Extrañarla - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

"Podéisllamarme intolerante: lo soy, al igual que otros muchos como que yo. Pero nonos culpéis, pues si no lo fuésemos, vosotros no seríais tolerantes: dejaríande reconocerse vuestras bellas acciones y dejarían de llamar la atenciónvuestros utópicos pensamientos. Deberíais estarnos agradecidos. La existenciadel bien no tiene razón de ser sin el mal de por medio." Mortífago

Para mi esposa, Tanit

Somos lasserpientes solitarias, los ofidios depredadores caídos en desgracia, losguerreros que nadie quiere en sus filas, aquellos que entregamos todo, alma,sueños y vida, por unos ideales que cayeron al mismo tiempo que el SeñorTenebroso, amo y señor de todos los enmascarados de plata, ahora muerto, igualque ella. Ella, la niña de Slytherin, la joven serpiente, la adolescentevestida de verde y plata que creció hasta convertirse en la mejor mortífaga alservicio del Señor Tenebroso. La niña que podría haber sido la heredera de lafortuna Black de no haber existido aquellos dos niños, uno rojo y el otroverde, hijos de su tía Walburga. Ella, la adolescente que me mirada atentamentecuando criticaba la evidente preferencia de Dumbledore hacia los hijos de muggles y me daba la razón. Ella, micómplice, mi amiga, mi esposa. Bellatrix Lestrange, hoy muerta.

 

Muertairremediablemente. Muerta, me digo otra vez, saboreando la palabra amarga queinvade mis sueños y me recuerda que ella ya no clama en la celda de al lado elregreso del Señor Tenebroso, porque ya no hay ningún mago oscuro que puedavolver
, como tampoco volverá ella. No volveré a ver aquella joven que se casóconmigo en la fiesta más fastuosa que los Black habían organizado en muchotiempo. No volveré a oír la voz, nada melodiosa, de aquella joven que no meprometió amor eterno nunca y que en vez de eso me dio desgracia, guerra ymuerte.

Vuelvoa imaginarla antes de Azkaban, con el vestido blanco que no le quedaba tan biencomo la túnica negra. Con el cabello sin revolver y la promesa de un mundo sin muggles en los ojos. Éramos muerte ysangre, teñidos de desgracia y no lo sabíamos. Y cuando lo supimos, no nosimportó. ¿Cuántas vidas no nos llevamos?, ¿cuántas desgracias no causamos?,¿cuántas naves no quemamos? Y así, sin proponérmelo, sin quererlo, sindesearlo, la extraño.

BellatrixLestrange era muchas cosas, ninguna de ellas con buenas intenciones, y yo laextraño. Porque eso tiene la muerte, más cruel que cualquier Señor Tenebroso,que convierte los «es» en «era». E incluso sentimos añoranza nosotros, loshéroes vestidos de negro, condenados a la desgracia perpetua, por los siglos delos siglos, impresa en los libros de historia que gritarán que el chico de lacicatriz en la frente ganó la guerra con un expelliarmus
,
y esa historia nos repudiará por siempre entre sus páginas, contando lasdesgracias que causamos, las muertes de las que somos culpables y los actos delos que no sentimos remordimientos.

Recuerdoel crucio saliendo de sus labios, lasonrisa cruel hacia a sus víctimas y el rostro de adoración que le dirigía alSeñor Tenebroso, esa expresión que le estaba reservada a él y que a mí nunca meregaló. Recuerdo su risa maniática, en Azkaban, sus gritos y aquel clamor quenunca se apagaba, que proclamaba, con su voz, que el Señor Tenebroso nosrescataría, como había prometido. Y vino él y nos rescató a nosotros, a susfieles, a las serpientes que se habían convertido en sus allegados y en susguerreros, y nos prometió la venganza que nunca tuvimos, la gloria que nuncaalcanzamos y el mundo sin muggles quenunca logramos.

 

Encambio, la guerra se la llevó a ella, con un atisbo de sonrisa cruel en loslabios, asesinada por la mano de la matrona pelirroja. Y yo la extraño comosólo puedo extrañarla yo, conocedor de sus más sórdidos secretos, de sus másocultas verdades, esas que no se atrevía a confiarle ni siquiera a su hermana o al Señor Tenebroso.Esos secretos que sólo me decía a mí, en la soledad aplastante de la nocheoscura, acostada junto a mí, con la promesa en los labios de que nunca seríadel todo mía, de que una parte de ella, jamás me pertenecería.

