Mi mejor amiga - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

·UNA PARTE DE MI·
(Nada me pertenece, excepto ideas. El resto es de JK Rowling)


La miraba, ella estaba allí sentada. Ella no hablaba, estaba muda. Miraba a su alrededor y apenas parpadeaba. Estaba sentada en una cama, postrada y sin emociones. No sabía qué sentía en su interior, hacía tanto que no sabía algo de ella.

Ya hacía mucho tiempo, de eso.

Hacía un par de meses, escuché su alegre voz. Brincaba por toda la casa y estaba muy feliz. No logré meditar en relación a ello. Ella brincó sobre mí y me lo contó. "Estoy embarazada, Severus". "¿No crees que es maravilloso?". No supe qué decir, simplemente guardé silencio y observé sus lágrimas de felicidad. "Vamos a ser padres" "Vamos a tener, una parte de nosotros...Que va a caminar, a hablar y a decir "mamá y papá" ". Seguí sin decir palabra alguna y ella lo tomó, como una especie de impacto, de confusión, de mi parte.

 

Nunca me imaginé, siendo padre. La idea me preocupaba un poco, dado mi pasado y mi presente. Pero ella estaba feliz y yo no podía arruinárselo.

Nada iba a hacerlo.

Pacientemente, esperábamos. Bien, ella era más dinámica, más activa. Hermione, compraba muchas cosas. ¡No sabía ni el sexo! Pero seguía comprando. Cuna, papel tapiz y juguetes. Móviles y sábanas. Cobijas con ositos y overoles. Estaba tan ilusionada, que simplemente resultaba un espectáculo. Leía revistas y miraba calendarios. Cada fecha estaba quedando retratada en nuestra vida. Cada fecha tenía su álbum

Y el tiempo pasó, el espectáculo comenzó a cambiar drásticamente. Su vientre comenzó a aumentar de tamaño. Ella se sentía gorda y yo me cansaba de repetirle, que no lo estaba. Comenzaba a inquietarme un poco, pero lo superé. Sus náuseas, sus repentinos mareos. Empezaba a sentir, que había más complicaciones, que simplemente criar al bebé. Pero eso era natural y ella estaba esperando con ansiedad. ¡No habían pasado ni dos meses y ya estaba buscando nombres para nuestro hijo!

La acompañé en todos sus procesos y controles. No estaba muy congraciado con ser una especie de figura paterna, no tenía nada que enseñar. Pero así ella me amaba y bien... No podía arrepentirme ahora. ¿Podía acaso?

Ella sonreía, reía conmigo. O quizá de mí. Todas las noches, me obligaba a acariciar su vientre, a hablar con algo que no conocía. Con algo que aún no estaba desarrollado. Había comprado cuentos para niños y me pedía lecturas. "La pequeña del castillo en el cielo". Por que en este castillo habían dos princesas o quizá, dos reyes y una reina. Lo sabré, cuando nazca.

Y los meses siguieron pasando, siguieron llegando. Creció y creció. Se hacía incómodo dormir y ella, comenzaba a desesperarse. Los dolores de espalda, las náuseas y la alimentación. Siempre quiso que estuviera allí. Y allí estuve. Aunque esa faceta no la conocía de mí mismo, estuve allí. Realmente la amaba. Y está mal que yo lo diga.

La llevé a caminar, la llevé a comprar más cosas. ¡Bajo su pedido expreso! Pero debo admitir que el proceso lo disfruté. En cierto sentido, el ideal de tener una familia, ya no estaba inquietándome en demasía.

Me inquietaba el hecho, de que me había tardado en sentirlo entre mis manos.

Y el tiempo de espera, comenzó a acortarse. "Siete meses y medio" me recordó, mientras yo leía en el sofá. "Falta muy poco, Severus". Simplemente asentí con la cabeza y ella, se inclinó junto a mí, para darme un beso.

 

Esos cambios de humor, que te afectan. Hermione Granger.

Recuerdo una de esas noches. Estaba dormido. En realidad Albus Dumbledore, me había presionado lo suficiente ese día como para cansarme. Estando en la cama, sentí un movimiento curioso. Algo no dejaba de moverse y simplemente, alteró mi descanso. Entre abrí los ojos y la observé. Ella se movía, intentando obtener una posición ideal.

