En una Noche de Diciembre - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Diciembre había llegado y ese mes siempre había sido el mes más esperado por ella, pero ese año
diciembre de 1997
la espera había sido distinta por no decir que en realidad no la había esperado, la había dejado en el aparente olvido.

Desde que Remus la había abandonado con su hijo en su vientre ya todo para ella había perdido importancia o sentido, se había convertido en un cuerpo sin alma, en un corazón sin latidos propios pero que vivía únicamente por aquel corazoncito que le regalaba los suyos latiendo dentro de ella, dentro de su vientre
el corazoncito de su hijo era lo único que la mantenía viva y levemente estable porque esa aparente estabilidad era peor que el dolor o la rabia. Hubiera preferido odiarlo y estar enojada de por vida con él como para no perdonarlo nunca pero no era así, a pesar de todo a pesar de fingir y engañarse ella misma de que ya no sentía nada; ella seguía amándolo y esperándolo cada día, cada noche que pasaba y eso la estaba consumiendo poco a poco como se consumía la luz de una vela cuando esta apunto de apagarse.

 

Comía por que su madre la obligaba y porque su propio estado en el que se encontraba despertaba ese instinto de protección hacia su hijo y aunque la comida hubiera perdido para ella ya todo gusto, todo sabor y todo le resultara insípido y fuera muy poco lo que lograra retener en el estomago ella sabía que tenía que alimentarse no solo por ella sino primordialmente por él, su hijo que no tenía culpa de nada.

Se bañaba, se vestía y se arreglaba como si fuera un acto mecánico que su cuerpo se había acostumbrado a hacer de manera lógica pero sin sentirlo y las únicas veces que parecía volver a poseer conciencia razonable de sus actos era cuando sentía a su bebé llamar su atención desde dentro de su refugio como para que no se olvidara de él, como para que supiera que no estaba sola en ese duro momento de su vida
"su refugio" como llamaba a su vientre, el hogar de su hijo, era para ella también como si fuera su propio y único refugio verdadero y real de ese momento, allí ella iba a protegerlo y a cuidarlo de cualquiera que quisiera hacerle daño en esos tiempos tan difíciles en los que se cernía su mundo en donde cada vez las vísperas de una gran guerra parecía encadenarlos dentro de sus garras y no pudieran huir pero su bebé no tenia porque preocuparse la tenía a ella para protegerlo pero en cambio ella, no tenía a nadie y ya ni siquiera contaba con él, se había ido de su lado, la había abandonado en el momento más difícil e importante de su vida cuando antes había jurado protegerla.

-Si tan solo Remus estuviera conmigo- se decía cada vez que su hijo se lo recordaba con la calidez de la compañía de su corazoncito bombeante.

-Yo no te voy a abandonar- le susurraba siempre por las noches porque a veces le daba la impresión de que su hijo también sentía miedo de que lo abandonara o rechazara -yo voy a estar contigo siempre sin importarme nada, sin importar la condición que tengas o hayas heredado
yo te amo por lo que eres y significas en mi vida y en mi corazón y porque eres lo único que siempre me quedara de él y de su amor-
terminaba con lágrimas en los ojos desolada por la tristeza así era como terminaba todos los atardeceres que se sentaba frente a la ventana de su habitación a esperar vanamente a que él, una de esas tardes se pudiera aparecer en el jardín frente a la casa de sus padres para pedirle que regresara nuevamente a su lado, que estaba arrepentido y que en realidad si quería hacer real esa la posibilidad de ser padre, que amaba a su hijo y que lo perdonara por haber sido un cobarde.

 

Pero todas las tardes, al final del día y llegado el anochecer, la misma desilusión recibía
Remus nunca llegaba y ella se quedaba ahí una vez más con la amarga sensación de la espera, una amargura que llevaba acompañándola tres largos y eternos meses en que su vida no parecía transcurrir en otra cosa que no fuera esperar

Y diciembre finalmente había llegado, un mes que la mayoría encasilla como un mes de dicha y regocijo una oportunidad más al año para compartir y celebrar llegado el momento una noche hermosa y especial con quienes habitan dentro de nuestros afectos pero ¿Qué sucede cuando precisamente esas personas quienes hacen especiales nuestra vida, ya no están?... para Nymphadora Lupin ese mes tenía una marca de dolor diferente pues cada día que pasaba era un día menos al calendario, un día y una noche menos para su Navidad perfecta, para la Navidad que había soñado junto a él como una familia porque ese año si no hubiera pasado lo que paso
sería su primera Navidad juntos
una Navidad que no llegaría pues sentía que el tiempo se le estaba acabando, la hora de decir adiós para siempre había llegado, el momento de resignarse y darse por vencida, de decidirse y ya no seguir esperando y asumir que esa vida en la que había soñado caminar por siempre junto a él hasta el final de sus días; ya nunca llegaría ahora su realidad era recorrer sola ese camino tomada de la mano de otro ser, de otra personita; quizás niño tal vez niña, no lo sabía, solo sabía que ahora él o ella era su única compañía y por lo tanto el único con el que iba a recorrer ese camino pero ya sin su mano, ya sin él porque después de Remus ya no habría nadie más

Era la noche antes de Navidad y era la última noche que lo iba esperar, la última esperanza que le iba a dar, la última oportunidad que le iba a otorgar; ella siempre había creído en los Milagros de Navidad pero ahora sentía que todo eso ya no era real, que eran puros cuentos y fantasías que no se hacían realidad, que no existían y que mucho menos valía la pena ilusionarse y sentarse a esperar que su único deseo para esa Navidad se hiciera realidad porque sabia y aunque no lo quisiera aceptar
había perdido la fe de la magia del amor en Navidad.

¿Qué fe?, ¿Qué amor?, ¿Qué magia? Cuando ella ya lo había perdido todo, había perdido a Remus, había perdido su hogar, su matrimonio, su estabilidad y su felicidad y por si fuera poco como si la crueldad se ensañara con ella; hasta a su padre había perdido. Hace un mes que se había marchado de casa huyendo por culpa de la guerra y sus estúpidas leyes implacables contra los magos y brujas del estatus al cual su padre pertenecía y por protegerlas a ella y a su madre, él se había marchado para no ponerlas en peligro en las tantas requisas domiciliarias que el Ministerio había impuesto en donde existía sospecha de magos o brujas emparentados con sangres sucia y por esa razón había huido en mitad de la noche como si fuera un fugitivo, como si fuera un criminal y la muerte los rondaba, los acechaba si se dejaban atrapar por eso no existía diferencia o era huir o morir porque el hecho de que por tus venas corriera sangre muggle
era ya tu sentencia.

 

Pero ella no estaba sola en su dolor, había alguien más que compartía su misma pena, su misma angustia, su misma desesperación y era
su madre.

-Hija, la cena ya esta lista-.

Andrómeda silenciosa como un alma en pena como se había vuelto ahora que ya no tenía a Ted, había subido hasta la habitación de su hija para tratar de persuadirla una vez más para que comiera.

-No tengo hambre- fue la respuesta acostumbrada que Tonks solía darle todas las noches, bajo la misma rutina; después de cerrar su ventana ya cuando la noche caía, se iba a su cama y se recostaba en ella perdiéndose dentro de las sábanas y ya sin fuerzas para nada más.

-Yo tampoco la tengo- la voz de Andrómeda se acompasaba con la oscuridad de la noche -pero con dejar de hacerlo no vamos a hacer que vuelvan- no quiso sonar dura pero le era inevitable serlo, al estar sin noticias de su Ted su corazón se había endurecido demasiado y a veces sin quererlo se desquitaba con su hija y depositaba en ella su frustración cuando sabia que eso no la ayudaba para nada sino que era peor porque ella no tenía la culpa y estaba pasando por una situación similar aunque a veces sentía que lo de su hija no tenia comparación pues ella por lo menos había vivido muchos años a lado del hombre que amaba, años llenos de amor y de momentos maravillosos que jamás olvidaría, pero su hija apenas y si había conocido aquello pues cuando empezaba a vivirlo, en unos cortos meses, todo se había venido abajo ese mundo perfecto y feliz que creyó haber encontrado y empezado a construir junto al hombre por el cual lo había dejado todo, lo había enfrentado todo casi como su misma historia la que ella y Ted habían enfrentado para poder ser felices pero su hija no había tenido ese final pues ese hombre elegido la había abandonado con su hijo en su vientre, un niño que a lo mejor nunca llegaría a conocer a su padre ni saber el verdadero motivo por el que había renunciado a él.

