La 2ª guerra: Hay que salvar a los que queremos. - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

¡Hola chicos/as! Soy nueva en esto, aunque he escrito muchas veces, así que no seáis muy duros conmigo. Espero que os guste esta historia y me dejéis vuestra opinión, para los interesados, mi e-mail es evix_abotmail.com. Añadir únicamente que los personajes, la mayoría, son de Rowling y que la admiro lo suficiente como para que se sepa que no es un plagio y que me disculpéis si hay coincidencias con algún otro fic, pero que eso, son solo coincidencias Y ahora, os dejo con la historia.


CAPÍTULO 1: EL RECUERDO DEL AYER.


Volvía a ser uno de ésos veranos calurosos en Privet Drive. Los habitantes, exasperados por el calor, se habían refugiado en el interior de sus hogares, donde el aire acondicionado, los ventiladores y los abanicos, pudieran menguar las altas temperaturas que asolaban el país. Pocos, muy pocos habitantes caminaban por las largas calles en las horas del mediodía, y el ambiente que se reflejaba era de una ciudad fantasma.
El señor Dursley, un hombre corpulento y de un enorme bigote, sin embargo, caminaba por el jardín de su parcela, buscando a su sobrino. Se secaba el sudor con la manga de su camisa, mientras maldecía por lo bajo, su suerte. Hacía poco más de una semana que Harry Potter había vuelto de su colegio y tras las amenazas de unos individuos de la misma calaña que su sobrino, Vernon no tenía más remedio que cuidar que nada malo le sucediese al muchacho.
Y no es que Harry Potter fuera alguien muy especial, de hecho, para él y para su mujer, el chico no era más que un estorbo, un completo inútil, igual que tiempo atrás lo habían sido sus padres, muertos en aquella...explosión. Poco sabía Vernon que su sobrino, tiempo atrás, la misma noche que habían muerto sus padres, había logrado desbancar al mago más poderoso de todos los tiempos, Lord Voldemort, sin más secuelas que una pequeña cicatriz en forma de rayo( era lo que lo convertía en especial); mago, que actualmente, había regresado.
Esa era la terrible verdad que los Dursley trataban de ocultar al resto del vecindario, comúnmente llamados muggles (gente no mágica), afirmando que su sobrino acudía durante el año al Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Incurables.
Pero si Harry Potter era o no famoso, eso no les importaba a los tres Dursley, que lo trataban como si fuera un estorbo, un peligroso insecto que había que exterminar. Pero desde que esos tipejos, como los llamaba Vernon, lo habían amenazado, el hombre no tenía más remedio que procurar que su sobrino estuviera a salvo. Por lo poco que su mujer le había contado, el chico corría un terrible peligro ahora que Voldemort había regresado, peligro que a Vernon no le importaba.
-¿Dónde estás chico?_ murmuró mientras recorría los arbustos. No quería que los vecinos se enterasen de que lo estaba buscando. El motivo por el que estaba buscando por ahí, era porque su sobrino había cogido la mala costumbre de escuchar las noticias a escondidas. Tras recorrer la parte trasera, encontró a Harry tumbado bajo la sombra de uno de los árboles. Estaba despierto, mirando al vacío y con la cabeza en otra parte._ ¿Se puede saber por qué estás ahí pasmado? Te he estado buscando, entra dentro de casa. Si te pasa algo ese hombre del ojo raro vendrá a rendirnos pleito.
Harry levantó la mirada del suelo y observó las arrugas del rostro de su tío. Le era indiferente si Moody se presentaba lanzando maldiciones a diestra y siniestra contra los Dursley, en lo único que Harry tenía la cabeza era en la imagen de su padrino, Sirius Black, cayendo a través del velo. Sin embargo, para no escuchar más las protestas de su tío, se levantó en silencio y se dirigió hacia la casa.
-Qué extraño..._ murmuró Vernon cuando lo vio alejarse._ ¿Qué le habrá pasado en ese dichoso colegio? Está rarísimo últimamente._ y sin más preámbulos, se encaminó hacia la casa.
Harry entró por la puerta trasera de la casa, corrió escaleras arriba hacia su habitación y se encerró en ella. Deseaba apartar los pensamientos que recorrían su cerebro, pero no podía. El sentimiento de culpa era mayor. Durante su último curso, Voldemort le había engañado enviándole una visión falsa, gracias a la conexión que había entre él y la cicatriz de Harry. Harry, ignorando por completo los consejos de Hermione, se había marchado corriendo al Departamento de Misterios, donde un grupo de Mortífagos lo esperaba a él y a sus amigos, con tal de conseguir la Profecía. En aquel incidente, Sirius había caído a través del velo de un viejo arco estacionado en la Cámara de la Muerte, y había muerto. La Profecía se había roto y Voldemort no había logrado enterarse de su contenido y aunque eso había frustrado sus planes, el precio que Harry había pagado era mucho mayor. Pero Dumbledore había sido la persona que había oído la Profecía en persona y le había revelado a Harry su contenido. Si hoy él, estaba ahí, estaba en peligro y estaba vivo, era porque era el blanco de esa estúpida profecía, la razón por la que sus padres habían muerto. Él era el único que tenía el poder de derrotar a Voldemort definitivamente y el hecho de que se fuera a convertir en víctima o en asesino, no le animaba demasiado.
Durante esos días que llevaba en Privet Drive no se había preocupado por hacer nada. A pesar de que sus tíos habían accedido a que conservara consigo su varita y sus libros de hechizos, el muchacho no los había sacado ni del baúl. No le importaba si Snape le quitaba cincuenta puntos a Gryffindor por no llevar hecha la redacción sobre los siete usos de la sangre de unicornio, el peligro de la realización de ésa poción, su función y sus derivados. De hecho, hacía bastante tiempo que a Harry no le importaba nada más que estar mirando al vacío y revivir en su memoria una y otra vez como su padrino caía a través del velo, recordando cada pequeño detalle que pudiera convencerle de que, simplemente Sirius solo estaba al otro lado del velo, como esa parte del interior de su cerebro trataba de hacerle creer.
Había enviado cada tres días una carta dirigida al número doce de Grimmauld Place(cuartel de la Orden del Fénix) siempre con las mismas palabras; Me encuentro bien, no os preocupéis, recuerdos a todos, Harry; únicamente para salvaguardar las distancias de los magos con sus tíos. Y pese a que Harry conocía al fin la razón por la que debía permanecer en aquella casa, no podía evitar sentir un profundo vacío al sentirse cada día, más solo. Había meditado mucho sobre ello y estaba seguro que aunque se hubiese encontrado en cualquier otro lugar y rodeado de sus amigos, el sentimiento de vacío, donde anteriormente había ocupado la presencia de Sirius, no habría desaparecido.
Mientras veía a Hedwig llegar por la ventana con un pequeño roedor muerto, no podía dejar de presentir el sentimiento que le había acompañado durante toda su estancia en Privet Drive: si siendo un mago no había podido evitar la muerte de las personas que más quería, entonces la magia no le valía para nada. Ya no deseaba regresar a Mundo Mágico, ya no deseaba ser fuerte nunca más, no deseaba volver a Hogwarts donde miles de miradas se clavarían en él y le felicitarían por haber informado al mundo del regreso de su peor enemigo, no quería ver esas estúpidas caras que meses atrás lo habían insultado y cuestionado, lo habían humillado y castigado con su desprecio. Le importaba un comino que el idiota del ministro de magia estuviese arrepentido, que deseara enmendar el daño que había causado, que anunciara públicamente que Dumbledore y él siempre habían tenido razón, ahora ya era demasiado tarde.
Sabía que algún día los miembros de la Orden se presentarían en el número cuatro para recogerlo y llevarlo a Hogwarts, pero él estaba decido a no regresar.
Estaba atemorizado con la idea de que Voldemort lograra engañarlo otra vez, de que encontrara la manera de hacer daño a Ron y a Hermione, a la Orden..., no, no podía dejar que eso ocurriera, no podía volver a su lado, no quería, no quería ser un mago.
Habían pasado los días y Harry presentaba un aspecto lamentable, tanto que su tía hasta había empezado a preocuparse y su tío a temer que los lunáticos del mundo mágico se presentaran en su casa. Harry había dejado de comer desde el momento en que había llegado a Privet Drive, y pese a las abundantes raciones de comida que Petunia le suministraba, el muchacho no probaba casi nada. Los dos paquetes que Ron y Hermione le habían mandado de dulces estaban guardados bajo la tabla suelta de debajo de su cama.
La mañana del treinta y uno de Julio, su cumpleaños, Harry se levantó con el pelo revuelto y bastante agotado. Gracias a su inanición, las fuerzas cada día le menguaban más. Se miró en el espejo y su reflejo le devolvió la mirada de un chico de dieciséis años recién cumplidos, con el pelo negro azabache y bien revuelto, con grandes bolsas de ojeras en sus ojos de un verde esmeralda y delgado y paliducho. Automáticamente después, una serie de lechuzas se presentaron en su habitación, pero Harry hizo caso omiso de ellas. Se lavó la cara deprisa y corriendo, se vistió con una vieja camiseta de Dudley, cinco tallas más grande que la suya y unos vaqueros remendados y bajó a la cocina a desayunar.
Los tres Dudleys tenían el televisor encendido y miraban interesados la tele. Harry dijo un Buenos días siendo ignorado completamente y se dispuso a beber un poco de leche, hasta que el locutor captó su atención.
Miró la pantalla del televisor y observó un incendio en lo que parecía un gran centro comercial, mientras muchas personas corrían despavoridas.
-...y nuestras fuentes informan que todavía, repetimos, todavía por motivos desconocidos, se ha producido una gran explosión en la zona y varias personas han muerto. La cifra se eleva ya a unas cincuenta, pero la policía y los bomberos siguen rescatando cadáveres de las ruinas. No sabemos lo que ha podido ocurrir, pero nos han informado que según los testigos, unos individuos con máscaras cubriéndoles el rostro, han podido ser los que provocaran este disturbio. Se cree que iban armados, aunque ninguno de los testigos ha podido describir qué tipo de arma portaban, algunos afirman que llevaban unos trozos de madera en las manos. La policía cree que se trataba de algún tipo de explosivo camuflado. Lo único de lo que podemos informarles con total seguridad es que los extraños encapuchados decían frases incoherentes como sangre suciao venimos a por el traidor. Parece ser que después desaparecieron milagrosamente y se llevaron secuestrado a un hombre que vestía unas túnicas muy raras y que parecía hablar búlgaro. La policía ha acordonado la zona y por seguridad se está desalojando a la gente de los alrededores. Les mantendremos informados...
Tío Vernon apagó el televisor con el mando a distancia y se quedó observando unos minutos a Harry, totalmente desconcertado.
-Esos...esos personajes, parecen gente de tu...mundo, chico._ dijo al fin mostrándose frío.
-No sé de que me estás hablando_ dijo Harry removiendo sin que hiciera falta la poca leche que se había puesto en el vaso.
-¿Son...Mortífagos?_ preguntó Petunia con temor. Harry volvió a mirarla sorprendido. Su tía había vuelto a recordar información del mundo mágico.
-¿Qué sabes tú de eso?
-¡Respóndeme y punto!_ gritó su tía enfadada.
-Sí, lo son_ confirmó Harry de mala gana. Estaba hablando más que todos los días de verano que llevaba en la casa, y no le apetecía en absoluto recordar nada del mundo mágico.
-¿Qué está pasando en tú mundo, chico?_ escupió tío Vernon entre enfadado y asustado._ ¿Por qué no nos dejáis en paz? Ese centro comercial...está en Bristol, ¿sabes? Muy cerca de donde solemos ir a comprar...
-Ya os lo dije el año pasado_ contestó Harry de mala gana. Sabía que si no les aclaraba sus dudas a los Dursley no iban a dejarlo en paz._ Voldemort ha regresado, y ahora que ha vuelto ni siquiera los mugg...la gente normal como vosotros, está a salvo. Él odia a los humanos corrientes, matará a todos los que pueda...
-¿Qué nos matará?_ titubeó Dudley atemorizado y se escondió tras su madre a lloriquear. Harry refunfuñó.
-Pero tranquilos, éste posiblemente es el lugar más seguro que existe, así que...no tenéis que preocuparos._ dijo Harry y se levantó para irse a su cuarto.
-Un momento_ lo detuvo su tía._ Solo le has dado dos sorbos a la leche...¿Es qué no vas a comer nada más?
-No tengo hambre_ dijo Harry de mala gana.
-Vas a ponerte enfermo_ contestó tía Petunia de mal genio.
-Ya no me importa_ Harry subió corriendo las escaleras y se echó en su cama. Ya no podía escapar del mundo mágico ni siquiera en Privet Drive, ahora es cuando comenzaba la guerra de verdad, cuando Voldemort comenzaba a mostrar su verdadero rostro. Ningún muggle si quiera estaba a salvo y él creía saber quién era el hombre al que habían secuestrado. Y sabía de sobras que, estuviesen donde estuviesen los Mortífagos, Igor Karkarov corría un grave peligro.
CAPÍTULO 2: LECHUZAS MENSAJERAS.


El último día de Julio había amanecido muy caluroso, exactamente igual al resto del mes. En el colegio Hogwarts, los pájaros revoloteaban animadamente, el viento silbaba sin mucha intensidad y todo signo de naturaleza proseguía su ciclo, ignorando por completo la guerra que se vivía en esos tiempos.
En una de las torres del colegio, la luz del sol iluminaba más claramente el despacho del director de Hogwarts, mientras una mujer, alta y de enorme melena negra, contemplaba el estadio de quidditch. Tenía unos ojos azules intensos, que brillaban inusualmente y a pesar del sofocante calor, vestía una túnica y una capa, ambas negras. Miraba con melancolía el estadio sin saber, que unas semanas atrás, un muchacho de quince años lo había contemplado en su misma posición.
-...te estoy pidiendo que lo pienses, no que me contestes ahora mismo._ decía un anciano de pelo y barba plateados y gafas de media luna; era Dumbledore, el director del colegio.
-No puedo_ negaba la mujer de mirada fría, con palabras igual de congelantes._ Si estoy tanto tiempo junto a él acabará por enterarse...
-Es por él por lo que te pido que aceptes. Necesito que los prepares a todos, pero a él en especial._ el director trataba de hacer entrar en razón a la mujer.
-No puedo enseñarle del modo en qué me pides. Sufrirá muchísimo y yo no podría soportarlo. Ya le hice bastante daño.
-No fue culpa tuya_ interrumpió el director._ Las circunstancias surgieron así, ocurrió lo que tenía que ocurrir y...
-Nada de lo que ocurrió aquella noche, debió ocurrir, Dumbledore_ cortó la mujer bruscamente.
-Bien_ cedió el director sentándose detrás de su escritorio._ Si ésa es tu postura la aceptaré, pero no la comparto. Te sientes culpable, de acuerdo, entonces pasa el resto de la vida compadeciéndote de lo que ocurrió y observa desde lejos como perdemos esta guerra._ la mujer se giró rápidamente y escudriñó los ojos ancianos del director.
-¡No vamos a perder! Hallaremos la manera...juro que...aunque sea lo último que haga...
-No es el mismo que tú conociste. Ahora posee mucho más poder._ dijo Dumbledore que a diferencia de la mujer, estaba muy tranquilo. Ella volvió a darle la espalda y mirar por la ventana.
-¿Estás dispuesto a hacerle padecer ese sufrimiento?_ dijo al fin.
-Lo superará.
-Tienes mucha fe en él, pero has olvidado mis métodos._ volvió a mirar al director a los ojos._ Seré muy dura, le haré revivir momentos que él ni imagina, le haré pasar por todas aquellas horribles experiencias y enfrentarse a cosas insospechables...tendrá que cambiar su modo de pensar, de vivir, de luchar...
Dumbledore se levantó de la silla y se acercó a mirar también por la ventana, suspirando.
-Es el único modo...solo podrá resistir el dolor llevando esa...máscara. No quisiera hacerla pasar por esto pero si quiere vivir, ése es el precio que tendrá que pagar.
-Aún no sé nada de él, no sé como está, como ha vivido, no me has contado nada..._ protestó la mujer fríamente.
-Lo sé, y es necesario. Prefiero...que aprendas a conocerlo, que sea él mismo quién te lo cuente, quién confíe en ti...
-Si dices que es como James, jamás me lo contará._ aseguró la mujer perdiendo la paciencia. No entendía porqué el director trataba de ocultarle detalles.
-Gánate su confianza y lo hará._ dijo Dumbledore simplemente.
-No puedo hacerlo...no merezco su confianza.
-La va a necesitar, te lo aseguro. El Harry que tú verás será muy diferente a todos los chicos que encontrarás en Hogwarts...y deberás ayudarle.
-Está bien_ cedió por fin la mujer._ Lo haré. Pero si fracasamos en nuestro plan...él no volverá a ser el de antes.
La mujer se puso la capucha por encima, observó unos instantes más al ensimismado director y luego desapareció rodeada en una luz blanca intensa.
-Lo sé..._ susurró el anciano cuando se quedó sólo._ Espero que alguna vez me perdonéis...ambos, por haceros pasar lo que pasaréis.

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En el número doce de Grimmauld Place, los sucesos se arremolinaban entre los perplejos miembros de la Orden, que estaban en casa en esas horas. Desde que el señor Weasley había logrado reparar con ayuda de los padres de Hermione, un viejo televisor muggle, los Weasley que pasaban por allí se divertían de lo lindo. No obstante, las noticias que acaban de escuchar los había dejado totalmente descolocados. Nymphadora Tonks y Alastor Moody, se habían apresurado en abandonar el cuartel e ir en busca de Dumbledore para anunciarle la catástrofe. Por su parte, el señor Weasley y Kingsley, que trabajaban en el Ministerio, se habían marchado a ayudar en todo lo que pudieran.
-Es horrible..._ susurraba Hermione en la vieja cocina de la mansión Black._ Han muerto muchos muggles...
-Lo peor es que los muggles se están empezando a dar cuenta de lo que pasa_ dijo Bill pasándose una mano por la cara._ Es lo último que le faltaba al Ministerio para que se originara un revuelo, que los muggles se enteraran de todo.
-No hay porqué exagerar, Bill_ dijo Fred despreocupadamente_ Los muggles son estúpidos y no se dan cuenta de nada.
-¡Fred!_ gritó la señora Weasley golpeando a su hijo con un paño de cocina._ ¿Qué formas son ésas de hablar? Tu padre trata de enseñarles a los magos a respetar a los muggles y tú, que eres su hijo, te dedicas a menospreciarlos y...
-No he querido decir eso, mamá_ se disculpó Fred._ Pero es que es cierto, ellos no quieren darse cuenta de que existe la magia y...
-¡Suficiente!_ dijo la señora Weasley exasperada mientras removía con la varita el interior de un caldero.
-¿Quién será el hombre que han secuestrado?_ preguntó Ron tratando de cambiar de tema._ Seguro qué era un mago pero...
-Mira que a veces eres tonto, Ron_ suspiró Hermione._ Tantas veces que vimos a Karkarov por Hogwarts y todavía no te suena la descripción...
-¿Karkarov?_ preguntó Ron alarmado._ ¿El de Durmstrang?
-El mismo_ confirmó Hermione mirando de reojo a Fred y George que en esos momentos negociaban con Mundungus sin que su madre se diese cuenta._ ¿No recuerdas que Harry nos contó que Voldemort lo había nombrado en el cementerio?_ Ron se estremeció._ Ron, por favor si dejaras...
-Si, si_ interrumpió el chico._ Lo recuerdo...el que había sido Mortífago y no lo era...nos lo dijo Si..._ Ron se calló de repente y miró a su alrededor. Era evidente que los demás se habían dado cuenta de que había nombrado a Sirius, pero trataban de disimular. El rostro de Lupin palideció, pero no hizo ningún comentario.
-Espero que Harry no haya visto las noticias..._ dijo Hermione apenada, tratando de desviar la conversación a un campo menos peligroso.
-No creo que Harry no se haya enterado, Hermione_ dijo George guardándose algo en la túnica que le acaba de dar Mundungus._ El año pasado nos dijo que escuchaba las noticias a escondidas de sus tíos y ahora esos muggles lo deben de estar tratando mejor, después de las advertencias.
-Por cierto, ¿ha escrito hoy?_ preguntó Lupin mirando a los demás.
-No, no ha dicho nada._ respondió Hermione._ Nosotros le escribimos para mandarle sus regalos, hoy es su cumpleaños. Supongo que nos contestará, aunque espero que sea una carta más larga que la que suele enviar.
-¿Os habéis cuidado de no decir nada importante, verdad?_ preguntó la señora Weasley mirando de reojo su caldero._ Ya sabéis que las lechuzas podrían ser interceptadas.
-Hemos sido muy prudentes_ aseguró Hermione._ No hemos puesto nada acerca de lo que está ocurriendo...pero estamos preocupados.
-¿A qué te refieres?
-Sí, yo también lo he notado_ dijo Lupin anticipándose._ Sus cartas, a eso os referís, ¿verdad?_ Hermione y Ron asintieron._ Siempre contesta lo mismo, no nos dice como se siente, como está, si le duele la cicatriz...nada. No sé si empezar a preocuparme de verdad...
-Pero tiene vigilancia, ¿no es cierto?_ preguntó Ron._ La chica esa nueva tan extraña...y Tonks se encargan de vigilarlo...
-Es cierto, Ron. Pero es que por lo que nos han contado, Harry no sale apenas de casa. El año pasado iba a dar una vuelta por los alrededores de Privet Drive, pero ahora ni eso. Lo han visto semiescondido alguna vez entre los árboles de su casa, pero nada más. Ni siquiera lo han visto de cerca y testificar que se encuentra bien.
-¿Habéis informado a Dumbledore?_ preguntó la señora Weasley descuidando por primera vez la comida._ Él tiene que saberlo...
-Alastor le comentó algo cuando se apareció el otro día en la chimenea, pero no ha podido venir. Ha estado muy ocupado últimamente y trata de preparar las defensas_ explicó Lupin._ Si los ataques continúan..._ miró a los chicos y se detuvo. No podía dar excesiva información delante de los muchachos._ Pero dijo que pronto iríamos a buscarle y le traeríamos aquí...
-¿Crees que es prudente que vuelva a este lugar?_ preguntó Mundungus interviniendo por primera vez._ Ya sabes...después de lo qué ocurrió...
-Sé que no es el mejor sitio pero...estoy seguro de que preferirá estar aquí que con sus tíos.

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Un hombre de aspecto pálido se encontraba sentado en un sillón mullido frente a una chimenea, contemplando el crepitar de las llamas mientras disfrutaba de una copa de vino. Estaba satisfecho por los últimos acontecimientos y aunque no se había podido acercar demasiado a su principal objetivo, las cosas estaban saliendo muy bien. Junto a él se encontraba su fiel compañera, Nagini, una larga serpiente que disfrutaba de un merecido descanso, después de haber recorrido los largos corredores del castillo, en busca de las personas que le había ordenado buscar su amo. Se oyeron unos golpecitos en la puerta que rompieron el mágico silencio que se disfrutaba en la estancia.
-Adelante_ susurró el hombre con una voz fría y calculadora.
Tres hombres ingresaron por la puerta. Uno de ellos, el más alto, lucía una larga cabellera rubio plateado y vestía una elegante capa que le llegaba hasta el suelo. El del medio tenía el rostro oculto en una capucha blanca, pero también era bastante alto y el último era pequeño, algo gordo y era el que más temblaba de los tres.
-¿Qué informes me traes, Lucius?_ preguntó Voldemort al hombre de la larga melena.
-Señor_ dijo éste haciendo una pequeña reverencia._ como usted bien sabía, está muy bien vigilado. La Orden del Fénix lo protege...
-Aunque no lo protegiera yo jamás podría tocarlo mientras permanezca en ese lugar..._ la copa de vino que Voldemort sostenía entre sus mano se rompió en mil pedazos. Los tres Mortífagos temblaron._ Pero no importa, llegará un momento en el que ni siquiera Dumbledore será una protección para él. Está bien, que la Orden del Fénix siga rondando su casa..., que sigan vigilando y descuiden las defensas...en otros lugares..._ giró bruscamente el sillón en el que se encontraba para encarar a los tres hombres._ Lucius, retírate y tenme informado de los movimientos de esos guardianes...
-Sí, mi señor_ dijo Malfoy haciendo una gran reverencia.
-Y...Lucius_ el hombre se dio la vuelta._ No olvides que he hecho un esfuerzo considerable al liberaros de Azkaban...averigua quién es el espía..._ Voldemort entornó los ojos._ y tráemelo...vivo._ Malfoy tragó saliva con dificultad, asintió y salió rápidamente de la habitación, dejando a los otros dos hombres a la espera._ ¿Y bien, Nott?_ dijo Voldemort al cabo de unos instantes.
-Señor todo está saliendo según lo previsto_ aseguró el Mortífago arrodillado en el suelo._ Los gigantes, los dementores, las banshes y los hombres lobo ya residen a la espera de sus órdenes..._ respiró hondo para dar ahora la mala noticia._ pero todavía no ha habido un claro acuerdo con los duendes...no olvidan la matanza de hace quince años, señor. Parece ser que la Orden también está en contacto con ellos..._ el rostro de Voldemort se crispó de rabia, pero dejó acabar al Mortífago._ Y en cuanto al número de seguidores, sigue en aumento, señor. Se han preparado los campamentos en todos los países de mayor número de seguidores para preparar a los novatos...
-Bien_ interrumpió Voldemort con la mano._ Retírate Nott y sigue en alerta...espero que el asunto de los duendes se aclare pronto de lo contrario..._ Voldemort no terminó la frase pero bastó con la mirada amenazante que le lanzó al hombre. Nott se levantó, hizo otra reverencia y se marchó por donde había salido Malfoy. Hubo una pausa hasta que Pettrigrew se decidió a hablar.
-Señor...he...he hablado con los responsables del ataque tal y como me pidió._ Voldemort le miró esperando la respuesta._ Ha sido todo un éxito, han muerto muchos muggles y hemos causado estragos al Ministerio... el traidor ha sido capturado.
-¿Dónde está?
-En las mazmorras, señor. Se le ha aplicado el castigo pertinente.
-Aún no ha recibido el castigo que se merece..._ susurró Voldemort, y Pettrigrew se estremeció._ Nadie se burla de Lord Voldemort... tráemelo...


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A pesar de que había cumplido dieciséis años, Harry no se sentía para nada contento. En medio de su habitación tenía a unas cuantas lechuzas esperando a que se les retirarán sus correspondencias, pero el muchacho no se veía con fuerzas. Al cabo de un rato, pensando en que no podía seguir ignorando el ulular indignado de las aves, se dispuso a abrir todas lar cartas, muy desganado.
Tomó la primera lechuza, la reconoció al instante porque parecía una pequeña snitch revuelta en plumas. Era Pig, la lechuza de su amigo Ron. Dejó aun lado el paquete que llevaba y se dispuso a leer la carta:

“Querido Harry:
¿Cómo estás? Hace mucho que no nos escribes más de cuatro palabras, estamos todos preocupados. Espero que estés pasando un verano más asequible que el anterior, debido a las advertencias que mi padre y Moody hicieron a tus tíos. Cuando nos veamos ya te contaremos las novedades que se ciernen aquí, recuerda que las lechuzas podrían ser interceptadas. Cuídate Harry, nos veremos pronto.
Ron”

Harry arrugó la carta de Ron con mucha furia y la arrojó a la papelera. Por las escuetas palabras de su amigo, pudo deducir que todos se encontraban en el número doce de Grimmauld Place y eso lo hizo enfurecer. Estaba decidido a no regresar al mundo mágico pero no podía evitar sentir celos de sus amigos, porque estaban juntos, superando más fácilmente las adversidades. Él se encontraba allí, sólo, reviviendo la muerte de Sirius una y otra vez, siendo consciente de que no tenía a nadie más y que jamás tendría el cariño que un padre o un hermano le proporcionarían.
Tratando de contener la enorme rabia que sentía, apartó el regalo de Ron sin abrirlo, en la mesita de noche y cogió otra lechuza conocida para él: Errol. Desenvolvió el paquete que ésta llevaba y se encontró una caja llena de las deliciosas pastas caseras que la señora Weasley solía cocinar. Sintiendo terribles ahorcadas en el estómago, puesto que no le apetecía nada comer, las introdujo bajo la tabla suelta de debajo de su cama, donde también guardaba los dulces que Ron y Hermione le habían enviado en otra ocasión, y que utilizaba para alimentar a Hedwig.
La tercera lechuza no la reconoció. Era de un color negro vivaz con una extraña forma blanca en el pecho. Era tan pequeña como Pig, pero se veía más tranquila. Extrañado, desató la carta y se quedó asombrado al reconocer la caligrafía de Hermione.

“Hola Harry:
¿Qué tal va todo? ¿Has recibido ya los resultados de los TIMO? Ron y yo todavía esperamos impacientes. Espero que trates de seguir adelante, porque tu eres fuerte Harry, y te vamos a ayudar en lo que podamos. Imagino que estos días habrán sido muy duros, pero verás como pronto podemos volver a estar juntos. Ginny está aquí conmigo y te envía recuerdos.

Besos de
Hermione.

PD: ¿Te gusta la nueva lechuza de Ginny? Se llama Argo y se la han regalado sus padres porque la han nombrado prefecta. “

Harry se imaginó lo contenta que debía de estar la señora Weasley en aquellos momentos y sonrió interiormente. Si alguien se merecía ésa felicidad era la familia Weasley. Miró por encima de nuevo, la carta de Hermione y se dio cuenta de que no había pensado en sus TIMO desde que llegó a Privet Drive. Sinceramente, le era indiferente si había logrado las calificaciones suficientes para llegar a ser auror puesto que estaba decidido a no volver al mundo mágico nunca más. Se quedaría en Privet Drive con sus tíos, hasta que fuera mayor de edad y después se marcharía para vivir en el mundo muggle. Se imaginó la cara de Ron y Hermione cuando se enteraran de que no iban a verle pronto, como ellos decían en sus cartas y se entristeció aún más. Pero si quería alejar a Voldemort de sus amigos y evitar más muertes, era necesario.
La cuarta lechuza resultó ser de Hagrid que le enviaba unos dulces que él mismo había hecho. Igual que con las pastas de la señora Weasley, Harry los metió en la tabla suelta de debajo de su cama. La carta ni siquiera la terminó de leer porque Hagrid, mostrando una vez más su poca sutileza había vuelto a nombrar a Sirius imprudentemente.
La quinta lechuza era de Lupin. Harry leyó la carta mucho más emocionado que con ninguna otra. Lupin era el último de los amigos de su padre con el que Harry tenía contacto y era de las pocas personas que podían entender su dolor a la perfección. Sin poder evitarlo, su mente se trasladó momentáneamente al departamento de misterios...

“-¡Sirius! ¡Sirius!_ Había llegado al fondo del foso respirando entrecortadamente. Sirius debía de estar tras el velo; Harry iría y lo ayudaría a levantarse...
Pero cuando llegó al suelo y corrió hacia la tarima, Lupin lo rodeó con los brazos y lo retuvo.
-No puedes hacer nada, Harry...
-¡Vamos a buscarlo, tenemos que ayudarlo, sólo ha caído al otro lado del arco!
-Es demasiado tarde, Harry.
-No, todavía podemos alcanzarlo..._ Harry luchó con todas sus fuerzas pero Lupin no lo soltaba.
-No puedes hacer nada, Harry, nada. Se ha ido.

Harry abrió los ojos de golpe, respirando tan agitadamente como si hubiera corrido hacia el arco. Sí, sin duda Lupin lo entendería mejor que nadie, él había sufrido tanto como Harry la muerte de Sirius. El muchacho, apretó la carta del profesor con fuerza y también la arrojó a la papelera. Lentamente, se llevó una mano a los ojos y se enjugó una lagrima que trataba de salir a flote.
Mostrando una valentía que lo caracterizaba, alejó los oscuros pensamientos de su mente y abrió el paquete que llevaba la lechuza de Lupin. Lo deslió y se encontró con que era un cofre de madera. Parecía desgastado y viejo, pero la calidad de la madera era muy buena. En ella, estaba dibujada una gran “M” y las marcas de las palmas de cuatro personas que llevaban sus firmas. Harry leyó los nombres de: Canuto, Lunático, Cornamenta y Colagusano. A su lado, había una nota escrita por Lupin.
“Este cofre guarda todos los recuerdos de los Merodeadores. Tanto James como Sirius siempre quisieron que te lo quedaras. Sirius lo conservó cuando tus padres murieron y me lo entregó a mí para que te lo remitiera si le pasaba algo a él, como tutor tuyo. Espero que lo consideres un regalo de cumpleaños de tu padre, tu padrino y mío, y que lo guardes con mucho cariño”
-Es demasiado..._ susurró Harry pasando una mano por donde estaba la marca de la palma de su padre. Se dio cuanta de que las huellas coincidían._ No lo merezco...
Lentamente y con sumo cuidado abrió la tapa del cofre. Lo primero que encontró fue un montón de fotografías. Algunas eran antiguas y muy viejas, pero otras parecían más recientes. En una se veía a Harry, siendo tan solo un bebé, en los brazos de Sirius y de Lupin, que sonreían abiertamente. Siguió buscando entre las cosas y encontró entre ellas recortes de periódicos de equipos de quidditch, algunos pergaminos que parecían ser los antecesores del mapa del merodeador, una pequeña snitch dorada, que Harry recordaba haber visto en las mano de James cuando éste la había robado; también aparecían títulos de magia, como el de aparición de los cuatro amigos, o el de graduación en Hogwarts. Se encontró con dos títulos muy especiales, eran de aurores y pertenecían a Lily y a James. Harry se quedó perplejo, no sabía que sus padres habían sido aurores, a decir verdad, nunca lo había preguntado. También encontró los anillos de compromiso de su padres, un pañuelo bordado en oro blanco, un navaja de gran calidad y una serie de posesiones de los cuatro amigos. Harry rebuscó entre todas las cosas y cuando las estaba colocando de nuevo en el baúl, se le cayó una pulsera de entre los papeles. Estaba hecha con hilo grueso y en un color azul intenso ponía el nombre de “Sirius”. Harry agarró los dos cordones de los bordes, y se la puso en su muñeca derecha. Si Sirius la había guardado allí era porque tendría un valor muy especial para él, así que una parte de él, siempre estaría con Harry.
Cerró el cofre como si se tratase de la mayor reliquia del mundo y lo colocó en uno de los cajones de su mesita de noche. Ya lo revisaría con más detenimiento, pero ahora tenía que coger el sobre que le ofrecía la última lechuza de su habitación. En cuanto liberó al ave de su carga, ésta salió volando inmediatamente, como habían hecho las demás, salvo Pig, que estaba en la jaula descansando con Hedwig.
Miró el sobre con detenimiento y se dio cuenta de que llevaba el emblema de Hogwarts y que era una carta algo más gruesa de lo habitual. La desgarró, y del sobre cayeron tres pergaminos. El primero era la habitual lista de libros para sexto curso y el anuncio de que el nuevo curso iniciaría el uno de Septiembre, siendo la salida del Expreso a las once de la mañana, en la estación de King Cross. El segundo pergamino era una autorización. Aquel año comenzarían las clases de aparición y se necesitaba el permiso de los padres o del tutor. El corazón de Harry dio un vuelco al recordar la autorización de Hogsmade que Sirius le había firmado como padrino suyo. Para desviar esa opresión en el pecho, que sentía, tomó el otro sobre, que resultaron ser las calificaciones de los TIMOS. Sin darle mucha importancia, puesto que a partir de ahora todo le iba a ser irrelevante, Harry comenzó a leer:

“Estimado señor Potter,
Nos complace anunciarle los resultados de su Título Indispensable de Magia Ordinaria:
Cuidado de Criaturas Mágicas: Extraordinario.
Consigue TIMO.

Encantamientos: Supera las Expectativas.
Consigue TIMO.

Astronomía: Aceptable
Consigue TIMO:

Transformaciones: Supera las Expectativas.
Consigue TIMO

Herbología: Extraordinario
Consigue TIMO.

Pociones: Supera las Expectativas.
Consigue TIMO.

Historia de la Magia: Insatisfactorio.
No consigue TIMO.

Defensa Contra Las Artes Oscuras: Extraordinario.
Consigue TIMO.

Adivinación: Insatisfactorio.
No consigue TIMO.

Le felicitamos por sus calificaciones, siendo un total de siete TIMOS, y lamentamos comunicarle que si desea cursar la carrera de auror tendrá que tener unas calificaciones más altas en la asignatura de Pociones, dejando así la decisión de admisión o no en sus clases, al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Le saluda atentamente:

Griselda Marchbanks,
Departamento de Examinación Mágica.”

Harry sonrió amargamente al mirar sus resultados. No había conseguido Extraordinario en Pociones, con lo que no podría continuar su carrera para ser auror. Ya se lo había imaginado, ¿cómo iba a sacar un Extraordinario en el TIMO de Pociones? A causa del profesor Snape( cuyo odio hacia él se le había incrementado durante el verano), jamás había logrado que se le dieran bien las pociones, y aunque estudió mucho y sin la presencia del profesor le resultó todo mucho más fácil, jamás iba a lograr sacar la máxima nota. De todos modos ya no le importaba, de hecho ya no le importaba absolutamente nada...tanto era así, y tan decidido estaba a no regresar, que no había hecho sus deberes, ni los pensaba hacer. La decisión se la dejaban al colegio Hogwarts, ¿qué significaba aquello? Que todavía había alguna esperanza...; pero Harry no la esperaba, únicamente, recostándose en su cama y mirando al techo, fue capaz de pensar en cómo debía estar Hermione en aquellos momentos, comprobando igual que él sus TIMOS, y si Ron habría podido sacar Extraordinario en Pociones y cursar como auror y en que la única carta que le interesaba de verdad, no había llegado y jamás volvería a llegar. Tomando un trozo de pergamino viejo, garabateó el mismo mensaje que siempre, para tranquilizar a la Orden, lo ató a Pig y luego que la lechuza salió volando de su habitación, cerró la ventana, bajo los ululatos reproches de Hedwig, que le recriminaba el no haberla utilizado a ella para llevar la carta.
-No te preocupes Hedwig_ dijo Harry tratando de acariciarle las plumas, sin que ella se dejara mucho._ Tendrás muchas ocasiones de llevar ese mensaje...el mismo mensaje...
Y con un extraño tintineo en su cicatriz y un sentimiento de profunda alegría que no provenía de él mismo, se tumbó de nuevo en la cama y se quedó dormido bajo los ardientes rayos de sol del mediodía, que se filtraban a través de las polvorientas ventanas del segundo piso, del número cuatro de Privet Drive.

CAPITULO 3: NO VOY A VOLVER.


En una habitación en penumbra, iluminada únicamente por el calor de las llamas de una chimenea, se encontraban dos hombres hablando. Uno estaba sentado en un mullido sillón y dibujaba en el aire con sus largos dedos, formas imposibles; mientras escuchaba interesado al otro hombre.
-Han pasado ya unos días desde el último ataque señor, y la Orden no parece haber mejorado sus defensas. Siguen rondando al chico.
-Estad atentos_ dijo Voldemort sin dejar de juguetear con sus dedos._ En algún momento saldrá de la casa y la vigilancia menguará. No puede estar encerrado todo el día. Le conozco muy bien y no se ocultaría como un cobarde mientras el resto del mundo está en peligro._ bajó ambas manos con las que estaba jugueteando y dirigió su atención por primera vez al otro hombre._ ¿Quiéns tenemos acechando?
-Cuatro de los nuevos liderados por Bellatrix.
-¿Bellatrix?_ preguntó Voldemort rondándole a la cabeza._ No sé si es la más indicada para estar allí.
-Se ofreció ella misma, señor._ Voldemort sonrió.
-Supongo que espera divertirse un poco más de nuestro joven amigo..._ se detuvo unos instantes y luego cambió de tema._ ¿Qué me dices de lo qué te ordené?_ Malfoy tragó saliva y procuró no mirar los rojos ojos de su señor.
-Señor...discúlpeme, pero no he podido averiguar nada todavía. Sea quién sea el que está pasando información, es muy inteligente y no deja rastro...
-¿Insinúas que es más inteligente qué yo?_ rugió Voldemort taladrando a Malfoy con la mirada.
-No señor,_ se apresuró a corregir el hombre._ Por supuesto que no, nadie es más inteligente que usted, solo me limitaba a apuntar...
-¡Basta!_ le espetó Voldemort de mala gana._ Ya he oído suficiente, limítate a cumplir con tu obligación, Lucius.
-Señor...¿usted no tiene ni una ligera idea de quién puede ser?_ Voldemort se mordió el labio inferior.
-¿Cómo quieres que lo sepa, estúpido? En mis filas, militan cientos de Mortífagos actualmente, y cualquiera de ellos...
-Estoy seguro de que es alguien más cercano, señor_ aseguró Malfoy._ Alguien del grupo interno. Nos guardamos de dar información a los principiantes...
-Sí, yo también pienso que tiene que ser alguien muy bien situado. Pero cuando lo atrape va a lamentar mucho lo que está haciendo...
-Señor me daré prisa.
-Hazlo, Lucius, no quisiera tener que prescindir de ti_ Malfoy asintió y salió de la sala, dejando a su señor sumido en sus pensamientos. Los ataques estaban siendo planificados a la perfección, pero salvo el último, en el que se logró capturar al traidor, los tres anteriores habían sido frustrados por la anticipación de la Orden de Fénix y el Ministerio de Magia. Voldemort maldijo su suerte, si no hubiera sido por la incompetencia de sus Mortífagos, él no habría tenido la necesidad de aparecerse en el Ministerio de Magia, y ahora sabría el contenido de esa maldita profecía...
-Harry Potter, te hubiera destruido hace mucho si supiera el final de la Profecía_ murmuró Voldemort en voz alta._ Si tan solo pudiera hallar la manera de averiguarla en boca de Dumbledore..._ cerró los puños con rabia._ Pero me vas a servir mucho este curso, Harry Potter, voy a saber como utilizarte para destruir primero a ese viejo estúpido...después de todo, sí que sirvió algo mi visita al ministerio, y Black sin darse cuenta ha sido el mejor de mis aliados para destruirte_ soltó una sonora carcajada que pudo oírse en todos los alrededores de la vieja mansión, donde habitaba.

********************


¡POTTER!
La voz de tío Vernon lo hizo despertar abruptamente. Se pasó una mano por la frente y se secó el sudor frío que la invadía. El corazón todavía le latía a mil por hora y respiraba entrecortadamente. Acaba de presenciar de nuevo la muerte de su padrino, y luego se había hallado en un cementerio. Pasase por donde pasase, solo había víctimas que él reconocía, desde sus padres a Ron y Hermione, pasando por Cedric, Sirius y Lupin. Afortunadamente el grito de su tío Vernon para que bajase a comer, había servido de algo por primera vez.
Todavía tembloroso, se levantó de la cama que estaba empapada de sudor y bajó las escaleras hasta la cocina.
Nada más pisarla, se dio cuenta de que su tío se encontraba de muy mal humor. Dudley estaba en el último rincón de la mesa, enfrascado en su Game Boy Advance y tía Petunia servía la comida.
-...a punto de salir de vacaciones y no he podido cerrar este último negocio_ refunfuñaba tío Vernon mientras se aflojaba el nudo de la corbata y se secaba el sudor de la frente. Harry, pensando que era mejor ni saludar, se sentó en silencio y comenzó a comer la sopa de fideos que tenía delante.
-No te preocupes querido,_ le dijo Petunia pasándole una mano por la espalda._ No ha sido un mal año de negocios.
-Sí, pero ese contrato era sumamente importante porque..._ Harry solo escuchaba a medias. Se sentía asqueado rodeado de aquellas personas. Era extraño, había vivido durante once años de su vida en aquella casa pensando que siempre sería así, y a pesar de que había estado mucho más tiempo que en el mundo mágico, su presencia parecía estar en otro lado. Nunca se había sentido unido a una familia, quizás lo más cercano a una, habían sido las visitas a la Madriguera, donde la señora Weasley lo había tratado igual que si fuera cualquier otro de sus hijos. Por supuesto sin mencionar, la vez que habló con Sirius sobre irse a vivir con él, si lo declaraban inocente. Acción que nunca llegaría ya que Colagusano había escapado aquella misma noche... Por otro lado, pensó que aunque Sirius hubiera sido declarado inocente, Dumbledore jamás le habría permitido abandonar la casa de los Dursley, porque era el único lugar donde estaba a salvo, gracias a que la sangre de su madre residía en su tía.
La sensación de angustia ante la comida había vuelto aparecer al recordar a su padrino. Desganado, dejó la cuchara sobre el plato y estaba tan despistado que hizo un movimiento demasiado brusco y el plato cayó al suelo.
Harry dio un respingo como si acabase de despertar de un sueño. Tía Petunia gruñó, puesto que era una maniática de la limpieza y se había manchado su inmaculada cocina, pero la reacción de tío Vernon fue mucho peor. Se levantó bruscamente y empezó a ponerse colorado.
-¡No es bastante con que tenga ya un mal día que además tengo que aguantar tus torpezas, chico! ¡Porqué no llamas a los raros de tus amigos y te largas de una vez! ¡Es más, fuera ahora mismo, vete a dar una vuelta y no vuelvas hasta esta noche! ¡No tengo moral para aguantarte!_ Harry se levantó furioso y encaró en miradas a su tío.
-No tengo porqué irme_ replicó._ No he acabado de comer y...
-¡Pues hoy no comerás más hasta que llegue la noche! ¡Vamos, fuera!
Harry se dio la vuelta bruscamente y la silla cayó al suelo dando un estrepitoso golpe. Rápidamente, Petunia miró por las ventanas por si algún vecino había escuchado el ruido en su casa. Harry, tan enfadado como lo había estado el año anterior, abrió la puerta de la calle y se marchó dando un portazo. No soportaba esa casa, no soportaba a esas personas, y no soportaba ser quién era. ¡Qué poco sabían de su vida aquella gente que lo alababa por ser quién era! ¡Qué poco conocían la vida tan triste y mezquina que sufría el muchacho!
-Si no existiera la magia, yo jamás habría sido famoso_ murmuró mientras caminaba sin rumbo fijo calle arriba. Surrey era un lugar bastante grande, con calles muy largas y tenía todo el tiempo del mundo hasta que anocheciera para recorrerlo. Poco a poco, se fue alejando, caminando con las manos en los bolsillos y muy despacio, golpeando con el pie todo lo que salía a su paso.
Cuando pasó por el parque donde el año anterior había visto a Dudley con sus amigos despidiéndose y donde los atacaron los dementores, se sentó de nuevo en el único columpio que su primo y su pandilla no había destrozado aún.
Las calles estaban desiertas, el sofocante calor no invitaba a salir de las casas y sin embargo él, se encontraba como un vagabundo sin casa, sentado en un sucio columpio, tratando de imaginar como habría sido su vida si sus padres continuaran con vida.
_ pensó amargamente.
Harry permaneció sentado mucho rato, las horas iban pasando inadvertidas para el muchacho, que tenía tantos pensamientos en la cabeza, que no se percató de que el sol comenzaba a ponerse. Miró el reloj de pulsera que tenía en la muñeca y comprobó que eran las ocho de la tarde. Pronto empezaría a oscurecer, así que, seguramente su tío lo dejaría entrar en casa. Se levantó del asiento y se desperezó ruidosamente. El parque seguía desierto. No había avanzado ni tres pasos, cuando escuchó un ruido de pisadas, seguidos de algo ondeando al viento. Harry se frenó en seco. Lo había olvidado por completo, se había alejado considerablemente de Privet Drive, donde estaba su protección y ahora era un blanco fácil. Lentamente, se dio la vuelta y observó el solitario parque, al tiempo que sacaba su varita del bolsillo trasero de sus pantalones. Era lo único que había sacado del baúl. Pasaron unos instantes y nada ocurrió, así que, pensando que se lo había imaginado todo, y que parecía algo paranoico, avanzó tres pasos más hasta detenerse al oír unas risas.
Volvió a darse la vuelta, esta vez más bruscamente y vio a unos individuos salir de detrás de unos arbustos. Iban totalmente vestidos de negro, con unas máscaras blancas cubriéndoles la cara: Mortífagos. Harry se quedó helado, sin poder dar crédito a lo que estaba viendo. Eran cinco y él solamente era uno, había cometido otra estupidez al salir de Privet Drive.
El más alto de los individuos, dio un paso al frente, acercándose más que el resto a Harry.
-¿Qué tenemos aquí?_ se burló un terrible voz infantil._ Pero si es el pequeño bebé Potter. ¿Qué haces aquí y tan...solito?
A Harry le hirvió la sangre. Reconocería esa voz hasta en el infierno, a pesar de que la mujer que había hablado iba enmascarada. Era Bellatrix Lestrange, la Mortífaga que había sido encarcelada en Azkaban por haber torturado hasta la locura a los padres Neville, y la misma mujer que había acabado con la vida de su padrino. A Harry se le contrajeron las tripas, había soñado con esa escena durante todo el verano y había vivido repudiando a ese ser, que tenía enfrente suyo. Un odio parecido al veneno le recorrió todas las partes de su cuerpo, deseaba correr hacia la mujer, arañarla, herirla, hacerle pagar cada una de las pesadillas que lo habían atormentado.
-¡Tú!_ dijo furioso apuntando con la varita hacia Bellatrix.
-Sí, Potter_ rió la Mortífaga. Le producía un enorme placer ver a Harry tan enfadado._Como ves, has vuelto a caer en la trampa del Señor Oscuro. Él ha esperado paciente y sabía que acabarías saliendo de tu escondite...Dime, ¿cómo has andado? ¿Cómo llevas la pérdida de mi querido primo?_ Harry apretó los dientes y empuñó mejor la varita, mientras Bellatrix se desternillaba junto con los otros Mortífagos.
-Me las pagarás_ aseguró Harry, sus ojos resplandecían de odio, pero la mujer seguía riendo._ ¡Desmaious!_ gritó al fin sin poder contenerse.
Pero no ocurrió nada. Bellatrix y los demás Mortífagos habían dejado de reírse y observaban a Harry con una nota de asombro. Harry por su parte, estaba totalmente asombrado con lo que acababa de suceder. ¿Por qué no había funcionado el hechizo? Acercó su varita a la cara y comprobó que no tuviera ninguna grieta, pero la varita parecía encontrarse en perfecto estado.
-¿Es qué has olvidado como hacer magia, Potter?_ rió Bellatrix.
-¡Desmaious! ¡Impedimenta! ¡Expelliarmus!_ Harry agitó su varita de forma incontrolada. Unas chispas salían de ella cada vez que formulaba un hechizo, pero no sucedía nada más._ ¿Qué ocurre?_ dijo desesperado.
-Me parece que tienes demasiadas cosas en la cabeza, Potter. Déjame ayudarte a despejarte. ¡CRUCIO!
El rayo rojo impactó en Harry que cayó al suelo y comenzó a retorcerse de dolor. Sentía como si mil cuchillos candentes le horadaran cada partícula de su piel y los huesos le ardieran. Los Mortífagos rieron todavía más, y Harry observó el contorno borroso de Bellatrix acercándose a él y propinándole un puntapié en el costado. Harry se cogió la parte dolorida y dio un grito. Estaba tirado en el suelo sin ninguna opción de levantarse. Su varita había caído de sus manos y se encontraba a un metro suyo, pero aunque la alcanzara, Harry no estaba seguro de que pudiera hacerla funcionar.
-El juego se ha acabado, Potter_ dijo Bellatrix, adoptando su voz melosa de nuevo._ Mi señor me recompensará por tu muerte. Despídete de tus últimos segundos de vida. Bellatrix levantó la varita y apuntó a Harry. El muchacho cerró los ojos, sabiendo lo que le esperaba, pero cuando ya escuchaba el comienzo de la maldición asesina de los labios de la mujer, se escucharon tres rayos aturdidos que impactaron en ella y en algún otro Mortífago que Harry no alcanzó a ver. El muchacho, confundido, abrió los ojos y se topó con que Tonks, Lupin y una mujer que no conocía, se enfrentaban a tres de los Mortífagos que quedaban en pie.
Bellatrix estaba tendida al lado de Harry y comenzaba a removerse, se levantó y en el momento en que iba a apuntar a Lupin, Harry gritó.
-¡Cuídado!
Lupin esquivó el rayo rojo por muy pocos centímetros y apuntó a Bellatrix, que a su vez, también esquivó la maldición. Harry se dio la vuelta y apoyó las manos sobre el suelo, tratando de incorporarse. Lo logró al cabo de unos segundos y se tambaleó hasta su varita. La cogió del suelo y apuntó a uno de los enmascarados, pero el resultado fue el mismo de antes. Lupin, que estaba muy cerca de Harry, se quedó mirando extrañado este hecho, pero en seguida se volvió para continuar con la lucha. Sintiéndose algo mareado, quizás de los dolores de la maldición cruciatus o quizás del hecho que no había comido nada desde el desayuno, Harry cayó al suelo de rodillas y apoyó ambas manos obre el suelo. Cerró los ojos para tranquilizarse y hallar una explicación coherente a lo que acababa de ocurrir, pero no la encontró. Permaneció así durante un rato más, escuchando el sonido de las maldiciones que se dirigían de un lado a otro.
Levantó la cabeza a tiempo para ver como Bellatrix, rodeada de la mujer que Harry no conocía y de Tonks, huía, dejando a los cuatro Mortífagos restantes desmayados en el suelo.
Al comprobar que no había peligro, Lupin y Tonks corrieron hacia Harry para ver como se encontraba.
La otra mujer seguía en pie inspeccionando con la mirada cualquier signo visible de peligro.
-¡Harry!_ dijeron Tonks y Lupin ayudándolo a levantarse._ ¿Te encuentras bien?_ El muchacho miró unos segundos los rostros preocupados de los miembros de la Orden y asintió. Pero luego volvió a fijar su atención a la extraña mujer de pelo negro y largo.
Se escuchó un CRACK y Moody y Kingsley se aparecieron al lado de ellos.
-¿Estáis todos bien? ¿Ha habido muertos?_ dijo Moody con gravedad. Harry vio que no había cambiado nada en absoluto.
-Estamos todos bien_ aseguró Tonks tranquilizando a Moody._ No te preocupes Ojoloco, Harry está perfectamente.
-Sabía que algo iba a salir mal_ gruñó Moody mirando los cuerpos inertes de los Mortífagos que Kingsley se estaba encargando de atar. Luego se giró hacia Harry._ ¿Por qué diablos saliste de tu casa a éstas horas, Potter? Creía que habrías aprendido la lección después de lo que ocurrió el año anterior con los dementores. Aquella bienvenida tan hueca no agradó nada a Harry.
-Mi tío me echó de casa_ dijo y Moody arqueó las cejas y chasqueó la lengua._ Los negocios no le habían salido bien hoy y me gritó que me largara hasta que anocheciera porque no deseaba aguantarme.
-Bien, creo que es hora de que vayamos a hacerle otra visita amistosa a ese muggle, ¿no te parece Remus?_ gruñó Moody. Lupin palideció.
-Sí, creo que será lo mejor. Aunque Dumbledore nos ha pedido que saquemos a Harry de la casa esta misma noche._ Harry no respondió. Por supuesto no pensaba para nada regresar al mundo mágico, pero no vio oportuno comentar nada con tanta gente allí delante, después de lo que acaba de ocurrir.
-Creo que el peligro ya ha pasado_ anunció una voz fría, gélida. Era la mujer de cabellos largos y negros que Harry no conocía.
-Bien, _ dijo Moody observando de una lado a otro inquieto._ En ese caso...Kingsley y yo iremos a llevar al Ministerio a los cuatro Mortífagos éstos_ señaló a los cuerpos de los enmascarados._ A Fudge le encantará juzgadlos y desviar su frustración hacia ellos. Vosotros tres encargaos que Potter llegue a salvo._ los tres aludidos asintieron y esperaron a que Moody y Kingsley desaparecieran en un traslador con los cuatro Mortífagos, para volver a hablar.
Harry sintió como alguien le ponía la mano en el hombro y dio un respingo. Sirius solía hacer eso. Giró la cara, deseando con todas sus fuerzas encontrar la sonrisa de su padrino, cuando se topó con los ojos de Lupin mirándole preocupado.
-¿Ocurre algo, Harry?_ le preguntó el hombre y retiró la mano del hombro del muchacho._ Siento si te he sobresaltado.
-Estoy bien, _ mintió Harry.
-¡Entonces me alegró de verte!_ dijo Tonks muy efusiva y le dio un fuerte abrazo. Harry se quedó en la misma posición que estaba sin mover un músculo. Se dio cuenta de que los ojos de un azul profundo de la mujer desconocida lo estaban observando. Cuando ella vio que el chico se había dado cuenta, los apartó y continuó inspeccionando el parque. Pero ella no era la única que miraba a Harry de forma extraña, el chico se dio cuenta de que a pesar de que disimulaban, Tonks y Lupin también parecían asombrados con el aspecto que mostraba.
-¿Seguro qué estás bien?_ repitió Lupin. A Harry comenzaba a cansarle su mirada inquisitiva.
-Llegasteis a tiempo de que Bellatrix me hiciera algo serio_ respondió cortante.
-No me refería a eso._ contestó Lupin, pero al menos apartó la mirada de los ojos de Harry. Él sabía muy bien a lo que se refería el profesor. Por una parte le preguntaba por Sirius, y por la otra por lo que acababa de ver con su varita.
-Harry..._ dijo Tonks con prudencia._ ¿No crees que estás muy delgado?_ Los ojos de la mujer volvieron a fijarse en él, tras la pregunta de la aurora. Harry también la miró.
-Es la ropa de Dudley lo que me hace parecer más delgado_ mintió Harry intentado que su voz sonara despreocupada. Lupin abrió la boca para añadir algo más, pero debió pensarlo mejor porque se calló. Tonks se encogió de hombros e hizo una negativa con la cabeza, pero tampoco insistió, y Harry se lo agradeció muchísimo porque no estaba con ánimos para seguir discutiendo.
-Remus, Tonks, id vosotros a preparar las cosas de Potter. Yo echaré un vistazo por los alrededores y cuando compruebe que todo está en orden, me apareceré en la habitación para que partamos._los otros dos asintieron y comenzaron a caminar muy pegados a Harry con rumbo a Privet Drive. Harry giró la cabeza para seguir observando a la mujer, y vio como ella miraba de un extremo a otro y tras comprobar que no había nadie, desaparecía en un brillo de luz blanca.
-¿Quién es ella?_ preguntó Harry a Lupin mientras caminaban hacia la casa de sus tíos.
-Se llama Christine Byrne_ respondió Lupin mirando de un lado a otro._ Es una nueva incorporación en la Orden._ esto último lo dijo casi en un susurro.
Harry no lo comentó, pero sentía hacia esa mujer una sensación extraña. Estaba seguro de que nunca antes la había visto, y tal vez, pensó, era su forma de ser y su mirada tan fría y penetrante lo que hacía que Harry la encontrara...inquietante.
El resto del camino lo hicieron andando muy deprisa y en silencio. Harry notó que Tonks parecía mirarlo como si no lo hubiese visto en la vida, y que deseaba comentar algo, pero no se atrevía. Harry trataba de seguirles el ritmo, pero respiraba entrecortadamente. Estaba muy cansado y tenía mucha sed, pero sobretodo le dolía el golpe en el costado que había recibido.
Llegaron al número cuatro y Lupin los hizo detenerse para ser él quién tocara al timbre. Al cabo de unos segundos, se vislumbró una sombra a través de los gruesos cristales de la puerta y a tío Vernon murmurar.
-...ya está aquí el niño éste. Se podía haber quedado a dormir en un banco. Con la pinta que tiene últimamente no me extrañaría nada que lo confundieran por vagabun..._ tío Vernon no terminó la frase. Acababa de abrir la puerta y se había topado con el rostro serio de Lupin. Tardó unos segundos en recuperarse._ ¿Qué...qué hace usted aquí?_ obviamente no había olvidado a Lupin, después de que éste fue uno de los hombres que semanas atrás lo había amenazado en la estación.
-¿Podemos pasar, señor Dursley?_ preguntó Lupin amablemente, retirándose un poco y señalando hacia donde estaban Tonks y Harry. Tío Vernon observó detenidamente el pelo rosa chicle de Tonks y la túnica raída de Lupin y luego se apartó de la puerta dando un gruñido.
-Gracias_ dijo Lupin y entró seguido de Tonks y de Harry. Caminaron hasta el borde de las escaleras y luego el profesor se giró para mirar a Harry, sonriendo ligeramente._ Harry, tenemos que hablar un momento con tus tíos, por favor, sube y empieza a recoger tus cosas, en seguida vamos Tonks y yo._ Harry vio como su tía y Dudley, que habían asomado la cabeza para ver quién entraba en su casa, se encogían de miedo y que su tío estaba más pálido si cabe, que Snape. Sin embargo, aún sabiendo que no se iría de ésa casa, asintió y subió hasta su habitación.
Una vez Lupin escuchó que la puerta de la habitación se cerraba, miró a Vernon y sonrió.
-¿Podemos hablar con ustedes un momento?
-Yo no tengo nada que hablar con ustedes_ rugió tío Vernon descortésmente, sin embargo, Lupin no perdió los nervios.
-Me temo, señor Dursley, que nosotros sí que tenemos algo que decirle.
-Por su bien, entre ahí_ añadió Tonks con una sonrisa apuntando con la varita a la sala donde estaban Petunia y Dudley. Éste, se apresuró a correr por el pasillo hacia su habitación y encerrarse con pasador._ Tiene un hijo muy educado_ dijo Tonks con sarcasmo mientras seguía a Vernon.
Una vez entraron, sin ningún reparo, Tonks y Lupin tomaron asiento. Tío Vernon, pensando que era mejor hacer las cosas por las buenas, los imitó, mientras que su mujer se quedó a su lado, de pie.
-Ha habido un pequeño incidente esta tarde, señor Dursley._ comentó Lupin. Su voz sonaba amable, pero adoptaba una expresión de total seriedad.
-¿Qué incidente?_ soltó tío Vernon, apretaba los puños como si quisiese tener la cabeza de Lupin bajo ellos.
-Su sobrino ha sido atacado_ dijo Tonks de mala gana._ Usted lo echó de casa y su estupidez le ha podido costar la vida._ los Dursley intercambiaron miradas nerviosas.
-No es culpa nuestra que se marchara lejos de aquí._ se defendió tío Vernon._ Yo solo le dije que saliera de la casa. Podía haberse quedado en el jardín._ Lupin se levantó de golpe, pero esta vez miró a tía Petunia.
-Le recuerdo que es el hijo de su hermana_ dijo alzando el tono de voz._ Usted hizo una promesa cuando Dumbledore lo dejó en su portal y de que la cumpla depende la vida de Harry. Si se aleja demasiado de donde está usted, corre un grave peligro._ tía Petunia abría y cerraba la boca sin poder contestar.
-¡Deje a mi mujer tranquila!_ rugió tío Vernon y también se puso de pie._ ¡Le exijo que se largue de mi propiedad, de lo contrario...!
-No nos amenace, Dursley_ dijo Tonks apuntando a tío Vernon con su varita, lo que hizo que éste retrocediera._ Aquí nadie puede ayudarle, y tampoco puede echarnos. Le exigimos que nos digan qué demonios han hecho con Harry.
-¿A qué se refiere?_ espetó Vernon,.
-Nos referimos al aspecto que presenta_ intervino Lupin con una mirada inquisitiva._ ¿Es qué no lo alimentan bien? Está muy delgado, demasiado delgado de lo normal, diría yo, parece al borde...
-No es culpa nuestra_ aseguró tía Petunia hablando por primera vez, aunque el labio inferior le temblaba._ Nosotros le ponemos mucha comida, más que otros años.._ añadió._ Es él el qué se niega a comer. Desde que llegó del colegio apenas a probado bocado y nunca sale de su habitación..._ Lupin suspiró y se tapó la cara con las manos. Tonks le puso una mano en la espalda para reconfortarlo._ ¿le...le ha pasado algo en...en...en ese sitio?_ preguntó con timidez._ Lupin se destapó la cara y examinó a tía Petunia, juzgando si responderle o no.
-Ha sufrido mucho_ respondió Lupin mirándola penetrantemente._ Eso es todo lo que tienen que saber._ Petunia desvió la mirada de Lupin y la clavó en el suelo, pero no comentó nada más.
-Bien, está advertido Dursley._ finalizó Tonks._ Ahora nos lo llevábamos, pero la próxima vez no seremos tan complacientes.
Tonks y Lupin se giraron y se marcharon hacia la habitación de Harry, dejando a sus tíos con la boca abierta.
Harry, por su parte, se encontraba tumbado en la cama, mirando al techo. En realidad, no necesitaba preparar el equipaje, primero porque no pensaba moverse de allí, y segundo porque no había sacado sus cosas desde que había llegado de Hogwarts. Era cierto que tenía que extraer algunos de sus antiguos libros y algunas túnicas que se le habían quedado pequeñas, pero aparte de eso, sus cosas más preciadas como la capa de invisibilidad de su padre o el mapa del merodeador, estaban bien guardados en el interior de su baúl. Mientras escuchaba unos toquecitos en la puerta, y veía entrar a Lupin y a Tonks, se preguntaba el porqué su varita no había funcionado.
-¿Por qué no has recogido tus cosas?_ preguntó Tonks mirando el baúl semiabierto en el suelo y todo el desastre de habitación que Harry tenía. Ni siquiera se había molestado en limpiar la jaula de Hedwig, que en esos momentos se encontraba durmiendo. Harry apartó la vista del techo y vio que los adultos lo miraban preocupados.
-Porque no me marcho, no quiero volver._ Harry dejó que los dos magos asimilaran las palabras que acaban de escuchar.
-¿Qué es lo que has dicho?_ preguntó Lupin, que fue el primero en recuperarse.
-Que no voy a volver al mundo mágico._ contestó Harry con sencillez._ No quiero volver.
-Mira Harry_ dijo Tonks mirando a Lupin preocupada y tratando de hacerle entrar en razón._ Si es por quién-tú-sabes no te preocupes...Dumbledore ha puesto muchas medidas de seguridad para qué...
-No le tengo miedo a Voldemort_ Tonks se estremeció al escuchar ese nombre._ El motivo por el que no quiero volver es porque la magia no sirve para nada._ dijo esto muy rápido, tratando de aminorar el peso que sentía en el estómago. Ninguno habló durante unos segundos. Lupin se limitó a observar a Harry atentamente como si éste tratara de contarles una broma, como vio que el chico no se reía, se decidió a hablar.
-¿Por qué dices eso? Tú sabes mejor que nadie...
-Yo lo único que sé es que a mí, la magia no me a servido para nada_ le cortó Harry bruscamente, y dejó de mirar al profesor, no quería observar esos ojos que lo taladraban._ Si yo no hubiera sido una mago mis padres aún seguirían con vida_ se sorprendió a sí mismo de estar abriendo tanto sus sentimientos, pero una llama había prendido en su interior con la intención de justificarse y aminorar el peso de la culpa que sentía por dentro._ Si la magia no existiera él no estaría aquí, no habría ido a matarlos y Sirius tampoco, Sirius tampoco..._ no podía convertir la muerte de su padrino en un hecho verídico diciéndolo en voz alta. Todavía parte de él creía que Sirius simplemente estaba oculto para que la justicia no lo atrapara y que aparecería en cualquier momento con su pelo largo y su sonrisa abierta. Lupin y Tonks intercambiaron miradas, y el profesor cerró los ojos durante unos instantes tratando de encontrar las palabras precisas para aliviar al muchacho.
-Harry, tú no piensas eso en realidad, y lo sabes. Estás dolido con los hechos y...
-¡Sí que lo pienso!_ le contradijo Harry levantando la voz._ Si no pude salvarlos, entonces no quiero ser un mago, no quiero. La magia no me ha servido para nada, porque no ha podido conservar lo que yo más quería_ continuó hablando más despacio._ Solo me las ha arrebatado..._ Lupin se sentó en la cama sin apartar la mirada del muchacho.
-¿Entonces vas a rendirte? ¿Vas a dejar que aquellos que lucharon por esa causa que tú consideras inútil y que murieron por ella queden en el olvido?_ Harry fijó sus ojos en él, sorprendido._ No, Harry, tú no eres así, tú no vas a quedarte alejado de tus amigos y de las personas que te quieren porque pienses que la magia no ha servido para nada. ¿Has olvidado que gracias a ella conociste a Ron y a Hermione? ¿Has olvidado que James conoció a Sirius, me conoció a mi, gracias a ella? Sirius jamás habría sido tu padrino si la magia no existiera y gracias a ella, hoy, podemos salvar vidas humanas.
-Si regreso...Voldemort tratará de engañarme de nuevo_ susurró Harry abatido._ Y entonces pondré en peligro las vidas de Ron, de Hermione... de todos._ levantó la cabeza._ Yo nunca debí haber ido al Departamento de Misterios._ Lupin rehusó la mirada de Harry, y a él le dio la sensación de que el profesor hacía enormes esfuerzo con permanecer allí. Se levantó y se dirigió hacia la puerta. Tonks los observaba consternada sin saber que decir.
-Bien, si ésa es tu decisión, la acepto. Puedes quedarte si lo deseas, puedes vivir como un muggle si estás pensando en eso. Pero..._ se dio la vuelta._ a Sirius no le hubiera gustado que dejaras de luchar. Estaba muy orgulloso de ti cuando formaste el Ejército de Dumbledore para combatir a Dolores Umbridge, para no quedarte sin hacer nada. Pensó que fuiste muy valiente contando públicamente lo que había sucedido en Junio. Adiós, Harry._ Lupin se dio la vuelta y tomó el picaporte de la puerta.
-¡Espere!_ dijo Harry y se levantó de la cama. Respiraba agitadamente como si acabara de correr una carrera._ No se vaya..._ Tonks se agachó a su altura y lo tomó por los hombros.
-Escucha, Harry. Todos comprendemos lo duro que es para ti todo esto, pero no estás solo. Ron y Hermione han estado todo los días preguntando por ti, acosándonos para ver cuando te íbamos a llevar con ellos. Están muy preocupados y no les gustaría que no volvieras._ Harry asintió muy despacio y trató de tranquilizarse. Todo lo que le había dicho Lupin era cierto, él nunca habría conocido a Sirius de no ser por la magia, ni a Ron, ni a Hermione...Ellos lo estaban esperando, ¿cómo podía haber pensado en abandonarlos? ¿Cómo podía haber olvidado el sacrifico de sus padres, de Sirius? Aunque le reconcomiera por dentro el dolor, tenía que ser fuerte y tenía que regresar, tenía que hacer honor a las palabras que su padrino le había dicho a la señora Weasley: que él era un hombre. Sí, y los hombres no se quedaban escondidos como unos cobardes, ¿verdad?. La magia después de todo le había dado tanto...le había alejado de su vida con los Dursley, y pese a que la culpa era su mayor enemiga, Harry podía recordar el día que le habían dicho que era un mago, como el mejor de su vida.
-Volveré..._ dijo en un susurro._ Tiene razón, profesor Lupin. Yo...voy a volver.
-Así me gusta_ dijo Lupin sonriendo amargamente._ Hay cosas por las que merece la pena morir, Harry. Y parar esta guerra es una de ellas.
“Mi guerra”_ pensó Harry mientras se acercaba a su baúl y extraía las cosas del año anterior. Creía saber que el único que a parte de si mismo que conocía el contenido de la profecía era Dumbledore, y no deseaba que nadie más se enterara. Esperaba que ni Lupin, ni Tonks, ni nadie, supiesen que su destino era acabar como víctima o...asesino.
-¡Fregotego!_ dijo Tonks y la jaula de Hedwig quedó totalmente limpia. La lechuza ululó en señal de reproche y se apresuró a salir de la jaula y volar hasta arriba del armario.
-Lo siento_ rió Tonks._ La delicadeza nunca ha sido mi fuerte.
-No te preocupes,_ dijo Harry mientras guardaba sus libros de quinto curso en el armario, junto con los de años anteriores._ Es muy orgullosa, pero se le pasará el enfado. Lupin se acercó al baúl de Harry para ayudarle.
Harry sacó todo el contenido y lo que no utilizaría lo fue metiendo en el armario. Dejó el mapa del merodeador, la capa de invisibilidad y su saeta de fuego encima de la cama, para introducirlas después en el baúl, una vez éste estuviera vacío._ Tengo que comprarme túnicas nuevas_ le dijo a Lupin._ éstas se me han quedado pequeñas.
Metió la mano al ya casi vacío baúl y extrajo lo último que quedaba. De un leve grito de dolor lo dejo caer al suelo, y el objeto se rompió más de lo que estaba. Lupin dejó lo que estaba haciendo y le cogió la mano a Harry.
-¿Qué te ha sucedido?
-Me he cortado_ dijo Harry chupándose la sangre con la boca._ Es el..._ lo recogió del suelo, pero no hizo falta que explicara que era. Lupin se había quedado mirando la nota, con la caligrafía de Sirius, que había caído junto al espejo y lo había reconocido. Era uno de los espejos de doble sentido, que Sirius y James utilizaban para hablar en sus castigos.
-¿Sirius te dio esto, Harry?_ le preguntó Lupin. Sus ojos brillaron inusualmente.
-Sí_ Harry se había puesto nervioso, no quería hablar sobre su padrino así que dejó el espejo roto otra vez en el suelo._ Pero nunca lo abrí. Me lo dio después de navidad para que pudiéramos comunicarnos si Snape me lo hacía pasar mal en mis clases de Oclumacia. Pero yo lo dejé guardado en mi baúl y lo abrí a final de curso, no sabía lo que era._ un extraño pensamiento pasó por la mente de Harry. Si no hubiera sido tan oscilado y hubiera abierto el regalo de Sirius, se hubiera podido comunicar con él a través de él, sin recurrir a la chimenea de Umbridge, y entonces su padrino le habría podido decir que él se encontraba perfectamente en Grimmauld Place. Una vez más, un sentimiento de culpa le recorrió el cuerpo.
-¡Reparo!_ murmuró Lupin y el espejo se recompuso al instante._ La pareja debe de estar en Grimmauld Place. Nos servirá para que te puedas comunicar este año con el cuartel general.
-No a menos que Dumbledore haya contratado de nuevo a Dolores Umbridge_ dijo Harry irónicamente. Lupin le sonrió amargamente, mientras le inspeccionaba el corte de la mano.
-No, este año la profesora Umbridge no dará clases. Dumbledore ya ha encontrado a la persona indicada...
Harry estaba a punto de preguntar la identidad de esa persona cuando hubo un resplandor de luz blanca y una mujer se apareció en medio de la habitación. Harry nunca había visto una aparición donde hubiese una luz tan reveladora, pero le reconfortó. La mujer de antes, estaba allí.
-Todo despejado, ¿nos vamos?_ dijo con su habitual tono glacial.
-Estamos terminando de hacer el equipaje_ respondió Lupin._ En seguida estamos._ La mujer se limitó a recorrer con la vista la habitación, sin hacer ningún comentario. Lupin apuntó con la varita a la mano ensangrentada de Harry y ésta se cubrió de unas vendas._ Esto te aliviará._ Harry simplemente asintió.
Una vez cogió algo de ropa del armario, metió la capa, el mapa, sus objetos personales y lo que necesitaba para el año en Hogwarts, se dirigió a su mesita de noche y sacó la caja que Lupin le había regalado por su cumpleaños.
-¿Te gustó?_ preguntó el profesor con una sonrisa.
-Es el mejor regalo que nadie me ha hecho jamás._ respondió Harry sinceramente.
-Veo que llevas puesta la pulsera de Sirius...._ dijo Lupin con voz queda. Harry observó la pulsera perfectamente atada de su muñeca._ Fue el primer hechizo que realizó_ explicó Lupin._ Se hizo la pulsera tejiéndola con la varita, le tenía mucho cariño. Siempre la llevaba puesta, desde que le recuerdo.
-Es preciosa_ se limitó a decir Harry acariciando la tela azul oscura. Se hizo el silencio mientras colocaba la caja de madera en el interior del baúl. Cuando solo quedó la Saeta por colocar Harry miró a los demás._ ¿Vamos a ir volando?
-No_ anunció Tonks._ Después del ataque, es algo arriesgado. Dumbledore nos proporcionó un traslador._ y sacó del bolsillo de su túnica un viejo encendedor roto.
-¿Ya estás listo?_ preguntó Lupin cuando Harry hubo cerrado su baúl después de meter la Saeta de Fuego. El chico asintió.
-Bueno Harry_ dijo Tonks alegremente._ No te hemos presentado, ella es Christine Byrne...Chris....él es Harry Potter._ La mujer se acercó a él y le tendió la mano, por primera vez algo parecido a una sonrisa apareció en su rostro.
-Encantada de conocerte.
-Mucho gusto_ dijo Harry, y en el momento en que su mano hizo contacto con la de Christine, el corazón le dio un vuelco. Tenía una extraña sensación al tocar a esa mujer, como si ya hubiera tocado a alguien así, alguna vez.
-Bien, Harry, toca el traslador._ aún recuperándose de aquella sensación, se colocó al lado de Tonks y de Lupin y todos tocaron con el índice el pequeño encendedor.
-Uno, dos, tres..._ enumeró Tonks y la habitación en la que estaban comenzó a dar vueltas, sintiendo como si un gancho a la altura del ombligo los arrastrase. Segundos después, chocaron contra el suelo en un lugar de oscuridad total.

CAPÍTULO 4: REGRESO A GRIMMAULD PLACE.



Lupin le ayudó a ponerse en pie. Christine y Tonks inspeccionaban el lugar sin hacer el menor ruido. Harry reconoció la explanada en la que había aterrizado el año pasado. Observó que todo seguía igual que siempre, las casas medio en ruinas, los contenedores repletos de basura y el sonido de una radio en alguna casa muggle cercana. Todo estaba igual salvo una cosa, el dueño del número doce de esa misma calle nunca se hallaría en la casa.
-Toma, léelo_ dijo Lupin mostrándole a Harry un trozo de papel con la caligrafía de Dumbledore. En cuanto Harry lo vio y recordó lo que había leído, una casa medio aplastada se apareció entre los números once y trece. Lupin repitió la acción que había hecho Moody el curso anterior y quemó el trozo de papel con la varita.
-Venga, vamos_ ordenó Christine mirando nerviosa de un lugar a otro.
Todos se acercaron hasta la puerta y Tonks dio unos golpecitos con la varita. Se hizo el silencio durante unos instantes y entonces una mujer regordeta y con cara de amabilidad, les abrió la puerta y los dejó pasar. Una vez entraron todos, Lupin encendió los candelabros que pendían de las paredes, y Harry reconoció a la señora Weasley. La mujer se abalanzó sobre él, en cuanto lo vislumbró.
-¡Harry! ¡Me alegro de verte, cariño!_ lo abrazó durante un rato._ Déjame verte bien._ Cuando la señora Weasley lo arrastró hacia la luz y lo miró detenidamente se quedó más blanca que el papel. Se limitó a mirar pasmada a Lupin y a Tonks. Y es que Harry presentaba un aspecto lamentable. No solo llevaba todavía la ropa vieja de Dudley que le quedaba mucho más grande y unos pantalones andrajosos, sino que unas horribles bolsas le caían sobre los ojos, antaño alegres y la cara la tenía totalmente consumida. Una vez ese rostro había mostrado felicidad, pero ahora se veía apagado y sin un ápice de alegría._ Bien...no os quedéis ahí, pasad hacia delante.
Harry no se hizo de rogar y siguió a la señora Weasley por el pasillo, hasta que oyeron un ruido sordo, de algo pesado cayendo y unos gritos despavoridos.
-¡Maldita sea, que torpe soy!_ se quejó Tonks. Había tirado al pasar, el paragüero con forma de serpiente con el que siempre solía tropezar y los gritos del retrato de la madre de Sirius comenzaron a oírse por toda la casa.
-¡HIJOS DE LA MESTINDAD! ¡TRAIDORES, SANGRE SUCIAS! ¡CORROMPEDORES DE MI ESTIRPE! ¡LARGAOS DE LA CASA DE MIS PADRES!
Harry se giró bruscamente para observar el retrato. Casi estaba esperando una cosa así. Recordaba la casa a la perfección y sin los gritos de la madre de Sirius la habría encontrado diferente. Por un momento vio llegar a Sirius corriendo, insultando a su madre y tapando su retrato, pero esa escena, que había contemplado en tantas ocasiones el año anterior, nunca llegó. Harry dio un respingo de repente, como si hubiese despertado de un largo letargo, para encontrarse con Lupin y Tonks tratando de tapar las cortinas de la señora Black. Una horrible opresión le recorrió el cuerpo, al recordar que Sirius nunca iba poder acudir a tapar el retrato de su madre, porque había muerto. Notó como los ojos azules de Christine volvían a observarlo, mientras, finalmente, Lupin y Tonks conseguían cerrar las cortinas.
-No hagáis ruido_ rogó la señora Weasley y los condujo hasta el comedor, que estaba desierto._ No hay nadie de la Orden_ explicó._ Vendrán más tarde. Harry querido, Ron y Hermione están arriba si...
La señora Weasley no terminó la frase, porque Harry no le estaba atendiendo. Mientras los otros se habían acomodado en los sillones nada más entrar, Harry se había paseado por la habitación observando detenidamente la casa. Se le representó la imagen de su padrino subido en las escaleras colocando muérdago de un lado a otro, hasta que se acercó al tapiz de la familia Black y se quedó observándolo detenidamente. Pasó un dedo por la zona quemada en donde debería figurar el nombre de Sirius, y su familia se había encargado de eliminar. Los recuerdos se arremolinaron en la mente...

-¡Tú no sales aquí!_ exclamó Harry tras recorrer con la mirada la parte inferior del árbol.
-Antes estaba_ comentó Sirius señalando un pequeño y redondo agujero con los bordes chamuscados, que parecía una quemadura de cigarrillo._ Mi dulce y anciana madre me borró cuando me escapé de casa. A Kreacher le encanta relatar esa historia entre dientes.
-¿Te escapaste de casa?
-Cuando tenía dieciséis años. Estaba harto.
-¿A dónde fuiste?_ preguntó Harry mirándole fijamente.
-A casa de tu padre. Tus abuelos se portaron muy bien conmigo; me adoptaron por así decirlo.
-¿Pero por qué...?
-¿Por qué me marché? Porque los odiaba a todos: a mis padres, con su manía de sangre limpia, convencidos de que ser un Black te convertía en un miembro de la realeza...El idiota de mi hermano, que fue lo bastante estúpido para creérselo...

Harry siguió observando el tapiz, y pasó el dedo por los nombres de Bellatrix y Narcisa Black. El de Bellatrix se unía al de Lestrange, y el de Narcisa a la familia Malfoy. Un odio indescriptible atravesó todas las partes del cuerpo de Harry. Bellatrix había estado a punto de matarlo otra vez, y de nuevo él había tenido suerte. Se sujetó con fuerza la pulsera de Sirius, que colgaba en su muñeca derecha y pensó que su padrino, estuviera donde estuviera, lo había protegido de nuevo. Recordó su reacción cuando Harry le nombró a los Malfoy...

-¡Estás emparentado con los Malfoy!
-Todas las familias de sangre limpia están relacionadas entre sí._ explicó Sirius._ Si solo dejas que tus hijos e hijas se casen con gente de sangre limpia las posibilidades son limitadas, ya no quedan muchos.

-Lestrange..._ pronunció Harry en voz alta.
-Están en Azkaban_ le dijo Sirius con aspereza._ Bellatrix y su marido, Rodolphus, entraron con Barty Crouch hijo.
-Nunca me dijiste que era tu...
-¿Qué más da que sea mi prima?_ le espetó Sirius._ Por lo que a mi respecta, ya no son familia mía. Ella desde luego, no lo es. No la veo desde que tenía tu edad, exceptuando el día de su llegada a Azkaban. ¿Crees que estoy orgullosos de tener una pariente como ella?
-Lo siento_ dijo Harry._ No quería...Es que me ha sorprendido, nada más.
-No importa, no tienes que disculparte_ masculló Sirius entre dientes._ No me hace ninguna gracia estar aquí_ añadió contemplando el salón._ Nunca pensé que volvería a estar encerrado en esta casa...

Harry se dio la vuelta y contempló el salón tal y como había hecho su padrino un año atrás. Un escalofrío recorrió su cuerpo al estar de nuevo en esa misma posición. Miró a su izquierda, pero tal y como había ocurrido con el retrato, Sirius no estaba allí. Tonks se acercó a su lado y también observó el tapiz con nostalgia.
-Yo también le echo mucho de menos_ confesó._ Pero respecto a lo que ocurrió...
-No quiero hablar de eso_ cortó Harry bruscamente y fue a sentarse cerca de donde estaba Lupin, que lo observó detenidamente. Hubo un incómodo silencio, que fue interrumpido por la señora Weasley.
-Voy a preparar la cena, debes de estar hambriento, Harry_ y se encaminó hacia la cocina. Harry la vio alejarse y pensó que no tenía hambre en absoluto, pese que a que no había comido en todo el día. Habían ocurrido demasiadas cosas como para pensar en la comida.
-Yo me marcho, Remus. Dumbledore me está esperando_ dijo Christine poniéndose en pie.
-Está bien, no te preocupes. Ya ha pasado el peligro.
-Nos vemos, Harry_ se despidió la mujer y desapareció en un resplandor de luz.
Lupin, Tonks y Harry se quedaron solos en la habitación. Tonks seguía observando el tapiz, como si buscara una solución a su quemadura y no lo hubiera observado nunca. Lupin y Harry intercambiaron miradas, hasta que el chico preguntó algo que le rondaba la cabeza.
-Profesor...¿sabe por qué no ha funcionado mi varita?_ Tonks se dio la vuelta interesada.
-¿Te refieres a cuando trataste de atacar a ese Mortífago?_ Harry asintió._ ¿Dominabas el hechizo perfectamente?
-Era un hechizo aturdidor, lo había hecho desde cuarto. Antes de que llegaran traté de realizar todo tipo de hechizos y de mi varita no salían más que chispas.
-Déjame observarla_ le pidió Lupin y Harry se extrajo la varita del bolsillo de los vaqueros y se la entregó. El profesor la observó detenidamente durante un buen rato y entonces la agitó._ ¡Avis!_ un grupo de pajarillos salieron de la varita._ No está rota_ dijo y se la devolvió.
-Entonces...¿por qué no funciona?
-Querrás decir, ¿por qué no te funciona a ti?_ corrigió Lupin mirando a Harry severamente.
-¿Qué quiere decir? No creo que de repente pueda dejar de ser mago_ Harry dio un respingo y se tapó la boca. Acababa de comprender. Lupin sonrió dándole a entender que sus sospechas eran ciertas.
-Tú no querías saber nada de la magia, Harry. Cuando un mago deja de creer en la magia el poder que emana su cuerpo se reduce y en ocasiones pierde la capacidad de usar los hechizos...
-¿Significa eso que he perdido mis poderes?_ preguntó Harry horrorizado.
-En absoluto_ lo contradijo Lupin moviendo la mano negativamente._ No es posible que dejes de ser un mago. El poder reside en tu cuerpo, pero es tu mente la que hace funcionar ese poder...hasta que no recuperes la confianza en ti mismo y aceptes lo que eres, tendrás problemas._ Harry bajó la cabeza arrepentido._ No te preocupes_ añadió Lupin mirándole._ Estoy seguro de que te alegras de ser un mago y de que pronto volverás a ser el de antes. A ver...probemos, trata de hacer lo que yo he hecho_ le entregó la varita.
-Pero si hago magia...me expulsarán.
-Dentro de esta casa la magia no se detecta. Esa es otra de sus sorpresas._ Harry cogió su varita.
-¡Avis!_ susurró y otros tantos pajarillos salieron de ella. El chico sonrió._ ¡Lo he conseguido!
-Bien_ lo animó Lupin riendo._ Parece ser que empiezas a volver a entrar en contacto con lo que eres...poco a poco todo será más fácil. Y ahora, ¿por qué no subes a ver a Ron y a Hermione? Deben estar impacientes por verte. Os avisaremos cuando la cena esté lista._ Harry le dio las gracias a Lupin y algo más contento, subió las escaleras hacia el primer piso.
Tuvo que sujetarse bien a la barandilla, donde estaban las cabezas de los elfos, domésticos para no tropezar, porque todo estaba en absoluta oscuridad. Pese a que ya conocía la casa, sentía escalofríos al estar de nuevo en ella, era como estar de nuevo en la guarida de unos magos tenebrosos...
Harry llegó hasta la puerta y entró sin tocar. Segundos después, se encontró envuelto por el abrazo de su amiga Hermione.
-¡Harry! ¡Qué bien qué estés aquí! ¡Oh, Harry! ¡Te he hemos echado tanto de menos! ¿Cómo estás?_ Harry se soltó de Hermione y vio como detrás de ella, Ron le mostraba una gran sonrisa, y hacía un gesto como diciendo “nunca cambiará”.
-Estoy bien_ aseguró Harry estrechando la mano a Ron. Pero por la reacción de sus amigos, supo que ellos no lo creían en absoluto. Al igual que los demás, Ron y Hermione no paraban de mirarse el uno al otro, tratando de encontrar una explicación coherente al aspecto de su amigo. Harry pensó que era mejor hacer ver que no había notado nada del comportamiento de sus amigos y se sentó en una de las camas. Ron y Hermione se quedaron de pie, sin saber que decir.
-Y bueno...contadme que tal habéis estado._ Hermione miró a Ron como reprochándole que no dijera nada y luego dio un paso al frente.
-¿Qué te contemos cómo hemos estado? Harry, ¿pero qué...? ¿qué diablos te ha ocurrido?
-¿Qué me ha ocurrido de qué?_ contestó Harry comenzando a enfadarse por el comportamiento de todos al verle.
-Estás...tan...tan...cambiado..._ titubeó Ron._ No pareces el mismo.
-Pues os aseguro que soy el mismo de siempre_ suspiró Harry y comenzó a inspeccionar la habitación con la mirada. El retrato de Phineas estaba en blanco, sin ningún sonido dentro de él, que advirtiera su presencia.
-¿Qué te han hecho los Dursley?_ inquirió Hermione. Su cara estaba al borde de las lágrimas.
-Mirad_ dijo poniéndose en pie._ No me han hecho nada en absoluto, estoy perfectamente y quisiera por favor cambiar de tema. Detesto hablar de mi mismo, ya de por sí lo hacen los demás._ Sus amigos volvieron a mirarse y Ron se encogió de hombros, dando a entender a Hermione que era mejor no enfadar a Harry, por si se ponía a gritarles como el año anterior.
-Hemos oído que te atacaron...
-Sí_ bufó Harry._ Bellatrix Lestrange y otros cuatro Mortífagos..._ apretó los puños de la rabia.
-¿Bellatrix?_ dijo Hermione horrorizada._ ¿La que mató a...?_ Ron le dio una patada por lo bajo que Harry percibió perfectamente, y sintió una gratitud enorme hacia Ron. Bastante era estar en esa casa, donde el recuerdo de Sirius impregnaba hasta el último rincón, como para que además Hermione tratara de recordarle su muerte.
-Pero no os preocupéis, Lupin y los demás llegaron a tiempo para salvarme.
-Todo esto ha sido horrible, Harry_ explicó Hermione sentándose ahora ella en la cama._ Por lo que hemos oído gracias a las Orejas Extensibles, ha habido muchos ataques...
-Lo sé, vi en la televisión el ataque al centro comercial...y el apresamiento de Karkarov.
-¿Así que tú también adivinaste que al hombre que apresaron era a Karkarov?_ inquirió Hermione.
-Por supuesto_ dijo Harry muy serio._ La descripción de la televisión coincidía, además los Mortífagos hablaron de un traidor....y yo escuché decir a Voldemort que lo mataría...
-No solo a él, ¿verdad?_ preguntó Ron pensativo._ Todavía queda un traidor...Snape_ su mirada se iluminó._ No me importaría cambiar de profesor de Pociones.
-¡Ron!_ le recriminó Hermione._ No puedes jugar con algo tan serio.
-Está bien, está bien_ cedió el muchacho moviendo la mano negativamente._ Solo era una broma.
-No creo que la vida de Snape peligre por el momento_ dijo Harry muy pensativo.
-¿A qué te refieres?
-Es algo que dijo el año pasado...en mis clases de Oclumancia...y también por lo que le dijo Dumbledore en cuarto curso mientras estábamos en la enfermería...¿y si Snape está haciendo de espía para la orden?
-¿Eso crees?_ preguntó Ron como si descartara la idea._ Bueno...es posible, la verdad, es lo bastante miserable como para serlo...pero si así fuera, tendría que fingir muy bien para que quién-tú-sabes no lo descubriera._ los tres se quedaron meditando durante unos segundos, hasta que Hermione rompió el silencio.
-Y hablando de pociones, Harry, ¿has recibido las notas de los TIMOS? ¿Vas a poder ser auror?
-¡Ah!_ dijo Harry volviendo a la realidad, y pensando por primera vez en sus TIMOS._ lo cierto Hermione es que saqué siete TIMOS. Y aprobé Pociones con “Supera las Expectativas”, pero no es suficiente. McGonagall me dijo que Snape no aceptaba en sus clases a ningún alumno que no hubiese sacado en su TIMO un “Extraordinario”, así que ya ves.
-¿No tienes ninguna esperanza?_ dijo Hermione entristecida.
-Bueno... en la hoja de mis TIMOS decía algo de que dejaban la decisión a cargo del colegio, pero no creo que...
-¡Déjame ver tus TIMOS!_ ordenó Hermione.
-Están en mi baúl, lo debe tener Lupin abajo..._ se oyeron unos golpecitos en la puerta y Lupin apareció con las cosas de Harry, flotando_ ¡Oh! ¡Gracias, profesor! Justo ahora me estaba preguntando dónde estaría mi baúl.
-Lo he quitado de en medio porque han empezado a llegar algunos miembros de la Orden para la cena_ explicó Lupin._ Bajad en unos minutos, ¿de acuerdo?
-De acuerdo_ contestaron los chicos al unísono. Lupin les dedicó una amable sonrisa y desapareció por la puerta. Harry entonces, abrió su baúl y rebuscó entre sus cosas el pergamino con los TIMOS.
-¡Aquí están!_ dijo, y se los entregó a Hermione. La muchacha comenzó a inspeccionarlos y Ron también se acercó a curiosear.
-¡Vaya, Harry!_ se impresionó su amigo._ Has sacado muy buenas notas.
-Por lo que dice aquí_ dijo Hermione cerrando el pergamino y devolviéndoselo a Harry._ Aún existe la posibilidad de que puedas cursar la carrera de auror. Supongo que Dumbledore y Snape lo hablaran y decidirán si te admiten o no en pociones. Has logrado todas las calificaciones necesarias, no sería justo que por no haber sacado nota máxima en Pociones te priven de hacer lo que tú quieres. Además, has aprobado la asignatura, y con “Supera las Expectativas”, tienen que dejarte ir a las clases.
-Si la decisión depende de Snape, lo dudo._ apuntó Harry perdiendo las esperanzas._ Él nunca permitirá que yo vaya a sus clases...
-Estoy seguro de que Dumbledore le convencerá_ dijo Ron firmemente, tratando de animar a su amigo._ No sería justo.
-Ya veremos. Bueno, decidme, ¿qué tal os fue a vosotros los TIMOS?
-Hermione sacó nueve TIMOS_ dijo Ron como si aquello fuera un insulto._ Aprobó todo con Extraordinario, salvo en Astronomía y Aritmacia que sacó “Supera las Expectativas”.
-Felicidades, Hermione_ dijo Harry sinceramente._ Me alegro mucho por ti. ¿Sabes ya lo que harás cuando salgas de Hogwarts?
-En realidad, aún no._ confesó Hermione dubitativa._ Con las calificaciones que tengo podría hacer cualquier cosa, pero quisiera que fuera algo grande.
-¿Cómo la PEDDO?_ se burló Ron.
-Bueno, había pensado en eso_ dijo Hermione indignada._ Quizás haga oposiciones para entrar en el Ministerio de Magia, en el Departamento de Regulación y de Control de Las Criaturas Mágicas. Desde allí dentro todo será más fácil.
-Si a eso lo llamas hacer algo provechoso_ suspiró Ron. Hermione iba a abrir la boca para contestar, pero Harry se lo impidió.
-Por favor, no discutáis otra vez, ¿de acuerdo?_ rogó._ Venga, a ver Ron...¿y tú podrás ser auror?_ a Ron se le pusieron rojas las orejas.
-No,_ suspiró._ Saqué Extraordinario en Defensa Contra Las Artes Oscuras, y Supera Las Expectativas en Encantamientos, pero suspendí Pociones y no pasé del Aceptable en Transformaciones._ Harry lo miró apenado.
-Vaya, lo siento.
-No te preocupes, tampoco tenía muchas esperanzas. Saqué seis TIMOS. Suspendí: pociones, adivinación y historia de la magia.
-¿Y qué harás ahora?
-Pues he pensado, y debo decir que Hermione está de acuerdo conmigo, que como lo que mejor se me da es la Defensa Contra Las Artes Oscuras, pues voy a especializarme en la asignatura. Tal vez pueda ser profesor en alguna academia, o examinador, ya se verá.
-Aún no está todo perdido, Ron._ le recordó Hermione._ Mira, si en tus EXTASIS sacas Extraordinario en Defensa Contra Las Artes Oscuras, y apruebas Encantamientos, Pociones y Transformaciones, puedes hacer un examen de admisión a la academia de aurores; si lo pasas, podrás ser auror.
-Sí, pero eso es muy difícil.
-Ron, tanto tú como Harry poseéis las habilidades adecuadas para ser aurores y tenéis capacidad para hacerlo. Lo único que ocurre es que no habéis madurado lo suficiente y no tenéis en cuenta vuestras obligaciones. Además, hemos tenido demasiadas cosas en la cabeza, ¿verdad? Han ocurrido y ocurren muchas cosas que nos afectan directamente, pero tenemos que aprender a separarlas. Si me prometéis que este curso vais a intentar ser más responsables, os ayudaré a pasar ese examen.
-¿De veras lo harás, Hermione?_ preguntó Ron emocionado. La chica suspiró.
-Por supuesto que sí. Sois mis amigos.
-Y nosotros te lo agradecemos enormemente, Hermione_ dijo Harry.
-Bueno, bueno, ahora bajemos a cenar. Tengo un hambre que me muero.
-Oye,_ dijo Harry mirándola extraño._ No deberías pasar tanto tiempo con Ron, se te están pegando sus costumbres._ Los tres rieron durante un rato, y después se dirigieron hacia la cocina para cenar.


**********************
-¿Qué es lo qué ha ocurrido?_ preguntó Dumbledore muy preocupado. Christine acababa de llegar a Hogwarts y el director la estaba abarcando a preguntas. Moody y Kingsley se habían puesto en contacto con él desde el ministerio de magia.
-Lo que nos temíamos_ respondió Christine, estaba de pie tras la mesa de Dumbledore con cara de preocupación._ Parece ser que los muggles echaron a Harry de la casa durante toda la tarde y él se alejó demasiado de allí. Los Mortífagos no desaprovecharon su ocasión.
-¿No se suponía qué vosotros lo vigilabais?_ dijo el director poniéndose en pie, en señal de reproche. Christine se mordió el labio inferior arrepentida.
-Lo siento, pero nos llegaron informes de otro ataque.
-¿Un ataque más?_ preguntó Dumbledore lívido. _ ¿Dónde?
-Nos avisaron del Ministerio de Magia de Francia. Han muerto quinientas personas.
-¡¿Quinientas?!
-Ha sido un ataque a gran escala, era una zona comercial. Tenemos que ponernos de acuerdo con la Confederación Internacional de Magos, sino montamos defensas rápidamente, Voldemort no tardará en tomar el poder en todas las partes del mundo.
-Lo sé_ suspiró el director. Su cara anciana estaba más llena de arrugas que nunca._ Advertí a Cornelious que debía avisar a los demás Ministerios, pero no me hizo caso. Les ocultó el regreso de Voldemort y ahora ellos están disgustados. No sé si será fácil la unión._ Christine apoyó las dos manos violentamente sobre la mesa del director. Un tintero calló al suelo y se rompió, pero Dumbledore no le prestó atención.
-Si no nos unimos, pereceremos. Según los informes de Snape, Voldemort tiene Mortífagos colocados estratégicamente por los países más influyentes, si dejamos que su número de seguidores crezca, estaremos perdidos. Ningún Ministerio de Magia está preparado para acoger unos ataques a tan gran escala como el de hoy, por eso se pusieron en contacto en seguida.
-Tienes toda la razón, Christine, ha llegado la hora del comienzo de la segunda guerra_ dijo Dumbledore con gravedad._ Voy a ponerme en contacto con una organización secreta internacional que se iba a formal para luchar contra Voldemort la última vez, y no se ejecutó gracias a su caída. Es hora de volver a instaurarlo._ la chica asintió._Respecto al ataque en Privet Drive...
-Únicamente habían cinco Mortífagos, cuatro de ellos parecían principiantes, porque no los hemos reconocido. Iban liderados por Bellatrix Lestrange.
-¿Bellatrix?_ preguntó Dumbledore preocupado.
-Sí, ella..._ susurró Christine asombrada._ ¿Por qué es tan importan...?
-Eso_ cortó el director_ lo tendrás que averiguar por ti misma.
-¿Es algo relacionado con Harry, verdad?_ Dumbledore cabeceó en señal de asentimiento._ ¿Por qué te sigues empeñando en no contarme nada de él?
-Porque es de vital importancia que lo conozcas por como es él, y no por como te decimos los demás que es._ respondió Dumbledore simplemente._ Y porque que te ganes su confianza se ha convertido en un asunto primordial, ¿entiendes?_ Christine respiró hondo, se dejó caer en la silla y luego miró al director con una mano en la frente.
-Me sorprendió mucho verlo, ¿sabes?. Es tan parecido a James y sin embargo..._ Christine miró al techo._ tiene una mirada tan triste...No sé, lo encontré tan apagado, si lo hubieras visto Dumbledore, está tan delgado, llegamos justo a tiempo de que le mataran...
-No esperé que presentara un aspecto tan lamentable_ confesó Dumbledore mirando por la ventana._ Ha sufrido mucho, quizás no te des cuenta hasta qué punto jamás, y te diré una cosa_ se giró para mirar a la muchacha a la cara._ hubo una vez que los ojos de Harry brillaban tanto como brillaron los tuyos antaño, ojalá conociéndoos, logréis que vuelvan a ser los mismos._ Christine cabeceó.
-Quizás_ susurró nostálgicamente. Dumbledore la observó durante unos instantes, y pese a la frialdad que presentaba la mujer, pudo entrever una nota de debilidad en sus ojos, al nombrarle el pasado.
-Será mejor que vayamos a cenar al cuartel. Después tengo que hablar con Harry.


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-¡Nos alegra verte, Harry!_ Fred le tendió la mano. Habían bajado a la cocina para la cena y un grupo de miembros de la Orden estaban dando la bienvenida a Harry. También estaban los gemelos, Fred y George, que habían acabado Hogwarts(por así decirlo), el curso anterior, y habían abierto una tienda de artículos de broma.
-¿Cómo estás, Harry?_ Ginny acababa de bajar las escaleras y Harry se quedó mirándola boquiabierto. En unas semanas, la menor de los Weasley había crecido unos centímetros y estaba muy cambiada. Su voz ya no sonaba para nada infantil, al contrario, había cobrado un tono maduro que Harry no había percibido todavía en ninguna de sus compañeras de curso, o quizás es que nunca se había fijado lo suficiente. Pero lo más sorprendente, es que el aspecto de Ginny también había variado. Llevaba el pelo mucho más largo y también más rizado, y lo llevaba recogido con un lazo verde, del mismo color de sus ojos; sus facciones también se habían desarrollado mucho más y su cuerpo había dejado atrás a la niña que Harry conoció en el andén nueve y tres cuartos. En definitiva, Ginny estaba mucho más hermosa.
Harry se acercó a ella y le sonrió abiertamente. No sabía lo que era, pero al verla, se sentía seguro por primera vez desde que había llegado a esa casa.
-No he estado mal, ¿y tú?_ Ginny se encogió de hombros, dando a entender que la situación en el mundo mágico no había permitido disfrutar mucho de las vacaciones. Luego del saludo, ambos se fueron a sentar a la mesa donde la señora Weasley servía generosamente grandes cantidades de comida.
Llenó el plato de Harry con patatas, menestra y pollo en salsa. El muchacho miró los exquisitos manjares con pesar, sabía que la señora Weasley se había esforzado mucho en hacerlos y no había comida que le gustase más que la de la mujer, pero no tenía demasiada hambre. De hecho Harry, desde que había comenzado el verano, nunca tenía hambre, y sabía que su motivo era la persona que faltaba a la mesa, para que todo fuera como siempre.
A su lado, Ron y Hermione comían alegremente y muy deprisa, como si no hubieran probado bocado en una semana. Harry cogió el tenedor y comenzó a revolver la comida con el, desganadamente.
-Ya se han averiguado las identidades de los Mortífagos que fueron a Privet Drive_ comentó Kingsley. Él y Moody ya habían regresado del Ministerio de Magia, Harry levantó la cabeza interesado, mientras se metía una patata en la boca para disimular._ No son más que unos críos, apenas tenían más de veinte años.
-La gente joven es más fácil de corromper_ gruñó Moody._ Por eso él los busca, para meterles ideas en la cabeza.
-Jóvenes o no, demuestran que no son buenas personas_ protestó la señora Weasley, mientras se sentaba a cenar._ Ya eran lo bastante mayorcitos para decidir que hacer con sus vidas.
-Estoy de acuerdo con Molly, Alastor_ opinó Lupin, mirando de reojo a Harry. La señora Weasley sonrió satisfecha._ Muchos de nosotros todavía éramos unos críos, por así decirlo, cuando él subió al poder la primera vez, y eso no influyó en nuestra moral.
-Bueno,_ dijo Kingsley con cara de cansancio._ Sea lo que sean ya están entre rejas.
-¿Quién vigila ahora Azkaban?_ preguntó Harry.
-Las Fairies._ respondió Lupin con una sonrisa._ De hecho, fue una propuesta que Dumbledore hizo en el consejo y se la aceptaron. A él nunca le han gustado los dementores.
-¿Qué son las fairies?_ preguntó Ron atontado.
-¡Ay Ron!_ dijo Hermione exasperada, dejando el tenedor sobre el plato._ ¡La profesora Grubbly-Plank las nombró el año pasado a principio de curso!
-¡No me interesaba lo que dijera la profesora Grubbly-Plank!_ se burló Ron imitando la voz de Hermione. Fred y George se rieron._ ¡Por si no lo recuerdas ella estaba sustituyendo a Hagrid!
-¡Qué sustituya a Hagrid no quiere decir que tú no tengas por qué escucharla! Para tú información, las fairies son hadas, Ron.
-Muy bien, Hermione_ felicitó Lupin como si acabara de otorgarle a Gryffindor cinco puntos, y acabando así con la discusión de los dos._ Como bien has dicho las fairies son hadas, el poder que emanan se basa en pensamientos positivos, son todo lo contrario a los dementores. Tratan de convertirlo todo en algo bueno, así que, generalmente los presos que están allí, no lo soportan. Quién va a Azkaban normalmente ha cometido una falta muy grave y no pueden aguantar una felicidad tan grande. La mayoría acaba por dejar de comer y morir._ Harry había estado a punto de decir que no todo el mundo que había ido a Azkaban tenía que ser malo. Sirius había estado doce años encarcelado por un crimen que no había cometido. Nuevamente, un sentimiento de horrorosa nostalgia le recubrió todo el cuerpo.
En ese momento, se oyeron dos CRACKS y Dumbledore y Christine se aparecieron en la cocina, ambos rodeados de un luz blanca cegadora.
-Buenas noches_ saludó el director amablemente._ Molly, lamentamos el retraso, pero teníamos asuntos pendientes.
-No te preocupes, Albus_ dijo amablemente la señora Wealsey, hizo un gesto con su varita y aparecieron dos sillas de la nada y se colocaron en la mesa, cuyo espacio era infinito.
Christine tomó asiento de inmediato y se enfrascó en una conversación con Moody, y Dumbledore se acercó a Harry para saludarlo.
-¿Te encuentras bien, Harry? Christine me ha contado lo del ataque..._ Harry se puso en pie para saludar a Dumbledore, pero clavó sus ojos en la mujer. En cuanto el director lo vio, lo escudriñó de arriba abajo y pese a que Harry sabía que se estaba preguntando lo mismo que los demás al verle, disimuló muy bien y no hizo ningún comentario.
-Estoy bien, director, gracias_ contestó el muchacho tajantemente, y apartó la vista de la mujer. Sin embargo, Harry seguía sin poder mirar a la cara los profundos ojos azules del director, como si acabara de llegar del Departamento de Misterios, y Dumbledore volviera a relatarle el término de la Profecía, cuyo contenido, Harry había tratado de olvidar. Dumbledore le echó una última mirada, y luego se fue a sentarse al lado de Christine.
Harry también se sentó y volvió a meterse en la boca otra patata para disimular, mientras preguntaba.
-¿Qué hay de Bellatrix?_ dijo mirando hacia Lupin._ ¿Escapó no es cierto?_ Hubo unos segundos de silencio, Christine levantó la cabeza muy interesa y como Harry, observó la reacción de los presentes, que se habían quedado sin palabras. Algunos como Ron, Hermione y Ginny se miraron sin saber que hacer y Lupin palideció tal y como había ocurrido en Privet Drive.
-La próxima vez no tendrá tanta suerte_ aseguró Lupin a Harry tratando de hacerle sentir mejor. Pero Harry estaba experimentado otro sentimiento en su interior: el odio.
-No lo creo_ afirmó con rotundidad. No miraba a nadie en especial y hablaba más para sí mismo, mientras apretaba los puños contra las rodillas._ Es demasiado buena...
-Solo es otra Mortífaga del montón_ aseguró Christine._ Es cierto que es una excelente seguidora, pero todos los Mortífagos que escaparon de Azkaban lo son.
-Ella no es otra Mortífaga del montón_ dijo Harry con furia. Y salvo Christine, los demás entendieron a la perfección la indirecta.
-¿A qué te refieres?_ para Harry aquel silencio estaba comenzando a resultar molesto. No conocía de nada a esa mujer y ella ya pretendía que él le revelara cosas de su intimidad.
-A nada en especial_ dijo y se puso a remover más su comida.
Al cabo de media hora, más de la mitad de los miembros de la Orden se habían marchado de la mesa, entre ellos Dumbledore y Moody que tenían cosas de que hablar en el despacho que el director tenía en la mansión Black. A diferencia de los demás, el plato de Harry seguía igual de repleto de comida que al principio, y el chico trataba de disimularlo, removiendo más su comida.
-Cariño, _ dijo la señora Weasley fijándose por primera vez._ ¿Es qué no te vas a comer lo que te queda? Si no te gusta, puedo prepararte otra cosa...
-No es eso señora Weasley_ dijo Harry, se sentía incómodo._ Es que...verá, no tengo hambre._ la señora Weasley palideció.
-¿Qué no tienes hambre? Pero si no has probado bocado en todo el día...y además, estás tan delgado..._ Harry se mordió el labio inferior tratando de encontrar una buena excusa.
-Vamos, Harry_ le animó Lupin con seriedad._ Debes comer un poco, sino te vas a poner enfermo..._ Ron y Hermione contemplaban la escena asombrados, sin saber que decir. Y Christine parecía muy sorprendida.
-Por favor_ rogó Harry dejando el tenedor en el plato y cerrando los ojos._ dejadme ir a dormir, estoy muy cansado._ Lupin lo miró muy serio.
-Está bien_ cedió el profesor._ Márchate a dormir y mañana ya comerás más._ Harry se levantó contento de haber logrado su propósito, pero en aquel instante en que se giró hacia la puerta, se quedó helado. Su corazón dejó de palpitar durante unos instantes y la sangre se le heló en el cuerpo. Por allí, todo sucio y mugroso, vestido únicamente con un taparrabos viejo, entraba Kreacher, el elfo doméstico. Si Harry se hubiera imaginado los problemas que Kreacher iba a ocasionar, jamás habría tomado sus insultos tan desapercibidos, cuando se lo presentaron hacía una año. Kreacher había sido uno de los responsables de la muerte de Sirius, el elfo, había estado sirviendo a más de un amo y le había revelado a Narcisa Malfoy, cierta información muy valiosa para atraerlo a él hasta el Departamento de Misterios.
Voldemort le había enviado una visión falsa, y Harry se había comunicado con el cuartel para ver si Sirius estaba a salvo. Kreacher había advertido su cabeza en la chimenea y le había mentido, diciéndole que Sirius estaba en el Departamento de Misterios, tal y como Voldemort trataba de hacerle creer. Harry recordaba perfectamente como se había introducido en la chimenea de Dolores Umbridge, para tratar de comunicarse con Sirius.

