Creep - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Corría rápidamente por el mojadoasfalto, salpicándome de lluvia y barro aquellas zapatillas nuevas. Ya sehabían empapados mis pies, claro que sí, solamente eran unas zapatillas delona, obviamente se pasarían. Sin embargo, a pesar el frío que sentía en todoel cuerpo y el dolor que esto me provocaba, no quise perder ni un solo segundo.Podría haber ido en taxi, pero con la tardanza que ya llevaba encima, no mepercaté de que no había llevado dinero, ni siquiera mis llaves como pararegresar. Tenía que seguir adelante incluso si se hubiese caído.

Doblé la esquina pasando atropezar, siempre había sido torpe, pero sólo acomodé mi mochila en la espalday volví a lo mío. Mi respiración ya estaba agitada, me costaba controlarla a esa altura de la carrera, perono pararía ante nada. Tuve suerte de no morir cuando un auto estuvo a punto deatropellarme, pero claro, era mi culpa, yo había pasado la calle con taldesesperación que ni me fijé en el semáforo. Obviamente me gané garabatos delconductor, pero ni siquiera me quedé a escucharlo o a lamentarme por el dolorque me produjo aquel pequeño golpe en mi costilla. No había sido un accidentemayor, pero el choque había logrado tumbarme al suelo.

 

Mucha gente me observaba en elcamino, volteándose descaradamente para mirarme mejor. No era algo que mesorprendía, era normal para mí. Yo era lo que la gente tildaba de "personaextraña", desde que tenía uso de memoria. Tanto era así que mi madre siemprehabía intentado cambiar mi forma de ser, pero, ¿realmente puede cambiar lapersonalidad de alguien sólo porque así lo quiera? No, no es posible. Puedesarreglar tus errores y defectos, pero nunca podrás dejar atrás a la persona quetienes dentro. Yo menos podía.

Finalmente llegué al lugaracordado, pero me detuve de golpe antes de ingresar a la tienda. Ahí estaba él,besándola como si su mundo fuera ella. No podía negar que sentía celos, peroaun así afronté la realidad que desde hacía tiempo ya venía previendo e ingresécon pasos quedos. Me acerqué a la mesa y carraspeé, anunciando así mi llegaday, a la vez, pidiendo indirectamente que dejaran de hacerlo; aunque podíatomarse como directo.

¡Pero si ha llegado la cosa rara! exclamóél sonriendo de medio lado. Sentí una puntada en alguna parte de mi ser, perosólo alcé un poco más el rostro. Lindos lentes, bichito.

Ya, déjala pidió Anastasia a sunovio, con aquella dulce voz. Ella era perfecta, mas yo no y en parte eso meenojaba. ¿Cómo estás, Antonia?

Bien, un poco cansada murmurésentándome frente a ellos. Le envié una mirada de hastío a Alex, quien seguíaobservándome burlonamente. No era para menos, seguía siendo algo rara para él.Pero traje los apuntes.

Estuvimos hablando unos minutos yAnastasia se disculpó unos momentos para ir al baño. Me sentía incómoda cuandome quedaba a solas con Alex y esa ocasión no fue una excepción. Estaba sumirada sobre mí, lo sentía. Siempre había tenido una mirada muy fuerte, desdeque lo conocía, pero esa vez fue diferente. Miré hacia otro lado, por lo que nome di cuenta de que el chico se había levantado y había caminado hasta sentarsea mi lado, sólo hasta que sentí su mano acariciando suavemente mi pierna.

Me giré a mirarle bastantesorprendida, pero también avergonzada. No podía negarlo, me incomodaba ese tipode contacto. Por otro lado, no podía creer lo que estaba viendo en ese minuto.Él siempre había dicho públicamente que me veía como un bicho raro, ¿por quéestaba haciendo eso, entonces? Tragué saliva mientras le veía aproximarse a mílentamente. Mi mente no me estaba dejando pensar correctamente. Me sentíaacorralada, estaba prácticamente en shock y ni siquiera el sentir sus labiospresionando los míos me hizo reaccionar.

 

Fue un momento de debilidad, no podíamoverme y tenía muchas dudas en mi cabeza. Estaba ensimismada, tanto así que consuerte sentí su mano derecha en mi cintura, con la cual hizo un poco de fuerzapara acercarme a él. Sus labios se movían insistentes, fervorosos, pero aun asíno pude más que pestañear. Nunca había dado un beso, tal vez por eso aquelcomportamiento. Además, claro estaba, de que me estaba besando el chico quesiempre me molestaba. Me estaba acariciando el joven que se reía de mí cada vezque podía. Era

¡Alex! escuché.