-Hija- suavizo su voz en un tono efímeramente dulce y maternal -sé que es difícil- se acerco en la oscuridad y busco su compañía junto a la cama abrazándola como cuando era solo una niña y se deprimía por cosas simples como por el daño sufrido en una de sus muñecas favoritas, alguna travesurilla por la que había recibido un castigo injusto
cosas que ahora no se comparaban en nada para lo que estaba sintiendo y viviendo en ese momento.

-No mamá, tú no sabes lo difícil que es para mí, no lo entiendes
he perdido al hombre que mas ame en mi vida y que aun a pesar de todo lo sigo amando con todas mis fuerzas como si fuera una idiota que aun se aferra a creer que el va a regresar
y por si fuera poco también he perdido a mi padre otro hombre importante en mi vida y que
-.

-¡NO!- exclamo Andrómeda sobresaltada y levantándose de la cama -¡a tu padre no lo has perdido!, ¡no hables de él como si estuviera muerto!-.

-Yo no he dicho eso madre- Tonks al ver aquella reacción de su progenitora se sintió incomoda por haber sacado a relucir el tema de su padre cuando sabia lo doloroso que era para su madre recordar que no estaba y sin siquiera saber que era de su paradero -lo siento, por favor perdona por haber dicho eso o hacerlo entender cuando no era esa mi intención- bajo la mirada sintiéndose peor y volvió a cobijarse de pies a cabeza bajo las sábanas -mejor déjame sola mamá, en estos momentos no soy buena compañía para nadie-.

 

-No hija, perdóname a mi- Andrómeda volvía a retomar la calma -fui yo la que no debió ponerse así por algo que no lo ameritaba, tu padre está bien, oculto en algún lugar protegiéndose de toda esta conmoción que envuelve nuestro mundo y va a regresar muy pronto, en cuanto todo esto termine- retomo nuevamente su lugar junto a su hija y la descubrió de las sábanas para poder besar su frente -solo tenemos que ser fuertes y pacientes para esperar-.

-Yo ya no tengo nada que esperar porque ya no me queda nada en esta vida-.

-Tu hijo, tienes a tu hijo, un motivo fuerte por el cual vivir y ser valiente; el te necesita, necesita a su madre y de todo el calor del amor que puedas darle, no renuncies tu tampoco a él eres lo único que le queda a lo que aferrarse y si no te cuidas o tratas de levantarte de esta cama y salir de esta habitación, es como si también estuvieras renunciando cobardemente a él-.

-No mamá, eso nunca, yo no voy a abandonar a mi hijo nunca-.

-Entonces cúmplelo y no dejes que este vacío te siga consumiendo
hoy es noche buena y estoy segura que a Ted, donde quiera que este, hoy le hubiera gustado mucho que pasemos esta noche como si él estuviera a nuestro lado para compartir este momento como tantas veces años atrás lo hicimos-
acaricio sus cabello y luego los beso-aunque parezca que estamos solas, esta noche en nuestra mesa vamos a estar acompañadas por quienes nosotros deseemos porque nuestros pensamientos les van a pertenecer-.

-Tú crees, que donde quiera que estén ¿van a estar bien?, ¿Qué esta noche van a estar pensando en nosotras como nosotros en ellos?- acaricio su vientre incluyendo a su hijo en su deseo silencioso.

-Estoy segura- beso su frente y luego la tomo de las manos como si ella buscara a través de ese gesto su propia seguridad, seguridad que últimamente le hacía falta porque había algo dentro de ella que el no tener noticias, que ese tétrico silencio en esa noche solo podía significar que
no se atrevía a mencionarlo ni siquiera en sus pensamientos, Ted era un hombre fuerte y un mago hábil, sino se había comunicado hasta ese momento era porque debía de estar muy oculto por ahí en cualquier lugar en un escondite seguro, en la radio no habían mencionado su nombre en la lista de
eso solo quería decir que
está vivo y está bien, "la malas noticias son siempre las primeras en llegar" se decía siempre a manera de consuelo, a manera de su propia seguridad.

El sabia a los riegos a los que se había expuesto al salir del bosque que durante las últimas semanas se había convertido en su escondite medianamente seguro pues no había lugar seguro en ningún rincón del mundo cuando el mago más peligroso de todos los tiempos andaba suelto formando su propia rebelión en contra de los magos y personas como él o que posean cualquier característica que los hiciera diferentes, Voldemort, castigaba con la muerte a cualquiera que fuera diferente y no compartiera su ideología.

 

Había huido una noche, a mitad de la madrugada tan solo con su varita, a merced y sombra de los Carroñeros pisándole los talones pues se había enterado que estaban haciendo requisas en las casas cercanas a la suyas en las que habían terminado con el asesinato de todos los miembros de la familia y aunque los hechizos de protección que él y su esposa habían usado para proteger su casa eran fuertes, no podía jugárselas a arriesgarse a que a su mujer, su hija y su nieto pudiera pasarles algo por causa suya pues bien sabían todos que él estaba entre la lista de personas que tenían que presentarse en audiencia en el Ministerio para probar la legitimidad de su magia y el estatus de su sangre y él bien sabía cómo terminaban esas "dichosas" audiencias y el no se iba a presentar jamás ni tampoco iba a esperar que fueran por él
una de las hermanas y cuñado político de su mujer eran Mortífagos y sabia que Bellatrix, hace mucho que quería su cabeza en bandeja de plata por haber hecho que por su "culpa" el honor, limpieza y trascendencia de su familia se viera manchada al haberse casado con Andrómeda a la cual también repudiaban por amar a un sangre sucia y haber formado una familia con él
así que con todo el dolor de su alma se había marchado una noche sin decirles nada, sin despedidas para no causarles demasiado dolor ni el estar tentado a arrepentirse cuando las viera a los ojos y su miedo se reflejara en ellos
Andrómeda hubiera hecho lo que sea, hasta a un duelo lo hubiera enfrentado con tal de no dejarlo ir, el ya la conocía muy bien y era mejor no arriesgarse porque sabía que al final de todo él iba a terminar rindiéndose ante ella y no yéndose de casa jamás.

Ted Tonks en el calor de esa lucha en la que estaba enfrentándose en ese momento, recordaba muy bien la última noche en la que había dormido junto a su mujer antes de irse y la recordaba como si hubiera ocurrido la noche anterior
Andrómeda dormía a su lado envuelta en placidez y quietud, abrazada a él en esa seguridad que solo le daba el tenerlo a su lado, Ted siempre se tomaba su tiempo para mantenerse despierto hasta el final y hacer que ella fuera la primera en dormirse en su regazo porque así él podría contemplarla a su gusto y en silencio todo el tiempo que fuera necesario, él no se cansaba nunca de admirarla, de estudiar sus posturas y movimientos involuntarios mientras dormían, de sentir como el ritmo de los latidos de su corazón se acompasaban con su propia respiración y hacían que su corazón buscara el suyo para unirse en uno solo y como sus manos jamás se cansaban de acariciarla, de acariciar su espalda y su cabello; la forma más rápida en la que lograba que Andrómeda durmiera cuando el insomnio hacia parte de ella
su alma y la de el estaban entrelazadas por siempre

-¡Expelliarmus!-.

-¡Desmaius!-.

-¡Cruccio!-.

-¡Protego!-

-¡Petrificus Totalus!-.

