Aquel que amó a Bellatrix Lestrange - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Con la imagen de un viejo roble, fija en su mente, sintió desaparecer el suave aroma de rosales de jardín. La típica opresión en el pecho le hizo imposible poder respirar y justo cuando parecía que se ahogaría sin remedio, sintió el frío aire de montaña llenar sus pulmones.

Lo primero que vio al aparecerse en aquel despoblado lugar, fue el viejo roble y sin perder tiempo empezó a caminar con paso decidido por un estrecho sendero cubierto de maleza y espinos.

Solo un inquietante pensamiento ocupaba su mente en ese momento. Aquel extraño sexto sentido, que tienen la mayoría de las mujeres y que les advierte del peligro que corre el ser amado, era lo que la impulsaba a realizar semejante recorrido. Tenía que ayudarlo, presentía el peligro cerca, tenía que advertirle, no podía dejarlo solo.

 

De pronto se detuvo bruscamente y con una velocidad impresionante empuño su varita. Se quedó inmóvil sin hacer ruido, aguzando el oído y lista para atacar ante cualquier signo de vida. Estaba segura de haber escuchado el apenas perceptible sonido que hace una capa de viaje al rozar la grama. Después de largos minutos de espera en los que no sucedió nada volvió a guardar la varita bajo la manga segura de no necesitarla por ahora, después de todo solo dos personas en el mundo conocían la ubicación del viejo roble y del sendero, una de ellas era su maestro el mago más terrible y poderoso de los últimos tiempos y la otra era ella su más leal y fiel servidora.

Luego de caminar una distancia considerable llegó a lo que parecía un enorme muro de piedra que no era otra cosa que la ladera de una empinada montaña. Continuó bordeando por la izquierda contando exactamente noventa y cinco pasos y se detuvo. Se puso de frente a la pared de piedra, sacó su puñal de la túnica y en un destello de luz plateado el puñal hizo su trabajo, dejando una profunda y sangrante herida en su mano derecha.

A pesar de ser una persona de considerable estatura, se vio obligada a ponerse de puntillas para poder alcanzar y apoyar la palma de la mano derecha sobre un punto en lo alto de la roca, donde había grabada una pequeña serpiente que, al entrar en contacto con la sangre, empezó a desaparecer junto con una gran parte de la piedra, dejando al descubierto la entrada a una gran caverna subterránea que emitía un débil resplandor verde desde algún lugar en su interior.

La herida de su mano se cerró como por arte de magia y al ver algunas gotas de su sangre en el piso recordó las palabras de su maestro cuando le dijo que solo una persona de sangre limpia proveniente de una antigua familia de magos sería capaz de atravesar aquel lugar.

Con aires de suficiencia, debido a las palabras de su maestro, ingreso en la caverna que era más bien como un túnel decorado en el piso y las paredes con una extraña forma de escritura que daba la impresión de ser muy antigua. En el techo circular se hallaban incrustadas algunas piedras preciosas y cristales que reflejaban aquel extraño destello verde, proveyendo así la única iluminación del lugar.

El recorrido en el interior estaba lleno de cerradas curvas que daban la impresión de estar caminando dentro de una gigantesca serpiente enroscada, haciendo de aquel lugar un escondite perfecto para realizar una emboscada y por consiguiente para ser emboscado ya que no se podía ver más allá de unos metros de distancia y la poca visibilidad con el débil resplandor verde no permitía ver que peligros acechaban adelante.

 

Sin embargo ella parecía no tener miedo de aquel lugar porque caminaba rápidamente, como si hubiera hecho ese recorrido muchas veces. Solo le preocupaban un par de cosas: ¿Cómo decirle al mago tenebroso más cruel y poderoso que estaba en peligro?, ¿Cómo ofrecerle su ayuda sin demostrar falta de confianza? Si le pedía a su maestro que no haga lo que planeaba hacer solo porque "presentía" que algo podía salir mal, tal vez le daría a pensar que lo consideraba un incompetente y eso podía costarle muy caro, pero estaba dispuesta a correr el riesgo, después de todo ella era la favorita de su maestro y había realizado los más grandes sacrificios en servicio de su amo.

Sumergida en estos pensamientos mientras caminaba no se dio cuenta que había llegado hasta la mitad de un puente dorado que se encontraba sobre una profunda fosa llena de lo que parecían ser restos humanos. Se detuvo solo un instante para observar los despojos de lo que en otro tiempo fue un invencible ejercito de Inferis al servicio de un terrible mago, que al ser derrotado perdió la magia con la que había reanimado los cadáveres y por lo tanto estos siguieron su descomposición hasta convertirse en montañas de huesos amontonados.

<> Pensó y prosiguió su camino.

Finalmente llegó al origen de aquel extraño resplandor. Un río subterráneo, formado por una resplandeciente poción verde, atravesaba la caverna de lado a lado cortando el paso. Al acercarse a las aguas se vio reflejada en la extraña poción y vio a una hermosa mujer de finas facciones y de abundante y bien cuidada cabellera negra devolverle la mirada.

Ella sabía por su maestro que aquel líquido no podía ser atravesado, transformado, desaparecido o trasvasado y si tan solo unas gotas tocaban sus labios experimentaría un terrible sentimiento de culpa que la haría perder la razón en pocos segundos, ya que despertaría en ella una terrible sed que la obligaría a continuar bebiendo la poción, envenenando su alma y sumergiéndola más y más en el tormento por sus malas acciones.

Solo había una manera de atravesar; y era utilizando otra poción lo suficientemente poderosa como para neutralizar las propiedades maléficas del veneno de la culpa.

Del interior de la túnica saco una botellita de cristal que contenía un líquido totalmente transparente y vertió unas gotas sobre las aguas de la poción verde que al instante se volvieron tan claras como las del contenido de su botellita.

<>> Pensó mientras atravesaba velozmente las aguas y guardaba nuevamente el Veritaserum <<
que la cura para algo tan complejo como los sentimientos de culpa sea una simple confesión>>

Siguió caminando rápidamente sin detenerse a ver como la poción volvía a emitir el extraño resplandor verde al volver a su anterior estado y después de unos minutos de caminar, notó como la caverna serpenteaba y se volvía más estrecha a medida que avanzaba, como si estuviera llegando al final. Era hora de sacar la varita por si las cosas salían terriblemente mal con el último peligro que la esperaba a la vuelta del siguiente recodo.

Se detuvo un momento y por primera vez durante todo su recorrido sintió una gota de frío sudor recorrer su impecable rostro. Lo que la aguardaba a continuación cerrándole el camino, eran dos enormes estatuas de piedra en forma de basiliscos que cobrarían vida abriendo sus mortales ojos amarillos al sentir su presencia y la destrozarían con sus enormes colmillos.

 

Los basiliscos de piedra no representarían problema alguno para un hablante de pársel, pero como ella no lo hablaba, su maestro le había enseñado a pronunciar una sola palabra que salvaría su vida en aquella ocasión.

Solo tendría una oportunidad, así que cerró los ojos y se concentró en recordar la manera exacta de poder decir en perfecto pársel:

¡Apártense!

La mujer sintió el odio y la indignación recorrer cada centímetro de su cuerpo mientras escuchaba aquella voz pronunciar entre silbidos y escupitajos lo que ella estaba pensando.

Todo el tiempo había creído que su maestro solo le había revelado a ella la existencia de aquella cámara secreta que alguna vez fue la guarida de uno de los cuatro fundadores de Hogwarts, que se había retirado a ese lugar al separarse de sus compañeros debido a su preferencia por los magos de sangre limpia. Sin embargo alguien se le había adelantado y llegado primero. Eso solo significaba una cosa: que alguien más se había ganado la confianza de su maestro.

Temblando de pies a cabeza y aferrando fuertemente su varita, sentía el odio recorriendo sus venas. No podía aceptar que su maestro confiara en alguien más aparte de ella al grado de revelarle tan importante secreto.

A pesar de que sentía deseos de matar a quien sea que fuere el que le había ganado a pronunciar aquella palabra en lengua pársel, no podía dejar que el odio nublara su juicio, era el momento de actuar fría y calculadoramente como siempre lo había hecho. Así que con la varita toco la punta de su cabeza y sintió como si un líquido helado recorriera su cuerpo de arriba hacia abajo.

El hechizo desilusionador había salido bien porque no podía distinguir su propio cuerpo entre las sombras del lugar, sigilosamente continuó caminando hasta doblar aquel recodo y llegó hasta una antigua puerta de madera flanqueada por dos enormes estatuas de basiliscos, aparentemente dormidos.

La pesada puerta se encontraba en un estado lamentable: Astillada y llena de agujeros por todas partes, daba la impresión de que poderosos hechizos habían sido lanzados contra ella. Por uno de los tantos agujeros pudo ver al otro lado una imponente sala en ruinas, llena de antiguos muebles y extraños objetos totalmente destrozados, como si se hubiera llevado acabo allí una batalla o un duelo a muerte entre dos poderosos magos que no estaban dispuestos a perder.

Curiosamente también pudo ver a través de los orificios de la puerta, las siluetas de dos magos que se encontraban en el interior y sostenían una conversación. Reconoció a uno de ellos inmediatamente. Pálido como la luna, con largos dedos que hacían que sus manos parezcan dos grandes arañas, la nariz reducida a dos simples orificios y los ojos rojos como la sangre, estaba Lord Voldemort, su maestro. El otro personaje de pelo grasiento y nariz ganchuda no era otro que:

¡Snape!
creí haberte dado instrucciones exactas de que nunca vengas a este lugar a menos que sea de vital importancia para mis planes Dijo en un tono frío Lord Voldemort ¿Y bien? ¿Acaso descubriste la manera de hacer caer al ministerio de magia?

 

Mi señor, vengo a informarle que Albus Dumbledore realizó el encantamiento Fidelio para esconder al chico y a sus padres Respondió Snape sin perder la calma Y a pesar de que

Piensa muy bien en lo que estás por decir Snape Lo interrumpió Voldemort Porque bien podría costarte la vida si continúas con esta noticia que no hace sino retrasar mis planes.


y a pesar de que él se ofreció para ser el guardián secreto Continuó Snape como si no pendiera sobre el ninguna amenaza de muerte Ellos escogieron a otra persona.

¡Ah! Muy bien, eso facilita mucho las cosas Dijo Voldemort esbozando una macabra sonrisa y creo que los dos sabemos quién es el escogido para realizar tan noble trabajo ¿No es así Snape?...tu antiguo compañero de Hogwarts.

Es lo más probable, sin embargo hay otras opciones.

Bueno, creo que no te será tan difícil averiguarlo, ya una vez descubriste su jueguito cuando estaban en Hogwarts, será como un juego de niños ahora que eres un mago adulto y calificado, bien
¡puedes retirarte!

Pero Snape no se movió y se quedó de pie, tan calmado e inexpresivo, como si no hubiera escuchado la orden de su amo.

Debo suponer que hay algo más que quieres decir si continuas ahí parado Agregó Lord Voldemort y se dio la vuelta dándole la espalda.

Snape se llevó una mano al interior de la túnica como si fuera a sacar la varita, vaciló una fracción de segundo y sacó un desgastado pergamino que sostuvo firmemente con la mano derecha. La mujer al otro lado de la puerta había estado a punto de irrumpir en la sala lanzando maleficios.

¡Accio pergamino! Dijo en tono aburrido lord Voldemort y tomó el pergamino que salió volando hacia él.

Después de examinarlo unos segundos y sin apartar la vista de la rara escritura del viejo papel dijo en tono desdeñoso:

Al parecer el viejo loco sí logró encontrar la tumba con los restos y los escritos de Beedle el Bardo
algo que no creí posible, después de haberla buscado yo mismo por tanto tiempo.

Así es mi señor, yo estaba con él al momento de encontrarla y lo primero que hizo ante tantas valiosas reliquias, fue fijar su atención en un insignificante libro de cuentos para niños.

¡Ja Ja Ja! la fría y chillona risa de Lord Voldemort llenó por completo la sala Entonces si está loco después de todo.

Fue en ese preciso momento, en el que Dumbledore dedicaba toda su atención al insignificante libro, cuando aproveche para sustraer esta valiosa pieza de información.

Se produjo un incómodo silencio mientras Voldemort examinaba el pergamino, como evaluando si realmente valía la pena llamar al amarillento y desgastado trozo de papel una valiosa pieza de información. Snape se dio cuenta de eso y dijo tranquilamente:

Mi señor, el pergamino está escrito en runas antiguas y necesita de tiempo para ser traducido pero no se preocupe que yo

¿Sabías que
Lo interrumpió Voldemort
de Beedle el Bardo se decía que tenía la habilidad de desplazarse por el aire al hacer su cuerpo más ligero que el humo? y por consiguiente podía deslizarse a través de cualquier rendija por más pequeña que fuera, haciendo imposible el hecho de ser capturado o encerrado.

Cuando Snape con una sonrisa de satisfacción estaba a punto de responder, Voldemort se respondió así mismo.

 

Por supuesto que lo sabías, es por eso que me has traído este pergamino, que por lo que veo, contiene las instrucciones para llevar acabo tan grande hazaña.

Sin apartar la vista del valioso y amarillento papel, Voldemort continuó diciendo:

Muy bien, muy bien Severus, una vez más has demostrado ser un valioso recurso y serás muy bien recompensado por tus servicios a Lord Voldemort.

Como si el que Voldemort lo llamara por su nombre y dijera aquellas palabras, hubiera sido lo que Snape esperaba escuchar, un brillo inusual apareció en sus ojos y por primera vez perdió la calma que hasta ahora lo había caracterizado.

Mm
mi señor Dijo con la voz entrecortada De hecho, hay algo que quisiera pedirle.

Inmediatamente se dio cuenta de que aquello fue un error, porque Voldemort apartó la vista del pergamino y lo miró fijamente a los ojos con la más peligrosa y penetrante mirada de que era capaz.

Sin embargo, Snape no retrocedió y nuevamente adoptó la tranquila y relajada postura que había tenido todo el tiempo. La mujer al otro lado de la puerta no tuvo otra opción que reconocer y admirar la valentía o locura de Snape al no inmutarse ante tal mirada que habría hecho retroceder al más valiente de los hombres.

Dime, Severus ¿qué puede hacer por ti Lord Voldemort? Cada palabra era como una filosa y envenenada daga que cortaba el aire en su camino hacia la persona de Snape.

Mi señor, quería pedirle por la vida de la mujer respondió Snape, como si pidiera patas de rana al encargado de una tienda de artículos para pociones.

Voldemort examinó atentamente a su interlocutor y sin decir una palabra dirigió su mirada dentro de esos inexpresivos ojos negros, como leyendo a través de ellos la mente de Snape. Después de unos minutos de silencio esbozando una sonrisa burlona dijo.

La deseas ¿no es cierto? quieres hacerla tuya, tu esclava, hacerla pagar por tantos años de indiferencia y burlas hacia ti. ¡Sí! puedo verlo en tu mente Severus, está bien, lo tendré en cuenta, si no actúa de manera tonta, no tiene por qué morir y luego tú te encargarás de ella, Si
será tu recompensa por tus valiosos servicios.

Gracias mi señor, es usted muy generoso Dijo Snape haciendo una reverencia Volveré inmediatamente con Dumbledore para averiguar el nombre del guardián secreto.

Es lo que deberías hacer Ordenó Voldemort dirigiendo la mirada hacia la puerta Pero primero, demos la bienvenida a otra persona que también ha probado ser un valioso recurso, y que, en este momento está a punto de ser destrozada por dos furiosos Basiliscos y eso es algo que no podemos permitir
¡puedes pasar Bellatrix!