Suspiré y simplemente la contemplé. Ella me miró a mí, cuando supo que sus inquietos movimientos, me habían despertado. Esbozó una sonrisa a medias y me lo dijo. "¡Ay, Severus! Perdóname, no puedo dormir. La pequeña no deja de moverse"

¿Mencioné que era una niña? Sí, para mi desgracia, iban a ser dos mujeres en la casa. La miré y con una sonrisa sarcástica, simplemente dejé mi mano sobre su vientre. No sé por qué lo hice, pero simplemente lo acaricié. Muy pronto, se quedó dormida. Sí...Era complicado.

Y entonces, nació. Un parto normal, nada de qué preocuparse a ciencia cierta. Hermione decidió llamarla, "Carmille". Le gustaba mucho ese nombre y luego de ponerme todo un día a pensar, con ella, mero pedido suyo, llegamos a ese acuerdo. O llegó ella misma.

Carmille era una pequeña muy diferente, a lo que yo esperaba. Su cabello era tan negro como el mío, pero sus ojos, eran los ojos de su madre. Hermione estaba encantada. Familiares y amigos, estaban entusiasmados con el momento.

Mírala, Severus. ¿No es hermosa?

Sí, lo es Asentí, mirándola. No iba a decirle que no, ¿O sí?

Pequeña bebita, idéntica a su padre Sonrió ella con ternura y yo me preguntaba, en qué nos parecíamos ¡Tiene rabietas como papá!

No dije nada, eso me hizo sentir burlado. Ella sonrió, acariciando su pequeña cabecita. Yo, simplemente la contemplé, desde una silla, a lo lejos.

Vamos, díselo a papá. ¡Intégrate papá! ¡Intégrate! Cárgame.

Insistió tanto, pero tanto, que tuve que acceder. No me molestaba cargar a mi propia hija, simplemente que no estaba adecuado al momento, ni a las sensaciones que en ese momento, se estaban presentando.

Eso es, sostén su cabeza me sonrió e hice lo que me pidió Papá. Sí, te sostiene papá le dijo, cuando la pequeña había atrapado uno de mis dedos, entre los suyos. Eran minúsculos, comparados con los míos Tiene frío, Severus. ¿La cubrirías, por favor?

Y cuando la dejé en la cuna, tuve una graciosa epifanía. Tuve la sensación, de que mi vida iba a cambiar drásticamente. Que se iba a convertir en algo diferente. Algo nuevo y llegué a pensar, que era lo único que iba a necesitar.

"La paz"

Pero, me equivoqué de una forma increíble. Al pasar los años, la pequeña Carmille, aprendió muchas cosas. Sin embargo, su madre comenzaba a perder todo aquello, por lo que había soñado. Su madre comenzaba a fallar.

Su madre, comenzaba a no ser nada.

Hermione, enfermó terriblemente. No sabía, qué había desarrollado y temía que con el pasar del tiempo, empeorara. Comenzó a perder movilidad y comenzó a tener cambios de humor, severos. Desgraciadamente, tuve que separar a la hija de la madre, cuando ya ni podía amamantarla. Todo le irritaba, todo le causaba miedo y dolor.

 

Desarrolló una curiosa paranoia, se volvió violenta y sus ataques de agresividad, comenzaron a crecer. Estaba enfermándose mentalmente y yo no podía mantener a la pequeña junto a ella. La pequeña, que buscaba a su madre.

La estaba perdiendo.

Soporté sus gritos, sus golpes y sus rabietas. La amaba ya lo suficiente, como para inquietarme y creer que ella necesitaba estar, en otro ambiente. Simplemente me quedé allí, a su lado. Simplemente la miraba desde una silla, a lo lejos.

Carmille, quería jugar con su madre. Eso era altamente peligroso. Sin embargo, Hermione comenzó a tener regresiones. Creía que su bebé había muerto, que su bebé era yo y de vez en cuando, hacía muchas cosas ligeramente alarmantes. Fingía ser su hijo e incluso, cuando quiso amamantarme, simplemente creía que era algo similar, a hacer el amor.

Pero no lo era, al final de cuentas.

Dejé de dormir a su lado. No me lo permitía. Dejé de comer con ella y le daba la comida, cuando estaba de buen humor. Aún así, Carmille quería jugar con su madre y no dejaba de nombrarla. Tenía cuatro años, cuando tuve que cerrar la puerta de la habitación de su madre. Ella no podía verla de esa forma.