El fragor del enfrentamiento en medio de aquel bosque se encendía cada vez más en una lucha sin cuartel, en una guerra que cada vez más los envolvía y los atrapaba a todos allí en donde el grupo en el que se encontraba Ted estaba en desventaja pues de los cinco que conformaban aquel grupo, tres de ellos no tenían como defenderse, el más joven de todos no poseía varita al haberla perdido y los otros dos eran duendes y uno de ellos además estaba gravemente herido, entonces solo quedaban él y otro mago más amigo de lucha que con sus varitas en mano se defendían y defendían a sus compañeros del ataque de siete Carroñeros con los que habían tenido la desdicha de cruzarse en su camino aquella noche mientras se trasladaban hacia el destino que Ted esa noche había trazado para sus amigos, sabía que a Andrómeda no le iba a molestar si llevaba a unos cuantos amigos a compartir la cena de Navidad esa noche en casa porque esa era la idea, ese era el deseo de Ted para esa noche, poder regresar a casa y celebrar la Navidad con su familia, poder contemplar su hermoso árbol de Navidad a través de los ojos de su Andrómeda, ese que tanto él y ella solían disfrutar mucho y divertirse adornándolo juntos todos los años en la esquina de la sala junto a la ventana para que pudiera verse desde afuera presumiendo al que lo viera todo el esplendor de sus luces muy brillantes
ese era el motivo para esa exposición al peligro, un motivo que no tenia precio ni razón válida para desistir de él, Ted iba a llegar a casa esa noche así su vida pendiera de ella

 

-¡Avada Keda
!-.

Un destello verde ilumino aquel enfrentamiento y paso rosando muy cerca a Ted Tonks, el único mago que hasta ese momento había presentado batalla de verdad siendo un contrincante difícil de vencer; y es que estaba demostrando que nadie le iba a impedir cumplir con su destino en esa noche, cumplir con su único deseo que quería para esa Navidad
estar con su familia junto a un árbol de Navidad.

Recordaba el calor de sus brazos, añoraba el aroma a fresas con chicle de su cabello, deseaba el poder acariciar la suave piel de su cuerpo que olía a miel y jazmines
soñaba con el dulce sabor de sus besos, con el sonido de su voz cada vez que lo llamaba o reía, con embriagarse con su esencia y perderse una vez más en toda ella
la extrañaba, la extrañaba demasiado, sin ella ya su vida no tenía ningún valor porque el único valor que había tenido alguna vez, había sido cuando ella estaba a su lado pero ahora

De pronto sus ojos se encontraron imaginándose con ella en el jardín de su casa, una casita sencilla de campo y de madera, modesta y humilde allí en medio del bosque oculta de los ojos curiosos que no tenían nada que ir a mirar porque era su hogar, su más hermoso y secreto hogar lleno de amor donde ella, él y su hijo iban a estar juntos por siempre, si, su hijo, al que amaba y quería a su lado para siempre porque ya lo quería, siempre lo había amado solo que había sido un estúpido ciego y un cobarde idiota que no había sabido valorar lo bello que habido tenido junto a él por primera vez en su vida
Ellos estaban sentados a la sombra de un árbol contemplando a su hijo jugar allí en medio del jardín cubierto de verde césped y muchas flores sembradas en llamativos colores tan hermosas, tan exóticas y tan únicas como lo era su Nymphadora y su hijo de dos añitos, un hermoso varoncito porque allí en esa, su imaginación de ese momento, su hijo era una niño de cabello azul muy parecido a su madre, inquieto, despierto y travieso todo un torbellino con dos piernecitas muy fuertes que corría saludable alrededor de las flores de su madre queriendo atrapar con sus manitos todas las mariposas que se posaban a beber el néctar de ellas pero no lo lograba todas se le escapaban y alzaban su vuelo veloz en cuanto lo veían acercarse pero eso en vez de frustrarlo lo animaba y divertía mas para seguir intentándolo y Nymphadora sonreía encantada viéndolo... su hijo era un niño sano y muy feliz y su esposa también, ambos lo eran con la vida que él podía darles y él era feliz con la felicidad de ellos y ya nada mas importaba eso era lo único que él quería en ese momento, esa era la vida que él quería empezar a construir con ellos y no iba a descansar hasta alcanzarlo, hasta lograr que ese pequeño deseo se convirtiera en realidad
hasta que ella y su hijo volvieran a estar a su lado
él nunca había deseado nada ni siquiera en Navidad pues porque desde muy niño había perdido la inocencia de creer en la magia de esas fechas cuando la mordida de un hombre lobo le arrebato lo único que él hubiera podido desear
despertar de esa horrible pesadilla en la que se había convertido su vida
pero si ahora le preguntaran cual era su deseo para esa Navidad, el diría que lo único que deseaba era que: Nymphadora pudiera perdonarlo y darle otra oportunidad, una oportunidad de poder compartir junto a ella el crecimiento de ese hijo que ambos habían formado, que ambos le habían dado vida con su amor
si los deseos de Navidad existían y se cumplían, el suyo era ese
sonrió, por primera vez después de todos esos largos meses en los que su sonrisa se había borrado y en los que sus ganas de vivir se habían extinguido desde que ella se había ido pero esa noche volvía a sonreír tan solo por la ilusión que lo embargaba el saber que dentro de poco estaría frente a ella y la volvería a ver

 

Pero su sonrisa se borro casi de inmediato cuando vio que un par de metros frente a él sobre aquella vereda asfaltada que colindaba frente al vecindario muggle donde la casa de los padres de su esposa tenían su hogar; dos cuerpos habían aparecido estrepitosamente estrellándose contra el filo de un poste de luz artificial parecía como si hubieran venido huyendo de algún lado, Remus temió al principio de que fueran Mortífagos o Carroñeros pero
ninguno de los dos tenían esa apariencia sino todo lo contrario y uno de ellos, el más adulto se veía muy mal herido porque no podía sostenerse por si solo ni siquiera podía ponerse de pie porque sus fuerzas parecían fallarle gracias a esa herida que asomaba en torno a aquella mancha oscura que cubría parte de su túnica en el área lateral de su pecho y el jovencito que estaba con él no se daba a vasto con su fuerza y fue entonces ahí cuando lo vio
cuando reconoció que el hombre herido que estaba frente a él era

Andrómeda había preparado una cena sencilla para esa noche, no tan recargada de especias ni condimentos era liviana y nutritiva sobre todo para su hija para que recuperara energías y ayudara a su bebé en formación a mantener una alimentación balanceada; aunque era una cena en la que estarían solas las dos, Andrómeda había preparado una cena como si en esa noche la compartiría junto a toda su familia: había cocinado para Ted
y para Remus también que aunque no era el hombre que hubiera querido para su hija, ella lo eligió porque lo amaba demasiado y era feliz con él o eso fue lo que pudo ver y ser testigo en ese corto tiempo en que vivieron juntos pero en ese momento lo único que quería era maldecirlo por hacer sufrir tanto a su hija pero sin embargo esa noche también lo quería junto a ellas en esa mesa que se sentía tan sola y tan fría porque faltaban dos hombres en la vida de dos mujeres que parecían no concebir una vida alejada de ellos
sabia cuan importantes eran y por lo menos deseaban que alguna de las dos obtuviera su Milagro de Navidad.

 

-No me sirvas mucho mamá, por favor- le pedía Tonks a su madre sentada frente a la mesa mientras la veía servirle una generosa porción de rodajas de pavo horneadas, con papas rellenas en salsa de queso, lechuga, zanahorias y champiñones en salsa agridulce.

-Come hasta donde te sientas satisfecha pero por favor trata de que sea un poco más que los otros días, estas muy delgada y si sigues así vas a conseguir una anemia que no será nada aconsejable ni para ti ni para el bebé-.

Tonks no le respondió nada estaba resignada porque su madre tenía razón estaba siendo muy irresponsable con su alimentación.

-También prepare chocolate y galletitas rellenas para
-.

