Harry Potter y el Secreto del Pergamino - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

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HARRY POTTER Y EL SECRETO DEL PERGAMINO


La historia se ubica a continuacion del libro 5, en sexto año de Hogwarts.

SI NO LEISTE HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FENIX, NO LEAS ESTA HISTORIA porque revela datos claves de ese libro.

Sugerencias, criticas, aportes, comentarios al autor [email protected]

CAPÍTULO UNO:
LA GOTA QUE REBALSÓ EL VASO


Privet Drive era un barrio de casa bajas de lisas paredes blancas y verdes jardines floridos.

Era otra sofocante tarde de un interminable verano. Un sol inmisericorde reblandecía el piso de las calles, convirtiéndolo en una masa blanda y pegajosa.

Las flores de la tía Petunia languidecían quemadas por el intenso calor, mientras que el césped que era el orgullo del tío Vernon tomaba un color cada vez amarillento.

La vida de los Dursley era tan ordenada, tan higiénica e inalterable como la de la casa donde vivían.

Eso claro, exceptuando al chico delgado, de pelo negro y gafas que yacía recostado en la cama de su cuarto en el número 4 de la calle Privet mirando el techo con la manos cruzadas en su nuca.

Sus pantalones vaqueros y su remera estaban arrugados y sucios como si hiciera varios días que no se los cambiaba. Un gran número de periódicos yacían desparramados por todo el piso de la habitación.

El nombre del joven era Harry Potter. Y era un mago.

Una roja cicatriz en forma de rayo, que los rebeldes mechones de pelo negro no podían ocultar por completo, surcaba su frente.

El mago más tenebroso de todos los tiempos, Lord Voldemort le había causado esa cicatriz al intentar matarlo cuando era niño. Desde entonces parte de sus poderes habían sido transferidos a Harry. Una conexión especial se había forjados entre ambos de forma tal que Harry podía saber lo que Voldemort estaba sintiendo o detectar su presencia, incluso cuando estaba disfrazado.

La cicatriz le había dolido, pinchado y quemado en tantas ocasiones durante el verano que Harry había dejado de prestarle atención.

Sabía que ahora que la vuelta del Innombrable había tomado estado público en la comunidad mágica, Lord Voldemort y sus mortífagos comenzarían los ataques. En más de una ocasión Harry se había despertado bañado en sudor frío con la horrible sensación de que un rayo verde precedido por la palabras del maleficio imperdonable había sesgado otra vida inocente.

Tu cicatriz es a la vez una bendición y una maldición, le había dicho Dumbledore. Harry estaba de acuerdo en lo de la maldición, pero no le veía nada de positivo. Es más, desde que Voldemort utilizara la conexión que había entre ambos para ataerlo al Departamento de Misterios y forzarlo a una pelea que había acabado con la vida de Sirius, Harry odiaba su cicatriz con mayor intensidad que antes.

A medida que un inmenso sol naranja se ocultaba detrás de las regulares casas de la calle Privet, las largas sombras que proyectaba a través de la ventana del cuarto de Harry creaban extrañas figuras en el techo que parecían cobran vida


En la imaginación de Harry las sombras se fueron metamorfosenado en el raído velo negro que colgaba del arco del Departamento del Misterios detrás del cual había desaparecido su padrino para siempre. La escena volvía a la mente de Harry una y otra vez atormentándolo: Bellatrix Lestrange atacando a Sirius
el haz de luz rojiza golpeando en su pecho
la sonrisa que lentamente se transformaba en una expresión de sorpresa mientras su cuerpo encorvado caía lentamente atravesando el velo roto que colgaba del arco


Después de descargar toda su rabia en el despacho de Dumbledore, Harry se sentía como un títere al que le había cortado los hilos que lo sostenían. Solo había en su interior un inmenso vacío. Un hueco que sentía que era imposible de llenar.

Sentía como si un dementor le hubiera absorbido toda su energía y nunca más pudiera volver a ser feliz.

Desde que había llegado a la casa de sus tíos varios días atrás, se le hacía difícil encontrar las fuerzas para levantarse y salir de su habitación.

Ni siquiera no había abierto el baúl de Hogwarts que yacía olvidado en un rincón de su cuarto.

La muerte de Sirius los había dejado huérfano de una manera distinta: Crecer sin sus padres había sido terrible pero Harry nunca los había conocido ya que apenas tenía un año cuando Lord Voldemort los asesinó. Pero perder a Sirius era distinto
con él se habían ido todos sus sueños y esperanzas. Ahora el futuro era un lugar vacio.