-La cabeza de Potter ha aparecido en la chimenea_ informó Freacher a la vacía cocina al tiempo que lanzaba furtivas miradas de triunfo a Harry._ ¿A qué habrá venido, se pregunta Kreacher?
-¿Dónde Está Sirius, Kreacher?_ inquirió Harry.
-El amo ha salido, Harry Potter.
-¿A dónde ha ido? ¡A dónde ha ido, Freacher!_ por toda respuesta el elfo soltó una risotada que pareció un cacareo._ ¡Te lo advierto!_ gritó Harry consciente de que desde su posición no podía castigar a Kreacher._ ¿Dónde está Lupin? ¿Y Ojoloco? ¿Dónde están todos?
-¡Kreacher se ha quedado solo en la casa!_ informó el elfo con regocijo; a continuación, le dio la espalda a Harry y echó a andar lentamente hacia la puerta que había al fondo de la cocina._ Kreacher cree que ahora irá a charlar un rato con su dueña, sí, hace mucho tiempo que no puede hacerlo, el amo de Kreacher se lo impedía....
-¿A dónde ha ido Sirius?_ le gritó Harry._ ¿Ha ido al Departamento de Misterios, Kreacher?
-El amo nunca dice al pobre Kreacher adónde va._ contestó el elfo.
-¡Pero tú lo sabes! ¿Verdad? ¡Tú sabes dónde está!
Se produjo un breve silencio; entonces el elfo rió socarronamente.
-¡El amo nunca regresará del Departamento de Misterios!_ afirmó alegremente_ ¡Kreacher y su dueña se han quedado solos otra vez!_ exclamó y siguió andando y se escabulló por la puerta que conducía al vestíbulo.

Harry cerró los puños con rabia. Hermione lo miró asustada y se levantó para tratar de sujetarlo por si se lanzaba en contra del elfo. Lupin y Christine también se levantaron, pero ésta última no sabía porqué. Los demás, Ginny, los gemelos, los señores Weasley, Bill, Charly, Tonks y Ron, se quedaron sentados a la expectativa. Harry miró a Kreacher con rabia, unas chispas se iban formando a través de sus ojos y las últimas palabras que había escuchado en la chimenea, de boca del elfo, le taladraban la cabeza, torturándole con el recuerdo, sabiendo que, a pesar de que Sirius nunca había ido al Departamento de Misterios, tal y como Kraacher había predicho, su padrino nunca volvió de allí. A su vez, el elfo también se quedó mirando a Harry, y su sonrisa se pronunció. Fue eso, y no el hiriente recuerdo, lo que más enfureció a Harry.
-¿Qué haces aquí, Kreacher?_ le espetó el chico tratando de contenerse, sabiendo que su amiga Hermione le cogía el brazo fuertemente.
-Kreacher oyó a su ama maldecir a un nuevo visitante_ dijo el elfo con voz melosa y haciendo una enorme reverencia._ Kreacher quería saber de quién se trataba._ y hablando en voz más baja y mucho más grave, pero que se oyó perfectamente añadió._ Ya ha regresado el mocoso que venció al Señor Tenebroso, Kreacher creía que después de la muerte de su amo, no iba a verlo jamás._ Harry apretó los puños, sentía un odio indescriptible, mucho mayor que el que hubiera podido sentir jamás al lado de los Dursley. Lupin, más pálido que la pared, trató de decir algo, pero de su boca no salió ningún sonido.
-¡No te acerques a mí, te lo advierto!_ amenazó Harry sacando su varita, Hermione trató de sujetarle más fuerte.
-¡No, Harry, no! ¡Por favor! ¡No sabe lo que dice, ni lo que hace, Harry!_ sollozó Hermione. Harry apartó la vista de Kreacher y miró a Hermione con rabia.
-¡Él sabe muy bien lo que hace, Hermione! ¡Estuvo bien cuerdo el día que se marchó de la casa a hablar con Narcisa Malfoy!_ Christine se llevó un sobresalto enorme, y observó a Harry como si no pudiera creer lo que estaba diciendo._ ¡Él...Él...!_ pero Harry ya no podía hablar, se le había colocado un nudo a la altura de la garganta que le impedía incluso respirar, necesitaba desaparecer del lugar, cerrar los ojos y despertar sin recordar nada, olvidar todo lo que esa casa y los habitantes de ella le recordaban.
-¡Lo sé, Harry, lo sé!_ sollozó Hermione con más fuerza y lo abrazó, tratando de calmarlo. Harry se sentó en la silla, respirando entrecortadamente. Los demás, salvo Lupin y Christine que estaban de pie, permanecían sentados en silencio, como intrusos de una conversación donde no podían hablar ni opinar, y tampoco calmar a Harry. Sin embargo Kreacher no se asustó por la reacción de Harry, ni tampoco se marchó. Por el contrario comenzó a reír a carcajada limpia y a señalarle.
-Kreacher no puede creer que Potter acabara con el Señor Tenebroso, Kreacher y su ama se preguntan cómo lo hizo..._ Harry apartó a Hermione y encaró la mirada perversa del elfo.
-¡El cómo me libré es algo que ni tú ni todos los Mortífagos del mundo entenderéis nunca!_ Harry temblaba incontrolablemente._ ¡No puedes entender lo que es el amor de alguien que se sacrifica por ti, que está dispuesto a morir para salvarte! ¡Tú no puedes entender que mi madre muriera para salvarme!_ Kreacher volvió a reír a carcajadas. Lupin se acercó a Harry y le puso una mano en el hombro.
-Cálmate, Harry._ luego miró al elfo severamente._ ¡Márchate de esta habitación, Kreacher!_ pero él no se marchó. Lupin no era su amo, y no tenía porqué obedecerle.
-¡Fuera alimaña asquerosa!_ dijo Fred levantándose también. Harry nunca lo había visto tan enfadado. Kracher hizo una gran reverencia y miró a Harry maliciosamente.
-Kreacher le dijo a Harry Potter que el amo nunca regresaría del Departamento de Misterios. Harry Potter vuelve a estar solo_ hizo una pausa saboreando el daño de sus palabras y luego añadió en voz más baja._ Es una lástima que el Señor Tenebroso no lo matara...pero Kreacher sabe que la próxima vez no fallará...el amo ya no está aquí para salvarlo...
-¡Fuera!_ ordenaron Lupin, Fred, George, Ginny y Ron. Y Kreacher esta vez sí obedeció, mientras se marchaba riendo.
Durante una pausa, todos fijaron los ojos en Harry, que se había quedado muy pálido. Lupin trató de ponerle una mano sobre el brazo para ayudarle a levantarle, pero Harry de un movimiento brusco lo apartó.
-¡Déjeme!_ gritó furioso y se levantó de golpe, temblando cada vez más._ ¡Odio a ese maldito elfo, lo odio!
-Harry_ dijo Lupin comprensivamente ignorando las malas formas con las que el muchacho lo había tratado._ Sé que no te gusta Kreacher pero no tienes más remedio que aguantarlo. Trata de que no te hieran las cosas que dice..._ pero bastó la mirada fulminante que Harry le echó para que se callara. El chico apoyó las dos mano sobre la mesa y cerró los ojos con furia.
-¡Él tiene razón! ¡Ojalá Voldemort hubiera acabado conmigo aquella noche!
-¡Pero qué dices Harry!_ dijo Hermione muy afectada. Le caían las lágrimas a chorros.
-¡Sí!_ chilló Harry apretando aún más fuerte los ojos y los puños._ ¡Ojalá mi madre se hubiera apartado, ojalá hubiera dejado que me matara! ¡Así ya estaría muerto, así ya no tendría que estar aquí!_ golpeó con los puños la mesa._ ¡Maldita sea! ¿Por qué tuve que ser yo y no él?_ el sentido de aquella frase solo la entendió Harry, en aquella habitación. Se estaba refiriendo a la profecía, a cuando Dumbledore le había dicho que la profecía se podía referir a dos niños, pero que Voldemort lo había elegido a él._ ¡Todo fue culpa mía! ¡Si yo no....!_ pero no pudo acabar la frase, dolido consigo mismo, con Kreacher, y el recuerdo de la culpa bombeándole cada parte de su cuerpo, se marchó corriendo de la cocina, y siguió corriendo hasta llegar a su habitación, donde se echó en la cama, y se enjugó los ojos, sintiendo un pinchazo de odio en su cicatriz, Voldemort estaba muy enfadado.


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Una copa de vino estalló en mil pedazos en la habitación en la que se encontraban. Colagusano, encorvado y muerto de miedo, estaba tendido en el suelo recibiendo la maldición Cruciatus por parte de su señor. Acaba de darle malas noticias, el ataque a Privet Drive había sido todo un fracaso y cuatro de sus hombres habían sido apresados.
-¿Dónde está Bella?_ preguntó con su voz siseante, cargada de hielo.
-Está....fu....fuera, mi señor_ titubeó Colagusano.
-¡Hazla pasar!_ ordenó el hombre._ Y dile a Avery que me traiga el informe del último ataque.
-Sí, señor..._ dicho esto, el hombre se marchó.


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Harry llevaba una rato bastante considerable tumbado en la cama, tratando de olvidar los recuerdos que se le arremolinaban en la mente, cuando se oyeron unos golpecitos en la puerta, y sin esperar respuesta, Lupin entró. Harry ni se molestó en levantarse de la cama, estaba boca arriba, con Hedwid a su lado, mientras le acariciaba el plumaje al animal y miraba hacia el techo.
Lupin no dijo nada hasta que no se acercó y se sentó a la cama de Harry y suspiró abiertamente. Se veía serio.
-Siento mucho lo que ha ocurrido con Kreacher, Harry._ el chico no le contestó, ni tampoco apartó la vista del techo. No le importaba ser maleducado, estaba ya harto de la situación. Lupin bajó la cabeza tratando de encontrar las palabras._ Sé que le echas de menos.
-Usted no sabe nada_ dijo Harry bruscamente._ Usted ahí...usted...ni siquiera me dejó acercarme al arco..._ Harry acababa de soltar algo que le rondaba por la cabeza desde principios de verano. Algo que estaba en esa parte de la su cabeza que todavía estaba convencida dw que Sirius reaparecería de nuevo. Lupin se limitó a seguir clavando la mirada en Harry, él nunca había visto al profesor en un estado tan serio.
-¿Te hubieras sentido mejor si te hubiera dejado acercarte al arco, Harry?_ él se reincorporó de repente y miró al profesor extrañado._ Contéstame, ¿crees que te hubieras sentido mejor si hubieras visto el cadáver de Sirius?_ a Harry le recorrió el cuerpo un escalofrío. Bajó la mirada de nuevo, para posarla en la cama y sintió como sus ojos se humedecían. Lupin seguía sin apartar la mirada de él.
-Yo...oí voces...la primera vez que entré en esa sala..._ confesó Harry tratando de hablar con normalidad, pero las palabras se le atragantaban.
-Esa sala, se llama, “La Cámara de la Muerte”, y ese arco, dicen que es una espacio que comunica el mundo de los vivos y el de los muertos._ Harry lo miró sorprendido por la información._ Si yo te hubiera dejado acercarte Harry, tú hubieras visto el cadáver de la última persona que hubiera caído en él.
-¿Cómo sabe que Sirius murió?_ le espetó Harry bruscamente._ Usted no lo sabe, no lo sabe...¿Y si sólo cayó al otro lado del arco? ¿Y sí...?_ Lupin tomó a Harry de los dos hombres y le obligó a encontrarse con su mirada.
-Escúchame Harry, ese agujero es un abismo, nadie puede sobrevivir, porque pasó directamente al otro mundo, ¿entiendes? Sirius murió y..._ la voz de Lupin se quebró y se perdió en el aire, cuando Harry le rehusó la mirada y apretó los dientes con rabia. Sentía que podía atacar ahora a cualquiera, y si no le tuviera tanta confianza a Lupin, bien le podría haber dañado por sus palabras tan duras. _ Discúlpame_ dijo Lupin mirando de nuevo al suelo._ No quise hacerte daño, pero me duelen las palabras que has dicho en la cocina. ¿ De verdad preferirías estar muerto, Harry? ¿Tan poco valoras el sacrificio que tus padres...?
-No se trata de valorar_ interrumpió Harry. Su tono de voz se había suavizado._ Quiero estar con ellos_ miró a Lupin directamente, escudriñando sus pensamientos._ Quiero...estar con Sirius.
-Lo sé_ dijo Lupin levantándose lentamente._ Créeme que lo sé, pero yo no puedo devolvértelos, ni Ron, ni Hermione, ni todas las personas a las que le importas, solo podemos estar a tu lado y tratar de apoyarnos los unos a los otros. Harry, detrás de Voldemort hay una vida maravillosa que te espera, y creo que mereces vivirla._ Lupin se marchó lentamente de la habitación y dejó solo a Harry.
-Para mí detrás de Voldemort no hay nada_ susurró._ Porque no puedo vivir mientras él esté vivo y viceversa, y yo jamás podré derrotarle.
Harry volvió a recostarse sobre la cama y cerró los ojos esperando que al abrirlos de nuevo, todo lo que había ocurrido desde el regreso de Voldemort, se desvaneciera de su recuerdo.
“¡Harry, sujeta bien la profecía, coge a Neville y corre!_ esas habían sido las últimas palabras que Sirius le había dicho, después de irse a luchar contra Bellatrix. Y eran las que se metían en los sueños de Harry, las que una y otra vez su cabeza trataba de recordarle y no le dejaba escapar de aquel círculo vicioso.







CAPÍTULO 5: LA UNIÓN POR UN BIEN COMÚN.


Media hora después de que Lupin se marchara, se escucharon de nuevo unos golpecitos en la puerta y Ron, Hermione y Ginny, entraron en la habitación. Encontraron a Harry tumbado en la misma posición, y los tres se sentaron en la cama de Ron, la de al lado del muchacho. Ginny llevaba sobre su hombro a Argo, su nueva lechuza negra. Ninguno habló durante un buen rato, se limitaron a observar como Hedwig se acercaba a Argo y ambas revoloteaban por la habitación, al parecer jugando.
-¿Sabes Ginny?_ dijo Harry sin levantar la vista del techo._ Es la primera lechuza a la que Hedwig se acerca. Normalmente es muy celosa._ la chica sonrió.
-¿Te gusta Argo? Era la lechuza más rara que había en toda la tienda, me gusto mucho su color negro.
-Es muy bonita_ dijo Harry sentándose en la cama y sonriendo a su vez a Ginny._ Por cierto, enhorabuena, eres Prefecta.
-Muchas gracias. Mi madre casi se desmaya, los únicos que no han sido Prefectos en la familia son Fred y George, pero ella está muy orgullosa de todos. Dice que al menos Fred y George han logrado que su intelecto sirva para algo más que molestar a los demás, y ha aceptado su tienda, aunque no le agrada en absoluto que no acabaran los estudios.
-Lo de Fred y George siempre fueron las bromas. Y en cuanto a ti, Ginny, desde que te vi luchar el curso pasado no me cupo duda de que serías Prefecta._ dijo Harry sinceramente, y le pareció ver como la chica se sonrojaba.
-Sí,_ añadió Ron despeinando a su hermana._ Mi hermanita ha sentado la cabeza, fíjate, incluso ha dejado a Dean Thomas, si yo ya sabía que no dudaríais...
-¿Has roto con Dean?_ preguntó Harry asombrado._ ¿por qué? Dean es muy majo...
-Pues yo no lo veo tan majo_ protestó Ron.
-¡Ron!_ le reprendió Hermione._ A ti no te gustará ninguno de los chicos con los que salga tu hermana. Se te ha despertado la vena protectora de hermano mayor...
-¡Eso no es cierto!_ contestó Ron malhumorado._ Pero me gustaría que saliese con chicos que realmente merezcan la pena_ y volvió a lanzar una fugaz mirada hacia Harry.
-¡Suficiente!_ interrumpió Ginny, se había puesto muy roja, a causa del enfado._ Si corté con Dean fue porque pensé que no era mi tipo, y ya está. Y en cuanto a lo que dices Ron, yo elegiré el chico que me guste, no el que tu pienses que es adecuado, ¿de acuerdo?
-Creo que tienes toda la razón, Ginny._ le apoyó Harry, pese a que sonreía, la chica no pudo dejar de notar que sus ojos habían dejado de brillar._ En el corazón no se manda..._ Harry recordó unos instantes el beso que Cho le dio el curso anterior, bajo el muérdago, y se dio cuenta de que sus sentimientos hacia ella se habían desvanecido por completo. Desde la muerte de su padrino, su vida se había dividido en dos mundos, y aquellos amores de adolescente parecían tener un origen muy lejano, demasiado lejano como para ser alcanzados de nuevo. Cuando volvió la realidad, se dio cuenta de que sus amigos estaban enfrascados en una conversación sobre la situación en el mundo mágico.
-...y con éste ya van veinticinco los ataques desde que comenzó el verano. Si seguimos así..._ la voz de Hermione sonaba preocupada.
-¿Qué pasa con la Orden?_ preguntó Harry. Desde que había llegado a Grimmauld Place no había preguntado nada._ ¿Qué está haciendo para detener a los Mortífagos?
-La situación ha cambiado, Harry_ informó Hermione._ Parece ser que en el tiempo en que Voldemort se mantuvo calladito, el curso pasado, no solo ideó un plan para..._ se detuvo y respiró hondo antes de continuar._ ...para que fueras al Departamento de Misterios._ el corazón de Harry dio un vuelco, pero se mostró impasible, esto animó a Hermione a continuar._ Además, parece ser que se dedicó a buscar seguidores por todo el mundo y a montar campamentos para instruir a aprendices de Mortífagos y así tener contactos en todas partes.
-Gracias a la actitud de nuestro querido Ministro_ prosiguió Ginny irónicamente._ Los Ministerios de Magia de los demás países no fueron advertidos de nada y no pudieron prepararse ante un inminente regreso de Voldemort._ Harry se sorprendió de escucharla nombrar su nombre, pero aquello lo animó._ Por lo que ahora están desprotegidos ante los ataques.
-Como es lógico la Orden del Fénix no puede ir de un lugar a otro a luchar, y menos si se producen más de un ataque a la vez,_ explicó Ron._ primero porque no es su principal trabajo, para luchar ya están los aurores de los Ministerios, y segundo porque sus miembros están ocupados en investigar otras vías, tal y como nos contaron el año pasado.
-¿Entonces...?_ balbuceó Harry.
-Lo que tratamos de decirte Harry, es que los miembros de la Orden parecen muy preocupados, no solo porque los hayamos escuchado comentándolo, sino porque lo vemos reflejado en sus caras. Si no nos reorganizamos rápido, es posible que perdamos esta guerra.
-¿Cómo que vamos a perder esta guerra, Hermione?_ gritó Harry levantándose de un salto._ No, eso no es posible, no podemos perder, no podemos...
-Harry_ susurró Ron tratando de tranquilizar a su amigo._ lo sabemos, pero es que...
-Mientras Voldemort exista, habrá guerra, Ron._ gruñó Harry._ Porque mientras existamos los magos decentes, le plantaremos cara.
-Pero nosotros no podemos hacer nada, Harry_ le recordó Hermione._ Únicamente podemos confiar en Dumbledore, seguramente es él el único que puede vencer a Voldemort...
Aquellas palabras hicieron que Harry recordara la conversación que había tenido con el director a principios de verano, una vez habían regresado del Departamento de Misterios. Por la ventana, el oscuro manto de la noche había cubierto todas las casas de Grimmauld Place, y las luces estaban apagadas. Harry miró su reloj de pulsera y se dio cuenta de que era muy tarde, con todo lo ocurrido había olvidado lo cansado que se sentía. Y mientras observaba por el rabillo del ojo, el miedo en los rostros de sus amigos, se recordó así mismo el término de la profecía, que únicamente él y el director conocían. ¿Pero qué puedo hacer yo para enfrentar a Voldemort? ¿ Cuál es ese poder del que habla la Profecía que yo poseo?_ pensó.
-Parece ser que todo el terror que se formó hace quince años ha vuelto_ dijo Hermione._ La gente está asustada, y nadie confía en los demás porque temen que estén bajo los efectos de la maldición Imperious.
-El Ministerio tiene que ser muy precavido_ respondió Ron._ Acordaos que nos dijeron que seguramente Quién-vosotros-sabéis tendría espías dentro.
-Al menos Azkaban vuelve a ser un lugar seguro._ suspiró Harry volviendo a mirar a sus amigos.
-Sí, pero todos los Mortífagos que capturó la Orden a principios de verano, han escapado_ explicó Ginny._ Todos vuelven a estar bajo las órdenes de Voldemort.
-Lo suponía_ dijo Harry todavía sumido en sus pensamientos._ Y lo peor es que no los atraparán de nuevo con tanta facilidad._ se sentó en la cama y observó como Pig picoteaba los barrotes de su jaula, deseosa de unirse a las otras dos lechuzas._ Estamos demasiado llenos de corrupción...sabemos por ejemplo, que Draco se unirá a Voldemort en cuanto salga de Hogwarts, y no podemos hacer nada por evitarlo.
-¡Oh! ¡Sí que podemos!_ dijo Hermione sonriendo maliciosamente._ Vamos a usar nuestros cargos de Prefectos muy adecuadamente este curso. Tenemos que estar alerta, y procurar vigilar muy de cerca a los hijos de los Mortífagos que haya en Hogwarts, y si los descubro haciendo algo..._ Hermione puso cara de ¡pobre de ellos!.
-No harán ni dirán nada comprometedor delante de un profesor_ aseguró Ron._ No son estúpidos, si los pillan tratando de apoyar a los Mortífagos podrían ir a Azkaban.
-Sí, pero estaremos atentos por si cometen un error_ dijo Hermione impasible._ No podemos hacer nada fuera de Hogwarts, pero sí ayudaremos al mundo mágico desde dentro, vigilándolos. Si tienen contacto con los Mortífagos, como estoy segura que tienen, probablemente sus padres les hayan ordenado que estén atentos a cualquier incidente en Hogwarts, y ahí es donde estaremos nosotros.
-Pues yo lo único que quiero es partirle la cara a Malfoy, por cerdo_ gruñó Ron apretando los puños.
-Será mejor que no nos busquemos problemas este curso, Ron._ dijo Hermione muy seria._ Se han acabado nuestros tiempos adolescentes en los que tratábamos de encargarnos nosotros mismos de las cosas, sin pedir la ayuda de un adulto. Esto ya no es un juego.
-Nunca lo fue_ cortó Harry bruscamente._ Y ahora menos._ Hermione, Ron y Ginny se quedaron observándolo como si fuera a cometer una locura, sin saber que Harry estaba dispuesto ese curso a no dejarse engañar de nuevo. No podía permitir que sus amigos corrieran más de un riesgo y por eso se había propuesto mantenerse al margen. Seguía sin convencerse de que haber regresado al mundo mágico era una buena decisión, porque sentía que tener el poder de la magia en sus manos suponía un peligro demasiado inminente. Pero sus amigos seguían ignorando lo que le rondaba a Harry por la cabeza, y era ese sentimiento de odio tan profundo hacia Bellatrix Lestrange. A pesar de que la mujer era mucho más poderosa que él, deseaba volver a tenerle frente a frente, y hacerle pagar por la muerte de Sirius. Era como si tuviera una cuenta pendiente con ella del duelo que no llegaron a terminar en el Ministerio de Magia y que debían saldar. “Algún día, estaré listo y entonces te arrepentirás de lo que hiciste”_ susurró Harry para sus adentros, sin saber que ese día, no estaba tan lejano como suponía.
-¿Creéis que Voldemort seguirá buscando la Profecía?_ preguntó Ginny. Harry sintió como se le caía el alma a los pies._ No creo que se rinda tan pronto, a lo mejor hay otra manera de averiguar su contenido.
-Ojalá no se hubiera roto_ suspiró Hermione._ Me hubiera fascinado conocer su contenido, ¿a ti no Harry?_ Harry la miró muy duramente. No podía soportar hablar de aquello delante de sus amigos, sabiendo que les estaba ocultando la verdad, una verdad que él nunca les revelaría.
-No, no me interesa en absoluto.
-¡Pero Harry!_ protestó Hermione abriendo los ojos como platos._ ¡Pero si hablaba de ti y de Voldemort! Cuando él la buscaba sería porque se referiría a algo importante...
-¡Ya te he dicho que no me interesa, Hermione!_ gritó Harry fuera de sus casillas._ ¡Mejor que se rompiera, porque sino él me la habría arrebatado!
-Lo siento, Harry..._ se disculpó Hermione cabizbaja._ Yo solo trataba...
Se escucharon dos CRACKS y repentinamente Fred y George se aparecieron al lado de las dos camas. De sus orejas colgaban unas tiras de color carne y parecían algo inquietos.
-¡Chicos! ¡Ha llegado alguien muy acelerado por la puerta!_ explicó Fred._ Parece que ha ocurrido algo importante._ y sin esperar respuesta, les lanzó una Oreja Extensible a cada uno.
Los chicos se las colocaron inmediatamente y se agacharon a la puerta para escuchar mejor. Amplificada unas diez veces, se oyó la voz de Dumbledore.
-“...¿Qué ha ocurrido?_ preguntó alarmado._ ¿No habrá habido otro ataque como el de Francia, verdad?_ los seis se miraron asombrados, no sabían que hubiese habido un ataque en Francia.
-¡Nada de eso, Dumbledore!_ aquella era la voz entrecortada de Kingsley, le costaba trabajo respirar con normalidad._ Es que han hallado el cuerpo sin vida de Karkarov. Es....es...horrible...lo han descuartizado, y presenta signos de violencia._ hubo un silencio en la sala de abajo. Arriba, Hermione se tapó la boca para no gritar, sus ojos se estaban empañando de lágrimas. Harry y Ron se quedaron helados, no esperaban que el castigo de Karkarov fuese a ser tan cruel.
-¿Dónde?_ preguntó Dumbledore, la voz se le quebraba.
-En un contenedor de basura_ informó Kingsley._ en el centro de Londres. Lo ha encontrado un muggle y ha avisado a la policía muggle. Después de cenar me he marchado al Ministerio para acabar de ayudar a desenterrar cuerpos en París, pero entonces ha sonado la alarma y yo y otros tres aurores hemos tenido que acudir. Han llegado los desmemorizadores, los muggles estaban alteradísimos porque habían descubierto que se trataba de la persona que secuestraron en el ataque a Bristol. Afortunadamente les han borrado la memoria antes de que informaran a las televisiones muggles. Imagina si hubiesen tratado de averiguar quién era Karkarov. Nosotros los aurores hemos tenido que reconocer el cadáver y observar los daños. Por supuesto hemos hablado con el testigo antes de desmemorizarlo, bajo el Veritaserum, y no ha visto nada raro. Él solo era un vagabundo que buscaba algo de comida por los contenedores y se lo ha encontrado. No han dejado ni rastro de pistas, nada.
-Ya me temía que ocurriría algo así_ suspiró el director._ Pero no pensé que fuera tan pronto, la velocidad con la que avanzan las tragedias está fuera de nuestro alcance.
-Tonks ha llegado al Ministerio poco después que yo._ informó Kingsley._ Ella está en Francia ayudando...se han descubierto sesenta cadáveres más, en total una suma de quinientos setenta y ocho muertos..._ Harry, Ron, y Hermione dieron un respingo. El corazón les latía a mil por hora. ¿Cómo era posible que se hubiese producido un ataque similar? Fred y George se quedaron igual de conmocionados.
-Bien..._ será mejor que descanses esta noche, Kingsley, llevas unos días muy duros. Y aseguraos de que Tonks también descanse cuando llegue._ añadió Dumbledore._ Voy a hablar con Harry y me marcho al Ministerio a hablar con Cornelious. Tenemos que reunir a la Confederación inmediatamente. Christine, ¿podrás hacer la guardia sola?
-Sin ningún problema_ aseguró la muchacha con una voz congelante._ No creo que haya problemas.
-De acuerdo..._ suspiró Dumbledore._ Remus...acompáñame.
Se escucharon los pasos de Lupin y del director subiendo las escaleras. Rápidamente, Fred y George se desaparecieron y los chicos se quitaron las Orejas Extensibles, las escondieron debajo de la cama de Harry y se tumbaron en las camas como si hubiesen estado charlando despreocupadamente todo el tiempo. Dos segundos después de que Ginny se sentara al lado de Harry, la puerta de la habitación se abrió y Lupin y Dumbledore entraron por ella. Los cuatro chicos los miraron con atención, ambos parecían muy preocupados, sin embargo, sonrieron al encontrarlos hablando tranquilamente en la cama.
-Buenas noches, señores y señoritas._ saludó amablemente el director._ Imaginaba que no os habríais acostado todavía, veo que tenéis muchas cosas que deciros._ ellos se limitaron a sonreír._ Harry, Remus y yo tenemos que decirte algo muy importante.
-Nosotros nos vamos a hablar un rato con Fred y George_ dijo Hermione empujando a Ron disimuladamente, quién se dio por aludido._ ¿ Vienes Ginny?
-Er..., claro_ dijo la chica mirando a Harry con preocupación.
Una vez Dumbledore los vio salir, él y Lupin se acercaron a la cama donde estaba Harry.
-¿Cómo te encuentras?_ le preguntó el director taladrándole con sus profundos ojos azules, Harry le rehusó la mirada de nuevo.
-Estoy...bien._ dijo sin convicción.
-Ya veo. Harry, sé que es muy duro para ti estar en la casa de Siri...
-No quiero hablar de eso_ interrumpió Harry levantándose del asiento y atrapando a Hedwig al vuelo, para introducirla después en la jaula. Argo ululó enfadada, y se metió dentro con Hedwig._ Disculpe profesor, pero estoy muy cansado. Si solo ha venido a hablar de..._ hizo una pausa, el nombre de su padrino se le atragantaba en la garganta._ de eso...le ruego que sea otro día._ Lupin y Dumbledore intercambiaron miradas de soslayo.
-Tienes que superarlo_ insistió el director._ No puedes seguir así. Remus me ha contado lo que ha pasado con Kreacher y también que no querías regresar, no comes, no quieres hablar...
-Por favor_ dijo Harry cerrando los ojos._ No quiero hablar de eso._ Dumbledore suspiró de nuevo.
-Está bien. Te daré tiempo para que logres asimilarlo, pero no voy a permitir que continúes con esa actitud, Harry. Tienes que comer o de lo contrario caerás enfermo y en eso te voy a tener muy vigilado.
-Siempre me tiene muy vigilado, director_ dijo Harry bruscamente y miró el retrato vacío de Phineas. Dumbledore guardó silencio unos segundos antes de continuar.
-He venido únicamente para anunciarte una cosa.
-¿Qué cosa?_ dijo Harry sorprendido por el cambio brusco de la conversación.
-Mañana una escolta te llevará a Gringotts para que firmes un documento.
-¿Qué clase de documento?_ inquirió Harry interesado por primera vez._ Dumbledore y Lupin volvieron a mirarse, como si esperaran que Harry se pusiera a gritar.
-El testamento de Sirius. Eres su único heredero de todos su bienes._ le informó el director. Harry se puso blanco como la pared. De todo lo que se estaba imaginando era lo último que esperaba que el director le dijese. Pensándolo mejor era lógico, Sirius no estaba casado ni tenía hijos, tampoco le quedaba familia reconocida, y Harry era su ahijado. Un punzamiento de dolor le recorrió el cuerpo.
-No quiero la herencia de Sirius_ dijo sin pensar._ No quiero ningún papel que afirme que él esté muerto, no la quiero. Pueden quedársela ustedes, seguro que a la Orden le es más útil que a mi. Yo no la necesito.
-Sabemos que no la necesitas, Harry_ habló Lupin por primera vez_ Pero él quería que te la quedaras porque te consideraba como un hijo y...
-¡No quiero ningún documento que diga que Sirius está muerto!_ gritó Harry enfadado, temblaba de arriba abajo.
-¡Pero está muerto, Harry!_ le recordó Lupin duramente. Harry nunca había visto al profesor tan nervioso, de todas las personas que conocía, Lupin era la más tranquila de todas, exceptuando Dumbledore. Ambos se miraron a los ojos durante unos instantes, acompasando las respiraciones._ Tienes que aceptarlo_ susurró el profesor, su voz se quebraba._ Tienes que aceptar que no volverá._ Harry les dio la espalda y cerró los ojos. Un terrible dolor le adueñaba todo el pecho, le ahogaba, le oprimía.
-Está bien_ cedió sin darse la vuelta._ Firmaré ese documento y ahora...márchense....quiero estar solo.
-Tus amigos irán contigo y aprovecharéis para comprar los libros y lo que necesitéis para el nuevo curso, ¿de acuerdo?_ preguntó el director. Harry se limitó a asentir, y luego escuchó como la puerta se cerraba detrás suyo. Tratando de expulsar toda su rabia, le pegó una patada a su baúl y éste se abrió, originando que sus pertenencias se disiparan por el suelo. Incapaz de recogerlas, se tumbó en la cama y cuando media hora después Ron entró en la habitación y lo llamó, Harry se hizo el dormido, y no logró pegar ojo en toda la noche.


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-¿Cuántos cadáveres van ya?_ preguntó una chica del pelo rosa chicle a uno de los funcionarios del Ministerio Francés.
-Cerca de seiscientos_ anunció el hombre con voz batida._ Hemos podido detener el incendio completamente, pero el número de víctimas se ha disparado. Es una tragedia._ el hombre se puso a llorar como un niño, y la aurora le puso una mano en el hombro para tratar de consolarlo.
Luego miró a su alrededor, todavía salía un escaso humo de entre los escombros. Lo que antes había sido un gran polígono comercial, ahora estaba totalmente en ruinas. Se escuchaban los llantos de niños, hombres y mujeres y gritos de dolor. Los aurores de los países que habían podido acercarse a ayudar almacenaban los cadáveres en montones y luego un grupo de magos se los llevaban para identificarlos y avisar a las familias muggles, como si se trataran de policías. Entre los fallecidos también se encontraban muchos magos, y muchas familias de magos tenían que ser atendidas por los medimagos porque se habían acercado al lugar y al reconocer los cadáveres de sus familiares, sufrían desmayos.
Se habían acercado muchos medimagos de los hospitales para atender a los heridos más graves y que no daba tiempo a trasladar, y otros tantos aurores todavía se encontraban desenterrando cadáveres o rescatando a heridos que habían quedado atrapados entre los escombros. Por último, los desmemorizadores no daban abasto con los muggles.
Tonks miró su reloj, ya eran las tres de la mañana y estaba exhausta, pero no se podía marchar. Todavía quedaban muchas personas atrapadas y toda la ayuda era poca. Respirando hondo, se marchó a ayudar a los otros aurores.


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Un grupo de magos, la mayoría ancianos se encontraban reunidos en una larga mesa, en el Ministerio de Magia inglés. Llevaban un rato hablando, y la disputa por la que había comenzado todo, todavía no había concluido. Entre todos los presentes, se encontraban Albus Dumbledore, que había sido nombrado jefe de la Confederación Internacional de Magos, y el Ministro de Magia inglés, Cornelious Fudge. Normalmente, también habría sido requerida la presencia del director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional de cada Ministerio de Magia de los países, pero esos hombres se encontraban dirigiendo los grupos de rescate en la ciudad de París, después de que se hubiera efectuado un ataque a gran escala, así que en esos momentos, solo se encontraban los respectivos ministros de magia de los diferentes países.
-¡Es un ultraje, Cornelious, un ultraje!_ decía el Ministro Francés._ Nuestra comunidad mágica está aterrada, por tu culpa se han perdido cientos de vidas y solo se te ocurre decir que cometiste un error.
-Mira Richard_ trataba de excusarse Fudge. Se retorcía los dedos en señal de nerviosismo._ Tienes que comprender...yo no sabía...yo no pensé...¡por dios! ¡no podía creer que el Innombrable hubiese regresado, era absurdo!
-Si había indicios de que había regresado_ dijo el ministro Búlgaro._ debiste avisarnos. Por muy falsos que fueran, Cornelious, es un tema delicado y que se debe tratar con sumo cuidado. No nos podíamos permitir hacernos a un lado ante su regreso.
-Os repito que no creí adecuado sembrar el pánico ante la Comunidad Mágica_ gruñó Fudge enfadado.
-Lo único que has logrado, son perder vidas humanas_ dijo el Ministro Español._ Ahora él nos lleva ventaja, y no será fácil reorganizarnos y cooperar...
-¿Cooperar?_ gruñó el señor Richard._ Yo no pienso cooperar con el Ministerio inglés después de lo que ha ocurrido.
-¡Por supuesto que no!_ apoyó la ministra de Alemania.
-Nosotros actuaremos por nuestra cuenta_ añadió el señor Richard._ Si este hombre se hizo a un lado_ señaló a Fudge._ ahora trabajaremos solos...
-¡Un momento por favor!_ dijo Dumbledore alzando la voz por encima de todos._ No podemos dividirnos. Si no trabajamos juntos, no podremos acabar con esta guerra.
-¡Francia no necesita a Fudge!_ exclamó enfadado Richard y algunas voces lo apoyaron. Dumbledore suspiró abatido.
-Está bien_ gruñó Fudge ofendido, y se levantó de la mesa.
-Cornelious ¿qué...?
-Déjalo, Dumbledore. Está claro que el problema soy yo. Bien, presento mi dimisión, desde ahora ya no soy el Ministro de Magia de Inglaterra. Mañana mismo convocaré elecciones y en una semana habrá un nuevo ministro. Si me disculpáis..._ y Fudge desapareció ante el asombro de todos.
-¿Qué significa esto? ¿Y ahora como vamos a continuar sin él?_ gruñó el señor Richard.
-Por favor, os pido un poco de paciencia._ dijo Dumbledore restregándose los ojos._ La actitud de Cornelious era muy previsible. Yo me haré cargo del Ministerio hasta que se nombre a un nuevo Ministro, asumiré todas las consecuencias, pero ahora quiero que tratemos de ponernos de acuerdo para afrontar esta guerra. Si nos dividimos, jamás podremos ganar.
-Yo estoy contigo Dumbledore_ afirmó la Ministra de Portugal._ Tú advertiste a Cornelious de la vuelta del Innombrable y siempre has ido con la verdad por delante, tienes todo el apoyo de Portugal._ un murmullo por parte de los demás aclaró que los presentes estaban de acuerdo con la ministra portuguesa y que tenían fe ciega en Dumbledore.
-Os lo agradezco_ aseguró el director con voz cansada._ Porque la cooperación es la única manera de ganar.
-Dumbledore, dinos, ¿qué es lo que trama él, y como vamos a enfrentarlo?_ Dumbledore les explicó todas las teorías que tenía la Orden acerca de Voldemort, sus seguidores y sus planes y les informó de los espías que había colocado para tratar de frustrar sus planes, sin omitir detalles.
-Escuchad_ explicó el director._ la Orden del Fénix es una organización totalmente secreta y nos estamos encargando de averiguar el mayor número de cosas posibles, pero no podemos hacer milagros. Si hay ataques, podemos intentar acudir, pero la Orden está dividida en cientos de misiones y solo disponemos de unos cuantos miembros en caso de que haya un ataque.
-¿Y qué sugieres que hagamos?_ preguntó el Ministro estadounidense.
-¿Recordáis la “Alianza del poder unido”?
-¿La Alianza del poder unido?_ preguntó el señor Richard._ ¿qué es eso?
-Tu no estabas como Ministro entonces, Richard_ explicó la ministra portuguesa._ Se pactó constituirla hace quince años, cuando el Innombrable subió al poder la primera vez. Como en esta ocasión y tú bien recordarás, el pánico se sembró por toda la comunidad mágica y no sabíamos que hacer. La Orden del Fénix de entonces, sufrió grandes pérdidas, aunque logró atrapar a Mortífagos muy valiosos. Estábamos desesperados y entonces planificamos constituir una Alianza entre todos los países. Se trataría de una organización secreta, preparada con los mejores hombres en duelo de cada comunidad y que estaría preparada para acudir a luchar contra los Mortífagos en los ataques que se presentaran. Por supuesto, sus miembros tendrían una identidad secreta, que solo nosotros conoceríamos, para garantizar la protección de sus familias y amistades. Ese grupo, se dedicaría exclusivamente a frenar los ataques de los Mortífagos y así ofrecer su protección al mundo mágico.
-Opino que es una excelente idea para combatir y defendernos_ apoyó Richard y los demás presentaron sus murmullos de aprobación._ Además así, la Comunidad Mágica estará más tranquila, sabiendo que un ejército lucha por su bienestar.
-Me parece que no nos has entendido, Richard_ le interrumpió Dumbledore amablemente._ La Comunidad Mágica no sabrá nada de esta Alianza.
-¿Cómo? ¿Por qué?
-Porque se trata de un grupo sumamente secreto_ explicó el ministro Búlgaro._ Dejaremos que los Mortífagos pierdan su tiempo tratando de averiguar quiénes son y qué son nuestros chicos. La gente solo sabrá que son nuestros aliados porque los salvarán de los ataques, pero no se anunciará nada a la prensa respecto a esto, ¿ha quedado claro?. La seguridad de esos magos correría peligro.
-Está bien_ cedió Richard frunciendo el entrecejo._ Solo una pregunta, ¿por qué no se llevó a cabo esta Alianza la vez anterior?
-Porque Voldemort sucumbió ante Harry Potter_ dijo Dumbledore con parsimonia.
-Y hablando del chico_ dijo un mago viejo que no había hablado en todo el tiempo. Era el Ministro Australiano._ ¿Qué hay de él?
-De eso os quería hablar_ suspiró Dumbledore._ Harry acaba de cumplir dieciséis años y estudia en Hogwarts.
-¿Crees que él podría...? Dumbledore, me preguntó cómo logró vencer al Innombrable_ inquirió la ministra Italiana.
-Fue por su madre_ dijo Dumbledore suspirando con nostalgia._ Ella se sacrificó por él y creo un escudo protector hacia su hijo con su sacrificio. Es magia antigua, por eso Voldemort la olvidó.
-Osea que fue suerte lo que ocurrió la última vez..._ titubeó decepcionado el ministro Norteamericano.
-No_ aseguró Dumbledore y los demás se quedaron perplejos ante esta contestación._ Tengo que mostraros algo muy importante, algo que necesito que quede en absoluto secreto. Si os lo revelo, es porque os conozco de muchos años y confío en vosotros, pero habéis de saber que la seguridad de Harry depende de vuestro silencio.
-¿Por qué tanto misterio, Dumbledore?_ preguntó el ministro Ruso.
-Porque es el motivo por el que Voldemort se introdujo en nuestro Ministerio de Magia en Junio, como ya os relaté, y el motivo por el que, aquella noche, los Potter murieron_ los presentes se miraron unos a otros expectantes.
-¿Quieres decir que...no fue...no fue coincidencia?
-No_ confirmó Dumbledore._ había un motivo muy poderoso por el cuál Voldemort quiso atacar a esa familia._ hizo un movimiento de varita y de la nada apareció el pensadero donde solía almacenar sus recuerdos. Tal y como hizo unas semanas atrás, el director suspiró, se introdujo la varita en la sien, retiró una hebra plateada de ella y la colocó dentro de la vasija de piedra, bajo la mirada intrigante de los demás ministros, que se arremolinaron alrededor suyo._ Lo que vais a observar aquí, es una Profecía que yo mismo escuché hace ahora dieciséis años, la misma Profecía que Voldemort trató de conseguir del Departamento de Misterios._ bajo el silencio espectral de los demás, Dumbledore tocó con la punta de la varita el contenido de la vasija y el líquido grisáceo comenzó a girar y girar hasta que la figura de la profesora Trelawney se proyectó claramente._ algunos soltaron un ¡¡¡Ohh!!! y entonces la figura comenzó a hablar con una voz ronca:

“El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca...nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes...Y el Señor Tenebroso lo señalará como a su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce...Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida...”

La figura de la profesora Trelawney comenzó a dar vueltas otra vez y se volvió una hebra plateada de nuevo. Dumbledore introdujo la varita en el pensadero y devolvió el recuerdo a su cerebro. Los ministros se quedaron más blancos que el papel, observándole como si Dumbledore fuese a comenzar a reírse y a comentarles que aquello solo era una broma, pero el rostro del director era más serio de lo que nunca lo habían visto.
-¿El...el niño del que habla esa Profecía...es Harry Potter?_ logró preguntar la ministra portuguesa.
-Me temo que sí_ respondió Dumbledore amargamente._ Yo escuché esta profecía en un pub de Hogsmade, pero otra persona logró escucharla también. Era un seguidor de Voldemort, afortunadamente, no logró oír más que el principio y no pudo advertir a su señor del contenido real de la Profecía. De esta manera, Voldemort nunca supo que, al atacar a Harry, corría el riesgo de transferirle ciertos poderes y de señalarle como a su igual.
-Entonces..._ susurró el ministro español._ ¿el Innombrable sabía la existencia de dicha Profecía y por eso quiso matar al niño?
-Exacto_ confirmó Dumbledore._ Al no lograrlo y sobretodo al ver que Harry había escapado de él cuatro veces, cuando sus padres únicamente lo habían logrado en tres ocasiones, se propuso escuchar el final de la profecía, quería hallar el modo de....destruirle.
-Y no lo logró_ finalizó el ministro búlgaro._ la profecía fue destruida como nos contaste, gracias a Harry Potter.
-Sí_ afirmó Dumbledore recordando con amargura los sucesos del mes de Junio._ Harry logró frustrar los planes de Voldemort una vez más, pero me temo que a un alto precio.
-¿Qué quieres decir?_ preguntó el señor Richard._ Dumbledore esperó a que los fantasmas de su cabeza dejaran de atormentarle antes de continuar. Se levantó de su asiento y comenzó a pasear de un extremo a otro de la habitación._ El Harry Potter que vosotros esperáis encontrar ya no existe.
-¿A qué te refieres con que ya no existe? Estoy seguro de que el muchacho está muy contento con haber escapado del Innombrable y si dices que es el único que puede...
-Harry Potter ha sufrido demasiado como para que sus heridas sanen con tanta facilidad_ le cortó Dumbledore._ Aquel día, en el Departamento de Misterios, perdió a su padrino, y con él, la persona a la que más quería en este mundo que se asemejaba a un padre para él. Ahora está herido emocionalmente, ha tenido que soportar cargas que ningún otro niño habría podido arrastrar y ahora además sabe el contenido de la profecía.
-Pero si ha podido llevar esas cargas_ opinó la ministra de Portugal._ Entonces quiere decir que de verdad es un niño especial, que quizás sí sea posible el milagro de que acabe con el Innombrable definitivamente.
-Sí,_ opinó la ministra alemana._ Es posible que sea especial, pero sigue siendo un niño y si Dumbledore ha dicho que ha sufrido mucho, será muy difícil que logre prepararse para luchar.
-Todavía existe una oportunidad_ informó Dumbledore._ hay una persona que podría ayudarle a recuperarse, pero no es seguro que lo logre, porque ella misma ha sufrido mucho.
-¿Quién es?_ preguntó el ministro ruso.
-Lo siento_ suspiró Dumbledore._ Pero esa persona prefiere que su identidad no sea revelada hasta que esté lista para afrontarla, pero sí os diré que ella será uno de los miembros que luche en la Alianza. De todas maneras, hay una cosa que quiero advertiros. Harry Potter es un niño normal y corriente, quizás tenga ese poder que Voldemort no conoce y que se trata de la fuerza que lo impulsa a actuar arriesgando su propia vida, pero no podemos esperar que él vuelva a hacer un milagro. Nosotros somos los responsables de asumir esta guerra y si el destino pone a Harry en su lugar y le hace cobrar un papel importante lo aceptaremos, pero sino lo hace seremos nosotros quiénes lo hagamos.
-¡Pero olvidas la profecía, Dumbledore!_ protestó el ministro norteamericano._ ¡Harry Potter es el único que puede terminar con el Innombrable!_ Dumbledore sonrió.
-Yo no creo en un destino fijo, John. Las personas formamos nuestro propio destino y con pequeñas decisiones se pueden cambiar las cosas.
-Estoy de acuerdo con Dumbledore_ opinó el ministro italiano._ Estoy seguro de que unidos vamos a ser muy fuertes.


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N/A: Olaaaaa!!!!! Bueno, pues aquí tenéis el capítulo 5. Ya he empezado con el seis y no os preocupéis, q actualizare muy rápido, porq ya tengo toda la historia pensada y sé muy bien que función realizará cada personaje. Así q, lo q me cueste en escribirlo, por supuesto no voy a correr y q me salga mal, es lo q
tardare en actualizar.

En el siguiente capítulo Harry tendrá un encontronazo con Christine y de nuevo Dumbledore tendrá que preocuparse por él. Y también habrá visita al Callejón Diagon con alguna que otra sorpresa inesperada.

Muchas gracias a todos/as los que leéis mi historia y por favor, por favor, dejadme reviews para q sepa si voy por buen camino y os gusta ¿vale?
Acepto críticas y de todo, y sino, pues agregarme al mesenger [email protected] y me mandáis un e-mail.
De nuevo, mil gracias a los q me dejáis reviews y también a los q leéis mi fict,
Besosssss

CAPÍTULO 6: REGRESO AL CALLEJÓN DIAGON.


Cuando se levantó al día siguiente, Harry creyó que iría al Callejón Diagon, muy a su desgana, pero no ocurrió así. La escolta que debía llevarle a él y a sus amigos para que compraran los libros, había tenido que acudir a París para ayudar en la catástrofe. Lupin y Christine se habían quedado en la casa para cuidarles y junto con la señora Weasley, eran los únicos miembros de la Orden que se encontraban allí. Harry sabía que no había razones para alegrarse porque el ataque había sido una tragedia, pero no podía evitar sentirse contento con retrasar su visita a Gringotts.
Tanto Ron como él se habían despertado muy temprano. El primero obligado por Hermione para continuar con sus deberes, y el segundo porque no había pegado ojo en toda la noche.
-¿Ya has terminado tus deberes, Harry?_ le preguntó Hermione mientras bajaban a la cocina._ Seguro que sí, tú siempre aprovechas cuando estás con los Dursley, no como Ron que...
-En realidad no los he hecho_ confesó Harry. Hermione se paró en seco y lo miró como si hubiese dicho la peor de las palabrotas.
-¡Pero Harry! ¡Solo nos quedan dos semanas para terminar las vacaciones!
-Lo sé, Hermione_ se excusó el chico, enfadado con que siempre le dirigiesen su vida._ pero es que mira..._ meditó un momento si confesarles a sus amigos que no pensaba volver al mundo mágico, pero desechó esa idea de la cabeza._ ...no tenía ganas, eso es todo.
-¿Qué no tenías ganas?_ se alteró Hermione mientras cruzaban la puerta de la cocina. Ginny, Lupin, Christine y la señora Weasley ya se habían levantado. Los gemelos no estaba en la mesa._ Harry, si el profesor Snape descubre que no has hecho tus deberes, le quitará a Gryffindor...
-¡Déjale en paz, Hermione!_ gruñó Ron sentándose fastidiado a la mesa._ Harry ya es mayorcito para que le estés diciendo lo que tiene que hacer._ Hermione se mordió el labio inferior, pero se sentó sin decir nada al lado de Christine, que volvía a tener puesta la mirada en Harry. El chico al percatarse, comenzaba a hartarse de ella. Una cosa era que lo vigilaran y otra muy distinta que no apartaran la vista de encima suyo.
-¿Cómo es eso de que no has hecho los deberes?_ dijo Lupin muy serio, sorbiendo el contenido de café de su taza. Harry le echó una mirada recriminatoria a su amiga.
-Me pondré a ello_ se apresuró a mentir._ Ya me queda sólo pociones._ Hermione iba a protestar diciendo que únicamente les habían mandado deberes de pociones, pero Ron le dio un pisotón a tiempo para que se callara y dejara de meter a Harry en problemas.
-Siento mucho que no podamos ir al Callejón Diagon, Harry._ suspiró Lupin._ El ataque ha sido catastrófico._ Harry se limitó a encogerse de hombros y a observar con desgana las tostadas con mermelada y el zumo de calabaza que la señora Weasley le había puesto enfrente.
-Me hubiera gustado ir_ suspiró Ron._ quiero ver cual es el nuevo modelo de escoba que han sacado este año. Seguro que será una pasada._ Hermione puso los ojos en blanco.
-Y hablando de Quidditch_ dijo Ginny entusiasmada._ Este año se tendrán que elegir a un montón de jugadores nuevos.
-¡Es cierto!_ dijo Ron alegremente._ Nos hemos quedado sin cazadoras.
-Y sin buscador_ le recordó Harry simulando beber un poco de zumo.
-Eso no es cierto, Harry. Ginny renunció porque ella prefiere ser cazadora pero ahora que esa Umbridge se ha largado de Hogwarts, tú podrás volver a tu puesto.
-¿Eres buscador?_ preguntó repentinamente Christine. Parecía muy interesada, pese a que se mostraba tan fría como siempre.
-Lo era_ corrigió Harry._ me echaron del equipo el curso pasado._ Hermione soltó un suspiro de desesperación.
-¿No has oído a Ron?_ dijo muy enfadada por la actitud de su amigo._ La profesora Umbridge ya no está en Hogwarts. En cuanto comience el curso, estoy segura de que la profesora McGonagall te pedirá que vuelvas al equipo.
-¿Qué hiciste para que te expulsarán?_ preguntó Lupin severamente.
-La culpa fue de Malfoy_ soltó Ron despectivamente._ Insultó a nuestra familia y a la de Harry.
-¿Insultó a los Dursley?_ dijo la señora Weasley con incredulidad._ Bueno, no tendrías que haberlos defendido, después de todo...
-Insultó a mi madre_ refunfuñó Harry. En ese instante pegó un bote del susto. A Christine se le había caído el vaso en el que bebía.
-Disculpad_ dijo indiferentemente._ ¡Reparo!_ el vaso se recompuso.
-Malfoy siempre está tratando de provocar_ dijo Hermione comprensivamente, tratando de romper el silencio que se había hecho tras las palabras de Harry._ Debes pasar de él.
-Si este año se cruza en mi camino una sola vez, le echo una maldición_ gruñó Harry enfadado. Aún recordaba el último enfrentamiento a finales de curso, donde de no haber sido por la intrusión de Snape, le habría echo pedazos.
-Harry, no quiero que este curso te busques problemas, ¿has entendido?_ le recriminó Lupin. Su cara se mostraba muy seria.
-Yo no me busco problemas_ se defendió Harry._ Los problemas me acuden a mi.
-¿No crees que eres un poco impulsivo?_ soltó Christine de improviso. Ni siquiera miraba a Harry a los ojos al hablarle, sino que bebía el café tranquilamente. Esto le molestó mucho al chico.
-Oiga...usted no me conoce, así que...
-Es posible_ interrumpió la chica. Lupin no se perdía detalle._ Pero puedo verlo en tu forma de ser. Deberías relajarte, solo tratamos de ayudarte.
-No necesito su ayuda_ contestó Harry malhumorado y vio el momento propicio para levantarse de la mesa y marcharse, y librarse de las reprimendas por no haber desayunado correctamente.
-¡Harry!_ le llamó Lupin, pero el muchacho ya había subido las escaleras corriendo. El profesor suspiró._ No sé que vamos a hacer con él.
-No debiste decirle nada, Christine_ gruñó enfadada la señora Weasley._ Ahora ni siquiera ha desayunado.
-Solo buscaba una excusa para no hacerlo_ dijo ella simplemente y continuó bebiendo tranquilamente su café.

Harry no se metió en su habitación cuando llegó al primer piso. Sabía que si iba allí Ron y Hermione no tardarían en ir a molestarle. Estaba harto de que le dijeran lo que tenía que hacer, de que trataran de adivinar lo que pensaba, como se sentía o como era. No le caía nada bien Christine, había algo en su forma de ser que lo ponía nervioso y deseaba que lo dejara en paz. Se sentía prisionero en la casa, en su casa, y hubiera deseado encontrarse solo en el mundo para gritar.
Se dirigió hacia las escaleras y continuó subiendo hasta la habitación de Buckbeak. Abrió la puerta lentamente y ésta chirrió. El animal estaba tumbado en el polvoriento suelo, observando al visitante que acababa de entrar por la puerta. Instintivamente, Harry observó la pared que había a su izquierda. Se había encontrado a Sirius sentado allí un montón de veces, cada vez que se acercaba la hora de que él y su padrino se separaran. Habían permanecido allí, los dos metidos, durante horas, contándose cosas y charlando de lo que harían si Sirius hubiese estado en libertad.
Dio unos pasos al frente y se inclinó hacia el hipogrifo. El animal escudriñó la mirada segura de Harry y luego también hizo una inclinación.
-¿Cómo estás Buckbeak, viejo amigo?_ dijo Harry acariciándole las plumas al majestuoso animal._ Te he echado de menos.


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Kingsley y Tonks llegaron exhaustos al medio día del ministerio de magia. Siguiendo las órdenes de Dumbledore, ambos se marcharon a descansar después de haber comido un poco. Traían unas noticias bastante malas. En el diario el Profeta, se anunciaba el abandono de Cornelious Fudge como Ministro de Magia y se convocaban elecciones durante toda la semana, para elegir a un nuevo ministro. La noticia había caído como una jarra de agua fría para la Orden, que no daban crédito a lo que oían.
-¿Se marcha?_ gruñó Ron arrojando el periódico contra el pudín de su madre._ Osea que primero nos llama mentirosos y después nos deja en la estacada. ¡Pues menudo ministro!
-Dumbledore ya se lo esperaba_ suspiró Lupin._ Fudge no ha podido con la presión de la Confederación Internacional de Magos.
-¡Por su culpa estamos en esta situación!_ protestó Charly._ Si hubiera creído a Dumbledore y a Harry desde un primer momento...
-No es fácil aceptar que Voldemort regrese_ dijo Christine, algunos se estremecieron.
-Sí, pero ahora debería asumir sus errores._ dijo el señor Weasley. Tenía ojeras a causa del cansancio.
-El Ministerio entero es un desastre_ explicó Moody._ No me extrañaría que los Mortífagos aprovecharan el momento de confusión para atacarlo.
-¡No seas pájaro de mal agüero, Alastor!_ le recriminó Mundungus._ Hay infinidad de aurores controlando la zona, y no creo que haya tenido tiempo de programar otro ataque a gran escala.
-¿Y quién va a ser ahora el nuevo ministro?_ preguntó Ginny.
-Dumbledore ha propuesto a Amelia Bones para el cargo_ dijo Bill._ Pero hay otros candidatos en el Ministerio...por ejemplo, está Thomas Grint, que es el jefe supremo del cuartel de los aurores, y también Stuart McMiller que es el nuevo jefe del Departamento de Cooperación Mágica, después de la muerte de Crouch. Durante esta semana se tendrá que escoger a uno de los candidatos.
-¿Estáis seguros de que esos hombres son de confianza?_ inquirió Hermione pensativa._ ¿Qué os hace pensar que Voldemort no va a aprovechar la oportunidad para introducir a un Mortífago como Ministro de Magia?
-Eres una chica muy audaz_ le felicitó Moody._ Deberías ser auror._ Hermione sonrió satisfecha.
-No creas que no lo hemos pensado, Hermione, pero Dumbledore también tiene a una serie de espías que los vigila, y confía en ellos. Son miembros respetables en el Ministerio y llevan muchos años escalando para llegar al puesto que tienen actualmente.
-También Malfoy era un miembro honorable en el ministerio_ soltó Ron._ Y todos sabíamos que era un Mortífago.
-Sí, pero esto es diferente, Ron_ explicó Bill._ Estos hombres lucharon la otra vez contra quién-tú-sabes y han dado muestras de rechazar el lado oscuro.
-Y sin embargo, Dumbledore opina que Amelia hará un mejor papel_ dedujo Ginny astutamente.
-El hermano de Amelia era miembro de la Orden del Fénix la última vez_ explicó el señor Weasley._ Murió defendiendo una buena causa y Amelia Bones es justa y Dumbledore la conoce muy bien.
-¿No es la que juzgó a Harry en la vista del año pasado?_ preguntó Ron rascándose la cabeza.
-La misma_ confirmó Hermione._ Su sobrina va a Hogwarts con nosotros, ¿recuerdas? Está en Hufflepuff y pertenecía a..._ Hermione se quedó en silencio un momento, no sabía si acababa de meter la pata.
-¿Al Ejército de Dumbledore?_ preguntó Moody irónicamente._ Un nombre muy apropiado señorita Granger.
-Bueno...esto...nosotros...yo..._ Hermione se había puesto muy roja, puesto que había sido de ella la idea de combatir a Umbridge.
-Fue una gran tontería_ protestó la señora Weasley mirando de soslayo a Ron, a quién había prohibido rotundamente entrar, y no le había hecho caso.
-Pues yo creo que fue una idea estupenda_ opinó Mundungus y la señora Weasley le miró frunciendo el entrecejo.
-Teníamos que hacer algo para combatir a esa arpía de Umbridge_ dijo Ginny muy decidida.
-¡Ginny!_ le riñó la señora Weasley._ Recuerda que ahora eres Prefecta y tu deber es dar ejemplo a los demás, no meterte en tonterías de ejércitos.
-¡Combatir a Voldemort no es ninguna tontería, mamá!_ gritó Ginny dolida._ No podíamos quedarnos de brazos cruzados sabiendo que esa mujer no nos iba a enseñar a defendernos.
-¡No pronuncies ese nombre!_ le gritó la señora Weasley. Le temblaba el labio inferior._ Y la lucha que se desarrolle fuera de los muros del colegio no es asunto vuestro.
-¡Se llama Voldemort! ¡Es solo un estúpido nombre! ¡Y debo decir que de esa guerra que se desarrolla fuera del colegio como tú dices, depende nuestro futuro! ¡Y por si lo has olvidado, Harry está metida en ella!_ y levantándose bruscamente de la silla, se marchó de la cocina dando un portazo, bajo la mirada sorprendida de todos los demás.
-Otra señorita con temperamento_ comentó Christine para sí misma, aunque Lupin la escuchó.
La señora Weasley temblaba de arriba abajo. Sin decir ni una palabra, se giró hacia los cacharros y comenzó a lavarlos con furia, murmurando de vez en cuando frases por lo bajo.
-Por cierto_ dijo Moody cuando el ambiente se hubo suavizado un poco._ ¿Dónde está Potter?
-Creo que sigue en la habitación de Buckbeak_ dijo Hermione preocupada._ No se ha movido de allí en toda la mañana.
-¿No ha bajado a comer?_ preguntó Lupin muy serio.
-Creo que mi madre le llevó algo de comida._ dijo Ron. Lupin miró a la señora Weasley, que en esos momentos estaba siendo consolada por su marido.
-Será mejor que vaya a ver como está.
-No se lo recomiendo, profesor Lupin_ titubeó Hermione._ Ron y yo fuimos hace un rato y nos dijo que quería estar solo.


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Ginny subió las escaleras echando pestes contra su madre. Se sentía muy impotente ante los adultos que la consideraban todavía la pequeña niña que había entrado en Hogwarts, hacía cinco años. Y pese a lo que los demás pensasen, ella se sentía mucho más madura y preparada de lo que en apariencia se veía. Había estado poseída por Voldemort en su primer año, había crecido en la sombra de sus hermanos, sin que ellos diesen muestras de percatarse y el año pasado había formado parte de la comitiva de alumnos que luchaban contra Umbridge y se preparaban para la guerra que, actualmente, había estallado.
Había arriesgado su propia vida para ayudar a Harry a rescatar a Sirius, y aunque todo hubiese sido una trampa, gracias a su preparación habían salido ilesos del ataque Mortífago. Subiendo las escaleras, llegó hasta la habitación de Buckbeak y la encontró entreabierta. Asomó la cabeza y se encontró a Harry echando ratas al hipogrifo, en un estado taciturno. Ginny abrió totalmente la puerta y entró. Harry se giró para mirarla y sorprendentemente no comenzó a gritarle como había hecho con Ron y Hermione. La chica pensó que seguramente el muchacho, se sentiría igual de impotente que ella. Observó la bandeja repleta de comida y que Harry no había tocado.
-No has probado la comida de mi madre...está muy buena_ aseguró Ginny sentándose a su lado.
-Lo sé, me gusta mucho como cocina tu madre, pero es que no tengo hambre_ contestó él indiferentemente.
-Harry,_ Ginny trató de hacerle entrar en razón._ No es posible que no tengas hambre, desde que llegaste aquí no has probado bocado.
-¿Tú también vas a empezar como los demás?_ dijo Harry fastidiado.
-No, no_ se apresuró a decir Ginny para que no se enfadara._ solo estoy preocupada por ti._ Harry se sorprendió al escuchar aquella respuesta.
Ginny no dijo nada más, se limitó a mirar al frente y observar como Buckbeak trataba de sacar una rata muerta de la bolsa. Harry volvió a encontrarla más hermosa de lo que la conocía y se dio cuanta de que su presencia no le perturbaba como la de los demás. Se sentía a gusto, allí sentado en silencio, junto a Ginny, sentía que el nudo que le aprisionaba a la altura del estómago, disminuía.
-Gracias Ginny_ dijo Harry al cabo de un rato sin mirarla directamente a la cara.
-¿Por qué?
-Por estar aquí conmigo.
-No tienes porqué agradecérmelo.
Continuaron hablando durante un largo rato, sin percatarse de que los demás habitantes de la casa estaban preocupados por ambos y los buscaban por las habitaciones. Harry se decidió a preguntarle algo que le rondaba por la cabeza.
-Ginny, ¿sabéis ya algo de Percy?_ lo dijo con prudencia, porque sabía que el curso anterior, Percy, había sido un tema muy delicado a tratar con cualquiera de los miembros de la familia Weasley.
-Percy se ha quedado sin trabajo_ contestó Ginny con una nota de dolor en la voz._ Renunció cuando el Ministerio reconoció el regreso de Voldemort._ Harry se sorprendió una vez más de oírla nombrar ese nombre._ ya sabes lo orgulloso que es.
-¿Y no...ha vuelto a casa?
-¿Volver a casa?_ dijo Ginny despectivamente._ No. Sigue viviendo sólo. Mamá ha ido varias veces a tratar de decirle que está perdonado y que vuelva con nosotros, pero él sigue renegando de nuestro apellido y dice que le da igual lo ocurrido, que él sigue creyendo que ascenderá mejor sin nosotros.
-¿Pero y en qué trabaja?_ preguntó Harry extrañado._ de algo tiene que vivir.
-Nadie lo sabe._ dijo Ginny encogiéndose de hombros._ Mamá ya no ha ido a verle desde mediados de Julio.
-Qué extraño..._ susurró Harry.


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-¿Me llamaba, director?_ el cuerpo de Snape salió de las llamas verdes que emitía la chimenea del despacho del director de Hogwarts. Tras sacudirse el hollín de su siempre túnica negra, miró con detenimiento al anciano hombre que se encontraba sentado tras su escritorio.
-Siéntate, por favor_ pidió Dumbledore, señalando con la mano la silla que tenía enfrente. Snape obedeció._ ¿Y bien?
-No pude hacer nada, director_ se excusó el hombre, parecía inquieto, pese a que su carácter era bastante tranquilo._ no hacía mucho que se había producido otro ataque y yo estaba destinado a él, tratando de salvar...
-No me estoy refiriendo a eso_ interrumpió Dumbledore levantando la mano._ preguntaba por las marcas de tu cuerpo..._ Snape se quedó algo aturdido. Había pensado que Dumbledore estaba enfadado por no haber podido detener el ataque a gran escala que se había producido en Francia, y sin embargo, el director le preguntaba por los moratones de su cara.
-No es nada importante_ susurró Snape con voz casi inaudible._ Él trataba de averiguar quién era el traidor...eso es todo.
-¿Eso es todo?_ sonrió Dumbledore._ Te advertí de que no debías arriesgarte tanto. Voldemort sabe que entre sus filas hay un traidor y tus antecedentes...
-Fingí muy bien. Soy de los pocos que puede mentirle, gracias a mi habilidad con la...Oclumancia.
-Eso te hace más sospechoso._ le recordó el director._ Quiero que me prometas que a partir de ahora vas a mantenerte más al margen, Severus, de lo contrario me veré obligado...
-Están muriendo demasiadas personas_ dijo Snape enojado._ No puedo permitir...
-Puedes y lo harás._ aseguró Dumbledore escudriñándole con la mirada, tras sus gafas de media luna._ Ya he puesto medidas para que tengamos más defensas contra los ataques. Tu misión será averiguar que se trae entre manos, dejarás que estos medios se encarguen de evitarlos.
-¿Qué medidas?
-La Alianza_ susurró Dumbledore levantándose de su asiento y paseando de un lugar a otro. A su izquierda, se encontraba un magnífico fénix del color de las llamas. En apariencia, dormía plácidamente.
-No es posible..._ dijo Snape muy sorprendido._ Creí que jamás...
-Tengo pensadas las personas a las que encomendaré para que representen a Inglaterra.
-Su seguridad y la de los que las rodean está en peligro_ dijo Snape furioso._ Es algo muy arriesgado.
-Lo sé_ aseguró Dumbledore mirando al vacío._ Pero no tenemos otra opción. Las personas a las que he elegido saben muy bien las consecuencias que esto acarrea y están dispuestas a cargar con ellas. No podemos impedir que se pongan en juego vidas humanas si se trata de detener a Voldemort_ Snape se estremeció.
-Está bien_ cedió._ Supongo que esto se llevará en absoluto secreto.
-Por supuesto. Ni siquiera la Orden del Fénix estará enterada. Te ruego discreción, Severus._ el hombre asintió.
-Bien...si no quiere nada más...
-Solo un asunto más, antes de marcharte._ comentó el director sentándose de nuevo en su butaca._ Se trata de Harry._ Snape hizo una mueca de desagrado, y aquello provocó una sonrisa por parte de Dumbledore._ De sus TIMOS.
-¿Qué ocurre con ellos?_ inquirió Snape de mala gana.
-Como sabrás, ha aprobado Pociones con Supera las Expectativas...y ha alcanzado las notas requeridas para ser auror en todas las demás asignaturas.
-En Pociones no_ susurró Snape y una sonrisa maliciosa se asomó por su rostro._ No me explico como logró aprobar su TIMO, porque sus notas durante el curso fueron lamentables..._ y añadió al ver la cara sonriente de Dumbledore._ Sabe que no acepto a ningún alumno en mi clase, que no haya obtenido un Extraordinario en sus TIMOS de Pociones y como puede comprobar...Potter no está a la altura.
-Lo entiendo, Severus_ cedió Dumbledore._ Pero me interesa, no, corrijo, nos interesa que Harry curse la carrera de auror y si no lo admites en tus clases, no podrá hacerlo...
-Me es indiferente_ dijo Snape sin mirar directamente a los ojos a Dumbledore.
-Severus, no se trata de una discusión por la carrera de un simple alumno, ¿me entiendes? Necesito que Harry esté preparado y tú eres el mejor para hacerlo en Pociones. Tiene que ser auror o de lo contrario no estará preparado para..._ el director se detuvo bruscamente.
-¿Para qué?_ inquirió Snape mirando a Dumbledore extrañadamente._ ¿Qué iba a decir?
-No importa_ se disculpó Dumbledore cerrando los ojos._ Lo que se trata es de que Harry ha obtenido muy buenos resultados en sus TIMOS y no sería justo arrebatarle la ilusión que tiene por ser auror solo porque no ha llegado al nivel máximo en pociones. La ha aprobado con muy buena nota y te ruego que lo aceptes en tus clases.
-¿Por qué habría de hacerlo?
-Porque sabes que no estás siendo justo con él_ dijo Dumbledore simplemente._ Te estás dejando llevar una vez más por los fantasmas del pasado y no te pones en el lugar de la situación que vivimos._ hizo una pausa y suspiró._ He ido a ver a Harry y debo decir que me ha impresionado mucho su estado.
-¿Qué quiere decir?_ preguntó Snape prestando verdadera atención por primera vez.
-Se niega a comer, a hablar con sus amigos, a afrontar la muerte de Sirius Black...si sigue en ese estado tendré que internarlo en San Mungo para que le suministren la comida a través de alguna poción.
-Potter solo trata de llamar la atención_ trató de excusar Snape. Dumbledore presentaba una aspecto mucho más cansado y viejo, detalle que no dejó escapar el profesor.
-Te lo ruego, Severus, no te estoy pidiendo que olvides tus rencores, que trates a Harry diferente, que lo ayudes...solo te pido que lo aceptes en tus clases, proporciónale la oportunidad de salvar su vida, de hallar un motivo que logre levantar su ánimo..._ durante unos segundos los dos hombres se quedaron clavados observándose mutuamente, hasta que al final Snape retiró la mirada.
-De acuerdo_ cedió._ Aceptaré a Potter en mis clases solo porque ha obtenido buenas calificaciones_ hizo una pausa._ pero no espere un trato distinto por mi parte._ Dumbledore sonrió satisfecho, mientras su profesor de pociones de acercaba hacia la chimenea y tomaba unos polvos verdes._ De todas formas, sigo pensando que hay algo más acerca de Potter que usted sabe..._ añadió mientras desaparecía entre una llamas esmeralda.
-Lo hay..._ susurró el cansado director._ Pero por ahora...mejor que no lo sepa la Orden...


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-Con que estabais aquí_ dijo una muy enfadada Molly Weasley cuando abrió la habitación que actualmente ocupaba un hipogrifo. Detrás de ella estaban Lupin y Christine, todos tenían el rostro crispado, a causa del enfado._ ¿Os dais cuenta del miedo que hemos pasado? Hemos recorrido toda la casa buscándoos...
-No veo porque habrías de tener miedo, mamá_ dijo Ginny descaradamente. Todavía no se le había pasado el enfado._ Ron y Hermione sabían que Harry estaba aquí.
-Sí, pero eso era antes de la hora de comer_ comentó Lupin seriamente._ ¿tenéis idea de la hora que es?_ los chicos negaron con la cabeza inocentemente._ ¡Son las ocho de la tarde!
-¿Estamos bien, no?_ dijo Harry de mala gana levantándose y ayudando a Ginny a hacerlo._ Pues entonces no os quejéis._ tanto él como Ginny salieron rumbo a las habitaciones sin hacer ningún comentario más, dejando a los adultos con la boca abierta.
-Hablaré con Dumbledore_ aseguró Lupin minutos después, cuando los tres se encontraban en la cocina, preparando la cena._ Si Harry sigue así...
-No creo que Dumbledore pueda cambiar mucho las cosas_ comentó Christine, removiendo con su varita el contenido de un caldero._ No sé porqué, pero Harry parece molesto, como si hubiera perdido la confianza en él._ Lupin y la señora Weasley se miraron, pero no quisieron decir nada de sus sospechas. Sabían acerca de una conversación a finales de Junio entre el chico y el director, y conocían el estado en el que Harry se había puesto con Dumbledore. Quizás, desde entonces, el muchacho ya no confiara para nada en el anciano.

A las diez en punto de la noche, la señora Weasley subió a las habitaciones para avisar a los chicos de que la cena estaba lista. Respiró hondo al comprobar que tanto Harry como Ginny se encontraban hablando más tranquilamente con Ron y Hermione y que no parecían enfadados.
-¿Dónde están Fred y George?_ preguntó Harry mientras la señora Weasley le servía una suculenta sopa caliente._ No los he visto en todo el día.
-Fred y George se han ido a trabajar a su tienda de artículos de broma_ explicó Ron que a diferencia de Harry, comía como una engullidora._ No han podido abrir todos los días debido a los ataques, pero hasta principios de verano se marchaban siempre a trabajar y no regresaban hasta la noche.
-Pero ya deberían estar aquí, ¿no crees?_ preguntó Hermione nerviosa, observando el reloj que colgaba de la pared de la cocina y que marcaba las diez y diez de la noche.
-No tienes de qué preocuparte, Hermione_ aseguró Ron._ Muchas veces Fred y George se quedan a dormir en la tienda, si ven que no es prudente salir a la calle en horas altas de la noche, cuando el Callejón Diagon está vacío. Hay que ser muy prudentes en estas fechas. En el almacén tienen dos camas.
-Todavía no me explico como consiguieron el dinero para abrir la dichosa tienda_ comentó de mala gana la señora Weasley, mientras observaba de reojo el plato lleno de Harry. Éste al notarlo, tomó una cucharada de la sopa.
-Bueno..._ trató de explicar Ron, mirando también hacia Harry disimuladamente._ Ellos tenían muchos ahorros...de cuando vendían sus bromas en Hogwarts y...
-¡Por Merlín, Ron! ¿No creerás que un local se alquila solamente con el dinero de unas pocas bromas vendidas a un par de estudiante, verdad?_ gruñó la señora Weasley enfadada.
-Bueno...quizás llevaban mucho tiempo vendiendo y...
-Cada vez que trato de preguntarles se escabullen, pero ¡ah! ¡qué no se crean que lo voy a dejar pasar, no, eso sí que no! ¡Seguro que están metidos en algo ilegal! ¡Y cuando los coja...!_ Harry casi se atragantó con la sopa. Se quedó mirando preocupado hacia sus amigos. No quería meter a Fred y George en un lío por su culpa, y pensó que había llegado el momento de confesar, aunque eso significase perder el cariño de la señora Weasley.
-No es nada ilegal_ dijo tímidamente, y todos se quedaron mirándole. Harry respiró hondo antes de continuar._ Yo les di el dinero a Fred y a George para que montaran su tienda_ confesó.
-¿Tú...?_ titubeó la señora Weasley. Se había puesto muy pálida._ Pero...¿por qué? Es mucho dinero y tú lo necesitas para...
-No lo necesitaba ni lo quería_ aseguró Harry rotundamente. Había algo extraño en la forma de mirar de Lupin, era como si supiese la verdad y sonriera satisfecho._ Les di el premio del Torneo de los Tres Magos. Traté de ofrecéroslo y también..._ hizo una pausa porque recordar aquello todavía le producía una tremenda angustia._ y también a los señores Diggori, pero ninguno lo aceptasteis. Yo no gané el Torneo, no merecía ese premio, lo merecía...Cedric._ bajó la cabeza, tratando de ocultar el enorme vacío, pero después la volvió a subir y sonrió._ Les dije a Fred y a George que montaran su tienda porque a partir de entonces nos iba a hacer mucha falta a todos reírnos. Lo siento señora Weasley yo..._ pero la señora Weasley no parecía en absoluto enfadada. Se levantó y abrazó a Harry para su sorpresa, tratando de retener las lágrimas.
-Eres...eres tan bueno, Harry_ sollozó._ Muchas gracias, muchas gracias de verdad_ el muchacho se sintió cohibido, pero agradeció enormemente esa muestra de cariño.
Durante la media hora venidera, ninguno habló demasiado. Cada uno parecía estar pensando en sus cosas y se preguntaban el número de muertos que habría ascendido la cifra en las últimas horas. Tonks y Kingsley no habían descansado demasiado, y se habían vuelto a marchar al Ministerio.
Sobre las diez y cuarenta, Ginny anunció que se marchaba a la cama, porque no se encontraba muy bien. Después de tocar su frente, la señora Weasley notó que tenía fiebre, y se subió con ella a acostarla, para darle una poción. Ron y Hermione no tardaron en seguir su ejemplo, puesto que la chica había estado incordiando a su amigo todo el tiempo para que se pusiera a terminar los deberes. Afortunadamente el enfado del mediodía le valió a Harry para que Hermione no viera prudente atosigarle a él también, y cuando se subieron a la habitación, no le dijo nada.
En la mesa se quedaron solos, Lupin, Christine y él. Los dos adultos ya habían tomado postre incluido y bebían lentamente una cerveza de mantequilla, pero Harry seguía con el plato de sopa al completo, mirando taciturno su contenido como si esperase que se consumiera, o que Lupin se apiadase de él y lo mandara a dormir, cosa que no ocurrió.
-No has comido nada, de nuevo, Harry_ le riñó el profesor._ ¿Crees que puedes seguir así?
-No tengo hambre_ dijo éste de mala gana. Lo último que necesitaba era otro sermón.
-Sí, eso ya me los has dicho las otras tantas veces que te he preguntado.
-Pues si ya conoce la respuesta, no me diga nada más_ dijo Harry bruscamente. Sabía que estaba siendo maleducado, pero estaba harto de todo el mundo, harto del lugar en que se encontraba, harto de todo._ Quiero volver a casa_ añadió removiendo la sopa con la cuchara. Tanto Lupin como Christine se quedaron de piedra.
-Creí que esto ya estaba arreglado.
-No, no lo está_ dijo Harry enfadado._ No quiero estar en este lugar donde..._ miró a su alrededor y lo primero que se encontró fue la chimenea donde Kreacher le había mentido acerca del paradero de su padrino._ no quiero estar aquí...volveré a Hogwarts, pero quiero pasar el resto de las vacaciones en Privet Drive.
-¿Para qué, eh?_ inquirió Lupin de golpe. Volvía a perder los nervios._ Para que nadie te pregunte si has comido o no, para estar encerrado en tu habitación pensando y recordando lo que ha ocurrido...
-Exacto_ soltó Harry._ No soporto que me miren así como si, como si..._ las palabras volvían arremolinársele en la garganta.
-...como si estuvieras muy cambiado_ terminó la frase Lupin. Christine estaba sorprendida con la situación._ Pues lo siento, pero no vas a volver allí. Te quedarás aquí y afrontarás la situación, afrontarás lo que ocurrió y te resignarás como nos resignamos los demás._ y con un golpe de varita calentó de nuevo la sopa del chico._ Y ahora no nos moveremos de aquí hasta que te acabes todo el plato, ¿has entendido? Si te tengo que tratar como un bebé para que comas, lo haré.
-No quiero comer_ gritó Harry._ quiero salir de aquí, ya no me importa, ya no quiero...¡no soporto estar aquí!_ sin darse cuenta se había puesto en pie y las copas de la mesa se habían reventado.
-Haz el favor de controlarte_ pidió Lupin con voz tranquila. Había hecho caso omiso a lo que acababa de ocurrir._ Te pongas como te pongas permanecerás aquí, y vas a cenar como es debido, así que te recomiendo que empieces pronto para que podamos irnos a descansar.
Harry observó los cristales rotos de las copas y se percató de que había perdido el control. Incapaz de convencer a Lupin, se sentó tratando de serenarse y comenzó a comer la sopa. A cada cucharada que se metía en la boca, sentía una opresión más fuerte en el estómago y unas terribles ganas de vomitar, pero no le importó. Siguió comiendo, consciente de que Lupin no le iba a dejar levantarse de la mesa, y que tanto él como Christine lo observaban pacientemente. Cuando llevaba engullido la mitad del recipiente, su estómago ya no aguantó más y sin querer se calló de la silla a un lado para comenzar a vomitar.
-¡Harry!_ dijo Lupin preocupado y se acercó para sujetar al chico mientras echaba la comida por la boca._ ¿Qué le ocurre?_ preguntó a Christine muy nervioso.
-Debe llevar mucho tiempo sin comer debidamente_ explicó la chica._ La agonía que siente su cuerpo le impide ingerir alimento con normalidad y en cuanto ha forzado a su estómago éste ha respondido mal. Cuando una persona deja de comer, el estómago va encogiendo y desaparecen las ganas de comer, por eso él nunca tenía hambre y no notaba como su cuerpo se iba debilitando.
-¿Qué podemos hacer?
-Por lo pronto informar a Dumbledore. Pero es algo que tiene que superar él. Cuando logre disminuir la opresión que siente, podrá volver a comer con normalidad.
-¡Cough, cough!_ tosió Harry limpiándose la boca con la manga. Se había puesto muy pálido y tenía la cara totalmente roja, a causa del esfuerzo.
-¿Te encuentras mejor?_ le preguntó Lupin sentándolo en una silla.
-No_ contestó él sinceramente. Se dio cuenta de que tenía lágrimas en los ojos y se apresuró a enjugárselas._ Me siento muy mareado y me duele mucho la cabeza.
-Siento haberte forzado_ se disculpó Lupin amargamente.
-Quiero acostarme._ pidió Harry sin prestar atención a las disculpas del profesor. Entre Lupin y Christine consiguieron llevarlo hasta su habitación, que afortunadamente estaba vacía. Ron debía estar con Hermione haciendo los deberes. Lo acostaron en la cama y con un gesto de varita le cambiaron la ropa de vestir por el pijama y lo arroparon. En cuanto Harry se encontró entre sus mullidos cojines, se quedó profundamente dormido, consciente de que sus fuerzas, cada vez menguaban más.
-Perdóname_ le susurró Lupin apartándole un mechón del pelo y revelando así la profunda cicatriz en forma de rayo, que residía en su frente. Le pasó la mano por ella, estaba más brillante de lo normal y quizás eso tenía que ver algo con Voldemort.
-¿Te importa mucho, verdad?_ le preguntó Christine con su voz tan fría como el hielo.
-Sí._ reconoció Lupin._ Pero debo ser fuerte y ocultar lo que siento.
-Así es mejor para él.
-Tal vez, pero el pasado cada vez es más costoso de aparcar. También para él.
-¿Qué...?_ iba a preguntar la chica, pero Lupin la interrumpió.
-Pronto lo averiguarás. Va a ser muy difícil para ambos saber lo que sois y aceptaros.
-Él nunca me perdonará_ dijo Christine con sinceridad. Sus ojos brillaron intensamente._ Pero me conformo con que aprenda lo que voy a enseñarle este año.
-Serás una buena profesora de Defensa Contra Las Artes Oscuras_ le dijo Lupin para animarla y le colocó una mano en el hombro antes de salir por la puerta.
-No sólo de Defensa...mi mayor reto no se quedará en eso...pero esto, no podéis saberlo nadie._ añadió mientras ella también se marchaba.

Lupin y Christine advirtieron a Dumbledore de lo que había ocurrido con Harry al día siguiente, muy temprano. El director se mostró muy preocupado por el muchacho, pero no tuvo más remedio que rogarles a los dos que cuidarán de él, y de que trataran de que aguantara hasta Hogwarts, donde el ritmo acelerado de las clases y el revuelo de la vida estudiantil, no le dejarían tiempo de pensar en lo que aquella casa le recordaba.
Durante toda la semana, Harry durmió mal. Tenía pesadillas con la muerte de Sirius casi a diario y aunque el Departamento de Misterios ya no ofrecía un gran interés en Voldemort, el muchacho no podía dejar de soñar con él, y la habitación del velo. Como Voldemort seguía obsesionado con el contenido de la Profecía, Harry tenía extraños suelos donde una figura de un blanco nacarado comenzaba a relatar el comienzo del contenido, y se detenía a mitad, puesto que como era lógico, Voldemort no conocía el resto. Aquellos sueños y dolores de cicatriz no pasaban inadvertidos para el resto de los habitantes de la casa.
Ron, muy preocupado por su amigo, había puesto al tanto a Hermione y a Ginny de que Harry solía pronunciar el nombre de Sirius en sus pesadillas. Hermione, escarmentada por la experiencia, no dudó en acudir a Lupin para contárselo.
Lo que ninguno sabía es que, cada noche, una figura invisible vigilaba al muchacho en la más absoluta discreción y que lo despertaba repentinamente cuando veía que la pesadilla empezaba a afectarle en exceso.
Mientras tanto, la Orden del Fénix seguía ayudando en el incidente en París, donde la cifra de muertos ya se había disparado a más de setecientas personas; y no fue hasta una semana después del ataque, cuando Tonks, Lupin, Christine y Moody, estuvieron listos para llevar a Harry y a sus amigos al Callejón Diagon, donde comprarían sus nuevos libros, y en el caso de Harry, firmaría la correspondiente herencia de Sirius.
Cuando en la mañana del martes, durante el desayuno, Lupin se lo anunció, Harry palideció de golpe. Había esperado que con todo el ajetreo de los ataques, su visita no pudiera efectuarse y se marchara a Hogwarts antes de que pudiera firmar nada, puesto que solo quedaban tres días, para su regreso.
Muy a su desgana y el entusiasmo de sus amigos por salir por fin de la casa, usaron los polvos Flu para viajar hasta el Caldero Chorreante.
-Menudo aterrizaje más forzoso_ protestó Tonks, que aquella mañana vestía túnica violeta a juego con el mismo color del pelo.
-No habría sido así si no te hubieras introducido tan rápido en la chimenea._ le recriminó Moody, sacudiéndose el hollín de encima.
En el Caldero Chorreante, todos los magos y brujas que habían por allí se quedaron observando a Harry, entre cuchicheos. Probablemente ahora que se había confirmado el regreso de Voldemort, todos volvían a pensar que era un héroe e incluso alguno esperaba que el muchacho volviera a hacer un milagro para derrotarle. Fue esto lo que más nervioso puso a Harry. Ver a todos aquellos magos observándole, sabiendo que se preguntaban cómo se había tomado el regreso del asesino de sus padres, y conociendo el contenido de una estúpida profecía que era lo que le marcaba y distinguía de la gente corriente. Algunos incluso se acercaban al pensar que Harry y Voldemort volverían a vérselas cara a cara en un duelo a muerte, pues él sabía que los dos no podían vivir en el mismo mundo y que tarde o temprano, ese enfrentamiento se produciría.
Nada más salir del Caldero Chorreante, lo primero que hicieron fue dirigirse a Gringotts. Harry y Hermione sacaron de sus respectivas cámaras algo de oro mágico, y luego Lupin y él se acercaron, a solas, a un rincón donde había un gnomo con aspecto antipático, enfrascado en un montón de pergaminos.
-Ejem, ejem_ tosió Lupin para captar su atención. Aquello le recordó a Harry a la profesora Umbridge._ Buenos días, veníamos a firmar un documento de una herencia._ el gnomo observó unos instantes a Harry y a Lupin y luego sin ofrecer ninguna explicación de su comportamiento, se levantó de su silla y se marchó a buscar a otro gnomo que estaba algo más alejado y tenía una extensa barba. Le comentó algo al oído, el gnomo viejo, se acercó a ellos con una amplia sonrisa.
-Buenos días, señores._ saludó amablemente._ Ustedes deben ser los hombres que el director Dumbledore nos avisó que vendrían.
-En efecto_ confirmó Lupin.
-Bien, síganme, por favor_ les pidió el gnomo y se encaminó hacia una puerta de hierro, al fondo del pasillo. Harry miró hacia atrás y vio como sus amigos los esperaban sentados en unos sillones muy desgastados, vigilados muy de cerca por Christine, Tonks y Moody.
El gnomo les hizo subir a un carro movedizo, tal y como había ocurrido en su primer año, y los condujo a través de largas minas por donde las vías de los vagones se entrecruzaban entre sí. Unos minutos después, llegaron a una cámara con una puerta muy desgastada y vieja. El gnomo se bajó del carro y presionó una abertura con el dedo índice de su mano. La puerta vieja se abrió, dando lugar a que unas cuantas telarañas cayesen al suelo, y luego entraron. La cámara estaba llena de estanterías con documentos muy estropeados, y una pequeña mesa. El gnomo rebuscó entre las estanterías hasta encontrar lo que buscaba y luego tomó asiento detrás de su mesa, indicándoles lo mismo a Harry y a Lupin. Una vez se hubieron sentado, el gnomo les entregó el documento que había cogido de las estanterías.
-Necesito comprobar si es usted el señor Harry Potter, al que va dirigida la herencia del señor Black._ Harry lo miró algo receloso, esperando a ver que prueba tendría que pasar._ ¿Tiene usted su carné de identificación de mago?
-¿Carné?_ preguntó extrañado el chico. Pero antes de que pudiera decir algo más, Lupin había sacado de su cartera una tarjeta con una foto mágica de Harry, la dirección donde vivía, y algunos datos personales, y se la había entregado al gnomo, que tras examinarla minuciosamente, se la devolvió a Lupin.
-Bien, ahora solo tiene que firmar._ dijo, entregándole a Harry una pluma.
El chico la cogió nervioso y comenzó a leer el documento sin perder detalle. Era claramente la letra de Sirius, se notaba que era bastante reciente, mucho más reciente que cualquier otro documento de las estanterías. Le concedía todas sus pertenencias que estaban guardadas en su cámara, así como la casa que poseía en Grimmauld Place. Harry terminó de leer el documento y pasó una mano por la firma de Sirius. Su padrino se habría encontrado en su misma posición antes de firmarlo.
-¿Qué ocurre, señor Potter?_ preguntó el gnomo._ ¿hay algo incorrecto?
-No, todo esta bien_ dijo Harry mirando hacia Lupin. Le temblaba el pulso.
-Vamos, Harry, nos están esperando_ le apremió el profesor. Harry miró una vez más el documento, aquello sin lugar a dudas era la prueba más clara de que Sirius había muerto, el documento lo decía. Si lo firmaba, convertiría la muerte de su padrino en algo real, algo irremediable. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Sirius le había otorgado sus bienes con el mayor de los cariños, y Harry no tenía valor para rechazar algo tan grande. Tomando aire, plantó una rápida firma y le entregó el documento de nuevo, al gnomo.
-Bien_ dijo éste contento de que por fin el chico hubiera firmado._ Aquí tiene, la llave de la Cámara 711_ añadió y le entregó una pequeña llave algo oxidada._ Y ahora podemos ir a...
-Un momento_ interrumpió Harry haciendo que el gnomo tomara asiento de nuevo._ quisiera hacer testamento antes de ir a ver la cámara de Sirius.
-¿Testamento?_ preguntó desconcertado la criatura y miró a Lupin que estaba igual de desorientado._ Pero señor Potter, ¿usted realmente quiere...?_ hizo una mueca extraña._ ¡Caray! Bueno si eso es lo que desea..._ el gnomo abrió uno de los cajones del escritorio y sacó un pergamino en blanco._ Solo tiene que indicar a quién van dirigidos sus bienes y firmar._Harry cogió el pergamino y comenzó a escribir.

“Yo, Harry James Potter, cedo mis pertenencias a los siguientes comensales:
-La casa del número doce de Grimmauld Place, Londres, a Remus Lupin con la condición de que sea cedida a cualquier necesidad de la Orden del Fénix.
-El contenido de la Cámara 711 a los miembros de la familia Weasley, como a sí, mis objetos personales y mis pertenencias más valiosas.
-El contenido de mi cámara personal a la señorita Hermione Jane Granger.
Siendo éste mi deseo:
Harry Potter.”

Cuando hubo acabado de firmar, le entregó el pergamino al gnomo y éste lo selló con un escudo de Gringotts y lo colocó en una de las múltiples estanterías.
Después, se encaminaron hacia la cámara de Sirius y Harry la abrió con su llave. Lo que encontró dentro lo dejó de piedra. El contenido de la cámara de Sirius era dos, no, tres veces mayor que el de la cámara de sus padres. Harry jamás había visto tanto dinero junto. Y observó que a parte de dinero, habían otras pertenencias. En una especie de baúl, se encontraban un montón de túnicas, entre ellas la de Hogwarts y mucha otra ropa. Harry cogió una capa negra del baúl y se la puso por encima. Podía sentir el olor de Sirius, había algo que le reconfortaba en ese aroma de su ropa. Era como si el tiempo no hubiese pasado para las prendas, y que tanto tiempo allí guardadas no hubiesen afectado en absoluto su buena calidad.
Pero en la cámara no sólo había ropa y dinero. Harry pudo ver cientos de fotografías de todas las épocas, que su padrino guardaba en cajas y encontró una magnífica escoba, algo polvorienta.
-Sirius era un buen cazador_ le dijo Lupin con nostalgia cuando Harry le quitaba el polvo a lo que parecía una soberbia escoba de carreras. Era plateada y se conservaba en perfectas condiciones._ Esta escoba es la Flecha Plateada, un modelo único que sacaron cuando Sirius y tu padre jugaban en el equipo. Era algo así como una Saeta de Fuego en estos tiempos...
-Tengo a alguien perfecto para que la monte._ dijo Harry entregándole la escoba a Lupin._ Yo no podría montar en otra escoba que no fuera la Saeta de Fuego que Sirius me regaló..., pero no pienso dejar una escoba tan magnífica apartada en un rincón. ¿Podría encogerla para que pueda guardármela en el bolsillo? No quiero que la vean mis amigos, será una sorpresa...
-Como quieras. Ahora es tuya y puedes usarla como desees. ¡Reducto!_ la escoba se hizo tan pequeña que Harry pudo introducírsela en el bolsillo sin ningún problema.
-Toda esta ropa...creo que deberíamos sacarla de aquí._ susurró Harry mirando los baúles repletos._ Quédesela profesor Lupin. Estoy seguro que más o menos Sirius y usted tenían la misma talla. Hay muchas cosas que no le servirán, como esas túnicas viejas de Hogwarts, pero puede dejarlas en la habitación de Sirius.
-No...yo...no..., no podría Harry. Son tuyas_ dijo Lupin cohibido, pero Harry no pudo dejar de observar la remendada túnica de Lupin y compararla con la Cámara tan repleta de oro que poseía.
-Yo no puedo ponerme eso._ dijo el chico tratando de sonreír._ Me viene enorme, pero usted sí que puede. Por favor, quédeselas...a él...a él le hubiera gustado que las llevara usted._ Lupin lo miró meditando._ Y... también quiero que se quede con una parte de lo que hay aquí.
-No, Harry, eso sí que no._ negó con rotundidad el hombre._ Todo esto es tuyo, yo no soy nada de Sirius y él te lo ha dejado a ti...
-Porque él sabía que estaríamos juntos._ dijo Harry con tristeza._ Por favor_ dijo dirigiéndose al gnomo._ Que trasladen la mitad del oro que hay aquí a la Cámara de señor Lupin.
-Harry...
-No puedo quedarme con todo esto_ añadió el chico desesperado._ Es...es demasiado...no lo merezco. Y no es justo que usted no tenga empleo solo porque sea un hombre lobo. Es el mejor profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras que he tenido jamás, y eso no vale todo el oro que hay en esta cámara...
-Gracias Harry_ contestó Lupin agradecido.
Después de que el gnomo se comprometiera enviar la ropa de Sirius mediante magia hasta Grimmauld Place, y de trasladar el dinero a la Cámara de Lupin, se encaminaron de nuevo por las vías ,de regreso a la superficie. Allí, algo exasperados se encontraban los chicos y los adultos que los acompañaban.
-¿Por qué os habéis demorado tanto?_ gruñó Moody cuando los vio venir.
-Lo siento_ se disculpó Lupin._ Hemos tenido que hacer algunas cosillas extra..._ miró de soslayo a Harry.
-¡Vaya, Harry!_ dijo Ron sorprendido._ ¡Qué capa más bonita! ¡Parece de piel de dragón!_ Harry se limitó a sonreír, dando a entender que la había cogido de la cámara de Sirius.
Una vez las explicaciones, se pusieron de acuerdo para ir primero a por túnicas nuevas, ya que los chicos habían crecido bastante y las antiguas ya se les quedaban pequeñas.
-¿Por qué has hecho testamento, Harry?_ le preguntó Lupin discretamente, mientras andaban por el callejón, algo rezagados.
-Tengo mis motivos_ aseguró el muchacho sin dejar de observar los escaparates de las tiendas. Hacía mucho tiempo que no visitaba el Callejón Diagon. Lupin lo cogió de los hombros y lo frenó, obligándole a mirarle a los ojos.
-¿Estás insinuando que vas a morir?_ dijo afectado. Harry estaba muy fastidiado por el interrogatorio.
-Yo no he dicho eso. Pero...con los tiempos que corren...no me pareció prudente no hacerlo, quiero dejar todos los asuntos aclarados por si..._ Harry se detuvo en seco.
-¿Por si qué?_ le insistió Lupin._ Harry, ¿qué me estás ocultando?
-Nada_ se defendió él, tratando de zafarse del profesor._ Pero ya que estábamos en Gringotts... no sabía cuando iba a volver y aproveché la ocasión, eso es todo_ pero Lupin sabía perfectamente que el chico no estaba siendo del todo sincero.
-Escúchame, Harry. Me da la sensación de que...
-¡Harry! ¡Remus! ¡Os estáis retrasando!_ les gritó Tonks. Harry aprovechó el momento para correr tras ella y Lupin se vio obligado a seguir su ejemplo, y entrar a la tienda de ropa.


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Hacía semanas que no salía de aquella habitación, más concretamente desde que decidió hacer una visita al Ministerio de Magia, cosa de la que estaba enormemente arrepentido. Quizás era el hecho de que había permanecido muchos años sin hogar, huyendo de un lado a otro de los Aurores, cobijándose en el abrazo de aquellas criaturas a las que poseía su cuerpo, y que nunca llegaron a dudar mucho; o quizás era el reconfortante crepitar de las llamas, lo que lo mantenían atado a aquella sala.
No tenía calor, le había echado un sencillo encantamiento al fuego para que no quemara, pero la tranquilidad que emanaban las llamas, era más poderosa que su voluntad por salir. Poder, de eso se trataba, había recobrado más poder que cuando gobernó la última vez y sin embargo, se sentía vacío, al haber perdido para siempre la oportunidad de acabar con lo único que ponía en riesgo su existencia.
Se escucharon unos toquecitos en la puerta y tras una respuesta gélida, un pequeño hombre encorvado y temblando de pies a cabeza, entró en la habitación.
-¿Si Colagusano?_ preguntó Voldemort sin dejar de observar el baile que producían las llamas.
-Se...señor_ respondió el hombre, removiéndose nerviosamente las manos. Ocurría siempre que estaba asustado._ Hemos atrapado a un hombre...lo encontramos merodeando cerca de donde se produjo el último ataque...insiste en hablar con usted...le hemos aplicado la maldición Cruciatus, pero él insiste en...
-¡Idiotas! ¿Por qué lo torturáis sin mi permiso?_ Colagusano empezó a temblar más, si cabe. Las gruesas gotas de sudor le resbalaban por el rostro.
-Lo...lo lamento señor...¿se lo traigo?_ Voldemort meditó unos instantes.
-Sí...hazlo pasar y dile a Crabbe y a Goyle que se marchen ya a efectuar el ataque. Es de suma importancia que todo salga bien, es un lugar demasiado controlado por magos, quiero hacerlo desaparecer...
-Como digáis señor_ Colagusano se inclinó torpemente y después salió corriendo para acatar las órdenes de su señor.
Voldemort se quedó esperando en la misma posición. Echó un vistazo al lado de su mullido sillón y comprobó que su serpiente, Nagini, no estaba. Algo parecido a una sonrisa se asomó en su rostro. Sabía que el animal había ido de caza, esa palabra siempre le había gustado, cazar..., eso era lo que él pretendía con sus presas, atraparlas, corromperlas y después...destruirlas.
Por segunda vez, unos golpecitos en la puerta lo interrumpieron y dos hombres encapuchados, cargando a un tercero, se presentaron en la habitación. Después de soltarlo bruscamente e inclinarse hacia su señor, desaparecieron tras la puerta. Entonces el silencio se apoderó de la sala, donde el único sonido era el mismísimo silencio.
Voldemort dio una vuelta a su sillón y se fijó por primera vez en el hombre que estaba tirado en el suelo, moviendo asustado la cabeza de un lado a otro. No parecía muy alto y tenía las extremidades muy cortas y delgadas. Llevaba una túnica de mago azulada, con lujosos cordeles rodeándole cuello y mangas. No era muy mayor, pero tampoco muy joven, en su rostro, se asomaban las primeras arrugas y llevaba el pelo muy bien peinado y amarrado, como si usará un tupé. Era claramente de una posición social elevada.
-Así que..._ susurró Voldemort._ Querías ver al mismísimo señor oscuro en persona..._ el hombre se estremeció._ ¿Y bien? Ahora que estás frente a mi...¿en qué puedo ayudarte?
-He venido a aportarle una información muy valiosa._ dijo el hombre, tratando de vencer su miedo. Hablaba inglés, pero tenía un destacado acento francés en la voz. Voldemort se mostró interesado enseguida.
-Te escucho._ aseguró._ ¿Qué es eso tan importante que debes decirme?
-Primero quisiera poner una serie de condiciones.
-¿Condiciones?_ se burló Voldemort, soltando una estruendosa carcajada._ No estás en posición de poner condiciones. Te encuentras enfrente del mago más poderoso de todos los tiempos, sin varita y sin protección alguna. Puedo matarte si así lo deseo, ¿por qué tendría que escuchar tus estúpidas condiciones cuando torturándote no tendría ningún problema en que confesaras?
-Porque la información que voy a entregarle tiene mucho que ver con algo que usted desea por encima de todas las cosas._ encaró el hombre valientemente._ Y porque el precio que pido es insignificante comparado con esa información.
Voldemort se quedó parado ante tan buena contestación. Al fin de cuentas, el día podría ser más provechoso de lo que ya esperaba que fuera.
-Entonces, dime primero cuáles son esas condiciones tan sencillas que me pides._ accedió al final. El hombre suspiró aliviado.
-Solo pido que mi familia y yo estemos a salvo para siempre, nada más. Sé que va a conquistar el mundo y sé que con la información que le otorgue, el último paso hacia esa conquista será relativamente sencillo, así que, cuando eso ocurra, quiero estar protegido._ Voldemort escudriñó los ojos y sonrió satisfecho.
-¿Sólo deseas la protección de los tuyos?_ preguntó, el hombre asintió._ Está bien, si me ayudas, te doy mi palabra de que nada malo te ocurrirá ni a ti ni a tu familia. Lord Voldemort siempre recompensa a los que lo ayudan. ¿Cuál es tu nombre?
-Mil gracias, señor_ dijo el hombre respirando con normalidad._ Me llamo François Llelterair.
-Muy bien, François, cuando salgas de aquí dale todos tus datos personales y los nombres de los miembros de tu familia que desees proteger, al Mortífago que habrá esperando en la puerta. Él tomará nota y luego te llevará a tu casa. Y ahora...dime cuál es esa información que me tienes preparada.
-Puedo decirle de alguien que conoce el contenido de la Profecía que usted fue a buscar al Departamento de Misterios del Ministerio de Magia Inglés, a finales de Junio y que estará encantado de facilitársela.
-¿Qué has dicho?_ gritó Voldemort levantándose precipitadamente de su asiento._ ¿Qué hay alguien que conoce la existencia de esa profecía? ¿Cómo?
-Verá señor, yo trabajo en el Ministerio de Magia Francés, en el Departamento de Cooperación Mágica. Hace unos días, la Confederación Internacional de Magos, se reunió para entablar unas defensas en el mundo mágico.
-Lo imaginaba_ gruñó Voldemort apretando los puños._ Sino me equivoco, Dumbledore lo organizó todo.
-No se equivoca señor_ confirmó François._ En esa reunión, Dumbledore reveló el contenido de la Profecía.
-¿Dumbledore lo dijo en la Confederación?_ se sorprendió Voldemort._ Ya veo. No le quedó otro remedio para que los ministros volvieran a confiar en el ministerio inglés. Estaban muy enfurecidos con Fudge._ se giró para mirar fijamente al hombre._ Pero eso no cambia mucho las cosas. Los ministros de magia están muy bien protegidos, mi red de Mortífagos aún no está preparada para introducirse como espía en ningún Ministerio y llegar hasta el ministro para obtener la información.
-A eso quería llegar, señor. No necesitará infiltrar a nadie porque yo sé de alguien que le dirá el contenido de esa profecía.
-¿En serio?_ preguntó Voldemort irónicamente._ No pienso que nadie tenga el suficiente valor como para traicionar a Dumbledore.
-Sí, si es un ministro que no lo conoce lo suficiente.
-¿A qué te refieres?
-Señor, el ministro de magia francés, es un hombre que fue nombrado ministro hace tan solo siete años. No conoce realmente de qué va la Confederación, ni tampoco a qué gran escala Dumbledore tiene influencia en ella. Desde el ataque a París, la gente se le ha echado encima. No está preparado para asumir una guerra mundial y un enfrentamiento tan grande.
-Entiendo_ siseó Voldemort con una sonrisa perversa._ Así que tenemos a otro de la misma calaña que Fudge.
-Señor, si usted prometiera la seguridad para Francia, el ministro le revelaría a cambio el contenido de la profecía._ Voldemort comenzó a pasearse de un extremo a otro, pensando detenidamente que hacer.
-La seguridad para Francia...¿eso significaría el mundo muggle también?
-Sí, señor. Si atacara el mundo muggle los aurores se enfrentarían a los Mortífagos y entonces habría muertes._ Voldemort contrajo el rostro.
-Está bien._ cedió._ Ve y dile a tu ministro que en poco tiempo me pondré en contacto con él para quedar en un lugar seguro, para ambos...nadie puede enterarse de este encuentro, o de lo contrario...sería peligroso para el funcionamiento del plan.
-Sí, señor.
-Asegúrale a tu ministro que tiene la palabra de Lord Voldemort de que Francia no sufrirá ningún daño, si me revela el contenido de esa Profecía._ el hombre asintió y se dispuso a salir por la puerta._ Y...François...cuentas con mi gratitud.
Una vez escuchó los pasos alejarse por los corredores, Voldemort se giró hacia las llamas y comenzó a reírse con una sonrisa demente en el rostro. Había logrado lo que había estado buscando durante años, pronto, no sabía cuando, pero muy pronto, la destrucción de Harry Potter sería más que un hecho.


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N/A: Olaassss de nuevo. Aquí tenéis el sexto capítulo!!!! Y muy pronto estará también el séptimo. Espero que os esté gustando la historia y como veis poco a poco van sucediendo nuevos acontecimientos...
Por favor dejadme reviews vale? Es que sino no sé si os gusta y voy por buen camino!!!!
Agradezco a los que leéis mi historia y me dejáis opiniones y también a los que la leéis y no dejáis, pero insisto, mi mesenger es [email protected] y podéis agregarme si queréis. Besossss!!!!!!
CAPÍTULO 7: UN MISTERIOSO ENCUENTRO.


Salieron de la tienda de túnicas cargados con bolsas repletas de nuevos uniformes. Ginny, pero sobretodo Ron, estaban muy contentos con sus nuevas compras. Por primera vez, iban a llevar túnicas nuevas y eso era a debido a que los gemelos cedían la mitad de sus ganancias a sus padres. Este hecho, había puesto a la señora Weasley muy contenta, que había abrazado a sus hijos gemelos y les había repetido cientos de veces lo buenos hijos que llegaban a ser.
-Podíamos ir a visitar la tienda de artículos de broma de Fred y George_ propuso Harry.
-¡Eso sería genial!_ dijeron entusiasmados Ginny y Ron. Desde principios de verano habían estado encerrados en Grimmauld Place y no habían podido ver todavía, la tienda de sus hermanos.
-Está bien_ cedió Lupin, que los seguía muy de cerca._ Pero eso será después de que compremos todo lo que necesitáis. Veamos...las túnicas ya las tenemos, faltan los libros...
-Yo quiero ir a la tienda de escobas_ dijo Ron.
-Y yo necesito más ingredientes para pociones_ dijo Hermione.
-Y yo una pluma nueva_ apuntó Ginny._ Lupin, Moody y Tonks palidecieron.
-¿Todo eso?_ preguntó Lupin.
-Es que no hemos salido de la casa en dos veranos_ protestó Ron.
-Está bien_ suspiró el profesor._ Harry, ¿tú no...?_ se detuvo en seco, porque Harry se había quedado algo rezagado y había caído al suelo de rodillas, sujetándose la cicatriz y haciendo gestos de dolor. Para su alivio, había mucha gente y todos pasaron tan rápidos, que ninguno se percató de que en una esquina, un muchacho de dieciséis años, se había caído al suelo.
-¡Harry!_ gritaron Lupin, Ron, Hermine y Ginny a la vez._ Christine que estaba vigilando muy bien todo a su alrededor fue la primera en acercarse a él.
-¿Qué te ocurre?_ preguntó asombrada.
-La cicatriz..._ logró decir Harry apretando los dientes de dolor._ Voldemort...
-¿Qué ocurre con él, Potter? ¿Está aquí?_ preguntó Moody sacando la varita y recorriendo con la mirada a toda la gente.
-No..._ contestó Harry, y de nuevo las palabras le salían sin pensar._ Está muy contento, mucho más de lo que ha estado en su vida...
-¿Qué quieres decir?_ le preguntó Christine con una voz glacial.
-Ha pasado algo muy bueno para él...algo que él ha estado esperando desde hace quince años...
-¿Qué?_ susurró Tonks. Estaba aterrada._ ¿Cómo...cómo lo sabes?_ Harry negó con la cabeza y Lupin lo ayudó a levantarse.
-¿Te sientes mejor?_ le preguntó. Harry se quitó la mano de la cicatriz y notó como, poco a poco, el dolor iba remitiendo, pero no la sensación de triunfo.
-Ya ha pasado_ jadeó y levantó la vista hacia Lupin._ No sé lo que ha ocurrido pero está muy contento. El año pasado, cuando los Mortífagos escaparon de Azkaban se puso también muy contento, pero ahora ha sido algo muchísimo mejor. Creo que va a ocurrir algo muy grave.
-No te angusties_ le dijo Lupin colocándole una mano en el hombro._ Venga, será mejor que nos demos prisa en comprar todo y nos vayamos de aquí. A pesar de que su voz sonaba tranquila, Harry pudo comprobar como los cuatro miembros de la Orden se habían puesto muy nerviosos. Ron y Hermione encabezaron el grupo en dirección a la tienda más cercana, donde comprarían los ingredientes para la clase de Pociones.

