EL ETERNO DOLOR I: EL COMIENZO - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

CAPITULO I

"RASTREADOR"

(POV DEMETRI)

Rastrear
Aquello era lo mejor que podía hacer, lo mejor que hacía, lo mejor
Tenía que encontrar a las personas adecuadas, y después, mis maestros se encargaban de ellas. Tenía que hacerlo para seguir teniendo mi lugar en la guardia. Tenía que cazar, tenía que rastrear.

Alec, mi hermano, se acercó sigilosamente hacia el lugar donde mi don me había dicho que se encontraban los Vampiros.

Jane iba a mi derecha, mientras que Félix a mi izquierda. Alec iba al frente. Ellos tres eran mejores luchadores que yo, y lo sabía muy bien. Yo solo servía para decirles donde se encontraban las personas que debíamos buscar. Nada más.

 

Mis hermanos se ocuparon con gran facilidad de ellos, yo ayudé en mucho, claro, pero ellos fueron más rápidos. Siempre había deseado que me tomaran más en cuenta. Pero claro, dirían: "Tú tienes demasiado con solo ayudarnos a saber donde están ellos".

˜.˜.˜

- Muy buen trabajo - Aprobó mi maestro en cuanto llegamos - He de decir que estoy muy contento con tenerlos en la guardia. A todos ustedes.

- Gracias maestro - Comenzó Jane - Es un honor servirles a ustedes.

- Jane. Siempre he dicho que, más que mi guardia, son mi familia. No deberían de sentir aquello, sino que solo han hecho el bien para las mejores causas para los de nuestra especie. Me siento orgulloso de ustedes.

Jane, Alec, Félix y yo sonreímos con suficiencia. Por lo menos había sido de utilidad, ¿Cierto?

- Así, como siempre les he dicho - Prosiguió Aro - Nosotros debemos de hacer que nuestra especie no se extinga nunca, aunque claro, con las mejores precauciones posibles. Bien. Creo que se han merecido un buen descanso.

Aro hablaba de forma figurada, ya que nosotros no podíamos descansar. Lo mínimo que podíamos hacer era dar una vuelta por la ciudad, o por lo menos holgazanear en los pasillos. Cuando no podíamos descansar, Aro solía "Apoyarnos" a que siguiéramos entrenando. Nunca nos dejaba salir en esos momentos, así que decidí hacerlo antes de que se arrepintiera.

- ¿A dónde vas? - Preguntó Jane en cuanto salimos de la Sala donde se encontraban nuestros maestros

- Voy a
Dar una vuelta - Murmuré - Vuelvo enseguida

Al pasar por los castillos miré a Aftón y Chelsea. Parecían tan felices juntos, como si les encantara vivir aquella vida.

Tal vez era aquello lo que necesitaba, encontrar el amor.

Aquello era ridículo. Podía rastrear a las personas, pero dudaba mucho que pudiera rastrear el amor.

Con un suspiro, me alejé de la imagen de Chelsea y Aftón. Sentía que si la veía por más tiempo me iba a envenenar. Claro, no literalmente. O tal vez sí.

Sacudí la cabeza y salí a las oscuras calles de Volterra, esperando disfrutar un poco de ellas, intentando no pensar en la frustración que tenía al no encontrar el amor de mi vida.

Caminé por las calles sin mirar las caras de las personas. Era un rastreador, el mejor del mundo, pero no podía encontrar lo que realmente buscaba.

 

Ahogué un grito de frustración. No quería pensar en aquello. No debía

Las personas pasaban como si nada les preocupara, como si fueran las más felices. Como si no necesitaran más que su mortal vida para vivir. Para seguir adelante.

Corrí casi a velocidad sobrehumana hasta el bosque. No quería matar a nadie, ya que, de lo contrario, me matarían a mí o solo haría que descubriesen nuestra existencia. Algo que no debía de permitir.

Grité en cuanto llegué al árbol más lejano, y comencé a destrozarlo con toda mi fuerza, desahogándome con él. Habría disfrutado aquello si el árbol hubiera sido algo viviente, algo que podía matar en un santiamén, algo que gritara.

Para mi sorpresa, un gritó se escuchó muy cerca del lugar donde me encontraba. Genial. Una humana me había visto destrozar el árbol.

Me giré para observar a aquella humana y matarla en esos momentos, para que no quede ninguna sospecha de ser el culpable de los destrozos del árbol.

Bien, si aquella muchacha era lista, sabría que era una suerte, ya que deliraría mucho tiempo sobre mí, y, lo más seguro era que pasara el resto de su mortal vida en una cárcel donde ponen a los enfermos mentales.

La miré y me quedé sorprendido.

Era más o menos de la edad de Alec y Jane, rondando por los 16, así que me llevaba cuatro años. Por lo menos físicamente.

Su largo cabello le llegaba hasta la cintura, era de un hermoso color rubio. Tenía las manos fuertemente apretadas al pecho, y sus ojos estaban cerrados con fuerza. Parecía tener miedo.

Lentamente me acerqué a ella, intentando tocarla, pero lo único que logré fue que abriera los ojos de repente y que retrocediera hasta el árbol más cercano.

Sus ojos eran de un hermoso gris. Eran tan hermosos, que deseaba no quitarles la vista de encima. Deseaba
Deseaba

No sabía lo que deseaba. Solo sabía que si dejaba de ver esos ojos por unos momentos, cosas terribles pasarían. Tenía que verlos por siempre.

¿Aquello era Amor? Si era así me alegraba demasiado, ya que como nosotros éramos unas criaturas malditas, algo dentro de nosotros que cambiara, cambiaría por siempre.

Lo que quiere decir que si estoy enamorado de aquella frágil humana, significa que lo estaría por siempre. Lo que quiere decir que sería feliz por siempre, al lado de ella.

Me acerqué aún más, con la mano extendida. La chica solo se estremeció de miedo, aunque no lo comprendía. ¿Por qué sentía miedo de mí?

"No sería porque vio como un Vampiro arrancaba un árbol y lo hacía trizas" Le dijo al oído una voz. Detestaba la conciencia. Siempre te hacía tener los pies sobre la tierra.

Retiré la mano rápidamente, intentando no asustar más a la chica.

Ella me miró con ojos de miedo, y se intentó pegar más al árbol.

Creí que aquello debía de ser muy raro en ella, pero claro, no estaba tomando en cuenta de que había comenzado a rodear el árbol para huir de mí.

 

Caminé hacia ella rápidamente, intentando que no escapara. No la podía perder.

Ella gritó con más desesperación al ver que la alcanzaba rápidamente, así que me paré en seco. No podía obligarla a algo que ella no quisiera, y, si ella quería huir de él, lo más seguro era que no estaría muy contenta si la llegaba a alcanzar.

Mis rodillas no pudieron más y se flexionaron, dejándome débil. Había tenido al amor de mi vida a unos centímetros de mí. Lo había tenido y lo había perdido. ¿Por qué la vida era tan injusta conmigo?

CAPITULO II

"LOCURA"

(POV SUMMER)

Aquélla persona (¿Era siquiera humano?) había
Había arrancado un árbol de su sitio, y lo había intentado destrozar, como si se quisiera desahogar.

Me había dado mucho miedo, ya que se había acercado a mí demasiado y, aunque no era nada feo, no quería saber lo que podía hacerme a mí si le había hecho aquello a un árbol.

Sus ojos eran negros, parecía que eran así gracias a su furia. Vestía una capa gris oscura. Sus cabellos claros parecían sedosos, y su mirada parecía incluso de sincera preocupación. Era hermoso, pero
No podía confiar en él.

Caminé por el bosque, hasta que llegué al pequeño campamento que mi odioso hermano nos había obligado a asistir.

- ¿Qué ocurrió? - Preguntó mi padre, realmente preocupado

- Nada - Mentí mientras me sentaba junto a la fogata. Mi hermana me veía con una expresión escéptica. Pudiera que mis padres no hubieran captado mi mentira, pero ella sí. Ella siempre lo hacía.

- ¿Por qué gritaste, entonces? - Comenzó a cuestionarme mi hermana, con sus ojos azul pálido que me hacían temblar. Y no era exactamente que hiciera frío en aquellos momentos - Sum, dímelo.

- No ha ocurrido nada Lisa. No sé qué cosa podría decirte más que la verdad, y ya le he dicho - Le mandé una mirada que tenía dos significados: Cuidado y Luego te lo cuento. Yo nunca guardaba un solo secreto a ella. Siempre sabía todo lo que me ocurría. Era la única que me entendía perfectamente, pero no sabía si mi pequeño hermano o mis padres pudieran comprender aquello. Lo más seguro era que me dejaran en un manicomio. Y no me llamaban la atención aquellas cárceles para locos.

- Si tu lo dices - Dijo mi hermana, sin quitar los ojos de mí

Sí, sabía que debía estar en shock, y no preocuparme por cosas como aquella, pero me resultaba difícil.

Federik, mi hermano, me miraba con curiosidad. Él no tendría que saber absolutamente nada, ya que era un chismoso de lo peor.

Quizá me estaba volviendo loca. En esos momentos, levanté mi cabeza hacia enfrente, donde se encontraban varios árboles juntos. Sabía que era una locura, pero habría jurado haber visto moverse una sombra.

- ¿Sum? - Preguntó mi hermano, mirando hacia la misma dirección que yo

Me giré un poco para verlo

 

- Nada - Parecía que me decía esas palabras a mí misma y no a mi hermano - No era nada - Repetí con firmeza

Apreté mis labios, formando una fina línea con ellos. Quería creer que mis palabras eran verdaderas.

Temía estar perdiendo la cordura. Deseaba con todas mis fuerzas que él no hubiera sido verdad. Solo una ilusión óptica.

Mi corazón se encogió de repente, y dudé. No sabía si era eso lo que en verdad quería.

˜.˜.˜

Al intentar dormirme en la tienda de campaña, cerré mis ojos y lo vi.

Su hermoso rostro parecía haberse grabado completamente en mis párpados. Aquél angelical rostro estaba crispado de dolor. A su vez parecía demasiado maduro, como si hubiera vivido varios cientos de años.

¿Cuál sería su nombre?

Estaba segura de que sería igual de angelical que su rostro.

"Pero
¿Qué es lo que estás pensando?" "¡Estás loca!" "¡Ha arrancado un árbol y destruido por completo!" Pensaba mi parte más razonal.

La parte menos razonal no quería oír aquello. Quería que volviera a adentrarme al bosque y encontrarlo, además de quedarse con él toda la eternidad. Aunque fuera algo imposible.

No. Él solo está haciendo que termine pensando cosas raras. Locuras. No debía verlo nunca más.

Al mismo tiempo que pensaba eso, sentía un dolor punzante en el lugar donde se supone que se encontraba mi corazón. Era un dolor especial. Horrible.

El no volverlo a ver jamás me dolía. Y eso que ni siquiera conocía su nombre. Tal vez eso era la locura.

Con decisión (Y con la certeza de que el dolor no pararía si no lo intentaba) me levanté y caminé sigilosamente. Tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a mis hermanos, mis padres no se encontraban ahí. Una preocupación menos, a no ser que me encuentren.

Salí de la tienda de campaña con un poco de duda, pensando una muy buena excusa por si alguien me veía o escuchaba.

Intenté no pensar que era una total insensatez ir en busca de un tipo que probablemente no era humano
A menos que fuera solo un espejismo, claro estaba.

Caminé entre los árboles, dirigiéndome hacia el lugar donde lo había visto antes, rogando con que estuviera ahí.

El lugar se encontraba completamente desierto. No había nadie más que el árbol destrozado, el demás paisaje y yo.

Una lágrima comenzó a rodar por mi mejilla, al mismo tiempo que me sentía completamente loca. ¿Acaso lloraba por un extraño?

Un ruido me sobresaltó mientras miraba hacia arriba. Hacía la luna llena que resplandecía a lo alto. La veía gracias a un gran hueco que estaba entre los árboles.

Me giré y volví a la realidad para observar al causante del ruido estrepitoso.

Aquella visión me dejó sin aliento por unos momentos. Cuando pude reaccionar, grité de horror y de mucha preocupación. Me llevé las manos a la boca en cuanto vi como un par de ojos rojos me miraban fijamente, con expresión dolida.

Como lo había hecho antes, retrocedí con horror, viendo como una batalla épica se estaba formando frente a mí. Y no podía detenerlos.

 

CAPITULO III

"NEGACIÓN"

(POV DEMETRI)

Al darme cuenta de la gran estupidez que había cometido al dejarla ir sin más, pensé que no podía ser la última vez en verla.

Me incorporé con energías renovadas, dispuesto a encontrarla. Comencé a rastrearla.

Corrí en forma humana, no había prisa, tendría toda la eternidad. Seguí su olor, sintiendo su delicioso aroma recorrer todo mi cuerpo, atrayéndome hacia él.

Me paré en seco. No me había dado cuenta de la sed que tenía. ¿Sería demasiado peligroso ir por ella con la garganta ardiéndome, pidiéndome sangre?

Un pequeño ciervo pasó junto a mí. Nunca había probado la sangre de animal, jamás.

Me encogí de hombros pensando que no podía ser tan malo, y me abalancé sobre él.

Al hincar mis colmillos en su piel, sentí un horrible sabor cuando se quedaron clavados en su pelaje. Pronto, la sangre comenzó a salir y entrar a mi boca, quitándole un poco el sabor de la piel.

Al terminar no había quedado satisfecho, pero sabía que habría sido peor.

La seguí rastreando, y mi don me indicó que se encontraba en un lugar muy cerca de ahí, en un pequeño campamento de cinco personas.

Si mi corazón todavía latiera, estaba seguro de que en esos momentos habría palpitado como un loco.

Ahí se encontraba ella, junto con dos adolescentes que parecían tener mi edad física.

La otra chica, la miraba a ella con una mezcla de curiosidad y algo de enfado. Se parecía mucho a ella, así que creí que se trataba de su hermana. Una de las muy pocas diferencias que tenía era el cabello completamente negro.

El otro adolescente, el chico, la miraba a ella con simple curiosidad. Al verlo mejor, noté que parecía un poco más joven que ella. Podría rondar los catorce o trece, aunque a primera vista parecía mayor. Sus rubios cabellos eran de la misma tonalidad que los de ella. Sin embargo, sus ojos, eran azul pálido, parecidos mucho a los grises de ella.

Las otras dos personas eran adultas, parecían ser sus padres, ya que eran una muy buena combinación de los tres adolescentes.

Me quedé viendo, impresionado, como era que la mujer parecía una copia idéntica (Solo que en versión mayor) que sus hijas. Tenía el cabello negro, pero eso no le quitaba el parecido a ella. A la humana de la que me había enamorado.

El hombre tenía los mismos cabellos que ella y su hermano, además de ojos azules. Se parecía mucho al chico.