Apenas si había escrito unas pequeñas líneas a sus amigos diciendo que estaba bien, para evitar que la Guardia de Avanzada irrumpiera la casa de los Dursley para rescatarlo de sus supuestos maltratos.

Unos golpecitos discretos en la puerta de su cuarto interrumpieron sus cavilaciones.

La cabeza de la tía Petunia se asomó por una rendija de la puerta abierta.

- ¿Puedo pasar? Te traje la cena


Harry se sorprendió. Sus tíos jamás pedían permiso para entrar a su habitación. Y las veces que le habían traído comida a su cuarto la hacían pasar a través de la solapa que tío Vernon había instalado tres veranos atrás en su puerta.

- Ehh
claro
- musitó Harry sin levantar la cabeza.

La delgada figura de su tía, atravesó el cuarto arrugando la nariz, destestaba la suciedad y el desorden, y en el cuarto de Harry abundaban ambas cosas, pero se cuidó muy bien de hacer cualquier comentario.

Petunia corrió un par ejemplares del El Profeta haciendo lugar para depositar la bandeja de la cena sobre el escritorio.

- Bien, ahí tienes la comida - dijo tratando de sonar amable aunque sin lograrlo-. No queremos que nadie piense que te maltratamos


Y salió rápidamente de la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Harry podía jurar que había estado conteniendo la respiración.

Las amenazas recibidas en la estación del tren parecían haber hecho suficiente mella en su tío Vernon y su tía Petunia como dejarlo hacer sin molestarlo.

Al principio habían intentado sacarle conversación ocasional, pero Harry no tenía ánimo para hablar con nadie, mucho menos con ellos.

- Así que ese Lord Voldy-no-sé-cuanto no pudo contigo, muchacho - había largado de sopetón su tío Vernón mientras volvían en el auto de la estación.

- No
- había respondido Harry -. Parece que tendrán que hacer su propio trabajo sucio.

Su tía Petunia había dado un respingo, detestaba la suciedad casi tanto como la magia.

Desde entonces Harry se había encerrado en su mutismo respondiendo con monosílabos a sus ocasionales comentarios.

Los Dursley parecieron aliviados con esta actitud suya, y poco a poco habían pasado a ignorarlo, lo cual fue un alivio para Harry.

Solamente de tanto en tanto su tío Vernon le recordaba que podía usar el teléfono si así lo quería, o le preguntaba si le había enviado noticias a esa gente diciéndoles que estaba bien.

- No es que me preocupen las amenzas de ese
- comenzaba a excursarse el tío Vernon poniéndose rojo-
¿cómo dijiste que se llama?

- Moody
Ojo Loco Moody.

- Lo que sea
Pero no quiero que vengan por aquí y los vecinos vayan a pensar que tenemos tratos con esa clase de gente - afirmó el tío Vernon mientras la tía Petunia asentía fuertemente con su cabeza.

Harry se sentía más cómodo con el odio y el desprecio sincero que le profesaban sus tíos que con su amabilidad de dientes apretados y sonrisas forzadas.



Aunque no tenía hambre Harry se obligó a levantarse de la cama y comer algo. Las porciones de su cena eran más abundantes de lo habitual. Su tía Petunia incluso se había tomado el trabajo de prepararle algo que no fueran los bocadillos bajas calorías que comía Duddley.

Harry comió un par de trozos de su filete sin demasiado entusiasmo, sorbió un poco de jugo y empujó la bandeja hacia adelante.

No tenía hambre.

Volvió a la cama a realizar la principal ocupación de sus últimos días: contemplar el techo.

Hedwig atravesó la ventana abierta y voló hasta posarse en la cabecera de su cama y comenzó a picotearle un dedo hasta que desató el pergamino que traía atado a su pata.

Era una carta de Hermonie.



Querido Harry:

¿Cómo estás? Oh
¡Qué tonta que soy! ¿Cómo vas a estar después de todo lo que pasó? Espero que tus tíos te estén tratando mejor de lo acostumbrado
Estoy nerviosísima esperando que me lleguen los resultados de los TIMOs
Con todo lo que pasamos no tuve tiempo de preguntarte cómo creías que te había ido
¿Ya decidiste qué carrera piensas seguir?

Yo no estoy segura de que materias voy a cursar el próximo año en mis EXTASIS. La charla de orientación vocacional con McGonagall no me sirvió de mucho ya que me dijo que con mis notas podía seguir cualquier carrera que me propusiera... Todavía no encuentro ninguna que me permita dedicarme a la PEDDO.

