Albus Severus - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Era una noche oscura, sin luna ni estrellas. En La Madriguera se podía percibir una tensión fantástica. Arthur iba y venía, Ron salía a cada rato fuera a tomar un poco de aire mientras la embarazadísima de su esposa, Hermione, leía pacíficamente un libro junto a la ventana de la cocina. Harry trepaba por las paredes y George se arrastraba por el suelo (claro que metafóricamente). Teddy molestaba a Victoire con ahínco y la niña rompía de tanto en tanto a llorar. James correteaba como un desaforado, Bill y Charlie conversaban en voz muy baja sobre dragones y Fleur estaba en la habitación que le había pertenecido a Ginny con Molly, trabajando como parturientas.
- Es insoportable- exclamó Ron con sus cabellos todos revueltos- no entiendo por qué tardan tanto.
- Ya basta Ron- espetó Hermione sin levantar la vista de su libro abierto- cierra tu boca solo por este momento, si sigues así cuando nazca nuestro hijo juro que voy al hospital sin decirte nada y regreso con el bebé en brazos.
- Tú no me harías eso.
- Oh, claro que podría hacerlo. - el hombre guardó silencio ante el tonito severo de su esposa que le hizo recordar a sus años en Hogwarts.
- Harry, dime ¿cómo te sientes?- le preguntó George casi en un susurro.
- Muy feliz- espetó mientras le dirigía una mirada brillante. Harry no era padre primerizo pero estaba tan nervioso como si así lo fuera, además era la primera vez que Ginny daba a luz fuera del hospital.
De repente apareció en la sala una lechuza color café, bastante fea que llevaba en su patas un sobre dirigido a Harry.
- El ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, felicita al señor Potter por su próxima paternidad y espera verlo mañana a primera hora en el Departamento de Aurores- y el ave desapareció.
- Sí que es molesto- espetó Ron mientras se rascaba la barbilla.
- ¿Qué querrá?- preguntó Hermione por primera vez levantando la vista- es extraño

- No lo se- respondió Harry algo perturbado, fue en ese preciso instante en el que la Señora Weasley salió finalmente de la habitación con una especie de delantal y un pañuelo blanco en su cabeza. Sus ojos derramaban lágrimas de felicidad y sus manos temblaban con locura.
- HARRY- gritó con todas sus fuerzas y corrió a abrazar a su yerno- te felicito mi niño.
El hombre pudo respirar al igual que todos los presentes que habían contenido el aliento al ver salir a la mujer toda emocionada temiendo que algo no hubiera salido como debía. Harry se sintió volar por un momento, recibió abrazos por todos lados, Teddy besó su mejilla al igual que Victoire y el pequeño James que había llenado de baba el rostro de su progenitor, Bill y Charlie le dieron unas palmadas en su espalda, Ron, George y el señor Weasley le tendieron una mano tímidamente pero con firmeza y Hermione le arrojó un beso desde el sillón pues su estado avanzado de gestación la tenía casi siempre arrojada en él. Pero Harry quería ver a su esposa, a su querida Ginny y a su bebé, y cuando pudo desprenderse de toda la familia se encaminó veloz hacia el dormitorio con James en brazos. Cada paso que daba llevaba imágenes a su mente, su madre, su padre, su padrino, Remus, Voldemort, una luz verde, gritos, muerte, alegría, sonrisas, amigos, vida, familia, traición
había tenido que vivir muchas cosas, había sobrevivido a mil peligros, había sido desdichado y ahora era tan feliz, que creía no merecer un destino tan dichoso. Estaba a medio paso de la puerta cerrada, tomó el perilla con cautela y la giró con lentitud, inspiró y empujo la puerta.
- Hola Haggy- espetó Fleur mientras dejaba una almohada a los pies de la cama de la madre y aprovechaba la puerta abierta para dejar a la pareja disfrutar de su nuevo hijo.
Harry corrió a abrazar a Ginny quien al igual que él lloraba de emoción.
- Soy muy feliz querido- decía entre hipos ella.
- Yo también mi amor, yo también- y besó sus labios con toda ternura.
La criatura dormía en brazos de la mujer. Era pequeño pero bien regordete, y una pelusita oscura cubría su cabeza.
- Es hermoso- dijo el padre con una gran sonrisa.- Mira James, él es tu hermano.- y acercó la carita del niño a la del recién nacido las cuales se parecían increíblemente, no podía dudarse que ambos fueran hijos de Harry Potter.
- ¿Quieres cargarlo?
- Claro, claro que quiero Ginny- exclamó en un murmullo al notar que el tono de su voz hasta el momento sobresaltaba al recién nacido y su esposa se lo arrimó al brazo desocupado.
- ¿Qué nombre le pondremos?- inquirió ella mientras observaba a su esposo e hijos embelezada.
- Albus- espetó Harry casi al instante.- Albus Severus Potter
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La familia al completo durmió aquella noche en La Madriguera y festejó por todo lo alto el nacimiento de otro heredero. Ya exhaustos todos fueron a pegar un ojo en lo que quedaba de noche. Harry dormía en una silla junto a la cama en donde descansaba Ginny y Albus y James dormitaba en su regazo.
Despertó muy temprano aquel día y estaba muerto de sueño. Algo malhumorado y con un dolor terrible de espalda dejó a James junto a Ginny y se aproximó con cautela al recién nacido que estaba dando signos de que iba a llorar, lo tomó entre sus brazos y una sonrisa se dibujo en su rostro al ver el color de los ojos del infante, un verde esmeralda, abiertos de par en par, iguales a los suyos y a los de su madre, abuela de la criatura. Padre e hijo se miraban como si se conocieran de toda la vida y así permanecieron unos segundos.
- Tu destino no será como el mío Albus, siempre tendrás a tu padre a tu lado- y lo acunó hasta que finalmente volvió a entregarse al sueño. Harry besó la frente de su esposa e hijos y se encaminó a la chimenea para viajar con polvos flú al Ministerio de Magia. Ron ya estaba despierto y estaba sentado en la cocina con una taza de café frente a él y los ojos desorbitados.
- Ron- le susurró Harry pero el otro estaba lo bastante absorto en sus pensamientos como para prestarle la más mínima atención- ¡Ron!
- ¡Harry!- exclamó asustado- ¿Cómo estás hermano?
- Bien, ¿vos, como estas?
- Bien, que se yo
Herms va a dar a luz en cualquier momento y tengo miedo de quedarme dormido, además últimamente tuvo unas cuantas falsas alarmas casi a media noche y no estoy durmiendo nada.
- Tienes que descansar hermano.
- Sí, gracias Harry. Hoy no voy al Ministerio, dile a Kingsley que estoy vomitando babosas

Harry asintió entre risas y echó los polvos a la chimenea, se introdujo en ella y muy alto y claro espetó: Ministerio de Magia y desapareció. Se encontró en una especie de hall de entrada en donde tuvo que decir su nombre y mostrar su varita. A través de un hechizo pudo comprobarse que él trabajaba allí y que no era ningún intruso.
- Puede pasar Señor Potter- dijo el viejo que se encargaba de inspeccionar.
Una vez dentro, con lo primero que se encontró fue con la fuente remodelada y con Shacklebolt quien estaba a escasos pasos suyos,y que pese a que mucha gente iba y venía resaltaba entre la multitud.
- Potter a mi despacho- espetó con su voz más grave.
Harry, quien no había tenido oportunidad de decir palabra alguna siguió al ministro expectante. El despacho de Kingsley era inmenso y estaba repleto de libros y objetos extraños de los más recónditos lugares.
- Toma asiento Harry, por favor.
El joven hombre obedeció al anciano y un recuerdo fijo de Hogwarts llegó a su mente e instintivamente se tocó la cicatriz que hacia un tiempo no le dolía. El ministro estaba preocupado, se notaba por su rostro, sus ojos lograban transmitir eso y Harry lo notó casi al instante.
- ¿Qué ocurre Ministro?- inquirió con firmeza.
- Lo que voy a decirte muchacho no es algo que sea seguro pero debo advertirte

- ¿De qué habla?
- Trelawney.
- ¿Qué sucede con ella?
- Sabes bien que trabaja para nosotros, la vieja esta loca y por años no ha dicho nada coherente, delira y todo eso. Pero hace exactamente una semana ha dicho algo que nos ha preocupado mucho

El corazón de Harry latía fieramente. Sabía que cuando Trelawney hacía una profecía verdadera, solo significaba más problemas, especialmente para él.
- ¿Qué dijo?
- Ella

- ¡¿Qué dijo Shacklebolt?!- preguntó exasperado Harry golpeando la mesa.
- Mejor velo tu mismo.
El anciano tomó fuertemente su varita e invocó un hechizo: Desvelius Cripta y una nube blanca se figuró sobre su escritorio y una escena como si fuera la pantalla de un televisor. Harry aproximó su rostro a ella y acomodó sus anteojos con impaciencia. Allí estaba la tan polémica ex- profesora Trelawney, sentada en un no muy cómodo sillón, rodeada de unos cuantos brujos y hechiceras que oían incrédulos sus palabras. Su voz era grave, alta, no parecía provenir de ella. Harry no había tenido que hacer esfuerzos para comprender lo que decía.
- Renacerá, el Señor de las Tinieblas renacerá, ayudado por el hijo del elegido, de aquel que lo ha vencido, se levantará más fuerte porque tendrá de su lado el poder de quien lo venció. La 3º batalla se aproxima
el renacerá

Al concluir su predicción la mujer sacudió la cabeza con vehemencia y observó tontamente a quienes la rodeaban. La nube sobre la mesa desapareció y Kingsley le dirigió una mirada furtiva a Harry quien todavía no caía en la cuenta de lo que había tenido que oír.
- ¿Qué opinas?- preguntó.
- Que es una tontería- exclamó finalmente- Trelawney está loca Kingsley, tú lo sabes bien.
- Si fuera tú no diría lo mismo recuerda que ha hecho dos predicciones acertadas antes de esta

- Ya basta Kingsley no lo niego, pero siempre se las trae conmigo. Ya estoy harto ¿y ahora con mi familia?
- Yo pediría que los tengas controlados no queremos que en un futuro nos den una desagradable sorpresa.
- ¡BASTA!- gritó Harry con todas sus fuerzas. Estaba rojo como el cabello de su esposa, se había puesto de pie dispuesto a darle una buena tunda al ministro pero se contuvo casi a tiempo y lentamente se encaminó hacia la puerta- Puedo permitir que se metan conmigo pero con mi familia jamás, estoy cansado Shacklebolt, CANSADO, uno de ellos acaba de nacer y el otro apenas tiene un año, se muy bien como crío y voy a criar a mis hijos y te aseguró que nunca te van a dar un sorpresa desagradable. Por otro lado quisiera volver a mi antiguo puesto y Ron hoy no viene- y totalmente colérico cerró la puerta y se encaminó con paso firme hacía su despacho. Muchos lo saludaban en su camino pero él no tenía ánimos de devolverle el saludo. Entró al cubículo, tomó todas sus cosas con ayuda de su varita y bajó hacia su anterior lugar de trabajo, repleto de gente pero en un completo silencio espectral.
- Volviste Potter- exclamó no muy alegre un hombre alto y de cabello color arena que revisaba minuciosamente unos papeles mientras hacía levitar otros tantos a su lado.
- Sí, Wells, pero por favor no me hagas preguntas- y tomó asiento junto a él en la misma mesa.
- De acuerdo. Me enteré que fuiste padre otra vez, felicidades.
- Gracias.
Harry permaneció dos horas allí las cuales le parecieron una eternidad y cuando finalmente pudo marcharse se sentía abrumado por lo que había tenido que ser testigo y feliz de volver a ver a su familia luego de aquella horrenda mañana en el ministerio. Sin embargo unos deseos de caminar se apoderaron de él y pese a que el cielo se hallaba amenazante decidió arriesgarse a encontrarse de cara con la lluvia. Había dado unos cuantos pasos cuando algo lo hizo detener. Era un callejón oscuro y casi nadie transitaba por él a excepción suya y de un hombre delgado, extrañamente familiar que vagaba confuso sosteniéndose de las paredes en la vereda de enfrente. Harry siguió caminando. Todavía los negocios permanecían cerrados, desde aquella explosión que había dejado unos cuantos muertos muggles y había llevado a la prisión injustamente, a su padrino, ya nada había vuelto a ser lo que era.
Harry se detuvo en seco. El andar del hombre de la vereda de enfrente lo perturbaba, creía conocerlo pero entre la oscuridad propiciada por esa mañana tormentosa, él no podía distinguir su rostro. El vagabundo parecía caminar a la par suyo como si fuera su reflejo y lo estuviera siguiendo. Harry temió, muchas cosas giraron por su mente
la profecía, las palabras de Trelawney hacían eco en cada rincón de su cabeza, no lo creía sabía que su familia nunca sería capaz, pero
¿y si tal vez había una posibilidad? Un escalofrio recorrió su cuerpo y los grandes ojos de Albus vinieron a él. El misterioso hombre lo miraba, lo estaba mirando. Harry volvió a detenerse y lo observó de reojo, tomando lentamente la varita de su bolsillo. ¿Podría ser
? No, era imposible o por lo menos hasta donde él sabía. El vago se echó contra una pared, estaba ebrio, drogado o tal vez hechizado y al instante hubo desparecido sin que Harry tuviera oportunidad de preguntarle su nombre o siquiera verle su cara. El joven imitó la acción del extraño, su corazón latía cada vez más rápido y estaba sudando frío, juró en voz alta regresar y así apareció en la puerta de la casona Weasley. Se limpió los zapatos en la alfombra de entrada. De improviso salió Ginny a recibirlo.
- ¿Qué ocurre Ginny, qué haces fuera de la cama?- preguntó con su voz amortiguada por el fortísimo abrazo de su esposa. Mientras entraban y tomaba entre sus brazos a James que pedía insistentemente que lo alzaran, había notado que eran los únicos allí. Ginny lloraba.
- ¿Esta bien Albus?, ¿Dónde están todos?- inquirió en la tranquilidad inusitada del hogar.
- ¡Es Hermi, Harry!, ¡Está en San Mungo, muy grave!- espetó gritando de tristeza y derramando cuantiosas lagrimas.
Harry sintió como si un peso hubiera caído de repente en su estómago, se sintió flaquear y debió dejar a James en el suelo y tomar asiento.
- ¿Qué le ocurrió?- preguntó débilmente.
- No lo se, tenía fuertes dolores y se desmayó, toda la familia salió para allá y me pidieron a mi que me quedara, no puedo hacer un viaje tan largo luego de haber dado a luz; Harry, Ron estaba como loco, nunca lo vi así en toda mi vida.
- Cálmate Ginny, mi amor
no llores por favor- exclamó Harry intentando consolar a su mujer que se había puesto a llorar en su hombro frenéticamente. El pequeño James se aproximó con lentitud a sus padres y casi como un adulto acarició sus mejillas buscando fortalecerlos.
- Gracias corazón- exclamó Ginny devolviendo la caricia a su primogénito.
- Aguarden aquí, iré.
- Mantennos informados- dijo Ginny mientras se despedía del hombre.
- Claro Ginny, cuídalos- beso a su esposa y revolvió los cabellos de James mientras el recién nacido Albus miraba el cielo raso desde su cuna, sin llorar, sin gritar, como si supiera

Se encontró en medio de una calle desierta, camino hasta el negocio abandonado y exclamó bien fuerte: "VENGO A VISITAR A HERMIONE WEASLEY, ESTA EMBARAZADA; SOY HARRY POTTER". Hasta el maniquí pareció sonreír por la manera en la que había hablado y se había presentado y así Harry atravesó el vidrio aun con las mejillas ardiendo de la vergüenza. Al entrar a San Mungo se topó casi al instante con un tropel de cabezas pelirrojas que había pasado frente a sus ojos, no lo habían visto pero Harry con sigilo los siguió desde lejos. Arribaron a la habitación 503. Cada uno de ellos ocupó un lugar, Victoire dormitaba en el regazo de Fleur quien la sostenía con desdicha, Bill se hallaba a su lado con la mirada perdida, Charlie se encontraba pegado a la puerta de brazos cruzados y George iba y venía. Harry en silencio, ocupó un lugar en un banco junto a sus suegros que le dedicaron una débil sonrisa y esperó
y esperó, hasta que hubo caído la noche y una tormenta potente se desató. Harry se había quedado dormido sentado, pese a lo incomoda de su posición y de su dolor de espaldas, así y todo tuvo un extraño sueño.
- Harry, Harry- decía en un susurró una voz femenina. El susodicho había abierto los ojos y no pudo ver nada, estaba todo oscuro, por lo que podía notar se hallaba en un desierto o en una playa porque reinaba un silencio incomodo roto de tanto en tanto por aquella voz y porque además, parecía que entre los dedos de sus manos tenía arena. De repente una luz, una luz verde a lo lejos.- HARRY- gritaba la misma mujer.
- ¿QUIEN ERES?- preguntó él pero nadie le respondió.
- Papá- una voz, la voz de un niño. Harry no sabía quien de los dos era si James o Albus, estaba confundido.
- HIJO- gritó intentando ponerse de pie pero no podía, el suelo comenzó a moverse y empezó a deslizarse llevándolo a él.
- PAPA- gritó nuevamente el niño. Harry estaba desesperado, estaba cayendo entre aquella catarata de arena cuando un símbolo apareció en el cielo, una calavera con una serpiente saliendo de su boca y enroscándose por su cabeza, la marca tenebrosa.
- Harry Potter- espetó una voz que no había hablado hasta el momento, una voz fría y distante, que helaba hasta el alma y que Harry conocía muy bien. Y prorrumpió en una carcajada sonora mientras Harry caía inevitablemente. Despertó.
George se hallaba junto a él y lo movía enérgicamente.
- Estás más blanco que un fantasma, Harry- exclamó el gemelo sobreviviente con una media sonrisa.
- Solo
solo tuve una pesadilla.
Mientras él se componía la puerta de la habitación 503 se abrió. Reinó un silencio, Ron camino hacia fuera ante la mirada expectante del resto de su familia. Levantó su vista lentamente y Harry notó como se había llevado una mano a su cabeza y con la mirada llena de lágrimas exclamó eufórico y tembloroso.
- NACIO, NACIO, ¡DIOS MIO!, ES HERMOSA- espetó a la vez que rompía a llorar de felicidad. Harry nunca en el tiempo que conocía a Ron, durante sus años en Hogwarts ni el día de su boda, lo había visto llorar así, tan emocionado. Molly se abrazo a su marido y corrió a abrazar a su hijo, aquello fue una señal para que todos se aproximaran a él, Harry lo abrazó y Ron le dirigió una sonrisa significativa, más importante que mil palabras.
- Mi Hermione está durmiendo, estoy
muy orgulloso de ella.- exclamó con un tono en su voz desconocido hasta el momento.- Aguarden aquí, la traeré para que la conozcan- dijo el rozagante padre mientras desaparecía del pasillo. La calma había vuelto a la familia y todos conversaban animadamente cuando Ron regresó otra vez con un pequeño bulto en sus brazos, cubierto por sabanas celestes y exquisitamente perfumadas. Todos acercaron con cautela la cabeza a la niña mientras Ron decía alegre: "Conozcan a la princesa". Era una pequeña preciosa pero por el momento parecida a todo bebé, su cabello era castaño y estaba toda colorada e hinchada, una pequeña nariz y grandes ojos.
- Es
hermosa, me recuerda mucho a ti Ron- exclamó la abuela embelesada, tocando delicadamente su frente.- ¿Qué nombre le pondrán?
- Todavía no lo sabemos.
- Roxanne- exclamó George.
- Molly- dijo Bill y su madre le guiñó un ojo.
- Katrine- susurró Charlie.
- Paggege una rosita rococó - dijo Fleur suavemente.
- Eso Fleur- dijo Ron con ahínco- Rose, se lo diré a Hermione, Rose Weasley- y volvió a desaparecer con la niña. La platinada colocó una expresión de autosatisfacción en su rostro:
- Espego que sea su magdina- la abuela le dirigió una mirada fugaz de resentimiento. Harry rió ante esta situación y observó a través de la ventana las gotas de lluvia caer.
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Habían pasado tres años en los que se habían dado una serie de nacimientos en la familia Weasley que había hecho aumentar la pandilla de nietos para Arthur y Molly. Fleur había vuelto a ser madre pero esta vez de un niño, Louis, idéntico a Bill pero rubio como ella. George también había vuelto a ser padre, ya que anteriormente lo había sido de Fred Jr, Angelina, su esposa, había dado a luz a una niña hermosa llamada Roxanne. Ginny había tenido a Lily Luna casi al mismo tiempo en el que Hermione había parido a Hugo. Era una descendencia abundante y Molly se sentía completamente feliz de ver a los hijos de sus hijos correr libremente por su casa llena de vida, revolotear como colibríes en primavera y deshacer las camas, romper los platos y ensuciar los sillones. James era muy parecido a Fred el gemelo fallecido en lo que respectaba a su carácter "y a mi padre" agregaba Harry, y era muy unido a Fred Jr entre los que había de distancia cuatro meses de edad. Albus era muy callado, muy tímido, Ginny lo sobreprotegía, los quería a todos por igual pero por el pequeño de sus hijos varones sentía una cierta debilidad. Era delgaducho y de cabellos negros azabaches pero no llevaba anteojos a diferencia de su padre, en aquel entonces estaba por cumplir cuatro años.
Una mañana Molly y Arthur habían organizado una gran fiesta en el jardín de la Madriguera por motivo del cumpleaños de Victoire. La niña contaba con ocho años y era muy bella, y pese a ser una descendiente de veela bastante lejana, tenía un encanto que llamaba la atención de todos en especial de Teddy Lupin con quien le gustaba hablar y quien apenas le llevaba dos años y era muy unida a su prima Lucy, hija de Percy. Aquella mañana toda la familia estaba allí, incluido susodicho, que se había hecho un hueco en su agitada vida laboral para saludar a su sobrina predilecta. Hacia un día soleado, Harry parecía haberse olvidado de la profecía pues el ministro jamás se la volvió a nombrar como si fuera un sacrilegio, y el joven hombre andaba distendido sobre una vieja escoba jugando quidditch con Ron, George y Charlie, las mujeres conversaban y Bill y Arthur intentaban hacer un asado a la usanza muggle. Hermione cambiaba los pañales a Hugo ante la atenta mirada de su suegra.
- Yo conozco un hechizo mi niña que es ideal para no hacer esto típicamente a lo muggle- espetó con una sonrisa. Hermione negó con la cabeza a la vez que colocaba el pañal en su hijo.
- Gracias Molly pero quiero hacer las cosas como las hacían mis padres conmigo.
- Pero Hermione