Dentro del imponente salón, decorado con pinturas de viejos magos, exóticos paisajes y notables castillos, se encontraban más de veinte figuras encapuchadas vistiendo largas túnicas negras y sentadas alrededor de una mesa finamente tallada. Todos ellos bebían y conversaban alegremente unos con otros, en medio de fuertes carcajadas, parecían estar festejando y a la espera de alguien que ocuparía el único espacio vacío en la mesa.

Solo tres personas no llevaban máscaras y parecían no participar del festejo.

Dos de ellos se encontraban de pie en la entrada del salón y a pesar de ser hermanos, no podían ser más diferentes. Uno era alto, de porte desafiante y llevaba el largo cabello castaño, recogido en una coleta, que colgaba por un extremo de su cuello hasta llegar al pecho. Tenía los brazos cruzados y con una dura mirada recorría el salón, como si la presencia de aquellos encapuchados le molestara en extremo. Su hermano en cambio, era un poco más pequeño tenía el pelo corto y bien peinado, su mirada denotaba nerviosismo y con una de sus manos, dentro del bolsillo de la túnica, aferraba fuertemente su varita.

 

La tercera persona era una alta y hermosa mujer, de abundante y bien cuidado cabello negro, que se encontraba mirando hacia fuera por uno de los grandes ventanales del salón y a pesar de que en el exterior un hermoso jardín lleno de rosas ofrecía una espléndida vista, ella tenía la mirada perdida como recordando los acontecimientos de una noche lejana.

¡Señora Lestrange! Dijo uno de los encapuchados poniéndose de pie y alzando su copa ¿Porque no se une a nosotros en la celebración? Preguntó señalando con la copa al resto de los encapuchados sentados a la mesa y prosiguió Propongo un brindis por el innombrable y
.

¿El innombrable? Lo interrumpió bruscamente Bellatrix Lestrange que había abandonado sus pensamientos al lado de la ventana y ahora se dirigía con paso decidido hacia la mesa donde todos estaban reunidos ¿Que ya no lo llamas, Mi amo, Mi Señor? ¿O solo te diriges a él de esa manera cuando suplicas por tu miserable vida, Travers?

¿Co
cómo sabes quién
?

¡Claro que sé quién eres! y sé quiénes son todos ustedes debajo de las máscaras Dijo y empezó a señalar uno por uno a los presentes Rookwood, Karkarov, Dolohov

¡Cállate! Grito uno de los encapuchados levantándose bruscamente de la mesa y apuntando con su varita al pecho de Bellatrix.

En un destello de luz y con un fuerte estruendo el mago alto de la coleta apareció delante de Bellatrix interponiéndose entre ella y la varita del encapuchado.

¿Cómo te atreves a dirigir esa pobre imitación de varita hacia mi esposa y en mi propia casa? Preguntó con una voz cargada de cólera.

¿Y qué piensas hacer, eh? , ¿Desarmarme con la mirada? ni siquiera tienes tu varita.

¡Si hubiera sacado mi varita ya estarías muerto!

¡Rodolphus! ¡Antonin! ¡Ya es suficiente! Dijo uno de los encapuchados que Bellatrix reconoció como Lucius Malfoy.

En el salón reinó el silencio mientras todos observaban al encapuchado que acababa de hablar y que comenzó a ponerse de pie tranquilamente como si se levantara para ir a la cama después de cenar.

Amigos, compañeros Dijo arrastrando las palabras Todos sabemos que el propósito de esta reunión es celebrar el triunfo de nuestro señor y que después de esta noche no habrá necesidad ya, de ocultar nuestros rostros Hizo una pausa y dirigió la mirada hacia los tres que no usaban capuchas Como nuestros anfitriones, los Lestrange, seremos recompensados por nuestros servicios pero, hasta que nuestro amo llegue, por favor
no arruinemos la sorpresa Dijo en tono burlón dirigiéndose a Bellatrix.

En el salón la mayoría comenzó a reír ante las palabras de Malfoy y poco a poco, todos volvieron a sus copas y a sus conversaciones. Antonin Dolohov guardó la varita y tomó asiento, pero sin perder de vista a Rodolphus Lestrange que lo seguía mirando amenazadoramente.

 

Por su parte, Bellatrix regresó junto a la ventana y comenzó a recordar el momento exacto hace tres meses cuando empezó a sentir una asfixiante preocupación por el bienestar de su maestro. Lord Voldemort le había revelado la existencia de una profecía, a ella y a un selecto grupo de mortífagos, entre los que se encontraban Lucius Malfoy, Evan Rosier y
<< ¡Snape! >> Rápidamente dirigió la mirada hacia el extremo izquierdo del asiento vacío de la mesa y vio allí una figura encapuchada, que si no hubiera sabido que se trataba de Severus Snape, hubiera pensado que era un muñeco de madera vestido con capucha.

Allí estaba Snape, tieso como una tabla, sin denotar expresión alguna.

<> Pensó y comenzó a atar cabos <> Sin querer, recordó el vergonzoso encuentro con su amo y Snape que tuvo lugar una semana atrás, en el que, por escuchar la conversación que ellos tenían, estuvo a punto de ser asesinada por los basiliscos, al no percatarse de que estos habían despertado al sentir su presencia.

"Se necesita más, que un infantil hechizo desilusionador, para engañar a los basiliscos de Slytherin. Me decepcionas Bellatrix" Le había dicho su amo al tiempo que la salvaba de ser atacada por ellos. Esas palabras le hervían en la sangre al igual que la burlona mueca que hizo Snape, al pasar por su lado, mientras abandonaba la cámara dejándola sola con Lord Voldemort.

En esa ocasión ella le había pedido a su maestro que la deje acompañarlo cuando vaya tras los aurores y el chico, pero tuvo especial cuidado de no mencionar que quería acompañarlo para ayudarlo, porque presentía que corría un grave peligro, sin embargo había argumentado que deseaba tener el honor de estar con él en su momento de gloria.

Lord Voldemort por supuesto, se había negado a su pedido y le dijo que tenía preparado para ella y su familia, un honor mucho más grande: El honor de ser conocidos primero, como sus más leales siervos, y para ello, se reunirían en su casa la noche antes de su gran victoria, cosa que nunca habían hecho, porque los mortífagos se reunían con su amo en lugares desolados y alejados y ninguno de los mortífagos conocía la identidad de sus compañeros ya que ese era un secreto que su amo guardaba celosamente. Pero al ser ella la favorita, su maestro le había revelado la identidad de varios de ellos y ella dedujo los nombres del resto debido a su inteligencia y astucia.

De pronto, sintió como un par de fuertes manos la tomaban delicadamente por la cintura haciéndola volver de sus pensamientos y sintió una cálida respiración cerca de sus mejillas.

¿Te encuentras bien? Le susurró al oído Rodolphus

Sí, estoy bien, no te preocupes por mí Respondió Bellatrix cortante Preocúpate en calmar a Rabastan, que parece estar a punto de un colapso
y dile que ya suelte esa maldita varita, lo último que necesitamos es que se vuele en pedazos sobre nuestra alfombra.

Rodolphus desvío la mirada hacia su hermano y vio que tenía una de sus manos muy tensa, dentro del bolsillo de la túnica.

 

Él está bien Dijo volviéndose hacia Bellatrix, eres tú la que me preocupa, perder los estribos de esa manera, en medio de una sala llena de asesinos y todo por
él La última palabra que salió de sus labios estaba impregnada de amargura.

¡No seas tonto! Dijo Bellatrix en tono desafiante Ninguno de ellos es rival para mí, no necesito que te interpongas en mi camino.

Lo sé Dijo tristemente Rodolphus, la soltó, se dio la vuelta y se dirigió junto a su hermano Rabastan.

Nuevamente la extraña sensación de peligro volvió a ocupar sus pensamientos, odiaba sentirse así. Siempre había tenido la seguridad de que su maestro era invencible ya que lo había visto realizar los más grandes y terribles hechizos con apenas el mínimo de esfuerzo, pero todo eso cambió aquella maldita noche, cuando se enteró de una profecía que decía que había alguien con el poder suficiente para hacerle frente. ¿Cómo podía ser posible que un simple mocoso, nacido de padres que hubieran desafiado y escapado con vida en tres ocasiones del mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos, tuviera el poder para detenerlo? Al escuchar esas palabras algo dejo de funcionar dentro de ella, había algo que no estaba bien ¿era acaso que comenzó a dudar de su Amo? ¿Sería posible que el hijo de Alice y Frank Longbottom derrotara a su maestro?

Frank y Alice, esos malditos aurores, junto con los Prewett y Moody, eran lo mejor que tenía Dumbledore y habían provocado numerosas bajas entre los mortífagos, y como bien lo recordaba, habían logrado desbaratar los planes de Lord Voldemort en tres ocasiones.

La primera vez, habían matado a los gigantes, que bajo las órdenes de Voldemort, se disponían a atacar Hogsmeade y lograron advertir a los pobladores a tiempo para que no fueran sorprendidos por el ataque. Su amo al ver sus fuerzas reducidas y a todos los pobladores resistiendo, no tuvo otra opción que suspender el ataque.

En la segunda oportunidad lograron rescatar a los hijos de altos funcionarios del ministerio, que su amo había logrado secuestrar gracias a la ayuda de un infiltrado anónimo. Crabbe y Goyle nunca fueron los mismos después que Lord Voldemort llegara y descargara su furia contra ellos por dormirse en la guardia y no dar la alarma a tiempo, pero al menos esa noche lograron deshacerse de los Prewett.

Y en la tercera ocasión, un grupo de diez mortífagos enviados por su maestro, habían planeado emboscarlos en su propia casa, como represalia por haber despojado a Lord Voldemort de tan valiosos rehenes.

Eso fue un grave error, porque la casa de los Longbottom resultó ser una trampa mortal, y entre los dos acabaron con los diez mortífagos. No se podía esperar otra cosa de los mejores aurores del ministerio. En esa ocasión, no habían escapado precisamente, sino más bien, no quedó nadie con vida para retenerlos hasta que Voldemort llegara, así que tranquilamente recogieron sus cosas y se marcharon. Y desde ese día permanecían ocultos por el ministerio. Pero seguramente su amo había descubierto su escondite porque precisamente aquella noche se dirigía a acabar con ellos.

De pronto Sintió un terrible dolor en su antebrazo izquierdo y una gran angustia en el corazón. Pero ella no fue la única, porque al momento de sentir aquel dolor en el lugar donde se encontraba la marca tenebrosa, la bulla y el festejo cesó en el salón quedando todos en completo silencio.

 

El silencio duró apenas unos segundos porque fue roto por el sonido de un encapuchado desapareciendo, dejando el asiento de Snape vacío. El pánico y los gritos se apoderaron de los presentes, a lo que siguieron otras desapariciones repentinas. Entre el caos, Bellatrix buscó con la mirada a Rodolphus y lo vio junto a la chimenea; éste se encontraba contemplando su antebrazo izquierdo, mientras la marca tenebrosa desaparecía lentamente. Vio también en sus labios dibujarse una sonrisa y en sus ojos grises un inusual brillo que solo había visto en él, en la ocasión en que se casaron.

Un mortífago choco con ella en su afán por escapar rápidamente, y dándose la vuelta le preguntó levantando la manga de la túnica, dejando al descubierto su antebrazo, donde la marca estaba a punto de desaparecer completamente:

¿Qué
qué diablos significa esto? ¿qui
quiere decir acaso que él está

Pero no pudo terminar esa frase porque cayó fulminado por un chorro de luz verde proveniente de la varita de Bellatrix.

¿Qué es lo que pretendes? Dijo uno de los encapuchados sujetando el brazo con el que Bellatrix aferraba la varita y que se dirigía hacia otro mortífago que huía despavorido.

¡Suéltame Lucius o correrás la misma suerte!

¿Te has vuelto loca?, tienes que irte de aquí, desaparecer si es posible. Este lugar ya no es seguro para ti. Dijo Lucius soltando su brazo y enfrentándola.

La rabia que sentía repentinamente se transformó en dolor, al darse cuenta de la realidad, un dolor tan grande que no podía soportarlo, sintió como las fuerzas abandonaban su cuerpo.

Él no puede estar
no puede Lucius
tenemos que encontrarlo... tenemos que
él no está
no puede estar muert

Su cuerpo no pudo soportar más y cayó hacia atrás en los brazos de alguien que acababa de aparecer a su lado para sujetarla y lo último que escucho antes de perder el conocimiento, fue la voz de Lucius Malfoy que decía:

Rodolphus, tienes que sacarla de aquí

Alrededor de las cuatro de la mañana, sobre el destartalado techo de una vieja casa, en un ruidoso barrio de las afueras de Londres, aparecieron cuatro personajes, sosteniendo lo que parecía ser un viejo balón de futbol desinflado. Eran tres varones, dos de los cuales eran idénticos hasta en el más mínimo detalle: cabello rojizo, ojos claros, de porte alto y delgados y hasta parecían tener las pecas en el mismo lugar. El otro hombre era robusto, bien parecido y daba la impresión de ser un miembro de la nobleza. El cuarto personaje, una hermosa mujer de dorados cabellos y agraciada figura, parecía sacada de un catálogo de belleza.

Después de ti, mi amada y hermosa Alice, la reina de mi Vida Dijo el mago robusto, dirigiéndose a la mujer y haciendo una reverencia.

Siempre tan caballero, Frank Respondió la mujer Mi príncipe de la brillante armadura Dio un gran y ágil salto desde el techo hacia el siguiente y continuó corriendo y saltando de techo en techo sin hacer el menor ruido, como si fuera una hoja llevada por el viento.

¡Después de ti, Espadín, mi viscoso y húmedo compañero! Dijo uno de los pelirrojos haciendo una exagerada reverencia y utilizando el balón desinflado como sombrero.

¡Oh no, no! Después de ti, Trompetin, mi ruidoso y oloroso camarada Respondió el otro, exagerando a tal punto la reverencia, que casi tocaba con la nariz el sucio techo sobre el cual estaban.

 

¡De ninguna manera puedo permitirlo, por mi honor... tú vas primero!

¡No, no, no!
está escrito que los mayores van primero.

¿Y cómo sabes cuál de los dos es el mayor? Preguntó el que tenía el balón de sombrero.

Porque desde adentro te vi nacer primero ¡ufff! sí que tenías prisa por salir hermano.

¡Gideon, Fabián! déjense de tonterías que solo tenemos una hora antes del cambio de guardia Les increpó Frank, perdiendo la paciencia ante tan inusual discusión.

Una hora es más que suficiente para Espadín, el terror de los mocotifagos Replicó Fabián al tiempo de salir disparado hacia el siguiente techo.

¡Eh! ¿No que los mayores iban primero? Protestó Gideon guardando el balón bajo la capa Y por cierto Dijo dirigiéndose a Frank Mi nombre es Trompetin Y salió disparado detrás de su hermano.

Esta será una larga noche Se dijo Frank en voz baja y de un gran salto pasó sobre tres casas a la vez y siguió detrás de sus compañeros.

Los cuatro aurores del ministerio, continuaron su recorrido de techo en techo hasta reagruparse en el tejado de un apartamento, que se encontraba frente a la entrada de la estación del metro.

Este es el lugar Dijo Frank a sus compañeros Según el contacto de Dumbledore, los chicos se encuentran en una habitación subterránea bajo los rieles.

¿Y a cuantos tontifagos nos enfrentaremos? Preguntó Gideon.

Según el informante, hay dos en la puerta de acceso, de los que no tenemos que preocuparnos, porque él ya se encargó de dormirlos, solo debemos llegar antes que el cambio de guardia los descubra.

Dormidos o no
no se salvaran de que les dé una buena patada Interrumpió Fabián haciendo reír a Alice con su comentario.

Y en el interior, tenemos a diez, de los que "Sí" debemos preocuparnos, y no tomarlos como broma Dijo Frank, exasperado por la interrupción de Fabián.

