En familia - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Sentado y en silencio, miraba el pequeño paquete que sostenía entre sus manos. ¿Por qué seguía haciendo caso a su abuela? No merecía la pena pasarlo tan mal, solo para
Negó con la cabeza, molesto por sus propios pensamientos y miró el corredor. Magos y brujas de diferentes edades y nacionalidades, paseaban por aquel triste lugar.

Suspiró volviendo la vista a su regalo. Siempre les regalaba lo mismo. Año tras año, una y otra vez, regresaba con lo mismo. Una foto. Una maldita foto, para intentar que ellos recordaran. Pero nunca lo hacían y él se sentía fatal y muy triste.

Su abuela hacía todo lo que podía por tratar de animarle y él valoraba el esfuerzo, pero aún así
Apartó los ojos del alegre envoltorio de color dorado y lazo rojo, que cubría la foto y volvió a recorrer el pasillo con la vista.

 

Habían adornado las paredes, como cada año, con motivos navideños. Espumillones de diferentes colores por doquier. Un pino natural, apostado en cada una de las puertas de entrada del ala. Pequeñas figuras, que se balanceaban colgadas de las paredes y que cada vez que alguien pasaba por su lado, lanzaban diminutos chorros de copos de nieve o purpurina. Había algunas incluso, que se ponían a cantar villancicos. Siempre en un volumen muy bajo, pero el suficiente para conseguir entristecerle.

Nunca le habían gustado las navidades. No solo por el hecho de que sus padres, no estuvieran con él, sino porque al vivir con su abuela, ella siempre invitaba a su grupo de amigas a casa. Imaginaos a un pobre chico, rodeado de ancianitas con ganas de bailar. Neville sonrió recordándolas.

Hola, joven.

Neville alzó la vista, sorprendido por que alguien se hubiera fijado en él.

Profesor Lockhart dejó el regalo sobre la silla y se levantó por educación. ¿Cómo se encuentra hoy?

¿Profesor? Ja, ja, chico... rió. Me sigue haciendo mucha gracia, que me llames profesor.

La visión de Lochkart se desenfocó y Neville se apresuró a hablar de algo.

¿Se ha terminado el libro que le dejé? preguntó consiguiendo que el hombre le mirara.

Ah

Bueno, no lo he terminado. Aún no
En realidad, el tema de las plantas
No me entusiasma demasiado, lo siento.

No pida disculpas sonrió Neville. De acuerdo
¿qué tipo de libro le gustaría leer?

Oh, eh
Lockhart se llevó una mano a la cabeza y se atusó el pelo rubio. No había perdido su tono rubio bebé, pero su rostro, parecía haber envejecido veinte años en tan solo cinco. ¿Tienes alguno de acción? Tengo la impresión, de que me gustará leer algo sobre magos venciendo a seres sobrenaturales o algo por el estilo
¿Crees que tendrás algo así?

Neville se carcajeó. Lockhart, aun con los recuerdos totalmente borrados, seguía teniendo ese aire de aventurero.

Claro, profesor. No dude que encontraré algo a su medida. La próxima vez que venga, se lo traigo.

Gracias, hijo
Giró la cabeza hacia atrás y con los ojos muy abiertos, miró a una enfermera que se dirigía hacia ellos. Vas a tener que disculparme susurró acercándose mucho a Neville, pero me he escapado de mi baño y mucho me temo, que me han encontrado
Volvió a mirar a la mujer y retorció las manos. Creo que será mejor que siga mi camino joven. Encantado de haber charlado. ¡Adiós!

 

Con rápidas zancadas, el mago se alejó del chico, aunque no dejaba de mirar por encima del hombro para ver si le seguían. Neville sonrió y saludó a la enfermera cuando pasó por su lado.

¡Gilderoy, vuelva aquí! ¿Acaso quiere apestar cuando vengan a verle? dijo la mujer, apresurándose para alcanzarle.

¡Nunca! exclamó justo antes de echar a correr.

Neville les miró salir por la puerta y volvió a sentarse. Le dio unas vueltas al regalo aún con la sonrisa en la cara. Entonces, la puerta de su derecha se abrió. Sus ojos se quedaron clavados en un punto del suelo.