Mis padres y yo hemos decido posponer nuestras vacaciones a Rumania. Con todo lo que ha pasado no sería prudente, ¿no te parece?. ¿Has leido El Profeta? Ya han comenzado los ataques. Se ha visto la marca tenebrosa en más de una ocasión brillando en el cielo. Por supuesto que algunos relatos parecen fruto de histeria colectiva pero otros son espeluznantes
Algunos asesinatos se han filtrado incluso en las noticias muggles. El Ministerio de Magia debe haber informado de la situación a las autoridades muggles.

Estoy segura que te alegrará saber que ya estoy completamente restablecida de mis heridas
No tuvimos ocasión de hablar del tema, pero no quisiera que te sintieras culpable por lo que pasó. Tú no nos obligaste a acompañarte sino que fue al revés. Tampoco es tu culpa la muerte de Sirius
Todos los extrañamos.

Espero que nos veamos muy pronto.

Cariños.

Hermione



Harry sintió un nudo en su garganta. Los últimos acontecimientos de sus vida habían sucedido tan rápidamente que todavía no podía asimilarlos. Se obligó a pensar en otra cosa.

- ¿Cómo me habrá ido en los TIMOs? - dijo en voz alta como para alejar los malos pensamientos.

Creía recordar que los resultados llegarían para Julio.

Harry se incorporó y comenzó a leer las fechas de los ejemplares de El Profeta


- 23 de Julio: ¡MORÍTFAGOS ENTRE NOSOTROS!
18 de Julio: EL REGRESO DE LA MARCA TENEBROSA
29 de Julio: EL MINISTERIO REFUERZA LA SEGURIDAD EN AZKABAN
- leyó en voz alta mientras arrojaba los ejemplares más viejos al suelo-. 30 de Julio


Revolvió un rato más hasta convencerse que éste era el último ejemplar.

Faltaba un día para que finalizara Julio. Los TIMOs llegarían, seguramente, para su cumpleaños.

A pesar de la promesa que la profesora McGonagall le hicera; Harry no confiaba demasiado en que sus resultados le permitieran seguir la carrera de auror. Aún cuando McGonagall lo admitiera en Transformaciones (y Harry no estaba seguro de que eso fuera a suceder ahora que Umbridge se había ido), estaba seguro de no haber alcanzado el Sobresaliente en Pociones que Snape exigía para admitir a los alumnos en sus EXTASIS.

Desde que Harry observara en el Pensero los recuerdos escolares de Snape, el odio que ambos se profesaban se había incrementado a niveles insospechados.

Harry observó el baúl cerrado que juntaba polvo en un rincón de su dormitorio. Desde que llegara a Privet Drive no había abierto un solo libro. Tampoco había sacado su varita, ni siquiera para asustar a Duddley.

Muy a su pesar, Harry debía admitir que atormentar a su primo ya no resultaba divertido.

- ¡Cuidado Duddley! ¡Un Dementor! - había dicho en una ocasión.

Su primo aterrado había corrido a toda la velocidad que le permitían sus piernas rechonchas y se había refugiado debajo de la mesa de la cocina, con un cucharón en la mano.

Harry se arrepintió de haberle gastado esa broma casi en mismo momento en que la había hecho. El encuentro con un Dementor no era algo sobre lo que se podía bromear.

Había otro motivo por el cual Harry mantenía su varita bien guardada en el baúl de Hogwarts, y era que quería evitar cualquier situación, voluntaria o accidental, por la cual se viera obligado a hacer magia. Un nuevo juicio del Wizengamot era lo último que Harry necesitaba para empeorar su situación.



Una lechuza desplumada aterrizó torpemente sobre el escritorio de Harry, derribando el vaso de la bandeja de la cena.

El vaso rodó hasta estrellarse en el suelo de su habitación haciéndose añicos.

Un bufido sonó en el domirtorio de los tíos de Harry.

Segundos más tarde la imponente figura del tío Vernon irrumpió en el cuarto de Harry jadeando como un toro embravecido.

- Te lo advierto chico - le gritó a Harry que estaba agachado recogiendo los pedazos de vidrio que habían caido al suelo-. Un solo ruido más y no será ese Lord Mortimer el que te mate.

- No fue mi culpa
- intentó explicar Harry -. Fue Errol que al entrar volcó el vaso y


- ¡UNA LECHUZA! - rugió el tío Vernón que se había percatado que el montón de plumas que yacía sobre el escritorio de Harry no era un viejo plumero de Petunia-. ¡NO QUIERO MÁS LECHUZAS EN ESTA CASA NI QUIERO QUE NINGUNO DE TUS AMIGOS ANORMALES TENGA NADA QUE VER CON NOSOTROS! ¿HAS ENTENDIDO?