-No las quiero
¡odio el chocolate!-
respondió lastimeramente mintiendo en cada una de sus palabras, decía eso solo porque estaba herida y porque le recordaban a Remus pero todos esos pensamientos fueron silenciados e interrumpidos de inmediato cuando
escucharon ruidos en el jardín de la casa y voces que se acercaban hacia la puerta de entrada.

Andrómeda de inmediato tomo su varita que siempre la llevaba junto a ella y Tonks iba a hacer lo mismo cuando recordó que la había dejado en la habitación y en ese momento se maldijo por haber sido tan descuidada e irresponsable.

Andrómeda dejo de lado todo lo de la cena y le indicio a su hija que guardara silencio, apago las luces y dejo toda la casa en penumbras y se acerco lentamente hacia la puerta pues allí era donde se escuchaban los ruidos en ese momento, Tonks empezó a caminar detrás de ella pero su madre le indico que no lo hiciera que subiera a su habitación y se quedara allí; ambas creían que a lo mejor eran enviados del Ministerio para requisar la casa en busca de Ted pero pobre de ellos si es que lo fueran porque ella se iba a encargar de darles una buena lección de búsqueda, les iba a demostrar que con Andrómeda Black Tonks nadie se metía y ella no les tenía miedo iba a defender a su hija y a su nieto sea como sea incluyendo aun su propia vida si fuera necesario pues sabía que en esas requisas averiguaban todo acerca de sus propietarios y sus familiares antes de comenzar el interrogatorio y su hija corría cierto riesgo por ser de sangre mestiza debido al origen muggle de sus abuelos paternos y el hecho de haberse casado con un licántropo y llevar en su vientre el fruto de esa unión no la ayudaban para nada pues el Ministerio tenia ciertas políticas indeseables con respecto a todos aquellos que poseían "características o habilidades" diferentes.

 

Tonks ya estaba por subir los primeros escalones hacia su habitación pero no porque iba a esconderse o a resguardarse allí como su madre se lo había pedido sino porque iba en busca de su varita para luchar junto a su madre si así se diera el caso pero sus pasos se detuvieron repentinamente cuando sintió que su cuerpo se tenso y su mente se paralizo al escuchar su voz.

-Abran por favor, ábrannos que somos nosotros-.

Andrómeda también había reconocido la voz y se había quedado perpleja pero no tanto como Tonks.

-¿Remus?- pregunto insegura-.

-Sí, el mismo, por favor ábrannos necesitamos ayuda-.

Andrómeda estuvo tentada en los primeros dos segundos pero luego desistió.

-No, ¡identifícate primero!- ordeno -nadie me puede asegurar que no seas un impostor- la desconfianza reinaba en su interior en los tiempos que corrían no era fácil confiar en cualquiera.

-Soy Remus, Remus Lupin, licántropo y maestro de profesión en la materia de Defensa Contra las Artes Oscura, dicte un año en Hogwarts
-
empezó Remus a recitar todo lo que podría valerle para asegurarle a su suegra que se trataba de él -y estoy casado con su hija, Nymphadora Tonks, Auror de profesión, miembro de la Orden del Fénix al igual que yo y
y está esperando un hijo mío
gestando aproximadamente su quinto mes de embarazo y que yo
yo
-
eso le dolía mucho a Remus tener que reconocer su cobardía frente a todos -yo como un cobarde la abandone hace tres por miedo a que fuera un licántropo como yo
-.

Era él
susurraban los pensamientos de Tonks que seguían paralizados dentro de su cuerpo
estaba segura, era él.

-Me acompañan el señor Ted Tonks y necesita ayuda

-Andrómeda, mi amor, soy yo- Ted con voz débil la llamo.

Andrómeda no espero a que le dijeran nada más, el oír la voz de su esposo y reconocerla de inmediato, hizo que quitara todas las seguridades de la puerta y volviera a encender las luces de la casa y allí estaban
Remus y otro jovencito de test morena que cargaban a Ted por los hombros y una mancha de sangre en

-Vine- sonrió Ted al verla -estoy aquí mi amor, no podía perderme la cena de Navidad contigo-.

-¡Oh Te!d- Andrómeda se entrego a sus sentimientos que tanto tiempo habían estado aprisionados dentro de su pecho y sus ojos fueron los primeros en reflejarlo-.

-No llores amor, estoy aquí
y quiero una sonrisa, quiero mi sonrisa-
le extendió una de sus manos e intento acariciar una de sus mejillas pero su mano se debilito antes de alcanzarla y se desvaneció en el intento pero Andrómeda se entrego a sus brazos sin darle tiempo a que dijera algo mas y empezó a llenarlo de besos en su pálido y húmedo rostro debido a las gotas frías y cristalinas de sudor que surcaban su frente -quisieron impedirme que viniera a verte esta noche- le susurro al oído -pero no lo lograron, no se los permití, nadie iba a hacerlo nadie iba a impedirme estar contigo en esta noche- beso su cuello detrás de su oreja con un beso lleno de gratitud, ternura y añoranza -extrañaba tu olor y moría de ganas por verte y por volver a sentir tus brazos junto a los míos- las lágrimas empezaron a formar parte de los ojos de Ted, de una manera silenciosa pero ahí estaban -pero
al final pensé que, no lo lograría-.

 

-Shuuu- lo acallo Andrómeda -ya estás aquí y es lo único que importa-.

-Perdóname mi amor- le susurro mas silenciosamente -perdóname por haber estado apunto de fallarte- la tristeza en su voz era desgarrante me hirieron, me hirieron tratando de huir y defender a mis amigos pero no lo hice muy bien porque
no pude hacer nada por ellos
-.

Andrómeda al oír que lo habían herido se asusto tanto que de inmediato se separo de él y empezó a revisarlo pero no tuvo tiempo de buscar mucho porque aquella mancha oscura sobre su túnica era demasiado obvia como para ser ignorada y vio también como sobre su vestido se había marcado la huella de aquel abrazo; Andrómeda horrorizada vio como sus dedos se manchaban de sangre también al tocar su vestido y sentir como aun aquel liquido sanguinolento estaba tibio y la herida crecía sobre la tela manchada que seguía agrandándose.

-Por Dios, como pudieron hacerte esto-.

-Carroñeros- susurro Dean Thomas que era el único que había sobrevivido de esa lucha junto con Ted y el temor aun se reflejaba en el interior de sus ojos -nos atacaron a todos y no
-.

-Creo que será mejor que lo recostemos- hablo Remus al ver que su suegra parecía haber perdido la noción de la realidad en ese momento y no sabía qué hacer como siguiente reacción
-ha perdido mucha sangre y necesita de nuestra atención-.

Andrómeda noto que se estaba portando como una tonta al dejarse vencer por sus temores y no actuar cuando su marido ¡la necesitaba!, decidió alejar de su mente todos aquellos pensamientos negativos y les abrió paso hacia el sofá en donde Remus y Dean recostaron a Ted que se debilitaba mas y mas con el pasar de los minutos.

-Hija, mi botiquín, sube por él a mi habitación ya sabes donde esta- ordeno con su voz lo suficiente firme y fuerte pero Tonks no se movió ella también estaba horrorizada con la imagen de su padre herido que ni siquiera había tenido tiempo de mirar a Remus ahora que lo tenía tan cerca pero Remus si, él si había tenido tiempo de mirarla en toda aquella conmoción y la tenia ahí en frente de él con su mirada triste, apagada y sin brillo, su pálida piel y su cabello corto, débil y quebradizo en un tono gris que le ponía años encima y si a eso le agregaba unas enormes ojeras bajo aquellos hermosos ojos negros que siempre la habían acompañado con esa inquietante y llameante chispa llena de curiosidad, curiosidad que ahora ya no se veía más en ellos
su mujer era otra eso acababa de notarlo al instante y sintió una enorme punzada dentro de su pecho y como un hoyo grande empezaba a formarse ahí donde aun sentía latir su corazón
estaba muy delgada como nunca antes la había visto pero bajo aquella delgadez lucia en secreto su pequeño vientre que se formaba debajo de aquel holgado suéter turquesa que vestía en esa noche
tenía ganas de abrazarla, besarla y decirle que la amaba, que lo perdonara y volviera con él -¡hija, muévete!- grito Andrómeda desesperada al verla allí aun inmóvil. Pronunciacion de canciones

 

-S-si, si mamá
enseguida-
torpemente se dio la vuelta para buscar los escalones que la llevarían hasta lo que su madre le había pedido pero no pudo nuevamente hacerlo porque una mano se poso sobre la suya y la detuvo.

