El mejor amigo del perro - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

El mejor amigo del perro.

Cuando uno muere es cuando tiene un momento de reflexión sobre su vida, y hoy es ese momento, hoy estoy muriendo, ya he vivido más de lo que debería vivir mi especie y lo único que tengo que decir es que agradezco enormemente la vida que llevé, solo me da tristeza dejar a mi mamá sola; yo soy el único remedio para su enfermedad y temo también por la vida de ella, aquella humana que se niega a dejarme morir, aquella humana que fue en todos los aspectos una madre para mí.

Yo nací hace dieciséis años y debo confesar que entre la múltiple gama de posibilidades que tenia para venir al mundo vine en "el más lindo envase" por decirlo de algún modo.

Yo soy un perro, más específicamente un Yorkshire Terrier, un perro pequeño con ojos expresivos y abundante pelaje color azul y fuego. No vine al mundo solo, tuve una hermana y tres hermanos los cuales se fueron apartando de mi lado una vez aprendimos a manejarnos solos sin la ayuda de nuestra madre o algún humano.

Un día soleado los humanos me metieron al automóvil junto con mi hermano, teníamos lazos anudados en nuestros cuellos e íbamos con los bigotes bien peinados, me divertía ver como cambiaba el paisaje por la ventanilla del automóvil y como uno de los humanos iba reprendiéndonos cada vez que jugábamos a morder nuestros lacitos.

Se detuvieron frente a un gran edificio, esperaron con nosotros entre sus brazos, otros tres humanos se encontraron con ellos, venia una niña de baja estatura que le entregó al que me sostenía un fajo de billetes y este a cambio me puso en sus brazos, un gemido de mi hermano me alertó, me habían separado de él, estos humanos me estaban cambiando por dinero, me habían vendido.

Lloré todo el camino en ese automóvil que no tenía mi olor, llegue a otra casa la cual ya era el hogar de alguien más, un gato reposaba en un sofá como admirando el lugar en el cual ejercía su soberanía, los nuevos humanos miraban feliz a la más pequeña, ella estaba llorando pero yo no percibía tristeza en su semblante, ella acariciaba mis orejas y se sentía bien, quizás no iba a ser tan malo estar con ellos.

Ya de noche el cansancio me invadió, no sabía dónde iba a dormir, quizás me iban a mandar al frio de la noche o el gato compartiría su lecho conmigo, pero nada de eso ocurrió, fui llevado a la cama de la pequeña humana, fui arropado junto a ella, su mano acariciaba mi barriga y con sus cuidados fui cayendo en las garras de Morfeo.

Con el pasar de los días fui aprendiendo mas de mi nueva familia, ya no eran simples humanos para mi, los mayores eran "mis abuelos" un hombre y una mujer de unos cuarenta y cinco años humanos; el más joven y mas alto era en realidad solo un niño de trece años humanos y era quien debía velar por el bienestar del gato que movía la cola sobre el sofá, pero quien velaba por mi ya se había convertido en mi nueva madre, pensé que ella seria la más joven de todos por su baja estatura pero no era así, era ella una nueva adulta, una pequeña mujercita de dieciocho años que me despertaba por las noches cuando lloraba en sueños, que me alimentaba y cepillaba mis bigote cada día, y que jugaba conmigo y acariciaba mis orejas cuando yo se lo pedía.

Los días pasaban en mi nueva familia, por la mañana todos salían rumbo a sus trabajos o lugares de estudio, yo me quedaba dentro de la casa con la televisión encendida en un canal infantil y un plato con comida y otro con agua, el gato merodeaba por fuera junto con otros gatos hasta que lentamente iban llegando uno por uno y yo los recibía feliz de verlos nuevamente y ellos felices al ver mi recibimiento.

Parecía que todo iba bien pero ya con el tiempo la vida de todos había empezado a cambiar, mi abuelo llegaba a casa exhausto, la abuela era ahora quien velaba por el gato, mi tío no hacia más que tener la cabeza pegada a su televisor y mi mamá solo lloraba en su habitación escondida de todos. En las mañanas todo volvía a ser normal, el abuelo tomaba su café, la abuela alimentaba al gato y despedía a sus hijos, yo me quedaba con la televisión encendida como siempre y de noche mi madre buscaba en internet con cuantas pastillas podía terminar con su vida mientras dejaba estrictas instrucciones para que cuidaran de mi mientras ella no estuviera.