Hijo

Era su abuela. Neville suspiró y asintió. No estaba preparado para entrar. Había pensado que sí lo estaría, pero se había engañado a sí mismo. Levantó la cabeza y la miró.

Había dejado el sombrero del pájaro en casa y lo había sustituido por uno más navideño. En un ala llevaba una enorme cabeza de reno, con astas incluidas. Lo que Neville no entendía, era cómo una mujer de su edad, podía llegar a soportar semejante peso en el cuello.

Se puso en pie y soltó todo el aire que le quedaba. Como todos los años en navidad, su abuela se habría encargado de alegrar la habitación de sus padres y de vestirles con algún atuendo navideño.

Ella lo desconocía, pero en una ocasión, durante uno de aquellos pequeños y fugaces momentos de lucidez de su madre, ésta le confesó que le parecía ridículo que les pusiera un sombrero de Santa Claus o una nariz de Rudolf. Neville, más feliz que nunca al oírle decir aquello, se echó a reír, pero antes de que pudiera responderle nada coherente, su madre ya se había ido. Encerrada en sí misma una vez más.

Sacudió la cabeza, y se llevó una mano a los ojos para restregárselos. No, definitivamente, aquellas navidades no distarían mucho de las anteriores. Por mucho que su abuela intentara alegrar la habitación y el aspecto físico de sus padres, el hecho de que ellos no pudieran disfrutarlo como el resto del mundo mágico, no cambiaba.

Nadie llegaría con el regalo acertado para ellos, simplemente, porque ese regalo no era posible, no existía. Sus padres, habían dejado de vivir en el mundo humano, para permanecer en su propio mundo. Al menos, Neville esperaba que allá donde estuvieran, tal vez encerrados en esa pequeña zona de su mente, se encontraran unidos; que el permanecer juntos en la misma habitación, les ayudaba a no perderse el uno al otro y los recuerdos que tenían de los dos, no hubieran caído en el olvido absoluto.

Recuerdos que no incluían a su hijo Neville. Un chico de 17 años, que en ocasiones, seguía necesitando unos padres. Seguía necesitando el consejo de los adultos a la hora de las grandes decisiones.

 

Solía ir a hablar con su madre, y se quedaba con ella durante horas, contándole cosas sobre su día a día. Sobre sus planes de futuro. Que estaba pensando estudiar Herbología muy seriamente y que su mayor meta e ilusión en la vida, era ser profesor de ésta materia en Hogwarts. Pero ella nunca le respondería. No le animaría como hacían el resto de las madres.

Era en navidades, cuando más echaba en falta esas palabras de cariño y apoyo. Con todo el mundo celebrando la unión familiar, él sentía más que nunca esa falta. Intentaba permanecer entero y aguantar las fiestas de su abuela, pero lo único que deseaba, era poder perderse también. Saltarse aquella época y visitar a sus padres sin ningún adorno, ni zalamería. Solos, sus padres y él.

Cariño sintió la mano de su abuela en el hombro, creo que deberías entrar ya. Te están esperando

Neville alzó las cejas, sorprendido. ¿Por qué había dicho que le esperaban? Ella nunca hablaba de ese modo sobre sus padres. No les trataba como si pudieran reconocerle. No sabiendo lo mal que lo pasaba en aquellas fechas. Por nada del mundo se burlaría de él así.

Abuela, ¿qué
?

Entra. Te llevarás una grata sorpresa
su abuela sonrió, algo extraño en ella.

Neville asintió. Dio unas vueltas más al paquete, y resopló antes de seguir a su abuela. No entendía a qué venían el entusiasmo y la felicidad en ella. Alzó la cabeza y no pudo evitar sonreír una vez más, al ver que por la puerta de acceso al pasillo, entraba la enfermera, guiando al profesor Lockhart del brazo.

El mago llevaba la cabeza gacha y se dejaba conducir por la mujer. Tenía aspecto de ser un preso al que escoltaban de nuevo a su celda. Neville esperó hasta que llegaron a su lado y miró con las cejas alzadas al hombre.

