¿Dulce o Muerte? (editada) - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

¿Dulce o Muerte?

Todos los niños reían, reían por sus nuevos disfraces, menos él. A él no le interesaba nada de eso, ni de su "familia". El no tenía familia, eso lo sabía, ya que en más de una vez, le habían dicho que era adoptado.

Ernesto, un chico, guapo, alto y muy arrogante estaba en su habitación, completamente solo. Le gustaba estar solo, sentía como si toda esa paz que el tanto quería, estuviera, mientras estaba solo.

Su historia no era de fantasía, ni de cuento de hadas. No tenía aventuras mágicas, como esos libros que tanto leía. Tampoco había romances como Romeo y Julieta. Y mucho peor, en ella casi no existían personajes buenos, solo malos. No había nada de eso en su corta vida.

Su vida se resumía en todo esto: sus padres, lo habían abandonado a su suerte, en un basurero de la calle principal de esa ciudad. La lluvia caía como un torrencial. Una señora lo había recogido, en una noche de Halloween muy tormentosa. El lloraba, lloraba tanto que desesperó a la pobre mujer, que no sabía como cuidar a un bebé.

 

Esa mujer, nunca habia tenido hijos, por lo que se sentía incompleta por esa situación. Ella estaba casada, era una de las mujeres mas adineradas de la colonia, pero sin hijos, y por lo tanto, sin un heredero.

Lorena, ese era su nombre, el nombre de su madre adoptiva, que lo habia querido tanto, como si fuese su hijo propio, en donde no importaba la sangre, sino el lazo que los dos sentían, hasta que el cumplió los cinco años.

A los cinco años de edad, Ernesto fue desplazado por un nuevo miembro en su familia, por una hermana.

Aquella chiquilla era la nueva alegría de la casa. Ernesto quería mucho a su pequeña hermana, Daniela.

Ella era la consentida de su casa, y sobre todo, de su sobre protector hermano. Así habia crecido ella, sobreprotegida y caprichosa, que obtenía todo lo que quería, tan solo haciendo un berrinche.

Los años pasaron, y con él, los sentimientos de aquella familia. La primera que habia cambiado drásticamente, era la formad de tratar a Ernesto.

A el lo trataban muy mal, comenzaba a ser maltratado, mientras que la pequeña Daniela, no hacia nada para defenderlo.

Ella ya se habia enterado de que él, no era su hermano de sangre, que habia sido recogido de un basurero, y que por lo tanto, no era más que una obra de caridad que él siga con vida.

El chico ya no era felíz, desde que el cumplió los dieciséis años. Las razones eran obvias, pero habían otras que bombardeaban su mente: se había enamorado de su hermana. Pero eso no era todo, odiaba tanto a su familia, pero amaba el dinero que gracias a ellos obtenía, que había recordado algo, que le convenía mucho, ellos no habían cambiado el testamento.

No podía llevar al cabo su plan, por ser menor de edad, además, se quedaría en la calle si alguien sabía lo que estaba tramando. Pero no lo supieron, jamás lo sospecharon.

Otra vez, algunos años pasaron, y con ellos, las mejoras para el plan, que se llevaría a cabo en Halloween, en el día de su cumpleaños.

Esperaba en su habitación, que fuera la hora adecuada. Tendría que esperar, para que su plan fuera perfecto.

Ya tenia dieciocho años recién cumplidos, y su familia lo habia olvidado, como en los últimos años.

Estaba encerrado en su habitación, viendo por la ventana los vistosos disfraces que había al alrededor de su casa. El no soportaba escuchar esas vocecillas de aquellos mocosos diciendo "¿Dulce o truco?". Ya estaba harto de eso. Ese día, iba a poner su toque original a aquella frase.

 

Toda la casa estaba silenciosa. Los niños y su hermana ya habían ido a pedir dulces. Los adultos habían salido para ir a cenar, en un restaurante de lo más fino. Ya era la hora.

Habia escondido una mascara debajo de su cama. Era un mascara de spider-man. Para él, era un personaje demasiado infantil, pero era lo único que tenía a mano para realizar su plan.