¡Perfecto! el 10 es mi número de la suerte Comentó Gideon y tratando de parecer casual agregó Y también el número de galeones que tiene Fabián en su caja fuerte de Gringots.

¡Un momento! Dijo Alice, interrumpiendo a Fabián, que estaba a punto de replicar algo al comentario de su hermano Si el informante de Dumbledore se encuentra allí también, eso reduce el número a nueve ¿no es así?

Es lo más probable. Pero no sabemos quién es y para no delatarse, tendrá que ser muy convincente, así que no dudara en atacarnos. Por eso debemos ser cuidadosos
no cometan errores y no confíen en nadie Dijo Frank al tiempo que se acercaba a su esposa y la miraba a los ojos Ten cuidado, mi amor La besó en los labios y después de unos instantes en que los Prewett lanzaban largos suspiros, les dijo ¡En Marcha!.

Frank y Alice, salieron como un rayo hacia la entrada del subterráneo. Gideon y Fabián, se miraron a los ojos unos momentos sin saber que decir, pero finalmente Gideon rompió el incómodo silencio.

Espadín, sé que estamos jugando a imitar a los tórtolos para molestar a Frank,
eres mi hermano y tú sabes que te quiero, pero el sabor de tus labios sería algo que no podría olvidar en toda mi vida, como aquella gragea sabor a urinario de estadio de fútbol, así que tendrás que conformarte con un varonil apretón de manos.

 

¡Bien dicho, bicho! Dijo Fabián estrechando la mano de su hermano Y por cierto, esa gragea fue uno de mis mejores inventos.

Lo sé Celebró Gideon, sonriendo y dándole palmaditas en la espalda a su hermano, como felicitándolo por ganar la orden de Merlín primera clase al mejor invento del año.

Los cuatro compañeros entraron a la estación del metro, bajaron hasta los rieles y sin perder tiempo comenzaron a correr por el oscuro túnel hasta llegar a una luz roja sobre una puerta, en una de las paredes del túnel. Junto a la puerta había dos grandes figuras que parecían Gorilas encapuchados, profundamente dormidos y a su alrededor, varios pasteles en forma de caldero se veían tirados por el piso.

Con mucho cuidado, Frank y Alice pasaron sobre ellos y entraron por la puerta que conducía hacia abajo a través de una escalera. Mientras se disponían a bajar, escucharon detrás de ellos, lo que parecía ser el sonido de zapatos chocando una y otra vez contra dos pesados bultos.

Eso les dolerá por la mañana Escucharon decir entre risas a uno de los gemelos.

Bajaron las escaleras cuidadosamente y llegaron hasta una pequeña sala, donde se encontraban tres mortifagos dormidos sobre unas banquetas, pasaron entre ellos sin hacer ruido y atravesaron otra puerta que daba a una sala llena de tuberías, donde se encontraban dos generadores que suministraban la energía de las instalaciones del metro. Continuaron avanzando, entre el vapor que salía de las tuberías, hacia unas rejas oxidadas en el extremo opuesto de la sala, pero al abrir las rejas, todo lo que encontraron fue una pequeña sala vacía.

Es una trampa Dijo Gideon, con una gran sonrisa al entrar en la salita vacía, como si hubiera llegado a la heladería de Florean Fortescue.

¡Verdimillius! Susurro Alice en voz baja, apuntando con la varita a las paredes y al instante apareció sobre una de ellas, un tablero con varios botones enumerados.

¡Oooh! Es un Haciabajodor Dijo Fabián, con una expresión de asombro que asemejaba a un troll en una clase de matemáticas Seguro que el esposo de Molly quedaría fascinado con uno de estos en su cochera ¿Recuerdas el alboroto que hizo cuando le llevamos el viejo Ford Anglia? Preguntó a su hermano, quien miraba en todas direcciones dentro del pequeño cubículo, como examinando la mejor manera de sacarlo de ese lugar y llevarlo a la cochera.

Es un elevador Corrigió Frank, al tiempo que presionaba uno de los botones del tablero.

El ascensor comenzó a bajar lentamente, y mientras Frank y Alice se tomaban de las manos, Gideon y Fabián hicieron lo mismo y empezaron a bailar la rueda, al ritmo de la música que se escuchaba por los parlantes del ascensor.

Al detenerse éste y por consiguiente el Baile de los Prewett, las puertas se abrieron y vieron a un mortifago enmascarado que les cerraba el paso.

Con increíble velocidad, los cuatro compañeros lanzaron sus hechizos al mismo tiempo. Pero más increíble fue la rapidez, con las que el mortifago reaccionó.

¡Cave inimicum! Pronunció el mortifago, creando una especie de barrera invisible, en donde chocaron los cuatro hechizos. Acto seguido y protegido por la barrera, dejó su varita en el suelo y levantó las manos, al tiempo que decía con una voz ronca y áspera:

 

Los estaba esperando.

Era un hombre alto y por un lado de su capucha sobresalía su cabello castaño, amarrado en una coleta.

Deben darse prisa, el innombrable llegara aquí pronto Advirtió el mortifago con aquella extraña y fingida voz, se hizo a un lado desapareciendo la barrera y dejándoles la vía libre.

Los cuatro aurores bajaron sus varitas, al ver la varita del mortifago en el suelo.

¿En dónde están? Preguntó Frank, sin detenerse a hacer presentaciones.

Al final del pasillo, atravesando esa puerta, encontraran a catorce muchachos y seis mortifagos dormidos.

Frank miró al mortifago con cara de desconfianza, pensando que aquello era demasiado fácil y estaba a punto de preguntarle algo, de lo que no hubo necesidad ya que el mortifago adivinando sus pensamientos añadió.

No se preocupen, me encargue de anular las maldiciones y las trampas del lugar, dense prisa, que no tienen mucho tiempo
¡Esperen! olvidaba mencionar una cosa más Dijo dirigiéndose al grupo Deben dejarme inconsciente.

Al escuchar eso último Frank, Alice y Gideon continuaron sin decir una sola palabra, sin embargo Fabián, al pasar al lado del mortifago, con una sonrisa le dijo:

¡Gracias!

N... no hay de que
. Respondió el mortifago sorprendido.

¡Desmaius! Pronuncio Fabián y un segundo después añadió ¡Aresto momentum!

En medio de resplandecientes luces rojas, el mortifago se desplomó como en cámara lenta y se posó delicadamente en el piso sin hacer ruido alguno, completamente inconsciente.

Los cuatro atravesaron la última puerta al final del pasillo e ingresaron en una sala llena de viejos ordenadores y pesados paneles con botones y luces de colores. Y allí, sentados en el piso, atados en grupo espalda con espalda con fuertes cuerdas, se encontraban catorce jóvenes de entre 16 y 18 años y alrededor de ellos seis mortifagos dormidos.

Frank se acercó donde uno de los jóvenes y lo despertó. El muchacho se sobresaltó al despertar pero como tenía la boca bien amordazada con un pedazo de sucia tela, no pudo emitir sonido alguno. Frank le hizo señas para que se quedase quieto y uno a uno fue despertando a los demás de igual forma. Cuando todos estuvieron despiertos, Alice hizo un movimiento con la varita y las cuerdas desaparecieron. Entonces mediante señas les indicó que salieran en silencio.

Los muchachos asustados, empezaron a salir uno por uno hacia el pasillo del ascensor y cuando Frank empezaba a creer que lo habían logrado, el último joven, un mago de cabello rubio pajizo, al salir tropezó con uno de los paneles y lo tiro al suelo, con tanta fuerza y con tan mala suerte que cayó encima de Alice. Se escuchó un fuerte ¡crack! al romperse el hueso del brazo que Alice levanto para protegerse del golpe.

¡Corran al ascensor! Les grito Frank a los chicos, al tiempo que los mortifagos despertaban ¡Oppugno! Dijo haciendo un movimiento con la varita y tiro el panel que estaba sobre Alice, encima de uno de los mortifagos que se estaba levantando.

¡Bueno, a lo que vinimos! Le dijo Gideon sonriendo a su hermano Fabián, al tiempo que desviaba dos hechizos que un mortifago le había lanzado y respondía lanzando un rayo azul con su varita, que impactó en el mortifago que tenía en frente.

¡Saca a Alice de aquí! Le ordenó Fabián a Frank mientras lanzaba un hechizo que impactó en el techo, haciendo caer parte de él, en medio de los mortifagos, que tuvieron que saltar a los lados para salvarse de ser aplastados.

 

Frank ayudo a Alice a ponerse de pie y los dos abandonaron la sala, seguidos de los Prewett. Al cerrar la puerta detrás de ellos Fabián dirigió la varita alrededor del portal y lo sello diciendo:

¡Epoximise! Eso los detendrá un poco.

Frank hizo aparecer una férula en el brazo roto de Alice y corrieron por el pasillo pasando por encima del mortifago desmayado, hacia el ascensor donde esperaban los asustados jóvenes. Unos segundos después subían lentamente, todos tan apretados que esta vez los Prewett no pudieron hacer su baile, aunque las ganas no les faltaban por la irresistible música de fondo que se escuchaba.

Alice y yo iremos primero y despejaremos el camino Dijo Frank mirando a su esposa Ustedes nos seguirán en fila sin amontonarse, para no ser un blanco fácil Aconsejó, dirigiéndose a los muchachos Y Gideon y Fabián, irán por detrás cubriéndonos la retaguardia.

¡Entendido¡ Respondieron Gideon y Fabián al mismo tiempo.

Las puertas del Ascensor se abrieron y Alice y Frank salieron corriendo varita en mano hacia el otro extremo de la sala de generadores, seguidos por los jóvenes magos y los Prewett por detrás. Al llegar a las escaleras del otro lado, se toparon con los tres mortifagos que habían estado dormidos en las banquetas, pero que ahora lanzaban hechizo tras hechizo hacia el grupo. Sin embargo Alice y Frank continuaron corriendo hacia ellos desviando y esquivando los hechizos con mucha facilidad y pasaron a través de ellos como atravesando una cortina. Los mortifagos cayeron a tierra desvanecidos, al ser atravesados por luces plateadas que salieron de las varitas de Alice y Frank.

Llegaron corriendo a la puerta de salida y cuando faltaban pocos metros para chocar con ella Alice apuntó su varita al tiempo que gritaba:

¡Confringo!

La puerta, parte de la pared y los dos mortifagos dormidos afuera, volaron por los aires dejándoles la vía libre hacia el túnel con las rieles del metro.

Una vez afuera, continuaron corriendo por el túnel seguidos por los jóvenes que venían en fila uno detrás de otro.

Al salir Gideon, sacó el balón desinflado y tocándolo con su varita dijo:

¡Portus! Luego se lo lanzó a Frank, mientras gritaba ¡Adelántense, nosotros les cubriremos la retirada!, tienen 10 minutos antes de que el traslador funcione, pero no vayan a irse sin

No pudo terminar la frase, porque tuvo que agacharse para evitar un chorro de luz verde que paso muy cerca de su cabeza.

¡Nos alcanzaron! Dijo Fabián al ver acercarse corriendo a cinco mortifagos, que lanzaban hechizos sobre él y su hermano.

¡Serpensortia! Gritó uno de los mortifagos haciendo aparecer dos grandes serpientes venenosas que se abalanzaron sobre los gemelos.

¡Lapifors! Exclamó Fabián, convirtiendo las serpientes en dos conejitos saltarinesTendrás que hacerlo mejor que eso Dijo en medio de un gran bostezo.

¡Ya váyanse ustedes dos y llévense a los mocosos, que esto se va a poner feo! Ordenó Gideon dirigiéndose a Frank y Alice y volviéndose a su hermano, añadió en un susurro Pero trata de no quitarles las máscaras, porque ahí sí que se pondría feo de verdad.

 

¿Entonces, que te parece esto Trompetin? Preguntó Fabián al tiempo que apuntaba con su varita a la cabeza de otro mortifago y esquivaba el hechizo que este le había lanzado ¡Melofors! La cabeza del mortifago se convirtió en una gran calabaza.

Buena Cosecha Espadín, pero creo que le falta crecer un poco más
!Defodio! Dijo Gideon, apuntando al piso debajo del mortifago con cabeza de calabaza y la tierra se hizo a un lado, quedando un gran agujero en donde éste cayó ¡Deprimo! La tierra volvió sobre el agujero tapándolo y dejando afuera solo la cabeza en forma de calabaza.

Bien hecho hermano, uno menos quedan cuatro Observó Fabián, mientras se paraba junto a su hermano y de frente con los cuatro mortifagos restantes.

Detrás de ellos, Frank y Alice corrían junto con los chicos hacia la salida del subterráneo.

¡Cruccio! Dijo uno de los mortifagos, lanzando la maldición a los gemelos que con un ágil movimiento de varita lo desviaron al mismo tiempo hacia otro de sus contrincantes, que, sorprendido por ver desviarse hacia él una maldición que se suponía no podía ser desviada, cayó retorciéndose de dolor.

Entonces, justo cuando Fabián y Gideon se disponían a lanzar un hechizo combinado de mocomurcielago al mortifago más cercano, un chorro de luz verde, que vino desde la varita del último de los jóvenes magos en salir del subterráneo, iluminó el túnel detrás de los gemelos e impactó en la espalda de Fabián, que con un pequeño gemido, cayó de rodillas y luego se desplomo en el suelo.

¡Fabián
nooo! Gritó Gideon tirando a un lado su varita, olvidando que tenía a tres mortifagos delante, rápidamente llego a donde estaba tendido su hermano y lo tomo en sus brazos.

¡Avada Kedavra! Dijo uno de los mortifagos, lanzando un mortal chorro de luz verde, aprovechando el descuido de Gideon, que cayó de espaldas sin vida aferrando el cuerpo de su hermano.

¡Vamos tras los otros! Ordenó el mortifago que había lanzado la maldición asesina, y salió corriendo. Pero solo uno de sus compañeros lo siguió, el otro mortifago se quedó contemplando la triste escena, donde los gemelos yacían inertes en el suelo.

Al acercarse más, se percató de que uno de ellos seguía con vida, ya que la maldición asesina que recibió en la espalda, no había sido lo suficientemente poderosa como para acabar de inmediato con su vida, porque el maleficio había sido lanzado por un joven mago de cabello rubio y pajizo, que no tenía la edad suficiente como para realizar tan terrible hechizo.

Fabián, vio al mortifago acercarse y lo reconoció como el que les había ayudado a entrar. Una débil sonrisa se dibujó en su rostro.

Di
di
le... a nuestra... prima Molly
que
la... amamos Dijo Fabián con sus últimas fuerzas y cerró los ojos para siempre.

¡Ro
rodolphus! ¿Dónde estamos? Preguntó una débil voz detrás de Rodolphus, que se encontraba pensativo, mirando hacia la oscuridad de la noche, en la entrada de una cueva iluminada por una pequeña fogata.

Bella ¿Cómo te sientes? Dijo Rodolphus, alejando unos tristes recuerdos de su mente y dirigiéndose rápidamente hacia una vieja cama improvisada, sobre la que descansaba Bellatrix Lestrange, envuelta en varias mantas.

¿Dónde estamos? ¿Qué hacemos en este lugar? Preguntó nuevamente Bella mirando a su alrededor.

 

Estamos en una cueva, en las montañas Respondió Rodolphus tocando la frente de su esposa con la palma de la mano.

¿Por qué estamos aquí?

Porque nuestro querido maestro, Lord Voldemort, firmó nuestras sentencias de muerte al fijar aquella reunión de mortifagos en nuestra casa.

¿¡Cómo te atreves a pronunciar su nombre!? Le increpó Bellatrix, levantándose bruscamente de la cama y enfrentándolo.

Porque no tiene importancia, ahora que está muerto.