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Dumbledore llevaba toda la mañana en el Ministerio de Magia. Hacía un par de días que la Alianza había sido presentada en la Confederación Internacional de Magos y aceptada por sus miembros. Los hombres que la componían permanecerían en absoluto secreto, y únicamente la Confederación sabía sus verdaderas identidades.
Dumbledore estaba en el despacho del Ministro de Magia, Cornelious Fudge, viendo como éste último recogía sus cosas, puesto que al día siguiente, el nuevo ministro ocuparía su lugar.
-¿Estás seguro de lo que has hecho, Cornelious?_ el director le había repetido la misma pregunta durante toda la última semana.
-Completamente. Ya ves que la Confederación está contenta con mi decisión, las peleas se han solucionado.
-Te repito que tu actitud ha sido de una cobardía que no esperaba en ti, Cornelious._ dijo Dumbledore exasperado._ El mundo mágico te necesita.
-El mundo mágico tendrá a un nuevo ministro en pocas horas_ se excusó Fudge sin mirar directamente a Dumbledore a los ojos, mientras convocaba con su varita los libros de la estantería más cercana y los colocaba ordenadamente en una caja de cartón.
-Sí, pero un nuevo ministro necesitará ponerse al día y ese tiempo que perdamos puede ser de vital importancia. Voldemort nos está alcanzando con demasiada rapidez.
-No te preocupes_ sonrió Fudge amargamente._ Estoy seguro de que Amelia Bones ganará las elecciones.
-¿Y en qué cambiará eso las cosas?_ preguntó Dumbledore con voz cansada.
-No hace falta que finjas conmigo, Dumbledore. Ya sé que propusiste a Amelia para actuar a través de ella_ el director bajó la mirada y suspiró._ Y me parece muy bien, tú eres el único que puede detener esto...siempre debiste ser el ministro._ Dumbledore levantó la mirada y vio el rostro consumido de Fudge, hundido en la amargura.
-¿Por qué no quisiste creerme, Cornelious?_ susurró el director abatido._ ¿Por qué dejaste que tus celos echaran a perder tantas vidas humanas...?
-Porque no quería creerlo_ confesó Fudge y tras colocar los últimos papeles dentro de la caja, se dejó caer en su sillón._ No quería creerlo...

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Después de comprar todos los accesorios necesarios para los nuevos cursos, los chicos entraron en Flourish y Blotts para recoger sus libros, que era lo único que les faltaba. Desde que Harry había tenido el dolor en la cicatriz, Moody iba apuntando con su varita a todo el mundo, lo que ocasionaba continuos malentendidos. Christine también estaba bastante inquieta, aunque su rostro se mostraba más frío, si cabe, que nunca. Mientras Tonks y Lupin entraban a la librería con los chicos, ellos se quedaron fuera patrullando.
-Hogwarts, sexto año_ pidió Ron amablemente acercándose el primero al mostrador. El dependiente era el mismo que Harry había visto en su tercer curso, cuando vino a comprar los libros. Por aquel entonces empezarían a estudiar Adivinación y también Cuidado Contra las Criaturas Mágicas. Harry nunca imaginó, cuando cogió su libro de Disipar las Nieblas del Futuro, que una materia como la Adivinación, tuviese tanto que ver en su vida, que la marcara para siempre, y que alguien como la profesora Sybill Trelawney que la impartía, fuera precisamente la que lo condenara a ello.
-Veamos..._ dijo el dependiente con una pila de libros en la mano._ las materias fijas...Transformaciones..._ cada vez que nombraba una materia, aparecían tres libros y se colocaban en frente de Harry, Ron y Hermione respectivamente._ Encantamientos..., Herbología...Cuidado de las Criaturas Mágicas...Defensa Contra las Artes Oscuras...Historia de la Magia...Astronomía...Bien, y ahora...¿quién estudiará Aritmacia?
-Yo_ respondió Hermione de inmediato y un libro muy gordo, cayó sobre su montón.
-Bien...Y Pociones para los tres, ¿no es así?
-Para mi sí_ dijo Hermione, y Harry y Ron se miraron.
-No sé si comprar el libro de Pociones_ dijo Harry._ Seguramente no cursaré esa asignatura, y sería una tontería comprarlo.
-Vamos Harry, estoy segura de que harás Pociones, y además, no te vendrá mal tenerlo para estudiar...
-Está bien_ cedió el muchacho y el dependiente colocó el libro de pociones en su montón.
-Yo no, gracias_ dijo Ron._ Si lo necesito para estudiar ya me lo prestaréis.
-De acuerdo...¿Y entonces que cogerás en vez de pociones?_ preguntó el dependiente, algo fastidiado.
-¿Por qué no coges Aritmacia, Ron?_ preguntó Hermione entusiasmada._ Es una asignatura fascinante y...
-No, gracias_ dijo Ron mirando horriblemente la tapa del grueso libro, lleno de ecuaciones complicadas._ En realidad hemos venido a comprar los libros sin saber las opciones que tendremos para elegir...
-Ya deberíais haber elegido_ intervino Lupin rascándose la barbilla._ Sino me equivoco, las asignaturas optativas se escogen a finales de sexto.
-Escuché decir a Parvati en el banquete de fin de curso, que ellos ya habían escogido las asignaturas, justo después de acabar los TIMOS_ explicó Hermione pensativa.
-Debió ser cuando nosotros estábamos en la enfermería..._ suspiró Ron._ Y ahora no sabemos que elegir...
-¿Nos podría decir que asignaturas quedan?_ rogó Harry, mirando la cara ceñuda del dependiente.
-Veamos..._ susurró el hombre ojeando una lista de libros._ Los que no escojan Pociones tendrán que elegir entre Aritmacia y Remedios Curativos, que es el suplemento más parecido a Pociones que hay, y normalmente lo escogen alumnos que necesitan Pociones para los EXTASIS.
-¡Eso Ron!_ gritó Hermione._ ¡Elige Remedios Curativos!
-¡Buaj!_ se quejó Ron._ Seguro que la imparte Snape, también. Pero bueno, todo sea por ser auror...póngame un libro de esos, por favor..._ el dependiente obedeció.
-Y bueno...ahora tendréis que elegir entre unas de éstas dos..._ consultó la lista._ Estudios Muggles o Adivinación.
-¡Estudios Muggles!_ dijeron los tres a la vez. La respuesta tan clara de los muchachos sorprendió tanto a Lupin y a Tonks como al dependiente.
-Muy...muy bien_ susurró el hombre y tras colocar los últimos libros de sexto, les entregó tres bolsas muy pesadas.
Después esperaron a que Ginny recogiera sus libros, la cual tardó mucho menos que ellos tres y salieron de la tienda, en dirección al local de artículos de broma, que sus hermanos tenían alquilado.
Iban tranquilamente comentando con entusiasmo las nuevas asignaturas que cursarían y lo agradable que sería dejar de dar Adivinación, cuando se escuchó una gran explosión cerca suyo y varias tiendas comenzaron a arder.
Por instinto, Tonks y Lupin que iban por delante de ellos, se colocaron delante extendiendo un brazo y sacando su varita para protegerlos. La gente comenzó a gritar y a correr despavorida, se oían a lo lejos lanzamientos de hechizos y se podían vislumbrar las sombras de las luces, correr de un lado para otro.
-¿Qué está ocurriendo?_ preguntó Ginny asustada mientras trataba de mantenerse cerca de sus amigos, algo que era muy difícil, puesto que la gente corría de un lado a otro, dando empujones a su paso.
-¡Es un ataque!_ gritó Moody y se colocó también delante de ellos._ ¡Tenemos que ir hasta allí! ¿Dónde está Christine?
Harry miró de un lado a otro, pero no la encontró. Estaba atrapado entre el tumulto de gente que los arrastraba en todas direcciones. A su lado, Ron y Hermione se habían caído al suelo y trataban costosamente de mantenerse unidos.
-Debe haberse perdido entre la gente_ le gritó Lupin a Moody, pero sus palabras se perdieron en el aire, porque una ventana se reventó a su izquierda, a causa de un rayo aturdidor. La gente comenzó a gritar más fuerte, algunos sacaban sus varitas, pero otros cogían a sus hijos y se los llevaban rápidamente del lugar. Harry observó como una serie de encapuchados, se acercaba hacia donde estaban ellos, rompiendo todo a su paso y aturdiendo a todo mago que trataba de detenerles.
-¡Tenéis que marcharos de aquí!_ les gritó Lupin, cogiendo a Harry de un brazo y empujándolo en dirección contraria a los enmascarados._¡Id a esconderos al Caldero Chorreante y decidle a Tom que os proteja! ¡Más tarde os iremos a buscar! ¡Deprisa!
-¡No!_ gritó Harry esquivando a la gente y agarrando a Lupin de la túnica._ ¡No podemos dejaros solos! ¡Son muchos, os ayudaremos!
-¡Eso ni se te pase por la cabeza, Harry!_ le gritó Lupin apartándolo hacia Ron y Hermione y haciéndoles gestos para que se marcharan._ ¡Escondeos! ¡No os preocupéis, pronto llegarán los aurores del ministerio!
-¿Cómo sabrán...?
-¡Detectarán la magia! ¡Vamos iros!_ dijo Tonks exasperada y se fue en busca del mortífago más cercano que había.
Ron y Hermione se levantaron y comenzaron a correr, pero Harry se quedó estático. ¿Y si les pasaba algo a los miembros de la Orden? Mirase por donde mirase, la gente se alejaba huyendo y no eran muchos los magos valientes que se detenían a ayudar. Sintió un tirón en la túnica y al darse la vuelta se encontró con el rostro preocupado de Ginny.
-Vayámonos Harry_ le rogó la chica. Harry dirigió la vista hacia donde habían salido corriendo Ron y Hermione, pero no los encontró. El tumulto de gente se los había tragado y los Mortífagos cada vez estaban más cerca.
“Harry, sujeta bien la profecía, coge a Neville y corre” “Corre, corre, corre, corre Harry”
El eco de esas palabras lo hizo reaccionar. Le martilleaban la cabeza, debía irse de allí, debían salvarse y dejar que la Orden lo arreglara todo. Ginny estaba a su lado, suplicándole con la mirada que se marcharan y él no iba a ponerla en peligro.
-¡Venga, corramos!_ dijo Harry tomándola de la mano y echando a correr. Le resultaba muy difícil distinguir por donde pasaban, mientras la gente les empujaba y gritaba despavorida.
El sonido de una tienda explosionar a su lado le hizo detenerse en seco sobresaltado. Una serie de lechuzas, ratas, sapos y otros animales, salieron volando en jaulas y se iban estrellando contra el suelo o contra la gente. Harry reconoció la tienda que acababa de explotar, era el Emporio de la lechuza, donde Hagrid le había comprado a Hedwig.
¡¡¡¡AHHHHH!!!!!_ sintió el grito de Ginny a su izquierda y vio como la chica se soltaba de su mano y era lanzada dos metros para atrás, chocando con una señora gorda, la cual fue derribada también.
-¡Ginny!_ gritó Harry y fue a su encuentro. La chica se incorporó doliéndose de la muñeca, pero parecía en perfecto estado._ ¿Estás bien?
-Sí...¡tenemos que salir de aquí! ¡Cuidado!_ el mismo mortífago que la había expulsado contra el suelo, trató de atacarles con una rayo rojo. Ginny empujó a Harry y ambos rodaron por el suelo, mientras el enmascarado se acercaba a ellos para volver a atacarles. Rápidamente, Harry se levantó de un salto y sacó su varita.
-¡Impedimenta!_ gritó y afortunadamente, de su varita salió un rayo que paralizó al mortífago. Después se giró hacia Ginny y la ayudó a ponerse en pie._ ¡Tenemos que encontrar a Ron y a Hermione y llegar al Caldero Chorreante! ¡Estamos muy cerca!_ la muchacha asintió y comenzó a correr detrás de él.
Pero era demasiado tarde. Los mortífagos habían alcanzado terreno muy deprisa. Los miembros de la Orden habían salido de su campo visual y ahora observaban como magos normales y corrientes trataban de enfrentarse a los enmascarados, para defender a sus familias. Distinguieron por lo menos a doce mortífagos cerca suyo.
-Ya eres mío, Harry Potter._ Harry y Ginny se dieron la vuelta sobresaltados y se toparon con un hombre de túnica negra y rostro tapado. Por los agujeros de la máscara, Harry distinguió perfectamente unos ojos grises, que centelleaban bajo la luz del sol.
-¡Lucius Malfoy!_ titubeó Ginny, que también había reconocido al hombre. Desde el incidente en el Departamento de Misterios, a ninguno de los miembros del ED que fueron allí, se les olvidaría jamás los rostros de sus captores.
Malfoy levantó la varita, pero en el momento en que iba a efectuar su hechizo, una figura, vestida con una túnica roja sangre y una bola del mundo dibujada en su espalda, se apareció en medio y conjuró un potente hechizo, que lanzó a Malfoy por los aires y lo dejó inconsciente.
Harry y Ginny miraron anonadados como figuras idénticamente vestidas y con capuchas tapándoles la cabeza, acorralaban el movimiento mortífago y los hacían retroceder.
-¿Estáis bien los dos?_ dijo la figura que acababa de salvarles. Tenía la voz fría, congelante y los ojos azules le brillaban inusualmente. Harry asintió y se quedó pensativo, creía conocer a la persona que estaba oculta tras esas vestimentas tan llamativas, pero no estaba seguro del todo._ Tenéis que marcharos.
Sin hacerse de rogar, Harry tomó a Ginny del brazo y ambos salieron corriendo otra vez.
Pero no llegaron a avanzar demasiado. Pese a los refuerzos de aquellos extraños personajes, los mortífagos eran muchos e iban acorralando el callejón Diagon, impidiendo huir a la gente.
-¡No podremos salir de aquí!_ jadeó Ginny. Respiraba entrecortadamente a causa del esfuerzo._ ¿Qué hacemos, Harry?_ Harry miró de un lugar a otro. La gente seguía gritando, había pequeñas batallas personales por todas partes, si se quedaban allí parados algún hechizo los acabaría alcanzando, pero la salida hacia el Caldero Chorreante estaba bloqueada por un número importante de Mortífagos, jamás lograrían llegar hasta allí con vida.
Harry apretó los puños y miró a Ginny. La chica estaba dispuesta a luchar, y aunque tenía miedo, mantenía firmemente cogida la varita en su mano libre. Pero Harry no podía ponerla en peligro otra vez, si muchos mortífagos se percataban de que él estaba en el Callejón Diagon irían a buscarlo y la vida de Ginny peligraría. Lupin les había advertido que se ocultaran.
-Tenemos que escondernos_ dijo con seguridad. Giró la cara en ambas direcciones, buscando un lugar apropiado y de pronto lo encontró. Era un pequeño callejón muy estrecho, lo reconocía, era la calle que conectaba el callejón Diagon con el callejón Knockturn. Había estado allí con Hagrid y parecía despejado._ ¡Vamos!_ le gritó a Ginny arrastrándola con él. Nadie se dio cuenta de que dos figuras se escabullían entre medias de la gente y se introducían en una pequeña callejuela.
-¿A dónde vamos?_ preguntó Ginny, mientras seguía el ritmo de su amigo._ ¡Por aquí se va al Callejón Knockturn, no podemos ir allí, es muy peligroso!
-Lo sé_ aseguró Harry sin detenerse, todavía se acordaba del pequeño percance que sufrió._ Pero no entraremos, nos esconderemos entre aquellos escombros._ señaló un montón de ruinas de edificios y restos de basura.
Nada más entrar en el callejón, una oscuridad los recubrió, era como si el cielo se hubiera apagado, y un frío intenso les caló los huesos. Podían sentir cuán tenebroso era ese lugar, pero debían permanecer ocultos allí, hasta que la batalla terminara o menguara, para llegar hasta el Caldero Chorreante.
Ambos se apoyaron en la sucia pared y resbalaron hasta el suelo, respirando con dificultad.
-Ha estado cerca._ jadeó Ginny._ ¿Cómo vamos a salir de aquí?
-Esperaremos a que la situación mejore_ respondió Harry, que estaba de rodillas asomando la cabeza entre los escombros, para comprobar que no había peligro.
-¿Dónde estarán Ron y Hermione? Espero que estén bien...
-Conociendo a Hermione, seguro_ contestó Harry para tranquilizarla.
A pesar de que estaban algo alejados de la batalla, Harry escuchaba perfectamente los gritos de la gente, los llantos y las maldiciones correr de un lugar a otro. Llevaban más de diez minutos esperando, pero no había ninguna señal que les indicara que el camino estaba más despejado. El muchacho cada vez estaba más nervioso, temía que Lupin o cualquier miembro de la Orden los estuviera buscando, pero no tenían más remedio que permanecer ocultos, hasta que la batalla finalizase. Cuando escuchó un susurro de voz, pensó que se lo había imaginado, y no fue que se dio cuenta de que era real, hasta que Ginny le agarró de la túnica y le hizo darse la vuelta.
-Tú eres Harry Potter...
Harry se sobresaltó al oír una voz que salía de la nada. Avanzó unos pasos, mirando en ambos sentidos, buscando su fuente. A su lado, Ginny parecía igual de confusa. Era una voz de mujer, muy pausada y serena. No encontró rastro de donde provenía y pensó que quizás había sido producto de su imaginación...pero...
-¿Ya te vas, Harry Potter? ¿Por qué te marchas ahora, cuando hace un momento estabas dispuesto a velar por tu seguridad y la de tu acompañante?
Harry se detuvo, pero no habló. Siguió contemplando el vacío espacio de donde provenía la voz sin saber que hacer o qué decir, se sentía tan frustrado como esas semanas en la casa de los Dursley. Entonces la sombra que parecía cubrir el callejón se difuminó notoriamente y Harry pudo ver la sombra de una figura. Se asomó despacio y cauteloso y en las penumbras vislumbró la silueta de una mujer, sentada en una especie de alfombra gastada. Estaba muy quieta, vestida con una túnica negra de tela, que brillaba a contraluz, pero de apariencia algo antigua; con las manos entrelazadas, apoyadas sobre sus rodillas. No era una mujer joven, pero tampoco muy vieja y llevaba un pañuelo cubriéndole la cabeza. Tenía el rostro notablemente pálido, pero lo que más llamó la atención de Harry eran sus ojos, trasparentes, cristalinos, tan incoloros como el agua, como si hubiesen borrado su color.
Su voz pareció anclarlo en el suelo. Harry se colocó justo enfrente de ella y la miró con desconfianza, su aspecto le recordaba claramente al de una vidente, de esas que había visto en la televisión muggle, y fue eso lo que más le inquietó.
-¿Cómo sabe mi nombre?_ preguntó Harry. Ginny estaba a su lado, pero parecía igual de desconfiada.
-El cómo no importa, Harry Potter, tampoco el cuándo, pero sí el porqué._ Harry no se acercó más a ella. Le parecía que con estar a esa distancia ya era suficiente para escuchar, las palabras confusas y revueltas que le habían atormentado hasta entonces.
-¿Qué quiere de mi?_ preguntó Harry incómodo y desconfiado, observando a la mujer fijamente...
-No te asustes, Harry Potter..._ ella le hablaba pausadamente y muy calmada, como si saboreara cada palabra y la pensara con sumo cuidado, antes de pronunciarla._ Pensabas en tus seres queridos, en proteger a los que quieres, has aprendido de la experiencia que ser tú el que trate de arreglar las cosas...no es siempre el mejor camino...has lamentado tú error desde el momento en qué ocurrió, sin preocuparte por argumentar, por saber, que las cosas siempre tienen un porqué para ocurrir...sin percatarte de que lo que ocurrió ese día, que tratas de rememorar...quizás...te salve la vida en el futuro...
-¿Es una clase de adivina?_ le cuestionó él sorprendido, desconfiado y algo molesto por las palabras, era como si fuera capaz de leerle la mente y lo odiaba. No debió haberse acercado a la voz...
-¿Te molestaría si lo fuera?...Oh, porque tu detestas tu clase de adivinación, y sin embargo, muchos sucesos han ocurrido allí, ¿me equivoco? Cosas que sabes que son importantes...siempre lo has sabido y aún así, te cierras a los acontecimientos, sigues pensando o sigues tratando de pensar que es una tontería, un fraude....y te cierras a las palabras sabias...sigues siendo débil...
-¡Yo no soy débil!_ gritó Harry olvidándose de que estaban ocultos._ ¿Por qué dice eso?
-Lo eres...Harry Potter...y tú lo sabes…por eso tus sueños te siguen atormentando, cada vez...con más frecuencia..._Harry se dio la vuelta para salir de allí, cuando se acordó de que estaban atrapados. Tenía dos opciones: o se quedaba allí escuchando las bochornosas y confusas expresiones de la mujer, o se enfrentaba a los mortífagos poniendo su vida y la de Ginny en peligro.
-Harry..._ titubeó Ginny sin saber qué hacer o qué decir. La mujer siguió hablando como si la chica no estuviera con ellos.
-Harry Potter...este año tendrás la oportunidad de acabar con tu enemigo, pero solo siendo consciente de que un gran poder, conlleva una gran responsabilidad, sabrás aprovecharla...y aún así, tú no puedes salvar el mundo..._ hizo una pausa para observar la reacción del muchacho._ Tienes en tus manos la fuerza que podría salvarlo...sin embargo, tú no la deseas...prefieres que otros más mayores que tú, carguen con ese peso, y luego les dices que quieres luchar...una parte de ti piensa que es tú pelea y es valiente...y la otra huye de ella y se niega a creer que la mejor forma...no está siempre en la punta de una varita...
-Yo no tengo miedo_ dijo Harry despacio.
-¿Alguien ha dicho que lo tengas?_ Harry se dio la vuelta sorprendido y miró a la mujer. Ella sonrió.
-¿Lo ves, Harry Potter? No soy yo, sino tú quién sabe que tienes miedo...
-¿Por qué ha venido?_ preguntó Harry desesperado por cambiar de tema._ ¿Cómo sabe que estaba aquí, cómo conoce tanto de mi?_ La mujer volvió a sonreír, pero no era una sonrisa burlona, ni tan solo hiriente, era más bien forzada, incluso triste...Harry se contagió de esa extraña aura que parecía envolver a la mujer...
-Solo conozco lo más profundo de los corazones humanos. Pude ver tu inquietud en la oscuridad, pude ver tu espíritu tratando de proteger a los que te quedan...tratando de no creer que la muerte se ha llevado a la persona más importante en tu vida...
-¿Leyó mi mente?_La adivina no contestó, pero Harry estaba seguro de que podía adivinar todo lo que él pensaba, igual que la profesora Trelawney trataba de hacer sin éxito._ ¿Por qué dijo que yo no podía salvar el mundo?_añadió tratando de encontrar respuestas.
La mujer fijó su mirada cristalina en él, su expresión cambió a seriedad, pero no a dureza.
-Porque a ti te falta algo que se necesita para acabar con tu enemigo. Algo que tienes a tu alcance, que posee la persona que está a tu lado...
Harry miró a su izquierda y se encontró con Ginny. Le pareció ver un brillo de tristeza en sus ojos.
-¿Y qué es?
-Esperanza..._ susurró la mujer simplemente._ Alguien como tú no puede salvar al mundo. No alguien que se acuna en sus recuerdos esperando a que la muerte se lo lleve, no alguien que no es capaz de asumir que si te eligieron a ti, sería porque eras el más indicado, porque las cosas suceden con un fin, un fin que tu enemigo no entiende y que si tú no logras entender al final, tampoco ganarás...no, tú no puedes ser el que hemos estado esperando, siendo alguien que vive oculto en sus pesadillas y sus pensamientos sin mirar hacia delante...
-¡Usted no lo entiende!_ bramó Harry._ ¡Usted no sabe nada! ¿Cómo cree que me siento sabiendo esta gran verdad? ¡¿Cómo cree que es levantarse cada mañana sabiendo que puedes ver morir a tus amigos, que arriesgan su vida por una lucha inútil cuando la victoria o la derrota se decide entre dos?!
-Volviste a comprar tu tiempo con esos mortífagos, Harry Potter, pero tu tiempo se agota...eres tú el que no entiende, eres tú el que se niega a ver el sufrimiento en las caras de los que te rodean...has olvidado, Harry Potter, que la gente aún guarda un pedacito de esperanza en su corazón, que aún creen que mientras el niño-qué-vivió esté a su lado, existe un futuro para ellos y para sus hijos...has olvidado que albergan en sus corazones la luz que se produjo cuando tú le derrotaste la primera vez, en sus corazones, Harry Potter, sigues estando presente y por eso, por mucho que los diarios y los ministerios traten de desacreditarte, siempre habrá gente que esté dispuesta a vivir o a morir por ti...
-Está loca...¿sabe?...No confío en usted...está tan loca como la profesora Trelawney....
-¿De veras?_ sonrió la mujer._ Yo creí que pensabas que tu profesora podía realizar predicciones verdaderas...
Harry se quedó callado. La adivina había vuelto a acertar y no sabía como afrontar aquello.
-Recuerda...Harry Potter...tu tiempo se agota...debes actuar rápido o tus enemigos se apoderarán de tu vida...sin fe, no puedes ganar ni vidas, ni nada...recuerda...que habrá más muertes...¿te sacrificarías tú, Harry Potter?...Porque si no haces un gran sacrifico pronto...el mundo acabará por darte la espalda...eres tú y no otros el que tiene que luchar por su vida...por su huída...y deberás hacerlo, Harry Potter...aunque te pese, deberás hacerlo...
Harry oyó ruidos provenientes del callejón, pero no les hizo caso. Continuaba absorto en las palabras de esa bruja, que con su aura lo había hecho perder la noción del tiempo y del espacio, lo había arrastrado con su embrujo hacia un lugar donde nada más que seguir escuchándola, tenía sentido.
-Las cosas no ocurren porque sí...supera los percances del pasado y empieza a vivir en el presente...te aguardan muchas sorpresas y muchas de ellas grandiosas...abre tus ojos...elige bien...Christine es sabia en palabras...confía en ella...deja que los que te rodean se acerquen a ti para darte las fuerzas necesarias...deja que la solución...no esté al alcance de la punta de una varita...
-¡Harry!_ Ginny le tiraba de la manga. Oía gritos, pero se negaba a dejar de observar la transparencia de los ojos de la extraña mujer._ ¡Harry tenemos que ocultarnos!
-¿Qué?_ se dio la vuelta hacia Ginny y entonces volvió a la realidad. Los gritos se hacían más presentes, más claros y unos pasos se acercaban hacia ellos, acompañados de voces.
-Tienen que estar por aquí._ era una voz grave la que hablaba, a Harry le resultaba familiar, pero no la asociaba a nada conocido._ Malfoy dijo que estaban cerca..._ Ginny y él se sobresaltaron. Eran mortífagos los que acababan de entrar en el callejón y estaban muy cerca de ellos. Se dio la vuelta hacia la mujer, pero ésta había desaparecido. Trató de vislumbrarla a lo largo del callejón, pero no había ni rastro de ella y los pasos se escuchaban a un par de metros suyos. Se dio cuenta de que Ginny temblaba y la cogió por los brazos.
Desesperado, miró de un lugar a otro tratando de encontrar una vía de escape, pero estaban rodeados de ruinas y basura y no había salida.
-Quizás estén en el Callejón Knockturn..._ dijo la voz de otro de los hombres.
-No creo que se hayan atrevido a entrar ahí..._ estaban muy cerca, Harry escuchaba sus respiraciones. Nervioso, empujó a Ginny hacia un hueco tras una caja de cartón de su misma altura y la apoyó contra la pared, para después juntarse a ella. No había separación entre sus cuerpos, su pecho rozaba el de Ginny y podía sentir su aliento ajetreado rebotar contra el suyo propio. Sintió un bombeo cerca del pecho y se dio cuenta de que era el palpitar acelerado de la chica. Fijó sus ojos esmeralda en los de ella y la miró fijamente, al tiempo que ella le miraba a él. En silencio, dejaron que se escucharan sus propias respiraciones. Estaban pegados, unidos contra la pared, pero al menos estaban a salvo, la caja de cartón los ocultaba en gran medida y los pasos de los mortífagos se alejaban hacia el callejón Knockturn.
Y aún cuando los pasos dejaron de escucharse, ninguno de los dos hizo intento por separarse. Algo estaba brotando en el corazón de Harry, algo que no había sentido hasta entonces. Jamás había estado tan cerca de una persona y la había protegido con su cuerpo como lo hacía con Ginny, no había tenido la maravillosa experiencia de escuchar el palpitar acelerado de su corazón y mirarla a los ojos como la miraba ahora. Y no fue hasta que el ruido de un hechizo cercano los sobresaltó, que la magia del momento se rompió y Harry asomó la cabeza para comprobar que no había peligro.
-¿Se han ido?_ preguntó Ginny tímidamente.
-Creo que sí._ se aproximó hacia los escombros que lo tapaban antes de su encuentro con la adivina y observó como los gritos y las peleas en el callejón Diagon disminuían._ Parece que la batalla está terminando._ Tenemos que salir de aquí, los mortífagos podrían volver._ Ginny solo asintió y se limitó a seguir a su amigo.
Muy cautelosamente, se acercaron al final de la oscura calle perpendicular al callejón Diagon. Los gritos había cesado, pero seguían escuchándose hechizos en algunos puntos cercanos. Esto hizo que Harry dudara si salir o no. Al final optó por asomarse a la esquina y se dio cuenta de que los hechizos provenían de medimagos y aurores del ministerio, tratando de proteger a la gente de un posible desprendimiento por parte de los edificios, y en el caso de los medimagos, para curar a los heridos.
Ginny y Harry salieron completamente de su escondrijo y se encontraron con un panorama totalmente distinto al que, a penas una hora atrás, habían disfrutado. Había mucha gente tirada en el suelo, algunos heridos, otros simplemente asustados y muchos lamentando las pérdidas y sin poderse creer lo que había ocurrido. La mayoría de las tiendas estaban semiderruidas, y las que quedaban en pie, conservaban secuelas del ataque. Los aurores corrían de un lado para otro comprobando cadáveres y desalojando a las personas que parecían ilesas, mientras que los medimagos se dedicaban a atender en el suelo a los heridos más graves y ofrecer trasladores a los más leves, para que los transportaran al hospital.
Harry vio como unas cuantas figuras, vestidas como la que los había salvado a ellos, estaban de pie, contemplando el desastre producido. Cuando captaron varias miradas de la gente, se pusieron de acuerdo entre sí y desaparecieron.
¿Quién eran aquellos extraños individuos? Los habían salvado, pero ¿por qué iban con máscaras? Ginny soltó un grito ahogado y se tapó la boca con las manos, Harry se sobresaltó y miró al lugar donde señalaba su amiga. En la acera, tirada en el suelo, se veía a una mujer madura con el cuerpo sin vida de una niña que no tendría más de seis años, llorando desconsoladamente. Los aurores trataban de calmarla y de convencerla para que tomara un traslador.
-¡Noooo! ¡Mi hija, mi hija!_ sollozaba, mientras agarraba más fuerte a la pequeña, que tenía la cara manchada de sangre. Harry cogió a Ginny y le tapó los ojos para que no viera el cadáver, pero él se quedó observando, como anclado a una realidad, que hacía tan solo una hora, no existía._ ¿Por qué, por qué ha tenido que pasar esto, por qué?
-Cálmese señora, por favor, tome el traslador, la ayudarán, se lo aseguro. Vaya al hospital, se lo ruego.
-¡Déjenme, déjenme!_ la mujer se derrumbó sobre el hombro del joven auror, que trató de consolarla._ ¡mi pequeña, mi niña...! ¿Por qué nos está pasando esto, por qué ese hombre ha vuelto, por qué? ¿Es qué no existe nadie que pueda detenerlo? ¡mi pequeña...!
A Harry se le contrajo el estómago. Esa imagen, del cadáver de una niña, y su madre llorando sobre él, no se le olvidaría jamás. Era Voldemort, pensó, Voldemort hacía todo esto, él estaba destruyendo todas aquellas familias igual que había destruido la suya con anterioridad. Atribuía ese dolor al suyo propio, a la muerte de Sirius, cuando él se sentía incapaz de seguir adelante, incapaz de hablar con nadie, distinto, sin poder pensar o hacer otra cosa que correr detrás del velo, donde su esperanza estaba puesta, donde creía, no, más bien sabía, que una parte de su padrino se había quedado. Sí, era esa terrible verdad, si Lupin le hubiera dejado llegar hasta el velo, asegurarse de que Sirius había caído realmente, tener donde llorar su pérdida, donde jurar venganza, donde maldecir a la persona que lo había llevado a esa terrible experiencia; entonces él no se sentiría de esta manera. Se le había quedado una espina clavada en el alma, la necesidad de encontrar una explicación a todo esto, de calmar la sofocante culpa que lo consumía por dentro...
¿Y si no hubiera dejado escapar a Colagusano, y si hubiera dejado que lo mataran, y si se hubiera tomado más en serio la predicción de la profesora Trelawney, y si nunca le hubiera propuesto a Cedric coger el traslador, y si hubiera huido cuando su nombre salió en el Caliz de Fuego cuando mil veces lo había pensado, y si se hubiera tomado más molestias en aprender Oclumancia, y si hubiera escuchado los consejos de Hermione cuando le decía que trataba de hacerse el héroe y que Voldemort lo sabía, y si hubiera usado el espejo de doble sentido para comunicarse con Sirius? Esas preguntas...sin respuesta...lo atormentaban, lo alejaban de aquella realidad, que parecía un cuento de ciencia ficción, de esos en los que el protagonista nunca muere, en este caso, qué equivocados estaban...
“Y habrá más muertes...Harry Potter”_ las palabras de la adivina...ella lo había predicho, y ahí enfrente lo tenía.
-¿Qué hacéis vosotros dos aquí?_ una voz lo había sacado abruptamente de sus pensamientos. Harry miró en dirección a ella y se encontró con la cara de uno de los aurores del ministerio.
-Nos...nos hemos perdido_ respondió Ginny nerviosamente._ Estábamos ocultos mientras sucedía el ataque y nos hemos separado de los nuestros...
-¿Quién estaba con vosotros?_ suspiró cansadamente el viejo auror.
-Dos de nuestros amigos...y...unos adultos._ dijo Harry._ Nos gritaron que corriéramos al Caldero Chorreante, pero no pudimos llegar a tiempo.
-Ya ha pasado el peligro. Id al Caldero Chorreante a ver si están allí y si no...volver a ver si están en la lista de heridos o de..., bueno, id._ aquella duda no le gustó para nada a Harry. Estaba seguro de que la otra lista se refería a las personas muertas, pero no se lo quiso decir a Ginny para no ponerla más nerviosa.
Pasaron muy deprisa entre la gente, conforme se alejaban de donde habían estado ocultos, las tiendas estaban más intactas, y no había tantos heridos. Parecía que el centro del ataque estaba más hacia el final del callejón.
-Harry,_ susurró Ginny preocupada._ ¿Crees que la tienda de Fred y George habrá sido atacada?_ Harry dio un respingo e hizo un esfuerzo sobrehumano por sonreír despreocupadamente.
-No te preocupes, estoy seguro de ellos están bien. Son demasiado listos para los mortífagos._ Ginny no contestó. Se veía muy pálida y afectada con lo que acababa de ocurrir. Continuaron andando a paso ligero hasta que llegaron al Caldero Chorreante y tras cruzar la puerta, un hombre se abalanzó sobre Ginny y comenzó a abrazarla y darle besos.
-¡Oh, Ginny, hija!_ era el señor Weasley._ Temíamos los peor, creía que estabas muerta, no te encontrábamos y..._ no pudo acabar porque tanto él como ella se derrumbaron y comenzaron a llorar desconsoladamente. Harry se dio cuenta de que Ginny se había estado conteniendo por el camino. Una mano se le puso en el hombro.
-Menos mal que estás bien, Harry_ era Lupin y parecía muy preocupado. Tenía el pelo muy revuelto y la ropa más desgarrada que de costumbre, pero por lo demás, estaba intacto.
-¿Dónde os habíais metido, Potter?_ gruñó Moody. Estaba sentado en una silla y tenía claramente el brazo quemado._ Os dijimos que vinierais hacia aquí.
-No pudimos_ se excusó Harry._ Los mortífagos cerraron filas, estábamos atrapados.
-¿Y cómo lograsteis sobrevivir?_ preguntó el señor Weasley, tratando de enjugarse las lágrimas.
-No nos hubiéramos salvado sino hubiera sido por Harry_ respondió Ginny afectada._ Aturdió a un par de mortífagos y luego nos guió hasta la calle que comunica el callejón Diagon con el Knockturn, nos escondimos allí hasta que pasó el peligro.
-Excelente idea, Harry_ le felicitó Lupin._ Esconderos allí fue lo que os salvó la vida._ Harry solo sonrió.
-¿Dónde están Ron y Hermione?_ preguntó Ginny apresuradamente._ ¿Y Tonks?
-Tonks ha sido llevada a San Mungo_ explicó el señor Weasley, y al ver la cara de los chicos, añadió._ Pero no os preocupéis, su vida no peligra._ Y en cuanto a Ron y a Hermione...
-Estamos aquí_ dijo Ron saliendo de detrás de una columna, acompañado por su amiga._ Veo que estáis bien. Yo ya se lo dije a Hermione.
-Pues no parecías tan seguro hacía solo unos minutos_ le recordó Hermione. Ambos llevaban algún que otro corte en la cara y en el caso de Ron, la mano izquierda vendada, pero parecían sanos y salvos.
-Os perdimos por el camino..._ dijo Harry respirando aliviado de que sus amigos estuvieran intactos._ ¿Cómo llegasteis hasta aquí?
-Bueno, lo cierto es que nos las vimos canutas._ contó Ron._ Pero las clases del ED sirvieron de mucho, después de todo. Hermione lanzó una serie de maldiciones y yo me abrí paso entre los mortífagos, llegamos por los pelos.



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Dumbledore había regresado a su despacho, en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, tras hablar con el ex ministro y ver como los aurores se desaparecían en dirección al callejón Diagon, tras detectar un nuevo ataque.
Sabía que no podía ayudar más desde el ministerio y estaba a la espera de recibir en su despacho, los informes de dos personas que, seguramente, le resolverían más dudas que el propio ministro.
Una de ellas era Snape, y la otra...
Tras un resplandor de luz blanca, una figura cayó al suelo, ocasionando un golpe seco. Dumbledore se levantó bruscamente de su asiento, donde estaba escribiendo una carta y se acercó rápidamente a ella.
Una mujer de pelo negro suelto y mirada fría como el hielo, se había desplomado en el centro de su despacho. A penas podía respirar y unas gotas de sudor le resbalaban por el rostro, por lo demás, parecía intacta.
-¡Christine!_ susurró el director ayudándola a sentarse en la silla._ ¿qué ha ocurrido?
-Están...bien..._ logró decir ella tras apoyarse en el respaldo de la silla y cerrar los ojos, tratando de omitir el dolor._ Tuve...tuve que soltar todo mi poder para frenar el ataque...
-No debiste hacerlo._ gruñó Dumbledore yendo a uno de sus armarios y rebuscando entre unos frascos._ Has podido morir...y ahora él sabrá que has vuelto...
-Ya no me importa_ murmuró la mujer, conteniendo la respiración._ No puede hacerme más daño...
-Puede y lo hará. Sabrá que proteges a Harry y tratará de eliminarte como la última vez...
-No me eliminó a mi_ le recordó Christine, abriendo los ojos como platos. Dumbledore suspiró, y tras encontrar lo que andaba buscando, se acercó a la chica y se lo entregó. Sin preguntar nada, ella desenroscó el tapón y se bebió todo el contenido del pequeño frasco.
-Christine..._ susurró Dumbledore moviendo la cabeza negativamente.
-Ya no existen intermediarios de por medio. Ahora sólo somos Harry y yo._ el efecto de la poción, le ayudó a recobrar fuerzas._ Han muerto varias personas, no muchas, se ha podido evitar una gran tragedia...gracias a la Alianza.
-¿Qué ha dicho la gente?
-No mucho._ informó ella poniéndose en pie y mirando por la ventana, como solía hacer cuando el director la interrogaba._ Pero han confiado en nosotros y de eso se trataba.
-¿Y los miembros de la Orden y los chicos? ¿Están todos bien?_ preguntó Dumbledore.
-Harry se las arregló para salvar a la hija de Arthur._ susurró Christine sonriendo._ Y los otros dos salieron impunes, son muy hábiles tus alumnos...
-No todos...solo algunos en particular._ aseguró Dumbledore sentándose detrás de su escritorio.
-Los demás están bien. Salvo Tonks...ha sido llevada a San Mungo, pero estará bien, no es grave.
-Entonces...el nuevo grupo ha sido un éxito..._ murmuró el director más para sí mismo que para la acompañante de la habitación.
-Quizás...pero no es suficiente...
-Nada es suficiente cuando se trata de Voldemort..._ Dumbledore levantó la mirada del suelo y la dirigió a la espalda de Christine._ Y a pesar de haber ganado esta batalla...nada podrá borrar de la mente de la gente, esta tragedia...
-Deben ser fuertes. Todos debemos serlo...


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-¿QUÉ HA OCURRIDO?_ gritó Voldemort a los cinco hombres que estaban arrodillados frente a él, temblando de miedo. Ellos eran los responsables de dirigir el ataque al callejón Diagón._ ¿DIEZ VÍCTIMAS, SÓLO DIEZ VÍCTIMAS?
-Por favor señor...
-¡Crucio!_ el hombre que había tratado de justificarse, se retorció de dolor en el frió suelo de la habitación de su señor._ ¡Exijo saber lo que ha ocurrido! ¡Se suponía que era un ataque a gran escala!
-Y lo era señor._ el que habló esta vez, era Malfoy. Quizás por eso, Voldemort se contuvo de torturarle._ Estaba todo bien planeado y entonces...._ se estremeció al ver la mirada asesina de su señor._ ...aparecieron un grupo de personas...unas cien...o así, iban vestidas con túnicas rojas...
-La Alianza..._ murmuró Voldemort. Por sus espías en el pasado, sabía que era un grupo que se iba a formar para tratar de detener su avance y hacía unas horas, aquel hombre del ministerio francés le había dicho que Dumbledore se había reunido con la Confederación para entablar las defensas.
-Señor..._ la voz temblorosa de un tercer hombre, le hizo regresar a la realidad._ No eran aurores normales, tenían cierto dominio especial de los hechizos...eran grandes magos...
-¡Por supuesto que lo eran idiotas!_ son los mejores magos de cada país del mundo. La Confederación los eligió para frenarnos._ hizo una pausa y respiró hondo, tratando de tranquilizarse, cosa que no logró._ ¿Atrapasteis a alguno?
-Ninguno señor..._ dijo con temor el cuarto hombre._ Herimos levemente a un par de ellos quizás...pero nada más.
-Por otra parte,_ intervino Malfoy, ahora que se había asegurado de que su señor no iba a comenzar a lanzarle maldiciones._ el callejón Diagon quedó muy destruido, no se recompondrá fácilmente y la visión de la gente será difícil de consolar..._ sonrió._ señor...en el callejón estaba Potter.
-¿Harry Potter? ¿En el callejón Diagon?
-Sí, mi señor_ confirmó Malfoy._ Si no hubiera sido por un miembro de ese grupo, lo habríamos atrapado.
-Una vez más se ha librado de la muerte..._ gruñó Voldemort mirando con asco a sus mortífagos._ Pero ahora Potter va a dejar de ser un problema...
-¿A qué se refiere, señor?_ preguntó otro de los mortífagos.
-Eso es algo que no te incumbe, Nott._ el aludido bajó la cabeza avergonzado.
-Señor..._ comenzó de nuevo Malfoy._ Hay algo que...que debería saber.
-¿Sí?
-La persona que salvó a Potter era Christine Byrne.
-¿Qué has dicho?_ gritó Voldemort. Sus ojos de serpiente se abrieron como platos y el poco color que conservaba en su rostro, desapareció._ ¿Estás seguro, Lucius?
-Completamente. Luché contra ella y se le cayó la capucha, la reconocí, señor. Había luchado contra ella en el pasado, en numerosas ocasiones.
-¿Por qué habrá vuelto?_ murmuró Voldemort pensativamente._ Creí que no regresaría después de lo que ocurrió...
-¿Supone un problema, señor?_preguntó Malfoy dubitativo. Voldemort se levantó de su asiento y observó una vez más el crepitar de las llamas, esa tranquilidad lo ayudaba a pensar con mayor claridad.
-Depende de lo rápido que actuemos. No es rival para mí, pero ofrece a Potter una protección extra con la que no contábamos. Quizás deberíamos recordarle...el porqué uno no puede desafiar a Lord Voldemort..._ se giró hacia sus mortífagos, sonriendo maliciosamente._ me parece que ya lo ha olvidado...


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N/A: Olasssss de nuevo. Os prometí q actualizaría rápido y lo prometido es deuda. Me está gustando mucho escribir esta historia y he de decir que gracias a vuestras opiniones, me ayudáis una barbaridad. Muchas gracias, en serio y no olvidéis seguir mandando vuestros puntos de vista, por favor, por favor, acepto de todo, pero necesito saber si es este el buen camino....

Ya tengo casi la mitad del capi 8, así q en cuanto lo termine, actualizo. Muchos besos a todos y gracias por seguir leyendo!!!!!!!!



CAPÍTULO 8: HE VUELTO A CASA.



Nada más aparecerse por la chimenea de la cocina, del número doce de Grimmauld Place, la señora Weasley se abalanzó sobre ellos llorando, y los abordó a preguntas. Algunos miembros de la Orden, como Kingsley o Hestia, habían llegado antes del callejón Diagón, sin noticias sobre ellos y habían informado a la señora Weasley de lo ocurrido.
El señor Weasley les contó todo lo que había pasado y cómo habían logrado encontrar a los chicos, afortunadamente a salvo.
-¿Y qué pasa con Fred y George?_ preguntó Ginny, una vez su madre le puso una taza de té delante.
-Tranquilos, Fred y George llegaron antes que vosotros, junto con Kingsley y Hestia, y están bien_ explicó la señora Weasley, sirviendo el té a todos._ Se les ocurrió lanzar un encantamiento de invisibilidad a su tienda, así que los mortífagos no pudieron destruir algo que no veían. Ayudaron también a la Orden con sus artículos...creo que dijeron que soltaron unos fuegos artificiales con forma de dragón...y ahuyentaron a los mortífagos. Ahora se han marchado a ayudar a los aurores.
-¡Los Magifuegos Salvajes Weasley!_ dijeron los chicos a la vez.
-¿Sabéis lo que son?_ preguntó ceñuda la señora Weasley.
-Bueno..._ dijo Ron haciéndose el inocente, cosa que no logró._ Fred y George los usaron contra la profesora Umbridge el año pasado._ la señora Weasley abrió la boca para protestar, pero la volvió a cerrar. Estaba clarísimo que tenía un conflicto interior. Por una parte, el recuerdo de que sus hijos abandonaran el colegio de esa forma y que se dedicaran a lanzar sus inventos contra los profesores, no le era de ningún agrado, pero por otra parte, detestaba a la profesora Umbridge, y más aún cuando sus hijos le habían contado lo injusta que llegó a ser con Harry y que había sido la responsable de mandarle los dos dementores en verano; como no encontró nada que decir, se dedicó a sorber su taza de té.
-Ha sido todo espantoso_ el señor Weasley rompió el silencio, pasándose una mano por el poco pelo que tenía en la cabeza._ No creí jamás que volvería a ver a gente huyendo de esa manera. No había pasado en quince años..._ miró de soslayo a Harry, pero cuando se dio cuenta de que el muchacho también lo miraba, retiró los ojos de él.
-Ahora que Voldemort ha regresado estos ataques serán muy frecuentes_ se lamentó Lupin. Algunos se estremecieron. Harry miró hacia Ginny y vio que unas lágrimas silenciosas caían a través de sus mejillas y se le contrajo el estómago. La niña temblaba de arriba abajo.
-Ginny..._ el señor Weasley se acercó a ella y la abrazó para reconfortarla._ ¿Ginny qué...? ¿Por qué lloras?_ ella se aferró a su padre y arrancó todo lo que tenía por dentro.
-Una niña...una niña pequeña...yo...y Harry...la...la vimos muerta...estaba muerta...papá...su madre la abrazaba y...y lloraba...
El señor Weasley no preguntó nada más. Se limitó a seguir abrazando a su hija, mientras apretaba los dientes con furia. Ron y Hermione se llevaron un sobresalto igual, al que ellos habían sufrido al verla muerta. Harry no sabía que hacer o que decir. Se sentía sucio, contaminado, arrastrando una terrible verdad consigo mismo, y a la vez dolido. Quería correr y abrazar a Ginny, no sabía porqué, pero pensaba que si se unían, igual que lo habían hecho en el callejón, se olvidarían de todo recuerdo.
-Yo...creo que me voy a acostar un rato_ dijo levantándose de pronto. Lupin lo miró fijamente.
-¿No vas a comer nada?
-No tengo hambre._ contestó sinceramente y sin esperar más reproches subió corriendo las escaleras.
-Vamos con él_ dijeron Ron y Hermione levantándose también, pero Lupin los cogió a ambos del brazo.
-Dejadle solo un rato.
-¿Pero...?
-Quizás quiera llorar a solas y le vendrá bien poder desahogarse._ Ron y Hermione no objetaron nada más y se sentaron al lado de Ginny para cubrir a su padre y consolarla ellos también.
-Por cierto...¿dónde está Christine?_ preguntó la señora Weasley, extrañada de no encontrar a la mujer allí. Lupin se encogió de hombros.
-La perdimos durante el ataque. No sabemos donde puede estar.
-¿Queréis decir qué...?
-No_ aseguró Moody._ consultamos las listas de muertos y por el momento no figuraba en ellas. Suponemos que comenzó a luchar contra los mortífagos y en cuanto se detuvo la batalla, fue a informar a Dumbledore de lo ocurrido.
-¿Y cómo fue que lograsteis echarlos del callejón Diagon?_ inquirió la señora Weasley. No podía estarse quieta, se sentía muy preocupada por Harry, así que se puso a lavar las tazas de té.
-Te aseguro que hubiéramos sucumbido, Molly._ narró Moody._ De no ser por unas extrañas personas que aparecieron de la nada y nos ayudaron.
-¿Quiénes?
-No sabemos quiénes eran_ suspiró el señor Weasley._ En el ministerio de magia no saben nada, osea que no eran aurores ni nada por el estilo, además, eran bastantes.
-Nosotros también los vimos_ titubeó Ginny. Había dejado de llorar._ Iban vestidos con túnicas rojas y nos salvaron.
-Cuando venga Dumbledore le preguntaremos_ dijo Lupin._ Pero si son aliados, serán bien recibidos entre nosotros, a fin de cuentas, salvaron nuestras vidas.

Ni Harry ni los demás, bajaron en todo el día de sus habitaciones. Habían sufrido una terrible experiencia y no se sentían con ganas de afrontar las conversaciones acerca de muertos o heridos, que los adultos discutían en la cocina. Aunque la señora Weasley subió con una bandeja de comida y acompañada de Dumbledore, ninguno comió en exceso, y en el caso de Harry, apenas la tocó.
Dumbledore trató de tranquilizarles, diciéndoles que a pesar del ataque, había que estar contentos, puesto que se había ganado esa pequeña batalla y capturado a algún que otro mortífago. Para ellos, aquello no fue una gran alegría, porque aunque se reducía el número de aliados en las filas de Voldemort, ninguno de los mortífagos estaba dispuesto a declarar y no tenían más remedio que llevarlos a Azkaban, sin acercarse si quiera, al territorio del mago tenebroso.
Hasta altas horas de la noche, estuvieron comentando quiénes podían ser aquellos extraños individuos de capas rojas y no llegaron a ninguna clara conclusión. Harry les reveló sus sospechas, pero aquello solo hizo aumentar las dudas de los adolescentes.
-¿Y dices que era Christine la que os salvó?_ preguntó Ron por enésima vez._ Es muy raro...
-Sé que suena extraño, pero era ella, yo la reconocí._ dijo Harry exasperado, sus amigos no acababan de creerse que la mujer se encontrara entre aquellos raros individuos.
-¿Tú también la viste, Ginny?
-No, pero si Harry dice que era ella, lo era_ dijo con rotundidad la chica. Ron frunció el entrecejo._ Yo estaba algo más alejada, pero Harry y ella se encontraron cara a cara.
-Es posible...pero si ella estuviera en ese grupo, Dumbledore lo sabría. Él conoce a fondo el pasado de todos los miembros de la Orden.
-No estés tan segura de eso, Hermione_ la contradijo Harry._ No sabemos mucho de ella, ¿no? Quizás sea muy buena para la Orden, algo así como Mundungus, aunque no sea del todo...buena. No sé, hay algo en su forma de ser que me enferma, y nunca habla de sí misma.
-Yo sigo pensando que si Dumbledore confía en ella, igual que confía en Snape, es por algo._ frunció ligeramente el ceño, Hermione. Harry soltó una expresión vehemente, no soportaba que nombraran a Snape delante suyo. Todavía estaba demasiado reciente el incidente con él y Harry no se lo iba a perdonar jamás.
-Pues yo estoy con Harry_ opinó Ron._ Es una mujer desagradable...y muy parca en palabras.
-Que no quiera hablar de sí misma no quiere decir que sea mala, Ron. No puede haber sido ella la que os salvo, insisto, Dumbledore lo sabría. Ni siquiera él sabe nada acerca de ese extraño grupo y eso quiere decir que podrían ser enemigos.
-¿Enemigos?_ se burló Ron._ Hermione, nos salvaron la vida.
-Eso no quita que sus intenciones a la larga sean buenas, Ron. Quizás solo querían una maniobra de distracción, quizás el mismo Voldemort los mandó para que confiáramos en ellos y luego apuñalarnos por la espalda.
-Te has vuelto muy desconfiada._ le dijo Harry. No entendía porqué Hermione se empeñaba siempre en llevarles la contraria.
-En estos tiempos hay que ser desconfiado. No sabemos si nos estarán escuchando, con quién hablamos o quiénes son en realidad los que nos rodean...
-Si continuas así te volverás paranoica._ le susurró Ron. Hermione sólo se encogió de hombros.

Fred y George regresaron a la casa bastante tarde. Se aparecieron en la habitación de los chicos y les contaron cómo iba todo por el callejón Diagon. Afortunadamente, muchos magos se habían solidarizado con la causa y había acudido a ayudar. Los heridos estaban todos en San Mungo y la lista de muertos se limitaba a diez personas, tres niños entre ellas. Lo peor que había resultado eran los desperfectos. El Ministerio de Magia se había comprometido a cargar con los gastos de los destrozos y reparar las tiendas a los dueños, pero el comercio iba a bajar considerablemente, por temor a otro ataque y mientras se reparaba todo, no iban a tener ganancias.
Los gemelos estaban bastante molestos y pidieron ayuda a los chicos para que colocaran carteles, cuando llegaran a Hogwarts, de sus artículos y venderían los productos por vía lechuza.
Aunque Hermione era un poco reacia a acceder, tanto Harry como Ron se comprometieron a ayudarles y los gemelos se pusieron muy contentos.
Aquella semana pasó tan rápida como la anterior, y se plantaron a tres días del regreso a Hogwarts. Cuando la señora Weasley se lo comunicó a Ginny, durante el desayuno del domingo, Harry se dio cuenta de que le quedaban muchos asuntos por resolver antes de comenzar a hacer su baúl. Entre ellos, preguntar a Lupin por Christine y pedirle a alguien que le firmara la autorización para comenzar las clases de aparición.
Esto último se le resistía, porque suponía otra prueba verídica de que Sirius había muerto. No había comentado con nadie lo que contenía la cámara de su padrino y sus amigos, prudentemente, no habían preguntado.
Además, no se atrevía a pedir a nadie que le firmara la autorización, porque no encontraba un sustituto digno para Sirius y temía ser rechazado. En su mente en seguida apareció la idea de la señora Weasley, por el comentario que la mujer le hizo a su padrino el año pasado, cuando recalcó que para ella, Harry, era como otro de sus hijos. Pero le daba muchísima vergüenza pedirle que ejerciera de tutora suya y tenía miedo de ser rechazado.
Su otra idea era Lupin, pero sus temores se intensificaban con él. El profesor había demostrado en numerosas ocasiones que se podía confiar en él. Y desde que lo conociera como profesor suyo, Harry le había tenido mucha confianza y Lupin le había devuelto esa confianza, mostrándole su apoyo incondicional y adornándole con sus sabias palabras. Cuando Harry había querido hablar con Sirius de algo, Lupin siempre había estado delante, incluso cuando había hablado de su padre, pero le parecía que el profesor era demasiado reservado y aunque era el último amigo de su padre, con quién se podía contar, se le hacía difícil reemplazar a Sirius.
-¿Qué te ocurre, Harry? Estás muy callado..._ la señora Weasley le estaba sirviendo tostadas y un poco de leche, y Lupin se había dado cuenta de sus inquietudes.
-Solo...solo pensaba en las nuevas asignaturas que tendremos en Hogwarts..._ mintió el muchacho, dando un sorbo a su taza.
-Sexto es un curso difícil, pero empezaréis a estudiar cosas más serias._ recordó Bill nostálgicamente._ Creo que es en este año cuando se ven las maldiciones imperdonables._ Harry se estremeció, gesto que no pasó desapercibido para Lupin.
-Nosotros ya hemos estudiado las maldiciones imperdonables._ dijo Ron moviendo la mano indiferentemente, como si fuera un tema muy simple._ Moody...quiero decir, Barty Crouch nos las enseñó en cuarto curso.
-Y menos mal que lo hizo_ pensó Harry en voz alta. Un segundo después de haberlo dicho, se dio cuenta de su imprudencia.
-¿Lo dices por...por lo que pasó en el cementerio?_ le preguntó Hermione tímidamente. Harry tragó saliva y se quedó callado sin saber que contestar.
-Por todo_ se apresuró a decir Ron, sacando a su amigo de un aprieto._ Hace un año y pico que quién-tú-sabes regresó...y comenzaron a usarse las maldiciones. Teníamos que saber a qué nos enfrentábamos.
-¿Por qué nos las enseñaría?_ preguntó Harry en voz alta._ ¿Por qué quiso que las viéramos? Estoy seguro de que Dumbledore no se lo dijo, tal y como nos contó...él quería que las viéramos...
-Es una respuesta dura y sencilla, Harry_ suspiró Lupin. No le miraba a los ojos directamente, tenía la vista clavada en su taza de café._ Quería que os interesarais por ellas, que aprendierais desde pequeños lo que son las artes oscuras...para ver si alguno de vosotros se interesaba por ellas...es lo que hacen ahora los mortífagos con los aprendices...les muestran el poder de las artes oscuras, una rama interesantísima de la magia, aunque muy peligrosa, para ver si tienen esa ansia de poder, que caracteriza a un buen mago tenebroso.
-Se equivocaba al juzgarnos_ dijo Harry apretando los puños con rabia._ Se equivocaba....
-No sólo veréis las maldiciones imperdonables_ recordó Charly._ Los que hagan pociones comenzarán con los venenos y los antídotos. Esas clases son sumamente entretenidas.
-Toda clase con Snape en la que esté yo, es entretenida._ dijo Harry soltando una risita. Todos rieron por su comentario. Sabían la aversión que el profesor y él se tenían.
En ese momento llegó Kingsley, con aspecto cansado y trayendo consigo un periódico que Harry reconoció como El Profeta.
-Ya hay un nuevo ministro, o ministra debería decir._ anunció dejando el periódico en el centro de la mesa, donde se mostraba en primera página el rostro sonriente de una mujer, que Harry había visto el año pasado.
-¡Amelia Bones ha ganado!_ gritaron todos al unísono.
-¡Es magnífico!_ Bill y Charly chocaron sus manos.
-Dumbledore estará muy contento_ dijo la señora Weasley.
-La verdad es que la gente la ha votado mucho._ contó Kingsley._ Saben que Dumbledore la recomendó y desde que se descubrió que quién-sabéis había regresado y sobretodo, desde que Fudge dimitió, Dumbledore se ha ganado el apoyo incondicional de la gente, de nuevo.
-Demasiado tarde,_ gruñó Moody._ podían haber confiado en él desde el principio.
-Lo que importa es que Amelia Bones sea una buena ministra._ susurró Hermione._ Susan debe de estar muy contenta.
-¿Susan?
-Susan Bones, Ron_ contestó Hermione exasperada._ La de Hufflepuff, la chica que venía a las reuniones del ED.
-¡Ah! ¡ya sé quién me dices! Sí, supongo que estará contenta.
-Si miráis la página diez, también podréis encontrar los datos definitivos del ataque al Callejón Diagon_ informó Kingsley soltando un bostezo._ Creo que me voy a dormir un rato, he estado de guardia toda la noche.
-¿Qué sabes de Tonks?_ le preguntó Lupin antes de que el auror saliera por la puerta.
-¡Ah! Está mejor, creo que en un par de días saldrá del hospital. Llegará a tiempo de escoltar a los chicos hasta King Cross.

Después de tomar el desayuno, Ron, Hermione y Ginny se dedicaron a preparar su baúl y tenerlo listo cuanto antes. La señora Weasley subió a recogerles todas las túnicas para lavarlas y plancharlas y así, tenerlas a punto para el uno de septiembre.
Harry se sentó en su cama y abrió su baúl, pero sin ninguna intención de organizarlo.
-¿Qué es eso?_ le preguntó Ron cuando vio que el muchacho sacaba un pergamino.
-Solo es la autorización para las clases de aparición._ contestó Harry taciturno. Y miró la caligrafía curvada con adhesión.
-¡Ah! Mis padres ya me han firmado la mía_ dijo Ron rebuscándola entre su baúl._ Estoy impaciente por aprender, aunque Fred y George me han dicho que el examen de final de curso es muy difícil.
-¿Firmaron tus tíos la autorización, Harry?_ le preguntó Hermione, ignorando lo que Ron estaba diciendo. Él hizo un gesto de negación con la cabeza.
-Bueno...dile a Dumbledore que lo haga._ le dijo Ron, intercambiando miradas nerviosas con la chica.
-Sí, lo haré_ mintió Harry y se metió la autorización en el bolsillo.
-¿No vas a preparar tu baúl?
-Después, voy a hablar con Lupin un rato. Hasta luego._ dejó a sus amigos con la palabra en la boca y se apresuró a recorrer la casa en busca del profesor.
Primero miró en la cocina, donde la señora Weasley empezaba a preparar la comida, pero como no lo encontró, se dirigió al comedor. Christine, el señor Weasley y Lupin estaban allí. Hablaban tranquilamente, cuando Harry los interrumpió.
-¿Ocurre algo, Harry?_ preguntó el señor Weasley inquieto._ ¿Te ha vuelto a doler la cicatriz? Remus me lo estaba contando...
-No, no_ se apresuró a decir Harry, y como no encontró una buena excusa, sacó el pergamino de autorización del bolsillo._ Es solo que...que...
-¿Qué es eso que llevas?_ inquirió Lupin señalando el papel que colgaba de la mano de Harry.
-Es la autorización para...para las clases de aparición_ se decidió a decir._ Yo...me preguntaba si...es que...mis tíos no la firmaron...y como Sirius..._ hizo un gesto violento con la cabeza. No tendría que haber nombrado a su padrino, siempre que lo hacía los demás intercambiaban miradas y su estómago se contraía desagradablemente._ Olvidadlo...voy a buscar a Ron y a Hermione..._ se giró para salir por la puerta, pero Lupin se levantó del sillón y lo detuvo.
-¡Harry!_ se acercó lentamente a él y le arrebató el papel de las manos, para observarlo después.
Harry evitó mirarle, sentía como el rubor subía por sus mejillas. Después de leerlo, Lupin preguntó:
-¿Quieres que te firme la autorización?_ Harry levantó la mirada y notó como se le empeñaban los ojos. Vio como el rostro de Lupin irradiaba confianza y seriedad y asintió con la cabeza.
Lupin se dirigió hacia el mueble más cercano y abrió uno de los desgastados cajones, mientras el señor Weasley miraba a Harry con tristeza, como si tuviera compasión de él y Christine con su característica mirada de frialdad.
El profesor sacó una pluma y un tintero y se apoyó en la mesa para escribir. Garabateó unas palabras y se acercó a Harry para devolverle el pergamino.
-La próxima vez que quieras que te firme algo, solo tienes que pedírmelo, ¿de acuerdo?
-Yo... pensé que..._ Lupin sonrió tranquilizadoramente.
-Sé muy bien lo que pensaste. Pero ya te dije que no estabas solo, ¿recuerdas? Anda ve_ hizo un gesto con la cabeza._ tendrás que preparar tu baúl.
-En realidad...quería hablar de otra cosa...er..._ miró hacia donde estaban Christine y el señor Weasley._ en privado...si puede ser..._ Lupin dirigió miradas hacia los dos y luego cogió a Harry del brazo para llevárselo a la habitación de al lado, que estaba vacía y llena de trastos viejos.
-Dime, ¿qué es lo que pasa?
-Christine_ dijo Harry sin cortarse un pelo._ ella estaba en el Callejón Diagon...con esos extraños individuos.
-¿Los de las túnicas rojas?_ Harry asintió._ No, no es posible_ titubeó Lupin sumido en sus pensamientos._ Harry, Christine es miembro de la Orden y si perteneciese a otro grupo, lo sabríamos, Dumbledore lo sabría...
-¡Pero yo la vi! ¡Desvió un hechizo que iba dirigido a nosotros! Profesor Lupin, le juro que era ella._ Lupin pareció meditar las palabras.
-Escúchame, Harry_ le puso una mano en el hombro._ Conozco a Christine desde hace muchos años y sé que se puede confiar en ella. Ni siquiera Dumbledore sabe quiénes son esas personas que nos salvaron y ella jamás mentiría a Dumbledore...jamás._ como Harry seguía dudando añadió._ ¿No te cae muy bien, verdad?_ Harry le miró a los ojos directamente y le pareció ver un brillo inusual en ellos, como si recordase algo lejano.
-De acuerdo, lo reconozco, ella no me agrada, pero eso no significa que...
-Christine se ha preocupado mucho por tu seguridad, Harry.
-¡Ella no me conoce!_ protestó el chico, dejando notar su disgusto. Lupin suspiró.
-Harry, solo te pido que le des una oportunidad, ¿de acuerdo? Solo una oportunidad...
-¿Para qué?_ gruñó él hablando con rencor en la voz._ Estoy harto de dar oportunidades...Dígame para qué...porqué si bien recuerdo usted me dijo lo mismo el año pasado con Snape, me dijo que aunque no me gustara tratara de no pelearme en sus clases y él solo las utilizaba para mortificarme...
-Harry...
-¡No!_ sus ojos se iluminaron de un brillo simultáneo._ No me equivoqué con Snape y no creo equivocarme con Christine...
-Está bien_ cedió Lupin sonriendo amargamente._ Entonces...te daré tiempo, y cuando realmente sepas quién es, quizás...puedas calar hondo en su interior...
-¿A qué se refiere?
-Lo sabrás muy pronto. Ella no siempre ha sido lo que ves ahora..._ Lupin se alejó paseando tranquilamente.
-¡Sé que ella estaba allí!_ le gritó Harry antes de verlo desaparecer otra vez por la puerta del comedor. Y aunque el profesor no contestó, a Harry le pareció ver una sonrisa irónica en su rostro, antes de que cruzara el umbral.

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La mañana del uno de septiembre fue un auténtico calvario para todos los miembros de la casa. Como el callejón Diagon estaba en alerta y se estaban reconstruyendo los edificios, Fred y George se habían quedado en la casa para “ayudar” a sus amigos y hermanos a preparar más cosas, pero lo único que lograron fue entorpecer.
Iban de un lado para otro siguiéndoles, recordándoles lo duro que sería el curso y en el caso de Ginny, la que estaba a punto de sufrir un colapso nervioso, lo difíciles que serían los TIMOS.
-¡Fuera, fuera! ¡Marchaos donde queráis, pero dejad de estorbar!_ les gritó la señora Weasley al final, cuando no pudo aguantar más a sus hijos gemelos. A partir de ese momento, Fred y George se dedicaron a confeccionar la lista de bromas, que Harry y Ron se llevarían a Hogwarts, para colgar en el tablón de anuncios.
Una vez Harry consiguió que Hedwig entrara en la jaula, Ginny y Hermione encontraron sus insignias de prefectas, que amablemente Fred y George habían escondido, Ron metió a apretujones sus últimas cosas y la señora Weasley revisó la lista de las cosas que se tenían que llevar, por si habían olvidado algo, bajaron a desayunar.
Harry tardó un poco más, porque tenía que envolver una cosa y cuando elevó su baúl, y lo dejó con la jaula de Hedwig junto a las cosas de sus amigos, en el recibidor, entró en la cocina cargado con un paquete alargado.
-¿Qué es eso que llevas ahí?_ le preguntó Ron con curiosidad. Lupin le miró y sonrió, y Harry le devolvió la sonrisa antes de sentarse y hacer un hueco en el centro de la mesa para el paquete.
-Un regalo.
-¡Un regalo? ¿Un regalo para quién?_ preguntó Ginny dubitativa. No recordaba que fuera el cumpleaños de alguien. Y tenía muy buena memoria para esas cosas.
-¿Por qué no lo compruebas?_ le incitó Harry sonriendo ampliamente. Le encantaba hacer rabiar a los demás.
-¿Yo?
-Sí, ábrelo, vamos._ Ginny dudó. Miró a su madre y a su padre que a su vez le hicieron gestos para que abriera el paquete, y por fin, ayudada por su hermano, desenvolvió el regalo.
Nada más terminar de desliarlo, una radiante escoba, perfectamente brillante y de color plateado, rodó por la mesa. Ginny ahogó un grito y se tapó la boca con las manos.
-¡Es una Flecha Plateada!_ exclamó Ron asombrado. Se conocía todas los catálogos de escobas que habían habido hasta la actualidad.
-Eso es exactamente lo que es._ confirmó Lupin._ La eligieron patrocinadora de los mundiales en su tiempo, es muy parecida a la Saeta de Fuego y además es una escoba soberbia. Salvo la propia Saeta no creo que ninguna más la supere.
-¡Pero eso es imposible!_ gritó el señor Weasley que parecía igual de emocionado._ ¿Dónde la conseguiste, Harry? Esta escoba dejaron de fabricarla hace mucho tiempo, fue una edición limitada...
-Lo sé._ sonrió el chico amargamente._ es un regalo para Ginny.
-¿Para mí?_ titubeó la chica asombrada. Se le apagaba la voz y no terminaba de poder creerlo._ Pero Harry...esta escoba debe valer una fortuna...
-Sí, tienes razón_ confirmó el chico, restándole importancia con el brazo._ Es para los mejores, y Gryffindor necesita que una cazadora soberbia vaya montada en ella, para que podamos ganar la copa.
-Yo...yo..._ Ginny no podía articular palabra de la emoción.
-Pero Harry,_ dijo Hermione repitiendo la pregunta que había hecho el señor Weasley y que Harry no había contestado._ ¿De dónde la has sacado?
-Era de Sirius_ contestó al final él, mirando de reojo hacia Lupin._ Estaba en su cámara...era su escoba..._ durante unos instantes, todos los presentes se lanzaron miradas expectantes.
-No puedo aceptarla, Harry_ susurró Ginny mirando a la escoba con pesar._ Era de Sirius...y él te la dejó a ti, tú deberías montarla...._ se hizo un silencio molesto en el que Harry contempló los ojos entristecidos de Ginny, y volvió a sonreír, bajo el asombro de todos. Era la primera vez que Harry no atribuía nombrar a su padrino a algo doloroso.
-Sirius me regaló la Saeta de Fuego. Me la regaló con todo su cariño y yo no podría guardarla en un cajón y montar otra escoba. Todo lo que hay en su cámara ahora es mío y estoy seguro de que si Sirius estuviera aquí, también querría que tú aprovecharas su escoba para ganar la copa de Quidditch_ Ginny miró a Harry sorprendida._ Yo quiero que tú la montes, no podría verla guardada a muchos metros de profundidad del metro de Londres, o expuesta en algún museo. Con esa escoba, no te quepa duda de que serás una de las nuevas cazadoras del equipo.
-Harry...yo..._ Ginny estaba visiblemente emocionada._ Gracias.
-Considéralo un regalo de cumpleaños. El once de agosto no te regalé nada, así que..._ Ginny se abalanzó sobre Harry y lo abrazó. Esto le sorprendió mucho, porque no esperaba una reacción así y provocó que a muy pesar suyo, se sonrojara ligeramente.
Después, los señores Weasley también le dieron las gracias y Ron y Hermione se maravillaron con la escoba y estuvieron contemplándola hasta que sonó el timbre y la madre de Sirius comenzó a dar gritos, mientras Tonks se disculpaba una y otra vez, por haber olvidado llamar con la mano.


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Amelia Bones estaba colocando en las estanterías su cosas, después de que el anterior ministro, Cornelious Fudge, hubiera dejado vacío el despacho. Se sentía extraña en aquella situación, se había dedicado a ser la juez de los juicios en su anterior departamento( regulación y cumplimiento de la ley mágica), desde que Edgar Bones, su hermano, había sido asesinado por los mortífagos.
Y ahora estaba allí, era ministra de magia y tenía frente a ella la situación más delicada que habían vivido hasta la fecha. Voldemort había regresado, ella lo sabía, y hacía sólo unas horas que Dumbledore le acababa de revelar una serie de confesiones. Sabía por ejemplo, que la Orden del Fénix, a la que su hermano había pertenecido, estaba instaurada de nuevo y que hacía todo lo posible para detener y averiguar cosas de los mortífagos; también sabía que el principal objetivo de Voldemort era matar a Harry Potter, el niño al que había juzgado el año anterior en un juicio, el mismo que derrotó antaño al señor tenebroso y del que hablaba la profecía que Dumbledore le había revelado a ella y a la Confederación Internacional de Magos.
Todavía estaba sorprendida con la cantidad de información que el director de Hogwarts había tenido que salvaguardar, enfrentándose a la mismísima justicia el año anterior y desafiando toda ley que pusiera más en peligro el mundo mágico y facilitase las cosas a Voldemort.
Dumbledore era, sin lugar a dudas, una de las personas más valientes y fuertes que conocía, ahora comprendía muy bien porqué su hermano lo admiraba tanto, porqué había arriesgado su vida, por esa causa que ella nunca entendió. Y sin embargo, Dumbledore había confiado en su buen juicio y su buena fe, había puesto la gran responsabilidad, pero también el gran privilegio de dirigir al mundo mágico en esta guerra absurda.
Y hasta ahora no habían logrado más que fracasos y pérdidas, pero una vez más, el director, mostrando una personalidad única y envidiable, había encontrado un pequeño alivio para los continuos ataques. La Alianza, una organización secreta, había evitado la muerte de miles de personas y había frenado el avance mortífago.
Sacó de la caja de cartón un viejo marco con una fotografía antigua, en la que se mostraba a ella, siendo aún una adolescente de quince años y a su hermano mayor, tomándola por los hombros. Por aquel entonces, solo faltaban un par de años para que Edgar entrara en la Orden del Fénix, y la alegría de sus rostros no reflejaba la terrible guerra que estaba a punto de estallar.
Colocó el desgastado marco sobre la estantería, en primera plana, su hermano siempre le había inspirado esa fuerza necesaria para ser justa, para seguir adelante y una vez más iba a hacerlo.
Se escucharon unos golpecitos en la puerta y distraídamente, la nueva ministra, cedió el paso al visitante.
Dumbledore, con su rostro anciano, cargado de arrugas, su pelo largo y plateado, su nariz aguileña y sus gafas de media luna, entró con una radiante sonrisa al despacho.
-Estaba terminando de colocar mis cosas_ dijo Amelia, que todavía estaba de espaldas a la puerta, viendo la fotografía. Sabía que era Dumbledore quién había entrado, porque solo había permitido el acceso a él.
-Me alegro que te estés acoplando tan bien_ dijo amablemente el director, avanzando unos pasos y cerrando la puerta tras de sí._ A partir de ahora estaremos en contacto por la red Flu, no creo que pueda abandonar el colegio dadas las circunstancias...
-No te preocupes_ dijo ella dándose la vuelta, sentándose en el sillón e indicándole al director que la imitara._ Tendré muy vigilada la red Flu para que no puedan interceptarnos. No confío en las lechuzas en estos tiempos...
-Lo sé. Debemos ser muy cautos, Voldemort podría tener espías muy cercanos a nosotros..._ Amelia se balanceó en su sillón durante unos instantes, con la mirada perdida en el techo y luego susurró:
-¿Qué hay de Harry? ¿Él sabe lo que dice esa profecía?
-Sí_ aseguró el director, con voz queda._ Pero he encontrado a la persona perfecta para cuidarlo. Espero que todo salga bien...está muy afectado después de la muerte de Sirius Black.
-Me parece todavía muy sorprendente lo que me has contado, Dumbledore. Peter Pettrigrew con vida...si no te tuviera tanta confianza pensaría que estás chiflado._ Dumbledore sonrió.
-Algunos aún lo creen._ Amelia también sonrió.
-Solo aquellos que no quieren creer en la verdad, que viven ocultos en una realidad creada por sus propios cerebros que se niegan a aceptar...pero los que todavía nos mantenemos cuerdos, somos los que debemos tirar del carro._ hizo un gesto con su cuerpo para balancear más fuerte el sillón._ Me gustaría compensar a Potter por lo que ocurrió. Si pudiéramos dar con Pettrigrew, aunque solo fuera verlo...podría declarar un juicio y otorgar a Sirius Black la inocencia...aunque esté muerto.
-Sería reconfortante_ opinó Dumbledore apoyando las manos sobre la barbilla._ Lástima que él no haya podido disfrutar de esa libertad...
-Lo lamento_ aseguró Amelia.
-Tú no tienes la culpa. Por aquel entonces, Barty Crouch estaba de jefe en tu...ex departamento y él envió a Sirius a Azkaban sin juicio...y no lo culpo_ añadió mirando fijamente a Amelia._ Fueron tiempos terribles...el pobre Barty pensó que el ojo por ojo era la mejor solución...tuvo una final fatídico...
-El-qué-no-debe-ser-nombrado nos ha hecho cambiar a todos, Dumbledore. A mí la primera. Mírame, de ministra de magia, cuando ni siquiera hice un esfuerzo por entender a mi propio hermano_ señaló la fotografía de la estantería._ Y ahora busco desesperadamente su perdón, al tratar de hacer lo correcto...
-Solo eras una niña_ dijo Dumbledore tratando de aliviar el peso de la culpa de la mujer._ No podías entenderlo, no lo entendiste hasta que viste con tus propios ojos que tu hermano sacrificó su vida para salvar muchas más vidas humanas...Voldemort nos confunde, nos hace caer en una oscuridad que absorbe nuestros sentimientos, nos llena de rencor y de odio, nos arrebata todo atisbo de esperanza...y solo los más fuertes de corazón, logran aguantar...
-Entonces, seamos fuertes, Dumbledore. Plantémosle cara y esperemos...tiempo al tiempo...quizás algún día haya esperanza...


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-¡TRAIDORES A LA SANGRE! ¡RATAS DE CLOACA, MANCHAS DE DESHONRA, SANGRES SUCIAS, HIJOS DE LA INMUNDICIA! ¡FUERA, MARCHAOS DE LA CASA DE MIS PADRES!_el retrato de la madre de Sirius se puso a chillar como loco una vez más.
La señora Weasley exasperada y ayudada por Lupin trató de cerrarlo con mucho esfuerzo, mientras Moody reprendía a Tonks.
-¡De verdad que lo siento, Ojoloco! ¡No me acordaba que no debía tocar al timbre!
-Está bien, está bien_ dijo Lupin una vez pudieron cerrarlo._ Saquemos los equipajes, vamos a llegar tarde.
Fred y George se despidieron de ellos mientras todos sacaban los equipajes, Hedwig y Argo ulularon indignadas cuando Tonks dejó caer las jaulas donde estaban, algo bruscamente. Harry fue el último en salir, y cuando estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta, la voz chillona, pero perversa de un elfo domestico lo detuvo.
-Por fin se largan estos mocosos de la casa de mi ama._ Harry se dio la vuelta y vio como Kreacher le lanzaba una mirada maliciosa.
-Esta casa, ahora es mía_ le recordó Harry.
-Lo que usted diga_ Kreacher hizo una inclinación, y en voz más baja añadió_ Se cree el amo legítimo de Kreacher, pero Krecher no lo obedecerá, no señor. Kreacher espera no volver a ver jamás a Harry Potter, Kreacher sabe que el Señor Tenebroso se ocupará de ello...
-Volveremos a vernos muy pronto, Kreacher_ le aseguró Harry._ Y entonces quizás...no tengas la oportunidad de hablar más._ ignorando las miradas de odio del elfo y los murmullos que éste formulaba, Harry, cerró la puerta de la casa tras de sí, y se apresuró a reunirse en el centro de la explanada, donde lo esperaban sus amigos.
-¿Cómo vamos a llegar hasta la estación?_ preguntó Ginny jadeando. Había arrastrado su pesado baúl desde el umbral de la puerta.
-Nos dividiremos._ respondió Lupin consultando un reloj de cadena. No era un reloj corriente, era de oro, tenía doce manecillas y ningún número, pequeños planetas se movían por el perímetro del círculo, pero para el profesor debía tener sentido._ Harry y Hermione se vendrán con Tonks y conmigo y vosotros dos iréis con Arthur y con Moody, ¿entendido?
-¿Por qué no podemos ir todos juntos?_ protestó Ron, parecía incómodo de llegar a King Cross con su hermana pequeña. Ginny frunció el entrecejo.
-Porque sospecharían que Harry y Hermione siempre pasan los veranos con vosotros y no me extrañaría nada que Voldemort tuviera espías en la estación_ contestó Lupin consultando de nuevo su reloj.
-Vosotros dos_ gruñó Moody, señalando a Ron y a Ginny,_ venid, tomaremos un traslador.
-¿Cómo iremos nosotros, profesor Lupin?_ preguntó Harry. Todavía miraba al número doce, recordando las últimas palabras de Kreacher.
-Con el autobús Noctámbulo_ murmuró Tonks entre dientes. Era evidente que odiaba esa forma de viajar.
-¡Nos encontraremos allí!_ se despidió el señor Weasley._ Los chicos no subirán al tren hasta que lleguéis. Mientras Lupin les hacía una seña de aprobación,. Tonks hizo aparecer de su varita unas chispas rojas. Al tiempo que un gigantesco autobús de dos plantas, pintado de rojo vivo, se aparecía de la nada, Ron, Ginny, el señor Weasley y Moody desaparecían en un remolino de colores.
Un chico joven con muchos granos en la cara y de orejas grandes, salió del autobús para dar su habitual discurso:
-Bienvenido al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para...
-Sí, sí, ya lo sabemos_ gruñó Tonks empujando a Harry y a Hermione para que subieran. Stan Shunpike carraspeó ofendido y se introdujo de mala gana en el vehículo. Era evidente que recordaba a Tonks del año pasado, y que los clientes no solían interrumpir su pequeña serenata.
-¿Adónde os llevamos?_ preguntó fijándose por primera vez en los otros viajeros. Al ver a Harry se sobresaltó en exceso._ ¡Pero si eres tú, Harry!_ dos señoras mayores que estaban sentadas cerca del conductor, dejaron de hablar para fijarse en Harry. En cuanto vieron su cicatriz se taparon la boca con la mano y comenzaron a susurrar por lo bajo. Harry se puso colorado._ ¿Has visto quién está aquí de nuevo, Ernie? ¡Es Harry Potter! ¡Ya sabía yo que no estabas loco!
Lupin ignoró las palabras de Stan y condujo a Harry y a Hermione hasta el final del autobús, lejos de las miradas curiosas de las dos ancianas. Tonks se sentó cerca del conductor para evitar que Stan contara a cada persona que subiera al autobús que Harry estaba allí, y les indicó donde iban.
El viaje fue tan ajetreado como siempre, Hermione se pasó todo el viaje tapándose los ojos con las manos, y Harry y Lupin tampoco hablaron en exceso. Harry estaba más preocupado por volver a Hogwarts, que por las palabras parcas del profesor, y aunque se sentía feliz de que acabaran las vacaciones, todavía no estaba cien por cien seguro de su vuelta al mundo mágico. Error o no, ya estaba hecho, y el muchacho tenía una ganas enormes de volver al bullicio de las clases y recorrer los pasadizos de Hogwarts, de nuevo. Volvería a casa, y quizás se alejaría de los fantasmas relacionados con la muerte de Sirius y de las continuas noticias de ataques.
Bajaron del autobús a las once menos cuarto y tras cargar los equipajes en un carrito, se apresuraron a llegar al andén nueve y tres cuartos. Tal y como Lupin les indicó, Hermione y él traspasaron la barrera charlando tranquilamente, mientras sus protectores vigilaban que no hubiese peligro.
No tardaron en encontrarse con Ron y Ginny, el muchacho parecía impaciente.
-¡Por fin llegáis! ¡Hemos estado esperando media hora!_ Hermione se encogió de hombros._ ¿Sabéis a quién he visto?
-¿A quién?_ preguntó Harry interesado.
-A Malfoy, y por supuesto iba acompañado solamente de su madre. A puesto a que este curso nos podemos mofar un poco de él.
-No tiene gracia que su padre fuera uno de los mortífagos que trató de matarnos en el callejón Diagon, Ron_ le recriminó Ginny.
-Pues yo no pienso aguantarle una a Malfoy.
-Malfoy es solo una pequeña mota de los problemas que tendremos, Ron_ aseguró Hermione._ Sexto es un curso muy serio...
Harry apenas atendió al último comentario de su amiga. Acababa de ver pasar a Cho Chan , acompañada de su amiga Marietta y se sintió satisfecho al comprobar que no sentía ningún tipo de sensación en el estómago.
-¡Eh Harry! ¡Hola Harry!_ Colin Creevey y su hermano Dennis lo saludaron al pasar la pared del andén y dirigirse al tren. Harry les hizo un gesto con la mano por cortesía.
Se escuchó un silbido y el aviso de que los estudiantes debían subir al tren. La señora Weasley abrazó a Ron y a Ginny y luego hizo lo propio con Hermione y Harry.
-Cuidaos mucho, ¿de acuerdo?_ dijo mirando hacia los cuatro._ No os metáis en problemas y sed buenos prefectos..._ había una sonrisa de amargura en su rostro._ Nos veremos pronto...espero..._ Ginny se aferró a su madre y Harry se dio cuenta de que la mujer tenía lágrimas en los ojos._ Bueno...ya está...vendréis a pasar las navidades en...ya sabéis_ los chicos asintieron.
-Pasároslo bien y confiad en Dumbledore_ les advirtió el señor Weasley.
-Abrid mucho los ojos, muchachos. Alerta permanente._ les recordó Moody.
-Os echaremos de menos._ dijo Tonks.
Entre abrazos y despedidas, se metieron en el tren, pero antes de que Harry lo hiciera, Lupin lo detuvo. Harry lo miró extrañado.
-¿Tienes el espejo de doble sentido?_ le preguntó el profesor. El chico asintió._ No olvides ponerte en contacto conmigo siempre que lo necesites, ¿de acuerdo?
-Lo haré_ aseguró Harry con rotundidad.
-Ten mucho cuidado y no te separes de Dumbledore. Si tienes dolores en la cicatriz o sueños no dudes en ir a verle antes de...bueno, tú ya me entiendes. Trabaja muy duro Harry, y evita problemas con Snape, ¿entendido?
-Lo haré si él los evita conmigo_ dijo Harry con testarudez. Lupin sonrió.
-Te llevarás una sorpresa cuando vayas a Hogwarts, ya lo verás. No olvides nuestra última conversación._ Harry no entendía lo que quería decir Lupin. De lo último que había hablado con él seriamente era sobre Christine. Lupin le apretó el hombro cariñosamente y luego se fue a reunir con los demás. Harry lo vio alejarse y sintió una punzada de vacío en el estómago. No lo volvería a ver hasta navidad y para eso faltaban muchos meses, eso si lo veía...
-¡Profesor Lupin!_ el aludido se dio la vuelta y Harry lo miró con ojos tristes._ Hablaremos por el espejo de doble sentido. Y...tenga mucho cuidado._ Lupin sonrió y sus ojos brillaron durante un instante.
-Lo tendré. Cuídate tú también, Harry.
El segundo pitido del tren, anunció como las puertas se cerraban de golpe. Harry fue a reunirse con sus amigos y se despidieron de los adultos, saludando con la mano por las ventanillas. Cuando los perdieron de vista, se marcharon a buscar un vagón que estuviera vacío.
Mientras iban pasando por los diferentes vagones llenos de estudiantes, la gente se quedaba mirando a Harry detenidamente. Algunos lo saludaban efusivamente, otros se limitaban a sonreírle y algunos lo miraban con lástima. Fuese cuál fuese la opción, a Harry le molestaba. Los comentarios siempre iban a rondarle y aún cuando ahora, en esa parte de su vida en la que todo lo relacionado con su pasado, antes de la muerte de su padrino, había dejado de cobrar sentido, la necesidad de que los demás dejaran de tratarlo diferente, más diferente de lo que ya era, le hacía entrar en una estado somnoliento e incrementaban sus ganas de “escapar” de toda esa basura psicológica, permanecer en el olvido del mundo mágico, y todas aquellas personas que habitaban en él.
Se encontraron por el camino con Dean y Seamus, también con Luna y con Parvati y brevemente se preguntaron por las vacaciones, antes de refugiarse en el penúltimo vagón, donde había espacio libre para los cuatro.
Cuando Ron, Hermione y Ginny se marcharon a recibir sus órdenes como prefectos, Neville entró en el vagón, con su Mimbulus Mimbletonia en sus brazos y se sentó con Harry.
Durante el primer cuarto de hora estuvieron hablando tranquilamente, sobre como habían pasado el verano y comentando los ataques que se habían producido, pero después, ambos se quedaron callados, contemplando el paisaje a través de las ventanillas, y sumidos en sus propios pensamientos.
Harry no podía deja de pensar en Sirius, era superior a él, repasaba en su mente una vez más los hechos, sin poderse creer la mala suerte que había tenido. Si Snape no lo hubiera ignorado de aquella manera, o si la profesora Umbridge no se hubiera interpuesto en su camino...sin querer y poder evitarlo, el contenido de la profecía volvió a su mente, atormentándolo, igual que lo había hecho durante las últimas semanas.
Con un gesto negativo con la cabeza, trató de alejar los oscuros pensamientos de su cerebro y se dedicó a contemplar al muchacho que tenía enfrente.
Neville tenía la mirada perdida en el paisaje, su cara redonda tenía un claro gesto taciturno y de vez en cuando suspiraba. Harry se preguntó si el muchacho estaría pensando en sus padres, con los que seguro, y aunque él no se lo había dicho, habría pasado gran parte del verano.
-Es curioso_ soltó Harry de improviso, mirando a Neville con una sonrisa amarga. El muchacho se sobresaltó._ lo distintas que podían haber sido las cosas.
-¿A qué te refieres?_ preguntó Neville. La actitud de Harry lo había pillado desprevenido.
-Solo pensaba en la vida...en las cosas que nos han sucedido...¿Sabes? Aunque no lo creas tú y yo nos parecemos muchísimo._ Había algo en la forma de hablar de Harry que Neville notó distinto. Sentía en su voz una nota de amargura que hasta ahora, no había conocido en el muchacho. Harry hizo un gesto brusco con el cuello y fijó la mirada en la ventanilla._ Los dos nacimos a finales de Julio...los dos tenemos rasgos físicos parecidos_ se señaló el pelo negro azabache._ los dos...tuvimos padres que desafiaron y escaparon de Voldemort en tres ocasiones..._ a Neville no le gustaba el rumbo que estaba tomando la conversación._ y los dos crecimos sin ellos..._ Harry dejó de sonreír y se puso serio, mientras volvía a dirigir la mirada hacia su amigo._ Pero las cosas pudieron haber sido muy distintas...Neville, muy distintas...
-Harry...no entiendo qué...¿qué es lo que ocurre?_ el rostro de Harry se ensombreció. Neville estaba empezando a asustarse.
-Pero hay algo que nos diferencia claramente. Algo que te han ocultado Neville, algo que a mi me ocultaron hasta hace tan solo un par de meses...


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Se escuchó un golpe seco en el despacho del director de Hogwarts y los pájaros que estaban posados sobre el árbol más cercano a la ventana, alzaron el vuelo asustados.
Una mujer, de cabellos negros azabache y ojos profundamente fríos, acababa de golpear la mesa con furia, bajo la mirada inquisitiva del director del colegio. Aquello por lo que le habían asignado la ardua tarea, tenía ahora su lógica, aunque nunca se lo habían explicado. La historia, podía haber tomado otro rumbo, pero por culpa, no, por causa de aquel silencio, se había perdido dos...cuatro...vidas humanas.
Y las que podrían perderse todavía, la más importante de todas quizás, si esa gran verdad llegara a bocas...equivocadas.
Christine cogió el vaso de agua que el director le ofrecía y se dejó caer pesadamente en el asiento. Desde un principio había sabido que la misión que tenía no era fácil, pero ahora lo era mucho menos. Si tan solo pudiera dejar a un lado sus sentimientos, pero por mucho que lo había intentado, con él nunca había tenido éxito. Quizás era que mirar sus ojos le causaban un profundo remordimiento, o quizás era que, a muy pesar suyo, el cariño que sintió en el pasado por él, estaba resurgiendo con más fuerza y comenzaba a llenar del todo su corazón, cerrando así una herida...demasiado profunda.
Después de lo que sabía, ¿cómo iba a afrontar su trabajo?
-Debiste contármelo antes, Dumbledore_ titubeó sorbiendo un poco de agua._ Cuando acepté nunca...
-Lo sé_ se disculpó el director._ pero no podía hacerlo, no hasta que estuviera seguro de que te ibas a encargar de él.
-No puedo hacerlo_ protestó ella con voz suplicante._ Si fallo...le matará. Si no logro prepararlo...yo no...Dumbledore no puedo ponerlo en peligro.
-Ya está en peligro. Siempre lo estuvo_ el director se acercó a mirar por la ventana y observó como su guardabosques iba y venía de un lugar para otro, organizando el material para sus clases._ Sé que no tengo derecho a pedírtelo, pero siempre fue tu obligación. Tú eres la única en quién confío para ello..._ Christine dio un largo suspiro y cerró los ojos.
-¿No existe ninguna posibilidad de error?
-Me temo que no. Ya viste lo que ocurrió._ los ojos de Dumbledore brillaron._ No puedo detener los acontecimientos, pero sí puedo ayudarle a afrontarlos y ahí es donde entras tú._ se giró para encararla._ Se lo debes._ sabía que había puesto el dedo en la yaga, pero era necesario para la aceptación de la chica.
-Sabes que lo haré, sabes que no lo dejaré en la estacada, pero ahora más que nunca, es necesario que nos preparemos...para lo que pueda ocurrir._ Dumbledore asintió y Christine se levantó del asiento, dando por finalizada la conversación.
-Ven a mi despacho después del banquete.
-Lo haré_ sonrió la muchacha, pero era una sonrisa fría, distante._ Y Dumbledore..._ añadió._ Él sí tiene ese poder, pude verlo en sus ojos...solo que aún no lo entiende. Sabes que no me equivoco al juzgar un corazón...siempre tuve ese...llamémosle don..._ y desapareció en un resplandor de luz blanca, dejando al director sumido en sus pensamientos.


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Neville tuvo que sujetarse bien al asiento para no caerse de bruces. Sin duda se trataba de una broma pesada de Harry, pero no podía evitar ver como esos ojos verde esmeralda le estaban diciendo la verdad. No era posible, no quería creerlo, no podía.
-Él solo tuvo que elegir_ sonrió Harry poniéndose en pie y yendo hacia la puerta del vagón, aunque no salió. Se quedó contemplando como se formaba el vaho en el cristal, al golpear su aliento contra él.
-¿Y si se equivocó?_ titubeó Neville acobardado._ ¿Y si eligió mal?
-Ya te he dicho que eso no es posible. Dumbledore me lo confirmó, mi cicatriz lo demuestra..._ Harry se llevó instintivamente la mano a la marca de su frente._ No hubo un error, él me eligió a mi.
-¿Pero por qué?_ dijo exasperado el muchacho._ ¿Por qué pensó que tú...?
-Supongo que se identificó conmigo, o eso dijo Dumbledore_ Harry se encogió de hombros. En realidad no le interesaba los motivos que tuviera Voldemort para elegirlo como a su igual.
-Entonces..._ el cerebro de Neville funcionaba a mil por hora._ Él acabará matándote o tú lo tendrás que matar a él._ Harry asintió._ Pero...no es posible..._ susurró._ Ningún destino está escrito...
-Por lo visto, el mío sí._ Harry sonrió._ Mis padres seguirían con vida si esa profecía no hubiera llegado a sus oídos...mis padres...
-Lo siento_ Neville lo miraba apenado.
-No tienes porqué. Tú no tienes la culpa, además, también creciste sin tus padres...es como si él se hubiera encargado de quitarlos de en medio..._ el rostro de Neville adoptó un profundo resentimiento. Ya no había miedo en su voz, sino rabia.
-Ojalá esa profecía no existiera Harry, ojalá tuviéramos el suficiente poder como para acabar con él y con...sus mortífagos...
-Lo dices por Bellatrix, ¿verdad?_ se atrevió a preguntar Harry._ ¿La odias, no es cierto?
-Sí, la odio_ contestó Neville con sinceridad._ la odio con toda mi alma.
-¿No recuerdas nada de lo que ocurrió?
-Mi abuela me contó que me echaron un fuerte encantamiento desmemorizante, porque presencié el ataque...no puedo recordar nada. De todas formas solo tenía un año._ tanto para Harry como para Neville era extraño estar hablando de aquello sin ningún dolor aparente. Ninguno de los dos había hablado abiertamente de lo que sentían, ni siquiera con sus mejores amigos, pero se sentían extrañamente unidos, a raíz de lo de la profecía. Era como si los lazos de sus vidas se ataran, para seguir unidas más fuertes.
-Yo también la odio_ confesó Harry, pero sus ojos reflejaban tristeza. Neville lo miró apenado.
-Por la muerte de Sirius Black..._ susurró.
-Sirius era mi padrino_ confesó Harry._ Peter Pettrigrew era el verdadero guardián secreto de mis padres. Él sigue vivo...pero algún día, me encargaré de que todo esto salga a la luz._ los ojos de Harry inspiraban determinación. Se hizo un incómodo silencio entre los dos, hasta que Neville se decidió a preguntar.
-¿Por qué me lo has contado, Harry? ¿Por qué me cuentas todo esto?
-Porque pensé que merecías saberlo. Y porque..._ apartó la mirada de su amigo._ necesitaba hablarlo con alguien y fuiste el único con el que me atreví.
-Tu secreto está a salvo conmigo_ le aseguró Neville.
-Gracias._ Harry sonrió.
-Pero...¿cuál es ese poder qué tienes, Harry?_ la puerta del vagón se abrió y Ron, Hermione y Ginny entraron de golpe.
-¿De qué hablabais?_ preguntó Ron despreocupadamente, mientras se sentaba al lado de Harry y le cogía una rana de chocolate de las que habían comparado con el carrito de la comida. Harry y Neville continuaron mirándose seriamente como si no los hubieran interrumpido, hasta que Hermione comenzó a mirarlos, juzgándoles de arriba a bajo.
-De...quién ganará la copa de quidditch este año_ se apresuró a mentir Harry.
-Eso ni se pregunta._ soltó Ron._ La ganará, Gryffindor...


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Voldemort se acercó al espejo que había cerca de la chimenea. Era el único adorno que colgaba en la habitación. Se pasó una mano por su pálido rostro, como si quisiera confirmar que seguía allí. Tenía esa costumbre desde que recuperó su cuerpo. Le atormentaba recordar lo que había sido durante trece años y pensar que podría volver a ocurrir era una de las cosas que le robaba el sueño.
El espejo le devolvió unos amenazadores ojos rojos, una nariz casi carente de orificios, como de serpiente, y unos labios crispados por la humedad de la habitación, de la que no había salido en mucho tiempo.
Se colocó bien su capa y con un gesto de varita, las arrugas de su túnica negra se alisaron.
Tocaron a la puerta y un hombre, con una larga melena rubia platino y unos ojos grisáceos, entró por la puerta, haciendo su acostumbrada reverencia.
-¿Va a salir, amo?_ preguntó al ver que su señor se había puesto la capa.
-Sí_ confirmó Voldemort, alejándose del espejo y yendo hacia el otro hombre.
-¿Puedo preguntar a dónde?
-Puedes._ rió Voldemort. Era a una de las pocas personas a las que le diría la verdad._ Voy a citarme con el ministro de magia Francés.
-¿Señor?_ preguntó extrañado Malfoy.
-He confeccionado un pequeño acuerdo con él, Lucius. Le he garantizado la paz para su estúpido país, a cambio del contenido de la profecía.
-¿La profecía, amo?_ se alarmó Malfoy._ ¿La misma del Departamento de Misterios?
-La misma_ confirmó Voldemort, divertido al ver la reacción de su vasallo._ te lo explicaré todo cuando regrese. Y ahora...dime, ¿querías algo?_ Malfoy dio un respingo, recordando el motivo de su visita.
-Señor, hoy empieza el curso en Hogwarts y Draco me preguntó que era lo que tenía que hacer..._ Voldemort se pasó la mano por la boca y reflexionó.
-Tenemos que ser muy cautos, Lucius..._ susurró fijando sus profundos ojos rojos sobre el espejo, que le devolvía la mirada._ Dumbledore sabe perfectamente quiénes son los hijos de los mortífagos que Potter vio en ese estúpido cementerio._ apretó los puños con rabia._ Y sospechará de ellos...sin embargo, dile a tu hijo que su principal tarea será informarme de todos los movimientos de Potter, quiero que me lo cuente todo, sus amistades, en qué materias destaca, su ambiente fuera de Hogwarts...todo._ se giró a mirar a Malfoy._ ¿Has entendido? Quiero a Potter muy bien vigilado...si todo sale bien esta noche, necesitaré esa información...muy pronto.
-Será como usted dice, amo._ Malfoy hizo una inclinación.


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-¡No puedo creer que aprobaras pociones, Harry!_ dijo Neville entusiasmado. Faltaba muy poco para llegar a Hogwarts y la conversación se había desviado hacia los TIMOS, después de tocar el quidditch incansablemente, para desgracia de Hermione.
-No es un gran alivio..._ Harry suspiró._ Si es que Snape me admite en sus clases, que dudo mucho que lo haga,_ Hermione iba a protestar, pero Harry hizo un gesto con la mano, para decirle que le dejara terminar._ tendré que aguantarle otro año más.
-Tendrías que aguantarle de todas formas_ sonrió Neville._ Remedios Curativos la imparte él.
-¿Cómo es eso?_ se extrañó Ron._ Él nos dijo a principios del curso pasado que se despediría de muchos de nosotros...
-Sí, sí_ confirmó Neville._ Pero eso es porque la gente que suspende pociones no suele apuntarse a Remedios Curativos, a no ser que tengan una carrera en que Pociones sea muy muy imprescindible. La mayoría, acaban tan hartos de Snape que escogen Aritmacia._ Ron lanzó contra el suelo el último cromo de mago que le había tocado, lamentándose de su suerte.
-Y yo que creía que nos íbamos a librar de él..._ se encogió de hombros._ Bueno, no se puede tener todo en la vida. A propósito Neville, ¿qué carrera querías cursar tú?
-¿No dijiste algo sobre Herbología?_ preguntó Hermione.
-Sí, eso pensé a principios de quinto, pero después..._ la forma de sus ojos cambió._ después de que sobrevivimos a lo que ocurrió en el Departamento de Misterios y de que los Mortífagos escaparan de Azkaban...pues decidí que me gustaría ser auror como mis padres...
-¡Eso es genial!_ exclamó Ron emocionado._ ¡Podemos presentarnos juntos a los EXTASIS de pociones! ¡Hermione dijo que nos ayudaría!
-¿Lo harás, Hermione?_ preguntó Neville esperanzado.
-Por supuesto que sí._ dijo la chica con indiferencia y añadió._ Además, con los tiempos que corren...se necesitarán muchos aurores...
-Yo no me haré muchas ilusiones hasta que lo consiga_ suspiró Harry._ Piden unas calificaciones muy altas...
-¿Quién sabe?_ Ginny se encogió de hombros._ Puede incluso que lo logremos.
-Has dicho...¿logremos?_ inquirió su hermano, recalcando las últimas palabras de la chica.
-Eso he dicho_ respondió Ginny satisfecha._ Yo también quiero ser auror.
-Pero tú...tú no...
-¡Ay Ron!_ se exasperó Hermione._ Deja de tratar a Ginny como si tuviera tres años. Ella quería ser auror desde mucho antes que tú.
-Ya pero...
-¿Y por qué no?_ Harry se encogió de hombros y sonrió._ Así estudiaremos todos juntos..._ Ginny se puso colorada, pero nadie excepto Hermione, se percató.

Siguieron hablando sobre las carreras, los TIMOS y los EXTASIS hasta que el silbato anunció que quedaban cinco minutos para llegar a Hogwarts. Se cambiaron de ropa y se pusieron las túnicas del colegio, esperando a que el expreso se detuviera.
Al llegar a la estación de Hogsmade, vieron como Hagrid levantaba en alto un viejo farol y llamaba a gritos a los de primer año. Se entretuvieron un poco en saludarle y después montaron en unos carruajes conducidos por thestrals, que solo pudieron ver Harry y Neville.
Harry entró el último y lanzó una mirada inquisitiva a los animales. Pensar en ellos le recordaba su escapada al Departamento de Misterios. Estaba demasiado reciente todavía como para que cuando uno de los thestrals fijó sus ojos oscuros sobre él, el chico se estremeciera.
Veinte minutos después, un grupo muy numeroso de estudiantes entraba en el castillo. Iban comentando entre ellos lo que habían hecho en vacaciones y por primera vez desde que Harry estaba en el mundo mágico, pudo ver preocupación entre ellos.
Entraron en el gran comedor y se sentaron en la mesa de Gryffindor, a esperar la selección. A Ron le sonaban las tripas y se sentó impaciente entre su hermana y Hermione. Harry y Neville también tomaron asiento y lo primero que hicieron fue dirigir miradas a la mesa de profesores.
El profesor Dumbledore estaba en el centro, como solía estar siempre y hablaba animadamente con la profesora McGonagall, jefa de la casa Griffindor. A su otro lado estaba Snape; recorría el gran comedor con la mirada y durante un momento, sus ojos y los de Harry se encontraron, provocando gestos de incomodidad y desagrado, en ambos. En ese momento también llegó Hagrid, y se sentó al final de la larga mesa, al lado de la profesora Siniestra.
-¡No es posible!_ murmuró Hermione tapándose la boca con las manos. Harry miró hacia donde su amiga dirigía los ojos y vio que el lugar del profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras estaba ocupado por Christine.
Se llevó tal sobresalto que casi se cae de la silla. ¿Christine iba a ser la nueva profesora de Defensa Contra Las Artes Oscuras? Aquello no tenía ningún sentido. ¿Por qué Dumbledore desperdiciaba a los miembros de la Orden en impartir clase en el colegio, cuando se necesitaba hasta el último hombre en la lucha contra Voldemort? ¿Tanto le importaba al director el buen funcionamiento de la asignatura, que arriesgaba las misiones de la Orden?
-Bueno..._ suspiró Ron._ a ver cuánto dura ésta..._ Harry cruzó los brazos fastidiado. Había estado contento al librarse de Christine, puesto que no le caía nada bien y ahora iba a tener que tratarla de profesora. Ahora entendía las palabras de despedida de Lupin, y algo más se le pasó por la cabeza.
“...abre tus ojos...elige bien...Christine es sabia en palabras...confía en ella...”
Esas habían sido las palabras de la adivina del callejón Diagon. Con todo el ajetreo del ataque, Harry había olvidado poner al tanto a sus amigos sobre ella, pero pensó que ahora, ya no tenía mucho sentido hacerlo. ¿Acaso no habían sido más que coincidencias lo que esa mujer acertó? Y si no lo eran, a él no le importaba demasiado. Tal y como le pasaba con la profesora Trelawney, aquella extraña mujer, no le merecía su confianza.
Pero le había nombrado a Christine...¿se conocerían, o lo había dicho con otra intención? Fuera cual fuese la respuesta, Harry no deseaba saberla. Pero últimamente todo lo que le rodeaba, tenía que ver con la chica.
Le dirigió una última mirada y vio como ella le sonreía. Rápidamente, apartó los ojos de la profesora y se dedicó a escuchar la canción que el sombrero seleccionador había comenzado a recitar.
Después de unos minutos más, los alumnos de primero fueron asignados a las diferentes casas: Gryffindor, Hufflepuff, Ravencraw y Slytherin; y Dumbledore se puso en pie, y abrió los brazos para dar su habitual saludo.
-Bienvenidos un año más a Hogwarts. En primer lugar, anunciar a los alumnos de primer curso y recordar a los de cursos superiores, que el bosque que hay más allá de los terrenos del colegio está totalmente prohibido para los estudiantes; y que la lista de artículos prohibidos, y que este año ha vuelto a incrementar, está colgada en la conserjería de nuestro celador, el señor Filch._ Dumbledore señaló a un hombre apoyado sobre la pared de la puerta de entrada, con una gata a sus pies._Segundo,_ prosiguió el director._ Todos sabemos en los difíciles tiempos que nos encontramos y debido al temor que Lord Voldemort inspira entre la comunidad mágica, me veo obligado a tomar ciertas medidas._ hubo un murmullo por todo el comedor. Harry, Ron y Hermione se miraron entre ellos expectantes y Malfoy soltó un bufido despectivo desde la mesa de Slytherin. Dumbledore carraspeó para que le dejaran continuar._ Por lo tanto, he de informaros que habrá una inspección rigurosa en el correo que entré en Hogwarts. No se permitirá recibir el diario el Profeta ni cualquier otro boletín informativo, así como las cartas con noticias relacionadas con los sucesos que se produzcan en el mundo mágico._ el murmullo se extendió y se hizo más fuerte.
-¡Eso es censura!_ protestó un alumno de Ravencraw y los estudiantes lo apoyaron.
-Por favor_ Dumbledore pidió silencio._ Ya sé que son medidas demasiado drásticas, pero igualmente necesarias. Por supuesto, el correo personal proveniente de vuestras familias, será aceptado, porque imagino que todos estaréis preocupados por la seguridad de los vuestros. Los alumnos que lo deseen, además, podrán consultarme a mi sobre sus familiares, estaré en seguido contacto con vuestros padres y tutores, de forma que si ocurriera algún percance, que espero no ocurrirá, estemos bien informados.
-¿Pero por qué esas medidas?_ preguntaron algunos estudiantes.
-Porque no podemos permitir que Lord Voldemort altere lo más mínimo nuestra forma de vida._ la mayoría de los alumnos se estremecieron._ Sé que si dejara entrar el Profeta o noticias del exterior, estaríais pendientes de su llegada y nerviosos por conocer como es la situación fuera de los muros del colegio. Sería perturbador y muy frustrante para vosotros y para los profesores y alteraría vuestro ritmo de clases. En tiempos como estos no nos podemos permitir en absoluto, que las noticias afecten a nuestro rendimiento, ahora más que nunca, os pido esfuerzo y trabajo para mejorar. Para que cuando salgáis de Hogwarts, podáis pelear por un lugar en este mundo._ el silencio inundó tCAPÍTULO 9: ENCUENTROS FORTUÍTOS.




