CABARET
Por Cris Snape
OOO
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Berlín. Año1923
Se quedóparado justo bajo el umbral de la puerta. Vestía con sobria elegancia un trajegris oscuro y tenía el pelo rojo muy bien peinado, aunque demasiado largo paralos cánones de la moda. Sus ojos azules observaron un instante a la mujercoqueta que cantaba sobre el escenario, pero sólo se entretuvo un instante encontemplar el espectáculo. Buscaba a alguien muy importante, con la certeza deque el destino del mundo dependía de la charla que muy pronto mantendrían.
El ruido eraensordecedor. No se trataba únicamente de la música. Los hombres y mujeresreían a carcajadas y gritaban sin tapujos mientras bebían whisky. El humo deltabaco hacía el ambiente prácticamente irrespirable y todo olía a diversión ydecadencia. Al hombre de ojos azules lehubiera gustado lanzar un par de hechizos aquí y allá para hacer de aquel antroun lugar un poco más agradable, pero sacar la varita frente a tantos muggleshubiera sido una locura.
Necesitóhacer un escrutinio intensivo antes de dar con él. Estaba sentado en una mesadiscreta, en el que tal vez fuera el rincón más apartado de todo el cabaret. Tambiéntenía el pelo largo y tan rubio como siempre. Su postura indolente hizo queAlbus recordara al joven alegre y despreocupado que un día fue y sintió latentación de irse por donde había venido, pero no pudo hacerlo. En primer lugarporque era su responsabilidad detener a aquel hombre. En segundo, y tal vez másimportante, porque llevaba demasiado años sin hablar con Gellert y le hacíafalta volver a escuchar su voz.
Se acercó ala mesa con decisión. Por dentro estaba hecho un flan, pero por fuera era todofortaleza y determinación. Gellert no se percató de su presencia hasta quehabló. Cuando alzó la vista para mirarlo, fue incapaz de contener unestremecimiento.
¡Albus!
Durante uninstante, pensó que se pondría en pie para recibirle. La emoción se había hechopresente en sus ojos, pero apenas fue un segundo. Después, le sonrió e hizo ungesto desenfadado. Albus Dumbledore acertó a ver la varita escondida debajo desu chaleco oscuro.
Tomaasiento, viejo amigo. No esperaba encontrarte precisamente aquí.
Yo podríadecir lo mismo Se sentó, preguntándose si acaso sería capaz de mantener lacalma de la misma forma que lo hacía Gellert. Nunca te gustó relacionarte conmuggles.
Cierto,pero he desarrollado cierta fascinación por el cabaret. En nuestro mundo noexiste un espectáculo que pueda equiparársele. Buena música, baile y mujereshermosas. ¿Qué más podría pedir?
Observó elescenario nuevamente. La mujer acababa de terminar con su canción y el público aplaudíacon entusiasmo. Al cabo de un par de segundos, se retiró para tomarse unmerecido descanso.
Se escuchanrumores de que buscas otras cosas entre los muggles.
GellertGrindelwald guardó silencio. Aún le quedaba un largo camino por recorrer paracumplir con todas sus ambiciones, pero los brujos ya comenzaban a hacercomentarios.
¿Debosuponer que esta no es una visita de cortesía?
Desgraciadamente,para nosotros las cortesías se terminaron hace mucho tiempo.
Cierto Gellertle dio un largo trago a su copa de whisky muggle, recordando tal vez elhorrible final del que podría haber sido un verano perfecto. Pero pudo habersido diferente. Pudimos lograr grandes cosas juntos.
Nuestrossueños eran una quimera, Gellert. Éramos un par de jóvenes ilusos y confío enque te hayas dado cuenta de ello.
Un nuevosilencio. Aunque el local estaba repleto de gente, ambos hombres se sentíaúnicos en aquel momento. Nada más tenía importancia, tan solo mirarse a losojos y escucharse después de tantos años de lejanía.
Te hasvuelto un puritano, Al. Antes resultabas mucho más divertido. Eras ingenioso,astuto y sagaz. No sé cómo terminaste en Gryffindor.
Creo en lajusticia.
Crees en lajusticia que te conviene, como todos Gellert se rió y negó lentamente con la cabeza.Pero dime, amigo. ¿Qué te trae por aquí? Creía que no te gusta abandonar tuadorada Inglaterra.
Lo hagocuando es estrictamente necesario.
¿Y lo es enesta ocasión?
Tardó muchoen responder. Había ido hasta allí por voluntad propia, consciente de que sipermitían que Gellert se hiciera más fuerte sería prácticamente imposibledetenerlo. Nadie le había pedido que fuera a hablar con él porque muy pocos leconsideraban un peligro. Los gobiernos mágicos de la Europa central ya habíanexpresado ciertos temores, pero en el Wizengamont nadie les escuchó, máspreocupados por los asuntos locales que por las sospechas de un montón deextranjeros. Pero Albus conocía a Gellert Grindelwald y sabía que era capaz dellegar muy lejos. Demasiado lejos.
Dicen que frecuentasciertos círculos políticos muggles.
¿Acaso esun delito interesarse por las inquietudes de nuestros colegas carentes demagia?