Se puso enseguida aquella ridícula mascara. Se miró al espejo y se vio totalmente estúpido, pero no le quedó de otra, tenía que estar escondido bajo aquella mascara de súper héroe de pacotilla.

Bajó sigilosamente por las gradas de aquella casa, esperando ver a alguien, que por suerte, no hubo. Caminó con tanta lentitud por el corredor, que hasta una tortuga le pudo haber ganado esa aquella no competencia.

Antes de entrar a la cocina, revisó dos veces antes de seguir su camino. No quería que la sirvienta loca lo vea salir de ahí, con un cuchillo en sus manos.

Se dirigió hasta la puerta, esperando ver a alguien, pero solo vio a su viejo perro, Firulais, que ya estaba en sus últimos momentos de vida. El perro le lanzó un gruñido, pero el solo lo pateó, haciendo que ese viejo perro, ladrara muy fieramente, pero no lo tomó en cuenta.

Caminó por un momento, por una calle casi vacía. Después de unas cuantas cuadras, Ernesto viró hacia un callejón oscuro, en donde siempre sabían suceder cosas.

- Te hemos estado esperando, Ernestin -dijo una voz burlonamente- Pensamos que ya no ibas a venir por tus dosis el día de hoy

- Hoy las necesito mas que nunca -respondió el, sin moverse- Las quiero ya

- Muy bien, pero primero la plata -dijo otro, mientras extendía la mano- Ahora

- ¿No confías en tus amigos?

- Los amigos no son de confianza, Ernesto. Mejor dicho, nadie en el mundo tiene amigos de verdad, todos son unos traidores

- ¿Todavía estas enojado?

- ¡Claro que lo estoy! ¡Has violado a mi novia!

Ernesto pagó a regañadientes su droga. La necesitaba de verdad, o sino, tal vez no tendría el valor para hacer lo que iba a hacer esa noche. Pero ya no había marcha atrás.

Los padres de el, ya debían haber regresado a la casa, para empezar a dar los dulces de cada Halloween, pero el no debía apurarse, eso se lo repetía a si mismo una y otra vez. Serviços de finanças

El veía a los niños comerse las golosinas, como si no hubieran comido en años. Glotones, eso era lo que esos mocosos eran, pero el no podía hacer nada, ni lo quería hacer.

Esperó hasta casi la media noche, cuando los niños ya tenían que volver a la casa. Se quedó en el jardín, viendo, como poco a poco, las luces de la casa se apagaban. La hora iba llegando

Tocó la puerta tres veces, y nadie le abrió. La tocó de nuevo, pero nadie respondió. Ya estaba a punto de romper la puerta, cuando un señor le abrió la puerta

- ¡Muchacho! ¡Halloween ya ha terminado!

- ¿Dulce o muerte?

- ¿Que?

- ¿Dulce o muerte? -repitió el-

- ¿Muerte? -murmuró el señor-

- ¡Concedido!

Los reflejos del señor fueron en vano. El cuchillo ya había penetrado en el cuerpo de el, dando en su corazón.

Ya no había marcha atrás, tenía que matar a su madre, para quedarse con la herencia de ellos, lo que le haría el chico más rico de su colonia, pero había otro problema, la chica, Daniela, pero ella podía esperar. Debía esperar.

 

Dejó el cuerpo de su padre en la entrada de la casa, para que cualquier persona lo viera. Subió rápidamente, esperando ver a su madre, que estaba levantada, ya que había escuchado a alguien tocar la puerta.

Lorena estaba de espaldas, cuando escuchó que alguien estaba detrás de ella se giró, pero ya era tarde. El cuchillo atravesaba su garganta, dejando escapar el último soplo de su vida.

Viendo como dejó a sus padres adoptivos, recordó que ellos se habían amado mucho, y que siempre decían que sus corazones estarían unidos por siempre. Bien. Él lo podía cumplir.

Bajó con sumo cuidado el cuerpo de su madre, para dejarlo cerca del cuerpo de su padre.

