Blog do Iphone
La estación de tren londinense estaba tranquila aquella fresca mañana; de pie y recargado contra un alto pilar, el detective Marcus East esperaba la llegada de su tren hacia el pueblo de Castle Combe. Había tenido mucho en qué pensar, pero su ocupación lo obligaba a trabajar a pesar de que los últimos días significaban para él un tiempo de descanso.
Días atrás, el hombre había recibido la carta de una viuda solitaria llamada Emma Becker, quién deseaba que el detective fuera hacia su finca a investigar los extraños sucesos que habían ocurrido las últimas semanas. No había dado muchos detalles al respecto, pero dadas las fotografías que se desprendían de su búsqueda en Google, Marcus estaba seguro de que le esperaba una sustanciosa remuneración.
El tren partía a las doce del día treinta de octubre; mientras esperaba para abordar, el detective East se concentraba en un anciano que tenía aspecto enfermizo y un macilento rostro demacrado, cuyos ojos de exagerada blancura miraban perdidamente hacia la banqueta. De pronto, un gato negro pasó cerca del viejo, cuyas arrugadas y marchitas manos se aferraron al animal y lo comenzaron a acariciar con maléfica ternura. Mientras Marcus se le quedaba viendo, el otro posó repentinamente en él su fría mirada y le dirigió una escabrosa sonrisa desdentada. Daba la apariencia de ser un esqueleto recubierto de vieja piel.
Evitando pensar en ello, el detective subió al tren cuando éste hubo llegado a la estación; le agradaba la idea de dormir durante el camino para recuperar las fuerzas que habían menguado durante las últimas semanas.
Castle Combe era uno de esos pueblos ingleses que fácilmente se podría haber visto en una postal de tienda de regalos: los antiguos edificios se dispersaban al lado de altos matorrales y vistosas jardineras llenas de flores. Sin mencionar que la iglesia local era una de las más hermosas que el detective había visto. Tras el viaje en tren, tomó el transporte público para ir hasta su destino.
Cuando al fin llegó, se quedó sorprendido de lo que veía; sin duda alguna la fachada en internet era mucho mejor, pues ahora lucía amarillenta y desconchada. Los altos ventanales le daban un aspecto gótico e imponente, y los hierbajos y árboles cuyas afiladas ramas se retorcían fantasmagóricamente. Aunque Marcus no podía negar que los daños al edificio no le quitaban el aspecto importante y lleno de riqueza que había tenido antaño. Desde lejos, East creyó percibir una silueta oscura atravesando de lado a lado una ventana.
-Menudo lugar en el que me he metido -murmuró el hombre, parándose frente a la gran reja de hierro, cuyas puntas estaban en forma de elegantes picas -. Este lugar da muy mala espina.
Sacó el celular de su bolsillo y marcó el número que había puesto Emma Becker en la carta que le había mandado junto a la dirección; extrañamente la línea parecía cortada. Un cuervo negro de ojos violáceos lo vigilaba desde lo alto de la reja con porte elegante.
Sin otra opción, tocó el antiguo timbre colocado al lado de la reja; tras un minuto de espera, la puerta se abrió lentamente, dando paso a una amplia terraza cubierta de vegetación muerta y caminos de adoquines rajados por el tiempo. La puerta principal de la casa le esperaba abierta cuando él llegó al pórtico.
Sin duda alguna, el vestíbulo era lo más curioso que había visto hasta el momento; en su opinión, era perfecto escenario de una película de terror.
Se trataba de un conjunto de escaleras curvas que llegaban a un amplio balcón decorado con viejos cuadros y armaduras de hierro. El suelo tenía complejos diseños elaborados en mármol que reflejaban la luz dorada de un enorme candelabro de cristal. Una gran chimenea daba el toque final a lo que definitivamente era una casa fuera de lo normal.
A parecer de East, en otro tiempo esa casa debía de haber sido esplendorosa y llena de vida. Ahora todo parecía lo contrario.
El conjunto era rematado con una mujer bastante mayor, cuyo rostro reflejaba alivio al ver al detective. Su fría expresión revelaba el sufrimiento por el que había atravesado.
-Buenas tardes, señora Becker -saludó amablemente Marcus, apartando la puerta para introducirse al salón -. Tiene una casa impresionante.
De principio ella no respondió nada, pero luego habló con voz apagada.
-Ha venido -corroboró -. Me alegra mucho verlo, detective. Confiaba plenamente en que llegara.
-Leí su carta, y viéndola ahora pienso que está
preocupada. Pero no me quedó claro el asunto que investigaré. Así que si puede darme más detalles sería excelente.
-Sígame -se limitó a decir la mujer, procediendo a una nueva habitación en dónde había un gran comedor con finos tallados y ornamentos elaborados en madera. Los cortinajes se encontraban desgarrados por la antigüedad.
