UN MATRIMONIO DIFERENTE - Fanfics de Harry Potter

 

 

 



Capítulo1:

Hermione bajó deprisalos escalones que daban al bar y entró. Estaba oscuro y lleno de bebedores queaprovechaban la hora del almuerzo para tomar un trago. No veía a ron; no era losuficientemente alta como para divisarlo entre las cabezas de hombres denegocios trajeados que tenía a su alrededor. Mientras se abría camino entre losclientes, sintió un estremecimiento. La idea de que la vieran allí, de que lareconocieran la aterraba. Por ello fue un alivio distinguir entre la multituden el extremo opuesto del local la cabellera rojisa de ron.

Ron wesly era alto, de buen porte y atractivo, teníaunos profundos ojos azules y una bronceada piel, que lo ayudaban frente a cualquierpropósito de conquista. Al instante que la vió aproximarse, se puso de pie, y Hermionese sintió orgullosa.

 

- Llegas tarde - sequejó él.

- Lo siento, no pudeescaparme antes - explicó ella jadeando, mientras se dejaba caer en el asientoy echaba otra ojeada al lugar, temerosa de encontrar alguna cara conocida.

- No sigas. Estás enotra parte de la ciudad.

Hermione bajó lacabeza, escondiendo la cara ruborizada detrás de su melena castaña oscura.

- ¡Ese hombre de allíme está mirando!

- La mayoría de loshombres miran a las mujeres bonitas... y tú eres exquisitamente bonita, mi amor- murmuró Ron en voz baja, adoptando un tono íntimo mientras le tomaba lamano-. Me fastidia ver que te miran todos cuando pasas.

- ¿De verdad? -preguntó ella asombrada por sus cumplidos.

- ¿Por qué no vamos ami apartamento? - sonrió Ron dibujando el labio inferior con el dedo.

Hermione se pusorígida.

- No puedo. Todavíano. Ya sabes cómo me siento - musitó. El miedo se había apoderado de ella.

Él cambió suexpresión por un gesto frío y duro.

- Ron, por favor...

- Por lo que se ve,estás jugando conmigo mientras tu esposo está de viaje. - volvió a quejarse conreproche.

- Te amo - los ojoschocolate de ella se llenaron de tristeza y ansiedad.

- ¿Entonces cuándovas a decirle que quieres divorciarte? - le exigió.

- Pronto. Estoybuscando el momento apropiado - Hermione se había puesto pálida, y en losrasgos bonitos de su cara expresaba cierta tensión.

- Teniendo en cuentaque él solo duerme contigo una noche al mes, puedo esperar sentado aquí hastael año que viene, según tú. - se detuvo unos instantes. - Tal vez lo ames aldesgraciado...

- ¿Y crees que esposible? Tú sabes bien que nuestro matrimonio no es como otros. - le explicódemandando su serenidad, ella no podía entender por qué Ron siempre le decía lomismo cuando hablaban de su esposo. Ella no lo amaba, de eso estaba segura.

- ¿Y no quieren losperiódicos aprovecharse de esa situación? - se rió Ron burlón.

- No me hace ningunagracia, Ron.

- Bueno. Lo único queme tranquiliza es saber que si yo no soy tu amante, él tampoco lo es. Unverdadero misterio. Mírate. La esposa virgen después de cinco años. Y sinembargo a él rara vez no se le ve con una jovencita colgada del brazo. Quizássea un homosexual no declarado.

El estómago de ellase revolvió. Pensó que había sido una locura contarle a Ron la verdad sobre sumatrimonio. No se trataba de que fuese a usarlo en su contra. Le teníaverdadera confianza a Ron, pero se daba cuenta de que su confesión podíaresultar peligrosa, pero igual accedió a confesar todo, para calmar los celosde Ron hacia Draco.

 

- ¡No hables así deél! - se quejó Hermione.

- ¿Acaso no estáscansada de él? No creo que jamás tengas la valentía de decirle que quieres serlibre nuevamente. Me parece que estoy perdiendo el tiempo contigo.

- No, eso nunca -dijo ella aterrada ante la idea de perderlo.

No podía imaginarsevolver a los tiempos de su vida sin Ron. Una vida aburrida, vacía. Díasinterminables. Sin ninguna vida social. No tenía amigos. La observaban en todoslos sitios a los que iba. La puerta de su cárcel se había cerrado el día de suboda, y ella había sido tan tonta, tan ingenua de no darse cuenta hasta que habíaintentado pasar las rejas.

- ¿Entonces cuándo? -presionó él.

- Pronto. Muy pronto.Te lo prometo. - le dijo con voz dulce agarrandole la mano.

- No entiendo por quéno recoges tus cosas y te vas. No se puede decir que no tengas motivos paradivorciarte de él. El adulterio no va a pasarse de moda mientras ande por ahí DracoMalfoy. - volvió a reclamar. Ella trataba de ser lo mas tranquila y serenaposible, pero, pareciera que Ron se habia propuesto fastidiarle el día.

- Tengo que hacerlobien, Ron. ¿No crees que le deba eso al menos?

- No creo que ledebas nada. Ni siquiera es tu esposo ante los ojos de la iglesia ni de la ley -Ron insistió.

- ¡Me tengo que ir! -dijo Hermione mirando el reloj de pulsera.

Ron le rodeó loshombros y la besó con demostrada maestría.

- Te llamaré - leprometió -. Te quiero.

Hermione saliócorriendo. Estaba cerca de la peluquería en la que había reservado hora parauna larga sesión de masaje. Era demasiado arriesgado encontrarse con Ron. Y sucabeza le decía que cuanto más tardase en confesarle la verdad a Draco ypedirle el divorcio, más se arriesgaba a que fuese descubierta. Pero, entonces,¿qué importaría realmente?

A Draco no leimportaba lo que hacía ella. Lo veía una vez al mes cuando él pasaba porLondres, y el año anterior ni siquiera lo había visto con esa frecuencia. Aveces Draco le pedía que organizara una cena de negocios. Pero no erafrecuente. Había ocurrido pocas veces, y muy espaciadas. Incluso se solíacomunicar con ella a través del personal de su empresa, en caso de necesitarlo.

Durante el tiempo quellevaban casados, Draco no la había invitado a salir nunca, ni siquiera lahabía llevado a una fiesta. Solía llevar a otras mujeres en ese caso, pero a suesposa jamás. Draco dormía en el ala de la casa que había acondicionado parasí. E incluso las pocas noches que habían dormido bajo el mismo techo, lo habíaoído salir tarde, y regresar al amanecer. Es decir que ni siquiera se podíancontar esas noches como compartidas con él.

Por un momentorecordó cuánto había llorado y se había preguntado qué había hecho para que lascosas fuesen así, y que podía hacer para atraer su atención. Con rabia, quisoborrar esos recuerdos de su mente. El tiempo se había ocupado de que aquellostiempos hubiesen quedados sepultados. La joven novia había crecido y era mássabia ahora.

- Lo siento. Meolvidé de la cita - murmuró Hermione en la recepción de la peluquería, y ademásinsistió en pagarla de todos modos.

El propietario, Mike,le ofreció comenzar con ella una sesión inmediatamente, pero ella se disculpódiciendo que se le hacía tarde, y se sentó a esperar a su peluquero.

 

- ¡Oh! Señora Malfoy,su guardaespaldas ha dejado un mensaje para usted - le dijo Mike bajando la vozy la cabeza.

Hermione se pusotensa y pálida.

- Tranquilícese -Mike la miró con complicidad -. He dicho que estaba en la sesión de masajes.

- Gracias - ahora Hermionese había puesto colorada.

- Será mejor que ledé el mensaje. El señor Malfoy le está esperando en casa.

¿Que Draco qué? Dracola estaba esperando... ¿Draco, que nunca la había esperado en cinco años? ¿Dracoestaba en casa cuando no lo esperaba hasta la siguiente quincena?Involuntariamente, Hermione se estremeció; se le revolvió el estómago. Sintióterror.

Mike se sentó a sulado, y le dijo:

- Pequeña, tú no eresel tipo de chica para jugar a esto.

- No sé lo queestás...

- Llevas viniendo aeste salón desde hace cinco años. Y desde hace dos meses no haces más queponerte colorada - suspiró -. Y no quisiera pasar a la historia como unestúpido capaz de facilitarle una coartada a la señora Malfoy. Me da laimpresión de que tu marido es un tipo capaz de romperle los dedos a quien hagauna falta así. Me dan temblores de sólo pensarlo.

- Lo siento - Hermionese sintió avergonzada.

- Y yo siento nopoder ayudarte más, porque ha sido bonito verte feliz por un tiempo. - le dijocon total sinceridad.

- ¿Señora Malfoy? -preguntó una voz de pronto. Sonó gruesa y fría.

Hermione miró aBoyce, su guardaespaldas, que proyectaba una sombra grande y oscura sobre ellase puso de pie, Boyce le echó una mirada de desconfianza a Mike, quien seencontraba demasiado cerca de la esposa de su jefe.

Tan pronto como seacomodó en la limusina se desmoronó. Mike sabía que ella estaba viendo a alguien.Se sentía tan humillada. Y también se sentía terriblemente culpable. Sepeluquero además tenía miedo de verse envuelto en un escándalo matrimonial.Aunque lo cierto era que nada de eso sería posible, ya que Draco no tenía ni lamenor idea de lo que hacía ella. Pero el dicharachero Mike, que tantas veces sehabía reído de sus depresiones, estaba sinceramente asustado.

Todo el mundo letenía miedo a Draco. Y sin embargo ella jamás lo había oído gritar. Durante losprimeros tiempos de su matrimonio, Hermione había sentido terror hacia Draco,pero con el tiempo ese terror se había ido difuminando, y adquiriendo la formareal de la indiferencia de Draco hacia ella. Simplemente parecía que Hermioneno existía en la escala de seres humanos importantes para Draco. Él se habíacasado con Hermione para obtener las acciones que su padre le había cedido aella. Su esposa era parte de un acuerdo de negocios, nada más.

Y sin embargo, ellahubiera jurado que había habido momentos, al principio de la relación, en que Dracola había mirado con odio; un tiempo en que cada palabra de él sonaba como unaamenaza hacia ella, cuando la sola presencia de Draco la hacía sentir enpeligro. Entonces había aprendido a evitarlo siempre que podía. Había aceptadocasarse con ella por las acciones. Pero no obstante el divorcio no parecía seruna idea que lo convenciera. Y esto era algo que Hermione no alcanzaba acomprender.

Y ahora Draco, que nohabía dado la más mínima señal hacia ella en cinco años, había vuelto a casa yla estaba esperando. Era algo que la ponía nerviosa. Subió los escalones de laenorme casa aferrada a su bolso como si buscase protección en algo.

 

"Laesposa infiel", pensó con tristeza.

Pero ella no era suesposa en realidad, se recordó, como lo había hecho desde que había conocido a Ron.Tendría que haberle pedido su libertad mucho tiempo atrás. Pero su padre sehubiese puesto fuera de sí, y se hubiera sentido terriblemente decepcionado.

Hermione se habíapasado los primeros diecisiete años de su vida complaciendo a su padre,Charles. Y hacía cinco años, por consejo suyo, se había casado con Draco, y ésehabía sido el error más grande de su vida. Draco le había quitado la libertad,y no le había dado nada a cambio. Pero todo eso era historia pasada, se recordóa sí misma. Hacía apenas dos meses que su padre había muerto, a causa de laenfermedad coronaria que había dañado su salud durante años.

- El señor Malfoy laestá esperando en la sala - le informó Ben, el mayordomo.

Hermione se puso másnerviosa aún. Como norma general, ella no veía a Draco hasta la hora de cenar,por lo que sospechó que algo no iba bien.

Draco estaba de pie,cerca de la chimenea recubierta de mármol. Era un hombre alto, que irradiabauna presencia extremadamente masculina. Alguna que otra vez, Hermione habíasentido que su corazón se estremecía al mirarlo, que se le aflojaban laspiernas, y que le costaba pronunciar cualquier palabra frente a él. Ahora encambio, ella lo veía como si entre ellos hubiera una mampara de cristal. Habíaaprendido a distanciarse de él, como primera medida.

Draco Malfoy, ellegendario magnate londinense, poseedor de un gran poder y una gran fortuna.Tenía una elegancia natural que aumentaba con el exquisito gusto en la elecciónde la ropa: zapatos de piel acabados a mano, o un fabuloso traje en tela demohair y seda.

"Eraun hombre por el que cualquier mujer se moriría", había pensado Hermione con la ingenuidad yexcitación de los diecisiete años. Ahora tenía 22 años, y todos esospensamientos quedaron en el olvido.

Y Draco en efecto,era un atractivo hombre, seductor por donde se lo mirase: un cabello rebelde,desordenado por naturaleza de color castaño con reflejos cobrizos al sol, pielblanca y suave y ojos grices profundos. él lo sabía, sabía que era un hombreintimidante y atractivo, y le gustaba que así fuera porque se valía de ellocuando le venía bien. Una vez, aunque ella casi no lo recordaba, ella habíasido el blanco de esa energía sexual que irradiaba.

Pero luego todo habíacambiado.

Hermione entró en lasala. La tensión flotaba en el ambiente. Los intensos ojos grices de Draco lamiraron detenidamente.

- Tienes corrido elcarmín - pronunció seriamente, pero con una textura exquisita. Los dedos de élvolaron hacia su boca. Luego frunció el ceño y le dijo - No tenemos muchotiempo, así que voy a ser muy breve y directo. Nos vamos a París.

- ¿A París? -preguntó Hermione como un eco, más que sorprendida.

Pero Draco ya habíaabierto la puerta, y le decía impaciente:

- Vamos.

- ¿Quieres que vayacontigo a París? ¿Yo? ¿Ahora mismo? - le preguntó asombrada.

- Sí.

- ¿Pero por qué?

- Un asuntorelacionado con la herencia de tu padre.

Hermione estaba másque sorprendida, ya que no se imaginaba que pudiera haber algo pendiente conrelación a la herencia de su padre.

 

A pesar de que Dracono se había molestado en ir al funeral de su padre, había asumido conarrogancia la responsabilidad de dar instrucciones a sus abogados para liquidarsus propiedades. Mientras Hermione lloraba la muerte de su padre, sumida en lagran pérdida que significaba para ella, e incapaz de ocuparse en ese momento decuestiones materiales, Draco había vendido todos los bienes que tenía su padre,absolutamente todos.

Su hermosa casa, susinversiones, sus exquisitos muebles y efectos personales habían sidoconvertidos en dinero en efectivo siguiendo las instrucciones de Draco. No lehabía dejado a Hermione ni un solo recuerdo. Su padre, David Granger, podría nohaber existido, si sus bienes hubieran tenido que testificar sus cincuenta ytantos años de vida en la tierra.

Hermione habíaquedado impresionada por la falta de sensibilidad de Draco, pero cuando sehabía dado cuenta de ello ya era tarde para intervenir. Como siempre, susobedientes empleados habían cumplido sus órdenes eficientemente.

- ¿Algo que haspasado por alto?

- No. Algo que andababuscando, finalmente lo he localizado - dijo con gravedad en el gesto -. Por lomenos es lo que creo. Y por tu propio bien, ruega que no me haya equivocado.

- ¿Por mi propiobien? No entiendo de qué me estabas hablando - dijo ella aterrada.

- Espero que no -dijo él dándose la vuelta.

Hermione fue hacia laescalera. Una mano fuerte la frenó.

- ¿Adónde crees quevas?

- A cambiarme-contestó ella mirando la mano que la sujetaba, algo que le extrañaba, ya que Dracono la tocaba nunca.

- No hay tiempo paraello. El jet está listo para despegar.

- ¿Regresaremos estanoche? No llevo nada de equipaje - exclamó ella mientras él la llevaba haciafuera.

- Te arreglaras sinél. - finalizó sin dejar de mirar al frente, con una mirada perdida.

Luego, ya en lalimusina, preguntó Hermione:

- ¿Qué ocurre?

Draco no le hizo casoy se dispuso a hablar por teléfono durante un buen rato en francés.

Ella no entendía unapalabra. A su mente acudió el recuerdo del día de la boda, cuando ella le habíadicho que intentaría aprender y dominar todas las lenguas que él sabía paraestar a la par, y poder ayudarlo en los negocios, pero él la cortó con tonoserio y frío.

- No pierdas eltiempo.

Ésa había sido laprimera grieta que se había abierto en su mundo de fantasía. Antes de que sehubiera terminado el día, la grieta se había hecho más profunda, pero le habíallevado algún tiempo de realidad el desvanecer por completo aquel mundo defantasía que ella tanto ansiaba.

La situación con Dracola había desquiciado, pero sin embargo guardaba la compostura. Había aprendidoa disimular sus emociones delante de él, y ahora estaba sentada tranquilamenteen el coche, con las manos sobre el regazo, como si en su interior no sintieraun temporal.

- ¿De qué se tratatodo esto? - preguntó Hermione por segunda vez.

Hubo un silenciosepulcral.

- Creí que losasuntos de la herencia de mi padre ya estaban todos resueltos - insistió Hermione.

- ¿Estás segura? -respondió Draco con calma.

Algo en el tono de suvoz le inquietó. Se volvió hacia él, y se encontró con una mirada de hielo.Tenía la sensación de que se avecinaba un desastre, y el terror a enfrentarlole provocaba un cierto mareo.

- Si al menos meexplicaras. ¿Qué...? - comenzó a decir Hermione.

 

- ¿Por qué tengo quedarte yo explicaciones?

El desprecio de sucontestación la silenció. De pronto se vio sumergida en un recuerdo atemporal:

"Eres tanjoven...Debes ser la secreta fantasía de todo hombre" - le había dicho unavez con una voz sexy y aterciopelada. la había hecho estremecer.

¿Quién iba a pensarque esas seductoras palabras habían sido pronunciadas por el esposo que lahabía ignorado durante los últimos cinco años? Sin embargo, Draco había dichoeso la primera vez que se habían visto. ¿Por qué había mentido? ¿Por qué?¿Acaso había sido por sus tremendas ganas de conseguir las acciones?Seguramente sí. Porque estaba claro que ella no había sido nunca la secretafantasía de Draco Malfoy. Él la había usado, igual que su padre, que se habíadejado llevar por la fortuna y el status de Draco.

Apenada por suspensamientos, Hermione miraba por la ventanilla. Echaba de menos a Ron. Ron,quien no había sabido siquiera quién era ella la primera vez que se le habíaacercado. Ron, el primer hombre que la había tratado como un ser humano consentimientos y necesidades, y con opiniones propias. Ron sólo la quería a ella.No trataba de usarla.

En París, le diría a Dracoque quería divorciarse. No quería arriesgarse a perder a Ron. Y estaba deseosade vivir su propia vida, hambrienta de la libertad que se dibujaba en elhorizonte. Draco le había robado su libertad, los años de adolescencia, cuandoella tendría que haber estado saliendo con chicos, divirtiéndose yenamorándose. ¿Por qué no iba a tener derecho a añorar lo que nunca habíatenido?

Sentada en el jet privadoojeó unas revistas, pero no dejó de notar que la azafata se apoyaba en elhombro de Draco, como si fuera de un harén, y quisiera ganarse los favores delsultán. La atractiva mujer trataba de seducirlo. Reconocía todos los síntomas.¿Quién mejor que ella para reconocerlos? Al fin y al cabo ella también habíasido una víctima de Draco. Pero ahora estaba lejos de él, y se sentía orgullosade la distancia que había podido poner.

Draco Malfoy, era unhombre con un temperamento acorde con su origen misterioso, con un aspecto deestrella de cine, no se le movía un pelo, ni física ni emocionalmente. Eraademás un hombre despiadado, caprichoso, arrogante y perverso con sus enemigoso con aquellos que se le oponían. Si ella hubiese sido su mujer real,no se hubiera arriesgado a andar con otro hombre.

Una limusina losrecogió en el aeropuerto de "Davidde Gaulle", y los condujo por unaciudad atestada de coches. Se bajó del vehículo. El orgullo le impedíapreguntar nuevamente adónde iban, simplemente observaba. Él se bajó también, yse dirigió al edificio más cercano. En la mano llevaba un maletín de ejecutivo.Y el edificio, por su apariencia, debía ser un banco.

Tres hombres los esperabandentro. Uno de ellos a quien Hermione reconoció como el representante de supadre, quiso hablar con ella, pero Draco se lo impidió de manera pococaballerosa. Siempre era así. Intolerante, grosero hacia quienes él considerabaseres inferiores a él. Como el hombre de mediana edad, cara colorada y tensa,que los acompañaba.

Subieron al ascensor.¿Acaso había una nueva oferta de acciones en su valiosa línea de barcos? ¿Cómopodía ser tan codicioso un hombre con toda la fortuna y el poderío que tenía Draco?¿Pero acaso no se había casado con ella por codicia?

 

El representante desu padre puso una llave en la mano de Hermione sorpresivamente, y se dispuso apartir.

- Dámela a mí - dijo Dracotenso.

Debía de ser la llavede una caja fuerte, propiedad de su padre. Por primera vez no hizo caso y sedirigió directamente hacia donde estaba el representante del banco, que poníaen ese momento una caja fuerte sobre una mesa, y luego abandonaba la habitaciónvacía.

- Hermione - protestóDraco.

Hermione no quisomirarlo. Pero dijo:

- Si es de mi padre,es mío.

- Ten cuidado con loque dices.

Sus palabras lahicieron estremecer. Lo miró y se sintió paralizada. En el rostro de Draco seadivinaba la agresión y la violencia a punto de estallar.

Hermione cejó en suintento, y súbitamente dejo la llave al lado de la caja.

- Si está en estacaja, puedes quedarte tranquila. Pero si no está, puedes considerarteafortunada si llegas a ver el día de mañana.

No entendía a quécosa se refería que pudiera estar en la caja. Un sudor frío se apoderó de ella.Sus piernas se debilitaron. Sus ojos color chocolate lo miraron incrédulos.Pero él no la estaba mirando. Estaba metiendo la llave en la caja, temblándoleel pulso.

Hermione se lamió loslabios secos en un gesto ansioso. Debía tratarse de algo más que acciones.Nunca había visto a Draco perder el control de ese modo. Y ahora, fuese lo quefuese lo que estaba dentro de la caja, estaba frente a él.

La caja estaba llenade papeles. Draco comenzó a revolverlos, dejando de lado las fotos y cartas,que quedaron esparcidas por toda la mesa. Estaba pálido, y su búsqueda se ibahaciendo más desesperada a medida que avanzaba.

Hermione fijó lavista en un sobre grande dirigido a una persona de la que jamás había oídohablar. Ni siquiera reconocía la letra. Entonces vio una foto grande en la quese veía a hombres y mujeres en actividades obscenas. Sintió disgusto. Noentendía por qué su padre las guardaba.

- ¿Qué es todo eso? -preguntó a Draco, puesto que era evidente que él sabía bastante más que ellaacerca de la caja y su contenido.

Él pasó la foto sindemostrar un ápice de asombro.

- ¿Qué es? - preguntóél repitiendo sus palabras con una mueca que simulaba una risa cínica -. ¡Esuna caja de vidas destrozadas! Los secretos de otra gente. ¡Tu padre vivía acosta de sus víctimas y de su miedo, el muy cerdo!

Hermione se pusolívida, pero lo increpó:

- ¿Cómo te atreves ahablar así de mi padre?

Draco no la estabaescuchando. Seguía buscando entre los papeles como un poseso.

- Qué me obligase arevolver entre esta basura es el último de sus insultos. ¡Yo, Draco Malfoy,ensuciándome las manos, porque no hay nadie en quien pueda confiar como paraque hurgue entre esta colección de errores humanos! ¡Sus trofeos! ¡En lugar detirarlos los ha conservado hasta el final, el muy cochino!

Hermione casi no sesostenía de pie. No podía dar crédito al crimen que se le imputaba a su padre.Y en su incredulidad todo se le hacía confuso.

- ¿Qué está diciendo?- la voz de ella sonó tan débil que apenas se oyó.

- ¿Estás sorda? - lamiró Draco sin piedad -. ¿Por qué crees que me casé contigo? ¿Por tu carabonita y tu educación de convento? ¿Por tu habilidad para actuar como una damay saber colocar adornos florales en la casa?

 

- Por las acciones -alcanzó a pronunciar ella.

- ¡No había acciones!¡Era todo mentira! ¡Ésa línea de barcos ni siquiera existió! - gritó él confuria, sus palabras retumbando en la habitación.

- Me estás mintiendo- contestó Hermione a punto de desfallecer.

La atención de Dracoestaba puesta en el documento que tenía en ese momento en sus manos. De pronto,sin aviso alguno previo, dio un puñetazo sobre la mesa.

- ¡Es sólo una copia!

- ¿Una copia de qué?

- ¡Y éste es el fin!- volvió a exclamar.

Draco parecía un leóndispuesto a comérsela.

- El original te lodio a ti, ¿no es verdad? ¿Te lo dio a ti para dejar a salvo...?

- ¿Qué cosa me dio?-dijo Hermione con las justas, casi no podía articular palabra.

- Tú sabes de quéestoy hablando. No te hagas la inocente - dijo él yendo a un rincón de lahabitación -. Si no está aquí, lo tienes que tener tú. Davidno era ningúntonto. Y sabía que me desharía de ti si caía en mis manos. Así que te lo dio ati. Entonces, ¿dónde está?

- ¡Basta ya! ¡Déjameen paz! - gritó a pesar del terror que sentía.

- Si no me dicesdónde está el certificado, soy capaz de cualquier cosa. ¡He vivido extorsionadodurante cinco años para proteger a mi familia, y no pienso vivir así un díamás!

Draco habíapronunciado por fin la palabra, "extorsionado". No podía ser cierto.Su padre no podía haberle hecho un chantaje. Hermione estaba a punto dedesfallecer.

- Siempre me hepreguntado por qué lo había hecho así...que tú tuvieras que ser mi castigo depor vida - soltó Draco como pensando en voz alta -. Pero te diré una cosa,preciosa. Prefiero ir a la cárcel por estrangularte antes que cumplir esta otrasentencia.

Aterrada, Hermionemiraba la cara de Draco, y finalmente, de manera misericordiosa, dejó de verla,al mismo tiempo que Hermione se desvaneció.

Capitulo 2:

Hermione fue despertando de apocos, no entendía que hacía acostada sobre una superficie lisa y de cuero,ningún recuerdo le venía a la memoria en esos momentos, y sentía que todo ledaba vueltas. Volvió a cerrar los ojos unos instantes, y fue recobrando la concienciasobre la limusina en marcha. Draco estaba inclinado sobre ella como cuando ellase había desmayado. En un movimiento brusco del coche, Hermione se apartó haciael lado opuesto del asiento.

- ¡Aléjate de mí! - le gritópresa del pánico.

- ¿Eres una criatura muydelicada, no te parece?- inquirió. - De pronto te has vuelto un manojo denervios - Draco la miraba con satisfacción perversa; parecía haber recuperadoel control. - ¿Dónde está el certificado?

Hermione se clavó las uñas.Necesitaba alguna sensación que le dijera que estaba despierta, que no setrataba de una pesadilla.

- Te he dicho que no sé de quéhablas. - volvió a decirle con total convicción, ella no tenía la mínima ideade los planes 'oscuros' de su padre.

- Bueno, si antes no lo sabías,ahora ya lo sabes, y quiero que me lo digas.

- No puedo creer que mi padrete hiciera chantaje...

- ¿Un asunto sucio, no? - Dracola trataba sin la más mínima compasión, había ira en su voz. - Pero, tu padreera un profesional, de alto vuelo. A él le interesaban los ricos y famosos. Legustaban los personajes a los que pudiera sacarles el jugo. Era muy bueno en sutrabajo. Nunca dejaba a sus víctimas totalmente secas, ni los llevaba alextremo de que quisieran matarlo. Los hacía pagar durante mucho tiempo y luegolos dejaba en paz, pero siempre se quedaba con la prueba de sus delitos ytrapos sucios para protegerse. Hizo una fortuna...

 

- ¡No me lo creo!

- ¿Crees que guardaba esasfotos pornográficas sólo por diversión? Si se quedó con la prueba de los trapossucios de mi familia... - La voz de Draco se hizo más dura aún. - También teníael certificado original, y como he intentado recuperarlo buscando por todaspartes, es evidente que tú lo tienes.

- ¡Él no me dio nada! - gritóhistéricamente.

- A mí no me vas a engañar.Inténtalo y te romperé...

- ¡Estás loco! - sollozó.

- Hasta ahora he sido paciente.He estado en la cuerda floja durante cinco años. La única forma de mantenerme asalvo era seguir casado contigo. Pensé que ibas a irte con papá. Pero no lo hiciste.Y hay una cosa que me ha quedado clara. Estás enamorada de mí...

- ¿Qué? - Hermione lointerrumpió.

- Estás obsesionada conmigo.¿Crees que no los sé? - Draco la miró con desprecio. - Cualquier mujer normalya se hubiese desengañado y hubiera dejado de esperar que su amor fueracorrespondido... ¡Pero tú no! Te has quedado hasta el final, fiel hasta el fin,¡sin darme la posibilidad de que pueda quejarme del maldito trato que hice!

- ¿Fiel? - no podía creer todolo que oía. Era increíble, pero Draco se creía lo que decía. Estaba convencidode que se había quedado a su lado por una cuestión de amor. El nombre de Ronquería abrirse paso entre sus labios, para gritarle en la cara que ella no leera fiel, que ella no lo amaba, que ella no estaba atrapada en él, pero eramejor que no.

- No estoy enamorada de ti -dijo dignamente.

- ¡Escucha, estás hablando conel chico que fue tu regalo de cumpleaños cuando cumpliste diecisiete! -

- ¿Cómo? -

- ¿Me elegiste en algunarevista de sociedad? ¿O me viste personalmente antes? ¿Me echaste un vistazo ysaliste corriendo a decírselo a papá? "Papá: éste es el que me gusta".

Draco hablaba en serio.Realmente hablaba en serio.

- ¡Tú tienes que estar mal dela cabeza!

- Hablaremos. Llevo cinco añosesperando esta conversación. Todo lo que sé es que el querido David hizo eltrabajo sucio por ti. Me cazaste como a un animal...

- ¡Tú eres un animal, unauténtico insulto a la especie humana! - estalló Hermione -. ¡Y encima te lotienes creído!

- ¡Dios! Mi joven dama sabealzar la voz - dijo cínicamente Draco. - No parece gustarle la verdad. Hiere tuorgullo. Pero sé que he sido atrapado intencionalmente. Yo no sabía siquieraquién era tu padre la primera vez que fui a la casa. Me hizo una proposición denegocios una tercera persona, y fui citado allí. Y ocurrió justamente que tupadre no se encontraba en casa cuando llegué. Pero, ¡Oh, sorpresa! ¡Estabas tú!Llevabas algo blanco y romántico, y adornabas con flores el recinto, es decirestabas armada hasta los dientes con tus encantos virginales. Lo recuerdoperfectamente.

- ¡No fue así! - lo contradijomoviéndose furiosamente por el asiento del carro. Hermione no podía dar créditoa lo que estaba escuchando.

- Cualquier inglés con sangreen las venas se hubiese rendido a tus encantos con mirarte dos veces - le dijo Dracocon resentimiento -. ¡Y tú ahí, sonriendo tímidamente y adquiriendo un ruborirresistible en las mejillas, comiéndome con esos ojos chocolates como sillevases una semana de ayuno!

 

- ¡Basta ya! - la voz de Hermionecasi se rompió.

- Entonces me invitaron a cenary tú tocaste el piano, y cantaste como un ángel. Todas tus virtudes puestas enjuego para mí. Y no sé cómo fue, pero finalmente el negocio pasó a un segundoplano, y se me olvidó. Para que sepas, había sólo dos preguntas que meinteresaba hacer, pero no era pertinente hacerlas esa noche.

- ¿Sí? - Hermione trataba deborrar los recuerdos penosos de ese día.

- ¿Tenías suficiente edad paraobtener el consentimiento de tu padre? ¿Intentaba tu padre protegerte del mundoy de los depredadores como yo? El matrimonio no estaba entonces en mi cabeza, ynunca había estado.

Hermione sintió nauseas. Dracosiguió hablando:

- ¿Y de quién fue la idea deque me quedara a cenar? Tuya. Tú le dijiste a él que me querías y eso fue todo.Luego él escarbó y escarbó, hasta sacar a la luz cosas que sólo dos personasvivas sabían, y que ninguna de los dos iba a contar jamás.

- ¿Qué averiguó? - preguntóella ansiosa.

- Tú lo sabes... David sabíaperfectamente que no viviría muchos años. Y no se fue a la tumba con el secreto- dijo Draco.

- Él no me reveló nada.

- Y si tú no lo tienes, debessaber quién lo tiene.

