We meet again - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

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e meet again

Los mismos ladrillos de muchos años atrás, las mismas viejas cortinas de terciopelo purpuras, los mismos muebles de viejo caoba y el mismo lecho de sueño.

Nada había cambiado, nada; él seguía siendo el mismo frío y casi odiado príncipe de la corona.

Sus ojos negros, se dirigían a cada rincón de su cuarto, tan oscuro como siempre; sin ningún rastro de luz de sol, ninguno porque le quemaba.

Una leve sonrisa se dibujó en su blanca piel, al recordar la fecha que era. Aunque se borró fácilmente al remembrar que puede que solo él la recordara con tanto anhelo. Soltó un improperio, y se separó de su dosel, listo para empezar el día; uno igual a todos los otros.

 

Recordó algo extraño. Sucedía pocas veces y para su dicha, era el turno de su fecha de aniversario. La luna saldría ese día a las cuatro de la tarde. El sol se iría antes de tiempo.

Tenía que aprovechar aquella ocasión. Después de todo ¿cuántas veces ocurriría ese milagro astrológico en su cumpleaños?

Eran las doce. Normalmente se levantaba más tarde por la caída de la noche, a menos que tuviera que atender algún asunto que su "realeza" le otorgaba.

- Aburriiiiido- murmuró para sí al recordar esas cosas.

Se puso una ropa morada y se dedicó a pensar que haría al oscurecer.

"Algo especial" se dijo. "Algo que nadie olvide NUNCA"

- Señorito, se ha levantado muy temprano- murmuró uno de los muchos mayordomos, en tono altanero.

- Creo que puedes pasar a arreglar mi cuarto entonces- le comentó el chico con una sonrisa forzada en el rostro; no le gustaba ser cruel, pero esos empleados lo sacaban de quicio.

- A sus órdenes
- dijo resignado el otro, rozando un poco con su fría piel la de su príncipe.

El muchacho empezó a descender las escaleras, fijándose cuidadosamente en los grabados más recientes que había en el camino de piedra. Le llamaba la atención ver aquellas representaciones casi tan gráficas de las cruzadas contra los lobos, como ellos y los inferiores a él; por no llamarlos humanos, los habían derrotado, aunque habían muchas perdidas de su bando, tal como su hermano mayor; motivo por el que ahora ostentaba la corona de heredero.

Lólidir cuidaba mucho a su padre. No quería su puesto, le aterraba la idea de llegar a ocupar semejante y monótono cargo de poder. Llegó al vestíbulo del castillo. La ventana redonda que decoraba por encima de la puerta aún dejaba entrar algunos rayos de sol.

"Sí que se irá temprano" pensó con tranquilidad. Se acomodó en las escaleras y esperó; cavilando sobre lo que haría cuando la luna se asomase.

Un hombre anciano, de piel muy, muy blanca; ojos negros profundos, nariz puntiaguda y ceño fruncido; fijó su mirada en su hijo.

- Muchacho
un año más
- el hombre sonrió pero en pocos segundos volvió a su seriedad habitual- el sol se pondrá temprano, no creas que por ser tu cumpleaños dejarás de hacer tus obligaciones
- el hombre se dio vuelta y dejó solo a Lólidir.

- ¿Un año más?, un monótono día más diría yo- susurró el muchacho por lo bajo, pero una sonrisa casi macabra se formó en su rostro al recordar su pensamiento de hace un rato: "Algo que nunca olvidaré"

Vio como la horrible luz dorada bajaba lentamente por horizonte cuando...

 

- Sería interesante...- la idea se apoderó de su cabeza sólo con pensarla- quizá...- una sonrisa se dibujó en sus labios al tiempo que se levantaba rápidamente.

¡Saldría del castillo! El mejor momento: ¡aquel!

Corrió velozmente hasta la puerta... Se detuvo ¿por qué habría de romperla? Sólo dejaría un rastro que lo delataría. El castillo era inmenso, si se quedara probablemente no volvería a ver a su padre... Se limitó a abrir la puerta y salir lentamente.