- Gracias señora pero ya estoy harta de esta discusión- exclamó y salió al exterior otra vez a reunirse con sus cuñadas. Molly se enojó por un instante y luego sonrió para sí por lo parecida que era su nuera a ella cuando se inmiscuían en lo que respectaba a la crianza de sus hijos.
Albus estaba sentado a escasos pasos de la mesa de los adultos, estaba con la mirada perdida, pensando mientras sus primos y hermano se deleitaban jugando con una doxy que James había atrapado. En aquel océano de pensamientos, Teddy se aproximó a él cautelosamente y un gran susto se pegó cuando el jarrón de ponche estalló en mil pedazos derramándose todo el líquido sobre el mantel blanco y sobresaltando a los presentes.
- ¿Quién hizo esto?- gritó Molly con la mirada fija en James.
- Yo no fui abuela- exclamó este débilmente mientras se acercaba a ella.
- ¿Qué ocurrió Ginny?- dijo Harry desde su escoba.
- Albus ¿qué hiciste?- le preguntó Teddy en un tono bajo de voz.
El pequeño guardó silencio, todavía espantado y se sacudió la cabeza intentando despertar de su ensimismamiento.
- Es que
no se.- exclamó con su voz aguda.
El niño guardó el secreto y James se llevó una reprimenda pero Harry no estaba muy seguro. Aquella noche le quiso preguntar a Albus que estaba en la misma mesa que él, preguntarle sobre si había hecho magia, ya que era muy común aquello en la época de infante.
- Papá
- se le adelantó Albus en voz muy baja- ¿con qué te heriste la cabeza?-
- Cuando era bebé me lastimaron- respondió lentamente.
- ¿Te dolió?
- Hasta hace poco.
- Papá

- ¿Qué sucede hijo?
- ¿Quién es Tom
Tom Riddle?
Harry se quedó tieso, completamente frío y quitó los ojos del papel. Albus lo veía con su profunda mirada verde, tan igual a la suya. Harry por primera vez sintió preocupación.
- El era un hechicero malo Albus, fue quien le hizo esto a papá- espetó señalando la cicatriz de su frente- y fue quien
mató a muchas personas
¿Dónde escuchaste aquel nombre hijo?
- En mis sueños papá.- respondió sin inmutarse mientras el auto de carreras con el que jugaba iba de un lado hacia otro de la mesa frenético sin que nadie lo llevara.
- De acuerdo ve
a dormir Albus y
si quieres me quedo contigo para que no sueñes de vuelta con él.- y tomó con una mano a Albus y con la otra el carrito.
A la mañana siguiente marchó temprano hacia el Ministerio, quería caminar para aclarar sus ideas. Hacía un día soleado, un cielo limpio, ninguna nube, un día de primavera bello.
- Oye Harry- se volteó y allí estaba Ron corriendo hacia él. - Dios
creía que me quedaría dormido, ya mis excusas no causan el mismo efecto
me estoy quedando sin imaginación, ¡y también! Hugo no paró de llorar en toda la noche

- Lily estuvo molesta, Ginny se la pasó con ella, puede que sea un virus de algún resfrío, no se
El que me preocupa es Albus.
- ¿Albus?- inquirió asombrado- ¿mi pequeño sobrino te causa problemas? Si es así entonces James es la reencarnación del mal, Albus no puede molestar a nadie, es demasiado bueno.
- Lo se, lo se, es mi hijo Ron, ya lo se, pero ayer me hizo una pregunta extraña, sobre Riddle

Ron se detuvo y Harry lo miro fijamente.
- ¿Sobre Riddle?- repitió
- Sí, dice que sueña con él y debo admitir que
yo también- agregó con el ceño fruncido.
- No sabía eso Harry, ¿Te duele la cicatriz?
- No, son sueños, solo sueños- Respondió mientras comenzaban a caminar nuevamente. A medida que se fueron adentrando en un oscuro callejón Harry le comentó a su amigo sobre la profecía de Trelawney y sobre la manifestación de magia temprana de su hijo.
- Es increíble Harry, sobre la magia no, es decir, Bill empezó a hacer magia antes de los dos años, según papá, pero lo de los sueños y la profecía, la pirucha de Trelawney siempre no se
me cuesta creerlo.
- A mí también, otra vez repetir la misma historia, es
algo sin fin, ¿Entiendes? Voldemort esta muerto

- Sí

En ese instante corrió un gélido viento, Ron y Harry se detuvieron y miraron hacia todos lados, aquel callejón lo conocía, estaba casi desierto, hacía años que no pasaba por él, luego de
De repente la figura del vago se materializó en la cuadra opuesta a la suya, Harry lo vio, sacó su varita y salió corriendo hacia él sin más, Ron también lo siguió sin saber a donde se encaminaba. El hombre comenzó a correr, intentando huir de los dos pero no pudo llegar más lejos cuando Harry gritó "Petrificus totalus". Ron se detuvo junto a su amigo y ambos se quedaron viendo al vago que estaba en el suelo, boca abajo, con su cabello oscuro todo alborotado y el piloto que despedía un olor a basura increíble de soportar.
- ¿Quién es Harry?
- No lo se, me estaba siguiendo.- Harry con lentitud, se acercó al cuerpo inerte en el suelo y por algún motivo su corazón comenzó a latir con mayor intensidad. Tomó con ambas manos los hombros del desconocido y con ayuda de Ron lo dio vuelta. Era un hombre adulto, su cabello era negro azulado y sus ojos estaban abiertos, aquellos ojos grises los miraban con enojo.
- ¡SIRIUS!
Despertó. Todavía era de noche y se había quedado dormido junto a la cama de Albus. Sudaba frío y le dolía sobremanera su cabeza, se llevó una mano al pecho y sintió su corazón latir con fuerza.
- Papá, ¿Soñaste lo mismo que yo?...


Harry se movió incómodo y creía haber oído mal a su hijo tan solo por recién haberse despertado.
- ¿Qué dijiste Al?- preguntó aproximándose al niño e iluminando el lugar con su varita.
- Que si soñaste lo que yo soñé- repitió mientras se sentaba en su cama y lo miraba pacíficamente.
- Hijo, ¿Qué soñaste?- Harry inquirió esto con mucho temor, el rostro de Sirius, sus ojos, estaban latentes todavía en su mente. En ese preciso instante entró Ginny con Lily en brazos.
- Estas despierto querido, ven y ayúdame con Lily, no se duerme, no se que tiene.
- Sí
- espetó Harry ausente a la vez que se ponía de pie y recordaba lo que le había dicho a Ron en aquel extraño sueño.- Volveré a hablar contigo Al, ahora duerme hijo- y beso la frente del pequeño mientras se retiraba de la habitación con su esposa e hija. Su esposa descansaba y él hamacaba a la niña sin obtener resultados positivos. La pequeña era muy parecida a su madre y a Ginny, sin embargo tenía una mirada profunda parecida a la de James, su padre. Todavía era muy niña, sin embargo era muy vivaracha, muy despierta. Hacía unos días que estaba débil al igual que su primo Hugo, ambos parecían haberse contagiado una gripe.
- Ginny creo que le esta bajando la fiebre- exclamó Harry mientras Lily cerraba sus ojitos, rindiéndose finalmente al sueño.
- Sí
Harry- respondió cansinamente.
El hombre dejó a la niña en su cuna y se aproximó a la ventana con más interrogantes navegando por su mente, la calle estaba desierta, solo un perro corría de un lado a otro frenético hasta que se detuvo en la vereda frente a la que estaba la casona de los Potter- Weasley, no podía distinguirlo con claridad pero el can parecía mirarlo. Un escalofrío recorrió su cuerpo y se refregó los ojos como si estuviera soñando todavía, al fijar la mirada nuevamente en aquel lugar, el perro no estaba.
- Harry
cierra la cortina
por favor y ven a la cama.- exclamó Ginny de mala gana a lo que su esposo obedeció lentamente teniendo muy en claro que si su sueño había sido una predicción, al despertar y encaminarse a su trabajo en el Ministerio, se hallaría, inexplicablemente, con su padrino. Se quedó dormido con ese pensamiento.
La mañana siguiente como era de prever era clara, sin ninguna nube, una típica mañana de primavera. Harry se dirigió a la cocina, mientras la pelirroja dormitaba. Se dirigió lentamente a la habitación de James, para verificar que todo estuviera en orden. La habitación del primogénito era la típica habitación de un niño muggle, sin embargo llevaba colgados pósters y banderas de las Arpías de Holyhead como un cumplido a su madre, ya que Ginny en su juventud había formado parte de aquel equipo de Quidditch como una exitosa buscadora y además había otras tantas láminas de los Chudley Cannons pues el niño era un fiel seguidor de ellos ya que Ron se lo había inculcado como un mandamiento. Caminó por el hall iluminado por la luz del sol y al pasar por el dormitorio de Albus, recordó, inevitablemente al verlo dormir, su vida en Privet Drive durmiendo en un ropero y sonrió para si. Llegó a la cocina y desayunó veloz, quería caminar. Al salir de su casa observó a ambos lados de la calle, recién la gente estaba despertando y Harry dio inicio a su caminata, al no ver a Ron dirigirse a él, se resignó a que lo que había tenido que vivir durante la noche había sido un simple sueño y así, anduvo distendido, con el cálido aire primaveral acariciando su rostro.
- OYE HARRY- gritó de improviso Ron. El susodicho se volteó perturbado tomandose su pecho.- Dios
creía que me quedaría dormido, ya mis excusas no causan el mismo efecto
me

-
"estoy quedando sin imaginación"- completó Harry.
- ¿Cómo
lo supiste?, ¿Me leíste la mente?- inquirió el colorado con los ojos muy abiertos y caminando bien rápido a la par de su cuñado.
- No. Lo soñé.- respondió como quien no quiere la cosa.
Harry le comentó a su amigo todo lo que había tenido que vivir y acerca de Albus. Casi inconcientemente se fueron adentrando en el oscuro callejón.
- Espera- dijo el ojiverde deteniéndose en seco- tendría que aparecer ahora- espetó en un susurro.
Ron miraba expectante, casi sin moverse. Se quedaron allí, esperando cerca de media hora.
- Ya Harry, no va a aparecer, Sirius está muerto.
- ¡TE DIGO QUE NO!- gritó Harry.- El está vivo y va a aparecer, lo se.
- Lo siento Harry pero no puedo quedarme aquí, Kingsley me va a rebotar contra las paredes, ya no me cree, debo irme Harry, lo siento- palmeó su espalda y desapareció.
El hombre permaneció sentado en el escalón de un negocio abandonado. No fue a trabajar, se quedó allí hasta pasadas las cuatro de la tarde. Suspiró resignado y muy despacio se puso de pie. Volvió a su casa igual de pensativo que como la había abandonado y entró de malhumor a ella. Ginny lo miraba bastante furiosa pero el hombre no se atrevió a verla, estaba bastante apenado por la situación y por no haber ido a trabajar.
- ¿Qué ocurre Harry?- le preguntó la pelirroja a su marido irrumpiendo de repente en su habitación.
- No quiero hablar Ginny- espetó arrojado en su cama con los ojos cerrados.
- Oh, sí que hablarás Harry- dijo con una voz muy parecida a la de Molly, su madre- no eres el mismo desde hace un tiempo, quiero saber qué te ocurre, necesito saber, soy tu esposa- exclamó casi suplicante pero sin perder la compostura.
El hombre la espió por el rabillo del ojo e invitó a que se sentara junto a el.
- Es sobre un sueño- exclamó omitiendo gran parte de la verdad intentando no preocuparla aun más- soñé con Sirius, fui muy estúpido Ginny, fui a un callejón y creí que lo vería allí, solo eso.
Ginny se echó a sus brazos y exclamó palabras que Harry no logró comprender del todo, mientras lo acariciaba.
- Te amo, Harry.
- Yo también te amo Ginny- exclamó con el corazón hecho trizas.
Decidió por primera vez en mucho tiempo vivir en paz, sin preocupaciones, decidió ignorar sus sueños, cada vez más extraños y al perro negro que parecía seguirlo pero que cuando volteaba a verlo ya no estaba. Se intentó convencer que los sueños del menor de sus hijos varones habían sido una estúpida coincidencia, que el destino se las tenía contra él, que estaba bastante demente, bastante perseguido, estaba cansado del peligro, de las profecías, de Trelawney y de Voldemort, él estaba muerto, lo sabía, si él mismo había sido el encargado de hacerlo desaparecer. James, Lily Luna y Albus crecieron en un ambiento placentero, tranquilo, feliz pese a que los primeros tiempos de su infancia habían sido bastantes complicados. Harry decidió que haría lo imposible para que sus hijos fueran más felices, que sus vidas fueran distintas a la suya a su edad.
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- ¡¡Padrino!!- gritaba una voz masculina desde la calle.
- Es Ted papá- dijo Lily como un discurso habitual a la vez que se encaminaba rauda hacia el jardín donde sus padres conversaban relajadamente con Ron y Hermione.
- Yo voy, yo voy- decía James corriendo a abrirle al joven Lupin. James era muy unido al muchacho ya que lo veía como un modelo a seguir, un hermano mayor.
- Hola enano- dijo Teddy revolviendo sus cabellos y con una escoba en una de sus manos.
- Guau, ¿es una Nimbus 10000?- preguntó saltando como un desaforado.
- Sí James.
- ¿Me la prestas?
- Ehh
habría que preguntarle a tu mamá.
- Hola Teddy- exclamó una mujer pelirroja, con algunas arrugas prematuras en su bello rostro y unos ojos castaños que lo miraban hinchados del cansancio.
- Hola Tía- y besó su mejilla cariñosamente.
- Harry está en el jardín.
- Sí.
- Mamá ¿puedo usar la escoba?
- No, todavía tienes cosas que hacer

- Mamáaa- espetó con una sonrisa cómplice y salió corriendo escaleras arriba.
Ginny negó con la cabeza sabiendo que sus palabras habían entrado por un oído y habían salido por el otro y que su niño mayor de seguro estaba planeando alguna travesura, mientras utilizaba la varita para batir el caldo de la cacerola. Albus estaba en un sillón cruzado de piernas como un pequeño indiecito y leyendo un libro. De tanto en tanto levantaba la vista y veía a través de la ventana la gente pasar, la gente que caminaba sin saber que la casa en verdad existía y un perro, un perro negro que lo miraba desde la vereda de enfrente. Albus no temía, ya que estaba acostumbrado a la presencia del can en su vida pues desde que tenía memoria nunca se había apartado de su lado. Hacía un tiempo no soñaba con Tom Ryddle, sus sueños eran confusos, como si los viera de otro lado, como si aquellos sueños no pertenecieran a él y una voz, una voz fría y distante que pedía ayuda, ¿ayuda?, sí, ayuda, suplicaba que lo ayudaran desde otro mundo, Albus era el único que podía lograrlo.
- Albus- espetó fuertemente Teddy a la vez que ocupaba un sitio próximo a él- ¿Cómo estás hermano?
-
bien Teddy
¿y tu?
- Bien Al, todo bien, ¿Qué estás leyendo?
- Un libro que me regaló Rose.
- Ahh, qué aburrido
ey ¿no quieres salir a comprar tu mascota para Hogwarts conmigo? Me dijo tu mamá que necesitas una lechuza.
- Sí, de acuerdo- y se puso de pie sin más.
- Bien, vamos Al, Hugo viene con nosotros- exclamó al tiempo que aparecía un niño colorado con infinidad de pecas y unos incisivos superiores más grandes de lo normal.
- ¿Y James?- preguntó Hugo con una voz muy baja. De repente irrumpió por la sala montado en una escoba que Teddy conocía muy bien. Ginny corría tras él y Harry intentaba inmovilizarlo pero no podía porque el muchacho volaba como un desaforado. Ron y Hermione apenas asomaban sus cabezas desde unas sillas en el jardín.
- EHHHHHH- exclamaba como un demente- ¡Está genial Teddy!
El joven entre risas fue empujando a Hugo y Al hacía el exterior porque no quería oír el sermón de su tía una vez acabada la persecución. Lentamente comenzaron a caminar hacia el Callejón Diagon mientras se decían chistes tontos y los dos niños oían atentos las andanzas del joven Lupin. Faltaban solo dos semanas para el 1º de septiembre, primer día de clases de Albus y prometía aquel año ser más especial de lo que se esperaba. Desde lejos una sombra perruna los seguía, una sombra perruna que lentamente tomaba la forma de un ser humano

