Cinco citas para Granger - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

¡Hola,esta en una nueva locura, quizás una bobada de las grandes.Espero que lo disfrute quien deseé leerlo.


Saludos &Besos -Septiembre de Draco-

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Unasnuevas y espectaculares vacaciones están planeadas en el colegioHogwarts de magia y hechicería. Una nueva sala estáabierta en la institución. Un sillón de color azuladoen medio de ella es adornado por un colorido fondo blanco con adornosgrises y varias cámaras de grabación. Un foco de luzazul celeste se posa encima para darle más luminosidad.

Todoslos alumnos, ex-alumnos y profesores ya conocen su función.Unos elegirán y otros serán elegidos al azar. ¿Comopuede jugar la suerte con dos personas?

 

Lapuerta se abre por primera vez, todas las cámaras enfocanhacia allí.


Unamuchacha de cabellos rizados, ojos caramelo y bonito rostro cogeasiento. Juguetea con sus manos y espera una palabra. Solo unapequeña pantalla le da un comunicado: ''Preséntese''

-Hola,me llamo Hermione Granger, alumna de Gryffindor. Estudio sexto cursoy he sido seleccionada.

-BienvenidaSeñorita Granger- solo una voz de fondo se escucha. Nadiehabita más allí, Hermione se extraña- Se tepermitirán cinco únicas citas, todo lo que puedaocurrir en ellas será grabado por nuestros especialistasocultos. ¿Preparada para escoger?.

-Sí-afirmó- ¿Debo darte nombres?.

-No- le negó.Hermione titubeó, ¿Como sabía si no con quien secitaría?- únicamente comuníquenos que tipo dehombre le gustaría o apetece.

-Bien- pensópor unos segundos mirando a la nada- Digamos que me gustaríaun chico natural, que le guste naturaleza y pasar tiempo en ella, quesea amable y simpático. Para empezar es suficiente.


Todo dato fuecogido y la puerta se cerró. Unas horas después ellavolvía a posarse allí, su gesto parecía furiosoy disgustado.

-Recuerdo haberpedido una persona amable y a el que le guste la naturaleza. No loque me mandasteis, ¿Podemos verlo?.

Cámarasrebobinando, luces tenues, pantalla principal, acción.


Primera Cita de Hermione Granger.

Hermione seencontraba en los jardines de Hogwarts, sitio indicado por laspantallas de esa extraña sala. Sentada en un banco, recibe uncordial saludo desde atrás. A primeras no reconoce la voz,gira su cabeza y se sorprende.

-Hola Hermione-un muchacho entrecortado le saluda con su mano.

-Neville-titubea quedándose pensativa- Que agradable sorpresa.

-No me puedocreer que me escogieran para una cita- sonreía y se ruborizabapor momentos.

-Ni yo- Hermionepensaba en que aquella sería la peor- créeme.

Neville leinvitaba a caminar por aquellos jardines. La cita constaba de doshoras seguidas, Hermione no dejaba de mirar el reloj y sonreíracerca de los malos comentarios tartamudeados por el joven.

-¿Sabiasque este tipo de plantas solo abren una flor por día?.

-¿Enserio?-parecía interesarse- ¿Que tal con Luna?.

-Ella a vuelto aperder las zapatillas- le informó- nos llevamos muy bien, peromira- señaló- estas flores dan un jugo perfecto para lacomida.

-Neville- sesintió mal- no te ofendas, pero no me interesan esas plantas.¿Podemos hacer algo distinto?.

Neville aceptó,caminó hacia otro lado. Hermione le seguía, el muchachose había introducido por un camino espantoso, ella teníaque ir apartando varias ramas a su paso.

 

Habíanllegado, era un precioso invernadero, bien repleto de flores yplantas raras.

-Vaya- soplóella mirando la enredadera de el techo- es bonito.

-Mira esta flor-le enseñó una gran maceta con una flor cerrada- dicenque si le tocas el tallo suave se abre-

Neville intentóimpresionar a Hermione, acariciaba el tallo de la tímidaplanta y se abrió soltando un liquido gelatinoso que fuepropinado a gran velocidad a la cara de Hermione Granger.

-¡Ohperdona!- se disculpó- no recordaba que pasaba eso despuésde toda la noche cerrada. Toma esas hojas, lo limpian todo.

-Vale, gracias,no te preocupes Neville.

Hermione pasabaaquellas grandes hojas por su rostro como Neville le habíainformado, ¿Enserio aquel chico era tan bueno en Herbología?¡No acertaba ni una! El liquido limpiador que aquellas hojasdesprendían a el emplearse llamaba la atención de todoslos insectos de la zona.

Hermioneretrocedía a su paso viendo revolotear miles de repugnantesbichos encima y cerca de ella, Neville intentaba acabar con ellos.Ella no dejaba de mover los brazos para evitar que ninguno se posaráen su cara.

Algo pasórepentinamente, su camiseta se desprendía rajándose desu cuerpo, con un gran grito tapó sus pechos que habíanquedado a el descubierto. Miró hacia donde se habíaproducido el extraño suceso y pudo observar una plantacarnívora.

-Debe de habersepuesto nerviosa por tanto insecto- titubeaba Neville colorado a másno poder- recuperaré la ropa, tenme esa maceta.