¡Aire! El frío aire de la noche rozando su piel. Cerró los ojos disfrutando de aquella nueva sensación; de golpe olió a leños quemados, y con ello el magnifico olor de la sangre. Los aldeanos, se dijo; seguro estarían empezando a cocinar sus alimentos
¿pero porqué ese magnifico olor le llegaba de menor distancia a la que se encontraba la aldea?

Los humanos, habían sido colocados estratégicamente para que no se rozaran ni con los lobos, ni con ellos, los vampiros. Aunque muchas veces habían sido atacados, esos seres inferiores seguían llamando a esos terrenos su hogar, aunque sabían quien mandaba en realidad. Volvió a sonreír, los suyos se habían encargado de que los lobos aumentaran sus deseos de carne, y atacaran la aldea; para después entre los vampiros y humanos acabar con esos pulgosos.

Miró sigilosamente hacia los lados, no quería que ninguno en su reino le mirara.

Intentó pasar desapercibido, como un guardia cualquiera que custodiaba a esa hora. Aunque a pesar de sus intentos, el truco debió de salirle mal pues caminaba apresurado hasta el pueblo. El castillo dejó de verse conforme Lólidir seguía su camino. Miró una gran hoguera en la cual los humanos asaban carne de lobo en honor de la partida de los licántropos.

- ¡Vamos! Prueba un poco- decía una joven a un muchacho moreno que parecía muy molesto junto a la hoguera.

- Estás jodiendome ¿cierto?- preguntó el joven-. Deja de comer eso frente a mí o comeré carne cruda y blanca...

- ¿Es una amenaza?- preguntó la chica mordiendo un pedazo de carne que cargaba en brocheta.

- No... allá hay pollo, es carne blanca, sólo le pediré sin cocinar- bromeó él.

- Estás loco... además
¿a quién le vas a pedir?, José María; recuerda q eres mi protegido.

- ¿Protegido?, yo soy quien te protege Carla

Lólidir frunció el ceño; un olor repugnante le llegó a su nariz; acto imitado por el moreno. José María, tensó sus dedos; de los que empezaban a salir filosas uñas que se clavaban en su pantalón bastante rasgado. Carla notó esto, y también notó el movimiento súbito de las hojas cerca de su hoguera.

La chica se levantó y empezó a caminar hacia esas hojas; el príncipe vampiro se intentaba refugiar, pero la aldeana fue más rápida y mientras él se enredaba con las hojas y ramas, ella llegó frente a él; y con una mirada inquisidora, le preguntó:

- ¿Quién eres?

- ¿Qué importa quien sea?- gruñó José María al llegar junto a Carla-. Es un maldito vampiro...

El príncipe reaccionó a esto, el hombre que tenía al frente no era un aldeano; ¡era un licántropo!, por inercia hiso a atacarlo, pero la mujer sacó una estaca de roble con una punta hecha a mano sumamente filosa y le amenazó.

- No te acerques, si lo tocas te mueres- dijo la chica en medio de los dos seres.

 

- Déjame atacarlo, matarlo, destrozarlo; ellos hicieron lo mismo con los míos- gritó furioso el lobo.

EL chico moreno se fue sobre su amiga y el príncipe, pero esta puso todo su cuerpo par evitar ver más sangre bañar el lugar, donde en algún momento habían muerto sus padres, por una cruzada injusta.

Un chillido, perteneciente al sonido particular de los vampiros cruzó el aire; los tres chicos alzaron su mirada, y como por acto reflejo, se lanzaron al suelo; entre los matorrales y el fango.

Lólidir, apretó la quijada fuertemente, sabía que ya lo habían salido a buscar; alguien había notado su peculiar ausencia.

- ¿Qué querrán esos
?- preguntó José.

- Me quieren a mí- dijo el vampiro sin recordar que hablaba con un ser inferior.

- ¡Ay sí! El muy importante!- dijo sarcástico José-. Seguro vienen a cazar licántropos.

- Por favor, todos fueron exterminados.

- ¿Y yo que soy?

- ¡Cállense!- susurró grosera, Carla.

