Auschwitz - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Hola!!
Bueno, aquí estoy con un nuevo One-Shot. Es una forma de recordar a las víctimas del holocausto nazi, que nunca tendrán el suficiente reconocimiento.

Tengo una historia parecida; "La cámara de gas", solo que esta habla de los protagonistas del "niño con el pijama de rayas". Aquí, los personajes los cree yo.

Espero que os guste!!!

Espero vuestros comentarios!!!

Besos!!!

Auschwitz

Aunque ya han pasado muchos años, todavía recuerdo perfectamente el día en que morí. Creo que algo así no se olvida nunca, aunque hayan pasado milenios desde ello.

Ocurrió el dos de octubre de 1944, cuando tenía treinta y dos años. Hacía solo una semana que me habían enviado allí, al campo de concentración, a Auschwitz. Hoy en día esas palabras se usan muy a la ligera
Quiero decir, estoy agradecida de que nos recordéis y hagáis monumentos y cosas así, pero no tenéis ni idea de la ligereza que empleáis al usar las palabras "campo de concentración": En mi época no se podía mencionar dicho lugar; la simple referencia a él hacía que tus piernas temblaran y te entraran ganas de llorar. Es evidente, nadie quería acabar en ese lugar. Acabar allí era un auténtica pesadilla, que, para algunos, como es mi caso, se hacia realidad.

 

¡Oh! Creo que se me ha olvidado presentarme. Me llamo, o llamaba, de eso no estoy totalmente segura, Elie; mi apellido, creerme, no os interesa.

Vale, ahora sí que puedo contaros mi historia.

Como iba diciendo, no hacía mucho que me habían traído allí, pero a mí ya me parecía que habían pasado siglos desde mi llegada. No sabía nada de mi padre, ni mi hijo de siete años, David

Tampoco sabía dónde se encontraba mi hermana, Edith. Había desaparecido tres días atrás, el cuarto de nuestra reclusión, y no había vuelto a saber de ella... y hoy en día sigo sin saber que fue, realmente, lo que le sucedió. Quizá tuviera suerte, quizá sobrevivieran
. Ä lo mejor volvió a los barracones después de que yo muriera. Pero no lo creo, no quiero engañarme
había tantas cosas en ese lugar que podía causarnos la muerte en, apenas, una segundos, que no veo probable la posibilidad de que saliera viva .Seguramente, la llevarían a aquellos lugares a los que llamáis "cámaras de gas", aunque nosotros, en un principio, no teníamos conocimiento de su existencia. Aunque, quizá, desobedeciera las órdenes de cualquiera de esos que se hacían llamar soldados; ellos no hubieran tenido reparos en atravesarla con sus balas a la mínima oportunidad. Quizá se negara a los trabajos forzados, o a que la desnudasen y tocasen
porque, si, por mucho que dijeran que éramos animales que no merecían vivir, y que les daba asco tocarnos, siquiera, en el poco tiempo que sobreviví en ese lugar, vi un par de veces como aquellos hombres llevaban a una cuantas chiquillas recién llegadas, hermosas todavía, de las que todavía no han perdido totalmente las ganas e vivir, a barracones solitarios. Las pocas que salían con vida corrían hacía el lugar en el que dormíamos, con sangre cayendo de entre sus piernas, sollozando palabras incomprensibles.

Supongo que ya podéis imaginaros hasta que punto sufríamos allí.

Ese día, el de mi muerte, digo, unos cuantos soldados se habían llevado, como de costumbre, a las reclusas más débiles y a las enfermas. Sabíamos que nunca regresarían, pero no conocíamos el lugar al que las llevaban. Hoy en día lo sabéis, y seguramente, los que estáis leyendo esto en estos momentos lo estéis imaginando, pero ,, por si acaso, os lo diré; esas mujeres y sus hijas, porque no se apiadaban de las niñas pequeñas, acaban sus días en las cámaras de gas. Y, creerme, yo hubiera preferido morir así, ser rodeada por aquella sustancia intoxicante, sin ser totalmente consciente de lo que me sucedía...