-No, espera, lo hare yo- Remus era quien estaba junto a ella en ese momento y por primera vez en esa noche sus ojos buscaron su contacto al darse cuenta que lo había olvidado, había olvidado que el hombre al que más había deseado ver en esa noche, estaba ahí.

Remus le sonrió secretamente pero ella no le contesto ni siquiera dio indicios de sentirse atraída o cohibida con el toque de su mano.

-Te-te
puede ser peligroso que subas así
-
dirigió una cohibida mirada hacia su vientre y sintió unas ganas tan inmensa de poder tocarlo y acariciarlo, poder sentir lo que se sentía tocar a su hijo a través de ella -podrías resbalar o tropezar y
podría ser perjudicial para los dos-.

-¿Y acaso eso te importaría?-no se imagino el poder responderle creía que sus palabras se iban a apagar dentro de su garganta pero no sucedió así el sarcasmo en su voz era lastimero en magnitudes inimaginables -no quieras hacerte el padre preocupado ahora, ¡oh!, perdón, cierto lo había olvidado
-
sonrió con ironía -mi hijo no tiene padre, a él, su madre lo hizo sola ¿o no fue eso lo que me dijiste o hiciste entender aquella tarde? en que me echaste de tu lado, en que renegaste de él y lo ¡despreciaste!- en la última palabra reflejo tanto rencor en su voz y dientes apretados al decirlo.

-Lo siento
-.

-Fantástico, justamente lo que quería escuchar- el rencor se empezaba a transformar en enojo -durante todo este tiempo en que no supe nada de ti, si estabas vivo o muerto y ¡tú me vienes con esa estúpida frase ahora!- alzo tanto la voz que todos allí lo escucharon en especial Andrómeda que era la más desesperada en ese momento como para ahora ponerse a mediar en una pelea de esposos -¿lo siento?... dime en realidad, ¿Qué es lo que sientes? ¿Sientes haberte casado conmigo?-.

-No digas eso Dora, por favor
-
Remus apenas si podía mantenerle la mirada de frente pues los ojos de ella centelleaban de furia como si en cualquier momento pudiera estar sobre él.

-¡¿Qué no diga qué?! Si no es nada más que la más absoluta realidad o acaso cuando dijiste que estarías a mi lado hasta el último día de tu vida
¿era una mentira?-
lo empujo -cuando dijiste que me amabas y que me cuidarías cada día de mi vida sin importar lo que sucediera porque siempre íbamos a estar juntos
¿también fue una mentira?-
volvió a empujarlo una y otra vez -toda era una mentira, una asquerosa y repugnante mentira ¡tan repugnante como tú!.

-¡Basta! hija por favor ¡tu padre se está muriendo! ¿y tú te pones a discutir en este momento?... ¿no puedes dejarlo para después?- Andrómeda sabia muy en el fondo que estaba siendo injusta, que estaba siendo egoísta al decir eso pero su dolor en ese momento no conocía de justicias ni de nada solo había desesperación en ella y Tonks se quedo silenciosa con aquellas palabras y lo único que hizo fue bajar la mirada sintiéndose mal en ese momento por haber formado aquella escena frente a ellos.

 

-Déjala Drómeda, no le grites así, por favor, nuestra hija también tiene derecho a
-
Ted dibujo un gesto de dolor en su rostro a través de una mueca que desdibujaba cualquier indicio de tranquilidad.

-Dime donde está y yo voy por el- Remus le dedico una mirada triste a Tonks implorándole que lo dejara ayudarla en ese momento que ya después podría gritarle y reclamarle todo lo que quisiera y Tonks pareció entenderle porque respondió en voz baja-.

-Está junto al espejo del baño, en la primera gaveta junto al ordenador de las toallas limpias-.

Remus no espero información adicional más y subió de dos en dos los escalones en aquella búsqueda desesperada de alivio para su suegro.

-¿El árbol Drómeda?, ¿en dónde está el árbol?- la voz de Ted, desconcentro a Tonks que había seguido con la mirada el subir de Remus -¿por qué no lo has puesto? Si sabes lo mucho que me gusta que la casa se vea adornada en Navidad-.

-No hables Ted, por favor descansa, ya habrá tiempo para decorarlo despues- Andrómeda secaba de sudor el rostro de Ted mientras se preparaba para abrir su camisa y revisarle la herida
a Andrómeda no le importaba ningún árbol de Navidad únicamente le importaba él y solo él.

-Pero es que una casa sin árbol de Navidad, luce tan vacía en noche buena- seguía insistente Ted que a pesar de todo él quería su árbol de Navidad brillar en esa noche -tenemos que ponerlo ahora- intento levantarse pero el dolor de su herida abierta se lo impidió rotundamente.

-¡Ted NO!- exclamo exaltada Andrómeda con las intenciones de su esposo que parecía no medir las consecuencias de sus actos.

-Pero no hay tiempo mi amor, ya casi es media noche- parecía delirante en la idea como si aquella fuera su última Navidad, la última oportunidad que podría ver un árbol brillar frente a él, en su casa y junto a ella.

-Yo lo pondré papá.

-¿Hija?-.

Tonks se había acercado a él y acariciaba su frente.

-Tú no te preocupes papá, que hoy tendrás tu árbol de Navidad brillando para ti en esta noche- le sonrió y su padre le extendió una de sus manos temblorosas para entrelazarla con la de ella.

-¿Con las luces musicales y la estrella en la punta?- pregunto como si fuera un niño ilusionado con la idea de ver ante sus ojos su primer perfecto árbol de Navidad.

-Si papá, con todos esos adornos que te gustan- beso su mano y su padre sonrió satisfecho.

-Gracias hija
si tan solo pudiera ayudarte pero
-
su mirada se entristeció -ahora no sirvo para nada-.

-No digas eso papá- le sonrió con tristeza -si tu eres lo que mamá y yo mas hemos esperado en esta noche-.

-¡Aquí esta!- Remus bajaba de prisa los escalones llevando entre sus manos el botiquín de pociones de Andrómeda.

 

-Remus- sonrió Ted como si la ayuda hubiera llegado -él te ayudara- miro a su hija con complicidad silenciosa -ve, ve con él- le hacía señas con su mano para que empezaran de inmediato.

Remus no entendía nada de a lo que se refería, entrego a su suegra su botiquín la misma que lo tomo con apremio y de inmediato lo expandió sobre la mesita de centro que estaba junto al juego de muebles y dejo frente a ella: gasas, vendas, dictamo y un sinfín de cosas más y pociones muchas diversas y variadas pociones esperando que una de ellas hiciera lo que más añoraba en ese momento

-Remus, ve con mi hija y ayúdala- le susurro Ted al ver que Remus estaba junto a él en vez de ir junto a su hija que ya empezaba a subir -mi esposa se va a encargar de mi- le sonrió dándole su permiso para que fuera con su hija -tu encárgate de la tuya y de tu hijo- tomo su mano -ve con ella y has, del comienzo de esta navidad, la mejor de sus vidas- estrecho con fuerzas su mano y luego lo dejo libre para que se marchara.

-Thomas, muchacho- llamo Ted dirigiendo una mirada hacia él -ven aquí conmigo y ayúdame por favor porque creo que esto va a doler- Dean que hasta ese momento había estado quieto alejado en un espacio en el que casi pasaba desapercibido por Andrómeda que en cuanto lo oyó nombrar se giro hacia él también -ayuda a mi esposa por favor-.