Su voz, quebrada, había resonado entodo el local. Me aparté a pulso del chico y ambos observamos cómo Anastasia nosmiraba con los ojos anegados en lágrimas, las cuales en pocos segundos sedesbordaron y avanzaron descaradamente por aquellas mejillas paliduchas. Lemiré sin saber qué hacer, sin saber qué decir. ¿Cómo alguien podría lastimarle?Me levanté en cuanto ella corrió a la salida, intenté perseguirla y explicarle,pero la mano del chico me detuvo por el brazo, ejerciendo bastante presión comopara soltarme.

Déjala pidió con voz suave. Aceptéser su novio sólo para acercarme a ti. Quédate aquí, he notado cómo nos miras.Sé que me amas igual que yo a ti.

Suéltame, imbécil ordené jalando mibrazo, pero no tuve resultados.

¡Vamos, Antonia! rodó los ojos Alex,acercándome a él por la cintura. Cuando amas a alguien, debes

¡No te amo a ti, la amo a ella! soltéenfurecida.

Quizás fue la impresión, quizás elenojo, pero Alex me soltó como si le hubieran dado una descarga. Sí, lo habíagritado en un local público. De seguro el rumor de que yo amaba a una mujer seextendería por todo el instituto, pero no me interesaba ya nada más. No queríaque a Anastasia le ocurriera algo por mi culpa, por lo que salí rápidamente deese sitio, corriendo en la misma dirección que Anastasia había tomado. Mi corazónlatía fuertemente, mis manos temblaban; verla llorar había destrozado ya granparte de mi ser.

¿Cómo alguien no podría enamorarse deAnastasia? Era imposible no hacerlo. Yo siempre había sido de esas chicasduras, extrañas ante la mirada de los demás, pero esta niña era mi contrariosin dudar. Cuando la veía de lejos siempre pensaba que era de aquellas chicasmimadas y cosas por el estilo, pero cuando miré sus profundos ojos verdes porprimera vez, supe que estaba en presencia de un verdadero ángel. Su piel, supiel era perfecta, perfecta como ella misma a mi vista. Me enamoré ese mismodía, el primer día en que le hablé. MX Motocross

Seguí corriendo, quería abrazarla paraque dejara de llorar. Nunca le había visto hacerlo, ella siempre estaba feliz,contenta, parecía que no vivía en este mundo. Yo tenía una teoría, Anastasiavivía en un mundo totalmente distinto al mío, no veía la realidad que todosveíamos. Esa chica habitaba un mundo hermoso, perfecto, sin tristezas nidolores. Sin embargo, también hacía que mi mundo fuera mejor. Le daba vida y color a ese mundo demierda en el cual vivía yo, y con su sonrisa, con sus palabras de aliento, mehacía quererla y amarla cada vez más.

 

Anastasia era jodidamente especial,como su nombre, y yo quería ser especial para ella.

¡An! llamé subiendo las escalerasdel edificio al cual le había visto entrar. Tomé aire, pero no me detuve. ¡An,espera, por favor!

No sé cuántas escaleras subí, perollegamos a la azotea del edificio. Yo con suerte podía respirar para cuandoabrí la puerta, nunca había hecho tanto ejercicio; ella sí. Mis pies temblabancuando caminé hacia Anastasia, la cual observaba la ciudad desde la altura. Yosentía que mis rodillas iban a ceder y que caería, pero entonces se acercó a míy me ayudó a sentarme. Sí, quien estaba llorando tan desconsoladamente por miculpa, era quien me estaba prestando sus manos y sus fuerzas para que no mecayera. Me sentía tan mierda en ese momento.

Volvió a caminar hasta donde podíaobservar la ciudad, limpiándose las continuas gotas que resbalaban por su blanquecinoy delicado rostro. Respiré sólo unos segundos, porque no quería seguir viéndolallorar. Me levanté y caminé con las piernas tiritando completamente. Me pusefrente a ella, bloquéandole la vista.

Te juro que yo no lo besé le dije precipitadamente.Anastasia me miró con ojos dolidos, ni siquiera habló. ¡An! Yo no te haríaalgo así, créeme, por favor. Yo
yo no te lastimaría de esta forma, sabes queél no me agrada.