-¡No!-gritó al ver otra rara planta- dejalo Neville, mejor me voy.Me a gustado mucho esta cita.

-Pero Hermione-hizo que ella parara su huida- no han pasado las dos horas.

-Neville- dijomirándose el cuerpo- no creo que sea la mejor manera.

Hermione corríatapándose hasta dentro de el castillo, la imagen ibanponiéndose borrosa, se apagó.


La cinta habíaacabado, ahora tocaba toda queja o opinión que la protagonistatuviera acerca de ella.

-Yo pedíun chico que le gustara la naturaleza, no que estuviera obsesionado.Bajo mi opinión fue la peor cita que e tenido en mi vida, siantes odiaba la Herbología, Neville Longbottom a conseguidoque ahora lo haga más.- se levantaba de el asiento- Espero quela próxima sea mejor, hasta mañana.


La puerta secerraba y volvía abrirse dándole paso a el seleccionadopara cita. Debía expresar su opinión y saber si lachica había pedido una segunda, solo con el que lo hicierasería el elegido.

-Hola-tartamudeó mientras leí lo que ponía en lacámara, debía comentar- Fue la mejor cita de mi vida,Hermione Granger se lo pasó maravillosamente, creo que despuésde esto adorará mucho más las plantas. Tuvimos algúnproblema con algunas de ellas pero nada importante, pidió unasegunda ¿Verdad?.


Pudo observar unclaro ''No'' y la habitación apagaba sus luces con unNeville Longbottom saliendo sin animo. Todo se quedó oscuro,mañana Hermione Granger debía elegir otro hombre con elque pasar el tiempo.

Otrodía llegaba y aquella sala volvía a ser abierta. Denuevo Hermione Granger llegaba con las pilas cargadas, para encontraruna buena cita. Un cita que valiera la pena, una cita normal.

 

Suspirabahondo allí leyendo aquella pantalla que le ponía unnuevo comunicado: ''Expón tu elección''

Estaba decidida,frotó sus manos y pensó.

-Esta vez megustaría pasar mi cita con un chico que sepa como divertirseverdaderamente, que me muestre algo entretenido. Que sepa aprovecharestas dos horas.

-Esta bienSeñortia Granger- aquella voz de fondo volvía a sonar-salga y dentro de una hora busque su pareja tras esta puerta.

Afirmócon su cabeza y salió de allí. El tiempo pasaba, losminutos se acercaban a finalizar la hora. Caminaba de nuevo haciaallí.

Abrió lapuerta y lo pudo observar, no estaba tan mal esta vez.

-Ronald- sonrió.

-¿Tenemosuna cita?- dijo poniéndose colorado- ¿Tu me elegiste?

-Bueno- titubeó-más bien según mi descripción el indicado erestú.

-Pues tengo unplan genial para aprovechar estas dos horas- le tomó la mano.

Parecíatener algún detalle, alguna intención de pasar un buenrato. Sabía que Ronald no la llevaría a ningúninvernadero ni sitio de estudio.

Correteaban porlos pasillos de Hogwarts riéndose. Se sentía bien, ellasiempre había sentido una debilidad por aquel muchacho.

-No quiero quelo veas- le informó con un pañuelo- dejame taparte losojos.

-Esta bien-decía ella contenta, los cerró y con una sonrisa letapaban los ojos- ¿Donde me llevas?- preguntaba cuando leestiraba de la mano.

-Te gustará-le pudo asegurar- es un sitio increíble, nunca penséque te llevaría a ti allí.

¿Dondepodría llevarle? Ronald Weasley no era ningúnromanticón, pero quizás si tenía un buen sitio.

Sentíacomo el aire le daba en la cara, escuchaba las pisadas por variashojas. Se escuchaba varia gente de fondo.

-¿Unafiesta?- preguntó mientras corría.

-No- le negó.Estaba confundida- algo mejor, mucho mejor.

Subíaunas escaleras largas e intensas. No sabía si era por sus ojosvendados o que aquello no acababa nunca.

Ronald Weasleyle tomaba las dos manos ya parado. Le sonreía pese a que ellano pudiera observarlo. Besó su mejilla.

-Ronald- dijoella tímidamente buscando su mejilla- venga, muestramelo ya.

Él lagiró un poco hasta llegar a destapar sus ojos, la tela de sedase escurría por su rostro y una gran sonrisa lució.

Parecíanestar en algún lugar bastante alto. Podía ver desdeallí el lago de Hogwarts con todo el atardecer.

-Esto- titubeó-es precioso Ronald- tenía que forzar un poco la voz porque elbarullo de la gente parecía estar muy cerca. El caso es queaquel sitio se le hacía familiar.

-Mira a elfrente.

Cierto, como sepudo confundir, mirando hacia atrás era bonito, pero mirandohacia adelante estaban en el campo de Quidditch. Con divertirse no serefería a ver un partido para que lo hiciera solo él.

Bufó antetanta gente, parecían estar en el palco más alto, mássolitarios.

-Hoy juegaHarry- le sonrió- va a patear a Malfoy.

-¿Solopensáis en jugar?- le gruñó.

-¿Que?-se extrañó- ¿No te gusta ver como destrozan aSlytherin?.

-Sí, siclaro- ella se dejó hacer en el asiento.

Sujetaba sucabeza con las manos, resoplando y gimiendo por querer irse de allí.