Dean se acerco un poco tímido pues se sentía extraño en aquella casa pero estaba a salvo allí, por lo menos en esa noche, había salido de aquel enfrentamiento casi ileso y eso sin tener varita que si no hubiera sido por el señor Ted que lo había ayudado cuando lo encontró solo y sin cómo defenderse; él lo acogió en su grupo y lo había defendido de cualquier peligro hasta el día de hoy en que había puesto su vida en peligro por él y los demás pero solo él y el señor Ted habían recibido la oportunidad de seguir viviendo una noche mas aunque del señor Ted ya no sabía si había corrido con la misma suerte pues se lo veía mal, muy mal y si él tuviera que pedir un deseo para esa noche antes de que las doce dieran en el reloj y la media noche se cerniere en el "silencio" de la llegada de una nueva Navidad en que él estaría alejado de los suyos también sin saber cómo estarían en ese momento y bajo qué condiciones pero estaba seguro que su madre estaría protegiendo a sus dos hermanas ajenas a toda esta guerra
él desearía únicamente una tregua de tiempo en esa noche que le permitiese a todas las personas que estaban lejos de casa el poder volver en esa noche por un momento a su hogar y compartir con su familia
que el sacrificio del señor Ted valiera por todos ellos.

-Estoy muy orgulloso de ti hijo- Ted le sonrió sacando a Dean de su deseo interno para esa noche -te has portado como un valiente y deberás siguiendo serlo- hizo puño con su mano en señal de fuerza -yo quizás ya no esté para protegerte mas
-.

-No señor Ted, no diga eso, usted va a salir de esto ya lo verá es solo cuestión de que
-.

 

-No nos engañemos Dean, ese hechizo me dio de manera irreversible y solo un milagro
-.

-Estamos en Navidad señor y los milagros se
-.

Ted rio con tristeza y amargura a la vez, él sabía que para él su Milagro de Navidad ya se había cumplido al estar allí en casa y con su familia y en la noche antes de Navidad solo había la oportunidad de un deseo y el estaba muy satisfecho con haber cumplido el suyo
alargo su mano hasta el bolsillo de su túnica que su esposa había colocado sobre el respaldar del sofá donde él estaba acostado.

-Ten, toma mi varita- se la extendió y la coloco en las manos de Dean -de ahora en adelante será tuya y te servirá
tu perdiste la tuya y yo te obsequio la mía en esta noche para que te proteja tanto como yo lo hice todo este tiempo, este es mi agradecimiento por no haberme abandonado en ese bosque y haberme traído a casa-.

-Pero señor yo, yo no puedo aceptarla, ¿y usted?, se va a quedar sin protección-.

-Yo ya estoy protegido Dean- sonrió lleno de tranquilidad y paz, sonreía como ya hace mucho no lo hacía -estoy en casa y con la protección del amor de mi esposa
-
miro a Andrómeda y le sonrió luchando con unas lágrimas que querían escapársele -con ella ya nada me falta- acaricio el rostro de su esposa y seco sus lágrimas -te amo Drómeda y te amare por siempre, fuiste la mujer de mi vida y me diste mucho mas de la felicidad que soñé merecer, contigo tuve una vida enteramente plena e hiciste de ella una verdadera vida maravillosa- acaricio cada rasgo de su rostro como si fuera la primera vez que lo hiciera -nunca me voy a arrepentir de haberte amado desde el día en que nos cruzamos en los patios de Hogwarts cerca al lago en el que yo me había caído y me había empapado todo por una broma de los de Slytherin que se reían y se burlaban de mí por ser
todos menos tu que nunca hiciste diferencia con nadie y esa tarde te veías muy apenada por la broma que me habían hecho y de la cual tu no participaste sino mas bien querías ayudarme pero tus hermanas no te lo permitieron porque una Black-
sonrió -no podía mancharse las manos con un sangre su
-
Andrómeda coloco su mano sobre su boca impidiéndole que dijera aquella palabra -como yo- termino la frase Ted a pesar de todo.

-Tu valías mucho más que todos aquellos hijos de noble cuna
tú eras distinto, tú eras para mí como esa luz más allá de toda esa oscuridad que envolvía mi propio futuro si me quedaba sujeta a la vida que ya mi familia me tenia planificada
tú fuiste esa mano que necesite junto a la mía para encontrar mis propios sueños y vivirlos en la realidad
me salvaste Ted-
junto su frente con la suya y lo miro directo a esos ojos verdes grisáceos de su marido -tu amor fue mi salvación y esta noche mi amor te salvara a ti
-
rozo sus labios en una sutil caricia que no fue más allá de lo necesario.

Tonks ascendía hacia el piso superior de la casa específicamente hacia el ático donde sus padres guardaban todo lo que ya no necesitaban o debían usar únicamente por ciertas temporadas como por ejemplo el árbol de Navidad, él subía detrás de ella y ella lo sabia pero ni siquiera lo miraba ni le prohibía que la siguiera era como si una sombra "invisible" la siguiera.

 

Remus la veía ascender con suavidad escalón por escalón tratando de no perder el equilibrio por la estrecha escalera que llevaba hacia el ático, cuidaba mucho de ella pero mas sus cuidados se centraban en su vientre pues veía como lo protegía con su mano cada vez que ascendía un escalón y se sentía muy débil para hacerlo pues en los últimos empezó a sostenerse de la pared como si estuviera mareada o fatigada.

-Apóyate en mí- le susurro Remus muy cerca de ella colocando levemente su brazo alrededor de su cintura y pidiendole a ella con su mirada para que apoyara la suya sobre sus hombros pero Tonks no se lo acepto y deshizo su compañía.

-Puedo sola, no te necesito así como no te he necesitado todos estos meses- su voz era fría como el hielo ya el eco de reproches que había tenido hace un momento con él en la sala se había transformado en solo una capa de frialdad que helaba el corazón de Remus con dolor al que ignoro por completo y siguió su ascenso.

-Yo si te necesito- confeso Remus implorando perdón en el trasfondo de sus palabras -yo los necesito a los dos conmigo-.

Tonks detuvo su caminar un momento pero no se giro a verlo.

-Tú no necesitas a nadie, tu estas bien viviendo en el hoyo en el que te has construido con tus miedos y tu propia soledad de la que no quieres salir y yo ya me canse de intentar sacarte de ahí, así que no te mientas ni me mientas mas a mí y regresa por donde viniste y si quieres las gracias por haber traído a mi padre pues aquí las tienes
gracias
- lo dijo con una carencia de sentimientos muy dolorosa -y si bajas ahora tal vez mi madre te las de también antes de que te marches- emprendió nuevamente su andar ya solo le faltaban un par de escalones los cuales los subió sin problemas hasta que

-No, yo no voy a marcharme- la tomo del brazo y la detuvo -yo no quiero las gracias de nadie yo vine aquí porque te quiero a ti y te quiero de regreso conmigo- se paro frente a ella y le alzo el rostro hacia él -y no me voy a ir sin antes hacerlo contigo y con mi hijo -deslizo una de sus manos hacia su vientre y con la otra acaricio su rostro para ser seguido después por un beso sobre sus labios un beso que tomo por sorpresa a ambos, Remus se lo entrego como el grito desesperado de su alma pero no era una desesperación cargada del pasión y de las ganas que conlleva al deseo sembrado con la distancia y el alejamiento de dos cuerpos por tanto tiempo sino que este beso era tierno, dulce, cuidadoso, romántico, protector, lleno de detalles, de arrepentimiento y de perdón -perdóname Tonks- lentamente se fue separando de los labios de ella aunque no quería hacerlo pero sabía que no todo se iba a arreglar con tan solo un beso aunque lo deseara mucho pero sus palabras también tenían que exponerse a ella que no había tenido tiempo para objetarse ante aquel rápido e inesperado beso al que respondió con la misma suavidad y delicadeza que él le había otorgado -perdóname por favor-.

Tonks aun saboreaba la calidez, la suavidad y la humedad de aquel beso sobre su boca que ni siquiera había notado cuando Remus se había arrodillado delante de ella y rodeaba su cintura con sus brazos y posaba sobre su vientre pequeños besos para su hijo.