Dicentambién que estás muy interesado en emponzoñar sus mentes.
Gellert seencogió de hombros y sonrió con socarronería antes de hablar.
No es miculpa que sean tan manipulables.
Albus apretólos dientes. Había sabido que no sería fácil, lo supo desde el principio, peroodiaba escuchar a Gellert hablar de esa manera. Se avergonzaba porque un día élhabía pensado como él, porque juntos soñaron con esclavizar a los muggles.Ambos los consideraron seres inferiores, indignos de ser libres para decidir supropio destino. Ambos habían planeado cómo poner fin a su autonomía y Albussólo fue capaz de reflexionar tras la trágica muerte de Ariana. Un alto precioa cambio de encontrar la cordura. ¿Cuál tendría que pagar Gellert antes dehacer lo propio?
Sabes queno debemos intervenir. Podrías poner en peligro el Estatuto del Secreto.
¿Crees queme dedico a hacer magia frente a los muggles? No me subestimes, Albus.
Creo quedeberías dejar de actuar como lo vienes haciendo.
¿Cómo sesupone que actúo?
Estásaprovechándote del dolor de los muggles para provocar aún más daño.
Gellertsoltó una carcajada. Su compañero brujo se dio cuenta de que una nuevaactuación estaba teniendo lugar en el escenario.
Hubo untiempo en el que el dolor de los muggles te importaba un pimiento.
Hubo untiempo en el que fui un insensato, pero eso quedó atrás. Y no voy a consentirque sigas por este camino, Gellert.
¿Y quépiensas hacer para detenerme?
Un duelomágico. Los ojos de Albus Dumbledore viajaron hasta la varita del otro brujo ytodo su poder se removió en su interior, anticipándose a una pelea que bienpodría ser legendaria. Sin embargo, no era el lugar ni el momento. No estabaallí para pelear, sino para dialogar. Gellert fue su amigo y se merecía unaoportunidad y él estaba dispuesto a dársela. Por ahora.
Lo quesuponía Grindelwald llamó la atención de un camarero e hizo que le sirvieranuna copa a Albus. Fue casi como volver a esa juventud plagada de deseos yambiciones. Divirtámonos juntos.
Gellert,debemos hablar.
Ya hemoshablado. Tú no tienes pensado hacer nada para pararme, al menos por esta noche,y yo no voy a dejar que me convenzas para que cambie de actitud. Y puesto queno vamos a llegar a ningún acuerdo, ¿por qué no olvidarnos de quiénes somos ydisfrutamos del momento?
AlbusDumbledore apretó los dientes. No, tampoco estaba allí para eso, pero el jovenque un día fue le suplicó que aceptara la oferta. Reprimiendo las ganas degritarle que era un inconsciente que estaba convirtiendo su futuro en algoabsolutamente aciago, Albus bebió de su copa y todo su cuerpo se relajó alsentir el calor abrasador que bajó por su garganta hasta llegar al estómago.
¿Recuerdascuando nos subíamos al tejado de la casa de la tía Bathilda y bebíamos hastacaer rendidos? Preguntó Gellert al cabo de un rato, cuando ya habían dadobuena cuenta de unas cuantas copas y la botella de whisky descansaba frente aellos. Sólo entonces eras capaz de olvidarte de todas las cosas que estabanmal entre nosotros.
Gellert
¡Oh, sí! Teatormentaba profundamente saberte enamorado de otro hombre Y Gellert se riócomo ya se había reído cuando eran unos chicos y Albus le confesó sus temores.Decías que no era correcto, que estabas enfermo. Pero yo curé todos tustemores. ¿Recuerdas cómo lo hice?
Con besos ycaricias que volvían a sus sueños cuando menos se lo esperaba.
Sí, Al.Eras un puritano y sigues siéndolo.
Estabaconfundido.
¿Y ahora?¿También lo estás?
La miradaque se dirigieron fue aún más abrasadora que el whisky. Albus se tensó y miró asu alrededor. Era incapaz de ver el cabaret porque únicamente podía sentir aGellert a su lado. Siempre había sabido cómo acaparar su atención, cómosubyugar sus sentidos y reducirlo todo ala nada más absoluta. El paso del tiempo no había mermado ni un ápice suscapacidades y Albus se supo incapaz de resistirse a esa mirada. Y también sabíaque Gellert no podría echarse atrás porque siempre se habían necesitado el unoal otro. A veces, ese maldito cretino se creía dueño de todo, pero en ese juegoambos eran igual de capaces.
Ahora no.
OOO
Apenas eracapaz de recordar la última vez que había estado con un hombre. Desde la muertede Ariana, Albus Dumbledore había procurado controlar sus emociones y acallarsus sentimientos y muy pocas veces se dejaba llevar por la pasión. A veces leresultaba imposible y estallaba dolorosamente, pero lo que había ocurrido esanoche no fue una pérdida de control. Todo lo que había hecho lo hizoconscientemente. Por el bien mayor.