Carmille, era como un pedazo de ella. Al mirar sus ojos, simplemente miraba a su madre. Ella sonreía cuando me miraba, iba detrás de mí y no podía huir de ella. No importaba dónde estuviera, simplemente me enc0ntraba.

¡Papá! ¡Mia mia papá! Su señal de "Cárgame", sus bracitos estirados hacia mi ¡Mamá ma ma má!

No, mamá no puede salir a jugar hoy. Lo siento, Carmille.

¡Mamá! fue el último berrinche, que quería ver.

Y la perdía, sentía que perdía a un pedazo de mí. Pero aún así, estaba aquella criatura de cuatro años. Con un overol rosa y de ositos. Con pequeños zapatos y largos rizos. Con sus cuatro dedos en la boca y una sonrisa de oreja a oreja. Sentía que mis dos mejores amigas, estaban fusionándose en una.

Solo estaba ella, mi mejor amiga. Mi hija, lo único que quedaba de su madre. Y lo único que iba a conservar de ella. Sus recuerdos. Cuando la mirara a los ojos, simplemente iba a pensar en ella. Se parecían tanto, al final de cuentas. Ya no tanto a mí, sino a su madre.

"Una de mis mejores amigas"

Y dormía con ella. Carmille odiaba quedarse sola. Se abrazaba a mí y se movía, tal cual lo hacía, su madre. Se quitaba el chupete, jugaba con el biberón y la leche, gritaba al verme y correteaba por toda la casa, otorgándome cosas que encontraba. Hermione de vez en cuando me pedía verla, con la mirada. Pero sabía que en cuanto la mirase, iba a hacerle daño. No podía permitirlo, aunque tuviera aún, ese sentimiento maternal en su interior. Ella no controlaba sus acciones.

Y Hermione, fue empeorando y mi hija, siguió creciendo. A sus cinco años, Hermione dejó de hablar y yo simplemente, me resigné. Me apegué a la pequeña, que era lo único que tenía de ella. Me sentía, como si perdiera a Lily Evans, otra vez. Hermione solo tenía sus ojos abiertos, pero sus demás sentidos, fallaron. Ya no hablaba, así que utilizaba el método de escribir, para dirigirme a ella.

¿Qué es eso, Carmille? le pregunté a la pequeña, que corría con una hoja de papel ¿Es un dibujo? ¿Es para mamá? Autoclave de vapor Blog

 

¡Mia papá! ¡Iujo iujo! dijo, zarandeando la hoja de un lado al otro. Tomé el pedazo de papel y contemplé el diseño. Éramos nosotros, sus padres, su familia. Y estaba ella, sosteniendo una de nuestras manos. Eran simples rayas, pero llegué a creer que era eso.

Y se lo mostré a su madre, ella no dijo nada, ya no podía. Yo lo entendía, sabía que iba a quedarme solo. Pero de no ser por mi mejor amiga, las cosas hubiesen sido más difíciles. Me habían cambiado totalmente, era muy extraño, pero ahora dependía de eso que me rodeaba. De eso que yo llamaba Hermione Granger, mi esposa y Carmille Snape, mi hija.

"Mi mejor amiga"

Me bajaba de la cama y me perseguía, la podía oír correr, con sus pequeños zapatos. Comía y quería sentarse a mi lado. Era tan pequeña y aún así, aprendía tan rápido. Se sentía distinto, como si el mundo y sus imponderables, ya no significaran nada. Jugar a las escondidas, jugar con una pelota brillante. Halarle la cola al gato de Hermione. Arañarse, caerse y golpearse. Llorar y esperar mis abrazos. Ella tenía todo de mí.

¡Papá!

¿Te caíste? le pregunté, mirándola

¡Mia papá! chilló, pidiéndome que la cargara. Lo hice y me hizo gracia, sentir su pequeña cabeza sobre mi hombro. Sus moquillos en mi ropa.

Está bien, solo ten más cuidado.

Y al final. Hermione murió. Falleció en su cama, soñando con una familia. Recuerdo haberla visto desfallecer, desde la puerta. No había abierto a tiempo y sentía, que era mi culpa. Nunca le dije a Carmille, a su edad no iba a importar. La llevé un par de veces al cementerio, a mirar la tumba de su madre.

Pero ante todo eso que perdía, que sentía que se desprendía, estaba mi mejor amiga. Esa pequeña criatura, que con sus sonrisas podía conseguir, que me separara de las preocupaciones. Con sus gritos, con sus risas y con sus llantos. Tenía a mis dos mejores amigas, juntas. Las amaba como nada en el universo y las cuidaba, de igual manera.