Ánimo, profesor. No puede ser tan malo ese baño, ¿no?

Me encanta bañarme dijo con expresión infantil. La enfermera Doris, aquí presente le lanzó una sonrisa coqueta a la mujer, hace aparecer unos peces, ¡que me hacen cosquillas en los pies!

Gilderoy, comenzó a reír de forma escandalosa, hasta doblarse por la mitad y cuando al fin cesó las risotadas, se quedó mirando a Neville con expresión distraída.

Y si le gusta bañarse
¿Por qué huía?

¿Huir? La enfermera, ha venido a buscarme como todos los días, hallándome en pleno paseo. No sé de qué me hablas, chico se puso serio súbitamente.

Oh, discúlpeme profesor. He debido equivocarme de persona
se llevó una mano a la frente golpeándose. ¡Ya ve! Tengo recordadora, ¡pero nunca consigo recordar nada!

¿Tienes una recordadora? ¿Puedo verla? se separó de la enfermera para acercarse.

Claro, siempre la llevo en el bolsillo
Lockhart abrió mucho los ojos, emocionado. Neville bajó la voz y miró a la enfermera con las cejas levantadas. ¿Cree que
?

Adelante se encogió de hombros, sin importarle la alegría de su paciente.

Bien
Un momento
rebuscó en el bolsillo del pantalón que su abuela había encantado, para que tuviera más fondo. Y cuando al fin la encontró, sonrió: Tenga, profesor dijo moviendo la bola transparente frente al mago. En un segundo, una nube rojiza invadió el centro. ¿Lo ve? Algo he olvidado, pero no sé qué es
Creo que ya no la necesito y estaría encantado de confiársela a usted.

Neville la dejó sobre la palma y Gilderoy, con una temblorosa mano la tomó. Por su expresión, parecía a punto de llorar. Entonces, el oscuro interior se aclaró y quedó puro como el agua.

Al parecer, no tiene usted nada desatendido en estos momentos dijo Neville.

De un brinco, que sorprendió incluso a la enfermera Doris, Lockhart se lanzó al cuello de Neville y le dio un fuerte abrazo. El chico se lo devolvió con una sonrisa y miró a la mujer, tratando de disculparse por entretenerles.

Gracias, hijo
Muchas gracias. No te quepa duda alguna, de que siempre recordaré este gesto. Siempre le brillaban los ojos de emoción. Pero yo no tengo nada para ti


No tiene que darme nada
dijo ruborizándose. Pero entonces, se le ocurrió algo. Aunque
Otro día, me pasaré por su habitación y me dedica una de esas miles de fotografías que tiene, ¿de acuerdo? el hombre asintió sin poder hablar.

Vamos, Gilderoy. Es hora del baño la enfermera tiró de él y se lo llevó hacia el otro lado.

 

Neville les miró marchar.

Se daba cuenta de que estaba retrasando el momento de entrar en la habitación. ¿Por qué seguía haciéndolo? Todos los años igual y al final, tampoco era para tanto
Cada año, iban y pasaban un rato con sus padres. Pero él, prefería mil veces ir cualquier otro día. "Cualquiera antes que en Nochebuena". Suspiró.

Solo tendría que aguantar allí dentro un rato. Fingiría que era feliz delante de sus padres, que le gustaban las navidades y las repetitivas anécdotas que su abuela les contaba y después, podría marcharse a casa. Fantaseó pensando el tiempo que pasaría en su pequeño invernadero.

Ese que tras mucho insistir, había conseguido que su abuela accediera a construir en el jardín trasero de la casa. Un invernadero donde solía pasar horas y horas, cuidando de sus plantas, regándolas, trasplantándolas y dándoles los cuidados que necesitaban.

Miró la puerta que había quedado entreabierta. Era extraño que no se oyera la áspera voz de su abuela, hablándole a su hijo a gritos o cantando alguna de las canciones que tanto le gustaban. Avanzó hacia la puerta con el regalo en la mano, y la empujó suavemente. Cambió automáticamente la expresión y puso en su boca, lo que pensó sería una sonrisa casual y agradable.

