Everything - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

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Everything
De lifehouse.

Song fic by Natt

Las estrellas comenzaban a apagarse en el firmamento francés, dándole lugar a los primeros rayos de sol. El cielo azul oscuro teñía sus nubes de rosa, dibujando un hermoso paisaje en el marco de la ventana de la habitación de Aloïs. Pero ella no podía apreciarlo, tenía la mente alejada de eso, puesta no en un lugar, sino en una persona.
Cuál hubiera sido su consuelo el enterarse que ése joven amable y simpático también estaba despierto esa noche, entregando sus pensamientos a ella.
En realidad, Aloïs pensaba en él, porque era el único pensamiento agradable que podía tener en aquel momento. No podía ni quería recordar nada más. No quería llorar, aunque el recuerdo de él, no incluía momentos juntos. Sólo sonrisas compartidas, miradas disimuladas, conversaciones cortas, un hola de vez en cuando.
Pero disfrutaba cerrar los ojos y ver de nuevo ese rostro sonriente, reflejando la luz del sol o la de la luna, imaginando el movimiento de sus labios si dijera te amo, Aloïs, sin poder hacer más que suspirar y rogar al cielo que algún día, no muy lejano, pudiera ser una realidad su deseo.
Cédric murmuraba de vez en cuando, sumida en sus pensamientos.
Cómo ansiaba verlo, hablar con él de verdad, escucharlo. Él la hacía sentir tanta paz
una paz que no encontraba en ningún otro sitio. Una paz que llegaba así estuviera entre el ruido de las calles.
¿Cuántos poemas sin escribir había inspirado? Seguramente más de los que ella jamás hubiese leído. Más de los que podía recordar. Más de lo que la tinta era capaz de expresar.
Se distrajo con un pequeño pájaro que se paró en su ventana. Ahí, al otro lado estaba la casa de él, de Cédric, con la luz apagada, las cortinas cerradas. Era tan irónico estar tan cerca y a la vez, no poderse tener el uno al otro.
Miró hacia el cielo, ya estaba iluminado, las nubes brillantes y blancas, el sol cegador. Había pasado otra noche entera, y no había podido dormir.
Su vida tenía que cambiar, era completamente descabellada la idea de pasar noches enteras pensando en él. Pero no había forma de evitarlo.
Find me here
and speak to me
I want to feel you
I need to hear you
you are the light
that's leading me
to the place
where I find peace again
Se preparó rápidamente para irse. Como todas las mañanas, eligiendo cuidadosamente lo que usaría, cepillando frenéticamente su cabello, ocultando sus ojeras y sustituyéndolas con vida en su rostro. Todo para que él la mirara aunque fuera por un segundo.
Muchos minutos después, caminaba por la calle, dispuesta a llegar a la universidad. Miraba el paisaje de casas con techos nevados que tenía a su alrededor, cuando se dio cuenta de que él caminaba detrás de ella. No podía ser de nadie más la sombra que proyectaba en la banqueta. El aroma de él le llegaba. Estaba demasiado cerca, y ella, no podía salir de su parálisis.
-Hola - escuchó que dijo.
No muy segura, se detuvo y volteó a mirarle. A recoger otra imagen para sus noches de insomnio.
Ahí estaba él, con sus ojos puestos en ella.
-Hola - respondió ella segura, dibujando una amable sonrisa.
-¿Te puedo acompañar?
Una pregunta que jamás debió de formularse, pensaba Aloïs. Anduvieron juntos todo el camino, sosteniendo, por primera vez, una conversación de más de quince palabras, sin monosílabos.
Ninguno de los corazones podía describirse sin utilizar la frase estaba ardiendo ni podría saltar hasta la luna de la felicidad.
You are the strength
that keeps me walking
you are the hope
that keeps me trusting
you are the life
to my soul
you are my purpose
you're everything
Pero pronto se convirtió aquello en una lucha interna para ambos. Debían usar todas sus energías, en no delatarse. Debían concentrarse en no dejar saber que sabían la vida completa del otro.
Debían luchar por no dejar visible la atracción y el amor que sentían.
Pero ¿por qué debía de hacerlo? Se preguntó Cédric una vez que llegaron al aula. ¿Por qué no podía tener un poco de valor y decirle que una gran mezcla de sensaciones, resumidas en las cuatro letras del amor se apoderaba de él en cada suspiro, en cada latido de su corazón?
¿Y qué podía ser mejor que poder estar juntos?
And how can I
stand here with you
and not be moved by you
would you tell me
how could it be
any better than this yeah
Aloïs no podía dejar de notar la repentina ausencia de él. Pero no quería decir nada. La hacía sentirse insegura, la hacia dudar.
¿Dudar de qué? De que la hermosa mañana que estaban compartiendo para él no significara nada más que una charla con una compañera de la que, según ella, sólo conocía el nombre.
-¿Tienes equipo para el trabajo de literatura inglesa?
Su cuerpo entero se congeló. ¿Cédric la estaba invitando a su equipo para pasar tardes hermosas juntos mientras buscan textos, investigan autores y leen los más hermosos poemas de amor?
-No - respondió tratando de sonar en un estado completamente opuesto al que estaba.
-Verás, a nosotros nos falta un integrante
-se miró las rodillas como si ahí pudiera encontrar las palabras indicadas para pedirle si
- ¿quieres estar con nosotros?
-Sí - respondió ella como si se lo hubiese preguntado cualquier otra persona, pero aún así, siendo amable como sólo con él podía serlo.
Aún no podía creer lo afortunada que había sido aquella mañana, había hablado con él más que todas las veces que se habían visto juntas. Podían pasar cien años y no hablarse, y ella aún tendría todo lo que él acababa de decirle en su cabeza, y no sentiría ninguna presión por volver a verlo. Pero por otro lado, Cédric parecía completamente adictivo. Esperaba con todo su corazón, que a partir de ese día su relación hubiera pasado de conocidos a algo más.
Él estaba contento con la respuesta de Aloïs y consigo mismo; esto por haber sido capaz de juntar tanto valor y haber tenido la mejor conversación de su vida. Miraba con atención el reflejo cegador del sol sobre su cabello, el brillo característico de su mirada, la alegría de sus labios

