19 años después... (1º año) - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Albus Severus Potter podría haber sido el chico de once años más nervioso del mundo mágico en ese día.
¡Por fin iba a ir a Hogwarts!
Luego de meses de escuchar a su hermano mayor, James, hablar de ésta, por fin iba a ir....
¡y lo mejor, su prima favorita, Rose Weasley, también iría!
Podría también ser también el más feliz y emocionado... excepto por algo, algo que le preocupaba....
James había hablado también de que hay 4 casas diferentes en Hogwarts, y que cada estudiante iba a la que correspondiera con sus características (valentía, inteligencia, astucia, lealtad, etc.)
Sus nombres eran Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw.
Albus no sabía cuál característica iba con cada una, pero sabía que no estaría nada bien quedar en Slytherin (debido a los cuentos de su hermano), y eso le inquietaba mucho.
No le dijo nada de su inquietud a nadie, porque era muy vergonzoso... y, además, ¡si James lo escuchara!...

-"Estás muy callado, Al, ¿pasa algo?" le preguntó su padre, Harry.
-"Probablemente los nervios, cariño" respondió su madre, Ginny, por él, lo cual fue un alivio para Albus.
-"¡Mami! ¿Puedo ir yo también a Hogwarts?" preguntó una vocecita desde el rincón.
Era la hermana menor de 9 años de Albus y James, Lily, y en su rostro se veían las esperanzas.
-"Me temo que no, Lily, aún no tienes edad suficiente" respondió Ginny.
-"Pero... pero..." tartamudeó la niña, y rompió a llorar.
-"Ay Lily... no te preocupes, ya llegara el momento" la consoló su madre.
-"¡Miren, el tío George me envió otro Surtido Saltaclases!" gritó James desde la escalera, enseñando un caramelo naranja y morado, y parecía ser un turrón sangranarices.
-"James, no importa que te lo haya dado tu tío, sabes que no debes..."
-"Lo sé, padre, pero es que ¡es taaaan genial!"
-"James, deja el dulce en tu cuarto, trae tu baúl y baja a desayunar ya o llegarán tarde a Kings Cross" lo apuró Ginny.
James subió, no sin hacer una mueca, y obedeció a su mamá.
-"Son las diez cinco, Ginny, no te preocupes" le dijo Harry.
-"Aún así, querido..."
-"¡Mami! ¡QUIERO-IR-A-HOGWARTS!" lloriqueó Lily.
Ginny suspiró.



Ya estando los Potter en Kings Cross, hicieron todo lo posible para que nadie notara que desaparecieron por el muro del andén 9, llegando así al Andén 9 y tres cuartos, donde se encontraba el Expreso de Hogwarts.
-¡Harry! ¡Ginny! los saludaron unas voces conocidas: Ronald Weasley y su esposa, Hermione Granger, se aproximaban a ellos junto a sus dos hijos; Rose (de 11 años) y Hugo (de 9 años).
-¿Ya tienes la túnica de Hogwarts puesta? ¡Ha! La que no se emociona
bromeó James a Rose.
Rose se sonrojó y le dio una palmadita en la espalda a Albus, quien sonrió, tranquilo.
-¡Por fin iremos a Hogwarts, Al! ¿Sabes qué? Mamá me prestó su libro de la Historia de Hogwarts, y
¿sabías que los fundadores de Hogwarts se llamaban Godric, Salazar, Helga y Rowena? ¿y que Slytherin construyó una cámara secreta para eliminar a los san
?
-Respira, Rosey, le dijo su padre, ya estás igual a tu madre

-¡Ron!, lo regañó Hermione, ¡deberías estar orgulloso de tu hija, seguro será la primera de la clase!
-De eso no hay duda dijo James, rodando los ojos.
Lily y Hugo hablaban en voz baja sobre lo maravilloso que sería que hicieran un encantamiento para crecer e ir a Hogwarts, y de lo injusto que era esperar dos años para ir.
-De todos modos, Rose, si no quedas en Gryffindor no habrá mas remedio que desheredarte, pero no hay prisa.
-¡Ron! lo volvió a regañar Hermione, y Lily y Hugo rieron, mientras Rose y Albus tragaban saliva, nerviosos.
-No lo dice enserio, chicos les dijeron Ginny y Hermione.
Entonces, un hombre de cabello rubio claro y rostro pálido, de ojos grises y facciones puntiagudas, pasó a lado de Harry y Ron, junto con su esposa e hijo.
Harry reconoció entonces a Draco Malfoy, su antiguo enemigo, aunque no reconoció a su esposa, pero el niño era igualito a Draco a sus once años.
-Así que ese es el pequeño Scorpius, dijo Ron, debes tener seguro vencerlo en todos los exámenes, Rosey, con la mente tan brillante que tienes, igual que la de tu madre

-¡Ron, por todos los cielos! ¡No los pongas todos en contra antes de que empieze siquiera el curso! dijo Hermione.
-Tienes razón
bueno, de todos modos, no te juntes demasiado con él, Rose
empezó Ron.
-¡No podrán creer lo que acabo de ver! interrumpió James, con los ojos como platos.
-¿Qué?
-Teddy está aquí, y ¿Qué creen que hacía? ¡Estaba besando a Victorie! Ya saben, nuestra prima mayor

-Sería tan lindo que se casaran, entonces Teddy sería de verdad parte de la familia suspiró Lily.
-Aunque ya viene a cenar cuatro veces a la semana, dijo Harry, ¿qué les parece si se viene a vivir con nosotros, y ya está?
-¡Sería genial dijo James, aunque tenga que compartir habitación con Al

-¡Miren la hora que es! Creo que será mejor que suban ya al tren
les dijo Ginny a James, Albus y Rose.
-¡Recuerda mandarle saludos de nuestra parte a Neville! le dijo Ginny a James.
-De acuerdo, mamá respondió.
Pero Albus seguía preocupado; no quería ir a Slytherin, pero ¿y si quedaba ahí? ¿Decepcionaría a su familia? ¿James se burlaría de él cada vez que se encontrarían? ¿Le dejarían de hablar, acaso? ¿Y si lo desheredan, tal como le dijo el tío Ron a Rose? ¡Tenía que hablar con alguien de confianza, o se sentiría peor!
Nervioso, se acercó a su padre.
-¿Pero, y si voy a Slytherin
? susurró, preocupado.
Harry lo miró comprensivamente, pues él había tenido esa misma inquietud el día que fue a Hogwarts por primera vez.
Harry miró a su hijo a los ojos.
-Albus Severus, tus nombres vienen de dos grandes directores que tuvo Hogwarts. Uno de ellos fue el más grande mago de su época, y el otro fue el hombre más valiente que haya conocido.
-Pero

-Albus, ¡no importa que quedes en Slytherin! Aunque si eso sucede, ¡imagina el excelente alumno que habrá ganado esa casa! Aunque, si de verdad no quieres ir, puedes decirle al Sombrero Seleccionador y escoger a Gryffindor sobre Slytherin. Tu decisión también cuenta.
-¿Enserio? preguntó Albus, a quien nunca se le había ocurrido algo así.
-A mi me tomó en cuenta le dijo Harry, y Albus se sintió aliviado.
Le dio las gracias a su papá y se despidió de los demás.
-¡No olviden escribir! les gritó una vez que hubo subido al tren.
-¿Qué dices? ¡Para nada! No lo olvidaríamos ni con un encantamiento Confundus le sonrió Ginny.
Albus le devolvió la sonrisa, y él y Rose fueron a buscar compartimento.
-¿Qué no viene James? preguntó Rose.
-No, dice que va a ir con sus amigos respondió Albus.






Después de un rato, pararon a descansar.
-No hay lugar, todos están llenos dijo Albus, casi sin aliento.
-No es cierto, mira, aquí hay lugar, sólo esta el chico rubio que vimos antes de subir

-Oh, no, definitivamente no dijo Albus, serio.
-¿Porqué?
-¿Qué no oíste lo que decían de él nuestros padres? ¡Que ni nos acercaramos a él! Y yo no pienso desobedecerlos

-Ay, porfa, Al
no puede ser tan malo, más bien se ve algo triste

Y era verdad. El chico estaba solo, sentado junto a la ventana, observando las montañas. Tenía la mirada perdida, y unas cuantas lágrimas asomándose de sus ojos grises.
-Bueno, si no hay de otra

Tocaron la puerta del vagón.
El chico volteó rápidamente, sorprendido, pues nadie le había prestado atención desde que subió al tren.
-¿Podemos pasar? preguntó Rose, amigablemente.
Scorpius asintió, y los chicos pasaron y se sentaron enfrente de él.
-Yo me llamo Rose, Rose Weasley, y él es mi primo Albus Severus Potter le dijo Rose a Scorpius.
Scorpius abrió los ojos. ¿Potter, Weasley
? ¿Qué no había oído a su padre hablar de esos apellidos? Y a juzgar de sus comentarios, no eran nada agradables, especialmente Weasley
.
-Tú eres Scorpius Malfoy, ¿no?
-Si.
En el vagón reinó un gran silencio, que pronto fue interrumpido por Rose.
-¿Te sucede algo, Scorpius?
Scorpius, que había tenido la mirada baja, negó con la cabeza.
-Vamos, sé que algo sucede

Pero Scorpius no estaba seguro si debía contárselo a alguien. ¿Qué iban a pensar de él?
Pero la mirada de consuelo de la chica Weasley lo animó, y decidió contarles la verdad.
-¿Ustedes conocen o han oído hablar de mi padre, Draco?
-Claro, de hecho nuestros padres eran
um
bueno, enemigos a nuestra edad dijo por fin Albus, aunque después se arrepintió, pues fue algo descortés su comentario.
-Perdón, no quise decir

-No importa, no importa sonrió tímidamente Scorpius.
-Bueno, el caso es que
mi familia es, según mi padre, una familia de gran respeto, y que no debía quedar en otra casa más que en Slytherin, y que no debía juntarme con sangres sucia, que debía odiarlos, pero
el caso es que
. Yo no soy como él; me refiero a que el es frío, cruel y estricto, y yo soy tímido, bueno, y amable. Y por eso él no está tan orgulloso de mí, ni nada. Mi mamá, por lo menos, es la única que me entiende, y me dice que no tiene nada de malo ser como soy, que yo puedo ser quien quiera. Pero, mi papá, ya saben

No era necesario que Scorpius hablara más, pues ya entendían lo que debía estar pasando.
Albus y Rose estaban conmovidos, y Albus estaba arrepentido de haber creído todo lo que su padre y su tío habían dicho sobre él, pues como había dicho Rose, no era tan malo
más bien no era ni malo.
En ese momento, tocaron la puerta, y la señora de las golosinas les preguntó que qué querían.
Albus estaba preparado para eso, ya que James había estado hablando todo el verano de las deliciosas golosinas que vendían en el tren, y se moría por probar un poco de todo.
Pidió su orden, y en unos segundos el vagón estaba lleno de dulces mágicos.
-Guau Scorpius estaba boquiabierto; su padre nunca le había comprado ninguno, pues decía que dejaban amarillos los dientes y que de todos modos no los merecía por su actitud tan penosa.
-¡Albus! No te va a caber en la panza lo regañó Rose.
-Vamos, Rose, sólo lo dices porque quieres. No se preocupen, pueden agarrar los dos, lo que quieran.
-¡Gracias!
Y en un dos por tres, se encontraban riendo juntos e intercambiando cromos de ranas de chocolate.
Las diferencias estaban olvidadas, y se hablaban como si se conocieran de toda la vida (aunque Albus y Rose, de hecho, sí se conocían de toda la vida
)
-¡Mira, este se llama como tú, Albus Dumbledore! le dijo Scorpius a Albus enseñándole su nuevo cromo.
-¡Claro! Ese fue un director de Hogwarts, ¿no? Mi papá me habló sobre él, dice que lo conoció y que fue el mejor mago de su época, y que mi nombre viene de él, y Severus viene de un tal Severus Snake

-Severus Snape, genio lo corrigió Rose.
-Da igual dijo Albus.
-Bueno, ¿en qué casa creen que vayan a ir? preguntó Rose.
-Toda mi familia ha ido a Slytherin, así que probablemente vaya ahí dijo tristemente Scorpius.
-No lo creo, amigo, ahí van todos los magos perversos, según el tío Ron, el papá de Rose, y ya que te conocemos mejor, diríamos que no eres un mago perverso lo consoló Albus.
-Albus tiene razón, los de Slytherin son unos antipáticos, arrogantes, aunque, astutos
. Pero de todos modos, tú eres amigable, simpático, y especial, Scorpius, no creo que vayas a Slytherin dijo Rose, y la pálida cara de Scorpius se tornó de un rosa claro, aunque nadie lo notó.
-¡Oh, miren el cielo, ya debemos de estar llegando! dijo Albus, emocionado, mirando la ventana.
Y, en efecto, el cielo se había teñido de un azul marino con diminutas estrellas que brillaban a lo lejos.
-¡Cierto! Mis papás me dijeron que cuando anochece ya estamos muy cerca
dijo Rose.
-Aunque me pregunto quién nos llevará a nuestras habitaciones dijo Scorpius.
-Ah, eso si se sonrió Albus, tranquilo, no es una criatura monstruosa ni nada, es Hagrid, el guardabosques; es mitad humano y mitad gigante, pero es muy amigable y agradable. Mi hermano mayor, James, lo iba a visitar a su cabaña con sus amigos cada que podía.
-Entonces no hay problema dijo Scorpius, animado.
-¡Y los de primer año van a Hogwarts, cuando llegan, claro, en bote!, dijo emocionada Rose, ¡hay que agarrar uno para nosotros tres!
Albus y Scorpius asintieron, sonriendo.
En eso, el tren paró y los chicos se pararon y salieron de su vagón, emocionados.