Extrañoa la adolescente que podía levantar en mis brazos y darle vueltas mientras laoía reír con aquella risa suya tan peculiar; extraño a la Bellatrix que sellevó para siempre la cordura de aquella mujer de rostro redondo y mejillasrechonchas, extraño a la joven que rompió dos espejos frente a mí la noche quesu hermana huyó con un sangre sucia, confirmándome así que la extrañaba. Laextraño, puedo decir con toda mi cruel y miserable existencia. Extraño a laniña de once años que el sombrero seleccionador mandó a la casa de lasserpientes, repleta de niños vestidos de verde, apenas al tocar su cabeza,igual que añoro a la cruel Bellatrix que se llevó el último aliento de aquellamujer de cabello rosa, que era su propia sobrina, casada con un licántropo. MX Motocross

Puedorecordar a aquella Bellatrix que mató a su propio primo, aquel niño colorescarlata, que creció hasta convertirse en el padrino del niño más famoso, prófugode esta misma prisión, huésped de una de sus tantas celdas llenas de recuerdosde lunáticos que terminaron aquí sus días sin ninguna esperanza. Todosacabaremos así, excepto los muertos como ella; condenados todos al que loshonorables salvadores del mundo mágico creen que es el destino apropiado paratodos nosotros, rastreros asesinos y astutas serpientes agazapadas esperandouna oportunidad.

Estuvimossiempre juntos, cómo cómplices, amigos, prometidos
, marido y mujer. Estuvimosjuntos incluso en Azkaban, en celdas contiguas, después de aquel juicio en elque un joven de cabello pajizo le suplicara piedad a su padre para traicionarloaños después, derrumbándose por completo mientras Bellatrix permanecía serena,clamado por el regreso de nuestro amo y señor. Y pueden creerme cuando digodesde el fondo de mi negra y oscura alma de antiguo enmascarado de plata, fielsiervo del Señor Tenebroso, que la extraño.

¿Aquién más compartirle esos secretos tan sórdidos y oscuros que sólo se murmuraen la soledad de la noche? ¿A quién si no es a ella, fiel cómplice color verde,vestida de negro, con la sonrisa torcida? ¿A quién, si no es a BellatrixLestrange, antes Black, que se casó conmigo una tarde de verano, conduciéndomeinevitablemente al camino de la depravación, la crueldad y la locura? A ella,la única amiga que me quedó, satanizada por libros que hoy se estánimprimiendo, mencionada como la mejor terrateniente del Señor Tenebroso, comola culpable de todas aquellas muertes de las que nunca se arrepintió
Y minombre estará a su lado, también con un historial manchado de la sangre de misantiguas víctimas, del que tampoco puedo arrepentirme.

Porqueyo, al igual que ella, soy desgracia, soy sangre y soy súplicas de piedad noatendidas. Éramos los ojos pintados con el terror más absoluto, las expresionescon el miedo reflejado, los cruciosdichos con un regusto de placer en la boca. Somos esas serpientes quedisfrutábamos del morboso espectáculo de la muerte y la tortura; somos aquelloscrueles asesinos que rompimos familias por la mitad regodeándonos con el llantode las madres que llamaban a sus hijos muertos y con las súplicas de losesposos que querían desesperadamente salvar la vida ya condenada de sus amadas.Somos la promesa silenciosa de venganza que nunca cumplimos porque la desgracianos cayó encima antes de que pudiéramos llevarnos a todos los responsables deaquel cautiverio que nos había arrastrado al límite durante catorce largos añosy nos había arrebatado de cuajo un poco de cordura. Pero ya no somos nada,porque sólo estoy yo para acordarme de aquellas verdades hirientes,aplastantes, que merecen caer en el olvido para siempre.

¿Porqué ella y por qué yo? Quizá destino, quizá predestinación, quizá simple y llanacasualidad, que juntó a las dos serpientes más peligrosas y más temibles.Casualidad que juntó a los ofidios con más odio acumulado, con más sed desangre y los alimentó con muerte y con sed insaciable de venganza, atascadacomo un fuego indomable en la garganta, para luego llevarse a una y dejar a laotra, que soy yo, en una celda inmunda de un Azkaban sin dementores, criaturascapaces de traicionar a cualquiera bajo la promesa de más almas con las quealimentarse.

Peroella está muerta y yo la extraño; a ella, la niña opacada por la belleza de suhermana menor, rubia y altiva; a ella, la adolescente que me besaba al tiempoque me enseñaba la parte más oscura de su ser; a ella, la joven que volviórealidad sus ambiciones, convirtiéndolas en un tatuaje, turbio como nuestraexistencia, en el antebrazo izquierdo. Extraño a Bellatrix Lestrange, que secasó conmigo sin prometerme amor eterno y que nunca me entregó todo su sercubierto de veneno y de peligro.

Perodespués de todo hay personas como yo que no merecen ningún tipo de misericordiay tampoco la piden, personas como yo que no se arrepienten de los crímenes quecometieron y que según los verdaderos héroes, también capaces de matar comonosotros, no merecen extrañar a nadie.

Soyuna de esas serpientes solitarias a las que nadie quiere.

Soyel que la extraña.

Aella, a Bellatrix Lestrange, bruja cruel como pocas, cómplice, amiga y esposa,conocedora de todos mis secretos y ambiciones. La extraño.

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2023-02-27

 

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