Menuda segundacita, nada que envidiar a la primera. Lo tenía todo, lugarperfectamente malo, compañía totalmente a su bola yella de nuevo amargada.

Ronald gritabapor cada punto ganado, estiraba de el brazo de Hermione para que ellatambién animara.

 

-¿Quepasa?- le preguntó- ¿Te sientes mal?.

-No- negó-Estoy bien, enserio.

-Pues vaya carade muerta que tienes Hermione- su tono era enfadado. ¿Encimaempleaba ese tono con ella? Se levantó de el asiento.

-¿Quecara quieres que tenga?- le preguntó irónica- ¡Parecestonto Ronald! Primero no me gusta el Quidditch- informó con sudedo indice- y segundo tampoco me agradan las alturas. Pero claro, ati te gusta, eso es lo importante.

-¡BuenoHermione!- le gritó- podría ser peor, te podríanhaber dado una cita con Malfoy, Crabbe o algún chico de esos.

-Llevas razón-pensó- esto no puede ser peor.

¿De veraslo creía? Sin comerlo ni beberlo una bludger atravesóel campo para ir a parar a su cabeza. Se mareaba, todo se poníanegro. Podía oír miles de risas de los alumnos.

Supuso mástarde que la habían trasladado a la enfermería puestoque allí se encontraba.

Tomó unespejo que había en su mesilla y observó un moratónen toda su frente, en todo su esplendor.

Cuando salióde allí entraba de nuevo a aquella sala, se sentófuriosa y señaló su chichón delante de todas lascámaras.

-Recuerdo pedirun chico que me mostrara algo divertido- bufó- no que medejara marcado algo que divierte a los demás durante unasemana. No volveré a quedarme a solas con Ronald en lo que meresta de vida, no puesto que me llevará a algúnpartido.- se levantaba de nuevo- espero mis otras tres, y buscar algomejor.


La puerta secerró con un gran golpe. Minutos más tarde las lucesvolvían a salir, alguien entraba, un pelirrojo contento.

-Hola- leíala pantalla que le pedía que explicara su cita- Para mía estado bien. Creó que a ella le encantó la idea devendarle los ojos. Respecto a el Quidditch se que no le gusta, pero¿y si compró dos entradas para uno de los buenos? Yafue a uno con mi familia. Creo que ella querrá volver a verme,aunque sea para aclararlo todo, ¿Cuando es la próxima?.


''Nunca''marcaba aquella pantalla. Le informaban que Hermione Granger se habíamarchado sin pedir una segunda oportunidad, ella no teníaninguna intención de verse con el joven. Ronald Weasleylevantó su cuerpo ruborizado por su rechazo y se marchó.Las luces se fundían, poco a poco. Mañana una cita mássería programada.


El díallegaba a Hogwarts y aquella sala volvía a abrirse, Hermionepasaba por allí, todavía mostraba ese odioso golpe yparecía estar cansada de encontrar a alguien que valiera lapena. Cogió asiento, sabía lo que tenía quehacer.


''Expóntu selección'' Volvían a mostrarle ante la cámara.


-Bien- suspirabapensando a fondo para no volver a equivocarse- Esta vez quierealguien que no sea de mi curso, ni siquiera de mi casa, que sepamuchas cosas- sonrió- que sepa encontrar el pequeñodetalle de las cosas, alguien distinto a los demás, con esoestaría conforme, creo que vale.


''Excelenteelección, puede ir a los jardines a buscarle en dos horas'',informaron.


Todo marchaba,creía que tenía la mejor cita de el mundo o quizásuna buena, no quería pensar en las anteriores bajo ningúnconcepto.

La sala parecióvacía durante horas. Hermione volvía a entrar furiosaal pasar tres horas, su cita había acabado antes de loprevisto y parecía no estar contenta.

 


-Si mal norecuerdo pedí una persona que no fuera de mi casa, ni mi cursopero tampoco era tan necesario tomarlo a el pie de la letra- bufó-¿Podemos verlo?.


Las cámarasrebobinaban, ponían la habitación oscura, Hermione sepreparaba para ver su cita por primera vez en televisión,aunque no era tan grabe después de vivirla.


Tercera cita deHermione Granger.

Ella caminabareluciente por los jardines de Hogwarts, quizás habíaelegido su mejor vestuario. Se encontraba sola mirando a todos loslados.

A lo lejos pudover venir un hombre, parecía mayor, mucho más mayor.

-Hermione-sonrió- que agradable sorpresa aunque nunca lo pensé.

-Sirius- sequedó atónita. Bueno, no era grabe, al menos no lallevaría a un partido de Quiddicht- No pensé que seríacon usted.

-TuteameHermione- le dijo- ahora soy tu cita. Me dieron permiso para salir deHogwarts.

-¿Enserio?-se alegró, al fin algo de emoción- ¿Y donde mevas a llevar?.

-A un buenparque- le aseguró estirando su mano.

-No podemosaparecernos dentro de el castillo- dijo ella con temor.

-Tengo permiso.

Suspiró yla agarró, aparecieron detrás de unos matojos de unparque desconocido para ella. Sirius estaba a su lado, rascaba sucabeza con violencia.

-Para, para-decía ella temiendo que se arrancara el cabello.

-Tengo una pulgaque me está matando- decía el continuando. Hermionetorció el gesto, genial, una cita con pulgas.- Buenoempecemos.