Los tres viajaron en autobús muggle, repleto de gente apresurada en llegar a un destino que desconocían. Teddy tenía sujeto a Hugo por la capucha de su buzo y a Albus de las mangas de su camiseta para no perderlos. Cuando finalmente se liberaron del gentío, continuaron caminando hasta llegar al Caldero Chorreante, donde saludaron a Neville y Hannah y velozmente se introdujeron en el Callejón Diagon.
- Rápido Al, elige una- espetaba impaciente Teddy mientras sonreía con picardía a unas chicas que caminaban por allí.
- Ehhh- había comenzado a titubear el niño pero no tardó en detenerse en una lechuza macho, negra como su cabello, pequeña y con su pecho blanco inmaculado, tapada por otras jaulas y lechuzas mucho más grandes y bellas- Esa- dijo animadamente.
El joven le agradeció al cielo que no fuera tan indeciso como James y entró raudo al negocio. Al salir, igual de rápido, se zambulló en la tienda de escobas.
- Finalmente- exclamaba Teddy observando una hermosa escoba de mango plateado, finamente tallada, con cerdas del pelo de la cola de un Aethonan, el joven estaba enamorado, su cabello cambiaba de un tono azul petróleo a un rojo fuego intenso. Hugo lo acompañaba en la contemplación de semejante maravilla para cualquier fanático del Quidditch, la Twister 19.0, mientras Albus se entretenía con su ave. "Debo ponerte un nombre", exclamaba en voz alta revolviéndose los cabellos azabaches como en un tiempo haría su abuelo. Estuvo así unos minutos para finalmente decidirse por Edwin.
- Cuando tenga algo de dinero, me la compraré- decía Teddy como en un sueño- Ahora vamos a Sortilegios.- agregó empujando a los niños hacia la tienda de su tío.
Una niña morena de unos impresionantes ojos azules y apenas un año menor que Hugo, jugaba en la puerta del negocio de su padre, haciendo bailar a una muñeca al son de una música que salía de sus labios. Al ver llegar a sus primos, corrió hacia ellos y se echó a sus brazos.
- ¿Cómo estás Roxie?- inquirió Ted.
- Bien, un poco aburrida, mamá se fue al ministerio y Freddy está con sus amigos, así que me tuve que quedar con papá.
Cuando los últimos clientes se marcharon, George salió al exterior a buscar a su hija, al ver a Ted y sus sobrinos, les hizo una seña para que pasaran a conversar con él. Allí se quedaron un tiempo, Albus y Hugo se entretenían en explorar toda la tienda acompañados por Roxanne que les servía de guía. Ted y George se destornillaban de la risa con alguna que otra broma estúpida que hacían. Así pasó el tiempo, hasta que se hizo bastante tarde. Los tres se despidieron desde lejos y abandonaron el Callejón casi a zancadas.
- Sus padres me van a matar- decía Teddy a la vez que esperaban el autobús muggle.- Ya, que más da- y al ver que nadie transitaba por allí sacó su varita y alargó su brazo. El autobús Noctámbulo atravesó las calles como una saeta y se detuvo frente a ellos.
- Bienvenidos al Autobús Noctámbulo señores- había dicho un muchacho no mucho mayor que Ted con una voz chillona y perturbadora y unos inmensos frenos que practicamente cubrian su rostro.- Por favor 11 sickles cada uno.
- Ya Esteban, somos amigos, puedes bajar el precio.
- 11 sickles Ted.
- Vamos, Esteban, 6 por las veces que te salvé en la escuela.
- Ehhh- balbuceaba confuso.
- Dale, llevo dos niños, mira sus caritas, quieren ir con sus papis- agregó tomando a Hugo quien había puesto cara de circunstancia.
El joven frunció el ceño y con dificultad asintió. Al subir al autobús, Albus creyó que era el lugar más extraño que había pisado. Harry le había hablado de aquel sitio pero estar en él era otra cosa. Era el doble de grande que un autobús normal, tres pisos, bastante espaciosos, con camas y todo eso. El conductor era un anciano chiquito, canoso y sin cabello en la parte superior de su cabeza.
- ¿Adonde van?- preguntó el chico de nombre Esteban.
- A Grimmauld Place- respondió Ted mientras ocupaba un asiento junto a una ventana. Los niños imitaron su accionar y se dedicaron a examinar durante todo el camino la gente que subía y bajaba y lo horrendo que era un viaje allí. La lechuza chillaba como una condenada y cuando apenas hubo arrancado Albus cayó al piso, al fondo del vehículo y la jaula, de milagro no salió despedida por la puerta todavía abierta.
- Lo siento debí advertirte- había dicho Ted mientras ayudaba al niño bastante malhumorado.
Llegaron en un santiamén. Los tres bajaron agradecidos de él y se echaron al suelo, felices de finalmente haber pisado tierra sin embargo debieron caminar y exhaustos se arrastraron hasta la puerta de entrada.
- Si
tuviera
mi escoba- exclamaba Teddy agitado a unos escasos pasos de la mansión. Albus era quien menos se quejaba, estaba feliz aunque no lo demostraba, feliz porque aquel día había sido muy agradable. Ginny como era de esperar, salió como un resorte por la puerta de entrada a recibirlos y regañó al joven con ahínco. Teddy supuso esta reacción y levantó la mirada tímidamente ya en la sala y al ver a su tía acariciar a Albus, de rodillas, a la altura de él, sintió nostalgia, nostalgia de algo que había llegado a conocer pero que no recordaba, el amor de sus padres. Pensando en esto se le pasó el enojo y comprendió a la mujer, hubiera dado hasta su vida por un recibimiento semejante; en ese preciso instante una muchacha hizo su aparición cruzando la sala con toda la gracia posible, dejando una estela de perfume a frutas tropicales a cada paso. Teddy se quedó perplejo y sus miradas se cruzaron un breve instante, ella le sonrió y volvió a desaparecer por la otra puerta rumbo a la cocina.
- Ehh
¿Está Bill?- preguntó Teddy por no preguntar sobre la joven.
- Sí
y también Victoire- le susurró Ginny guiñándole un ojo disimuladamente y llevando a su hijo y sobrino hacia las habitaciones. Ted con cautela se puso de pie y espió a la joven por la puerta de la cocina. "Es un ángel", decía para sí en voz alta. Victoire pareció sentir su presencia y despacio se aproximó hacia la puerta. Ted se asustó e intentando salir de semejante situación vergonzosa dio unos pasos hacía atrás sin quitar la mirada de la cocina y al darse vuelta se tropezó de llenó con un perchero junto a la escalera que conducía al piso superior.
- OTRA VEZ, MALDITA COSA- gritó olvidándose por un momento de la joven pelirroja tomándose la rodilla con dolor. Una risita lo hizo despertar de su momento de rabia y la vió allí, tras él, con una taza de café en una de sus manos.
- ¿Estás bien?- preguntó dulcemente.
- Sí, esta pierna ya es inmune, con todas las veces que me lleve por delante esta porquería
¿Tú, como estás?- preguntó él cambiando el tono de su voz y suavizando sus facciones.
- Bien, vine con papá antes de que comiencen las clases, hacia rato que no los visitaba, hacia tiempo que no te veía.
El joven se sintió flaquear al ver la mirada de Victoire y su cabello rubio rojizo caer sobre sus hombros.
- Je, sí, ehhh-
- ¿Quieres una taza de esto?... es café, creo, mucho no me gusta pero es lo único que encontré, y de paso hablamos de los viejos tiempos.
Ted asintió con una sonrisa, acompañó a la muchacha hacia la cocina y se quedaron allí charlando hasta muy tarde, riendo, alegres, mientras entre tazas de café renacía entre ellos algo que creían solo era algo de niños.
Albus comió en la cama, Hugo ya estaba durmiendo, roncando bastante fuerte. El ojiverde dejó a un lado el plato y bien despacio se encaminó a la habitación de James. Golpeó enérgicamente la puerta y al ver que nadie salía, él se tomó la molestia de pasar.
- James
- susurraba mientras movía enérgicamente a su hermano mayor que se cubría la cabeza con la almohada.- James

- ¿Qué quieres Al?- inquirió molesto sin quitar la cabeza de debajo de la almohada.
- ¿Cómo es Hogwarts?-
El joven se movió rezongando y se compuso con todos los pelos parados y encendiendo la lámpara junto a su cama.
- ¿Qué quieres saber?-
- Todo, tu eres el mejor James, eres mayor, quiero saber como es Hogwarts.
- Gracias, ya lo sabía Al, dime
¿Estás nervioso?
- Un poco
bastante- agregó al ver la mirada de su hermano.
- Je
bueno te lo voy a resumir porque tengo sueño, cuidado con Hagman, que no te venda lo de viejita buenita porque bien que cuando tiene la oportunidad de hundirte te hunde, aunque me salvó de unas cuantas
bueno, cuidado con
el monstruo del baño, si, tiene tres cabezas y tentáculos, además escupe lava ardiendo, dice que se come a unos cuantos niños de primero
en especial de Slytherin- exclamó burlonamente.
Albus tragó saliva y sintió un escalofrío pero quería saber más.
- que se yo Al
no se que decirte.- se quedó pensando un momento y luego dijo con una sonrisa socarrona- de ser seleccionado en Slytherin.
- ¿Qué tiene de malo?
- Todo, son malos Al, todo el mundo lo sabe.
- Pero yo no ire allí, yo voy a ir a Gryffindor como tu y como papá.
- Espero
je, el tío de un amigo mío fue a Slytherin y ahora está en Azkaban.
Albus volvió a tragar saliva sonoramente y observó temeroso a su hermano.
- Eres "serpiente", dejas de ser mi hermano- acotó para empeorar la situación- ahora vete que tengo sueño.- y se volvió a tirar a la cama y a cubrirse la cabeza con la almohada.
Albus abandonó el dormitorio lentamente y con la cabeza gacha. Los días pasaron y las bromas de James empeoraban a cada momento pues ya había descubierto el punto débil de su hermano para hacerlo enojar y sentir peor. De tanto en tanto la mansión se convertía en una batalla campal. Albus tranquilo en otro tiempo, ahora se aliaba con su hermanita Lily, de un carácter bastante fuerte, contra James, pero el muchachito no cedía, solo tal vez, cuando su madre se enojaba sobremanera, la respetaba bastante y odiaba verla de ese modo. Llegó el 1º de septiembre sin ningún sobresalto importante más allá de las peleas diarias. Aquel día Albus se despertó con una mezcla de sensaciones corriendo por sus venas, temor, ansias, alegría de todo un poco. Teddy había llegado a primera hora, James había empacado, tomando en primer lugar la escoba, luego sus cd´s de música y más tarde la ropa. Mientras buscaba a su madre ya que no encontraba su túnica en el ropero se percató que la puerta del estudio de su padre estaba abierta de par en par y que sobre su escritorio reposaba un amarillento trozo de papel plegado que parecía llamarlo. James no pudo resistirse a entrar. Corrió hacia el trozo de papel, lo conocía o por lo menos de nombre, el "Mapa del merodeador" y lo guardó en uno de sus bolsillos sin más. Ginny mientras peinaba con esmero el enmarañado cabello de su hija, quien estaba de brazos cruzados, bastante enojada y con sus ojos oscuros fijos en el suelo.
- Ahora se nos va Al, ¿Cuándo podré ir yo?- preguntó más para sí que para su madre.
- Mientras le haces compañía a mamá, falta poco hija, no te apresures.
- Uff, que aburrido
dos años ¿es poco?, yo quiero ir ahora.
- Bueno vas a tener que esperar, no puedo hacer nada- exclamó Ginny de mala manera, ya exhausta de tener siempre la misma discusión con la caprichosa niña.
Harry se encontraba en el baño, mirándose en el espejo, bastante preocupado, analizando la cicatriz en forma de rayo en su frente que hacia años no le dolía y un estúpido pensamiento corrió por su mente, pensaba en Albus, otra vez aquellos sueños habían vuelto a él, hacia unos pocos días, aquellos sueños que creía predicciones, tan vividos, asociando este regreso con el comienzo de clases del niño. Hogwarts
¿Qué le tendría deparado a su hijo?... Aquel día luego de dejar a sus hijos en el anden 9 ¾ iría el Ministerio y volvería a oír la predicción y a hablar con Trelawney, un presentimiento recorrió su ser, no le dolía la cicatriz sino su corazón.
Salió al exterior y vio a Ginny de pie junto a James, Lily y Albus, todos vestían con ropas muggles pero resaltaban entre todos lo vecinos quienes nunca los habían visto porque la casa era invisible a ellos y porque además entre las jaulas con lechuzas y las escobas voladoras, que aun envueltas conservaban su forma, parecían ser una familia de excéntricos. La familia Potter subió al auto que Harry había aprendido a conducir y se marcharon. Llegaron a King´s Cross una hora después bastante aliviados pues Harry no era precisamente una luz frente al volante como lo era sobre su vieja escoba. Caminaron todos juntos hasta llegar a la barrera que conducía al Anden 9 ¾ entre los andenes nueve y diez, el corazón de Albus latía con tanta fuerza que Lily creía oírlo. James se divertía mientras molestándolo, el niño estaba tan nervioso que no tenía oportunidad de decir una frase coherente como réplica.
- Ya basta James- decía Ginny al borde de un ataque de nervios.
- Espero que no seas Slytherin, serías una vergüenza para la familia Al.- le susurró a la vez que desaparecía rumbo al anden.
Al estar frente a la locomotora y entre todos aquellos niños y niñas, Albus se sintió más débil, miraba a su padre buscando un respaldo pero el hombre observaba maravillado todo como si estuviera reviviendo su 1er año en Hogwarts. Buscó con la vista a Rose y para su alegría la encontró a unos cuantos pasos suyos, escoltada por sus tíos. Ya vestía su túnica. Al llamó para que se acercaran y una vez todos juntos no se sintió tan mal, es más, luego de la breve charla con su padre sobre Slytherin, le había vuelto el alma al cuerpo y pudo disfrutar del viaje como cualquier otro nuevo estudiante. Observando por la ventana vio al perro, al perro azabache que corría a la par del tren y más lejos a su padre, quien no había divisado al can todavía, y quien lo saludaba melancólicamente. Albus devolvía el saludo tanto a su progenitor como al animal y fue allí cuando Harry se percató. Lo último que pudo ver Albus antes de que el tren tomara una curva fue cuando su padre se aproximaba a zancadas al perro y este permanecía inmóvil en su lugar, esperaba este momento desde hacía tiempo.


Albus finalmente tomó asiento con un dejo de preocupación estampado en su rostro. Rose, quien se encontraba junto a él notó esto al instante y creyendo que era por el comienzo de clases musitó:
- Todo estará bien, Al, no estas solo.
El niño asintió con una débil sonrisa y fijo su mirada en el exterior, mientras el paisaje cambiaba con pasmosa rapidez.
En el anden 9 ¾ todo estaba en silencio. Ginny, Ron y Hermione miraban sorprendidos a Harry que se había detenido a escasos pasos del perro, el cual le devolvía la mirada. Aquellos ojos grises le eran tan conocidos
ya no tenía ninguna duda.
- Déjate de bromas Sirius.
Al oír este nombre lo otros se estremecieron. El can parecía sonreír.
- Harry
- había comenzado a decir Ginny preocupada pero se detuvo cuando el animal se movió incómodo.
Harry sintió mucho miedo, desconcierto. Hugo y Lily estaban confundidos y cambiaban la mirada del ojiverde al perro y del perro a los otros tres.
- ¿Qué sucede?- le susurró la niña a su primo pero este se limitó a encogerse de hombros.
Harry se sentía igual que su hija y sobrino, no sabía que hacer, la imagen de su padrino cayendo a través del velo llegó a él, él estaba muerto, lo sabía, Dumbledore se lo había dicho, lo había visto con la Piedra de la Resurrección la noche de la caída de Voldemort, Voldemort otra interrogante que había vuelto a él, los sueños, las predicciones, Albus... él no debería de estar allí.
Tan rápido como le era capaz, el perro allí presente se movió como un demente y de un momento a otro, su figura comenzó a alargarse, sus garras desaparecieron y con ellas todo el pelo de su cuerpo. Ahora había allí un hombre adulto, de cabello negro azulado, todo enmarañado y una barba de un par de días en su cara. Vestía como un vagabundo. Todos los presentes se sintieron desvanecer aun de pie, era imposible, increíble.
- ¿Cómo estás Harry?- exclamó tranquilamente el extraño con una voz grave y seductora. Ron había comenzado a murmurar como si estuviera en una pesadilla.
- No puede ser Herms, él está muerto, dame una explicación- su esposa tan o más aun confundida que él, estaba absorta en sus pensamientos, boquiabierta. Ginny igual, no podía quitar sus ojos de los dos hombres a escasos pasos suyos.
- ¿Quién es él?- preguntaba Lily tirando de la manga de la camisa de su madre.
- Soy Sirius Black princesa- respondió el por ella.
Harry permanecía inmóvil, en estado de shock, "Despierta Harry, despierta Harry" se repetía para sí, pero sabía muy bien que aquello no era un sueño.
- Es imposible, estás muerto- dijo Harry en un hilo de voz.
- Sí, lo estoy- espetó para sumar algo más al desconcierto de ellos.
- ¿Cómo es que
?- inquirió Harry.
- Te lo explicaré todo muchacho pero no aquí.
- ¿Cómo se que eres Sirius?
- Je, ¿tan mal estoy?... hazme una pregunta, cualquiera.
Harry tragó saliva, no necesitaba hacerle ninguna pregunta, sabía quien era él, pero sin embargo buscó en sus recuerdos algo que solo su padrino supiera, intentando quizá demostrar que no estaba loco y que tal vez, todo fuera una ilusión de sus sentidos.
- ¿Cómo se llamaba tu esposa?
- Roberta
por favor Harry- exclamó divertido- tirá una más difícil, cualquiera que conoce a Sirius sabría que nunca sentaría cabeza.
A Harry se le dibujo una expresión en su rostro mientras asentía con la cabeza, aquel era su padrino.
- Bien
¿Por qué te detuvieron por dos meses cuando tenías catorce años durante la clase de Herbología?
Sirius dejó ver todos sus dientes en una inmensa sonrisa al rememorar un recuerdo de su pasado que creía olvidado.
- Por darle "accidentalmente" bubotérculos a Quejicus, estuvo con granos de pus y olor a petróleo por un mes entero, pero eso amortiguo el olor a mugre de su pelo.
Hubo un silencio incómodo, Harry y su padrino se miraron por un breve lapso de tiempo, Ginny, Ron y Hermione contemplaban sin entender la conversación de los dos. El ojiverde movió la cabeza de arriba a abajo y lentamente se aproximó a Sirius, ambos se abrazaron fuertemente.
- Vine a ayudarte muchacho.- decía como si su ahijado tuviera todavía quince años a la vez que palmeaba su espalda.
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Mientras en el expreso de Hogwarts, Albus oía la charla sobre muchachos y libros de su prima con Elizabeth Queens, una niña rubia, de grandes anteojos. El pequeño se tomaba los cabellos azabaches exasperado. "Esto es insoportable", cerró los ojos y se entregó al sueño a la vez que veía pasar a James acompañado de su banda, tan o aun más revoltosa que en su tiempo habían sido los Merodeadores. Entre ellos había un niño pelirrojo, hijo de George, Fred Jr. y otros dos más, uno alto, de cabello negro ensortijado y de grandes ojos celestes, de ascendencia turca llamado Tarik, y otro petisito, delgado y de un cabello largo color arena recogido en una coleta de nombre Dalton. Las chicas de los compartimientos los observaban con risitas picaras.
Albus soñó, toda la escena estaba en blanco y negro como le era costumbre pero ahora había un extraño velo y él caminaba en su dirección porque escuchaba voces que lo llamaban por su nombre aunque solo una lograba destacarse entre el griterío, una voz fría y distante. "Ayúdame", Albus tomó el lienzo etéreo con una mano y tiró de el.
- ALBUS- gritó su prima.
El niño se sobresaltó y pegó su cabeza con la de una niña que no había visto hasta el momento, quien conversaba con Rose. Por el impacto ambos se tomaron instintivamente la frente con dolor.
- Discúlpame- susurró Albus antes de verla bien. Era una chica rellenita, de cabello castaño claro y llena de pecas.
- Esta bien, discúlpame a mi- respondió ella avergonzada a la vez que sus mejillas se ponían de un rojo tomate.
- Basta de disculpas- exclamó con desden Rose- Albus, Erin; Erin, Albus- dijo apresuradamente moviendo sus manos de uno al otro.
- Bueno, me voy, gracias Rose, adiós Eli, Al- y abandonó el lugar tímidamente. El niño tenía todavía su mano en alto.
- Ya bájala Al.
- Lo siento, ¿y ella quién es?
- Erin Roberts.
Albus la miraba todavía sin entender.
- Es una amiga mía Al, hija de un compañero de escuela de nuestros padres.
- Ya tienes amigos
seguro que serás muy popular. Todavía ni empezamos las clases

