Extraña Feliz Navidad - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Era una noche fría, pero hermosa; la nieve cubría los jardines de las casas y los arboles vestían sus mejores prendas, con foquitos que los hacían sonreír alegremente. Las casas se veían adornadas por doquier, las puertas, después de un año, volvían a vestir de colores verdes y rojos, y con una pequeña o grande corona. En cada puerta se veía una corona diferente, las había de noche buenas, y otras con pequeñas piñas de un color dorado celestial; otras tanto con grandes moños de color verde y rojo a modo de corbata. Todo se veía perfecto, una típica noche en época de festividades. Pero en una de esas casas, nada era perfección.

-¡¡¡POTTER!!!....¡¡¡POTTER!!!- gritaba un señor gordo y con bigote de morsa-¡¡¡baja asqueroso muchacho!!! Si piensas quedarte tendrás que ayudar o de

 

-o de lo contrario tendré que marcharme, lo sé- contesto un chico de cabellos negros y ojos hermosamente verdes, escudados por unos anteojos circulares- me lo repites cada dos por tres, no es necesario
ya lo sé

-pues si lo sabes, ¿Por qué te quedas hay parado, mirando como idiota; y no vienes a ayudarme?

El chico, conteniendo una muy buena respuesta, avanzó hasta quedar debajo de donde su gordo tío estaba.

Era Privet Drive, aun no lograba entender el por qué de su idea de regresas con sus asquerosos tíos; pero ahora ya estaba ahí y no lo cambiaría nada, y menos él; no era que le agradara el hecho de estar con ellos, porque eso si sería una mentira, pero sabía que no podía salir de esa casa. Voldemort estaba muerto y los mortífagos encerrados, sabía que había uno que otro fuera de la cárcel, buscando vengarse, pero no les tenía miedo; el único hecho era que no tenía a donde ir. Él, Harry Potter, no tenía ningún lado, donde pasar un día tranquilo sin nada en que pensar, sólo estaba ese, Privet Drive con sus tíos.

-dame la escarcha
-pidió su tío, desde la silla donde estaba parado. Harry, de mala gana, fue hasta el sillón cercano a la chimenea, ya adornada y tomó la escarcha verde que reposaba y esperaba a ser colocada en su lugar. La desenrollo y fue donde su tío, para dársela.

No recordaba lo aburrido y deprimente que era pasar las fiestas con esas personas, pero ¿Dónde más podía estar? El recuerdo de la cálida Madriguera le llego a la mente, sabía que podía estar disfrutando más, a lado de Ron y los Weasley; pero entonces, también recordó el porqué de su patética fuga.

*La navidad se acercaba y no podía dejar de desear que ese magnífico día llegara; no cabía de felicidad, Voldemort estaba muerto, tenía a Ginny.

-Harry, Molly dice que bajen ahora mismo a comer
-dijo Hermione desde la puerta de la habitación, en donde el chico estaba con la menor de los pelirrojos

-gracias Herms, ahora vamos- contestó Ginny, a la espalda de la castaña haciéndola saltar

-¡¡¡por Merlín!!!... Ginebra, no me vuelvas a espantar

-no me digas a mí, reclámales a mis padres, no es mi culpa-contestó la joven con picardía- vamos Harry

-claro-contestó el muchacho, que había observado todo desde la cama de la chica, donde estaba leyendo un libro de cuentos para niños, que Ginny le había enseñado, antes de tener una urgencia biológica y salir al cuarto de baño, dos pisos arriba.

 

-¿Dónde estaban? ¿Por qué no bajaban?- preguntó Ron, que en esos momentos ayudaba a su madre con la mesa. Molly les daba la espalda, pues estaba muy entretenida con una olla que no dejaba de dar resoplidos y echar humo.

-estábamos en tu cuarto y en tu cama, hermanito-contestó Ginny

-si
muy bueno tu colchón amigo- apoyo Harry, mientras tomaban asiento y esperaban

-déjenlo
es mentira Ronald-aclaro Hermione al ver que el chico se ponía pálido y con cara de espanto y asco; mientras sus amigos se reían por su cara

-espero no encontrar nada e Potter- contestó el pelirrojo, tratando de sacar las asquerosas imágenes que se le venían a la mente-que asco-comentó, como finalizando la serie. Su hermana lo miraba con resignación y ternura, pues sabía que su hermano jamás cambiaría y siempre la protegería, hasta de la mosca que se paraba en la mano. La señora Weasley, que no se había enterado de nada, úes su olla realmente le causaba problemas, se dio la vuelta con la cara un poco colorada del coraje y los vapores que antes le cubrían.