Y sin esperar respuesta salió de la habitación dando un portazo que hizo caer polvillo blanco del techo.

Harry desató el pergamino de la pata de Errol y la recostó en el piso de la jaula de Hedwig para que descansara.

Era una carta de Ron. Harry se recostó en la cama para leerla con tranquilidad.



Hola Harry:

Espero que esta carta llegue a tus manos. Tuve que usar a Errol ya que Pig tuvo que hacer unos encargos para mi papá. Como podras imaginarte en el Ministerio están llenos de trabajo.

¿Cómo te va con los muggles? Papá quiso llamarte por el felétono en un par de ocasiones
La idea lo tenía muy emocionado pero mamá lo hizo desistir.

¡Ojalá no lleguen nunca los resultados de los TIMOs! Mamá me ha dicho que como fui elegido Prefecto no espera menos de cinco matrículas de honor en brujería. ¿Por qué no habrá EXTASIS de Quidditch?

Fred y George no se cansan de repetir que ellos no obtuvieron más de tres matrículas de honor en brujería y que eso no les impidió llevar adelante un negocio exitoso. Mamá les ha preguntado en varias ocasiones de dónde han obtenido el dinero, pero ellos siempre le dan una respuesta distinta. La última fue que lo obtuvieron vendiendo amuletos contra maleficios con la cara de Umbridge


Cada vez que nombran a Umbridge mamá parece calmarse, aunque eso no impide que les eche un sermón sobre la importancia de los estudios. Pero creo que lo hace más para que lo escuchemos Ginny y yo que para ellos.

No puedo contarte mucho, pero mi papá dice que ha habido grandes cambios en el Ministerio desde que comenzó la guerra contra Tú ya sabes quien
Después de lo que pasó. Percy




Un sonoro ¡CRACK! proveniente de la calle hizo que Harry interrumpiera la lectura de la carta de Ron. Un gato maulló.

Harry asomó la cabeza por la ventana abierta de su cuarto y espió hacia el jardín.

Todo parecía desierto.

Regresó a la cama para retomar la lectura de la carta de Ron cuando el primer escalón de la escalera crujió bajo el peso de alguien que subía.

El tío Vernon abrió la puerta de su dormitorio y gritó entre resoplidos.

- ¿A DÓNDE CREES QUE VAS, MUCHACHO? NO TOLERARÉ
!

- ¡STUPEFY!

La sangre de Harry se heló en sus venas.

El cuerpo del tío Vernon cayó golpeando pesadamente contra el suelo. Harry abrió su boca para advertirle a su tía Petunia que no saliera del domitorio pero ya era tarde.

- Vernon, ¿Qué ha sucedido? ¡Vernon! ¿Quién es usted? ¿Qué hace aquí
? ¡AAHHHHH!

- ¡STUPEFY!

El cuerpo de Petunia se desplomó en el pasillo.

Harry escuchó los gemidos de su primo en la habitación contigua. Seguramente estaría intentando refugiarse debajo de su cama.

Harry se precipitó hacia el baúl para sacar su varita.

Solo esperaba que el Ministerio de Magia fuera más comprensivo con él que la última vez que había hecho magia.

- Gatito, gatito, gatito
¿Dónde estás pequeño Harry? - llamó en una voz burlona de bebé que Harry conocía muy bien.

Bellarmix Lestrange estaba en la casa de sus tíos.

- Tenemos que terminar la lección que interrumpimos en el Ministerio de Magia, ¿Recuerdas pequeño?

Harry levantó la tapa del baúl tratando de no hacer ruido y comenzó a buscar su varita frenéticamente entre los libros, túnicas, elementos para ppociones, el caldero


Casi inmediatamente retiró su mano del baúl y la llevó a su boca.

Se había cortado con un trozo del espejo que le había regalado Sirius.

Se envolvió la herida con un pañuelo mientras continuaba buscando la varita en el fondo del baúl.

La puerta de su habitación se abrió de un golpe y la delgada figura de Bellatrix Lestrange apareció recortada en el marco de la puerta.

Los dedos de Harry tantearon finalmente su varita y aferrándola con fuerza se dio vuelta para enfrentar a la mortífaga que había asesinado a su padrino.

Pero antes de que pudiera conjurar un solo maleficio, Bellatrix levantó su varita y gritó:

- ¡CRUCIO!

Harry gritó. La maldición golpeó directamente en su pecho.

Apretó los dientes dispuesto a soportar el dolor lacerante


Pero nada sucedió. Harry sintió un calor que lo envolvía y vio como el rayo del maleficio rebotaba golpeando a Bellatrix en el estómago.

