Había una vez un Circo - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

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Primavera.

Pequeña citación a Juan de Dios Peza: "El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas, aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas."


Julieta siempre quiso ir a un circo, quiso formar parte de él, compartir el color, la alegría, descubrir la magia detrás de cada acto lleno de ilusión.
Sentir la emoción de salir a escena, sentir el vértigo en las alturas, sentir el ritmo al bailar, hacer reír a los pequeños, trepar tan alto como una jirafa

Ella siempre quiso formar parte de un circo.
Fuera lo que fuera, un equilibrista, la presentadora, payaso, malabarista, contorsionista, decoradora, colaboradora, domadora
¡Lo que sea! ¡Había tantos oficios para elegir!

 

Asistía a todos los circos que llegaban a su ciudad, por más pequeños o gigantes que sean, ella siempre estaba en primera fila.

Admiraba el coraje de todos los integrantes, sea humano o animal, ¡Tantas funciones, tantos nervios!
Sea el colaborador, el decorador, o el payaso, hasta el más importante, como el domador, ella sabía que sería feliz. Sabía que cada uno de ellos cumplía una función especial, para que todo luzca perfecto, como podía observar cada vez que iba a una función.

Julieta quería sentir la magia de estar en escena. Quería sentir el aroma al humo de bienvenida, sentir los papelitos de colores caer sobre ella, escuchar la música de circo, esa, que tenía tanta magia.
Julieta quería formar parte de él, del circo.

No le importaba tener que dejar sus muñecas, ni su cobertor preferido, ni a su perro Fito, sólo quería formar parte del circo.
Se imaginaba, entrando como payaso ¡Haciendo reír a los niños! Con esas locuras, con esa alegría, con esas risas interminables, observar la cara de los pequeños, tan felices ¡Qué emoción!
También, imaginaba ser domadora, el acto más impresionante, el que requiere más silencio (como el de los equilibristas sobre las cuerdas) Oír los rugidos de los leones y tigres, hacer que den esos saltos tan majestuosos, que se muevan al ritmo de la música, o que atraviesen esos aros gigantes, rodeados de fuego ¡Qué nervios, qué impresión!
Podía verse entrar, ¡con frac y galera dorados! ¡Tan brillante! Presentar los actos, observarlos desde allí, ¡desde el escenario! Oír su voz retumbar por toda la sala, el público expectante por saber qué seguiría, todos en silencio y ella ¡Relatando lo que seguiría, presentando a sus colegas, qué felicidad!

Julieta quería vivir desde dentro la magia del circo, sólo eso, ¡Ella quería vivir, sentir, dormir y respirar el circo!

Cierta vez, un circo nuevo llegó a su ciudad, ella asistió, como a todos, ¡nunca se perdería el circo, por más frío, calor, nieve, lluvia o fuego que haya!

Quedó asombrada, ella sabía cada paso y función de los protagonistas del circo, pero ésta vez hubo algo especial, alguien especial.
Era el payaso, según ella, estaba triste, no porque figure pintado con la boca hacia abajo, porque cualquiera puede estar pintado así, sino, porque sus facciones eran tristes, sus ojos no poseían el brillo de alegría y disfrute de su trabajo de hacer a los niños reír.

 

Por primera vez, Julieta salió del circo un poco decepcionada.
Siempre salía fascinada, tanto, que sus padres no sabían qué hacer para poder calmarla.
Ella siempre observaba con atención cada rol de los protagonistas, si lo hacía bien, si le erraba en algo, si estaba triste, como ésta vez, o si radiaba de felicidad, porque, mientras más felicidad, más contenta saldría ella del circo.

Afuera estaba lleno de vendedores de golosinas, esos que Julieta ama. ¡Le encantan las golosinas, especialmente las nubes de azúcar!
Pero justamente en ese momento, Julieta no tenía hambre, estaba pensando en qué razón tenía el payaso para estar triste.