 

-Cuántas veces me pregunte si lo que hacía era lo correcto, cuántas veces malgaste mí tiempo ideando formas o maneras para alejarte de mi, cuántas veces no utilice las mismas excusas para hacerte entender de que no era bueno para ti, de que estabas en peligro junto a mí, junto a un monstruo como yo
pero no me hiciste caso, nunca me hiciste caso y sin darme cuenta tu insistencia solo hacía que lo obvio se reflejara; yo te necesitaba tanto como tú a mí y no era difícil descubrir para nadie que yo te amaba pues todos se dieron cuenta antes que yo y fuiste precisamente tú la primera en notarlo y ¿cómo no lo ibas a hacer? Cuando me la pasaba todo el tiempo pensando en ti que creía que se me notaba en los ojos cada vez que te miraba y tú me descubrías mirándote en secreto y te veía tan hermosa, tan única y tan especial como nunca antes pude ver a ninguna otra mujer. Tú me hacías sentir joven, como un adolescente enamorado, cada vez que me perdía en los colores de tu cabello, en el rubor de tus mejillas, en tus ojos alegres y vivaces, en tus risitas y disculpas cada vez que caías o tropezabas con algo rompiendo y desordenando todo lo que tuvieras cerca y yo estaba ahí para sostenerte y ayudarte
me había convertido en tu ángel protector y me gustaba serlo solo porque a ti te gustaba que lo fuera-.

-Tú te convertiste en mi mundo y yo me di cuenta demasiado tarde como para entender que debía de haberlo disfrutado cuando te tenía cerca cuando te tuve conmigo y estabas a mi lado y solo tenía que extender mis manos para alcanzarte y sentirte mía para siempre, para tocarte y acariciarte, para besarte y amarte hasta quedarme sin aliento y sin vida, una vida que tú me devolvías cada vez que me sonreías, cada vez que pronunciabas mi nombre o cada vez que me dedicabas las dos palabras más hermosas y más perfectas que jamás soñé pudieran pertenecerme de ti
te amo
no sabes las veces que mi alma se desvaneció al sonido de tu voz cuando me lo decías
-
se aferraba mas y mas a ella, a su abrazo y a su contacto de su cabeza y su mejilla a la piel suave y cálida de su pequeño vientre -y ahora que ya no lo escucho mas mis días y mis noches se han convertido en un verdadero tormento, un tormento aun peor que el de la luz de la luna que no son nada comparado si tú no estás conmigo
sueño contigo todas las noches y aun despierto sigo soñando contigo porque no puedo dejar de pensar en ti e imaginar que quizás, solo quizás, tal vez tu también estas pensando en mi-.

-Añoro sentir la calidez de tus manos tocando mi piel una vez más cada vez que me regalabas tus caricias y tus cuidados después de cada luna llena y sanabas mis heridas con tu cariño; has hecho tanto por mí como nunca nadie antes lo había hecho
me amaste sin condiciones aun cuando sabias que era pobre, viejo y peligroso y no podía darte la vida que te merecías y aun así tú fuiste persistente y lograste lo que tanto anhelabas; que yo te amara con locura
te amo Nymphadora y cuando estoy contigo no me siento ni hombre ni bestia; solo tuyo, tuyo para amarte, para cuidarte, para protegerte, para hacerte feliz e inclusive para entregar mi propia vida en esta guerra si fuera necesario tan solo para que tu sobrevivieras y el corazoncito de mi hijo siguiera palpitando dentro de tu vientre en esa melodía de latidos hermosos como los que ahora estoy escuchando y que quisiera quedarme así la vida entera
escuchando solo escuchando y que el mundo entero los oyera también para que compartiera conmigo la dicha de saber que es mi hijo, que lo adoro y que lo que más deseo para esta Navidad es que mi hijo y la mujer que más amo en mi vida me perdonen por las veces que hice que esos hermosos ojos derramaran lágrimas por mi causa-
Remus levanto suavemente la tela del suéter y bajo la pretina elástica de la oscura falda que ella llevaba puesta dejando ante él y por primera vez, su vientre desnudo
se veía tan frágil, tan suave, tan delicado, tan tierno, tan inocente que a Remus se le llenaron los ojos de lágrimas mientras sus labios recorrían la tibia y tersa piel que cubría a su hijo en su pequeño refugio de amor -perdóname
perdóname hijito por haber huido de ti cuando tu eres lo mejor, lo más hermoso y más perfecto que la vida y el amor de tu mamá me pudieron dar-.

 

Tonks que había escuchado atenta a todas y cada una de las palabras que él le había expresado ahí de rodillas; terminó con los ojos llenos de lágrimas, lágrimas que no sabía exactamente desde cuando habían empezado a fluir de sus ojos y sentía como su corazón latía descontrolado aquello que había sucedido, que había escuchado era más de lo que había pedido, deseado o soñado escuchar de él
todo este tiempo lo había esperado y justo en el día en que había perdido toda esperanza; su Milagro de Navidad se había hecho presente.

Coloco su mano sobre la cabeza de él y empezó a acariciar sus cabellos con mucha calma y devoción mientras que su otra mano la deslizaba sobre su vientre al compás de los besos que Remus le ofrecía sobre su vientre
Remus al sentir sus caricias alzo su mirada y sus húmedos ojos se encontraron con los de ella y una hermosa sonrisa dibujada sobre sus labios.

-¿Estas son lágrimas de Navidad?- le pregunto mientras que con la mano con la que había estado acariciando su vientre, atrapo una de esas lágrimas entre sus dedos antes de que terminara de derramarse y con esos dedos húmedos los rozo sobre sus labios a manera de un beso -porque para nosotros ya lo es- volvió a abrazar su vientre -para nosotros Navidad acaba de llegar contigo- se inclino un poco y beso su frente -tú eras nuestro regalo, nuestro más grande deseo de Navidad- sus lágrimas comenzaron a fundirse con las de él -mi hijo y yo perdonamos tu ausencia en nombre de ese gran amor que te tenemos y con la promesa de que nunca más vuelvas a dejarnos y de que juntos lucharemos para procurar un futuro mejor para él, para nuestro hijo-.

Remus se levanto poco a poco de su posición de rodillas disfrutando de las suaves caricias que sus manos le daban a su cintura y a su espalda mientras la recorrían hasta que el pudo finalmente estar de pie frente a ella con sus rostros juntos muy juntos con sus frentes unidas y sus brazos entrelazados, los de él alrededor de su cintura hasta donde nuevamente habían terminado de descender, y los de ella alrededor de su cuello, con una leve separación entre ellos que era ocupado por el vientre aun desnudo de ella que se cobijaba bajo la cálida sombra y tiernos cuidados de ambos que de ahora en adelante tendrían únicamente por él y para él.

 

-Te lo prometo- le susurro Remus -en nombre del gran amor que te tengo y te lo juro en nombre de mi vida que les pertenece a los dos, de que nunca más volveremos a estar separados y tampoco hare que nunca les falte mi amor, mi compañía y mi protección- cerro sus ojos para disfrutar intensamente de ese momento, para sumergirse en el aroma de su esencia, en el calor de su pertenencia y en el latir de su existencia -te ves hermosa mi amor- suspiro secretamente -con mi hijo dentro de ti tu belleza es sobrenatural y haces que la magia de esta noche sea tan tangible y tan real como este momento
-
sus labios y los de ella parecían buscarse al mismo tiempo, conectados en pensamientos y movimientos y un te amo silencioso se fundió entre sus besos y se desvaneció entre la calidez de sus caricias.

-¿Te das cuenta que esta, va a ser nuestra primera Navidad, juntos, como una familia?- le susurro Tonks con una sonrisa a Remus mientras en cada pausa sus labios se daban sutiles roces a modo de caricia.

-Sí, nuestra primera pero no la última Navidad juntos porque pase lo que pase de ahora en adelante nuestros corazones y nuestras almas son una sola y le pertenecen por completo a nuestro hijo que es por quien lucharemos y por quien construiremos un mundo mejor-.

