién llegados les contaban con ilusión la gran cantidad de bromas que les habían gastado a lo largo de siete años y Harry recordó una vez más el día del pensadero, pero lo olvidó pronto cuando Remus y Lily se justificaron contando lo que él les había hecho también.

El fin de semana los unió definitivamente. A Sirius le encantó la familia Weasley, se pasaba el día detrás de Ginny intentando cautivarla con palabrería y sonrisas que pronto se hicieron famosas en el gran comedor. Con Ron encontró un gran apoyó, éste se convirtió en su mejor alumno y escuchaba con atención sus técnicas de conquista, por otro lado Ron le contaba lo mucho que sus hermanos les admiraba mientras que el ego de Sirius se subía por las nubes. Andrea, Remus y Hermione también pasaron mucho tiempo juntos, compartirían todas las asignaturas y Hermione les puso al día de algunas cosas relacionadas con ellas que se habían descubierto en esos años, especialmente de la poción matalobos, que Remus estaba tomando para no perder el control la noche del domingo.

Lily hizo muchos esfuerzos por que su novio y su hijo se llevaran bien, pero solo consiguió una pequeña tregua entre ellos. Junto con Ginny pasaron algún tiempo hablando de una y otra cosa y fue el quidditch el elemento fundamental para que James dejara de odiar a Harry por unos momentos. Lily y Ginny se hicieron buenas amigas y la primera no dejaba pasar la oportunidad para hablar animadamente con Harry, que se sentía eufórico al poder conocer a su madre.

El mayor problema que se les planteó ese fin de semana fue la escoba de James, él se lamentaba de no estar en casa, pues la suya era la más moderna del mercado, claro que en el tiempo en el que estaban esa escoba era toda una antigualla; por otro lado sólo hubiera tenido que pedírsela a su padre para conseguirla, así que eso le frustraba. Para Harry la preocupación venía de tener a un gran cazador montado en una escoba del colegio, que eran increíblemente lentas, así que se le ocurrió la idea de ser él quien se la comprara, obviamente James nunca debería enterarse de ello y aunque era un gasto importante, al fin y al cabo el dinero que Harry tenía guardado en el banco pertenecía a la familia Potter y por tanto, en cierto modo, se veía obligado a compartirlo con James.

El domingo Harry lo pasó junto con sus amigos y su novia practicando defensa contra las artes oscuras. Volvió a dejarlos agotados y cuando llegaron a la sala común los merodeadores se interesaron mucho en lo que habían estado haciendo, así que aunque no querían contárselo para no tener que explicar las causas que llevaban a Harry a entrenarse con tanto ahínco, al final terminaron diciéndole que practicaban defensa porque les gustaba mucho. James no quedó muy convencido con la explicación pero no quería empezar un nuevo enfrentamiento así que como los demás aceptó la coartada y accedió a acompañarlos en su siguiente sesión. Para Harry eso era una buena noticia, no era lo mismo entrenar contra tres, que tener que hacerlo contra ocho.

-¿Qué vamos a hacer esta noche?- le susurró Sirius a James mientras el resto estaban entretenidos con otras cosas.-Remus ya no nos necesita.

-Ya, pero eso no va a ser una razón para dejar de merodear- se intercambiaron una mirada cómplice y después empezaron a reírse llamando la atención de los demás.

Remus desapareció para ser acompañado por la Sra. Pomphrey a la casa de los gritos. Dumbledore les había avisado de que no quería ni ciervos ni perros correteando por los terrenos del colegio, eso significaba que en su futuro Dumbledore había descubierto su secreto. No les importó mucho y buscaron un excusa tonta para subir pronto a dormir con la intención de que Ron, Hermione, Ginny y Harry no supieran que acompañarían a Remus, pero éstos se miraron entre sí y sonrieron. Después de dos horas la sala común se había quedado vacía y solo estaban ellos allí con Lily y Andrea.

Estaban hablando animadamente, sin embargo Harry pudo oír el fru-fru de una capa pasar a su lado.

-No quiero ni perros ni ciervos ¿no fue eso lo que dijo Dumbledore?- comentó divertido sorprendiendo a todos los que estaban en la sala que se callaron y le miraron.

Sirius y James debajo de la capa de invisibilidad se detuvieron en seco y se miraron aún más sorprendidos.

-Buenas noches James, buenas noches Sirius- siguió diciendo casi estallando en risas.- Traed algo bonito de Hogsmeade.

De la nada aparecieron Sirius y James que se miraban contrariados y pasaban la vista de uno a otro, que los miraban y se reían con ganas.

-¿Cómo sabías que éramos nosotros? ¿y cómo sabes lo del perro y lo del ciervo?

-Oí el roce de la capa, yo tengo una muy parecida- Sus amigos tuvieron que esconder la sonrisa para no delatarse, pues la capa no era parecida sino que era la misma.-Y bueno, ya no sé cómo explicaros que conocemos a vuestros yo futuros y eso implica que también sabemos que sois animagos.

-¿es que no podemos tener ni un secreto en este maldito tiempo?- preguntó James enfadado.

-Tened cuidado- le dijo Lily mientras le besaba para calmarlo.

-Sed buenos y procurad que Remus no se haga mucho daño- suplicó Andrea desde su sillón donde había pasado toda la noche callada con un gran gesto de preocupación.

-No se preocupe Srta. Markins- bromeó Sirius- Cuidaremos de su amor.

-Remus no es mi amor. Sólo somos amigos.- contestó un poco irritada.

-Ya, ya ya-contestó Sirius sin creérselo mucho mientras James le pasaba la capa por encima.

El peor día de la semana era el lunes, empezar el día con dos clases de pociones nunca podía ser una buena noticia. Bajaron a desayunar con poco ánimo pues tanto para unos como para otros tener que ver a Snape era un martirio. Remus no iría a clase, estaba todavía muy débil, pero ese privilegio no se ampliaba a sus amigos que tras pasar la noche sin dormir merodeando por el pueblo lo que menos les apetecía era verle la cara a Snape.

-¿Sabes que es lo bueno?- le dijo Ron a Harry mientras se dirigían a las mazmorras- Snape les odia a ellos más que a nosotros.

Ron lo miró con gesto interesante y Harry estalló en carcajadas. Tenía razón.

Sirius y James imitaron a Harry y Ron dirigiéndose al final de la clase, Hermione, Lily y Andrea se acomodaron en una mesa libre que había cerca. Snape entró en clase y automáticamente, como ocurría siempre, todos guardaron silencio. James y Sirius que estaban hablando sobre su escapada de la noche anterior no imitaron a sus compañeros cuando entró el profesor.

-Parece que los nuevos alumnos no han aprendido respeto- dijo cerca de ellos arrastrando las palabras y mirándolos con más odio del que jamás hubiera tener hacia Harry.

James le mantuvo la mirada y se notaba que hacía grandes esfuerzos por no lanzarse hacia él como lo había hecho hasta a penas unos días antes con el Snape joven. Cuando Snape se dio la vuelta con energía para dirigirse a la pizarra Sirius empezó a hacerle burlas mientras que su amigo se mantenía rígido y respirando con dificultad.

-Deberías tranquilizarte, James- le apuntó Ron desde atrás- o será peor.

-Te lo digo yo- susurró Harry más para sí que para su padre.

Estuvo al menos una hora dictando las propiedades de los ingredientes que usarían en la poción de ese día. Después de eso comenzó su ronda de preguntas.

-¿Quién podría decirme el antídoto de la poción que acabamos de ver?

Las manos de Lily, Malfoy y Hermione se alzaron. Snape pasó entre los tres dedicando a Lily y Hermione una mirada de asco y una sonrisa a Malfoy.

-¿Quién es ese?- susurró James a Harry

-Es Malfoy. Es para mí, como para ti Snape- le contestó sin mirarle, para que Snape no les pillara mientras Malfoy contestaba.

-¿Tiene algo q ver con Lucius Malfoy?

-Es su hijo

-Ése es el novio de mi prima. Sólo un Malfoy es peor que un Black- comentó Sirius, al otro lado de James.

-Pues ese es Black y Malfoy- respondió Ron- Es el hijo de tu prima Narcissa.

Sirius y James se volvieron sorprendidos hacia Ron que se ganó un codazo de Harry por desvelar información de su tiempo.

Snape apareció tras su cortina de pelo grasiento en la mesa que compartían James y Sirius. En cierto modo, Harry estaba contento pues en cualquier otra circunstancia el golpe sobre la mesa hubiera sido en la suya y no en la de al lado.

-¿Podría contestar a la pregunta?- le dijo a diez centímetros de la cara de James

-No- respondió con chulería mientras se apoyaba en las patas traseras de su silla.

Sirius lo miraba divertido pero del otro lado de su melena elegante, Harry podía ver a Lily muy preocupada buscando a su novio para indicarle que abandonase esa posición tan arrogante.

-Veinte puntos menos, Señor Evans- en los ojos de Snape brillaba un placer nunca visto.

-¿Pero tú qué te has creído?- James se levantó con furia y dejó caer la silla provocando la sorpresa de toda la clase- Que estés ahí no significa nada, para mí sigues siendo lo mismo.

Harry abrió la boca observando a su padre que mostraba una rabia y una violencia en sus palabras que nunca hubiera podido imaginar, ni si quiera después de que le mostrara un poco de ella cuando se peleó con él. Snape cogió a James de la túnica y lo acercó a él con fuerza, todos estaban concentrados en los dos y al ver la reacción de Snape Sirius y Harry se levantaron inmediatamente con las varitas alzadas, mientras oían a Hermione, Lily y Andrea pedirles que se quedaran quietos.

-Todo ha cambiado ahora, Potter- le susurró al oído de James, de manera que sólo ellos tres pudieron oírlo- Cincuenta puntos menos y fuera de mi clase.

James salió dando un gran portazo. Snape no se movió de delante de la mesa donde Sirius y Harry seguían de pie, mirándole con furia.

-Esto no se queda así. ¿Te enteras Snivellius? Me vengaré de esto y te arrepentirás.

Sirius pasó delante de la mesa le empujó levemente y salió de la misma forma que lo había hecho su amigo, pero antes de cruzar la puerta pudo oír a Snape quitarle otros cincuenta puntos.

Harry no podía mover ni un músculo, sentía la furia en todos los poros de su cuerpo y no podía más que mirarle con tanto odio como lo hubiera hecho momentos antes su padre. Snape se acercó a él con una extraña sonrisa en los labios.

-Creo que habrás podido comprobar que llevaba razón al decir que eran unos asquerosos arrogantes- le susurró con el mismo desdén que había usado con James- Tu padre era una mala persona y no se mereció más que la muerte.

-¡JAMÁS LE LLEGARÁS AL FILO DE LA CAPA! ¡POR ESO LE ODIAS TANTO! ¡NO ERES MÁS QUE UN VIEJO AMARGADO QUE NO ES CAPAZ DE SUPERAR SUS TRAUMAS INFANTILES!

La clase se quedó aún más sorprendida de lo que ya estaba. Sabían que Snape y Harry se odiaban, pero Harry nunca había reaccionado así con Snape. Harry miró a su lado donde Ron seguía sentado mirándolo casi con miedo, a su derecha su madre lo miraba con suspicacia, preguntándose cuál era la causa que le había llevado a esa reacción, mientras que Hermione escondía su cara entre las manos y giraba la cabeza.

-En todos estos años te he dicho mil veces que les dejes en paz- continuó Harry más calmado pero todavía furioso- Me queda poco para terminar aquí, así que no me provoques.

Como antes había hecho James y Sirius, Harry cogió su mochila y salió por la puerta con otros cincuenta puntos menos. Los griffindor no fueron capaces ni de protestar por tener 170 puntos menos, estaban tan asombrados que no pudieron reaccionar. Snape por su parte tenía un tic en la cara de la furia acumulada y a penas pudo continuar la clase sin desconcentrarse.

-¿Quién es Harry, Hermione?-Susurró Lily.

-¿A qué te refieres?- contestó ella muy tensa.

-¿Por qué ha defendido a James si él le trata tan mal?

-Esto... Harry es así- respondió algo más aliviada- Suele hacerse el héroe.

Lily no pareció quedar muy convencida pero no siguió preguntando.

-¡Pero si es el chico Potter!- exclamó James como si no hubiera pasado nada al verlo subir las escaleras de la mazmorra.

-¿Qué haces aquí?-le preguntó Sirius -¿También te ha echado de clase?

-No, me he ido yo. Snape no me cae bien.- contestó en el mismo tono que estaban hablando ellos.

-¿Por qué lo has hecho?- le preguntó James con suspicacia.

-Sirius también se ha ido sin que lo echen.

-Sirius es mi hermano- le cortó James secamente- Yo haría lo mismo.

Y yo tu hijo pensó Harry, pero se mordió la lengua antes de decirlo.

-Deja al chico, cornamenta. ¿Qué más da por qué lo ha hecho?.

-Será mejor que vayamos a ver a Dumbledore.- dijo James después de lanzar una mirada furiosa a Sirius.- O será peor.

El director los escuchó atentamente, especialmente la parte en la que Snape tomó a James de la túnica. Pero a pesar de que Dumbledore no los castigó, estuvo hablándoles más de una hora sobre su comportamiento, apeló tanto a sus conciencias y al aprecio que les tenía que los tres se sintieron realmente mal por lo que habían hecho.

Cuando entraron en el gran comedor para almorzar todos se habían enterado de lo ocurrido en la clase de pociones. Se sorprendieron al ver los relojes de rubíes descender estrepitosamente en a penas una hora, y la noticia de los chicos nuevos y Harry hizo que se ganaran más de un detractor. Los murmullos se hicieron cuando entraron para dirigirse junto a sus amigos. Remus ya había llegado y les lanzaba como lo hacían los demás una mirada acusadora. Ellos tres ya estaban suficientemente avergonzados después de la charla de Dumbledore como para mirarles, así que cuando se sentaron dirigiendo su vista al plato y no la levantaron hasta que abandonaron el gran comedor entre los abucheos de los griffindor y los comentarios del resto de casas.

-Harry, James, Anthony- dijo autoritariamente McGonagall, cuando se dirigían a clase de encantamientos- Me habéis decepcionado. Jamás pensé que no fueseis capaces de controlaros. ¿Y tú Harry? ¿Acaso no estás ya acostumbrado a las provocaciones de Severus?

-Es diferente ahora- dijo Harry en un hilo de voz y Sirius y James lo miraron con recelo.

-No me importa. Estáis castigados dos semanas en mi despacho.

N/A: gracias x los reviews y espero q os guste
besos
CAPÍTULO 6: CONOCIENDO A MAMÁ.

La semana que siguió no pudo encuadrarse entre unas de las mejores de su vida en Hogwarts. Los griffindor acusaban a James, a Sirius y a Harry de su comportamiento y de haber perdido tantos puntos, por lo que la fama que los dos primeros habían adquirido en los pocos días que llevaban ahí ahora se había vuelto en su contra. Sólo habían conseguido mejorarla recortando la diferencia con las otras casas a través de buenas actuaciones en transformaciones, defensa contra las artes oscuras y la ayuda de Hermione y Lily en aritmancia y encantamientos, respectivamente.

Era viernes por la tarde y Harry estaba dirigiendo un duro entrenamiento antes de ir al despacho de McGonagall a continuar el castigo que les había impuesto. Ni con Umbridge había pasado tanto tiempo castigado en las primeras semanas de curso y ahora su padre (la causa, en cierto modo del castigo) ni siquiera se lo reconocía. Si Lily había conseguido cierto acercamiento el primer fin de semana, James lo había roto por completo cuando Andrea le contó la razón por la que Harry había sido expulsado de clase de pociones con cincuenta puntos menos. Seguía sin fiarse de él y ese comportamiento no hacía más que alimentar sus dudas.

-¿Has averiguado algo de Potter, Lily?-le preguntó Sirius desde el asiento de detrás de ella en el que estaba sentado junto a Remus viendo el entrenamiento.

-Nada interesante.

-Pues no será porque no has pasado tiempo con él- le apuntó Andrea.- Lleváis toda la semana estudiando juntos.

-No imaginas el enfado de James. Dice que le da igual q averigües algo o no, pero que como se acerque más a ti lo mata.

-Vamos Remus, no exageres. Es un chico muy majo. Nos llevamos bien.

-Pero se supone que te vas a estudiar con él para saber por qué reaccionó así con Quejicus y qué fue lo que éste le dijo al oído cuando yo me fui.

-Ya...- Lily empezó a jugar con sus manos evitando la mirada amenazadora de Sirius- pero es que me lo paso bien con él y al final siempre se me olvida preguntarle.

-Pues déjaselo a James que...

-¡No!-interrumpió inmediantamente a Andrea- Mejor que James no se acerque mucho a Harry.

En ese momento Harry estaba corrigiéndole una posición a James y éste pasó a su lado volando a toda velocidad con la escoba que había recibido esa misma mañana por correo. Por supuesto no llevaba remitente y Harry se había marchado antes de que llegara para evitar que cualquier gesto pudiera delatarle. Era una escoba parecida a la que tenía Ron, aunque algo más moderna. Harry no se atrevió a comprar otra saeta de fuego, aunque lo hubiera hecho de buena gana, para no levantar aún más sospechas.

-Bastante enfadado está ya con él. Todavía no entiendo porqué le odia tanto. Fue odio a primera vista.

-Es que mi Cornamenta es así.- dijo Sirius mientras lo veía volar con la cara contorsionada por la rabia.

El sábado Harry se pasó todo el día en la biblioteca sentado junto a Lily haciendo todos los deberes que una semana de castigo no le había permitido. Repartidos entre las otras mesas estaban el resto de los chicos observando muy de cerca, por una u otras razones, lo que hacían ellos. Poco a poco se iban marchando dejando allí a Lily y Harry que de vez en cuando abandonaban sus libros y hablaban largo rato en voz baja. James fue el más reticente para marcharse y tuvo que ser Sirius el que se lo llevara tirando de su túnica.

Iban camino de la sala común hablando animadamente de las veces que un grupo y otro había hecho rabiar a Snape.

-Pues yo una vez, hice que no pudiera vengarse de un gran enemigo- le decía Harry omitiendo que ese enemigo era Sirius- se enfadó tanto que le dio un tic en el ojo, pensé que le daría algo.

-¿Quién era?- le preguntó entre risas.

Harry se quedó serio de repente. ¿Lily estaba intentando sacarle información? Tenía que concentrarse para no caer en el juego, porque estaba muy cómodo con ella.

-No debería contarte nada del futuro.

-Oh, vamos Harry, Ron dice que tienes cierta debilidad por romper las normas. ¿sabes? A James también le pasa.-Harry negaba en silencio con la cabeza- Está bien- se conformó ella- ¿Pero me dejas hacerte una pregunta?

-Haz la pregunta pero no te aseguro la respuesta.

-¿Por qué defendiste de esa manera a James y a Sirius? Dijiste que Snape no le llegaría nunca al filo de la capa y que le habías dicho mil veces que les dejara en paz. Entiendo que Quejicus les haya seguido odiando a lo largo de los años, pero si se supone que tú eres muggle ¿por qué les conoces tanto como para defenderlos como lo hiciste?

-Creo que podré contestar eso, pero solo en parte ¿de acuerdo?-ella afirmó con la cabeza- Es cierto que Snape odia a Sirius y a James, no tanto a Remus, aunque hayan pasado muchos años, no es capaz de olvidar sus años de colegio. Ya le dije que era un amargado. También es cierto que hasta que cumplí los once años no supe que era mago y no conocía a nadie que perteneciera a este mundo, pero eso no es razón para que no haya conocido después a mucha gente. Snape sabe eso y me la tiene jurada.

-Yo creo que le recuerdas a James

Harry sintió que el estómago desaparecía de su sitio ¿Qué sabía ella? Lily le estaba sonriendo y colocándole un mechón de pelo rebelde y Harry se volvió a quedar hipnotizado mirando los ojos de su madre.

-Te pareces muchísimo a él. Es extraño ¿no crees?

-Todo el mundo tiene un doble- intentó salir del paso, por suerte habían llegado al retrato de la señora gorda.

El sábado por la tarde no había mucha gente en la sala común. La mayoría estaba dando una vuelta por el castillo o por los terrenos, aprovechando que todavía no hacía frío. Ron y Hermione estaban sentando en un sillón alejados del resto, últimamente pasaban demasiado tiempo solos sin discutir. Andrea llamó a Lily cuando entraron y ella se acercó a la mesa donde Sirius y James cuchicheaban algo a Remus y a Andrea.

Harry se sentó en el sillón donde Ginny estaba sola leyendo un libro. Se acercó y le dio un beso en la mejilla pero ella no hizo ni el más mínimo movimiento que demostrara que se había percatado de su presencia.

-¿Te pasa algo?

Ella sólo giró la cabeza negativamente. Harry dejó los ojos en blanco y puso la cabeza sobre el hombro de su novia, que seguía ignorándole completamente.

-Te pasa algo- confirmó al ver que ella no reaccionaba- ¿Por qué me ignoras así?- le preguntó Harry con voz melosa.

-Para que pruebes tu propia medicina.

-¿a qué te refieres?-Harry levantó la cabeza y la miró a la cara mientras ella dejaba con demasiada fuerza el libro sobre una mesa.

-Llevas toda la semana ignorando a todos los que están a tu alrededor excepto a Lily- Ginny hablaba en susurros pero se podía ver que estaba muy enfadada.

-¿Estás celosa de mi madre?

-¡Claro que no! Tú nunca tendrías nada con tu madre, eso sería ... asqueroso, pero desde que ella está aquí casi no te veo. Nunca tienes tiempo para mí, ni para nadie. Siempre estás ocupado o cansado pero cuando ella te dice algo, bien que te andas listo.

-¿Y qué esperas? Nunca he tenido la oportunidad de hablar con ella y ahora la tengo, no pienses que voy a desaprovecharla. No sé cuando se irá y ¡tú siempre vas a estar a ahí!.

-¡Yo no estaría tan segura de ello!.

Ginny salió por el agujero del retrato dejando a Harry en el sillón, con un gran enfado y mucha confusión.

-¿Algún problema con mi hermana, Harry?

Harry se levantó y se dirigió a la escalera de caracol sin más respuesta que un gruñido que sonó a algo así como mujeres.

Ginny caminó durante horas por el castillo, en su cabeza solo resonaban las palabras que Harry le había dicho. ¿Pero qué se habrá creído? Que voy a estar siempre ahí, dice, ni él que se lo crea Estaba muy enfadada e iba pensado en sus cosas, no era capaz de estar atenta a nada que hubiera a su alrededor aunque realmente no había muchas cosas, los mismos pasillos de siempre, ahora abandonados dadas las altas horas de la noche. Ya se había tranquilizado un poco y sabiendo que no se encontraría con Harry en la sala común dirigió hacia allí su rumbo. No andaba muy rápido, lo cual fue una suerte cuando chocó contra algo sólido justo en medio de un pasillo abandonado.

-¿Harry?

De la nada aparecieron las cabeza de James, Sirius y Remus con las bocas y los bolsillos llenos de pastelitos.

-¿Dónde va tan sola la chica más guapa de Hogwarts?- le preguntó Sirius saliendo de la capa y pasándole el brazo por los hombros. Ella no lo rechazó y se dedicó a sonreírle.

-¿De dónde venís?

-De las cocinas- le contestó James dándole un pastelito de chocolate.

-Es que las bromas nos dan mucha hambre- Sirius ponía cara de interesante mientras jugaba con un rizo de Ginny.

-¿Qué habéis hecho?

-Ya lo verás.

En la sala común no quedaba nadie. James y Remus se adelantaron mientras que Sirius buscó una excusa tonta para quedarse más rezagado.

-¿Dónde te has dejado a Potter? Os vi discutir antes.

-Puede ser.

-Si yo fuera tu novio no te dejaría sola un instante. Es un idiota.

Ginny le sonrió. Cada vez le parecía más surrealista ver a Sirius, al hombre adulto que ella había conocido, al que había sido padrino de su novio, ahí, diciéndole qué haría él si fuera su novio.

-¿Te gustan los unicornios?

-Claro que sí, a todo el mundo le gustan.

-Conozco un sitio donde se ven muy bien, en el bosque prohibido, si quieres podemos ir mañana.

-Sirius, yo... es que yo... yo estoy saliendo con Harry.

-Sólo te he dicho que vengas al bosque prohibido. Además últimamente no parece que estéis juntos.

-No hace falta que me lo recuerdes. Pero a pesar de eso yo no haría nada contigo ¿me entiendes?

-De acuerdo. Haremos un trato. Iremos al bosque sólo a ver los unicornios.- la sonrisa pícara de Sirius hubiera derretido a cualquiera que estuviera cerca y aunque Ginny no sintió el comprensible deseo de besarle, aceptó su invitación.


N/A: Lo primero, como siempre, dar las gracias por los reviews que habéis dejado, me encantan, y aunque no tengo mucho tiempo voy a contestarlos todos, ya empecé con los del capítulo 5, así q el que quiera velos ya sabe donde tiene la respuesta. Bueno, espero que os haya gustado y ya veréis cómo actúan los merodeadores, jajaja. Hasta el próximo capítulos. MUCHOS BESOSCAPÍTULO 7: CARA A CARA CON CANUTO.

A la mañana siguiente todos aparecían tarde para desayunar, pero poco a poco todas las mesas se iban llenado de alumnos. Todas excepto la de slitherin en la que no había nadie sentado. Ginny entró hablando con Hermione y se sentó junto a una chica de su curso con la que compartía habitación sin ni siquiera dedicar una mirada de soslayo a su novio.

-¿Sigue enfadada?

-¿Qué esperabas?- fue la respuestas que le dio Hermione.

-¿Dónde están los de slitherin?- preguntó Ron mientras echaba mermelada en una tostada.

-Ni idea- Hermione le quitó esa tostada y le dio un bocado dejando a Ron con la boca abierta.

-No vendrán- los tres se sobresaltaron al oír la voz de Sirius detrás de ellos.

-Los maestros han actuado- dijo James frente a Hermione quitándole la tostada que antes había pertenecido a Ron.

-Vimos el charco que hay en homenaje al lago que hicieron tus hermanos...- empezó Remus.

-Y como siempre dices que ellos nos tienen como una especie de maestros...

-Creímos que debíamos hacer algo- terminó de explicar James.

-Dejaros de tanta compenetración y contárselo ya- Andrea se había sentando junto a Remus, frente a Ron.

-Está bien,- un destello de malicia brilló en los ojos grises de Sirius- hemos creado un gran lago en la puerta de la mazmorra de slitherin.

-¿Qué habéis hecho qué?- la prefecta que llevaba dentro salió de Hermione llamando la atención de toda la mesa.

-Shhh-Lily le tiró de la manga de la túnica para que se callara.- Es una gran broma.

-Lily por favor, tú eras prefecta.

-Sí y la que hizo el hechizo que nos mandó aquí-Se encogió de hombros y puso carita de buena lo que hizo que se ganara un beso de su novio que estaba sentado junto a ella.

-Sólo pueden cruzarlo nadando- explicó Andrea- les dije un hechizo para que si ponían una barca se hundiera.

-Y durante tres días no podrán quitarlo. Ese hechizo de protección es mío- dijo Lily con orgullo.

-Ellas son las mentes y nosotros la mano de obra- dijo Remus entre risas mientras que Ron, Harry y Hermione pasaban la mirada sorprendida de uno a otro.

Cuando estaban terminando de desayunar empezaron a entrar empapados los alumnos de Slitherin. Malfoy tenía la melena caída sobre la cara, lo que hacía que perdiera su porte estirado. Al verlos entrar todo el comedor estalló en risas y Snape, que iba entre ellos, aprovechó para quitar algunos puntos a los alumnos que se cruzaban con él. El profesor Flitwick estaba hablando con Dumbledore subido en la mesa de ravenclaw.

-Es magia muy potente, Albus. Tiene un hechizo de protección y si algo se mete en el agua lo absorbe. No puedo hacer nada hasta dentro de unos días que se haya debilitado el escudo de protección.

-Está bien. ¿Alguna idea de quien lo ha hecho?

El profesor Flitwick negó con la cabeza pero miró al grupo de chicos que estaba riéndose de los slitherin desde la mesa de griffindor.

-Yo también he pensado lo mismo.- dijo Dumbledore siguiendo la vista del profesor Flitwick,- pero no tenemos ninguna prueba.

El día anterior habían terminado las tareas así que se dedicaron a pasar la mañana en los terrenos de castillo sentados bajo la sombra de algunos árboles a la orilla del lago. Sirius y Ginny no estaban con ellos, habían salido del gran comedor antes que el resto con dirección al bosque prohibido. Remus estaba tumbado en el césped con la cabeza apoyada en la pierna de Andrea que instintivamente le acariciaba el pelo mientras hablaba con Hermione. Ron y James estaban de pie hablando mientras el segundo dejaba escapar su snitch y la cogía igual que había hecho en el pensadero de Snape.

La snitch solía volar, gracias a la dirección que James le daba, hacia el lugar donde Harry y Lily estaban hablando muy entretenidos. La pelotita dorada pasaba entre sus cabeza, demasiado juntas para el gusto de James, haciéndoles perder el hilo de la conversación mientras James volvía a recogerla. Harry cada vez se sentía más irritado. Estaba mal por haberse enfadado con Ginny, por haberla hecho sentir mal al decirle que siempre estaría ahí, como si no tuviera importancia para él, estaba confuso porque no había podido hablar con ella en toda la mañana y ahora empezaba a estar harto de su padre.

-¿Te quieres estar quieto de una vez?- le dijo Harry muy alterado mientras cogía casi sin mirar la snitch que estaba volando cerca de su cabeza.

-Buena atrapada Potter, al final va a resultar que eres un buen buscador- le contestó James con sorna.

-Mira, déjalo ya- le dijo aburrido a su padre, haciéndolo sacar de sus casillas- ¿Alguien ha visto a Ginny?- tenía que hablar con ella y pedirle perdón o se volvería loco.

-Digamos que ha ido a sacar de paseo al perro.

-¡James!- le riñó Remus sin levantar la cabeza de la pierna de Andrea.

-O mejor, de que el perro la esté paseando a ella.

-¿qué quieres decir?

-Que está en el bosque prohibido viendo unicornios con Sirius.-James tenía una enorme sonrisa maliciosa en su rostro, que se amplió especialmente cuando la cara de Harry se contorsionó al oír sus palabras.-Eso no falla nunca.

Harry no se movió de donde estaba. Se quedó sentado con la cabeza apoyada en el árbol pero no volvió a abrir la boca en toda la mañana. James y Lily se habían ido a pasear solos y Harry tuvo la sensación de que empezaba a sobrar cuando Hermione y Ron volvieron a una de esas conversaciones en susurros que tenían últimamente y en las que no dejaban entrar a nadie más y Remus y Andrea se habían levantado para dirigirse a la orilla del lago.

Se dirigió al gran comedor para comer algo, aunque lo hacía por inercia más que por hambre, pues un pesado nudo le oprimía estómago. ¿Eran celos?. Se preguntaba una y otra vez si Ginny sería capaz de hacer algo con Sirius, sabía que en condiciones normales no, pero había metido la pata hasta el fondo y ella estaba muy enfadada. Jugó con los trozos de carne de su plato, mezcló el puré de patatas con la salsa pero a penas probó un bocado. Ni si quiera la imagen de los slitherin que se acercaban a comer mojados e intentando secarse con sus varitas, pudo sacarle una sonrisa. Se dirigió a la sala común pero se paró antes de doblar la esquina cuando oyó la voz de Ginny.

-Te he dicho que no. ¿No lo entiendes? Me da igual que Harry no vaya a enterarse, yo no tendría NUNCA nada contigo.

-Vamos Ginny ¿y por qué has venido conmigo al bosque? No me niegues que te gusto.

-No seas creído. Fui contigo al bosque porque me enfadé con Harry y no, no me gustas. Harry y yo llevamos un año saliendo juntos. No haría nada que le hiciera daño.

-Pues el se pasa el día con Lily.

-¡No me provoques, Sirius!- Ginny estaba muy enfadada- Haz el favor de largarte y no volver a molestarme más.

-No te aseguro nada. No ha entrado chica en Hogwarts que se resista a los encantos de este Black- Sirius más que enfadado estaba herido en su orgullo, Ginny era la primera chica que se le resistía tanto.

Sirius se cruzó con Harry pero iba tan ofuscado que no se dio ni cuenta. Él siguió a su novia hasta la entrada a la sala común.

-¿Puedo hablar contigo?- le preguntó cogiéndola suavemente del brazo.

-¡Harry!- un signo de culpabilidad asomó en su voz.- Claro, qué quieres decirme- continuó volviendo al tono distante que se merecía después de la discusión del día anterior.

Entraron en la sala común y se sentaron en un sofá.

-¿has visto los unicornios?- Ginny levantó la cabeza y lo miró un poco asombrada pero en unos segundos volvió a recuperar un toque frío.

-Sí, sí que los he visto ¿te molesta?

-No- eso no tenía buena pinta, tenía que arreglarlo antes de que ella se enfadara más- Sabes que confío mucho en ti.

-Claro, cómo no- dijo ella con mucha ironía- yo voy a estar siempre ahí ¿no?

-De eso quería hablarte. Ayer me pasé. Yo no pienso que siempre estarás ahí. De hecho no sabes el miedo que tengo a que un día no estés, a que se cruce en tu vida alguien y te aleje de mí. No imaginas lo vacío que me siento cuando pienso en una vida lejos de la tuya. Nunca podrás saber el miedo que tengo a que te ocurra algo. - Harry puso su mano en la mejilla de su novia que había sustituido su postura fría por una sonrisa dulce- Ginny, tú eres toda mi vida, eres de las pocas cosas buenas que me han ocurrido y me moriría si no estuvieras a mi lado.

Ginny se abrazó a él como si no lo hubiera hecho en una eternidad, como si con ese abrazo pudiera aplacar la inexplicable sensación de expansión que estaba concentrándose en su estómago. Se besaron cálidamente intentando decirle de esa manera al otro que le quería con toda su alma. Después de un rato, Ginny estaba sentada en el regazo de Harry jugando con su pelo

-Pues menos mal que no sigues enfadada conmigo. No sé si hubiera soportado verte más con Sirius.- le dijo él con una sonrisa.

-¿No decías que te daba igual?.

-Te mentí.

-No tienes de qué preocuparte. No lo hubiera soportado otro día más. Me tiene harta, cariño, es que no me deja tranquila ni un momento y ya no sé cómo decirle que no me interesa.

El miércoles Sirius, Harry y James volvieron a coincidir en el castigo. McGonagall les había encargado tareas al estilo muggle durante las dos semanas que estaban castigados. Unas veces las hacían en común, lo que terminaba siempre en una discusión entre Harry y su padre, y otras veces por separado. El primero en terminar siempre era Harry pues el entrenamiento en casa de los Dursley le estaba sirviendo de mucho.

Por raro que pudiera parecer, ese miércoles Harry y James no discutieron, ya lo habían hecho durante el entrenamiento así que tenían el cupo de disputas cubierto. Harry se pasó la hora en silencio mientras que los otros dos bromeaban y lanzaban alguna indirecta hiriente a Harry, cosa que él ignoraba. Estaba preocupado, iba a hablar con Sirius y quería evitar un enfrentamiento directo con él. Si de joven era tan irascible como lo era de adulto, mejor andarse con cuidado.

-Quiero hablar contigo, Sirius.

-¿Me quedo?- le preguntó James a Sirius mientras ambos miraban de forma amenazante a Harry.

-No, déjalo, ya nos vemos luego.

-Te quería pedir un favor. Como amigos.

-Tú y yo no somos muy amigos, Potter.

-Sí que lo somos.- Harry parecía más serio de lo que había estado en mucho tiempo. Era difícil hablar con Sirius, con el que no pertenecía a su vida, sabiendo que su padrino, el que había tratado y querido como a un padre ya no estaba.- Tú y yo somos grandes amigos.

Sirius lo miró con cara escéptica. Sus largas conversaciones con James acerca de las extrañas vibraciones que Harry le emitía estaban haciendo eco en él. Si Cornamenta no se fiaba de ese chico que tanto se parecía a su amigo, él tampoco iba a hacerlo.

-Muchas cosas habrán pasado para que tú y yo seamos tan amigos.

-No eres capaz de imaginarlas- Harry clavó su mirada de un modo casi fiero en los enormes ojos grises de su padrino.- Yo solo quería pedirte que dejaras a Ginny en paz. Tú siempre has podido tener a todas las chicas que has querido y Ginny es mi vida, además le estás agobiando, no le interesas.

-Como bien has dicho, siempre he tenido a quien he querido y tu novia, por mucho que sea tu vida, no va a ser la primera.

-Sirius, por favor, no quiero enfadarme contigo. Te lo pido como un favor. ¿Es que no lo entiendes? Para nosotros no eres el Sirius Black del mundo del que vienes, tú eres un adulto, Ginny ha llegado a dirigirse a ti como Sr. Black y para mí eres como un hermano...

-James es mi hermano. No tú- le cortó tajantemente.

-A lo mejor por eso la madre de Ron siempre dice que veías a James en mí.

-¿Por qué? ¿dónde está James en este tiempo? ¿le ha ocurrido algo? ¿y por qué ahora hablas es pasado?- Sirius parecía muy preocupado.

-No puedo decirte nada, Sirius. Sólo confía en mí. En mi mundo tú darías la vida por mí y yo por ti. - un nudo se formó en su garganta y a penas dejaba pasar las palabras. Era duro hacer referencia al hecho de que Sirius daría la vida por Harry, era como recordar que por su osadía, Sirius ya no estaba- Ahora sólo te pido que dejes en paz a mi novia, para ti solo es una cuestión de orgullo.

Sirius se calló, había recelo en su mirada, pero su cerebro estaba procesando rápidamente todo lo que había ocurrido en esos momentos. ¿Cómo habían llegado Harry y él a ser como hermanos? ¿por qué hablaba de James y de él en pasado? ¿es que ya no estaban en el presente? Todo era muy extraño, pero vio en los ojos de Harry, que le miraba de forma suplicante, algo que le resultó familiar. No eran sus ojos, ya se había dado cuenta de que eran especialmente similares a los de Lily, era otra cosa pero no podía saber qué.

-¿En serio somos como hermanos?-Harry afirmó con la cabeza. - Está bien, yo no me meto con las chicas de mis amigos, pero si alguna vez te veo que tratas mal a Ginny, el pacto se rompe.

-No creo que puedas ver eso nunca.

-¿y cómo nos conocimos?

-Vamos Sirius, sabes que no puedo contarte cosas del futuro.

-Tenía que intentarlo.

Sirius y Harry se dirigieron a la sala común con más risas de las que habían tenido nunca desde que Sirius había llegado. Pareció que la información que Harry le había dado sobre su relación futura despertó los instintos de lealtad y fidelidad del perro que llevaba dentro.

En cuanto entró en la habitación, James se acercó a Sirius para averiguar qué había ocurrido con Potter. Les contó a Remus y a él todo lo que le había dicho con todo lujo de detalles, incluso la sensación que había tenido al mirar a Harry y todas las preguntas que se había planteado.

-No sé qué es, pero yo también le veo algo raro. Y no me digáis que son celos, me fastidia que esté con Lily, pero no es sólo eso- dijo James muy pensativo cuando Sirius acabó su relato.- A veces creo que sabe más de nosotros que nosotros mismos

-Es que es así- aclaró Remus- él sabe lo que nos va a ocurrir y eso es algo nosotros nunca deberíamos averiguar. Podría afectarnos demasiado.

-No sé a qué te refieres- Sirius estaba sentado en su cama apoyado en la cabecera.

-Tú mismo lo has dicho. ¿y si ya no estamos en el presente? ¿Te gustaría saber que estás muerto con poco más de treinta años?

Los tres guardaron un silencio sepulcral ante las palabras de Remus.

-Bueno, Lunático, tampoco hace falta ser dramáticos- empezó James, mirando a Sirius asustado, ambos se habían hecho esa pregunta pero no se habían atrevido a plantearla en alto- Tú por lo menos sabes que estás vivo. Acuérdate del primer día.

-Sí, es verdad, Ginny dijo que tenían que avisarte. Al parecer tú también debes de ser muy amigo de Potter.

-Aquí todos sois muy amigos suyos menos yo.

-No me extraña.- le dijo Remus tirándole la almohada- ¿quién sería amigo tuyo tratándole como lo haces?

-Es que no me da buena espina. Cuando estoy con él siento algo raro. Como cuando crees que olvidas algo y no sabes qué es. ¡Y eso me irrita mucho!


NA: ¿Es este más largo? ya pedí disculpas por el anterior, que reconozco no era muy bueno. Espero que os guste este, la cosa se pone cada vez más interesante. BESOSCAPÍTULO 8: LA BROMA DE SNAPE.

Octubre pasó con rapidez y todo seguía igual en Hogwarts. Los merodeadores no habían vuelto a su tiempo y a pesar de que Sirius y Harry habían comenzado una relación pacífica, James no había querido imitar a su amigo y seguía guardando las distancias con su hijo. El primer partido de la temporada de quidditch levantó mucha expectación. Sirius se había encargado de hacer famoso al nuevo cazador y todos estaban expectantes, para comprobar si era cierto.

-Profesora McGonagall, ¿podría retransmitir el partido de mañana?

-Lo siento mucho, Señor Barker, pero esa es una tarea que le corresponde a la señorita Brown de sexto curso de Ravenclaw. Si ella está de acuerdo podrá, pero si no, no. El hecho de que lo fuera en su tiempo no significa que lo pueda ser aquí.

Sirius salió del despacho de transformaciones haciendo burlas. Remus y James lo esperaban en la puerta y al ver la cara que tenía supieron que ella no le había dado permiso.

-Dice que podré hacerlo si una chica de ravenclaw me deja. Brown me ha dicho que se llama.

Remus y él se pasaron la tarde buscando a la chica para hablar con ella mientras que James estaba entrenando en el campo de quidditch. Habían quedado en verse con él y con los demás después del entrenamientos. Les costó un par de horas dar con ella. Finalmente estaba en la biblioteca haciendo un trabajo para McGonagall. Sirius y Remus se acercaron a la mesa donde Patricia Brown trabajaba con otras chicas de su casa.

-Hola, ¿podríamos hablar contigo?

Todas levantaron la cabeza y abrieron la boca casi al mismo tiempo cuando vieron a Sirius y Remus allí de pie dirigiéndose a Patricia. No estaban especialmente arreglados, el nudo de la corbata estaba deshecho y la camisa la llevaban por fuera pero tenían un toque salvaje que les hacía aún más atractivos. Patricia tragó saliva y afirmó con la cabeza, incapaz de pronunciar una palabra.

-McGonagall me ha dicho que tú te encargas de retransmitir los partidos de quidditch.

-Así es- pasaba la mirada de uno a otro que la observaban con interés. Unos metros más lejos sus amigas se agolpaban para ver qué estaba ocurriendo.

-Yo soy quien lo hace en mi colegio y me preguntaba si tú me dejarías hacerlo sólo por esta vez.

-Estás loco ¿no?- la soltura y la seguridad con la que Patricia acostumbraba a moverse por el mundo brotó de nuevo al oír lo que Sirius le estaba pidiendo.- Es el partido más importante. Griffindor y Slitherin.- se lo decía como si su pregunta fuera al estúpido.

-Venga, te lo pedimos como un favor- Remus intervino a favor de Sirius.

-Tú eres Jack Moon ¿no?- Remus afirmó con la cabeza- ¿tú lo harías?

-Claro que lo haría- dijo Sirius en vez de Remus.

-Pues yo no, señor Barker- Patricia clavó sus enormes ojos marrones en Sirius que miraba con odio el gesto de superioridad que ella estaba reflejando.

-Esto es una pérdida de tiempo. ¡Vámonos!

Sirius y Remus tomaron el pasillo que los alejaba de la biblioteca mientras Patricia se quedaba en la puerta observándoles.

-¡Eh, Barker!- Sirius se paró y se giró para mirarla, todavía con los puños apretados por la furia.- Me han dicho que eres muy bueno en transformaciones.

-¿Y qué pasa con eso?

-Si me haces el trabajo de McGonagall durante un mes te dejo mi sitio en el estadio para mañana.

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-Buenos días a todos. Hace un gran día para el quiddtich hoy. Soy Anthony Barker y hoy yo transmitiré el gran partido de la temporada. La señorita Brown, aquí sentada, me ha cedido amablemente-todo el mundo pudo notar el tono irónico de Sirius- su sitio en el estadio. ¡Y ahí va el equipo de griffindor capitaneado por Potter.!

El equipo de Griffindor y el de slitherin se alinearon frente a frente. Como el año anterior el momento más tenso del partido fue cuando Harry y Draco estrecharon sus manos con los ojos cargados de odio. De una patada en el suelo los catorce jugadores se elevaron dispuestos a oír el silbido de Krum anunciando el inicio del partido.

-Finningan lleva la quaffle, la pasa a Evans, ¡Vamos James! ¡Tú sabes hacerlo!

-¿Te importaría ser más imparcial?

-Mira esto- Sirius le mostró a Patricia el león que tenía bordado en su túnica- ¡Gran pase a Weasley! ¡Me encanta esa chica!

-¡BARKER!

-La echaba de menos profesora- Sirius giñó un ojo descaradamente a la profesora McGonagall que no pudo reprimir una sonrisa.

-¡40-0! Para Griffindor cuando el guardián hace una increíble parada. Por ahora no se sabe nada de la snitch y los dos buscadores se esfuerzan en buscarla.

Harry daba vueltas por el estadio a gran velocidad y frenaba en seco cada vez que veía brillara algo, pero con el sol que hacía siempre era un reloj o un espejo. No había ni rastro de la pelota dorada.

-Y Evans lleva la quaffle, pasa a Weasley, de nuevo a Evans ¡Qué gran compenetración la del equipo! Evans evita una bludger ¡Por los pelos! ¡FALTA! Eso ha sido una asquerosa falta.

-¡Barker!-Patricia se reía de los gestos que Sirius le hacía a McGonagall para conseguir su perdón.

-Evans a marcado el penalti. La quaffle está en poder de slitherin. ¡No! Weasley la ha interceptado, pasa a Evans ¡Eso es una pirueta! Nadie vuela como ese chico ¡Gran fichaje el del equipo de griffindor!

-¡Deja de hacer publicidad de tu amigo y dedícate al partido!

-Evans engaña al guardián de slitherin y vuelve a marcar.

El estadio volvió a rugir en aplausos ante un nuevo tanto de James, que estaba convirtiéndose en el héroe del partido. Mientras tanto Harry observaba desde las alturas como el partido se estaba convirtiendo cada vez más en una lucha sin cuartel, como ocurría siempre que se enfrentaban. Se permitió despistarse unos segundo observando la majestuosidad de su padre al volar y el magnífico control que tenía con la escoba, ya se había acostumbrado a verlo durante los entrenamientos, pero a pesar de ello no podía dejar de sentir un nudo en el estómago cuando veían en su rostro el mismo sentimiento de libertad que él tenía cuando volaba.

-¡Potter ha visto la snitch! Se lanza en picado hacia la base del poste de slitherin.- Justo cuando iba a rozar el suelo, Harry se elevó en una espiral y sintió como todo el mundo podía quedarse a sus pies, como si no existieran preocupaciones- ¡Nunca había visto a nadie controlar así el amago de Wroski!

Sirius estaba de pie observando con los ojos muy abiertos el sitio donde Malfoy intentaba volver a montar en su escoba. El estadio estuvo a punto de sucumbir ante el asombroso estruendo que nació de las tres cuartas partes de las gradas. Ambos equipos se quedaron parados viendo la jugada de Harry. James lo miró asombrado y fue incapaz de reaccionar a pesar de que tenía la quaffle en la mano y el equipo de slitherin estaba mirando qué le había ocurrido a su capitán.

-¡¿Se puede saber qué haces ahí parado con la quaffle?! ¡Aprovecha!

No bastaron más palabras por parte de Harry para que James se lanzara hacia los aros y anotara el tanto número 100. Entre toda la confusión Harry vio la snitch cerca del aro que Ron defendía.

-¡LA TIENE! ¡HARRY HA COGIDO LA SNITCH! ¡GRIFFINDOR GANA 250 A 30!

La arrolladora victoria de Griffindor no sentó nada bien a los miembros de slitherin y así pudieron notarlo en la siguiente clase de pociones. Desde el desplante que los dos Potter y Sirius habían tenido con Snape, el ambiente solía estar cargado en las clases, pero excepto la satisfacción de Snape por quitarle puntos a los merodeadores y el correspondiente odio de éstos no había ocurrido nada más. La poción de ese día tenía especial dificultad, en realidad solo Hermione estaba consiguiendo que Snape no dijera nada cuando pasaba por su lado. Sin embargo no era lo mismo cuando se acercaba a James, a Sirius o a Harry.

-Veo que vuestra arrogancia no os permite controlar el delicado arte de las pociones.

Sirius y James respiraron hondo sin levantar la cabeza. En la mesa de al lado, Lily los observaba temerosa de cualquier reacción mientras ellos hacían esfuerzos insalvables por controlarse.

-¿Y tú?- Snape dirigió su mirada de desprecio a Lily- Serás muy buena con una varita pero no vales nada delante de un caldero.

Remus y Ron reaccionaron a la vez por suerte para James y para Harry, que estuvieron a punto de avalanzarse sobre Snape. Él no pudo verlos, lo que no le quitó del placer de restar un total de 40 puntos a la casa de los leones.

A la hora del recreo se pudo notar que el otoño había llegado. No llovía pero el frío cada vez era más intenso. A pesar de eso, estaban todos en el patio del castillo. Todos excepto Lily que había subido a la sala común para recoger un libro para la siguiente clase.

-Tenemos que jugarle una a Snape- decía Sirius apoyado en la pared de piedra jugando con su varita- Estoy harto de sus clases y de tener que morderme la lengua con esa rata de cloaca.

-Ilumíname, Canuto ¿Qué estás pensando?

En los ojos de James y de Sirius saltó una chispa de maldad. Remus comenzó a reírse sabiendo que algo divertido estaba a punto de suceder.

-Una broma. Algo grandioso que no olvide nunca.

-¡Ni se os ocurra! Puede que en vuestro tiempo martirizaseis a Snape, pero aquí es un profesor y como prefecta no estoy dispuesta a tolerarlo.

-Estoy de acuerdo con Hermione.-la chica abrió enormemente los ojos sorprendida del apoyo de Harry- No soporto a Snape pero aquí es un profesor y no podéis ir por ahí maldiciéndolo.

En el recuerdo de Harry estaba presente lo que había visto en el pensadero de Snape y no quería ser cómplice de que volvieran esos merodeadores arrogantes y malcriados, que según Sirius y Remus habían desaparecido en sexto curso.

-Además puede que a vosotros Dumbledore no pueda expulsaros, porque no pertenecéis a este mundo. Pero nosotros no nos podemos arriesgar tanto-James le dedicó una mirada de odio por haberle aguado los planes de Sirius, pero nadie dijo nada- ¿Ron tienes tú mi libro de transformaciones?

-No

-Pues voy a por él a la sala común. Nos vemos aquí dentro de un rato.

Harry se dirigía a la sala común cuando escuchó la voz de su madre y se frenó en seco.

-Déjame en paz. Me da igual que ahora seas profesor.

-Creo que te ha salido el tiro por la culata ¿no Evans?- la voz arrastrada de Snape sonaba como un siseo cerca de Lily- ¿no fuiste tú la que intentabas hechizarme cuando llegasteis aquí?

-Y lo hubiera hecho de no ser por Peter.

-Nunca llegarás a ser una buena bruja. Siempre has sido un quiero y no puedo y así te ha ido.

Desde la esquina en la que estaba escondido, Harry sintió como una furia incontenible se extendía por todo su cuerpo y estuvo a punto de dirigirse hacia Snape para golpearle.

-Nunca has sido más que una asquerosa sangre sucia- el odio en las palabras de Snape rozó límites que Harry nunca había visto, ni con él ni con James, lo cual ya era un record considerable.

Harry dobló la esquina y vio a su madre apuntándole a Snape que la miraba con una sonrisa de superioridad.

-La última vez que me llamaste sangre sucia acabaste subido a la lámpara ¿lo recuerdas?-Lily no se amedrentó por ninguno de los comentarios hirientes de Snape y Harry al ver la fuerza de su madre se abstuvo de intervenir.

-Han cambiado muchas cosas en estos años y yo he aprendido cosas que ni tú ni tu pandilla de creídos podría imaginar nunca- Snape estaba fuera de sus casilla y apuntaba a Lily con su varita. A pesar de la cara de desquiciado que tenía Lily no se amilanó y siguió mirándole con fiereza.

-No creo que pueda usar ninguna de esas cosas contra un alumno, Profesor- Snape se giró rápidamente para encontrarse con Harry que aunque muy calmado le miraba con odio.- Y también dudo mucho que al director le guste que use esos términos con los alumnos ¿no cree?

-Eres un maldito arrogante, Potter. Vas por ahí alardeando por el castillo sabiendo que tienes el beneplácito del director. Me recuerdas tanto...

-¡CÁLLESE!

-Sois iguales, Potter, y acabarás tan mal como él.

Snape se marchó chocando contra Harry haciendo un pulso de fuerza y a pesar de que el golpe fue importante ninguno hizo la más mínima señal de que les había afectado. Lily se quedó mirando a Harry y al sitio donde Snape la había estado insultado. La sospecha volvía a apoderarse de ella ¿Quién era ese chico?

-¿Estás bien?-Harry tenía la varita empuñada con fuerza y respiraba con dificultad.

-Sí, no te preocupes- lo escudriñó con la mirada durante unos segundos- ¿A qué ha venido todo eso? ¿Eres igual que quién?

-Que nadie- dijo con rudeza. En ese momento volvió a la realidad y se dio cuenta a quién había hablado así- Lo siento, son cosas entre Snape y yo. Vamos al patio tengo que hablar con Sirius y con James.

-¿Con James? ¿Tú? Oye, un momento- Lily le detuvo- No se te ocurra decirle nada de esto.

-¡Oh, sí! Es lo primero que haré cuando lo vea. Ese cerdo se merece una buena y yo sé quién se la va a dar.

Harry y Lily entraron en el patio y una ráfaga de aire frío les golpeó la cara, pero eso no quitó el rictus de rabia que Harry llevaba.

-¿Qué habías pensado?- le inquirió a Sirius, que no sabía por donde le venían los tiros.

-¿Y tu libro?- le preguntó James-No sería una treta para ir a buscar a Lily ¿no?

-¿Qué habías pensado para Snape?- le preguntó Harry algo más calmado ignorando las palabras de su padre.- Tiene que acordarse de esta.

-¿Y ese cambio de opinión?.- Ron estaba sorprendido, pero también divertido, a él le daba igual ser prefecto, sólo quería venganza contra Snape por tantos años de martirio.

-Ha insultado a Lily. La llamó sangre sucia.

-¿Que ha hecho qué? - Andrea tuvo que coger a James de la túnica para que no se dirigiera al castillo a buscar a Snape.

-no tiene importancia. Él siempre lo hace. A mí no me importa. No quiero que hagáis nada. ¿Entendido?

-No- dijeron todos los demás a la vez. Incluso Hermione se tomó como algo personal el insulto de Snape.

-No puedo creerme que lo haya hecho. ¡Es un profesor! Vamos Sirius piensa algo bueno.

-Tranquila Hermione ¿Tú no eras la prefecta?

-Cállate y dinos qué habías pensado.

El destello de malicia volvió a billar en los ojos grises de Sirius y todos se acercaron para oír su broma.

-No creo que sea buena idea Sirius- Remus habló con mucha sensatez y la sonrisa desapareció de la cara de Sirius y de James.

-Remus tiene razón. Eso es excesivo. No voy a permitir que dejéis desnudo a Snape en medio del gran comedor.

-¡Vamos Harry! Acabas de decir que querías que le gastáramos la broma por insultar a Lily.

-Es demasiado, Sirius.

-¡Estamos hablando de Snivellius!- gritó James enfadado.

-Como si estamos hablando del mismísimo Voldemort. Me da igual.

Hermione, Ron y Ginny no quedaron sorprendidos por la referencia de Harry, sin embargo, no ocurrió lo mismo con los demás.

-¿Qué sabes tú de Voldemort? - le preguntó Andrea muy seria.- Ese mago es de nuestro tiempo.

-No puede seguir vivo después de tantos años- agregó Lily muy preocupada.

-¿Llevamos más de veinte años en guerra?- la pregunta de Remus fue directa a Harry, que se arrepintió de haber pronunciado el nombre de Voldemort más que nunca en su vida.

-No. Tuvimos trece años de paz.-respondió secamente

-¿Me estás diciendo que el mismo que tiene atemorizado nuestro tiempo desapareció trece años y ahora ha vuelto?- James no podía creerse lo que estaba oyendo.

-Basta ya.- interrumpió Ginny- Estamos en guerra y punto. Está bien, es el mismo mago que atemoriza vuestro tiempo pero no debéis saber nada más. Es un tema demasiado delicado- Dirigió a su novio una mirada significativa, para saber cómo le estaba afectado esa conversación y sobre todo para recordarle que ese era precisamente el tema sobre el que debía callarse.

-Ginny tiene razón.-la apoyó Hermione- Búscate otra idea.

Pasaron un rato pensando, sin mencionar una palabras. Los merodeadores intentaban buscar entre alguna de las jugadas que habían hecho ya algo que les fuera de utilidad, pero no se les ocurría nada. Sirius miraba de vez en cuando a Remus buscando en él la solución. Al final era él siempre el que tenía las ideas más grandiosas.

-Pus de bubotubérculos.-las palabras de Remus sonaron como siempre que ideaba una broma, como si no las dijera él. Las dejó caer y miró a James y a Sirius que parecían tan felices como dos niños con caramelos.

-¡Claro podíamos hacer que un cubo lleno de pus le cayera encima! Es un clásico, pero muy útil.

-Muy bien, Sirius y se puede saber cómo vas a poner un cubo sobre la cabeza de Snape- Andrea hizo gala de toda su ironía.

-Así de fácil- Sirius movió su varita y un cubo lleno de agua se volcó sobre Andrea dejándola chorreando..

-Me pierde esta bocaza.- Dijo tiritando de frío.

-¿Eres idiota o qué?

Harry miró a Remus con la boca abierta, en todos los años que lo conocía nunca lo había visto alterarse como lo estaba ahora. Se había quitado su capa y se la había puesto a Andrea para que dejase de temblar mientras la ayudaba con su varita a secarse.

-Puede enfermarse ¿Sabes? Hace mucho frío aquí.

-Perdone usted. No quería lastimar a su damisela.

A todos les hizo mucha gracia, excepto a Andrea, que se puso roja como un tomate y a Remus, que miró a Sirius con ira en los ojos. Sirius se encogió de hombros y le guiñó un ojo descaradamente.

Tres días después ya tenían preparado el plan de ataque y defensa. Tenían que poner todos los medios para que Dumbledore no descubriera que habían sido ellos. Ese sería el gran día, tenían dos horas de pociones y querían librarse del martirio, sabían que después de su baño, Snape estaría fuera de juego unos cuantos días.

-Repasemos el plan- Hermione estaba muy nerviosa, era la primera vez que atacaría a un profesor así como así.

-¡Qué pesada eres Hermione!-Ron estaba sentado junto a Remus en el patio.

-No es tan difícil. Nosotros tres- James se señaló a sí mismo y a sus dos amigos- vamos a hablar con Dumbledore antes de que Snape llegue a la mesa, para preguntarle si sabe algo de nuestro viaje de vuelta.

-Lily, Hermione y yo hablaremos como la profesora Vector sobre nuestro trabajo de aritmancia que tenemos para mañana. Eso nos sacará también de las sospechas.

-Mi hermana y yo nos quedamos con la varita de Harry, para que Snape no pueda culparlo y lo vemos todo desde la puerta. Después entramos y nos hacemos los sorprendidos.

-Y yo me concentro para el golpe maestro.

-¿Serás capaz de hacerlo?- James tuvo que romper el momento de compenetración que se estaba forjando en el grupo, con sus comentarios socarrones.

-¿Serías tú capaz? Porque si tú pudieras hacerlo, entonces serías el que estuviera en mi lugar.

Harry se había encarado con su padre. No había dormido nada esa noche porque la cicatriz le había estado doliendo y no tenía ganas de aguantar los comentarios de un James celoso.

-¿Te importaría volver a comprobarlo, por favor?- Lily dedicó a su novio una mirada reprochadora.

Harry se concentró y sobre la cabeza de James apareció un enorme cubo que amenazaba con volcarse. Todos se taparon la boca para ocultar una sonrisa, pero James parecía más crispado que nunca y miraba a Harry como si quisiera matarlo.

-Quítate de ahí, si no quieres acabar cubierto de pus- el descaro y la sonrisa pícara propia de James apareció en el rostro de Harry al verse dándole a su padre una lección de humildad. Nadie se percató de que en ese momento el parecido entre ambos era mucho mayor que de costumbre.

Cuando James se quitó de debajo del cubo Harry movió levemente la mano y este se giró dejando un asqueroso pus por todo el suelo. Andrea se encargó de limpiarlo con un movimiento de su varita antes de ir a la siguiente clase.

Después de cuidado de las criaturas mágicas, se dirigieron al gran comedor con mucha prisa. Tenían que llegar antes que Dumbledore para que no sospecharan de ellos. Todo estaba saliendo como lo tenían planeado. Los tres merodeadores se acercaron a Dumbledore y las chicas pararon a la profesora Vector antes de llegar a la mesa de los profesores. Harry estaba sentado solo, mirando su plato, concentrándose en lo que estaba a punto de hacer. Snape entró como siempre con la cabeza alta y su capa negra ondeando, dedicando a todo el que se cruzaba con él un gesto de asco. Antes de que nadie se pudiera dar cuenta de lo que había ocurrido, el profesor estaba cubierto de pus y un enorme cubo, como el que había flotado sobre la cabeza de James, rodaba por el suelo. Todos tuvieron que hacer acopio de su mayor aplomo para no estallar en carcajadas, aunque esa fue la tónica general cuando vieron el estado del profesor de pociones.

Snape parecía fuera de sí. Los miraba a todos con los ojos desencajados y esa sustancia espesa chorreando por todo su cuerpo. De repente fijó su vista en los merodeadores, colocados junto al director y se dirigió hacia ellos con la varita alzada sin importarle las numerosas pústulas que estaban surgiendo por todo su cuerpo.

-Vosotros- la voz salía de su cuerpo con arrancada de cuajo y se mezclaba con el pus que resbalaba por su cara- ¡Malditos niñatos!

-¡Severus!- el director tuvo que ponerse delante de los merodeadores para que el profesor no usase la varita con ellos- Estos alumnos estaban hablando conmigo cuando ha ocurrido este desastroso accidente y te aseguro que ellos no han sido.

-Yo no estoy tan seguro- en ese momento giró la cabeza por el gran comedor, que estaba lleno de murmullos, buscando a la otra parte del grupo- Evans, seguro que ha sido ella.

-La srta. Eva McTwain (n/a: Lily Evans para quien no se acuerde), está hablando con la profesora Vector. Severus, creo que estás prejuzgando a estos alumnos, ¿no te das cuenta de que no han sido ellos?- El director miró fijamente a James, pero tal y como le había aconsejado Harry bajó inmediatamente la mirada para que no pudiera leer su mente.

-Pues entonces sólo me queda una baza. El otro día discutí con Potter- Snape se acercó a la mesa griffindor donde Harry seguía sentado solo. Concientemente Ginny y Ron se habían quedado de pie en el pasillo entre las mesas de Ravenclaw y Griffindor, para fortalecer su coartada.- ¡HAS SIDO TÚ! NO HAS PODIDO SOPORTAR LA REALIDAD ¿VERDAD? ERES UN MALDITO....

-¡Severus!- la mano del director paró la varita de Snape que intentaba atacar a Harry.

Ron y Ginny llegaron corriendo en ese momento, como lo tenían planeado.

-¡Profesor! Harry no ha podido ser ¡Yo tengo su varita!

-La olvidó esta mañana en su habitación- confirmó Ron.

-Severus, vaya a la enfermería ahora mismo. ¡No quiero que nadie salga del gran comedor sin que su varita haya pasado por el prior incantatem! ¿Entendido? Minerva- la profesora McGonagall se había acercado a su mesa con todo el jaleo que se había montado- ¿Te importaría encargarte tú?- la profesora asintió- Harry, os quiero a todos en mi despacho en diez minutos. La contraseña es piruletas de calabaza.

Sus varitas fueron las primeras en comprobarse para dirigirse al despacho del director. Parecían muy preocupados aunque estaban muy contentos con el resultado logrado. Snape tendría que estar en la enfermería al menos una semana para librarse de las pústulas creadas por el pus de bubotubérculo.

-Ya sabéis lo que os he dicho. No le miréis mucho rato a los ojos, en cuanto veáis que él lo hace interrumpiros los unos a los otros o nos descubrirá. Dumbledore es muy bueno con la legeremencia. Y dejadme a mí hablar.

-Seguro que nosotros mentimos mejor que tú- le dijo James apoyado sobre la gárgola que indicaba la entrada al despacho.

-Eso no lo dudo. Pero con Dumbledore no sirven las mentiras. Si dominas la oclumencia, adelante. Habla tú, pero te aseguro que de esta no sales. Está muy enfadado y sospecha de nosotros.

-¿Dominas la oclumencia?-Harry asintió, después de un año preparándose para cerrar su mente a Voldemort se había convertido en un experto- Vamos a ver - James parecía confundido- dominas la oclumencia, haces magia sin varita, das clases extra de defensa y eres muy bueno en transformaciones ¿Se puede saber por qué te han preparado tan bien?

-No, no se puede saber,- le respondió con rotundidad.- y ahora quítate de ahí. ¡Piruletas de calabaza!

Los nueve entraron en el despacho del director que los miraba fijamente uno por uno. Siguiendo las indicaciones de Harry se buscaron excusas para mirar a cualquier otro lado excepto a los ojos del director.

-Te importaría hacer aparecer unas sillas, Harry- el director lo miró fijamente y Harry no le quitó la vista, pero se tomó con un fuerte muro infranqueable. El muchacho asintió y buscó su varita en el interior de la túnica- Sin varita por favor.

-No puedo, lo siento director. Todavía no hago grandes cosas sin varita- mintió él.

-Está bien- Dumbledore hizo aparecer algunas sillas para que todos se sentaran.- No tengo pruebas de que hayáis sido vosotros y por lo que me ha dicho Minerva vuestras varitas tampoco han sido usadas, pero sé que vuestra relación con el profesor Snape no es buena y quería recordaros quiénes sois aquí y quién es él. Para vosotros- señaló a los merodeadores y a sus amigas- ya no es un compañero de clase al que le hacéis la vida imposible. Y para vosotros- se dirigió a los otros cuatro chicos- sigue siendo el profesor Snape y espero que no lo olvidéis.

Pasó su vista uno por uno intentando encontrar algo, pero ninguno le mantuvo la mirada más de cinco segundos. Andrea rompió uno de los cachivaches del director para llamar su atención cuando la tenía fija en Remus y Sirius se puso a hablar con Phineas para salvar a James.

-Os estoy vigilando a todos así que tened cuidado. Por cierto Harry, muy buen trabajo con tu oclumencia.

N/A: Hola!!!! ¿os gusta? a mí sí, por lo menos me he reido mucho escribiendo la escena de la broma jajajaja (que mala soy). Bueno, primero, MUCHAS GRACIAS, os habéis lucido con los reviews, he tenido muchísimos y me encanta así que si queréis yo os dejo que sigáis jajajaja. Creo que por eso este capítulo es el más largo de todas las historias que he escrito (aunque os pediría que no os acostumbréis) pero sobre todo es gracias a todos estos review el que esté a la 1'30 de la mañana escribiendo a toda pastilla para dejaros el capi, tomadlo como una forma de agradecimiento.

AHH!!!! y hablando de agradecer, ahora viene la escena a lo actriz de Holliwood, "quería dar las gracias por esta nominación (es que esta historia y su autora están nominadas a los premios anuales) a todos los que la leeis, dejeis reviews o no, ya he dicho en mi otro fic que un escritor sin lectores es como el que habla solo, así que vosotros sois la otra mitad de este negocio. sniff, sniff. Así que otra vez muchas gracias"

Creo que nunca lo he dejado por aquí, mi dirección es [email protected], por si alguien quiere algo o quiere hablar por el msn.

Nos vemos y MUCHOS BESOSCAPÍTULO 9: AL OTRO LADO DEL ESPEJO.

La broma con el pus de bubotubérculo tuvo a Snape fuera de juego durante más de una semana. Para todos los cursos fue una paz celestial que se rompió el mismo día que volvió y fue precisamente el curso de séptimo quien más lo notó. Hacer aparecer un cubo no era algo que un alumno de primero pudiera hacer y aunque no habían encontrado la varita autora de la transformación, Snape estaba seguro de quiénes habían sido los artífices de la broma y no se lo ocultaba.

Algo que tampoco pudieron mantener oculto por mucho que lo intentaron era la guerra que se estaba librando fuera. Dumbledore les había prohibido terminantemente leer El profeta y durante las primeras semanas no fue algo que les causase trauma alguno, sin embargo desde que Harry mencionó a Voldemort, cada día se turnaban para quitarle a alguien el periódico y leerlo lejos de las miradas recriminadoras de Hermione o de Ginny que no dudaban en quitarle incluso puntos para que los dejaran.

-Canuto, hoy te toca a ti buscar El Profeta.

-Ya lo sé, James. Y sé quién me lo va a proporcionar-Sirius le guiñó un ojo y se giró hacia la mesa de ravenclaw.

Cuando Patricia salió del gran comedor acompañada por sus amigas, Sirius se escapó con una excusa tonta.

-Tengo tu tarea de hoy

Sirius apareció por detrás y le pasó un montón de pergaminos por la cara haciendo que Patricia y sus amigas se pararan en seco. Ella intentó cogerla pero Sirius fue más rápido y levantó la mano antes de que la alcanzara.

-Te la cambio por el periódico.

-Suscríbete Barker, no es tan difícil sabes. ¿por qué no se lo pides a alguno de tus amigos? ¿o es que es una forma de ligar conmigo?

-No seas descarada, Brown. Sólo me interesa tu periódico. Bueno...- Sirius puso un tono de voz meloso y Patricia le sonrió con descaro- y algo de información sobre Voldemort- la sonrisa le desapareció de la cara inmediatamente y sus amigas lanzaron un grito ahogado que desconcertó mucho al merodeador.

-¡No pronuncies ese nombre!.

-¿Qué pasa?- dijo Sirius muy desconcertado- Ya sé que está un poco loco y que se dedica a matar a todo el que se le pone por delante pero no es para tanto. Mis amigos no tienen ningún problema en pronunciarlo.

-Tus amigos son Potter y su pandilla ¿no?- le preguntó una de las amigas de Patricia a la que todavía no se le había quitado la cara de susto.

-Sí, y ¿qué tiene eso de especial?.

-¿Que qué tiene de especial? ¿Pero tú en qué mundo vives, Barker?- le preguntó Patricia.-Si quieres saber algo sobre el-que-no-debe-ser-nombrado, pregúntale a tu amigo Potter. Se han visto las caras más de una y más de dos veces. ¿En serio que no sabes nada?- Sirius negó con la cabeza. Patricia no podía creerse lo que estaba viendo. - ¡Por Dios, Barker! Potter detuvo al que-no-debe-ser-nombrado cuando solo era un bebé. Gracias a él tuvimos trece años de paz. ¡Todo el mundo sabe eso!

Sirius se quedó de piedra, incapaz de reaccionar; así que Patricia le arrancó de las manos su trabajo de transformaciones y le dio en el pecho con el periódico para que volviera en sí, sin embargo Sirius siguió en estado de shock. Inconscientemente cogió el periódico y se dirigió a su clase de runas antiguas.

-¡Sirius!- Remus estaba a su lado y lo miraba con gesto preocupado para después devolvérselo a James que estaba sentado al otro lado de Sirius.

-Ey Canuto- James le dio un codazo y Sirius regresó de nuevo a la realidad, fijándose más en el dolor de su costado que en las llamadas de atención de su amigo.

-¿Se puede saber qué has visto en el periódico?- le preguntó Remus intentándoselo quitar por debajo del pupitre.

-Lo de siempre, han matado a una bruja del ministerio. Pero es que no os vais a creer lo que me ha contado Brown.

Remus y James se acercaron más a su amigo para que les contara eso tan interesante. Se pasaron toda la hora de runas antiguas haciendo exclamaciones de sorpresa e hipótesis sobre quién era Harry Potter, lo que les costó perder 15 puntos, pero eso no les importó. Ahora todo empezaba a encajar, aunque tenían que averiguar más cosas.

Durante la comida, los tres permanecieron algo aislados continuando con su conversación sobre Harry. Éste mientras tanto pasó la comida con sus amigos, con Lily y con Andrea, a quienes se les hizo muy raro el comportamiento de los merodeadores.

-Sirius, tienes que hablar con él, preguntarle algo, a ti seguro que te lo cuenta.

-A mí ¿por qué?

-Según él, tú eres como su hermano mayor- aportó sabiamente Remus.

-Sí, pero te recuerdo que cuando nos presentamos aquí al primero que intentó recurrir fue a ti. Así que pregúntale tú.

-Vamos Sirius- le rogó James- Tú tienes carisma, te llevas bien con él.

-No me hagas la pelota cornamenta.

James se quedó mirando a Sirius con gesto suplicante, por detrás una enorme sonrisa se esbozó en la cara de Remus que sabía que ese gesto nunca fallaba.

-¡Un momento!-Sirius se puso de pie muy nervioso y empezó a mirar a James y a Remus con mucha rapidez.

-¿Qué te ocurre, Canuto?-James estaba preocupado.

-¿Cómo me has mirado?- James y Remus intercambiaron miradas de preocupación e intentaron que Sirius se calmara, pero fue inútil.

-Sirius, tranquilo- le dijo Remus empujándole de los hombros para que se sentara- Te ha mirado como siempre que quiere algo. James hace eso siempre que te pide algo desde que entramos en primero y tú lo sabes. ¿Se puede saber de qué te sorprendes ahora?.

Sirius empezó a respirar entrecortadamente y no hacía caso de nada de lo que sus amigos le estaban diciendo. Miró a James unos segundos, le cogió la cara con una mano y la giró como si estuviera buscando algo y salió rápidamente del salón moviendo la cabeza con gesto negativo. Se cruzó con una chica de Hufflepuff, con la que había estado coqueteando unos días, pero no fue capaz de responder a su saludo con algo más que un susurro que sonaba a no puede ser.

Durante las horas de esa tarde no habló, lo que ya era un logro para él. Se pasó toda la hora de transformaciones mirando a James, que empezaba a cansarse de la actuación de su amigo, y a Harry, que no sabía muy bien lo que ocurría y se dedicaba a mirar a Sirius con sospecha. Cuando salieron del aula, James se dirigió a la sala común junto con Harry para recoger sus cosas del quidditch.

-Sirius- éste estaba mirando a los dos chicos andar a través del pasillo, quien no los conociera pensaría que eran gemelos idénticos- ¡Sirius!

-¿Qué quieres, Remus?

-¿Me vas a contar qué te pasa o qué?

-Sí, claro, si no se lo cuento a alguien creo que voy a reventar.- Remus le miró asustado y lo llevó hasta un aula que estaba vacía.

-Habla, que me estás preocupando mucho.

-¿Te acuerdas que te dije que cuando Harry me pidió que dejara a Ginny noté algo en sus ojos q me resultaba familiar?

Remus lo miraba con cara extrañada, no tenía ni idea de adónde quería llegar y qué tenía que ver Harry con la extraña reacción que había tenido esa mañana cuando ni siquiera había estado presente. Pero a pesar de todo respondió afirmativamente a su amigo, con más interés en que continuara que en afirmar que realmente se acordaba.

-Hoy he vuelto a ver eso. No sé qué es exactamente, pero lo he vuelto a ver en James.

-Sirius, si no te explicas mejor, no voy a entender nada.

-Remus, por favor, con lo listo que eres para unas cosas y lo lento que eres para otras. Hoy, cuando James me ha puesto la cara esa que pone cuando quiere algo, he visto en su mirada lo mismo que vi en la de Harry.

-¿Súplica?

-¡No idiota! ¿Es que no lo ves? ¿no te parece raro que se llame Potter?

-Ya ha dicho que sus padres son muggles, no pertenece a la familia de James

-Pero se parece mucho ¿y si nos está engañando también con esto?

-Sirius,- Remus reflexionó unos segundos antes de continuar pausadamente con su explicación- Estoy de acuerdo en que Harry nos ha estado engañando con relación a Voldemort, pero piensa un poco. ¿me estás diciendo que crees que Harry es familia de James?

-Su hijo para ser exactos.

-Has perdido el juicio. Definitivamente.

-¿Ah, sí? Son iguales, se llama Potter, y miran igual cuando quieren algo.

-Todo el mundo tiene un doble, además no son tan iguales, Potter es un apellido muy común entre los muggles y todo el mundo mira así cuando quiere algo. ¡Creo que desvarías!

-¿Y por qué nos conoce? Dice que yo soy como su hermano mayor. Si fuera el hijo de James eso tendría sentido, yo sería su tío Sirius.

-Debes dejar de leer la revista Corazón de Bruja. A ver, piensa, tú siempre me recuerdas que fui yo la primera persona a la que Harry pensó en recurrir cuando nos vio. Si fuera realmente el hijo de James, ¿no crees que sería a él a quien se lo contase?

-Y si James ya no estuviera- Las palabras salieron de Sirius como si se quitase una enorme opresión que le estuviese matando poco a poco.

-No digas eso ni en broma- La voz de Remus sonó más amenazante que nunca en toda su vida.-Lo que tienes que hacer es hablar con él para averiguar qué relación hay entre él y Voldemort. Eso es más importante.

-¿Más importante que saber que es el hijo de James?

-Pero mira que te ha dado fuerte. Y si lo fuera, ¿no crees que Harry intentaría llevarse mejor con James? ¿o se lo habría dado a entender? Yo no me imagino ver a mi padre con mi edad y no decirle nada.

Sirius no acabó muy convencido pero aceptó callarse su, según Remus, absurda teoría y preguntarle a Harry sólo y exclusivamente sobre su relación con Voldemort. Querían saber qué había llevado a un hijo de muggles a terminar durante trece años con un mago que había estado atemorizando tanto a su tiempo como al tiempo en el que ahora estaban.

Ese domingo tendrían de nuevo una sesión extra de defensa contra las artes oscuras con Harry. Había mejorado muchísimo con las transformaciones sin varita, y Snape podía haber dado fe de ello de no ser porque no conocía esa habilidad de Harry. Lily le había ayudado con los encantamientos, se habían pasado horas y horas practicando encantamientos cada vez más complicados sin el uso de varita y Harry ya a penas tenía que concentrarse para hacer uso de esa cualidad. Sin embargo, las maldiciones y contramaldiciones eran otra historia, era muy difícil mantener la concentración y defenderse o atacar al mismo tiempo, pero ese era su nuevo propósito y sus amigos habían aceptado encantados, especialmente los tres merodeadores, que tenían planeado preguntarle a Harry después de su sesión de entrenamiento.

Se pasaron la mañana metidos en la biblioteca haciendo rápidamente todas sus tareas. Hermione estaba totalmente en contra de la táctica de los merodeadores en la que cada uno hacía una asignatura y luego se las intercambiaban, pero como a ellos no podía obligarles a cambiar su método de estudio que duraba ya siete años, pagó su furia con Harry y Ron que intentaron seguir su ejemplo. A la hora de comer ya habían terminado, la mejor parada fue Ginny, a la que Harry le soplaba a escondidas las preguntas que no sabía. Así que tras darse una hora para descansar en la que Ginny y Harry por un lado y Lily y James por otro desaparecieron, se dirigieron a la sala que McGonagall le había habilitado para sus prácticas.

La primera hora todo fue un poco complicado para Harry que no dominaba para nada su poder. Los haces de luz de los diferentes hechizos iban descontrolados y rara vez daban en su oponente, sin embargo después de una hora su técnica mejoró enormemente y su efectividad era tan buena como con la varita. Uno a uno se fueron enfrentando a él. Ya sabían el porqué de ese entrenamiento especial por lo que no salió la típica discusión sobre porqué había que luchar siempre contra Harry. Éste, que sabía que sus padres y sus amigos volverían a su tiempo sin tener que enfrentarse directamente a la guerra, tuvo especial benevolencia cuando se enfrentó a ellos la primera vez, pero no ocurrió lo mismo con Ginny, con Hermione y con Ron.

-Enervate- Harry despertó por tercera vez a Ginny y no parecía muy complacido por ello-¿Qué te pasa hoy? Estás más lenta que de costumbre.

-Déjala en paz, Harry- intercedió Sirius por ella- Eres tú el que no está teniendo compasión de ella.

Ginny se puso de pie y se colocó bien la ropa, miró a Sirius con gesto agradecido y después a su novio de forma desafiante. Sabía que esa presión era por su bien pero hoy en concreto la estaba machacando.

-Sin piedad. Cariño- Ginny recalcó la última palabra y alzó su varita.

Harry volvió a su tónica, lanzaba hechizos y maldiciones sin parar mientras que Ginny a penas tenía tiempo para defenderse. Se había partido el labio y respiraba con dificultad, pero cada vez que caía volvía a levantarse con la varita en alza e incitaba a su novio a que continuara. Ron y Hermione estaban desesperados por meterse en medio, más que un entrenamiento parecía una lucha encarnizada. Sabían que Harry se había vuelto más severo desde que los ataques se habían intensificado y era precisamente a Ginny a la que más exigía, por miedo a que pudiera verse en una situación de peligro; pero el resto no entendían los motivos de Harry.

-¡Déjala en paz, Potter!- James agarró a Harry por el hombro y lo hizo girar sobre si mismo para que le diera la cara- La vas a matar.

-¡Le estoy salvando la vida!.

Harry volvió a girarse con intención de continuar pero al hacerlo su padre y Sirius le agarraron las manos para que no volviera a atacarla. Remus, Andrea y Lily estaban atendiendo a Ginny que tenía la cara llena de arañazos y moratones, pero a pesar de ello intentaba levantarse para seguir enfrentándose a Harry, ella sabía perfectamente el miedo que él tenía a perderla y por eso le exigía tanto.

-¡Soltadme!

Harry se zafó con algo de dificultad de los chicos y se acercó a Ginny. Metió la mano en el bolsillo de la túnica y sacó un bote con un líquido transparente al que ella ya estaba acostumbrada. Al ver la suavidad con que le acariciaba las heridas los demás se separaron un poco.

-Tómatelo. Te pondrás bien enseguida.- Le dijo suavemente mientras le acariciaba el pelo. Ella asintió dolorosamente con la cabeza- ¿Te duele?- le susurró él mientras la besa dulcemente en el labio ensangrentado.-Sabes que te quiero ¿verdad?- el mundo había desaparecido para ellos, pero ellos seguían ahí para el mundo.

-¿Pero tendrás cara?- le gritó James desde el otro lado de la habitación- Primero la machacas y ahora le haces mimos. Enfréntate a mí si eres tan valiente.

-No tienes ni idea de por qué lo hago. Estamos en guerra y hay que estar preparados.

-Especialmente si es tu novia ¿no?- dijo Andrea, que se había mantenido al margen de todo- No debe ser fácil ser la novia del chico que acabó con Voldemort y que se ha enfrentado a él varias veces.

-¿Qué sabéis vosotros de eso?- preguntó Ron con recelo.

-Más de lo que deberían- le respondió Harry cargado de ira- Ya hablaremos después de ese tema. Me interesa mucho saber cómo os habéis enterado. Ahora ¿quién es el siguiente?

James no tuvo piedad con él, después de la escenita con Ginny estaba furioso y quería darle un buen merecido a Harry, pero éste tenía mucha más práctica que él en el enfrentamiento directo y aunque le puso mucha resistencia, Harry no tuvo ningún reparo en desplazarlo dos metros con un movimiento de su mano. Sirius y Remus se llevaron un golpe parecido, Harry estaba muy enfadado con ellos; habían averiguado quién era y lo habían prejuzgado por su comportamiento con Ginny. No había nada en el mundo que le doliera más que hacerle daño a ella pero sabía que eso podría salvarle la vida en un momento dado.

La siguiente fue Lily, que tuvo que discutir con James para empezar su duelo con Harry. Éste miró a James antes de empezar, que le devolvió una mirada amenazante. Lily era buena con la varita pero no tanto como los merodeadores y tampoco estaba tan bien entrenada como Ginny o sus amigos. Harry ya había descargado mucha adrenalina con los chicos y aunque estaba considerablemente cansado estaba venciéndola con sorprendente facilidad. No usó ningún hechizo muy beligerante, no sabía por qué pero se sentía incapaz de atacar a Lily. No podía machacar a su madre. James era distinto; lo había provocado y eso había sacado de su cabeza el cartel de padre que debía haber llevado, pero Lily era otra cosa. La simpleza de los hechizos que usó llamó mucho la atención de los que los estaban mirando y permitió a Lily no solo defenderse sino atacar en un par de ocasiones. Una de ella Harry estuvo a punto de recibir un hechizo paralizante y creó un escudo de protección tan poderoso que Lily salió despedida hacia atrás con mucha fuerza.

Harry reaccionó justo cuando su madre iba a estrellarse con fuerza contra la pared, con un gesto la detuvo en el aire y la bajó despacio hasta que llegó al suelo, bajo la mirada sorprendida de todos los presentes. Lily estaba impresionada y miraba a Harry con una sonrisa enorme que hizo que el chico se sintiera un poco incómodo.

-¡Eh, Potter! ¡Estoy harto de tu juego! No te importa machacar a tu novia pero tratas a la mía entre algodones. Si te acercas a ella más de lo normal te acuerdas de quién es James Potter.

-¡James!-le riñó Lily, que se puso entre los dos chicos para que se separasen un poco- No tienes ningún derecho a montar esta escenita, ya estoy harta de que lo trates así-James y Harry la miraban con los ojos abiertos y luego se intercambiaban entre ellos miradas que en principio eran de sorpresa pero que en seguida se llenaban de odio.- Harry, no le hagas caso, has sido muy amable.

Lily le guiñó un ojo y lo miró fijamente pero en esa observación pudo ver como la brillante cicatriz de su frente se hacía cada vez más visible, en la misma que el rostro de Lily se llenaba de preocupación. Harry, por su parte, estaba haciendo grandes esfuerzos por no doblarse allí mismo de dolor y demostrarle a su padre que era débil, pero la cicatriz lo estaba mortificando más de lo que ya le tenía acostumbrado. Sabía lo que estaba ocurriendo y que Lily se estaba dando cuenta así que se giró rápidamente para dirigirse hacia donde estaban Hermione, Ron y Ginny. Bastó que sus amigos le echaran un vistazo para saber lo que estaba pasando. Ginny se levantó rápidamente del suelo, donde había intentado recuperarse, y se acercó a él con cautela.

-¿Estás bien, cariño?

Harry hubiera querido responder que sí, incluso no le hubiera importado poder responder que no, pero no podía hablar, no podía seguir moviéndose y todo a su alrededor empezaba a nublarse. El dolor de la cicatriz solo era tan intenso cuando Voldemort estaba cerca pero ahora no estaba y tampoco estaba soñando con él. Quiso seguir planteándose hipótesis sobre ese ataque de dolor pero en cuestión de segundos se hizo tan agudo que sólo pudo caer al suelo con un alarido desgarrador.

-¡Harry!¡Harry, mi vida, despierta!- Ginny estaba arrodillada en el suelo abrazada a su novio que había caído inconsciente.

-Vamos compañero, despierta, ¡tienes que despertar!

-¿Qué le ocurre?- preguntó Lily muy preocupada- ¿Está enfermo?

-No es nada- fue la respuesta tajante de Hermione.

-¿Cómo que no es nada? ¡Mírale! - gritó Andrea desesperada.

Sirius y James no se acercaron a Harry que seguía inconsciente en el suelo pero moviéndose con violentas convulsiones y gestos de dolor. Se pasearon nerviosamente por la habitación intercambiando miradas de preocupación.

-¡Voy a por McGonagall!-dijo Remus saliendo por la puerta.

Ginny, Lily y Hermione estaban agachadas junto al cuerpo de Harry, la primera abrazada a él le besaba incansantemente y con suavidad la fuente de su dolor en un intento de conseguir que se calmara. A pesar de la enorme opresión que sentía en el pecho y del poco ánimo que recibía por parte de los que estaban allí no soltó ni una lágrima. Desde que había empezado con Harry, lo había visto retorcerse de dolor en varias ocasiones especialmente antes de que dominara la oclumencia pero nunca había llegado a ese estado.

McGonagall llegó acompañada del director y entró en la habitación con la cara pálida buscando en todos lados a Harry. Dumbledore parecía más calmado pero tras sus gafas de media luna podía descubrirse una enorme pesadumbre. Harry no despertó y tuvieron que llevarlo a la enfermería donde Ginny insistió en quedarse con él. Para todos fue un choque muy violento. No sabían qué había ocurrido y no paraban de acribillar a preguntas a Hermione y a Ron que no tenían la mente para sus constantes dudas.

-Escuchadme un momento- sentenció Hermione para detener la oleada de cuestiones- Harry es nuestro mejor amigo y ahora mismo está inconsciente en la enfermería. No tenemos el cuerpo para esto.

Después de dos días sin abrir los ojos y sin más movimiento que algún gesto de dolor, Harry despertó en medio de la noche. A su lado como cada noche estaba una Ginny que presentaba un aspecto aún más demacrado que su novio.

-Gin- la voz salió ronca y baja, como si se le hubiese olvidado cómo se usaba. Así que tuvo que acariciarle la mano para que se percatara de que había despertado

Ella abrió los ojos despacio y cuando se dio cuenta que no era un sueño esbozó la primera sonrisa desde que Harry perdiera el conocimiento.

-¡Sra. Ponphrey! Hay que avisar a Dumbledore, ¡Harry a despertado!

La enfermera salió disparada a buscar al director mientras daba saltitos de alegría. Harry no había soltado la mano de su novia que ahora se abalanzó sobre él para abrazarlo.

-¿Qué ocurrió?

-Voldemort intentó meterse en mi mente otra vez. Está enfadado porque no puede y quiso poseerme. Fue un dolor horrible. ¡Oh, Gin, fue horroroso!

-¿Estás bien? Llevas dos días sin conocimiento, temíamos que en tu estado Voldemort pudiera meterse en tu mente sin problema, pero al parecer....- la chica giró la cabeza para evitar que él la mirara.

-¿Qué ha pasado?

-Ha estado muy ocupado, quizá desquitándose por no haberlo logrado. Ha matado a cientos de muggles y magos en solo dos días. Ha estado imparable, ayer oí a Dumbledore decir que la orden está en el límite, a penas han dormido y han tenido muchas bajas.

-¿Y Remus? - Harry se intentó incorporar pero estaba muy débil- ¿Sabes algo de él?

-Nadie nos ha dicho nada así que supongo que estará bien.

El director llegó con aspecto cansado hasta la cama donde estaba Harry y pidió a Harry que le contara lo que le había ocurrido. El chico volvió a repetir lo que le había contado a su novia y le exigió que le contara cómo estaba la orden, especialmente lo único que le quedaba de su familia: Remus.

Al día siguiente por la noche Harry estaba muy recuperado y tras rogarle y rerogarle a la enfermera, pudo volver a su torre. Todos habían ido a visitarle después de comer y se habían mordido la lengua para no preguntarle sobre lo ocurrido, especialmente Sirius al que las preguntas se le acumulaban cada vez más. Lily había traído una gran bolsa de ranas de chocolate aunque no quiso decir de donde la había sacado, lo que hizo suponer a Harry que ella también era asidua al pasadizo de la bruja tuerta. En la sala común todos se preocuparon mucho por él, pero se inventó una historia sobre un empacho de dulces y la mayoría no puso objeciones.

De manera milagrosa ninguno de ellos tuvo sueño esa noche, lo de Harry era comprensible pues estaba cansado de estar metido en la cama pero lo del resto era pura curiosidad. Unos buscaban la manera de comenzar la conversación y los otros de detenerla antes de que adquiriese un tono peligroso. Harry los miraba como si se hubiese perdido un par de capítulos y en su mente sólo rondaba una idea. Tenía que ver a Remus. Él era capaz de calmarle como nadie y necesitaba asegurarse de que lo que le había dicho el director no era una mentira piadosa para evitar que él empeorara.

Buscó en su baúl el espejo que Sirius le había regalado en quinto curso; Remus se había encargado de arreglarlo para estar siempre en contacto, desde que Sirius había muerto, se habían convertido en la única familia que le quedaba al otro. Neville, Dean y Seamus estaban durmiendo así que cogió el espejo y entró en el baño para no despertarles.

-¡Harry! ¿Cómo estás?

El Remus adulto apareció muy preocupado al otro lado del espejo. Aunque tenía un aspecto bastante demacrado los ojos color miel le brillaron al ver a Harry sano y salvo, su enorme sonrisa compensó las profundas ojeras que anunciaban lo poco que faltaba para la luna llena.

-Muy bien, ¿y tú qué tal? Ha habido muchos ataques ¿Tú has estado?- Harry hablaba atropelladamente lo que arrancó de Lupin una mirada tierna.

-En algunos sí y en otros no. He dormido poco estos días pero estoy completamente sano.

-¿Sano? ¿Te has mirado al espejo?- ironizó el chico ahora mucho más tranquilo.

-¿Qué tal te llevas con mi yo de diecisiete años?

-Bien, no has cambiado mucho. Calladito, paciente y pacifista.

-Cuéntale eso a los mortífagos del otro día.- Ambos se rieron sinceramente de la broma.-Me gustaría tanto poder ir a Hogwarts.- El rostro de Remus se ensombreció y Harry pudo notarlo- Ver a Sirius, aunque solo fuese una vez más, aunque fuese coqueteando con una chica- Harry sonrió- ¿Qué tal con tu padre? Me gustaría muchísimo verle, le he echado mucho de menos, pero Dumbledore no me deja.

-¿Mi padre? ¿por qué no me habíais dicho que mi padre es un arrogante creído insoportable?

-Veo que os lleváis bien.-dijo Remus con sarcasmo- Harry, tu padre es una buena persona y un gran amigo.

-Yo no lo dudo, pero a mí me odia.

Lupin se quedó callado unos minutos mirando a Harry con un tono de melancolía y una chispa de envida en sus ojos por poder ver a sus amigos. De repente su rostro cambió; Harry lo conocía lo suficiente como para saber que se había dado cuenta de algo.

-¿Qué ocurre?

-No le había dado importancia hasta ahora, pero...- Remus meditó unos instantes y continuó al darse cuenta de la cara de impaciencia del chico- desde principios de séptimo James y Sirius siempre decía que tenía la sensación de haber perdido algo importante. Pasamos unos días en la enfermería después del hechizo de tu madre, debió ser cuando volvimos del futuro

-¿Tú te acuerdas de todo esto?

-¡Claro que no! Dumbledore dice que nos borró la memoria, pero ellos siempre decían eso. Habían perdido algo importante pero no sabían qué era. Sirius nunca perdió esa sensación pero tu padre...¿sabes cuándo la perdió?

-No

-James perdió esa sensación el día que te cogió en brazos por primera vez. A lo mejor te recordaba en el futuro ¿quién sabe? Quizá este James te odie, aunque lo dudo, pero no tengas duda de que años después se enamoró de ti desde el primer momento que te vio.

Harry se hinchó de orgullo y al mismo tiempo de tristeza, tenía a un James que era el que no le correspondía conocer, uno que le odiaba y eso impedía que pudiera aprovechar todos esos momentos que perdió. Remus se dio cuenta de que los ojos de Harry empezaban a brillar y prefirió cambiar de tema.

-Dumbledore dice que te llevas muy bien con tu madre- la mención de su madre hizo a Harry sonreír de nuevo, ella sí era lo que necesitaba.- Es guapa ¿verdad?

-Es la mujer más maravillosa del mundo. Bueno Ginny... Tú me entiendes, ¡es mi madre! Pero...- una sonrisa maliciosa se dibujó en su cara y Remus pudo sentir el terror.- Andrea también es muy guapa, no sé por qué no me has hablado nunca de ella.

-Andrea es... una amiga del colegio, sólo eso.

-Ya, claro, pues no es lo que parece aquí. ¡No lo niegues! Esa chica te gusta, te gustaba ¡Ay, qué lío con los verbos!- Remus giró la cara para que Harry no pudiera verle y él se temió lo peor- ¿Está...? quiero decir... ella... sigue viva ¿verdad?

-Sí, es una perfecta muggle del norte de escocia...- su tono de voz se había vuelto profundo y triste- O al menos eso era la última vez que la vi.

*********

Los merodeadores habían respetado a Harry pero no querían esperar más tiempo así que en cuanto Harry subió las escaleras arremetieron contra Hermione, Ron y Ginny. Querían saber qué era exactamente lo que le había ocurrido a Harry, y sobre todo quién era Harry. Harto de decir que no y de verse en el compromiso en el que le estaban poniendo Ron terminó escaqueándose escaleras arriba, pero los chicos no se iban a conformar así que subieron corriendo tras él dejando a las cuatro chicas en la sala común. Entraron en la habitación de Ron corriendo y montando un gran escándalo que despertó a sus tres compañeros. Al ver que la voz de Harry no había protestado los cuatro miraron su cama adoselada. Harry había cometido el fallo de olvidar cubrir su cama así que todos vieron que no estaba acostado como había dicho.

-Neville, ¿y Harry?

-No lo he oído subir.

Ron se asustó muchísimo y miró a Remus que parecía también preocupado. James por su parte se mostraba crispado porque les había engañado y Sirius lo estaba buscando debajo de la cama.

-Voy a avisar a las chicas- avisó Sirius después de su inspección.

La primera idea de Remus fue mirar en el baño antes de poner el grito en el cielo. Cuando abrió la puerta, Harry estaba apoyado en el lavabo hablando divertidamente con un espejo.

-Harry ¡Menudo susto!

Harry se quedó pálido, tenía enfrente de sí a un Remus de diecisiete años y en el espejo a uno que rozaba casi los cuarenta.

-¿Con quién hablas? Yo tengo uno igual.

Ron intentó que James no se acercara al espejo porque sabía que la única persona con la que Harry hablaba a través de ese espejo era con Lupin, pero falló y James se hizo con el espejo. Si Harry se había quedado pálido, James rozó el infarto al corazón.

-Lunático- la boca se le quedó abierta sin poder reaccionar.

El Remus joven contestó a la llamada como si se refiriera a él, pero corrió a su lado cuando vio que James no quitaba los ojos del espejo. Remus, desde Grimmauld Place, donde estaba haciendo guardia, no pudo mover ni un músculo, tenía en frente suya a sí mismo, pero lo que todavía era más impactante tenía a James, a uno que a penas había cambiado desde la última vez que habló con él en Godric Hollow.

-¡Cuánto tiempo, Cornamenta!

-¡Lo habéis encontrado!- gritó Sirius al entrar al cuarto acompañado de las chicas.