- Julieta ¿Quieres una nube de azúcar? - Preguntó la madre, sacando de su cartera la billetera.

- No mamá, gracias, no tengo hambre- Respondió sin ánimos Julieta. Su madre guardó la billetera y se acercó a su hija, se colocó de cuclillas, para poder estar a la altura de su pequeña, y observó sus verdes ojos, enormes, muy opacos

- ¿Hija? ¿Qué sucede? ¿No te ha gustado el circo?- Interrogaba Coraline, al ver a su hija tan 'apagada'

- Si madre, me ha encantado, sólo que
- Julieta se acercó al oído de su madre, como si le estuviera por contar un secreto- Había un payaso que estaba triste y eso me puso mal.

Coraline escuchó los susurros de su hija y la abrazó -No te preocupes pequeña, seguramente tenía un mal día, pero ya lo solucionará, los payasos siempre están felices.

Luego de eso, Julieta volvió a su casa, cenó, durmió, asistió al colegio y siguió con su vida, dejando olvidado ese momento del payaso triste

Cuando era el último día de la función del circo al que había asistido, Julieta quiso ir al terreno en el que se encontraba, en un horario en el que nadie se estaba allí, para saludar a los animales.

Era un día seco y tranquilo, nadie se encontraba en las calles, porque hacía demasiado frío, por lo tanto, Julieta observaba la paz detenidamente, respiraba el aire congelado y soplaba para observar el vapor salir de su boca.
El césped estaba repleto de rocío y se podría decir que, si se observaba con mucho detalle, caían unos pequeñísimos copitos de nieve, muy diminutos.

Con tanto silencio, la niña se sentía un poco incómoda, pero, por otro lado pensó que sería beneficioso, para poder escuchar mejor a los animales del circo. Cómo Hacer Jabón Casero, Metodos y Recetas 2023

Al llegar a su destino corrió hacia la jaula del oso, era enorme, y dormía plácidamente.

- ¡Pst! ¡Oso!- susurró Julieta, tratando de llamar la atención de semejante animal. El oso le correspondió acercándose a los barrotes y moviendo la cabeza contra ellos, en gesto de querer un poco de cariño. - ¡Cuánta magia!- Suspiró Julieta, muy contenta.

Mientras acariciaba y conversaba monótonamente con el oso, a quien había llamado "Fidelius", escuchó un distante y triste sollozo.
Se asustó, porque pensó que algún animal estaría triste
pero no. Ésta vez no era un animal, con quienes ella tenía un genial trato, ni su amigo imaginario, llamado Pedro, ni nada por el estilo, era un hombre.
Julieta nunca había visto a un hombre llorar, siempre había escuchado de parte de la gente de su ciudad, que llorar no era de hombres, y menos ser sensibles ante situaciones como ésta.

 

Julieta trató de seguir el fino y apenas audible llanto, para poder dar con el hombre y así poder averiguar qué le sucedía.
Para Julieta no era ni difícil ni fácil alegrarle el día a alguien, no se le daba tan bien, pero si ayudaba se sentiría mejor consigo misma.

Caminó unos pasos, y detrás de una jaula, sobre la estructura de un carro del circo, encontró a un hombre sentado.
Llevaba un saco rojo y su cabellera estaba repleta de rizos negros como la noche. Sus zapatos eran negros brillantes, como su cabellera, y su pantalón, un jean azul marino. Tenía un aspecto moderno y gracioso a la vez.
Sollozaba lentamente, con las manos sobre su frente.
Julieta quiso saber qué le sucedía al muchacho que lloraba invadido de tristeza, se acercó hacia la estructura del carro, se colocó frente a él y permaneció en silencio varios minutos, como examinando su llanto.
Cuando el hombre se dio cuenta de que alguien lo observaba, alzó la cabeza y se encontró con una cara triste, como la suya, pero de una niña.
Julieta se sorprendió al verlo, sus ojos eran celestes, demasiado claros, casi blancos. Tenía rasgos sensibles, muy hermosos, y en sus albinos ojos se notaban gotas de tristeza mezclada con pizcas de sufrimiento.