Después del magnífico banquete, que los elfos domésticos habían preparado, Dumbledore se levantó de nuevo y anunció el final de la cena, para que los alumnos se marcharan a dormir a sus respectivas casas.
Ron, Hermione y Ginny se levantaron junto con los demás prefectos a llevar a los de primero a la torre de Gryffindor.
-La contraseña es “Esperanza”_ informó Hermione a Harry mientras se dedicaba a llamar a gritos a los alumnos nuevos.
-Nos vemos luego_ se despidió Ron._ ¡Por aquí enanos!
Harry se levantó de la mesa y vio como lentamente, el Gran Comedor se vaciaba. Como Neville ya se había ido con Seamus y Dean Thomas, dirigió una última mirada a la mesa de profesores, donde Dumbledore se estaba retirando también y se encaminó solo hacia la torre de Gryffindor.
-¡Hola Harry! ¿Buen verano?_ le preguntó Luna Lovegood fugazmente, cuando se encontraron a la salida del comedor y sin esperar respuesta, se marchó hablando con otro chico de su casa.
Harry sonrió, suspiró y comenzó a subir la escalinata. No llevaba ni dos escalones subidos cuando una voz que arrastraba la palabras, lo detuvo.
-¿Qué tal el verano, Potter?_ Harry se dio la vuelta lentamente para encontrarse de frente con Draco Malfoy y sus dos guardaespaldas, Crabbe y Goyle. Miró en ambas direcciones y comprobó que la poca gente que salía ya del gran comedor, hablaba despreocupadamente, sin percatarse de la situación._ ¿Dónde están Weasley y Granger? ¿Es qué has dado un paso más hacia la marginación?_ Malfoy soltó una risotada y sus amigos lo imitaron tontamente.
-Lárgate, Malfoy_ respondió Harry fríamente e hizo un intento de darse la vuelta para marcharse, pero Draco volvió a hablar.
-¿Haciendo cómo que no ha pasado nada, Potter? Creí que la muerte de Sirius Black iba a significar algo más en..._ Malfoy no pudo acabar la frase, porque Harry se había dirigido como una bala hacia él y le había propinado un puñetazo. El chico calló al suelo y Harry se agachó para golpearle dos veces más.
Entonces, Crabbe y Goyle se unieron a la acción y apartaron a Harry de Malfoy, sujetándolo cada uno de un brazo. Draco se incorporó un poco y se limpió con la mano la sangre que le caía del labio. Hizo un gesto con la cabeza a sus amigos y éstos llevaron a Harry a una esquina, lejos de la vista de los demás estudiantes, y lo empotraron contra la pared.
Malfoy se levantó furioso, se dirigió hacia Harry, que no podía moverse y le dio un fuerte puñetazo en el estómago.
Harry se encogió del dolor y resbaló por la pared, pero como Crabbe y Goyle seguían sujetándolo, no se cayó al suelo. Malfoy sacó la varita del bolsillo de su túnica y la apretó contra sus costillas, con la otra mano le levantó la cabeza, estirándole del pelo y se acercó a susurrarle al oído.
-Ten mucho cuidado Potter, porque es muy posible que no acabes este curso._ soltó con violencia el pelo de Harry e hizo una mueca de desagrado._ La última vez fue Sirius Black, pero podías descubrir que fortuitamente una sangre sucia, un Weasley o..._ sonrió maliciosamente._ un licántropo...sufren un pequeño accidente.
-Si los tocas..._ susurró Harry. Hacía verdaderos esfuerzos por no darle la satisfacción a Malfoy de ver que le estaba haciendo daño, pues seguía teniendo clavada en el costado su varita.
-No seré yo quién los toque, Potter. Pero al Señor Oscuro podrían interesarle mucho tus amiguitos..._ su mirada y la de Harry se encontraron durante unos segundos de silencio._ no querrás perder a nadie más, ¿cierto Potter? Me temo que ya es demasiado tarde..._ hizo un gesto con la cabeza y Crabbe y Goyle soltaron a Harry, aunque él no retiró su varita. En ese momento, se escucharon unos pasos, y la profesora McGonagall apareció con gesto cetrino en su rostro. Rápidamente, Malfoy guardó su varita.
-¿Qué está pasando aquí?_ dijo al ver la sangre que caía del rostro del muchacho y también a Harry empotrado contra la pared._ Diez puntos menos para Gryffindor y Slytherin respectivamente._ Su cara estaba crispada por el enfado._ Y ahora, Malfoy y ustedes dos_ señaló a Crabbe y a Goyle._ vayan a sus salas comunes._ ellos lanzaron una última mirada a Harry, quién mentalmente captó perfectamente la palabra “recuérdalo” y después se marcharon en dirección a las mazmorras, donde estaba la sala común de Slytherin. La profesora McGonagall esperó a que sus pasos dejaran de sonar antes de dirigirse hacia Harry._ Potter, usted y yo vamos al despacho del director.
La mujer empezó a subir las escaleras y Harry no tuvo más remedio que seguirla. Llevaba tan solo un par de horas en el colegio y ya se había buscado problemas, pero pese a la situación crítica en la que se encontraba, su principal preocupación rondaba en las palabras que acaba de oírle a Malfoy. ¿Sería verdad que el próximo objetivo de Voldemort eran Ron, Hermione o Lupin? Si era así, no le cabía la menor duda de que Malfoy le había informado de la gente con la que se relacionaba. Y si sus sospechas eran ciertas, ahora más que nunca, se arrepentía de haber vuelto al mundo mágico.
La profesora McGonagall caminaba a paso ligero y no tardaron en encontrarse frente a la gárgola del despacho del director.
-“Ranas de chocolate”_ formuló y la gárgola de piedra se hizo a un lado para dejar paso a una escalinata en forma de caracol. McGonagall se subió y Harry la imitó. Como había ocurrido en otras ocasiones, se escuchaban voces en el interior del despacho de Dumbledore y el chico supuso que el director estaría hablando con los retratos que colgaban en las paredes de su despacho.
La profesora McGonagall tocó a la puerta y sin esperar respuesta entró, seguida del muchacho.
Dumbledore estaba sentado detrás de su escritorio. Tenía una sonrisa complaciente en el rostro y cuando comprobó quiénes eran, ésta se ensanchó.
-Le traigo a Potter como me pidió, director._ dijo McGonagall._ Al parecer ha tenido un pequeño percance con el señor Malfoy que seguro él le relatará. Yo me retiro.
-Muchas gracias, profesora._ susurró Dumbledore complacido. Ella sin esperar nada más, se marchó cerrando la puerta tras de sí. Pasaron unos segundos, en los que Harry recorrió con la mirada el despacho, recordando amargamente su última visita a él y observando al majestuoso fénix, que estaba posado en la percha. El director dejó que Harry inspeccionara todo antes de hablar. Cuando por fin sus miradas se cruzaron, dijo:_ ¿Qué ha ocurrido con el señor Malfoy, Harry?_ el chico inspeccionó los ojos del anciano tratando de evaluarlos. Sabía desde el curso pasado que no podía mentirle, porque era muy hábil en Legeremencia, al igual que lo era Voldemort, así que trató de llevar la conversación a un terreno más favorable.
-Solo ha sido una pequeña charla entre viejos amigos_ sonrió amargamente y fijó su mirada en las patas de la mesa que tenía enfrente. Sabía que el contacto visual era prescindible en Legeremencia. Este gesto de Harry pareció divertir mucho al director.
-Harry, quiero que este curso tengas sumo cuidado con todos tus compañeros...en especial con el señor Malfoy. Me temo que es más que sabido que Voldemort pondrá espías en el colegio.
-¿Se refiere a los hijos de los mortífagos?_ soltó Harry imprudentemente.
-A ellos, principalmente. ¿Qué fue lo que el señor Malfoy te dijo que acarreó una respuesta violenta por tu parte?_ Harry lo miró enfadado. ¿Eran imaginaciones suyas o Dumbledore trataba de culparle por lo que había ocurrido?
-No se necesitan muchas palabras para pelearse con Malfoy._ Dumbledore volvió a sonreír. Había algo en su forma de ser que perturbaba a Harry. No lograba todavía mirar directamente a los profundos y pequeños ojos azules del director, como si la culpa lo reconcomiera por dentro.
-Entiendo._ dijo Dumbledore amablemente._ Bien, si no tienes nada más que decirme, te comentaré el motivo por el cual te he citado aquí._ Harry no dijo nada._ Quiero que continúes las clases de Oclumancia._ Dumbledore esperó el golpe, pero Harry se limitó a abrir la boca en exceso y mostrar su disgusto._ Christine se encargará de dártelas.
-¿Christine?_ gritó el chico pegando un bote. Seguía de pie cerca de la puerta y tuvo la tentación de largarse de allí y gritar a los cuatro vientos su rabia._ ¿Por qué ella? ¿No puede enseñarme el profesor Snape?_ Dumbledore se quedó perplejo, pero reaccionó rápidamente. Nunca creyó escuchar algo así de su alumno. Por alguna razón, miró en dirección a la chimenea.
-He de confesarte que me sorprende mucho tu pregunta. Creí que no te gustaba el profesor Snape...
-Y no me gusta_ contestó sinceramente Harry._ Pero es que ella..._ se mordió el labio inferior tratando de encontrar un argumento convincente._ tiene algo que...me inquieta...no sé que es..._ increíblemente Dumbledore sonrió otra vez. Esto desconcertó a Harry mucho más. ¿Qué era tan divertido?
-Lo lamento, pero las clases que recibirás se ampliarán a mucho más que Oclumancia y Legeremancia, de ahí el motivo por el que Christine tenga que enseñarte.
-Está bien_ cedió Harry disgustado._ ¿Cuándo empiezo?
-Eso, lo tendrás que consultar con ella._ el chico volvió a parecer molesto._ Créeme, ella es una excelente profesora y cuando la conozcas mejor, quizás entiendas el motivo por el que le asigné esta ardua tarea..._ le guiñó un ojo.
Harry cerró los ojos un momento y respiró hondo, no era un buen comienzo de curso.
-Y bueno, ahora quiero comentarte otro asunto, que quizás te ponga un poco más alegre.
-¿Cuál?
-He estado hablando con el profesor Snape_ explicó Dumbledore._ y hemos acordado que curses Pociones este curso. Sacaste unas calificaciones bastante buenas en la asignatura y creo que mereces la oportunidad de ser auror. Te alegrará saberlo.
-Er...sí, claro_ Harry forzó una sonrisa._ Por un lado iba a poder ser auror, pero por el otro, la perspectiva de dar clases con Snape era otro pequeño inconveniente en el curso._ ¿Algo más?_ preguntó al ver que Dumbledore se había quedado callado, observándole detenidamente.
-No, puedes marcharte._ el muchacho se dio la vuelta y abrió la puerta._ Y...Harry, trabaja muy duro este año, ¿de acuerdo? Quiero ver que superas todas las adversidades que crecieron en verano..._ Harry asintió poco convencido._ Buena suerte...en tus nuevas clases._ se marchó y cerró la puerta, dejando a Dumbledore solo.
A los pocos segundos, se escuchó un ruido similar a un vuelco de aire, y la figura de Christine apareció cerca de la chimenea. El director sonrió complacido.
-Debes caerle muy mal para que prefiera dar las clases con Severus.
-No le culpo_ contestó la chica fríamente._ Es como si tuviera la sensación de que debe desconfiar de mí, como si recordara...
-No te conoce.
-Quizás, pero es necesario que actúe de esta forma con él, por lo menos hasta que esté listo..._ esto último lo dijo para sí misma.
-Te lo repito, gánate su confianza_ susurró el director._ La necesita...


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Harry subió las escaleras de la escalinata muy lentamente, como si no deseara llegar a la torre de Gryffindor. Se había quedado muy pensativo con las palabras de Dumbledore. ¿Qué era lo que le aguardaba en las clases con Christine? Estaba seguro y no se equivocaba, que el director sabía, mucho antes de que Harry se lo confesara, que Christine no le caía nada bien, y quizás, era ese el motivo por el que la había puesto como su profesora. ¿Pero por qué Dumbledore iba querer perturbarle?
A partir de ahora, las cosas iban a ser muy diferentes. Parecía mentira, que tan solo unos meses atrás estuviera preocupado por lo que pudiera decir de él un estúpido artículo. Durante el verano, la guerra mágica había cobrado intensidad y Voldemort ya no era un simple tormento ficticio para la comunidad de magos, era bien real y estaba causando estragos. Habían muerto muchas personas durante las últimas semanas, cantidad de personas y quizás, aquello no era más que el aperitivo. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar Voldemort? ¿Qué era lo que realmente pretendía? ¿Qué tenía pensado hacer? Harry no podía creer que las ambiciones del mago tenebroso se contentaran con seguir matando muggles y magos que se interpusieran en su camino. Había algo más...
Pero todas las dudas que le rondaban por la cabeza no iban a ser disipadas, al menos por el momento. Dumbledore había tomado una medida muy inteligente al aislar a los alumnos de la abrumadora información del Profeta, pero le asustaba no estar al tanto de lo que ocurría, sobretodo si eso le implicaba a él. Ahora que Voldemort no podría escuchar jamás el final de la profecía...¿qué haría para tratar de destruirle? ¿Se atrevería a atacar Hogwarts?
Harry se obligó a negar con la cabeza. Estaba seguro de que Dumbledore se iba a encargar de la seguridad de los alumnos, nunca permitiría la intrusión de Voldemort en el colegio. Hagrid siempre le había dicho que no había lugar más seguro que Hogwarts y su amiga Hermione también le había comentado que mientras Dumbledore estuviera en Hogwarts, Voldemort no lo podría tocar.
Y pese a que sus sospechas y las últimas insinuaciones de Malfoy podían haberle llevado a cosechar el pánico, Harry podía sentirse muy seguro. Le preocupaban mucho más las vidas de sus amigos o la de los miembros de la Orden, y quizás ese sentimiento de frustración, se había formado a raíz de la muerte de Sirius.
No recordaba mucho de cuando Voldemort lo había poseído brevemente, pero podía escuchar retumbar en su mente lo que le pasaba por la cabeza en aquellos momentos: “Que pare este dolor, que nos mate. Acabe ya, Dumbledore. La muerte no es nada comparada con esto...Así volveré a ver a Sirius...”
Harry se frenó en seco y miró en ambas direcciones. Los pasillos estaban desiertos, a solo unos pasos de la sala común. Sintiéndose terriblemente oprimido por la misma sensación de emoción de aquel instante, una lágrima resbaló a través de sus mejillas y apresuradamente, Harry se la enjugó.
Quizás deseaba realmente reunirse con Sirius...quizás era eso por lo que no temía...por lo que no le importaba morir...
“Ron y Hermione”_ dijo una voz dentro de su cabeza. La que todavía razonaba coherentemente. Y pese a su sentimiento de profundo dolor, no pudo evitar esbozar una sonreía al comprobar que, prefería mil veces seguir viviendo y estar al lado de sus amigos.


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Un hombre esperaba pacientemente apoyado en la pared de un oscuro callejón, en algún lugar recóndito del Londres muggle. Vestía una túnica verde botella y se frotaba las manos con nerviosismo, a pesar de que solo hacía un par de minutos que esperaba y que faltaban cinco para la hora exacta de su cita.
Miraba constantemente su reloj de pulsera, bañado en oro. Estaba solo en aquel lugar y su seguridad como ministro y el apoyo de los ciudadanos de su país, provenía precisamente de los sucesos que acaecieran en aquella noche estrellada, donde una magnífica luna llena se cernía sobre su cabeza.
Pasados un par de minutos, se escuchó un CRACK y el hombre se separó rápidamente de la pared y extrajo una finísima varita del interior de su túnica.
Respiró hondo al comprobar que una figura solitaria, toda vestida de negro, le sonreía cordialmente.
-Lamento si lleva mucho tiempo esperando_ dijo el extraño individuo que acababa de llegar. Una capucha le tapaba totalmente el rostro, aunque cuando avanzó un par de pasos y la luna lo bañó con su luz, dos penetrantes ojos rojos, brillaron en la oscuridad del callejón. Fue quizás eso, lo que provocó que el otro hombre retrocediera unos pasos, o tal vez el hecho de que estaba ante el mago tenebroso más buscado de todos los tiempos.
Voldemort sonrió con suspicacia y echó un vistazo a su alrededor.
-Espero que esto no sea una trampa, señor Richard. Comprenderá que entonces su vida correría un grave peligro.
-Por...por supuesto que no lo es_ titubeó el ministro, y se decidió a avanzar hasta quedar justo en frente del otro hombre._ Antes de entregarle mi...información, tendrá que darme su palabra de que Francia no sufrirá ningún daño._ Voldemort sonrió ampliamente.
-Suelo cumplir mis promesas, señor Richard. Es un precio muy bajo, si se compara con la información que ha de entregarme. No obstante,_ sacó de su túnica su varita y un pergamino muy desgastado y bastante extenso. Susurró “Lumos” y la varita se encendió, mostrando así el contenido del mismo. Parecía un mapamundi, mucho más simplificado que los que solían mostrar los atlas muggles y también más preciso y cargado de información. Estaba dividido por áreas muy extensas, donde se señalaban unas motitas de distintos colores, dependiendo la zona. El señor Richard se fijo que las motitas parecían moverse. Algunas de color verde, por ejemplo, estaban en movimiento hacia un área de color diferente y así sucesivamente, aunque guardaban posiciones._ Los puntos de colores que observa_ explicó Voldemort iluminando y señalando con su varita, uno grupo bastante numeroso de motitas._ son los diferentes mortífagos o aprendices de ellos que envío a una zona determinada. Los puedo identificar gracias a la marca tenebrosa y cuando hay una baja, siempre aparece en el pergamino._ dejó de mirar al ministro y fijó los ojos en Europa, el lugar donde más mortífagos había, exceptuando una zona al sur: Francia. El mapa estaba totalmente en blanco en aquel punto, y las motitas la esquivaban, dirigiéndose sobretodo a España._ Francia está limpia de todo mortífago._ hizo un movimiento de varita y al instante, otro pergamino con un mapamundi idéntico, apareció. Éste era distinto. Las diferentes zonas no estaban detalladas, pero si lo comprobabas con el otro mapa, se podía distinguir perfectamente donde había mortífagos y donde no. El segundo pergamino estaba iluminado por las áreas ocupadas, y oscuro en las zonas libres. Francia estaba oscura._ es una forma de que compruebe que le estoy diciendo la verdad. Si uno de mis hombres entrara en su país, el mapa se iluminaría y usted lo sabría inmediatamente. Pero he de decirle que recompenso a los que me ayudan, y usted va a ayudarme, ¿no es así, señor Richard?
El ministro suspiró y dobló el mapa, para luego guardárselo en su túnica. El pánico era visible en su rostro, pero pese a todo, rebuscó en sus bolsillos y sacó un papel, para entregárselo después a Voldemort.
-Ahí está escrito el contenido de la profecía. La vimos directamente de los recuerdos de Dumbledore, así que no creo que sea un farol._ Voldemort sonrió maliciosamente y ocultó el papel en su túnica, para luego hablar al ministro.
-No hace falta que le diga lo que le sucederá a usted y a su país si este pergamino es falso, ¿verdad?_ el señor Richard negó amargamente con la cabeza._ Bien, con esto acaba nuestra pequeña reunión. Espero que disfrute de la paz..._ soltó una sonora carcajada y le dio la espalda al ministro, avanzando unos pasos, para detenerse después. Y sin girarse añadió_ Es más que sabido que el pergamino que le he entregado debe ser un absoluto secreto, ¿comprende? No sería bueno que Dumbledore supiera las zonas que han ocupado mis mortífagos.
-Descuide._ susurró el ministro, sin levantar la cabeza del suelo.
-Perfecto. Ha sido un verdadero placer hacer negocios con usted. Y no se preocupe...haré buen uso de la información que me ha proporcionado. Le sugiero que vaya eligiendo las flores que enviará para el entierro de Potter_ y tras reírse a carcajada limpia, desapareció, haciendo sonar el mismo ruido, con el que había llegado minutos antes. El señor Richard se quedó de pie en el callejón unos instantes, unas nubes taparon la luna llena y llenaron de oscuridad el ya de por sí tenebroso callejón. Se escuchó un ruido sordo y ministro cayó arrodillado al suelo, sollozando, de su boca solo se pudieron escuchar las siguientes palabras:
-Qué es lo que he hecho...


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Harry había llegado hasta el retrato de la dama gorda. La mujer estaba muy contenta y conversaba con una de sus amigas, que se había pasado a su cuadro.
-¿Contraseña?_ pidió amablemente.
-“Esperanza”_ murmuró Harry, y el retrato se hizo a un lado para que pudiera pasar.
La sala común estaba prácticamente vacía. Unos pocos alumnos, que debían de ser de cursos superiores a tercero( Hermione se habría encargado de llevar a los más pequeños a la cama de inmediato), se encontraban conversando despreocupadamente. Harry vio a Ron y a Hermione sentados en los sillones junto a la chimenea y se acercó a ellos.
-¿Qué te ha ocurrido, Harry?_ preguntó Hermione sobresaltada, en cuanto el chico se sentó al lado de Ron.
-Nada...Dumbledore quería hablar conmigo.
-¿Sobre qué?_ quiso saber Ron. Dejó el pergamino y la pluma con la que estaba escribiendo momentos atrás, sobre la mesa. Harry le echó una mirada fugaz y pudo distinguir que se trataba para su madre. Seguramente trataba de tranquilizarla, diciéndole que habían llegado bien.
-Sobre mis TIMOS._ se excusó Harry. En parte era verdad y no le apetecía nada comentarles que iba a volver a recibir clases de Oclumancia y con Christine._ Al final Snape ha accedido a aceptarme en su clase de Pociones.
-¡Genial!_ Ron levantó el puño derecho y Hermione sonrió ampliamente.
-Sí, supongo que no me puedo quejar_ Harry se encogió de hombros._ Aunque eso signifique aguantar a Snape otro año._ Bueno,_ añadió fingiendo un falso bostezo._ Me voy a la cama, estoy agotado...
-Yo me quedo a terminar la carta para mi madre_ Ron señaló el pergamino de encima de la mesa._ Luego subo.
-Vale_ aceptó él._ Buenas noches.
Tanto Neville, como Seamus y Dean estaban con las cortinas tapadas cuando entró en la habitación y Harry lo interpretó como que estaban dormidos. Lo prefería así, pasaba de que sus compañeros le preguntaran como le había ido el verano, porque en el tren no habían hablado prácticamente nada, y lo abordaran con preguntas sobre Voldemort.
Se puso rápidamente el pijama y se tumbó en su mullida cama. Se sentía en casa después de todo, y solo había una cosa que podía relajarle tanto como para que olvidara momentáneamente su conversación con el director sobre sus nuevas clases, y eso era su cama.
Sin saber que muy pronto iba a volver al despacho del director, se quedó profundamente dormido.
No tardó en percatarse de que se encontraba en un cuerpo que no era el suyo. Sentía sus manos frías, pero sabía que en el fondo no eran las suyas, eran las de una criatura que lo atrapaba y lo arrastraba a contemplar un oscuro callejón. Otro hombre estaba enfrente suyo, temblaba de arriba abajo, él siempre había tenido una habilidad especial para oler el miedo en la gente. Saboreó el momento, sabiendo que era un dulzor amargo, puesto que una parte de él no se encontraba allí.
Dejó de luchar contra sus fantasmas internos y comenzó a prestar atención a las palabras que salían de su boca y de la del otro hombre: “profecía”, “mapamundi”, “Mortífagos”, “ministro de magia francés”...
La cicatriz de su frente le iba a estallar de dolor. La oscuridad del lugar cada vez lo atrapaba más, lo estaba arrastrando...oscuridad...cada vez más oscuro...luchaba con todas sus fuerzas para huir del abrazo de esa criatura, sintió algo mojado en su pecho y entonces...
Abrió abruptamente los ojos. Respiraba con dificultad y la cicatriz en su frente lanzaba molestos tintineos. Era consciente de que no había gritado, pero sí se había estado retorciéndose.
La cara preocupada de su amigo Ron estaba a su lado, llamándole despacio, para no despertar a los demás ocupantes de la habitación.
-Harry, espera aquí, voy a buscar a McGonagall, no te muevas...
Veía todo borroso a su alrededor. Cogió a tientas las gafas de su mesita de noche y se las puso, pero eso no impidió que la vista se le siguiera nublando. Podía sentir a través de su cicatriz en forma de rayo, un estrepitoso sentimiento de alegría, de profunda felicidad, y sin embargo él se sentía desdichado. Pronto comprendió que esa efusividad no provenía de sí mismo. Se tocó el pecho y lo notó empapado. Al retorcerse en la cama, había pegado un manotazo a la jarra de agua de su mesita de noche y ésta se había derramado sobre él.
Sin esperar un instante se sentó en la cama, y cuando la cabeza volvió a su lugar, los ojos comenzaron a desorbitarse y sintió un profundo sentimiento de mareo y malestar. Se sujetó la barriga y vomitó sobre la alfombra, al tiempo que los pasos de dos personas, se escuchaban entrar en la habitación.
-¡Potter!_ exclamó la profesora McGonagall alarmada._ ¡Santo cielo! ¿Te encuentras bien?_ Harry terminó de vomitar y se secó la boca con la manga.
-Vol...Voldemort_ a penas podía hablar. Ron estaba más blanco que la pared._ Tengo...que...hablar con...con ...el...el director.
-Sí, si, será lo mejor._ la profesora lo ayudó a ponerse en pie y seguidos por un atónito Ron, salieron en dirección al despacho del director.


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Dumbledore estaba revisando unos pergaminos en su despacho, cuando el ruido de la chimenea le sorprendió. No esperaba visita a esas horas, y si no se equivocaba, ningún miembro de la Orden tenía que regresar de su misión en las próximas horas.
Algo perturbado se dio la vuelta a tiempo de ver como su profesor de Pociones salía rápidamente de las llamas esmeralda y se acercaba corriendo a él. En cuanto vio la expresión de su rostro, Dumbledore supo que ocurría algo grave, pero sus temores fueron confirmados cuando el hombre apoyó derrotado, ambas manos sobre el escritorio del director y provocó que éste temblara súbitamente.
-Director, ha ocurrido algo terrible..._ Dumbledore se levantó del siento y se quitó las gafas de media luna, para observar atentamente a su profesor._ Él va a averiguar el contenido real de la profecía..._ dijo esto en un susurro apenas audible, como si esperara que el silencio que se formaba en la habitación se tragase la gravedad de las últimas palabras.
-¿Qué ha ocurrido?_ preguntó con el rostro crispado.
-No lo sé_ se desesperó Snape._ No teníamos noticias de ningún acontecimiento fuera de lo normal. Pero esta noche, después del banquete, he acudido porque tenía una reunión con él, para darle unos datos de uno de los últimos ataques...y me encontré con Malfoy._ hizo una pausa, lamentándose de lo ocurrido._ Me dijo que él había salido y que le había pedido que me contara que iba a descubrir el contenido de la profecía y que las reuniones quedaban canceladas. No lo sabe mucha gente, señor, hemos sido informados unos cinco mortífagos.
Dumbledore se paseó por su despacho y repasó mentalmente lo que acababa de escuchar. Se acercó a la ventana y observó el manto oscuro de la noche, únicamente iluminado por las persistentes estrellas y por una radiante y esplendorosa luna llena. Eso le hizo pensar en uno de los miembros de la Orden, aunque era algo irrelevante, comparado con lo que acaba de escuchar.
-¿Cómo va a enterarse? ¿Crees que estamos a tiempo de impedirlo?_ Snape suspiró y negó con la cabeza.
-Demasiado tarde. A estas alturas debe de haber regresado. Nadie sabe con quién se ha ido a reunir. Le dijo a Malfoy que se lo explicaría después._ Dumbledore estuvo unos segundos meditando, hasta que decidió encarar a Snape.
-Entonces...vete, Severus. Te meterás en problemas si regresa y no te encuentra allí_ Snape volvió a negar con la cabeza.
-Nos ha dado permiso para salir.
En esos momentos se escuchó el sonido de la puerta abrirse con urgencia, y Harry, la profesora McGonagall y Ron, entraron al despacho.
Los miembros de la habitación, tardaron unos segundos en reaccionar. Harry y Ron respiraban agitadamente, habían seguido a la profesora McGonagall por los largos pasadizos de Hogwarts, a un ritmo elevado. Dumbledore se separó de la ventana, mientras Harry daba un paso al frente, y se colocó detrás de su escritorio, aunque no se sentó.
Miró los ojos desorbitados de su alumno y comprobó que una niebla los rondaba, y era la misma que le nublaba todavía la vista. Harry miró a Snape asustado y avanzó dos pasos más.
-Profesor Dumbledore..._ el director también miró a Snape y luego a los demás ocupantes de la habitación, para volver a mirar después a Harry.
-¿Qué ha ocurrido?_ preguntó impasible. Su voz denotaba confianza, pero por dentro, por primera vez en su vida, se sentía viejo y débil.
Harry negó con la cabeza y escudriñó los ojos del anciano, tratando de ver más allá de ellos, algo que no logró.
-Quisiera hablarle a solas...profesor._ pidió el muchacho. Si lo que acababa de ver era real, no quería que Ron se enterara. Dumbledore pareció leerle el pensamiento y asintió.
-Minerva, por favor, ¿serías tan amable de devolver al señor Weasley a su dormitorio?_ la profesora McGongall frunció el entrecejo, pero bastó una mirada del director para que se dirigiera a la puerta sin rechistar.
-Harry..._ Ron no estaba tan conforme con quedarse en ascuas. No sabía porqué, pero había algo en la forma de los ojos de su amigo, que no le había visto en la vida. Harry se dio la vuelta para mirarle.
-Por favor...márchate...
-¿Pero por qué?_ gritó furioso Ron._ ¿Qué ocurre Harry? ¿Ha habido un ataque, están mis padres bien? Harry...¿qué...?
-Quédate tranquilo._ Harry hizo un esfuerzo sobrehumano para sonreír._ Los tuyos están bien.
-¿Y entonces?
-He tenido una pesadilla...eso es todo. Es algo...personal y me gustaría comentarla con el profesor Dumbledore._ Ron miró a su amigo sin creerse una palabra.
-Tus sueños no son normales...hay algo que ha ocurrido y que no quieres contarme..._ el rostro de Ron se entristeció, bajó la mirada y luego siguió a la profesora McGonagall, hasta la torre de Gryffindor, sin pronunciar una palabra.
Harry lo vio salir y pese a que el peso del estómago disminuyó, se sintió morir. Jamás le había ocultado algo a sus amigos y era evidente que a Ron le había dolido esa falta de confianza, pero él no estaba preparado todavía, para revelarles la verdad. Suspiró y tras cerrar momentáneamente los ojos, encaró con la mirada al director.
-Severus..._susurró Dumbledore._ Puedes retirarte, ve a descansar y ya hablaremos mañana_ al ver el rostro de su profesor, añadió_ a primera hora.
Snape hizo una mueca de desagrado pero se marchó dando un portazo, sin decir nada, tal y como había hecho la profesora McGonagall, dejándoles solos.
Dumbledore se sentó cansadamente detrás del escritorio.
-Severus acaba de contarme algo, Harry, que quizás puedas confirmarme tú._ sus ojos brillaron._ ¿Qué es lo que has visto?
-Profesor..._ Harry sentía como se le obstruía algo en la garganta._ Voldemort...estaba con otro hombre...y él le dijo...él le dijo...el contenido de la profecía...
-¿Estás seguro? ¿Lo oíste?
-No._ negó Harry tratando que sus recuerdos se mostraran más nítidos, pero se le arremolinaban las imágenes y las sombras, confundiéndole._ No la oí, pero le entregó un papel con ella...Voldemort se encargó de que no fuera una trampa...vi en los ojos de aquel hombre que no le engañaba...lo sentí....sentí como me decía...perdón, como le decía la verdad._ el rostro del director se contrajo en una mueca y luego dio un largo y pronunciado suspiro.
-¿Volviste a ver la escena desde dentro, no es cierto?_ Harry asintió.
-Pero creo que no lo notó...la sensación era distinta...esta vez...no sentí a la serpiente dentro de mi...solo lo vi.
-Eso quiere decir que la conexión que os unía, se rompió en verano a raíz de que él te poseyera...sin embargo...se volverá a establecer si no cierras tu mente...¿has tenido algún sueño este verano?
-Ninguno señor. No como estos._ añadió. Había tenido pesadillas, por supuesto, pero ninguna intrusión directa en los pensamientos de Voldemort._ Pero sí pude sentir sus emociones...la cicatriz volvió a dolerme...
-Lo suponía_ Dumbledore sonrió amargamente. Había algo que estaba brotando en la cabeza de Harry, un pensamiento que podía alejar los oscuros acontecimientos.
-Profesor...¿y si todo fue un truco?
-¿Qué?
-¿Y si Voldemort trató de engañarme otra vez, haciéndome creer que sabía el contenido de la profecía?_ Dumbledore se puso en pie y apoyó las manos en el alfeizar de la ventana.
-Me temo que no fue un engaño._ sus ojos brillaron de abatimiento, pero ocultó lo que sentía como solía hacerlo ante todo el mundo._ Voldemort informó a Lucius Malfoy de que se marchaba porque alguien iba a revelársela. Y Lucius se lo dijo a Severus. Solo un grupo allegado a Voldemort lo sabe y lo sabrá._ el director de dio rápidamente la vuelta y miró a Harry muy pensativo._ ¿Reconociste al hombre que le dio la información?
-No._ negó Harry._ Pero dijo quién era._ Dumbledore le escudriñó los ojos interesado._ Era el ministro de magia Francés.
Dumbledore dejó de apoyar las manos sobre la ventana. Miró a Harry a los ojos y durante un momento pareció quedarse sin habla. Pero luego levantó la cabeza firmemente y cuando habló, su voz era de total impasibilidad.
-¿Estás seguro de lo que dices? Esto es muy importante, Harry, ¿seguro que era él?_ Harry se quedó mirando al director, mordiéndose el labio inferior. Estaba totalmente seguro de que ese hombre de la túnica verde botella, era el ministro de magia francés, incluso reconoció el acento, pero aquella información parecía haber afectado mucho a Dumbledore.
-Completamente. Pero hay algo que no entiendo...¿cómo sabía él lo que decía la profecía? Pensé que únicamente usted y yo..._ Dumbledore recorrió la habitación y volvió a tomar asiento. Cuando vio como el director se tapaba la cara con ambas manos, se detuvo en seco.
-Yo le revelé el contenido de la profecía a la Confederación Internacional de Magos, Harry. En realidad, únicamente lo hice a los ministros de magia de los países que la componen. Era necesario. Necesitábamos establecer una comunicación y una unión que no se produjo hasta que hubo entendimiento. Lamento confesar que me equivoqué.
-¿Pero por qué lo hizo?_ dijo Harry muy nervioso. No comprendía las razones que había tenido el director para hacer algo así. No eran suficientes sus argumentos.
-Conozco a todos los magos de la Confederación, desde hace muchos años. Casualmente, el señor Richard, el ministro de magia de Francia, es al que menos conozco, y aún así, lo he tratado durante siete años. Las cosas no empezaron bien en aquella reunión, Harry. Los ministros habían perdido la confianza porque Fudge les había ocultado el regreso de Voldemort. Peligraba nuestra unión, y he de decir, que si nos mantenemos separados, Voldemort logrará eliminarnos como si fuésemos moscas. Cuando les mostré la profecía, jamás pensé que alguien de allí pudiera traicionar. Pero se ve que el señor Richard no era de confianza.
-Compró la paz con el contenido de la profecía._ dijo Harry desganado._ Francia no sufrirá ningún ataque. Voldemort lo prometió._ Dumbledore cerró los ojos._ ¿qué vamos a hacer ahora?_ preguntó el muchacho con agonía.
-Esperar. Me voy a poner en contacto con la Confederación y haré que el señor Richard sea enviado a juicio y destituido de su cargo.
-No me refería a eso._ contestó Harry de mala gana._ Me da igual lo que se haga con ese hombre, me da igual todo. Lo único que me interesa saber es si Voldemort va a tratar de acercarse a mí._ Dumbledore observó a Harry penetrantemente durante unos segundos.
-Temes por la vida de tus amigos..._ Harry supo al instante que le había leído la mente, y comenzaba a fastidiarle no poder cerrarla frente al director.
-Sí_ confesó._ Ellos no tienen nada que ver con esto.
-¿Les has contado qué sabes lo que dice la profecía?
-No._ dijo Harry con rotundidad._ Y no pienso hacerlo_ le dio la espalda a Dumbledore, avanzando unos pasos hacia la puerta, pero no salió._ No puedo.
-Entiendo. No te preocupes, voy a tratar de mantener la seguridad del castillo. Escribiré a Amelia Bones para que ponga vigilancia en los alrededores. De todas formas, mañana mismo va a salir un decreto para que los aurores vigilen los lugares mágicos. Las zonas más protegidas serán: Hogsmeade, San Mungo, El Callejón Diagon y por supuesto el ministerio._ Harry se dio la vuelta para mirar a Dumbledore a los ojos.
-¿Qué hará ahora que sabe que ninguno de los dos podemos vivir mientras el otro exista?
-Saber eso no le ayudará a destruirte._ dijo Dumbledore con seguridad._ te lo repito, trabaja mucho este curso, práctica la Oclumancia ahora más que nunca y confía en Christine.
-No me ha dado un buen motivo para hacerlo_ le reprochó Harry._ No sé nada acerca de ella._ Dumbledore sonrió.
-Entonces...debes preguntarle._ hizo un gesto con la mano para decirle que ya podía marcharse, y añadió_ Ella sabrá potenciar el poder que posees.
-Ese poder que usted dice..._ susurró Harry tristemente._ Murió con Sirius en el Departamento de Misterios._ y salió por la puerta. Dumbledore esperó durante unos segundos, con la vista fija por donde había salido Harry y dijo:
-Al menos...ya eres capaz de aceptar que Sirius Black murió...quién sabe si puedas resucitar esa fuerza...que posee tú corazón.


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Aquella mañana del dos de Septiembre, lucía un sol de justicia, y fueron sus rayos, los que despertaron a Harry. Ron se estaba vistiendo cuando corrió las cortinas, mientras que los demás se estaban desperezando.
Se vistió con la túnica de Hogwarts y se peinó un poco su alborotado cabello negro azabache, sin mucho éxito. Ron no lo esperó y bajó las escaleras sin decirle ni una sola palabra.
-¿Qué os parece las medidas que ha tomado Dumbledore?_ preguntó Seamus, mientras rebuscaba algo en su baúl._ A mi me parece fatal que nos prive de leer el profeta. Hasta navidad no sabremos los ataques que ha habido.
-Pues yo creo que así es mejor._ opinó Neville y sacó de su baúl una reluciente varita negra._ Quizás por un año nos ahorremos de comentarios estúpidos._ y miró a Harry fugazmente.
-¿Tienes una varita nueva?_ preguntó Dean, que no había participado para nada en la conversación.
-Sí, ¿Os gusta?_ dijo Neville orgulloso._ Mi abuela casi me mata cuando le dije que rompí la de mi padre. Pero me compró una propia. Harry pensaba que quizás Neville, iba a estar mejor con una varita que fuera suya. La vieja varita de su padre se había roto en la pequeña “excursión” que hicieron al Departamento de Misterios.
-Las cosas se están poniendo muy feas..._ Seamus parecía no querer que le distrajeran del tema._ ¿Os enterasteis del ataque que hubo en Francia? ¿Y el del callejón Diagon? Yo había ido a comprar las cosas dos días antes...
Harry, que ya había oído bastante, se apresuró en sacar del baúl su varita y bajar a desayunar al Gran Comedor.
Un murmullo recorrió la sala cuando lo vieron entrar, las mesas estaban bastante llenas de gente y después de que se hubiera descubierto la verdad, Harry era el blanco de todos los comentarios. Ignorando las caras de odio de la mesa de Slytherin, el chico se fue a sentar entre medias de Ginny y de Hermione, sin mirar a Ron a la cara. Su amiga no tardó en sacar el tema.
-Toma._ le dijo entregándole los horarios del nuevo curso._ Ron me acaba de contar lo que sucedió anoche. ¿Te encuentras bien?_ Ginny también parecía muy preocupada, pero disimuló bebiendo su zumo de calabaza.
-Estoy bien._ dijo él exasperado. No entendía porqué tenían que remover las viejas heridas._ Solo fue una pesadilla, como le dije a Ron.
-¡Pues cuando te removías de esa manera y te sujetabas la cicatriz no parecía una simple pesadilla!_ Ron no había podido evitar levantar la voz. Algunas cabezas cercanas se giraron hacia ellos, y desde la mesa de profesores, Christine no se perdía detalle. Harry bajó la voz al hablar para que los curiosos dejaran de observarles, pero su tono era de profunda frialdad.
-Ron, era un sueño personal, ¿vale? Demasiado personal, y solo podía comentárselo a Dumbledore.
-¿Tan personal que desconfías de tus amigos?_ Harry se levantó de golpe sin ni siquiera probar la tarta de melaza y lanzando una mirada furiosa a sus amigos, se marchó a coger los libros para las clases.
-¡Ya has hecho que vuelva a no probar bocado, Ron!_ le recriminó Ginny, quién había escuchado todo._ ¿No puedes entender que haya cosas que no te pueda decir?_ Ron se mordió el labio inferior.
-Quizás se trataba de Sirius,_ razonó Hermione._ Y era demasiado doloroso para él.
-De acuerdo, de acuerdo_ cedió el muchacho._ Luego hablaré con él. ¿Qué clase tenemos primero?
-Historia de la magia._ informó Hermione rápidamente, y Ron dejó caer su tortita dentro del vaso del zumo de calabaza.
-¡Qué gran comienzo! ¿Por qué siempre los lunes de todos loa años tenemos que empezar así de mal?_ exclamó indignado. Hasta se le había ido el apetito, y eso en él, era un mal augurio._ ¿Cuándo tenemos Defensa Contra Las Artes Oscuras? Estoy deseando ver cómo es nuestra nueva profesora.
-Umm..._ Hermione consultó el horario._ No tendremos hasta el miércoles._ Ron volvió a hacer una mueca de desagrado.
-Nosotros tenemos antes de la hora de comer._ dijo Ginny muy contenta.
-Ya nos dirás que tal_ dijo Hermione y se levantó para ir a clase._ Vamos Ron.


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Se había armado un revuelo tremendo en el ministerio de magia. Se hacían especulaciones de todo tipo, pero por cada boca que pasaba la información , el rumor era más fantástico y se alejaba de la realidad. En lo que todos los empleados coincidían era que, alrededor de las diez de la mañana, Dumbledore se había presentado allí , echo una furia y había solicitado hablar con Amelia Bones inmediatamente.
La nueva ministra de magia, había dejado “aparcada”, su reunión con algunos de los empleados, para organizar el funcionamiento a partir de entonces en sus respectivos departamentos, y lo había recibido sin demora. A los pocos minutos, la ministra había llamado urgentemente a su asistenta personal y le había ordenado reunir con urgencia a la Confederación Internacional de Magos, y tajantemente le había ordenado que ninguno de los miembros podía faltar, puesto que el asunto a tratar era de verdadera urgencia.
Alrededor de las diez y media, la Confederación estaba totalmente entera en la sala de reuniones y habían aplicado hechizos silenciadores a las puertas.
Era ahí, donde los empleados habían comenzado a formular sus propias teorías, desde que Voldemort venía con un ejército enorme de gigantes, vampiros y toda clase de criatura mágicas, a apoderarse del ministerio; hasta que Dumbledore iba a presentar la dimisión de director de Hogwarts. Ninguna de esas teorías, tenían fundamento alguno y la verdadera causa, era quizás, algo mucho más grave que todo eso.
-Quiero ver como el responsable de esto sale a la luz por voluntad propia._ la voz del director sonaba apaciguada, pero sus ojos centelleaban de la furia. Amelia Bones, que estaba a su lado, miraba con determinación todos los rostros sorprendidos de los demás ministros._ Lo repito, sé con seguridad quién lo ha hecho, pro necesito que esa persona confiese la verdad ante todos y nos explique qué motivos a tenido para traicionar la confianza que puse, al revelar esta gran verdad.
-Pero...¿estás seguro?_ titubeó el ministro español._ ¿El-qué-no-debe-ser-nombrado sabe el contenido de la profecía? ¿Y dices que alguno de nosotros se lo ha revelado?_ Dumbledore asintió con firmeza y durante unos segundos pasó la mirada por el ministro francés, quién sudaba de cabo a rabo.
-Os lo repito, voy a daros unos segundos_ miró su reloj de pulsera._ para que confiese el culpable, sino...me veré obligado a decirlo yo mismo._ Se sentó en una silla, al lado de Amelia y esperó pacientemente. Cuando creyó que había pasado suficiente tiempo volvió a levantarse y suspiró, con una nota de cansancio en los ojos._ Me temo...que esa persona sí fue lo bastante valiente como para encarar a Voldemort, pero no lo es para explicarnos sus motivos._ los presentes se miraron unos a otros entre expectantes hasta asustados._ Bien...el juego ha terminado_ y dirigió la vista al ministro francés._ Richard, serías tan amable de acompañarme._ el silencio que se hizo en la sala fue cayendo sobre cada uno de los miembros pesadamente, hasta que un murmullo de incredulidad recorrió la mesa. El señor Richard, giró la cabeza en ambas direcciones, removiéndose nerviosamente en su asiento y sin saber qué hacer o qué decir.
-Yo...yo...no lo hice...no fui yo...yo jamás..._ el ministro Belga se puso en pie y miró seriamente a Dumbledore.
-¿Estás seguro de que fue él?_ preguntó frunciendo el entrecejo. Pero salvo él ninguno parecía dudar de que otra persona lo hubiera hecho. El nerviosismo en el señor Richard era patente y la expresión temerosa de su rostro lo delataba._ Son unas acusaciones muy fuertes, y si están infundadas por...
-Uno de mis espías vino a noche a mi despachó y me avisó._ explicó Dumbledore pacientemente. No podía evitar seguir mirando al ministro francés. Resultaba patético, removiéndose en la silla de aquella manera. Ante esta declaración ninguno objetó nada más. Sin embargo, el señor Richard no se iba a rendir tan fácilmente sin luchar.
-No es cierto...lo juro...yo no lo hice...no tienes pruebas para acusarme, Dumbledore...
-Tú solo te estás delatando, Richard_ dijo Dumbledore con tristeza._ Puse mi confianza en ti, en todos vosotros y la traicionaste. No sabes hasta que punto significaba que Voldemort no supiera el contenido de esa profecía...has condenado a Harry Potter a la desgracia...y le has blindado al mundo mágico en bandeja de plata...
-Tú estás hablando de suposiciones...no sabes...no entiendes...nada...tú no...
-Harry Potter presenció la escena en sus sueños Richard. Llevabas una túnica verde botella, la misma, que utilizaste en la fiesta de la organización del Torneo de los Tres Magos._ Dumbledore había adivinado tanto que el señor Richard se quedó mudo, abriendo ligeramente la boca. Este silencio fue la confirmación que los demás esperaban. Dumbledore miró a Amelia Bones y ésta sintió con la cabeza. Fue hasta la puerta, la abrió y entraron tres aurores.
-Llevad a éste hombre a Azkaban, a la espera de juicio._ ordenó firmemente.
-¡No!_ gritó el señor Richard desesperado._ ¡No! ¡Por favor! ¡Tenía miedo, la gente se me estaba echando encima, después del ataque! ¡Francia no tenía medios para detenerle! ¡Por favor Dumbledore...!_ Pero los aurores ya se habían acercado a él y le pusieron unas esposas en las muñecas, después de quitarle la varita mágica, y se lo llevaban fuera de la sala.
-Compraste la paz de Francia, a cambio de vidas humanas_ recitó el director, mirando con profundo resentimiento al hombre que iba sujetado por los aurores._ Ya es demasiado tarde para tus excusas. Lleváoslo.
El señor Richard siguió gimiendo y gritando mucho rato después, mientras lo arrastraban por el ministerio, rumbo a Azkaban.
La sala de reuniones se quedó callada, nadie parecía saber que decir.
-Lamento lo ocurrido_ se decidió a hablar la ministra de Portugal._ Es lamentable que haya pasado algo así.
-¿Y dices que Harry Potter lo vio todo en sueños?_ preguntó el ministro búlgaro.
-Sí_ confirmó Dumbledore dejándose caer pesadamente en la silla._ La cicatriz de su frente es la unión que ya os expliqué...Bueno, ya hablaremos de esto cuando se le realice el juicio a Richard. Por supuesto comprenderéis que tiene que ser un juicio totalmente reservado para personal explícito. No se nombrará para nada la profecía, simplemente se le acusará de haber pasado información a Voldemort. Reuniré al Wizengamot para que lo juzgue. ¿Estáis todos de acuerdo?_ hubo un murmullo de aprobación._ Bien, y para hablar de algo más alegre, os presento a Amelia Bones, la nueva ministra de magia de Inglaterra...


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Ron no tardó en disculparse con Harry en la clase de Historia de la Magia y él lo perdonó inmediatamente. Sabía que no podría soportar estar peleado con su amigo, y menos en una clase como la de Binns. El fantasma empezó la clase pasando lista y ni siquiera saludó por el comienzo del nuevo curso. Se dedicó a explicar dificultosas batallas del destierro de los Vampiros a las zonas más pobladas del bosque de África, y de las maneras que usaron los magos para librarse de ellos.
Mucho más entretenida estuvo la clase de Herbología. La profesora Sprout, una bruja menuda y algo regordeta, los hizo pasar directamente al invernadero dos, donde se estudiaban las plantas más peligrosas e interesantes. Hasta ahora, únicamente habían estado en los invernaderos uno y tres, lo que era un comienzo de curso esperanzador.
Las expectativas para la clase no pudieron ser más acertadas, la profesora Sprout les enseñó una “tubércula venenosa”, que resultó ser la planta más grande que Harry había visto hasta la fecha. Tenía una cabeza con dientes muy afilados y le colgaban varios tentáculos con unos poros al final de ellos. De esos poros era de donde se lograba extraer el veneno, pero era una labor muy difícil.
La cabeza de la planta parecía oler cuando se le acercaba alguien y trataba de morder a todo aquel que la tocaba. Para extraer el veneno necesitaron utilizar unos guantes muy especiales, mientras algunos de los alumnos entretenían a la cabeza. Al principio lo creyeron muy fácil, la cabeza parecía estar interesada en los chistes más absurdos que los estudiantes les contaban, pero cuando notaba como algunos de ellos se acercaban a los poros, trataba de morderles.
Al final, muchos de los alumnos de sexto tenían mordeduras poco serias en los brazos, y la profesora Sprout les mandó de deberes averiguar la función del veneno de la “tubércula”, y redactarlo en un pergamino.
La clase que de verdad esperaban Harry, Ron y Hermione era Cuidado de las Criaturas Mágicas, porque por fin verían a Hagrid, después de todo el verano.
Así que, almorzaron todo lo rápido que les fue posible y llegaron los primeros a la clase, diez minutos antes de lo previsto, saltándose gran parte del recreo.
-¡Me alegro que hayáis venido antes!_ dijo Hagrid más contento que unas pascuas._ ¿Qué tal el verano?_ Harry, Ron y Hermione le explicaron que habían estado en el cuartel de la Orden del Fénix y los ataques a Privet Drive y el Callejón Diagon que sufrieron. Al final, Hagrid parecía muy preocupado._ Esos malditos mortífagos se nos han adelantado. ¡Menos mal que no os paso nada!
-¿Y tú qué has hecho este verano, Hagrid?_ le preguntó Harry.
-Bueno..._ por alguna razón el semigigante parecía nervioso._ Ya sabéis...he estado cuidando de Grawp.
-¿Y ya se porta mejor?_ quiso saber Hermione._ La verdad es que nos sacó de un gran apuro con esos centauros...¿estaba muy herido cuando lo encontraste?
-¡Qué va!_ les tranquilizó Hagrid, con una sonrisa de oreja a oreja._ La piel de un gigante sana muy deprisa, ¿no lo sabíais? Grawp estaba deseoso de verme y parece que su inglés ha mejorado mucho. Y también sus modales. Por lo menos ya no me pega.
-Nos alegramos, Hagrid_ dijo Ron sinceramente._ Y dinos, ¿qué has tenido que hacer para la Orden?
-Eso no es asunto vuestro._ gruñó el profesor._ Es algo muy serio lo que hace la Orden, Ron. Y no debéis inmiscuiros.
-Pero...
-Creo que Hagrid tiene razón, Ron_ interrumpió Harry seriamente._ No es asunto nuestro saber lo que hace la Orden._ Ron y Hermione lo miraron boquiabiertos, pero no tan sorprendidos como Hagrid. El comportamiento del muchacho lo tenía totalmente desconcertado. Pero Harry estaba dispuesto este curso a no meterse donde no le llamaban, a no querer saber, como le había ocurrido el año pasado, y así, no cobrarse la vida de ningún inocente. La muerte de Sirius lo había transformado en una persona totalmente distinta. Y no iba a poner en riesgo la vida de sus amigos, o la seguridad de la Orden por un error suyo. Había aprendido la lección.
No pudieron seguir hablando porque en ese momento los alumnos comenzaron a llegar. Afortunadamente, aquel año no compartían la clase con los de Slytherin, sino con los de Hufflepuff, pero a cambio tendrían que seguir con ellos en Pociones, en Astronomía y para agonía de Harry en Defensa Contra Las Artes Oscuras, la clase a la que más miedo tenía de ir, incluyendo Pociones.
Hagrid montó una clase muy entretenida. Los llevó un poco a las profundidades del Bosque Prohibido y les enseñó “fairies”.
Harry se sorprendió mucho. Igual que Ron, él tampoco recordaba que la profesora Grubbly-Plank las hubiera nombrado el curso pasado, pero le resultaron francamente amistosas. Las fairies se movían en grupos reducidos de tres o cuatro y tenían sus nidos en lo alto de los árboles. Eran bastante pequeñas, más o menos del tamaño de un Bowtruckle y de un color rosado. Llevaban en la espalda cuatro alas transparentes y sus ojos ambarinos brillaban al contraste de los rayos del sol. Parecían muy amigables, porque Hagrid se acercó a una de ellas y ésta se dejó exhibir en la palma de la mano del gigante. Harry se acercó con el resto del grupo a observarlas mejor y se dio cuenta de que un aura parecía rondar a la criatura. Tuvo claro que era un aura positiva porque los polvos que soltaba la pequeña hada, lo hicieron sentirse tremendamente en paz.
-¿Os gustan?_ preguntó Hagrid encantado._ Son las criaturas que controlan ahora Azkaban, pensé que os gustaría verlas. En este bosque hay una manada muy pequeña, ¿alguien sabría decirme por qué?_ inmediatamente, Hermione levantó la mano, y fue la única que lo hizo. Hagrid le cedió la palabra.
-Las fairies no soportan vivir con otras criaturas mágicas. Prefieren los lugares tranquilos y silenciosos y les encantan los humanos._ explicó la chica hablando muy atropelladamente._ Son muy amistosas y se amoldan fácilmente a los deseos humanos.
-Exactamente._ dijo Hagrid entusiasmado._ ¡Diex puntos para Gryffindor!
Para su desgracia, Hagrid también les mandó deberes. Tenían que dibujar una fairie, tal y como habían hecho el año anterior con los Bowtruckles y señalar sus partes con claridad. No tuvieron que ser muy listos para observar que Sexto era un curso todavía más serio y difícil que lo había sido Quinto.
A la hora de la comida, varias personas pasaron por la mesa de Gryffindor para visitar a Harry y saludarlo. Eran los antiguos miembros de ED y querían saber si las clases iban a continuar.
-¡Pero éste año no tenemos a la profesora Umbridge!_ protestó Harry. La idea de ser profesor de nuevo, con todos los deberes y responsabilidades que tenía aquel curso, no le apetecía mucho.
-¡Pero Quién-tú-sabes está atacando muchos lugares!_ protestó Ernie MacMillan, era uno de los que se había acercado de la mesa de Hufflepuff._ ¡Tenemos que estar preparados para todo!_ Harry dio un largo y prolongado suspiro, y miró después a Ron y a Hermione, que a su vez lo miraron a él.
-A mi me parece una idea genial._ dijo su amiga con claridad._ Necesitamos estar alerta y esas...clases, nos salvaron la vida, Harry. Recuérdalo.
-¡Pero no sabemos como va a ser la profesora de Defensa Contra Las Artes Oscuras este curso!_ Harry trataba de encontrar una excusa convincente._ ¡Quizás sea tan buena como Lupin!_ añadió dudándolo mucho por dentro.
-¡Por favor Harry!_ suplicó Ginny, quién estaba sentada al lado de su hermano._ Toda la ayuda es poca, cuando se trata de...Voldemort._ Harry miró hacia la mesa de profesores. Le había parecido que segundos antes, Christine los había estado observando, pero al mirar, vio a la chica enfrascada en una conversación con la profesora McGonagall.
-Esta bien_ cedió al final._ Avisar a todos los que estén interesados y nos reuniremos el sábado a las siete de la tarde en la Sala de los Menesteres, para concretar horarios y todo eso, ¿de acuerdo?_ Ernie, Justin, Hannah y Terry que estaban allí, sonrieron complacidos y se dirigieron a sus respectivas mesas. Ginny lanzó una mirada de gratitud a Harry y cuando sus ojos se encontraron, ambos hicieron un gesto brusco para separarse.


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N/A: Olassss otra vez. UHF, q mal esto de q la sección haya estado cerrada, pero bueno menos mal q ya está abierta de nuevo!!!! Aquí os dejo con el capi 9, a partir de ahora las cosas se complican así q...no voy a decir nada más q siempre meto la pata, jejejeje.
Bueno, agradezco a todos los q me escriben reviews y espero q sigan haciéndolo porq son de gran ayuda a la hora de escribir. Q sepáis q los contesto todos en la zona de reviews, vale?
Bueno, pues muchas gracias de nuevo y besos a todos/as!!!!!!!!

CAPÍTULO 10: NO HAY LUGAR PARA LOS DOS.




Estaba al caer la tarde. Los rayos de luz apenas penetraban por las polvorientas ventanas de aquella habitación, iluminada en su mayoría por las antorchas que colgaban de las paredes. La humedad del ambiente obligaba a los presentes a cubrirse con la capas, todas del mismo color negro. En el centro de la habitación, había colocada una mesa alargada y allí era donde se desarrollaba una reunión.
El hombre que la presidía tenía el rostro descubierto, dejando ver una piel cetrina y pálida y unos ojos rojos, que fulminaban a los otros presentes. Era un grupo reducido, de no más de diez personas, y el hombre que estaba de pie, a la derecha de su señor, llevaba en las manos un importante informe, que iba a cambiar los acontecimientos venideros.
-Os he reunido aquí está noche, por dos motivos._ habló Voldemort. Sus ojos recorrían los rostros interesados de sus mortífagos._ El primero..._ una sonrisa asomó por sus labios._ es porque he de comunicaros que, tengo en mis manos la Profecía que vosotros no lograsteis traerme del Departamento de Misterios._ un estremecimiento recorrió la mesa. Los acontecimientos de ese fatídico día, habían traído más que un quebradero de cabeza a la mayoría de los que estaban allí presentes.
-Amo..._ uno de los hombres hablo. No se les podía reconocer, porque iban cubiertos por unas máscaras blancas. Sin embargo, Voldemort era capaz de identificarlos a todos._ ¿Cómo es posible que haya ocurrido este milagro?
-Parece ser que Albus Dumbledore, el honorable director de Hogwarts al que vosotros servisteis en mi ausencia_ volvieron a haber estremecimientos. Voldemort soltó una risita de autosuficiencia._ cometió un pequeño fallo, al revelarle el contenido de la Profecía, a la Confederación Internacional de Magos. Y yo, por supuesto, aproveché ese desliz para sacar partido de la oportunidad, y ahora la Profecía es mía._ hizo un golpe de varita y unos pergaminos aparecieron enfrente de cada uno de los mortífagos._ aquí tenéis lo que dice.
Los mortífagos, cogieron expectantes los pergaminos y comenzaron a leer interiormente. Mientras reinó el silencio, Voldemort los observaba pacientemente, esperando a ver, su reacción. El mortífago que estaba más alejado de él, fue el primero en decir algo.
-Señor...¿todo lo que dice aquí es cierto?
-Lamentablemente sí._ Voldemort hizo una mueca de desagrado._ Si yo hubiera obtenido el contenido de la profecía al completo, jamás hubiera atacado esa noche a Potter. Hubiera esperado a que creciera, junto con el otro crío, y hubiera sabido cual de los dos era el más peligroso.
-Disculpe señor, pero no entiendo._ esa claramente era una voz melosa, de una mujer._ ¿otro crío?
-Sí, Bella, sí, otro. Habían dos niños que nacerían aquel verano a finales de Julio. Uno era Potter, evidentemente, y el otro era Longbotton.
-¿Longbotton?_ preguntó extrañada Bellatrix._ ¿El hijo de los aurores? ¿el qué estuvo en el Departamento de Misterios en Junio?
-El mismo_ confirmó Voldemort con una sonrisa forzada._ Longbotton nació un día antes que Potter, pero yo sabía que Harry Potter era el que más problemas me daría, con el que me identifiqué y no me equivoqué..._ cerró los puños con fuerza._ Potter puede hacer cosas que los demás niños de su edad no hacen...no todo el mundo hubiera ido a rescatar la Piedra Filosofal arriesgando su pellejo, o hubiera entrado en la Cámara de los Secretos. Y menos habría llegado hasta el Departamento de Misterios, en el interior del Ministerio de Magia, jugándose algo más que la expulsión de Hogwarts, no..._ sus ojos rojos brillaron a la luz de las antorchas._ Potter...siempre fue distinto...
-¿Y es cierto qué tiene poderes especiales?_ la voz ronca del verdugo Macnair hizo eco en toda la estancia.
-No se tratan de poderes especiales...se trata de una fuerza que lo empuja a actuar por sí mismo, a enfrentarse a los riesgos por unos motivos que no entiendo..._ entornó los ojos._ No obstante, sí que es cierto que le trasferí ciertos...poderes, la noche en que murieron sus padres. Por supuesto nunca creí que ocurriría algo así, cuando le lancé la maldición.
-¿Entonces puede hacer todo lo que usted hace?
-No_ negó Voldemort con rotundidad._ Tiene cualidades mías...que yo aprecio en su totalidad, como puede ser la lengua pársel, o su determinación e instintiva para hacer las cosas...posee ciertas similitudes conmigo, más que si fuera mi propio hijo_ este comentario pareció hacer mucha gracia a Voldemort._ y quizás esconda algunas características más que no ha descubierto. Pero por ejemplo, no posee la habilidad de ocupar cuerpos, ni la de saber cuando alguien me está mintiendo, ni tiene la suficiente sangre fría como para matar a alguien...
-Entonces, amo,_ unos fríos ojos grises se asomaron a través de la capucha._ ¿En qué forma puede llegar a ser peligroso para nosotros?_ Voldemort meditó durante unos instantes.
-Es demasiado...como diría...atrevido. Puedo ver en sus ojos que no le asusta el peligro, es más, ama el riesgo. Creo que, a aparte de Dumbledore, es el único que ha sido capaz de enfrentarme sin que le temblara la mano. Incluso pudo resistirse a la maldición Imperious, una proeza, que ni los magos más experimentados habían logrado conmigo. Es...realmente fascinante, sí, creo que nuestro joven amigo merece su reconocimiento por su valor._ la mayoría soltaron una carcajada ante la ironía de su señor._ Digamos, que ahora está en un momento algo estancado. La muerte de Sirius Black lo has trastocado, la relación que tenían era demasiado íntima, yo diría que es como si hubiera perdido a su padre de nuevo. Es ahora cuando es débil, Bella, ¿me contaste que no pudo hacer accionar la varita, verdad?
-Así es, amo._ Bellatrix sonrió y habló con su voz empalagosa._ Trató de atacarnos y no salieron más que chispas de su varita.
-¿Qué me dices de eso, Severus? ¿Has averiguado algo?_ Snape se removió incómodo en su sitio. Debía ser cauto o sus palabras podían interpretarse como otra cosa.
-Tengo entendido que no deseaba regresar al mundo mágico, señor._ dijo con sencillez.
-Así que era eso...reniega de la magia, más que mejor. Esto nos ofrece una clara ventaja sobre él. Quizás ahora, sea más vulnerable que nunca, si esperamos a que crezca, podría desarrollar habilidades especiales que frustraran nuestros planes. No, no podemos permitirlo, tenemos que actuar con urgencia.
-¿Qué hay de la última parte de la profecía?_ preguntó otro de los mortífagos._ La que dice que ninguno de los dos puede vivir, mientras el otro siga vivo.
-¡Ah, ese pequeño detalle!_ suspiró Voldemort irónicamente._ Sí, ya lo había pasado por alto. Bueno, no creo que sea un problema serio. Yo siempre tuve claro que no había sitio para los dos en este mundo. Mientras él exista, no podré completar con tranquilidad mis aspiraciones y es evidente que él no se va a quedar de brazos cruzados indefinidamente, ¿no es cierto?. Soy el asesino de sus padres, tarde o temprano querrá cobrarme sus muertes._ hizo un gesto despreocupado con la mano._ Pero eso ahora no es preocupante. Solo es un estudiante de sexto curso, sin conocimientos sobre artes oscuras, no supone un gran riesgo. Me preocupa más, el pobre acceso que tenemos a él. Dumbledore lo protege en exceso y no va a dejar que nos acerquemos tan fácilmente.
-De eso quería hablarle, señor_ interrumpió el mortífago que estaba a su derecha._ Ahora que Dumbledore se ha enterado que usted sabe el contenido de la profecía, no va a ser nada fácil acercarse a él.
-Has dicho...¿qué lo sabe?_ gritó Voldemort fuera sí. Las venas del cuello se le dilataban. El mortífago retrocedió dos pasos asustado.
-Sí...sí señor. Por eso vine a buscarle. El...el ministro de magia francés ha sido apresado...han descubierto que fue él quién le pasó la información_ Voldemort se pasó la mano por la cara reflexionando.
-¿Cómo han podido averiguarlo?_ murmuró.
-Esa_ Snape fijó sus ojos negros en su señor._ es una respuesta sencilla. Yo también vine a avisarle amo_ se apresuró a decir. Había encontrado la forma perfecta de darle a Voldemort información y que lo tuviera más en cuanta, para así poder informar a la Orden, y que su señor no sospechara de que era él el traidor._ Potter tuvo un sueño con usted._ Voldemort hizo una mueca de desagrado.
-No lo sentí. No lo entiendo...la cicatriz que lleva en la frente debería ser un punto de enlace y sin embargo...no pude sentir que presenciaba aquella conversación.
-¿Cómo es posible que se haya roto la conexión, amo?_ preguntó Malfoy.
-No creo que se haya roto...es solo cuestión de tiempo, sin embargo, desde que traté de poseerlo en el Departamento de Misterios, parece que su cabeza ha creado un escudo protector más fuerte.
-¿Entonces qué hacemos?_ preguntó otro de los mortífagos.
-Respecto a lo de Potter, esperar. Quizás podamos aprovechar la información de mis espías en Hogwarts para atraerlo de nuevo hasta mí. Será una tarea lenta y laboriosa, pero si resulta, valdrá la pena._ giró la cabeza en dirección a uno de sus hombres._ Lucius, ya sabes lo que tienes que hacer.
-Sí, mi señor_ Malfoy hizo una reverencia y se marchó de la sala apresuradamente.
-Nott, Crabbe, Snape, ordenad las vigilancias en Hogsmade y los puntos cercanos a Hogwarts. Estoy convencido de que habrá aurores camuflados, encontradlos y presentarme un informe, esa zona es muy importante si queremos acercarnos a Potter o a...sus amigos._ los aludidos también hicieron una reverencia y se marcharon a acatar las órdenes. Voldemort esperó a que se marcharan, conjuró una silla y se dejó caer pesadamente en ella, flotándose los ojos con la mano derecha, reflexionando._ ¿qué hay de ese hombre, del ministro?
-Señor, está en Azkaban_ se apresuró a decir el mortífago que había informado de todo._ El juicio será dentro de dos días.
-Dos días..._ susurró Voldemort._ Matadle._ ordenó con firmeza.
-Pero señor...Azkaban está demasiado bien protegida_ protestó uno de los mortífagos. No tenemos intermediarios allí, no podremos entrar.
-Pero sí tenemos espías en el ministerio_ explicó Voldemort._ Ya sé que a estas alturas es imposible penetrar en Azkaban y menos con esas...esas... hadas, rondando por ahí, me ponen enfermo las cursiladas que inventa Dumbledore. El caso es_ continuó._ que estoy completamente seguro de que encantarán coches voladores para llevarlo desde la fortaleza hasta el ministerio. No se tomarán la molestia de establecer un traslador, por miedo a que ocurra un error y el prisionero escape. No, es un testigo demasiado importante, un ministro, con todas esas formalidades lograrán que podamos actuar. Utilizad los contactos de los espías y asaltad los coches, antes de que llegue al juicio. Hay demasiada información que ese hombre sabe y que podría facilitar a Dumbledore, no podemos correr el riesgo de que declare. No escatiméis en hombres, lo quiero...muerto.


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Después de comer, los de Gryffindor tuvieron una hora más de Cuidado de las Criaturas Mágicas, donde avanzaron en su dibujo de las fairies y luego se marcharon a clase de Transformaciones, donde se les unieron los de Ravencraw.
La profesora McGonagall comenzó la clase hablando de los EXTASIS, exámenes que tendrían al final de Séptimo curso y que decidirían las notas finales de los estudiantes, y por lo tanto, la carrera que éstos estudiarían al salir del colegio. Hermione comenzó a morderse las uñas y ponerse histérica, a medida que la profesora les recordaba la dificultad de los exámenes. Harry, por su parte, no atendía en exceso. En aquellos momentos los EXTASIS le eran indiferentes, ni siquiera sabía si iba a llegar con vida para realizarlos, así que no prestó la menor atención, pese a que Ron le estuvo dando codazos los primeros veinte minutos, antes de desistir.
Después de la charla, McGonagall se dedicó a repasar los conceptos básicos que se habían estudiado en quinto: los hechizos desvanecedores.
-A ver...Potter,_ dijo la profesora sacando de un cesto unos pequeños gatitos y colocándolos encima de la mesa._ ¿Puede recordarme cuál es el movimiento requerido y la pronunciación del conjuro de un hechizo desvanecedor?_ Harry tenía la vista perdida en el suelo y no hizo ningún gesto que indicara que había escuchado a la profesora._ ¡Potter!_ le reprendió ella, y el chico pegó un brinco algo aturdido, y miró los severos rasgos de su jefa de casa._ ¿Estaba usted escuchándome?
-Perdón...profesora..._ se disculpó mirando azorado a ambos lados. Toda la clase lo miraba, nunca habían visto a Harry perder el hilo en una clase que no fuera la de Binns, y menos si McGonagall era la profesora, porque se arriesgaba a perder una cantidad de puntos para Gryffindor, y ganar la copa de la casa, siempre había sido muy importante para él._ ¿podría repetirme la pregunta?_ la profesora McGonagall suspiró, seguramente para relajarse y no comenzar a gritar el primer día de clase.
-Le decía Potter_ explicó pacientemente._ que si podría describirme el movimiento de varita y el nombre del conjuro de un encantamiento desvanecedor.
-Err..._ Harry hizo memoria. Había realizado a la perfección el encantamiento en sus TIMOS y tendría que recordarlo sin dificultad._ El movimiento es..._ hizo una complicada maniobra con su varita._ y hay que decir “evanesco”.
-Bien,_ aprobó la profesora McGonagall con gesto severo._ ¿Podría utilizarlo con los gatos que hay encima de mi mesa?
Harry se levantó algo nervioso, no le gustaba que lo sacaran a la pizarra delante de sus compañeros, y caminó hasta la mesa de la profesora. Levantó la varita, realizó el complicado movimiento y pronunció “evanesco” alto y claro, sin embargo, salvo unas chispas rojas que salieron de la punta de su varita, nada sucedió. Miró tembloroso a la profesora McGonagall y vio como ella clavaba sus profundos ojos negros en los suyos. Harry tragó saliva, pero se dio cuenta de que el rostro de su profesora no era el que acostumbraba a tener. Había dejado a un lado su postre serio y ahora se mostraba inquieta, los ojos le brillaron de una forma inusual y habría jurado que ella lo miraba incluso con...¿lástima?
Por supuesto Harry sabía lo que acababa de ocurrir. Había tratado de hacer magia, pero como seguía sin creer del todo en ella, en ocasiones sus hechizos no funcionaban y ésa había sido una de ellas.
-Está bien, Potter, siéntese._ Harry obedeció rápidamente. Sus compañeros seguían mirándole extrañado, lo habían visto realizar ese encantamiento en innumerables ocasiones sin ningún problema. Estaban tan sorprendidos como Ron y Hermione, que conocían tanto a su amigo que lo miraban como si éste hubiese dejado de respirar._ Veo que vamos a necesitar mucho trabajo, durante el verano no han tocado ni un libro...
La clase no duró mucho más. La profesora McGonagall les explicó que, durante el curso, iban a comenzar las transformaciones de objetos en animales, pero que eso lo dejaban para la próxima clase y, afortunadamente, no les mandó deberes.
Harry recogió sus cosas lo más rápido que le fue posible, pero cuando estaba a punto de salir de clase, la profesora le pidió que se quedara un momento, porque tenía que hablar con él.
Tras decirles a Ron y Hermione que no le esperaran, se acercó a la mesa donde la profesora estaba sentada. Ésta, se quitó las gafas y escudriñó al chico con dureza.
-Te he visto muy distraído en mi clase, Potter. No es algo a lo que esté acostumbrada, como comprenderás._ Harry asintió con la cabeza gacha, pero seguía teniendo la sensación de que McGonagall no trataba de reprenderlo._ Pasaré por alto lo de hoy y no le quitaremos puntos a Gryffindor._ Harry levantó la cabeza muy sorprendido._ Pero espero que no se repita.
-Er...claro, gracias profesora._ ella se mostró callada mientras seguía observándole.
-El otro asunto que te quería comentar es sobre el equipo de quidditch._ se agachó hacia los cajones de su escritorio y sacó una pequeña cajita de color marrón._ Estuve hablando con la señorita Weasley y ella me dijo que no deseaba seguir siendo buscadora, porque se iba a presentar a las pruebas de cazadora._ Harry aguardó paciente._ Y me preguntaba, si ahora que nuestra querida...”exdirectora”_ recalcó las últimas palabras más de lo normal._ se ha marchado de Hogwarts, si querrías volver a ocupar tu puesto.
-¿Lo...lo dice en serio, profesora?_ titubeó Harry. Parecía que las suposiciones de Ron y Hermione eran ciertas.
-Completamente. La copa de quidditch lleva demasiado tiempo en mi despacho y pega con la decoración. No me gustaría tener que entregársela al profesor Snape_ arrugó el rostro con desagrado._ Y podría decir que...desde que tu padre fue buscador, no ha habido ningún otro mejor que tú._ aquellas palabras resonaron en la mente de Harry, creando un vínculo de esperanza en su interior. La profesora McGonagall había tenido un gesto muy bonito al recordarle una cosa así y haberlo halagado.
-Gracias profesora...sí, acepto volver a ser el buscador de Gryffindor.
-¡Perfecto!_ dijo la mujer con brío._ Entonces...tendrás que aceptar esto también._ abrió la pequeña caja de madera y mostró a Harry un brazalete de capitán, de los colores de Gryffindor.
-¿Yo...? ¿ca...capitán?_ tartamudeó.
-Por antigüedad le corresponde a la señorita Spinet serlo. Pero cuando le ofrecí el brazalete lo rehusó. Me dijo que ella no tenía carácter de capitán y que como éste era su último curso en Hogwarts, era mejor que tomara las riendas otro mejor capacitado. Ella me recomendó que fueras tú, Potter, y yo creo que es una excelente idea.
-Pe...pero...
-Nada de peros._ replicó la profesora._ Llevas cinco años jugando en el equipo, fuiste el buscador más joven que haya tenido el colegio, has tenido de capitanes a Wood y a Jonhson, conoces muy bien las reglas y tienes carisma entre tus compañeros..., en definitiva, creo que mereces llegar a ser capitán._ Harry miró el brazalete con los ojos perdidos sobre él. ¿Cuántas veces había tenido fantasías siendo él un jugador de quidditch muy bueno y dirigiendo a su equipo? No podía negar que siempre había anhelado esa oportunidad y que era muy tentador aceptar el puesto, pero se sentía cohibido con tanta responsabilidad. Llevaba a cuestas demasiadas cargas, estaba herido emocionalmente y eso se estaba reflejando incluso en sus clases, y ahora le pedían que fuera capitán. Tal vez aquello fuera un aislamiento a sus problemas, una forma de huir de los recuerdos, después de todo, volar en su Saeta de Fuego siempre lo había relajado.
-Está bien..._ accedió un poco cohibido, y la profesora McGonagall sonrió ampliamente. Era la primera vez que Harry la veía sonreír tan abiertamente.
-¡Estupendo, Potter!_ dijo entregándole el brazalete que él cogió._ vas a ser un gran capitán, sí, estoy segura...Trabaja mucho y prepara a tu equipo muy bien..._ hizo un gesto de varita y un pergamino cayó a sus manos._ aquí tienes el calendario de los partidos.
-¿Y cuándo podremos elegir los dos cazadores que nos faltan?_ dijo leyendo disimuladamente el pergamino.
-Tendrá que ser pronto._ dijo la profesora._ El primer partido como verás, será en Hallowen y los nuevos integrantes tendrán que adaptarse...¿cuándo te viene bien de esta semana?_ Harry recordó la reunión del ED, que tendría lugar el Sábado en la sala de los Menesteres, y también tenía que hablar con Christine sobre sus clases.
-Ummm..._ reflexionó._ ¿Qué tal el domingo?



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Harry se reunió con sus amigos en la sala común, poco después. Ron y Hermione se encontraban sentados en los sillones cercanos a la chimenea y parecían estar haciendo deberes.
Se les acercó por detrás y tras comprobar que nadie estaba cerca, les susurró al oído.
-McGonagall me acaba de decir que puedo volver a ser el buscador del equipo, y me ha nombrado capitán._ y extendió el brazalete para mostrárselo. Sus amigos, que no se habían percatado de su presencia se pegaron un buen susto al escuchar una voz tan cerca, pero cuando asimilaron las palabras de su amigo, los dos comenzaron a felicitarle escandalosamente.
-¡Te lo dije, te lo dije!_ gritó Ron y le dio unos golpecitos en la espalda.
-¡Me alegro tanto Harry!_ Hermione tenía lágrimas en la cara._ ¡Ya era hora de que ocurriera algo bueno!_ y sin más preámbulos, lo abrazó.
-¿Por qué tanto jaleo?_ Ginny acababa de entrar por el retrato de la Dama Gorda y se los había encontrado dando botes.
-Harry es el nuevo capitán de Quidditch, y vuelve a ser buscador._ le explicó Ron. Ginny y Harry cruzaron miradas y se sonrieron dulcemente.
-Enhorabuena_ dijo al final la chica y le dio un tímido beso en la mejilla.
-Gracias._ Harry se había sonrojado, pero para disimularlo sacó de su túnica el brazalete con los colores escarlata y se lo mostró._ El domingo a las seis serán las pruebas para buscar los dos cazadores que nos quedan. Te quiero ver estrenando tu nueva escoba._ Ginny solo sonrió._ Voy a poner un anuncio en el tablón. Y, por cierto, primer partido, Gryffindor contra Ravencraw.


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El despacho del director de Hogwarts era, en apariencia, el lugar más seguro y tranquilo de todo el colegio. Era muy amplio y espacioso, estaba repleto de estanterías con libros de todo tipo, tenía en el centro una mesa de escritorio, que era el lugar de reflexión de todo director que hubiera pasado, y era allí, en aquellos momentos, donde Albus Dumbledore se encontraba.
Pero lo que más llamaba la atención del lugar no eran las escaleras que complementaban al despacho con un segundo piso, ni siquiera los retratos parlantes de antiguos directores y directoras de Hogwarts, sino un majestuoso fénix dorado, situado en lo alto de una percha, justo al lado del escritorio.
Llamaron a la puerta con avidez, y tras escuchar que podía pasar, un hombre vestido de negro, con el pelo grasiento y nariz ganchuda, entró apremiante en la habitación.
Su primera reacción fue quedarse parado en la puerta, mirando al director con una mueca de desagrado en el rostro, pero luego se acercó al escritorio y depositó ambas manos sobre él, obligando al anciano a devolverle la mirada furiosa que éste le profesaba.
-¡Ah, Severus! Me preguntaba cuándo...
-¿Por qué?_ dijo el hombre. Era Snape, el profesor de pociones de la escuela y miembro de la Orden del Fénix._ ¿Por qué lo ocultó?_ Dumbledore suspiró.
-¿Ocultar qué?_ preguntó, fingiendo indiferencia, pero sabía muy bien de qué se trataba el asunto.
-Usted lo sabía...usted sabía lo que decía esa profecía...lo sabía y no lo dijo._ hubo unos instantes de silencio. Fawkes abrió las alas y cayeron cenizas de su regazo. Ninguno de los dos adultos le prestó atención. Por la ventana, la luz de la luna iluminaba la mayor parte del despacho, y la habitación parecía haber enmudecido. Ni siquiera los retratos más extrovertidos de la pared osaban pronunciar palabra alguna. Fingían dormir, o simplemente esperaban la respuesta del director.
-Sí,_ confirmó Dumbledore._ Lo sabía, siempre lo supe, porque fui yo quién la escuchó la primera vez.
-Entonces...¿cuándo el año pasado..., usted siempre lo supo?
-Sí,_ repitió Dumbledore, y Snape soltó una expresión vehemente._ Lamento decir que por culpa de mi silencio, se perdió más que la vida de Sirius Black.
-No entiendo a qué se refiere._ replicó Snape despectivamente.
-A que debí poner esa carga sobre Harry, hace mucho tiempo._ Dumbledore suspiró y se acercó hasta la estantería más próxima. Allí, oculto entre los libros, estaba el pensadero. Lo cogió y lo colocó frente al profesor de pociones. Introdujo la varita en su sien y sacó una hebra plateada de ella, que colocó más tarde sobre la vasija de piedra._ Si yo no le hubiera ocultado la relación tan profunda que tenía con Voldemort, y le hubiera explicado que él trataría de engañarlo para que fuera al Departamento de Misterios esa noche, Harry jamás habría salido corriendo a rescatar a Sirius.
-Un momento._ interrumpió Snape, mirando como Dumbledore tocaba el líquido del pensadero con la punta de la varita._ ¿Potter lo sabe? ¿Él sabe lo que dice esa profecía?
-Sí,_ volvió a asentir Dumbledore._ Yo mismo le mostré esto..._ la figura de la profesora Trelawney se dejó ver entre la confusa niebla que aún rondaba a la vasija.
-¿Sybil Trelawney? ¿Ella hizo esa profecía? No es posible..._ Snape palideció de golpe. No podía creer que aquella compañera suya de trabajo, a la que todos catalogaban de fraude, hubiera sido la persona que decidiera el destino del mundo mágico.
-Te aseguro que sí lo es._ la incredulidad del rostro del profesor, pareció divertir mucho al director, pero en seguida volvió a adoptar su expresión seria.
-Es una locura..._ Snape se llevó la mano a la cara, parecía muy cansado._ El señor oscuro quiere acabar con Potter lo más rápido posible...no sé hasta cuando podremos protegerlo.
-Eso, déjalo en mis manos. Ocúpate de tu trabajo, Severus, y deja que las personas que están responsabilizadas de él, hagan el suyo._ miró fijamente a los ojos negros del profesor, a través de sus gafas de media luna.
-¿Se refiere a ella?_ preguntó éste despectivamente._ No tiene ninguna posibilidad de salir impune. El señor oscuro ya sabe que ha regresado y...la quitará del medio...
-Ella no es la misma de hace quince años._ respondió con sencillez el director._ Quizás me equivoque en poner tantas vidas en las manos de las personas que he elegido, pero...confío en ellas, como deberías recordar..._ lanzó una mirada significativa, ante esto Snape, le rehuyó la cara.
-No lo he olvidado...pero si usted me sigue ocultando datos tan importantes...no podré hacer mi trabajo.
-Podrás._ aseguró el director._ Era necesario mi silencio. Es un peso demasiado grande...como para que se tomé a la ligera...
-Y decidió cargarlo sobre su espalda._ Snape levantó la voz, encarando con furia al director._ Prepare bien a Potter, director, porque lo que le espera ni usted mismo se lo imagina.
-¿Qué tratas de decirme exactamente, Severus?_ preguntó amablemente Dumbledore, aunque su voz sonaba a reproche.
-El Señor Oscuro nos ha pedido cubrir las zonas de Hogsmade y los alrededores de Hogwarts con espías, se están preparando próximos ataques, ahora que sabe...lo que dice esa profecía, quiere matar a Potter lo más rápido posible, y ella no va a poder impedirlo._ Snape sonrió maliciosamente._ Ha elegido a la persona equivocada, y su error lo podemos pagar todos. Si Potter muere...se acabó...
-Confío en que no sea así.
-¿Y qué demonios hará, eh?_ gritó Snape irritado._ ¿le enseñará Oclumancia, un par de hechizos buenos? ¿De qué servirá eso si el Señor Oscuro logra llegar hasta Potter? ¿Cree que los milagros van a seguir ocurriendo, qué Potter va a salvarse por los pelos de nuevo? No, se está equivocando, y olvida que ella ya falló una vez..._ Dumbledore se puso en pie bruscamente y miró con dureza a Snape.
-Es nuestra última carta._ parecía que se iba a poner a gritar también, pero su voz sonó tranquila y parsimoniosa.
-Está bien_ cedió Snape._ Pero se está olvidando de una cosa muy importante. Si Potter averigua lo que es ella, la detestará el resto de su vida, y su magnífico plan fallará. Y el humor de Potter, últimamente parece no estar en su punto más suave..._ Snape se dio la vuelta y encaminó hacia la salida.
-¡Severus!_ lo llamó el director, y el profesor se detuvo sujetando con la mano derecha el pomo de la puerta._ Deja de vivir en el pasado...
-Hay heridas muy hondas que nunca cicatrizan, director.
-Entonces...ocúltalas, porque solo volviendo a confiar, podemos ganar esta guerra._ Snape apretó con dureza el pomo, y segundos después, salió del despacho del director, produciendo un suave frufrú con su capa, al rozar la esquina.


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Harry evitó encontrarse con Christine por los pasillos, hasta que llegó su primera clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras. Sabía que tenía que haber hablado con ella mucho antes, tal y como Dumbledore le había pedido, pero ahora que estaba en Hogwarts, y más seguro, le parecía que la muchacha lo vigilaba en exceso. Durante las comidas en el Gran Comedor no le quitaba el ojo de encima, y se las arreglaba para apartar la mirada, cada vez que Harry se daba cuanta de que lo espiaba. Le irritaba su actitud tan inquisitiva y por eso había evitado cualquier contacto con ella.
Los de quinto habían tenido clase de Defensa el primer día. Ginny y Luna, salieron entusiasmadas de la doble hora del lunes, explicándoles a Harry, Ron y Hermione, que Christine era una profesora muy recta y que se comportaba tan fríamente como lo había hecho en el cuartel de la Orden del Fénix, pero que era una magnífica profesora y que tenía un alto conocimiento en hechizos.
-Hemos repasado los encantamientos de desarme, nos ha nombrado de pasada las maldiciones imperdonables, pese a que hasta Sexto no se estudian y vamos a empezar a aprender los encantamientos aturdidores y permutadores._ les explicó Ginny entusiasmada. Harry emitió un gruñido. Pese a lo que le contaran sobre Christine, a él le seguía cayendo igual de mal.
-Tengo muchas ganas de empezar..._ Hermione comenzó a enumerar razones por las cuáles era tan importante atender en la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras aquel año, y Harry desconectó, para no escucharla.
-A mí tampoco me gusta mucho Christine._ le confesó Ginny a Harry, poniéndose a su lado, mientras dejaba que Ron escuchara el sermón de Hermione._ Hay algo raro en ella...no sé...me hace desconfiar. Pero es buena profesora._ Harry se sorprendió de lo justa que llegaba a ser Ginny._ Deberías darle una oportunidad.
Las palabras que había escuchado de Ginny le resonaban en los oídos cuando estaba esperando en la puerta del aula cerrada, el comienzo de la clase de Defensa. Dos chicos de segundo pasaron por su lado y le felicitaron por enésima vez, por haber sido elegido capitán.
Una vez Harry había colgado el anuncio de las pruebas para cazadores en el equipo, los miembros de Gryffindor que habían en la sala común entonces, lo felicitaron hasta la saciedad y lo aturullaron a preguntas hasta altas horas de la noche. Esto había provocado que Harry se durmiera en la clase de Historia de la Magia del día siguiente y que no prestara mucha atención en Transformaciones, poniendo a prueba la paciencia de la profesora McGonagall, que había dejado de lado su generosidad, y le había descontado a Gryffindor cinco puntos.
Afortunadamente, la clase doble de Pociones del martes se había suspendido, puesto que Snape había tenido que salir de Hogwarts y no había regresado hasta la noche. Los alumnos hacían especulaciones sobre su desaparición, hasta la fecha, Snape no había faltado a ninguna clase de Pociones, pero solo Harry sabía que el profesor debía estar haciendo algún “trabajito”, o bien para la Orden, o bien de espía para los mortífagos.
Pero cuando la puerta de aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras se abrió, el miércoles por la mañana, Harry deseó de todas todas, encontrarse ante un caldero y con Snape de profesor.
Hermione les obligó a él y a Ron a ponerse en primera fila, y eso incrementó los nervios del muchacho.
Christine no tardó en aparecer por la puerta. Iba vestida con una larga túnica negra, acompañada de una capa, negra también. Su larga melena azabache iba recogida con una cola de caballo, y sus ojos azul intenso, penetraban fríamente en los ojos de cada estudiante.
Cuando cogió la lista de su escritorio y se apoyó en la mesa para nombrarlos, algunos estudiantes retiraron los pupitres hacia atrás. Los ojos de Christine irradiaban tal frialdad, que penetraban en lo más hondo del pecho de los alumnos, haciéndoles sentir su miedo, su mirada vacía...
Christine comenzó a pasar lista. En algunos nombres se detenía y miraba unos segundos por encima del pergamino a los alumnos, y en otros simplemente pasaba de largo. Cuando llegó al nombre de Harry, apartó el papel de su rostro, y tras comprobar que estaba sentado en la parte delantera, siguió con los demás alumnos, sin hacer ni ningún comentario al respecto.
Una vez acabó de pasar lista, guardó el pergamino en el cajón de donde lo había sacado y extrajo la varita del bolsillo de su túnica, aunque no apuntó más que al suelo.
-Buenas días. Ahora que ya os conozco un poco más, me parece que lo mejor será que empecemos._ comenzó a hablar, pero ni aún cuando trataba de parecer amable, el tono de su voz variaba a más cálido._ Mi nombre es Christine Byrne, y seré vuestra nueva profesora de Defensa Contra Las Artes Oscuras._ hizo un parón, pero como nadie comentó nada, continuó._ Tengo entendido que habéis tenido cinco profesores distintos en cada curso, ¿es correcto?_ hubo un murmullo de asentimiento._ Bien, me han informado de la conducta de cada uno de ellos y debo decir, que pese a las adversidades, vuestro director me ha comunicado que sois el curso de Sexto más avanzado en esta asignatura que haya tenido el colegio en mucho tiempo._ unos pupitres más allá, Malfoy se daba aires por las palabras de la profesora._ Y dadas las circunstancias...es todo un logro._ dejó de apoyarse en la mesa y comenzó a andar de un lado a otro, pero siempre a la misma altura._ Durante este curso, vamos a especializarnos en cosas más serias. Conozco personalmente al profesor Lupin y sé que os enseñó cuánto debéis saber e incluso más respecto a criaturas tenebrosas, así que nos centraremos principalmente en hechizos._ un murmullo de excitación recorrió la clase. Dean Thomas fue el primero que se atrevió a levantar la mano.
-¿Cómo se llama?
-Dean Thomas, profesora._ Christine le hizo un gesto para que continuara._ Me preguntaba si íbamos a ver las maldiciones imperdonables._ la profesora se lo quedó mirando durante unos segundos, tan fríamente que Dean se estremeció, sin embargo, cuando comenzó a hablar, sonrió.
-El profesor Dumbledore me ha comentado que visteis las maldiciones imperdonables en cuarto curso, mucho antes de lo que deberíais haberlas visto, incluso que se utilizaron con ciertos...alumnos._ lanzó una mirada significativa a Harry._ Pero este año profundizaremos un poco más en ellas. Aunque haremos muchas cosas más que eso. Como sabéis, Lord Voldemort ha regresado._ la clase se estremeció, pero eso no pareció importarle mucho a Christine._ Y el mundo mágico se ve amenazado por él. Debéis saber, que armas utilizará contra vosotros, y yo voy a enseñároslas. Veremos también, el ejército de criaturas mágicas que se unieron a él la última vez, y os enseñaré a repelerlas, lo que nos lleva a nuestra primera lección._ se dio la vuelta hacia la pizarra y tras hacer unos extraños movimientos con la varita, la figura de un dementor, se dibujó en tiza.
-¿Alguien puede decirme que es esto?_ prácticamente todas las manos se levantaron. Y no era de extrañar. Los que procedían de las familias de magos, habían crecido escuchando a sus padres nombrar Azkaban, y los antiguos guardianes que la custodiaban, y los que eran nacidos de muggles, habían tenido la desagradable oportunidad de conocerlos, cuando cursaban tercer curso y rondaban por los terrenos del castillo._ ¿su nombre?
-Parvati Patil_ dijo una de las alumnas, a la que la profesora había concedido la palabra._ Son Dementores. Eran las criaturas que custodiaban Azkaban.
-Muy bien, señorita Patil. Diez puntos para Gryffindor._ dijo secamente Christine._ ¿Y alguien podría decirme por qué ya no custodian Azkaban?_ el número de manos se limitaron. Harry, Ron y Hermione fueron de los pocos, junto a Malfoy que las mantuvieron alzadas.
-Usted_ dijo Christine señalando hacia Malfoy._ Dígame...señor...
-Malfoy, Draco Malfoy_ dijo el chico despectivamente.
-¿Y bien?
-Los Dementores abandonaron Azkaban y se unieron a las filas del Señor Oscuro._ esa vez Christine no contestó. Se quedó unos segundos observando la sonrisa de autosuficiencia de Malfoy. Harry, Ron y Hermione también lo hicieron. No solo por la cantidad de información que éste poseía, sino porque había llamado a Voldemort “Señor Oscuro”, y Harry sabía que únicamente los mortífagos lo llamaban así.
-Bien...señor Malfoy._ Christine reaccionó al fin._ Diez puntos para Slytherin._ se acercó hacia la pizarra y se dio la vuelta justo debajo del dibujo del dementor._ Veo que sabéis mucho acerca de los dementores..., entonces, ¿alguien me podría explicar lo que es un Patronus?_ muchas manos se alzaron en el aire.
-Señor Potter._ Harry miró a su profesora y comenzó a hablar con voz segura.
-Un Patronus es lo único que repele a un Dementor. Está constituido por energía positiva, felicidad, recuerdos alegres, todo lo contrario al ambiente que ronda un dementor, y lo que detesta...
-¿Qué forma tiene un Patronus, señor Potter?_ preguntó Christine interesada, de que el muchacho se supiera tan bien la lección.
-Es según el mago que lo invoque. Adopta una forma diferente.
-Perfecto._ felicitó Christine, mirándole intensamente a los ojos, mirada que Harry le devolvió._ ¿Cuántos de vosotros podéis hacer un Patronus?_ las manos de Harry, Ron, Hermione, Parvati, Lavander, Dean, Seamus y Neville se alzaron en el aire._ Señor Longbotton, ¿quién le enseñó a realizar un patronus y por qué motivo?_ se interesó la profesora. Neville miró a Harry nerviosamente.
-Harry..., a todos nosotros nos lo enseñó Harry_ señaló a los que habían levantado la mano, y Harry deseó que no lo hubiera hecho.
-¿El señor Potter?_ preguntó Christine frunciendo el entrecejo._ ¿El señor Potter os enseñó a hacer un Patronus? ¿por qué?
-Porque teníamos una profesora malísima en la asignatura, y se lo pedimos._ respondió Ron con autoridad._ Harry era el mejor de Defensa Contra Las Artes Oscuras de nuestro curso y nos dio clase._ Malfoy soltó un gruñido de incredulidad y algunos de Slytherin comenzaron a murmurar por lo bajo.
-Muy interesante_ murmuró Christine._ Bien, en ese caso, ¿por qué no nos muestra como es un Patronus, señor Potter?_ era la segunda vez que lo sacaban a la pizarra en una semana semana, y solo era la primera semana de curso. Mirando con reproche a Ron, se levantó y se acercó a la profesora, que le dejó un espacio considerable. Por dentro estaba nervioso, habría podido hacer el Patronus con los ojos cerrados, pero podía ser que la varita no funcionara tampoco en aquella ocasión, y lo dejara en ridículo delante de toda la clase, y de los alumnos de Slytherin.
“Tengo que creer en la magia, tengo que pensar que sí me ha servido y pensar en un recuerdo alegre...vamos Harry”_ pensó mientras levantaba la varita.
“Ya está. Si no hubiera sido por la magia no hubiera sido jamás capitán de quidditch, ni hubiera conocido a Ron y Hermione”_ en el momento en que aquellos pensamientos le vinieron a la cabeza, pronunció alto y claro “Expecto Patronum” y un ciervo plateado salió de la punta de su varita.
El animal, lo rodeó dio una vuelta alrededor del aula y tras acercarse a Harry para que lo acariciara, desapareció.
-Un Patronus excelente, Potter_ sonrió Christine, y le otorgó otros diez puntos a Grffindor._ Y muy bonito,_ le susurró al oído para que nadie más lo oyera. Harry no contestó, y fue a sentarse en su sitio. La profesora volvió a dirigirse hacia los alumnos._ Los Dementores, como bien ha dicho vuestro compañero, el señor Malfoy, son unas de las criaturas a las que se tendrá que enfrentar el mundo mágico en la lucha contra Voldemort. Por lo que, aprender a ejecutar un Patronus se convierte en una prioridad en esta clase. Así que, para el próximo día quiero que me entreguéis una redacción de un pergamino, sobre este encantamiento y comenzaremos a practicarlo. En el caso de los alumnos que ya lo consigáis realizar, no os vendrá mal un repaso. Ahora, podéis marcharos, la clase ha terminado.
Rápidamente el silencio que había embargado la clase se rompió, y los estudiantes recogieron sus cosas y comenzaron a salir del aula. Christine se acercó a la mesa donde Harry, Ron y Hermione metían los libros en sus mochilas.
-Quédate un momento Potter, tengo algo de que hablar contigo._ le pidió y mientras Harry se despedía de sus amigos, se fue a sentar en su escritorio. La chica no habló hasta que la clase quedó completamente vacía._ He quedado gratamente sorprendida, Potter. No me habían dicho que habías organizado clases de Defensa Contra Las Artes Oscuras._ Harry la miró seriamente, sin que se le ocurriera nada que decir, ella sonrió ante esta actitud._ Veo que eres parco en palabras...bien, tengo que confesarte que yo tampoco suelo hablar mucho.
-El profesor Dumbledore me dijo que usted me daría clases, profesora._ Harry se apresuró a ir al grano. No le apetecía en absoluto mantener una conversación con la mujer.
-Así es. Tenemos que concretar tu horario y hablar de muchas cosas, pero eso será en las clases. De momento..._ se puso la mano en la frente reflexionando._ ¿qué tal el viernes después de la cena?
-Me parece bien._ contestó Harry con indiferencia.
-Entonces...ven a la Sala de los Menesteres._ el chico se sorprendió mucho de que la profesora conociera esa sala, pero prefirió no preguntar nada. Se colocó bien la mochila, y tras un leve gesto de asentimiento, se dio la vuelta para marcharse, cuando Christine lo retuvo._ Y Potter...no le digas nada de estas clases a Weasley y a Granger, ¿de acuerdo?
-¿Por qué no?_ preguntó Harry sorprendido._ Ellos sabían que estudiaba Oclumancia._ Christine sonrió, pero su sonrisa era helada, distante.
-Pronto entenderás._ Harry, que había aprendido de la experiencia a no preguntar cuando no tocaba, salió del aula sin decir nada más.



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Iba tan distraído, sumido en sus pensamientos, que a penas se daba cuanta por donde caminaba. Tenía tres minutos para llegar al aula de Encantamientos, y debía subir dos pisos, pero no hizo ningún intento por darse más prisa.
Llevaba la mirada puesta en el suelo, y estaba pensando en las últimas palabras de Christine, cuando se chocó de lleno con otra persona. El impacto fue tan grande que, tanto él como la chica, cayeron al suelo.
Doliéndose del golpe, abrió los ojos para ver a quién había derribado y se encontró con que era Cho Chan, la alumna de Ravencraw con quién había salido brevemente el curso pasado.
-Lo siento_ se apresuró a decir y la ayudó a ponerse en pie._ Iba muy distraído y no te he visto.
-No, la culpa es mía._ Cho sonrió y enseñó su perfecta dentadura, y Harry no pudo dejar de apreciar que estaba muy guapa._ Iba corriendo porque llegaba tarde a clase.
-¿Qué tienes ahora?
-Defensa Contra Las Artes Oscuras.
-¡Ah!_ dijo Harry._ Yo acabo de salir de allí.
-¿Sí?_ Cho parecía entusiasmada._ ¿Y qué tal es la nueva profesora? Es la primera clase que tenemos con ella.
-No está mal_ Harry se encogió de hombros. Sabía que la clase con Christine había sido muy buena, pero sus sentimientos hacia la chica eran más fuertes. Se quedaron durante unos instantes en silencio, hasta que Cho lo rompió.
-¿Es verdad que vas a volver a ser el profesor del ED?_ Harry se sonrojó levemente.
-Bueno, llámalo así, si quieres. Pero sí, es cierto. Ernie y algunos más me lo pidieron, ahora que todo el mundo sabe que Voldemort ha regresado..._ se detuvo para ver la reacción de la chica.
-Sabía que decías la verdad, algún día tenían que darse cuenta...Yo..._ miró a Harry inquieta._ Me enteré de lo ocurrió en el Departamento de Misterios, de que habían mortífagos allí y...de que Sirius Black murió._ a Harry se le contrajo el estómago._ ¿Él era...algo tuyo?
-Era mi padrino._ contestó secamente. No entendía porque ella siempre tenía que sacar temas dolorosos._ Era inocente, siempre lo fue.
-Entonces...cuando escapó de Azkaban y todo eso, cuando pusieron los dementores, ¿no intentó matarte?
-No,_ Harry negó rotundamente._ Estaba aquí por otros motivos..._ Cho comprendió al instante que había hablado demasiado y volvió a quedarse callada._ ¿Vendrás a la reunión del ED?_ le preguntó él, tratando de cambiar de tema.
-Sí, por supuesto...vendré...yo sola._ Harry sabía que se estaba refiriendo a Marietta, su amiga que los delató ante Umbridge el año anterior. Al menos Cho había aprendido la lección.
-Entonces...nos vemos allí, ¿vale?_ titubeó Harry algo cohibido.
-Vale._ Cho le sonrió y comenzó a correr hacia el aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras._ Por cierto Harry,_ él se dio la vuelta para ver como la muchacha volvía a sonreírle abiertamente._ Ya no salgo con Michael Corner.
Y se marchó más rápido todavía. Harry se quedó allí plantado como un idiota, sin hacer el menor gesto por reaccionar. ¿Por qué Cho le había contado aquello? ¿Acaso tenía doble intención? De todas formas él creía no sentir nada hacia ella, aunque al recordar su bonita sonrisa, no pudo evitar sonrojarse levemente, Cho era una chica muy guapa.
Sacándose esos pensamientos de la cabeza, se dio rápidamente la vuelta y corrió hacia la clase de Encantamientos, donde el profesor Flitwich le quitó cinco puntos más a Gryffindor, por haber llegado tarde.


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Dumbledore y Amelia Bones se encontraban hablando animadamente en frente de la Sala de Tribunales, a expensas de que comenzara el juicio a un testigo muy importante. Se trataba del ministro de magia de Francia, al que se le acusaba de haber pasado información a Voldemort, y por lo tanto, el interrogatorio era de suma importancia para hallar cualquier pista sobre el paradero del mago tenebroso, puesto que desde comienzos de verano, el ministro era el único que había tenido contacto directo con él.
La Sala del tribunal número diez, estaba abierta, y dentro de ella estaban ya sentados algunos miembros del Wizengamot. Los aurores encargados de recoger al acusado de la prisión de Azkaban se estaban retrasando.
Fuera de la sala, algunos de los funcionarios se encontraban comentando la terrible acción del ministro, cuando se escuchó una voz, gritando a pleno pulmón y que bajaba por las escaleras corriendo apresuradamente.
Era una voz de un hombre de mediana edad, y parecía desesperada. Conforme fue llegando hasta donde estaba reunida la gente, pudieron distinguir por sus ropajes, que se trataba del guardia de seguridad. El hombre, llegó corriendo con los ojos desorbitados hasta la ministra de magia y se dejó caer en el suelo para coger aire, antes de gritar:
-¡Señora Ministra! ¡ha ocurrido algo horrible...horrible!
-¡Por las barbas de Merlín, Dauson! ¿qué es lo que ha pasado?_ preguntó Amelia Bones. Varias personas, al escuchar los gritos habían salido de la sala, y las que estaban fuera se acercaron a donde estaba la ministra. Dumbledore observaba la escena muy atento.
-¡Ha llegado sólo uno vivo, señora ministra! ¡Los han matado, a todos, también al acusado! ¡han atacado los coches cuando venían hacia aquí! ¡Willianson es el único que ha quedado con vida, está herido!_ Amelia Bones no preguntó nada más. Algunos del miembros del Wizengamot se taparon la boca con las manos, horrorizados sin duda, con la tragedia. Realmente, era un testigo muy importante, y varios aurores habían perdido la vida.
-¿Dónde está Willianson?_ preguntó la ministra al guardia de seguridad.
-¡Está gravemente herido! ¡Llegó hasta el cuartel de aurores! ¡Lo he dejado allí con sus compañeros! ¡El jefe lo está interrogando!
Amelia salió disparada hacia el ascensor, con Dumbledore detrás. Fugazmente, entró y apretó el botón hasta el piso donde estaba ubicado el cuartel de los aurores. Cuando las puertas del aparato se abrieron, corrió hasta los cubículos, y se encontró a un grupo de gente arremolinada en torno a algo. Abriéndose paso, ella y Dumbledore llegaron hasta el centro del alboroto, y presenciaron a Willianson tendido en el suelo, con una gran cantidad de sangre sobre su regazo, y a Thomas Grint, su jefe, arrodillado a su lado.
-¿Habéis llamado a los medimagos?_ fue lo primero que preguntó Amelia cuando llegó hasta Grint.
-Por supuesto_ contestó el hombre. Su rostro estaba pálido._ Llegarán en seguida.
-¿Qué es lo qué ha ocurrido?_ preguntó Dumbledore muy serio. Willianson hacía continuas muecas de dolor y su rostro se contraía.
-Ellos...mortífagos...eran...eran muchos..., no...no pudimos detenerles...venían a por...el...el prisionero...lo mataron...no pude...no pude...
-Está bien, Willianson_ interrumpió la ministra colocándole tiernamente la mano en la cara._ trata de no hacer esfuerzos, pronto llegarán los medimagos.



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-Ya está hecho señor. El ministro ha muerto._ Rookwood estaba arrodillado ante su señor, con rostro de satisfacción. Era uno de los que había participado en el ataque, y habían tenido éxito absoluto. Eran mayoría, y los aurores no habían tenido oportunidad de defenderse.
-Excelente._ una sonrisa demente se dibujó en los labios de Voldemort._ las cosas no podrían estar saliendo mejor. Tan solo..._su expresión cambió a seriedad._ ¿ya ha averiguado Malfoy quién es el espía que tenemos entre nosotros?
-No, señor._ negó Rookwood con temor. Ese tema era un quebradero de cabeza para todos._ pero parece que últimamente no ha podido frustrar ninguno de nuestros planes.
-Cierto..._ siseó Voldemort._ Pero no podemos confiarnos._ se levantó de su asiento y se dirigió al mortífago._ Ejecutad las guardas en las áreas marcadas y estad alerta a nuestros espías, nuestro siguiente objetivo, está cada vez más cerca...
-¿Qué hay de los ataques?
-Centraros en las zonas que especifiqué a principio de mes. Primero quiero sembrar el terror en la comunidad mágica, después ya veremos que pasa con los muggles.
-Sí, señor._ Rookwood se levantó y salió por la puerta, con cuidado de no hacer mucho ruido.


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Aquel día había sido terrible. A Harry no solo le habían quitado puntos en Encantamientos, sino también en Astronomía. Su primera clase de Estudios Muggles resultó desastrosa. Ron estaba sentado a su lado, y cuando la profesora trató de explicarle lo que era la energía hidráulica, el muchacho se pensó que era algún tipo de arma, y así se lo hizo saber a toda la clase, ganándose una buena riña de la profesora y sonoras carcajadas de sus compañeros. Y para colmo, les mandó deberes extra.
Harry no tardó en irse a dormir, consciente de que tenía un motón de deberes por hacer, pero los encuentros con Cho y con Christine lo habían desorientado por completo. Más que nunca, echaba de menos a Sirius y hubiera deseado que estuviera vivo, para hablar con él sobre Christine. Tenía en el baúl el espejo de doble sentido, por si quería comunicarse con Lupin, pero no encontraba la forma de plantearle sus dudas, y más teniendo en cuenta, que a Lupin le caía muy bien su nueva profesora.
Sumido en aquellos pensamientos, dejó que el sueño lo venciera.