Al verlos juntos, me sentí raro, como si sintiera que debía protegerla de ellos ¿Qué era lo que me sucedía?

Además del aroma de ella, sus hermanos también tenían el mismo olor que cualquier humano, pero el de ellos, los adultos, me izo arrugar la nariz en cuanto estuve un poco más cerca.

Me moví sigilosamente, un poco más cerca incluso de ellos, pensando que así podría intentar descifrar aquél misterio.

 

- Si tu lo dices - Murmuró la hermana de ella, sin quitarle los ojos de encima

Ella pareció ignorarla, y prefirió mirar hacia enfrente y, por una fracción de segundo, creí que me veía fijamente a mí.

Corrí lejos. ¿Qué era lo que me ocurría? ¿Qué era lo que pasaba por mi cabeza?

Era un ser demasiado egoísta. ¿Era que no me daba cuenta que no era bueno para ella?

Un pequeño timbre molesto me izo sobresaltar.

"Rayos" Pensé. ¿Por qué seguía sin acostumbrarme al sonido del endemoniado aparato ese?

Levanté la tapa con algo de dificultad, ya que me estaba conteniendo para no hacerle al pobre celular lo que le había hecho al árbol.

- ¿Hola? - Pregunté. No quería ver el verificador de llamadas, puesto que solo se debía de tratar de alguien de la guardia.

Miré hacia arriba, donde se encontraba una luna llena recién destapada por las nubes. La miré a través de un hueco entre los árboles. La luna llena era hermosa, igual que la chica. Aunque claro, no había comparación. Ella era más hermosa. Era la cosa por la que debía de vivir.

- Demetri - La voz de Jane denotaba puro alivio - ¿Estás en el bosque?

- Sí - Contesté sin dejar de mirar la luna

- Encuentra a Félix y Cayo - Jane sonaba desesperada - Ambos han encontrado el olor de hombres lobo por esos rumbos. Han dicho que creen que son muy pocos, más o menos dos. Así que dijeron que no requerían de toda la guardia. Me han encomendado que te avise para que, si estas cerca, los puedas auxiliar

- Hombres lobo - Murmuré. Estaba preocupado. ¿Era que ella no había encontrado otro momento para acampar? ¿Tenía que ser un día de luna llena?

Sin decirle una palabra más a Jane cerré la tapa del celular y me lo guardé en el bolsillo, al mismo tiempo que comenzaba a rastrear a Félix y Cayo.

Mi don no me llevó muy lejos, desafortunadamente, muy cerca de ella y sus familiares. Rápidamente localicé a Cayo y Félix.

Cayo siempre había odiado a aquellas criaturas, tanto, que él mismo acabaría con ellas si pudiera. Parecía un poco de mal humor cuando me acerqué a ellos, pero no me sorprendió Cayo siempre estaba de mal humor.

- Después de que termine esto - Les avisé, antes de que pudieran decirme algo - Les tengo que decir algo de suma importancia.

- Si es de suma importancia, hermano - Comentó Félix - ¿Por qué no simplemente te limitas a decirlo de una buena vez?

- Verás, hermano, es de suma importancia
Para mí.

- Lo que es importante para ti, lo es para nosotros - Replicó Félix, y su mirada me recordó a la hermana de ella, que la miraba con gran curiosidad y un poco de enfado

- Discutamos eso luego, niños - Nos regañó Cayo - Sabes Demetri, que lo que es importante para ti, lo es para nosotros, pero si dices que podemos esperar, no creo que haya problema, ¿Entendido, Félix?

- Sí, maestro

 

- Bien. Tendremos que cazar unos cuantos perros

Félix y yo reímos, siempre nos sacaba una sonrisa cuando de cazar perros se trataba.

Los tres rastreamos el olor de los perros que, aunque era muy tenue, aún así podíamos distinguirlo muy bien.

- ¿Escuchan eso? - Pregunté mientras me acercaba más al lugar donde la había visto por primera vez.

- Vaya que lo escucho. ¿Son dos? - Preguntó Félix, mientras yo cerraba los ojos y asentía - Esto va a ser divertido

- Más de lo que habíamos esperado. Prepárense, que es cuestión de segundos.

En esos momentos, como yo había previsto, llegaron dos enormes hombres lobo. Uno tenía el pelaje negro y otro lo tenía rubio
Del mismo tono que lo tenía ella.

Por la sorpresa me quedé paralizado por unos segundos, pero después reaccioné y, mientras Cayo comenzaba a atacar al de pelaje negro, nosotros nos acercamos al que tenía el pelaje rubio.

Algo me detuvo, ya que el lobo tenía el mismo color de ojos que el hermano y padre de ella. Le intenté no dar demasiada importancia y lo comencé a atacar.

Aquellos lobos parecían haberse entrenado muy bien, ya que peleaban con una fuerza impresionante.

Nos estábamos acercando al lugar donde se encontraba el árbol partido, era cuestión de instantes, hasta que escuché un latido de corazón humano. En un instante, dejé a Félix solo con el lobo, y cerré los ojos.

Tuve la peor noticia en esos momentos. Ella se encontraba ahí, en el mismo lugar que la había visto por primera vez.

Seguí atacando al lobo junto con Félix, que intentaba por todos los medios morderle. Cayo tenía mucha ventaja él solo.

Habíamos llegado al lugar donde estaba el árbol.

Un grito me izo detener la pelea. Todos la paramos. Los lobos se acercaron rápidamente a ella, que se encontraba junto a un árbol, y la empujaron un poco, como si le dijeran que se tenía que ir. Que tenía que esconderse
de mí.

Me quedé helado, mirándola a ella. Por el rabillo del ojo miré a Cayo y Félix, que veían a la chica humana ser protegida por los hijos de la luna como a un tesoro. No como si fueran a matarla, ya que todos sabían que lo que comían los hijos de la luna era eso: Carne humana.

Si ellos se parecían mucho a los padres de ella significaba que
No. No podía ser cierto.

Un sentimiento de negación me impedía pensar en aquello.

CAPITULO IV

"ENEMIGO"

(POV SUMMER)

Grité, ya que mis padres se encontraban ahí, peleando con aquél chico hermoso del cual me había enamorado perdidamente y de otros dos.

Uno, el que luchaba contra mi padre (Además del chico), era musculoso, además de que sus movimientos eran muy ágiles a pesar de su apariencia. Era moreno y tenía la piel tan pálida que sentí un pequeño escalofrío al verle.

El que luchaba solo con mi madre, tenía la piel como papel cebolla. Su cabello le llegaba a la barbilla, y parecía un experto en la lucha.

 

Mis padres, se acercaron a mí, aún en su forma lobuna, y me empujaron un poco. Sentí como si me hubieran dicho que me tenía que ir con Lisa y Federik.

Pero no quería. Tenía que ayudarles, y, aunque me podía transformar al igual que ellos, era un poco más débil y mi tamaño no era enorme. Todo gracias a mi media parte de loba. Funcionaba, pero con un par de dolorosos minutos.

No importaba, tenía que ayudarles, ellos eran solo dos, y mis padres lucían un poco demacrados. Pude distinguir el pequeño jadeo de mi padre al respirar. Ese tipo, no humano, el rubio, parecía haber sido el causante.

Mis padres insistieron, mientras veía como ellos nos miraban con expresión dubitativa. Mis padres insistieron, por lo que no pude hacer nada más y comencé a caminar hacia atrás, despacio, mirando a mis padres con expresión dolida.

Tenía un pequeño pero arriesgado plan, que sabía que al final no funcionaría, ya que tardaríamos demasiado. No. No podía hablarles a mis hermanos. Sería demasiado arriesgado, ya que mi hermano era un completo bobo que intentaría hacerse el héroe, por lo que mis padres podrían salir aún más heridos, y mi hermana era muy pesimista. Si quería hacer algo, lo tendría que hacer yo misma.

Una mirada muy severa de mi madre me izo reconsiderar el plan.

Miré a los tres tipos que se encontraban ahí. No me importaban los otros dos, me importaba él, aunque no supiera ni siquiera su nombre. Aunque me doliera, le miré con ojos asesinos, como si lo odiara profundamente.

Él me devolvió la mirada, pero, para mi sorpresa, estaba llena de un dolor profundo. Por un momento olvidé todo y contuve el impulso de ir corriendo tras él y consolarlo un poco. Pero eso fue solo en un momento.

Olvidé lo que sentía por él en unos instantes y lo miré con tal desprecio, que, al parecer inconscientemente, dio un paso hacia mí.

Como respuesta mis padres gruñeron hacia él, como si le dijeran que si daba otro paso hacia mí, moriría en un instante.

De la boca del que parecía muy musculoso, salió un gruñido que me izo temblar un poco y acercarme de nuevo a otro árbol, olvidándome completamente que me tenía que marchar de ahí, gracias a que mi madre me había dado esa orden con su mirada.

Con ese único y horrible gruñido, comenzaron de nuevo la pelea, mientras comenzaba a llorar en voz baja, mientras veía como aquellos vampiros se abalanzaban sobre mis padres. Tenía que hacer algo.

Antes de que pudiera pensar en nada más, el rubio, Cayo, se abalanzó sobre mi padre y le mordió.

Él produjo un aullido lastimero.

Sin importarme nada más, me acerqué a él. El rubio se había quedado pasmado al ver cómo me acercaba a mi padre y veía la gran mordida que tenía en el cuello.

Mi padre estaba aullando de dolor, y moviéndose como loco. Él me veía fijamente, y yo lo sabía, pero no le di importancia. ¿Qué se suponía que tenía que hacer en esos momentos?

Mi madre se detuvo en medio de la pelea, y, al igual que mi padre había hecho anteriormente, aulló de una manera tan lastimera, que los tres de ahí no se atrevieron a atacarla.

 

Ellos se miraron mutuamente y después de una seña hecha por él, se marcharon sin decir nada más.

Ahora él era mi enemigo, y nadie me podía detener. Tenía que buscar venganza, ya que, como sabía perfectamente, no había remedio para mi padre. Tendría que esperar y, si un día me topaba con él, sabía perfectamente lo que tenía que hacer.

No debía de sentir nada más que odio por mi nuevo enemigo, que, aunque no sabía su nombre, lo odiaba más que a mi antiguo peor enemigo.

˜.˜.˜

Estábamos de nuevo en casa, que estaba inusualmente silenciosa.

Mis hermanos se encontraban sentados en los sillones. Sus ojeras eran notorias, y ambos tenían los ojos rojos, ya que habían llorado demasiado desde el día que se enteraron.

Yo no me quería ver en el espejo. Sabía que tendría un aspecto peor que el de ellos. Recordaba el momento que mi padre había dejado de retorcerse y el latido de su corazón se había detenido por completo.

Mi madre no había salido de su habitación hacía días. Parecía demasiado triste como para salir. Ni siquiera lo hacía para comer, así que mis hermanos y yo nos turnábamos para llevarle un plato de comida, y casi la obligábamos a comer. A ninguno de nosotros nos agradaba aquello, ya que nos recordaba lo que había ocurrido, y no podíamos evitar sentirnos tristes.

Pero un día. Un día los encontraría a ellos tres y vengaría a mi padre. Los mataría yo misma con mis propias manos.

Mi madre al fin salió de su habitación. Mis hermanos y yo levantamos la cabeza para mirarla mejor. Su rostro estaba muy demacrado, y lucía diez veces peor que mis hermanos.

Ella se acercó a nosotros, y nos dijo algo que ninguno esperaba:

- Me marcho de aquí - Eso fue lo único que dijo. Caminó hacia la puerta, dejándonos en estado de shock, y se volvió, para agregar: - Su tía Susan les vendrá a cuidar mientras yo
medito todo lo que ha pasado. Va a llegar a la casa en un par de horas.

Eso fue todo lo que dijo, antes de marcharse.

Una parte de mi corazón se encogía con violencia. Algo me decía que era la última vez que la veía.

Era otra razón por la cual odiar a mi nuevo enemigo.

CAPITULO V

"PROHIBIDO"

(POV DEMETRI)

Después de que Cayo mordiera al padre de ella (Ya que estaba completamente seguro de que era su padre), les hice una seña para que nos marcháramos. Habíamos matado a su padre y, a decir verdad, verla mirarme con tal odio me habían dado ganas de suicidarme. No quería que me odiara más de lo que ya lo hacía.

Cayo pareció comprenderlo de una vez, ya que ella, la madre, parecía demasiado débil como para pelear y, aunque a veces pareciese que Cayo no tuviera corazón, la verdad era que lo tenía. Muy escondido, pero lo tenía. Al oír sus aullidos lastimeros, pareció dejarles ir sin más.

Mi última visión de ella fue llorando sobre su padre, que se retorcía y aullaba con dolor. Eso me partía el alma en dos.

 

Además de que dejaba una mitad de mi corazón junto con ella. Me sentí la mitad de lo que era. Incompleto.

˜.˜.˜

Al llegar al castillo, todo lucía inusualmente aburrido. Más de lo que ya era.

Aro y Marco se encontraban sentados en sus tronos, esperando a Cayo con impaciencia.

Athenadora se acercó corriendo a Cayo, le tomó la mano y ambos sonrieron, felices de verse de nuevo.

Yo solo contemplaba con amargura la escena. Me habría gustado haber conocido siquiera su nombre. O quizá pedía más.

Aro se paró de su trono, y se acercó a Félix y a mí. Normalmente pedía la mano a Félix, ya que le encantaba la acción que pasaba en las batallas, y, si hablamos de acción, Félix era el más imprudente, además del mejor luchador de la familia. Pero esta vez fue diferente. Me pidió la mano a mí.

Y sabía que tenía que aceptar, ya que no había más remedio. Aro me conocía más que yo mismo.

Miré hacia otro lado, ya que no me quería encontrar con los ojos de Aro mientras leía mis pensamientos. Le di mi mano cuando miraba a Jane, que parecía radiante de verme. ¿Es que no comprendía que era demasiado chica para mí?

Sí, quizá eso no importase, ya que era casi de mi edad, y, literalmente, soy cientos de años mayor que aquella chica de la que estaba enamorado, pero no quería tener nada con Jane. La veía como una pequeña hermana. Como la hermana que nunca había tenido, pero que siempre quería.

Aro parecía serio.

- Es cierto - Pareció recordar de repente Félix - ¿Qué era lo que tenías que decirnos?

- Al parecer - Alcanzó a decir Aro, antes que yo pudiera decir nada - La importante cosa que tiene que decirnos Demetri es que, accidentalmente, se ha enamorado de la hija de los lobos contra los que combatían

Todos me miraron con cara de confusión. La expresión de Jane era de dolor. Alec intentó calmarla tocándole los hombros, pero ella simplemente le mandó una mirada tan envenenada, que Alec retrocedió.