¡No vuelvas a decir eso nunca más Rodolphus! Gritó Bella al tiempo que le daba una fuerte bofetada Debo salir de aquí, debo ir en su búsqueda
debo encontrar a los malditos Longbottom y hacerlos pagar por esto Intentó caminar hacia la entrada de la cueva pero las fuerzas la abandonaron y cayó.

Esta vez Rodolphus se contuvo de ir en su ayuda.

¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? Preguntó intentando ponerse de pie.

Un par de días Respondió Rodolphus tocándose la mejilla donde Bellatrix lo había golpeado ¿Sabes que esto es lo más cercano a una caricia que he recibido últimamente de tu parte ¿qué patético no?

¿Donde esta Rabastan? Preguntó Bellatrix haciendo como que no escucho el comentario de su esposo.

Fue en busca de provisiones.

Necesitamos reunir a cuantos mortifagos podamos para....

Ja Ja Ja Rió Rodolphus amargamente ¿Que acaso no los viste huir, como ratas que abandonan un barco condenado a hundirse, cuando la marca tenebrosa desapareció? y como las miserables ratas que son, si los atrapan no dudaran en revelar nuestros nombres al ministerio para salvar sus asquerosos pellejos, si es que no la han hecho ya.

Debemos contactar a Lucius, Rosier y Dolohov... Continúo diciendo Bellatrix, sin darle importancia a las palabras de su esposo, pero éste la interrumpió diciendo:

Rosier está muerto, fue abatido por los aurores; Dolohov está bien escondido, gracias a tu pequeña soltada de lengua y Lucius... bueno, Lucius sabe cómo meterse al bolsillo a los del ministerio.

Entonces contactaremos con los Carrow, Avery, Travers y Selwyn.

¿Que no entiendes lo que estoy diciendo? en estos momentos los aurores y todo el ministerio están cazando mortifagos como cazar mariposas... buena suerte con tu pequeño y suicida proyecto de rescate. Dijo Rodolphus dándole la espalda.

Bellatrix miro a Rodolphus con cara suplicante y con grandes lágrimas que corrían por sus mejillas, cayó de rodillas ante él y tomándole las manos le dijo:

Rodolphus, debes ayudarme a buscarlo, no está muerto, puedo sentirlo, tenemos que encontrarlo, no puedo hacerlo sola... te... te necesito.

Rodolphus miro a su esposa asombrado, era la primera vez que la veía suplicar por ayuda. Él hubiera dado su vida por cumplir todos los deseos de Bella, hubiera ido al fin del mundo con tal de poder estar a su lado, la amaba con tal fuerza y pasión que haría lo que fuera por ella.

Pero al igual que su amor por ella era tan grande, también lo era su odio por Voldemort. Su único deseo era ver a Voldemort destruido, había tenido incontables oportunidades para matarlo, pero no lo hizo por su amor a Bellatrix, porque sabía que ella sufriría y lo odiaría. Pero ahora que Voldemort estaba muerto, debía convencerla de que el gran señor tenebroso estaba acabado. Así que levantando a Bellatrix del suelo y con el recuerdo en su mente de un joven mago de cabello pajizo, lanzando un hechizo mortal a un amable auror pelirrojo dijo:

 

Está bien Bella
te ayudaré.

Llovía intensamente sobre un lúgubre pantano y el viento huracanado arrancaba ramas de árboles y calaba los huesos. Relámpagos iluminaban por momentos la noche y el fuerte sonido de los truenos se mezclaba con el monótono golpeteo de las gotas de lluvia sobre las negras aguas del pantano. Parecía que todos los elementos se combinaban para mantener a cualquier persona alejada de aquel lugar. Sin embargo, Rodolphus Lestrange, luchaba por avanzar en medio de aquel caos, resuelto a encontrar a la persona que había ido a buscar.

El primer indicio de que estaba en la dirección correcta, llegó cuando pasó al lado del astillado tronco de un viejo árbol que había sido alcanzado por un rayo. Una leve sonrisa iluminó su rostro mientras examinaba con una mano el carbonizado tronco.

La magia siempre deja huellas dijo, y como si hablara con un ser invisible agregó Siempre fuiste tan predecible.

Del bolsillo de su túnica de viaje, sacó unas pequeñas piedrecillas del tamaño de una nuez y las arrojó con fuerza en todas direcciones hacia los árboles que tenía delante de él. Inmediatamente, una lluvia de relámpagos cayó exactamente en cada lugar en donde las piedrecillas habían chocado, causando una terrible destrucción.

Veo que esta vez te superaste a ti mismo le dijo a aquel ser invisible sarcásticamente, mientras avanzaba entre los árboles en llamas sorteando hoyos humeantes, productos del impacto de los rayos.

Él sabía de antemano que aquella búsqueda resultaría en una completa y total pérdida de tiempo, porque precisamente venia de hacer algo similar, pero no perdía nada con intentarlo una vez más.

En su anterior búsqueda, simplemente tuvo que atacar a un pequeño elfo doméstico para llegar a su objetivo.

<> Le había dicho al temeroso elfo al momento de lanzarle un hechizo congelante.

Habría podido evitar fácilmente al diminuto sirviente para ingresar a la imponente mansión Malfoy sin ser descubierto, pero entonces Lucius lo habría castigado duramente por haber sido burlado en su guardia y él no quería ser el culpable de que una pequeña criatura sufriese de esa manera.

<> Fue la respuesta que obtuvo de Lucius, cuando le había pedido su ayuda para buscar al señor tenebroso < no puedo arriesgarme a terminar en Azkaban ¿No harías tú lo mismo?>>

¡Cobarde! Pensó Rodolphus, al recordar las palabras de Malfoy, pero en realidad no lo culpaba, porque de haber tenido él, un hijo pequeño, no lo habría abandonado por ir en busca de una piltrafa humana.

Finalmente se detuvo, porque al parecer había llegado al final de su camino. En ese lugar en medio de la fuerte tormenta, las gotas de lluvia no tocaban el suelo y parecían rebotar en una especie de bóveda transparente. Sacó su varita y apuntó al aire, al tiempo que murmuraba un efectivo conjuro. Unos segundos después y con un pequeño ¡Puff! apareció ante sus ojos una vieja cabaña de troncos.

 

En la puerta de la cabaña, se encontraba un hombre de aspecto fiero y muy desaliñado; tenía la barba muy crecida al igual que el sucio y enredado cabello; en una de sus manos sostenía una varita con la cual apuntaba directamente al pecho de Rodolphus.

¿Qué haces aquí Lestrange? Pregunto amenazadoramente.

Estaba por hacerte exactamente la misma pregunta Antonin dijo Rodolphus con tranquilidad ¿No me invitas a pasar?

Antonin Dolohov se hizo a un lado y con una seña le indico que pase. Rodolphus entró en la cabaña, se quitó la empapada capa de viaje y miró alrededor buscando un lugar donde colgarla, pero lo único que había allí era un pequeño sofá lleno de mantas, una destartalada mesa y muchos pedazos de carne seca colgando de las paredes. Al no encontrar lugar para su capa la dejo en el suelo y se sentó cómodamente en el sofá.

Dolohov cerró la puerta detrás de ellos y con un tono sarcástico se dirigió a Rodolphus diciendo:

Perdona si mi humilde escondite no tiene las comodidades de la "Mansión Lestrange"
pero como ves, en este lugar es muy difícil encontrar un buen decorador.

De hecho, en este momento tienes más muebles de los que hay en mi nueva residencia dijo Rodolphus y utilizando el mismo tono sarcástico agregó
Es el pago de nuestro leal servicio al señor Tenebroso.

Dolohov no supo si reír o enfadarse por aquel comentario pero al escuchar a Rodolphus hablar de esa manera de Lord Voldemort se puso nervioso, porque parecía confirmar las dudas que tenía desde hace algún tiempo, acerca de la lealtad del inesperado visitante.

Se ve que has perdido el respeto por el señor oscuro dijo finalmente mirándolo fijo a los ojos, como buscando algún indicio para confirmar sus sospechas al parecer estás seguro de que realmente se ha ido.

Todo lo contrario Antonin, estoy realmente convencido de que anda débil por ahí, esperando porque alguien vaya en su ayuda
es por eso que estoy aquí.

Rodolphus se puso de pie y se llevó una mano dentro de la túnica para sacar algo de su interior, pero Dolohov rápidamente apunto con su varita y grito:

¡Diffindo!

Con un veloz movimiento, Rodolphus desapareció y el hechizo de Dolohov chocó contra la mesa partiéndola por la mitad. Unos segundos después reapareció al lado de Dolohov y le arrebató la varita con un flojo movimiento.

Tranquilo Antonin, estás muy nervioso dijo Rodolphus a un sorprendido Dolohov que cayó derrotado sobre el sofá Solo iba a invitarte un trago.

Con la varita de Dolohov en su poder, nuevamente metió las manos en los bolsillos de su túnica y saco una botella de hidromiel y dos copas, se acercó a la mesa y tocándola con la varita la volvió a unir, puso las copas sobre ella y sirvió la espumeante Bebida.

Propongo un brindis por el regreso de Lord Voldemort
dijo al tiempo que le pasaba una copa a Dolohov, que tembló al escuchar el nombre del señor oscuro
y por los mortifagos que lo ayudaran a volver al poder.

Rodolphus levanto su copa y mirando a Dolohov dijo:

¡Por nosotros!

Estás loco si piensas que los dos podremos hacer algo así rehusó Dolohov echando el contenido de su copa en el piso necesitaríamos un ejército de mortifagos para poder enfrentarnos al ministerio sin la ayuda del señor tenebroso.

 

También contamos con la ayuda de Bellatrix y Rabastan.

Ajajá
una mujer y un inútil rió Dolohov pero al instante se calló al ver la mirada amenazadora de Rodolphus y su varita en las manos de éste eh
debo admitir que Bellatrix es una excelente bruja y Rabastan es bastante bueno con la maldición cruciatus, ¿pero acaso no te enteraste de lo que le pasó a Rosier?

Rodolphus hizo una pequeña pausa antes de responder, durante la cual pensó en Evan Rosier, uno de los mejores partidarios de Lord Voldemort, cruel y sanguinario, que disfrutaba torturando y matando a muggles y magos por igual y que junto con Lucius Malfoy, Antonin Dolohov y él mismo, eran los más poderosos magos de entre los mortifagos.

Escuché que sostuvo un
"explosivo" encuentro con los aurores Respondió Rodolphus despreocupadamente mientras servía un poco más de hidromiel en su copa.

Sí, Rosier voló en pedazos, ¿puedes creerlo? tuvo un duelo con Moody y éste solo terminó con una pequeña herida en la nariz.

No es de extrañarse, Evan siempre fue un inútil.

¡No digas tonterías! Replicó furiosamente Dolohov, al tiempo que se ponía de pie y amenazaba con su dedo a Rodolphus Evan Rosier era el mejor de todos nosotros
si él fue derrotado por un solo auror, nosotros no tenemos ninguna posibilidad de ganar.

Habla por ti mismo ­dijo Rodolphus despectivamente Yo he luchado con Ojoloco Moody y estuve a punto de acabarlo, no es más que un viejo tonto y débil.

Mintió Rodolphus. Él era consciente de que no era así. Alastor Moody era un gran mago y en la ocasión en que se enfrentaron tuvo que hacer uso de toda su habilidad para no ser asesinado por el magnífico auror.

Sí, recuerdo que te enfrentaste a él, junto con dos mortifagos más y fuiste el único que escapó con vida, ¿no se te hace eso, un poco sospechoso?

No trates de culparme por la torpeza de Wilkes y Callahan, dijo Rodolphus sonriendo además, si el señor tenebroso no nos hubiera convocado en ese preciso momento, Moody sería un problema menos y Evan Rosier estaría vivo.

Y si él estuviera vivo al menos habría una pequeña chance de tener éxito en tu búsqueda del señor tenebroso.

¿Eso quiere decir que no te unirás a nosotros para buscar a tu Señor?

¡No te atrevas a cuestionar mi lealtad, Lestrange! ¡Tú menos que nadie!

Me parece que deberías bajar el tono de tu voz dijo tranquilamente Rodolphus enseñándole las dos varitas que sostenía en su mano Haces que pierda mi valioso tiempo
¡decídete! ¿Vienes o no?

Ciertamente no te seguiría, Lestrange, porque nunca confíe en ti, podrías estar tratando de engañarme para llevarme a una trampa.

Si quisiera llevarte a una trampa no te invitaría a seguirme dijo Rodolphus poniéndose su capa y dirigiéndose hacia la puerta simplemente, te echaría en ella por la fuerza.

Lo que quiero decir, es que no seguiré a un mago que odia al Señor Tenebroso.

Al escuchar esas palabras, Rodolphus se detuvo en la puerta y se quedó inmóvil apretando los puños.

¿Crees que no me di cuenta de que la loca de tu mujer, está enamorada del señor tenebroso? Continuó diciendo Dolohov en medio de una risa burlona No soy ningún tonto ¿sabes?

Rodolphus no era una persona sanguinaria y a pesar de ser un mago muy hábil con la varita o sin ella, siempre evitó lastimar a aquellos que no lo eran, tal vez por eso no había llegado a ser uno de los favoritos de Voldemort, como lo eran Rosier, Malfoy y Dolohov. Sin embargo en esa ocasión estaba por matar a un mago desarmado e indefenso.

 

Él podía soportar cualquier ofensa que le hicieran, no era una persona violenta, pero tenía una debilidad: su amada Bellatrix, y si alguien tan solo mencionara su nombre en una manera deshonrosa lo pagaría con la vida. Sin embargo si sus planes fallaban, podría necesitar a Dolohov para ayudar a su hermosa esposa a encontrar a Voldemort, de manera que, no le servía de nada un Dolohov despedazado y regado por todas partes junto a las carnes secas que colgaban de las paredes.

Lo único que te estoy pidiendo, es que me ayudes a enfrentar a un par de aurores para restaurar en el poder al señor oscuro. Dijo Rodolphus apretando los dientes y conteniéndose para no acabar con la vida de Dolohov.

Tampoco soy tan estúpido como para enfrentar a los aurores del ministerio a tu lado, Lestrange.

Rodolphus sacó la varita de Dolohov de su bolsillo y éste retrocedió asustado.

Olvidé, que los únicos aurores con los que prefieres enfrentarte, son aquellos que te dan la espalda o aquellos que no tienen varita y están distraídos protegiendo a sus hermanos ¿no es así Antonin? Dijo Rodolphus despectivamente y le devolvió la varita, se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta, donde se detuvo y agregó Por cierto, "la loca" de mi esposa acaba de salvar tu vida esta noche.

Al salir de la cabaña, avanzó algunos metros bajo la lluvia, escucho otro leve ¡puff! y supuso que la cabaña había vuelto a desaparecer pero no se volvió a mirar. Era hora de ir al único lugar que había estado evitando ir, ya que sabía que el mago que encontraría, estaría más que contento por ayudarlos a buscar a Lord Voldemort. Al llegar junto a un árbol que se consumía en medio del fuego
desapareció, con la imagen de otra lujosa mansión en su mente, justo segundos antes de que un rayo cayera exactamente en el mismo lugar en donde había estado parado.

Dos días después, Rodolphus y Bellatrix se encontraban repasando el plan en la cueva que les servía de refugio y ya tenían todo listo para atacar a los Longbottom, solo les faltaba ultimar detalles. Rodolphus había conseguido la ayuda del último mago que fue a buscar y como lo había previsto, éste aceptó de inmediato y resultó ser de gran ayuda, porque gracias a él descubrieron exactamente el lugar en donde se encontraban sus víctimas.

Bellatrix se encontraba mucho mejor y había recobrado sus ánimos y energías, incluso se la veía más contenta y hasta era amable con Rodolphus, cosa que fue una gran mejora y el día que Rodolphus le dio la noticia de que había averiguado donde estaban escondidos los Longbottom, Bellatrix se le había echado encima y lo había abrazado fuertemente. Desde ese momento Rodolphus tuvo la pequeña esperanza de que las cosas entre ellos volvieran a ser como antes de que Voldemort llegara a sus vidas.