Sin piedad, cortó el pecho de ella, sacando su corazón ensangrentado. Vio como salía la sangre por las heridas que tenía, pero ya era hora de sacar el corazón de su padre. Cuando lo sacó, vio una raya, esa raya que el había hecho con el cuchillo de la cocina.

Comparó los corazones. El de su madre era más grande. Por alguna extraña razón, el los comenzó a extrañar, pero dejó ese sentimiento en el olvido, ya que tenía un nuevo objetivo: Daniela

Ella dormía dichosamente, al lado de su bolsa de dulces. Parecía una princesa dormida, que no tenía nada que temer al mundo, pero ella no sabia lo que se iba a pasar.

Quitó suavemente las sabanas que cubrían su cuerpo. La miró un momento. Era el cuerpo de aún chica de trece años, con la mente de una niña de diez. Era toda una preciosura.

Deslizó su mano debajo de la ropa de ella, he hizo que se despierte inmediatamente. Ella lo miró asustada, viendo la cara de su hermano

- ¿Qué me haces? -reclamó ella, mientras se alejaba de las manos de él- ¿Qué piensas que me haces, Ernesto?

- Recuerda que es mi cumpleaños, y no me has dado ningún regalo

- ¿QUE? -gritó horrorizada al entender las intenciones- ¡Mamá! ¡Papá!

- No hay nadie para que te ayude. Todos están muertos

- ¡Ayuda!

- Cállate, chiquilla insolente -dijo al darle una bofetada- Hoy serás mía. Y si eres buena, tal vez te deje vivir

Daniela lloraba, mientras dejaba que su "hermano" le recorra el cuerpo, quitándole el pijama que traía puesta

Al dia siguiente, el lechero encontró sangre en la puerta de la casa, por lo que dio avisó a los policías.

Habían encontrado a un chico, que estaba acostado al lado de un cadáver, de una muchacha de unos trece años. En la mascara que el tenía al lado de la cama, habían dos corazones, los corazones de sus padres.

Estaba de nuevo solo, pero ya no en su habitación, sino en la cárcel. No tenía ningún cargo de conciencia en su mente, tanto así, que ya estaba planeando que hacer con todo su dinero.

Ya tenía planeado que hacer con tanto dinero, después de cumplir su sentencia, claro. Primero, viajaría por el mundo, haría varias inversiones, y contrataría a muchas mujerzuelas para satisfacer sus necesidades.

El día llegaba, y con el, Halloween también. Al principio del día, no había ninguna novedad. Era el mismo cuento de siempre. No había nada que hacer. Dormía

De repente, despertó. Vio con terror los fantasmas de su pasado, que lo estaban buscando. El fantasma de su padre, le reclamaba su muerte, con el corazón de él en el puño de su mano, todo ensangrentado. El recuerdo de su madre, le gritaba y preguntaba el porqué de su muerte. Pero la sombra de su hermana era la que mas le dolía.

Ella solo lo miraba, con un dolor en su mirada por haber perdido su pureza a tan corta edad. No lo soportaba, pero ella no le reclamaba, solo lo miraba.

Dio gritos de terror ante aquella escena, pero parecía que nadie lo escuchaba. Tampoco él se había dado cuenta de que la puerta de su celda se había abierto.

Tenía que huir, no importaba como, pero tenía que escapar de esos recuerdos. Solo había una solución.

Corrió hacia la cocina, que estaba abierta. No había nadie ahí. Pronto sintió como si no estuviera solo. Los fantasmas lo perseguían de nuevo. Buscó con la vista algo, y lo encontró.

Un cuchillo fue lo que cogió y penetró en su corazón. No dio ningún rasgo de dolor, solo una simple mueca, que sería su última cara.

Ya se había juntado con su querida Daniela, que parecía como si lo estuviera esperando, pero no fue así. Ella lo quería ver muerto, para atormentarlo por el resto de la eternidad.


Hola! Espero haber causado aunque sea un pequeño escalofrío y si es así, espero sus comentarios.

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Todos los niños reían, reían por sus nuevos disfraces, menos él. A él no le interesaba nada de eso, ni de su 'familia'. El no tenía familia, eso lo sabí

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2023-02-27

 

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