- Ahora comprendo - Félix pareció recordar el momento que intenté acercarme a ella, pero después sus padres me habían gruñido

- Demetri - Comenzó Aro, con tono paternal - Sabes que no se va a poder. Es algo prohibido.

- Ella no es completamente lobo - Le informé - Su olor era exactamente igual que la de un humano. ¿Podría explicar aquello, maestro? - Pregunté con el tono amable más confiable que pude. No quería sonar grosero, ya que eso causaría una orden y la sonrisa de satisfacción de Jane inmediatamente.

- No sabría que decirte - Dijo pensativo - Ya que probablemente tienes razón, ya que no se transformó para ayudar a sus padres. Además. - Añadió - Si fuera una hija de la luna, entonces tendría que haberse transformado en lobo. Ellos no pueden controlarse. Aún así, Demetri. Me temo que aquello es prohibido y ambos lo sabemos

Sí, lo sabía, pero yo no había elegido aquello.

- Quizá tengas razón - Replicó, con un pequeño tono de irritación. Sorprendido, miré como todavía tenía mi mano entre las suyas - Pero no puedes estar con ella. Sé que va a ser doloroso para ti, pero si la volvemos a ver, tendremos que hacer un par de pruebas con ella, para saber qué es exactamente, y después, me temo que la tendremos que

 

- No - No quería que completara la frase. No podía morir, y menos en manos de un miembro de mi familia.

Supe que mi cara estaba crispada de dolor cuando Aro me vio con expresión amarga.

- A mí me duele eso, Demetri, pero no podemos ir en contra de nuestras leyes. Ella tendrá que morir si se vuelve a cruzar en tu camino. O si se cruza en uno de nuestros caminos. No hay opción.

El dolor me invadió completamente. ¿Es que el amor de mi existencia iba a ser prohibido?

¿Cómo la fruta prohibida que jamás debía probar?

¿Es que acaso la vida me odiaba demasiado como para ser tan irónica y tramposa conmigo?

Me he enamorado de alguien prohibido. De alguien que debía estar a salvo y, desafortunadamente, no era conmigo. Era el ser más peligroso para ella. Nunca más la debía ver.

CAPITULO VI

"ANORMAL"

(POV SUMMER)

Tía Susan había llegado muy preocupada a casa. Ella sabía toda la historia, ya que al parecer mi madre se la había contado al llamarla. Ella era, al igual que mi madre, mitad loba, por lo que entendía perfectamente todos nuestros cambios. Parecía como si mi madre hubiera elegido a tía Susan exactamente para eso: Para cuidar de nosotros por siempre.

Ella parecía demasiado alarmada, ya que mi madre no le había dado una explicación exacta de a dónde iba. Simplemente le había encargado que cuidara de nosotros.

Tía Susan era soltera. Tenía el cabello del mismo tono que mi madre y hermana, además de ojos verdes, como mi abuelo materno. Su rostro era muy parecido al nuestro.

- ¿Estuviste ahí? - Preguntó por enésima vez, algo que resultaba de lo más irritante

- Sí, tía, estuve ahí. Por favor, no tienes porque repetírmelo. Es demasiado doloroso como para recordarlo

- Lo sé cariño, pero yo solo pregunto porque estoy muy preocupada por ti. Siento que me estas ocultando algo. Algo grave.

- No es nada tía. De verdad - Dije mientras, bajo la mesa, cruzaba mis dedos.

Podría haberle dicho lo que había ocurrido con el chico que había visto, pero lo más seguro era que me regañara debido a que era una de las personas involucradas en el asesinato de mi padre, y de la partida de mi madre.

Pensaba que mi vida, hasta esos momentos había sido anormal, pero no había sido tan mala desde que
había ocurrido aquello.

Ya habían pasado unos días, por lo que mis hermanos se encontraban más calmados que antes. Parecían madurar conforme a los minutos, mientras que yo me sentía como si nunca fuera a hacerlo. Me sentía culpable, lloraba todo el tiempo
Era un drama si alguien hablaba conmigo, ya que terminaba por derramar un par de gruesas lágrimas.

 

Pero eso se debía precisamente a aquello: Lo había visto todo. Y me había enamorado de aquél chico. Y eso era lo peor.

Mi tía me miró con sus penetrantes ojos verdes, intentando descifrar la verdad que ocultaba. No pareció encontrar nada, así que desvió la vista, y se concentró en su plato de carne casi cruda, que era como a todos en la casa nos gustaba. No completamente cruda, pero tampoco cocinada. Sabía horrible.

Yo solo me concentré en otro platillo idéntico al de mi tía, solo que con verduras. Ella decía que tenía que alimentarme bien, no solo de carne de animal.

Yo siempre había querido un perro. Pero desde que mi organismo me pedía carne casi cruda, había comprendido el porqué de la negación de mis padres.

Padres.

Esa palabra resonó en mi mente como eco, y terminó por extenderse en toda mi mente. E izo que las lágrimas volvieran a rodas silenciosamente por mi ahora pálido rostro.

˜.˜.˜

Ese día era el primer día de clases, después de las vacaciones.

Después de estar una hora y media enfrente del espejo, intentando arreglar mi rostro, supe que todo el trabajo había sido en vano. Tenía ojeras enormes, y mis ojos parecían rojos por completo. Mi piel de la cara se había vuelto pálida, gracias a que no había salido al sol durante los últimos días. No había nada que me arreglara.

Sabía que mi madre habría tenido la solución perfecta, pero solía no pensar en ella. No quería volver a llorar de nuevo. No sería sano.

Mi tía me miró preocupada, e incluso me preguntó si estaba segura de querer ir a la escuela. Yo solo asentí, mientras me dirigía hacia la puerta para caminar hacia la escuela.

˜.˜.˜

Por el camino no me encontré a nadie conocido, por lo que tuve un gran alivio, para poner las cosas en orden. Tenía una gran oportunidad de despejar mi mente hasta que

- ¡Hola, Chica Anormal! - Gritó una voz masculina que reconocí al instante

- ¡MATT! - Grité mientras le abrazaba y comenzaba a llorar en su pecho. El había sido mi novio una vez. Mi mejor amigo de la infancia. Mi primer amor. Sabía todos mis secretos, puesto que él era un Hombre Lobo completo.

- No tienes ganas de ir a la escuela, ¿Cierto? - Preguntó. Lo más seguro era que tía Susan le hubiera hablado para decirle que necesitaba a alguien para hablar de todo

- No - Contesté mientras le abrazaba y comenzábamos a caminar hacia un lugar apartado, donde nadie pudiera escucharnos.

"Chica Anormal" Era como siempre me había dicho Matt desde que le conocía. Era anormal para él, ya que parecía que yo tenía más de humana que de hija de la luna, ya que, como había dicho antes, tardaba demasiado en convertirme en luna llena, sin embargo, mis hermanos no tenían tantos problemas.

Quizá estaba destinada a ello. A ser Anormal. Para todo.

Al mirar los azules ojos de Matt me olvidé de todo. Incluso de aquél hermoso chico. Aparecía en unos segundos, pero después se desvanecía, poniendo a prueba mis sentimientos de odio hacia él. Aunque supiera (Y me dolía demasiado), que nunca le podría tocar un solo pelo con la intención de matarlo.

 

Nunca podría matarlo. También era anormal por ello. Mi raza solía olvidarse de todo para vengarse, algo que no me ocurría a mí. No podía olvidar su rostro, sus ojos, su
su
¡Debía de dejar de pensar en él!

Matt me miró preocupado cuando llegamos al principio del bosque. Ya debía de haber pasado un par de clases en la escuela.

- Ahora bien. ¿Me dirás lo que te ocurre? - Preguntó mientras asentía. Sí había una persona en el mundo a la cual debía confiar todo, sería a Matt. Mi ex novio, hijo de la luna.

Sabía que quizá él tuviera una explicación acerca de aquél chico que no era humano.

CAPITULO VII

"DECLARACIÓN"

(POV DEMETRI)

Desde que me habían dicho que lo que sentía por ella era imposible, me había alejado completamente de mi familia. No quería saber de alguien que no pudiera soportar que no estuviera cerca de la persona que más amaba en el planeta tierra, aunque ni siquiera sabía su nombre.

Jane parecía distante a todos, pero no me importaba. Prefería pensar en el amor de mi existencia que en ella, y, sabía que era demasiado egoísta, pero no me importaba. No me importaba nada más que ella, ella y ella.

Sentía como le debía doler la muerte de su padre. Incluso la seguía mirando. Llorando sobre el cadáver de él. Esa imagen no se borraba de mi cabeza por nada del mundo.

Ocasionalmente, mi maestro leía mi mente solo para saber a qué grado de locura había pasado. Solo podía pensar en ella, incluso me había afectado en mi don. No encontraba a nadie que no fuera ella.

- Demetri - Comentó Aro una vez - Me parece que eres un caso perdido. Te has enamorado tanto de aquella hija de la luna, que no puedes volver a la realidad. Me temo que tendrás que hacerlo
Antes que decidamos buscarte un
remplazo

Aquello no me había importado demasiado, ya que el "mejor" remplazo sería Alistair. Dudaba que quisieran a ese loco como parte esencial de su guardia.

- Dem
- Habló una voz detrás de mí. Se trataba de Jane, sentía su aroma - Tenemos que hablar

- ¿Hablar acerca de qué? ¿Del amor de mi existencia que es prohibido para mí? - Pregunté con amargura

- Tiene que ver con eso - Admitió. Su tono dubitativo me izo girarme para verla. Lucía preocupada. Nunca en mi vida había visto aquella expresión en el angelical rostro de Jane. Ella nunca se sentía así

- ¿Qué es lo que pasa? - Pregunté, un poco dudoso. Jane me diría algo que, estaba seguro, de que no podía aceptar

- Tengo que hacerte una declaración - Y esperaba que no fuera amorosa

- Te escucho - Dije, aunque sabía que algún día me iba a arrepentir de animarla a continuar

- Te amo - Eso fue lo único que dijo, mientras en mi cara se hacía una expresión de sorpresa. ¿Acaso ella, Jane Vulturi, me había dicho que me amaba? Era algo que ya me temía, pero oírlo de la boca de Jane, me hacía creer que pronto perdería su amistad para siempre, ya que, si la rechazaba, dudaba que me fuera a hablar por el resto de mi existencia.

 

Al quedarnos callados, en un incómodo silencio, Jane me sonrió tristemente.

- Sé que no me amas a mí. Solo quería decírtelo, ya que siempre puedes contar conmigo. Ya sabes, olvidarte quizá de tu amor imposible

- Sueno ridículo, Jane, y ambos lo sabemos, pero desde que la vi - Suspiré - No la puedo dejar ir
La amo con toda mi alma

- Sabía que dirías eso - Contestó tristemente

- ¿Me dejarás de hablar? - Pregunté

- ¿Por qué habría de hacerlo?

- Bueno. Tú nunca muestras ningún sentimiento hacia nadie, y, como es la primera vez que lo haces

- Y tú me rechazas, crees que te dejaré de hablar por toda la eternidad

- Exacto

- Demetri, dijiste que aquella muchacha no era completamente una hija de la luna - Jane sonrió aún más ampliamente - Por lo que algún día morirá. Y, estoy segura, de que olvidarás tus palabras de negación.

Miré ceñudo como Jane se marchaba, aún esperanzada. Aquello me dio rabia. ¿Era que no comprendía que en realidad amaba a aquella muchacha y, que si moría, moriría con ella? ¿Era que no comprendía?

En esos momentos, una llama de valentía cruzó mi pecho. Tendría que buscarla antes de que fuera tarde. Tendría que pasar mi existencia con ella.

Alcancé a Jane, que me seguía mirando con una sonrisa de superioridad, como si esperara que me arrodillara frente a ella.

- ¿Has cambiado de opinión? - Preguntó sonriente

- Tengo una declaración que hacerte - Sonreí, siguiéndole el juego

- ¿De qué se trata?

- No la perderé a ella, puesto que moriría si algo le pasara - Contesté mientras salía del castillo.

Sabía que aquello era prohibido, pero no me imaginaba el resto de mi eternidad sin ella. Sin ver sus grises ojos. Moriría si nunca pudiera tocar su piel, que parecía tan suave como la seda, sin besarla jamás, sin hablarle nunca. Moriría si no lo hacía. Era ahora o nunca.

Me valía un cacahuate el pensar en el castigo que me había merecido por desobedecer a mis maestros y por romperle el corazón a Jane. Si la encontraba, y si ella sentía lo mismo por mí, tendríamos que escapar muy lejos, donde nadie nos encontrara. Como seguía siendo el mejor rastreador del mundo, estaba seguro de que no nos podrían encontrar jamás. Podríamos ser felices.

Un pequeño sentimiento de felicidad y esperanza me abrumaron. Podría ser feliz. Podría ser libre.

CAPITULO VIII

"ODIO"

(POV SUMMER)

Al terminar de contarle todo a Matt, se quedó pensativo, como si pensara en las palabras que diría a continuación.

- Summer - Dijo lentamente - ¿Me estás diciendo que te has enamorado de uno de los cómplices del asesino de tu padre? ¿Me estás diciendo que te has enamorado de una sandijuela?

 

- ¿Sandijuela? - Pregunté extrañada

- Aquél tipo - Explicó - Es un vampiro

- ¿Vampiro? ¿Estás loco? ¡Yo nunca me enamoraría de uno! - Grité, alterada. Así que me había enamorado de uno. No podía creerlo. Me sentía tan idiota en esos momentos.

- No te culpo - Rió Matt - Los Vampiros suelen ser
atractivos

- ¿Has visto a uno? - Pregunté, alejándome de aquel chico hermoso. No quería que Matt me siguiera recordando mi torpeza

- Nunca - Admitió - Pero he leído sobre ellos. Una raza muy impresionante, he de decir, pero ellos asesinan gente

- ¿Y que se supone que hacemos nosotros? ¿Lo contrario? - Dije, recordando la carne casi cruda que había comido. Los hijos de la luna solíamos comer carne cruda, pero habíamos dejado de matar humanos desde hacía varios siglos.

- Pero ellos tienen opción, igual que nosotros - Replicó Matt - Ellos podrían beber sangre de animal, pero no lo hacen. Por eso es que son nuestros enemigos.

- Nosotros protegemos la vida humana, ellos no - Hablé de manera automática. Sabía perfectamente eso - Por eso son nuestros enemigos naturales.

- Exacto - Aprobó Matt.

El día estaba avanzado. Estaba segura de que ya era hora de marcharme, de irme a casa, aunque no quería.

Al parecer Matt pensó lo mismo, pues, en vez de que se marchara y me obligara a seguirle, se sentó en una gran roca.

- Nunca creí que fuera posible - Comenté

- ¿El qué?