La mortífaga soltó la varita y cayó al suelo, retorciéndose y chillando en agonía.

Antes de que pudiera reaccionar, tres personas entraron a la habitación con las varitas listas.

- ¡DESMAIUS! - gritó Lupin.

- ¡INCARCEROUS! - gritó Ojo Loco Moody apuntando hacia el cuerpo caído.

Unas cuerdas empezaron a salir de la varita, flotando en el aire como gruesas serpientes, envolviéndose tensamente alrededor del torso de Bellatrix Lestrange.

- ¿Te encuentras bien, Harry? - preguntó Lupin.

- Creo q-que sí - tartamudeó Harry quien aún no se reponía de los últimos acontecimientos.

- ¿Hiciste magia, Potter? - gruñó Moody.

- No
Yo iba a hacer
pero no tuve tiempo
- tartamudeó Harry.

- Bien - dijo Moody con el ojo mágico fijo en Bellatrix.

Harry temblaba incontrolablemente.

- Tranquilizate Harry - dijo Lupin con voz suave-. Ya pasó todo. Más tarde nos contarás lo sucedido.

- ¡Guay, Harry! Tú sí que sabes divertirte durante el verano - dijo Tonks mientras enrrollaba un mechón de pelo rojo en su dedo índice-. No olvides invitarme cuando des una fiesta.

- Parece que llegamos justo a tiempo - dijo Arthur Weasley entrando en la habitación-.. Creo que te gustará saber que tus tíos se pondrán bien En pocos minutos recuperarán el conocimiento.

- Bien
- dijo Harry encogiéndose de hombros-. Entonces serán ellos los que me maten en lugar de Voldemort.

Un silencio pesado se hizo en el grupo. Arthur Weasley tosió, Tonks dejó de enroscar su cabello y dio un respingo y Moody gruñó pero nadie dijo nada más.

- También encontré a tu primo encerrado en ropero de su habitación. No sufrió ningún daño, pero creo que la experiencia lo ha afectado un poco - agregó el señor Weasley dándose golpecitos en la sien. Y salió de la habitación.

- Otro motivo para que cuando despierten mis tíos me quieran fuera de su casa - dijo Harry-. Supongo que nos iremos, ¿no?

- Sí - respondió Lupin-. Tenemos órdenes de sacarte de aquí. Pediremos refuerzos para llevar a Bellatrix al Ministerio, y a ti a un lugar seguro.

- Entonces, volveré a


- Aquí no, Potter - gruñó Ojo Loco, mientras señalaba con su cabeza el cuerpo atado de Bellatrix Lestrange quien aparentemente seguía inconsciente.

- ¿Cómo supieron que ella había venido a
?

- Arabella Figg - dijo Lupin sonriendo-. Después de lo sucedido el verano pasado no te ha sacado un ojo de encima.

- Ya habrá tiempo para explicaciones - gruñó Ojo Loco-. Empaca tus cosas, Potter. Quiero estar listo para partir cuando lleguen los demás.

Él y Lupin salieron de la habitación llevando con ellos a Bellatrix Lestrange.

Harry iba a guardar su varita en el bolsillo trasero de su pantalón, pero enseguida cambió de opinión y la guardó en el baúl.

- Listo - dijo cerrando la tapa-. Ya empaqué.

- A eso llamo rapidez ¡Locomotor baúl! - ordenó Tonks.

El baúl de Harry se elevó unos cuantos centímetros en el aire. Sosteniendo su varita como el bastón de un conductor, Tonks lo hizo permanecer en el aire cruzando la habitación y atravesó la puerta. Harry la siguió con la jaula de Hedwig en su mano derecha y la Saeta de fuego en la izquierda


Cuando llegaron a la cocina, los Dursley estaban sentados a la mesa tomando algo caliente. Arthur Weasley observaba fascinado lo electrodomésticos de tía Petunia. No había señales de Bellatrix Lestrange ni de Lupin u Ojo Loco. Duddley temblaba incontrolablemente. Tenía la mirada perdida mientras se balanceaba de atrás hacia adelante. La tía Petunia sollozaba abrazada a su hombro. El tío Vernón parecía bastante repuesto, aunque estaba completamente morado y paseaba su mirada de uno a otro de sus indeseados invitados como no pudiendo decidir a quien detestaba más.

Cuando Harry entró en la cocina todo su odio se concentró en él.

- ¡TEMÍA QUE ALGO ASÍ IBA SUCEDER DESDE EL DÍA EN QUE TE RECIBIMOS EN ESTA CASA, MUCHACHO! - gritó tío Vernon poniéndose de pié y apuntado con su dedo a Harry.