Los compañeros de habitación de los chicos estaban empezando a asustarse y no podían dormir con el escándalo así que decidieron levantarse para investigar, sin embargo se encontraron con una Hermione que no quería compartir ese momento con más personas y con un hechizo los dejó profundamente dormidos. Harry hizo un intento de recuperar el espejo pero recordó lo que Remus le acababa de decir y no quería privarle de la posibilidad de ver a sus amigos aunque solo fuese un instante, como él había pedido.

-Remus ¿Eres tú?-Preguntó Sirius sorprendido apretujándose entre el joven Remus y James.

-¡Vaya, qué extraño es esto!-Dijo Remus antes de moverse para dejar sitio a Sirius, se le hacía demasiado paranoico verse a sí mismo con cuarenta años.

-¡Lunático! - gritó Sirius encantado, arrancando a todos una sonrisa- ¡Tienes canas! ¡Y arrugas!.

-¡Oh, Sirius cómo te he echado de menos!

-¿Por qué?- preguntó James, bastante menos extasiado que su amigo y con un tono más preocupado- A mí me has dicho que cuánto tiempo y a él que lo has echado de menos ¿Es que acaso no nos vemos?

El rostro de Remus se contrajo, no podía decirles que habían muerto. Había sido un idiota haciendo esos comentarios pero su razón dejó de actuar cuando se encontró delante de James.

-Últimamente todos estamos muy liados- intentó salvar- ¿Y Lily?

-¡Remus! ¡Qué guapo!- Lily había dejado a un lado a Andrea y miraba a uno y otro Remus con una enorme sonrisa- ¿No está mi yo adulto por ahí? ¡Quiero saber si tengo muchas arrugas!- bromeó la chica- Vaya esto es extrañísimo.

-¡Déjame ver!- Andrea prácticamente le quitó el espejo a Lily que estaba tan contenta como los demás por encontrarse con uno de ellos versión adulta.

-¡Andy!-Andrea se sonrojó un poco y miró con reproche al joven Remus- ¡Estás preciosa!

Remus la miró como si hubiera visto un fantasma. Después de haber visto a James y Sirius, estaba preparado para ver a Lily, con los mismos ojos y la misma sonrisa que el día que la despidió antes de que se escondieran, pero Andrea... Andrea no estaba muerta pero era un fantasma de su pasado.

-¿Ya no lo estoy?- preguntó ella haciéndose la triste-¿o es que llevas mucho tiempo sin verme?

Remus quiso golpearse contra una esquina por no ser capaz de pensar antes de hablarle a su antigua pandilla de amigos, pero era extremadamente difícil usar el cerebro cuando te reencuentras con los que habían desparecido.

-Es que había olvidado lo preciosa que eras con diecisiete años.- intentó arreglar lo que hizo que Andrea se sonrojara aún más.

-¡Ey! - Gritó de fondo el joven Remus. Y todos se rieron, incluido él mismo con algunos años más.

-¡Chicos! No creo que sea buena idea lo que estáis haciendo- Hermione como siempre actuó como conciencia colectiva.

-Tienes razón Hermione- dijo Remus desde el espejo- Sed buenos y cuidaos mucho.

Todos se agolparon para despedirse de él, mientras que él los miraba como si fuese la última página del libro que escribía con ellos. Intentó alargar ese momento todo lo que le permitieron sus ganas de llorar, pero no pudo resistir ver a sus amigos por más tiempo, jóvenes y felices cuando pocos años después sus vidas cambiarían tanto.

-Travesura realizada-dijo con la voz entrecortada antes de acabar con la conexión.

Los merodeadores y las chicas salían del dormitorio de los de séptimo. James miraba con curiosidad el espejo, que había dicho que era como el suyo.

-¡Un momento! ¡Este es mi espejo!

Al oírlo Sirius se abalanzó sobre el espejo como si esa fuera la prueba que estaba a punto de confirmar toda su teoría.

-Yo gravé esta L y esta J justo dos días antes de llegar aquí.- bramó James pasándole el espejo por la cara a Harry- ¿Me puedes explicar qué significa?

-El compañero de ese espejo es mío ¿por qué lo tiene Remus?

El silencio se apoderó de los presentes. Ron parecía más nervioso que nunca y las chicas buscaban a Harry con la mirada para evitar que les contara algo. Harry, acorralado entre un Sirius y un James muy furiosos a penas se podía mover, así que tomó una decisión.

-Está bien. Es hora de que me dejéis en paz con tantas dudas y tantas sospechas. ¿Queréis respuestas? Pues las vais a tener. ¡Bajad conmigo a la sala común!

-¿Te has vuelto loco?- le gritó Hermione fuera de sí- ¡Tú no vas a contar nada!

-Hermione, es mi vida ¿de acuerdo?

La respuesta seca de Harry dejó a la chica muy desconcertada pero no dudó ni un segundo en bajar con el resto a la sala común para escuchar lo que Harry tenía que contar.

N/A: Lo primero primerísimo, lo prometido es deuda: Evix, Pekenyita, os dedico este capítulo porque estabais muy interesadas en la aparición de Lupin, os dije q esto era un adelanto, espero que haya sido suficiente. Un besito wapas que sois geniales.

Otra cosa, habrá quien ya los sepa pero tengo que decirlo, Evix_Black, q es la autora de la fantástica historia "la 2ª guerra: hay q salvar a los que queremos", ha tenido un pequeño accidente en su mano derecha (es diestra) así que tardará en actualiza (No es grave). Espero que no reciba ningún howler y q tengamos paciencia, q a ella le duele más no escribir que a nosotros no leer.

Y ya lo de siempre, ¡Q SOIS LOS MEJORES! habéis dejado unos reviews estupendos q me alegran el día y que espero q os siga gustando. Ah! y otra cosa, pido también paciencia para mí. Soy como "El Almendro" y vuelvo a casa por navidad así que a lo mejor mis compromisos familiares y el compartir el ordenador con mi hermano hacen que actualice un poquito más tarde. Intentaré que no.

MUCHISIMO BESOS A TODOSCAPÍTULO 10: CUATRO MERODEADORES.
-Está bien. Es hora de que me dejéis en paz con tantas dudas y tantas sospechas. ¿Queréis respuestas? Pues las vais a tener. ¡Bajad conmigo a la sala común!

-¿Te has vuelto loco?- le gritó Hermione fuera de sí- ¡Tú no vas a contar nada!

-Hermione, es mi vida ¿de acuerdo?

La respuesta seca de Harry dejó a la chica muy desconcertada pero no dudó ni un segundo en bajar con el resto a la sala común para escuchar lo que Harry tenía que contar.

La sala estaba sola y todos se acomodaron alrededor de la chimenea para no perderse detalle de la declaración de Harry. Él bajó despacio, rumiando lo que quería decir. Los merodeadores no eran personas a las que se les pudiera engañar con facilidad y ellos ya le habían mantenido oculto todo lo que había pasado por dos meses y medio, todo un record, pero lo que tenía que decir era demasiado hiriente y difícil de digerir a pesar de que Dumbledore después les borrase la memoria. ¿Cómo decirle a su madre mamá no te he conocido nunca? Por otro lado estaba el hecho de que aunque se la borrasen siempre quedaría algo, al menos eso le había dicho Remus, a su padre siempre le quedó la sensación de dejar a una parte de él lejos y a Sirius ¿qué sería lo que Sirius había dejado atrás?

-¿Piensas empezar o nos has traído aquí para una fiesta del pijama?

Harry miró a su padre, que le había sacado de sus pensamientos, con cara de asco, pero se le dibujó una sonrisa perversa al imaginar cómo podría reaccionar James al descubrir que estaba tratando tan mal a su propio hijo.

-Está bien ¿por dónde empiezo?- se preguntó a sí mismo

-¿Qué tal por el hecho de que acabaste con Voldemort cuando eras un bebé?- le apuntó Sirius con algo de sorna.

-De acuerdo. Cuando yo nací, Voldemort estaba en su mejor momento, no había nadie que le hiciera frente. Mataba aurores cada día, los muggles se estaban dando cuenta de todo y los magos empezaron a temer incluso pronunciar su nombre- Sirius puso cara de ahora sé porqué el numerito de Patricia - Ya os he dicho que soy hijo de muggle- de repente la cara de preocupación de Hermione y Ginny se convirtió en una poco disimulada cara de sorpresa, mientras que a Ron le daba un ataque de tos, pero nadie lo notó- Una noche, cuando yo tenía un año, el pueblo donde vivía fue atacado; la maldición Avada Kedavra que Voldemort me mandó rebotó en mí sin saber cómo y le dio a él.

-¿Una maldición Avada Kedavra rebotó en ti? - Preguntó James con escepticismo- Creía que nos ibas a contar la verdad, no un cuento para dormir.

-Si no te gusta lo que oyes ya sabes donde tienes tu cama. Esa es la verdad. Nadie sabe cómo ocurrió-Harry se había convertido en un gran mentiroso desde que dominaba la occlumencia, pues su profesora le había enseñado no sólo a cerrar su mente sino a mostrarse indiferente ante lo que decía para no ser descubierto.

-Está bien- apaciguó Lily-Continúa por favor.

-Muchos pensaron que había muerto aunque no fue así. Hace tres años Voldemort volvió y desde entonces estamos en guerra. Después del ataque, mi familia descubrió que era mago y Dumbledore me proporcionó una protección especial aunque un poco disimulada, así que yo no supe que era mago hasta que cumplí los once años.

-Eso no explica, entonces, cómo nos conocemos.

-Sí lo explica. Durante la primera guerra Dumbledore creó un grupo secreto para luchar contra Voldemort: La orden del Fénix, al cual vosotros pertenecéis. Por así decirlo, los merodeadores sois mis más fieles protectores. Así que hemos terminado siendo amigos, muy buenos amigos.

-¿Me estás diciendo que somos tus guardaespaldas?- James no podía creerse lo que estaba oyendo.

-No lo hacéis como un trabajo. Ya os he dicho que somos amigos.

-¿Pero porqué necesitas protección especial? - preguntó Andrea- ¿Voldemort te sigue persiguiendo?

-Desde que entré en Hogwarts ha intentado matarme algunas veces. En primero poseyó a un profesor y me salvé por suerte. En segundo poseyó a Ginny- todos la miraron y ella intentó esconderse detrás de Hermione- y su basilisco casi me mata pero el fénix de Dumbledore me ayudó.

Harry lo contaba como si fuese lo más normal del mundo pero el resto lo miraba con cara de asombro. Para la mayoría, Harry se estaba convirtiendo poco a poco en un héroe, sin embargo, para James no empezaba a ser más que un chico arrogante que quería quedar bien delante de los demás.

-En cuarto volvió. Ya no era un espectro o lo que fuera que hubiera sido. Ahora era de carne y hueso y la orden del Fénix volvió a unirse.

-¿Y cómo te salvaste ahí?- preguntó Lily emocionada, haciendo que su novio se derrumbara en el sofá en un gesto de desesperación.

-Su varita y la mía, son hermanas- los demás se quedaron un poco perdidos con la contestación- No pueden enfrentarse directamente.

-Prior incatatem- respondió Lily, asintiendo con la cabeza.

-Voldemort me quiere muerto. Por eso me han preparado tanto, por eso la oclumencia y las clases especiales de defensa y por eso el otro día intentó poseerme. Ya no puede leerme la mente así que intentó meterse dentro de mí. La cicatriz es un punto de conexión entre nosotros, cada vez que está cerca me duele tanto que preferiría estar muerto.

Harry dio por concluida su historia, pero el resto no quedó muy satisfecho.

-¿Y el resto de años? Te faltan tres- le dijo Sirius.

-En tercero conocí a los merodeadores.

-¿A Peter también? No me imagino yo a Peter de guardaespaldas de nadie- dijo Remus sonriendo.

Harry miró a sus amigos buscando en ellos la fuerza que empezaba a perder él. Quería contarles todo acerca de esa rata asquerosa, que lo escribieran en un papel para que no lo olvidaran incluso aunque Dumbledore les borrara la memoria, pero era una información demasiado dura.

-Sí, a ese también. Tú fuiste profesor de defensa contra las artes oscuras ese año. Así que una noche, volvisteis a merodear por Hogwart- Harry lo dijo con un grave tono de melancolía, realmente todos los merodeadores había estado allí esa noche de una u otra manera. - Desde entonces, cuidáis de que no me pase nada grave. En quinto y sexto no pasó nada interesante.

Volvió a mentir, no quería romper la enorme felicidad que estaba teniendo Sirius en ese momento. Le había hecho ilusión saber que todos pertenecían a la orden, que luchaban juntos contra Voldemort y que a pesar de los años, seguían merodeando por el castillo como cuando eran jóvenes. Hubiera sido demasiado duro decirles que todo era una mentira, que solo Remus cumplía esa función de protector porque ellos ya estaban muertos.

-¿Y qué haces tú con mi espejo?- James no estaba tan contento como Sirius.

-Tú me lo diste. Aunque no te lo creas, soy tan importante para ti que me diste tu espejo para que estuviera en contacto con vosotros por si me pasaba algo. El de Sirius está en el cuartel general para que yo dé el aviso. No pretendo que seamos amigos ahora, James, pero quiero que sepas que igual que le dije a Sirius que era como mi hermano, tú eres como un padre para mí.

-¿Y eso por qué?

-Digamos que porque Sirius nunca sería un gran padre responsable. Él no ha perdido su toque de locura.

James y Harry miraron al aludido que estaba molestando a Andrea para que mantuviera con él un duelo y así demostrar lo que le llevó a pertenecer a la orden del fénix. Los dos se sonrieron y por un momento Harry pudo ver en su padre un toque de cordialidad que no había visto en todo el tiempo que llevaba en Hogwarts.

-Ves Canuto, como tu historia era muy absurda- comentó Remus mientras le empujaba escaleras arriba para que dejara a Andrea.

-¿Qué historia?

-Nada, James, déjalo, historias de éste, que se aburre mucho y le da por pensar.

-Pues que no se aburra que cuando piensa es un peligro-dijo Lily con ironía, haciendo que todos se rieran.

La semana siguiente fue muy extraña para todos. Se hacía raro no escuchar a James de fondo cada vez que Harry hacía un comentario, Sirius a veces le miraba expectante, buscando una mirada de asco casi comparable a las de Snape o un comentario mordaz, pero no llegaban, incluso James empezó a reírse con Harry y pasaban algún tiempo solos hablando y riendo. Para Harry fue difícil de asimilar; esperaba que fuera algún plan macabro de James para terminar riéndose de él o gastándole alguna broma, pero después empezó a gustarle. Era verdad todo eso que decían de él, era buen amigo y muy divertido.

-Harry.

Ron, Hermione, Ginny y Harry estaban en el dormitorio de ellos acostados en las camas de los chicos pasando el tiempo del sábado.

-Mmmmm- respondió desde su cama abrazado a Ginny.

-¿No te parece que tu padre está últimamente especialmente simpático contigo?

-No me había dado cuenta- mintió él haciendo que Ginny le diera un pequeño golpe en la cabeza por embustero.

-Ya, claro- ironizó Hermione a la vez que se erguía en la cama que compartía con Ron- Pero si esta mañana te estaban buscando un mote de esos que tienen ellos.

-¿En serio?- Harry se levantó visiblemente emocionado y al ver la cara de sus amigos volvió a acostarse intentando disimular su alegría.- Esto
quiero decir ¿Ah, sí?

Los otros tres chicos empezaron a reírse, al mismo tiempo que Harry se sonrojaba un poco.

-¿Bajamos a cenar?- propuso para que dejaran el tema de lo amiguitos que se habían hecho James y Harry.

En el gran comedor ya estaban los merodeadores y las chicas así que se sentaron junto a ellos dispuestos a devorar todo lo que le pusieran por delante.

-Eva ¿me pasas el pollo? ¡Me muero de hambre!-Harry hacía señales para alcanzar el pollo pero no llegaba. Su madre lo miró y sonrió pero no hizo ningún intento por pasarle la comida- ¿Lily? ¿Me has oído?- ella afirmó con la cabeza pero siguió quieta y sonriendo.

-¿Pero que te pasa? - Preguntó James zarandeándola un poco para que reaccionara- Toma Harry.

Harry tomó con avidez el plato que su padre le pasaba su padre. Cogió un trozo y lo miró con deseo dispuesto a engullirlo pero no le dejaron.

-¡Harry! ¡Harry! ¡Ron!- Seamus venía corriendo por el pasillo entre las dos mesas con cara desesperada.

-¿Qué pasa?- le preguntó cuando llegó e intentó morder se muslo, tenía un enorme agujero en el estómago

-¡Es Neville!- Seamus tiró del brazo de Harry y éste siguió a su comida con la boca abierta pero fue imposible alcanzarla- ¡Está en la enfermería!

Harry tiró desesperado su trozo de pollo y salió disparado hacia la enfermería seguido de Ron y Seamus.

La profesora McGonagall estaba allí con Dean, junto a la camilla de Neville. Parecía como si se hubiera tirado desde la torre de astronomía. Tenía moratones por toda la cara y el brazo y la pierna vendados.

-¿Qué te ha ocurrido?

-Me caí por la escalera, pero Madam Pomfrey dice que mañana estaré bien. Me he tenido que tomar como siete pociones diferentes.

-Menudo susto nos has dado.- dijo Harry respirando ya más tranquilo- ¿Pasarás aquí la noche?

-Sí así es.

-¡Ah! Señor Lupin, ya está usted aquí.- La enfermera se dirigió a la puerta donde Remus había aparecido con el rostro demacrado y unas ojeras muy profundas.- Pase, es temprano, ahora le acompañaré.

Los chicos se quedaron un rato con Neville y Remus. Dean, Seamus y Neville no entendían muy bien qué era lo que hacía el chico nuevo allí, pero tampoco preguntaron mucho. Después de una hora más o menos, los cuatro chicos subieron a la habitación dejando a los dos enfermos allí. En la torre Griffindor no quedaba mucha gente, Harry pensó que su padre y Sirius estarían en la habitación preparando su salida nocturna a la luz de la luna llena. Las chicas también se habían acostado pronto, así que Ron y Harry estuvieron pronto metidos en sus cómodas camas adoseladas.

Mientras había estado en la enfermería, con el susto y luego con la visita de Remus, Harry había olvidado el enorme agujero que tenía en el estómago. Eran las diez y media, todavía no entendía muy bien porqué se habían subido tan pronto las chicas. Miró a Ron y estaba roncando profundamente, necesitaba algo para comer así que se le ocurrió coger la capa de su padre y acercarse a las cocinas para que los elfos le saciasen.

Se levantó despacio para no despertar a sus amigos y sacó la capa de su padre. Al cogerla se le hizo curioso pensar que tanto James como él tenían la misma capa en el mismo tiempo, era un poco complicado de razonar, pero al fin y al cabo muy curioso. No se encontró a nadie por los pasillos y cuando Dobby le vio entrar lo sentó en una silla y le acercó pastelitos de todos los sabores y chocolate caliente. Harry comió todo lo que su estómago dio de sí y se llenó los bolsillos con grandes cantidades de dulces y pasteles. El camino de vuelta se le hizo mucho más largo, se sentía muy pesado y sólo le apetecía sentarse en el sillón junto al fuego durante un rato hasta que le llegara el sueño

-Flores de primavera.

La señora gorda miró a un lado y a otro buscando quién había dicho la contraseña, pero como era correcta tuvo que abrir. Harry se dio cuenta de que no se había quitado la capa pero entró con ella todavía puesta hasta que se chocó contra la nada y cayó al suelo.

-¿Qué ha sido eso, Cornamenta?

-¿Sirius?

-¿Harry?

-¿James?

-Y si nos quitamos la capa y nos vemos las caras- dijo muy acertadamente Sirius tirando de la que compartía con James.

-¿A dónde vais?

-A acompañara a Lunático, bueno, ya no le hace falta, pero así tenemos la excusa. ¿y tú?

-Vengo de las cocinas- Harry sacó un puñado de pasteles de su bolsillos y James y Sirius se abalanzaron sobre él.

-¿Vienes con nosotros?

La invitación de Sirius le pilló de sorpresa a Harry, pero por la cara de su padre, también pudo verse que no era un plan pactado entre los dos. Para Harry era todo un orgullo poder ir con ellos, había soñado muchas veces estar con ellos, merodear por el castillo como ellos lo habían hecho.

-No, mejor no- James no estaba enfadado, parecía muy preocupado- podría ser peligroso y a no ser que también seas capaz de convertirte en animago corres mucho peligro.

Sirius y Harry lo miraron con los ojos abiertos y sin ser capaces de reaccionar ¿James protegiendo a Harry? ¿Desde cuando?

-Cornamenta, creo que se te ha subido a la cabeza tu función de guardaespaldas. Remus ya no es peligroso.

-Es verdad, James, yo he visto a Remus transformarse muchas veces desde que lo conozco, prácticamente paso el verano en el cuartel general de la orden y él se transforma allí. - En realidad desde que había cumplido los diecisiete ese verano se había trasladado a la que ahora era su casa en Grimmauld Place a vivir con Lupin.

-Está bien, pero tendrás cuidado

Harry estuvo tentado a decir sí, papá, pero creyó no haberlo dicho, sin embargo lo había oído. Por suerte no había sido su voz sino la de Sirius, que como hacía Ron con él, ahora se pasaba el día burlándose de James por ser tan amigo de Harry.

Salieron a los terrenos y una enorme claridad les abría el camino hacia el sauce boxeador, no habían hablado debajo de sus capas, en los pasillos, para no ser descubiertos por la Señora Norris y ahora aligeraban el paso porque se les estaba haciendo tarde.

-¿Por qué se han subido las chicas tan temprano?-preguntó Harry después de que Sirius apretara con un palo el nudo que detiene al árbol.

-Son muy solidarias- respondió su padre con un tono de son más bien tontas, pero vamos a ser diplomáticos

-¿Solidarias?-Harry pudo notar mientras hablaba que o el túnel hacia la casa de los gritos había encogido o él había crecido mucho en cuatro años.

-Sí, Andrea se enfada con Remus y las demás como son muy solidarias, se enfadan con nosotros.

Harry pasaba su mirada extrañada de uno a otro. Sirius se reía de la situación pero a James parecía no hacerle mucha gracia que Lily se enfadara con él por culpa de Remus.

-¿Qué ha ocurrido?

-Lo de siempre- contestó James un poco crispado- Andrea y Remus llevan así desde quinto, con ese sí pero no. Ellos dicen que son amigos pero no se les puede acercar nadie con intenciones lejanas a la amistad

-Ella quiere dar un paso más- siguió explicando Sirius cuando llegaban a la primera planta de la casa de los gritos- pero Remus no quiere.

-¿Por qué no?- preguntó Harry en un susurro, muy interesado, para después echarle una buena bronca al Remus adulto, por tonto.

-¿Te imaginas a Remus paseando con su novia a la luz de la luna?

Harry a penas pudo oír la contestación de su padre pero cuando iba a replicarle se paró en seco delante de un enorme lobo que le era muy familiar pero que no se alegraba mucho de verlo.

-Tranquilo Remus, no es la primera vez que te acompaño en una transformación.

El lobo se giró hacia sus dos amigos y les lanzó un gruñido de recriminación.

-Ahora nos transformaremos los dos, Harry, pero porque tenemos mucho mono- le explicó Sirius- cuando salgamos nos iremos turnando para acompañarte.

A penas le dio tiempo a contestar pues en el sitio en el que habían estado Sirius y James ahora había un enorme perro negro y un majestuoso ciervo exacto a su patronus. El corazón se le sobrecogió de repente, veía a Sirius y a James a diario, pero esos no eran los que él conocía, sin embargo ese perro, ese perro sí era su Sirius, el mismo que le había asustado cerca de casa de sus tíos, que había arrastrado a Ron hacia aquella casa, el mismo que le acompañó al tren aun a riesgo de ser descubierto. Y volvió el vacío, el mismo vacío que se instauró en él el día que Sirius cayó a través del velo y que sólo había sido capaz de cubrir, con mucho esfuerzo, mediante el duro entrenamiento y el apoyo de sus amigos.

Los merodeadores se dieron cuenta de la reacción de Harry y Sirius empezó a mover la cola y a saltar alrededor de él, pero eso no hizo más que acentuar su añoranza. De repente se vio tumbado en el suelo con el enorme perro lanudo sobre él lamiéndole la cara y comprendió que tenía la oportunidad de volver a tener a Sirius y que tenía que aprovecharlo, así que se levantó jugando con él y se acercó a James. Eso era otra historia, no podía añorarle como añoraba a Sirius porque no lo había tenido, sin embargo ver a su padre convertido en un ciervo, en uno exactamente igual que su patronus, le devolvió la sensación de arraigo que había sentido el día que lo vio volar igual que él.

James bajó su cornamenta y le empujó delicadamente con ella hacia la salida, hacia el pueblo. La imagen era poco menos que pintoresca: un lobo, un perro y un ciervo acompañados por el niño-que-sobrevivió, si Rita Skeeter hubiera estado allí habría pensado que eso era el paraíso.

Pasearon por todo el pueblo, Sirius y James se iban turnando para acompañar a Harry en su forma humana y les estaban contando sus miles de aventuras en el colegio, Harry les contó también cómo entre los tres habían salvado la piedra filosofal y cómo habían descubierto al basilisco y acabado con él. Para James, esas historias se hicieron interesantes, no como el día que les había confesado quién era. Estaba a punto de amanecer y James y Harry paseaban detrás de los otros dos chicos jugaban entre ellos.

-Te hemos estado buscando un mote.

-Sí, algo me ha dicho Hermione ¿Y lo habéis encontrado?

-No aún, no, pero para ser merodeador necesitas uno.

Harry se detuvo como si se le hubiese olvidado cómo se andaba. Y James empezó a reírse.

-Dices que somos muy amigos, que cualquiera de nosotros daría la vida por ti y tú por nosotros. Eso significa ser un merodeador, además nos falta uno, porque Peter se nos olvidó en nuestro tiempo.

El recuerdo de Peter unido a la necesidad de esa amistad suprema entre ellos para ser merodeador y en la que James creía tan ciegamente, produjo en Harry una sensación de asco y odio hacia Pettigrew y la enorme necesidad de contárselo todo.

-James, hay algo que me gustaría contarte.

Sirius y Remus habían llegado corriendo y se habían colocado alrededor de ellos gruñendo enfurecidos, como si quisieran protegerles, de manera que Harry no puedo contarle nada a su padre.

-¿Qué ocurre?- preguntó James muy preocupado- ¿Por qué hace tanto frío de repente?

Harry cayó al suelo de rodillas agarrándose la cabeza como si quisiera hacerla estallar, volvía a oír a su padre y a su madre gritar, pedir que no le mataran, la voz de Lily, que ahora le era tan familiar, sonaba fuerte y clara dentro de su cabeza y eso sólo podía significar una cosa.

-Dementores- dijo con un gran esfuerzo poniéndose de pie- Hay que salir de aquí.

No estaban lejos de la casa de los gritos y se dirigieron hacia allí corriendo a toda velocidad, pero cuando estaban a pocos metros cinco dementores se interpusieron en su camino. Los gritos de Lily eran más fuertes que nunca y Harry sentía que perdía las fuerzas poco a poco, pero tenía que salir de allí.

-James transfórmate, como ciervo no pueden atacarte.

-No voy a dejarte solo- James tenía la varita alzada y apuntaba con ella a los dementotes que se alzaban ante él.

Sirius y Remus cogieron con sus fuertes mandíbulas a Harry de la túnica y tiraron de él hacia la casa de los gritos. Él luchaba por unirse a su padre, pero los demás no le dejaban. Cuando le dejaron dentro Sirius corrió a ayudar a James pero Remus se interpuso en el camino de Harry que pretendía hacer lo mismo. Sacó su varita y amenazó con ella al lobo, éste no pareció amedrentarse, no estaba dispuesto a dejarle salir con un montón de dementotes.

-Sé hacer un patronus corpóreo- le dijo desesperado- Tú me enseñaste.

Esa información fue la que Remus no sabía y la que hacía que le mantuviera apartado, de manera que cuando supo que Harry era capaz de hacer un patronus se quitó de en medio y lo dejó salir. Cuando iba corriendo vio como un enorme ciervo plateado, algo menos consistente que el suyo, salía de la varita de James y arremetía contra un dementor que estaba atacando a Sirius. No tenía tiempo para sentimentalismo pero ver eso y sobre todo volver a ver a un dementor cerca de Sirius le hizo correr más deprisa.

-¡Hay que largarse!- gritó Sirius

Los dos se transformaron y corrieron hacia la casa pero encontraron a Harry siendo atacado por tres dementotes. Sirius conjuró justo a tiempo un perro plateado, exactamente igual su forma animaga, pero que como el de James, no tenía la solidez que tenía el patronus de Harry. Mientras James empujaba a Harry hacia la casa. James entró primero pero cuando Sirius iba a pasar, un dementor se abalanzó sobre él con la intención de besarle. Harry no se lo pensó, su ciervo, perfectamente conjurado, embistió contra el dementor y lo alejó de allí.

Al entrar en la casa Remus estaba volviendo a transformarse, lo que significaba que ya había amanecido. Los tres chicos estaban casi sin respiración y Remus los examinaba uno por uno muy preocupado, maldiciéndose a sí mismo por no haber podido ayudarles.

-¿Por qué le has dejado salir?-le gritó James.

-Sabe hacer un patronus corpóreo.- James que no había visto a Harry conjurar su ciervo para salvar a Sirius lo miró con escepticismo- Dice que yo le enseñé.

Los cuatro chicos volvieron al castillo. James y Remus iban delante, definitivamente esa no había sido una gran noche. Sirius había obligado a Harry a quedarse retrasado.

-¿Se puede saber qué ha sido eso?

-¿Qué ha sido qué?-Harry no sabía muy bien a qué se refería.

-Tu patronus. Es un ciervo, es un ciervo igualito a James.

-¿Me gustó Bambi cuando era pequeño?-tanteó con sorna Harry.

-¿Te gustó qué? ¡No me juegues, Harry!- era la primera vez que Sirius parecía enfadado con él.

-No sé por qué es un ciervo ¿de acuerdo? Yo cree un patronus incluso antes de saber que James era animago y se convertía en ciervo. ¡Ha sido pura coincidencia!

A Sirius ese razonamiento de la coincidencia no le sirvió de mucho. Las dudas sobre la filiación entre James y Harry volvieron de repente, esos dos chicos eran demasiado parecidos como para que fuera todo una coincidencia. El patronus te elige de la misma manera que el animal en el que te conviertes cuando eres animago y siempre hay una razón para ello. Sirius caminó rezagado hacia la torre, miraba a uno y a otro intentando colocar todas las piezas en su cabeza. Pero a todo lo que ya tenía, se unía una nueva duda ¿por qué le habían afectado tanto a Harry los dementores? ¿Qué era lo que oía?


N/A: ¿me he portado bien? Al menos no me he retrasado tanto como yo pensaba. Y eso que mi hermano se había quedado de okupa en mi cuarto. Espero que os guste el capítulo. Harry no puede decir la verdad NO ES FÁCIL por mucho que él quiera, y esa "verdad" parece que se la han tragado, bueno Sirius... El es especial. El siguiente capi espero q no tarde mucho y que todavía pertenezca al 2004, pero si no puedo, lo siento.

Como siempre, SOIS LOS MEJORES, me han encantado vuestros reviews así q muchisimas gracias aunque eso ya lo digo en las contestaciones. Pero para el resto también, muchas gracias por leerlo. Ah! Se me olvidaba FELIZ NAVIDAD A TODOS, y el que no la celebre, pues nada, felicidad también que eso nunca viene mal.

MUCHOS BESOS

CAPÍTULO 11: EL OJO DEL HURACÁN.

Diciembre llegó sin que nadie, excepto sus amigos, supiera que los chicos estuvieron durante el ataque de los dementores; sin embargo, para ellos, especialmente para Remus y para Harry, eso fue tan malo como que Dumbledore lo hubiera sabido, pues Hermione, Ginny y Ron se preocuparon mucho por Harry. Consideraron que no fue muy inteligente salir del castillo estando las cosas como estaban y Ron especialmente, se sintió algo dolido cuando se enteró que Harry no le había despertado para salir con ellos, aunque aceptó su historia y la cosa no llegó a más. Remus no lo tuvo tan fácil, al ya importante enfado de Andrea se sumó uno nuevo cargado más de preocupación que de ira. Ella lo pasaba realmente mal cuando Remus se transformaba y enterarse de que les habían atacado unos dementores no le ayudó a calmarse, así que se pasó toda la semana sin dirigirle la palabra.

A pesar de que Hogsmeade no era el sitio más seguro, Dumbledore quería que la vida de sus estudiantes variara lo menos posible en medio de la guerra, así que no suspendió ni una salida al pueblo. La primera de ese año sería a primeros de diciembre y todos estaban muy contentos por que llegara el sábado. Sirius estaba pletórico, las chicas se le amontonaban por los pasillos y le pedían que fuera con ellas entre risas tímidas o miradas atrevidas. A penas apareció entre ellos esos días, pero James decía que eso era lo normal en Sirius antes de una salida a Hogsmeade.

-También era lo normal en ti, Sr. Potter- agregó Lily con una sonrisa perversa cuando se dirigían a clase de cuidado de las criaturas mágicas.

-¿Vendréis con nosotros, Harry?

-Él querrá ir con su novia.-dijo Lily sin mirar a Harry.

-No, está bien, podemos ir los cuatro a tomar algo. Creo que estos- y señaló a Hermione y Ron- habían quedado con Remus y Andrea.

-¿Ya te has reconciliado con Andrea, Remus?- le preguntó James pasándole el brazo por encima

-No, pero desde quinto vamos juntos siempre al pueblo, esta vez no va a ser la excepción. ¿no?- no había precisamente seguridad en su voz.

Hermione y Lily intercambiaron una mirada de duda y después buscaron a Andrea, pero ella, desde que no se hablaba con Remus, llegaba la primera a las clases y se iba la primera.

Ese miércoles, antes de la cena, Harry, James, Ron y Ginny estaban entrenando mientras Lily y Hermione traducían un complicado texto de runas antiguas en la sala común. Sirius salió temprano de la sala común diciendo que iba a estudiar, pero por el brillo de sus ojos, Remus supo qué era exactamente lo que iba a estudiar su amigo. Andrea no estaba, no había dicho dónde iría y Remus se paseaba nervioso por toda la sala común mirando desesperadamente al agujero del retrato cada vez que alguien entraba.

-Remus, ¿por qué no vas a buscarla, os reconciliáis d una vez y dejas de dar vueltas como un mono enjaulado?- Lily habló con una forzada delicadeza- ¡Me estás poniendo nerviosa!- acabó diciendo fuera de sus casillas.

-No sé de qué me hablas.- contestó inocentemente Remus haciendo que las dos chicas chocaran la cabeza contra sus montañas de libros.- Pero me voy a dar una vuelta.

El paseo de Remus tenía una finalidad muy clara: encontrar a Andrea y hablar con ella. Estaban a miércoles y no habían planeado nada para el sábado y encima ella seguía empeñada en no hablarle. Le costó casi media hora dar con ella, había pocos sitios en invierno a los que a Andrea le gustara ir a pensar, sin embargo el castillo era bastante grande como para querer darse mucha prisa.

-Te encontré.

-¡Ah! ¿Pero me buscabas?- contestó ella con ironía sentada en el alféizar de una ventana de la torre de adivinación.

-El sábado hay salida a Hogsmeade.- le dijo él ignorando su comentario- y todavía no hemos planeado nada.

-Yo sí. Ya he quedado para el sábado.

-¿QUÉ? ¿CON QUIÉN?

-Tranquilito, no te tengo que dar explicaciones de lo que hago.

Remus se dio cuenta de que esa reconciliación iba a ser la más difícil de todas las que llevaban. Se colocó enfrente de ella, que seguía sentada en la ventana, respiró profundamente y la miró a los ojos. Ella sintió que se moriría si seguía así mucho tiempo pero estaba muy cansada de todo.

-Está bien- dijo él más calmado- Lo siento, el otro día fui un idiota al decirte que no somos nada. Somos los mejores amigos.

-¿Sólo eso, Remus?- le preguntó ella con voz cansada. Él no contestó- ¿Ves? No somos nada y me estoy cansando.

-Andy-Remus se acercó mucho a ella y le acarició la cara- Tú sabes que nosotros no podemos ser más de lo que somos. A mí me encanta estar contigo, salir por ahí, charlar
- él cada vez estaba más cerca y ella podía sentir cómo su cuerpo temblaba de la misma manera que siempre lo hacía cuando él estaba tan cerca- besarnos.

Remus buscó sus labios y los rozó con dulzura. No era la primera vez que la besaba. Durante esos dos años habían estado jugando a ser amigos extraños, de esos que no se definen muy bien, eran una pareja que se estancaba antes de dar el paso definitivo pero que hacía mucho que había cruzado la línea de la amistad.

-¡No!-Andrea lo separó bruscamente y él la miró sorprendido- Ya no más Remus- ella lo miraba con tristeza y su voz parecía agotada pero decidida- Los amigos no se besan. Ya me he cansado, tú no quieres seguir y ya no tenemos quince años. Dices que es imposible pero yo te he dicho que no me importa lo que seas, que te quiero de todas formas. Pero si tú no eres capaz de aceptarlo, el problema lo tienes tú y yo no voy a seguir jugando a esto.

Remus se había separado de ella lo justo para mirarle a los ojos mientras hablaba. Podía notar la enorme tristeza que sentía al decirle todo aquello y eso le hacía aún más desgraciado. Sabía que ella tenía razón, pero tenía tanto miedo a dar ese paso que prefería seguir sintiéndose tan mal y tan vacío como se sentía en ese momento a hacerle daño.

-Está bien- le acarició suavemente la mejilla y sintió cómo ella se estremecía, pero se separó despacio para marcar físicamente la brecha que se acababa de crear entre ellos- ¿Con quién irás?

-Con Ernie Macmillan, un prefecto de Hufflepuff.- dijo ella tímidamente.

-Dile que lo vigilaré de cerca por si se porta mal contigo ¿Vale?

Remus forzó una sonrisa y ella se la devolvió pero no pudo evitar que las lágrimas recorrieran su rostro. Había agotado su última carta y Remus parecía no reaccionar. Lo vio marcharse despacio y le dolió el alma cuando desapareció por un pasadizo que había tras uno de los cuadros, sentía que todo se había acabado entre ellos.

Cuando llegó a la sala común, los chicos ya habían llegado de entrenar y todos estaban sentados junto a la chimenea observando una partida de ajedrez entre Lily y Ron, en la que como primicia, iba perdiendo Ron. Remus entró totalmente descontrolado, durante el camino de regreso a la torre había ido malciéndose a sí mismo por cobarde, por no ser capaz de afrontar lo que sentía. Cogió uno de los enormes libros con los que habían estado trabajando Lily y Hermione y lo estrelló contra la pared haciendo que todos se sobresaltaran, luego cogió el candelabro de la mesa y rompió con él el cristal de la ventana de manera que la ventisca se coló rápidamente en toda la sala común.

Todos estaban muy sorprendidos. El chico nuevo era una persona tranquila, muy amable y que siempre tenía una sonrisa dulce en los labios. James y Sirius se levantaron rápidamente para detenerlo en su intento de destrozar una silla. Hermione mientras tanto reparó la ventana y calló a los más protestones con una mirada severa.

-¿Qué te pasa, lunático? Se supone que sólo eres agresivo en luna llena- le dijo Sirius mientras le agarraba de los brazos por la espalda.

-¿no te ha perdonado?- se aventuró James arrastrándolo hacia la escalera bajo la mirada curiosa de todos los presentes.

-Soy un maldito imbécil. Se acabó- Remus cayó destrozado en los brazos de James, ignorando al resto de personas que había a su alrededor, pero sus amigos no tardaron en hacerlo desaparecer escaleras arriba.

Andrea tardó mucho en volver. La sala común estaba casi vacía. Los merodeadores no habían vuelto a bajar y el resto seguía frente a la chimenea en silencio, sacando, de vez en cuando, alguna conversación vacía.

-¿Estás bien?- preguntó Lily cuando su amiga entró por el agujero del retrato, pero no hizo falta que le contestara pues en la cara se reflejaba claramente que no estaba bien.-Por como Remus ha dejado la ventana cuando ha entrado, tengo la sensación de que no volvéis a ser amigos.

Al oír esa palabra Andrea comenzó a llorar otra vez, haciendo que todos se miraran muy contrariados y Lily acompañó a su amiga al dormitorio.

-Creo que me he perdido un capítulo- dijo Ron mientras las chicas subían.

-Ronnie, cariño, tú siempre te pierdes los capítulos más interesantes- escupió con sarcasmo Hermione, antes de salir detrás de Lily.

-¡Mujeres!

-Dice Sirius que es porque son muy solidarias.

-¡Ey!-protestó Ginny ante el comentario de su novio- Yo no he hecho nada, pero me voy a ver como está Andrea.

-¿lo ves?- susurró Harry a Ron cuando Ginny subía las escaleras.

-¡Te he oído!

Es extremadamente sorprendente cómo se puede llegar a fingir delante de un amigo cuando lo que se siente no es exactamente amistad. Remus y Andrea se levantaron a la mañana siguiente como si no hubiera ocurrido nada entre ellos, tuvieron las mismas bromas y las mismas conversaciones que en años anteriores e incluso Andrea le presentó a Ernie cuando iban a Aritmancia. Los demás tenían opiniones distintas al respecto, las chicas insistían en que era lo peor y que terminarían explotando por algún sitio, pero los chicos estaban convencidos de que no ocurría nada y que todo había vuelto a la normalidad.

La mañana del sábado, Sirius salió el primero en dirección a la sala común de hufflepuff con un jersey de cuello alto negro y unos vaqueros ajustados, según palabras de James, su víctima era una chica de quinto que apuntaba maneras. Ron, Hermione y Remus siguieron con su plan de hacer las compras de navidad y después quedaron con James, Lily, Harry y Ginny en las tres escobas para comer.

A Madam Rosmerta casi le dio un síncope cuando James y Lily entraron en su bar. Dumbledore le había avisado de lo ocurrido, sin embargo, verlos de nuevo como si no hubiera pasado el tiempo le chocó y eso le divirtió mucho a James.

-¿A que parece que los años no pasan por mí?- le dijo divertido cuando ella se acercó a la mesa, pero ella no se rió, los años efectivamente ya no pasaban para él.- Cuatro cervezas de mantequilla.

-No parece muy contenta de volver a vernos- señaló Lily.

-Simplemente está sorprendida. No os imagináis lo chocante que es encontrarse de frente con vosotros.

-¿Sabéis algo? Todavía no entiendo por qué somos tan famosos, si se supone que la orden es secreta, nadie nos conoce ¿no?

-Remus dio clase en Hogwarts, todos los alumnos de quinto en adelante le conocen-aclaró Ginny antes de que Harry pudiera verse tentado a decir otra cosa.

-¿Y nosotros?

-Eh
vosotros tres
- Harry estaba buscando una grandiosa excusa que callase la boca de su padre durante un tiempo pero le estaba costando, pues lo que realmente quería era contarle la verdad- Quiero decir, vosotros dos y Sirius, salíais a menudo en El Profeta.

-¿Ya no?-James parecía muy desilusionado.

-¡No! Ahora vuestras misiones son alto secreto- Harry se giró sorprendido al escuchar a su novia, esa sí era una buena excusa.

-Sí, es cierto, trabajáis como aurores y antes teníais misiones muy sonadas, pero ahora trabajáis sobretodo para protegerme y eso requiere mucha discreción.

-¿Y qué me ibas a contar de Peter el otro día?

Harry miró con cautela a Ginny, que estaba sentada a su lado, esperando una reprimenda por lo que acababa de decir James, pero la encontró muy concentrada observando a los chicos de la mesa de al lado, intentando escuchar su conversación.

-Un momento- le solicitó a su padre- Ginny
-ella no contestó- Ginny, cariño, ¿se puede saber qué haces?

-Shhhh ¿no ves quienes son?

-Malfoy ¿y qué?

-Y cinco slytherins más que ya no están en Hogwarts.

-¿y qué?- preguntó ahora James con la misma cara de desconcierto que Harry.

-Que están tramando algo. No sueles encontrar antiguos alumnos por aquí y están cuchicheando mucho.

-¡Ey Remus! ¡Estamos aquí!

-Shhh- Lily tiró de James para que se sentara- ¿Estás segura de que éste ha llegado a auror?

Todos se rieron con el comentario excepto James, que hacía burlas a su novia mientras sus amigos se sentaban a la mesa y pedían algo para comer.

-Dame una oreja extensible- exigió en un susurro Ginny a su hermano- Vamos no te hagas el tonto, sé que los gemelos te abastecen de sus sortilegios. ¡Venga! No tenemos todo el día.

Ron miró asustado a su hermana y buscó respuesta en Harry pero éste solo se encogió de hombros y sonrió, así que metió la mano en el bolsillo de la túnica y le dio a Ginny lo que pedía. Ella pasó unos minutos escuchando atentamente mientras los demás la miraban expectante, todos excepto su hermano, que estaba más interesado en comerse el pastel de carne que le había traído Madam Rosmerta.

-Hay que irse de aquí- se levantó y guardó en el bolso el invento de sus hermanos.

-No he terminado.

-Pues te lo comes por el camino- Hermione tiró de la túnica de Ron y sin hacer ninguna pregunta siguió a su amiga hacia la calle.

El resto salió apresurado hacia la calle mirándose entre ellos con gesto confundido.

-Ginny ¿qué ocurre?

-Quieren atacar a los alumnos hijos de muggles. Como una broma o algo así. ¡Hay que hacer algo!

-Hogsmeade es uno de los sitios más protegidos ¿cómo lo van a hacer?

-No lo sé, pero hay que averiguarlo.

-Eres una mala influencia para mi hermana ¿lo sabías?- Ron señalaba a su mejor amigo con una mano mientras en la otra sostenía el pedazo de pastel de carne que no le había dado tiempo a terminarse.

-Nosotros cuatro iremos por la parte norte - indicó James- vosotros tres ir por la sur ¿A que ahora sí parezco un auror?

-Cállate James- contestaron todos a coro

Ron, Hermione y Remus se dirigieron a la parte sur del pueblo tal y como había acordado James. El resto subió calle arriba para ver que podían tramar los slytherins, en el camino se cruzaron con otros tres alumnos que habían estado en el colegio en años anteriores y eso no hizo más que acentuar sus sospechas. Estuvieron un par de horas dando vueltas por allí sin ver nada raro, sólo algunos antiguos alumnos rondando por allí y hablando entre dientes. Se pasaron el tiempo criticando a los slytherin y aprovechando para buscar alguna venganza sutil en caso de que hicieran algo.

-Vaya, vaya, vaya ¡Mira a quien tenemos aquí!

-Malfoy ¿dónde vas tan solito?

Malfoy no iba acompañado de sus guardaespaldas particulares pero los chicos no tardaron en darse cuenta que al menos diez de los antiguos slytherin que habían visto pasear por el pueblo había aparecido cerca de ellos.

-¿Solito? Si yo fuera tú me mordería la lengua antes de dirigirte a mí.

-Sí Harry fuera tú y se mordiera la lengua- intercedió James- se moriría envenenado, ¡Asquerosa serpiente malcriada!

-¿y tú quién eres?

Un chico moreno, más alto que James se le acercó con gesto amenazador, pero él no retrocedió ni un centímetro.

-Yo no tengo que dar explicaciones a ningún cerdo como tú.

-¿Qué tenemos aquí?

Un chico de pelo largo castaño cogió a Lily de la cintura y refregó su cara en la melena de la chica mientras ella intentaba soltarse. El primer impulso de James fue lanzarse a por el chico pero dos de ellos le agarraron.

-Suéltala ahora mismo- le gritó Harry apuntándole con la varita. Un inmenso odio se apoderó de él al ver a su madre en esa situación.

-Déjala, Merry, es una asquerosa sangre sucia.- le gritó Malfoy.

James se zafó de los dos chicos con algo de dificultad y no tardó en propinarle un tremendo puñetazo al tal Merry que cayó al suelo con el labio partido, pero eso propició el inicio de una pelea en la que los maleficios y contramaleficios volaban de uno a otro lado. Harry pudo poner en práctica todo el entrenamiento de ese año y vio con enorme satisfacción que Ginny vencía a sus múltiples oponentes sin mucho esfuerzo. Lily y James eran también muy hábiles con la varita pero Harry no se separó de ellos ni un instante, no podía permitir que nada les ocurriese.

-Harry, no hace falta que estés encima de mí, se cuidarme solo.

Harry contestó desarmando a la chica que estaba atacando a su padre, lo que provocó que James se enfadara aún más. Lily también se estaba defendiendo muy bien, pero la verdad es que tenían una gran desventaja en número y eso se notaba. Por suerte, en cuestión de diez minutos habían desarmado a dos y otro dormía plácidamente en el suelo.

-Me vas a pagar esto, Malfoy, te juro que de esta te acuerdas.

Malfoy se mantenía al margen porque sabía que verse muy metido en esa historia le podía traer problemas con Dumbledore. Ginny tenía el brazo derecho aturdido, pero como Harry le había obligado a luchar con la mano izquierda, podía defenderse sin problemas de los ataques de dos chicas recién salidas del colegio a las que recordaba con especial repulsión. Lily estaba desarmada y el chico que antes la había agarrado la tenía acorralada en un árbol y James no podía girarse ni un milímetro porque estaba rodeado por tres chicos.

Harry, al ver a su madre, se deshizo de sus atacantes rápidamente con un movimiento de mano disimulado. Sabía que no podía usar ese poder delante de probables espías de Voldemort, ese sería su golpe maestro, pero en ese momento lo necesitaba. En el camino hacia su madre aturdió a uno de los atacantes de James y le tocó en el hombro susurrando protego. Los encantamientos que le mandaron a partir de ese momento le rebotaron como si tuviera un enorme escudo protegiéndole, pero eso no impidió que Harry llegara antes que él a socorrer a Lily.

-¡Maldito cerdo!- le dio un puñetazo bastante parecido al que le había dado antes su padre- Si la vuelves a tocar te juro que te mato con mis propias manos.

Merry salió corriendo de allí cuando vio que James ya se había librado de los otros dos chicos, Malfoy tampoco se quedó para ayudar a sus amigos, como buen slytherin, tenía que salvar su pellejo.

Lily se abrazó a Harry llorando, temblaba como un bebé. Sin varita se había visto muy desprotegida y había sentido mucho miedo. No paraba de agradecerle a Harry que la sacara de eso, sin hacer mucho caso a James que intentaba separarla de su hijo. Ginny llegó con más movilidad en su brazo y la varita de Lily en la mano, estaba muy preocupada por su amiga, a la que había visto en aquel apuro. Lily tardó un rato en tranquilizarse, y en todo ese tiempo no consintió soltarse de los brazos de Harry que se debatía consigo mismo en acariciarla para poder sentirla más cerca o pasársela a James, como si no le interesara, para que éste no volviera a la tónica de sus enfrentamientos continuos.

De vuelta al castillo Lily parecía más tranquila pero se sentía un poco triste y aunque no hablaba, se veía que estaba recordando una y otra vez lo que le había ocurrido porque de vez en cuando su rostro reflejaba una mueca de asco. James y Harry no parecían mucho más contentos, tenían la ropa sucia y el gesto cansado. Ambos marcharon callados todo el camino hacia el colegio. Cuando cruzaron el portal flanqueado por dos cerdos alados, James cogió a Harry del brazo y lo detuvo.

-¿Por qué me proteges tanto?

-Somos amigos ¿no?- intentó seguir andando pero James lo cogió del brazo con mucha fuerza y lo detuvo.

-¡Me has tratado como a un niño!. Has preferido protegerme a mí antes que a tu novia.

-Ella sabe cuidarse sola- le interrumpió Harry también cargado de furia.

-Y YO TAMBIÉN, ¿O ACASO TE CREES QUE SOY UN CRÍO INDEFENSO?

Al escuchar los gritos de James Lily y Ginny se giraron y volvieron a donde les habían dejado.

-Déjale en paz, James, él sólo ha intentado protegernos.

-¿Por qué me has puesto a mí un escudo y has dejado que ataquen a Ginny? ¿Por qué has salido corriendo a defender a MI novia cuando estaban atacando a la tuya?

-James, tranquilízate. Ginny estaba perfectamente y la estaba vigilando más de cerca de lo que tú piensas. Si te he puesto el escudo es porque lo necesitabas y porque no puede pasarte nada mientras estés aquí.

-¿y por qué no?

-¡Pero que imbécil eres cuando te pones así!

James sacó su varita y apuntó con ella a Harry, la mano le temblaba de furia, no estaba dispuesto a que lo dejara otra vez en ridículo delante de Lily. Él la había salvado y ella no había consentido soltarse de sus brazos, lo normal hubiera sido que corriera hacia él y no hacia Harry, pero ahora lo veía como su salvador. Harry volvió a convertirse en el mismo niñato que había visto siempre en él. Le importaba muy poco lo que ocurriera en el futuro, en ese presente había hecho que su novia lo ignorase, lo había relegado a un segundo plano y no estaba dispuesto a permitírselo por mucho niño-que-sobrevivió que fuese.

Harry movió la mano y la varita de James salió disparada, dejándole con una cara aún más crispada.

-Si te pasa algo ahora, todo mi tiempo puede cambiar.

Harry salió de allí a paso forzado seguido de su novia, mientras que Lily miraba a James de forma recriminadora y le devolvía su varita.

-¿Piensas madurar alguna vez en tu vida?

La frase de Lily no hizo más que aumentar el profundo rencor que estaba sintiendo en ese momento hacia Harry. Estaba tan enfadado que no fue capaz de seguir los pasos de Lily hacia el castillo. Se quedó ahí en medio de la nieve, con el profundo frío que había traído el invierno, hasta que media hora después Remus, Ron y Hermione volvieron sin ninguna novedad, y le obligaron a entrar.



HOLA!!!!!! Como habéis tenido las fiestas?? Sí sí, mucho comer ¿no? Bueno pues aki está el capítulo que espero que os haya gustado, el siguiente pertenecerá ya al 2005, que por cierto, espero que entre muy bien para todos.

Muchos besos y muchas gracias por los reviews. Y un besito especial para Susana y Eva por tantas noches de msn.

FELIZ 2005

CAPÍTULO 12: LA FIESTA DEL MERODEADOR.

Dumbledore no expulsó a Malfoy después de lo ocurrido en Hogsmeade, realmente él no había participado en el ataque aunque sí lo había permitido, Hermione se empeñaba en decir que era comisión por omisión pero nadie la entendía, así que desistió. Snape era el encargado de ponerle el castigo y como Malfoy era su ojito derecho, los chicos estuvieron seguros de que se había librado de una buena.

Al final del séptimo curso tendrían los exámenes de los EXTASIS y eso fue un dato que pudieron notar en los exámenes de navidad. La semana de los exámenes no había dejado indiferente a nadie, la mayoría se estresaba por los rincones y Madam Ponfrey tuvo que atender a muchos ataques de nervios, sin embargo eso parecía no afectar mucho a Sirius y a James que se dedicaban a molestar mientras los demás querían estudiar, argumentando que se aburrían.

-¿No estudian nunca?- preguntó exasperada Hermione después de ver la quinta partida al snap explosivo.

-¡Claro que sí! Ambos son premio anual, lo que pasa es que necesitan poco y lo hacen de noche- le susurró Remus.

Harry intentó evitar la furia de su padre, necesitaba concentrarse en los exámenes, aunque realmente después de las clases tomadas en el curso anterior todo era mucho más fácil. Entrenaban duro para el partido contra ravenclaw, la aplastante victoria contra slytherin los dejaba en una inmejorable situación, pero no podían confiarse y ese era el único momento en el que James se dio cuenta de que podía volver a atacar a Harry puesto que el resto del tiempo lo pasaba refugiado en la biblioteca, acompañado normalmente de Ginny y de Lily, que cada vez pasaba más tiempo con ellos, y menos con James, sobretodo después del numerito que éste montó cuando Harry le defendió durante el ataque de Hogsmeade.

Los exámenes no habían ido mal para ninguno pero estaban deseando que llegara el último para poder relajarse por el castillo. La mañana del último examen entró, como siempre, la enorme bandada de lechuzas trayendo el correo diario. Las lechuzas del Profeta dejaron el periódico sobre los platos de Harry y Hermione, salpicándoles de avena y huevos. Remus intentó quitárselo a Harry pero éste seguía empeñado en que cuanto menos supieran de la guerra mucho mejor para ellos. Andrea, sentada junto a Hermione, intentó ojearlo por encima del hombro pero cesó en su intento cuando una lechuza se posó en su hombro dejándole una bolsa negra. Se quedó asombrada ¿quién le mandaría a ella una bolsa?

-¿Qué es eso?- en la voz de Remus había más furia que curiosidad, se temía que pudiera ser un regalo de Ernie, pero desechó la idea cuando vio que otras cuatro bolsas iguales recaían sobre sus amigos y sobre él mismo.

-¡Es oro!- gritó Sirius emocionado.

-¡Aquí habrá como mínimo cincuenta galeones!

Todos se miraron asombrados y se levantaron para investigar el contenido de las demás bolsas. Ron, Hermione y Ginny hicieron lo mismo y miraron a la mesa de los profesores pensando que la idea podía haber nacido de ellos.

-Esto es realmente extraño- dijo James mirando con suspicacia el contenido de su bolsa- Primero la escoba, que todavía no sé quién me la regaló y ahora el dinero. ¿Quién querría hacernos un regalo así?

-Remus

Andrea permanecía callada mirando fijamente un pergamino que había sacado de su bolsa. No estaba firmado pero ella escudriñaba la letra con una sonrisa de satisfacción.

-¿Yo? Yo no tengo tanto dinero y el poco que tengo me lo he dejado en
el otro colegio.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Ron muy extrañado mirando a Andrea y después a Harry que no parecía muy sorprendido, aunque se había levantado para disimular.

Querida Andy,

Dicen que está mal regalarse algo a uno mismo, pero vuestra (o nuestra) pequeña hazaña ha conseguido que sea extrañamente posible. Esperamos que sepáis aprovecharlo y paséis unas buenas navidades.

P.D.: Celebrad una buena fiesta al estilo merodeador.

-Eso lo ha podido escribir cualquiera de nosotros. Sinceramente, dudo mucho que alguna vez me sobre tanto dinero.

-Tú has escrito esta carta, es tu letra y sólo tú me llamas Andy.

-Entonces quizá fuiste tú quien me regaló la escoba. Bueno el Remus del espejo quiero decir.

-O quizá fuiste tú mismo.

-Esto es lo más extraño que me ha pasado nunca- concluyó Sirius metiéndose su bolsa en la túnica.

-Extraño o no, llegamos tarde al examen de McGonagall así que corriendo.

Todos excepto Ginny, que tenía el examen de cuidado de las criaturas mágicas una hora más tarde, salieron a toda prisa del Gran Comedor. Lo merodeadores y las dos chicas mucho más emocionados de lo que habían entrado, miraban con ilusión sus recientes regalos, habían estado muy preocupados por no tener nada de dinero.

-¿De dónde habrá sacado Lupin tanto dinero?- susurró Hermione a Harry y Ron, caminando detrás de los demás.

-No tengo ni idea.- le respondió Ron.

Ambos miraron a Harry acusadoramente y él empezó a sonreír sabiendo que le habían pillado en su travesura. Miró a los dos lados donde estaban sus amigos y se encogió de hombros como un niño pequeño que acaba de hacer una trastada.

-Mi dinero es el dinero de mis padres, así que realmente no es un regalo. La bolsa de Sirius tampoco puede considerarse un regalo, porque también es de él, yo heredé su dinero cuando murió, pero en este momento sería suyo ¿no?-los dos chicos asintieron dudosos- Remus, se ha portado muy bien conmigo estos años y aunque me costó convencerle de que también se mandase una bolsa a él mismo, creo que se lo merece y Andrea, bueno Andrea
, seguro que necesita aprovechar un buen año, dudo que lo que le queda sean tiempos felices.

-¡HARRY!-Lily estaba en la puerta de la clase de transformaciones agitando la mano para avisarles de que el examen iba a empezar.

Cuando terminaron el último examen sintieron una enorme tranquilidad y libertad, pero sobre todo una gran necesidad de gastar el dinero que se habían mandado a sí mismo (según ellos) montando lo que el Remus adulto había llamado una fiesta al estilo merodeador. Esa tarde estaban todos en el cuarto de los merodeadores, que preparaban su típica escapadita a Hogsmeade para abastecerse de suficiente cerveza de mantequilla y golosinas para montar una buena toda la noche.

-Haaarryyy- le dijo Lily con voz melosa- ¿Te importaría prestarnos tu capa de invisibilidad para ir a Hogsmeade?

-Te dije que no se la pidieras. - saltó James hecho una furia.

-Si no la quieres pues no la tienes y déjame en paz de una vez.

-¿Queréis dejar de discutir? Vaya dos semanitas que lleváis-Remus estaba cansado por la cercanía de la luna llena y sus problemas con Andrea de manera que las discusiones de los Potter le tenían la cabeza ya loca- Harry, si eres tan amable de ignorar a James ¿puedes prestarnos la capa?

-Está bien. ¿Y cómo iréis?

-Por el pasadizo de detrás del espejo del cuarto piso- contestó Sirius desde su cama, al lado de un James muy enfurruñado.

-Va a ser que no.- respondió Harry.

-¿Y por qué no, listillo?

Harry inspiró aire intentando llenarse de paciencia, se levantó despacio y se puso de pie frente a la cama en la que estaba echado James, todo el mundo pensó que se lanzaría a por él y le partiría la cara y nadie le hubiera culpado por ello. Ni siquiera Sirius se levantó a encararle para defender a James, todos se dedicaron a cortar la respiración y a esperar la reacción de Harry, al que consideraban un santo paciente por cargar durante tanto tiempo sin rechistar con los continuos insultos de James. Ginny, se puso a su lado y le rozó la mano para recordarle dónde estaba, para infundirle calma como hacía siempre y el rostro de Harry volvió a llenarse de serenidad.

-Ese pasadizo lleva años bloqueado, tomad el de la bruja tuerta.

-Ese es el más largo- gruñó James sin apenas moverse, como si Harry fuera un ignorante en la materia. -¿Qué sabrás tú?

-Mira James, ya me estás tocando las narices ¿entiendes? Yo os estoy ayudando, si quieres ir por otro sitio adelante, pero los otros cuatro pasadizos están controlados por Filch. Solo tienes dos opciones o la bruja tuerta o el sauce boxeador.

-Entiéndeme tú, maldito niñato creído,-James se levantó de la cama y se puso cara a cara con Harry, el resto no se movió ni a favor de uno ni de otro- yo conozco este castillo como la palma de mi mano, no sabes la de vueltas que le dimos para conseguir nuestro mapa y ningún imbécil como tú va a venir a darme lecciones.

Harry se mordió la lengua y apretó con furia los puños, si hubiera sido otro le hubiese partido la cara. Cerró los ojos y volvió a respirar profundamente, con una paciencia digna de mérito se giró hacia donde estaban sus cosas

-¿Qué pasa Potter? ¿No quieres enfrentarte a tu guardaespaldas favorito? ¿O acaso no eres capaz de enfrentarte a alguien que como un padre para ti?-la última pregunta le salio con mucho recochineo, se estaba burlando de una confesión que en su momento le pareció digna de merecer su respeto y su amistad

Al escuchar la burla, Harry se giró en cuestión de segundos y agarró a James del cuello de la túnica, se miraban a los ojos con profundo odio en ese momento, Harry se sentía terriblemente decepcionado, eso no era lo que esperaba de un padre, pero tampoco era lo que esperaba de un amigo, por su cabeza corría la idea urgente de darle un buen golpe y cerrarle la boca durante toda la tarde, pero se lo pensó, no se vio capaz de hacerle eso a su propio padre.

-¿No te atreves?- le desafió James, tomándole también a él por la túnica

-¿Sabes por qué no te he machacado ya?- el resto miraba atónitos la escena, estaban asombrados con esa reacción de Harry y entendieron que era mejor no meterse- Porque eres
- Harry mascó las palabras que estaba a punto de decir, cegado por la furia su cerebro era incapaz de razonar.- Eres


-¿Qué soy, Potter?

Cuando estaba a punto de decirle mi padre se le vino una frase a la cabeza, sólo oía su voz ahogada por las lágrimas y la buscó para saber porqué estaba ocurriendo, sin embargo Ginny estaba callada, a su lado, mirándole con mucha aprensión pero sabiendo que se merecía darse ese desahogo. Aunque sólo sea por darme la oportunidad de compartir mi vida contigo. Ginny se lo había dicho hacía meses pero ahora era la única razón que le impulsaba a estar callado, así que le soltó la túnica con mucha furia y fue a buscar su mochila.

-Tomad esto, creo que es vuestro- en el tono de voz de Harry había una gran ira contenida, pero también tristeza, decepción, desilusión y una enorme añoranza por un ideal de padre que se acababa de deshacer entre sus manos.

-¡Esto es el colmo!- gritó James arrancándole el mapa del merodeador de las manos.- ¿También te lo he dado yo?

-No, llegó a mí por pura casualidad incluso antes de conoceros. Mientras estéis aquí es vuestro. Yo estoy harto, me voy de aquí.

Harry tardó mucho en volver a la sala común, paseó por todo el castillo intentando buscar calma y sobretodo paciencia para afrontar el tiempo que le quedara junto a su padre sin darle una buena paliza. Sabía que si se lo decía nada iba a cambiar, incluso ahora se había burlado de él pensando que era una figura parecida a un padre. Se preguntaba una y otra vez qué sería exactamente lo que hacía que James sintiese aquella aversión hacia él. Repasó sus encuentros y realmente no podía concretar algo: quería su puesto de capitán, no le gustaba que se parecieran, sospechaba de él, pero eso era algo bastante lógico y Lily, sabía que si pasaba más tiempo con ella, los comentarios mordaces de James aumentaban de manera proporcional a ese tiempo.

Había que admitir que sabían montar una fiesta. Si los gemelos hubieran estado allí se sentirían en el paraíso, había bromas de Zonko, golosinas de Honeydukes, pancartas, cortesía de Dean Thomas y encantadas por Lily. La torre griffindor estaba encantada con los nuevos habitantes, ellos sí sabían pasárselo bien. Para hacer gala de la solidaridad de la que hablaba Sirius las chicas estaba en una parte de la torre y los merodeadores en otra junto a Ron, sin embargo cuando Harry entró y se fue hacia su novia y sus amigas, Ron creyó conveniente acompañarle.

La tensión podía mascarse en el ambiente, Lily lanzaba miradas recriminatorias a James, mientras que él y los chicos las observaban bebiendo unas cervezas de mantequilla que siempre sacaban de sus bolsillos. Ninguna de ellas ni Ron quería sacar la conversación para no fastidiarle a Harry la fiesta pero se notaba claramente que habían comprendido su reacción violenta, porque le trataban con mucha dulzura, especialmente Lily.

-Tu capa la dejamos en tu cuarto, Harry- le comentó ella acariciándole el brazo- Has sido muy amable dejándonosla.

Sirius estaba entre Remus y James observándoles y riéndose de sus reacciones. Remus bebía incansablemente mientras que miraba con sus ojos cansados a Andrea, de vez en cuando movía la cabeza y hacía alguna mueca, como si estuviera recordando algo. Tan concentrado estaba en sus pensamientos que no se daba cuenta de las risas de Sirius. James por su parte, apretaba la botella que tenía en la mano y miraba a Harry y a Lily.

-¿Sabéis qué os digo?- saltó Sirius muy divertido, ellos sólo lo miraron como si fuera un insecto molesto, pero Sirius les ignoró- No entiendo como sois unos griffindor, ese sombrero debió beber aquel día más whisky de fuego que Remus esta noche. ¡Sois unos cobardes!

-Cállate Sirius- Remus intentó zafarse del brazo de Sirius pero éste le agarró la túnica.

-Ven aquí, anda. Y dame esa botella o terminarán descubriendo lo que escondemos en nuestras cervezas de mantequilla. Vais a escucharme los dos. ¡Sí, sois unos cobardes! Tú- y señaló a Remus- estás loco por Andrea desde que el mundo es mundo y siempre tienes miedo de lo que pueda pasar si estáis juntos, deja de pensar y actúa, y encima ahora tienes aún más miedo de que le guste
¿Cómo se llama?

-Macmillan.

-Ese. Así que hazte un favor, ¡no! haznos un favor a todos y habla con Andrea.- Por la cara que puso Remus no pareció que fuera a hacerle mucho caso, pero Sirius ya le había dicho todo lo que necesitaba oír.- Y tú- ahora señaló a James que alzó una ceja cuando vio a Sirius sermoneándoles.- Esa botella no es Harry, así que haz el favor de soltarla ¿Qué pasa, James? ¿Tienes miedo que la próxima vez que te conviertas en ciervo no desaparezca tu preciosa cornamenta?

Sirius sabía la reacción que tendría James ante ese comentario y se quitó justo a tiempo para esquivar su puño. Sirius se reía satisfecho, había conseguido lo que quería, que James se diese cuenta de una vez de qué era lo que le llevaba a odiar tanto a Harry. James pasó de repente de una profunda mirada de odio a una de suplica.

-¿Es que no los ves? Se soban en mis propias narices.

-No se soban, Cornamenta- le explicó Remus que había vuelto a su posición de razonable del grupo aunque algo tomado por el alcohol- Ella solo le ha acariciado el brazo. A mí también me lo ha hecho alguna vez y no se acaba el mundo.

-Además yo que tú no me preocuparía mucho- intentó animarle Sirius hablando de manera casual.- No creo que le quite la novia a su propio padre.

-¡Sirius!- le gritó Remus mientras James le miraba anonadado- Quedamos en que eso era una teoría absurda que se aclaró cuando Harry nos explicó quiénes éramos.

Sirius sólo se encogió de hombros, para él todas las pistas llevaban a una única solución.

-No digas sandeces Sirius- esta vez fue James quien le recriminó- Si eso fuera verdad me lo habría dicho. En vez de decirme que soy como un padre, me hubiera dicho que soy su padre.

-¡Vosotros mismos!- concluyó Sirius- Os dejo aquí con vuestro mal de amores. Si hicieseis como yo
¡Ey, Sonia, preciosa, espérame! ¡Cómo están las nuevas generaciones!- le guiñó un ojo a sus amigo y salió corriendo.

-Este tío está cada vez peor. ¡Menuda estupidez se le ha ocurrido ahora!

James miró a Remus buscando su apoyo, pero el chico se le veía muy ocupado entre los brazos de Lavender. Él parecía más interesado en su botella que en los mimos que le hacía la chica sin embargo, tampoco se la quitaba de encima.

-Me dijeron que salías con Markins- la voz de Lavender sonaba melosa cerca del oído de Remus, que lo único que hacía era sonreír.

-No, Andrea y yo sólo somos amigos

Levantó la cabeza de su botella mientras ella seguía haciéndole mimitos y se encontró al otro lado de la sala a Andrea, no parecía muy feliz con su comportamiento pero la punzada de culpabilidad desapareció pronto para tornarse en venganza, de manera que dejó de ignorar a Lavender y la abrazó por la cintura atrayéndola hacia él. Mientras James, a su lado, abría la boca asombrado, era la primera vez que Remus estaba con una chica que no era Andrea.

Empezó a besarla como si la vida le fuera en ello, ella no se hizo de rogar y continuó con sus caricias, cada vez más subidas de tono ignorando por completo que estaban en medio de una sala común en fiesta. Remus que siempre era bastante tímido para ese tipo de cosas no se estaba cortando un pelo con Lavender que había engordado treinta kilos al verse en los brazos de uno de los codiciados chicos nuevos.

-Remus
-James lo llamaba cargado de paciencia viendo que lo que estaba haciendo le costaría una dura resaca emocional al día siguiente- Remus, que te vas a arrepentir de esto

La única respuesta que James recibió fue un brazo de Remus moviéndose para que le dejara en paz, así que no se hizo esperar y se marchó hacia donde estaban las chicas. Sabía que no sería especialmente bien recibido pero no quería quedarse al lado de la nueva parejita, que se estaba convirtiendo en el centro de atención de toda la fiesta.

James se esperaba una bienvenida mucho más descortés, sin embargo todos estaban concentrados en Remus y ni siquiera le prestaron la más mínima atención. Andrea estaba estática, con los ojos y la boca abiertos y sin ser capaz de gesticular. Lily, a su lado, se giró para mirarla, sabía que lo debía estar pasando realmente mal, le acarició la cara cariñosamente y eso la hizo regresar a la realidad, respiraba rápidamente y miró a Lily como si fuera la primera vez que la veía en su vida. De repente todo su mundo se derrumbaba y no sabía cómo reaccionar.

-¿Cómo puede hacer algo así delante de mis narices?

-Tú sales con Ernie ¿no?

El comentario de Ron fue callado por una oportuna colleja de Hermione, que se acercó a Andrea para intentar reconfortarla, evidentemente Remus se había pasado tres pueblos.

-Yo nunca he besado a Ernie. Yo nunca besaría al alguien delante de él- ella contestó ausente, como si fuera una declaración de principios que se hacía a sí misma más que a quien estaba rodeándola.

-Si sirve de algo, está bastante borracho.- intentó defenderle James aunque estaba muy de acuerdo en que había sido una jugarreta impropia de él.

-Eso no sirve de nada- le respondió tajantemente Lily que seguía muy enfadada con él.

-¿Ese es Lunático?

Sirius acababa de acercarse y no se creía lo que estaba viendo, tenía ganas de echarse a reír, porque ciertamente la situación era cómica. La mitad de la sala común observaba con atención a Remus besarse y magrearse descaradamente enfrente de la que todos suponían era su novia, le había dicho que actuase pero no era precisamente a eso a lo que se refería. Por otro lado se dio cuenta de la gravedad de la situación y de la cara que tenía Andrea. La decepción llenaba su rostro con más signos que la tristeza, le estaba faltando al respeto de una forma tan marcada que no la hubiera imaginado nunca en él. Era su amigo, su mejor amigo. Decía que la quería y ahora la pisoteaba sin ninguna compasión.

-No estoy dispuesta a aguantar este espectáculo toda la noche.- Su voz resonó con entereza y frialdad, por dentro estaba destrozada, pero no estaba dispuesta a salir de allí llorando como una princesita delicada

-Voy contigo.-Lily hizo el intento de seguirla.

-No- habló con mayor rotundidad de la que le hubiera gustado hablar a Lily pero no se salía de otra manera sin caer allí mismo destrozada- Me gustaría estar sola.

Ninguno hizo nada ante esa contestación, entendían que ella quisiera pasar sola ese trago, sin duda Remus se había comportado como un canalla, de una manera que nadie hubiese esperado de él, siempre tan dulce, tan racional, siempre tan enamorado de Andrea. Era un comportamiento más propio de Sirius, al que no era raro ver con una u otra chica sin mucha consideración del daño que hacía, incluso James podría haberlo hecho antes de estar con Lily, pero ¿Remus? Remus no podía estar haciendo eso

La libertad que le había dado James y la sutileza con la que había intentado disuadir a su amigo no eran signos que caracterizasen a Sirius, así que en cuanto vio subir a Andrea con porte altivo pero con mirada triste se dirigió hacia él, sin ninguna intención de ser disimulado. Se puso detrás de él y tuvo que hacer un esfuerzo para darle en el hombro sin chocar con una mano de Lavender que subían y bajaban sin parar por la espalda y la cabeza de Remus. Le dio una vez, dos, incluso le dio una tercera aumentando la fuerza pero Remus seguían muy concentrado en su tarea, así que se decantó por un buen golpe en la cabeza con la esperanza de hacer que sus neuronas reaccionasen y abandonasen esa actuación.

-¿Qué quieres, Sirius?

-¿Sirius? - preguntó muy extrañada Lavender, levantando la cabeza del cuello de Remus.

-Éste, que está borracho y no sabe lo que dice- le explicó a ella amablemente- Ni lo que hace- le habló entre dientes y lo fulminó con la mirada, pero Remus no le hizo mucho caso y siguió a lo suyo.

Sirius quiso en ese momento agarrarle del pelo y arrastrarlo hasta la ducha para que el agua le refrescase las ideas, pero se contuvo en intentó ser algo más diplomático.

-¿me lo prestas un momento?- le preguntó a Lavender usando su mejor sonrisa y tirando de su amigo.

-Vamos Sirius no seas aguafiestas, has dicho que todo iría mejor si hacíamos como tú ¿no?

-Tú eres tonto ¿verdad? Yo no tengo nada, puedo hacer lo que quiera porque no siento lo que tú sientes ni le hago daño a nadie. Pero, tú
Tú te has pasado mucho esta noche ¿a qué viene ese espectáculo delante de Andrea?

-Ella dice que somos amigos ¿no?- contestó él a la defensiva

-A que todavía te doy una leche para que espabiles- le dijo James desde atrás- ¿qué sentirías tú si la vieras como te ha visto ella a ti esta noche? ¿Qué harías, eh?

-Partirle la cara al capullo que se atreva a tocarla delante de mí.

-Pues ella ha tenido mucha más clase que tú y ha subido las escaleras con una entereza que nunca me hubiera imaginado que tendría. Esta noche el capullo has sido tú.

Remus despertó en ese momento y se dio cuenta de todo lo que había hecho. No había sido el alcohol lo que le había cegado sino los celos y la venganza. Ni siquiera le gustaba Lavender y mucho menos montar espectáculos delante de tanta gente. Esta vez sí había metido la pata hasta el fondo y dudaba mucho que pudiera salir bien parado de esa.

-¿Está en su habitación? - Se sentía culpable y volvía a hablar con la seriedad y la serenidad que le caracterizaban, incluso había perdido la pastosidad propia de una noche de alcohol desmesurado.

-Yo que tú no subiría ahora- le contestó James tajantemente.

-Tengo que explicárselo, no lo entendéis- se echó las manos a la cabeza y negaba continuamente maldiciéndose a sí mismo-Esta vez sí que la he perdido.

No esperó ninguna respuesta y subió directamente al cuarto de Andrea. La puerta estaba cerrada pero él entró sin llamar. No sabía cuál era su cama sin embargo por eliminación debía de ser la que tenía las cortinas corridas, así que se arriesgó a equivocarse y entró sin avisar. Lo primero que recibió fue una bofetada sonora; no replicó y no se movió de donde estaba, sabía que su perdón iba a costarle mucho más dolor que el que ahora sentía en la cara.

-¡Sal de mi cama!

-Tengo que hablar contigo

-¡FUERA!

-Andy, por favor, tienes que escucharme- le suplicó mientras bajaba de la cama. Le hablaría aunque fuera a través de la cortina.-No sé lo que me ha pasado esta noche, estaba como loco, había bebido mucho.

-Eso no es una excusa- le recriminó ella saliendo de la cama y apoyándose en la pared con los brazos cruzados

-Andy


-¡No me llames Andy!.

-Está bien. Esta noche cuando Lavender empezó a hacerme cosas.

-No hace falta que me lo cuentes lo he visto con mis propios ojos.- La voz de Andrea empezaba a quebrarse, sus fuerzas se agotaban y estaba a punto de derrumbarse.

-Escúchame por favor- le puso una mano en el hombro cariñosamente.

-¡No me toques!- le gritó ella girándose sobre sí misma para mirar a la pared y que él no la viera llorar.

-El caso es que te vi enfadada y quise vengarme.

-¿Vengarte? ¡No me lo puedo creer! Se supone que te importo.

-Me importas más de lo que jamás podrás llegar a imaginar.

Remus la cercó con furia contra la pared colocando sus brazos a cada lado. Estaba tan cerca que sentía que se perdía en sus profundos ojos negros, que ahora lo miraban como si fuera un desconocido

-Pues no se ha notado mucho. Creía que éramos amigos.- le dijo ella saliendo de esa situación.

Ya volvía a estar ahí esa palabra. Había disimulado todo ese tiempo haciendo como que sólo eran amigos, aguantándose las ganas de agarrarla y besarla con pasión cuando estaba hablando con el tío ese de Hufflepuff, y ella volvía a recordársela, a restregársela ¿es que no estaba claro que no eran amigos?

-Todos mis amigos lo han visto y ninguno ha tenido que subir a la habitación como has hecho tú.

-¿No crees que ya te has pasado lo suficiente esta noche para que encima te pongas chulo?

-Yo solo quiero que me entiendas. Tú no eres sólo mi amiga. Sabes que te quiero con locura desde hace mucho tiempo y asumo que lo de esta noche ha sido el error más grande que cometeré en toda mi vida.

-No te perdonaré tan fácil lo de esta noche. Ya te he dicho que estoy cansada de que me digas que me quieres y que no seas capaz de asumir lo que eso supone. Y respecto a lo de que somos amigos, quizá no seamos capaces de serlo. Quizá sea mejor separarnos un tiempo.

-Yo no quiero eso.

-Ni yo, pero si no lo hacemos terminaremos odiándonos demasiado.

No pudo aguantar más y se arrastró por la pared llorando desconsoladamente, había perdido mucho esa noche. Se sentía humillada y engañada y encima estaba echando de su vida al hombre que más le importaba.

-No llores, por favor.- el se sentía terriblemente culpable de su sufrimiento

-¿No crees que me he ganado esta noche el privilegio de llorar cuanto se me antoje?

-Pero es que yo no puedo verte llorar- le dijo él cargado de pena mientras le acariciaba la cara.

-Te he dicho que no me toques.

Esta vez no sonó como una orden, era más bien un ruego. Los dos se sentían profundamente desgraciados, ella sabía quién era el culpable y a pesar de que lo acababa de echar de su vida, sabía que se moriría en cuanto él cruzase la puerta.


N/A: Bueno pues el lindo lobito parece que ha sido un chico malo. Pido perdon a Peke y Evix pero chicas las cosas son así, ya tendremos escena de la bañera jejejeje. Ah!! tb siento lo de la pista, pero ya caera en el siguiente. ¿Os he dicho que os quiero un montón? bueno pues ya lo sabeis jeje. Nos vemos

Espero que los reyes se porten bien con todos y se consigan muchos regalitos jajaja. Muchas gracias por los reivews, como siempre digo, sois los mejores. Ah!! que se me olvidaba muchisisisisimas gracias a quien me haya votado en los premios anuales, me ha hecho mucha ilusión.

MUCHOS BESOS
CAPÍTULO 13 Primera navidad en familia.

Tal y como pronosticó James, Remus se arrepintió enormemente de haber actuado así con Lavender y Andrea. Después de su discusión, Andrea cumplió con lo dicho y se alejó de Remus hasta el punto de no cruzar ni una sola mirada, para él eso era el peor infierno que podía vivir, sin embargo sentía que se lo merecía. Por otro lado, tuvo que enfrentarse también a Lavender, a quien no le hizo ninguna gracia que jugara con ella de esa forma, de manera que como le decía Sirius, el cándido Lunático había probado la hiel de ser un merodedador con encanto.

La semana fue tranquila, sólo tenían que esperar a los resultados de los exámenes, así que aprovecharon para descansar y para entrenarse duro aunque en esas ocasiones sólo Ron, Hermione, Ginny y Harry tenían ganas de seguir preparándose, el resto tenía demasiadas cosas en la cabeza. El día antes de las vacaciones decidieron pasar del entrenamiento y se quedaron en la sala común con Andrea y con Lily. Lily les estaba contando que tenía una hermana odiosa que le fastidiaba todas las vacaciones, ese año era el primero que podría hacer magia y se estaba viendo privada de la satisfacción de molestarla durante dos semanas. El resto se reía a carcajadas pero nadie como Harry que se imaginaba a su tía Petunia huyendo de su madre mientras ella lucía su hermosa sonrisa, era algo parecido a lo que él tenía planeado hacer con Dudley, sin embargo prefirió huir de esa casa en cuanto cumplió los diecisiete para instalarse con Remus en el cuartel general, que desde la muerte de Sirius era propiedad de Harry.

-Pues yo me tengo que ir a casa- suspiró Hermione, que no estaba muy contenta con la decisión de sus padres- Mis padres han tenido la maravillosa idea de reunir a toda la familia y dicen que no puedo faltar. Así que mañana cogeré el tren. ¡Me gustaría mucho pasarlas con vosotros!.

-Y a nosotras que estuvieras- le contestó Andrea con una sonrisa, una de las pocas que se le habían visto en los últimos días.

-¿Dónde las pasáis vosotros?- le preguntó Lily a los Weasley.

-Este año nos quedamos en el colegio, toda mi familia tiene misiones que resolver, las cosas cada vez están peor. Mi hermano y yo solíamos pasar aquí las navidades desde que entramos en el colegio. Mis hermanos mayores estaban fuera y mis padres aprovechaban para visitarlos, pero desde que empezó la guerra celebramos la navidad todos juntos en el cuartel general. ¡Es divertido!- Ginny pareció arrepentirse en el mismo momento que hizo esa apreciación pues sabía que para Harry no era nada divertido pasar allí la navidad desde que Sirius no estaba.

-Sí, es una pena que este año no la pasemos allí. Le tocaba a Harry ser el anfitrión.¡Ey, Harry! ¿Te ha dicho Remus porqué no podemos pasar la navidad en Grimmauld ¡AAAAH!?- Ron dio un salto al notar en su pierna un pellizco retorcido cortesía de Hermione.

-¿Dónde has dicho?-Sirius apareció detrás de los chicos acompañado de James y Remus, lo que hizo que inmediatamente Andrea se fuera de allí, seguida por la mirada desesperada de Lunático.- Grimmauld ... ¿qué?

-¿De qué hablas, Sirius?- preguntó Ginny lo más inocentemente que pudo.

-Ron estaba preguntando que por qué no podéis pasar las navidades en Grimmauld, en Grimmauld ¿qué?. - dirigió a Harry una mirada inquisitiva que le demostraba todas sus sospechas- Yo vivo en Grimmauld Place, esa es la mansión de los Black, no me dirás ahora, que pasáis las navidades en casa de mis padres ¿no?

-Uno, tú no vives en Grimmauld Place, vives en Godric Hollow con James...

-Odio que sepa nuestras vidas- interrumpió James hablando por lo bajo. Harry le miró con desesperación y continuó.

-Y dos, nosotros pasamos las navidades en el cuartel general de la orden ¿en serio crees que una orden secreta que lucha contra Voldemort tendría su sede en la residencia de la antigua y noble familia Black?

Nadie en su sano juicio habría dado ni un knut porque la honorable mansión de los Black era en la actualidad el cuartel general de un grupo organizado contra Voldemort, así que una vez más Sirius vio como sus sospechas caían en saco roto. Se sentaron con ellos cerca de la chimenea, mientras seguían explicando como eran sus respectivas navidades en casa. Sirius aseguró que por suerte casi se le habían olvidado porque desde que estaba en Hogwarts había firmado sin pensárselo la lista que pasaba McGonagall; ese año la celebraría en casa de James, donde llevaba viviendo desde el verano, pero comentó entre risas que les costaría un poco trasladarse hasta allí, dada la situacion.

-¿Tú te vas a casa, Harry?- le preguntó Remus

-Me quedo aquí.

-¡Oh! ¡Qué considerado!- ironizó James- Permitirás que tus guardianes pasen la navidad en familia en vez de salvándote el culo.

-¡James, no empieces!- le gritó Lily.

-Eres muy simpático, James. Tanto que creo que me va a dar un espasmo de la risa- le respondió él cargado de ira y asco, tuvo la sensación de estar dirigiéndose a Snape.

-¿No visitarás a tus padres?- le preguntó Sirius, más cordial.

-No. Yo no puedo hacer esas cosas.- su voz estaba cargada de pena, ojalá y pudiera pasar la navidad con sus padres, con los de verdad y no con esa reproducción gruñona de padre que tenía delante.

-Pues a lo mejor deberías ir a casa y librarnos de tu presencia. ¿Por qué no puedes ir? ¿eh? ¿Acaso tus padres no te dejan? No me extrañaría, a mi no me importaría librarme de tu presencia durante todo un curso. ¡Venga! ¿por qué no vas?

-¡Porque mi padre es un estúpido insoportable al que odio más con cada palabra que pronuncia!

Durante unos segundos mantuvieron fija una mirada desafiante. El resto como siempre se quedó paralizado ante el nuevo enfrentamiento, definitivamente un día de estos acabarían muy mal. Harry volvió salir de allí como siempre machacándose una y otra vez con la pregunta de siempre ¿por qué su padre le odiaba tanto? Ginny corrió tras él. Sabía que no había nada que pudiese decir que le reconfortase pero escucharía su desahogo como estaba haciendo en los últimos meses. Ella cada vez estaba más enfadada con James, mucho más que Harry, que a pesar de todo seguía respetándole y queriéndole como a su padre.

Al día siguiente la Torre Griffindor estaba muy alborotada, los alumnos corrían de un sitio para otro buscando lo que les faltaba para completar su baúl. Todos se irían a casa, necesitaban sentir que estaban bien de verdad, que la guerra no podía afectarles más, que aunque estuvieran lejos les seguían queriendo igual. En el cuarto de los chicos de séptimo Harry y Ron no hubieran podido seguir durmiendo aunque así lo hubiesen querido. Neville montó un estropicio al dejar caer su baúl sobre el pie de Dean, que gritaba de dolor con todas sus fuerzas, así que los dos chicos se levantaron y se metieron en la ducha para despedirse de Hermione.

Harry no tardó mucho en asearse y vestirse con lo primero que pilló, seguía sin muchas ganas de nada. Desde que había vuelto a pelearse con su padre, cada vez se le hacía más cuesta arriba afrontar que su padre se parecía más a como lo había descrito Snape que a como él lo imaginaba. Estuvo un buen rato esperando a Ron a que saliera del baño, no era normal en él tardar tanto, normalmente salía casi sin peinar con el uniforme de cualquier manera y con la única idea de llegar cuanto antes al Gran Comedor para desayunar. Lo llamó tres veces hasta que se aburrió de esperarlo y bajó a la sala común.

Allí abajo ya estaban los merodeadores. Remus parecía no estar muy recuperado de su última transformación, habían pasado cuatro días ya desde la luna llena pero los cambios en su cuerpo se veían acompañados de unos profundos sentimientos de culpabilidad que a penas le dejaban dormir. Harry se acercó esperando encontrar una bienvenida mordaz por parte de James, pero éste sólo se dedicó a mirarle disgustado, lo que le sorprendió mucho a Harry.

-Lily le volvió a echar ayer la bronca por comportarse tan mal contigo- le susurró Sirius al percatarse de que Harry esperaba alguna grosería.

Ron bajó con la ropa nueva que le habían comprado sus hermanos, unos vaqueros ajustados y un jersey de punto azul. Harry no pudo más que reírse al verle tan elegante un día normal pero se le encendió una luz sobre el porqué del comportamiento de su amigo así que prefirió no hacerle ningún comentario para no bajarle su ya débil autoestima.

Las chicas no tardaron mucho en bajar. Harry pudo ver que Hermione también había puesto mucho esmero en arreglarse esa mañana así que su sonrisa se acrecentó aún más. A ver si era verdad y esos dos espabilaban de una vez. Llegaron al vestíbulo donde todos los alumnos se agolpaban y se despedían de sus compañeros. Ese año volverían a casa todos excepto ellos.

-¡Eh, Barker!-Sirius se giró y vio a Patricia acercarse a él con paso firme. Algunas chicas de alrededor que la habían escuchado llamar a voces al codiciado chico extranjero la miraron con rencor.

-Vaya vaya, si es mi querida alumna aventajada ¿Qué tal en transformaciones?

-De eso quería hablarte. Aprobé gracias a tus perfectos trabajos.

-De nada- le cortó el con un gesto sensual.

-No te he dado las gracias. Fue un trato y vengo a proponerte otro.

-¿Terminaremos desnudos?

-¿Siempre eres tan payaso?- Patricia se hizo la dura porque no le gustaba que le vacilara ningún chico sin embargo se estaba riendo por dentro con las ocurrencias de Sirius.

-James dice que no lo puedo evitar.-Sirius dejó de acosarla con la mirada y recuperó su compostura- ¿qué querías?

-Te dejo que comentes conmigo el siguiente partido, Ravenclaw y Slitherin, si me vuelves a hacer las tareas durante otro mes.

-¿Estás comparando a Ravenclaw con Griffindor? - le dijo él con voz incrédula- No te ofendas pero para que sea un mes, tendrán que ser dos partidos.

-Trato hecho.

-¿Sabes? Eres una chica tonta.

-¿Sabes? Me voy a librar de hacer las tareas de transformaciones por otro mes mientras tú las haces dobles y encima seré la envidia de todas esas- y señaló con asco a las chicas que la miraban con envidia- por tenerte al lado durante dos partidos. No creo que sea tan tonta.

-¡Ay, Brown!- suspiró él cómicamente- Para mí las transformaciones son un juego de niños, lo hago con los ojos cerrados, pero tú podías haberme pedido una cita a cambio en vez de unos cuantos trabajos.

-¿En serio crees que me rebajaría hasta pedirte una cita a cambio de que comentes unos partidos? ¡Pero qué creído eres!- concluyó ella con desesperación antes de darse la vuelta y dejarle allí plantado.

Sirius se rió de sí mismo, le encantaba jugar a seducir a todas las que se le pusiesen por delante. Se volvió hacia su grupo de amigos donde Hermione estaba repartiendo besos de despedida.

-Hermione, ¡mi chica lista!- la cogió por detrás haciendo que se riera.

-Venga Sirius, deja de hacer el payaso.

-¿Os habéis puesto todas de acuerdo hoy o qué? Sé una buena chica mientras estés por ahí- le dijo a modo de sermón- Si alguna vez tienes alguna duda de cómo actuar recuerda al tío Sirius y sigue mi ejemplo.

James y Remus se echaron las manos a la cabeza desesperados, definitivamente Sirius no tenía remedio. Ella le miró con los ojos incrédulos pero también le dio dos besos entre risas. El último era Ron, lo vio un poco más alejado del resto, estaba muy guapo pero parecía triste. Desde hacía algún tiempo sentía cosas que antes ni si quiera conocía y todas estaban relacionadas con él. Harry se las ideó para alejar al resto y darles un poco de intimidad, estaba feliz, realmente esperaba que tantas tardes hablando a solas dieran su resultado, pero sabía que ambos eran muy tímidos para expresar lo que sentían y que les costaría mucho dar el paso.

-Te vas- apreció él innecesariamente cuando ella se acercó.

-Sí, ya me voy- le respondió ella con una sonrisa nerviosa.

-Bonita camisa.- Ron solo levantó la cabeza lo justo para verla sonreír.

-¿Te gusta? Tú estás muy guapo hoy- Hermione se sonrojó mucho al decírselo- ¿Alguna chica de la que despedirte?- se volvió a reír nerviosa mientras le señalaba a todas las chicas que se agrupaban en el vestíbulo a la espera de los coches tirados por Testrals.

-Sí, me tengo que despedir de una en concreto pero... bueno ella no creo que esté muy interesada.

-Bueno pues entonces adiós. Pasadlo bien.- respondió ella secamente.

-Tengo una duda- Remus les interrumpió pasándoles a cada uno el brazo por encima de los hombros- Tú no eres mitad banshee ni medio arpía ni nada de eso ¿verdad Hermione?

-¿Has vuelto a beber?- fue la respuesta de Hermione que lo miraba enarcando una ceja

-Y tú- Remus ignoró el comentario y se dirigió a Ron- Tú no te has liado con otra chica en su cara ¿verdad?

Tanto Ron como Hermione estaban alucinando con lo que Remus les decía, se miraban entre sí e intercambiaban miradas de definitivamente se le ha ido la cabeza.

-Pues entonces ¿a qué jugáis? Deciros de una vez lo que sentís y dejaros de tonterías.

Remus se fue dejándoles rojos como tomates y con la respiración cortada, se miraban y sonreían tímidamente, pero ninguno era capaz de hablar.

-Este Remus... está...

-Sí, cada día esta peor- terminó Hermione- ¡Qué cosas tiene!

-Ya te digo, tú y yo. Ya ves, ¡Menuda tontería!

-Sí claro- la voz de Hermione cada vez sonaba más apagada- Si siempre estamos discutiendo.

-Bueno... ya casi no discutimos.- le aseguró él algo decepcionado

-Sí es verdad- jugó con sus manos un rato, sin saber cómo reaccionar- Esto... Tengo que irme ya.

-Te voy, quiero decir, te vamos a echar de menos.

-Sí, yo a ti también, bueno, a todos claro.

Hicieron pequeños intentos de acercarse para despedirse con un beso en la cara pero ambos se detenían al mismo tiempo. Al final estallaron en carcajadas nerviosas y Hermione le dio, como a todos, un beso en la mejilla.

-Sé buena- Ron le pasó la mano por la cintura mientras ella le besaba y la acercó hacia él más de lo que su razón le hubiese dejado pero mucho menos de lo que su corazón hubiese querido.

Ella con el corazón latiendo a mil por hora se separó sin contestar nada y se atravesó la puerta sin mirar atrás. Tenía un enorme nudo en el estómago, se había prometido a sí misma decirle algo ese mismo día pero no había sido capaz y encima él decía que tenía que despedirse de otra chica. ¿quién sería? ¿y por qué Remus le había dicho eso? ¿Tanto se notaba? Ahora estaría dos semanas en casa, lejos de él y eso la torturó durante todo el camino a casa.

Ron se dirigió a su grupo de amigos con cara triste y los hombros caídos. Remus y Harry estaban hablando en murmullos y cuando lo vieron llegar se intercambiaron una mirada de complicidad.

-No te has atrevido- aseguró Remus cuando llegó Ron.

-¡Eres un imbécil! ¿por qué has dicho eso? Entre Hermione y yo no hay nada.

-Otro que se niega a aceptar lo que siente- comentó Andrea con sarcasmo. Remus la miró con tristeza y después volvió su atención a Ron.

-Yo solo quería daros un empujoncito.

-¡Es que no nos hace falta!- gritó él desesperado.

-Vamos, Ron, no te enfades- terció Harry- Todos sabemos que es difícil dar el paso, pero no niegues lo evidente.

Ron le miró como si se le hubiesen agotado las fuerzas. Luego se fijó en el resto y todos le devolvían la mirada apoyando el último comentario de Harry ¿Realmente era tan evidente? Se sintió desnudo y se marchó de allí ignorando las llamadas de Harry y de su hermana.

La mañana de navidad todos se levantaron con más regalos de los acostumbrados a los pies de su cama. El regalo adelantado de Harry les permitió comprar algún detalle tanto a sus amigos de siempre como a los que habían hecho nuevos en ese tiempo. Ron estaba muy emocionado abriendo regalos pero su sonrisa se ensanchó más cuando vio que Hermione le había regalado una foto de los dos en la madriguera el verano anterior. La señora Weasley hizo jerseys para todos y compartieron sus dulces caseros. Harry recibió regalos de Tonks, de Lupin, de Ginny, Ron y Hermione y se alegró mucho al ver un libro sobre quidditch de parte de su madre y de Andrea y un montón de artículos de broma de Remus y Sirius. Buscó con algo de esperanza un detalle de su padre, algo que le indicara una brecha abierta para volver a llevarse bien con él, a charlar y a reír como buenos amigos, pero no lo encontró.