- Enamorarme de un vampiro. ¡Y a primera vista!

- Es extraño - Contestó el en un tono seco que me dejó a entender que no quería oír nada sobre el tema

- ¿Qué ocurre? - Pregunté sin hacerle caso a su tono - ¿Por qué te comportaste de ese modo al comentarte aquello?

- Porque
- Matt me miró a los ojos. Eran hermosos, aunque no tenían comparación a los de aquel vampiro. Los veía cada vez que cerraba mis ojos - Yo te

No logró terminar la frase, ya que me apartó del lugar donde me encontraba, e izo frente a los árboles.

Creí que aquello era ridículo, pero al final salió él.

Su belleza me volvió a dejar sin habla. Sus ojos eran rojos, como los rubíes. Tenía una sonrisa amplia. Sonreía a mí. Al mirar a Matt, el vampiro cambió su expresión a una de gran irritación. Estaba segura de que, si pudiera haberlo visto, Matt tendría la misma expresión en su cara.

La cara del vampiro denotaba algo de odio, aunque quizá simplemente me lo estaba imaginando.

- ¿Quién es el hijo de la luna? - Preguntó con su voz aterciopelada

- Su nombre es Matt - Contesté mientras me olvidaba de todo. Sus hermosos ojos eran lo único importante. No recordaba siquiera cual era mi nombre

- Espera - Me advirtió Matt, mientras me apartaba del Vampiro. Al parecer, inconscientemente, me había querido acercar a él - ¿Qué no lo recuerdas? ¡Quería matar a tus padres!

 

- Es verdad - Admitió el vampiro, algo que izo que toda la magia se esfumara - Pero eso fue antes de conocerte - Añadió con otra de sus hermosas sonrisas

Matt parecía furioso y, al mirar sus ojos, supe que los sentimientos de Matt hacia el vampiro eran de odio total.

- ¿Por qué no nos olvidamos de tu
acompañante? - Preguntó el vampiro

Matt me agarró el brazo demasiado fuerte, por lo que grité de dolor.

Segundos después, aquel Vampiro le había dado una buena golpiza a Matt. Le rompió la nariz.

- No vuelvas a lastimarla - Dijo seriamente, mientras me alejaba delicadamente de Matt - ¿Estás bien?

- Le rompiste la nariz - Murmuré

- Eso fue porque te lastimó - Explicó el vampiro

- Yo
Yo
- Comencé a decir, pero el vampiro me tocó mis labios con sus fríos dedos

- ¿Por qué no hablamos en un lugar más
privado? - Preguntó, mirando a Matt con algo de odio.

Al mirar a Matt, supe que el odio era mutuo. El vampiro le podría matar, ya que, después de una noche de luna llena, los hijos de la luna se encontraban demasiado agotados como para luchar contra un vampiro. No me podía negar.

Asentí, mientras le daba una explicación a Matt con la mirada.

El vampiro me arrastró lejos de mi amigo. Me subió a su espalda y comenzó a correr de forma rápida. Más rápido de lo que nunca había imaginado.

Olvidé todo en esos instantes. Quería ser feliz con el Vampiro. No me importaba nada más.

CAPITULO IX

"PROBLEMAS"

(POV DEMETRI)

Aquél tipo le había hecho daño. Tenía suerte de seguir vivo.

Con una mirada, ella le decía una explicación que no comprendí. ¿Por qué le pedía permiso? ¿Era que ellos formaban una pareja? En cualquier caso, no quería saber la verdad, puesto que aquello solo serviría para hacerme sentir más dolor que el que había tenido jamás.

La llevé a un lugar lejano, sobre mi espalda. Pude escuchar un pequeño jadeo proveniente de ella, parecía de sorpresa, así que no le di mucha importancia y seguí mi camino.

Al llegar a un lugar bastante apartado de Volterra, la bajé.

- Wow - Dijo - Eso ha sido increíble

- Te ha gustado - Comenté. No era una pregunta, pero de todas maneras ella me asintió - ¿Cuál es tu nombre? - Al fin sabría su nombre

- Summer - Contestó. Era un hermoso nombre - Pero puedes decirme Sum. Todos lo hacen

- No. Prefiero Summer completo - Repliqué mientras ella sonreía

- Igual yo

- ¿Tienes algún otro nombre?

Ella se sonrojó

- Mi nombre completo es Sunday Of Summer Russo

- ¿Sunday Of Summer? - Pregunté ¿domingo de verano? ¿En qué pensaban sus padres cuando le pusieron ese nombre? De todas maneras era hermoso

 

- Lo sé - Sonrió Summer - Por eso solo prefiero Summer

Ambos nos miramos. Sus grises ojos eran hermosos. Me hacían sentir tan atraído hacia ella como ninguna chica. Y no solo me refería a su sangre.

- Entonces ¿Cuál es el tuyo? - Preguntó mientras se paseaba entre los árboles

- Demetri Vulturi - Contesté simplemente, mientras me quedaba mirando sus lindos ojos.

- Es un lindo nombre - Comentó - ¿Para qué me has traído tan lejos?

- Mi familia planea matarte - Fui un idiota, lo sabía, pero al ver sus ojos no pude darle más rodeos, y ni siquiera pasó en mi cabeza decirle alguna mentira

- Lo entiendo - Susurró - Tu familia vampiro

- Sí - Asentí - Pero nunca dejaría que te ocurriera nada.

- ¿Por qué? - Preguntó

- No lo sé - Admití - Solo sé que me he enamorado de ti desde la primera vez que vi tus ojos

- Yo también me he enamorado de ti. Aunque sé que nunca podríamos estar juntos - Dijo mientras me daba la espalda. ¿Acaso ella también creía que nuestro amor era imposible?

- ¿Por?

- Porque alguien de tu familia mató a mi padre - Dijo - ¿Crees que podría vivir tranquila junto a ti, cuando sé que alguien que tú aprecias lo mató? ¿Crees eso?

- Claro que no. Es mi familia. Pero no tengo nada que ver con ella.

- Sabías que él era mi padre, ¿Cierto? - Preguntó mientras asentía - ¿Por qué no intentaste alejarte de él? ¿Por qué no se fueron?

- Summer, yo

- ¡Déjame en paz! - Gritó mientras se dirigía hacia algún lugar.

- Espera - Dije mientras la detenía

- ¿Qué quieres? - Preguntó con lágrimas en los ojos

Yo, no supe porqué lo hice, pero acerqué lentamente mis labios a los suyos.

- ¡DEMETRI VULTURI! - Oí gritar a Aro.

Bien. Teníamos problemas.

Me giré en posición defensiva, intentando protegerla. Esto no sería nada agradable a la vista.

CAPITULO X

"PRISIONERA"

(POV SUMMER)

Me giré para ver quién era el vampiro que nos había detenido, y me sorprendí un poco, puesto que eran unos diez o quince vampiros los que se encontraban ahí.

Genial. Más sandijuelas.

- Aro - Dijo Demetri, con voz suplicante

- Te había dicho lo que le haríamos a ella en cuanto la encontrara alguien de la guardia. Y me temo que también te incluía a ti.

La sandijuela, Aro, se acercó lentamente hacia mí.

Por el rabillo del ojo pude contemplar que había una chica rubia de cabello corto, que miraba a Demetri con una sonrisa de satisfacción, como si esperara el momento a que sufriera. Después, me miró a mí, y una sonrisa se ensanchó en su boca.

Aquel Vampiro, aunque se parecía demasiado a los otros (Belleza, piel pálida, ojos rojos
), su piel parecía papel cebolla, y por un instante, me contuve para acercarme a tocarla. Parecía demasiado suave. Su cara, aunque sabía que sus rasgos eran perfectos, no pude decidir si era hermoso o no.

 

- Hola - Saludó cortésmente - ¿Cuál es tu nombre, hija de la luna?

- Sunday Of Summer - Respondí, sin mucha confianza.

- Peculiar nombre, cariño

- ¿Por qué tiene demasiada cortesía conmigo? Que yo sepa, mi raza odia a su raza como lo hacemos nosotros a ustedes. Si quería matarme. ¿Por qué no lo hace de una buena vez?

- Simplemente queremos un par de pruebas. No eres completamente una hija de la luna por tu olor - Susurró mientras se acercaba más a mí

- Genial. Un conejillo de indias. - Murmuré con sarcasmo - ¿Quién no querría serlo?

- Tranquila. Nadie te hará daño
Por ahora - Dijo Aro - Me permitirías - Dicho eso, extendió su mano, como si quisiera estrecharla

- ¿Estrechar la mano que me matará? - Pregunté - No, gracias

Él me miró unos segundos, como si estuviera pensando en algo. Algo que parecía recordarle.

Miré a Demetri, que me miraba horrorizado. Parecía como si estuviera así gracias a mi comportamiento.

Miré a los demás Vampiros, que me miraban como si hubiera cometido un grave error. ¿Es que nadie había puesto en su lugar a aquel tipo?

- Iremos al castillo - Susurró Aro. No parecía enojado. Parecía pensativo

Demetri me tomó por los hombros, y me llevo seguida de ellos.

Parecía como si me estuviera convirtiendo en la prisionera de las Sandijuelas.

Mientras caminaba pensé en Demetri. El me había dicho que su familia no era nada para él. Pero no le creía. Si no hubiera sido nada para él, probablemente me habría llevado más lejos, antes de que ellos pudieran alcanzarnos.

Le había gritado, y casi había llorado a lágrima tendida, y me sentía extraña. Sentía dolor, ya que extrañaba a mi padre. Sentía tristeza, por la partida de mi madre. Algo de preocupación por mis hermanos, Tía Susan y Matt. Además sentía un verdadero nudo en la garganta cuando pensaba en Demetri. No sabía cómo reaccionar. Intentaba odiarlo, pero mi corazón me obligaba a no hacerlo, por mucho que quisiera.

Aquellos sentimientos eran tan abrumadores, que no podía ni pensar con claridad.

Bien. Por lo menos esperaba que las Sandijuelas me mataran rápido.

CAPITULO XI

"DÍDIMA"

(POV ARO)

Aquella chiquilla. Nadie me había hablado así en años. La única que se había atrevido, había sido mi hermana, Dídima. Aquella que había ordenado matar para así tener el control total sobre Marco, y que no nos traicionara por nada del mundo, que no nos diera la espalda para que se marchara con ella.

Incluso, físicamente se parecía a Dídima. Su cabello era del tono exacto, y sus ojos grises eran casi iguales que los de ella. Parecía una réplica casi exacta de mi hermana.

 

Tenía que llevarla al castillo, aunque aún no decidía si la podía llevar con Marco. Probablemente él se pondría algo feliz, ya que creería que Dídima nunca hubo muerto. Y me encantaría ver su cara en cuanto observara que no se trataba de ella.

Sunday Of Summer. Un nombre demasiado extraño. Pero aún así me gustaba.

Ella podría reencarnar a Dídima si quisiera. Y volvería a tener a mi hermanita de nuevo.

En mi corazón se formó un nudo. La había matado porque quería tener el poder, pero, sabía que, si volvía al pasado, jamás le haría daño de nuevo. Quería a mi hermana, pero en ese entonces me había cegado por el odio, el poder
Por todos esos sentimientos tan egoístas y macabros.

Pero tenía que asesinarla. Hasta por lo que yo sabía, era una hija de la luna, y tenía que asesinarla, debido a su condición. Estaba seguro de que Cayo me diría eso.

Aunque
Aún cabía la posibilidad de debatirlo. Podía entrar en un pequeño debate con Cayo y Marco. Sabía que el destino de aquella niña se salvaría si hacia eso. Marco y yo votaríamos a favor de su vida. Cayo no podía hacer nada en contra.

¿Por qué quería que sobreviviera?

Por muchos años no había estimado lo suficiente a mi hermana, ya que no la conocía. Mi sed y deseos de poder me alejaron de mi Familia. De todos. ¿Cómo era que ahora, que había encontrado a una chiquilla idéntica a ella, recordaba a Dídima?

Y peor Aún. ¿Cómo era que sentía algo de simpatía hacia ella?

No sentía simpatía. Ahora que había descubierto que su carácter era similar al de Dídima, sentía cariño por ella. Cariño como si fuera mi sobrina. La hija de Dídima.

Aquello era imposible y lo sabía. Aunque no dejaba de ser tentador.

Al llegar al castillo, me ocupé de Sunday, ya que no quería que alguno de mi guardia la tomara como bocadillo para la cena. Ella era especial. Era la misma reencarnación de Dídima.

Tenía que serlo, puesto que era idéntica a ella.

"Creo que te estás volviendo loco" Me susurró una molesta voz en la cabeza.

Sacudí mi cabeza. No podía estar loco. Sunday era la reencarnación de Dídima, estaba completamente seguro
Y si no, de la seguridad que tenía, era que ella me miraba como si estuviera loco. Quizá la voz no se encontraba tan mal informada.

- Maestro - Susurró Demetri, que se encontraba junto a ella. ¿Protegiéndola? ¿Estaba loco? ¿Para qué mi hermana necesitaría la protección de él? - ¿Qué hará con Summer?

- Haré con ella lo que había planeado, aunque antes
Tendremos que someterlo a voto - Dije con fingido pesar - Dídima estará

- ¿Dídima? - Preguntó Sunday, confundida - Sunday, Summer, incluso Of, pero ¿Dídima? ¿Quién es ella?

- Eres tú - Le afirmé

- ¿Desde cuándo me cambié de nombre? - Preguntó con rudeza - Que yo recuerde, toda mi vida me había llamado Sunday Of Summer, no Dídima.

- Sigues siendo como siempre, hermanita - Le susurré

 

- Esta deschavetado - Musitó ella - Debe tener unos tres mil años. ¿Qué le hace pensar que soy su hermana?

- Eres idéntica a ella, y tu carácter igual. Dídima ¿Quieres ir de una vez con mis hermanos?

- ¿Se supone que ellos también son mis hermanos? - Preguntó ella, con sarcasmo

- No. Uno es tu esposo - Le informé mientras la tomaba del brazo y me encaminaba hacia el Salón. Demetri cruzó una mirada con ella, que supe que decía que me había vuelto loco, pero no me importaba. Dídima había regresado. Mi pequeña hermana, por la que, por un error, había asesinado sin misericordia. Había vuelto mi hermana, y tendría que celebrarlo.

CAPITULO XII

"LOCURA"

(POV SUMMER)

¿Acaso estaba loco? ¿Su hermana, Dídima? ¿Es que acaso el mundo era el que se había vuelto completamente loco? ¿La locura sería contagiosa?

Esas preguntas retumbaron en mi cabeza mientras Aro me llevaba hacia un lugar. No sabía dónde, pero me tranquilizaba un poco el hecho que Demetri se encontrara junto a mí. No quería pensar en otra cosa, en lo que me esperaba, en lo que me sucedería. Solo me concentraba en su angelical rostro.