El señor Weasley y Tonks le apuntaron con sus varitas. Pero el tío Vernon estaba demasiado furioso como para que le importara.

- ¡DEJEN DE APUNTARME CON ESOS PALITOS! CONOZCO MIS DERECHOS. ESTA ES MI CASA Y USTEDES IRRUMPIERON EN ELLA. CREO LA QUE LA POLICÍA ESTARÁ DE ACUERDO CONMIGO


- Oh, no es necesario involucrar a la polecía - comenzó a decir Arthur Weasley.

Pero el tío Vernon lo ignoró y continuó gritando:

- LOS QUIERO A TODOS FUERA DE AQUÍ. Y A TI EN ESPECIAL - gritó señalando a Harry con el dedo-. ¡FUERA DE MI CASA Y NO VUELVAS! ¡Y NADIE ME CONVENCERÁ DE LO CONTRARIO! ESTO FUE LA GOTA QUE REBALSÓ EL VASO! ¡FUERA TODOS USTEDES! NO QUIERO MÁS ANORMALES NI RAROS EN ESTA CASA!

En ese preciso momento varias escobas aterrizaron en el patio trasero de los Dursley. Un nutrido grupo de magos penetró en la cocina.

- Ojo Loco la necesita afuera, Tonks
¿Qué tal tus vacaciones, Potter? - dijo Snape con una sonrisa malévola en los labios.

- Van empeorando a cada momento - murmuró Harry-. ¿Qué hace usted aquí?

Snape le dedicó una de esas miradas que reservaba solo para Harry.

- Estoy aquí por orden de Dumbledore, Potter. Te aseguro que no rogué por esta misión.

Harry se sintió extraño de tener a las personas que más lo odiaban en la vida, en la misma habitación. Los Dursley, Snape
solo faltaba Malfoy.

- Buenas noches, Harry dijo Dedalus Diggle levantando su sombrero de copa.

Emmeline Vance, Elphias Doge, y Hestia Jones ingresaron dentrás de él y agitaron sus manos saludando a Harry.

El tío Vernon viendo que el grupo de magos lo superaba ampliamente se puso de pie, seguido por su esposa y un temblequeante Duddley. Abrió la boca como para decir algo, pero luego, pensándolo mejor, les dedicó una mirada furiosa y salió de la cocina.

- Ya se les pasará - dijo Arthur Weasley.

- Lo dudo mucho - dijo Harry.

- El grupo de aurores ya ha partido llevando a Bellatrix Lestrange al Ministerio - agregó el señor Weasley-. En cuanto llegue la señal partiremos también nosotros.

- ¿Estás listo Harry? - preguntó Lupin.

Harry asintió.

Era una noche oscura, coronada por una pequeña media luna oculta entre las abundantes nubes.

- Creo que ya conoces la rutina, Harry - dijo Lupin, mientras Elphias Doge aseguraba el baúl de Harry en su escoba.

- Quedate quieto, Potter - dijo Snape apuntándole con su varita-. Me han pedido que te Desilusione

Golpeó a Harry en la cabeza y sintió la familiar sensación de gotas frías que corrían a través de su cuerpo.

- ¿Todos listos? - preguntó Lupin.

Varias cabezas asintieron.

- Partamos, entonces - dijo Lupin pateando el suelo y elevándose en su escoba.

Todo el grupo lo siguió y volaron internándose en el azul oscuro de la noche.


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CAPITULO DOS
EL MEJOR CUMPLEAÑOS DE SU VIDA


La escolta de Harry se retiró ni bien traspuso el umbral del Número 12 del Grimmauld Place.

Harry se sintió aliviado de no tener que fraternizar con Snape.

Todo en la vieja casona de los Black le resultaba a Harry abrumadoramente doloroso. La presencia de Sirius flotaba en el ambiente, de forma que esperaba que en cualquier instante su padrino apareciera con una sonrisa burlona en los labios, para contarle anécdotas sobre su padre o incitarlo a realizar algo alocado y peligroso.

Probablemente adivinando estos sentimientos, Lupin apoyó una mano en el hombro de Harry.

- Yo también lo extraño, Harry. No voy a decir que sé como te sientes porque no sería verdad. Pero puedo entender tu dolor. Sé que no soy Sirius y que nunca podré ocupar su lugar, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo como contabas con él.

Harry miró a Lupin y, por primera vez en mucho tiempo, esbozó una débil sonrisa.

La Sra. Weasley se asomó al hall y los invitó a pasar a la cocina con un susurro.

- ¿Cómo estás. Harry querido? - le preguntó mientras lo abrazaba con lágrimas en los ojos.