-Nos vamos a juntar esta tarde en mi casa - dijo él, tratando de concentrarse en lo que decía, evitando sonrojarse, haciendo un esfuerzo sobrehumano por mirarla a la cara, aunque a la vez, era tan agradable mirarla...
Aloïs y Cédric siguieron hablando, en clase, en descansos, en la biblioteca, en la cafetería
en todos los lugares a los que iban.
Ninguno de los dos era capaz de pensar en algo más. No sólo porque tenían la gran oportunidad de pasar la tarde juntos, sino porque parecía que iban a pasar todo el día.
Había sido una extraña jugada del destino, o una rara coincidencia que en la mañana hubieran salido de sus casas a la misma hora, para encontrarse y sumergirse en conversaciones inacabables.
Y qué maravilla que no pudieran terminar, pues les hacía sentir muy bien que el otro hiciera un esfuerzo por seguir buscando qué decir.
No había lagunas, ni silencios incómodos. Sólo risas e interés por parte de cada uno. Y cómo no habría interés si ambos querían comenzar una hermosa relación.
Aquella tarde se reunieron, y la siguiente, y la siguiente también.
You calm the storms
and you give me rest
you hold me in your hands
you won't let me fall
you still my heart
and you take my breath away
would you take me in
take me deeper now
Y cada vez que se veían, que hablaban, se hacía más complicado el ocultar el sentimiento que seguía creciendo. ¿Cómo se suponía que iban a ocultar ese brillo que llevaban en los ojos al ver al otro? ¿Cómo debían hacer para que su piel no expidiera en su aroma la gran alegría que explotaba en sus corazones? ¿Cómo hacer para ocultar esa energía que brotaba de la nada?
Esta vez no había inseguridades. Y parecía que jamás habría de nuevo. En sus sonrisas llenas de vida se perdían los miedos, al grado de parecer que no los habían sentido nunca.
¿Qué decir? No importaba. El silencio era bendito. Se podían comunicar con simples miradas, que no ocultaban el amor y la dicha.
No acabarían nunca de amarse, pero tampoco finalizaría el amor. No saciarían nunca su sed, y el agua nunca se agotaría.
¿Qué era mejor que aquella extraña comunicación? Por lo menos nada que hubiesen vivido. Y nada que pudieran vivir. Nada en el mundo terrenal. Nada en este vivo manicomio ya citado por Shakespeare llamado vida.
Y la vida sólo tenía una razón para no ser abandonada. Y era precisamente aquella sensación que comenzaba a hervir en la sangre de estos jóvenes franceses. Era el Amor.
And how can I
stand here with you
and not be moved by you
would you tell me
how could it be
any better than this
Amor con mayúsculas, e incluso estas letras eran pequeñas y restaban su importancia.
Una tarde más, de fingir estudiar, de distraerse con la voz del otro, de fantasear en secreto sobre el hermoso sentimiento, fue que la vasija donde se guardaban los impulsos cuando se les quería ignorar, se resquebrajó en la mente de Cédric.
La distancia entre ellos estaba amenazando con estar peligrosamente ausente.
¿Y cómo no iba a pasar eso, si por dentro de ellos estaba relampagueando por que su amistad se transformara en algo más allá de lo que podían soñar?
La sola presencia del otro, congelaba el resto de lo que les rodeaba, acelerando el corazón, agudizando los sentidos, enchinando la piel.
¿Qué deseaban? Que aquello sucediera. Que esos magníficos momentos no desaparecieran nunca. Que no despertaran para enterarse de que aquello era sólo un hermoso sueño. Que aquello fuera la más hermosa y duradera realidad de sus vidas.
And how can I
stand here with you
and not be moved by you
would you tell me
how could it be
any better than this
No había más paciencia para esperar el magnífico momento.
Pero no podía suceder así, de una manera tan
simple. Cédric ignoraba el romanticismo respirado en el ambiente. Quería hacer algo distinto.
Aquella noche la pasó preparando aquél detalle, que sabía se convertiría en el más importante de su vida.

