En el interior del Tulipán - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Su corazón latía a mil por hora. Sudaba como nunca mientras sus manostemblaban descontroladamente; aún no comprendía del todo cómo era que habíallegado hasta allí.

¡Que te digo, hombre! tus rosasson las mejores de la ciudad comentó el chico saliendo de un vivero.

Cargaba unas cajas con sumocuidado mientras llegaba hasta su carro. Su cuerpo era delgado y atlético, notenía nada que envidiarle a ningún actor de cine. Sus ojos eran negros al igualque su pelo, y su nariz era un tanto chata
lo que en ocasiones causaba laburla de sus amigos.

Detrás de él venía el dueño dela tienda. Un señor de unos sesenta años de edad, con una incipiente barrigaque cada día se notaba más, a pesar de que intentase por todos los medios debajarla
de seguro, cosas de la edad. Su cara era muy pálida, montones depersonas se lo recordaban diciéndole que debería ir a visitar al médico. Esedelantal ancho que llevaba tenía manchas de tierra y suciedad por todas partes,incluso en una esquina se podía apreciar algo blanco, muy parecido a un hongoque crecía lentamente.

 

Chico, no es para tanto. Misrosas son buenas y ya comentó el hombre mientras lo ayudaba a subir las cajas.

No, no simplemente son buenas,¡son las mejores! replicó, y la verdad es que no podía negar algo tanevidente. He visitado todos los invernaderos de ésta ciudad, y ninguno poseeunas rosas -o en general, todas las plantas- tan buenas y con un olor tanmagnífico. En realidad yo si que no entiendo cómo pasa esto.

Trucos del negocio dijo Raúlcon una pícara sonrisa.

Pero él si que sabía lo quepasaba. Su ingrediente secreto, el toque mágico que había descubierto hace yabastantes años y el cual llevaría a que en su patio crecieran y florecieran lasmejores y más olorosas plantas de toda la ciudad.

Montones de personas lo buscabanconstantemente, adquiriendo por precios inimaginables las más exóticas yexcéntricas plantas. Pero nunca nadie se imaginaba lo que en realidad estabanadquiriendo.

Nunca nadie superará tus floresdijo el muchacho mientras cerraba la puerta de su auto y lo encendía, hastala próxima semana.

Hasta luego se despidió elhombre mientras veía como el carro se alejaba poco a poco.

Miró a ambos lados de la callepara luego entrar de nuevo en la tienda. Y sin siquiera fijarse en todo lo quelo rodeaba allí, pasó de largo por una puerta hasta un patio abierto, en dondeestaban todas las plantas que vendía.

···

Una semana ya había pasado,debía atender al mismo muchacho simpático y a unas cuantas personas más que noeran de su agrado, muy curiosos para su gusto. Pero al menos tendría la visitade aquel joven muchacho que siempre le alegraba un poco la tarde.

¡Buenas tardes, señor Raúl!vengo por lo de siempre exclamó feliz el joven mientras entraba a la tienda almismo tiempo que la puerta hacía un leve sonido al abrirse.

Sí, sí
pasa muchacho. Teestaba esperando dijo el anciano mientras caminaba hacia la puerta que daba alpatio. Ven, vamos
tus cajas están adentro.

El chico un tanto cohibido pasóhasta el otro lado de la puerta, se sentía extraño puesto que era la primeravez que el dueño de ese local lo invitaba a pasar a donde estaban las demásflores.

Espérame aquí, que tus cajasestán más adentro. Vuelvo en seguida y sin esperar respuesta alguna, se fuedel lugar.

 

Andrés observaba atentamentecada rincón de aquel lugar, era hermoso
muy hermoso para describirlo conpalabras.

Los insectos revoleteaban de unlado a otro, parándose cada tanto en una flor para absorber un poco de sunéctar. Montones de mariposas volaban en círculo alrededor de él, como siquisieran protegerlo de algo o de alguien, pero en ese momento él se sentíatotalmente seguro.

Se volteó lentamente, fijándoseen cada parte de ese maravilloso lugar y de pronto quedó hipnotizado con esabella flor. Delante de si tenía el tulipán más hermoso que hubiera visto.

Era tan brillante, su coloriluminaba todo a su alrededor, sentía que no quería hacer otra cosa más quetocarlo. Pero le faltaba algo, quería sentir su aroma. Se acercó lentamentehasta él, impregnándose con ese embriagante olor que cada vez lo llevaba máslejos del mundo.

Alargó un poco su mano paratocarlo, estaba a pocos centímetros
ya imaginaba como sería sentir en susmanos aquella textura tan hermosa y

¡Muchacho
sal de ahí! ¡nadiepuede tocar ese tulipán! gritó el hombre con una gran furia. Nadie, nuncatocaría aquel tulipán. Nadie tendría la dicha de sentir esa suave textura ensus manos. Sentirlo resbalar por sus dedos.