-¿Está triste, señor?- Preguntó Julieta, muy seria.
- Sí pequeña, lo estoy.
- ¿Puedo saber por qué?- Julieta tomó asiento en el carromato, junto al muchacho.
- No creo que deba contártelo.
Julieta observó que habían caído en un silencio incómodo, miró a los ojos a aquel hombre, y decidió levantarle el ánimo.
- Usted
¿Está triste porque está aburrido?
- No, eso no es un motivo por el cual lloraría.
- ¿Está muy, muy triste?
- Sí, sí
- Suspiró
- ¡Ahh! ¿Por qué no va al parque?
- No me agradan los parques, me contagian angustia.
- Y, ¿No probó tomando clases de danza?
- Soy mal bailarín, niña.
- Y
¿Escribir? Escribir transporta, escribir es magia, es bellísimo.
- He redactado algunas historias, pero sólo consigo relatar mis tristezas, y ahogarme más aún en ellas.
- ¿Y leer? Eso también es mágico.- Julieta estaba nerviosa, no sabía cómo hacer para que ese señor sonriera, o se sintiera bien.
- Me he devorado bibliotecas enteras.
- Usted sí que me asombra señor. ¿Con qué puede ser feliz?
- Con lo más mínimo, que es difícil de encontrar, por eso estoy así, porque no lo diviso por ningún lugar.
- Utilice anteojos- Respondió decidida Julieta, pero el hombre solamente sonrió mirando el horizonte. La pequeña recordó algo, saltó de la estructura, y se paró frente al señor.
- ¡El circo! ¿Por qué no asiste al circo? ¡Es maravilloso! ¡Eso es felicidad! ¡Eso es magia! ¡El circo es vida! ¡El circo es la fuente de alegría más grande que existe!- El hombre suspiró lenta y profundamente sin mover su mirada hacia ningún otro lugar, la mantenía fija en alguna nube de allí arriba. -En especial los payasos
- intentó convencer Julieta - Los payasos son el alma de la fiesta, son los que animan al circo, son geniales. ¡Ellos sí que son felices! ¡Nunca están tristes! ¡Son geniales!
El muchacho suspiró de nuevo, y miró fijamente a Julieta, negó con la cabeza, mientras sonreía irónicamente.
- Pequeña
- suspiró con aires de tristeza - Yo soy el payaso del circo, y hoy, no me encuentro feliz, hoy estoy triste, como nunca antes lo había estado. Hoy murió mi padre, un payaso de primera calidad. Él siempre llevó la sonrisa dibujada en el rostro, pero en su última función, curiosamente, llevó una mueca triste en vez de una sonrisa, y luego de aquella obra, él falleció.
Julieta se sintió mal, muy mal, sintió cómo la magia se desvanecía, y cayó en la realidad
hasta los payasos lloran, no importa que lleven dibujada la más amplia sonrisa, ellos también lloran.
- Lo siento

-No lo sientas, no tienes por qué hacerlo. Nunca nadie fue feliz toda su vida, a veces se está mal... Hasta en el circo la tristeza invade, como dijo un poeta
"El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas, aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas." Debemos hacer feliz, aunque sea unos minutos, a la gente que asiste a vernos, debemos demostrar felicidad, aquí, en el circo.
Si tú quieres saber qué es la felicidad, recuerda que es particular, por más definiciones que aparezcan en el diccionario o cuentos que haya en los libros, la felicidad es propia de cada uno, si la encuentras, tú sabrás que lo has hecho, y será a tu manera, será perfecta para ti, porque es tuya.
Sé feliz, y, cuando estés triste, asiste al circo, que yo te haré reír, pequeña





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2023-02-27

 

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