Se encontraba en un lugar distinto a su mullida cama, todo pensamiento pasado era ahora irrelevante, todo estaba oscuro, pero en el momento en que lo pensó, la habitación en donde se encontraba, quedó iluminada.
Neville balanceaba sus piernas sin control, y cuando Harry le ayudó a subir un escalón de las gradas, la esfera cayó del bolsillo de su amigo, fue golpeada por las piernas y se rompió. Una figura de un blanco nacarado comenzó a hablar, pero los gritos de las maldiciones a su alrededor no permitían escuchar lo que decía.
Albus Dumbledore acaba de entrar por la puerta y bajaba las escaleras de las gradas despacio, lanzando maldiciones a los mortífagos más cercanos, pero Harry sabía que había alguien que no se había dado cuenta de su presencia.
Se dio la vuelta rápidamente, soltando a Neville y distinguió la figura de su padrino encima de un viejo arco, sonreía y se reía de la mortífaga con la que estaba peleando. Harry quiso gritar, pero no pudo, ningún sonido salía de su garganta. Un rayo de luz roja le pasó muy de cerca, Sirius seguía riendo. El segundo haz de luz le acertó de lleno en el pecho.
“No, por favor”_ pensó Harry, mientras corría sacando la varita hacia la tarima. Parecía que Sirius tardaba una eternidad en caer, su cuerpo dio un salto y cayó por detrás del velo dando un majestuoso giro, agitando la cortina del velo. Harry gritó el primer hechizo que le vino en mente, pero su varita únicamente produjo chispas rojas. Se detuvo en seco y la miró asombrado, olvidándose del arco.
“Tú no querías saber nada de la magia, Harry. Cuando un mago deja de creer en la magia el poder que emana su cuerpo se reduce y en ocasiones pierde la capacidad de usar los hechizos...”_ recordó las palabras de Lupin.
Y entonces, volvió a mirar hacia el arco. Sirius había desaparecido, podía oír las carcajadas triunfantes de Bellatrix Lestrange, y un odio se apoderó de él.
Corrió de nuevo, en dirección hacia el arco, pero entonces unos brazos lo retuvieron.
-“Es demasiado tarde, Harry”
-¡Déjeme!_ Harry gritó con toda su alma._ ¡Quiero ver que está muerto, quiero verlo realmente, no lo creeré hasta que lo vea!
-No puedes hacer, Harry, nada. Se ha ido.
-¡No se ha ido!_ chilló furioso, y para su sorpresa, Lupin lo soltó. Y con una voz apenada, le dijo:
-“¿Te hubieras sentido mejor si te hubiera dejado acercarte al arco, Harry?_Contéstame, ¿crees que te hubieras sentido mejor si hubieras visto el cadáver de Sirius?”
Harry se quedó parado mirando en dirección al arco, con las huecas palabras de Lupin resonándole en la cabeza. Y cuando trató de caminar hacia la tarima, otra voz, mucho más inquietante y llena de acertijos, le habló. Encima del arco, mirándole con sus ojos cristalinos, estaba la mujer del callejón Diagón. Y con un susurro le dijo:
-“ Has lamentado tú error desde el momento en qué ocurrió, sin preocuparte por argumentar, por saber, que las cosas siempre tienen un porqué para ocurrir...sin percatarte de que lo que ocurrió ese día, que tratas de rememorar...quizás...te salve la vida en el futuro...”
-¡Apártese de ahí!_ le gritó Harry._ ¡Tengo que llegar hasta Sirius!_ pero como si no le hubiera escuchado, la mujer sonrió y continuó hablando:
-Harry Potter...este año tendrás la oportunidad de acabar con tu enemigo, pero solo siendo consciente de que un gran poder, conlleva una gran responsabilidad, sabrás aprovecharla...pude ver tu espíritu tratando de proteger a los que te quedan...tratando de no creer que la muerte se ha llevado a la persona más importante en tu vida...
-¡Sirius no está muerto!_ gritó Harry, podía sentir como la garganta se le desgarraba._ Él no me dejaría solo...Sirius solo está detrás del velo...y yo voy a llegar hasta él, le ayudaré a levantarse..._ la impotencia se adueñaba de su corazón, volvió el rostro, tratando de obtener ayuda de Lupin, pero el profesor había comenzado a subir las gradas, murmurando: “No, puedes hacer nada, Harry, nada. Se ha ido”
-Esperanza..._ susurró la mujer, y Harry la miró desesperado._ Tienes que tener esperanza... Las cosas no ocurren porque sí...supera los percances del pasado y empieza a vivir en el presente...te aguardan muchas sorpresas y muchas de ellas grandiosas...abre tus ojos...elige bien...Christine es sabia en palabras...confía en ella...deja que los que te rodean se acerquen a ti para darte las fuerzas necesarias...deja que la solución...no esté al alcance de la punta de una varita...
La mujer desapareció. Toda la sala lo hacía, todo, excepto el viejo arco. Las palabras confusas, los hechizos volando de un lado a otro, todo era aplacado por una risa estridente, y cuando la luz volvió a alumbrar tenuemente, el viejo arco se encontraba en un cementerio. Harry miró horrorizado las tumbas, con los nombres de sus amigos en ellas y escuchó la voz arrastrando las palabras de Draco Malfoy:
-“Ya es demasiado tarde, Potter”
Harry gritó y pataleó con todas sus fuerzas, y lo último que vio antes de abrir los ojos, fue la figura de Lord Voldemort subido a la tarima del arco por donde Sirius había caído, impidiéndole el paso, para llegar hasta su padrino.”
Sudoroso y respirando agitadamente, Harry se despertó. Se había enredado en las sábanas, pero para su alivio, no había despertado a ninguno de sus compañeros. Notando el latido ajetreado de su corazón, retiró las cortinas de su cama y bajó de puntillas las escaleras hacia la sala común. Estaba vacía, aunque el fuego seguía encendido. Se sentó en su sillón preferido y contempló el crepitar de las llamas, consciente de que le iba a llevar mucho rato volverse a dormir.
-Harry...¿qué haces aquí?_ Harry se dio la vuelta sobresaltado. Ginny bajaba las escaleras de los dormitorios de las chicas, vestida con un precioso camisón blanco. Él sonrió tímidamente al verla.
-No podía dormir. ¿Y tú?
-Tampoco podía dormir._ contestó la chica sentándose a su lado. Estuvieron mucho rato en silencio, los dos sumidos en sus propios pensamientos._ ¿te ocurre algo, Harry?_ preguntó Ginny a cabo de un tiempo.
-Solo ha sido una pesadilla._ No entendía porqué se lo contaba. Nunca había sido propenso a contarle sus pensamientos a nadie, ni siquiera a Ron o a Hermione y sin embargo, con Ginny no le costaba en absoluto. Recordó como el año pasado en la biblioteca, la chica había podido ayudarle a hablar con Sirius.
-¿Voldemort?
-No, no es él.
-Entonces es...Sirius._ Harry la miró y asintió, sin valor para decir una sola palabra al respecto._ ¿Sabes qué?_ él la miró._ A él no le hubiera gustado verte así. No comes, no prestas atención en clase, no te ríes como antes...
-Ron y Hermione hablan demasiado_ gruñó Harry. Ginny no le hizo caso y se acercó más a él, provocando que sus respiraciones se acompasaran.
-Se preocupan por ti, y yo también._ Por un momento Harry no supo que decir. Los ojos de Ginny le miraban directamente, taladrándole con su sinceridad, obligándole a reaccionar y embelesado en ellos, el muchacho calló bajo su embrujo._ Prométeme que volverás a ser el de antes.
-No puedo prometerte algo así, porque no sé como reaccionar._ Harry tuvo que apartar la mirada de la chica, sentía que no podía mantener el contacto visual. Ginny bajó la cabeza y cerró los ojos, tratando de encontrar un argumento que decir. Y entonces, Harry le contó el sueño que había tenido, sus preocupaciones acerca de lo que había dicho Malfoy y la inquietud que le causaba el no haber podido acercarse al arco, por donde había caído Sirius. Que sentía que le debía algo a su padrino, por no ser más fuerte, por no liberarse de Lupin y correr a verificar su muerte, a ver su cuerpo, a tener un lugar donde despedirlo.
Cuando terminó de hablar, sintió como el nudo de la garganta le disminuía, Ginny sabía escuchar y él se sentía a gusto contándole sus miedos.
-Malfoy no va a poder hacernos daño, porque tenemos un maestro excelente de Defensa._ Harry sonrió complacido._ Y en cuanto al velo, no importa que no tengas donde llorar, no importa que pienses que le fallaste a Sirius porque no es verdad. Únicamente le fallas al no reaccionar, al no vivir, al no darte cuenta de que tienes una vida maravillosa por delante y de que vivirla vale la pena. Sin Voldemorts, sin pesadillas, sin Malfoys, solo tú y tu mundo._ el muchacho se quedó tan sorprendido con las palabras maduras y cargadas de sentimiento de su amiga, que sintió una ola de gratitud hacia ella. Jamás alguien le había dicho una verdad tan grande, y él jamás había podido escucharla como lo hacía ahora con ella.
-La mujer del callejón Diagon tenía razón en una cosa..._ susurró, mirando a Ginny tiernamente._ Posees esperanza...
-Solo quiero vivir la vida que me ha tocado y de la forma que yo quiera._ contestó Ginny con sinceridad._ Ningún destino está marcado por muy negro que parezca, yo creo que se pueden cambiar las cosas con fe, y yo quiero ayudar a cambiarlas.
-¿De qué hablas?
-Por eso te pedí que nos enseñaras. Porque yo quiero estar preparada, yo quiero poner mi granito de arena para que no mueran más niñas como la del callejón Diagon. En el fondo, Harry, tenemos mucha suerte de seguir con vida. Y si es cierto que la vida puede llegar a ser tan corta, yo quiero vivirla al máximo.
Harry sonrió y Ginny apoyó la cabeza sobre su hombro. Conforme pasaron los minutos y las horas, el fuego de la chimenea se fue apagando, dejando únicamente las cenizas de su rastro. Ginny y Harry se quedaron dormidos, apoyados el uno en el otro. Fantasías rondaban sus cabezas, pero Harry, por primera vez desde la muerte de Sirius, no soñó nada que le pudiera enturbiar la enorme felicidad que Ginny había introducido en su corazón.



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N/A: Olasssss a todos/as!!!!! Aquí os traigo el capi 10 como prometí!!!!!! Os agradezco mucho el apoyo brindado hasta ahora y espero q sigáis dejándome
Vuestras opiniones que, insisto, son de gran ayuda. Os prometo a cambio una actualización rápida.
Un saludo especial a Susana(para q veas q me acuerdo de ti, jejejej), por el apoyo brindado, y escribe tú también, y por supuesto a los q me mandan reviews incansablemente, sois los mejores!!!!!
Bueno, ya os dejo, muchos besos y hasta el próximo capi!!!!!!!
CAPÍTULO 11: LA ELECCIÓN QUE TOMES, CAMBIARÁ EL DESTINO DE LAS COSAS.




Aquella, había sido la noche más larga que el ministerio de magia había tenido que afrontar en mucho tiempo. Era muy tarde, la luz de la luna bañaba los ventanales de los diferentes departamentos. Los encargados de decidir el tiempo, no habían podido resistir las ganas de reflejar la tranquilidad que el cielo emitía, y la luz intensa de las distintas estrellas.
Pero no había tranquilidad en aquel lugar. Muchos magos estaban trabajando incansablemente; se paseaban de un lado a otro con café en las manos, esperando una resolución, que nunca llegaría.
Amelia Bones estaba en su despacho. Tenía cientos de papeles arremolinados encima de la mesa, pero no parecía querer apartar la vista de la ventana. Estaba triste, se sentía impotente y ni siquiera la tranquilidad de los ojos de Albus Dumbledore, podían hacerle olvidar el sufrimiento de la cara de uno de sus aurores.
-Aún recuerdo como eran las cosas hace quince años..._ murmuró más para sí misma, que para el director._ Todavía era joven...pero lo recuerdo.
-No es la misma persona._ observó Dumbledore. Estaba de pie, contemplando la espalda de la ministra, con los ojos centelleando de cansancio._ Ahora es más fuerte.
-Y nosotros más débiles...
-Eso no es así y lo sabes._ le reprendió el director._ Esto todavía no ha empezado.
-¿Quieres decir que habrá más?_ Amelia se dio la vuelta bruscamente y buscó respuestas en los apacibles ojos del anciano._ ¿Es qué te parece que no ha habido suficientes muertes?
-La muerte de los magos no es su propósito..._ Amelia se mordió el labio inferior y trató de serenarse.
-Me estás dando a entender...que no tardará en atacar el Ministerio. ¿Es así?
-Lamento decir, que es muy posible que lo haga, sí._ Dumbledore se acercó también a la ventana. Le parecía que era un desperdicio no contemplar las estrellas en una noche tan despejada.
-¿Qué es lo que quiere? ¿qué es lo que busca? Si tan solo..._ cerró los ojos y suavizó la voz._ quiero evitar una guerra, no quiero pérdidas humanas..._ El director se quedó callado, sin contestar, contemplando la oscuridad de la noche. Esperando que, conociendo como conocía a Voldemort, se estuviera equivocando al adivinar sus pensamientos.
-No podemos evitar un enfrentamiento...porque él no busca el camino del diálogo._ por primera vez desde que estaban en la habitación, se atrevió a mirar a los ojos a la mujer._ Su verdadera intención es apoderarse del ministerio, liderar el mundo mágico, modelar su entorno creando sus propias leyes, sus propias reglas, dirigiendo nuestras vidas a su antojo, un liderato...que no estoy dispuesto a concederle...
-No encuentro la forma de detenerle..._ se desesperó Amelia. Bajó la mirada y soltó lo que la atormentaba durante años, esa necesidad de justificarse._ Si mi hermano estuviera aquí...él sabría qué hacer...el debería...
-No._ Dumbledore negó con rotundidad. Sus ojos brillaron a contraluz de la lámpara que colgaba en el techo. Su mirada era de profunda determinación._ Edgar murió defendiendo una causa, la misma causa por la que ahora tú luchas...pero yo tengo la misma confianza en ti, como la tuve en él, Amelia, y hoy por hoy, eres de las pocas personas en las que confiaría mi vida...
-Tus palabras me halagan._ la ministra sonrió amargamente._ pero no las merezco.
-No suelo hablar en vano, Amelia y lo sabes.
-Lo sé. Y confío en ti, Dumbledore. Veo en tus ojos una sincera seguridad y me aterra, porque yo no puedo ver una salida, como quizás tú la veas..._ Dumbledore sonrió, era una sonrisa cálida y dulce, de profunda confianza.
-Lamento decirte que todavía no he hallado una salida. Pero tengo mucha fe en el mundo mágico. Quizás sea porque soy el director de un colegio, no lo sé, pero creo que la solución a nuestros problemas se encuentra en la juventud. Ha llegado la hora de cederles el relevo.
-No entiendo..._ expresó Amelia con profunda incredulidad.
-Creo que la razón por la que Voldemort nos adelanta un paso es el miedo que tenemos a todo lo referido a él. Durante años, hemos vivido con ese miedo, desconfiando de cada indicio que pudiera acercarse a él, temiendo pronunciar su nombre..._ hizo un gesto de desagrado._ No, creo que los que vivimos la primera vez el reinado de Lord Voldemort estamos demasiado impresionados y asustados porque esas imágenes vuelvan a reaparecer y no logramos enfrentar la situación. En cambio..._ sonrió._ la gente joven que no le conoce, aunque haya crecido temiendo su nombre enseñados por sus padres, se prepara, lo enfrenta, hace o dice cosas para vencer ese miedo, para un día formar parte de esa unidad que lo enfrenta..._ se detuvo durante unos instantes, como recordando algo y volvió a fijar la mirada en la atónita mujer, que lo escuchaba con mucha atención._ El año pasado, cuando el ministerio se hizo a un lado ante mis advertencias sobre el regreso de Voldemort, una serie de estudiantes, liderados por Harry y sus amigos, crearon un grupo de defensa para prepararse contra lo que les esperaba...no importó que no hubiesen pruebas, no importó que el ministerio, sus padres y algunos de sus amigos estuviesen en su contra, se enfrentaron, y creyeron a Harry, lo apoyaron y hoy día, son los mejores estudiantes de mi colegio.
-Sí, conozco la historia..._ susurró Amelia Bones._ Fudge la contó por todo el ministerio...el grupo se llamaba...Ejército de Dumbledore...
-Eso es._ rió el director. Al parecer, le halagaba el nombre que los chicos habían elegido._ ¿Ves a lo que me refiero? ¿Qué era lo qué más temía Fudge? Que yo formara un ejército...y por eso eligieron ese nombre, para defender la causa, para revelarse contra ella. Tengo total confianza en que la gente joven va a sacarnos de esta, por eso te pedí que fueras la ministra, Amelia. Tú eres joven y eras una adolescente cuando Voldemort estaba en el poder la primera vez, sabía que no había otra persona más capacitada para el puesto...porque yo tengo esperanza en que la juventud logre extraer las fuerzas, que están menguando entre los adultos...
-Tienes una buena visión de ellos, Dumbledore._ sonrió Amelia._ Olvidas que los jóvenes son más fáciles de corromper también.
-Lo sé, pero yo confío, quiero confiar.



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Era uno de aquello días en los que Harry hubiera deseado desaparecer. Sólo había podido descansar una parte de la noche( la parte en la que estuvo con Ginny) y cuando bajó al Gran Comedor a desayunar, sus ojos mostraban unas grandes ojeras, y su pelo estaba más revuelto que de costumbre.
Se había quedado algo rezagado al arreglarse y tras emitir un sonoro bostezo, se sentó entre Ron y Hermione.
-Menuda cara que traes...cualquiera diría que no has pegado ojo en toda la noche._ le dijo Ron irónicamente, mientras engullía un plato de gachas de avena.
-Es que no he pegado ojo en toda la noche_ gruñó Harry fastidiado.
-No seguirás teniendo sueños raros...¿verdad?_ inquirió Hermione levantando ligeramente una ceja.
-No, no_ se apresuró a mentir Harry._ Simplemente me desvelé y luego no pude dormirme otra vez...
Se centraron de nuevo en el desayuno. Ginny también se había quedado dormida, pero a diferencia de Harry, su cara estaba radiante de felicidad y no tardó en reunirse con Luna para su clase de Transformaciones.
Cuando terminaron de desayunar, Ron se marchó a la biblioteca a adelantar deberes, puesto que tenía hora libre, y Harry y Hermione se dirigieron hacia las mazmorras para su primera clase de Pociones.
Por el caminó se encontraron a Hannah Abbott y Susan Bones, que se pararon para saludarles.
-¿Es cierto que hay reunión para reestablecer el ED?_ preguntó Susan entusiasmada.
-Bueno...sí._ Harry se sentía un poco cohibido._ Por cierto...enhorabuena, me alegro que hayan elegido a tu tía como ministra de magia.
-¡Muchas gracias!_ exclamó alegremente la chica._ Ella siempre confió mucho en Dumbledore, y no se equivocaba...
-Bueno, nos vemos_ se despidieron Harry y Hermione, puesto que faltaban escasos minutos para que empezara la clase de Pociones, y nada podía ser peor que hacer esperar a Snape.
Entraron justo a tiempo, y se sentaron en las mesas del final. Malfoy también entró y se sentó junto a Pansy Parkinson y un chico muy callado que se llamaba Theodoro Nott. Al parecer, y para gran alivio de Harry, Crabbe y Goyle no habían aprobado Pociones.
-Buenos días..._ saludó Snape con su voz siseante. Sus ojos negros escudriñaban la clase. No había más de doce o trece alumnos y eran de todas las casas, lo que confirmaba lo que el profesor había dicho el año anterior: que solo unos pocos elegidos volverían a cursar la asignatura._ Veo que el número de alumnos a disminuido respecto al año anterior..._ sonrió maliciosamente._ Sin embargo, todavía cuento con la presencia de algunos de vosotros, que aprobaron Pociones....por suerte._ su mirada se dirigió rápidamente hacia Harry. Malfoy, a su izquierda, se desternillaba de risa. Harry le devolvió la mirada de odio. Pasase lo que pasase, él nunca iba a perdonar a Snape._ Este año, las clases serán mucho más exigentes que los anteriores cursos. Dejaremos atrás los brebajes simples y nos dedicaremos a estudiar todo el curso venenos y antídotos, que son las pociones más importantes que existen, y las que seguramente entrarán en los EXTASIS. Hoy_ se dio la vuelta hacia la pizarra y con un golpe de varita aparecieron instrucciones en la pizarra._ comenzaremos con un veneno muy sencillo. Se llama, Agujero Oscuro y es mortal para seres humanos. Es fácil de realizar, pero los ingredientes son muy escasos. La utilización de esta poción está estrictamente regulada por el ministerio de magia, y se necesita un permiso especial para poder realizarla._ señaló las estanterías._ Allí tenéis todos los ingredientes necesarios, y las instrucciones están en la pizarra. Disponéis de cuarenta y cinco minutos.
Harry no había realizado una poción tan difícil en la vida. Peló y cortó los ingredientes pacientemente y procuró leer con precisión las instrucciones, pero cuando añadió el ingrediente principal y tuvo que comenzar a remover su poción, mientras contaba las gotas exactas del siguiente ingrediente, comenzó a ponerse nervioso y un humo espeso salió de su caldero.
A su lado, Hermione tenía bastantes dificultades también, pero parecía que había seguido los pasos correctamente, porque su poción tenía el color anaranjado que indicaba la pizarra.
Snape se paseaba por las mesas de sus alumnos, criticando a la gran mayoría. Cuando pasó por el lado de Malfoy, Harry dejó de observar su poción, para centrarse en la actitud de su profesor, que no comentó nada al Slytherin, pese a que su poción comenzaba a oler a contenedor de basura.
En ese momento de distracción, añadió hígado de dragón en exceso y el contenido de su caldero comenzó a bullir con más fuerza. Consternado, trató de reducir la intensidad del fuego con la varita, mientras Snape se acercaba hacía él. Cuando el profesor se detuvo para mirarlo, Harry olvidó su poción y fue en ese instante que Snape se acercó para susurrarle:
-Que el director haya vuelto a colocarse en tu club de fans Potter, y me haya obligado a admitirte en mis clases, no significa que logres ser auror. No sé como te las arreglaste para aprobar tus TIMOS, pero si las siguientes pociones tienen la misma pinta que ésta, te aseguro que vas a pasarlo muy mal. ¡Evanesco!_ susurró, y el contenido del caldero de Harry, desapareció. Sin embargo él no hizo ningún gesto que mostrara su enojo, al contrario, miró a Snape como se mira a un vil parásito y le demostró con su mirada, cuanto era el odio que sentía.
En cuanto terminó la clase, mientras los alumnos recogían sus cosas, Hermione comenzó a despotricar contra el profesor, alegando lo injusto que había sido, mientras terminaba de rellenar su frasco, con la poción del color lila que debía tener.
-Dejadme los deberes que os mandé para verano sobre la mesa, para que pueda revisarlos, junto con vuestra poción._ anunció Snape a los estudiantes que se acercaban a su mesa.
A Harry se le vino el mundo encima. No había hecho los deberes, pese a las insistencias de Hemione y ahora iba a pagar caro su error. Cuando toda la clase desfiló, con todo el enfado del mundo, Harry se acercó a la mesa del profesor.
-Primer cero del curso, Potter. Procura que la próxima poción cobre forma o me veré obligado a expulsarte de mis clases._ susurró Snape con malicia. Harry se contuvo de darle un puñetazo._ Ahora deja tus deberes sobre la mesa y lárgate de aquí._ el muchacho suspiró, al tiempo que Snape levantaba la mirada para observarle, analizando su silencio.
-Disculpe profesor, pero no he hecho los deberes.
-¿Cómo has dicho?_ el tono de Snape era tan frío y duro que a Harry se le heló la sangre en las venas.
-Le he dicho que no he hecho los deberes._ repitió. El veneno del odio le recorría el cuerpo. No soportaba estar enfrente de Snape, no soportaba mirarle a los ojos, tratarlo como si fuera su profesor, sabiendo que en sus manos había estado el salvar a su padrino, recordando todas sus burlas en las clases de Oclumancia, el odio que le profesaba a su padre...
-¿Por qué motivo no has hecho los deberes, Potter?_ gruñó Snape, enseñándole los dientes.
-Porque no tenía ganas._ Sabía que su tono había sonado despectivo, pero no le importaba ser maleducado.
-Modela tu tono conmigo, Potter. Te dije, que me llamaras “profesor o señor”, ¿has entendido?
-Sí, señor_ contestó Harry con sorna.
-Voy a castigarte Potter, y se le restarán cincuenta puntos a Gryffindor por tu falta._ En otras circunstancias, Harry habría protestado, pero si algo le había enseñado la experiencia era que, primero, cuanto más le protestara a Snape, más puntos iba a perder, y segundo, en aquellos momentos ni siquiera ganar la copa de la casa era algo que le importara._Ven el viernes cuando acabes de cenar. Limpiarás la mazmorra sin magia._ Harry asintió con desprecio e iba a irse cuando se acordó de algo.
-Disculpe...profesor, ¿pero no podría ser otro día? El viernes después de la cena tengo que ir al despacho de la profesora Byrne y...
-¡No, Potter! ¡Vendrás aquí el viernes y punto!_ al parecer Snape disfrutaba enormemente poniendo a Harry en un aprieto. Tratando de contener su odio, se colgó a la espalda la mochila y salió de la clase sin dirigirle la mirada a su profesor.
Sabiendo, que se había metido en un buen lío, subió rápidamente las escaleras, con dirección a clase de Transformaciones. En otra situación habría ido a hablar con Christine para explicarle lo que había sucedido y pedirle que cambiara la hora, pero le disgustaba tanto un acercamiento a ella, que prefirió no pensar más en el tema, hasta que llegara la hora de la cena del viernes.


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-Creo que encontrarás lo que tengo que decirte muy interesante._ Christine se encontraba en el despacho del director, después de otro día de clases. Se había acoplado bastante bien al ritmo de vida en Hogwarts._ Vengo a contestarte preguntas.
-Vaya,_ rió Dumbledore irónicamente._ Eso sí que será un gran alivio._ al ver como la chica no había cambiado su semblante serio, preguntó:_ Y imagino...que todo esto tiene que ver con Harry.
-Yo solo me ocupó de él_ se defendió Christine. Había un tono de reproche en la voz del director que no le había gustado.
-Si se entera, de cuán cerca lo vigilas, comenzará a sospechar, y créeme, no le gustas nada..._ aquella vez, los ojos de la muchacha reflejaron un claro sentimiento de tristeza, pero en cuanto vio como el director la observaba, disimuló tan bien, que parecía una mujer distinta.
-Duerme mal prácticamente todas las noches. Lo llevo vigilando desde que llegó a Grimmaluld Place, pero el sueño de anoche, creo que lo encontrarás particularmente interesante.
-¿A qué te refieres?_ preguntó Dumbledore acariciando su larga barba plateada.
-¿Te acuerdas de la discusión que tuvo el primer día de curso con Malfoy?
-Me acuerdo_ confirmó el director. Trataba de rememorar con todo detalle lo que se había hablado en el despacho, aquella noche.
-Pues yo tengo la respuesta a la pregunta que le hiciste y que él no quiso responder._ susurró Christine misteriosamente. Dumbledore se quedó un instante observándola. La chica llevaba su larga cabellera negra suelta, y sus ojos azul intenso brillaban con los enfoques de luz que emitían las lámparas del despacho del director. Era una mujer muy guapa, siempre lo había sido, pero ahora era fría, su corazón no mostraba compasión alguna y había creado un escudo a su alrededor que solo, en ocasiones, el director lograba atravesar tímidamente. Las circunstancias del pasado habían transformado a la dulce muchacha que fue cuando la vio por primera vez en Hogwarts, en aquel distante ser, que la había arrastrado a lo que era. Las ojeras de su rostro, la delataban.
-¿Qué fue lo que el señor Malfoy le dijo a Harry para que él forzara una pelea?_ Christine suspiró y el poco color que quedaba en su rostro, se desvaneció.
-Harry gritaba en sueños, estaba hablando con Malfoy y gritaba que no tocaran a sus amigos, y creo estar en lo cierto, cuando sospecho que el próximo objetivo que tiene Voldemort para atraer a Harry hasta él, es usando de cebo a sus amigos. Solo algo así pudo ponerlo tan nervioso.
-Quizás._ Dumbledore parecía meditar lo que había escuchado._ En ese caso...la vigilancia deberá ser extrema.
-Deja que me ocupe de que Harry logre cerrar su mente. Aislado de todo contacto con Voldemort...las cosas serán más sencillas...
-Es todo tuyo._ sonrió el director.


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Las clases del viernes pasaron muy rápidamente, mucho más de lo que Harry hubiese deseado. Les había contado a sus amigos que tenía que ir a las mazmorras a cumplir el castigo con Snape, pero modificó la versión de la historia, diciéndoles que el profesor lo había castigado sin motivo, porque le había contestado mal. No hubiera soportado los reproches de Hermione, diciéndole que era culpa suya que Snape lo hubiera castigado, y que ella ya le había advertido que hiciera los deberes.
Por otro lado, tampoco les dijo nada de su cita con Christine, tal y como la chica le había pedido. Todavía no comprendía las razones, pero algo en su interior le decía que, por una vez, le hiciera caso.
Después de la clase de Astronomía, Ron y Hermione se dirigieron al Gran Comedor para la cena, pero Harry no quiso ir.
-¿Vas a ir a un castigo con Snape sin cenar?_ preguntó Ron anonadado._ Tú estás loco...
-La cena me sentaría mal_ Harry trató de reír, pero tenía otros motivos para no bajar al Gran Comedor. Tenía que limpiar lo más rápido las mazmorras para llegar a tiempo a su cita con Christine, y la única forma de hacerlo era no yendo a cenar.
-Harry, _ Hermione adoptó una postura de total seriedad._ Si sigues sin comer como es debido vas a ponerte enfermo.
Pero Harry la había dejado con la palabra en la boca, y después de hacer un gesto de despedida con la mano, salió corriendo en dirección a las mazmorras. Para su sorpresa, Snape estaba allí, y no había subido a cenar.
-¿Qué haces aquí tan pronto, Potter?_ el profesor trabajaba en su despacho, al parecer, corrigiendo unas muestras de Pociones._ ¿Por qué no has ido a cenar?
-Ya he cenado, profesor._ mintió Harry con inocencia, mientras dejaba su mochila a un lado de la mesa. Snape hizo una mueca de incredulidad, pero no le comentó nada más._ Hay tienes el cubo una fregona. Quiero la clase y las mesas como si estuvieran bañados en oro, ¿has entendido?
Harry no le contestó. Estaba haciendo tremendos esfuerzos por contenerse, así que, cogió la fregona, la hundió en el cubo de agua y comenzó a fregar el suelo.
A medida que pasaba el tiempo, consultaba su reloj de pulsera. Era ya bastante tarde y seguramente Christine lo estaría esperando, pero le quedaban por fregar una parte de las mesas, y Snape no le iba a permitir marcharse hasta que acabara. Le resbalaban grandes gotas de sudor por la cara y tenía empapada la espalda, pese al frío que hacía normalmente en las mazmorras.
Pasado un rato, Snape terminó de corregir las pociones y se dedicó a contemplar el trabajo del chico, disfrutando al parecer, de verlo sudar de aquella manera. Harry lo ignoró y siguió frotando con fuerza las manchas de sangre pegadas en los pupitres.
-Acabo de corregir el trabajo de tu amigo Weasley_ dijo de pronto Snape, observando sus informes._ Francamente, no entiendo porqué ha escogido Remedios Curativos si es tan patético en mis clases._ Harry apretó los puños con rabia, y mostró su indignación frotando con más fuerza, pero Snape no se iba a rendir tan fácilmente._ Claro está, que tampoco concibo como sigues tú en mis clases, ¿también Weasley quiere ser auror como tú, Potter?_ Snape mostró una sonrisa maliciosa.
-Sí, señor_ contestó él fríamente. No sabía como el profesor se había enterado que quería ser auror, pero no le importó.
-Lástima que ninguno de los dos vaya a poder serlo, ¿verdad Potter?_ Harry no contestó en aquella ocasión. Sentía subir su rabia por el pecho._ Tus padres eran aurores, ¿lo sabías? Sí, tu padre especialmente era un alumno muy inteligente, pero está claro que tú no lo has heredado de él, en cambio sí eres igual de arrogante...
-Deje de hablar de mi padre..._ susurró Harry apretando los dientes con furia. Temblaba de arriba a bajo. Esta reacción parecía divertir claramente a Snape. Parecía que mortificar al chico era el verdadero castigo que había escogido.
-También Black fue auror..._ a Harry se le contrajo el estómago, igual que ocurría siempre que le nombraban a su padrino._ Lupin escogió la docencia...y Pettrigrew..._ hizo un gesto despectivo._ creo que estudió algo relacionado con las criaturas mágicas...una carrera sencillita, claro, que eso ocurrió hasta que se fue especializando en las Artes Oscuras, junto al señor Oscuro...
-¡Basta!_ gritó Harry y arrojó el paño contra el suelo._ ¡Cállese, deje de hablar de ellos, deje de nombrármelos...de...!_ las palabras se le arremolinaban en la mente, y le obstruían la garganta. Snape le taladró con la mirada, su rostro estaba crispado.
-¡Muestra más respeto, Potter!_ siseó. Su voz era peligrosa._ Deberías agradecerme que te muestre como eran tus queridos padres y sus amigos, que te abra los ojos, pareces un poco confundido respecto a sus personalidades...
-¡Sé muy bien como eran ellos, gracias, y no necesito que usted me lo recuerde!
-¿De veras?_ la sonrisa de Snape se pronunció._ Entonces deberías haber adivinado que tu querido padrino no hubiera salido de la casa de su madre a arriesgar el pellejo...y que el Señor Oscuro no lo podría tener preso jamás...
Aquello fue demasiado. Harry apretó tanto los puños, y temblaba tan convulsionadamente que los frascos de las pociones de los estudiantes, que Snape tenía sobre la mesa, comenzaron a estallar. Pero ni él ni el profesor dejaron de mirarse con odio, cuando esto sucedió.
-Usted...usted no me lo dijo. Le pregunté...y usted me trató despectivamente...¡por su culpa Sirius está muerto!
-¡A Black lo mató su arrogancia y la tuya, Potter!_ escupió Snape. Las venas de su cuello sobresalían más de lo normal._ ¡Creíste que era muy noble ir al Departamento de Misterios a salvar a tu padrino, sin pensar! ¡No cerraste tu mente solo porque considerabas que era una gran tontería, y dejaste que el Señor Oscuro te engañara, estúpido! ¡Si Black está muerto es por tú culpa, y lo sabes! ¡Yo le advertí que se quedara en el cuartel de la Orden para avisar a Dumbledore, pero su arrogancia era mayor y corrió detrás de ti como un perro!
-Deje...de...hablar así...de Sirius..._ Harry apretaba tanto los dientes y temblaba de manera tan violenta que Snape se quedó mirándolo sorprendido.
Harry no aguantó ni un segunda más en ese estado, tomó su cartera del suelo y corrió escaleras arriba, en dirección a la Sala de los Menesteres.
Corría por los pasillos, empujando de vez en cuando a algún alumno con el que tropezaba, sentía un profundo dolor por dentro, el corazón le palpitaba aceleradamente y seguía temblando como si Snape siguiera enfrente suyo. Había caído en una realidad de la que no podía escapar. Ya no le importaba quién era o lo que era, donde estuviera o a donde iría, no le importaba el mundo ni los que lo rodeaban, solo deseaba salir de allí, desaparecer, que la tierra se lo tragase para no tener que pensar en lo que había hecho.
“¡A Black lo mató su arrogancia y la tuya, Potter!” “¡No cerraste tu mente solo porque considerabas que era una gran tontería, y dejaste que el Señor Oscuro te engañara, estúpido! ¡Si Black está muerto es por tú culpa, y lo sabes!”
Las palabras de Snape lo atormentaban, se le clavaban como espinas en cada partícula de su cuerpo, impidiéndole gritar o respirar. Era una agonía ser quién era en aquellos instantes, cargar con esa culpa, ya no le bastaba culpar a Voldemort o maldecir a Bellatrix, ya no le aliviaba odiarlos en silencio, sabía que era cierto, que todo lo que estaba ocurriendo era culpa suya, en el momento en que dejó escapar a Pettrigrew, en el que traicionó la confianza que Lupin y Sirius habían puesto en él para que estudiara Oclumancia. Nunca antes se había sentido tan solo, nunca había experimentado un dolor tan abierto y tan real, porque era real. Ya no existía aquella parte de su mente que todavía creía que Sirius iba a reaparecer a través del velo, esa parte había sido consumida, vencida, se daba perfecta cuenta de que su padrino estaba muerto y de que no iba a regresar, pese a que él gritara a los cuatro vientos, pese a que tratase de auto convencerse, y aunque siempre había sido independiente y se había valido por si mismo, su corazón le repetía que necesitaba la fuerza que llenaba Sirius en el, que no iba a poder seguir aguantando las cargas, si su padrino no volvía.
Estaba enfadado con todos, por hacerle caer abruptamente en esa realidad, por obligarle a darse cuenta de que Sirius estaba verdaderamente muerto. Era mejor seguir deleitándose en los sueños, era mejor no caer en la terrible realidad, la verdad era cruel e insuperable.
También estaba enfadado con Sirius, una parte de su mente le recriminaba, le odiaba por haber ido a buscarlo, por haberse dejado vencer por Bellatrix, por no regresar del velo, cuando Harry lo llamaba como si su vida dependiera de ello. ¿Por qué Sirius no se había sujetado al arco? ¿Por qué se había dejado morir y no había luchado? ¿Por qué no había regresado si él lo llamaba con desesperación? Le había abandonado, igual que todas las personas a las que quería, todas le dejaban solo. Sentía un terrible vacío al estar corriendo los pasillos sin rumbo fijo, al no poder llenar esa inquietud con algo, sin imaginar, y sin saber, que muy pronto, iba a encontrar un nuevo sentimiento que podría volver a ponerlo en pie, y que la persona que se lo podía proporcionar estaba en esos instantes esperándole, enfrente de la puerta cerrada en la que él estaba.
No quería entrar, no quería ver esos huecos ojos fríos, no quería embargarse con la frialdad que Christine le proporcionaba, pero no tenía más remedio que hacerlo. Enjugándose las tímidas lagrimas que trataban de salir sin éxito de sus ojos, entró por la puerta.


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-¿Qué crees que le ocurre a Harry?_ Ron y Hermione estaban estudiando en la Sala común de Gryffindor, una vez habían terminado de cenar. La sala estaba abarrotada de estudiantes, la mayoría de cursos superiores, puesto que los prefectos enviaban a dormir en seguida a los más pequeños. Y eso era lo que acababa de hacer Ginny Weasley, y se había sentado junto a su hermano y mejor amiga, justo a tiempo para escuchar la pregunta que estaba formulando ésta última.
-No lo sé, está muy raro_ confesó Ron rascándose la cabeza confusamente._ Pero ya estaba así desde que regresó de Privet Drive, de hecho, lo estuvo desde la muerte de Sirius..._ hubo un incómodo silencio, producto de la misma cosa de siempre. Cuando alguien nombraba a Sirius, todos sentían una especie de descarga por el estómago.
-Pero desde que llegamos aquí está más distinto...no peor, sino diferente._ susurró Hermione, tratando de desviar la conversación a un campo menos molesto.
-Quizás es por las pesadillas que tiene._ opinó Ginny.
-¿Pesadillas?_ preguntaron Ron y Hermione al unísono.
-¿No lo sabíais?_ dijo Ginny indiferentemente, sacando de su mochila los deberes, y ocupando la mesa con sus libros._ Sobre la muerte de Sirius...creo que se siente culpable._ No les contó lo que Harry le había revelado la noche anterior, porque respetaba mucho el silencio del muchacho, y no quería traicionar la confianza que había puesto en ella. Y tampoco lo que Malfoy había dicho sobre ellos.
-¡Pero él no tiene la culpa!_ se irritó Ron._ ¡Es Quién-tú-sabes el que lo engañó! ¿Cómo íbamos a saber si la visión que le mandó era falsa, después de que la de mi padre resultó ser verdadera?
-Yo se lo advertí..._ dijo Hermione con cautela.
-¿Estás tratando de culpar a Harry, Hermione?_ gritó Ron furioso. Era la actutud que la chica se esperaba._ ¡Te recuerdo que tratamos de comprobar si era verdad que tenía a Sirius y Kreacher nos engañó!_ Hermione se mordió el labio inferior. Ella ya había imaginado que algo así iba a ocurrir y que Voldemort no se quedaría de brazos cruzados, sabiendo que podía establecer un contacto con Harry a través de la cicatriz, pero no dijo nada. En realidad ella misma reconocía que el plan del mago tenebroso había sido realmente brillante y que ella también creyó que Sirius estaba en el Departamento de Misterios cuando Harry les contó lo que Kreacher había dicho. Harry solo había sido una víctima más de Voldemort, y quizás ella, con sus sospechas y su desconfianza había hecho sentir a su amigo mucho más culpable de lo que era, si es que ser engañado por el mejor mago de todos los tiempos te catalogaba como culpable.
-No trataba de decir eso, Ron..._ suspiró la muchacha._ Pero Harry dejó de aprender Oclumancia y eso fue un gran error...
-¡Snape dijo que ya no le hacía falta!
-¡Pero él debió pedírselo!_ gritó Hermione desesperada. Ron se puso de pie de golpe.
-¡Mira, si estás tratando de decir que Harry tiene la culpa de lo que le ocurrió a Sirius es que estás loca! ¿No te das cuenta de lo que está sufriendo? ¡Sirius era lo único...!
-¡Callaos los dos!_ interrumpió Ginny, obligando a su hermano a sentarse._ Creo que discutiendo entre nosotros no lograremos que vuelva a ser el de antes.
-Tienes razón...perdona..._ dijo Hermione avergonzada._ Es que me da mucha rabia pensar que podríamos haberlo evitado.
-Las circunstancias en las que ocurrieron los hechos no se pueden cambiar, pero sí podemos aprender de los errores. Ahora más que nunca, Harry nos necesita y tenemos que estar a su lado._ Hermione miró a su amiga ceñuda.
-Hablas como si lo entendieras mejor que nadie.
-Es que creo entenderlo._ suspiró Ginny._ Pero es imposible que ninguno podamos saber como se siente porque no hemos pasado por una situación como esta en la vida.
-La verdad...cuando creí que mi padre se iba a morir sentí como todo mi mundo se derrumbaba._ confesó Ron._ Imagino que es así como Harry se siente.
-Mirad, Harry no conoció a sus padres, creció con unos parientes que lo detestaban, ha sufrido una serie de percances muy duros, Voldemort quiere matarlo y ahora encima, la única persona que tenía que se asemejaba a una familia ha muerto._ enumeró Ginny._ No todos habrían soportado algo así.
-Ginny..._ susurró Hermione._ ¿No será que te ha vuelto a gustar Harry?_ Ron casi se cayó del asiento y Ginny se puso colorada como un tomate.
-Yo...no...es solo que...
-Últimamente habla contigo más que con nadie y os miráis de forma muy extraña.
-¡¿Es eso cierto?!_ exclamó Ron atontado._ ¿Te gusta Harry, Ginny?
-¡Dejadme en paz!_ contestó la chica indignada._ Yo no he dicho tal cosa.
-Pero se ve a leguas_ insistió Hermione y Ron, por algún motivo, se puso muy contento.
-¡Eso es excelente, Ginny! ¡Ya era hora de que te fijaras en alguien decente!
-Yo siempre me fijo en gente decente, Ron._ dijo su hermana molesta._ Además, ¿por qué te pones tan contento?
-Porque sé que Harry nunca te haría daño._ dijo Ron con sencillez._Entonces, contesta, ¿te gusta sí o no?


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La Sala de los Menesteres era, sin lugar a dudas, el sitio más interesante de todo Hogwarts. La mayor parte del tiempo era, únicamente, uno más de los retratos que había en el colegio, pero si rondabas por allí, concentrándote en algo que te hacía mucha falta, la sala te lo proporcionaba.
Harry entró por la puerta después de tocar y se encontró una amplia habitación muy parecida a la que ellos utilizaban para el ED. No había cojines en el suelo ni tampoco detectores de tenebrismo, pero sí estaban las acostumbradas estanterías repletas de libros de defensa y un amplio espacio para practicar.
Christine se encontraba apoyada en una de las paredes alejadas de la puerta. Tenía los ojos cerrados, pero al detectar la presencia del muchacho, los abrió por completo.
Harry se acercó tímidamente hacia donde estaba su profesora. La mujer, volvió a cerrar los ojos y segundos después, una gran mesa de escritorio apareció ante ellos, acompañada de dos sillas. Christine se sentó detrás del escritorio e hizo un gesto a Harry para que tomara asiento también.
Harry seguía teniendo la camiseta mojada de sudor, a consecuencia del duro trabajo de limpiar las mazmorras y de haber llegado corriendo hasta allí. Pero ahora, que el sudor comenzaba a secársele encima, tenía frío. Seguía temblando de arriba a bajo, reacción de la que Christine se percató inmediatamente.
-¿Por qué tan tarde, Potter?_ preguntó fríamente.
-El profesor Snape me castigó_ se disculpó Harry, aunque no lo sentía en absoluto. Seguía teniendo reciente la discusión con el profesor y sus palabras hirientes, y pese al misterio del encuentro, no podía sacárselo de la cabeza._ le pedí que me cambiara el castigo, pero no quiso._ Por alguna razón, Christine sonrió.
-Te veo un poco alterado, Potter. ¿Ha ocurrido algo?_ Harry no contestó, ¿por qué su profesora no iba al grano y se dejaba de preguntitas?_ ¿Tienes frío?
-Estoy bien, solo estoy algo cansado._ Christine se levantó de la silla y fue hasta un rincón de la sala, siendo observada minuciosamente por el chico. Se acercó a una bolsa de piel, que estaba apoyada en la pared donde esperaba la profesora antes de que Harry llegara y sacó de ella una capa negra. Se acercó hacia Harry y se la puso por encima.
Él la reconoció al instante, era la capa de Sirius, la que había sacado de su cámara de Gringotts, el día del ataque al callejón Diagon.
-La olvidaste en Grimmauld Place. Pensé que tenía un valor especial para ti.
-Lo tiene._ se limitó a decir Harry, acariciando con ternura la piel de la cálida capa. Sentía que Sirius volvía a estar a su lado.
-Ahora dime, ¿por qué estás en ese estado?
-¿Qué estado?
-Vamos Potter, sé perfectamente que te ocurre algo, puedo verlo en tus ojos._ Christine no se iba a rendir con tanta facilidad, pero Harry era muy tozudo también, y volvió a quedarse callado.
-Veo que no pasaremos mucho tiempo hablando._ susurró la chica. Realmente su voz era congelante y su mirada perforaba los ojos de Harry._ Está bien, a mí tampoco me gusta mucho hablar, así que nos llevaremos bien.
-He estado limpiando la mazmorra con el profesor Snape, por eso estaba empapado de sudor y tenía frío, eso es todo._ confesó Harry con desgana. Tenía la certeza de que su profesora podía leerle la mente, lo cual resultaba inútil mentirle, y tampoco se veía con fuerzas de buscar una excusa barata. La muchacha se quedó un tiempo observándole, tal era su mirada penetrante, que Harry tuvo que apartarla, no soportaba aguantarle el contacto visual.
-Me han comentado que últimamente estás muy cambiado, Potter._ dijo de pronto. Su rostro mostraba una seriedad absoluta y era del estilo de personas como la profesora McGonagall con las cuales más valía no tener problemas._ No comes, te cuesta hacer magia..._ Harry levantó la mirada.
-¿Cómo sabe usted eso?
-La profesora McGonagall me lo comentó en la Sala de profesores._ contestó Christine encogiéndose de hombros. Harry hizo una mueca de desagrado, odiaba que la gente supiera cosas de él, que comentaran..._ ¿Sabes por qué no logras hacer magia correctamente?
-El profesor Lupin me lo dijo._ respondió el chico con desgana. Creía que había ido para aprender Oclumancia y resulta que aquello se asemejaba a una de esas entrevistas con Rita Skeeter.
-No voy a preguntarte el motivo por el cual piensas que la magia es algo inútil Potter, porque considero que hay ciertos aspectos que uno prefiere guardarse para si mismo._ Harry se sintió aliviado._ Pero quiero que sepas una cosa. Yo no sé nada sobre ti ni sobre tu pasado. No soy como las demás personas del mundo mágico que te conocen más que tú mismo. Lo único que conozco de tu vida es que Voldemort asesinó a tus padres y que cuando trató de matarte la maldición rebotó en tu contra, nada más._ Harry se sorprendió al escuchar aquello, y miró a la profesora interesado._ Llevo bastante tiempo alejada del mundo mágico y cuando acepté enseñarte Oclumancia, Dumbledore no quiso contarme nada sobre ti. Consideró que era mejor que nos fuéramos conociendo poco a poco y descubriéndonos. No suelo hablar de mi vida con nadie, Potter, muy pocos me conocen a fondo, pero estoy dispuesta a abrirme hacia ti, siempre y cuando tú te abras hacia mí. Nos iremos conociendo poco a poco, cuando consideres que estás listo para contarme algo, puedes hacerlo y si confías en mí, yo confiaré en ti. Por supuesto, para poder prepararte he de conocer ciertos aspectos de tu vida, comprenderás que el estudiar Oclumancia requiere pequeños sacrificios, me introduciré en tu mente y no siempre podrás evitar que vea cosas de tus recuerdos. Pero voy a respetar tu intimidad, Potter, habrá cosas en las que preguntaré y otras en las que no, si prefieres no responderme lo entenderé, igual que espero que tú entiendas que no podré contestar a todas tus preguntas, por supuesto, no voy a mentirte.
Las palabras de Christine sorprendieron a Harry gratamente. Pese a que no le simpatizaba la muchacha, no podía dejar de apreciar el gesto que había tenido con él y le reconfortaba muchísimo que la chica no supiera nada acerca suyo. Era estupendo poder estar hablando con alguien que no te conocía y que no podía juzgarte por lo que un periódico o un libro de historia dijera sobre ti. Dumbledore se había portado muy bien al tener un gesto tan bonito.
-Me sorprende que no sepa nada sobre mí, profesora._ confesó Harry. Christine solo sonrió.
-Bien, ¿qué tal si empezamos?_ propuso levantándose de su asiento y yendo al centro de la sala, donde había mucho espacio. Harry la imitó._ Tengo entendido que has estudiado Oclumancia con el profesor Snape...el curso pasado, ¿es así?
-Correcto_ confirmó Harry de mala gana. Habían llegado a la parte que más temía. La profesora se iba a introducir en su mente y vería sus recuerdos.
-Entonces conocerás como es el hechizo que usaré para tratar de entrar en tu mente...y que fuerza necesitarás para repelerme.
-El profesor Snape me explicó que debía rechazarle con la mente o con la varita de la forma que se me ocurriera, que era una fuerza parecida a la que utilicé para deshacerme de la maldición Imperious.
-¿Lograste impedir que la maldición Imperious te dominara?_ preguntó Christine sorprendida. Harry asintió._ Me sorprendes, bien, sí, el profesor Snape estaba en lo cierto, son actitudes similares. Veamos que tal lo haces. A la cuenta de tres...uno...dos...tres...¡Legeremens!
Christine había levantado la varita mucho antes de que Harry comenzara a reunir cualquier fuerza de resistencia. La Sala dio vueltas ante sus ojos y desapareció; por su mente pasaban a toda velocidad imágenes y más imágenes, como una película parpadeante, tan intensa que le impedía ver su entorno. Parecía que alguien se hubiera metido abruptamente en su cabeza y que la hubiera golpeado con una ola de luz.
Tenía tres años y estaba contemplando como su tía abrazaba cariñosamente a Dudley, mientras él observaba con celos, nunca le habían abrazado para mostrarle que le querían...tenía ocho años y huía de la pandilla de Dudley que trataba de apresarlo para pegarle...estaba frente a Snape y le escuchaba decir que su padre era un arrogante...cien dementores se acercaban hacia él y hacia Sirius para besarlos...
Y al comprobar el cuerpo inconsciente de su padrino, el corazón se le llenó de emoción. La cabeza le dolía terriblemente y el recuerdo de su padrino en el lago, le hizo ponerse a gritar.
-¡NOOOOO!
Entonces notó una punzada de dolor en la rodilla. La Sala de los menesteres había vuelto a aparecer, y Harry se dio cuenta de que se había caído al suelo y se había golpeado las rodillas con fuerza, eso era lo que le dolía. El pulso era acelerado y su corazón palpitaba a un ritmo trepidante como si de verdad hubiera estado frente a aquellos dementores. Levantó la cabeza y miró a su profesora que había vuelto a bajar la varita. Estaba completamente seguro de que había sido ella la que había detenido el hechizo, puesto que él no había podido emitir resistencia alguna.
-¿Te encuentras bien?_ le preguntó ásperamente, y Harry se levantó balanceándose peligrosamente. Por alguna razón, ella parecía más pálida de lo normal._ No has logrado detenerme.
-Lo siento_ se disculpó Harry poniéndose una mano en la cabeza, tratando de que el dolor remitiera.
-Creo que no estamos empezando por donde debemos._ repuso Christine fríamente._ No lograremos nada si continúo entrando en tu mente sin unas pautas a seguir._ Harry, que no sabía a qué se refería, la observó._ Tienes demasiado miedo a tus recuerdos, Potter, y mientras no superes ese miedo, no vas a poder aprender Oclumancia.
-Yo no tengo miedo..._ Harry apretó los dientes de rabia. Le inquietaban las palabras de su profesora.
-Bien,_ dijo ella indiferentemente._ Vas a tener que demostrármelo. Para que logres dominar la Oclumancia , primero debes superar el temor a los recuerdos, creo que son demasiado dolorosos para que puedas afrontarlos cuando yo trato de introducirme en tu mente._ Se acercó a Harry y lo cogió por el brazo, concentrándose.
-¿Qué hace?
-Vamos a viajar por tus recuerdos. Como no lo hemos hecho nunca y no tengo práctica en tu mente, iremos directamente donde tu cerebro nos lleve. No sé donde apareceremos, pero seguramente no será un recuerdo agradable, así que, prepárate.
Y sin que pudiera ofrecer ninguna fuerza de resistencia, comenzaron a ser rodeados por una luz blanca, muy intensa, que los envolvió. Harry no sintió ningún gancho en el ombligo, por lo que estaba seguro que no habían tocado un traslador, pero entonces, aquello no tenía ningún sentido, no se podía desaparecer de Hogwarts.
“Entre el remolino de luz blanca aterrizaron en un precioso comedor, cerca de unos mullidos sofás, de color turquesa. Estaba claro que era una casa, pero pese a ser sus recuerdos, Harry no la reconocía. Estaba muy ordenada y muy bien decorada. De las paredes colgaban marcos, con fotos que se movían y cuando las miró, supo al instante de quién se trataban. Fuese donde fuese que estaban, los ocupantes de los retratos eran sus padres.
-¿Dónde estamos?_ preguntó tímidamente. Eran como dos fantasmas en un lugar. Tenían cuerpo, pero Harry estaba seguro que aquel viaje se asemejaba al que se podía realizar con un pensadero y que nadie podría apreciar su presencia.
-No lo sé._ contestó Christine, pero esa no era la sensación que le dio a Harry, porque la profesora estaba más inquieta de lo normal. O tal vez era que buscaba la fuente de aquel recuerdo._ Es tu recuerdo, debe de ser algo que está en tu mente.
Y justo cuando acabó de decir la última frase, un hombre cargado con un par de calabazas gigantes, entró en la habitación, y dejó los vegetales encima de la mesa, para acercarse al cochecito de un bebé.
A Harry se le contrajo el estómago. Era James Potter la persona que acababa de entrar en el comedor y el niño que estaba riéndose a carcajadas de las cosquillas que su padre le hacía, era él mismo, teniendo a penas un año.
No recordaba tener ese recuerdo, ¿cómo era posible que estuvieran dentro de su mente y que él mismo no recordara la imagen? Se acercó con nostalgia a la feliz estampa y alargó la mano como para atraparla, para que jamás se le volviese a olvidar. Christine estaba a su lado, y lo observaba detenidamente, más que nunca, su mirada era fría y distante.
Entonces entró una mujer con el pelo suelto y de unos hermosos ojos verde esmeralda. Se apoyó sobre el marco de la puerta y observó con una sonrisa en el rostro a su marido y a su hijo jugueteando. James cogió al Harry bebé y lo puso en el suelo para que caminara hacia su madre, puesto que se acababa de percatar de la presencia de ésta.
Con mucha dificultad y balanceándose con los brazos abiertos, el bebé llegó hasta su madre que lo esperaba con los brazos extendidos y que lo cogió en un fuerte abrazo para después besarle la frente, donde todavía no había ninguna cicatriz.
-Es increíble lo deprisa que ha aprendido a caminar, ¿verdad?_ susurró Lily dándole a su hijo otro beso. El Harry adolescente contempló la escena con envidia, con nostalgia, deseaba ser él el que estuviera en esos momentos en los brazos de su madre, y no el bebé.
-Es un chico muy inteligente._ susurró James al oído de su mujer._ Lo ha heredado de ti._ Y la besó dulcemente en los labios.
Entonces se escuchó un fuerte ruido, que rompió la magia del momento. James se dio la vuelta asombrado y por primera vez, su rostro reflejó cierto temor. Lily apretó a su hijo contra su pecho y soltó un grito de terror. James sacó la varita apresuradamente, mientras escuchaba los pasos acercándose hacia ellos. El Harry adolescente también sufrió un sobresalto y miró en dirección donde se enfocaban los ojos de su padre.
-¡Lily, coge a Harry y vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre! Yo lo detendré.
-Pero...
-¡Márchate!_ repitió James en un tono que no admitía discusión. Tratando de controlar las lágrimas que aparecían por su rostro, Lily apretó a su hijo contra el pecho, que lloraba ruidosamente y subió corriendo las escaleras, al tiempo que Lord Voldemort entraba en el comedor, con James varita alzada.
Harry se quedó mirando por donde su madre acababa de subir las escaleras, olvidándose de la batalla que se libraba en aquellos momentos en el comedor, había entrado como en un trance. El bebé que Lily cargaba en brazos seguía mirando hacia el comedor cuando la batalla se libraba. En cambio, Christine presenció con mucho pesar como la maldición asesina salía de la varita del mago tenebroso y como James Potter caía al suelo, sin vida.
En el momento en que el cuerpo de su padre cayó al suelo, Harry se dio la vuelta y observó la cara asustada, con los ojos abiertos de James y como la varita resbalaba de su mano, hacia el suelo.
-¡¡¡¡¡NOOOO!!!!_ gritó con todas sus fuerzas y corrió hacia el cuerpo sin vida del hombre. Trató de tocarlo, pero su mano simplemente lo atravesó. Sentía como si toda la felicidad del mundo se consumiera, la rabia, la ira y la tristeza invadieron su corazón, ahogándolo en su sufrimiento. Había escuchado los gritos de sus padres antes de morir, pero jamás había tenido una visión de su muerte tan claramente como lo hacía ahora.
Al tiempo que James Potter caía muerto, el bebé dejaba de tener contacto visual con el comedor, puesto que su madre había girado la esquina y se había ocultado en la primera habitación que se le había ocurrido, la habitación de su hijo.
-Potter,_ Christine le apoyó una mano en el hombro, obligándolo a levantarse del suelo._ No podemos permanecer aquí, tenemos que seguirle, esto no está en tu recuerdo.
-¡Sácame de aquí!_ suplicó Harry, era consciente de que sus ojos se estaban empañando._ ¡Quiero regresar, no quiero ver esto!
-No._ negó con frialdad la mujer._ Tienes que ser fuerte y afrontarlo.
Harry sintió una oleada de rabia hacia ella, ¿es qué no había ni una mota de compasión en su ser? Soltando un grito de frustración se encaminó escaleras arriba, para seguir a Lord Voldemort, que ya había penetrado en la habitación donde estaban Lily y su bebé. Su madre depositó al niño en la cuna y extendió los brazos para protegerlo con su cuerpo.
-A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor…
-Apártate, estúpida...apártate...
-A Harry no. Te lo ruego, no. Cógeme a mí. Mátame a mí en su lugar...
-A un lado...hazte a un lado, muchacha...
-¡A Harry no! ¡A Harry no! Por favor…haré cualquier cosa…
Voldemort soltó una expresión vehemente y levantó la varita, y entonces Harry se puso entre su madre y el encantamiento, gritando:
-¡Noooo! ¡Basta, por favor, no lo hagas! ¡Nooo! ¡No lo hagas!_ la garganta se le desgarraba.
-¡Harry!_ Christine lo había seguido hasta la habitación y lo llamó, en el mismo momento en que Voldemort lanzó la maldición. Harry vio el rayo de luz verde saliendo de la punta de su enemigo, que le atravesó el cuerpo y un segundo después, Lily Potter se desplomó en el suelo, muerta. Harry se quedó de pie, con los brazos extendidos y respirando agitadamente, viendo los ojos rojos de Voldemort, mirando despectivamente el ahora cadáver de su madre. Esa imagen, se le quedó grabada para siempre.
Christine tenía los ojos en órbita y también respiraba agitadamente. El bebé de la cuna ya no lloraba, contemplaba el cuerpo inerte de su madre, extendiendo la mano, para tratar de cogerla.
Harry se dejó caer al suelo y luego elevó la vista hacia donde Voldemort se dirigía, hacia su yo bebé. Miró hacia la mujer que yacía muerta en el suelo y comenzó a reírse a carcajadas, una risa estridente, fría, una risa que él había escuchado en sus sueños.
-Ahora ya no tienes a nadie que te proteja._ siseó dirigiéndose al bebé.
Con una mueca de desagrado, el mago levantó la varita y pronunció la maldición asesina. Todo ocurrió muy rápido. Un rayo de luz verde golpeó al pequeño en la cabeza y lo empujó hacia atrás, dejándole un corte singular en la frente. El bebé se puso a llorar, al tiempo que maldición era desviada contra Voldemort, el cual chilló de dolor. Hubo una explosión y la casa comenzó a temblar, más Harry no se levantó del suelo. El cuerpo de Voldemort se desgarró y desapareció entre el humo y un vago espíritu se deslizó por el aire y desapareció mientras la casa quedaba en ruinas. Curiosamente, la cuna del niño y la parte que lo rodeaba quedó intacta, pero el pequeño no dejó de llorar.
Cuando la casa dejó de temblar, Christine se acercó a Harry y lo agarró de un brazo.
-Vamos, Potter, aquí ya no hay nada más que ver.
Harry levantó la mirada hacia la cuna donde el pequeño seguía llorando y llorando y luego dirigió un último vistazo al cuerpo sin vida de su madre. Quiso acariciarla, pero Christine le sujetó fuertemente del brazo y se lo impidió.
-No puedes hacer nada, Harry, nada..._ Harry sintió un vuelco en el corazón. ¿Por qué no podía llegar hasta su madre? ¿Por qué esas palabras se le hacían tan conocidas? Ni Lupin ni Christine le dejaban acercarse a verificar la muerte de dos de los seres más queridos para él. ¿Por qué todo el mundo lo apartaba?
Entre los gritos del bebé y un remolino de luz blanca, Harry se dejó arrastrar por Christine y segundos después, con un golpe seco, aterrizaron de nuevo en la Sala de los Menesteres”
Harry se quedó sentado en el suelo, mirando al vacío con los ojos enrojecidos. Christine, que había caído de pie, caminó hacia su escritorio, sacó una vasija de piedra, muy parecida al pensadero que Dumbledore tenía, se colocó la varita en la sien y extrajo una hebra plateada de ella, para finalmente introducirla en el pensadero.
Harry no hizo ningún gesto que indicara que tenía fuerzas para levantarse. Lo que acababa de presenciar era lo más triste y duro que jamás le hubiesen mostrado. No quería pensar, no quería recordar, volvía a tener ese vacío por dentro que le impedía comportarse como él mismo. No lograba extraer de su mente los llantos del bebé, los gritos de desesperación de su madre y tampoco encontraba el motivo por el que su profesora lo había llevado a vivir esa horrible experiencia, cuando él le había suplicado que lo trajera de vuelta.
Chistine se acercó hacia donde estaba y tiró de él para ponerlo de pie, y luego lo sentó en la silla. Harry se dejó arrastrar, sentía que no era capaz de moverse por si mismo sin sentirse sucio y contaminado. Simplemente, hubiera deseado de todas todas interponerse entre el rayo de luz verde y su madre, apartarla a ella del camino y que la maldición hubiera alcanzado al bebé. No sentía compasión por el pequeño, porque en realidad era él mismo, y como semanas antes le había confesado a Lupin en la cocina de Grimmauld Place, ojalá hubiese sido él el que hubiera muerto en aquella explosión y ahora podría estar con sus seres queridos.
-¿Por qué me ha hecho esto?_ preguntó con voz queda. Seguía sin poder mirar a su profesora a los ojos, y ahora más que nunca. Christine suspiró y también se sentó.
-No he sido yo la que te ha llevado a ese recuerdo, sino tu mente.
-¡Eso no es verdad!_ gritó Harry. Ahora que había sido capaz de hablar, un nuevo sentimiento estaba creciendo dentro de él: la ira._ ¡Yo no recuerdo eso! ¡Yo no tengo ningún recuerdo de mis padres, no los recuerdo!_ Christine cerró los ojos como si esas palabras le estuvieran haciendo daño, pero cuando los volvió a abrir, su rostro era de total frialdad._ ¡No recuerdo nada de esa noche salvo una risa estridente y un rayo de luz verde dirigiéndose a mí, nada más! ¿Cómo puedo haber sido yo quién nos llevara allí si eso no está en mi recuerdo?
-Pero está dentro de ti._ dijo Christine con mucha serenidad._ Nuestro cerebro no puede recordar todas las cosas que hemos vivido, pero eso no significa que no sigan ahí. Nuestra mente es muy amplia Potter, y cada uno de los momentos de tu vida están plasmados en ella.
-¿Significa eso que podríamos haber viajado a cualquier época de mi vida? ¿Incluso al primer día después de mi nacimiento?
-Exactamente._ confirmó Christine.
-¿Y por qué a ese recuerdo?_ se desesperó Harry._ ¿Por qué no a uno que fuera feliz u otro cualquiera, por qué a ese?_ Christine pareció meditar mucho la respuesta antes de contestar. Harry se dio cuenta de que la chica debía haber viajado a través de la mente de las personas en muchas ocasiones, porque tenía unos conocimientos muy altos sobre la materia. Empezaba a entender porqué Dumbledor la había designado a ella.
-Porque son recuerdos que temes, Potter. Son los que en estos momentos, están más presentes en tu vida.
-Usted dijo que podía elegir el recuerdo al cuál viajar..._ le reprochó Harry.
-Y puedo._ respondió su profesora._ Pero en tu mente todavía no. Era la primera intrusión a ella y no tenía experiencia. Necesito conocer más de tu vida para explorarla.
-¿Podrá moverse por ella libremente aunque no conozca mi pasado?_ cuestionó el chico arqueando una ceja.
-Podré...tengo la capacidad de seleccionar recuerdos tristes o alegres mientras estoy dentro de la mente de una persona._ explicó la mujer seriamente._ Una vez dentro, todos tus conocimientos, tus recuerdos, tus miedos...todo está a mi alcance. Yo podría con algo más de práctica mostrarte momentos con tus padres, por ejemplo, que ya no recuerdes, aunque yo no sepa que existen.
-¿Cómo puede hacer eso?- preguntó Harry con furia._ ¿Cómo tiene ese poder? Es algo muy peligroso...podría destruir la mente de una persona desde dentro..._ Christine sonrió amargamente.
-Es demasiado pronto para que me hagas esa pregunta. No puedo contestarla todavía...pero te aseguro que mi poder no llega tan lejos como para poder destruir tu mente o la de cualquier otro. Si tuviera esa fuerza...la hubiera utilizado para arreglar muchas cosas de mi vida..._ susurró. Parecía estar sumida en sus propios pensamientos, sin embargo, haciendo gala de esa frialdad que la caracterizaba, no dejó entrever ningún signo de debilidad.
Se quedaron callados durante un rato. Harry no podía asimilar lo que acababa de ver, no quería...podía sentir como se alimentaba un odio en su interior, hacia Voldemort, hacia Christine, seguía sin entender los motivos que había tenido su profesora para atormentarlo, no comprendía de que iba a servir aquello para aprender Oclumancia.
-Potter_ la mujer lo llamó y lo sacó abruptamente de sus cavilaciones._ Creo verdaderamente que tenemos un gran problema.
-¿A qué se refiere?_ inquirió el chico con la voz muy tensa.
-No puedo enseñarte Oclumancia, no al menos de esta forma. No serviría de nada.
-Si no aprendo a cerrar mi mente...Voldemort penetrará en mi con mucha facilidad._ Le recordó Harry. No entendía cual era el problema, en realidad, no entendía nada que rodeara a Christine y comenzaba a cansarse.
-Lo sé. Pero estás demasiado atormentado como para que logres dominar esta rama de la magia que es tan dificultosa._ explicó la mujer._ Tienes miedo de tus propios recuerdos y estoy segura de que tienes motivos para ello, no voy a cuestionártelo pero es una actitud muy cobarde por tu parte no afrontarlo.
-¡Usted no sabe nada de mí!_ gritó Harry fuera de sí. Le dolía mucho la cabeza y sentía un zumbido en sus oídos al escuchar hablar a su profesora._ ¡No me conoce, no tiene ni idea...!
-No me hace falta_ repuso Christine._ Puedo verlo en tus ojos. Están vacíos. Sé que no es fácil asimilar las cosas que nos ocurren, yo tardé mucho en entenderlo, pero al final lo logré. Si puedo estar de pie frente aquí, si puedo estar viva, es porque logré romper los fantasmas que me rondaban, y si tú no lo haces, no podrás salvar tu vida.
-¿Cómo sabe que mi vida peligra?_ gritó Harry cerrando los puños.
-Porque se te olvida que soy miembro de la Orden del Fénix y porque Dumbledore me contó lo que dice esa profecía sobre ti...
A Harry se le vino el mundo encima y palideció de golpe. ¿Qué era lo que pretendía Dumbledore al revelarle la profecía a todo el mundo? Ya había logrado que Voldemort se enterara y ahora esto.
-Mi vida ya no tiene importancia.
-¿A no?_ sonrió irónicamente Christine._ Vaya, así que Harry Potter, por el que sus padres murieron y por el que la Orden del Fénix arriesga su vida, no quiere seguir viviendo...
-¡Yo no he dicho eso!_ bramó Harry. Estaba cada vez más enfadado y eso siempre significaba problemas. No soportaba los ojos de esa mujer._ ¡Pero no quiero estar aquí, ya no me importa nada, ya no...!
-¿Y tus amigos? ¿te importan tus amigos, Potter?_ preguntó Christine muy seria. A diferencia de la de Harry, su voz era pausada y llena de calma._ Porque ellos estaban muy preocupados por ti mientras tú estabas en casa de tus tíos... y tú piensas que sus vidas están en peligro, ¿no es así?
-¿Cómo...cómo sabe usted eso?_ Había algo de misterioso en las cosas que Christine decía. No era Dumbledore el que se lo había contado, ella sabía más que ninguno de los demás. ¿Por qué?
-Tengo mucho poder._ confesó Christine._ y estoy dispuesta a compartirlo contigo. ¿Quieres salvar las vidas de tus amigos? Bien, porque yo puedo ayudarte. Y no solo a eso. Puedo darte más de lo que tú imaginas.
-¿El qué?
-Venganza._ siseó Christine con voz misteriosa._ Puedo ayudarte a vengarte del asesino de tus padres, puedo ofrecerte mi ayuda para que dejes de escuchar sus gritos en sueños, para que vivas...
-¿Por qué?_ preguntó Harry extrañado. Christine se acercó un poco más a él hasta que sus miradas se conectaron._ ¿Por qué quiere ayudarme?
-No puedo responder a eso, por ahora..._ Christine se alejó un poco._ Pero te aseguro que tengo unos motivos poderosos. Si quieres vivir yo puedo ayudarte, si quieres venganza te la puedo ofrecer y si quieres salvar a tus amigos, puedo brindarte la manera de que lo hagas, pero..._ hizo una pausa y volvió a mirar a Harry intensamente., Sus ojos brillaban más de lo normal._ Eso requiere ciertos sacrificios..., sacrificios que en estos momentos tú no puedes realizar...vas a sufrir mucho más, Potter, vas a tener que confiar en mí y contarme las cosas que más te atormentan del fondo de tu corazón, vas a tener que cerrar todo vínculo de unión con cualquiera que no sea yo...y todo esto Potter, todo esto, tendrá que hacerse sin que Dumbledore se entere.
-¿Por qué?_ se extrañó Harry._ Creí que Dumbledore y usted...creí que se lo contaba todo...
-Y lo hago._ asintió Christine._ Dumbledore es la única persona que me conoce del todo, la que sabe más de mi pasado, presente y futuro...la que me ayudó._ hizo una negativa con la cabeza para apartar los pensamientos que le rondaban._ Pero es necesario que tu cambio se mantenga al margen suyo, algún día sabrás porqué, no ahora, es demasiado pronto, pero si aceptas, con el tiempo, todas tus preguntas se verán resueltas.
Harry cerró los ojos recapacitando. ¿Por qué habría de confiar en Christine? ¿por qué Dumbledore no se podía enterar de todo aquello? ¿qué sabía y ocultaba ella que tenía tanto con ver con los acontecimientos venideros?
Había algo que estaba rondando por su cabeza, algo que había escuchado meses atrás de la boca de Phineas Nigellus, algo que le hizo cambiar su decisión.
“¡Mira, por eso precisamente odiaba ser profesor! Los jóvenes están convencidos de que tienen razón sobre todas las cosas. ¿No se te ha ocurrido pensar, miserable engreído, que podría haber un excelente motivo por el que el director de Hogwarts no te confía los detalles de sus planes? ¿Nunca te has parado a pensar, mientras te sentías tan injustamente tratado, que obedecer las órdenes de Dumbledore todavía no te ha causado ningún daño? No. Claro que no; como todos los jóvenes, estás convencido de que eres el único que siente y piensa, el único que reconoce el peligro, el único lo bastante inteligente para darse cuenta de qué es lo que planea el Señor Tenebroso...”
Y entonces, sus palabras sonaron más fuertes y más claras, y sintió como el mundo se le caía a los pies. Hasta entonces, había sido cierto, nunca le había causado daño obedecer las órdenes de Dumbledore...hasta ahora. Pero sí había habido un fallo en el director, uno demasiado grande como para que Harry lo ignorara o lo perdonara.
“Yo tengo la culpa de que Sirius haya muerto. Sirius era un hombre valiente, inteligente y enérgico, y los hombres como él no suelen contentarse con quedarse sentados en su casa, escondidos, cuando creen que otros corren peligro. Sin embargo, no debiste creer ni por un instante que era necesario que acudieras al Departamento de Misterios esta noche. Si yo hubiera sido sincero contigo, Harry, que es lo que debería haber hecho, habrías sabido hace mucho tiempo que Voldemort intentaría engañarte e incitarte a ir al Departamento de Misterios; de ese modo no habrías caído en su trampa ni habrías ido allí esta noche. Y Sirius no habría tenido que ir a buscarte. De eso, soy el único culpable...”
Sí, obedecer las órdenes de Dumbledore le había causado un daño, un daño irreparable. Quizás, si Christine tenía un buen motivo para no informar al director, era tan respetable como los que Harry había tenido el curso pasado. Y sin embargo, sentía un enorme vacío al ocultar al director cualquier pequeña información.
-Por otro lado,_ explicó Christine, que se había mantenido todo el rato observándole._ Tengo otra propuesta que hacerte._ Harry levantó la cabeza._ Puedo ver en tu corazón un sufrimiento mucho más grande que cualquiera al que te hayas enfrentado hasta la fecha y el cambio que te pido es demasiado drástico, demasiado duro y demasiado difícil como para que tú lo afrontes. Por eso voy a ofrecerte la oportunidad de aban-Usted no me conoce_ dijo Harry con frialdad dándole la espalda._ Yo no quiero volver a ver la muerte de mis padres...no puedo...
-Ya he notado que no te caigo muy bien, Potter, pero créeme, puedo ayudarte. Elijas lo que elijas, y sufras o no, te aseguro que es por tu bien.
Harry salió corriendo de la sala para no seguir escuchando las atormentadoras palabras de su profesora. La detestaba, la odiaba, no concebía como podía tener tan poca misericordia, como podía ser tan fría. Retumbándole en los oídos, los gritos de sus padres antes de morir, subió hasta la Torre de Gryffindor. Las lágrimas, contenidas hasta el momento, resbalaban ahora por sus mejillas, sin que él les pusiera oposición. ¿Por qué tenía que elegir? ¿Por qué tenía que dar clases con esa mujer? ¿Por qué tanto secreto y tanto misterio? ¿Qué era lo que ella sabía que pretendía mantener a Dumbledore al margen? Todavía, con ese sufrimiento en su pecho y esas ganas tremendas de pérdida de su persona, subió hasta su habitación, donde sus compañeros dormían plácidamente y cogió el espejo de doble sentido. Era la hora de hablar con Remus Lupin.


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N/A: Olassss. Bueno, me he pasado casi toda la noche en vela escribiendo así q espero vuestros reviews con ansiedad porq estoy tremendamente cansada...jejje, Susana, no pude evitar complacerte y actualizar muy rápida porq realmente tus teorías acerca de Chris son muy buenas y aqi tienes tu premio, porq si continuas así me vas a descubrir el pastel....ya sabes q eres la q mas cerca ha estado, jejej.
A los demás, muy agradecida por vuestro apoyo y os pago con mi rápida actualización.
Por cierto, pido disculpas porq el capi era demasiado largo y lo he tenido q publicar en dos partes.
Besos a todos/as!!!!!!!
CAPÍTULO 12: LA DECISIÓN.



Con mucha cautela para no despertar a sus compañeros, Harry encontró lo que buscaba: el espejo de doble sentido que le había regalado Sirius. Salió de puntillas de la habitación, y bajó las escaleras hasta la Sala común. No había nadie, era lo suficientemente tarde como para que todos los alumnos estuvieran en la cama.
Con cierto nerviosismo, Harry miró a ambos lados, antes de sentarse enfrente del fuego, que todavía seguía prendido. Asegurándose de no escuchar ningún sonido proveniente de las escaleras, se aclaró la garganta y dijo alto y claro:
-Remus Lupin.
Al principio no ocurrió nada. Salvo que el espejo se empañó de vaho, pero al cabo de unos instantes, una luz reveladora comenzó a brotar del interior del cristal, para dar lugar al rostro del profesor.
Se notaba que todavía estaba despierto, porque se le veían los pliegues de la túnica sobresalir por el cuello, y sus ojos estaban muy abiertos.
-¡Harry!_ dijo alarmado._ ¿Ocurre algo?
-No...bueno es que...quería hablar con usted._ Lupin lo miró ceñudo, pero esperó. Con toda la amargura del mundo y sintiéndose avergonzado, Harry le narró todo lo que había ocurrido con Snape y también que no quería seguir yendo a las clases de Christine. Se sintió especialmente incómodo al contarle como la profesora lo había llevado al recuerdo de la muerte de sus padres, y como él había presenciado la llegada de Voldemort. No le dijo nada del ultimátum que la chica le había dado ni tampoco lo que había dicho acerca de Dumbledore, porque creyó que la información que le había dado era más que suficiente y porque Christine le había pedido que no comentara nada.
No hizo falta que le explicara como se sentía, porque con la narración de los hechos, Lupin comprendió más que de sobre la opresión que debía sentir Harry en aquellos momentos, y porque su rostro, a medida que escuchaba las palabras del muchacho, se fue quedando más y más pálido.
-¡Por favor sáqueme de aquí!_ le rogó Harry al final del relato. Tenía los ojos más enrojecidos que nunca y sentía mucha vergüenza de ver como alguna lágrima que otra se le escapaba de los ojos, pero no le importaba. Necesita salir de Hogwarts, desaparecer, estar en cualquier otro lugar donde Snape y Christine no pudieran atormentarlo, donde no lo taladraran con su mirada inquisitiva._ ¡No quiero estar aquí, no puedo! ¡No logro hacer magia con normalidad y no quiero ir a esas clase de Oclumancia, y tampoco quiero ver a Snape! ¡Por favor!_ Lupin miró apenado a Harry, su rostro se tensó y su voz se quebró al hablar.
-No puedo....Harry, de verdad. Te aseguro que me gustaría librarte de este sufrimiento...pero no puedo. Tienes que estar en Hogwarts, tienes que ser fuerte..._ Harry lo miró sin poderse creer lo que oía.
-¡No quiero ser fuerte, quiero salir de aquí!_ gritó con amargura._ ¡Los odio, los odio a los dos, a Snape y a Christine y no quiero encontrármelos!_ las lágrimas le resbalaban más que nunca por el rostro y trató de enjugárselas sin éxito. Lupin suspiró y cerró los ojos, tratando de encontrar un argumento para convencer al chico.
-Entiende, Harry, tienes que acabar el colegio...tienes que reaccionar...si te sacara de Hogwarts ahora, Voldemort te encontraría...te prometo que voy a hablar con Snape, y también lo haré con Dumbledore y con Christine, pero debes prometerme que...
-Sirius no lo hubiera permitido._ susurró Harry seriamente. Y Lupin sintió una punzada de dolor en el pecho._ Sirius hubiera comprendido...ojalá estuviera aquí...ojalá..._ pero no pudo acabar la frase porque su voz terminó de quebrarse.
-Harry...
-¡No! ¡Le odio profesor Lupin, le odio!_ apretó los puños con violencia._ ¡Os odio a todos!_ y entonces rompió la comunicación lanzando el espejo contra el sillón. Le hubiera gustado que se hubiera roto, escuchar el sonido del cristal quebrado, pero a la vez, temió por él. Era lo último que Sirius le había dado. Tapándose un poco más con la capa de su padrino, se acurrucó en una esquina del sofá y pasados unos segundos, se quedó profundamente dormido.


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Era una noche algo más fría de lo que habían sido las anteriores. Estaba por finalizar el verano, y cada vez más, el viento soplaba con mayor intensidad y calaba hasta los huesos a todo aquel que permanecía despierto. La luna estaba muy alta en el cielo, no era llena, pero aún así, era lo que con mayor intensidad, iluminaba el despacho del director.
Allí era donde se encontraba Albus Dumbledore en aquellos momentos, acompañado por uno de sus profesores: Snape. Éste último iba a tener que marcharse en breve, para seguir con su “trabajo” fuera del colegio.
Estaban los dos bastante callados, no es que hablaran habitualmente de mucho, pero ambos tenían cosas preocupantes en las que pensar y el silencio se adueñaba de la habitación.
Se escuchó un sonido proveniente de la chimenea. Ambos miraron en su dirección, a tiempo de ver como un hombre de mediana edad, con el pelo entrecano y los ojos castaños, se sacudía el hollín de su túnica raída.
-¿Remus...qué...?_ el director miró fijamente al recién llegado. No comprendía que hacía allí cuando debería estar de guardia, en el cuartel de la Orden del Fénix.
Sin ofrecer explicación alguna de su intrusión, Lupin avanzó por el despacho hasta que estuvo cara a cara con el profesor de Pociones, ambos se miraron inquisitivamente durante unos instantes y después Lupin apoyó ambas manos con furia sobre el escritorio y preguntó con el rostro muy serio.
-¿Por qué? ¿Por qué le dijiste a Harry que había sido el responsable de la muerte de Sirius?_ Snape enseñó los dientes con odio a Lupin y Dumbledore esperó su reacción. Comenzaba a entender lo que había ocurrido._ ¿Por qué?_ repitió Lupin.
-No tienes nada que reclamarme._ bramó Snape con una voz peligrosa. Y se levantó. Era bastante más bajito que Lupin, lo cual el cambio no supuso mucha diferencia.
-¡Severus...!_ Lupin iba a gritar, pero trató de contenerse y guardar la calma. Se estaba consumiendo por dentro, todavía le dolían las palabras que acababa de decirle el muchacho._ Sabes perfectamente que Harry no tiene la culpa de que Sirius haya muerto.
-¡No te acerques a mí, Lupin!_ amenazó Snape sacando de su túnica la varita. Dumbledore se puso en pie, pero no intervino._ ¡Me es indiferente lo que Potter...!
-¡Estúpido!_ gritó Lupin, los ojos le brillaban de furia._ ¿No te das cuenta de lo que has hecho? ¡Has estado a punto de hacer que Harry abandone el colegio y eso lo llevaría directamente a la muerte!_ levantó la mano en señal de amenaza.,_ Te lo advierto, una sola palabra, una más acerca de Sirius o de James y te vas a arrepentir, Severus.
-¿De veras?_ se burló Snape._ Así que el bueno de Lupin por fin saca su parte fiera. Cuidado...no sea que el licántropo que llevas dentro se apodere de tu personalidad.
Lupin entornó los ojos y éstos brillaron intensamente. Si no hubiera sido un hombre tan tranquilo seguramente hubiese arremetido contra Snape.
-Imbécil..._ susurró._ ¿Vale la pena hacer sufrir a un niño por una pelea de colegiales? Sirius y James ya están muertos, ya han pagado con creces sus errores, deja que Harry viva en paz...no lo atormentes, no te acerques a él, no empañes el recuerdo de su familia con tus rencores...apártate de su camino, ya está sufriendo bastante..._ pero el rostro de Snape era de total crueldad, no había ni un atisbo de compasión en su mirada, miraba con un odio intenso al hombre que tenía enfrente, como si quisiera cogerlo por el cuello y estrangularlo.
-Potter es tan arrogante como su padre...así que, él solo se busca los problemas, no me hace falta meter a James en esto...
-Él no merece tu rencor...
-¡Me es indiferente! ¡Ese crío idiota trató de culparme de la muerte de Black, cuando yo le salvé su pellejo!_ bramó Snape, cada vez levantaba más su varita.
-¡Dejaste de enseñarle Oclumancia!
-¡A Black lo mató su arrogancia!_ escupió Snape desencajado._ Se merecía lo que le ocurrió, igual que a Potter...
-¡Sirius era una buena persona! No te atrevas empañar su memoria o la de James en mi presencia, ¿has entendido?
-¿O qué?
-¡O la próxima vez seré yo el que acabe el trabajo que Voldemort dejó a medias cuando trató de averiguar si tú eras el traidor!_ informó Lupin, también él había sacado su varita.
-¿Vas a matarme, Lupin?_ preguntó Snape irónicamente._ ¿Por qué no lo intentas?
-¿Me estás retando?_ gritó Lupin. Su rostro y el de Snape estaban apenas a un palmo de distancia._ ¡No juegues conmigo, Snape!
-¡Esto no es un juego, licántropo! ¡Te aseguro que si de mi dependiera ya estarías muerto de la mano de los dementores!_ Lupin levantó la varita, en el momento en el que Dumbledore levantó la mano para tratar de detenerlos, pero fue Christine, que se apareció en medio de los dos, la que sostuvo el brazo del profesor.
-¡Basta, basta los dos!_ gritó Dumbledore._ Os estáis comportando como adolescentes.
-¡Estás advertido Snape!_ dijo Lupin deshaciéndose de la mano con la que Christine lo había sujetado._ Una sola vez que te acerques a Harry y le hagas daño y te mataré._ Snape hizo una mueca de odio y se dio la vuelta, para salir del despacho dando un portazo.
Una vez se fue, Christine soltó a Lupin y éste dio un largo y pronunciado suspiro para pasarse la mano por la cara.
-¿Qué es lo que ha ocurrido aquí?_ preguntó la mujer acercándose hacia Dumbledore, que también parecía aliviado.
-Solo una charla entre viejos compañeros de colegio_ comentó Lupin sarcásticamente.
-Lamento lo que ha ocurrido, Remus._ dijo Dumbledore.
-No, la culpa es mía. Estoy...estoy muy alterado últimamente...no sé lo que me pasa. No debí perder los estribos de ese modo...lo siento.
-Hablaré con él, te lo aseguro._ le tranquilizó el director._ No imaginaba que Harry y él tendrían una discusión de tal intensidad cuando le pedí que lo aceptara en sus clases.
-Harry me llamó por el espejo de doble sentido_ explicó Lupin dejándose caer en la silla._ Estaba realmente desesperado.
-La culpa también en mía._ confesó Christine fríamente._ Tuvo una experiencia desagradable en la primera clase de Oclumancia.
-Lo sé, me lo ha contado. También vine a hablar contigo. No debiste permitir que viera la noche en la que murieron Lily y James.
-¿Eso ocurrió?_ inquirió el director acariciándose su larga barba plateada. Christine suspiró y se apoyó en el respaldo de la silla.
-Te lo advertí, Dumbledore. Te advertí que iba a ser demasiado duro para él.
-Yo creo que lo ha puesto más nervioso la clase con Snape._ opinó el director restándole importancia a lo que acababa de decir su profesora._ Es la muerte de Sirius Black lo que lo atormenta...
-Lo siento._ repuso la chica bruscamente._ pero es mi método de enseñar. Si no aprende a superar sus temores, no podré enseñarle Oclumancia.
-Iré a verle._ dijo Lupin levantándose._ Trataré de tranquilizarlo, no te prometo nada, Dumbledore.
-Me basta con que duerma tranquilo esta noche...quizás..._ se acercó hacia uno de los armarios y sacó un frasco con un líquido incoloro._ que se tome esto, es una poción para dormir sin soñar. Le hará bien._ Lupin la cogió y tras emitir otro largo suspiró, se encaminó hacia la torre de Gryffindor.
Caminó en silencio por los pasillos, rememorando sus años estudiantiles y su corta etapa como profesor. Jamás se había alterado tanto con alguien como lo acababa de hacer con Snape. O quizás sí, con Umbridge, cuando se enteró de su ley contra los licántropos, pero solo Sirius lo había visto despotricar en su contra, y ahora Sirius estaba muerto.
Estaba pensando lo que le diría a Harry cuando llegó frente al retrato de la Dama Gorda, cuando se dio cuenta de que no sabía la contraseña. Se quedó parado sin saber que hacer, conocía de sobras el retrato como para saber que no le dejaría pasar sin una respuesta.
Ya estaba dándose la vuelta para dirigirse de nuevo al despacho del director a preguntarle, cuando la luz de un resplandor lo iluminó, y Christine se apareció ante él.
-Odio cuando haces eso._ sonrió Lupin.
-Ya deberías haberte acostumbrado._ y por primera vez, algo parecido a una sonrisa sincera apareció en el rostro de Christine._ Vine a decirte la contraseña._ se acercó al retrato y susurró: “Esperanza”.
La Dama Gorda hizo una leve inclinación y se hizo a un lado.
-Me sorprendes._ fue lo único que acertó a decir Lupin mientras seguía a la profesora dentro de la sala común.
Inspeccionaron de un lado a otro por si había gente, pero eran conscientes de lo tarde que era, y a pesar de ello, el fuego seguía encendido. Cuando Lupin se acercó para apagarlo con su varita, se encontró con Harry dormido en el sofá y con el espejo de doble sentido tirado en suelo.
Se agachó con mucha cautela para no despertar al muchacho y lo recogió. Recordaba muy bien ese espejo, James lo había comprado en Hogsmade y él y Sirius siempre lo utilizaban para comunicarse durante los castigos. Una sonrisa se asomó por el rostro del hombre.
Se sentó despacio en el sofá, al lado de Harry y lo observó con detenimiento. El muchacho tenía signos visibles en la cara de que había estado llorando y parecía tener un mal sueño porque murmuraba cosas y apretaba los ojos.
“No...no...déjame acercarme...Sirius...Sirius está vivo...déjame cogerlo, está ahí...está muy cerca, lo ayudaré a levantarse...Sirius”
Lupin apretó los puños impotente. Christine, que también había oído a Harry murmurar en sueños, se acercó a ellos y le puso una mano en el hombro a su amigo.
-Lo lamento.
-Yo también, pero más por él que por nadie._ susurró el profesor y le acarició la cara con suavidad al muchacho.
-Será mejor que se tome la poción._ propuso Christine.
-No quiero despertarlo...es mejor que logre dormir un poco...si lo despierto, puede que no pueda impedir que se venga conmigo...
-Así no está descansando._ insistió Christine y con la varita conjuró una jeringuilla y se la tendió a Lupin._ Inyéctasela en el brazo y no tendrás que despertarlo.
-Buena idea._ sonrió Lupin y la cogió. Absorbió con la aguja el contenido del frasco de la poción y luego, lentamente y con mucho cuidado de no hacerle daño, le introdujo el líquido con la jeringa a Harry.
El chico hizo un gesto de dolor con el rostro, pero no se despertó. Y poco a poco, acompasando la respiración, dejó de hablar en sueños y se tranquilizó.
-Creo que la poción ha hecho efecto._ susurró Christine. Lupin asintió y sacó su varita.
-¡Mobilicorpus!_ murmuró y el cuerpo de Harry comenzó a flotar en el aire por arte de magia. Lupin lo guió hasta la habitación de Sexto año y lo dejó caer en su cama, con el mayor silencio posible, para no despertar a los otros chicos.
-Descansa Harry...algún día podremos ser felices...te lo prometo._ y tras colocar el espejo de doble sentido sobre su almohada, se marchó escaleras abajo.


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Harry fue el primero en despertarse el sábado por la mañana. Era evidente que estaban en fin de semana porque sus compañeros roncaban en las camas continuas a la suya, sin la menor intención de levantarse.
A su izquierda y apoyado sobre la almohada, se encontraba el espejo de doble sentido que le había regalado Sirius.
Hizo un esfuerzo por recordar cómo había llegado hasta allí. Lo último que recordaba era haberse quedado dormido en sala común, con el espejo tirado por el suelo, y sin embargo, se encontraba cómodamente arropado en su cama.
Tratando de no despertar a sus compañeros, se vistió con unos jeans y una camiseta de manga corta y bajó al Gran Comedor a desayunar.
Aquel día fue, por encima de todo, el más feliz que Harry pasó en toda la semana. Por la mañana, después del desayuno, Ginny le rogó a él y a su hermano que la acompañaran al campo de quidditch para practicar un rato, puesto que al día siguiente eran las pruebas de cazadores para el equipo y ella tenía muchas esperanzas de entrar.
Sin oponer resistencia, puesto que ellos también deseaban montar en sus escobas, se dirigieron al campo de quidditch.
-Tenemos un montón de deberes..._ protestó Hermione siguiéndoles a paso ligero._ No os dará tiempo a...
Pero, para sorpresa de Harry y Ron, Ginny convenció a Hermione de que usara una de las escobas del colegio y se divirtiera un rato con ellos. La verdad era que Hermione era un caso perdido encima de una escoba. Lograba volar sin riesgo de caída, pero ella tenía claro que todo lo que no se pudiese realizar con la ayuda de un libro, no servía para nada.
Harry no sabía que había sido lo mejor de la mañana. Si volver a sentir en la cara el aire al volar con la Saeta, la rapidez con la que Ginny volaba en la Flecha Plateada, una parada espectacular que Ron realizó, cuando Hermione y Ron chocaron a un par de metros de altura y ambos cayeron al suelo riéndose por la torpeza de la chica encima de la escoba o cuando Ginny le marcó un gol espectacular a su hermano.
El caso era que, entre risas y demostraciones de calidad, Harry había logrado olvidar sus problemas durante un rato y cuando después de comer, se sentaron en la sala común a realizar los deberes, ni siquiera la redacción que le tenía que entregar a Snape, pudo enturbiar ese sentimiento de júbilo.
Por primera vez, entendía a la perfección las palabras que Ginny le había dicho aquella noche en la sala común, y hubiera jurado de todas todas, que si Voldemort no existiera, él habría podido ser completamente feliz.
Pero hubo algo mucho más grande que animó completamente a Harry. Aquella tarde, a las siete en punto, habían quedado para reunirse en la Sala de los Menesteres y celebrar una reunión para acordar lo de las clases del ED.
Con algo de resignación, Harry se vio arrastrado hacia los pasillos por sus amigos. Llegaron los primeros, pero poco después, la habitación de fue llenando de gente. La noticia se había extendido rápidamente por entre los antiguos miembros y todos, menos Marietta, la amiga chivata de Cho Chang, se encontraban allí. Pero no fueron los únicos, Euan Abercrombie y Rose Zeller, dos alumnos de segundo y Morag MacDougal una chica de su edad de Ravencraw también parecían interesados en estar allí.
Harry se sentó en uno de los cojines, rememorando la última vez que había estado ahí, el día anterior con Christine, y esperó a que Hermione comenzara a hablar.
-Bueno...hola a todos..._ saludó Hermione un poco cohibida._ Algunos de los que estáis aquí, pensasteis en la posibilidad de que volviéramos a instaurar el ED, ¿es correcto?_ hubo un murmullo de asentimiento por parte de la mayoría y aquello animó a Hermione._ Bien, pues por eso estamos aquí..._ dirigió la mirada a los nuevos componentes._ Para los nuevos...supongo que si habéis venido es porque os han explicado un poco de que va esto...
-Yo escuché la conversación en el Gran Comedor._ intervino Euan Abercrombie con mucha soltura._ Soy de Gryffindor, de segundo año._ aclaró._ Y a mí me gustaría estar preparado para lo que pueda ocurrir con quién-vosotros-sabéis.
-A mí me lo dijo Cho_ susurró tímidamente Morag MacDougal. Harry ya la había visto en alguna de sus clases._ Yo también quiero aprender.
-Y yo._ dijo la última nueva integrante._ me llamo Rose Zeller, y también soy de segundo, de Hufflepuff. Euan es muy amigo mío, él me lo comentó.
-Bien..._ continuó Hermione._ Pero primero tenéis que hacer la promesa de que esto no saldrá de aquí. Ningún profesor ni ninguno de vuestros amigos puede saberlo, ¿de acuerdo? Si aceptáis...tenéis que firmar aquí._ Hermione había recompuesto la lista que Umbridge había cogido de la Sala de los Menesteres el año pasado y con la que había estado a punto de expulsar a Harry. Los alumnos nuevos firmaron inmediatamente y el pergamino se fue pasando de unos a otros para que todos pudieran firmar._ Ahora...yo creo que Harry debería...
Harry se puso en pie y tras mirar a Hermione suspiró.
-Escuchad...algunos ya conocéis mi opinión..._ se dirigió especialmente a Ginny y a algunos Hufflepuff._ Pienso que este curso tenemos una profesora de Defensa eficiente y que no tenemos la necesidad de...
-¿Intentas escabullirte?_ preguntó alzando la ceja Zacharias Smith. Nunca había estado muy de acuerdo con Harry.
-¡Harry no ha dicho eso!_ protestó Ginny._ Déjale que se explique._ Smith se cruzó de brazos y se mordió el labio inferior algo molesto.
-Solo os estoy concienciando..._ continuó Harry._ después de la experiencia que tuvimos el año pasado...no sé si es buena idea, la verdad.
-Las clases nos ayudaron mucho, Harry._ dijo Neville con determinación.
-Sí,_ corroboró Terry Bott._ Yo aprobé mi TIMO de Defensa Contra Las Artes Oscuras con Extraordinario. En la vida había sacado tan buenas notas, aún recuerdo la cara que puso Umbridge cuando me vio realizar a la perfección un escudo protector._ la mayoría rieron, incluidos Harry, que nada le hacía más feliz en aquellos momentos que recordar a la profesora Umbridge ensanchando su sonrisa falsa.
-Sí, ya sé que os ayudaron._ dijo Harry pacientemente._ Pero este curso...no os harán falta, tenemos a la profesora Byrne y...hay muchos exámenes...
-¿Qué tratas de decirnos, Harry?_ preguntó Hannah algo decepcionada._ ¿Es qué no quieres darnos clase, es eso? ¿Te molesta hacerlo?_ Harry suspiró.
-No, por supuesto que no._ sonrió amargamente._ De verdad que me alegro que las clases del ED os ayudaran en el TIMO, es solo que no sé si soy la persona adecuada para enseñaros.
-¿Y porqué no ibas a serlo?_ se extrañó Cho._ Después de todas las cosas que has hecho, Harry...volviste a sobrevivir en Junio..._ a Harry le dio un vuelco el estómago, y tal vez Cho lo notara, porque se detuvo en seco.
-Y por fin todos los idiotas del Ministerio se enteraron de la vuelta de quién-tú-sabes._ concluyó por ella Ernie Macmillan. La mirada de Harry se entristeció. Hubiera pagado todo el oro de su cámara de Gringotts porque el ministerio siguiera sin enterarse de nada y a cambio que él nunca hubiera ido al Departamento de Misterios.
-Nos haces falta, Harry..._ susurró Ginny que pareció entender lo que le rondaba al muchacho por la cabeza._ ¿Es qué no te das cuenta? Si no hubiera sido por ti...jamás habríamos salido vivos del ministerio de magia._ algunos, entre ellos Smith, aguzaron los oídos interesados. Ninguno de los que había ido al Departamento de Misterios esa noche había querido contar nada detalladamente y lo que sabían, era gracias al diario El Profeta.
-Necesitamos que nos ayudes a saber como es Quién-tú-sabes._ apoyó Ron a su hermana._ hubo unos instantes de silencio. Los ojos de los chicos eran de total súplica, pero Harry no parecía estar convencido del todo.
-Harry,_ era Susan Bones la que había hablado._ Mi padre...mi padre murió en la lucha contra Quién-tú-sabes, yo era un bebé y no lo recuerdo._ Harry recordó la vieja fotografía de la antigua Orden del Fénix que Moody le había enseñado. Edgar Bones debía de ser el padre de Susan. De nuevo, las tripas se le revolvieron._ Pero mi madre siempre me hablaba mucho de él. Me decía que no podíamos olvidarle en un cajón, que había que hablar y contar a los demás que él había muerto defendiendo una causa justa, defendiendo nuestras vidas. Mi tía, Amelia Bones, estaba muy unida a él y creo que no se lo perdonó. Durante años se encerró en sí misma tratando de comprender...tratando de encontrar una explicación a su muerte. Y la encontró, al crecer comprendió por lo que mi padre había luchado y fue cuando decidió hacer algo ella también. Y yo quiero seguir sus pasos, Harry, los pasos de mi padre. Quiero estar preparada, quiero poder defender la causa y si alguna vez mi vida o la de mis seres queridos está en peligro, poder protegerla. Y el único que puedes enseñarme a eso, eres tú._ Las palabras de Susan no solo conmovieron a Harry, sino también a todos los presentes. Pero ella no fue la única que habló.
-Mis padres están en San Mungo por culpa de las torturas de los Mortífagos._ confesó Neville y Harry se sorprendió mucho. Hasta ahora, Neville nunca había hablado con nadie acerca de sus padres._ Ellos también lucharon por esa causa que dice Susan y los Lestrange los torturaron_ se notaba que su voz se quebraba por momentos, pero se alzó de valor para continuar._ Y yo también quiero poder defenderme, quiero capturar a los mortífagos que fueron los causantes de esto, no quiero que ningún niño más crezca sin sus padres.
-Mi prima fue asesinada hace poco en el ataque al Callejón Diagon._ confesó Anthony Goldstein con amargura._ Y yo también quiero defender su muerte.
-Yo jamás habría hecho un Patronus sin tu ayuda, Harry._ dijo Cho sonriendo abiertamente._ Déjame que yo también luche.
-Y yo no podía ni ejecutar un Encantamiento de desarme._ dijo Dennis Creevey con entusiasmo.
-Por favor, ayúdanos, Harry._ rogó Ginny. Y sintiéndose más querido de lo que jamás se había sentido, Harry asintió con una gran sonrisa en los labios. Estaban en guerra sí, eran jóvenes sí, pero estaban dispuestos a luchar.
Quedaron en reunirse el miércoles a las ocho de la tarde, porque era la única noche hasta entonces, que ningún entrenamiento de quidditch coincidía. Harry sabía que no iban a poder llevar un horario fijo, pero eso no le importaba. Sabía, como había ocurrido el curso pasado, que si algún alumno de Slytherin les estaba espiando, no le sería fácil descubrir que se reunían allí. Hermione volvió a realizar el conjuro con los galeones falsos para que Harry pudiera marcar la hora y la fecha de cada reunión, y los nuevos también se maravillaron de la inteligencia de la chica.
Aquella noche, por primera vez desde su primer encuentro en el vestíbulo, Harry se encontró cara a cara con Malfoy, Crabbe y Goyle a la salida del gran comedor.
-¿Potter cuáles son las flores que más te gustan? Es para mandártelas a la tumba..._ le dijo el chico. Era evidente que había estado buscando el momento propicio en el que nadie los viera.
-¡Te voy a ...!_ Harry y Hermione tuvieron que hacer grandes esfuerzos para sujetar a Ron, porque estaba dispuesto a partirle la cara a Malfoy. Crabbe y Goyle enseñaron sus puños, dando a entender que estaban dispuestos a intervenir si la cosa requería de fuerza.
-¡Mejor cierra la bocaza Weasley!_ dijo Malfoy arrastrando las palabras._ Tarde o temprano alguno de los vuestros caerá...el Señor Oscuro se encargará de eso._ Luego miró a Hermione con una mueca de desagrado._ Y los Sangre Sucia serán los primeros. Ya has visto, Granger, los muggles están muriendo y los mortífagos siempre van a en busca de vosotros...están a atentos, tarde o temprano...
-Si así fuera, señor Malfoy._ dijo una voz congelante detrás de ellos._ No debería decirlo con tanta soltura. La próxima vez, podría ser un funcionario del ministerio quién lo escuchara y entonces podrían relacionarlo con Voldemort. Le aseguró que no es nada agradable ser encerrado en Azkaban._ Malfoy, Crabbe y Goyle palidecieron al encontrarse, apoyada sobre la pared, a Christine. Ella simplemente les sonrió y se acercó._ Estese atento, señor Malfoy, porque voy a vigilarlo muy de cerca..._ Malfoy y sus amigos se mordieron el labio inferior y tras echar una mirada preventiva a Harry, Ron y Hermione, se marcharon sin decir una sola palabra. Christine esperó a que se perdieran de vista para volver a hablar._ ¿Estáis bien?_ preguntó escuetamente.
-Solo han sido amenazas verbales,_ contestó Ron, pero se veía claramente preocupado por lo que acababa de ocurrir. Y Harry también lo estaba, ya era la segunda vez que Malfoy lo prevenía acerca de sus amigos._ Entonces...mejor marchaos a la sala común. Ya es algo tarde._ añadió la profesora, y tras mirar claramente a los ojos a Harry, se introdujo de nuevo en el Gran Comedor.

Las palabras que habían dicho los miembros del ED aumentaron las ganas de Harry por enseñarles, después de lo que acababa de ocurrir con Malfoy. A pesar de todo, pudo dormir con bastante normalidad, sin ningún sueño aparente, cosa que no le ocurrió a Ron.
Hermione por su parte, también se mostró algo inquieta. La guerra era contra los muggles y los Sangre Sucia y Malfoy parecía haberla decantado como una próxima víctima. Antes de acostarse, rogó a Harry una vez más que le enseñará el encantamiento más fuerte que pudiera realizar, porque deseaba lanzárselo a Malfoy a la cara, en cuanto viera signos visibles de agresión.
El domingo fue un día mucho menos tranquilo. Era evidente que se realizaban las pruebas de quidditch para el equipo de Gryffindor, y que los que pensaban ir a realizarlas, estaban muy nerviosos. Harry recordó a los integrantes del equipo que no debían faltar a las seis de la tarde a su cita, puesto que entre todos debían elegir los dos puestos libres que quedaban, como cazadores. Ginny estaba bastante más nerviosa de lo que Harry habría deseado. Él la había visto volar el día anterior y también en otras ocasiones y estaba seguro de que sería una de las dos cazadoras, pero esperaba que la chica no se pareciese a Ron a la hora de meter la pata al ser vista por más gente.
Colin Creevey, que era otro de los que se iba a presentar, había estado toda la mañana leyendo un libro sobre Quidditch, que había cogido de la biblioteca. Harry, coincidía con Ron, que por mucho que Colin leyese, iba a dar el mismo resultado que cuando Hermione lo había intentado, un libro nunca le podría hacer volar mejor.
Así pues, algo inquieto porque era su primera prueba como capitán, Harry y el resto de los componentes del equipo, salieron al campo de quidditch cinco minutos antes de las seis de la tarde.
Por supuesto, las gradas estaban vacías. Harry había hablado con la profesora McGonagall y le había solicitado total intimidad para que pudiera escoger con calma a los nuevos integrantes y evitar abucheos de las demás casas. Principalmente, la de Slytherin. La profesora había estado totalmente de acuerdo.
En el centro del campo, habían ocho personas dispuestas a hacer la prueba. Harry, seguido de sus compañeros de equipo, se acercó a ellos, se aclaró la garganta y comenzó:
-Bueno...buenas tardes a todos. Como sabéis, vamos a escoger a dos de vosotros para ocupar el puesto de cazadores dentro del equipo. Primero, advertir a todo el que esté aquí que, cualquier actividad que ponga en peligro los entrenamientos o los partidos, no será permitida para los integrantes._ Vicky Frobisher, que ya se había presentado el año pasado a las pruebas de guardián y otra chica, que debía de ser su mejor amiga, se marcharon algo cabizbajas del campo. Era evidente que con el cambio de capitán, habían esperado que pudieran compaginar el quidditch con otras de sus actividades.
-Bien,_ prosiguió Harry cuando las vio marchar._ Lo segundo, deciros que espero de vosotros trabajo y responsabilidad. Gryffindor tiene en su poder la copa de quidditch desde hace tres años, y la profesora McGonagall ya me advirtió que no tiene ningún deseo de entregársela a otro profesor._ hizo una pausa y respiró hondo. Se sentía azorado dando instrucciones a los demás, pero se sorprendía del caso que le llegaban a hacer._ Y ahora sí, mejor empezamos. Ron, se pondrá de guardián en los tres aros, vosotros tendréis que lanzar la quaffle y tratar de marcar, pero no será sencillo. Alicia estará enfrente vuestro para tratar de arrebatárosla y Jack y Andrew, los golpeadores, tratarán de lanzar las bludgers contra vosotros para ver si tenéis reflejos para esquivarlas. Vuestro objetivo es deshaceros del marcaje de Alicia sin que ninguna bludger os alcance y tratar de batir a Ron, ¿alguna pregunta?
-Sí,_ alzó la mano un chico de gafas y con el pelo castaño y rizado._ ¿Cuántos intentos tendremos para hacerlo?
-Solo uno._ respondió Harry tajantemente.
-¿Sólo uno?_ algún que otro protestó.
-Sí,_ dijo Harry seriamente._ Si de verdad valéis para el puesto, lograréis demostrarlo a la primera._ y se dio la vuelta hacia el resto del equipo._ ¿Preparados chicos?
Harry se subió en su Saeta de Fuego para observar mejor a los jugadores. Ron se marchó a los aros, Jack Sloper y Andrew Kirke soltaron las bludgers y se elevaron en el aire, con sus bates preparados. Alicia también se elevó.
-¡Colin Creevey!_ gritó Harry. Tenía una lista en la mano, con los nombres de los jugadores. Acababa de tachar a los dos chicas que se habían ido y ahora comenzó a llamar al primero de la lista.
Colin se elevó en su escoba con algo de nerviosismo. Harry le tiró la quaffle e hizo sonar el silbato que llevaba colgado al cuello. Colin se lanzó hacia donde estaba Ron, seguidamente, Jack golpeó una de las bludgers que pudo alcanzar, contra él. Con algo de dificultad, Colin la esquivó, pero entonces Alicia le salió al paso y mientras el chico miraba la otra bludger para tratar de esquivarla, Alicia le arrebató la quaffle. Harry hizo sonar el silbato.
-¡Bien, Colin! ¡Siguiente! ¡Euan Abercrombie!
El muchacho de segundo que había asistido a la reunión del ED subió con gran brío, montado en su escoba. Harry también le lanzó la quaffle y el muchacho se dirigió hacia los aros. Lo hizo muy bien, esquivó con gracia las bludgers que le enviaron los golpeadores, e hizo un par de piruetas en el aire. Alicia estuvo a punto de quitarle la quaffle, pero ambos volaron forcejeando hasta los aros de Ron y Euan lanzó con mucha fuerza y batió a Ron sin que éste pudiera hacer nada.
Harry le felicitó y después llamó al siguiente de la lista. Geoffrey Hooper, que también se había presentado a las pruebas el año anterior, voló bastante bien, pero no fue capaz de esquivar las bludgers, que por poco lo derribaron de la escoba. El chico de gafas que había preguntado a Harry las oportunidades que tendrían, lo hizo también muy bien, sin contar que su escoba, una Barredora de las más antiguas, volaba dando trompicones. El quinto muchacho fue para morirse de risa. Parecía tener bastante miedo de las bludgers y miraba constantemente hacia ellas, lo que provocó, que a los dos metros de haber avanzado, Alicia le robara la quaffle sin ni ningún problema.
La última en probarse fue Ginny Weasley. Harry le sonrió para alentarla antes de que empezara y ella se sonrojó levemente. Lo hizo muy bien, esquivó las bludgers con facilidad, regateó a Alicia y batió a Ron sin dificultad.
-¡Muy bien!_ gritó Harry cuando la felicitó, bajando hacia el terreno de juego y dirigiéndose a todos._ Dejadnos que lo comentemos durante un momento y ahora os diremos quiénes serán los dos nuevos integrantes.
Los jugadores asintieron algo nerviosos. Ginny se mordía las uñas ansiosa.
Harry y los demás integrantes del equipo, se alejaron unos metros para poder discutirlo.
-Yo lo tengo bastante claro, a ver que me decís vosotros._ dijo Harry mirando de reojo hacia encentro del campo, donde aguardaban los chicos.
-Para mí, Ginny fue la que mejor voló._ dijo Alicia muy convencida.
-Sí, Ginny lo hizo muy bien._ corroboró Andrew._ Además batió hasta a su propio hermano._ Ron miró amenazadoramente a Andrew y las orejas se le pusieron coloradas.
-Y además es una Weasley. Lo lleva en la sangre, como decía Angelina._ volvió a decir Alicia.
-Sí, yo también estoy de acuerdo en que Ginny debería de ser una de las integrantes nuevas._ aprobó Harry._ Ya estuvo en el equipo el año pasado y los nervios no la estropearán. Conoce como jugamos y nuestras tácticas, ¿estáis vosotros de acuerdo, Ron, Jack?_ Los dos asintieron convencidos._ ¡Estupendo! Entonces....ahora, el otro cazador.
-Euan lo hizo muy bien_ opinó Sloper.
-A mí también me ha gustado._ corroboró Kirke.
-Pero también lo hizo bien...aquel chaval de gafas que te preguntó, Harry.
-Sí,_ confirmó Harry._ Los dos lo hicieron bastante bien, sin embargo....yo me quedo con Euan. Creo que tiene más fuerza y habilidad y la escoba del otro chico es un asco.
-En eso tienes razón,_ corroboró Ron.
-¡Entonces Euan!_ dijeron los demás, al unísono.
Harry y sus compañeros de equipo regresaron al centro del campo, para dar la noticia. Ginny se puso muy contenta y abrazó a su hermano, para hacerlo después con Harry, lo que sorprendió mucho al chico. Euan también se puso muy contentó y juró y perjuró que iba a trabajar mucho, para que sus antecesoras se sintieran orgullosas del nuevo equipo de Gryffindor. Los demás se fueron algo abatidos, pero felicitaron con deportividad a los nuevos jugadores.
Mientras en la Sala común se armaba un revuelo de muerte, con la fiesta que habían preparado, Harry fue a informar a la profesora McGonagall de los nuevos jugadores. Ella estuvo conforme, alegando que confiaba en el buen criterio de su capitán y que esperaba que volvieran a ganar la copa de quidditch.
Mientras regresaba a torre de Gryffindor, Harry volvió a toparse con Malfoy, Crabbe y Goyle, para su desgracia. Afortunadamente, Malfoy no podía amenazarle delante de muchos estudiantes que caminaban sin detenerse por los pasillos.
-Así que otra Weasley en el equipo...estaba claro que iba a estar allí por enchufe...
-¡Ginny es una gran jugadora y si la hemos elegido es porque se lo merece, Malfoy!_ gritó Harry enfadado._ Nosotros no compramos puestos en el equipo._ pero para su sorpresa, Malfoy sonrió maliciosamente.
-Me da la sensación de que al final la joven Weasley ha conseguido que su héroe se enamore de ella._ Harry apretó los puños, tratando de contenerse para no pegarle otro puñetazo a Malfoy. El slytherin arrugó la frente y susurró más bajo._ Cuidado...Potter, porque ella podría ser el siguiente objetivo...es bueno saber quiénes están más próximos a ti..._ Harry no pudo aguantar más y agarró a Malfoy por las solapas. En ese momento, viendo el barullo, algunos estudiantes se acercaron hacia allí. Neville sujetó a Harry con fuerza para que no se acercara más, mientras que otros alumnos cogían a Malfoy y trataban de separarlos.
-¡Te lo advierto Malfoy, tócale un pelo, uno solo y serás pasto para los leones! ¿Has entendido?_ gritó Harry.
-¡Estás advertido Potter! ¡Acércate a ella y no volverá a ver la luz del sol! ¡No vamos a dejar que seas feliz, Potter!_ Malfoy parecía estar riéndose interiormente. Y en ese momento, llegó la única persona que podía empeorar las cosas, el profesor Snape.
-¿Qué está pasando aquí?_ gritó, abriéndose paso entre los estudiantes. Vio a Harry todavía tratando de zafarse de Neville para atrapar a Malfoy._ ¡Diez puntos menos para Gryffindor!_ susurró maliciosamente._ Y quizás otro castigo le recordaría bien las cosas, Potter.
-¡No fue él, profesor!_ intervino Neville muy enfadado. Hacía grandes esfuerzos por retener a Harry._ Malfoy lo estaba amenazando...
-¡Cierra la boca, Longbotton!_ gritó Snape hecho una furia.
-¡Pero es verdad!_ protestó otro chico de Ravencraw._ La culpa es...
-¡Otros diez puntos menos para Gryffindor, Longbotton, y también para Ravencraw, Macarnie!_ rugió Snape._ Y una palabra más y limpiaréis las mazmorras hasta la saciedad. ¡Ahora todos a sus salas comunes! ¡Ahora! ¡Potter, mañana después de las clases ven a mi despacho!_ y tras coger del brazo a Malfoy y arrastrarlo hacia las mazmorras, se marchó.
Poco a poco los alumnos fueron despejando el pasillo, algunos maldiciendo a Snape y otros mirando a Harry con curiosidad. Neville lo soltó y Harry golpeó la pared con el puño, muy furioso, respiraba agitadamente.
-No le hagas caso a Snape, Harry. Ya sabes como es...
-¡No es eso lo que me preocupa, Neville!_ protestó el chico mirando a ambos lados, viendo como sus compañeros se marchaban. Y sin añadir nada más, se dirigió furioso hacia la torre de Gryffindor, seguido de cerca por su compañero.