- Ehhh
Bien gracias
- respondió Harry tratando de liberarse del abrazo.

- Hola Harry, me alegra verte - dijo Ginny entrando en la cocina seguida de Ron.

- Hola Harry - dijo Ron -. ¿Cómo has estado?

- Soy Harry Potter, ¿lo olvidas? Los problemas me encuentran donde quiera que esté


- Sí, bueno
- tartamudeó Ron poniéndose colorado-. Lo que quise decir es que me alegra que estés aquí.

- ¿Por qué no suben a sus habitaciones mientras prepararo algo de comer? - dijo la señora Weasley- Seguramente esos muggles no te han alimentado como se debe. Estás más flaco que hace un mes querido


Si bien las atenciones de la Sra. Weasley lo hacían sentirse un poco abrumado, Harry le agradecía estos pequeños gestos de cariño.

- ¡Oh, ha llegado el nuevo amo de sangre sucia! - dijo Krecher bajando la escalera - ¡Qué vergüenza! Mas le valdría a Kreacher que le cortaran la cabeza que servir a esta escoria inmunda.

- ¡SAL DE MI VISTA! - gritó Harry.

Extrañamente Kreacher lo obedeció y subió la escalera refunfuñando insultos y maldiciones por lo bajo.

El retrato de la madre Sirius comenzó a gritar y Harry subió la escalera de dos en dos hacia su habitación mientras la señora Weasley ayudada por Lupin tratan de haverla callar.

El cuarto no había cambiado mucho desde su última visita. El retrato de Phineas Nigellus estaba vacío. Ron abrió la puerta y sentándose en su cama comentó:

- Ese maldito elfo a me tiene cansado.

- Por suerte no está Hermione para defenderlo - comentó Harry

- Sin embargo, debes tener cuidado con lo que le dices. Mi padre ha dicho que esta casa ha pasado a ser tuya, ¿sabías?. No querían que la prima de Sirius hiciera valer algún reclamo desde Azkabán


Harry miró a Ron sin entender.

- Sirius te ha dejado todo - agregó Ron- ¿No lo sabías?.

- ¿Qué? No quiero nada
- comenzó a decir Harry-. Que la Orden del Fénix o a Dumbledore se queden con la casa
Y en cuanto a Krecher pueden cortarle la cabeza si quieren. Me da lo mismo.

- Sí, bueno
Todos supusieron que dirías algo así, pero hay un pequeño problema
- dijo Ron mirando de reojo a Harry.

Harry suspiró resignado.

- ¿Qué sucede ahora? ¿Quieren mantenerme aquí encerrado para que termine enloqueciendo por no poder salir como Sirius? ¿O Dumbledore ha tenido alguno de sus geniales planes que no puede compartir con nadie hasta que es demasiado tarde?

- Yo sólo repito lo que escuché decir a mis padres. - comenzó a decir Ron rápidamente-. Ahora tú eres el amo de Kreacher


- ¿Qué? - gritó Harry.

Ron tragó saliva y se apresuró a agregar:

- Todos en la Orden temían que si Kreacher sentía que había quedado libre divulgara los secretos de la Orden, o se fuera a servir a los Malfoy que para el caso sería lo mismo


Ron siguió hablando pero Harry no lo escuchaba.

Si ingresar a la casa de Sirius había sido duro, mucho más difícil le resultaba enfrentarse con Kreacher. Ni en un millón de años Harry podría olvidar la forma perversa en que el elfo había traicionado a su amo. El malvado elfo era tan responsable de la muerte de Sirius como Bellatrix Lestrange.

Por más que las palabras de Dumbledore sobre tratarlo con respeto y amabilidad resonaban en la mente de Harry, odiaba a Kreacher de todo corazón. La sola idea del elfo riéndose por la muerte de Sirius hacía que la sangre hirviera en sus venas.

-
como él sabía de tu relación con Sirius y del cariño que sentía por ti, pensaron que no te cuestionaría como el legítimo heredero de los bienes de los Black - continuó explicando Ron.

Un pesado silencio se hizo entre los dos.

- Felicitaciones - concluyó Ron.

- Sí, supongo que debo considerarme muy afortunado de haber heredado una vieja casona propiedad de una familia de magos tenebrosos y un elfo maligno, todos ellos responsables de la muerte del único pariente vivo que me quedaba.

- Lo siento - dijo Ron incómodo-. Pero no sé porque me hablas así. Yo no tengo la culpa. A veces es difícil hablar contigo, ¿sabes?.

- ¡Entonces quizás sería mejor que no habláramos y listo! - concluyó Harry.

