Ernie - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Aquella era la oportunidad de demostrar que el Ejército de Dumbledore era algo serio, pensó Ernie Macmillan mientras esperaba en el Gran Comedor a que los alumnos menores de edad fuesen evacuados.

A su lado, Hannah Abbott le cogía fuertemente de la mano, haciéndole daño. Pero a Ernie no le importaba. Hannah tenía miedo, y él también.

- Aún puedes irte -le dijo a la chica con tranquilidad. -Nadie te recriminaría nada.

- ¡No! No puedo hacerlo, Ernie -repuso Hannah con decisión. -Debo quedarme y luchar. Por mi madre.

Ernie le dedicó una sonrisita y luego giró la cabeza. En el Gran Comedor sólo quedaban alumnos de séptimo curso (ninguno de Slytherin) y varios profesores. Divisó a Neville Longbottom a lo lejos, junto a Luna Lovegood y el profesor Flitwick.

 

- Ven, Hannah. Vamos con ellos.

De la mano de Hannah sorteó a varias personas hasta llegar a su destino.

- ¿Listo, Ernie? -le preguntó Neville nada más verlo a su lado.

Ernie asintió enérgicamente con la cabeza y esbozó una de sus típicas sonrisas pomposas de seguridad. Durante aquel curso le había cogido mucho aprecio a Neville. Había pasado de ser un chico gordinflón, torpe y miedica a convertirse en el líder de la resistencia. Ernie lo admiraba. Deseaba poder tener las cosas tan claras como Neville las tenía.

- Dinos que hacer, y lo haremos -aseguró Ernie.

- Bien, esa es la actitud -les felicitó el profesor Flitwick con una risita.

Menudo hombrecillo, a punto de comenzar una batalla mortal y tenía cuerpo para reirse.

- Buscad a dos o tres miembros más del Ejército -indicó Neville -y dirigios a alguna de las torres oeste. Quedaros allí y lanzad hechizos a cualquier sospecho, ¿de acuerdo? Vuestra misión es mantener a los mortífagos a rayas todo el tiempo que podáis. Tened mucho cuidado, vuelan.

Ernie asintió enérgicamente con la cabeza, pero Hannah soltó un pequeño gemido que pudo identificarse como de miedo. Neville la miró con cariñoy suspiró. Luego se dirigió a Luna y le dijo:

- ¿Puedes ir tú con Ernie? Prefiero que Hannah se quede dentro del castillo.

- Por supuesto, Neville -accedió Luna con su habitual tono risueño.

Hannah se soltó de la mano de Ernie y se colocó junto a Neville con una mirada de agradecimiento. Ernie se despidió con un gesto de la mano y seguido de Luna corrió hacia las torres.

- ¡Eres menor! ¿Qué haces aquí? -le preguntó Ernie durante el camino.

- ¡Soy parte de ED! ¡Esa norma no nos sirve a nosotros! -bromeó Luna.

Corrieron hasta una de las torres más altas, dónde se encontraron con Seamus Finnigan que hablaba acaloradamente con un joven y enfadado Colin Creevey.

- ¡Qué te largues te he dicho, Colin! -bufó Seamus. -¡No puedes estar aquí! ¡No debes!

- ¡Voy a luchar junto a Harry Potter te guste o no! ¡Soy parte de ED! -repuso Colin, repitiendo las palabras exactas que momentos antes Luna le había dicho a Ernie.

- No podemos pelearnos entre nosotros -les interrumpió Luna tranquilamente. -Tenemos que luchar juntos.

Pero Seamus le lanzó una mirada iracunda a Colin. A Ernie tampoco le entusiasmaba la idea de que aquel fotógrafo novato permaneciese en el castillo.

- Neville nos ha dicho que nos quedemos en una de las torres -indicó Ernie, tomando las riendas del cabecilla.

- Yo quiero luchar junto a Harry -repuso Colin con decisión.

- ¡Pues corre con él! -estalló Seamus poniendo los ojos en blanco.

Colin lo miró con odio y, sin decir nada al resto, se alejó de allí corriendo.

- ¡Ni siquiera sé como ha llegado hasta aquí! -bufó Seamus -¡Es hijo de muggles!

***

Ernie jamás había sentido tantas emociones como aquella noche. El hecho de lanzar hechizos a diestro y siniestro a un montón de figuras con capas ondeantes, le asustaba y excitaba a la vez. Tenía las mejillas rojas, la frente bañada en sudor y los ojos vidriosos. Luna y Seamus luchaban a su lado tan o más valientemente que él.