Ambos se sentaron en sendas sillas y la anciana prosiguió.
-Hace varias semanas que éste lugar está lleno de desgracias y penas -susurró casi como si pensara que hubiera alguien detrás escuchándolos -. Es peligroso hablar -explico -, pero sospecho que algo de otro mundo está ocurriendo aquí.
-¿Qué es lo que ha pasado exactamente?
-Creo que hay apariciones
-murmuró cada vez con voz más baja -. Espíritus que vienen a mi morada y me atormentan.
El detective se sintió un poco tonto; había ido hasta ahí por qué pensaba que se trataba de un caso importante
pero, ¿fantasmas?
-Siento que algunas noches viene gente con malas intenciones -prosiguió-. A veces veo luces de velas abajo durante la noche
escucho murmullos y gritos, y siento presencias extrañas.
Él se mostró un poco más interesado.
-¿Cree que sea gente que viene a molestarla o asustarla? -preguntó el detective.
-No lo sé
sólo quiero que acabe. Estoy harta de escuchar voces y ver sangrar los muros. Ésta casa está maldita y sólo pido que todo acabe.
-¿Paredes sangrantes? Mire
creo que por ahora se ha hecho muy tarde, así que iré a buscar un hotel cercano y mañana hablaremos tranquilamente.
-No me deje sola -imploró la mujer con voz casi inaudible. Su expresión de terror inquietó al detective -. No se vaya por favor. Acepte mi invitación a pasar la noche aquí; tengo una habitación que podría parecerle cómoda.
La verdad el detective prefería buscar un hotel, pero la forma en que Emma se había inmutado le hacía pensar que había algo extraño en todo aquello.
-De acuerdo -aceptó -. Lo haré. Pero por favor dígame lo que sabe.
-Lamento decirle que sé muy poco. Pero
creo que vienen aquí a practicar rituales oscuros y prohibidos -su misteriosa voz acentuó extrañamente el frío que hacía -. Mi abuelo me contó hace muchos años que ésta casa fue construida sobre un asentamiento celta. Cada vez que se acerca el Halloween ocurre lo mismo, los terribles sucesos comienzan y las cosas se tornan oscuras y tenebrosas. Es lo único que sé, y estoy casi segura de que está relacionado con lo que ocurre en mi casa.
-Haré lo que pueda. ¿Sabe de algún lugar en dónde pueda encontrar información al respecto?
-Mire en mi biblioteca -aconsejó la mujer señalando hacia una puerta que temblaba con el viento, colgando en sus goznes -. Si prefiere, tome la habitación que está al lado, así podrá investigar cómodamente. Si necesita algo sólo dígamelo. Y siéntase libre de hurgar en la alacena -y dicho esto, la mujer caminó a paso lento hacia un oscuro pasillo hasta que fue consumida por las sombras.
-Es extraño -cuchicheó Marcus mirando el techo del edificio.
Sin perder más tiempo se dirigió hacia la biblioteca; entre más rápido terminara con la investigación, más pronto se iría de ese horripilante lugar.
La biblioteca era una amplia habitación cubierta de estanterías alumbradas por viejas lámparas de latón y gran cantidad de antigüedades empolvadas; East se aproximó a la ventana, descubriendo que el cielo se había tornado tormentoso y brillaba con relámpagos blancos. El hombre examinó los estantes, buscando alguna referencia a leyendas celtas.
-¡Ajá! -dijo cuando encontró algo de ayuda.
Se guió por el índice hasta encontrar lo que buscaba:
La noche de Halloween se caracteriza por ser la mayor celebración con origen céltico actual, conocido en la cultura por tratarse del regreso de los espíritus al mundo de los vivos
Cambió las páginas hasta encontrar algo referente a rituales. Era complicado debido al continuo titilar de las lámparas.
Las leyendas sobre el regreso de los muertos en Halloween, junto a diversas pistas, nos indican que actualmente se realizan rituales desde lugares establecidos en los llamados puntos de poder, localizados en las cinco puntas de un pentagrama o estrella cuyo centro es el conocido monumento Stonehenge.
El motivo de estas muestras de culto es la creencia de que se traerá de regreso a poderosos espíritus capaces de restablecer antiguas civilizaciones celtas, suprimiendo a la humanidad actual.
Entonces sonó el quejoso tañido de un reloj de péndulo, indicando la llegada de la media noche y el Halloween como consecuencia. El eco de su sonido quedó flotando en el aire por varios segundos.
-Parece que encontré el problema en tiempo record -dijo satisfecho el hombre -. Ahora sólo tengo que descubrir que
Un estruendoso relámpago resonó repentinamente en la mansión entera; los cristales vibraron de tal forma que el detective temió que estallaran. La luz se esfumó por completo y casi simultáneamente se escuchó un agudo grito de horror, impregnado de un frío desagradable.