Él había buscado con mucho esmero los regalos para sus padres, se sintió como un niño que por primera vez tiene dinero y puede obsequiarles con algo, nada le parecía bastante, pero tampoco quería pasarse, el dinero no era un problema pero no quería llamar más aún la atención ni despertar de nuevo los celos de James con un bonito regalo a Lily. Al final se decidió por un collar para ella, por consejo de Ginny y un juego de gobstones para James.

Bajó las escaleras hasta la sala común para encontrarse con el resto. Todos estaban muy contentos, también habían recibido más regalos de lo normal y vestían sobre sus pijamas los jerseys hechos a manos por la madre de Ron. Como cada mañana de navidad todo eran agradecimientos entre papeles de regalo tirados por el suelo. Sonrisas de satisfacción y más muestras de cariño de lo que se está acostumbrado.

Cerca de la chimenea estaba Andrea abriendo sus regalos. Remus se acercó a ella por detrás con la intención de sorprenderla cogiéndola por la cintura como acostumbraba a hacer pero se arrepintió justo un momento antes.

-Feliz navidad- ella mantenía su voz distante y fría como había hecho desde el día de la fiesa.

-Muérdago- fue la respuesta de Remus señalando el muérdago que adornaba la sala

-¿Y qué me quieres decir con eso?- le inquirió tanjantemente.

-Nada- la pena volvió a los ojos del chico que cada vez parecían mas cansados- ¿Te ha gustado mi regalo?

-Sí, muchas gracias es muy bonito.

-No te lo has puesto- le dijo él con la voz cada vez más apagada mientras señalaba sus muñecas donde debería estar la pulsera que le había comprado. Ella no le respondió se dedicó a recoger los papeles del suelo.- ¿No me vas a dar mi regalo?

-¿Tú qué parte de que salgas de mi vida es la que no entiendes? No te voy a dar ningún regalo porque quiero que te alejes de mí lo más que puedas.

Él se acercó aún más con un gesto rápido y brusco colocándose a un palmo de su cara.

-Esto es lo más lejos que puedo estar de ti sin morirme de pena.

-Pues entonces vamos a tener q ir preparando tu funeral.

Andrea se alejó de allí con el alma rota en mil pedazos y repitiéndose una y otra vez en la cabeza que eso era lo mejor para los dos.

Cuando vio bajar a Harry, Lily se acercó a él con su collar nuevo puesto sobre el jersey verde, igual que el de él. Se había colocado también unos calcetines muy devertidos, regalo de Hermione, que contrastaban con los zapatos de tacón que James le había regalado. Harry se rió con ganas al verla. Parecía una niña totalmente emocionada, no sabía que a su madre le gustase tanto la mañana de navidad. La miró con mucha ternura, dándose cuenta de que realmente era una desconocida para él y dio gracias a todos los dioses por haberle hecho el regalo de conocerla.

-¡Oh! Harry es precioso, me encanta. Muchas gracias.

-Gracias a vosotras, me ha encantado el libro, de verdad. No lo tenía.

-¿Te gustó el regalo de James?- le preguntó emocionada

-¿Qué regalo?- ella se paró en seco cuando vio la reacción de Harry y miró a su novio con el ceño fruncido- James no me ha regalado nada, pero no te pongas así, me da igual, en serio.

Harry se había convertido en un gran mentiroso pero en esa ocasión sus ojos le delataron, definitivamente no le había dado igual que James le ignorase el día de navidad. Él había esperado toda su vida el regalo de su padre y para una vez que lo tenía, aunque fuese en la manera en que lo tenía, se había sentido herido al despertarse y ver que ni si quiera había colaborado con Sirius y Remus.

-¡¡Pero si lleva un mes con tu regalo preparado!! Se va a enterar el orgulloso éste.

Lily se alejó de allí en dirección a su novio con su estampa cómica pero con un profundo gesto de disgusto.

-¿Por qué no le has dado el regalo a Harry?- masculló ella cuando llegó hasta James, para no montar una escenita. Sirius que vio venir la que le esperaba a su amigo se fue a agradecer a Ginny su regalo

-Porque ya no me apetece.

-Pues bien que estaba dispuesto a regalarle nada menos que tu snitch cuando no tenías ni un knut para comprarle algo.

-Eso era cuando éramos amigos.

-Si no sois amigos ahora es porque tú eres un capullo arrogante que no es capaz de comerse su orgullo por una vez en su vida.

-Te estás pasando.

-¿Eso crees? Porque yo creo que te estoy diciendo una gran verdad. Si hace un mes te caía tan bien que lo ibas a nombrar merodeador honorario ¿ahora por qué no? ¿por qué te salvó?

-Porque te salvó a ti- le contestó él desafiante- Porque estoy viendo lo que pasa. No soy tan tonto como tú me quieres poner y sé perfectamente que me ignoras mucho más que antes y que todo el tiempo lo pasas con él.

Lily se quedó petrificada ante los ojos fieros de James. No supo contestarle y él la dejó allí parada rumiando las palabras que él le había dicho y que le habían llegado al alma. Tardó un rato en reaccionar, cuando se giró, vio a James acercarse a Harry y se temió que volvieran a terminar enfadados.

-Gracias por el regalo.- James no quería ser descortés pero tampoco quería comerse su orgullo delante de Harry.

-No hay problema, así tendrás entretenimiento en los próximos exámenes.

Ambos esbozaron una sonrisa al mismo tiempo y su gesto fue tan parecido que tuvieron la sensación de estar frente a un espejo.

-Yo... Tenía esto para ti. No lo he liado ni nada, porque sinceramente no pensaba dártelo, pero... bueno... hace mucho que pensé que sería un regalo que te gustaría.

James le tendió la mano y Harry vio la snitch con la que había jugado en el pensadero, con la que le había molestado tantas tardes. Sabía que para su padre era importante y se le sobrecogió el corazón, ese era el mejor regalo que le iban a hacer en todas las navidades de su vida. Pero entonces supo por qué lo hacía James. Le había visto discutir con Lily, no les había oído, pero estaba seguro que era por eso.

-James, en serio, muchísimas gracias, yo sé que para ti es importante, pero también sé que no quieres regalármela.- le estaba mirando a los ojos, hablándole con mucha serenidad y sensatez, como nunca había hablado con él.

-¿Es que tu madre no te ha enseñado a ser agradecido?

-Hay muchas cosas de mi vida que si las supieras te arrepentirías de cada palabra que pronuncias, pero hoy no quiero enfadarme contigo. Es navidad y no quiero dar un disgusto a Lily. Algún día tienes que contarme porqué me odias tanto.

James se quedó mirándole, bebiendo cada una de sus palabras. Se quedó muy confundido con la respuesta que le había dado, ¿qué había en su vida? A pesar de todo se dio cuenta de que Harry tenía algo que él no alcanzaba, una paciencia, una madurez y una dulzura que le recordaban muchísimo a alguien.

-El día que realmente quieras hacerme ese regalo, te lo agradeceré de verdad.

-Me recuerdas mucho al alguien- le miró fijamente y Harry contuvo la contestación- No en el físico, es el mío, es tu forma de ser, de afrontar las cosas.

-¿Una tregua?- Harry le extendió la mano y él la miró con desconfianza- Sólo por hoy, mañana puedes volver a insultarme todo lo que quieras.

-Trato hecho

Estrecharon sus manos y al hacerlo sintieron una sensación extraña en la boca del estómago, no era un mal presentimiento, era algo cálido, como si se hubiesen completado. Fue muy asombroso para los dos y pudieron verlo porque al mirarse vieron sorpresa en los ojos del otro. Algo extraño había ocurrido entre ellos.

Pasaron la mañana en la sala mirando sus nuevos regalos y comentando cómo los habían comprado y porqué los habían elegido. A la hora de comer, por imperativo de Ron, que se moría de hambre, bajaron todos, ya arreglados, al gran comedor donde sólo estarían ellos y algunos profesores. El gran comedor estaba adornado con sus ya típicos doce abetos y con guirnaldas por todas las mesas. En la principal Dumbledore hablaba con McGonagall y les dedicó un saludo cariñoso cuando entró. Los chicos se sentaron en la mesa Griffindor unos frente a otros de manera que todos quedaran lo más cerca posible.

En cuanto estuvieron sentados a la mesa apareció la comida pero cuando Ron se prestó voluntario para trinchar el pavo y así poder comenzar, Dumbledore se puso de pie y alzó su copa.

-Feliz Navidad a todos. Hoy debido a las circunstancias que nos rodean este año, nos hemos quedado en familia-conciente o inconcientemente dedicó a Harry una de esas miradas penetrantes que casi le rozaban el alma a través de los ojos- Espero que vuestro viaje por el futuro esté siendo de vuestro agrado, he podido comprobar a lo largo de estos meses que habéis ido a parar con unos amigos muy singulares. El destino tiene estos quiebros- Dumbledore fue el único q se rio de su propio chiste-. Pasad un feliz día de navidad todos y ¡Sí, señor Weasley! ¡A comer!

Ron repartió rápidamente las raciones entre los platos sirviéndose a él una buena porción que acompañó de patatas y salsa. Harry miró su plato, tenía muy buena pinta pero de repente se le vino a la cabeza lo que Dumbledore acababa de decir hemos quedado en familia. A un lado tenía a Ginny y al otro a Ron, sólo le faltaba Hermione, los que le habían demostrado a lo largo de todos esos años que eran su familia. Pero a pesar de todo ésa era la primera vez en su vida que tendría una navidad en familia, estaba Sirius, al que el año anterior había añorado profundamente en esa casa tan vacía y tan llena de recuerdos. Estaba su padre y su madre y les veía hablar entre ellos y reírse, no pudo reprimir una enorme sonrisa de satisfacción. Por primera vez su deseo de navidad se había cumplido y él no se había dado cuenta de ello hasta ese momento.

-¿No comes?- le preguntó Ginny con dulzura cerca del oído.

-Es mi primera navidad en familia. Tengo que gravar esto bien porque no tendré otra oportunidad como ésta.

Ginny le sonrió y le dejó admirando cada uno de los movimientos de los comensales. Se reía con ganas de los chistes de Sirius, mirándole con una añoranza que no había sentido en todo el tiempo que lo había tenido cerca. Ahora se daba cuenta de lo lejos que había quedado esa risa parecida a un ladrido que tanto le gustaba de él. Mantuvo, incluso, una conversación civilizada con James. Estaba eufórico, completamente lleno y a penas había alcanzado a pinchar dos patatas. Vio la mirada dulce y tierna de Lily. Ninguna de las muchas fotos que tenía era capaz de reflejar la calidez que desprendía con cada sonrisa y con cada mirada. James la observaba mientras ella le hablaba, se veía que estaba profundamente enamorado y deseó poder haber vivido con ellos, recibir ese cariño que ellos se tenían. No tuvo en cuenta esos meses con James, ese no era realmente su padre, sin embargo no quiso dejar escapar la oportunidad que la travesura le había dado para quedarse con todo lo bueno de él.

Recordó con tristeza cada una de sus navidades en casa de los Dudley, cómo había echado de menos a sus padres en esas fechas en aquella horrible casa cuando no era más que un crío y ahora, con sólo unos minutos con ellos, compartiendo la mesa de navidad entre bromas, olvidó el horroroso concepto de ese día que había tenido toda su vida, para cambiarlo por primera vez por el de una navidad en familia


N/A: Hola!!! ¿cómo ha ido la cosa estos días? Supongo q eso de la vuelta a clase o a currar no le siena bien a nadie, a mi tampoco, pero al menos tenemos esto de escribir y leer por aki, para despejarnos.

Espero que os haya gustado y que sigais dejando esos reviews tan fantasticos y q a mi me gustan tanto.

Un besito para mis redactoras jefas favoritas, nenas, aunq me presionais mucho con que soy una tardona os quiero un monton jajajajaja.

BESOS PARA TODOSCAPÍTULO 14 Como te echo de menos.

Las vacaciones de navidad pasaron rápidas entre paseos por el castillo y duros entrenamientos en los que Harry se había convertido en un experto de la magia sin varita. Definitivamente tenía mucho más poder sin ella y eso llamaba mucho la atención de los chicos. Nunca habían sabido por qué Harry había sido capaz de desarrollar esa habilidad, ni si quiera él sabía por qué, pero lo importante era que con ese poder sus posibilidades frente a Voldemort mejoraban bastante.

Hermione llegó con el resto de alumnos y tal y como se aventuró a decir Remus, ninguno de los dos se atrevió a decirse nada en relación a su despedida. Se dedicaron a saludarse como siempre, un poco más fríos incluso, seguramente provocado por los nervios y las ganas de aparentar, mientras que el resto los miraba con cara de desesperación. Todos menos Sirius a quien le hacía mucha gracia eso de que lo llevaran con tanta timidez, para él era algo inconcebible.

-¿Sabes? No es tan difícil- intentó convencer a Ron una noche en la habitación de los merodeadores, mientras el otro aseguraba que no sabía de qué le hablaba- Tú solo vas, pones sonrisa encantadora y miras así- Sirius le mostró una de esas miradas profundas que dedicaba a sus víctimas- y dices algo como ¿dónde te has metido toda mi vida? Y caen a tus pies

-No le hagas ni caso- intercedió James a favor de Ron- Si le dices a Hermione algo así, se tira a tus pies pero partiéndose de risa. Solo queda con ella y dile lo que sientes.

-Es que si le digo a Hermione lo que siento también se tira a mis pies partiéndose de risa.

-¡¡Lo ha hecho!!- Remus se puso de pie y zarandeó a Ron con alegría- ¡¡Lo has conseguido!!- Ron le miraba asustadísimo, como si hubiera perdido completamente la cabeza- Has admitido, por primera vez, que sientes algo por Hermione.

-Ese es el primer paso- le dijo Harry mientras se caía de la cama riéndose.

Ron no resistió más ser el centro de las risas de sus amigos y se marchó enfadado a su habitación donde estaba encerrado tras los doseles de su cama cuando Harry llegó un rato después.

El primer fin de semana después de las vacaciones se tenía que enfrentar Huflepuff contra Slitherin. Todos estaban deseosos de más quidditch y sobre todo de ver cómo slitherin caía de nuevo, aunque realmente sería complicado porque Hufflepuff no estaba en su mejor momento. Sirius era el que más contento estaba, como consecuencia de su pacto con Patricia Brown volvería a transmitir el partido, pero esta vez compartiría con ella el protagonismo. Slitherin ganó el partido y se puso por delante de Griffindor por apenas algunos puntos y con la ventaja para los leones de que ellos todavía no habían jugado contra Ravenclaw. Cuando acabó el partido todos se dirigieron al castillo. James iba discutiendo con Harry sobre las tácticas que debía usar para arrollar a las águilas, mientras que él afirmaba con la cabeza sabiendo que a la más mínima negativa saltaría como un loco buscando una buena excusa para volver a enfrentarse a él. Lily y Andrea les observaban de cerca por si era necesario intervenir. Desde que se había acabado la tregua de Navidad, había que volver a estar muy atentos a sus conversaciones porque a la mínima montaban un escándalo.

Remus, Ron y Ginny cerraban la comitiva algo más alejados del resto, mientras que Sirius, acompañado Patricia, iban convenciendo a Hermione de dar el último paso con Ron.

-Venga Hermione. No es tan difícil decirle a alguien que te interesa.

-¿Nadie te ha dicho que no te metas donde no te importa, Anthony?

-Oh! Vamos Granger- Hermione la miró preguntándose qué era exactamente lo que esa chica a la que no conocía de nada quería decirle- Barker tiene razón, solo tienes que acercarte y decírselo.

-¡Pero a ti qué te importa mi vida!- le respondió ella con bastante furia.

-A mí no me importa nada. Sólo que pensaba que eras una tía con más agallas. No sé, pensé que era verdad todo eso que dicen de vosotros tres.

-¿Qué es lo que dicen exactamente?- preguntó Sirius muy interesado. Estaba loco por encontrar más piezas en su puzzle. Pero Hermione le dio un codazo fuerte para que se mantuviera al margen.

-Todo eso de la piedra filosofal. La cogió Harry pero todo el mundo cuenta que Weasley y tú le ayudasteis a conseguirla y lo de la cámara de los secretos...

-Yo no fui a la cámara de los secretos, me petrificaron antes.

-¡Ostia eso no lo sabía! En serio Hermione, me voy a plantear salir contigo, eres una chica muy interesante- Sirius hizo gala de la mirada y la sonrisa de la que había aconsejado a Ron.

-¡Quita esa cara de tonto, Barker! ¿En serio las chicas caen con eso? ¡Pero qué lástima dan algunas!

Sirius se quedó con la boca abierta ante el comentario de Patricia, incluso se quedó un poco atrasado mientras ellas llegaban a las puertas del castillo

-Está bien, no entraste en la cámara de los secretos- continuó Patricia como si no le hubiese dicho nada a Sirius- pero qué hay de todo eso de Sirius Black, ¿no fuisteis...? ¡AHHHH!

Hermione estaba cogiéndole el truco a eso de interrumpir a la gente a base de golpes. Patricia la miró muy sorprendida por el pisotón que le acababa de dar, pero más se sorprendió con la actitud de Sirius.

-¿Qué? ¿Qué hizo ésta con Sirius Black? Vamos Patricia si me lo cuentas te hago las tareas de todo el curso ¡Lo juro!

Patricia miraba a Sirius gritarle desesperado y a Hermione negar con la cabeza con un profundo gesto de enfado en su cara. Se quedó petrificada sin saber qué contestar, pero la oferta de Sirius sonaba intersante.

-¿De todo el curso?- Sirius afirmó con la cabeza repetidamente.

Antes de que Patricia pudiese abrir la boca, Hermione había empujado a Sirius con más fuerza de la que ella misma hubiese esperado y agarró a la chica por el cuello de la túnica, dejándola completamente anonadada.

-Si me entero que ése-empezó a decirle con agresividad y señaló a Sirius con la mano temblando de ira- se entera de algo relacionado con Sirius Black o con cualquier otra cosa que tenga que ver con Harry te aseguro que me encargaré de que pierdas tantos puntos que vuestro reloj tendrá menos zafiros que la casa de un pobre ¿Ha quedado claro?

Patricia asintió con la cabeza, en medio de un estado de shock que apenas le dejaba pronunciar una palabra. Miró a Sirius asustada y se marchó del vestíbulo con dirección a su sala común.

-¿Qué le has dicho? - preguntó él enfadado- Estaba a punto de contarme mi futuro.

-Es que vosotros no podéis saber nada de nada ¡A ver cuando se te mete en la cabeza!- le respondió Hermione casi gritando.

-¡Oh, Hermione! ¿Por qué no te dedicas a decirle a Ron lo que sientes y me dejas a mí averiguar cosas de mí?

-¿Otra vez con eso? ¡Déjame ya en paz! ¡YO NO SIENTO NADA POR RON!

Hermione se giró lentamente hacia donde Sirius estaba mirando con cara de hemos metido la pata. Allí estaba Ron, mirándola con tristeza, como si acabaran de romperle el corazón. Escoltándole, Remus y Ginny movían la cabeza con incredulidad, mientras Ron volvía a atravesar la gran puerta de roble. Ella no supo reaccionar y se quedó plantada mirándole marchar.

-Una cosa es que no admitáis lo que sentís y otra que lo dejes marchar así- canturreó Remus pasando junto a ella en su camino hacia las escaleras.

Con las palabras de Remus reaccionó y salió corriendo tras Ron. Lo vio dirigirse hacia el lago. Caminaba despacio, abatido, dándole patadas a las piedras que encontraba entre la nieve que esa mañana adornaba los terrenos del colegio.

-Hola- saludó Hermione con cautela cuando llegó a donde él estaba.

-Hmmm- Ron seguía mirando al suelo intentando arrancar una piedra

-¿Puedo hablar contigo?

-Tú misma-le estaba dando la espalda a conciencia, no quería que ella le viese la cara en ese momento y supiese lo mucho que le había importado esa declaración. Él seguía muy concentrado en su piedra, dándole cada vez patadas más fuertes.

-¿Puedes dejar la piedra y mirarme?- Ella sabía que le había hecho daño, ella misma se hubiera muerto en ese momento si le hubiese oído a él gritar que no sentía nada por ella en medio del vestíbulo

-Es que me gustaría estar solo- respondió secamente.

-Ron por favor, escúchame- ella le tomó el brazo y lo giró suavemente- Lo que has oído en el vestíbulo...

-No me importa. En serio, yo ya lo sabía- giró la cara en dirección al lago para no mirarla a los ojos.

-¡Qué cabezota eres! ¿me quieres escuchar?- al oír esto él se giró para replicarle pero al verla tan cerca volvió a quitar la cara- Lo que oíste ahí es mentira. Yo estaba enfadada con Sirius y dije algo que no debía.

-¿Qué?- fue lo único que acertó a decir él después de la declaración de Hermione.

-Pues eso, que yo sí que siento algo por ti- Ahora era ella la que miraba al suelo para ocultar su vergüenza- El día que me fui por las vacaciones quería habértelo dicho pero como me dijiste que tenías que despedirte de una chica, no me atreví. Bueno, yo no quiero que esto afecte a nuestra amistad, tú y yo somos amigos desde hace muchos años y el que yo sienta estas cosas cuando estoy contigo no debería afectarnos.

Ron estaba sonriendo tanto que pensaba que se le desencajaría la mandíbula, pero Hermione no pudo ver esta reacción porque seguía muy concentrada en sus pies.

-Pues yo siento decirte que esto sí que afectará a nuestra amistad- Hermione levantó la cabeza muy preocupada al oír estas palabras, eso era lo último que ella quería- Yo... bueno yo... estoy muy pillado con la chica esa de la que me iba a despedir así que no creo que podamos seguir siendo amigos sin más.

-No hacía falta que fueras tan duro ¿sabes? - le recriminó ella al borde de las lágrimas.

-Ey, Hermione, no me estás entendiendo...

-¡Claro que sí!- se giró bruscamente para soltarse de la mano con la que él le estaba acariciando la cara.

-Ven aquí- la cogió por los dos brazos y con una caricia suave hizo que le mirara- Tú y yo no podemos seguir siendo amigos porque la chica de la que estoy tan enamorado eres tú. Yo pensé que me mandarías a paseo y que todo se acabaría entre nosotros si te lo contaba, pero después de saber que tú sientes lo mismo no creo que pueda seguir siendo solo tu amigo ¿me entiendes ahora?

Ella sonrió como una boba, empapándose de sus palabras y pensando que era una idiota por no haberse atrevido antes.

-¡Eres tonto! ¿sabes? Menudo mal trago me has hecho pasar- le dio un pequeño golpe en el pecho acercándose más, pero en su recriminación había una sonrisa de complicidad.

-¿Me dejas compensarte?- le preguntó él pasando sus brazos por la cintura y acercándola más aún. Necesitaba sentirla más cerca que nunca para saber que lo que estaba pasando era real.

-Claro- le respondió ella con una mirada pícara abrazándole por el cuello.

Se acercaron muy despacio, como si al hacerlo más deprisa todo se fuese a terminar, sonriendo y mirándose a los ojos hasta que sus labios se encontraron. Era una sensación extraña, tenían entre sus brazos a su mejor amigo pero sentían que esas pequeñas cosas que habían estado sintiendo en los últimos meses se expandían al contacto de sus labios hasta límites infinitos. Estuvieron así un rato, procurándose besos y caricias suaves. Sonriéndose sin motivo cada vez que sus miradas se cruzaban.

-No esperaba que el día fuese a ir tan bien- comentó Hermione apoyada en su pecho.

-Espero que vaya así de bien durante mucho tiempo. ¿sabes una cosa?

-Mmmmm

-A mí esto del amor me da hambre.

Hermione empezó a reírse con ganas. Definitivamente no cambiaría nunca. Él se quedó un poco contrariado, lo que había dicho no tenía tanta gracia, pero aceptó de buena gana el beso que le dio Hermione. Se fueron de nuevo al castillo cogidos de la mano, ésa sí era una sensación muy extraña. Hermione se preguntaba qué pasaría cuando entraran en el castillo así, todo el mundo los miraría y no le gustaba ser el centro de atención por algo que no tuviera que ver con una demostración de su inteligencia. Ron, por su parte, pensaba en la cara de sus amigos cuando lo vieran entrar de la mano de Hermione, seguro que se burlaban de él, pero serían las burlas mejor aceptadas de toda su vida.

Antes de abrir la puerta del comedor Ron se paró detrás de Hermione y la abrazó por la cintura colocando su cabeza a la altura del cuello de la chica.

-¿Te he dicho que te quiero?

Ella sintió que se derretía en ese momento y se giró para encontrárselo de cara. Negó con la cabeza ligeramente mientras le miraba con una sonrisa burlona.

-¿Y yo a ti?

Él movió también su cabeza en señal de negación y la beso otra vez suavemente antes de entrar al gran comedor, donde efectivamente llamaron la atención de todos los presentes, que se apresuraron a juntar sus cabezas y comentar la nueva pareja. Mientras sus amigos les propinaban pequeños golpes en los hombros o sonrisas de complicidad, acompañadas de frases como ya era hora.

Después de comer Ron y Hermione desaparecieron a una velocidad tal que a nadie le dio tiempo a darse cuenta de que ya no estaban. Sirius le insistió a Remus para que le acompañara a hacer una visita a la sala Hufflepuff. Remus seguía en un estado de depresión continua de la que apenas salía con ayuda de sus amigos, pero alguna mirada de Andrea le hacía volver a caer irremediablemente. Por eso Sirius se empeñaba en llevarlo a un lado y otro a conocer gente nueva, aunque Remus se quedaba mirando cómo actuaba el galán de su amigo. Bastante gente nueva había tenido él por ese año.

Tras esos abandonos, el resto subió a la habitación de los merodeadores, que como no la compartían con nadie, la tenían disponible para cuando quisieran. Se pasaron un par de horas hablando de todo un poco. Harry no comentó mucho, porque el tema principal eran Ron y Hermione y estaba seguro de que a sus amigos no les haría mucha gracia que ellos estuvieran ahí, desmenuzando cada uno de sus comentarios y comportamientos mientras que ellos estaba prometiéndose amor eterno en alguna parte del castillo. Por otro lado, y como una tónica que había alcanzado la habitualidad desde que llegó, a cada comentario de Harry aparecía uno de James intentando desacreditarle; así que prefirió escuchar junto a una Ginny muy participativa, desde la cama de Remus, a donde Andrea los había mandado, con la excusa de que ella no se sentaba en la cama de ese aprendiz de lobo sin escrúpulos.

Sirius y Remus volvieron de su ruta por la bodega de los Hufflepuff, con una nueva cita para Sirius y aunque un par de chicas hubieran estado más que encantadas de quedar con Remus, éste se dedicó a decir que su novia se enfadaría mucho si hacía algo así, con una sonrisa tierna que dejó a todas más que contentas.

-¿Por qué has dicho que tienes novia? Así no conseguirás nada de nada- le recriminó Sirius.

-Sirius ¿tú por casualidad te enteras de algo de mi vida?- le preguntó como si estuviese hablando con alguien al que no conoce.

-Lunático- Sirius adquirió el tono de maestro sabio que usaba cuando daba sus contradictorios sermones- Sé perfectamente lo que te pasa y por eso te traigo conmigo, para ver si espabilas de una vez y sales de ese estado de aletargamiento en el que te has metido desde la fiestecita. Tienes dos opciones: o te vienes conmigo y aprendes a que todo esto es un juego o haces algo que convenza a Andrea. Aunque yo lo veo más negro que el nombre de mi familia.

-Eres el mejor dando ánimos ¿lo sabías?- la ironía de Remus a penas le salió del cuerpo al entrar en su cuarto y ver a Andrea sentada en la cama de enfrente.

En cuanto que los dos merodeadores entraron en el cuarto, Andrea se levantó y se dirigió a la puerta para marcharse. Cada vez que podía evitaba estar en la misma habitación que él. El solo recuerdo de esa imagen en su cabeza hacía que se le revolviera el estómago y sintiera hacia él un odio, que realmente sabía que no existía, pero que no podía evitar sentir en ese momento, así que cuanto más tiempo se mantuviera alejado de él, mejor sería para su amistad.

-¡¡Andy!!-Remus la tomó del brazo justo cuando iba a cruzar la puerta, ella al notar que él la tocaba cerró los ojos para recuperarse, pero Remus entendió el gesto como uno más de sus enfados- Está bien, no te llamo Andy. No hace falta que te marches ya me voy yo. ¿Podemos hablar un momento?

Cerró la puerta del dormitorio y se quedaron en el pasillo.

-Remus, te he dicho que es mejor que no hablemos durante un tiempo- Andrea estaba tan agotada de esa situación que el desdén con el que últimamente le hablaba desapareció.

-Pero es que yo ya no sé qué hacer para que me perdones. Te he dicho que fue el mayor error de mi vida y que si consiguiera otra vez viajar en el tiempo hasta ese momento te juro que solo te besaría a ti aunque eso me costase un buen golpe de derecha. Pero es que creo que me voy a volver loco sin hablarte, no soporto que me mires así.

-Por favor, no insistas más. ¿No lo entiendes? Es que mi cabeza no me deja perdonarte. No puedo evitarlo, para mí fue muy duro verte así y cada vez que te lo hago esas imágenes vuelven para martirizarme.

Ella hizo el intento de marcharse como había planeado cuando lo vio, pero volvió a detenerla agarrándola del brazo. Se acercó a ella resistiéndose a abrazarla con todas sus fuerzas pero pidiéndole perdón con la mirada.

-Dame tiempo- le susurró ella conocedora de que esa situación la podía sobrepasar.

-¿Tiempo? Me estoy volviendo loco sin ti, no tengo más tiempo.-Se acercó hasta acercarse tanto a su oreja que casi la rozaba con los labios.- Te necesito.

-Remus- lo separó un poco de ella- Yo te he dado más tiempo del que nunca llegué a imaginar porque sabía que la situación era difícil. Ahora eres tú el que tienes que entender.

Pasó su mano por la cara hasta colocar la yema de sus dedos en la nuca escurriéndose entre mechones azabache de la chica, al moverlos despacio Andrea se estremeció y eso le arrancó a él una sonrisa. Andrea echó hacia atrás la cabeza y cerró los ojos buscando las fuerzas para no caer.

-Te echo tanto de menos que me duele el alma cada vez que te alejas de mí.

Andrea respiró profundo y le miró a los ojos directamente. Remus no había visto nunca tan fríos esos profundos ojos negros que tanto le gustaba. Ella le agarró la manó que tenía todavía enredada entre el pelo y la retiró con decisión.

-No vuelvas a hacerme algo así- esta vez sí que sonó como una orden- Se acabó, Remus. Tú hiciste que se acabara. No le des más vueltas. Todo tiene su fin.

El portazo que dio Andrea ahogó el fuerte golpe que Remus le propinó a la pared para descargar su ira. Se quedó mirando la puerta haciendo intentos de golpearse la cabeza contra ella maldiciéndose a sí mismo por la cantidad de oportunidades que había dejado escapar en todo ese tiempo. Ahora sabía que no podría vivir sin ella.

-¿Y Lunático?- preguntó Sirius repantigado en su cama al ver entrar a Andrea sola. La chica emitió solo un gruñido en respuesta- ¿Piensas dejarlo así mucho tiempo? El pobre está arrepentido.

-¡Cierra tu bocaza Sirius Black!- le gritó Andrea intentando descargar su rabia contra alguien- No tienes ni idea de lo que pasa así que metete en tus asuntos.

-¿Qué les pasa hoy a las mujeres de este castillo? ¿os habéis puesto de acuerdo para meteros todas conmigo?

-¡Pobrecito Sirius!- se burló Harry con una sonrisa- ¿Qué te ha pasado?

-Primero Brown dice que mi técnica con las mujeres es mala ¡Qué sabrá ella de mujeres!

-Patricia es una mujer- aclaró Ginny con obviedad.

-Bah! Y luego Hermione ¡Se ha vuelto loca!

-Eh, Sirius, no te pases con Hermione- la defendió Harry.

-Es que tú no la has visto. Primero casi me tira del empujón que me ha dado y luego ha cogido a Brown por el cuello y no sé que le habrá dicho pero ha salido huyendo con una cara de susto que tiraba para atrás. Lo que yo te diga, como un cencerro.

-Algo habréis hecho- le aseguró Lily.

-Sí claro, ella estaba a punto de contarme mi vida. ¿Por qué ella sabe mi vida y yo no?

-Porque tú no puedes saber nada y punto.

-Menuda explicación- intervino James- Me estoy cansando de todo este rollo de no saber nada- Se puso de pie y se colocó junto a la cama donde estaban Harry y Ginny- A ver, si es nuestra vida ¿por qué no podemos saber nada de ella?

-Pues porque por mucho que os borrasen la memoria, cualquier cosa puede fallar y ese conocimiento en vuestra mente de adolescentes malcriados solo puede crear problemas en nuestro tiempo.

-Ohh! Disculpe usted, señor maduro- protestó James con sarcasmo remedando esperpénticamente a Harry.- No queríamos importunarle con nuestras niñerías.

-No empieces James- le contestó su hijo con cansancio

Él seguía haciendo aspavientos por la habitación poniendo muecas en su cara para provocar a Harry.

-¿Podría el gran héroe Potter contarnos alguna minucia de nuestra vida o nos considera tan infantiles que cree que nos dedicaremos a jugar a los detectives con esa información para desmantelar nuestro propio futuro?

-Que me estás cansando. No te lo digo más.

-Uuuuu ¡qué miedo!- siguió el con sorna- ¿me vas a castigar de cara a la pared?

Harry hizo un movimiento con la mano y James cayó inconsciente al suelo. Inmediatamente todos se levantaron para ver qué le había ocurrido. Ginny que estaba a punto de sacar su varita y callarlo no pudo aguantar una carcajada que fue silenciada con una mirada severa de Sirius.

-¡Harry!-le gritó Sirius enfadado- que sea la última vez que le lanzas un stupefy.

-¿Qué hechizo quieres para la siguiente vez que me toque las narices como lo ha hecho ahora?- contestó él con descaro

Sirius le miró con disgusto aunque en el fondo sabía que tenía razón. Con otro movimiento de su mano James empezó a despertarse, tardó unos segundos en darse cuenta de lo que había ocurrido y cuando lo hizo se levantó rápidamente para lanzarse hacia Harry. Sirius y Lily lo agarraban mientras que Harry no movía ni un pelo por quitarse de en medio.

-¡Eres un gilipollas! Sirius suéltame que lo mato ¿pero de qué vas? Ni se te ocurra volver a hacer eso, si tienes agallas te enfrentas a mí con varita, en igualdad de condiciones.

-Te lo advertí James. Me estabas cansando. Y yo no pienso enfrentarme contigo. Solo quería callarte un rato.

-¿Pero tú le oyes?- le gritó desesperado a Sirius que no se atrevía a soltarle.

-Vamos Cornamenta, dejémosle. Vamos a tomar un poco el aire.

Sirius se llevó a la rastra a James y cuando lo hubo sacado de la habitación volvió para advertir a Harry.

-Es la última vez que lo sujeto. Puede que él se pase mucho contigo, pero le haces algo como lo de hoy y me tienen que sujetar a mí ¿claro?

Harry movió la cabeza afirmativamente con gesto aburrido. Estaba harto de todas aquellas situaciones, sentía que iba a explotar. Tenía que hacer algo que lo solucionase. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.


Holaaa!!! Ya estoy aki, mucho antes de lo que tenía previsto, pero es por salvar una vida. jajaja.

Como siempre lo primero un besito para todos que sois la leche, cada día alucino más con vosotros, me teneis encantada.

Luego dos noticias. La primera es que Pekenyita ha decidido despues de mucha insistencia hacer la segunda parte de "volví", se llama "always on my mind". Si alguien no ha leido volvi, que lo haga, pero que primero contrate con una franquicia de pañuelos, xq se llora mucho jajaja y el que haya tenido el gusto de leerla que lea la segunda parte que promete. La segunda noticia que quiero dar, es que por si acaso hay alguien que no está leyendo "la 2ª guerra: hay que salvar a los que queremos" d Evix Black que lo haga, porq no hacerlo debería estar catalogado como delito (¿se nota que estudio derecho? jejeje). Ya sé que es mucha publicidad, pero es que se lo merecen, son las mejores chicas y las mejores escritoras. Así que no perdais la oportunidad. Un besito, nenas

Y ya termino. Espero actualizar prontito, más que nada por mi salud, jeje, pero si no puedo ruego paciencia vale? estas fechas son muy malas para los universitarios

MUCHOS BESOS A TODOS

CAPÍTULO 15: No me digas que no.

Harry movió la cabeza afirmativamente con gesto aburrido. Estaba harto de todas aquellas situaciones, sentía que iba a explotar. Tenía que hacer algo que lo solucionase. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas.

Cuando Sirius cerró la puerta se tiró en la cama abatido, Ginny se sentó a su lado y empezó a acariciarle el pelo. Por su parte Andrea y Lily se quedaron de pie junto a la cama mirando la escena.

-Bueno, pues nosotras nos vamos- Andrea rompió el silencio dedicándole a Lily una mirada significativa.

-No hay prisa ¿verdad?-Lily ignoró por completo a su amiga y se sentó en la cama junto a Harry.- ¿estás bien?

Harry levantó un poco la cabeza y le sonrió, Lily era tan dulce, tan diferente a James. Ginny por otro lado la miraba a ella con cara de sospecha y luego a Andrea que le estaba haciendo gestos para que se marcharan. Era una situación realmente extraña y Ginny pensó que algo tenían que haber tras todo aquello

-Sí que hay prisa- le dijo Andrea simulando una sonrisa y tirando de su mano- Tú y yo nos vamos a ir y vamos a dejarlos a ellos solitos- le hablaba como si fuera una niña de dos años, manteniendo la sonrisa forzada.

-No importa Andrea- Harry seguía tumbado en la cama mirando el techo completamente ausente

-¿Ves?- Lily se volvió a sentar con una enorme sonrisa en la cara- Él quiere que me.. que nos quedemos.

-¡Lily!- Andrea perdió completamente la sonrisa, incluso la forzada que tenía y habló con rotundidad, no estaba precisamente para tonterías-Nos vamos ya.

Volvió a tirar de la mano y la empujó con dirección a la puerta. Al final ella cedió y aceptó que tuviera que irse.

-Vale, vale. Pero sólo porque creo que tienes algo que contarme.

-¿Estás bien?- le preguntó Ginny desde la cama.

-Sí, no te preocupes.- respondió Andrea volviendo a forzar una sonrisa

Cuando las dos chicas salieron, Ginny se recostó en la cama para ponerse a la altura de su novio. Volvió a acariciarle el pelo mientras le observaba mirar a un punto inexistente.

-¡Eh!- le susurró- ¿qué te pasa?

-¿Has visto lo que he hecho?- Harry se incorporó, estaba nervioso, como si hubiese despertado de una pesadilla.

-Harry, mi vida, si tú no le llegas a dejar inconsciente lo hubiera hecho yo. Se estaba pasando, se ha estado pasando de la raya contigo desde que llegó. Es normal que explotes.

-¡Pero es mi padre! ¿Qué harías tú si hubieses atacado a tu padre?

-Mi padre me saca cuarenta años y está calvo. El tuyo tiene tu edad y es un capullo. No puedes comparar.

-Pero sigue siendo mi padre. No me creo lo que he hecho- volvió a tirarse sobre el colchón con las manos en la cabeza lamentándose por lo ocurrido.

-Vamos, cariño, no te martirices. James no es exactamente tu padre. Tu padre tenía 21 años cuando tú naciste y te adoraba.

-Me estoy cansando de esta situación. Es desesperante.

-Claro que sí, es normal.- le apoyó ella.

-Tengo que solucionarlo. No aguanto más. Hay que darle una solución.

-Sí claro. ¡Un momento! ¿Qué solución?- preguntó ella con cautela temiéndose un nuevo ataque de sinceridad de Harry.

-Se lo voy a contar- Volvió a ponerse de pie con decisión- Ya verás la cara que pone...

-Harry...

-Seguro que en cuanto lo sepa cambia su manera de tratarme- él cada vez estaba más emocionado imaginándose a su padre comportándose con él como una persona civilizada.

-Harry que esto ya lo hemos hablado.

-Sí, está decidido voy a ir a hablar con él ahora mismo.-siguió él ignorando a Ginny completamente.

-¡Alto ahí!- ella se puso de pie corriendo y se dirigió a la puerta por la que estaba a punto de salir Harry- ¡Siéntate!. Estás desvariando.

-Ginny tú no lo entiendes. Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Además luego le borrarán la memoria.

-¡No digas tonterías!- le gritó ella irritada, Harry se quedó asombrado con esa reacción- No has pensado detenidamente lo que vas a hacer. ¿Y si falla algo? ¿y si recuerdan algo y eso afecta al futuro? Harry, tú mismo dijiste que tu padre te recordaba, que tenía ese vacío hasta que naciste. ¿Y Sirius? Él también sentía algo. Si lo recuerdan y cambian la historia estamos perdidos y lo sabes.

-No le contaré nada de su muerte, ni de Peter, no intentaré cambiar mi vida. Sólo quiero aprovechar el poco tiempo que tengo para estar a su lado. ¿Es que no lo entiendes? Cuando Dumbledore descubra como devolverlos al pasado se habrá acabado, nunca podré volver a hablar con él

Harry se sentó derrumbado en la cama, con la cara escondida detrás de sus manos. Estaba realmente agotado de toda esa situación. Él sólo quería hacer algo para no soportar los constantes ataques de James. Quería un padre, no le importaba que tuviese su edad, que no fuese el que él debió conocer, que no hubiese madurado lo suficiente ni como para cuidar un hamster, pero era su padre y quería aprovechar con él cualquier minuto que el destino le brindase.

-Harry, estás buscando una familia que realmente no es la tuya.

-¡No me digas que no!- le respondió irritado- ¿Qué sabrás tú? Tú tienes una familia envidiable. Unos padres que te quieren y que han estado contigo en cada momento y yo sólo tengo un montón de fotos y el relato escueto de sus vidas. No me puedes pedir que no busque a mi familia cuando la tengo delante de mis narices.- Harry cada vez estaba gritando más, se estaba desfogando de todo lo que sentía- Tengo a Sirius ¿Sabes lo que es eso? ¿Te imaginas cuántas veces he rogado por volver a tenerlo, a escuchar su risa de perro? Y tengo a mis padres ¡Por Dios! Y tú me dices que no son mi familia ¿Pues qué son entonces?

-Cariño yo no quería decir exactamente eso.

Ginny estaba aguantando estoicamente la avalancha de Harry. Sabía que había provocado esa situación pero lo había hecho para que se diera cuenta de cómo estaban las cosas realmente. Harry podía estar gritándole en ese momento pero ella no podía recriminarle nada. Sabía perfectamente que necesitaba desahogarse

-Oh, no claro, tú no querías, pero te las apañas siempre para estar ahí de una u otra forma impidiéndome alargar la mano y alcanzarles. Sólo tengo que ir y decirles la verdad y todo habrá cambiado.

-Eso no lo sabes. Quizá James no cambie y entonces tú te sentirás mucho peor.

-¿Cómo no va a cambiar? - Contestó él desesperado- Le dije que lo consideraba un padre y se portó conmigo como un amigo durante casi un mes. Sólo quiero volver a tener eso. ¡Quiero conocerle!

-Está bien. Haz lo que te dé la gana. No te puedo obligar a mantenerte callado pero sólo te voy a pedir que te lo pienses antes de hacer cualquier barbaridad ¿vale?

Harry no respondió. Estaba enfadado con la situación en la que estaba, sabía que Ginny no tenía la culpa pero siempre estaba ahí para evitarle dar el paso. Por otro lado estaba convencido de que la única solución era buscar a James y contarle lo que pasaba. Salió de la habitación dando un portazo dejando a Ginny con una profunda cara de preocupación. Si Harry empezaba por contarle sólo que eran sus padres, no tardaría mucho en necesitar contarle todo lo relacionado con su muerte. Siendo egoísta, y por mucho que eso le doliera a ella, que James y Harry se llevasen mal era una salvaguarda de que Harry no necesitase más de sus padres y por tanto podría tener la mente más fría a la hora de revelar cualquier información relacionada con sus vidas.

Caminaba por el pasillo con paso ligero, no se encontró con nadie, debía ser ya la hora de cenar. En su cabeza se estaba librando una cruenta batalla entre la razón y la voluntad. En las muecas de su cara se iba reflejando cada una de las posiciones que su cerebro adoptaba en ese momento. Las frases se le acumulaban cada vez más iracundas, despotricaba contra Ginny por hacerle ver las cosas así, por no apoyarle en su idea, pero acto seguido, y como si estuviese luchando contra una malidición imperius, una voz sonaba desde el fondo de su cabeza dando la opinión razonable que situaba a su novia en una mejor posición.

No sé cómo me puede decir que no es mi familia, ¡valiente tontería! Es mi madre y mi padre por muy jóvenes que sean, no dejan de ser ellos

Bueno, aunque realmente tiene razón al decir que yo jamás hubiera conocido a mis padres con diecisiete años y que ellos debieron cambiar mucho, especialmente James, desde esos diecisiete hasta que yo nací

Ginny sabe lo mucho que he necesitado todo este tiempo tener a alguien como él. Tuve a Sirius y también me abandonó y ella quiere que deje pasar la oportunidad de hablar con mi padre, con uno que sabe quién soy realmente

Lo cierto es que ella sólo quiere ayudarme. No lo hace con mala intención. En este caso es más objetiva y puede ser que tenga algo de razón. Este James no es exactamente mi padre

Pero ella debería haberme apoyado, me he comportado demasiado bien estos meses sin soltar ni una palabra, ahora solo quiero solucionar el problema con mi padre. Yo sólo quiero saber lo que se siente teniendo uno

¿Y si tiene razón? ¿y si mi padre no cambia? Es tan diferente a como lo imaginaba. Él ahora debería ser como Remus y no tener mi edad. ¡Joder! Ya no sé que hacer. Necesito pensar, necesito salir d aquí, ¿pero cómo? Un sitio que me dé el aire fresco, verde. ¡Un momento!

Harry echó a correr en dirección al séptimo piso. Sólo había un sitio en el castillo que podía darle lo que necesitaba para pensar y ese era la sala de los menesteres. Se paseó tres veces por la puerta pensando en lo que necesitaba un sitio para pensar, un sitio para pensar.... Abrió la puerta y una brisa cálida le golpeó la cara. Fuera del castillo enero traía una ventisca, sin embargo esa sala era un pedacito de primavera concentrada en cuatro paredes que Harry supuso que debían estar ahí porque las conocía a la perfección desde el ED pero que en realidad ahora no se veían. Era un campo verde, dorado por un sol suave que invitaba a tumbarse bajo sus rayos, así que Harry, ansioso por encontrar un poco de paz espiritual, no se hizo de rogar y se tiró en la hierva fresca.

Pasó un largo rato tumbado boca arriba arrancando la hierba que crecía a la altura de sus manos. En su cabeza se repetían una y otra vez las conversaciones que había tenido con Ginny y con Hermione con respecto a contarle algo a sus padres. Ellas siempre se habían opuesto tajantemente y le habían convencido de que lo mejor era seguir como hasta ahora. Sin embargo él cada vez sentía más necesidad de contárselo, no tanto a Lily que se comportaba con él como un ángel, pero sí a James para que de esa forma entendiera cada una de las cosas que le hacían sospechar de él. Ron no se había pronunciado nunca al respecto, le había dado la libertad para pensarlo y tomar una decisión y Harry se lo estaba agradeciendo profundamente en ese momento. Era una opinión menos a sonar en su cabeza.

Cuando ya había repetido hasta aprenderse de memoria todas las razones a favor de no contarles nada a sus padres empezó a tranquilizarse y a ver la situación desde un punto de vista más objetivo. Definitivamente el James que le habían descrito no tenía nada que ver con el chico engreído y furibundo que se esforzaba en hacerle la vida imposible, así que se dio cuenta de que las chicas tenían razón al decirle que ése no era realmente el padre que él tenía que haber conocido. Su padre tenía veintiún años cuando él nació, a penas cuatro más que tenía ahora, pero en ese tiempo había tenido que enfrentarse a una guerra estando en primera línea, tuvo que sufrir sabiendo que su familia estaba en peligro de muerte y que sobre su bebé recaería la responsabilidad de salvar al mundo. Realmente eso hace madurar, así que James Potter, el que tenía que haber estado en su vida, no tenía comparación con el que por ironías del destino se había colado en ella.

El sol seguía dándole en la cara y respiraba despacio, la sensación de paz que irradiaba la habitación le llenaba de calma, sentía que todo era una tontería, que no había nada de qué preocuparse y de repente empezó a sentirse culpable por haberle gritado a Ginny cuando ella no tenía la culpa de nada.

Se incorporó con la intención de marcharse. Estaba sentado con las piernas cruzadas cuando vio como la mitad de la sala en la que él no estaba sentado dejaba de ser un campo soleado para convertirse en una habitación llena de libros, algunos con apariencia de ser muy antiguos. Se fijó en cada detalle con la boca abierta ¿cómo había ocurrido eso? En medio había una mesa enorme iluminada con un candelabro. No le había dado tiempo a reaccionar cuando se abrió la puerta y el director entró. Igual que le había ocurrido a Harry, el profesor Dumbledore se quedó muy sorprendido al ver que lo que él esperaba que fuese una sala de estudio, fuese también un campo primaveral con uno de sus alumnos sentado en él mirándolo todo asombrado.

-Vaya, Harry, no esperaba encontrarte aquí.- El profesor Dumbledore rompió el silencio con su tono jovial mirando a Harry con ojos brillantes.

-¡Profesor! Yo... Bueno, yo es que... - Harry intentaba inútilmente justificar su presencia en aquella sala.

-¡Bonito paisaje!- le interrumpió él viendo el apuro en el que se estaba metiendo.

-Verá profesor. Yo es que conocía la sala por lo del Ejercito... quiero decir por lo del ED y bueno es que...

-No pasa nada Harry. No está prohibido entrar aquí, además no sería la primera vez que tú entras a un sitio al que no deberías entrar- dijo con una sonrisa cómplice- Como dice tu profesor de pociones, tienes cierto desdén por las normas.

Harry sonrió por la forma en la que lo dijo. No era una recriminación, más bien parecía que eso le divertía. Pensó que mucha gente le había dicho que lo había heredado de James y eso le recordó el porqué estaba allí.

-¿Puedo preguntar qué hacías aquí en medio de una pradera, Harry?

-Necesitaba pensar.

-¿Problemas con la señorita Weasley?- le preguntó cariñosamente- La he visto cenar sola esta noche.

-No, no es eso- contestó él no muy convencido después de cómo le había gritado en el cuarto de los merodeadores- No tiene importancia.

Se dirigió hacia la puerta con la intención de marcharse y dejar al director con su asuntos. Tenía la esperanza, impulsado por esa curiosidad que en tantos líos le había metido, de tropezarse sin querer con las estanterías de libros que el director necesitaba y así descubrir qué era en lo que estaba trabajando, pero para su desilusión, cuando puso el pie en lo que parecía un suelo de madera oscura, éste se convirtió en un campo frondoso, continuación de la parte en la que él había estado pensando. Su petición de un lugar donde reflexionar le perseguía allá por donde se paseara de la habitación, alejando de su alcance la improvisada e interesante biblioteca del director.

-Tampoco he visto a James ni a Sirius en la cena - Harry se detuvo y se giró para mirar al profesor Dumbledore- ¿algún problema con ellos?

-No, profesor- respondió escuetamente intentando crear una barrera de protección para que Dumbledore no descubriera lo que sentía, no le gustaba que supiese de su vida más que él mismo y mucho menos que se introdujese en sus sentimientos sin ser invitado.

-Harry ¿has tenido alguna sensación extraña ahora que estás con tu padre?

-Si se refiere a unas increíbles ganas de lanzarme a él y romperle la cara por querer hacerme la vida imposible, pues sí, lo he sentido; pero dudo que se refiera a eso- respondió él con algo de chulería, no sabía a qué venía eso y quería volver a estar solo.

-¿Tan mal os lleváis?

-Digamos que hace un rato lo dejé inconsciente.

-No está bien que uses la varita contra otro alumno y menos contra James.- le reprendió con suavidad sentándose en la enorme silla que había junto a la mesa.

-No la usé. Fue tan fácil como hacer esto- Harry movió la mano de la misma forma que lo había hecho contra James.

El rostro de Dumbledore perdió la sonrisa y mostró mucho interés en eso que Harry había dicho con total casualidad. Se tensó un poco y por unos segundos perdió la tranquilidad que sus ojos solían reflejar.

-Veo que dominas muy bien tu nuevo poder- le dijo recomponiéndose.

-Estoy preparado- Harry habló rozando el desafío, parecía que de repente hubiera madurado años, su voz sonó mucho más sería y miraba al profesor directamente a los ojos.

-¿Preparado para qué?- preguntó con interés aunque sabía a lo que se refería.

-Para cumplir la profecía. Domino perfectamente la magia sin varita, tengo mucho más poder sin ella y soy capaz de hacer hechizos más poderosos.

-Ya veo.

-Controlo las transformaciones y cada día mis maldiciones son más potentes.- continuó Harry.

-¿Crees que es suficiente?- le retó Dumbledore con un tono frío que Harry sólo le había oído con Voldemort. Ante eso no fue capaz de contestar- No me extraña que James y tú os llevéis tan mal. Sois realmente iguales, él también se dejaba llevar por su arrogancia...

-¡Yo no soy arrogante!- le interrumpió él bastante irritado.

-Pues es lo que me estás demostrando ahora, Harry. ¿Crees que eso es suficiente para acabar con Voldemort? Tú que lo viste ignorar a la muerte y volver.- Harry agachó la cabeza en cierto modo avergonzado al darse cuenta de que había sobrevalorado sus posibilidades- Voldemort es muy poderoso y muy inteligente. No sólo es que fuese un gran alumno, que haya usado muchos años de su vida en aprender artes oscuras. Se enfrentó a los mejores y salió vencedor. Tu padre también era muy poderoso y bastó una maldición para acabar con él.

Harry levantó la cabeza y le miró con furia por hablar con esa rudeza. No hacía falta que le recordase cómo había muerto su padre. Los dementores ya se habían encargado de hacérselo oír una y otra vez.

-Yo no quería infravalorar a Voldemort. Sé que es muy poderoso.

-Harry, Voldemort es el heredero de Slitherin, tiene gran parte de sus poderes, por suerte no todos, porque él sí que fue excepcionalmente poderoso.

-Pero él me ha cedido parte de los suyos a mí. Hablo pársel, hago magia sin necesidad de una varita...

-Voldemort jamás ha sido capaz de hacer ni un lumos sin una varita en la mano- le cortó Dumbledore, a lo que Harry le miró con sorpresa. Siempre había pensado que ese poder debía agradecérselo a su mayor enemigo.

-¿Entonces? ¿Por qué yo sí que puedo?

Dumbledore se quedó en silencio observándole desde su mitad de la sala convertida en biblioteca. Parecía estar esperando a que Harry continuara hablando y así lo hizo.

-Hace dos años se arrepintió mucho de no haberme contado algo de mi vida. Eso le costó la vida a un hombre que me importaba mucho. Espero que no tenga que volver a arrepentirse.

-Quizá me equivocara en aquel momento- le respondió él con total tranquilidad, sabiendo que de una u otra manera Harry siempre le culparía por la muerte de Sirius- Pero no suelo hacer las cosas de forma gratuita.

Volvió a crearse un silencio entre los dos. Harry había madurado lo suficiente como persona y como mago para no achantarse ante la mirada penetrante de su profesor, así que se mantuvo firme esperando a que él reaccionara. Realmente nunca le perdonaría su parte de culpa en la muerte de Sirius. Tenía diecisiete años y toda su vida seguía siendo un misterio y eso le irritaba así que no estaba dispuesto a bajar la cabeza y dejar que Dumbledore se saliese otra vez con la suya. Pasaron unos minutos en los que ninguno se inmutó y Harry, que empezaba a sentir cómo se enfurecía, prefirió marcharse de allí, así que dio un bufido de desesperación y se giró para tomar el pomo de la puerta.

-No has contestado a mi pregunta.

-¿A qué pregunta?- respondió Harry con la voz irritada volviendo a girarse para mirar a Dumbledore, que no había cambiado su posición.

-A la de si has sentido algo extraño cuando has estado con tu padre- le contestó con total calma.

-Pues lo normal de ver a tu padre muerto- No entendía el porqué de aquella pregunta y ya estaba bastante cansado de todo, era tarde, el día había sido muy largo y su cerebro no estaba para aguantar las historias del director- Pero si tenemos en cuenta que lo suyo fue odio a primera vista pues no he podido sentir muy bien su instinto paternal.

Dumbledore se quedó observando la acidez con la que Harry hablaba de esa situación, sabía que detrás de esa ironía debía estar pasándolo mal. Él sabía lo irritante que podía llegar a ser James, lo había visto con Snape y había luchado a su lado. Siempre tenía la manía de llevar a la desesperación con sus comentarios a los mortífagos mientras los estaba machacando.

-¿No os habéis llevado bien en ningún momento?

-Bueno hubo unas semanas en las que fuimos amigos pero no fue capaz de soportar que lo protegiera con los de slitherin. Le hice un escudo de protección.

-¿En serio?- preguntó muy interesado.-¿y cómo fue eso?

-Lo toqué y dije protego. Ya le he dicho que mis poderes han crecido mucho.

-Una tregua es una tregua- dijo el profesor con una sonrisa abriendo las manos en señal de conformidad.

-Ahora que dice lo de la tregua- Harry se quedó pensando, intentando recordar- el día de navidad... Al estrechar las manos para firmar una paz temporal sentí algo...

-¿Qué?- incitó el director.

-Fue un sentimiento extraño, era una sensación cálida en el estómago. Era... no sé... como si me hubiera completado.

-Interesante- Dumbledore pasó las manos por su larga barba y miró a los lados en donde enormes estanterías de libros cubrían las paredes- ¿Y él?

-Bueno, él no me ha dicho nada pero creo que sintió algo parecido. Nos miramos muy sorprendidos; sí... yo creo que sí que lo sintió.

Harry salió de su recuerdo y vio al profesor mirarle muy interesado así que reaccionó y se dio cuenta de que eso que en su día había sido una tontería podía tener importancia.

-¿Por qué nos pasó eso, profesor?

Dumbledore continuó como si Harry no le hubiera hecho la pregunta, seguía interesado en sus montañas de libros, rumiando la información que su alumno acababa de darle. Siguió así unos minutos que empezaban a desesperar a Harry y después le miró con ternura y una sonrisa.

-La magia es así Harry. A veces tiene estas cosas. Tu padre y tú tenéis un vínculo especial, un vínculo mágico muy potente. No te imaginas lo idénticos que sois.- el profesor sonrió al ver la cara de incredulidad que puso Harry- Sí, Harry, James sólo necesita ver de frente todo lo que tú ya has visto. La guerra le cambió mucho.

Para Harry esa respuesta fue suficiente, sabía que no podría sacarle nada más al director, así que se contentó con saber que su padre realmente sí era como se lo habían descrito y que él sólo había tenido la mala suerte de verle antes de tiempo.

-Creo que es muy tarde- dijo Harry mirando su reloj que ya marcaba las once- me voy a ir a la cama.

-Está bien. Buenas noches.

Harry volvió a coger el pomo de la puerta con la intención de irse, pero una vez más su curiosidad le venció.

-Profesor ¿puedo hacerle una pregunta?-el anciano contestó afirmativamente con un gesto de la cabeza- ¿por qué necesita todo eso?- Harry señaló la cantidad de libros que ahora rodeaban a su director.- Tiene su despacho y la biblioteca.

-A pesar de que tenemos una magnífica biblioteca- comenzó él sonriendo por la curiosidad de Harry- Hay temas que no puedo estudiar en sus libros. Esta sala es una gran fuente de información.

-¿Qué temas?- preguntó él interesado.

-Buenas noches, Harry.

Dumbledore fue muy cordial en su respuesta pero Harry entendió que ya había sabido más de lo que le correspondía así que esta vez sí abrió la puerta y se dirigió a la torre griffindor. Al llegar a la escalera cercana al retrato de la señora gorda se encontró con alguien que no se esperaba.

-¿Qué hacen dos prefectos de griffindor andando por ahí a estas horas?- les preguntó con picardía a sus dos mejores amigos.

Hermione comenzó a sonrojarse mirándole con los ojos muy abiertos y Ron, a pesar de que también se veía algo avergonzado, sonrió a su amigo con complicidad.

-Está bien, mejor no me lo contéis. No quiero saberlo-le dijo él entre carcajadas.

-¿Y usted, señor Potter?- preguntó Hermione divertida- No tendré que quitarle ningún punto ¿verdad?

Harry se colocó entre sus dos amigos y les pasó un brazo por los hombros a cada uno

-Necesitaba pensar.-confesó más serio- Esta tarde he discutido con mi padre...

-¡Menuda novedad!-interrumpió Ron.

-Y le dejé inconsciente

-¡Harry!- ahora había sido Hermione quien le había interrumpido.

-Luego me sentí culpable-continuó él como si ninguno de los dos hubiese hecho el más mínimo comentario- y le grité a Ginny. ¡Un día muy completito!

-No te pases con mi hermana o te las verás conmigo, chavalín.

Ron se separó de su amigo y se colocó delante de él con una fingida pose de enfado. Levantó el dedo índice y le apuntó. Hermione y Harry se miraron y sonrieron por la reacción de Ron.

-Estrellas en el cielo- le dijo Harry a la señora gorda quitando a su amigo de en medio.

-Lo siento chico, ésa es la antigua contraseña- respondió el retrato acomodándose su enorme vestido rosa.

-La cambiamos en la cena-le explicó Hermione- Lobito triste.

-¿Qué?-preguntó Harry sorprendido mientras casi se cae de la risa- Me encantará ver la cara de Remus cuando tenga que entrar.

Entraron en la sala común todavía riéndose por la nueva contraseña. Estaba vacía y el fuego creaba penumbras entre los grandes sillones.

-¿Esa no es mi hermana?

Ginny estaba sentada en el sillón favorito de Harry. Se había quedado durmiendo apoyada en su mano. A penas era una sombra iluminada de vez en cuando por la llamas. Harry se acercó y se puso de rodillas de manera que su cara quedó a la misma altura que la de ella. Cuando iba a despertarla se dio cuenta de que Ron estaba a apenas dos pasos observándoles así que se giró y lo miró con cara de lárgate de aquí, pero él no reaccionó. Por suerte Hermione era más sensible para ese tipo de cosas.

-Vámonos de aquí, Ron- le susurró mientras le empujaba hacia la escalera- Es que eres un completo insensible.

Ron se dio la vuelta en su camino hacia las escaleras de caracol y la cogió de la cintura elevándola unos centímetros.

-Pues esta tarde no decías lo mismo- le susurró en el oído.

-No seas idiota- respondió ella con una sonrisa tímida.

Los dos chicos desaparecieron por la escalera dejando a Harry arrodillado delante de Ginny, que todavía seguía durmiendo. Él se acercó y empezó a rozar suavemente su nariz con la de la chica. Ginny metida en su sueño no hizo más que una mueca de molestia, así que Harry repitió la operación.

-AUCH- en su segundo intentó Ginny había movido la mano para quitar de en medio lo que fuera que la estuviese molestando y chocó de lleno con la nariz de Harry.

-¿Harry?- preguntó somnolienta. El quejido de su novio la había despertado.

-Hola mi vida- susurró él acariciándose todavía el sitio donde le había golpeado.

Ella se incorporó y examinó el golpe. Para pedir disculpas por él comenzó a darle pequeños besos en la nariz. Harry sonrió y buscó sus ojos para saber que estaba ahí y sentirse más feliz.

-Lo siento- le dijo él mientras ella seguía muy ocupada en su tarea de reconfortarle del dolor con sus besos. Al oírlo paró, le cogió la cara con las dos manos y le miró profundamente a los ojos.-Pagué contigo mi frustración.

-No seas tonto. Si no es conmigo ¿con quién lo vas a pagar?- le dijo ella con una sonrisa- Yo también siento haberte dicho que esa no era tu familia.

Harry la atrajo hacia él con fuerza y la abrazó hasta estar casi seguro de que le estaba haciendo daño, pero necesitaba tenerla así. Era como agarrarse a una madera en medio del océano. Ella devolvió el abrazo con la misma fuerza para transmitirle ese mensaje, para decirle que le amaba con todas sus fuerzas.

-Tenías razón- dijo él con la cabeza hundida en el hombro de Ginny- No es exactamente mi familia. No le diré nada a mi padre.

-Oh, Harry, cariño. Yo cambiaría la mitad de mi mundo porque tu pudieras tener a tu familia, pero


Ginny no pudo terminar porque Harry le dio un suave beso en los labios y le sonrió. Los dos sabían que ya estaba todo dicho, que las palabras no hacía otra cosa que sobrar. Sólo había miradas cómplices y sonrisas cargadas de mensajes. Volvió a rozar su nariz con la de ella en un ritual más que conocido para los dos. Comenzaron a besarse con cariño y suavidad pero como siempre les ocurría cuando estaban a solas todo se volvió cada vez más pasional, más ardiente, hasta que se dieron cuenta de que estaban en medio de la sala común y que Ron no tardaría en bajar a buscarlos. Con todo el dolor de su corazón subieron las escaleras abrazados y felices. Realmente ese día había sido muy largo.



N/A: Buenas a todos!!! ¿Cómo ha ido la semana? He actualizado antes de la semana para compensar a mi amiga Peke que anoche se rompió la cabeza para descifrar "algo muy simple". Un besito cariño y otro pa ti Eva, por esa "sencillez" que te caracteriza. Os aseguro a todos que son las mejores jajajaja.

Bueno y para mejores mejores vosotros que os superais dia a dia con esos reviews que me alegran las mañana. No hay palabras para vosotros. MUCHISIMOS MUCHISIMOS BESOSCAPÍTULO 16. DARÍAS TU VIDA POR MÍ.

El numeroso grupo que se había formado con la llegada de los merodeadores del pasado se vio disgregado después del larguísimo día en que jugó Ravenclaw y Slitherin, el partido quedó degradado a un segundo plano para sustituirse por las enredadas situaciones que se habían forjado entre ellos ese día. Habían dejado atrás las buenas noticias protagonizadas por Ron y Hermione para centrarse en las separaciones que habían nacido en el cuarto de los merodeadores.

James y Harry no se hablaban, Harry lo había intentado e incluso hizo un esfuerzo por disculparse con su padre pero éste no lo acepto y siguió en su tónica de ignorarlo. Sólo le dedicaba alguna mirada esporádica para demostrarle su aversión e incluso consiguió mantenerse callado ante los comentarios casuales que podía hacer Harry y que se había acostumbrado a complementar con algún comentario sarcástico que humillase a su hijo.

Como amigos inseparables de James, Sirius y Remus le acompañaron en su separación. Ellos no tenían nada contra Harry y hablaban con él siempre que se presentaba una oportunidad, pero no estaban dispuestos a ver comer sólo a James por mucho que eso supusiese darle la razón a su cabezonería.

Por otro lado, Remus había aceptado con resignación las indicaciones de Andrea y se acercaba a ella lo menos posible. A penas cruzaban un buenos días y Remus cada vez se mostraba más triste. Andrea no es que fuera la alegría de la fiesta pero intentaba seguir adelante con su vida, a veces se sorprendía a ella misma observando a Remus intentar estudiar con la cabeza perdida en otra cosa jugando con su pluma pero nunca se acercaba a decirle nada. Él también se había propuesto seguir con su vida, aunque cada día era un obstáculo insalvable que se acrecentaba aún más cuando veía a Andrea hablar con algún chico.

El peor parado de aquella situación había terminado siendo James. A su aislamiento voluntario para alejarse de Harry se sumaba el vacío que le hacía Lily y que le dolía más que cualquier otra cosa en el mundo. Ella no le había echado ninguna bronca como otras veces, ni le había dicho que se lo merecía, ni siquiera le había retirado oficialmente la palabra, pero James cada vez la notaba más lejos. No había consentido pasar con él ni un minuto a solas y cada vez que él lo había intentado, ella había salido con una excusa pobre de la situación dejando a James aun más preocupado.

-Me muero de hambre- comentaba Sirius mientras bajaban con Remus y James a desayunar- Anoche estuve muy ocupado con una slitherin.

-¿Slitherin?-le preguntó Remus muy extrañado- Cada día caes mas bajo, Canuto.

-Si la vieras no dirías eso- le contestó a su amigo con una mirada pícara.

Se volvió a James que no le había hecho ningún comentario por haberse liado con una slitherin. James siempre había tenido un lema, hasta salir con Lily, todas valen siempre que no lleven corbata verde. Le dio un codazo a Remus y los dos observaron a su amigo bajar las escaleras como un autómata, con una cara triste marcadas por unas ojeras casi rojas.

-¿Y a ti que te pasa?- James ni siquiera oyó lo que Sirius le preguntaba- Eeeee- le golpeó en el hombro y entonces reaccionó- ¿que qué te pasa?

-Nada.

-Cornamenta...-le riñó Sirius

-¿No habéis visto a Lily últimamente? Casi no me habla, me evita y lleva sin besarme más de una semana ¡Me va a dejar!- terminó diciendo derrumbándose sobre la barandilla.

Los dos amigos intercambiaron miradas de preocupación y sorpresa. James no se derrumbaba nunca y mucho menos en medio de la escalera hacia el comedor, donde todos los alumnos que iban pasando lo miraban extrañados. Los dos lo arroparon cada uno por un lado y le obligaron a continuar andando.

-No digas eso- empezó Sirius intentando animarle aunque también se había dado cuenta del extraño comportamiento de la chica- Lily te quiere mucho desde que superó su fase Potter, no respires el mismo aire que yo.

-Ya- James lo miró con una sonrisa amarga recordando lo mucho que le odiaba Lily apenas un año atrás- Lo que pasa es que creo que ahora es otro Potter el que le gusta. Ese cerdo, asqueroso, niñato...-siguió mascullando un montón de insultos contra Harry.

-Lily no te va a dejar-afirmó Remus con confianza- Y en el caso hipotético de que lo hiciera, Harry no tendría la culpa, él no le da pie a nada. Sólo son amigos.

-¡Claro James!- siguió Sirius sin mucho éxito.-Además si Lily te deja ¡Vuelve el hombre! Saldremos de caza tú y yo como en los viejos tiempos. Remus no es tan bueno como tú en ese terreno.

James no pudo reprimir una sonrisa. Realmente su amigo sabía hacerle reír. Sirius le pasó el brazo por los hombros para reconfortarlo. Después de tantos años las palabras de ánimo sobraba, un gesto valía por todo.

-Sirius-empezó Remus- yo soy muy bueno en ese campo sólo que a mí la única que me interesa es Andrea. ¿Es que tú no piensas sentar la cabeza nunca?

-Mmmmmmm Déjame pensar- adoptó una pose de intelectual acariciándose la barbilla- ¡No!

-Deberías buscarte una novia y centrarte- le aconsejó James con pena.

-¡James! Yo pensé que éramos amigos- dijo Sirius simulando ofenderse- ¡No me digas esas cosas!

-Eso me lo dices porque no has conocido a la mujer de tu vida- le respondió James con la voz llena de amargura.

Entraron en el gran comedor. Cuando James le dijo esa frase Sirius lo miró con escepticismo, seguía teniendo la cara triste, luego se giró a Remus buscando apoyo pero éste acababa de ver a Andrea hablando con un chico de Ravenclaw y la cara le cambió completamente como ocurría siempre.

-Sí claro- le dijo con sarcasmo- Estoy deseando tener novia para preocuparme como tú, o mejor, para dejarla escapar como éste y andar como una alma en pena-Remus ni siquiera se enteró cuando Sirius le señaló porque seguía muy concentrado en Andrea.

En la clase de pociones estaban ya todos preparados esperando al profesor Snape. Harry, Ron y Hermione estaban en la última mesa y delante de ellos Andrea y Lily. Harry podía ver en la mesa de los tres merodeadores a su padre observar a Lily con amargura.

-Harry ¿te encuentras bien?- preguntó Hermione muy preocupada- Tienes muy, pero que muy mala cara.

-No, no me encuentro bien.

-¿La cicatriz?- intervino Ron temeroso.

-No, no es eso. Llevo unos días mal. Tengo el cuerpo raro, pero es que esta mañana me he levantado fatal. Me duele el pecho, siento que me oprime, que me falta el aire.

-Ve a la enfermería ahora mismo- se puso muy seria Hermione. Él declinó con una sonrisa forzada y una negativa.

Snape entró y durante una hora estuvo dictando apuntes sobre un veneno capaz de matar a una persona durante una semana provocándole horribles sufrimientos. Harry intentaba coger apuntes pero la pluma se deslizaba por el pergamino sin escribir palabras. Cada vez se encontraba peor. En la siguiente hora los calderos se encendieron y tuvieron que preparar el veneno. Harry se esforzaba en respirar y mantenerse de pie. Snape se paseaba mientras tanto entre las mesas sacando faltas a los alumnos, que trabajaban en el más absoluto silencio.

Incapaz de concentrarse y bajo la atenta mirada de sus dos amigos, se dedicó a observar al resto de alumnos. Andrea y Lily estaban murmurando sobre algo que no parecían pociones. James dejaba que fuesen sus amigos quienes se esforzaran en el veneno porque él seguía muy concentrado en cada movimiento de Lily.

-Arggg

Harry no pudo reprimir un suave quejido que en la silenciosa mazmorra sonó ampliado por cuatro. Apretó con sus manos la boca del estómago y se dobló sobre sí mismo. Había llamado la atención de toda la clase y por supuesto también de Snape.

-Potter, no se le habrá ocurrido probar el veneno ¿verdad?- Inquirió Snape con sorna mientras Harry seguía doblado sobre sí-¿Qué le ocurre?

-El estómago- consiguió mascullar entre dientes.

-¿Tendremos la suerte de que muera de una indigestión?

-No le robaré ese placer a Voldemort- un estremecimiento general recorrió la clase y Snape lo miró como sólo él lo hacía, ese chico arrogante no sabía lo que significaba nombrar al Señor Oscuro.

Se irguió como pudo y empezó a cortar los ingredientes haciendo acopio de toda su fuerza. Snape se marchó hacia la mesa de Malfoy que les observaba con una sonrisa de satisfacción. Lily se dio la vuelta y lo miró preocupada.

-¿Estás bien?- le preguntó acariciándole la mano.

Harry no pudo contestar, el cuchillo con el que estaba cortando se le cayó y él se arrodilló lanzando un alarido que sobresaltó a todos. No podía respirar y le dolía el pecho y el estómago.

-¡Weasley! Llévelo a la enfermería.-escupió Snape- Nadie se creería que se ha muerto en mi clase de muerte natural

Ron le ayudó a levantarse y lo sacó de clase bajo la atenta mirada de todos sus compañeros. Antes de salir, Sirius le interrogó con la mirada, pero Ron no sabía mucho más que él así que no pudo informarle de nada. Bajaban las escaleras en dirección a la enfermería aunque Harry sentía que se recuperaba un poco.

-Ya casi estamos- le animó Ron.

-No quiero ir a la enfermería. No sé qué decirle.

-Dile que te duele el estómago y el pecho ¿no es eso lo que tienes?

-No-se echó mano al corazón intentando asegurarse que seguía ahí aunque sus latidos eran lentos y desacompasados- Es una mala sensación, como un mal presagio multiplicado por mil. Pomfrey me tomará por loco si le cuento eso.

-Harry, después de siete años, esa mujer nunca te tomaría por loco. Pero si es eso lo que te pasa lo mejor es que vayamos a ver a Dumbledore.

-No, mejor no, está muy interesado en lo que siento cuando mi padre está cerca. Dice que tenemos un vínculo mágico especial, a lo mejor estoy así porque él está triste.

-Harry, parece que te estás muriendo. Muy buen actor tiene que ser tu padre para disimular tanto dolor. No creo que sea eso. ¿estás mejor?

-Ya no duele tanto. Vamos mejor al comedor, estos saldrán pronto de clase.

Ron no estaba muy convencido con no ir a la enfermería ni a hablar con Dumbledore pero conocía lo suficientemente bien a su amigo como para saber que no debía insistir. En el gran comedor a penas había algunos cuantos alumnos de primero o algún grupo suelto que había tenido hora libre. En cuanto se sentaron apareció la comida delante de ellos y Harry casi vomita al verla. Su cuerpo casi no admitía el aire que respiraba, mucho menos toda aquella comida. Hermione entró como una desesperada buscándoles y se dirigió a Harry preguntándole y revisando su cara y su temperatura. Detrás de ellos y con más tranquilidad llegaban los merodeadores. James no se dignó a preguntarle absolutamente nada a Harry y se sentó lo más alejado posible de él, de manera que sus dos amigos, como hacían siempre le acompañaron.

-Me vas a contar qué te pasa o quieres jugar a las adivinanzas- le espetó Andrea a Lily sentada en el lavabo mientras la pelirroja estaba apoyada en la pared.

-No sé de qué me hablas- respondió ella intentando escabullirse.

-¿Qué te pasa con James? Y lo más importante ¿qué te traes con Harry?

-No hay nada que pueda ocultarte ¿verdad?- Lily frunció el ceño fingiendo enfado mientras su amiga hacía una mueca en signo de superioridad.- Está bien. Creo que me estoy enamorando de Harry.

-Lily por favor, piensa lo que estás diciendo. ¿Qué pasa con James? Hasta hace nada era el hombre de tu vida, según tus propias palabras- le riñó su amiga.

-Si yo a James le quiero mucho, pero Harry... siento por él algo muy extraño. Siento que tengo que estar con él constantemente. Cuando empezó a gustarme James me moría por besarle, pero con Harry sólo quiero estar a su lado, acariciarle. ¡Es como si tuviera que protegerle!

-Harry se ha salvado más de una vez de Voldemort, no creo que necesite tu protección. En mi opinión te estás confundiendo. Harry se parece mucho a James, pero es más dulce...

-James también es muy dulce- le defendió confundida Lily.

-¿Ves lo que digo? ¡Estás hecha un lío! Además Harry tiene novia y se le ve muy enamorado

-A lo mejor, pero es que yo no puedo estar con James y pensar en Harry.

-Estás fatal. James te quiere con locura, y tú a él aunque se te haya olvidado. Y Harry... Harry tiene novia y pertenece a un tiempo que no es el tuyo. ¡No tienes futuro con él!

-Pero es que no puedo evitar querer estar con él el resto de mi vida.

-¿Qué piensas hacer?- preguntó cautelosamente

Lily miró al suelo y empezó a jugar con sus dedos, sabía sin necesidad de mirarla que Andrea le estaba observando con el ceño fruncido. No hacía falta que respondiese esa pregunta porque Andrea ya la sabía

-Voy a dejar a James- sentenció en un hilo de voz.

Un silencio espeso se apoderó del baño, Lily seguía sin levantar la cabeza sintiéndose incapaz de ver la mirada recriminadora de su amiga.

-Ejem, ejem

Las dos amigas giraron despacio la cabeza hacia la puerta, ahora abierta, de uno de los servicios. Ginny las miraba seria aunque no enfadada, parecía algo avergonzada por haber escuchado una conversación que en absoluto le correspondía oír. Pero la curiosidad por saber lo que se traían las dos entre manos la hizo mantenerse tras la puerta.

-¡Ginny!- dijo sorprendida Andrea, Lily era incapaz de hablar, ahora más roja que su pelo.-¿nos has oído?

-Sí, pero no te preocupes Lily- le posó una mano en el hombro con suavidad, no quería que pensara que ella se había enfadado- Sólo te digo que le hagas caso a Andrea. Las decisiones que tomes ahora pueden tener consecuencias más graves de las que puedes llegar a imaginar.

Ginny salió del baño tranquilamente, dejando a las dos chicas petrificadas. Se encaminó con paso rápido hacia el gran comedor, sólo tenía una cosa en la cabeza: tenía que contárselo a Harry.

Entró en el comedor y se quedó asombrada al ver a la profesora McGonagall en la mesa de su casa intentando dispersar a un grupo de alumnos. Se acercó corriendo para ver qué ocurría y casi se cayó del susto al ver a Harry con la mano en el pecho y graves dificultades para respirar.

-¡Harry!-se lanzó hacia él desesperada colándose entre los chicos que le rodeaba- Harry ¿qué te ocurre?

-Tiene que ir a la enfermería- indicó con severidad la profesora, él no podía hablar.

Ron y Sirius le ayudaron a levantarse y quitando gente de su camino llevaron a Harry, casi desmayado hasta la enfermería. Detrás de ellos iban Hermione y Ginny, pero James no había querido ir, así que Remus se quedó acompañándole. La Señora Ponfrey se apresuró a examinar a Harry en cuanto entró, le dio una poción tranquilizante y le dijo que se acostara.

-Podéis salir un momento, chicos, tengo que hablar con Harry

Los demás miraron a Ginny un poco extrañada, no era momento para andarse con secretitos de pareja, pero después de la mirada suplicante de Ginny se marcharon. La Señora Ponfrey había discutido tantas veces con Ginny por que se quedar acompañando a Harry en sus múltiples visitas a la enfermería que no le opuso nada.

-¿Qué pasa, cariño?-le preguntó él algo más recuperado.

-He oído a tu madre hablar con Andrea. Dice que se ha enamorado de ti - Harry abrió los ojos tanto que casi se le salen de las cuencas, nunca se hubiese imaginado eso- Va a dejar a James.

-¿Qué?-exclamó extremadamente preocupado- Si le deja es cuando mi padre me la va a tener jurada. Ése me mata, fijo.

-Cariño, ése es el menor de tus problemas. Si Lily deja a James eso cambiaría todo el futuro.-Harry la miraba con cara de no entender mientras ella se desesperaba- Mi vida,¿seguro que lo que te duele es el pecho y no la cabeza? ¡Si tus padres se separan tú no nacerás! ¿lo entiendes ahora?

-¡Claro! Eso es lo que está pasando. Ése es mi mal presentimiento.

-¿Qué presentimiento?- preguntó ella extrañada que lo único que sabía era que Harry no podía respirar bien.

-Llevo todo el día con una opresión en el pecho, es un mal presagio, es... es... ¡joder! Es como si estuviera dejando de existir.

Harry se puso de pie con alguna dificultad mientras Ginny vigilaba a la Señora Ponfrey.

-Despiértala cuando me vaya- le susurró poniéndose los zapatos. Movió la mano y la enfermera cayó en un sueño profundo.

Con el campo libre y muy cansado, Harry se dirigió a la sala común a buscar a su madre. Tenía que averiguar ese asunto cuanto antes.

-James, me gustaría hablar contigo- James sorprendido se hizo a un lado en el sofá de la sala común para dejarle sitio pero Lily no se movió- A solas.

Hermione, Ron, Sirius y Remus la miraron con cara de preocupación, Andrea que había entrado con Lily subió rápidamente a las habitaciones sin mirar a nadie. Lily parecía seria pero también algo triste y miraba a James como pidiéndole perdón por lo que estaba a punto de hacer. Los dos salieron de la sala y se quedaron en el pasillo algo alejados del retrato para que la señora Gorda no pudiera oírles.

-¿Estás bien, Lily?

Ella no respondió, había tenido desde que salieron de la sala la cabeza baja y la levantó muy despacio para mirarle a los ojos.

-Yo quería decirte una cosa, pero es muy difícil.

-Vamos Lily, no creo que sea para tanto- él intentó coger su mano pero ella lo rechazó, lo que provocó una enorme preocupación en James.

Harry subía a lo más rápido que podía hacia la torre griffindor donde esperaba encontrar a su madre. En esos momentos la sensación en el corazón era más pronunciada y le costaba respirar. Se sentía cansado y a veces tenía que detener su carrera para recuperar un oxígeno que al parecer se resistía a llegar a su cerebro, tenía la sensación de estar desapareciendo. Dobló la esquina que llevaba al retrato de la Señora Gorda agarrándose la parte izquierda del pecho y se paró de golpe cuando vio a Lily y a James mirándose muy preocupados. Vio a su padre intentar cogerle la mano a Lily y cómo ésta la rechazaba. En ese momento la horrible sensación que había tenido durante todo el día se amplió tanto que estuvo a punto de desmayarse.

-Ven conmigo- le dijo tajante a Lily tomándola de la mano.

-Se puede saber qué haces, Potter- rugió James al ver a Harry- Estamos teniendo una conversación privada.

-Más vale que no la tengáis- dijo el con rotundidad- Y tú, ven conmigo. Tenemos que hablar.

Lily miró a James todavía con cara triste y le afirmó con la cabeza. Él sintió su corazón destrozarse en ese momento, de buena gana hubiera machacado a Harry pero entendió que eso no le serviría de nada.

Harry no dijo nada en su camino hacia el patio interior del castillo. Lily lo seguía también en silencio, estaba segura de que le había creado problemas con Ginny por la conversación que había tenido con Andrea. Se sentaron en un banco. Todo estaba cubierto por la nieve pero aún así bastantes alumnos se agrupaban alrededor de fuegos azules, como los que Hermione solía hacer.

-¿Qué le ibas a decir a James?

-Eso no es asunto tuyo.

-Sí que lo es- la rigidez en las palabras de Harry sorprendió a Lily que levantó rápidamente la cabeza para mirarle a la cara.- Ginny me ha contado la conversación de antes en el baño.

-Siento mucho haberte causado problemas con tu novia.

-Ginny no se enfadaría jamás por algo así. Sabe que entre tú y yo nunca habrá nada.- Lily lo miró dolida y Harry se dio cuenta de lo rudo que había sido en su explicación- Lily- siguió con más suavidad- James y tú sois una pareja maravillosa, no puedes permitir que nada os separe. Tenéis un futuro juntos y un destino muy importante que cumplir.

-¿James me sigue queriendo en el futuro?- en el rostro de Lily se dibujó por un momento una sonrisa ensoñadora.

-James moriría por salvarte si fuese necesario- Lo dijo sin pensar, de repente todas las dudas que tuvo a penas una semana volvieron a invadirle la cabeza- No debería decirte nada, pero creo que eso no será muy relevante. Sí, James y tú tenéis en el futuro una relación maravillosa. Os queréis muchísimo, como ahora. Estaréis juntos hasta el último de vuestros días.

-Yo quiero mucho a James, es la mejor persona que he conocido nunca. Pero... tú tienes todo lo bueno que tiene él, eres tan guapo como él, bueno más, tienes unos ojos preciosos- Harry estuvo tentado a decir como los tuyos pero se mordió la lengua,- eres tan valiente como él, tan leal como él, pero tienes también una inocencia y una dulzura que él no ha tenido nunca...

-Eso lo heredé de mi madre- deseaba contárselo, no podía resistirlo más, ella estaba ahí hablándole como si él fuera otro chico más arriesgando la relación con James y su propio nacimiento, tenía que contárselo pero una voz, esa que siempre sonaba en su cabeza con la voz de Ginny, le decía que no lo hiciera.

-Cuando estoy con James, sé que le quiero con toda mi alma. Sé que podríamos estar juntos toda la vida, me siento la mujer más feliz y más completa del mundo, pero cuando estoy contigo, tengo una sensación muy extraña. Quiero estar contigo el máximo tiempo posible, como si tuviera que aprovechar cada segundo porque te puedo perder, tengo aquí- Lily se señaló la boca del estómago- una sensación dulce, como si tú fueras lo que da sentido a mi vida y necesito protegerte, contigo me siento fuerte, es como un instinto...

Lily se quedó pálida, de repente todo tenía sentido. Todas sus palabras habían causado un profundo efecto en Harry y eso se reflejó en sus ojos. Se le cayó la venda que impedía que viera lo que parecía evidente, esa confusión de sentimientos había hecho que ella ignorase las pistas que se le habían presentado para averiguar quién era Harry. Ahora lo veía todo claro. El mismo apellido que su novio y ese parecido tan excepcional, sus ojos, esos ojos que eran exactamente iguales a los que ella veía cuando se miraba en el espejo. Eso que decía James sobre él, como una sensación de desarraigo extraña y lo que ahora sentía ella, ese instinto. Harry no dijo nada, pero no hizo falta, Lily pudo verlo en sus ojos, deseaba contárselo y su mirada lo delató.

-Un instinto maternal ¿verdad, Harry?- Él siguió sin contestar, pero Lily ya lo había entendido todo. Estaba delante de su hijo. No solo de su hijo, Harry era la prueba fehaciente de que ella y James se querrían toda la vida. ¡Cómo había podido pensar en dejarle!.

-Lily, tú nunca debías haberte enterado de esto.

Ella estaba callada, lo miraba como si quisiera grabar en su memoria cada milímetro de su cara. Acercó su mano y le acarició muy despacio la mejilla en un intento de asegurarse que era de verdad. La manos de Lily estaban temblorosas y frías como la nieve que cubría el patio, sin embargo Harry pudo sentir una calidez que no había sentido nunca. Esa experiencia era totalmente nueva para él. Era su madre, quizá no fuera la que él había debido conocer como Hermione y Ginny le habían dicho hasta la saciedad pero era su madre y ahora lo estaba acariciando como a un hijo. Había dejado de ser para ella un chico de diecisiete años para convertirse en su hijo, en ese pedazo de sí misma al que algún día daría vida.

-Harry... ¿Soy una buena madre?- le preguntó preocupada escudriñando los ojos del chico sin dejar de acariciar su rostro y su pelo, tan ensortijado como el del hombre del que se había enamorado.

Él se sintió incapaz de mentirle, no podía decirle no lo sé aunque en el fondo sabía que su madre era una buena, no, una buenísima madre que había muerto sólo para darle la oportunidad de seguir adelante. Pero él no podía decirle que ella ya no estaba, que cuando volviera a casa en verano no estaría esperándole como siempre había deseado. Se regocijó en el roce de su mano, en sus caricias, cerrando los ojos para que no se le escapara ninguna de las sensaciones que estaba experimentando. Cuando los abrió ella seguí ahí, no había sido un sueño; pero eso fue precisamente lo que le devolvió a la realidad de golpe, como una losa pesada cayendo sobre él. Su madre había muerto.

-Darías tu vida por mí, mamá.

Mamá. Una palabra que sorprendió tanto a Harry como a Lily, una palabra que era nueva para los dos. Se sintieron más unidos que nunca y se sonrieron conocedores de que era así. Lily se acercó más a él y le abrazó. Cuando Ginny le abrazaba Harry podía sentirse feliz y completo, pero sabía que en el fondo, para él, su novia era alguien a quien debía proteger. Con Lily, todo era diferente, con ella, él era el débil, se sentía protegido, como si a su lado nada malo pudiera ocurrirle. Físicamente eran dos chicos de la misma edad, pero él podía sentir el abrazo de una madre, ese cariño que desprende con cada movimiento, por cada poro. Se hubiera quedado así el resto de su vida, tenía que aprovechar ese momento para cubrir con él cada uno de los instantes en los que había añorado tenerla cerca.

-¡Maldito hijo de puta!

James, seguido de cerca de Sirius, le había cogido de la túnica con fuerza para arrancarlo de los brazos de Lily. Harry no tuvo tiempo para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo cuando James le dio un potente puñetazo en la cara que hizo que Harry se desequilibrara y cayera al suelo. James tenía la cara desencajada, lo miraba respirando agitadamente mientras movía la mano con la que le había golpeado para aliviar el dolor.

-¿Pero qué haces?- le gritó Lily desesperada agachándose para examinar a Harry.

-Tú-Escupió James. La miraba con incredulidad incapaz de hacerse a la idea de que lo que acababa de ver era real. Se tapó la cara con las manos y la volvió a mirar absolutamente decepcionado. Cerró los ojos moviendo la cabeza intentando sacar la imagen de ellos dos juntos, pero era imposible.- ¿Cómo has sido capaz? ¡No me lo puedo creer! - Seguía respirando con agitación, parecía que estaba aguantando las ganas de echarse a llorar en ese momento.- Eres... eres... ¡Asquerosa traidora! Te he querido con toda mi alma y tú me cambias por éste.

Harry seguían en el suelo, le había vuelto el dolor en el pecho y comenzaba a faltarle el aire. James se volvió a lanzar hacia él mientras Sirius los miraba sin mover un dedo. Se había quedado estático incapaz de creerse que Lily le hubiese engañado con Harry. Antes de que James alcanzase a su hijo, Lily se interpuso entre ellos con los ojos llorosos.

-No lo entiendes, cariño.

-Ni se te ocurra volver a dirigirme la palabra. ¡No quiero volver a verte!

-Aaaaaaaaahhhhhh

Harry se agarró el pecho con las dos manos sintiéndose peor que en cualquier momento de ese día. La gente se agolpaba alrededor de ellos movidos por la curiosidad. Ron, Hermione, Ginny y Remus llegaron corriendo para interesarse por qué ocurría. Ginny al ver a Harry en el suelo lamentándose por su dolor se agachó a su lado rápidamente.

-No deberías preocuparte tanto- le dijo James con la voz más áspera que tenía- Aquí tu amado Harry estaba ahora mismo besuqueándose con ésta- terminó diciendo con total desprecio haciendo que Lily sintiera como si un cuchillo candente le atravesara el corazón.

Ginny miró a Harry interrogándole pero estaba tan concentrado en su dolor que no fue capaz de reaccionar así que la siguiente en sus averiguaciones fue Lily. Ella sabía con absoluta certeza que James no podía tener razón, Harry nunca besaría a su madre, pero quería saber qué había ocurrido. La forma en que miraba a Harry y el dolor por las palabras de James en los ojos de Lily la convenció de que había hecho caso al consejo de Andrea, la razón era ¿por qué? Aunque conociendo a Harry, no era una pregunta difícil de contestar.

-Lo sabes ¿verdad?- dijo en Ginny en un susurro a penas audible cuando ella se agachó para comprobar de nuevo el estado de su hijo.

Sólo movió la cabeza afirmativamente pero cuando James la vio tan cerca de Harry en sus propias narices no dudó en lanzarse otra vez sobre él sin importarle que estuviera medio inconsciente. Ron salió del corro de gente que les rodeaba y se interpuso entre ellos tomando a James con fuerza por los hombros para empujarle hacia atrás. Remus se dio cuenta de que Lily y Ginny estaban fracasando en su intento de levantar a Harry y en seguida fue a ayudarlas.

-¡Sirius ayúdame!- gritó Remus intentando levantar a Harry mientras Ron seguía forcejeando con James.

Sirius se mantuvo quieto, miraba a Harry casi con tanto odio y desprecio como James e ignoraba por completo los gritos de su amigo.

-¡Sirius!- le repitió Remus enérgicamente. Al ver que estaba haciendo un considerable esfuerzo debido a que el cuerpo de Harry no respondía arrastró los pies para ayudar a su amigo.

-Podías haberle parado- le dijo Harry a Sirius cuando se acercó con una voz que a penas le salía del cuerpo.

-Ni me mires- le contestó secamente- Yo me alejé de Ginny sólo porque tú decías que éramos amigos y ahora le haces esto a James. Te mereces que te dé otro como el que te ha dado.

Al oír las hirientes palabras de su padrino se zafó de sus brazos y de los de Remus, que se resistía a soltarle y se mantuvo en pie como pudo haciendo importantes esfuerzos por respirar bajo la atenta mirada de las tres chicas.

-¡Eres un gilipollas!- Ron ya no tenía que sujetarle, James se mantuvo a una distancia considerable y Sirius al ver que Harry no quería que le ayudase se marchó encantado al lado de su amigo para darle apoyo moral.- ¡Cuida bien por donde vas!- le amenazó desesperado.

-James.- rogó Lily llorando desesperada- Es que no lo entiendes.

-¡QUE NO ME HABLES! Y tú... - gruñó totalmente descontrolado señalando a Harry- tú te vas a enterar quién es James...

Si alguien le hubiese leído los labios a James hubiese visto perfectamente perfilado un Potter en sus labios, pero Lily, que aún mantenía la varita alzada y el rostro lloroso le había callado conocedora de que en esos momentos James no atendería a razones que justificasen su secretismo. Al darse cuenta, James miró a ambos con asco y se volvió a lanzar por tercera vez hacia Harry pero éste en un muy bien disimulado movimiento de mano lo inmovilizó. Que James estuviera inmóvil no significaba que Sirius se mantuviese quieto, así que tomando el camino que un momento antes había hecho su amigo cogió se abalanzó hacia él gritando.

-¡Esta no la cuentas, Potter! Te dije que la próxima vez que le hicieras algo me tendrían que sujetar a mí.

-Si lo tocas el que no lo cuentas eres tú- Ron habló con una fiereza que dejó con la boca abierta a todos los que le conocía. Sirius le miraba con chispas en los ojos pero él se mantuvo firme defendiendo a su hermano. Harry era para él lo que James para Sirius y no estaba dispuesto a que nadie le hiciese daño, mucho menos en el estado en el que estaba.

Algo más recuperado Harry tomó su varita y se colocó delante de James devolviéndole la movilidad.

-Te juro que te dejaré que me golpees hasta matarme si quieres, pero primero tienes que escucharme.- Harry habló con seriedad y sobretodo mucha firmeza.

Parecía que se le había pasado la fase furiosa, ahora estaba derrumbado, absolutamente decaído. El porto altivo y orgulloso que lo había caracterizado desde que tenía uso de razón ahora no aparecía por ninguna parte. Era un chico destrozado y herido.

-Habla.

-Aquí no. Vamos a tu habitación.- Harry vio que James tenía los ojos brillantes y no precisamente de rabia- Tenemos que hablar los tres, te llevarás una sorpresa.

James asintió levemente sin perder su mirada de desprecio mezclada con una profunda decepción. No consintió mirar a Lily que no podía parar de sollozar.

-¿Y vosotros qué miráis?-Sirius descargó su furia contenida contra todos los que estaban admirando el espectáculo.

-¡Fuera de aquí todo el mundo!-le acompañó Ron, pero nadie les hizo caso.

-¿Quién es el primero que quiere perder puntos? ¡Todo el mundo fuera!- gritó Hermione con tono autoritario, haciendo que el tumulto comenzara a dispersarse.


N/A: Hola a todos!!! Ayyy q emoción q Lily ya se ha enterado, ¿que os parece? ¿os ha gustado? Bueno ya me lo direis en los reviews, por cierto muchisimas gracias, me han encantado, si es que sois mas ricos todos.

Como siempre, un besito, mis niñas, pero una grande grande por aguantarme toda la semana con mis dudas y mis miedos. Sois las mejores redactoras del mundo. Peke, espero que te haya gustado el regalito, jeje, hay que ver q violenta eres. Un besazo para las dos.

Nos vemos en el proximo capi, espero que sea solo una semana.
CAPITULO 17 ÉSE QUE ME DIO LA VIDA.

James caminaba el primero en dirección a su dormitorio, no quería verles. Oía a Lily sollozar a penas unos pasos detrás de él y a pesar de todo lo que había ocurrido hacía unos minutos era incapaz de desearle el sufrimiento, pero no pudo volverse a consolarla. Tenía el corazón tan destrozado que era incapaz de contradecir las órdenes de su cerebro. ¿Cómo había sido tan tonto? Desde el primer día había quedado claro que había una atracción especial entre ellos, él se había esforzado por mantenerlos alejados, había advertido a Lily de lo que sentía Harry y sobre todo le había advertido de lo que sentía ella. Por mucho que ella se esmerarse en negarlo, lo sabía, sabía que antes o después Lily le preferiría a él. No sabía porqué pero sentía que entre ellos había un vínculo especial, como una fuerte atracción, que le había estado devorando por dentro todos esos meses. ¡Esa mosquita muerta! Nunca lo había soportado, los celos provocados por la magia que había constantemente entre ellos y esa sobreprotección de la que le gustaba alardear, dejándole a él en un segundo plano, le mataban. Y ahora esto.