El chofer abrió la puerta yella casi se cae del asiento. Miró la calle del barrio residencial casi conpánico. Hubiese querido correr. Ella sabía dónde estaba. Era el apartamento de Dracoen París donde ella había pasado una noche de bodas inolvidable, sola.

- Inténtalo - dijo Draco contranquilidad -. Corre y verás qué pasa. No llegarías ni a la esquina. -puntualizó con tal soltura como si le hubiera leído los pensamientos.

Aterrada, Hermione entró en eledificio frente a ellos, y se metió en el ascensor.

- Recuerdos... - dijo Draco,como si pudiera ver lo que ella estaba pensando.

Hermione sabía que aún no habíasalido del estado de shock. No decía nada, sabía que no estaba en condicionesde desafiarlo. Draco estaba preparado. Había estado esperando el momento de lavenganza. Del mismo modo que habría esperado la muerte de su padre paraliberarse de ella.

- Hay muchas cosas que puedohacer por orden de otra persona, pero compartir la cama contigo no es una deellas. Tu padre podía obligarme a casarme contigo pero no podía seguirme aldormitorio y forzarme a...

- ¡Cállate! - le gritó ellahistérica.

- ¿Por qué no le contaste nuncala verdad de nuestro matrimonio? -

Hermione se tapó la cara en unintento de no oír más.

- Por favor, más no... -murmuró, y no le importó rogarlo.

Pero él le sujetó por loshombros con firmeza y le dijo:

- ¿Por qué aceptaste la tristerealidad de tu cama matrimonial vacía durante todos estos años y no dijistenada? ¿Por qué? -

En un acto de arrojo, Hermionesalió corriendo y atravesó el hall del inmenso apartamento y alcanzó eldormitorio al otro extremo del corredor. Se metió en él y echó el cerrojo.Tenía el estómago revuelto, y tuvo que quedarse quieta un momento hasta que porfin pudo quitarse la ropa, y meterse en la ducha.

"Mi padre, loextorsionaba", se repetía a si misma tantas veces como le fueraposible.

 

Se sentía tan sucia. Era laprimera vez en su vida que se sentía verdaderamente sucia. Y no sabía que podíahacer para sentirse limpia nuevamente.

Su madre. Que había muertocuando Hermione tenía cuatro años, era un recuerdo difuso. Era la hija de unpequeño aristócrata, que se había apartado de su familia por casarse con David.Pero él no le había dicho a su hija por qué. Nunca se lo había explicado.

La infancia de Hermione habíasido una sucesión de niñeras e internados desde una edad muy temprana. Davidviajaba incesantemente, y siempre que le había pedido ir a vivir con él. Habíallorado mucho antes de que se diera cuenta de que para su padre ella era excesode equipaje, y que un hombre frío y distante. De todos modos reconocía que supadre se había preocupado por ella más que por ninguna otra persona.

Había estado siempre orgullosode su belleza, de su educación, y su don para la música. Ahora se daba cuentade que ésas habían sido unas ventajas de gran valor social para su padre. Davidhabía sido ambicioso con relación a su hija. Había querido que se casara con unhombre rico y poderoso. Él mismo había vivido en contacto con la alta sociedad,y quería que su hija fuera miembro de todo derecho de esa misma clase social.Pero Hermione había carecido de un verdadero calor de hogar. Y esa carenciaafectiva la había llevado a hacer todo lo posible por ganarse la aprobación yel amor de su padre.

¿Cómo iba a imaginarse que Davidno era un hombre de negocios legal? ¿Cómo podía imaginarse que su privilegiadavida había sido financiada con algo tan ruin como el contenido de la cajafuerte? Y menos aún, ¿Cómo podría haber sospechado que había extorsionado a Dracopara que se casara con ella?. Finalmente comprendía la farsa de su matrimonio,demasiado tarde.

Los cinco años habían pasado,no podían recuperarlos ni ella ni Draco. No le extrañaba que la despreciara. Yque estuviera seguro de que ella conocía el secreto que no debía conocerse,"para proteger a mi familia", había dicho.

Lo gracioso del caso era queella no tenía la más mínima curiosidad por conocerlo. Draco podía seguirguardándolo toda la vida. En todo caso la familia de Draco eran extraños paraella. No conocía a su madre, ni a sus tres hermanas. Muchas veces se habíapreguntado qué les diría a ellas acerca de su matrimonio. ¿Pero se habríamolestado en explicarles algo? Como David, Draco no era amigo de darexplicaciones.

¿Cómo podía pensar que ella loamaba? Era humillante. No sólo se trataba de un marido al que habían obligado acasar a punta de pistola, sino que además creía que su mujer, después de cincoaños de desprecios e infidelidades, aún lo amaba.

"¡Qué iluso!"

El agua de la ducha seguíacayendo, y de pronto Hermione sintió que una extraña fuerza se apoderaba deella. Incluso empezó a sentir pena por Draco. Creía que ella podía usar elchantaje más allá de la muerte de su padre. La noticia de que ella estabaenamorada de otro hombre seguramente sería un alivio para Draco.

Hermione había perdido cincoaños de su vida, pero ni un día más. Su padre había ejercido plena autoridadsobre ella. Luego Draco había tomado el relevo, y ella lo había aceptado sinmás.

Y había sentido miedo durantetanto tiempo... Miedo por el mundo que había fuera de su irreal mundo deprivilegios. Temor por el desprecio de su padre. Temor de que la verdad sobreel matrimonio terminara con la débil salud de su padre si se enteraba. Pero nomás miedos, se dijo.

 

Si Draco había sido unavíctima, ella también lo había sido. Y sin embargo no armaba tanto escándalocomo él. La vanidad de Draco la indignaba.

Un golpe fuerte sonó en lapuerta.

- ¡Abre! - exigió Draco.

Hermione hizo un esfuerzo porno oír. Ya tenía bastante con lo que había ocurrido anteriormente. No queríasaber nada de él. Draco no tenía una sola virtud que pudiera conmoverla. Cincoaños atrás sin embargo había sentido una gran atracción por él. Había elegidoentonces con el corazón, no con la cabeza.

- ¡Hermione! - volvió a golpearDraco con impaciencia.

Hermione recordó las múltiplesveces que pensaba el por qué aquel chico de ojos gricess que vio en su casadecidió casarse con ella, ya que Hermione no mostraba ningún atributo físicollamativo como otras mujeres, además, de la falta de confianza que se tenía así misma. Pero ahora lo entendía todo
él nunca supo ver sus virtudes, sóloacrecentó la imagen que tenía de sí misma, débil e insegura.

Pero, en efecto, tenía muchasotras virtudes. Y debía agradecerle a Ron el haberlo descubierto. Ron le habíaenseñado a valorarse, poniéndola en primerísimo lugar. Él la había ayudado aaceptarse a sí misma. En cambio Draco siempre la había humillado y despreciado.¿Y ahora por qué tenía que sentirse culpable? ¿Acaso no había pagado ya lospecados de su padre?

Cuando estaba cerrando la duchay alargando la mano para alcanzar la toalla, un golpe enérgico tiró la puertaabajo. Ésta quedó pendiendo de la bisagra, y dejó la figura de Draco aldescubierto. Su cuerpo vigoroso ocupando la puerta de la habitación.

- ¿Para qué te has encerradoaquí? - preguntó furioso.

- ¿Te has vuelto loco? - Hermionese sentía intimidada por la presencia de él, pero también estaba furiosa.

- ¡Me hicieron responsable detu bienestar! -

¿Se refería a su bienestar o asu propia seguridad? ¿Era por ello que había tirado la puerta como un hombre delas cavernas? ¿Tenía miedo de que se hubiese tirado por la ventana o de quefuera a hacerlo? Evidentemente esto último lo hubiese puesto en un aprieto.

Hermione, echándole una miradade incredulidad, comenzó a recoger su ropa.

- Tu piel tiene el color de lascamelias - dijo él.

Draco estaba mirandodescaradamente, algo que la turbaba terriblemente.

- Tira la toalla - le exigió. -

Hermione no podía creer lo queoía. Pero Draco esperaba que su orden fuese cumplida. Lo demostraba en su gestoexpectante.

Hermione sintió que se lesecaban los labios, que sus pulmones se quedaban sin aire, que un calorasfixiante se apoderaba de su cuerpo entero. Sus pechos de pronto se volvieronpesados, sus pezones se irguieron volviéndose más sensibles.

- Eres tan pequeña, peroguardas unas proporciones tan perfectas... - musitó él en el denso silencio.

Hermione no podía creer lo queoía de la boca de Draco. Éste era un Draco que ella jamás había conocido, peroque de algún modo siempre había sospechado que podía existir. Era un hombre quedespedía una vigorosa sexualidad. Había algo peligrosamente fascinante en lacorriente sexual que emanaba de él. Daba la sensación de ser depredador como élmismo se había nombrado alguna vez con candor. Y lo era, ahora ella lo podíacomprobar.

 

- ¿Me disculpas? Voy avestirme, si no te importa - murmuró ella inexpresiva.

- ¿No hablarás en serio,verdad? - dijo él como si ella fuera la que se estaba comportando de modoextraño.

Hermione estaba indignada. Dracopodía dejar de lado el odio y el resentimiento que había entre ellos y pensaren el sexo. ¿Por qué? ¿Por qué estaba medio desnuda solamente?. Parecía que ellívido de Draco despertase con poca cosa.

- Quiero vestirme - insistió.

- Eres tímida. Pero me hasestado esperando durante mucho tiempo - dijo él con satisfacción.

Hermione rió. No pudo evitarlo.Era una risa histérica que rompía el silencio como un cristal que se rompe.

- Basta...

Se le cayó la ropa de las manosal darse la vuelta y taparse la cara con las manos temblorosas. Era un gestohistérico, descontrolado, que la asaltaba sin aviso. Estaba furiosa por supropia reacción, pero su furia aumentó aún más cuando sintió los brazos de Dracoalrededor de ella, asaltándola por la espalda. Se quedó paralizada.

Él la había empujado contra uncuerpo tibio, amenazándola con un contacto físico tan turbador comodesconocido. No podía creer que él la estuviera tocando. Parecía algo irreal.Durante cinco años se había comportado como un leproso que se aparta. Y ahora,de repente, quería tocarla, como si estuviera en su derecho. Pero no teníaningún derecho, y no deseaba sus manos sobre su cuerpo.

- Tal vez no sepas dónde estáese certificado. Tal vez lo haya destruido David. Pero quizás lo tenga alguienen sus manos esperando para activarlo como una bomba...

Las palabras que usó lahicieron temblar.

Draco lentamente la iba dandovuelta. Hermione no se había dado cuenta de lo fuerte que podía ser un hombrecomparado con una mujer, hasta que Draco la levantó del suelo como si fuese unamuñeca y la apretó contra él.

Descalza no le llegaba ni alhombro, y antes de que él se inclinara hacia ella, las mejillas de Hermionerozaron el pecho viril que asomaba por la camisa de seda, cuando se abrióinesperadamente su chaqueta. Hermione apenas podía respirar ante la esencia desu masculinidad.

- Mírame - le dijo cortante.

- Por favor, déjame marchar -atinó a decir ella.

Draco le tomó la barbilla y sequedó mirándola, como si no la hubiese oído.

Hermione sabía de los hechosacontecidos esa tarde y el ataque de furia de Draco, habían sido apartados desu mente, y que otras necesidades le urgían en ese momento.

Hermione sintió un torbellinode sensaciones que jamás había sentido. Su cuerpo estaba tenso, y parecíarecoger todos los estímulos provenientes de aquella atmósfera.

- Draco... - se oyó decir,mientras sentía que sus pies se apoyaban en la alfombra.

- Hace tanto que no te oigopronunciar mi nombre - dijo él en un tono profundo.

- No... - dijo ella.

El dedo pulgar de Dracorecorrió el labio inferior de Hermione, haciéndola temblar. Ella intentómoverse, pero la otra mano de él la sostenía con firmeza apoyada en su espalda.

Draco la miró intensamente, ycon el pulgar separó sus labios y se internó en la boca de ella, mientras lapalma le acariciaba la mejilla. Era un gesto más erótico que jamás habíaexperimentado, y lo peor era que le estaba desencadenando una serie dereacciones físicas que reconocía como una traición de su cuerpo a sí misma.

 

Era evidente que él se divertíacon sus reacciones, pero su mirada expresaba además una gran satisfacción. Hermionelo notaba en la expresión de sus ojos.

Draco era un maestro en lastécnicas y el arte de seducir, un arte que redundaba en su propio beneficio,aumentando su propio placer.

- Quiero... - Hermione no podíadecir más de una palabra.

- ¿Más? - Draco la soltó depronto, y le sonrió -. La próxima vez que te pida que tires la toalla, hazlo,pequeña - le aconsejó suavemente.

Hermione sintió que esainsinuación podía ser más dolorosa que un puñetazo. Cuando la puerta se cerrótras él, Hermione se desmoronó. Lo había desafiado, lo había irritado. Estabaconfusa. Todos esos años, nada, y ahora...

¿Por qué ahora? Recordaba loque le había dicho momentos antes: que su padre no había podido obligarlo acompartir la cama con ella. Y, sin embargo, cuando afloraban sus instintos,parecía que cualquier mujer le venía bien.

Plantearle el divorcio en esascircunstancias hubiese sido contraproducente, porque lo hubiese llevado aún máslejos en sus intentos de intimar con ella. Definitivamente, no era el mejormomento de hablar de Ron.

Hermione recogió sus prendasnuevamente preguntándose el por qué de la actuación de su marido, por primeravez en estos largos 5 años, Draco se había dado cuenta que existía como mujer,despertando el lado sexual que ella desconocía hasta ese momento.

Pero estaba indignada. Noentendía cómo se había atrevido a tocarla. No tenía derecho.

Draco había trabajado duramentepara levantar las empresas familiares que había heredado, la herencia de los Malfoy.Nadie le había regalado nada, ni le había hecho favores. Y él no hacía tampoco.Ése había sido el aspecto del carácter de Draco que David había valorado más. Yfinalmente le había servido a Draco en bandeja de plata, tratando deconvencerla de que aunque él no hubiese hablado de amor, sería un perfectomarido.

¿De qué marido hablaba supadre? Ella jamás había tenido un marido. Pero cinco años atrás ella no habíapodido adivinar el futuro.

Lo curioso era que susrecuerdos de los primeros encuentros no coincidían en absoluto con lo de él

.

/ Flash Back /

Había terminado laescuela secundaria, y había perfeccionado la técnica en arreglos florales, ¡quétontería! Deberían haberle enseñado mejor, un curso sobre hombres...

Draco había aparecido enla entrada de la sala de música, sin que nadie lo hubiese invitado o llamado.Lo habían hecho esperar en la sala de espera y él debía haberla visto por laventana, porque para llegar a la sala de música tenía que salir de la sala deespera, atravesar el hall, pasar por la otra habitación y entrar a la sala demúsica a través de un ventanal. Así que, ¿Cómo podía tener el descaro dedecirle que ella había preparado el encuentro?

Lo había visto de prontoen la entrada y, si, se había enamorado de él a primera vista. Su presencia lahabía impactado. Era como un dios griego que se le había aparecido en todo suesplendor.

- Eres una bocanada deaire de primavera en este triste paisaje de invierno - le había dicho Draco convoz aterciopelada y suave desde el umbral de la gran mampara.

 

A ella no se le habíaocurrido que él estuviese interesado en ella, sino en las plantas
¿por quédebía interesarse en ella? Incluso le había dicho que sus ojos hacían juego conlas violetas, y ese cumplido le había salido tan torpe como el primero, lo quele dio la impresión a Hermione de ser un hombre tímido, a pesar de disimularlocon cierta sofisticación.

- ¿Tímido Draco? - lepreguntó Hermione sonriéndole. Él no dijo nada, pero le devolvió el gesto conuna sonrisa torcida exquisita, de esas que te quitan el sueño.

Él no le había dichonada sobre su cita con su padre. Parecía haberlo olvidado más bien, hasta quela empleada había ido a decirle que su padre le llamaba y entonces se habíaquedado desconcertada al encontrarla con Draco.

- Le diré que lo estáesperando - le dijo Hermione a Draco, saliendo de la sala de música condirección al despacho de su padre.

- ¿Quién es él? - lehabía preguntado a su padre con interés y ensoñación.

- Draco Malfoy - supadre la había mirado achicando los ojos.

- Lleva aquí un montónde tiempo. ¿No crees que debiéramos invitarlo a cenar?

- Parece que ha tenido éxito...- pronunció David Granger con un brillo en los ojos, cosa que Hermione noentendió y no se preocupó por entender.

- ¿Está casado? -

Y aquí vino la culpa detodo: lo invitaron a cenar. Había sido culpa suya, enteramente culpa suya. Supadre había pedido disculpas a Draco y luego los había dejado solos, y en eserato Draco le había hecho un montón de preguntas personales a Hermione. No sehabía molestado en averiguar si tenía la edad apropiada. Sabía perfectamente laedad que ella tenía.

Al día siguiente lahabía llevado a dar una vuelta en coche, pero su padre dudó en darle suconsentimiento. Este hecho la había puesto en evidencia delante de Draco, quienno habría tenido la menor duda acerca de la sobreprotección de su padre.

- Tengo la sospecha deque tu padre te va a mirar de arriba abajo a ver si tienes huellas dactilaresen algún sitio cuando vuelvas, así que no te besaré.

Hermione se quedóhelada
¿besarla?... sería el primer hombre que le rozaría los labios

- No sé qué estoyhaciendo aquí contigo. Eres demasiado joven para mí. - agregó Draco y terminópor confundirla. ¿Cómo una persona podría tener cambios de humor y depensamiento tan fortuitos? No lo comprendía.

La semana siguiente a suencuentro, ella había sufrido, porque él no la llamaba ni daba señales de vida.A David la historia le hacía poca gracia, y le había aconsejado que fuera mejorque no entregara su corazón.

- Malfoy puede tener ala mujer que quiera. Pero no quiero que te ronde, a menos que tenga en lacabeza la idea de casarse contigo.

- ¿Y se lo has dicho? -le preguntó alarmada.

- Puede que tú no tevalores. Pero yo sí. Te he enviado a los mejores colegios para asegurarme quetuvieses un lugar digno con quien estuvieras. Quiero que te cases bien. Unescarceo amoroso con Malfoy es algo que no está en tu agenda. Y puedes estarsegura de que no ofrecerá ninguna otra cosa, a no ser que le resulte rentable.- le dijo con convicción. Hermione era tan ingenua a sus 17 años, que no habíaentendido el significado de esas palabras.

 

Luego de otra semanamás, Draco había aparecido inesperadamente, con una actitud agresiva con ella.Se volvió a quedar a cenar. David se encontraba de un buen humor increíble.Pero estaba muy tranquilo, y los observaba todo el tiempo, agregando poco a laconversación.

Dos días más tarde, supadre la había hecho ir a su biblioteca y le había informado de que él era eldueño de innumerables acciones en una compañía naviera International, accionesen las que Draco tenía un interés extremo.

- Así que se las heofrecido a él gratis como regalo de bodas - concluyó David.

Hermione se habíaquedado consternada. Sí, ella estaba loca por Draco. Pero que su padre lehubiese ofrecido un capital por casarse con ella le parecía humillante.

- Los Malfoy comprendeneste tipo de trato - le había asegurado -. Y espero que tú también comprendasque un hombre tan duro como Draco jamás hubiese pensado en el matrimonio a noser que fuese una ventaja económica para él. Esas acciones serán tu dote. Laelección es tuya. ¿Lo quieres o no?

Hermione había salidocorriendo de la habitación, llorando de rabia y desesperación.

Al día siguiente, Davidle había informado acerca de su deficiencia cardiaca. Le había dicho que nosabía cuánto iba a vivir, y que estaba sinceramente preocupada por su futuro.Era otro golpe para Hermione. David había puesto a Draco por los cielos, segúnél, Draco era como un diamante en bruto por el medio social en el que se habíacriado, pero la iba a tratar con respeto y honor como a su esposa, además deestar segura por el resto de su vida.

- ¡Pero no me ama! -había protestado.

Su padre la mirófríamente y le dijo:

- Te desea...

- No tanto como a esasacciones - protestó en voz baja.

- Depende de ti lo queeste matrimonio resulte. Te estoy dando la oportunidad de casarte con el hombreque amas

.

/ Fin del Flash Back /

.

Hermione volvió al presente, yse retorció las manos. Su padre le había servido a Draco en bandeja de plata.Se lo había dado encadenado y esposado a cuenta de un chantaje. ¡Cómo no lohabía sospechado!

Se oyó un golpe en la puerta.Era una criada anunciando la cena. Hermione no podía creer que fuera ya la horade la cena. Ron la llamaba todas las noches a las ocho. Sabía que ella jamássalía de noche. ¿Le habría dicho su mayordomo que se había ido a París? Levantóel auricular del teléfono de la habitación y marcó el número de su apartamento.

¿Dónde diablos estás? -contestó Ron inmediatamente -. Tu mayordomo me ha dicho que "el señor y laseñora Malfoy no estaban". ¿Qué quiere decir eso? - quiso saberimpaciente.

- Hemos volado a París...

- ¿Hemos?

- Mira, había un problema conla herencia de mi padre y tuve que venir. Mañana estaré en casa, querido. Teamo.

- ¿Qué tipo de problema?

 

- Nada importante - ocultó Hermione.No quería contarle los detalles sórdidos del asunto a Ron, al menos porteléfono.

- ¿Va a mostrarte lasmaravillas de París, entonces? - se burló Ron.

- ¿Salir con Draco? ¡Estásbromeando¡ - forzó una risa, aliviada de que Ron no estuviera enfadado -. Teecho mucho de menos. He pensado en ti todo el tiempo.

- No veo la hora de que lleguemañana.

- Se me hará eterno... - dijo. "Pero no puedo usar nuevamentea Mike", pensó, recordando a su astuto guardaespaldas, y preguntándosecómo podía quitárselo de encima.

A pesar de todo esto, Hermionese sentía un poco culpable de sus citas con Ron, ya que cuando ella se habíacasado en la iglesia, había hecho unas promesas en las que entonces creía...muchas veces Ron le recriminaba y le planteaba la opción del divorcio, y lesugería a uno de los mejores abogados de Londres, pero ella no aceptaba
pero¿por qué?

Hermione suspiró hondo, bajó elauricular en un gesto que quería relajar su tensión.

Un escalofrío recorrió todo sucuerpo después de dejar caer el auricular. Draco estaba de pie, silencioso yquieto, como una estatua. Hermione se quedó paralizada ante semejante visión.

Quiso decir "Draco...",pero no pudo articular una palabra.

- La cena... - murmuró Draco -.Pero termina la llamada primero.

Levantando el auricular como unautómata dijo:

- Adiós - y colgó.

Capitulo 3:

Hermione tenía el corazón en laboca, sentía como sus latidos bombeaban con mayor rapidez, sin parar. Lo vio alejarsede la habitación. Draco no podía haberla oído; en ese caso, seguramente lehabría dicho algo ó reaccionado de alguna manera más posesiva... En cambio, Dracohabía sonreído.

Al abandonar la habitación, looyó decir al criado que ya no lo necesitaba. ¿Habría planeado salir a cenarfuera y luego habría cambiado de parecer? Esperaba que no fuera por su causa
No
¡que iba a ser por ella
! era difícil que Draco hiciera algo pensando en Hermione.

"Tengo que hacer unasllamadas. No me esperes para cenar." - le dijo.

Hermione comió sin ganas. Sesentía culpable, irritada, confusa. Toda su vida había sido una persona honraday sincera, hasta que había conocido a Ron hacía tres meses. Había sido unencuentro accidental, en Harrods. Habían charlado, reído, tomado café. Todo muyinocente. La segunda vez también se habían encontrado por casualidad.

Todo había surgido connaturalidad, ella no lo estaba buscando, sólo un día, el destino hizo quevuelva a sonreír.

Pero
¿Por qué se sentía de esemodo? No tenía más que pedirle el divorcio a Draco. No debía deberle nada a élya que jamás le habían importado los sentimientos de ella.

Llevada por el cansancio y latensión de todo el día, Hermione decidió irse a la cama. Se lamentó de no tenerun camisón, y no tuvo otra alternativa que meterse entre las sábanas desnuda. Ydespués de darle más vueltas a la cabeza, decidió pedirle el divorcio a Dracoal día siguiente.

Se despertó sobresaltada. Lasluces estaban encendidas, y pestañeó insistentemente como para saber si era unsueño o la realidad. No se acordaba siquiera de dónde había dormido, y cuandose sentó en la cama aún estaba totalmente desorientada. Pero entonces vio a Draco,algo alejado de la cama. Tenía un aspecto horrible, ése fue el primerpensamiento de Hermione, luego atinó a taparse su desnudez con la sábana. Lebrillaba el pelo cobrizo, estaba sin corbata, y tenía la blanca camisa de sedamedio desabrochada, lo que permitía la visión de un pecho masculino ancho ycasualmente bronceado. Los rasgos tensos, la piel pálida. Parecía estar bajolos efectos de un shock.

 

- ¿Qué ocurre? ¿Ocurre algomalo? - musitó ella a la vez que bostezaba y descubría en su reloj que era caside madrugada.

- Me has deshonrado - dijo conun acento quebrado.

Hermione lo miró medio dormidaaún.

- No comprendo, ¿qué dices? -le preguntó con un hilo de voz. No podía creer que el altanero Draco Malfoy lediga esto, acaso ¿era ella el motivo de su lividez?

- Mi mujer con otro hombre... -le dijo con una expresión de ferocidad en los ojos.

Pero Hermione estaba másasombrada por la frase "mi mujer", que había pronunciado, que por eldescubrimiento de su infidelidad. Jamás usaba ese término. Y era ofensivo yridículo incluso en el contexto de ese matrimonio.

- No lo niegas - agregó.

¿Qué pensaba? ¿Qué iba a estarcomo Penélope, esperando a su marido? Era cierto que había estado así durantecasi cinco años, pero eso no podía durar eternamente. ¿Y qué le importabaademás?

- ¿Cómo lo has descubierto? -preguntó ella no tan firmemente como hubiera querido.

- Parece que no te das cuentade la magnitud de tu ofensa. - le respondió.

- ¿Has estado bebiendo? -preguntó Hermione débilmente, pensando que tal vez fuera el motivo de sureacción melodramática.

- ¿Qué tiene que ver eso? ¡Tehe oído hablar por teléfono con tu amante! ¡Y no podía creerlo!

- ¡Oh! - debía haberloimaginado. Pero él era tan retorcido, que no había demostrado nada en sumomento.

- Tengo las facturas delteléfono y también el número al que has llamado desde aquí, y es el mismonúmero.

- Te lo habría dicho si me lohubieses preguntado - Hermione sentía una extraña sensación desagradable que nopodía identificar.

- ¿Qué me hubieras hablado deél? ¿No tienes vergüenza?

- ¿Por qué tengo que avergonzarme?- pero curiosamente la actitud de Draco la hacía sentirse culpable, y eso lairritaba terriblemente.

- Tú eres... mi esposa - dijocon violencia.

Instintivamente, Hermione sepuso en el extremo opuesto de la cama. La rabia iba transformándose en miedo.Hubiese querido gritarle que ella era una extraña para él cuando le había dichoque era su esposa, pero no se atrevió viendo el estado de ánimo de Draco.

Hubiese sido echar leña alfuego.

- Tal vez mañana cuando estésmás razonable - le dijo ella.

- ¿Por qué lo crees? - preguntóDraco acercándose a ella reptando por la cama.

Hermione intentó alejarse, peroél le sujetó el brazo.

- ¿Qué estás haciendo? -preguntó ella, desconcertada y temerosa.

Él dijo algo en francés y lasujetó con el otro brazo.

Hermione estaba aterrada.

- ¿Cuántas veces has estado conél? - inquirió Draco, sentía en su interior varias oleadas de calor, ira,rabia, y un sentimiento que no podría descifrar ninguno de los dos.

- No sé. No... las... hecontado.

- ¡Dios! ¡Lo mataré! Puede queesté vivo aún, pero lo mataré.

- ¡No digas cosas como ésa!

- ¿Y tú qué? ¿Qué hago contigo?

 

- ¿Conmigo? - Hermione estabahorrorizada.

- ¿Dónde lo has conocido?

- ¡No voy a decirte nada de él!- dijo ella acordándose de sus amenazas.

- Ron Welsly. Tiene veintiochoaños. Es vendedor a tiempo parcial, y medio artista. Es hijo único de un mecánico.Es moreno, ojos azules, altos y ambiciosos. No necesito que me cuentes nada deeso.

Hermione estaba aturdida. ¿Cómoera posible que en tan poco tiempo, Draco haya investigado su númerotelefónico, su dirección y todo tu perfil? ¿Acaso era detective también?Llevaba 5 años de casada con ese hombre, pero sentía que no lo conocía losuficiente

- ¿Por qué te comportas de estemodo? Yo no soy realmente tu esposa...

- ¿No? Llevas mi nombre. Usasmi anillo. Vives en mi casa. Te alimento, te visto, te mantengo...

- ¡Y yo te odio! - dijodolorida Hermione.

- Si eso es cierto, vas aodiarme aún más en lo que te queda de vida a mi lado - dijo él severamente.

- ¡Déjame marchar! - murmuró Hermionetemblando.

- No lo volverás a ver - juróél clavándole la mirada llena de odio -. Pero jamás te perdonaré esto - dijofinalmente, soltándola.

- De acuerdo. Yo tampoco teperdonaré jamás - atinó a decir entre la almohada, sollozante.

Fue un error, porque Draco sedio la vuelta y le dijo:

- Vas a decirme la verdadahora.

- ¿Qué verdad?

- Que ésta es una maniobra paraque te preste atención. Has dejado pistas que hasta un ciego puede ver. Hastahas hablado con la puerta abierta.

- ¿Qué?

- Y lo has conseguido - dijo élcon una sonrisa de hielo -. ¿Ni siquiera te has acostado con él, no? Perfecto.Has llegado al punto justo para sacarme de mis casillas, pero no te hasatrevido a más.

Hermione estaba indignada porsu vanidad. Entonces se le escapó una mentira:

- ¡Sí me he acostado con él! ¡Yme da igual que te enteres o no, porque no me importas en absoluto!

Había mentido. Y estaba de másdecirle que se trataba de una relación seria. ¿Cómo se imaginaba que iba atener un lío pasajero para darle celos?

- ¡Si ha puesto un solo dedosobre tu piel desnuda, es hombre muerto! ¿Lo comprendes? Esto no es un juego, Hermionejane. Te lo advierto. Si te has entregado a él, lo mato.

Hermione no podía moverse, nirespirar. ¿La había llamado Hermione jane? Hacía cuanto tiempo que no escuchabasu nombre completo de los labios de su esposo
pero
el tono de voz con el que habló era de espanto
acaso, ¿Estaba celoso deella? o ¿Simplemente era el orgullo raido de hombre mancillado? No podía darcrédito a las palabras de Draco.

- Piénsalo seriamente. Casipierdo la cabeza - le confesó Draco de pronto.

Y Hermione se dio cuenta de lamagnitud de sus palabras, y de todo lo que podría lograr al tener a Dracomolesto
Estaba indignada, pero también aterrada de que Draco pudiera hacerledaño a Ron.

- De acuerdo - dijo ellasuavemente, odiando a Draco con todas sus fuerzas -. No me he acostado con él,pero...

- ¿Y quieres que te diga porqué? Un inglés se divorciaría de una esposa infiel. Tú has llegado hasta dóndehas podido, no más allá. Lo único imprudente que has hecho en tu vida eshaberte casado conmigo. ¡Qué idiota he sido! ¡Por un momento he pensado que tearriesgarías a perder tu status como esposa mía!

 

- ¡Eso es precisamente lo quequiero perder! ¡No te quiero! ¡Quiero mi libertad! - le grito desesperada.

- ¡No te creo! ¡Nosobrevivirías ni un momento en el mundo real! ¡Te morirías como un bebéindefenso sin tus tarjetas de crédito!

- ¡Cómo te atreves!

- Sólo te digo las cosas comoson. Eres una creación de David, un adorno hermoso y frágil, la esposa perfectapara un hombre rico...

- ¡Eres un desgraciado! - dijoella indignada.

- Eso no quiere decir que noseas buena en tu papel, excelente como anfitriona... Una verdadera dama. Perosi quieres de verdad tu libertad...

- ¡Sí, la quiero! - gritó Hermione.

- ¿Si? Deberías preguntarte porqué me compras los calcetines todavía - se rió Draco cínicamente, y salió de lahabitación.

¿Qué tenían que ver suscalcetines en todo eso? No era más que una tarea trivial de la que se habíaocupado desde los primeros tiempos de su matrimonio; y la seguía haciendo sinpensar demasiado en ello.

