Dentro de mi Esfera de Cristal - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

24 de Diciembre

La bailarina giraba y giraba dentro de la bola de cristal. Desde que había entrado en la escuela de Hogwarts, Rose Weasley había dejado de añorar las vacaciones, especialmente las de Navidad, aunque eso había ocurrido cuando a los diez años se había enterado de que eran sus queridos padres y no el mítico Santa Claus, quienes dejaban los regalos envueltos en papeles brillantes debajo del árbol.

El olor a chocolate fundido le golpeó la nariz pecosa con fuerza, apartó el juguetito, que rodó por la alfombra y miró hacia atrás.

Hugo Weasley, su hermano pequeño que tenía entonces trece años, dormitaba sobre el sofá. Rose sonrió para sí misma y miró fijamente el fuego crepitar en la chimenea. Sus padres estaban ultimando las compras de aquellas tiernas fiestas. Volteó la cabeza y los rizos rojos hicieron sombra a las propias llamas.

 

Fuera, estaba nevando.

No tardó en coger el abrigo y la bufanda y salir a las frías calles, en donde la nieve blanca pisoteada seguía los dibujos de la calzada. Los niños pequeños, de la mano de sus padres, reían felices y entonaban alegres villancicos ajenos a que toda la fiesta no eran otra cosa sino patrañas. Rose suspiró, ojalá volviera a ser una niña pequeña, ingenua e inocente, que se tragase los cuentos como si fueran fragmentos de la realidad.

Pensó en la última semana antes de las vacaciones en el colegio y al imaginar los ojos grises de Scorpius Malfoy enrojeció a la par que se le llenaban de lágrimas los ojos.

Cuando lo conoció hacía cuatro años le había caído fatal, muy rubio, delgaducho y bastante alto para su edad, a la par que egoísta y estirado. Ron, su padre, solía torcer el gesto cuando ella lo nombraba en casa.

Rose y él habían tenido unas peleas muy sonadas a lo largo de los cursos, ella defensora nata de los muggles, los elfos domésticos y las posibilidades para todo el mundo por igual
Eran lo opuesto el uno del otro.

Se había llamado estúpida cien veces mientras volvía a casa en el tren, no sabía por qué lo había hecho finalmente, pero le había escrito una larga carta confesándole que muy a su pesar, porque ojalá no lo hubiera hecho, se había enamorado perdidamente de él.

Scorpius la había mirado raro, casi con asco, cuando ella le había tendido el pergamino cuidadosamente doblado, ella suspiro de alivio cuando él lo metió en el bolsillo de su elegante abrigo gris, pero después había dado meda vuelta sin decir ni adiós. Seguramente las cenizas de aquella carta sin abrir descansaban en alguna chimenea apagada.

Dos gruesos lagrimones corrieron por sus mejillas enrojecidas por el frío, ya no caían copos desde las nubes.

No todo habían sido momentos malos, de hecho, el inalcanzable Scorpius Malfoy la había besado una vez

-¡Estoy harta de ti, maldito cretino! Siempre estás igual, creo de verdad, de verdad Scorpius, que tienes celos de Albus.

Rose Weasley temblaba de rabia con los puños cerrados en el pasillo que conducía a las mazmorras de Slytherin. Scorpius, con la ceja y la boca sangrantes por los golpes que se había metido con el primo de la chica.

-Déjame en paz Rose, te lo digo en serio. -Amenazó con el índice en alto.

-¡Deja en paz tu a los demás! Albus es un chico muy tranquilo, no entiendo por qué te has puesto así, no se metía contigo en serio.

 

-Eh, que me da igual, entiendo que justifiques su comportamiento, pero a mí déjame, ¿has visto como llevo la cara?

Ella se quedó dubitativa mirándolo, la sangre brillaba sobre su labio inferior, llevaba el uniforme lleno de barro.

-¿Por qué habéis empezado a golpearos como animales?

-No te incumbe, son cosas de chicos.