Parecía muy confundido, a decir verdad, pero sabía que ambos lo estábamos. ¿Cómo era posible que me confundiera con alguien más? Vamos
¡Nunca había visto a un Vampiro en mi vida hasta que me crucé con Demetri!

La mirada de él me decía silenciosamente que me debía de sentir relajada, que debía mostrarme serena, ya que no me ocurriría nada.

Intenté confiar en él, pero mi instinto me dijo que no me relajara, que había demasiados chupasangres que me querrían matar.

- Cayo. Marco - La animada voz de Aro me sorprendió. Parecía como si quisiera celebrar algo

- ¿Qué quieres, Aro? - Preguntó una aburrida voz.

Las dos personas, que se sentaban en los tronos eran hermosas. Aunque claro, a mi parecer se parecían mucho a Aro. Hermosas, aunque nunca llegarían al nivel que Demetri.

Uno era rubio, y lo reconocí con temor: Él era el asesino de mi padre. Le miré con odio.

El otro parecía completamente aburrido. Su cabello era negro como el de Aro. Se giró para verme y abrió los ojos como platos.

- No soy Dídima - Musité, mirando fijamente al que me había mirado así - Ni su reencarnación

- Te pareces mucho a ella - Admitió el rubio. Le ignoré. No quería hablarle al asesino. Significado de refranes

- Dídima - Susurró el otro

- ¡No soy Dídima! - Repetí gritando. ¿Era que no me entendían?

- Sunday - Me intentó calmar Aro

- ¡Nada de Sunday! - Grité - No soy Dídima, espero que les quede claro

- Con tu actitud te pareces mucho a ella - Murmuró el de pelo negro

Me quedé callada. Quizá habría sido mucho mejor haber muerto hacía días. Por lo menos no tendría a unos tres chiflados que me dijeran que era la hermana del líder. Aunque, pensándolo bien, podría estar más tiempo con Demetri.

 

Debería de dejar de pensar en él, y lo sabía perfectamente, pero no podía.

Me alejé de Aro, acercándome lo más posible a Demetri.

Involuntariamente le tomé la mano, entrelazando nuestros dedos. Él aceptó aquello como si fuera lo más natural del mundo.

Aquello izo que la chica de cabellos rubios me gruñera en voz alta, pero no me importaba. El de cara antes aburrida me miraba pensativo. Suponía que aquél era el esposo de Dídima. Su cara me daba lástima, como si me doliera aquello.

Ese día había sido de completa locura.

- Demetri. Lleva a Sunday a un cuarto. Mis hermanos y yo tenemos que discutir algo muy importante respecto a ella.

Mientras Demetri me llevaba a la habitación, me pregunté: ¿Qué importa la locura si estas junto a la persona que más amas en el mundo?

CAPITULO XIII

"ENEMIGA"

(POV SUMMER)

Cada día intentaba no pensar en que en cualquier instante podrían matarme.

Demetri me había acompañado todos los días, aunque el Vampiro, Marco, intentaba por todos los medios que no me viera.

Parecía como si se hubiera enamorado de mí. Pero no. No quería pensar en otro que no fuera Demetri.

Detestaba a Cayo, eso lo había sabido desde el primer segundo que le vi. Aunque él parecía un poco
Confundido, como si no supiera que hacer.

La verdad era que me daban muchas ganas de convertirme en loba, y así demostrarles que no era la tal Dídima, porque me habían contado que era Vampira. Y un Vampiro no podía ser mitad lobo, ¿Cierto? De cualquier manera, extrañaba a Lisa, a Federik, a tía Susan
¿Por qué demonios me tuve que ir con Demetri?

Ah, sí, porque lo amo.

Sí, tampoco aquello le causaba gracia a mi "Hermano", pero no lo era, por lo que no me interesaba lo que opinara.

Caminaba por los pasillos, junto con una chica, que según se llamaba Heidi. Era la que mejor me caía de todos, además de que Aro había ordenado tener guardias día y noche. No sabía para que, puesto que escapar se me hacía poco probable. No conocía la salida de aquél lugar.

De pronto, me tropecé con alguien.

- Lo siento - Murmuré torpemente, sin recordar que ellos eran vampiros, y que ellos podrían romperme un hueso al tropezar conmigo

La persona resultó ser aquella chica de cabellos rubios. Parecía enojada conmigo.

- Fíjate por dónde vas - Me dijo fríamente

- Te dije que lo sentía - Le respondí, con una mirada igual de fría

- ¿Por qué no te vas a tu madriguera? Todos estaríamos mucho mejor sin ti

- Jane - Le dijo Heidi

- No, Heidi. Ella solo ha traído desgracias

- ¿Lo dices porque Demetri me quiere? - Le solté. Me había dado cuenta de que ella se encontraba enamorada de Demetri desde que la vi

 

Todo pasó muy rápido.

Heidi me empujó para atrás, donde se encontraban un par de vidrios que rompí. Jane y Heidi forcejearon un buen rato, mientras sentía un líquido recorrer mi brazo.

- ¡Summer! - Gritó Demetri, mientras se acercaba a mí. Tenía los ojos negros

- ¿Por qué
? - Comencé, pero él me tapó la boca con su mano

- Lo sabrás después

- ¿Qué ha ocurrido? - Preguntó Marco, que se acercaba rápidamente hacia nosotros.

"Oh, no" Pensé, mientras mi mano buena se aferraba a Demetri. Jane y Heidi habían parado, la primera mirándome con ojos asesinos, y la segunda con preocupación.

Genial. Me había ganado a una enemiga Vampira.

- ¡Dámela! - Ordenó Marco a Demetri, que rápidamente me colocó en los brazos de éste

Por lo menos me sentía algo más protegida con Marco en aquél aspecto.

Cerré mis ojos lentamente, pensando en Demetri.

CAPITULO XIV

"CULPA"

(POV SUMMER)

Desperté un poco confundida.

- ¿Te sientes mejor? - Preguntó una voz, que reconocí como la de Marco. Mis pensamientos se acomodaban lentamente, y pensé que Demetri era un cobarde. ¿Por qué me dejó sola, con aquél Vampiro que cree que soy su esposa muerta?

- Sí - Musité, aunque sabía que me oiría a la perfección. A decir verdad si me sentía bien. No sentía el dolor en mi brazo.

Abrí los ojos, intentando observar el motivo por el cual sentía mi brazo muy rígido.

Parecía completamente vendado, aunque Marco me lo sostenía. Supuse que era porque lo había intentado mover inconscientemente.

- Gracias - Murmuré un poco incómoda. Era la primera vez que me encontraba completamente sola con él. Aquello no me daba buena espina.

- Dídima - Sonrió él, mientras yo intentaba por todos los medios no hacer una gran mueca de disgusto.

Al ver que no reaccionaba como antes (Aunque si tenía mi mano buena apretada en un puño, pero dudaba que él la hubiera visto), Marco se acercó más a mí, intensificando el sentimiento de incomodidad.

Él apartó un mechón de mi cara, mientras veía su rostro. Parecía petrificada, ya que sabía exactamente lo que haría a continuación.

Su rostro era perfecto, no lo podía negar. Pero no podía descifrar si era hermoso como el de Demetri. Solo sabía que sus facciones eran perfectas.

Intenté pensar en la cara que pondría Demetri al vernos así. Quizá lograría apartarme de Marco.

Pero no lo pude hacer.

Nuestros labios apenas se rozaron, y sentí una gran satisfacción, a pesar de que no debía sentirla. Era mi primer beso, con un vampiro que tenía miles de años más que yo. Y ese no era exactamente el problema: El problema era que me sentía culpable.

Sí, me sentía demasiado culpable por Demetri. Pero no podía negar que aquella sensación se sentía
bien.

 

El forzó a mis labios a despegarse, mientras con una mano me sujetaba el cuello. Aquél beso era lento, pero lleno de sentimiento.

Nuestros labios se movían en tan perfecta sincronía, que sentí por un momento que quizá si era Dídima, aunque no lo supiera.

Aquel beso era demasiado bueno como para separarme y terminar con él.

Descendió su mano hasta mi cintura, obligándome a apretarme contra él. El beso se intensificó, y sus labios bajaron hacia mi mandíbula y el comienzo de mi cuello.

Pero aquello era demasiado. Cerré mis ojos con fuerza, recordando el rostro de Demetri y logré separarme de él.

Me mordí mis labios. ¿Qué pensaría él?

Marco me miró con una sonrisa

- Sé que piensas en él - Amplió la sonrisa más - Pero yo me aseguraré de que te enamores de nuevo de mí, Dídima

Con eso último se marchó de mi habitación.

Ahora la culpa era demasiada como para no prestarle atención. Ésta me llenaba todos los rincones de mi mente. ¿Por qué? - Pensé melancólicamente - ¿Por qué Marco tenía que atraerme?

Aunque sabía que no era ni la décima parte de lo que me atraía Demetri, me sentía culpable.

CAPITULO XV

"¿RESCATE?"

(POV MATT)

La manada se había enterado enseguida de lo que había ocurrido. Quería rescatar a Sum lo más pronto posible.

Caminé hacia la casa de Sum, esperando que su tía comprendiera aquello.

Toqué con algo de impaciencia a la puerta, ya que no me sentía con humor de esperar más tiempo. Esas sandijuelas le podían hacer mucho daño a Sum. Bueno, todavía esperaba que fuera una sola, pero no creía que tuviera mucha suerte. Lo más seguro es que se encontraría con otras sandijuelas.

¿Por qué Sum se tenía que ir con él?

Ambos sabíamos que podía matar a ese chupasangre hasta con los ojos vendados. Pero no, se quiso ir con él. La tendría que rescatar.

La tía de Sum salió. Parecía haber llorado por mucho tiempo, pues tenía los ojos enrojecidos, y parecía confundida.

- Vamos a rescatar a Sum - Le dije, sin siquiera antes saludarla. Sabía que ella entendería - Necesitamos rastrearla, por lo que nos gustaría tener más ayuda

- ¿Rescate? ¿Ayuda? - La pobre señora se veía demasiado deprimida - Summer - Dijo Secamente

- Disculpala - Se escuchó una voz femenina dentro de la casa. Supuse que se trataba de Lisa, la hermana de Sum - Está un poco alterada

- ¡Claro que te ayudaremos! - Gritó el hermano de Sum, Federik. Corrió hasta llegar junto a Lisa - ¿Ahora mismo?

- Tenemos que reunirnos primero con los demás - Le advertí, pensando en la manada

- Claro que iremos - Me respondió Lisa, con un tono de seriedad - Solo que nos tienes que esperar un momento para tranquilizarla

Tomó el brazo de su tía, y la llevó adentro de la casa, mientras Federik y yo nos quedábamos afuera.

 

- Sé porque lo haces - Comentó él - Amas a Summer

- Es verdad - Lo admití ¿Para qué negarlo?

- ¿Por qué la quieres? Ambos sabemos que te dirá que no
De nuevo

Sí, recordaba la vez que le había propuesto volver a ser mi novia, pero claro, ella me había rechazado, ya que éramos mayores, más maduros.

Aquello me izo pensar que nunca había besado a Summer. Jamás. Aunque yo lo deseara con todas mis fuerzas.

- ¿Vamos? - Preguntó Lisa, que miró mi expresión y se encaró a su hermano - Le has recordado a Sum - Le regañó. No exactamente porque me haya recordado a Summer, sino porque me recordó aquella vez, en la que ella me dijo que no.

Les hice una seña para que me siguieran. No me sentía con ánimos de escucharles pelear. Sería la gota que derramó el vaso.

Caminé lentamente, recordando los hermosos ojos de Sum.

ANEXO:

"DESTERRADO"

(POV MARCO)

No perdería a Dídima ahora que la había encontrado. Demetri no me la quitaría.

- ¿Qué es lo que piensas hacer para recuperar a mi hermana? - Me preguntó Aro

- ¿Necesitamos mucho a Demetri? - Respondí con una pregunta

- No necesariamente - Me respondió él

Corrí hacia el lugar más probable donde se encontraba Demetri: Espiando a Dídima.

- Marco - Saludó sin mucho ánimo al verme. Había hablado demasiado bajo, como para que Dídima, aún con su mitad de licántropo, no pudiera oírle

- Tenemos que hablar - Le dije bruscamente, arrastrándolo lejos de Dídima. No me hacía mucha gracia que se encontrara cerca de ella.

- ¿Para qué? - Preguntó Demetri, sin comprender. Yo simplemente le llevé lejos de MI Dídima

- Aléjate de ella - Gruñí

- La amo - Replicó él

- Y ese es el porqué. Estás desterrado

- ¿Lo has hablado con Aro?

- Aunque no hubiera hablado con él. Te puedo correr cuando se me antoje

- Está bien -Aceptó rápidamente. Parecía tener una idea en la cabeza - ¿Podré despedirme de Sunday Of Summer?

- ¡Dídima! Y no. No puedes

Demetri se marchó como si nada. Parecía convencido de algo. Yo intenté ignorarlo. Así quizá Dídima se encontraría enamorada de mí más pronto.

Sonreí para mis adentros

(POV DEMETRI)

Ahora tendría que buscar a la odiosa persona que izo reencarnar a Dídima en Summer.

Porque ella era Dídima y todos lo sabíamos. No había ni siquiera la mínima necesidad de comprobarlo con un don o algo por el estilo. Quizá pueda hablar con un brujo. Ellos deben de saber esas cosas. Necesitaba saber porque la revivió. Y en Summer.

Había algo en Summer que me hacía pensar que a veces no se comportaba como ella misma. Tendría que sacar la parte de Dídima.

 

nota: Summer no sabe que Demetri se marchó del castillo... bueno, que lo corrió Marco

CAPITULO XVI

"FESTIVAL"

(POV SUMMER)

Desde aquél momento, en el que Marco me había besado, me había llamado Dídima. Siempre.

Ahora me sentía un poco culpable por haberle dado esperanzas. Maldecía mi poco control, ya que soñaba con Marco en vez de Demetri. Pero sabía que lo seguía amando.

Sin duda mi cabeza era un torbellino de dudas.

En aquellos días Marco solía cortejarme. Me llevaba una rosa o algo por el estilo. Cosas que le agradarían a cualquier chica. Incluso a mí.

La cosa que me ponía irritante aquellos días, era que Demetri no se acercaba a mí.

- Hoy es el día de san Marcos - Me comentó Heidi

- ¿El día de San Marcos? - Pregunté confusa. Aquél nombre me sonaba a

- Sí - Sonrió Heidi - Los humanos creen de todo. Se dice que hace muchos años Marco Vulturi expulsó a los Vampiros. Y que ninguno ha regresado desde esa fecha

- Qué ironía - Asentí mientras caminaba como normalmente lo hacía. Era un alivio, ya que antes, Heidi caminaba demasiado rápido. Supuse que se había dado cuenta de ello.