-¡Los de primer año!, gritó una voz grave, ¡Los de primer año, por aquí!
Albus, Scorpius y Rose siguieron a una multitud de chicos de casi su estatura, que parecían también de primer año, a la puerta de salida del tren.
Tal como había dicho Albus, ahí había un hombre gigante, gordo, con una barba y cabellera larga, rizada, y canosa. En su rostro se veían unas cuantas arrugas, pero sonreía alegremente a todo el que pasaba por ahí.
-Hola, Hagrid lo saludaron Albus y Rose.
-Hola, los saludó Hagrid, ¿ustedes son los hijos de Harry y Ginny-señaló a Albus-Ron y Hermione-señaló a Rose-y Draco Malfoy-señaló a Scorpius-verdad?
Los chicos asintieron.
-Guau, nunca me imagine que
bueno, ustedes, serían..um
dijo Hagrid, confundido viendo a Scorpius y a Albus.
Scorpius se sonrojó, al igual que sus dos nuevos amigos, pues habían captado el mensaje.
-Tal vez nuestros padres eran enemigos, pero eso no significa que nosotros también dijo Albus sonriendo a Scorpius.
-Bueno
¡Los de primer año! ¡Primer año, vengan aquí conmigo! gritó Hagrid a los demás estudiantes que salían.
Después de un rato parecía que ya no había más estudiantes de primer año, así que Hagrid los llevó a todos al lago, donde cruzarían en bote por grupos de tres a Hogwarts.
Albus, Rose y Scorpius se subieron al primero juntos, seguidos por los demás. Hagrid iba en la cabeza de todos, con una antorcha en la mano, para guiarlos e iluminar el camino.
Los tres amigos miraban a su alrededor, asombrados. ¿Acaso Hogwarts era tan hermosa? ¡Ese castillo al que se dirigían era majestuoso y hermoso, a pesar del polvo que lo cubría, debido a su anciana edad!





Ya estando en tierra firme, Hagrid los condujo a la entrada, donde un hombre bajito, gordo, y viejo con cabellos canosos y un bigote de morsa, los esperaba.
-Son todos suyos, profesor Slughorn
-Gracias, Hagrid
El profesor Slughorn los condujo a todos por unas numerosas escaleras de piedra, y mientras caminaban les hacía comentarios como ¿Tú eres el sobrino nieto de Fideus Gallant? Sí, fue un gran mago amigo mio o ¿Acaso eres la nieta de Amelia Diggle? Era una celebridad, te apuesto a que sí.
Albus, al parecer, fue su favorito pues le dijo, sorprendido,:
-¡Muchacho, ¿Qué no eres tú el hijo de Harry Potter?! Fue un gran, gran mago, y si, tu hermano James me habló de ti y de Lily
seguro tan buena bruja también como su abuela,
¡y tú y James como tu padre! ¿Sabías que él venció al Señor Tenebroso a los diecisiete años, aquí en Hogwarts? ¡Acabó con el mago más tenebroso de la historia de la magia! Sí que fue un gran héroe, lo conocí a los dieciséis, éramos grandes amigos
.
Pero, para el alivio de Albus, ya era hora de entrar al famoso Gran Comedor.
Sus grandes puertas, al abrirse, dieron a vista a un inmenso, inmenso salón con cuatro grandes y largas mesas.
Una era de Slytherin, otra de Ravenclaw, de Gryffindor y Hufflepuff.
Mientras los alumnos de primero pasaban entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw, muchos se fijaron en el techo, que reflejaba el cielo nocturno.
-El techo no es real, está encantado les dijo Rose a Albus y Scorpius.
-¿Cómo sabes? le preguntó Scorpius.
-Mamá me prestó su libro de la Historia de Hogwarts, y lo leí todo en tres meses respondió Rose, orgullosa de si misma.
-¡Hola, chicos! los saludó James de lejos desde la mesa de Gryffindor, junto con sus amigos, y Albus y Rose le devolvieron el saludo.
-¿El es James, verdad? preguntó Scorpius, y los otros dos asintieron.
Albus temblaba de nervios, cada vez más mientras iban avanzando.
Un banco con un sombrero viejo, puntiagudo y negro ya quedaba a unos cuantos escalones arriba.
El Sombrero Seleccionador estaba listo para mandar a los nuevos alumnos a sus respectivas casas.
Un silencio abrumador reinaba por todo el Gran Comedor.
Pero, entonces, el viejo sombrero seleccionador se movió.
Una rasgadura cerca del borde se abrió, y Albus adivinó que era su boca.
Entonces, el sombrero empezó a cantar.
-Oh, podrás pensar que no soy bonito, pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mi mismo si puedes encontrar un sombrero más inteligente que yo. Puedes tener bombines negros, sombreros altos y elegantes. Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts y puedo superar a todos
..
Albus estaba casi dormido de no ser porque Rose le susurró al oído:
-¡Albus! Escucha lo que dice el sombrero, es importante.
-
estar. Puedes pertenecer a Gryffindor, donde habitan los valientes-James hizo como si agarrara una espada invisible-Su osadía, temple y caballerosidad ponen aparte a los de Gryffindor

-¿James? ¿Caballerosidad? bromeó Albus, a lo que Rose y Scorpius rieron.
-
allí a sus semejantes. O tal vez en Slytherin harás tus verdaderos amigos..-Scorpius se quedó quieto; se moría de curiosidad por saber las verdaderas características de Slytherin-.
-Esa gente astuta utiliza cualquier medio para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada! Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga). Porque soy el Sombrero Pensante.
El Gran Comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción.
Entonces, el profesor Slughorn se adelantó con un gran rollo de pergamino en la mano.
-Cuando yo los nombre, deberán pasar a sentarse al banco y probarse el sombrero, y él los seleccionará dijo.
-¡Finnigan, Damian!
Un muchacho de pelo arenoso se sentó, y el sombrero pareció hablarle, aunque no se escuchaba nada.
Dentro de unos segundos, el sombrero gritó:
-¡GRYFFINDOR!
Damian se quitó el sombrero, y fue corriendo a la mesa de Gryffindor, dónde lo recibieron con aplausos.
-¡Corner, Thomas!
-¡RAVENCLAW!
Ahora la mesa izquierda aplaudió, y Thomas se apresuró a sentarse con sus nuevos compañeros.
-¡Longbottom, Alice!
Una chica de rostro sonrosado y coletas rubias, que a Albus le pareció muy guapa, pasó a sentarse en el sombrero.
-¡GRYFFINDOR!
Alice sonrió y fue a sentarse a la mesa de Gryffindor, donde aplaudían escandalosamente.
Albus suspiró.




Ya casi ni quedaban alumnos por seleccionar, y Albus se estaba ya enojando de tanto tener que esperar, hasta que

-¡Potter, Albus!
Nervioso, fue a sentarse al taburete y colocó el sombrero en su despeinada cabeza.
-Mmm, le dijo una vocecita a su oreja, muy interesante, lleno de valor y talento
pero siento una fuerte inquietud

Era el momento, Albus lo sabía, y hasta su papá se lo había aconsejado.
-Porfavor, no en Slytherin, no en Slytherin
pensó.
-¿No en Slytherin, eh? Ya veo, esa debe ser tu inquietud
pero, si estás seguro, tu casa es
¡GRYFFINDOR!
La última palabra la gritó al comedor entero, y la mesa de Gryffindor estalló en aplausos mientras Albus se dirigía a ella.
-Felicidades, chico le dijeron la mayoría de los estudiantes a los que le estrechó la mano.
-Bien hecho, Al le dijo James, guiñándole un ojo.
Sólo quedaban tres chicos de elegir: Rose, Scorpius y un chico gordito que, según Albus, parecía un cerdo al que le enseñaron a caminar en dos patas.
-¡Malfoy, Scorpius!
Scorpius temblaba de nervios. Quería ir con Albus, pero ¿si lo eligieran Gryffindor, qué diría su familia? Y si lo eligieran Slytherin, ¿qué dirían Albus y Rose? ¿Le dejarían de hablar? ¿Ya no serían amigos?
El momento parecía ser muy lento para Scorpius.
-¡GRYFFINDOR!
El que más gritó y aplaudió de toda la mesa de Gryffindor fue, obviamente, Albus, y Scorpius se apresuró a sentarse con él.
-Seguramente Rose también vendrá a Gryffindor le dijo Albus a Scorpius, y, en efecto, no se equivocaba: en el preciso instante que el sombrero tocó la cabeza de Rose, la declaró una Gryffindor.
Rose corrió, contenta, a la mesa de Gryffindor y se sentó al lado de Scorpius.
-¡Todos juntos en la misma casa! ¿Qué padre, no? sonrió Rose.
Los chicos asintieron.
Pero entonces Scorpius se puso pálido. Había obtenido lo que quería, pero ¿qué diría su papá cuando supiera que no había ido a Slytherin, sino a Gryffindor, su casa opuesta
?
-¡Dursley, Dudley!
Dursley
Dursley
el apellido le sonaba a Albus, se lo había oído alguna vez a su papá, pero no recordaba de dónde

-¡GRYFFINDOR!
El chico, con aire de decepción se dirigió a la mesa de Gryffindor, y se sentó frente a Albus, Rose y Scorpius.
Entonces Albus lo recordó: Dursley era el apellido del primo de su papá, quien se llamaba Dudley, y se comunicaban por correspondencia muggle debido a que Dudley era un muggle, pero su hijo resultó ser

Una profesora, en el centro de la mesa de los profesores, se levantó.
Era alta, y de aspecto severo, con una túnica verde esmeralda, con arrugas en el rostro, y cabello negro canoso.
Minerva McGonagall estaba lista para dar su discurso de bienvenida.


-¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar el famoso banquete de bienvenida, me gustaría advertirles que su conducta debe haber mejorado durante las vacaciones-dirigió la mirada hacia James y sus amigos, y éstos rieron por lo bajo-pero, ya que es el primer día
¡Buen provecho! sonrió, agitó las manos, y todos los platos que había en el Gran Comedor se llenaron de comida.
Albus veía comida en todas partes; era un verdadero festín: carne asada, papas, pollo asado, chuletas, salchichas, guisantes, zanahorias, salsas de carne y tomate, filetes
.
-¿Me pasas las papas, Albus? dijo Rose.
Albus se fijó en su plato, y se quedó boquiabierto.
-¡¿Ya llevas medio plato?!
-Albus, no grites le dijo Rose, sonrojada y avergonzada.
-Es que apenas acaba de aparecer la comida

La mirada que le echó Rose lo calló y decidió pasarle las papas sin contradecirla.
-De todos modos, el chico que esta enfrente de nosotros lleva más que yo
En efecto, el chico que se llamaba Dudley Dursley le había ganado por mucho a Rose, pues no quedaba ni una sobra en su plato, tenía toda la boca y barbilla manchada de manteca de puerco, y en ese momento devoraba una inocente pierna de pollo.
-¿Qué tanto me ven? gruñó Dudley a Albus, Rose y Scorpius.
-Nada respondieron los tres al unísono.
Dudley frunció el entrecejo y siguió comiendo su pierna de pollo.
Al cabo de un rato todos estaban muy satisfechos y casi ni quedaba comida, por lo que la profesora McGonagall aplaudió y los platos se vaciaron; limpios como si nunca se hubiera servido algo en ellos.
-¡Ugh!
Un fantasma de color blanco perla había pasado rozando a Scorpius.
Los ojos de Rose brillaron, señal que indica que estaba a punto de revelar información leída en algún libro.
-¡Lo sabía! ¡He leído que en Hogwarts hay fantasmas! Disculpe señor, ¿cómo se llama?
El fantasma, complacido por su cortesía, le respondió.
-Mi nombre, pequeña señorita, es Sir Nicholas de Mimsy Porpington, aunque muchos sinvergüenzas han osado llamarme Nick Casi Decapitado

-¿Casi? ¿Se puede estar casi decapitado? ¿Cómo? preguntó Scorpius, atónito.
Nick Casi Decapitado arrugó el entrecejo y dijo:
-Así.
A continuación, se agarró la oreja izquierda y tiró. Toda su cabeza se separó de su cuello y calló sobre su hombro.
Era evidente que alguien, mientras estaba vivo, había intentado decapitarlo, pero lo había hecho mal.
Todos los que lo habían estado observando, hicieron caras y muecas de asombro, lo que pareció complacer mucho a Nick.
Entonces, en los platos volvió a aparecer comida, solo que esta vez eran postres de todas clases.
Rose y Dudley volvieron al ataque, mientras que Albus y Scorpius tranquilamente se servían un poco de pay de queso.
Pronto, todos los estudiantes cayeron rendidos y satisfechos.



