Besos de chocolate en Luna Nueva - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

Besos de chocolate en Luna nueva:

La golosina que más adoraba era, sin duda alguna, elchocolate. Tanto su aroma como su sabor eran atrayentes, cautivantes,maravillosamente delicioso. Tan sólo poner un trozo en mi boca mis ojos secerraban por cuenta propia mientras sentía el calor de mi boca derretir lentamenteaquel oro dulce. Las papilas gustativas de mi lengua saltaban de alegría cuandolo probaban. Especialmente cuando lo hacia en Luna Nueva. Esta era unaexcelente combinación.

Para muchos, cuando la Luna está en esta fase en la quees poco visible puede significar la muerte, pero para mi es el resurgir. Es elmomento en que me siento más fuerte, en el que se produce en mi interior unaespecie de renovación perpetua que no mengua sino hasta la noche de luna llenadonde me siento morir.

 

Pero no hay otra cosa que acompañe mejor al chocolate enLuna nueva que los besos. Esos besos ardientes donde el desenfreno y la pasiónvan de la mano llevándolo a uno a los límites de la cordura.

¿Y acaso no soy yohombre para caer también en mis más bajos instintos?

Todo había comenzado una noche de Luna nueva en la quedisfrutaba de la compañía de una barra de chocolate en la biblioteca de la casade los Black en el número 12 de Grimmauld Place. Esa noche, todos habíandecidido irse a dormir pronto ya que al día siguiente Harry, Ron, Ginny yHermione volverían al colegio a terminar con su último año inconcluso. En micaso el sueño me rehuía por lo que había optado por la opción de relajarme ydespejar mi mente. ¿Qué más podía desear que tener a mis dos grandes amigos ami lado? El chocolate negro y los libros.

Tomé un libro al azar y me ubiqué en un de los sillonesque, a mi parecer, era el más cómodo de los que allí había. Abrí una barra dechocolate, corté un trozo y me lo llevé a la boca. Mientras éste se diluía abríel libro y comencé a leer disfrutando del silencio a mí alrededor
Aquello sesentía como estar en el paraíso. La tranquilidad, la paz, el dulce sabor, laspalabras correctamente escritas con dedicación.

Suspiré.

La puerta se abrió en ese momento. Levanté la vista y meencontré con unos ojos castaños que inmediatamente me hicieron recordar a algúntipo de chocolate exótico que alguna vez había probado en Sudamérica.

Ella me sonrió tímidamente.

-¿Puedo pasar?- me preguntó señalando con su mano elinterior de la estancia donde me encontraba sin apartarse del marco de lapuerta.

-Por supuesto- le aseguré devolviéndole la sonrisa- ¿Notienes sueño?

-No. Y siempre prefiero leer antes que quedarme en lacama sin hacer nada.

Estuve completamente de acuerdo con su punto de vista.Aunque, claro, no iba a negar que aquella jovencita y yo casi siempre teníamoslas mismas ideas.

Bajé los ojos al libro y simulé leer mientras de soslayo laveía vagabundear alrededor de las estanterías leyendo los títulos de los librosbuscando uno que llamase su atención. No me extrañaría descubrir que ya hubieseacabado con todos los de esta biblioteca. Pero en ese momento no me importabademasiado el libro que buscase. Más bien me concentré en otras cosas que notendría que haberme fijado. Cosas como el modo en que movía sus manosdelicadamente por los libros como si fuera una íntima caricia dada sobre elpecho de su amante; o el modo en que inclinaba la cabeza hacia uno de suscostados y suavemente se mordía el labio inferior de un modo tan erótico quejamás creí posible; tampoco pudo pasar desapercibido para mí las curvas deaquel cuerpo joven, desde las torneadas piernas, su abdomen, su pecho, sucuello hasta su rostro

 

Tragué saliva y aparté la vista.

En un intento de despejar mi mente de aquellas ideas toméotro trozo de chocolate y me lo llevé a la boca. Pero ahora ya no tenía elmismo sabor. Ahora hacía falta algo más
exótico
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La escuché caminar hasta uno de los sillones que seencontraba al lado del mío. Sin poder contenerme alcé la vista y me encontrécon sus ojos. Me sonrió nuevamente. Gesto que yo devolví inmediatamente.