- ¡Dídima! - Gritó Marco, sonriente de verme. Yo intenté no hacer mala cara por decirme por aquél nombre. A decir verdad, antes me molestaba más.

- ¿Qué ocurre? - Pregunté

- ¿Podrías dejarnos solos unos momentos, Heidi? - Le preguntó a la Vampira, que aceptó. Deseé poder hacerle una seña para que no se alejara de mí. Aunque a decir verdad
Quizá sería mejor quedarme con Marco toda la tarde. Quizá Demetri nos verá, y se dará cuenta de que es un estúpido por no haberme hecho caso antes.

- ¿Qué ocurre? - Repetí mientras tomaba la mano de Marco. Aquello pareció complacerle.

- Está anocheciendo - Comentó - La fiesta continúa. Me preguntaba
¿Querrías ir conmigo al festival?

- ¿A tú festival? - Recordé lo que había dicho Heidi

- Exacto - Me sonrió Marco, acariciando mi cara. Yo solo me dejé para hacerle ver a Demetri que podía perderme en cualquier momento. - ¿Vamos?

- Claro - Le sonreí. No parecía estar Demetri. ¿A dónde se habrá ido?

Me marché con Marco, pensando que no había visto a Demetri últimamente. ¿Qué era lo que le había ocurrido?

Intenté disimular interés por el festival, pero mi cerebro y corazón se encontraban completamente angustiados por Demetri.

CAPITULO XVII

"ENCUENTRO"

(POV DEMETRI)

Habían pasado solo dos meses desde que dejé de ver a Summer. La extrañaba tanto

Mi gran logro hasta aquél momento, era que había sobornado a otro brujo, con tal de que me dijera donde se encontraba el odioso que había puesto a Dídima en el cuerpo de Summer.

 

En aquellos momentos me dirigía hacia aquél lugar.

Me encontraba en un país muy abandonado, donde la población era escaza, así como los lujos de las grandes ciudades. Por aquella razón me sentí demasiado feliz al encontrar al brujo muy pronto: En aquellos lugares las personas son muy desconfiadas, pero, con mi don, encontré a un par de conocidos (Hadas, Gnomos
), por lo que ellos me revelaron (No sin cierto trabajo, ya que me costó un poco ganarme su confianza, decirles que no me encontraba en alguna misión con los Vulturi, ya que esas criaturas no confían en Aro, Marco o Cayo) el paradero de un brujo, que me podría ayudar.

Parecía invierno a decir verdad, ya que el lugar se encontraba lleno de nieve de pies a cabeza.

Caminé hacia una choza de madera, donde lo más seguro era que un humano normal, si hubiera vivido ahí, hubiera muerto de frío. Aunque claro, no podría ser buen juez para determinarlo, ya que mi temperatura era muy baja

Toqué a la choza tres veces, esperando que no me dejara en la puerta para simplemente derribarla.

Alguien me abrió rápidamente.

Los brujos solían ser personas normales, como era el caso de éste, aunque claro, como los Vampiros, eran inmortales, pero la diferencia, era que los Brujos podían decidirlo. Éste aparentaba más o menos unos diecinueve años, la edad en la que me convirtieron. Era más alto que yo, aunque sabía que no debía de intimidarme por aquello, ya que los Brujos, con sus hechizos, podrían matar a un Vampiro, pero tardaban, y dudaba que éste pudiera tener algo para hacerme el mínimo daño.

Sus rasgos eran finos, aunque no exagerados. Tenía la mandíbula cuadrada y sus cejas parecían estar en el promedio. Su rostro era perfecto, aunque a simple vista humano.

Cualquier persona normal, si nos hubiera visto a los dos juntos, habría adivinado que había algo con nosotros, ya que él, que era perfecto, no tenía ninguna de nuestras características.

Si era pálido, aunque no llegaba a la exageración. Tampoco tenía los ojos de color extravagante, como Rojo bordo o Dorado, si no que los tenia celestes, como una persona normal.

Su cabello era extravagante: Tenía los cabellos acomodados en púas, que parecían acomodadas perfectamente, como si se hubiera tardado horas para hacer que su cabello pareciera tan perfectamente espinado por sus cabellos.

Tenía extraños tatuajes que se le veían entre los pedazos de piel que quedaban expuestos. Sí, su ropaje también era extravagante, aunque lo más extravagante era que vestía como si estuviera en Verano y no en plena nieve, ya que no era invierno.

Sus ropas eran simples: Una camisa con cuello corto y unos pantalones cortos de mezclilla.

- Vampiro - Murmuró - No creí haberte invitado

- Mi nombre es Demetri V
- Lo dejé en Demetri. No quería que el brujo se enterara que era un Vulturi ¿Qué pasaría si Marco lo hubiese planeado desde siempre?

- ¿Solo Demetri? - Preguntó mientras asentía - ¿A qué se debe el motivo de tu visita? - Preguntó, con un tono cortante, como si quisiera que me marchara de ahí lo más pronto posible

 

- Vengo a preguntarte por Dídima Vulturi - Aquél nombre izo que el Brujo desconfiara.

Sí, le debía de haber dicho con calma, pero la cara del Brujo me decía que me marchara, por lo que no debía de tener calma.

- ¿Para qué quieres saber? - ¡Ni siquiera lo negaba!

- ¡Entró en el cuerpo de la Razón de mi Existencia!

- No pudo haber entrado - Se dijo extrañado el Brujo, más para él que para mí - Ella debió haber nacido así
De todas maneras ¿Por qué viniste conmigo?

- ¡Te lo he dicho!

- Claro. Ahora lo recuerdo. Los Vampiros son muy

- ¡Déjala salir! - Le dije mientras le zarandeaba

- Estás loco - Me dijo mientras veía dentro de su casa. No le dejaría entrar hasta que me ayudara

- ¿Se puede hacer algo por ella?

- Sé porque preguntas eso
- Aquello me dejó paralizado. ¿Lo sabía? - Es por Marco ¿Verdad?

- No te equivocas

- Quizá te pueda ayudar
Solo si tienes para
pagar

- Te daré todo lo que quieras - Le prometí mientras le bajaba.

La única que me importaba en aquellos momentos, era Summer. Y que no se enamorara de Marco. Esas eran las cosas que más me importaban

CAPITULO XVIII

"RECHAZO"

(POV SUMMER)

Demetri se había ido. Sin siquiera despedirse.

Aquello me lo había dicho Heidi, después de que preguntara infinidad de veces a ella por Demetri.

- Dídima - Aquella era la voz de Marco.

Ahora lo detestaba. ¿Por qué no me había dicho lo de Demetri? ¿Dónde se encontrará él? ¿Estará bien?

- ¿Qué ocurre? - Le pregunté con indiferencia. Sabía que hablarle en aquél tono le dolía. Y sí, deseaba que él sufriera. ¿Cómo pudo haber dejado que Demetri se marchara?

Marco se acercó a mí, como si le hubiera dolido mucho aquella indiferencia. Sabía que era una exageración, pero me gustaba que sufriera por ella.

- ¿Te encuentras bien? - Preguntó

- Sí - Contesté fríamente

- Te has enterado - Murmuró

- ¿De qué? - Pregunté mientras le veía a los ojos - ¿De que Demetri se fue?

Le di la espalda mientras las lágrimas brotaban de mis ojos. Detestaba las lágrimas, sobre todo detestaba llorar enfrente de un Vampiro.

- Dídima - Marco parecía calmarme

- ¡Summer! - Le grité - Mi nombre es Summer - Repetí

Marco negó con la cabeza

- Dídima - Gruñó - ¿Por qué no olvidamos aquello y damos un paseo?

¿Qué quería qué? ¿Qué olvidara a Demetri por un paseo?

- No - Le dije mientras intentaba soltar mi mano de la de él, ya que me la había agarrado sin previo aviso - Marco - Le dije mientras le veía seriamente

 

- ¿Es acaso este un rechazo de tu parte? - Preguntó él, un poco dolido

- Obsérvame - Le afirmé mientras me marchaba de ahí, al cuarto que me habían dado.

Ahí lloré por horas. Extrañaba a Demetri. Y me dolía que Marco no hubiera hecho nada para que se quedara. A menos, claro estaba, que él fuera quien lo sacó del castillo.

Aquella idea me izo llorar más.

CAPITULO XIX

"ZELIG"

(POV DEMETRI)

- ¿Qué es exactamente lo que quieres? - Preguntó el brujo, mirando con aquellos ojos celestes hacia algún libro de hechizos

- Creí que tú sabrías que hacer - Respondí secamente, mientras veía desconfiado todos los cachivaches que poseía.

Sabía que algunas personas me dirían que exageraba, pero sabía perfectamente que, si de brujos se trataba, incluso un lápiz podría matarme si se lo propusiera. No exageraba ni era cosa de risa. Aquella era la cruda realidad.

Aunque claro, como lo había dicho, los brujos tardaban un poco en hacer sus hechizos, pero eran aún más poderosos que los Vampiros.

- ¿Cómo fue que Summ
Dídima terminó siendo mitad licántropo? - Pregunté, olvidando casi por completo que el brujo no la conocía por Summer, si no por Dídima.

PAF

El libro cayó al suelo, haciendo un estrepitoso sonido.

- ¿Mitad licántropo? - Preguntó, un poco conmocionado

Asentí mientras el brujo intentaba controlar su respiración.

- ¿Qué tiene de malo? - Pregunté

- Es inmortal - Aseguró él, mientras me veía de reojo - Pero nunca podrá ser convertida en uno de los suyos

- ¿Aquello es algún problema? - Pregunté, recordando que la sangre de Summer, aunque oliera exactamente igual que la de un humano, nunca me había atraído.

- Los Vampiros no tienen siempre un buen control, y ambos lo sabemos - El brujo parecía preocupado

- ¿Por qué te preocupas por ella demasiado? - Quise saber, ya que parecía demasiado preocupado, como si fuera parte de su familia, o algo parecido.

- Es mi hermana - Susurró él, mientras se sentaba, sin levantar el libro que se había caído de la sorpresa

- ¿Dídima es tu hermana? - Mi boca estuvo obligada a repetirlo - ¿Eres hermano de Aro?

- El hermano que nunca quiso - Afirmó el brujo - Siempre me ha odiado. Pero Dídima no. Era su hermano favorito, por lo que le perdoné el ser Vampiro - Él sonrió - Su renacimiento siempre ha estado planeado.

- ¿O sea que Marco nunca
? - Pregunté, intentando saber si Marco era el que lo había planeado. El brujo negó con la cabeza.

Los ojos de éste eran celestes. Suponía que los de Dídima siempre habían sido grises. ¿Qué color de ojos habría tenido Aro? ¿Celestes o Grises?

- Me preocupo mucho por ella - El brujo parecía hablar más para sí mismo - Y no dejo de pensar
¿Estará a salvo?

 

- No creo que los Vulturi le hagan daño - Murmuré - Deben de tener el suficiente autocontrol

- Pero Dídima se sabe defender - El brujo parecía pensar mucho en aquello - Ella no se deja de nadie. Siempre critica a todos, y les dice idiotas si hacen algo malo. Incluso se lo dice a Aro - Se dirigió a mí - Pero claro, no debes de saber mucho de los Vulturi, ¿Cierto?

- Sé más de lo que tú crees - Le respondí - Mi nombre era Demetri Vulturi

- ¿Era? - Preguntó con curiosidad

- Marco me echó, porque

- Entiendo. Porque Dídima te amaba

- No sé si lo hacía - Respondí - Pero yo la amo con locura

- No querer tener competencia. Eso es típico de los Vulturi.

- Lo sé

Ambos nos quedamos callados. Pero a mí no me gustaba aquél silencio.

- ¿Por qué te has preocupado tanto por ello? - Pregunté - Digo, su carácter

- Porque Dídima solía ganarse a muchos enemigos. Con un solo Vampiro que se haga su enemiga
Y si se entera de que ella no puede ser inmortal con la ponzoña vampírica y, en cambio, termine por

No tuvo que terminar la frase para que supiera cómo iba a terminar.

- Jane - Mis labios rozaron aquella palabra como si tuviera que escupir veneno. Ella la podría matar si se enteraba aquello. Hasta donde los Vulturi sabían, jamás se habían topado con una chica mitad licántropo.

- ¿La pequeña bruja? - Preguntó el brujo, haciendo una excelente imitación de los dos ancianos del clan de Rumania.

Asentí.

- Ella odia a Summer... Dídima, quiero decir, porque

- Porque han discutido - Intentó adivinar el brujo

- No. Porque ella me ama. Y la rechacé.

- Bueno. Por lo menos, si mi adorada hermana muere, ahora sé a quién tengo que matar. No era que antes no lo supiera, claro está. Pero ahora podré matarlo sin la interrupción y la odiosa sangre que me une al culpable - Me sonrió con malicia.

- ¿Qué quieres decir? - Quise saber

- Nada, nada

Después de un rato, mientras el brujo volvía a tomar su grueso volumen y lo ojeaba, se me ocurrió algo que no había previsto.

- ¿Cuál es tu nombre?

- Zelig - Respondió, como si no le diera importancia

- Zelig - Repetí - ¿Cómo es que vamos a lograr que Marco se aleje de Summer? - Dije, olvidándome completamente del nombre de Dídima. Esperaba que Zeilg me entendiera.

- Obsérvame y verás - Se limitó a responder.

CAPITULO XX

"CHANTAJE"

(POV SUMMER)

Me encontraba encerrada el tercer día consecutivo desde que me había enojado con Marco. El solía intentar entrar a éste, pero yo no se lo permitía.

Alguien tocó la puerta mientras pensaba que no podía seguir así. Moría de hambre, y eso que había racionado el paquete de chocolates que me había comprado Marco en el festival.

 

- ¿Quién? - Pregunté mientras pensaba que podría pedirle a Heidi algo de comer (Ella solía intentar entrar también)

- Dídima - Se escuchó a Marco tras la puerta - No podemos seguir así. Tienes que escucharme

- ¿Para qué? - Pregunté

- Porque
Tiene que ver con Demetri

Corrí ante la mención de aquél nombre. Necesitaba saber algo de él. No podía morir sin volver a verlo.

- ¿Qué tiene? - Le pregunté con voz jadeante, a causa de que la puerta se encontraba un poco lejos de donde me encontraba anteriormente. Sí, el cuarto era enorme - ¡Dime que es lo que ocurre con Demetri, Marco! - Exigí en cuanto Marco puso cara de perro mojado al verme. Yo sentía que ya estaba lo suficientemente grandecito como para hacer esas caras.