Lo
si-siento. No era miintención dijo con la voz temblorosa. Nunca se imaginó que alguien podíaproteger tanto una flor.

¡Toma tus cosas y vete!exclamó Raúl.

El chico como un resorte saliódisparado del lugar, temiendo que el hombre, antes simpático, le hiciera daño.

No se fijó si se llevaba lascosas por delante, sólo sabía que debía salir de aquel lugar lo más rápidoposible.

¡Era imposible! tenía que seruna broma.

El chico estuvo a punto dedescubrir su secreto
nadie se podía acercar a esa flor, no por ahora.

Nadie se podía acercar ni tansólo un poco a aquella hermosura, puesto que por los momentos era la queguardaba su secreto. Nadie nunca debía saber el secreto del porqué sus floreseran tan hermosas.

Y recordando todo, decidió queya era hora de agregarle más de su extraño ingrediente.

Salió del local y se fuecaminando lentamente por un oscuro callejón esperando encontrarse a su próximavíctima. Poco a poco fue recorriendo ese angosto y oscuro callejón, buscando loque necesitaba.

Luego de una caminata de unoscuantos minutos, lo encontró.

A varios metros estaba unborracho acostado en medio del callejón. Sus ropas estaban raídas y su pielestaba totalmente reseca por el alcohol.

Para su suerte el hombre estabatotalmente dormido. Sólo fue cuestión de llegar junto a él, y con la pala quecargaba descargarle un fuerte golpe en la nuca. Ya todo estaba hecho.

Estaba apenado. Se sentía muymal por haber traspaso el límite de confianza que ese hombre le había dado.

Decidido a remediarlo, dio mediavuelta en su carro y se encaminó de nuevo hasta el local.

Las calles pasaban como unasola, no distinguía entre una casa y otra y en muchas ocasiones estuvo a puntode llevarse un semáforo por delante.

Pero luego de unos quinceminutos, llegó de nuevo hasta el local.

Se bajó del camión y se fuelentamente hasta la puerta, la abrió con sumo cuidado y ésta emitió el mismosonido de siempre.

Entró al lugar, esperaba a queel hombre apareciese desde el otro lado de la puerta para pedirle disculpas
pero no se apareció.

 

Pensando que sería mejor volver en otro momento se decidió asalir del lugar, pero un suceso no lo dejaría, lo encadenaría a ese sitio por todala eternidad.

En cuanto se dio media vueltapara salir, notó el apenas audible sonido de un cuerpo siendo arrastrado. Conalgo de miedo, se fue hasta el primer escondite que vio, en un rincón apartado,y comenzó a esperar
quería descubrir que era lo que ese señor tan misteriososse traía entre manos.

El hombre entró a la tienda, yconsigo traía un cuerpo inerte siendo arrastrado. El sudor resbalaba por susmejillas y sus venas se marcaban en toda la extensión de su cara.

Sin siquiera fijarse en latienda, pasó hasta el patio en donde estaban todas sus flores.

El chico lo seguía muy de cerca,esperaba pacientemente hasta no escuchar tan cerca el sonido de es cuerpo alser arrastrado. Lentamente también entró hasta el vivero y vislumbró a lo lejosal hombre erguido. Al parecer ya había llegado hasta el lugar en dondeocurriría todo.

Él se fue acercando lentamentemientras escuchaba uno tras otro montones de golpes secos. Dados una y otravez, sin siquiera detenerse unos segundos. El mercenario estaba descargandotoda su ira en aquel cuerpo.

En cuanto llegó a una posiciónprivilegiada pudo notar todo lo que pasaba.

El viejo hombre le daba una yotra vez al cuerpo del indefenso borracho. El inerte cuerpo sangraba por todaspartes, tenía montones de heridas abiertas que no sanarían nunca. Pero alparecer Raúl aún no se casaba de darle uno tras otro golpes más golpes.

Después de unos angustiantesminutos, Raúl paró.

Y ahora apuntaba el filo de lapalaba contra el muerto. Y sin contemplación lo hundió en un brazo,cercenándolo completamente. Luego un pie, luego el otro
y luego el brazo. Pocoa poco fue cortando en pedazos el cuerpo, dejando sólo el torso intacto.

Andrés estaba horrorizado. Conun gran temor fue retrocediendo poco a poco, pero fue tal su suerte que tropezócon una raíz que lo hizo caer bruscamente. Alertando al viejo.

Sin siquiera esperar a ver si elhombre había notado o no el ruido, salió corriendo lo más rápido que pudo.