Yo era el único que sabía que mi mamá se iba a morir y no podía comunicárselo a nadie, después de todo ¿Qué humano entiende a un perro?, me iba a quedar solo, sería como el gato, con mi llegada lo habían olvidado, iba cayendo lentamente en el olvido, ya no tendría su cariño ni sus cuidados, dormiría solo en aquella fría cama, y lo peor de todo es que yo no le importaba nada porque su deseo de morir era más fuerte que el cariño que ella decía sentir por mí.

Una noche ella iba echando a su boca las pastillas una por una y luego bebía agua para seguir echando mas pastillas, unos pasos se escucharon en la escalera, mi tío se asomó en su habitación y le pidió un libro para seguir con su tarea del colegio, mi mamá se lo dio y luego volteo a verme cuando ya estuvo sola, algo en mi mirada debió haberla hecho recapacitar porque tiro las pastillas a la basura y bebió agua como si eso fuera lo más importante en su vida y luego me juró toda la noche que no me dejaría solo, que siempre estaría conmigo.

Luego del incidente de las pastillas y de una larga charla que tuvo con mi abuela me extrañó verla tomar sagradamente todas las noches y todas las mañanas mas pastillas, ella me había jurado que estaría conmigo, que yo era su razón para vivir, no era justo que me ilusionara y después intentara matarse nuevamente, y lo peor del caso era que mi abuela la apoyaba, le recordaba tomarse todos los días sus pastillas, incluso a mi cada cierto tiempo me metían una en el hocico y yo asustado pasaba todo el día esperando mi muerte.

Lo que no asimilaba mi cabeza de cachorro era que mi mamá estaba enferma y las nuevas pastillas la ayudaban a mejorar, la escuché hablando con la abuela sobre un trastorno obsesivo-compulsivo y un trastorno bipolar y también sobre esas pastillas con sabor a pescado que metían en mi hocico para que mi barriguita estuviera bien.

Con el pasar de los años mi mami tenía sus recaídas pero nada que unos buenos lametones en las mejillas no pudieran solucionar, también nos habíamos cambiado de casa pero el gato no había venido con nosotros, a menudo lo veía cuando visitábamos a la familia de mi abuela, seguía tan altanero moviendo la cola sobre superficies mullidas. La nueva casa era grande e iluminada, me habían dejado una cama en la cocina pero yo seguía durmiendo junto a mi mami; de vez en cuando venia un tipo alto que no me simpatizaba porque depositaba su babosa boca en las lindas mejillas de mi mamá y la abrazaba. Pero debí aprender que ella también sentía cariño por él, ese tipo también la ayudaba con su problema, pero no tanto como yo. Porque yo era el único ser vivo en este planeta que podía tocarla con libertad, ya que mi mami era intolerante al tacto humano, un apretón de manos mayor a quince segundos podía volverla histérica.

Ella me quería y yo a ella, era lo único que necesitaba, porque en sus brazos me sentía seguro, porque esa vez que la tierra azotó nuestra casa yo salté a sus brazos y ella me protegió, y cuando ella sentía esa absurda necesidad de terminar con su vida yo le dejaba en claro que si había alguien que lamentaría perderla.

¡Cuánto la extrañé esa vez que estuvo a punto de morirse! Mi abuela había dicho que estaba hospitalizada y que no volvería hasta que su veterinario de humanos se lo permitiera, esa vez ella no quería dejarme, esa vez una microscópica bacteria quería alejarla de mí.

La mantuve viva y feliz durante dieciséis años y ella me cuidó todo ese tiempo, ahora ella se negaba a que el veterinario me inyectara la eutanasia, yo ya soy un perro viejo, ya no puedo pedirle más a la vida, solo me queda esperar a que mi mami continúe en este mundo y que le dé el mismo calor maternal y afecto a otro como yo.

Mi corazón no quiere seguir latiendo y mi pata ya no siente su mano aferrándola, es la muerte que me lleva y no puedo hacer nada para alejarla, ella me carga en sus brazos como cuando yo era cachorro y besa la punta de mi nariz, me promete seguirme a donde sea para cuidarme y protegerme, porque yo siempre seré su pequeño bebé, y es ahí cuando pienso que a ella su tiempo también se le ha acabado. Ya no estará para nadie, solo para cuidarme a mi donde sea.





Camas articuladas

 

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2023-02-27

 

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