- Él está de prisionero

- ¡¿Qué?! ¿Y porque ustedes, idiotas no han hecho nada para salvarlo? - Quise saber, mientras en mi mente se formaba un pequeño plan macabro para rescatarlo. Tenía la mitad de fuerza que un licántropo, pero podría servir, ¿Cierto?

- Porque nosotros lo tenemos prisionero - Explicó Marco, con toda la calma del mundo

- ¿Por qué? - Pregunté sin entender

- Demetri morirá - Aseguró él - A menos que te cases conmigo

- ¿Qué?

- Tienes una semana para pensarlo, Dídima. Una semana.

Aquello me dolía, me dolía demasiado. ¿Cómo me iba a casar con él? Yo no lo amaba, de eso me había asegurado al comprobar que Demetri se había ido. Me había dolido tanto que, me di cuenta de que, si era entre Marco y Demetri, definitivamente no podía vivir sin Demetri.

Pero no podía concebir un mundo en el que Demetri no existiera. ¿Qué se supone que tendría que hacer?

Me acosté, olvidándome incluso de mi estómago. ¿Qué tendría que decir?

"Si quieres verlo una vez más en tu vida" Susurró una voz en mi cabeza "Tienes que decirle que sí. De otra forma, Demetri morirá"

"Y será tu culpa" Murmuró otra voz

CAPITULO XXI

"PLANES"

(POV MATT)

Ni yo mismo creía la cantidad de licántropos que se habían reunido para ayudar en el caso de mi Summer.

Varias manadas solo querían que los Vampiros les dieran una oportunidad para pelear y matar.

Nosotros estábamos formando un pequeño plan, en el que utilizaríamos a uno nuestros pocos aliados Vampiros (Aunque suene raro, son de gran utilidad, ya que detestan a los Vulturi con toda su alma
Pero claro, yo dudaba que tuvieran alma).

El plan era simple. Hacer un llamado a los Vulturi por medio de una carta (Sí, los muy viejos Vampiros todavía sienten adoración y añoración por aquellas cosas del pasado. Si no fuera por su belleza, aseguraría que son unos viejos mañosos).

Después de la carta, todos esperarían a los Vulturi en un lugar del Bosque. Nosotros nos lo conocíamos de memoria, como la palma de nuestra mano, por lo que sabíamos movernos con gran facilidad entre aquellos lugares.

 

Solo esperaba que no fuera muy tarde, ya que Summer moriría si alguno de aquellos Vampiros la mordiera, puesto que, como ella tiene algo de licántropo, moriría al instante.

Mi cara pareció tener la preocupación escrita como un libro abierto, puesto que Lisa, la hermosa hermana de Summer, se acercó a mí, con ademán triste.

- Yo también la extraño - Se limitó a decir mientras me sostenía el hombro, como si quisiera decirme que con aquello podría sentirme bien, ya que todos la extrañábamos. Pero no, no me iba a rendir. Tenía que verla, tenía que alejarla de aquella sandijuela. Y así mismo, cobraría venganza, matándola sin piedad.

Me alejé de Lisa, mientras las lágrimas a causa del dolor de la pérdida de Summer comenzaban a brotar y caer. Una tras otra.

Porque toda la culpa era mía. Yo había dejado que aquella sandijuela se llevara de lejos a MI Summer.

- Creo que está enloqueciendo - Escuché murmurar a Lisa. Le di la razón. Estaba enloqueciendo de deseos de Venganza.

Deseaba matar con mis propias manos a aquella sandijuela que me alejó de Summer. Deseaba hacerlo
Y lo haría.

CAPITULO XXII

"¿AMOR?"

(POV ZELIG)

Aquello me enfurruñaba más que todas las cosas en el mundo, pero no podía evitarlo. Tenía que sufrir un largo viaje, solo para salvar a mi pequeña hermana de Aro, otra vez
O de que viva infelizmente con Marco. No sabía qué cosa preferiría Dídima. Morir o simplemente vivir sin felicidad. Yo creía que elegiría lo primero. Dídima nunca se ha conformado con las cosas pequeñas.

Demetri volvía a pisar Volterra. No me imagino la cara que pondría Marco si lo viese después de haberle desterrado. Como es natural, yo suponía que Marco simplemente le mandaría torturar hasta que pidiera la muerte. Yo sabía perfectamente como aquellos Vampiros torturarían a Demetri. Y ni siquiera tendrían que usar a Jane para ello.

Demetri decía que teníamos que ir primero con los lobos, ya que, al decirle que no podía hacer mucho por ella, ya que no se estaban permitidos los hechizos en contra del amor (Marco amaba a Dídima, ya que lo había probado, con la esperanza de que Marco no la amara y que simplemente se hubiese tratado de una treta), así que lo único que podía hacer, era un pequeño escudo con el que las personas podían ser un poco más fuertes. Demetri decía que quizá los licántropos deseasen una guerra con los Vulturi y, aunque a él no se le hacía gracia pelear contra su familia, decía que no había otra opción.

- Vamos - Me dijo la vez en que me lo propuso, y yo me quedaba en estado de shock - Será algo bueno, ya que los licántropos podrían ser más fuertes con tu hechizo, además de que, si los Vulturi fallan, entonces podría ir al castillo y salvar a mi princesa

- ¿Y si terminaron por creer que no le afectaría y terminan por convertirla antes de la batalla? - Pregunté - ¿Entonces terminarías por hacer aquello?

 

Demetri se quedó callado. Claro, no tenía respuesta para ello.

Llegando a Volterra me puse más receloso. No había conversado con licántropos desde hacía mucho tiempo, más o menos unos cinco siglos, en los que me encontraba como un hechicero primerizo, aunque a tuviese miles de años en el empleo. Ahora estaba más experimentado, y era más maduro, por lo que no me hacía ninguna gracia volver a ver a los licántropos. Eran peligrosos.

- ¿Sabes en realidad donde se pueden encontrar? - Sí, podría rastrearlos yo mismo, con una pata de conejo, un mapa y un hechizo sencillo, pero me parecía innecesario, ya que gastaba un poco de energía, y no me sentía con humor de hacer todo aquello gratis, aunque aún no supiera lo que le pediría a Demetri.

- Claro que sí - Respondió Demetri - ¿Recuerdas mi don?

Ah, sí, lo había olvidado por completo.

Caminamos otra hora más, a velocidad normal, ya que yo me había negado a que Demetri me llevara en brazos. Algo digno de reconocerle, ya que parecía desesperado por mi hermana.

Al llegar al campo donde se encontraban los lobos, todos nos miraron con recelo al pasar, pero no nos atacaron. Demetri se dirigió hacia un licántropo que, por la descripción de Demetri, debía de ser el "Hermano" de Dídima, Federick

- ¿Dónde está Matt? - Preguntó Demetri, mientras veía al hermano de Dídima con un poco de preocupación

- ¿Sandijuela? - Preguntó éste, a su vez - ¿Acaso eres uno de nuestros aliados?

- No, pero podría serlo - Respondió pacientemente - Dime, ¿Dónde se encuentra él?

- ¿Con quién hablas, Federick? - Preguntó una dulce voz femenina

Me giré hacia aquella chica que había hablado, y me encontré con la más hermosa chica que en todos mis siglos de vida haya visto jamás.

Sus rasgos eran hermosos, perfectos. Sus ojos eran de un color gris pálido, sin embargo, no parecían fríos sino cálidos, muy cálidos.

Sus largos cabellos eran negros como la noche y era hermosa.

La chica más hermosa que había conocido en toda mi existencia.

Ahora ya sabía lo que le tenía que pedir a Demetri de pago. Me tenía que ayudar a conquistar a aquella hermosa chica.

Me detuve a pensarlo unos instantes, mientras Demetri les preguntaba por el tal Matt.

¿Acaso lo que sentiría es
? ¿Amor?

Quizá si era eso, aunque me costase pensarlo.

CAPITULO XXIII

"ALIADOS"

(POV DEMETRI)

En cuanto me llevaron con Matt, éste se puso como loco a patear a gritar y a decirme de cosas. La hermana de Summer, Lisa, parecía escandalizada al principio, pero después Matt le dijo que había sido yo quien había secuestrado a Summer, y comenzó a reclamarme por ello.

Más horas después, cuando aceptaron que les contara mi versión, Lisa y Federick parecieron creerme, pero Matt no. Parecía más enojado conmigo.

 

- Es porque la amas y estoy segura de que ella te ama
Por lo que cuentas - Susurró Lisa, mientras veía como Matt me miraba. Éste gruñó - Matt siempre ha estado enamorado de Sum.

Sí, les había contado todo lo que me había ocurrido pero
¿Qué más podía decir?

Digo, tenía que buscar más aliados, ya que los Vulturi serían mucho más poderosos que nosotros respecto a las batallas. Tenían a Jane y Alec. Y Jane por lo menos no me aceptaría, ya que se siente lo suficientemente despechada como para asesinarme con sus propias manos. Alec
El siempre ha sido mi hermano, él quizá si quisiera apoyarme ya que, aunque quería a su hermana, ella probablemente estaría como una desquiciada
Y Alec era más maduro en cuanto a ello. Querría ir, y ambos lo sabíamos.

Recordé que tenía un teléfono celular, que muy pocas veces llevaba, pero que siempre llevaba consigo.

- ¿Alec? - Pregunté cuando alguien contestó al primer timbre.

- ¿Demetri? - Preguntó éste - ¡Dem
!

- Cállate, idiota - Le dije, mientras me encogía un poco. No quería saber lo que le pasaría a él si Marco escuchaba mi voz

- No te preocupes - Dijo él, comprendiendo inmediatamente mi reacción - Debe seguir merodeando en el pasillo para que Dídi
Summer - Corrigió, antes de que le gruñera - Le dé una respuesta

- ¿Respuesta a qué?

- ¿A qué debo el honor de tu llamada? - Preguntó Alec, cambiando de tema, como si hubiera metido la pata

- Alec - Intenté que mi voz sonara tranquila - Dímelo

- ¿Podrías contestarme primero?

- Solo ven al bosque - Comencé a decirle dónde me tenía que buscar y todo ello. No importaba demasiado, sabía que Alec se uniría a mí.

- Entiendo. Algo tramas - Alec parecía estar sonriendo, por el tono de su voz - Pero hermano, sabes que prefiero encontrarme en cualquier lugar excepto aquí. En esta casa de locos Vampiros. Te seguiré, aunque tenga que morir. Que es algo probable, ya que Marco pensará en matarme si es que vuelvo

Por un momento me olvidaba de preguntarle aquello, pero al fin, Alec colgó el celular, por lo que no le pude preguntar sobre la respuesta.

Además de Alec, se habían aliado más personas (Alec contaba ya como uno de nosotros) Vampiros que querían derrotar a los Vulturi. Vampiros, Hechiceros y más Licántropos. Todos con una misma sed de venganza.

CAPITULO XXIV

"TUA CANTANTE"

(POV ALEC)

¿Qué será lo que pretende Demetri? De todas maneras, aceptaría, aunque se tratase de hacer alguna locura. Todo era mejor que estar en aquél castillo, donde Jane solía morirse de la rabia por Dídima y donde todos los demás se encontraban en cualquier misión. Aro me había dicho que tenía que cuidar de mi hermana, pero como a la hora me hartó con Demetri.

Después estaba Marco ¿Qué no comprendía que Dídima no le quería? Además, Aro parecía demasiado tenebroso, debido a que sonreía con más frecuencia. Aro nunca sonreía, a menos que se tratase de algo malo, por lo que me asustaba. Cayo parecía muy confundido, ya que le causó gran dolor a Dídima por matar a su padre.

 

Sí, cualquier lugar era bueno excepto aquél castillo.

Caminé hacia el lugar que me había dicho Demetri, esperando no encontrarme con algún licántropo. Ellos no se encontrarían contentos, ya que Dídima era una de ellos, o por lo menos su sangre también tenía sangre de licántropo, además de que Cayo había matado a un licántropo. No creía que los Licántropos estuviesen muy contentos con los Vampiros, por lo que debía de descuidar su espalda.

- Alec - Esa voz le izo voltearse de repente, y, estaba seguro de que si hubiese sido humano, le habría dado un paro cardiaco. Por muy sorprendente que pareciese, no lo había notado llegar

- Demetri
Casi me matas del susto. Técnicamente - Dije, mientras él se reía

De pronto, noté aquél extraño, pero seductor aroma. Era uno dulzón, aunque me daban ganas de probar la sangre que me invitaba a probarla.

Demetri me sujetó, mientras veía a la causante de todos mis problemas: Una chica

Era hermosa en todos los sentidos, y la sola idea de probar su sangre, me hacía sentir cada vez más, aunque, cuando me imaginé aquél cuerpo pálido, inmóvil y con el corazón deteniéndose me partió mi muerto corazón.

Había encontrado a mi Tua Cantante y me había enamorado completamente de ella. ¿Habría otra cosa peor en el mundo?

- ¿Estás más tranquilo? - Preguntó Demetri, mientras lentamente me soltaba - ¿Cuánto hace que Heidi trae humanos?

- Un par de días - Contesté mientras la miraba fijamente. Aquello izo que ella se ruborizara y yo sonreí. Se veía hermosa así, aunque su sangre me atrajera más que al principio.

Estaba en graves problemas.

- ¿Cuál es tu nombre? - Preguntó ella, tímida

- Alec Vulturi - Contesté con una sonrisa - ¿Y el tuyo?

- Elizabeth Russo, pero dime Liza

CAPITULO XXV

"ELECCIÓN"

(POV DEMETRI)

Alec me había dicho que me ayudaría a todo, aún cuando ni siquiera le había dicho el plan. En cuanto se lo conté, él simplemente asintió, por lo que le pregunté porque se comportaba de tal manera, y simplemente me había señalado a Liza, la hermana de Summer.

Estábamos en problemas, ya que Zelig también se había enamorado de Lisa, por lo que no sabía que decir o que hacer, porque Alec era mi hermano, y necesitaba su apoyo tanto como el de Zelig, aunque éste podía ayudarme con los Vulturi y Alec también, pero Zelig también era el hermano de Summer. ¿Qué haría?

- Pareces pensativo - Aquella era Lisa

- Un poco - Asentí, mientras pensaba que esa pobre chica no sabía que un Vampiro y un hechicero se encontraban enamorados pérdidamente de ella.

- Ella está bien, ¿Cierto? - Preguntó Lisa, un poco preocupada

- Sí. Créeme que si no lo estuviera, yo
moriría.

 

- Te creo. Lo veo en tus ojos - Me susurró - Pero me temo que no puedo hacer nada por ella. Desearía verla una vez más.

- La verás - Le aseguré - O será lo último que haga.

Aquello parecía ser verdad, puesto que sabía que, si no volvía a ver a Summer, moriría.