Hermione miróa su izquierda encogiéndose de hombros, no sabía quepodían hacer en un parque. Volvió a mirar a Sirius perono estaba allí, se asustó, comenzó a mirar portodos lados.

Repentinamentealgo la llamaba, un perro mediante ladridos le ordenaba que caminara.

Ella se quedóextrañada, genial, aquello no era un hombre, era un perro.¡Pero vaya que era distinto! Demasiado para su gusto.

Siguió ael perro negro por donde le indicaba.

-No corras tandeprisa- le decía intentando seguir su paso.

Miles de niñosde aquel parque se mofaban de ella, le señalaban con el dedo ycuchicheaban. Supuestamente, hablaba con un perro como si nada. Pudoobservar que Sirius ladraba cerca de un puesto de helados.

-¿Unhelado? ¿Como perro?- Sirius ladró fuerte afirmando.-Deme dos.

Ella cargaba doscucuruchos, se sentó en el borde de una fuente cercana ySirius subió a su lado. Tenía que darle de comer a unperro, perfecta imagen para una burla.

-¿Por queno te trasformas en Sirius? Sería más divertido- ellaseguía manteniendo el cucurucho mientras Sirius lamíaaquel helado, lamía aveces los dedos de Hermione sin querer yproducía que el helado empezara a derretirse por la mano de lajoven- Ten cuidado- le gruñía aparentando sersimpática.

Sirius bajóde la fuente y empezó a corretear, Hermione no sabía siseguirle o quedarse allí sentada. Sirius olfateaba todo,surcaba los céspedes de aquel parque en busca de algo, tomóuna flor entre sus dientes. Hermione sonreía, aquel era elmejor detalle que había tenido.

Todo lo estropeócuando antes de llegar cerca de la joven decidió hacer unaparada en la farola más cercana para orinar libremente.

Otro perrototalmente distinto subió a el borde la fuente y intentótomar de el cucurucho. Hermione se asustó por el chupeteo deel animal. Cuando iba a levantarse Sirius empezaba gruñirle ael otro animal.

 

-Dejale- decíaella.

Los perrosgruñían y correteaban entre pelea al lado de Hermione,un mal pie hizo que ella se escurriera, caía para atrás.

Sirius seapresuró a agarrarle de su camiseta. Sin victoria Hermionequedó hundida en la fuente de aquel parque con los heladosflotando a su lado y sin camiseta. Sirius Black la tenía en elhocico y mordía su pie sutilmente para ayudarle a salir.

-¡Puedosola, puedo sola!- le gruñía.

Saliócubriéndose la ropa interior. Todos reían de ella, enmayoría los niños pequeños. Ella le quitóla camiseta de entre sus dientes y se alejó hasta los mismosmatorrales. Sirius le había seguido como ella pretendía.Volvió a colocar su camiseta pero había quedado abiertapor un lado.

-Perdoname-decía él convirtiéndose de nuevo en hombre- perono puedo andar por ahí como Sirius Black.

-Entonces noaceptes citas- decía ella intentando sujetar su camiseta.

-Sabes que soyun perro muy simpático y juguetón- sonreía- peroese chucho quería quitarme mi helado.

-¡Yoquería una cita, no pasear un perro!- le gritó- y no teofendas, era perfecta, pero comprendeme, mira como acabé.

-Esta bien,cogete, volvemos.

De nuevo estabanen Hogwarts, ella seguía sujetando su camiseta y corrióhacia adentro para cambiarse.


Las cámarasparaban. La luz volvía, la cara de enfado de Hermione volvíaa mostrarse.

De nuevo teníavía libre para cualquier queja o expresión de su cita.

-Cuando habléde que encontrara el pequeño detalle de las cosas no merefería olfateando. Tampoco lo pedía tan distinto comopara ir paseando un perro.- suspiraba- una monada pero no repito más,espero encontrar algo bueno en las dos restantes.


La puerta secerraba a mala gana. Una figura masculina, rascando su cabeza pasabahasta allí y se sentaba en el mismo asiento, podía leeren las pantallas las instrucciones, debía comentar que tal sucita y esperar a saber si tenía una segunda oportunidad.

-Bajo mi opinióncreo que ella se lo pasó estupendamente- sonrió- seguroque nunca había tenido una cita semejante. Le podríamosquitar la caída a la fuente, pero creo que si tengo unasegunda oportunidad, sabe que si me la da no iré como perro yeso se que le agrada- esperó pendiente a las cámaras-¿Cuando es la siguiente?.


''No hay unasegunda'' le hacían leer. La voz misteriosa la aclaraba queHermione Granger se negaba a seguir acompañando a un perro porlas calles de la ciudad, al menos hasta que comprara una correa. Notenía ninguna intención en volver a ver a Sirius Blackcomo su pareja.

Sirius rióante tal comentario, parecía no afectarle y seguíabuscando su maldita pulga. Salía rascándose ymordisqueando su brazo.


De nuevo aquellasala lucía con sus luces esperando aquella visita femenina.Siempre dispuesta, siempre a la hora indicada, siempre puntual comoen sus más difíciles clases. Tomaba asiento cruzandosus piernas y sonreía levemente, no sabía comocontinuaba acudiendo a esa sala. Foro ciclismo


''Expóntu selección''. De nuevo, eso ya lo conocía.