- Me escapé de mi castillo, mi familia no es lo que dicen ser; ellos solo piensan en la superioridad, y no me aceptan tal como soy- susurró el vampiro agachando la cabeza, no podía creer que se presentara como inferior frente a esos desconocidos.

- ¿Estás huyendo de ellos?- preguntó por lo bajo Carla, mientras le daba un codazo a su amigo que intentaba morder al vampiro y un chillido más cruzaba el aire.

- Por así decirlo

- Un zancudote escapando, es una extraña y muy creativa idea- dijo José poniéndose de pie al ver que los otros ya habían huido.

Los otros dos se pusieron en pie también. Carla y José María miraron al desconocido que se había presentado como Lólidir.

El licántropo, muy a su pesar, le tendió una mano y le dijo:

- ¿Te mostramos el lugar?

Parece un pantano, pero en un lado del lugar una casa hecha de palos, ramas, hojas y algunas piedras; le daban un aspecto cálido y reconfortante. La hoguera la iluminaba de a pocos la choza.

- Es sencilla, pero a veces le llamamos hogar- comentó Carla con un suspiro.

- ¿Qué pasó con tus padres?- preguntó el vampiro, dando una rápida mirada de vergüenza a José María, y clavándola en la chica.

- Murieron en la cruzada contra los lobos, vivíamos cerca de aquí; pero unos lobos nos atacaron y destruyeron la casa, mi padre murió defendiéndonos, y mi madre le siguió poco después en manos de un vampiro
- esto último lo dijo como un murmullo

- Lo siento- comentó Lólidir

- No lo sientas mucho, si no fuera porque mis padres atacaron su casa, no nos hubiésemos conocido, ¿verdad blanquita?- dijo José con una sonrisa en su rostro.

- Cierto, negro
después ese mismo vampiro asesinó a los padres de José
- dijo Carla con los ojos atravesando a su nuevo acompañante

Se quedaron un momento callados. Luego de un momento muy extraño e incómodo, Carla le ofreció a Lólidir una brocheta de lobo. José María le hizo cara de "te la comes, te mato", y Lólidir, sólo para ver su enojo, la aceptó.

- ¿Qué le gusta a la gente de la carne de lobo?- comentó un irritado José.

- ¿Qué es lo único bueno que tiene esos pulgosos?- preguntó sarcástico Lólidir

- Vamos niños, no discutan, acabamos de conocernos y ya están como si llevaran años
- comentó Carla sonriendo; al ver que a esos dos que le parecían se podían convertir en sus hermanos- ¿hoy es tu cumpleaños, cierto?

 

- Sí

- Felicidades- gritó la chica abrazándolo, mientras él abría los ojos como platos, para luego corresponder al abrazo.

- Gracias- susurró el vampiro, sintiendo que su cuerpo frío ganaba algo de calor.

- Fe
feliz cumpleaños
- carraspeó José María, estirando la mano con dificultad.

Lólidir sujetó la mano de José y, sin esperarlo, este le dio un abrazo y susurró a su oído.

- ¿Te atreves a clavarme el colmillo y te mato?- Lólidir sólo sonrió.

- Tranquilo que tengo buen gusto
Gracias compañero

Carla empezó a cantar una canción de cumpleaños, mientras José le hacía segunda; el pobre vampiro no aguantaba la risa del espectáculo, pero sentía miedo de que los suyos los escucharan, por eso con la cara roja les pidió silencio muerto de risa.

- Silencio, por favor- suplicó Lólidir, con los ojos rojos del llanto causado por reír- no ven que los vampiros pueden escuchar esos alaridos y pueden venir a ver de donde proviene ese horror de llantos.

- ¿Horror?- preguntó José- Yo gané en "Nace una estrella"

- ¿Qué ganaste? El de peor voz- preguntó Carla-. Ya se alejaron los vampis, vamos al pueblo.

Caminaron toda la noche por la fiesta. A Lólidir pareció no gustarle carne de lobo, lo cual le dio puntos con su nuevo amigo, puesto que Carla comía brocheta tras brocheta.

- No sé como no les gusta, es deliciosa.

- Ambos rodaron los ojos. Fueron al juego de cazar al lobo.