-ya bajaron-dijo al ver a los chicos sentados a la mesa, esperando-bien les sirvo y me voy, Fleur se volverá loca con tanto preparativo

-se acostumbrará-aclaro Ginny

-claro, pero para que eso suceda falta mucho, y ahora está que explota-explicó la señora sirviéndoles un poco de crema-bien, vuelvo para la cena- y dicho eso, salió de la cocina y con un "plaf" desapareció del jardín.

-parece que estamos solos, por un muy buen rato

-vaya que eres inteligente enana-contestó Ron con ironía-podríamos ir a dar una vuelta al pueblo

-suena bien-concedió Hermione, mientras tomaba un pan de los que Ron había puesto, par acompañar la crema

-bien, pues ustedes se van a dar su vuelta y Harry y yo nos quedamos a leer un poco

-nada de eso, hermanita-interrumpió Ron- se que no leerán nada, no soy tonto, se que

-por favor no lo digas-pidió Harry con cara de asco y suplica- iremos, el libro lo termine

-aguafiestas-reclamo Ginny con un puchero, al que Harry contesto con un beso

La comida termino tranquila, habían hablado de vanalidades, como el porqué de los patos vuelan y los gallos no. Todo era tranquilo, el sol estaba en lo alto, cuando los chicos decidieron terminar con la sobremesa y continuar con lo suyo.

-iremos al pueblo, por favor no hagan nada
de nada-pidió Hermione, mientras se arreglaba un poco, es decir, se ponía un poco de polvo y brillo labial. Estaban en el cuarto de la pequeña Weasley, y Harry con la menor, observaban como su amiga se arreglaba.

-descuida Herms, nada sucederá- contestó Harry

-¡¡¡Ginebra!!!-gritó Ron desde la cocina donde esperaba a su amada novia

-vaya que tiene pulmones-contesto la mencionada, con cierto enfado

-¡¡¡Ginebra!!! Bajá
te buscan

-¿a mí?-se sorprendió la menor y con cara de desconcierto salió de la habitación. Harry la siguió con la mirada y al perder el contacto, se quedo observando el lugar por donde había desaparecido la chica

 

-vaya, que te trae loco-comentó Hermione, sacando a Harry de su letargo

-sí, es lo mejor que puedo tener, lo que me hace seguir aquí-contestó el ojiverde, mirando a la ventana, y con un suspiro y una sonrisa termino- es mi vida, mi felicidad entera
la amo

-Herms
¿ya nos vamos?-interrumpió Ron, desde la puerta de la recamara

-¿Y Ginny?-preguntó Harry

- abajo, quería hablar a solas con el chico que la buscaba

-está bien

-vámonos-dijo Hermione, al darse un último vistazo y aceptar su imagen.

Los chicos salieron del cuarto y bajaron las escaleras, Ron y Hermione iban planeando su recorrido y Harry iba pensando en todo lo que haría con su adicción pelirroja. Llegaban a la cocina, cuando escucharon la voz de Ginny

-Oh no, por favor

-vamos, se que te gusta- contestaba la voz del que parecía ser el chico

-claro que me gusta, pero

-vamos Ginn
amor

"¿amor?", ¿quien se atrevía a decirle amor, a SU Ginny?-pensó Harry y reaccionando a su instinto, paso entre sus amigos y entro a la cocina, aunque hubiera preferido nunca haberlo hecho, pues la imagen que veía, no era de todo su agrado. Ginny estaba contra la puerta que conducía al jardín, con un chico prácticamente en sima de ella; pues el muchacho, con una mano tomaba la cabellera de la chica y con la otra su cintura; Harry se había quedado paralizado, su novia, su Ginny estaba ahí, frente a él, besándose apasionadamente con un desconocido. No sabía qué hacer ni que pensar, sólo se había que dado observando la escena; todo el tiempo parecía haberse detenido, nada tenía sentido, no se escuchaba nada, "por eso no quería ir al pueblo"-pensó, después de un rato Literatura y libros

-¡¡Ginny!!- grito Hermione al entrar a la cocina y ver a su amiga con otro muchacho. Harry parecía
como
ido, perdido. La chica al escuchar su nombre se había separado del chico y miraba la escena. Ella, estaba contra la puerta y un chico que tenía poco de conocer la tomaba de la cintura y cabeza, en el fondo, en la entrada estaba

-Harry
-fue lo único que pudo articular la muchacha, y como si eso fuera el contra hechizo, Harry reacciono, moviendo su cabeza de un lado a otro conteniendo el llanto.