Recordó que el día que había visto a Bella por primera vez, él tenía tan solo 10 años. Su padre, Barnabus Lestrange, era miembro de una antigua sociedad secreta, conocida como los Caballeros de Walpurgis. Era un hombre estricto, severo y muy exigente, obsesionado con el poder y quería que su hijo sea igual o mejor que él. Podría decirse que un padre que quiere que su hijo sea mejor, es un buen padre, pero Barnabus tenía una extraña forma de demostrar lo buen padre que era.

 

Siempre llevaba a Rodolphus a las reuniones de la sociedad que tenían lugar en un antiguo castillo perteneciente a su familia y allí hacía que se bata a duelo con los hijos de los aspirantes a miembros, porque según la tradición, los caballeros de Walpurgis era una sociedad de padres e hijos, y aquel mago que tuviera un hijo que no era capaz de dar una buena pelea, no sería aceptado y como Rodolphus era el hijo del principal de los caballeros, tuvo que aprender desde muy niño a usar la varita para enfrentarse a magos mucho mayores que él y así no defraudar a su progenitor.

Precisamente, el día que conoció a Bella había tenido un duelo bastante violento y terminó con una herida en la mano y la varita rota, su padre se enojó tanto con él por romper la varita que lo había perseguido por todo el lugar lanzándole maleficios, sin embargo Rodolphus hacía mucho tiempo que había aprendido a desaparecerse para evitar sufrir los inusuales castigos de Barnabus, así que en aquella ocasión, no hizo más que pensar en su escondite favorito, donde sabía que nunca lo buscarían y apareció sentado debajo de la mesa de la antigua y oscura biblioteca del castillo, donde parecía que nadie había entrado en siglos.

Allí abajo, tenía una colección de objetos inusuales para un niño de 10 años: Espejos de diferentes formas, grandes y pequeños, que se sostenían en el aire por si solos; broches para el cabello, tocados de encajes, pendientes, libros con coloridas tapas, una colección de caracolas de mar y varias fotografías en blanco y negro de una hermosa mujer pegadas en la parte de abajo de la mesa. Ni bien apareció, agarro uno de los libros y se puso a hojearlo sin darse cuenta que ya había alguien allí.

¡Hola!

Al escuchar ese saludo Rodolphus se asustó, soltó su libro e instintivamente trató de ponerse de pie dándose un tremendo porrazo en la cabeza. Con el susto, se había olvidado que estaba debajo de la mesa.

En medio de las estrellas que vio al golpearse, escuchó una risita; trató de calmarse, se dio vuelta hacia la dirección de dónde provino el saludo y vio a una pequeña niña que reía tapándose la boca con las manos.

¡¿Quién eres y qué haces aquí!? Pregunto Rodolphus de mal humor al tiempo que se rascaba la cabeza en la parte donde se había golpeado.

Mi nombre es Bellatrix Black respondió la niña aguantando las ganas de seguir riendo y estoy buscando al señor chasquido.

¿Eres la hija de Cygnus Black? Preguntó sorprendido ¿y quién diablos es el señor chasquido? Te advierto que si trajiste alguien más aquí te voy a

Pero no pudo terminar de decir lo que haría porque sintió algo frío y húmedo que se movía por su cuello.

¡Ahí está! Dijo la pequeña muy contenta señalando con el dedo índice el cuello de Rodolphus.

Éste sintió como esa cosa fría trataba de deslizarse por el cuello de su túnica y sobresaltado trató de ponerse de pie nuevamente golpeándose otra vez en la cabeza. En medio de estrellas, dolor y luces de colores, escucho nuevamente aquella risita.

No es muy cómodo aquí abajo dijo Bellatrix mientras rodeaba el cuello de Rodolphus con sus manos y agarraba a una pequeña serpiente que chasqueó la lengua molesta al ser atrapada gracias por encontrar al señor chasquido dijo, y le dio a Rodolphus un beso en la mejilla.

 

Este no sabía que cosa le ardía más, si la cabeza en donde se había golpeado dos veces o la mejilla donde acababa de recibir un beso.

¿Sabes que tienes sangre en la nariz? Preguntó la niña al tiempo que guardaba a la serpiente en un pequeño bolso de tela atado a su cintura y sacaba del mismo una varita ¡Oh! y también tienes una herida muy fea en la mano.

Rodolphus vio su reflejo en uno de los tantos espejos y vio como dos pequeñas gotas de sangre salían de sus fosas nasales, también pudo ver que traía el cabello totalmente despeinado. Rápidamente trató de limpiarse la nariz y de alisarse el cabello al mismo tiempo e inmediatamente volvió a escuchar esa risita que se estaba volviendo muy molesta.

Déjame ayudarte dijo la pequeña y tomando la mano de Rodolphus le dio un suave toque con la varita. La herida se cerró y la cara de Rodolphus se volvió de un rojo vivo que parecía a punto de incendiarse. La niña trató de poner una mano sobre la mejilla de Rodolphus pero éste se apartó de inmediato.

Solo quiero detener la hemorragia de tu nariz
no voy a lastimarte dijo y después de otra pequeña risa agregó al menos no hasta la próxima semana.

¿De qué hablas? Preguntó Rodolphus cada vez más exasperado por la tonta y molesta risita.

De nada respondió la niña tratando de parecer indiferente y desvió la mirada hacia los objetos que había alrededor.

Pertenecieron a mi madre Se apresuró a decir Rodolphus al ver la cara medio rara que ponía Bellatrix.

No me parece que deberías tener tantos espejos flotando por aquí dijo la pequeña mientras agarraba uno y se miraba en el es decir, es un poco peligroso ¿no?
que tal si estás practicando un hechizo y terminas convertido en elfo o algo parecido rió al pensar en la posibilidad de convertir a Rodolphus en un elfo domestico estoy segura que algunos hechizos rebotan.

Siéntete libre de comprobar tu teoría en cualquier momento dijo Rodolphus maliciosamente Es más, porque no lanzas un hechizo a ese espejo ahora mismo.

Así que conoces a mi padre Dijo Bellatrix ignorando el tentador comentario de Rodolphus.

Sí, tengo que enfrentarme a su tonto hijo dentro de siete días.

Mi padre no tiene hijos varones afirmó la pequeña al tiempo que se arrastraba para salir debajo de la mesa te veré la próxima semana entonces
y gracias por encontrar al señor chasquido.

Rodolphus quedó atónito mirando a la pequeña niña salir de su escondite y no la volvió a ver hasta dentro de siete días después, cuando perdió olímpicamente un duelo contra ella y terminó nuevamente debajo de la mesa con la nariz sangrando. Unos minutos después del duelo, Bellatrix había aparecido a su lado protestando porque no estaba segura de haber ganado el duelo por mérito propio, si no que estaba convencida de que Rodolphus se había dejado ganar, así que éste no tuvo más remedio que permitirle a la niña acariciarle la mejilla mientras arreglaba su nariz.

A partir de ese día los dos niños se volvieron inseparables y vivieron increíbles aventuras recorriendo el castillo en búsqueda del señor chasquido y Rodolphus nunca más pensó que la dulce risita de Bellatrix era tonta.

 

Varios años después, Lord Voldemort llegó a pertenecer a la orden de los caballeros de Walpurgis y poco a poco se fue haciendo con el poder, hasta llegar a ser el principal entre ellos debido a los increíbles actos de magia que realizaba y a algunas muy convenientes desapariciones de importantes y antiguos miembros. Después de un tiempo, les cambió el nombre de caballeros a mortifagos, y se dedicó a enseñar las artes oscuras a los miembros más jóvenes de la orden entre los que elogiaba principalmente a Bellatrix por ser una de las pocas mujeres excepcionales con la varita. Desde ese entonces, ella empezó a desarrollar su obsesión por Lord Voldemort.

¡F...fu
fue tras los Potter! Dijo Rabastan ingresando en la cueva con una edición antigua del profeta en sus manos El señor oscuro fue tras los Potter y no contra los Longbottom como pensábamos.

¿Que estás diciendo? ¡No puede ser! Gritó Bellatrix corriendo hacia Rabastan y arrebatándole el arrugado trozo de papel comenzó a leer en voz alta el fragmento de noticia.

El Ministerio de Magia, confirmó ayer que "el que no debe ser nombrado", desapareció la noche de Halloween durante un fatal y traicionero ataque en el valle de Godric, donde acabó con la vida de los aurores del ministerio James y Lily Potter. Intentó asesinar también al pequeño hijo de la pareja, Harry Potter, que ahora es conocido entre la comunidad mágica como el niño que vivió.


«No sabemos exactamente como pasó, pero al parecer, al atacar al pequeño Harry, el que no debe ser nombrado perdió sus poderes y desapareció. Algunos piensan que está muerto. Ahora estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para capturar a sus seguidores, conocidos como mortifagos, rogamos a la comu­nidad mágica que mantenga la calma y que si tiene alguna información del paradero o la identidad de algún mortifago, se contacte con el departamento de aurores del ministerio », Estas han sido las declaraciones del ministro de Magia...

Al terminar de leer, todos quedaron petrificados, habían estado incomunicados con el mundo exterior en su precario escondite que no se habían enterado de las noticias. En realidad, Lord Voldemort, no había ido tras los Longbottom, como habían supuesto, y no había sido derrotado por estos, si no que había desaparecido tras un enfrentamiento con el bebé Potter. ¿Qué rayos significaba aquello?

Bellatrix no podía creer que su maestro fuera derrotado por un bebé. Estaba segura de que Voldemort había ido tras los Longbottom, los aurores más temidos por los mortifagos, y tras su pequeño hijo, que si heredaba las habilidades de sus padres se convertiría en una gran amenaza. Pero nunca se esperó que Voldemort fuera detrás del hijo de una sangre sucia y del inútil traidor de la sangre y compañero de su primo Sirius. De pronto recordó que los Potter habían escapado del Señor tenebroso en tres oportunidades, pero lo habían hecho por pura suerte, ya que parecía que cada vez, recibieron la ayuda de alguien que les advirtió del peligro, a tiempo para poder escapar.

¿Ahora qué haremos? Preguntó Rabastan poniéndose muy nervioso no podemos ir tras los Potter para hacerlos hablar y saber cómo diablos derrotaron al Señor oscuro, porque están muertos y el mocoso Potter, ni siquiera debe saber hablar.

 

Bellatrix sintió como su felicidad desaparecía, esa noticia echaba por los suelos sus planes y su única oportunidad de encontrar a su querido maestro. Los Potter muertos, los aurores tras ellos y sin nadie que sepa cómo ocurrieron en verdad las cosas, ni cuál era el paradero de Lord Voldemort, sus posibilidades de encontrarlo eran prácticamente nulas.

Con ojos suplicantes miró a Rodolphus, como pidiendo su ayuda y Rodolphus nunca había podido negarse a esos hermosos ojos.

Los Longbottom trabajan para el ministerio
ellos deben saber algo dijo Rodolphus, tratando de parecer convincente
¡Continuaremos con el plan!

En el interior de una cómoda y acogedora sala, sentados en un sofá junto al fuego de la chimenea, se encontraban un hombre y una mujer fuertemente abrazados y conversando alegremente.


No, yo te amo más
mi botellita de Amortentia.

No, no, yo te amo más
mi osito panda tontín.

¿Por qué me llamas osito panda tontín? Preguntó Frank sonriendo.

Te lo digo, si me dices por qué me llamas botellita de Amortentia Respondió Alice alegremente.

¿Acaso no recuerdas, cuando estábamos en Hogwarts y trataste de hacer que me enamorara de ti con una poción de amor extra fuerte, que pusiste en mi jugo de calabaza?

Sí, lo recuerdo dijo Alice apenada siempre fuiste muy apuesto hizo una pausa en la que miró a Frank y dio un largo suspiro
pero también recuerdo que dijiste que preferías enamorarte de los bigotes de morsa del profesor Slughorn antes que enamorarte de mí.

Sí, jajá, lástima que te vi poniendo algo en mi copa en esa mañana, la cual por precaución, decidí darle a probar a Peeves, él se bebió mi jugo de calabaza ese día
recuerdo que estuve a punto de clavar la varita en mis oídos para no escucharlo más cantar por los pasillos:

Rayo de Luna, fría noche ligera, díganme.

¿Qué debo hacer para que Alice me quiera?

Barón sanguinario tu fama no es mala

Arrastrando cadenas con manchas plateadas

Para conquistar una chica nadie te gana

Dime tu secreto, para enamorar a mi amada.

Alice tuvo un ataque de risa al escuchar a Frank cantar la canción de Peeves.

¡Fráaank! Dijo en tono de queja Pasé años tratando de olvidar esa canción, sin embargo el Barón sanguinario nunca la olvidó, pobre Peeves, se dice que el barón lo aterrorizó hasta que casi lo mata del susto, creo que a partir de entonces Peeves odia a los estudiantes.


Y bien, dime ¿cómo va eso de Panda tontín? Preguntó Frank.

Siempre tuviste la manía de masticar tu varita empezó diciendo Alice ¿y recuerdas aquel invierno, cuando tus padres te regalaron ese abrigo negro? Frank asintió, pero todavía no conectaba sus ideas
y accidentalmente masticaste en el trabajo una varita de broma que te dio un fuerte golpe dejándote un ojo negro Frank hizo memoria y recordó aquellos incidentes, pero todavía no veía cual era la relación
A partir de ese día, cuando masticabas tu varita, con el abrigo puesto y el ojo negro, que tardo una semana en desaparecer, parecías un tonto osito panda masticando una ramita de bamboo.

 

Alice miro a Frank esperando que este sonriera o dijera algo de su comentario pero Frank se veía muy triste y parecía a punto de soltar una lágrima.

¿Que ocurre Frank? Preguntó Alice, extrañada por el repentino cambio de humor de su esposo ¿Dije algo malo?

No, mi hermosa Alice, es solo que, aquella varita de broma me la dio Fabián en el rostro de Frank se veía un intenso remordimiento creo que solo trataba de ayudarme a que se me quitara esa peligrosa manía de morder la varita
pero yo pensé que era otra de sus bromas y le grité mucho ese día.

De pronto Alice comprendió la razón de la tristeza de su esposo.

Gideon y Fabián Prewett habían sido asesinados cuando se enfrentaban a cinco mortifagos durante una misión de rescate que Frank había dirigido. Los Prewett, unos excelentes aurores del ministerio, siempre habían sido muy bromistas y todos los querían mucho, pero Frank al ser su jefe, siempre había tratado de poner orden y eso significó que a veces tuvo que ser un poco severo con los gemelos.

No debí ser tan duro con ellos dijo Frank apenado En realidad los extraño mucho y también a sus bromas.

Alice abrazó fuertemente a su esposo y le consoló diciendo:

Todos lo hacemos Frank. No te sientas culpable
hemos perdido muchos buenos amigos y el único responsable es Voldemort de pronto una pregunta vino a su mente, una duda que tenía clavada como una espina en su corazón ¿Crees que realmente se ha ido?

No lo sé, respondió Frank Dumbledore piensa que ha perdido sus poderes y que está escondido en alguna parte, pero no te preocupes Alice, lo encontraremos y lo haremos pagar por todo lo que hizo.

Tienes razón, no podemos permitir que escape respondió Alice segura de sí misma nuestro mundo no será un lugar seguro para Neville mientras Voldemort este acechando en alguna parte.

Estoy ansioso por ver a nuestro pequeño Neville nuevamente dijo Frank sonriendo, mientras miraba su reloj y luego a la chimenea mis padres llegaran con él en cualquier momento.