-Yo soy sangre limpia; mis papás son brujos también decía Damian a sus compañeros, unos minutos después de que acabaron con los postres.
-Yo soy sangre mestiza, la familia de mi padre era muggle y la de mi madre magos dijo un chico llamado Josh Finch-Fletchley.
-Yo también soy sangre limpia, mi papá es el maestro de Herbología, ¿ya lo conocían antes? dijo Alice, señalando a un profesor que se encontraba hablando con Madame Pomfrey sobre la importancia de las plantas para la salud de los magos.
Albus reconoció entonces a Neville Longbottom, un gran amigo de sus padres, a quien habían invitado a cenar muchas veces junto con su esposa, Hannah Longbottom Abbott, pero Albus nunca había visto a su hija, quien según Albus, era tan hermosa

-Pero no te pareces nada a él dijo Dudley descortésmente.
-Pues porque se parece a su madre, ¡obvio! le dijo Albus, enojado.
Dudley le dirigió una mirada rabiosa, esperando que éste se resistiera, pero Albus le sostuvo- y hasta le devolvió- la mirada.
Rose, quien había estado observando, decidió cambiar de tema.
-Yo soy sangre mestiza; toda la familia de mi padre es sangre limpia, pero mis otros abuelos son muggles, decía, ¿y tú, Dudley?
-Bueno
um
toda mi familia es
excepto yo, claro,
balbuceaba Dudley.
-No tiene nada de malo decir que tu familia es muggle le dijo Albus.
Rose le dirigió una mirada asesina que hizo que Albus callara la boca por un buen rato.
-¿Y tú Scorpius? ¿Cómo es tu familia? le preguntó Damian a Scorpius.
-Todos son sangre limpia, y MUY obsesionados por eso
-muchos rieron debido a su tono- todos han ido a Slytherin en sus años en Hogwarts y
no se que dirán si se enteran que estoy en Gryffindor

Todos le dieron sus mejores miradas de consuelo, cosa que lo hicieron sentir mejor.
-No te preocupes, chico, no es tan mala esta casa
lo consoló Josh.
-¿Qué no es TAN mala? ¡Gryffindor no ES mala! La casa mala es la de Slytherin replicó Damian.
Scorpius rió tímidamente.
-¿Albus, es cierto que tu padre es Harry Potter? le preguntó a Albus una chica de cabellos rubios llamada Katie Puck.
-Sí.
Katie y los demás que lo habían estado escuchando se le quedaron viendo, boquiabiertos.
-
.¿porqué me.. empezó Albus tímidamente, pero Josh lo interrumpió.
-¿Has oído hablar de un mago tenebroso llamado
llamado
bueno, olvida el nombre, la cosa es que lo llamaban El Señor Tenebroso, El-que-no-debe-ser-nombrado y Ya-sabes-quién

-Pues
creo que si respondió Albus, quién entonces recordó la conversación con el profesor Slughorn.
-Si, dijo, ¿no era él el mago más temido de todos los tiempos?
Los demás asintieron.
-¡Tu padre acabó con él a los diecisiete años, aquí, en este mismo salón! le dijo, asombrada, Alice, a lo que a Albus le dio un vuelco en el corazón.
-Pues, si

Entonces le dirigió una mirada a Rose y Scorpius que daba a entender perfectamente: Ayúdenme a cambiar de tema

Pero no necesito que ellos lo ayudaran.
La profesora McGonagall se había parado de su silla y tosió para hacerse notar.
-Antes de irse a sus dormitorios, me gustaría decirles unas cuantas palabras dijo.
-Los alumnos de primer año deben recordar que los bosques del área del castillo están estrictamente prohibidos para todos los alumnos; y nuestro celador, el señor Argus Filch, me pidió que les recordara que no deben hacer magia en el recreo ni en los pasillos.
Las pruebas de quidditch tendrán lugar la segunda semana, para todos aquellos que quieran unirse al equipo-James y sus amigos intercambiaron miradas, y Albus no dudó en que iban a asistir a las pruebas-Ahora, ya que lo he dicho todo, pueden subir a sus dormitorios. ¡Prefectos, lleven a sus nuevos alumnos a sus respectivas salas comunes!
Albus, Rose, Scorpius y los demás siguieron al prefecto de su casa, quien se llamaba Hernest Wood, a las numerosas escaleras de mármol, hasta llegar a la Torre de Gryffindor.


Al final del pasillo se hallaba un retrato de tamaño normal, con una mujer muy gorda, vestida con un hermoso vestido verde de seda, y con arreglos florales en el cabello.
-¿Palabra? le preguntó a Hernest y a los demás Gryffindors.
-Beauti Pacifi’ contestó Hernest, y el retrato se abrió, como una puerta, para dejarlos pasar a la sala común de Gryffindor.
Era una habitación grande y acogedora, llena de cómodos sillones. Las paredes se cubrían de un estampado rojo de piel con detalles dorados, y la chimenea encendida despedía un calor acogedor que llegaba hasta los chicos, que miraban asombrados a su alrededor.
-Ahora: las niñas dormirán en los dormitorios del lado izquierdo, y los niños del lado derecho. Descuiden, aquí se hallan sus pertenencias les dijo Hernest, y guió a los niños a sus dormitorios, arriba de una escalera de caracol.
Albus, Scorpius, Damian y Dudley dormían en la misma habitación. Albus escogió su cama entre la de Scorpius y Damian, lo más lejos de la de Dudley, que era la final.
Ninguno habló, pues querían guardar en su memoria todos los momentos que habían pasado en su primera ida a Hogwarts, y así, poco a poco fueron quedándose dormidos.Andar por Hogwarts, a cualquier hora del día, no era precisamente una tarea fácil.
Después de desayunar, Albus, Rose y Scorpius se dirigieron a su primera clase del día: Transformaciones.
La profesora McGonagall enseñaba esa materia, y al parecer, era muy difícil

Al cabo de una hora, sólo Rose había conseguido transformar su alfiler en clavo, ganando 10 puntos para Gryffindor.
Aún así, les encargó seguir practicando el hechizo hasta lograrlo de nuevo.
Después, tuvieron Historia de la Magia; materia impartida por el profesor Binns, un fantasma con voz aburrida que hacía dormir a sus alumnos muchas veces.
Albus y Scorpius hicieron un gran esfuerzo por no quedar dormidos, a diferencia de Rose, quién parecía tener una habilidad para soportar la voz del profesor.
Y así tuvieron Encantamientos, Pociones y Herbología ese día (Alice y Rose fueron las primeras que lograron cortar el tallo de la planta extraña y repugnante que les pusieron, la cual a Albus se le olvidó su nombre).
A las cinco de la tarde, los chicos calleron rendidos en la sala común de Gryffindor.
-¡Miren cuántos deberes! dijo Scorpius, mareado.
Albus bostezó, lleno de flojera, pero Rose les aconsejó que se dieran prisa en terminar sus deberes o se atrasarían, y a los chicos no les quedó de otra más que obedecerla.


Era jueves en la tarde, y Albus, Rose y Scorpius se dirigían al Aula de Historia de la Magia.
Albus tenía ojeras y lucía muy cansado, a Scorpius le dolía mucho la cabeza y parecía que en cualquier momento podría desmayarse, y Rose estaba furiosa.
-¡Si no me hubieran distraído en el Gran Comedor con sus tonterías de los equipos de quidditch, sabríamos a donde vamos! les decía a cada rato, muy enojada.
Sin embargo, sus amigos la ignoraron, lo cual hizo que estuviera aún más furiosa.
La profesora McGonagall había avisado en la comida que el profesor Binns había tenido una conferencia con otras fantasmas profesores en Rumania acerca de ‘cómo mejorar las técnicas de enseñanza con los alumnos’ (-y vaya que la necesita comentó Scorpius, a lo que todos rieron menos Rose), y que habría un maestro sustituto y tendría que cambiar el aula, pero no escucharon su ubicación debido a que Albus y Scorpius empezaron a hablar de quidditch junto con James y sus amigos con un nivel de voz que impidió a Rose escuchar lo demás.

Rose los condujo entonces a la escalera del sexto piso, donde pensó que podría estar el aula, pero por sexta vez no acertaron en su camino.
-Entonces debe ser en el séptimo piso razonó Albus, y él y sus amigos se dirigieron ahí.
Pero entonces Scorpius tropezó con una armadura, provocando un ruido sonoro.
De la nada, apareció un enanito feo que flotaba y daba volteretas con una sonrisita malévola.
-¡Oh, los novatos se perdieron! ¡Qué divertido! dijo y les lanzó unas cuantas bombas fétidas, que Rose rechazó con un encantamiento escudo.
-¿Dónde aprendiste a hacer eso? preguntó Scorpius, impresionado.
-Me lo enseño mi mamá, dijo que alo mejor me sería útil contestó Rose, sonriendo.
-Oh, ¡un nuevo Potter pipí en el pote! sonrió burlonamente el enanito con su mirada en Albus.
-¿Quién rayos eres?
-¡Peeves! ¡Te lo advierto, lárgate de aquí o te daré
! gritó una voz gruñona y Peeves les guiñó un ojo a los chicos, triunfante, y desapareció.
Entonces, de la oscuridad, apareció Argus Filch, acompañado de su fiel gata, La Señora Norris.
-¿No deberían estar en clase? les gruñó.
-Bueno, nosotros
empezaron, pero Filch los interrumpió:
-¡Ajá! ¡Informaré de esto a la profesora McGonagall! ¡No volverán a ensuciar los pasillos! Una hora extra fregando pisos

Albus, Rose y Scorpius hubieran sentido lástima por él si no les hubiera dicho lo que dijo entonces:
-No queda de otra más que castigarles; una semana con Hagrid a ayudarlo a sacar bowtruckles de sus troncos
sin guantes protectores, una sonrisa se iluminó en su feo y mugriento rostro, ahora, los llevaré a su clase
veremos qué dirá la profesora McGonagall cuando los vea llegar tarde
-¿La profesora McGonagall sustituirá al profesor Binns entonces? preguntó Albus.
-Claro que no, contestó Filch, aunque debería. Escogieron a un demente que cree que existen los narkles y los snorkaks, y quién sabe qué más, y la profesora McGonagall quiso asistir para vigilarlo.
Ahora, la clase es en la segunda aula de ese pasillo dijo apuntando a la derecha.
Los chicos le agradecieron, y nerviosos corrieron hacia el Aula.
-¡Qué suerte toparnos con ese señor! comentó Albus mientras corrían.
-No siempre es así de agradable, les advirtió Rose, supongo que McGonagall le subió el sueldo o algo.
Entonces llegaron al aula, donde se encontraba la profesora McGonagall, sentada en un banquito en un rincón, los demás alumnos sentados en sus respectivas bancas, y un señor pálido, alto y de cabellos rubios canosos enfrente de todos.
La profesora McGonagall advirtió la presencia de los tres, y dijo:
-Parece que han decidido asistir a clase, chicos
-Profesora, no es eso, es que
empezó Rose, nerviosa y avergonzada.
-Estabamos perdidos, profesora, nos distraímos cuando dijo la ubicación de la nueva aula confesó Albus, a lo que la profesora McGonagall contestó:
-Bueno, solo ustedes conocen los motivos de su distracción, y espero que no sean graves, así que nada más me veré obligada a restarle 5 puntos a Gryffindor, y a lo que respecta pueden tomar asiento. Perdón, Xenophilius, puedes continuar- dijo dirigiéndose al hombre de cabellos rubios.
Albus, Rose y Scorpius se sentaron juntos en una banca y guardaron silencio.
Albus no tardó mucho en reconocer a Xenophilius Lovegood, cuya hija había sido gran amiga de sus padres.
Albus, Rose, Scorpius y todos los demás estaban impresionados con la locura del señor Lovegood. ¿Snorkak de cuernos arrugados? ¿Narkles? Al parecer, Filch tenía razón: el pobre hombre estaba demente, y todos hacían un gran esfuerzo en contener la risa.
-Y, bueno, esta es la historia más interesante de todas
empezó Xenophilius, y un silencio reinó la habitación.
-Hagas lo que hagas no te rías le advirtió susurrando Albus a Scorpius, quien estaba rojo de tanto contener la risa.
-Bueno, cuentan que hace muchos, pero muchos años, existía una varita legendaria que decían era invencible: muchos magos la deseaban, y tenía muchos nombres: La Varita del Destino, La Varita Legendaria, etc., pero el nombre más usado era la Varita de Sáuco.
Ésta, según la leyenda, se la dio la muerte al mayor de tres hermanos

La profesora McGonagall tosió, como si quisiera que Xenophilius se detuviera, pero después le hizo un ademán que indicó que continuara con su relato.
-Bueno, como les decía, la muerte le dio la Varita de Sáuco al mayor de tres hermanos, debido a su habilidad para la magia. Sin embargo, también le dio objetos muy poderosos a sus dos hermanos menores, y si se juntaban los tres objetos, el posesor se convertiría en el maestro de la muerte, pues estas tres son denominadas ‘las reliquias de la muerte’. Nadie sabe dónde se encuentran actualmente, pero hay muchos magos que han muerto intentando buscarlas.
Los demás objetos son

-¡Suficiente! gritó la profesora McGonagall; al parecer había perdido la paciencia.
-¿Qué
?
-¡Xenophilius, ¿cómo les cuentas eso a alumnos de primer año?! ¡PRIMER AÑO! Mis más sinceras disculpas, pero me temo que tendrá que abandonar el aula, los chicos no deben arriesgarse.
Entonces la profesora McGonagall lanzó el hechizo Petrificus Totalus a Xenophilius para que no se moviera, y llamó a los profesores Flitwick y Slughorn, quienes llegaron de inmediato.
-Por favor llévense al señor Lovegood de Hogwarts, me temo que su historia ha sido muy avanzada y arriesgada como para que la escuchen
alumnos de primer año les dijo la profesora McGonagall a Flitwick y Slughorn, quienes obedecieron rápidamente, y cuando se hubieron ido, les dijo a los chicos:
-Perdónenme, chicos, pero la historia recién contada por el señor Lovegood no es apta para ustedes, ahora pueden retirarse a sus salas comunes. Gracias.
Los chicos marcharon en grupos, confusos y atónitos.
-¿Será cierto, existirán las reliquias de la muerte? preguntó Albus a Rose y Scorpius.
-No me digas que te creíste la historia le dijo Rose, atónita.
-¡Claro! De todos modos, sonaba muy convincente
se defendió Albus.
Rose rodó los ojos.
-Es muy improbable que
empezó, pero Albus la interrumpió.
-Bueno, lo que sea, pero nada de lo que digas cambiará mi opinión sobre estas reliquias de la muerte.
-¿Tú no crees en esto, o si Scorpius? le preguntó Rose a Scorpius.
-Bueno, por un lado no es muy probable pero, no se, puede ser cierto
de todos modos es una leyenda, y una parte de las leyendas es cierta
.
Albus sonrió con satisfacción, y Rose se alejó de ellos, echando chispas.



Rose no les dirigió la palabra en todo el día, hasta que al día siguiente en el desayuno se les acercó sonriendo y les dijo:
-¡Feliz Halloween, chicos! Hoy es la fiesta, en la noche
de seguro va a estar genial.
-Imaginen, va a estar todo lleno de dulces
dijo Scorpius con ojos de borrego.
-Y las decoraciones, calabazas por todas partes, dulces,
sonrió Albus.
-Ya no puedo esperar a que sea de noche les confesó Scorpius, emocionado, a lo que Albus y Rose asintieron.
-Bueno, será mejor que nos dirijamos a Defensa Contra las Artes Oscuras, les dijo Rose, no queremos otro castigo

Entonces paró en seco, y a los tres se les heló la sangre. ¡Lo habían olvidado! ¡El castigo con Filch! Dijo que sería en una semana, y todos los castigos últimamente serían

-En la noche terminaron con voz temblorosa los tres al unísono, y dejaron escapar un gemido de irritación.

-Ya está que nos perderemos la fiesta les dijo Rose en la comida de mediodía.
-¿Qué? dijeron Albus y Scorpius.
-Sí; hablé con la profesora McGonagall y dijo que cumpliremos el castigo en las noches de toda la semana
empezando hoy.
Rose suspiró, al igual que los otros dos.
-Qué mal, supongo que le pediré a Damian que nos guarde unas cuantas varitas de regaliz comentó Albus.
-Sólo si Dudley no se las acaba dijo Scorpius, y los dos rieron.