-¡Por las calzas de Merlín! Podrían haberos expulsado.

Scorpius avanzó hacia ella a grandes zancadas y la asió fuerte por los hombros.

-¿¡Acaso crees que me importa!? ¡Odio este maldito lugar! ¡Odio que me digan lo que he de hacer! ¡¡Y odio que me mires así!!

Rose parpadeó perpleja y se quejó dolorida por el agarrón.

-¿¡Que te mire cómo!?-Preguntó comenzando a asustarse.

El la soltó poco a poco y sus ojos grises, mezquinos, brillaron anegados en lo que parecían lágrimas, pero no podía ser. De repente, se abalanzó sobre la pelirroja y sus labios se fundieron en un rápido pero intenso beso, el primero de ambos. Scorpius se separó y la miró como horrorizado de sus propios actos.

Ella boqueó al aire, muda de asombro, todavía la tenía sujeta.

-Odio que me mires como si te importara, porque sé que no es así.

Rose suspiró amargamente recordando aquel momento y aquel beso que había dejado una huella tan profunda. Lloró de nuevo, si le importaba, le quería, por muy estúpido que fuera a veces, lo amaba, al principio pensó que era simple atracción, o incluso platonismo, pero no, amaba a aquel chico de cabello dorado, tez nívea y ojos asustados.

No habría leído la carta, sus esperanzas se habían quedado en la vía del Hogwarts Express, ¿cómo iba a tener Scorpius hacia ella los mismos sentimientos?

-Mira mamá, una estrella fugaz, si pido un deseo se cumplirá ¿verdad?

Rose echó un rápido vistazo al niño pequeño que había dicho eso y seguidamente dirigió su vista al cielo negro, donde una brillante luna llena sonreía desde arriba.

La vio, apenas un segundo, un segundo fugaz
la estrella surcó el cielo rápidamente dejando a su paso una estela de plata.

"Quiero creer, quiero creer, tengo que creer en algo
"

Pensó la pelirroja con los ojos cerrados muy fuerte y las manos juntas, casi parecía que rezaba, su mente quedó en blanco y la chica se abandonó a la brisa fría que hacía que te saliera vaho de entre los labios y empañaba los cristales.

Alguien tocaba el piano en algún lugar.

"Quiero verle."

Pensó, imploró, rogó a su estrella, abrió los ojos y miró alrededor con un poco de esperanza guardada en lo más profundo de su corazón
No ocurrió nada.

Otra lágrimas, más dolorosa que las anteriores, se deslizó por su piel blanca, el haberlo intentado no lo hacía menos horrible, un deseo a una estrella fugaz.

-Qué tontería.- Masculló sonriendo tristemente.

-Rose

Abrió los ojos como platos, su corazón empezó a martillear contra el pecho bombeando la sangre que le encendió las mejillas, la calle estaba vacía a excepción de él.

Scorpius Hiperion Malfoy, enfundado en su abrigo gris, la miraba con una rosa roja en la mano y los ojos empañados de la sorpresa.

 

Los copos de nuevo caían del cielo y la música del piano subió de volumen, Rose Weasley tuvo la sensación de estar dentro de una esfera de cristal.

Antes de nada, muchas gracias por haber elegido esta historia como parte de las finalistas, me hace mucha ilusion, GRACIAS y Feliz Navidad!

El chico la miraba fijamente, su pálido semblante y su pelo rubio parecían casi etéreos bajo la luz de la farola parpadeante que se alzaba sobre ellos.

Rose se quedó en el sitio, muy quieta, asustada y confusa
¿Qué hacía el primogénito de los Malfoy por aquellas calles? La pelirroja reparó en la rosa que él atrapaba entre sus dedos y se le empañaron los ojos. ¿Para quién era?

"No llores, por lo que más quieras."

Scorpius dio dos pasos vacilantes hacia ella y paladeó con suavidad las palabras que estaba a punto de decir.

-
¿Podrías acompañarme?-Pidió, y acto seguido enrojeció hasta las orejas que asomaban sobre la bufanda.