Mientras Hermione se ponía labata, pensaba que debía conseguir que Draco la escuchase y hacerlo comprender.Caminó hasta la habitación principal, y se detuvo en el umbral de la puerta
Dracoestaba a medio vestir, exhibiendo su dorso desnudo y trabajado, un hecho que laviolentaba totalmente.

- ¿Y ahora qué? - preguntó conimpaciencia.

- Quiero que me escuches - Hermionese cerró más el escote del albornoz, y lo miró a los ojos-. Amo a Ron. Quieroel divorcio.

Draco atravesó la alfombra dela habitación en dirección a Hermione.

- Eres mi esposa - dijo en tonosuave -. ¿Y por qué eres mi esposa? Porque querías serlo a cualquier precio.

- ¿No has escuchado lo que hedicho? ¡Lo amo! - dijo ella con los dientes apretados por la rabia.

- ¿Le compras calcetinestambién? - preguntó él con sorna.

Hermione le dio una bofetadasin pensarlo. Pero luego se sintió consternada ante lo que había hecho. No erahabitual en ella una reacción semejante. Se apartó de él con temor.

- ¡No! - atinó a gritar.

- No te haré nada, eresdemasiado pequeña, demasiado frágil. Si fuera el tipo de marido que pega a sumujer, ¿no crees que te habrías enterado a estas alturas?

Draco tiró de ella con fuerza.Otro gesto amenazante de Draco, además de la mirada oscura y penetrante en elescote del albornoz, que en ese momento mostraba un hombro desnudo.

Mi idea del entretenimiento esmuy distinta, es más íntima. La violencia no me gusta. Hay cosas mássatisfactorias.

- No te atrevas a tocarme.

- Una noche larga y tibia en micama es lo que te hace falta - le dijo Draco llevando su mano al hombro de Hermione.

- ¡No quiero! -

- No rechaces lo que aún no hasprobado - Draco se rió mientras bajaba la cabeza y acercada su cara a la de Hermione,tocándole el labio con la otra mano.

- ¡Basta!

- Me siento tan intimidado... -se burló él, apartándole un mechón de cabello castaño de la mejilla en un gestocasi tierno.

Hermione se estremeció.

- Draco...

La boca de él fue a la búsquedade la de ella, y le separó los labios. Ella se quedó sin aliento. La estrechóaún más, haciéndole sentir todos los músculos de su cuerpo viril. Ella searqueó involuntariamente, aumentando ese contacto. La lengua de Draco exploróel interior de la boca de Hermione. Un fuego salvaje se alzó en todo su cuerpofemenino que la hizo estremecer apretándose contra él. Rodeó el cuello de Dracocon sus brazos. Cerró los ojos, y sintió un calor intenso recorriéndola.

 

Después Draco liberó su boca yla miró con impasividad.

- ¿Cuál es su nombre? -preguntó de pronto.

- Su... ¡Oh! ¡Dios mío! - dijo Hermionellevándose un dedo a su boca roja e irritada. Se le aflojaban las piernas.

- Te has equivocado en tusprioridades. Yo soy tu esposo.

Hermione pensaba en algunarespuesta, algo en su propia defensa. Pero era incapaz. Sentía un torbellino deemociones violentas. Draco se quitó la camisa, dejando al descubierto unosmúsculos dorados y fuertes. Hermione no quería mirar, pero se le iba la vistasin quererlo.

Draco abrió la puerta y sacó a Hermioneal corredor.

- Hablaremos más tarde, a lahora del desayuno.

La puerta se cerró en su cara.¿Se estaba volviendo loca? ¿Era una pesadilla las últimas veinticuatro horasque había vivido?

Hermione se metió en la cama,adoptando la posición fetal. Draco era un extraño. No lo reconocía. Y tampocose reconocía a sí misma.

Desde que habían estado en elbanco se había comportado de manera extraña. Primero con furia. Luego con unaactitud más sarcástica que furiosa al creerse que ella había intentado atraersu atención.

Hermione no comprendía por qué Dracoquería seguir unido a su esposa con la que se había casado por chantaje. ¿Porqué aceptaba esa farsa? ¿Y por qué la seducía sexualmente, así, de pronto,después de cinco años de ignorarla?

Y lo peor, ¿Por qué ella sehabía quedado ahí, sin hacer nada, y le había permitido incluso besarla? Eracierto que Draco era un hombre muy experimentado. Tal vez cualquier hombre conesa maestría pudiera arrancarle a una mujer inexperta como ella las sensacionesque acababa de experimentar con Draco. Pero le asombraba que Ron no lo hubieselogrado.

Se avergonzaba de sí misma. Elsexo, se decía, no era tan importante en una relación. Ella amaba a Ron. Loamaba realmente.

Pero lo que realmente lepreocupaba y la sorprendía, era que Draco todavía pudiera ejercer esa atracciónsexual sobre ella, cuando creía que ya era un asunto más que pasado. Y Draco lehabía demostrado que no era así, y se había reído de ello. ¡Qué golpe para suorgullo!

.

A la mañana siguiente seencontró con la ropa limpia en la habitación. "Muy considerado de suparte", pensó con ironía. Se puso el traje azul de Versace, y trató dereparar los daños sufridos a su aspecto después de una noche sin dormir.

En la sala se encontró con Dracodetrás del Financial Times. Al verla lo dejó a un lado y alzó lataza de café.

- Deberías volver a la cama.Pareces la víctima de un vampiro que espera que le den el tercer bocado. - ledijo Draco sin dejar de examinarla y admirar las pequeñas pero perfectas curvasque se dibujaban tras aquel vestido azul.

- Muy gracioso.

- Eres afortunada deencontrarte entera, después de lo que he descubierto anoche. Creo que he sidoextremadamente tolerante y comprensivo, pero no abuses.

Hermione tomó un croissant consciente de la mirada de él en todossus movimientos. Draco vestía un traje azul, camisa blanca, corbata roja deseda. Estaba impecable, sin apenas signos de una mala noche. Y parecía haberrecuperado totalmente el control.

 

Hermione sintió odio hacia él.Sus manos temblaron al cortar el bollo.

- Quiero ver a un abogado estamañana. Quiero el divorcio. - le dijo pausadamente, evitando soltar todo elresentimiento que tenía hacia él.

- Estás soñando, me parece.

- Yo... No puedes impedírmelo.

- Simplemente hago como que note he oído. - le comentó con indiferencia. Hermione se puso azúcar en el cafésin mirarlo. Pensó que lo dejaría hablar. Pero no le impediría el divorcio.

- Hace cinco años yo teníaveintidós años y tú diecisiete. Eras una niña con un cuerpo de mujer. ¡Y no meexcita la idea de acostarme con una adolescente, aunque sea mi mujer! Eso meparecía algo perverso. A algunos hombres les gustan las mujeres muy jóvenes, amí no.

Hermione seguía con el café enla mano. Jamás había pensado que Draco pudiera sentirse de ese modo frente a sujoven esposa. Y se sintió culpable y molesta por no haberlo pensado.

- De todos modos, me odiabas -dijo ella pálida.

- Sólo estaba resentidocontigo. No creo que haya llegado a odiarte. Simplemente te descarté de mivida. Estábamos obligados a estar juntos, y yo resolví esa situación a mimanera.

- Disculpa, si te repugno -dijo Hermione nerviosa, e inmediatamente se dio cuenta de lo infantil que habíasido su comentario. No quería revolver el pasado doloroso.

- Comencé a trabajar a loscatorce años en uno de los barcos de mi padre. Él era un hombre anticuado. Queríaque yo empezara desde abajo y fuera ascendiendo, porque él lo había hecho así.Yo sabía que necesitaba una educación. Los siguientes ochos años fueron años dedieciocho horas de trabajo. Mi vida consistía en matarme trabajando y estudiarpara mantenerme al día; y a la vez hacía negocios y transacciones en la bolsa.No tuve una verdadera juventud. No tenía tiempo para nada - se quejó Draco conamargura.

Nunca le había hablado así. Laturbaban sus palabras. Alzó la taza de café, buscando su calor para sentirsemenos indefensa. Había tenido una vaga idea de lo que habían sido sus primerosaños de trabajo, pero no hasta qué punto su juventud había carecido de alegríay placer.

- No entiendo para qué mecuentas todo eso.

- Quiero que comprendas loterrible que era para mí verme obligado a casarme cuando no estaba preparadopara ello.

- Lo comprendo - dijo Hermione.

- Finalmente alcancé la cima.Por fin era libre como para disfrutar de lo que había podido disfrutar cuandoera más joven.

- Eras libre para acostarte porahí con quién quisieras. Y entonces te pusieron las bridas y te ataron a mí,¿no? - inquirió Hermione con suspicacia.

- Dios... Sí, si quieresponerlo en esos términos. Pero no anduve acostándome por ahí. Tú eres unamujer. No puedes comprenderlo. Es una etapa que debemos pasar los hombres. Y yola viví más tarde que la mayoría.

"Sexista",pensó ella. Ella no había ni tenía derecho a lo mismo: de explorar el amor ypasión. Él la había dejado en un estante, olvidada. La invadió una amargurainfinita.

- Me hago a la idea. Una excusaperfecta y original para el adulterio. ¡Es brillante realmente!

- No me estoy disculpando. Mecasé contigo bajo amenazas. No lo hubiera hecho de otro modo. No estabapreparado para comprometerme de ese modo con ninguna mujer a los veintidósaños. Era mejor dejarte sola, sin dañarte que compartir la cama contigo ylastimarte.

 

- No lo dudo - dijo Hermionecon una mezcla de emociones, que iban desde el odio, la rabia, la humillación,y el resentimiento hasta la pena por los años pasados.

- Yo también tenía la idea deque era cumplir las órdenes de David.

Hermione se puso colorada,sintió vergüenza. Sus palabras eran peor que una bofetada.

- En los últimos años me hevisto tentado por la idea de llevarte a mi cama. Pero sentía que era vendermeal enemigo. Y dudo que hubieras podido disfrutar de una relación conmigo en eseplan.

- Realmente no quiero oír más -admitió ella.

Pero Draco la ignoró.

- Pero ahora david ha muerto.Quizás no consiga el certificado ése, pero no creo que tú lo tengas tampoco, nisiquiera que sepas de qué se trata. - se sorprendió Hermione al escuchar consinceridad estas palabras
era un peso menos encima
era una acusación sinfundamento menos en su conciencia.

- No sabes lo aliviada que mesiento. Dime, ¿hay necesidad de que sigamos con esta conversación sobre elpasado? - dijo Hermione tensa.

Draco se rió débilmente.

- Ahora estoy preparado para elmatrimonio.

Hermione respiró hondo.Pestañeó varias veces tratando de procesar dichas palabras. Se le hizo un nudoen la garganta, mientras sus ojos incrédulos no podían dejar de mirar a Draco.

Capítulo 4

- Te has quedado comosi necesitaras un trago, un trago fuerte. - le dijo Draco con voz aterciopeladaque provocó en Hermione mayores sensaciones, ya que era muy difícil escucharlohablar así.

Con asombrosa calma, Dracose puso de pie y fue a servirle un coñac. Se lo puso enfrente, sobre la mesa yse fue hacia la chimenea.

- No es posible quehables en serio - le dijo Hermione con la boca seca.

- Aparte de tu árbolgenealógico, que deja bastante que desear, tú eres una esposa perfecta, lo queyo busco en una esposa.

- Perdóname, pero nopuedo creer lo que dices.

- Eres guapa,atractiva, y ya eres mía desde antes - dijo sonriendo -. Y no he encontrado aotra con la mitad de las cualidades que tú reúnes.

- Gracias, pero no,gracias - Hermione no podía entender su sarcasmo, y su proposición la dejabaperpleja.

- No he dicho quetuvieras derecho a rechazar mi proposición. Y estoy dispuesto a ser razonable.Lo he demostrado anoche. Podría haberte tirada en la cama y...

- ¡No! - Hermione sepuso rígida en la silla.

- Pero no lo hehecho. Te he dado tiempo como para que te hagas a la idea. No pretendo que tecomportes como si los cinco pasados años no hubiesen existido.

- Amo a Ron.

- Y yo espero novolver a oír su nombre. Te lo advierto. Te tolero un error, pero no más.

- ¡No puedes hacermeeso! ¡No puedes amenazarme!

- No era una amenaza.Si te saltas las barreras que he trazado, tendrás que atenerte a lasconsecuencias. Y no digas que no te he avisado. No pienses que porque he sidotolerante anoche lo volveré a ser.

- No puedes obligarmea estar contigo.

- Intenta saltartelas barreras, y verás. - le respondió con tono amenazador.

- ¿Acaso noescuchaste? Yo AMO a Ron. - le aclaró Hermione desafiante, no tenía pensadobajarla la mirada.

- Y no te engañes conque has encontrado el verdadero amor. Wesly tiene una larga trayectoria en elarte de cazar mujeres ricas. - dijo Draco tratando de sonar tranquilo, noquería dar la impresión equivocada a su joven esposa, pero seguía sin reconocerque sentimiento era el que le empezaba arder por dentro.

 

- ¡Si ni siquierasabía que yo era rica! - gritó Hermione furiosa.

- Hasta un ciego lovería. Mira las joyas que llevas, la ropa que usas. ¿Por qué crees que vas conguardaespaldas? Eres una invitación para cualquier asaltante. La pulsera quellevas puesta vale más de lo que cualquiera de ellos pudiera ganar en toda suvida. Y no creo que se imagine que vas a donar toda tu herencia.

- ¿De verdad?

- ¿Es que quieresconservarla? ¿Las ganancias de todo el dolor y amargura que causó a susvíctimas?

Hermione estabadescompuesta por las palabras que oía. Con una mirada de desprecio se dio lavuelta y se alejó de él.

- Volverás a Londresy harás el equipaje. Nos vamos a Escocia en cuarenta y ocho horas.

- ¿A Escocia?

- Sí. Ya es hora deque conozcas a mi familia.

- ¿A tú familia? -repitió Hermione en voz baja, ella no estaba dispuesta a someterse a lasironías de este hombre frente a su familia
ni siquiera sabía si lo conocíarealmente. - ¡De ningún modo seguiré casada contigo, y de ninguna manera me iréa Escocia!

- Ve a darte unabuena ducha, y piensa mientras tanto cuáles son tus opciones - le aconsejó Dracosecamente -. Y cuando termines, piensa entonces cuánto has pensado en Weslyanoche, cuando estabas en mis brazos.

- ¡Cerdo! - era unapalabra que no le gustaba a Hermione pero le salió espontáneamente, sinpensarlo.

- ¿Y por qué mellamas así? - quiso saber él. Hermione lo miró y se quedó paralizada ante lamirada de hielo de Draco.

- ¿Por qué? -insistió él.

- Bueno, ¿y por quéno, si lo eres? - por fin dijo ella.

- Puedo soportarlo -hizo una pausa y agregó. - Hermione, podemos formar un buen matrimonio.Métetelo en la cabeza.

- Debes de estarbromeando.

- Sé que quieresseguir con el papel de víctima, le has tomado simpatía, pero te estoy pidiendoque nos des una oportunidad.

'nos des oportunidad' hizoeco en su cabeza. ¿Acaso su casi marido estaba jugando?... de cuando acá élquería una oportunidad con Hermione. Definitivamente, el coñac de hace unosinstantes lo había afectado.

Lo miró pausadamentey fue capaz de adivinar en los rasgos de Draco la tensión de un orgullodoblegado, como si en la proposición que acababa de hacer de algún modo loperdiese.

Hermione no quisoverse afectada por el cambio emocional en Draco. Por lo que, en silencio, sealejó de él rápidamente.

- Hermione, ¿quieresla información que tengo de Wesly?

Hermione sintió quese le revolvía el estómago. ¡Dios, Draco no tenía escrúpulos!
¿Cómo había averiguado tantísimas cosas acerca de Ron la noche anterior?
Los datos personales sobre Ron podrían ser ciertos, pero lo demás no era másque mentiras.
El tipo de mentiras que Draco podía inventar cuando estaba dispuesto a lograrun objetivo. Y estaba claro que quería rebajar a Ron, y que ella perdiera la feque había depositado en él.

Hermione pensó que Dracoera un pobre idiota, que no se daba cuenta que ella realmente amaba a Ron, ¿ypor qué lo hacía? Simplemente, porque fue una de las pocas personas que tuvo feen ella, y no la juzgó, ni tampoco la obligaba a nada
Ron estaba más queenamorado de ella
de eso podía asegurarlo.

 

En cambio, ¿Draco,qué sabía el sobre el amor? Jamás lo había tenido en cuenta, ni para casarse nipara sus relaciones extramatrimoniales. Draco no podía comprender su relacióncon Ron. Ron la escuchaba, la animaba, estaba interesado en ella, la cuidaba. Yno estaba dispuesta a perder la oportunidad que la vida le había dado de amar yser amada.

Draco podía encontrarmuchas mujeres que pudieran cumplir los requisitos de una esposa para él. Unaesposa guapa, atractiva, incluso una esposa que cerrara los ojos ante lasinfidelidades, y que sea poseedora de una silueta envidiable
característicasque ella no poseía, o creía no poseer.

.

.

Durante el vuelo aLondres un dolor de cabeza intenso se apoderó de ella. Atravesó el aeropuerto atientas, y prácticamente llegó arrastrándose hasta su casa. La criada, al verlallegar con esa cara, rápidamente cerró las cortinas y la ayudó a acostarse. Enla soledad, Hermione lloró amargamente, sin pensar en nada, simplemente lloró ylloró.

A la mañana siguientese sintió fuerte otra vez. Y fue capaz de hacer planes y cumplirlos. La únicajoya que tenía que le pertenecía enteramente era un collar de diamantes quehabía pertenecido a su abuela materna. Era lo único que podía ayudarla aconseguir la libertad.

Se duchó, y cambiórápidamente, no quería perder no un minuto de su tiempo, se enrumbó por lascalles adoquinadas de Londres y vendió el collar de su abuela en una joyería.Le dio pena, y se sintió culpable por ello. Pero esperaba que su madre, si laveía desde arriba, la comprendiera.

Necesitaba dineropara vivir hasta que se acostumbrase al cambio y pudiera ver qué podía hacer. Ysi bien sabía que iba a ser una sorpresa para Draco, no dudaba que sería unatarea difícil para ella adaptarse a la nueva situación.

Nuevamente en casa,buscó en los armarios la ropa más sencilla que tenía, vaqueros, faldas; comenzóa armar su maleta pensando en no llevar nada de lo que perteneciera a suantigua vida: ni tarjetas de crédito, ni joyas, ni trajes de noche. No teníaderecho al dinero de Draco, ni a que él la mantuviera. Después de todo, nohabía sido su esposa de verdad. Entonces, ¿por qué iba a pedir el divorcio deél, si podía pedir la nulidad matrimonial? Su matrimonio había sido productodel chantaje.

Su disolución iba aser muy sencilla seguramente.

Repasó en su cabeza,todos los pequeños Hoteles que podría encontrar a su disposición en alguna zonalejana a Londres, quizá Camden o Richmond, se buscaría luego un trabajo sinimportar lo que fuere, y se abriría paso sola. De ninguna manera sería, comohabía dicho Draco, como un recién nacido desprotegido.

En ese instante, sonóel teléfono interno. Era su mayordomo, informándole de que tenía una visitaabajo esperándola.

"Un tal señorWesly".

¿Había ido Ron a sucasa? Hermione no podía creerlo. Como no había llamado la noche antes, ellahabía creído que él no se encontraría en casa, y había intentado llamarlo mástarde, sin dar con él, cuando había tomado la decisión de abandonar a Draco.

Ron estaba de pie enla sala, mirando un cuadro de Picasso, el pintor preferido de Draco.

- ¡No tendrías quehaber venido! - exclamó bajando las escaleras de mármol.

- ¿Es auténtico? -preguntó Ron señalando el cuadro.

 

- Sí - tenía tantascosas que contarle que no sabía por dónde empezar. Y además, no sabía qué cosascontarle y qué cosas reservarse. Notaba que, absurdamente, tenía un ciertosentimiento de lealtad hacia Draco. No le gustaba ver a Ron en casa de Draco.No le parecía bien, simplemente. Y tal vez por ello no podía echarse en susbrazos.

- Me han dicho anocheque no estabas en casa, cuando te he llamado.

- Pero estaba.

¿Sería Draco elresponsable de que le hubiesen dicho eso a Ron? ¿Significaba que a partir deese momento sus llamadas iban a ser controladas y censuradas? De todos modos yano importaba. Se iría de allí.

- Le he dicho a Dracoque quiero el divorcio. Hoy me voy de esta casa.

Ron sonrió, atravesóla alfombra del salón y le dijo:

- Querida, ¡esfantástico! - trató de abrazarla y besarla, pero Hermione se apartó nerviosa.

- No, aquí no. No meparece bien.

Ron se rió y dijo:

- Espero que tesientas mejor en mi apartamento esta noche. - dijo con tono lascivo. El deseopodía transmitirse en sus ojos negros.

- Ron, no me voy avivir contigo.

- Sí, podría serperjudicial para tu divorcio. Tienes razón. Eres una chica sensata. Después delcomportamiento de tu marido, no entiendo cómo puedes sentirte culpable de lapareja. Eso podría afectarte en el convenio de divorcio.

- No quiero nada de Draco.

- No seas tonta, Hermione.Ya sé que tienes la herencia de tu padre, pero...

Hermione se pusotensa. ¿Por qué no hablaban más que de dinero?

"Una largatrayectoria en la caza de mujeres ricas", las palabras de Dracovolvieron a su mente.

- Ése es un tema delque tenemos que hablar.

- Lo digo por ti. Túno estás acostumbrada a las estrecheces. No soportaría ser el responsable deque te vengas a menos.

- No lo serás. Serélibre y seremos como cualquier otra pareja. Es mejor que te vayas ahora. Nodebieras estar aquí - Hermione fue razonable.

- Relájate, por elamor de Dios - Ron iba de un lado a otro de la habitación, observando losmuebles antiguos y los cuadros.

- ¿Cuántas de estascosas son tuyas? - preguntó con un suave silbido de admiración.

Hermione vio en losojos de Ron una mirada de avaricia, y una cierta excitación reprimida ante loque veía. Al notarlo. Hermione sintió que algo moría en su interior.

De pronto miró elescritorio pequeño y elegante de su madre. Era el único mueble suyo. Se lohabía regalado su padre cuando se había casado. Pero se sentía muy disgustadapor la actitud de Ron para pensar en los recuerdos de familia.

- Ninguna. De hecho,firmamos un acuerdo prematrimonial por el que renunciaba a estas cosas - mintióHermione -. ¿Y sabes cuál era el asunto de la herencia de mi padre en París?Que el dinero va a tener que emplearse en saldar deudas.

No supo de dóndeprovenía esa sarta de mentiras, quizá su subconsciente la estaba ayudando aelegir correctamente, sólo sabía que si ponía a prueba el amor de Ron de estamanera, podría saber si realmente la amaba a ella o a su dinero.

- ¿Deudas? Estasbromeando.

- No. Cuando me vayade esta casa no tendré ni un centavo. - le aseguró.

- ¡Pero eso no me lohabías dicho nunca! - exclamó él, y se calló repentinamente -. Antes de irtedebieras pensar bien este asunto. Bien sabe Dios que sólo quiero lo mejor parati...

 

- Por supuesto -interrumpió ella.

- Me sentiríarealmente mal si tú renunciases a todo esto por mí. Lo que quiero decir esque... ¿Y si las cosas no funcionaran entre nosotros? Si te soy sincero, esdemasiada responsabilidad para mí. Debemos pensar muy bien lo que hacemos.

Pensó unos momentosmás, y entonces dijo que tenía una cita. Era evidente que quería irse parapensar a solas lo que ella le había dicho.

Hermione se sintióestúpida, decepcionada. Era evidente que Ron quería que se divorciara de Dracopero siempre que se llevara consigo el dinero de él.

Subió y terminó. Roniba a desaparecer de su futuro, pero tampoco quería a Draco en él. Dejaríaatrás el pasado. Ya no necesitaba ningún hombre en quien apoyarse. Todos loshombres la habían manipulado, desde su padre, su propio padre, pasando por Draco,hasta Ron, en quien habría confiado demasiado

Sintió una furiaincontenible nacer en su interior, y decidió no ser la misma estúpida que losdejó hacer y deshacer lo que querían de ella.

Bajó sus maletas,llamó a un taxi. Boyce, su guardaespaldas se preparó para acompañarla.

- No te necesito.Abandono a Draco.

Boyce se quedópasmado. Sabía que confiándole este hecho, muy pronto se enterarían todos.

Llegó el taxi. Eltaxista fue de gran ayuda en sugerirle un hotel. Al bajar compró el periódico.Lo primero era encontrar un lugar dónde vivir, y un trabajo.

.

Esa noche, a lasdiez, golpearon la puerta de su habitación. Cuando fue a abrir se encontró a Draco.Intentó cerrar la puerta nuevamente, pero sus manos fuertes se lo impidieron,forzándola a retroceder.

- ¿Cómo sabías dóndeestaba?

- Boyce tuvo labrillante idea de seguirte - dijo Draco cerrando la puerta y apoyándose enella.

- No tiene derecho ahacerlo - dijo ella amargamente.

- Él trabaja para mí.Y tú eres el objetivo número uno para cualquier secuestrador. Ha hecho lo quedebía. Como yo, que voy a hacer lo que debo hacer.

- ¿Y qué se suponeque es?

- No dejarte marchar.

Hermione sintió unfrío que la recorría de pies a cabeza.

- Eres como un perroque entierra un hueso y se olvida de él. ¡No tenías el más mínimo interés enese hueso hasta que vino otro a desenterrarlo!

- Eres mi esposa.

- ¿Desde cuándo?¿Crees que alimentándome y vistiéndome ya está todo cubierto? Bueno, puedesquedarte con tu ropa y tu comida y tu asqueroso dinero. No quiero nada. Igualque no te quiero a ti.

- Tú siempre me hasquerido...

- Has perdido eltren. Te he olvidado hace mucho tiempo - dijo Hermione con una alegría llena deresentimiento.

- Pero aún quieresque pague por mi actitud -dijo Draco con rabia contenida -. Por eso te vas sinsiquiera decírmelo. Ni siquiera una nota...

- ¿Y qué esperabas?¿Un "querido Draco, han sido los cinco años más horribles que he vivido,adiós"?

- Lo has traído a micasa - murmuró Draco bruscamente, sin dar importancia a lo que decía.

Hermione se pusoblanca, y se quedó muda ante la noticia de que Draco sabía que Ron había estadoen su casa.

- Y seguramente no tehubiese importado llevarlo a nuestra cama también.

Hermione se riócínicamente. Por fin tendría la oportunidad de decirle algunas cosas.

- ¡Jamás hemos tenidouna cama nuestra!

- ¡Basta ya! Estoytratando de no perder los estribos - dijo Draco tensando los músculos de laboca.

 

- ¡Me da igual!Quiero que te vayas.

- No me iré sin ti.

- ¿Por qué? ¿Quétengo yo de especial? ¿Por qué no te vas con todas esas mujeres con las queandas? ¿O crees que no me entero del todo de lo que pasa aquí? ¿O es que todasesas chicas atractivas eran una tapadera como lo era nuestro matrimonio? ¿Porqué quieres que me quede? ¿Es que eres homosexual y te sirvo para cubrir lasformas?

En el mismo momentoen que ella pronunció esas palabras, se arrepintió de ellas.

Los rasgos de la carade Draco parecían a punto de estallar de furia.

- No... Homosexual no- mientras lo decía se quitó la chaqueta y se aflojó la corbata -. Tal veznecesites una demostración...

Hermione sabía que nohabía peor insulto para Draco que ése, le quebró el ego, y aunque hubo unmomento en el que deseó no habérselo dicho, en cierto modo se sentía satisfechapor haberlo disgustado tanto como él a ella

- ¿Qué estáshaciendo?

- Algo que debí hacerhace años - Draco se quitó la camisa dejándola junto a la chaqueta.

- ¿Puedes volver aponerte la ropa, por favor? - dijo Hermione titubeando, y sabía perfectamenteque sus palabras sonaban ridículas, un hecho que poco la ayudaba en esasituación.

- ¿Te asusta ver algoque tal vez te guste? ¡Dios! Y pensar que estuve a punto de malgastar mi tiempoen cortejar a mi esposa. ¡Pensar que había pensado en hacer cosas estúpidas,como comprarte flores o invitarte a salir! Sube a esa cama.

- ¿Te has vueltoloco?

Antes que pudieramoverse, Draco la había alzado y la había depositado en un diván que habíadetrás de ella. Se subió encima de ella con tanta rapidez que no le quedó ni lamás mínima esperanza de poder escapar. La situación la sobrepasaba.

- Eres mi esposa - lavoz de Draco sonó como un gruñido, y por el tono empleado parecía que con esaafirmación estaba justificado.

- ¡Sal de encima! ¡Meestás aplastando! - le gritó Hermione furiosa, rechazándolo con fuerza.- Ve abuscarte una chica guapa de las tuyas. Por lo menos con ella no necesitarásmentir.

- No miento. ¿Cómoiba a mentir?

Draco se apretócontra ella, metiendo una de sus piernas entre las de ella. Se movíadesvergonzadamente, haciéndole notar la dura protuberancia de su masculinidad.

- No es ningunamentira.

- Eres desagradable.- le dijo ella acalorada, mientras notaba un calor entre sus piernas.

- Te deseo - dijo élhundiendo su boca en la curva del cuello de Hermione.

- ¡No! - dijo Hermionecon pánico, a la vez que sentía que una espiral de sensaciones de calor seapoderaba de ella.

Él levantó su cabezacobriza y la miró con deseo. Entonces la besó apasionadamente, con un gesto queindudablemente quería expresar su posesión sobre ella y un intento pordominarla. Y ella lo sabía perfectamente; y luchaba por no sentir lo quesentía. Pero en cada movimiento de su lengua, él le demostraba que ella queríamás y más. Hermione alzó las manos hasta la piel satinada de los hombros de Draco,abrazándolo.

Rodaron por la cama,y él le quitó la camiseta, dejando al descubierto sus senos, que al rozar elvello del pecho de Draco le hicieron articular un gemido salvaje. Un segundodespués, ella estaba echada de espaldas nuevamente, y las manos de élacariciaban las tiernas colinas que había descubierto un momento antes.

 

Ella cerró los ojos.Le faltaba el aliento, y la había abandonado totalmente su parte racional. Laboca de Draco por fin alcanzó los pezones, y ella se arqueó de placer, con unaferocidad que jamás había conocido antes. Su corazón galopaba. Draco laacariciaba con la lengua y con los dientes, atormentándola con el placer de suboca en los pezones, que ya se habían erguido para él.

Entonces ella dirigiósus propios dedos a la cabellera de Draco, y gimió por la oleada de sensacionesque la invadía.

- Eres mía.- dijo élen un gemido, que apenas pudo escuchar.

De todos modos ellano lo estaba escuchando atentamente. Entonces Hermione alzó la cabeza y tocó laboca sensual de él con sus labios, y luego, de manera más descarada, con lapunta de su lengua, imitó inconscientemente lo que él acababa de enseñarle. Dracose estremeció y aceptó la invitación, reaccionando con una pasión que ladesbordó. Los brazos de él la apretaron tan fuerte, que apenas podía respirar.

Rodaron nuevamente,envueltos en una excitación que ninguno de los dos podía controlar.

Hermione oyó eldesgarro de la voz de Draco. Él estaba tan excitado al igual que ella, que cadaparte de su cuerpo musculoso en contacto con la piel de Hermione la volvía locade placer.

Sus pechos se habíanvuelto increíblemente sensibles de pronto, y él jugaba con ella con la maestríaerótica que lo caracterizaba. Draco jugó también con los rizos de su pubis, yse adentró en el corazón de su feminidad arrancándole un gemido de placer.

Ella no podíaquedarse quieta; no dominaba sus miembros. La ola de deseo se había apoderadode ella. Sus caderas se movían con un ritmo que acababa de descubrir. Unasensación de placer casi intolerable iba creciéndole, hasta que por fin laobligó a pronunciar el nombre de él una y otra vez.

Draco dijo algo enfrancés y gimió contra su boca roja e hinchada.

-"No puedoesperar".

Entonces él entródonde ella más lo deseaba. Le subió las piernas con impaciencia, deslizándosepor la tierna bienvenida que ella dispensaba gracias a los preparativos de él.

Ella al sentirlo,abrió sus ojos miel y vio la mirada verdosa de Draco llena de pasión. Podíasentirlo, tan caliente, como suave y duro a la vez y por momentos tanamenazadoramente masculino. Ella buscó los rasgos tensos de la cara de Draco, ypor un momento vio en él tal expresión de vulnerabilidad, que su corazón dio unrespingo. Y entonces le deseó tanto que casi le dolió.