Eran las siete y media de la noche, y Albus, Rose y Scorpius se dirigían a la cabaña de Hagrid.
Al recibirlos Hagrid, un enorme perro negro los tumbó de un salto y les lamió la cara con su enorme lengua.
-Ya basta, Fang, déjalos que respiren le dijo Hagrid al perro, quién obedeció inmediatamente.
-Hagrid, ¿a dónde iremos? preguntó Albus.
-Iremos a los terrenos de Hogwarts, muy cerca del Bosque Prohibido; ahí hay montones de troncos donde seguramente habitan bowtruckles respondió Hagrid, y agarró su lámpara y les hizo un ademán para que salieran.
Ya afuera, Hagrid los condujo a un área donde había muchos árboles y troncos sueltos, pero no era el Bosque.
-Cada quién va a elegir su tronco, e intentarán sacar a los bowtruckles que viven dentro con un filete como éstos les dijo Hagrid, dándoles un filete cubierto con sangre.
-Normalmente esto se hace con guantes protectores, continuó, pues los bowtruckles tienen garras extremadamente afiladas y sería peligroso que los lastimaran, pero me dieron la orden de no darles ni un guante protector

De todas formas, tengo un ungüento de Solución de tentáculos de kenydrup que me dio la Señora Pomfrey, por si hay algún accidente.
Los chicos asintieron, nerviosos y buscaron un tronco cada quién.
Cuando ya tuvieron cada quién un tronco, siguiendo las instrucciones de Hagrid, le dieron una pequeña patadita, y si se escuchaban ruidos de protesta significaba que había bowtruckles. Ya hubiesen comprobado si había bowtruckles, rodearon el tronco con el filete en lo alto, dejando que los bowtruckles olieran la sangre y la carne de éste.
Por lo visto, los bowtruckles del tronco de Scorpius eran los más glotones, pues apenas este hubiera dado una vuelta, se lanzaron contra el filete, y Hagrid le dijo a Scorpius que los metiera rápidamente a una bolsa de plástico que les fue dando.
Y así estuvieron, durante dos horas y media, hasta que Hagrid les dijo que pararan y les agradeció por ayudarlo.
-De nada dijeron, aunque sabían que ellos no se habían ofrecido voluntariamente.
-Ya son las diez de la noche; la fiesta ya ha de haber terminado se quejó Scorpius una vez entraron al castillo.
-Sí, pero no sabemos si la fiesta vaya a continuar en la sala común dijo Albus.
Rose, simplemente estaba llorando silenciosamente, pero los chicos no se dieron cuenta sino hasta que dio su primer sollozo audible.
-¿Qué te sucede? le preguntaron sus amigos.
-Es que
es que tartamudeó la chica.
-¿Es que qué? preguntó Scorpius.
-¡NO PUEDO CREER QUE NO COMI NINGUN DULCE! gritó, rabiosa, y en ese instante Albus y Scorpius supieron que si Rose veía al gordo de Dudley, satisfecho del banquete, lo haría jamón.Ya había pasado la semana de castigo de Albus, Rose y Scorpius; de hecho, ya se avecinaba el mes de Diciembre, y junto a él el dichoso invierno.
Rose seguía traumada con no haber comido algún dulce en el banquete de Halloween, y seguía lanzándole miradas rabiosas a Dudley cada vez que se lo encontraba en los pasillos o en la sala común.
Albus, a pesar de las opiniones de Rose, seguía interesado en lo que había contado el señor Lovegood en la clase de historia, al igual que Scorpius, y por eso se sorprendieron cuando una tarde en la sala común, Rose llegó con aire de haber reflexionado algo, y les dijo:
-¿Saben qué? Creo que ya me está interesando todo este asunto de las reliquias de la muerte.
Albus y Scorpius estaban boquiabiertos.
-¿Cómo?
-¿Qué te hizo cambiar de opinión? le preguntó Albus, incrédulo.
-Verán, estas últimas semanas lo he pensado bien, y me gustaría investigar acerca de la Varita de Sáuco y las otras reliquias; puede que haya información en la biblioteca, y he de admitir que sería algo muy interesante de leer.
-¿Enserio crees que haya información de las reliquias de la muerte? preguntó Albus.
-¿Y porqué no habría?
-Porque según la profesora McGonagall, era un tema ‘muy avanzado’ para nosotros, y si enserio es muy avanzado no creo que se tomaran el riesgo de que alguien de nuestra edad tomara prestado un libro con esa información, ¿o si?
Rose se quedó en blanco.
-Es una buena teoría, admitió, pero no sabemos si se encuentra el libro en la Sección Prohibida.
-Espera, espera dijo Scorpius, si es una sección prohibida ¿cómo vamos a entrar?
-Bueno, le pregunté a la señora Pince, y me dijo que sólo podemos acceder a ella con el permiso de un profesor, aunque también
-bajó la voz-podríamos escabullirnos.
-¿Estás loca?,le dijo Albus, enojado, yo no quiero más castigos de sacar bowtruckles o algo parecido ¡mira la herida que me dejó uno de ellos!y le enseñó una venda manchada de rojo carmín en su brazo derecho.
-Bueno, si es algo arriesgado, pero

-¿Y como piensas que nos escabulliremos? preguntó Scorpius.
-Iremos a medianoche, a escondidas respondió Rose, con un halo de misterio.




-¿Tienen todos sus varitas? preguntó Rose, a lo que los chicos asintieron.
-Bien, ahora hagan lo que yo, les dijo, ¡Lumos!
De la punta de la varita de Rose apareció una luz que iluminaba el recorrido a la biblioteca.
Albus y Scorpius hicieron lo mismo, y pronto tuvieron suficiente luz como para ver a los retratos en la pared dormidos, y uno de ellos les protestó:
-¡Apaguen esa luz!
Sin embargo, los chicos ignoraron las protestas de los retratos durante todo el recorrido, cosa que resultó muy agotadora.
Justo cuando Albus y Scorpius estaban a punto de caer en un profundo sueño, Rose anunció su llegada a la biblioteca.
-Miren, allá está la sección prohibida dijo Rose señalando a una sección lejana con cadenas alrededor.
-Guau dijo Scorpius al ver las gigantescas cadenas.
-¿Y como cruzaremos esto? preguntó Albus.
Rose lo ignoró e hizo un hechizo que apartó las cadenas, formando un camino.
-Pasen les dijo, y ellos obedecieron.
Había tres estantes diferentes, cada uno con libros extraños y feos, muchos de ellos con imágenes aterrorizantes.
-Albus: tú busca en el último estante; Scorpius: tú busca en el estante que sigue de este y yo buscaré en este les dijo Rose.

Ya debían de ser la una quince cuando los tres cayeron rendidos en el suelo.
-Es inútil; no hay nada dijo Scorpius.
-Qué sueño
bostezó Albus.
-Creo que es mejor irnos ya dijo Rose, preocupada, y los tres salieron, no sin hacer de nuevo el encantamiento para poner las cadenas en su lugar.
Cada quién iba medio dormido, y cuando estuvieron un estante cerca de la puerta de salida ¡paff! Que Scorpius tropieza con algo.
-¿Estás bien, Scorpius? le preguntaron sus amigos, preocupados más por el chico que por el objeto que lo hizo caer.
-Sí, solo es este libro
dijo Scorpius, y le dio la vuelta al libro. En la portada se leía en letras grandes ‘Los Cuentos de Beedle el Bardo’.
-¿Qué hace aquí ese libro?,se preguntó Albus, es infantil, ¿porqué alguien lo querría leer?
-No lo sé Albus, pero ya vamonos dijo Rose, y los tres salieron de la biblioteca.
-Más despacio, Rose le dijo Scorpius, casi sin aliento, pues Rose iba caminando a grandes zancadas.
-Perdón Scorpius, pero es que no quiero que alguien nos cache, ¡nos podrían expulsar! gimió Rose.
Asi que a Scorpius no le quedó de otra mas que aguantarse.
Después de todo, llegaré a dormirme pensó.
Albus saltó cuando la Señora Gorda gritó:
-¡¿Que hacen despiertos a estas horas de la madrugada?! reclamó.
-Perdone, señora, es que mis amigos y yo necesitabamos
empezó Rose, pero fue interrumpida por la señora gorda:
-Sólo por esta vez los dejaré entrar, ni sueñen que permitiré que me despierten de nuevo dijo, enojada, y los dejó pasar.
-Buenas noches se despidieron Albus y Scorpius de Rose, una vez hubieron subido la escalera de caracol y entraron a su dormitorio, donde los demás ya estaban dormidos.
-Buenas noches se dijeron, y apenas se derrumbaron en su cómoda y calientita cama, cayeron en un profundo sueño.

Ya había llegado el mes de Diciembre, y en Hogwarts ya empezaba a nevar y a hacer mucho frío.
Ahora ningún alumno salía sin un buen abrigo de piel de dragón, y Albus, Rose y Scorpius no eran la excepción.
A la hora del desayuno, vieron qué ya estaba instalado un pino gigante en el Gran Comedor, y el profesor Flitwick estaba añadiéndole las últimas esferas con el hechizo Wingardium Leviosa, y los techos del salón parecían abrirse a las grandes nubes llenas de humedad y neblina que dejaban caer copitos de nieve por todo el lugar.
-¿Han probado el chocolate caliente que hay aquí en Hogwarts? les preguntó Rose una vez se hubieron sentado.
-No, hemos estado muy ocupados con nuestros deberes, ¡son un montón! se quejó Scorpius.
-Pero ya que lo dices, voy a echarme un pequeño trago ¿quieres tú también, Scorpius? preguntó Albus.
Scorpius asintió, y en un instante los tres saboreaban la dulce textura del chocolate caliente mágico.
Entonces, fueron apareciendo lechuzas por todo el salón, todas con algún paquetito en el pico.
-¡Qué bien! ¡El Profeta! dijo Rose, y Albus y Scorpius no volvieron a saber de ella, pues las grandes páginas del periódico favorito de todos le tapaban la cara.
Scorpius había recibido unas galletas de chocolate blanco departe de sus abuelos Lucius y Narcisa, y un buen abrigo de piel de dragón de la mejor calidad departe de sus padres.
Por su parte, Albus también recibió El Profeta (su madre, Ginny, trabajaba en la sección de quidditch) y cartas de sus padres y de su hermanita, Lily.
La primera carta que abrió Albus fue la de Harry. Ésta decía:

Querido hijo:
Espero que te esté yendo bien en el colegio. Aquí Lily, tu madre y yo ya terminamos de decorar la casa. Apuesto a que en Hogwarts también.
¿Por qué no invitas a algún amigo a la casa a pasar la Navidad?
El tío Ron les dio permiso a Rose y a Hugo, y James invitará a Francis y Leo, sólo faltas tú.
Por favor responde pronto a mi carta.
Te quiere,
Tu papá

-Scorpius, le dijo Albus a su amigo, ¿te gustaría ir a pasar la Navidad a mi casa?
Scorpius sonrió y dijo:
-¡Claro que sí, amigo! Sólo que no sé si mis papás me dejen.
Albus esbozó una mueca. Sería muy difícil convencer a los Malfoy de que su único y adorado hijo pasara la Navidad con sus enemigos, los Potter.
-Intentaré convencerlos en una carta, y con mis mejores palabras de súplica dijo Scorpius, guiñándole un ojo y le pidió prestado un pergamino y una pluma con tintero a Rose y empezó a escribir ahí.
Albus leyó las cartas de Ginny y Lily rápidamente, pero no por eso sin interés, y abrió el periódico para ver las noticias del mundo mágico.


Ya había pasado una semana desde ese día en el desayuno, y Scorpius se les acercó corriendo a Albus y Rose, con una gran sonrisa de oreja a oreja, un buen día en la sala común de Gryffindor.
-¡Lo conseguí, lo conseguí!, les dijo, ¡después de muchas promesas, mis padres por fin me dejaron!
-¡Qué bien! le dijeron sus amigos, también sonriendo.
-¿Jugamos un partido de gobstones? les preguntó Scorpius.
-No gracias, Scor, debo terminar todos mis deberes para mañana, le dijo Rose, pero puedes jugar con Al. A él no le importa su calificación.
Albus siguió a Scorpius y jugaron Gobstones y Ajedrez Mágico.
-¿Se acabaron las fiestas del Club Slug? le preguntó Scorpius a Albus, mientras su caballo destruía al peón de Albus.
-Sí, dijo Albus con alivio, las canceló por motivos festivos.
Slughorn escogía los alumnos de Hogwarts que tenían parentescos con magos famosos o que les veía habilidades extraordinarias y los reunía a todos para que se conozcan, formando el Club Slug, y hacía fiestas privadas a cada rato en su despacho. Albus, lamentablemente, era su miembro favorito, y nunca lo dejaba escapar de sus fiestas.
-¡Tu padre si lograba escaparse de mis fiestas, pero te advierto muchacho, que tú no lo harás! le comentó Slughorn en la última fiesta que tuvo.
-Bueno, creo que ya es algo tarde, mejor dejemos el juego dijo Scorpius, y los dos recogieron, se despidieron de Rose (quién ya había terminado sus deberes) y subieron a su dormitorio.
Esta Navidad va a ser genial pensó Albus contento antes de quedarse dormido.