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El enfado de la pelea con Malfoy, le duró a Harry toda la noche y parte del día del lunes. Había subido directamente a dormir, sin disfrutar de la fiesta que había en la Sala común. Ron había tratado de preguntarle durante toda la mañana que era lo que le pasaba, pero Harry únicamente le había contado que Snape lo había vuelto a castigar.
-¿Otra vez?_ gritó disgustado su amigo._ ¡Deberías protestar a McGonagal!
-Sí, claro, como si ella tuviera alguna influencia sobre Snape._ masculló entre dientes.
No fue un día demasiado agradable. Las veces que Malfoy se cruzó con él le saludó con una sonrisa malévola en la cara y esto no facilitó las cosas. La profesora McGonagal volvió a reprenderle por no lograr realizar el Encantamiento silenciador, del que ya se habían examinado el curso pasado, alegando ante la clase que Harry no había abierto un libro en todo el verano, aunque a la salida volvió a regañarlo por no poner de su parte para arreglar su pequeño problema con la magia.
Pero cuando llegó la hora de la cena y Harry volvió a dirigirse a su castigo sin probar bocado, pese a las insistencias de Hermione, no tuvo tiempo de pensar en lo enfadado que se sentía.
Snape, le obligó a limpiar todos los armarios de la clase, que estaban repletos de tarros con animales muertos o líquidos espesos de apariencia asquerosa y luego fregar la mazmorra de nuevo.
El profesor parecía disfrutar mucho viendo a Harry trabajar como su sirviente personal y trató de mortificarlo como en la otra ocasión. Pero Harry tenía tantas cosas en la cabeza, y todas referidas a su cita con Christine, que ignoró por completo el tono meloso en el que Snape le susurró, que había corrido como un perro a ocultarse bajo las faldas de Lupin.
Salió apresurado de las mazmorras y llegó sin respiración a la sala de los Menesteres, como la otra vez, Christine se encontraba allí.
-¿Tarde de nuevo, Potter?_ susurró la profesora arqueando una ceja.
-El profesor Snape volvió a castigarme._ gruñó el chico abatido, depositando sus cosas en un rincón de la habitación.
-¿No te llevas demasiado bien con el profesor Snape, verdad?
-No, pero preferiría guardarme mis motivos._ Christine sonrió y luego le indicó a Harry que se sentara.
-Bueno, ¿has tomado una decisión? Si deseas que todo esto acabe, yo puedo hacerlo...
Harry respiró hondo. Había pasado el fin de semana recapacitando sobre lo que escoger. Se le había pasado el enfado con el profesor Lupin y hasta incluso había llegado a entender su postura. Dumbledore y su influencia pesaban demasiado.
Se había imaginado viviendo con unos padres que lo adoraran, en el mundo muggle, fuera de preocupaciones, sin Voldemort, sin cicatriz, solo él y su familia. Había visualizado su felicidad repetitivamente, y hasta había alargado la mano para acariciarla, podía estar tan cerca...
Únicamente tenía que decirle a Christine que lo deseaba y entonces...todo quedaría borrado. Nunca más sufriría por la muerte de su padrino, nunca más tendría que preocuparse por la guerra en el mundo mágico, por levantar la cabeza...solo estaría él, con una vida normal y sin recuerdos de la anterior.
Pero estaba la otra cara de la moneda. Podía escuchar en su interior las palabras de Ginny resonándole como campanas, su concepto de la vida, de cómo vivirla..., por más que lo intentaba, no podía sacarse de su corazón aquel momento en que sus miradas se había cruzado, esa descarga eléctrica, dolorosa y a la vez, placentera.
Y luego estaban Ron y Hermione. ¿No había arriesgado tanto por estar junto a ellos? ¿No estaba dispuesto ahora a morir, sin importarle cómo o porqué, mientras ellos estuvieran a salvo? Era un sentimiento demasiado fuerte para ser ignorado, para ser olvidado. Era un lazo de afecto lo que los unía, simplemente ellos, le habían salvado la vida, en todos los sentidos en los que se pueda pensar. Habían estado junto a él en los momentos más críticos de su vida, lo habían acompañado al Departamento de Misterios, arriesgando su propia vida, ¿acaso eso no valía?
Podía sentir sus risas cuando el sábado habían jugado al quiddich, y todos los otros momentos que vivieron.
¿Quería olvidar todo eso? ¿Quería olvidar a Sirius? Por muy doloroso que fuera, no quería borrarlo de su mente, su padrino seguía vivo, dentro de él. Y recordó unas palabras que Dumbledore le había dicho en una ocasión.
“¿Piensas que los muertos a los que hemos querido nos abandonan del todo? ¿No crees que los recordamos especialmente en los mayores apuros? Tu padre vive en ti, Harry, y se manifiesta más claramente cuando lo necesitas. ¿De qué otra forma podrías haber creado ese Patronus tan especial? Cornamenta volvió a galopar anoche.”
Instintivamente se llevó la mano a su muñeca. Allí estaba la pulsera de Sirius, la que se había puesto en Privet Drive y lo acompañaba a todos lados, la que lo protegía, la que conservaba una parte de su padrino, vivo, dentro de él.
No, no quería olvidar a Sirius, sería injusto, no quería tener otros padres, ¿no habían dado Lily y James la vida por él? Harry estaría siendo muy desagradecido si los lanzara al olvido, si lanzara al olvido a Sirius...
Todavía quedaba una pequeña esperanza al fondo del oscuro túnel, todavía quedaba esa posibilidad de salir adelante, de ganar, y la persona que podía proporcionársela estaba delante suyo. ¿Qué importaba si para conseguir salvar la vida de sus amigos y vengar a sus padres y a su padrino tenía que sufrir? ¿Acaso ellos no lo valían, no lo merecían? Iba a ser fuerte, tenía que serlo, Sirius lo hubiera querido así. Iba a devolverles el favor.
-Enséñame a ganar. Yo quiero vivir._ respondió Harry firmemente. Tal vez Christine no se esperaba esa respuesta, porque se quedó observando los ojos de Harry durante un tiempo bastante largo.
-¿Estás seguro?_ preguntó al fin.
-Completamente._ jamás había visto los ojos de Harry mostrar tanta determinación.
-Sabes que vas a sufrir...¿Por qué ese cambio ahora, Potter? El otro día dijiste que no querías volver a ver la muerte de tus padres._ preguntó Christine astutamente. Harry no vaciló al contestar. Estaba todo muy claro.
-Porque no lo entendí. No quise hacerlo._ respiró hondo, tratando de que su voz no se quebrara._ Alguien me dijo una vez que había cosas por las que valía la pena morir. Y hasta ahora, no le entendí.
-Y detener a Voldemort es una de ellas..._ susurró la muchacha sorprendida. Harry asintió.
-Sí, porque detener a Voldemort significa salvar la vida de mis amigos y todo lo que estar junto a ellos me proporciona._ confesó Harry. Christine se detuvo unos instantes, tratando de descifrar el corazón del chico.
-¿Tienes miedo?
-Sí,_ confesó Harry._ Y quiero que tú me ayudes a vencerlo.
-Lo haré._ aseguró Christine con una sonrisa en los labios._ Pero de nuevo, Potter, tengo que advertirte. Vas a tener que abrirme tu corazón, a la vez que yo te abro el mío, vas a tener que mantener todo esto en secreto, no valen las llamadas a Remus Lupin, no valen los desahogos con tus amigos, solo existimos tú y yo, y un propósito en común. En esta habitación,_ comenzó a pasearse por la sala._ vas a encontrarte con todo tipo de situaciones, voy a hondar en lo más profundo de tu alma y no voy a tener piedad. Desde el momento en que aceptes, Potter, ni tus pataleos, ni tus llantos van a conmoverme, no quiero réplicas, no quiero que me pidas que te saque de uno de tus recuerdos, porque no lo haré._ sus ojos brillaron con dureza, sin poder evitarlo, Harry se estremeció._ Vas a tener que enfrentarte a situaciones mucho más duras de lo que puedas imaginar y vas a tener que superarlas. En este mundo que voy a crear para ti, no existe Voldemort, no existen otras personas que no seamos tú y yo y tus recuerdos, y hasta que no estés listo, no podrás salir al exterior.
-¿Cómo me ayudará? ¿Cómo voy a poder vencer mis fantasmas?_ preguntó Harry desesperado.
-Yo voy a ayudarte a hacerlo. Lo primero, será viajar por tu mente recorriendo tus recuerdos. Poco a poco, yo podré manejarla mejor y elegir el recuerdo que desee. Después, una vez no temas a tus recuerdos, la Oclumancia y la Legeremancia te serán terriblemente sencillos, y es lo primero que tienes que aprender. No solo por Voldemort, sino también por los demás.
-¿A qué se refiere?_ Christine miró hacia al vacío.
-Obviamente, cuando estés en contacto con el director, él tratará de penetrar en tu mente para comprobar como estás. No podemos correr el riesgo de que descubra lo que estamos haciendo aquí.
-Disculpe, profesora Byrne, pero todavía no me ha dicho lo que pretende al ocultar a Dumbledo las clases._ preguntó Harry receloso.
-Voy a prepararte, Potter, no solo para sobrevivir, sino también para enfrentar. Voy a usar todo mi potencial y todas las fuerzas mágicas a las que sirvo para que puedas enfrentarte a Voldemort, y ganar. Voy a hacerte el regalo más preciado que puedas imaginar, la venganza. Antes, estabas en clara desventaja con las personas que han hecho tu vida un infierno, pero yo voy a equilibrar la balanza. Tenemos poco tiempo, eso sí, Voldemort gana terreno con mucha facilidad y nosotros lo perdemos rápidamente. Esto se ha convertido en una urgencia.
-¿Cuándo estaré listo?_ preguntó Harry decidido. Christine recapacitó durante unos instantes.
-Después de Navidad.
-¿Tan pronto?_ se extrañó Harry._ ¿Cómo voy a ser capaz de enfrentarme a Voldemort, que se estuvo años y años preparándose si solo tengo unos meses?_ Christine volvió a sonreír fríamente.
-Porque daremos clase todas las noches y te pido por favor que las resistas. Solo tendrás tiempo de dormir unas horas cuando acabemos y tu cuerpo al principio, no aguantará el ritmo. Tendrás que compaginar el curso con mis clases y será muy duro. En mi clase, específicamente, no tendrás que entregarme los trabajos, la defensa que aprenderás aquí, será mucho más importante._ hizo un parón para ver si el chico preguntaba algo, como no lo hizo, prosiguió._ ¿Entiendes ahora porque se ha convertido en una urgencia que aprendas a cerrar tu mente? Pronto la conexión que hay entre tu cicatriz y Voldemort se restablecerá y él podría tratar de entrar en tu mente de nuevo. Según me dijo el director, ya lo hizo en una ocasión._ Harry asintió con un nudo en el estómago._ Bien, pues tras las clases de Oclumancia y Legeremancia te enseñaré como defenderte de Voldemort y como atacarle también. Te convertirás en Animago, esto siempre será de gran ayuda, te enseñaré a que podamos comunicarnos telepáticamente, a hacerte invisible...en fin, a muchas otras cosas que no especificaré por ahora, porque es irrelevante._ Harry había abierto la boca de la sorpresa.
-¿Usted puede hacer todo eso?
-Sí,_ confirmó Christine de mala gana._ Y tú podrás, si me haces caso, Potter. Recuérdalo, las vidas de tus amigos, del mundo mágico, la tuya propia, dependen de ti ¿y no querrás morir sin antes vengarte del asesino de tus padres, verdad?_ inquirió la profesora astutamente._ Debes confiar en mí, y si lo haces, yo podré confiar en ti._ Harry se pudo en pie y la miró fijamente a la cara.
-Usted sigue sin caerme bien. Sé que hay algo que sabe y que puede hacerme sufrir._ el rostro de Christine palideció, pero Harry no lo notó._ Pero haré un esfuerzo y confiaré en usted, solo porque creo que puede ayudarme.
-Es un buen comienzo._ dijo ella y se acercó a él para tenderle la mano._ ¿qué tal si empezamos?_ Harry la estrechó._ Primera lección, cuando estemos solos me llamarás Chris, odio que me digan profesora.
-Segunda lección Chris,_ dijo Harry siguiéndole el juego._ Siempre y cuando tú me digas Harry. Detesto que me llamen Potter.



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Un hombre con el rostro descubierto y hondeando una capa negra al viento, caminaba por los oscuros corredores de lo que parecían mazmorras. Había gente en algunas de las celdas, pero muy pocos. En los últimos tiempos, no se requerían especialmente prisioneros, porque no había una gran fuerza de oposición que frustraran sus ataques. Todo estaba saliendo a la perfección, y por eso, desde hacía días, su señor se encontraba de muy buen humor.
Los pocos rehenes que eran privados de su libertad, tenían la función de enlazar contactos para facilitar algunos ataques, no había ninguno especialmente importante.
Con una mueca de triunfo en el rostro, puesto que estaba seguro que iba a ser recompensado por su señor, después de la información que le portaba, el hombre siguió paseando por los corredores, esta vez, a un ritmo más alto.
No tardó en llegar a una escalera de caracol, y tras subir dos o tres pisos, se encontró delante de la puerta que buscaba.
Tocó suavemente con los nudillos y al escuchar una voz congelante permitiéndole el paso, entró.
Voldemort se encontraba sentado en su sillón favorito, como a acostumbraba a estar. Tenía una copa de vino tinto en la mano y la enfocaba al crepitar de las llamas, haciendo leves movimientos con ella.
-¿Sí, Lucius?_ preguntó, al reconocer al recién llegado. Malfoy avanzó dos pasos y se inclinó ante su señor.
-Amo, le traigo noticias que encontrará muy interesantes.
-¿De qué se trata?_ preguntó Voldemort sin poder evitar esbozar una sonrisa. Llevaba mucho tiempo recibiendo buenas noticias.
-De Christine Byrne, la hemos localizado._ Durante un momento el hombre esperó la reacción de su señor, que se había quedado algo pensativo, haciendo desaparecer la sonrisa de su rostro.
-¿Y bien?_ preguntó. Su voz ahora era mucho más fría.
-Está en Hogwarts, amo. Draco mismo me lo confirmó._ respondió Malfoy, algo preocupado por la poca efusividad con la que su señor se había tomado la noticia._ Ni siquiera se ha preocupado por cambiarse el nombre, es la nueva profesora de Defensa Contra Las Artes Oscuras._ Voldemort hizo una mueca de desagrado.
-Defensa Contra Las Artes Oscuras, por favor..., siempre encontré esa materia tremendamente estúpida...lo mejor, siempre fueron las Artes Oscuras, esa rama se debería impartir en los colegios..._ Malfoy no entendía porque a su señor le importaba tan poco lo que le acababa de decir y se preocupaba por las asignaturas del colegio._ En fin, parece ser que no le importa ser encontrada...
-Así creemos, amo._ confirmó Malfoy._ Draco me dijo que sospecha de él...
-Dile a tu hijo que tenga sumo cuidado con ella...es peligrosa...no quiero que se estropeen mis planes, necesito la información sobre Potter y la necesito pronto._ Malfoy retrocedió algo asustado.
-Sí...sí, señor...
-No obstante, respecto a Christine, agradezco mucho la información..._ su sonrisa volvió a aparecer en el rostro, y fue un alivio para el mortífago. Voldemort enfocó los ojos rojos en él._ ya te dije que no era un problema para nosotros..., pero parece que Dumbledore la quiere junto a Potter. Debemos eliminarla antes de actuar.
-¿Sugiere que la matemos?_ preguntó temeroso Malfoy. Él se había enfrentado a los poderes de la mujer y sabía de lo que era capaz. En el último ataque, había desplegado todo su poder y había acabado por apresar a la mitad de los mortífagos que él dirigía.
-No a menos que tenga la oportunidad de hacerlo personalmente._ gruñó Voldemort rascándose la barbilla._ No será tan fácil vencerla para vosotros, sin embargo...no me resultó difícil quitarla del medio en el pasado, pero necesito volver a recopilar información. Tráeme a Colagusano...tal vez él pueda decirme algo que ignoramos...mientras ella siga con Potter, no vamos a poder acceder a él..._ Malfoy se levantó y tras una leve inclinación se marchó a por la persona que había requerido su amo. Voldemort siguió contemplando como su copa de vino se balanceaba, mientras Nagini, su serpiente, se enroscaba por entre su cuello, buscando algún signo de afecto._ Dumbledore se las ha ingeniado para proteger a Potter mejor de lo que esperaba..._ siseó en una lengua extraña mientras acariciaba la piel tosca de la serpiente, sin embargo, Nagini sí pudo entenderlo._ Me pregunto cómo ha logrado hacerla volver...



N/A: Olassss, q sepáis q la culpa y absolutamente toda la culpa de q haya actualizado la tenéis vosotros. Jjejeje, una amiga me ofreció un lugar para ocultarme con ella, pero resulta q antes me había amenazado de muerte, así que pensé q la mejor opción era actualizar, (sí, Susanita, que me hubieras matado) jejee,
Bueno, espero q me dejéis reviews con menos amenazas por favor, jejejeje, porq sino tendré q seguir actualizando a un ritmo frenético.
Bueno, q chicos, q los reviews me han puesto muy contenta y q gracias.
Un saludo especialmente a Susana, claro está, y a todos los que me estáis dejando reviews desde el principio.
Y hasta el próximo capi!!!!!!!! Besos!!!!

CAPÍTULO 13: HARRY, NO ERES EL MISMO.



Había pasado una semana desde que Harry comenzara sus clases con Christine. Era algo difícil despistar la atención de sus amigos, y por eso, había tenido que apañárselas para esperar a que se durmieran y marcharse mucho más tarde de lo que estaba previsto.
Por culpa de eso, no habían podido trabajar todas las horas que se requerían y Harry se había despertado lleno de ojeras cada día de la semana, y dormido en sus dos últimas clases con Binns. Se desplazaba por el colegio medio ausente, somnoliento y bastante más pálido de lo que ya estaba de por sí. Tampoco tenía mucha hambre, porque el estrés no se lo permitía. Aprovechaba las horas del desayuno y el almuerzo para adelantar sus deberes y entregarlos justo a tiempo, aún así, se había ganado una buena reprimenda de la profesora Sprout, por no entregar a tiempo su redacción sobre las tubérculas venenosas.
Y normalmente, era el primero en levantarse de la mesa, después de cenar escasamente y se marchaba corriendo a la sala común. Ron y Hermione habían comenzado a sospechar de su comportamiento, pero ninguno había logrado sacarle más de dos palabras, porque cualquier alusión a su comportamiento, Harry se la tomaba muy mal, y comenzaba a dar gritos contra aquel que se lo nombrase.
Le comentó sus inquietudes a Christine en la siguiente clase.
-Sospechan de mí. No es posible que me vaya tan rápido a la cama y luego me levante como si no hubiera dormido prácticamente nada_ protestó._Si les dijera que estoy teniendo pesadillas me obligarían a ir al profesor Dumbledore a contárselo o acabarían haciéndolo ellos._ Christine recapacitó unos instantes.
-Bien, tengo la solución. Voy a enseñarte a hacer un duplicado.
-¿Un qué?_ preguntó Harry confusamente.
-Un duplicado. Tranquilo, no es difícil, es un encantamiento algo antiguo y que muchos magos han olvidado, pero es tremendamente útil. Se trata de hacer una copia exacta de ti mismo. Podrás conjurarlo en la cama y así, tu otro yo, permanecerá dormido todo el tiempo. Tus compañeros creerán que estás en la cama y podrás escabullirte mejor de ellos.
-Sí, eso estaría muy bien, pero no acallará sus preguntas._ inquirió Harry frunciendo el ceño.
-Podrás ocultar tu mal estado si tomas una poción estimulante. Eso te reanimará y así, nadie notará tus ojeras._ explicó Christine secamente._ Yo te las proporcionaré, pero no quiero que abuses de ellas. Te ayudarán a no estar tan cansado, pero tomarás sólo una por la mañana y punto, ¿de acuerdo?
-Está bien._ prometió Harry levantando la mano derecha, y un poco más tranquilo.
-Perfecto, pues entonces, seguiremos con lo que estábamos haciendo y después ya te enseñaré el encantamiento del duplicado.
Christine se levantó de la silla, detrás del escritorio en el que estaba sentada y se colocó en el centro de la habitación. Con gesto ceñudo, Harry la siguió. La verdad era que no habían avanzado mucho a la hora de las clases. Christine había logrado introducirse en su mente en la única ocasión que lo había probado y hasta ahora se habían dedicado a viajar por los recuerdos de Harry. Desde la primera vez que lo hicieron y contemplaron el asesinato de los Potter, la profesora no había vuelto a llevar a Harry a un recuerdo especialmente doloroso y había estado preguntándole bastantes cosas, pero ninguna realmente importante, que afectara al muchacho. Christine había logrado manejar la mente de Harry a su antojo y elegía con sumo cuidado el recuerdo en el que se introducían.
La mayoría habían sido de épocas con los Dursley y Harry le había contado como había vivido y cuán de infeliz fue a su lado. Era lo más profundo que le había revelado a la mujer. Pese a ese sentimiento de rechazo hacia ella, había empezado a confiar claramente en ella y comenzar a abrirle su corazón, pero seguía perturbándole la manera tan fría de su comportamiento y su forma de ser.
-Hoy vamos a probar de nuevo que me introduzca en tu mente, Harry._ dijo de pronto la profesora. Harry arqueó las cejas._ Quiero ver como reaccionas y si empiezas a superar tus miedos.
-¿Cómo voy a superarlos si todavía no me has llevado a ningún recuerdo doloroso?_ preguntó Harry aturdido. Christine sonrió.
-¿Es qué quieres que lo haga?_ Harry se estremeció.
-¡Por supuesto que no!_ negó rotundamente._ Es solo que...como dijiste que ibas a ser muy dura y todo eso...
-Créeme que lo seré, Harry._ esta vez Christine no se rió._ Pero después de lo que ocurrió el otro día, he creído conveniente empezar algo más suave. Para que vayas habituándote poco a poco. Hasta ahora, lo has hecho. Has respondido a mis preguntas sin ninguna objeción y has sido sincero y me alegra._ Harry asintió._ Bien, pues ahora prepárate, trata de evadirme con tu mente.
Harry cerró los ojos y se concentró, mientras escuchaba a Christine hacer la cuenta atrás. Cuando la profesora gritó “Legeremens”, se vio rodeado de flashes de su propia mente.
Estaba en la casa de los gritos, Sirius y Lupin levantaban sus varitas para matar a Colagusano y él se interponía. Se encontraba frente al espejo de Oesed y alargaba una mano tratando de acariciar los rostros de sus padres. Cedric Diggori estaba tendido en la hierva con los ojos abiertos, y él podía escuchar pasos que se acercaban...Un haz de luz roja había alcanzado a Sirius en el pecho, Harry trataba de llegar hasta él, pero Lupin lo rodeaba con sus brazos, la figura de su padrino caía a través del velo...
-¡Sirius!_ Harry gritó con todas sus fuerzas y entonces la imagen de su padrino se desvaneció y él se encontró tendido en el suelo, a cuatro patas. Respiraba muy agitadamente, pero también lo hacía Christine. La profesora tenía una pequeña rojez en su muñeca, como una quemadura. Harry se enjugó los ojos mojados, en una mezcla de sudor y lágrimas y se dejó ayudar por la mujer.
-Has logrado detenerme..._ susurró ella._ Pero no eras consciente de que lo hacías. Has perdido el control._ Las piernas de Harry apenas sostenían su peso y amenazaban con doblarse. Tal vez Christine lo notara, porque lo sentó en una silla.
-Lo siento..._ se disculpó él temblando de arriba abajo. Por alguna razón, apretó con una mano su otra muñeca, donde llevaba la pulsera de su padrino. El rostro de Christine no mostraba ninguna compasión.
-Creo que va siendo hora de que me digas algo sobre Sirius Black._ repuso. Harry negó bruscamente con la cabeza.
-No quiero hablar de eso, no estoy preparado para hacerlo.
-Me es indiferente._ interrumpió ella bruscamente. Sus ojos eran crueles. Harry no podía mantenerle la mirada. Agachó la cabeza en señal de rendición._ Dime cuál era tu relación con Sirius Black.
-Sirius era mi padrino._ respondió Harry de mala gana. Comenzaba a enfadarse, siempre ocurría cuando alguien lo forzaba a hablar de algo que le dolía terriblemente. Pero Christine era una persona diferente a las demás y no se amilanaba.
-Eso ya lo sé. Pero tú vivías con tus tíos, ¿por qué no te marchaste a vivir con él después de la muerte de tus padres?
-¿Pero dónde has estado?_ protestó Harry, mirando a su profesora con repulsión._ ¿No sabías que Sirius fue mandado a Azkaban porque le creyeron el guardián secreto de mis padres?_ Christine palideció de golpe e hizo un movimiento brusco con la cabeza para evitar que Harry se diera cuenta. Tardó unos segundos en reaccionar.
-Peter Pettrigrew era el guardián secreto de tus padres.
-Lo sé,_ dijo Harry._ Pero...¡un momento! ¿Cómo sabes eso? Nadie excepto...¿conocías a Sirius y a mis padres?
-Sí, los conocí._ confesó Christine escuetamente._ Pero no has respondido a mi pregunta._ Harry le contó como Colagusano había fingido su muerte y habían enviado a Sirius a Azkaban y también como él, Ron y Hermione descubrieron la verdad. Cuando acabó el relato, un pesado silencio cayó sobre la habitación. Harry sentía la garganta seca de tanto hablar y se veía incapaz de seguir reprimiendo el dolor de su pecho, cada vez que pronunciaba el nombre de su padrino.
-¿Le querías mucho, verdad?_ preguntó repentinamente Christine. Harry no contestó esa vez, pero no hizo falta que lo hiciera para que la mujer adivinara la verdad._ Por eso estás así..., por lo que he visto en el cuartel de la Orden, manteníais una relación muy unida y él murió.
-¡Sí, es verdad!_ gritó Harry apretando los puños con rabia y mirando a Christine con todo el odio del mundo. Tenía ganas de gritarle, de pegarle, de arrancarle a cuajos su mirada vacía y fría._ ¡Sirius era cuanto tenía y ahora está muerto! ¡Está muerto!_ sintió una punzada de dolor en el pecho. Era la primera vez que reconocía abiertamente la muerte de su padrino._ ¡Bellatrix Lestrange lo mató y ahora yo quiero venganza!
-Entonces la tendrás._ soltó Christine. No se había inmutado por el dolor de Harry._ Pero veo que Sirius Black era la persona a la que más querías y si deseas recuperarte, hemos de empezar porque deje de importante.
-¿Cómo has dicho?_ inquirió Harry palideciendo.
-He dicho, que Sirius Black no puede importarte._ contestó Christine bruscamente._ Olvídate del dolor que sientes, porque no puede quedar nada de humano en ti, ¿recuerdas? Debes de ser frío y dejar de sentir emociones para ganar, solo los débiles se dejan arrastrar por los recuerdos y tú no puedes ser débil.
-No puedo hacer lo que me pides..._ susurró Harry con la boca abierta._ No puedo dejar de quererle, no me obligues a...
-Entonces verás la muerte de Sirius Black en tus recuerdos hasta que seas capaz de visualizarla de memoria, ¿has entendido? Me da igual que sufras, no puedes padecer, no se te está permitido sentir nada, a partir de ahora, eres un muro en el que las emociones rebotan.
-¡No quiero olvidar a Sirius, no quiero dejar de quererlo, porque Sirius dio la vida por mí!_ gritó Harry desesperado.
-¡Me da igual!_ Christine también levantó la voz._ ¡Está muerto, eso es lo primero que tienes que aprender! ¡Y si no estás dispuesto a dejar de sentir como un ser humano ya puedes marcharte de esta clase!_ señaló la puerta con el dedo y Harry notó como la mano le temblaba de ira.
-Pero...
-¡No hay peros, Harry! ¡Siendo humano, dejándote arrastrar por las emociones solo conseguirás sufrir más y morir! ¡Yo no quiero perdedores! ¡No te das cuenta, has olvidado y siempre lo has hecho que el mundo mágico depende del espíritu que utilices para vencer a Lord Voldemort, que si fallas ellos estarán perdidos y tus amigos también!_ escupió Christine sin dejar de señalar la puerta. Sus ojos azules brillaban con intensidad._ ¡Vas a perder, vas a sufrir y vas a morir! Y entonces...¿quién vengará a tus padres, quién vengará a Sirius? ¡Has condenado con tus sentimentalismos a tus amigos y al resto del mundo mágico, sin darte cuenta de que ya es tarde para llorarles, están muertos y no vas a poder devolverles la vida por mucho que sigas llorando en silencio! ¡Abre los ojos, elige bien para que puedas aceptar tu destino, confía en mí y vivirás, si te ciegas en tus sentimientos, entonces....entonces todo se acabó porque vas a morir!_ Harry hizo un gran esfuerzo por reprimir el dolor y las lágrimas que deseaban salir de sus adentros. Las palabras duras de Christine le hondaban el interior del alma, se clavaban en su piel, en su corazón, como cuchillos candentes.
-La profecía dice que yo tengo un poder que Voldemort desconoce..._ titubeó, mirando directamente al suelo. No podía levantar la cabeza._ Dumbledore me dijo que el poder que yo poseía era el que me había impulsado a ir al Departamento de Misterios a salvar a Sirius, el que me había librado de ser poseído por Voldemort, me dijo que poder sentir dolor era mi mayor fortaleza, era lo que me distinguía de Voldemort, el ser todavía humano..._ levantó la cabeza con mucho esfuerzo para encarar los ojos de Christine._ Dime, Chris, si dejo que ese poder se extinga, si consiento perder esa fuerza, si dejo de ser humano...¿cómo voy a ganar? ¿Cómo si es eso exactamente lo que me va a librar de la muerte?_ Para su sorpresa, Christine negó con la cabeza.
-Me has interpretado mal._ dijo fríamente._ Yo no te estoy pidiendo que dejes de ser humano para siempre...te estoy exigiendo que crees un escudo protector a tu alrededor, que ocultes el dolor y dejes tu parte humana aletargada, hasta que esto termine. Vas a seguir teniendo el mismo poder, Harry, porque estás luchando por ello. Buscas venganza, y eso significa que no te da igual porqué luchar, y tienes un objetivo, salvar la vida de tus amigos. Luchas por ellos, y eso hará que mantengas esa fuerza oculta dentro de ti, pero sin sufrimiento. Por eso te pedí que ocultáramos todo esto a Dumbledore, porque le importas demasiado, Harry y jamás habría permitido que yo te cambiara._ se acercó y le puso una mano en el hombro._ Créeme, es la única manera. Si dejas que los sentimientos se apoderen de ti no serás capaz de resistir el ritmo de las clases. Ese poder siempre estará en tu interior, Harry, porque siempre pelearás por el mismo motivo, pero a cambio, poseerás la misma protección que poseen nuestros enemigos, no actuar como los locos que amamos._ los ojos de Harry se entristecieron.
-¿Podrás hacer que olvide a Sirius?
-No te estoy pidiendo que lo olvides._ añadió Christine bruscamente, dejando de tocar el hombro de Harry y caminando otra vez hacia el centro de la habitación._ Te estoy pidiendo que lo ocultes, que adormezcas el dolor.
-Ayúdame a hacerlo._ dijo él decidido, levantándose y caminando para volver a practicar.
-De que lo logre, depende mucho de ti mismo. Ahora..., te enseñaré el encantamiento de duplicación...



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El tiempo comenzó a pasar muy deprisa. Harry había logrado dominar la primera noche el Encantamiento de Duplicación y gracias a las pociones estimulantes que le proporcionaba Christine, Ron y Hermione habían dejado de abrumarle a preguntas.
La personalidad de Harry estaba cambiando por completo. Antes, recorría taciturno los pasillos y cualquier mención del nombre de Sirius o de Voldemort lo entristecían, pero a medida que avanzaba el tiempo, parecía que había superado la muerte de su padrino, o eso creían sus amigos. Había logrado comenzar a crear esa muro de piedra que confundía a los que lo conocían y que lograba engañarlos. Quizás la persona que más lo conocía en aquellos momentos era la propia Christine y a raíz de la discusión sobre su padrino, Harry había trabajado mucho más duro, pero su trato con la profesora se había vuelto más frío. Era una relación extraña, porque él procuraba contestar a todas las cosas que Christine le preguntaba, incluso ella había comenzado a contestar a sus preguntas, pero en el fondo, Harry detestaba la manera en la que sufría en sus clases y las palabras tan huecas que pronunciaba.
Pero para sorpresa especialmente de McGonagall, Harry había vuelto a lograr hacer magia sin ninguna dificultad y estaba muy cerca de alcanzar a Hermione en sus estudios. Su amiga solía decir que el chico se había refugiado en los libros para olvidarse de pensar en el dolor, pero Ron le llevaba la contraria, pinchándole y diciéndole que estaba celosa porque pronto iba a dejar de ser la mejor alumna. Harry los escuchaba y se reía. Estaban acertando muy poco, pero prefería que siguieran pensando así
Otra de las cosas que lo evadía de sus fantasmas era el quiddicth. Había comenzado un programa de entrenamiento bastante duro, quizás comenzaba a contagiarse de Christine, pero los resultados no podían ser mejores. Faltaban escasas semanas para que se jugara el primer partido de quidditch: Gryffindor contra Ravencraw, y los nuevos integrantes del equipo se habían adaptado mucho mejor de lo que se esperaba, superando así todas las expectativas. Ron también lo estaba haciendo mucho mejor. Desde que había ganado la copa de quidditch el año pasado, las canciones ridículas de Malfoy no le afectaban en absoluto y había comenzado a sentirme muy seguro de sí mismo. Lo que peor funcionaba del equipo eran sin lugar a dudas los golpeadores: Jack Sloper y Andrew Kirke. Gracias a los esfuerzos de Harry habían logrado asemejarse a jugadores normales, pero no se lucían con gran soltura. Lo peor de todo quizás, era la poca compenetración que había entre ellos, pero Harry estaba dispuesto a ponerlos en vereda muy pronto.
Las reuniones de ED estaban cosechando un éxito increíble. No había ningún alumno que no lograra realizar un Patronus Corpóreo, exceptuando Euan y Rose, que cursaban segundo e iban algo más rezagados de los demás. Los integrantes, habían logrado que la profesora Byrne les diera un montón de puntos y los felicitara abiertamente, porque eran de los pocos que lograban realizar el Patronus en su clase. Después de eso, Harry estaba decidido a enseñarles unos cuantos Encantamientos escudo, que había leído en uno de los libros y que podían resultar extremadamente útiles en una batalla contra Mortífagos. También había pensado, siempre y cuando controlaran los encantamientos más avanzados, comenzar a dar clases de duelo, porque obviamente, era lo que se efectuaba en una batalla.
Lo único que ponía más nervioso a Harry era no tener noticias del exterior, ni saber si Voldemort había provocado algún que otro ataque a gran escala. Le había preguntado a Christine más de una vez, pero la profesora no le había querido decir nada. Ella insistía que no existía nada fuera de la habitación de los Menesteres y que su objetivo era prepararse.
Tal vez era que había aprendido a cerrar mejor su mente, pero Harry no había vuelto a soñar con Voldemort desde que viera como éste descubría el contenido de la Profecía. Él hubiera querido que sus pesadillas sobre Sirius también se hubieran marchado con el mago tenebroso y que los dolores de cicatriz fueran menos fastidiosos, pero por ahora no lo había logrado.
Se sentía realmente cansado, era muy duro acabar las clases con Christine a las cuatro de la mañana y levantarse a las nueve para comenzar sus asignaturas del curso en Hogwarts, pero gracias a las pociones estimulantes, lograba reponerse en cierta medida y ocultar su cansancio a los ojos de sus amigos y de los demás profesores. Harry había incumplido la promesa que le había hecho a Christine y había tomado más de una poción al día en alguna ocasión, cuando sentía su cabeza estallar y el cuerpo dolorido.
Había adelgazado cuatro quilos desde que había llegado a Hogwarts y como en verano también había perdido peso, casi toda su ropa se le caía. Eso si que no había pasado desapercibido para Ron y Hermione, que veían como su amigo, apenas probaba bocado. Por mucho que tratara de ocultarlo, jamás podría quitarse del todo esa sensación de mareo en el estómago que le producía la comida, y que había permanecido desde la muerte de Sirius Black.


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Una tarde de principios de Octubre, la Orden estaba reunida en Grimmauld Place comentando las bajas de los últimos ataques y los progresos.
-Ya me estoy acostumbrando a que esos raros individuos nos ayuden contra los Mortífagos. Si no hubiera sido por ellos, estaríamos todos muertos._ gruñó Ojoloco._ Pero me preocupa que no tengamos información acerca de ellos.
Como desde el primer día, la Alianza se había presentado a cada uno de los ataques que se habían efectuado hasta la fecha y nadie tenía duda de que deseaban ayudar. Algunas personas los trataban como héroes y no les interesaba para nada sus identidades, mientras salvaran las vidas de sus familiares.
Dumbledore había reunido a la Confederación Internacional de Magos y se lo había comunicado, pero pese a todo, seguían buscando la manera de detener el avance mortífago. Necesitaban algo que desequilibrara la balanza, porque no tenían la menor pista de donde se hallaba Voldemort, ni tampoco como detenerlo y no podían estar todo el tiempo defendiéndose y esperando acontecimientos venideros.
Cuando acabó la reunión de la Orden, la mayoría de los miembros se retiraron. Lupin y Dumbledore se acercaron a Christine para hablar con ella.
-¿Cómo sigue Harry?_ preguntó visiblemente preocupado el ex profesor._ No ha vuelto a llamarme por el espejo, después de la última vez.
-Creo que está mejor, Remus._ dijo Christine escuetamente._ Debo decir que ha llegado tarde a un par de mis clases por estar castigado con Snape, pero parece que no le afecta tanto.
-Eso es lo que me preocupa._ murmuró Dumbledore clavando sus pequeños ojos azules en los de la chica. No había nada que hacer, imposible introducirse en su mente._ Parece demasiado bien, como si ya no le importara nada...Minerva me ha dicho que ha vuelto a realizar magia con total normalidad y que se ha convertido en un alumno ejemplar. Creo que trata de ocultar su dolor en el estudio, me preocupa...
-Yo no me preocuparía._ sonrió fríamente Christine._ Creo que ha empezado a aceptar la muerte de Sirius Black y a reponerse...
-Veo que ha empezado a contarte cosas._ inquirió Lupin.
-Sí, es verdad, pero no confía en mí todavía.
-¿Y cómo van las clases? ¿Ya logra cerrar su mente?
-Me temo que es demasiado pronto, Dumbledore_ respondió Christine de forma cortante._ Siempre he logrado introducirme en su mente, pero parece que va superando sus recuerdos. Estoy segura de que dominará la Oclumancia para navidad, y de aquí a final de curso, la Legeremancia.
-Suenan esperanzadoras tus palabras._ sonrió complacido el director._ Lo sigo dejando en tus manos, y espero que Harry esté bien realmente._ Dumbledore le sonrió y después se marchó a hablar con Tonks, dejando a Lupin y a Christine a solas.
-¿Estás segura de que está bien? Yo no me trago el cuento de que olvide con tanta facilidad a Sirius.
-Me temo que lo subestimas, Remus._ Lupin hizo una mueca de incredulidad y luego preguntó:
-Pero según me ha dicho Minerva...parece que sigue negándose a comer._ Christine suspiró y esta vez habló sinceramente.
-Sí, lamento decir que aún no he conseguido abrirle los ojos. Sigue igual de delgado, diría que más y creo que no logra ingerir alimentos con normalidad. Voy a tratar de hablar con él._ Lupin asintió.
-¿Crees que sigue enfadado conmigo porque no lo saqué de Hogwarts?
-Lo dudo. Creo que no te das cuenta hasta que punto le importas a Harry, Remus. Solo es cuestión de tiempo que se vuelva a poner en contacto contigo. Discúlpame_ añadió dándole unas palmaditas en el hombro._ pero tengo que irme, me esperan._ Christine se marchó y Lupin la siguió con la mirada hasta que desapareció por el umbral de la puerta.



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-¿Cuándo vamos a dejar de repasar lo que hemos visto hasta ahora?_ preguntó aburridamente Smith, tras otra sesión de encantamientos escudo._ Ya dominamos todo esto bien, porque no nos enseñas algo útil..._ se encontraban en una de las reuniones de ED. Harry había insistido mucho en los encantamientos escudo, pero parecía que sus amigos esperaban mucho más de aquellas clases. Miró con frialdad al muchacho de Hufflepuff, lo que provocó que éste retrocediera. Últimamente, la mirada de Harry daba verdadero pánico.
-¿Crees que un Encantamiento escudo no es útil?_ preguntó con ironía y bajo la mirada expectante de todos, se aproximó hasta el centro de la habitación._ Lánzame un hechizo aturdidor.
-¿Estás loco? ¡Voy a hacerte daño!
-Harry,_ Hermione se acercó a su amigo para tratar de persuadirlo._ No hace falta que demuestres nada..._ pero el gesto con la mano que hizo el muchacho le indicó que se detuviera.
-Vamos, Zacharias, ¿no crees que puedas hacerlo?_ evidentemente Harry había metido el dedo en la llaga, dañando el orgullo de Smith.
El muchacho levantó la varita con mucha rabia y con gran rapidez lanzó el hechizo contra Harry. Él simplemente alzó un poco su propia varita y murmuró el encantamiento escudo, pero éste fue tan potente y emanó tanto poder que el rayo de luz roja rebotó contra él y se dirigió tan fugazmente a Smith, que éste no tuvo tiempo de apartarse, y quedó totalmente paralizado en el suelo.
Harry sonrió y avanzó hacia Smith, que lo miraba con profundo rencor.
-Cuando creas que puedes hacer un Encantamiento escudo como el que acabas de ver, podrás hablar._ se detuvo un momento saboreando el placer de mofarse de Smith._ No obstante, aceptaré tus palabras. Sí, vamos a pasar a cosas más serias._ como el efecto del hechizo había pasado, Harry ayudó a levantarse a Smith y juntos se sentaron en los cojines junto a los demás, que seguían anonadados por lo que acaba de pasar._ A partir de ahora vamos a centrar las clases en Voldemort._ hubo murmullos de emoción y estremecimientos, con lo que Harry volvió a sonreír._ ¿Veis? Ese es el problema. No puedo enseñaros como es Voldemort si teméis pronunciar su nombre.
-Nuestros padres nos enseñaron a no hacerlo._ observó Terry Boot.
-Sí, es algo muy común entre los magos. Pero si teméis a lo que os enfrentáis...
¿cómo vais a vencerlo?
-Pero..._ titubeó Hannah._ Nosotros nunca podríamos vencerlo...
-¿Por qué estás aquí, Hannah?_ preguntó Harry duramente penetrándola con la mirada. Ella se estremeció como si tuviera a Voldemort delante suyo. Por un momento, le pareció que Harry no era la persona que había conocido hasta ahora.
-Para aprender...para...
-...saber cómo es Voldemort._ recitó Harry._ Tú dijiste que querías seguir los pasos de tu padre...bien, entonces estás dispuesta a luchar._ ella asintió._ Y dime, ¿cuándo luchas estás pensando en que vas a morir?
-No, Harry es solo que...
-No puedes enfrentarte a algo con el temor de que vas a fracasar, para ganar, debes guardar respeto, pero no miedo._ miró a ambos lados, observando las caras de asombro de sus compañeros._ No enseñaré a nadie que no sea capaz de pronunciar el nombre de Voldemort, ¿entendido?_ Evidentemente, no todos estaban muy conformes, pero todos accedieron por varios motivos. Uno, porque la clase se estaba poniendo interesante, y dos, porque sabían que si querían tener alguna oportunidad de sobrevivir en un mundo de guerra, debían estar un paso por encima de los demás._ Bien,_ continuó Harry, satisfecho de que su mensaje se hubiera captado tan deprisa._ Ahora...voy a enseñaros cómo es Voldemort._ nuevamente, murmullos de entusiasmo recorrieron a los presentes._ Voy a dejaros que me preguntéis lo que queráis, voy a responder a todas vuestras preguntas, a no ser que tenga un muy buen motivo para no hacerlo..., os voy a dar la oportunidad de saber..., no os voy a negar nunca matar la curiosidad, porque considero que es importante conocer a fondo al enemigo, y yo lo conozco._ Ron y Hermione no daban crédito a lo que oían. Ese no era el Harry que ellos conocían, no podía ser cierto, su amigo había cambiado...no era el mismo.
-¿De verdad podemos preguntarte de todo, Harry?_ titubeó Cho, algo nerviosa.
-Sí_ accedió él, sus ojos eran inexpresivos._ A partir de ahora vamos a comenzar clases de duelo y cualquier duda que tengáis y que yo pueda saldar, quiero que me la preguntéis._ Y ahora...¿qué queréis saber?_ Colin levantó la mano.
-¿Te importa que te preguntemos sobre temas personales?_ Harry esbozó una sonrisa.
-No veo de qué forma te vaya a ayudar eso para enfrentarte a Voldemort, pero sí, si lo deseáis, podéis preguntarme cosas personales. No os prometo contestar, eso sí...
-Es que es la primera vez que podemos conocerte a fondo y que nos dejas hacerlo sin que ese periódico barato esté por el medio._ aventuró Dean Thomas. Harry volvió a sonreír.
-Bueno, ya habréis notado que no me gusta mucho hablar de mi mismo, pero ya que estamos bastante unidos por la causa del ED, os dejaré hacerlo..._ Ron abrió ligeramente la boca, pero no fue el único. Ginny y Hermione estaban tan inquietas como su amigo y se preguntaban cómo Harry había llegado a ser tan distinto en tan poco tiempo.
-Yo tengo la primera pregunta._ dijo Cho levantando la mano, igual que había hecho Colin. Harry le hizo un gesto con la cabeza para que preguntara._ ¿Cómo murió Cedric Diggori?_ Si el estómago de Harry dio algún vuelco, para nada lo aparentó. Se mostró tan frío con la pregunta de Cho, que incluso él mismo se sorprendió. Ya esperaba que ella preguntara algo así.
-Bueno, esa es una pregunta que creo que está más que clara. Ya conté en el periódico lo que ocurrió a finales del Torneo de Los Tres magos, pero si no te quedó claro..._ se encogió de hombros._ Peter Pettrigrew lanzó la maldición Avada Kedavra contra Cedric en cuanto tocamos tierra firme después de que el traslador nos llevara hasta aquel cementerio.
-¿Entonces es cierto que Pettrigrew sigue con vida y que Sirius Black es inocente de los cargos por los que le condenaron?_ inquirió Susan Bones._ Mi tía me dijo que Black era inocente._ esta vez, a Harry sí se le contrajo el estómago al estar hablando de Sirius, con cualquier persona que no fuera Christine, pero igual que solía hacer siempre, ni se inmutó.
-Sí, es cierto. Pettrigrew era el guardián secreto de mis padres. En un principio iba a serlo Sirius, pero al final, sin consultar a nadie cambiaron los planes. Sirius no mató a esas trece personas, lo hizo Pettrigrew y fingió su propia muerte. He de decir, que si Cedric está muerto, es porque Pettrigrew ayudó a Voldemort a recuperar su cuerpo._ explicó Harry con voz pausada.
-¿Y Sirius Black era tu padrino?_ inquirió Luna Lovegood. Sus ojos volvían a parecer soñadores. Ron, Hermione y Ginny se miraron nerviosamente. Temían que la conversación se desviara a un campo en donde Harry no pudiera soportar.
-Sirius era mi padrino, sí._ respondió Harry con voz queda.
-¿Y murió...en el incidente que ocurrió en el Departamento de Misterios?_ titubeó Alicia.
-Correcto._ logró decir Harry. La opresión se hacía más fuerte.
-¿Por qué fuiste al Departamento de Misterios, Harry?_ preguntó Dennis confuso.
En ese momento Harry desconectó. Su mente volvía a divagar por un mar de recuerdos, recuerdos demasiado dolorosos incluso, para que Christine lograra borrar. No había forma alguna de que el agujero hondo que sentía el chico se llenara con las palabras sobre venganza o protección a sus amigos, que la profesora le repetía incansablemente. No había nada en el mundo, que pudiera aliviar a Harry el peso de la culpa...
“-Pero...Harry, piénsalo bien._ dijo Hermione dando un paso al frente._ ¿Cómo quieres que Voldemort y Sirius hayan entrado allí sin ser vistos? Harry...deben de ser los magos más buscados del mundo...
-¡No lo sé, Voldemort debe de haber utilizado una capa invisible o algo así?...”


“Pues...que..._ Hermione estaba aún más acongojada._ Quiero decir que...el año pasado, por ejemplo, en el lago...durante el Torneo...no debiste...Es decir, tú no tenías que salvar a aquella chica, Delacourt...Te dejaste llevar por..._ Una oleada de rabia inundó a Harry._ Mira, estuviste muy bien y todo eso...todo el mundo creyó que lo hiciste fue fabuloso...
-Tiene gracia_ replicó Harry con voz temblorosa._ porque recuerdo perfectamente que Ron dijo que había perdido el tiempo haciéndome el héroe...¿es eso lo que piensas que estoy haciendo ahora? ¿Crees que quiero volver a hacerme el héroe?
-Lo que trato de decirte es que...¡Voldemort te conoce, Harry!¡Llevó a Ginny a la Cámara Secreta porque sabía que tú irías a buscarla allí, es lo que suele hacer, sabe que tú eres el tipo de persona que...! ¡Sabe que irías a socorrer a Sirius! ¿Y solo intenta que vayas al Departamento de Misterios?
-¡Hermione, no importa que sólo lo haya hecho para engañarme, se han llevado a la profesora McGonagall a San Mungo, en Hogarts no queda nadie de la Orden a quién podamos contárselo, y si no vamos, podemos dar por muerto a Sirius!
-Pero Harry, ¿y si tu sueño sólo ha sido...eso, un sueño?”

Harry despertó abruptamente a la realidad. Era consciente de que todas las miradas estaban puestas en él, así que, con mucho cuidado de no dar muestras de debilidad, se puso en pie y se apoyó contra la pared de la puerta.
-Creo que ya son suficientes preguntas sobre mí...¿por qué no mejor nos centramos en Voldemort?


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Cuando el profesor Flitwitch les anunció a los alumnos que iban a comenzar a practicar las clases de aparición a principios de Noviembre, muchos de los alumnos saltaron de sus asientos. Él sería quién compaginaría sus clases con las de Aparición, puesto que el examen que realizarían al final de curso, por un examinador, era terriblemente complicado, y la mayor proeza de un mago era la aparición.
Harry no prestó mucha atención a lo que sus compañeros comentaban en la Sala común sobre el tema, y sobre las diez, dio las buenas noches a Ron, Hermione y Ginny y subió las escaleras con mucho sigilo. Tras comprobar que nadie podía escucharle, rebuscó en su baúl el mapa del merodeador y la capa de invisibilidad de su padre, y apuntó a su cama con la varita.
-¡Homini Multiplicus!_ susurró, y segundos más tarde, una figura idéntica a él mismo, se encontró durmiendo en su cama, reemplazándolo. Harry se sonrió a sí mismo por su proeza y procurando andar de puntillas, se cubrió con la capa de invisibilidad y observó detenidamente el mapa. Las motas de Filch y de la Señora Norris estaban bastante lejos de su camino, así que tenía que tener precaución extrema para pasar inadvertido por el retrato de la Dama Gorda, para que los pocos estudiantes que se encontraban en la Torre de Gryffindor, no se percataran.
Tras susurrar un encantamiento silenciador a su alrededor y abrir el retrato lo más mínimo para pasar( era una suerte que estuviera tan delgado), se escabulló por los pasillos. Caminaba despacio, aquel día no tenía muchas ganas de llegar a la Sala de los Menesteres y se entretuvo observando el campo de quidditch por uno de los ventanales del castillo. Arriba en las gradas, Sirius había aparecido para verle jugar un partido.
-Ojalá estuvieras conmigo..._ murmuró al vacío, y luego continuó su camino hasta donde Christine lo esperaba.

Llevaba bastante rato dando clase, pero sus pensamientos seguían vagando sutilmente por sus recuerdos. La profesora había tratado de introducirse en su mente en las últimas dos horas, y no lo había logrado. Harry, ya dominaba la Oclumancia a la perfección.
-Voldemort no ha podido entrar en tu mente, ¿verdad?_ preguntó Christine, observando al chico detenidamente.
-No,_ respondió él ausente._ Se han acabado las pesadillas...sobre él...y salvo por los dolores de cicatriz, no sabría que existe...
-Sí, eso desearías tú._ dijo Christine mordazmente._¿Y has tenido otro tipo de pesadillas?
-Sabes que sí._ respondió Harry sinceramente. Estaba sentado cerca de la chimenea, calentándose con las llamas del fuego. Por la noche hacía mucho frío en el castillo, y más ahora que había llegado Octubre.
-¿Hasta cuándo crees que seguirán?
-Bien sabes que no creo que logre evadirme de ellas jamás. Son mi conciencia._ Christine no respondió. Se acercó hasta la chimenea y se sentó en una silla enfrente de Harry. Estuvieron en silencio bastante tiempo, hasta que ella volvió a hablar.
-El otro día, Dumbledore y Lupin me preguntaron por ti._ Harry levantó la cabeza de sus rodillas.
-¿Qué les dijiste?
-Que todavía no dominabas la Oclumancia y que no creía que lo lograras hasta Navidad. Y que al finalizar el curso ya habrías aprendido Legeremancia.
-Pobre Dumbledore._ se burló Harry asqueadamente._ No tiene ni idea de lo preparado que estoy.
-No me gusta ese cinismo en tu voz._ le reprendió Chrintine duramente._ Y creo que deberías hablar con Remus. Disimula al menos que te importa.
-Y me importa_ gruñó Harry comenzando a enfadarse._ pero me cuesta fingir con él
-Pues tendrás que hacerlo._ contestó ella cortante. Harry se quedó callado mordiéndose el labio inferior. Christine se levantó de la silla y se sentó en suelo junto a él. Lo cogió de la barbilla y lo obligó a mirarla a la cara, mientras ella examinaba sus ojos.
-Te dije que no tomaras más de una poción estimulante al día, te deja demasiado atontado. No se debe abusar de ellas.
-Es lo único que me quita el dolor._ dijo Harry con desgana y apartó su cara de la mano de Christine, para frotarse los ojos con sus propias manos._ Estoy muy cansado y no aguantaría el ritmo.
-Empiezas a preocuparme. Sigues sin comer y...
-¿Desde cuándo te he preocupado yo?_ cuestionó Harry de mala gana._ Me vigilas demasiado, es asunto mío lo que...
-No, no lo es, también es mío. Recuerda que soy la única que te cuida.
-¡Oh, eso es un gran alivio!_ dijo él con sarcasmo._ Tranquila, llegaré a las Navidades.
-¡Basta ya, Harry! ¡Si no empiezas a comer, tendré que obligarte a hacerlo...y ya sabes que no me gustan esos métodos!
-De acuerdo, de acuerdo._ se apresuró a decir él, fastidiado._ Lo intentaré, pero no te prometo nada. Ya sabes que no puedo.
-Lo sé._ aseguró Christine._ Y ahora...¿qué tal si me dices qué es lo que te ocurre hoy?
-Nada._ mintió Harry apresuradamente.
-Sí claro..., te lo repito, no puedes engañarme.
-No sabes si te estoy mintiendo, no puedes leerme la mente._ dijo el chico impertinentemente. Christine suspiró para tratar de contenerse.
-Harry...
-Echo de menos a Sirius._ soltó él poniéndose en pie y caminando hacia el centro de la habitación.
-Está muerto._ dijo Chistine y Harry se dio la vuelta para mirarla a los ojos. Su rostro era un témpano de hielo._ Creí que después de lo que habías pasado lo superarías...
-¿Superar?_ se irritó él pasándose una mano por la cara._ ¿Cómo voy a superar? Sirius dejó un vacío en mí que no soy capaz de llenar, ni siquiera con las ganas que tengo de vengarme de Bellatrix y de Voldemort...no lo logro. Significa mucho para mí y no digas que no lo sabes o que no lo esperabas, porque yo también empiezo a conocerte._ el rostro de Christine se endureció todavía más.
-Me es indiferente. Olvídalo. Arrincónalo, guárdalo en un cajón y apártalo de tus pensamientos. Aprende a acostumbrarte porque esta discusión ya la hemos tenido y no pienso volver a tolerar tu debilidad.
-¡No puedo hacerlo! ¿Vale?_ gritó Harry fuera de sí._ ¡Puedo sobrellevar la situación, puedo fingir, puedo aprender magia e incluso superar muchos de mis recuerdos, pero no puedo sacármelo de encima!
-¡Pues entonces vas a contemplar su muerte hasta que seas capaz de recordar cada detalle de memoria!_ gritó Christine y se acercó para coger a Harry de un brazo. Realizó con los dedos un chasquido y entonces ambos viajaron por un remolino de luces, hasta la cámara de la muerte del Departamento de Misterios.
“Harry, sujeta bien la profecía, coge a Neville y corre”_ las palabras de Sirius hicieron un eco ensordecedor en la sala.
Harry se zafó del brazo de Christine y cayó al suelo arrodillado, incapaz de moverse, contemplando el arco...
-¿Tengo que recordarte lo que ocurrió?_ gritó Christine fríamente._ ¿No lo estás viendo? Sirius va hacia el arco...está peleando y...
-¡Basta!_ los ojos de Harry se empañaron, pero no dejó que las lágrimas se escaparan de ellos._ ¡Sácame de aquí!
-¡No antes de que hagas memoria!
“-¡DUMBLEDORE!_ Neville y él acababan de ver como el director bajaba las gradas y comenzaba a acorralar a los mortífagos y entonces, se escuchó la voz de Sirius, riéndose.
-¡Vamos, tú puedes hacerlo mejor!_ un haz de luz le golpeó en el pecho.”
-¡¡¡¡Noooo!!!!_ Harry gritó, pero Christine no pareció tener la menor compasión de él y se quedó mirando la escena con los brazos cruzados, como si fuera una simple película.
El cuerpo de Sirius atravesó el velo, describiendo un majestuoso giro en el aire, y Harry, asustado, dolido y embriagado de tristeza, pudo ver una vez más el rostro consumido de su padrino, antes apuesto, sorprendido, con temor, cruzar el terrible velo, que se balanceó y se sacudió, para luego no ver nada más.
-¿Ya has aprendido la lección?_ lo retó Christine._ ¿Ya te has dado cuenta de que él está muerto y de que llorarlo no va a servirte de nada? O deja de importante Sirius Black o vas a volver a ver ese arco muchas más veces. Vamos.
Christine volvió a coger a Harry del brazo, mientras él mantenía la vista fija en el viejo arco, y escuchaba las palabras que lo atormentaban en su sueño.
-“No puedes hacer nada, Harry, nada. Se ha ido.”

Nuevamente, el remolino de luz blanca los envolvió por completo y sintiéndose terriblemente mareado, Harry cayó al suelo de la habitación de los Menesteres. Respiraba tan agitadamente como si hubiera forcejado con Lupin y no fue hasta que pasaron unos minutos, que se incorporó, para ver como Christine lo penetraba con la mirada.
-No me das ninguna lástima, si es eso lo que pretendes._ replicó su profesora. Un odio intenso iba apoderándose del interior de Harry._ Me temo que vas a volver muchas veces a ver esa escena si sigues pensando en él, y sabes, que sabré si lo has hecho, por muy hábil que seas en Oclumancia.
Harry sacó la varita de su túnica y con la mano temblorosa apuntó a Christine. Sus ojos verde esmeralda, que en un tiempo habían reflejado alegría y bondad, ahora brillaban intensamente de rencor. Se habían oscurecido, vuelto helados, distantes...
-¿Vas a atacarme, Harry?_ preguntó Christine indiferentemente._ Bien, puedes hacerlo si lo deseas, quizás te alivie y todo, pero aún así, no voy a permitirte que sigas teniendo sentimientos.
-¡Te dije que me sacaras de allí!_ gritó Harry fuera de sí, su mano temblaba a convulsiones. La profesora sin embargo, no se inmutó.
-Harás lo que yo diga. Y si contemplar la muerte se Sirius Black es lo que te ordeno, lo harás y punto. Eres débil...¿sufres mucho? ¡Iluso! No has entendido todavía que no me importa el daño que te cause mientras aprendas lo necesario para vivir. Solo me interesa que culmines tu venganza y que vivas, los medios no importan. Acéptalo, él está muerto y no va a volver. Y lo único que puedes hacer por su memoria es dejar de sentir culpa y arremeter contra los que propiciaron su muerte.
Harry no pudo aguantar más, la ira era más fuerte que sus propias emociones. Levantó la varita y gritó:
-¡CRUCIO!_ un débil rayo de luz roja salió de su varita y se dirigió contra su profesora. Christine, muy tranquila, cerró los ojos y una oleada de luz blanca la envolvió por completo, haciendo elevar su larga cabellera negra y emitiendo un poder, que hasta entonces, Harry no había visto en otro mago, incluyendo Dumbledore. Un escudo protector la rodeo, pero no era un simple encantamiento escudo como el que Harry había enseñado a los del ED, no, era una fuente de energía tan potente, que hizo que el chico se estremeciera. El haz de luz la maldición cruciatus, rebotó contra él y se estrelló contra una estantería, provocando que una pila de libros cayera al suelo.
Harry abrió la boca sorprendido, pero no tuvo tiempo de emitir ningún sonido, porque Christine abrió los ojos y con un movimiento de la mano, soltó una ráfaga de energía que golpeó al muchacho en el pecho y lo propinó hacia atrás unos metros. Luego, la profesora volvió a cerrar los ojos y la extraña aura que la había envuelto, desapareció. Harry se reincorporó adolorido y observó como ella suspiraba, volviendo a abrir los ojos.
-No está nada mal. Me gusta que sientas tal odio que incluso te atrevas a utilizar una maldición imperdonable en mi contra, aunque te equivocas de persona. Es cierto que voy a enseñarte las maldiciones, pero no es contra mí con quién debes usarlas. Soy lo único que tienes aquí. Por lo tanto, te recomiendo que la próxima vez que decidas atacarme, pienses detenidamente lo que haces, porque no voy a volver a ser tan clemente. Créeme que no se me caerán los anillos por lanzarte una maldición imperdonable, y creo que me conoces lo suficiente para saber que lo haré.
-¿Có...cómo has hecho eso? Es...no es posible, ¿de dónde has sacado tanta energía...ese poder...? Si no has usado la varita..._ Christine sonrió y se acercó a Harry para ayudarle a levantarse.
-No necesitó varita para hacer según qué cosas, ya deberías haberlo intuido.
-Pero..._ titubeó el chico._ No se puede hacer magia sin una varita...ningún mago...
-Lo sé. Te sorprendería saber los magos que lo han intentado. Pero no te preocupes, tú también vas a poder hacerlo.
-¿Yo?
-Sí,_ confirmó la mujer con una sonrisa._ Pero es muy pronto para que me preguntes eso. Por el momento...es mejor que nos centremos en otras cosas. Ahora que puedo estar tranquila de que no me vas a atacar, quizás podamos continuar.
-No sabía que podías interceptar la maldición cruciatus._ se extrañó Harry.
-Normalmente, esta maldición se puede interceptar con un buen escudo protector, pero tu maldición no hubiera sido difícil de detener. Ni siquiera habrías podido hacerme daño._ ante la mirada atónita del chico, ella sonrió._ Tú no querías causarme dolor, después de todo, solo estabas muy enfadado. Con el tiempo, te darás cuenta que hacen falta cierto tipo de...sentimientos, para que puedas llevar a cabo una maldición imperdonable.
-Lo sé._ aseguró Harry con voz queda._ Traté de hacer lo mismo con Bellatrix Lestrange y tampoco lo logré._ por un momento parecía que Christine se había puesto pálida, pero cuando habló lo hizo con tanta seguridad, que Harry pensó que se lo había imaginado.
-No te preocupes. Muy pronto vas a poder lanzarle la maldición cruciatus a Bellatrix Lestrange, y te juro que va a lamentar enormemente lo que le hizo a tu padrino. Y ahora...¿qué tal si tratas de introducirte tú en mi mente?
-¿Ya vamos a empezar con la Legeremancia?
-Entre otras cosas._ explicó Christine._ Ya te he dicho que las maldiciones imperdonables son algo que me interesa que aprendas. Necesitas defenderte de los mortífagos y poder reconocerlas.
-¿No dijiste que las íbamos a aprender en clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras?_ preguntó Harry, siguiendo a la profesora hasta el centro de la habitación.
-Sí, lo haremos._ confirmó ella._ Pero no será hasta el último trimestre. No podemos esperar tanto. Ya sabes que quiero que actúes después de Navidad. Si todo va bien, estarás listo._ Harry asintió.
-Otra cosa..., me dijiste que me ibas a enseñar a hacerme invisible._ ¿podríamos practicarlo esta noche? Me resulta muy incómodo ocultarme tras la capa de mi padre cuando tengo que pasar por la sala común y está llena de gente._ Christine miró su reloj de pulsera, que marcaba las dos de la mañana.
-Está bien. Probaremos un poco la Legeremancia y luego te enseñaré el encantamiento. Con un poco de suerte...en un par de noches lo habrás aprendido.
-Esperas mucho de mí._ suspiró Harry y preparó su varita.
-Puedes hacerlo y lo sabes. Ya superaste esa fase en la que no confiabas en ti mismo. Y ahora...trata de ver mis recuerdos._ una sonrisa irónica apareció en el rostro de Christine. Harry asintió y levantó su varita.
-¡LEGEREMENS!_ gritó y concentrándose tal y como Christine le había explicado introdujo su propia mente en la de ella. De pronto, cuando una luz iba a comenzar a revelar cosas, se topó con una pared tan dura que su varita voló por los aires y él cayó hacia atrás, respirando agitadamente.
Christine abrió los ojos y sonriendo se acercó hacia él, para ayudarle a levantarse.
-Siento si he empezado muy fuerte. Pero creo que vas a sudar mucho antes de poder ver mis recuerdos...
-Ya lo creo..._ murmuró Harry y tras aceptar la mano de su profesora, se dispuso a intentarlo de nuevo, para obtener el mismo resultado.



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Diane Hart se dirigía a un ritmo apresurado hacia el despacho de la ministra de Magia. Habían sido días agotadores desde que un testigo muy importante había sido asesinado. Se habían producido desde entonces tres ataques más, y dos de ellos habían podido ser interceptados a tiempo de que una cifra de muertos elevada, se sumara a la de miles de civiles.
Todo se debía, principalmente, a la gran ayuda que proporcionaban unos extraños individuos, vestidos todos de igual forma, como si se tratara de un grupo de defensa. Eran magos muy experimentados y era hasta ahora, la única baza que había tenido el ministerio para repeler el avance mortífago.
Lo curioso, es que nadie sabía nada acerca de estos extraños personajes, pero una cosa quedaba clara, sin su ayuda, probablemente el mundo mágico ya estaría bajo el dominio del mago tenebroso, que se hacía llamar a s sí mismo, Lord Voldemort.
Pero parecía que algo importante volvía a ocurrir, porque Amelia Bones había llamado con urgencia a Diane a su despacho, o quizás, conociéndola como la conocía Diane, la ministra no quisiera hacerse esperar.
Diane era la asistente persona de Amelia Bones, desde que ésta entrara como ministra y desde que Percy Weasley, del que actualmente, no se sabía nada, presentara la dimisión, cuando se hizo público el regreso de Voldemort.
Inmediatamente, Amelia había solicitado como su asistente personal a Diane. No solo porque la conocía desde hace tiempo, sino porque le tenía gran estima.
Diane había trabajado de secretaria con Amelia en su anterior departamento y tenerla cerca suyo, le hacía sentirse más segura, sentimiento que también Diane compartía.
Llegó hasta la puerta cerrada del despacho de la ministra y tocó suavemente. Después de un breve silencio, se escuchó la voz severa de Amelia Bones y Diane ingresó en la habitación.
-¿Me llama, señora ministra?
-Sí, Diane._ dijo Amelia revolviendo los papeles que tenía en la mesa. Se veía algo estresada y con voz cansada._ Haz el favor de decirle a Thomas Grint que venga lo antes posible, necesito hablar con él. Y cuando lo hagas, si pudieras traerme un café..._ se pasó la mano por la cara._ no me vendría mal.
-En seguida._ contestó Diane haciendo una leve inclinación.
-Gracias, Diane. Y tómate tú otro también, ¿de acuerdo? No has parado de trabajar en días...
Diane sonrió, asintió y se marchó a buscar a Thomas Grint, que era el jefe supremo del cuartel de aurores.
No tardó mucho en llegar puesto que iba a un ritmo acelerado, como solía hacer siempre, y tras esquivar una serie de Memorándums, que parecían tener tanta prisa como ella, se acercó al despacho de Thomas Grint y le hizo llegar el mensaje de la ministra. Minutos después, volvieron a llamar al despacho de Amelia Bones, y un hombre alto y delgado, con una cabellera rubia que le llegaba a la altura de los hombros y unos ojos de un azulado indefinido, entró.
-¿Llamabas, Amelia?_ Grint tenía una voz grave y seria. Todo el mundo sabía que era estricto y muy entregado a su trabajo, pero en general, era bastante correcto con el trato a las personas, aunque parco en palabras._ Amelia levantó la cabeza de sus papeles y le indicó que se sentara.
-Hace unos días, reunimos a la Confederación Internacional de Magos.
-Sí, algo he oído._ susurró Grint toscamente.
-Dimos datos sobre los ataques, buscamos sospechosos, indagamos en el paradero de Quién-tú-sabes..., en fin, todas esas cosas de siempre._ Grint asintió, para que continuara._ revisando la magia que fue empleada durante los ataques, formulamos una estadística, más que previsiva. Comprobamos, que los novatos que son enviados a los ataques, suelen usar las maldiciones imperdonables, seguramente, para probar ante sus jefes que son capaces de hacerlo, o simplemente porque se lo ordenan._ Amelia hizo una pausa y suspiró._ En cambio, los mortífagos que suelen dirigir los ataques y que están fichados por el ministerio, emplean magia negra, incluyéndose a las maldiciones prohibidas.
-Sí, eso es correcto. Yo también lo he comprobado._ corroboró Grint.
-Entonces te habrás dado cuenta de que tus aurores no están capacitados para enfrentar tales dotes mágicas._ Grint se removió incómodamente en su silla.
-Sí, estamos algo por debajo de ellos, sin embargo...
-No estoy dudando de la capacidad de tus aurores, Thomas,_ aseguró Amelia levantando la mano._ Sé que llegar a ser auror requiere unas capacidades muy serias y que han sido sometidos a exámenes muy duros, lo que me refiero es que los mortífagos actúan fuera de la ley y que esa es una ventaja a su favor, no sé si me entiendes._ Grint asintió._ Los únicos que tienen ciertas posibilidades para enfrentar a los jefes de los ataques son esos extraños individuos que nos están ayudando. Están muy bien preparados y conocen todas las ramas de la magia blanca, como te habrás fijado.
-Sí, lo he notado._ aceptó Grint._ Es como si hubieran sido entrenados, solamente para estos casos. Especialmente..._ hizo memoria recordando el último ataque._ hay uno de ellos, llevan el rostro tapado, pero creo que era una mujer, que es tremendamente poderosa. Suelta un poder que no había visto nunca._ Amelia sonrió interiormente. Sabía de quién se trataba la persona a la que estaba describiendo su colega, pero no podía decirlo.
-Sí, reconozco que sin su ayuda, estaríamos en otra situación.
-Comprende Amelia._ reprochó Grint molesto._ Que mis aurores llevan un ritmo muy alto. Apenas descansan y están vigilando constantemente zonas muy puntuales. Cuando se produce un ataque, no puedo llamarlos a todos y dejar desprotegidos ciertos puntos, porque eso podrían estar buscando los mortífagos. Hogsmade, por ejemplo, es el único pueblo enteramente mágico que queda en Gran Bretaña. Es un punto de mira demasiado fuerte como para abandonarlo.
-Lo entiendo._ aseguró Amelia.
-Tal vez...si me dejaras rebajar la vigilancia en otros lugares...podría...
-¡No voy a dejar Hogwarts desprotegido, Thomas! Ni pienso alejar la vigilancia de Harry Potter._ gritó la ministra algo furiosa. Grint hizo una mueca de desagrado.
-Tú misma Amelia, pero te estás equivocando. Sé lo que Harry Potter significa y lo que hizo en pasado, pero solo es una persona más. Estás dejando que gente inocente muera por prescindir de mis hombres, y a cambio, te excedes en la protección de un único civil._ Amelia suspiró tratando de tranquilizarse.
-Tengo mis motivos._ aseguró._ Pero no es de la protección de Harry Potter por lo que te he hecho llamar._ tomó aire consciente de lo que iba a proponer._ En la reunión con la confederación, quedamos en volver a poner en rigor la antigua Ley de Crouch._ Grint abrió mucho los ojos sorprendido._ Sí, voy a autorizar el uso de las maldiciones imperdonables contra los mortífagos, exclusivamente contra los mortífagos_ recalcó.
-¿Estás segura? Yo no tengo ningún problema, sabes que ya las utilicé la vez anterior, pero quizás la gente no esté tan conforme.
-No me interesa la popularidad, Thomas. Me interesa salvar vidas y si este es el método adecuado, lo haré._ el rostro de la ministra parecía mucho más consumido que minutos antes._ Esto equilibrará un poco la balanza. No escatimes a la hora de usarlas, Thomas...solo quiero acabar con esto._ Grint se puso en pie y asintió._ Asegúrate de que todos tus aurores estén preparados para realizarlas...
-Descuida, lo haré. Y...piensa lo que te he dicho acerca de Harry Potter. Solo es otra vida cualquiera, conozco la historia del muchacho y sé que ha sufrido bastante pero...día a día lo hacen miles y miles de personas. Sinceramente, conociéndote como te conozco, aún no entiendo tus razones..._ y tras decir esto, salió por la puerta.
-Lo sé._ murmuró Amelia._ Pero no puedo explicarte mis motivos...pero si el muere...la esperanza del mundo mágico morirá con él...



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Aquella mañana, Harry despertó de un almohadazo. Ron se lo había lanzado antes de entrar en cuarto de baño, para que se despertara.
-¿Qué hora es?_ preguntó somnoliento, cuando vio que su amigo volvía a salir del aseo, totalmente vestido y peinado.
-Las nueve y diez._ contestó Ron y le lanzó a la cama un par de panecillos._ Los subí del Gran Comedor, nuevamente no has bajado a desayunar._ puso cara de preocupación, pero en seguida rectificó._ Date prisa en arreglarte. Te espero en la sala común, las clases empiezan en quince minutos._ y salió escaleras abajo.
Fue una suerte que lo hiciera porque si se hubiera fijado en el aspecto que mostraba Harry, probablemente se hubiera llevado un susto de muerte.
El muchacho se levantó y se dirigió hacia el baño. Se miró en el espejo y unos ojos hinchados y ojerosos le devolvieron la mirada. Su cara estaba más pálida que el papel y el pelo mucho más revuelto. Aquella noche había dormido muy poco, porque se había quedado hasta las cinco de la mañana practicando el encantamiento de invisibilidad.
Suspiró, abrió el grifo y se mojó la cara y cabeza con agua. Tras secarse un poco con la toalla, volvió al dormitorio, se puso la túnica de Hogwarts, se aplastó el pelo mojado contra la cabeza y se acercó a su baúl.
Antes de abrirlo, miró en ambas direcciones, como no observó signo alguno de presencia, sacó una pequeña caja de color marrón claro. Murmuró una especie de contraseña apuntando con la varita y la caja se abrió, revelando múltiples frasquitos de un color transparente. Sonriéndose a sí mismo, cogió uno de los frascos y se bebió de un sorbo todo el contenido. Una energía renovada le regresó al cuerpo. Volvió a guardar la caja en el baúl, se acercó a la mesita de noche y se puso las gafas. Regresó después al lavabo y se miró al espejo de nuevo. Su cara, antes pálida había tomado algo de color y sus ojos ya no estaban ni hinchados ni ojerosos. Tras emitir un largo suspiro y hacer una mueca de dolor( la poción nunca le eliminaba la sensación de cansancio por completo), tomó su mochila y su varita y bajó a la sala común a reunirse con Ron y Hermione, para comenzar, lo que sería un duro día de trabajo.


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N/A: Olasss de nuevo. Aquí traigo otro capi, agradeciendo sinceramente vuestros reviews. No está siendo la mejor época de mi vida, así que supongo q me he refugiado en el papel, q desde pequeña siempre me ha guardado los secretos. Jejeje, me estoy poniendo sentimental y no quiero así q disculpad si algún capi os parece excesivamente triste, pero ya veis q la situación me atrae a ello. Nuevamente gracias a todos/as por leer mi fict, saludos especiales a Susana q se q le voy a dar una grata sorpresa después de sus duros exámenes y también un beso muy grande para los demás.
¡Nos vemos en el próximo capi!
CAPÍTULO 14: UN MOMENTO DE DEBILIDAD.



-...es por eso que son realmente fuertes, la mayoría de los hechizos lanzados contra su piel no sirven de mucho, a no ser que haya una congregación de magos numerosa o un gran poder mágico._ Christine se paseaba de un lado para otro señalando la pizarra, donde había el dibujo de un gigante. Hermione tragó saliva, ella y Harry habían sufrido en sus propias carnes la experiencia de ver a un gigante desafiando a una bandada de centauros. Parvati levantó la mano._ ¿Sí, señorita Patil?
-¿Por qué se han unido a Voldemort?_ la clase se sumió en el más profundo de los silencios. Los estudiantes de Slytherin, se giraron sobresaltados hacia la chica y le enseñaron los dientes con odio, ella, sin embargo, no se amilanó. Pero no fue la única. Christine también se quedó parada sin poder reaccionar. Acababa de escuchar a una alumna, y una alumna normal y corriente, que procedía de una familia de magos, nombrar a Voldemort sin aparente temor. Dirigió la mirada hacia Harry y vio que el chico le sonreía con complicidad, entendió lo que pasaba y le devolvió la mirada, para luego dirigirla a Parvati. Algunos miembros del ED parecían muy satisfechos con el sobresalto que se habían llevado los demás.
-Generalmente, las criaturas del mundo mágico no tienen unas leyes fijas._ explicó Christine como si no hubiese sucedido nada._ Algunos, como podrían ser los vampiros, tienen instintos asesinos por naturaleza y eso ha provocado durante siglos el rechazo de los magos. Los hemos tratado de apartar de nuestro camino, los hemos ocultado y olvidado de nuestras vidas y hemos creado leyes que les dificultan la existencia. No podemos esperar, que ahora que necesitamos su ayuda, se unan a nosotros sin más. No, Voldemort conoce muy bien que ese tipo de criaturas se mueven por los instintos y les ha proporcionado las libertades, las presas y los derechos que nosotros los magos les hemos robado._ Christine sonrió y miró a la clase esperando alguna pregunta. Como nadie dijo nada más, miró su reloj de pulsera y añadió._ Bien, eso es todo por hoy, de deberes...un pergamino entero sobre las maldiciones más convenientes para realizar contra los gigantes y sus puntos flacos.
Hubo un murmullo de protestas, pero la gélida mirada de la profesora bastó para que todo el mundo dejará de hablar y comenzara a recoger sus cosas en silencio. Christine se acercó a donde estaba Harry y le susurró muy bajito para que Ron y Hermione, que estaban más preocupados de meter los libros en la mochila, no escucharan.
-Harry...ya sabes que tú no hace falta que me lo entregues, nos vemos esta noche.
-De acuerdo._ murmuró Harry inexpresivo, pero cuando levantó la cabeza para mirar a Christine vio como la profesora se llevaba una mano a la cabeza y cerraba los ojos. Harry abrió ligeramente la boca, en el momento en que la mujer abría de nuevo los ojos y miraba a ambos lados con gesto preocupado, mordiéndose ligeramente el labio inferior.
-¿Qué ocurre?_ le preguntó Harry en un susurro apenas inaudible, pero Ron y Hermione, que acababan de levantar la cabeza de sus mochilas, también notaron el extraño comportamiento de la profesora.
-¿Se encuentra bien, profesora Byrne?_ titubeó Hermione algo confusa, mirando a Ron de soslayo. Christine hizo un gesto brusco, como si estuviera enfadada de que la hubieran visto.
-Sí, no se preocupe, señorita Granger. Vayan a la siguiente clase._ Ron y Hermione volvieron a mirarse nerviosamente y comenzaron a salir, pero Harry se quedó y observó a Christine atentamente, con el rostro muy serio. Ella lo perforó con la mirada.
-¿Qué es lo qué ocurre?
-Márchese, Potter._ respondió duramente la profesora, lo suficientemente alto para que Ron y Hermione se fijaran en su amigo. Harry no tuvo más remedio que seguirlos. Cuando los vio desaparecer por la puerta, Christine golpeó con violencia el escritorio.
-¡Maldita sea!_murmuró._ ¿Y ahora qué ocurre?
Lo que no se imaginaba la profesora es que Hermione no se iba a rendir tan fácilmente. Y nada más salir por la puerta, cogió a sus dos amigos por la túnica y los tres se asomaron por el marco para ver lo que ocurría. Un grito ahogado les recorrió a los tres cuando descubrieron que su profesora, rodeada de una luz blanca, desaparecía de la habitación.
Hermione se incorporó y se giró para ver las reacciones de los dos chicos. Harry parecía estar muy sumido en sus pensamientos y Ron se rascaba la cabeza confusamente.
-No puede ser..._ susurró la chica._ Simplemente es imposible...
-¿Qué no puede ser?_ preguntó Ron, que parecía ser el único que no se había percatado de la situación real._ Vale, tiene una desaparición un poco singular, eso de la luz mola, pero por lo demás, no hay nada de raro._ Hermione soltó un bufido de exasperación.
-¡Ay Ron! ¿Todavía, después de todos estos años conmigo, no se te ha gravado en la cabezota que es imposible aparecerse y desaparecerse en Hogwarts?_ Ron abrió mucho la boca, medio atontado.
-Pero....pero..._ señaló al aula de Defensa Contra Las Artes Oscuras, ahora vacía.
-Sí, sí, sí,_ se inquietó Hermione._ ¿Cómo ha hecho eso la profesora? Es imposible...nadie, estoy segura, es...
-Quizás haya encontrado la forma de hacerlo, Hermione._ razonó Ron temiendo que su amiga entrara en un ataque de histeria.
-¡Ni siquiera Voldemort podría!_ gritó Hermione. Y se giró para mirar a Harry, que seguía absorto en sus pensamientos._ Díselo tú, Harry, dile que es imposible..._ Harry no respondió de inmediato. Estaba recapacitando. Herrmine tenía razón, era imposible hacer lo que acaba de hacer Chris, él lo sabía, y sin embargo...Pero sin duda, era mejor ocultárselo a sus amigos, decir cualquier estupidez que pudiera delatar a Christine, no debía buscarle problemas, ya se lo preguntaría más tarde en las clases.
-La verdad Hermione._ dijo fingiendo indiferencia._ Tal vez haya habido un error o ella encontró la forma de hacerlo...no sé, lo mejor es olvidarlo._ Hermione abrió los ojos como platos sin comprender la actitud de su amigo.
-Está bien_ suspiró y comenzó a correr por los pasillos.
-¿A dónde vas?_ le gritó Ron.
-¡A la biblioteca!
-¡Pero si tenemos clase con Binns!_ pero Hermione no contestó y siguió corriendo hasta perderse de vista._ ¡No quiero copiar apuntes!_ Ron miró a Harry desesperado._ Debe de tener muchísima curiosidad si se salta una clase._ Harry se encogió de hombros.
-Creo que vamos a tener que tomar apuntes.




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-¿Recuerdas nuestra primera conversación, cuándo te convencí para que dieras clases en Hogwarts?_ preguntó el director del colegio, que aquella noche se encontraba en su despacho, acompañado de una de sus profesoras. Llevaban mucho tiempo callados, pensando, y ya habían pasado varios días en que no hablaban detenidamente, como solían hacerlo antes.
-La recuerdo._ contestó Christine, mirando a través de la ventana y observando, como siempre hacía, el campo de quiddich. Dumbledore meditó unos segundos y luego contestó.
-Has cambiado mucho desde aquella ocasión, y no creí que lo hicieras de esta forma.
-¿A qué te refieres?_ preguntó la profesora distraídamente, sus ojos parecían perdidos en la oscuridad de la noche.
-Dijiste que no podrías soportar hacerle daño a Harry, pero veo...que ese problema está solucionado. ¿No sientes ninguna compasión hacia él, verdad?_ los pequeños y penetrantes ojos de Dumbledore se clavaron en la espalda de la mujer, que una vez más, se mostró ausente.
-Es necesario y lo sabes.
-Sí, lo sé._ aseguró el director._ He visto a los alumnos, observó detenidamente a Harry y me estoy dando cuenta de que tu labor aquí, es muy importante.
-¿Sin embargo...?_ recitó Christine, y Dumbledore volvió a sonreír.
-Sin embargo, creo que te estás equivocando de la forma en la que tratas a Harry._ ahora fue Christine la que sonrió.
-¿En serio? Pues yo creo que vamos avanzando. Está comenzando a cerrar su mente mucho más rápido, te recuerdo que estamos a finales de Octubre, en dos meses ni siquiera Lord Voldemort podrá penetrar en ella. Y he descubierto muchísimas cosas acerca suyo...
-... cosas que él no te ha contado._ terminó el director._ Cosas que viste en sus recuerdos y que seguro fueron especialmente dolorosas.
-Y a pesar de todo...él mismo me habló acerca de Sirius._ le recordó Christine._ Es cierto que sigo sin agradarle pero sabe que soy la única baza que tiene.
-¡Christine!_ le reprendió Dumbledore severamente y se acercó hasta la ventana para obligarla a que le mirara a los ojos._ Te dije que le ayudaras a superar la muerte de Sirius Black y que trataras de sobreponerlo con una máscara, pero bien sabes que no me refería a que lo volvieras como tú...
-Ser como yo, como tú dices, es lo que me ha mantenido con vida hasta ahora._ replicó Christine, mirando por primera vez a los ojos de Dumbledore.
-Así no era como tenían que salir las cosas._ suspiró el anciano._ Se trataba de que le tomaras cariño, de que él viera en ti a una persona de tanta confianza como veía a Sirius, de que él te cambiara a ti y tú lo ayudaras a sobreponerse..., pero solo he visto mucha más frialdad por tu parte y un Harry que no es el que conocimos...
-No habrá otra persona que pueda reemplazar la confianza que Harry le tenía a Sirius._ dijo Christine apretando los dientes, sus ojos brillaban inusualmente._ Lo he visto en su corazón. Vives en un cuento de hadas, Dumbledore, ¿pensaste que todo iba a ser bonito y maravilloso? ¿qué él iba a quererme como a una madre? ¡Pues te equivocaste! Si alguna vez quedó algún atisbo en mí de mi antigua personalidad, murió la noche en la que murieron los Potter, murió con..._ no pudo terminar la frase, porque aquellos recuerdos se le hacían vagamente familiares, comparando la luna que brillaba intensamente a través del gran ventanal del despacho del director._ Él no siente ningún afecto hacia mí, ni pretendo que lo sienta..._ giró el rostro de nuevo hacia los ojos del director e hizo una mueca de desagrado._ mira donde nos ha llevado a amar tanto, Dumbledore...mira como estamos ahora, no. Me juré no volver a sentir ese dolor tan grande jamás y no caeré de nuevo en su trampa, voy a ser fuerte, yo voy a resistir.
-¡No puedo creerme que no te importe Harry, que no te haya importado contemplar en sus recuerdos la muerte de Sirius, no me lo creo...!_ Christine le rehuyó la mirada._ Por supuesto que te importa, darías tu vida por él y lo sabes...
-Es mi trabajo hacerlo. Únicamente por eso. No tengo compasión de Potter, no, miento, sí la tengo, tengo compasión del niño que habéis hecho que sea, lo habéis condenado, lo habéis llevado al camino del sufrimiento...bien sabes que su destino requiere una personalidad tan fría como la mía, y es mi trabajo proporcionársela y no puedes detenerme..., no es algo que esté a tu alcance.
-La única carta a su favor que tiene Harry en esta guerra_ le advirtió Dumbledore._ es que todavía puede sentir, que todavía es humano...
-Tal vez ya no lo sea._ soltó Christine.
-Entonces tú misma lo has condenado._ hizo una pausa, en la que ambos se miraron profundamente y luego regresó a su sillón y se dejó caer sobre él, entrelazando las manos de dedos largos._ ¿Sabes qué es lo que le salvó de ser poseído por Voldemort en el Departamento de Misterios?_ Christine negó con la cabeza._ Yo pude oír su voz, pidiéndome que le matara...y Voldemort esperaba que lo hiciera. Cuando estaba pensando un modo de salvarlo, él mismo lo hizo. El dolor por la muerte de Sirius le ayudó, quiso que yo lo matara para poder estar con Sirius...y Voldemort no pudo soportar estar en un cuerpo lleno de un poder tan grande que desconocía...el amor...
-Una buena jugada, sin duda._ aseguró Christine._ pero yo también tengo un as en la manga.
-¿A qué te refieres?_ ella sonrió al ver que el director se mostraba interesado.
-A que bajo la frialdad y la inhumanidad que esconde Harry, hay un sentimiento que siempre le hará conservar ese poder, y son sus amigos. Mientras Harry siga teniendo ese instinto de protección hacia ellos, mientras siga teniendo ese impulso que lo llevó a ir a salvar a Sirius al Departamento de Misterios, conservará ese poder, bajo la máscara que le he impuesto.
-Espero que no te equivoques, Christine, espero que tu gran as bajo la manga no se gire en tu contra.
-No lo hará. Porque esta vez no cometeré los mismos errores que la última vez, y que me condenaron a ser lo que soy ahora...



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Había llegado el otoño, el castillo ya no era el lugar cálido y reconfortable de aquellos primeros días de Septiembre, la fecha esperada por todos, Halloween, se acercaba y con ella el primer partido de quidditch de la temporada: Gryffindor contra Ravencraw.
El equipo de Gryffindor, capitaneado por Harry, se había entrenado muy duramente durante el último mes y estaban sumamente nerviosos por jugar el primer partido. Ron se solía pasear por la sala común en aquellos días, repitiéndose a sí mismo, “Weasley eres el rey, Weasley eres el rey”, actitud que ponía de los nervios a Hermione.
Euan había bajado a la biblioteca y había cogido “Quidditch a través de los tiempos”, libro que le había recomendado Harry, y también se pasaba horas y horas revisando estrategias y realizando ejercicios de relajación.
Ginny había adoptado la postura de Harry y ambos se mantenían muy tranquilos, junto con Alicia, eran la estabilidad del equipo. Ginny confiaba tanto en Harry y en su escoba que no dejaba lado al miedo, Alicia tenía demasiada experiencia como para preocuparse y Harry tenía toda la seguridad y frialdad que durante semanas le había estado inculcando Christine. Las clases con la profesora habían variado totalmente su forma de ser, parecía incapaz de sentir ningún sentimiento que no fuera la propia y dulce venganza, que le visitaba en sus sueños.
En el fondo de su ser, habían dos cosas que todavía le atormentaban el alma: la preocupación por sus amigos, que era su parte humana, y el sentimiento de culpabilidad por no poder sacarse de la cabeza a Sirius. Lo había intentado por todos los medios, pero sus sueños no le dejaban márgenes y aquello había acarreado más de una discusión con Christine.
Pero para cuando llegó el viernes de Halloween, día del partido, Harry no tenía nada más en mente que ganar, había adoptado esa postura competitiva también a raíz de las clases con su profesora.
-Mañana hay salida a Hogsmade._ les informó Hermione emocionada, que acababa de llegar de ver el tablón de anuncios. Harry, Ron y Ginny estaban sentados en las butacas de la Sala Común repasando estrategias y apunto de dirigirse a los vestuarios.
-¿En serio?_preguntó Ron contentísimo._ ¡Perfecto! ¡tengo muchas cosas que comprar en Honeydukes!.
Poco después, Hermione se había dirigido a las gradas de Gryffindor y sentado al lado de Parvati y Lavander y ellos al vestuario para cambiarse.
La profesora McGonagall, como premio por haber ganado la copa el año pasado había encargado comprar túnicas nuevas, a medida de los nuevos jugadores, y además, llevaban el nombre grabado en la espalda.
Ron ayudó a su hermana a atarse bien la túnica, pero él estaba tan nervioso que temblaba.
-Bien._ dijo Harry con determinación cuando estaban a punto de salir al campo._ Ya sabéis lo que tenemos que hacer. Hemos ensayado estas jugadas durante los entrenamientos y conocemos a los jugadores de Ravencraw, así que solo tenemos que hacerlo como siempre, ¿de acuerdo?_ hubo un murmullo de asentimiento._ Euan, quiero que entre tú y Ginny os ocupéis de marcar, Alicia se va a encargar de Davies, es el mejor del equipo. Ron, solo controla tus nervios y podrás pararlas todas, eres un gran guardián.
-Gracias_ dijo Ron algo cohibido._ Entonces...¡a ganar!
-¡A ganar!_ respondieron los demás levantando los puños.
Cuando el equipo de Gryffindor saltó al terreno de juego, Ravencraw acababa de ser presentado. Ahora que no estaba Lee, el puesto de comentarista se lo habían dado a Dean Thomas, vigilado muy de cerca por la profesora McGonagall.
Harry rodeó el campo con su Saeta de Fuego mientras Dean los presentaba y observó que estaba completamente lleno. Las gradas de Slytherin los abucheaban y comenzaban a cantar la dichosa canción de humillación a Ron. Harry miró a su amigo y le hizo un gesto de confianza, que éste devolvió con una sonrisa.
La señora Hooch los llamó y Harry y Davies se dieron la mano, el chico de Ravencraw apretaba algo más fuerte de lo normal. Entonces los dos se separaron y tomaron posiciones en el campo. La señora Hooch abrió la caja de las pelotas y las dos bludgers y la snitch dorada salieron disparadas. La pequeña pelota alada, revoloteó durante unos instantes cerca de donde estaba Harry y en seguida se perdió de vista. Entonces, con el silbido inicial y el atrape de la quaffle por parte de Alicia, dio comienzo el partido.
Harry observó como Alicia le pasaba la pelota a Ginny y ella se iba a obstaculizar a Davies, antes de comenzar a fijarse en la snitch.
-Hola Harry._ le saludó una chica de una larga melena negra y una sonrisa preciosa. Era Cho. Harry no pudo evitar sonrojarse._ ¡Que gane el mejor!
-¡Lo mismo digo!_ dijo Harry y comenzó a dar vueltas por el campo buscando a la snitch. Los comentarios de Dean hacían eco en las gradas.
-...Weasley se la pasa a Abercrombie, éste a su vez se la devuelve, parece que la función de Spinnet es obstaculizar a Davies porque no lo deja ni a sol ni a sombra, Weasley hace un quiebro...se acerca a la meta, esquiva la bludger lanzada por uno de los golpeadores del equipo de Ravencraw...está muy cerca...va a lanzar y...¡GOL! ¡PRIMER TANTO PARA GRYFFINDOR!
-¡No es gol, Dean!_ protestó Seamus._ Eso es en el deporte muggle.
Pasaron unos minutos y Gryffindor había anotado tres veces más, parecía que el marcaje dirigido hacia Davies había puesto muy nerviosos a los demás jugadores de Ravencraw, y la combinación entre Ginny y Euan era perfecta. Harry no encontraba la snitch y deseaba acabar el partido lo antes posible, Cho le pisaba los talones muy de cerca...
-¡Y SÍ, SEÑOR! ¡ESO ES UNA ESCOBA; MIRAD COMO VUELA LA FLECHA PLATEADA! ¡WEASLEY SE ANOTA OTRO TANTO PARTICULAR! ¡DIOS SANTO! ¿DE DÓNDE HABRÁ SACADO ESA ESCOBA?
Harry dejó de buscar la snitch unos segundos para ver el tanto de Ginny y se rió por el comentario de Lee. Desde las gradas, ni siquiera Malfoy podía seguir cantando la canción de “A Weasley vamos a coronar”, porque Gryffindor estaba haciendo un buen papel y estaba boquiabierto de que Ginny tuviera una escoba así.
Tuvo que apartarse rápido porque una bludger casi le golpea en la cabeza.
-¡Chambers se acerca a la meta, se la pasa a Bradley, Bradley busca con la vista a Davies pero éste sigue totalmente marcado por Spinnet, menuda labor está haciendo el equipo de Gryffindor, Bradley se la devuelve a Chambers, que esquiva a Abercrombie y...¡Marca Ravencraw! ¡El guardián no ha podido hacer nada, y el marcador refleja ciento veinte a treinta a favor de Gryffindor!
Harry comenzó a buscar con más ahínco. Si él no encontraba pronto la snitch el partido duraría eternamente. Cho iba detrás y cuando aceleró la saeta para bajar en picado y buscarla por otra parte, la vio. La snitch revoloteaba muy cerca de los aros de Ravencraw. Cho también la había visto. Ambos aceleraron al máximo sus escobas y se pusieron a la par a ras de suelo para perseguir a la snitch. Iban hombro con hombro, en una lucha encarnizada, rozaban el césped con los pies y ambos alargaron la mano a la vez, pero Harry había logrado acelerar más su escoba y alcanzó a la snitch antes que Cho. Entonces la chica perdió el equilibrio de su escoba y se cogió a la túnica de Harry y ambos cayeron rodando por el césped a la vez que sus escobas golpeaban contra el suelo y se desperdigaban por la hierva.
Cho se agarró bien a Harry y abrazados e impulsados por la caída rodaron por el césped hasta detenerse, donde Cho quedó encima de Harry, con sus caras muy cerca.
Ambos se rieron por la caída y entonces Cho apartó el pelo sudado de la cara de Harry, mientras sus corazones se aceleraban y fue acercándose lentamente hacia sus labios. Estaba a punto de rozarlos cuando Harry la apartó con delicadeza y se puso en pie.
Cho se quedó muy confundida y miró al muchacho con tristeza, otra vez estaba empezando a llorar.
-Harry...¿qué...?
-Lo siento, Cho_ se disculpó él con el rostro serio._ Pero no me gustas._ Cho se fue corriendo y secándose las lágrimas en los ojos, seguida por Davies y alguno de sus compañeros de equipo. Harry la vio alejarse y suspiró, pero no tuvo tiempo de pensar en nada más porque unos bultos se le lanzaron encima.
-¡Hemos ganado, hemos ganado!_ decía Ron emocionado. La gente salía de las gradas para felicitarlos.
Kirke y Sloper chocaban sus manos con Euan y Alicia estaba también abrazada a ellos.
-¡Menudo corte le diste a Cho!_ le gritó Ron entre la gente que se arremolinaba en torno a él. Harry solo sonrió y buscó con la mirada a Ginny, pero no estaba entre la multitud. Hermione, como adivinando sus pensamientos le señaló hacia los vestuarios. Ginny, solitaria, corría hacia ellos. Harry miró a su amiga confusamente.
Pero, zafándose como pudo de los abrazos de la gente, se escabulló y también salió corriendo hacia los vestuarios.
El barullo de gente le gritaba, elogiándolo por su actuación, pero Harry solo tenía en mente llegar hasta donde estaba Ginny y preguntarle porque no estaba celebrando el triunfo con ellos, si había hecho un partido extraordinario.
Entró en el túnel de vestuarios, las paredes hacían eco con los gritos de victoria que se escuchaban desde el campo de quidditch.
Torció a la derecha y entró directamente en los vestuarios del equipo de Gryffindor. Estaban vacíos. Decepcionado, y pensando que Ginny ya estaría dentro del castillo, se dio la vuelta para marcharse cuando escuchó un sollozo que provenía de una de las duchas. Con el corazón en un puño se acercó hacia allí y con mucho cuidado abrió la puerta de la ducha.
Ginny estaba allí. Estaba apoyada en la pared y le caían lagrimones por la cara. Cuando vio a Harry se asustó y casi se da con la cabeza en los grifos.
-¿Qué haces aquí?_ le preguntó con la voz ronca y tratando de disimular que estaba llorando. Harry estaba totalmente asombrado con el comportamiento de la chica.
-Te estaba buscando. ¿Por qué no estás celebrando el triunfo con nosotros?
-Márchate Harry._ le cortó Ginny sin poder contener las lágrimas.
-No me iré hasta saber lo que te ocurre._ respondió él tozudamente.
-Por favor vete, quiero estar sola._ Harry negó con la cabeza._ ¡Vete!_ el chico volvió a negar, y entonces Ginny abrió el grifo de agua fría y el agua comenzó a empaparlos a los dos. Ella había esperado que Harry se enfadara mucho y saliera de allí pitando, pero en cambio, el muchacho ni se inmutó, se quedó allí plantado, con los brazos cruzados y como si el agua fría no estuviese cayendo a presión.
-¿Somos amigos, verdad?_ preguntó Harry entrecerrando un poco los ojos para vislumbrarla a través del agua. Era como si no se hubiese dado cuenta de que se estaba mojando._ Mira, últimamente hemos hablado mucho y nos hemos contado cosas, así que, ¿por qué no confías en mí?_ Ginny comenzó a sollozar con más fuerza, mientras negaba con la cabeza. Harry se acercó a ella y le cogió la barbilla con una mano para obligarla a que le mirase. Cuando sus ojos conectaron, ambos sintieron como una descarga en el cuerpo, una sensación que nunca habían sentido._ Ginny...
-¿La quieres?_ preguntó la chica con pesar._ ¿Quieres a Cho?_ Harry se tranquilizó tanto de que Ginny le estuviera preguntando eso y de que no fuera algo mucho más grave, que dejó entrever una sonrisa.
-No, no la quiero.
-Pero...ella...se acercó y...
-Intentó besarme, sí, es verdad._ confirmó Harry._ Pero yo la rechacé._ Ginny abrió la boca sorprendida._ Ahora debe de estar siendo consolada por Davies.
-Pero yo creí que...que ella y tú..._ Harry volvió a sonreír y negar con la cabeza.
-Escúchame,_ acercó su cara un poco más a la de ella._ Es cierto que el año pasado me gustaba y que salimos una vez juntos, pero ahora todo es diferente. Creo que en realidad no la quería porque me di cuenta que no significaba nada para mí, tras la muerte de Sirius._ A Harry se le contrajo el estómago y Ginny lo miró con pesar, sin saber que hacer o qué decir._ Es como si mi vida se hubiera dividido en dos partes, una antes de la muerte de Sirius y otra después. Todo mi pasado no existe, pertenecen a otra realidad que prefiero ignorar o enterrar, no lo sé, pero te aseguro que Cho está dentro de ese pasado. Para mí, nada antes de Sirius existe.
-Harry...no creo que deban ser así las cosas._ Ginny bajó la mirada arrepentida de lo que iba a decir._ Cada vez que ves a Cho te sonrojas, te he visto, a ti te gusta ella, es muy guapa y solo por lo que...por lo que ocurrió, no debes dejar de olvidarla, si es verdad que te gusta._ Para extrañeza de Ginny, Harry volvió a sonreír, esta vez, un poco inquieto. Y si no hubiera estado cayendo agua sin parar, la chica se hubiera dado cuenta, que Harry también estaba rojo en aquel momento.
-Bueno...verás, es que suelo sonrojarme cada vez que una chica me mira, o me sonríe, no he sido capaz de aguantarle la mirada nunca...me da vergüenza._ Harry también había bajado la cabeza y ahora era el turno de reír de Ginny.
-¿En serio? No sabía que..._El muchacho levantó la cabeza contento de haberla hecho reír y la miró a los ojos penetrantemente.
-Creo que mi padre se avergonzaría de mí si me viese._ explicó Harry encogiéndose de hombros, sin dejar de sonreír._ Sirius me contó que era muy popular entre las chicas y muy...gallito. Está claro que no lo he heredado._ ambos rieron con fuerza, hasta que Harry volvió a adoptar su semblante serio._ Solo hay una chica a la que puedo mirar a los ojos._ Ginny también paró de reír._ Y esa eres tú.
El agua seguía cayendo con fuerza, pero para ninguno de los dos tenía importancia. Harry observó como el labio inferior de Ginny temblaba de frío o de miedo y sintió como todo su mundo se derrumbaba. Todo lo que le había dicho Christine, todo lo que había sucedido, todas las cosas que debía hacer, las batallas que pelear, eran cosas insignificantes comparadas con ese mágico momento, nada tenía sentido más que seguir acercándose a los labios de Ginny. ¿Qué importaba si tenía el destino de proteger a sus amigos y acabar con Voldemort? ¿Qué importaba si estaba rompiendo las reglas que le había impuesto Christine, al privarle de amar, de sentir? Nada tenía sentido entonces, había olvidado ponerse la máscara cuando entró en el vestuario, había olvidado por completo que estaba siendo débil, que algún día, ese error garrafal que estaba a punto de cometer le iba a costar caro, que iba a poner en peligro todo lo que tenía y en todo lo que creía, que era un amor prohibido, y que él, Harry Potter, no podía ser humano. Pero estaba vivo, podía sentir como el latido de su corazón se aceleraba, podía notar una fuerza que lo impulsaba a acercarse a ella, a tenerla entre sus brazos, a tocar al borde del delirio cada milímetro de sus labios, de esos labios carmesí, que ahora temblaban. Ella estaba indefensa y él había roto cualquier promesa que hiciera a Christine o que se hiciera a sí mismo.
Ginny sentía como si todo su mundo y su vida cobraran sentido en aquel momento. ¿Cómo habían vuelto a surgir esos sentimientos? ¿Cómo había logrado que él se fijara en ella? ¿Por qué estaba allí, con ella, y había dejado escapar la ocasión de besar a Cho? Sus motivos, explicados segundos atrás se le revolvían en la cabeza, no podía creer que fueran ciertos, pero esa forma en la que él se estaba acercando, en la que ella temblaba bajo el agua, en la que los dos iban a ser uno, le hacían confirmar las palabras del chico. Si aquello era un sueño, mejor no despertar nunca de él.
Harry se acercó lentamente hasta los labios de Ginny y ambos cerraron los ojos. Se podían formar chispas en el ambiente, porque ambos temblaban. Rozó con sus labios los de ella, que estaban empapados de agua y dejó que se deslizaran suavemente, con un contacto muy leve, pero muy sentido, los mordisqueó dulcemente y dejó que temblaran sobre los suyos. Entonces Ginny abrió lo suficiente la boca como para que Harry introdujera su lengua en ella y comenzara a juguetear con la de ella. Un beso, que había comenzado simplemente con el roce de los labios, se convirtió apasionado, sin abandonar la dulzura y la calidez con la que ambos habían explorado al otro. Y entonces, Harry acercó su cuerpo al de ella, sujetándola por la cintura y Ginny le colocó las manos alrededor del cuello y sus cuerpos se fusionaron en uno.
Las respiraciones eran agitadas y los latidos del corazón de ambos bombeaban con violencia. Cuando sus pechos se juntaron, ambos pudieron notar el palpitar del corazón del otro, como si fuera su propio músculo y se separaron bruscamente, asombrados por la velocidad a la que su cuerpo reaccionaba. Ginny se puso la mano en el corazón para tratar de suavizar los latidos, mientras escuchaba jadear a Harry.
Entonces se escucharon lejanos los gritos de celebración entrando por el túnel de vestuarios. Harry y Ginny se quedaron mirándose como si fueran estatuas, dejando chorrear el agua sobre su pelo y ropa. Fue un momento mágico, que solo se rompió con el sobresalto de los gritos mucho más fuertes y las canciones de alegría de los componentes del equipo de Gryffindor.
Harry fue el primero en reaccionar y apagó el grifo de agua, abrió la puerta de la ducha, se acercó a uno de los armarios, cogió una toalla y cubrió a Ginny, que temblaba de frío, con ella.
Ginny se quedó parada, entonces Harry se llevó el dedo a la boca, indicándole que no hiciera ruido y él cogió sus cosas y salió a hurtadillas por la puerta que daba directa al castillo, ya se ducharía en la Torre de Gryffindor.
Ginny hizo caso y cerró la puerta de su ducha para comenzarse a desvestir y tomar su ducha.
-Empecé a mirarte con deseo y hoy lo haré con esperanza..._ susurró con una sonrisa en los labios.
Cuando Ron y los demás componentes del equipo entraron, no se percataron de nada.