-Harry
cariño

-no-interrumpió el chico, con voz que delataba el llanto reprimido, y sin más salió de la cocina, en segundos estaba en la habitación de su amigo, guardando sus pertenencias.*

-Marge, no tarda en llegar iras a la puerta la recibirás y llevaras sus cosas a su habitación-le decía su tío, mientras terminaba con la decoración de la casa.

Harry, tenía la escarcha, desenredándola antes de ser colocada; miraba un punto fijo en la pared, cuando el timbre sonó.

-¡¡Vamos!! Es ella- lo apremio su tío; el chico dejó caer la escarcha y salió al recibidor.

-¿Dónde está todo el mundo?- saludó su gorda "tía", y sin esperar respuesta, entro a la casa, y fue a la sala, donde se encontraría con su hermano. Harry, por otro lado, tomó su maleta y cerró la puerta; era aburrido y estresante volver al mismo lugar, pero no quería ser encontrado. Le habían llegado cartas de sus amigos, preguntando su ubicación, pero nunca las contestaba, hasta ese día 24 de Diciembre, por fin se había decidido y había mandado una felicitación y sus regalos.

 

Faltaba poco para las doce de la noche, y él estaba de lo más triste, recordaba las navidades pasadas, y la de ese año era un basura, no podía creer que rompiera con lo que se había prometido "nunca volver a Privet Drive". El relajo, la música, las charlas, todos se escuchaban muy animados en el número cuatro, pero Harry no estaba nada animado.

-Potter, el vino se termino, ve rápido al super y compra dos botellas,¡¡rápido!!- le ordenó su tío, que se veía un poco mareado, pues su cara estaba de un color rosado y sus ojos desorientados; el chico aceptó y tomo el dinero que le tendía su tío. Todo era mejor que estar en esa casa, y recordando lo olvidado.

Eran las 11:30 y el supermercado más cercano estaba cerrado, así que con prisas tobo que conducir 30 km más, hasta encontrar uno abierto. Eran diez para las doce, cuando encontró uno, así, sin mirar nada, sin detenerse por nada, entro corriendo al mercado, hasta la zona de "vinos y licores", tomó dos de los mejores vinos, y salió corriendo a las cajas. No se había percatado de nada, hasta que alguien le gritó

-¡¡hey, tú!! Imbécil al piso o te mueres idiota- gritó un tipo con la cara cubierta por un pasamontañas.

Harry sin entender nada aun, miro a todos lados y se percato que todos estaban pecho tierra, y tres hombres, con la cara cubierta los apuntaban con tres pistolas. Por las prisas y el coraje, no se había dado cuenta que estaba en un asalto, robo, delito, etc.

-¡¡¡al piso!!!- volvió a gritarle uno de los hombres- ¡¡te he dicho que al piso!!

Sin remedio alguno y con una pistola apuntándoles a la cabeza, dejo sus vinos en la caja y se tiro al piso como la demás gente.

"Genial, lo que me faltaba, para una muy Feliz Navidad" Pensó Harry con coraje, sin levantar la mirada, escucho como uno de los rateros pasaba por las cajas, sacando el dinero a la caja registradora y a los clientes. Después de cinco minutos los rateros salieron del supermercado, dejando a los clientes, totalmente asustados. Después de media hora, pudo salir del mercado, sin los vinos ni el dinero -"¿cómo fuiste tan idiota, para no fijarte?, y aun pero, ¿por olvidar la varita?"- se preguntaba el ojiverde. No tenía ganas de ir a Privet Drive, no tenía humor como para soportar los gritos e insultos de su tío. Así que subió al coche que había tomado prestado y condujo sin rumbo fijo.