Sabía que Lily quería dejarle, lo había presentido durante toda la semana. Su comportamiento no era normal, había echado de menos un abrazo suyo tanto que a veces tenía la sensación de que ella se había marchado lejos; pero no se había marchado, sólo estaba pensando en él. ¿Cuánto tiempo llevarían con ese doble juego? Ese pensamiento era insoportable y le quemaba. En su cabeza se repetían las imágenes como una tortura martilleante que amenazaba con acabar con su poca entereza. Lily le había pedido de que hablaran solos. Iba a romper con él. ¡Claro que era difícil de decir! Se habían dicho tantas veces que se querrían toda la vida, que lo suyo duraría más allá de las mismas puertas de la muerte, que acabar con esa relación debía suponer toda una odisea. Los había visto acariciarse, se habían abrazado con una fuerza desgarradora, como si lo hubiesen estado deseando durante siglos. Habían tenido la cara de hacerlo delante de sus narices, le habían dejado en ridículo ante todo el colegio. Si la traición de por sí ya era dolorosa, la humillación rozaba límites desoladores.

Sentía que quería morirse, su vida acababa de perder todo el sentido. En los últimos meses Lily se había convertido en el pilar de su existencia y de repente ya no estaba. Había construido a su lado una vida con futuro, con expectativas, pero había bastado tan sólo un instante para que se derrumbara todo. Otra vez esa maldita imagen, su cerebro se había aliado con ellos para seguir mostrándole la traición una y otra vez. Los imaginaba juntos, donde nadie pudiese verlos y se demostrasen lo que sentían sin tapujos y eso le estaba provocando unas horribles ganas de vomitar. Se ahogaba, el aire llegaba a sus pulmones pero no le reconfortaba. La sensación de vacío era tan honda que tenía que agarrarse la boca del estómago para saber que seguía existiendo. La idea de que le había traicionado la persona por la que habría puesto la mano en el fuego pasase lo que pasase había hecho que un incómodo nudo se colocara en su garganta y amenazara con liberarse en forma de lágrimas. Llevaba años sin llorar, pero ahora sólo pensaba en eso. Le escocían los ojos y le dolía el alma.

¿Qué hacía ahí? ¿Por qué había aceptado hablar con ellos cuando tendría que estar con Sirius desahogándose? ¿Por qué no podía dejar de quererla? Necesitaba una explicación, algo que le despertase de esa pesadilla. Tenía la esperanza de que le deleitasen con un Picaste, ¡¡Feliz día de los inocentes!! Pero eso no iba a ocurrir, sabía con certeza que no había en el mundo explicación posible que le convenciese de que lo que había visto era sólo un error. ¿Qué podría ser tan importante? Ahora lo llevarían a seguir torturándole diciéndole que estaban enamorados, que no podían reprimir sus sentimientos y que lo sentían por él. Lily le diría que le seguía queriendo, pero que todo había cambiado. Y a pesar de saberlo seguía como una marioneta andando hacia la sala común para escucharles terminar de destrozar lo poco que quedaba de su alma.

Lily caminaba detrás de James en un silencio sólo interrumpido por los sollozos. No era capaz de soportar la idea de que una confusión como esa acabase con su relación. Estaba en medio de una casi desesperante confusión de sentimientos. Por una parte se había sentido enormemente feliz al saber que Harry era su hijo, eso le había dado la posibilidad de aclarar qué era lo que le atraía tanto a él, no era amor como ella pensaba, era sólo el vínculo que existe entre una madre y su hijo y que es capaz de sobrepasar el tiempo y el espacio. Se había visto a sí misma reflejada en sus ojos y la había llamado mamá, en ese momento su cuerpo se aflojó y su corazón se ensanchó hasta casi explotar en el pecho. Pero su felicidad no había podido durar mucho, ¿por qué los había tenido que ver James? Si tan sólo hubiesen tenido tiempo para explicarle lo que ocurría ahora no se verían así. El pobre estaba ya muy preocupado con su extraño comportamiento; su reacción al verlos abrazados fue la más lógica, quizá excesivamente violenta, pero teniendo en cuenta el aprecio que le tenía a Harry no se podía esperar otra, demasiado había tardado en darle un puñetazo. Sabía que tenía que estar destrozado, deseaba abrazarle como no lo había hecho en esa semana pero temía su rechazo. No era capaz de creerse que hubiese acabado, no podía acabarse, tenían que tener a Harry, vivir juntos ese momento nacido de su pasión, tenían que educarle y verle crecer.

Se le estremeció el alma a ver a Harry caminar con esfuerzo hacia la sala común, a menudo tenía que pararse porque el dolor agudo en el pecho no le dejaba continuar. No se atrevía a ayudarle para no provocar de nuevo a James y que intentase atacarle otra vez, pero notaba cómo ella estaba sufriendo ese mismo dolor sólo con verle así. Necesitaba consolarle, estrecharle entre sus brazos. Todavía no podía creerse que estuviese experimentando un sentimiento maternal tan grande pero sabía que no podía resistirlo. Tenía delante de ella a su niño y estaba sufriendo desesperadamente. Recordó el día del entrenamiento, cuando Voldemort intentó poseerle y Harry tuvo que ingresar en la enfermería, no entendía por qué su hijo tenía que sufrir tanto, ¿qué había ocurrido en sus vidas para que el mago más tenebroso persiguiese sin descanso a Harry? ¿Por qué esa conexión?. Entonces la emoción de tenerle, de saber que era una parte de sí misma y de James, se convirtió en preocupación. Harry había dicho que atacaron a sus padres muggles, ¿los habrían atacado a ellos? Tenía a su hijo de diecisiete años delante de ella, con la mirada de un adulto que ha sufrido mucho en la vida, con la experiencia de haber estado al borde de la muerte en varias ocasiones. Por un momento olvidó a James, a lo que él pensaba, en que ahora no quisiera ni verla. Se concentró en Harry, era su pequeño, puede que ahora tuviese su edad, pero la sola idea de que algún día en su futuro, en el pasado de él, lo estrecharía entre sus brazos como lo más indefenso de la tierra la conmovía y dejaba fuera cualquier sentimiento que no estuviera relacionado con su recién estrenada maternidad.

Harry se detuvo a mitad de la escalera agarrado a la barandilla. Ya no sentía el dolor agudo en el pecho sin embargo sentía que las fuerzas se le agotaban y que no podía respirar. Intentó hacer inspiraciones profundas para conseguir que sus músculos se oxigenase y pudiese seguir caminando, pero todo era un esfuerzo inútil. Con su padre así no tardaría mucho en desmayarse.

-Harry, mi vida, ¿estás bien?- le preguntó su madre con la más absoluta dulzura levantándole la cabeza para que la mirara.

James suspiró sonoramente en señal de molestia al verla arrodillada a su lado con esa preocupación y Lily se separó rápidamente de Harry, no pudo reprimir ese instinto de protección, pero, quizás conducida por él, sabía que tenía que alejarse o Harry se ganaría otro golpe.

-¿Te piensas morir antes de explicarme eso que me ibas a contar?

Le preguntó James con acidez. Le daba asco, ya no podía mirarle sin pensar que le había traicionado. Eres para mí como un padre si tan amigos eran nunca debía haberlo traicionado así. Bien era cierto que entre ellos no había exactamente una bonita amistad, pero... no habían tenido ni la más mínima consideración con sus sentimientos.

-Si sigues así-Harry no pudo seguir hablando sin hacer una pausa para recuperarse- si sigues seguro que sí que me muero.

-¡Vamos!- exclamó con sarcasmo James- Si se me va a poner melodramático y todo. ¡Yo me largo de aquí! No os merecéis ni que os mire a la cara.

Pasó por su lado escaleras abajo con la esperanza de que el aire de fuera le proporcionase una mejor sensación. Tenía que ver a Sirius y a Remus, necesitaba estar con alguien que nunca le traicionase, para fortalecer su idea de confianza.

-¡James!-le llamó Lily. En contra de todo lo que pensaba, su corazón le hizo pararse, necesitaba escuchar una buena excusa que justificase su traición- Por favor, es muy importante.

-¿Para quién?-preguntó con amargura girando sobre sus talones

-Para ti ... para mí...- el llanto no la dejaba hablar con fluidez, tenía el corazón sobrecogido y eso le hacía hipar cada poco tiempo- Para lo nuestro. Si me has querido alguna vez...

-¿Cómo puedes decir eso?-le interrumpió él con la voz rota al borde de las lágrimas.

Lo que más le dolía de todo era verla así, no podía soportarlo. Sabía que ahí la víctima era él, que si alguien tenía derecho a derrumbarse y llorar era él y que ella sólo había sido una traidora que había jugado con su corazón, pero a pesar de que sabía todo eso, no podía dejar de pensar que si seguía viéndola llorar terminaría abrazándola para consolar su sufrimiento.

-Escúchanos, por favor.

De mala gana pasó a Harry un brazo por la cintura y tomó la mano por encima de su hombro para llegar a la sala común. La reacción que James había tenido con Lily que demostraba en cierto modo una esperanza para su relación hizo que Harry se recuperara. Empezaba a cansarse de esas subidas y bajadas, o sus padres se aclaraban o acabarían con él. Cuando James vio que Harry respiraba con algo de más normalidad no dudó un segundo en alejarse de él lo máximo posible y dirigirse con paso ligero hacia el retrato, dijo la contraseña y subió a su dormitorio sin mirar atrás para ver si le seguían. Cuando entró se sentó en su cama con los brazos cruzados y la mirada entre triste y furiosa.

Lily y Harry entraron juntos pero se sentaron cada uno en una cama, marcando claramente las distancias para que James no se enfadara. Se quedaron en silencio observando a James que estaba alucinado por que no empezasen a hablar atropelladamente para justificarse.

Harry jugaba con sus manos nervioso, pensando qué decirle a su padre. ¿Y si le decía una mentira y dejaba el secreto entre su madre y él? Eso no era una solución, si el pensara que Ginny acababa de engañarle no habría excusa que le convenciese. ¿Se convencería James con la verdad? Teniendo en cuenta lo surrealista que era la verdad a lo mejor lograba convencerlo. Lo miraba sentado en la cama derrotado, podía estar todo lo enfadado que quisiera pero sobretodo estaba hundido, dañado, imaginaba cómo podía sentirse y se le cogía un nudo en el estómago.

-Se supone que me habéis traído aquí para contarme algo muy importante. ¿Pensáis esperar a que me haga viejo o me lo vais a contar ahora?

-Es que no es fácil.-empezó Lily que ya no lloraba

-¡Eso ya me lo has dicho antes!-le respondió el con desprecio- Esto es estúpido, no sé qué hago aquí- se puso de pie y empezó a dar vueltas por la habitación- Si es que soy imbécil por haceros caso.

-James, por favor, siéntate- intentó tranquilizarlo Harry con un tono más calmado.- Es que es un tema muy delicado y no sabemos cómo te lo vas a tomar.

-¿Cómo quieres que me tome que mi novia me deje por ti?-estalló fuera de sí.

Los tres se quedaron otra vez sumidos en un silencio espeso. James esperaba que acabasen cuanto antes par marcharse, que se dejaran de prolegómenos y no lo martirizasen más. Se sentó como le había indicado Harry y adoptó una postura chulesca para intentar enmascarar lo mal que se sentía. Lily por su parte, se estaba manteniendo al margen. No sabía si debía contárselo ella o si ni siquiera debía contárselo a James, se suponía que cualquier información sobre el pasado podría influir en el presente y James, siendo tan impulsivo, podía hacer cualquier burrada. La decisión tenía que tomarla Harry y por lo que se veía no estaba en absoluto convencido de nada.

-Lo primero que te tiene que quedar claro- empezó Harry- es que Lily no te va a dejar por mí, ni muchísimo menos. Yo estoy con Ginny y ella está contigo.

-No, ella ya no está conmigo. No después de lo de esta tarde.

Lily suspiró angustiosamente con esa información y Harry tuvo que apretarse el pecho para hacer remitir el dolor que sentía.

-Mejor no hagas ese tipo de comentarios-le dijo Harry con la voz apagada por la falta de respiración.

-Potter, ¿se puede saber qué te pasa hoy? Ya he perdido la cuenta de los infartos que te han dado.

-No son infartos- aclaró Harry casi sin voz.-Es que estoy dejando de existir.

La boca de James se abrió tanto que casi se le desencaja la mandíbula. Lily también se quedó muy asombrada, sospechaba que el que ellos se separasen afectaría a su vida, incluso que no llegase a existir, pero no se imaginaba que todo ese dolor fuese producido porque estaba desapareciendo.

-¿Te estás quedando conmigo?- abría y cerraba los ojos incrédulamente- ¿Has dicho que estás dejando de existir?

Harry afirmó pesadamente con la cabeza y de repente todo cambió, parecía como si ya no tuviese importancia que los acabase de ver abrazados. James podía no soportar a Harry más de cinco minutos e incluso podía estar más dolido que nunca después de lo de Lily, pero eso no justificaba que se alegrara por que él desapareciese.

-¿Es Voldemort?-le preguntó muy preocupado.

-No- Harry levantó la cabeza y le miró con seriedad clavando sus ojos en los de James- Eres tú. Bueno, vosotros dos para ser exactos.

-¿Pero qué dices?- le espetó a la defensiva James, - Yo no te he hecho nada para que estés así y Lily no te estaba atacando precisamente.

-No entiendes nada. Si vosotros no estáis juntos, yo desaparezco ¿lo comprendes ahora?

Harry lo miró significativamente esperando no tener que decirle algo como soy tu hijo, se veía así mismo increíblemente estúpido diciéndole algo así. Consideraba a James suficientemente inteligente como para que se diera cuenta con algunas pistas.

-Mira- le dijo James secamente- No tengo el cuerpo para andarme con jueguecitos de adivinanzas. ¿O me contáis cual es esa razón tan trascendental para que estuvieseis acariciándoos en medio del patio o me largo de aquí?

Lily se levantó de la cama de Sirius donde había permanecido sentada y se sentó junto a James que en seguida se retiró de ella.

-James, lo que Harry quiere decir es que él y yo nunca podríamos tener algo.

-¿Me vas a negar que esta tarde me ibas a dejar? ¿Me vas a decir que no te atrae casi desde que lo conoces?

-No te voy a negar ni una cosa ni la otra- le contestó ella con total decisión- Es verdad que me ha atraído desde que le conocí pero hoy me he enterado por qué, y no es precisamente porque esté enamorada de él, por eso le estaba acariciando. Y sí, también estaba a punto de dejarte cuando Harry nos interrumpió esta tarde, pero ahora sé que hubiera sido el mayor error de mi vida.

-¡Qué cara tienes! - exclamó James sorprendido ignorando completamente la presencia de Harry- ¿Y en qué te basas para saber que es un error?

-He descubierto que tenemos un futuro juntos, tú y yo- le sonrió de corazón- como siempre hemos planeado. ¡James! Vamos a casarnos, tendremos una familia.

James se quedó petrificado escuchando las palabras de Lily ¿sería verdad lo que le decía? Le estaba sonriendo como hacía mucho que no lo hacía y la sola idea de creer que pasaría con ella toda su vida le inundaba.

-Cariño-le acarició suavemente la cara- Abracé así a Harry esta tarde porque... porque...

-Porque yo soy parte de esa familia- continuó Harry desde su sitio respirando ahora con total normalidad.- Lily ha descubierto esta tarde mi secreto. Su atracción era solo un instinto.

-¿Un instinto?- preguntó James alucinado- ¿Os habéis vuelto locos? ¿Un instinto de qué?-terminó poniéndose de pie.

-Un instinto maternal-Harry conectó sus ojos con los de James intentando averiguar qué era lo que pensaba, no usaría la legeremencia con su padre pero no siempre era una herramienta indispensable.- Lily ha descubierto que es mi madre.

La habitación se quedó en completo silencio. James miró a Lily como quien ha visto un fantasma. Luego giró la cabeza hacia Harry intentando analizar la situación. Estaba completamente confuso y no era capaz de reaccionar.

-Eso quiere decir que... que yo...-titubeó James alucinado, Harry asintió con la cabeza porque sabía que la frase en voz alta podía sonar muy tonta y James no se atrevía a decirla.

-¿Vosotros creéis que yo soy imbécil?-Gritó James- ¿Pensáis que soy premio anual porque me acuesto con Dumbledore todas las noches o qué? Preferiría que me contaseis la verdad y me dijeseis que os habéis enamorado.

-Esa es la verdad- explicó Lily con tono suplicante.

-¡Este no es mi hijo! ¡Eso no puede ser!

Harry no esperaba un abrazo como el de Lily, pero tampoco ese rechazo. Le dolió el pecho pero esta vez no era la sensación que había estado sintiendo ese día, ahora le dolía el corazón porque se había llevado una decepción demasiado fuerte.

-James, cielo, sí es, claro que es- Ella estaba completamente feliz e intentaba transmitirle esa emoción- ¿No lo ves? Es nuestro, tenemos una familia juntos.

James se quedó helado sin saber reaccionar, tenía la boca abierta por la sorpresa y estaba como ido. No era como un padre para él, realmente era su padre. Lily se lanzó a su cuello y lo abrazó con fuerza, necesitaba que se sintiese como ella. No entendía por qué se ponía así, Harry era la muestra de su amor más allá del colegio y él se obstinaba en negarlo. Seguía abrazada a él perdiéndose en su pecho con una sonrisa enorme, él, sin embargo, estaba tan asombrado con toda la situación que mantenía los brazos caídos y miraba a Harry que no sabía donde meterse.

-Perdóname-susurró Lily.-Te quiero tanto.

James no pudo resistirse más, en ese momento Harry no tenía importancia, tenía a Lily abrazándole, y le correspondió con tanta fuerza que sintió como sus costillas se clavaban en él. Era su niña, eso era lo único que sabía en ese momento y le quería. Lo demás no importaba lo más mínimo. Le estaba abrazándolo como no lo hacía en mucho tiempo. La sentía más cerca que nunca. Todo el mundo se paró a su alrededor como la primera vez que la besó. Le acarició el pelo perdiendo su fuertes manos entre los mechones rojos de la chica y la besó con tanta pasión que se hicieron daño en los labios cuando se encontraron. La elevó tomándola de la cintura para ponerla a la altura de su cara sin separarse ni un milímetro de su boca, se habían besado tantas veces que su coordinación era perfecta. Ya todo daba igual.

-Ejem- interrumpió Harry con la sonrisa de felicidad más grande de toda su vida- A ningún hijo le gusta ver a sus padres así, ni si quiera cuando tienen su edad.

Sus padres dejaron de besarse y se concentraron en él, Lily seguía muy sonriente abrazada a su novio. Harry estaba expectante, necesitaba ver la reacción de James ahora que le había creído. Al menos ya no pensaba que le había traicionado. Ninguno de los tres se atrevía a hablar. Padre e hijo se quedaron conectados con sus miradas, escudriñando sus reacciones mientras Lily los observaba absolutamente feliz sabiendo que estaba con su familia.

James se separó con suavidad de Lily y se acercó a su hijo despacio, examinándole. Él sonreía al ver esa reacción en su padre, se esperaba que lo siguiente fuese algún gesto de cariño, se conformaba con un golpecillo simpático, no hacía falta que hiciese como Lily, sabía que un abrazo de James costaría mucho más que una declaración de filiación. Se paró delante de él, lo cierto es que era como mirarse a un espejo, siguió sin hablar, sólo miraba su rostro distinguiendo cada uno de los rasgos que había heredado de él o que había sacado de Lily.

-Deberías pasarte la mano así por el pelo- James se hizo un gesto en su cabello para alborotarlo más- Da un toque más atractivo.

Harry sonrió emocionado. Ese encuentro tenía para él más emotividad que el de Lily, ella era su madre, pero tampoco cambiaría tanto la cosa, se había comportando con él muy bien desde que se conocieron, pero con James llevaba mucho tiempo esperando un gesto amistoso.

-He volado contigo, seguro que te enseñé a volar- le dijo alegremente James como si estuviese pensando en voz alta- Tiene que estar bien eso de tener un mocoso a quien enseñar a montar en escoba- Harry sintió que se le estremecía el corazón, él había tenido que aprender a volar por sí mismo, James no había estado para disfrutar ese momento con el que ahora estaba fantaseando- También has tenido que tener una buena influencia de los merodeadores, tienes mi capa, porque es mi capa ¿verdad?- el afirmó sonriendo- tienes el mapa y una chica preciosa. En eso has salido a mí, Harry.

Le había llamado Harry, era la primera vez que no se refería a él con el apellido, eso ya era un paso, estaba muy feliz con ese nuevo acercamiento. Lily estaba disfrutando viendo la escena. James estaba bromeando con Harry y a él se le veía muy contento con eso.

-Según Snape también tengo tu arrogancia y tu desdén por las normas.

-¡Ese es tonto! No sabe disfrutar de la vida

Se mantuvieron en silencio uno segundos, observándose. James estaba muy serio y Harry parecía ansioso por que continuara hablando, quería, no, necesitaba que James le demostrara algo más que desprecio.

-No quiero que creas que esto va a cambiar mucho las cosas. - comenzó James con seriedad, parecía mucho más maduro que en todo ese tiempo, pero a Harry ese tono y esas palabras le cayeron como un jarro de agua helada- Seguro que algún día nos llevaremos bien, en mi futuro, bueno cuando nazcas, tú ya me entiendes. Pero ahora, no creo que seas mi hijo, quiero decir, el hijo que yo debo tener y yo no soy el padre que tenías que conocer. Tenemos la misma edad y no nos hemos llevado especialmente bien desde el día que nos conocimos. Yo no tengo instinto paternal, la verdad es que tengo serias dudas de que algún día lo tenga, lo que está claro es que ahora lo último que puedo ser es padre. Me alegro mucho de que seas la prueba de que Lily y yo seguimos juntos, pero no hay tanto cambio. Supongo que mi yo adulto es un buen padre y que os lleváis, bueno que nos llevamos bien, pero ahora, esto me supera. Yo no soy como Lily.

En ese momento si una losa pesada hubiera caído sobre Harry no se hubiera sentido tan hundido. Sabía que tenía razón, que no era el padre que tenía que haber conocido pero es que no había tenido la oportunidad de conocer otro. James no sabía que moriría, era normal que no tuviera la impaciencia por disfrutar de esa relación padre-hijo, que pensara que tendría tiempo para disfrutar de su hijo poco a poco. Al menos se contentaba con haberlo visto fantasear con la imagen de enseñarle a volar, con su comentarios sobre su relación con Lily.

-Claro James- ¡Cómo le habría gustado llamarle papá!- No pasa nada. Yo... yo sé que tú no tienes mucho que ver con mi padre, con el que yo conozco- le mintió-. No os lo había dicho antes porque puede afectar al futuro de formas que no podéis ni imaginar, pero es que me estabais matando literalmente con vuestros líos.-sonrió amargamente y volvió a su tono serio- No podéis saber más de lo que sabéis ahora. Por favor, confiad en mí. No se lo podéis contar a nadie.

-¡Yo se lo tengo que contar a Sirius!- se quejó James- Si lo sabemos nosotros que somos los interesados Sirius y Remus también pueden saberlo. Ellos no contarán nada.

-No es por lo que contéis. Es que querréis saber cosas y eso puede traer consecuencias desastrosas para todos, pero sobretodo para mí.

-Harry, puede que ahora no sea un padre ni por asomo, pero no soy idiota, ni ellos tampoco. No vamos a hacer nada que pueda hacer daño a mi hijo ¿entiendes?

-Está bien, se lo contaremos a Remus y a Sirius- terminó claudicando Harry que se había conmovido mucho con esa declaración a medias de amor de padre.

-¡Un momento! Si se lo contáis a ellos, se lo contamos a Andrea. Y no pienso admitir un no por respuesta- afirmó tajantemente Lily.

-¿Sigue siendo así de cabezona toda la vida?- le preguntó James a Harry con una sonrisa.

-¿Eh?- la pregunta le había pillado por sorpresa, no tenía ni idea de cómo de cabezona sería su madre, pero tuvo que hacer un esfuerzo para mentir- ¡No sabes cuanto!

-Bien, ¡pues voy a contárselo a éstos!-James se dirigió a la puerta con la intención de buscar a Sirius y Remus y contarles la sorprendente noticia.

-¡No, James!-lo paró Harry- Yo los buscaré y les diré que suban.

Se dirigió a la sala común con calma, analizando todo lo que había ocurrido. Tal y como le había advertido Ginny, la actitud de James no había cambiado mucho. Seguía sin soportarle aunque al menos ahora le daba una tregua en forma de comentarios simpáticos. Algo es algo, y tenía a Lily, ella sí que había aceptado lo que ocurría. Lo había mirado como mira una madre tan solo con el hecho de saberlo, no había podido sentir realmente esa maternidad porque tenía delante de ella a un desconocido de su edad que decía ser su hijo, pero le había dado igual. Lo había abrazado y acariciado como nunca antes lo habían hecho en su vida.

Se sentía mal por que James no hubiese adoptado una actitud parecida, pero quizás tenía razón, él en ese momento no podía ni imaginar tener un hijo. Si Ginny le dijera que estaba embarazada se moriría con más eficacia que con un Avada Kedavra. James tenía razón, no existía ese instinto paternal, pero si él supiera que no tendrá tiempo de disfrutar de su hijo... ¿Y si le contaba el resto de la historia? Entonces sí que James querría aprovechar ese tiempo juntos. Llegó a la sala común y la primera imagen con la que se topó fue Ginny sentada junto a su hermano, entonces volvió a sonar en su cabeza esa maldita conciencia que le decía que ése era precisamente la razón por la que ella no quería que le contase que era su padre. Eso sólo sería el comienzo.

La imagen de sus amigos era realmente cómica. Los dos hermanos sentados en el sillón se esmeraban en arrancarse las uñas en un gesto nervioso casi idéntico. Algo más alejadas del resto Hermione y Andrea hablaban, seguramente Hermione le estaría contando lo que había ocurrido antes porque ella no había estado allí. Pero lo más divertido de todo, era ver a Sirius y a Remus cruzarse en una repetición interminable de paseos por la sala común como si fuesen dos leones enjaulados. Tuvo la sensación de estar viendo la sala de espera de un quirófano de partos, era como si de repente todos estuviesen esperando que alguien llegase y les dijese ha sido un niño precioso. Harry sonrió con esa idea, todos estaban preocupados por que James y Harry acabasen de nuevo a golpes o porque a Harry le diese un nuevo ataque que acabase con su desaparición, pero para él ésa no era la imagen sino que se sintió como el médico que anuncia el nacimiento de un niño, lo cual era extrañamente metafórico dada la situación.

-Esto...

Todos se detuvieron para mirarle en el inicio de la escalera. Ginny y Ron se levantaron deprisa para comprobar su estado, Andrea y Hermione se acercaron también muy preocupadas, pero los dos merodeadores, a pesar de haber detenido su intercambio de ires y venires, no se movieron de su sitio. Harry seguía siendo el que había traicionado a su mejor amigo.

-Tenemos algo importante que contaros.- siguió Harry ahora abrazado a Ginny.

-¡No!- exclamó Hermione muy preocupada- No lo irás a hacer ¿verdad?

-Hermione, no me ha quedado más remedio que hacerlo. Si no lo hubiera hecho se hubieran separado y entonces yo ya no estaría aquí.

-Si no hubieras hecho ¿qué? - preguntó Sirius enfadado- no le habrás hecho nada a James ¿verdad?

-James está perfectamente. Subid a la habitación.- sin esperar ninguna respuesta se giró y empezó a subir los escalones hacia la habitación donde estaban sus padre. El resto le siguió intercambiando miradas de sorpresa y de preocupación.

Al entrar en la habitación James y Lily estaban muy ocupados besándose y haciéndose carantoñas. Tan concentrados estaban en sus caricias y en sus miradas de complicidad que no se dieron cuenta de que todos sus amigos habían entrado en la habitación. Remus y Sirius se quedaron asombrados, lo último que esperaban ver era a James así con Lily, muy fuerte debía ser lo que le había contado Harry para que se hubiesen reconciliado tan pronto.

-¿No os cansáis?- preguntó Harry con resolución, provocando que ellos se separaran.

-Si nos cansáramos, no estarías aquí- contestó Lily con una sonrisa traviesa haciendo que sus dos chicos Potter se rieran.

-Mejor no me lo cuentes. Tendré pesadillas esta noche.

-¿Se puede saber qué este buen rollo?- interrumpió Sirius entre enfadado y desconcertado.

-No te lo vas a creer, Canuto. Esto es totalmente surrealista.- le dijo James.

-Te acabamos de ver besar a Lily después de lo de esta tarde- continuó Remus- No creo que haya algo más surrealista que eso.

El resto se fue acomodando entre las camas y las sillas de los merodeadores. Andrea tuvo mucho cuidado de sentarse lo más lejos posible de Remus, a pesar de que él ya había aceptado su distanciamiento y casi no le hablaba.

-¿Estás seguro de que se lo tienes que contar a todos, Harry?- preguntó Hermione muy preocupada. Ginny, que tenía el mismo pensamiento, se había abstenido de hacerlo porque sabía que ya había abusado de la paciencia de su novio al insistirle tanto en que no contara nada. Tenía que aceptar que esa era su decisión.

-Sí, es mejor que se lo cuente. No pasará nada- intentó reconfortarla Harry con una sonrisa.

-Bueno, vamos a dejarnos de secretitos e id empezando que me corroe la curiosidad- Andrea intervino por primera vez, pero es que realmente se la veía ansiosa por saber lo que ocurría.

Harry se sintió un poco avergonzado al verse en medio de la habitación con todas las miradas clavadas en él así que intentó refugiarse un poco acercándose a la cama en la que Lily y James se habían sentado. Estaba apoyado en uno doseles, pensando cómo se lo diría a todos, la verdad es que ver sus caras no era lo más reconfortante para ese momento, sólo Ron, a parte de James y Lily, parecía estar apoyándole para que siguiera hablando. Hermione y Ginny estaban muy preocupadas y se veían que para nada estaban conformes con su decisión, pero le sonrieron tímidamente cuando se dieron cuenta de que él las estaba mirando. Los otros tres lo miraban expectantes. Sirius estaba más enfadado que antes porque además le estaban haciendo esperar y alternaba sus ojos entre James y Harry intentando hallar una respuesta.

-A ver cómo empiezo... Lo primero es que esta tarde no ha pasado nada entre Lily y yo. Ahora después entenderéis porqué nos estábamos abrazando- Sirius bufó en señal de incredulidad- Y lo segundo es que os mentí.

-¿Qué?- preguntó Remus muy extrañado.

-El día que me conocisteis os dije que mis padres eran muggles y no es verdad. También os dije cuando hablasteis por el espejo que me protegíais porque me habíais cogido cariño porque Voldemort me tenía manía y eso tampoco es exactamente verdad.

-¿Te importaría dejar de dar rodeos e ir al grano?- interrumpió Sirius.

-Está bien. Mis padres son magos, son los dos tan magos como cualquiera de nosotros, eso quiere decir que un Potter mago ¿entendéis? y vosotros me protegéis por eso precisamente, porque soy miembros de la ilustre familia Potter- Harry se hizo un poco lío intentando explicar la situación y remarcaba las palabras para que los chicos entendieran qué era lo que quería decir, pero parecía que no lo estaban captando.

-¡Uuuuuuuu!- exclamó divertida Andrea recordando lo mal que se llevaban mientras que Sirius y Remus se habían quedado petrificados- Vaya, vaya, Harry Potter es familia de James- comenzó a reírse por la ironía de su relación.

-Para ser exactos- siguió hablando Harry algo tímido- Sería Harry James Potter es hijo de James.

Un silencio casi sepulcral se asentó en la habitación. Al escuchar el nombre completo de Harry, James le había mirado sorprendido. El resto seguía en estado de shock, sin saber cómo reaccionar.

-¿Has dicho Harry James?- Susurró James sin dejar de mirarle, él asintió con una sonrisa.

-Eso debió ser cosa tuya- protestó Lily- A mí no me gusta James.

-¿Por qué no?- se quejó él

-¡Un momento!- interrumpió Sirius poniéndose de pie y acercándose a la recién descubierta familia- ¿Has dicho que es tu hijo? ¿Tuyo y de quién más?

-¿Tú qué crees?- preguntó Lily ofendida.

-¿Eres hijo de James?- preguntó a Harry con una enorme sonrisa en los labios.

Harry afirmó con la cabeza y se quedó totalmente sorprendido al ver reaccionar a Sirius que parecía haber estado esperando la confirmación para saltar.

-¡Sí!- gritó- ¡Sí! ¡lo sabía! - Sirius movía los brazos una y otra vez como si hubiese ganado una carrera- ¡Dímelo Remus! ¡Vamos, dímelo!- Remus comenzó a reírse- ¿quién es el amo? ¿quién es el puto amo?

-Tú Sirius- respondió Remus cansinamente partiéndose de risa.

-¡Qué grande soy! Cómo me quiero- seguía gritando por toda la habitación dándose besos en las manos para luego pasarlas por las mejillas como si se estuviese besando a sí mismo

-¿Tú lo sabías?- preguntó Hermione sorprendida

-¡Sí!- gritó el triunfante- pero no le hagas nada a Brown porque lo saqué yo solito con esta cabecita que tengo ¡Ay, pero qué listo que soy! Y tú- señaló a Remus- Tú dijiste que había perdido el juicio ¿cómo lo llamaste? ¡Ah, sí! Mi absurda teoría. - se giró a James y adoptó una pose melodramática- Y tú, mi mejor amigo, mi hermano, ignoraste mis palabras tomándome por loco.

-Vamos Sirius deja de echarte flores- le recriminó James en tono de broma- Es verdad, tienes toda la razón, fuiste el único que se dio cuenta y nosotros fuimos unos estúpidos por no hacerte caso.

James se había levantado y le había pasado el brazo por los hombros a su amigo consiguiendo así que dejase de saltar y de alabarse a sí mismo, para disfrute del resto que no podía dejar de reír con sus payasadas.

-Yo seré el padrino ¿verdad, James?-Sirius estaba pletórico, le había hecho más ilusión a él que a James y sobre todo había podido confirmar todas las dudas que llevaban concomiéndole meses.

-No, si yo puedo evitarlo- exclamó Lily.

-¿Por qué no?-preguntaron los dos chicos a la vez.

Harry estaba al borde de las lágrimas de la risa, se los estaba imaginando con él siendo un bebé, discutiendo sobre si Sirius debía o no ser el padrino, sólo que ahora la discusión era inútil, el padrino ya estaba más que decidido.

-¿A que yo soy tu padrino?- no le dejó contestar porque siguió hablando atropelladamente- Si ya verás, voy a ser un gran padrino. Te compraré una escoba ¡La mejor escoba de todo el mercado! Y... y... y... te enseñaré a ligar y nos iremos de fiesta. ¡Voy a ser el mejor padrino del mundo!

Harry abrió la boca para contestar pero alguien bastante irritado le interrumpió haciendo que todos se giraran hacia ella.

-¿Y por qué tú?- exclamó Andrea ofendida- Remus sería mucho mejor padrino que tú, -Remus la miró con los ojos muy abiertos completamente sorprendido y feliz de que Andrea le estuviese defendiendo-¡pero si tú estás como una cabra!, seguro que el día menos pensado acabas en Azkaban por alguna de tus locuras. Además yo seré la madrina, y no pienso aceptar compartir el puesto contigo.

-¿Y con Remus sí? Pero si ni siquiera le hablas- contestó algo enfadado Sirius, no iba aceptar que nadie pusiese en duda sus cualidades como padrino. Después de esa contestación Andrea se quedó totalmente callada y miró a Remus que le sonreía agradecido por la defensa- Venga, Harry, confiesa ¿quién es tu padrino?- preguntó pasándole el brazo por encima

-Bueno...- Harry estaba realmente feliz, Sirius había sido capaz de cubrir con su alegría y sus muestras de cariño la fría reacción de James- la verdad es que Sirius es mi padrino.

-¿veis? - exclamó Sirius con suficiencia a Lily y a Andrea- ¿Y soy o no soy el mejor padrino del mundo?

Harry estaba sufriendo demasiadas emociones en el mismo día. Para él Sirius había sido el mejor padrino del mundo, pero ya no estaba, y lo había echado tanto de menos que a penas fue capaz de seguir adelante en su sexto año. Pero ahora no quería que Sirius le viese triste, con él sí tenía la oportunidad de aprovechar todo el tiempo que Azkaban les había quitado.

-Claro que sí, no te preocupes por lo que digan ellas. Eres el mejor padrino, me regalarás la mejor escoba del mercado, te lo aseguro, tengo un saeta de fuego para demostrarlo

-¿Te la regalé yo?- Harry afirmó con la cabeza totalmente feliz al verlo tan emocionado.

-Y en caso de que, como dice Andrea, termines en Azkaban por alguna de tus locuras, estoy seguro de que serías capaz de burlar a todos los dementores de la prisión sólo para venir a ayudarme.

-¿Y quién es la afortunada que ejerce de madrina?-preguntó él con picardía.

-No quieras saber más de lo que te corresponde, Canuto.- Harry se zafó de su brazo con una sonrisa y se dirigió a Remus que estaba cerca viendo la escena.- Remus... tú no eres oficialmente ni mi padrino, ni mi padre, pero te aseguro que has cumplido esas funciones en más ocasiones de las que puedes imaginar.

Remus le dio un golpe cariñoso en el hombro y le sonrió con cariño.

-Creo que va siendo hora de dejarnos de cariñitos y bajar a comer ¿no?- interrumpió Ron acariciándose el estómago-¡Yo tengo hambre!

Todos se rieron por su ocurrencia y empezaron a salir de la habitación dejando en último lugar a Harry, James y Lily. Lily se acercó a su hijo cuando iba a cruzar la puerta y le tomó de la mano.

-Creo que aquí tu no padre y yo no vamos a bajar a cenar.- le guiñó un ojo y sonrió abiertamente- Supongo que tendremos que practicar mucho antes de conseguir un chico tan guapo como tú. Nos vemos mañana, cielo.

Le revolvió un poco el pelo como si fuese un crío de tres años y le besó en la cara. Para Harry ese momento fue lo mejor del día. Podrían habérsela arrebatado sin darle tiempo a conocerla, pero ahora el destino había jugado con ellos para darle esa oportunidad.

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N/A: Holaaa!! ¿Cómo estáis todos? Espero que muy bien. Bueno, ahora que han arreglado la pg (toquemos madera) voy a subir este capi, q ya toca, aunque la verdad es q no sé que ha pasado que no han subido el dieciséis, da igual xq como sois tan listos y os conoceis todos los trucos os habeis colado destrangis, q por cierto, ay q ver q monos sois todos con esos reviews, que alegrías dais.

Como siempre mi saludito especial a mis niñas, os acabáis de ir a la cama, como las niñas dolentas (son las 4.13 a.m) jejeje. Os quiero un taco (que se dice mucho en mi tierra) sois las mejores, aishhh, jo eva, si lo se te pido lo otro aunque ya te he dicho lo que hay jejeje.

Ah! advertencia para los siguientes capis, a quien haya perdido su vena romántica no sé si les gustarán los siguientes dos capis, aunque intento meter cosas divertidas xa que haya para todos los gustos. jeje.

Y lo último, ¡¡¡recordatorio a los ávidos lectores!!!. No olvidéis pasar por Always on my mind, q es la continuación de Volví, d Pekenyita, mi barcelonesa favorita, y la 2º guerra de Evix Black, mi otra "barcelonesa" favorita.

Y ya está, nos vemos pronto. BESOSCAPÍTULO 18: LA NIÑA DE SU VIDA.

Enero se comió otra semana más al invierno sin que Harry apreciase en su padre el cambio que le hubiese gustado. Por suerte, y quizá muy influido por alguna amenaza de Lily, cesaron sus comentarios hirientes a cada cosa que decía. No podían llamarse exactamente amigos, porque apenas se hablaban pero tampoco eran los enemigos que habían llegado a ser. A pesar de todo a James seguía sin gustarle que Harry entrenase tan duro sin dar más explicación que un simple por si acaso, ni que fuera mejor que él en transformaciones o en cualquier asignatura que se propusiera, pero lo que peor llevaba, a parte de tener que seguir acatando sus órdenes en los entrenamientos de quidditch, era que Lily sí demostrase con creces el cariño que sentía por su hijo.

Cuando entraron el jueves a desayunar, Harry, Ron, Ginny y Hermione ya estaban allí. Se habían levantado una hora antes para practicar nuevos hechizos y tenían que recuperar fuerzas después de la paliza que les había dado Harry tras dominarlos. Como todos los días desde el incidente con Harry, los cuchicheos se levantaron al ver entrar a Lily y James cogidos de la mano. Nadie entendía como un chico como él, admirado entre ellos y deseado entre ellas, había sido capaz de perdonar una infidelidad pública en tan solo una tarde.

-Buenos días, cariño ¿qué tal has dormido?- Lily besó a su hijo en la cabeza cuando pasó por su lado y se sentó a su derecha.

-Muy bien ¿y tú?- él le devolvió el beso en la mejilla sabiendo que tenía que aprovechar al máximo cualquier momento con ella.

-¿Queréis dejar de haceros cariñitos?- refunfuñó James sentado junto a Sirius y Remus- Es que somos el hazmerreír de todo el colegio.

-Y a mí qué me importa lo que piense el colegio- espetó Lily.

-Ya, a ti no te importa nada, pero es que parecemos un trío. ¡Ginny, ven!, siéntate aquí y ya terminamos de montar el espectáculo- le dijo con sorna señalándose las rodillas, provocando que ella se riera y Lily bufara desesperada.

Después de exponer su más que conocido punto de vista, se concentró en el desayuno mascullando por lo bajo, mientras que sus mejores amigos, sentados a cada lado, lo observaban y se reían disimuladamente.

-Con razón soy padre tan pronto, parece que tiene un exceso de instinto maternal- les susurró un poco irritado, pero en un tono que a ellos les pareció muy divertido- He echado cuentas ¿sabéis? Y soy padre con veintiún años ¡Veintiuno!

-Eso debió ser un fallo técnico- le intentó consolar Remus dándole un suave toque en el hombro.

-Seguro que me timó- dijo refiriéndose a Lily- Mírala, si estás más emocionada que cuando le regalé el gato.

-Hombre, Cornamenta, que es su hijo. No le compares con un gato.-Sirius intentaba ponerse serio pero las lágrimas casi se le derramaban de contener la risa.

James hizo un gesto como de que la diferencia que Sirius intentaba apreciar no tenía ni pies ni cabeza.

-Se le ha subido el instinto maternal a la cabeza. Ese sólo es Harry, mi hijo será un mocoso cuando nazca y no un tiarraco de 17 años.

Exclamó dejando su plato abandonado y observándola hablar con Harry con una mirada dulce. Ella al ver que él la miraba le sonrió y le mandó un beso.

-Lo único bueno de todo esto es que está igual de cariñosa conmigo.-siguió James ya más contento después de devolverle el gesto a su chica- Dice que soy el padre del niño más guapo del mundo y que tenemos que practicar para tenerlo.

-¿Quiere que des clases de paternidad?- le preguntó Remus muy extrañado.

-Lunático-dijo Sirius completamente sorprendido de la inocencia de su amigo- O te reconcilias pronto con Andrea, o te abres a nuevos campos, o terminarás perdiendo tu toque de merodeador.

-Muy simpático- le recriminó él sonrojándose un poco mientras sus amigos se reían a carcajadas.

Remus buscó a Andrea en la mesa y la encontró con Hermione sentadas unas sillas más alejadas. Llevaba dos semanas sin hablar nada con ella y empezaba a sentir que no aguantaría mucho más. O lo arreglaba pronto o perdería mucho más que su toque de merodeador.

Las clases se les hicieron largas y aburridas, pero tuvieron la suerte de que no les mandaran muchos deberes para el día siguiente. Los merodeadores, muy especialmente, estuvieron muy contentos con la noticia, porque habían planeado un salida nocturna para celebrar la luna llena. Después de las clases de la tarden se fueron a la sala común para hacer el trabajo de pociones, Snape no había desaprovechado la oportunidad para mandarles un importante trabajo para el día siguiente con la intención de fastidiarles a los merodeadores su excursión a la luz de la luna. Así que los chicos se centraron en buscar en libros y libros la información que necesitaban para su trabajo.

-Andyyy

-¿Desde cuándo tú me llamas así?- preguntó ella bruscamente haciendo que Sirius levantara la cabeza de su hombro, donde la había puesto para parecer así más mimoso.

-Pensé que como ya no dejas a Remus que te llame así, podíamos hacerlo los demás. Para que no se te olvide.

-No te preocupes por eso, tengo muy buena memoria, así sólo me llama...-Andrea se calló y siguió concentrada en su pergamino.

-Vaaaaale- siguió Sirius con su voz melosa- ¿Por qué no subes a mi cuarto y me traes el libro de plantas venenosas que sacamos antes de la biblioteca?

-¿Tengo pinta de ser tu esclava?- refunfuñó ella mientras Sirius ponía cara de niño bueno.

-No, claro que no, pero podías ser una buena amiga y subir a por él.

-Sirius, no me pongas esa cara de cachorrito que te conozco- Las palabras de Andrea sólo sirvieron para que Sirius exagerase más su cara de pena- Está bien, pero... no estará Remus arriba ¿verdad? No le he visto en toda la tarde.

-A ver en qué quedamos- interrumpió James- Si lo ves, porque lo ves y si no lo ves porque no lo ves ¡No hay quien te entienda!

-Muy buen discurso James, pero ¿está o no está arriba?- preguntó tajantemente

-No, no está- le contestó Sirius más serio- Y ahora ¿vas a subir?- ella afirmó con la cabeza sabiendo que nunca había podido resistirse a la cara de cachorro de Sirius- ¡Esa es mi chica!

Andrea se levantó arrastrando la silla y se dirigió a la escalera, lo último que oyó fue a Ron decirle a Sirius que tenía que enseñarle a poner esa cara para conseguir algunas cosas de una personita. Sonriendo por el comentario de Ron llegó al cuarto de los merodeadores que tenía la puerta cerrada.

Entró y sintió cómo su estómago se evaporaba al ver a Remus cambiándose, estaba sin camiseta y pudo ver cómo, a pesar de no tener una musculatura especialmente desarrollada, se le marcaban los músculos del torso y de los brazos. Él se quedó también totalmente petrificado con las manos puestas en le botón desabrochado de sus pantalones incapaz de seguir con su tarea. Ninguno de los dos mostró la más mínima vergüenza por la situación, simplemente se miraban asombrados sin ser capaces de moverse o de decir algo. Tenía muy mala cara y se le veía cansado, aún no había anochecido pero ya se veía muy afectado por la influencia de la luna llena.

-Hola- empezó Remus tremendamente desconcertado.

-Hola- respondió ella tras dejar unos segundos de silencio- No sabía que estabas aquí, y mucho menos que te estuvieras cambiando. Eh... Esto... Lo siento.

-No importa- intentó sonreír, pero lo más parecido que le salió fue una mueca de amargura disimulada- No es la primera vez que me ves así

Remus no había hecho el más mínimo esfuerzo por ponerse una camisa, se quedó parado junto al escritorio, mirándola como si fuera lo más precioso que había tenido en toda su vida. Ella al oír su comentario sonrió cortésmente y recordó que efectivamente no era la primera vez que veía el cuerpo de Remus. Echaba tanto de menos perderse entre sus brazos que sintió una horribles ganas de matar a Sirius por haber provocado esa situación.

-Voy a matar a ese chucho entrometido- balbució entre dientes.

-¿Sirius?- A pesar de que no lo había dicho muy alto, Remus lo había oído perfectamente, sólo había un chucho entrometido que hubiese podido mandar a Andrea a la habitación sabiendo que él estaba allí- Sí, tiene la mala costumbre de meter el hocico donde no le llaman

Se conectaron con la mirada manteniéndose alejados, Remus hubiera corrido a abrazarla, a sentirla suya, pero sabía que eso sólo provocaría un nuevo rechazo que ya no podría soportar.

-¿Qué tal estás?- él abrió mucho sus ojos ante la pregunta, no esperaba que ella le preguntase algo así- Esta noche hay luna llena- le aclaró al ver que él podía haber entendido que le estaba preguntando por su estado de ánimo en el distanciamiento en el que se habían metido.

-Siempre has llevado la cuenta mejor que yo- Esta vez sí sonrió con sinceridad pero la sonrisa desapareció cuando vio una profunda amargura en los ojos de Andrea.

De nuevo los envolvió un silencio pesado e incómodo en el que alternativamente se miraban a los ojos y buscaban puntos en la habitación para deshacerse de esas conexiones intensas. Ella se acercó a donde él estaba, despacio. Pudo ver cómo su cuerpo se tensaba con la idea de tenerla más cerca, de que fuese ella quien diese el paso para su acercamiento. Cuando estaba a apenas veinte centímetros algo le impidió seguir y desvió la mirada al escritorio que Remus tenía a su lado y cogió el libro que Sirius le había pedido.

-El libro-dijo con la voz rota mostrándoselo, sirviéndose de él a modo de barrera- Sólo he venido a buscar esto.

Te siento tan lejos,
que duele tenerte cerca.
Me asomo a tu alma
y encuentro un muro,
que antes no existía.

-Veras... Yo...- Remus intentaba recomponerse de la decepción de haberla tenido tan cerca y que estuviera tan lejos- Yo quería que supieras que me mantengo lejos de ti sólo porque tú me lo has pedido, si dependiera de mí, no me separaría un segundo de tu lado.

Ella cerró los ojos casi temblando como consecuencia de sus palabras, necesitaba encontrar fuerzas de donde ya no le quedaban para resistirse. Le quería tanto, pero al mismo tiempo le costaba mucho olvidar todo lo que había ocurrido y sobretodo volver a enfrentarse a sus miedos. Estaba demasiado cansada para empezar de nuevo.

-Gracias- musitó casi sin aliento.

Él notó que ella se estaba debilitando y sintió que en ese momento no era capaz de resistirse, que necesitaba besarla por encima de todas las cosas, que no soportaría un día más simulando que cada día todo era más fácil y que podía vivir sin ella.

-El problema es que no sé cuánto tiempo voy a aguantar así.

Le rozó suavemente la mejilla con el dorso de la mano y pudo sentir cómo ella se estremecía al contacto de su piel. Con un escalofrío recorriéndole la columna Andrea retiró la cara y Remus supo que no debía seguir presionándola de esa manera. Pero no pudo resistirse más, ese nuevo rechazo le hizo estallar y un lágrima recorrió despacio su rostro desmejorado. Ella levantó de nuevo la cabeza y lo vio llorando, nunca lo había visto llorar, sabía que era el hombre más sensible que había conocido en su vida, pero nunca le había dejado entrar en esa parcela de su vida, el corazón se le rompió en mil pedazos al mismo ritmo que nuevas lágrimas silenciosas bañaban la cara del chico. A pesar de que se sentía fatal sus ojos permanecían secos, esforzándose en concentrar toda su fuerza para no hundirse.

-Me ahogo sin ti- le susurró con la voz rota por las lágrimas- Mi vida no tiene sentido si tú no me sonríes por las mañanas- suspiró profundamente para reprimir un llanto más desgarrado que el que estaba teniendo en ese momento- Andy, mi amor, me he acostumbrado a ti de una forma que ni yo mismo sabía y sin ti no sé ser yo mismo- Se pasó las manos por la cara para secarse las lágrimas, estaba completamente derrotado- Eres mi vida.

-No me hagas esto, por favor.- le rogó ella en un susurro casi inaudible.

-Necesito que me perdones por lo de la fiesta.- siguió cogiéndole la mano- Necesito que me sonrías, que me abraces. Mi vida, ¿no lo entiendes? Me estoy muriendo sin ti. Necesito tenerte.- las palabras cada vez le costaba más trabajo decirlas, tenía el corazón sobrecogido y suspiraba profundamente para intentar coger un aire que a penas le llegaba a los pulmones.- Te amo tanto.

Quiero tenerte en mi alma
como lo hacíamos antes,
querernos como si fuéramos uno,
pero mi alma se ha muerto.

Quiero tenerte en mi alma
para sentir que está viva,
besarte, sentir tu cuerpo.
Quiero tenerte en mi alma,
pero mi alma se ha muerto.

Ella sintió que en ese momento era incapaz de respirar, en sus esfuerzos por conseguir que el aire le llegara notó que empezaba a marearse. Estaba teniendo un ataque de ansiedad, le comenzó a doler el pecho y se movía convulsivamente, con la mano cerca del corazón, donde el dolo era más agudo, intentando respirar un mínimo de oxígeno.

-Cariño ¿qué te pasa?-Estaba aterrado, la tomó entre sus brazos para impedir que se cayera, nunca había pasado tanto miedo en toda su vida, pero poco a poco después de unos minutos, comenzó a recuperar la calma y a respirar con fluidez. Se separó pesadamente del pecho del chico, tomó del suelo el libro que se le había caído y se acercó a la puerta intentando mantener un porte altivo.-¿Estás mejor?-ella asintió en silencio sin mirarle a la cara.

-Remus, si de verdad amas algo en la vida, deja que sea libre, si vuelve, es que es tuyo, si no, es que nunca lo ha sido.

-¿Tú volverás?

La puerta se cerró como única respuesta a su pregunta. Se dejó caer lentamente en el suelo, apoyando la espalda en la cama. Se había asustado tanto de verla tan débil que se había olvidado de lo mal que él lo estaba pasando, pero después de que ella se fuera, las lágrimas volvieron a bañar su rostro irremediablemente. Se sentía profundamente sólo, estaba ahogándose y para colmo esa noche sería luna llena. Lloró amargamente rompiendo el silencio que Andrea había dejado tras cerrar la puerta. Sabía que después de eso ya no había vuelta atrás, no podría recuperarla nunca.

Andrea bajó como una fiera totalmente enfadada con Sirius por haberla puesto en aquella situación. En la mesa todos estaban concentrados en el trabajo de pociones o al menos simulaban estarlo. Se acercó a la mesa y dio un golpe en ella con el libro que llevaba en la mano haciendo que todos se sobresaltaran. El gesto de Sirius fue tan exagerado que dio a entender que había estado atento a la bajada de Andrea.

-¡Tu libro!- le gritó haciendo que sus ojos fueran aún más oscuros. Le agarró la oreja izquierda con furia y, retorciéndola, lo levantó unos centímetros haciéndolo quejarse- ¡Ni se te ocurra volver a meterte en mi vida!

Lo soltó con aun más fuerza dejando a Sirius lamentándose y acariciando su oreja mientras que los demás se reían de él. Lily, entendió que su mejor amiga estaba muy mal y salió corriendo por el agujero del retrato para alcanzarla.

-Esto acaba en boda, ya veréis- Afirmó Sirius con seguridad- Lo veo con mi ojo interior- La profesora Trelawney seguía siendo un recurso importante en sus bromas a pesar de que a ellos nunca les había dado clase.

-Pues en mi opinión- le dijo Harry riéndose- tu ojo interior tiene una importante conjuntivitis.

-Juas, juas, juas- escenificó Sirius cargado de sarcasmo por el comentario de Harry- Ese encanto lo ha heredado de mí- le comentó a James acercándose a él como si se le estuviese contando un secreto.

-Te lo voy a explicar otra vez- James se puso de pie exasperado por las payasadas de su amigo pero sin poder reprimir una sonrisa.- Aquí la genética la hemos puesto Lily y yo ¿entiendes? ¡No se puede parecer a ti, por mucha ilusión que te haga!

-¿Cómo que no?-preguntó en una pose ofendida levantándose y pasándole a Harry un brazo por los hombros y apretándole los mofletes con la otra mano- Míralo, tiene tu cara, los ojos de Lily y mi encanto personal

Harry no pudo aguantar más y tuvo que liberarse de su padrino para reírse a carcajadas.

-Pero mira que dices tonterías, Canuto- le recriminó James.

-Yo no tengo culpa de que tu no quieras disfrutar de tu retoño, así que déjame a mí ejercer mis funciones de padrino.

Se colocó muy tieso en pose orgullosa, pero James lo cogió de la túnica y tiró de él hacia las escaleras.

-Mejor gasta tus payasadas con Remus, seguro que las necesita más que nosotros.

Entraron a la habitación con sigilo, desde el pasillo podían oír los sollozos de Remus como aullidos ahogados. Se acercaron a él en silencio, pero cuando se dio cuenta de su presencia levantó la cabeza de sus rodillas y se apresuró a limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano. Ellos no le dijeron nada, sólo se sentaron a su lado y le pusieron la mano en el hombro, así estuvieron un rato. Sabían que todo sobraba, que su presencia ahí era más valioso que cualquier otra cosa en el mundo.

-Ey, Lunático, seguro que no ha ido tan mal- intentó animarle Sirius.

Remus no contestó se abrazó a James, que le había ayudado a levantarse, le abrazó con fuerza para intentar buscar un apoyo donde no lo encontraba. James no le decía nada, sólo le devolvía el abrazo con la misma intensidad pasándole las manos por la espalda. Vamos Remus le susurró.

-Se acabó, para siempre, he dado el resto y se ha ido.-Había empezado a llorar otra vez en el hombro de su amigo, necesitaba desahogarse con alguien.

Sirius los miraba un metro por detrás de Remus, le dolía el alma de ver así a su amigo pero sabía que era incapaz de comprenderle como lo podía hacer James, él nunca había sentido nada parecido por una chica y se sintió un poco fuera de lugar. Cuando estaba a punto de salir de allí, James cruzó su mirada con él y supo lo que estaba pensando así que con un gesto de la cabeza le invitó a que le ayudara. Nadie era capaz de subirles el ánimo como lo hacía Sirius.

-¿Pero qué es esto? No me excluyáis que me deprimo- Sirius se abrazó con un gesto cómico a sus dos amigos en un intento de animar a Remus- Vamos Lunático, sabes que siempre nos tendrás a nosotros. No tenemos las curvas de Andrea pero no se puede tener todo en la vida.

-Gracias- musitó él separándose de sus amigos con una sonrisa, intentando recomponerse- Bajemos a comer algo o se nos hará muy tarde.

*******

Andrea había salido corriendo entre los alumnos que a esas horas inundaban el pasillo. No había aguantado más y había empezado a llorar, había soportado demasiado tiempo, no podía seguir haciéndose la fuerte o acabaría destrozándose. Tenía que llegar a la torre de adivinación, allí nunca había nadie y podía pensar viendo el bosque prohibido a través de la ventana. Lily corría detrás de ella chocándose con unos y con otros, sabía muy bien a dónde iría pero no quería perderla de vista. La conocía perfectamente y sabía que había estado cubriéndose con una coraza, se había negado a contarle sus distintos encuentros con Remus, ella nunca contaba nada hasta que no se sintiese suficientemente segura para saber que no terminaría llorando.

-¿Qué tal?- le preguntó cuando la alcanzó ya sentada en el alféizar de la ventana- ¿qué ha pasado?

Andrea no levantó la cabeza, de vez en cuando se estremecía al inspirar una bocanada de aire que aliviara un poco su llanto. Estaba completamente destrozada pero siguió callada, recordando una y otra vez las palabras de Remus.

-Deja de hacerte la fuerte o terminarás destrozada- Lily se acercó a ella y le acarició el pelo.- ¿Qué te ha dicho?

-Que no puede vivir sin mí, que se está muriendo- susurró ella con la garganta contraída por las lágrimas.

-Pero Andrea-Lily la abrazó con fuerza pero su amiga no le correspondió, siguió con los puños apretados en el filo del hueco de la ventana- Eso es algo muy bonito, no deberías llorar por eso. Deberías estar besándole por haberlo dicho.

-Es que no puedo. No soy capaz-se lamentó ella abrazándose con fuerza contra Lily, que se quedó muy sorprendida porque su amiga nunca mostraba ni un ápice de debilidad.

-Cariño-empezó a acariciarle la espalda para reconfortarla- Tú quieres a Remus más que a nada en el mundo. Deberías olvidarte de todo y perdonarle.

-¡Es que mi cerebro no me deja!- gritó ella con amargura en una lucha interna de lo que quería y lo que hacía.

-Pues por una vez en tu vida ¡Deja de usar el cerebro! ¡Joder, Andrea! No vas a encontrar a nadie como Remus en tu vida. No le dejes escapar. Estáis hechos para pasar la vida juntos.

Ella le miró con absoluta serenidad, tenía los ojos hinchados y rojos por haber estado llorando, pero en ese momento parecía totalmente calmada y triste, muy triste.

-No, nosotros no tenemos un futuro juntos, eso es un privilegio que el destino os ha concedido a James y a ti, pero no a nosotros. Harry ni siquiera conocía mi nombre mientras que Remus es para él como un segundo padre. No sé qué habrá ocurrido pero tengo miedo de que no sea capaz de dejar a un lado sus temores y aprovechar el tiempo que nos quede juntos.

-Ahora la cobarde eres tú- le aseguró Lily en el mismo tono de seriedad. Se mantuvieron un momento calladas, en silencio- ¿por qué no hablas con él?

-Oh, sí, claro- saltó ella con sarcasmo- Si hablo con él, volverá a decirme todas esas cosas y yo no seré capaz de recomponerme. Es que no entiendo cómo puede decir que me quiere por encima de todo y luego decir que sólo somos amigos. ¡No puedo hablar con él!

Lily entrecerró los ojos con una sonrisa maliciosa demasiado parecida a la que usaba James justo antes de hacer sufrir a los slitherin con alguna de sus gamberradas.

-¿Y si hablaras con el adulto? Él tiene que saber por qué hacía todo eso.

-Lily, en serio, la maternidad te está afectando a la neurona que te quedaba.

-Aish, qué graciosa es la niña. No pierdes tu humor ni aunque estés deprimida ¿verdad? - le dio un golpecito cariñoso en la cabeza haciéndola sonreír- Usa el espejo de doble sentido, Harry lo tiene en su baúl. Me ha dicho que nos comunicamos a través de él casi todos los días.

-Es una gran idea- satirizó Andrea con cara de te has vuelto loca- Sólo tengo que entrar a su cuarto, revolver sus cosas y hablar con Remus. ¡oh, sí! Una gran idea.

Lily suspiró en un gesto ser una total incomprendida y le pasó el brazo por los hombros a su amiga, definitivamente estaba pasando demasiado tiempo con los merodeadores.

-Digamos que una madre se reserva el derecho de entrar en la habitación de su hijo- Andrea la miró sorprendida con los ojos muy abiertos- pero sólo en casos desesperados.- se justificó ella.- ¿Qué me dices?

Era la hora de la cena y la sala común estaba desierta, las dos chicas subieron rápidamente a la habitación de los alumnos de séptimo año y buscaron con cuidado en el baúl de Harry el espejo de doble sentido. No hacía falta que nadie les explicara cómo funcionaba porque habían compartido castigo con James y Sirius tantas veces que se sabían todos sus trucos. Andrea lo cogió con las dos manos y se lo puso a la altura de la cara, sentada en la cama de Harry con Lily a su lado. Estaba tan tensa que empezaban a molestarle los músculos de los brazos, tenía la respiración cortada y miraba fijamente el espejo dudando sobre si debía o no hablar con Remus. Realmente tenía miedo a saber qué les podía haber ocurrido.

-Estos es una tontería- Afirmó mirando a Lily con el espejo todavía en alto- No me contará nada.

-¿Desde cuando hace falta que Remus te cuente las cosas para que tú las sepas?- Lily estaba ansiosa por volver a ver al Remus adulto, se colocó con una enorme sonrisa entre la cara de su amiga y el espejo y gritó- ¡Remus Lupin!

Al cabo de unos minutos el cristal del espejo empezó a moverse como si fuese una cascada de agua hasta terminar definiendo el rostro apagado y cansado del antiguo profesor de defensa. Tenía el pelo desordenado, dejando caer algunos mechones por la cara, que daban un toque extrañamente atractivo a sus ojos dorados. Se asombró mucho al ver a Lily delante del espejo con su enorme sonrisa y sus ojos brillantes.

-Aishh Remus, pero qué guapo que estás- le chilló a punto de besar el espejo- Si no fuera porque es luna llena dejaría a James por ti.

Remus no se rió con la gracia que su amiga solía hacerle desde que estaban en el colegio, estaba demasiado preocupado en si había ocurrido algo como para poder reírse.

-¿Estáis bien? ¿ha ocurrido algo?- su voz sonaba desesperada al otro lado del espejo.

-No, nada no te preocupes- siguió Lily en su tono jovial- Bueno, yo me voy, os dejo solos que tenéis mucho de que hablar.

Salió con sigilo haciendo un hechizo a la puerta para que no pudiese abrirse desde fuera. Mientras su amiga se empezó a relajar bajo la atenta mirada serena aunque preocupada de quien siempre había sabido mantener el equilibrio en su vida. Se acomodó un poco en la cama sin dejar de mirar a Remus que parecía deseoso de saber qué había ocurrido.

-Andy, dime qué ha ocurrido.- Pudo ver en sus ojos que era un ruego tan desesperado que sintió ganas de abrazarle para calmarlo.- ¿Le ha pasado algo a Harry?- ella negó con la cabeza todavía incapaz de hablar- Andy... ¿qué te ha pasado? Has estado llorando.

Andrea tuvo que contenerse para no empezar a llorar de nuevo, sentía cómo la lágrimas se acumulaban en sus ojos y un nudo en la garganta impedía que pasara el aire. Se había derrumbado por completo y no se veía con fuerzas para pensar cómo preguntarle todas sus dudas. Sentía que estaba cometiendo una tontería, que había sido sólo una niñería fruto de la desesperación, pero le veía mirarla con el mismo cariño que lo había hecho esa tarde cuando le había dado el ataque y supo que los años no habían sido capaces de borrar lo que sentía.

-¿no te acuerdas de nada de lo que pasó aquí?- le preguntó con la voz tomada.

-No, no me acuerdo. - Remus estaba confuso, no era normal que ella tuviera ese espejo y mucho menos que intentara comunicarse con él- Creo que nos borraron la memoria al volver, pero si te he hecho llorar prefiero no recordarlo- le sonrió dulcemente y Andrea le correspondió con otra sonrisa cargada de amargura.- No creo que le hayas quitado el espejo a Harry sólo para preguntarme eso ¿verdad?

-No, no es sólo por eso. Es que estoy desesperada y no sé qué hacer así que he terminado haciéndole caso a Lily- volvió a intentar sonreír pero casi no se le notó- Hace dos meses que casi no nos hablamos, está siendo insoportable para los dos y esta tarde me has pedido que te perdonara...

-¿Por qué?-le interrumpió él mirándola con una añoranza que era capaz de traspasar todos los kilómetros que los separaban.

-Eso ahora no tiene importancia, el caso es que para mí eso está un poco olvidado, no del todo, pero sé que fue sólo un desliz. Tú quieres que todo vuelva a ser como antes y yo no sé qué hacer.

-No lo entiendo, si dices que me has perdonado ¿por qué no sabes qué hacer?

A través del espejo podía verse a Remus acomodado en un sillón oscuro. Seguía teniendo el rostro apagado y cansado pero al menos ya no reflejaba la preocupación del principio. Ahora todo era añoranza, melancolía y remordimientos.

-No sé si recordarás esto, pero me cansé de tu juego, de que te empeñaras en que fuéramos amigos. En nuestro tiempo todo el mundo sabía que no podían acercarse a mí porque estaba con un merodeador, pero aquí no nos conocía nadie...

-Y te gusta otro chico ¿no?- le interrumpió con una voz demasiado triste teniendo el cuenta los años que habían pasado.

-No creo que jamás sea capaz de querer a alguien como a ti. El caso es que ya no éramos pareja extraoficial, aquí somos sólo amigos y todos nos tratan como eso. Ya no tenemos quince años y ese juego me cansó, quizá intenté ponerte a prueba de una manera inconsciente, el caso es que preferiste ser sólo mi amigo a dar el siguiente paso.

-Todos cometemos errores. A veces en más de una ocasión.

Remus estaba mirando a un punto indefinido y lo que dijo no fue un comentario a Andrea, era más bien un reproche a sí mismo. Un pensamiento en voz alta que le estaba taladrando desde hacía muchos años.

-El problema es que yo quiero entenderte pero no sé cómo. No comprendo por qué tienes tanto miedo, por eso he cogido el espejo, porque quería que me lo explicaras. Tú seguro que ahora lo ves todo en perspectiva y lo entiendes mejor y yo necesito entender el porqué para aceptarlo y no exigirte más.

Remus se quedó en silencio, observándola, intentando recordar lo preciosa que siempre le había parecido. Lo mucho que se habían querido siempre bajo la sombra de no dar el siguiente paso, de sus miedos, de los reproches de ella. Recordó la última vez que la vio, la última vez que la besó y en su rostro se dibujo una sonrisa melancólica. Hacía años que no volvía a acariciar su piel, que no oía su voz. Necesitaba como siempre le había ocurrido que le sonriera cada mañana, que le abrazase para sentir que existía, pero ella ya no estaba y ahora, la dulce Andrea, la que no había tenido que sufrir la pérdida de quienes más quería, le estaba pidiendo ayuda para aprender a comprenderle.

-No sabes lo difícil que es esto. Hoy es luna llena y como cada vez que ocurría yo pensaba que no podías estar conmigo, que nunca compartirías esa parte de mí, que esa parte de mi vida te estaba vetada y eso a mí me asustaba. Tenía miedo de que te cansases, de que no fueses capaz de soportar toda una vida así y al final te fueses con alguien normal...

-Yo no quiero a alguien normal- le interrumpió ella que no había podido evitar volver a derrabar unas cuantas lágrimas silenciosas- Yo quiero alguien especial. Como tú.

Remus sonrió con el recuerdo de ese comentario, siempre le había contestado lo mismo cuando él se lo había explicado años después. Hubiera dado la mitad de su vida por poder abrazarla ahora, por consolarla, por tenerla como la había tenido tantas otras veces.

- Éramos muy jóvenes y yo no confiaba en que la vida me diera la oportunidad de ser normal, así que por mucho que me doliera nunca quise atarte a esta locura. .- se callaron unos segundos analizando el sentido de sus palabras- Sé que durante mucho tiempo te pedí que me esperaras, que aceptases mis condiciones. Sé que huí del compromiso porque eso podía hacerte daño, pero es que yo pensaba que nunca tendría una vida como la que te podrían ofrecer los demás

-No quiero una vida con otra persona, yo quiero estar a tu lado.-sus razones eran perfectamente comprensible, pero ella le había repetido tantas veces que no le importaba que no entendía por qué seguía empeñado en ella- Podría esperar toda la vida que llamaras a mi puerta para decirme que por fin estás seguro, sé que siempre te estaré esperando, por muchas cosas que nos separen, pero también sé que no te voy a tener, que antes o después esto se acabará y por eso quiero aprovecharlo ahora.

-Andy- se detuvo unos momentos admirándola, viendo su fortaleza. Era capaz de asumir que lo suyo no tenía futuro pero aún así luchaba por tener algo- Es cierto que no estamos juntos en el futuro, pero te sigo queriendo como lo hacía cuando tenía diecisiete años. No hay ni un solo día en el que no me convenza más de que eres la mujer de mi vida. No he sido capaz de querer a nadie como te quise a ti. Ahora no tengo miedos y podría compartir toda mi vida contigo porque con la poción no soy peligroso, pero eso no significa que ahora te quiera más que te quería en ese momento.

-Y si tanto me quieres ¿por qué no estamos juntos? Ya te he dicho que sé que te esperaré toda la vida, no me importará mucho lo que ocurra.

-Pasarán muchas cosas después de dejar el colegio y no todas serán buenas. A veces el destino tiene estas cosas y no se puede hacer nada.

Los inundó de nuevo un silencio capaz de desgarrarles, no eran exactamente las personas de las que uno y otro estaban enamorados, pero lo que sentían estaba siendo capaz de traspasarles, de ignorar el paso del tiempo y la distancia que los separaba.

-Te has vuelto muy conformista con los años.- le reprochó ella con tristeza- ojalá pudieras recordar lo mucho que has insistido estos dos meses para que te perdonase.

Al dolor que el recuerdo le estaba trayendo empezó a sumarse un dolor físico que anunciaba el auge de la luna. Al mismo tiempo, Andrea podía oír demasiado movimiento al otro lado de la puerta, lo que significaba que Harry o alguno de sus compañeros no tardaría en llegar.

-¿Te he ayudado?- le preguntó empezando a beber una copa humeante

-No sabes cuanto- por primera vez Andrea pudo sonreír con total sinceridad, había tenido una idea y no pensaba desaprovechar la oportunidad que Snape, sin ser conciente de ello le iba a dar- ¿Esa es la poción de Snape?- él asintió con la cabeza en medio de una mueca de dolor- No sé cómo sois capaces de tomar algo que prepare ése. ¡Sólo faltaba que ahora fueseis amigos!- bromeó ella, pero Remus no se rió.

-Hay cosas que nunca cambian.

La forma en la que le estaba mirando a los ojos le hizo saber que no estaba hablando de Snape, volvía a decirle que la seguía queriendo, que siempre estaría en su vida, pero que seguía siendo un cobarde, quizás por otras razones, distintas a que fuese o no un licántropo. El caso es que nada había cambiado. Quizá en el futuro fuese tan cobarde como él, quizá la vida les hubiese cambiado tanto que no eran capaces de recordar lo que sentían, pero ella estaba dispuesta a cambiar eso en el momento que le estaba tocando vivir. No dejaría que su amor se le escapase entre las manos, por una cuestión de nombres o de orgullo.

-Tengo algo que compartir con cierta persona. Imagina que también lo hago contigo- terminó susurrándole con una mirada cómplice en los ojos.

-Te echo de menos.

-Seguro que yo a ti también.

En la puerta se oyó un ruido. Alguien estaba intentando abrirla desde fuera sin mucho éxito, así que tuvieron que romper la conexión que les estaba envolviendo en ese momento para volver a la realidad.

-Tengo que irme ya. Ya ha terminado la cena y están intentando entrar- se había puesto de pie y mientras con una mano sujetaba el espejo con la otra acomodaba la colcha de la cama para que no se dieran cuenta de que había estado allí demasiado tiempo.

-Sí, está bien. Yo empezaré a transformarme dentro de poco, esto ya empieza a doler. Un beso.

Remus pudo verla mandarle un beso justo antes de que el espejo volviese a aparecer como una cascada de agua, llevándose la última imagen de la niña de su vida.

**************

N/A: Hola a todos!!! Cómo va la vida?? la mía estresadisima por eso aviso q a pesar de que soy consciente de que querreis saber cual es el plan de Andrea, tengo un examen el sabado y no podré escribir, así que paciencia.

Muchisimas gracias por todos los reviews, es que cada día me alegráis mas, sois unos lectores excelentes e intentaré no tardar demasiado pero es q es un parcial y un aburrimiento considerable. jejeje.

Lo último, como siempre, un besazo enorme para mis niñas, espero que no me machaqueis mucho por maltratar a Remus, al fin y al cabo os he mostrado un cachito del adulto. Como siempre vuestras ideas las mejores, y gracias por recordarme esa cancion. Os quiero mucho.CAPÍTULO 19: CUMPLIENDO CONDENA.

Ella guardó rápidamente el espejo y abrió la puerta, chocando de frente con Harry y Ron.

-¡Andrea!- exclamaron los dos a la vez muy sorprendidos- ¿Qué haces aquí?

-Te estaba buscando- intentó parecer lo más inocente posible, pero ellos no se lo creyeron mucho- Entré y se cerró la puerta. No podía abrirla ¿le pasa a menudo?- Harry no era el único que sabía mentir con maestría y Andrea estaba haciendo gala de esa virtud.

-No, no le ha pasado nunca, pero bueno... se habrá atrancado- contestó Harry- ¿Para qué me buscabas?

-Ah! Es que... verás... yo...-se sentía un poco avergonzada porque si le pedía la capa de invisibilidad tendría que explicarle para qué la quería- Necesito tu capa.

-¿Para qué? ¿Qué tramáis las dos?- sabía que Sirius y James no podían estar metido en el lío porque habían salido después de cenar, con la capa de James, en dirección al sauce boxeador para acompañar a Remus.

-No, Lily no trama nada, ella se queda. Es que... es que le tengo que hacer cierta visita a un lobito triste.

Harry sonrió profundamente, se había encariñado con Andrea y le hacía muy feliz ver a Remus tan bien con ella, se preguntaba qué les había pasado para que se separasen, así que no sería él quien evitase una reconciliación entre ellos. Le dio la capa sin hacer más preguntas y la ayudó a salir por el agujero del retrato sin levantar sospechas, como sus amigos hacían con él cuando tenía que salir bajo la capa.

Entró en el sauce boxeador tal y como tantas veces le había explicado Remus. Nunca había estado allí pero el pasadizo sólo tenía una dirección hasta llegara a la casa de los gritos. Avanzó feliz y nerviosa por encontrarle, esperaba que aún no hubiesen salido a sus excursiones habituales. No sabía muy bien qué decirle, realmente a esas horas ya estaría convertido en lobo. Un cosquilleo le recorrió el estómago al darse cuenta de que sería la primera vez que lo vería así, la primera vez que compartiría con él esa noche, aunque no sabía muy bien cómo se lo tomaría.

En la segunda planta de la casa, acurrucado en un rincón con algunas mantas estaba Remus, efectivamente ya convertido en lobo, se tapaba la cabeza con las patas delanteras ignorando sistemáticamente los intentos del perro y del ciervo, que estaban a su lado, por que se levantase y se animara. En un sillón raído estaba perfectamente colocada su ropa. Un ritual más que repetido cada mes en el que había aprendido a hacer las cosas de forma automática. Por suerte, se le estaba dando la tregua de mantener su conciencia. Se prometió a sí mismo no volver a insultar a Snape por haber logrado realizar esa poción que sabía que él nunca podría hacer, las pociones no eran lo suyo. Quizá en ese momento mantener su conciencia humana no era lo que mejor le venía, porque veía una y otra vez las imágenes de Andrea rechazando sus caricias, saliendo de la habitación, pidiéndole que la dejara libre.

James le empujó levemente con sus magníficos cuernos para que se levantara y salieran a pasear, pero Remus siguió ignorándole. Tenía la mirada triste y el cuerpo abatido, sólo quería verla. Algo llamó la atención de los tres animales haciendo que Canuto y Cornamenta se giraran hacia la puerta de la habitación enseñando los dientes y las astas en posición agresiva, habían olido a un humano pero no fueron capaces de identificarlo, Remus, sin embargo, levantó la cabeza con las orejas empinadas y los ojos abiertos, era imposible que ella estuviera ahí, hubiera reconocido su olor en cualquier parte del mundo, pero no podía creerse que fuera ella.

Andrea abrió la puerta y se asustó por unos segundo al ver a sus dos amigos en una pose tan agresiva. Los había visto convertidos en animales pero siempre habían sido tan cariñosos y divertido como en su forma humana. Ahora, sin embargo, cerraban bandas delante de Remus, para que fuese quien fuese quien abriera la puerta no pudiese hacerle ningún daño. Después de la transformación y mucho más en su estado depresivo, no estaba en el mejor momento para defenderse y sus amigos los sabían. Sirius fue el primero en reaccionar dando un ladrido y lanzándose hacia ella en lo que parecía un abrazo. La hizo retroceder un paso al apoyar sobre sus hombros las patas delanteras. Empezó a lamerle la cara cariñosamente mientras movía el rabo y James se acercaba a ella rozando su morro frío con la mano de la chica a forma de saludo.

-Vamos Sirius, quítate de ahí, todavía estoy enfadada contigo.- pero realmente en el tono de su voz que ese enfado no era tal.

Sirius se alejó inmediatamente de ella lloriqueando y acariciándose la oreja con la pata delantera, no se le había olvidado su última advertencia. El gesto le hizo sonreír a Andrea que cuando estaba a punto de pasar la mano por la cabeza de Cornamenta, éste había desaparecido y en su lugar estaba James colocándose correctamente las gafas.

-Vámonos Canuto, parece que esta noche el par de enamorados se han empeñado en fastidiarnos la excursión

Cuando James y Sirius, ambos en su forma humana, se hubieron marchado, Remus se acercó sigilosamente a Andrea, como si tuviera miedo de que fuese un espejismo y que al acercase fuera a desaparecer. Ella se había quedado estática, observando la elegancia con la que andaba y la ternura que seguían irradiando sus ojos color miel, seguía siendo él. Era un lobo precioso con el pelo castaño, del mismo tono que el suyo. Tenía un porte majestuoso, andaba con la misma elegancia y suavidad que siempre lo había hecho, pero ahora con el grácil movimiento de tener cuatro patas. Se acercó hasta ella y rozó su cadera con el morro, tenía los ojos cerrados y aspiraba despacio intentando captar todo su aroma. Ella sonrió al ver esa muestra de cariño, que se parecía tanto a lo que le hacía como humano, siempre le había gustado rozar su cara contra la de ella, porque así decía que notaba que era de verdad y no una mala pasada en un sueño precioso. Remus le mordió la manga de la camisa y tiró de ella hacia las mantas en las que él había estado tumbado.

-¿Eso significa que quieres que me siente?- le preguntó ella divertida mientras tiraba de su manga hacia abajo- Está bien, ya estoy sentada. ¿entiendes lo que te digo?

Remus movió la cabeza una vez para confirmar que entendía perfectamente cada una de sus palabras. Andrea se había sentado entre las mantas con las piernas flexionadas un poco abiertas y Remus se coló entre ellas para acercarse a su cara y empezar a lamerle la cara, mucho más animado que había estado momentos antes. Andrea le abrazó apretándolo fuerte contra ella y pasando las manos por el lomo.

-Uish, qué suavito estás- le dijo zafándose con dificultad de sus lametazos- Pareces de peluche.

Una vez que se pasó la emoción del momento y las ganas de abrazarse sin condición, Remus, sentado entre las piernas de ella, se quedó parado interrogándola con los ojos. No se quejaba en absoluto por que ella estuviera allí, pero quería saber qué significaba.

-Está bien, deja de mirarme así, ahora te cuento por qué estoy aquí. He estado pensando en todo lo que me dijiste esta tarde y en todo lo que nos ha pasado en estos últimos meses y me he dado cuenta de que lo que menos me importaba es que hubieses besado a Lavender. Fue un golpe muy duro, pero sé que las circunstancias en las que pasaron te salvan. No deberías volver a probar el whisky de fuego-como respuesta a la broma de Andrea, Remus le pegó con el morro en la barbilla haciendo que ella se riera más- Ahora en serio, cariño, esta tarde lo he pasado fatal, bueno lo cierto es que llevo dos meses pasándolo muy mal. He intentado hacerme la fuerte, simular que te había olvidado, que ya no me importaba nada de lo que hubiese ocurrido entre nosotros. Sé que he sido muy dura contigo, que te he echado de mi vida y que eso te estaba matando como me estaba matando a mí.

Andrea empezó a ponerse triste, estaba recordando las veces que se había escapado de la habitación en medio de la noche para poder llorar sin despertar a sus compañeras. Le había echado de su vida porque era incapaz de seguir respirando cuando lo tenía cerca. Le quería con toda su alma, le quería tanto que le dolía tenerle cerca, por eso tenía que esconderse detrás de una máscara de mujer fatal que poco a poco la había estado consumiendo. Él le había abierto los ojos. Por la tarde con su inocencia, con su cariño, con el enorme amor que le tenía expresado siempre en las palabras más dulces; después le habló desde la experiencia de un hombre que mira atrás para ver la película de su vida, que se ha entendido a sí mismo y ha superado parte de sus miedos, aunque haya ganado otros por el camino. No podía dejar pasar al hombre que más la querría en su vida, eso ya lo haría en el futuro, según había podido percibir entre líneas en la conversación del espejo. Ahora lo tenía a él, a sólo un palmo de su cara, mirándola como si el resto del mundo no existiera incluso aunque sus ojos estuviesen en el cuerpo de un lobo.

Remus vio que empezaba a ponerse triste, ese silencio, esa mirada. Ya no le importaba nada de lo que hubiera pasado, no se acordaba que a penas unas horas antes él había estado llorando amargamente por su comportamiento, porque no le había dado esperanza, ahora la tenía ahí, tan calmada como siempre, tan tremendamente delicada, la veían más guapa que nunca. Quería consolarla y por un momento se le olvidó que no tenía forma humana, con la pata delantera le hizo unos gestos cariñosos en la cara sacándole una sonrisa que hizo que para él la noche ya hubiese pasado.

-¿Cómo consigues ser siempre tan tierno?- empezó a pasarle los dedos desde la cabeza hasta el morro, sintiendo la suavidad de su pelo- No te lo vas a creer, pero he hablado contigo, por el espejo. Sigues siendo muy atractivo a pesar de rondar los cuarenta. Él me ha ayudado a entenderte, a saber lo que te pasa por la cabeza, que ya me lo podías haber contado tú, ¡¡cabezota!!- le dio en la cabeza un par de golpecitos- y aquí me tienes, compartiendo contigo esta noche, para que no pienses que es una parte de tu vida que me está vetada, para compartir contigo tu dolor, porque me he dado cuenta de que quiero compartirlo contigo todo antes de que esto se acabe. Sí, no pongas esa cara, tú también sabes que lo nuestro no va a llegar a este tiempo, que se perderá en el camino. Pero ¿sabes qué? Me sigues queriendo como ahora, o al menos eso me has dicho.

Se abrazó otra vez a Remus pasando la cara entre su pelo suave, por fin sentía que estaba donde necesitaba estar y con quien necesitaba estar. Remus se dejó abrazar, olisqueando su pelo, sabiendo que volvía a tenerla. ¡Cómo la había echado de menos! ¡Cómo la había necesitado!

-Me he sentido tan sola sin ti, yo también te necesito para vivir, yo también esperaba que me sonrieras por la mañana, sí ya lo sé, no hay quién me entienda, eso es lo que dice James, pero es que he vivido en una contradicción absoluta que me estaba matando. No he dejado de quererte ni un segundo, ni siquiera cuando te vi besar a Lavender de esa forma, me hubiera borrado la memoria para que mi cerebro me dejase volver contigo, pero no me dejaba. Cuando pensaba en perdonarte, en olvidarlo todo, sentía que me estaba traicionando a mí misma y eso me hacía sentirme muy mal.

Remus entendió que no quería oír más, que para él eran más que suficiente el que ella hubiese vuelto, eso lo significaba todo. Le puso la pata en la boca pidiéndole así que no siguiera, que para él todo estaba bien, que lo único que quería era tenerla, no quería ni disculpas ni explicaciones, sólo a ella.

-No, cariño, déjame terminar. Yo he necesitado entenderte y quiero que tú entiendas por qué me he portado así contigo todo este tiempo. Cada vez que me decías todas esas cosas tan lindas todo se hacía más cuesta arriba, me debilitabas hasta puntos que ni yo misma era capaz de controlar y eso me volvía loca, por eso te necesitaba lejos; tenía que pensar, que aclarar mis ideas, tenía que buscar para mi cerebro una explicación coherente de por qué actuabas de la forma en que lo hacías, de por qué no eres capaz de tener una relación conmigo, de por qué huyes del compromiso. Y la he encontrado, por eso ahora no me importa nada, por eso he dejado de hacerle caso a mi cerebro, aunque sólo sea por esta vez en la vida, quiero tenerte, quiero sentirte, quiero que llegue la mañana para poder besarte, para saber que volvemos a ser uno, como siempre.

La noche siguió avanzando para ellos entre caricias y gestos de cariño. Andrea le contó mil cosas que se le ocurrían, cosas sin sentido, monólogos banales en los que lo único que importaba es que ellos estaban juntos, que habían dejado atrás sus diferencias. Recordó para él anécdotas divertidas que solo conocían ellos, momentos en los que habían estado el uno para el otro independientemente del calificativo que se hubieran dado, ¡qué importaba en ese momento que fuesen amigos o que fuesen pareja! Recordando todos esos momentos Andrea se dio cuenta de que realmente lo suyo era un compromiso, no tendrían un futuro juntos pero eso no importaban porque llevaban una vida juntos y sabía por encima de todas las cosas que le seguiría queriendo para siempre.

El ambiente relajado y la buena compañía le jugó una mala pasada a Andrea. Llevaba sin dormir bien desde que habían discutido. Cada noche le rondaban las dudas y el dolor, aliados para que su cuerpo no descansara, así que cuando, al lado de Remus, sus dudas y su dolor la abandonaron, su cuerpo reaccionó en forma de cansancio. Ella quería mantenerse despierta, estar con él, quería acompañarle en su transformación hasta volver a ver su cuerpo perfecto. Sabía que dolía y quería estar ahí para él, pero un bostezo tras otro le anunciaba que sería un trabajo duro. Remus no pudo ignorar su cansancio y sabía muy bien que era lo que pretendía, pero ya daba igual que estuviera o que no, no podía dolerle nada con ella cerca. Intentó tumbarla empujándola con las patas delanteras, pero ella se resistía, pensando que era un juego. Viendo que no funcionaba, mordió el cuello de su camisa y tiro de él hacia abajo; Andrea tuvo que ceder antes de ahogarse y cuando vio que él se acomodaba a su lado y cerraba los ojos entendió perfectamente qué era lo que pretendía.

-No, mi vida, no quiero dormir- hizo el intento de levantarse pero Remus volvió a tirar de ella para acostarla- quiero estar contigo cuando te transformes, quiero...- Como había hecho antes, le tapo la boca con una de sus patas, ignorando sus razones para mantenerse despierta- Está bien, me duermo, pero tú te duermes conmigo.

Remus se acurrucó a su lado observándola dormir, ella no tardó mucho en caer en un sueño profundo en el que se le dibujaba constantemente una sonrisa en la cara. Cuando empezó a notar los dolores en su cuerpo supo que por fin la luna estaba cediendo el paso a la mañana. Se separó de ella con mucho cuidado y dejó que el tiempo hiciese su trabajo. Fue la transformación menos dolorosa de toda su vida, no le quitó los ojos de encima y viéndola dormir tan apaciblemente supo que no había nada en el mundo que le pudiera doler más que tenerla lejos. Empezó a ponerse la ropa con gesto cansado, le dolían todos los músculos y esta vez le había salido un fea herida a lo largo de la columna vertebral. Entre las ventanas cegadas se colaban algunos rayos de luz iluminando levemente la habitación. Vio cómo Andrea empezaba a moverse, haciéndose la remolona para despertar y se olvidó de la camiseta para acostarse a su lado, a apenas cinco centímetros de su rostro.

Sentía que la estaban observando y empezó a abrir los ojos pesadamente sin saber muy bien dónde estaba, cuando pudo enfocar correctamente vio el rostro de Remus mirándola con una sonrisa. Se llevó una decepción al ver que no la había despertado para acompañarle pero tenerle tan cerca y tan feliz hizo que su pecho se expandiera y no pudiese reprimir una enorme sonrisa.

-Has vuelto- le susurró él. Ella afirmó sonriente con la cabeza- ¿Eso significa que eres mía?

-Eso significa que siempre lo he sido.

Estaban tan cerca que sus narices se rozaba, se miraron a lo ojos con tanto cariño que sin darse cuenta se estaban besando despacio, saboreándose para recordar lo que sentían al hacerlo. Tenían la mano en la cara del otro, acariciándose y jugando con el pelo. A veces se paraban y se sonreían en silencio, sólo tenían que saber que estaban ahí, que volvían a tenerse el uno al otro. Desaparecieron los miedos a perderse, las decepciones, las añoranzas, ahora sólo tenían sus besos, el suave roce de su piel. Pasaron así un rato hasta terminar abrazados, Andrea reposaba la cabeza sobre el pecho desnudo del chico mientras se acariciaban.

-¿Te duele mucho?- le preguntó sin levantar la cabeza, muy concentrada en dibujar círculos con su dedo en el pecho de él.

-Contigo aquí, me duele menos.

-No quería dormirme, yo quería estar contigo cuando te transformaras- lloriqueó Andrea sin ningún tipo de reproche en su voz.

-Hubiera sido lo mismo, cariño. Sólo he tenido que mirarte dormir y todo ha sido más fácil. A mí me basta con que estés a mi lado.

-¿Has dormido algo?

-¡Nop! Me he pasado toda la noche mirándote. Estás tan preciosa cuando duermes que no he sido capaz de cerrar los ojos. Tenía miedo de que al volver abrirlos ya no estuvieras; no sabes lo que significa para mí que estés aquí.

Andrea levantó la cabeza y le besó para volver momentos después a la misma posición. Se sentía tremendamente protegida bajo su brazo y le encantaba recostarse sobre su pecho para oír cómo le latía el corazón.

-Remsie

-No me llames así- le dijo divertido- Es lo más cursi que he oído en mi vida.

-¡Tú si que eres cursi!- le contestó ella riéndose- Es que tú me llamas Andy, ¿cómo quieres que te llame?

-Pienso estar tan cerca de ti toda la vida, que no hará falta que me llames.

-¿Ves como eres un cursi?- Volvió a levantarse y le vio con un fingido gesto de enfado- Pero yo te quiero muchísimo así.

-Te he echado mucho de menos todo este tiempo- siguió él ya más serio enredándose los dedos con su pelo largo- Llegué a pensar que no volverías, que nunca habías sido mía; pero cuando te olí esta noche todo cambió. No podías haber venido hasta aquí solo para seguir pisoteándome.

-Me ha hecho mucha ilusión verte transformado en lobo. He sentido que entraba en tu vida sin tapujos, sin puertas cerradas. Ha sido muy importante para mí. Además- su tono de voz se volvió más alegre- eres un lobo muy bonito, tienes un pelo muy suave- le pasó la mano por el pecho donde lo único que podía resaltar eran los pectorales, ahora un poco más desarrollados después de la noche de lobo- Ahora como no tienes ni un pelo.

Se irguió deprisa esperando la reacción de Remus que se lanzó hacia ella por haberse reído de él, pero cuando la alcanzó solo pudo abrazarla con fuerza al ver su sonrisa. Cuando la tenía entre sus brazos empezó a hacerle cosquillas a modo de venganza, no hacía falta esmerarse mucho porque en ese momento cualquier caricia en algún punto estratégico hacía que no pudiera parar de reírse. Lo mejor de esos momentos eran lo bien que lo pasaban juntos, podían decirse las cosas más tiernas o darse las caricias más apasionadas y acabar siempre riéndose de corazón.

-Esta noche, - empezó a decir Remus apoyado sobre su mano, mientras ella estaba tumbada- mientras dormías, he visto la luna reflejada en tu rostro y por primera vez me he dado cuenta de esa belleza de la que habla la gente.

-¡Pero qué meloso eres!- Andrea se sentó y le dio un beso bien merecido por su comentario último.

Volvieron a quedarse en silencio mirándose a los ojos con tanta profundidad que podían tocarse el alma y sentirse más felices. En un momento el rostro de Remus se ensombreció, como si se hubiese dado cuenta de algo muy grave.

-¿Qué ocurre?- preguntó ella preocupada.

-No entiendo que no estemos juntos en el futuro. No soy capaz de comprender que esta tarde te dijera por el espejo que te sigo queriendo como ahora, pero que no seguimos juntos. Yo ahora soy incapaz de tenerte lejos. Casi me muero en estos meses y podía verte todos los días.

-A mí me pasa lo mismo, pero me has dicho que pasarán muchas cosas en los años que vienen y que no todas son buenas.- respondió ella pensativa.

-¿Y si ya no me quieres?-fue más un pensamiento en alto que una pregunta, el miedo a que fuese ella quien no quisiera su relación.

-¡Escúchame una cosa!- se puso de rodilla y le agarró la cara con las dos manos- Siempre, ¿me oyes bien? Siempre te voy a querer como ahora, lo sé, me lo dice el corazón y tú sabes que muy pocas veces le hago caso. Remus, no sé qué es lo que pasará, pero te juro que me pasaría la vida a tu lado, me encantaría despertarme cada día como hoy, contigo junto a mi cara, pasaría contigo todas las lunas llenas durante el resto de mi vida y curaría tus heridas al día siguiente, sería capaz de dejar que me mordieras para estar más cerca de ti.

-¡No digas eso nunca!- le recriminó él enfadado.-No sabes lo que esto. Nunca me vuelvas a decir algo así-su voz se había calmado y le hablaba casi en un susurro, casi un ruego.

Le sonrió con cariño y afirmó con la cabeza recordando sus palabras, estaba totalmente convencido de que aquello que les separase tendría que venir de fuera. Se había conmovido y la abrazó tan fuerte que perdieron el equilibrio, cayendo sobre las mantas. Entre risas, él, que había quedado encima, empezó a acariciarle el pelo, pasando sus brazos por debajo de los de ella, observándola maravillado como si estuviese contemplando un ángel.

-Tendré que agradecerme a mi versión adulta que estés aquí hoy.-bromeó- No sé qué te habrá dicho para que me entiendas.

-Sólo me ha contado lo que te pasa por la cabeza. Ahora sólo quiero que estemos juntos, me da igual que seamos pareja o que sólo seamos amigos.

-¡Oh, cariño! Cuánto me alegro de oír eso.

A pesar de que las palabras de Andrea eran totalmente sinceras, Remus la conocía demasiado bien como para no notar el deje de decepción que se albergó en sus ojos al ver que él no la contradecía y asumía un nuevo compromiso. Durante el tiempo que habían estado separados, sólo había pensado en recuperarla, en conseguir que ella le perdonara su infidelidad, pero se había olvidado del miedo que sentía siempre a comprometerse. Eso no tenía importancia, lo que contaba era que ella le volviese a decir que le quería para que todo su mundo volviese a girar. Quizá ese miedo había sido su final y era una cosa tan tonta, ¿qué importaba ahora asumir un compromiso más si al fin y al cabo lo suyo era una relación, se llamase como se llamase?

-¿Sabes una cosa?-le preguntó él besándole tímidamente los labios- Últimamente no me gusta mucho eso de que seamos amigos- ella abrió los ojos sorprendida- No quiere decir que no quiera ser tu amigo. Quiero ser tu amigo- le dio un beso en la cara- quiero ser tu novio- la besó en la nariz- quiero estar contigo toda la vida aunque mi yo futuro diga que no- siguió besándole en cada centímetro de la cara en cada cosa que le decía- quiero ser el que se despierte contigo cada mañana. Tu consuelo en los momentos tristes, tu apoyo cuando lo necesites. Algún día, me gustaría ser tu marido- ella sonrió más tontamente que en cualquier momento de esa noche mientras él seguía concentrado en besar toda su cara- Quiero ser el que forme una familia contigo, aunque eso signifique que tengamos que adoptarla. Quiero ser... mmmm... ¡Ah, sí! Quiero ser tu amante - esta vez el beso se lo dio en el cuello intentando hacerle cosquillas mientras él se reían.

Siguieron riéndose con su juego habitual de hacerse cosquillas y besos exagerados, Andrea se sentía completamente feliz y le miró a los ojos una de las veces que se encontraron.

-¿De verdad?- él le afirmó con la cabeza- ¿Y tu miedo al compromiso?