Entonces no perdamos el tiempo y bésame tontín dijo Alice al tiempo que se acercaba a Frank o aun prefieres al bigote del Viejo Sluggy.

¡Aaaarrgghhh!

Un desgarrador grito, seguido del sordo ruido de algo cayendo pesadamente al piso, se escuchó en las afueras de la casa en donde se encontraban los Longbottom. Rápidamente y cogiendo sus varitas Alice y Frank se aproximaron a la pared cerca de la ventana para ver que sucedía.

Hay alguien tendido en el suelo dijo Alice mirando a través de la ventana y parece que tiene algo en sus manos.

¡Lo exterminaré! Dijo Frank levantando la varita y apuntando hacia fuera podría tratarse de otra trampa como aquella vez
además, nadie excepto mis padres y algunos jefes en el ministerio saben que estamos aquí.

Espera Frank, es solo un muchacho dijo Alice al tiempo que sujetaba fuertemente el brazo de su esposo y como tú bien dices, nadie sabe que estamos aquí, tal vez solo tropezó accidentalmente con uno de nuestros encantamientos protectores.

Frank tenía sus dudas al respecto y seguía apuntando con la varita decidido a terminar con ese extraño, siempre fue una persona muy desconfiada y eso le valió estar vivo hasta ese momento y ser el jefe de los aurores.

Al ver la determinación en el rostro de su esposo, Alice dijo en tono de súplica:

 

Debemos ayudarlo

El muchacho continuaba revolcándose de dolor en el piso, mientras Frank evaluaba cuidadosamente la situación. Al ver que su esposo no decía nada, Alice abrió la puerta y Salió corriendo en dirección del joven tendido en el piso al tiempo que decía:

Si no quieres que salga lastimada Frank, quita los otros encantamientos protectores.

El auror no tuvo otro remedio que quitar, con rápidos movimientos de varita, todos los encantamientos que había puesto para evitar que nadie los sorprenda y salió detrás de Alice para ayudarla. Al llegar, vieron a un joven mago pálido, de cabello color rubio-pajizo y con muchas pecas en la cara, que se retorcía de dolor.

Debemos llevarlo adentro, está mal herido Dijo Alice, mientras trataba de calmar al joven, que seguía gritando y retorciéndose en el piso.

Entre los dos ayudaron al muchacho a ponerse de pie y lo llevaron al interior de la casa. Una vez dentro lo echaron en el sofá y Alice fue corriendo a la cocina, buscó en los estantes donde tenía muchos potes rotulados con extraños y exóticos nombres de plantas, de uno de ellos sacó un puñado de hojitas secas y los puso en una taza con agua hervida. Regresó a la sala y le dio de beber al joven mago la infusión que había preparado. Este, después de beber unos tragos se quedó calmado pero jadeando, como si hubiera corrido muchos kilómetros.

¿Te sientes mejor? Le preguntó Alice al muchacho que poco a poco perecía recobrar el sentido.


Respondió débilmente el joven Gra
gracias... esta es
la segunda vez
que salvan
mi vida.

¿Quién eres? Preguntó Frank, pero había algo en él, que le resultaba extrañamente familiar ¿Qué haces aquí?

Vine a buscarlos respondió el joven un poco más recuperado ustedes me salvaron a mí y a mi equipo de quidditch de las manos de los mortifagos en la estación del metro.

Ya me parecía que te había visto en algún lado.

¿Me
me recuerdan?

Sí, te recuerdo tirando un pesado panel sobre mí dijo Alice señalando una pequeña cicatriz que tenía en su brazo eso es algo difícil de olvidar.

Lo
lo
siento siempre fui algo torpe respondió el muchacho es por eso que le suplique a mi padre que me dijera donde se encontraban, para que pueda venir hoy y agradecerles personalmente, y también a disculparme por

¿Tu padre
Quien es tu padre? Preguntó Frank interrumpiendo al muchacho y dirigiéndose nuevamente a la ventana con la varita en la mano, como esperando que alguien más se apareciera por ahí.

¡Oh! Lo siento, no me he presentado... mi nombre es Barty Crouch Jr.

Tres figuras encapuchadas corrían velozmente atravesando un bosque en medio de la noche, dirigiéndose hacia una pequeña luz que se divisaba a lo lejos. Iban cubiertos y protegidos por una especie de niebla negra, dejando a su paso una estela oscura, como una huella que presagiaba muerte y destrucción. Cada uno de ellos sentía la excitación del peligro y la adrenalina corría por sus venas, mientras veían aquella luz acercarse más y más. Muy pronto se enfrentarían cara a cara con sus más profundos temores y pondrían a prueba sus habilidades como devoradores de la muerte.

 

Finalmente, llegaron al origen de aquella única luz en medio de la oscuridad y divisaron desde la distancia, una pequeña casita de campo que se alzaba frente a ellos. Uno de los encapuchados se detuvo aproximadamente, cincuenta metros antes de llegar a la casa y les hizo señas a los otros para que se detengan también. Luego dio un pequeño y lento paso hacia delante, rompiendo aquel perímetro de cincuenta metros. Nada sucedió.

<> Pensó y haciendo señas a los otros dos para que lo siguieran, se deslizó silenciosamente hacia la ventana de la que provenía la luz.

En el interior vio una pareja de magos que conversaba alegremente con un joven, volteó la mirada hacia sus compañeros; a uno le señalo la puerta y al otro la ventana. Luego dio un ágil salto y se elevó por encima del techo de la casa, situándose sobre el tejado sin hacer el menor ruido. El mortifago sabía, que la única oportunidad que tendrían de ganar, era si lograban tomar por sorpresa, a esa peligrosa pareja de aurores, y aunque contaban con la ventaja numérica de ser cuatro contra dos, no estaba completamente seguro de tener éxito. Sin embargo, ya era tarde para dudar, no había marcha atrás, así que sacó su varita, que había tenido guardada hasta ese momento y apuntó con ella hacia el techo que tenía debajo de sus pies.

¡Everte státum!

Se escuchó una gran explosión, mientras el mortifago caía en el interior de la sala junto con una gran parte del techo y al mismo tiempo, la puerta y la ventana volaban en pedazos, provocando una lluvia de escombros en el interior de la casa.

A través de los boquetes que dejaron aquellas explosiones, entraron en la pequeña sala varios chorros de luz roja, que no eran otra cosa que hechizos aturdidores lanzados hacia los ocupantes de la vivienda.

La nube de polvo producto de las explosiones, no permitía tener una visión clara de lo que sucedía en el interior. Pero después del caos inicial provocado por aquel brutal ataque, reinó el silencio y poco apoco la nube de polvo se fue disipando.

El mortifago que había entrado por el techo, esperaba ver en cualquier momento entre los escombros, los cuerpos inconscientes de los ocupantes de la vivienda. Pero después de unos segundos, una terrible sensación de algo que pocas veces había experimentado miedo, lo invadió por completo. Sin embargo al parecer, él no era el único.

¿Dónde diablos están? Preguntó asustado, uno de los mortifagos mientras buscaba entre los escombros.

¡Depulso! Dijo una voz de mujer, que retumbó en todas direcciones en el interior de la sala y el mortifago que acababa de hablar, salió despedido por el mismo agujero en la ventana que había abierto.

¡Homenum Revelio! Gritó otra voz femenina, por debajo de su capucha y al instante aparecieron dos magos agazapados en una esquina de la sala y en el lado opuesto, una bruja junto a la chimenea.

Sin perder tiempo, la bruja que había lanzado el hechizo para detectar la presencia humana, se enfrentó cara a cara con Alice Longbottom, que se encontraba junto a la chimenea y el otro mortifago restante, hacía lo mismo con los dos magos que estaban en una esquina.

Varios destellos de luces de colores, atravesaron el aire en distintas direcciones, tratando de derribar a la persona que tenían enfrente.

Frank Longbottom, que actuaba como escudo humano para el joven mago que tenía a sus espaldas, esquivaba y desviaba hechizos aturdidores, que eran lanzados por el mortifago con el que se enfrentaba.

 

¡¿Por qué atacas con hechizos tan infantiles?! Preguntó Frank sonriendo, mientras se interponía entre el mortifago y el muchacho ¿Es que acaso los mortifagos ya no tiran a matar? Pero la respuesta a su pregunta se le vino inmediatamente a la mente y la sonrisa se borró de su rostro, mientras decía para sí mismo Nos quieren vivos

¡Flagrante! Dijo el mortifago y de su varita salió una llamarada de fuego que como un chorro de lava caliente se dirigió sobre Frank y el joven.

El fuego envolvió a los dos magos, como si quisiera apresarlos pero no hacerles daño. La temperatura alrededor de ellos, aumentó gradualmente cada vez más, haciendo casi imposible poder moverse. El aire empezaba a consumirse y Frank, con grandes gotas de sudor en su rostro, sentía como se le hacía cada vez más difícil respirar.

¿Demasiado infantil para ti? Pregunto en tono burlón el mortifago, mientras veía como Frank y el muchacho parecían a punto de desmayarse.

¡Glacius! Dijo el auror con el último aliento que le quedaba, al tiempo que dirigía su varita hacia las llamas. Una capa de hielo se formó alrededor de ellos apagando el fuego y haciendo saltar algunas chispas hacia las paredes y los muebles que empezaron a quemarse.

Al otro lado del salón, la bruja encapuchada reía y avanzaba amenazadoramente hacia su rival, lanzando hechizo tras hechizo, con tanta rapidez, que parecía que Alice no podía responder y solo se dedicaba a esquivar. Sin embargo, cuando la mortifago estuvo lo suficientemente cerca, Alice dio un giro e hizo un veloz movimiento con su varita, mientras la apuntaba por debajo del brazo extendido de su oponente.

¡Alarte Ascendere!

La bruja sorprendida, se despegó del piso, chocó con fuerza contra el techo y cayó nuevamente.

Ya te tengo Dijo Alice y rápidamente hizo aparecer unas cuerdas con su varita, que apresaron a la bruja que había caído al piso.

El mortifago que luchaba con Frank hizo un ademán de ir en ayuda de su compañera, pero se contuvo <> Pensó, sin embargo, ese momento de duda fue suficiente para que Frank le lanzara un hechizo, que impactó en su brazo provocándole una herida y haciéndole perder la varita.

¡Maldición! Exclamó el mortifago enfadado, mientras sentía una quemazón en su brazo y veía su varita caer en medio de los escombros en llamas.

Estaba perdido, sin su varita no tenía posibilidad de ganar, podía desaparecer, pero eso significaba dejar atrás a sus compañeros y esa no era una opción.

Dio una rápida mirada al joven mago que se encontraba detrás de Frank, éste tenía una mirada despreocupada y hasta parecía aburrido, entonces comprendió que aquel muchacho, no actuaría a menos que estuviera seguro de que podían ganar. Y en esa situación, con él sin varita, uno de sus compañeros probablemente inconsciente en alguna parte de afuera y otro fuertemente atado en el piso, estaban lo más alejado de poder derrotar a los aurores.

Frank lanzó varios chorros de luz plateada sobre el mortifago desarmado y éste girando sobre sí mismo desaparecía y volvía a aparecer unos centímetros más allá, cambiando de posición lo suficiente como para esquivar los hechizos. Sin embargo, uno de los rayos de luz, le rozó la pierna derecha haciéndolo caer de rodillas ante Frank

 

Cuando el mortifago se preparaba para recibir un chorro de luz roja, que se dirigía directo a su cara, vio una sombra oscura que se interpuso entre él y el auror.

¡Baubillius¡ Escuchó decir a su compañero, que anteriormente había sido despedido hacia fuera , pero que ahora apuntaba con su varita hacia Frank y lanzaba al mismo tiempo una ráfaga de aire tan poderosa que hizo volar hacia atrás el hechizo aturdidor, varios pedazos de la pared y a los dos magos frente a él.

¡Frank! Gritó Alice, mientras veía como su esposo caía en medio de los escombros en llamas y trató de dirigirse donde este había caído, pero todavía tenía sujeta la varita, de la cual salían las cuerdas que aferraban a su oponente en el suelo y esto le impedía llegar a donde Frank estaba.

Mientras tanto la bruja que se revolcaba en el piso, tratando de liberarse de las cuerdas, sintió como estas se aflojaron un poco debido al descuido de Alice y pudo meter una de sus manos en el bolsillo de su túnica, del cual sacó una daga plateada, y cortó las cuerdas que la tenían prisionera. Se levantó del suelo, se quitó la máscara y escupió un poco de sangre.

¡Bellatrix Lestrange!
¿Cómo pudiste? Exclamó Alice indignada, mientras escuchaba como esta lanzaba una estruendosa carcajada. Con un rápido movimiento de varita, lanzó un chorro de luz plateada sobre Bellatrix que continuaba con su risa demente.

¿Sorprendida?
vieja amiga respondió Bella esquivando el hechizo de Alice creo que esto significa que ya no tomaremos el té juntas Ja ja ja.

Bellatrix se dio tiempo para darse otra risotada y luego lanzó con fuerza la daga que tenía en su mano, mientras apuntaba con su varita y gritaba:

¡Gemino!

El puñal se duplicó una y otra vez en su camino hacia Alice, hasta convertirse en una lluvia de dagas, pero ésta sin perder el tiempo rasgo el aire con su varita diciendo:

¡Evanesco!

Las dagas desaparecieron. Sin embargo, en los labios ensangrentados de Bellatrix, se dibujó una macabra sonrisa.

Mientras tanto, Frank logró ponerse de pie y apagó rápidamente los bordes de su túnica que se estaban quemando, dirigió la mirada hacia Alice y se dio cuenta de que algo no estaba bien. Su querida esposa permanecía inmóvil, parada frente a Bellatrix que reía cada vez con más fuerza.

¡Alice¡ ¿qué te sucede, te encuentras bien? Preguntó Frank, mientras arrastraba consigo al muchacho inconsciente, sacándolo de en medio de los escombros en llamas y al mismo tiempo trataba de hacer frente a los dos mortifagos que se disponían a continuar con el combate.

Alice, lentamente se dio la vuelta en dirección a su esposo y trato de caminar hacia él, pero después de dar algunos pasos perdió el equilibrio y cayó.

Frank la vio caer como en cámara lenta y vio uno objeto plateado incrustado en su vientre, en medio de una gran mancha de sangre.

¡Protego totalum! Gritó Frank, creando con su varita lo que parecía ser un domo protector transparente, que se cerró sobre ellos y el muchacho, dejando a los tres mortifagos afuera. Luego trató de llegar hasta Alice, pero sintió como algo se movió a sus espaldas, rápidamente se dio la vuelta y lo que vio lo dejó indignado y horrorizado. Antes de perder el conocimiento, escuchó aquella conocida voz, de la que siempre desconfió, decir:

 

¡Desmaius!



Sentado en la oscuridad, sin poder olvidar los acontecimientos de esa noche, se encontraba Rodolphus Lestrange. A lo lejos escuchaba algunas voces que provenían del interior de una cueva. Las voces hablaban y reían comentando la brutalidad que acababan de cometer.

¿Vieron cómo suplicaban para que terminemos con sus miserables vidas? Escuchó decir al joven Bartemius Crouch en medio de una gran carcajada ¿Vieron la expresión en el rostro de ese tonto de Frank Longbottom cuando lo sorprendí por la espalda?

Lo hiciste muy bien esta noche, muchacho era lo voz de Rabastan la que felicitaba al traidor sin embargo, creo que debimos matarlos para que no puedan contar nada de lo sucedido.