- Gracias Al pero mis amigos son tus amigos ya lo sabes, además yo siempre seré tu amiga primito- decía dulcemente a la vez que apretaba la mejilla del niño como una madre a su hijo.
- Estaba soñando- dijo cambiando el rumbo de la charla.- ¿Pero cómo demonios me vas a despertar así?
- Agradéceme Al, sudabas como un condenado y gritabas palabras como "Déjame en paz" o algo así, sinceramente tuve miedo.
El tren seguía su trayecto, ya había caído la noche y el cielo se había cubierto de estrellas. El corazón de Albus latía con vehemencia y fue peor cuando todos se tuvieron que poner las túnicas, tan nervioso estaba que intentó muchas veces colocar la cabeza en el agujero indicado.
Al arribar a Hogsmade y bajar de la maquina, Albus se dejó llevar por la marea de gente, había perdido a su prima entre el tumulto de alumnos ni siquiera encontraba a su hermano. Caminó un par de pasos hacía fuera de allí y se encontró con Hagrid de pie, con su barba y cabello largísimo y bastante canoso, llamándolos con su voz más potente. Se apresuró aliviado hacía el semigigante el cual estaba rodeado de unos cuantos alumnos de 1º, entre ellos un chico de cabello platinado y rostro delgado, en punta, que reconoció a simple vista como Scorpius, el hijo de Draco Malfoy. Este se encontraba a un lado, solo, parecía preocupado. A poca distancia, estaba Rose conversando impaciente con otro grupo de niñas. Al ver llegar a Albus, todos lo presentes lo analizaron minuciosamente y se detuvieron en sus ojos y cabello. Se habían oído algunos murmullos "Es el hijo de Harry Potter", repetían incansablemente. Hagrid palmeó el hombro del pequeño intentando desinhibirlo.
- ¿Cómo estás Al?- preguntó con una sonrisa.- ¿Cómo pasaste el verano?
- Bien Hagrid.
- Bueno, ya estamos todos, creo, síganme.
Caminaron hasta el lago en dos filas extensísimas y se subieron a los botes. Al se encontró de repente entre un muchacho inmenso para estar en primero llamado Henry, Erin y Scorpius, quien todavía mantenía la misma expresión en su rostro, un pensamiento lo tenía totalmente involucrado. Albus no se sintió tan mal allí, nadie hablaba aunque Erin no le quitaba los ojos de encima, giró su cabeza hacia el otro lado y olvidó las historias de su hermano sobre los monstruos del lago para disfrutar del viaje, aunque no se animó a sacar las manos del bote.
El castillo brillaba como una snitch, a lo lejos pudo ver el campo de Quidditch y un deseo increíble de tomar su escoba y volar allí se apoderó de él. Las puertas de roble del colegio se abrieron de par en par invitándolos a pasar. Albus se sintió volar por aquel exótico y bello lugar, tan inmenso. Observó de reojo los relojes de las distintas casas y la escalera de mármol que conducía a la primera planta. Se le hizo muy difícil oír a Hagrid hablar y darles unos mínimos consejos antes de que llegara Ada Hagman, la nueva jefa de la Casa Gryffindor que los iba a conducir al Gran Salón donde se llevaría a cabo la ceremonia de Selección.
- Estoy muy emocionada Al- exclamaba soñadora Rose. Su primo asintió con pesadez porque pese a las palabras de su padre antes de partir su temor había vuelto.
- Síganme- espetó severa la mujer de baja estatura y cabello abundante castaño cayendo por su espalda.
Las puertas del Gran Salón se abrieron ante los ojos impávidos de Albus que sentía su corazón estallar ante los aplausos y miradas de soslayo que le dirigían unos cuantos alumnos. Buscó con la vista a James, quien se hallaba en su mesa, dándole la espalda como si nada le importara, y es que era así. Bajó su cabeza un poco apenado y se detuvo cuando la fila lo hizo. No escucho las palabras del nuevo director, un hombre delgado y que aparentaba más edad por su cabello abundante y rojizo y su también abundante barba que le hacia recordar a los retratos de Godric Gryffindor. Su nombre era Redwood Baxendelle y se decía que provenía de una lejana y maravillosa tierra al norte de Irlanda.
- Álvarez, Dolores- exclamó con firmeza la profesora Hagman y una niña temblorosa y pálida se aproximó al Sombrero Seleccionador.
- Hufflepuff- gritó el derruido Sombrero casi al instante. La mesa de la casa correspondiente estalló en unos humildes aplausos y la pequeña ocupó un lugar allí.
- Charles, John- y un muchachito moreno y de cabello color arena fue elegido para Ravenclaw.
Mientras seguían pasando los alumnos Albus se sentía cada vez peor, más inseguro, le hubiera gustado correr fuera de allí y perderse en el Bosque Prohibido, su cabeza le había comenzado a doler y otra vez el murmullo, "Ayúdame", decía una voz. Intentaba no llevarle la corriente pero le era imposible.
- Malfoy, Scorpius- el salón completo guardó silencio cuando el muchachito de cabello platinado se acercó con paso firme pero cabizbajo hacia el taburete. Le colocaron el sombrero que cubría casi todo su rostro y permaneció allí un par de minutos. Los de Slytherin que esperaban ansiosos a un miembro seguro de su casa estaban extrañados del tiempo que tardaba el Sombrero en dar su veredicto. Los de Gryffindor y las demás casas estaban igual de sorprendidos y divertidos.
- Gryffindor- dijo casi inaudible el Sombrero y el silencio perduró una eternidad, inclusive los profesores estaban boquiabiertos, James con una sonrisita mordaz miraba a sus amigos. "No puede ser" les susurraba. Nadie se animó a decir ni una palabra a excepción de él y el pobre niño se aproximó a la mesa de su casa con los ojos grises abiertos como dos platos, sin que nadie recibiera su llegada como una fiesta. "Es inútil, increíble, imposible, un Malfoy en Gryffindor" exclamaba una joven de cuarto, resumiendo lo que sentían todos allí.
Albus no podía pretender oír lo que decían y ver lo que hacían porque estaba teniendo una lucha en su mente. Luego de un tiempo bastante considerable en el que lograron asimilar un poco lo peculiar de la situación se continuó con la selección.
- Potter, Albus- llamaron al pequeño ojiverde, los presentes volvieron a guardar aquel silencio espectral, hasta James quien había permanecido toda la velada de espaldas se había dado vuelta para ver a su hermano. Se había puesto de pie junto a Fred y Tarik y había comenzado a darle ánimos desde lejos. Toda la mesa Gryffindor lo acompañó en sus vitorees.
- ¡Vamos Al!- era la primera vez que estaba feliz por él, sabía que no lo decepcionaría. El director hizo una seña con su mirada y James guardó silencio pero continuó de pie y con una gran sonrisa.
Albus camino casi deslizándose de rodillas por el suelo, le temblaba todo el cuerpo y la voz en su cabeza no cesaba de hablar. Al ponerle el Sombrero, Albus se encontró sumergido en una oscuridad plena.
- Bien, ¿qué tenemos aquí?- había comenzado a oír el pequeño pero no consiguió seguir su monologo porque La voz había tomado su lugar y había caído en un extraño trance.
- Hola Al- saludó con un tono burlón- ¿Cómo estás amigo?
- exclamaba maliciosamente.
- Tú no eres mi amigo.
- La maldita soberbia de tu padre- dijo a la vez que prorrumpía en una risa sonora.- Estúpido, creyendo ser importante con el amor y toda la cosa, olvidándose que son unos malditos sangresucia.
Al tragó saliva y no se animó a replicar, tenía miedo y su voz se ahogó en su garganta.
La Sala esperaba expectante pues no sabía que esperar, luego de la selección de Scorpius ya todo era posible.
- ¿Qué le ha ocurrido?- preguntaba temerosa Rose a Erin. Fred le hablaba a James igual de sorprendido.
- Ve a despertarlo James, creo que se quedó dormido.
El joven se aproximó lentamente hacía donde podía llegar y de rodillas le gritaba a su hermano menor algo exasperado, alegre pero cauto.
- ¡Vamos Al! ¡Otro león en la

Finalmente se oyó un movimiento extraño antes de que terminara la frase y toda la sala se movió a la par. La profesora Hagman se acercó a él y el Sombrero habló:











- Slytherin-
Todo parecía una pesadilla. Al quitarle el Sombrero, Albus no se animo a levantar la vista, nadie aplaudía, solo podía oírse su respiración agitada, ¿Qué había ocurrido?, ¿Qué había hecho?, suspiró inseguro y tambaleándose pasó frente a su hermano quien se había quedado inmóvil, con las palmas en alto y su boca bien abierta. La mesa Slytherin asimiló con rapidez lo que había ocurrido y sorprendentemente prorrumpió en aplausos invitando al niño a sentarse con ellos, Albus estaba estupefacto. Habían perdido a un Malfoy pero habían ganado a un Potter y eso ya era muy meritorio para aumentar el prestigio devastado de su casa.
Albus siguió a los nuevos miembros de su casa sin mirar a su hermano que no lograba quitar sus ojos de él. Rose quien había sido seleccionada en Gryffindor todavía algo conmocionada por la serie de extraños sucesos que se habían dado, corrió hacia su primo y besó su mejilla, Suerte le susurró. Albus cabizbajo caminó detrás del prefecto y una serie de pensamientos navegaron por su mente. La voz no hablaba, pero por algún motivo él había terminado allí, él bien lo sabía, nunca había querido terminar en Slytherin, ni en sus sueños se le había ocurrido semejante idea, pero sin embargo estaba allí, por algún motivo que desconocía. La voz había invadido su mente, había controlado sus pensamientos, por algún motivo
Pensando en esto se topó nuevamente con Erin que caminaba en dirección opuesta a la suya.
- Hola Al- espetó tímidamente.
- Hola.
- ¿Estás bien?
- No Erin, no quisiera hablar de ello- dijo aun ofuscado, tomándose su cabeza- Quisiera hacerte una pregunta.
- Sí, claro.
- ¿Recuerdas cuanto tiempo estuve con el Sombrero en mi cabeza?
- Ehh
- buscó en algún lugar de su mente ese dato que se le había volado- cerca de diez minutos.
Albus se estremeció.
- ¿Ocurrió algo más?
- No, creo
todos decían que parecías dormir, era muy gracioso, tu primo había dicho

- Gracias Erin- la interrumpió corriendo en dirección a la fila que ya lo había dejado atrás.
Scorpius se encontraba en un gran brete, los de Gryffindor lo ignoraban completamente y aquello se lo había visto venir. El había decidido en que casa ir, estaba orgulloso de haber sido valiente pese a todo y esa valentía lo había catapultado a ser un Gryffindor. Hasta en Hogwarts, un sitio tan lejano a su hogar podía oír el grito de su abuela, la felicitación de su madre y ver el rostro de su padre que podía provocar miedo hasta en el corazón más duro. Suspiró resignado e igual de cabizbajo que Albus siguió al prefecto de Gryffindor, Rose caminaba junto a él sin dirigirle la mirada.
- ¿Por qué estás aquí?- le preguntó ella apresurando su paso.
- ¿Por qué?- repitió él como sin entender- Porque quiero.
- Eres un Malfoy.
- ¿Y?- inquirió caminando igual de rápido que ella.
- Y eso. Tendrías que ser Sly y mi primo tendría que estar en tu lugar.
- JAJAJA- exclamó con sorna.- ¿Y ahora qué?, ¿yo tengo la culpa de eso?
- No
es decir
todo es muy extraño, parece que viviéramos dentro de un espejo. Parece todo una pesadilla.
- Eres rara, tu primo es Sly porque lo quiso, el Sombrero respeta tu deseo.
Rose se detuvo y le arrojó una mirada fulminante pero Scorpius no se achicó ante ella y le devolvió la misma mirada fría. La niña dio media vuelta enfurecida y pasó a través del retrato con paso firme y murmurando por lo bajo. Scorpius la siguió con una media sonrisa mordaz en su rostro.
Mientras tanto en Grimmauld Place la cosa estaba aun más extraña. Sirius se hallaba sentado en la mesa del comedor y veía como Ginny cocinaba, Hermione estaba del otro lado de la mesa analizándolo minuciosamente, Ron y Harry se encontraban en el hall murmurando por lo bajo, todavía estupefactos. Lily se aproximó al hombre y se quedó allí junto a él, mirando su cabello oscuro. Sirius giró la silla en su dirección y la miró divertido. Continuo mirándola hasta que la niña parpadeo.
- Te gané- exclamó entretenido.
La pequeña sonrió y salió corriendo para buscar a Hugo. Harry entró a la cocina y ocupó un lugar junto a su padrino, Ron se sentó a su lado y Ginny se sentó junto a Hermione.
- Bien, ¿Qué tenemos aquí?- preguntó el hombre pacíficamente.
- Lo mismo me pregunto- exclamó Harry con seriedad.
- De acuerdo, parece que no estamos de humor- y se rascó la nariz con su mano derecha, fue cuando los presentes pudieron ver sus dedos completamente blancos, ni una gota de color había en ellos. Hermione asintió como si hubiera corroborado una hipótesis que venía sosteniendo desde hacía unas horas.- Pregunten.
- ¿Cómo es que estás aquí?- inquirió Harry a su padrino casi al instante.
- Bien, es todo gracias a tu querido hijo.- dijo con sequedad.
- ¿Qué tiene Al?- preguntó temerosa Ginny.
- Su hijo, no se como explicarlo, es
una especie de guardián.
Todos fruncieron el ceño como sin comprender.
- ¿A qué te refieres?
- El es capaz de correr el velo.- dijo como una obviedad.- Para sintetizar la cosa, él elige quien sale y quien no.
- No entiendo- dijo Ron buscando socorro en Hermione quien le hizo una seña con el dedo índice en sus labios para que guardara silencio.
- El me trajo aquí, yo sigo muerto. Soy un muerto que camina.
A todos, aquellas palabras les helaron el alma. Lo que decía Sirius era tan imposible como posible de ocurrir, pero que Albus estuviera involucrado en la cuestión fue difícil de asimilar. Harry sin embargo, fue cauto, él sabía de la profecía y de los extraños sueños de su hijo y guardó silencio.
- O sea que
¿Cuándo volviste?- inquirió Ron.
- Hace once años.
- O sea que

- Que fue el mismo día del nacimiento de Al.
- Sabes
hay algo que no me cuadra- espetó Hermione con frialdad.
En ese preciso instante volvió Lily junto a Hugo y Ginny intentando olvidarse de la situación por un momento y evitando involucrar a su hija y sobrino, se dispuso a servir la cena. Sirius ocupó la cabecera y los dos niños un lugar a cada lado del recién llegado. El hombre estaba feliz de hacer reír a Lily y Hugo, como no lo había hecho con su ahijado a su misma edad.
- ¿Comes?- preguntó Ginny hoscamente como su madre lo hubiera hecho.
- No, ni siquiera huelo- dijo con una sonrisa que intentaba ocultar su profunda tristeza.
La mujer asintió débilmente y por primera vez sintió pena por él. Cuando ya la cena estuvo servida, alguien llamó a la puerta.
- ¡Padrino!, ¡Padrino!- Lily corrió a abrirle a Ted quien estaba totalmente abrigado. El joven acompaño a la niña al comedor y saludó a todos desde lejos.
- ¡Hace un frío
- y se detuvo en el rostro de Sirius, guardó un silencio incómodo- ¿El es
Sirius Black?- preguntó aturdido.
El hombre largó una sonora carcajada y exclamó con fuerza con su más dulce y potente voz:
- ¡Y tu debes ser Lunático Júnior!- el joven sacudió su cabeza al son del cambiante color de sus cabellos que pasaban de un violeta a un verde pasto.
- ¿Qué sucede aquí?- indagó temeroso mirando a Harry- ¿Es acaso una broma?
Harry negó con la cabeza y le dijo que luego le respondería cualquier pregunta. Ted obedeció difícilmente, ocupó un sitió al otro extremo de la larga mesa y se pasó toda la cena analizando a Sirius con el ceño fruncido.
- ¿Cómo está Victoire, Teddy?- preguntó Hermione intentando entablar una charla.
- Bien, bien
es
- y se sonrojó al pensar en ella.
- ¡Qué lindo!- gritó Lily batiendo palmas- ¡Me encantan! Hacen re linda pareja.
- Pero todavía no somos nada- dijo avergonzado el muchacho.
- ¿De qué me perdí?- le preguntó Sirius a Hugo, el cual se encogió de hombros.
La velada siguió sin ningún otro sobresalto aunque Ginny y Harry se encontraban sumergidos en sus pensamientos, pensando en Albus, en su pobre niño.
Cuando ya Ginny y Lily se hubieron dormido y Ted también, quien ocupaba provisoriamente el cuarto de James, Harry decidió hablar a solas con su padrino. El hombre se hallaba de pie junto a una ventana, con las manos en los bolsillos de su pantalón y una sonrisa apagada en su rostro blanquecino.
- Bueno creo que ya podemos hablar- le susurró a su ahijado mientras se volteaba y tomaba asiento en un sillón de la sala. Harry hizo lo mismo, se quitó los anteojos, se refregó los ojos y se los volvió a poner, pues no podía creer el aspecto de su padrino, analizándolo bien parecía enfermo y causaba temor envuelto en la luz de la luna que se colaba a través de las cortinas.- ¿Por qué no fueron al número 12?
Harry agitó su cabeza ante las palabras del hombre y habló todavía algo extraño.
- Hay muchos recuerdos allí
quería empezar de cero pero quise que mis hijos crecieran cerca pese a todo y de vez en cuando vamos a dar una vuelta.
- Esta bien.- exclamó con una sonrisa-
- Bueno, estoy para escuchar- dijo Harry.
- ¿Qué es lo que tu ya sabes además de lo que te conté?
- Sobre una profecía.
- ¿Y así me lo dices sin más?- inquirió Sirius levemente exasperado pero con un tono burlón.- Bueno eso lo veremos luego
primero te voy a contar lo que yo se, y no es poco. Tu hijo me trajo aquí, eso ya te lo dije, tu hijo es el Guardián del Velo, eso también te dije, tu hijo es capaz de traer a quien quiere aquí.- Harry asintió- bueno, pero no es así de simple. Hay que ver los sentimientos del muerto- exclamó señalándose con ambas manos.- preferiría estar donde estaba a estar aquí con aspecto de pez fuera del agua, un Guardián no puede traer a la vida a personas que han muerto, él se encarga de mantenerlos donde están no de traerlos.
- ¿Y por qué estas tu aquí?
- Buena pregunta, creo que tu hijo quería que lo protegiera, inconcientemente claro. Soy como su ángel de la guarda- espetó con una sonrisa ante semejante idea, ¿yo, un ángel?.- Albus es poderoso pero es muy débil.- musitó con seriedad- es poderoso porque un Guardián debe serlo pero no tiene mucha voluntad, es débil, muy manipulable.
Harry frunció el ceño ante aquellas palabras dirigidas a su hijo pero luego suavizó sus facciones.
- Eso lo se, aunque me duela
es el más retraído y extraño de mis tres hijos.
- Bien, ahora piénsalo bien, detrás del velo están los muertos, todas las almas perdidas y los muertos que vivían en una especie de paraíso, CUALQUIERA puede pedirle a tu hijo que lo traiga nuevamente.
Harry se estremeció y se le vino a la cabeza una única persona.
- Inclusive Voldemort.- se respondió a si mismo la pregunta que se le formulaba en su mente. Se tomó la frente instintivamente como si su cicatriz le doliera. Pasado el momento y todavía algo conmocionado, le relató a su padrino la profecía de Trelawney.
- Debo volver a escuchar a Trelawney, que me explique qué ocurrirá, si todo resulta ser verdad, no puedo creerlo, soy un maldito estúpido

- Guau- exhaló como un perro antes de que Harry terminara de hablar- si que cada día ese niño me sorprende, parece que viene de familia eso de que los problemas parecen seguirlo.- suspiró, meditó y luego exclamó lentamente- es decir que Albus esta más indefenso en Hogwarts que en cualquier otro lugar y que nosotros estamos en un gran peligro