Él entró en ellalentamente, suavemente, con un gemido ahogado por momentos. Ella sintió un levedolor, que se le olvidó en medio de una tormenta de desenfrenada pasión que laderritió por completo. Cada vez sentía más, e iba en busca de una nuevasatisfacción. Él se movió más rápido. Ella lo abrazó. El corazón de Hermionebombeaba cada vez más rápido, y entonces ocurrió una explosión de calor yplacer que la transportó, dejando su mente en blanco.

Draco la penetró conmás fuerza y luego su cuerpo entero tembló, con espasmos de placer, con toda lafuerza de quien por fin se deja arrastrar.

Hermione aún no habíavuelto a la tierra, seguía flotando en su propio placer. Se pegó a él, oliendosu fragancia, presionando sus labios sobre los hombros de él. Se fue la luz. Yun silencio cayó sobre los dos. Hermione estaba exhausta, y pasó de lairrealidad al sueño, con el cuerpo extendió encima de Draco.

 

La tenue luz del sol queentraba por las cortinas perladas, la despertaron. Fue abriendo sus ojospaulatinamente hasta entender que el ruido inentendible, provenía de la voz de Dracoy su acento francés exquisito. Pero
se detuvo unos momentos sintiendo unapunzada en su pecho
¿Habrá escuchado bien? ¿Cómo es posible que Draco este conella en esa habitación?... inhalo suavemente la almohada y se percató que nosólo tenía un perfume floral y a fresas, sino un aroma menta y muy varonil.

Tuvo que pestañear muchas vecespara volver a la realidad. Luego centró su atención en Draco. Estaba de pie,mirando por la ventana, con un teléfono móvil en una mano. Hermione se sintióconfusa, ¿qué hacía ese hombre con ella, en un cuarto de Hotel?... A su menteacudieron imágenes de la noche anterior.

No podía explicar cómo habíaocurrido. Eso era lo peor. Primero le había estado gritando furiosa, tratandode huir de él, y luego...

Mientras se ponía rígida debajode las sábanas, unos músculos poco familiares se quejaron y una leve molestiale recordó toda la pasión que había surgido entre ambos la noche anterior.

Hermione se sonrojó. De no serporque Draco estaba presente, hubiera pensado que era un sueño. O unapesadilla...

De pronto sintió ciertaidentificación con las atractivas chicas que rondaban a Draco, ¿cómo no iban aacecharlo si él es un hombre completamente pasional y hábil en la cama?
pero,seguro que ella estaba en la cola
en la última fila de las incautas que caen asus brazos

Porque las chicas de Dracoseguramente sabrían en qué se metían. Y ella, en cambio, había sido apartada desu camino sin saber cómo. Había tomado la decisión de abandonar a Draco y esole había dado fortaleza. Pero entonces él la había llevado a la cama, la habíabesado, e inexplicablemente la balanza de poder se había inclinado del lado delenemigo. Porque él era el enemigo. Cualquier persona capaz de reducirla a esenivel era el enemigo.

Su vista, por otra parte, serecreaba en él: En su cabellera rubia que reflejaba rayos cobrizos gracias alsol de aquella mañana, en la tela de su chaqueta azul oscura que dibujaba elancho perfecto de sus hombros, en las caderas estrechas que en ese momentolimitaban las manos que se metían en los bolsillos del pantalón del traje, y enlas piernas largas que se separaban levemente. Entonces comprendió cómo habíaocurrido.

Se dio cuenta entonces, de quehabía reprimido toda atracción sexual por Draco, como medida de autodefensa.Pero había sido peor, porque en el momento en que había tenido la libertad deaflorar, lo había hecho con suma intensidad. Se había traicionado a sí misma enbrazos de Draco. Como siempre había dicho él que ocurriría.

Sintió ganas de llorar. Pero seabstuvo.

Draco se dio la vuelta, y fuehacia la cama. El depredador le sonrió. Tenía un aire de autocomplacencia, y lamiró expresándoselo. Se sentó entonces al borde de la cama, y le dijo:

- Es una mañana estupenda.

Ella arrugó la nariz pensandoen la lluvia que caía en las afueras
estaba un poco confundida, pero no más delo que estaba respecto a su esposo.

- En Escocia - agregó -. Y sime dices que no vas a venir... no, no te atreverías. No, después de lo que haocurrido anoche.

 

- Eso fue sexo, nada más - dijoHermione con gesto severo.

Draco sonrió y bajó la cabezapara decirle:

- Sólo sexo no. Sexo fabuloso,maravilloso, increíble. Si no fuese porque el jet nos está esperando, seguiría en lacama.

- Ayer te he dejado - dijo Hermionecon los dientes apretados.

- ¡Dios Mío! Y hoy estamos máscerca que nunca. La vida es impredecible. Piensa en esto como si fuera elprimer día de nuestro matrimonio.

- ¡Es lo más nauseabundo que sete puede ocurrir! No quiero ir a Escocia - protestó Hermione.

- Pero lo harás - le dijo élincorporándose -. Mi familia se reunirá para conocerte en casa de mi madre. Nome importa si tengo que llevarte a rastras y gritando todo el tiempo. ¡Para quelo sepas, has tomado la decisión anoche!

- Lo has hecho a propósito - sequejó Hermione.

- Sí - contestó él-. Bueno, yahora, ¿por qué no te vistes? Le di instrucciones a la criada para que tehiciera el equipaje. Pensé que lo que tuvieras aquí no te serviría allá.

Hermione se incorporó en lacama. Se sentía mal realmente, sino fuera tan estúpida, como ella serecriminaba, no hubiera tenido que soportar todo esto.

Estúpida desde el primer díaque conoció a Ron y confió en él. Ella había creído que Ron estaba enamorado,que la amaba
. Pero, ¿Ella lo había amado realmente? ¿Había sido Ron para ellauna forma de evasión de su matrimonio? ¿Lo habría utilizado para sentir lasfuerzas necesarias para abandonar a Draco? Porque la idea de que alguien laamaba le había dado fuerzas, le había dado confianza en sí misma.

Había sido muy dolorosodescubrir que él la había visto solamente una vez como un objetivo rentable.Pero, ¿lo añoraba ella todavía? No. Todo había terminado. No quería volver aver a Ron.

Entro al baño totalmente débil,indefensa y mareada
tenía que darse un baño, para ver si de esta maneralograba disipar toda incertidumbre.

Lo que había sucedido la nocheanterior había sido un error incalculable. ¿Debía soportar ahora la vergüenzade seguir al lado de Draco aún a sabiendas de que ella consideraba ese hechocomo lo peor que podía ocurrirle?

Reunió fuerzas para ponerse depie y salió del baño. Entonces se apoyó en la puerta para no caerse. Draco lamiró extrañado y le preguntó:

- ¿Ocurre algo?

- Me parece que tengo gripe.Pero no es nada importante... - respiró hondo y agregó - Me quedo aquí. Novolveré contigo.

- No te encuentras bien. Nosabes lo que dices - la interrumpió Draco -. Te llevaré yo al coche.

- ¡No! - dijo ella con lágrimasen los ojos, y a punto de desfallecer -. ¿No me has oído? Tú no eres un hombrepara mí.

Draco la alzó en brazos al verque ella se quería apartar de él.

- ¡Por favor! - no podíahacerlo razonar para que la soltara -. No quiero ir contigo. Quiero quedarmeaquí.

- ¡Dios! ¿Lo estás esperando,no es así? - preguntó él furioso -. ¡Si no estuvieras mareada te sacudiría!

Las maletas ya no estaban en lahabitación, pudo comprobar ella con horror, mientras Draco abría la puerta dela habitación con una mano y con la otra la sostenía firmemente.

- ¡Déjame marchar!

- Si te dejo marchar, te caerásal suelo - dijo él y luego agregó un sonido desagradable, con una expresióndura mientras presionaba el botón del ascensor con violencia.

 

- Quiero el divorcio. ¡Noquiero ir a Escocia! - dijo ella con pánico.

- Debieras haberlo pensadoanoche - dijo él entrando con ella en brazos al ascensor.

- ¡Fue un error! ¡Bájame!

- No sabes lo que haces ni loque dices - Draco la sujetó con firmeza, sin siquiera concederle una mirada.

- Sé... - no podía hablar casi.Pero hubiese gritado, de no ser porque había perdido las fuerzas tanto físicascomo psíquicas, a cuenta de sus conflictos emocionales -. Te odio - dijofinalmente.

Draco la llevó en brazos hastael jet y luego la envolvió en una mantaacolchonada. Por un momento pensó en la tranquilidad y calor que leproporcionaba la colcha, sin siquiera acordarse el por qué estaba echada en él.No tenía fuerzas para continuar, ni para abrir los ojos, solo se dejo llevar,cerró completamente sus ojos, y no escuchó nada más.

.

.

Algo más tarde. Hermione oyóuna voz que le resultó familiar.

- ¡Pobrecita! Me da tanta pena- no parecía sincera la mujer.

Reconoció a la azafata que ledaba un vaso a Draco, y cuando éste la incorporó para darle un trago, agregó.

- Está fatal...

- Bebe. Te hará sentir mejor -la incitó Draco.

No había nada que pudierahacerla sentir mejor. Draco estaba se estaba aprovechando de su enfermedad.Bebió, porque supuso que ningún argumento le valdría a él. Lo que había hechoél no era mucho menos que un secuestro.

No puedo dejarte sola en elhotel en estas condiciones - murmuró él, como si hubiera leído los pensamientosde ella.

- ¡No te perdonaré jamás!¡Ojalá te contagies! - titubeó Hermione.

Inesperadamente, Draco se rió,mientras le rodeaba los hombros con sus brazos, como si desafiara el contagio. Draconunca estaba enfermo. La idea lo divertía, porque tenía una salud de hierro.

A partir de ese momento. Hermioneperdió totalmente la noción del tiempo. Tampoco distinguía entre el sueño o lavigilia. ¿Había dormido?

.

.

Unas voces en un perfectoinglés le hicieron suponer que habían aterrizado. Sería el aeropuerto, pensócon amargura, y hundiéndose en una espantosa sensación de fracaso.

Una discusión la puso alerta.Alguien la apoyó sobre algún sitio, le levantó la manta, le puso el termómetroen la boca. Sus ojos se fijaron en un cielo raso blanco. Pensó entonces que sehabía equivocado. No era el aeropuerto. Debía ser un hospital. Oía la voz de Draco.Parecía enfadado, disgustado. Y la voz que antes parecía enojada, de pronto sehabía suavizado. Era una voz femenina muy expresiva. Con gran esfuerzo, Hermionegiró la cabeza para ver quién era.

Una mujer rubia vestida deblanco estaba rodeada por los brazos de Draco. Ella le acariciaba el pelocastaño y también la cara, y en ese momento se disponía a darle un beso. Hermionecerró los ojos impresionada ante aquella visión.

Alguien le quitó el termómetromomentos después. ¿Se lo habían quitado enseguida, o había pasado algo detiempo? Por momentos estaba inconsciente. La siguiente vez que abrió los ojos,la mujer le estaba dando algo a Draco, y esa vez pudo verla bien. Era una mujerbonita, de piel clara y ojos azules, que contrastaba perfectamente con sucabellera dorada, que miraba a Draco con extrema calidez. Hermione tosiófuerte. Ellos entonces se dieron vuelta para mirarla.

 

- Pensé que estabas dormida.Ésta es la doctora Astronia... - dijo Draco.

- Dra. Gregrass. - Agregó suacompañante con frialdad, marcando la formalidad, un poco de desprecio y ladistancia profesional, tono de voz que no usó con Draco minutos antes. Eraobvio que algo había pasado entre ellos. -. Me temo que vas a sentirte algopeor antes que haya una mejoría, Hermione.

Hermione cerró los ojos, paraauto protegerse.

Pero ya se sentía peor. Estabatotalmente sudada, la cara, el pelo, la ropa. Le dolía todo el cuerpo. Teníaganas de llorar, pero no tenía la fuerza para hacerlo. ¡Dios! Draco la habíallevado a que la atendiese su amante. Sólo él podía ser tan cruel.

- Estaba muy asustadorealmente. Parecías tan enferma. Pensé que podía ser neumonía o algo así. Nosabía qué hacer. Estaba aterrado. - dijo Draco con voz aterciopelada.

¿Aterrado, Draco? No peor
¿Dracoestaba preocupado por ella? Era una imagen de Draco que no lo encajaba. Él sevolteó y empezó a hablar con otra mujer, más joven, más dulce, y más expresiva.Le pareció que discutían acaloradamente. Pero Hermione nuevamente sedesvaneció. La fiebre podía más con ella.

.

.

.

Había una mezcla de ruidos defondo. No podía distinguir de dónde venían. La mente de Hermione era un caos deimágenes y sentimientos. Había tenido fiebre. Había transpirado y había estadocon tiritona durante un tiempo que ella no podía determinar. El día y la nochese le mezclaban indistintamente.

Recordaba que la habían secadoy lavado con una esponja repetidas veces, pero que había sido incapaz de hablara causa de su debilidad. Recordaba también la silueta de Draco en la penumbrade una habitación desconocida. Draco sentado con expresión asombrosamentepreocupada en la luz del amanecer. También había habido más gente, pero lecostaba recordarlo.

Abrió los ojos. Una criadacorrió las cortinas de un ventanal que dejó a la vista un cielo espléndidamenteazul. Entonces la luz del sol la cegó, y tuvo que darse la vuelta. En esemomento se dio cuenta de que afortunadamente no le dolía la garganta, ni lacabeza, y que su cuerpo no se resentía con cada movimiento.

A penas salió la enfermera,tuvo la necesidad de bañarse por si sola, así que intentó sentarse, pero elcuerpo no le obedeció. Con un gemido de impaciencia, estiró las piernas paradarle movimiento a su cuerpo, con sus manos, logró alcanzar los parantes demadera que se encontraban a los costados de la cama, apoyándose en ellos,decidió ponerse de pie. Pero se tambaleó como un borracho, admitiendo entoncesque no se encontraba tan bien como ella había creído. Pero no le importó, nuncanada había sido un obstáculo para ella, hasta había tenido las agallas parasalir de la casa de su esposo, su obstinación la llevó a la suite anexa a la habitación.

Descubrió entoncesaccidentalmente su cara en el espejo del baño. Estaba horrible. Pálida,demacrada, el pelo en una madeja lacia y húmeda. Haciendo un esfuerzo seinclinó para abrir el grifo de la bañera. Por lo menos si estaba limpia sesentiría algo mejor.

- ¡Dios! ¿Qué demonios estáshaciendo? - Draco se puso a un lado de la bañera.

Se erguía alto y elegante. Suaspecto la intimidaba, estaba atractivo con su traje azul oscuro, lo que hacíaresaltar su piel blanca y sus ojos verdes. Hermione sintió un escalofrío alverlo, su cuerpo estaba reaccionando a su cercanía
pero se repitió que lo quepasó anoche no volvería a suceder.

 

- ¿Estás loca? ¡Deberías estaren la cama! - tronó la voz de Draco, no satisfecho con haberla asustado alencontrárselo.

- Quiero bañarme - dijo ellaextremadamente débil. Por momentos le parecía verlo al lado de Astronia Gregrass.

El corazón de Hermione pareciódetenerse, y otro escalofrío le recorrió el cuerpo, pero esta vez no era dedeseo, sino de ¿Miedo? ¿Celos? Algo que ella no lograba descifrar.

- ¿Vas a darte un baño cuandoapenas puedes ponerte de pie? - dijo él inclinándose para alzarla.

Hermione estalló en llanto,desconcertándolo tanto como a sí misma. En ese momento pareció relajarse latensión y ambos se abandonaron sorpresivamente a la expresión de sussentimientos, como si alguien hubiese abierto de pronto la compuerta que losfrenaba con firmeza.

Su efecto fue asombroso.

Draco la alzó aun más y laacunó durante un segundo, mientras se disculpaba por haberla hecho sentir tanmal y le aseguraba que por supuesto que podía tomar un baño si tanto lo quería.Se trataba sólo de que ella había estado tan enferma, que él se había puestomuy tenso, y que tenía miedo de que pudiera descuidarse y tener una recaída. Dracoparecía ponerse de rodillas, metafóricamente. Ella lo desconocía totalmente. No podía creer que esacosa, ese hombre, era Draco

"imposible
"

Diez minutos más tarde, Hermionese metía en la bañera, y si no hubiese sido por la imagen de la doctora decabellera rubia y senos perfectos que se le aparecía por momentos, podríahaberse sentido conmovida por la preocupación que parecía tener Draco.

No podía entender, ahora menosque nunca, que su enfermedad la había dejado en un estado de confusión mayor,por qué Draco la había querido llevar a Escocia en un intento de hacer valer sumatrimonio que no había valido nada desde el principio.

El lavado de su cabello lahabía dejado exhausta. Al salir del baño no se resistió a que Draco la llevasehasta la cama. Y a decir verdad le asombraba con la paciencia que la habíaesperado.

- Oigo el mar - dijo ella,identificando finalmente el sonido de fondo como olas.

- ¿Te acuerdas de algo delviaje hacia aquí? - le preguntó él mirándola fijamente.

- Nada - contestó ella en unsuspiro.

- No estamos en Escocia. Comoestabas enferma, no tenía sentido llevarte a casa de mi madre. Así que te trajeaquí en lugar de llevarte allí.

- ¿Dónde es aquí?

- "Esme", una pequeñaisla que compró mi padre poco antes de su muerte. Es el lugar perfecto para quete recuperes.

- ¿Una isla? - Hermione sellevó la mano a la frente. La enfermedad no la dejaba pensar con claridad. Perohabía algo que estaba claro por lo menos; no sabía nada de su marido, con quienllevaba casada cinco años.

Una criada sonriente losinterrumpió para traer el desayuno. El estómago de Hermione se alertó ante lavista de la bandeja, y entonces se dio cuenta de lo hambrienta que estaba.

- ¿Cuánto tiempo hace que estoyaquí? - preguntó.

- Dos días...

- ¿Dos? - preguntó alterada.

En ese momento golpearon lapuerta. Entró una adolescente con pantalón corto, un gracioso top que combinabaa la perfección, y el cabello negro corto y lacio muy bien cuidado. Parecía unamodelo de revista, sus facciones eran delicadas y finas.

 

- Veo que estás mejor...

- Hermione, esta es mi sobrinaA...

- Hola, ¡soy Pansy! -interrumpió la joven -. Fui a recibirte al aeropuerto, pero seguramente no merecordarás. Estabas prácticamente inconsciente.

- Recuerdo tu voz - sonrió Hermione,contagiada de la simpatía de la muchacha.

Hermione volvió a sentir laembarazosa sensación de no conocer nada acerca de Draco. Era la sobrina de Draco.Podría tener docenas de sobrinas.

- Hermione tiene que descansar.Es mejor que no le hables mucho - le advirtió Draco.

Pansy se puso colorada,obviamente avergonzada por el comentario que ponía en evidencia una de suscualidades, hablar sin medida.

- Pero me gustaría mucho tenerun poco de compañía - protestó Hermione.

- ¡Asombroso! Pensé que seríasmayor. O tal vez seas mayor de lo que aparentas. ¿Qué edad tienes? - preguntó Pansy.

- Pansy... - dijo Draco.

- Veintidós.

- ¿Te casaste a los diecisiete?- Pansy abrió los ojos grandes de asombro y miró a su tío.- ¿Y tú estás deacuerdo con mis padres en que diecisiete años es poco para salir seriamente conun chico? - le preguntó molesta.

Hermione reprimió una risa alver el gesto de Draco avecinando una tormenta, y salió en ayuda de la graciosaadolescente, cambiando de tema.

- Tienes un lindo conjunto deropa y zapatos, Pansy. ¿Aquí en la isla venden todo esto? - le preguntó Hermionesintiéndose abochornada, el cambio de tema era notorio, incluso para Draco quesabía muy bien que su esposa no era una adicta a la ropa.

- No. Lo compré todo enLondres. Vivo y voy al colegio en Inglaterra. Me hubiese gustado saber tu edad.Te hubiese ido a visitar y te hubiese conocido hace años... A pesar de lo quetodo el mundo decía.

Entonces Draco dijo algo enfrancés. Pansy se puso rígida, y su hermosa cara se tensó al mismo tiempo quebajaba la cabeza. ¿Qué habría dicho la familia Malfoy de la esposa de Draco, aquien no conocían? ¿Es que acaso toda su familia era multilingüe? ¿Cómo iba asaber cuando hablaban mal de ella, si con las justas habla su idioma natal, elinglés?

- No dejes que te canse - dijo Dracoresignado, yendo hacia la puerta.

- Los hombres son un pocopesados, a veces - murmuró Pansy, y luego le dedicó una risita a Hermione.

- ¡Tienes razón! - dijo Hermioneriéndose, al mismo tiempo que se daba cuenta de lo deprimida que había estadohasta la llegada de Pansy.

- Me ha costado convencerlopara que me dejara venir a verte. Draco siente siempre pena por mí, por elaburrimiento que sufro cuando vengo a ver a mi familia en vacaciones.

- Supongo que todos tus amigosestán en Inglaterra...

- ¡Oh! No es eso. Es que en mifamilia son todos unos viejos. ¡Viven en el siglo pasado!

- ¿Tus padres?

- Bueno, me parece que son losmás jóvenes. Algo más de cuarenta años...

- ¿Los más jóvenes? Draco tieneveintisiete. ¿Tu madre, o sea su hermana, es tan mayor?

- No tanto, pero su mentalidadmuchas veces no refleja su edad física. Mi abuela tiene alrededor de setenta, oun poco más.

Hermione siempre había pensadoque Draco sería el mayor de sus hermanos. Pero parecía que había sido un hijotardío. Era extraño que hubiese una gran diferencia entre hermanos.

 

- Si hubiese sabido cómoeras... tenía mucha curiosidad por conocerte.

- ¿Por eso me fuiste a recibiral aeropuerto?

- No. Eso era para decirte queeras bienvenida. En mi opinión la familia te ha tratado muy mal.

Hermione sorbió el café.

- Yo...

- Y tú tenías entonces la edadque yo tengo ahora - continuó la chica, mientras se levantaba de la cama e ibahacia la ventana -. Yo me hubiese sentido muy mal si la familia de mi marido nohubiera querido saber nada de mí... ¡me hubiera dolido mucho, y hubiera estadofuriosa con ellos!

Por lo que parecía, Draco no lahabía mantenido alejada de su familia por propia decisión, sino que su familiala había rechazado. Pero ella no sentía ni pena ni furia. Pero su matrimonio nohabía sido normal. No debía preocuparse por algo como la falta de interés de susuegra, o su distancia hacia ella. Tenía cosas más importantes en qué pensar.Pero se alegraba de no ser una extraña para ellos...

- No estoy furiosa - dijosecamente.

- Pero era tan injusto... Notenías la culpa de que Draco se enamorase perdidamente de ti, y dejase a AstroniaGregrass. Quiero decir, que hubiese sido peor que se enamorase de ti después deque se hubiese casado con ella.

Por suerte, Hermione se libróde contestarle, porque una criada entró para dirigirse a Pansy.

¡Dios! ¡Mi madre al teléfono! -protestó la joven -. Seguro que no hará ninguna pregunta, pero intentarásacarme toda la información que pueda sobre ti. Ella adora a Draco... fruncióel ceño, y por primera vez se fijó en la palidez de Hermione -. Deberías dormirun poco. Se te ve cansada. Te veré luego.

"Increíble",pensó.

No podía creer lo que habíaescuchado, sintió que empezó a salir de su estado de aletargamiento
se mordiófuertemente los labios, para evitar un grito de asombro ante tal revelación

Hermione no salía de suasombro. Draco y Astronia. Astronia y Draco. Hacía cinco años habían estado apunto de casarse. Hasta que el padre de Hermione había intervenido en laelección. Sintió vértigo ante el significado de este hecho.

Astronia y Draco eran amantes.¿Por qué insistía en que ella siguiera siendo su esposa? ¿Por qué habíarechazado su propia libertad? ¿Por quería casarse con Astronia? ¿O estabasatisfecho con mantener a la buena doctora como amante? Una amante que no sereprimía en presencia de su esposa...

Hermione se estremeció. Nohabía nada en el juramento hipocrático que impidiera semejante comportamiento.¡Ahora comprendía por qué Draco no había querido decirle todo lo que le habíacostado su boda con ella!

Él decía odiarla, y no podíaser de otro modo, seguro que Hermione interrumpió su boda con la perfectarubia, y ahora él se estaba vengando.

Hermione hundió su cara en laalmohada, con la sensación de ser la más desgraciada y estar más sola quenunca. Del mismo modo que David, su padre, había manipulado la vida de Dracoforzándolo a una vida que él no había elegido hace ya cinco años atrás, ahoraera Draco quien quería que su hija sufriera el mismo destino presionándola parapermanecer a su lado.

Él siempre la había despreciado,como castigo de los pecados de su padre, y sólo recién se había sentido atraídopor su esposa, el día que ésta le había dicho que estaba enamorada de otrohombre. Incluso, hasta ese entonces él había estado confiado en que Hermioneaún lo amaba.

 

"¡Pobre iluso!"

Hermione siguió divagando, y sedio cuenta que Draco aún no sabía que Ron había desaparecido de su vida, - loque seguro él estaba dispuesto a conseguir como fuera.- Tal vez por lo de"ojo por ojo, diente por diente"
podría ser
total él había sidoprivado de Astronia, quizás ahora quisiera que Hermione también perdiese a suamor.

Su padre siempre había sidoinalcanzable a causa de su chantaje, pero ella era un objeto fácil para lavenganza. Y Draco era un sádico. Incluso había representado el papel de hombreapasionado con ella, cuando ahora quedaba claro que había sido todo planeadopara desquitarse. En su momento ella había pensado que él le había queridodemostrar que podían tener un matrimonio deverdad, y que quería hacerla tambalear en su convencimiento de que amaba a Ron.

Pero ahora veía que el motivopor el que había hecho el amor con ella era aún más humillante.

Ella había caído en las redesde su maestría sexual. La había seducido para dejarla más confusa aún. Hermionese sentía degradada por su propia vulnerabilidad, y eso no lo podía permitir.

.

.

.

.

El cansancio la había llevado aun sueño intranquilo pero largo. Se despertó pasada la medianoche, y se diocuenta de que llevaba durmiendo doce horas. Era evidente que físicamente lehabía hecho bien, si bien se sentía muy hambrienta.

Se puso la bata y fue a buscarcomida. Su mente vagaba por pensamientos oscuros y angustiosos cuando de prontose encontró a Draco, silencioso, a su paso hacia la suite. Se llevó el susto de suvida.

- ¿Buscas un teléfono?

En la penumbra, los rasgos de Dracoparecían los de una escultura griega, perfecta y bien proporcionada.

- ¿Un... teléfono?

- Por la duración de tusllamadas con Wesly, pareciera que encuentras en ellas un buen sustituto delsexo - murmuró con insolencia -. Y llevas como cuarenta y ocho horas sin turación. De todos modos, si eso es lo que quieres, podría aceptar el desafío yllamarte desde un teléfono interno. Estoy dispuesto a demostrarte que tambiéneso lo hago mejor que él.

- ¡Eres perverso!

- Me está empezando a dar penael pobre perro. ¿Cuánto tiempo llevan juntos? ¿Dos meses y medio de manitas,suspiros, y dulces conversaciones?

- ¡Es cosa mía! - gritó ellaapretando los dientes de rabia.

- Pero ya ves, me muero porconocer todos los detalles...

- Tengo hambre - dijo condebilidad.

- No creo que estuvieseshambrienta de él. Tal vez sí de un romance y de que te prestasen atención. Locomprendo.

- Eres tan primitivo. ¡Deberíasestar en una jaula! - Hermione perdió el control ante la arrogancia de Draco.

- ¡Por lo menos me intereso delos motivos que te llevaron a sentirte atraída por un tipo de tercera clasecomo Wesly! - le soltó él lleno de rabia.

- Tengo mal gusto, Draco. ¿Nolo sabías? Después de todo una vez fui capaz de elegirte. Y peor aún
tenersexo contigo.

Hermione se estaba poniendocada vez más furiosa. Draco no estaba celoso de Ron, sino que se sentía heridoen su orgullo de macho. No podía soportar que su esposa prefiriera a otro. Y noera momento para admitir que Ron era tan de tercera como Draco había dicho.

 

- Necesitas... - empezó Draco.

- Bueno, no necesito que mequites la ropa como la última vez.

Hubo un silencio impenetrable. Dracose quedó mirándola, y de pronto soltó una risotada. Hermione estaba roja derabia y desconcertada. Cuando hizo ademán de seguir su camino, él la retuvo yla devolvió a la habitación que acababa de salir.

- ¿Has dicho que tenías hambre,no? Pediré que te traigan comida - dijo abruptamente.

Draco la sentó en un sofá. Ellaentrelazó sus manos en un gesto de ansiedad que le producía el sentirse bajo lainfluencia y el poder de Draco. Era imprevisible. Alguna vez eso le habíaatraído enormemente. Era tan distinto a ella. Pero ahora se daba cuenta delcarisma que tenía pues lo notó cuando se había reído.

¿Qué le extrañaba de lasituación, entonces? Sí, era extremadamente atractivo, devastadoramente sexy,muy sexy realmente, pero no podía evitarlo. Siempre llamaba la atención de lasmujeres en las fiestas o cenas, y probablemente su madre y sus hermanas loadoraban. Así que natural que ella también se viera atraída por ese magnetismoy esa exquisita sonrisa torcida
armas que la dejaban indefensa... No habíanada más. Sólo que era una mujer, y que era humana.

- Me alegro de que te sientasmejor. Pero se te ve muy seria.

Hermione respiró hondo, ydescubrió en el rostro de Draco las huellas del estallido de humor que habíaexpresado anteriormente.

- Tenemos que hablar.

- Es un poco tarde ya. - lerespondió, y lo reconoció de inmediato
ése hombre de ahí era el pedanteengreído de su marido. Nunca la había tomado en serio. Quizás no tomaba enserio a nadie, o tal vez fuera porque ella era castaña y pequeña, y una vezhabía estado loca por él.

Pero hacía cinco años él habíaalzado una pared de hielo entre ellos, y la había dejado en un mundo irreal queno era ni el de una mujer casada ni el de una soltera. Draco había dado porhecho que ella no iba a sacrificar un mundo de privilegios para ganar sulibertad. Pero ésas eran las barreras que Hermione tendría que romper.

- Draco, tenemos que hablar. Ysi es posible, quisiera que no te pusieras furioso, ni que me amenazaras ofueras sarcástico.

Draco estaba apoyado en unescritorio, y la miraba con indulgencia, como quien mira a un niño que quieredemostrar su madurez a pesar de la obviedad de sus pocos años.

- Draco...

- Tu comida - Draco atravesó lahabitación y fue a recibir la bandeja que le traía un sirviente.

- Come - le puso la bandeja enel regazo.

- Sé lo tuyo con Astronia Gresgrans.

- Pansy.- murmuró Draco casiinaudiblemente con el ceño fruncido -. ¿Qué es lo que sabes?

- Estabas comprometido conella.

- Durante años - admitió él.

Hermione miró la ensalada conapetito.

- Bueno, entiendo cómo tehabrás sentido cuando David te obligó a romper con ella, y perder a la mujerque amabas.

- El momento no era el mejor...

- ¿No era el mejor momento?

- Yo conocía a Astronia de todala vida. Estábamos prometidos desde la adolescencia. No lo habíamos decididonosotros. Había sido el deseo de nuestros padres, el acuerdo entre dos líneasde barcos, dos grandes empresas. Astronia quería ser médica. Su padre no loaprobaba, pero con mi apoyo le hizo ceder. Tanto Astronia como yo sabíamos quetarde o temprano íbamos a decepcionar a nuestros padres, pero mientras tantojugábamos el papel que nos habían asignado.

 

- ¿Jugabas?

- Si hubiese dicho que noquería casarme con Astronia, su padre la hubiese obligado a casarse con otro yle hubiera impedido que siguiera sus estudios de medicina - explicó Draco -Astroniaes una profesional entregada a su vocación, a la que se dedica al cien porcien. No tiene tiempo para otra cosa. No es el tipo de esposa que yo hubieseelegido, ni yo el tipo de hombre que ella hubiese deseado como marido. Mejores Opiniones y reviews

Hermione tragó saliva. Habíaalgo que no casaba con la imagen que ella había visto en el hospital. Pero talvez era el producto de una afectividad entre dos personas que se conocían detoda la vida, y que no se veían desde hacía años.