Dejarlos vivos después de lo que les hicimos fue el mejor castigo por negarse a revelarnos el paradero de nuestro Amo escuchó decir a la mujer que amaba, además, no había necesidad de hacerlo ¿Acaso no viste la expresión vacía de sus ojos? La escuchó reír, con una risa cada vez más demente, completamente diferente a la dulce risita que recordaba esos dos partieron de este mundo para siempre, dejando olvidados atrás, sus inútiles cuerpos con vida

Ahora finalmente, Rodolphus, se daba cuenta que los momentos que tanto deseaba nunca llegarían, no después de esa noche. En sus manos tenía la daga plateada que le había regalado a Bellatrix y que ésta usó para cortar y desgarrar los cuerpos de los aurores, para obligarlos a despertar luego de los constantes desmayos que sufrían provocados por el dolor de la maldición cruciatus.

Esa magnífica daga forjada por los duendes, había pertenecido a su familia por generaciones y poseía propiedades mágicas; era capaz de cortar cualquier cosa y estaba hecha de un material que no podía desaparecerse.

Con esa daga habían causado tanto dolor. En las manos de Rabastan, se había introducido debajo de las uñas de los dedos de Alice y había llegado hasta el hueso en las piernas de Frank. Y después de ser calentada al rojo vivo en el fuego, Crouch había quemado con ella, las delicadas carnes de los brazos y piernas de esa hermosa mujer, para luego continuar con los horrorizados ojos de su esposo. Y él había permitido que todo eso pasara justo debajo de sus narices.

Sostuvo firmemente la daga y se la clavó en la herida que tenía en el brazo, con la esperanza de que ese dolor sea más grande que el insoportable dolor que sentía por dentro y que crecía cada vez más en su interior desgarrando su alma. Pero era inútil, nada parecía mitigarlo y si ese dolor continuaba aumentando, no estaba seguro si lograría seguir viviendo.

Los gritos, esos desgarradores gritos de dos buenas personas injustamente sometidas a una tortura más allá del dolor físico: Ver sufrir a la persona que amaban, estaban a punto de volverlo loco.

Estaba seguro que al final Frank Longbottom lo había reconocido, porque en medio de su sufrimiento le suplicó que termine de una vez con el dolor y estaba seguro de que el auror jamás habría suplicado a un mortifago pero sí a un amigo.

La perturbadora imagen de un hombre sangrando, con las piernas destrozadas, los ojos quemados y temblando de pies a cabeza, a causa de la maldición cruciatus, negándose hasta el final a proporcionar su ayuda para encontrar a Voldemort, la tenía impresa dentro de su cabeza y acabaría por conducirlo a la demencia.

 

¿Cómo había llegado hasta ese punto?, tan solo unos días atrás, soñaba con poder tener al fin una vida tranquila junto a Bellatrix, pero ahora su soñado futuro, parecía solo un gran pasado. No podía cambiar lo que habían hecho, tampoco podía hacer realidad ese loco deseo de nacer de nuevo para tener una vida diferente.

Su más grande error fue haber amado y ese amor lo llevo a amarrar un nudo en el extremo de una cuerda alrededor de su cuello y a entregarle el otro extremo a Bellatrix. Estaba perdido, porque donde sea que ella fuere, lo llevaría con él, sus destinos estaban ligados para siempre. Y ahora Bella quería ir tras otras familias de aurores y dejar a su paso la locura que habían ocasionado aquella noche. El sabía que Bellatrix no se detendría por nada, hasta cumplir con su objetivo, por eso el dolor más grande que sentía, era a causa de lo que ahora debía hacer para poner fin a esa locura.

¡Aaaaaarrrrrrggghhhhh! Gritó con todas sus fuerzas, hasta que las venas de su cuello colapsaron.

Incapaz ya de soportar esa angustia, sacó su varita y se dispuso a realizar un hechizo que había hecho fácilmente muchas veces en el pasado, pero que no sabía si ahora lograría llevar a cabo.

Solo una vez más Susurró y apuntando su varita se concentró con todas sus fuerzas en dejar salir lo único bueno que quedaba en él.

De pronto, la figura de una gran bestia plateada salió de la punta de ésta y se paró frente a él, mirándolo con unos grandes ojos tristes.

Ya sabes que hacer
Le dijo, y mientras aquella criatura se alejaba velozmente, cerró los ojos y escuchó una débil voz en su cabeza que le decía: El otro yo no está
no lo encuentro por ningún lado
ha desaparecido.

¿Por qué lo hizo?... ¿Por qué tenía que hacerlo?....

Un hombre de rodillas en el piso, repetía una y otra vez estas preguntas y en su amargada voz se notaba que, cada vez que lo hacía, su corazón se desgarraba.

Un anciano, delgado, de largo cabello plateado, se atusaba la larga barba blanca, mientras observaba la patética escena con sus ojos azules, ocultos tras unas gafas de media luna.

¿Qué se supone que debo hacer ahora? Preguntó el hombre desde el suelo, mientras levantaba la cabeza y miraba al anciano con ojos suplicantes
todo lo que hice por usted no sirvió de nada
la he perdido para siempre.

Ya sabes lo que debes hacer
¿debo recordártelo otra vez?

La mirada de súplica de aquel hombre en el suelo, se transformó de repente en una mirada de furia contenida al escuchar aquellas palabras y con una voz cargada de odio dijo:

Siempre tan noble ¿no es así Dumbledore?... Siempre haciendo lo que cree que es correcto, sin importarle el sufrimiento que pueda ocasionar a otras personas, con tal de que sus planes se lleven a cabo; ahora veo que confiar en usted fue un gran error, solo me utilizó para sus planes, yo nunca le importe realmente.

En eso te equivocas Respondió el anciano director, al tiempo que cerraba sus cansados ojos realmente me importan los sentimientos de otros, es por eso que te pido que tengas la fuerza suficiente de hacer lo que sabes que es lo correcto.

 

¡No tiene derecho a pedirme que vuelva hacer algo por usted otra vez!, no después de lo que pasó.

Hice todo lo que pude para evitarte este sufrimiento Dijo tristemente Albus Dumbledore Te entregué los escritos de Beedle, te aconsejé que le ofrecieras cambiarlo por ella, pero lamentablemente, una mente tan retorcida como esa es impredecible. Por eso te pido que me ayudes a proteger a los que quedan, ayúdame a cuidar de

¡No mencione ese maldito nombre!

El anciano director miró preocupado como el dolor de aquel hombre se convertía en ira y temía que la ira lo llevara a cometer alguna locura. El hombre se puso de pie y lanzó una última mirada amenazadora al anciano, luego se dio la vuelta rápidamente y se encaminó hacia la salida del despacho del director.

Aguarda un momento pidió amablemente Dumbledore
no hagas algo de lo que puedas arrepentirte.

El hombre de grasiento cabello y nariz ganchuda, no se detuvo al escuchar aquellas palabras y antes de salir por la puerta, ondeando su capa, asemejándose más que nunca a un enorme murciélago dijo:

Solo me aseguraré que todos tengan lo que merecen.

La imagen de aquel hombre, abandonando la sala y del anciano director observándolo marcharse, se perdió en un remolino de colores y empezó a dar vueltas y vueltas hasta que lo único que se podía ver, era una mancha plateada, flotando en las aguas de una pequeña vasija decorada con runas antiguas.

Albus Dumbledore, se encontraba de pie junto al pensadero, observando detenidamente aquella manchita plateada que se arremolinaba en su interior.

Sobre una percha junto al escritorio, un espectacular fénix lanzó un pequeño chillido, que hizo que el anciano director abandonara momentáneamente su lugar junto al pensadero y se acercara hasta donde se encontraba el ave.

Con la palma de la mano, acarició la pequeña cabeza del fénix y sintió una cálida sensación que, automáticamente mitigaba el cansancio que lo agobiaba y le llenaba de nuevas energías. Con fuerzas renovadas empezó a caminar de un lado al otro de la habitación, pensativo, meditando en lo que acababa de ver.

¿Tú que piensas Fawkes? Preguntó finalmente, mientras se dirigía hacia su escritorio en donde se encontraba una edición de aquel día de El profeta ¿Piensas que él podría ser el responsable de esto? Añadió tomando el periódico en sus manos, en el cual se podía ver una foto de Alice y Frank Longbottom debajo de un titular que decía: <>

La mayoría de los mortifagos están escondidos, y sin una orden de Voldemort, no creo que sean lo suficientemente valientes como para atacar por su cuenta, y esto parece el trabajo de un hombre desesperado sin nada que perder.

De pronto, la habitación se iluminó de un cálido resplandor y por la ventana abierta entró, dando un gran salto, una hermosa pantera plateada, que se acercó acechando sigilosamente hasta donde estaba Dumbledore, no sin antes mirar de reojo al fénix y relamerse ante lo que consideraba, un apetitoso bocado.

Ni el director, ni el ave, mostraron asombro alguno ante la imprevista aparición del soberbio felino y aguardaron pacientemente mientras éste revisaba y olfateaba a su alrededor.

 

Luego de asegurarse de que en el despacho no había nadie más que el director y su ave, el patronus abrió sus fauces dejando relucir unos enormes colmillos y dejo escapar una voz que Dumbledore conocía muy bien:

<> Dijo la voz y la luz en el despacho se apagó repentinamente. El animal había desaparecido.

En los azules ojos del director, apareció un destello de luz que indicaba que acababa de comprenderlo todo. Cabizbajo y meditabundo, se dirigió hasta un armario en donde busco una cajita de madera, la abrió y saco su contenido: una hermosa varita de saúco. Se dirigió con ella hasta la ventana que daba a las afueras del castillo, apuntó hacia el cielo y lo jardines, y quitó momentáneamente las protecciones de Hogwarts, mientras murmuraba en un idioma extraño; luego volvió hacia su escritorio, se llevó la varita hasta la sien y extrajo un recuerdo, en la forma de un delicado hilo plateado, lo depositó con cuidado en el pensadero y se sumergió nuevamente en el.

No debiste hacerlo dijo sonrojándose una hermosa muchacha de largo y brillante cabello negro, de pie al lado de una puerta de roble no tenías que ayudarme, se supone que debía hacerlo yo sola, te meterás en muchos problemas por mi causa.

No podía dejarte toda la diversión respondió un joven mago que se encontraba a su lado, con el cabello y el uniforme del colegio cubiertos de lodo y hojas secas además no me pueden expulsar, mi padre es miembro del consejo escolar.

No me preocupa lo que pueda hacer el director Dijo la muchacha sonriéndole afectuosamente es precisamente, lo que tu padre pueda hacerte lo que me preocupa
¿recuerdas la última vez?

Debajo del lodo y las hojas, el joven mago se estremeció al recordar "la última vez". Sin embargo, la sonrisa de aquella joven bien valía un boleto de entrada gratis a la cámara de tortura del viejo castillo familiar.

Mira lo que tengo para ti dijo el joven y saco de su túnica una hermosa y finamente trabajada, punta de flecha, atada a un brillante cordel dorado a manera de collar.

¡Rodolphus, lo conseguiste! Dijo la muchacha emocionada y se abalanzó sobre el joven cerrando sus brazos alrededor de su cuello.

Al recibir ese cálido abrazo, en algún lugar dentro del estómago de Rodolphus, se produjo una explosión de chispas rojas y amarillas, que se sentía como si le hicieran cosquillas desde adentro. No pudo evitar sonreír.

Ahora sí, nuestro maestro estará muy complacido conmigo. Por un momento pensé que fracasaría al llevarle la prueba de que cumplí con la misión que me dio.

La sonrisa de Rodolphus se desvaneció y donde antes hubo una fantástica demostración de fuegos artificiales, ahora había una torrencial nevada, que enfrío totalmente aquella cálida sensación que había experimentado por unos segundos. Pero al parecer la muchacha no notó el efecto glacial que sus palabras produjeron en su acompañante.

Pensé que tal vez podías utilizarla como un collar repuso tristemente Rodolphus por eso la amarre a un pelo de unicornio que encontré en el piso cuando ese estúpido fenómeno de cuatro patas me tiró al suelo por tercera vez, no es necesario que se la des a
él.

Tengo que hacerlo respondió la joven bruja es la prueba de que hice lo que me pidió, con esto me gano el derecho de tener la marca y...

 

¡Señorita Black, Señor Lestrange! pueden pasar Llamó la voz de Albus Dumbledore desde el otro lado de la puerta.

Los dos jóvenes magos entraron en el despacho del director y se encontraron con el anciano que los miraba fijamente como si aquellos dos ojos azules fueran una máquina de rayosX.

Supongo que resulta divertido entrar a escondidas en el Bosque prohibido para provocar un enfrentamiento con una manada de furiosos Centauros Replicó el director tranquilamente encogiéndose de hombros pero me temo que sus padres, en especial el suyo señor Lestrange, que carece totalmente de sentido del humor en cuanto a romper las reglas se refiere, no encontrará su temeraria acción, para nada hilarante.

Fue mi culpa profesor se apresuró a decir Bellatrix me perdí de regreso de los invernaderos y Rodolphus al notar que no volvía fue a buscarme, él solo quería...

No, la culpa es mía interrumpió Rodolphus me pareció ver que Júpiter estaba especialmente brillante esta noche, lo que me hizo suponer, lógicamente, que eso significa que Hagrid encontraría un nuevo amor, así que decidí comprobar mi teoría preguntándole a los centauros, ya sabe usted señor que son unos malditos astrónomos, pero cuando les pregunté cuál de los fenómenos del bosque era la pareja ideal de Hagrid, no lo encontraron muy gracioso y...

La imagen de Rodolphus, inventando una increíble historia para salvarse del castigo, junto con la de Bellatrix sonriendo disimuladamente, desaparecieron en aquel habitual remolino de colores y en su lugar apareció, una nueva escena que parecía que tuvo lugar muchos años después y en la que dos magos sentados frente a frente, separados por el escritorio del director, mantenían una acalorada conversación.


lo único que quiero es ver a Voldemort destruido, no me importan ni los muggles ni las criaturas mágicas ni los malditos sangre sucia.

Te pido por favor, que no utilices ese lenguaje en mi presencia Rodolphus dijo el anciano director Además, estoy seguro de que en algún lugar muy dentro de ti, sí te preocupan tales seres.

Rodolphus permaneció callado ante aquella afirmación, siempre sintió que el anciano director podía ver a través de su pecho, directamente a su corazón.

Sin embargo continuó diciendo el director, creo saber qué es lo que te motiva a ofrecerme tu ayuda y estoy dispuesto a aceptarla.

No es nada de lo que piensa profesor, al ayudarlo, solo me estoy ayudando a mí mismo, Lord Voldemort me quitó el lugar que me correspondía como heredero del líder de la sociedad de los caballeros de Walpurgis.

Todo lo contrario Rodolphus, estoy convencido de que sé exactamente el motivo por el cual estas aquí.

Albus Dumbledore hizo una pequeña pausa en la cual fijo sus ojos en Rodolphus y luego continúo diciendo:

Y estoy seguro, que Tom Riddle, te despojó de algo mucho más valioso para ti, que la presidencia de una sociedad en decadencia ¿O me equivoco?

Rodolphus se puso de pie como dando por finalizada aquella conversación y antes de salir agregó:

Estaré en contacto

Aquella imagen como la anterior, desapareció en un remolino de colores y Albus Dumbledore apareció nuevamente de pie al lado del pensadero, justo a tiempo para escuchar el final de una extraña conversación.

...Sostengo lo que dije, lo tenías todo para estar en Gryffindor.

 

¡Te equivocas!

Un hombre se encontraba en las sombras junto al armario, conversando con un sucio sombrero.

Buenas noches Rodolphus saludó educadamente Dumbledore dándole la bienvenida al visitante nocturno recibí tu mensaje y mucho me temo que sé el motivo de tu visita, así que saltémonos lo obvio y haz lo que viniste a hacer...

Con un rápido movimiento, Rodolphus Lestrange se quitó la capa, sacó su varita y apuntando con ella al cansado director pronunció unas terribles palabras:

¡Avada Kedavra!