-Espero tenermás suerte- murmuraba en flojo para no ser escuchada- Esta vezme conformaría con que fuera persona humana, nada detransformaciones ni juegos. Alguien serio con el que se puedacharlar. Que sepa estar en un buen sitio tranquilo.

 


''De nuevo eligeexcelente señorita Granger'' Ella resoplaba mientras salíade allí, que irónica maquina. ¡Endemoniadamaquina!.


Todo marchaba,se habían completado al menos estas dos horas de cita. Lapuerta volvía a abrirse y ella llegaba más calmada quede costumbre. Algo pasmada, como pensativa, demasiado hasta paraella.


-Demasiadotranquilo el sitio- decía tras unos segundos- y aunque era unapersona humana costaba charlar con él. ¿Podemos verlo?


¡Lucesfuera! ¡Cámaras, rebobinar! ¡Cojan asiento!¡Acción! Estaba preparándose para ver aquello denuevo.


Cuarta cita deHermione Granger.

Hermione volvíaa depositarse en los jardines de Hogwarts, esta vez habíaescogido alguna ropa normal, que no fuera fácil de perder yque no importara mancharla o mojarla. Sintió una presencia,giró y se asustó nada más ver aquello.

-Profesor- decíapasmada.

-¿Tu mehas citado en ese estúpido juego?- preguntó con susbrazos cruzados.

-Yo no elijo elhombre- le aclaró- solo doy una descripción y ellos loasignan.

-Estábien, acompáñeme- le decía caminando hacia elcastillo con paso ligero.

Le costabaseguirle un poco el paso. ¡Vaya cita! Con su profesor dePociones. Él parecía no tener muchas ganas de pasaraquellas horas con ella, pero coincidían en ello, que no lodudara. Llegaban a un lugar que ella conocía, era su despacho,aquel frío y lúgubre despacho.

Abrió lapuerta y encontró una buena mesa bien servida de alimentos,uno de los más caros vinos y una pequeña luz flotanteque revoloteaba por la puerta al entrar ellos.

-¿Tieneidea de que significa esto Señorita Granger?- preguntócon voz fría.

-Sí-sonrió siguiendo la luz con la mirada- que es la mejor citaque e tenido.

-No- le negó-que le restaré cincuenta puntos a Gryffindor por hacermepreparar todo esto para nada.

-No puedequitarme puntos por eso- se quejó- usted lo preparó.

-¿Discusiones?-preguntó arqueando una ceja- cinco puntos menos.

-¿Ustedse va a empeñar en estar las dos horas de cita bajándomepuntos?- ella preguntaba con enfado y su profesor reía poraquel mal humor- en ese caso, le tentaré.

-¿Tentarme?-preguntó.

Ella afirmóy pasó decidida, sin miedo. Se paró frente a la mesa ysirvió dos copas de aquel vino. Tomó un dulce perocorto trago de el suyo y con una sonrisa le pasó la suya.Severus la tomó entre sus dedos manteniendole la mirada.

-Tiene diezpuntos menos para su casa- comunicó sin titubear- no se puedebeber con un profesor.

-¿Cuantosvan ya?- empezó a hacer la cuenta con sus dedos- sesenta ycinco- sonrió cínica- todavía se mantiene ennuestras posibilidades, déjeme entonces que me tumbé.

Ella se sentósobre la mesa de el profesor tirando a el suelo todos los papeles quehabía a su paso, estiró su cuerpo sujetando su cabezacon la mano y sonrió haciendo el gesto de un brindis con sucopa.

-Veinte puntosmenos para Gryffindor- decía Severus bebiendo de su copa- porintentar persuadir a un profesor.

-Genial- decíaella quitando su pelo de la frente- Dígame profesor, ¿tienealguna cosa que podamos fabricar para curarme esto?.

 

-¿Unmoratón?- rió de ella- dejame que prepare algo rápido.

El profesor conun leve giro de muñeca tenía un caldero a su lado ypudo tomar de su armario muchos ingredientes apropiados. Mientraspreparaba aquella poción para curar a su alumna no dejaba deobservarla, bebía dulce mientras que seguía con sumirada aquella luz. No paraba de fijarse en aquella boca, comocambiaba aquella insufrible sabelotodo fuera de clase. Todos loshombres igual, miran, se dejan el santo en el cielo y despuésse quejan de que las cosas salen mal.

Ya habíaacabado y vaciaba aquella sustancia sobre la frente de HermioneGranger, lo que debía de calmar un moratón hizo que sepusiera más negro hasta producirle un gran dolor, le faltabala respiración, se mareaba y caía a el sueloarrastrando por la mesa.

Severus Snapecorrió a su caldero y cayó en la cuenta de que alquedarse embobado mezclo algo no debido. Buscó por su armariopociones para remediar aquello.

Se arrodillabaante a ella, se le hacía beber con dificultad puesto que ellacerraba sus ojos. ¡Estaba matando a su alumna!.

No le quedóotra opción que tumbar a Hermione para atenderla élmismo. Tubo que buscar sus labios, temió hacerlo pero eranecesario.

Sus ojoscaramelo se abrieron asustándose tanto que al intentarincorporarse se golpeó la cabeza contra la mesa de nuevo enese moratón. Pudo observar la cara de su profesor cerca y susmanos cerca de su pecho.