- ¿No estabas enamorada deella? - inquirió.

- Hace tiempo creí que loestaba. Pero en cuanto ella se sumergió en sus estudios, me di cuenta de queéramos incompatibles. - le confesó Draco revoloteando su cabello aún más, comosi eso fuera posible.

- Querías que se dedicara a tiexclusivamente.

- Me conoces bien.

- Simplemente era uncomentario. ¿Y por qué has dicho que no había sido el mejor momento el denuestra boda?

- El padre de Astronia memaldijo por cortar la relación a causa de la dedicación de Astronia a suprofesión, y ella empezó a tener serios conflictos con su familia antes de quepudiera independizarse.

- ¿Y cómo reaccionó tu familia?

- Con horror y vergüenza antemi comportamiento. Un compromiso es algo muy serio en aquí, sobre todo parafamilias tan tradicionales como la mía. Me acusaron de deshonrar el nombre delos Malfoy. Es cierto que el compromiso iba a romperse de todos modos, pero elque yo me casara inmediatamente con otra persona agrandó las cosas.

- Lo siento - dijo Hermionepensando en su padre, que había manejado las cosas sin importarle el daño quepudiera hacer.

- Ahora es ya imposible. Astroniase casó con otro doctor el año pasado. Y ambas familias aplacaron su ira.Aunque no estaban dispuestas a concederme el derecho a elegir nuestras parejas,pienso que en el fondo sabían que no éramos el uno para el otro.

Otra vez tal declaración dejópasmada a Hermione, las palabras de su esposo sonaban sinceras, tranquilas,entonces
¿Por qué había malinterpretado una demostración de afecto amistosoentre dos personas? Tal vez porque no le habían enseñado a demostrar susemociones, sino a mantenerlas inhibidas. Hermione se quedó pensativa mientrascomía lentamente la ensalada.

- Te comportas como si fuerainvisible para ti. Cuando haces eso me dan ganas de romper cosas y gritar -dijo Draco. - Quisiera poder leerte la mente y saber qué piensas.

- Es infantil...

Draco se encogió de hombros.

- Hay un niño en cada uno denosotros. - aclaró. Y Hermione se quedó asombrada ante su contestación. No lehabía molestado aceptar su parte infantil. Draco era una caja de sorpresas, ysi lo consideraba mejor, el pequeño y fugaz mohín que se dibujó en el rostro,fue la demostración perfecta, que él aún tenía el niño interior.

- ¿Por qué no me dejas marchar?

- Eres mi esposa.

- No soy suficientemente buenapara el papel.

- El certificado aun está porahí - le recordó secamente él.

- Pero mi padre está muerto...Tal vez lo destruyó.

- No destruyó nada. Y David eramuy listo. Puede que lo desprecie, pero debo reconocerlo. ¿Quién sabe qué habrápodido planear? Ante la posibilidad de que nos separásemos, seguramente alguienen alguna parte esté autorizado para usar ese certificado para hacerle daño ami familia...

 

- ¡No seas paranoico! - murmuróHermione. Le empezaba a doler la cabeza.

- No es un riesgo que quieraasumir. Para él, hasta su muerte, tú estabas contenta con ser mi esposa. Yseguramente se aseguró que lo pagase si se me ocurría divorciarme de ti.

De todas las razones que habíaimaginado para que Draco quisiera seguir unido a ella, la de que estuvieraobligado a hacerlo por la eternidad era la peor. Y tal vez si no fuese porqueya estaba acostumbrado a esa condena, hasta se podría haber planteado unaccidente casual, de la cual podría liberarse de él.

- Te has puesto pálida.

- Me duele la cabeza.

Recordaba la furia con quehabía ido a buscarla al hotel. Y se daba cuenta de que no tenía nada que vercon sentimientos personales. Simplemente no podía dejar que lo abandonase.

Ahora se daba cuenta de laverdadera dimensión de los hechos. Comprendía la rabia y el desasosiego quehabría sentido él los primeros tiempos de su matrimonio. Y lo que habríadeseado para que ella se enamorase de otra persona y lo dejara libre. Por esola había acusado de ser estúpidamente fiel, obcecadamente fiel.

Hermione quiso retirar labandeja. Draco se inclinó para ayudarla.

- ¡Puedo sola! - dijodesencajada, pero él ignoró sus palabras.

Una vez que se acomodónuevamente en la cama, se tapó con la sábana y se puso boca abajo, incapaz demirarlo siquiera.

Se sentía sin una pizca deorgullo, sin un ápice de vanidad. En unos minutos, Draco había dado vuelta atodo. ¿Qué derecho tenía a pedirle la libertad? Le gustase o no, había sido sucapricho por Draco lo que lo había llevado a esa situación. Ni siquiera supadre la habría empujado a casarse con un hombre al que no amaba ni deseaba.Ella era la culpable de todo esto
y cuando días antes de la boda, notó en losojos de Draco un distanciamiento, a ella no lo importó, estaba tan loca por él,que alegó este cambio de humor a los negocios de la empresa.

"Que idiota."

- Estarás más cómoda sin esabata. -

Hermione se puso tensa. Por unmomento se había olvidado de que él estaba aún en la habitación.

- Da igual.

- Necesitas descansar, dormiruna noche de un tirón.

- De pronto sintió unas manosque le bajaban la bata, levantaban la sábana, y hacían caer la prenda. Luegovolvían a poner la sábana en su sitio.

Draco suspiró.

- Ésta es mi habitación. ¿Teimportaría si me traslado nuevamente aquí?

- Ya me voy - dijo Hermionedisponiéndose a levantarse.

- Quiero que te quedes.

- ¡Oh! - contestó débilmente.

No encontraba ninguna excusapara negarle que durmiera en su propia cama. La amargura y resentimiento, y ladecisión de abandonarlo se habían hecho añicos, pero, sin embargo, ella seguíaen medio del terremoto, buscando desesperadamente una excusa para no compartirla cama con él.

Ahora comprendía la razón delcambio de actitud de Draco. Ese día en París había sabido que su libertad eraimposible sin el certificado en sus manos. Y se había enfrentado a los hechos:si no podía lograr ser libre, intentaría hacer su prisión lo más llevaderaposible. Si no podía casarse con otra mujer... debía encontrar algo positivo enla que ya tenía.

 

Un ruido la sacó de suspensamientos. Entonces vio a Draco desvistiéndose. Hermione cerró los ojos,pero escuchaba todos los ruidos, como el del agua de la ducha corriendo y seimaginó el panorama, con un piso de mármol cubierto por toallas húmedas y todola ropa hecha un desorden. Debería ser un ruido y una visión normal en la vidade cualquier mujer casada, pero para ella no.

Una vez había estado en laparte de la casa que habitaba Draco, después de haberse ido él por la mañana, ylo había visto con sus propios ojos. Y había tenido la terrible sensación deque no podían vivir más separados dentro de su matrimonio.

De pronto lo oyó cantar en laducha. Parecía tan contento...

Al levantar la vista lo vio allado de la cama, mirándola.

- Vete a dormir - le dijo.

Hermione cerró los ojos. Oyó elsuave ruido de la toalla caer de su dorado cuerpo. El colchón se hundiólevemente, la sábana se movió y entonces se apagó la luz.

No hubo más que silencio. Hermioneestaba echada, quieta como un cadáver, pero más despierta que nunca sabiendoque iba a dormir con Draco desnudo a un palmo de ella. Cada movimiento de él laalarmaba y le aumentaba la tensión.

Tibia y relajada, Hermione semovió lentamente, y el cuerpo a su lado, se tensó. Abrió los ojos miel y seencontró con unos ojos profundos color grises. Su mirada intensa la dejóturbada. Sintió un vuelco en el corazón, un calor en aumento. Se encontrabamareada, sin aliento, y con la sensación de haber perdido toda racionalidad.

La punta de un dedo se posósobre el labio de ella.

- Abre la boca. Quiero probarcómo sabes - le dijo Draco con ansiedad.

Sugestionada por su mirada, Hermioneobedeció instintivamente. Con un gemido de satisfacción, él llevó entonces susmanos al cuerpo de ella, sobre las caderas y la espalda, mientras su bocahambrienta buscaba la de ella con intensidad.

La punta de la lengua de Dracose abrió paso entre los labios abiertos de ella, y luego probó el interior desu suave cavidad, algo que a ella le hizo estremecer.

Con manos insistentes, le bajólos tirantes del camisón, dejando al descubierto la punta erguida de suspechos. Los acarició con suavidad. Acomodó la cadera a la de él, mientras susmuslos temblaban en respuesta al torbellino de sensaciones que experimentaba.Las manos de Hermione, entonces, se adentraron en la cabellera cobriza de él.

Cuando él dejó de besarla, elcorazón de ella bombeaba rápidamente. Draco jugó con los pechos de Hermione,deslizo su lengua por el valle que se extendía entre ellos mientras sus manosjugueteaban con los picos que había formado anteriormente. El calor surgió enel interior de Hermione como un oleaje violento que respondía a las cariciasíntimas de Draco.

Se había transformado en unaesclava de la pasión. Con un gemido suave que anticipaba otro beso apasionado, Dracola apretó contra él, llevando sus manos a los pequeños rizos de su entrepierna.Buscó la suavidad que se abría más adentro, y con suave maestría la invadiócomo para que en cada nuevo movimiento la respuesta de ella fuera cada vez másintensa.

Las caderas de ella se movían,contoneaban y alzaban como por propia iniciativa, a medida que el deseo ibaaumentando hasta un grado casi insoportable. Entonces Draco la levantólevemente y se internó entre sus muslos para que el cuerpo de ella seencontrara en el punto exacto con el de él. Draco gimió de placer, y se internóaún más.

 

Hermione pareció ceder yadaptar su cuerpo a la invasión de él, a pesar de que la sensación, que era aúnnueva, la sorprendió. Draco se movía dentro de ella, creando en Hermione unanecesidad insaciable que ardía en su interior. Involuntariamente los dedos de Hermionebuscaron la espalda de Draco y la recorrieron. Entonces, Draco dio paso aléxtasis en el momento en que la poseyó tan plenamente que ella creyó volverseloca de placer. Y cuando ella se liberó de aquella tensión de placer, parecióconsumirse durante un tiempo largo, interminable, que la dejó en una sofocadaquietud.

- Se dice que los saben esperaralcanzan el cielo... - dijo Draco suavemente, abrazando el cuerpo de Hermionecontra el calor del suyo. - Pero la paciencia nunca ha sido una de misvirtudes.

Hermione estaba totalmenteexhausta, y no podía pensar. Y cuando su mente se disponía a ordenarse despuésdel caos de sensaciones vividas, se durmió. Cuando se despertó nuevamente lascortinas estaban abiertas, el sol brillaba en el cielo, y había una bandeja conel desayuno a un costado de la cama. Buscó a Draco y descubrió que se habíaido, lo que la hizo sentir infinitamente sola.

.

.

Era el mediodía, pero ella nohacía más que pensar en lo que había pasado al amanecer. Su camisón estabatirado en la alfombra como prueba acusadora de ello. Suspiró de pena ante laevidencia del horror.

Él la había despertado en mediode la noche, para que no supiese lo que estaba haciendo. Se duchó con fricción,pero no pudo borrar las huellas del íntimo contacto del él.

¿Por qué se engañaba pensandoque él era el único responsable de lo que pasaba cada vez que la tocaba? Laverdad era que cuando Draco la tocaba ella se derretía y perdía el control,cosas que Draco seguro no dejó escapar y estaba muy al tanto. Sin ningún esfuerzo,él le había enseñado a necesitarlo, sin saber bien de qué manera lo necesitaba.

Cinco años atrás el instintivodeseo de ella la había incomodado en presencia de él. No había estado preparadapara semejante intensidad. Y cuando Draco había decidido que durmieranseparados, había sido un alivio olvidarse de esas sensaciones que la habíanafligido en presencia de él. Pero cuando Draco había decidido romper esa paredque los separaba, la pasión había emergido en toda su magnitud.

Pero ahora se daba cuenta deque no lo había dejado de desear, igual que no había dejado de comprar suscalcetines. Era tan penoso aceptarlo... No le extrañaba que se hubiera reído deella.

Y los arreglos florales quecolocaba en el ala de la casa que ocupaba él, tal vez querían recordarle queella existía... Se había aferrado a ello como a la compra de sus calcetines.

Tampoco se había transformadode sencilla adolescente a una de las mujeres más elegantes de Londres porcasualidad. Probablemente lo había hecho para él. Era patético amar a un hombretan ciegamente...

Porque ella lo amaba. Habíaquerido derrotar a ese amor con el arma de la relación con Ron y negarle suexistencia luchando inconscientemente por conseguir la libertad que su dignidadle pedía. Pero nada había cambiado. Draco no la amaba, ni la amaría jamás. Sólose veía unido a ella sin remedio. Por otra parte, para él, seguro que el sexoera algo fisiológico. Así que no debía creerse que de pronto se habíaconvertido en una tentación para Draco. Él era un hombre muy viril y sólobuscaba la satisfacción de sus instintos.

 

"Si. Seguro eraeso."

El único problema aquí, era queDraco nunca la dejaría marchar hasta que ese certificado no apareciera
¿Quétendrá ese maldito certificado que era una cruz para su libertad? Quizá era ¿Uncertificado de matrimonio? ¿Un certificado de nacimiento? ¿Un certificado depropiedad de acciones? Siguió enumerando posibilidades. Las dos primeras leparecieron poco posibles. Draco había dicho que estaba protegiendo a sufamilia. Nunca había hablado de él directamente. ¿Habría cometido algún tipo dedelito su familia? ¿Desfalco? ¿Malversación de fondos?

Que incertidumbre le producíatodo esto
estar a un paso de su libertad, sabiendo que conocía el arma parahacerlo, pero ignorando su funcionamiento.

Necesitaba pensar
Se puso unvestido azul y fue hacia la terraza que dejaba ver a lo lejos el mar y losacantilados. En otras circunstancias hubiera querido sacar la foto de la vistaespectacular desde allí, explorar la casa, pero sólo ansiaba encontrar a Draco.Él estaba en la terraza, y cuando la oyó llegar se dio la vuelta.

Ella dudó ante sus ojos verdesque parecían penetrarla, y se sintió tan desorientada que no sabía si acercarsea él o no.

No podía desviar la vista desus facciones doradas e inmediatamente recordó cómo se había sentido horasantes.

Draco le dedicó una sonrisatorcida, de aquellas muy pocas, y fue a su encuentro.

- ¿Cómo te sientes?

- Bien...

- ¿Sólo bien? Se te veestupenda - él la miró recorriendo su cuerpo con una mirada posesiva. Se demoróen el cabello castaño oscuro y en la delicada perfección de su cara. Larecorrió de arriba abajo, con descaro. - Estupenda... - agregó tomándole lasmanos.

Las palabras de Draco pusieronen alerta a su corazón.

- Draco...

- Y mía - él completó la frasecon satisfacción.

Las palabras de él parecíanfrenar lo que estaba a punto de decir.

- ¿Interrumpo algo? - lessobresaltó la voz de Pansy.

- No, en absoluto - sonrió Draco,soltando las manos de Hermione.

- El personal está preparandoel almuerzo - explicó Pansy, observando cómo Draco acercaba una silla a la mesay hacía sentar a Hermione en ella.

Hermione era consciente de quesus manos temblaban. Draco parecía comportarse con calidez. Pero seguramenteera su comportamiento normal con una nueva amante. Porque ése era ahora supapel. Aunque bien distinta de las otras mujeres a las que él se llevaría a lacama.

Les sirvieron el almuerzo y Dracono le quitaba la vista de encima, algo que inquietaba a Hermione, y que lehacía levantar la copa de vino más de la cuenta.

De pronto sonó el teléfonomóvil de Draco. Draco atendió la llamaba a unos metros de distancia, donde seencontraba el aparato.

- ¡Me muero de ganas de que elresto de la familia los vea! - exclamó Pansy a punto de dar saltitos en susitio.

- ¿Cómo? - Hermione desvió lamirada del rostro de Draco, que le dedicaba una sonrisa desde donde hablaba porteléfono.

- Si parecéis recién casados ensu luna de miel. Cuando decidí venir a verlos, no me lo imaginé - dijo Pansy -.Me voy a nadar ahora. Los veré más tarde.

 

Hermione bajó la cabeza, yvolvió a sorber el vino.

Había decidido hablar con Dracoseriamente. Pero entonces la había desafiado un Draco que la tratabaatentamente, y que la hacía sentir una mujer muy deseable.

En ese momento, Draco se acercóa ella y la rodeó por detrás, sorprendiéndola una vez más. Y nuevamentecomprobó que su corazón la traicionaba cuando sintió el calor del cuerpovigoroso y masculino de Draco.

- ¿Qué ocurre? - preguntó él.

- Hay algo que tenemos quediscutir...

- Olvídalo. Si la discusióntiene algo que ver con el divorcio, la separación, el celibato, o Wesly, esmejor que te mantengas callada.

Hermione sintió una sensaciónabsolutamente inesperada: en cierto modo se alegró de las palabras de Draco.

- No se trata de eso.

- Entonces no es importante.

Y antes de que ella pudieraresponderle, él posó la boca sobre la de ella, dándole al beso un sabor aún másdulce con el aroma del vino.

- Te deseo nuevamente.

Y ella lo deseaba tanto. Depronto se encontró imaginando escenas eróticas que la invadía sin poderevitarlo, una experiencia nueva para ella. Él le evocaba sin el menor esfuerzola pasión vivida la noche anterior. Ni siquiera le tenía que decir palabrasbonitas ni cumplidos. Unos pocos besos, y ella se transformaba en su juguetesexual, en una muñeca capaz de atender todas las demandas.

Y eso imagen le dio fuerzasnecesarias para apartarlo de ella. Hermione nunca sería el juguete de nadie,menos de un idiota.

- Tengo que hablar contigo. Ypienso que es mejor que vayamos adentro.

- Podemos hablar en la cama -la miró él con descaro.

- ¡Si te acabas de levantar dela cama!

- Pero estoy deseoso de volverallí.

Y Hermione se daba cuenta deque ella también lo deseaba. Que sus pezones se habían endurecido, que el calorvolvía a su cuerpo.

Se dio cuenta también que sibajaba la guardia un segundo, él se aprovecharía de su debilidad. Y eso ella nopodía permitirlo, no de nuevo.

- Me parece que eres demasiadosexuado.

- ¿Te estás quejando? - dijo élsonriendo.

Hermione se hundió en el sofá.

- ¡Dios mío! ¡Tus pies no tocanel suelo! - se rió Draco, sentándose frente a ella -. Habla, entonces.

- He estado pensando...

- ¡Peligroso! Es una costumbreque debes cambiar, ésa de pensar - interrumpió Draco burlonamente.

- Acerca de ese certificado...- continuó Hermione obviando el comentario de mal gusto de su marido.

- ¿Y qué tenemos que hablaracerca de ese certificado?

- Debemos encontrarlo. Y hepensado que tal vez puedas darme alguna idea del contenido del certificado.

- ¡No! - dijo él cambiando totalmenteel humor. - Cuanta menos gente lo sepa, más segura está mi familia.

Por lo que se veía ella noformaba parte de su familia.

- No confías en mí. -

- La confianza no juega ningúnpapel en este caso. -

- Y la persona en la que menosconfiarías es en la hija de David Swan, ¿verdad? - le esperó.

- No he dicho eso.

- No hace falta. Me has tratadocomo si fuera una leprosa durante mucho tiempo.

- El pasado es pasado ya.

- ¿Cómo puedes decir eso siestás dispuesto a que yo conviva con él? Pensé que tal vez si supiera algopodría ayudarte a encontrar ese certificado - dijo ella apenada.

 

- ¡Ah! Ahora lo entiendo. Loquieres como pasaporte a tu libertad. Crees que con ese certificado en mi poderte dejaré marchar.

- ¿No es eso lo que quieres tutambién?

- ¡Lo quería desesperadamentehace cinco años! Y hace una semana pensé que tenía ese certificado. Pero algoha cambiado en mí desde que descubrí que esa caja no lo contenía. Pensé que erael final de un asunto. No quiero perder el tiempo en una búsqueda infructuosa.¡Se terminó todo!

- No - dijo ella reprimiendolas lágrimas -. No ha terminado, mientras aún estemos juntos.

- Eso no era lo que pensabasmientras hacíamos el amor. O cuando te morías de placer en mis brazos.

- Por favor... - dijo indefensaante la acusación.

Draco se acercó a Hermione y lerodeó los hombros con las manos.

- Cuando estás en la camaconmigo eres caliente como el mismo fuego. Te gusta todo lo que te hago. Tegusta todo lo que te doy. Y lo que te hago sentir. Conmigo te abandonas, pierdesel control, te mueres de deseo...

- ¿Cómo puedes hablarme de esemodo? - Hermione se estremeció ante sus palabras.

- ¡Puedes ser lo que quieras enmi cama, mientras lo hagas conmigo! - dijo con énfasis a la vez que la mirabaprofundamente -. Pero quítale de encima esas fantasías adolescentes de amorverdadero con Wesly. No ocurrirá jamás mientras yo esté vivo. Eres mi mujer.¡Hazte a la idea antes de que pierda la paciencia!

Draco se retiró y ella entoncesrespiró.

Hermione pensó que tal vezsería mejor decirle la verdad a Draco acerca de Ron. Pero la idea, después delas duras palabras de Draco, no la convencía.

"Caliente como elfuego", "abandonada, pierde el control..." Tenía razón. Se habíarebajado a un nivel absolutamente primitivo, se había dejado quitar susprincipios, su decencia, su inhibición. Y entre esos principios figuraba elprincipal: para ella no podía haber sexo sin amor. Entonces, ¿Cómo pude caer enlos brazos de un hombre que no la amaba?

Era irónico, así que decidiódejar a Draco, no hacerle más caso
así el buscaría compañía en otras chicas,con mejor gusto y mejor cuerpo
A ella le daba igual.

Pero el solo pensar esto, leresultada intolerable, la idea de Draco con otra mujer le parecía dolorosa
sucorazón se estrujó

Y con un sollozo ahogado, Hermioneabandonó la habitación.

- ¿Está trabajando Draco? - preguntó Pansy mientras seacomodaba en el sillón de cuero blanco con una revista en las manos.

- Probablemente - contestó Hermione.

Hermione acababa de darse cuenta de la ausencia de Draco.Cinco años de soledad seguramente la habrían acostumbrado a no echarlo demenos. Pero la relación entre ellos había cambiado tan súbitamente que Hermionehubiera deseado volver a los viejos tiempos en que se sentía separada de él.

- Esta tarde estuvo en la taberna. Lo comentó uno de lospescadores. ¿Está enfadado por algo, no? - volvió a preguntar Pansy con ungesto de disgusto.

- Sí, hemos tenido una discusión.

- Aunque tiene un carácter muy fuerte, rara vez pierde elcontrol. Pero da lo mismo, ya que mi familia no sabe muy bien cómo manejar suscambios de humor. Mi abuela jamás alza la voz. Ninguno de ellos la levanta. Nosaben qué hacer cuando Draco se pone así. La única vez que lo vi, me resultó fascinante.

Pansy miraba atentamente a Hermione, para ver su expresión yesperar su respuesta. Pero Hermione permaneció en silencio, aunque con el ceñofruncido.

 

- Yo debía tener unos once años cuando oí hablar a mis dostías sobre Draco. Se preguntaban entonces quiénes eran sus padres naturales. Yoni siquiera sabía lo que quería decir eso.

Hermione se quedó pasmada.

- ¿Sus padre naturales...?

La cara de Pansy se puso seria.

- Por supuesto yo fui lo suficientemente estúpida como parair a preguntarle a mi madre y ella se puso furiosa. Pasaron años hasta que pudecomprender que en mi familia la adopción era un tema tabú.

- Sí - reconoció Hermione, simulando saber de qué setrataba. Pero internamente no salía de su asombro.

- Nadie habla de ello nunca. Todos los de fuera piensan que Dracoes hijo de mi abuela. ¡Si mi abuela tenía entonces cuarenta y ocho años!

Hermione se estaba sintiendo incómoda ante la conversación.Era evidente que la curiosidad de Pansy no había sido satisfecha en su momento,sino todo lo contrario.

- El que fuese un secreto seguramente lo hizo más difícilpara Draco.

- El tema de la adopción es mejor aceptado ahora que hacetreinta años - dijo Hermione respirando hondo -. Pero es un tema muy delicado,no debiéramos hablar de ello, Pansy. Y, por otra parte, yo no sé nada más quetú.

- Lo siento, no sé cómo se me ocurrió hablar del tema. -dijo Pansy apenada con un hilo de voz, sus ojos se entristecieron un poco.

- Porque soy parte de la familia, supongo. Pero creo que Dracotiene derecho a mantener una cierta confidencialidad acerca de ello. Y puedeque me equivoque, pero no creo que le apetezca que le hables del tema.

- No se me ocurriría.

Después de despedirse de Pansy, se quedó pensando en lo quehabía descubierto ese día. Era algo que le inquietaba totalmente, y más aún sesentía molesta, porque volvía a confirmar que no sabía nada acerca de Draco.Dio vueltas un poco por la casa, recorriendo con más detenimiento cadahabitación, y por más que quería olvidar lo que acababa de escuchar, no podía
se adentró en una habitación color marfil, con algunos cuadros bizarros, y conun gran ventanal por el cual se filtraban los rayos del sol y enfocaban unenorme y hermoso piano

Decidió sentarse en la butaca frente a él y seguirmeditando
sin darse cuenta, lo que empezó como una suave caricia al teclado,se convirtió en una melodía de Mozzart


O sea que Draco era un Malfoy adoptado. Y Hermione no debíamolestarse por el hecho de que Draco jamás lo hubiese mencionado. Draco teníatres hermanas, pero seguramente sus padres habrían querido tener un varón. Eraevidente que la familia lo habría querido ocultar. Era cierto que nadie fuerade la familia lo sabía. Ella misma había leído muchas noticias sobre él en losperiódicos, y en ninguna de ellas se hacía mención a ello.

¿A qué edad se habría enterado Draco de la verdad? ¿Habríansido más sinceros con él que con la gente de fuera? En caso de que se lohubieran ocultado, habría sido un shock seguramente.

Hermione interpretaba un concierto de Chopin, que era eltipo de música con la que solía acompañar sus pensamientos más profundos.

Esperaba que Pansy fuese discreta. Seguramente Draco noquerría que se enterase más gente, y por eso no se lo había dicho a ella. O talvez era un tema que no le importaba ya, en su vida de adulto.

 

Era evidente que él estaba muy unido a su familia. Inclusohabía sido capaz de casarse con alguien a quien no amaba para protegerlos,dejando sus propios intereses a un lado. Aunque le era difícil apreciar susacrificio, teniendo en cuenta que a ella también la había sacrificado.

"Dios mío", pensó. ¿Cómo puedo vivir en unmatrimonio en el que no se compartía nada más que una cama?"

Pero era tarde para esas reflexiones. No tenía elección. Sihubiese tenido elección, ¿realmente hubiera tenido fuerzas para dejar a Draco?¿Era mejor aceptar estas migajas que quedarse sin pan?

Hermione, fuera de sí, levantó las manos del teclado.

- ¡No pares! - le exhortó una voz.

Hermione se quedó rígida. Lentamente giró la butaca, y seencontró con Draco en la sombra, al lado de la ventana. Parecía estar tenso. Lebrillaban los ojos, llevaba la camisa medio desabrochada y una barba incipientey oscura.

- Toca para mí - dijo cortante.

Hermione volvió al teclado, y tocó nerviosamente, expresandoen cada nota discordante un cierto desafío.

De pronto unas manos le apresaron las muñecas. Se hizo elsilencio, interrumpido apenas por su respiración entrecortada. Sintió unescalofrío en todo el cuerpo cuando él se inclinó por encima de ella.

- ¿Por qué? - preguntó él soltándole las muñecas.

- No soy tu esclava - murmuró temblando. Pero no era ese elmotivo de su agresividad en el piano. Hermione recordaba la primera vez quehabía tocado para él. La música era para ella una forma muy personal deexpresión. Tanto que no la podía compartir con él.

- Toca - dijo él nuevamente.

- No tengo partitura.

- Puedes tocar durante horas sin ella - le recordó él.

Hermione, intimidada y disgustada por la presencia de Dracocomenzó a tocar con desenfreno, un trozo de aquí, otro de allá. Pero no queríatocar, por lo que cometió varios errores, y finalmente abandonó.

- Eres muy obstinada. Detrás de ese aspecto frágil, seesconde una personalidad fuerte. - le retó.

Sin embargo, Hermione se sentía muy débil en ese momento. Selevantó lentamente, sin mirar alrededor.

- Háblame de él - le dijo Draco con calma. Pero le habíainterrumpido el paso, y no la dejaba salir.

- No sé de qué me hablas...

- De tu amante...

- No creo que te interese saber nada de él.

- ¿No? ¿Dónde lo has conocido?

- En Harrods.

- ¿En Harrods? - preguntó con sorna.

- Sí, nos conocimos allí y me invitó a tomar un café.

- ¿Ligaste con él en Harrods?

- ¡No ligué con él!

- ¡En Harrods! - repitió él como si no pudiese creerlo -. ¿Ydónde fue a parar el asunto después del café?

- A ningún sitio. Me lo encontré nuevamente a la semanasiguiente.

- Déjame que adivine, el mismo día, en el mismo sitio, a lamisma hora...

- No me acuerdo.

- Esperabas verlo otra vez.

Hermione se quedó callada. Fue hacia la ventana y se quedómirando la oscuridad de la noche iluminada por las estrellas, y el mar allíabajo. Draco no tenía derecho a hacerle esas preguntas. Se puso furiosa.

- O sea que el affaire comenzó en Harrods... ¿Y en qué zonade Harrods?

- ¿Y qué importa dónde?

Draco se sentó en un sofá y estiró las piernas, simulandoque se relajaba.

 

- Quiero hacerme una idea de la escena. ¿Fue en una lenceríafina o en el salón de comidas?

- Me niego a contestar a una pregunta así.

- Mejor dejarlo librado a la imaginación. Pero, cuéntame,cómo fue ganando territorio...

- Muy fácil.

- Yo no estaba allí, ésa es la única razón por la que le fuefácil.

La arrogancia de Draco la decidió a no confesarle la verdadsobre su ruptura con Ron. Veía que Ron era la única arma para defenderse. Y Hermionetampoco le confesaría que en brazos de su marido había sentido algo más queatracción sexual. Por nada del mundo iba a dejarle saber que estaba enamoradade él.

Recordaba perfectamente aquel día en París en que tanto lahabía despreciado pensando que ella aún lo amaba. Y no se perdonaría jamásdecírselo.

El que amase a Draco no quería decir que no supiera lodespiadado que podía llegar a ser. Y el admitir su amor la haría totalmentevulnerable.

Tal vez fuese el tipo de mujer que asociara el amor con eldolor, una víctima de su propia condición.

Sentía una rabia hacia Draco, pero era consciente de quetambién disfrutaba de que en ese momento él tuviese puesta toda la atención enella.

- No lo amas. Si lo amases te hubieses ido a la cama con élen la primera oportunidad que se presentase. -

- ¡Lo creas o no, hay gente que es capaz de contenerse!

Draco se acomodó en el sofá y con ojos burlones le dijo:

- No parece que te hayas contenido mucho conmigo. - le dijo Dracoacomodándose en el sofá, y mirándola con ojos burlones, él sabía perfectamenteque su mujer no se había resistido a él en ningún momento
y eso hizo sentirpeor a Hermione.

Ella lo miró acusadoramente, haciendo resaltar la extrañezade sus ojos chocolates

- No es que me queje. - sonrió Draco. - Además, el deseo esalgo mucho mejor que enamorarse cruzando miradas entre coles de bruselas. ¿Fueen la planta de comida que lo conociste, verdad? Un verdadero romance. -agregó.

- Ron tiene más de romántico en un solo dedo de lo que túpuedes tener en todo tu cuerpo - le gritó Hermione enfadada.

- Sí, te invito a un café. Yo te hubiese llevado a un hotelcercano y te hubiese derramado champaña sobre los pechos... Y te aseguro que ati te hubiese gustado más.

Hermione se puso pálida, la idea de ser rociada con champañaera exquisita
y muy excitante
pero, el solo pensar en cuántas mujeres habríansido tratadas así por su marido, la lastimó

- ¡No me metas en un mismo saco con todas tus mujeres! ¡Mevoy a la cama!

Y decidió que no iría a su cama. Por lo que entró en eldormitorio principal, recogió unas pocas cosas, y salió.

Un cuarto de hora más tarde, ella estaba acostada en la camade un dormitorio al final del corredor y con la puerta con cerrojo.