Mis dos amigas, mis compañeras. No estaba solo, las tenía a ellas. Para siempre...

·Mi Soledad·
(Nada me pertenece, excepto ideas. El resto es de JK Rowling)


Ella lloraba, ella esperaba que le encontraran un mejor hogar. Suspiraba, mirando hacia la calle. Ya no quedaba nada, ya no tenía nada que perde. Lo que estaba a punto de ofrecer, era lo más preciado. Lo único por lo que estaba dispuesta a morir. Pero no podía, simplemente no podía. No lo lograría y lo demás...

Eso tenía que aceptarlo.

Caminó con torpeza. No tenía más nada, que una cesta raída. Suspiró y miró a su único pedazo, a lo que debía otorgar, por su bienestar. Ella sonreía, ella le pedía que la abrazara, con sus pequeñas manitas. Pero no. Simplemente negó con la cabeza y esbozó una sonrisa suave.

- Quédate aquí, cariño. Mami viene dentro de un rato.

Pero mami nunca regresó. Pero mamá, la dejó en la puerta de un asilo. Mami la dejó en un nuevo hogar, donde ella podría resurgir. Donde ella podría ser feliz, al lado de padres amorosos. No significaba que ella no la amaba, pero simplemente no podía cuidarla.

Y la dejó, no significando que la olvidó. Simplemente quería darle bienestar. no sabía si la perdonarían, si simplemente estaba atentando contra los designios de dios. Pero era la única respuesta que podía generar su cerebro irritado. Su cerebro cansado.

 

Ella necesitaba un mejor hogar.

Y la lluvia dejó de caer, pero no la de sus ojos. Sentía el ardor de su corazón sobre su garganta. ¿Cómo estaría su pequeña? ¿Estaría llorando? ¿Tendría frío? ¿Quién le cantaría a sus sueños? Sentía su muerte, venir tan pronto. Sentía el dolor de hacerle aquel daño. Estaba perdiendo un trozo de sí. Un pequeñito trozo, que estaba dejando en una puerta desconocida.

- Que le den amor...

Y sonreía, meciéndose en la vieja mecedora. Sonreía, jugando con sus muñecos, sonreía danzando con su imaginación. Con el pensamiento de que ella estaría feliz y no sabría de su madre. Que no la recordaría y jamás sabría de su pecado.

Soñaba con su amor.

Y se quedó. Aquella dulce niñita se quedó, se quedó parada junto a aquella puerta. Su madre le había pedido que no se moviera. Su madre le había dicho que fuese buena y no se moviera de aquel lugar. Se chupaba los dedos, esperándola.

Ella venía en un rato.

Hola pequeñita. ¿Qué haces allí, solita? dijo una mujer, al abrir la puerta de ese asilo ¿Por qué no pasas? preguntó, mirándola- No es bueno que estés allí parada, ven.

Miró y miró, pero no había una madre allí. Solo estaba la pequeñita. Por meses se quedó allí, era una niña preciosa. Educada, una niña obediente. Pero una niña que lloraba, sin una madre amorosa que la acogiera en su seno.

Razones debió tener, para abandonarla. Pero ¿Cómo explicárselo a una pequeña de cuatro años de edad? Una linda criatura, tierna como ninguna. Correteando por todo el asilo. Jugueteando con todo lo que encontrase. Amaba los pequeños insectos, saltaba como una pequeña rana. Solamente era ella y lo demás, era un juguete para sus manitos.

Un juguete que no podía compartir con una familia.

Y pasaron las horas, pasó el tiempo y el momento. la pequeñita, nadie sabía su nombre, pero era lo que menos importaba. Ella se hacía querer sin ningún tipo de etiqueta. y seguramente, su suerte estaba por cambiar.

Entonces, ¿Quiere adoptar a un niño?

Sí.

¿Por qué quiere adoptar, señor Snape?

¿Para qué decirle las razones, si eran tan amargas? Se mantuvo en su asiento, se movió, inquieto. Qué curiosa la mujer, en preguntarle algo que él no quería confesar. La mujer suspiró y esperó pacientemente.

Necesitamos eso, para dar el aval.

Perdí a mi hijo y quiero tener una familia, de nuevo bien, nada mejor estaba en su mente. La mujer asintió sin hacer más preguntas y quiso continuar.