Esquivaba ramas, raíces, rocas,troncos
debía maniobrar muy bien con sus pies para no caerse y ser atrapado.Sus piernas ya no se sentían, sólo eran dos extremidades que corríanautomáticamente para salvar la vida de su dueño.

Aún corriendo y con cierto temorvolteó la cabeza, y para su desgracia vio como el viejo lo seguía de cerca.Para ser un hombre mayor, tenía bastante fuerza.

El sol se ponía, era su únicaesperanza. Perderse entre toda la oscuridad para luego escapar de alguna manerade allí.

Sin siquiera pensarlo comenzó acorrer en zigzag para despistar un poco a su atacante, y luego de unos minutosse tiró detrás del primer tronco que vio.

Estaba acostado, esperaba que elviejo no se diera cuenta de donde se había metido. Su corazón latía fuertementemientras él imploraba poder salir de aquella situación.

No sabía cuanto tiempo habíaestado allí, sólo recordaba el motivo. Sus ojos estaban cerrados fuertemente ysus manos estaban contra el suelo

¡PLAM!

El joven ni siquiera notó elgolpe que le propinó el anciano.

···

Abrió lentamente los ojos.

 

No recordaba muy bien lo quehabía pasado, pero si estaba seguro de que algo le había golpeado la cabeza-

Intentó tocársela con una mano,pero en cuanto intentó moverla notó que la tenía fuertemente sujetada, al igualque sus pies. No podía mover ninguna de sus extremidades, y se sentíatotalmente indefenso ante cualquier ataque.

¡Despertaste! pronunció la vozdel anciano desde el otro extremo de la sala.

Con sólo escuchar esa voz se sintióperdido. Estaba seguro que dentro de pronto ocuparía el mismo lugar que habíaocupado el otro cuerpo. Pero aún así, intentaba mantenerse firme
no podíapermitir que ese viejo lo viese morir como un cobarde. ¡No! el moriría con lacabeza en alto.

En todo el día me has causadomuchos problemas
primero, casi el tulipán. ¡Nadie se acerca allí
a ella no legusta dijo el viejo con un tono de voz sereno y ronco, refiriéndose a unamujer
¿pero qué mujer?. Su piel brillante se había vuelto cetrina. Y luego,me viste matando a ese infeliz. Eres un niño muy travieso, y lamentablementelas travesuras tienen su
castigo culminó con su voz serena, yendo de un ladoa otro, observando a su víctima. Observando la cara de terror que se habíaformado luego de pronunciar esas palabras

Andrés simplemente no podíahablar. Su cara era lo único que podía mover, y hubiera querido que no fueseasí.

Mientras el hombre hablaba fuedetallando el lugar en el que se encontraba. Una sala vieja y mohosa, conmontones de aparatos para someter a la gente a las más terribles torturas. Unacama de púas estaba en el centro de aquella infernal sala, y en todos losrincones colgaban montones de látigos de todas las formas. Algunos largos,otros cortos; algunos con pinzas y otros totalmente lisos
pero todos podíanhacer lo mismo, hacían sufrir terriblemente a la gente.

Veamos continúo el hombre sinsiquiera pararse a mirar a su víctima. Aún pienso cuál sería el mejor castigo,y no lo decido. Así que
¿por qué no castigarte con todo? harás lo que nuncanadie ha hecho
probar todos y cada uno de mis artefactos dijo el viejo conuna sonrisa sádica en los labios, mirando fijamente su primer arma, su primerartilugio: "La Dama de Hierro"

Un sarcófago bellamente talladocon la cabeza de una mujer en la parte alta, en el interior de este hay unaserie de afiladas tubos que se incrustan en el cuerpo de la víctima Se dice que esa mujer es la Virgen María,quien antes de que el condenado muera lo libera de todos sus pecados y culpas.

Su corazón latía a mil por hora.Sudaba como nunca mientras sus manos temblaban descontroladamente; aún nocomprendía del todo cómo era que había llegado hasta allí.

Pero muy poco le importó eso asu captor, siguiendo con su sádica sonrisa lo agarró por un brazo y lo metiócon fuerza al sarcófago. Antes de comenzar a cerrar lentamente la puerta,decidió desatarlo de manos
para que sintiera dolor en todas las partes de sucuerpo.

Cerró la puerta de un sologolpe.

Los tubos se clavaronrápidamente en el cuerpo del joven muchacho, causando un gran dolor
un dolormás allá de lo humano. Sentía como la sangre se escurría por entre las afiladaspuntas y se iba drenando por todo su cuerpo.

Incluso estaba seguro que uno deesos tubos había penetrado hasta uno de los huesos, pues sentía un dolortremendo en el brazo izquierdo, podía jurar que le había partido el brazo.