Rose Weasley observó anonadada el vaho semitransparente que salió de entre los labios del chico, entre los copos de nieve, Scorpius parecía una bella aparición fantasmal. La chica se preguntó si ella ofrecería el mismo aspecto.

Aquellos ojos grises estaban rogándole de manera silenciosa.

Sin mediar palabra, la chica se puso a su lado, él había crecido y ya le sacaba un palmo de altura. Scorpius la taladró con la mirada y ambos echaron a andar en la misma dirección mientras sus manos se rozaban a cada paso.

Seguía nevando sin parar, los finos copos caían de manera imperceptible mientras los niños bien abrigados intentaban atraparlos en el aire y sus padres los llamaban con las mejillas enrojecidas, a casa, pronto sería la hora de cenar, de cenar en familia.

La silenciosa pareja caminó entre la nieve mirando las luces de colores que decoraban por doquier. Pasaron de largo de muchos pubs, Rose no quería tener que enfrentarse a Scorpius con una mesa interpuesta entre ellos, y tuvo la vaga sensación de que él pensaba lo mismo, tenía la impresión de tener mucho que aclarar con aquel altivo chico, que bajo la luz de las tiendas y bares ya no le parecía tan magnánimo, sino normal como ella.

Era como si toda su exquisitez y exclusividad se hubieran esfumado con el primer copo.

-Espera aquí.

Su voz de repente la sobresaltó y la chica lo miró estupefacta, como si le costara creerle que era a él, a Scorpius Malfoy, a quien oía hablar y quién estaba a su lado el día más aburrido de año, el día de Navidad.

Rose observó muda como el joven entraba en una tienda de licores, salió a los diez minutos con una bolsa de papel bajo el brazo.

Había vuelto a dejar de nevar.

Juraría que él le sonrió cuando reanudaron la marcha.

Sus pasos los llevaron al único parque de la zona, que era enorme y estaba rodeado de una verja alta y negra.

-
Uaoh

¿Ella había dicho eso? Sí
pero es que estaba tan gratamente sorprendida. La hierba estaba cubierta por un limpísimo manto de nieve virgen y los carámbanos helados y transparentes colgaban de los árboles formando extrañas grutas vegetales.

Un pequeño camino helado surcaba la nieve blanca.

La singular pareja, anduvo despacio por ese caminito mientras el vaho que salía de sus labios a cada respiración se fundía con el aire frío de Diciembre.

 

Dentro de la espesura encontraron una fuente de mármol escarchado, se sentaron juntos, Rose se inclinó para contemplar la superficie de puro hielo que reflejó su cara pecosa con la misma nitidez de un espejo.

-Hace mucho que quiero hablar contigo.- Susurró Scorpius sacando dos vasos de plástico y una botella de hidromiel.

Sorpius Malfoy con vasos de plástico, ella sonrió y por un segundo olvido sus nervios, ¿quién lo habría dicho de aquel arisco y adinerado chico?

El la miró y se mojó los labios, después miró el suelo pensativo y de nuevo clavó sus ojos en ella, los nervios regresaron.

-Po-por favor
Yo, yo n-no puedo ha-hablar.- Tembló la pelirrroja

No sabía si tiritaba de frío o de histeria, Malfoy se quitó su larga bufanda de lana negra y rodeó con delicadeza el cuello de ella. Rose se sintió paralizada por momentos, como si le hubieran echado un hechizo.

Sirvió hidromiel en los dos vasos y le acercó uno a ella, sus manos se tocaron y el contacto a través de los guantes los quemó como una lengua de fuego.

Entonces ambos se miraron, con intensidad, con fascinación, como si fuera la primera vez que se veían en toda su vida. El joven despegó los labios.

-Te quiero
Hace mucho que te quiero

Luciérnagas
¿En Invierno? Sí, volaban con gracia a su alrededor como estrellas caídas del cielo danzando al compás de una melodía silenciosa.