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Albus tomó con una mano su varita y apenas espió entre la cortina de su cama, tenía miedo, aquel lugar era en sí tétrico, no se sentía completamente seguro. Al notar que todos dormían placidamente, guardó la varita bajo su almohada e intentó entregarse al sueño, pensando en su familia se quedó dormido e increíblemente volvió a soñar con el velo, miles de voces lo llamaban y esta vez parecía tan real
Ayúdame decía La voz y se animó a correr el velo, tiró del genero con fuerza y un rostro blancuzco, temible, con dos hendiduras en lugar de nariz y unos ojos rojos que helaban hasta el pescuezo saltó hacía fuera sin quitar el cuerpo del lugar que lo tenía prisionero. Albus del susto retrocedió hacia atrás y volvió a dejar caer el velo. Despertó. Todavía era de noche y su corazón latía con fiereza. Hubiera deseado correr hacia su hermano o hacia su prima y contarle lo que había soñado, pero al recordar donde estaba sintió una opresión en su corazón y no pudo evitar que una lágrima recorriera una de sus mejillas hasta mojar el acolchado verde, estaba solo. Volvió a recostarse pero no pudo conciliar el sueño tan fácilmente, al otro día era sábado por lo que no se molestó en eso, las clases en sí comenzarían el lunes próximo. A la mañana siguiente Albus no pudo continuar con su sueño por el molesto ruido que hacían sus compañeros de cuarto ya despiertos, saltando sobre sus camas, eufóricos.
- ¿Quién duerme allí?- preguntó uno casi en un susurro.
- El hijo de Harry Potter- le respondió otro. Albus frunció el entrecejo, se compuso velozmente y corrió la cortina.
- Soy Albus y no se hubieran molestado en susurrar, ya estaba despierto.- espetó furioso, mientras se ponía de pie.
Los tres niños se quedaron algo confusos y de un salto se bajaron de sus camas.
- Mi nombre es Dustin Wagner- musitó con seriedad un muchachito bastante alto para su edad de cabello oscuro y tes morena.
- Yo soy Edward Moore, pero llámame Ed.- exclamó más jovial otro un poco más bajo que el anterior, con el cabello castaño largo hasta los hombros y de ojos color avellana que Albus reconoció como el que había preguntado quien era él.
- Y yo me llamo Ernest Moore y soy el hermano de Ed- dijo el último niño, mucho más tímido que los otros dos y muy poco parecido a su hermano mellizo, pues sus ojos eran grandes y celestes y su cabello un poco más claro y bien corto.
- ¿Con qué eres el hijo de Potter, digo de Harry Potter?- se corrigió Ed, al notar el tono de desprecio con el que había dicho Potter la primera vez.
- Así es- respondió Al algo apenado.
Los tres asintieron y se quedaron mirando el cielorraso o el suelo sin saber que más decir o preguntar.
- Vamos a desayunar Ed- espetó el moreno golpeando el brazo de su amigo y seguido por Ernest quien parecía muerto de hambre.
- Sí, ya voy.- y permaneció un minuto allí observando de mala manera a Albus- Sabes, mi padre era mortifago.
- ¿Y qué?- inquirió Albus con desdén.
- Que te odiamos.
- Uhh que miedo- exclamó con sorna el ojiverde- me importa un comino.
- Ehh que atrevido sangresucia, parece que viene de familia, que maleducado, ¿así te enseño tu papito sangresucia a hablarle a tus superiores?
- ¿Qué quieres Moore?- preguntó Albus por primera vez valeroso sin quitar sus ojos del otro.
- A nosotros no nos agrada tu padre, es un maldito sangresucia que se atrevió a derrotar a Nuestro Señor y por ende tú tampoco, así que apártate de mi camino y no estorbes Potter, búscate otra escuela, otra habitación, o vive con tu PORQUERIA DE FAMILIA
NO TE ME CRUCES PORQUE ME VAS A CONOCER.
- REPITELO SI TIENES AGALLAS - gritó Albus totalmente colérico y tomando con firmeza su varita.
- QUE ERES UN ESTUPIDO SANGRESUCIA, AL IGUAL QUE TU PADRE Y LA MUGRE DE TU ABUELITA, IMPURA.
Albus no tardó en reaccionar pese a que Edward no tenía intención de arrojarle un hechizo, parecía que buscaba sacarlo de sus casillas y lo logró casi sin esforzarse pues el niño ya venía bastante sensible. Tomó su varita en alto y gritó con todas sus fuerzas un hechizo que había aprendido al ver leer a Teddy todas las tardes en Grimmauld Place para su entrenamiento como auror, no sabía el efecto del hechizo pero quería vengarse de alguna manera de quien lo estaba insultando, no solo a él, pues aquello le importaba poco, sino a su familia completa, incluida su abuela materna, ya fallecida.
- SECTUSEMPRA- gritó mientras un haz de luz plateada salía de la varita y lastimaba a Edward por todo su cuerpo. Pero pese a que en un tiempo, Harry había herido sobremanera a Draco, Albus le había hecho unos cuantos rasguños de los que manaban una cantidad considerable de sangre pero nada más pues recién empezaba a hacer magia con una varita, lo más herido era su hombro derecho. Los gritos de Moore llamaron la atención del Prefecto de la Casa y del jefe de la casa Alphonse Deacon quienes corrieron en dirección a la habitación. Al encontrarse con semejante escena, el Prefecto llevó a Moore a la enfermería y el Jefe llevó a Albus a la Sala del Director. El pequeño todavía se hallaba conmocionado. Escaleras abajo se encontró con su prima que al verlo tan apesadumbrado quiso aproximarse a él pero el hombre le dirigió una mirada fría y continuó caminando hasta el despacho de Redwood. James estaba junto a una ventana conversando animadamente con una chica de Ravenclaw pero al ver pasar a su hermano se movió de su lugar, pensó por un breve instante qué había hecho y si estaba bien pero una estupida respuesta se le vino a la cabeza Ahora es Slytherin, qué no te sorprenda y continuó la charla con la muchacha.
Albus se encontró frente a la estatua, a la que Deacon le dijo: Chicles masticables. La estatua se movió para dar lugar a una escalera en espiral, a la que subieron pesadamente. El hombre golpeó enérgicamente la puerta.
- Pase- espetó una voz grave. Ambos obedecieron. Albus fue el primero en entrar. El lugar era bastante espacioso, muy distinto al sitio en el que su tiempo había ocupado Dumbledore. Había muchos estantes de libros pero ninguno de los extraños objetos que en un tiempo habían ocupado el escritorio del que fuera Director, todo parecía mucho más ordenado. En las paredes habían colgados una gran cantidad de retratos que como su padre le había comentado, habían sido directores de Hogwarts, en un rincón estaba un hombre de cabello negro grasiento que le llegaba a los hombros con una mirada fría estampada en su rostro y junto a él en otro retrato, un anciano de barba larga y blanca, anteojos de media luna y ojos claros y bonachones. Junto al escritorio permanecía el Pensadero y a su lado algo encorvado el joven Director Redwood.
- ¿Qué deseáis?- preguntó sin inmutarse a verlos y sacando con su varita otro recuerdo rumbo al Pensadero.
- Señor- espetó Deacon carraspeando un poco para que el Director se volteara- el señor Potter ha hechizado al señor Moore, sin que este tuviera oportunidad de defenderse, con un hechizo, casi una maldición

Redwood giró su cabeza hacia Albus que analizaba todo de reojo y mantenía la cabeza gacha.
- Supongo que habrá tenido sus motivos- musitó el de barba pelirroja tranquilamente. Albus lo miró sorprendido, al igual que Deacon.- Es difícil ser Slytherin, cuando toda tu familia ha sido Gryffindor- continuó hablando mientras ocupaba un lugar en su escritorio.- Pero debéis prometer que jamás lo volverás a hacer niño, la paciencia es la mejor virtud y las palabras el más certero contraataque

- Pero
- había comenzado a decir Deacon.
- ¿Cómo está Moore?
- En la enfermería, señor, pero

- ¿Está fuera de peligro?
- Sí, señor, pero

- Entonces listo. Quítale algunos puntos al niño, a la Casa, y llama a los padres de Moore para que se tranquilicen, se que querrán venir a hablar conmigo y ya estoy preparado, conozco muy bien a esa familia, y también a la tuya Albus- espetó dirigiéndose al niño- y se que no lo has hecho adrede pero para la próxima contrólate porque ni yo te podré salvar de la expulsión.
El niño asintió algo apenado y abandonó el despacho solo, pues Deacon quería seguir hablando con el Director, intentando inútilmente, imponer la expulsión de Albus de la escuela. Ya fuera, caminó entre los pasillos llevado por el viento que entraba por las ventanas sin postigos. Miró el exterior, hacia un día soleado, había muchos alumnos disfrutando de la mañana junto al lago y decidió unirse a ellos. A lo lejos se encontró con Rose quien al verlo llegar se echó a sus brazos.
- ¿Estas bien Al?
- Sí, gracias Rosie. - Erin quien permanecía sentada, lo analizaba desde la punta de sus pies hasta la punta de sus cabellos azabache.
- ¡¿Estás bien?!- gritó como si estuviera a kilómetros de distancia. Albus asintió con una sonrisa muy similar a la de su padre y con permiso de su prima se aproximó lentamente al lugar que ocupaban. Evitó comentarles la verdad porque no quería preocuparlas por ende inventó una historia bastante convincente. Estuvieron allí conversando animadamente, Albus se sintió por un momento alegre.
- Ohh ¿El sucio Slytherin volvió de su castigo?- exclamó una voz cerca de ellos. James lo miraba resentido junto a su banda que se mantenía al margen- ¿Qué has hecho Al, hablaste con serpientes, mataste a alguien?
El joven se aproximaba a zancadas al niño quien ya se había puesto de pie como impulsado por un resorte.
- Defendía el honor de nuestra familia.- exclamó apretando los dientes y girando para ver a James.
- Ja- largó irónico el moreno- lo menos que haces Al, eres una vergüenza, siempre lo has sido y ahora más con tu elección, has llevado el honor de nuestra familia al bote de basura.
Albus tragó saliva, y apretó con fuerza sus puños, pues no quería quitar su varita, no quería tener más problemas además de que no quería enfrentarse a su hermano. Sin embargo James estaba dispuesto a arrojarle cualquier hechizo y con la varita en mano fue detenido por Ada Hagman. La mujer de baja estatura corrió hacia ellos y se llevó por la oreja al muchacho, claro que metafóricamente.
Albus decidió dejar a su prima y a Erin, luego de que el círculo en torno a ellos se hubo dispersado algo decepcionados por la pelea que no se dio y se marchó para buscar a Edwin y enviarles una misiva a sus padres con las nuevas novedades que se habían dado. Allí se encontró con Scourpius que estaba igual de preocupado que él. Albus tomó el trozo de papel de su bolsillo que ya había escrito y se lo colocó en una de las patitas de la lechuza que ululaba hambrienta. El de ojos grises permanecía inmóvil, con el trozo de papel en sus manos.
- Ellos te comprenderán- espetó Albus intentando reanimarlo aunque el no se sentía mucho mejor.
- No hables de lo que no sabes Potter, no conoces a mi padre y a mi abuela.- no podía quitar los ojos de la inmensa ventana del lugar. Hizo un bollo el papel y lo volvió a guardar en su bolsillo, tarde o temprano se enterarían pero temía ser él quien se los dijera y sin despedirse de Albus abandonó el lugar con paso raudo. Edwin voló hacia el exterior extendiendo sus hermosas alas oscuras, perdiéndose entre las nubes. Albus suspiró acongojado
tenía mucho miedo de lo que vendría más tarde.
- ¡DESPIERTA!-
- ¿Qué
qué ocurre?- preguntó el muchachito algo conmocionado moviendo los brazos desesperado intentando atrapar a quien lo estaba molestando.
- Te tengo una oferta- musitó el otro perspicaz.
Albus se compuso con lentitud.
- ¿Qué quieres?
- ¿Quieres ser de los nuestros?- inquirió.
- ¿Por qué querría?- preguntó mientras se calzaba las pantuflas.
- ¿Por qué?- repitió Dustin como sin entender- Porque serías adorado por todo Slytherin y muy popular.
- Lo siento, pero no me interesa la popularidad, estoy bastante bien con los amigos que ya tengo.
- ¿No te interesa?, déjame decirte que si aquí no te tratas con quienes debes
no llegas a séptimo.
Albus levantó su mirada hacia el moreno que se hallaba con los brazos detrás de su cabeza arrojando al techo cantidad de luces con su varita.
- ¿Qué ganan ustedes?- preguntó Albus sin dar más vueltas.
- ¿Qué ganamos?, te seré sincero Al, eres un diamante en bruto, un Potter aquí es muy preciado y más aun siendo de los nuestros.
Albus se sorprendió por la sinceridad del niño. Algo aturdido se quedó pensando en su hermano y en sus años siguientes allí, todo sería insostenible, si apenas el primer día ya James se había enfrentado a él sin ningún reparo, temía lo que vendría después. James se había figurado en su cabeza con su mirada severa, acompañado de su banda haciéndole la vida imposible. Aunque sentía que allí había "gato encerrado" se animó a preguntar:
- ¿Qué tengo qué hacer?
- Así me gusta- respondió animado Dustin pegando un salto de la cama.- Deberás pasar dos malditas pruebas para ver si nos eres leal, nosotros te avisaremos cuando y dónde- exclamó inclinándose hacia delante- mientras estarás con nosotros, bienvenido Sev Potter, ¿Puedo llamarte Sev? Aquel era Slytherin según se

Albus asintió débilmente sin escuchar el resto del monologo de su compañero de cuarto. Dio media vuelta y se volvió a quedar dormido.
Todavía era temprano y Grimmauld Place se hallaba durmiendo, a excepción de un hombre de cabello negro azabache con destellos azulados que miraba melancólico por la ventana. Era extraño, tenía sueño pero no podía dormir, como también tenía ganas de comer y beber, pero tanto la comida o la bebida no podía satisfacer su deseo. No olía la comida, las flores ni nada que llegara a emitir aroma. Algo apenado se volvió a sentar en el sillón y se llevó una mano a la barbilla, así se quedó pensando en el preciso momento en el que había atravesado el velo hacia el exterior, como llevado por una fuerza ajena a él, había atravesado el velo y había sentido como si miles de agujas hubieran pinchado su cuerpo. No quería regresar, no quería, allí estaba más que bien, donde estaba se encontraban sus amigos, Lily y James, ambos lo miraban asombrados desde el otro lado. Cayó el género e intentado regresar lo corrió pero del otro lado no había nada solo la escalera que giraba en torno al portal del mundo de los muertos. Salir de allí habría sido una odisea para cualquier otro pero Sirius sentía como si alguien le estuviera guiando hacía el camino que debía tomar. Todavía era de noche y al notar que todavía había unas cuantas personas trabajando se convirtió en perro. Le costó encontrar la salida y más aun con todos lo cambios que parecían haberse dado, en especial le había llamado particularmente la atención la enorme estatua de Harry que se levantaba cerca de la puerta. "A quien nos salvo de las tinieblas y trajo luz a nuestras vidas" rezaba a sus pies. Sirius frunció el ceño y sonrió internamente y aprovechando la salida de una mujer, se colocó junto a ella, queriendo hacerse pasar por su mascota.
- Me voy Robert.- emitió cansinamente la mujer.
- Adios Alissa y por favor la próxima vez no traigas al perro, sabes que no se permiten mascotas aquí.
- ¿Qué perro?- al voltearse Sirius estaba a unas cuantas yardas de distancia.
Un sonido lo hizo despertar de su recuerdo de ensueño, tomó con firmeza su varita y se puso de pie.
- Esta bien Black, soy yo- exclamó cansinamente Teddy levantando ambas manos con los ojos entrecerrados.
- Oh, lo siento Lunático, digo

- Soy Ted.
- Cierto.
- Solo vine a buscar un poco de beber- decía a la vez que tomaba una botella de whisky del aparador.
- Ehh, buen remedio para el insomnio- exclamó divertido Sirius.
Teddy se sentó en el sillón opuesto.
- Tengo un mensaje de tus padres.- espetó como quien no quiere la cosa.
Teddy quien hasta el momento, había permanecido con la mirada perdida y la botella tambaleando en su mano derecha, levantó su vista hacia el ser espectral.
- ¿Qué dicen?- espetó Teddy casi sin inmutarse llevándose el pico de la botella a la boca.
Sirius apenas levantó su mirada, tanta frialdad parecía transmitir aunque el joven no se achicó ante ella.
- Quieren que seas feliz y que te aman mucho.
- Ay
que tiernos los papis- respondió con sorna el muchacho volviendo a beber whisky. Sirius intentaba calmarse pero su furia era más fuerte que él.
- Ellos
te aman.- volvió a decir más para sí que para Ted, apretando sus puños. El muchacho largo una especie de bufido y exclamó un "sí, claro". Sirius no pudo contenerse más y corrió hacia Ted, lo tomó por el pijama y lo levantó del suelo.
- Escúchame bien niño, eres un pollito, que no sabe nada de la vida, conozco muchos cómo vos, yo fui uno de ellos, no estamos para hacernos las víctimas, "yo, el pobre huérfano", tus padres siempre te amaron, hicieron todo lo que hicieron por TU felicidad.- exclamó apretando los dientes casi en un susurro.
- Si
me hubieran querido
hubieran preferido estar conmigo que
morir
- musitó algo ebrio, esforzando cada palabra, intentando en vano defenderse.
Sirius lo soltó con fuerza y palmeó su espalda con pena.
- Qué estúpido que eres, yo te suponía más inteligente, ya vete a dormir muchacho, hueles a perro muerto, ojala yo hubiera sido tan afortunado como tu.- y volvió a tomar asiento.
Ted sin embargo permaneció de pie en el mismo lugar, algo encorvado y con la mirada perdida.
- No recuerdo sus rostros, como eran
son
extraños para mí- exclamó con lentitud.
- ¿Crees que ellos no querían pasar el resto de su vida contigo?- preguntó Sirius inclinándose hacia delante. El muchacho se agitó y giró su cabeza hacia el hombre. Intentaba no llorar pero las lágrimas le salían solas.
- A veces, sueño con las caricias de mamá- exclamó con una sonrisa volviendo a tener la mirada perdida- y con la voz de papá.
- Sí
tus padres eran muy buenas personas muchacho. Eran grandes amigos.
Teddy volvió a tomar asiento y dejó la botella a un lado.
- Yo
¿puedo
pedirte algo?-
- Claro, dime.
- Cuando regreses, diles
diles
que estoy muy orgulloso de ellos.
- Se los diré con gusto Ted.
-
y que pese a todo
siempre los voy a extrañar- y no pudo evitar llevarse las manos al rostro, ya las lágrimas le salían a borbotones. Sirius evitó aproximarse, llorar le haría mucho bien.
- Tu padre
era como tu- comenzó a relatar sin mirar al joven que al oírlo hablar se secó avergonzado, con las mangas el rostro. - Algo obstinado pero siempre nos apañaba en nuestras aventuras y tu madre, no logré conocerla mucho tiempo pero debo decirte que era muy simpática, muy alegre.- así mientras el resto de la noche pasaba, Sirius continuo relatándole a Ted historias de Remus en la época en la que asistían a la escuela, de su madre había oído bastante de boca de su abuela pero quería saber más de su progenitor, de su adolescencia y quien mejor para contarle anécdotas que Sirius Black.
Al despertar Ginny se encontró con los dos hombres destornillándose de risa por una broma que habían hecho Sirius y Remus en segundo e intentando no interrumpir con un hechizo silenciador se dirigió a la cocina como si sus pies fueran de algodón.
- ¿Y cómo van las muñecas?- preguntó Sirius divertido.
- ¿Muñecas? Jaj, estas medio oxidado Sirius.
El hombre le dirigió una mirada algo vergonzosa.
- Hace años que no estoy aquí, estoy chapado a la antigua, soy un viejito...
- ¿Viejito? Jaj, las chicas, bien, bien- respondió con una sonrisa picara el muchacho.
- ¿Tienes novia?
- En eso ando.
- ESO, todo un galán- espetó a la vez que largaba una sonora carcajada- hubieras sido un gran Merodeador.
- Je, gracias
pero ya estoy grande para eso.
- ¿Y quién es la afortunada?- musitó cómplice Sirius como en un tiempo le hubiera dicho a cualquiera de sus amigos.
- Victoire.
- ¿La pequeña "Vicky"?
- La hija de Fleur y

- Ya veo
- espetó con una sonrisa compinche Sirius antes de que el otro terminara- si es como la madre, te felicito- agregó a la vez que asentía con la cabeza, se ponía de pie y le tendía una mano al muchacho que reía muy divertido.- ¿Te quiere?
- Ehh, eso no se pero, eso espero

- Estamos en problemas- exclamó Sirius llevándose una mano a la barbilla.
Ambos continuaron hablando y Sirius le enseño unos cuantos trucos para tratar a las mujeres, como un hijo oyendo las palabras de su progenitor, o un "maestro hablándole a su discípulo" (en el dialecto de Sirius Black), así parecían ellos, y Teddy se sintió muy bien hablando con Sirius, pues de una manera u otra se sentía más cercano a su progenitor.
Cuando todos se sentaron a desayunar, el ambiente reinante era totalmente distinto al de la noche anterior aunque Ginny no podía pensar en nadie más que en Albus.
- Mamá, ¿me llevas a la casa de los abuelos?- preguntó Lily mientras le daba un gran mordisco a una manzana.- ¡MAMA!
- ¿Qué?- preguntó aturdida Ginny, moviendo la cabeza con nerviosismo como si la voz de la niña la hubiera despertado de su modorra.
- Que si me llevas a
ya no importa- espetó Lily y se puso de pie rumbo a su habitación bastante alterada.
- Deja, tía yo me encargo.- exclamó Ted suavemente impidiendo que la mujer se pusiera de pie para ir a buscar a su hija.
Ginny se tomó el rostro con nerviosismo, con desconcierto y temor, luego se puso a mirar a través de la ventana con una mano en su mentón, y suspirando de tanto en tanto. Sirius, quien se hallaba a su lado, sentía algo de culpa y pena al verla, pues parecía sufrir aun más al intentar mantenerla más al margen de cualquier hecho relacionado con su hijo, tarde o temprano lo sabría, debía saberlo... En ese preciso instante entró Harry, besó en la mejilla a Ginny que apenas sintió sus labios, y con una mano en alto a Teddy, se llevó un pan a la boca apresuradamente y le hizo señas a su padrino para que lo acompañara, ambos irían a ver a Trelawney esa mañana. Sirius aceptó y en forma de perro, caminó junto a Harry rumbo al Ministerio.
El ojiverde se sentía extraño, y no era solo por el animal que transitaba junto a él, quien además era su padrino, y que para confundirlo más estaba muerto, sino que presentía que algo ocurriría tarde o temprano y que por más optimista que pudiera ser, él nunca sería capaz de evitar aquel suceso. Embargado en sus pensamientos se topó con la que fuera la profesora de Transformaciones, Minerva McGonagall, la mujer estaba muchísimo más anciana que en su época en Hogwarts, desde aquel fatídico y victorioso día en el que Lord Voldemort hubiera caído y se había dado la más horrenda batalla, a la mujer parecía que se le hubieran sobrevenido encima todos los años que no aparentaba hasta el momento. Harry se sorprendió al verla, pero ella ni lo notó, siguió de largo al salir de la tienda muggle como si solo ella existiera, curioseando su bolsa repleta de ovillos de lana. Harry un poco angustiado continuó caminando con Sirius hacia el Ministerio evitando detenerse por cualquier otro motivo. Una vez en el edificio y al momento de presentar la varita, Sirius se escabullo dentro, Harry creyó imposible aquello, pero lo había logrado y eso podría deberse, según él, al hecho de que no pertenecía al mundo de los vivos y el encantamiento puesto en la puerta no era aplicable a él. Al pisar el interior del lugar se encontró con el Ministro que pasaba caminando seguido de pilas de papeles danzantes detrás de su cabeza y quien apenas hizo un gesto con una mano al verlo. Caminó hacia el otro lado, rumbo al Departamento de Aurores, Sirius, todavía como perro, le seguía los pasos cautelosamente. Pasaron por un pasillo oscuro y se subieron al ascensor. Al arribar al sitio al que pretendían llegar Harry se aproximó a un hombre de cabello color arena, bastante delgaducho y con una barba de un par de días circundando su rostro.
- Hola Wells, necesito hablar con Trelawney.
El hombre no se molestó en levantar la vista y mientras seguía leyendo unos papeles y la maquina de escribir tipeaba sola, señaló con su brazo derecho una puerta próxima a él. Harry agradeció y seguido por Sirius entró a la habitación.
- Bien, Sybill, dinos qué tienes para contarnos.- exclamó Harry tomando asiento en la silla opuesta a la anciana, quien estaba cubierta de chales y brillos pese a su edad avanzada, lo que la hacia ver aun más ridícula. Esta lo miraba sorprendida, como sin entender, al notar a Sirius como perro empezó a gritar como una demente: "¡El Grim, el Grim!, ¡Voy a morir!, ¡Voy a morir!, ¡Vas a morir!" y señaló a Harry, el cual volteó los ojos, al igual que su padrino que bufó molesto.
- Escúcheme- musitaba Harry intentando calmar a la mujer que se había puesto de pie y que ahora señalaba a Sirius con los ojos completamente en blanco y doblemente aumentados por sus grandes anteojos de vidrios innecesariamente enormes y gruesos- Es el perro de mi hijo. Solo eso. No es ningún Grim.
- Solo mantenlo alejado de mí- decía Trelawney con la voz entrecortada y volviéndose a sentar.
Harry, agotado, ordenó a su padrino:
- Al rincón Canuto.
- Sácalo fuera- decía la mujer.
- Es que
empieza a ponerse nervioso y muerde a todo el mundo si esta solo, al rincón Canuto
- Sirius obedeció y se alejó, espiando con recelo a su ahijado y a la mujer, a la vez que gruñía rabioso.
Harry volvió hacia la anciana, quien parecía más calmada.
- Bien, Harry, ¿A qué vienes?, ¿Quieres que te vea el futuro?
- No precisamente Sybill. Es sobre mi hijo.
- ¿Tu hijo?
- Sí, Albus.
- Albus- exclamó soñadora- un nombre iluminado, legendario