-Tengo más miedo a perderte.

Volvieron a besarse con ternura, pero cada vez sus besos se volvían más largos, más apasionados y sus manos cada vez se movían a más velocidad acariciando todo su cuerpo. Una de las veces que Andrea pasó la mano por su espalda, sintió cómo él se estremecía y ahogaba un quejido. Rápidamente se separó de él y salió de debajo de su cuerpo para examinarle preocupada la herida.

-Tenemos que ir a la enfermería ahora mismo. ¿has visto cómo tienes la espalda? ¡Madre mía! ¿por qué no me has dicho nada?

Remus la tomó con una mano como pudo y volvió a empujarla sobre el suelo sintiéndose enormemente feliz por su preocupación. Definitivamente era la mujer de su vida, podía besarle con la misma pasión que se preocupaba por él, ignorando por completo lo que ella pudiese desear en ese momento sólo para que él estuviese bien.

-Ven aquí- la colocó de nuevo en la misma posición, sintiendo su cuerpo debajo de él aunque ella se resistía un poco a seguir con todo aquello mientras él no se cuidara- Llevo dos meses sin poder acariciarte, sin poder besarte- empezó a besarle el cuello y a bajar por el escote que dejaba abierto la camisa- dos meses sin ver tu cuerpo, sin poder tocarte, sin tenerte. No pienses que una herida en la espalda me va a hacer dejar escapar este momento, señorita Markins. No voy a dejarte salir de aquí en muuuuuucho tiempo.- le dijo con una mirada cómplice.

-¿Cómo puedes pensar en sexo después de lo de esta noche?- le preguntó riéndose, pero encantada por todo lo que le estaba diciendo.

-Es que Sirius me ha dicho esta mañana que o me reconciliaba contigo o acabaría perdiendo mi toque de merodeador y, claro, te veo aquí, tan bonita, diciéndome que me quieres mucho y no me puedo resistir.

-¡Qué tontín eres! Aish - le abrazó por el cuello y lo estrujó mucho cortándole casi la respiración- Si es que te quiero más....- se quedaron un rato observándose, no hacía falta que se dijeran nada, porque sabían todo lo que se habían dicho antes en momento similares, pero el cerebro de Andrea nunca la dejaba actuar con la libertad que le hubiese gustado- ¡Un momento! ¡Tenemos clase!

Remus empezó a reírse y se dejó caer sobre el hombro de ella, definitivamente su racionalidad no tenía límites. Levantó la cabeza y la miró, vio que no estaba bromeando y que parecía preocupada por faltar a clase así que la besó repentinamente.

-Yo no tengo que ir hoy a clase- puso la misma carita de pena que Sirius les había enseñado a usar- Estoy convaleciente y necesito a alguien que me cuide. - empezó a levantarse muy despacio para dejar a Andrea que se pusiera de pie- ¡Una pena! Tendré que buscar a alguien que quiera cuidar de mí.

Andrea se quedó pensativa ante la broma de su chico, al fin y al cabo Lily cogía unos apuntes muy buenos y sabía de buena tinta que se los pasaría ella misma a mano si le contaba lo que había ocurrido esa noche. Le pasó los brazos por el cuello y tiró de él hacia abajo haciendo que los dos volvieran a reírse a carcajadas.

-¿Dónde vas tú?- le preguntó ella simulando estar enfadada- Ya te he dicho que si alguien tiene que cuidarte, lo hago yo.

-¿Y las clases?- la tentó él

-¿Qué clases?- Andrea se hizo la tonta con una sonrisa perversa dibujada en su cara que hizo que él la quisiese aún más

Empezaron a besarse el cuello sabiendo que eso era el comienzo de todo, se acariciaban cada rincón de su cuerpo pero la ropa empezaba a estorbarles.

-No me gusta tu camisa- le susurró en el oído mientras hacía esfuerzos por desabrocharla.

-Pues me la regalaste tú- ella le dejaba que se peleara con los botones mientras le mordía el lóbulo de la oreja para ponerle más nervioso.

-Seguro que no- le contestó con esfuerzo deshaciéndose del último botón y dejando ver el sostén negro que llevaba- Si te la hubiese regalado yo, la habría comprado con cremallera ¡Qué duro es esto de los botones!

-Es que has perdido la práctica.

-Pues tendrás que dejar que me entrene.

Se quedaron de rodillas uno frente a otro, abrazados y sin camisa. Sintieron cómo al mismo tiempo un escalofrío recorría su espalda cuando las pieles de sus cuerpos se rozaron. Era como sentirse en casa. No había nervios, no era la primera vez que ocurría, sólo había mucho cariño y muchas ganas de demostrarse cuanto se querían a base de caricias y besos. El corchete del sostén no supuso para Remus el mismo problema que los botones y se libró de él enseguida dejando visibles sus senos pequeños y redondos, pero al contrario de lo que hubiera pensado él mismo, cuando la vio así no se lanzó a besarla sino que la contempló con una enorme sonrisa; la miró a la cara y vio que ella hacía lo mismo. La estrechó con todo el amor del mundo, ignorando que pudiesen estar más o menos excitados, era suya, por fin sentía que de verdad era suya.

-No me dejes nunca- le susurró en el oído.

Se besaron cada poro de la piel que tenían al descubierto despertando aún más los sentidos y aumentado su placer y sus ganas por empezar, era un juego cruel y a la vez maravilloso que siempre les había gustad. Quitarse los vaqueros sólo fue objeto de más risas. Si lo sé me traigo el chándal fue el comentario de Remus cuando sus vaqueros ajustados se empeñaban en quedarse colocados perfectamente en sus piernas. Sabían que era el origen de nuevas historias para contarse cuando estuvieran aburridos y se reían con nuevas bromas que sólo ellos podían entender. No tenían ninguna prisa y disfrutaban de cada momento acariciando cada pedazo de piel que se les mostraba hasta quedarse totalmente desnudos.

Remus la recostó otra vez y tomó sus manos, sentado a horcajadas sobre sus caderas, empezó a besarlas subiendo hasta uno de los hombros para pasar después al pecho, se regodeó acariciando con sus labios cada centímetro y mirándola cómo se contraía por el placer. Siguió explorando su cuerpo mientras las manos seguían jugando a encontrarse, el momento de las palabras había desaparecido, ahora sólo se oían gemidos suaves y respiraciones demasiado profundas cuando se tocaba algún punto sensible. Ella intentó cambiar la posición para ser ahora quien devolviese los mismos placeres que él le había dado, pero él negó con la cabeza y volvió a pasar los brazos por debajo de los de ella dejándola presa bajo su cuerpo. No había problemas de comodidad, sus cuerpos habían crecido el uno junto al otro, habían aprendido juntos y conocían cada detalle del otro.

Le retiró los largos mechones de la cara para dejarla libre y así besarla sin problemas, sus respiraciones ahora algo más tranquilas iban al mismo ritmo. Los besos eran suaves, intercambiados con miradas cómplices, se pasaban la lengua por los labios haciendo que tuvieran que mordérselos para evitar el cosquilleo. Andrea empezó a sentirlo con la misma pausa y tranquilidad con que la estaba besando, con el mismo cariño. Le acariciaba la espalda, teniendo cuidado de no alcanzar su herida, pero clavando cada vez más los dedos en ella en la medida en que lo sentía más adentro. De los besos suaves y las caricias pasaron a movimientos cada vez más rápidos, no había problemas de coordinación; sus sonrisas eran rotas por algún gemido demasiado alto o alguna respiración ahogada por el placer.

Sabían que faltaba poco para conseguir su clímax y Andrea, sirviéndose de la debilidad de Remus en ese momento, consiguió cambiar la posición dejándole a él abajo. Así podían verse en perspectiva, acariciarse con más soltura, sin dejar sus movimientos rítmicos que les estaban llevando a placeres que llevaban mucho tiempo sin probar. Andrea se acercó para besarle el cuello, y él al sentir su respiración agitada aumentó el movimiento consiguiendo que ambos acabasen sintiendo lo mismo al mismo tiempo.

Con la respiración muy agitada Andrea se dejó caer cansada sobre su pecho. Ahora llegaba la otra parte, volvían las caricias, los momentos de intimidad y de cariño en los que se habían prometido tantas veces que se querrían siempre. Andrea se sentía como un bebé en brazos de su madre cuando le oía el corazón, tan acompasado, tan suave, como él. Él la tenía abrazada con una mano mientras con la otra le acariciaba el pelo.

-Nunca te he sentido tan mía como hoy.

Ella levantó un poco la cabeza y le besó en los labios para volver otra vez a la misma posición.

-¿Te he contado alguna vez la leyenda de las almas gemelas?-

-Creo que no. A ver cuéntamela.- Le encantaba oírla hablar teniéndola así, completamente desnuda apoyada en su pecho como si fuera la criatura más indefensa de la naturaleza.

-Se dice que en el principio de los tiempos, todos tenían dos cabezas, cuatro piernas y cuatro brazos, pero una sola alma. Una vez, un mago muy poderoso, tuvo una discusión terriblemente fuerte con su otra mitad y deseó poder tenerla lo más lejos posible, así que para poder calmar su rabia, cogió la varita y separó a todos, uno a uno, en dos mitades que formaron dos cuerpos perfectos, pero tenían el alma divida. Así que desde entonces cada persona está condenada a buscar la otra mitad de su alma para sentirse completa.

-Yo creo que ya hemos cumplido nuestra condena .


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N/A: Hola a todos!! vale, vale, confieso, me he retrasado mucho, pero el sabado tuve un examen y por mucho que me fastidiara tenía que estudiar, pero al menos me ha quedado la satisfacción de que me ha gustado como ha quedado el capi (por cierto el examen muy bien jejeje) y espero que a vosotros tb os guste, ya os había dicho que estos serían muy romanticos pero como siempre digo, todo tiene su porque.

Muchas gracias, como siempre, por leerlo y por vuestros reviews q cada día me gustan más, si es q sois mas ricos!! jajaja. Y como siempre un beso para mis niñas, bueno eva el tuyo mas pekeño, pero es q te tengo un poco castigada jajaja, Peke no te preocupes al final lo superaremos ya veras jajajajaja.

Ah!! atencion!! (soy una pesada lo se) pero las cosas buenas hay q compartirlas jaja, el q tenga tiempo q lea la segunda guerra de Evix Black y Volví y Always on my mind de Pekenyita. Son la leche!! jejeje

Y ahora me voy, muchos besitos y nos vemos en 10 dias (lo siento)CAPÍTULO 20

Febrero entró con un nuevo partido de quidditch, esta vez protagonizado por Griffindor, que se jugaba ante Ravenclaw el primer puesto en el campeonato. El buen trato que los leones tenían con sus vecinos de mesa se vio en esa semana mucho más que roto. No se llegaba a los problemas que planteaban los slitherin pero las águilas no se amilanaron ante las claras expectativas de derrota que se les presentaban. Sirius se había tomado tan en serio el choque frontal, que hacía dos semanas que no mantenía sus típicos coqueteos con una chica de séptimo de la casa ravenclaw que bebía los vientos por él, fijando su atención en una compañera de habitación de Ginny, que se pasaba el día pavoneándose frente a la mayoría de las chicas por su compañía.

Durante la comida, Sirius había intentado arrastrar a James con él, pero estaba demasiado concentrado en una discusión con Harry, así que se vio obligado a separar con un gran esfuerzo a Remus de Andrea para arrastrarlo a la esquina de la mesa en la que Susan, su nueva chica, estaba sentada con algunas de sus compañeras de curso. Andrea se pasó la mitad de la comida mirando, de manera disimulada, los movimientos de su ahora novio, que se veía poco menos que acosado por las amigas de Susan, sin embargo se sintió completamente feliz y se prometió a sí misma compensarle en cuanto le tuviese cerca, cuando vio cómo él la señalaba al mismo tiempo que las chicas la saludaban cortés pero disgustadamente.

Después de aguantar durante un cuarto de hora la más que sabida sarta de frases vacías y sin sentido que Sirius usaba con cada nueva conquista, Remus empezó a mostrar su desesperación, pero aún le costó un tiempo que su amigo la captara y se despidiera con un guiño que terminó despertando las carcajadas del licántropo.

-Joder, Lunático, ¿no puedes estar separado de Andrea más de media hora o qué?- recriminó Sirius mientras Andrea recompensaba a Remus con un beso por el gesto que había tenido antes.

-¿Envidia?- fue su respuesta socarrona mientras se acomodaban en los huecos que había entre Andrea y James.

-¿Yo? - contestó Sirius haciéndose el ofendido - No sé por qué iba a tenerla.

-Porque eres el único merodeador sin novia- se unió Andrea.

-Un momento, pequeña.- chuleó Sirius- dudo mucho que Peter tenga novia. Además que sepáis los dos que cada mañana bendigo mi suerte por mantenerme alejado del... del... - hizo gestos como si la palabra le diera alergia.

-¿Amor?

-Eso. Yo soy... ¿cómo te diría?- se movió un poco su elegante melena adquiriendo una pose interesante- Soy patrimonio de la humanidad.

Sus dos amigos estallaron en risas. Definitivamente el ego de Sirius y sus payasadas no conocían límite. Remus le estampó la servilleta en la cara antes de ponerse a comer aunque con cierta dificultad, porque era incapaz de parar de reír. Sirius al ver que sus amigos se estaban cachondeando de él intentó buscar ayuda en James, pero continuaba discutiendo con Harry delante de un pergamino.

-¿Me quieres escuchar de una vez?

James parecía estar desesperado, le arrancó la pluma a Harry y empezó a dibujar en el pergamino un montón de flechas. El diagrama del campo de quidditch era un absoluto caos incompresible para cualquiera excepto para los dos.

-James, no podemos hacer eso. No tenemos necesidad de hacer un esfuerzo tan grande contra Ravenclaw y además no tenemos tiempo para practicarlos.

-Han mejorado mucho- protestaba James- Los he estado observando todo el mes.

-Escúchame.-Harry con el gesto cansado después de media hora de discusión luchaba con todas sus fuerzas por controlarse y evitar una bronca con su padre- Yo los llevo observando muchos años, la única que falta del equipo anterior es Cho.

-¿Quién es Cho?

James no entendía esa cordialidad en medio de su discusión sobre tácticas de quidditch y le pilló de sorpresa.

-Su primera novia- aclaró Ginny desde el asiento de enfrente con un considerable gesto de enfado.

Harry suspiró desesperado y se tapó la cara con las manos. Esa mañana había discutido con Ginny, porque otra vez había vuelto a hacer referencia a su posible muerte frente a Voldemort. Sabía que se acercaba el final de su vida en el colegio y ni podía ni quería estar continuamente bajo el halo protector de Dumbledore. Eso unido a los continuos mimos de su madre a la que cuanto más cerca tenía más echaba de menos, había incrementado su afán por enfrentarse a Voldemort y con ello la asunción de que posiblemente moriría en el intento. A Ginny le había costado demasiado hacerse a la idea de que una profecía le señalaba como asesino o asesinado, como para que ahora él quisiese acelerar todo el proceso. Se sentía cansado, a penas había dormido, así que intentaba alargar el mayor tiempo posible el tener la cara tapada, sin ver a nadie con los ojos cerrados. Sabía que en cuanto volviera a la realidad, Ginny tendría una importante cara de enfado y James seguiría ahí para mortificarle más con sus maravillosas ideas sobre quidditch y sobre lo cabezota que él era por no aceptarlas.

Efectivamente no se equivocaba, después de un momento de desconcierto por el choque entre la pareja, James volvió a sentirse impaciente por continuar informando a Harry sobre el equipo de Ravenclaw y las necesarias técnicas que él altruistamente había ideado para conseguir ganar.

-¿Estamos a lo que estamos o qué?- Tiró de las manos de su hijo obligándole de nuevo a hacerle caso.- Me importa poco quien fue tu primera novia ¿sabes? Estamos hablando de quidditch

-Ella era la buscadora y el nuevo no es mucho mejor que ella.- le respondió Harry aburrido y cansado.-Y ahora escúchame. Tú buscas un estilo de golpeadores que no tenemos, ni Jack ni Andrew juegan como tú quieres y eso no puede cambiarse.

-Pues cámbialos a ellos- respondió sin pensar James harto de no poder salirse con la suya.

-No voy a echar a ninguno de mis jugadores ¿entendido? Ya sé que ellos no son los gemelos pero no son malos y lo que tengo claro es que no puedo decirles que se vayan solo porque a ti no te gusten.

-¿Por qué has tenido que sacar la sensibilidad de Lily?- reclamó en un gruñido, llamando la atención de Sirius, que les observaba divertido.- ¡Esto es quidditch!

-Mira James, no he dormido, he discutido con Ginny y tú no me estás dejando comer y para colmo estás cuestionándome como capitán. Te agradezco la ayuda pero me estás desesperando ¡Este no es tu equipo!-terminó gritándole harto de su insistencia.

-¿Y a vosotros qué os pasa?- medió Sirius sonriente mientras empezaba a degustar su plato.

-¡Nada!- contestaron los dos a la vez algo más alto de lo normal. Al ver que por primera vez se ponían de acuerdo en algo en aquella mañana se miraron enfadados y empezaron a comer.

-El imbécil éste no quiere hacerme caso- le gruñó James peleándose con unas patatas- Es un orgulloso cabezota que no quiere aceptar mis ideas ¡y son muy buenas!.

Harry le miró irritado escuchándole hablar con Sirius sobre su cabezonería. No podía cambiar su equipo de la noche a la mañana, sus ideas podían ser buenas y no las quería ignorar, pero no podía ir metiendo las narices en asuntos ajenos intentando imponer sus teorías. Nunca echaría a uno de sus jugadores por muy padre suyo que fuera James.

-A ver que piense- Sirius luchaba con todas sus fuerzas por no carcajearse en la cara de su mejor amigo que se veía considerablemente enfadado con la negativa de Harry- Has dicho que la sensibilidad era de Lily ¿no?-se paró unos segundo como si estuviese meditando, aumentando de esa manera el enfado de James- Es probable, pero yo diría que lo de orgulloso cabezota es herencia Potter.

En ese momento y al ver cómo a James empezaban a salirle chispas de los ojos empezó a reírse sin control; Harry, que había oído su observación y que era conciente de que realmente su padre no sólo le había dejado en herencia una cámara llena de oro también empezó a reírse; así que James se vio entre los dos, completamente enfadado, sabiendo que era el objeto de sus burlas.

-¿Ahora le defiendes?- le gritó a Sirius fuera de sus casillas.

-Vamos, Cornamenta, siéntate. Sólo era una broma- tiró de él para volver a colocarlo en la silla luchando de nuevo consigo mismo por no reírse- No es que no te defienda, pero entiende... que él es mi ahijado.

Sirius sabía que eso enfadaría a James aún más y ese día se había levantado con ganas de picarle, de manera que volvió a reírse otra vez, hasta que James le dio una colleja tan fuerte que le dejó totalmente despeinado.

-Lo siento, Harry- empezó mientras se acariciaba la zona del golpe- pero si cada vez que te defienda el orgulloso cabezota éste- tuvo que retirarse un poco para evitar un nuevo golpe de su amigo- me va a dar una leche como la que me ha dado, voy a tener que delegar mis funciones en Remus. Yo sé que no habrá padrino como yo, pero necesito conservar mi melena intacta para nuevas víctimas.

El comentario de Sirius como siempre consiguió distender el ambiente, y aunque James se veía todavía ofendido con Harry por no hacerle caso, pasó de los gruñidos ofensivos a la ignorancia, así que Sirius intentó hacer que su amigo entrara en razón a través de alguna broma cargada del extraño sentido común del que a veces solía hacer gala.

-No deberías torturar al chico con tus tácticas- empezó a hablar Sirius como el que no quiere la cosa, llamando la atención de los dos Potter- Tienes que entender que nadie es tan buen golpeador como yo.

Sirius siguió comiendo como si no hubiese dicho nada y James hizo intentos de estrellarse contra el plato, se estaba riendo, porque sabía que detrás de todo ese alarde de egocentrismo no había nada, solo era sus típicas bromas buscando hacerle reír y quitarle su mal humor, pero Harry, sin embargo, se quedó muy extrañado ¿Sirius golpeador? ¿desde cuándo?

-¿Has dicho que eres golpeador?- Se asomó por encima de la cabeza de su padre en uno de sus intentos por estamparse contra el plato- ¿Y yo por qué no me he enterado nunca de que estabas en el equipo?

James se quitó a Harry con un gesto brusco del brazo, todavía algo enfadado con él, aunque más relajado.

-¿Éste? ¡Éste que va a estar en el equipo!. Lo suyo es comentar el partido.- le explicó James dándole unos golpecitos en la espalda a Sirius que había adoptado su pose de no hay otro como yo.-Nunca ha querido entrar en el equipo.

-Es que me lo paso mucho mejor comentando el partido. Menos entrenamientos y más diversión.- Se puso de pie y cogió la mochila en un movimiento elegante- Pero Griffindor no conocerá nunca a uno como yo.

Los dos chicos Potter se encontraron a sí mismos haciendo el mismo gesto de desesperación divertida. Ese encuentro fue diferente para uno y para otro, así mientras que James se apresuró a recomponerse y aumentó su gesto de orgullo y enfado, Harry sintió cómo otra vez se le cogía un pellizco en el estómago al ver que encontrarse de frente con su padre era como mirarse a un espejo que mostraba otra realidad. Era tan parecido y al mismo tiempo tan diferente que podía sentirlo increíblemente lejos a pesar de tenerlo a unos centímetros.

El día no se estaba presentando muy prometedor. El desayuno había venido acompañado por la discusión con Ginny, que se auguraba con una complicada reconciliación, y la comida había sido protagonizada por los continuos desplantes de James, al que la noticia de que era su hijo sólo le había servido para llamarle Harry y para morderse la lengua antes de algún comentario insidioso cuando Lily estaba cerca. James y Remus salieron del comedor dejándole por fin solo ante su plato de comida, aunque se le había quitado el hambre. Odiaba toda aquella situación, odiaba su vida, afrontarla de cara le había llevado a que ahora Ginny no se sentara a su lado a reconfortarle por el comportamiento de su padre. Su padre, ¿cómo podía llamarle así? James no era nada más que una mala calcomanía de lo que su padre debía haber sido, ¿por qué se empeñaba en seguir negando la realidad? Sabía que mientras James no supiese lo ocurrido nunca le vería más allá de ser un chico arrogante que se parece demasiado a él.

-Hola, mi vida, te veo muy triste hoy.

Harry levantó la mirada del plato y se encontró con la bonita sonrisa de una pelirroja que intentaba reconfortarle con algunas caricias dulces. No era Ginny, pero no lo lamentó ni un segundo. Era su madre y a ella sí que podía llamarla así, había asumido el papel sin condiciones ni preguntas y cada día se esforzaba en demostrarle que era una pieza central de su vida.

-No estoy teniendo un buen día, pero muchas gracias por preguntar.

-No quiero verte triste.-Se levantó con su mochila en el hombro y le dio un beso en la cabeza después de revolverle el pelo- Tenemos clase dentro de un rato ¿vienes?

Se fue con Andrea y Lily a clase de encantamientos sin despedirse de Ginny. Le hubiera gustado saber dónde se habían metido Hermione y Ron, pero justo después de preguntárselo entendió que preferiría no saberlo, así que con una sonrisa se metió en la conversación sobre el último hechizo que iban manteniendo las dos chicas. Al pasar por el vestíbulo se habían encontrado a James y Remus manteniendo lo que parecía una conversación muy interesante acerca de Sirius, al que no dejaban de señalar, mientras hablaba con Patricia Brown.

-Estos son los últimos deberes- Sirius le entregó unos pergaminos a la chica que parecía muy satisfecha con el negocio.- ¿Qué te hace pensar que no los he hecho mal a propósito?

-Por mucho que quieras fastidiar a Ravenclaw esta semana, Barker, sé de buena tinta que te encantará retransmitir conmigo el partido del sábado. Así que no te arriesgarías.

-Ahí me has pillado- se rindió Sirius con una sonrisa que para nada se parecía a las forzadas poses de modelo guaperas que usaba con sus ligues.

-Bueno pues nuestro trato termina aquí. Creo que McGonagall no entenderá muy bien la caída empicada de mis trabajos. Se había acostumbrado a ponerme un excelente en todos. ¿Cómo puedes ser tan bueno en transformaciones?

-Me encantan, para nosotros es como un juego de niños.

-¡Qué suerte! Lo mío son las pociones. Aunque Snape... ¡oh! ¡Cómo le odio!.

-Ya tenemos algo en común. Snivellius siempre ha sido un gilipollas.

-¿Y tú de qué lo conoces? Has dicho que siempre ha sido, se supone que tú eres nuevo.

Sirius se vio en un apuro. Había hablado de más pero es que el tema de Snape le perdía, le odiaría siempre de eso podía estar seguro.

-¿Yo? De nada, es una forma de hablar. Esto... que estoy pensando que si quieres podía ayudarte con los trabajos. Ayudarte, no hacértelos, que ya mismo empezarán los exámenes y no quiero trabajo extra.

-¿Estás ligando conmigo?- preguntó Patricia descaradamente.

Sirius se vio completamente sorprendido por esa pregunta. Bajo ningún concepto se esperaba esa reacción porque realmente no estaba intentando ligar con ella y eso le preocupó. ¿Por qué no estaba intentado ligar con Brown?

-No- respondió más asustado que extrañado- Sólo quería ayudarte, no sé, como... ¿como amigos?

¿Amigo de una chica? Él no tenía más amigas que Lily y Andrea y sólo porque estaban dentro del campo de sus amigos. Para él esa respuesta fue todavía más chocante que para Patricia que vio cómo su descaro le había dejado algo cortado. Nunca esperó que el gran Anthony Barker se intimidara con esa broma. Para ella no tenía mucho atractivo, era el típico tío guapo que no veía más allá de su perfecta nariz, pero tenía que admitir que se reía con él y con sus absurdos intentos de creerse conocedor del mundo femenino y sobre todo tenía que admitir que necesitaba su ayuda en transformaciones.

-A ver que me aclare. - se recompuso ella- ¿Estás diciéndome que vendrías conmigo a la biblioteca para ayudarme a hacer los trabajos de McGonagall?-Sirius asintió, no era una cosa tan extraña ¿no?- Por mí perfecto, pero creo que tendrías que pagarme un plus de peligrosidad.

-¿Un plus de qué?

Ella comenzó a reírse por lo descolocado que se había quedado con la broma, pero realmente se estaba arriesgando bastante al aceptar su ayuda.

-De peligrosidad- le aclaró- Yo tenía una apacible vida hasta que tú decidiste comentar los partidos conmigo. Desde entonces hay alguna pirada que se dedica a insultarme por hablar contigo. De verdad que no sé que te ven- murmuró para sí.

-¡Eh! Sin insultar- le recriminó ofendido.

-Bueno, bueno, por mí encantada de aprobar transformaciones, pero espero que no me vea mucha gente sentarme contigo en la biblioteca. Aprecio mucho mi vida.

-Eres una exagerada.

-Hola, mi amor.

Susan se había abrazado a Sirius sin ninguna consideración de que él estuviese hablando con alguien. Con una mirada dura a Patricia la chica se enganchó a su brazo intentando marcar su territorio. Sirius estaba un poco perdido, entendía que Susan se pusiese celosa si lo veían tonteando con alguna chica, pero es que era Brown, no se le había pasado por la cabeza ligar con ella.

-¿Ves lo que te decía?

Los dos empezaron a reírse para disgusto de Susan, que la siguió un rato con una mirada furibunda mientras ella se alejaba acompañada por un chico de su casa.

-¿Quién era esa?- le preguntó enfadada.

Sirius se bajó hasta ponerse a la altura de su cara poniéndole las manos en cada hombro. Estaba divertido por la reacción, no entendía que las mujeres fueran tan celosas, él nunca se había puesto celoso con ninguna chica, creía que era una reacción idiota que no valía la pena. Había chicas a montones y él tenía siempre lo que quería, así que si alguno de sus ligues estaba con otro chico entendía que ya era hora de abrirse a nuevos campos y dejarle a ella hacer lo que quisiese.

-Brown.-le respondió simplemente ignorando sus celos- Ginny me ha dicho que está con vosotras en...

-Herbología, ya lo sé. No me gusta esa chica.

-Oh vamos Susan.- Le pasó el brazo por los hombros y la acompañó a donde estaban sus amigas esperándola para ir a Cuidado de las Criaturas mágicas.- No seas celosa ¿quieres? No me gusta la gente así.

Le dio un beso en los labios que levantó la envidia de alguna de sus amigas y se dirigió a donde Remus y James parecían querer hacerle una radiografía con la mirada.

Los dos chicos habían estado observándole hablar con Patricia y parecían muy preocupados por su reacción, no les oían pero veían que no estaba haciendo uso de sus miradas cómplices ni de sus sonrisas programadas, estaba hablando como si hablara con alguno de ellos dos y eso no era normal en él. Aunque solo lo hiciese para pasar el rato o para bromear, Sirius siempre intentaba ligar con la chica con la que hablase.

-¿No te has dado cuenta de que Sirius no está tonteando con Brown?- le hizo ver James a Remus mientras le observaban.- Eso no es normal en él.

-No, no lo es. A lo mejor es que no le gusta- Los dos se miraron sopesando lo que acababa de decir Remus llegando a la misma conclusión.

-No- contestaron a dúo.

-A Sirius no le importa que le gusten o no para intentar rendirlas a sus pies. Es una cuestión de orgullo.- comentó James conocedor mejor que nadie de las técnicas de su mejor amigo, al fin y al cabo las habían practicado juntos.- Y esa chica no es fea.

-Yo diría que es muy mona.- aclaró Remus.

-Pero él ni si quiera la mira como si fuera una chica. - James meditó uno segundos y pareció muy preocupado.- ¡Un momento! ¿Y si se está enamorando?

-¿Sirius?- se sorprendió Remus- Pero si acaba de decirme que él es patrimonio de la humanidad y que bendice su suerte por no enamorarse.

-Ya pero Sirius es así. A mí me suena muy raro ¿Cuánto lleva con Susan?

-Creo que ayer hizo dos semanas ¿Por qué?

-¿Tanto? Esto ya es preocupante. Desde que está con ella no lo he visto tontear con otras y míralo- señaló a Sirius que en ese momento parecía algo cortado por lo que le acababa de decir ella- Si ni siquiera está poniendo la sonrisa esa de pasta dentífrica que usa él con las chicas.

-No sé, James, Sirius es tan raro para estas cosas. Mira ahí viene Susan.

Lo vieron saludarla y despedir a Patricia como si nada entre risas. Ellos estaban muy preocupados, Sirius enamorado era toda una novedad pero podía haberse esperado a llegar a su tiempo para hacerlo. Además Susan podía tener un cuerpo precioso pero no era el tipo de chica con el que nadie pudiese tener una conversación interesante y aunque Sirius alardeaba continuamente de sus payasadas, ambos sabían que le gustaba mantener conversaciones coherentes.

-¿Qué os pasa chicos?-Sirius se acercaba a ellos sonriente- Dejad de mirarme así o pensaré que queréis tener algo conmigo.

Los dos chicos no se rieron de la broma, siguieron examinándolo algo preocupados. Tener a Sirius enamorado sería lo más desconcertante desde que James cayó rendido ante Lily, pero el problema se planteaba con que esa chica no podría volver a su tiempo.

-Sirius- le habló James un poco preocupado- ¿Por qué no has intentado ligar con Brown?

Sirius se quedó completamente sorprendido con la apreciación de su amigo. A veces, parecía que le leía la mente. Se había sorprendido a sí mismo por no hacerlo pero no pensaba que eso fuera una cosa preocupante.

-No sé- se encogió de hombros confuso- No me ha salido, no lo he hecho concientemente, simplemente no lo he hecho.

-¿No sería posible- le apuntó Remus con precaución- que te estuvieras enamorando de Susan?

Si sus amigos pretendían asustarle lo estaban consiguiendo. Para Sirius, siempre orgulloso de que el amor no era para él, que sus dos mejores amigos creyesen que podía estar cayendo en sus redes era mucho más que preocupante. Sirius sabía que no había nadie que les conociese como ellos y si tenían esa idea quizá era por algo, aunque no estaba dispuesto a aceptarlo hasta que fuese algo completamente irremediable.

-¿Pero qué habéis comido?- preguntó a la defensiva, aunque algo desconcertado aún- El amor y yo somos incompatibles ¿recordáis?

-Perfectamente- le contestó James riéndose un poco, sabía que Sirius jamás lo aceptaría- Pero con Susan has incumplido tu regla de los diez días y te recuerdo, que también era incompatible conmigo hasta que se cruzó Lily.

Remus y James no quisieron seguir mortificándole con sus teorías, más por convencerse a sí mismos de que realmente era imposible que Sirius se enamorase precisamente de Susan que por convencerlo a él. Ahora lo importante para James era centrarse en el partido y conseguir que Harry pusiese en práctica alguna de sus tácticas de defensa. Se pasó toda la hora de encantamientos pasándole mensajes a Harry sobre sus ideas y lo productivas que serían si le hiciese caso, hasta que Harry se dio media vuelta completamente irritado para decirle que era imposible conseguir aplicar todo eso a un día del partido.

Cuando acabó la clase salió huyendo de allí con Ron y Hermione a quienes les había pedido que le siguieran rápido para evitar nuevos acosos de su padre. Abrió la puerta con más fuerza de la que pensaba y se encontró con Ginny de frente; sintió que quería abrazarla para que así se le olvidara la paliza que le acababa de dar su padre, pero recordó que estaba enfadado con él así que fijó su vista en Andrew Kirke que estaba a su lado. Parecía preocupado y Ginny, a pesar de que estaba enfadada, también mostraba un gesto de preocupación. Seamus y James se detuvieron junto a ellos al ver a sus dos compañeros de equipo allí plantados sin saber cómo dirigirse a Harry.

-¿Pasa algo?

-Jack ha tenido un pequeño accidente en clase de cuidado de las criaturas mágicas y la señora Pomfrey ha dicho que tardará cuatro días en recuperarse. No podrá jugar mañana el partido.

Andrew habló como si no le saliera la voz del cuerpo, sabiendo que a Harry esa información le sentaría increíblemente mal. Se quedó bloqueado, no tenía sustituto para él y no había forma de hacer pruebas el día de antes de un partido. Si perdían contra ravenclaw tendría realmente complicada la victoria. Harry sintió que ese día todo se estaba volviendo en su contra y que necesitaba irse a la cama y taparse con una manta hasta que todo hubiese pasado, pero vio a sus cinco jugadores observarle, esperando una respuesta.

-¿Piensas hacer algo, capitán?- le preguntó James marcando mucho su cargo.

-¿Seguro que no puede jugar?- se volvió a Ginny buscando algo de apoyo y aunque se la veía distante su voz le sonó muy reconfortante.

-Es imposible, le he preguntado mil veces a Pomfrey y dice que no puede ser.

Se apoyó en la pared sopesando sus posibilidades, por suerte Ron estaba a su lado y con su mano en el hombro todo parecía menos pesado. Tenía que buscar un golpeador rápido y entrenar con él hasta que fuese capaz de acoplarse al equipo, pero griffindor no podía presumir precisamente de tener buenos golpeadores; sin embargo se le vino una idea a la cabeza.

-Te necesito- Sirius se quedó pasmado con las palabras de Harry y no supo como reaccionar- ¿No dices que eres el mejor golpeador de griffindor? Pues demuéstralo. Juega mañana con nosotros.

Sirius se echó a reír como si le hubiesen contado un buen chiste, se rió tanto que tuvo que doblarse un poco agarrándose el estómago, pero al levantarse se encontró con la cara de James y Harry que les miraban con la misma expresión de súplica, esa misma expresión que siempre usaba James y a la que Sirius no podía resistirse.

-Quitad esa cara ahora mismo. Me cuesta resistirme a una, imaginaos a dos- inmediatamente y a la vez los dos Potter aumentaron su cara de pena, con la correspondiente desesperación de Sirius- Que no, por favor. Mañana no puedo dejar que Patricia

-¿quién?- interrumpió James

-¡Brown!, no puedo dejar que comente el partido sola, ella es de ravenclaw y seguro que nos perjudica.

Harry le empujó un poco para retirarlo del resto de gente de griffindor que se había agrupado a su alrededor y James le siguió sabiendo que en ese momento lo único importante era el equipo.

-Sirius, por favor, necesitamos que juegues-Harry lo acorraló contra la pared con cara de más necesitado- Olvídate de comentar el partido, si no juegas con nosotros, no hará falta que Brown nos perjudique, porque perderemos irremediablemente

-Vamos, Canuto, tú y yo juntos en un partido. Hazlo por mí.

-No

Empujó a los dos chicos para pasar entre ellos, pero volvieron a cogerle cada uno por un brazo para colocarlo otra vez contra la pared. Los dos habían llegado a la misma conclusión, había llegado la hora del chantaje emocional.

-¿Ni si quiera para ayudar a tu ahijado?

-¿Ni si quiera para ayudar a tu hermano?- le apoyó James

Sirius se rindió irremediablemente ante el par de rostros suplicantes que le tenían entre la espada y la pared, sabiendo que sería incapaz de resistirse.

-¿Sabéis? Para ser dos tíos que se llevan tan mal, tenéis mucho atino para poneros de acuerdo aunque solo sea una vez en la vida

-¿Lo harás?

Harry y James se miraron otra vez sorprendidos al encontrarse en esa nueva coincidencia pero en ese momento lo importante era convencer a Sirius así que daba igual que pusiesen la misma cara de pena o que hablasen al mismo tiempo

-Sí, pero me debéis una grande. ¡Los dos!

-Entrenamos en una hora- le dijo James soltándole.

-No- corrigió Harry con rotundidad- los demás entrenan en una hora, nosotros empezamos ya. Os quiero en el campo en menos de diez minutos y tú, coge la escoba de Jack.

En el entrenamiento, muy a su pesar, Sirius tuvo que entrenar muy duro bajo la estricta dirección de los dos Potter. Realmente no era malo, aunque tampoco era tan excelente como él decía, sin embargo, James tuvo la satisfacción de aplicar sus tácticas porque Sirius sí era el tipo de jugador que podía llevarlas a cabo. Era rápido y mucho más intrépido que Jack, pero ponía menos entusiasmo y se cansaba pronto, seguramente porque realmente sólo estaba ahí para hacerle un favor a los dos chicos. Cuando llegó el resto del equipo Harry mandó a James que se encargara del entrenamiento de los cazadores y el guardián mientras él trabajaba con los dos golpeadores.

-¿Qué has dicho?- preguntó James totalmente confundido al escuchar la orden de Harry.

-Eres el capitán de tu equipo ¿no? Pues hazme ese favor.

James se fue volando hacia los postes donde Ginny, Seamus y Ron estaban esperando. Harry, todavía quieto sobre su saeta de fuego, sonrió para sí sabiendo que acababa de ganarse un punto con su padre ¿Cuánto duraría esa vez?

Después de que el entrenamiento acabase, más tarde de lo habitual, Harry se quedó con Andrew y Sirius (no sin tener que soportar sus continuas quejas porque había quedado con Susan) para seguir entrenando. James después de ducharse y coger sus cosas con la intención de volver al castillo como el resto del equipo, se arrepintió y decidió montarse en la escoba y subir a acompañar a su mejor amigo.

-¿Qué haces aquí? - le preguntó Harry al verlo a su lado, mientras con su varita iba lanzándoles las bludger a los dos golpeadores

-No pensarías que iba a dejar que aplicases solo mis tácticas ¿no?

James empezó a corregir movimientos olvidándose de que no era el capitán así que Harry tuvo que ponerlo en su sitio un par de veces, aunque lo hizo con mucho tacto procurando no enfadarle. Al final llegaron a la sala común cuando casi no había nadie. El equipo, por mandato de Harry, tuvo que acostarse temprano y ellos después del duro entrenamiento no tardaron en subir a las habitaciones.

La mañana se presentó perfecta para el quidditch, el primer fin de semana de febrero les brindó con un sol de justicia y un cielo despejado, que Harry agradeció enormemente. No estaba de humor para jugar bajo un aguacero. El equipo tenía que bajar junto y desayunar bajo su supervisión, cosa que a James ya le sentó mal en el primer partido y que volvió a recordarle en cuanto se sentaron a la mesa. Definitivamente tenía la sensación de que su padre había venido desde el pasado con la única finalidad de torturarle psicológicamente. Sirius se pasó todo el desayuno poniéndose de pie para buscar a Patricia, no había tenido tiempo de decirle que no podría comentar el partido con ella, aunque estaba seguro de que sabría la causa en cuanto salieran al campo. Susan, no parecía muy contenta con esa actitud, ella se había sentado a su lado portando una estupendísima cara de superiorioridad, pero Sirius estaba demasiado tenso por el partido y demasiado concentrado en buscar a Patricia.

Los primeros en levantarse de la mesa fueron los chicos del equipo, que entre vítores y aplausos de sus compañeros de casa, se dirigieron al campo junto a Lily, Hermione, Andrea y Remus. Hermione iba jugando con la escoba de Ron mientras éste la tenía abrazada por la cintura y le comentaba algo sobre su miedo a volar. Harry hizo una pequeña vista panorámica y se fijó en que todos estaban muy bien emparejados excepto él, que tenía que ver cómo Ginny avanzaba uno pasos por delante demasiado triste y concentrada como para pensar que se debía al partido. Quiso acercarse a ella y convencerla de que no merecía la pena estar enfadados, de que necesitaba que le sonriese para encontrar fuerzas para seguir, pero sabía que ella todavía no había asimilado que él quería acabar cuanto antes con toda aquella guerra que sólo traía noticias de muerte y destrucción.

-¿Te acuerdas de nuestro trato?

Sirius le pasó el brazo por los hombros conforme caminaba hacia él, después de haberse quedado el último esperando a Patricia y besuqueándose con Susan.

-No Sirius, no me acuerdo del trato- le respondió con voz cansada, casi molesto por haberle interrumpido de sus pensamientos.

-Te dije que sacaba a Ginny de mi campo de visión, pero que si le hacías daño se rompía el pacto.

Harry se paró y lo miró fijamente, estaba cansado y furioso y no tenía ganas de tener que discutir con Sirius, bastante tenía con tener que hacerlo con su padre como para perder uno de los pocos apoyos que tenía para defenderle.

-Te diré una cosa- le señaló con el dedo en modo amenazante.- Si por alguna casualidad, querido padrino- le remarcó muy bien su cargo de tutor para recordarle la razón por la que él se había alejado de Ginny- se te ocurre acercarte a Ginny con una de esas sonrisas tuyas de repertorio premeditado, me encargaré personalmente de que te quede una cara tan fea que ninguna chica de este colegio querrá verte ni de reojo ¿Lo he dejado suficientemente claro?

-Joder, que violento te pones antes de un partido- bromeó Sirius- Palabra de merodeador de que no la tocaré, pero... haz algo. Cuando esta triste no está bonita.

Harry le empujó bromeando cuando estaban a punto de llegar a los vestuarios. Al menos había conseguido sacarle una sonrisa. Cuando todo eso acabase le echaría mucho de menos, de eso estaba seguro.

El equipo entró en el vestuario y los demás se acoplaron en las gradas dispuestos a animarles. Lily y James se quedaron en la entrada a los vestuarios charlando, cuando Sirius y Harry llegaron. Empujó a Sirius para dentro para que fuera cambiándose y pretendió hacer lo mismo con su padre.

-Vamos James, empezaremos pronto.

-Aish, mi niño- Lily se abrazó a él con cariño- ten cuidado, no hagas el amago de Wroski ese ni nada que sea peligroso ¿entendido?

-Vamos Lily, esto es quidditch, no te pongas tonta- comentó James molesto.

-Oh, ¡Qué ilusión! Mis dos chicos favoritos jugando juntos. -Abrazó por el cuello a cada uno con cada brazo- Qué bonito, padre e hijo. Si es que me voy a emocionar.

James sintió que se estaba ahogando con el abrazo de Lily y se salió con un poco de dificultad tosiendo para poder respirar mejor. Harry tenía la misma sensación pero a él le dio igual. Siguió acurrucándose entre los brazos de su madre, que se estaba dejando llevar por sus instintos maternales.

-Ay mi niño, eres más rico. Ten mucho cuidado,- empezó a darle besos en la cara mientras le revolvía el pelo.

-¡Oh! Vamos mamá.

Harry y Lily volvieron a quedarse bloqueados unos segundos al oír esa palabra, igual que había ocurrido la primera vez. Harry no había vuelto a llamarla así desde ese día, pero es que esta vez le había salido sin querer, se estaba viendo como un niño pequeño, tenía la sensación de estar en el primer día de escuela y su madre le estaba abrazando para darle ánimos. No lo pensó, simplemente salió y a Lily pareció sentarle muy bien porque le abrazó aún más fuerte. Pero igual que ocurrió la primera vez, James llegó para interrumpirles.

-¿Pero tú eres tonto?- tiró de Harry para separarlo de Lily- Que no la llames así, ¡si es que vaya dos!. No quiero ni pensar lo que va a ser mi casa con dos mimosos como vosotros.

Harry entró en el vestuario un poco avergonzado. Se había sentido débil en los brazos de su madre y había sucumbido ante sus caricias dejándose llevar por recuerdos que se suponía ya tenía superados. Le estaba afectando demasiado tener a Lily cerca, aprovechaba a su lado cada minuto, pero eso le traía vacíos del pasado que cada vez se hacían mayores y necesitaban más cariño para llenarse.

-¿Y yo no tengo beso?- le preguntó James un poco molesto cuando Lily ya se marchaba.

-Como dices que no quieres que seamos mimosos- le miró con los brazos cruzados fingiendo estar ofendida.

-Vamos pelirroja, un besito de buena suerte.

Se acercó a ella y la abrazó por la cintura con media sonrisa hasta besarla suavemente. Estaba muy concentrado sacándole una sonrisa y no se dio cuenta de que el tiempo estaba pasando y que su equipo le esperaba. El quidditch era lo más importante del mundo, pero Lily estaba por encima de todas las cosas.

-James, que te estamos esperando

Sirius había salido ya con la túnica de golpeador puesta para llamar a su amigo y mientras se cambiaba a toda velocidad Harry les repetía una y otra vez lo buenos que eran, la de veces que habían ganado contra ravenclaw y las tácticas que llevaban preparando toda la semana.

Ravenclaw no había salido aún, pero ellos saltaron al campo en orden colocándose en una fila capitaneada por Harry. Esperando a que el otro equipo llegase, Harry empezó a hablar con Krum que estaba a su lado. A su izquierda tenía a James y junto a él a Sirius, que parecía muy nervioso. Miraba a uno y otro lado y se fijó en el sitio donde él debía estar, comentando el partido, dando rienda suelta a su inmejorable elocuencia y no allí a punto de recibir más de un golpe. No es que le importase que una bludger le tirara de la escoba, sólo que sentía que ese no era su sitio.

Dio una patada en el suelo e ignorando los gritos de James y de Harry salió volando hacia el palco en el que Patricia comentaba el partido seguida de cerca por McGonagall. Parecía un poco molesta y buscaba algo por uno y otro lado.

-¿Me buscabas?

Sirius empezó a dar vueltas con la escoba alrededor de Patricia que al verlo empezó a reírse a carcajadas. Ya se había dado cuenta de porqué no estaba comentando el partido con ella. Llevaba la túnica de quidditch y una escoba así que no iba precisamente preparado para comentar el partido sino más bien para ser el objeto del comentario.

-No creas que te librarás de mí. Todavía me debes otro partido.- ella aceptó sonriente, realmente Sirius estaba muy loco- Y cuidado con lo que dices, te vigilo de cerca.

Quitó su tono amenazador y con un sonorus elevó el tono de su voz.

-¡Buenos días a todos! Soy Anthony Barker y siento comunicaros que no voy a poder comentar el partido hoy, pero os dejo en buenas manos. Brown no lo hará mal siempre que no se pase con griffindor- el estadio empezó a reírse. Era divertido ver a Sirius girar sobre su escoba alrededor del palco de comentarista- Hoy seré el jugador, pero no os acostumbréis, volveré en el siguiente partido.

-¡Barker!-gritó McGonagall- O bajas ahora mismo a unirte al resto del equipo o Krum va a dar el partido por perdido.

Sirius hizo un gesto con la mano para acatar las ordenes y bajó como una flecha hacia el campo donde se ganó un golpe de James y de Harry por hacer peligrar el partido. Krum dio el pitido inicial y durante la primera media hora les costó centrarse. El equipo había estado siempre muy compenetrado y tener ahora un jugador nuevo de sopetón les extrañaba a todos. Los cazadores, excepto James, se sentían algo desprotegidos al dejar su seguridad en manos de un jugador desconocido y Andrew, por mucho que hubiese practicado el día de antes con Sirius, resentía la relación que tenía en el campo con su mejor amigo. Sin embargo Sirius supo suplir esas carencias con calidad, se movía a grandes velocidades siguiendo las instrucciones que Harry y James le habían dado la noche anterior y que James no había parado de repetirle en el dormitorio hasta bien entrada la madrugada, para desgracia de Remus.

Iban ganando 100 a 90, los cazadores de ravenclaw, tal y como había dicho James, habían mejorado bastante y Harry empezaba a sentir grandes necesidades por encontrar la snitch. El buscador de ravenclaw era bastante peor que había sido Cho y se dedicaba a perseguirle de lejos pues su escoba no era tan rápida como la Saeta de fuego. Harry la divisó volando tan ricamente en el centro del campo, allí se estaba debatiendo casi una batalla de borrones de colores que pasaban a gran velocidad pasándose la quaffle y evitando los golpes de las bludger, pero no se lo pensó, se lanzó en picado hacia ella sin mirar a los lados, tenía los ojos fijos en la pequeña pelota dorada y no se relajó hasta que no sintió el batir de sus alas entre los dedos. Pero justo en ese momento de satisfacción sintió un tremendo golpe que le hizo caer de la escoba. No había muchos metros y el cesped estaba blando, pero se hizo daño. Miró a su lado, resintiéndose del dolor en el brazo, para saber quién había sido la persona con la que había chocado y vio a James intentando ponerse de pie con dificultad.

-¿Eres gilipollas?- masculló con una nota de dolor- ¿qué hacías en medio del campo?

Harry no quiso contestar, estaba demasiado feliz para hacer caso a su padre, solo levantó la mano en la que sostenía la snitch y ambos sonrieron al oír el estruendo del estadio en el momento en el que Patricia, muy a su pesar, daba la victoria a griffindor.

James le ofreció la mano completamente satisfecho de la victoria. El quidditch había sido capaz de ponerles de acuerdo para convencer a Sirius y ahora estaba haciendo que se olvidara del rencor que sentía hacia su hijo. Harry no lo dudó y la estrechó antes de que llegara el resto del equipo a felicitarle. Fueron a penas unos segundos pero los dos sintieron que el tiempo se detenía en ese momento, la extraña sensación de calidez que habían tenido al tocarse en la tregua de navidad había vuelto y los dos sabían que el otro lo había sentido, pero no les dio tiempo a hacer ningún comentario al respecto porque en seguida Ron y Sirius se habían tirado sobre ellos haciéndoles caer de nuevo algo desconcertados, aunque completamente felices por la victoria.

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N/A: Hola!!!! Aish q por fin lo terminé!! Ya han vuelto los Potter y parece que con alianza, pero... no apostaria mucho porque fuese a durar jeje. Espero que os guste mucho ah!! y muchísimas gracias por los reviews, ¡Que ilusion me hacen! jejeje

Bueno, pues un besazo a todo, por supuesto y como siempre con especial cariño a mis niñas favoritas (peke eva, si es q os quiero masss). Nos vemos mas o menos pronto.

BESOSCAPÍTULO 21: NO ME PIDAS COSAS IMPOSIBLES.

Unos días después del partido contra ravenclaw, el acontecimiento de Hogwarts fue la llegada del día de San Valentín. Ese año no cayó en fin de semana por lo que no hubo salida a Hogsmeade y los alumnos tuvieron que profesarse sus cariñitos dentro del castillo, pues fuera hacía un temporal de frío que nos les dejaba ni si quiera entrenar al quidditch. En general, las chicas del colegio se volvieron más cariñosas con sus respectivas parejas, para Hermione fue una empresa complicada pues a ella no le gustaba mucho eso de andar besuqueándose con Ron delante de todos; Andrea y Remus, sin embargo, no variaron mucho su forma de actuar con los días anteriores pues ya eran cariñosos de por sí, aunque sin llegar a ser tan empalagosos como Susan estaba siendo con Sirius. El pobre llevaba huyendo de ella los últimos dos días, quería dejarla pero no encontraba una sustituta que le gustase así que seguía por pasar el rato, según advertía él cada vez que James le recordaba su posible caída en el amor; el problema era que a él esas cosas tan románticas no le iban nada. Para James y Lily ése era un día como cualquier otro, llevaban ya casi un año juntos y nunca les había hecho falta una fecha señalada para quererse o para hacerse un regalo sorpresa, así que se propusieron no dejar a Sirius solo para evitar que Susan le secuestrase y le obligase moralmente a hacerle un regalo y tener una velada romántica, cosa que a él ni si quiera se le había pasado por la imaginación.

Durante el desayuno Sirius se tuvo que esconder debajo de la mesa al ver entrar a Susan con un enorme lazo rojo en pelo y una sonrisa radiante, así que suspendió la conversación que estaba teniendo con Harry y se coló entre las piernas de sus amigos manteniéndose ahí hasta el final del desayuno para deleite y risa de los demás. Se estaba agobiando demasiado con todo aquello, Susan le gustaba, era una chica muy guapa e inteligente, bueno no, muy inteligente no es que fuese, pero era guapísima y con eso ya tenía bastante. A pesar de estar agobiándose tanto por los comentarios de sus amigos del alma con por la insistencia de ella en celebrar el día de los enamorados, palabra que ya de por sí le causaba sensaciones muy cercanas a la alergia; Sirius no la dejaba y no lo hacía aunque su cabeza se empeñaba en recordarle que llevaban tres semanas juntos, lo cual era mucho más que un record en su carrera amorosa, pero por raro que eso pareciera no le apetecía estar con otras chicas y eso le estaba empezando a volver un poco loco.

Si en general todas las parejas o rolletes que andaban por el colegio habían elegido ese día para demostrarse cuanto se querían, Harry tuvo que volver a pasar el desayuno acompañado de sus amigos viendo a Ginny de lejos. Desde el día que habían discutido por su misión en la vida, Ginny se había consumido como una vela y hacía todo lo posible por evitar cualquier encuentro con su novio. Para Harry eso estaba siendo una verdadera tortura. Desde el partido contra ravenclaw y esa extraña sensación que había vuelto a tener con su padre parecía que las cosas entre ellos se habían calmado un poco, podía ser casualidad o quizá el hecho de que en esos días Lily estuviese con uno u otro casi todos las horas posibles, pero el caso es que James no había tenido un enfrentamiento considerable con él desde hacía bastante, claro que eso no significaba que hubiese demostrado tampoco ningún signo de cordialidad.

Ron había tenido el detalle de no decirle a Harry absolutamente nada de su hermana, él y Hermione intentaban pasar con ella el tiempo que podían y animarla un poco pero ninguno había querido dar su opinión acerca del tema. La discusión que podían haber tenido había pasado a un segundo plano, ahora lo único que quedaba era afrontar el fondo del asunto con valentía. La primera vez que Harry habló con su novia sobre el contenido de la profecía ella no había pensado qué era realmente lo que significaba, en ese momento solo importaba estar a su lado y que pudiese superar la muerte de Sirius, pero las cosas se habían asentado y Harry había salido del bache mirando de cara lo que el destino le tenía preparado así que para ella encontrarse de golpe con sus palabras y con la posibilidad de perderlo se había convertido en un obstáculo imposible de superar.

Durante el año anterior con la profesora de defensa contra las artes oscuras que Dumbledore había contratado expresamente para prepararle para su futuro enfrentamiento con Voldemort, Harry se había entrenado día y noche, mejorando en todas las asignaturas hasta el punto de saber que los EXTASIS sería tan solo un trámite; pero con el nuevo curso y la salida de su profesora, él había adoptado el papel de preparador con sus amigos y se había concentrado tanto en desarrollar al máximo su nuevo poder. Sin embargo, desde que había revelado su secreto y sobre todo desde que había recogido los frutos en forma de cariño de que Lily supiese que ella era su madre, el esfuerzo de Harry por entrenarse rozaba casi la locura, pero por desgracia parecía también acercarse mucho a la venganza, y eso era algo que Ginny temía por encima de todas las cosas.

Sirius se encargó todo el desayuno, hasta que Susan apareció por las puertas, de darle una buena paliza a cerca de su comportamiento con Ginny. Él no tenía ni idea de por qué habían discutido y Harry solo le decía que era por una tontería, así que eso solo acrecentó el que cada vez que tenía una oportunidad le insistiese en que como no lo arreglara con Ginny, empezaría a actuar, olvidando el trato que tenía con él o las amenazas que pudiese hacerle; realmente después de saber su parentesco con Harry jamás bajo ningún concepto intentaría algo con Ginny, pero no le gustaba verles así a ninguno de los dos.

Harto de la insistencia de su padrino y sobretodo harto de no tener a Ginny cerca decidió que tenía que hablar con ella lo antes posible. Las clases de esa mañana se le hicieron largas y aburridas, así que salió rápidamente de la última clase de encantamientos, metiendo los pergaminos de cualquier manera en la mochila para llegar cuanto antes al aula de transformaciones donde Ginny estaba teniendo clase.

-Gin, ¿podemos hablar?- ella lo miró sorprendida cuando la cogió de la mano e hizo el intento de irse pero él apretó con más fuerza- por favor.

-Harry, no me apetece hablar de esto ahora.- Harry hizo aparecer entre su mano y la de Ginny un tulipán naranja y le dedicó una sonrisa suplicante- No creas que me vas a ganar con un tulipán.

-Todavía me quedan las rosas, los claveles, los lirios... Vamos cariño, escúchame por favor.

-Deberías juntarte menos con Sirius y con tu padre- terminó aceptando Ginny- Está bien.

Todo el mundo estaba comiendo así que no encontraron a nadie por los pasillos hasta la sala común. Harry se sentó en el sillón que había tomado casi en propiedad desde su primer año y su novia le imitó sentándose a su lado jugando con el tulipán que le acababa de regalar.

-Ginny esto no puede seguir así, tú estás todo el día triste y yo no puedo soportar verte así, por no decir que Sirius un día de estos me va a terminar matando por no pedirte perdón- ella sonrió con el comentario- Así estás mucho más guapa. Mi vida, de todas las personas que supieron el contenido de la profecía fuiste la única que no se alarmó, seguiste adelante con una sonrisa dándome tu apoyo. No entiendo por qué ahora te está afectando tanto.

-El año pasado estabas tan triste que sabía perfectamente que no serías capaz de ir en busca de Voldemort, pero ahora... no sé... el otro día te vi tan seguro y tan decidido de todo que me asusté. ¿Por qué tiene que ser ahora?

-Cariño, no he dicho que vaya a ser ahora, solo te dije que no podía estar toda la vida huyendo de Voldemort y que antes o después esto pasaría, yo solo estoy afrontando mi vida.

-¿No te das cuenta de que lo has hecho desde que Lily te trata como una madre? No te enfades, pero parece más venganza que heroicidad.

-No yo no soy ningún héroe y tampoco lo hago por venganza. Si por mí fuera huiría de todo y buscaría un sitio donde ser yo, solamente Harry, sin nadie señalando mi cicatriz, sin nadie intentando matarme.

-Pero es que yo no quiero que te arriesgues ahora- suplicó Ginny

-¿Prefieres que lo haga cuando salgamos del colegio, cuando tengamos una vida? ¿Prefieres que me ocurra como a mis padres y deje huérfano a mi hijo? - Harry le habló con la madurez de quien sabe que su vida puede durar muy poco y quiere aprovecharla al máximo- Yo solo quiero vivir mi vida al máximo, no pienso dejar que me maten. No soy tonto y te quiero demasiado como para dejar que otro ocupe mi lugar a tu lado.

-Prométeme que no harás una locura, prométeme que no buscarás los problemas.

Ginny se abrazó a su cuello con desesperación, tenía tanto miedo de perderlo, de que se le escapase entre las manos que no sabía si sería capaz de soportarlo. Sus palabras no le habían reconfortado en absoluto, todo seguía igual, con Harry perfectamente convencido de que tendría que enfrentarse a Voldemort, pero al menos se había dado cuenta de que lo que tenía que hacer era pasar a su lado el máximo tiempo posible.

-Parece mentira que no me conozcas, pelirroja, yo no busco los problemas, ellos me persiguen.

La elevó del suelo cogiéndola de la cintura y la besó apasionadamente, como quien bebe agua después de pasar mucho tiempo sediento, pero la gente empezó a entrar y ellos entendieron que era el momento de subirse a la habitación antes de montar un espectáculo en la sala común.

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Sirius iba por el pasillo con un brazo pasado sobre los hombros de James y el otro sobre los hombros de Lily. Estaba dejando caer su peso sobre ellos haciendo incluso que Lily tuviese que doblase un poco, mientras les iba contando cómo había tenido que esconderse a la hora del recreo de Susan que había preguntado por él a todos sus amigos.

-Parecía muy enfadada- le comentó Lily dándole un codazo en el estómago para que no se apoyase tanto- No sé por qué no estás con ella.

-Estás cosas no están hechas para mí. El otro día dijo no sé qué de una velada romántica y yo...- hizo amago de un escalofrío- yo es que no soporto tanto romanticismo.

-Ya claro- ironizó James- Negar lo evidente no es una buena opción, Canuto.

-No empecemos- Sirius se paró mientras sus dos amigos seguían andando entre risas- Te he dicho mil veces que no, que no inventes, que no estoy enamorado ni lo estaré en la vida y que Susan es... bueno Susan es Susan.

-Una gran explicación- se rió Lily- ¿sabes? Yo también creo que estás empezando a ser preocupante con esa chica. Lleváis tres semanas juntos, Sirius, ¡Tres semanas! Ni con tu madre has sido capaz de aguantar tanto tiempo.

-Dejemos a mi madre tranquila, que la familia Black es cosa aparte.

-Pues hablando de la familia Black, mira donde está tu sobrinito.- James señaló a Draco que estaba hablando con una chica acorralada entre la pared y el cuerpo del slytherin. - Parece que no eres el único de la familia que nos ha salido ligón.

-Vaya, vaya- Sirius se olvidó de la conversación acerca de sus amores y se fijó en Draco- No sé cómo una tía puede fijarse en ése, aunque supongo que tiene que ser el encanto Black.

Sirius hizo un gesto con la cabeza y su pelo, bastante largo, se colocó perfectamente dándole un toque sexy; abrazó a James por los hombros y se dispuso a seguir con su camino, pero Lily se había quedado atrás observando a la pareja, algo confundida.

-Creo que es ...- Lily se movió un poco para ver mejor a la chica que Draco estaba tapando con su cuerpo - ¿Esa no es Brown?

-¡¡¿QUÉ?!!- Sirius soltó inmediatamente a James y se colocó con rapidez en el sitio donde se había puesto Lily para ver si ella tenía razón - ¡¡Buaj!! ¡Qué asco! ¿Cómo puede tener estómago de estar con Malfoy?

-Esto...- James había acompañado en la observación a su amigo y a su novia- -Ella no parece estar muy a gusto ¿no? - apuntó dudoso- no sé, más que besarle parece que intenta morderle.

-¡Será cerdo!- gritó Sirius fuera de sí- Se va a enterar éste engendro de familia noble quién es un auténtico Black. Lo voy a machacar ¡cómo le toque un pelo a una de mis amigas lo mato!

Sirius y James se acercaron a donde Malfoy tenía acorralada a Patricia, intentando buscar su boca mientras ella movía la cabeza a uno y otro lado con mucha furia, justo cuando Sirius iba a cogerlo por el cuello de la túnica, Malfoy se dobló por la mitad después de haber recibido un rodillazo certero de parte de Patricia. Ella respiraba con rapidez y tenía los puños apretados, el pecho le subía y le bajaba como si hubiese estado corriendo una maratón. En cuanto levantó la cabeza se encontró con Sirius y le miró con la misma rabia que había mirado momentos antes a Malfoy como si estuviese en trance. Él vio sorprendido ese odio y esa determinación, que nunca había visto en el rostro de Patricia pero estaba más interesado en darle una paliza a Malfoy por haberse intentado aprovechar de ella.

Con una mano levantó sin mucho esfuerzo a Malfoy y se dispuso a darle un puñetazo en su rostro arrogante, pero notó que alguien le cogía del brazo y lo impedía. Patricia tenía la varita alzada y apuntaba a Draco con ella, el gesto de superioridad de Malfoy se vino abajo como el de un niño asustado al verse a merced del puño de Sirius o de la varita de Patricia.

-Suéltalo- le ordenó con firmeza a Sirius, pero éste no le hizo ningún caso- ¡He dicho que lo sueltes! No necesito tu ayuda, sé apañármelas solita.

Sirius soltó con fuerza a Draco, totalmente disconforme de la cabezonería de la chica. Se cruzó de brazos todavía enfado junto a James al que tampoco parecía haberle hecho ninguna gracia que Draco actuara así con ella. Ella se puso delante de él con la varita todavía alzada y mirándolo con repugnancia.

-Nunca. Jamás vuelva a intentar hacer nada conmigo ¿entendido?- Patricia le habló con asco y con desprecio.

-Te has librado porque han venido tus amiguitos- escupió Draco con arrogancia.

-¿Eso crees?- le vaciló ella- Si necesitas pensar eso para que tu orgullo masculino no quede dañado adelante, pero sabes que la próxima vez, con o sin amiguitos, terminarás muy mal.

Se dio la vuelta con orgullo sabiendo que con eso no se rebajaría a su altura, antes de marcharse por el pasillo se encontró con Sirius y con James que no había borrado su rostro ceñudo y les dedicó una mirada solo levemente más dulce que la que había tenido con Malfoy.

-No me gusta que resuelvan mis problemas.- comentó al pasar junto a Sirius antes de perderse por la esquina.

Una vez que Malfoy se había visto a sí mismo saliendo victorioso se apoyó en la pared con un pierna doblada y los brazos cruzados. Miró a Sirius riéndose con autosuficiencia como si hubiese sido él el que ganase el premio en un rifa dejando a Sirius en la estacada, lo que hizo que se encendiera todavía más. Sirius no era el típico que podía tomarse las cosas con racionalidad y calma, él no pensaba, simplemente se le cruzaba una idea en la cabeza y la llevaba a cabo, para el control y la calma ya tenía a Remus pero en esa ocasión Remus no estaba, así que cuando se lanzó a por Malfoy con el único deseo de partirle la boca para que no pudiera volver a sonreír de esa manera, fue Lily la que le agarró de la túnica y lo paró.

-Parece que las mujeres se ponen en tu contra para que hoy no consigas hacerme nada ¿eh, Barker?

Draco se carcajeó y ahora tuvo que ser James el que agarrara a Sirius; después de un cruce de miradas con su novia supo que el detener a su amigo no había sido una acción noble por parte de ella, ese brillo tan propio del género merodeador resaltó por unos segundos sus ojos verdes y James supo que la mejor opción en ese momento no sería la fuerza. La venganza era un plato dulce que había que degustar y lo que tenía claro es que no iba a dejar que un slytherin les vacilara lo más mínimo.

-Canuto, a veces creo que se te olvida que por tu sangre no hay ni una gota muggle- James le había pasado el brazo por encima para retenerlo, mientras Sirius mantenía la mirada fija en Draco- Usa la varita en vez de los puños.

-Las manos dan mayores satisfacciones- le contestó sin girar la cabeza- Lo voy a matar, se está riendo de mí y... y... se ha intentado pasar con ... argg. ¡Lo voy a matar!

-¿Qué pasa Barker? ¿Celoso? ¿Acaso no eres capaz de conseguir a esa chica y te jode que yo lo haga?

-¡Mira gilipollas! Yo tengo a la tía que me dé la gana ¿te enteras? Y Patricia no está en mi lista, pero te juro que después de la que te dé cuando éste me suelte tampoco estará en la tuya.

Sirius seguía peleando con James por zafarse de sus brazos para desfogarse con Malfoy pero James parecía muy divertido con aquella situación. Cogió su varita y apuntó a Malfoy diciendo un hechizo, inmediatamente el pelo de Malfoy se volvió verde y graso quedándose pegado a ambos lados de la cara.

-Para esto sirve la magia, querido amigo-le guiñó un ojo y movió la cabeza para invitarle a seguir, la sonrisa perversa de James despertó el instinto de Sirius y supo que un ojo morado no sería la mejor de las venganzas con ese niñato engreído.

Malfoy hizo un vago intento de defenderse de las barbaridades que se le estaban ocurriendo a Sirius, pero Lily fue más rápida y con un comentario parecido a no vuelvas a meterte con una chica lo dejó un poco atontado e incapaz de hacer un buen hechizo. Cuando volvió a pensar con claridad seguía teniendo el pelo verde, vestía como una chica, con una corta minifalda negra que hacía un grave contraste con su piel banquecina. Intentó hacer algo para remediarlo pero en vez de dedos tenía pequeños tentáculos de calamar de un divertido color morado. Malfoy intentó escapar pero, James, con lágrimas en la cara provocadas por la risa no le dejó, paralizándolo en un pasillo cada vez más concurrido. La gente había empezado a hacer un círculo alrededor de ellos cuatro, Draco intentaba esconderse de las risas y las miradas de venganza de sus compañeros mientras que los tres Gryffindor habían tenido que sentarse en el suelo para no caerse de la risa.

Sirius, tirado en el suelo y con las manos aferradas al estómago que ya le dolía de las carcajadas, intentó rematar la faena haciendo que Malfoy desprendiera continuamente un asqueroso olor a ciénaga, pero cuando estaba a punto de decir el hechizo notó como alguien agarraba su mano con odio y le arrancaba la varita.

-¡De pie! ¡Los tres! -Snape estaba delante de ellos con el rostro crispado y los ojos a punto de salirse de sus órbitas. La gente que se había agolpado alrededor de ellos huyó en cuestión de segundos al ver el estado de enfado del profesor más temido del colegio. Sacó del bolsillo de su túnica la varita y apuntó a Malfoy sin perder de vista sus tres excompañeros- ¿Está bien, Malfoy?- éste afirmó con la cabeza- Pues te quiero ya en la sala común.

-Pero... - intentó protestar

-Pero nada. A la sala común he dicho.- Malfoy se marchó arrastrando los pies con todo perfectamente recuperado excepto su melena rubia, y Snape volvió a concentrarse en los chicos- Veo que no habéis perdido vuestro interés por ridiculizar a la gente- Habló con rigidez, como siempre, pero parecía que esta vez junto al disfrute de tener nada menos que a Potter y a Black delante de él listos para ser castigados, en su voz podía notarse que esa humillación a Malfoy era algo personal.

-Ya ves, ahora nos entretenemos con Malfoy- le contestó James con chulería- Como ya no te tenemos a ti... Snivellius.

Los músculos de la cara de Snape se contrajeron al mismo tiempo cuando oyó las palabras arrogantes de James. En un acto reflejo le apuntó a la cara con la varita de Sirius, que aún la tenía en la mano.

-Dame sólo una razón para vengarme. Sólo una y te aseguro que disfrutaré con cada gesto de sufrimiento que tengas.

-No deberías andarte con amenazas- advirtió Lily llamando la atención del profesor, lo que hizo que Sirius aprovechara para recuperar su varita- Ya te dijo Harry que al profesor Dumbledore no le gustaría que tratases mal a un alumno, Profesor. - Lily masticó la última palabra mirándole a los ojos con desafío y a pesar de la frialdad y el odio que reflejaban los ojos de Snape ella no se amilanó.

-No te pases de lista conmigo, Evans. Ya te dije una vez que sé cosas que ni tú misma podrías imaginar, pero de todas formas me sorprende no verte defendiendo a las causas perdidas

-Yo solo defiendo a quien no merece ser castigado, y Malfoy se merecía mucho más de lo que ha recibido.

-¿Ah, sí? ¿y qué ha hecho el señor Malfoy para ser el objeto de las bromas de tres niñatos de pacotilla?

Sirius y James aspiraron al mismo tiempo con fuerza mordiéndose el labio y apretaron los puños para resistir la tentación de callarle la boca a Snape, profesor o no, no dejaba de ser el mismo mequetrefe entrometido que apenas unos meses atrás habían intentado convertir en un bebé.

-Se pasó con Patricia Brown-la voz de Sirius, muy marcada por la rabia contenida intentó parecer lo más serena posible, pero no tuvo mucho éxito así que Snape se aprovechó de ello.

-¿Y por qué no está aquí la señorita Brown?- ironizó- Claro, ¿para qué va a estar teniendo a los héroes de Hogwarts a sus servicio?

Esa fue la gota que colmó el vaso de James, le tenía ganas desde la primera vez que se puso chulo con él en una clase y ahora solo pensaba en que no iba a dejar que Snape, por muchos años que hubiese cumplido, pudiese conseguir lo que nunca había hecho mientras habían estado en el colegio: vacilarle a un merodeador. Le agarró de la túnica y lo levantó un poco haciendo que Snape reaccionase de la misma forma, pero la voz de McGonagall sonando detrás de James impidió que le pudiese dar un puñetazo.

-¡James! ¡Severus! ¡No me lo puedo creer! ¿se puede saber qué pasa aquí?

-El señor Potter y sus amigos se han estado burlando del señor Malfoy, yo sólo estaba a punto de castigarles- explicó Snape acomodándose la túnica negra.

-Esto no tenía mucha pinta de ser un castigo y te recuerdo que tú ya no eres ningún niño, Severus.- Con el ceño fruncido se volvió a los tres chicos que seguían con ganas de darle un buen golpe a Snape- Vosotros tres, al despacho del director, ahora mismo. ¡Esto es intolerable! ¡Diez puntos menos para Gryffindor por cada uno!

********************

Dumbledore estaba sentado en su despacho con la cabeza recostada hacia atrás. Estaba pensativo y parecía muy preocupado, sobre su mesa, junto a la infinidad de cachivaches que solía tener había montones de pergaminos y libros antiguos. Se acariciaba la barba una y otra vez mientras el sol de la tarde hacía reflejar la superficie vaporosa del pensadero que reposaba en una pequeña mesita a su lado y en el que de vez en cuando iba metiendo finos hilos plateados que salían de su cabeza. Estaba muy concentrado en sus pensamientos pero, a pesar de ello, no le sorprendió en absoluto que el fuego de su chimenea se tornara verde y que de él saliera un hombre vestido con una túnica canela.

El nuevo visitante se sacudió impaciente las cenizas y miró expectante al profesor que ni si quiera se inmutó con su presencia. Aguardó con el respeto que el director se merecía el que acabase su serie de pensamientos, pero estaba tan ansioso que empezó a jugar con cierto nerviosismo con sus propias manos hasta que decidió que era el momento de hacerle volver.

-He venido en cuanto Fawkes me ha avisado, no habrá ocurrido algo grave ¿verdad?- su voz sonó serena pero tremendamente preocupada, a lo que el profesor le respondió con una sonrisa.

-Gracias por tu rapidez, siéntate por favor- le tendió la mano hacia una de las sillas que había delante de su mesa y el hombre tomó asiento en el filo de ella mirándole todavía con gesto expectante- Tranquilo, no ha ocurrido nada grave.

El hombre pareció respirar después de un largo tiempo sin hacerlo cuando escuchó las palabras del director y se recostó un poco en la silla. Después de los nervios y la incertidumbre su cuerpo había reaccionado relajándose en exceso, pero su mente todavía estaba un poco descuadrada por la urgente invitación al despacho.

-¿Entonces?

Dumbledore juntó las palmas de las manos y empezó a jugar haciendo chocar un dedo contra su simétrico una y otra vez; observaba sus manos como si eso fuese lo más interesante en el mundo hasta que levantó la cabeza para encontrarse con los ojos abiertos y nerviosos de su invitado.

-Ha llegado la hora de afrontar una nueva verdad y necesito tu ayuda.

-¿Mi ayuda?- No tenía ni idea de lo que le estaba hablando

-Sabes que ya no confía en mí como lo hacía- continuó Dumbledore como si su interlocutor supiese perfectamente el tema que él estaba tratando.- Me sigue culpando por lo que ocurrió.

-Simplemente está creciendo y no ha sido fácil.- Al menos había entendido esa parte. Había recuperado la tranquilidad y le hablaba al director como si fuese él quien estaba en posición de dar consejos- No se lo tengas en cuenta.

-No lo hago- sonrió el profesor- pero es una situación que me obliga a recurrir a ti. Tienes que contárselo, si lo hago yo me culpará de no haberlo hecho antes.

No podía estar refiriéndose a lo que él pensaba, no podía saber que él lo sabía, se suponía que fue una confidencialidad absoluta; si era lo que estaba pasando por su cabeza no podría admitir delante de Dumbledore que él estaba al tanto.

-No pongas esa cara de extrañado. - No era un reproche, más bien usó un tono divertido al ver que había vuelto a pillarle en una travesura - Vivimos momentos difíciles y no es tiempo de hacernos los inocentes.

-Yo no sé muchas cosas- se defendió él- Nunca quiso contármelo todo

-Dudo mucho que sepas más que yo- el director se puso de pie y empezó a acariciar a Fawkes dándole la espalada a su acompañante- Realmente no tenía que haberte contado nada; era un secreto de gran importancia.

-Jamás hubo secretos entre nosotros.

Al oír las palabras rotundas que había pronunciado, Dumbledore se giró bruscamente, mostrando como pocas veces lo hacía cierta preocupación. Eso era algo con lo que no había contado y él necesitaba tenerlo todo bajo control. Le examinó detenidamente intentando saber a qué se había referido exactamente, pero no hizo falta continuar porque sentenció confirmando lo que se temía.

-Ninguno.

Paseó unos segundos por su despacho, pensando en cómo mover la siguiente ficha. Sabía que era un tema delicado pero quizá el hecho de que él supiese toda la verdad le allanaba el camino. Vio cómo se le ensombrecía el rostro al perderse en sus pensamientos y supo que sería una empresa difícil pero había mucho en juego. Después de meses y meses de búsqueda incansable había llegado a la única conclusión de que necesitaba su ayuda.

-Una pena que podamos recurrir a sus manos expertas ¿no crees?- lanzó su pensamiento al aire esperando descubrir la reacción del hombre pero no había nada que pudiese alterarle en exceso.

-Sí profesor, es una verdadera pena- habló más como si estuviese expresando sus propias sensaciones que como si le estuviese reafirmando lo que le había dicho. Tenía la mirada fija en el pensadero cuya superficie seguía brillando con los rayos del sol, era como si quisiese usarlo para vaciar en el sus propios recuerdos tanto los tristes como los felices porque ambos le atormentaba- El problema es que cuando una persona se marcha no hay forma de hacer que regrese.

Dumbledore volvió a darle un tiempo de silencio, sabía que en esos momentos el dejarle cerrarse en sí mismo era la mejor opción. Le había visto volver al pasado porque sus ojos reflejaban una tristeza inusitada; realmente sería muy difícil conseguir que cumpliese con la verdadera razón de su llamada. El hombre su puso de pie, sabedor de que aquello había terminado, quería estar sólo, volver para intentar sacar de su cabeza lo que el director había traído y que ya le había consumido durante demasiado tiempo como para permitir que volviera a afectarle.

-¿Sólo me has llamado para decirle a Harry quién es?

-Si te dijera la razón por la que realmente he recurrido a ti ¿harías lo que te voy a pedir?

-No me pidas cosas imposibles, profesor.- se calló unos segundos intentando recomponerse un poco- ¿Cuándo quieres que hable con Harry?

-Hoy estará bien.

*******************

James, Sirius y Lily iban camino del despacho refunfuñando e insultado a Snape por el último numerito que les había montado. Otra vez les había hecho perder puntos y sobre todo había conseguido volver a sacarles de sus casillas refregándoles por la cara que él estaba en una situación privilegiada. Lily era la que estaba más tranquila, a quien quería darle una lección era a Malfoy porque se había tomado como algo personal lo que le había hecho a Patricia y esa ya era una cuenta saldada. Sonrió un poco recordando la pinta que tenía antes de que Snape lo devolviese a la normalidad pero le satisfizo aún más recordar la patada que Patricia le había dado y cómo se había defendido ella sola incluso aunque Sirius ya estaba dispuesto a no permitirlo.

-Parece que Brown es una chica con carácter.

-Ya te digo- secundó James ahora un poco más tranquilo abrazando a su novia por la cintura- no me gustaría a mí tener que discutir con ella.

-Ha sido una idiota- opinó Sirius- No sé a qué ha venido el rollo ese de yo resuelvo mis problemas.

-Sirius, han pasado veinte años. Supongo que las chicas de ahora serán aún más independientes que nosotras. Yo lo soy más que mi madre ¡Es ley de vida!

-Pues vaya chorrada- Sirius todavía estaba enfadado, no le habían dejado desahogarse como realmente quería ni con Malfoy ni con Snape.

Sirius siguió por el pasillo dándole patadas al aire bajo la mirada divertida de sus amigos.

-¿No será verdad que Malfoy tiene razón?- preguntó Lily casi riéndose- A ver si vas a estar celosillo.

James estalló en carcajadas y Sirius se dio la vuelta con los puños apretados ya harto de que sus amigos se empeñasen en buscarle amores.

-Os lo voy a explicar una sola vez- los dos habían tenido que apoyarse en la pared de la risa pero al escuchar a Sirius hicieron un esfuerzo en ponerse serios- No estoy enamorado, ni de Susan ni de Patricia, es más ni si quiera me gusta Patricia. Somos amigos, punto y final.

-¿Desde cuando tú tienes una amiga que no sea la novia de uno de tus amigos?

-Muy gracioso, James.- Sirius realmente se enfadaba pocas veces pero esta parecía una de ellas- Yo estoy con Susan porque me gusta y ahora no hay otra que me guste más y Patricia es mi amiga, solo mi amiga, es la primera tía con la que no me apetece ligar cuando estoy con ella. Y quiero que dejéis el temita de una vez.

Siguió andando con decisión hasta el final del pasillo donde estaba la entrada al despacho. James y Lily, después de intercambiarse una mirada de confusión divertida, le siguieron dándose una carrerita. James al llegar a su altura le pasó el brazo por los hombros dejándose caer sobre él, haciéndole sonreír. Era fácil quitarle el enfado a Sirius, sobretodo si el que lo intentaba era James.

-¡Vaya! No sabemos la contraseña- James se dio en la cabeza contra la pared al darse cuenta de su error.

-¡Ay! Galletas de chocolate

Lily los había quitado de en medio con una sonrisa de autosuficiencia dejando a los dos chicos mirándose asombrados. James abrió la boca para preguntar pero ella le dio la respuesta antes.

-Ayer me pasé con una chica de slytherin y Flittwick me pilló.

-Mira la prefecta- se rió Sirius- ¡Vaya! Cada vez que vengo a este despacho me muero de hambre. ¡Cómo puede poner esas contraseñas!

La puerta se abrió y se metieron en la escalera de caracol que les llevaría hasta el despacho. No estaban preocupados, un castigo más en su cuenta no tendría mucha importancia. Sirius y James llevaban sin ir al despacho un par de semanas, todo un record para ellos, así que tenían ganas de ver al director. Abrieron la puerta sin llamar y entraron en él riéndose de la razón que les había llevado allí.

-Buenas tardes profesor- Exclamó Sirius nada más entrar

-¿Nos echaba de me...nos?

Los tres se quedaron petrificados al ver a la persona que estaba hablando con Dumbledore. No fueron capaces de reaccionar durante unos segundos, era una imagen alucinante, pero no fueron los únicos que se sorprendieron, esa imagen de sus tres amigos en la puerta era lo único que le faltaba para acabar de rematar el día. Lily fue la primera en reaccionar y salió corriendo para estrecharse entre sus brazos.

-¡Qué sorpresa, Remus! ¡Qué alegría!

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N/A: Hola!!!! primero de todo, no me matéis por favor!!! ya sé que es un momento un poco crítico pero esta vez actualizaré un poco antes, más que nada porque viajo y sobretodo porque he acabado los exámenes!!!! (por ahora)

Muchísimas gracias por la cantidad de reviews que tuve en el último capi, me hubiese gustado escribir más deprisa a modo de agradecimiento pero he tenido dos examenes esta semana y ha sido imposible, pero al menos espero que os guste este capi. Ya me contareis.

Más cositas!! ah! sí! sección de publicidad: Como siempre os recomiendo hasta la saciedad los fics de Pekenyita y de Evix Black, pero además ¡¡primicia!! las tres hemos escrito un fic 100% humor que espero que leais porque es realmente divertido (es que la cordura no es nuestro punto fuerte), se llama HERENCIA DE MERODEADOR y por autores lo encontrareis en evix_crisy_pekenyita. Espero que os guste y sobretodo que nos dejeis muchos reviews para saber como va y así continuar.

Y ya esta, un besazo enorme para todos, pero sobretodo para mis niñas, que os quiero muchisimo. Nos vemos pronto.CAPÍTULO 22:

Los tres se quedaron petrificados al ver a la persona que estaba hablando con Dumbledore. No fueron capaces de reaccionar durante unos segundos, era una imagen alucinante, pero no fueron los únicos que se sorprendieron, esa imagen de sus tres amigos en la puerta era lo único que le faltaba para acabar de rematar el día. Lily fue la primera en reaccionar y salió corriendo para estrecharse entre sus brazos.

-¡Qué sorpresa, Remus! ¡Qué alegría!

Lily estaba abrazada a su cuello irradiando una absoluta felicidad, sin embargo, Remus después de reaccionar tomándola levemente por la cintura y mirar a sus amigos que parecían ansiosos por que Lily les cediera el puesto, tuvo que buscar algo de cordura y de apoyo en el director. Albus Dumbledore miraba la escena como un abuelo al que visitan sus nietos, parecía conmovido pero guardaba el porte y el saber estar que siempre le habían caracterizado. Se había negado por completo a que eso ocurriera, sin embargo una vez que estaban allí, no iba a tener el corazón tan frío de negarle a aquel hombre asolado por el dolor de la pérdida a lo largo de los años, el placer de disfrutar unos segundos con los que en vida fueron sus mejores amigos.

Quizá fue el ver la aceptación en el rostro del director o quizás en tener a Lily estrechada entre sus brazos, tan radiante y tan guapa como siempre. No había perdido ese aroma inconfundible que había sentido la última vez que la abrazó antes de que muriera. Los recuerdos de una vida juntos, la complicidad que tenía con ella, el cariño que siempre había demostrado a todos los que tenía alrededor, todo lo que una mejor amiga puede suponer en la vida de una persona se le agolpó en la cabeza en cuestión de segundos hasta el punto de no poder respirar. La estrechó con más fuerza como si eso fuese a ser capaz de quitarle el nudo que se le estaba formando en la garaganta y que amenaza en salir a través de lágrimas. Lily le tomó la cara con las dos manos y su enorme sonrisa pudo reflejarse en los ojos vidriosos del hombre al que abrazaba.

-No estés triste- le susurró apretando su mejilla contra el rostro ya marcado por los años de su amigo- Ahora es el momento de reír. Merodeador.

Al recordarle quién era con tan sólo ese título casi nobiliario del que se habían apoderado cuando eran unos críos, le dio un golpecito cariñoso en la nariz y se apartó de él. Esa fue la señal que los dos chicos estaban esperando para lanzarse sobre él. De una carrera saltaron sobre Remus hasta hacerlo caer al suelo. Tirado junto a la mesa del director, con sus dos amigos sentados en su pecho sintió que no podría soportarlo mucho tiempo, no podía hacer caso a Lily ¿cómo iba a sonreír? Eran James y Sirius, los mismos que habían ignorado que fuera un licántropo, los mismos que habían estado ahí toda la vida para prestarle un abrazo cuando lo necesitaban, esos a los que había tenido que andar riñendo antes y después de dejar Hogwarts porque nunca habían sabido olvidar al niño que llevaban dentro; esos mismo que habían muerto y lo habían dejado solo. Los había echado tanto de menos que sólo había sido capaz de seguir adelante por la deuda moral que se había creado con ellos de seguir al lado de Harry.

Tenía a James arrodillado a un lado y a Sirius sentado sobre su estómago, los observaba sonreír radiantes, para ellos era un juego. Estaban delante de la versión adulta de su amigo, pero ellos seguían conservando a su amigo, no lo habían perdido como le ocurría a él. No tenían que pensar que era la única y oportunidad que le brindaba el destino para decirles lo importantes que habían sido en su vida. James seguía igual que la última vez que lo vio, quizá mucho más inocente pero su aspecto no había cambiado tanto, sin embargo Sirius... ese que estaba ahora mismo presionando su estómago hasta el punto de casi no dejarle respirar era el auténtico Sirius, no ése que se había creado en Azkaban lleno de amargura y soledad. Sirius era la alegría en sus vidas y ahora era él, tal y como debía haber sido toda la vida. Lo observaban divertidos, viendo la vida como un juego sin saber nada de lo que ocurriría, así debían haber seguido muchos años, pero el destino y la guerra se había empeñado en arrebatárselos para siempre.

-Lunático, mírate - Sirius estaba partiéndose de risa, cogió uno de los mechones canosos que adornaban su media melena y se lo mostró a James- Esto son canas, te has vuelto viejo

Escuchar sus risas fue una prueba que su corazón no podía resistir, pero los echaba de menos demasiado como para salir de allí huyendo. Es momento de reír. Miró a Lily que parecía muy conmovida y ésta le guiñó un ojo; como si esa complicidad fuese la fuerza que estaba necesitando para superarlo se levantó un poco, quitando de un manotazo divertido a sus amigos y los estrechó a los dos, aferrándose a ellos como si la vida no tuviera otro sentido.

-Siempre tan graciosillo ¿eh, Canuto?- le revolvió el pelo con fuerza recordando que siempre había odiado que tocasen su perfecta melena y entonces fueron James y él los que se rieron.

James le pasó el brazo por los hombros mientras se reían pero al sentirlo así, Remus tuvo la sensación de que quien se había transportado al pasado era él, fue como un extraño dejavü que le mantuvo durante unos segundos una sensación de vacío en el estómago. Su risa se paró en seco y le puso la mano en la cara a James, era real, después de dieciséis años volvía a estar ahí con unos ojos que no habían visto la muerte, con la sonrisa de quien no lleva a su espalda una familia amenazada, sin el miedo a saber que lo más probable era que nunca viese a Harry crecer, pero al fin y al cabo era James y había rogado tantas veces por verle que creía que todo era un sueño. Había añorado tomar una cerveza con él y charlar de cómo iba Harry, de sus últimas misiones, opinar juntos sobre las últimas conquistas de Sirius.

-¿Tanto he cambiado en estos años que me miras como a un fantasma?- las palabras de James lo sacaron de su ensoñación, no se había dado cuenta de que lo había estado observando tal y como lo que era, un recuerdo del pasado que había venido a demostrarle que todo lo que le importaba le había sido arrebatado por Voldemort. Le sonrió incapaz de encontrar una buena respuesta y le palmeó la cara cariñosamente, pero para James esa no era una respuesta suficiente y le observó con suspicacia- Remus...

-Bueno, deberíamos avisar a Andrea ¿no creéis?- interrumpió Lily con una voz demasiado alegre- Seguro que le hace ilusión.

A diferencia de lo que Remus esperaba el director no puso ningún impedimento en aquella propuesta, que al menos sirvió para que sus dos amigos se olvidaran de su reciente reacción y le ayudasen a levantarse del suelo. Realmente ya no tenía diecisiete años, pensó con amargura. Podía estar dispuesto a soportar pasar un rato con aquellos que habían muerto, le dolía el alma ver sus sonrisas inocentes sabiendo que en apenas unos años todo se truncaría catastróficamente, pero no estaba dispuesto a traer un fantasma del pasado. Ver a Andrea en el espejo, diciendo cómo de enamorada estaba de su yo de diecisiete, tan dulce y tan preocupada como no la había visto desde hacía años y años, había sido algo muy doloroso y todavía no lo había superado. Había abierto una herida a medio cerrar reavivando un dolor que se había empeñado en acallar. No podía permitir que Lily la buscara.

-¡Lily!- la joven se detuvo cuando estaba a punto de abrir la puerta- No vayas a buscarla. Cada Andy en su tiempo- respiró profundamente en un intento de encontrar una sonrisa para la cara de suspicacia de su amiga- Esa es la mejor opción, de verdad, hazme caso.

-A veces la juventud se deja guiar por el instinto y tiene grandes ideas

Era la primera vez que el director hablaba desde que los chicos habían irrumpido en su despacho. Habló con parsimonia, dejando caer las palabras conocedor del significado que ellas tenían. Remus le miró a los ojos intentando no perderse en el mar calmado al que se asemejaban. Sabía que había tirado a dar, pero él no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, eso era algo no sólo de lo que se sentía incapaz sino que además sabía que sería completamente inútil.

-A veces la juventud se deja guiar por el instinto y peca de inocente.

Todos se quedaron en silencio analizando de una y otra manera la conversación que allí estaba teniendo lugar. Llegó un momento en que ese silencio se volvió incómodo y cuando se giró para mirar a sus amigos ellos les estaban observando como si por primera vez desde que le conocía les estuviese ocultando algo importante, así que conociendo como conocía a ese par de merodeadores creyó que lo mejor era dar un giro a esa conversación con la intención de disfrutar de su compañía sin despertar mayores sospechas.

-¿Se puede saber qué habéis hecho para estar aquí?- saltó con brío mirándoles - Por lo que veo me habéis sustituido por Lily en vuestras aventuras.

Los tres chicos se echaron a reír al recordar lo que les había llevado al despacho del director y sobre todo contentos de recuperar al Remus que ellos conocían, lejos de miradas melancólicas y frases amargas que tenían poco sentido para ellos.

-Contra el amor no podemos hacer nada- Sirius le pasó el brazo por los hombros provocando en él un nuevo estremecimiento al recordar que hacía lo mismo cuando quería hacer alguna gracia viviendo juntos en Grimmauld Place. Sirius se había puesto la otra mano en le corazón y por su cara más bien parecía que estuviese recitando Romeo y Julieta.- Hoy te ha secuestrado cierta personita, querido Lunático- alzó las cejas repetidamente y Remus le dio un codazo para que dejara de burlarse de él, era como volver a estar en el colegio, con Sirius haciendo el payaso como si nunca hubiese malgastado su vida encerrado en una prisión de Azkabán, con Lily y James mirándoles y riéndose cogidos de la mano, tan felices que parecía imposible que llevaran dieciséis años muertos.

-¡Y menos mal que estaba Lily!- exclamó James ignorando por completo dónde estaban, le estaba contando su última batallita a su mejor amigo, qué más daba que ahora tuviese veinte años más- Como tú no estabas, por que últimamente andas muy ocupado...

-Ejem Andrea ejem- tosió Sirius interrumpiendo a su amigo y provocando la risa de todos menos de Remus que volvió a sentir como una horrible desazón se apoderaba de él al saber que mientras que los Remus y Andrea de diecisiete años había sido capaz de superar todos los inconvenientes que se les planteaban por estar juntos, ninguna de sus versiones adultas había echado tanta decisión a esa relación.

-Bueno el caso, es que como tú no estabas para poner la cabecita- James se paró riéndose como si le fuese a contar un buen chiste y al recordar el final él mismo no pudiera controlarse- Casi le partimos la boca al asqueroso de ¡Auch! ¡Lily! ¿se puede saber qué haces?

Lily le había dado un pellizco en la cintura para que se callara, con un gesto poco disimulado le señaló al director que había estado escuchando atentamente, haciendo un gran esfuerzo por mantener la compostura y no echarse a reír. Cuando James, después de salir de la escuela, le contaba algunas de las travesuras que habían llevado a cabo y de las que él nunca había tenido noticia siempre había terminado riéndose. James tenía la capacidad de sacar una sonrisa al mundo en medio de la mismísima devastación y ahora tenerlo allí, contándole emocionado a su mejor amigo cual había sido la última batalla contra slytherin, le traía a la cabeza demasiados recuerdos cargados de melancolía, pero a pesar de todo seguía sin poder evitar la sonrisa, que tuvo que disimular bajo una mirada que intentaba ser estricta, dada la situación en la que se veían.

James al darse cuenta de cómo había relatado los hechos delante del que tendría que castigarles supo que no había sido una buena opción y con cara de circunstancias intento enmendar el lío.

-Quiero decir... ehmm...-intentó poner su mejor cara de niño bueno e iba buscando en su cabeza las palabras para que aquello sonara lo mejor posible, pero le estaba costando trabajo- hemos tenido un pequeño.... encuentro con el señor Malfoy y al final... hemos decidido solucionar la... controversia ¡sí eso! a través de... ¿cómo diría yo?

-¡La magia!-intervino Sirius alegremente y como mucha más resolución- Porque la magia, como usted sabrá, querido director, es la esencia de esta escuela.

Ante la solemnidad forzada con la que había hablado Sirius, Dumbledore y Remus intercambiaron una mirada de este chico no tiene arreglo. Remus se tapó la cara con una mano y negó con la cabeza, pero se sentía feliz de ver así a Sirius.

-Claro que sí, pero me interesaría mucho saber en qué forma habéis empleado esa magia.

James, Lily y Sirius contaron, de forma muy edulcorada, lo que le habían hecho a Malfoy. Por la cara de Remus podía apostar su cabeza a que lo que estaban contando no era ni la mitad de lo que le habrían hecho al chico, claro que como siempre, y aunque le pudiese parecer una conducta incorrecta, no sería él quien les recriminase lo más mínimo, sobretodo si era con Malfoy, al que nunca había conseguido tener un especial aprecio. Estuvieron media hora hablando, de vez en cuando Remus tosía con fuerza para evitar, que llevados por la emoción, alguno de los dos chicos contase más de lo que debían al director.

Después de la primera impresión, Remus empezó a relajarse, era volver a estar con ellos como si no hubiera pasado nunca nada, tenían la misma ilusión y la cabeza tan llena de pájaros como él recordaba de sus años de colegio, pero ya no sentía añoranza. Había hecho un paréntesis que abarcaba la mitad de su vida y había metido en él la muerte, la traición y la pérdida de los que había llegado a considerar su familia. Veinte años de desesperación que sólo habían tenido algunos momentos de alegría y éste estaba siendo uno de ellos.

Sirius estaba sentado en el brazo de su silla y tenía el brazo pasado por sus hombros mientras Remus le agarraba por la cintura. Era maravilloso oírles reír y contar esa nueva travesura, pero el profesor Dumbledore se puso de pie, esforzándose en mantener el gesto severo, porque seguramente como le ocurría a él, creería que Malfoy se merecía lo que le habían hecho después de pasarse con aquella chica, a la que recordaba de su época de profesor; se había quedado muy intrigado con la risita de James y Lily cuando Sirius estaba contando esa parte de la historia. ¡Cómo les echaba de menos!

-No podéis ir tomándoos la justicia por vuestra mano- Se paró unos segundos mirando a Sirius profundamente- No sé por qué tengo la sensación de que no me estáis contando todo ¿me equivoco?