Ella golpeósu mejilla como un acto reflejo y se levantó de el suelo.

-Perdón-se disculpó después al ver los frascos de pociones-creí que lo había echo aposta para besarme.

-Cien puntosmenos para Gryffindor por golpear a un profesor- afirmó serio-y suma cincuenta más por mal pensar de mi, ¿Quiereperder más señorita Granger?.

-No- negóella mirando el reloj- la cita terminó.

Salió deallí tocando su condolido moratón. Otra cita mal, otrodesastre, ¿Como miraba a Severus después de esto?.Había perdido tantos puntos que nadie se lo perdonaríaal enterarse.


Las lucesvolvían, las cámaras volvían a mostrarle unmensaje. ''Da tu opinión y decisión''.

-Quizásfue la mejor cita dentro de el apartado de peores- decía ellatocando de nuevo su moratón- creo que tendré secuelasde esta cita durante más tiempo. No pretendo seguir perdiendopuntos y espero no volver a ese despacho nunca.- había tomadouna decisión. Juntó sus manos y sonrió- Solo mequeda la última, espero que pase pronto visto lo visto.


La dejabanmarcharse hasta mañana, desaparecía de aquella salapara que mañana acabara la tortura.

Aquella saladejaba paso minutos después a un profesor frío, quizásel hombre más frío que había pasado por allí,Severus Snape.


-Creo que laseñorita Granger volverá, se le notó a gusto.Quizás la mejor cita que pudieron proporcionarle- sonreíasiendo cínico- Lo de ir de niña mala acaba pasandolefactura, pero creo que le apetecerá perder puntos de nuevo.

''No tiene unasegunda oportunidad'' Le aclaraban sin sentimientos. Le dejabansumamente claro que su alumna había pasado directamente a suquinta, su última opción. Hermione Granger habíadejado subrayado que no volvería a su despacho en una largacantidad de tiempo.

Severus Snapealcanzó a subir una ceja. Hermione Granger tendría cienpuntos menos en su próxima clase.

 

Hermione seencontraba cansada, demasiado cansada para su gusto. Volvía asituarse en aquel asiento azulado frente a cientos de cámaras.Suspiraba esperando ordenes y deseando que esto acabara. Si supróxima cita fallaba, no se molestaría en intentaraguantar a la persona.


''Expóntu selección''. Allírecibía ordenes, allá iba ella.


-Soloquiero una cita decentes- aclaraba sin perder la fe- Solo quiero unchico que cuando finalicen las horas haya disfrutado con mipresencia, que sepa cuidar cada momento.- rogaba mirando a el techo-Que no acabe con ningún golpe, que no sea profesor, ni medoble la edad. Alguien que no me espere encontrar, y me sorprendatanto como en esa cita.


''Perfectaelección, mucha suerte''.Ella levantaba su cuerpo cansado, resoplaba y salía a cumplirsu cita.


Nadamás finalizar aquellas dos horas de cita transcurridas,Hermione volvió a aparecer en la sala. Se manteníadistante, se mantenía sin sonreír, su gesto parecíaentristecerse.

-¿Podemosverlo?- esta vez ella se ahorró comentarios al respecto de loelegido, esta vez ella no tenía nada que decir. Temíahasta volver a mirar aquella pantalla.


Lascámaras rebobinaban, las luces se apagaban para trasladarla denuevo a su cita. No quería hacerlo, no quería mirar. Lapequeña luz de la única pantalla que la mostrabasentada en los jardines dejó ver una pequeña lágrimaen la mejilla de la joven.


Quintacita de Hermione Granger:


Era cierto, seencontraba sentada en los jardines de Hogwarts. Prefería nomirar a ningún sitio en cuestión, prefería nover como fallaba de nuevo en su elección. Pasos caminante seescuchan por su espalda. Se giró, dos ojos se cruzaron, colorplata y caramelo que se funden en un abrir y cerrar de ojos. Aquelmuchacho se giraba para volver al castilla.

-¿Malfoy?-se extrañó ella con el entre cejo fruncido. Consiguióque el muchacho parara en seco y la mirara con rencor.

-¿Algúnproblema?- espetó- Tú me atreviste a elegirme Granger.

-¿¡Que!?-preguntó sarcástica levantándose de su asiento-Serías el último que elegiría para una cita, ytambién el último que sabría lo que yo quiero.

-¿Teatreves a hablar de mí?- le decía con desdén-¿Con quienes fueron tus citas? ¿Con Weasley pix, concara rajada, con Longbottom tal vez?- ella frunció el gesto,habría preferido a Harry antes que a él- deberíasestar orgullosa de que me hayan elegido.

Hermione empezóa reír, aquello molestó mucho más a el joven quese acercó a ella mirándola furioso.

-No me hagasreír- paró ella en seco siendo cínica- HastaFlich el conserje podría proporcionarme una cita mejor que latuya.

-¿Esocrees?- vaciló con una sonrisa pícara mientras colocabasu camisa. Hermione afirmaba estando completamente segura- Eso ya loveremos.


Agarró suantebrazo para arrastrarla por todos los jardines. La llevó ala fuerza, sin su consentimiento hasta la puerta de la sala comúnde Slytherin.

-Ni se te ocurramoverte- le ordenó.