- Sí.
- ¿Qué le ocurre al iluminado?
- A Albus- la corrigió molesto- hace once años usted
hizo una profecía.
- ¿PROFECIA?- repitió casi sin aliento.
- Sí.
- No, muchacho, yo ya no hago profecías

- Claro que la hizo, ¿Quiere que le muestre?
- No es necesario

- ¿Y bien?- espetó luego de mostrarle a través de un hechizo, el momento en el que había exclamado aquellas palabras.
- ¿Esa soy yo?- inquirió temerosa pasando la mano sobre la mesa, intentando en vano tocar la nube efímera que había aparecido como un proyector.
- Mi hijo, mi hijo está en peligro, es él el de la profecía.
- Pero no se como ayudarte Harry- exclamó apenada llevándose las manos al rostro.
- Quiero saber que va a ocurrir, Trelawney, quiero protegerlo.
- Lo mejor que podrías hacer es sacarlo de esa escuela maldita.- dijo a la vez que se ponía de pie y girando hacia la tetera detrás de ella, que chillaba furiosa entre el aroma que despedían cientos de sahumerios - es lo mejor.
- No puedo.
- Lo siento entonces.
Harry abrumado y bastante somnoliento por el efecto del perfume de la habitación inmensa tan similar a la de la torre de Hogwarts en donde cursaba Adivinación, dio unos pasos cabizbajo ante la negativa de la mujer, le hizo una seña a Canuto para marcharse, estaba con la mano en la perilla de la puerta cuando sintió un sonido seco a sus espaldas, la tetera había caído al suelo, derramándose todo el líquido en la alfombra. Harry sin darse vuelta, escuchó una voz que parecía no provenir de Trelawney, aunque así fuera, Sirius miraba perplejo como la mujer movía los labios sin decir palabra alguna para al instante exclamar: "Al finalizar el mes de las hojas ocurrirá, El Señor de las Tinieblas se alzará, el Guardián liberara al Señor de las Tinieblas, sus vasallos se unirán a su amo, la última batalla dará inicio, al finalizar el mes de las hojas
"

Harry temeroso, aun sin quitar la mano de la perilla de la puerta y pese a que le costaba moverse por lo que había tenido que oír, tiro de ella y abandonó el lugar con paso firme, seguido por Sirius que intentaba apresurar el paso.
- No lo permitiré Sirius, nada puede estar escrito, lo evitaré, lo evitaré, a mi hijo no, con mi hijo nadie se va a meter, yo lo protegeré- decía en el ascensor al golpear una de las paredes del móvil impotente, como una manera de convencerse a sí mismo y con la voz entrecortada de los nervios y de la ira contenida.
Un pequeño de cabello platinado y ojos grises se dirigía con pesadez hacia el Gran Salón, le dolía sobremanera el cuerpo, se sentía enfermo y todos lo ignoraban. Suspiró resignado y atravesó la entrada seguido por la mirada atenta de los ya presentes, quienes parecían verlo como a un bicho raro. Era recién el primer día de clases, propiamente dicho, había pasado el fin de semana y Scorpius Malfoy se sentía completamente aturdido. Tomó asiento junto a una niña de cabello castaño oscuro a quien ya había visto hacia tan solo dos días, Rose no quitaba su vista del programa de primer año ni siquiera al percibir que alguien había ocupado un lugar a su lado. Seguía con la vista en el papel aunque sus ojos hacia tiempo que estaban en la misma oración, mientras el platinado se aproximaba a ella inquisitivamente. Guardaron silencio un par de segundos hasta que la muchachita se volteó hacia él.
- ¿Qué quieres Malfoy?
- ¿Yo?, nada, nada.- exclamó evitando la mirada de la niña y distrayéndose con la tostada que estaba untando.
- ¿Estás solo?- preguntó Rose con una sonrisa simpática.
- No, no, por favor, jaja
mira allí está Ronan, ¡¡Hola Ronan, amigo!!- le gritó esperanzado a un muchachito de cabello largo hasta los hombros y rostro de buldog el cual lo miro con desprecio- Es un gran amigo- espeto asintiendo y con algo de tristeza en su semblante.
Rose tragó saliva y algo culpable acercó una mano a su hombro intentanto reconfortarlo pero al instante, una lechuza azulada atravesó la habitación hasta posarse frente a Scorpius, el niño parecía conocer al animal porque al tenerlo allí, bajó su mirada y se cubrió con las manos el rostro. La lechuza llevaba un sobre de color escarlata.
- Agarradla Scorpius- lo alentó Rose pero el muchacho no se inmutaba intentando convencerse de que todo era una terrible pesadilla.- Ajj, la tomaré yo- espetó ofuscada la niña tomando el sobre con ambas manos y haciéndole señas al animal para que se marchará.- Bien, aquí está, no era tan malo, ¿o no?- preguntó burlonamente la niña dejando el papel, el cual al concluir de hablar comenzó a gritar contorsionándose en algo parecido a un rostro, gritando a la mas viva voz, aturdiendo a lo presentes quienes se cubrían con ambas manos lo oídos.
- SCORPIUS ALEXANDER MALFOY- exclamaba una voz masculina, elegante y que arrastraba las palabras con un leve seseo- HAS TUS MALETAS, ABANDONARAS EL COLEGIO A PRIMERA HORA MAñANA- continuó completamente furioso pero conservando la calma.- NO DEJARE QUE CONTINUES DESHONRANDO A NUESTRA FAMILIA IMBECIL- así concluyó sin una palabra más ni una menos, Scorpius quitó lentamente las manos de su rostro cuando el sobre se autodestruyó a sí mismo. Rose y todos los demás estaban algo consternados, la niña miraba al platinado boquiabierta, sin saber que decir a la vez que un escalofrío recorría su cuerpo.
- Yo sabía, yo sabía- se repetía el niño en voz muy baja, esforzando cada palabra, colérico, nervioso, triste, principalmente triste.
- No puede hacer eso- exclamó ella con lentitud.
- ¿Qué pierdes Weasley?- preguntó descortésmente el otro poniéndose de pie sin quitar la mirada de la mesa- ¿A ti qué te importa?, es
injusto
no, no lo permitiré- se dijo para sí y abandonó el Gran Salón acompañado por los ojos curiosos de los alumnos presentes. Al volver a atravesar la puerta abierta se encontró con una pandilla de niños que iban en dirección contraria. Eran cuatro muchachitos de Slytherin los cuales hicieron silenciar a los más próximos a ellos, que ocupaban la mesa de las serpientes y que pertenecían al mismo año. Iban encabezados por el más alto de todos, a quien llamaban Dustin, apenas a dos pasos suyos estaba un niño de ojos verdes deslumbrantes y cabellos oscuros alborotados el cual, en vez de ir cabizbajo, como se lo había visto desde hacia un tiempo, iba altivo, con un orgullo no propio en él. James quien estaba sentado al otro extremo de la larga mesa de los leones con El Profeta en mano, atontado observaba a los recién llegados mientras estrujaba el periódico entre los dedos.
- Uhh
parece que tenemos competencia- decía Tarik con sorna con la boca llena de comida.
- Primero traga y después habla- lo retó James con ira mientras volvía su vista al diario arrugado.
- ¿Cómo lo supo?- se preguntaba Scorpius ya en la sala común de su casa.
- ¿Qué vas a hacer?- le inquirió Rose que había seguido sus pasos.
El niño algo sobresaltado se echó en un sillón cercano a él, con los brazos a los costados de su cuerpo como si todo el ánimo que hubiera tenido el primer día allí lo hubiera abandonado.
- No lo se- exhaló.
Rose ocupó un sitio en otro sillón más próximo a la chimenea apagada.
- ¿Qué van a hacer contigo?- inquirió con temor.
- Posiblemente me encerrarán hasta que sea mayor de edad en un internado fuera del continente y si fuera posible, fuera de este mundo- bufó.- conociendo a mi abuela
- al observar el rostro de la niña que lo miraba bastante preocupada sintió como sus mejillas cambiaban a un color rosado y muy avergonzado volteó su cabeza hacia el otro lado.- Pero no se las haré tan fácil- exclamó con alegría y un brillo de triunfo aparecía en sus ojos grises.
- ¿Qué piensas hacer?
- Todavía no lo se, pero tengo toda una tarde para pensarlo hasta mañana.
- Te ayudaré.
- ¿Me ayudarás?- preguntó asombrado Scorpius.
- Sí. ¿Qué tiene de malo?
- Nada, nada, pero viniendo de ti

- ¿Qué es eso de pero viniendo de ti
?- repitió furiosa la muchachita- ¿Crees que soy una estúpida malvada y aburrida que lo único que hace es estar tras los libros?
- No, por favor, yo no dije eso

- Sí, pareciera que sí, pues entonces arréglatelas solo- y giró rumbo a su habitación, escaleras arriba pisando fuerte.
- No- la detuvo el niño con un brazo- perdón, perdón, fui muy descortés, es que
creía que me odiabas y que
bueno, perdón nuevamente, te agradecería mucho si me ayudaras- dijo con humildad.
Rose se volteó hacia él con una medio sonrisa y ambos estrecharon sus manos como dos buenos amigos o cómplices de alguna fechoría.
Albus estaba sentado en la mesa de Slytherin algo cohibido por todos los rostros que lo analizaban de pies a cabeza como un extraño que era allí. Dustin conversaba animadamente con Ed y Ernest, Albus intentaba oír la conversación pero los niños hablaban casi susurrando y no lograba distinguir las palabras. Algo apesadumbrado giró su cabeza disimuladamente hacia la mesa de Gryffindor desde donde su hermano mantenía clavada su mirada en su nuca.
- Sev, Sev- lo llamó Dustin un par de veces pues todavía le costaba al ojiverde acostumbrarse a su nuevo apodo.
- Sí, sí- espetó apresurado el niño volviendo a su mesa.
- Tenemos tu primera prueba, ¿Recuerdas lo que te había dicho?- preguntó Dustin con seriedad mientras Ed intentaba tragarse la risa que tarde o temprano saldría de él.
- Sí, claro- respondió Al con el ceño fruncido.
- Bien, te queremos hoy a la décima campanada del Reloj en el Bosque Prohibido, allí recibirás las instrucciones de tu tarea, ¿Entendido?, ni un minuto más ni un minuto menos.
Albus asintió muy a su pesar y partió junto a su pandilla hacia su primera clase de Transformaciones.
Al entrar al salón, muy pocos habían llegado, Rose ya se encontraba sentada, en uno de los primeros asientos junto a Erin, detrás suyo estaba Scorpius junto a Henry, el niño que había viajado con Albus por el lago hacia Hogwarts. Albus y su banda se dirigieron al final de los bancos en donde ocuparon cada uno un sitio. Ada Hagman había aparecido de la nada en medio de la sala, precedida por una marea de humo que había hecho espectacular su entrada.
- Buenos días.
- Buenos días profesora.- exclamaron al unísono los niños.
- Soy Ada Hagman, jefa de la Casa Gryffindor y soy la nueva profesora que imparte la asignatura de Transformaciones.- prosiguió la mujer desde detrás de su escritorio acompañada por los aplausos de algunos de los de Gryffindor que la vitoreaban contentos- Bien, pasaré lista- exclamó a la vez que aparecía un pergamino ante sus ojos y una pluma a vuelapluma.
Mientras la profesora pasaba lista, Albus se dedicaba a observar el extraño lugar, era de por sí inmenso y espacioso. El niño distinguió una pizarra a lo lejos, detrás de la mujer, y un par de cuadros que circundaban la sala, al igual que unos cuantos ventanales por donde se filtraban la luz del día. Además había bastantes libros colocados prolijamente en repisas por toda la habitación. Solo eso, no parecía tener nada especial.
- Potter, Albus.
- Aquí- espetó mientras levantaba su brazo.
Siguió observando todo hasta que distinguió un retrato muy escondido, en un rincón al que apenas le llegaba la luz, intentó en vano distinguir la figura que tenía dibujada.
- ¿Qué miras?- le susurró Dustin.
- El retrato de allí, ¿Has visto los ojos rojos?, ¿No te parece extraño?
- ¿Qué ojos?, ¿A qué te refieres?- había llegado a preguntar cuando la profesora les llamó la atención.
- Bien, cuando el señor Wagner y el señor Potter se dignen a volver a esta humilde clase

- Lo siento- se apresuró en decir Albus con la cabeza gacha.
Aquel comienzo no había sido muy llevadero para el ojiverde, a quien se le había complicado bastante transformar su lápiz en un gusano, Rose, en cambio, le había salido el hechizo rápidamente, por lo que Gryffindor había ganado 20 valiosos puntos. Ernest por su parte había transformado a su lápiz en un gusano de dos cabezas con una mina de grafito como cuerno en cada una de ellas. Al llegar a Pociones, Albus se sintió en su ámbito, por algún motivo (según el profesor Slughorn venía de familia) parecía ser un experto en la materia, además que disfrutaba bastante estar allí, evidenciándose en su poción para la cura de Forúnculos.
Hacia tan solo dos días en los que Albus no había soñado con el velo, aunque ahora había algo que lo tenía completamente aturdido, era extraño pero cada vez que se hallaba hablando con alguien, con cualquier persona, oía sus pensamientos, e imágenes confusas se figuran en su mente. Evitaba hacer contacto visual con las personas que a él se aproximaban, pero en ocasiones era inevitable. A veces sentía cuando alguien le mentía, algo así como un sexto sentido, que parecía no tener demasiado dominado, a veces aparecía, pero otras se sentía muy desorientado. Había bajado a los jardines del colegio, siguiendo a sus nuevos amigos, cuando se encontró con Rose bajo un árbol, quiso acercarse a ella pero se percató que no estaba sola, que conversaba animadamente con Scorpius, y bajó su mano lentamente, allí también estaba Erin, que al igual que su prima, estaba inmiscuida en su charla con el joven platinado, y las mejillas de Albus se tiñeron de rojo lentamente, mientras apretaba sus puños con ira, Que rápido se han olvidado de mi se repetía casi en un susurro.
- No armes las valijas, porque de aquí no te irás, te lo aseguro. Bien, ¿has entendido lo que haremos?- preguntaba satisfecha Rose.
- Ehhh
si, creo- respondió Scorpius bastante confundido aunque con una débil sonrisa.
- Ufff
- bufó la niña retomando fuerzas para repetir los pasos a tomar- Bien, lo primero será

La noche había llegado con suma rapidez y el Gran Salón era un hervidero de gente que entraba y salía constantemente. Albus ocupaba un sitio en la larga mesa solo ya que sus tres amigos no estaban presentes, estaba nervioso auque intentaba no evidenciarlo pues dentro de tres horas debía ir hacia el Bosque Prohibido, aunque había decidido que haría una parada en la cabaña de Hagrid antes de reunirse con los otros niños, llevando la capa de invisibilidad, claro está. Suspiró algo acongojado y subió hacia su cuarto sin cruzar palabra con nadie en su camino, se recostó en su cama por una hora y media y a eso de las 9.30 de la noche bajó hacia los terrenos del castillo.
- ¡Albus!- había dicho feliz Hagrid al verlo llegar- ¡Qué sorpresa más agradable!, pasa, pasa.
- Gracias- espetó mientras pasaba a la cabaña seguido por Fang, quien nervioso quería jugar con alguien.
- Es muy peligroso salir de noche, pueden castigarte ¿Qué te trae por aquí?- decía a la vez que colocaba un caldero en la chimenea y le echaba unas cuantas verduras.
- Ejem
un tema personal, agradecería que no preguntaras.- había dicho el niño con seriedad.
- De acuerdo
si es algo ilegal preferiría que no me lo comentaras aunque tu padre nunca me hubiera contestado así.
- Pues yo no soy mi padre Hagrid.- exclamó tranquilamente el ojiverde.
- En eso tienes razón, ¿Quieres un poco de sopa?- espetaba como sin remedio algo irritado.
- Ehh
de acuerdo- aceptó el niño ingenuamente pues nadie le había previsto de la comida del semigigante, al tocar la cuchara el interior de su boca un gusto desagradable se deslizó por su garganta a la vez que se quemaba sobremanera su lengua.
- ¿Esta deliciosa no?
- Sigg
. Caro- exclamaba con una débil sonrisa evitando volver a probar de esa comida.
Al faltar cinco minutos para las diez de la noche, Albus se despidió de Hagrid y partió hacia la entrada del Bosque donde tres muchachitos parecían esperarlo.
-Bien- se refregaba las manos ansioso Dustin- has sido puntual