Era el dieciocho de Diciembre, y la mayoría de los alumnos se dirigían en esos momentos a sus casas a pasar las vacaciones navideñas.
-Busquemos un vagón juntos les dijo Albus a Rose y Scorpius, y no tardaron en encontrarlo.
-Tengo hambre, decía Rose cuando entraron, ya quiero que esté aquí la señorita de las golosinas.
-Traigo unas cuantas ranas de chocolate en el bolsillo, ¿quieres? le dijo Scorpius, y ella asintió, y en los siguientes minutos se dedicó a devorar el chocolate en forma de rana que se encontraba en sus dedos manchados de chocolate.
-Al, ¿es cierto que te gusta Alice Longbottom?, le preguntó Scorpius, no le has quitado los ojos de encima a la inocente chica.
El color de las mejillas de Albus dio una respuesta afirmativa a la pregunta.
Rose sonrió pícara y le informó a Albus:
-¿Sabías que ella y su familia va a ir a tu casa a la comida de Navidad?
A Albus le dio un vuelco en el corazón y dijo con voz temblorosa:
-No.
-Pues será mejor que te arregles muy bien, Al, estoy empezándola a conocer en los proyectos en pareja que nos encargan en Defensa Contra las Artes Oscuras y creo que a ella le gustan los chicos formales le dijo Rose.
-¿Enserio?
-Bueno, creo,
okay, no sé, mejor vístete como quieras y que Scor te ayude.
-¿Por qué yo? preguntó éste, confundido.
Rose se quedó sin saber qué decir.
-Bueno, um, no sé
supongo que con toda la ropa fina que tienes
pues, le puedes dar
sugerencias a Al

-Está bien; no hay problema asintió Scorpius.
-Mira, ya está aquí el carro de las golosinas dijo Albus, y rápidamente se paró a comprar, y se compró ranas de chocolate, grageas de todos los sabores, druggles y a Rose varitas de regaliz y figuritas de gente importante mágicas y a Scorpius píldoras ácidas y caramelo de cerveza de mantequilla.
-Gracias le dijeron Rose y Scorpius y se sentaron a disfrutar sus golosinas.
-Creo que también existen caramelos de whisky de fuego,comentó Scorpius, pero nunca las he probado, no sé si sepa muy fuerte.
-Yo sí me atrevería a probarlo sonrió Albus.
-Hubiéramos comprado escobas voladores de dulce se lamentó Scorpius, y de ahí empezaron a hablar de quidditch, cosa que hartó a Rose y la hizo sacar y leer su libro de Cómo soportar a los magos todo el camino.



-¿Esta es tu casa? ¡Está padre! dijo Scorpius cuando llegaron a la casa de Albus.
-Gracias sonrió Albus.
James, Francis y Leo ya estaban ahí, planeando bromas pesadas en el cuarto de James.
-¡Hola chicos! los saludó Ginny, y les dio un abrazo, y a continuación volteó a ver a Scorpius y dijo:
-Tú debes ser Scorpius Malfoy, ¿no es así?
-Sí, señora
-Mucho gusto, Ginny Potter, y se estrecharon la mano.
-¡Hola! los saludaron Harry y Lily, quién estaba con su muñeca de peluche ‘Norberta’.
-¡Hola! devolvieron el saludo los tres, y Albus abrazó con ganas a su padre.
-Scorpius Malfoy, ¿verdad? le dijo Harry a Scorpius, y éste asintió.
-Un placer sonrió Harry, y se estrecharon la mano, al igual que con Ginny.
En ese instante, alguien tocó la puerta, y Ron Weasley y Hugo se asomaron por la ventana.
-¡Hugo! gritó de emoción Lily, y fue corriendo a abrirles.
Hugo Weasley era el primo favorito de Lily, así como Rose la de Albus.
-¿Cómo estas, amigo? saludó Ron a Harry, y ambos se dieron un buen abrazo de cuñados.
-¿Qué preparas, Ginny, hermanita? dijo Ron con un tono burlón.
Ginny le lanzó una mirada de advertencia a su hermano mayor, y dijo:
-Recuerda, Ronnie, que no he olvidado el hechizo mocomurciélagos

Ron calló y se corrigió:
-Perdón, ejem, Ginny, su señoría, ¿qué prepara usted para la cena de esta maravillosa y fría noche?
-Tampoco exageres dijo Ginny, y todos rieron.
Entonces Ron se fijó en Scorpius.
-¿Scorpius Malfoy?
Scorpius asintió e intentó ocultar su cara de desesperación. ¡Era la tercera vez que le preguntaban eso en un día!
-Oh, umm
mucho gusto dijo Ron y Scorpius le estrechó la mano.
Ron lo miró, sorprendido.
-Oh, perdón, es que
se disculpó Scorpius, sonrojándose.
Ginny rió comprensivamente y dijo:
-Ya déjalo, Ron. Al pobre chico ya le hemos preguntado nosotros y estrechado la mano después. Es como un ciclo.
Scorpius suspiró silenciosamente, aliviado.
-Bueno
dijo Ron.
-Y ya que lo preguntabas, Ron, hay mucho que preparar, dijo Ginny, en la comida de Navidad vendrá toda la familia Weasley (además de ustedes), los padres de Hermione, los Longbottom y los Lovegood, o mejor dicho Scamander.
-¿Todavía no te acostumbras a decirle Luna Scamander? preguntó Ron, atónito.
-Oye, es que Luna, para mí, siempre será Luna Lovegood
-De acuerdo
Albus tuvo una idea entonces. Si vendrían los Lovegood, seguramente vendría
.
-Xenophilius Lovegood dijo casi en un susurro.


Albus despertó a almohadazos la mañana del 25 de Diciembre.
-¡Al! ¡Al! ¡Albus Severus, despierta! le dijeron emocionados Rose y Scorpius.
Albus abrió los ojos y los vio ya vestidos y con desesperación asomándoseles en sus rostros.
-¡Albus, deberías apreciar nuestro sacrificio de esperar a que te levantaras! le dijo Rose, ofendida, al ver que este se volvía a acostar.
-Sí; chico mejor ya vamos, Rose va a estallar de furia le dijo Scorpius y Albus les hizo caso (el último gramo de paciencia de Rose no permitió que se vistiera) y los tres bajaron corriendo a la sala de los Potter.
En el árbol de Navidad se encontraban un montón de regalos, y Lily y Hugo ya los habían abierto y se encontraban jugando con sus snitchs en miniatura (a los dos les fascinaba el quidditch).
Rose recibió un libro acerca de ‘las maravillas de la Aritmacia’, ‘Cómo traducir Runas Antiguas, Nivel 4’, una agenda, un suéter tejido por su abuela de color rojo carmín con la letra R en grande, y dulces mágicos de todo tipo.
Scorpius recibió un abrigo nuevo, y más grueso que el anterior, pero éste de piel de leopardo keirunhao (especie que descubrió Luna Lovegood en su viaje por África), un suéter tejido por la abuela de Rose y Albus color verde esmeralda con la letra S en grande (apenas le lograron avisar a tiempo), montones de dulces mágicos, una Rayo de Oro; la escoba más veloz del mundo mágico, un libro de ‘las hazañas de Salazar Slytherin’ (segundo regalo de sus padres, esperando que éste siguiera su ejemplo), un frasco con polvo inmediato de oscuridad, entre otros.
Albus recibió un suéter de su abuela color azul marino con la letra A en grande, una Rayo de Plata, muuuuchos dulces, un gorro color plata, y unos cuantos libros acerca de Hogwarts.
Lily había recibido un prendedor con el emblema de Hogwarts, un micropuff morado al que llamó Federic, dulces, un sortilegio weasley, un suéter rosa salmón con la letra L en grande, unos pantalones de pana morados y fiucsa, la mini snitch y una chamarra de piel de conejo.
Hugo recibió el tradicional suéter weasley (pero este de color naranja fuego), la mini snitch, el mismo prendedor que Lily, un nuevo juego de ajedrez mágico, un sortilegio weasley, dulces, abrigo de tigre africano, etc.
James había recibido montones de sortilegios weasley, dulces, bengalas del doctor Filibuster, suéter weasley color café chocolate, jeans nuevos y un libro de guía para bromas mágicas.
Al parecer ya habían abierto todos los regalos, pues ya no quedaba nada, hasta que Scorpius exclamó:
-¡Queda otro regalo!
Los chicos se abalanzaron sobre él, buscando la etiqueta.
-Es de Albus dijo Rose, decepcionada, dándole el regalo.
Era suave y grande, envuelto sencillamente en envoltura azul con snitchs.
Albus lo abrió y descubrió una especie de túnica
o, no, espera, era una capa

-Pero no me queda
se dijo.
-¿Qué es? le preguntaron Rose y Scorpius, pues los demás estaban ocupados mostrándoles sus regalos a sus padres.
-Una especie de capa

-Póntela le sugirió Scorpius.
Albus obedeció, y al estar cubierto con la gigantesca capa, sólo su cabeza quedó a la vista.
Rose y Scorpius estaban boquiabiertos.
-¡Wow! dijo Scorpius.
-¡Al, es una capa de invisibilidad! susurró Rose.
Albus, simplemente no podía hablar.
Una capa de invisibilidad
podría ser muy útil en muchos aspectos



-¡Hola, pasen, pasen!
Ginny abrió la puerta y pasaron una familia de cuatro: el señor era alto, pecoso y de cabello lacio y café claro; la señora era rubia clara, de ojos azules y saltones; los hijos eran dos gemelos de cabello rubio (como el de su madre) pero sus rasgos eran idénticos a los de su padre.
-¡Luna! ¡Qué bien que ya llegaron! abrazó Ginny a Luna Lovegood una vez hubiera entrado.
-Saluden, chicos le dijo Luna a los gemelos.
-¡Hola! dijeron.
-Son Lorcan y Lysander Scamander,les dijo Ginny a Lily y Hugo, son de su edad, también tienen 9 años.
Lily y Hugo les sonrieron y los gemelos se fueron a jugar con ellos.
Y así, poco a poco, fueron llegando los padres de Rose y Hugo, George y Angelina Weasley con sus hijos Fred y Roxanne, Percy y Audrey Weasley con sus hijas Molly y Lucy, Bill y Fleur Weasley con sus hijos Victoire, Dominique y Louis, Charlie Weasley, Ted Lupin y al final

-¡Hola, Neville! ¡Hola, Hannah!
A Albus se le encogió el corazón. En la puerta, se hallaba nada más y nada menos que Alice Longbottom, su hermanita menor Hannah, y sus padres.
Alice reconoció a Albus, Rose y Scorpius y les sonrió y fue a sentarse con ellos.
-¡Hola, chicos! los saludó.
-¡Hola!
-¿Esta es tu casa, verdad Albus? le preguntó Alice.
-Si
dijo él.
-Está muy bonita sonrió la chica y a Albus se le encendieron las mejillas, pero afortunadamente nadie lo notó.
Entonces se escuchó una explosión.
-¡James!
James, Francis y Leo salieron del cuarto de James, con hollín por todas partes, y tosiendo descontroladamente.
-¡Y fue la última! ¡La última, la mejor! reía James, mientras sus amigos asentían.
Ginny estuvo a punto de repelerlo enfrente de todos, pero Harry le agarró la mano para tranquilizarla.
-¿Ya tronaron todas las bengalas? preguntó Scorpius, impresionado.
-Eso no es nada; normalmente hace volar su techo con 8 bengalas por minuto dijo Albus.
Entonces se quedaron en silencio, observando como Lorcan destruía los caballos de Hugo.
-¡Eso no es justo, quiero la revancha! insistía Hugo, riéndose.
-¿Sabes jugar ajedrez mágico? le preguntó Alice a Albus.
-Si, ¿y tú? contestó Albus, intentando no tartamudear.
-Si; si quieres les pedimos a los chicos de allá que nos presten su juego y nos echamos una partida contestó Alice, a lo que Albus asintió.
-¡Ey, tú, el pelirrojo! gritó Alice a Hugo, quien volteó rápidamente.
-¿Nos prestas tu tablero de ajedrez mágico cuando termines?
-¡Sí!, contestó Hugo, y soy Hugo.
Alice sonrió, apenada, y le dijo a Albus:
-Ya está.


Albus y Alice sólo alcanzaron a jugar una partida, cuando Ginny anunció que la comida estaba lista.
Albus se sentó con Scorpius, quién se sentó con Rose.
Alice fue a sentarse rápidamente al otro lugar al lado del de Albus.
-Me gustan mucho las comidas de Navidad, le dijo ella,tienen de todo.
Entonces, en los platos aparecieron comida de todas clases: desde filetes y pollos asados hasta panquecillos con nuez.
-¿Me pasas la pierna de pollo, Rose? dijeron Albus y Alice al mismo tiempo.
Los dos se miraron y sonrieron mientras Rose les pasaba la bandeja de pollos.
-Me fascina la pierna de pollo, le explicó Alice a Albus, eso junto con

-el filete de res a la parrilla completó Albus, a lo que Alice asintió, sorprendida.
-Te gustan casi las mismas cosas que yo, dijo Alice, veamos
¿de qué es tu galleta preferida: de chispas de chocolate, nuez y avena, o la que tiene coco encima?
-La que tiene coco encima respondió Albus.
Alice asintió y dijo: -¡Lo sé, pero siempre me gusta mojarlas con chocolate caliente

Entonces volteó a ver a Albus, quién estaba haciendo exactamente lo mismo que ella estaba diciendo.
Los dos se miraron.
Albus estaba maravillado. Esa bella chica, además de sus encantos, tenía los mismos gustos que él

Albus no quería despegar su mirada de aquellos ojos azules, pero no le quedó de otra cuando Scorpius le pidió que le pasara las donas de chocolate.
Cuando terminaron, Albus le preguntó a Alice si quería volver a jugar ajedrez, y ella asintió.
Jugaron dos partidas más, en las que ganó cada quién en una.
-Juegas bien le comentó Albus a Alice, sorprendido, cuando se alejaron de la mesa donde estaba el ajedrez.
-Gracias contestó ella, contenta.
Entonces llegó Rose. Tenía un aire de haber pensado en algo y estar completamente segura de que era correcto. Atrás de ella venía Scorpius, con la misma mirada.
-Al
necesitamos hablar dijo ella.
Albus se despidió de Alice y los siguió a su cuarto.
-¿Qué pasa? les dijo cuando cerró la puerta.
-¿Recuerdas la capa invisible que te regalaron, y que no sabemos quién te la dio? le preguntó Rose.
-Si, ¿por?
-¿Qué tal si fue una broma, una broma pesada?
Albus razonó un momento, pero después dijo:
-Si estás pensando en James, solo te digo que él nunca

-Lo sé, Al, pero necesitamos comprobarlo insistió Rose.
-Bueno
¿y como piensas comprobarlo?
Rose le enseñó tres cordones alargados y pequeños de color carne.
-Orejas extensibles.