Tonks sonrió al sentirse tan segura con sus palabras y con su promesa, Remus tenía ese poder en ella, el poder de que no sintiera miedo, de saber que con él ya no correría ningún peligro y que de ahora en adelante solo una vida feliz les esperaba; Remus se lo había prometido y estaba segura, muy segura de que se la iba a cumplir lo único que tenían que hacer era luchar y sobrevivir pero siempre
juntos.

-Entonces, una cita con nuestro primer árbol de Navidad nos espera- su sonrisa era radiante brillaba más que todas las luces encendidas y por encender en esa noche especial -¿nos ayudas a buscarlo, a decorarlo y a iluminarlo?- abrazo su vientre con alegría y sintió como su bebé compartía su alegría -¡Oh, Remus!, ¡el bebé!- su rostro se lleno de vida, tanto, que hasta sus ojeras y palidez parecieron desaparecer de la misma forma como el color de su cabello había dejado de ser gris y quebradizo para transformarse en un hermoso y brillante color fucsia, sus ojos estaban muy abiertos y su sonrisa se acompasaba a aquella alegría que estaba sintiendo, tomo la mano de Remus y la coloco sobre su vientre para que él también pudiera sentir y disfrutar del encanto de esa sorpresa
-Feliz Navidad Remus- le susurro con lágrimas en los ojos pero esta vez no eran de tristeza ni de dolor sino de felicidad, las primeras lágrimas de Navidad, de su Navidad perfecta y feliz ahí en medio del ático con montones de cosas aparentemente "inservibles" y cubiertas con una capa ligera de polvo que quizás para muchos seria el lugar menos indicado para recibir una Navidad y sentirse llena de su espíritu pero para ella, para Nymphadora lo era, ese lugar ahora era mágico que invadía ya su alma con su luz, era su paraíso tan solo porque estaba junto a las dos personas que mas amaba y con los únicos con los que de ahora en adelante quería recibir muchas Navidades ya sea en un ático como aquel o en la sala de su casa o en medio de un bosque, el lugar era lo de menos, para ella lo único que era importante era tener a Remus y a su hijo juntos a su lado.

 

Remus se había quedado sin palabras, sus emociones se habían entrechocado juntas haciendo que su corazón estallara y se volcara en el silencio porque sus palabras habían perdido forma dentro de su garganta; los movimientos de los piececitos de su hijo que se marcaban sobre el vientre protector de su madre, hacían que a él se le nublara todo a su alrededor y que lo único que quedara en toda esa atmosfera de paz y quietud fueran él, ella y su bebé, era la primera vez que sentía a su hijo así de esa forma
aquellos movimientos, aquellas primeras pataditas de su pequeño hijo eran la forma en la que él expresaba también su felicidad de volver a tenerlos juntos una vez más esperando que esta vez fuera para siempre

-Feliz Navidad mi amor-

-Feliz Navidad hijo mío-

Expreso finalmente con las palabras entrecortadas y llenas de sentimientos.

-Gracias por hacer que vuelva a creer en la Magia de la Navidad
gracias por hacer que ustedes de ahora en adelante, todos los días de mi vida sean
mi eterna Navidad-.

Abrazo a su esposa tan fuerte como si no quisiera separarse nunca de ella, como si con ese abrazo pudiera protegerla de todo y de todos en esa guerra, como si a través de ese abrazo pudiera asegurarle una vida eterna junto a él
junto a su familia porque ellos ya eran una familia
y por primera vez en ese momento Remus tuvo miedo de verdad, miedo de esa guerra, miedo de perder lo que más amaba y de fallar, miedo de no poder cumplir la promesa que les había hecho a los dos en esa Navidad pero Tonks como si entendiera ese miedo que lo invadía, también se aferro con fuerzas a él, a su espalda, a su cuello
pero ella le demostraba que no había porque tener miedo que ahora que estaban juntos el miedo ya no existía, el miedo ya no era un enemigo invencible para ellos dos; ella antes había temido pero ahora que lo tenía a él, el miedo había desaparecido para siempre porque sabía que con Remus la batalla de sus vidas y de su amor, estaba ganada definitivamente.

Las primeras pataditas de Teddy se dieron faltando pocas horas para que el reloj marcara la media noche y Navidad llegara finalmente a cubrirlos con su manto de brillo, magia y amor
una Navidad que para ellos tres llego antes y fueron los primeros en recibirlos dentro de su corazón.

Recién a partir de ese momento diciembre había llegado a sus corazones y la Magia de la Navidad se reflejaba en el amor que se expresaban mutuamente, en el perdón que acaban de dar y recibir y en la unión con las distintas promesas que se habían jurado cumplir; promesas que tal vez se cumplirían pero que nadie sabría el camino que tomarían en el transcurso
en tiempos donde la guerra cambiaba los matices de un momento a otro y todo se volvía impredecible era mejor vivir el ahora y disfrutar de lo que se tenía en ese momento y eso Remus y Nymphadora; Ted y Andrómeda lo sabían muy bien
sabían muy bien que aquella noche, la noche antes de Navidad podría ser la última así como la primera de una larga vida, eso era impredecible pero a ellos no les importaba averiguarlo lo único que querían era poder estar libres de esa guerra viviendo en un mundo lleno de libertades y oportunidades para todos
no les importaba luchar y entregar sus vidas si a cambio de aquello obtendrían todo lo que sus seres amados mas anhelaban en ese momento

Poder estar juntos para siempre

En una noche de diciembre como hoy en la que un árbol de Navidad en la sala de una casa volvía a estar justo en la esquina junto a la ventana donde mejor se percibía, donde mejor se apreciaba, donde siempre había ocupado su lugar

En una noche de diciembre en la que Remus y Nymphadora habían encontrado nuevamente el camino de la felicidad del cual se habían extraviado pero que ahora volvían a emprender nuevamente aquel viaje del amor tomados de la mano eternamente unidos en un espacio infinito donde el amor no perece únicamente es eterno, inseparable e irrompible y nunca nadie podría amarlos así como ellos se amaban mutuamente
su amor era invencible
eso era lo único seguro que tenían en esa noche de diciembre

En una noche de diciembre en la que Teddy pudo tener a sus padres junto a él de una manera física tan sublime entendida únicamente a través del lenguaje del amor en la que los tres corazones se habían fusionado en uno solo, en una sola alma perteneciéndose por completo eternamente

En una noche de diciembre en la que Ted Tonks había hecho de todo, hasta ofrendar su propia vida con tal de llegar a casa y ver brillar su árbol favorito a través de los ojos de su amada Andrómeda y que supiera una vez más cuanto la amaba y la amaría por siempre

En una noche de diciembre en la que Andrómeda pudo volver a tener su corazón completo y su alma regresaba a estar dentro de ella porque en el momento en que el hombre que amaba se había marchado de su lado se la había llevado junto a él pero ahora volvía a vivir aunque la vida de él se le estaba escapando de las manos

En una noche de diciembre en la que Dean Thomas supo que la amistad y el valor no conocían de fronteras ni de edades pues cuando creyó que más solo estaba y todo lo había perdido; conoció a un verdadero amigo, un hombre que le demostró mucho más entrega y cariño que el padre que jamás conoció

En una noche de diciembre en que una guerra dio tregua a un hogar donde una familia pudiera sentirse unida para compartir de un momento inolvidable

Una noche de diciembre en Navidad que ni Ted, ni Andrómeda, ni Remus, ni Nymphadora, ni Teddy olvidarían jamás porque fue la última, la primera y la última Navidad

En que todos sus deseos se hicieron realidad.

En una noche de diciembre 1

En una Noche de Diciembre - Fanfics de Harry Potter

Diciembre había llegado y ese mes siempre había sido el mes más esperado por ella, pero ese año diciembre de 1997 la espera había sido distinta por no dec

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2023-02-27

 

En una noche de diciembre 1
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