- ¡Venga chicos, lo estamos haciendo!

Pero, de buenas a primeras, todo saltó por los aires. Una tremenda explosión lo volvió todo negro y Ernie tuvo el tiempo justo de aferrar su varita y coger a Luna por el cuello de la camisa antes de que todo se volviese negro. Oyó gritos de dolor, y el mismo sintió dolor. Trozos de piedra caían encima de él, que se afanaba por proteger el cuerpo de Luna bajo el suyo.

Durante unos minutos que parecieron horas, no fue capaz de ver nada debido a la humareda.

- ¿Luna? -logró articular.

La boca le sabía a sangre.

- Debajo de ti... -le llegó la débil voz de la chica.

- ¿Seamus? ¡¿Seamus!?

De su izquierda le llegaron unos roncos gruñidos de confirmación.

Al cabo de un rato, Ernie pudo ponerse de pie e incorporar a Luna. La torre, aunque se había mantenido en pie, peligraba con caer de un momento a otro.

- ¡TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ! -advirtió Seamus, de cuya frente borbetaba sangre. -¡CORRED!

Los tres amigos, doloridos y cansados, huyeron escalera abajo.

Uno de los corredores se había derrumbado, y no atinaban a ver nada. Ernie pudo jurar que más de una vez se chocó con un mortífago despistado, pero estaba demasiado aturdido como para atacarles.

- ¡NO!

Nunca había oído gritar a Luna, y en ese instante notó como si por dentro algo se le hubiese roto. El grito de Luna era agudo, cargado de dolor.

- ¿Qué pasa, Luna? ¡¿Qué te ha pasado!?

Pero Luna, a través del polvo, le cogió de la mano.

- Fred...

Divisó a un montón de cabezas pelirrojas alrededor de un cuerpo inerte, y entonces fue como si una mano invisible le retorciese las entrañas. Fue en ese momento, en el que vio al simpático y divertido Fred Weasley muerto, cuando todo cobró sentido, cuando la realidad se hizo fuerte y todo dejó de ser un juego. Hasta ese momento, el hecho de luchar, de defender a Hogwarts, había sido como otra sesión más del ED, cómo otra burla a los Carrows. Pero ya no.

Apretó la mano de Luna y miró con decisión a Seamus. SEO y posicionamiento SEO

Sin decir nada a los Weasleys, pasaron corriendo a su lado. Corrieron por pasillos llenos de duelistas, atacando por sorpresa a cualquier mortífago que se les cruzaba en su camino.

La ira bullía dentro de Ernie, y el chico podía sentir como toda esa enérgia se canalizaba en su varita y salía en forma de hechizos.

- ¡Mirad allí! -gritó Seamus.

Harry, Ron y Hermione estaban siendo arrinconados por dementores. El ver allí a Harry Potter fue como una sanación para Ernie. Harry estaba allí, estaba luchando. Y Ron, que acababa de perder a su hermano, luchaba junto a él. La esperanza volvió a cobrar sentido, y la luz al final del túnel se hizo real.

 

- ¡Expectro Patronum! -rugió, con ganas.

De la punta de su varita surgió un esbelto jabalí que, acompañado de un zorro y una liebre, embistieron contra los dementores.

Ernie no paró para decir nada a Harry, si no que siguió corriendo. Llegó un momento en el que, al parar para tomar aire, se dio cuenta de que Seamus y Luna no estaban con él. Miró en derredor, pero sólo vio duelistas que ponían en peligro su vida.

- ¡Maldito sangre sucia! -a su derecha, un mortífago corpulento atacaba sin piedad a un muchacho rubicundo que jadeaba de dolor.

Ernie lo identificó como Colin Creevey y no dudó en correr para ayudarle.

Colin, que parecía agotado, lanzó un hechizo de aturdimiento que no dio en el mortífago, quién rió con sorna antes de agitar su varita y lanzar un chorro de luz verde.

Fue como a cámara lenta.

Ernie vio como la luz verde impactaba de lleno contra el pecho de Colin, vio como sus ojos se abrían de sorpresa y miedo y como, poco a poco, como si fuese una pluma, caía al suelo.

-¡NO! ¡¡¡NO!!! -Ernie, cegado por la ira, se avalanzó sobre el mortífago que no lo esperaba -¡AVADA KEDABRA!

El hechizo fue tan potente que el propio Ernie cayó al suelo. Jadeando y sin aire, se arrastró hasta el cuerpo inerte de Colin.

- No, no, no... -suplicó. -Colin, no. Tú no...

Pero Colin estaba muerto.