James y sus amigos se encontraban encerrados con llave en el cuarto de éste, y parecía que conversaban acerca de algo serio.
Según Rose, era que se habían arrepentido de hacer esa broma pesada de engañar a Albus, y trataban de planear en cómo quitárselas, pero Albus la ignoró y siguió escuchando, a través del cordón, la conversación:
-
.difícil que los conservemos. Si sigues usando los productos a cada rato, ya no los tendremos. Será mejor, James, que nos des los productos a alguien de nosotros para que los guarde.
-Pero sería muy difícil encontrar un lugar seguro donde ponerlos, decía la voz de James, el tío George no puede cuidarlos en su tienda de bromas, pues seguramente los confundiría con la mercancía o alguien los vería y querría comprarlos. No sé, enserio, en que lugar podemos guardarlos.
-Casualmente resulta que yo sí, dijo Leo, ¿recuerdan el castigo con Filch, la semana pasada? Bueno, el caso es que antes de entrar a su despacho lo escuché hablando con la Señora Norris acerca de una sala secreta ubicada en el séptimo piso. Esta sala sólo se te aparece si de verdad la necesitas. Su nombre es la Sala de Menesteres, y estoy muy seguro de que nos será realmente útil.
James y Francis asintieron audiblemente.
-Creo que ya es suficiente dijo Rose, y los tres se quitaron sus orejas extensibles.
-¿Ves que no es una broma pesada? le dijo Albus a Rose, quién se ofendió, y cambió de tema.
-¿Qué creen que sea lo que quieren guardar? preguntó Rose.
Albus tragó saliva.
Rose lo miró sospechosamente.
-Albus

-¡De acuerdo, de acuerdo! dijo éste, vencido por la risa.
-Es que James y sus amigos quieren abrir una tienda de bromas, como la del tío George, y tienen cosas realmente estupendas. Ellos quieren que nadie lo sepa, pues mamá les prohibiría de seguro que tuvieran esa profesión, pues ‘tienen mente suficiente para hacer algo productivo’. Lo que ellos no saben es que yo un día, buscando mi viejo tablero de ajedrez, me topé con una de sus cajas

-¿Entonces ellos quieren ocultar objetos de broma para venderlos? dijo Scorpius.
-Sí, pero porfavor no le digan a nadie
-Prometido dijeron Rose y Scorpius, y los tres salieron de la habitación a reunirse con los demás.

La puerta se abrió, entrando un hombre con despeinado cabello rubio, jadeando de frío.
-¡Papá! dijo Luna, corriendo a abrazarlo.
-Perdonen la tardanza, es que tuve un pequeño encuentro con un snorkak de cuernos arrugados
dijo Xenophilius.
-¿Quieres que te haga un chocolate caliente, Xenophilius? preguntó Ginny, y éste asintió.
Albus, Rose y Scorpius, que habían estado platicando con Alice, se hicieron una seña con la cabeza que quería decir Ya saben qué hacer.
Esperaron a que Xenophilius se tomara su chocolate caliente, pues el pobre temblaba de frío, y Luna le tendió su chamarra de piel de dragón africano.
Albus, Rose y Scorpius se despidieron de Alice y se levantaron y fueron hacia Xenophilius.
-Señor Lovegood, comenzó Albus, ¿podría venir un momento?
Xenophilius asintió y los siguió al cuarto de Albus.
-Necesitamos que nos cuente algo muy importante le dijo Rose.
-Si se trata acerca de mi encuentro con el snorkak

-No; señor, este trata de
las reliquias de la muerte.
Hubo un silencio incómodo en la habitación, hasta que Xenophilius dijo:
-Pero si McGonagall se entera que

-No se preocupe, no le diremos a McGonagall dijo Scorpius.
-Pero ella tiene razón, es muy avanzado para chicos de once años

-Tranquilo, señor Lovegood, enserio, le prometemos que puede confiar en nosotros.
Xenophilius los miró a los ojos, y, finalmente, asintió.
-De acuerdo, pues ya que insisten les contaré, dijo, esta
es la historia de los tres hermanos.
Entonces les contó que, hace mucho tiempo, habían tres jóvenes hermanos magos, que fueron visitados por la muerte.
Ésta, impresionada de sus poderes, les ofreció un regalo a cada quién; el que quisieran.
El hermano mayor eligió una varita muy poderosa, en pocas palabras invencible, y entonces la muerte fabricó una varita del árbol de sáuco que se encontraba a su lado, y se la dio.
El hermano mediano le pidió una piedra que reviviera a los seres queridos, y ésta le dio la llamada piedra de la resurrección.
El hermano menor quiso, sin embargo, una capa que le permitiera ocultarse de sus enemigos, que lo volviera invisible al ponérsela, y entonces la muerte le dio una capa de invisibilidad.
Los primeros dos hermanos fueron tentados por sus reliquias, y terminaron muertos, pero el tercer hermano sufrió una muerte natural, los tres dejando sus reliquias al mundo.
-Entonces
empezó Rose, apenas con voz, existen tres reliquias
y que existen y están en el mundo

-Bueno, no se sabe exactamente dónde están dijo Xenophilius.
Albus estaba callado, y Rose y Scorpius comprendieron por qué cuando éste sacó una capa de debajo de su cama.
Albus Severus Potter poseía la tercer reliquia de la muerte.
Era la mañana del 31 de Diciembre, y los Potter y sus amigos se arreglaban para ir al Valle de Godric.
-Iremos a dejarles flores a tus abuelos le explicó Harry a Lily, quien había preguntado como unas siete veces seguidas.
-Tus padres, ¿verdad, papi?
-Sí dijo Harry, tristemente.
Dentro de unos minutos, ya estaban todos en el carro muggle de Harry.
El Valle de Godric era un pueblo muggle de donde era originario el fundador de Gryffindor; Godric Gryffindor.
Allí se encontraba el cementerio donde estaban las tumbas de los abuelos de Albus, de la familia de Dumbledore, entre otras.
Albus, Rose y Scorpius estaban muy emocionados, pues nunca antes habían ido.
-Ahí nació Godric Gryffindor
no puedo creer cómo fue que se me había olvidado se traumó Rose.
-No importa, no importa le decían Albus y Scorpius a cada rato, irritados.
Cuando llegaron, Harry les advirtió en un susurro que bajo ninguna circunstancia hicieran magia.
Entonces lo siguieron hacia el cementerio del lugar.
Una vez llegando a las tumbas de James y Lily Potter I, Harry y Ginny dejaron flores y se incaron para rezar, cosa que hicieron también los demás.
-También dejaremos flores a las tumbas de la familia Dumbledore dijo Harry.
Cuando terminaron, Harry les dio permiso de que exploraran el lugar, siempre y cuando lo hicieran en grupos.
James, Francis y Leo iban juntos en uno; Albus, Rose y Scorpius en otro y Harry, Ginny y Lily en el último.
-¿Ven la casa de allá? apuntó Albus a una cabaña.
-Si
-Mi papá dice que esa era su casa cuando era un bebé, pero que el famoso mago tenebroso
Ya-saben-quién fue y mató a sus padres. Lo sé porque dijo que la casa estaba toda destruida del techo.
Y, en efecto, la casa tenía un gran hueco en el techo, y muchos ladrillos estaban salidos, y había polvo y hollín por todas partes.
Estuvieron un buen rato contemplando la casa, cuando Rose dijo:
-¡Vaya! Saben qué, ya debemos irnos. Quedamos con los padres de Al en vernos a la salida del cementerio.
Albus y Scorpius asintieron y los tres anduvieron por el cementerio.
Entonces, Albus pensó en Alice. En lo grande que se la habían pasado en la comida de Navidad, en todo lo que tenían en común, en lo segura que era ella de sí misma, en lo bella que era

¡PAFF!
-¡Albus!
-¡Aaauuu!
Albus había tropezado con algo, pero no podía ver con que porque sus gafas se habían caído.
-¡¿Estás bien?! le preguntaron sus amigos, inclinándose hacia él.
-Sí, pero ¿me podrían pasar mis gafas
?
Scorpius las vio y se las puso.
-Gracias; así esta mucho mejor dijo Albus.
-Debiste de estar muy distraído como para no ver esa tumba
dijo Scorpius soltando una risita que indicaba que era obvio que había estado pensando en Alice.
-¿Es una tumba?
Albus se levantó y la rodeó con su mirada. En la tumba habían unas grandes letras de cemento que rezaban: I G N O T U S P E V E R E L L.
-¿Ignotus Peverell? Nunca había oído hablar de él? dijo Rose, extrañada.
-Tampoco yo dijo Scorpius.
-Ni yo dijo Albus.
-Bueno
entonces vámonos dijo Scorpius, pero Rose no se movió.
-¡Miren! les dijo.
Con su dedo apuntaba a algo que resplandecía desde la tumba, parecía haber sido enterrado, pues sólo se veía tantito de ese objeto.
-¿Qué creen que sea? preguntó Scorpius.
-Hay que ver dijo Rose, y los tres se acercaron.
Era un objeto pequeño y afilado, y parecía ser hecho de madera, de madera de algún árbol de

-¡Chicos! ¿No será una varita?... dijo Rose.
-La Varita de Sáuco susurró Albus.
-Pero es imposible, puntualizó Scorpius, ¿cómo pudo haber llegado aquí?
-No lo sé, pero tenemos mucha suerte de haberla encontrado, ¡imaginen si hubiera caído en manos equivocadas! dijo Rose.
-Entonces que hacemos, ¿nos la quedamos? preguntó Albus.
Todos guardaron silencio, hasta que finalmente asintieron.
-Nadie debe saber esto, ¿de acuerdo? les dijo Rose, y los tres prometieron no revelarle su encuentro a nadie.



Albus, Rose y Scorpius decidieron guardar las dos reliquias que encontraron en una caja especial con un fuerte encantamiento antiintrusos que le había regalado la tía Hermione a Albus, y la pusieron debajo de la cama.
-Nadie DEBE robarnos las reliquias, les dijo Rose a Albus y Scorpius, y mucho menos James y sus amigos
¡no van a tener idea de a lo que se enfrentan!
-Oye Rose, ¿crees que deberíamos probar la Varita de Sáuco para ver si realmente es tan poderosa? le preguntó Albus.
Rose lo pensó un momento antes de responder:
-Creo que mejor no, Al, ya nos advirtieron en la escuela que no debemos hacer magia fuera de la escuela; supongo que allí la podremos probar.
-Bueno



Albus, Rose y Scorpius tenían cada vez más cosas por hacer; pues a Ginny le había quedado mucho trabajo después de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, y ellos se habían ofrecido a ayudarla.
Cada vez se acercaba más el día de regreso a Hogwarts, y con éste, las ofertas para vender de surtidos saltaclase Weasley que vendían James y sus amigos en Hogwarts departe de George (afortunadamente, Molly, Ginny y Hermione no sabían nada).
James le vendió dos caramelos de la fiebre a Scorpius y una pastilla vomitiva y un turrón sangranarices a Albus, pero nada a Rose, pues ella insistía en que bajo ninguna circunstancia se perdería las clases.
-Yo los usaré cuando no terminemos todos los deberes
le guiñó el ojo Scorpius a Albus.
-Yo igual; y cuando tengamos clase triple con Slughorn dijo Albus, y los dos rieron.
Y así, los días pasaban volando como el frío viento que había afuera de la casa de los Potter, pero estos días no eran fríos, pues cada quién tenía a sus amigos consigo.Había llegado el día en que los alumnos regresaban a sus escuelas, y James, Francis, Leo, Albus, Rose y Scorpius regresaron a Hogwarts.
En el tren Albus, Rose y Scorpius se sentaron juntos, pero después llegaron Damian, Josh y (a Albus le dio un vuelco en el corazón) Alice.
Alice corrió a sentarse al lado de Albus.
-¿Qué tal las vacaciones, chicos? preguntó Alice.
-Excelentes, Josh y yo pasamos las vacaciones juntos dijo Damian.
-Yo también; sólo que con Rose y Scorpius dijo Albus.
-Yo fui a casa de Al para la comida de Navidad, la cual estuvo muy buena dijo Alice.
-¿Quieren jugar Gobstones? preguntó Josh, que había sacado su tablero y las bolas de cristal requeridas para ello.
Todos dijeron que no menos Scorpius, así que los dos se la pasaron la mayoría del trayecto en silencio.
Todos comían botana de todo tipo; pero la que más había comprado era Rose, pues cuando ya anochecía a ella todavía le quedaban 4 ranas de chocolate.
-¿Te ayudo a acabártelas? le preguntó Scorpius, hambriento.
-Noooo gracias dijo Rose, descubriendo sus intenciones.
-Mejor espérense al banquete les aconsejó Albus.
Y fue un buen consejo; pues en el banquete había mejor comida que unas simples ranas de chocolate, pero aún así Rose las guardó para después.
-¿Qué creen que vayamos a tener mañana?, les preguntó Rose a Albus y Scorpius, espero que Aritmancia o Runas Antiguas.
-No gracias respondieron los dos.
-Mejor encantamientos sugirió Albus, y Scorpius asintió.
Pero el lunes en la mañana les tocó clase de cuidado de criaturas mágicas, con Hagrid.
-Hoy estudiaremos a las salamandras les informó Hagrid a los alumnos, y la mayoría se estremecieron, pero desafortunadamente la profesora McGonagall me prohibió traerles una verdadera.
Albus notó que muchos suspiraron de alivio.
-Bueno, para empezar, abran su libro en la página 59; ahí les aparece un retrato de una salamandra pintada por el famoso brujo Hormes Flamington les dijo Hagrid.
-Pero, antes de empezar a leer, ¿alguien podría decirme con exactitud cómo son las salamandras en general?
Sólo Rose levantó la mano, y daba brinquitos para contestar la pregunta. Hagrid la vió, y le cedió la palabra.
-La salamandra es un bonito y pequeño anfibio de colores vivos con el que nos podemos encontrar paseando por algún bosque; pueden pasar por las llamas sin quemarse en absoluto.
Hagrid estaba impresionado, al igual que los demás.
-¡Excelente, Rose! ¡15 puntos para Gryffindor!
Los de Gryffindor le dieron palmaditas en la espalda a Rose, y algunos (como Damian) chiflaban, mientras que los Slytherin les dirigían miradas rabiosas.
La clase terminó cuando Hagrid les encargó una redacción acerca de las propiedades de la piel de salamandra.
Y así tuvieron Defensa Contra las Artes Oscuras, Historia de la Magia, Transformaciones y Astronomía.
Albus y Scorpius apenas lograron llegar a la sala común al final del día.
-¡No puede ser, tenemos como once deberes por hacer! se quejó Scorpius.
Pero Albus no le contestó; ya estaba dormido en la butaca junto al fuego.