- Saben que esto es ridículo ¿verdad?- preguntó José-. Es imposible agarrar a un lobo de esa manera absurda, menos a un licántropo.

- -Bueno pero, eso no le quita lo divertido- dijo Carla- ¿Quieres probar Lólidir?- dijo tendiéndole una piedra-. Los lobos tienen puntajes entre más raros y el de hasta el fondo es licántropo, nadie le da.

Lólidir apuntó un poco y, de un tiró, le dio a la figura del licántropo.

- -Nada personal amigo- se disculpó-. Pero nací para matar lobos.

- -Malditos lobofóbicos.

- -Esa palabra no existe José- le recordó Carla.

- -La inventé.

Los jóvenes siguieron disfrutando de sus juegos; sin notar un montón de hombres con antorchas, flechas benditas y pistolas cargadas de balas de plata, que se amotinaban a su derredor. Lólidir y José, recibieron un repentino golpe de olor a lobo en sus narices; ambos se voltearon por inercia.

- Es una traidora, hay que matarla- gritó una mujer fuera del grupo.

- Primero maten al lobo- gritó alguien dentro de la multitud

- -Malditos sean- dijo José con la nariz irritada-. Odio la plata.

- -Cállate y pelea- le dijo Lólidir.

Cuando los aldeanos vieron los colmillos de Lólidir, retrocedieron. Se hincaron y suplicaron piedad.

- Por favor, no nos mates. Por favor señor de la noche.

Las palabras llamaron a un grupo de vampiros que habían salido hace ya algunas horas en busca del príncipe. Se precipitaron al lugar de donde provenía el sonido y lo vieron. Todo el pueblo suplicando su vida, un licántropo y una humana de pie junto al príncipe de los vampiros.

- Príncipe Ancalímon- dijo un guarda-. Venga con nosotros, su cena de cumpleaños inició hace ya mucho tiempo, su padre está furioso.

- Un lobo- susurró otro guarda un poco más listo

 

- No se acerquen, soy su príncipe, deben hacer lo que les diga- gritó el vampiro con los colmillos amenazantes- lo mismo para ustedes, aldeanos; no se acerquen.

- Soy una traidora, igual me tiene que matar- susurró Carla con el corazón apunto de salirle

- Nadie te tocará- le respondió José protegiéndola con su cuerpo.

- Nadie los tocará a ninguno- gritó Lólidir- aléjense ustedes- les gritó a los aldeanos- y ustedes, lárguense, díganle a mi padre que morí, que no existo; si no lo hacen

- -Lo sentimos señor, pero primero están las órdenes de sus padres. Aldeanos, pueden matar al lobo y a la humana, su sangre no sería bien recibida luego de estar cerca de un licántropo- dijo el guarda de forma cruel-. Por él.

Entre tres guardas tomaron a Lólidir por los brazos y, sin dejarle escape, se lo llevaron lentamente por la colina.

Los aldeanos volvieron a apuntar sus armas a José y a Carla

La luna brilló, trasformando a José en un lobo grande. Una bala le atravesó la pata, una flecha golpeó su cuello.

- La luna brilló, trasformando a José en un lobo grande. Una bala le atravesó la pata, una flecha golpeó su cuello.

- ¡José!- gritó Carla mientras la tomaban por los brazos.

- ¡Seguro ya está infectada!- gritó un aldeano.

- ¡Pero no se trasformó como su amigo!

- Seguro a las doce...

- "¿Acaso todo es a las doce?" pensó Carla regalándose un poco de sarcasmo burlón a sí misma. José tenía el pecho inflamado por las balas. Si sus venas se hinchaban podría morir.

Lólidir iba en un caballo con dos guardas sujetando sus brazos, pensando en lo que sucedería. Por ser ese día, quemarían a José en la hoguera. Aún podría ayudarlo, pero debía escapar.

- Oigan chicos- les dijo con toda la confianza del mundo, asombrándolos- ¿Les dije que ese lobo era el guerrero más fuerte de su manada? Y ustedes se lo dejan a unos humanos...- se burló-. Yo le estaba sacando información para poder matarle.

- ¿Sí?- preguntó uno de manera estúpida.