Si estaban condenados a estar juntos, eso no quería decirque tuviese que dormir con él. Y se arrepentía de haber estado en la cama conél. Se había perdido el respeto.

Un ruido la alertó. Entonces vio una sombra oscura ysilenciosa que entraba por la ventana de la habitación. Estuvo a punto degritar, hasta que vio los rasgos cincelados de Draco que iluminaban con la luzde la luna.

- Dime, ¿este juego de camas separadas es parte del planpara hacer más romántica nuestra relación? ¿Se suponía que yo iba a trepar conuna rosa entre los dientes y una caja de chocolates?

 

- Hay una altura considerable desde la ventana hasta laplaya ahí abajo. ¡Te podrías haber matado!

- Y si me cayese, sería una molestia para ti. ¿Tendríasmucho que explicar?

Draco ni se había inmutado ante las muestras de horror quehabía dado ella al saber cómo se había arriesgado. Y era un riesgo inútil,absurdo para alguien como ella. Pero no para Draco. Le gustaba el riesgo.

- ¡Estás loco! - dijo ella nerviosa ante lo que podría haberpasado.

- Dar patadas a la puerta no era un buen sistema con Pansyen casa. Y hubiese asustado a los criados. No me hubiese gustado hacerte quedarmal.

- ¿Y tú no hubieses quedado mal? - preguntó ella,impresionada todavía por lo que había hecho.

- No, porque es la habitación de mi esposa, y estaba concerrojo. Para los ingleses eso es una provocación. Quizá los norteamericanoscomo tú, no entienden estas cosas.

- ¡Te podrías haber matado! ¿Y hubiera valido la pena?

Draco se metió en el otro lado de la cama, y le dedicó unasonrisa de satisfacción.

- Pregúntamelo por la mañana - aclaró él, acercándose aella.

- ¡No! - gritó Hermione con pánico -. ¡Si vas a dormir aquí,yo dormiré en otra parte!

- ¿Esperas que me disculpe por lo que te he dicho hoy? -dijo él apoyándose sobre las almohadas.

- ¿Qué? - Hermione se hizo la desentendida, claro que queríauna disculpa
no era posible que alguien, sobre todo él, diga que era una mujer"caliente como el mismo fuego"
y las miles de cosas más que ledijo
.

- Pero lo que tú te has tomado como un insulto, yo loconsidero un cumplido. Muéstrame a algún hombre casado que no quiera una esposaapasionada. - aclaró Draco sin dejar de apoyar su cabeza de lado
le regaló unasonrisa torcida
la cual estremeció a Hermione.

- Me has llamado prostituta.

- No es cierto. He dicho que me alegraba que te comportasescomo una de ellas en mi cama. Aunque necesitarías unas pocas lecciones paratener el diploma -murmuró él con provocación -. Y me muero por dártelas. ¿Quémás puedo decir en mi defensa?

Hermione cerró los ojos, y se concentró en las últimaspalabras de su esposo... muy a pesar que ella estaba enfadada con él, sintióligeras sacudidas que azotaron su cuerpo y se refugiaron en su centro
Draco lafascinaba
aunque seguía sin entender esos cambios de humor tan fortuitos.

- No podemos vivir juntos de este modo. - aseguró Hermione.

- Acabamos de empezar - Draco saltó de la cama, y laestrechó antes de que ella pudiera remediarlo.

- ¡No! - la furia de la boca de Draco la silenció. La fuerzade sus brazos la tomó por sorpresa. Hermione apretó los puños y le pegó. Peroinmediatamente el deseo también se apoderó de ella.

Los labios de él presionaron la boca de Hermione,sumergiéndola en una oleada de excitación. La sangre galopaba en sus venas, elcalor en su cuerpo iba aumentando.

Sintió el frío de la sábana en la espalda cuando él la apoyóde espaldas en la cama. Lo miró con desesperación, y él fue hasta sus pechos,que tomó y acarició con gesto posesivo. La respuesta de ella no se hizoesperar, y tampoco la pudo ocultar.

- Esto no es lo que quiero... - murmuró ella suavemente,tratando de vencer el deseo que la amenazaba.

 

- Pero tú me deseas...

- ¡No!

- Sí.

Draco jugó con sus labios. Ella descubrió la dulzura delwhisky en su boca, y la aceptó, resignada a que la maestría de él la llevasepor caminos de placer inexplorados.

- Me deseas... tanto como yo.

Hermione gimió de placer cuando él se acercó con su boca alos pezones, tensando el cuerpo de ella como un instrumento de placer.

- Admítelo... - le exigió Draco, hundiendo sus manos detrásde la cadera de ella y empujándola contra él.

- ¡Sí, sí! - por fin admitió Hermione

Había sido un grito de derrota. Ella se había rendido alcalor de su boca y a sus manos seguras y diestras, pero en su interior, ellasentía que había cedido algo más importante aún, imprescindible para susupervivencia, pero, quizá, fatal para su integridad

Hermione estaba sentada en laplaya, a orillas del mar, abrazada a sus piernas flexionadas, escuchando elsusurro del viento. El ritmo de las olas tenía un efecto tranquilizante, y elcalor que iba dorando poco a poco su piel, la dejaba en un estado de pereza ycalma que casi la adormilaba. ¿Cuántos días habían pasado? ¿Diez, once? Habíaperdido la noción. Lo importante era que Draco estaba con ella. No estaba porllegar, ni por irse, ni la iba a dejar sola durante interminables semanas, yese convencimiento le daba una creciente seguridad.

Se sentía feliz, tanto que pormomentos le daba miedo.

Cuando hacía un balance de suvida anterior, no recordaba haberse sentido así nunca. Y le asombraba que unmotivo tan práctico como el que había llevado a Draco a poner lo mejor en sumatrimonio hubiese producido el cambio, y que la hubiera hecho feliz.

Pero ella amaba a Draco Malfoy.Era normal que se sintiera feliz por compartir interminables horas con él,porque él le hiciera el amor una y otra vez, haciéndola sentir la mujer másdeseable del mundo. ¿Entonces de qué se quejaba?

Nada
Era todo perfecto, puesella tenía lo que siempre había deseado: Tenía a Draco. Tenía de Draco más delo que cualquiera de sus mujeres había tenido. Se comportaba como un marido.Empezaba a hablar de "nosotros", "nuestros", y parecíapensar en términos de una pareja. Y eso era un logro en él

Hermione jugaba con la arena yse preguntaba si realmente importaba que él no la ame
Porque él la deseaba, ladeseaba siempre, en todo momento. ¿Pero alcanzaría eso? ¿Adónde iría a pararese sentimiento con el tiempo? ¿Se aburriría Draco? ¿Qué sería de ellos despuésde un año de relaciones? Ésa era una pregunta que nadie podía contestar.

Unos pasos interrumpieron lospensamientos de Hermione. Dimitri, un empleado de la casa, se acercaba a ella,con un paquete que parecía ser el almuerzo preparado como para hacer un picnic.La saludó en un inglés pausado y cuidadoso, y después, con gran ceremonia,extendió el mantel sobre la arena. Puso en él dos botellas de vino y dos vasosde cristal.

- El Sr. Malfoy llegará de un momento aotro - le informó Dimitri.

- Gracias. Esto tiene muy buenaspecto - respondió ella espiando en la caja sin desenvolver y se le hizo aguala boca.

- ¿Sra. Malfoy? Debo atenderla,permítame por favor. - le dijo. Sacando el sacacorchos de una segunda caja.

- No hace falta - respondióHermione, tratando de disimular su entusiasmo por la exquisita comida. Seruborizó un poco, pero, no podía negar que la brisa del mar, le habíaocasionado un apetito impensable.

 

Era el último día que pasaríanen la isla, pensó Hermione con tristeza. Al día siguiente volarían a Escocia, yconocería al resto de la familia. Alice se había ido hacía dos días,comprendiendo a la perfección, que tal vez era una molestia para dosenamorados.

Draco se aproximo a Hermionecon una sonrisa ancha. Llevaba un par de vaqueros gastados y transformados enpantalones cortos, y el pecho desnudo. Su aspecto era irresistible, pero susonrisa torcida era lo que más seducía a Hermione.

- Te queda bien el blanco - ledijo mirando la ropa de Hermione y sentándose en la arena.

- Iba de blanco el día que nosconocimos - no supo por qué se lo dijo, en realidad se le había escapado.

- Sí - contestó Draco tenso, ylevantó el sacacorchos. Se notaba que Draco no quería hablar del pasado. Eraevidente. Pero ella, sin querer, ignoró su incomodidad.

- ¿Te has tomado una granmolestia viniendo hasta aquí para estar conmigo, no?

- ¿Sí? Dame tu vaso.

Hermione alzó los dos vasos, ycentró su atención en la boca sensual de Draco mientras éste servía el vino.

Tenía la sensación de quecuánto más cerca estaban, él más se alejaba de ella, poniendo una distanciacasi invisible, como si no confiara en ella. ¿Y por qué iba a confiar en ella?Al fin y al cabo, él pensaba que ella aún suspiraba por Ron.


De pronto, una pregunto rodósu cabeza
¿Por qué no le había dicho la verdad aún? ¿Por orgullo? ¿Por ego? ó¿porque la existencia de Ron lo había llevado a querer a demostrarle que era suverdadera esposa?

Draco era muy competitivo,posesivo, defendía su territorio. La había mantenido atrapada como a unamariposa, a quien había impedido el vuelo durante cinco años, pero en elmomento en que ella había podido escaparse y levantar sola el vuelo sin previoaviso, había originado en Draco un desafío, una invasión a su territorio, yeso, él no podía soportarlo.

Pero
Y si le contaba laverdad, ¿perdería Draco su interés en ella?... un escalofrío la hizo sentirseincómoda frente a esta realidad
No le parecía muy conveniente jugar con unapersona como Draco.

- Esto es para ti - le dijo élextendiéndole una caja ante sus ojos. Agachó un poco la mirada.

Cuando Hermione abrió leencandiló el brillo del zafiro y el diamante que formaba el hermoso anillo.

- Es exquisito - atinó a decirella, con cierta timidez, y luego por fin, se atrevió a mirarlo.

- Es un anillo para laeternidad. - le sonrió torcidamente levantando un poco la mirada
como apenado.

- Sí, lo sé - dijo ellahaciendo esfuerzos por no llorar de emoción.

- ¿Por qué estás tanimpresionada? Es un regalo simplemente. Bebe tu vino antes de que se caliente -la incitó Draco, cambiando un poco el tono de su voz

Uno de los tantos cambios dehumor de Draco

Él sabía perfectamente por quéella estaba tan asombrada. Draco jamás le había comprado un regalo. Nunca lehabía dado más que dinero. Y todas las joyas se las había comprado ella. Muchasveces en las cenas que preparaba, le preguntaban por alguna pieza especialmentebonita, y ella decía que Draco se la había regalado, pensando en queefectivamente el dinero era de Draco, pero sabiendo que no era del todo ciertolo que decía. Y el recuerdo amargo de otro tiempo en ese momento le dio ganasde llorar.

 

- No lo quieres - afirmó él conuna actitud hostil, que la sorprendió.

- ¡Por supuesto que sí! - dijoella poniéndoselo junto al anillo de boda rápidamente, en la sospecha de que sino lo hacía en cualquier momento se lo quitaría y lo arrojaría al mar.

Draco aflojó la tensión delrostro. Ella entonces se dio cuenta de que a él también le inquietaba lasituación, y de que se sentía culpable de esos terribles años de regalosimpersonales.

- Mi padre solía regalarmedinero también. - contó Hermione tratando de disimular aún más las lágrimas. -Y nunca esperé otra cosa de él. La única vez que me hizo un regalo

- ¿Fui yo? Y yo no fui unregalo propiamente dicho, ¿no? - dijo él con una risa forzada y triste.

- Iba a decir que lo único queme regaló fue el escritorio de mi madre. Y ya sabes que no vale gran cosa. Esbonito, pero él no sentía nada especial por ese mueble. De hecho estaba en elático, y lo tuvo que hacer restaurar, pero él dijo... ¿Sabes lo que dijo? -terminó ella con entusiasmo.

- ¡No me interesa en lo másmínimo! - dijo él con impaciencia, y una sombra que expresaba intensasemociones.

Draco se acercó a ella para quele prestara atención.

- Lo que quiero decirte es... -dudó Draco -. ¡Dios! ¡Desearía no haberme pasado cinco años siendo un cerdo, yun arrogante, haciéndote pagar lo que David hizo conmigo! ¡Aunque ahora no veolas cosas de ese modo! - Draco daba golpecitos nerviosos en la muñeca deHermione, expresando lo difícil que le resultaba admitir esos sentimientos ysimplemente no podía pensar en el escritorio del que le hablaba ella.

- Ahora comprendo tu manera decomportarte en todo ese tiempo...

- Tú tenías diecisiete años yestabas encaprichada conmigo...

Ella bajó la vista y bebió elvino.

- Y creo que entonces tambiéntuve la vaga idea de que eras inocente y de que no sabías nada del chantaje detu padre. Podría haber sido más amable. Tú eras casi una niña. Era más inocentede lo que es actualmente Alice. Cuando las veo juntas ahora, veo cosas que noquise ver hace cinco años.

- Eso no importa ahora...

- Debo haberte hecho muchodaño. - confesó por fin Draco. Tenía las palabras de "perdón"anudadas en la garganta
pero no podía pronunciarlas aún
como tampoco podíacreer todo lo que sufrió su Hermione.

- Sí. Pero ya lo he superado -Hermione forzó una sonrisa inestable. Se sentó de rodillas y alargó la manohasta la caja de la comida para desenvolverla -. ¿Qué quieres comer?

- ¿La comida? - explotó Draco.

Se acercó a ella y, sujetándolafuertemente y tomándole la cara entre sus manos, le dijo:

- Olvídate de la comida - ledijo Draco algo enfadado. Pero también empleaba un tono de disculpa y deseo.

Y olvidó rápidamente la comida,tan pronto como él acercó la boca a la de ella. Hermione perdía el control ensus brazos. Le deseaba una pasión que la consumía. No se trataba de unaseducción de los sentidos, sino de un asalto repentino, en el que se despojabande la ropa en un acto desesperado. La excitación se abrió paso, borrando todo,excepto la necesidad que tenía del cuerpo de Draco.

Hermione echó la cabeza haciaatrás cuando él se dispuso a recorrerla, con gemidos de placer y satisfacción.A partir de ese momento no hubo más que sensaciones, alcanzando juntos eléxtasis. Y finalmente la dejó en una quietud casi sobrenatural.

 

Draco le dijo algo en francésabrazándose a ella.

- ¿Te he hecho daño? - preguntóél entonces.

La había sorprendido una vezmás. Hermione entonces le recorrió la espalda con su mano, en un gesto quetambién indicaba posesión. Pero era evidente que Draco siempre la sorprendía,dentro y fuera de la cama.

- No - dijo ella sonriendo.

- ¡Dios mío! Podría estar aquítodo el día - dijo él, y se giró con ella encima -. Cada vez que te miro estásmás hermosa, ma belle vie.A los diecisiete parecías un ángel, pura, inmaculada. Ahora eres una mujer, conlos labios hinchados de mis besos, tu pelo hecho un lío. - murmuró élentusiasmado. - Pero todavía me quitas el aliento.

- ¿Si?

- ¿Y todavía lo dudas? Es laúnica vez en mi vida que hice el amor en la playa. - la incorporó al mismotiempo que él se levantó. - Ahora comamos. - le dijo con una sonrisa burlona.

Toda su tensión se había ido.Había dicho todo lo que necesitaba decir. Había mostrado arrepentimiento portodos esos cinco años. La culpa lo había golpeado por fin. Y era ahora cuandocomprendía que no sólo él había sido la víctima de David.

David había podido prever queDraco guardaba rencor a su hija y se sentiría una terrible amargura por serobligado a casarse, incluso había podido pensar que él podría tener otrasmujeres, pero de lo que no se había preocupado en absoluto era que ella fuesefeliz. Sólo le había interesado un marido poderoso y rico.

- ¿Por qué estás tan seria? -

- Estaba pensando en mi padre.

- Dondequiera que esté, se debeestar riendo como una hiena ahora mismo. Aquí estamos, haciendo lo que élquería que hiciéramos, y tarde o temprano seguramente también tendremos unhijo...

- ¿Un hijo? - Hermione no podíacreerlo.

- Sí, una de esas cosasrosadas, que se pasan el día llorando y que requieren bastante práctica en suscuidados. Hay gente a la que les gustan mucho. Pero tal vez a ti no te gusten.- agregó bajando la voz.

- Sí, me gustan. Sólo que no seme había ocurrido pensarlo - realmente no lo había pensado, pero en ese momentola idea le gustó.

Draco la rodeó con sus brazos,y la abrazó.

- Tal vez el año que viene - ledijo él con una sonrisa que premiaba la respuesta afirmativa de ella.

- Sería un problema para ti sirechazara esa idea, ¿no? Teniendo en cuenta que estás obligado a estarconmigo...

- ¿Es eso lo que piensas? - lepreguntó Draco un poco serio.

- Es la verdad, ¿no es así? -Hermione deseó no haber hablado, porque temió que la felicidad de los díaspasados se desvaneciera.

- Nuestro matrimonio será loque nosotros hagamos de él - se dio la vuelta, y la colocó entre sus muslos.Entonces la miró intensamente y le dijo éndelo. Acéptalo. No mires atrás.

Entonces la besó, y le sirvióvino y le ofreció comida. Pero ella no tenía hambre realmente. Lo observabaatentamente, y por primera vez fue optimista acerca del futuro juntos. Si élpodía olvidarse del pasado ella haría lo mismo. Y tal vez lo primero que debíahacer era contarle la verdad sobre Ron.

- ¿Draco...?

En el mismo momento en que ellase disponía a hablar alguien desde la casa llamó a Draco. Éste se puso de pieen un salto, y con enfado dijo:

 

- ¡He dicho que ningunallamada, ninguna! ¡Ninguna interrupción!

Entonces el criado se acercó yle respondió:

- Es urgente.

- ¡Espero que sea muy urgente!Quédate aquí...espérame - le dijo a ella en un aparte.

Lo vio alejarse por el senderoque iba hacia la casa. Hermione se sirvió unas fresas del almuerzo. Miró suanillo desde todos los ángulos, y de pronto se sintió eufórica. Aunque sería unesfuerzo contarle la verdad sobre Ron cuando regresara
ya que se sentía tanrelajada y plena, que se vio envuelta en la oscura serenidad del sueño.

.

.

.

La despertó un ruido. Estabasobresaltada, desorientada. Vio un helicóptero en el cielo, colgando como unpájaro gigante negro. Un momento después estaba atravesando la bahía. Se quitóel pelo de la cara y miró el reloj. Había dormido un par de horas y Draco nohabía vuelto.

Recordó entonces la llamadatelefónica. Al menos ella habría creído que había sido una llamada telefónicaurgente. Descubrió las medias a un costado y se las puso sonriéndose y seacomodó el vestido arrugado. Cuando llegó a la mansión notó un silencioabrumador. Dejó las cosas del picnic a un costado. El personal parecía haberseesfumado. Sintió que algo no marchaba bien, era un presentimiento. Draco estabaen su oficina mirando algo en su escritorio.

- Te has olvidado de mí. Perote perdono - dijo ella bromeando desde el quicio de la puerta.

Él levantó la vista y la mirócon ojos de hielo. Hermione sintió que la pulverizaban. Y supo que su sextosentido no la había engañado. Él la escudriñaba con el gesto grave, reprimiendouna rabia que se le escapaba en la mirada, intimidándola como él lo sabíahacer.

Hermione se puso pálida.

- ¿Qué ocurre?

- ¿Cómo lo sabes? - preguntó élcon ira contenida.

- ¿Qué es lo que ocurre? -preguntó ella con ansia.

- Ven aquí. Tengo algo quemostrarte.

Sobre el escritorio había unacolección de fotos. Hermione se acercó a ellas y se inclinó para verlas bien.Sintió vértigo en el estómago. Hubiera querido morirse. En las fotos estabaella con Ron.

No podía creerlo. Miraba unatras otra como para convencerse. Ron y ella caminando por una calle llena degente, besándose en un pub, abrazados a la entrada de otro establecimiento,sonriéndose. Se le debilitaron las piernas, empezó a sudar frío, y surespiración se volvió entrecortada

"¿Por qué ahora?", hubiese querido gritar. "¿Por qué en ese momento queeran tan felices?"

- ¿De dónde han salido? - dijoella.

- ¿Sabías que tenías a unfotógrafo detrás de ti?

- No.

- ¿Sabes lo que vale en elmercado una foto de mi mujer con otro hombre?

Hermione miraba a la nada, sinpoder reaccionar. A pesar de las precauciones que había tomado, la habíanreconocido y le habían tomado fotos. Y ella ni siquiera lo había sospechado.

Draco habló de una sumaextraordinaria y se quedó como esperando alguna respuesta de parte de ella.Pero Hermione no podía pensar ni hablar.

Esta foto ha sido ofrecida a laprensa. Si el dueño del periódico no hubiese sido uno de mis amigos más íntimosy su editor no se hubiese dado cuenta, ¡las hubiesen publicado!

 

- Las has comprado...

- ¡Eres mi esposa! ¿Qué iba ahacer? - gritó él con furia.

- ¡Deja de gritarme! - dijoella desesperada -. Lo lamento, no he podido evitarlo. Y además lo de Ronterminó. ¡Terminó cuando volvimos a Londres! Debería habértelo dicho antes.

- No mientas - la interrumpió.

- No miento. Terminó hacetiempo.

- ¡Serías capaz de decirmecualquier cosa con tal de protegerlo! - dijo él dando un golpe sobre las fotos,tensando las facciones en señal de disgusto.

- No me estás escuchando. No mecrees.

- Da igual. ¡Nunca me hanhumillado tanto!

¿Daba igual entonces surelación con Ron? La idea de su matrimonio se venía abajo nuevamente. Habíasido estúpida ilusionándose. A Draco sólo le importaba su imagen pública, suhonor de macho humillado. Ella no tenía derecho a nada. Debía tener unaconducta irreprochable en ese sentido.

Se sentía mareada. Lamentóhaberse sentido culpable y haber sentido necesidad de pedir disculpas a Draco.Su deseo había sido no causar más daño a la relación entre ellos, pero ahoraDraco había demostrado que su matrimonio era vacío, al menos por parte de él.

- ¡Si para ti esto es unahumillación, es que has tenido una vida fácil! - dijo ella.

Él se quedó quieto, sin podercreer lo que oía.

- Yo he vivido cinco años dehumillaciones. Todo el mundo sabe loque tú valoras tu matrimonio, Draco. De eso te has asegurado muy bien. Perocuando las cosas ocurren del otro lado se trata de una ofensa inadmisible.Alégrate de tener los contactos y el dinero para impedir su publicación. Yo nocontaba con ellos - dijo ella en un rapto de dignidad -. Y tuve que soportarlas miradas de lástima de tus invitados en las cenas que organizabas...

Draco se puso blanco.

- Yo no me consideraba casado.- agregó tenso, pero con un dejo de dolor.

Hermione miró nuevamente lasfotografías, y respondió.

- Yo tampoco...

- Eso es diferente - siguióDraco irracionalmente, llevado de la ira.

- Sí, yo fui más sensible -dijo ella con lágrimas asomando a sus ojos, pero reprimiéndolas al fin -. Y máscobarde también como para hacer algo. Pero no voy a agachar la cabeza como sifuera una pecadora y tampoco voy a decir "lo siento".

- ¡mon Dieu!... - dijo él en francés con los puñosapretados.

- Porque no lo siento. De hechome hubiese gustado que tu amigo las publicase para que se supieras lo quesiente durante un par de semanas. ¡Yo he tenido que soportarlo durante cincoaños! - le gritó en un arranque de rabia y desesperación -. ¿Te sorprendeDraco?

- Tú, desgraciada... la mirócon impasividad, como si todos sus sentimientos hubieran desaparecido depronto.

Ella continuó.

- Pero es algo natural en loshombres, es algo que las mujeres no podemos comprender - dijo ella recordandolas palabras de él, y hubiese querido callarse, pero descubrió que no podíafrenar su deseo de hablar -. Sólo hice lo mismo que tú, pero más tarde que lamayoría claro, así como dijiste. Eso sí, no he sido tan retorcida como tú,justificándome, ni haciéndolo para hacer daño a nadie ni humillarlo.

Draco se dio la vuelta ensilencio y se marchó, dejándola sola, temblando y dolorida en su interior. Sepreguntaba de donde le habrían salido sus palabras. Pero supo que desde dentrode su ser. Tantos años aguantando la amargura y la pena, habían desembocado enesa explosión.

 

Draco se había sentidohumillado. Algo muy grave para un londinense que aún estaba en la época de lascavernas. Su apreciado honor, era lo que más le pesaba. Había esperado que lepidiera perdón a sus pies. Con menos no se hubiera conformado. Lo que menosesperaba era el desafío de sus palabras. Él se regía por unas reglas, pero elladebía regirse por otras.

Hermione se tapó la cara conlas manos. Se sentía vacía y sola, muy sola en esa habitación

Había sido una tonta una vezmás: En la Isla, era imposible que Hermione escape, o intente escapar
así queDraco, en ningún momento la había dejado abandonarlo, no, en cambio, la habíallevado a la cama, había desplegado nuevamente sus encantos sobre ella, y ellahabía vuelto a caer.

¡Y en realidad le importaba tanpoco a él!

Hermione se sintió fatal
Eramuy doloroso saber que al hombre al que amaba no le importaba nada
absolutamente nada

.

.