-Maldita sea -murmuró East.
Miró hacia todos lados, buscando alguna fuente de alumbramiento; tomó su celular y activó la pantalla, descubriendo con su halo luminoso los alrededores. Direccionó el teléfono hacia la ventana y estuvo a punto de caer de espaldas.
No supo si se trataba de una imagen de su mente, pero estuvo seguro de haber visto unos penetrantes ojos amarillos pegados al cristal. Estaba temblando, y cuando se atrevió a redirigir su vista hacia la ventana, la imagen había desaparecido.
Su corazón latía a gran velocidad, pero trató de tranquilizarse y buscó el origen del grito; se incorporó y salió al oscuro pasillo. Sus pasos tuvieron de pronto un sonido húmedo y repulsivo, como si estuviera pisando un charco de agua. Miró lentamente hacia abajo y descubrió un brillante líquido escarlata entre las crujientes tablas del suelo. La lluvia repiqueteaba sobre los vidrios cegados con trozos de madera podrida, pero había un repugnante goteo que resonaba sobre lo demás; del techo resbalaba la misma sustancia pegajosa y caliente que había en el suelo: sangre fresca.
Corrió por el pasillo con el estómago revuelto y subió las chirriantes escaleras del lugar del que había provenido el grito. La puerta estaba en el suelo en medio de una gruesa nube de polvo. Le daba miedo entrar a la habitación y averiguar qué es lo que había dentro
East entró a la habitación con gran precaución, descubriendo una espeluznante escena; el viejo y desgarrado tapiz de la pared tenía manchas de manos ensangrentadas que bajaban hasta el piso junto a un cuerpo, cuya mitad superior estaba oculta detrás de una desvencijada cama. El detective avanzó pisando pegajosas telarañas, temiendo descubrir lo que vería.
El cuerpo de la dueña de la casa, Emma Becker, yacía sobre el suelo con las manos teñidas de rojo. A consideración de Marcus, la mujer se había arrastrado con las manos pegadas al muro en su agonía.
Pero lo que más le sorprendió, fue ver a una horrible serpiente envolviendo el largo de su cuello con la amenazadora lengua de fuera. Al verlo, el reptil mostró sus colmillos y reptó por el pecho de su víctima, atravesando un haz de luz plateada que penetraba las rendijas hasta su húmedo cuerpo.
East tomó un viejo bolso de la apolillada cama y encerró al animal en su interior, atándolo rápidamente para evitar que en su lucha éste pudiera escapar. El hombre se agachó y buscó el pulso de la anciana, invisible al taco de sus dedos; estaba fría como hielo y la ponzoña ya estaba instalada en su torrente.
-¿Qué demonios está ocurriendo aquí? -preguntó temblando violentamente.
Miró frenéticamente hacia todos lados. Sentía la sensación de que a su alrededor había varios ojos viéndolo, pero no podía comentarlo a nadie de confianza en aquella casa.
Salió apresurado de la habitación, teniendo los ojos de distintos retratos fijos en él y sintiendo como si los muros trataran de aplastarlo.
Con los nervios de punta, bajó cautelosamente la escalera hacia el vestíbulo; la luz de luna que penetraba la cúpula de cristal se proyectaba en forma de una estrella de cinco puntas sobre el suelo. Ahí abajo hacía mucho frío, tanto que incluso su cálido aliento salía en forma de vaho. Su corazón le golpeteaba el pecho con violencia, y entonces vio algo que lo dejó estupefacto: Un hombre con una larga túnica negra y una capucha estaba de espaldas en medio de la estrella.
-¿Quién es usted? -se atrevió a decir el detective.
El mencionado se volteó lentamente; su pálido rostro estaba enmarcado por un liso cabello negro, pero sus ojos eran de un sorprendente -y perturbador -color amarillo. Sus dientes puntiagudos formaron una desagradable sonrisa.
-Feliz noche de brujas querido invitado. Me pregunto si tú
¿Sabes en dónde estás? -preguntó con voz gutural.
-Esta mansión
Fue
La leyenda es verdadera, ¿Cierto? ¿La mansión fue construida en una de las puntas del pentagrama, verdad?
-En efecto, se trata de un asentamiento celta -asintió él -. Y me temo que interrumpiste nuestro ritual para traer de regreso a los espíritus.
-¿Nuestro?
-Átenlo.
Cuatro manos completamente heladas lo tomaron por el rostro y ataron sus muñecas para inmovilizarlo.
-Esa anciana tenía tantos años estorbando -dijo arrastrando las palabras-. Ahora, por favor no perdamos más tiempo.