- ¿Dudas de tu príncipe?- se "indignó" Lólidir.

- No señor, claro que no- se disculpó el guarda-. Apenas lo llevemos al castillo regresaremos para matarlo.

- ¡¿Piensan quitarme la gloria?!- Lólidir se mostraba cada vez más "indignado" dándoles una cara de desconcierto a sus guardas.

- No, señor, claro que no.

Los guardas sudaban frío, no sabían que decir o hacer para complacer al príncipe. Al final de muchas disputas, y discusiones con el caprichoso príncipe decidieron bajar al pueblo todos y capturar al licántropo mientras seguían hablando del mismo tema en el que había terminado su discusión.

- El tomate es una verdura.

- Es una fruta...

Lejos, el lobo se sentía a morir, mientras Carla mordía, pateaba y se defendía; o más bien defendía a su amigo; en este momento solo le importaba el chico.

Un chillido arrancó calosfríos de todos los presentes; en el cielo, cuatro vampiros volaban directo a la multitud.

- Encárguense de los aldeanos, déjenme a mí al lobo y a la chica- gritó el príncipe abalanzándose sobre Carla y José, mientras ellos esperaban que en lugar de vampiro fuera ángel- los vine asacar- susurró el príncipe a los dos

- Lólidir- susurró Carla- se está muriendo- dijo señalando al lobo

 

- Pinzas
- murmuró el vampiro- ve por algo así a la herrería- le encomendó a la chica.

Ella asintió con la cabeza, y en una mímica muy bien lograda; "escapó" de los brazos del príncipe, y salió a buscar refugio en la herrería; mientras los guardias veían a su majestad alejarse con el lobo entre los brazos; e imitando clavarle los colmillos en el cuello.

- Espera, no te rindas- le murmuró al lobo llegando a un claro del lago- iré por Carla y te salvaremos.

El vampiro salió corriendo hacia la herrería. Cuando llegó un grupo de aldeanos rodeaba a Carla. Un chillido escapó de la boca de Lólidir.

- Dejadla, ella es mi presa- gritó mostrando los colmillos

Los aldeanos, aprovechando la herrería consiguieron un martillo y una estaca. Uno de ellos en especial lo miró con odio y susurró:

- Por fin mataré a un vampiro, como ustedes mataron a mi familia.

Se aceraron a Lólidir lentamente, mas este se escabulló entre ellos y llegó hasta Carla, que tenía el tobillo torcido.

- Tranquila, yo te llevaré... ¡Ahhh!- una estaca se clavó en su espalda.

- ¡Morirás!- gritaba el aldeano.

Se rompieron las vigas de la puerta, un lobo castaño oscuro entró adolorido. Se lanzó sobre aquel aldeano arrebatándole la estaca y el martillo y, con un aullido, cayó de costado con la sangre del aldeano en el hocico.

Lólidir se levantó chorreando sangre de la herida. Se encontraba furioso.

- Salgan...- murmuró furioso- salgan si no quieren morir...- los aldeanos, al ver muerto al más fuerte de ellos, salieron huyendo mientras clamaban por ayuda.

Carla como pudo se acercó a sus dos amigos, y tocó las heridas de ambos; la sangre manchaba sus manos, y se sentía impotente.

Un disparo sordo invadió la herrería, un grupo de hombres fuertemente armados llegaron.

- El fin- susurró la muchacha recostado su cabeza al pecho del lobo, y tomando la mano del príncipe.

- No aún, no- proclamó Lólidir.

Un grito ensordecedor, se escapó de la boca del vampiro. Los colmillos se hicieron más filosos y llamativos, la camisa morada que llevaba manchada de sangre, se rompió, y un par de alas grandes y negras salieron de la espalda del príncipe. sus orejas se volvieron puntiagudas.

Una de las alas estaba enrojecida por la sangre que emanaba de la herida, la otra, negra y tétrica ocultaba al lobo y a la humana de la luz de las antorchas.

- Sujétense fuerte- les susurró.

El techo se desplomó ante la velocidad a la que despegó Lólidir. El aire recorría su cabello al igual que el del licántropo, el de Carla que sólo se sujetaba con una mano sudorosa de Lólidir.