Horas estuvo tras el volante, pensando en su mágica navidad y la que tendría en la madriguera. Se sentía triste, solo y patético; huyendo de sus recuerdos y los sentimientos, todo eso por un maldito beso. Con desgana y coraje, entro a un bar muggle, donde se veía que la fiesta estaba iniciando. La música sonaba fuerte, y en las mesas nadie se veía, solo dos que tres borrachitos, de ahí en fuera todos bailaban.

El ojiverde camino hasta la barra y pido una cerveza; sólo quería olvidar su patética existencia. No la podía olvidar, la amaba, idolatraba, la necesitaba, era su vida; pero ella
ella simplemente se burlaba, reía y jugaba
y Harry era su juguete preferido. Era sólo que odiaba amarla tanto.

 

-Felicidades- dijo una chica, que tenía rato mirándolo

-¿enserio?, gracias- contestó el chico con coraje

-no ha sido tu día ¿verdad?- insistió la muchacha. Era joven y muy linda, tenía el pelo castaño, liso y largo; ojos de un azul muy lindo, que concordaba con su perfecta tez morena.

-que inteligente

-ya veo; tampoco ha sido mi mejor navidad, francamente este ha sido el peor, asqueroso, una basura total- contestó, con cierto enfado, por la manera cortante en que le hablaba el chico- mi madre murió, mi novio se acostó con mi hermana, me asaltaron y mi choche se quedo sin gasolina, estoy aquí atrapada en este lugar, hasta que una grúa llegue o alguien se ofrezca a llevarme; hablando con un tipo desconocido, contándole mi asqueroso día, y esperando que el de él este mucho mejor. Una muy, pero muy bella, tierna y mágica navidad, es está- terminó la chica, con unas lagrimas corriéndole por el rostro.

- lo siento- se disculpo el moreno al ver que la chica realmente estaba mal, pero sorprendiéndose, por la sonrisa que tenía dibujada- linda sonrisa-comentó, sin pensarlo. L a chica de inmediato se ruborizó, pero ensancho más su sonrisa, lograba lo que quería.

-gracias, soy Catherine- se presentó, limpiándose las lagrimas.

-Harry

-y bien Harry, ¿Qué extraño evento te trae por aquí?- preguntó Catherine, con más confianza, y tomando de su bebida.

Harry no sabía porque, pero esa chica le causaba mareo, y cosquilleo. La acaba de conocer y sentía un gran afectó. Así que con una sonrisa le contesto

-un asaltó y un tío amargado

-vaya, hoy fue el día de los asaltados- bromeó la chica haciendo reír a Harry

Era como si se conocerán tiempo atrás, no podían dejar de reír y conversar. No tenía ganas de bailar, sólo querían conversar. Ella le había contado sus malos y buenos momentos, y ahora él hacía lo mismo.

-bueno, por lo menos fue sólo un beso-animó la joven- es un lastima

-¿por qué?- preguntó Harry

-fue una tonta al no poder percatarse de lo que tenía, lastima por ella-contestó la castaña con un poco de pena. Harry la miraba intensamente, siempre que recordaba a Ginny con él otro muchacho, sus ojos se anegaban de lágrimas y su corazón le dolía; pero con esa chica
algo sucedía que eso no pasaba, al contrarío su corazón latía rápidamente y sus ojos brillaban intensamente. El recuerdo no era doloroso, era un simple recuerdo; uno más.

No podía creer que una total desconocida despertara tantos sentimientos, que esa chica le sanara y reviviera sus esperanzas. Ella lo miraba sonriente y él la miraba con ternura, como un tiempo había mirado a la que una vez, fuera su adorada pelirroja. Su distancia se fue haciéndose corta, y sus respiraciones un poco agitadas.

-que lindos ojos-dijo la muchacha antes hundirse en su tierno beso. Era un beso de descubrimientos, de nuevas ilusiones, de olvido y reconstrucciones. Un beso lleno de cariño, nuevo y tímido cariño; pero igualmente bello.

Después de unos minutos los chicos se separaron, ella lo miro sonriente y él, aunque sorprendido, también sonriente.

-parece que si será una mágica navidad- mirando a los ojos verdes del chico

-eso parece-contestó el chico mirando a los azules ojos de la chica, y acariciándole una mejilla.

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Era una noche fría, pero hermosa; la nieve cubría los jardines de las casas y los arboles vestían sus mejores prendas, con foquitos que los hacían sonreír

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2023-02-27

 

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