¿
?

Rose parpadeó como si la luz que creaba la propia nieve incluso estando de noche pudiera cegarla. Volvió la vista hacia el hielo que había formado el agua de la fuente y vio de nuevo los ojos grises de Scorpius clavados en ella, no podía escapar de aquella mirada, lo sabía muy bien.

El chico rebuscó en el bolsillo interior de su elegante abrigo y sacó una cajita negra con un broche broncíneo, a Rose se le subió toda la sangre del cuerpo a la cabeza y dio un largo trago a su hidromiel, en el vaso de habían formado pequeñas gotas de hielo dorado que parecían diamantes de oro.

Scorpius abrió la cajita y sacó su contenido con la mano, lo puso frente a la chica.

Era una bola de cristal, como la que tenía ella, solo que en esta, la bailarina no danzaba sola rodeada de copos blancos, la muñeca estaba inclinada hacia delante, con las delicadas manos talladas sobre los hombros de un joven oficial que estaba de rodillas. A Rose le recordó a aquel cuento que le contaba su madre cuando era pequeña: "El soldadito de plomo" Aunque le diera vergüenza admitirlo, lloraba cuando llegaba la parte en la que los corazones de ambos muñecos se derretían para fundirse en uno entre las llamas de una vieja caldera.

Notando el calor en las mejillas encendidas, alzó una mano trémula y se aferró a aquella bola de cristal como si fuera el corazón de Scorpius, pues él se lo estaba dando.

-Feliz navidad.

Se miraron de nuevo. Rose boqueó perpleja como un pececillo sin agua.

-Pe-pero
yo pensé
la carta
yo

-La leí, y la guardo entre mis cosas más preciadas.

Nieve de nuevo, otra vez los pequeños copos blancos caían despacio sobre ellos.

-Creía que tu no sentías lo mismo.- Masculló ella ligeramente dolida y nerviosa.

El sonrió y alargando una mano atrapó la suya.

-Tenía miedo, tanto
No creía en mí, no creía en que pudiéramos estar juntos, no creía que alguien como tú, tan buena, pudiera quererme de verdad.

Creer

Se trataba de eso, pura y llanamente, siempre había sido eso, tan fácil y simple como creer, creer en algo.

Cuando quisieron darse cuenta estaban de pie, uno frente a otro, sonriéndose mientras la música de piano reanudaba su tenue melodía en algún recóndito lugar, ¿Cómo podían llegar las notas hasta ellos? Daba igual, ahora estaba claro y se tenían el uno al otro... Y de verdad, de verdad creían en ellos.

Scorpius recuperó la rosa que estaba salpicada de hielo y se la ofreció, ella la cogió y le lanzó la más hermosa de sus sonrisas. El chico la enlazó de la cintura y le quitó un copo de nieve de la punta de la nariz.

-Bésame.-Pidió ella.

Y sus labios se fundieron en uno, como los corazones de aquella pareja del cuento que los miraba desde la bola de cristal que descansaba en el borde de la fuente helada.

Juntos, pero esta vez de la mano, cogieron el caminito entre la nieve que los llevaría de nuevo a las calles empedradas, mamá la reñiría por llegar tarde a la cena, pero no importaba.

-Euh
Scorpius, ¿por qué pegaste a Albus?

Scorpius frunció el ceño momentáneamente y la agarró más fuerte del brazo pegándose a ella todo lo que podía.

-El estirado de tu primo olió mis intenciones y me dijo que
que no era digno de ti.- El chico echó hacia atrás su cabello rubio y sonrió mostrando una larga hilera de dientes blancos.-Tengo unas ganas enormes de demostrarle lo mucho que se equivoca.

Y rieron
y se perdieron entre el gentío alborotado seguros de que aquella Navidad la recordarían para siempre.

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La bailarina giraba y giraba dentro de la bola de cristal. Desde que había entrado en la escuela de Hogwarts, Rose Weasley había dejado de añorar las vacaci

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2023-02-27

 

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