Cogió su cuerpo en brazos y, pasando sobre el mortífago al que acababa de asesinar, se alejó de allí.

Colin aún estaba caliente, pero su cuerpo no se movía al son de su respiración. Lágrimas de desesperación resbalaban por las mejillas de Ernie cuando se chocó de lleno con Neville.

- ¡COLIN!

Ernie no fue capaz de decir nada, pero Neville leyó lo ocurrido en sus ojos.

- No podías hacer nada, Ernie. Lo has hecho muy bien -le reconfortó Neville, poniendo una mano en sus hombros. -Tienes que llevar a Colin a la habitación que hay junto al Gran Comedor, ¿de acuerdo? Déjalo allí.

Y, armado con una extraña espada que Ernie jamás había visto, se fue corriendo.

Tal y como le había dicho, Ernie colocó allí a Colin. Le dolió dejarlo sólo, rodeado de oscuridad y muebles abandona. Pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Pobre e insensato Colin. Sólo tenía dieciséis años. ¡Era un maldito crío! ¿Qué daño había hecho? Colin, Fred... Ernie no quería imaginar cuantos más se unirían a esa lista.

Durante gran parte de la noche, luchó contra todo aquel que se cruzase en su camino. Hechizos de tortura lo atacaron por todos lados, y Ernie gritaba y se retorcía de dolor para luego incorporarse y atacar. Se enfrentó con dos, tres, cuatro mortífagos a la vez. De vez en cuando, alguien más se le unía. Peleó junto a McGonagall, junto a Susan Bones, junto a Terry Boot.

Incluso cuando la voz de Voldemort anunció la huida y muerte de Harry Potter, Ernie no se rindió. Pensaba en Fred, en Colin, en la madre de Hannah. Tenía que seguir por ellos. Aún no podía dar nada por perdido.

Después, Hagrid entró con Harry, seguido de Voldemort y varios mortífagos. Tener a aquel villano tan cerca, hizo que Ernie sintiese náuseas. Aferró su varita, dispuesto a atacar, cuando Harry se levantó. Se formó un circulo alrededor de ellos dos, y Harry mató a Voldemort.

Las siguientes horas fueron una sucesión de recuerdos borrosos, que mezclaban dolor y felicidad. Viejos amigos se abrazaban, reían y lloraban. Vida y muerte se mezclaban. Vio a Hannah besar a Neville, a Luna consolar a Ginny.

- Ya tenemos algo que contar a nuestros nietos -bromeó Seamus, sentándose junto a él en el suelo.

Ernie desvió la mirada hacía el amanecer, se limpió la sangre de la cara y sonrió como nunca lo había hecho.

- Espero que por esto nos aprueben séptimo.

- Uff, yo también.

Y luego Ernie se tumbó en la hierba, cubierta por una capa de polvo, y cerró los ojos.

***

- ¡Cuéntamelo otra vez!

El niño, acurrucado bajó el edredón de su cama, miró a su padre con ojos suplicantes. Eran poco más de la diez, y cómo cada noche, Ernie le contaba alguna historia a su hijo antes de dormir.

- ¿Otra vez, Colin? ¿Otra vez? -suspiró con cansancio, aunque esbozó una sonrisa.

El niño asintió enérgicamente con la cabeza.

- Eres el papá más guay de todos -le alagó. -Ningún papá luchó en la Batalla de Hogwarts.

Ernie revolvió el cabello rubio de su hijo Colin y lo arropó.

- ¿Y desde dónde quieres que te cuente?

- ¡Desde el principio del todo! -pidió el niño. -Bueno, mejor vete a lo guay. Desde que estábais en esa torre...

Y Ernie, como cada noche, le relató la Batalla como si fuese un cuento. Quizás fuese mejor así, pensaba. Ojalá todo aquello quedase como un historia del pasado, algo impensable que volviese a suceder. Cada noche pensaba en los más de cincuenta muertos durante la Batalla. Cincuenta vidas que se habían apagado, que nunca verían sus sueños hechos realidad. Pensé en el joven Teddy Lupin, a quién enseñaba Defensa Contras las Artes Oscuras en Hogwarts. Un muchachito brillante, simpático e inteligente que jamás llegaría a conocer a sus padres y, que sin embargo, vivía en un mundo en paz. ¿Había valido entonces la pena? Ernie creía que sí.

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Aquella era la oportunidad de demostrar que el Ejército de Dumbledore era algo serio, pensó Ernie Macmillan mientras esperaba en el Gran Comedor a que los al

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2023-02-27

 

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