Podría haber sido u-una forma paraque no s-sospechara sollozó mordiéndose el labio inferior, quizás con fuerzadesmedida, pues comenzaba a verse un líquido rojo.

¡No, An, te lo juro! farfullé condesesperación. Yo
yo no

¡¿Cómo creerte después de lo que vi?!inquirió mirándome directamente a los ojos.

Mi corazón comenzó a latir más rápidoen ese momento, lo sentía incluso en mis oídos. Mis labios temblaban, los nerviosme inundaban y no me dejaban pensar con claridad; sólo la besé. Le tomé elrostro con una brusquedad característica en mí y fundí mis labios en los deella. Temía que me rechazara, sabía que sucedería, pero quise disfrutar almenos esos momentos. Moví mis labios con suavidad, quería demostrarle mi amor,quería que sintiera mi cariño a través del beso; quería que se percatara de mianhelo por ella.

Pero se separó.

Te amo le dije tan solo, sintiendoun nudo en mi garganta. Por eso no podría haberte hecho eso, porque me gustastú y tú eres a quien amo.

Yo
estaba extraña. No supereconocer su rostro. No sabía si era rabia, consternación o asco, no podía leersu gesto. Yo no soy como tú susurró.

No pude más que soltar una amargada risa,como aquellas que das cuando sabías que algo sucedería, pero tenías laesperanza de que no fuera así.

Lo sé, Anastasia sonreí intentandono demostrar mi dolor. Lo tengo claro.

En ese momento quería tener el controlde mis emociones, haber nacido como una chica que gustara del sexo opuesto,quería controlar mi corazón. En el fondo sabía que nadie podía, por lo que deseéser perfecta para ella, quise y anhelé ser un hombre. Quería tener un buencuerpo, uno bien masculino, con músculos y una ancha espalda, así como eraAlex. De hecho, quise ser Alex, pero un Alex inteligente, uno que no lalastimara de esa forma. Quería un almaperfecta, sí, como la de ella, llena de pureza y buenas intenciones.

¿Pero cuál era mi realidad? Paraempezar, era una mujer. Y no solamente eso, yo era de esas a las que siempre seles mira mal. Era extraña, por mucho que no quería serlo, sabía que no podríacambiar lo que era y eso siempre me hacía preguntar, "¿por qué Dios me habíahecho así?" Me hacía pensar cosas, me hacía saber que yo no pertenecía a esemundo.

Lo siento, Antonia murmuró pasadounos segundos. Alcé mi vista. No puedo corresponderte y de veras lo siento.Esto es extraño para mí.

Soy extraña reí bajando la vista ynegando con la cabeza. Luego la volví a mirar. Pero, por favor, déjameayudarte en todo lo que quieras hacer, déjame hacerte feliz; aunque sea comoamiga.

El silencio reinó unos minutos ellugar, pero entonces ella se acercó y me abrazó.

No quiero dejar de ser tu amiga murmuróaspirando ruidosamente.

Me sentí feliz. Quizás no podríabesarla ni tocarla de la forma que quería, pero la tendría cerca y eso era loque me importaba. Cuando estaba a su lado, era cuando me sentía parte de eseraro mundo. Claro, yo sabía que no pertenecía allí, pero eso no importaba siestaba en compañía de alguien que sí formara parte. Me podría adaptar, dehecho, me adaptaría a ese mundo y le ayudaría incluso a conquistar a quienquisiera, aunque me doliera, pero sólo para verla sonreír.

Sí, para cualquiera sería extraño elsolo pensarlo, pero en el mundo al cual yo sí pertenecía, no lo era del todo. Ymientras la tenía entre mis brazos, no pude evitar el planear un secuestro,pero no pude más que reír al darme cuenta de lo que había estado pensando.

Verdaderamente, yo no pertenecía allí.

No, no pertenecía.



¡Feliz navidad y próspero año nuevo, Diana! Te quiero mucho y, viendo cómo ha quedado, he de recordarte que es la intención lo que cuenta xDDDD jaja cuídate +.+

B!

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Corría rápidamente por el mojadoasfalto, salpicándome de lluvia y barro aquellas zapatillas nuevas. Ya sehabían empapados mis pies, claro que sí, solament

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2023-02-27

 

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