- Ya basta de vueltas.- espetaba con ira el ojiverde.
- Tienes razón, bien, tu misión es sencilla, deberás partir hacia donde esta el árbol rojo, allí deberás tomar el casco de la armadura que descansa en una rama.
- ¿Solo eso?- preguntó aliviado Albus.
- Claro Sev, toma este camino- le indicaba señalándole una especie de túnel que se abría a escasos pasos suyos- que te llevara hacia el lugar preciso. Nosotros te esperaremos aquí, si te ocurriera algo llámanos y correremos a ayudarte- decía Dustin con una sonrisa que intentaba transmitir tranquilidad.
- De acuerdo- aceptó Albus aunque su corazón latía con fiereza, algo le ocultaban pero no quería parecer un cobarde ante sus ojos.
- Danos la tela fea esa, te la cuidaremos- había dicho Ernest.
- No, prefiero llevarla, gracias- rechazó el niño.- Bueno, adiós, nos vemos.- y se adentró más en la profundidad del bosque con rapidez.
Edward quien había permanecido en silencio, no pudo contener su risa y prorrumpió en una sonora carcajada.
- Es un estúpido
JJAJ-
- ¿Crees que regrese?- había preguntado Ernest bastante apesadumbrado al percatarse de lo que había hecho- ¡Lo hemos enviado hacia los centauros!
- No seas melodramático Ernie, si vuelve nos reiremos un rato largo de él, Jjaj, ¿Crees que cumplirá la misión?, nadie ha podido, y lo divertido es que pasaremos un momento alegre viéndolo volver como una gallina sin nada con él, humillándolo de por vida- y las risitas de Ed acompañaban sus palabras- ¿No crees?
- ¿Y si
no regresa?- preguntó nervioso el mellizo.
- Pues, no perderemos nada importante.- soltó con una sonrisa cómplice.
Harry se había aparecido en medio de la sala de estar de su casa acompañado por Sirius, ya había caído la noche y Ginny se encontraba recostada en un sillón con un sobre abierto entre sus manos, al oír el estruendo de la llegada de su marido se despertó casi al instante.
- Harry- y se echó a sus brazos muy preocupada. El ojiverde fue sorprendido por la reacción de su esposa- Tenía mucho miedo- decía amortiguando sus palabras el hombro de su marido.
- ¿Por qué Ginny? Estoy bien, tranquila- decía con una sonrisa que intentaba transmitir calma y acariciando la mejilla de la pelirroja con profunda devoción- Solo fue una pesadilla corazón.
Ginny volvió a echarse a sus brazos, como una manera de aferrarse a él, de tenerlo siempre a su lado y nunca perderlo.
Pasado aquel momento que a Sirius, en principal, le pareció sumamente extraño y a la vez que se reformulaba en su cabeza qué era lo que había soñado Ginny, la mujer preparaba algo de café mientras Harry leía la carta de Albus.
- ¿Y, qué dice?- inquirió Sirius con sumo interés a la vez que quitaba algunos pelos bastante sucios de su cara.
- Ha entrado a Slytherin- aun antes de que su hijo entrara a Hogwarts, tan solo minutos antes, estas palabras no hubieran sido de vital importancia pero ahora, con todo lo que sabía, esas palabras parecían hacer eco en su mente y en su corazón.
- ¡Vaya que nos ha sorprendido el pequeñito, eh! Extraño a mi parecer- decía pensativo su padrino rascándose la barbilla mientras Ginny se preguntaba cuánto hacía que no se daba un buen baño.
- Sí que lo es, pero es su decisión y hay que respetarla- exclamó no muy convencido Harry quitándose los anteojos y refregándose sus ojos, muerto de cansancio.
- Ojala mis padres hubieran sido como ustedes.
- Bueno me voy a dormir- anunció Ginny a la vez que caminaba hacia fuera de la cocina- Buenas noches.
- Buenas noches- la saludó Sirius con la mano en alto y una sonrisa.- ¿Crees que solo sea su decisión?- se volvió a su ahijado.
- No lo se Sirius, de ahora en más hay que pensar los pasos a tomar dos veces, quiero que la vida de Albus sea normal, no como la mía.
- Debes hacerte a la idea que tu hijo no es como cualquier otro niño.
- Ya lo se Sirius y eso es lo que me da más miedo, lo único que podemos esperar mientras planeamos lo que haremos es que él no lo sepa.
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Albus caminaba por aquel camino tan oscuro que ni la luz de la luna se lograba filtrar entre el tupido follaje de los árboles. Caminaba inquieto aunque no tenía miedo, era un valor que parecía haber heredado de su padre y de su abuelo, un coraje que podía romper cualquier barrera y que aun próximo a la muerte parecía renacer con más fuerza. Caminaba hacia el árbol rojo del que sus "amigos" le habían comentado pero hasta el momento solo veía oscuridad y la impaciencia le estaba jugando en contra, iba demasiado rápido, sin lograr divisar por donde pisaba, su varita iluminaba apenas el lugar. De repente, ¡zas!, al piso, su varita había caído a escasos pasos suyos y se había herido con algo parecido a una roca su rodilla izquierda.
- Auuu- gemía de dolor y con dificultad había logrado ponerse en pie y había comenzado a tantear el suelo buscando su varita.
Cojeando un poco, al preciso instante en el que la había tomado escuchó no muy lejos de él, el andar de algo parecido a corceles, aunque parecían no serlo pues hablaban entre ellos. Albus con rapidez se encaminó hacia detrás de un árbol y se cubrió con la capa.
- Lo escuche, había algo aquí- decía uno de voz bastante grave.
- Ya basta Balder- decía el otro.
- Pero es verdad- exclamaba el primero mientras golpeaba el suelo con sus patas delanteras.
- Bien, dame la antorcha iré a inspeccionar maldito cobarde- había dicho el segundo.- No puedo creer que sea mi hermano- murmuraba por lo bajo- Aquí no hay nada ¿Bien?- había dicho pero se detuvo en seco. Albus permanecía inmóvil intentando siquiera no respirar para que no lo descubrieran- Vaya, vaya ¿Qué tenemos aquí?, mira Balder sangre.
Albus inspiró con el alma por el piso, entre su capa podía divisar las enormes siluetas de los centauros que se hallaban a menos de un metro de él.
- ¿Qué crees que sea Borc?- preguntaba Balder.
- Tal vez un conejo o un estúpido mago- decía el otro con desprecio- aunque no creo que vaya a llegar muy lejos, ya, vamonos Balder el conejito caerá pronto en nuestras manos.
Ambas bestias se alejaron del lugar mientras el pequeño respiraba aliviado. Algo precavido decidió dejarse la capa puesta y la varita con el foco de luz en una mano fuera del género. Caminaba lentamente pero más por su pierna lastimada que por su temor. Caminó un rato más sin ningún sobresalto, parecía que hacía más de una hora que se había adentrado en aquel lugar del bosque. De repente se encontró con un claro a escasa distancia suya, un claro del cual provenía una intensa luz roja. Apagó la varita y aun con la capa puesta siguió caminando. Dio unos pasos más y se encontró con el horrendo árbol. Era de lo más feo, de tronco ancho, de baja estatura y cubierto de espinas y sin ninguna hoja, en una de sus ramas más altas reposaba un casco herrumbrado, un casco horrendo pero con una bellísima gema verde. A su pie reposaba un unicornio que aun con su máxima pureza no lograba opacar el brillo escarlata del árbol. Sin embargo no se hallaba solo porque cubriendo todo aquel inmenso paraje había cientos de centauros durmiendo plácidamente, era imposible pasar entre ellos sin pisar a alguno. "Oh, estoy muerto" se decía para sí Albus. "¿Y ahora qué hago?" y La voz, aquella maldita voz había vuelto a su mente.
- "Camina, camina, no te ocurrirá nada"- exclamaba casi en un susurro.
- "No lo haré"
- "Hazlo, ¿acaso quieres ser la burla de esos malditos niños?"
- "No
no
"
- "¿Entonces?"
- "No, lo haré"
- "¿Quieres ser la burla de Slytherin, quieres ser uno más del montón, un estúpido insignificante?"
- No
- "Exacto, tu eres especial muchacho, no eres como ellos y debes demostrarles lo especial que eres"
- "No
puedo"
- "Hazlo, no temas, pasarás a la historia"
- "Yo
lo haré"

- "Eso es, eso es"
Albus, obedeciendo esa voz interna tan misteriosa, esa voz que parecía ser el lado más oscuro de su conciencia, continuó caminando guiado por ella, intentando hacer el menor ruido posible con la capa a sus hombros. Estaba ya allí pero no lograba alcanzar aquel casco, no podía, esas ramas cubiertas de espinas le impedían treparse al árbol para tomarlo. "Demonios" maldijo interiormente. Permaneció así un par de segundos pensando su accionar hasta que se fijó en el unicornio quien lo miraba con sus hermosos ojos azules. Por un momento quedó hipnotizado por esa vista, por esos ojos tan deslumbrantes y se detuvo en su cuerno.
- "Príncipe"- le susurró al animal inconcientemente. Este se levantó como impulsado por un resorte.- Bien muchacho, yo se que me entiendes.- La bestia parecía asentir con cada palabra del niño.- El casco Príncipe, quiero el casco.
El unicornio dudó unos segundos pero obedeciendo al niño dio un salto y ayudado con sus dos patas traseras, en toda su magnitud y belleza, tomó el casco con su cuerno.
- Eso, eso muchacho- le decía al animal mientras se aproximaba a él y tomaba con ambas manos el casco de la gema verde, creyendo tal vez, que todo había sido demasiado fácil, DEMASIADO sencillo.
- ¡Alto!- gritó una voz grave y potente que hizo que los demás centauros se levantaran de un salto. Albus permaneció inmóvil, de pie, con el casco en mano, la capa medio caída hacia su lado izquierdo y espiando a sus enemigos por el rabillo del ojo. Antes de que los otros se percataran, incluso antes de que tuvieran tiempo de levantar sus arcos y de dispararle cientos de flechas, el niño se acomodó la capa, y comenzó a correr, pero parecía que lo seguían, que aquella gema verde parecía llamar a las bestias. El niño corría sin saber hacia donde ir, con el casco bajo un brazo y en la otra mano la varita encendida. El trotar de los centauros parecía hacer temblar la tierra bajo sus pies pero no se animaba a voltear aunque sintiera el respirar de ellos en su nuca.
- ¡Maldita sea! ¿En qué lío me he metido?- continuaba corriendo, corriendo tal vez hacia la profundidad más recóndita del Bosque Prohibido. Se detuvo unos segundos para tomar aire, unos pocos segundos en los que su vista se fijó en una figura tallada en el interior del casco herrumbrado. Una serpiente, enroscada, con ojos inmensos que parecían verlo. De repente algo lo invadió, el deseo de detenerlos, de ejercer su poder sobre ellos, un poder que desconocía y que poco a poco lo transformaba.-"Deténganse, vuélvanse"- había dicho en un tono de voz del cual él no se había percatado. La serpiente había cambiado su posición y ahora miraba hacia abajo. El trotar de los centauros ya no se oía. Albus continuó corriendo pero esta vez sin huir de nadie porque nadie lo perseguía.- "¿Qué he hecho?- decía eufórico- ¿Qué he hecho?, ¡Detuve a los centauros!"- gritaba totalmente feliz, con una manera de ser que se desbordaba en toda su gran sonrisa.
Pasó por el mismo camino, por el mismo camino al que se había dirigido hacia el árbol rojo y lentamente salió de allí. Con lo primero que se encontró fue con la mirada atónita de sus "amigos" que bajaban su vista desde el casco bajo el brazo del pequeño a sus ojos verdes que destellaban orgullo y alegría.
- Es
imposible- decía Ed apenas articulando palabras.
Dustin estaba peor que su amigo pero Ernest sonreía.
- Bien hecho Sev, cuéntanos todo- decía palmeando su espalda.
- Sí, cuéntanos todo- una voz elegante y mayor se escuchó de repente y la silueta del jefe de la Casa de Slytherin, Alphonse Deacon, apareció ante sus ojos, se encontraba de brazos cruzados y con una mirada fría y sonrisa irónica estampada en su rostro.
- Yo
eh
- había comenzado a balbucear Dustin todavía sin salir de su ensimismamiento.
- Fue culpa de Potter.- exclamó triunfante Ed.
- Ya lo suponía- había dicho el Jefe bastante satisfecho de si mismo.
- ¡¿Qué?!- gritó colérico Albus- ¡Es mentira, ellos también tienen la culpa!, ayúdame Ernie.
- Yo
es
como dice mi hermano, Albus fue el culpable, nosotros solo queríamos detenerlo.
- No necesitaba explicar nada más señor Moore, ya se sabe que clase de persona es el señor Potter, la sangre pesa más que el agua, dicen, acompáñeme señor Potter al despacho del Director.
- Pero

- Nada de peros- y una brillante sonrisa apareció en sus labios.- será expulsado de la escuela.
- ¡¿Qué?!
- Déme el casco y acompáñenme, ustedes también, le explicaran todo al director.
Los cuatro niños siguieron al adulto de cabello oscuro y bien corto, Ed y Dustin estaban bastante conformes con su accionar pero Ernie se sentía culpable por los tres y no se animaba a mirar al ojiverde que iba cabizbajo siguiendo los pasos de Deacon. Un frío recorrió su cuerpo, ¿Podría salvarse de una condena segura?, y si lo hacía, ¿como seguiría todo, qué ocurriría?, tenía miedo, qué estúpido había sido al confiar en ellos, maldijo interiormente su suerte y recordó las palabras del joven Redwood aquella mañana en su despacho, que le prometiera que jamás lo volvería a hacer, jamás volvería a meterse en problemas y todavía no había pasado una semana y ya había ido dos veces al despacho del Director ¿Qué podían esperar de él, sino lo peor?ahora parecía estar solo, solo

- ¿A que viniste?- preguntó de repente al ver a su hermano de pie junto a la puerta abierta de la sala del Director y más allá al mismo con un llamativo sombrero de pijama de color violeta y con una borla de colores diversos que parpadeaba como los carteles de las marquesinas.
- A salvarte el pellejo- le susurró con una sonrisa.
Se oían los pasos secos de una sombra alta, que llevaba a sus espaldas una capa del color de la luna. Caminaba y caminaba, le dolían todos los músculos de su cuerpo pero debía seguir, sabía que debía seguir
su destino estaba en sus manos, el suyo y el de muchos más, "la muerte nos llega a todos, tarde o temprano, inevitablemente la vida se acaba", se repetía a si mismo, como una manera de autoconvencerse.


- ¿A que viniste?- preguntó de repente al ver a su hermano de pie junto a la puerta abierta de la sala del Director y más allá al mismo con un llamativo sombrero de pijama de color violeta y con una borla de colores diversos que parpadeaba como los carteles de las marquesinas.
- A salvarte el pellejo- le susurró con una sonrisa.
- Bien, señor Potter, tome asiento junto a su hermano y desearía que nos dejaran solos, por favor.- les dijo el Director amablemente al adulto y a los tres niños.
- Sí señor- respondió el mayor y se alejó del lugar seguido por los tres alumnos que murmuraban por lo bajo.
El pelirrojo suspiró bastante compungido, y se puso de pie, dirigiéndole una mirada solemne a los retratos que reposaban a su espalda.
- Bien, estoy para escucharlos- exclamó sin voltear a mirarlos.
James se adelantó sobre la mesa dispuesto a hablar pero Albus le ganó la pulseada.
- Entre al Bosque Prohibido y robé el Casco de los Centauros.- dijo sin inmutarse y con un tono de voz bastante alto.
James se giró hacia su hermano, impávido y con la boca entreabierta. El Director espiaba a ambos por el rabillo del ojo y lentamente tomo asiento.
- No señor- dijo James al despertar de su ensimismamiento.- no, le tendieron una gran trampa- intentó excusar a su hermano.- fue
mi culpa- espetó casi en un susurro.
- Bueno, ¿Pero qué tenemos aquí?, explíquense por favor, porque no entiendo nada.
- NO- dijo casi gritando el menor.- Esta mintiendo.
- Ya cállate Albus estoy intentando defenderte, ¿No lo entiendes?- susurró James casi gritando.
- No necesito que me defiendas James debo hacerme responsable de mis errores.
Redwood sonrió bastante satisfecho.
- No esperaba menos de ti Albus.- espetó.
- Yo
entré al Bosque y hurté el Casco.
- ¿Alguien más esta involucrado en esto?- preguntó con sencillez.
- No- respondió el otro de la misma manera.
- De acuerdo pueden abandonar la sala, decidiremos su castigo señor Potter, será avisado de la resolución en un par de días.
Albus asintió con pesadez y abrió la puerta seguido por su hermano mayor. El sonido de la puerta al cerrarse hizo caer en la cuenta a James de lo que su hermanito había hecho.
- Eres un estúpido- soltó bastante enfurecido al pie de la escalera de espiral que comunicaba al despacho del Director, aunque por dentro se sentía orgulloso de la valentía del niño propia de un león.
- Gracias.- respondió el pequeño ojiverde con una leve sonrisa y se alejó de allí raudo hasta su habitación en la Sala Común de su casa.
El día siguiente amaneció bastante gris como los ojos de un muchachito de cabello platinado que se encontraba sentado a los pies de su cama, desde hacia bastante tiempo, ya vestido y con el colgante de una serpiente dorada que su madre le había obsequiado al entrar a Hogwarts, entre sus dedos. Se puso de pie y caminó hasta la Sala Común en donde Rose lo esperaba.
- ¿Listo?- preguntó con una sonrisa y el muchachito asintió algo avergonzado.
Un hombre de gran altura que vestía elegantemente, con su cabello dorado engominado hacia atrás y una barba pulcramente cortada, atravesó los terrenos del colegio hacia las puertas de entrada acompañado por su esposa, de cabellos oscuros y recogidos en un rodete tirante. No se había percatado que solo a unos pasos suyos un hombre de cabello azabache y anteojos redondos que cubrían sus hermosos ojos verdes, y acompañado por un perro bastante sucio, se encaminaba al mismo sitio.
- Ya te he dicho, que
- decía el rubio y se detuvo al ver al otro a su lado.- ¿Qué haces aquí Potter?- preguntó hosco.
- Ja, ¿Cómo estás Draco?- espetó divertido Harry extendiendo una mano que el otro ignoró.
- ¿Alguno de los tuyos se metió en problemas? Los Potter siempre dando LA nota- indagó Draco mordazmente.
- Lo mismo digo, oí que tu hijo es un Gryffindor, sinceramente, felicidades.- El platinado fue detenido por su esposa, que tomó su brazo con dulzura. En aquel preciso instante las puertas se abrieron dejando pasar a los recién llegados.
- Bienvenidos, el Director los espera, por favor que los señores Malfoy aguarden fuera.- dijo la Profesora Hagman una vez al pie de la escalera de espiral detrás de la estatua del despacho del Director.
- ¿Mi padre?, ¿Qué hace aquí?- Preguntó James al verlo atravesar el orificio hacia las escaleras.
- ¿Te expulsarán?, ¡No!, se me cayó un ídolo- decía Tarik sobreactuando el momento.
- No seas estúpido sabes que al "gran" James Potter jamás podrán atraparlo, solo cuando la tierra deje de girar y haya un cataclismo universal.- exclamó orgulloso el niño.
- ¿Y entonces?- preguntó Fred, a la vez que se dirigían hacia el Gran Salón.
- Es por Al, seguro- dijo con su semblante a oscuras.- lo expulsarán.
Mientras caminaban ligeros James pudo ver como Victoire su prima, se encontraba junto a una ventana, sola y con su cabello colorado y de destellos dorados bastante alborotado y opaco. El joven Potter dejó a sus amigos y corrió a encontrarse con la muchacha.
- Hola Vick- saludó animadamente al percatarse que ella no había notado su presencia.
- Hola Jamie, ¿cómo estas?- el muchachito frunció el entrecejo ante semejante apodo pero igualmente sonrió y luego notó la mirada triste de su prima.
- Bien, ¿y tu? Te notó
distinta.
- Estoy bien James, estoy
bien, es que
no me peine, solo eso
bueno me voy a Pociones, envíales saludos a Abi- "¿Abi?" se preguntó James interiormente, "esta chica y sus apodos, seguro que hablaba de Albus". Pudo observar como la pelirroja se alejaba de allí con paso lento y la cabeza gacha y en él sintió algo de congoja, compasión por ella y Ted, aunque no estaba muy seguro que fuera por ello su actitud, pues ambos podían estar juntos si querían, nada se los impedía, ni siquiera sus respectivas familias, quienes adoraban al otro. Pensativamente se marchó a reunirse con su pandilla.
- Allí- le susurraba Rose a Scorpius, mientras le señalaba a su padre desde detrás de una pared a lo largo de un pasillo.
- Ha venido mi mamá- se dijo más para sí que para que otros lo oigan.
- Es muy bella.
- Y muy buena persona- exclamó con una sonrisa el niño.
- Se nota que la quieres.
- Es la única de mi familia que me comprende.
En ese preciso instante Draco viró su cabeza hacia ellos, casi instintivamente y comenzó a caminar. Scorpius se detuvo en seco y por un momento olvidó su plan y se dio a la fuga, con su padre pisándole los talones.
- ¡Scorpius!- gritaba Rose completamente indignada.
- ¡Vuelve!- gritaba Draco haciéndose espacio entre la multitud de alumnos que se dirigían a sus respectivas clases.
Astoria Malfoy, permanecía en pie y algo conmocionada por los hechos comenzó a correr detrás de su marido e hijo y Rose imitó su accionar igual de aturdida.
El niño se sentía volar, sus pies apenas rozaban el suelo y una vez que hubo atravesado la mitad de la escuela, y se hubo arrojado a los terrenos de Hogwarts no supo que más hacer, hacia donde podría encaminarse y retomó su huida más confundido que antes hacia un destino incierto. Corrió y corrió hasta que tropezó con una roca y se hundió, se hundió en lo más profundo del lago justo cuando su padre lo había alcanzado.
- ¡SCORPIUS!- alcanzó a gritar pero ya era tarde, unos cuantos niños lo habían visto hundirse y todos impávidos veían como Draco se quitaba su saco y sus zapatos y se arrojaba al agua espesa veloz.
Astoria lloraba de los nervios y la pequeña Rose todavía exhausta por la corrida que se había hecho se aferró con fuerza del gran tapado de la mujer mientras temblaba inconcientemente.
Draco nadaba entre la profundidad del lago, entre esa agua espesa como el aceite. Sabía que no debía rendirse por su hijo, por el niño de cabellos dorados que ya había quedado inconciente y era llevado por los tentáculos de una bestia que lo hundía más y más, Draco sentía que sus pulmones iban a estallar, se sentía desfallecer, quiso tomar su varita pero la había dejado en uno de los bolsillos de su saco, maldijo interiormente, ¿Acaso morirían ahogados padre e hijo?
- "Lo siento hijo"- había alcanzado a decir en él, al momento en el que una luz plateada silenciosa, pasaba a su lado hacía el lugar en el que Scorpius desaparecía al mismo tiempo en el cual él caía inconciente.
Astoria, una persona en un tiempo en extremo religiosa, había cruzado sus manos y rezaba muy en silencio mientras Rose la observaba con respeto. Del otro lado del lago lejos de la vista de todos los curiosos que se habían reunido en torno a las dos mujeres, un hombre con una fuerza sobrenatural arrastraba a padre e hijo hacia la orilla, inconcientes pero vivos. Sirius dejó con una sonrisa la varita de Draco en el bolsillo de su pantalón y volviendo a su forma de perro comenzó a ladrar para alertar a los demás que estaban a salvo y así alejarse raudo de allí. El Malfoy mayor recobró el conocimiento rápidamente para ver la cola de un animal extrañamente familiar perderse entre la frondosidad del bosque. Su hijo yacía a su lado más pálido que nunca, acercó tembloroso su mano a su pequeño corazón, estaba vivo. Suspiró aliviado y cuidadosamente, aun sentado lo tomó entre sus brazos como cuando recién era un bebé.
- ¿Papp
- el niño no había concluido de hablar cuando fue sorprendido por el abrazo de su padre.- Gracias papá- decía con su voz aun débil por el agua que había tragado y amortiguada por el pecho del hombre.
- ...lo siento hijo, lo siento mucho- Scorpius nunca había oído a su padre así y pese a que por un momento se sintió algo cohibido, el orgullo por él no cabía en su pecho. Siempre había respetado a su padre y saber que en algún sitio de su corazón guardaba sentimientos tan hermosos como el amor y la humildad hizo que se sintiera aun más orgulloso de tenerlo como padre. Cuando lograron despegarse ya estaban todos allí. Astoria corrió hacia su pequeño totalmente alegre.
- Hijito- decía mientras lo abrazaba con dulzura y derramaba lágrimas de felicidad y alivio.
Rose permaneció en un rincón con algunos de los alumnos que los habían seguido hasta allí y evitando aproximarse a aquella estampa familiar levanto una mano saludándolo y él le respondió con una tímida sonrisa. Todos caminaron hacia la enfermería, incluido algunos alumnos sirviendo de escoltas, Draco llevaba a su hijo en brazos pese a que este le recontra juro que se hallaba bien y que podía caminar solo. Al abrir la puerta y antes de entrar al sitio se encontró con Harry en el pasillo quien salía de hablar con el Director y con el perro junto a sus pies. Draco no se inmutó pero observando al can asintió con la cabeza en señal de agradecimiento. Una vez adentro padre e hijo hablaron hasta muy entrada la noche, nadie supo a ciencia cierta de que temas trataron, pero al otro día al abandonar la enfermería, Scorpius acompañado por su madre hizo la maleta.
- ¿Qué ocurre Scorpius?- preguntó Rose en la sala común sin entender demasiado que ocurría - ¿Te vas, así de simple, sin luchar?
- No, volveré, será solo un mes.
- ¿Hacia donde?
- No se, pero voy a volver, necesito tiempo.
Rose permaneció en silencio ante el tono de voz del pequeño platinado, quien parecía triste pero a su vez feliz, porque creía que ante el temor por su perdida algo se había recompuesto en la relación con su padre. El muchachito abrazó a la niña y ella le respondió de igual manera.
- Eres una buena persona.
- Eres una... gran amiga...
Ambos se despidieron con una sonrisa y con un "hasta luego", esa amistad apenas comenzaba...
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Al salir del despacho del Director, Harry caminó hacia el exterior del castillo seguido por Sirius, James volvió a encontrarse con él y corrió a saludarlo.
- ¡Papá!
- Hola hijo.
- Papá, ¿Van a expulsar a Albus?
- ¡¿Qué?!
- Entonces
¿A mi?
Respondió con carcajadas el hombre mientras caminaba cerca de las puertas de hierro que protegían el castillo del exterior.
- ¿De que te ríes?- preguntó rabioso el muchacho.
- No hijo, tranquilo.
- ¿Y entonces?
- Solo vine a charlar con Redwood.
- ¿Solo a charlar?
- Si hijo, ¿Qué querías, que bailáramos mambo?
- ¿Pero de qué?
- Eso no te incumbe. - respondió de mala gana.
- Pero...
- Mantente apartado hijo, por favor.
- ¿Y ese perro? ¡Papá! ¡¿Es sobre Albus, no?!
Harry ya se hallaba a unos cuantos metros de las puertas de hierro del castillo sin embargo había logrado oir los gritos del niño.
- Protegelo- había susurrado suplicante medio de perfil. Aunque en verdad James por un momento no supo si se había dirigido a él o al perro que le servía de compañía.
- ¡Papá!
Más confundido que nunca veía alejarse a su padre y desaparecer en otra dirección al can. Todavia aturdido quería hacer oídos sordos a esas palabras pronuciadas por su progenitor ("Mantente apartado hijo, por favor") y que habían hecho despertar en él una gran curiosidad, esa curiosidad tan propia de su familia, tan igual a la de Harry, y que ocasionaba que siempre fuera blanco de toda clase de problemas aun desde su nacimiento o como la de su abuelo, en especial como su abuelo... Quería desentrañar los misterios, quería proteger a su hermano.