Pero un fogonazo de luz, le recibió al empujar la puerta y la sonrisa se transformó en una mueca, dejándole clavado en el lugar. Con una mano en el pomo de la puerta, y el regalo levantado en el aire. Sacudió la cabeza atontado, pestañeando con fuerza para despejarse. Mas solo consiguió que su sorpresa aumentara.


Feliz navidad, Nev
una chica rubia, con un vestido verde de flecos, se acercó a él para abrazarle y besarle la mejilla. Aunque, técnicamente
aún no es navidad llevaba una enorme cámara de fotos colgada al cuello y sonreía divertida.

Luna
Neville recibió el beso y el abrazo, pero no fue capaz de devolvérselos . ¿Qué
? ¿Qué hacéis
? balbuceó sin conseguir preguntar nada coherente.

Cuando su abuela le dijo que debía entrar porque le estaban esperando, no imaginaba que todos estarían allí. Sus amigos del colegio, se habían acordado de él.

Clavó los ojos en su abuela, quien también sonreía emocionada.

Feliz navidad, cariño le dijo con voz amable.

 

Técnicamente

Lo sé, querida, lo has dicho cinco veces ya
refunfuñó la señora Longbottom.

Neville sonrió y se dejó guiar por Luna hacia dentro.

Exceptuando a Harry, nunca había hablado con nadie acerca de sus padres. Obviamente, al haber pertenecido al E. D., todos conocían la situación en que se encontraba el matrimonio Longbottom, pero suponía que por respeto, nadie se había atrevido a hablar del tema con él.

Pero verlos allí juntos y sonriéndole, fue un choque de sentimientos. Se quedó mudo por la sorpresa, pero sus ojos mostraban todo la emoción que estaba sintiendo en ese momento. Les miró uno por uno.

Eran sus mejores amigos. Aquellos junto a los que había peleado, por la libertad del mundo mágico.

Harry, de la mano de Ginny; ambos vestidos con uno de los famosos jerseys de la Señora Weasley. Ron junto a Hermione, sonriendo emocionados y también con jerseys de manufactura Weasley. Y Luna, guiándole como siempre. Su vista se dirigió por último a sus padres, que se encontraban en el centro del grupo, sentados en sus sillas de ruedas.

Estaban como siempre, observando al chico nuevo que acababa de entrar, pero que nunca llegaban a reconocer.

Ponte aquí, Neville le indicó Luna, situándole detrás de sus padres, entre Ginny y Hermione. Y ahora, una foto para el recuerdo

Luna se alejó unos pasos y con una floritura de su varita hizo aparecer un curioso trípode donde apoyar la cámara. Regresó rápidamente, para agacharse entre los Señores Longbottom.

¿Sabéis que los Amidílows, suelen rondar cerca de las cámaras para emborronar las fotos?

Todos giraron la cabeza pasmados, para mirar a Luna, quien resultó ser la única que mantuvo la sonrisa en el rostro. La Señora Longbottom, rumió algo sobre una habitación vacía en aquel ala, y todos estallaron en carcajadas. La chica no comprendió por qué habían reído después de que se hiciera la foto, pero no le importó. Se levantó y se acercó a la cámara.

¿Por qué soy la única que mira al frente? dijo mirando la imagen en movimiento. ¿Tengo algo en el pelo? ¿Es un Lortap? Esta mañana he descubierto uno que

Tu pelo está perfecto, Luna
aclaró Ginny, acercándose a ella para mirar la impresión.

Uno a uno, se fueron pasando la imagen y Neville, les observó a todos reír. Se sentó en una silla y le concedió a Hermione, el detalle de hacer aparecer más para los otros. Estando su abuela presente, no le apetecía meter la pata y que se pusiera a clamar al cielo.

 

 

 

La tarde transcurrió aprisa con todos ellos. Charlaron de los planes que cada uno tenía y de lo que habían hecho desde que derrotaron al señor Tenebroso. Neville escuchó como los tres amigos narraban una vez más, las aventuras que habían vivido saltándose el último curso. Aventuras que aunque ahora les parecían emocionantes, en aquel momento, realmente les hicieron temer por sus vidas.