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Aquello era sin duda el peor ataque que estaba sufriendo el Callejón Diagon hasta la fecha. Un centenar de Mortífagos se había presentado para destruir todo a sus paso y matar cuanto más magos mejor. Ya no importaba si eran de sangre limpia o no, simplemente, Voldemort tenía un objetivo y cuantos se pusieran en su camino iban a ser aniquilados. Por eso, muchos magos, temiendo por sus vidas o por las de sus familias, se habían alistado a sus filas, lo que provocaba constantemente temores entre la gente, que no sabía quiénes eran sus amigos o con quiénes se rodeaban.
Mientras los aurores del ministerio se enfrentaban con mucha desventaja a los mortífagos, la Alianza se presentó allí para tratar de ayudar, y fue una suerte, porque muchos cadáveres se encontraban desperdigados por el suelo.
Christine cerró los puños con fuerza al ver muerta a una madre, protegiendo a su hija. Cuando cinco mortífagos dirigieron sus hechizos contra ella, con las manos creó un escudo protector que los repelió y luego se dirigió hacia ellos para atacar.
-¡Hestia!_ un miembro de la Orden del Fénix acababa de recibir la maldición cruciatus. Tonks se acercó hacia donde estaba la mujer tendida y retorciéndose y apuntó al Mortífago con su varita.
-¡Imperio!_ la maldición imperdonable dio en su blanco y Tonks le ordenó que fuera a encargarse de uno de sus compañeros._ ¿Estás bien?_ Hestia asintió y se reincorporó tambaleándose con la ayuda de su amiga.
-Tenemos que detenerlos. No pueden continuar destrozando todo a su paso y matando gente.
-Son muchos._ se lamentó Tonks._ ¿Cómo puede ser que cada vez sean más?_Hestia no tuvo tiempo de responder porque tuvieron que esquivar un haz de luz roja que se dirigía hacia ellas, y ponerse a cubierto detrás de un montón de escombros.

Un rayo verde se dirigió hacia ella y dando un giro sobre sí misma, hondeando su capa roja que le llegaba a cubrir el rostro, desapareció para volver a aparecer detrás del mortífago que le había lanzado la maldición Avada Kedavra. Sacó de su túnica una varita muy fina y gritó:
-¡Incarcelous!_ inmediatamente, unas cuerdas amarraron al hombre, que cayó al suelo tratando de soltarse._ Ni intentes desaparecerte, te lancé antes un hechizo antidesaparición.
-¡Maldita!_ Christine le sonrió burlonamente.
Le duró poco la sonrisa porque tuvo que esquivar otro haz de luz verde. Se dio la vuelta para ver quién se lo había lanzado y vislumbró a través de la capucha del mortífago unos gélidos ojos grises.
-Volvemos a encontrarnos...Christine._ susurró el mortífago arrastrando las palabras.
-Lucius...por fin muestras tu verdadera cara..._ la sonrisa irónica de Christine volvió a asomarse por su rostro cubierto._ Así que me has reconocido...
-¿Quién si no podría pelear del mismo modo que tú?_ había algo extraño en el sarcasmo que mostraba Malfoy y su tono de voz enfureció mucho a la mujer.
-Ve y dile a tu señor que aquí le espero, que va a pagar bien caro todo lo que hizo, que le tengo una sorpresita guardada que ni siquiera él imagina...
-¿Y por qué no me lo dices a la cara?_ a Christine se le paralizó el corazón. Estaba de frente, mirando a los ojos grises de Lucius Malfoy, quién se mostraba ahora muy satisfecho y con mucha prudencia, se dio la vuelta. Alto, con los ojos rojos de mirada congelante y nariz sin a penas orificios, como de serpiente, Lord Voldemort había hecho su segunda aparición en público. Un auror del ministerio que estaba cerca, lo apuntó con el dedo tembloroso y gritó:
-¡Es el Innombrable! ¡Es el Innombrable!_ muchos de los que estaban cerca comenzaron a huir y otros se habían quedado paralizados sin saber que hacer o qué decir.
Hestia, Tonks y ahora Lupin que se habían unido a ellas, salieron de detrás de los escombros y comenzaron a lanzar maldiciones a los mortífagos, que habían aprovechado la llegada de su señor para matar o herir a los aurores que se habían despistado.
Christine estaba de pie mirándole. Sus ojos azules brillaban en intensidad a través de su capucha y la energía estaba rodeando su cuerpo. Apretaba con fuerza los puños, deseando atacar al hombre que estaba frente así, buscando venganza, sabiendo que esa pelea podía costarle la vida y quebrar por segunda vez su misión. Sí, era poderosa, mucho más de lo que había sido en el pasado, sus años de soledad le habían servido para alimentar su odio y hacer crecer su poder, había visitado el infierno mismo, había vivido una vida maldita desde el mismo momento en que Voldemort se había cruzado en su camino, desde el mismo momento en que había desafiado las leyes de su naturaleza y había roto las reglas. Las reglas, que tan despreocupadamente había pasado por alto. El destino le había devuelto la moneda y ahora que tenía la oportunidad de vengarse, no la iba a desaprovechar.
-Así que...has vuelto._ siseó Voldemort sonriendo maliciosamente y comenzó a pasear alrededor suyo, analizándola._ ¿Sabes? Estás muy cambiada...no eres la misma persona...me gustas más...ahora...
-Tú me obligaste a cambiar y quizás algún día te arrepientas de haberlo hecho._ respondió Christine bruscamente. Voldemort soltó una carcajada.
-Pero sigues teniendo el mismo carácter de siempre...sí, en el fondo Christine, siempre conservaras ese desdén...por las normas...
-Eso es algo que no te incumbe.
-Y sin embargo yo creo que sí._ gruñó Voldemort, comenzando a abandonar su tono amable, por el desprecio de la chica._ Me culpas de lo ocurrido pero...¿acaso fui yo quién rompió las reglas? No, tú sabes que no, yo te ofrecí el poder, yo te avisé que de aquella forma no conseguirías nada...el destino se encargó de ponerme en medio y lo sabes...pero fue culpa tuya...tú desobedeciste y renegaste de tu naturaleza..._ Christine cerró los ojos tratando de sacarse el dolor que la invadía. No, no podía flaquear ahora, no después de que había logrado ser fuerte, no podía dejar que las engañosas palabras de Voldemort la confundieran._ Y aún te atreves a acercarte a Harry...¿sabe ya él lo que hiciste? ¿ya sabe quién eres? Porque cuando lo averigüe, quizás...ya no desee tu protección...
-Eso es algo que ni tú ni él podéis impedir. Es mi trabajo._ susurró Christine en tono cortante. Voldemort volvió a sonreír.
-Quizás...pero cuando te convino dejaste atrás tu trabajo...¿no es cierto Christine?
-He aprendido muy bien la lección._ los ojos de la mujer cada vez brillaban con más odio, estaban tornándose de un azul oscuro, como si la mismísima oscuridad los absorbiera._ No vas a engañarme de nuevo, no vas a poder convencerme, ya está en el pasado, un pasado que he olvidado...
-Bien,_ siseó Voldemort._ Entonces quizás, deba volver a recordártelo...hallaré la manera, Christine, te aseguró que lo haré, me conoces...y lo sabes...
-Para cuando lo hagas, será demasiado tarde._ replicó la chica y se dio media vuelta para comenzar a caminar hacia donde un grupo de la Orden del Fénix estaba en apuros. Voldemort sonrió cuando la vio ondear su capa.
-Es una lástima...estuve bien cerca de lograrlo...algún día vendrás a mí, Christine...y ese día, será el final de Potter._ y tras emitir otra sonora carcajada, desapareció del lugar, dejando que sus mortífagos se encargaran de concluir el ataque.


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El sábado por la mañana eran claras las ojerosas caras de los alumnos de Gryffindor. Se habían acostado muy tarde celebrando el triunfo de su equipo después del habitual banquete de Hallowen y pese a que estaban ilusionados con la primera visita a Hogsmade, sus rostros estaban mucho más apagados que los del resto del alumnado.
Tampoco los alumnos de Ravencraw parecían muy animados. Estaban convencidos de que su equipo podía haber ganado al de Gryffindor, pero reconocían que la estrategia de Harry, de dejar fuera de combate a Davies, la estrella del equipo, había sido muy inteligente, y que la labor de Alicia para cumplir el trabajo, excepcional.
-¡Tengo unas ganas enormes de tomarme una cerveza de mantequilla!_ susurró Hermione mientras esperaban en la cola para que Filch comprobara que estaban en la lista. La muchacha estaba mucho más despierta que sus dos amigos. Ron emitió un sonoro bostezo.
-Sí, puede que yo me tome un Whisky de Fuego para despejarme.
-¡Ron!_ le reprendió Hermione._ No deberías ser tan irresponsable, eres prefecto, ¿recuerdas?
-Sí, sí, estás tú para hacerlo cada día._ Harry sonrió ante la ironía de su amigo. Hermione podía pensar lo que quisiera, pero si Ron no hubiese tenido miedo de que ella se chivara a sus padres, seguramente habría tomado la bebida alcohólica como muchos de sus compañeros hacían en Cabeza de Puerco. Teóricamente no eran mayores de edad hasta el curso venidero y en las Tres Escobas, Madam Rosmerta jamás servía bebidas fuertes a los menores, pero ese evidentemente no era el caso de el otro pub. Desde que Hermione los citara el año pasado allí para organizar el ED, los alumnos habían acudido para probar toda clase de bebidas alcohólicas, pero evidentemente, ni Harry ni Ron serían los que informarían a Hermione de ello.
-¡Ginny, Ginny!_ Ron acababa de ver a su hermana entre los alumnos. La chica se acercó y su mirada y la de Harry se cruzaron, provocando que ambos se pusieran algo tensos._ ¿Vienes con nosotros?
-Lo...lo siento._ titubeó Ginny tratando de devolver la mirada a Ron._ Pero he quedado en verme con Luna. Ya nos encontraremos por allí.
-Está bien._ le dijeron los tres y Ginny fue en busca de su amiga de Ravencraw.
Cuando ya quedaban pocos alumnos en la cola, Christine se acercó hacia el vestíbulo y cogió un momento del brazo a Harry y lo apartó del grupo de estudiantes. Algunos miraron interesados y Ron y Hermione intercambiaron miradas de desconcierto.
Harry miró a su profesora cuando estaban lo suficientemente lejos para no ser oídos y se dio cuenta que tenía un corte algo profundo en la cara.
-¿Estás bien? ¿Qué te ha ocurrido?_ le preguntó algo alarmado.
-No te preocupes, no es nada._ respondió ella secamente.
-Pero...
-Harry, ya sabes que no quiero que estés enterado de nada, ¿de acuerdo?
-Está bien_ cedió el chico algo molesto._ ¿pero no te ha pasado nada, verdad?_ Christine sonrió.
-¿Desde cuándo te importa lo que me pase?_ rápidamente, los ojos de Harry cobraron una mirada distante y su voz sonó mucho más fría.
-No me importa, era curiosidad.
-Ya veo_ dijo Christine sin parar de sonreír._ Dumbledore me contó el gran partido que hiciste, me alegro mucho de que ganaréis ayer.
-Gracias. ¿Pero solo has venido a felicitarme?
-No, por supuesto que no. He venido a decirte que Remus irá a verte hoy a Hogsmade.
-¿Lupin vendrá?_ preguntó extrañado Harry._ ¿Por qué?
-Creía que no necesitaba una excusa para que viniera a visitarte. ¿O me vas a decir que no te importa?
-¿No es eso lo que quieres que haga? ¿Qué no me importe nadie?
-No me tomes la palabra, Harry_ cortó Christine exasperada._ Ya sabes a lo que me refiero.
-Sí, lo sé._ contestó con aburrimiento.
-Bien, entonces sé un buen chico y pórtate bien con él ¿de acuerdo? No puede sospechar nada, así que debes de fingir bien, por eso he venido a decírtelo personalmente.
-Descuida, lo haré._ Christine se mostró satisfecha.
-Anda, vete con tus amigos y disfruta un poco, esta noche ya sabes lo que toca._ Harry asintió con pesar y luego volvió a la cola, no sin antes observar como su profesora se perdía escaleras arriba.
-¿Qué quería?_ preguntó en seguida Hermione.
-Solo decirme que Lupin va a venir a hablar conmigo._ Harry se encogió de hombros.
-¡Qué bien!_ exclamaron Ron y Hermione al unísono. Harry simuló que también le alegraba pero no estaba seguro del todo. Ya había olvidado por completo su discusión con Lupin, y se le revolvía el estómago al recordar las palabras que le había dicho: “¡Le odio profesor Lupin, le odio! ¡Os odio a todos!”Y más saber que eran mentira, él jamás había odiado al profesor Lupin, es más, lo apreciaba muchísimo y le tenía total confianza, pero desde la muerte de Sirius había estado muy susceptible con todo el mundo y quizás, las únicas personas que lo habían conseguido amansar eran Christine y Ginny. No sabía como iba a afrontar el volver a encontrarse con Lupin después de la última conversación, seguramente él querría saber como le iban las clases con Christine y Harry tenía que inventar una buena excusa y ser muy buen actor para que Lupin no sospechara. No podía decir que de repente le habían comenzado a gustar porque era mentira, y tampoco podía decir que las seguía odiando o Lupin lo sacaría de Hogwarts, era mejor esperar y dejar hablar al profesor, para ver como se desarrollaban las cosas.
Tal y como estaba previsto, llegaron a Hogsmade una hora más tarde. No tardaron en darse cuanta de que no era el mismo lugar que habían visitado el curso anterior. Para empezar, había mucha menos gente, aunque los locales y las tiendas estaban igual de repletos, pero por las calles rondaban extraños individuos, casi todos tapados con capas y con capuchas. Harry adivinó que debían de ser aurores vigilando el pueblo y no le extrañó en absoluto cuando un mago menudo, fumando una vieja pipa les saludó discretamente. Era Mundungus Fletcher.
-La Orden sigue vigilándote, Harry._ le dijo Ron a su amigo poniéndole una mano en el hombro para reconfortarle. Sabía que al chico le molestaba estar vigilado.
-Después de lo que ocurrió en Junio no me extraña._ Harry lo dijo tan despreocupadamente que Ron y Hermione se miraron extrañados.
Después de que algunos de sus compañeros de Gryffindor se excusaran alegando que tenían que comprar unas cosas, se marcharon, los chicos se dirigieron a Zonko a comprar algunas artículos de broma ya que el correo en el que Fred y George les mandaban bombas fétidas, había sido confiscado por Filch. Después fueron a Honeydukes y allí Ron se atiborró a comprar dulces, Hermione prefirió comprarlos sin azúcar, sus padres eran dentistas. Y una vez acabado el recorrido, se marcharon hasta Las Tres Escobas a tomar una cerveza de mantequilla. No fue hasta que vio aparecer a Lupin, todo apresurado por la puerta, que Harry no recordó lo que le había dicho Christine.
-¡Aquí, aquí, profesor Lupin!_ le gritó Hermione alzando la mano para llamar su atención. Lupin se dirigió hacia ellos.
-Te estaba buscando, Harry._ dijo una vez logró recuperar el aliento._ Llevo todo el rato recorriendo el pueblo.
-Lo sé, Chri..., la profesora Byrne me lo dijo._ rectificó Harry a tiempo._ Pero me olvidé.
-¿Chrsitine te dijo que iba a venir?
-Er...sí,_ Harry mostró la sonrisa más falsa hasta el momento._ Supongo que quería asegurarse de que nos encontrábamos._ Lupin miró ceñudo al chico, pero no hizo ningún comentario.
-Bueno, ¿te importaría venir conmigo a un lugar privado? Me gustaría que habláramos.
-¿No pueden venir Ron y Hermione?_ suplicó Harry. Sabía que si sus amigos estaban con él, Lupin no podría hacerle ninguna pregunta sobre Chris, porque ellos no estaban enterados de las clases.
-No os enfadéis, chicos._ se disculpó Lupin, su mirada ahora era más seria._ Pero me gustaría hablar en privado con Harry.
-No se preocupe profesor Lupin._ dijo Hermione restándole importancia._ Nosotros nos quedaremos aquí a terminar nuestra cerveza de mantequilla._ Harry lanzó a Hermione una mirada asesina de la que la chica no se percató y se dejó arrastrar por Lupin hacia la salida, mirando con aprensión su jarra de bebida casi llena.
Lupin no habló durante el trayecto que recorrieron. Fue esquivando a gente por las calles y mirando a ambos lados nerviosamente, hasta que llegaron al final del pueblo, donde estaba la colina en la que Sirius los había ido a esperar, en su forma animaga de perro. Tal vez Lupin pensara que aquel era el lugar más tranquilo para hablar pero a Harry se le contraían las tripas. Le hizo un gesto para que se sentara y luego él también se dejó caer en la hierva. El viento silbaba con algo más de fuerza de lo habitual y hacía algo de frío. Harry se envolvió un poco más en su capa negra, regalo de su padrino.
-¿Cómo estás?_ le preguntó Lupin directamente una vez que vio que Harry no iba a ser quién diera el primer paso.
-Bien._ contestó el chico secamente, odiaba esa pregunta. Sin embargo, Lupin no se iba a contentar tan fácilmente.
-Escúchame, Harry, siento mucho lo que ocurrió la última vez que hablamos. Quizás debí entenderte mejor y...
-No tiene importancia_ le interrumpió Harry bruscamente. Ni siquiera le miraba a los ojos, tenía la vista puesta en el pueblo, recordando aquella colina._ Yo no le odio, profesor Lupin, simplemente fue un mal día. Snape me puso de los nervios y supongo que tuve un momento de debilidad, no volverá a pasar.
-Lo dices como si fuera una obligación._ replicó Lupin, extrañado de la frialdad con la que Harry estaba hablando y algo molesto de que el chico no le dirigiera la mirada._ Que estés sufriendo no significa que seas débil, es lógico Harry, todos tenemos...
-¿Y quién le ha dicho que esté sufriendo?_ preguntó Harry despectivamente, mirando por primera vez a los ojos del profesor. Lupin observó una oscuridad en la mirada del muchacho que solo había visto en otra persona. Eso hizo que se estremeciera.
-No tienes porqué disimular conmigo. Te di clase durante un año, Harry, te he tratado después y Sirius me ha hablado continuamente de ti. Fui uno de los mejores amigos de tu padre y sé que tú te pareces mucho a él, así que, quieras reconocerlo o no, te conozco y sé que lo estás pasando mal._ Harry sonrió irónicamente y aquello desconcertó totalmente a Lupin, la persona que estaba frente suyo, no era la que había conocido durante todo ese tiempo.
-Profesor Lupin, escuche, usted no me conoce tan bien como cree. Si de verdad lo hiciera, se habría dado cuenta hace mucho de que ya no me afecta la muerte de Sirius._ Lupin se quedó tan boquiabierto que le costó mucho trabajo reaccionar.
-¿Qué has dicho?
-Pues eso._ dijo Harry sonriendo fríamente._ que lo de Sirius ya está olvidado, ya no significa nada para mí._ Lupin lo agarró fuertemente de los hombros y lo obligó a mirarle, sus ojos centelleaban de la rabia.
-¿Pero qué estás diciendo? ¿Te has vuelto loco, acaso? Es imposible, no me lo creo, no es posible que no te importe Sirius, es una barbaridad.
-Mire,_ contestó Harry tranquilamente y sin inmutarse, aunque ya no sonreía._ Aprecio el esfuerzo que hizo conmigo, su sacrifico igual que el de mis padres, pero ya no le necesito. No necesito seguir pensando en él, ya soy mayor y si pude crecer tantos años sin ellos podré ahora.
-¡Imbécil!_ Lupin le soltó un guantazo en la cara, pero Harry siguió sin inmutarse, aunque la piel se le puso roja. Se tocó el rostro dolorido y miró a Lupin con mucho rencor, sus ojos volvían a oscurecerse, pero Lupin no se intimidó._ ¿Te estás dando cuenta de lo que has dicho? ¿es qué no valoras nada de lo que ellos hicieron, de lo que fueron? ¿Has olvidado cuanto gritabas su nombre para que saliera del arco, para que volviera? ¡Maldita sea Harry! ¿Qué es lo qué te ocurre?_Harry se puso en pie y miró a Lupin con desagrado.
-Usted no lo entiende. No puede entenderlo...usted siempre tan entero, tan distante...ni siquiera lo llamó para que saliera del arco_ un brote de rabia estaba surgiendo del interior de Harry._ ni siquiera tuvo el valor de acercarse...y ahora, viene aquí y se cree con derecho a juzgarme, a ser dios conmigo a reprocharme mi actitud, ¿cuándo usted ha demostrado que le importaba Sirius, cuándo me ha hablado de mis padres para que pudiera conocerlos, para que realmente pudiera apreciar ese sacrificio? No lo hizo, ni siquiera cuando fue mi profesor y yo le pregunté, ni siquiera entonces fue capaz de darme su apoyo, y ahora...yo no lo necesito. He aprendido a vivir sin sentir ese dolor y porque usted venga a recriminármelo no va a lograr que me pese. Ya no me importa nada en absoluto, solo tengo un objetivo en la vida y le aseguro que lo culminaré.
-¿Qué te ha hecho, Harry?_ preguntó Lupin con los ojos muy abiertos._ Esto es obra de Christine...ella te ha cambiado..._ el profesor se puso en pie y volvió a coger a Harry por los hombros._ Escúchame, debes alejarte de ella, voy a hablar con Dumbledore inmediatamente, pero no debes seguir las clases de Oclumancia, ¿has entendido?_ una energía se apoderó del cuerpo de Harry y de sus manos salieron chispas. Lupin se apartó inmediatamente.
-No pienso alejarme de ella. Si he dejado de sufrir es gracias a sus clases y tengo un trato que voy a cumplir.
-¡No lo entiendes! ¡Harry, tú no la conoces, no sabes....no sabes quién es! ¡Vas a sufrir, habéis llegado demasiado lejos! ¡A ella le ocurrió algo y por eso es así, si no encuentras dentro de ti a la verdadera Christine puede ser peligroso! ¡Por favor, aléjate de ella, se está equivocando, no va a poder ayudarte convirtiéndote en lo que ella es...en...en...un monstruo!
-¡Basta!_ gritó Harry._ No me importa lo que ella sea o quién sea mientras pueda ayudarme. No se acerque a mí, profesor Lupin, ya no tenemos nada más que hablar._ Harry se dio media vuelta y salió corriendo colina abajo.
Lupin lo llamó, pero Harry no se dio la vuelta. El corazón se le había llenado de emoción, de rabia, de toda clase de sentimientos mezclados que lo invadían ahora, que se apoderaban de él. No importaba lo cansado que estaba ni a donde se dirigía, lo único que le interesaba era volver a recuperar esa sensación de vacío que había creado gracias a Christine, la nada...
Se alejó del pueblo más de lo que habría querido y de dejó caer en la hierva, abatido. Agarró con fuerza el césped, lo arrancó y lo lanzó por los aires, dejando que el viento se lo llevara.
-¡Maldita sea! ¿Por qué no me llevasteis con vosotros? ¿Por qué me condenasteis a este sufrimiento, por qué? ¡Dijiste que nos volveríamos a ver! ¡Lo prometiste Sirius, lo prometiste! ¡Me has engañado, me has mentido, yo tenía que haber muerto y tú no, y tú no!_ Harry abandonó las pocas fuerzas que le quedaban y dejó brotar de sus ojos las lágrimas, aquellas lágrimas que había tenido que reprimir durante sus clases, enfrente de sus amigos, enfrente de todos. Estaba desahogándose, gritando a los cuatro vientos lo que sentía, esperando, que fuese donde fuese que estuviese su padrino, pudiera escucharle, porque él quería recriminarle, a él, a sus padres, a Voldemort y a todos..._ ¡Ya no me quedan fuerzas, ya no puedo más! ¡Si puedes oírme, llévame contigo, os equivocasteis todos, no es mi guerra, yo no puedo ganar!
Pero solo se oía el silencio. Los pájaros habían dejado de cantar, el viento había dejado de silbar, todo ser de la naturaleza había escuchado el lamento como si fuera el suyo propio y aunque Harry esperó y esperó paciente a recibir respuesta, ésta nunca llegó. Aunque Sirius lo hubiese podido oír, no le contestó y él lo odio más por eso. Se sentía vacío, perdido, sentir todo ese dolor de nuevo no era lo que había pretendido.
Había mentido a Lupin, no era verdad que ya no le importase Sirius, por mucho que se lo hubiera hecho creer a Christine, seguía fingiendo, había logrado que no le afectasen muchas cosas, pero desgraciadamente, Sirius parecía anclado en el fondo de su alma, era una batalla perdida. Y Harry estaba furioso con él, no podía perdonarle que no se hubiese quedado en Grimmauld Place aquella noche, que no le hubiese contestado cuando él lo llamaba con la voz en grito, como si su vida dependiera de ello, que lo hubiera dejado solo, y que no le dejara olvidarlo.
Estaba furioso también con Christine por obligarle a no sentir, a no soltar ese dolor que lo estaba consumiendo por dentro y a la vez se lo agradecía. Si había llegado tan lejos, si había conseguido levantar la cabeza y hablar sin que el dolor fuese demasiado pronunciado, había sido gracias a ella. Su profesora le estaba brindando la oportunidad de vengarse, el único sentimiento que le dejaba almacenar en su interior, el único que realmente Harry deseaba sentir. Eso y la posibilidad de salvar a sus amigos, después de todo, Christine le estaba dando mucho más de lo que nadie le había dado jamás.
Y ahora Lupin quería alejarle de ella, quería que se apartara de esa oportunidad y pese a lo mucho que Harry apreciaba al profesor y lamentaba lo ocurrido, no podía permitírselo, aunque sabía que sus palabras eran ciertas. Él había cambiado, un cambio que no beneficiaba para nada a los demás, sin embargo, un cambio que lo ayudaba a levantarse cada mañana con esperanza. Esperanza, eso era, las palabras de la adivina comenzaban a cobrar sentido y pese a que Harry no creía en la adivinación, estaba dispuesto a hacer una excepción y aceptar lo que le deparaba el futuro, confiando en Christine. Ni siquiera, aunque eso doliese a Lupin, ya no le importaba nada.
Y luego estaba Dumbledore, quizás el odio y el rencor hacia el director que habían sido acumulados durante el curso pasado estaban volviendo a florecer en él. Sentía que si el mundo mágico sufría era por culpa de Dumbledore, si él se sentía así, también era por culpa de Dumbledore, todo era culpa del director, era un sentimiento que le hacía sentir mejor. Si confiar en el director le había llevado a aquel sufrimiento, entonces prefería de todas todas sufrir con Christine y aceptar los beneficios que ella le otorgaba.
Y estaba enfadado con Voldemort, enfadado era poco. Detestaba la forma en la que había trazado su plan, en la que había funcionado. Detestaba pensar que había ido una noche a matar a un niño inocente y a sus padres por una estúpida profecía de la que ni siquiera sabía todo el contenido. Le parecía algo tan bajo, tan mezquino que repudiaba cualquier semejanza que pudiera tener con él. Deseaba matarle, hacerle sentir un poco del horror que él sentía ahora, destruirle y vengar todo y a todos. Deseaba ver el miedo en aquellos ojos rojos de serpiente y algo le decía que estaba muy cerca de lograr su propósito.
No, ahora no podía ser débil, no podía llorar ni dejarse derrumbar. Tenía un cometido que cumplir, ni siquiera lo hacía ya por Ron o Hermione, ni por Sirius o sus padres, lo hacía por él. Quería enseñarle al mago tenebroso lo que había sufrido por su causa, quería mostrarle la crueldad con la misma moneda. Y todo eso costaba un alto precio, precio que estaba dispuesto a pagar por sí mismo, precio que no le importaba. Si vivía para algo, era para eso y ni Lupin, ni Dios ni nadie iba a impedírselo.
Armándose de una fuerza renovada, de venganza, se levantó del suelo y se enjugó las lágrimas, dirigiéndose tranquilamente hacia el pueblo, para encontrarse con Ron y Hermione.



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N/A: Olassss a todos/as, ya me tenéis de vuelta con un nuevo capi!!! Ha sido el más difícil de escribir hasta la fecha pero al fin lo he logrado y creo q os gustará porque revela mucha información secreta.
Otra vez agradeceros vuestros reviews, de verdad, me hacen muy feliz y me ayudan a continuar, sobretodo cuando las cosas no siempre son como esperas. Espero que os guste mucho y otra vez capi dedicado exclusivamente a vosotros q me apoyáis. Muchos besos!!!!!
CAPÍTULO 15: SI ALGUNA VEZ LO HAS QUERIDO...




-¿Llamaba amo?_ un pequeño hombre encorvado, gordo y de nariz puntiaguda se había inclinado ante su señor, en la misma habitación en penumbras donde había entrado un sinfín de veces, de las cuáles, ninguna de ellas había salido bien parado, quizás era por eso que temblaba de pies a cabeza.
-Sí,_ le respondió una áspera y fría voz desde detrás de una butaca._ ¿qué has averiguado?_ Pettrigrew se removió nerviosamente las manos, sin atreverse a levantar la mirada.
-Nuestros espías en la estación nos lo confirmaron, amo. Parece ser que...estuvo casi todo el verano con sus tíos hasta el ataque... y luego fue recogido por una escolta.
-Eso ya lo sé imbécil._ gruñó Voldemort algo molesto por la poca información que hasta ahora había recibido._ Lo que quiero saber es con quién...tiene que haber alguien en quién confíe...me refiero por supuesto a aparte de Black...
-A eso...iba, señor._ titubeó Colagusano, aquel tema lo estaba poniendo realmente inquieto._ Lo vimos en la estación...parece que guarda en gran estima a Remus Lupin, señor, ya sabe, otro de mis amigos..._ Voldemort soltó una sonora carcajada y luego penetró con la mirada el rostro pálido de Pettrigrew.
-¿Amigos? Tienes un concepto un poco extraño de la amistad, Colagusano, no obstante, sí, alguna vez fueron tus amigos...hasta que tú los traicionaste...y no me refiero solo a los Potter y a Black...ella no debe de estar muy contenta contigo...¿no es cierto?_ Pettrigrew se estremeció.
-Amo...mi lealtad es para usted...solo para usted...
-Sí, lo sé, más te vale_ comentó divertido Voldemort._ Solo estás aquí porque eres un cobarde y sin embargo...estás logrando serme útil._ quizás aquello alivió un poco a Pettrigrew porque cuando habló su voz sonó mucho más fuerte.
-Amo, estoy aquí para servirle.
-Bien_ sonrió maliciosamente Voldemort._ ¿Qué puedes decirme sobre Remus Lupin?
-Enseñó Defensa Contra Las Artes Oscuras en tercer año de Hogwarts, amo._ explicó Colagusano._ Parece que allí el muchacho le tomó cariño...yo oí como decía que confiaba en él...Lupin es un licántropo señor, pero al muchacho parece no importarle...
-Sí...a Potter siempre le han gustado los sangre sucias y la gente un tanto...peculiar..., ¿y dices qué es un licántropo?
-Sí, amo._ confirmó Pettrigrew.
-Y ni siquiera con las libertades que les he ofrecido se ha interesado...vaya....es asombroso...
-Está muy cercano a Dumbledore señor, demasiado. El director fue el único que lo aceptó en Hogwarts y después le dio trabajo...
-Comprendo_ siseó Voldemort con un tono de voz peligroso._ ¿y estás seguro de que es importante para Potter?
-Completamente, amo. Hasta que recibamos más información de los espías en Hogwarts es nuestra mejor baza para con el muchacho..._ por alguna razón Voldemort se había puesto furioso cuando Pettrigrew había nombrado a los espías en Hogwarts.
-Espero que no se demoren en darme la información que deseo...empiezo a impacientarme. Esa mujer me crispa la paciencia...pero..._ sonrió._ voy a hallar la forma de quitarla de en medio...y quizás, de la misma forma....hay heridas tan profundas que no se llegan a cerrar nunca, yo sé que ella es fuerte y que ha cambiado pero...¿seguirá sin sentir el dolor tan grande que la atormentó durante años? Me pregunto porqué ha vuelto...no puedo entender....los motivos...
-Entonces..._ preguntó tímidamente Pettrigrew._ ¿Qué hacemos, amo?
-Matadlo._ ordenó Voldemort sin ninguna piedad en los ojos. El rostro de Pettrigrew palideció.
-Pero...
-Ha luchado en todos los ataques junto a la Orden del Fénix, tengo información que me lo confirma. Preparar otro ataque...a Hogsmade...y matadle...



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Aquella era la primera en mucho tiempo que Harry no prestaba atención en una clase. Se veía algo más pálido de lo acostumbrado y eso que ya se había tomado dos pociones estimulantes aquel día y que la clase era muy interesante, pero él seguía sumido en sus pensamientos.
-Hoy empezaremos las clases de aparición._ la voz de pito del pequeño profesor Flitwitch resonaba por toda el aula de Encantamientos. Estaba subido en un montón de libros encima de su mesa, para que todo el mundo pudiera observarle con claridad. Hermione estaba tan metida en las palabras del profesor que ni se daba cuanta del estado de su amigo. Seamus levantó la mano._ ¿Sí, señor Finnigan?
-Me preguntaba, profesor, cómo haremos para practicar. Tengo entendido que ni en Hogwarts ni en sus terrenos se puede aparecer o desaparecer._ algunos soltaron caras de verdadero asombro, era evidente que no todos, como había hecho Hermione, se habían leído Historia de Hogwarts.
-Buena apreciación, señor Finnigan._ felicitó el profesor._ Eso es correcto, pero por ahora no es un problema. Hasta después de navidades las clases serán teóricas, tomaréis apuntes y haremos explicaciones detalladas. Cuando llegue la hora de ponerlo en práctica, iremos al comienzo del bosque prohibido, allí no hay ningún problema para aparecer o desaparecer. Aunque quizás estemos atentamente vigilados por algún auror....debido a...las circunstancia. ¿Alguna pregunta más?_ Como nadie dijo nada, la clase sacó sus apuntes y el profesor comenzó a dictar.


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-A ti te pasa algo y no me vas a negar que no._ gruñó Ron algo malhumorado. Acababan de salir de la clase de encantamiento, la última de la mañana de aquel día y ahora paseaban por los terrenos del castillo, muy cerca del lago, esperando a que fuera la hora de comer e ir al Gran Comedor.
-Te lo repito, Ron._ dijo Harry exasperado, odiaba la actitud de sus amigos últimamente. Siempre hacían demasiadas preguntas._ No me pasa nada. Estoy cansado, eso es todo.
-Ni que lo digas._ gritó Ron._ Tienes una cara de cómo si vinieras del reino de los muertos.
-¡Ron!_ le reprendió Hermione severamente._ Con ese tema no se juega.
-Ya lo sé, pero mírale. Tiene unas ojeras muy pronunciadas, apenas come y encima siempre parece muy cansado y no me negarás que descansas porque muchas noches me despierto y estás tan tranquilo en tu cama._ Harry se mordió el labio inferior. Menos mal que había aprendido muy rápido el hechizo de duplicado, porque si no sus amigos ya habrían descubierto hace mucho su pequeño secreto.
-¿Es por Lupin, verdad?_ inquirió Hermione._ Estás así desde el sábado. ¿Discutisteis?_ Harry suspiró. Había cosas que ni siquiera él podía ocultar.
-Está bien, sí, discutimos pero eso no significa que no esté perfectamente. Estáis exagerando las cosas._ Harry apresuró el paso, quería llegar hasta el gran comedor y mezclarse con el bullicio de la gente.
-¿Qué ocurrió?
-Lo mismo de siempre._ contestó el chico de mala gana imitando una voz estúpida._ “¿Estás bien, Harry?, ¿Seguro Harry? Ya sé que te afecta la muerte de Sirius, Harry...” ¡Oh, por favor! ¡Estoy harto de tanta monserga! Estoy bien y lo que quiero sino es mucha molestia es que todo el mundo deje de preguntarme chorradas._ Hizo un gesto brusco con la mochila que casi le da a Ron en la cabeza y comenzó a caminar con más ahínco cuando una voz que arrastraba las palabras lo llamó.
-¡Eh Potter!_ “Genial”, pensó Harry, justo lo que necesitaba, encontrarse con Draco Malfoy. Se giró con mucha violencia pero al ver lo que Malfoy tenía en las manos, palideció._ Se te ha caído esto, Potter. ¿Es qué ahora te dedicas a mirarte al espejo?_ Malfoy tenía en sus manos el espejo de doble sentido que le había regalado Sirius y que ahora utilizaba para comunicarse con Lupin. Se le debía de haber caído de la mochila cuando se había movido tan bruscamente. Lo llevaba consigo porque tenía planeado hablar con Lupin para arreglar un poco las cosas y que Christine no tuviera problemas. Una furia enorme lo envolvió.
-¡Dame eso inmediatamente, Malfoy!_ Draco se rió con fuerza y comenzó a mirar con más detenimiento el espejo.
-¿Qué es esto, Potter? ¿No será algún tipo de forma para comunicarte con tus amiguitos?_ Harry se lanzó directo a por Malfoy pero Ron y Hermione lo sujetaron para evitar la pelea.
-¡Maldito imbécil, dame el espejo ahora mismo!
-¡Malfoy haz lo que te dice o le suelto y no respondo!_ gritó también Ron, pero Malfoy estaba muy entretenido revisando cada parte del espejo. Le dio la vuelta y observó las inscripciones que decían “Propiedad de James Potter y Sirius Black” Malfoy volvió a reír con fuerza y les mostró la letra del padre y el padrino de Harry.
-¿Así que era de tu papaíto y del criminal de tu padrino, no es cierto?_ las risas de Malfoy estaban perforando los oídos de Harry, sentía que en cualquier momento podía zafarse de sus amigos y matar al chico allí mismo.
-¡Ya vale, Malfoy!_ gritó Hermione, que también parecía muy enfadada._ Dale el espejo o ahora mismo voy a llamar a la profesora McGonagall, te aseguro que me encantará verte limpiar las mazmorras.
-¡Tú no eres digna para hablarme, sangre sucia!_ siseó Malfoy despectivamente y luego miró a Harry._ ¿No te importará que lo lance al lago, verdad?_ añadió alargando la mano para hacer ver como que lo tiraba al agua._ No es más que un espejo sin sentido...no tiene ningún valor para ti...
-Si te atreves...te juro que...Malfoy..._ Harry no podía hablar. Ron también parecía al borde de un colapso nervioso. Crabbe y Goyle que estaban acompañando a Malfoy como de costumbre rieron tontamente.
-Bueno, Potter, está visto que no tiene ninguna utilidad para ti...despídete del obsequio de tu papaíto y tu padrino..._ Malfoy lanzó el espejo al agua y antes incluso de que Harry pudiera reaccionar e ir a buscarlo, el calamar gigante salió del agua y lo engulló como si fuera los bocadillos que solían lanzarle los alumnos.
-¡¡¡Nooooo!!!_ gritó Harry, pero ya no podía hacer nada. Se agachó a la orilla del lago y golpeó con los puños el suelo. Hermione se había tapado la boca por la impresión y miraba horrorizada a Harry y Ron estaba tan rojo que parecía que iba a estallar. Harry se quedó inmóvil, sin ninguna fuerza que lo impulsara a reaccionar, escuchando las risas atormentadoras de Malfoy y sus amigos.

“-Quiero que te lleves esto_ dijo Sirius con voz queda, y le puso en las manos un paquete mal envuelto del tamaño de un libro de bolsillo.
-¿Qué es?_ preguntó Harry.
-Una forma de que yo sepa si Snape te lo hace pasar mal. ¡No, no lo habrás aquí!_ añadió Sirius mirando cauteloso a la señora Weasley, que intentaba convencer a los gemelos de que se pusieran unos mitones tejidos a mano._ Dudo mucho que Molly lo aprobara...Pero quiero que lo utilices si lo necesitas, ¿de acuerdo?
-Vale._ dijo Harry guardándose el paquete en el bolsillo interior de la chaqueta, aunque sabía que nunca utilizaría aquello, fuera lo que fuese. No iba a ser él quién hiciera salir a su padrino de Grimmauld Place, donde estaba seguro, por muy mal que lo tratara Snape en las futuras clases de Oclumancia.”

“Harry se sentó en la cama y desenvolvió el paquete. Dentro había un espejo cuadrado que parecía viejo y estaba muy sucio. Harry se lo acercó a la cara y vio su reflejo, que le devolvía la mirada. Luego le dio la vuelta, en el dorso había una nota de Sirius:
Esto es un espejo de doble sentido; yo tengo la pareja. Si necesitas hablar conmigo, sólo tienes que pronunciar mi nombre; tú aparecerás en mi espejo y yo podré hablar en el tuyo. James y yo lo usábamos cuando cumplíamos un castigo separados.”

“-¿Tienes el espejo de doble sentido?_ le preguntó Lupin. El chico asintió._ No olvides ponerte en contacto conmigo siempre que lo necesites, ¿de acuerdo?
-Lo haré_ aseguró Harry con rotundidad.
-Ten mucho cuidado y no te separes de Dumbledore. Si tienes dolores en la cicatriz o sueños no dudes en ir a verle antes de...bueno, tú ya me entiendes. Trabaja muy duro Harry, y evita problemas con Snape, ¿entendido?”

“-Sirius no lo hubiera permitido._ susurró Harry seriamente. Y Lupin sintió una punzada de dolor en el pecho._ Sirius hubiera comprendido...ojalá estuviera aquí...ojalá..._ pero no pudo acabar la frase porque su voz terminó de quebrarse.
-Harry...
-¡No! ¡Le odio profesor Lupin, le odio!_ apretó los puños con violencia._ ¡Os odio a todos!_ y entonces rompió la comunicación lanzando el espejo contra el sillón. Le hubiera gustado que se hubiera roto, escuchar el sonido del cristal quebrado, pero a la vez, temió por él. Era lo último que Sirius le había dado.”


Harry se puso en pie temblando de ira y tal vez Malfoy debió notarla porque dejó de reírse y lo mismo hicieron Crabbe y Goyle. Hermione tenía los ojos empapados de lágrimas, Harry les había explicado lo que significaba para él ese espejo, era lo último que Sirius había puesto en sus manos...y también perteneció a su padre. Y lo peor de todo, era lo único que los mantenía unidos con la Orden del Fénix en caso de que ocurriera una emergencia y necesitaran comunicarse con Grimmauld Place.
Ron le puso una mano en el hombro a su amigo para tranquilizarlo, pero Harry la apartó y se fue directo hacia Malfoy y con todas sus fuerzas le propino un puñetazo en la nariz. Malfoy, que no había tenido tiempo para reaccionar, se cayó de culo al suelo y se restregó alarmado la sangre que le caía por la cara.
-¡Eres un asqueroso capullo!_ gritó Harry fuera de sí y sacó su varita, para apuntar al corazón de Malfoy. Su mano temblaba pero no de miedo, sino de ira.
-¡Harry no!_ Hermione trató de sujetarle del brazo, pero él la apartó. Ron tenía la boca abierta por la impresión._ ¡Te mataré!
Malfoy se había quedado paralizado en el suelo y Crabbe y Goyle retrocedían ante la varita del chico sin pensar en utilizar la suya.
-Potter, te lo advierto...si...
-¡Tú no me vas a advertir nada! ¡Ahora soy libre para matarte! ¡No me importa nada! ¿Lo sabías? No me importa ir a Azkaban con tal de ver tu asquerosa cara siendo pasto de los gusanos.
-¡Por favor Harry!_ Hermione comenzó a llorar muy asustada._ ¡Para, para, tú no eres así!_ pero un brillo negro se había apoderado de los ojos de Harry, oscureciéndolos.
Se escuchó un tibio viento y una luz blanca emanó de una fuente de energía, segundos después, Christine se apareció allí. Malfoy se quedó tan boquiabierto como se habían quedado Hermione y los chicos la primera vez que habían visto a Christine desaparecer del castillo cuando se supone que eso no era posible.
La profesora, con toda la calma del mundo se acercó a Harry y le bajó la varita con la mano.
-Vamos.
-¡No!_ gritó Harry._ Va a pagar muy caro lo que ha hecho.
-¡No merece la pena que te manches las manos de sangre todavía! ¡las cosas deben ocurrir a su tiempo, Potter!_ era tan penetrante y tan segura la mirada de Christine que los ojos de Harry recuperaron el color habitual y dejó caer la varita al suelo, abatido, sin saber muy bien lo que acababa de ocurrir. Después, Christine dirigió la mirada hacia Malfoy y sus amigos._ Más le vale, señor Malfoy que mantenga la boca cerrada ante este...incidente, le aseguro que al director no le gustaría nada saber lo que ha hecho._ y dirigió la vista hacia el lago para que Malfoy comprendiera que lo sabía.
El muchacho estaba tan asustado de haber visto esa mirada en los ojos de Harry que se levantó y salió corriendo sin decir ni una palabra, seguido de cerca por Crabbe y Goyle. Una vez que se marcharon, Christine ordenó a Ron y Hermione que se marchasen a comer al Gran Comedor y cogiendo a Harry por un brazo, ambos desaparecieron, para aparecer segundos después, en la Sala de los Menesteres.
La chica lo soltó y se fue a sentar en su sillón, detrás del escritorio, observándole fijamente, Harry estaba totalmente ausente.
-Veo que tienes muchas cosas que contarme._ suspiró Christine, su rostro era muy severo._ Para empezar eso de “No, Chris, no pasó nada entre Lupin y yo, solo fue una pequeña charla subida de tono, se le pasará Chris”. ¿Con qué se le pasara, eh? Remus Lupin viene hacia aquí mañana, quiere hablar conmigo y no digas que no pasó nada porque sentí una gran fuerza en tu interior y que necesitabas ayuda.
-¿Sí?_ gritó Harry harto de todo lo que estaba ocurriendo. Y pese a lo enfadado que estaba, se daba cuenta por primera vez que su profesora no tenía ya ningún corte en la cara, había desaparecido por completo._ ¡Pues podrías empezar a explicarme como es eso de que sientes mis cosas!
-No es el momento y tú lo sabes._ replicó la chica._ Pronto, muy pronto vamos a poder compartir más cosas pero si sigues actuando así, Harry, lo vamos a tener muy difícil. Has avanzado muchísimo e incluso puedo llegar a afirmar que Sirius Black ha dejado de importante tanto, obviamente no ha desaparecido de tu recuerdo, como le dijiste a Remus y como he podido comprobar hoy en el lago, pero creía que íbamos avanzando...y resulta que el poder que está creciendo en ti y la magia que estás aprendiendo la utilizas para tratar de matar a un alumno y no a uno cualquiera sino a Draco Malfoy, el espía más importante de entre los hijos de los mortífagos._ Harry levantó la cabeza.
-¿Cómo sabes tú eso?
-Porque pertenezco a la Orden del Fénix como ya sabes y porque tengo muchas fuentes de información.
-No sé lo que me pasó._ trató de justificarse Harry._ Perdí el control, no era yo...sentí como una fuerza apoderándose de mi interior, ordenándome que lo matara....yo..._ Christine suspiró y se tapó la cara con las manos.
-Sabía que sucedería._ susurró._ A mí también me pasó cuando me convertí en lo que soy. Todo tiene un precio, Harry y hasta huir del dolor se paga._ Harry la miró sin comprender._ Cuando un mago se torna insensible, duro y frío y oculta lo que siente, una fuerza maligna se apodera de él. No ocurre con todos los magos, evidentemente, solo con los más poderosos, los que tienen destinos a cumplir o los que podrían haber hecho grandes cosas. Esa fuerza oscura se llama, “El ángel negro”. Llámalo oscuridad, llámalo diablo, como quieras, pero simplemente es el mal, convertido en persona para arrastrarte al Lado Oscuro.
Eso fue lo que me ocurrió a mí. Estaba enfadada con el mundo, con todos, conmigo misma y supe que la única manera de sobrevivir a mi carga era dejando que me consumiera esa sed de venganza y que se llevaría totalmente el dolor. Pasé por un infierno, créeme, creí que el Ángel Negro se apoderaría de mi alma, que me transformaría en un ser maligno, pero lo superé, porque tenía en mente una misión y había algo que todavía podía hacerme reaccionar. Por eso fue que volví, Dumbledore supo hondar en mí y enseñarme lo que era aquello que me incitaba a volver, mi asunto pendiente.
-¿Y cuál era?_ preguntó Harry asombrado. Christine sonrió.
-Algún día te lo contaré, ahora no puedo, no aún, cuando estés listo...y yo lo esté, lo sabrás. Pero no es fácil escapar del Ángel Negro, son muy pocos los que lo consiguen, solo he conocido a una persona, a parte de mí que lo haya logrado y es Snape.
-¿El profesor Snape también cayó en lo que tú?
-Sí,_ confirmó Christine muy seria._ Él tuvo un pasado muy difícil e infeliz y juro vengarse del mundo entero, se pasó al Lado Oscuro y comenzó a matar y matar solo por el placer de vengarse, pero aún había algo de humano en él y Dumbledore lo encontró. Por eso Snape siempre le guarda lealtad, por eso arriesga su vida por la Orden, porque se lo debe a Dumbledore, porque él sabe, que si Dumbledore no lo hubiera salvado, habría llegado a un punto extremo en el que la oscuridad ya no es posible de dominar. Pero Dumbledore tenía un corazón de oro, se compadeció de él, lo conocía desde que había entrado en Hogwarts y sabía que era un muchacho solitario y triste, con un pasado horrible, pero que podía ser salvado pues en su interior no corría el verdadero deseo de hacer daño sino de aliviar el dolor que sentía._ Harry tragó saliva, algo estaba rondando por su cabeza.
-Por eso Voldemort es así, ¿verdad? Él se dejó consumir por el Ángel Negro.
-Sí._ afirmó Christine con un nudo en la garganta._ Voldemort odiaba a los muggles por su pasado, como tú bien sabes, los odiaba y por eso se fue a preparar en Artes Oscuras, se dejó consumir, malograr, él era inteligente y sabía lo que le esperaba, pero aún así no hizo ni un esfuerzo por alejarse del mal, él era maldad en sí y buscaba un fin. Eso es lo que diferencia a las personas, Harry, el saber elegir lo que es bueno o no para ellas. Esa oscuridad te visitará en más de una ocasión, mientras lleves puesta esa máscara de frialdad, tratará de absorberte como lo ha intentado antes en el lago y cuando lo haga, yo estaré allí para tenderte una mano, para recordarte por qué luchas y por quién, para salvarte una y otra vez. Pero eres tú el que tiene que saber que este es un camino difícil y que para convertirte en Luz, has de querer serlo.

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-Así que estás aquí..._ Ginny se sentó en el suelo, justo al lado de Harry, donde el matorral los ocultaba.
-¿Cómo me has encontrado?_ preguntó el chico anonadado. Llevaba mucho tiempo solo, pensando en las palabras de Christine y no había ido a comer con todos los demás. Era muy difícil ver a alguien tras el matorral que estaba cerca del lago, a no ser que se supiera que la persona estaba allí. Ginny sonrió.
-Porque el año pasado también te refugiaste aquí, cuando querías evadirte de todo el mundo._ y antes de que Harry abriera la boca para contestar, añadió._ Te seguí desde la enfermería cuando viniste a hablar con Hagrid, estabas tardando y me preocupé. Y vi como te ocultabas aquí, es buen lugar de reflexión...yo lo utilicé muchas veces en segundo...cuando estaba poseída por Voldemort._ Harry la miró asombrado. Era increíble que con solo la presencia de Ginny notara como esa oscuridad que trataba de arrastrarlo, desapareciese._ Ron y Hermione me han contado lo del espejo, lo siento.
-Era lo último que me dio Sirius..._ Harry soltó lo que llevaba dentro._ Si lo hubiera abierto...si hubiera sabido lo que era Ginny, ahora él estaría vivo...
-Las cosas nunca pasan porque sí, Harry._ respondió Ginny mirando la calma con la que el viento movía el agua del lago._ Siempre he creído que si ha ocurrido algo tenía un porqué, tenía un fin...no era algo en vano...
-La muerte de Sirius lo fue..._ titubeó Harry.
-Tiempo al tiempo._ respondió Ginny mirándole a los ojos por primera vez desde que había llegado y perdiéndose en ese verde esmeralda que los caracterizaba._ Estoy segura de que algún día comprenderás el porqué de las cosas...por muy doloroso que sea..._ Harry también la miró hipnotizado._ Yo por ejemplo me alegro enormemente de haber sido poseída por Voldemort en segundo...porque así tú viniste a salvarme y nació este sentimiento en mi interior..._ Ginny había sido tan sincera que las lágrimas recorrían sus mejillas. Harry no se sorprendió está vez, ni siquiera sabía porque se dejaba arrastrar por sus sentimientos cuando lo tenía estrictamente prohibido. Lo único que podía entender es que la oscuridad había desaparecido de su cuerpo y también el dolor y eso sin tener que soportar duras jornadas de entrenamiento, realmente aquello, era magia, de la más real que podía existir.
Cuando la mano de Harry rozó los dedos de la de Ginny, ambos se estremecieron y comenzaron a temblar como niños pequeños. No sabían qué era aquel sentimiento tan profundo, tan vivo, pero se estaban perdiendo dentro de el. Sus ojos quedaron conectados como si estuvieran pegados y sus rostros se fueron acercando lentamente. Cerraron los ojos y cuando Harry tocó los labios de Ginny notó su calor, el calor producido por las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Fue un beso corto, dulce, mucho menos intenso y apasionado que el que habían vivido en el vestuario, pero lo suficiente para llenarles, para alimentar sus corazones de una energía inexplicable en palabras.
Harry se separó de Ginny y le secó las lagrimas con la mano, acariciando su blanquecida y suave piel.
-¿Quieres ser mi novia, Ginny?_ le preguntó abandonando todo sentimiento de temor, de vergüenza, de timidez...Ginny lo había borrado, ya no se acordaba de Sirius, ya no se acordaba de Christine, del Ángel Negro ni del espejo...y no sería hasta unas semanas después que volvería a recordar los sucesos de aquel día y lamentarse de ellos.
-Sí._ respondió Ginny sonriendo tiernamente y lo volvió a besar, para después tirar de él y levantarlo del suelo, y caminar hacia el castillo cogidos de la mano.
-Tenemos que decírselo a Ron._ suspiró Harry.
-No es problema, mi hermano ha estado todo el verano insistiéndome para que tratara de conquistarte.
-¿Eso ha hecho?_ preguntó Harry divertido._ Y dime, ¿cómo lo has hecho?
-Con esperanza._ respondió Ginny y una sonrisa, se asomó por el rostro de ambos.



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Estaba mirando por la ventana. Era una costumbre que tenía desde niña, por algo cuando estaba en Hogwarts convenció a sus amigas de que su cama tenía que ser la que daba vista hacia los jardines.
Le encantaba esa paz que sentía su interior cuando observaba los jardines de colegio y sonrió amargamente, al observar a una pareja que iban cogidos de la mano.
Sabía que aquello iba traer muchas complicaciones a su plan, pero también sabía que tarde o temprano iba a ocurrir. Era lo que debía pasar, ella ya lo había previsto y había comprobado cuán necesaria iba a ser esa escena para los enlaces del futuro. Era un lazo de afecto, siempre lo había sabido, era lo que iba a mantener el equilibrio, lo único que podía alejar al Ángel Negro, pero tenía que tener cuidado de que no se le escapara de las manos, era a la vez, peligroso.
Tocaron a la puerta de su despacho y sin apartar la vista de la ventana, dio la autorización para entrar. Sabía quién era, el director se lo había dicho, aunque esperaba que esa visita no se produjese hasta el día siguiente, parecía que la persona que acababa de entrar por el umbral de la puerta, no podía esperar.
-Buenas tardes, Remus._ saludó sin mirar hacia atrás. Lupin se sorprendió mucho de que ella supiera quién era, aunque ya nada podía sorprenderle de esa mujer. Cerró tras de sí la puerta y avanzó unos pasos para mirar con nostalgia el despacho del profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras.
-Perdona por la visita tan repentina, Chris, quizás no hayas comido.
-No, no he comido, pero sabes que eso no un problema._ sonrió la profesora y le indicó amablemente que se sentara._ Supongo que vienes a hablarme de Harry.
-Supones bien_ contestó Lupin un poco más borde de lo que habría pretendido, pero Christine ni se inmutó._ He estado hablando con Dumbledore...
-Lo sé, me dijo que ibas a venir, pero no te esperaba hasta mañana.
-Lo siento, pero es importante.
-También lo sé._ por alguna razón, a Christine le parecía divertido el rumbo que estaba tomando la conversación, pese a que el rostro de Lupin, nunca había estado tan serio.
-Bueno si lo sabes, entonces nos entenderemos bien. Siempre lo hemos hecho Chris y ahora no tiene porqué ser una excepción._ dijo Lupin observando con mucho detenimiento cada reacción de la chica._Vengo a pedirte que dejes de darle las clases a Harry. No me importa si tengo que venir cada día a dárselas yo, ni siquiera si es Snape el que lo hace, pero te ruego que te apartes.
-No pareces recordar como son las cosas, Remus._ gruñó Christine y volvió a mirar por la ventana. Ya no se reía._ Tuve la misma conversación con Dumbledore y mi respuesta es la misma, es mi trabajo y no podéis hacer nada.
-No he venido a detenerte._ dijo Lupin levantándose de su asiento._ he venido a pedírtelo. No lo hagas por mí sino quieres, ni siquiera por Lily y James, hazlo por Harry.
-No lo entiendes, Remus._ suspiró Christine con nostalgia. Sus ojos seguían siendo un témpano de hielo, pero Lupin la conocía muy bien y sabía que esa mirada era de tristeza._ Estoy tratando de que no sufra. Voldemort no tardará en atacarle, lo sé, lo he notado, lo vi en el último ataque y me advirtió. Es mi trabajo protegerlo y lo sabes y si va a tener que afrontar más muertes y luchar por su vida, mi modo es el correcto.
-¡Le estás haciendo daño!_ gritó Lupin desesperado por no poder hacerla entrar en razón._ ¡Tu trabajo es protegerle, Dumbledore nunca te pidió que lo convirtieras en...en...!
-¡Puedes decirlo, Remus!_ replicó Christine, sus ojos brillaban de rabia._ ¡En un monstruo, puedes y debes decirlo, sí, es lo que soy! ¿Por qué? ¿Por qué no siento, por qué es la única manera de levantarme cada mañana, por qué sino no podría mirarle a los ojos, o quizás por qué sino ya estaría muerta como mi madre?
-No quise decir eso..._ se disculpó Lupin cerrando los ojos para mantener la calma._ Sé lo que has sufrido...lo siento mucho...
-No quiero tu compasión._ bufó Chrsitine mirando con asco la cara de lástima de su amigo._ Pero yo no podría tenerme en pie sino hubiera dejado que la venganza me consumiera.
-Y no te tienes, Chris._ susurró Lupin con la voz queda._ No te tienes...sigues sufriendo...lo veo en tus ojos...te conozco..._ le acarició la cara, pero Christine la apartó de un manotazo.
-No me toques...no quiero sentir nada...el vacío es una bendición...y tú mejor que nadie deberías saberlo...
-Él puede recuperarse si le das tu cariño, si todos se lo damos.
-¡Pamplinas!_ replicó Christine._ ¿Pudiste ayudarle en Grimmauld Place con tu cariño? ¡No y lo sabes! ¡Ni siquiera fuiste lo suficientemente valiente para mostrárselo, Remus! ¡Eres un cobarde y vienes a recriminarme cosas que no entiendes! ¡Ve, corre y muéstrale a Harry todo tu amor, porque creo que él no sabe que lo sientes! ¡Está dolido contigo, y pudiste verlo cuando te habló en Hogsmade, te estaba pidiendo a gritos ese cariño del que hablas y tú se lo negaste! ¡Le recriminaste e hiciste que su dolor volviera a resurgir! ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiese estado ahí para volver a entrenarlo, para volver a cambiarlo? ¡Quizás ahora ni siquiera estuviese vivo! ¡Si has venido a decirme lo que ya me dijo Dumbledore, márchate Remus, porque no tengo el tiempo que me estás haciendo perder ni quiero escucharte!_el rostro de Lupin palideció, pero Chrsitine no tenía ninguna compasión de él._ ¡No vengas a decirme lo que tengo que hacer cuando tú mismo no lo sabes! ¿Crees que sabes cómo tratar a Harry? ¡Mentira, te equivocaste! ¡Pude ver en sus recuerdos sus ojos pidiéndote que te quedaras a su lado en tercero, cuando se descubrió la inocencia de Sirius! ¿Y tú lo hiciste? ¡No, porque eres un cobarde! ¡le diste la excusa barata de que no querías poner en un aprieto a Dumbledore pero en realidad tenías miedo, tenías miedo de que los alumnos te rechazaran por tu condición, de que te odiaran, tenías miedo de la reacción de Harry, de todos!_ Christine respiraba agitadamente.
-Es posible que yo sea un cobarde, pero eso no me echará atrás si tengo que remover cielo y tierra para que no le hagas daño a Harry. Se lo debo a Lily y a James...a Sirius...
-¡No me vengas con sentimentalismo, Remus!_ replicó la profesora._ ¡No vas a poder detenerme, mis fuerzas están fuera de tu alcance! ¿Qué vas a hacer? Porque te recuerdo que lo que yo soy o lo que hago está muy lejos de tu comprensión.
-¿Es qué no te das cuenta de que el Ángel Negro lo está rondando?_ gritó Lupin fuera de sus casillas._ ¡Lo está consumiendo la oscuridad, lo vi en sus ojos, vas a perderlo y puede que acabe siendo como Voldemort!
-¡Eso no ocurrirá! ¡tengo un as metido debajo de la manga y sé que puedo jugarlo! ¡Es la única solución!
-¡Christine estás cansándome! ¡Aléjate de Harry, aléjate de él y deja de hacerle daño, tu presencia le afecta! ¡No sé porque confíe en ti desde el primer momento, no sé porqué pensé que podías ser lo que fuiste una vez! ¡Vas a matar a Harry! ¡déjale mientras haya tiempo, mientras haya esperanza, aún no es tarde! ¡Si te importa ayúdale, no lo condenes como a Alan!_ Christine sintió como su corazón daba un vuelco horrible y un gritó ahogado y aterrador le rompió el corazón en pedazos. Levantó la mano y golpeó a Lupin en la cara, con los ojos aguados.
Respiraba agitadamente y Lupin la mirada perplejo y a la vez arrepentido. Ella había sido débil, había dejado que los más profundos sentimientos que había guardado en un cajón reapareciesen, surgiesen al exterior como si todo hubiera pasado unas horas atrás, como si aquella noche fuera la anterior.
-¡Vete!_ susurró Christine con voz queda._ Vete...
-Chris yo...lo siento, no debí mencionarle...
-¡Márchate Remus! Ya hemos terminado.
-Por favor..._ Lupin cerró los ojos._ Por favor no le hagas daño...piénsalo Chris...si le quieres...piénsalo..._ la profesora no contestó y Lupin, tras cerrar un instante los ojos arrepentido, salió por la puerta, y la cerró tras de sí.
Un silencio se apoderó de la habitación y el reflejo del cristal de la ventana, pudo mostrar una lágrima, recorriendo el rostro frío y áspero de Christine.



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-¡Señor Potter, señor Weasley! ¡Hagan el favor de atender!_ Harry le lanzó una mirada recriminatoria a su amigo. Desde que se enterara una semana atrás, de que él y Ginny estaban saliendo juntos, Ron no paraba de atosigarle y hacerle advertencias de cómo tenía que tratar a su hermana y eso le había acarreado perder una veintena de puntos.
Hermione puso los ojos en blanco porque sabía que Ron lo había vuelto a hacer. Y hablar en clase de la profesora McGonagall era como ponerse una pistola en la boca y apretar el gatillo.
-Antes de que sus compañeros nos interrumpiesen._ gruñó la profesora._ Estaba a punto de mostrarles la primera transformación de objetos en animales que realizaremos. Será algo sencillo. El señor Thomas os está repartiendo unas piedras y tendréis que tratar de convertirlas en arañas._ Ron se estremeció._ Es un proceso muy simple, porque el animal es invertebrado, así que abrir el libro por la página ciento dos y comenzar...

-¡Vieja arpía!_ protestó Ron una vez se sentaron a comer._ ¡Nos a puesto un montón de deberes adrede! ¡Y sabe que estamos muy ocupados con los entrenamientos de quidditch!
-No nos habría puesto ni la mitad si te hubieses callado, Ron y dejaras un poco tranquilo a Harry._ gruñó Hermione sirviéndose ensalada en el plato.
-Tengo que darle consejos sobre como tratar a Ginny..._ Hermione soltó un bufido de exasperación.
-¡Ron! ¡Por si no te has fijado, a Harry a Ginny les va de maravilla sin que tú tengas que estar todo el día encima!_ Ron miró ceñudo el lugar vacío al lado de su amigo, en el que se había sentado su hermana. Ambos hablaban animadamente, aunque no parecía que fuesen novios, de hecho, llevaban una semana juntos y Ron nunca los había visto besarse, a no ser que no quisieran hacerlo delante suyo, aunque él les había dado permiso. Estaba muy contento de que su hermana saliera con alguien como Harry y se le había quitado un gran peso de encima.
-¿Seguro qué estás bien?_ le preguntó Ginny por enésima vez a su novio.
-Sabes que no me gusta que me hagan esa pregunta._ protestó Harry removiendo la comida de su plato.
-Lo sé, pero estoy preocupada. Sigues sin comer demasiado y...estás tan pálido...
-Se me pasará, no te preocupes._ aseguró Harry y sonriendo a la chica. Fue a acariciarle la cara, pero al comprobar que Christine los miraba desde la mesa de profesores, apartó la mano en un movimiento brusco. Ginny suspiró.
-¿Qué tiene de malo qué nos vean?
-Ya te lo he dicho, no quiero discutir más con Lupin y sé que Dumbledore le diría que estamos juntos. No soportaría más charlas sobre lo que debo o no debo hacer.
-Está bien_ cedió Ginny._ Pero extraño tus besos. Harry abandonó toda frialdad de su rostro y le sonrió.
-¿Qué tal si hacemos una escapadita a nuestro rincón detrás del lago?_ el rostro de Ginny se iluminó._ Esta tarde...después de las clases. Ya haré los deberes en otro momento.
-No sabes cuanto lo deseo. Detesto estar escondiéndome.
-No lo haría sino fuese necesario, Ginny, te lo aseguró._ le explicó Harry muy serio.
-Presiento que tiene algo que ver con Christine, ¿me equivoco?
-Eres la única que sabe que doy clases con ella de Oclumancia y te pido que seas prudente. Sí, Christine tiene algo que ver, no quiero que lo vea en mis recuerdos...
-Todavía no entiendo porqué no se lo has dicho a Ron y Hermione, pero respeto tu decisión y me alegra que confiaras en mí._ Harry le sonrió y continuaron comiendo como dos amigos más.



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-¡MORSMORDRE!
Un grito desgarrador se escuchó por todos los alrededores de Hogsmade. Inmediatamente después, una enorme calavera verde, a la cuál le salía una serpiente por la boca, se dibujó en el cielo estrellado del pueblo.
Los gritos de terror se sumaron a las risas de una veintena de encapuchados y acto seguido, una bandada de murciélagos que revoleteaban por encima de las cabezas de la gente, fueron cobrando forma humana, si a eso se le podía llamar humano.
-¡VAMPIROS, SON VAMPIROS!_ gritó un hombre viejo que trataba de huir apoyándose en una garrota. No tuvo tiempo porque una de las criaturas lo alcanzó y clavó los afiladísimos colmillos en su cuello. El anciano abrió muchísimo los ojos y ahogó un gritó. La sangre chorreaba por la dentadura de aquel monstruoso ser de ojos rojos y resbalaba por la piel ahora pálida del pobre hombre.
Esperó a sentir un cambio en su organismo, sabía que la mordedura de vampiro te transforma en uno de ellos, pero lo único que sintió fue como las fuerzas le fallaban y un estopor, llamado sudor de muerte, se apoderaba de cada parte de su cuerpo. Segundos después, el anciano cayó muerto, sin una gota de sangre.
El vampiro no había podido dejar con vida tan apetitoso bocado y le había llevado claramente a la muerte. La transformación en uno de ellos solo se producía si a la persona en cuestión le quedaba suficiente sangre como para sobrevivir. Éste, no había sido el caso.
Christine se apareció en cuanto sintió el dolor de la gente. Hacía solo un par de horas que había acabado sus clases con Harry y únicamente quedaban unas pocas horas para el amanecer, momento en el que los vampiros tendrían que desaparecer sino querían ser consumidos por el sol, a no ser que tuvieran una poción especial que les permitía quedar con vida.
La gente se había refugiado en sus hogares, pero no era suficiente. Los mortífagos tenían órdenes de destruir todo a su paso y no se privaban de derribar las puertas, entrar a los hogares y matar a todo el que se le antojara.
Pero esta vez habían cometido un error, pensaba Christine. Hogsmade era, después del ministerio de magia y Hogwarts, el lugar más protegido, por ser el único pueblo enteramente mágico de Gran Bretaña.
Los aurores estaban preparados para un ataque allí y estaban aplacando el ataque mortífago con bastante más facilidad de la habitual. Parecía que la nueva ley, puesta en rigor por Amelia Bones, estaba dando más libertades a los castigados aurores.
Algo fallaba. No era posible que Voldemort no hubiese planeado esto. ¿Por qué sólo había traído a una veintena de mortífagos y unos cuantos vampiros? Hogsmade era uno de sus objetivos prioritarios, por lo que les había informado Snape, era la manera de causar pánico en el mundo mágico, no era posible que se hubiese confiado de aquella forma. Había algo más.
-¡Lo hemos encontrado, señor!_ Christine escuchó atenta como un mortífago con la voz muy jovial trataba de informar al que parecía el cabecilla del ataque.
-¿Dónde está?
-Risko y Theonovic han ido detrás suyo y también cinco de los vampiros. En el callejón.
-Aseguraos de matadle. Es el objetivo del ataque.
Christine se puso tremendamente pálida. El objetivo del ataque era alguien, una persona, ¿pero quién? Dejó de luchar contra los vampiros y salió corriendo tras el informador, arrollando todo o a todo el que se le ponía por delante.
En efecto, el mortífago se dirigía a un pequeño callejón que había detrás de las Las Tres Escobas. Corrió cuanto pudo y vio desde la lejanía la figura de Remus Lupin luchando sin descanso contra muchos adversarios al mismo tiempo. Una ola de frío se apoderó de ella, Lupin era el objetivo del ataque y si su instinto no le fallaba, la causa era sin duda herir más emocionalmente a Harry.
Corrió cuanto pudo, pero cuando estaba a unos metros, dos vampiros salieron de la nada para obstaculizarle.
-¿A dónde crees que vas?_ rió irónicamente uno de ellos. Era muy alto y con el rostro muy pálido, y vestía una capa negra con túnica negra también. Si no hubiera sido por los colmillos y por aquellos horribles ojos rojos, se parecía bastante a Snape.
-¡Fuera de mi vista!_ gritó la mujer enfadada. Le estaban haciendo perder un valioso tiempo, sino se apresuraba en ayudar a Lupin sería demasiado tarde.
El otro vampiro se lanzó hacia su cuello, pero ella lo esquivó y creó un fuerte escudo a su alrededor. Notando como la energía llenaba su cuerpo soltó una ráfaga de viento con las manos que arrollaron literalmente a los dos vampiros y los lanzaron contra unos contenedores.
Christine sonrió complacida, pero su sonrisa se borró inmediatamente de la cara al ver la imagen enfrente de ella. Otro vampiro estaba mordiendo el cuello de Lupin sin que el hombre pudiera hacer nada más que desmayarse.
-¡Remus!_ gritó Christine con todas sus fuerzas. Sentía una rabia en su interior que no era propia en ella. Normalmente era una persona tranquila y que mantenía la calma, pero el ver así a su compañero le trastocó emocionalmente. Mientras corría, en dirección hacia él estirando un brazo como si quisiera alcanzarlo, su mente volaba a la última conversación que habían tenido.
Como se arrepentía ahora de haberle llamado cobarde, como sentía no poder estar cuidándole como se había prometido a si misma, si algo malo le ocurría a Lupin, Harry jamás se repondría y ella tenía que evitarlo a toda costa. Estaba naciendo un nuevo sentimiento en su interior, algo que solo había sentido una vez y como si la misma noche se le representara se acordó de Alan, de James, de Lily, de Sirius...si ellos le dieran fuerzas, si pudiera llegar a tiempo...


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Harry dio un brinco en su cama y se despertó jadeando. Le dolía el corazón, no sabía porqué pero tenía un extraño presentimiento.
Se colocó una mano en el pecho y notó el latido acelerado en él y un sentimiento de angustia que lo invadía. ¿Por qué ese dolor? Sin poder remediarlo, una lágrima resbaló por su mejilla. Se levantó de la cama y fue directo a mirar por la ventana. La luna brillaba con intensidad, no era llena y al mirarla, el dolor del pecho se intensificó. A su lado, había una estrella roja que brillaba intensamente, Marte, dios de la guerra, se podía ver con claridad.
Trató de llegar a su mesita con la respiración agitada y se llenó el vaso de agua de la jarra, cuando apenas sus labios lo rozaban, con el tembleque de su mano se le cayó al suelo y se hizo añicos.
Ron y Neville, los que más cerca estaban de su cama, se despertaron abruptamente. Seamus y Dean debían de tener el sueño más profundo, porque solo se removieron en sus camas.
-¿Qué ocurre?_ preguntó Ron sobresaltado yendo hacia donde estaba su amigo. Harry seguía mirando los pedazos de cristal esparcidos por el suelo, pero su cara era de auténtico terror.
-¡Harry!_ lo llamó Neville muy preocupado. Y por alguna razón, también miró a la ventana. Debían de quedar unos minutos para que amaneciera.
-¿Ha habido un ataque, Harry, es eso?_ Ron lo zarandeaba tratando de que volviera en sí. Harry levantó la cabeza.
-Tengo un mal presentimiento...algo ha pasado...no sé que es pero...no me gusta nada...he notado un pinchazo en el pecho.
-¡Llamaremos a McGonagall!_ aseguró Ron sentándolo en la cama.
-¡No!_ negó Harry y se pudo en pie pese a los esfuerzos de su amigo._ Tengo que encontrar a Dumbledore...o a Christine...ellos lo deben de saber...
-Está bien, Harry, Neville y yo iremos a buscarlos, pero quédate aquí, estás muy pálido...
-¡No! ¡Tengo que ir inmediatamente, no lo entendéis es algo grave!_ Harry se zafó de Ron y de Neville y salió corriendo escaleras abajo, vestido en pijama. Sus amigos salieron detrás de él muy nerviosos y sin entender que era lo que ocurría.


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Una oleada inmensa de energía envió a todos los de un metro a la redonda por los aires. El rostro de la mujer que lo había emitido estaba tapado por una capucha, aún así, sus ojos azules eléctricos brillaban como linternas.
-¡Vayámonos, va a amanecer!_ gritó el cabecilla del ataque mortífago. Lanzó una mirada de repulsión a aquella extraña mujer y dio la señal de desaparecer. Los vampiros se transformaron en murciélagos y salieron volando en bandada. Eran muy pocos, la mayoría habían sido eliminados.
Christine relajó su poder y por poco se cayó desmayada. Había soltado demasiada energía, Dumbledore siempre le advertía, pero la furia que sentía era demasiada. Tambaleándose se acercó al único hombre que no había sido arrollado por su poder y que estaba tendido en el suelo.
Se arrodilló a su lado y le cogió la cabeza, para poyarla en sus rodillas. Un rastro de sangre le caía desde el cuello y seguía saliendo como mucha intensidad. Estaba lleno de cortes y heridas profundas y se había puesto muy pálido.
Chrisitine le puso dos dedos en el cuello y notó su débil pulso. Todavía estaba vivo, pero no por mucho tiempo. La sangre que perdía era muchísima, unos segundos más y...
-Aguanta Remus, aguanta._ susurró Christine y puso las dos manos sobre la herida de los colmillos. Cerró los ojos y en seguida la energía rodeó su cuerpo. Mientras se iba concentrado hacía verdaderos esfuerzos por no gritar, sentía un dolor muy por encima de lo habitual.
-¡Detente, Christine, detente!_ ordenó una voz poderosa que corría hacia donde estaban ellos._ ¡Basta, si sigues vas a morir!
Pero la mujer no parecía escucharle, seguía concentrando energía con las manos puestas sobre la herida. Cuando ya no pudo resistir más lo soltó y si no llega a ser por el anciano que la sujetó en el último instante, se hubiera golpeado la cabeza con el suelo.
-No puedo curarle..._ susurró apenada. Casi no tenía aliento._ Es una herida demasiado profunda, solo he logrado que deje de sangrar...va a morir..._ Dumbledore pudo sentir la angustia de la mujer.
-Descansa Christine, no hables, podrías no resistirlo.
-Estoy bien...cought, cought_ tosió y ayudada por Dumbledore se puso en pie._ Harry está despierto, se encuentra mal, lo he sentido...tengo que volver a Hogwarts.
-Los medimagos acaban de llegar. Que se lleven a Remus al hospital y luego iremos con Harry, no creo que podamos evitar que vaya..._ Christine asintió. Dumbledore apuntó al cuerpo inerte de Lupin y lo elevó con una camilla. La mujer se apoyó en el anciano y juntos caminaron apresuradamente hacia donde estaban los trasladores, que llevarían al ex profesor directamente a San Mungo.


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Harry corría por los pasillos de Hogwarts desesperado. Acababa de amanecer pero ni Dumbledore ni Christine estaban en sus respectivos despachos. Debía encontrarlos a ellos, no valía a otros, tenían que ser ellos.
Poco le importaba que la profesora McGonagall o Snape, que también eran miembros de la Orden, estuvieran allí, ninguno podría ayudarle en su caso. Sabía que Snape le ignoraría y le tomaría por loco y McGonagall lo enviaría con la señora Pomfrey, los únicos que le creerían serían Dumbledore y Christine, pero ninguno de ellos parecía encontrarse en el castillo.
Iba tan distraído que se dio de bruces con Draco Malfoy y ambos cayeron al suelo.
-¡Harry, Harry!_ Ron y Neville llegaban jadeando detrás de él.
Harry se levantó adolorido y lo mismo hizo Malfoy, por alguna razón, tenía una sonrisa de satisfacción en sus labios.
-Mira por donde vas, Potter._ y tras soltar una carcajada, añadió._ Te veo un poco nervioso._ Harry lo miró con tal odio y desprecio que por un momento comenzó a sentir que la rabia se apoderaba de él, cuando se repitió las palabras de Christine en la mente: “Cuando un mago se torna insensible, duro y frío y oculta lo que siente, una fuerza maligna se apodera de él. Esa fuerza oscura se llama, “El ángel negro”. Llámalo oscuridad, llámalo diablo, como quieras, pero simplemente es el mal, convertido en persona para arrastrarte al Lado Oscuro.” Se sintió más aliviado de ver como al recordar eso se podía controlar.
-Tengo prisa Malfoy, así que apártate de mi camino._ la sonrisa del rostro pálido de Malfoy se pronunció todavía más.
-Es una lástima que ya llegues tarde, Potter. Te lo advertí, el Señor Oscuro no va a dejar que seas feliz._ y dirigió una mirada analizadora hacia Ron y Neville._ Y ya ha empezado.
-¿Qué quieres decir?_ le gritó Harry tomándole por las solapas._ ¡Habla! ¿Qué es lo que sabes, por qué dices eso, qué ha ocurrido?_ en ese momento, la cicatriz le dio un terrible pinchazo y el presentimiento que tenía se hizo más patente. Le dolía literalmente el corazón._ No...algo malo...algo malo ha ocurrido..._ susurró sintiendo una terrible angustia. Malfoy volvió a reír.
-Es una pena Potter, una verdadera pena. El licántropo llegó a enseñarnos cosas interesantes...pero ya no podrá hacerlo de nuevo...
Harry no supo porqué lo hizo, ni siquiera fue consciente de ello, pero sus ojos azules se nublaron por una cortina negra y comenzó a temblar a convulsiones. Soltó un puñetazo a Malfoy y sino hubiera sido por Ron y Neville que lo sujetaron, hubiera seguido hasta matarlo.
-¿Qué le has hecho? ¡Maldito hijo de puta, si le ha pasado algo, si le ha pasado algo...! ¡Te juro que te mato! ¡Te mato! ¿Me oyes? ¡Eres un cerdo, dime dónde está! ¿Qué le ha pasado?
-¡Harry no, deja de moverte, por favor, Harry!_ Ron ya no sabía cómo detener a su amigo. Malfoy seguía sonriendo, le encantaba ver el sufrimiento en los ojos de Potter._ ¡Harry, no te pongas así!
-¡Algo le ha pasado a Lupin, Ron!_ gritó Harry fuera de sí, seguía forcejeando para alcanzar a Malfoy._ ¡Y ellos le informaron para que fueran a por él! ¡le informaron de mi relación con él! ¡Cobarde!_ Tanto el rostro de Ron como el de Neville palidecieron de golpe. Ron estuvo a punto de soltar a Harry e ir a matar él mismo a Malfoy.
-Esto acaba de empezar Potter, te lo advertí y no quisiste hacerme caso. No será el primero, créeme.
En ese momento, la gárgola del despacho de Dumbledore se apartó y de él salieron el director y Christine. La mujer, al ver la escena sujetó a Harry de los brazos y lo apartó rápidamente de Malfoy. Dumbledore fue hasta Draco y le ordenó inmediatamente que volviera a su sala común, que era muy temprano para ir merodeando por el castillo.
Malfoy obedeció como un corderito, mientras observaba la escena divertida de Harry forcejeando con la profesora.
Una vez se marchó, Christine soltó a Harry y éste se giró directamente hacia ella y la cogió de la túnica.
-¿Qué le ha pasado a Lupin? ¿Qué le ha pasado? ¿Dónde está? ¡Quiero verlo!_ el rostro de Chrisitine estaba oculto entre las sombras. El sol de la ventana todavía no había salido del todo y hacía contraluz. Dumbledore le puso una mano a Harry en el hombro y trató de tranquilizarlo.
-Ha habido un ataque...Lupin fue gravemente herido...está en San Mungo_ explicó el director con voz queda.
Harry se derrumbó en el suelo. No podía creerlo, no quería. Hacía solo unos días que había estado hablando con Lupin en Hogsmade, que había visto su túnica raída, su pelo entrecano y su sonrisa amable. Lupin estaba bien, estaba sano y salvo, ¿a caso la Orden no era lo suficientemente poderosa como para que ningún Mortífago acabara con sus miembros? El ex profesor era muy poderoso, un mago muy bueno, él había visto su poder en el Departamento de Misterios, pero su mayor magia, sin duda, y la que Harry siempre había aprovechado habían sido las palabras.
Esas palabras que él se negó a escuchar, que no quiso atender, que burló. Esa conciencia que quería hacerle entrar en razón y que él había despreciado. Lupin le había ofrecido su apoyo en todo momento, pero él no se había dado cuenta.
Había encontrado huecas sus palabras, no había visto ningún signo que le indicara que a Lupin le importaba tanto como le había importado a Sirius.
Sirius...¿qué le diría Sirius si estuviese allí? ¿Qué pensaría su padrino si supiese que él había traicionado la confianza de Lupin, qué le había mentido, qué había dejado que Lupin se marchara con la idea de que a Harry ya no le importaba nada, que sintiera que los odiaba? Era el último merodeador de confianza, la última persona más allegada a sus padres...
Y siempre había escuchado su consejo, siempre había tomado sus palabras como verdades, siempre había confiado en él. Había dejado que el odio y la venganza lo cejaran, había dejado que el dolor lo consumiera, había dejado que otra persona a la que no conocía de nada le robara su corazón, sus sentimientos, sus recuerdos, ¿y todo para qué?
Lupin no iba a morir, no iba a morir...no sin antes escuchar de boca de Harry que lo sentía, no sin antes escuchar que lo quería...querer...esa palabra resonaba tan lejos en su corazón...Jamás le había dicho a nadie “te quiero”, jamás. Ni siquiera a Ginny que era su novia. Había dejado morir a sus padres sin decirles que les quería, había dejado que Sirius se escapara de sus manos sin mostrarle ese cariño, esas palabras y estaba dejando que Lupin fuera arrastrado por la muerte sin decírselo tampoco.
-¿Está vivo?_ titubeó con los ojos mirando hacia el suelo._ ¿Está vivo?
-Sí,_ respondió Christine fríamente._ Pero su vida pende de un hilo...ha perdido mucha sangre...es muy probable que...
-¡No lo digas!_ gritó Harry y se levantó para encararla. No fue hasta que la miró a los ojos que vio que el cansancio y la debilidad patente en ella. Parecía que hacía enormes esfuerzos por sostenerse en pie, porque sus piernas temblaban ligeramente._ ¡No quiero oírlo, él no va a morir!_ Dumbledore le colocó una mano en el hombro.
-Los medimagos están haciendo todo lo posible por él, pero no es fácil. Fue atacado gravemente por muchos hombres y un vampiro le mordió en el cuello.
-¿Significa eso que...que ahora es un vampiro?_ titubeó Ron asustado.
-Lupin es un licántropo, eso lo hace inmune a las demás criaturas mágicas, pero no a sus heridas. Si no han conseguido ponerle sangre a tiempo..._ Dumbledore no acabó la frase, pero la dejó en el aire. Neville lloriqueaba detrás de Ron y éste se cubrió la cara con las manos.
-¡Malfoy lo sabía!_ gruñó Harry apretando los puños de la rabia._ ¡Voldemort lo buscó para matarlo, él quería matarlo!
-Eso es exactamente lo que ocurrió._ explicó Christine. Estaba tremendamente pálida._ El ataque fue un farol, todo estaba preparado para que él acudiera. Sabían que era de la Orden del Fénix y que había luchado en todos los ataques. -¡Le mataré!_ bramó Harry, sus ojos estaban ennegrecidos y una energía inexplicable recorría cada partícula de su cuerpo._ ¡Voy a matarle ahora mismo! ¡Ya estoy harto, estoy harto de él!_ comenzó a caminar por el pasillo, pero Christine lo cogió duramente del brazo._ ¡Suéltame! ¡Voy a matarlo, es mi guerra, eso es lo que quiere, pues lo tendrá!
-¡Deja de comportante como un niño pequeño y estate quieto! ¡Si vas ahora te matará y lo sabes! ¡No es la hora!
-¡Me importa una mierda que no lo sea!_ gritó Harry. Christine retrocedió ante esa mirada._ ¡Me da igual que me mate, me da igual lo que me haga, ya no me importa, ya no...! ¡Quiero matarle!
-¡Estás dejando que el odio te consuma, Harry!_ bramó Christine. Ron y Neville estaban tan aterrorizados que no se daban cuenta de la información que llevaba esa conversación. Dumbledore también se había quedado parado con la actitud de Harry._ ¡recuerda nuestra última conversación, recuerda que no debes dejar que esto ocurra!
-¡Todo al diablo!_ gritó Harry._ ¡Si esto me hace más poderoso adelante, porque voy a destrozarle con mis propias manos!_ Christine le soltó una bofetada. Era la segunda que recibía en poco tiempo.
-¡Eres un estúpido! ¡Reacciona de una vez! ¿Quieres vengarte? ¡Bien! ¡Porqué si vas ahora no habrá ninguna venganza! ¡Ten paciencia, te lo ruego, muy pronto Harry, muy pronto estarás preparado!_ y tras lanzar una mirada de soslayo a Dumbledore añadió._ Tienes que esforzarte para dominar la Oclumancia._ lo dijo lo suficientemente alto para que el director lo escuchara, pero ni Ron ni Neville se enteraron._ Por favor, te lo estoy suplicando, no dejes que te venza este odio, lucha Harry, lucha...Remus te está esperando, tenemos que ir al hospital, tienes que verlo. ¿Lo has olvidado?
Aquello hizo reaccionar a Harry. Dio un respingo y sus ojos volvieron a cobrar el verde que los caracterizaba.
-Remus..._ susurró.
-Eso es Harry,_ murmuró Christine dándole unas palmaditas en la espalda._ Tenemos que ir a ver a Remus.
Harry la miró y asintió. Dumbledore y la profesora respiraron hondo.
-Vosotros regresad a la sala común y no le digáis a nadie que ha habido un ataque, ¿entendido? Recordad las medidas del colegio.
-¡Pero queremos ir a verlo!_ protestó Ron.
-Aquello es un caos, señor Weasley, no puedo sacaros del colegio. Si los alumnos preguntan por Harry decidle que estaba indispuesto y se ha tenido que ir a la enfermería, donde no se reciben visitas.
Ni Ron ni Neville estuvieron muy de acuerdo, pero accedieron al fin, después de que Harry les prometiera que les contaría más tarde. Dumbledore sacó de su bolsillo un pequeño guante roto y ajado y lo ofreció a Harry y a Christine para que también lo tocaran, y así, aparecerse en San Mungo.



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N/A: Olassss otra vez. He volado para hacer este capi porque me marcho unos días para Barcelona y no iba a poder escribir, así q tomadlo como un regalo q me ha costado muchooooo jejej. Otra vez gracias, mira q me repito, jejej, q de verdad, sois los mejores todos/as y me habéis dejado unos reviews excelentes, cargaditos de preguntas, como a mi me gustan.
Susanita, aqi tienes una sorpresita escondida por el capi, no t asustes y hazme caso y no me mates a quien ya sabes, jejeje.
Bueno gente, os dedico a todos este capi y también a una amiga que se llama Mariona y que será mañana su cumple!!!!!
Besos!!!!!
CAPÍTULO 16: VISITA A SAN MUNGO.



-¡CRUCIO!_ una voz aterrorizadora se escuchó por todos los rincones de la vieja mansión. Los hombres que habitaban en ella, no pudieron hacer más que estremecerse. Sabían que su señor estaba castigando duramente al líder del último ataque, por haber fallado deliberadamente en su misión._ ¡Estúpido, te dije que lo quería muerto!
-Amo...perdóneme amo..._ el mortífago se arrastraba para besar los bajos de la túnica oscura de su señor._esa mujer nos venció...soltó todo su poder...no pudimos...
-¡Maldita sea, Christine Byrne estás comenzando a cansarme!_ bramó Voldemort haciendo estallar el cristal de la ventana más próxima.
-Amo...él está herido...lo mordieron...estoy seguro de que...de que no sobrevivirá...perdió mucha sangre y le hicimos heridas considerable...
-Más te vale, Lestrange, más te vale, porque si Remus Lupin queda con vida será tu sentencia de muerte.


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San Mungo era tal y como lo recordaba Harry el año pasado. La única diferencia patente era el movimiento activo que había en el hospital. Tras el ataque, los medimagos corrían de un lugar para otro atendiendo a los heridos más graves.
Harry y Christine se encontraban sentados en la sala de espera, aguardando a que el director terminara de hablar con el sanador que estaba a cargo de Lupin, y obtener información.
Harry estaba totalmente pálido. Tenía hambre y frío y seguía llevando puesto el pijama. Se sentía impotente, angustiado, era como si su padrino se acabase de morir de nuevo porque ese vacío que tenía en el estómago, en su vida, desde la muerte de Sirius, se había pronunciado. ¿Por qué morían todas las personas que le importaban? Primero sus padres, luego Sirius...ahora Lupin luchaba por su vida y sus amigos también estaban amenazados. La idea de haberse quedado en el mundo muggle volvió a resurgir con más fuerza en su interior y también la propuesta que le había hecho Christine a principio de curso...¡qué lejos quedaba todo aquello ahora!
Y aunque esas ideas rondaran por su cabeza, seguía estando allí y lo seguiría estando, porque tenía una misión que cumplir y muchas vidas que salvar. No temía a la muerte y estaba seguro de que era el mejor regalo que le pudieran hacer por el momento, pero eso, obviamente, no lo compartía con nadie. Christine estaba apoyada en la pared con los brazos entrecruzados y observando detenidamente a Harry. No podía leerle la mente porque éste la tenía totalmente cerrada, pero sabía lo que rondaba por su cabeza, lo conocía demasiado bien.
-¿Tienes frío?_ le preguntó indiferentemente. Harry solo movió la cabeza afirmativamente. Christine se quitó su capa y se la echó por encima.
Harry ni siquiera dio las gracias, se limitó a arroparse más fuerte y sujetarse las rodillas con los brazos.
Dumbledore no tardó en llegar y ambos se le acercaron con desesperación.
-¿Cómo está? ¿Sobrevivirá?_ preguntó Harry rápidamente. Dumbledore le puso una mano en el hombro y trató de sonreírle.
-No voy a mentirte, Harry._ sus pequeños ojos azules trataban de perforar la mente del muchacho, pero parecía que había una energía que lo impedía, tal vez aquella oscuridad que había observado anteriormente._ Está muy grave, lo han sedado totalmente y le han aplicado varias pociones para añadirle sangre, pero no saben si es suficiente. Estaba muy mal herido y tardamos quizás demasiado en traerlo, sino despierta en las próximas cuarenta y ocho horas..._ Dumbledore no terminó la frase pero no hizo falta que lo hiciera.
La angustia se apoderó del cuerpo y mente de Harry, ¿y si Lupin no despertaba? ¿En qué se estaba convirtiendo? Había dejado que el ángel negro se apoderara de él por unos breves instantes, había dejado que el odio lo cejara, ¿era en verdad tan importante Remus Lupin para él? ¿Por qué, por qué, por qué...? se repetía su cabeza, ¿por qué tenía que sentir, por qué tenía que sufrir? Se suponía que su corazón ya estaba cerrado, era como si las emociones lo hubieran vuelto a abrir y él sabía que Christine estaba al tanto de ello y que le haría pagar su debilidad en las próximas clases.
Incluso podía sentir miedo, miedo de querer, miedo de ese vacío, miedo de entrar en la habitación de Lupin y encontrarse con que lo quería demasiado para perderlo. Se dio cuenta de que temblaba a convulsiones.
-Harry, ¿estás seguro de qué te encuentras preparado para ir a verlo?_ le preguntó Dumbledore con preocupación. Harry miró el rostro sombrío de Christine y asintió.
El director no preguntó nada más. Cogió a Harry por el hombro y lo arrastró hacia los ascensores, con la profesora siguiéndoles de cerca.
Por donde pasaran había rostros consumidos por el dolor, familias enteras rotas por la maldad del último ataque, por las víctimas cobradas, sufriendo, sin saber, sin esperar, que las únicas dos personas que podían matar esa angustia que sentían, se encontraban muy cerca de ellas.
Subieron al ascensor con dos sanadores que llevaban a un hombre en una camilla. El paciente estaba inconsciente y tenía la cara contorsionada por el dolor, pero estaba sumido en la inconsciencia.
-¿Se pondrá bien?_ se atrevió a preguntar Harry a los dos sanadores. Uno de ellos, el más joven, suspiró.
-Supongo que salvaremos su vida, pero no podremos evitar su condena. Lo mordió un vampiro así que, a partir de ahora, será uno de ellos.
-Entonces yo preferiría la muerte._ murmuró Harry antes de salir el primero por la puerta del ascensor.
Dumbledore no hizo ningún comentario, a pesar de que había escuchado perfectamente las palabras de su alumno y siguió caminando por el pasillo hasta detenerse ante una puerta, de una habitación privada, que marcaba el número trescientos sesenta y dos.
-¿No hay nadie dentro?_ preguntó Harry, que por alguna razón sentía un hormigueo extraño al ver el pasillo tan vacío.
-Remus no tiene familia,_ explicó el director._ Por eso no tiene ninguna visita. Aún no he puesto a la Orden al corriente._ el ya de por sí vacío que sentía Harry se pronunció todavía más. Lupin estaba solo, no tenía familiares vivos y tampoco se había casado ni tenido hijos. Su única familia habían sido los merodeadores y ahora estaban muertos, porque para él, Pettrigrew era como si estuviese muerto, y Harry se sintió todavía peor por haber discutido de esa manera con él.
Sin esperar el permiso de Dumbledore, giró el picaporte de la puerta y entró.
Christine iba a seguirle, pero Dumbledore la retuvo unos instantes.
-Deja que esté a solas un momento con él, lo necesita._ los ojos fríos de la profesora se relajaron.
-Está bien_ cedió._ Pero solo unos minutos....ya sabes que no me gusta que esté en contacto con el sufrimiento...
-No puedes evitar que se sienta mal. Remus es lo último que le queda..._ suspiró el director.
-No pensé que le importara tanto...pero él no está solo, me tiene a mí.
-¿Y se puede saber qué ayuda ha estado teniendo contigo hasta ahora?_ preguntó Dumbledore. Su voz era pausada y tranquila, como de costumbre, pero sus ojos irradiaban una fuerza que Christine no había visto en él desde hacía años.
-Por favor._ susurró la profesora cerrando los ojos y apretando los dientes._ No quiero hablar de esto ahora, estoy agotada.
-Discúlpame._ murmuró Dumbledore y la cogió del brazo para sentarse en una de las sillas de pasillo. Christine estaba totalmente pálida y demacrada, hacía verdaderos esfuerzos por contener el dolor y por no desmayarse, pero tenía que ser fuerte, no le importaba mostrarse así delante de Dumbledore, pero sí con Harry. El director rebuscó entre su túnica un pequeño frasco con un líquido incoloro y se lo entregó._ Acabo de pedirlo a un medimago. Tómatelo.
Christine lo cogió con manos temblorosas y se lo bebió de un solo trago. Poco a poco sintió como la energía iba acumulándose en su cuerpo, pero el dolor y el cansancio no habían desaparecido del todo.
-Gracias_ susurró cerrando los ojos para evitar marearse.
-Estás empezando a preocuparme. Has estado a punto de morir, Christine, no puedes soltar así toda la energía de tu cuerpo, recuerda las advertencias...
-Si no lo hubiera hecho él estaría muerto, y aún así, puede que no haya logrado nada._ el dolor iba a remitiendo poco a poco. El director suspiró.
-Aún así. Me cuesta reconocerlo pero Harry te necesita, sin tu protección es muy vulnerable. Pero insisto, te estás equivocando en el modo, vi sus ojos antes...sabes que el Ángel negro lo acecha...si Voldemort lo sospecha...
-No lo hará. Lo tengo mejor protegido de lo que crees. Entregaré mi vida antes que dejar que ese monstruo se acerque a él._ Dumbledore la miró con lástima.
-Valoras muy poco tu vida...
-Yo dejé de vivir en el momento en que murieron Dani y Alan. Lo único que me queda por hacer en esta vida está relacionado con Harry y lo cumpliré, no volveré a fallar.
-No fallaste, pero sigues insistiendo en que lo hiciste._ aseguró el director. Trataba de ablandar los duros ojos de la profesora, pero éstos estaban estancados en esa frialdad que los caracterizaba.
-No cumplí con mi deber, pero lo malo y lo que me reconcome, es que no llegué a tiempo a ninguno de los dos lugares. Caí en su trampa como una estúpida y Harry lo está pagando y también lo pagaron...ellos...
-Repito, no fue culpa tuya. Voldemort actúa con trampas y con maldad, engaña y hace todo lo posible por conseguir su propósito de una manera mezquina.
-No estaba refiriéndome a eso._ interrumpió Christine._ hace unos días, tuve un encuentro no grato con él. Y tiene razón, yo rompí las reglas...no quise escuchar a mi madre ni tampoco a mis superiores, no quise escuchar nada más que mi corazón..._ sonrió con repulsión._¡qué ilusa fui! Creer que yo sí podía escapar de mi destino, creer que las reglas eran para gente como ellos, que yo no entraba dentro de ellas por no ser completa, que yo podía comerme el mundo y desafiarlo, todavía no entiendo porque me encargaron la misma misión, porqué me dejaron volver si fallé...
-Porqué cuando un protegido es asignado no se puede cambiar de guardián. Tú estabas destinada a él y tu misión no ha acabado, ahora que te necesita deberás demostrar que puedes hacerlo y no solo porque sea tu trabajo como me dijiste, sino porqué esto es algo personal y te importa. Y tú no vas a dejar que le ocurra nada al hijo de James y Lily Potter, porque piensas que así puedes librarte de ese peso de culpabilidad y a la vez, indirectamente, ver a Alan a través de sus ojos..._ Christine se puso en pie violentamente.
-Venga...entremos a ver a Remus..._ con una sonrisa en la cara, Dumbledore se levantó y siguió a la profesora. Tal vez, aún quedara esperanza...



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Harry entró lentamente en la blanca habitación. El pecho seguía teniendo ese dolor profundo desde que se había despertado con aquel presentimiento.
La sala sólo tenía una cama, era muy distinta a la que había entrado cuando el señor Weasley había sido atacado por la serpiente.
Esta habitación era mucho más pequeña, tenía un armario ropero y un par de cómodos sillones. En el centro estaba la cama con el enfermo y a su lado una mesita de noche bien alta, con una botella de agua encima. Para redondear, un enorme ventanal cerrado con persianas era la mayor fuente de luz.
Harry observó la cama. Remus Lupin estaba inconsciente sobre ella, parecía dormido, como si de un momento a otro fuera a abrir los ojos y sonreír a Harry como siempre lo hacía.
Él camino hasta acercarse más a la cama, la rodeó y acarició las sábanas blancas con las que estaba cubierto el profesor. Lupin tenía toda la cara llena de cortes y moratones y estaba muy pálido y demacrado. Respiraba a través de un tubo artificial que tenía puesto en la boca y de un aparato que le proporcionaba el oxígeno. Sus brazos estaban llenos de agujas que sujetaban goteros con distintas pociones, dos de ellos, de sangre.
Harry acarició la mano del profesor suavemente e incluso estuvo tentado a zarandearla para que despertara, pero sabía que eso no iba a funcionar. Le impresionó mucho ver a Lupin en aquel estado, con el cuello tapado por vendas y un collarín, seguramente, a causa de la mordedura.
Sin poder remediarlo, los ojos se le empañaron y una lágrima bajó a través de su mejilla, mientras la puerta de la habitación volvía a abrirse y Dumbledore y Christine ingresaban en la sala. Harry ni siquiera se dio la vuelta, apretó un poco la mano de Lupin y trató de fingir que no lloraba.
-Tengo que irme, la Orden estará impaciente por saber nuevas noticias. Harry, Christine te llevará a Hogwarts dentro de un rato, ¿de acuerdo? No puedes levantar sospechas y es un riesgo muy grande que estés aquí, podría haber un ataque._ habló el director.
-Está bien pero...no quiero que se quede solo_ titubeó el chico._ Podrían volver los mortífagos.
-Llegaré antes de que os vayáis y siempre habrá algún miembro de la Orden con él, no te preocupes._ explicó Dumbledore y sin esperar respuesta, se marchó.
Harry seguía sin mirar hacia atrás cuando los rodeó un incómodo silencio. Sólo tenía ojos para observar el deplorable estado de su ex profesor, de preguntarse porqué, de que alguien le golpeara y le mostrara que aquello no era más que un sueño, que Voldemort nunca había regresado, que Sirius no había caído a través del velo y que él no estaba en aquella habitación, con el corazón en un puño, casi rogando para que Lupin abriera los ojos, para que despertara.
“Mamá, no sirvió de nada tú sacrificio, de nada. Ha vuelto, papá, ha vuelto, ¿qué hago?”. Esos pensamientos lo atormentaban, le acribillaban el cerebro como un molesto tintineo, el saber, que sus padres habían dado la vida por él y que gracias al sacrificio de su madre Voldemort había caído, y que ahora todo eso no tenía ningún valor, era más fuerte que su deseo de no sentir nada, de parecerse a su profesora.
-Deja de llorar._ dijo Christine acercándose un poco más a la cama y echando una mirada rápida a Lupin.
-¡No me da la gana!_ respondió Harry bruscamente, sentía que iba a arder de ira y que la persona con quién quería pagarlo era Christine._ ¡Lárgate de aquí! ¡Déjame en paz con mi dolor!
-Tú no puedes sentir ningún dolor y lo sabes._ susurró la profesora obligando a Harry a que la mirara a los ojos. Unos ojos tan fríos como puñales, tan huecos...tan insensibles...
-Lo sé._ gruñó Harry volviendo a mirar a Lupin._ Y no me importa._ Christine suspiró y se dio la vuelta para marcharse, pero al llegar a la puerta se detuvo.
-Está bien, Harry, voy a dejarte sólo esta vez, tienes unos instantes para descargar tu ira...pero será mi último regalo. A partir de ahora se han acabado lo lloriqueos y las pamplinas, voy a ser mucho más dura contigo y si tengo que verte retorcerte de dolor para lograr que olvides todos esos sentimentalismos absurdos, lo haré. Las cosas ocurren por algo, Harry, y si el destino ha querido que Lupin muera hoy, entonces ni tú ni nadie podrá hacer nada..._ abrió el picaporte y se marchó.
-Este no puede ser mi destino..._ murmuró Harry conteniendo la rabia._ Ahora sé, que las condiciones en las que uno nace son irrelevantes, es lo que haces con el don de la vida, lo que determina quién eres...y yo voy a sacar provecho de ella...voy a culminar...mi venganza._ Christine acababa de salir por la puerta, no obstante, pudo oír a la perfección las últimas palabras de Harry. Habían empezado a comunicarse por telepatía, una ciencia muy difícil sino se tenía ciertos...dotes mágicos. Y muy a su pesar, la profesora sabía que el día de la verdad no estaba muy lejos y que tendría que contarla para obsequiar a Harry con el único poder que podría ayudarlo, pero eso sólo ocurriría si él superaba el trauma de esa noche. Que lo lograra o no, dependía de él mismo, así que Christine se armó de valor y se alejó unos metros de la habitación, sumida en sus pensamientos.
Harry se quedó de nuevo en el más absoluto silencio. Le perturbaba la calma de esa habitación y a la vez estaba aliviado de no escuchar nada más que el leve tintineo que emitía la máquina de los constantes vitales de Lupin. Eran muy débiles, observó, apenas se percibían, pero aún había una luz al final del túnel.
Se acercó un poco más al profesor y se sentó en el borde de la cama, pasando la mano por sus pálidas mejillas. Estaba helado, el calor de su cuerpo se consumía poco a poco.
-Si Ginny estuviera aquí, me diría que habría que tener fe, profesor Lupin._ comentó Harry en voz alta, sentía que el hombre podía escucharle._ No se lo he dicho, pero ella y yo estamos saliendo y no sabe el bien que me hace...si Sirius estuviera aquí, estoy seguro de que estaría orgulloso._ suspiró ante el recuerdo de su padrino._ Perdóneme_ susurró de repente, las lágrimas volvían a brotar de sus ojos, era la primera vez que lloraba abiertamente._ Debí escucharle, debí saber que lo hacía por mí, profesor Lupin, debí comprender y...no lo hice, y lo siento de verdad. No quiero que le pase nada, no quiero que muera..._ Harry bajó la cabeza en señal de derrota y si no lo hubiera hecho habría visto con sus propios ojos como las pestañas del profesor se forzaban en un gesto arrugado.
-Sirius..._ sollozó Harry._ Sirius devuélvemelo..._ una sonrisa amarga cubrió el rostro de Harry mientras miraba hacia el techo, como si de verdad creyera que su padrino estaba allí._ No seas egoísta...tú ya tienes a mis padres, pero yo estoy solo...anda...tráelo de vuelta, deja que siga conmigo, aún le queda mucho por vivir, nos queda a ambos...es una promesa Sirius, si me lo devuelves te juro que voy a lograr ese futuro por el cuál moriste, esa causa...voy a devolverlo, Sirius, voy a acabar con Voldemort y ese sueño nunca más será ficticio, ¡pero tienes que devolvérmelo! ¡Tienes que dejar que viva!
El ruido de la puerta al abrirse lo interrumpió, pero Harry no apartó la mirada del techo.
-Tenemos que irnos..._ susurró Christine._ Tonks y Ojoloco han llegado, Harry, ellos cuidarán de Remus. Harry se dio la vuelta sin mirar hacia atrás. Cuando la puerta se cerró detrás de él, las constantes de Lupin se intensificaron y el latido de su corazón palpitó con más fuerza, pero nadie supo qué ocurrió. Y cuando Lupin abrió dos días después los ojos, los sanadores creyeron, que se trataba de un verdadero milagro científico.