Gellertestaba dormido. Su cuerpo desnudo seguía siendo tan atractivo como el del jovenque un día fue, aunque ahora era diferente. Y el de Albus no había tardado nadaen reconocerlo. Había sido como reencontrarse con un viejo amigo y no habíannecesitado decirse nada para saber lo que debían hacer. Los besos y caricias sehabían sucedido incansablemente y durante horas y habían traído consigo unsabor agridulce. Albus sabía que esa noche quedaría grabada en su memoria parasiempre. Placer y traición mezclados con un objetivo común: detener al nuevoGellert. Y recuperar al antiguo.
Se levantó ahurtadillas de la cama y comenzó a vestirse. No quería hacer ruido porque eraimprescindible que Gellert permaneciera dormido. Su plan había sido improvisadopero estaba dando muy buenos resultados.
La varita deGellert descansaba sobre la mesita. Sabía que despojar a un mago de su varitaera un crimen terrible y que Grindelwald pondría el grito en el cielo porqueaquel objeto era mucho más que una simple varita, pero Albus la cogió igual. Nopodría detenerle, no por el momento, pero sí podía evitar que reuniera las famosasreliquias de la muerte.
Pensando enque no tardarían demasiado en librar una terrible guerra, Albus Dumbledore sefue sin despedirse.
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Elespectáculo era similar al de aquella noche de hacía ya un mes, aunque laartista era diferente. Albus la miró de reojo y no tardó en otear el localentero. No le costó nada localizar a Gellert, puesto que se había sentado en lamisma mesa de siempre y vestía de forma similar a la vez anterior. Notó como unligero rubor subía a sus mejillas pero no se permitió sentir vergüenza. EraGrindelwald el que estaba obrando mal. Sólo él. Nuevamente caminó con decisiónhasta llegar a su lado, pero en esa ocasión Gellert se percató de su presenciaincluso antes de que hablase.
Buenasnoches, Albus. Si que has tardado en volver.
Apretó losdientes y tomó asiento sin ser invitado. Gellert le miró con aire divertido yobservó con interés la varita que su antiguo amigo depositó sobre la mesa.Albus sabía que estaba demostrando cierta insensatez al hacer eso frente atantos muggles, pero ninguno de ellos les estaba prestando la más mínimaatención.
No pensabasque iba a dejar que me quitaras la auténtica Varita de Saúco, ¿cierto?
Albus nodijo nada. Debió darse cuenta esa misma noche. Gellert era un hombreinteligente y precavido y había sido muy fácil hacerse con la varita. Demasiadofácil. Ridículo, de hecho.
Eres muyobvio, Al. Llevábamos varias décadas sin vernos. ¿Esperabas que me fiara de ti?Pues lo lamento, pero un hombre de mi posición no puede permitirse el lujo deconfiar en los demás.
Permitisteque cruzara un límite que no debí
Albus se sintió muy pequeño al pronunciaresas palabras. Gellert se rió.
Fuedivertido y no me arrepiento de nada. ¿Acaso tú sí?
Tendría quedecirle que sí, que se arrepentía profundamente, pero no pudo hacerlo. Nuncafue capaz de mentirle a ese hombre y lo ocurrido días antes era la prueba deello.
¿Vas aseguir mostrando el mismo comportamiento? Gellert se encogió de hombros.Estaba decidido a cumplir con sus sueños de antaño. ¿Qué ganas mezclándote conlos muggles? No son ellos los que podrían detenerte llegado el momento. No sonenemigo para ti.
No, no loson, pero llevo años observándoles de cerca y me he dado cuenta de que son muydifíciles de dominar. Poseen un espíritu rebelde y resultaría muy difícil yagotador someterlos Albus se estremeció al recordar sus palabras deadolescente. Escucha, Al. Me he dado cuenta de que no necesitan un tirano quelos oprima, sino un líder que los dirija. Un salvador. Ya has visto cómo es lasituación en la Europa muggle, ¿cierto?
No séadónde quieras llegar.
Fuistetestigo de excepción de su Gran Guerra Gellert había ignorado su comentario.Viste igual que yo que los muggles son capaces de destruir todo a su paso.Ahora viven en paz, pero la tensión es evidente y los discursos políticos mehacen pensar que Europa no será un cabaret durante mucho tiempo. Llegará un díaen el que todo explotará. Los muggles vivirán el miedo y el horror, sufrirán ladesesperanza y no verán salida a su situación. Y entonces llegaré yo y lesofreceré la salvación. Seré su oasis particular, destruiré aquello que les dañay venceré.
Albus sabíaque tenía que hacer algo. Sabía que Gellert Grindelwald tenía un plan bienelaborado y que estaba más que capacitado para llevarlo a cabo. Sabía que sóloél podía impedir que el mundo se desangrara en medio del horror, pero cuandologró reaccionar, Gellert ya no estaba.
Habíaperdido su oportunidad y sólo el paso del tiempo le mostraría lasconsecuencias. Deseaba que no fueran tan terribles como se imaginaba.
FINCabaret - Fanfics de Harry Potter
Se quedóparado justo bajo el umbral de la puerta. Vestía con sobria elegancia un trajegris oscuro y tenía el pelo rojo muy bien peinado, aunque demasiado la
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2024-08-28

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