CAPITULO 9La limusina viajaba a gran velocidad en Escocia. Hermione, por el rabillo del ojo, veía a Draco servirse un trago. De inmediato, le sirvió otro a ella sin que se lo hubiera pedido y no le importó el contenido, lo bebió totalmente hasta acabarlo como si fuera zumo de naranja. La atmósfera era tensa, por lo que ella se sentía nuevamente amenazada."¿Dónde había dormido él la noche anterior?" - pensaba.Anoche, y parte de la madrugada, ella lo estuvo esperando hasta quedarse dormida, y él aún no había llegado. Tampoco había ido a almorzar. Aunque ella no podía decir que se sintiera decepcionada por su ausencia, pero sí que le incomodó, no quería pensar en Draco con otras mujeres. Tuvo que maquillarse a fondo para disimular el rojo de sus ojos, porque no le apetecía en absoluto conocer a la familia de Draco en ese estado, además, de estar, obviamente, hecha un manojo de nervios.Se había alzado un silencio denso entre ellos. Por momentos lo toleraba y por momentos hablaba de cosas intrascendentes para disimularlo.- Cuando volvamos a Londres, intentaré arreglar el escritorio de mi madre. David me dijo que lo cuidara. Tal vez podría tener un...- ¿Cajón secreto? - dijo él sarcásticamente.Hermione estaba resuelta a encontrar ese certificado, se lo había jurado. No era justo que ella fuera el rehén para que la familia de Draco estuviera a salvo de algo. Aunque pensaba que era paranoico, por parte de Draco, pensar que después de la muerte de su padre, ese certificado fuese aún una amenaza.Sin querer, Hermione se lo dijo
- No pienso correr ese riesgo - le contestó Draco.- ¡Voy a terminar pensando que estás tapando un crimen o algo así, algo verdaderamente horroroso! - dijo ella temblorosa.- ¡No es nada tan dramático! - dijo él con una risotada -. Puedes tener la conciencia tranquila.- Me gustaría que me dijeras algo sobre el certificado - dijo ella dudando.- ¿Y poner a tu alcance la tentación? ¿Crees que no sé lo desesperada que estás por ser libre? ¿Me crees tan estúpido?- No le haría daño a tu familia - confesó Hermione pálida.- Espera a conocerlos.- ¿Y eso qué quiere decir?- Ya verás.Draco se apartó de ella. Decididamente tenía un gesto amargo. Hermione comenzó a pensar que la reunión familiar que iban a tener no iba a ser muy tranquila. ¿O estaba equivocada?¿Por qué se obstinaba en actuar como si para ella las fotos con Ron no hubieran sido una sorpresa? Los nuevos y frágiles lazos que habían nacido entre ellos estos últimos días, se habían visto destruidos por el recuerdo brutal del pasado.Hermione reconocía que en su intención de defenderse, había usado esas fotos para desahogarse, y que tal vez había sido un error.Estaba furiosa. No por Draco, sino, porque no era capaz de tomar las riendas de su vida. Se sentía víctima de su padre, de quien había intentando ganarse la aprobación hasta el fin de su vida, e incluso víctima de Ron Wesly.Debía aceptar que la frustración, el arrepentimiento y la humillación habían sido producto de su pasividad. Draco no había participado en su decisión de aceptar el matrimonio que le había propuesto su padre -tuvo que hacerlo a la fuerza, bajo engaños- y ésa era una realidad devastadora. Y lo peor era que ella no lo había querido ver hasta ese entonces.En ningún momento, durante los cinco años de matrimonio, se había atrevido a discutir la situación, y Draco no había estado en posición de exigir su libertad. Así que, en parte no le extrañaba los pensamientos de Draco hacia ella
porque en realidad había actuado como una obsesionada con él, con la realidad de perder el status o la holgada posición económica.Y ahora pensaba cómo se habría sentido ella si le hubieran mostrado una serie de fotos íntimas de Draco con otra mujer... se habría puesto furiosa y celosa. Pero Draco había sido siempre muy discreto. Nunca se había dejado sorprender en una actitud de ese tipo con una mujer. Habían llenado las revistas de chismes y sospechas, pero nunca habían tenido ninguna prueba de que él tuviese una relación íntima con una mujer
"Quizá no era tan mujeriego como lo creía
o quizá, jamás había tenido la intención de lastimarme". - meditó...- Ayer... - dijo ella sin saber muy bien qué iba a decir, pero con la firme intención de acortar el abismo que se había alzado entre ambos.- Quería matarte - murmuró Draco con una entonación neutra. - Pero no me había dado cuenta de lo que lo amargada que estabas. Nunca se me había ocurrido ponerme en tu lugar. Tú siempre parecías contenta. No mostrabas ningún signo de infelicidad.- No estabas allí para verlo, y además yo aprendí a esconder mis sentimientos.- ¿Por qué te quedaste conmigo? Necesito saberlo - dijo Draco -. Ahora me doy cuenta de que no podía ser por dinero, cuando estabas dispuesta a perderlo todo e irte con Wesly. ¿Entonces por qué seguiste a mí lado durante tanto tiempo? - una punzada atravesó el corazón de Draco, ¿en serio creería que ella estaba enamorada de él?Hermione tenía las mejillas encendidas. La mirada de él era como una acusación que pesaba sobre ella.- La primera vez que te vi... bueno, sé que te parecerá estúpido ahora, pero para mí fue amor a primera vista.- No me parece estúpido - dijo él.Era difícil decirle esas cosas, y Draco quería ayudarla haciendo ver lo que estaba diciendo no era una tontería. Pero a Hermione le costaba hablar de los sentimientos. Había sido tan fácil decir "Te quiero" a Ron cuando él se lo había dicho la primera vez...- ¿Te ha pasado alguna vez? Quiero decir, algo así, ¿como un amor a primera vista? - susurró ella, de modo casi inaudible.- Sí - contestó él -. Fue algo instantáneo, y me dio mucho miedo. Estaba como atontado, había perdido el control. No me gustó. - le confesó. Y sintió otra punzada en su corazón, ahora de temor.Hermione bajó la cabeza. Era evidente que se refería a Astronia Gragress. Él tenía entonces dieciocho años, recordó Hermione. Pero le dolía de todos modos saber que otra mujer había sido capaz de despertar en Draco un sentimiento tan intenso. Y se imaginó que si Astronia no hubiese estado tan preocupada por sus estudios, Draco hubiese seguido enamorado de ella.- Me estabas contando cómo te sentías... - le recordó Draco.- Era tan inocente... Al principio pensé que tú sentías lo mismo. Tú solo estabas ligando conmigo, pero yo no tenía experiencia, y no me di cuenta - dijo ella con amargura. - Así que puedes echarme la culpa por lo que hizo David. Si no me hubiese enamorado de ti y lo hubiese demostrado tan claramente, tal vez él no hubiese pensado nunca en chantajearme...- No fue culpa tuya, sé que te eché las culpas en el banco, pero dije lo que primero que se me ocurrió. Tú no tenías la culpa, pero eras la hija de David, y la presión con la que había vivido hasta su muerte combinada con el descubrimiento de la caja que no contenía lo que yo buscaba, me hicieron perder la cabeza. - Suspiró profundamente. - Tal vez sea un poco tarde, pero lamento el modo en que te enteraste de los tratos de tu padre.Hermione estaba extrañada de que no hubiesen llegado ya a la casa de su madre. Por lo que había dado a entender Draco, no era muy lejos. Pero luego pensó que tal vez no quería que conociera a su familia en un momento de tensión como ése que atravesaban: prefería guardar las apariencias.- Creo que es importante que seamos sinceros el uno con el otro. Me has dicho que tú me amabas al principio de nuestro matrimonio... ¿Cuándo dejaste de amarme? - preguntó él bajando la mirada.- Simplemente te excluí de mi vida. No recuerdo cuándo. -- ¿Entonces por qué seguiste conmigo? -- Mi padre estaba tan orgulloso de mi boda contigo, que también quería ganarme tu amor.Draco volvió a suspirar, tratando de pasar el leve nudo que se había formado en su garganta.- Mira, de todos modos no pretendo que te sientas mal por ello. Tuviste la mala suerte de dar conmigo, y que yo estuviera como estaba contigo. David nunca me hizo caso, y luego tú tampoco. No fue un trato ventajoso. Pero era algo a lo que estaba acostumbrada, a que me organizaran la vida. -- Pero te hice daño. Debo haberte hecho mucho daño continuamente - la voz de Draco sonaba severa.- Si no tienes grandes aspiraciones y el suficiente respeto por ti misma, aceptas que te hieran, porque en cierto modo crees que tú lo has provocado. Y yo lo provoqué.- Tú no provocaste ni el diez por ciento de todo lo que yo te he hecho pasar.Hermione dejó de mirar a la nada y fijó los ojos en Draco
Se pasaba nerviosamente los dedos por el pelo ya de por sí desordenado, y estaba pálido.- ¿Por qué te tienes que sentir culpable? - preguntó ella confundida. - Nosotros no estábamos casados realmente.- Pero ahora sí lo estamos. - puntualizó. - Tienes el vaso vacío. Déjame que te sirva otro trago - dijo él.Hermione se sentía un poco mareada. Si no hubiese sido porque estaba bebiendo zumo de naranja, habría jurado que estaba afectada por el alcohol.- ¿Hemos pasado por esta calle antes? - preguntó ella viendo una iglesia que resultaba familiar.- Tal vez Tyler esté tratando de encontrar un atajo - dijo Draco.- Me da la sensación de llevar toda una vida metida en este coche.- Las conversaciones importantes pueden tener ese efecto.- Pensé que eran indignas de ti.- No, cuando mi matrimonio está en juego.Hermione no podía creer lo que oía. No era el tipo de afirmación que pudiera hacer Draco. Bebió nuevamente el zumo.- ¿Sabes? Eres magnífico... - murmuró Hermione como si hablase sola, y era verdad, no había más que verlo tan alto, con un buen dorso, ojos verdes intimidantes, y sus rasgos cincelados.Draco se sentó más cerca y le tomó la mano.- Quiero que me perdones por mi actitud de ayer. - la miró
¿con dulzura?Hermione sentía que Draco le estaba diciendo lo que ella quería oír. Y había algo que le decía que no era sincero. "Mi matrimonio está en juego". No podía ser.De pronto se dio cuenta de que hasta que el certificado no apareciera, Draco querría seguir casado con ella. El día antes, ella, por primera vez, se había enfrentado a Draco. Y tal vez él temiera que Hermione estuviera dispuesta a separarse sin medir las consecuencias para su familia y para él mismo.- No debes decir eso. En realidad yo fui un poco insensible.- No, fui yo el insensible.- Pero yo...- Fue culpa mía - la volvía a interrumpir, un poco irritado.- Pero yo debí...- No quiero oír una palabra más - dijo él con una sonrisa torcida e increíblemente atractiva, aquellas que Hermione veía poco, pero aún así, se notaba el enojo que él quería reprimir y que tensaba la atmósfera.- Draco... No voy a dejarte otra vez - le dijo ella, sintiéndose culpable por el hecho de que él se viese obligado a frenar sus supuestos impulsos a marcharse de su lado. - Sé que no puedo, a no ser que encuentre ese certificado.- Imposible - dijo él, cortante.- Pero tú me dejarías ir inmediatamente si apareciera.- Yo no diría eso.- ¿Abrirías una botella de champaña y bailarás, entonces?- No digas tonterías.Draco sostuvo el vaso que ella estuvo a punto de tirar, y luego lo dejó a un lado.- ¿Es ésa la misma iglesia de antes? ¿No estará perdido Tyler? - insinuó Hermione al notar la misma iglesia gótica por la ventana.Draco descolgó el teléfono y le dijo algo al chofer.Hermione movió los hombros y se quitó los zapatos, dejando ver la finura y delicadeza de sus pies. Luego se preguntó por qué había hecho algo así
pero la verdad era que se sentía muy relajada, y a la vez excitada.Draco la observaba. Luego le tomó la mano. La sangre de Hermione se aceleró. Sus pechos se pusieron alerta. Sus pezones se habían vuelto más sensibles.Hubo un silencio largo. Y luego, Draco, en un movimiento rápido, se aferró a las caderas de Hermione, y la puso encima de él. Entonces la besó apasionadamente, desesperadamente.Hermione le miraba como si estuviera al margen de la escena.- ¿Draco?- No sabes lo que estás haciendo... - murmuró él.- Sé lo que quiero hacer - entonces Hermione se rió, y le lamió la línea de la boca.Las manos de Draco se posaron en los antebrazos de ella, y en un movimiento que pareció apartarla, la apretó aún más contra él. La volvió a besar con pasión. Hermione disfrutaba de su beso, y la excitación creciente se iba apoderando de ella como una ola que la envolviese.De pronto él se paró, apoyando su cara contra la de ella, y le dijo.- Soy un desgraciado... Soy todo lo que tú me has llamado y más, y ahora daría diez años de mi vida por hacer el amor contigo. Es una agonía...Hermione pensó que a la frase seguramente seguiría un "pero"
- En tu naranja había vodka, Hermione.- ¡Oh!- Es algo desagradable lo que he hecho, pero necesitaba que hablases y que estuvieras relajada. El coche, además, está girando todo el tiempo, haciendo círculos. Por favor, perdóname.Cuando Hermione se apartó, Draco tembló, como una reacción que contrastaba con la tensión y la excitación de ese momento. Y Hermione se rió, porque de pronto le pareció muy gracioso. Sabía que esa duplicidad en él debía molestarla, pero la imagen de Draco hecho un auténtico lío de sensaciones, le hacía gracia.- Tienes conciencia...- Sí, y ahora mismo me está matando. ¡Dios! Siempre es así contigo. Te deseo tanto, que haría cualquier cosa.Hermione descubrió en las palabras de Draco un poder suyo que no conocía. No se le había ocurrido que fuese tan deseable para él. Pero ella se daba cuenta de que excitación era mutua
y a ella le gustaba lo que él decía, y se daba cuenta de que nunca había valorado sus propios encantos.- No tengo pechos grandes.- ¿Qué?- O piernas largas.- ¡Dios! Yo creo que eres perfecta - le acarició los labios con la boca -. Eres tan perfecta... No puedo creer que seas mía...- Dime más... - le invitó Hermione, echando la cabeza hacia atrás, y sonriendo burlonamente.Pero Draco no siguió, porque se dio cuenta entonces de que la limusina había parado.- Hemos llegado.Hermione hizo un esfuerzo por volver a la realidad, lo que le costó unos segundos. Draco entonces le tomó la cara con una de sus manos en un gesto tierno, y le dio un beso que por poco hacía que ella no se pudiera desprender de él...El aire fresco la golpeó. Draco le rodeó la espalda con su brazo, y la ayudó a ponerse de pie firme, mientras ella se estiraba la falda de su traje.- Si me tambaleó es culpa tuya.Draco se rió suavemente e inclinó la cabeza.- Todavía estás débil a causa de la gripe - le dijo él -. Definitivamente tienes que descansar en la cama antes de la cena. Y como soy un buen esposo que te cuida y que se preocupa por ti...- ¿Un qué? - acaso fue verdad
¿Escuchó de los labios de Draco, la palabra "esposo"?- Te voy a acompañar - completó la frase él...Mientras Draco la conducía por las escalinatas que daban al impresionante edificio que tenían delante, y cuyas puertas estaban abiertas como para recibirlos, Hermione pensaba que era evidente que Draco había devuelto a la relación entre ellos el encanto anterior a la discusión. Y Hermione se sentía aliviada y feliz nuevamente. Pero le preocupada la facilidad con la que él lo había hecho. Era casi un milagro, así como, le parecía un trastorno de personalidad múltiple
En ese momento apareció Pansy, vestida y arreglada como nunca antes la había visto Hermione. Con el pelo recogido, y un elegante vestido, y unos tacones muy altos que realzaba su figura menuda
era toda una modelo.- ¡Llegaste tarde!- Nos hemos perdido - dijo Draco sin darle importancia.- ¿Perdido?- Pero nos hemos encontrado nuevamente - murmuró él en un aparte, como para que sólo Hermione pudiera oírlo.- Sí - dijo ella con una trémula sonrisa, y los ojos chocolates brillantes.- Bueno. Ellos esperan que Draco te deje y vuelva con ella otra vez, clara referencia a Astronia. Es desagradable. Es por eso que te están tratando como si fueras la mujer invisible.Hermione sintió ganas de reírse. No sabía realmente si lo que decía Pansy era cierto. Entraron a una gran sala, totalmente adornada y hermosa, digna de Los Malfoy, así como de la inmensa mansión en la que se encontraban.Le fue presentando a todos los invitados. Y todos, sin excepción, la habían recibido con frialdad y formalidad. Había sido el tipo de bienvenida que hubiese espantado a cualquier nuera con expectativas acerca de un encuentro con su familia política. Hermione comenzó a pensar que probablemente la muchacha tenía razón. Porque la sensación que le daba era que la habían recibido como a una enferma contagiosa.Pero en el momento en que Draco fue a su lado, y le puso una mano alrededor de los hombros, todos cambiaron de actitud. No hacían más que escuchar a Draco, y estar receptivos hacia él. El efecto del cambio repentino era casi cómico. Sin embargo, Hermione notó que la actitud de dos de las hermanas de Draco y sus respectivos hijos, adultos ya, no era sinceramente cariñosa. Recordó entonces lo que le había dicho Pansy. Que Draco mantenía a toda la familia; sólo los padres de Pansy eran independientes económicamente. Los demás eran mantenidos o empleados de Draco.- Ven, que te presento a mi madre - le dijo Pansy impaciente.Narcisa estaba sentada sola al fondo de la habitación. Parecía muy nerviosa. Tenía las manos entrelazadas y apretadas, y estaba tensa indudablemente. Hermione se acercó sonriendo, esperando que su sonrisa le devolviera a la mujer cierta tranquilidad. Hermione deseaba conocerla, y estaba predispuesta de antemano a que le cayera bien.- Ésta es Hermione Granger, mamá. - anunció la chica. Y la señora, que no aparentaba ser mayor, le regaló una sonrisa cordial y amable, muy diferente al resto de personas.- ¡Oh! Por favor, siéntate conmigo. Pide que nos traigan café - le dijo Narcisa a su hija -. Se ve muy feliz a Draco, creo. ¿Eres feliz tú también?- Muy feliz.- Hacía tanto tiempo que quería conocerte... que ahora no sé qué decir. Eres muy hermosa, y muy inteligente, por lo que dice Draco. Has hecho estudios de música, y sabes alemán e italiano... Quizás la próxima vez que vengas a Escocia puedas venir a visitarme - le dijo con una sonrisa ansiosa.- Me gustaría mucho. -Hermione notó que Narcisa estaba incómoda mientras hablaba con ella. Como si los demás miembros de la familia pudieran ver mal que ella recibiera a la esposa de Draco con agrado, y no por obligación, como hacían ellos.- Me he encariñado mucho con Pansy durante todo el tiempo que ha estado con nosotros.- Has sido muy amable en recibirla. Draco la malcría mucho.La voz de Narcisa se había desvanecía al ver a un hombre alto, de pelo castaño, y muy buenmozo, luego volvió a elevar el tono de voz, diciendo con alivio:- Ése es Lucios, mi esposo.Los ojos de Hermione se achicaron. Había algo familiar en el rostro de Lucios, pero no sabía qué. Por un momento le recordó a Draco. Pero no tuvo tiempo de comentarlo, porque enseguida se acercó el hombre con una sonrisa franca y una conversación que apagó momentáneamente la de su mujer.Le preguntaban qué opinaba de Escocia y de la familia.- ¡Si quieres hospitalidad escocesa de verdad, ven a nuestra casa! - le dijo Lucios jocoso, haciendo que su voz llegara hasta todos los rincones del salón. -Draco atravesó el salón y llegó a posarse nuevamente al lado de su esposa. Se saludaron por compromiso, lo que sorprendió a Hermione, ya que de todos los invitados, Lucios la había tratado con mayor afecto, lo que debía suponer que Draco los trate igual
pero no
Draco tenía hacía él una actitud contenida. Pasaron unos minutos, y Hermione dejó de pensar inmediatamente, porque Draco la había mirado con deseo, y los efectos de su mirada en ella eran devastadores, y la hacían olvidar todo lo demás.- Se te ve muy cansada - murmuró Draco.Hermione se ruborizó, pero Draco ya se la estaba llevando, con audacia sin igual. Hermione miró hacia atrás disculpándose ante los demás, y vio en los ojos de Narcisa un gesto de perplejidad. Se dio cuenta entonces de que Draco no había hablado con su hermana, y se lo hizo notar.- No saludaste a tu hermana Narcisa. - le reprochó.- Por supuesto que hablé.- No, en mi opinión.Pero entonces Draco la silenció con un abrazo y un beso que la dejaron sin aliento. Hermione emergió del beso aturdida, y un poco inhibida porque pensaba que sus familiares podrían haberlos visto, y que seguramente le censurarían.- ¿Entonces, qué piensas de mi familia?- ¿Quieres que te diga francamente?- Si no, no te lo hubiese preguntado.- Son horribles. Por supuesto que deben ser más cálidos de lo que aparentan...- Probablemente más fríos.- ¡Oh, Draco! - susurró ella.- No seas tonta. Yo ya soy mayorcito como para que me adornes las cosas.- Lucios y Narcisa son muy simpáticos. Parecen quererte mucho. E incluso Lucios se parece a ti... - meditó unos segundos. - Eso fue lo que me hizo pensar que ya lo conocía.- ¿Estás loca? Si no es familia mía - dijo Draco frunciendo el ceño..Por supuesto que no había lazos de sangre con Lucios, era sólo el cuñado de Draco. Lo que de inmediato corrigió apenada..- Lo siento
¡Claro que tú no eres familia de ninguno de ellos! - dijo Hermione, pero le bastó dos segundos o menos, para arrepentirse de lo que había dicho.No se dio cuenta de nada, solo que unos brazos fuertes la llevaban hacia un cuarto, Draco entró en un dormitorio y cerraba la puerta de un portazo.- Dilo otra vez - la exhortó. Hermione se puso nerviosa, muy nerviosa al ver los ojos de furia y desconcierto de Draco
se echó a los pies de la cama sin levantar la mirada escogiendo las palabras que iba a decir.- Lo siento, me he olvidado de que supuestamente yo no sabía nada. - dijo Hermione con lágrimas en los ojos

- Dilo otra vez - la exhortó Dracocon desconcierto.

 

 

 

 

 

 

Hermione abandonó la pelea y seechó a los pies de la cama.

- Lo siento, me he olvidado deque supuestamente yo no sabía nada - dijo Hermione con lágrimas en los ojos.

.

- Evidentemente. ¿Y desdecuándo lo sabes? - le preguntó Draco irritado. Sus ojos aún mostraban enojo eira.

- Si te lo digo, debesprometerme que no te enfadarás con la persona que me ha dicho que eres adoptado- Hermione apenas pronunció la última palabra, porque temía la reacción de Draco.- Porque ella pensaba que yo lo sabía...

- ¿Ella? - le preguntó. -¡Nadie de mi familia pudo habértelo dicho! - le exhortó Draco.

- Fue Pansy.

- ¿Pansy? - Draco no podíacreerlo. Él había jurado que Hermione sabía muchas más cosas de él
y se lohabía escondido
pero no imaginó que fue su propia sobrina la que confesó talsecreto.

Hermione le contó sin ganas laconversación que había mantenido con Pansy, lo cual, Draco estaba muysorprendido.

 

- ¡Y todo este tiempo ella losabía!¡No tenía la menor idea de que ella pudiera saberlo!

- Yo le dije que era un asuntomuy privado, y no creo que vuelva a decir nada del tema. Se sintió muy violentadespués - le dijo Hermione, sin agregar su propia opinión, en el sentido de quele parecía que no tenía sentido seguir guardando ese secreto.

Después de conocer a la familiaMalfoy no tenía la menor duda de que para ellos el tema de la adopción pudieraser tan altamente confidencial. Y si Draco se había criado en esa atmósferatendría la misma actitud hacia el tema, que sería demasiado delicado para élcomo para comentarlo.

Draco se quedó en silencio. Eraevidente que estaba muy turbado por lo que ella había dicho. Hermione hubiesequerido compartir sus pensamientos, pero no era el momento. De todos modos élparecía tan afectado que ella no pudo reprimir las ganas de abrazarlo ytranquilizarlo
se puso de pie y fue hacia él.

Draco se puso rígido ante lasorpresa de su gesto.

- Olvídalo. No tieneimportancia - le dijo Hermione, asombrada ante su atrevimiento y la corrientede ternura que la llevaba a ser protectora con él.

Draco la sorprendió con unarisa, y luego la rodeó por las caderas, acercándola más a él.

- Si tú lo dices.

Hermione se preguntaba cómohabría sido la vida de Draco rodeado de los personajes que estaban allí en elsalón. No le habría sido fácil crecer a su lado. Y aunque contemplaba laposibilidad de que fueran fríos con ella especialmente, sospechaba que habíaalgo más.

¿Sentiría resentimiento sushermanas y su familia por el poder que tenía Draco, no siendo éste un Malfoyverdadero? ¿Sería porque sus padres lo habían adoptado siendo mayores, y sushermanas, casi adultas, les hubiese sentado mal la noticia? Pero era injusto detodos modos, porque Draco era muy generoso con todos ellos.

Y lo más curioso era, ¿a quiénde ellos protegía Draco? ¿A cuál de ese grupo tan siniestro protegió y aúnprotegía de las calumnias de David Granger?

Hermione de pronto sintió undeseo irresistible por saberlo.

- Pareces que estás a millas dedistancia - dijo Draco. - Sabes que no puedo leerte la mente, aunque quisiera.

Hermione abandonó suspensamientos y se vio forzada a volver a la realidad.

- Y te quiero aquí. - lereclamó lo último como un pequeño niño asustado. La vulnerabilidad brotó de élen el momento que Hermione lo abrazó con ternura. Algo raro en Draco Malfoy.

Instintivamente se acercó a ély se movió con la sinuosidad de una gata contra Draco, como quien busca unacaricia. La respuesta de él no se hizo esperar, devorando la boca de ella.

La pasión de Draco la habíatomado por sorpresa, pero rápidamente la había inundado de deseo. Reconocía elcuerpo de Draco, y lo deseaba con una intensidad que le hacía perder elcontrol. La chaqueta de Hermione cayó al suelo. Los dedos de Draco leacariciaron la espalda y le desprendieron el sujetador. Una mano subió hastauno de sus pechos, haciéndola gemir de placer.

Draco la tendió sobre la cama yjugó con sus pezones haciéndola temblar de places. Un fuego lento la consumía.Ella lo miró con pasión cuando él se echó encima, y se quitó la ropa con manosimpacientes.

Ella volvió a sentir aquelhúmedo cúmulo de sensaciones salvajes que él le desataba. Hermione se sentíadeseada por Draco, lo veía a través de sus ojos verdes oscurecidos por eldeseo, y de sus pechos desnudos y su falda subida hasta las caderas.

 

- Mientras conversaba y tomabacafé no podía pensar en otra cosa que en esto. No podía concentrarme. Ahorasiento que las sensaciones sobrepasan lo que yo anticipaba. - le confesó Dracocon voz ronca.

Hermione lo miró, sus pechossubían y bajaban al ritmo de su respiración. Desnudo Draco era magnífico, unamezcla armoniosa de huesos y músculos y piel bronceada. Ella sintió unescalofrío recorriéndola cuando él le desabrochó totalmente la falda. Y sequedó allí, quieta, disfrutando de ese momento.

La lengua de Draco volvió ameterse en la boca de Hermione. Ella cerró los ojos y lo abrazó, desesperadapor el contacto con él. El corazón de Hermione se agitaba más y más. Rodaronjuntos, mientras él le quitaba la última prenda que aún los separaba.

- Sí. - gimió ella, arqueandola espalda como reacción al delicioso tormento.

Él acarició donde ella deseabamás, pero le negó aquello que más ansiaba, aquello que ella anhelaba.

- No sé por dónde empezar.Quiero todo lo que me puedas dar... - musitó él apoyando la boca contra la deella.

Hermione era prisionera de suexcitación. Él le dijo algo en francés y presionó la espalda de ella, volviendoa besarla con intensidad y pasión. Hermione se quemaba entre sus caricias, y semoría por más.

- Te necesito - le dijo ellasin poder controlarse, su cuerpo necesitaba el contacto de Draco, necesitabamás caricias, más palabras al oído, necesitaba todo de él.

- Ahora. - dijo él alzándolasuavemente y presionando sus muslos a medida que se internaba en ella con unaembestida firme.

La intensidad del placer que Hermionesintió en ese momento, la hacía perder todo control.

Draco
más
- le dijo en unmomento de profundo éxtasis, presionando más sus caderas contra las suyas

El mundo bajo esas sensacionesse había vuelto un mundo bajo el imperio de los sentidos. Lejos quedaba larealidad de todos los días. No había nada más que las demandas de su cuerpodeseando el de él.

.

.

Es hora de levantarse, amor mío. -.

Hermione sonrió medio dormida.La boca de Draco la acariciaba, pero cuando ella se estiró para alcanzarlo, vioque él ya no estaba allí. Abrió los ojos y se encontró con él al lado de lacama, con el pelo húmedo aún de la ducha, dedicándole una sonrisa.

- La cena estará dentro de unahora. -

Hermione estaba invadida aúnpor las escenas de aquella misma tarde, y sentía que debería hacer un esfuerzopor volver a la realidad.

- Vístete formal - le aconsejóél mientras se ponía una camisa de seda blanca -. Pienso que habrá baile. Porlo que se ve, mi madre quiere impresionar a todo el clan.

- ¿Y por qué quiere hacerlo? -preguntó Hermione mientras se sentaba y se quitaba el pelo de la cara.

- Los miembros de nuestrasfamilias dejaron de verse cuando Astronia y yo rompimos el compromiso. Y desdeentonces ha habido una relación más bien fría. Pero no me parece la mejoroportunidad para fiestas de sociedad. Hubiese preferido una reunión familiarmás íntima, algo más adecuado a la ocasión.

Hermione sabía perfectamente aqué se refería, pero era un tema que, afortunadamente, no le importaba. Eraevidente que el encuentro de la familia Malfoy con la ex novia de Draco y sufamilia el mismo día que iban a conocer a la esposa de Draco no era meracoincidencia. Como tampoco había sido casual que la madre de Draco hubieseignorado a Hermione en el momento de conocerla.

 

- Si mi madre fuese una mujermás joven le diría algo acerca de su comportamiento contigo esta tarde.

- Por favor, no discutas conellos por mi culpa - pero Hermione se alegraba de que él se hubiera dado cuentade la actitud de su madre, y que estuviera de su parte.

- No me imaginé que fuese capazde hacer algo así. Si no te respeta como es debido no vendré más a esta casa.

- No hagas eso - le dijo Hermione.

- Si te soy sincero, sólo vengoaquí por compromiso. Odio esta casa, y me desagrada la mayoría de la gente quenormalmente encuentro aquí.

Hermione estaba sorprendida delas confesiones íntimas de Draco. Era la primera vez que acortaba la distanciaemocional con ella. Pero le inquietaba, aún más, saber el por qué oculta tanbien las emociones.

- Draco, deja que seacostumbren a mí. Pansy me decía esta tarde que están esperando a que rompasconmigo y vuelvas con Astronia.

- Astronia está felizmentecasada, así que no sé por qué abrigan esas esperanzas.

Hermione se dio cuenta entoncesde que Draco no sabía nada de la ruptura del matrimonio de Astronia.

- Según tu sobrina, Astronia seha separado de su marido.

Draco dejó de anudarse lacorbata y dijo:

- ¿Y desde cuándo?

- No lo sé - dijo nerviosamenteHermione.

- Narcisa debiera ponerle uncandado en la boca a su hija.

Entonces se hizo el silencio. Hermionese levantó de la cama y fue a la suite.Era evidente que la noticia sobre Astronia lo había sorprendido y lo habíadejado en un estado de ensimismamiento. ¿Quésignificaba para él la noticia de que Astronia estuviera libre de nuevo?

Pero se dijo que no debía darrienda suelta a la imaginación
No ahora
sino podía sufrir.

.

.

.

Draco no la había esperado parabajar al salón.

Hermione había hecho suaparición con un vestido de noche azul que dejaba al descubierto sus hombrosdesnudos. Su maquillaje era tenue, pero resaltaba muy bien sus ojos color miel,y su cabello castaño que caía comocascada. Se veía hermosa.

Al instante que ella descendióel último escalón, lo primero que había visto había sido a Draco conversandocon Astronia en un rincón al final del salón. Parecían muy inmersos en lacharla, y Astronia no tenía el gesto triste de una mujer que acaba de romper sumatrimonio y busca las palabras de un amigo, sino que se la veía feliz. Draco,en cambio, tenía un gesto serio, grave.

Pansy la saludó de lejos con lamano, pero no pareció dispuesta a interrumpir -para nada- la conversación quemantenía con el joven sentado frente a ella.

De pronto Draco la vio y sepuso de pie. En ese momento, anunciaron que la cena estaba lista.

- Has sido muy oportunainterrumpiendo la conversación. Pero estás encantadora. -

Hermione no pudo resistirpreguntarle:

- ¿Se ha separado Astronia?

- Sí.

Pero una cena formal no era elmejor momento para hablar de ello.

Para su sorpresa, se encontrósentada a la derecha de la anfitriona, y frente a Draco. Y Astronia sentadavarios sitios más allá. Incluso la señora Malfoy había intentado darleconversación en perfecto inglés. Hermione le contestó con generosidad, pero ensu interior sentía un cierto desconcierto.

 

Fue un alivio levantarse de lamesa. Enseguida Pansy se acercó a Hermione y le dijo:

- Quiero que conozcas aalguien. - le dijo entusiasmada, a punto de dar saltitos de felicidad.

La llevo hasta donde estaba eljoven que minutos antes había estado conversando con ella.

- Se llamaba Harry. - lo señalócon una inmensa sonrisa dibujada en sus labios. Él parecía estar acostumbrado aque lo mostrasen como un trofeo, pero igual se sentía avergonzado. - Vamos acomprometernos en año que viene.

Hermione recordó lo que habíasentido cuando había conocido a Draco. Le parecía tener cien años más queentonces. ¿Quién podía asegurar que Pansy era demasiado joven para saber lo quequería?

- A los catorce años me dijoque se iba a casar con él. - dijo Draco, que había aparecido por detrás, en elmomento en que la pareja se alejaba -. Y me dijo por qué.

- ¿Por qué?

- Quería verlo sonreír, y élsonríe continuamente cuando Pansy está alrededor suyo. Tiene veintidós años,está terminando sus estudios de derecho en Harvard, y es muy serio, tanto comoella inconsciente. A él le da miedo que ella se aburra de él dentro de un año.

- ¿Piensas que es posible eso?

- No. No lo creo. - suspiró. -Pienso que tiene las suficientes agallas como para hacer lo que su corazón ledicta. Incluso fue capaz de hacer frente a la familia de él, y no dejarsellevar por el orgullo, cuando ellos restaron importancia a la relación entreellos. Yo la envidio por esa fuerza y esa claridad.

Y Hermione supo que hablaba desu relación con Astronia, y se hizo muchas preguntas acerca de esa relación. ¿Astronialo habría dejado romper la relación sin importarle realmente?

Draco bajó con Hermione. Peroella no podía relajarse. La idea de la posibilidad de perderlo alguna vez laaterraba. Porque la certeza de que él no podría abandonarla si no encontraba elcertificado no le servía de nada.

Le presentaron a los padres de Astronia.Fueron educados y amables, pero fríos en el fondo. Al fin y al cabo ella era lamujer que le había robado el novio a su hija.

Hermione pidió excusas parasalir a tomar el fresco. En ese momento Lucios se acercó a ella.

- No he visto a Narcisa estanoche.- le dijo Hermione un poco preocupada.

- Lamentablemente mi mujer nose encontraba muy bien. Se ha quedado descansando.- suspiró.

- ¿Está enferma?

- Está enferma de los nervios.Pero sólo le pasa aquí, con su "adorable" familia. Y la actitud de Draco,que la trata como si fuera la peste, no la ayuda en absoluto.

Hermione se puso colorada; noestaba preparada para esa confesión.

- Lo siento... yo... - Hermioneno sabía qué decir.

- Los he observado juntos. Tú yDraco están muy unidos. Le he prometido no hablar contigo de ello, pero creoque es necesario. Así que te lo diré para ver si puedes hacer de intermediaria.

- ¿Intermediaria?

- Si, entre nosotros y Draco. -hizo una pausa. - Puedo decirte exactamente la fecha en que Draco cambió suactitud con mi esposa. Quise hablarle entonces. Quería saber lo que él sabía,qué tontería le habían dicho que pudiese hacer que cambiase tanto con ella.Pero Narcisa tuvo un ataque de nervios cuando se lo comenté, y tuve quecallarme, pero contra mi voluntad.

 

- Lucios no sé de qué me estáshablando - le dijo Hermione incómoda.

- ¿Tú también? - el hombre suspirócon pesadez -. Por supuesto que lo sabes. Draco se enteró de ello cuandoestaban recién casados. No creo que no te lo haya dicho. Hace casi treinta añosNarcisa lo dio, pero nunca renunció a él realmente, y por otra parte siempre hapensado que hizo lo mejor para él.

Hermione comprendió de golpe.Se sentía como si una ola la hubiese tomado por sorpresa y la hubiese dejadoatontada. Narcisa no era la hermana de Draco, sino su madre. Y había dado suhijo a sus padres para que lo criasen como propio, a la vista de ella, pero sinocuparse ella de Draco.

Y esto, Draco lo sabía. Era laúltima pieza del puzzle que faltaba, y encajaba a la perfección. ¿Era éste el secreto por el que supadre había podido chantajearlo?

- Quiero estar seguro de que Dracosabe la verdad - dijo Lucios, demasiado conmovido como para estar atento a lareacción de Hermione -. Toda la verdad, no sólo lo que su abuela haya queridodecirle. Draco nunca fue adoptado. Se hizo un certificado de nacimiento paramodificar todo, y aparentar lo que no era
pero no pudieron engañar a lashermanas de Narcisa con la historia de la adopción. Igual no les importó
sequedaron con Draco, lo criaron como hijo propio y no como nieto, y le dierontodo lo que un Malfoy merecía.

- Tú conoces la historia completa...

- ¡Si la hubiese conocido haceveintisiete años, no hubiese permitido que lo hicieran! - dijo Lucios conrabia. - Hicimos mal las cosas. Pero debieron dejar que nos casáramos cuandosupieron que Narcisa iba a tener a un hijo nuestro. ¡Eso es lo que no puedoperdonarles!

- Tú eres el padre de Draco -susurró Hermione, mirando a Lucios con asombro.

- ¿No lo sabías? ¿Me estásdiciendo que Draco no lo sabe tampoco?

- Es algo de lo que no hemoshablado - dijo Hermione débilmente.

- Tal vez no lo sepa. Tal veznos eche la culpa de su triste infancia. Y tiene motivos...

- ¿Podrías contarme la historiadesde el principio?

Lucios fue breve. Él eraestudiante por aquel entonces, cuando se enamoró de Narcisa Malfoy. No teníadinero ni pertenecía al medio social que pudiera impresionar a los Malfoy, y sehabían opuesto a esa relación. Y Narcisa no tenía la valentía de enfrentarse asu familia. Cuando descubrieron el embarazo de Narcisa, ésta hizo un viaje consu madre. No le dijeron nada a Lucios. Él ni siquiera conocía la existencia de Draco,hasta que se encontró con Narcisa diez años más tarde.

- Quería morirme al saber todolo que ella había tenido que atravesar sola. Y al saber que tenía un hijo queno podía reclamar. Pero esa vez estaba decidido a no dejar que me separasen de Narcisa.¡Incluso hice que se casara conmigo pese a la oposición de ellos! - dijo Lucioscon satisfacción -. Sus padres estaban furiosos y no querían ni verme, bueno,aún hoy no quieren ni verme
¿Pero qué podían hacer frente a los hechosconsumados? Las apariencias son algo muy importantes para esta familia.