Caminaron hasta una puerta de hierro con los remaches salpicados en herrumbre. Al otro lado había una larga escalera de piedra bañada por la luz de unas antorchas. Conforme bajaban por las escaleras, el detective sentía con horror cómo la temperatura descendía precipitadamente y la oscuridad se agudizaba, dándole una sensación claustrofóbica. La sala a la que entraron a continuación fue lo más extraño que había visto hasta el momento: se trataba de un amplio espacio cuyas paredes estaban cubiertas por rostros humanos en agonía incrustados en hielo. Al fondo se escuchaban suaves lamentos de dolor y desesperación, y un presentimiento le dijo a Marcus que eran aquellos rostros quienes los emitían. Los detalles de aquellas caras resultaban desagradables a la luz de un candelabro cuyas velas poseían llamas de un desvaído color azul.
-Sólo déjenme ir -pidió East totalmente espantado. Todo aquello no podía ser real -. Juro que no intervendré en lo que hagan.
-Sabes demasiado -dictaminó el joven de ojos amarillos en un susurro, a tan solo unos centímetros de su rostro.
Entonces levantó una pequeña daga y recorrió con la afilada punta la carne de su propio brazo. Las gotas de sangre cayeron al centro de la cámara, justo en medio de una estrella de piedra tallada en el suelo. Su expresión era una mezcla de repugnante y sádico placer.
Las lágrimas comenzaron a aflorar de los ojos del detective; no sabía cómo es que se había metido en aquel lío, y ahora todo lo que quería era despertar de tan desagradable pesadilla.
-Terminemos de una vez y traigámoslos de vuelta -dijo el encapuchado, poniéndose en medio de la estrella-. Y respecto a él, colóquenlo en la caja.
Los otros tomaron a Marcus con fuerza, y lo lanzaron contra un féretro de madera, dónde permaneció paralizado, mirando lo que ocurría frente a él.
Las múltiples figuras con capa negra se reunieron en círculo alrededor del de los ojos amarillos, y con el fuego azul de las velas reflejado en sus ojos, comenzaron a hablar en una lengua desconocida y misteriosa que le helaba las venas a East.
Repentinamente, las tablas del suelo comenzaron a agitarse y romperse, mientras una serie de manos putrefactas y esqueléticas asomaban las oscuras grietas. Un repulsivo aroma inundó el lugar, y los rostros congelados en las paredes comenzaron a agitarse con excitación. La estrella de piedra en el suelo brilló con una luz cegadora.
-¡Ya vienen! -bramó el líder con intensa locura.
El detective miraba con horror desde el interior del ataúd. Con la distracción, consiguió tomar su pistola y antes de que se lo impidieran, accionó el gatillo cómo pudo. La bala erró en su objetivo, chocando contra una vela sobre uno de los pedestales de hierro. La puerta del cajón se cerró, llenándolo todo de una abominable oscuridad. El frío se intensificó de pronto.
La vela golpeada cayó al suelo, chocando contra la pared; la llama hizo contacto con el muro de hielo, que extrañamente se incendió como si de gasolina se tratara. Los lamentos se convirtieron en quejidos; en gritos de dolor y pena incesante.
Y el escaso aire del ataúd en el que se encontraba el detective lo obligaba a patear y golpear a su alrededor con la pura idea de estar en un espacio tan reducido.
La desesperación y la ira le provocó un ataque de ansia, y de pronto sintió que el aire le faltaba. Pataleó y gritó, lleno de locura incontrolable, mientras el frío se extendía por su cuerpo, cubriéndolo todo de escarcha. Trató de gritar con todas sus fuerzas, pero su garganta no emitió ningún sonido. Había mucho ruido fuera, pero nada importaba en ese momento. Golpeó y golpeó, sintiendo una opresión incesante en sus pulmones. Sin más posibilidades, el hombre sintió su cabeza girar y su cuerpo desfallecer, siendo una impenetrable oscuridad lo último que vio antes de caer al suelo con el rostro amoratado.
Un cúmulo de gente curiosa se amontonaba a las puertas de la finca Becker, mirando cómo la mansión ardía en llamas. Entre ellos, un demacrado viejo de ojos blancos y expresión ausente acariciaba a un gato negro entre sus brazos. Las luces de los carros policiales resaltaban sus hundidas mejillas de manera inquietante.
El anciano sonrió; estaba esperando para llevarse un par de nuevas muertes en su bolsillo.
Bueno, esta fue mi participación para el concurso de Halloween 2010 en Potterfics. He de admitir que el límite de 3000 palabras ha sido un gran desafío para hacer encajar todo esto, así que algunas partes de la trama original tuvieron que desaparecer. Aún así espero les guste, y suerte a todos los participantes.
Saludos!
En el centro de la estrella - Fanfics de Harry Potter
La estación de tren londinense estaba tranquila aquella fresca mañana; de pie y recargado contra un alto pilar, el detective Marcus East esperaba la llegada
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2025-03-28

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