Efectivamente se habían saltado a sabiendas la parte en la que James y Snape casi salen a puñetazos pero llegados a esa parte de la historia el corte había sido tan poco disimulado y sus cruces de miradas tan descarados que Dumbledore no había tenido que pensar mucho para llegar a la conclusión de que habían tenido un buen rifirrafe con el profesor de pociones.

-Trabajaréis una semana en la cocinas- siguió hablando el director al ver que no iban a seguir contándole lo que había ocurrido, sin embargo el guiño de James a Remus confirmó su teoría, ya la contrastaría con Minerva y Severus- Creo que sabéis llegar a ellas mejor que yo- los cuatro rieron disimuladamente- Pero que sepáis que me encargaré personalmente de que trabajéis.

-¿Y Malfoy?- preguntó Sirius un poco irritado.

-Creo que ya le habéis dado al señor Malfoy castigo suficiente, de todas formas hablaré con el jefe de su casa.- Los tres chicos bufaron conocedores de que Snape no le haría nada a Draco- Ahora marchaos, pronto será la cena.

La sonrisa desapareció de la cara de Remus inmediatamente al oír las palabras del director despidiendo a sus amigos. No quería despedirse, no quería verlos atravesar la puerta y llegar a casa donde no estaba ninguno, donde sólo quedaban fotos y recuerdos cada vez más lejanos. James le sacó de sus pensamientos con un abrazo y unas palmadas en la espalda, cuando quiso reaccionar, él se estaba separando para cederle el sitio a Sirius, pero Remus volvió a atraerlo con fuerza intentando conservar así las sensaciones que ya se estaban borrando de su mente.

-Esto... Remus...- James no entendía muy bien a qué venía ese comportamiento. Remus no había sido precisamente el oso amoroso del grupo, ése era un título reservado para Sirius y ahora lo estaba abrazando como si se fuese a ir a vivir a otro país- Recuérdale a mi yo adulto que tenéis que salir de fiesta más a menudo. Te veo muy apagado.

Remus lo observó con amargura e intento esbozar una sonrisa pero era como si los músculos de su cara se hubieran quedado petrificados. Le puso una mano en el cuello haciendo grandes esfuerzos por no aferrarse a él para recuperar aunque fuese con ese James de diecisiete años todo el tiempo que no habían estado juntos. Cuando salieron del colegio pensaban que tendrían toda la vida por delante y mientras sus amigos se quedaban en Londres estudiando o trabajando, él se dedicó a viajar a uno y otro sitio intentando encontrar soluciones que no llegaban y alejándose cada vez más de esos con los que tendría que estar. Sus misiones para la orden siempre las buscaba lejos, huyendo de lo que Inglaterra le estaba ofreciendo en ese momento, sin pensar que al mismo tiempo huía de quienes más quería y a los que pronto no podría volver a ver.

-Pórtate bien con Harry ¿vale?- James alzó las cejas al oír la petición de su amigo- Es un gran chico.

-Me estás pidiendo algo imposible- Lily carraspeó con fuerza desde atrás y después de lanzarle una mirada de desesperación se rindió- Está bien, lo intentare, pero no prometo nada.

Sirius le dio un empujó a su amigo para quitarlo de en medio y así poder engancharse al cuello de Remus. Si lo pensaba era una tontería, en cuanto saliesen del despacho iban a estar con él, pero era una oportunidad única en la vida esa de poder abrazar a una amigo con veinte años más de los que debía tener; era como despedirse de él para no verlo más. De todas formas Sirius nunca perdía la oportunidad de terminar abrazado a alguien, quizás el hecho de que en su familia lo más cariñoso que le habían dicho era Sirius, no eres digno del apellido que tienes, pero el caso es que siempre había sentido una gran necesidad de demostrarles a todos lo mucho que les quería.

Para Remus el recuerdo de Sirius no estaba tan lejano pero quizá por ello estaba siendo más doloroso, todo se le hacía más familiar: el pelo, la risa, su olor, quizá estaba algo menos delgado ahora y su rostro no tenía ni rastro de la desesperación que había nacido en él el tiempo que estuvo en Azkaban, pero seguía siendo Sirius en esencia. Nunca había podido despedirse de él. Con James y Lily todos se temían lo peor y la noche que decidieron esconderse le hablaron como si esa fuese a ser la última vez que pudieran hacerlo, pero con Sirius todo fue diferente. Salieron a toda prisa de Grimmauld Place y lo siguiente que podía recordar era verlo caer a través del velo con un movimiento elegante y una pequeña sonrisa, orgulloso de haber conseguido morir en medio de la acción. Después nada. Ni un adiós, ni un cuídate y cuida de Harry. Absolutamente nada excepto recuerdos y añoranzas. Y ahora volvía a estar ahí, gastándole bromas y contándole tonterías a las que realmente no les estaba prestando mucha atención. Sólo lo miraba, una vez que se había soltado del abrazo, gravando en su mente las facciones de su cara cuando reía, los gestos de complicidad con James y el sonido de su voz, ronca como un ladrido.

-No seas loco, Sirius- le dijo con absoluta seriedad, como si estuviera intentando darle el consejo que no le dio aquel día antes de salir hacia el departamento de misterios, intentando que se le gravara en la cabeza para que ése día cuando para él ya hubieran pasado muchas cosas fuese capaz de recordarlo a pesar de los hechizos desmemorizantes y que se quedara en casa donde estuviera seguro, pero era sólo un intento vano; una deuda con su conciencia- Cuídate mucho y usa la cabeza ¿de acuerdo?

Sirius afirmó con la cabeza. Tenía los ojos muy abiertos y una sonrisa extraña en los labios como si estuviera pensando que su amigo con los años se había vuelto más lunático que nunca, pero no dijo nada. Siempre había dado el mismo consejo pero nunca de esa forma tan seria y preocupada. El director tosió un poco con la intención de acelerar aquella despedida y Sirius le cedió el paso a Lily, que como antes había hecho su amigo se abrazó al cuello de Remus y le besó toda la cara completamente sonriente. Remus la estrechó intentando recoger todas esas muestras de cariño tan propias de ella, pero se sorprendió cuando fue ella quien se detuvo delante de su cara con el gesto serio pero con una pequeña sonrisa en los labios, como si fuese ella la que quisiese gravar los rasgos de su cara para que no se le olvidaran.

-Le diré a Andrea que sigues tan guapo como siempre- Remus sonrió un poco y se separaron, pero todavía con la mano puesta en su hombro Lily volvió a mirarle de forma entrañable- Gracias- le susurró.

-¿Por qué?- fue la respuesta de un Remus mucho más que extrañado.

-Simplemente eso- Lily ya había vuelto al lado de James y habló con naturalidad y alegría guiñándole un ojo a su amigo y dejando a todo el despacho muy descolocado.

Se dirigieron a la puerta pero el director los llamó un momento haciendo que se detuvieran debajo del marco.

-Decidle a Harry que venga lo antes posible.

Cerraron la puerta y el silencio se apoderó del despacho, cayó como una manta espesa sobre los dos habitantes que tomaron asiento a uno y otro lado de la mesa del director. El profesor Dumbledore entendió que no era momento para hacer ningún comentario; Remus se merecía ese silencio para poner en su lugar los pensamientos y asimilar todo lo que acababa de ocurrir. Él había hurgado en la herida a sabiendas de que podía encontrarse la respuesta negativa y rotunda de quien había sido su profesor de defensa contra las artes oscuras, pero tenía que arriesgarse, estaba casi desesperado y si había alguien que podía traerle a esa persona, ése era Lupin. No sabía hasta qué punto le sería productivo el encuentro con el pasado, no había planeado que los chicos entraran de esa forma en el despacho pero podía resultarle beneficioso para su plan. Estimaba muchísimo a Remus, sabía que por una parte para él había sido una prueba muy dura, pero también había tenido la oportunidad de despedirse aunque fuese de forma camuflada de los que se habían ido para siempre sin avisar. Lo que menos quería era provocarle más dolor y sabía que con lo que le estaba pidiendo se arriesgaba a causarle uno de dimensiones titánicas, pero en la guerra todo vale y si tenía que hacerlo para darle una oportunidad al mundo mágico y a Harry no le cabía duda de que seguiría intentándolo hasta conseguirlo. El problema era que aunque aceptase, nadie sabía a dónde había que acudir para convencer a esa persona de su vuelta a la magia.

Harry llegó veinte minutos después con claros signos de haber hecho el camino corriendo y reflejando una profunda preocupación en el rostro. Cuando abrió la puerta y se encontró allí con Remus, que ahora parecía más cansado que nunca, esa preocupación se acrecentó aún más. Anduvo deprisa el espacio que había desde la puerta hasta la mesa del director junto a la cual estaba de pie su tutor. Al llegar a su altura y verlo entero aunque triste no pudo evitar abrazarse a él, no sólo como forma de saludo, sino como muestra del alivio que había sentido al ver que estaba bien.

-¿Estás bien?- Lo tomó por los hombros y lo hizo girarse un poco para comprobar que estaba perfectamente, en esos momentos parecía un padre preocupado por el hijo que se ha perdido y reaparece- ¡Qué susto me he dado cuando me han dicho que Dumbledore quería verme rápido! ¿De verdad que no te ha pasado nada?

-Tranquilo, estoy bien- pero su voz decía todo lo contrario, podía estar físicamente bien, pero el ataque en el que acababa de estar no era de magia negra ni de magos tenebrosos, era un ataque psicológico provocado por sus recuerdos. - Sólo que cuesta enfrentarse al pasado.

-¿Los has visto?- A Harry parecía haberle hecho ilusión que se cumpliera el deseo de Remus de estar con sus amigos unos segundos, pero vio en sus ojos que el trago no había sido precisamente fácil de digerir.

-Buenas tardes, Harry

-Disculpe, profesor, es que había pensado que podía haberle ocurrido algo y...

-Te entiendo- le interrumpió- No pasa nada, en realidad quien tiene que hablar contigo es él. Yo bajaré a cenar y luego volveré.

Esa no era una buena señal, si el profesor Dumbledore los dejaba solos era porque Remus tendría que contarle algo grave y no le daba buena espina. Lo miró inquisitivamente, quería ver algo en su rostro, algo que le diese alguna pista de lo que estaba ocurriendo pero solo vio tristeza. Debía haber sido muy duro encontrarse con ellos, pero mucho más el despedirse.

-¿Qué tal has estado?- le preguntó Remus una vez que el director les había dejado solos.

-Bueno, no han pasado muchas cosas desde que hablamos por el espejo. Ya te dije que habíamos ganado el partido y que había jugado Sirius y - se rascó la cabeza buscando alguna noticia que darle pero la preocupación no le dejaba pensar con mucha claridad- ¡ah! Y ya me he reconciliado con Ginny. Sólo tenía miedo de que me pasara algo, no quiere que me arriesgue.

-Y no es la única.- le puso una mano en el hombro observándole con cariño paternal, cómo había pasado de ser un chico asustado de los dementores pero con el valor de enfrentarse a ellos de cara hasta convertirse en un hombre que le miraba asumiendo un destino fatal. - Hazle caso y no te arriesgues.

-Remus, me estás preocupando mucho. Primero llegas al colegio para hablar conmigo y el profesor Dumbledore nos deja solos y ahora te pones así, estás muy apagado.

Lupin soltó una risa amarga al oír de boca de Harry las mismas palabras que le había dicho James. Era increíble que se parecieran tantísimo, pero tenía razón, no estaba ahí sólo para saludarle y no sabía muy bien cómo enfocar el tema.

-El profesor Dumbledore me dijo que en navidad sentiste algo extraño al tocar a tu padre ¿no es cierto?

Harry afirmó despacio con la cabeza, intentando descubrir qué era tan importante respecto a esas sensaciones. Miró a Remus con escepticismo y valoró si debía o no contarle que en el partido había vuelto a ocurrir, pero era Remus y no había secretos entre ellos. Desde la muerte de Sirius odiaba los secretos, las cosas a medias y había aprendido que en la mayoría de las ocasiones era mejor contar con alguien para resolver un problema; así que fue Lupin, que vivía una situación tan paralela a la suya, la persona en la que terminó volcándose.

-Sí es cierto. Hicimos un tregua, pero no era un mal presentimiento ni nada, era algo cálido, me sentía bien. El profesor Dumbledore dice que tenemos un vínculo mágico importante y que por eso ocurre.- Remus asintió pero no le dijo nada, seguía valorando como afrontar esa nueva verdad- El otro día volvió a ocurrir- la noticia hizo que Lupin le mirara rápidamente muy interesado en esa información y eso le extraño aún más- Fue en el partido. Es como si cada vez que tenemos una especie de tregua en esa guerra que tiene contra mí, pasara algo- lo observó cuidadosamente y supo que le estaba ocultando información- Y tú sabes algo, por eso estás aquí.

-Harry, es cierto, yo sé algo sobre ese tema, muy poco, poquísimo, pero al fin y al cabo, sé más que tú- respiró hondo y se restregó la cara con las manos, sabía que Harry se enfadaría porque no le hubiesen contado todo desde el principio como ocurrió con la profecía.

-¿Y me lo piensas contar?- su voz resonó fría y rotunda, como un reproche, lo que supuso una losa más sobre Remus que ese día ya había tenido mucho más que suficiente.

Remus se levantó despacio y paseó en silencio por la habitación dándose tiempo a sí mismo para afrontarlo, pero al mismo tiempo impacientando a Harry. Se apoyó en la ventana, sentándose en el hueco que ésta dejaba en los gruesos muros y sonrió levemente al recordar que Andrea hacía eso mismo cuando estaba preocupada, pero tenía que concentrarse.

-En segundo tuviste muchas dudas acerca de si eras realmente un gryffindor ¿no es cierto?- el chico asintió con la cabeza extrañado- durante ese curso pensaste que tú podías ser el heredero de slytherin pero al final Dumbledore te convenció de que por mucho que hubiese dicho el sombrero, tú eras un auténtico miembro de gryffindor. ¿no es así?- Harry afirmó extrañado de todo aquello- ¿Cómo te convenció?

Harry estaba absolutamente descolocado, no tenía ni idea de a qué venía aquello, le estaba hablando de su segundo curso y de eso ya hacían cinco años. ¿Por qué tenía que dar tantas vueltas? ¿a dónde quería llegar?, pero al ver que le miraba con insistencia le contestó aunque no muy convencido de que eso tuviese importancia.

-Dumbledore me dijo que sólo un auténtico miembro de gryffindor era capaz de sacar del sombrero la espada de Godric. Ésa de ahí - le señaló la estantería donde Dumbledore conservaba con absoluto cuidado la espada del fundador.

-Pues eso no es del todo cierto.

-¿Me estás diciendo que no soy un auténtico gryffindor? - le interrumpió alucinado teniendo en cuenta que llevaba siete años en esa casa y que otra cosa no, pero valor había tenido que demostrar con creces a lo largo de ese tiempo.

Le observó de arriba abajo y no pudo hacer otra cosa que sonreír. Por muy maduro que pareciera en la mayoría de ocasiones, por muy hombre que siempre le considerasen todos, en el fondo no dejaba de ser un crío de diecisiete años preocupado por las mismas cosas tontas que años atrás.

-Es curioso que precisamente tú preguntes eso, Harry. Eres un miembro de nuestra casa más que auténtico y de eso que no te quepa la menor duda. Lo que no es cierto es que la razón por la que sacaste la espada del sombrero es que pertenezcas a la casa de Gryffindor. Yo no hubiera podido sacarla.

-Remus, te agradecería mucho que fueras al grano.

-Está bien. Sacaste esa espada porque realmente es tuya. Perteneció a Godric Gryffindor en vida y su sangre corre por tus venas, así que tú eres su dueño legítimo - Harry abrió la boca increíblemente incapaz de creerse eso- Es más, teniendo en cuenta que desarrollas su poder más característico es probable que seas... ¿cómo decirlo?... algo así como un heredero especial. Ya te he dicho que yo no estoy muy puesto en este tema, pero creo que debe ser algo así.

-Eso no es posible- acertó a decir Harry con dificultad después de unos minutos de incertidumbre- Si eso fuera verdad el sombrero nunca me hubiese querido mandar a slytherin.

-Harry, tú tienes ciertas peculiaridades- le señaló la frente con cuidado, todavía se esperaba que desplegase su ira.- Te aseguro que es cierto, costó mucho tiempo averiguarlo pero al final se consiguió.

-¡Qué bien! ¿no?- la ironía no era precisamente un rasgo que le caracterizara, pero a pesar de ello hizo muy buen uso de ella en ese momento- Y digo yo, en siete años que llevo en el mundo mágico ¿NO SE LE HA OCURRIDO A NADIE CONTÁRMELO?

-Harry, cálmate, esto es un secreto muy bien guardado, sólo tres personas lo sabemos, bueno y ahora tú. Ni siquiera tu padre lo supo nunca.- se calló unos segundos observando a Harry respirar agitadamente- No le dio tiempo a saberlo.

-¡ESO NO ES UNA EXCUSA! ESTOY HARTO DE QUE SEPÁIS DE MÍ MÁS QUE YO MISMO ¿Y POR QUÉ NO ESTÁ AQUÍ DUMBLEDORE? SEGURO QUE ES COSA SUYA

-Por favor, serénate y siéntate un momento- le habló pausadamente y le empujó en los hombros para que se tranquilizara- Si Dumbledore no te lo contó quizá es porque pensaba que no sería bueno para ti, Voldemort no sabe quién es el heredero de Gryffindor, ni siquiera sabe que existe uno, te aseguro que si lo supiera, tendría tanto miedo de él como lo tiene de ti.

-Voldemort no me tiene miedo- farfulló todavía enfadado.

-Sólo tú puedes vencerle y lo sabes. Dumbledore no te ha dejado usar tu poder sin varita en público porque si Voldemort lo descubre sabrá que eres el heredero de Gryffindor y eso podría eliminar el efecto sorpresa.

-¿Pero por qué os empeñáis en ocultarme cosas?- le terminó preguntando derrotado- De Dumbledore me lo esperaba ¿pero tú?

-Se supone que yo no debería haberlo sabido nunca, por eso no te lo podía decir. Además tampoco pensé que fuera importante, pero ahora Dumbledore considera que debes saberlo y tenemos que confiar en él.

-Sus decisiones no siempre son buenas-le cortó secamente.

-Comete errores como todo el mundo, es una persona como tú y como yo. La verdad es que no sé qué planes tiene y si te soy sincero no estoy de acuerdo con lo que me ha propuesto.

-¿Qué te ha propuesto?- se temió lo peor, no quería que le enviase a hacer cualquier cosa peligrosa, sería demasiado para él tener que soportar que podía estar en peligro.

-Hay alguien que se especializó en este tema. Ni Dumbledore ni yo tenemos más idea que el hecho de que los Potter descendéis directamente de Gryffindor, él quiere que yo la busque para que te ayude.

-¿Y lo harás?- Remus negó con la cabeza, totalmente serio pero perceptiblemente más triste, más ido. - ¿Qué se supone que tengo que hacer entonces? ¿Por qué decírmelo ahora si de todas formas nadie sabe cómo tengo que actuar? Me lo podía haber dicho cuando me dijo la profecía y sin embargo se calló ¿Qué es lo que ha cambiado ahora?

Se quedaron pensando unos minutos valorando esas preguntas. Remus no sabía mucho más que Harry. Ya había pasado mucho tiempo, seguramente la cena habría terminado y Dumbledore no tardaría en llegar, le preguntarían entonces por qué, aunque Remus tenía sus propias teorías.

-Quizá fue porque todavía no controlabas la oclumencia y Dumbledore no quería que Voldemort se enterara cuando se metiese en tus sueños. Si no lo sabes tú, no lo sabe él.-Los dos se encogieron de hombros dando por buena la teoría

-Sí, eso hubiera sido lógico- se rascó la cabeza pensando y la cara le cambió de solo imaginar las intenciones del director- o quizás es porque ahora no sólo hay un heredero, sino dos.

Se miraron asustados, esa no podía ser la intención del director. No podían arriesgar a James, su vida valía más que la de Harry porque sin él Harry simplemente no existiría. Escucharon la puerta abrirse y los dos se giraron a la vez dispuestos a averiguar qué le pasaba por la cabeza al hombre que acababa de entrar.


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N/A: Hola a todos!!! Este capi he corrido mucho para hacerlo porque mañana viajo a Berlin (q ilusionnnn!!!!) así que quiero pedir perdon a quien lea la antorcha de la llama verde, porque ya no me ha dado tiempo a más. Muchísimas gracias por vuestros reviews, como siempre me animais muchísimo, q ademas este capi me ha costado lo suyo hacerlo, con las prisas y todo.

Recordaros que os paseis por los fics de Pekenyita y Evix Black y por HERENCIA DE MERODEADOR, q lo hacemos las tres juntas (si, lo se, es mucha publicidad pero merece la pena)

Y ya solo decirle a mis niñas q me encanta vuestra voz, jeje, (un poco piha pero pasable jejeje) q os quiero muchisimo y q nos vemos pronto (en cuanto aterrice mi avion) sed dolentas (x cierto peke a ver si me dices como se pronuncian las cosas q luego la lio) y exadme de menos jejejeje.

BESOS A TODOS!!!! NOS VEMOS EN CUANTO VUELVACAPÍTULO 23 LA SANGRE ENCONTRADA.


Se miraron asustados, esa no podía ser la intención del director. No podían arriesgar a James, su vida valía más que la de Harry porque sin él Harry simplemente no existiría. Escucharon la puerta abrirse y los dos se giraron a la vez dispuestos a averiguar qué le pasaba por la cabeza al hombre que acababa de entrar.

El director entró serio, sin fijarse directamente en ninguno de los dos, que ahora mismo lo estaban examinando minuciosamente intentando quitarse de la cabeza la idea que acababan de tener. El profesor Dumbledore se acomodó perfectamente en su asiento, con esa calma tan propia de él y se fijó en Harry esperando ver lo que pensaba en la expresión de su rostro, pero le estaba costando mucho porque Harry simplemente estaba confuso, demasiada información y poco tiempo para asimilarla.

-Supongo que te preguntarás por qué ahora ¿no es así?

-Sí, me interesaría mucho, pero la verdad es que me interesa más saber por qué ha huido, no ha querido estar presente cuando se supone que usted es el que más sabe de esto.- en ese momento lo mucho que pudiese admirar al profesor o el hecho de que fuese uno de los magos más poderosos de todos los tiempos no importaba, simplemente mostraba con su irreverencia lo fastidiado que estaba.

-Harry...- le riñó Remus para que abandonara aquella postura.

-Déjalo, Remus. No he huido - le respondió esbozando una sonrisa- simplemente sabía que si te lo decía yo no serías capaz de asimilarlo ni la mitad de bien que lo has podido hacer ahora. Los dos sabemos que no me perdonas mi parte de culpa en la muerte de Sirius.

Harry se tensó sobre su silla pero no bajó la mirada, era cierto que por mucho que quisiera no podía perdonarle el que le ocultase información, que lo mantuviese toda la vida dentro de una mentira a medias, pero no sabía que el director estaba al tanto de eso.

-Profesor, lo único que no entiendo es porqué se empeña en no contarme mi vida. ¿No lo entiende?, cada vez que me sorprende con algo nuevo, mi vida se descoloca, ¿qué se supone que significa el hecho de que sea heredero de gryffindor?

-Si hay alguien a quien Tom Riddle teme en este mundo es a Harry Potter, pero si hay algo que el heredero de Slytherin teme es al heredero de Gryffindor. En vida uno y otro fundador fueron magos increíbles, los únicos que podían plantarse cara entre sí y eso lo sabe Voldemort, por eso teme tanto que exista un heredero de Godric y que se una a ti.

-¿Él no tiene idea de nada?- preguntó muy extrañado Harry.

-No, no sabe nada.- fue Remus quien le respondió a la pregunta- Ya te he dicho que es un secreto muy bien guardado, se hizo un gran esfuerzo para descubrir la línea de sucesión de Godric Gryffindor, pero sobre todo se hizo para que Voldemort no supiera nada.- con esa alusión sus ojos parecieron perderse de nuevo sumido en unos recuerdos que quería olvidar.

-Sólo cuatro personas sabemos ahora esto, Harry- continuó Dumbledore- pero por desgracia, ninguno de los que estamos aquí tiene la más remota idea de cómo actuar. Yo he estado investigando todo este tiempo, pero no ha habido manera.

Harry miró a Remus porque sabía que esa otra persona era su misión en todo ese asunto, pero por la cara que tenía entendió que preferiría mil veces seguir sin saber nada a obligarle a buscarla, sin embargo su curiosidad le superaba.

-¿Quién es esa persona?

-Markins- contestó simplemente el profesor Dumbledore clavando su mirada en Remus- pero nadie sabe dónde encontrarla. Hace años que no hay rastro de ella.

-¿Andrea Markins?

Harry miró ahora sin ningún tipo de disimulo a Remus, era lo último que se imaginaba. Andrea, la chica con la que llevaba conviviendo tantos meses resultaba ser la portadora de su secreto, pero en ese torbellino de ideas algo llegó a su cerebro, él sí sabía donde estaba Andrea. Remus le había dicho que la última vez que la vio era un perfecta muggle del norte de Escocia. Se conocían demasiado bien y bastó solo una pequeña mirada de Remus para que él entendiera que debía callarse, nada, no diría ni una palabra que le comprometiera, pero ¿por qué tanto secretismo? ¿por qué Remus sabía dónde estaba mientras el resto el mundo lo desconocía?

-Sí, Harry- le respondió Remus con una sonrisa leve después de captar la declaración de intenciones de Harry- La misma Andrea que tú conoces aunque con algunos años más, el problema es que ella no está, nadie la puede encontrar y en cualquier caso- ahora fijo su mirada en el director que permanecía muy atento al juego que se traían - Andrea nunca volvería. Sería pedir un imposible.

-Las cosas no van bien y lo sabes Remus- habló tajantemente el director- a veces es necesario hacer imposibles, por mucho que nos pesen.

-Profesor, yo no puedo traer a Andrea- sentenció con rotundidad- Sé perfectamente lo que está ocurriendo ahí fuera, por si no lo recuerda yo me la juego casi a diario.

-¡Un momento!- interrumpió Harry- ¿Qué es eso de que las cosas van tan mal? Y explícame lo de que te la juegas.

Los dos adultos intercambiaron una mirada preocupada. Se habían dejado llevar y habían hablado más de la cuenta. Él se la jugaba como todos los demás, ni más ni menos, pero la guerra estaba siendo una empresa muy difícil. Los mortífagos se multiplicaban y las ideas de Voldemort encontraban cada vez más cabida en aquellos que se dejaban llevar por el miedo a que finalmente Voldemort se hiciese con todo el poder o porque simplemente sucumbían a las continuas amenazas de los mortífagos.

-Harry, la guerra no va bien- empezó Dumbledore con tranquilidad pero visiblemente cansado- Voldemort encuentra más y más aliados en todas las criaturas a las que los magos hemos tratado mal durante años y nosotros ya no damos abasto. Los aurores del ministerio están saturados, trabajan demasiadas horas y eso está repercutiendo en su rendimiento.

-Bueno, pero según El Profeta, la cosa va mal pero no tan tan mal.- opinó Harry tímidamente.

-El Profeta no cuenta ni la mitad de lo que ocurre, Harry- le explicó Remus poniéndole una mano en el hombro- Las cosas están realmente muy mal. Salimos a misiones a diario y ya hemos perdido a muchos.

-¿Y por qué no me lo has dicho?- le recriminó Harry - Yo pensaba que no tenías misiones muy peligrosas.

-En un ataque vamos todos. No podemos pensar que en ese momento eso es peligroso o no; simplemente hay que estar. Como acaba de decir Dumbledore, los aurores no dan abasto.

-¿Nicole está bien? ¿le ha ocurrido algo?

Nicole Merry era una aurora perteneciente a la orden del fénix que el director contrató como profesora de defensa contra las artes oscuras el curso anterior. Durante ese año le había entrenado al máximo en transformaciones, encantamientos y defensa a un ritmo increíble y terminó provocando que a finales de curso Harry desarrollase un poder que desconcertó a todos. Hasta el momento nadie había sido capaz de hacer magia sin canalizarla a través de una varita y Harry se tuvo que ver obligado a hacer un entrenamiento a ciegas, pero no por ello menos duro. Al principio era imposible, simplemente la hacía, sin poder controlarlo, hasta que con mucha concentración consiguió dominar pequeños hechizos. Nicole se había convertido en ese año en un gran apoyo, después de la muerte de Sirius, Harry estaba fatal y Nicole con su carácter estricto pero increíblemente amable le había sido de mucha ayuda.

-Nicole estuvo ingresada en San Mungo hace dos semanas por un ataque pero ahora está bien. - le explicó Remus con cautela - Ha vuelto a la acción. No tienes de qué preocuparte.

-Harry el caso es que estamos simplemente dando resistencia- siguió Dumbledore- La cosa se complica día a día y, bueno, creo que era el momento y la situación para que supieras quién eres y la tarea que eso lleva.

-Ya le dije que estoy preparado, - afirmó seriamente- domino muy bien este poder y podría enfrentarme a Voldemort si fuera necesario.

-¡De eso nada!- gritó Remus exaltado poniéndose de pie- No digas tonterías, Harry, no sabes lo que dices. La suerte no te va a acompañar siempre y ... no, que no, que me niego.

El miedo a perderle no le dejaba racionalizar correctamente, sólo sabía que tenía que negarse a aquella locura y esperaba que Dumbledore le apoyara, así que le miró expectante buscando su ayuda para quitarle a Harry esas ideas de la cabeza.

-Ya te dije que Voldemort tomó muchas medidas para vencer a la muerte. No es tan fácil como usar un Avada Kedavra. Remus tiene razón. No debes hacer una locura, sin embargo...- se quedó pensativo unos segundos, como si tuviera miedo de dar el siguiente paso en la conversación, como si realmente él no estuviera de acuerdo con aquello, pero se viera obligado.

-¿Sin embargo qué? - animó Harry curioso y casi desesperado por la incertidumbre.

-El hecho de que tú seas al mismo tiempo el único con poder para vencer a Voldemort y el único con poder para acabar con el heredero de Slytherin es una ventaja que nos coloca por encima de Voldemort. Además tenemos el hecho de que él no sabe que eres tú precisamente ese otro a quien él podría temer. - Volvió a callarse unos segundos sopesando sus propios pensamientos- pero además tenemos no uno sino dos herederos de Gryffindor, de manera que nuestra posibilidades podrían aumentar.

-¿Qué quiere decir?- preguntó Remus temiéndose lo peor. Todavía de pie, había pasado por detrás de la silla de Harry y le había puesto las manos sobre los hombros para que se calmara, sabía que en ese momento podría saltar en un arrebato un poco incontrolado y era mejor dejar terminar al director.

-James nunca supo que era heredero de Gryffindor, no tuvimos tiempo para prepararle, sin embargo ahora que está aquí podríamos aprovecharlo. Harry y él tendrían mucho más poder juntos que por separado, ya habéis visto lo que ocurre cuando se tocan. Os complementáis porque vuestro vínculo es superior al que podrías tener por ejemplo con Lily.

-No- sentenció Harry con total calma y una madurez en su tono que sorprendió a los dos adultos- No estoy dispuesto a arriesgar a mi padre. Sencillamente no. Nadie va a poner a mi padre en peligro, él no saldrá de este castillo para ir a buscar a Voldemort por mucho que eso signifique para la guerra. Si le ocurre algo y no vuelve al pasado toda la historia cambiará, yo no naceré y Voldemort no tendrá a nadie que le haga verdadero frente.

-Harry tiene razón- le apoyó Remus un tanto inquieto ante la idea que había tenido el director- No podemos arriesgar a James, de que vuelvan todos sanos y salvos a su tiempo dependen todos estos últimos años y sobretodo depende la mismísima existencia de Harry.

-No me habéis entendido. - se defendió el director con calma- No pienso arriesgar a James, no voy a llevarlo delante de Voldemort y acabar con las pocas esperanzas de victoria que nos quedan. Sólo quiero que entrene, que desarrolle su poder de heredero. De lo poco que he conseguido averiguar en este tiempo es que todos los herederos de Gryffindor tienen un poder que pueden o no desarrollar, pero que siempre se acrecienta si están más conectados.

-A ver que yo me entere- empezó Harry- Mi padre tiene un poder ¿no?- el profesor Dumbledore asintió- ¿cuál? Porque yo no le he visto que sea muy capaz de hacer nada sin una varita.

-No lo sabemos. James nunca demostró tener ningún don especial, excepto que era un gran mago, muy poderoso, pero podría ser capaz de desarrollar cualquiera de los que tuvo Godric.- le explicó el director- no sé, controlar los elementos, el tiempo, tener premoniciones o incluso el más característico, el que tú tienes.

-¿Está diciendo que si James y Harry entrenan juntos su poder crecerá? - preguntó Remus - Pero ¿Cómo van a hacerlo si ni siquiera sabemos qué puede hacer James?

-Por eso necesitamos a Andrea- le señaló el director- bueno, por eso y por otras muchas cosas que ella sabe y nosotros no.

-No insistas, por favor- le rogó Remus- Sabes perfectamente que no sólo es que no la podemos encontrar sino que ella no quiere volver y sobretodo, no puede hacerlo.- Remus remarcó mucho la última parte de su argumento.

-Está bien- Harry se puso de pie, colocándose justo entre los dos adultos, que estaban manteniendo un duelo de miradas, se pasó las manos por la cabeza intentando estrujarse el cerebro para conseguir aceptar todo aquello- Entrenaré con mi padre. Yo no necesité a Andrea para descubrir mi poder ni para desarrollarlo, podemos hacer lo mismo con James. Pero quiero dejar una cosa clara, jamás permitiré que se arriesgue. ¿entendido?

-Por supuesto- confirmó el director- Ahora el problema será cómo decirle a James que tiene que desarrollar un poder como tú lo haces, que tenéis que hacerlo juntos, que es heredero de Griffindor y todo sin que se entere de que es tu padre.

-No se preocupe por eso, profesor.- Harry sonrió para sí, la verdad es que ese era el menor de los problemas- Mi padre ya sabe quién es. Todos lo saben, aunque realmente lo único que saben es que soy hijo de James y Lily, nada de que murieron, nada de la profecía, simplemente eso.

-No deberías habérselo contado- le dijo Remus sin pizca de reproche.

-Era mi vida o mi secreto. El día que tuve que ingresar en la enfermería no tenía un dolor de estómago normal y corriente. Estaba desapareciendo porque mis padres estaban a punto de separarse. Mi madre lo descubrió y cuando James nos vio abrazados pensó que teníamos algún tipo de relación a sus espaldas.

-¿Y por eso te pegó?- preguntó Dumbledore. Harry simplemente afirmó con la cabeza- Está bien, eso lo deja todo más fácil, pero no debe saber nada más, nada de sus muertes ni de la traición de Peter. Harry por favor es muy importante para todos que la historia transcurra tal cual lo ha hecho.

-No se preocupe, soy muy conciente de ello.

-¿Pero no se supone que nos borrará la memoria?- preguntó Remus algo confundido.

-Hay cosas mucho más fuertes que un hechizo, Remus- contestó el director con extrema parsimonia, como si estuviese navegando por el pasado en ese momento- Cosas que pueden hacer recordar incluso aquello que se ha obligado a olvidar.

-¿Qué cosas?- preguntó Harry interesado.

-Cosas- fue la simple contestación del director acompañada de una sonrisa que indicaba que la conversación había terminado.

Ya era muy tarde y Remus tenía que volver al cuartel general. Había sido un día duro para todos, especialmente para él y era mejor hablar con James al día siguiente.

-Cuídate- le dijo Remus dándole un beso en la mejilla antes de marcharse- Y procura no discutir mucho con tu padre.

-No te metas en líos, Remus, por favor y quiero que uses el espejo más a menudo. ¿vale?

Remus desapareció entre las llamas verdes de la chimenea y Harry se despidió del director para marcharse a la torre gryffindor. No había cenado pero todo lo que tenía en la cabeza le había quitado las ganas de comer cualquier cosa. Estaba ausente, caminaba mecánicamente hacia la torre sin reparar en otra cosa que no fuera todo lo que acababan de hablar. Una nueva cosa lo señalaba como el elegido y él odiaba eso como odiaba ser el más ignorante en su propia vida. No había nadie en los pasillos, era realmente tarde y cuando entró en la sala común pudo ver cómo sólo algunos alumnos aislados se veían desperdigados por las mesas intentando hacer algunos trabajos de última hora. Cruzó la sala en dirección a las habitaciones ignorándolo todo, todavía demasiado concentrado en lo que le acababan de decir para ver nada que no estuviera dentro de su cabeza.

-Buenas noches, señor Potter.

Harry se dio la vuelta sorprendido y encontró a Ron sentado tranquilamente con los brazos cruzados en una butaca junto a la chimenea.

-No te había visto, ¿qué haces aquí a estas horas?

-Pues esperarte, ¿tú qué crees?-le preguntó acercándose a él- Saliste corriendo en cuanto te dijeron que Dumbledore quería verte ¿qué ha pasado?

-No te lo vas a creer. Remus tenía que contarme una cosa. Por cierto ¿y las chicas?- le preguntó extrañado al darse cuenta de que no estaban allí.

-Se estaban poniendo muy nerviosas y las mandé arriba, la verdad es que todavía no sé cómo me han hecho caso- se rió de su propio comentario- Las mujeres de mi vida no me tienen en cuenta como regla general, pero venga vamos cuéntame eso tan sorprendente.

-Ya sé de donde he sacado mi capacidad para hacer magia sin varita- Ron le miró expectante animándole a continuar- De mi tatara-tatara-tatara-abuelo por parte de padre.- le explicó con ironía.

-¡Ah! Así está tomo mucho más claro- satirizó Ron.

-Tío, tengo la negra, si no tenía bastante con la leche esa de la profecía ahora va Remus y me dice que soy el heredero de Gryffindor y que tengo que hacer que mi padre desarrolle su poder. De esta salimos a tortas otra vez, lo que yo te diga.

-¿Y estás bien?- le preguntó Ron inspeccionándole después de unos segundos de silencio en el que tuvo que asimilar la información que le acababa de dar - No sé, no parece que la herencia te haya hecho mucha ilusión.

-Demasiadas cosas, Ron, y como siempre yo sé muy pocas; además esto es otro peso más, de repente vuelvo a estar en el centro de una historia y no me gusta, me descoloca. Me costó lo suyo aceptar la profecía y ahora estoy doblemente señalado. El heredero de Slytherin, o sea Voldemort, solo teme al de gryffindor, es decir, yo. ¿Tan difícil es tener una vida normal? A veces me gustaría ser un tío simple.

-Venga chaval- le pasó el brazo por los hombros- se te pasará, al fin y al cabo no cambia tanto. De todas formas tendrías que enfrentarte a Voldemort, al menos ahora sabes más de tu vida. Ahora tu problema se llama James soy arrogante Potter. Además ser un tío simple sería aburrido, ¿qué habríamos hecho nosotros todos estos años sin Voldemort persiguiéndote?

-¡Pero mira que eres tonto!

-Sí, ya sé que me quieres, yo a ti también.

Subieron juntos las escaleras, ahora un poco más animado. Ron era el mejor para hacer que las cosas serias encontraran una dimensión diferente. En el descansillo que dividía la escalera que conducía a la habitación de las chicas aparecieron Hermione y Ginny con el camisón, así que Harry tuvo que volver a repetirles la historia. Eran las dos de la madrugada cuando los cuatro volvieron a sus habitaciones, después de una larga charla que pasó por todos los puntos que habían tocado en el despacho de Dumbledore incluido el hecho de que necesitaran a Andrea.

A la mañana siguiente Harry se despertó muy cansado, no había dormido nada dándole vueltas a la cabeza una y mil veces, se hacía continuamente preguntas sin respuesta. Odiaba ignorar su pasado y se repetía una y otra vez que nada sería igual si Lily y James siguieran vivos, ahora era todo diferente. Estaba dispuesto a enfrentarse a su destino como heredero y como niño que vivió, pero quizá Ginny tenía razón y con su madre siendo tan madre esa disposición se había avivado, no era venganza, ya no sentía venganza ni hacia Voldemort ni hacia Bellatrix; le había arrebatado a las únicas personas que le querían de verdad pero había sabido no rebajarse a su nivel. Lo haría porque debía hacerlo, pero era asquerosamente duro.

En su cama, solo, sin tener que aparentar que estaba preparado, sin tener que demostrarle a nadie que no tenían de qué preocuparse porque él estaba dispuesto a acabar con todo, su mundo se le venía encima y sentía miedo a no estar un día con la gente con la que estaba ahora, a no poder besar a Ginny una mañana, no poder contarle a Hermione uno de sus problemas, a no oír a Ron una de sus bromas que sólo pretendían animarle; pero tenía que seguir. Tenía que hablar con James y prepararse para aumentar ese poder para así acabar con Voldemort.

Estaba en el baño intentando adecentarse un poco el pelo y que no se le viera tan mala cara. No era la primera noche de insomnio que pasaba, pero ese día tenía que hablar con James y quería estar, o al menos parecer, estar bien.

-Si quieres le pido a mi hermana algún potingue de esos que usan las chicas para la cara- Ron estaba apoyado en el marco de la puerta observándole- El agua no hace milagros. No creo que arregles esas ojeras, te has pasado toda la noche despierto.

-¿Y tú como lo sabes?

-Muy mal has debido estar para no darte cuenta que no estaba roncando- bromeó Ron - Después de tantos años, cuñadito, ya sé como respiras cuando duermes y cuando no. ¿Estás bien?

-¡Claro!- respondió encogiéndose de hombros, pero recibió un toallazo en la cara de su amigo y tuvo que claudicar- No mucho, pero se me pasará. En serio, no te preocupes.

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Ese día la clase de pociones fue la más dura de todo el curso. A Harry se le hizo eterna, entre lo poco que había dormido y lo malo que era en pociones, tener a Snape más enfadado y odioso de lo que ya era de por sí estaba convirtiéndose en algo insufrible. Por lo que le contaron Sirius y James en el descanso, le habían dado una buena lección a Malfoy y habían tenido un pequeño choque con Snape, lo que le satisfizo muchísimo a pesar de que eso significara tener al profesor de pociones enfadado todo lo que restaba de curso.

-Después tienes que venir conmigo al despacho de Dumbledore- le dijo Harry a James.

-¿Para qué?- fue su respuesta seca.

-No te lo puedo decir ahora, pero tienes que venir.

-¡Ya empezamos con los secretitos!- exclamó un poco enfadado - Estamos castigados en las cocinas, no tengo tiempo para tus tonterías.

-James, por favor, no empieces. Tienes que venir quieras o no quieras, es algo muy importante ¿vale?

-Vale, pero me libro del castigo de hoy.- reclamó James para no conformarse sólo con aceptar lo que Harry le pedía.

Pero James no se libró del castigo de ese día, Lily y Sirius se negaron en rotundo a cargar ellos con todo mientras él le hacía una visita al director. De hecho se apuntaron a ir con la esperanza de que ahora fuese Sirius o el mismo James quien les estuviera esperando pero Harry se negó totalmente a que ellos también fueran, conocía ya a su padre lo suficiente como para saber que no tardaría ni cinco segundos en contarle a todos sus amigos quién había sido su antepasado pero prefería contárselo primero a él y así evitar cualquier pregunta peligrosa.

Entraron en el despacho en silencio. Por el camino Harry había intentado sacar algún tema de conversación, pero James estaba ya un poco enfadado por tener que ir al despacho para no se sabe el que y encima luego salir corriendo hacia las cocinas. Al menos le quedaba la esperanza de que encontraría a algún elfo que le hiciese el trabajo. La persuasión siempre había sido su fuerte y por muchas órdenes directas que Dumbledore les diera para que les obligaran a trabajar, Sirius y él tenían que encontrar la manera de librarse. Cuando entraron, James se sentó en la silla tranquilamente, como si acabase de hacerlo en el salón de su casa; Dumbledore le miró y sonrió, sobretodo cuando Harry detrás de él negaba con la cabeza en un gesto muy parecido al que siempre hacía Lily cuando se daba cuenta de que su novio no tenía remedio.

-Buenas tardes ¿qué tal el día?- Harry y James le miraron con la ceja alzada, preguntándose cómo podía hacer una pregunta tan tonta, cada uno por sus motivos tenía razones para no catalogar ese como un gran día.- Bien, ya veo que no habéis tenido un gran día- se puso de pie y le señaló a Harry que se sentara al lado de su repantigado padre- ¿Le has contado algo?

James se enderezó en la silla al escuchar la pregunta y miró rápidamente a su hijo que negaba con la cabeza. Cómo le molestaban esos secretitos. Empezó a darse repetidos golpecitos en la cara, mirando a Harry para que empezase a hablar, pero él no estaba del todo seguro de cómo afrontar el tema, ni siquiera lo había asimilado, aunque pensaba que lo mejor era que se lo contara él. Sabía mejor que el director lo que James conocía y lo que no de su vida y de su futuro, así podría inventarse mejores excusas para sus preguntas.

-A ver, te explico- empezó Harry intentando ponerse en situación bajo esa mirada asesina de James- Tú el rollo este de los fundadores del colegio, te lo sabes ¿verdad?

-¿Me piensas dar una clase de Historia de Hogwarts?- le preguntó mordazmente.

-James, por favor, déjale continuar- El profesor Dumbledore había aceptado el pacto tácito de que fuese Harry quien lo contase, pero por lo que estaba viendo iba a tener que intervenir como árbitro entre esos dos.

-Te lo voy a pedir como un favor - Harry intentaba controlarse después de una mala noche y un día intranquilo para no acabar mal con su padre- déjame terminar y luego te pones como te dé la gana- James afirmó con la cabeza de mala gana- Bien, pues visto que la historia de Hogwarts la llevas bien, tengo que decirte que hace algunos años descubrimos que Voldemort era el último heredero de Salazar Slytherin, lo que le hace tener una serie de poderes especiales que ha heredado de él.

-¿Y eso que tiene que ver conmigo?- preguntó James extrañado.

-Pues que hemos descubierto quién es el heredero de Godric Gryffindor y que esa persona tendrá también una serie de poderes herencia del fundador- le explicó Dumbledore.

-Yo soy el último heredero de Gryffindor- saltó Harry llamando la atención de James- y bueno, dada la situación, tú eres el otro heredero, por eso había que contártelo.

James empezó a hacerle gestos con la cara para que se callara, estaba contando delante del director que sabía que era su padre y eso era ahora mismo más importante que la sorpresa que se acababa de dar. Harry no sabía a qué venía esa reacción, se hubiera esperado cualquier cosa de él, que se enfadara o incluso que se alegrara, pero no que se pusiese a hacerle gestos extraños con la cara que no llegaba a entender muy bien.

-James.- le llamó el director, haciendo que adoptase una pose de niño bueno- James, tranquilo, yo sé que tú sabes quién eres. Harry me lo contó ayer, no te preocupes, de todas formas es lo mejor dado lo que te acaba de decir.

-Uff, menudo susto, ya me veía con otra bronca.- respiró tranquilo- A ver que yo me entere, porque esto es un lío. ¿Me estás contando que toda mi familia desciende de Godric Gryffindor?

-Sólo son realmente herederos los primogénitos- interrumpió el director, haciendo que los dos chicos les miraran, ese era un dato que Harry tampoco sabía.

-Como sea- le restó importancia- ¡Cómo mola! ¿no? Eso me convertiría en el propietario de la cuarta parte de este castillo.- exclamó emocionado, para él ser el heredero de Gryffindor no tenía ninguna importancia más allá de poder chulear un poco más.

-¿Pero cómo se puede ser tan tonto?- masculló Harry desesperado.

-Harry...- ahora el turno de ser llamado al orden le cayó a Harry, que admitió con desgana que tenía que callarse.

-¿Eso es lo que vino a contar ayer Remus?- tanteó James, quería enterarse de qué era lo que hacía su amigo allí.

-¡No!- negó rápidamente su hijo- Remus vino por unos asuntos para la orden- Dumbledore carraspeó para que Harry se callara- No profesor, también saben que trabajan para la orden, es que son unos chicos muy cotillas- le sonrió forzadamente a James que le devolvió el gesto con asco.

-El caso James es que tienes que practicar para desarrollar tu poder.

-¿Y cuál es?- James cada vez estaba más emocionado con la idea- ¡Un momento! ¿por qué éste tiene su poder controlado con diecisiete años y yo no sé cuál es? ¿También podré hacer magia sin varita?

-Primero, céntrate- le ordenó tajantemente Harry harto de tanta emoción, él se había pasado toda la noche preocupado y para James era como si le hubiera tocado la lotería- Esto no es ningún juego ¿entiendes? Te he dicho que Voldemort es el otro heredero, esto no puede salir de aquí o la hemos liado, bastante tenemos ya con que nos tenga más que fichados. Te dije que nos persigue, nos tiene manía desde que no pudo matarme ¿o no te acuerdas?- cada vez estaba más enfadado pero eso no le impedía seguir manteniendo su mentira como si fuese la mayor de las verdades- Ser heredero de Gryffindor no es ningún premio, más bien es una maldición - murmuró para sí, pero el rostro se le ensombreció y James pudo darse cuenta de que no se encontraba bien, aunque no se atrevió a preguntar.

-Lo que quiere decir Harry- siguió Dumbledore- es que es una información con la que tenéis que tener mucho cuidado y sobre todo es una razón para que trabajéis muy duro.

-¿Vamos a luchar contra Voldemort o qué?- bromeó James

-Claro que no- le respondió el director-pero no podemos arriesgarnos a que él os descubra y os persiga, tendríais que estar muy preparados y mejorar mucho vuestro poder.

-Pero yo no sé cuál es- reclamó James- ¿Por qué no viene mi yo adulto y así le preguntamos a él?

-Porque está en una misión y además tampoco sabe cual es- mintió nuevamente Harry dejando al profesor Dumbledore alucinado por su capacidad- Se ha descubierto hace muy poco, siempre has sido un gran mago, uno muy poderoso pero no has desarrollado nunca nada especial. Ahora estás también trabajando para hacerlo, pero si tú lo consigues ahora, para él será más fácil y a mí me dará más poder.

-Exacto- apoyó Dumbledore todavía alucinado con ese despliegue de mentiras.

-Está bien- se conformó James- le pediré a Remus y a Sirius que me ayuden, aunque no tengo ni idea de lo que tengo que hacer.

-No-sentenció el director- Entrenarás con Harry, sólo con él. Entre los dos intentaréis encontrar ese poder y procuraréis tener más treguas de esas que vosotros hacéis.

-¿Seguimos pidiendo cosas imposibles, profesor?- le preguntó Harry casi divertido, ¡menuda le esperaba! pensó.

-No, no y no, me niego, usted no lo sabrá profesor, pero es que éste y yo nos llevamos muy mal y que no, que me niego. No puede ser, terminaremos a tortas.

-Espero que no sea así, James. Además, Harry está mucho más entrenado que tú, creo que vais con él a veces a practicar defensa- los chicos afirmaron- pues todo continuará así, pero más duro y en solitario. Y tendrás que hacerle caso. - ordenó mirando a James.

Harry sabía que aquella orden sería totalmente contraproducente, James no le haría caso por voluntad propia de ninguna manera, en todo caso tendría que convencerle de que se necesitaban mutuamente y que eso era lo mejor para todos, eso o ponerle entre la espada y la pared. Ya le costaba la vida que le hiciese caso en el quidditch como para encima ponerse por encima de él en otra cosa más.

Salieron del despacho otra vez en medio de un silencio tenso, James llevaba los puños apretados e iba murmurando cosas inteligibles que Harry pensó que eran insultos contra él, su plan por ganarse puntos tenía que empezar ya y creía saber como hacerlo.

-¿Vas ahora al castigo?- le preguntó tanteando cuando salieron de la gárgola que custodiaba la entrada al despacho.

-¿Y a ti qué te importa?- le saltó de mala leche.

-Dobby es un elfo amigo mío, trabaja de forma libre así que en algunos casos podría saltarse las órdenes directas. Si le dices que vais de mi parte seguro que os pone cosas muy facilitas.

-¡Mira niñato! Llevamos siete años en este colegio, hemos tenido más castigos que nadie y nunca hemos necesitado tu ayuda. Sirius y yo nos bastamos solitos para que nos pongan las cosas fáciles. No pienso aceptar tus favores.

-¡Vete a la mierda, James! Sólo quería ayudarte, pero ya veo que eres tan arrogante y tan gilipollas que ni si quiera puedes ver que alguien quiera echarte una mano.

Salió andando pasillo adelante dejando a James con la boca abierta allí plantado. Harry iba en una postura muy parecida a la que antes había tenido su padre, mascullando cientos de insultos contra él. Le había dolido que le rechazara de esa manera, él solo intentaba tener cierta cordialidad y apaciguar las cosas después de que Dumbledore los enfrentara sin querer. Era realmente imposible llevarse bien con James, era demasiado orgulloso y él no estaba ese día para tonterías, así que a pesar de que era muy temprano, enfiló para su cuarto sin hablar con nadie y se metió en los doseles de su cama dispuesto a pasar otra mala noche sin comer nada.

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Mientras James estaba en el despacho del director con Harry, Sirius había ido a su ya habitual cita en la biblioteca donde cada tarde ayudaba a Patricia con sus deberes de transformaciones. Llevaba media hora tirado en la mesa donde se sentaba siempre, casi durmiendo por el aburrimiento e ignorando por completo los cuchicheos de algunas chicas de su alrededor. Cansado de estar allí y con la firme intención de matar a Patricia cuando la viera salió hecho una furia de la biblioteca, sin mirar muy bien por donde iba, así que no se dio cuenta con quien chocó justo al cruzar la puerta.

-Perdón... ¡oh, vaya! Si es la señorita mis problemas los soluciono yo- exclamó con ironía al darse cuenta de que la persona con quien había chocado era Patricia.

-¿Podemos hablar?- preguntó ella tímidamente.

-No sé, estoy castigado porque ayer me peleé con cierto rubio besucón y como cierta persona ha llegado tarde, pues creo que no voy a tener tiempo. - Había estado demasiado tiempo esperando y Sirius no era precisamente una persona a la que le hicieran esperar.

-Sólo será un momento, de verdad. - le rogó ella. Al ver que Sirius se echaba en la pared con los brazos cruzados y con gesto orgulloso siguió hablando - Quería pedirte perdón por lo de ayer, sé que tú lo hiciste con buena intención, pero no me gusta que me protejan, yo soy muy independiente y me gusta solucionar mis problemas.

-Creo que es una tontería- le contestó algo más calmado al ver que ella le había pedido perdón, Sirius era fácil de calmar. - Yo sólo quería ayudarte y darle una lección a Malfoy, no sé por qué te fuiste así como así.

-Por lo que sé, la lección se la diste- le sonrió divertida- y bueno, no quería bajarme a su nivel, y tú tampoco debiste haberlo hecho.

-Me gusta defender damiselas en peligro. - Volvió a ponerse erguido haciendo un gesto chulesco. - Yo soy así.

-Vamos que eres un antiguo- concluyó ella, ahora mejor después de ver que ya no seguía enfadado.

-Sí, ya ves. Yo es que soy muy de los setenta.- se rió un poco de su propio comentario pero Patricia no lo entendió.

-A mí también me encanta esa época. Me gusta todo, no sé por qué. Es una tontería pero siempre he sentido que debería haber vivido esos años, los setenta y los ochenta. Es una sensación muy extraña pero la tengo desde pequeña, es como si alguien me llamara, aunque ya hace un par de años que no lo siento, Sin embargo antes era como si yo fuera el príncipe de un cuento y tuviera que liberar a esa persona que me llamaba continuamente. - se detuvo unos minutos y se dio cuenta de que Sirius le estaba escuchando ensimismado- ¡Buaj! No sé por qué te estoy contando esto.

-A lo mejor es porque somos amigos ¿no?

-¿Lo somos?- le preguntó sorprendida, pero con clara intención de picarle- Yo pensaba que el gran Anthony Barker no tenía amigas, sólo tenía rolletes.

-Todos tenemos derecho a tener una amiga, y tú eres la mía. - Abrió los brazos como si eso fuese un gran regalo para ella.

-Eso no le gustará a tu novia. Se os ve muy bien, aunque ayer te vi esconderte debajo de la mesa en el desayuno cuando entró en el comedor.

-Me agobia mucho, yo no estoy hecho para el amor. Soy un espíritu libre.

-Sí, te entiendo, a mí me pasa lo mismo. No me va mucho eso de enamorarse. Al menos tenemos algo en común.

-Bueno, nena, tengo que irme. - se despidió con una sonrisa- Mañana no llegues tarde o yo no podré cumplir con mi castigo.

-Gracias otra vez.

Sirius tomó el camino hacia las cocinas donde ya estaban Lily y James esperándole. Para su desgracia se dieron cuenta de que con los años los elfos domésticos o se hacían más obedientes o más inmunes a sus palabras, pero el caso es que les tocó el trabajo más duro de la cocina y por lo que se veía sería así toda la semana. James mantuvo en secreto la amistad entre Dobby y Harry y la oportunidad que éste último le había dado para librarse del castigo, sabía que si Sirius y Lily se enteraban no le dejarían mantenerse en su orgullo.

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N/A: Hola!!! ¡¡¡VOLVÍ!!! Para el que le interese, me lo he pasado estupendamente y ahora de vacaciones en casita, con mi mami jejeje. He corrido mucho para sacar el capi y espero que os guste mucho mucho y sobre todo que hayais tenido una buena semana santa.

Muchisimas gracias como siempre por vuestros reviews y por seguir ahí como unos campeones, sólo os digo que la cosa se pone cada vez más interesante, pero para mi desgracia mi curso también así que no tendré mucho tiempo para escribir.

Y nada más, sólo volver a hacer las recomendaciones de siempre, leed volví, always on my mind, la 2º guerra y por supuesto herencia de merodeador.

Un besazo enorme para todos pero sobre todo para mis niñas, chicas ya tengo vuestro regalito casi listo, que ganitassss jejeje.CAPÍTULO 24: SUCEDE A VECES.

Para cuando llegó el primer día de entrenamiento de los Potter, todos sabían de la herencia. Sirius, Lily y James habían terminado el castigo en las cocinas teniendo que hacer los trabajos más duros porque James no se dignó a comentarles a su amigo y a su novia la posibilidad que le había dado Harry. Había sido una semana dura para todos. Marzo se acercaba con los nuevos exámenes, y aunque aún quedaban algunas semanas los profesores parecían haberse obsesionado con los EXTASIS y no les dejaban ni un minuto para respirar, cada día se metían en la biblioteca y allí pasaban horas. Por suerte para Harry a él todo eso no le afectaba mucho, aunque también tenía que hacer todos los trabajos, claro que con mucha menos dificultad que para el resto, ya que el año anterior Nicole Merry le había enseñado a un ritmo vertiginoso casi todo lo que necesitaba para aprobar incluso la carrera de auror.

Ron, Hermione y sobretodo Ginny tuvieron que digerir una vez más una noticia que colocaba a Harry en el ojo de mira de aquella guerra, era difícil tener que recuperarse de una para estar en otra y siempre con el mismo resultado: Harry en peligro de muerte. Nunca se mostraban negativos delante de él, eso hubiera sido lo único que le faltaba, así que se reservaban para ellos sus pensamientos. A pesar de que a los tres les pasaba la misma idea catastrófica por la cabeza, no se atrevían a pronunciarla en voz alta, quizá porque el decir que Harry podía morir le daba más credibilidad o quizá porque sabían que eso sólo sería una losa más en la moral de sus amigos y los tres quería aparentar un optimismo que cada vez era más fingido.

El que peor lo había pasado era Harry, estaba preocupado antes las nuevas expectativas. Se pasaba el día ausente, mirando a puntos infinitos sumido en sus pensamientos. A veces Andrea le sorprendía mirando ensimismado a ella y a Remus abrazarse o hablarse entre susurros con la mirada más enamorada que había visto en su vida y no podía decirle que se estaba preguntando qué habría sido de su vida para que ahora no quisieran verse, para que ella no quisiera volver. Ni siquiera Dumbledore era capaz de localizarla; muy duro tenía que ser todo para ella y para Remus para que éste no fuese capaz de hacer ni una visita cortés en la que le pidiera su ayuda. Ni quiere ni puede esas palabras se repetían en su cabeza incesantemente. Sabía que necesitaría toda la ayuda del mundo para conseguir mejorar esos poderes que supuestamente le servirían para acabar con el heredero de Slytherin, pero no sería él quien le pidiera a Remus hacer tal esfuerzo. El otro problema se llamaba James. Habían retrasado el inicio del entrenamiento hasta el domingo, ahora Harry tendría que buscar tiempo para el quidditch, el entrenamiento de sus amigos, a quien no quería descuidar por motivos obvios y el entrenamiento con su padre y era esto último lo que peor llevaba ¿cómo hacer para que James desarrollara su poder? Él simplemente lo hizo, un día, un día muy duro para ser exactos, cuando más agotado estaba y ya desprovisto de su varita consiguió hacer un pequeño escudo tan sólo con sus manos. Quizá fue la ira acumulada en todo ese día o quizá el instinto de supervivencia, el caso es que él no lo buscó, simplemente salió y ahora tenía que hacer que James hiciera lo mismo ¿pero qué poder tenía su padre? Eso no debía importarle ahora, tenían que llevarse bien, al menos cooperar y eso sí que sería un gran milagro. Comía poco y dormía menos, estaba cada vez más desmejorado y seguía sin encontrar un guión para seguir en los entrenamientos con James. No podía dejarse inspirar por el espíritu santo o perdería cualquier atisbo de autoridad que pudiera tener con su padre y todo se unía a la necesidad de prepararse más y más para lograr cuanto antes acabar con Voldemort. Estaba harto de una vida marcada, llena de secretos y perseguida siempre por la sombra del mago tenebroso, tenía que acabar con él, dar a todos y sobre todo a sí mismo una oportunidad de una vida, aunque eso supusiese jugarse la vida en el intento.

El domingo se levantaron tarde. Sirius arrastró la colcha de su cama hasta colocársela en el cuello a James que estaba lavándose los dientes en el baño. James, desesperado porque su amigo llevaba así toda la semana no ofreció mucha resistencia, se dedicó a mirarse con gesto aburrido en el espejo mientras Sirius le acicalaba la capa y Remus se partía de risa sentado en el borde de la bañera.

-¿Desea hoy algo especial el señor del castillo?- Remus, como pudo, hizo una reverencia exagerada, justo antes de volver a reírse a mandíbula partida.

-¿Cuándo vais a dejar el temita?- James intentó zafarse de ellos entre risas, simplemente era cansino pero no le molestaba.

-Tendremos que vacilar, no todos los días se sabe que tu amigo es dueño de un pedazo de castillo como este.- Sirius hincó la rodilla a los pies de James. Éste consiguió quitarse la colcha de los hombros e hizo amagos de darse de golpes con el espejo, pero sus amigos dejaron la coña y salieron para desayunar.

El trío merodeador bajó a la sala común donde estaban esperándole los demás. Harry estaba sentado en una mesa con Ginny entre sus piernas mirándole preocupada, él seguía en sus pensamientos, esa tarde tendría el primer entrenamiento y quería empezar con buen pie. Ron intentaba disimuladamente tirar de Hermione para bajar a desayunar cuanto antes, pero ésta parecía muy preocupada por Andrea que tenía el gesto triste y a Lily a su lado consolándola en silencio. En cuanto llegaron los chicos salieron por el agujero del retrato para bajar al gran comedor. Remus abrazó por la cintura a Andrea y la besó en la mejilla como si estuviese a punto de romperse, sabía que no era un buen día para ella.

-¿Un mal día?- ella se dio la vuelta y se dejó caer sobre el pecho de Remus haciendo un ruido semejante al ronroneo de un gato- Vamos, mi vida, seguro que a Alex le tienen preparada una buena fiesta, además por fin podrá aparecerse y ella se muere por hacerlo.- Andrea le brindó una sonrisa cansada, pero sabía que en el fondo tenía razón y ella tampoco podía hacer mucho. Lo que ocurría es que habían pasado toda la vida juntas y ya llevaban mucho tiempo sin verse- Ey, mírame- Andrea le miró a esos ojos que le ofrecían tantísima calma- No estés triste mucho tiempo ¿vale?- Andrea afirmó con la cabeza y siguieron andando abrazado

-¿Qué te ocurre hoy?- le preguntó Hermione, que no aguantaba más de que todo el mundo estuviese tan condescendiente con Andrea y ella no supiese porqué.

-Es el cumpleaños de Alex y la echo mucho de menos.- le respondió ella dejándose caer sobre el hombro de Remus que la llevaba casi empujándola.

-¿Alex es tu hermana?- preguntó Ron un poco despistado.

-Sí- Aunque quiso disimularlo no pudo evitar que se le viera en la cara una gran tristeza- nos llevamos once meses, somos casi gemelas y siempre hemos estado juntas

-¡Vaya, qué poco! - exclamó Ron- A eso se le llama no perder el tiempo. - los cuatro empezaron a reírse por la ocurrencia del pelirrojo- Entonces tu cumpleaños es en marzo ¿no? El mío también. Es el día uno.

-El mío es más tarde, este año cae en las vacaciones de pascua, así que podremos celebrarlo a gusto. Vamos a tener el castillo sólo para nosotros.

-En estas vacaciones tú te quedarás ¿No, Hermione?- le preguntó Ron, casi suplicante, a lo que ella al verle así contestó con un gesto de duda que hizo que a Ron se le cayera la sonrisa.

-Claro que sí, tonto, ¿qué ibas a hacer tú sin mí?

-Uyyyyyy, mejor no te lo cuento- Ron sabía que eso la picaría así que echó a correr algunos metros para librarse de su arrebato.

-¡¡Ron!! ¡¡Ronald, ven aquí!!- pero Ron se había refugiado entre su hermana y Harry que estaban entrando en el gran comedor.

Ron, Harry y Ginny se sentaron en la mesa con James, Sirius y Lily. Más tarde llegaron el resto y se acomodaron cerca. No había mucha gente en el comedor, al ser domingo habían bajado tarde y casi todo el mundo estaba o en los terrenos o haciendo algunos trabajos. Sirius saludó a Patricia que estaba en la mesa ravenclaw desayunando con un chico.

-Ahí llega Susan- anunció Ron con un canturreo divertido.

-Shhhh-Sirius empezó a hacer aspavientos para que Ron se callara y se escondió un poco detrás de James que lo mirara como si se hubiera vuelto loco- la dejé ayer- susurró tapándose con la túnica de James- Me montó un espectáculo.

-¿Cómo que la dejaste?- interrogó James casi ofendido, eso tiraba por tierra su teoría - Se suponía que te habías enamorado de ella.

-No, principito...

-No me llames principito-le cortó James.

-Tienes un castillo ¿no? Pues eres un principito.

-Pero te quieres callar- le suplicó Harry al borde de la locura, llevaba toda la semana para evitar que Sirius con su gran bocaza les delatara- ¿Cómo quieres que te diga que no hables nada de ese tema?

-Bueno a lo que íbamos, - le ignoró Sirius- que eso de que yo estaba enamorado os lo inventasteis vosotros que os morís por verme con novia.

-¿Y por qué no has sido capaz de quedar con ninguna tía en estos meses?- le preguntó suspicazmente Remus, dejando por unos segundo la atención a su novia.

-Porque estaba en la biblioteca- hubo una carcajada ahogada en todos los presentes ante esa respuesta- Voy todos los días con Patricia a la biblioteca a explicarle transformaciones, no puedo quedar con otras personas.

-Eso lo aclara todo- sentenció Lily, que siguió comiendo con una sonrisa al borde de salir y que dejó a Sirius sin respuesta.

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Harry llegó el primero a la sala de los menesteres donde habían quedado para iniciar el entrenamiento. Como cada tarde estuvo allí estudiando un poco sobre su antepasado en los mismos libros que había visto el día que Dumbledore entró allí cuando él estaba meditando. James entró tarde despidiéndose entre risas de Remus y Sirius que asomó un poco la cabeza para saludar a Harry.

-Llegas tarde- le especificó Harry cerrando el pedazo de libro que estaba consultando hasta ese momento.- Podrías poner un poquito de interés, esto nos interesa a los dos.

-¿Te crees que eres el único que estudias? - le espetó él quitándose la capa y colgándola en un perchero que apareció a su lado instantáneamente- Ese libro ya lo he mirado, no dice nada interesante.

-¿Y a qué llamas tú nada interesante?- James no sabía de la misa la media, así que su capacidad para clasificar un dato como interesante o no, no era exactamente fiable, sin embargo su interés le dejó sorprendido.

-No dice nada de los poderes que tenía, sólo del trabajo que hizo en el colegio- James se dio cuenta de que Harry se estaba quedando alucinado- No deberías subestimarme- Harry fue a hablar pero el gesto chulesco de James lo dejó con la boca aún más abierta- ¿Has hablado algo de esto con tu padre?

-Tú eres mi padre.

-No, no lo soy, ya hemos hablado de eso. Quiero decir que si has cogido MI espejo para hablar con mi yo adulto.

-¡Ahhh! ¡Eso!- Harry estaba buscando a marchas forzadas una mentira en su cabeza- Sí, hablamos ayer. Casi no tiene tiempo para estudiar nada de esto. Se está esforzando en desarrollar un poder pero no sabe cual, así que la cosa no va muy bien. Se supone que si tú lo encuentras para él será más fácil.

-¿Y qué se supone que vamos a hacer para encontrarlo, maestro Sensei? - le pregunto James con bastante ironía.

-Pues por lo pronto entrenar muy duro, tenemos que desarrollar nuestros poderes y luego ya aparecerá esa herencia.

-Yo quiero hacer magia sin varita también.

-Y yo quiero que dejes de decir tonterías y mírame, escuchándote burrada tras burrada.

-No te pases- le advirtió con la varita alzada.

-Vale, vale. Tenemos que empezar. El truco está en trabajar juntos, es decir, no podemos luchar el uno contra el otro.

-Pues a ver como lo hacemos- protestó James por lo bajo

-Necesitamos algo que nos ataque.- sentenció Harry.

De la nada, en medio de la habitación apareció una especie de cilindro retorcido con multitud de pequeños agujeros. Era como un viejo tronco de árbol. James se acercó con interés, pero Harry se quedó atrás intentando imaginar que era aquello.

-¿Qué es esto?- preguntó James.

-Ni idea, pero...- Harry abrió mucho los ojos y supo exactamente lo que era- ¡¡Ponte a cubierto!!

James se tiró al suelo sin saber muy bien porqué lo hacía, pero por suerte para él se fió de su instinto y de la llamada de Harry. Un rayo rojo había salido de uno de los pequeños agujeros de aquella cosa que seguía plantada en el centro de la sala y que ahora se dedicaba a acribillarlos con distintos hechizos. Harry practicó hasta la saciedad sus escudos, había dejado la varita metida en el bolsillo de la capa, cada día la encontraba más inútil y es que cada día su poder se canalizaba con mucha más potencia sin ella. James por su parte, se movía con una agilidad vertiginosa y movía la varita con gran maestría. Al principio cada uno trabajó por su cuenta, intentaban evitar los rayos al mismo tiempo que tenían que evitarse a ellos mismos, pero al cabo de una hora de incesante movimiento entre rayos de colores casi no les hacía falta mirarse en la enorme sala para saber donde estaban. Realmente eso de que unidos desarrollaban más sus poderes era cierto, estaban horriblemente cansados pero no les costaba mucho repeler los hechizos aunque James se vio más de una vez moviendo las piernas de forma frenética y Harry tenía que liberarle con el contrahechizo. El caso contrario era más raro, y es que Harry era capaz de crear escudos de protección cada vez más poderosos.

Después de más de una hora sin poder intercambiar más que palabras de atención, aquel cacharro les dio un descanso. Los dos estaban apoyados sobre sus rodillas, respirando entrecortadamente, se miraron un instante y sonrieron al ver que estaban exactamente en la misma posición. Estaban muy cerca el uno del otro y a Harry se le sobrecogió el corazón al ver una sonrisa amigable de su padre, tenía que empezar a dejar grabado en su cabeza esos contadísimos momentos para que no se perdieran cuando regresara al pasado.

-Este cacharro nos va a matar- exclamó Harry cuando recuperó el aliento. James sólo afirmó con la cabeza.

-Oye... ¿tú...?

-¿Qué?

-Tú también tuviste la sensación esa rara el día del partido ¿verdad?- le preguntó James con una timidez que casi era imposible en él.

-Y en navidad- le afirmó Harry.

-¿La sientes ahora?- Harry le afirmó con la cabeza, casi no era capaz de pronunciar una palabra; se estaba sintiendo extrañamente orgulloso de ser hijo de James y no sabía muy bien por qué. Era como si descubriese realmente a su padre, como si volviese el James de la pequeña tregua de Hogsmeade.

Estaba despistado, se había vuelto a sumir en sus pensamientos, pero esta vez al menos, eran unos pensamientos medianamente felices. James cayó sobre él justo antes de que un rayo morado que tenía aspecto de dejar muy mal parado chocara contra Harry. James no lo había pensado, simplemente necesitó sacar a Harry del peligro y sin saberlo se había colocado justo en la trayectoria del rayo. Un grito de dolor cruzó toda la habitación pero no había nacido de James, éste había caído sobre Harry sin ningún rasguño, el rayo había rebotado en él como si hubiese tenido un campo de fuerza protegiéndole. Se incorporó un poco para ver qué le había ocurrido a Harry, al principio pensó que no había llegado a tiempo para quitar a Harry de la trayectoria de aquel hechizo, porque él no había sentido nada pero sí le había oído gritar como un desesperado.

Harry no tenía apariencia de haber sido dañado por ningún hechizo pero se tapaba la cara como podía debajo del peso de James. Sentía que la cabeza se le partía pero en seguida se pasó el dolor intenso y pudo incorporarse.

-¿Qué ha pasado?- le preguntó James muy preocupado, mirando a Harry y a la máquina lanzahechizos, como si ella hubiera sido la culpable.- ¡¡Desaparece!! - le gritó al aparato que enseguida dejó el hueco como si nunca hubiese estado

-Es Voldemort, está... contento... creo- dijo con mucha confusión todavía masajeándose la cicatriz. - ¿Cómo has repelido ese rayo? Venía directo a mí, pero cuando lo he visto no me ha dado tiempo a reaccionar. Gracias por ponerte en medio, pero me has matado la espalda- bromeó Harry.

-Creo que rebotó en mí. No sé, fue muy raro, además con esos gritos que das no me entero de nada- James le devolvió la broma y se vio a sí mismo manteniendo una conversación casi de buenos amigos con el que consideraba una de las personas más odiosas de Hogwarts.

Harry se incorporó con dificultad, para dar por terminado el entrenamiento pero antes de que hubiese estado totalmente erguido un nuevo e insoportable dolor se apoderó de él con una fuerza increíble. No llegaba a ser el insufrible dolor que sintió cuando Voldemort intentó poseerle a principios de curso, pero se acercaba peligrosamente. Cayó al suelo ante los sorprendidos ojos de James que no sabía qué hacer. Se retorcía sobre sí mismo, era un dolor conocido, llevaba ya muchos años conviviendo con él pero se había acostumbrado a librarse de él en los últimos meses. Su dominio de la oclumencia le había dado un tiempo de paz pero después de una semana de preocupación, en la que comía poco y dormía a penas unas horas su cuerpo no pudo oponerse con eficacia a un cambio brusco en el humor de Voldemort.

-¡Vamos, Harry! - suplicó James que se había arrodillado al lado de su hijo y agarrándolo por los hombros en un intento inútil de hacer algo - Venga, chaval que me estás asustando.- Harry hizo un intento por hablar pero el inmenso dolor que sentía sólo le permitió hacer una mueca.- ¿Frío o calor?- preguntó James a la desesperada pero Harry no lo entendió y entreabrió un poco los dedos para mirarlo con uno de sus preciosos ojos como si su padre se hubiera vuelto loco- ¿Que qué te alivia, frío o calor?

-Frío- su voz sonó rota y con mucho esfuerzo, era increíble que le estuviese durando tanto.

James movió su varita y de la nada apareció una bolsa con hielo que inmediatamente colocó en la cabeza de su hijo a pesar de que éste se resistió primero a retirar las manos. Tenía la cicatriz roja y más visible que normalmente. James la observó por unos momentos, no sabía cual era la verdadera historia de esa cicatriz, pero por lo que le había contado era la señal de que habían intentado matarle cuando era un bebé ¿por qué el mago más poderoso quiso matar a un crío? Y lo peor ¿por qué falló en su intento? Después de unos segundos, reposado sobre las rodillas de su padre y con el alivio que el hielo le daba pudo recuperar su voz.

-Hay que avisar a Dumbledore- James hizo el intento por levantarse- ¡No! No te vayas- Fue un ruego que le sorprendió a sí mismo, pero estaba agotado y muy dolorido y quería quedarse allí con su padre, sentía más paz que con cualquier otra persona en el mundo, más incluso que cuando Lily le abrazó- Llama a Fawkes y dale mi varita; Dumbledore sabe que estamos entrenando, no tardará en llegar.

-¿Fawkes?- preguntó muy extrañado, pero en seguida cayó en lo que quería Harry- ¡¡FAWKES!!

Unos instantes después el magnífico fénix del director aparecía en medio de un resplandor.

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El hospital de San Mungo era un caos. Los medimagos corrían por los pasillos intentando ordenar la gran cantidad de muggles y magos que iban llegando heridos o muertos. Tenían que borrar la memoria a los que iban saliendo después de un saneamiento rápido y a otros había que ir acomodándolas en habitaciones que cada vez escaseaban más. Había habido un ataque en la estación; la gran cantidad de aurores que estaban allí de guardia no dieron abasto para oponer resistencia y sólo la llegada de la mayoría de la orden pudo hacer que los mortífagos retrocedieran, pero no sin antes haber herido a muchos y matado a un centenar de personas entre muggles y magos.

En una de esas habitaciones ocupadas, algunos miembros de la orden entre los que estaban Emmelin Vance, Tonks y Arthur Weasley observaban el cuerpo demacrado de Remus Lupin que yacía sobre la cama como si estuviera muerto. Había llegado con el resto de la orden para echar una mano justo cuando los aurores estaban más asediados. Había luchado como lo que era, un gran mago con mucha experiencia pero dos maldiciones de magia negra le habían hecho caer en una de las vías donde quedó como muerto a ojos de todo el mundo hasta que Nicole Merry, que en este momento estaba siendo atendida por unas heridas en los brazos, hizo todo lo posible por devolverle unos mínimos de constantes vitales.

Después de unos minutos de un silencio absoluto en la habitación, sólo roto por la entrada periódica de una medimaga para administrarle unas diez pociones diferentes a Remus entre las que se encontraba la poción matalobos, Nicole entró en la habitación con el brazo vendado y la cara desencajada. Llevaba siempre un modernísimo corte de pelo que le daba un toque fuerte e independiente, pero en ese momento, su cortísimo pelo rubio estaba desordenado y sucio. Ella había sido la instructora de Harry y Remus su apoyo y tutor desde la muerte de Sirius, situación que hizo que se unieran en una gran amistad que se había reforzado cuando ella había vuelto a las misiones sobre el terreno. Nicole se sentó en la cama de Remus ignorando por completo al resto de personas que estaba allí, estaba asustada, desesperada por verle abrir los ojos y sonreír con la calma que siempre lo hacía.

-Remus, por favor, no puedes irte. No puedes dejarle solo.- susurró- No puedes dejarme a mí.

La última frase la había dicho en un susurro pero había sido perfectamente oída por el resto de miembros de la orden que preferían no seguir escuchando lo que Nicole tuviera que decirle a Remus en una situación tan delicada. Tonks carraspeó para llamar la atención de su amiga y ésta se giró arrepentida de las últimas palabras que había pronunciado. Para evitar un poco la vergüenza que estaba pasando empezó a mirar las cosas que había sobre la mesita de noche.

-Son los objetos personales de Remus- explicó Emmelin antes de que Nicole preguntara.

Nicole cogió una cadena de oro con dos anillos también de oro, uno más ancho que el otro, enganchados en ella y la levantó en el aire examinándola.

-Nunca le había visto esto.

-No lleva nada colgado, dice que en cualquier transformación puede perderlo pero de todas formas yo tampoco se lo había visto en estos años.- explicó Arthur.

-No sabía que había estado casado- había un grave tono de decepción en su voz. A pesar de que hasta ese momento su relación con Remus no había llegado más allá de una bonita amistad a ella no le hubiese importado que el licántropo aceptase dar un paso más- ¿Y qué habrá sido de su mujer? Él tiene los dos anillos

-Que yo sepa no ha estado casado nunca- intentó tranquilizarla Tonks, que se había dado cuenta de cómo le había afectado ver los anillos. - Es más, nunca lo he oído hablar de ninguna mujer. Para mí que no se ha enamorado en la vida. Debe ser otro como Sirius.- Tonks ahogó una risa, había intentado distender el ambiente pero Nicole seguía con la mirada fija en los anillos que ahora reposaban en su mano.

-Sí que estuvo enamorado.- la voz de Emmelin Vance llamó la atención de todos los presentes- Fue hace mucho tiempo y nunca fueron una pareja oficial ni en Hogwarts ni cuando salieron del colegio, pero... estaban muy enamorados. - los demás guardaron silencio esperando que Emmelin diera un nombre- Yo estaba en la clase de su hermana Alex, éramos muy buenas amigas y me tenía más o menos al día de cómo le iba a su hermana y a Remus.

-¿La hermana de Alex?- preguntó muy interesado Kingley Shacklebot- No puede ser quien yo creo.- su voz sonó sorprendida y descolocada.

-Sí, sí que es. Remus y Markins estuvieron juntos mucho tiempo, por decirlo de alguna manera.

-¿¿Markins??- Nicole, totalmente asombrada, dejó caer los anillos y se retiró de la cama de Remus como si acabara de oír una increíble barbaridad- ¡Eso no puede ser!

-Fue hace mucho tiempo, Nicole. Después la vida presentó las cosas como eran y la guerra nos cambió a todos.

Emmelin se acercó a ella y le dio un golpecito cortés en el hombro, ella también parecía muy tensa pero no le había pillado de sorpresa, como a los demás. Se agachó para recoger los anillos de Remus y volvió a colocarlos sobre la mesa. Le acarició un mechón de pelo que caía sobre el rostro blanquecino de Remus y suspiró pidiendo a todos los dioses que no fuese el siguiente en la lista.

-Creo que es mejor que le dejemos descansar- advirtió sensatamente Arthur Weasley después de tragar la noticia que acababa de darle Emmelin.

Se dirigieron a la puerta pero justo cuando iban a cruzarla el director entró como alma que llevaba el diablo. Les miró a todos, sin pronunciar una palabra, como quien quiere hacer un balance de los daños que ha sufrido y reflejó un gran alivio en el rostro cuando los vio a todos más o menos sanos.

-¿Qué tal tu brazo, Nicole?- le preguntó intentando esbozar una sonrisa.

-Listo para la acción, como siempre, profesor.- le contestó ella también denotando un claro esfuerzo por aparentar estar mejor de lo que estaba.

-¿Y Remus?

-Está bastante mal- Respondió Shacklebott- Los medimagos han dicho que no ha muerto de milagro, ha sido magia negra.

-¿Pero han dicho algo sobre su recuperación?- preguntó el profesor otra vez claramente preocupado- ¿saben que mañana es luna llena?

-Dicen que hay que esperar a ver como pasa la transformación- siguió explicando Arthur- Ahora mismo está estable, pero... no se sabe lo que puede ocurrir.

El director se tapó la cara con las manos. No sólo sería una gran pérdida personal, apreciaba muchísimo a Remus, sino que sería el único golpe que a Harry le faltaba para acabar de hundirse. No podía perder a Remus, se había apoyado en él de una forma tan fuerte que a veces le asustaba que fuese muy dependiente de él, pero era la única forma que había tenido para salir del bache que supuso la muerte de Sirius. Un resplandor dorado le sacó de sus pensamientos y llamó la atención de todos los miembros de la orden. Todos sabían lo que significaba eso, era su forma de comunicación, pero con Dumbledore allí ¿qué función podía tener la llegada de Fawkes? El enorme fénix batió sus alas delante del profesor Dumbledore, que palideció al ver que en las garras llevaba sujeta la varita de Harry.

-Harry tiene problemas- la noticia petrificó a todos los que estaban allí, que se sentían incapaces de asimilar otra mala noticia.- Estaba entrenando en el colegio- comentó para sí el director- ¡Me marcho! Esta noche hay reunión, mientras tanto ayudar aquí en lo que podáis.

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El profesor Dumbledore abrió la puerta de la sala de los menesteres sin ninguna contemplación y se quedó paralizado al ver la imagen. Harry casi había perdido el conocimiento y estaba recostado sobre James, ahora esas conexiones con Voldemort le dejaban mucho más exhausto que lo hacían antes, no era un simple dolor de cabeza, casi no podía moverse. Fawkes había cumplido su función perfectamente y sólo habían pasado unos minutos desde que había desaparecido de la sala con la varita de Harry en la manos. James no tenía muy claro la función de Dumbledore allí, no sabía qué podría hacer para ayudar a Harry pero al menos habría esperado mucha más movilidad de la que el director estaba mostrando. El profesor estaba mirándoles con los ojos muy abiertos y con la mano todavía apoyada en la puerta.

-¿Qué estáis haciendo?- preguntó con mucha cautela. James se sorprendió muchísimo y empezó a mirar a su alrededor para quedarse con una expresión muy parecida a la que había adoptado el profesor.

Un campo de fuerza dorado le cubría a él y a Harry, no había sido nada voluntario, era como si en un momento de debilidad de uno de ellos al unirse hubiesen creado ese escudo protector para que la debilidad momentánea no supusiese una amenaza. Al darse cuenta de ello se movió bruscamente haciendo que Harry saliera de su somnolencia y que el campo de fuerza se rompiera.

-¿Cómo has hecho ese campo de energía?- James se encogió de hombros, él no había hecho absolutamente nada y por el estado en el que estaba Harry dudaba que pudiera haber hecho ni un hechizo sencillo- Parece que el entrenamiento está yendo bien- Dumbledore sonrió para sí mismo, realmente estaba dando resultados si esa protección había nacido involuntariamente entre ellos.

-Harry está muy mal, no creo que eso sea precisamente que el entrenamiento haya ido bien.

-¿Harry, qué ocurre?- El director se arrodilló junto a Harry, que estaba volviendo en sí; por un momento su mente había desplazado a Harry al ver ese despliegue de energía.

-Estoy muy cansado, he dormido mal- intentó justificarse- He sentido a Voldemort. Me he quedado sin fuerzas.

El profesor Dumbledore sacó su varita e hizo aparecer una pequeña botellita que contenía una poción revitalizante y se la dio a Harry, que en seguida se sintió mejor.

-Voldemort está muy enfadado.

-¿Pero no habías dicho que estaba contento?- se extrañó James.

-Primero estaba muy contento, como si le hubiesen dado una gran noticia. Sentí que se veía por encima de mí, como si me hubiese derrotado, pero eso no fue muy fuerte, me recuperé enseguida, pero luego...- guardó silencio un momento, miró a Dumbledore y después a su padre, como si no quisiera hablar con él allí, pero iba a estar complicado echar a James después de que se hubiese comportado como lo había hecho- Ha amenazado a Bellatrix...

-¿A la prima de Sirius? ¡Ostia! Verás cuando se lo cuente.

-James por favor, esto es muy serio. Preferiría que te marcharas.- le dijo el profesor, pero también sabía que sería muy fácil echarlo. James bajó la cabeza e intentó pasar inadvertido.

-Ha dicho que tiene que buscar a alguien, no dijo el nombre. Quiere venganza.- el rostro del profesor se ensombreció en una búsqueda a toda velocidad sobre los planes de su enemigo- Dice que la matará si no cumple con sus órdenes. - Harry se calló, como si en ese momento se hubiese dado cuenta del significado de lo que ocurrió después- Ha dicho que el resto ha cumplido con su cometido ¿qué ha ocurrido?- Se puso de pie, con algo de dificultad y examinó el rostro de su profesor que en ese momento parecía más viejo y cansado que nunca- Usted lo sabe ¿qué ha ocurrido?

El director respiró profundamente, tendría que darle la noticia o cuando se la dijeran más tarde sería mucho peor, pero tal y como estaba no sabía si era la mejor opción.

-Ha habido un ataque en King Cross, por eso estaba tan contento. Han muerto muchos y algunos miembros de la orden han terminado en el hospital. Ha sido una verdadera masacre.

-¿Quién en concreto está en el hospital?- preguntó Harry con tono amenazante.

-Nicole ha sido herida en el brazo pero ya ha sido dada de alta- Harry respiró aliviado pero al ver que el profesor seguía muy preocupado, casi asustado, por seguir hablando sus peores miedos crecieron.

-¿Y Remus?

-Harry, verás...- el profesor vaciló mucho, no sabía cómo decírselo.

-¿Qué le ha pasado? Profesor, por favor, dígame dónde está.

-Remus está en San Mungo, Harry. Está muy grave. Fue al ataque a pesar de que le habíamos dicho que no lo hiciera. Mañana es luna llena y estaba muy débil, pero en cuanto supo del ataque se presentó allí sin escuchar a nadie.

-¿Cómo está?- Harry estaba a punto de derrumbarse, no quería creerse sus propios pensamiento. Sin Remus se hundiría sin remedio- Profesor, por favor, sin rodeos.

-Está muy mal. No saben si se va a recuperar, todo depende de cómo pase la transformación de mañana.

James estaba escuchando todo con los ojos desorbitados. Su mejor amigo estaba grave en el hospital y a Harry parecía que le fuera a dar un síncope. Tomó la decisión de no abrir la boca, prefería pasar inadvertido y así enterarse de más cosas.

-Quiero verle- sentenció Harry.

-Eso no puede ser, Harry.

-Voy a ir a verle, diga lo que diga.

-Sé razonable. No puedes ir. Es lo que espera que hagas ¿por qué crees que has sentido que podía vencerte? Te conoce y sabe que la historia puede repetirse. ¿Acaso quieres que ocurra lo mismo que en el departamento de misterios?

-¡No me hable del departamento de misterios!- le gritó Harry fuera de sí- Usted no lo vio caer detrás de ese velo, usted no le llamó sin obtener respuesta. ¡No miró por si podíamos ayudarle! ¡No tiene ni idea de los que es verle una y otra vez caer y saber que no va a volver! ¡No sabe la de pesadillas que tengo sintiéndome culpable de todo lo que ocurrió! No venga a recordarme lo que ocurrió en el departamento de misterios porque sé perfectamente lo que pasó y no quiero que me vuelva a pasar. Se lo advierto profesor, si a Remus le ocurre algo y yo no estoy allí, no quedará títere con cabeza. ¡Y no me refiero sólo a los mortífagos!

-No me amenaces, Harry.- le espetó el profesor, sabía bien lo que podía sentir pero no estaba dispuesto a que le tratase así- Pero no puedo dejarte ir sin protección, te matarán.

-¿Por qué no vas con mi yo adulto o con Sirius?- aportó James por primera vez.

-Cállate, por favor. No puedo ir ni contigo ni con Sirius ¿entiendes?- le saltó Harry con el mismo desprecio que solía hablarle su padre, pero se arrepintió enseguida

-¿Quién es ahora el gilipollas arrogante?- le preguntó mirándole con muchísimo odio y salió de aquella habitación con el orgullo totalmente herido, se había portado con Harry como un amigo y ahora le había tratado mal.

No había querido portarse así con James. El mal genio le había podido, pero había tocado un tema demasiado delicado. Remus se estaba muriendo y él le decía que recurriese a su padre o a Sirius ¿cómo? Estaban muertos, le habían dejado como ahora le estaba dejando Remus y Dumbledore no le permitía ir a verle. Le importaba una mierda que le atacasen en ese hospital, tal y como estaba de furioso, mal parado saldría quien osase enfrentarse a él.

-Harry- la voz conciliadora del director lo sacó de su desgraciado pensamiento- San Mungo es un caos esta noche, nadie está disponible para protegerte y si te ocurre algo por ir a ver a Remus, él nunca se lo perdonaría.

-Ni si quiera sabemos si va a estar vivo para sentirse culpable- estaba derrotado, quería llorar desconsoladamente, buscar a Remus y que él le mirase plácidamente para que pudiera sentirse tranquilo, pero él no estaba.

-Ten fe. Remus saldrá de ésta. Prometo tenerte informado en todo momento, pero por favor- el director clavó sus ojos en Harry profundamente- por favor, no hagas ninguna tontería.

Harry asintió levemente y salió de la sala arrastrando los pies, sumido en sus pensamientos y pidiendo a cualquier cosa que le escuchara que Remus siguiera a su lado, que estuviera ahí la siguiente vez que cogiera el espejo y gritara su nombre. No soportaría un nuevo abandono.

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El lunes después de las clases, Harry no pudo seguir escaqueándose a sus mejores amigos y a su novia, que desde que había aparecido en la sala común como un alma en pena habían intentado interrogarle con éxito cero. Por suerte para ellos James era mucho más hablador y en seguida les contó lo que había oído en la sala de los menesteres lo que acentuó la preocupación de Ron, Hermione y Ginny por Harry, pero también la del resto por el estado de Remus, sobretodo Andrea que había recibido la noticia como si le hubiese ocurrido al joven encantador que tenía a su lado.

Antes del entrenamiento, Ron, Ginny y Hermione acorralaron a Harry en los vestuarios del estadio de quidditch que en ese momento estaban vacíos, para que les contaran lo ocurrido. Se saltó deliberadamente todo lo que se refería a sus propios pensamientos y a su estado de ánimo, así que empezó contándoles cómo James se había comportado con él como una persona civilizada, le había defendido, habían sentido ese estado de paz y de total complemento. Ron alucinó con la descripción de aura dorada que los envolvió cuando Harry estaba débil, pero su expresión se ensombreció cuando llegó el turno de hablar del estado de Remus.

-Así que cuando más enfadado estaba con todo va mi padre y dice que recurra a él o a Sirius. ¡Ojalá pudiera hacerlo!

-¿Y por qué no lo haces?- Sirius estaba en la puerta del vestuario con los brazos cruzados e interrogando a Harry con la mirada.- No nos gustan nada los secretos, Harry, si tan amigos somos deberías ocultar menos partes de tu vida.

-Sirius, lo que oculto lo hago porque no tengo más remedio y si no puedo recurrir a vosotros es porque nunca estáis.

-Si somos tus guardaespaldas ¿por qué no estamos nunca?- preguntó muy suspicazmente.

-Simplemente no estáis ahora ¿vale? - sentenció Harry

-¿Qué querías?- interrogó Hermione con un tono duro de voz.

-Saber cómo estaba Harry. Estaba preocupado por él, pero ya veo que no tienes remedio.

Sirius salió del vestuario sin esperar respuesta y chocó con James y Lily que entraban en ese momento. Necesitaba hablar con alguien sobre ese secretismo pero James no sería la persona más adecuada, lo conocía demasiado y sabía que estaba muy ofendido por la respuesta seca que le había dado el día anterior. Por otro lado esa noche sería luna llena y no sabía si Remus estaría en condiciones de hablar de aquello, pero fuese como fuese esa era la mejor opción.

-¡¡Remus!!- entró en la habitación como un huracán y se paró en seco- ¡Joder chicos! Que esta noche hay luna llena, no podéis parar de besuquearos.

-Ya empezamos con la envidia- saltó Andrea levantándose de la cama donde Remus estaba recostado con la cara muy pálida.

-He oído a Harry decir que no puede recurrir ni a James ni a mí, a los adultos quiero decir- explicó al ver las caras de poemas que habían puesto los dos- Esto ya me tiene harto, necesito saber qué ocurre en este maldito tiempo o me voy a volver loco.

-¿Y cómo pretendes averiguarlo?- le preguntó Remus incorporándose un poco.

-Pregúntale a Brown, ella tiene que saber lo que ha ocurrido en su tiempo, a lo mejor puede decirnos algo.- propuso Andrea.

-Sí, es una idea, pero Hermione la tiene amenazada- Sirius se quedó unos segundos pensando, Patricia y él ahora tenían mucha más confianza y no se veía una chica a la que le gustase cumplir las normas a raja tabla- Lo intentaré, mañana hablaré con ella.

-Muy bien, ya nos contarás- Remus y Andrea le miraron fijamente, invitándole a salir.

-Pero mira que sois... ¡¡obsesos!!- le gritó cuando se dio cuenta de lo que querían sus amigos- ¡Que estás convaleciente!- ellos le miraron con la ceja alzada- Vale, vale, ya me voy.

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Holaaaaaaaaa!!!! ya volví, me he retrasado un poquito pero siento decir que será la tónica habitual porque tengo mucho que estudiar y me cuesta concentrarme en lo que quiero, ademas ahora todo se vuelve mucho más complicado como creo que estaréis notando, así que espero que sigais fieles y ya me vais contando en los reviews, q por cierto muchas gracias, que sois un encanto.

Y ya nada más, solo decirle a mis niñas que las quiero muchisimo y que a ver si no os rompeis mucho el coco que al final me fastidiareis la fiesta. Sois las mejores.

Besos para todosCAPÍTULO 25: REFLEJOS QUE DUELEN.



Harry había pasado toda la noche de luna llena despierto en el sofá de la sala común. Después de que Sirius y James se fueran con Remus, para lo que tuvieron que convencer a Andrea, todos subieron a dormir, pero Harry se quedó con la excusa de darle un repaso a la clase de encantamientos del día siguiente. Pensaron que podía haber buscado una excusa mejor porque encantamientos era para él un juego de niños. Estaba muy preocupado por Remus, dependiendo de cómo pasara esa transformación sobreviviría o no; era una idea que quería apartar de su mente pero no le dejaba. No podía dejar de pensar que a penas una semana antes había estado con él y le había dicho que se cuidara. Se sentía furioso, frustrado, ¿por qué no le había hecho caso? Todo el mundo se empeñaba en protegerle y exigirle obediencia pero luego nadie le hacía caso a él.

A mitad de la noche y sabiendo muy bien cuales eran las intenciones de Harry, Ginny bajó para hacerle compañía, no dijo ni una palabra, sólo le besó y se acurrucó en su pecho haciéndole notar que estaba ahí. Harry tampoco le dijo nada, la abrazó y respiró profundamente el olor que desprendía. Sin saber por qué se sintió más calmado y mientras ella dormía sobre su pecho, él volvió a sumirse en sus pensamientos jugando con los rizos rojos de Ginny. Justo cuando el sueño le estaba venciendo después de una semana sin descanso, la primera claridad del día cruzó la ventana indicándole que la transformación de Remus, y fuesen cuales fuesen sus consecuencias, había terminado. Al principio, sumido en la ensoñación no percibió los rayos de sol que estaban iluminando la sala, pero en cuanto fue conciente de ello dio un respingo que hizo que Ginny se despertara sobresaltada.

-Es de día, mi vida.- le dijo a modo de disculpa dándole un beso ausente en los labios. Estaba nervioso, con un nudo en el estómago y la sensación de que ese día no entraría en su vida como uno de los mejores. Presentía que algo que él no quería iba a ocurrir, pero prefería quitarse eso de la cabeza.

-Todo irá bien- le tranquilizó ella con una fuerza interior casi imposible a esas horas de la mañana. Le acarició la cara y le regaló una sonrisa reconfortante antes de levantarse - Busca a Dumbledore y quédate tranquilo, te dijo que te tendría informado.