 

Después de unos angustiantesminutos, sintió como las puntas iban saliendo poco a poco a medida que lapuerta se abría.

El cerró los ojos varias vecespensando en lo que haría a continuación, era su única oportunidad de escapar deese horrible lugar.

Le puerta se abrió por completoy el cayó de bruces contra el suelo.

El hombre mayor se acercólentamente al cuerpo, asegurándose de que no estuviera muerto. Le tomó el pulsoy luego lo volteó para que quedara boca arriba
esa fue su perdición.

El joven chico se abalanzócontra su atacante, tirándolo al suelo. El brazo izquierdo aún dolía ahorrores, pero el instinto de supervivencia para él era más que cualquier otracosa.

No dejaría escapar esaoportunidad.

Como pudo agarró con amabasmanos la cabeza del hombre y la retumbó contra el suelo, haciendo que estequedara inconsciente por unos segundos, los cuales aprovechó.

Se paró y por primera vez enmucho tiempo sintió sus piernas, las sintió adoloridas y cansadas. Pero nadaimportaba, debía salir de allí.

Alzó la primera pierna y luegode comenzar a correr supo que no podía detenerse porque de lo contrario pararíay no podría seguir. Al salir de la habitación pudo notar que estaba en la casadel viejo, pero su mayor sorpresa fue encontrarse con el cuadro de una belladama en la sala.

Se distrajo tanto viendo elcuadro que no notó cuando tropezó con una trampa y caía de nuevo al piso, almismo tiempo que sobre su pierna caía un montón de libros.

Estaba desesperado, ahora sí queno sabía qué hacer
si intentar liberarse, o esperar a que el hombre llegase einevitablemente lo capturase de nuevo. Decidió que si ya estaba escapando, lomejor sería seguir. No podía parar.

Lentamente se fue quitando loslibros poco a poco, mirando cada tanto las escaleras para asegurarse de que elhombre no viniese. Tomo tras tomo iban siendo apartados, ya sólo quedabanpocos
otros pocos y saldría de aquel tétrico lugar.

¡Los pasos secos del hombre!

Debía apurarse.

Sin esperar a quitar los demáslibros, con ayuda de ambas manos levantó la pierna con una fuerza que no creyótener y luego salió corriendo por la puerta principal.

El camino escarpado y rocoso nolo ayudaba mucho, con amabas piernas seriamente lesionadas no podía hacermucho. Sólo correr, intentar no caerse y soportar hasta salir de aquel lugar.

Con gran esfuerzo, dio un gransalto y cayó frente a la puerta negra que daba a la tienda. La abrió sinatreverse a voltear y en cuanto estuvo dentro sólo atinó a salir corriendohacia la puerta de salida.

Giró el picaporte con fuerza. Nose abría.

¡Maldición! el karma no se lopodía poner más difícil.

Con miedo se volteó y su visiónfue de espanto. Delante de él tenía al mismo hombre, con la misma ropa y losmismos rasgos
pero éste estaba totalmente pálido. No había signo alguno de queese hombre estuviese con vida.

Nadie escapa de aquí dijo elhombre con una voz rasposa.

Por favor
d-déjeme salir
leprometo q-q-que no se lo digo a nadie imploraba el muchacho.

Nadie sale de éste lugar
todosse quedan siempre a acompañarme
a acompañarme por siempre

Y detrás del hombre aparecieronmontones de personas, todas sus víctimas: pálidas y sin vidas. Sinninguna señal de felicidad, de nada. Sólo eran espectros pálidos que buscabanvenganza por lo sucedido

¡Zas!

El muchacho no vio venir elgolpe que le quitaría la vida.

En serio, don Raúl. Sus plantas son las mejores de la ciudad exclamóentusiasmado un hombre de unos treinta años de edad.

¡Oh! gracias. Trucos del negocio.

···

P-por favor d-d-déjame ir imploraba el hombre a su atacante en mediode la tienda.

Nadie se va
todos se quedan a acompañarnos dijo la voz de Andrésmientras con un golpe certero en la cabeza le quitaba la vida a su nuevocompañero en la eternidad.

Nadie nunca los separaría ni los abandonaría.


Hola, aquí está mi relato para el concurso... Jaja.
Espero y les halla gustado, les halla asustado o que por lo menos los emocionaran tantito... con eso me conformo.
Espero sus comentarios, y sus preguntas si han quedado.
Gracias por llerme.

En el interior del Tulipán - Fanfics de Harry Potter

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Su corazón latía a mil por hora. Sudaba como nunca mientras sus manostemblaban descontroladamente; aún no comprendía del todo cómo era que habíallegado h

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2023-02-27

 

En el interior del Tulipán - Fanfics de Harry Potter
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