Por la mañana, cuando Aloïs salió a recoger el correo, encontró entre los sobres, uno de color dorado, reflejando los escasos rayos del Sol que había a esa hora.
Entró de nuevo a la casa, se sentó a la mesa de la cocina, y con sumo cuidado para no romperlo, lo abrió.
En letras doradas, iguales al papel, estaban escritas palabras que brillaban más que la tinta.
¡Ah, es mi dama, es mi amor! ¡Ojalá lo supiera! Mueve los labios, mas no habla. No importa: hablan sus ojos; voy a responderles. ¡Qué presuntuoso! No me habla a mí. Dos de las estrellas más hermosas del cielo tenían que ausentarse y han rogado a sus ojos que brillen en su puesto hasta que vuelvan. ¿Y si ojos se cambiasen con estrellas? El fulgor de su mejilla les haría avergonzarse, como la luz del día a una lámpara; y sus ojos lucirían en el cielo tan brillantes que, al no haber noche, cantarían las aves. ¡Ved cómo apoya la mejilla en la mano! ¡Ah, quién fuera el guante de esa mano por tocarle la mejilla!
Las palabras de Romeo. No podía ser. Sólo una persona sabía lo mucho que le gustaba ese fragmento. Y esa persona
no, era imposible. Seguía soñando, era el sueño más largo de su vida, el más hermoso, pero no podía ser una realidad.
Inmersa en los pensamientos y sentimientos que aquella sorpresa había provocado, tomó sus cosas y salió de la casa.
El cielo estaba nublado, amenazando con lluvia. El viento, fuerte y rápido. Pero ella no se fijaba en eso.
Iba distraída y sin prestar verdadera atención a su entorno. Se detuvo un momento para pensar fríamente. Pero los llamativos colores de un ramo de flores la distrajeron.
Reaccionó y miró a su portador atónita. Era él, Cédric mirándola sonriente, diciéndoselo todo con sólo mirarla a los ojos.
Sí había sido él. Y esas flores eran para ella.
Poco a poco, y antes de que pudiera pronunciar una palabra, o ir hacia él, su interior se fue llenando de felicidad al tiempo que iba asimilando lo ocurrido.
Él se acercó a paso lento. Ella seguía mirándolo incrédula, mientras poco a poco se trazaba una tímida sonrisa en sus labios. No dejar de mirarse a los ojos, aunque Aloïs lo hubiera deseado para que él no notara su nerviosismo.
Estaba nerviosa de saber que aquello estuviera al fin sucediendo, nerviosa de pensar que aquello fuera falso, una ilusión.
Pero no lo era. Estaba ante la situación más real de toda su vida.
Él estaba ahí, frente a ella, tendiéndole el colorido ramo de flores.
-¿Por qué? - preguntó ella.
No preguntaba el por qué de las flores, y Cédric pudo entenderlo. Ella estaba queriendo saber el por qué de su repentina decisión.
Cause you're all I want
you're all I need
you're everything
everything
-Porque eres lo único que quiero, y lo único que necesito, y quiero estar contigo por mucho tiempo.
You’re all I want
you're all I need
you're everything
everything
¿Qué era la distancia? Algo inexistente en aquel momento.
Aloïs tomó las flores, sin dejar de mirarlo, pero aun con su sonrisa. Cédric la rodeó con sus brazos, sintiéndose aliviado y bendecido, por saberse, al menos, no rechazado.
You’re all I want
you're all I need
you're everything
everything.
Segura, entre sus brazos, se permitió suspirar una vez antes de levantar la mirada hacia su rostro. Ninguno de los dos habló, pero no hizo falta, no podía haber una conversación que fuera mejor que aquel momento de silencio. Era un silencio sincero, en el que sólo se escuchaba la respiración y el latido del corazón acelerado del otro, y eso era más que suficiente.
¿Cuántas noches en vela habían pasado, pensando, soñando despiertos que esa hermosa escena se hiciera realidad?
you're all I want
you're all I need
you're everything
everything
Por más hermoso que fuera el silencio, en aquel momento tenían que hablar. Hablar aunque de dos palabras se tratara. Pero en dos palabras estaba el enorme abismo entre la felicidad y la pena perpetua.
Cédric se llenó de valor y formuló en su mente la frase que diría a continuación, pero sus ojos, los ojos de ella, lo miraban de tal manera, que no se sentía lo suficientemente capaz.
And how can I
stand here with you
and not be moved by you
would you tell me
how could it be
any better than this
Bajó la mirada, buscando encontrar fuerza y voz para decir lo que tenía que decir. ¿Por qué si había enviado el texto, si le había entregado las flores, si la estaba abrazando, no podía atreverse a pronunciar su sentimiento?
Ella le miraba expectante, preguntándose qué rayos le sucedía. ¿Acaso sucedía algo malo?
Y él no pudo ver un segundo más cómo sus ojos preguntaban cuál era el problema.
-Te amo.
And how can I
stand here with you
and not be moved by you
No era necesario que ella contestara a esas palabras, su cara se iluminó, su sonrisa se acentuó y el nerviosismo que tenía desapareció.
Pero ella no iba a estar tranquila hasta que su garganta regresara del espacio y le permitiera decirle la afinidad en sentimientos que tenían.
-Yo también te amo.
Would you tell me
how could it be
any better than this
Por fin, después de tanto tiempo, probaron el sabor de sus besos.
Would you tell me
how could it be
any better than this
Y vivieron felices para siempre
tendría que ser el final de la historia, pero en realidad, el amor es el comienzo, y nunca tiene final.