-Tengo miedo.- confesó Harry con la voz rota - Tengo miedo a no verle más, a que alguien que quiero vuelva a irse sin un adiós.

-Shhhh.- Ginny le tapó la boca suavemente- No pienses en eso ahora, nadie se irá sin decirte adiós.

Harry se levantó sonriendo por la extraña fuerza interior que Ginny era capaz de desprender y que siempre conseguía tranquilizarle. Ella subió a cambiarse para bajar a desayunar mientras Harry salía por el agujero del retrato, pero no había cruzado la puerta centrado en sus preocupaciones sobre Remus, cuando le vio entrar con algunos años menos y muy mala cara acompañado de James y Sirius.

-¿A dónde vas tan temprano?- le preguntó Remus haciendo una mueca de dolor y llevándose las manos al costado, ese día le había dolido bastante la transformación.

-A ver cómo andas en el hospital- A Harry cada vez que mantenía una conversación de este tipo le resultaba todo un poco surrealista, porque no sabía en qué persona hablar, era muy extraño. Miró a su padre y a Sirius pero a su cara de cansancio se sumaba el mayor o menor enfado que ambos tenían con él.

-Cuéntanos luego lo que te diga Dumbledore ¿vale?- Remus le dio un golpecito de consuelo en el hombro, Harry asintió con la cabeza justo antes de que Andrea cruzara la sala como un rayo y se enganchara al cuello de su novio besándole con infinita ternura e ignorando al resto.

-Buenos días, Andrea ¿qué tal?- Sirius hizo gestos a un espacio vacío como si estuviese hablando con ella- Yo muy bien, gracias por preguntar.

-Sí, sí yo también muy bien- siguió James con la broma- Eres muy amable.

-Dejad de hacer el tonto- les calló ella- ¿No veis que estoy preocupada?- los dos chicos hicieron un gesto de asentimiento aburrido para que no siguiera con la charla- ¡Por cierto Harry!- se giró a él con la expresión muy preocupada y le puso una mano en el brazo - Cuéntame como está el adulto ¿sí?- él le asintió en silencio- ¡Es que no gano para disgustos con vosotros! ¿eh?- le bromeó a Remus antes de interesarse por cada herida que había tenido ese día.


El director ya estaba despierto y sumido en su trabajo a pesar de que era excesivamente temprano. Harry cerró los ojos y suspiró antes de llamar la puerta, tenía que coger fuerza para encontrarse con cualquier cosa. Tenía que ser fuerte, era el elegido, el señalado por todos para salvar el mundo, tenía que sobreponerse a cualquier cosa. Esos pensamientos no le sirvieron más que para hundirse aún más antes de girar el picaporte. No quería ser el señalado de nada, quería a Remus con él, quería una vida normal con sus amigos, quería tener a Sirius y a sus padres y no se refería precisamente a esa reproducción juvenil que ahora correteaba por los pasillos del colegio. Con ese pensamiento odioso hacia su vida entró en el despacho y vio al profesor rodeado de papeles y sus habituales cachivaches.

-Buenos días, Harry.- le saludó el profesor sin levantar la cabeza. No podía ser otro.- Parece que no hemos dormido mucho hoy.

-No he dormido, sencillamente- le contestó muy tenso.

-Siéntate por favor.- Harry le obedeció- Estamos esperando que llegue el informe de la noche de Remus. El profesor Snape ha pasado la noche con él, debe estar al llegar.

-¿Snape ha pasado la transformación con Remus?- le preguntó irritado- ¡No me fastidie profesor! Pero si Snape envenenaría a Remus si no fuera porque es algo muy obvio.

-Primero.- le contestó con calma pero con dureza, poniéndose en su sitio- Es profesor Snape y segundo, el profesor Snape es un miembro de la Orden del Fénix que nunca haría nada a Remus.

Harry se tiró en la silla en la que estaba sentado y se cruzó de brazos con un suspiro exasperado. Se hizo un silencio incómodo en el que el director aprovechó para alimentar a su Fénix. Harry, mientras tanto, se dedicó a mirar aquella habitación que casi podía nombrar se segunda residencia en el colegio. Había pasado por allí en innombrables ocasiones y no podía decir que sacara buenos recuerdos de ninguna de ellas. El peor recuerdo fue aquella fortísima discusión con el director justo después de la muerte de Sirius, había logrado superarlo pero no olvidarlo y estar ahora allí esperando las noticias de Remus, que podía haber corrido su misma suerte, le recordaba aún más aquellos momentos. No puede haber muerto. No quería tener que repetir en su cabeza esas palabras, no tendría a nadie a quien repetírselas. Nadie estaría como estuvo Remus para abrazarlo antes de hacer alguna tontería, la mayor de ellas, salir corriendo detrás de Sirius a través del velo de la muerte.

Snape entró en el despacho sin llamar. No podía decirse que era posible obtener una respuesta por la expresión de su rostro. Avanzó hasta la mesa del director con la barbilla alzada y un porte arrogante, como siempre hacía. Ni siquiera se fijó en la presencia de Harry hasta que no estuvo encima de él. Le miró con repugnancia, como si le trajera un mal recuerdo; ni siquiera en esos momentos en los que sabía que Harry estaría mal se dignaba a comportarse con él como una persona civilizada.

-¿Qué hace aquí, Potter?- le escupió con una mirada asesina.

-¿Y usted qué cree?- le vaciló él- Ya ve, me he levantado temprano y me he dicho voy a ver qué noticias me trae mi profesor favorito- ironizó- payaso- la última palabra fue un susurro casi inaudible pero le sirvió para una reprimenda del director.

-¡Harry, por favor, compórtate!- Harry hizo un gesto de resignación con la cara y volvió a su posición escondido tras el respaldar de la silla de la que se caería si se descuidaba un poco.

-Lupin está vivo.- A Harry se le relajaron todos los músculos del cuerpo al oírle, si hubiera querido no habría podido moverse porque su cuerpo se había dejado tanto que se sentía incapaz de controlar el más mínimo de sus músculos- Pero no es definitivo- siguió Snape con seriedad, haciendo que a Harry volviera a cogérsele en el estómago una horrible sensación de pérdida- Si hoy despierta estará fuera de peligro pero si no...

-¿Si no qué?- las palabras brotaron de Harry como un huracán enfurecido, aunque realmente lo que sentía era una profunda desesperación.

-Si no, es más que probable que Lupin no salga de ésta.

Durante unos minutos un silencio espeso se apoderó del despacho, como si cada uno de sus habitantes estuviera rumiando las palabras. Para Harry eso no podía estar pasando, si moría sería una muerte anunciada y él no habría id o a despedirse de él. Tenía que ir, no se quedaría tan tranquilo viendo cómo le contaban que Remus se moría.

-Déjeme ir, profesor, se lo ruego- Harry había utilizado ya la técnica Potter, es decir, quiero conseguirlo por pura cabezonería, había amenazado al mismísimo Dumbledore y había pensado salir de allí sin que nadie lo supiera, pero ninguna de las opciones le había valido, ahora sólo le quedaba suplicar. Y se arrastraría incluso delante de Snape si con ello conseguía ir al hospital. Le dio la vuelta a la mesa hasta ponerse justo al lado del profesor, la desesperación le estaba carcomiendo y tenía que hacer lo que fuera para lograrlo. No necesitó fingir, sus ojos ya mostraban todo lo que sentía y el profesor lo notó, pero por si acaso, dejó su mente libre de barreras, fijando los ojos en el director por si se le ocurría mirar dentro, y para dar más emotividad al asunto puso en primer plano la muerte de Sirius y a Remus abrazándole para que no corriera detrás de él- Profesor, tiene que entenderme, si le pasa algo y no le he dicho adiós...

-Está bien- Interrumpió el profesor totalmente conmovido, quería a ese chico como a un hijo y sabía lo que significaría no ver a Remus antes de morir- Irás cuando yo lo diga y lo harás conmigo. ¿Entendido?- Harry asintió de forma casi compulsiva como un niño pequeño al que dicen que le llevarán al parque de atracciones- ¿Qué tal está San Mungo? - le preguntó a Snape que en ese momento tenía un tic nervioso en el ojo al ver que su más odioso alumno volvía a salirse con la suya a costa de poner en peligro a más gente que a él mismo.

-No creo que sea buena idea que Potter vaya al hospital, profesor.

-¡No le ha preguntado su opinión!- saltó Harry furioso, ahora que había conseguido la aprobación de Dumbledore no quería que Snape lo estropeara- ¿Qué sabrá usted por qué tengo que ir? No ha tenido un maldito amigo en toda su vida.

-¡No te pases, Potter! - Rugió Snape olvidando que el director estaba allí.

-¡Basta!- les interrumpió Dumbledor con rudeza.- Esto es vergonzoso. Harry ni se te ocurra volver a hablarle así a un profesor y tú, Severus, por favor, dime solamente cómo está San Mungo.

-La cosa ha vuelto a la normalidad. La Orden vigila cada esquina de nuestra zona en el hospital. Hemos puesto hechizos anti-aparición y nadie entra ni sale si no es bajo nuestro control, pero a pesar de eso sigo pensando que es peligroso.

Después de un rato de conversación a cerca de las medidas de seguridad del hospital, Harry empezaba a impacientarse sobre cuándo iría. Tenía que ser cuanto antes, porque esperaba llegar a tiempo. Intentó quitarse ese pensamiento horrible de la cabeza y se preguntó quién estaría con Remus en ese momento.

-¿Quién está con Remus ahora?- la pregunta le salió sola, interrumpiendo a los dos profesores, lo que le valió una mirada recriminatoria de Snape, que se mordió la lengua antes de contestarle secamente.

-Nicole Merry ha dicho que se quedará todo el día con él.

Harry sonrió para adentro y pensó que si Remus despertaba en ese día le gustaría la compañía. Conocía a su tutor y sabía que siempre se negaba a tener una relación con Nicole aunque no sabía muy bien porqué. Pasaban la mayor parte del tiempo juntos y él siempre decía que era una buena amiga, pero quizá el recuerdo de Andrea le atormentaba o simplemente no se atrevía a dar el paso. Eso era algo que tendría que solucionar.

El director mandó a Harry a desayunar con la promesa de que lo avisaría cuando él fuera a visitar a Remus. Para Harry eso fue más que suficiente para mitigar un poco esa mala sensación que llevaba teniendo desde que los primeros rayos de sol le habían anunciado el nuevo día.

*******************

A la hora del recreo los chicos se fueron al patio del castillo para aprovechar las horas de un sol suave y tibio que anunciaba el mes de marzo. Harry estaba algo más animado que había estado esa mañana, al menos Remus había salido vivo de la transformación y sabía que ya fuera en ese día o como mucho al siguiente podría visitarle y ver de primera mano cómo se encontraba. Durante el desayuno había tenido que dar la noticia del estado de salud de Remus y le valió para que al menos Sirius volviera a hablarle con normalidad. James sin embargo seguía en sus trece de tratarlo como si fuera un ser invisible y eso le traería problemas para el siguiente entrenamiento, que debía ser esa tarde. Durante el descanso todos estaban hablando del insufrible trabajo de pociones que Snape les había puesto esa misma mañana, al parecer todos tendrían que pagar el desplante que Harry le había hecho, pero cuando les contó lo ocurrido a ninguno les pareció mal tener que pagar ese precio por saber que alguien había dado una contestación en condiciones al odiado profesor. A pesar de que la conversación estaba muy interesante, Sirius llevaba diez minutos mirando al otro extremo del patio, moviendo de vez en cuando la cabeza como si algún obstáculo se pusiese entre él y su objetivo.

Remus no había tenido que ir a clase ese día, pero no se iba a perder el recreo con sus compañeros, así que después de una visita rápida a la enfermería para que le diera algo para el dolor, fue al patio a charlar con el resto y sobretodo a tener a Andrea entre sus brazos. Andrea y Remus se habían dado cuenta del extraño comportamiento de Sirius, que debería estar gastando alguna de sus bromas o insultando a Snape y sin embargo, estaba frunciendo el ceño y musitando ruidos extraños que asemejaban ser palabras. Al otro lado del patio, justo donde Sirius estaba mirando, estaba Patricia en una pose muy cariñosa con un chico con el que ya la había visto varias veces, pero nunca de esa forma.

-¿Y a ti qué te pasa?- le preguntó Andrea divertida. Al ver que ni si quiera le había escuchado le dio un pequeño tirón de uno de los mechones y Sirius saltó como un resorte. El pelo era sagrado.- ¿Que qué te pasa?

-A mí nada- respondió inocentemente provocando la risa de Remus- Voy a hablar con Patricia de lo que dijimos anoche.

-¿Ahora?- se extrañó Remus- ¿Pero no ves que está ocupada?

Sirius hizo un gesto con la mano como si sus palabras fueran absurdas y enfiló entre los alumnos para llegar hasta Patricia.

-¡Eh, Canuto!- oyó a James detrás de él- No hagas mucho el tonto, que nos conocemos - Sin girarse le hizo un gesto muy soez con el dedo y siguió su camino.

El chico que estaba con Patricia la tenía abrazada por la cintura mientras hablaban muy cerca entre sonrisas. Vestía con la túnica de Ravenclaw y aunque no llegaba a tener el atractivo de Sirius las chicas siempre habían dicho que era bastante guapo. Sirius se puso al lado de ellos e intento esbozar una expresión agradable, aunque su intento fue inútil. No sabía qué le estaba pasando pero quería que ese tío estúpido le quitase las manos de encima a su amiga, pensó que quizá era muy sobreprotector, pero es que le parecía un aprovechado. Ninguno de los chicos que había en el colegio era digno de estar con ella. Carraspeó con firmeza para llamar la atención de la pareja y Patricia se giró con una sonrisa al verle.

-¡Hola, Anthony! ¿Qué tal?- le saludó vivaracha.

-¿Puedo hablar contigo?- la pregunta de Sirius fue seria y seca y pasaba su mirada entre la chica y su acompañante, detalle que Patricia captó.

-¿Conoces a Simon?- Sirius negó con la cabeza y tardó un rato en estrechar la mano que el chico le estaba ofreciendo, lo estaba examinando minuciosamente y al apretar la mano como saludo lo hizo con más fuerza de lo habitual, provocando entre los dos chicos un pequeño pique.

-Tengo que hablar contigo, Patricia. ¿Puede ser ahora?

-¡Aish, qué soso estás hoy!- exclamó ella extrañada del comportamiento de Sirius- Sí, ahora hablamos.

Sin tener una explicación muy buena para ello, Patricia le dio un beso en la mejilla al chico, que se quedó muy extrañado por no haberlo recibido en los labios y con un luego te veo en clase se separó un poco de Simon y atendió lo que Sirius tuviera que decirle.

-¿No me habías contado que tenías novio?- fue la primera pregunta de Sirius. Estaba cruzado de brazos y había adoptado una pose ofendida.

-Simon no es mi novio. Es... Simon.

-Pues para no serlo, estabais muy cariñosos. En mi tierra eso es que sea tu novio.

-¿Pero qué me estás contando?- Se picó Patricia- Pero si tú precisamente eres el rey de los rollos rápidos.- se cruzó de brazos y lo miró por encima del hombro- Además, espero que no hayas interrumpido sólo para pedirme explicaciones sobre Simon ¿qué quieres?

Sirius dudó unos minutos sobre qué era exactamente lo que le había llevado a acercarse a ella. Estaba enfadado, no podía negarlo, aunque realmente no podía definir la causa de ello y eso le encendía aún más. Pensó unos instantes e instintivamente miró a donde estaba sus amigos. A esas alturas sólo Andrea y Remus, que sabían de qué iba todo, estaban pendientes de él.

-Ya me acuerdo. Hace tiempo estuviste a punto de contarme algo sobre Sirius Black- El rostro de Patricia se contrajo levemente al recuerdo de la amenaza de Hermione, a la que buscó con la mirada; pero sobretodo ante la sensación que ese nombre le había provocado siempre, por muy asesino rabioso que todos quisiesen que fuera- Quiero que me cuentes algo de él.

-No puedo.- respondió secamente y mirando con nerviosismo a Hermione que en ese momento se había dado cuenta de que alguien la observaba y dejó de lado a Ron para estar atenta a aquella conversación lejana de la que sólo podía captar los gestos de sus rostros.

-Patricia por favor, no sabes lo importante que es para mí. Además siempre he creído que no eras muy amiga de las normas.

-No es eso, es que este año vamos empatados con vosotros en la copa de las casas y la loca de Granger es capaz de machacarme si se entera que te he dicho algo.

-Está bien.- se conformó él- pero una cosita ¿conoces a James Potter?- Patricia empezó a reírse como si esa fuera la pregunta más absurda que había oído en toda su vida.

-Claro que sí. Todo el mundo sabe quién es James Potter. En serio Anthony ¿Tú en qué mundo vives?

-¿Y a Lily Evans?

-A esa no, pero a Lily Potter sí, es la madre de Harry.- Patricia estaba alucinando, ¿ese chico había aprobado historia de la magia de quinto?

-¿me contarías algo de ellos?- Patricia negó con la cabeza, la prohibición de Hermione, que en ese preciso momento se estaba acercando hacia ellos, incluía también cualquier cosa que tuviera que ver con Harry y no pensaba acercarse. -Cobarde

-¿Qué tal?- saludó Hermione examinando con la mirada a Patricia y a Sirius, le había dado muy mala sensación el hecho de que Patricia estuviera más pendiente de ella que de Sirius.

-Aquí jugando a las adivinanzas.- Contestó Patricia algo ofendida por el último calificativo que le había dado Sirius. Nadie la llamaba cobarde, pero ahora que le iba a contar algo, había llegado Hermione. - Bueno Anthony como veo que eres un poco malo y no acertarás la adivinanza, te daré una pista.

-¿Qué pista?- Sirius no pillaba muy bien a qué venía todo aquello de las adivinanzas.

-No creas todo lo que leas- Si a Sirius se lo hubieran dicho en chino mandarín se hubiese quedado igual. No entendía nada de lo que quería decirle con eso, pero ella ya se había ido y no podía seguir preguntando.

-Bueno, Hermione, creo que tenemos clase ¿no?- le pasó el brazo por los hombros intentando evitar su mirada examinadora- ¿Por cierto a qué has venido?

*********************

Tal y como había dicho Snape, el hospital San Mungo tenía una gran calma comparado con el día del ataque. La zona en la que estaba Remus Lupin ingresado era un silencio absoluto. La ventanas dejaban entrar una claridad que no podía ser sino producto de la magia, haciendo que los pasillos fuesen aún más blancos. En el resto de habitaciones de esa planta había aurores heridos en el mismo ataque en King Cross y las medidas de seguridad eran bastante elevadas, especialmente en la última habitación, donde Albus Dumbledore había ordenado que hubiese vigilancia continua. En la habitación, Remus no tenía ningún compañero. Era casi medio día y un cortina la dejaba en penumbras. Había un silencio suave y frío que acompañaba el grave estado de su residente.

Como era habitual en los últimos dos días Nicole estaba allí; con el brazo todavía convaleciente, pero se había negado en rotundo a dejar aquella habitación siempre que no tuviera que cumplir con alguna de sus obligaciones. Esa mañana había llegado temprano, en cuanto había amanecido. Había tenido que pasar la noche en el ministerio haciendo informes del ataque y sin pasar por casa había marchado directa al hospital para saber del estado de Remus. Llevaba allí muchas horas, los medimagos habían dicho que si no se despertaba ese día, sería muy difícil que volviera a despertar. Conocía la habitación como si fuese la suya propia, no salía a comer, ni a tomar un café, a veces alguno de sus compañeros que estaban de guardia en el pasillo le traía algo, pero no era capaz de pasar ni unas gotas de agua por la garganta, en la que se había formado un horrible nudo de desesperación.

Por milésima vez en esa mañana se sentó en la cama junto a un Remus que tenía aún peor cara que el día anterior. Las bolsas de los ojos había adoptado un color rojizo que contrastaba aún más con su tez blanquecina. Hacía poco tiempo que una medimaga había entrado para curarle las heridas y había dicho que tenía que tenerlas al aire durante unas horas, así que estaba sin camisa, con la sábana hasta la cintura mostrando un torso bastante más musculoso que el que podía mostrar el Remus que en ese momento estaba en clase de runas antiguas. Nicole le acarició la cara con la punta de los dedos, como si tuviera miedo de lesionarle si lo hacía con más fuerza y no pudo reprimir un suspiro amargo y profundo. Para intentar calmarse se pasó la mano libre por el pelo, más corto que lo llevaba el propio Remus, y que desde que todo había ocurrido casi no lo peinaba. Se fijó en las dos heridas que había hecho las maldiciones que lo tenían en ese estado, parecían quemaduras y habían dejado unas importantes perforaciones en su piel que dejaban ver el color rojo oscuro de la carne herida.

-Tienes que salir de ésta- le suplicó casi llorando- Creo que no sabría vivir sin ti. Si me dejas me moriría, no sabría hacer nada sin esa calma que me transmites, sin tu experiencia.

Nicole se tapó la cara con las manos. Las lágrimas había comenzado a aflorar de manera suave y silenciosa. Se sentía cansada, abatida, asquerosamente triste y desconsolada. En el último año había mantenido con Remus una relación de amistad íntima y peligrosa. Sabía que entre ellos había una extraña atracción que ella no dudaba en demostrar pero que a él, por algún motivo que desconocía, no le gustaba poner de manifiesto. Se habían encontrado en situaciones comprometidas de las que Remus siempre se había escabullido con una frase cortés y una sonrisa tímida. Nunca hablaba de sentimientos, de nada que pudiese suponer un compromiso o darle la esperanza de que entre ellos podría haber algo, pero la conexión que existía, la forma en que a veces la miraba con una mezcla de protección paternal y añoranza perdida a través de los años, le decían que él no podía sentir lo mismo que quería demostrarle.

Colocó la mano de Remus sobre su pierna y se concentró mucho en hacer líneas imaginarias que iban desde su muñeca hasta la punta de los dedos. Estuvo así un rato, a veces se topaba en su camino con sus propias lágrimas y mojaba con ellas la mano de Remus sin dejar de hacer esos surcos imaginarios. A veces suspiraba profundamente cuando el llanto no le dejaba respirar con normalidad, recordando el día que le conoció, su relación con Harry, la tristeza que expresaban sus ojos por el sufrimiento pasado a lo largo de los años, los momentos que habían estado juntos, riéndose o concentrados sin hablar en alguna guardia. Si hubiera estado atenta a algo más que a su mano y a sus recuerdos se habría dado cuenta que Remus había abierto los ojos cansadamente.

Miró con extrañeza a su alrededor sin reconocer nada de lo que tenía en aquella habitación. Notó que alguien le estaba acariciando la mano y escuchó unos sollozos lejanos, estaba muy desconcertado con todo, miró a la mujer que estaba a su lado, vio su figura alta, el pelo rubio y despeinado, parecía muy triste y al verla ahí tan preocupada, a su lado, como siempre, sonrió imperceptiblemente, pero en el intento de sonrisa no pudo evitar toser provocándose un insufrible dolor en el pecho y en el costado. No sabía lo que le ocurría y con la mano libre se buscó las heridas abiertas.

Al sonido de la tos, Nicole levantó la cabeza y lo vio despierto. En cuestión de segundos se abrazó a su cuello y empezó a llorar mucho más sonoramente que lo había hecho.

-No deberías estar aquí- su voz sonó ronca y rota pero con un cariño asombrable, tenía la garganta seca y le dolía todo el cuerpo con cada palabra que pronunciaba pero no podía mantenerse callado al tenerla ahí. - Es peligroso y lo sabes.

-No digas tonterías- le dijo Nicole sin apenas levantar la cara de su hombro.

-Si te encuentran conmigo te matarán.- Después de esta frase no pudo reprimir un quejido de dolor, que hizo que Nicole se levantara rápidamente para intentar examinarle.

-Vamos Remus, nadie me va a matar por estar contigo. No seas idiota.

Remus la miró fijamente, entornaba los ojos como si quisiera verla mejor y de vez en cuando se extrañaba, como si fuera una desconocida. Nicole estaba asombrada, parecía que se había despertado bien pero ahora con esas incoherencias y esa forma de mirarla empezaba a pensar que podía haber resultado algo trastornado.

-¿Tú...? Tú no...- Remus se paraba a examinar una y otra vez el resto de la mujer que le acompañaba y que ahora estaba muy asustada.

-Remus, no me asustes, soy yo. ¡Nicole!. ¿Qué te ocurre?

Remus se detuvo unos instante, asombrado, como si fuera la primera vez que escuchaba ese nombre. La miró insistentemente buscando en las facciones de su rostro respuestas que no llegaban. Repetía el nombre que acababa de decirle una y otra vez hasta que lo encontró, de repente todo estaba en su cabeza. El ataque en King Cross, las maldiciones, Nicole. Por unos segundos la decepción se apoderó de su rostro y ella lo notó, pero en seguida le volvió una sonrisa dulce y amable que mejoró mucho el mal estado en el que se encontraba su cara.

-¿Quién pensabas que era?- le preguntó ella con amargura, pero se consoló con la sonrisa que le dio como respuesta

-No lo sé, no sabía muy bien lo que ocurría ni dónde estaba.- la respuesta no fue del todo satisfactoria, pero como siempre, Remus no entraba más allá de una capa superflua que colocaba entre el mundo y su verdadera vida.

-Me has asustado muchísimo- le pasó los dedos finos entre los mechones dorados que le caían por la cara.- Si te hubiera pasado algo...

-Son cosas que pasan, esto es una guerra Nicole. Todos estamos expuestos a perder a alguien importante- parecía una lección de dureza, pero más bien era una nueva forma de salir de ese callejón ante el que se veían siempre que estaban a solas- ¿Quién me sacó de aquella vía? Es lo último que recuerdo.

-Yo.- respondió simplemente antes de bajar la cabeza, como si estuviese avergonzada por haber tenido que recibir esa lección de realidad por parte de Remus.

-Espero que la próxima vez estés otra vez a mi lado. - Sabía que había sido un poco brusco y tenía que remediarlo, pero no podía evitar que a veces el instinto de autoprotección hablase por él mismo. Le apretó la mano con la que le había estado acariciando la suya y cuando ella le miró le hizo una mueca cariñosa con la cara.

-Ojalá me dejaras estar más cerca- suspiró ella - Tengo la sensación de que vives en el pasado y no dejas que nadie se acerque a ti para no hacerte daño, pero... no sé, a veces tienes cosas cerca que podrían hacerte recuperar una felicidad que hace tiempo que no conoces.

Remus estaba totalmente de acuerdo con aquella valoración y su concordancia se mostró en una mirada dulce. Le volvió a apretar la mano y cuando Nicole se estaba acercando para besarle, sin que él mostrara la resistencia habitual, un medimago entró y se sobresaltó porque nadie le había avisado del despertar del enfermo, lo que hizo que la pareja se separara inmediatamente para dejarle espacio para trabajar.

*********************

A la hora de la comida Sirius todavía no había comentado con Remus y Andrea lo que le había dicho Patricia, más que nada porque no había obtenido de esa conversación ningún dato que pudiera ser interesante. Además, se había pasado las dos horas de clase concentrado en el estúpido que Patricia tenía a su lado durante el recreo y que había vuelto a ver durante el cambio de hora. Al entrar en el gran comedor, vio una escena que le resultó vomitiva. Simon estaba comiendo junto a Patricia haciéndole carantoñas entre bocado y bocado, él jamás haría una cursilada como esa. Seguro que Patricia lo consideraba un empalagoso. Llevaba semanas sin fijarse en una chica, desde que había dejado a Susan, pero en cuanto se le cruzó una hufflepuff de quinto que se le había insinuado un par de veces esa semana se acercó a ella recuperando su majestuoso arte para ligar.

La chica, una castaña de pelo rizada con piel muy morena, quedó encantada con sus miradas cómplices y sonrisas estúpidas, aunque no le gustó tanto que Patricia se acercara y les interrumpiera cuando Sirius se estaba acercando a ella peligrosamente.

-¿Quieres que te cuente eso o no?- Patricia se puso a su lado con los brazos cruzados y una ceja alzada, había dejado de lado a Simon, al que efectivamente había terminado considerando un poco empalagoso. - ¡Ups! Perdón, ¿interrumpo?. - No había precisamente arrepentimiento en su voz y eso hizo que la chica la mirara con el ceño fruncido. - Es que te he visto y me ...

-No, no te preocupes, no interrumpes- le cortó Sirius, pero cogió a la chica de la cintura y le plantó un besazo de escándalo en la misma cara de Patricia- Luego te veo, guapa. - la despidió- Venga cuéntame.

-La última vez que me cortas así- le espetó ella, al ver que se había morreado con la chica en su cara.

-¿Celosa?- le increpó adoptando una postura extremadamente creída.

-¿De esa snob? - Patricia se llevó la mano al pecho como si hubiera dicho la mayor tontería del mundo, pero estaba enfadada y eso era algo que no podía negar- ¡Búscate una tía con cerebro!- le gritó enfilando el pasillo hacia la puerta.

-¿Cómo tú?- le gritó él fuera de sus casillas.

Patricia se paró en seco al escuchar esa pregunta, se giró con los puños cerrado y los ojos a punto de salirse de las órbitas.

-¡NO! ¡Una como yo no! ¡Búscate una que te aguante!

Sirius se quedó plantado allí, asombrado por el desplante que acababa de hacerle, así que como empezaba a ser el centro de atención de la gente del comedor se fue a sentarse con sus amigos. James y Remus le habían guardado un sitio. Se sentó entre ellos sulfurando, miró a un lado y vio a James que estaba comiendo y al otro lado Remus estaba hablando con Andrea en susurros, mirándose a los ojos ignorando completamente al resto del mundo.

-¿Queréis dejaros de cariñitos?- les escupió casi con crueldad- Total si al final no acabaréis juntos.

Andrea al escuchar sus palabras se levantó con solemnidad, cogió muy despacio su vaso de zumo de calabaza y con una sonrisa se lo tiró a Sirius por encima de la cabeza haciendo que casi se muriera del infarto al verse totalmente cubierto del líquido naranja. Intentó gritarle, pero se topó con sus ojos negros y fríos, cargados de un profundo resentimiento y, por qué negarlo, le dio miedo. Así que cogió su varita y arregló el desperfecto mientras ella salía del comedor sin haber pronunciado una palabra. Remus se levantó para ir detrás de ella, pero Sirius le agarró de la manga y le obligó a sentarse. Al ver la cara de desconsuelo que tenía su amigo no pudo resistirse. James y Remus esperaron un rato a que Sirius le contara lo que le pasaba por la cabeza, porque lo que le había ocurrido lo había visto todo el comedor, pero no dijo nada.

-Mira Sirius- empezó Remus, que empezaba a desesperarse- Le acabas de decir a la mujer de mi vida que no acabaremos juntos y aunque ella ya lo sabe, espero que no pretendas que me quede aquí sólo para mirar tu cara de perro pulgoso.

-¿Cómo lo sabes?- le saltó él, volviendo de su mundo.

-¿Qué?- se extrañó Remus, que estaba a punto de controlarle la temperatura por si acaso le había dado un ataque febril.

-Que es la mujer de tu vida. Sabes que no vais a terminar juntos y sin embargo lo sigues diciendo. ¿y tú?- se giró hacia James que lo miró como si se hubiera vuelto loco por mostrar ese interés en el amor.

-Lo mío es fácil.- contestó James encogiéndose de hombros y señalando a Harry que estaba sentando unos sitios más atrás hablando con Ron- Se llama Harry.

-No idiota- se exasperó, no estaba para bromas- ¿por qué Lily? Tenías a todas las chicas que querías y te fijaste justo en la que no te hacía ni caso. Vale que es guapa y tal, pero...

-Y lista y dulce y simpática- James se quedó un poco como tonto describiendo las facultades de su novia y se giró para darle un beso que la sorprendió mucho en medio de su conversación con Ginny.

-Lo voy cogiendo- le saltó Sirius, sin entender muy bien.

-Y no estaría con nadie como estoy con ella- le terminó de explicar James.

-¿Y yo qué?- Sirius se ofendió con ese comentario, no había mejor compañía que estar con sus amigos.

-¿Nunca has preferido estar con una chica antes que con nosotros?- preguntó Remus que era de la misma opinión que James.

-A ver, que tengo mis necesidades y vosotros no sois mi tipo, pero vamos que fuera de ese terreno...- en ese momento Simon se levantó de la mesa para salir del comedor- capullo, engreído y gilipollas.

-Creo que todo está claro- sentenció Remus.

-¿Y tú? ¿qué tiene Andrea?

-Pues...- la cara de Remus adoptó la misma pose de tonto que minutos antes había tenido James- Lo tiene todo, es dulce y dura, fría y cariñosa, pasional y racional hasta límites insospechados.

-Vamos que está como una cabra- murmuró Sirius y se ganó una colleja de Remus.

-¿Y Patricia? ¿Qué tiene?

Al mismo instante, James y Remus se levantaron y dejaron a Sirius con la cara apoyada en ambas manos y totalmente sorprendido por la última pregunta que le había hecho Remus ¿Tendría razón?

***********************

Por la tarde Harry tendría que enfrentarse a su entrenamiento con James y Dumbledore no había dado señales de vida, así que no había nada que lo librara. Había decidido que tenía que potenciar esa barrera que había conseguido su padre, estaba casi seguro de que ese no sería su poder, sino más bien un método de protección al estilo heredero, pero a pesar de todo no podía descartar ninguna posibilidad, así que cuando entró en la sala de los menesteres le contó su plan: le atacaría sin piedad para que se protegiera con escudos como el que había hecho el primer día y que él casi casi controlaba con sus manos. A James no le hizo ninguna gracia pero no le quedó otro remedio. Harry empezó a mandarle maldiciones sin darle tiempo a prepararse y en un primer momento sólo pudo evitar con movimientos rápidos.

James terminó hartándose y dejó la defensa para dedicarse al ataque, mandando algunas maldiciones que rebotaron en el escudo de protección que Harry creó sólo pasando su mano por delante de sí mismo, haciendo que James se enfureciera porque para Harry eso fue facilísimo y él se estaba muriendo para conseguir una leve protección, por muy mala que fuera.

-¡Me tienes harto ya!-le gritó James mandándole un nuevo hechizo que volvió a rebotar irremediablemente frente a un Harry que casi no se inmutaba.

-Eres idiota- le dijo con prepotencia- ¡Controla tu rabia!- le mandó un hechizo mientras le iba hablando y sonrió al recordar que un año antes Nicole le había puesto la misma prueba para enseñarle la misma lección- Canalizala y contrólala. Cuando lo consigas dominarás tu poder.

-Un gran consejo- El profesor Dumbledore estaba en la puerta sonriendo orgulloso por las palabras de su alumno- A Harry le costó mucho aprenderlo, de hecho, no sé si ha llegado a aprenderlo del todo- bromeó.

-Muchas gracias profesor, a eso se le llama darme credibilidad.- siguió bromeando él.

-Voy al hospital, así que siento interrumpir vuestro entrenamiento.

Harry inmediatamente se colocó junto a Dumbledore dispuesto a agarrar el traslador lo antes posible, pero James se interpuso en su camino a la celeridad.

-Yo quiero ir también, yo quiero ver a Remus.

-No seas crío- le recriminó Harry- no vas a venir.

-James por favor, no puedes venir. No deberías haber visto nunca a Remus, no es convenientes así que márchate a la sala común y avisa a tus compañeros de que Harry estará conmigo.

El traslador les dejó en medio de un círculo de miembros de la orden que estaban en guardia dispuestos a defender a Harry del más mínimo ataque. Por un momento se sintió una estrella del rock pero luego no le gustó la idea y se dejó saludar por todos. Dumbledore lo agarró del hombro y lo mantuvo a cinco centímetros de él durante todo el rato a pesar de que era casi imposible que alguien accediera a esa parte del hospital sin enfrentarse a todo un ejército de aurores.

Remus había pasado casi toda la tarde descansando pero al fin estaba fuera de peligro. Los miembros de la orden habían pasado en procesión para saludarle pero se habían encontrado con una larga siesta así que fue Nicole, que no había consentido marcharse de allí, quien les contó cómo estaba.

Cuando Harry entró, Remus estaba cenando, a su lado Nicole se levantó inmediatamente para saludar a Harry con un beso, pero Harry no le prestó mucha atención a pesar de que tenía muchas ganas de verla. Estaba obsesionado por llegar hasta Remus y saber de primera mano que estaba vivo y fuera de peligro. Se sentó en la cama e ignoró el ceño fruncido que tenía, se concentró en sus heridas, que seguían curándose al aire. Cuando comprobó que estaba entero y que eso sería cuestión de poco días se lanzó al cuello hasta casi asfixiarlo. Lo había pasado horriblemente mal, se había hecho a la idea de que iba a morir y verlo ahí, a pesar de que tuviera esa cara de enfado, era lo mejor del mundo para él.

-¿Por qué has venido?- le preguntó riñéndole, pero no se resistió a estrecharlo con la fuerza que su estado le dejaba. No quería que estuviera ahí porque era peligroso pero al fin y al cabo, verle era todo un consuelo.

-Yo también te quiero, Remus. ¿Tú qué crees? Por cierto, Nicole, ¿cómo estás? Que no te he dicho nada- ella le sonrió para restarle importancia, ella había hecho lo mismo la primera vez que entró en esa habitación.

-No tenías que haber venido. Es muy peligroso.

-Si alguien consigue acercarse hasta aquí tendrá que pasar por encima de Dumbledore- le dijo en un susurro - y mírale- señaló hacia la puerta donde el profesor parecía más alto y más imponente que nunca- nadie se atreverá a abrir la boca delante de él.

-Déjate de tonterías Harry, eres igual que tu padre cuando hay problemas, siempre recurres a esa ironía. - bromeó un poco- Anda cuéntame cómo te ha ido estos días con él.

Nicole salió porque sabía que les gustaría estar solos, el director Dumbledore hizo lo propio pero se quedó en la misma puerta, ahora cerrada, para que nadie pudiera acceder a Harry sin pasar por delante de él.

-Con mi padre como siempre, intentando sacarle los poderes así que hemos discutido un poco, pero vamos ya casi no me preocupa. Total, es imposible llevarse bien con James ¿tú cómo lo hacías?- Remus empezó a reírse por la ocurrencia pero cuando iba a contestar Harry había tornado el gesto muy serio y lo miraba preocupado- Lo he pasado fatal estos días- le confesó.

-Vamos chaval, no me digas esas cosas, que sabes que yo soy muy tonto para esto.- Al menos consiguió sacarle una sonrisa.- Al menos ahora sabes lo que siento yo cuando te veo metiéndote en líos.

-En serio, Remus, pensé que la historia se repetía y si tú te vas ya no me quedará nadie en quien apoyarme.- se estaba desahogando, había llevado un peso muy grande esos días y decírselo a él en persona, sabiendo que saldría de esa era el mejor consuelo de todos.

Remus intentó incorporarse un poco más en la cama y con ello sólo consiguió un grave gesto de dolor. Harry al verlo con tal esfuerzo movió las manos y lo acomodó perfectamente entre las almohadas sin ni siquiera tocarle.

-Te veo muy mejorado en tu poder- Harry no sonrió, seguía agotado después de todo- Harry, mírame, no quiero verte así ¿vale? No me voy a ir nunca, te lo prometo- mintió Remus con tal de verle más animado- Siempre vamos a estar juntos, como una especie de familia extraña.

Harry asintió con la cabeza, sabía que era una mentira piadosa, que Remus no podía prometerle algo así en medio de una guerra pero le reconfortó oírle decir la palabra familia. Se puso de pie, y como Nicole había hecho el primer día, tanteó un poco por las cosas que tenía encima de la mesilla. También se fijó en la cadena con los anillos y los miró muy sorprendido. ¿De quién era eso? Remus no se había casado nunca, de eso estaba seguro.

-¿Y esto?-preguntó enseñándoselo- ¿es para Nicole?- le hizo un guiño cómplice esperando una respuesta distendida pero se quedó con las ganas.

-No.

-¡Qué borde! ¿Entonces?

-Vamos Harry, por favor- le rogó en un tono más suave- No quiero hablar de eso.

-Pues deberías plantearte algo con Nicole, ya la has visto, me ha dicho Dumbledore que se ha pasado aquí todos los días.

-Harry, te estás metiendo en temas que no debes.- le rogó. Había tenido que mostrarse un poco fuerte con Harry desconsolado y no sabía si con ese tema sería capaz de mostrarse igual de entero.

-Vamos, Remus, no seas tonto. Yo te lo cuento todo. Además no seguirás pensando en Andrea ¿verdad?- Remus palideció- Quiero decir, Andrea me encanta, es una chica genial, pero no está y ¿desde cuando no la ves?

-Demasiado tiempo.- susurró sin mirarle.

-No deberías pasar tanto tiempo solo. Es alucinante lo feliz que te veo en el colegio con Andrea, me gustaría que estuvieras así con alguien y ella no está. No te voy a preguntar por qué no está ni por qué no quieres buscarla pero sí te diré que deberías buscar nuevos campos.

-Dejemos una cosa clara, Andrea siempre ha sido la mujer más importante de mi vida, pero no he estado estos diez años guardándole fidelidad absoluta - le hizo un gesto con la cara que Harry captó a la primera- pero... no sé, Nicole es otra cosa. No es una mujer para una relación fugaz.

-Ni se te ocurra hacerle eso que cobras- le amenazó él medio en broma medio en serio. Quería mucho a Nicole.

-Ella me recuerda a una parte de mi vida que no sé si quiero volver a tener, pero tampoco sé si quiero olvidar.

-Cuando te pones así no hay quien te entienda.

Una medimaga entró para hacer la última ronda antes de que se acostara, seguida de Dumbledore y de Nicole. Examinó las heridas, les aplicó un ungüento que olía fatal y le obligó a tomarse cinco pociones, que por la cara que puso Remus no debían saber muy bien.

-Pronto podrás salir de aquí- le dijo con una voz alegre.

-¿Podré hacer vida normal?- le preguntó Remus haciendo una mueca de asco después de dejar vacío el último botecito.

-Depende de a lo que llames vida normal- La medimaga le señaló las heridas y alzó una ceja- Estas cosas no salen haciendo vida normal. ¿A qué te dedicas?

-Yo... bueno... digamos que trabajo en la guerra, ¿cuándo estaré listo para volver a luchar?

-¡alto, alto, alto!- interrumpió Harry levantándose de la silla en la que se había sentado y poniéndose junto a Remus- Tú no vas a volver a luchar nunca. ¡Jamás!. Quítatelo de la cabeza. Ya me has ignorado una vez metiéndote en líos y no voy a consentir que lo hagas otra vez.

-¡Vaya!- se sorprendió la medimaga- Tu hijo se preocupa mucho por ti- no se había fijado en Harry casi nada, y aunque lo hubiera hecho Harry se había encargado a lo largo de los años de dejarse el pelo los suficientemente largo como para que le tapara la cicatriz.

-No es mi hijo- le aclaró Remus con una sonrisa de orgullo porque alguien hubiese confundido a Harry con su hijo- Y ya me gustaría a mí que se aplicara a sí mismo sus mismos consejos- le miró con cara de circunstancias y Harry se tuvo que morder la lengua porque sabía que él no se quedaría nunca quieto ante un ataque, así que, por mucho que le doliera, no podía obligar a Remus a quedarse en casa.

En cuanto la medimaga salió de la habitación, Dumbledore anunció que era hora de marcharse, así que Harry se abrazó a Remus otra vez y se dejó abrazar fuerte por él, era increíble cómo había podido convertirse en una persona tan importante en su vida en el último año.

-Si me traes otra vez al hospital te juro que te mato con mis propias manos.- le amenazó con el dedo en alto- Y haz caso de lo que te he dicho, de las DOS cosas que te he dicho.

Remus empezó a reírse y volvió a abrazarle y a darle un beso en la cara antes de que se marchara. Volver a Hogwarts después de haber visto a Remus fue muy gratificante, por fin podría dormir toda la noche sin ningún tipo de preocupación.


********************

N/A: Hola!!! ya he vuelto aunque confieso que con bastante retraso pero tengo excusa, he estado muy liada con unas practicas que me traen de cabeza, pero no os cuento mi vida. Quería daros las gracias porque he tenido muchisimos reviews, sois increiblemente amables, muchas gracias!!!

Y se acabó, no os molesto más solo darle un besazo a mis niñas (tomaoslo como un regalo de sant Jordi) y a todos, Leed sus historias!!! y la que compartimos, herencia de merodeador.

Besitos, y nos vemos pronto
CAPÍTULO 26: NO CREAS TODO LO QUE LEAS.


Una semana después Remus salió del hospital con la firme promesa de que se quedaría unos días en casa descansando. Harry no había podido ir a verle otra vez, pero no le importó, sabía que estaba bien y eso era suficiente, así que estaba de tan buen humor que ni James en los dos entrenamientos que tuvieron pudo enfadarle y eso que había hecho muchos méritos para ganarse una buena respuesta que lo pusiera en su sitio. Sentía que la relación iba cada vez peor, aunque en el fondo le había demostrado que en una situación de peligro su instinto le guiaría y se comportaría no ya como un padre pero al menos sí como un amigo protector, así que se planteó muy seriamente dejarse dañar por alguna maldición potente con el fin de volver a fortalecer el lazo que les unía. El jueves Lily había ido a ver el entrenamiento, en principio Harry se negó porque pensaba que eso le desconcentraría, pero al final se dio cuenta de que no era una mala opción, con Lily allí, como ocurría siempre, James al menos mantenía una relación civilizada y dejaba de lado las contestaciones irascibles, así que aunque no consiguió volver a sacar de él un buen escudo que les protegiera en un momento dado, tampoco salió a golpes con él.

Harry estaba obsesionado con encontrar el poder de James, sabía que lo que más irritaba a su padre era que él, Harry, controlase sus poderes y él no, así que el primer paso era dar con él. A pesar de que había mirado en muchos libros de esa extraña y fructífera biblioteca que aparecía en la sala de los menesteres, no había encontrado nada realmente importante que le indicara como desarrollar ese poder, pero lo cierto es que con a penas unos pocos entrenamientos se podía apreciar un grandiosa mejoría en su poder, pero para su desgracia ninguno sobresalía por encima de los demás. El viernes después del entrenamiento de quidditch y para pesar de Ginny que casi no le veía el pelo, volvió a encerrarse entre los antiguos pero vacíos libros que hablaban de su célebre antepasado. Bien entrada la madrugada estaba desesperado, el libro que estaba leyendo relataba cada uno de los poderes que Godric Gryffindor manifestó en su larga vida. Encontró como el más destacado el suyo, la capacidad de controlar la magia sin necesidad de un canalizador y hacerlo con aún más potencia que si lo usara. Siguió buscando, ya casi los había memorizado de tanto leerlos una y otra vez; alguno de aquellos debería ser el que tenía su padre. Cuando estaba a punto de rendirse le llamó mucho un párrafo, no era exactamente el poder que describía puesto que incluso Dumbledore le había dicho que Gryffindor podía dominar la naturaleza, sino cómo lo hacía:

Godric Gryffindor consiguió a la temprana edad de 16 años dominar la animagia y convertirse en león a su antojo. Como tal y ya que el león es el rey de los animales fue capaz en poco tiempo de controlarlos y comunicarse con ellos.

Se quedó pensando apoyado sobre una mano y haciendo pasar el dedo por la llama de la vela que tenía sobre la mesa. Era asombrable el hecho de que su padre consiguiese dominar la animagia antes incluso que Gryffindor, pero él no se había convertido en un león ¿Por qué no? ¿Por qué si por sus venas corría la sangre de Gryffindor se transformaba en ciervo y no en león? Lo pensó detenidamente, se repetía una y otra vez la frase del libro el rey de los animales, el famoso rey de la selva para los muggles. ¿Sería James capaz de controlar a los animales? No entendía entonces porqué no era un león y sí un ciervo. Un ciervo... un majestuoso ciervo. Seguía pasando el dedo por la llama, le reconfortaba el calor dulce que le transmitía en medio de su somnolencia, de repente paró en su juego ¿majestuoso? El ciervo es el rey del bosque, para todo cuento o leyenda el ciervo domina el bosque. James es el otro rey. Se puso de pie y cerró el libro de golpe, tendría que hablar con él cuanto antes y preguntárselo, pero si ese era el poder de su padre, desgraciadamente no serviría de mucho para nadie a no ser que el bosque prohibido se aliara con Voldemort. Había salido ya de la sala y se paró en seco sorprendiéndose a sí mismo en ese pensamiento. Como si quisiera castigarse por ello se dio un golpe con la mano en la cabeza. No seas idiota, Harry, James no va a luchar contra Voldemort, ¿qué importa que domine a los animales o que sea capaz de hacer estallar una tormenta? No va a salir de aquí

*******************

Durante el entrenamiento de quidditch Sirius se quedó en la sala común haciendo como el que estudiaba. No quería aparecer por la biblioteca porque seguía enfadado con Patricia y no quería verla. Por como ella había actuado durante esos días cuando se habían encontrado en algún pasillo o en el comedor, ella pensaba exactamente lo mismo. Estaba medio tirado en la mesa, con el libro de aritmancia abierto y apoyado de mala manera sobre la mano. La prioridad de esa semana había cambiado; se le había olvidado por completo todo lo que tenía que ver con sus ganas de conocer el futuro; ahora la pregunta que se repetía en su cabeza de manera incesante era la que le había hecho Remus ¿Qué tiene Patricia? Remus había sido un idiota haciéndole esa pregunta. En ese momento estaba a su lado, concentrado en un hechizo de encantamientos. Cuando le vio en ese estado, Remus levantó la cabeza de su libro y le hizo un gesto con la mano delante de la cara para que reaccionara.

-¡Estoy ya cansada de estudiar!- Andrea cerró el libro de golpe y se dejó caer en el respaldar de la silla cuando vio que los dos chicos que la acompañaban habían dejado su tarea.

-Es verdad, ¡Esto es un asco! - sentenció Remus haciendo lo propio con su libro- ¿y a ti qué te pasa?

-¡Bah! Nada- intentó escabullirse- también estoy cansado de estudiar. - Remus y Andrea aguantaron una carcajada- Total si cuando volvamos tendremos que repetir todos los exámenes.

-¿Y si no volvemos?- Ese era un pensamiento que todos llevaban compartiendo mucho tiempo pero no se habían atrevido a decirlo en voz alta. Se habían tomado el estar allí como si fueran unas vacaciones pero de vez en cuando el fantasma del miedo se cernía sobre ellos y esta vez fue Andrea la que lo expresó- Dumbledore no ha logrado nada en todo este tiempo ¿y si no lo consigue?

-Pues nos quedaremos aquí, no tiene que estar mal este tiempo- A Sirius le traicionó el subconsciente y sus amigos lo miraron con una sonrisa, ellos sabían por qué estaba tan bien ese tiempo.

-No nos dejarán aquí, si no volvemos no pasarán muchas cosas que tienen que pasar. - dijo Remus con sensatez- Por lo pronto, si no volvemos no nacerá Harry. Además ya tendremos tiempo para vivir esta época.

-Pero ya no estaremos juntos. - la voz de Andrea surgió como un suspiro ahogado. Remus la abrazó por la cintura y le dio un beso en la cara para intentar consolarla.

-Ya te he dicho que tengo que hacer algo para cambiar eso. - le intentó reconfortar él, pero sabía que tocar ese tema era ponerse tristes así que prefirió cambiarlo- Bueno, Sirius, ¿qué te contó Patricia? Ya te hemos dejado plazo para que se te pase el enfado, ahora cuéntanos quiénes somos en el futuro.

Sirius se tensó con el recuerdo de Patricia y el tono en que Remus había usado su nombre. Pensó en la información que había obtenido y la respuesta fue fácil: nada.

-No me ha dicho nada- se quejó malhumorado- Se acojonó porque dice que Hermione, que por cierto ¿dónde está?- preguntó buscándola por la sala.

-Con Lily viendo el entrenamiento. Venga sigue contando- le apremió Andrea- ¿qué pasó con Hermione?.

-Le dijo que no me contara nada y ella se lo ha tomado en serio. ¡Es tonta!. No va la loca y se me pone a jugar a las adivinanzas, y claro luego se decide a contármelo en el comedor se puso celosa y la liamos.

-¿ella se puso celosa?- preguntó Remus al borde la risa, pero se calló de golpe al ver la mirada furibunda de Sirius- por supuesto, ella fue la que se puso celosa.

-¿Qué adivinanzas?- Andrea seguía concentrada en su objetivo, se había picado con todo eso de saber cosas del futuro.

-¡Yo qué sé!- Sirius se dejó caer en la silla y miró al techo- dijo no sé qué de que no crea todo lo que lea. ¡Puff! Y tiene la cara de llamar a eso pista.

Remus y Andrea se quedaron pensando un momento, si Patricia había dado eso como pista es porque tenía que ser importante. Lo pensaron largo rato. Sirius seguía a lo suyo, no quería concentrarse en nada que hubiera dicho Patricia, pero Andrea lo sacó de su mundo de inopia.

-¡Claro!- se puso de pie con un respingo- No creas todo lo que leas, significa que tenemos que leer algo.

-¡Uy qué lista!- saltó Sirius con sarcasmo, pero Andrea volvió a dedicarle otra de esas miradas que tanto le incomodaba.

-¿Y dónde se leen las cosas?- siguió Remus que había captado el pensamiento de su novia- ¡En la biblioteca! Tenemos que buscar un libro que hable de nosotros.

-Puede que yo llegue a ser famoso y salga en los libros,- Sirius adoptó una posición prepotente llevándose la mano al pecho- pero vosotros no creo que lo seáis.

-¡Qué tonto eres a veces!- se exasperó Andrea- No creo que haya nada de nosotros, pero...- se tapó la mano con la boca y repiqueteó con el dedo índice en ella, centrada en sus pensamientos- Se supone que Harry sobrevivió a una maldición de Voldemort ¿no?- los dos chicos asintieron- Pues entonces Harry vendrá en los libros.

-Buena idea- Remus le dio un beso emocionado por su inteligencia- A partir de ahí obtendremos algo. ¡Vamos a la biblioteca!

Remus y Andrea se dirigieron hacia la puerta con la intención de descubrir cuanto antes lo que pasaba en la vida de Harry que tantos secretos podía provocar.

-No- se negó en rotundo Sirius haciendo que sus amigos se detuvieran en seco- Yo no aparezco hoy por la biblioteca. No quiero que Patricia me vea por allí y piense que he ido a buscarla- Remus y Andrea se dieron un golpe en la frente por la reacción de Sirius.- Si queréis vamos mañana- sentenció encabezonado.

A Remus y a Andrea no les quedó más remedio que aceptar sobretodo porque ya era muy tarde y la biblioteca no tardaría en cerrar. Además diez minutos después llegaron del entrenamiento de quidditch todos excepto Harry que se fue a la sala de los menesteres a seguir con su investigación acerca de Godric Gryffindor.

*****************

Eran cerca de las cuatro de la madrugada cuando Harry volvió de la sala de los menesteres. Se metió en la cama y sonrió al notar la comodidad de sus almohadones. Por suerte para él al día siguiente no tenía planeado nada y su estresante vida tendría un día tranquilo, aunque todavía seguía teniendo esa extraña sensación de que iba a ocurrir algo que él no quería, claro que se había conformado con la explicación de que realmente él no quería que ocurriera todo lo que estaba pasando de muros para afuera así que era algo con lo que tendría que aprender a vivir. Ni siquiera se molestó en poner la alarma del despertador para hablar con James sobre la posibilidad de que su herencia fuera la capacidad de dominar al mundo animal, lo consideraba un poder tan poco útil que aunque así fuera no tendría la mayor importancia. Así que cerró los ojos dispuesto a dormir hasta muy tarde.

En el otro dormitorio de los chicos de séptimo, las intenciones de dormir hasta tarde no estaban en sus planes. Andrea se había quedado a dormir en la cama de Remus y fue la primera en despertarse esa mañana. Levantó la cabeza del pecho de su novio con un poco de dificultad porque Remus dormía con su brazo sobre ella; le dio un beso suave y él hizo una mueca todavía dormido así que después de una sonrisa leve volvió a intentarlo. Le costó cinco besos como ése el que Remus despertara y cuando lo hizo se los devolvió estrechándola aún más entre sus brazos. Estuvieron así unos minutos dejándose envolver por la poca claridad que entraba por las aperturas de los doseles.

-Tenemos que ir a la biblioteca- le susurró Andrea- ¿crees que Sirius querrá ir ahora?

-Y si tú y yo nos quedamos aquí y Sirius va a la biblioteca.-Andrea se quedó pensando la propuesta pero cuando iba a dar una respuesta la cabeza de Sirius apareció por las cortinas del dosel.

-¿Nos vamos antes de que se despierte James? Buenos días Andrea.- Sirius la miraba sonriente mientras ella levantaba la cabeza con claras intenciones de matarle y Remus entornaba los ojos desesperado.

-Una preguntita, Canuto, ¿tú sabes lo que es la intimidad de pareja?

-¡Venga ya, chicos!-les abrió las cortinas dejando que la claridad de esa mañana mostrara a un Remus sin camiseta y a Andrea tumbada sobre su pecho con la camiseta que le faltaba a él- Si os conozco desde que tenéis once años.

-Sirius, por favor- Remus se estaba alterando; se había erguido quitando a Andrea de encima y tapándole las piernas con la sábana- ¿Eres idiota?- Sirius puso cara de incredulidad, tampoco era para tanto, vale que Andrea tuviera unas piernas bonitas, pero era Andrea y para él no contaba.- ¡Lárgate ya y vístete!

Sirius se miró y se rascó el pelo despeinado. No iba tan mal como para que Remus pusiese esa cara cuando le había ordenado que se vistiera. Llevaba unos boxers negros y eso ya era suficiente, ¡ni que Andrea no supiera como era un chico!. Pero viendo que Remus no compartía su opinión cogió su ropa y se metió en el baño para vestirse.

Al cabo de media hora los tres estaban en la biblioteca. Era bastante temprano y casi no había alumnos ocupando las mesas así que tomaron una que estuviera al final. Iban emocionados, casi nerviosos, tendrían la oportunidad de saber qué había ocurrido pero cuando alcanzaron la mesa se miraron esperando que alguno de ellos fuera el primero en hacer la propuesta de por dónde empezar.

-¿Por dónde empezamos?- Andrea miraba a su alrededor la cantidad de miles de libros que albergaba la biblioteca, alguno se descartaban por pura eliminación, Harry no saldría en un libro de cuidado de la criaturas mágicas, pero había una amplia gama en la que elegir.

-¿Maldiciones?- se aventuró Remus.- Harry recibió una maldición imperdonable y sobrevivió, en alguna parte tendrán que hablar de él ¿no?- Ni él ni los otros dos que asintieron con la cabeza estaban especialmente seguros de ellos pero al fin y al cabo era un comienzo.

Una hora después la mesa que habían ocupado tenía doce libros apilados, algunos de ellos abiertos. Remus estaba perdido entre las filas de estanterías encabezadas por Magos importantes, mientras que Andrea examinaba uno a uno los libros que le llegaban. Remus y Sirius sabía que ella era mejor opción examinando los libros; no era premio anual pero siempre había demostrado tener una gran inteligencia y, lo más importante, trabajaba como no lo hacían ninguno de ellos, así que Sirius se dedicó a la sección grandes hazañas de la historia. Toda la ilusión con la que habían llegado se estaba desvaneciendo poco a poco. No encontraban nada en maldiciones, nada en hazañas mágicas y ni si quiera en grandes magos de la historia encontraron algún apartado dedicado a Voldemort. O no estaban buscando bien o realmente su idea había sido una soberana tontería.

Sirius cargaba con un montón de libros para dirigirlos a la mesa. Iba resoplando por el peso y porque a esas alturas el estar allí le parecía una tontería, no estaban encontrando nada y aunque tuviera mucha curiosidad tampoco iba a descubrir nada excepcional. Quizá Harry sólo tuvo suerte o quizá el hecho de que fuera el heredero de Gryffindor le protegió de aquella maldición. Estaba ya confuso e irritado, iba sudando de tanto subir y bajar libros y le dolía la espalda, así que sus pensamientos no coordinaban muy bien. Dejó los libros encima de la mesa y volvió al pasillo en el que estaba buscando, pero justo cuando dobló la esquina resoplando de aburrimiento se quedó sin respiración.

-Hola- Patricia estaba justo en frente con un libro de la guerra de los duendes del siglo XV, que casi se le cayó de las manos al oír la voz de Sirius a sus espaldas. Se giró más rápido de lo que le hubiera gustado y lo miró en medio de un silencio un poco incómodo en el que Sirius intentaba adoptar una postura arrogante.

-Hola ¿qué tal estás?- le saludó ella intentando ser los más cordial posible.

-Aquí jugando a las adivinanzas- No le hubiera gustado sonar tan seco como lo hizo pero estaba cansado y perdido y toda la culpa la tenía ella por no dar pistas claras, así que dio un paso y la retiró levemente para seguir buscando en la estantería que le tocaba- Llevamos horas buscando algo que no tengo que creerme ¿te suena de algo?

-No hace falta que te pongas chulo, ¿sabes que estás insoportable cuando te pones así?- se cruzó de brazos con el libro el pecho y aguantó durante unos minutos su mirada hasta que él se rindió.

-Está bien, no me pongo chulo, pero es que estoy desesperado y no encuentro nada. - intentó arreglar Sirius- Me da igual lo que sea ya, cualquier cosa de Harry, de los Potter, de m...- se paró a tiempo justo antes de decir de mí y supo reaccionar sin que Patricia lo advirtiera- de Sirius Black. Creo que no he buscado tanto sobre un mago como hoy sobre Voldemort.

El libro de Patricia se cayó provocando un gran estruendo al que ella no prestó atención, se tapó la boca con las manos y lo miró como si se hubiera vuelto loco. Sirius no entendía muy bien qué era lo que había dicho exactamente para que se pusiera así.

-¡No pronuncies ese nombre!- era la segunda vez que tenía que decirle que no lo hiciera. Tuvo un pequeño escalofrío e intentó sobreponerse- Por eso no encuentras nada, ninguno de estos libros tiene ese nombre. A veces me sorprende lo mucho que ignoras lo que pasa en Inglaterra ¿es que no te contaron nada en Estados Unidos o es que vienes de otro planeta?

-De otro tiempo - murmuró por lo bajo.

-Muy gracioso- fue la respuesta de Patricia que para nada se creyó que eso fuera posible. Buscó por las estanterías hasta que dio con lo que quería- Toma, busca ahí y luego no digas que no te he ayudado.

-¿Qué tal llevas transformaciones?- le preguntó Sirius en tono conciliador como modo de darle las gracias.

-Mal- Patricia se hizo un poco la remolona esperando que Sirius le ofreciera su ayuda porque lo poco que habían dado esa semana lo llevaba realmente mal.

-¿El lunes a la hora de siempre?- le preguntó con una sonrisa encantadora.

-¿No has quedado con la Hufflepuff?

-¿Qué....?- preguntó extrañado- ¡Ahhh! Pues no. He quedado contigo.- Como siempre le hablaba con descaro pero si James hubiera estado viendo la escena hubiera apuntado una nueva mirada en el repertorio de su amigo, nunca le había visto mirar a nadie como lo estaba haciendo con Patricia. No era ni prepotencia ni el egocentrismo típico de quien ha tenido siempre a la chica que ha querido. Era... era simplemente imposible que Sirius estuviera mirando así a una chica.

Le guiñó el ojo con una sonrisa de complicidad y se marchó a enseñarle el libro a Remus y a Andrea. Por el camino le hubiese gustado pegarse con el libro en la cabeza por como se había comportado, pero algo le decía que no sería la primera vez que se comportase así cuando Patricia estuviera delante.

-¿Qué es eso?- Remus sacó la cabeza detrás de un montó de libros polvorientos seguido de Andrea que mantenía el dedo en el índice de uno muy muy grueso para no perder el hilo después de la interrupción.

-Caída y Regreso del Terror.-leyó- Me lo ha dado Patricia, dice que busquemos aquí. Son un poquito exag...-Casi no había terminado de hablar cuando Andrea le arrancó el libro de las manos y empezó a buscar las hojas como una experta. - exagerados ¿no?- nadie hizo caso a su apreciación, después de tantas horas buscando dar con algo que les pudiera ayudar a dar con lo que quería.

Detrás de Andrea, apoyados en el respaldar de la silla donde estaba sentada, Sirius y Remus intentaban captar algo de las páginas que pasaban. Cuando dio con lo que quería, pasó las manos por las hojas para alisarlo y ver mejor lo que ponía, no parecía un libro muy viejo. Andrea se giró a mirarlos y ellos asintieron a la vez, era como si estuvieran al borde de hacer algo ilegal y les diera la oportunidad de arrepentirse en el último momento, pero ellos, como buenos merodeadores, llevaban muchas ilegalidades a la espalda y habían aprendido a ignorar a la voz de la conciencia.

SEGUNDA PARTE: PAZ APARENTE.

La noche de Hallowen de 1981 supuso el fin del reino del terror que el-que-no-debe-ser-nombrado y sus seguidores había sembrado durante cinco años y que se había cobrado con miles de vidas tanto en la comunidad muggle como en la mágica. Desde ese día y durante trece años la comunidad mágica vivió una calma aparente que finalizó con el regreso del temido mago tenebroso.

La responsabilidad de su desaparición recayó sobre el pequeño bebé de la familia Potter.
-En ese momento los tres levantaron la cabeza y se miraron, habían dado con lo que querían- Harry Potter, que desde ese día se conoce en toda la comunidad mágica como el-niño-que-vivió, fue la primera persona en la historia que sobrevivió a la maldición asesina, maldición que había sido letal durante la guerra y que esa misma noche había acabado con la vida de sus padres: James y Lilian Potter.(ver apéndice)

El libro seguía contando a lo largo de una gran número de páginas cómo había caído Voldemort aquella noche, hacía un examen exhaustivo de la rara cicatriz de Harry y describía cómo se había vivido durante la época de paz, los procesos contra los mortífagos más importantes y el renacimiento de Voldemort, pero en ese momento nada importaba. Los tres se quedaron mirando la última frase que había leído Andrea en un medio tono impaciente. No podía ser verdad, era imposible, no podían estar muertos. El silencio les cayó encima como una manta espesa y durante unos minutos no fueron capaces de mirarse. Cuando lo hicieron, los tres tenían la misma expresión de incredulidad y tristeza, era como si se hubieran quedado vacíos al mismo tiempo. Con manos temblorosas y sin perder el horrible nudo que se estaba creando en la boca del estómago y que amenazaba con desahogarse en forma de un llanto amargo, Andrea pasó las páginas del libro hasta llegar a los apéndices, dejando una marca en la página que había leído.

JAMES Y LILIAN POTTER

James y Lilian Potter (antes Lilian Evans) han pasado a la historia como los padres del niño que vivió. Su sacrificio valió a la comunidad mágica trece años de paz y la esperanza en la figura de su hijo Harry.

James pasó pronto a formar parte de las avanzadillas más beligerantes del cuerpo de aurores siendo protagonista de episodios destacados del bando de la luz. Lilian, por su parte, a pesar de trabajar en Gringotts no dudó en participar en la resistencia, llegando a enfrentarse junto a su marido hasta tres veces cara a cara al que no debe ser nombrado.

Señalados por la marca de la muerte y en estrecha relación con el renombrado mago de nuestro tiempo Albus Dumbledore, se escondieron bajo el hechizo fidelio; pero la traición se hizo presa de esta familia y el encargado de guardar el gran secreto se los presentó en bandeja al mago tenebroso.


La referencia a una traición les hizo volver a detenerse, a Remus le estaba temblando el labio inferior y Sirius estaba totalmente inmóvil. Andrea, volvió a girarse para mirarles, los ojos le brillaban terriblemente y alguna lágrima furtiva le caía por las mejillas a la mera idea de que James y Lily habían sido asesinados.

El peligroso asesino Sirius Black...

-¿¿QUÉ??- Sirius reaccionó instintivamente tirando a Andrea de la silla de un desconsiderado empujón pero no le hizo el menor caso. Ella, incapaz de creerse lo que estaba leyendo se abrazó a Remus y ambos siguieron leyendo por encima del hombro de Sirius.

El peligroso asesino Sirius Black, que fue durante años un gran amigo de la pareja, había estado jugando un doble juego que no se descubrió hasta que la fatídica noche del 31 de Octubre de 1981, cuando entregó a los Potter, que cayeron irremediablemente ante las manos de quien no debe ser nombrado. Tras esto, Sirius Black protagonizó uno de los más sangrientos asesinatos de Londres matando de un solo golpe a trece muggles y un mago, Petter Petegrew, a plena luz del día.

Ni Remus ni Andrea abrieron la boca, totalmente asombrados de lo que acababan de leer. Sirius había traicionado a James y a Lily y había matado a Peter. Eso era imposible, Sirius era el más leal de todos, el libro tenía que estar mintiendo, pero los libros de Historia no mienten.

Sirius se levantó en silencio arrastrando la silla con la mirada fija en el frente. No oía nada a su alrededor a pesar de que justo a su espalda Andrea ya estaba sollozando. Él estaba estupefacto, en un asombroso estado de shock que casi no le dejaba pensar en otra cosa que en la figura de Peter muerto bajo su varita o la de James y Lily protegiendo a Harry hasta la muerte. Respiró profundamente y salió de allí con paso rápido; por el camino se chocó con Patricia que lo miraba muy preocupada pero él la ignoró por completo. Sólo podía oír dos palabras en su cabeza asesino y traidor.

Caminó por los pasillos dejándose llevar por su instinto, notaba cómo le faltaba el aire y cómo un asqueroso agujero se había apoderado de todo su pecho. El peligroso asesino Sirius Black se lo repetía continuamente mientras chocaba con los pocos alumnos que se iba encontrando por el camino y a los que no les prestaba la más mínima atención.

Cuando entregó a los Potter

Matando de un solo golpe a trece muggles y un mago, Petter Petegrew,

El peligroso asesino Sirius Black

Martirizándose con cada una de las palabras que había leído en aquel libro llegó cerca del lago. Seguía teniendo la mirada fija en un punto inexistente y cuando llegó allí se dejó caer en el suelo apoyando la espalda en el árbol. Como si hubiese estado esperando a llegar allí, justo cuando se sentó sus ojos recuperaron un atisbo de vida, pero enseguida se aguaron. Miró al lago, estaba tranquilo y oscuro, parecía completamente inofensivo pero Sirius sabía que era una de las partes más peligrosas de los terrenos del colegio. Sintió un horrible paralelismo entre él y aquel lago: oscuro, ¿cómo podía haber sido él un mortífago?, peligroso, un peligroso asesino y lo peor de todo traicionero. A James. Nada más y nada menos que a James. Arrancó con furia el césped que caía a la altura de sus manos y en ese momento sus ojos no aguantaron más tiempo soportando las lágrimas. No había nadie por allí cerca que le pudiera ver así, pero Sirius se escondió entre sus piernas y sus brazos, sobrecogiéndose como un bebé. A veces, levantaba la cabeza y abría la boca intentando aspirar algo que le devolviese la integridad que había perdido. Se sentía sucio, vacío, solo.

Como si con una mortificante tortura pudiese sentirse mejor, su mente recreó para él los momento más importantes de su vida con James. Lo vio con once años, defendiendo junto a él a Peter de un slytherin mayor que ellos y que intentaba aprovecharse de él. Ése fue el primer día que cruzó una palabra con él.

-Tú debes ser el primer Black que está en Gryffindor. ¡Creo que vamos a llevarnos bien!

Y se habían llevado bien, tan bien que James era su hermano. Ante ese pensamiento se restregó las manos por los brazos como si quisiera quitarse una capa de grasa pringosa que lo embadurnaba. Volvió a suspirar con el corazón sobrecogido y empezó a notar que le faltaba el aire, por mucho que abriera la boca no conseguía que el aire traspasara la garganta. Y entonces vio a Lily, su mente se la mostraba sonriente, haciéndole a James alguna caricia. Ella era lo más importante de su vida y él los había llevado a la muerte, los había entregado. Quiso gritar. Se tapó la cara con las manos y amagó un gritó pero no salió nada de su boca. Su voz se había apagado. Como él.

Intentó calmarse, dejó caer la cabeza sobre el tronco del árbol y volvió a mirar al lago. Había sucumbido a su familia, había adoptado esas ideas que tanto odiaba, había matado por un mago al que ahora consideraba un asesino. Un asesino, eso era en lo que se había convertido. Seguía llorando, tanto que los ojos le escocían y el aire entraba en sus pulmones caliente y pesado. Empezó a temblarle la barbilla al tiempo que hacía esfuerzos por calmarse, pero otra vez su mente se rebeló en su contra y volvió a mostrarle a sus amigos. Fue el último verano, habían ido a visitarles a casa de James cuando se habían enterado que se había mudado allí después de escaparse de casa. Allí estaba Peter, persiguiéndoles como si ellos fuesen los dueños del universo. Siempre había sentido hacia él un gran instinto de protección. James y él eran los populares, los fuertes. Los que cuidaban de él y le ayudaban. ¡¡Y él lo había matado!!

-Sirius es mi hermano. Yo haría lo mismo por él.

No hacía mucho tiempo que James había dicho esas palabras. Durante los años que se conocían James le había llamado hermano en infinitas ocasiones. Habían fantaseado con ser aurores, en el mismo equipo, cuidando del otro como siempre lo habían hecho. No podía ser, no podían haberlo hecho. No podía traicionarle. Negaba con la cabeza mientras las lágrimas seguían rodándole por la cara. Cuando conseguía parar, una nueva imagen de James o de Lily abrazándole o llamándole de forma cariñosa, una sonrisa de alguno de ellos., una súplica de Peter para que le salvara de algún idiota, volvía a meterle en una espiral de dolor y de rabia.

Intentó pensar en una causa que le llevara a hacer aquella atrocidad, pero no había razón en el mundo que justificase una traición como esa. Él habría muerto por James, no se lo habría pensado; y en vez de eso, lo había llevado a la muerte, lo había enterrado en una tumba con su familia.

Sintió que alguien se sentaba a su lado, desde la posición en la que estaba sólo podía verle el bajo de la túnica. Era muy probable que fuera James, ése era el lugar de meditación de todos ellos y todos lo sabían, era como un lugar sagrado en el que se habían conocido por primera vez y le habían sabido dar a lo largo de los años un gran número de anécdotas que lo hicieran especial. Se tapó la cara totalmente avergonzado, si era James se moriría en ese momento, no podría mirarle a la cara. Él vendría a consolarle y su único pensamiento mientras tanto sería te llevé a la muerte. La mano que sintió en el hombro sólo fue un peso más a su culpabilidad y al odio que estaba sintiendo hacia sí mismo.

-Sirius...- oír la voz de Remus fue un extraño alivio que le quitó de encima un peso enorme, pero no quería estar con nadie. - ¿en qué piensas?- Era una pregunta estúpida, pero no había frase en el mundo que pudiese ir acorde a ese momento.

-Quiero estar solo- Sirius empezó a restregarse la cara para limpiarse las lágrimas. En los años que llevaba en el colegio nunca lo habían visto llorar y no quería que precisamente el día más desgraciado de su vida alguien fuera testigo de ello- No entiendo que haces aquí.

-¿No lo entiendes?- Remus se colocó de rodillas delante de Sirius y le obligó a mirarle, aunque en seguida le retiró la cara. La vergüenza, al fin y al cabo, no sólo llegaba a James, sino a cualquiera que representase en su vida la amistad, que hasta ese día siempre había sido más importante.- Patricia te dio la clave: no creas todo lo que leas.

-Muy buen consejo- ironizó Sirius intentando aguantar las ganas de llorar al ver que Remus a pesar de lo que acababa de leer estuviera ahí animándole, sin creerse que fuera posible.- ¿Y exactamente qué es lo que no me tengo que creer? Porque tengo dónde elegir ¿sabes? Puedo no creerme que soy un mortífago, sería fácil, porque me escapé de mi casa precisamente porque esas ideas me tenían harto, - Remus intentó hablar- espera, espera, ¡si tengo más! También puedo no creerme que he matado a uno de mis mejores amigos ¡ah! Y a otros trece muggles. O no, mejor, esto sí que es bueno, lo que no voy a creerme es que traicioné a James y a Lily y ellos ahora ¡¡Están muertos!!

Sirius había empezado a llorar otra vez y respiraba entrecortadamente, pero Remus no se había movido de allí a pesar de la acidez que había usado en sus palabras. No podía creerse nada de todo aquello.

-Nunca traicionarías a James y lo sabes- Sirius estaba destrozado y se derrumbó. Se abrazó a Remus agradeciéndole con toda su alma que hubiese pronunciado esas palabras, podían o no ser verdad pero en ese momento era lo único que le daba un poco de esperanza. Remus le abrazó con fuerza, sabía lo que podía estar pasando por su cabeza y él no se podía creer eso. Sirius jamás haría eso, él era el más leal, el pilar de todos ellos. Y James... James era su hermano. - No me creo una palabra de lo que ha dicho ese libro. Es imposible sencillamente.

-Muchas gracias, Remus, pero James, Lily y Peter están muertos por mi culpa. Sencillamente el tiempo me convierte en un asesino.- se mordió el labio y abrió mucho los ojos para que no salieran nuevas lágrimas.- ¡Vaya mierda de amigo soy!

-Si eso fuera verdad, Harry nunca hubiera dicho que eres como un hermano para él ¿no crees?

Sirius sólo pensó en Harry, no había atendido al razonamiento de Remus. Harry era su ahijado, James y Lily habían confiado en él para que cuidara de su pequeño y se lo había pagado colocándole de frente nada menos que a Voldemort. Se tapó la cara de nuevo y la apretó con sus manos como si quisiera autolesionarse.

-¡¡Sirius!! ¿me estás oyendo? ¿no ves que si hubieras traicionado a sus padres Harry te odiaría? Nunca te habría dicho que no hay padrino como tú.

-Harry no se caracteriza precisamente por sus verdades.- le respondió con aspereza.

-¿Pero tú qué quieres? ¿qué te diga que eres un traidor y un asesino?- le espetó Remus ahora un poco enfadado- ¡Pues lo siento! No creo que eso sea verdad después de cómo te ha tratado Harry.

Se quedaron callados apoyados en el viejo árbol. Sirius se había tranquilizado un poco con las palabras de Remus pero todavía no terminaba de creerse que un libro de historia que estuviera en la biblioteca mintiese de la manera que su amigo le decía.

-¿Se lo vas a decir a James?- le preguntó Remus con cautela.

-¿Y qué le digo?- Sirius no se volvió a mirarle, soltó la pregunta como un suspiro amargo y desconsolado- ¿que está muerto por mi culpa? No voy a poder ni mirarle a la cara, mucho menos confesárselo.

-Quizá deberíamos hablar con Harry.- se puso de pie y le tendió la mano para ayudarle- Ya verás como no es posible que hayas eso hecho.

Sirius se puso de pie con un poco de esfuerzo, su cuerpo estaba tan decaído como su ánimo. Respiró hondo intentando recomponerse e hizo algo que parecía asemejarse a una sonrisa de agradecimiento, que Remus compensó pasándole el brazo por los hombros.

Ya era medio día y se notaba en los pasillos, la mayoría de la gente iba saliendo de sus salas comunes y se dirigía a la biblioteca o a los terrenos donde marzo les estaba ofreciendo un día soleado. Sirius y Remus no pronunciaron ni una palabra por el camino hasta la torre gryffindor y cuando entraron, Andrea y Ginny estaban allí. Al verlos llegar, Andrea miró a Sirius examinándole, no sabía si creérselo o no, era casi imposible que fuera verdad pero las palabras del Remus adulto a través del espejo sonaban en su cabeza pasarán muchas cosas y no todas buenas. Fuera como fuera, en ese momento Sirius lo estaba pasando realmente mal y no merecía la pena mortificarle más, así que se levantó y le dio un beso en la mejilla que esta vez sí pudo agradecer con una sonrisa. Ginny estaba estupefacta ante aquella situación, pero cuando Remus y Sirius subieron a buscar a Harry, Andrea le contó una historia sobre que Sirius tenía por primera vez en su vida mal de amores, cosa que a Ginny extrañamente le pareció bastante creíble.

Tal y como había planeado, Harry estaba durmiendo hasta tarde, sus compañeros de habitación ya se habían marchado y él dormía plácidamente espatarrado sobre la cama. Sirius le abrió los doseles como esa misma mañana había hecho con Remus, aunque con mucha menos animosidad y Harry se retorció un poco al notar la claridad.

-¡Levántate Harry!-le ordenó enérgicamente, mientras Remus se mantenía en un segundo plano apoyado en la puerta cerrada. Harry abrió un poco los ojos y vio a su padrino con las manos en las caderas y moviéndose algo nervioso, pero él quería dormir, así que se dio media vuelta y se tapó la cabeza con la almohada. - He dicho que te levantes, Harry, tienes muchas cosas que contarme.

-¡Qué pelmazo eres!- Harry se sentó y se desperezó sin prestar mucha atención al cada vez mayor enfado que parecía tener Sirius.- Quiero dormir, no es tan complicado de entender.

-Pues se acabó tu jornada de sueño- Sirius tiró de la sábana que le tapaba para que Harry abandonara de una vez la cama- Me vas a contar un cuento que empieza en Halloween...

-No estoy para cuentos- le interrumpió Harry, pero Sirius siguió como si no hubiese hablado.

-De 1981.

Halloween del 81. Eso hizo que Harry palideciera de golpe, miró a Sirius con los ojos abiertos y buscó a Remus, que seguía callado esperando ver la reacción que ambos tenía. En silencio se bajó de la cama, se pasó la mano por el pelo intentando buscar una salida aquella situación pero parecía que no la había.

-¿Qué sabéis de ese día?- les saltó a la defensiva.

-Sé que no nos has contado que James y Lily murieron por mi culpa. - la desolación volvía a hacerse presa de Sirius y ese asqueroso agujero en el estómago se apoderó de él a la medida que hablaba- No nos has contado que soy un asqueroso mortífago; un asesino que traicionó a sus mejores amigos, entregó a su ahijado y mató a Peter. ¿sabemos suficiente o nos quedamos cortos?- Sirius volvió a hacer uso de esa ironía ácida que le caracterizaba cuando estaba triste y que usaba como método de defensa.

Algo parecido a la compasión se reflejó en los ojos de Harry. No sabía quién le había dicho eso, pero seguramente lo habría leído porque a esas alturas todo el mundo sabía que el mayor error de la justicia mágica de los últimos siglos había sido el caso de Sirius Black.

-No deberías creer todo eso.- le dijo Harry con seriedad pero con una nota de ternura. Él mismo lo había creído, había creado en su cabeza a un Sirius horrible y peligroso al que hubiera matado con sus propias manos, pero todo fue un error- ¿Quién te ha contado esa tontería?

-¡No me mientas, Harry!- le saltó Sirius- No vuelvas a decirme una chorrada de ésas que te inventas. Lo hemos leído en un libro, no puede haber muchas tonterías, como tú dices, en lo que hemos leído.

Ahora quedaba todo claro. Sirius había sido absuelto el año anterior, después de su muerte, todos los periódicos se hicieron eco de la noticia y desde ese nuevo procedimiento los juicios que se estaban llevando se hacían con muchas más garantías que asegurasen la culpabilidad o inocencia de la persona.

-Sentaos- Remus y Sirius se miraron unos segundos y accedieron a lo que Harry les había dicho.- De todo lo que has dicho, lo único que es verdad es que mis padres murieron el halloween de 1981, pero lo todo demás es un error. ¿entendido?

-No.- Sirius no terminaba de creerse que lo que le fuera a contar ahora sería la verdad, así que andaba la defensiva.

-Te dije que no podía ser verdad- le advirtió Remus- Pero si es un error, ¿por qué está en los libros?

-A ver, centrémonos- para Harry eso estaba siendo también muy difícil, hacía poco más de un año que estaba declarando a favor de Sirius, que había oído a la nueva ministra llamarle inocente públicamente, pero ahora era un inocente muerto y eso dolía igualmente- Nunca traicionaste a mis padres. Jamás lo hubieras hecho. Sirius, tú morirías antes de dejar que a James o a mí nos pasara algo.

A Sirius esas palabras empezaron a tranquilizarle, Harry lo estaba diciendo con mucha convicción y al fin y al cabo, él nunca dejaría que nadie tocara a James, pero eso no aclaraba todo.

-¿Qué hay de Peter? ¿Me vas a decir que tampoco maté a Peter?- insistió Sirius. A la referencia de Pettegrew, a Harry se le contorsionó un poco la cara, pero no quería que descubrieran más de lo que ya sabían así que se les contaría sólo parte de la verdad

-A Peter Pettegrew lo mató Voldemort el año pasado.

Remus y Sirius se miraron sorprendidos, por un lado si había muerto el año anterior, no había sido Sirius tal y como ponía el libro y por otro lado, se compadecieron de su amigo que había caído ante el mago oscuro, seguramente con mucho dolor.

Voldemort había descubierto la deuda de vida que Colagusano se había creado con Harry en su tercer curso, al fin y al cabo como le había dicho Dumbledore, cuando un mago le salva la vida a otro, se crea entre ellos un vínculo especial, así que cuando Peter intentó matar a Harry el día que se trasladaba a Grimmauld Place, la maldición se evaporó antes de rozarle la piel. El resto de mortífagos que le acompañaron en el ataque no tardaron en contárselo a su señor, provocando su ira hasta matarlo en lo que por lo visto fue una horrible sesión de torturas.

-¿Pero por qué dice el libro todo eso?- insistió Remus.

-Los libros no se actualizan de un año para otro y hasta el año pasado, Sirius era el horrible mortífago que traicionó a sus amigos; por eso los libros siguen contando esa sarta de mentiras. El año pasado yo mismo oí cómo te declaraban inocente, libre de todos los cargos, ni mortífago, ni traidor, ni asesino.

-¿Por qué pensaban que había matado a Peter?- se interesó Remus, mientras Harry y Sirius estaban conectados en una especie de análisis de la realidad. Sirius quería aferrarse a esa verdad y Harry... Harry quería volver a tenerle.

-Peter desapareció en una explosión en la que también murieron trece muggles- le mintió Harry, adoptando ahora una posición más distante con ellos para que no le descubrieran, no podía darles esa información- Sirius estaba allí y todos pensaron que fue él.

-No sé si creerte.- insistió Sirius.

-Escúchame, cuando te dije que no había un padrino en el mundo mejor que tú, era cierto- siguió Harry, haciendo ahora esfuerzos por no emocionarse. Sirius no había descubierto que él estaba muerto y tenía que hacer lo posible porque todo quedara así- Cuando te dije que escaparías de Azkaban, no era ninguna broma. Has sido la única persona que ha escapado de Azkaban sin ayuda y lo hiciste sólo para ayudarme-Harry miró al suelo, él no era la única razón por la que había escapado de Azkaban. Su rostro debió mostrar ese pensamiento porque en seguida Sirius se interesó.

-¿Y qué más? Para ayudarte ¿y qué más?

-Para vengarte del verdadero traidor. Nunca has superado no haber estado para James en aquel momento y quisiste compensarlo matando al traidor.

-¿Quién es?- le preguntó directamente, no quiso mirar a Remus porque estaba claro que si él no era el guardián del fidelio, la otra persona en quien James confiaría sería Remus.

-Eso no podéis saberlo. Ya sabéis mucho más de lo que debéis, todo puede cambiar si intentáis cambiar aquella noche.

-¿Intentamos cambiar?- le gritó Sirius ofendido- ¡¡Tú deberías cambiarla!! Tú deberías hacer lo imposible porque tus padres estuvieran aquí. ¿Nos dices que no debemos cambiarlo? Pero ¿cómo te atreves a decirnos que nos quedemos quietos cuando le podemos salvar la vida a James y a Lily,? ¿cuando puedo librarme de la cárcel?

-No entiendes nada Sirius. La vida de muchas personas depende de que mis padres mueran ¿te crees que a mí me ha gustado crecer sin ellos? ¿piensas que no lo cambiaría todo porque estuvieran aquí? Pero hay cosas que van más lejos de lo que yo quiera, y su muerte valió trece años de paz.

-¡¡No te hagas el héroe conmigo!!- le gritó otra vez Sirius fuera de sus casillas. Remus intentaba tranquilizarlo, pero no atendía a razones.

Esa referencia a su heroicidad le dolió en el alma. Sirius había muerto porque él se había hecho el héroe, eso era algo que le remordía la conciencia y le acompañaba en sus peores pesadillas y ahora él se lo restregaba en la cara. Sabía que Sirius no podía ni mínimamente llegar a entender lo mucho que le dolían esas palabras pero a él le estaban hiriendo como hacía mucho tiempo que nada lo hacía.

-Yo...- intentó recomponerse- yo no soy ningún héroe, Sirius; pero soy realista, y aunque mi vida ha podido llegar a ser una mierda sin ellos me he dado cuenta de que era lo que tenía que pasar y no podemos hacer nada contra eso. Mi madre me salvó la vida, murió por mí, por eso Voldemort no pudo matarme. Si la historia no se repite tal y como ha pasado todo puede ser un desastre. - respiró profundamente y se irguió para sentirse más fuerte- No voy a deciros ni una palabra de eso y espero que vosotros seáis lo suficientemente considerados de no contarle nada a los demás.

Sirius se quedó mirándole analizando lo que le había contado. Estaba respirando agitadamente por lo furioso que se sentía con Harry, no atendía a sus explicaciones, las consideraba absurdas al lado de la posibilidad de devolverle la vida a James.

-Sirius, Harry tiene razón.-intervino Remus mucho más tranquilo- Parece que la historia depende de ellos, no sería bueno cambiarlo.- Sirius le lanzó una mirada furibunda por no apoyarle pero Remus estaba lleno de convicción y eso le contagió a él, sabía que siempre era un poco loco y que Remus era quien ponía su parte racional, así que por mucho que le doliera le haría caso.

-No diremos ni palabras, pero si yo fuera tú, dejaría morir al mundo si con eso pudiera tener unos padres como los tuyos.

Remus y Sirius salieron de la habitación con un portazo cortesía de Sirius. Harry se dejó caer en la puerta y se escurrió hasta sentarse en el suelo. Se repetía las últimas palabras de Sirius, a él le había hablado con mucha seguridad afirmando que lo mejor para todos era dejar que Lily y James murieran, pero en el fondo quería evitarlo a toda costa, quería disfrutar de un James que realmente fuera su padre, que se sintiera orgulloso de él y le diese consejos; quería ver a Lily sonreírle y besarle cada día como hacía ahora y no ser un huérfano desamparado que tuvo que criarse en una familia que le odiaba.

No se había metido en sus pensamientos cuando notó que alguien intentaba abrir la puerta en la que estaba apoyado.

-¿Harry?-la voz de ginny sonaba preocupada al otro lado de la puerta- ¿estás ahí?

Harry se levantó y le abrió la puerta a Ginny, ni siquiera la miró, se giró y se sentó en la cama dándole la espalda. Estaba terriblemente triste y sabía que contarle a Ginny lo ocurrido era escucharla otra vez decirle que no podía contarle nada a sus padres. Ginny se subió a la cama y se arrodilló detrás de él abrazándole.

-¿Huyes de mí?- empezó a besarle el cuello, pero al ver que él no le seguía el juego se extrañó- ¿qué te ha pasado?

-Sirius se ha enterado de que mis padres murieron.- se levantó de la cama y se dirigió a la ventana dejando a Ginny totalmente descolocada.- Me ha echado en cara que no quiero salvarles la vida.

-¿Cómo se ha enterado?- Ginny estaba confusa, no sabía cómo afrontar la situación con Harry, no quería recordarle una vez más que no podía decirle nada a sus padres, ya le había insistido bastante y estaba segura que después de oír a Sirius, le hubiera dicho lo que le hubiera dicho, le había afectado mucho.

-Lo ha leído en un libro, pero sólo sabe eso, nada de Colagusano, ni de él. Pero... si vieras cómo me ha dicho que no había nada más importante que tener conmigo a mis padres.

-Mi vida- Ginny volvió a acercarse a él y le acarició la cara con dulzura- Yo sé que tú cambiarías el mundo por tenerles, pero...- se fijó en la tristeza que desprendían sus ojos, ahora vidriosos- sé que sabrás lo que debes. Siempre lo has hecho.

Ginny le besó suavemente, no era momento de sermones ni de charlas. Harry necesitaba estar sólo y ella lo sabía. Así que se dirigió a la puerta sin que él prestara ninguna resistencia.

-¡Ginny!- ella se giró antes de salir para ver qué quería- Gracias, cariño.

Harry se pasó el día del sábado en el dormitorio, tirado encima de la cama, pensando en lo asquerosa que podía llegar a ser a veces su vida. La semana anterior Remus estaba al borde la muerte y ahora que se recuperaba, Sirius se enteraba de todo y le presentaba un nuevo dilema.

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Hola a todos!!! q tal estais?? yo bien aunque un poco estresadilla con esto de los examenes, pero como hoy era fiesta internacional nada menos he dixo pues ala, me pongo en huelga y me dedico a escribir. Espero que os guste, ya hay quien sabe la verdad, bueno casi toda la verdad, las cosas es mejor dosificarlas.

Muchas gracias por todos los reviews y si tardo en contestarlo es porque tengo un problemilla con la pagina y los tengo q contestar por encargo jejejeje, pero vosotros seguid dejándolos que yo los contesto todos, ademas me encantan!!

Y ya esta, solo un beso enorme para mis niñas, sois las mejores del mundo mundial jejeje. Ah!! si teneis tiempo leed lo que escriben, es una maravilla.

Nos vemos pronto!!!!CAPÍTULO 27: DIGO ADIÓS A MI AYER

Llevaba toda la semana lloviendo, lo cual concordaba perfectamente con el estado de Harry. Desde que Sirius había estado en su habitación echándole en cara que no quisiera cambiar la historia, los días se hacían una cuesta arriba. Cada día se sentía más agotado y que Sirius estuviera distante con él no mejoraba nada la situación. Estaba tan cansado que no podía estudiar, ni si quiera había pasado una miserable hora intentando averiguar más sobre su padre y tampoco le había dicho nada a él. En su cabeza se pasaban una y otra vez las palabras de Sirius y se preguntaba si no merecería la pena tener a James y a Lily con él. Sería tan fácil como decirles que nunca confiaran en Colagusano, que lo escribieran en un papel para que no pudiera afectarles el obliviate; pero entonces se daba cuenta que eso sólo era hacer castillos de humo y que tenía que comportarse como un adulto con responsabilidades.

No había cruzado ni media palabra con Andrea, Remus o Sirius, pero sí se había fijado en que ellos huían de James y de Lily como si tuvieran una enfermedad muy contagiosa. Sirius pasaba mucho tiempo con Ron y cada vez que llegaba James hacía como si estuviesen metidos en una conversación muy interesante para no parar de hablar ni un segundo con el pelirrojo y así evitar tener que mirar a James. Incluso había pasado horas y horas metido en la biblioteca ayudando a Patricia o sentado delante de un libro que ya se sabía. El caso era evitar a sus amigos para no caer en la tentación de decirles una palabra. Remus y Andrea por su parte parecían haber entrado en una fase de necesitamos intimidad porque se pasaban el día el uno con el otro y cuando James o Lily intentaban estar con ellos, se metían aún más en sí mismos hasta que los otros se aburrían y se marchaban.

-No sabes lo duro que está siendo esto- Remus se había sentado junto a Harry en la sala común después de muchos días de silencio.- Sirius está fatal y no sé si seremos capaces de actuar como si no pasara nada.

Harry levantó la cabeza del libro que tenía en las manos a pesar de no estar leyéndolo y le miró detenidamente. Le pareció muy extraño tener a Remus pidiéndole consejo cuando era él quien siempre le mantenía a raya, no él, claro, sino el adulto con el que llevaba viviendo más de una año y que se había convertido en lo más parecido a un padre que había tenido en toda su vida. Ahora lo tenía delante, preocupado, con la misma mirada calmada aunque con mucha menos experiencia y menos dolor.

-Sí sé lo duro que es, Remus. Yo llevo viviendo con esto desde que os vi aparecer a principios de curso.- le dio un golpe cariñoso en el hombro de una forma parecida a como se lo hacía él cuando le daba un consejo- Pero tenéis que entender que es lo que debe ocurrir. Yo no pude conocerlos, a ninguno de los dos y los he necesitado como no te puedes imaginar, pero sin su muerte no habría nada. Voldemort lo dominaría todo.

-Yo entiendo eso, pero es tan difícil mirarles como si no hubiera ocurrido nada.

-Sé que es difícil, pero como no hagáis algo por disimular mi padre terminará dándose cuenta de algo, él no es tonto.- Harry se puso de pie y le dedicó un gesto comprensivo- Ahora me tengo que ir a entrenar pero habla con Sirius ¿vale? A ti seguro que te escucha.

Harry llegó al entrenamiento del domingo antes de que lo hiciera James. Se dejó caer en la pared cansado, volvía a dormir mal y eso le afectaba en el humor, lo que se sumaba a que en toda la semana el sol no había salido ni un solo día y la tormenta eléctrica era capaz a veces de helarle la sangre, pero él estaba tan metido en sus problemas, triste por todo lo que ocurría y enfadado con su vida que ni siquiera le preocupaba que pudiera repetirse el diluvio universal. Se sacó la varita del bolsillo trasero porque le molestaba al estar sentado y empezó a jugar con ella mientras esperaba a James. Ahora era un trasto inútil que sólo le servía en las clases o cuando había gente delante, tenía que disimular su poder, pero si por él fuera dejaría la varita bien guardada en el fondo de su armario. Se sentía frustrado cuando la varita no era capaz de canalizar toda su magia sin embargo le tenía mucho cariño, le había salvado la vida en muchísimas ocasiones y había vivido con él desde los once años. Sonrió con cierta melancolía y le dio una vuelta entre los dedos, pero se le cayó al oír el estrépito que James había hecho al entrar.

-¡¡Es que no se puede ser más tonto!!- bramó cerrando la puerta con demasiada fuerza. Harry solo lo había visto enfadado así con él así que resopló ante la expectativa de una tarde horrorosa escuchando a su padre - ¿Pero qué se han creído?- siguió gritando mientras tiraba de cualquier manera la chaqueta por el suelo- ¡¡Llevan una semana que no hay quien les aguante!!

-¿De qué estás hablando?- le preguntó Harry con cautela, totalmente descolocado por lo que estaba diciendo.

-¿De quién va a ser?- saltó su padre fijándose en él por primera vez desde que había entrado- De Sirius y Remus, que están idiotas ¡y bueno! Andrea no se queda atrás, otra que no sé qué bicho le ha picado.

-Ahhh- exclamó Harry intentando disimular pero pensando que si James no les mataba lo haría él en cuanto los viese.- ¿y eso?

-¿No los has visto esta semana? Me ven y salen corriendo, no he hablado con Sirius en una semana y Remus y Andrea parece que están pegados con cola- se desperó con un gruñido, mientras Harry ponía cara de interés para disimular lo enfadado que se estaba poniendo porque no le habían hecho caso. Fuera un estruendo en medio de la tormenta acompañó al enfado que ambos Potter estaban teniendo- Pero que a Lily le hacen lo mismo.- terminó diciéndole como si ese fuera el colmo de todos los colmos.