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Christine caminaba aquella mañana por los pasillos del colegio. Sus pasos resonaban fuertemente por los todos los rincones del castillo y el frío se iba haciendo patente, conforme bajaba la escalinata, en dirección a las mazmorras.
Llevaba puesta su habitual túnica negra y su capa hondeaba en un divertido frufrú, con sus cabellos azabaches y lacios, sueltos, sin su habitual recogido en cola de caballo.
Su rostro era un verdadero muro de piedra, ácido, sin ningún sentimiento patente. Llegó hasta la puerta de la clase de pociones, entró en el aula vacía y se dirigió al fondo de la estancia, donde había otra puerta cerrada. Tomó aire y llamó con los nudillos. Una voz tan áspera e indiferente como la suya, le permitió el paso.
Christine entró y cerró tras de sí. El profesor de pociones estaba sentado detrás de su escritorio, revisando algunos de los trabajos de sus alumnos. La mujer echó una mirada a su alrededor. El despacho estaba muy oscuro, era incluso tenebroso, no entraba luz por las ventanas porque las persianas estaban bajadas y se respiraba un olor agrio en el ambiente. Pero parecía que esa habitación tan cargada, repleta de frascos de pociones y tarros con extraños contenidos, eran del agrado del profesor. Lo único que le gustaba a Christine de aquel lugar eran los libros de las estanterías, aparentemente interesantes y muy raros de encontrar.
Snape levantó la vista de sus trabajos y carraspeó, llamando la atención de la mujer.
-¿Deseabas algo, Christine?_ preguntó con una voz melosa, tratando de sonar amable. Esa falsa modestia no agradó en absoluto a la profesora.
-Sí,_ dijo avanzando hasta colocarse enfrente del escritorio._ No me encuentro bien, ¿podrías darme una de las pociones?_ Snape analizó con detenimiento el estado de la chica. Era cierto que estaba más demacrada que en otras ocasiones y también ojerosa, pero sus ojos inspiraban determinación y confianza.
-No te encontrarías mal si hicieras caso a Dumbledore...sería una lástima para Potter...perderte..._ siseó Snape maliciosamente, y se puso en pie. Christine, no obstante, sonrió.
-Sabes muy bien que no he tenido otro remedio. A pesar de esos...extraños individuos que están ayudando a la Orden y a los aurores, esta guerra se nos está yendo de las manos...si hago cosas es para salvar vidas...
-¿Cómo la de los licántropos?_ inquirió Snape desagradablemente._ No merece la pena que malgastes tu poder para salvar vidas que no tienen ningún sentido...
-¿Eso crees?_ preguntó Christine. La sonrisa había desaparecido de su rostro._ Yo creo que toda vida humana es necesaria y tiene el mismo valor...
-Ya veo._ susurró Snape._ Sí, a ti siempre te gustaron los sangre sucia y los licántropos, siempre fuiste con ellos...de todos modos, te aconsejo que dejes a un lado tus intereses personales con Lupin y te centres en proteger a Potter. El Señor Oscuro está furioso porque no le han llegado los informes requeridos...y cuando el Señor Oscuro se enfada, las cosas siempre se aceleran bastante...con lo cual, Potter está en grave peligro...
-Te aconsejo que no sigas con esas, Severus._ interrumpió Christine bruscamente._ No me gusta que se hable de mi vida personal y menos alguien que no la conoce...
-Sí,_ Snape al parecer disfrutaba mortificando a la profesora._ ya me acuerdo de todo ese numerito que montaste con Dani...francamente, no creo que Lupin sea mejor partido que él...un licántropo...
-¡Basta!_ ordenó la mujer fríamente. Sus ojos azules se habían oscurecido de la rabia y tal vez Snape lo notara porque se paró de golpe._ No tienes derecho a inmiscuirte en cosas que no entiendes, lo que yo hiciera o haga no tienes porque saberlo tú, y te advierto que será mejor que no me vuelvas a nombrar el tema, porque entonces, quizás sea yo quién acabe contigo y no Voldemort y créeme, cuando me enfado, puedo ser tan terrible como él. No me importara que seas el espía de Dumbledore, yo no respondo ante nadie..._ Snape se dio la vuelta hacia el armario y tras rebuscar uno segundos le entregó a la mujer un frasco con un líquido transparente.
-Tu poción._ dijo de mala gana._ Es una advertencia, Christine, ten mucho cuidado porque si sigues actuando como te venga en gana vas a durar tan poco como duraron los Potter y sé que he tocado una herida profunda...ya fallaste una vez y yo no confío en que tú seas la que pueda ayudar a Potter a sobrevivir del Señor Oscuro...
-¿Y quién te ha dicho que yo vaya a ayudarlo a sobrevivir?_ preguntó Christine irónicamente dándose la vuelta para marcharse. Snape abrió ligeramente la boca._ Voy a ayudarle a...matarlo...



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Había pasado una semana desde que Lupin fuera atacado y mordido por un vampiro. Su recuperación tan rápida había sorprendido a todos los miembros de la Orden, pero había hecho brotar la esperanza en el corazón de Harry y sus amigos.
Él tenía la seguridad de que Sirius se había arrepentido y había dejado a Lupin regresar, que se lo había devuelto y a cambio Harry iba a cumplir su promesa de vengarlos a todos, de construir ese futuro tan buscado.
Quizás era por eso que en las últimas tres clases Christine se había mostrado mucho más satisfecha con su comportamiento y era él quién se daba cuenta del aspecto tan lamentable que mostraba la mujer en ciertos momentos, pero no había tenido el valor necesario para preguntar de nuevo. Sabía que no había llegado el momento, o al menos, ella no lo pensaba.
-¡CRUCIO!_ la pequeña araña se retorció unos segundos en la mesa, sin que su agresor tuviera la menor compasión de ella.
-Ya es suficiente._ murmuró Christine indiferentemente. Estaba muy contenta con el rendimiento de Harry. Él detuvo el hechizo y se apoyó en la pared, aguardando nuevas órdenes. Después de recoger a la araña e introducirla en un tarro de cristal, la profesora se acercó a él._ ¿No sientes ninguna compasión, verdad?
-¿Por qué iba a compadecerme de una araña?_ rió irónicamente Harry.
-Cuidado, ya sabes que no te he enseñado las maldiciones prohibidas para que las uses con arañas.
-Lo sé_ aseguró Harry._ Tengo otros planes para ellas._ Christine sonrió.
-Esto ya lo dominas...¿sabes lo qué significa? ¿Recuerdas los sentimientos qué hay que tener para realizar la maldición Cruciatus?
-Por supuesto_ respondió Harry indiferentemente. Jugaba con su varita balanceándola de una mano a otra._ tengo que desear causar...dolor..._ sonrió ante el gesto serio de su profesora._ Tranquila Chris, soy el mismo de siempre...
-A veces me cuenta creerlo.
-Bueno, eso será porqué he aprendido la lección. ¿Qué quieres qué te diga? ¿qué no tengo ganas de lanzarla contra Bellatrix o contra Malfoy?
-Sé positivamente que lo deseas más que nada...te daré el gusto con Bellatrix, pero con Malfoy... sabes que no puedes hacerlo.
-Sí, es una desgracia, pero tarde o temprano va a delatarse y entonces...
-Dime una cosa._ lo interrumpió Christine._ ¿Y contra Voldemort? ¿No deseas lanzar la maldición cruciatus contra él?
-¡Oh, la maldición cruciatus no es un castigo para él!_ respondió Harry fingiendo hacerse el ofendido._ ¡me decepcionas! ¡Para él quiero algo mucho peor!
-Sí, lo sé_ rió irónicamente Christine._ Y no voy a tardar en enseñártelo.
-Lo espero con impaciencia._ contestó Harry, sus ojos estaban llenos de ansia de venganza.
-Pero antes tendrás que empezar a dominar la maldición Avada Kedavra. Y todavía no tienes asimilados en tu cabeza los conceptos necesarios para llevarla a cabo.
-No me gusta matar a la gente._ contestó Harry encogiéndose de hombros.
-Sí, pero debes aprenderla. Si has sido capaz de introducir el querer dañar a alguien con el sufrimiento, serás capaz de querer matarla. ¿No me digas qué no quieres matar a Voldemort?_ el rostro de Harry había adoptado un semblante serio, tras la pregunta.
-Sabes que sí. Pero..._ dejó de apoyarse en la pared y comenzó a caminar nerviosamente por la sala._ Él no morirá con un simple Avada kedavra. Cuando intentó matarme la maldición rebotó contra él y no murió...me explicó en aquel cementerio que él había tomado muchas precauciones contra la muerte...
-Estoy al tanto de ello._ respondió Christine, que estaba tan seria como Harry._ Y no creas que no he estado investigando el modo de matar a Voldemort, pero hasta ahora, la única conclusión a la que he llegado es que tú mismo encontrarás la manera...eres el único que puede destruirle...y con un poder que él desconoce.
-Sí, pero no puedo destruirle con amor...¿qué voy a hacer? ¿Lanzarle un beso?_ Harry estaba irritado, se ponía así cada vez que se hacía alusión a la profecía que lo unía con Voldemort.
-No, no creo que tenga que ver con eso, pero sí con el deseo de proteger a tus amigos..._ explicó Christine poniéndose una mano debajo de la barbilla._ Él nunca podría entender que arriesgaras tu vida por las personas a las que quieres...
-Bueno pues ya es hora de que se entere.
-Estoy de acuerdo._ asintió Christine._ Tú solo deja que yo ponga los conocimientos en tus manos...tal vez, cuando llegue la hora de acabar con Voldemort...lo sepamos, hasta entonces...habrá que trabajar muy duro...



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Era bastante tarde, había sido un día muy duro y se encontraba más cansado de lo habitual, eso sin tener en cuenta lo que le quedaba todavía. Suspiró con resignación, no entendía a qué se debía la insistencia del director a tener una conversación al menos una vez al mes. Quizás quería comprobar que la mente de Harry seguía abierta, porque en el fondo no se fiaba de Christine.
-Imposible._ murmuró_ lo hemos hecho muy bien.
No, él creía que el director sólo trataba de matar su propia culpabilidad por la muerte de Sirius y su indiferencia hacia él durante el curso pasado. Pensaba que Harry estaba más contento con esas visitas mensuales, pero lo único que Dumbledore conseguía era fastidiarlo.
Cuando estaba frente a él tenía que abrir de nuevo su mente y seleccionar muy bien sus pensamientos para engañarle, no era una tarea fácil, pero la había efectuado tantas veces que su cerebro actuaba por inercia. Era muy fácil engañar al anciano.
Christine era una profesora excelente, había puesto numerosos conocimientos ante sus ojos y había abierto la capacidad de comprensión de Harry. Podía hacer tantas cosas, había aprendido tanta protección y tanto dominio que se había asegurado ser el mejor de todo el colegio y...mucho más que eso. Veía muy cercano el día de hacer su primera aparición en público, aún ignorando, que el verdadero poder estaba por llegar.
Si Dumbledore supiera lo mucho que había avanzado, si descubriera los conocimientos que Harry poseía. Su profesora se había asegurado que el curso le resultara realmente sencillo y lo había logrado. Materias como Transformaciones, Encantamientos o incluso Pociones, se habían convertido en un juego de niños.
Disfrutaba viendo la cara de incredulidad de la profesora McGonagall, la cuál otorgaba a Gryffindor una cantidad considerable de puntos, o los saltos de alegría del profesor Flitwitch, en una emoción contenida, asegurando que Harry se estaba convirtiendo en un experto en Encantamientos.
Pero sin duda lo que más satisfacía a Harry en aquellos momentos eran los gestos rudos de Snape cada vez que pasaba por su caldero y no tenía nada que criticar. Obviamente, después de las detenciones, Christine se había asegurado de que Harry controlara su ira hacia él y de que aprendiera a no dejarse influir por sus mortificaciones. Ardua tarea, pensaba el muchacho, porque pese a que Snape no encontraba motivos suficientes para castigarlo o para quitarle puntos, no cesaba en sus amenazas acerca de la prepotencia, en la que según él, Harry estaba cayendo.
Por supuesto, era muy sencillo para el profesor sacar un tema especialmente doloroso para el chico, todos referidos a James Potter y Sirius Black, pero la gota que había colmado el vaso había sucedido en su última clase de Pociones, donde el odioso profesor había insinuado que Lupin merecía morir.
El suceso de aquel día todavía era doloroso para Harry y estaba seguro de que el director no iba a dejar pasar la oportunidad para obtener una explicación de porqué él, había hecho explotar el caldero con la poción dentro, en un ataque de ira descontrolada y se había largado de la clase, antes de que su pérdida de nervios, le hubieran incitado a lanzarle una maldición a Snape.
Pero se sentía orgulloso de sí mismo por esa proeza, era cierto que se había ganado una semana de castigos con el profesor, en la que las insinuaciones acerca de Lupin, su padre o Sirius se habían incrementado, pero al menos había logrado dominar por completo a la oscuridad, o mejor dicho, a lo que su profesora llamaba el Ángel Negro.
Curioso nombre para denominar al mal, porque eso era el ángel negro, la oscuridad poseyendo el cuerpo de una persona, alimentándose del sentimiento de venganza o de dolor, esa fuerza que incitaba a hacer daño, incluso cuando la víctima no lo merecía.
Harry se había preguntado desde que lo oyó mencionar por primera vez, si en realidad Christine deseaba que él se dejara arrastrar por esa oscuridad, que se dejara absorber por ese poder que representaba la maldad, que quizás ella pensara que era eso lo que le iba a ayudar a derrotar a Voldemort y que luego, una vez muerto el mago tenebroso, podrían recuperar al verdadero Harry.
Cuán equivocados estaban, él estaba seguro de que, si se dejaba consumir por ese mal, nunca iba a poder volver a ser el mismo y había apartado esos fantasmas en torno a las absurdas teorías sobre su profesora al escucharla cada noche, sin poner atención en sus palabras, solo observar, ver el brillo de sus ojos haciéndola poderosa, fuerte, como ella era, y a la vez notar un deje de tristeza en sus profundos ojos azules, se había perdido en ellos, estaba escrito su destino y era, sin lugar a dudas, creer en sus palabras.
Jamás, Christine jamás había pretendido que Harry ganara la batalla de ese modo, y pese a que no observaba ningún signo de compasión, cariño o estima hacia él, podía comprobar en el día a día ese afán por protegerle. ¿Obligación? No, era una fuerza que la impulsaba a hacerlo y él la conocía lo suficientemente bien como para saber que, si Christine decía esto o hacía lo otro, era porque pensaba que así iba a salvar la vida de Harry. ¡Qué ironía! ¡Salvarla, no, ayudarle a cumplir su promesa, ayudarle a culminar esa venganza, que pudiera otorgarle un momento de paz!
Por eso le fastidiaba ahora estar subiendo por la gárgola hacia el despacho del director, después de haber pronunciado correctamente la contraseña. Tener que justificar sus medios, sus fines, sus pensamientos y su increíble cambio ante alguien que decía confesar ser el culpable de la muerte de su padrino. Aún no entendía como Dumbledore se atrevía mirarle a la cara, pero lo que realmente no entendía, era porque si deseaba apagar el fuego de su interior vengándose de todas las personas que habían llevado a la muerte a Sirius Black, porqué no empezaba con el que tenía más cerca, el director de Hogwarts.
Tal vez aún poseyera algo de conciencia, o tal vez, no sentía ningún rencor por el anciano, él que lo había admirado, él que lo había defendido en la Cámara de los Secretos, él que lo había puesto en un pedestal y le había empezado a abrir su alma, y ahora casi se obligaba a detestarlo, a buscar un motivo para odiarlo y cuando se repetía las palabras de confesión de Dumbledore acerca de la muerte de Sirius, su corazón se cerraba a escucharlas. Pese a todo, Dumbledore era y siempre lo sería el hombre al que admiraba, el mejor mago de todos los tiempos para él y no había ningún rencor en sus ojos, cuando ambos estaban frente a frente.
Pero había algo con lo que desviaba su frustración ante esos pensamientos, y era el ocultar al director el verdadero propósito de sus clases especiales, lo que hacía en ellas, y disfrutaba engañando al anciano con estúpidos pensamientos, siempre que él deseaba entrar en su mente.
Eso lo hacía sentirse fuerte y poderoso, y pensaba que, si había sido capaz de engañar al propio Dumbledore, también lo estaba logrando con Voldemort.
-Adelante._ dijo la pausado voz del director. El chico entró y sin esperar ofrecimiento tomó asiento. Esto divirtió mucho al anciano._ Bien, Harry, te he llamado porque la profesora McGonagall me ha comentado que le has pedido ir a visitar a Remus Lupin._ Harry se removió en la silla, no se esperaba un comienzo tan interesante para la conversación.
-Así es, señor._ los ojos de Dumbledore se clavaban como astillas en los suyos, así que, concentró su mente y obligó al anciano a leer en ella “Lo hecho mucho de menos”
-Sé que lo hechas mucho de menos._ dijo Dumbledore y Harry sonrió complacido._ Pero dadas las circunstancias no puedo dejarte ir, lo siento. Te seré franco, Harry, si aquel día, el día del ataque, dejé que fueras a San Mungo fue porque pensé que Remus iba a morir y que tú nunca me perdonarías el no dejarte verlo por última vez._ la sonrisa se borró del rostro de Harry, que fingió decepción, aunque la verdad es que estaba bastante fastidiado con el exceso de protección del director. Tenía que ver a Lupin y pedirle perdón, le reconcomía pensar que el ex profesor casi había muerto con la idea de que a Harry le resbalaba todo.
-Usted cree que podría ser peligroso..._ inquirió Harry. El director asintió._ Está bien...le escribiré para ver como se encuentra. ¿Puedo hacerlo, verdad?
-Sin ningún problema._ aseguró Dumbledore._ pero ten cuidado con no poner nada comprometedor. Recuerda que podrían estar detectando el correo.
-Claro, no se preocupe._ el director se mostró complacido. Entrelazó las manos y siguió mirando fijamente a Harry.
-Hay otro tema que quería comentarte..._Harry levantó la cabeza, esperando escuchar algo que valiese la pena._ Estoy sorprendido, Harry, has efectuado un cambio, tanto a nivel de estudios como a nivel personal excepcional y...me preguntaba si eso tenía algo que ver con Christine..._ Dumbledore era muy listo, pensó Harry. Ya que sus pensamientos no le revelaban nada interesante estaba tratando de sacarle información por medio de las palabras. Christine le había advertido que al director no le gustaba la forma en la que Harry se estaba empezando a asemejar a ella.
-Usted le pidió que me diera clases...profesor._ explicó Harry, trataba de que su voz sonara suave y algo más cálida de lo que últimamente lo hacía._ Usted la conoce y me conoce a mí... a partir de ahí podrá juzgar._ Dumbledore sonrió. También pensaba que la actitud de rechazo hacia Harry se la merecía, el chico estaba jugando con él.
-Lo que yo le pedí a Christine, Harry, fue que te ayudara a superar la muerte de Sirius y que te enseñara Oclumancia y Legeremancia, para poder tener una defensa ante Voldemort...jamás le pedí que cambiara tu forma de ser...de hecho, no creo que a ti te agrade...
-Pues está equivocado, señor._ contestó Harry con una sonrisa de suficiencia._ A mí me gusta ser más fuerte, me gusta no pasarlo mal y me gusta Christine...
-No es eso lo que me dijiste a principio de curso_ discutió Dumbledore.
-Tiene razón, me equivoqué. De hecho, tenía una cierta actitud de rechazo hacia ella...pero ella hizo justo lo que usted le pidió, ayudarme a superar la muerte de Sirius y hacerme avanzar mucho en cuanto a Oclumancia. De hecho, puede comprobar que estoy tratando por todos los medios de evitar mirarle directamente a los ojos, porque sé que usted intenta introducirse en mi mente..._ Dumbledore sonrió, pero no era una sonrisa de orgullo y de confianza, era una sonrisa fría, amarga...
-Ha hecho un trabajo concienzudo contigo. Ha logrado que olvides todo lo que fuiste y lo que eres y que incluso desconfíes de Remus o de mí.
-Yo no desconfío._ aseguró Harry._ Pero estoy cansado de ser el centro de atención. Debería dejar de preguntarme si me encuentro bien, de intentar averiguar cómo me siento...y también el profesor Lupin. Me enferma llamar la atención.
-Lo sé_ aseguró el director. Esta vez no se reía._ Pero no lo puedo evitar Harry, siento que algo falla. ¿Por qué esa frialdad, por qué esa indiferencia? Se puede superar el dolor sin que la oscuridad te ronde...
-Eso ya está superado._ interrumpió Harry bruscamente._ Christine me contó lo del Ángel Negro, como lo llaman, y le aseguro que no me convertirá en lo que es ahora Voldemort.
-¿Cómo estás tan seguro?_ Harry reflexionó unos instantes.
-Porque tengo una promesa que cumplir._ contestó sinceramente.
La ventana del despacho de Dumbledore se abrió bruscamente y una ráfaga de aire frío entró bruscamente, derribando al suelo alguno de los papeles. El director se levantó rápidamente de su asiento y la cerró de un golpe seco, mientras Harry recogía lo que se había caído y lo depositaba de nuevo en el escritorio.
-Quiero creerte._ dijo Dumbledore como si nada los hubiera interrumpido._ Pero me cuesta. Creo que estás evadiendo el dolor, no superándolo. Y sino, explícame cómo, de repente, se te dan tan bien las pociones o los Encantamientos, cómo no hay ni una sola transformación que te salga mal o cómo has alcanzado el nivel de la señorita Granger._ Harry sonrió complacido. Ya esperaba esa pregunta, el director llegaba a ser muy predecible, o quizás, lo era ahora que él había estudiado cada uno de sus movimientos.
-Bueno, todos dicen que mi padre era el alumno más inteligente del colegio ¿no?, y que yo me parezco mucho a él, pues supongo que al final ha salido a luz la herencia que me dejó. Y también creo recordar que mi madre era muy buena en Encantamientos...quizás sea eso.
-¿Me estás tomando el pelo?_ preguntó Dumbledore con ironía.
-En absoluto_ contestó Harry con el rostro más serio que le fue posible. La venganza era muy dulce y engañar así al director le proporcionaba un terrible placer._ Pero le recuerdo, director, que fue usted quién me dijo el contenido de esa..._ tomó aire, odiaba hablar de eso._ de esa estúpida profecía...y ahora le parece mal que me tome en serio seguir vivo antes de las Navidades._ la respuesta produjo el efecto que Harry esperaba. Dumbledore abrió la boca y la volvió a cerrar un poco confuso, pero serio.
-No me gustaría que te obsesionaras con eso.
-No me obsesiono, me lo tomo en serio._ se limitó a decir Harry.
El silencio calló abruptamente sobre la habitación. Harry se levantó y comenzó a pasear mirando el campo de quidditch, oscuro, a través de la ventana de el director, igual a como lo había mirado el día de la muerte de Sirius.
-¿Le puedo preguntar una cosa, señor?
-Por supuesto._ respondió Dumbledore, expectante.
-Me gustaría saber, porqué no mato a Voldemort en el Departamento de Misterios. Usted pudo hacerlo, es buen mago...¿fue por la profecía?_ Obviamente el director no se esperaba aquella pregunta porque se quedó durante uno segundos callado, como si considerara o no responder. Harry estuvo muy tentado de leerle la mente a través de la Legeremancia, pero sabía que existía un gran riesgo en ello. Un mago experimentado como Dumbledore podría detectarlo.
-¿Crees que fue por la profecía, Harry?_ preguntó al fin. El chico asintió._ Me temo, que te equivocas. Yo no creo que el destino de nadie esté escrito y tengo la seguridad de que se pueden cambiar las cosas. Día a día, tomamos miles de decisiones que si cambiáramos, variarían la forma de erigir nuestro futuro. La simple decisión de salir o no a la calle el día en que se va a producir un ataque, puede salvarnos la vida o arrebatárnosla. Yo no traté de matar a Voldemort porque sabía que corría un riesgo importante al atacarle._ Harry prestaba suma atención a cada palabra._ Si Voldemort ha sido capaz de engañar a la muerte, de acercarse a la inmortalidad más que nadie en el mundo mágico, yo, al intentar matarle, estaba corriendo el riesgo más que seguro de que la maldición rebotara contra mí y me matara yo mismo. Y sinceramente, no me puedo permitir el lujo de morir a manos de Voldemort mientras queden tantas cosas que organizar en el mundo mágico, por ejemplo, tu defensa. Christine jamás habría regresado de su...retiro si yo no le hubiese ofrecido unos argumentos y entonces tú estarías desprotegido. La unión que ha ofrecido la Confederación Internacional de Magos no habría sido posible, creo no ser prepotente al pensar, Harry, que si mis días hubiesen acabado en el Departamento de Misterios la poca resistencia que estamos mostrando se hubiera venido a pique. Hay muchas cosas que aún guardo en mi cabeza, cosas que te conciernen y cosas que conciernen a Voldemort, no hay nadie en el Mundo Mágico que lo conozca más que yo._ Harry lo miró directamente a los ojos muy pensativo.
-¿Cómo lo detendremos? ¿Cómo lograremos romper esa barrera que lo aparta de la muerte? Si es capaz de ocupar cuerpos, aunque volvamos a destruir el suyo miles de veces, regresará...
-No si se destruye el espíritu que se esconde tras ese cuerpo_ argumentó Dumbledore.
-Pero la Maldición Avada Kedavra no sirve..._ susurró Harry. Hablaba en voz alta, pero expresaba sus propios pensamientos._ Si fuera así, hubiera muerto la noche en la que intentó matarme...pero él tomó grandes prevenciones para la muerte...¿cómo destruir algo que no es humano?
-Eso, se logrará con un poder que él no conoce...y que si aún no has perdido...reside en ti.
“Cuando llegue el momento, lo sabremos”_ las palabras de Christine cobraron sentido en aquel momento. Y si Harry no se equivocaba mucho, el espíritu que había que destruir para matar a Voldemort, era la parte del mal, que ocupaba el Ángel Negro.



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-¿A quién escribes esa carta?_ escupió Ron, tenía la boca llena de tostadas que se había subido del desayuno._ ¿No será alguna nota secreta para Ginny, verdad?_ Harry soltó una carcajada.
-Por supuesto que no, Ron. Cuando tu hermana y yo quedamos nos lo decimos personalmente.
-¿Entonces es cierto que quedáis a escondidas?_ cuestionó Ron frunciendo el entrecejo. Hermione puso los ojos en blanco, pero a Harry le resultaba muy divertida la conversación.
-Si así fuera, no creo que sea prudente decírtelo. Podrías romper nuestro mágico momento de intimidad._ Ron exhaló un suspiró de resignación.
-Todavía no me hago a la idea de que Ginny y tú estéis saliendo. ¿Cómo fue que te enamoraste de ella?_ Harry se encogió de hombros.
-No sé, creo que me di cuenta después de las muchas conversaciones que tuvimos. Siempre vi a Ginny como mi hermana pequeña, pero hablando con ella me percaté de que es toda una mujer y mucho más sensata que tú.
-¡Yo soy sensato!_ protestó Ron.
-Si lo fueras._ interrumpió Hermione._ No estarías atosigando a Harry con tus tonterías. ¿Para quién es la carta?_ añadió preguntando a su amigo.
-Para Lupin._ suspiró el chico._ Le pregunté a McGonagall si me dejaban ir a verlo al hospital, pero se negó rotundamente.
-Lo imaginé._ dijo Ron._ Esa vieja arpía...
-¡Ron!_ le reprendió Hermione._ La profesora McGonagall hace bien en no permitir a Harry que salga de Hogwarts, podría ser peligroso.
-Sí, por una vez estoy de acuerdo._ apoyó Harry, aunque no lo creía del todo. Si los profesores supieran lo mucho que había mejorado, seguramente le dejarían ir a ver a Lupin a San Mungo._ Malfoy está espiándome dentro de Hogwarts y podría informar a Voldemort de mi pequeña excursión. Pero estoy preocupado por Lupin, podrían ir al hospital a atacarlo...ahora que está convaleciente.
-Dumbledore se habrá asegurado de que no los sorprendan. Habrá puesto vigilancia._ opinó Hermione astutamente.
-Sí, lo ha hecho. Aún así, me preocupa. Voldemort no suele dejar un trabajo a medias y en cuanto esté recuperado, conociendo a Lupin como le conozco no se quedará oculto como un cobarde. A veces pienso que el espíritu de Sirius lo ha poseído.
-El profesor Lupin es un gran mago y siempre lo ha demostrado._ dijo Ron._ No tienes de qué preocuparte. No le pasará nada.
-Eso espero._ suspiró Harry. Dobló la carta en cuatro pedazos y se dirigió a la lechucería seguido de sus amigos. Afortunadamente, muchos de los alumnos se encontraban en el Gran Comedor y también los profesores y no tuvieron ningún encuentro no grato. Odiaría que alguien le preguntara a dónde iba o qué iba a hacer. Ya no confiaba en nadie.
La Lechucería también estaba desierta. Harry buscó a Hedwig con la vista y la encontró medio durmiendo al lado de Argo, ambas muy juntitas. La llamó con un silbido y la fiel ave bajó hasta colocarse en el hombro de su amo. Argo ululó ofendida, de que los hubieran interrumpido.
-Hace mucho que no te doy trabajo, vieja amiga._ susurró Harry atando la carta a la pata de Hedwig._ Quiero que se la lleves a Lupin, ¿de acuerdo? Pero no levantes sospechas y no vuelvas sin una contestación. ¿Entendido?
Hedwig ululó para darle a entender a Harry que había comprendido todo muy bien y tras apretarle un poco con la pata en el brazo cariñosamente, salió volando.
Harry, Ron y Hermione la observaron hasta que se perdió en el horizonte.
-Creo que Argo y Hedwig no tardarán en formar familia._ opinó Ron. Harry no pudo más que sonreír. Estaba ansioso por obtener la respuesta de Lupin. Había escrito la carta muy minuciosamente, cuidando cada detalle al máximo. No le había dicho a Lupin que Sirius le seguía importando y tampoco le había dado a entender que lo quería mucho, pero sí le había pedido perdón y deseado que se recuperara pronto, porque había estado muy angustiado con lo que había ocurrido. Cualquiera que leyera la carta, pensaría que Harry Potter apreciaba a Remus Lupin, pero no lo suficiente como para llegar a quererlo y con ese magnifico pensamiento, se dirigió con sus amigos hacia las mazmorras, donde tendría lugar la terrible clase doble de pociones, con su profesor menos agraciado.



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Hacía un día envidiable. El sol estaba en su mayor apogeo, los pájaros canturreaban como si estuvieran en primavera, silbaba un tibio viento, nada parecido a los anteriores días fríos, en los que el otoño llamaba a gritos al invierno y en los que Hogwarts, se convertiría en un castillo nevado.
No, el día había amanecido espléndido, era sábado y los estudiantes estaban relajados, tirados bajo la sombra de las copas de los árboles, disfrutando de lo que sería el último día de calor.
Harry y Ginny se encontraban en su lugar secreto. No es que fuera muy secreto, pero sí íntimo y donde se habían juntado en todas las ocasiones que deseaban estar a solas y que eran muchas.
Su relación se había consolidado fuertemente, ambos parecían llevar saliendo una eternidad, como si siempre hubieran estado juntos y su destino fuera reunirse. Se conocían muchos años, pero ahora estaban explorando más a fondo las personalidades del otro, eran uno, porque siempre podían adivinarse los pensamientos. Harry pensaba que Ginny era un verdadero peligro para él, porque llegaba a conocerlo tan bien como Christine y era muy difícil engañarla. Pero ella no era una persona celosa y tampoco preguntaba mucho, solía confiar en Harry y dejaba que él decidiera lo que contarle o no en cada momento.
Lo quería como jamás había querido a nadie, era extraño porque todavía era muy joven, pero había nacido un lazo de afecto que los unía, un presentimiento dentro de su corazón que les dictaba, que habían nacido para quererse y no separarse jamás.
Harry había aprendido a querer, la palabra que siempre había notificado como tabú, se había convertido en su mejor defensa cuando los fantasmas del dolor y la culpabilidad acudían a él.
Nunca había sabido lo que significaba que le quisieran de verdad, quizás, la única persona que le había inspirado esa sensación era Sirius, pero él nunca le había dicho “te quiero” y ahora estaba muerto. Ginny se lo repetía a cada momento y él solo sonreía. Sentía que decirle “te quiero” iba a afectarle demasiado, no sabía realmente el significado de la palabra y temía que su plan con Chrisitine se fuera a pique si se ataba demasiado a las cadenas de las palabras.
Pero Ginny nunca le había reprochado nada, es más, incluso le entendía y no le importaba que Harry no fuera capaz de decirle que la quería, porque ya se lo demostraba con creces. Una imagen, vale más que mil palabras, se repetía y cada vez que Harry sonreía, le hacía una caricia, la besaba con esa ternura o la cogía de la mano, sentía que esas palabras no hacían falta porque tenía lo mejor de él, al verdadero Harry.
No al que estaban acostumbrados a ver últimamente, frío y distante, sin sentimientos...no, sino a su parte humana. Ginny estaba preocupada por él y sabía que ella era la única capaz de hacer reaccionar a su novio, capaz de devolverle su humanidad, sus sentimientos y eso la hacía importante.
Por eso, las dudas desaparecían cuando se encontraban a solas, como estaban ahora, en su rincón mágico, secreto, tumbados en la hierva, y apoyados el uno en el otro. Ginny tenía cerrados los ojos, disfrutando de la paz y la tranquilidad del momento y Harry le acariciaba sus cabellos color fuego, mientras pensaba en lo feliz que se sentía a su lado.
-¿Quieres que te cuente una tontería?_ preguntó de repente. Tenía la mirada perdida en el lago.
-Ummm_ Ginny asintió.
-Anoche soñé que estábamos en la Madriguera, todos juntos, disfrutando de una cena a nuestro honor, haciendo pública nuestra relación. Tu madre me abrazaba y tu padre no paraba de hacerte reír, estábamos muy felices.
Sirius venía y me felicitaba, me abrazaba y me sonreía...estaba tan en paz. Todo era de color de rosa, no había guerra ni tampoco un Voldemort para empañar nuestra felicidad, no habían muertes, solo nuestra alegría..._ Ginny se incorporó y se puso encima suyo, mientras le miraba a los ojos esmeralda, que reflejaban melancolía.
-No es una tontería...es la cosa más bonita que he oído en toda mi vida._ lo besó dulcemente._ Te quiero Harry._ apoyó la cabeza sobre el pecho de él y escuchó su respiración acompasada. Los latidos de sus corazones se habían sincronizado.
-Ginny...
-¿Si?
-Me gustaría que no fuera un sueño.
-Y a mí.
Harry acercó su rostro al de ella y comenzaron a besarse, primero suavemente y luego acelerando sus respiraciones, convirtiendo ese beso en algo apasionado.
Y continuaron así, unidos por ese juego que era el destino, olvidándose quiénes eran y dónde estaban, sin buscar un motivo que pudiera enturbiar su felicidad, sin notar la presencia de una sombra, que los había observado durante toda la mañana.



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N/A: Olasss gente!!!! Soy consciente de lo que he hecho y dejaros con la miel en la boca de saber si Lupin iba a morir o no fue muy cruel por mi parte, por eso me he dado prisa en escribir este capi(las ideas me vinieron durante el regreso de mi viaje a Barcelona) Por cierto, ¡q ciudad tan bonita! A pesar de haber vivido dos años allí cada día me enamoro más de ella y por supuesto de la gente q habita allí, q son estupendos. Pero para estupendos vosotros!!!! No sabéis lo contenta q me puse al recibir vuestros reviews, tan largos, tan sinceros y tan halagadores, no deberías ser tan buenos conmigo porq creo q no me lo merezco tanto...jjejeje
Bueno, mandar saludos especiales a Malala, porq su review fue el más bonito q me han mandado en la vida, de verdad, gracias porq eres increíble. Os recomiendo q os paséis a leer sus ficts, q son una pasada!!!!!
También saludar por su puesto a Susanita, q es la mujer con más teorías y recursos q ha tenido sobre mi fict, petons nena, q els mereixes!!!! También pasaros por su fict de “Volví”, que es magistral.
Y por último a todos los q me mandáis reviews habitualmente: Yaz_ potter, Mery Black, Tabatas, Pablo, Davatar, Jade-Khan, Denny....bueno y muchos más, q seguro q me dejo gente!!!!! Este capi, dedicado a vosotros, q sois los mejores y vuestros reviews me animan a continuar!!!!! Muchos besos y nos vemos pronto!!!!!!
CAPÍTULO 17: ¿QUIÉN ERES, CHRISTINE?




Los cálidos rayos de luz solar se filtraban a través de las polvorientas ventanas de aquel tercer piso. Habían pasado días, semanas, incluso meses desde aquella primera vez, pero el olor agrio del aula cerrada, la pizarra con los pintorescos dibujos o las rayadas mesas de estudio, no habían variado aquel ambiente hostil que se reflejaba en la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras.
La profesora Christine, una mujer alta, de cabellos largos y negros azabache y ojos azules profundos y fríos volvía a explicar las criaturas mágicas que a estas alturas debían desfilar en el bando enemigo. Aquel día, explícitamente, los vampiros.
Era, sin lugar a dudas, la mejor profesora a la vez que Remus Lupin, que había pasado por Hogwarts y por eso tal vez, ningún estudiante se perdía detalle de sus complicadas explicaciones. Eso, o el miedo a la mirada inquisitiva de la mujer, era lo que mantenía el silencio en el aula.
El trío de Gryffindor estaba sentado en primera fila, como odiosamente Hermione se encargaba de posicionarlos y tenían los ojos muy abiertos. Harry sabía que había sido un vampiro quién casi llevara a la muerte al profesor Lupin y se había propuesto matarlos a todos, pensamiento que sus amigos desconocían.
Era tal su atención que no se percató cuando una lechuza de plumaje blanco entró como una flecha por la ventana y fue a estrellarse en su regazo.
Hermione soltó un grito ahogado y Ron pegó un bote. Un segundo después, la clase levantaba la cabeza tratando de distinguir qué era lo que había ocurrido.
-¡Potter! ¡La hora de las lechuzas es durante el desayuno!_ gritó Christine, furiosa de que su clase se interrumpiera por necedades.
Pero Harry no la escuchaba. Acababa de distinguir a la lechuza, era la suya propia, a la que había enviado unos días atrás con una carta a San Mungo para Lupin.
-¡Hedwig!_ exclamó preocupado._ Su lechuza estaba semiinconsciente. Llevaba una carta atada a su pata derecha, pero todas sus plumas estaban revueltas y con pequeñas heridas por todo el cuerpo. Del pico le salía un hilo de sangre y ululaba débilmente, a causa del dolor.
Harry se levantó de golpe y la cogió en brazos.
-¡Profesora Byrne, es mi lechuza! ¡ha sido atacada, creo que está muy mal!
En ese momento la clase entera armó un barullo de comentarios. Hermione observaba el lamentable estado de Hedwig al borde de las lágrimas y Ron estaba consternado. Christine dio la vuelta a su escritorio y se acercó rápidamente hasta Harry. Dio un vistazo fugaz a Hedwig y cogió al muchacho del brazo, arrastrándole hacia la salida.
-¡Quiero una redacción de no menos de un pergamino de lo que he dicho durante la clase! ¡El que no me la traiga tendrá la asignatura suspendida, así que no quiero que nadie se mueva de aquí! ¿Entendido?_ los alumnos murmuraron en disconformidad, pero nadie se atrevió a protestar directamente a la profesora.
-Vamos Harry,_ susurró la mujer por lo bajo._ Tenemos que encontrar a Hagrid.
Harry no se lo pensó dos veces y en cuanto salió de la clase comenzó a correr muy rápido hacia la sala de profesores, seguido de cerca por Chrisitine. Hedwig iba doliéndose por el camino, mientras el chico le pedía que aguantara.
En frente de la sala de profesores se encontraban las dos gárgolas que estaban el curso anterior, en el que Harry había acudido por el mismo motivo, un ataque a su lechuza. La vez anterior y pondría la mano en el fuego, había sido la profesora Umbridge quién había tratado de alcanzar a Hedwid.
Pero la situación en aquellos momentos era distinta. Umbridge ya no estaba en el colegio y todo el mundo sabía del regreso del Innombrable, por lo cual solo quedaba una opción: Voldemort había ordenado a sus espías en Hogwarts que vigilaran a su lechuza, porque solo ellos podían conocerla.
-¡Unidad!_ exclamó Christine con la voz entrecortada, en dirección a las gárgolas. Éstas, se hicieron a un lado y los dejaron pasar.
La sala de profesores no estaba vacía. Como Harry se había imaginado, Hagrid se encontraba allí, revisando unos dibujos. También estaban la profesora McGonagall, el profesor Snape y la profesora Siniestra. Al ver a las personas que acaban de entrar, todos se pusieron de pie, algo impactados.
-¿Ha habido un ataque?_ preguntó la profesora McGonagall inquieta. Le temblaba el labio inferior. Pero al ver que Harry cargaba a su lechuza, la cual tenía los ojos semicerrados, exclamó_ ¡Por las barbas de Merlín!
-¡Hagrid!_ gritó Harry sin prestar atención a los demás._ ¡Es Hedwig, ha llegado herida a la clase! ¡Tienes que curarla!
-¿Hedwid?_ preguntó Hagrid, visiblemente alarmado. E intercambió miradas nerviosas con los demás profesoras. Harry depositó a la pequeña lechuza sobre la mesa, sin importarle los pergaminos que habían sobre ella y el semigigante se acercó a reconocerla.
Lo primero que hizo fue acariciarle la cabeza suavemente y evitar así que Hedwig cerrara completamente los ojos y luego le examinó las alas y las patas. La pobre lechuza trataba lo de quejarse lo más mínimo. Harry esperaba pacientemente el diagnóstico de Hagrid y se asustó mucho cuando su amigo levantó la mirada y negó con la cabeza.
-¿Qué pasa?_ preguntó Harry nervioso. Miraba a ambos lados sin entender porqué la profesora McGonagall se había llevado la mano a la boca o Snape tenía una expresión indefinida._ Hagrid..._ susurró._ Puedes curar a Hedwig...¿verdad?
Hagrid se puso a llorar y aquello enfureció más a Harry de lo que ya estaba de por sí. ¿Por qué todo el mundo se comportaba cómo si estuvieran en un funeral? Harry tenía sujeta a Hedwig por detrás y no entendía porqué simplemente su amigo no corría a la enfermería a por algún tipo de poción que curara el estado de su lechuza.
-Estoy empezando a enfadarme, Hagrid_ murmuró, apretando los puños._ ¿Vas a decirme qué tiene Hedwig para que pueda ir a la enfermería a pedirle a Madam Pomfrey una poción o qué?
-Lo siento, Harry._ sollozó el profesor._ Pero no se puede hacer nada por Hedwig. Le han lanzado algún tipo de Encantamiento y parece ser que fue de Magia Negra. No podemos contrarrestarla...no hay nada que podamos hacer...es demasiado tarde.
-¿Puedes curarla, Chris?_ le preguntó a su profesora esperanzado.
-Lo siento, Harry._ contestó la mujer fríamente._ Pero no puedo.
-¡Claro que puedes! ¡Tú te curaste el corte en la cara! ¿verdad? ¡Tú eres muy poderosa, puedes hacerlo, sé que puedes!
-No puedo._ negó Christine con pesar._ Lo lamento, pero sólo puedo curar heridas poco graves, pero no maleficios o encantamientos.
A Harry se le vino el mundo a los pies. ¿No había nada que hacer? ¿Hedwig iba...iba...? No, no podía ser. No podía ni siquiera pensar que hubiese perdido otro ser querido...Hedwig no iba a morir...y menos por culpa de...

“-¡Eh Potter. Se te ha caído esto, Potter. ¿Es qué ahora te dedicas a mirarte al espejo?_ Malfoy tenía en sus manos el espejo de doble sentido que le había regalado Sirius y que ahora utilizaba para comunicarse con Lupin. Se le debía de haber caído de la mochila cuando se había movido tan bruscamente.
-¡Dame eso inmediatamente, Malfoy!_ Draco se rió con fuerza y comenzó a mirar con más detenimiento el espejo.
-¿No te importará que lo lance al lago, verdad?_ añadió alargando la mano para hacer ver como que lo tiraba al agua._ Bueno, Potter, está visto que no tiene ninguna utilidad para ti...despídete del obsequio de tu papaíto y tu padrino..._ Malfoy lanzó el espejo al agua y antes incluso de que Harry pudiera reaccionar e ir a buscarlo, el calamar gigante salió del agua y lo engulló como si fuera los bocadillos que solían lanzarle los alumnos.
-¡¡¡Nooooo!!!_ gritó Harry, pero ya no podía hacer nada. Se agachó a la orilla del lago y golpeó con los puños el suelo.”

-¡Hedwig!_ los ojos de Harry estaban empañados de lágrimas. Se acercó a la pequeña lechuza y la miró a sus ojos ambarinos. La tomó en brazos._ Perdóname Hedwig, yo no...no debí dejar que llevaras la carta...
la lechuza ululó y negó levemente con la cabeza y luego le estiró la pata derecha, donde estaba la contestación que Lupin le había escrito. Harry la desató con las manos temblorosas y se la guardó en el bolsillo de la túnica.
Entonces, muy lentamente, Hedwig dejó de ulular, y fue cerrando los ojos vidriosos. Su pequeño corazón dejó de latir y la calidez y el calor que emitían sus plumas abandonaron su cuerpo, que se fue quedando frío.
Las nubes taparon el sol y la sala de profesores se sumió en la más profunda oscuridad. El silencio se apoderó del lugar y solo era roto por el sollozo entrecortado de Hagrid.
Harry depositó a su lechuza, ya sin vida encima de la mesa y el acarició el pelaje por última vez.
-Lo has hecho bien...vieja amiga, me trajiste la carta...nunca me fallaste, siempre fuiste la mejor...la mejor...
-¡Oh, Harry lo siento tanto!_ gimió Hagrid y le dio un abrazó muy fuerte.
-¿Te ocuparás de enterrarla?_ le preguntó el muchacho con voz queda, una vez el profesor se apartó.
-Por supuesto que sí...si algo que...
-¿Se puede saber a quién le enviaste la carta, Potter?_ gruñó Snape malhumorado._ Sabes que en estos tiempos y más siendo tú el correo puede ser interceptado...
-La carta era para Remus Lupin._ respondió Harry secamente._ Y el profesor Dumbledore me dio permiso para ello, porque no podía ir a visitarlo a San Mungo._ ante la mención del nombre de Dumbledore, Snape se mordió el labio inferior y no dijo nada más.
-Potter, ¿la carta está sellada?_ preguntó la profesora McGonagall lanzándole una clara indirecta. La profesora Siniestra estaba en la habitación y no podían mencionar nada con referencia a la Orden. Harry se sacó la respuesta de Lupin del bolsillo de su túnica y vio que estaba cerrada con magia.
-Sí, lo está...pero eso no significa que no la hayan leído...pudieron haberla vuelto a sellar después.
La profesora McGonagall tendió su mano y Harry le entregó la carta. Hizo unos movimientos con su varita para comprobar unas cosas y luego se la volvió a dar a Harry.
-Sólo ha sido sellada una vez. Nadie leyó el interior...parece ser que tu lechuza era muy eficaz, Potter._ los ojos de la profesora reflejaban tristeza, pero los de Harry eran un verdadero témpano de hielo. Había vuelto a intercambiar la sensación de dolor por la de ansia de venganza, y tenía un nombre en mente: Draco Malfoy.
Él había tirado el espejo de doble sentido al lago, él era espía de Voldemort en el colegio y seguramente él, había atacado a Hedwig.
-De todas formas la carta no decía nada importante._ informó Harry._ Me cuidé de ello y Lupin jamás pondría algo comprometedor. No sé que esperaban al intentar leerla.
-Una simple despedida puede significar mucho, Potter._ inquirió Christine y Harry supo al instante de qué se trataba. Voldemort sólo intentaba saber la relación que tenía con las personas con las que se carteaba y descifrar su contenido.
-Disculpad, pero tengo clases._ murmuró Harry, volviéndose a guardar la carta sin abrir en el bolsillo de su túnica. Y tras echar un último vistazo al cuerpo inerte y sin vida de Hedwig, salió de la sala de profesores, con dirección a la sala común.




*********************




Después de explicarles a sus amigos lo ocurrido con Hedwig, Harry se había vuelto a distanciar del mundo. Ni siquiera Ginny había podido convencerle para que fuera a comer un poco y se había marchado a su escondite secreto, para reflexionar.
No acababa de entender como tenía el valor de seguir adelante, realmente la venganza era muy dulce y un sentimiento tan poderoso o más, que el amor. De otro modo, ¿cómo podría mantener el equilibrio, rodeado de tanta tristeza?
El día se había vuelto húmedo y frío, el sol se había escondido tras los negros nubarrones que amenazaban tormenta, pero pese al frío, Harry estaba escondido entre los arbustos, mirando en dirección al lago.
-¿Cómo estás?_ una voz áspera acababa de aparecer por detrás suyo. Harry ni se inmutó. Estaba acostumbrado a que Christine apareciera repentinamente y que siempre supiese donde estaba.
-Sólo reflexionaba._ contestó secamente._ tengo ganas de que esto termine.
-Lo sé._ le aseguró la profesora. Por un momento, sus ojos brillaron inusualmente._ Acompáñame. Tengo algo que enseñarte.
Harry no preguntó qué era. Christine nunca le decía las cosas hasta que no llegaba el momento oportuno. Así que, cuidándose de que nadie los observara, se cogió de su brazo y ambos desaparecieron bajo una luz blanca, para reaparecer segundos después, en la sala de los Menesteres.
-¿Para qué me has traído aquí?_ preguntó Harry confusamente. Pensaba que la mujer lo iba a llevar a algún sitio interesante._ ¿No querrás que entrenemos ahora, verdad?
-Por supuesto que no. Deberías estar en clase._ respondió Christine distraídamente, parecía que buscaba algo._ Te he traído aquí para darte una cosa.
-¿Y qué es?
La profesora no respondió. Se limitó a cerrar los ojos y concentrarse en alguna cosa. Harry la observaba expectante. Ya la había visto comportarse así muchas veces y siempre tenía un buen motivo para hacerlo, pero no sabía porqué. Christine era y siempre lo había sido una bruja muy especial y la razón de que lo fuera se iba a averiguar muy pronto, más pronto, de lo que incluso ambos se imaginaban.
La profesora abrió los ojos de golpe y entonces la sala se llenó de una calidez insospechable y se escuchó un leve tintineo y una melodía, muy parecida al canto de un fénix. Y eso era precisamente, la canción del ave mitológica.
Un precioso pájaro de un plumaje blanco platino, que emitía unas chispas doradas y soltaba un polvo plateado, apareció en el hombro de Christine. Una vez la mujer le acarició el plumaje, el ave detuvo su canción.
Harry abrió la boca, pero la volvió a cerrar. Estaba totalmente anonadado. Ya había visto otras veces a Fawkes, el fénix de Dumbledore, pero éste era totalmente distinto. Tenía un plumaje extremadamente bello y sus ojos eran de un azul intenso, del color del mar, que producía una sensación de pérdida de tu persona.
-¿Te gusta?_ sonrió Christine, al ver la cara de asombro de su alumno.
-Es...es precioso..._ logró susurrar. En cuanto escuchó su voz, el fénix salió volando del hombro de la mujer y sobrevoló la cabeza de Harry, emitiendo un suave canto y dejando escapar esos polvos plateados._ ¿De dónde lo has sacado?
-Es curioso que lo preguntes._ respondió Christine, sin dejar de sonreír. Indicó a Harry que la acompañara y ambos se sentaron en el suelo, apoyados en la pared, cerca de la chimenea. El animal seguía sobrevolando la cabeza del muchacho._ ¿Sabes de dónde vienen los fénix, Harry?_ Christine tenía la mirada perdida. El animal bajó hasta ella y se colocó en su regazo. La profesora le acarició el plumaje suavemente.
-No, pero creo entender que no hay muchos...
-Los fénix no se reproducen por sí mismos._ explicó la chica._ Nacen del llanto de los humanos._ Harry abrió la boca sorprendido._ Cuando una lágrima verdadera cae a las llamas del fuego. Este fénix llegó a mí hace mucho tiempo, cuando mi vida pendía de un hilo..._ las palabras de Christine sonaban melancólicas y lejanas.
-Nunca había oído una cosa así. Sé las características que pueden tener, pero no me imaginaba que nacieran de una forma tan especial..._ Harry trataba de profundizar en la mirada de la profesora, pero ella seguía acariciando al pájaro distraídamente, con la mirada al vacío.
-Adoptan las características de las personas de las que nacieron._ continuó explicando Christine. Harry vio que los profundos ojos del animal se asemejaban a los de su profesora. Eran fríos y distantes, pero a la vez transmitían sabiduría y calidez.
-Jamás había pensado que pudieran existir los fénix blancos...
-Es que este fénix es especial._ sonrió Christine._ Creo que siempre estuvo destinado a ti.
-¿A qué te refieres?
-Mi dolor también era a la vez tu dolor._ respondió la profesora simplemente._ Con el tiempo, lo entenderás. Pero ya ves que no para de rondarte, creo que mi misión era entregártelo. Ni siquiera le puse nombre, porque sabía en el fondo que su destino estaba a tu lado._ en ese momento el fénix abandonó el regazo de Christine y se posó sobre las rodillas del muchacho. Harry le tocó el plumaje y comprobó que estaba caliente.
-Pero...no puedo aceptarlo, es tuyo...yo...dijiste que nacían de las lágrimas de las personas y que adoptaban sus características...se asemeja a ti...yo...
-Ahora también se parece a ti...y comprobarás, cuando lo conozcas mejor, que siempre estuvo marcado para llegar hasta ti._ explicó Christine._ No pretendo sustituir a Hedwig con él, Harry, simplemente pensé que había llegado la hora de entregártelo, como me quedan muchas cosas que darte todavía. Poco a poco voy a ir otorgándote aquellos símbolos que te ayudarán a seguir tu camino...tu destino...no los rechaces._ Harry cerró los ojos y asintió un poco perturbado._ Será capaz de llevar tu correo en segundos, puede desaparecer y aparecer en cualquier lugar...la magia de los magos no les afectan..., sé que será un compañero fiel y muy útil en algún momento de tu vida...
-Gracias..._ susurró Harry. Nunca le habían regalado algo tan especial y se sentía abrumado._ Creo que le llamaré...Ares...
-¿Ares?_ reflexionó Christine, colocándose una mano en la barbilla._ ¿Por qué el nombre del dios de la guerra?
-Porque Marte, que es el mismo nombre en la mitología romana, está brillando mucho últimamente y porque estamos en tiempo de guerra...el tiempo....del dios de la guerra...
-Una explicación un poco confusa._ opinó Christine divertida._ Pero un nombre...muy especial...
El fénix despegó de las rodillas de Harry y comenzó a volar con gran maestría. Harry lo observaba y no se daba cuenta de que Christine tenía los ojos puestos en él fijamente. Eran tantas cosas las que le estaban ocurriendo, era tanto lo que se estaba sufriendo en esta guerra...guerra...que fuerte y grande sonaba esa palabra, demasiado real, demasiado significativa para que se hubiera convertido en parte de sus vidas. ¿Cuándo empezó todo? Porque apenas se había dado cuenta de ello, el encuentro con Sirius...la huída de Pettrigrew...la muerte de Cedric...el cementerio...y después todo lo demás. Así es como llamaba él a su quinto curso, “lo demás”, porque decir en voz alta los sucesos que ocurrieron en él o que estaban ocurriendo ahora era demasiado peligroso, demasiado...doloroso.
Ahora se estaba dando cuenta realmente de lo que significaba luchar, hacer ese sacrificio, tener que haber pasado por los peores momentos de su vida para superar toda clase de retos, para estar algún día a la altura de su enemigo, para culminar su venganza...que huecas sonaban esas palabras si comparaba su vida antes de la muerte de Sirius...eran dos mundos, dos realidades, dos agujeros, uno lleno y el otro...vacío.
Tantas muertes, tanto sufrimiento, tanto miedo...y la respuesta, la solución, estaba en sus manos.
-¿Qué es lo que ocurre, Harry?_ inquirió Christine con el rostro muy serio. Harry dejó de observar el magnífico espectáculo que mostraba Ares al volar, para poner sus ojos sobre la profesora.
-Pensaba que...las cosas se nos están yendo de las manos...que no me explico todavía cómo llegamos a esta situación...en cómo ha influido en mi vida...en cómo soy..._ Christine apartó la mirada de sus ojos, pero no se quedó callada.
-Hemos llegado muy lejos como para cuestionarnos, Harry...sí, es injusto, sí, estás cansado y sí...es cruel...pero es lo que tenemos, es lo que hay y es lo que debemos hacer...
-¿No estás siendo del todo sincera conmigo, verdad?_ cuestionó Harry. Sus ojos brillaban al contorno de la poca luz que entraba por las ventanas. Christine suspiró.
-Creo que a veces logras superar las defensas que pongo para que no penetres en mi mente...
-Nunca lo he hecho._ replicó Harry._ Nunca he querido entrar en tu intimidad si tú no has querido mostrármela...eres de las pocas personas a las que no lograría traspasar su defensa con la Legeremancia.
-Lo hubieras hecho si hubieras querido._ susurró Christine. Estaba perdida en sus pensamientos._ Quizás hubieras quedado agotado o hubiéramos salido volando por los aires...pero no hay mente a la que no puedas entrar.
-Estuve tentado de inmiscuirme en los pensamientos de Dumbledore el otro día...pero un mago tan experimentado como él, me habría detectado._ explicó Harry._ pero estás evadiendo mi pregunta...
-Sí, tienes razón, lo hago._ confesó Christine. Harry nunca la había visto tan nerviosa, era como si estuviera perdiendo su habitual temple tan frío._ Pero comprende que me es difícil...no sé si es el momento...
-¿Y cuándo es el momento?_ bramó Harry poniéndose en pie de golpe._ ¡Dime cuándo, Chris! ¡Estoy harto! ¿sabes? ¡harto de los entrenamientos, de las charlas, harto de que me ocultes las cosas, de que llegue el momento en el que me digas como matar a Voldemort! ¡Necesito que esto acabe y lo necesito ya!_ dio una patada a la silla que estaba más cerca suyo y ésta se quebró. Christine se puso de pie e hizo una mueca de desagrado.
-Lamento que la situación se nos escape de las manos, Harry. Pero tengo un muy buen motivo para...
-¡A la mierda con los motivos, Chris! ¡Necesito respuestas!_ suplicó exasperado._ ¡Me estoy volviendo loco y estoy volviendo locas a las personas que me rodean! ¡Te he abierto mi corazón, he dejado que hurgues en mis recuerdos, en mis pensamientos más íntimos, en mi dolor y a cambio no he obtenido nada! ¡No sabes lo qué es para mí estar metido cada día en esta habitación, sabiendo que puedo morir, que fuera están muriendo un montón de personas por mi culpa, que mis amigos me preguntan y yo solo puedo darles evasivas, que estoy arriesgando la vida de las personas que más me importan! ¡Necesito que me digas cuándo vas a entregarme esa oportunidad de acabar con mi enemigo! ¿QUIÉN ERES CHRISTINE? ¿POR QUÉ ESTÁS AQUÍ? ¡Estoy poniendo mi vida y la de los demás en tus manos y ni siquiera sé porqué o por quién, estoy confiando en alguien de la cuál no sé nada ni me ayuda a entender nada! ¡Te he entregado mi vida y mis sentimientos y puede que seas mi destrucción, puede que seas alguien al servicio de Voldemort o dios sabe qué! ¡DAME UNA PRUEBA A LA QUE AFERRARME, DAME UN RAYO DE LUZ PARA QUE NO ME CAIGA! ¡DIME QUIÉN ERES! ¿Por qué puedes aparecerte y desaparecerte dentro de Hogwarts, de qué conocías a mis padres, a Sirius, por qué tienes una herida en la cara y al día siguiente ésta desaparece, por qué estabas en el Callejón Diagon el día del ataque con ese grupo de gente que ni siquiera Dumbledore conoce, por qué siempre sabes lo que siento o dónde me encuentro? ¡Necesito respuestas y las necesito ahora!
Christine se dio la vuelta bruscamente y caminó hacia la chimenea encendida, para apoyarse con los brazos cruzados en la pares. Las llamas hacían sombra en su cara.
-Tienes razón. Tú has puesto todo en mis manos, has confiado en mí y yo no he cumplido la promesa que te hice de compartir un poco de mi corazón. Tienes todo el derecho del mundo a estar enfadado, Harry, todo y estás en lo cierto al juzgarme._ hablaba con voz muy pausada, pero mucho más helada de lo habitual, como si aquello le produjera un gran dolor._ pero escúchame bien, porque después de lo que te voy a contar, quizás ya no me dejes explicarme, todo lo que hice lo hice por tu bien y si te pedí un boto de confianza es porque cuando te cuente lo que soy y la manera en la que derrotarás a Voldemort, creo que es la mejor forma. Por muy dolorosa que sea para ti, para mí y para los demás._ Christine hizo una pausa y sus ojos denotaban cansancio, como si llevara años y años representando esta pantomima y ahora fuera el día de la actuación real._ Si te lo he ocultado, es porque necesitaba una prueba de confianza por tu parte, ya verás, cuando lo sepas, que no es algo que se pueda ir pregonando a los cuatro vientos y que para que todo salga según lo acordado, deberás olvidar los fantasmas del pasado y mirarme como siempre.
Yo voy a ayudarte, puedo hacerlo y soy la única que puede así que...por eso te convertí en lo que eres ahora, Harry, por eso mi insistencia y mi dureza para que dejaras de sentir, porque lo que escucharás hoy será tan doloroso que no todo el mundo podría soportarlo, no obstante, tengo fe ciega en ti, Harry y confío en que todo pueda ser como siempre.
-Por lo que hablas..._ susurró Harry con la mirada triste._ parece que sea algo que me afecte directamente...
-Siempre tuviste un recelo hacia mí...era una sensación y no sabías porqué, aunque cuando te explique el motivo, lo entenderás. Yo no te caía bien incluso antes de conocerme y siempre has pensado que te ocultaba algo que cambiaría tu forma de ser y de pensar y no te equivocaste..._ Christine pronunciaba cada palabra lentamente, como si le fuera la vida en ello y Harry esperaba expectante, teniendo el mismo presentimiento que lo embargó en el primer cruce con Christine, que la conocía de antes y que no le transmitía vibraciones buenas.
-Tiene que ver con mis padres...¿verdad?_ murmuró en un susurró apenas inaudible. Christine no contestó, se limitó a bajar la cabeza y comenzar a contar las cosas a su manera, como si lo tuviera previsto así.
-Antes te has preguntado porqué estaba entre la gente del Callejón Diagon aquel día..., sí, muy listo, quizás es mejor empezar por ahí para que no te queden dudas. Le dijiste a Remus que yo era uno de aquellos individuos y él no te creyó.
-¿Por qué me mintió?_ preguntó Harry molesto._ ¿Por qué si era verdad no lo reconoció?
-Porque no lo sabía._ explicó Christine._ Ni él ni nadie de la Orden del Fénix...excepto tal vez Severus y porqué es espía entre los mortífagos...Pero la realidad, Harry, es que el único que conocía que yo era uno de los integrantes de ese extraño grupo y que fue él mismo quién me pidió que formara parte, era Dumbledore. Dumbledore sabía quiénes eran las personas que ayudaron en el Callejón Diagon y no se lo dijo a la Orden.
-¿Lo sabía?_ preguntó Harry anonadado._ ¿Lo sabía y lo ocultó a la Orden?
-Más bien, fue él uno de los fundadores._ sonrió Christine._ Cuando Voldemort estaba en el poder la primera vez, los magos de la Confederación Internacional de Magos se reunieron para formar un grupo de gente, de todos los países del mundo, a modo de ejército, para que frenara el avance mortífago. Llamaron a ese grupo, “La Alianza”. Afortunadamente, tú propiciaste la caída de Voldemort y la Alianza nunca llegó a constituirse, pero la idea quedó plasmada entre los magos que estaban en la Confederación y cuando Voldemort regresó públicamente, Dumbledore creyó oportuno reinstaurarla. Y me llamó a mí y a otros magos poderosos, para que fuéramos parte del grupo de Inglaterra.
-¿Pero por qué Dumbledore oculta todo esto? ¿Qué hay de malo en ello si Voldemort conoce lo que es ese grupo?_ inquirió Harry.
-Lo hace por nuestra seguridad. Si la gente supiera la identidad de los miembros sería un verdadero peligro. Acudirían a pedirnos ayuda a nuestras propias casas y los mortífagos nos matarían uno a uno y amenazarían la seguridad de nuestras familias. No, la Alianza es una organización secreta y cuanto mayor se lleve en silencio, mejor.
-Entonces...¿estáis ahí para frenar a Voldemort?
-Estamos._ continuó explicando Christine._ para ayudar en todo lo posible a los aurores y evitar más muertes, pero algo tan pequeño jamás podrá detener a Voldemort. Es solo un recurso que Dumbledore se sacó de la manga y que ha dado buenos resultados, pero que tarde o temprano caerá. Ahí es donde entramos tú y yo, Harry._ Christine se descruzó de brazos y suspiró._ Voy a contarte la verdad, vas a saber quién soy o mejor dicho...lo qué soy.
Harry contuvo la respiración. Había llegado el momento de la verdad, el momento que había estado esperando desde siempre. Tenía miedo, ¿por qué negarlo? Temía que esa gran verdad terminara de romper lo poco que quedaba de su antigua personalidad, que quebrara de nuevo su mundo, que el cúmulo de sentimientos que había guardado en un cofre cerrado con llave, reapareciera más fuerte y más dañino.
-No te detengas..._ susurró con valentía._ Tarde o temprano voy a tener que saberlo._ suspiró resignado._ No me importa el dolor que me cause, dímelo Chris...
-Está bien._ cedió ella._ La historia comienza en Hogwarts, ahí es donde conocí a tus padres, a Sirius, a Remus, a Snape...Yo era la mejor amiga de Lily, nos conocimos en el Expreso y ya no nos separamos jamás. Tu madre era la mejor persona que he conocido en la vida, siempre tan justa, tan sincera y sensata, tan..._ su voz sonaba melancólica y lejana._ especial...sí, por eso James quedó prendido de ella desde el momento en que la conoció y su amor fue más grande que todo su orgullo de merodeador. James era y siempre lo había sido, un mago muy poderoso, pero por encima de todo, era una buena persona. No te quepa duda de que arriesgó mil veces su vida para salvar la de otros, junto con Lily, lucharon en la Orden del Fénix y sobrevivieron de Voldemort en tres ocasiones.
Pero el gran poder de tus padres siempre anidó en sus corazones. James era justo, confiado y amigo de sus amigos y su error fue creer que todo el mundo merecía su confianza._ Harry escuchaba la historia atentamente, pero no se atrevía a mirar directamente a su profesora. Sentía que el nudo que había aparecido en su estómago se acreditaba, se hacía más grande y se atragantaba. En la ventana, las nubes tapaban completamente el cielo y la más tenebrosa oscuridad se había apoderado de Hogwarts, no parecía que fuera la hora de la comida._ El caso es que cuando tus padres comenzaron a salir en séptimo, la relación entre los merodeadores y nosotras se consolidó. Nos matriculamos en Hogwarts y desde entonces lo hicimos todo juntos. Remus y yo nos llevábamos muy bien, como has podido comprobar, pero con quién más conviví fue con tu padre y para mí era como mi hermano mayor. Una vez acabamos Hogwarts, nada cambió. Tus padres, Sirius y yo empezamos la carrera como aurores, Remus eligió especializarse en la Defensa Contra Las Artes Oscuras para ser profesor y Peter...él se marchó de viaje.
-¿Se marchó?_ preguntó Harry sin comprender._ ¿Cómo que se marchó?_ Christine respiró hondo. Jamás pensó que le costara tanto relatar la verdad. Estaba apoyada en la pared, mirando a los ojos al hijo de su mejor amiga y revelándole algo que le iba a producir gran dolor.
-Nos dijo que se marchaba a especializarse en plantas exóticas, algo relacionado con la Herbología, se marchó a unas islas caribeñas o al menos eso entendí. Fuimos muy ingenuos Harry, vivíamos en un mundo de felicidad que habíamos creado para nosotros mismos y no nos dimos cuenta que cuando Peter regresó, cinco años después de su partida, era una persona muy distinta. Nosotros ya nos habíamos graduado como aurores, tus padres se iban a casar y yo conocí a Dani.
-¿Quién era Dani?_ quiso saber Harry. El corazón de Christine se quebró en mil pedazos, pero no hizo ningún gesto o signo que dejara ver su debilidad. Se aclaró la garganta y siguió hablando de carrerilla, obligándose a sí misma a que su voz sonara normal.
-Dani era un chico que también estaba estudiando para auror. Tu padre y Sirius se hicieron muy amigos de él y me lo presentaron. Dani era una persona especial. Lo supe nada más mirarlo a los ojos, sentí como si toda mi vida lo hubiese estado esperando. Dani convirtió mi mundo en algo nuestro, en algo perfecto, en una utopía en la que yo deseaba perderme. Comenzamos a salir y también decidimos casarnos._ Christine hizo una pausa, pero Harry no preguntó nada. Consideraba que decir cualquier cosa podía ser peligroso, era evidente que Dani había producido un agujero muy hondo en el interior de la profesora._ Pero entonces mi mundo se quebró._ continuó explicando Christine._ Yo había renegado de mi naturaleza, había jugado con las leyes y no tomé en cuenta las advertencias. Yo quise ignorar lo que era y aunque Dani siempre lo supo, los dos evadíamos el tema para no romper nuestra felicidad. No había llegado la hora, pero yo sabía que un día llegaría.
-Perdona Chris..._ susurró Harry confusamente._ Pero me estoy perdiendo...
-¿Nunca te has preguntado porqué tengo tanto poder, Harry? ¿Por qué logró desaparecerme en Hogwarts o crear esa magia de curación?
-Sí...claro que me lo pregunté...
-Yo soy un arcángel.
-¿Un qué?_ preguntó Harry anonadado. De pronto se le había paralizado el corazón, obviamente había escuchado mal.
-Un arcángel. O un ángel guardián, como prefieras. Al menos por parte de mi madre, mi padre era un mago. Por eso yo también soy bruja, podría decirse que soy única en mi especie. No existen muchos como yo, de hecho, en estos momentos no existe nadie como yo.
-Pero...pero...¿eres un ángel entonces? ¿Es eso cierto...? De esos con alas y que cuidan de que a las personas no les pase nada..._ por primera vez en todo el día, algo parecido a una sonrisa se asomó por el rostro de Christine.
-No, Harry._ explicó pacientemente._ Lo que tú conoces son los ángeles de la guarda. Y obviamente los muggles los imaginan con alas y vestidos de blanco. No, los ángeles de la guarda son personas que murieron, pero su alma era tan pura y limpia que decidieron seguir ayudando desde la muerte y su deber es proteger a la gente del mundo mágico, pero su responsabilidad recae en mantener el equilibrio entre el bien y el mal, ellos cuidan tanto a los buenos como a los malos, no hay distinciones, pero no tienen gente en particular. Nosotros los arcángeles somos guerreros, tenemos poder mágico propio y estamos vivos, nuestra misión termina al morir. Somos mucho más poderosos que los magos y una de nuestras cualidades es el manejo de la espada.
-Pero...no entiendo...¿Por qué estás aquí, entonces?
-Por mi misión._ respondió Christine._ Los arcángeles son los encargados de proteger con su vida a magos o brujas que tienen un papel importante que cumplir en el mundo mágico, que tienen un destino que sellar._ suspiró y siguió explicando la historia, con los ojos cerrados._ Yo sabía lo que era cuando vine a Hogwarts y sabía que existían unas reglas. Mi madre era un arcángel y se enamoró de la persona a la que tenía que proteger, mi padre. Rompió las reglas, sus superiores le advirtieron que si se enamoraba de él podrían ocurrir cosas terribles, porque nunca se pueden mezclar los sentimientos con el trabajo. A los arcángeles no se nos permite amar, a no ser que sea a otro de nuestra misma condición, nunca a un brujo o a un muggle. Mi madre falló en su misión y al quedar embarazada de mí no pudo proteger a mi padre como tenía que hacer y mi padre murió.
Christine volvió a detenerse. Sentía que a cada palabra que pronunciaba su alma se quebraba un poco más, destrozándola, absorbiendo todo atisbo de vida que quedara en su interior, dañándola y transportándola a una realidad de la que no hubiera deseado formar parte.
Harry estaba consternado. Por primera vez veía a Christine como un ser humano, débil, indefensa y arropada por el dolor. Sentía que se acercaba el momento en el que él mismo flaqueara, echara a perder todo lo que había construido en todos esos meses de trabajo. Un dolor por encima de todo, que acabaría por derruir todo atisbo de esperanza.
-Cuando te digo que rompí las reglas, me refería a Dani._ explicó Christine. Harry se sobresaltó, no se había dado cuenta de que su profesora llevaba unos instantes observándole._ Mi madre me prohibió verlo, me prohibió quererlo, me dijo que lo iba a pagar muy caro, que no podía mezclar mis sentimientos con lo que era, pero yo no quise escucharla. Era joven, sentía un amor muy grande por Dani y creí que yo podría romper las reglas, que a mí no me pasaría igual que a ella, que yo era distinta, más fuerte, más poderosa y también fui...más estúpida. Le expliqué a Dani mi situación y él me dijo que no le importaba arriesgar su vida si podía estar conmigo y yo le creí.
Durante los años en los que estudiamos para ser aurores vivimos la vida al máximo. James y Lily eran felices y siempre salíamos los cuatro de fiesta, Sirius con sus bromas y su sentido del humor, siempre se unía a nosotros con alguna de sus conquistas y Remus con su sensatez. Sí, creo que Remus y James fueron mis apoyos más grandes en aquella época. Nos hicimos grandes amigos, yo les pedí consejo y ellos me ayudaron a sobreponerme a las leyes de mi madre y a lo que yo era por naturaleza, me animaron a luchar por mis creencias, por mi amor...¡Cuánto me pesa haberles hecho caso! Había días que lo pasaba terriblemente mal y entonces Remus venía y me llevaba a un lugar bonito a pasear y me llenaba de sabiduría con sus palabras, me daba aliento para continuar.
Pero entonces regresó Peter. Nunca habíamos perdido del todo el contacto, él siempre viajaba para visitarnos y James lo recibía con los brazos abiertos. Ya te he dicho que tu padre era muy especial y cuidaba mucho a sus amigos. Todos le abrimos los brazos cuando regresó y nadie se percató de su cambio. Peter seguía siendo el chico tímido y nervioso de sus años estudiantiles, pero su mirada había cambiado.
Resultó que sus años de estudió los dedicó a las Artes Oscuras y jamás quiso decírnoslo. Le encantaban porque proporcionaban un poder que él anhelaba, algo para defenderse de los matones que se burlaban de él en el colegio, algo para no depender de Sirius, Remus y James, que siempre lo respaldaron. Vivía en el pasado y Voldemort le ofreció esa oportunidad. Peter lo conoció y no supo negarse a ese poder que proporcionaba el estar respaldado por alguien con una gran magia y que a la vez llenaba de favores y conocimientos a sus más leales seguidores. Sin pensarlo dos veces, Peter accedió a ese poder y un año después de regresar de su viaje, se introdujo en la Orden del Fénix junto a nosotros y se ofreció para ser espía de Voldemort. ¿Quién iba a desconfiar de alguien tan cobarde como Peter? ¿Cómo iba a darse cuanta Dumbledore que él podría ser un espía? ¿Cómo James iba a dudar de uno de sus mejores amigos? No, nadie jamás supuso que alguien como Peter pudiera llegar a formar parte de las filas de los mortífagos.
-Un momento..._ interrumpió Harry recapacitando._ ¿Has dicho qué tu entraste en la Orden? Pero yo vi una foto de la antigua Orden del Fénix...y tú no figurabas en ella..._ Christine sonrió.
-Olvidaba lo listo que eres. Yo le pedí a Dumbledore que borrara cualquier signo visible de que Dani y yo habíamos pertenecido a la Orden. Pronto sabrás porqué._ añadió al ver que Harry iba a preguntar.
-Ahora entiendo todo..._ susurró el muchacho._ Por eso Snape te odia tanto...por eso te mira así...porque eras muy amiga de mis padres, de Sirius y de Lupin...él los odiaba.
-Las heridas de Snape nunca se cerrarán del todo, Harry. Pero puedo asegurarte que ni tu madre ni yo le dimos jamás un solo motivo para que nos detestara como lo hace. Incluso Lily lo defendió en más de una ocasión, pero él odiaba a tu padre y todo lo que se relacionara con él...
-Comprendo_ murmuró Harry._ ¿Y qué pasó contigo y con Dani?
-Dani y yo nos casamos un mes después de que se celebrara la boda de tus padres. El mismo año en que ingresamos en la Orden del Fénix. Voldemort ya había comenzado a cobrar mucho poder y aterrorizar a la comunidad mágica. Tenía muchos seguidores y bastantes más mortífagos de los que puedas imaginar y un gran poder. Pero nosotros éramos jóvenes y no íbamos a dejar que él empañara nuestra felicidad. Pensamos que lo derrotaríamos unidos, que podríamos parar esta guerra estando en la Orden y no reparamos en las consecuencias que traía el estar juntos. Voldemort en seguida vio que éramos grandes magos y descubrió lo que yo era. Supongo que Peter tuvo que ver mucho en ello. Trató de arrastrarme al Lado Oscuro, me ofreció poder, riqueza, reconocimiento...mucho más de lo que se le puede ofrecer al mundo, pero yo sólo quería el amor de Dani y me negué.
En aquel momento no tomé en cuenta sus amenazas, no me imaginé que pudiera ocurrir lo que ocurrió después, pensé que si era tan poderosa, podría ayudar a derrotarle, me creí capaz de vencerle, de matarle...
Para mí era un bicho raro que trataba de romper mi pequeño mundo junto a Dani, que trataba de empañar mi felicidad, un bicho al que había que exterminar.
Así que no presté mucha atención a mi verdadera misión._ Harry puso cara de incredulidad._ ¿Aún no lo entiendes? Fuiste tú, Harry, yo era el arcángel que debía protegerte, yo era la destinada a velar por tu seguridad, a no dejar que Voldemort se acercara a ti.
-No es posible..._ balbuceó Harry sin acabar de creérselo._ Tú...no...entonces...¿por qué? ¿Por qué no lograste protegerme?_ Christine asomó una mueca de dolor.
-Porque no tomé en serio mi misión. Yo por entonces no sabía el contenido de la profecía, no sabía a qué podías estar destinado tú y creí que me habían delegado una misión poco importante por desobedecer las normas y casarme con Dani. No me dijeron lo que estabas destinado a ser y pensé que eras un niño como cualquier otro y que quizás estabas algo en peligro por estar tus padres en la Orden del Fénix, pero no porque fueras especial._ la rabia se iba anidando en el corazón de Harry y Christine podía sentirlo._ Lo lamento, Harry. Yo te quería como a mi propio hijo, eras de las cosas más bonitas de mi vida, te había cogido en brazos en el hospital, había compartido con Lily tus primeras sonrisas, tus primeros pasos y tus primeras palabras. Me sentí muy orgullosa de tenerte a mi lado, de que Lily me considerara como a su hermana y que me dejara cuidarte. Pero decidí que era más importante lo que podía hacer como bruja que lo que podía hacer como arcángel. Así que...me confié, comencé a luchar contra los mortífagos con una sola idea en mente: que la guerra acabara para poder disfrutar de mi felicidad con Dani y con el hijo que esperaba de él.
Ninguno nos dimos cuenta de lo que realmente pasaba y cuando Dumbledore nos advirtió de que Voldemort andaba tras de tus padres, Peter propuso utilizar el Encantamiento Fidelio. ¿Cómo no caímos entonces? ¿Cómo no supimos qué había gato encerrado? Ni siquiera Dumbledore fue capaz de deducir que la idea de un Encantamiento Fidelio no podía haber salido de la cabeza de Peter, era algo demasiado rebuscado, algo propuesto por Voldemort.
Era un plan perfecto. Dumbledore propuso ser él mismo el guardián secreto o que lo fuera yo ya que debía protegerte a ti y a tu familia, pero James creyó que Sirius era la mejor opción, porque Dumbledore y yo estábamos demasiado ocupados luchando contra Voldemort. Se realizó el Encantamiento Fidelio y en el último momento Sirius propuso que fuera Peter el guardián secreto de tus padres, porque así Voldemort sería incapaz de creer que alguien como él fuera a ser el protector de una familia de magos tan poderosa.
Sólo me lo comunicaron a mí_ susurró Christine con tristeza._ Yo era la encargada de protegerte, Harry y Lily creyó conveniente decírmelo, a pesar de que Sirius estaba receloso de contárselo a alguien, porque sabíamos que había un traidor entre nuestras filas. Aún así, Lily insistió, alegando que yo tenía que saberlo por la protección tuya.
Me confié._ confesó Christine._ Me cegué por las ganas que tenía de vivir y creí que una vez realizado el Encantamiento Fidelio no era necesario que yo estuviera tan cerca de ti. Pensé que Voldemort no podría encontraros y descuidé a mi propia familia por la lucha contra sus seguidores.
Mi error propició la muerte de tus padres. Yo tenía que haberte protegido, haber cumplido mi misión y haber averiguado quién era el traidor, no estar jugando a las batallitas con los mortifagos. Aquella noche, Harry, yo debía acudir a la casa de tus padres porque Sirius me había avisado de que algo malo iba a ocurrir, que sospechaba de Peter, me pidió que acudiera porque él no iba a llegar a tiempo, pero yo no fui. Me quedé en casa, no escuché sus palabras, no quise escucharlas...el dolor era más fuerte, no tenía la capacidad de pensar, me acababa de ocurrir algo terrible y no acudí en tu ayuda.
Te dejé en las manos del destino, como había hecho desde que supe cuál era mi misión, me olvidé de las palabras de mi madre, que me advirtieron que no rompiera las reglas, que no mezclara mis sentimientos con mi deber, que no amara...me engañé al pensar que yo podía con todo, que era el centro del universo y que nadie iba a malograr mi pequeño mundo perfecto que tanto trabajo nos había costado a Dani y a mí. Me quedé en mi casa...escuchando el grito desgarrador de Voldemort cuando la maldición rebotó contra él, sintiendo el dolor por la pérdida de mi mejor amiga, y sin importarme nada o nadie, sin importarme tú, nada más que mi dolor...y cuando la casa de tus padres se despedazó y se convirtió en escombros...supe lo que había hecho...
Christine se detuvo. La habitación estaba sumida en el más profundo de los silencios. Ninguno de los dos ocupantes gozaba hablar...a través de la ventana se vislumbró la luz de un relámpago y acto seguido un trueno desgarró el silencio y quebró las almas de los dos. Ya no había motivos para sonreír o para bromear, ya no había nada que mantuviera esa conexión, esa fe que se habían tenido el uno en el otro.
Christine levantó la mirada y observó como la oscuridad se adueñaba del cuerpo y del alma de su protegido. Los ojos verdes esmeralda del muchacho se habían tornado oscuros, fríos como el hielo, cargados de odio y de rencor, convertidos en algo que era más que maleza y hiedra, algo que ni siquiera Christine había experimentado.
Harry tenía los puños cerrados y los apretaba con tanta intensidad que se hacía daño. Y quería sentir ese dolor, el dolor físico que sustituía al espiritual, un dolor muy por encima de lo que había experimentado antes. El dolor de la traición, de la soledad, de la hipocresía y el cinismo...
Ya no tenía frente a él a la persona que podía ayudarle a culminar su venganza. Ya no veía a la persona en la que había puesto su esperanza, su confianza, a la que había revelado sus miedos, sus pesadillas, sus sueños y sus recuerdos...la misma que había dejado morir a sus padres...la misma, a la que Sirius le había rogado acudir.
Podía ver a su padrino comunicarse con ella a través de polvos Flu, rogándole como si su vida dependiera de ello, que acudiera a la casa, que impidiera el crimen que se iba a producir, que salvara a las personas que más quería. Y podía ver a Christine riendo, diciéndole a Sirius que exageraba, que no iba a ocurrir nada, que mientras estuviera en vigor el Encantamiento Fidelio los Potter estaban a salvo. Podía ver a Christine abandonando a su suerte las vidas de sus padres y yendo a luchar contra los mortífagos, a pagar la frustración de no poder disfrutar de la tranquilidad junto a Dani con ellos y olvidando, que en una casa del Valle de Godric, una mujer de cabellos pelirrojos y ojos verdes esmeraldas estaba colocada entremedias de la cuna de su hijo, suplicándole a Voldemort que la matara a ella y que le permitiera vivir al bebé.
Podía ver el sufrimiento en los ojos de su padrino yendo a por Pettrigrew y siendo apresado, su aspecto nauseabundo cuando lo vio por primera vez, al escapar de Azkaban, habiendo cumplido una condena de doce años por un crimen que no cometió.
Todo ese sufrimiento, Sirius oculto en la casa de Grimmauld Place con Kreacher, Sirius alimentándose de ratas y todo porque Christine se había negado a acudir a salvarle, a cumplir con su deber.
-Lo lamento...Harry..._ susurró la mujer._ Sé que estás enfadado, pero...
-¿Enfadado, eh?_ rió irónicamente Harry._ Me das asco..._ Christine tragó saliva con dificultad y procuró que no se le notara lo que le afectaban las palabras de su alumno.
-No lo entiendes...no me has dejado acabar...si tú supieras....si...
-Lo único que tengo que saber es que tuviste la oportunidad de salvar mi vida y la de mis padres y que te reíste de nosotros..._ Harry levantó la voz al tiempo que se paseaba de un lugar a otro, su ojos estaban totalmente oscurecidos por el rencor y el odio, estaba seguro de que podía matar allí mismo a Christine, pero quería verla sufrir como él estaba sufriendo en esos momentos, no se iba a contentar con dañarla físicamente, no, quería recriminarle._ ¿Te debió resultar muy divertido ver a Sirius suplicando, no? ¡Claro! ¡Tú tan poderosa y tan valiente! ¿Cómo ibas a perder el tiempo en ir en ayuda de una familia insignificante? ¡No! ¡Eso no daba ninguna fama! ¿Verdad? ¡Tú querías hacer cosas grandiosas para que te fueran reconocidas, querías ser una heroína! ¡Pues a la mierda contigo y todo lo que tú signifiques!_ Harry escupió en el suelo.
-No sabes lo que dices._ susurró Christine._ Reacciones bien o reacciones mal vas a tener que soportarme porque soy tu arcángel y mi deber es protegerte.
-¿Si?_ bramó Harry temblando de ira._ ¡Pues mira, me da igual quién seas o lo qué seas! ¡Mis padres y Sirius eran magos corrientes, sin ningún tipo de poder especial y sin embargo consiguieron salvarme la vida, cosa que tú con todos tus estupendos dones no pudiste! ¡YO NO TE NECESITO! ¡PUEDO ARREGLÁRMELAS SIN TU AYUDA, NO LA HE NECESITADO DURANTE ESTOS QUINCE AÑOS QUE DECISISTE DESAPARECER Y NO SERÁ HOY EL DÍA QUE ELIJA PARA ACEPTARLA!_ el rostro de Christine estaba oculto entre las sombras y no era imposible definir la expresión de su cara.
-Yo puedo salvarte la vida, Harry, puedo ayudarte a que mates todo ese dolor que sientes, pero tienes que dejarme hacerlo. Yo tuve un muy buen motivo para no acudir esa noche a tu casa y aunque no me justifica te aseguro que fue lo suficientemente importarme como para no aparecer por allí. Estoy aquí porque Dumbledore me lo pidió y porque he comprendido que tengo que salvarte...
-¿Y dónde estabas tú cuándo te necesitaba? ¿Dónde estuviste mientras mis padres morían, mientras estaba preso en ese cementerio y Voldemort renacía usando mi sangre, mientras Sirius caía a través de Velo? ¿Dónde se supone que te encontrabas entonces? ¿Por qué no viniste a salvarme si era tu misión? ¿Por qué no los salvaste a ellos? Si es verdad que es tu trabajo, ¿dónde estabas Christine? ¿Por qué tuve que escapar de la muerte sin tu ayuda y ahora debería aceptarla?
-Porque sólo estando a mi lado vas a vivir.
-¡Qué te jodan!_ exclamó Harry._ ¡Déjame tranquilo, desparece de mi vida, ya me has quitado bastante! ¡Me enfrenté a Lupin por ti, a mis amigos, a todos! ¡Les mentí y mentí a Dumbledore! ¡Dejé que pensaran que me resbalaba todo cuándo por dentro me estaba muriendo por unas palabras de consuelo, un abrazo, una caricia! ¿Sabes tú lo qué es eso? ¿Sabes lo qué es vivir durante once años sin tus padres, recibiendo desprecios, alargando la mano buscando un signo de cariño y no encontrarlo, estar sólo? Y ahora que por fin tenía amigos, tenía a Sirius, a Lupin...entonces todo se va al traste, todo se rompe y yo tengo que confiar en tus palabras cuando eres tan asesina de mis padres como Voldemort, tan culpable como él porque lo sabías....¡Lupin me advirtió que ibas a hacerme daño y yo no quise creerle, no quise dejar de confiar en ti y ahora me traicionas! ¡Márchate, no te necesito, no necesito tu ayuda ni tu protección, yo solo me basto para seguir con vida y si muero entonces quizás pueda descansar en paz! ¡Mejor para mí, mejor para todos! ¡Mejor muerto que a tu lado!_ Harry cogió de la silla la capa de Sirius con la que se cubría, se la echó por encima y salió disparado como un rayo fuera de la habitación, dejando a Christine sumida en la más profunda de las tristezas, sola, con los recuerdos apedreándole el alma y los llantos de un bebé resonando en sus oídos, uniéndose a su grito desgarrador.




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Las lágrimas se deslizaban sobre sus mejillas y mojaban el cuello de su túnica, pero por primera vez en la vida, no le importaba. Todo en lo que creía, en lo que había depositado su fe, toda su forma de ser y su nueva vida se habían derrumbado en unos pocos minutos, sólo con unas palabras...
Tenía frío y temblaba, no sabía si de ira, de miedo o del propio frío y tampoco sabía porque iba corriendo por los pasillos en dirección a los terrenos del colegio.
Se encontró al pie de la escalinata, saltó los dos últimos escalones, abrió los portones que daban a la salida y dejó que la lluvia lo empapara.
Los truenos y los rayos resonaban en sus oídos y de vez en cuando las luces de los relámpagos apagaban por completo el cielo, realizando flashes que hacía parpadear sus ojos.
El viento azotaba en su cara y en sus oídos y le revolvía su rebelde cabello. Lentamente, caminó en dirección al lago y se quedó observando como se turbaban las aguas, a causa de la tormenta.
No importaba que la lluvia empapara su ropa y sus gafas, porque sentía que su alma estaba todavía más mojada y hundida, que cualquier pequeño movimiento podía llevarle a cometer un acto irreflexivo. Estaba preso de sí mismo, de sus sentimientos, apartar el dolor ya no le servía, había perdido la frialdad con la que se levantaba cada mañana, el temple que habían sustituido a Sirius por el sentimiento de venganza.
¿Cómo podía haber olvidado a su padrino por una causa inútil? ¿Cómo había dejado que esa mujer se introdujera en su vida y le apartara del camino que le había brindado Sirius? Y pensar que lo había perdido...su pérdida ahora era más dolorosa, porque sin ese sentimiento de indiferencia que Christine era capaz de plasmar en su interior, se sentía demasiado vacío como para continuar luchando. ¿Luchando? ¿Para qué? Ya no había nada por lo que luchar...
Cambiar sus convicciones, su manera de ser, apartar de su vida a sus amigos, todo por una causa inútil que ahora ni recordaba...ya no existía un mañana ni un ayer, sólo estaba el hoy, el momento y ese era el que estaba cubierto por el dolor. Si la vida podía cambiarse por algo que proporcionara la paz, ese era el momento de probarlo.
Voldemort...Voldemort...Voldemort...ese nombre se repetía en su cabeza, pero no podía sentir más odio hacia él del que sentía hacía Christine. Ella le había mentido, le había engañado, le había prometido el cielo y lo había llevado al infierno.
¿Por qué? Se repetía su cabeza. ¿Por qué había sido tan estúpido? ¿Qué era lo que tanto merecía la pena qué se había olvidado de luchar, de vivir? ¿Acaso lo valían las razones que le ofrecía Chris? ¿Venganza? ¿Cuándo había oído hablar de venganza a la gente que quería? ¿No le habían enseñado otra cosa? ¿Había cambiado los ratos de risas con Ron o con Hermione, las ganas de combatir la injusticia con el ED por la venganza? ¿Por qué había perdido la fe si tanto creyó en ella y si él pensaba que lo podía todo? ¿Qué le hizo cambiar si ahora sabía que su problema tenía solución, que valía más la pena aquellas personas que le rodeaban, que intentaban abrirle los ojos, que le apoyaban y le querían? ¿Por qué se sentía tan solo si había tenido la luna, el sol y las estrellas? Las preguntas le atormentaban...
Tan absorto en su irrealidad se encontraba que no notó que una persona se acercaba a él por detrás y lo cubría con otra capa.
-Estás helado...
Harry se dio la vuelta con los labios tiritándole de frío y se encontró de frente con Ginny. La muchacha tenía el pelo suelto y mojado y entrecerraba los ojos para verle mejor a través de la lluvia.
-Ginny...¿qué haces aquí?_ ella sólo se encogió de hombros, le sonrió y le pasó una mano por la cara, secándole con sus pálidos dedos los restos de lágrimas que cubrían su rostro. No se le notaba a través de la lluvia, pero ella sabía que su novio había llorado.
Harry pensó que le iba a preguntar algo, pero no lo hizo. Ginny tenía ese don mágico para tranquilizar a las personas y no molestarlas en los momentos de soledad. Se abrazó a él y se quedó pegada a su cuerpo sin decir ni una sola palabra. Escuchando el sonido de la lluvia caerles encima y el latido acelerado del corazón de Harry.
-Siento mucho lo de Hedwig..._ susurró dulcemente._ ¿Sabes? Argo está muy triste._ Eso hizo recordarle a Harry que su fénix seguía en la sala de los Menesteres, pero si era tan especial como Chris le había dicho, seguro que podría encontrarle.
-A Hedwig le gustaba Argo...era a la única lechuza que le permitía acercarse..._ murmuró él, sin dejar de mirar las turbulentas aguas del lago. No sabía porqué hablaban de eso, pero las palabras no eran necesarias. Sus ojos habían vuelto a cobrar el verde esmeralda natural, y la oscuridad se había disipado, Ginny era la luz que iluminaba su mundo, la que le aliviaba en los peores agravios, la que con su ternura y su delicadeza lograba borrar todo detalle que pudiera enturbiar la paz interior de su alma. Pero pese a todo, los ojos de Harry no volvieron a brillar como lo hacían antes.
-Harry...te quiero...
-Lo sé._le aseguró él apretándola más aún._ No sabes lo que te agradezco que estés a mi lado...
-Yo siempre estaré a tu lado, Harry Potter._ murmuró Ginny levantando la cabeza._ Cuando me necesites, me tendrás, quiero estar siempre contigo...
Harry le acarició la cara mojada y le sonrió tímidamente. Ambos se fundieron en dulce beso que se tornó desesperado y apasionado, mucho más adulto y serio de lo que hasta entonces habían experimentado. Recorriendo el uno y el otro cada parte de su boca, cuello o rostro, sintiendo que el tiempo se agotaba, que podían desvanecerse allí mismo, que el momento de hoy era hoy y que quizás no hubiera un futuro para repetir ese beso o esas caricias.
Ambos necesitados de esa sed para continuar de pie, ella por temor a lo que no había visto nunca y a perder a la persona que más amaba y él por estar solo y vacío, solo lleno por la ternura de Ginny, solo recubierto por esa capa de pasión que desataba su relación.
Unidos por el deseo y la necesidad de encontrarse, unidos por un destino marcado para ambos. Sin saberlo, sin entenderlo y sin tratar de encontrar la compresión, puesto que no importaba.
Los truenos dejaron de sonar, el viento detuvo su curso, el agua dejó de resbalar a través de las copas de los árboles y se paró el tiempo. Un rayo de sol se asomó a través del cielo encapotado y los alumbró.
Ellos no lo notaron, siguieron descubriendo su pasión, siguieron presos de ese sentimiento que los arrastraba, prisioneros de los ojos del otro y siervos de sus cuerpos. Caminaron cogidos de la mano en dirección al castillo y cuando Harry se despidió de ella para regresar a su clase de Transformaciones, la conversación que había mantenido con Chris parecía borrada de su memoria y no regresó hasta que Ginny se perdió escaleras arriba y el sopor de las explicaciones de McGonagall lo llevaron de nuevo al mundo de los recuerdos.



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N/A: olaassss, lamento haber tardado más de la cuenta, pero es q he empezado la universidad y además el capi requería un esfuerzo considerable. Bueno, ahora ya sabéis quién es Christine, más bien, lo que es, espero no haber defraudado.
Como ves Susanita, eras la que más te acercabas, jejejej. Te mando un besazo desde aquí y a ver si coincidimos en el mesenger.
También un abrazo muy fuerte a mi amiga Esmeralda, q ha logrado transmitirme una fuerza increíble y muchas ganas de continuar. Repito, pasaros por los ficts de Pekenyita y Malala, q son muy muy buenos.
Y nada más que decir, q muchas gracias de nuevo a las personas q depositan su confianza en mí, q me hacéis muy feliz con los reviews y q dentro de poco volveré a actualizar. Besazos!!!!!!
CAPÍTULO 18: RECUPERANDO LA CONFIANZA PERDIDA.




Había amanecido un día lluvioso, muy parecido al clima frío del día anterior. La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de las aulas de Hogwarts y el viento movía los árboles incansablemente.
Desde una de las recónditas habitaciones del castillo, una mujer de cabellos negros azabache y ojos azules, caracterizados por la frialdad, observaba el nefasto paisaje, mientras recordaba los sucesos que habían acontecido durante las últimas horas. Albus Dumbledore estaba sentado detrás de su escritorio, con las manos entrelazadas y observando detenidamente, a través de sus gafas de media luna, la reacción del rostro de la mujer.
Su mirada también era distante y gélida y no se asemejaba en nada a la que habitualmente adoptaba el director. La tensión se podía cortar con un cuchillo.
-Deberías dejar de reprocharte, Christine. Algún día Harry iba a averiguar la verdad, es una verdad demasiado terrible como para que le sea oculta..._ susurró el anciano. Miraba el reflejo de su profesora de Defensa en el cristal de la ventana.
-Si vieras cómo me miró...jamás alguien me había mirado con tanto desprecio....me sentí sucia, vacía...le he decepcionado..._ Dumbledore se levantó de golpe con un gesto severo en su rostro.
-¡Basta! ¡Hasta que no entiendas, hasta que no superes y comprendas que lo que ocurrió esa noche no fue culpa tuya no vas a poder curarte! ¡No importa lo que Harry crea sino lo que sienta y si fue capaz de enfrentarse a Remus Lupin por ti, Christine, es porque has empezado a importarle, aunque ni tú ni él os deis cuenta!
-Harry me detesta..._ susurró Christine con gravedad._ Es demasiado duro para él...yo maté a sus padres, yo los maté...
-Voldemort mató a Lily y a James, pero no fueron los únicos que murieron esa noche y creo que Harry debería saberlo._ espetó el director.
-¡No!_ negó Christine, sus ojos estaban vidriosos, el único que siempre había visto su debilidad había sido Dumbledore, con el único que se permitía flaquear._ ¡No me justifica! ¡No utilizaré la memoria de Alan y de Dani para que Harry me perdone! ¡Es mejor dejar las cosas como están, él no quiere oír una justificación, sólo desea matar su dolor!
-Christine..._ murmuró el anciano comenzando a asustarse._ Tú no...
-Sí...si Harry quiere matarme...no se lo impediré...
-¡No, no lo harás! ¡No dejarás que lo intente! ¡sabes cómo está la situación ahora, es el momento propicio para que se deje dominar por el Ángel Negro y te necesita para salir de ese pozo, no puedes abandonarle! ¡Si te mata su sed de venganza se intensificará y será poseído por la oscuridad, él no sabe lo que hace en estos momentos, debes ayudarle!
-Merezco la muerte..._ titubeó la mujer abatida._ Merezco ser juzgada por él..._ Dumbledore dio la vuelta a su escritorio y se colocó justo enfrente de Christine, sujetándola por los brazos y obligándola a que lo mirara.
-Escúchame..._ rogó._ Todos podríamos echarnos parte de culpa en los sucesos acontecidos aquel Halloween, pero no merece la pena hacerlo...Christine, Sirius también se culpaba por haber dejado que Peter fuera el guardián secreto, por haberlo propuesto, pero todos nos dejamos engañar. Él me propuso el Encantamiento Fidelio y yo acepté, no pensé que alguien como él fuera el traidor, un chico tan temerario, tan débil...¿cómo iba a adivinar que estaba entre los espías de Voldemort? ¿Cómo no me di cuenta de que la idea de usar un guardián secreto no podía haber salido más que de un gran mago? Dejamos que las ganas de proteger a los Potter, de parar la guerra, nos dominaran...pero no pienso culparme de ello, Christine y te prohíbo que tú lo hagas. El único responsable es Voldemort, él manipula a la gente, él ofrece lo que más se ambiciona y él corrompe a los que están destinados a hacer el bien, pero no somos culpables si los buenos se dejan corromper...
-Yo debí escuchar a mi madre..._ sollozó Christine. El shock que produjo en Dumbledore ver las lágrimas resbalar a través de las mejillas de la profesora propició que la soltara y que la observara, abriendo ligeramente la boca._ Ella me advirtió de que no podía mezclar los sentimientos con mi deber...renegué de lo que soy por nacimiento...condené a Dani y maté a mi hijo...maté a mi hijo..._ Christine se llevó las manos a la cara.
-Lamento tu sufrimiento...lamento no poder consolarte, de veras que lo lamento, Christine._ murmuró el director bajando los brazos abatido._ Reconozco que no hay consuelo posible para lo que te ocurrió, pero te pido que seas fuerte, que resistas...no lo hagas por el mundo mágico, no lo hagas en honor a lo que eres, hazlo por Harry, únicamente por lo que él significa para ti...No puedes mentirme, te conozco y sé que lo quieres como si fuera tu propio hijo...se parece tanto a James que no puedes evitar sentir que lo tienes de vuelta cuando lo miras...te observo Christine, más de lo que crees y sé, como te conozco, que vas a superar esta situación, porque aunque no lo creas Harry está allí fuera esperándote, está deseando tener algún contacto contigo y aunque no sepa leer su corazón como tú lo haces, estoy convencido de que te necesita....tanto como una vez necesitó a Sirius...en su memoria Christine, en la memoria de Alan, debes sobreponerte..._ Christine destapó su rostro y se enjugó las lágrimas.
-Vamos a ganar esta guerra, Dumbledore._ aseguró con firmeza._ Yo voy a luchar para lograrlo, pero en esta ocasión...voy a mover las piezas de distinta manera y voy a proteger a mi rey...las cartas están echadas...
-Sé que puedo creer en tus palabras y debes saber que, hoy mucha gente está viva gracias a que tú usaste todo tu poder, aún arriesgando tu vida, para salvarles...no se te olvides de eso, Christine, no se te olvide que una vez tú me salvaste a mí la vida y que yo no lo he olvidado...
-Lo único que lamento es no haber salvado las vidas de las personas que más me importaban._ susurró la chica con melancolía._ Si pudiera cambiar algo...cambiaría el no haberme ocupado todo lo que debí de mi hijo...ojalá lo hubiera tenido más entre mis brazos...ojalá pudiera estrecharlo...una vez más...



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Caminaba a través de los largos corredores del castillo, oculto bajo una capa de invisibilidad. Única herencia que le quedaba de su padre. A pesar de llevar la vieja capa negra de su padrino, sentía frío. Tal vez era que el invierno comenzaba a asomarse por Hogwarts o quizás que estaba destemplado, por no haber comido nada en todo el día.
No sabía qué hacía exactamente allí y a esas horas. Debería de haber acudido a su clase con Christine desde hacía mucho rato, pero no deseaba ver el rostro de su profesora en la vida. Le atormentaba mirarla a los ojos azules y saber lo que sabía.
Las lágrimas iban resbalando por sus mejillas, haciéndolo débil. Todo lo que había logrado durante su estancia en Hogwarts se acababa de romper en mil pedazos, los gritos de su madre le perforaban los oídos...no había podido dormir la última noche y ésta también parecía que la pasaría en vela...
Sentía un odio intenso en su interior, estaba solo, había perdido a todos sus seres queridos en esa fatídica noche de Halloween, lo había perdido todo...entre Voldemort y Christine se lo habían arrebatado...
Si tan solo tuviera a Sirius con él...si su padrino pudiera estar a su lado...él podría contarle sus sentimientos, podría arroparse entre su capa, que ahora llevaba puesta, podía sentir que la vida le había devuelto lo que una vez le quitó....pero Sirius estaba muerto, y el dolor por su pérdida se hacía más patente conforme avanzaba por los pasillos...
Tendría mucho problemas si se cruzaba con Filch o la señora Norris, porque no era capaz de mantenerse en silencio absoluto y guardar la calma. Y sin saber porqué, giró a la izquierda y llegó hasta el retrato que custodiaba el baño de Prefectos. Conocía la contraseña, se había bañado con Ron allí en numerosas ocasiones, disfrutando de las peleas de agua, olvidándose de quiénes eran o lo que eran, olvidando la guerra que se llevaba a cabo.
Tras pronunciar suavemente la contraseña, el retrato se hizo a un lado y entró.
El majestuoso baño seguía tan bonito y lujoso como siempre. Cuidándose de que ni Myrthe la Llorona ni ningún otro estuviera dentro, comenzó a desvestirse. Abrió los distintos grifos y el vapor comenzó a inundar la estancia. Vació los jabones y las sales de baño para que el olor lo adormeciera con su empalagamiento.
Sentía que adormecía su dolor cayendo en su suave aroma. Esperó hasta que la bañera estuviera repleta de agua y espuma y después se subió a los escalones.
Rozó el agua con la punta de los dedos de los pies y al encontrarla a la temperatura ideal, se zambulló con más ahínco.
Rápidamente, su cuerpo se reconfortó. Ya no tenía frío, sin embargo, el dolor no se había disipado. Era una terrible verdad punzante, clavándose como mil agujas por todo su cuerpo, le dolía el alma y el corazón como la noche en la que Lupin fue atacado y sentía que no había absolutamente nada que pudiera mitigar esa falta de valentía, que lo había acompañado durante sus ratos en la sala de los Menesteres.
Se sentía engañado, traicionado, ¡qué hipocresía la que había demostrado Christine al estar a su lado y llenándolo de mentiras!

“Pero escúchame bien, porque después de lo que te voy a contar, quizás ya no me dejes explicarme, todo lo que hice lo hice por tu bien y si te pedí un boto de confianza es porque cuando te cuente lo que soy y la manera en la que derrotarás a Voldemort, creo que es la mejor forma.”

Sus palabras...sus palabras ahora cobraban sentido, pero el rencor era más fuerte. ¿Derrotar a Voldemort? ¿De verdad alguna vez había creído que eso era posible? Aún con los conocimientos que poseía ahora, aún sabiendo las maldiciones imperdonables, aún siendo el mejor alumno del colegio...era sólo eso, un alumno. No, derrotar a Voldemort estaba fuera de su alcance, se había dejado cegar por el odio, por las palabras confusas que propagaba Christine, pero lo más triste de todo, es que él la creyó.
El recuerdo de Sirius cayendo a través del velo, de Kreacher riéndose de él, de su madre suplicando a Voldemort que no matara a su hijo, de James enfrentándose a él para darle tiempo a su mujer a escapar...Chris le había mostrado esas imágenes para engañarlo, para hacerle creer que todas esas atrocidades merecían ser vengadas, ¿pero con qué fin?
¿Por qué ella se había dado cuenta de que debía proteger a Harry? ¿Por qué si antes había ignorado las leyes de la naturaleza, de lo que era, se había enfrentado a su madre y quién tuviera que responder, ahora tomaba responsabilidad en cuidarle? ¿Por qué quería protegerlo?
Había visto la melancolía en los ojos de Christine, había visto su dolor al recordar a Lily, a su mejor amiga, a James..., a Dani...pero aunque Harry supiese que a Christine siempre le habían importado sus padres, le había importado él, no podía perdonarla por no haber acudido aquella noche a la casa, cuando Sirius se lo había rogado en voz en grito, cuando le había suplicado...no solo había destrozado su vida al no acudir, sino también la de su padrino, y para Harry, Sirius era sagrado.
Por eso le dolía todavía más...no podía soportar la idea de que Chris era lo suficientemente poderosa como para haber salvado su vida y la de sus padres y que no había querido escuchar las palabras de su padrino, le había hecho daño a él, a Sirius, a la persona que más había sufrido con todo esto, la persona que había escapado de Azkaban, comido ratas y huido de la justicia por Harry, no, Sirius no merecía que Christine se hubiera reído de él aquella noche, ella no tenía perdón...
Por eso ahora, sumergido en el agua de la bañera, extrañaba todavía más esos gestos que Sirius tenía con él, sus cartas, su risa parecida al ladrido de un perro, cuando le miraba a los ojos y le decía que se parecía a James...todo lo que su padrino representaba en su vida, el amor que le había conseguido otorgar, el mundo que había creado para ellos, siempre con la esperanza de encontrar una día la libertad que los llevara a vivir juntos, lejos de los Dursley, empezando una nueva vida.
Y ahora eso jamás se podría hacer realidad, Sirius había muerto y de la manera más cruel posible, sufriendo como nadie había sufrido hasta entonces, dejando a Harry...solo...
Salió a la superficie y tomó una bocanada de aire. Sus pulmones recogían el aire forzosamente, un aire que no deseaba respirar, el aire de la soledad...
Frotaba su piel desnuda con las pompas de jabón, tratando de limpiar la suciedad de su alma, pero no lo lograba.
En aquellos momentos, su único deseo era estar con sus seres queridos, los que de verdad lo habían amado una vez, con Sirius...con sus padres...recrear esos momentos maravillosos que había visto en sus recuerdos, esos momentos cuando Lily lo cogía en brazos y lo acurrucaba entre sus brazos, cuando James le contaba las historias de los merodeadores y se quedaba mirándole horas y horas en silencio, sin pronunciar una palabra, como si hubiera querido memorizar las facciones de su delicada piel, sus ojos verdes...

“-Harry..., la verdad es que fue como si los hubiera matado yo_ gruñó Sirius._ Persuadí a Lily y a James en el último momento de que utilizaran a Peter. Los persuadí de que lo utilizarán a él como guardián secreto y no a mí. Yo tengo la culpa, lo sé. La noche que murieron había decidido vigilar a Peter, asegurarme de que todavía era de fiar. Pero cuando llegué a su guarida, ya se había ido. No había señal de pelea alguna. No me dio buena espina. Me asusté. Me puse inmediatamente de camino a la casa de tus padres. Y cuando la vi destruida y sus cuerpos...me di cuenta de lo que Peter había hecho. Y de lo que había hecho yo._ su voz se quebró. Se dio la vuelta.”

-No, Sirius..._ murmuró Harry lleno de rabia. Las lágrimas caían al agua y se abrían paso entre la espuma._ No. Tú nunca tuviste la culpa...nunca me dijiste que habías avisado a Christine para que acudiera a la casa...ella debió vigilar a Peter, ella debió asegurarse de que era de fiar...siento lo que sufriste, Sirius...te extraño...

“-Créeme_ añadió Black._ Créeme. Nunca traicioné a Lily y a James. Antes habría muerto.”

“-¿Sabes lo que significa entregar a Pettrigrew?_ le dijo Sirius a Harry bruscamente, mientras avanzaban por el túnel.
-Que tú quedarás libre._ respondió Harry.
-Sí..._ dijo Sirius._ No sé si te lo ha dicho alguien, pero yo también soy tu padrino.
-Sí, ya lo sabía._ respondió Harry.
-Bueno, tus padres me nombraron tutor tuyo_ dijo Sirius solemnemente._, por si les sucedía algo a ellos..._ Harry esperó. ¿Quería decir Sirius lo que él imaginaba?_ Por supuesto_ prosiguió Black._, comprendo que prefieras seguir con tus tíos. Pero...medítalo. Cuando mi nombre quede limpio...si quisieras cambiar de casa..._ A Harry se le encogió el estómago.
-¿Qué? ¿Vivir contigo? ¿Abandonar a los Dursley?
-Claro, ya me imaginaba que no querrías_ dijo inmediatamente Sirius._ Lo comprendo. Solo pensaba que...
-Pero ¿qué dices?_ exclamó Harry, con la voz tan chirriante como la de Sirius._ ¡Por supuesto que quiero abandonar a los Dursley! ¿Tienes casa? ¿Cuándo me puedo mudar?_ Sirius se volvió hacia él.
-¿Quiéres? ¿Lo dices en serio?
-¡Sí, muy en serio!_ En el rostro demacrado de Sirius se dibujó la primera sonrisa auténtica que Harry había visto en él.”

“-Será mejor que escapes rápido, Sirius_ dijo Harry jadeando._ No tardarán en llegar al despacho de Flitwick. Descubrirán tu huida.
-¿Qué le ocurrió al otro chico? A Ron._ preguntó Sirius.
-Se pondrá bien. Está todavía inconsciente, pero la señora Pomfrey dice que se curará. ¡Rápido, vete!_ Pero Black seguía mirando a Harry.
-¿Cómo te lo puedo agradecer?
-¡VETE!_ gritaron a un tiempo, Harry y Hermione.
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