Agradecimientos:
A mi amiga Bere que fue la primera que lo revisó y me alentó mucho a continuarlo.
A mis amigos Paola, Ivonne, Victor y Obed (espero no olvidar a nadie más) que leyeron otros de mis fics far-away-from-Harry-Potter y me apoyaron mucho.
Al Capuccino que ayudo con el typing, jaja claro que no, pero bien que me hizo compañía mientras escribía.
A la tecla de borrar que sigue funcionando después de borrar mil cosas que escribí para esto.

Detrás del teclado:
-Los nombres los saqué de una página de nombres franceses, Aloïs era el primero que venía en el orden alfabético, y Cédric me recordó a mi raíz literaria: Harry Potter.
-El texto es de Romeo y Julieta, en la parte de

-Las flores vienen a ser algo sin sentido en la historia, pero necesitaba algo lo suficientemente colorido para que ella saliera de sus profundos pensamientos, y tenía que hacer que sus ojos se pusieran en Cédric, no podía ponerle una camisa de arcoiris, así que decidí ponerle el color en las manos al galán.
-¿Me quedó bien la descripción del beso? No quería hacer el típico se acercaron, se acercaron hasta que se besaron, fue muy especial porque blah blah blah

-No me gustó mucho el final, tenía planeado describir lo mismo pero mejor, lo que pasó es que estaba en Monterrey, viendo MTV y en eso que sale Belanova reduciendo mi inspiración a un tamaño apenas superior que la inteligencia de Lana Lang cuando decidió andar con Lex.

Ya que acabé, quiero dejar un pedacito más de Romeo y Julieta que hubiera querido poner en la historia, pero por más que traté, simplemente no quedaba.

La noche me oculta con su velo; si no, el rubor teñiría mis mejillas por lo que antes me has oído decir. ¡Cuánto me gustaría seguir las reglas, negar lo dicho! Pero, ¡adiós al fingimiento! ¿Me quieres? Sé que dirás que sí y te creeré. Si jurases, podrías ser perjuro: dicen que Júpiter se ríe de los perjurios de amantes. ¡Ah, gentil Romeo! Si me quieres, dímelo de buena fe. O, si crees que soy tan fácil, me pondré áspera y rara, y diré « no » con tal que me enamores, y no más que por ti. Mas confía en mí: demostraré ser más fiel que las que saben fingirse distantes. Reconozco que habría sido más cauta si tú, a escondidas, no hubieras oído mi confesión de amor. Así que, perdóname y no juzgues liviandad esta entrega que la oscuridad de la noche ha descubierto.

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2023-02-27

 

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