-Esto no me lopierdo- decía ella vacilante- ¿Que harás?¿Llamar a Parkinson para que nos haga compañía?.

Draco negócon su cabeza dejando a la muchacha por imposible y pasó haciaadentro.

 

Un escaso minutodespués salió con escoba en mano. Hermione llevaba susmanos a su frente haciéndose daño en su propio moratón.

-Sube- le obligótomando el asiento.

-No piensosubir- se negó ella.

Draco Malfoytomó su camiseta ceñida a el cuerpo, le estiróhasta a él y con un leve empujón la colocó en elpalo de aquella escoba y entre sus brazos. Antes de que pudieranegarse nuevamente se elevó con rapidez.

Recorríanlos pasillos pese a que estaba prohibido, salían a losjardines y tomaban altura. Aquello hizo que Hermione se ciñeraa el cuello de el joven.

Sentía suaroma de serpiente, notaba su suave y nívea piel frente a susojos y en roce con su pequeña nariz.

-¡FallasteMalfoy!- gritaba sin soltarse- ¡No me gustan las alturas!.

-Son los mejoressitios para ver las las mejores cosas- decía Malfoy parando.

Ella se negaba aabrir todavía los ojos, Draco ya había tomado los piesen el suelo y la miraba desde arriba amarrada a su cuello.

-Puedes soltarteGranger- decía quitandole los brazos.

-Lo siento-titubeaba ella mirándose las manos y limpiándosedespués en la parte trasera de su pantalón.

-Vas a descubrirlo que es una cita Granger- hablaba como un verdadero experto, comoun hombre dedicado a las mujeres- Verás que se mostrarte loque te gusta.

Fue a tomar sumano pero lo meditó, tomó mejor su muñeca y ladeslizó por la montaña en la que habían parado.La trasladaba hasta la punta de ella. Hermione temía de lasintenciones de el joven, tanto que sus pasos eran escasos y Draco lonotaba. ¡No pensaba tirarla para abajo!.

-Estate quieta-le ordenó con enfado- No voy a hacerte daño.

-¿Paraque quieres ponerme aquí?- decía sin prestar atencióna lo que tenía enfrente.

-Mira a estelado- la trasladó por la montaña hasta mirar a siderecha.

Ella se quedóalucinada, aquel hermoso lago de Hogwarts lucía como nunca enaquella tarde, el sol dejaba que el agua tomara un color anaranjado.Los pájaros revoloteaban por encima de ella, las nubes dabanun claro a él día, había acertado, le estabamostrando algo perfecto.

-Ahora mira aeste lado- la trasladó hasta su izquierda.

Su mirada seperdió en aquel paisaje, lo diferenciaba, sabía que erael bosque prohibido. También lucía espectacular desdeaquella altura. Nunca lo había podido contemplar así.

Los picos de losarboles sobresalían de una neblina que parecía tenervida propia y que vagaba en medio de la naturaleza. Miles de pájarossalían de aquel velo blanco de humo para subir a las copas.

Aquella montañaera un buen lado, un buen lugar que mostraba la luz y la oscuridad.Draco se postró detrás de ella sin tocarle, miraba elbosque prohibido y Hermione le dirigió la mirada.

-Acepto que mesorprendiste- decía ella mirando hacia adelante- ¿Quelado te agrada más?.

-Este- decíaMalfoy mirando aquella neblina- Este es mi lado, mientras el tuyoestá allí a el otro lado. Esa es la moraleja.

-Entonces iréa ponerme allí- dijo ella haciéndose paso entre sucuerpo.


Mientrascaminaba a el otro lado giró para observar la espalda de suacompañante, pero pudo observar más bien sus ojos.Draco la estaba observando caminar por décimas de segundo. Segiró de nuevo a el bosque prohibido y perdió la nociónde el tiempo.

-Malfoy- lellamó minutos después Hermione. Llamó suatención al ver que ella sonreía- Esta es mi cita, yoelijo que hacer.

 

-¿Como?-se extrañó- ¿Que demonios quieres hacer?.

-Bailar-pronunció con un rotundo movimiento de labios, esos labioscarnosos que Draco observaba y creía despreciar.

-Ni hablar- senegó rotundamente.

-¿Comoque ni hablar?- decía ella simpática- ¿Tu noibas hacer que esta cita fuera la mejor? ¡Pues yo quierobailar!- caminó hasta Draco y tomó su muñecapara trasladarlo hasta el lado de la luz. Él se negaba,caminaba hacia atrás y quitaba su mano cerca de las suyas-Estate quieto, no voy a hacerte daño.

Usó lasmismas palabras que hace unos minutos él usó con ella.La miraba ceñudo, la miraba sin confianza, la mirabaextrañado.

-No sébailar- confesó quitando totalmente sus manos.

-¿Eseso?- preguntó como si no tuviera importancia- Entonces dejameque yo te enseñe.- tomó su mano con sutileza y lacolocó sobre su cadera. Draco abrió sus ojos comoplatos y tragó saliva- ahora dame la otra mano.


Draco obedecíajuntando su mano izquierda con la de la leona. Ella le sonreíadesde la lejanía y le obligaba a pegarse un poco más;él obedeció con un suspiro sonoro, tenían loscuerpos juntos, tan juntos que no alcanzaba a ver sus pies. Ellaempezó a moverse lentamente y recibió dos pisadasdolorosas.