 

Vi, también, como seleccionaban a unas cuantas adolescentes que, recuerdo, habían llegado el mismo día que yo. Si no me equivoco, el destino de estas últimas las llevó a los barracones apartados, donde eran violadas. No sé si alguna regresó con vida, con la sangre corriendo por entre sus piernas y sollozando palabras incomprensibles, porque, para entonces, yo ya había muerto. Aunque, pensándolo bien, las envidio, poruqe también hubiera preferido perecer así.

Después de la habitual selección de reclusas, los soldados nos repartieron, como cada mañana, una mísera ración de una especie de puré blancuzco y un pequeño, mínimo, odre de agua.

Ese era el único alimento que nos proporcionaban en todo el día.

Tras ingerir con demasiada rapidez la comida, pero sin atreverme, todavía, a tocar el agua (en esos pocos días había aprendido a administrarla bien), unos soldados me llamaron. Yo obedecí, claro. Me dijeron que les siguiese.

En ese momento, temí que me llevaran con las adolescentes que habían seleccionado esa mañana, pero no. Pasamos de largo el lugar en el que estaban encerradas, y sé que estaban allí porque hoy sus gritos y llantos, y los golpes que les daban los soldados, corrompiendo sus jóvenes rostros. Recuerdo que suspiré, aliviada. Aunque aquella sensación de tranquilidad se acabó al poco tiempo.

A los quince minutos de caminar, los soldados y yo llegamos a un lugar en medio de la nada.

Es decir, estábamos al lado de las verjas, en una especie de punto muerto, en el que no había ni soldados ni reclusos. Me extrañó aquello, y quise preguntar porque me había traído allí, pero me contuve. Pensé que quizá me fusilarían, pero descarté la idea rápidamente. Si hubiera sido así, lo habrían hecho delante de los demás, para demostrar lo poderosos que eras; hasta que punto ellos decidían quien vivía y quien moría.

-¿Cómo te llamas, escoria? - me preguntó el soldado más mayor. Eran dos.

-Elie. -dije, sin vacilar. El más joven rió.

-Queremos encárgate un trabajo especial. A cambio, recibirás un odre más de agua. -en ese momento creo que compuse algo muy parecido a una sonrisa.

-¿Qué tengo que hacer? -pregunté, creo que ellos notaron que estaba contenta, porque el más joven agrandó su sonrisa. Una sonrisa burlona, que no me gustó nada.

-Ya lo verás. Síguenos.

Obedecí de nuevo, claro. Caminamos un buen rato, unos veinte minutos. Pasamos zonas en las que sí habían reclusos, que seguro que pensaron que la intención de los soldados era matarme allí mismo, porque capté sus miradas. Unos me observaban con pena; Además, sabía que se notaba que llevaba poco tiempo allí, porque mi rostro no se había demacrado todavía, y los huesos aún no asomaban por debajo de la piel. Recuerdo como los más ancianos negaron con la cabeza, como reprochando que alguien joven cayera en lugar de ellos.. Las miradas de los niños eran de curiosidad, pero era una curiosidad desencajada, extraña, sin la inocencia a que, a esa edad, deberían haber tenido. Otros, en cambio, la mayoría de mi edad, quizá un poco más jóvenes o algo más mayores, me miraron con envidia. Enviaban que ni tormento fuer a acabar ese día, mientras que ellos tenían que seguir sufriendo.

 

Yo me mordí el labio, evadiendo, esquivando todas esas miradas, y seguí caminando.

Poco después, me introdujeron en una sala pequeña, con una docena de reclusos, tanto hombres como mujeres y otros cinco soldados.