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- Ya lo se abuela- había dicho Teddy unavez en la mesa a punto de desayunar como una pantomima diaria.

- No me digas que lo sabes, cuandodespués vuelves a hacer lo mismo.

- Sí abuela.

La mujer bufó molesta mientras untaba su tostada con más dulce.Andrómeda era una mujer ya anciana, conservaba en sus facciones la belleza quehabía caracterizado a los Black desde tiempos inmemorables, mezclas de unabuena vida, buena educación, buen matrimonio, de una dicha inmensa y de unadesgracia tan grande que a veces sentía que no podría soportarlo más. Habíaperdido a su marido, a su única hija y a su yerno en un lapso de tiempo tancorto que su rostro se había vuelto más severo de repente, más taciturno, másmeditabundo, como si ella hubiese pasado con su hermana mayor por la prisión delos magos y su esencia hubiese sido absorbida por los Dementores. Lo único que la había traído nuevamente a laluz, le había regresado la vida que creía perdida era lo único que su hija lehabía dejado en la tierra, aquel recuerdo tangible, su más preciado legado,tanto de ella como suyo y de Ted su marido, su nieto. Lo amaba inmensamente yél a ella como a la madre que nunca había llegado a conocer. Aunque a veceseran de discutir, trivialidades, claro está, pero la mujer se divertía muchocon su muchacho, era tan igual a Nymphadora, que a veces sentía su presenciamuy cerca suyo. Era muy sobreprotectora con él y muy estricta como intentandoevitar que en un futuro cometiera una locura como la que sus padres habíanhecho cuando él apenas era un infante. Y es que Teddy Lupin era muy impulsivo,muy inteligente pero a veces el corazón dominaba la razón y lo llevaba acometer algunas estupideces, era la mezcla perfecta del carácter de sus padresy casi idéntico a su madre solo por sus ojos castaños (cuando permanecía sintransformarse, claro está), su voz suave y tranquila y una marca de nacimiento enforma de medialuna en su mano derecha.

 

Había concluido su desayuno un poco apresurado quemándose la gargantacon el te caliente. Besó en la mejilla a su abuela y salió a los saltos alpatio trasero pisando sin percatarse, a la gata de la mujer.

- Gata tonta.- cerró los ojos, seconcentró intensamente y así, desapareció.

Volvió a aparecer en la puerta del Ministerio, pues más adentro eraimposible hacerlo por las normas de seguridad que reinaban allí. Hizo lo quedebía, presentó su varita al anciano que controlaba el transito hacia el otrolado.

- Pase señor Lupin.

Teddy, pasó con desgano y se encontró con un hervidero de gente que ibay venía. Era una hora pico para quienes trabajaban allí.

- Lupin- exclamó una voz femenina al otrolado, cerca de la fuente del "Elegido".- Shacklebolt, te esta buscando.

El joven se aproximó a la muchacha, de ojos color miel y cabello castañohasta los hombros.

- ¿Cómo estas Kyra?

- Bien Ted ¿y tú?- hablaban mientras sedirigían al despacho del Ministro.

- Algo cansado, ¿Ya saben quién es el queestá dejando esas sorpresas por las calles de Londres? Quisiera agradecerle suhospitalidad- decía irónico Ted mientras se refregaba los ojos con modorra.

- No, hasta ahora no hay ningunanovedad.- Respondía bastante preocupada la chica. Se detuvieron de repentefrente a la puerta del despacho del ministro.- Bien, suerte Teddy- y besódulcemente su mejilla alejándose algo avergonzada de allí siguiendo a una mujerde anteojos que requería su presencia.

El joven permaneció un momento quieto antes de recobrar el sentido y golpearsuavemente la puerta. Al instante se oyó la voz de Shacklebolt que lo había invitado a pasar.

- Lupin.

- Señor.

- Tome asiento por favor, tenemos quehablar.- Teddy obedeció algo confuso.- ¿Licor?

- No, gracias, ya no tomo.

- Bien- exclamó mientras volvía a colocarel corcho en la botella luego de servirse un poco en la pequeña copa delante deél- Te estarás preguntando para qué te he enviado a llamar.

- Claro, no todos los días visito eldespacho del ministro.

- Bien, la cuestión es que
necesito detus servicios Lupin
el mundo mágico está en peligro.

- ¿Peligro?- repitió consternado Ted.

- Así es, y tú eres uno de mis mejoreshombres y en el único que puedo confiar.- dijo poniéndose de pie y señalándolecon un dedo.

- ¿Y Harry?

- El no viene al caso, últimamente lonoto disperso y no creo que este listo para un desafío semejante, no, no.

- ¿Qué ocurre? Explíquese porque no loentiendo.

- Mortífagos.- habló rápidamente bebiendoun sorbo de alcohol.- prófugos o estúpidos metiches que todavía están fieles auna causa que ya esta perdida.

 

- ¿Pero amenazan algún peligro?

- No, es decir, quiero creer que meexprese mal pero sinceramente no se.

- ¿Cuál es mi misión, señor?- preguntó elmuchacho componiéndose en su asiento.

- ¿Tu misión? Evitar que lleguen a más.Colocaré a tu disposición un grupo de mis mejores hombres y saldrás a Londres abuscarlos y a "barrer" con la mayoría de esos malditos.

- ¿Cómo puedo saber
?

- Están dejando mensajes- exclamóapresurado antes de que terminara su pregunta.

- Las extrañas plantas venenosas y las babosas de fuego.

- Exacto.

- Creía que esto de los Mortífagos habíaterminado hacia mucho tiempo, la muerte de Voldemort

- Sí, me avergüenzo en decir que yotambién lo creía, solo unos meses después de la finalización de la guerra recibimosnoticias de Mortífagos prófugos y fanáticos de Voldemort que enviaban cartasbomba al correo muggle y que su humo generaba la marca tenebrosa. Pero estoshombres y mujeres habían sido neutralizados y nunca tuvimos noticias de elloshasta hace cinco años cuando el mundo muggle comenzó a sufrir una invasión deplantas venenosas y de babosas de fuego. Al principio debo admitir que no lesdimos mucha importancia, a veces era común que cosas del mundo mágicoaparecieran en el mundo muggle, pero terminaban saliendo de todos lados yherían a mucha gente en especial las babosas que al menor tacto producía unardor tan horrendo que podían producir agujeros en la piel y un horrendoescozor. Los médicos muggle no tenían una explicación a estos sucesos y debimosponernos en contacto con su ministro para colocar a medimagos que pudieranayudarlos.

Teddy asintió recordando sus salidas nocturnas quemando plantasvenenosas e intentando desaparecer babosas que pese a todo el esfuerzo posiblea las pocas horas volvían a aparecer.

- Hay algo más- agregó Shacklebolt despertando al joven auror desus pensamientos.- el hijo adolescente de la reina fue atacado por un crup hacedos días, nadie sabe de donde salió. El chico lo confundió con un perro ybueno
sabes que no son muy amigables con los no magos y
así lo mordió.

- ¿Cómoesta?

-Herido pero nada grave.

Ted se puso de pie de un salto, su cabellohabía cambiado a un rojo fuego aun más intenso que el de los Weasley.

- Hablacon Kyra, ella te va a informar de todo lo necesario.

Cuando el muchacho se estaba alejando rumboa la puerta, el ministro lo detuvo una vez más.

- Debopedirte un ultimo favor- el joven observaba al ministro de reojo con la mano enla perilla.

- Diga.

-Necesito que vigiles a Potter. Algo se trae entre manos y temo que no es nadabueno.

Teddy dio media vuelta y fijo sus ojos ahoracolor carbón en los del anciano.

- Es mipadrino.

- Sípero eso no quita que cometa alguna estupidez.

- El mecrió

- Lose, no lo culpo de nada todavía, es por su seguridad y la del mundomágico, solo quiero que le eches un ojoy que me informes de cualquier irregularidad ¿Sí?- exclamó lo ultimo con unasonrisa irónica en su anguloso rostro.

Teddy sin más, abrió la puerta y se alejopisando fuerte. Sentía que mil ideas ardían en su mente y que estaba a punto deestallar. A duras penas le informaban de las cosas y le colocaban una misiónque le hería en lo profundo del alma. Una misión que no le daban la posibilidad de rechazar. Caminó a sudespacho totalmente furioso y se encerró allí a pensar, se echó en la silla conlas piernas en su escritorio y cerró los ojos para alejarse a un paraíso, SUparaíso. El rostro de Victoire se le apareció como una ilusión en medio deldesierto, sonrió para sí y acomodándose en su asiento tomo papel y una pluma ycomenzó a escribir. Entre ese remolino de palabras que salían a borbotones desus manos Kyra golpeó la puerta.

 

- ¡Nopuedo!- gritó bastante entusiasmado con la epístola.

- ¡Soyyo!, ¡Kyra!

- ¡Oh!,adelante, adelante- así guardó el papel en el cajón más bajo de su escritorio einvitó a su amiga a sentarse en la silla opuesta a la suya.

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Muylejos de allí, una hermosa joven abría los ojos al cuarto día en Hogwarts de suúltimo año. Sus amigas ya habían bajado a desayunar y ella seguía allí,aferrada a sus sabanas con perfume a frutas. Victoire se sentó en su cama yobservó su alrededor, colocó sus pies en el frío piso y se dirigió al baño amojarse el rostro. Al observarse en el espejo no pudo verse de peor manera. Susbellos ojos celestes se hallaban enmarcados por unas protuberantes bolsas y sucabello rojizo con destellos rubios revuelto en una maraña difícil dedesenredar con un simple cepillo. Se palpó las mejillas como sin creer lasituación y salió de allí. Se calzó la túnica y algo horrenda y todo y sinsiquiera tocar su cabellera bajó las escaleras con un semblante derrotado. Nohabía dormido nada, recién había logrado conciliar el sueño a eso de las cuatrode la mañana y todavía no comprendía como se había logrado despertar. La Sala común de Ravenclawestaba atestada de alumnos de primero y segundo que ansiosos comentaban el horariode su segundo día de clases luego del fin de semana fatídico. Así de mal comohabía descrito, la joven llamó la atención de los muchachos su sola presenciaparecía haber iluminado aun más aquella pequeña salita. Ignorando las miradasde escrutinio tomo un libro de la diminuta biblioteca y junto al cuaderno, lapluma en el bolsillo de su túnica y la varita en mano bajo hacia Encantamientos.

-¡Vick!- gritó su mejor amiga al encontrarse con ella en la puerta del aulaesperándola para entrar- te ves terrible amiga ¿Estas bien?

- Creoque sí Cristine.

- ¡Ayhija! Encima no comiste nada, espera- exclamó maternalmente sacando unemparedado de su bolso tipo hindú que colgaba de uno de sus hombros- toma,necesitas energías.

-Gracias- exclamó con una débil sonrisa y así entraron a su primera clase.

Encantamientos se había hecho de por sílarga para la joven que se sentaba a lo ultimo de la fila de bancos, apenasveía las explicaciones del profesor Flitwick (que para sorpresa de todos seguíaimpartiendo clases como el primer día de su carrera) por lo que dedujo quenecesitaba urgentemente unas gafas y así empeoro al momento de intentar hacerun hechizo congelador sobre una campana que sonaba delante de cada uno de ellos,ya que al no escuchar ni ver las pautashabía provocado que los pies de un muchacho de Slytherin sentado dos filas másabajo que ella se le pegaran al suelo, produciendo una especie de gelatina quedaba la apariencia de que sus piermas, de la rodilla para abajo, habían comenzado a derretirse.

 

- 10puntos menos para Ravenclaw señorita Weasley- exclamó apresurado el profesorcon su voz más chillona intentando detener el desastre que había provocado lajoven.

El día no había comenzado de la mejor manerapara ella y a esto le siguieron Pocionesy Transformaciones. Una vez liberada de sus tareas se fue a uno de los pasillosde la escuela que daban a uno de lostantos patios, a tomar un poco de aire que en verdad necesitaba. No hacia undía muy "alegre", el cielo nublado era el complemento exacto para su rostro y su actitud. Allí se encontró consu primo James, al cual saludo y luego de despedirse, camino hacia el GranComedor a escribir un poco, ya que esto le hacia muy bien. Pero cada palabraque salía de sus dedos era el nombre Ted elque aparecía en su mente. Dejó la pluma a un lado. El día de su partida aHogwarts, Ted y ella se habían despedido con un hermoso beso, un beso que habíasellado a la perfección sus semanas de idilio veraniego. Felizmente Victoire sehabía prendido al cuello de su amado y casi en un susurro solo para que el laoyera, le dijo:

-¿Quieres ser mi novio?- al concluir sus palabras su rostro se había puestototalmente rojo y Ted también, literalmente. Abrazados parecían que ardían(nunca había cabido una palabra más acertada para ellos en ese momento) ante lamirada curiosa de los alumnos que subían al tren.

- Yo
- había comenzado a balbucear eljoven.

- ¿Sí?- ella le dedicó la bella sonrisaque a él hacia flaquear.

- Yo
después vemos ¿Sí, Vick?

La pelirroja se desprendió de él como si un choque eléctrico hubieracorrido por su cuerpo. Se le quedó mirando entre sorprendida, decepcionada yalgo asqueada.

- Sí, esta bien
esta bien- exclamó conuna forzada sonrisa y evitando derramar alguna que otra lágrima.

- Creo que estamos yendo muy rápido.

- Sí, sí- dijo apretando los dientes- nodigas más, después hablamos, buena suerte.

Victoire completamente desgarrada por dentro se marchó decididahacia sus padres que la esperaban bastante lejos de allí. Teddy tardó enreaccionar, sus palabras habían sido duras y luego de pensar cada unadetenidamente ya era demasiado tarde. Victoire partía y el estaba a un lado delas vías del anden 9 ¾, solo. Queríamuchísimo a la joven, aunque no se animaba a decir que la amaba porque estabaconfundido, era bellísima y una gran persona, pero los dos años que losseparaban por pocos que eran hacían mella en su relación. Victoire parecíatodavía ser una chiquilla algo malcriada muy a su pesar y el era todo locontrario, por lo joven que era, era más maduro que muchos de su edad, pues loshechos de la vida lo habían echo crecer de golpe. La quería, pero temía, de manera egoista, queella se hartara de él y salir lastimado. Tenía miedo, que esas palabrashubieran echo creer a la joven, que no sentía nada por ella, porque en verdadera a la única que quería a su lado, desde que eran unos pequeños niños. Noquería herirla, lo que ignoraba era que esas palabras habían hecho eco en el corazón de lapelirroja que viajaba derramando lágrimas de pena. Tal vez aquel viaje haría madurar en partes iguales a ese par deenamorados, acontecimientos que harían poner a prueba sus corazones, sussentimientos, sus vidas.

- ¿Victoire?

La joven se movió incomoda despertándose de sus recuerdos. Su regordetaamiga Cristine se hallaba frente a ella con una expresión de preocupaciónestampada en su rostro y a su lado un muchacho al que apenas podía distinguirla observaban desvanecerse lentamente. Juntos la acompañaron a la enfermería.

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Albus se calzó agilmente la capa deinvisibilidad de su padre y mientras todo se hallaba a oscuras y en silenciosalió de allí con lentitud, pasando por el retrato de su sala común, habíamisterios que debía desentrañar, misterios que lo venían acosando desde sullegada a Hogwarts y a los que les debía de buscar una explicación aquellanoche de luna llena. Abrió la puerta del aula de Transformaciones y se colocófrente al retrato de ojos rojos que reposaba en un rincón y que parecíallamarlo

-¡Lumos!

Albus Severus - Fanfics de Harry Potter

Albus Severus - Fanfics de Harry Potter

Era una noche oscura, sin luna ni estrellas. En La Madriguera se podía percibir una tensión fantástica. Arthur iba y venía, Ron salía a cada rato fuera a

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2023-02-27

 

Albus Severus - Fanfics de Harry Potter
Albus Severus - Fanfics de Harry Potter

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