-Esta bien, estabien, primero proveemos mirando los pies- decía ella separandoel cuerpo- Un pié aquí y otro ahí- le ordenabamientras él obedecía- ahora muevelos al contraríoque yo- ella empezaba a mover sus pies. Draco intentaba seguirle elritmo- un, dos tres; un, dos, ¡auch!.

-Perdón-se disculpó él titubeando.

-Ahora vuelve ajuntarte conmigo- Draco volvía a abrir los ojos y de nuevoella tenía que tomar la iniciativa de juntar su cuerpo a elsuyo.


Bailaban, loestaba consiguiendo. Se movía a el son de su cuerpo, sentíasu cadera en su mano, perfecta cadera de leona. Sangre sucia recorríapor aquellas caderas en las que perdía el control de el baile.Quizás todo venía de que era Draco Malfoy, de que a élle encantaban las chicas, solo eso.

Se poníademasiado nervioso con ella, le estaba haciendo perder los pasos, eltiempo estaba transcurriendo, el tiempo pasaba, el tiempo de citahabía acabado con la sonrisa de ella.

-Lo hicistebien- le sonreía simpática- Ambos aprendimos algo. Yoque siempre hay dos lados, el bueno y el malo; incluso en ti Draco, ytú a bailar.

Draco sonreíade medio lado perdiéndose en los movimientos de aquelloscarnosos labios con color carmín.

No sabíaque hacía solo que hundía sus manos bajo la melena dela leona más odiosa para él. Jugaba con sus labios, conla lengua de Granger. Cerraba los ojos para no afrontar la realidadde el beso, de que aquello le gustaba, de que aquello lotranquilizaba.

-¿Quehaces?- se separó ella con sus ojos cerrados posando sus manossobre el pecho de su enemigo.

-Terminar estocomo una verdadera cita- informaba él abriendo los suyos ybuscando la mirada de ella- Aquí tienes tu mejor cita Granger.

Ella lo mirabafijamente, podía ver luz en sus ojos. Aquellos plateados ojosno estaban en el lado de la oscuridad en aquel momento.

-Dime Draco-tenía que hacerlo, tenía que saber.- ¿Porque mebesaste?- titubeó- ¿Lo deseaste o solo formaba parte detu plan de cita perfecta?.

-Granger- élpensaba, tenía que hacerlo bien- Solo fue una demostraciónde una verdadera cita, nada más.

Quitó lasmanos de ella de su pecho y marchó hasta la escoba. Ellacaminó evitando llorar, evitando mostrar lástima. Seamarró levemente a su cintura para descender.

-Puedesagarrarte más fuerte- le informaba.

-Estábien así- decía ella sin abrir los ojos- dejame aquímismo.

Draco obedeció,la dejó algo lejos de la puerta de el castillo, pero era suelección. La cita había terminado, todo habíaacabado.

Hermione semarchaba entre un suspiro quitándose pronto de la vista deaquella orgullosa serpiente.


Las lucesvolvían, sus ojos eran secados con sus manos. Tomaba lacompostura adecuada.

-Está fuemi mejor cita con diferencia- aceptaba ella mirando a el suelo- peroprefiero no seguir jugando con el enemigo. Una serpiente solo puedeinyectarte el veneno en el momento que más llegas a confiarte.No bailaré nunca más con una serpiente que miente consu lengua.


La dejabanmarcharse, esta vez para siempre. Había tomado una decisióny su juego había acabado.

Aquella sala sehabría de nuevo para un alumno, aquella serpiente que habíapasado sus dos horas con Hermione Granger. Tomó asiento y leyólas instrucciones a seguir. Debía opinar y esperar unarespuesta.


-Sé queserá una respuesta positiva, sé que volverá aintentarlo conmigo- decía él seguro- No todo a laprimera suele ser perfecto, aveces necesitas un segundo intento. Ellalo sabrá, sabrá que puedo arreglarlo en un segundointento.


''No tienesun segundo intento. Aquí acabó todo, el juego aterminado para Hermione Granger''.Se lo dejaban claro, ya no tenía nada que hacer. El juegoempezaría para otra persona, nada que ver con ellos.


-¿Como?-se extrañó- No pueden hacer eso, necesito una segundaoportunidad. Necesito aclarar todo esto, necesito aclararme a mímismo.


''Losentimos, no podemos hacer nada por una segunda cita. Solo habríauna forma, una difícil forma''.


-Dígala-ordenó con el tono serio.


''Juegue.Juegue cinco citas, juegue y búsquela si de verdad quiere unaoportunidad''.


Lo haría,habrían cinco citas para Malfoy. Allí la buscaríay la encontraría, allí él tendría elpoder y allí su leona caería en su piel.

_______________________________________________________________

¡Finalizé el fic!, pero abriré uno nuevo: ''Cinco citas para Malfoy''. No tardaré en subir primer capítulo ni en crear. Espero verles a tod@s por allí y que les haya gustado el capítulo, ya que era la pareja esperada.

-Septiembre de Draco-

Cinco citas para Granger - Fanfics de Harry Potter

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¡Hola,esta en una nueva locura, quizás una bobada de las grandes.Espero que lo disfrute quien deseé leerlo.

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2023-02-27

 

Cinco citas para Granger - Fanfics de Harry Potter
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