-Escoria, este es vuestro día de suerte. -dijo el hombre más mayor, el mismo que me había llevado a mi allí. -Como os hemos dicho antes, recibiréis un odre de agua extra a cambio de un trabajo especial. ¿No vais a preguntar de qué se trata? -los soldados rieron. Captaban nuestro miedo. Pasaron los segundo, tragamos saliva, mirándonos los unos a los otros, como decidiendo quien debería hablar, al parecer, todos allí entendíamos el alemán. Al final, un chico de poco más de veinte años, musitó con voz temblorosa: Korean Beauty

-¿De qué se trata, mi señor? -El soldado sonrió.

-Veréis
Como sabéis, tenemos varios métodos para exterminar a la basura como vosotros. -nos miró intensamente; sus ojos eran azules. -Claro, que, uno de ellos, solo es conocido por nosotros
si vosotros lo supierais, muchos huiríais
aunque tampoco eso estaría mal. -paró un momento. Sus ojos se posaron en mi; tragué saliva. -En fin. Ese método consiste en encerraros en salas como estas, solo que mucho más grandes. Y un
gas, llamémoslo así para que podáis entenderlo, os asfixia.-ahora miraba a la que parecía la más joven del grupo, una chiquilla de unos quince años, que me había parecido ver en una ocasión, aunque no estaba totalmente segura.

-¿Nunca os habéis preguntado donde van aquellos a los que seleccionamos por las mañanas y algunas tardes? -en ese momento, estoy segura de que todos los reclusos que allí nos encontramos pensamos que nos iban a enviar allí, y que solo nos lo explicaban por que disfrutaban viendo nuestras caras de terror. Pero eso no sucedió. Es decir, no de la forma que pensáis. -Pues bien. Alguien tiene que mover vuestros cuerpos, ¿sabéis? Muchas veces escondéis alguna joya o un diente de hora, o algo así
Vosotros, animales. -nos señaló uno a uno con el dedo. -Os encargareis, cada día, de recoger esos objetos. Cuando acabéis, nos lo entregareis todo, de lo contrario seréis ejecutados, recibiréis vuestro premio y podréis retiraros. Os buscaremos mañana para repetir la tarea, ¿Entendido? -Asentimos, asustados.

Ninguno queríamos encargarnos de la tarea, pero, si nos negábamos, no s matarían, de esos estábamos seguros todos. Además, el agua extra resultaba una recompensa demasiado buena. Y, sí, sé que pensareis que solo era un poco de agua, pero esa podía ser la diferencia entre quien moría y quien vivía=.

-Bien , creo que lo habéis entendido. -Abrió una puerta situada a la derecha de la sala en la que nos encontrábamos. -Pasareis por este pasillo, hasta la puerta siguiente. Allí, encontrareis el lugar del que os he hablado. Habrá unos mil quinientos de los vuestros, así que os llevará un buen rato. Cuando encontréis algo de valor, quiero que se lo comuniquéis a él. -señaló a un soldado muy joven, de ojos verdes, que parecía algo asustado. -¿Entendido?-preguntó de nuevo. Asentimos. Debió de quedar satisfecho con nuestra respuesta, porque le hizo una seña al soldado de ojos verdes, que comenzó a caminar hasta la puerta. Le seguimos. Recorrimos un pasillo un minuto o dos, y luego nos topamos, de nuevo, con una puerta, mucho más ancha. El chico usó una llave y la abrió.

 

Me pareció que acaba de abrir la puerta al mismísimo infierno.

Estaba lleno de cadáveres, de hombres, mujeres y niños. Todos ellos estaban desnudos. Miré las paredes, intentando apartar la vista de ellos, observé cómo habían colocado unos tubos en ellas, que simulaban ser duchas.

Estaba segura que les habían dicho a esos pobres desgraciados que iban a lavarlos. Apreté los puños con fuerza.

-Empezar. Ya. -dijo el soldado, sacándonos a todos de nuestro ensimismamiento. No me atreví a mirarlo, pero sabía que estaba asustado. No era más que un adolescente; no debía de tener más de diecisiete años. Avancé. Uno, dos, tres pasos
Mis compañeros parecían estar a punto de llorar y vomitar; yo también las tenía.