- ¿Y entonces?

- Entonces la felicidad semezclaba con la desdicha. Narcisa pensaba que debíamos estar agradecidos porpoder ver a nuestro hijo. Si lo hubiésemos dado en adopción, jamás lohubiésemos encontrado, jamás lo hubiésemos conocido... Pero algunas vecespienso que tal vez habría sido menos doloroso. - se detuvo y tragó saliva, este eraun tema muy difícil para todos, sobre todo para él. - No lo querían. A Draco, nadie enesta casa lo quería, menos lo trataba como a un hijo, y el resto de la familiaestaba resentido con él, ya que heredaría en primer lugar.

 

- Y aún están resentidos -murmuró Hermione afectada.

- Sin embargo él hamultiplicado cien veces su riqueza. Los padres de Narcisa siempre pensaban queella era débil. Ella llevaba más o menos bien la situación, hasta que vio que Dracoempezó a evitarla, y entonces nos dimos cuenta de que sabía algo.

- Hace cinco años, has dicho...

- Debe haber sido un shock terrible, pero hemos esperado tantoque sospechara algo o descubriera algo... No se trataba de que se lo dijéramossi él no sospechaba nada. Narcisa les había prometido a sus padres que nunca selo diría. Ése había sido el precio. Pero jamás se nos hubiese ocurrido que Dracose pudiera comportar tan despiadadamente con ella al enterarse de quiénes eransus padres.

Hermione se preguntaba quésentiría Draco realmente. ¿A quién protegía? ¿A su abuela o a Narcisa?

- Debemos encontrar unasolución a todo esto, para que Narcisa se quede con la conciencia tranquila.Por ello te pido que hables con Draco y averigües si sabe toda la verdad.Porque es evidente que él no se va a acercar a nosotros. - concluyó Lucios.

- Sí.

- Ella lo quiere mucho. Siemprelo excusa. Pero ya es un hombre. ¿Por qué está así con ella y no conmigo?Tampoco disimula su cariño por Pansy. Si no fuera por la promesa que le hice asu madre, ya le hubiera plantado cara.

- No creo que Draco sepa que túeres su padre.

- Es un poco egoísta por miparte meterte en semejante lío... - dijo Lucios al descubrir las huellas de lapreocupación en el rostro de Hermione.

- No.

Estuvo tentada de decirle queella ya era parte de ese gran lío desde mucho antes. ¿Habría tenido David esecertificado en sus manos? ¿Se haría mención en él acerca de quién era su padre?Lo que estaba claro era que había descubierto quién era su madre. Pero no habíahecho más preguntas.

Hermione suspiró hondo.

- Hablaré con él cuandovolvamos a Londres, aquí no.

- Sea como sea, te estoy muyagradecido.

Cuando Lucios se alejó de ella,Hermione sintió el peso que le había dejado. No se trataba de una noticia fácilde dar. Y Draco era imprevisible.

Draco la miraba desde el otrolado del salón. Hermione se preguntaba si se habría dado cuenta de que habíatenido una larga e íntima conversación con Lucios. Se sentía culpable porguardar tantos secretos sobre su vida.

Hubiera corrido a contarletodo, pero tenía que encontrar el momento oportuno. Y si bien Hermione le habíadevuelto la mirada a Draco, él ya no la miraba, más bien parecía que laignoraba porque volteó para sonreír a algo que había dicho Astronia

Al volver a Londres, Draco alegó el harto trabajo que tenía para desligarse un poco de su casa, y de Hermione claro. Tan pronto piso suelo londinense, se dirigió a su dormitorio para cambiarse de ropa y salir a su empresa.- Hablaremos cuando vuelva. - fue lo único que le dijo.Hermione se quedó pasmada
¿Por qué tenía la impresión de que él la trataba como si ella fuera culpable de algo? ¿Cómo reaccionaría ante el hecho de que ella supiera tantas cosas? Al fin y al cabo él no confiaba lo suficientemente en ella como para habérselo contado. Pero, ¿qué cosas sabría él?Hermione fue al salón. Allí estaba su escritorio, herencia de su madre. Le echó una ojeada. Estaba igual que siempre. Los cajones vacíos. La llave decorativamente sujeta con una cadena a la hoja plegable que servía de escritorio propiamente dicho. El carpintero que lo habría restaurado había cometido el error de poner a la llave una cadena muy corta que impedía cerrar el escritorio, por eso no lo usaba.De pronto se dio cuenta de que la llave se parecía a aquélla que le habían dado en el banco para abrir la caja fuerte en París. Rompió la cadena, haciéndose daño en el intento. La llave había sido bañada en oro para hacer juego con la cadena, pero se veían aún los números grabados en ella. Ni siquiera encajaba bien en la cerradura... Seguramente correspondía a otra caja
"No podía ser posible". - pensó. ¿Es que acaso esa llave podría ser el pasaporte a su libertad, para alejarse por fin de Draco?
¿David podría haberlo ocultado en su propia casa?...Como la última ironía de Draco.Hermione fue hacia el ala de la casa que ocupaba Draco. Él se estaba poniendo una camisa limpia en el dormitorio, tan embebido en sus pensamientos que apenas se dio cuenta de la presencia de Hermione.- Draco... - le dijo ella temerosa.Por un momento, Hermione pensó en esconder la llave. Pero debía tener la valentía de dársela y afrontar las consecuencias. Entonces levantó la mano y tiró la llave en la cama.- Después de todo no ha sido una condena a cadena perpetua... - susurró Hermione.Draco pareció no entender. Miró alternativamente la llave y a Hermione.- Es la llave de otra caja fuerte. Es posible que contenga lo que buscas.- ¡Cristo! - exclamó antes de levantar la llave -. ¡Todo este tiempo buscándola! ¡No lo puedo creerlo!Hermione se fue hacia la ventana. Se trataba de la tierra prometida de la libertad. Podía ser el principio o el fin de su matrimonio.- Hay algo más de lo que tenemos que hablar. -- ¿No podemos esperar para hablar de ello? No voy a poder parar hasta que vaya a París y pruebe esta llave. - dijo Draco sin salir de su estado de asombro. Ya su mente trazaba varios planes para dejar todo en Londres y viajar hacia donde estaba la verdad.- Me temo que no. Ya ves, ocurre que sé lo que hay en la caja. Tu certificado de nacimiento - le dijo Hermione.La expresión de Draco se tensó.- ¿Y dónde has conseguido esa información? - le inquirió enojado.- Ciertamente no la he conseguido por ti. Lucios me la confió.- ¿Lucios? - Draco pareció muy sorprendido.- Me pidió que actuase como intermediaria. Creyó que yo era de tu confianza. Así que ahora sé que Narcisa es tu madre natural.- ¿Lucios está enterado de esto? - le dijo él con gesto grave.- Mira, no es asunto mío - le aclaró Hermione, porque Draco parecía recalcárselo con la mirada.- ¿Cuánto hace que lo sabe? -Por la forma en que Draco la interrogaba, y su cara de escepticismo y asombro, Hermione comprendió que Draco no sabía que Lucios era su padre, pero ella no quería ser quien se lo dijera.- ¡Dios Mío! Si él lo sabe no había peligro de que su matrimonio se rompiese - dijo él frustrado.Y con esas palabras, Draco le había dicho muchas cosas. Draco pensaba que Lucios no estaría en condiciones de aceptar un pasado oscuro de su esposa, menos de una Malfoy, apellido que de por sí significaba mucho respeto, y fidelidad. Así que Draco estaba protegiendo a Narcisa. Siempre se había tratado de ella, él la quería. Y se sentía frustrado por saber que su sacrificio había sido inútil.- Lucios sabe todo acerca de tus padres. Quiere hablar contigo. Está preocupado por Narcisa. El hecho de que continúe siendo un secreto le está perjudicando.Draco murmuró algo en francés, y se tapó la cara con las dos manos.- ¿Entonces por qué no me ha hablado personalmente?- Le prometió a Narcisa que no hablaría contigo del asunto, así como ella les había prometido a sus padres que lo mantendría en secreto.- Ella se avergüenza de mí. - confesó abatido Draco revoloteando aún más su cabello en señal de nerviosismo. Él había pensado siempre, que Narcisa estaba apenada por su pasado, por el desliz que cometió y por lo que la sociedad hubiera dicho. Pero él estaba muy equivocado
demasiado equivocado.- No creo. Si no fueras tan terco y tan orgulloso te hubieras enterado de toda la historia por ti mismo - le dijo Hermione temblando. No debió desafiarlo en ese momento.Draco la miró con rabia.- La primera vez que la vi después de enterarme, intenté hablar con ella. Pero ella se puso a llorar y salió corriendo. Estaba histérica y aterrada.Y debía tener miedo de enfrentarse a Draco. Porque él se habría sentido absolutamente traicionado por una mentira que había durado veinte años. Entonces, en lugar de aparentar estar herido habría aparentado estar enfadado. Y Narcisa no habría sabido cómo actuar frente a él.Fue un segundo, un minuto o menos, que las facciones de Draco se tornaron más frías. Se dirigió a la puerta de la habitación para dar marcha, cuando se volteó hacia Hermione, y con cierto alejamiento le preguntó:- Entonces, ¿qué más hay que hablar? ¿Sobre nuestro matrimonio? Eso es muy sencillo. Te quedas o te vas. Trata de tomar una decisión antes de que esté de vuelta de París - dijo él con frialdad.Hermione se quedó en silencio. Lo vio ponerse la chaqueta. Estaba anonadada. Nunca se había sentido tan humillada.Hubiese sido mejor que brindara con champaña y que bailase para festejarlo, en lugar de reaccionar con tal indiferencia.Al fin y al cabo Draco ya no tenía motivos para seguir fingiendo. Y sin embargo las escenas eróticas del día anterior, la pasión que habían compartido, o que ella había creído que habían compartido... estaban aún en su memoria intactas, sólo que sentía que cada vez se iban disolviendo, como la espuma
quizá ya no quedaba nada.Draco le había dicho un día que le daba miedo el amor. Había crecido sin amor y había aprendido a vivir sin él. Por lo que Draco se formó con un temperamento extraño, haciéndose un hombre incapaz de compartir nada, incapaz de sentir para no arriesgar ni un ápice de orgullo.Lo vio marcharse muy tenso y despectivo sin importarle nada
entonces llegó el momento de las preguntas sin respuestas: ¿Todo lo que le había dicho a Hermione días atrás
habrá sido de verdad? o ¿Eran puras mentiras para meterla en su cama? Con solo pensar esto, Hermione sintió escalofríos
tenía que ser eso
Mentiras
porque de temeroso, no tenía nada
Ahora, todo estaba más claro, Draco le servía en bandeja la libertad que había peleado semanas atrás. Se lo dijo limpiamente, como si se tratara de un simple juego de cartas: "lo tomas o lo dejas". En ningún momento apareció ese Draco de la playa, de Escocia, aquel que le prometía cambio, aquel que le confió ciertos sentimientos y hasta le pidió disculpas.Estaba más que segura que él no iba a esperar para desembarazarse de la hija de David.Entre lágrimas, Hermione llegó a la misma conclusión que llegó días atrás: no valía la pena sufrir por un desgraciado como él.....- Ha estado muy bien cariño. - dijo una voz poco familiar.Cuando Hermione levantó los dedos del piano, el atractivo hombre americano que se apoyaba en él no disimuló su admiración hacia ella.- ¿Conoces una que es así? - le preguntó el joven silbando una canción un poco desafinada. Luego volvió a su asiento, después de que ella le respondiera con una sonrisa.A esa hora el bar solía estar lleno de gente, y algunos le pedían sus canciones preferidas. No le pagaban bien, pero se las arreglaba para vivir, y además en breve tenía un par de entrevistas de trabajo.Por lo tanto sobrevivía.Llevaba un mes apartada de la vida de Draco. Había aprendido a estar ocupada todo el tiempo, y estaba tan cansada que dormía toda la noche sin pensar en nada. Se había apuntado a un curso de informática, miraba los avisos de trabajo del primero al último, y había escrito a varios de los que parecían estar a su alcance. Y todos los días rogaba que fuera un día en el que no pensara en Draco. Pero lamentablemente el tocar el piano no le servía de mucho en ese sentido.Por lo tanto cuando Hermione alzó la vista y vio a Draco a unos pasos de ella, pensó al principio que no era una imagen real, sino una mala pasada de su fantasía. Siguió tocando, pero sus ojos no se apartaron de él.- Toca para mí - dijo Draco.Hermione había dejado de tocar el piano sin siquiera darse cuenta. Su corazón dio un vuelco. ¿Cómo y por qué le había seguido el rastro?- Por favor... - le murmuró; sonaba extraña esa palabra en él.- ¿Qué quieres que toque? - preguntó Hermione indiferente como si se tratase de un cliente cualquiera.- Cualquier cosa.- ¿No puedes decir el nombre de algún compositor?- Chopin.Tocó algo de Bethoveen, porque sabía que le daría igual. Draco se quedó al lado del piano todo el tiempo, algo que a Hermione le molestó.- ¿Qué quieres? - dijo ella, tensa, mientras veía al dueño del establecimiento que los miraba, con recelo por la confianza que se estaba tomando el cliente.- El camarero me ha dicho que a las nueve tienes un descanso.- No para compartirlo contigo.Draco no le dio importancia a lo que dijo, y dejó un estuche de joyería forrado en piel sobre el piano.- Es el collar de tu abuela. -le aclaró.- ¡Lo he vendido!- Te lo estoy devolviendo.- ¡No lo quiero! ¡Y quiero que te vayas y que me dejes sola!- ¿Es este caballero un amigo suyo, señorita Granger? - el encargado se había acercado a ellos.- No.- Si estuviera en su lugar no haría caso a esa mentira - le advirtió Draco al encargado-. Su pianista es mi esposa.- ¿Es cierto eso?Hermione hubiera querido gritar que era una farsa, pero estaba segura de que Draco iba a seguir su disputa. Por fin asintió con la cabeza.- Y está a punto de hacer una pausa... - agregó Draco.Hermione atravesó el salón hasta la mesa reservada para su uso personal, cerca del bar. Draco se sentó frente a ella y la miró inexpresivamente. Había perdido peso, estaba demacrado y se le notaba en los rasgos sobresalientes de su cara.- ¿Cómo me has encontrado? - le preguntó Hermione sin levantar la mirada.- Con esfuerzo.- ¿Qué quieres? - espetó.- Quería que vieses esto - Draco sacó un papel del bolsillo, y lo extendió ante ella. - Tienes derecho a ello, ¿no?Era el certificado. Ella no sabía si reírse o llorar. Un certificado en el que ponía que un tal Draco Malfoy había nacido hace veintisiete años, hijo de Narcisa, en una clínica suiza.- No pone nada del padre. Cuando se lo pregunté a Ariadne me dijo que era un hombre casado, a quien mi madre no había querido nombrar. También me dijeron que Lucios no tenía ni idea de que Narcisa tuviese un hijo ilegítimo. Me recordaron también las ventajas que había tenido el que se mantuviera en secreto. La vida que hubiese tenido de no haber permanecido dentro de la familia. También me dijeron que tenía el deber de mantenerme callado y no avergonzar a Narcisa con el recuerdo de la relación que nos unía - dijo Draco con severidad.- ¡Qué cruel!- Hasta el día en que David me mostró esto, yo no tenía la menor idea de que no era hijo de Ariadne. El engaño me destruyó. En todos esos años nadie me había dicho nada. Quise hablar con Narcisa. Quería respuestas a mis preguntas. Tenía derecho a ellas. Pero ella salió corriendo. Y al hacer eso me confirmó lo que Ariadne me había dicho. Por lo tanto no me acerqué nunca más a ella. Se ponía tan nerviosa...- Tú la protegiste.- Por supuesto - dijo él guardando el certificado.- ¿Has hablado con ella ahora?- Sí. Y con Lucios. Gracias por haberme aconsejado que lo hiciera.- Pensé que era mejor que no te lo dijera yo.- Estoy muy contento con Lucios. Siempre me hubiese gustado tener un padre que me amenazara si disgustaba a mi madre. - Draco reprimió una sonrisa.Hermione lo miraba sin decir nada.- ¡Al fin sé a quién salgo! - le dedicó una sonrisa que llegó al alma de Hermione-. Me gusta. Siempre me ha gustado. - por fin, expresó sus sentimientos en una deliciosa sonrisa torcida.- Me alegro de que se haya resuelto todo - murmuró Hermione. Sentía que él quería dedicarle a ella un final feliz, después de que Max hubiese empezado la historia como una pesadilla.Se hizo un silencio. Draco miró el reloj.- No quiero entretenerte más - dijo ella, preguntándose si él oiría el latido de su corazón.- He comprado una casa en el campo. He puesto a la venta la casa de Londres.Parecía un buen principio, aunque no entendía su elección. Ella siempre había deseado vivir en el campo, en cambio él no.- He pensado que quizás quieras venir a... bueno a verla.- ¿Por qué?- Se me ha ocurrido simplemente - contestó él, llevándose la bebida a la boca, que estaba intacta hasta ese momento.Hubo silencio nuevamente.- Has encontrado trabajo - dijo él nervioso.- No pienso estar aquí toda la vida. Estoy empezando. Y saco lo justo para vivir. Si te preocupa eso...- ¿Por qué iba a preocuparme?- Quizás te hubiera gustado que no pudiera salir adelante. - dijo Hermione desafiante, no le importaba que pensara él.- Quizás - él no lo negó.- ¿Has tenido noticias de mi abogado ya? - preguntó Hermione como último recurso. Aunque le doliera en el corazón separarse de él, era la mejor opción para no sufrir más.Hubo un silencio sepulcral por parte de Draco, su rostro se desencajó aún más.- Has tirado todos mis calcetines - dijo Draco apesadumbrado.- Era una especie de declaración de principios. -- Sí, me he dado por enterado.- Fue una tontería - dijo ella dibujando el borde del vaso con el dedo -. ¿Cómo está Astronia? - le preguntó sin poder reprimirlo.- Feliz... su marido volvió a buscarla el mismo día de la cena. Ella ha prometido trabajar un poco menos, y él ha prometido aprender a cocinar o algo por el estilo.- ¿Era eso de lo que estabas hablando aquella noche?- Sobre todo me estaba diciendo cosas sobre mí. Que le había roto el corazón hace cinco años, y que ni siquiera me había dado cuenta. Y que si me hubiera casado con ella y le hubiese hecho lo que te hice a ti, me habría castrado.Astronia se había vengado de él ahora que ya no le importaba.Volvió el silencio.- ¿Quieres dormir conmigo esta noche? -Hermione no podía creer lo que le preguntaba. Pero él la miró desafiante, como para que no tuviera la menor duda de sus propósitos.- No voy a contestar semejante proposición.- ¿Por qué no?- ¡Estoy en proceso de divorciarme de ti!- No ha habido ninguna mujer. Ni siquiera he mirado a otra. No deseo a otra mujer. Te deseo a ti.Hermione miró a profundidad esos ojos grices, encontrando alguna pizca de sinceridad, de verdad. Su cabeza y su corazón se debatía entre creerle o no
entre caer en su juego o salir ganadora limpiamente, entre sumergirse en su esencia o regresar a su casa sola.- Solo a ti. - puntualizó con certeza y con una mirada de ¿perdón?- Entonces tienes un problema - dijo ella temblando como una hoja. Y es que en realidad Hermione lo deseaba tanto, que se odiaba.Draco le tomó la mano, evitando que ella se alejara de él.- No debería haberlo preguntado... No era realmente lo que quería decir.- ¡Pero es exactamente lo que estabas pensando! - exclamó Hermione, quitando la mano apresada por la de él.Hermione se sintió indignada ante la actitud descarada de él. Draco la deseaba aún, pero aunque se lo pidiera de rodillas no accedería.Por el rabillo del ojo lo vio levantarse y abandonar el bar, aún estando en problemas y enfrentando el rechazo, el grácil andar de Draco, y su porte, atraía a más de una mirada en el Bar. Es que acaso
¿Siempre sería así? ¿Sentirse mal al ver cómo otras mujeres deseaban a su esposo?... ¿Sentirse una más del montón?... No. Esto no podía seguir por más que ella lo amase
Hubiese querido llorar desconsoladamente, pero había un público que la estaba esperando y un trabajo que realizar.....Esa noche no pudo conciliar el sueño como de costumbre, siempre se quedaba despierta hasta un poco más de medianoche, pero esta vez, estaba más perturbada por el encuentro con Draco
se giraba sobre su cama, y no podía despejarse la mente, todo eran imágenes de él
besándola, haciéndola suya, riéndose, alegrándose por la noticia de sus padres
Todo y cada una de estos recuerdos, le hacía pedazos el corazón
Cuando el reloj señaló las 4 de la madrugada, se durmió al fin, pero no le duró mucho, porque a las siete de la mañana alguien llamó a la puerta de su casa de manera insistente. Hermione dormitada hizo un esfuerzo y se levantó a abrir, y un ramo de rosas rojas fue depositado en sus manos. Era Draco que aprovechándose de que Hermione estaba medio dormida, había entrado y cerrado la puerta.- ¿Y qué esperas que haga con esto? - dijo ella consciente del aspecto horrible que tenía, frente a él que parecía sacado de un anuncio de trajes italianos.- Las pones en agua...- ¿Qué pasa contigo? - preguntó ella.Él la miró unos segundos, y luego se apartó en silencio.- Fueron muy pocas las mujeres con las que me acosté en estos años. Con la mayoría en el primer año, durante el último con ninguna.¿Qué reacción esperaba él después de semejante información?Pero no pudo pensar en nada. Simplemente le pegó con el ramo por la espalda varias veces, compulsivamente, hasta que el ramo se le cayó de las manos. Él no hizo amago alguno de defenderse.Entonces Hermione hundió su cara en sus manos y sufrió un ataque de llanto repentino. Draco la tomó las manos.- Por favor, ven a casa.- ¡No puedo!- No te preguntaré lo que has estado haciendo durante este mes. Te lo prometo. No volveré a mencionarte a Black. Puedo hacerlo. Dejaré de ser celoso. Crees que no puedo, pero sí puedo.Hermione separó sus labios secos en medio del llanto.- ¿Estabas celoso?- Me devoraban los celos. ¿Qué crees que soy, una piedra? - dijo con firmeza. - Cuando vi esas fotos me quise morir. No pude soportarlo. Y sabía que si no era capaz de tolerarlo, te perdería. - hizo una pausa. Sus ojos grices la miraron con total certeza pidiéndole una oportunidad, expresando lo que su corazón no podía decir. - Y te he perdido al final.- Draco... - susurró. La garganta de Hermione se espesaba.- Esa noche en Escocia sabía que estabas pensando en él. Y pensé que no podría vivir con ello.- Estaba pensando en ti. Lucios acababa de decirme lo de su parentesco, y me sentía muy culpable porque sabía que tú lo debías saber.- No sabía que habías estado hablando con Lucios. Y cuando me diste esa llave al día siguiente, de la forma en que lo hiciste, supe que la recompensa que esperabas era tu libertad. No podía obligarte a seguir a mi lado. Y menos si estabas enamorada de Black. No tenía sentido. La decisión de quedarte tenía que ser tuya, y realmente no quería estar presente cuando la tomases, por eso me marché de aquella manera. - le confesó con total sinceridad. De ese modo Draco admitía un acto de cobardía que Hermione jamás hubiese esperado de él.Ahora de daba cuenta de que la inseguridad la había llevado a malinterpretar sus palabras y sus hechos. Porque la que había estado luchando por escapar de ese matrimonio había sido ella, y él en cambio la había presionado para que siguiera con él. Y en el momento que apareció la llave, era lógico que él pensara que ella tenía que tomar una decisión.Hermione tragó saliva, le costaba hablar.- No estoy enamorada de Jacob.- Esas fotos dicen algo muy diferente - dijo él soltándole las manos y yendo hacia la ventana.- Las fotos pueden engañar. Ni siquiera lo he visto desde el día que estuvo en la casa. Y ese mismo día se terminó todo. No fue más que una aventura, un pasatiempo, como quieras llamarlo. Estaba muy sola, aburrida y supongo que quería lo que jamás había tenido.- Lo que podrías haber tenido conmigo si yo no hubiese sido tan orgulloso y tan mezquino como para ofrecértelo - Draco volvió hacia ella y agregó agachando su cabeza, en señal de arrepentimiento. - Tú has sido más sincera conmigo de lo que me merezco. Si te he perdido ha sido por mi culpa. Me enamoré de ti la primera vez que te vi. Tú no te equivocaste con mis sentimientos. Fue como si la luz me golpease de pronto. Y cuando me pude recuperar del shock, lo único que quería hacer es salir corriendo.- ¿Pero...?- Pero tú debiste atarme los tobillos, porque no fui capaz de irme. Tú eras muy joven. Yo no estaba preparado para el matrimonio. Pero me daba miedo que otro hombre estuviera en condiciones de darte lo que yo no podía. Y si yo me iba de tu lado no iba a haber oportunidad de que estuvieras a mi alrededor cuando yo decidiera volver.- No puedo creer que esos eran tus sentimientos - dijo Hermione, temerosa de creer lo que él decía, de que después de todo, no se hubiera equivocado cuando había creído que la atracción irresistible había sido mutua.- Mis sentimientos eran esos. Pero no sabía cómo manejarlos, y además creo que estaba resentido por el poder de atracción que ejercías sobre mí. Pero luego, David cambió todo. De pronto no tuve elección. Nunca, nadie, me había hecho hacer nada que yo no quisiera. Me sentí totalmente impotente. Me sentía como un caballo de raza que tu padre había comprado para ti. Atrapado por una adolescente. ¡Y me juré que no te daría nada que yo no quisiera darte!Hermione pensó en cómo se habría sentido. Y pensó amargamente en su padre, que les había destruido la posibilidad de ser felices.- Lo comprendo - dijo Hermione.- Pasaron dos años de nuestro matrimonio hasta que empecé a desearte nuevamente - Draco hizo una pausa. - No, no lo demostré. ¡Me hubiese dejado matar antes que acercarme a ti! Mi orgullo no me permitía doblegarme más aún al chantaje de tu padre. Tú eras una mujer a quien yo jamás tocaría.- Sí -dijo ella.- No te tuve en cuenta. Era una lucha entre David y yo, y tú estabas en medio. Tú eras mi esposa. Yo no podía tocarte. Pero ningún otro podía tampoco. Pero cuando murió David yo ya había decidido que seguirías siendo mi esposa, y entonces, al ser una elección propia, nuestro matrimonio sería real. Ya sabes, a mí no se me ocurría que tú pudieras tener otras ideas. Habías aceptado la situación por tanto tiempo... - terminó Draco con una sombra de desconcierto y vergüenza a la vez.- Tú pensabas que con tu palabra bastaba... - concluyó Hermione mirándolo fijamente, Draco siempre había sido muy arrogante, pero por lo menos estaba siendo sincero.- Yo pensaba que tú me amabas, y que por ello habías seguido a mi lado. - le aclaró con pena en la mirada. El mes que había pasado alejado de Hermione, lo había puesto sensible, humano, su lejanía lo había destrozado.- ¿Pensaba que era la fiel Penélope?- Fue muy vanidoso de mi parte. Cuando te oí hablar por teléfono con Black, me quise morir. - sintió una punzada de dolor. - Querías dejarme, y tuve que tomar medidas extraordinarias para que no te fueras. Realmente no pensaba que ese certificado fuera aún una amenaza para mí.- ¿No? - Hermione estaba pasmada ante tal afirmación.- Simplemente lo utilicé para retenerte, y obligarte a que le dieras una oportunidad a nuestro matrimonio. Yo
- hizo una pausa sintiéndose más avergonzado. -
No tenía derecho de hacerlo. El orgullo y el resentimiento me lo habían impedido por mucho tiempo, pero, en ese momento, me di cuenta que podría enfrentarme a la posibilidad de perderte.- No querías que ninguna otra persona te comprara calcetines... - dijo ella sonriendo, mientras se movía por la habitación.- Hasta ahora había tenido calcetines suficientes para el resto de mi vida.Hubo un silencio largo, Draco entonces carraspeó y siguió.- Cuando dije que envidiaba la fortaleza de Pansy en no ceder a las presiones de la familia de Harry Grangres para que dejaran la relación...- ¿Harry es un Grangres?- interrumpió Hermione.- Si. Es el hermano menor de Astronia. ¿No te has dado cuenta?Hermione negó con la cabeza.- Pansy no dejó que el orgullo interfiriera entre ella y sus sentimientos. Yo sí lo hice. - le confesó totalmente apenado. Era como si quisiera regresar el tiempo, para recomenzar todo de nuevo, y borrar el pasado tormentoso que pasó Hermione.En ese instante, Draco se dio cuenta de lo que quería decirle con eso. Y de lo que le costaba decirlo. Era una lucha interior, que se habría ahorrado con él "Quieres dormir conmigo esta noche".- Puedes escribirlo si te resulta más fácil - dijo ella titubeando, pero con la felicidad aflorando a sus ojos.- Cuando volví de París y tú ya no estabas, fue como encontrarme en un desierto. Había jugado y había perdido. Tú te habías escapado por fin del campo de concentración. - pasó sus manos por su cabello desordenándolo aún más. Estaba nervioso, desesperado frente al cumulo de sentimientos que lo gobernaban. Luego se cogió la cara en señal de arrepentimiento y suplicio. - Necesito que vuelvas a casa, por favor.- La has puesto en venta - le dijo con crueldad que acababa de estrenar.- Da igual que no me ames - la miró con desesperación, sus manos entrelazadas fuertemente subrayaban la tensión interior en él
el sentimiento que tenía explotando su corazón. - Yo te amo tanto.- Yo también te amo. - confesó Hermione, su corazón estaba latiendo aún más rápido, no podía creer que Draco por fin se lo haya dicho, y ¡de qué manera! Lo miró fijamente y luego agregó: - Pero no estaba dispuesta a volver hasta que no lo dijeras. -Draco la abrazó. Era hermoso volver a estar en sus brazos, y durante un rato largo no hubo más que silencio entre ellos, y besos, y un largo abrazo en el que parecían fundidos.- Te he echado de menos todos los días a todas horas - le juró él. - Pensé que te había perdido.Después de un rato en que parecían no poder desprenderse, Hermione le preguntó:- ¿Cómo te sentiste cuando tiré los calcetines? -- Si no hubieses estado enfadada conmigo, no te habrías tomado el trabajo de hacerlo. Eso me dio esperanzas - le confesó él con una sonrisa deliciosa, aquellas que Hermione admiraba y la dejaban sin habla.- ¡Has tenido suerte de que no te hiciera pedazos los trajes! -- Eso me hubiera dado más esperanzas todavía, pero creo que debo decirte que no tengo intenciones de aprender a cocinar - murmuró el burlón.- Tienes otros talentos - le dijo Hermione, acariciándole el pecho, desvió sus manos a su rostro perfilado y lo acarició suavemente.- ¿Eso crees? - sonrió él.- Lo sé. ¿Para qué vas a perder el tiempo en la cocina cuando eres tan bueno en la sala de juntas?- Pequeña bruja -protestó el con ternura, y la volvió a besar.- Quiero ver esa casa que has comprado - le dijo ella.- La he comprado para ti. - la miró.- ¿De verdad?- Sé que amas el campo, y la tranquilidad, y ahí es dónde te llevaré. - la besó nuevamente, fue un roce suave y tierno, pero que dejó su cálido aliento como incentivo a más. - Irás conmigo
a mi lado.Hermione le sonrió. Se sentía vivir un sueño, o mejor dicho su sueño de niña. Aún le parecía irreal tenerlo entre sus brazos, sintiendo como latía su corazón con desesperación, sabía que no fue nada fácil para Draco expresar sus sentimientos, pero el sólo escuchar de sus labios aquella confesión y ver sus ojos grices cristalinos
supo que, su esposo siempre la había amado, al igual que ella.- Te amo, Hermione. - le susurró al oído, inhalando su aroma, aquel que había extrañado tanto tiempo. Y que ahora se dio cuenta, actuaba como una droga para él.Ese mismo día, entrada la noche, fueron a ver la casa donde empezarían una nueva vida juntos, lejos del pasado, lejos de todo menos del amor que compartían.

UN MATRIMONIO DIFERENTE - Fanfics de Harry Potter

UN MATRIMONIO DIFERENTE - Fanfics de Harry Potter

Hermione bajó deprisalos escalones que daban al bar y entró. Estaba oscuro y lleno de bebedores queaprovechaban la hora del almuerzo para tomar un trago. No

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2023-02-27

 

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