En un momento dado, Ron sacó del bolsillo el desiluminador de Dumbledore, y jugando con las luces del dormitorio, representó el momento en que escuchó la voz de su querida Hermione, llamándole. Neville, divertido por las expresiones del pelirrojo y los golpes alegres que ella le propinaba, rió sin parar y cuando giró la cabeza para mirar a su madre, se dio cuenta de que ésta le estaba mirando fijamente.

Observó los ojos ella y su risa cesó. Ronald seguía con su charla y todos reían, ajenos al instante en el que la madre y el hijo, habían conectado. El chico no se podía mover. Solo miraba sus ojos, tratando de descubrir algo de vida en ellos, algo de reconocimiento.

Tras aquella corta espera, que a él le pareció eterna, Alice Longbottom abrió la boca y su voz sonó angelical para Neville.

Hijo
los ojos del chico se llenaron de lágrimas con aquella inocente palabra. Neville
alegra esa cara... No estás solo, cielo. Ellos son tu familia ahora

Neville asintió y levantó una mano para acariciar las manos de su madre. Lágrimas de alegría recorrían sus mejillas, cuando giró la cabeza para mirar a su padre. Pero éste observaba distraído a Luna, que había comenzado a bailar una extraña danza, para atrapar algún ser cuyo nombre, Neville no llegó a escuchar.

Regresó la vista a su madre, pero ya se había ido. Sus ojos volvían a parecer distraídos, lejanos, ausentes... Apartó la mano de las suyas lentamente para no alterarla, y se secó las saladas lágrimas. Pestañeó con fuerza mirando a Luna, que en ese momento retorcía los brazos en el aire, imitando un molino.

Su madre tenía razón. Nunca estaría solo, si conservaba amigos como ellos. Siempre se tendrían los unos a los otros, para apoyarse y ayudarse en lo que fuera. Las amistades así, nunca se perdían.

 

 

 

 

 

Cuando una enfermera llegó a la habitación para indicarles que ya se había pasado el tiempo de las visitas, uno a uno, los chicos se despidieron de los padres de Neville y de su abuela. Esperó a cada uno de ellos apostado en la puerta, para agradecerles una vez más la visita y cuando solo quedó Luna, la abrazó como había hecho con los demás.

No ha estado nada mal mi baile, ¿verdad? dijo sonriendo y ladeando la cabeza.

Eh
No, Luna
negó él, recordando sus aspavientos epilépticos. Si en aquel momento la hubiera visto algún sanador, le habría concedido una cita urgente . ¿Puedes repetir a qué ser espantabas con él? No recuerdo el nombre

Oh
A un Periatidus
asintió ella con expresión divertida. Pero tranquilo. Dudo que te vayas a cruzar con alguno

¿Por qué? curioseó el chico.

Los motivos y explicaciones que daba Luna, solían ser en extremo divertidos.

Porque no existen
Luna se encogió de hombros y seguido murmuró: Pero no digas nada o creerán que todos los seres que nombro, son imaginaciones mías

Neville frunció la frente confuso y ella volvió a abrazarle para poder susurrar en oído y que la abuela no les oyera.

Creí oportuno distraerles, para que no os interrumpieran

Se alejó de su oído y se miraron a los ojos. Neville se había vuelto a quedar sin palabras. ¿Luna había visto cómo su madre le hablaba? Creía haber sido el único en percatarse del breve instante

Asintió, agradecido de corazón y besó en la mejilla a su amiga.

Gracias, Luna
Por ser siempre tú misma.

Feliz Navidad, Nev. Aunque, técnicamente


aún no es navidad, no

Sonrió antes de que ella se diera la vuelta y se marchara, moviendo los brazos por el corredor como un molino, espantando Periatidus.

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Sentado y en silencio, miraba el pequeño paquete que sostenía entre sus manos. ¿Por qué seguía haciendo caso a su abuela? No merecía la pena pasarlo tan

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2023-02-27

 

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