Pero un chillido, la detuvo. Ambos ladearon la cabeza, ante lo que estaba por llegar. Con zapatitos blancos, con bragas azules de bolsillos y largos rizos castaños.

Ah, creo que no los he presentado dijo la mujer, sonriente a ella le encantan las visitas. No tiene nombre, su madre la dejó aquí y se fue.

La miró, ella corrió hasta él y sonrió. Tenía entre sus manos, muchos caramelos y se los ofrecía. Una linda niña de ojos caramelo, tanto como los que llevaba en su mano. Inspiró y tomó uno de ellos. Curiosamente, le llamó mucho la atención. No dejaba de mirarlo y sonreía cuando él, le tomaba en cuenta.

Creo que le agrada usted mencionó nunca la había visto tan animada, con las visitas.

Inspiró en silencio y contempló a la pequeña, que en el suelo, jugaba con los caramelos y los arrojaba al aire.

La adoptaré.

Eso es fantástico, señor Snape.

Y así fue. la adoptó, la llevó a casa. Una criatura esplendorosa. Juguetona y revoltosa cuando lo deseaba. Sonreía al verlo, corría detrás de él y no podía ni ocultarse de ella. Subía y bajaba del sofá, de la cama. Adoraba que su "padre", la llevara a caminar, le contara cuentos y le mostrara sus recuerdos. Ella era la compañera ideal. La compañera necesaria, para abrir un corazón herido. Pero no solo eso, era la razón del asunto.

La llamó Carmille. No tenía idea de su nombre original, pero no necesitaba saberlo. Vivía con las manitos en su boca. Imitando a su padre, en su forma de caminar, en su forma de comer. En su forma de dormir y de hablar. Le encantaba dibujar y él, era su tópico central.

Pero eso no era todo.

Terminaron en una juguetería, cuando ella se antojaba de un osito de felpa. La tienda de "crea tu propio osito". No se resistió, tantos tamaños y formas. tanto colorido y tanto relleno. Bueno, tuvo que acceder y entrar en la tienda. Ella haría un osito.

¿En qué puedo servirle?

Mi hija, ella quiere un osito dijo, sin adecuarse a la circunstancia ¿Podría hacerlo rápido?

Claro, muéstreme a su hija. Quizá quiera ayudarme sonrió la joven y él, la llamó. Atendió enseguida, con una risita.

La mujer se impactó, se mantuvo en silencio, al ver a la pequeña. Ella sonreía, mientras le miraba con mucha felcidad. Pero incluso él, lo notó. Incluso él supo cuál era la emoción de la pequeña, en cuanto la vio. Puesto que él, la pudo percibir.

Entonces, es esto dijo y la mujer no le comprendió. Curiosamente, eran idénticas, ambas.

¿De qué me habla?

¿De casualidad, usted no es la madre de esta criatura? ¿Por qué justamente se la encontraba en una tienda de osos?

Por que ella nunca superó su infancia perdida. ni la de su hija.

No, yo no soy la madre de esa niña. Debe de existir un error.

Son como dos gotas de agua.

Le estoy diciendo que yo no soy la madre negó ella, mientras la pequeña correteaba por el lugar y sostenía todos los ositos que podía.

Si ustes lo dice, ha de ser así sentenció aquel hombre, perturbado. No era estúpido, sentía que ella era su madre, aunque fuese una curiosa coincidencia del destino, parecida a una película muggle.

Y esperó por el oso ideal, el que su hija quiso y simplemente lo pagó. Se fue sin decir más, pero antes de salir, dudó de moverse. Sus pies le desobedecieron. ¿Es que acaso esa mujer era tan inhumana, como para no pelear por su hija? Simplemente no lo podía entender.

Y ella cerró, ella no volvió a abrir por ese día. Nunca esperó vovler a verla, pero tampoco creía que no lo haría, a ciencia cierta. Y por eso, abrió ese local. Por que todos los niños amaban los ositos y sabía, que un día, esa fascinación, les uniría de una forma u otra.

Por que ella estaba mejor así, por que ella no la necesitaba. Se veía un hombre bueno, preocupado. Él le daría el amor, que ella no podía darle a su pequeña.

Y estaría ella, para darle todos los ositos que quisiera.

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La miraba, ella estaba allí sentada. Ella no hablaba, estaba muda. Miraba a su alrededor y apenas parpadeaba. Estaba sentada en una cama, postrada y sin emoci

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2023-02-27

 

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