-Bueno tú no le hagas mucho caso- intentó quitarle hierro al asunto pero por dentro estaba muy irritado- Será alguna tontería que les habrá dado, pero vamos que yo no me he fijado. Yo los veo como siempre.

James le miró con los ojos entrecerrados como si estuviese analizándole para encontrar algo de mentira en sus palabras puesto que no creía que fuese posible que no se hubiese dado cuenta del extraño comportamiento de sus amigos cuando a penas había cruzado unas pocas palabras con ellos.

-Mira mejor dejamos el tema.- terminó diciendo James para alivio de Harry- A ver que tenemos preparados para hoy.

James se sentó en la silla y se concentró en el libro que había encima de la mesa, lo miró muy concentrado y empezó a mover la mano y a decir el encantamiento wingardium leviosa. Harry con la boca abierta por la estupidez que estaba haciendo su padre se quedó unos minutos observándole sin ser capaz de pronunciar una palabra.

-¿Qué miras?- le saltó James después de siete intentos inútiles.

-¿Qué haces?

-Es sencillo. Intento hacer magia sin varita.- Harry se llevó una mano a la frente y negó con la cabeza desesperado de todo aquello.

-A ver James, no creo que tengas ese poder ¿entiendes? Ese es mi poder y ... creo que he encontrado el tuyo, ahora solo hay que probarlo.

James se levantó con tanta rapidez que tiró la silla al suelo, pero la ignoró por completo y se acercó a su hijo muy nervioso. Harry al ver tanta expectación dudó un poco porque estaba seguro de que ese poder no le gustaría nada a su padre.

-Creo que eres capaz de controlar a los animales. Eres animago, como Gryffindor y él era capaz de hacerlo.- le explicó Harry mientras la cara de James se convertía en una total desilusión- Además te conviertes en un ciervo y el ciervo domina el bosque.

-Yo no quiero ese poder- James refunfuñó como un niño pequeño y le dio una patada al suelo - ¡¡Menuda estupidez!! Además a mi el único animal que me hace caso en ese bosque es una cierva que me tiene el ojo echado desde hace ni se sabe y vamos que no creo que siga viva, así que nada.

Harry sonrió con la broma de su padre y pensó por un momento si su madre habría tenido algún rival en el mundo animal. Visto así, James con esa pose de niño mimado y diciendo esas tonterías, lo único que hacía era acrecentar más el pinchazo que sentía por no poder recuperarle. Hubiera sido divertido crecer con él.

-No es seguro, pero es un comienzo. Tendremos que probarlo. Si el sábado no llueve iremos al bosque y lo pondremos en marcha.

-El sábado he quedado con Lily, que tú tengas a tu novia totalmente olvidada no significa que yo tenga que dejar a la mía de lado ¿sabes?

-Si has quedado con Lily, pues desquedas y punto. Te he dicho que tenemos que averiguarlo cuanto antes y si no es, buscar el que sea. Además yo no tengo a Ginny tan descuidada.- Ni si quiera él se creyó esa última afirmación pero estaba seguro de que Ginny lo entendía todo a la perfección.

James se fue murmurando entre dientes pero no le quedó más remedio que comenzar a entrenar. Estuvieron más de dos horas hasta que Ginny y Lily fueron a buscarles para estar con ellos aunque sólo fuera el camino de la sala de los menesteres a la torre Gryffindor. Cuando entraron en la sala, Ron y Hermione estaban hablando con Andrea, Remus y Sirius animadamente. A los tres últimos les hizo falta sólo ver a James de refilón entrar para empezar a desperezarse como si no hubieran dormido en una semana, cosa que realmente no habían hecho del todo.

-¿Y dices que no están raros?- inquirió James una vez que sus amigos habían subido. Harry intentó disimular lo máximo, pero le estaba costando.

-Pues yo voy a subir también.- saltó Harry intentando parecer casual.

-¿Ya?- se sorprendió Ron.

-Sí, mmm, esto...- cogió la mano de Ginny y tiró un poco de ella, haciendo que la chica abriera la boca de la sorpresa- Es que aquí el señor dice que no paso tiempo con Ginny.- intentó bromear señalando a su padre, pero realmente lo que quería es coger a esos tres y echarles una buena bronca.

Ginny se sorprendió al ver que pasaban de largo la habitación de Harry y casi dibujó una expresión de decepción pero cuando vio las verdaderas intenciones de su novio suspiró resignada y se dispuso a oírle ponerles las cosas en su sitio. Entraron en la habitación sin llamar y allí estaban Sirius, Remus y Andrea sin ninguna pinta de querer dormir. Harry se colocó en el centro de la habitación y respiró hondo para no salir a voces con ellos, había que ser diplomático.

-Os dije que James se daría cuenta si no os comportabais normalmente con ellos.- les empezó diciendo todavía con un gran esfuerzo por calmarse, especialmente después de ver a Sirius con esa pose arrogante con la que le miraba últimamente- No imagináis lo importante que puede llegar a ser que todo ocurra igual.

-No, el que no puede imaginar eres tú- Saltó Sirius poniéndose de pie y encarándose con Harry- ¿Sabes lo que es saber que acabará muerto y estar ahí como si nada?

A Harry le dolió muchísimo la aspereza con la que estaba hablando su padrino sobretodo porque claro que sabía lo que significaba, mucho mejor que él.

-¿Sabes lo que es ver que el único padre al que voy a poder conocer en mi vida me odia y no puedo hacer nada para cambiarlo? ¿eh? ¿Sabes lo que es pasar toda tu vida pensando por qué vives con una familia que te odia y que tus padres están muertos?- Sirius se paralizó completamente al ver a Harry tan furioso pero sobretodo al escuchar lo que le estaba diciendo, quizá se había pasado con él- No, tú no sabes lo que es Sirius y te digo que si yo soy capaz de ver a mis padres, a mis padres ¿entiendes?, y no decirles nada, entonces vosotros también.

Los cinco se quedaron en un absoluto silencio después de esas palabras. Sirius con la cabeza bajada volvió a sentarse en su cama sabedor de que había infravalorado los sentimientos de Harry por sus padres.

-Tenéis que hacerlo, por favor- les rogó Harry mucho más calmado.

-Lo intentaremos- comentó Andrea seguida del asentimiento de los dos muchachos- Pero es realmente difícil.

-Haced lo que queráis, pero que James y Lily no se enteren de nada.- les dijo Harry dirigiéndose a la puerta con Ginny de la mano.

-¡¡Harry!!-Sirius se levantó de la cama y se dirigió hacia la puerta donde se había parado Harry- Esto... que... bueno que lo siento, que me he portado un poco mal contigo y tú... bueno pues... que seguro que como te duele a ti no nos duele a nosotros.

-No importa.- le dio una palmadita en la cara y le sonrió para quitarle importancia, en ese momento sintió una punzada de añoranza en el estómago. ¡¡Cómo le echaba de menos!!

-¡Por cierto!- volvió a gritar Sirius- James no te odia.

Harry sonrió sinceramente ante aquella afirmación. No podía creérsela del todo porque los hechos le decían lo contrario, pero era gratificante escuchárselo a Sirius.

*****************

Al fin las cosas empezaban a ir medianamente bien. Sirius volvía a ser el de siempre con Harry, incluso se había vuelto más cariñoso; tanto él como Andrea y Remus habían hecho un gran esfuerzo por superarlo y ahora se comportaban con James y Lily con bastante normalidad, al menos no salían corriendo cuando les veían y eso ya era un paso. El sol había salido anunciando la primavera y aunque estaban hasta arriba de estudios, libros y ejercicios porque a la semana siguiente tendrían los exámenes; podía decirse que todo estaba bien.

El sábado después del entrenamiento de quidditch y totalmente en contra de la voluntad de James. Él y Harry se adentraron en el bosque prohibido para comprobar si realmente James tenía o no el poder de controlar al reino animal. Le habían dejado la túnica de quidditch y las escobas a Lily con la que habían quedado a la hora de comer en el lindero del bosque y habían empezado su caminata en absoluto silencio. Harry dejaba que fuera James el que guiase, al fin y al cabo no había alumno en ese colegio que conociese el bosque mejor que los merodeadores.

-¿Algún animal en especial?- le preguntó James apartando una rama para que pasara su hijo.

-Tú mismo, donde te sientas más cómodo.

Si había un sitio en el que James estuviese más cómodo que entre los humanos ése era la colonia de ciervos que había en la parte este. Les costó llegar porque estaban bastante escondidos detrás de unos árboles alto y enredados que parecían supurar un líquido fluorescente. Harry los miró extrañado y con asco y siguió a su padre que parecía estar andando por el salón de su casa. Atravesar esos árboles no fue una experiencia satisfactoria pero mereció la pena; detrás de ellos había un pequeño prado muy muy verde, como consecuencia de las lluvias de los últimos días y ahora estaba totalmente dorado por el sol. Harry se quedó embelesado admirando el paisaje pero un estruendoso berrido le sacó de la ensoñación. Por un momento quedó desconcertado sin saber de donde venía aquel ruido, pero al oírlo otra vez se dio cuenta de que era James quien lo estaba haciendo detrás de él.

-¿Qué haces?- le preguntó extrañado.

-Llamarles.- contestó él como si fuera la pregunta más estúpida del mundo.

Harry estuvo a punto de preguntar que a quién exactamente estaba llamando, pero entonces vio un pequeño cervatillo color canela con algunas manchas blancas en el lomo que se acercaba a ellos seguidos de una cierva alta y elegante que debía ser su madre. Harry sonrió al ver al pequeño animal acercarse a James y lamerle la cara mientras él le acariciaba, era increíble que James fuese tan cariñoso. Sintió una pequeña punzada de celos pero en seguida se llamó tonto a sí mismo por haberlo sentido.

-No tendré que preocuparme de buscar un hermanito en el bosque, ¿verdad?- le bromeó acercándose al animal para acariciarlo, cosa que no le gustó nada a su madre así que James inmediatamente se puso de pie y se acercó a la cierva para que le oliera y supiera que era de confianza. Había pasado ya por allí algunas lunas llenas y toda la manada le conocía.

-Al final va a ser verdad que has sacado el encanto de tu querido padrino-le contestó él con ironía pero sin reproches mientras acariciaba el morro del animal- Pues siento decirte que no tiene de qué preocuparte. Yo soy un animal muy fiel.

Detrás de estos animales llegaron otros, algunos eran ciervos jóvenes con los cuernos asomándole, pero la mayoría eran hembras con algunos cervatillos. Harry estuvo un rato entretenido observándoles aunque no se acercaba a ninguno a no ser que fuera con James pegado a él para evitar cualquier problema. Nunca había visto un ciervo tan cerca excepto su patronus y su padre así que les tenía mucho respeto.

-Bueno James yo creo que va siendo hora de que intentes poner en práctica tu poder.- le sugirió Harry.

James se quedó petrificado rodeado de algunos miembros de lo que casi era su especie, pero no sabía qué hacer. ¿Qué tenía que decirles? Intentó llamar a un ciervo joven pero pasó de él olímpicamente después de mirarle con orgullo, después intentó calmar a un cervatillo que brincaba alrededor de su madre pero sólo sirvió para ponerle más nervioso.

-¡¡Esto no funciona!!- se exasperó- A lo mejor yo no controlo a los animales. ¡Míralos! Pasan de mí, sólo me harían caso si me convierto en uno de ellos.

-Tienes que intentarlo más- insistió Harry- ¡¡Concéntrate!!

Siguió intentándolo sin ningún éxito. A cada fracaso miraba a Harry y bufaba desesperado al ver que él le seguía insistiendo. Llevaban así dos horas, y el único que había controlado un poco era un cervatillo que casi no se tenía en pie y porque lo chantajeó con un poco de hierva fresca.

-Mira Harry, esto es absurdo- James se puso de pie y dio un zapatazo en el suelo totalmente desesperado- No-ten-go-es-te-po-der. ¿¿lo entiendes?? No hay manera, habrá otra cosa que sepa hacer, si no soy capaz de que un ciervo que me conoce me haga caso ¿cómo voy a ser capaz de dominar todo un bosque? Pero si hasta mi lechuza pasa de mí.

-Es que no le pones interés- siguió insistiendo Harry.

-¡¡Es que este poder es una mierda!!- bramó cada vez más enfadado- yo me voy de aquí ahora mismo, al menos Lily me prestará algo de atención. Quédate tú si quieres y los controlas ¡¡A ver si eres capaz!!- James apretó los puños y se mordió la lengua para controlar su furia y no salir a tortas con su hijo, sobretodo porque en el fondo sabía que tendría las de perder, sin embargo cuando iba a pasar por uno de esos árboles pringosos se detuvo en seco- Mierda, ha venido mi amigo.- murmuró, pero Harry le había oído.

Harry intentó mirar a ver quién era ese amigo al que se refería y lo único que pudo ver fue un macho imponente con una cornamenta gigantesca que les observaba con cara de pocos amigos. Harry se quedó estático, si una hembra, sin cuernos le daba respeto eso ya sería el colmo, además por el tono en el que James había dicho eso del amigo eso del amigo, apostaba su saeta de fuego a que no tenía buenas intenciones. El ciervo se acercó a él enseñando los dientes y Harry se asustó muchísimo, no entendía en ese momento por qué era capaz de enfrentarse al mismísimo Voldemort y asustarse de esa manera con un ciervo aunque lo cuernos puntiagudos y retorcidos que tenía sobre su cabeza le dieron una pista importante. James se acercó a él, despacio pero eso sólo hizo que el ciervo se enfadara más y amenazara con atacarle.

-Ni te muevas ¿me has oído?-Le murmuró poniéndose delante de él tapándole con los brazos- y no uses la magia a menos que quieras que el resto de la manada nos ataque.

James se convirtió en un ciervo justo después de acabar la frase, siguió pegado a Harry protegiéndole ahora con su increíble y majestuosa cornamenta. Le enseñó los dientes y gruñó pero el otro ciervo no se amedrentó, al parecer ya se conocían. Hicieron chocar dos veces sus astas y por suerte no se quedaron enganchados a pesar de que los dos las tenían muy desarrolladas. Harry seguía manteniéndose al margen y James como si le guiara un instinto no se separaba de él nada más que lo imprescindible, en cuanto atacaba volvía a una posición de defensa para evitar cualquier ataque a Harry. Una de las veces, James todavía en su forma animal se mantuvo a medio metro de Harry con la cabeza agachada sin quitarle ojo al espécimen que tenía enfrente. El bosque se quedó en el más absoluto silencio, como si fuera una lucha de titanes y el resto de animales les miraban asombrados totalmente parados, incluso el otro ciervo adulto se quedo petrificado en su posición mirando a James. En ese momento y aprovechando la situación James volvió a su forma humana, pero nadie reaccionó ante tal hecho, como si ya estuvieran más que hartos de verlo.

-Vámonos ya- gruñó empujando a Harry entre los árboles

En cuanto pasaron la fortaleza de árboles pringosos fue como salir de un sueño de silencio, el habitual ruido les envolvió de nuevo pero cuando volvieron la vista para saber qué ocurría con la manada de ciervos no pudieron ver nada entre los árboles.

-Eres capaz de controlar a los animales, James- balbuceó James en un burdo intento de imitar a su hijo- Gryffindor lo hacía. ¡¡Ya has visto lo bien que se me da!!- le gritó enfadado, esa pelea con el macho de la manada al que llevaba todo el curso evitando le había dejado muy estresado- Ese no es mi poder, y estoy harto de que me obligues a hacer todo esto.

-Pero es que tienes que hacerlo.- se quejó Harry.- No todo el mundo gira a tu alrededor ¿sabes? Los demás también tenemos que hacer cosas que no nos gustan.

Los dos Potter siguieron el camino por el bosque en silencio, cada vez más enfadados. Harry no soportaba que James pudiera estar defendiéndole en un segundo y al siguiente echándole una bronca como si fuera un insecto incordiante. Había sentido algo muy extraño en el bosque cuando le había defendido de esa manera, una mezcla de añoranza de algo que no había tenido, de culpabilidad, porque realmente murió así, intentando defenderle y de cariño hacia su padre, por eso ahora le sentaba tan mal que le tratase mal.

-Hola chicos- saludó Lily sonriente al verlos salir del bosque pero no recibió más que un gruñido muy similar por parte de cada uno como saludo. Ella ignorando ese comportamiento se acercó a Harry, le hizo una caricia el pelo y le besó en la cara- ¿qué tal el entrenamiento?

-Puff- contestó simplemente su hijo.

-¿Y tú, mi vida?- se acercó a James y le besó los labios pero él no estaba para muchos cariñitos.

-Me voy- saltó Harry- Luego os veo.

-¡Alto ahí!- Lily se situó entre los dos con los brazos en la cintura y sin ningún tipo de mirada cariñosa, parecía estar bastante enfadada y por lo visto, lo estaba con ellos- Me vais a contar ahora mismo lo que ha pasado. No, mejor- se corrigió a sí mima- Me importa poco lo que haya pasado, pero estoy harta de vosotros dos. ¡¡Dejad de comportaros como si os odiarais porque ninguno de los dos lo hacéis!!. Tú deberías tener más paciencia con tu padre- le riñó a Harry, que estuvo a punto de abrir la boca pero se quedó en el intento era la primera bronca maternal que estaba recibiendo y eso sorprendía- ¡Y tú! Deja de comportarte como un idiota y empieza a hacerlo como un padre.

-Él no es mi hijo y no os lo voy a repetir más- respondió James más enfadado- Me aburre el rollito de familia feliz que os traéis. No somos una familia todavía ¿entendéis?

-¡¡James!!- le gritó Lily, James la miró y vio una gran decepción en sus ojos, algo que casi rozaba la pena, así que se comió su orgullo. Era incapaz de ver a Lily así.

-Está bien. Me comportaré, pero no como un padre ni nada de eso ¿entendido?- respondió James allanándose aunque intentando mantenerse firme- Pero es que me saca de quicio con tantas órdenes.

-Déjalo James, no te esfuerces- Harry estaba ya cansado de eso y lo que menos quería es que James se comportase bien con él sólo por obligación- No quiero nada tuyo por obligación, pero no esperes que baje el nivel en los entrenamientos. Hay demasiado en juego.

Dicho eso se marchó dejando a sus padres asombrados y algo enfadados, cada uno por sus motivos. Aunque, como siempre, las cosas volvían a la normalidad en un par de días.


******************

Ya hacía unas dos semanas que Remus había vuelto a lo que ya podía llamarse su casa. Desde que Harry había decidido abandonar a los Dursley antes incluso de cumplir los diecisiete, los dos se habían trasladado a Grimmauld Place. A veces los recuerdos eran insoportables pero habían hecho todo lo posible por ignorarlos empezando por quemar el cuadro de la madre de Sirius en una noche desesperante de verano en la que el calor y los constantes gritos de la mujer recordándoles una y otra vez la maravillosa muerte de su hijo a manos de su querida sobrina les estaban volviendo locos. La gracia casi les costó quemar toda la casa pero al final consiguieron controlar el fuego con un par de hechizos congelantes y pudieron dormir el resto de noches con absoluta tranquilidad.

Llevaba horas vagando por la casa vacía, no sabía porqué pero últimamente los recuerdos se empeñaban en llegarle a la mente como carcoma que consume la madera. Nicole había pasado parte de la mañana con él haciéndole compañía ya que Dumbledore le había prohibido salir a cualquier tipo de misión hasta que no estuviese absolutamente recuperado así que ahora la casa se le hacía cada vez más y más pequeña, solo y aburrido no le quedaba más que volver en el tiempo y encontrarse con cosas que no siempre quería volver a ver. No había hecho caso al consejo de Harry de empezar una relación con Nicole, de hecho, desde el día que había despertado no había vuelto a presentarse ninguna conversación sobre ellos, era como si Nicole esperase a que él moviera ficha y Remus, mientras tanto, se hacía el loco intentando buscar una respuesta en su cabeza.

No podía decir que el amor le había tratado mal, pero tampoco podía decir que había tenido una relación idílica en la que todo era bonito. Las circunstancias fueron mucho más que duras y el final desconcertante. Ahora llevaba diez años sin ver a Andrea y casi trece sin besarla, sin oírle una palabra. Durante mucho tiempo el recuerdo se había ido disipando hasta convertirse en un minúsculo ápice de dolor que sólo volvía eventualmente, sin embargo, ahora sabía que estaba cerca otra vez. No era ella, no era la Andrea que él había besado por última vez pero no dejaba de ser ella y le había dicho que le quería por encima de todo y que le estaría esperando siempre.

Sus pasos le llevaron por quinta vez en ese día hasta su habitación, se acercó al escritorio y acarició una caja de madera oscura tallada; respiró profundamente antes de cogerla como si esa caja supusiese un enorme peso para el que había que concentrar muchas fuerzas. No tenía ningún tipo de llave echada, como si estuviera esperándole dispuesta a abrirse en cualquier momento y llevarle en un viaje por el tiempo. Se sentó en la cama y dejó la caja sobre sus rodilla, la mente se le quedó en blanco observando los gravados oscuros. Tras unos minutos eternos en los que la luz de la tarde de marzo hacía que el ambiente se calentara cada vez más abrió la caja despacio, casi temblando por el miedo a volver pero con la necesidad de dar carpetazo a un episodio de su vida que tenía que superar.

El interior estaba lleno de fotos antiguas. Le quedaban algunas de su época de colegio con sus amigos, aunque la mayoría en las que estaban James y Lily se las había dado a Harry cuando Hagrid se las pidió para completar el álbum del chico. Ahora tenía que contentarse con las que quedaban de grupo, cogió una en la que Peter no estaba, recordó que él hacía casi todas las fotos por suerte para ahora, así no tendría que soportar ver su cara de traidor simulando ser su amigo. Allí estaban todos, James abrazaba a Lily mientras le hacía cosquillas y ella se movía disimuladamente para no salir mal en la foto; Sirius con sus tonterías abrazando a James y a él atrayendo sus cabezas hacia él mientras ponía una sonrisa exagerada y él, con veinte años menos teniendo a Andrea abrazada a su cintura y apoyada en el hombro.

Sonrió amargamente y pasó las fotos con rapidez hasta llegar a una de las del fondo. Volvía a estar él con Andrea, pero ya no era la jovencita morena de pelo largo que se había abrazado a él en el colegio. Ahora era una mujer de 21 años con la mirada determinante pero que se perdía de la misma forma entre sus brazos como si fuera lo único que podría mantenerla con vida. Se fijó que su pelo era increíblemente corto y en un tono rubio muy parecido al que tenía Nicole, por eso le atraía tanto, quizá le recordaba esa parte de su vida en la que había sido para Andrea el bote salvavidas de su horrible existencia. Durante años Andrea cambió su imagen por ésa tan atrevida, tan dura, tan diferente a ella; pero esa imagen que significaba para ella poco más que momentos duros y experiencias a olvidar, para Remus era el tiempo en que más cerca la sintió, cuando más le necesito y cuando más se refugió en él, de ahí que a pesar de que hubiera dado mil vidas por borrarlo ahora el ver a Nicole tan diferente y al mismo tiempo tan parecida le hacía volver a sentirse más fuerte.

Acarició la superficie de la foto y ella se acurrucó aún más en su pecho, como si hubiera notado su tacto. Exhaló un suspiro desesperado. Necesitaba olvidarla como fuera, salir de ese pasado que no conducía a ninguna parte. Tenía que dejar de quererla, sacarla de su vida e intentar superarlo como había sido capaz de superar la pérdida de James, de Lily y de Sirius. Andrea había muerto, no en realidad pero sí en su vida. No podría verla más porque ni si quiera sabía si ella querría, lo que estaba claro es que no podía volver y su vida seguía adelante. Harry tenía toda la razón, pero era tan difícil.

Apoyó los codos en las rodillas dejando la caja abierta sobre ellas, aquello había sido tan gráfico como abrir la caja de Pandora y ahora todo daba vueltas en su cabeza a una velocidad de vértigo, recuerdos tristes y alegres. Por extraño que pudiera parecer sintió un escalofrío al recordar el tacto de su piel, fue capaz de oír en su cabeza su risa infantil y su voz melosa cuando quería algo. Tenía que olvidarla ya. Se tumbó un poco sobre la cama perfectamente hecha para poder meter la mano en el bolsillo de los vaqueros donde guardaba la cadena con dos anillos de compromiso. Los observó balancearse y negó con la cabeza recriminándose a sí mismo. Compromiso. Había sido una palabra tan repetida en su extraña relación que ya le sonaba familiar, tan familiar que le había perdido el miedo atroz que en un principio le tenía. Nunca jamás habían llegado a tener una relación estable, pero ambos sabían que se quería por encima de todo; primero fue el miedo, luego las circunstancias y después... después fue la propia magia y el lastre de una vida que no se quería haber vivido.

Se irguió como si intentase buscar en todo su ser un recodo de orgullo y fuerza que le devolviese la estabilidad a su vida. Apretó con fuerza los anillos y por un instante se arrepintió de no habérselos dado a Andrea mucho tiempo antes de la vez que lo intentó, pero ya era tarde para arrepentirse de sus miedos. Guardó los anillos en la caja con mucha calma dejando que la cadena resbalara entre sus dedos retrasando cuanto podía lo que estaba siendo la despedida de una parte de su vida. Volvió a acariciar la foto que estaba justo en la parte superior y en la que Andrea le sonreía como una niña. Siempre era así en las contadísimas veces que estaba con él, a pesar de que cuando salía de su casa no quedaba ni un atisbo de esa dulzura.

-¿Remus? ¿Estás ahí?

La voz de Nicole le sacó de la ensoñación, instintivamente cerró la caja y el ruido sordo que hizo retumbó en su cabeza como si hubiese estado en la cima de una montaña. Parecía la señal que indicaba el despertar de una hipnosis, como si ese ruido plasmase gráficamente lo que él llevaba todo el rato queriendo hacer. Su vida se había cerrado, el pasado quedaba atrás, ahogado por es golpe de madera. Al ver entrar a la auror con una sonrisa se puso de pie rápidamente, el corazón le palpitaba como a un niño pequeño que pillan en medio de una trastada. Con un hola suave se dirigió de nuevo al escritorio y por primera vez en su vida fue capaz de cerrar la caja con un hechizo.

-¿Estás bien?- le preguntó Nicole perdiendo la sonrisa y acercándose a él, que todavía le estaba dando la espalda en un intento por recomponerse por completo.

-Sí muy bien. No te preocupes- le dio un pellizco suave en la mejilla y le sonrió para tranquilizarla- Sólo necesitaba poner en orden algunos asuntos.

Nicole guardó silencio; sabía que había vuelto a sumirse en el pasado y ella ya le había dado muchas veces la oportunidad de dejarlo atrás. Se dirigió a la ventana desde donde se veía gracias a un hechizo un magnífico sol y dejó que fuera él quien tomara sus propias decisiones. Sabía muy bien lo que había, habían estado a punto de besarse de no ser por aquel médico inoportuno, pero Remus había vuelto a pararse. Desde que empezara ese curso estaba más taciturno de lo normal, como mucho más ausente y melancólico. Sabía que James, Lily, Sirius y él mismo con 17 años habían llegado desde el pasado y quizá eso le afectara. Sabía que lo había pasado muy mal después de su encuentro en el despacho del director pero no había razón para estar así por mucho que se les echara de menos.

Remus se acercó a ella y se apoyó en la ventana, muy cerca de la chica, que pretendía estar ignorándole.

-He estado pensando- le susurró, pero ella siguió concentrada en lo que se veía tras la ventana.- Y creo que debería hacerle caso a Harry.

Nicole no tenía ni idea de lo que Harry le había dicho así que giró un poco la cabeza mirándole de lado con un gesto de duda. Lo tenía tan cerca que le hubiese besado en ese mismo instante pero quería sabe qué era lo que había pensado.

-Harry me dijo que me dejara de tonterías contigo y...- le acarició la cara con el dorso de la mano y le miró con un toque de complicidad.

-¿Ha decidido dejar tu pasado?- le intentó picar ella acercándose levemente a él.

-De un portazo.

La mano con la que estaba acariciando la cara se deslizó hasta la nuca y la atrajo despacio sin dejar de mirarla a los ojos, respiró hondo antes de rozar sus labios. Fue un beso lento, dulce y calmado, pero largo hasta que terminó abrazándola por la cintura. Le acarició el pelo que se escurría entre sus dedos de lo corto que lo tenía.

-Tendré que hablar con Harry muy seriamente- bromeó Nicole apoyada en su hombro- Ha conseguido en un rato lo que yo llevaba intentando casi un año.

-No ha sido fácil- se justificó él- Pero... ya es hora de empezar de nuevo.

Nicole volvió a besarle otra vez totalmente feliz de que se hubiera decidido a dejar atrás sus fantasmas.

*********************

Era ya el último día de los exámenes y el gran comedor era un hervidero de alumnos corriendo de una mesa a otra con la tostada en una mano y un montón de pergaminos en la otra. En la mesa gryffindor todo el grupo excepto Ron y Harry que tenían cuidado de las criaturas mágicas y Ginny que tenía transformaciones los demás estaban metidos en sus libros de traducciones de Runas.

-Os juro que si me saco el EXTASIS de Runas antiguas me tatúo el pecho- exclamó Sirius cerrando el libro de golpe y concentrándose en su plato.- Ya me hice este cuando aprobé los TIMOS. - Sirius se abrió la túnica para enseñar su pecho con una runa gravada - Es mi nombre.

-Eres un exhibicionista- Patricia apareció por detrás y se apoyó en sus hombros poniéndole delante un pergamino- Anda deja de enseñar tu cuerpo y explícame esto- le pidió- Por cierto, yo quiero ver cómo se escribe Anthony en rúnico.

Patricia se marchó unos minutos después con una concepción equivocada de cómo se escribe Anthony en rúnico, pero con la lección de transformaciones bien aprendida. Los demás seguían metidos en sus libros, menos Ron y Harry que sabían que esa asignatura la tenían fácilmente aprobada, sin embargo también se sorprendieron mucho cuando una lechuza destartalada y muy vieja aterrizó en medio de la mesa cargando un paquete demasiado pesado para su edad.

-¿Qué es eso?- preguntó Andrea levantándole el ala con cuidado de no desmontarla.

-Es mi lechuza, a mi madre se le debe haber ocurrido que estamos faltos de azúcar con los exámenes y ha adelantado la entrega de huevos de pascual- explicó Ron cogiendo la caja con avidez. Empezó a repartir los enormes huevos de chocolate con un envoltorio colorido que tenían el nombre de cada uno escrito con letras cursivas, aunque la señora Weasley había tenido el detalle de poner sus nombres falsos por si las moscas- Mi madre está cada día peor- exclamó Ron con la caja vacía en una mano y su huevo en la otra- Se ha olvidado del tuyo, Andrea.

-Bueno, no importa, si tampoco me conoce.- se conformó ella, aunque le dio un poco de rabia, adoraba el chocolate.

-Mi madre siempre está en estas cosas- se entrañó Ginny intentando encontrar una razón- aunque no te conozca, si le dicen que has venido y que eres nuestra amiga ella te lo manda.

-Cómete el mío, anda- Remus le ofreció el suyo para quitarle importancia al asunto- Venga que tú sin chocolate te pones muy peligrosa.

-Qué graciosillo- le recriminó ella en tono jocoso- pero dame sólo la mitad que a ti te pasa lo mismo.

-Bueno tortolitos, dejaros de tonterías, y vámonos al examen antes de que me dé un ataque de azúcar con tanta cursilería que tenéis.- se quejó Sirius poniéndose de pie y recogiendo los libros.

El día fue totalmente agotador. Tuvieron tres exámenes y para colmo el último fue de pociones. Snape se tiró todo el rato rondando por sus calderos murmurando frases ofensivas para ponerles nerviosos y tener así la satisfacción de ponerles un cero, pero los únicos que se estaban viendo más apurados eran Remus, Harry y Ron. Las pociones eran superiores a ellos mismos y con Snape cerca todo se complicaba aún más. A pesar de todo cuando salieron del examen a las cinco de la tarde estaban muy contentos, no tanto como Sirius y James que se sentían total y absolutamente satisfechos de haber obligado a Snape a poner junto a sus nombres una buena nota, pero en general estaban bien.

Aprovecharon la tarde para tirarse en los terrenos del castillo. Al día siguiente todos esos alumno se irían a casa y tendrían todo para ellos solos, lo cual significaba una ventaja teniendo en cuenta que en esas vacaciones sería el cumpleaños de Andrea y querían celebrarlo.

-¿Y si nos vamos a Hogsmeade un día de estos?- propuso Hermione- La verdad es que tengo ganas de salir de aquí aunque sea un rato.

-Habría que pedírselo a Dumbledore.

-Que hable Harry con él que parece que se llevan muy bien- sugirió Sirius.

-Sí el cararrajada siempre ha sido su favorito- murmuró Malfoy pasando por su lado.

-¿Tú por qué no te compras una vida y nos dejas a nosotros en paz?- le escupió James incorporándose. Al ver que estaba en clara desventaja y recordar cómo había terminado la última vez, Malfoy les hizo una mueca de asco y se marchó de allí- Imbécil.

Harry estaba medio dormido tirado en el suelo con la cabeza apoyada en la pierna de Ginny que le estaba acariciando el pelo hasta dejarlo casi dormido, pero cuando vio a su padre defenderle le miró extrañado, aunque él no hizo lo mismo y volvió a tumbarse, así que a Harry sólo le quedó sonreír para sí mismo.

-Bueno, ya hablaré con Dumbledore - dijo Harry volviendo a echarse sobre las piernas de su novia.

A la mañana siguiente, los chicos bajaron a desayunar con ropa cómoda y con mucha tranquilidad, todo lo contrario del resto de colegio, que iba de un sitio a otro con la maleta en la mano, gritando por los pasillos a sus amigos si tenían alguna de las cosas que les faltaban y aligerando el paso para desayunar pronto y poder coger el tren.

Sirius estuvo todo el desayuno callado, cosa casi imposible para él. Era como si tuviera mucho sueño y se quedaba embobado intentando pinchar algo en el plato, pero como no miraba la mayoría de las veces se lo llevaba a la boca vacío. No reaccionó hasta que James le dio un golpe en el brazo haciendo que se le doblara y casi cayera de golpe en el plato.

-¿Mala noche?- le preguntó medio riéndose- No habrás encontrado ya sustituta para tus noches solitarias ¿Verdad canuto?

-Si es q me parto contigo- ironizó el chico- Y no he encontrado sustituta de nadie si tanto te interesa.- Sirius se puso de pie y se marchó hacia la puerta dejando a todos riéndose en la mesa.

-¡¡Cada día me preocupas más!!- le gritó James desde la mesa

La razón por la que Sirius se había levantado de la mesa tenía nombre y apellidos pero sobretodo tenía unos preciosos ojos marrones. Patricia estaba hablando con Simon en el vestíbulo pero esta vez los gestos de cariño brillaban por su ausencia. A primera vista parecía que Patricia estaba muy incómoda allí.

-Te la robo un segundo- saltó Sirius cogiéndola de la cintura y tirando de ella sin darle tiempo a Simon a contestar.- No pareces muy contenta con tu novio.

-No es mi novio- refunfuñó ella- Es más, ya no estamos juntos y cada día lo aguanto menos.

-Yo venía a despedirme. Me quedo aquí todas las vacaciones.

-Seguro que lo pasáis bien.- le comentó ella con una sonrisa- bueno, pues... eso, que... ya nos vemos cuando vuelva ¿no?

-Claro.

Los dos hicieron el intento de darse un beso en la mejilla al mismo tiempo con tan mala fortuna que ambos quisieron hacerlo en el mismo sitio así que se pararon repentinamente, casi cortados por la situación, cosa que era extrañísima en ellos y volvieron a retomar la operación ahora con total coordinación. Sirius se quedó allí un rato hasta que salieron los demás del desayuno y se fueron a dar una vuelta por los terrenos soleados.

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Hola a todos!!! siento el enorme retraso pero es q ahora he vuelto a casa para las fiestas y tengo q estudiar muchisimo, solo decir que a partir de ahora seguramente no pueda contestar los reviews porque me subirán los capis por encargo, si soy capaz d escribir alguno en el mes de junio asi q prometo contestarlos cuando vuelva, todos todos.

Un besazo enorme a todos, sobretodo a mis niñas, peke cariño te echaremos d menos en la feria. Un beso!!!CAPÍTULO 28: CONFESIONES TRAS LA BATALLA.

La primera mañana de vacaciones la pasaron tumbados en el césped de los terrenos hablando poco y descansando mucho, pero al día siguiente sería el cumpleaños de Andrea y los chicos querían pasarlo en Hogsmeade así que Harry se tuvo que pasar la tarde en el despacho del profesor Dumbledore convenciéndole de que no ocurriría nada. No fue fácil, estuvo al menos una hora intentando hacerle creer que estarían bien y la respuesta era siempre la misma, pero no se resistió a hacerlo una vez más antes de marcharse.

-Profesor, por favor, no va a ocurrirnos nada. Nadie sabe que ellos están aquí y no vendrán a buscarme así por las buenas ¿por qué iban a saber que queríamos ir a Hogsmeade?

-No lo sé Harry. Puede ser muy arriesgado.

-¡Pero Hogsmeade está muy protegido!

-Está bien- se terminó rindiendo después de una jornada dura de negociaciones- iréis mañana. Sólo mañana.- recalcó- y os quiero aquí temprano.

Harry hizo el intento de marcharse para salir de allí y pasar la tarde con su novia, por fin, pero el director le pidió que volviera a sentarse con un gesto de la mano.

-¿Qué tal te va con James?- Harry hizo un gesto de confusión con la cara porque no sabía muy bien a qué se estaba refiriendo- Con sus poderes, quiero decir, ¿habéis averiguado algo?

-Nada. Bueno es mucho más poderoso y yo controlo mi magia mucho mejor desde que entrenamos juntos pero ningún poder en especial. - le contó Harry- Pensé que sería capaz de controlar a los animales pero me equivoqué así que volvemos a empezar desde cero.

Harry le siguió contando porqué lo había pensado y todo lo que había ocurrido en el bosque hasta llegar a la conclusión de que a James no le haría caso ni una hormiga. El director se levantó de su asiento con gesto cansado, cerró los ojos y negó con la cabeza, como si todos sus esfuerzos se estuvieran viendo abocados a la nada. Fuera todo estaba siendo muy difícil, cada día las cosas se ponían peor y Voldemort estaba teniendo mucho poder. Estaba seguro de que si James encontraba ese poder, Harry tendría muchas más posibilidades, pero sabía tan poco de todo aquello, si al menos hubiera podido hablar más con Andrea.

-¿De verdad que sólo Andrea puede ayudarme?- le preguntó Harry al ver el gesto cansado del director, que afirmó con la cabeza al oírle- Pero... no sé, alguien más debe saber algo.

-Ella fue la que más estudió y leyó sobre el tema. Si alguien puede ayudarte a desarrollar tu poder y encontrar el poder de James, ésa es Andrea, pero... no sé dónde está. Creo que Remus sí, pero tampoco estoy seguro.

-¿Y por qué?- la curiosidad de Harry siempre le había podido- ¿por qué sabía tanto del tema?

-Eso no te lo puedo decir.- le respondió él con una sonrisa- Es un secreto. Le prometí a Andrea no decir nunca ni una palabra.

-Ella se lo dijo a Remus.

-Estoy seguro que Andrea se lo contó a Remus por pura necesidad.- Harry bufó levemente en señal de desacuerdo, odiaba tanto secretito- Mañana tened cuidado- se despidió Dumbledore- La Orden estará vigilando y le diré a Remus que vaya al pueblo. Creo que tiene algo que contarte.

-¿Malo?

-No, creo que no es nada malo- le respondió con una mirada pícara antes de sentarse a seguir enfrascado en sus papeles.- Pero que éstos no le vean otra vez.

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A la mañana siguiente no demasiado temprano los chicos estaban en Hogsmeade dispuestos a pasar un buen cumpleaños con Andrea. Hacía un buen día y ellos estaban tranquilos, habían acabado los exámenes y estaban de vacaciones así que nada más llegar al pueblo se aprovisionaron de dulces en Honydukes y hubo que sacar a Sirius a rastras de Zonko porque quería encadenarse dentro. Sólo la promesa de que pedirían un encargo especial para él a los gemelos Weasley sirvió para que saliera de allí sin armar un escándalo. Remus desapareció misteriosamente nada más llegar al pueblo y todos imaginaron que iba a comprarle un regalo a Andrea así que no le dieron la menor importancia. Mientras tanto ellos se dedicaron a dar un paseo viendo escaparates antes de ir a comer.

Se sentaron en una pequeña plaza delante de Las Tres Escobas. Había bastante gete por la calle pasando de un lado a otro e ignorándoles completamente, así que se apropiaron de los bancos a tomar el sol, últimamente parecían lagartos, se pasaban el día medio tirados almacenando energía solar, y es que el síndrome primaveral era muy malo. Remus llegó con una sonrisa de oreja a oreja y en cuanto lo vio cruzar la esquina Andrea se puso de pie como una niña pequeña esperando su regalo, pero él para martirizarla un poco se sentó entre Sirius y James haciéndose un poco el loco. Así que ella se sentó sobre sus rodillas se abrazo al cuello y le puso cara de niña buena.

-¿Me vas a dar mi regalo?

-¿Qué regalo?- le contestó él como si no supiera de qué hablaban, pero no pudo aguantar así mucho tiempo porque empezó a reírse con la cara de suplica que Andrea le estaba poniendo- Vaaaaale, está bien. Toma. Feliz dieciocho cumpleaños.

Andrea empezó a sonreír absurdamente y de repente su cara se iluminó como la de una niña de tres años. Tenía un pequeño paquetito en las manos y lo mirada totalmente ilusionada, sin empezar a abrirlo

-Andrea, bonita, ¿lo piensas abrir?- saltó Sirius que estaba casi tan emocionado como ella- Lo digo porque por muy bonito que sea el papel seguro que el regalo está dentro.

La chica empezó a abrirlo sin ninguna consideración, se quedó parada con una caja azul en la mano mientras Remus la miraba absolutamente orgulloso de cada gesto que hacía. Abrió la caja despacito con los dedos algo temblorosos y se tapó la boca con la mano libre cuando vio lo que había dentro. No dejó que los demás, que habían hecho un corro a su alrededor, lo vieran, porque se enganchó al cuello de Remus emocionadísima dándole montones de besos.

-¡¡Trae!!- Lily, que sabía de las intenciones de Remus le arrancó la caja de las manos y la abrió- ¡Aish, qué bonita es!

Remus le había regalado una pequeña flor de azahar en porcelana. Le hubiera comprado la flor del naranjo en natural, pero es tan delicada que no le habría llegado al final del día, así que buscó y rebuscó por todo el pueblo hasta dar con la pequeña flor de gruesos pétalos blancos que tantísimo le gustaba a su novia.

-¡Qué cursilada!- murmuró Ron a Harry en el oído, pero con la mala fortuna de que le oyó Hermione y le dio un codazo en las costillas sin ni siquiera mirarle - ¡Joder cariño, como te pones!.

-¡Me encanta, me encanta!- seguía Andrea después de haber recuperado su regalo- ¡Ay! Además huele como las de verdad, aish mi niño, ¡Cómo te quiero!

Andrea siguió un rato contando lo muchísimo que le gustaba esa flor desde que había estado de viaje en el sur de España, y lo maravilloso que era Remus por haberse acordado. Era el primer regalo que le hacía sin que fueran sólo amigos así que tendría un valor especial siempre.

Harry se levantó de su banco y tomó a Ginny de la mano, después de un ahora venimos se dirigió a la esquina de la lechucería donde Tonks estaba mirando como si algo le interesara en esa tienda, aunque Harry estaba seguro de que estaba vigilando por si les ocurría algo.

-¿Qué tal, Harry?- preguntó ella antes de darse la vuelta. Realmente esa chica sería la más manazas del mundo pero era una gran auror- Hola Ginny- se giró y saludó a los dos chicos con un beso.

-Aquí, dándote trabajo- bromeó él- ¿Has visto a Remus?

-Sí, está en Las Tres Escobas con Nicole.

-Pues entonces vamos a saludarles. ¡¡Te veo luego!!

Harry y Ginny se alejaron de Tonks que ahora estaba hablando con una ancianita como si fuera alguien más del pueblo, para ver a Remus y esa noticia que tenía que contarle. No fue difícil encontrarle dentro del bar, estaba en una mesa central hablando con Nicole, de vez en cuando miraban por la ventana o echaban un vistazo al bar para seguir luego con su conversación, aunque Harry estaba seguro, conociéndoles como les conocía, que no perdían detalle de lo que ocurría, así que cuando entraron Remus les hizo un gesto con la cabeza para saludarles.

-¿Esto es una nueva técnica de disimulación o es que al final me has hecho caso?- Harry se había fijado en que Remus y Nicole tenían la mano entrelazada encima de la mesa, esa debía ser la buena noticia que tenía que darle y la sonrisa de Remus se lo confirmó.- ¡Ya era hora de que éste nos escuchara!- bromeó sentándose junto a Nicole. Ginny se había quedado de pie a su lado.

-Sí, creo que tengo que darte las gracias.

-¿Y tú desde cuando te has metido a cupido? - le preguntó Ginny bromeando revolviéndole el pelo. Harry le contestó tirándole un beso al más puro estilo James Potter.

-Pasas demasiado tiempo con tu padre- le acusó Remus bromeando.- Os vi antes ahí fuera.

-Sí, le estábamos dando el regalo a Andrea.- A Remus se le cayó la sonrisa, él sabía que era su cumpleaños y al haberla visto tan emocionada de lejos pensó que acababa de recibir un regalo.

-¿Qué Andrea?- preguntó Nicole, que no le sonaba ninguna alumna en su grupo de amigos con ese nombre y que tampoco sabía ni palabra de la llegada de Andrea Markins del pasado.

-¡Mierda! - exclamó Ginny mirando a la puerta- ¡Esa Andrea!

Harry se puso de pie inmediatamente y miró hacia donde Ginny se había encaminado para no dejarles entrar. Nicole se movían intentando identificar a la tal Andrea pero no sabía quién de toda la gente que estaban en la puerta era exactamente y todavía se sintió más confusa cuando se giró para ver a Remus y éste estaba tan pálido como si hubiera visto un fantasma.

-Bueno, me tengo que ir. ¡¡Ya nos vemos!!

Harry se dirigió a la puerta y ayudó a Ginny, Ron y Hermione a sacar del bar al resto.

-¿Por qué habéis venido?- le preguntó Harry a Hermione un poco irritado.

-Y nosotros qué sabíamos que Remus estaría precisamente aquí.

-Además ¡Qué más le dará a Dumbledore! Si total ya lo han visto.-le susurró Ron.

-¡Vamos a comer a otro sitio!- propuso Ginny intentando parecer casual,-Este bar está lleno- pero el resto la miró sin creerse una palabra.

Intentaron protestar pero un alboroto les llamó la atención. Desde la calle la gente llegaba corriendo como en una marea. Algunos niños lloraban y gritaban llamando a sus madres. Había mucha gente por todas partes y todos parecían muy nerviosos. Ellos se miraron confusos esquivando a la gente que se estrellaba contra ellos en medio de sus particulares carreras desesperadas. Se sintieron totalmente aprisionados entre la gente que llegaba corriendo y la que salía del bar que tenían a su espalda; no entendían que podía estar ocurriendo pero la mayoría de la gente intentaba entrar en tiendas y casas para esconderse.

Harry se había puesto alerta al oír los primeros gritos, era como si se le hubiera encendido un radar y todos sus instintos se agudizaran, miraba a un lado y a otro intentando evaluar el centro de esa estampida. Su cuerpo se tensó e incluso le cambió la expresión del rostro, estaba más serio, más agresivo pero sobretodo más protector. Ron, Hermione y Ginny se había imaginado lo que estaba ocurriendo y en seguida habían sacado las varitas en posición de ataque, al verles, Harry buscó la suya casi con irritación, le tenía muchísimo cariño, pero era un fastidio tener que utilizarla; a pesar de ello se puso en guardia arrastrando a sus amigos de allí, donde toda gente venía corriendo.

-¡Es un ataque!- gritó Harry al ver a lo lejos a Emmely Vance atacar a alguien, sabía que solo haría eso si fueran mortífagos- ¡Maldita sea!

Ya todos estaban con la varita fuera esperando que la gente dejara de cruzarse en su camino y pudieran hacer algo contra quienes habían llegado, sabían que estaban preparados, unos más que otros, pero no iban a esconderse. Harry los había acorralado a todos frente a la pared como si quisiera protegerlos él sólo poniéndose delante de ellos, en un momento dado podría crear un escudo que les cubriese aunque eso supusiese mostrar su magia. Por un instante pensó en desaparecer con ellos y dejarles en el colegio donde todos podrían estar seguros, pero vio a un encapuchado matar a una joven poco mayor que ellos a penas cinco metros delante de donde estaban y el latigazo que sintió en el estómago al ver el rostro lívido que le dejó la maldición asesina, le indicó que no podía marcharse de allí. Simplemente no podría dejar las cosas tal como estaban, tenía que ayudar y no sabía si podría trasladarles a todos. Remus y Nicole les habían seguido y también habían llegado Tonks, Shaklebott y otros miembros de la orden, pero en contra de conseguir alejar cualquier ataque de ellos sólo habían logrado atraer a los mortífagos hacia la plaza en la que estaban. Unos por un lado y otros por otro habían conducido a los mortífagos inconscientemente hasta donde estaban los chicos y ahora se veían sin posibilidades de salir a no ser que lucharan para hacerlo.

-¡¡Quítate de aquí!!- le ordenó Nicole a Harry con una furia que sólo le había visto en los entrenamientos cuando éste intentó ponerse a su lado para poder atacar en primera línea, mientras el resto protegía a los demás haciendo un cordón a su alrededor, pero el ataque estaba siendo muy duro, de manera que o avanzaban o los acorralarían contra la pared y sería su muerte.

-Harry, tenéis que salir de aquí ¿me has oído?- le pidió Remus agarrándole del brazo, le miró lleno de súplica, de casi miedo por él aunque se le veía con mucha determinación. Por un momento desvió la vista y no puedo evitar mirar por encima del hombro del chico donde los ojos de Andrea no se perdían un detalle. Era la primera vez que veía a Remus adulto en persona y las circunstancias no estaban siendo las más óptimas. - Sácalos de aquí.- volvió a decirle a Harry ahora casi más seguro de que era lo que quería.

Los miembros de la orden se adelantaron la línea que protegía a los chicos y eso les obligó a separarse un poco. Los mortífagos estaban muy dispersados de manera que poco a poco iban perdiendo el punto de referencia e inconscientemente dejaron a los chicos más indefensos. Ellos seguían en guardia, no estaban dispuestos a no presentar batalla pero de los que en ese momento estaban allí sólo la mitad sabía lo que era enfrentarse a un duelo con mortífagos en vez de con compañeros de clase. Un chico joven, que Harry no reconoció y que no llevaba la cara tapada había lanzado un rayo contra ellos, en ese momento Harry y James estaban muy concentrados con otros mortífagos que intentaban atacarles de manera que no pudieron hacer nada por Remus que fue herido en el hombro aunque parecía que no de la suficiente gravedad como para que no pudiera seguir peleando, sin embargo se había desviado un poco del núcleo que por todos los medios Harry estaba intentando mantener, para sacarlos de ahí en cuanto pudiese. Andrea y Sirius no tardaron en unirse a Remus, dejando a los chicos separados en dos grupos.

-Te quiero a mi lado ¿Claro?- le gritó Harry a Ginny que en ese momento estaba defendiéndose del ataque de una nueva adquisición de Voldemort y que no estaba saliendo muy bien parada, en un momento libre ella le afirmó con la cabeza y siguió concentrada en su tarea. - ¡¡Ron!! Poneos allí- les ordenó como si estuviera dirigiendo un ejército al mismo tiempo que seguía defendiendo y atacando con su ya latosa varita.

Harry miró hacia atrás y vio a James luchando como lo hacía durante los entrenamientos. Había mejorado a pasos agigantados y realmente sería de gran ayuda en aquel momento pero no podía consentirlo, había que sacarles de allí cuanto antes y después al resto. Si les ocurría algo a sus padres todo estaría perdido, en cuanto ellos se fueran los siguientes serían Remus, Sirius y Andrea.

-¡¡Cúbreme!!- le gritó a Ginny y cuando ella empezó a defenderle espalda con espalda se giró hacia sus padres y los cubrió con un escudo protector convocado con sus manos muy parecido al que había aparecido entre su padre y él el día que le atacó la máquina de entrenamiento.- Tenéis que iros de aquí.

-¿Eres idiota?- le gritó James intentando salir del escudo para seguir luchando- ¡¡Déjame salir!!

Harry rompió el escudo pero no dejó marchar ni a uno ni a otro, le agarró de un brazo y se fijó en su madre, que parecía asustada aunque desprendía una fuerza que Harry no le había visto nunca. Por un segundo se sintió tremendamente orgulloso de ella pero no había tiempo para sensiblería. Le clavó sus ojos en los de ella con una madurez inimaginable y una seriedad que casi la asustó, era como si hubiera crecido años en a penas unos minutos.

-No dejes que vuelva- le rogó, a lo que su madre sólo puedo afirmar totalmente convencida de que eso era lo que debía ocurrir.

La imagen de Lily y James empezó a desvanecerse hasta que finalmente dejaron de estar allí, Harry suspiró aliviado, ése era un problema. Ahora tenía que llegar hasta el resto para repetir la operación. Intentó correr hacia donde estaban Sirius, Andrea y Remus pero justo cuando iba a hacerlo Ginny recibió un ataque que la dejó inconsciente, así que Harry para evitar que volviera a atacarle movió el brazo de forma involuntaria, le salió sin pensarlo, hubiera usado la varita, pero era difícil pensar con la cabeza en medio de una batalla cuando tu novia está en peligro. El atacante salió lanzado al atacante contra un montón de mortífagos que estaban atacando a Nicole de manera que había matado dos pájaros de un tiro y había dejado a la auror un poco libre. Dijo el contrahechizo para que Ginny se despertara pero volvió a quedarse sin tiempo para ir a proteger a sus amigos que se las estaban viendo en ese momento con algunos aprendices de mortífago. Le estaban atacando a él y por la agilidad con la varita debían ser mortífagos expertos, pero no podía quitarse de la cabeza que tenía que sacar de allí al resto, tenía una mala sensación, un mal presagio y todo su instinto le decía que tenía que sacar a Remus, a Sirius y a Andrea.

-¡¡Nicole!!- una vez que captó la atención de la auror le indicó con una mano que ayudara a sus amigos y Remus, que había oído a Harry se acercó a él para protegerle.

El trabajo de Remus estaba siendo algo inútil, pues si alguien tenía poder más que suficiente para defender al resto ése era Harry. En ese momento y totalmente concentrado en la lucha había olvidado su varita y movía las manos lanzando hechizos y creando importantes escudos dorados que consumían las maldiciones cuando a penas lo habían rozado. No perdía un detalle de Ron y Hermione que estaban luchando junto a Tonks a su izquierda y sentía a Ginny y sus movimientos a la derecha de manera que estando todos más o menos protegidos por gente de su confianza y con James y Lily en la puerta del colegio, donde él los había mandado, se dedicó a quienes tenía delante. Estaban enmascarados pero esos odiosos ojos grises los hubiera reconocido en cualquier parte, Malfoy estaba allí y parecía bastante sorprendido con cada movimiento de Harry, estaba seguro de que después pasaría un informe a Voldemort pero ahora no importaba y si podía conseguir que no llegara a su señor muchísimo mejor.

Nicole había seguido la indicación de Harry y se había unido a Remus, Sirius y Andrea. Por un segundo se quedó muy sorprendida al encontrarse al que ahora era su novio con unos veinte años menos, aunque estuviera enfrascado en un duelo no tenía ni la mitad de preocupaciones y no su rostro no reflejaba años soportando una tristeza que le consumía; miró a Sirius y pensó que debía ser él aunque no tenía nada que ver con las fotos de asesino psicópata por las que le conocía. No le dio tiempo a fijarse en la otra chica, esa debía ser la tal Andrea, porque cuando llegó a donde estaban tuvo que tirarla al suelo para que un rayo no la alcanzara. Había caído encima de la chica y sus caras quedaron muy cerca cuando se levantó, involuntariamente volvió a mirarla antes de seguir peleando porque le sonaba esa cara muchísimo. No alcanzaba a saber a quién se parecía pero tampoco tenía tiempo para averiguarlo. Se levantó y ayudó a que Andrea lo hiciera y seguir con el pequeño ataque que estaban sufriendo.

El suelo empezaba a llenarse de cuerpos inertes de uno y otro bando, pero al menos habían llegado aurores del ministerio para ayudarles y algunos habitantes del pueblo habían salido, así que aunque las bajas seguían siendo altas, poco a poco la victoria se veía más cerca. Delante de Nicole y su grupo había un mortífago bastante experimentado que le estaba dando mucha guerra pero que no alcanzaba a reconocer debajo de su máscara, y dos aprendices con los que no se había topado nunca. El ejército de Voldemort aumentaba día a día, pensó. Justo cuando había hecho caer al mortífago enmascarado llegó otro que parecía muy irritado, Nicole pensó que debía ser Bellatrix, esa melena y esos ojos horriblemente fríos se los había encontrado en muchas ocasiones y ya le tenía ganas.

-¡¡Sirius!!- gritó la mortífaga sorprendida al ver a su primo ahí, pero el despiste le valió para ganarse un hechizo incendiario de Andrea.

Sirius había atendido a la llamada pero sólo fue capaz de encogerse de hombros y seguir mano a mano con Remus. La túnica de Bellatrix estaba ahora en llamas, pero la mortífaga la apagó rápidamente fijándose bien en la artífice del hechizo. Andrea la seguía apuntando con la varita sin amedrentarse por la maldad que se reflejaba en cada mirada de Lestrange y vio como ella la examinaba, de una forma parecida a como lo había hecho Nicole antes. La auror estaba siendo atacada por los dos aprendices y habían llegado dos más que se estaban enfrentando a Sirius y Remus, así que no pudo darse cuenta del comportamiento de Bellatrix.

-¡¡Tú!!- si Bellatrix se había sorprendido de ver a Sirius en esta ocasión parecía que se encontraba delante de un fantasma- ¿Qué haces aquí?- Andrea estaba alucinando pero no bajaba la varita, le plantó cara con una valentía que no sabía de donde estaba saliendo, porque realmente estaba muy asustada. Esa mujer parecía conocerla y ella no se había enfrentado en su vida a nadie que no fuera un compañero. La mortífaga en medio de su risa estridente se quitó la máscara dejando ver su rostro huesudo y hundido tras unas ojeras que solo nacían en Azkabán- Te torturé, te torturé hasta morir. - siseó con un odio y un orgullo increíble, pero bastante confusa, incapaz de creerse que después de cómo la había dejado ahora estuviera delante de ella.

-Estás equivocada- le retó Andrea con voz fría, aunque no tenía la menor idea de lo que estaba hablando, quizá era verdad que ella también estaba muerta.- No nos conocemos.

-¡¡No seas absurda, Markins!! - bramó incapaz de darse cuenta de que la Andrea que tenía delante no era la misma que ella conocía. Ese apellido llamó la atención de Nicole, que se quedó mirando a Andrea como si eso fuese imposible. Los mortífagos que estaban luchando con ellos se paralizaron también como si un fantasma estuviera delante de ellos -Tú y yo nos conocemos muy bien, Sophie.

Si Andrea se descolocó al oír ese nombre que no era el suyo, para Nicole aquello fue como una revelación. Miró sorprendida a Bellatrix que estaba observando a Andrea en ese momento con odio profundo apuntándole con la varita. Aunque debía haberla defendido, Nicole se quedó estática después de acabar con el otro joven que la atacaba. Era Sophie Markins. Nicole se sumió en una especie de hipnosis que no la dejaba reaccionar más allá del odio que sentía. La había defendido cuando tenía que haberla matado y ahora no iba a mover un músculo para evitar lo que parecía muy claro. Alrededor todo se estaba relajando y los mortífagos que no estaban siendo capturados o estaban muertos estaban desapareciendo, pero Bellatrix se quedó allí mirando a Andrea apuntándola con la varita mientras la chica sentía un profundo miedo por su vida, después se fijó en Sirius y Remus, muy jóvenes, luchando ahora contra sus compañeros y entendió lo que había ocurrido. Sophie Markins había llegado desde el pasado y ése era entonces el momento para matarla.

No se lo pensó, miró a su alrededor y vio que algunos venían en su ayuda así que blandió su varita y lanzó un hechizo contra la joven que estaba delante de ella. Andrea sintió mucho calor en el estómago y de repente todo se volvió borroso y frío, abrió la boca con el rostro paralizado y llevó sus manos al estómago, las miró despacio y vio que estaban completamente llenas de sangre mezcladas con un líquido negro. Dio un paso hacia atrás sin perder de vista sus manos y cayó al suelo, aspirando una gran cantidad de aire al chocar contra él, como si estuviera agonizando. Se oyó un grito asolador pero no había sido ella sino Remus que inmediatamente olvidó al joven mortífago y cayó de rodillas junto a Andrea intentando tapar inútilmente su herida. Miró a Bellatrix, respirando con dificultad y sintió que un odio profundo recorría cada centímetro de su piel al ver la sonrisa burlona de la mujer, luego buscó una respuesta en la que debía estar protegiéndoles y la vio paralizada, mirando a Andrea como si eso fuera lo que se merecía.

****************

De la misma forma que habían desaparecido, el cuerpo de Lily y James fue tomando consistencia en la puerta de Hogwarts. A Harry le hubiera gustado dejarles dentro pero eso no era posible cuando se trataba de Hogwarts, como bien se había encargado de recordarles Hermione durante años. En cuanto tuvieron plena consistencia Lily agarró a James del brazo para evitar que volviera a marcharse y tiró de él hacia dentro de los terrenos cruzando el gran portal que daba la entrada al colegio, estando allí por mucho que quisiera no podría desaparecerse.

-¡¡Este tío es gilipollas!!- fue lo primero que bramó James al darse cuenta de que Harry le había alejado de la batalla.- Se va a enterar ahora.

Volvió a intentar salir pero Lily lo detuvo. Había desaparecido de su rostro la candidez y la dulzura con la que siempre miraba; ver a Harry de aquella forma, a su hijo metido en aquellos problemas y sin embargo preocupándose por ellos y por sus amigos le hizo darse cuenta de que Harry nunca tendría una vida fácil, pero que sería un gran hombre, así que ahora le tocaba a ella cumplir con su parte y hacer lo imposible por mantener a James y a su temperamento en un lugar seguro.

-¿Qué haces?- le gritó a ella soltándose para intentar salir, pero Lily sacó la varita, lanzó un encantamiento hacia la puerta y un enrejado la cubrió impidiéndole salir- Lily, me estás hartando. Tengo que ir allí. ¡¡Voy a matar a Harry cuando lo pille!! ¿¿Cómo se atreve a tratarme como un inútil??

-¿Quieres dejar de comportarte como un idiota?- James se dio la vuelta al oír la seriedad y profundidad con la que Lily había hablado- No vas a volver porque no puedes hacerlo.

-Harry no es nadie para sacarme de allí como si no supiera luchar.

-Es tu hijo ¿Te parece que no es suficiente?

-Harry- remarcó muy bien el nombre para que se diera cuenta de que no lo consideraba su hijo- ha sido un imbécil trayéndome aquí. Me he estado preparando mucho, él sabe que soy bueno, pero no quiere que le quite protagonismo. ¡¡Oh, sí!! El gran heredero de gryffindor salvador del mundo- ironizó- ¡¡Yo podía estar allí!!

-¿Pero de qué vas?- James estaba aluciando con una Lily tan dura con él- ¿Qué le vas a recriminar si es igual que tú? Tan orgulloso y arrogante como tú, James. No, déjame acabar- le interrumpió cuando él fue a abrir la boca- pero al mismo tiempo daría su vida por la gente que quiere, igual que tú.

-Yo no le he traído aquí.

-Porque no has podido. ¿Crees que no me he dado cuenta que le defiendes de forma casi inconsciente? ¿No te das cuenta que si ahora quieres volver allí no es para hacerte el héroe sino para asegurarte que está bien?

James se quedó callado y apartó la mirada de su novia, vacilando un momento sobre la respuesta, pero le pudo el orgullo. Quizá fuera verdad lo que ella acababa de decirle pero no lo iba a admitir.

-Quiero volver para ayudar a Sirius y a Remus, no a tu hijo.- le respondió secamente.

-¿Mi hijo?- Lily se rió cansada, harta de ver que era imposible acabar con el orgullo de James aunque le estuviera demostrando claramente que Harry le importaba.- ¿Por qué eres así? Tanto trabajo te cuesta admitir que es como tú. Que te llevas tan mal con él porque piensas que deberías ser tú el que le protegiera y no al revés. - James se cruzó de brazos e intentó poner una expresión que demostrase que aquello no le importaba y que Lily estaba equivocada, pero no le fue posible- No lo puedes evitar y lo sabes, por mucho que finjas odiarle no puedes engañarnos, ni a mí ni a él.

-No sé de qué me hablas.

-Harry no es idiota, de hecho es tan inteligente como su padre y tú te delatas. Le defiendes en los entrenamientos, le salvaste del ciervo ese y le contestaste a Malfoy el otro día, cuando se supone que a ti te gusta verle humillado, ¡y todo dejándote llevar por tu instinto!.

-¡Yo no tengo ese instinto!- le gritó harto de esa conversación. - Ese niñato no es mi hijo, me trata como un inútil y cree que puede protegerme.

-¡James, eres idiota!- Lily sabía que todo lo que decía no lo sentía de verdad pero empezaba a ofenderse- Si hubieras podido habría sido al primero que habrías sacado de allí, antes que a Sirius y antes que a mí.

-Eso no es verdad- le contestó pero ahora sin gritarle, como un niño que se está rindiendo cuando le pillan en una mentira. - No lo habría salvado antes que a ti- Lily sonrió un poco ahora que él no le veía, no era el hecho de que la hubiera salvado a ella primero sino que diciendo eso le confirmaba que habría ayudado a Harry antes incluso que a Sirius y eso era un privilegio que poquísimas personas en la vida de James podían tener.

James se giró dándole la espalda, había aceptado a regañadientes que Harry le importaba pero no quería ver la cara de madre orgullosa que estaría poniendo Lily y efectivamente no se equivocaba lo más mínimo. Ella se acercó por detrás y le abrazó por la cintura, apoyando su cara en la espalda.

-¿Por qué os lleváis tan mal?

-Yo que sé.- le respondió él cansado aunque agradeciendo el abrazo con unas caricias en las manos de Lily- No me gusta cómo me trata. Yo no necesito que me proteja.

-Ni él que tú le protejas.

-Está bien, pero dejemos el tema- se giró y le dio un beso a Lily en los labios y ella sonrió casi victoriosa- Pero no esperes que no le caiga una bronca por esto, una cosa es que me importe y otra que le deje apartarme como a un inútil.

-Pero...

-Ni se te ocurra decirle una palabra de esta conversación.- ella asintió con la cabeza- Y sigo pensando que no es mi hijo. Ya tendré tiempo para tener uno cuando esté preparado.

Lily lo miró entristecida, había logrado que James le mostrara lo que sentía realmente hacia Harry pero él seguía empeñado en que tendría tiempo para disfrutar de él, lo que significaba que tendría que soportar nuevos combates James vs. Harry.

-Será mejor que vayamos a avisar a Dumbledore de lo que ha ocurrido.

***************

Remus y Harry llegaron corriendo, seguidos de otros miembros de la orden y de Ginny, Ron y Hermione, momento que aprovecharon los seguidores de Voldemort para desaparecer. El Remus joven tenía a Andrea entre sus brazos mientras ella le miraba con los ojos muy abiertos, contrayéndose de dolor sin ser capaz de pronunciar una palabra. La sangre seguía surgiendo a borbotones mientras Remus totalmente impotente intentaba pararla. Remus, después de la carrera imitó a su yo joven y se arrodilló junto a Andrea, dándole pequeños golpecitos en la cara para que no se durmiera.

-Vamos Andy, tienes que aguantar- le susurraba bajo la mirada atónita de su yo joven, que en ese momento estaba pensando lo mismo.- Esto no puede estar pasándote.- Le retiró el pelo de la cara y la acarició pero separó la mano rápidamente al notar un chispazo, no entendía por qué había ocurrido pero no quiso buscarle tampoco una explicación.

-Cariño, por favor, no te puedes morir- le susurró ahora el joven de diecisiete años.

-¡¡Es Sophie Markins!!- gritó Nicole detrás de ellos con autoridad, mirándola con aún más odio después de ver lo que acababa de hacer su novio.

Inmediatamente todos los aurores que estaban allí sacaron su varita y apuntaron a Andrea.

-¿Se puede saber qué hacéis?- Gritó Sirius enfurecido al verles. Remus se dio cuenta y se puso de pie, no había oído ni si quiera a Nicole decir que Andrea era Sophie Markins.

-¡¡Bajad las varitas!!- gritó con decisión, con casi fiereza. Estaba desesperado, Andrea no podía morir ese día.

Nicole aprovechó que Remus se había levantado y apuntó a Andrea justo al corazón, pero el joven Remus al verla se abrazó a ella, intentando por todos los medios no llorar al verla así, pero dispuesto a defenderla con su propia vida.

-¡Déjala en paz!- le gritó, acercando a Andrea aún más a sí mismo- ¿No ves que necesitamos un medimago? ¡¡Tú la tenías que haber defendido!!

-Quítate de ahí, sólo quiero matarla a ella.- Nicole no perdía la determinación en la mirada ni la fuerza en todo su cuerpo.

-¡He dicho que bajéis la varita!- volvió a gritar Remus obligando ahora a Nicole a que lo hiciera, aunque en cuanto él le soltó el brazo volvió a apuntarle.- ¡No tienes ni idea, Nicole!

-Tú no la tienes- le respondió ella- ¡¡Es Sophie Markins!!

-Ni se te ocurra hacerle un rasguño- le retó Remus mirándola a los ojos con furia- No sabes nada. ¡¡Nada!! ¿entiendes?

Remus volvió a girarse hacia Andrea y Remus. Ahora acompañados del resto.

-Hay que llevarla a la enfermería, Poppy parará la hemorragia.- se dijo a sí mismo, que aún estaba aferrado al cuerpo ya inconsciente de Andrea.

-¿Cómo te atreves?- rugió Nicole por detrás de él sin darse por vencida- ¡Sé por qué lo haces! Ahora podemos ahorrarnos muchas cosas, si no vuelve no hará nada y todos estaremos mucho mejor.

Remus se puso de pie y la encaró, le agarró con fuerza los brazos y la miró fijamente intentando controlarse. No podía permitir que Andrea muriera, todo sería imposible si ella no volvía.

-¿Merece la pena arriesgar tanto sólo porque estuvieses enamorado de ella? - Nicole hizo la pregunta arrastrando las palabras, sabiendo que ella no debía tener esa información, pero doliéndole aún más todo lo que estaba ocurriendo porque al hecho de que fuese ella la que habitaba su mente en los momentos de soledad, se sumaba que fuese nada menos que Sophie Markins.

-¿Qué sabrás tú por qué lo hago?- Remus jamás le había hablado así y nunca le había oído hacerlo con nadie, pero Nicole no se amedrentó. Remus le lanzó una mirada inquisitiva y respiró hondo para concentrarse y sacar de su cabeza las ganas de dejarla inconsciente para que se callara. Cogió una piedra del suelo y la convirtió en un traslador- Llévala a la enfermería. Dumbledore debe estar allí.

Dicho esto, Remus tomó la piedra y desaparecieron de en medio de aquella jaula de varitas que les tenían aprisionados. Nicole intentó volver a abrir la boca, pero Harry que se había dedicado a convencer, sin éxito, a los aurores de que bajaran las varitas le tomó el brazo y la hizo callar.

-Se estaba muriendo, Nicole. No era momento para celos.

-No son celos, Harry - masculló ella sin mirarle- Es vengaza.

Harry se quedó asombrado por la respuesta fría y seca de su antigua profesora y sobre todo por el hecho de que primero la llamara Sophie y no Andrea y luego todo un ejercito de aurores quisiera matarla, pero Remus, agotado y lleno de sangre le miró y negó con la cabeza, señal que significaba que por favor no le hiciera preguntas.

-Vayamos al castillo- le dijo poniéndole la mano en el hombro, pero Remus se encogió como si tuviera ahí una herida- ¿Qué te pasa?

-No lo sé. No tengo ninguna herida pero me siento el brazo muy entumecido. Es extraño.

-¿Dónde están Lily y James?- preguntó Sirius.

-Los dejé en la puerta del castillo. Ahora - Harry cogió su propia varita y la convirtió en un traslador- Vayamos al castillo.

Los chicos y Remus tocaron la varita al mismo tiempo y sintieron como un gancho les tirara del ombligo hasta desaparecer.



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Hola a todos? Como estáis? Yo muy estresada estudiando mucho y con muy poco tiempo para nada más que no sean los libros, por eso os pido un poco de paciencia porque tardaré unos 15 días en actualizar. Tampoco contestaré los reviews por ahora, cuando todos los examenes acabe me pondre al día.

Muchisimas gracias a todo y nos vemos lo más pronto que me sea posible.CAPÍTULO 29: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE.

James y Lily habían avisado al director rápidamente. Dumbledore tiró la enorme silla en la que se sentaba al levantarse con tanto sobresalto y salió corriendo junto a los chicos, pero al pasar por la enfermería Lily chocó con la Madam Pomfrey que salía como un rayo de allí.

-¡¡Poppy!!- exclamó el director evitando que la enfermera cayera al suelo- ¿qué ocurre?

-Remus y Andrea están en la enfermería, profesor. ¡¡Andrea está muy grave!!- gritó tirando de la túnica del director hacia la enfermería.

Lily y James se miraron y palidecieron en un momento. Lily sintió que el aire dejaba de llegarle a los pulmones y casi pierde el equilibrio por un desmayo provocado por la ansiedad del momento. James reaccionó antes, tiró de su brazo y caminó con paso decidido hasta la enfermería, iba mascullando por lo bajo pidiendo que no le ocurriera nada y maldiciendo no haber estado allí para ayudarla.

Entraron en la enfermería y el blanco reluciente que brillaba siempre en la habitación se vio turbado por un Remus de diecisiete años casi trastornado, paralizado de pie en medio de las dos hileras de camas, totalmente cubierto de sangre y con la mirada perdida, los brazos le caían como si no fueran parte de su cuerpo y el pelo desordenado no era capaz de adornar unos ojos que habían dejado de brillar. James había arrastrado a Lily corriendo por el pasillo pero al entrar y ver a su amigo en un estado tan lamentable se paró en seco, se acercó a él despacio mientras que Lily intentaba ver algo por detrás de la cortina en la que Dumbledore y la Madam Ponfrey estaban con Andrea.

-¿Qué ha ocurrido?- preguntó Lily con la voz rota apretando la mano de James.

Remus no respondió, siguió mirando fijamente la cortina blanca como si no hubiera oído una palabra, ella le acarició la cara con la punta de los dedos, debía estar realmente mal para haber dejado a Remus con esa pena tan increíble, las manos le temblaron un poco al rozar la piel de su amigo, pero él seguía sin darse cuenta de nada de lo que hubiera a su alrededor. Remus cerró los ojos muy despacio como si le pesaran toneladas y suspiró profundamente. Su mente se movía a gran velocidad diciéndole una y otra vez que tenía que haberse quedado a su lado, que tenía que ser él el que estuviera allí sangrando como lo estaba haciendo ella, si algo le ocurría sería su culpa, siempre le había dicho que estaría para ella y ahora le había fallado de la peor forma posible, se estaba muriendo y él no había hecho nada. James y Lily tenían la sensación de que en cualquier momento fuera a derrumbarse delante de sus propias narices. La curiosidad por saber cómo estaba su amiga les corroía, pero guardaron silencio sepulcral que casi hacía que los oídos les pitaran, era como estar dentro de una campana de cristal.

El silencio sólo era roto por los murmullos urgentes que se traían el director y la enfermera detrás de la cortina, pero después de unos minutos interminables en los que Remus seguían sin apartar los ojos de las sombras que se dibujaban en la tela blanca que tapaba a Andrea, un barullo se hizo en el pasillo de fuera y se oyó el golpe de la puerta al dar contra la pared. Remus, ahora con bastantes años más, pero la misma preocupación, estaba en la puerta con la cara tan desencajada como el joven que permanecía en el centro de la sala como si no hubiera entrado nadie.

-¿Cómo está?- Preguntó Remus entrando a la carrera. Ni James ni Lily fueron capaces de responder, no tenían ni idea de lo que había pasado ni de cómo estaría. Esta vez no se asombraron de verle, no fue el momento divertido o entrañable que habían tenido en el despacho. Ahora lo importante era que Andrea estaba muy mal, aunque no sabían cuánto.

Detrás de Remus habían entrado Ginny, con una herida en la pierna, Ron que parecía tener alguna costilla rota, Hermione, a la que todavía le sangraba la herida de una cabeza, Sirius y Harry, que habían salido intactos.

-¿Ha dicho algo Pomfrey?- le preguntó Harry a su madre, ella negó con la cabeza.

-¿Qué le ha pasado?- Lily estaba a punto de echarse a llorar totalmente impotente de ver que su mejor amiga estaba tan grave.

-Una mortífaga la atacó- no había sido una mortífaga cualquiera y Harry lo reflejó perfectamente en su tono de voz. No había perdonado a Bellatrix la muerte de Sirius y ahora eso sólo pasaba a engrosar su lista de venganzas.- No pude hacer nada ¡¡joder!! No me dio tiempo a traerles- se lamentó Harry, que se estaba sintiendo muy culpable de lo que le había ocurrido.

James estuvo a punto de decirle algo pero se encontró con la mirada retadora de Lily, que le había adivinado las intenciones, para él Harry era en parte culpable, pero no por no haber llegado a tiempo sino por no haberle dejado a él allí. Remus había oído a su casi ahijado y había dejado de mirar a la cortina, como había estado haciendo el joven.

-Harry, no seas tonto. Tú no tienes la culpa de esto.

Al salir de la concentración en la que estaba, se fijó en sí mismo, joven, ausente y muy concentrado en donde debía estar su chica debatiéndose entre la vida y la muerte. Se acercó a él y se puso en frente, pero ni con eso consiguió que saliera del estado casi autista en el que se había sumido desde que la enfermera le había arrancado a Andrea de las manos. Era como estar delante de un espejo algo distorsionado, tenía el pelo más castaño, aunque con un largo muy similar, y menos arrugas junto a los ojos, pero sobretodo y a pesar de la pesadumbre del momento, se veía que no había tenido que soportar nada del peso melancólico y triste que él llevaba sobre sus espaldas.

-Remus- era extraño llamarse a sí mismo, pero esta entrando en estado de shock y había que sacarle de aquello- Remus reacciona- con la mano izquierda le cogió la cara y la fijó en él, tenía los ojos idos, como si no enfocara nada. El adulto intentó agarrarle con las dos manos, pero seguía teniendo todo el brazo derecho algo entumecido como si le pesara el doble de lo habitual

No había manera de sacar a Remus de aquello, simplemente había salido de allí y estaba de nuevo en la batalla, viéndola caer una y otra vez, mirándose las manos asustada al ver la muerte tan cerca. Oyó la risa de aquella mujer que la había llamado Sophie y vio los ojos de Andrea mirándole como si quisiera agarrarse a él para que la salvara, pero no pudo hacer nada más que llevarla a la enfermería y ni siquiera sabía si eso había servido de algo. Sonrió imperceptiblemente como se sonríe en medio de un sueño, al verle el rostro radiante cuando había recibido su regalo, la sintió abrazada a su cuello emitiendo ese calor y ese olor particular que sólo podía encontrar entre sus brazos, pero de repente su sonrisa se transformó en una mueca de miedo y agonía, de dolor mortificante. Ya no le abrazaba alegre sino desesperada, enganchada a su cuello suplicando un minuto más de vida al tiempo.

El ruido de la cortina corriendo en la barra que la sujetaba fue lo único que le hizo volver, parpadeó y quitó de su camino a Remus adulto sin ni siquiera fijarse en quién era. Dumbledore estaba allí de pie serio y preocupado, salpicado de sangre en su túnica y en su barba siempre inmaculada. Detrás de él la enfermera parecía todavía muy concentrada en Andrea. Remus, después de salir de su aletargamiento casi se estrelló contra el director intentando ver qué ocurría detrás de él.

-¿Cómo está?- Remus miró a los ojos a su director, tenía la respiración agitada y por la expresión de su rostro parecía estar a punto de echarse a llorar. No se había sentido tan impotente en su vida - ¿cómo está, por favor?- le rogó arrugando entre sus dedos la túnica morada de Dumbledore.

-Remus, tranquilizate- Dumbledore intentaba pararle en su intento por colarse hasta el cuerpo de Andrea, le pasaba las manos por la cara o le empujaba en el pecho para que no pasara, pero estaba siendo realmente difícil. Le obligó a mirarle, pero aunque su cara estaba enfocada de frente a la del director, sus ojos se iban por encima del hombro de Dumbledore. Antes de empezar a hablar echó un vistazo al Remus adulto que estaba delante de él y que parecía cargar con la misma preocupación, aunque con la calma que sólo dan los años.

-Hemos parado la hemorragia, pero...- empezó a decirle al joven que casi abrazaba y éste se fijó en él, intentando parecer calmado. Dumbledore levantó la cabeza y miró al resto que bebían cada una de sus palabra - pero está muy grave. La maldición era muy dura y sea quien sea se ha asegurado de que quede muy mal. Aquí no podemos hacer nada más por ella.

Fue como si un aire espeso cayera en la habitación haciendo que sus pensamientos fueran más lentos y la respiración más difícil. Tanto un Remus como otro se quedaron petrificados, incapaces de asimilar las palabras que habían oído, la estaban perdiendo. Su niña se iba delante de sus propios ojos y no podían pensar en otra cosa que no fuera recuperarla.

En medio de su inconsciencia Andrea emitió un sonido que no podía haberse calificado como grito de dolor pero que se había parecido tanto al preludio de su marcha que su novio había salido de nuevo del trance en el que estaba y había logrado colarse entre los brazos de Dumbledore para llegar junto a la chica. La enfermera intentó impedírselo, pero Remus tenía mucha fuerza y sólo quería acariciarla, susurrarle que saldría, que estaba allí.

-Déjale, Poppy.- Dumbledore se compadeció de aquel chico que ahora trataba a Andrea como si fuera de porcelana, y a juzgar por el color de su piel y la rigidez de su cuerpo, bien podría decirse que estaba hecha de ese material. El director se giró dando la espalda a los dos enamorados para encontrarse con su antiguo profesor de defensa observándoles como si estuviera dentro de un pensadero, se le habían aguado los ojos y daba la impresión de que sentía celos de sí mismo y quería ser él quien la estuviera consolando como lo estaba haciendo el Remus joven- ¿Quién ha sido?

Remus giró la cara y miró a Dumbledore sorprendido, como si sobrase en esa escena que quería reservarse para él, pero se dio cuenta de que sólo era algo que estaba en su cabeza y que tenía que volver a la realidad.

-Fue Bellatrix- Dumbledore suspiró, como si algo que él hubiese estado temiendo acabara de ocurrir. El resto, detrás de él, no perdía detalle.

-¿Mi prima?- se oyó a Sirius totalmente perdido.

-¡¡Cállate!!- le cortó James, que quería seguir atento a lo que ocurría entre los adultos.

Dumbledore tomó a Remus del brazo para apartarle de allí, pero éste se contrajo al notar el tacto de la mano del director en el brazo dolorido.

-¿Te ocurre algo?

-Nada. No tiene importancia.- Dumbledore lo miró con suspicacia pero se volvió a concentrar en su conversación.

-Esa mujer siempre ha querido matarla ¿Cómo habéis podido dejarlas a solas?- no había reproche en su pregunta sino una lamentación enorme.

-Nicole tenía que protegerles, pero...- suspiró recordando la actitud que había tenido su novia con Andrea- no sé qué le ha pasado. Ha intentado matarla cuando ya estaba herida.

-No puedes reprocharle nada, Remus. El departamento de aurores lleva dieciséis años buscándola con la única intención de matarla.

-Pero es que... era... era como si fuera algo personal.- Dumbledore suspiró y asintió con la cabeza.

-Andrea... bueno... Sophie mató a toda su familia. - Remus se restregó la cara con la mano, lamentando esa noticia tanto por una como por otra.- Ella sólo tenía ocho años; su familia sufrió un ataque, fue algo indiscriminado. Andrea capitaneaba al grupo y Nicole pudo ver cómo los torturaba y los mataba uno a uno.

-¿Y ella?- preguntó Remus después de unos minutos intentando hacer memoria

-Simplemente no la mató. - explicó Dumbledore que conocía la historia de mano de su protagonista- ordenó retirada incluso después de haberla visto. Nicole siempre hubiera preferido haber muerto aquel día también. Ahora sólo quiere matar a Sophie.

Después de que Dumbledore apartara a Remus de donde estaban era imposible que los chicos oyeran una palabra así que se agolparon en el hueco que dejaba la cortina observando a Remus, que estaba medio recostado en la almohada de Andrea susurrando cosas imperceptibles y acariciándole la cara con una mano. Los chicos entraron y observaron el estado de Andrea. Sólo se le veían los brazos, inertes sobre la sábana ahora blanca de nuevo, y la cara, pálida e inexpresiva. Lily no pudo seguir viéndola así, siempre tan risueña y ahora tan... tan... muerta. Se giró y escondió su rostro en el pecho de James que le pasó un brazo por los hombros para consolarla; él tenía los ojos fijos en Andrea, como el resto, incapaz de creerse que le hubiera ocurrido algo.

Sirius se había fijado en Remus, que volvía a estar ausente, sólo concentrado en la chica que se quebraba entre sus dedos. Le dio en el hombro a James y cuando éste le miró le hizo una señal con la cabeza para que se fijase en el estado de Remus. No podían dejarle así.

-Remus- Sirius se había acercado a él e intentaba llamar su atención pero Remus parecía haber enloquecido, no veía más lejos de Andrea y no oía nada más que no fuera su respiración lenta y rítmica- Lunático, por favor, me estás asustando ¡¡Mírame!!- Nada. Remus seguía sin hacer o decir nada.

Sirius se desesperó, no podía permitir que Remus siguiera en ese estado, así que agarró con fuerza el brazo que tenía libre dispuesto a zarandearle hasta que reaccionara, pero a penas había apretado un poco los dedos cuando Remus reaccionó, aunque no como él esperaba. Un fatídico gritó de dolor sobresaltó tanto a Sirius que dio un paso atrás retirando rápidamente la mano de donde la tenía. La única persona que no reaccionó ante aquello fue Andrea que seguía en su estado letárgico en un mundo entre los vivos y los muertos.

La enfermera dejó caer la botella de poción que estaba aplicando en la pierna de Ginny, haciendo que se rompiera en mil pedazos y se giró rápidamente hacia el chico. Dumbledore y Remus, ahora adulto, corrieron aún más la cortina para ver qué había ocurrido. Remus estaba acariciándose el hombro con la barbilla, respirando entrecortadamente como un animal herido, con la mano con la que había estado acariciando a Andrea, se frotaba con suavidad el brazo. Madam Pomfrey no tardó en quitarle la mano con brusquedad y rasgar la manga de su camisa hasta quedarse con ella en la mano.

La mujer se tapó la boca sorprendida de la imagen que el pedazo de tela había dejado a sus ojos. Remus tenía una herida en el hombro, pero en vez de sangrar o mostrar la carne roja, estaba completamente negra. El brazo tenía un color blanquecino, como si llevara horas sin recibir una gota de sangre y cientos de nervios negros se entrecruzaban hasta llegar casi a la mano, era como si un veneno recorriera las venas de su brazo y las dejara ver en ese oscuro color bajo una piel que parecía papel de arroz. Remus se miró tan asombrado como el resto, ahora le dolía insufriblemente, sentía agujas corriendo por sus venas y clavándose en cada uno de sus poros.

-¡¡Por las barbas de Merlín!!- exclamó la señora Pomfrey al recuperarse- ¿Cómo no has dicho nada?

-No... no me había dado cuenta- respondió el totalmente confuso. Había sido herido al inicio de la batalla pero en medio de aquella locura no tuvo tiempo para percibir el dolor y después, no había sido capaz de notar nada que no fuera el desazón que se había afincado en su estómago al ver a Andrea en aquel estado. - Me atacaron, pero...-apretó los dientes para evitar el dolor y sintió que se mareaba.

-¡¡Pero Lunático!!- exclamó Sirius agarrándole por la cintura para evitar que cayera.- ¡Mírate! ¿Cómo no lo has notado antes?- Sirius no necesitó que Remus le respondiera porque Andrea empezó a convulsionar y a aspirar aire por la boca de forma compulsiva.

-Hay que llevarlos a los dos a San Mungo, profesor- Madam Pomfrey estaba ahora intentando calmar el dolor de Andrea con una poción, pero sabía que era insuficiente- Tienen que ver a esta chica o se nos morirá y Remus tiene el brazo muy mal.

Dumbledore se giró al Remus adulto para pedirle que acompañara a los dos chicos al hospital y se hiciera cargo de que en medio del caos que tenía que estar sumido San Mungo en esos momentos después del ataque, les atendieran lo antes posible y con la mayor discreción; pero Remus se estaba observando su propio brazo, no tenía ninguna ramificación oscura, ni su piel estaba demacrada pero lo sentía pesado y entumecido, era como si estuviera metido a presión dentro de su propia piel. Muy pensativo miró a su versión joven, que ahora se apoyaba en James y Sirius.

-¿Los llevarás?- preguntó el director después de explicarle las condiciones en las que debían ser atendidos en el hospital. Remus abrió y cerró la mano haciendo un gran esfuerzo para ello- ¡¡Remus!! ¿Se puede saber qué te ocurre?

-Tengo mal el brazo, el mismo brazo pero yo no he sido herido. - susurró sin salirse de sus pensamientos.

-Es algo normal- le explicó Dumbledore- Estáis conectados por una línea temporal, todo lo que le ocurra a él te repercutirá a ti. Si te miras el hombro ahora mismo tendrás una cicatriz. La misma que tendrá él si consigues llevarlos a San Mungo, para que le curen.

La última frase del director había siendo un apremio más que notable, pero Remus no se alteró, se desabrochó un poco la camisa y miró su hombro donde efectivamente había una cicatriz justo en el mismo sitio donde el otro Remus tenía ahora su herida abierta.

-¡¡Remus!!- le gritó Harry, harto ya de tanta parsimonia- ¿Quieres reaccionar de una vez? ¡¡Hay que llevarles a Londres!!.

-No puedo- le contestó algo ausente, mirando el cuerpo de Andrea, pero eso fue como si hubiera oído la señal de salida para empezar a correr. Se sintió enjaulado, acorralado en medio de una incertidumbre. - No puedo- ahora se lo estaba diciendo a sí mismo y por el comportamiento que estaba teniendo parecía que no se refería a un viaje al hospital- a ella le ocurrirá lo mismo.

-¿A quién?- la voz de Lily se oyó chillona, fruto de los nervios que estaba sintiendo en ese momento.

-A Andrea- le contestó Dumbledore mirando a Remus suspicazmente- Debe estar muy grave y seguramente no sabrá por qué.

Remus parecía asustado, miró al profesor como si estuviera a punto de contarle un secreto que le había pesado durante mucho tiempo. Respiraba agitadamente y se pasaba la varita de una mano a otra.

-Me voy.

-¿A dónde?- le preguntó Harry asombrado.

-A Elgin.

-Siempre lo has sabido ¿verdad?- Dumbledore y Remus no perdían el contacto visual, por un momento Remus se sintió muy mal por haberle mentido a una persona que había confiado en él como lo había hecho Dumbledore, pero todo era mejor así.

Dumbledore metió la mano en su bolsillo y extrajo el envoltorio de una rana de chocolate, pronunció un hechizo con su varita y se la entregó a Remus, que nada más tocarla sintió de nuevo como si un gancho tirara de su estómago, ya no había vuelta atrás.

-¿Se puede saber dónde está Elgin?- preguntó Ron una vez que Remus había desaparecido.

-En el norte de Escocia- contestó Hermione, que intentaba atar los cabos que se habían soltado en esa conversación sin llegar a ninguna conclusión lógica.

Para ninguno de los que estaban allí aquella información tenía la más mínima importancia, excepto para Harry que sabía que Andrea había estado viviendo todos esos años en el norte de Escocia. Remus adulto se había ido, pero el joven y Andrea seguían allí cada vez más graves, así que Dumbledore tuvo que dejar a un lado sus planes post-ataque.

-Yo los llevaré al hospital. No quiero que salgáis del colegio ¿Me habéis entendido?

El director se acercó a Remus y apoyó el peso del chico en su hombro; Sirius y James le miraron y él esbozó una sonrisa que pareció mucho más una mueca de dolor que un gesto cariñoso, pero ellos le dieron una palmadita en la cara para animarle. Dumbledore desapareció con un nuevo traslador de la enfermería del colegio con Andrea y Remus.

-Chicos, venid aquí que os cure esas herida. - Saltó Madam Ponfrey tomando algunas pociones- Desde luego, como sigáis aguantando el dolor de esa manera terminaréis quitándome el trabajo.

La enfermera intentó usar un tono jovial para animar el ambiente de ultratumba que reinaba en la enfermería, pero saltaba a la vista que estaba haciendo un sobreesfuerzo mientras aplicaba un ungüento cicatrizante a Hermione. Harry le iba extendiendo la misma sustancia a Ginny en la pierna y Sirius se encargaba de que Ron no se escapara de la enfermería sin tomarse una poción pegahuesos.

-¿Por qué no vais a dar un paseo por el castillo?- les propuso- Os sentará bien tomar un poco el aire.

Los chicos salieron al vestíbulo más porque la enfermera les estaba empujando que por propia voluntad. Acaban de ver desaparecer a Andrea en un estado lamentable, y aunque sabían que Remus no corría excesivo peligro con su brazo se temían cualquier consecuencia extraña si a Andrea le ocurría algo. Harry tenía dos graves preocupaciones en su cabeza, por un lado estaba Remus, el que significaba un padre en su vida y que había tenido que marcharse a buscar a Andrea en contra de su voluntad, solo para evitar que sufriera lo mismo que la joven sin tener la menor idea de lo que ocurría, si a la pequeña le ocurría algo no pasarían las cosas horribles de las que había hablado Nicole y que él no conocía, pero tampoco estaría la Andrea de la vida de Remus, la que había añorado esos años y eso le torturaría. Su otra preocupación se llamaba culpabilidad. Remus le había pedido que les sacara de allí y él sólo había logrado sacar a sus padres, no había llegado a tiempo y ahora toda la línea temporal podía estar en peligro.

No era el único que andaba preocupado, el resto estaba en silencio, apoyándose en la barandilla mientras iban subiendo en dirección a la sala común, no tenían ganas de que les diera el aire, realmente sólo tenían ganas de volver a empezar aquel día y que nada de eso se repitiera.

-Es muy raro que atacaran Hogsmeade precisamente hoy ¿no creéis?- observó Hermione que llevaba un rato con el ceño fruncido y la mirada perdida como siempre que estaba maquinando algo.

-Hemos tenido mala suerte- suspiró Ron.

-No creo que sea sólo eso.- Hermione chasqueó la lengua incapaz de dar con la solución. No podía ser sólo mala suerte, en toda la guerra Hogsmeade no había sufrido un ataque de ese tipo y era imposible que fuera casualidad que justo aquel día estuviera lleno de mortífagos.

-Suerte o no, usé mis poderes y no creo que a Dumbledore le guste que Malfoy lo sepa.

A Sirius, Lily y James les llamó mucho la atención lo que había dicho Harry, no tanto porque hubiera usado sus poderes en público sino porque había dicho que Malfoy era un mortífago.

-¿Malfoy, padre del rubiales arrogante?- preguntó James para asegurarse.

-¡Lo mío es una familia y lo demás son tonterías!- exclamó Sirius con ironía y todos sonrieron levemente excepto Hermione que esbozó la típica sonrisa de he dado con la solución y vosotros no.

-Venga, Hermione, cariño, sorpréndenos con tu solución.- le dijo Ron que la conocía ya muy bien.

-Malfoy nos oyó decir que queríamos ir a Hogsmeade- los demás la miraron sin saber de qué hablaba.- El día que acabamos los exámenes, cuando dijo que Harry era el favorito del profesor Dumbledore.- todos seguían sin recordar- ¡El día que James sacó la cara con Harry!

A James le hubiera gustado en ese momento matar a Hermione de una forma lenta y dolorosa por haber recordado ese episodio precisamente en un momento en el que estaba enfadado con él; no se le había olvidado que lo había sacado de mitad de una batalla, por mucho que Lily le dijera que él hubiera hecho lo mismo, pero ahora Andrea se estaba muriendo y él no había estado allí ni siquiera para echar una mano y todo por culpa de Harry, así que apretó el paso ignorando por completo la conversación que había nacido entre el resto sobre Malfoy.

Entraron en la sala desierta y se tiraron en los sillones como si hubieran corrido durante kilómetros, sus heridas habían cicatrizado casi inmediatamente y Ron, aunque aún estaba un poco dolorido, había mejorado mucho. La conversación había terminado y ahora todo estaba en silencio, cada uno repetía en su cabeza lo que había ocurrido buscando exactamente el punto en el que había podido cambiar los hechos. Harry se había sentado solo, apartado del resto a los que en esos momentos no quería ver. Él era de todos ellos el que más posibilidades tenía de haberlo cambiado todo, ahora no importaba por qué Nicole la había llamado Sophie o por qué todos habían querido matar a Andrea, especialmente Nicole; nada valía más que la culpabilidad que se estaba apropiando de todo su cuerpo y su mente y que le estaba martirizando. Era volver a repetir el sentimiento que había experimentado continuamente durante el año anterior y que todavía a veces se apoderaba de él para gritarle al oído que Sirius no estaba por su culpa.

Ginny se sentó en el brazo de su sillón y le besó el pelo sin decirle una palabra porque lo conocía lo suficiente como para saber lo que estaba pensando. Los demás seguían callados hasta que la curiosidad pudo con Lily.

-¿Qué ocurrió?

-Una mortífaga- empezó a contar Sirius- mi prima Bella creo, estaba luchando con nosotros, Remus y yo estábamos ocupados con otros dos pero Andrea tenía a la auror ésa protegiéndola. No sé qué ocurrió pero cuando me di la vuelta Andrea se estaba desangrando.

Harry desde su retiro suspiró irremediablemente y se pasó la mano por la cara. Había intentado llegar a ellos y al no conseguirlo había mandado a Nicole, confiaba en ella y ahora su antigua profesora devolvía la moneda intentando matar a Andrea.

-Espero que estés contento- James estaba sentado de espaldas a Harry y ni si quiera se dignó a girarse para hacer ese comentario.

-James, por favor- intervino Lily.

James se puso de pie ignorando las recomendaciones de su novia, se sentí