- ¡Sujétate!- gritó el vampiro.

Carla se limitó a cerrar los ojos para que la ráfaga no la lastimara, oía los aullidos ensordecedores de José, su desgarrado aullido.

Lólidir sólo les gritaba: "¡aguanten!"

El vampiro aterrizó sobre una llanura a varios kilómetros del pueblo; se desplomó casi muerto. Carla notó que algo le molestaba en la espalda, era aquellas pinzas por las que había ido a la herrería.

Dejando de lado su miedo a cualquier cosa que pareciera procedimiento quirúrgico, fue sacando las balas del lobo; para luego hacer lo mismo con la estaca del vampiro.

No aguantaba más, estaba cansada, adolorida. Se acostó entre sus dos amigos, esperando que todo fuese una pesadilla.

Los rayos del sol lastimaron los ojos de José; los abrió lentamente, y pudo observar la silueta de Lólidir recostado en un hueco en el centro de un gran árbol. Le dolía todo el cuerpo, pero ya no se sentía tan mal como la noche anterior. Buscó a Carla, y no la encontró, eso le preocupó.

- ¿Dónde está?- preguntó preocupado

- Alguien les tiene que dar alimento- musitó la chica detrás, con unas plantas en sus manos

- Yo no como eso ni loco- profirió el licántropo

- Dentro de estas hojas viene un pescado muy tentativo- dijo Carla- pero como el lobito no come, es más para Loli y para mí.

- Bien, si no me das luego veré que se me antoja en la noche- dijo José viéndola con cara hambrienta.

- Bien toma, pero no vuelvas a poner esa cara te es medio morbosa- le dijo tendiéndole un pescado.

Hicieron una fogata para cocinar el pescado un poco, un detalle sólo para Carla, pues Lólidir y José estaban dispuestos a comérselo crudo.

- A mi hermano le encantaba el pescado crudo, lástima que lo mató un vampiro, pero al menos yo lo maté a él- dijo José

- ¿Cómo se llamaba?- preguntó Lólidir con la boca llena.

- Ignatus- respondió José mordiendo el pescado. Observó la cara de asombro de Lólidir- ¿Qué pasa?- preguntó con el pescado en la boca.

- Mi hermano Ignatus murió en manos de un licántropo.

La tensión se apoderó del ambiente, los dos se miraban entre apenados y un tanto molestos. Carla miraba a uno y a otro con cara de "¿me voy o me quedo? ¡Maldito tobillo!" Hasta que Lólidir dijo:

- -Bueno, ya eso pasó, no podemos hacer nada para remediarlo- dijo Lólidir.

- -Lamento lo de tu hermano- José mordió de nuevo el pescado y sonrió.

- -Y yo por el tuyo- se disculpó Lólidir.

Ambos se quedaron sonriendo, hablando de sus hermanos hasta concluir que hubiera podido llevarse muy bien si se hubieran conocido (aunque era sarcasmo), mientras que Carla sólo comía y decía: "ya dejen ese tema, ¿me incluyen?

El hueco en el árbol, se convirtió en un hogar; cálido y sincero para tres amigos. Tres que si importar lo diferentes que fueran, lo extraño que los podía observar la sociedad, seguían unidos por lazos más fuertes que el que dirán; porque cada uno aceptaba al otro como diera lugar, y le protegía con su propia vida.

Porque los amigos, es aquella familia a la que escoges, y que siempre te dará a cambio lo mejor de sí.

El vampiro sonrió al ver a su nueva familia, y comprendió que siempre debes esperar un poco para encontrar lo mejor que te repara el destino.

PD: La historia dice que el príncipe cuando salió encontró una chat-room caliente; y allí empezó a ofrecer sus servicios de gran calidad a enfermeras y más en un hospital
aunque la anterior es la historia divulgada por todos.

FELIZ CUMPLEAÑOS CANUTO

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Los mismos ladrillos de muchos años atrás, las mismas viejas cortinas de terciopelo purpuras, los mismos muebles de viejo caoba y el mismo lecho de sueño.

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2023-02-27

 

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