-¿Chocolate?- le pregunté ofreciéndole del paquete.

-Sí, gracias.

Ella tomó un trozo y se lo llevó a la boca. Mis ojos(malditos traidores de mi parte racional) siguieron en detalle aquel gestohasta que el pedazo desapareció en aquella boca.

Tuve la desesperante necesidad de acercarme y probardirectamente el chocolate de allí, de su boca, haciendo que mi lengua roce lasuya una y otra vez hasta que no sienta más sabor que el suyo propio.

Mi cuerpo tembló ante la imagen mental de aquel deseo.

-¿Qué lees?- le pregunté intentando concentrarme en otracosa.

-Todavía no comencé- me respondió mientras pasaba sulengua por su labio inferior para limpiarlo de cualquier rastro de chocolateque pudiera haber quedado- Se llama Lasmil y un formas de encontrar la felicidad.

No tenía idea de lo que podría llegar a decir ese libropero yo no tenía dudas de que podría llegar a ser muy feliz si probase esoslabios. También "arriesgarme" y probar un poco más, algo así como la piel de sucuello. Eso no sería del todo malo.

-¿Crees que es bueno?- me preguntó.

¿Probar la piel de tu cuello? Sí, sería muy bueno,delicioso y placentero.

-¿Qué cosa?- pregunté porque estaba seguro que no pensábamoslo mismo esta vez.

-El libro- aclaró.

-Ah. No sé, no lo leí nunca.

-¿Y usted que lee?

-Eh
- ya me había olvidado así que giré el libro para quepudiera ver la tapa y leyese el título.

-Ese sí es muy interesante- comentó- Las explicacionessobre cómo realizar pociones son sencillas y cualquiera las puede comprender.

Asentí con la cabeza porque no tenía idea sobre quédecir. Las pocas palabras que había comenzado a leer ya habían escapado en mimente en el momento en que puse mi atención en aquella jovencita.

Ella tomó su libro y comenzó a leer tranquilamente. Estuvoun rato así mientras yo la observaba sin poder ni querer evitarlo. Pasaba laspáginas bastante rápido y cada vez que parecía no entender algo fruncía el ceñoy volvía con ese mismo gesto de morderse el labio inferior.

¡Por Merlín! En cualquier momento terminaría calcinado siella seguía siendo tan inconscientemente seductora.

Si esto lo hacía sin planteárselo no me quería imaginarqué podría llegar a hacer si se lo proponía. Pero mi mente no estaba bien esanoche de Luna nueva así que, en contra de mis mejores intenciones, se loimaginó. Creó una Hermione ficticia en aquella misma situación pero que, en vezde seguir leyendo, bajaba el libro y me sostenía la mirada mientras una sonrisapícara aparecía en sus labios. Labios que acarició con su propia lengua sinapartar la mirada de mí.

-Remus- suspirabami nombre aquella Hermione ficticia.

-¿Si?- pregunté.

-¿Me hablaste?- me preguntó la Hermione real haciéndomevolver de golpe a la realidad.

-Eh
- me aclaré la garganta- ¿Quieres
eh
más chocolate?

Le ofrecí y ella nuevamente tomó.

Quise cerrar los ojos, apartar la vista, poner un muro depiedra o de cualquier otra cosa que me impidiera ver aquellos gestos que tancondenadamente eróticos me resultaba pero nada de eso hice. Volví a perderme ensus movimientos y a imaginarme cosas.

Y lo peor de todo, o debería decir, tal vez, lo mejor,fue cuando perdí el poco autocontrol que me quedaba y, acercándome a ella, hicelo que tanto deseaba. Tomé sus labios y los saboreé.

Gemí sobre ellos cuando comenzó a devolverme el beso y mepermitió acariciar su lengua con la mía percibiendo el completo sabor achocolate mezclado con el suyo propio.

Exótico, placentero,locamente provocativo.

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La golosina que más adoraba era, sin duda alguna, elchocolate. Tanto su aroma como su sabor eran atrayentes, cautivantes,maravillosamente delicioso. Tan sólo

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2023-02-27

 

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