Los días pasaron, y así todos se volvieron a acostumbrar a la asombrosa cantidad de deberes diarios.
Rose no le dirigía la palabra a nadie sino hasta que hubiera terminado sus deberes; cosa que resultó muy fastidiosa para Albus y Scorpius.
-Pues ustedes deberían hacer sus redacciones de cómo eran las cacerías de brujos en el siglo XVI, en vez de pasarse la tarde cambiando cromos de ranas de chocolate les reclamaba Rose cuando ellos le protestaban de qué despegara su nariz de esos ‘repugnantes’ libros usados.
Sin duda el ambiente ajetreado y el olor a pergamino y tinta, y el sonido de plumas escribiendo a mayor velocidad ponían de mal humor a Albus y Scorpius, aunque para Rose eso era como música ambiental que ‘debería escucharse todos los días’.
Ya los tres habían olvidado las reliquias de la muerte, las cuales habían llevado a Hogwarts en el baúl de Albus, camuflajeadas de túnicas negras de fieltro para uso diario.



Ya había llegado Abril, y Albus y Scorpius estaban más hartos que nunca.
Pero la última clase de Transformaciones resultó más consoladora que nunca.
La profesora McGonagall les había hecho un trato: si lograban convertir sus botones en escarabajos en menos de dos semanas; hablaba con los demás profesores para dejarlos libres de deberes por dos meses.
Los alumnos, en respuesta, pusieron mucha atención en el hechizo y en el movimiento de varita, y hasta hicieron un club de transformaciones para lograr convertir los botones.
Albus y Scorpius se unieron al club; que era todos los días de la semana, a las cinco de la tarde, en las butacas junto a la chimenea; al contrario, Rose dijo que era mejor hacerlo sola y se encerró en su dormitorio para que nadie, según ella, copiara sus técnicas.



Después de todo el esfuerzo, después de todas las tardes tratando de convertir los botones en escarabajos sin éxito, después de toda la fe y esperanza de los alumnos por conseguir dos buenos meses sin deberes, los alumnos de Hogwarts
¡LOGRARON CONVERTIR SUS BOTONES!
Toda el aula de Transformaciones estaba llena de escarabajos, y McGonagall, disgustada por tanto escarabajo, les ofreció tres días más sin deberes si le ayudaban a limpiar el aula.
Los alumnos, obviamente, aceptaron, encantados.
En un instante, las paredes rechinaban de limpias, y el suelo estaba tan bien limpiado que uno podía ver su reflejo en él.
Albus y Scorpius dejaron de ser gruñones y Rose había dejado de ser tan antisociable; todo en Hogwarts se había arreglado.
Era de noche, y Albus y Scorpius se encontraban en la biblioteca terminando un resumen de las propiedades de la raíces de Asfódelo, para la clase de Pociones, cuando llegó Rose, ajetreada de tanto correr para llegar a donde estaban.
-¡Rose! ¿Qué sucede? le preguntó Albus cuando ésta llegó, y casi tumba la silla en su intento de sentarse a descansar.
-Creo que me he dado cuenta de algo dijo Rose, con voz seria a pesar de que respiraba con dificultad.
-¿Qué? le preguntaron los chicos.
-¿Recuerdan la plática secreta de James y sus amigos, en Navidad? les preguntó la chica.
Albus y Scorpius asintieron.
-Bueno, el caso es que desde que McGonagall nos quitó los deberes, yo aproveché y hacía visitas diarias aquí, buscando información acerca de la tal Sala de los Menesteres. Fue muy difícil encontrar el libro adecuado, ya que es muy secreta, pero finalmente lo hallé dijo, y les enseñó un libro con cubierta morada que había sacado de su mochila.
-Y, ¿de qué te diste cuenta? le preguntó Scorpius.
-Bueno, encontré que la Sala de los Menesteres; o la Sala que Viene y Va; se convierte en lo que necesites tú, y está enfrente del retrato de Barnabás El Chiflado (ya saben, en el séptimo piso) y que una de las miles de diferentes salas que se convierten es en una sala que guarda objetos y antigüedades ocultadas por alumnos por siglos; todos muy importantes e útiles. El caso es que creo
que la Piedra de la Resurrección debe estar ahí.
Albus y Scorpius se quedaron mirándola, boquiabiertos.
-¿Estas segura? preguntó Albus.
Rose asintió.
-Entonces
creo que debemos hacer una visita a la Sala de los Menesteres esta noche.


-¿Traes la capa, verdad Al? preguntó Rose, nerviosa.
-Sería un troll si no lo hiciera sonrió Albus.
-Bien dijo Rose, y los tres se ocultaron bajo ella, y Scorpius iluminó el corredor con el encantamiento Lumos.
-Recuerden: séptimo piso, frente al Retrato de Barnabás El Chiflado les recordó Rose por quinta vez.
Y finalmente, llegaron al pasillo correcto, y se quitaron la capa.
-¿Y ahora qué? preguntó Scorpius.
-Piensen en que en verdad necesitamos la Sala, en que queremos encontrar la Piedra les dijo Rose, y ellos obedecieron.
Pero, por más que hacían, la pared enfrente de ellos seguía igual.
-Hay que seguir tratando aconsejó Albus.


Ya era medianoche, y no habían conseguido entrar a la Sala.
-Debe de ser un mito gruñó Scorpius.
-Si fuera un mito no creo que hubiera aparecido en el libro dijo Rose.
-Mejor fíjate bien en el título; no vaya a ser que diga ‘Mitos y Leyendas de Hogwarts’ contestó Scorpius, y empezaron a pelear.
-¡YA BASTA! gritó Albus, harto.
Entonces, se horrorizó de lo que había hecho.
Por el suelo se escuchaban pasos que corrían con prisa hacia donde estaban.
-¡Huyan! dijo Albus, y agarró la capa de invisibilidad y corrió tan fuerte como pudo, con Rose y Scorpius siguiéndolo.
-Vengan, por aquí les indicó Albus, yendo a una mazmorra oscura y oculta, con armaduras en las paredes.
Los chicos se pegaron en la pared para ocultarse, pero después se arrepintieron de su grave error: las armaduras cobraron vida y los sujetaron con fuerza; y una de ellas corrió afuera de la mazmorra y regresó con alguien a su lado.
Albus quedó petrificado al ver la cara de triunfo de Argus Filch.

La profesora McGonagall golpeó la mesa bruscamente.
-¡¿Podrían explicarme que rayos hacían en el séptimo piso a medianoche?! les gritó, furiosa.
-Disculpe, profesora McGonagall, nosotros
empezó Albus, pero después se cayó: había recordado la promesa con Xenophilius de no revelarle a McGonagall que él les había contado la leyenda de las reliquias de la muerte.
-¿Ustedes qué? ¡¿Qué?! dijo McGonagall.
Albus les lanzó una mirada de prevención a Rose y Scorpius, haciéndoles recordar la promesa con Xenophilius.
-Miren; ¡si no me dicen qué estaban haciendo ahí les quitaré 200 puntos a Gryffindor, a pesar de que sea la jefa de esa casa! les amenazó McGonagall, y a Albus le vino una idea a la cabeza.
-Bueno, entonces ahí va, empezó a decir, y Rose y Scorpius le voltearon a ver horrorizados, pues no sabían que iba a mentir, Rose, Scorpius y yo habíamos escuchado acerca de una tal Sala de los Menesteres, en Hogwarts, y habíamos decidido encontrarla en la noche. Usted perdone, pero necesitábamos esa sala, pues ya faltaban pocos días para que terminaran los meses sin deberes, y Rose había decidido que no podía hacer los deberes en una sala tan ruidosa como nuestra sala común. Así que decidimos probar si encontrábamos la sala, a medianoche porque así nadie nos seguiría para ir a interrumpirnos cuando estemos haciendo los deberes.
Albus vio que el rostro severo de McGonagall comenzaba a suavizarse, y las caras de sorpresa de sus amigos por su genialidad en inventar mentiras para sacarlos de apuros.
-Bueno
he de admitir que es una buena causa, Potter, pero aún así no es motivo para andar por los corredores tan tarde. No le quitaré puntos a Gryffindor, pero sí les digo que voy a tener que castigarlos dijo la profesora McGonagall.
Rose empezó a gemir silenciosamente, y Scorpius y Albus miraban a la profesora, temiendo otra semana en la enfermería.
-Su castigo tendrá lugar esta noche, con Filch, en el Bosque Prohibido.
Albus se estremeció, al igual que los demás.
¿El Bosque Prohibido? ¿Qué no era peligroso? ¡A medianoche!
¡Y con Filch!
Así que, con la cabeza baja, siguió a Filch a los terrenos de Hogwarts, con Rose llorando y Scorpius temblando.

Ya estaban entrando al Bosque, cuando Filch cambió de dirección y se dirigió a la cabaña de Hagrid.
Tocó la puerta, y se escuchó un gran bostezo proveniente de Hagrid, y él abrió la puerta; su cabeza con pelos por todas partes, los ojos rojos y cansados, y con voz de dormido preguntó:
-¿Qué pasa?
-Necesito que nos acompañes, Hagrid, tú conoces el bosque mejor que yo respondió Filch, y Hagrid fue a buscar sus botas, y salió.
Albus no pudo contener una pequeña risita al ver la bata rosa con estampados de dragones bebés que llevaba Hagrid.
-Dame la lámpara, Filch, pues la necesitaré para guiarlos le dijo Hagrid con voz ronca al conserje.
Ya con la lámpara en su mano del tamaño de una maceta, entraron al Bosque.
Los tres chicos temblaban de miedo, y con cualquier señal de movimiento hubieran salido corriendo, pero Hagrid se encargaba de ir lo más rápido posible, así que se fueron acostumbrando a oír el sonido de las ramas tiradas que se rompían cada que las pisaban; o sea, todo el trayecto que llevaban.
-Hagrid, ¿a dónde vamos? preguntó Albus con voz temblorosa.
-Necesitamos encontrar a Firenze, un centauro, para que vaya a cubrir la materia de Adivinación, ya que la profesora Trelawney va a ir a una reunión en Londres para los videntes del siglo, y sólo él puede cubrir esa asignatura, sólo serán tres días
no creo que su manada se lo niegue contestó Hagrid.
No tardaron demasiado en encontrar a los centauros, debido a su característico sonido de cascos.
Firenze era un centauro rubio, de ojos azules, que Albus apostaba que le iba a gustar a la mayoría de las chicas de su curso (entonces pensó en Alice y volvió a mirar a Firenze, con envidia).
Por fortuna, la manada de Firenze le dio permiso de ir, y Firenze los siguió a Hogwarts.
-¿Qué tu manada no te deja ir a Hogwarts, o que? preguntó Scorpius con curiosidad.
-Bueno, hubo un tiempo, hace como unos veinticuatro años, creo, que también me encargaron cubrir esa asignatura, contestó Firenze, pero también en ese tiempo los centauros estaban muy peleados con los humanos, y me sacaron de la manada al irme yo con el director, quien en ese tiempo era Albus Dumbledore.
Pero, al paso del tiempo, mi manada fue reflexionando y finalmente, me aceptó de nuevo y no volví a cubrir la asignatura
hasta hoy.
-Guau
no sabía que los centauros sabían Adivinación dijo Scorpius.
-Bueno, no lo hacemos como los magos lo hacen; si no que nosotros contemplamos las estrellas y así sabemos el futuro.
-¿Cómo en Astronomía? preguntó Rose.
-Sí
asintió Firenze.
Albus observó entonces que Scorpius dejaba de caminar y fue a su lado. Parecía que estaba leyendo el secreto de la humanidad en el suelo cubierto de ramas del bosque, hasta que Albus también la vió.
Una piedra, como del tamaño de su mano, lanzaba destellos desde el suelo, y Scorpius se agachó para agarrarla.
-Scor
¿qué es?, le preguntó Albus, no parece una piedra cualquiera.
-No lo es contestó Scorpius, sin pensar siquiera en lo que decía, Al, es la Piedra de la Resurrección.
-Repítanmelo de nuevo, porfavor,les suplicaba Rose a sus dos amigos, ¿así que encontraron la Piedra de la Resurrección en el Bosque?
Estaban los tres en la sala común de Gryffindor, sentados en el sillón más cercano a los dormitorios. El castigo ya había terminado, y los tres tenían una cobija para protegerse del frío que causaba la humedad de la noche en Hogwarts.
-Sí; ya te lo hemos dicho cinco veces seguidas, Rose, y estamos muy seguros de que si es le dijo Albus.
-Vaya
dijo Rose, sorprendida, pero después su expresión cambió:
-Chicos: si tenemos la Capa de Invisibilidad, la Varita de Sáuco, y la Piedra de la Resurrección significa
significa que somos
los maestros de la muerte.
-Sí dijeron Albus y Scorpius, y su expresión era idéntica ahora a la de Rose.
-No puedo creerlo susurró Scorpius.
-Lo sé; es
extraño dijo Albus.
-Pero
¿qué pasará entonces? preguntó Rose.
-¿Qué pasará con qué?
-Digo
ya que tenemos las tres reliquias

-Pues
no sé, supongo que conservarlas sugirió Scorpius.
-Pero ¿dónde? preguntó Rose.
-Ni se les ocurra que en mi baúl les advirtió Albus.
-No

Se quedaron un momento en silencio, observando las llamas de la chimenea, que bailaban suavemente mientras quemaban poco a poco la leña que las sostenía.
Y, sin siquiera darse cuenta, se quedaron dormidos.



-¡No puede ser! ¡Es tarde! ¡Es tarde! gemía Rose, una vez hubiera despertado y visto la hora.
-¡Al! ¡Scor! ¡DESPIÉRTENSE! les gritó a sus amigos, y desesperada subió a vestirse.
Cómo nadie nos despertó
pensó enojada Rose en su cuarto mientras se abrochaba los botones de su túnica.
Bajó y Albus y Scorpius también estaban vestidos.
-¡Rápido, ahora no alcanzamos a desayunar y llegaremos tarde a Transformaciones! les dijo Rose, y salieron corriendo al aula de Transformaciones.
Los chicos tragaron saliva. ¿Quién sabe lo que podría pasar si Rose no desayunaba
?