La chiquilla más joven, de unos quince años, comenzó la inspección. Se arremangó el uniforme a rayas que nos habían puesto a todos y se agachó ante el cuerpo de un hombre de poco más de cincuenta años, que abrazaba a una muchacha de poco más de quince, que debía de ser su hija, porque se parecían mucho. Mi compañera estaba conmocionada, se notaba desde varios metros de distancia. Pensé que quizás conocía a la chica muerta. Mis compañeros comenzaron el trabajo, yo también lo hice. Se notaba que no queríamos alejarnos los unos de los otros, que no queríamos quedarnos solos en aquel lugar. Como si la vida también pudiera escapar de nuestros cuerpos.

Pasaron los minutos, aunque, tal vez, el tiempo se hubiera detenido, no lo sé; en ese lugar era incapaz de sentir algo.

Creerme, vivir eso es lo peor que te puede suceder.. Examiné los rostros de aquella gente, en especial los de los niños, preguntándome como un ser tan inocente pueda acabar allí su vida; una vida que apenas ha comenzado.

Recuerdo perfectamente lo que ocurrió allí. En un momento dado, no sé si llevaba cinco minutos o cinco horas, me arrodillé ante un anciano, que abrazaba a un niño pequeño, que había muerto con los ojos abiertos.

Eran azules, como los míos
ese niño era mi hijo, David. Grité, y miré al anciano. Mi padre.

MI alarido alertó al soldado, que corrió hacia mí, tropezando con un par de cadáveres por el camino. Mis compañeros me miraron., Supongo que un par de ellos comprendieron lo que había pasado, porque nunca había visto una tristeza semejante en la mirada de alguien. .

-¿Qué sucede? -me preguntó el soldado. Yo solo pude atinar a balbucear unas palabras inconexas, y comencé a llorar. Él pareció comprender lo que me sucedía. Sonrió burlonamente. Mirándome con asco, repulsión

-Los conoces, ¿verdad, escoria? -asentí a duras penas. -Bien. Supongo que por tu edad y la de estos dos
el niño será tu hijo y el viejo, tu padre, ¿cierto? -volví a sentir, entre lágrimas. -Bien. Puedes quedarte con ellos.

-¿Có
cómo? -balbuceé.

-Lo que oyes. Que te quedes con ellos hasta que nos vallamos. Tienes mi permiso. -me sonrió, de nuevo de forma burlona. En una situación normal, me hubiera extrañado esa muestra de compasión, pero yo estaba demasiado afectada para ver que sucedía algo raro. Musité un quedo "gracias "y cerré los ojos de mi hijo. Luego, lo abracé con fuerza. Me quité la parte de arriba del uniforme, y lo envolví con él.

Pasaron horas, quizá días, hasta que mis compañeros salieron. No lo sé, yo no me di cuenta. Solo advertí que se había n marchado cuando oí cerrarse la puerta. En ese momento, supe que iba a morir.

Así sucedió, claro. La sala comenzó a calentarse. Así era como se deshacían de los cadáveres
los quemaban.

Recuerdo como me entró el pánico, corrí hacia la puerta, intentando abrirla, aunque sabía que era imposible. Cuando tiré la toalla, el calor ya era insoportable. Me desnudé, abracé de nuevo a mi hijo y me pasé el brazo de mi padre por los hombros.

Y morí allí. Y quizá mi historia no sea recordada, porque ningún familiar mío escribió un diario sobre nuestras vivencias, como sucedió con un pequeño puñado de judíos, pero es real.

Mi historia es real, aunque no esté plasmada en una hoja de papel.

Solo quería que lo supierais.

PD:Este fic tiene una segunda parte: Esvástica, es último día de vida de Elie desde el punto de vista del "soldado más joven" que la acompaña..

https://www.potterfics.com/historias/41507

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Hola!!Bueno, aquí estoy con un nuevo One-Shot. Es una forma de recordar a las víctimas del holocausto nazi, que nunca tendrán el suficiente reconocimiento.

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2023-02-27

 

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