Lisa se marchó al poco tiempo, dejándome con mis pensamientos hechos un completo lío. ¿Qué haría? ¿Ayudaría a Zelig o a Alec?

Aquella era una difícil decisión

(POV SUMMER)

Elección. Era algo que yo no poseía.

- Marco - Le llamé tímidamente, cuando entraba al salón donde se encontraban todos los Vampiros.

- ¡Dídima! - El se alegraba de verme, aunque mis ojos no podían verle. Sentía demasiada tristeza por lo que haría a continuación, pero sabía que valdría la pena. Demetri tendría que vivir.

- Tenemos que hablar - Le corté antes de que pudiera decir nada más

Marco solo asintió, y ambos caminamos hacia el jardín. Era hermoso.

- ¿De qué tenemos que hablar? - Preguntó Marco, con una sonrisa. Así que sabía mi respuesta.

- He tomado mi elección - Le dije, mientras él seguía con aquella sonrisa.

CAPITULO XXVI

"ACEPTACIÓN"

(POV SUMMER)

Vale, si le había dicho a Marco que me casaría con él, pero no sabía que más hacer. La desesperación corría por mis venas, y le había pedido a Marco ver a Demetri una sola vez.

Éste me lo había negado, ya que decía que me podía echar para atrás, pero él no entendía nada. M e había dicho que le mataría ¿Cómo podía encontrarme demasiado dispuesta a dejar que eso ocurriera simplemente porque me eché para atrás?

En aquellos momentos, Heidi se encontraba conmigo, en el cuarto. Ella sabía perfectamente mis sentimientos. Parecía más seria de lo normal.

- ¿Qué te ocurre, Heidi? - Pregunté, algo dudosa.

- Summer
Te tengo que decir algo

Me había tomado las manos, y me miraba fijamente

- Marco no tiene a Demetri - Me confesó.

- ¡QUÉ! - Grité, y me extrañó que Heidi no me tapara la boca para que nadie se enterara de ello

- Ellos han descubierto que Demetri se ha unido con los hombres lobo

- Matt
Federick
Lisa
Tía Susan - Dije los nombres de los lobos que conocía

- No sé a quienes hayan descubierto, pero algunos espías han informado que Alec y Demetri se encontraban ahí, al igual que un brujo llamado Zelig

- ¿Por qué me dices esto? - Pregunté

- Porque eres mi amiga
No hay nadie en el castillo excepto tú y yo. Podrías huir y no casarte con Marco.

La abracé con fuerza, pero después nos marchamos.

Quería ver a Demetri, por lo que Heidi dijo que me encontraba loca, pero tuve una grandiosa idea.

 

- Más loca que una cabra no puedes estar - Dijo mientras me retorcía un poco, cosa que ocurría cuando me convertía.

Heidi exclamó algo cuando un lobo gris apareció frente a ella. El lobo se trataba de mí, por supuesto.

Me acerqué a ella, que parecía aterrada de mí, e intenté que se acercara hacia mí. Al final, Heidi terminó por rascarme detrás de las orejas. Yo gruñí. No era un perro
Completamente.

Ella rió y me llevó con Demetri, ella sabía dónde se encontraba. Y todos los Vulturi se encontrarían ahí, por lo que no me importaría que Marco se encontrara ahí para que viera que no tenía que amarme, puesto que era un "Perro" para él.

Llegué rápidamente hacia el campamento. La única razón por la que me había convertido en lobo, era porque no deseaba que Marco oliera mi aroma humano - Cuando era un lobo, creía que solía apestar para los Vampiros. La nariz arrugada de Heidi era un buen augurio - Y terminara por arrastrarme hacia el castillo Vulturi.

Demetri se encontraba ahí, detrás de un muchacho de aspecto extraño, aunque algo conocido. No sabía de qué o de quien se podría tratar, pero creía conocerlo
En alguna parte.

Corrí hacia Demetri, que me veía de hito en hito, y que también veía a Heidi.

- ¿Heidi? - Preguntó éste

- Los Vulturi saben de ustedes. No han atacado porque les quieren observar para conocer algún punto débil suyo.

- ¿Es ella
? - Parecía no haber escuchado a Heidi

- ¿Summer? Sí, es ella.

Demetri se acercó a mí. No era un lobo de gran tamaño, como Matt, que era un lobo puro. Era un lobo gris normal.

- Summer - Besó mi cabeza lobuna, y yo me acurruqué en su pecho. Realmente le había extrañado.

- ¡Sum! - Gritó una voz que conocía. Federick

Gruñí. Aquello era una buena bienvenida a mi hermano, al que casi siempre trataba con hostilidad.

- No has cambiado, hermanita - Aquella era otra voz. Lisa

Miré a Demetri por un momento. Deseaba abrazarle con mis propios brazos. Éste pareció entenderlo, por lo que me dejó. Lisa me acompañó hacia una tienda de campaña, donde me destransformé y Lisa me dio algo de ropa.

- Ahora todos podremos marcharnos - Le dije - Todo había sido por mí, así que

- No creo que eso haga cambiar de opinión a Matt - Susurró Lisa - La guerra continuará, estés aquí o no.

Suspiré. Matt. Era tan testarudo.

Al salir de la tienda, me encontré con él.

- Sum - Se acercó y me abrazó fuertemente, por lo que hice una mueca.

- Matt - Saludé de pasada y me deshice de su abrazo. Me acerqué a Demetri - Demetri

- Summer - Dijo, acercándose a mí. En realidad me aceptaba tal y como era. Me miraba con amor y no con repugnancia por haberme convertido en un lobo.

- Dídima - Oh, no ¿Era que todos me tenían que decir así?

Me dirigí hacia la persona que había dicho aquél nombre, y me encontré con el tipo extraño.

 

- ¿Quién eres tú?

- Hermanita - Se limitó a decir - Es bueno verte

- ¿Hermanita? - Pregunté, pero Alec ya se encontraba frente a él

- ¿Podrías dejarla en paz? - Fruncí el ceño. Creía que no le caía bien a Alec.

- Alec Vulturi
- El brujo le señaló con un dedo, pero Lisa se interpuso entre ellos

- Ninguna pelea, ¿Vale? - Preguntó, algo preocupada. Ambos chicos asintieron, mirándose fijamente con odio.

- ¿Qué ocurre, Elizabeth? - Le pregunté

Ella solo me miró y después a los dos chicos como si me explicara así su problema.

"Te entiendo" Deseé decirle, mirando a Matt y Demetri. También pensaba en Marco.

CAPITULO XXVII

"SIN ESCAPE"

(POV SUMMER)

Yo no supe que hacer en aquellos momentos, pero a decir verdad, si hubiera podido hacer algo, no habría podido realizarlo.

La razón era que pasaron varias cosas a la vez.

Demetri me tomó en brazos y me metió a la fuerza en la casa de campaña, mientras veía como los Vulturi - Marco encabezándolos - se abalanzaban sobre los lobos. Parecían no importarles que los lobos fueran más. Quizá el factor sorpresa sea suficiente.

Cuando Demetri me metió, me había hecho caer sobre una lámpara de vidrio, por lo que me corté en la cabeza un poco, aunque no culpaba a Demetri: Se encontraba lo suficientemente desesperado como para fijarse antes.

Al moverme, sentí como uno de los vidrios se encajaban a mi cabeza, por lo que decidí que no era algo bueno y me quedé quieta, mientras escuchaba los gritos, los gruñidos y uno que otro aullido lastimero.

Después todo se tornó oscuro.

Desperté en un lugar que ya conocía, aunque no lo recordaba.

Era demasiado antiguo y grande. Una persona de mayor edad se encontraba sentada junto a mí. Era un hombre. Y tenía una belleza inhumana.

Después recordé que no deseaba ver a aquella persona, aunque no supe el motivo.

- ¿Dídima? - Preguntó y yo gruñí. Tampoco sabía porque, pero detestaba que las personas me llamasen así - Dídima ¿Me escuchas?

- Déjala, Marco. El golpe ha sido fuerte. Ella ha de estar confundida. Los vidrios no se le metieron demasiado como para entrar en el cerebro y hacerla olvidar todo - Aquella era una voz que no conocía

Miré hacia donde había provenido, y me encontré con un muchacho de lo más extraño. Su expresión era de disgusto, por lo que reí. Era divertido verle así.

- Eso siempre ha sido molesto, Dídima - Al mencionar aquél nombre, paré - Sé que mi cara es graciosa.

- Mi nombre es Sunday OF Summer - Dije automáticamente.

Entonces todo cruzó en mi mente como una bomba. Ya recordaba todo lo que había ocurrido.

- Quiero ver a Demetri - Exigí a Marco mientras me levantaba

 

- Eso no sería conveniente - Dijo el muchacho

- ¿Quién eres tú para decirle lo que es conveniente o no? - Espeté

- Soy tu hermano, Dídima. Mi nombre es Zelig - Dijo después de una pausa - Además, soy el brujo que te ha rescatado entre los escombros de la tienda de campaña

- ¿Y Demetri? - Pregunté, mirando a Marco con desesperación. ¿Qué me iba a importar Zelig?

- Está en prisión - Aclaró Marco

- ¿Cómo sé si es verdad? - Inquirí

- Está vez lo verás
Para decirle sobre nuestro compromiso. Después de que estemos casados, él podrá marcharse de aquí.

- ¿Cómo quieres que le diga que me casaré contigo? - Le dije

- Sabes que mataría a Demetri si no lo hicieras.

Aquello fue una apuñalada en el corazón.

- Quiero ver a Demetri - Declaré, mientras comenzaba a pararme

- Tienes que descansar
- Recordó Zelig

- No me importa - Le dije y miré a Marco - Llévame de una vez. Quiero que todo esto acabe.

Marco me tomó en brazos y comenzó a correr. Aquello significaba que si tenía a Demetri en una prisión. Rayos.

Ahora me encontraba sin escape. Demetri tenía que vivir, por lo que me casaría con Marco.

Suspiré con tristeza, esperando no ser muy dura con Demetri, y preguntándome como estarían mis hermanos. Y Alec. Y Heidi.

CAPITULO XXVIII

"RESIGNACIÓN"

(POV DEMETRI)

Los Vulturi nos habían encerrado a todos en una prisión, de la que no podíamos salir, gracias a que había muchos Vampiros vigilándonos.

Alec se encontraba abrazando a Lisa, que lloraba desconsolada. Marco había pedido que Zelig fuera con él. Suponía que Alec tenía que sufrir, ya que parecía que Lisa solo amaba a Zelig, pero aquello no importaba. ¿Qué más importaba?

Unos pasos se escucharon a lo lejos. Suponía que se trataba de Aro, para volver a vernos con aquella cara de decepción que tenía, y decirnos un interminable discurso sobre nuestros enemigos
Me sorprendía que no hubieran matado a ningún Lobo, en cambio, simplemente les habían dejado demasiado heridos. También me había sorprendido que hubiera salido incólume. Creía que Marco me quería matar él mismo.

A su vez, los pasos eran lentos, por lo que dudé ¿Quién era?

- ¿Demetri? - Aquella voz lo decía todo. Era MI Summer. Mi adorada Summer.

Ella caminaba con ayuda de Marco. Suponía que éste la habría querido cargar, por su preocupación, pero también parecía que ésta había insistido.

Su cara reflejó dolor y decepción. Aunque también ¿Resignación?

- Summer - Dije, acercándome lo más posible a ella, aunque estuviéramos a un metro de distancia, más no me dejó pasar Jane - ¿Te encuentras bien?

- No - Susurró ella, con voz quebrada

- ¿Qué ocurre? - Dije, intentando tocarle la mejilla, pero no lo logré, ya que se encontraba demasiado lejos - Me asustas

 

- Me casaré con Marco - Contestó al fin

Aquello fue algo que izo que mi mundo se derrumbara por completo. No me podía resignar a perderla.

Lentamente, las lágrimas fueron cayendo en el hermoso rostro de Summer.

CAPITULO XXIX

"¿FIN?"

(POV DEMETRI)

- Pueden irse - Aquella voz era la de Jane. Sabía que en aquellos momentos reía con suficiencia, y que me miraba diciéndome que era un tonto por no haberla elegido a ella.

- ¡Lisa! - La voz del hermano de Summer me izo levantar la vista.

Parecía algo triste, pero a la vez sus ojos se habían emocionado al ver a la pequeña hermana de Summer.

Pero ella se encontraba en brazos de Alec, cosa que no le izo mucha gracia al brujo.

- Zelig - Sonrió ella, ignorando a Alec. Yo me sentía mal por él, puesto que era mi hermano, y no me gustaba para nada que sufriera.

Alec parecía dolido, sin embargo, seguía mirando fijamente a Lisa con amor, no con rencor u odio. Pobre, el también se encontraba en una situación parecida
Solo que Lisa seguía siendo soltera.

No sabía qué hacer, ahora que ella era de Marco. Solo sabía que me tenía que ir muy lejos de ahí, puesto que algo invisible me agarraba por el cuello y me estrangulaba. Casi no me dejaba respirar, y por una vez en la vida, había deseado poder necesitar del oxígeno, para así no vivir más. ¿Cómo podía vivir sin ella?

- ¿Qué es lo que harás? - Preguntó Alec, algo triste, mirando fijamente como Lisa sonreía a Zelig.

- Supongo que viajaré un poco - Le dije - Tal vez me vaya a Asia y pase un tiempo ahí.

- Te acompañaré - Dijo Alec, decidido

- Ah, no. Tú te quedarás con los Vulturi, Alec. Tienes muchas cosas que vivir.

- ¡Solo eres doscientos años mayor que yo! - Se defendió - No puedes obligarme a nada. Además - Añadió rápidamente - Necesitarás compañía si no quieres perder la cordura

- Es cierto - Admití. Discutir con Alec no era bueno. Siempre perdía. Además, sabía que a éste le iba a sentar bien estar lejos de Zelig y Lisa
Porque ella parecía haber tomado ya su decisión.

Pero
¿Acaso aquél era el fin? ¿Volvería a ver a Summer? ¿Podría matar a Marco con mis propias manos?

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Sisi, es el fin, pero habrá continuación: El Eterno Dolor II: Vida Maldita

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También gracias a todos los que leyeron éste fic. A los que comentaron, muchas gracias.

También quería decirles que va a haber continuación: El Eterno Dolor II: Vida Maldita. Espero que lo lean también.

Creo que eso es todo. Solo me queda decir:

¡¡¡GRACIAS!!!

EL ETERNO DOLOR I: EL COMIENZO - Fanfics de Harry Potter

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Rastrear Aquello era lo mejor que podía hacer, lo mejor que hacía, lo mejor Tenía que encontrar a las personas adecuadas, y después, mis maestros se encarg

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2023-02-27

 

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