McGonagall les amenazó con volverlos a castigar si volvían a llegar tarde; cosa que afectó mucho a Rose, pues en toda la clase no les dirigió la palabra.
Y, además de todo, las tripas de Albus gruñían con desesperación, al igual que con Scorpius
pero las tripas de Rose gruñían el triple: ¿Cómo era posible que su ama no las hubiera alimentado algún día?
Por el hambre, la mala suerte y el enojo y tristeza que sentía Rose, se volvió insoportable toda la mañana.
-Enserio, se ha vuelto más insoportable que Peeves le decía Albus a Scorpius, quienes también estaban enojados por lo que les había pasado últimamente.
Pero después de la comida ya estuvieron mejor; Rose les sonrió alegremente como si se hubiera ganado una beca para el siguiente año, y con Albus y Scorpius parecía que les hubieran dicho que irían a las Mundiales de Quidditch.



-Oigan, les dijo Rose mientras hacían el dibujo de una mandrágora para la clase de Herbología, he pensado acerca de las RM-así habían abreviado a las reliquias de la muerte para que nadie se enterara-y ¿no creen que sería mejor si nuestros padres lo supieran?
Albus y Scorpius perdieron el control de su mano, causando un buen garabato en su dibujo.
-¿Acaso estas loca? ¡Nos ordenarían que las regresaramos! le dijo Albus.
-Lo sé, pero supongo que ellos sabrán que podemos hacer con ellas
no las podemos tener así nada más

Scorpius hizo una mueca y suspiró.
-Pero mi padre de seguro a que se emocionaría si le dijera, y me ordenaría que se las diera para ser él el maestro de la muerte dijo tristemente.
Rose reflexionó un momento y después dijo:
-Pues, entonces, si es que decidimos decirles (que es lo mejor) les podríamos decir que no pensamos dárselas, que es nuestro derecho quedárnoslas
pero que sí nos pueden dar sugerencias acerca de qué hacer con ellas.
Albus y Scorpius lo pensaron antes de responder:
-Esta bien.




Era una mañana en el Gran Comedor, cuando las lechuzas entraron al salón y dejaron los paquetes y cartas que llevaban a sus correspondientes dueños.
Tres lechuzas diferentes fueron volando como rayos a donde estaban Albus, Rose y Scorpius comiendo panecillos con pasitas, y les dieron las cartas que tenían en los picos.
-¡Son las respuestas! dijo Rose, nerviosa y emocionada, y los tres se apresuraron en abrir la de cada quién.
Rose fue la primera que consiguió abrir su carta, y leyó:

Rosey:
He de admitir que a tu madre y a mi nos ha impresionado mucho la noticia de que eres, junto con tu primo y Malfoy, la nueva maestra de la muerte. Tienes suerte, pues no muchos las encuentran así como tú lo hiciste. También te suplico que no le reveles a nadie que las tienes, pero has hecho bien en contarnos.
No todos saben acerca de las reliquias de la muerte, pero podrían imaginarse sus resultados. Cuando tu madre, tu tío Harry y yo teníamos diecisiete años nos la contó Xenophilius Lovegood también, pero al igual que tú, a tu madre le costó mucho trabajo creerse la historia. Muchas gracias por decidir confiar en nosotros.
Saludos,
Tu padre, Ron.


Albus fue el segundo que consiguió abrir su carta, y, nervioso, leyó:

Al:
¡Qué noticia! Realmente me sorprende y me impacta que hayas obtenido las tres reliquias de la muerte en tan pocos días.
No le he dicho la noticia a tu madre, porque ella no conoce la historia de las reliquias de la muerte; a diferencia mía y de tus tíos Ron y Hermione, quienes cuando teníamos diecisiete años la escuchamos de Xenophilius Lovegood. Yo, al igual que tú, confieso que
también fui maestro de la muerte. Precisamente yo dejé la varita de sáuco en una tumba, pero ésa fue la de Dumbledore,
hasta que decidí moverla a la tumba de Ignotus Peverell; ¿sabías que Ignotus Peverell es descendiente nuestro? También te confieso que fui yo quién te di la capa de invisibilidad. Al igual que tú, la obtuve así a tu edad, y ha sido dada de generación a generación. Espero que cuando tú crezcas y tengas una familia se la des a tus hijos. Me alegra mucho que nos hayas confiado esa noticia.
Con amor,
Tu padre, Harry.


Y finalmente, Scorpius leyó:

Scor:
Me ha sorprendido la noticia, aunque no haya sabido nada de la leyenda de las reliquias de la muerte antes. Muy pocos la saben, así que no cuentes a nadie pues te las podrían robar. Estoy muy orgulloso de ti; es muy honorable ser un ‘maestro de la muerte’, aunque Weasley y Potter también lo sean

Aún así me alegra mucho que me lo hayas confiado, y te aconsejo que así como esta vez, me cuentes cosas que sean así de importantes; no te las guardes, hijo.
Saludos,
Tu padre, Draco.


Los tres terminaron de leer al mismo tiempo, aliviados de las reacciones de sus padres, y a la vez sorprendidos (en el caso de Rose y Albus) de las confesiones de sus padres.
Al parecer había sido una muy buena decisión, pues ya no sentían tanta preocupación por ese asunto, y se sentían mejor porque ya no ocultaban nada.
Los días pasaban, y todavía los chicos no sabían qué hacer ni dónde guardar las reliquias, y cada vez había más deberes.
Hasta que, un viernes por la tarde, Albus y Scorpius cayeron rendidos en las butacas de la sala común de Gryffindor.
-Ya... no puedo
más
dijo Albus, y se quedó dormido.
Tuvo un sueño raro, o más bien, un sueño poco común.
Soñó con lo que le había ocurrido desde que había entrado a Hogwarts. Desde cuando su familia y él se preparaban para ir a Kinas Cross hasta ese día. Pero, en su segundo sueño, soñó que podía entrar a la Sala de los Menesteres, a una habitación donde había muchísimos estantes con objetos, llenos de polvo pero útiles. La sala parecía estar quemada, pero todo se podía ver con claridad. Albus observó un viejo armario, un libro de pociones, una estatua

Pero en ese momento, despertó.
Volteó y vio que Scorpius también se había dormido.
Soltó una risita y se levantó de la butaca.
Pensó en las reliquias, en la Sala de los Menesteres, en las reliquias,
.
¡Y entonces llegó! ¡La respuesta por fin había llegado a su cabeza!
A Albus no le importó despertar a Scorpius ni interrumpir a Rose de sus deberes, porque esto era muy importante: ya sabía donde guardar las reliquias de la muerte.

-¡Ha sido una idea genial, Al! lo felicitó Rose cuando se la contó.
-Gracias sonrió Albus.
-Pero no quiero más castigos, porfavor suplicó Rose.
-No te preocupes; podemos ir ahorita dijo Albus.
-¿Ahorita? preguntaron Rose y Scorpius a la vez.
-Bueno; aquí tengo la capa de invisibilidad les dijo, enseñándoselos.
-Pero tenemos que ir por las reliquias dijo Scorpius.
-Pero deberá ser rápido; creo que yo ire, soy el más rápido dijo Albus, y corrió hacia los dormitorios.
Sacó las reliquias de su baúl (Rose había insistido en guardarlas ahí) y las llevó cuidadosamente hacia donde estaban Rose y Scorpius.
-Muy bien; Al: tú sostén la capa de invisibilidad y Scor: tú agarra la piedra de la resurrección; yo agarraré la varita dijo Rose, y dicho eso los tres marcharon rápidamente al séptimo piso, con el menor riesgo de ser castigados.


-¡No puede ser!, decía Albus una y otra vez, ¡se abrió, se abrió!
En la pared del séptimo piso había aparecido una gran puerta, idéntica a la que había visto Albus en su sueño, que se abrió para dejarlos pasar.
La sala a la que entraron era también idéntica a la que Albus había visto.
-¡Miren cuantas cosas interesantes hay aquí! exclamó Rose, y al ver el libro de pociones lo hojeó con curiosidad.
-¿Anotaciones? Esto es un insulto, ¿de quién es? protestó enfadada Rose, y vio que en la última página veía una anotación que decía: Este libro es propiedad del príncipe mestizo.
-¡Ha! Príncipe mestizo
se burló Rose cruelmente y dejó el libro donde estaba.
-Hay que dejarlas aquí, al lado del libro sugirió Albus, pero sólo Rose fue capaz de dejar la varita.
-¿Qué? ¿Por qué no las dejan? preguntó Rose, confundida.
-Esta capa ha sido un regalo de mi familia de generación a generación, no puedo darla: me pertenece dijo Albus, y los dos voltearon a ver a Scorpius, esperando su respuesta.
-Es que
no puedo
dijo Scorpius con voz temblorosa.
-Si puedes Scor, sólo déjalo lo consoló Albus.
Scorpius hizo un gran esfuerzo por dejarlo junto a la varita, y al dejarla la mueca de esfuerzo y tristeza desapareció de su rostro, haciéndolo sentirse mejor.
-Hay que decirle a la Sala que guarde esto muy bien y que no deje entrar a intrusos sugirió Albus, a lo que Rose y Scorpius obedecieron.
Al salir de la sala, los tres sonreían de oreja a oreja.
-Sé que ahí van a estar seguras dijo Rose, contenta.
-Y, por cierto, creí ver una bengala del doctor Filibuster ahí
dijo Albus con una sonrisa pícara.
-Descuida Al; le dijimos al cuarto que no dejara entrar a intrusos que pudieran robarse las reliquias, yo sé que si fueran rateros no entrarían de nuevo lo consoló Scorpius, y le puso el hombro alrededor.
-¿Tú crees? preguntó Rose.
-Garantizado sonrió Scorpius, y los tres se fueron a terminar sus deberes tranquilamente, y juntos, a la sala común de Gryffindor.


Era mediados de Junio; lo que significaba que se acercaban las vacaciones de verano a Hogwarts.
Rose estaba más que contenta.
-¡Imagínense lo que habrá en el banquete de despedida! decía continuamente.
-Pero asegúrate de tomar la comida antes que Dudley; el chico parece estar listo para devorarse más camarones a la romana dijo Scorpius, y él y Albus rieron burlonamente.
-No puedo creer que todo se haya solucionado tan rápido dijo Albus después de recuperarse de sus carcajadas anteriores.
-Sí
nosotros tampoco dijo Rose.
-Pero miren el lado bueno; las reliquias están a salvo en la sala de los menesteres y además, estoy muy seguro de que nada nos separará como el estrés por tantos deberes de nuevo les dijo Scorpius, abrazándolos, y los demás sintieron como si su felicidad regresara, y asintieron.
-Así es; nada nos volverá a separar jamás.
Los últimos días en Hogwarts fueron los mejores para Albus, Rose y Scorpius, especialmente cuando llegó el banquete de despedida.
-¡Trufas asadas! ¡Camarones empanizados! ¡Barbacoa! Rose tenía tantos antojos que tuvo que pedir prestados dos platos más.
La profesora McGonagall dio su discurso de despedida, y, a juzgar por la mirada que le dirigió a los tres amigos, ya los había perdonado por meterse en tantos embrollos seguidos ese año.
Gryffindor ganó la Copa de la Casa, y la de Quidditch, causando un estallido de aplausos y silbidos en la mesa de los Gryffindors.
Era, para Albus, el mejor día de su vida. ¡Había terminado su primer año en Hogwarts!
Se moría por ver a sus padres y hermana de nuevo, y de planear más reuniones con Rose, Scorpius y Alice.
En la sala común se armó una gran fiesta con la que terminaron muy desvelados. Por eso cuando llegó el día en que regresaban a casa Rose les preguntaba con frecuencia a Albus y Scorpius que si ya tenían todo empacado.
-Sí, Rose respondían con fastidio.
-Espero que tengan razón porque Hogwarts no es responsable de los objetos perdidos les respondía ella.


Albus cerró la puerta del compartimento.
-Fue un gran año, ¿no? comentó, feliz.
-Sí dijeron Rose y Scorpius, también sonriendo.
-Oigan, estos últimos días he estado pensando en algo les confesó Rose después de que la señora de las golosinas se hubiera ido.
-¿Qué? preguntó Scorpius con la boca llena de gomita.
-No sé si lo hayan notado pero
¿no creen que somos algo parecidos a las reliquias de la muerte en algunos aspectos?
Albus se tragó su gusano de goma, y Scorpius le tuvo que dar palmaditas en la espalda para que se lo tragara.
-¿En qué aspectos? preguntó Albus cuando recuperó el habla.
-Miren: yo pienso que tú, Al, eres parecido a la capa de invisibilidad: porque tu capacidad inventiva para sacarnos de problemas nos sirve como una capa para ocultarnos de los castigos; Scorpius tú eres como la piedra de la resurrección, pues siempre estás ahí para consolarnos y ayudarnos, y la piedra se supone que revive el alma
al igual que tú a nuestro autoestima. Y, finalmente, quedo yo como

-La Varita de Sáuco, pues tu inteligencia y conocimientos son como una varita invencible le interrumpió Albus con una sonrisa, y Rose se sonrojó.
-Es cierto dijo Scorpius, sorprendido.


-Prometan que me escribirán les dijo Rose cuando salieron del tren.
-Todos los días respondieron Albus y Scorpius.
-Mis papás me comprarán una lechuza nueva, así que no te sorprendas si no reconoces a alguna lechuza le advirtió Scorpius.
-Yo prefiero quedarme con la mía; me agrada su manera de picotear cariñosamente mi mejilla dijo Albus.
-Y hay que vernos seguido en el verano les dijo Scorpius.
-Podríamos empezar desde mañana bromeó Albus.
Pero no importaba si no veía a sus dos mejores amigos; estando ellos o no presentes, él siempre los tendría en su corazón.
Y sonriendo, cruzó con ellos la verja hacia el mundo muggle.


*~FIN~*

 

19 años después... (1º año) - Fanfics de Harry Potter

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