Son unos largos años, muy largos, los que llevo en este lugar. Las noches son eternas, noches que duran todo un día, noches inquietas de sueños aterradores, llenas de frío, vacío y de nada más.

En las esquinas de mi gélida habitación permanecen vigilantes, grotescas figuras, de formas grandes y oscuras, de rostros descarnados e insidiosos, y aunque sus rostros permanecen escondidos por capuchas, sé que se ríen y se burlan de nosotros.

Se inclinan sobre mi cama por las noches, tentándome a la locura, susurrando, me recuerdan que mis manos están manchadas de sangre. Antes solía taparme los oídos con los dedos para no escuchar sus voces, pero entonces gritaban dentro de mi cabeza hasta que toda la habitación resonaba con los alaridos de los inocentes que he lastimado y de las vidas que he destruido.

Sé que dicen la verdad, bien que lo sé; lo había descubierto años antes, aunque había intentado ocultármelo. Por eso ahora me entrego a los delirios, les doy lo que quieren, los alimento con mis recuerdos y mi desesperación, ya no me resisto. Piensan que me he vuelto loco y realmente actúo y luzco cómo uno, pero solo pretendo, ¡Jajajá! soy demasiado astuto para ellos, aunque me consideren como un loco. No saben que solo estoy arrepentido.



Sobre una negra y descarnada roca en medio del embravecido mar, se alza como una esfinge, la sombría prisión de Azkaban. Una mole informe, una morada terrorífica que alberga a la escoria del mundo mágico y a uno que otro inocente desafortunado, que si logra probar su inocencia y sobrevivir, al salir tendrá material suficiente para contar los más espeluznantes cuentos de terror.

En los pasillos casi subterráneos de la prisión, cuyas paredes negras y húmedas parecen sudar lágrimas y llanto, arden sobre banquetas una especie de lámparas, de fétida grasa humana en vez de aceite, iluminando débilmente una horrible visión:

A lo largo de los pasillos, apostados escalonadamente sobre hileras de celdas, se encuentran disfrazados con negras túnicas y ocultando sus rostros con capuchas, miles de demonios, conocidos como Dementores, pérfidas y gélidas criaturas de la noche, que roban la felicidad y se alimentan de la desesperación y de la resistencia que sus huéspedes ofrecen, resistencia a la locura, resistencia de revivir sus culpas y sus más lúgubres experiencias.

Dementores, parecen algo inquietos esta noche en particular.

En el interior de una de las celdas se halla un condenado, perdido y absorto en estas meditaciones, enterrado vivo, girando en torno de su cuarto como una fiera enjaulada, recordando una y otra vez los más tristes episodios de su vida pasada y al mismo tiempo atento y nervioso, presintiendo que un cambio se avecinaba.

De pronto, se detuvo en seco al sentir una terrible punzada en su antebrazo izquierdo y al escuchar a lo lejos un ahogado grito de algarabía. Levantó instintivamente la sucia manga del harapo que vestía, dejando al descubierto una negra y ardiente marca.

 

No, no puede ser Exclamó incrédulo, sentándose con la cabeza baja y la mirada vaga, como si realmente se hubiera vuelto loco.

Entonces no pudo más y su pecho se desgarró, por así decirlo, en un interminable sollozo de gratitud. Corrieron a torrentes las lágrimas que por tan largo tiempo retuvieron sus pupilas y se dejó caer con la frente pegada al suelo, agradeciendo en una plegaria la oportunidad que se le presentaba de nuevo.

La muerte se acerca murmuró para sí mismo y la sombra que la precede es mi venganza y liberación.

Al pensar en aquello que se aproximaba y que solo significaba que se le daría una segunda oportunidad, sonrió como no lo había hecho desde hacía más de 14 años y mientras se enjugaba una lágrima, acudió a su memoria, o tal vez solo a su imaginación, un fragmento de su vida pasada, un fragmento que tenía que ver con


La muerte, desencadenada, fría, despiadada y más terrible que nunca se dirigía a una velocidad impresionante, camuflada en un haz de luz verde, hacia aquel anciano, que a pesar de ser consciente de lo que sucedería si aquella luz lo alcanzaba no demostraba el más mínimo interés en apartarse de su camino.

¡Noooo!

En el último segundo y con un esfuerzo sobrehumano, Rodolphus Lestrange, tiró de su propio brazo, haciendo un violento movimiento en un intento por desviar de su curso a la maldición asesina, lo que provocó que su varita se partiera en dos por el esfuerzo, e hizo que el chorro de luz verde que salía de la punta de ésta, desapareciera segundos antes de alcanzar su objetivo.

Te pedí que nos saltáramos lo obvio dijo Dumbledore tristemente mientras observaba al hombre que tenía en frente sostener en su mano la astillada varita No eres un asesino Rodolphus, nada puede ser más obvio que eso.

A Rodolphus aquellas palabras le molestaban, no le gustaba para nada el hecho de que el anciano director lo hallara tan predecible; al punto de permanecer impasible ante un Avada Kedavra.

No presuma de conocer mis intenciones Dumbledore, no soy quien usted cree, no tiene idea de lo que soy capaz.

Solo sé que estas aquí por lealtad, y no hicieron falta mis increíbles habilidades de deducción, para llegar a esa conclusión.

¿Lealtad? Jajajá la amarga risa de Rodolphus llenó el despacho, haciendo que algunos de los retratos de los directores despertaran sobresaltados y bufaran ofendidos, se equivoca Dumbledore, nunca he jurado lealtad, ni a usted ni a Voldemort ni a nadie.

¿A nadie, estás seguro?
Me parece recordar que fui invitado y estuve presente el día que juraste lealtad a una única y por cierto muy terrible persona, pero seguramente debí haberlo soñado, ya ves que solo soy un anciano.

Rodolphus, quedó petrificado ante las palabras del director, y en su mirada se desveló que recordaba el acontecimiento más importante de su vida.

¡No voy a entregarla Dumbledore! Dijo de repente, amenazante y empuñando nuevamente su varita rota.

Ya sé que no lo harás, tampoco eres un traidor, Rodolphus, es por eso que viniste hoy
con la intención de quitar de en medio a la única persona capaz de detener la locura y los planes de tu esposa, si yo muero, nadie más sería capaz de detenerla, ¿no es así?

 

Mi, mi esposa
Balbuceó el condenado mientras forzaba a su mente a volver de sus recuerdos
Mi amada, mi Bella, nunca te traicioné
Te amo.

¡Eso era!, amaba a esa mujer y dado que ese amor era la principal causa de todas sus penas y desgracias, podía recordarlo, pero su mente había dejado escapar el recuerdo del porqué se enamoró de ella. Debió ser una razón muy feliz, ya que fue el primer recuerdo que los Dementores le arrebataron al llegar y seguro se dieron con el un gran festín.

Mientras inútilmente se esforzaba por recordar la razón de su amor, escuchó algo. No había duda, en aquella oscura celda se había visto falto del sentido de la vista, pero se le había aumentado grandemente el del oído, así que, aquel sonido de un cuerpo deslizándose, cortando el aire, volando a toda velocidad sobre el negro mar, no podía ser solo su imaginación, tenía que ser real.

Nuevamente se vio obligado a seguir recordando, los Dementores lo exigían, estaban inquietos, ansiosos y necesitaban su alimento, necesitaban de su desesperanza. Recordó el momento de su captura, habían cometido un gran error al tener al joven Crouch con ellos, ya que éste tenía activado aun el localizador. Fue muy fácil para los aurores dar con ellos y aun más fácil capturarlos desprevenidos ya que él no tenía su varita.

Recordó la parodia de juicio que tuvieron, durante el cual no pronunció palabra alguna, ¿para qué hacerlo? si ya estaban condenados desde el momento en el que pusieron un pie en la casa de los Longbottom. Y finalmente su traslado a la prisión de los magos, donde fue separado de Bellatrix y donde pasó todos esos años encerrado, pidiendo por una oportunidad de verla de nuevo.

De pronto se escuchó una gran explosión y las paredes retumbaron, parte del techo cayó dejando al descubierto el estrellado cielo, se escucharon gritos de dolor mezclados con exclamaciones de júbilo; los Dementores ya no ejercían su diabólico influjo sobre los presos que gritaban y lloraban de alegría, al saber que pronto abandonarían ese infierno; algunos con honores y otros muertos.

Una voz se dejó escuchar por encima del alboroto, y todo quedó en silencio una vez más.

¡Venid a mí, leales mortífagos, acercaos a vuestro salvador!

"Odio", era una palabra muy pequeña y no era suficiente para describir, lo que aquel condenado sentía en esos momentos al escuchar esa chillona y aguda voz llamar. A pesar de encontrarse débil y desarmado, desprovisto de su varita, no dejaría pasar esa segunda oportunidad que se le presentaba, de terminar con la vida de aquel que le quitó todo, su libertad, su posición, los honores y lo más importante: Su único y gran amor. Si era necesario, cerraría sus desnudas manos sobre aquel pálido cuello, con la única intención de matar o morir en el intento.

La nube de polvo se disipó y la terrible silueta de un hombre alto, delgado y pálido como la luna, que sonreía haciendo una mueca grotesca y desafiante, parado en medio de un montón de cadáveres y cuerpos moribundos, productos de la explosión, se dejó ver, no había duda, aquel no era otro que Lord Voldemort.

¡Dios!, como había rogado a los cielos por tener la oportunidad de estar frente a frente con el responsable de aquellos catorce largos años de sufrimiento y encierro, había soñado tanto con la oportunidad de tener su venganza, de mutilar, torturar y matar.

 

Pero de pronto, la vio
sonriendo, parada a la diestra del Lord, luciendo más feliz y radiante que nunca. Era la primera vez después de tantos años que volvía a verla, se quedó contemplándola absorto por un instante y reconoció, debajo de esa maraña de pelos y sucios harapos, a la mujer que amaba y por la que estaba dispuesto a dar hasta su vida. ¿Cómo había podido olvidar las razones por las que se enamoró de ella? Con tan solo verla, lo recordó todo, ¡Oh! Que dulces recuerdos...

Una bella joven de pelo negro como el ébano, ojos tristes como la luna y labios dulces como el néctar de flores en primavera, estaba de pie, apoyada delicadamente en un seto en flor, oprimiendo entre sus dedos afilados una inocente rosa, cuyos pétalos arrancaba apasionada y cruelmente. Varios de ellos se veían ya esparcidos por el suelo. Sus brazos desnudos hasta el codo, brazos de diosa guerrera, que parecían ser los faltantes de la Venus de Milo, temblaban con impaciencia febril, delatando que estaba nerviosa. Golpeaba de tal modo la tierra jugueteando con sus delicados pies, que se entreveían las formas puras de sus piernas, ceñidas por medias de encaje y seda, como un camino de transparencias hacia la locura.

A tres pasos de ella, sentado en la grama, con sus cabellos balanceándose al compás del viento y apoyando su espalda sobre dicho seto, se hallaba un joven de unos dieciocho a veinte años, de elevada estatura, cuerpo bien proporcionado y hermosos ojos grises, observándose en toda su persona ese aire de calma y de resolución, peculiares en los hombres acostumbrados a lidiar con los peligros desde su infancia, pero que ante una hermosa mujer, se ven inexpertos, torpes y sin gracia.

El, la miraba con un aire que se traslucía en inquietud, pero a la vez mirada firme, fija en los ojos de la joven que le dominaba enteramente.

Vamos, Bella decía él la primavera se acerca, es el tiempo ideal ¿No lo crees?

Ya te dije cien veces lo que pienso, Rodolphus, y en poco lo estimas, pues aún sigues preguntándome.

Repítemelo, te lo suplico, repítemelo por centésima vez para que yo pueda creerlo. Dime que me desprecias, haz que comprenda que te burlas de mí, de mi sentimentalismo y felicidad; que mi vida o mi muerte no son nada para ti... hazme perder esta esperanza, la única de mi vida.

No soy yo por cierto, quien ha alimentado en ti esa esperanza, Rodolphus respondió Bellatrix Siempre te he dicho: «Somos como hermanos« no exijas de mí otra cosa. ¿No te he dicho siempre esto?

Sí, ya lo sé, Bella Respondió Rodolphus pero también sé que en esas palabras no tienes conmigo el horrible atractivo de la franqueza.

Bellatrix se estremeció como un cervatillo a punto de convertirse en presa de un hábil cazador; se encontraba en el preciso instante entre decidir correr para salvarse y ser libre en el bosque, libre para amar, para esperar por el que no debe ser nombrado, por aquel que no la está buscando, o convertirse en el hermoso trofeo del único que se había atrevido a tratarla, de aquel que en secreto había llegado a amar desde que eran niños. No se sentía capaz de ocultar por más tiempo sus sentimientos y si Rodolphus, que había escogido el momento perfecto, decía una sola palabra más, sería suya, suya y de nadie más.

Te amo Bellatrix, te he amado todo este tiempo
¡Cásate conmigo!

¡Ah! Exclamó la joven sonrojándose de alegría, de amor y lanzándose a los brazos de Rodolphus, movida por ese femíneo sentimiento de pertenecer a alguien, respondió Abrázame Rodolphus, quédate conmigo y nunca, nunca me dejes ir.

El cálido sol, que se filtraba por entre los setos de los jardines en flor, los inundaba con sus dorados reflejos. Nada veían en torno suyo; una inmensa felicidad los separaba del mundo mientras pronunciaban palabras en secreto, entrecortadas y cargadas de sentimiento, palabras que revelaban la alegría de sus corazones.

La felicidad del condenado al recordar aquel glorioso momento, se sintió como el aroma de sangre fresca derramada en un estanque lleno de tiburones hambrientos.

Los Dementores, que en esos momentos repartían mortales besos entre los moribundos, no resistieron y le arrebataron aquel hermoso sentimiento, dejando en su lugar, un amargo recuerdo que aconteció en otro momento.

¿
Y qué harías si te dijera que mi corazón está dividido y pertenece también a otro?

Rodolphus, lívido y furioso, retrocedió como un caminante al ver una serpiente en su camino. Pero finalmente se contuvo y respondió.

Te seguiría amando, pero te amaría aun más si me quisieras solo a mí.

Adivino tus pensamientos, Rodolphus, querrás vengar en él los desdenes míos
querrás desafiarle, pero ¿qué conseguirás con eso? Perder mi amor si eres vencido, ganar mi odio si resultas vencedor. Créeme Rodolphus: no es batirse a duelo con un hombre, el medio de agradar a la mujer que le ama

"¡¿Que le ama?!" Aquellas palabras rompieron su corazón, ¿Cómo alguien que no ama, podía tener la dicha de ser amado por la mujer perfecta?

<<¡Eso es!>> pensó el prisionero, <>

Que miserable consuelo, pero consuelo al fin.

Sin apartar la vista de Bella, Rodolphus, el condenado, salió de su celda y se acercó caminando orgulloso, aun cuando vestía harapos su perfil era el de un noble caballero.

Fue recibido con una sonrisa de triunfo, de parte de Bellatrix y con un gesto orgulloso de Voldemort. Había esperado por esa oportunidad por tanto tiempo, pero el destino cruel le recordaba nuevamente, que siempre lo tuvo todo, pero nunca tuvo lo que quiso. Desvió la mirada, de Bellatrix, hacia el hombre a su lado y su mirada cambió del amor, a una aviesa mirada en la que se reflejaba un odio reconcentrado. Dio unos pasos más y se arrodilló, inclinó la cabeza y con su fingida y despreocupada voz pronunció dos palabras:

Mi Señor.

Aquel que amó a Bellatrix Lestrange - Fanfics de Harry Potter

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Con la imagen de un viejo roble, fija en su mente, sintió desaparecer el suave aroma de rosales de jardín. La típica opresión en el pecho le hizo imposible

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2023-02-27

 

Aquel que amó a Bellatrix Lestrange - Fanfics de Harry Potter
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