Y salió de la habitación rumbo a la cocina dejando a Ron con la boca abierta.

Harry salió tan apresuradamente de la habitación que casi choca con Ginny.

- Hola, Harry ¿estás bien
?

- Sí, estoy bien
- respondió Harry y bajó las escaleras apresuradamente.

En la cocina, el Sr. Weasley, la Sra. Weasley y Lupin conversaban animadamente.

Todos interrumpieron la conversación al ver entrar a Harry.

- Hola Harry - dijo Lupin.

- La cena aún no está lista, querido - dijo la señora Weasley agitando su varita sobre un caldero negro del cual salía un aroma delicioso-. Pensé que tú y Ron tendrían muchas cosas que contarse.

- Últimamente no soy el alma de fiesta
- dijo Harry en un susurró.

Todos lo miraron comprensivamente.

- Ron te contó sobre la casa, ¿no? - preguntó el señor Weasley.

- Sí.

- Dumbledore se apresuró a decírselo a Kreacher - continuó el Señor Weasley-. Como creo que ya sabes, había encontrado la forma de traicionarnos, y Dumbledore temió que ni bien se enterara que Sirius había muerto


-
correría a contar todo lo que sabía a Voldemort - dijo Harry completando la frase-. Ron me lo dijo.

Todos se estremecieron ante la mención del nombre de Voldemort pero nadie dijo nada.

- Hay también una cuestión legal - prosiguió el señor Weasley-. Y es que Sirius hizo un testamento a tu favor.

- Pero yo no necesito
Quiero decir mis padres


- Sabemos que tus padres te han dejado en una buena posición económica, querido - dijo la señora Wesley.

- Y, a pesar de que tú poseas los bienes suficientes como para manterte, comprenderás que era muy importante que tú heredaras todos los bienes de la familia Black. Incluso el contenido de la bóveda de Sirius ha pasado a ser tuyo - concluyó el señor Weasley- Por cierto, aquí tienes la llave


- ¿Qué esperan que haga con todas estas cosas? Ninguna cantidad de galleons hará que Sirius
- y se interrumpió con un nudo en su garganta.

Todos callaron. El Señor Weasley tosió y se puso a examinar un polvoriento cuadro en la pared, mientras Lupin quitaba una imaginaria mancha de su raída túnica.

La señora Weasley secó una lágrima de su mejilla con su delantal.

- Harry - dijo el señor Weasley aclarando su garganta -, necesitamos que hables con Kreacher.

- ¡¿QUÉ?! ¡NO LO HARÉ DE NINGUNA MANERA! ¡EL FUE EL RESPONSABLE DE LA MUERTE DE SIRIUS POR DIOS!

- Sabemos que es muy difícil para ti, querido - dijo la señora Wesley -, pero aunque Dumbledore habló con él y le dijo que eras su nuevo amo, es necesario que te presentes y te asegures su lealtad contigo.

- Debes decirle específicamente que tienen prohibido repetir cualquiera de las cosas que escuche aquí - agregó Lupin-, y que bajo ningún concepto debe abandonar Grimmauld Place.

- ¿No podríamos simplemente cortarle la cabeza? - largó Harry con seriedad.

El señor Weasley esbozó una sonrisa, pero su esposa le dio un codazo en el estómago y le indicó con la cabeza que viera a Harry.

- ¡Oh Harry, vamos. ¿No hablarás en serio? Los elfos domésticos están ligados por los encatamientos propios de su especia con le des una orden explícita será suficiente.

- ¿Lo será? - repuso Harry elevando el tono de su voz-. Estoy seguro de que Sirius
- hizo una pausa para respirar honda y continuó- estoy seguro que Sirius le prohibió las mismas cosas que yo le voy a ordenar ahora. Y sin embargo eso no impidió que encontrara la manera de traicionarlo. Eso creatura es maligna y a pesar de lo que diga un pedazo de papel, yo no seré más amo suyo de lo que fue Sirius.

En el salón se produjo un incómodo silencio. Finalmente fue Lupin quien habló. Lo hizo de manera reposada y marcando muy bien cda palabra.

- Es muy probable que tengas razón en cuanto a Kreacher. Nadie lo niega. Sin embargo no podemos proceder con los demás de la misma manera que ellos proceden con nosotros. Estoy seguro que entiendes esto porque fuiste tú quien impidió que Sirius y yo asesináramos a Peter hace tres años
Estoy seguro que a pesar de todo el dolor y la furia que sientes en este momento harás lo correcto.

Dicho esto Lupin se levantó y salió de la habitación. Al poco tiempo regresó seguido de Kreacher. El elfo entró refunfuñando como de costumbre.

- ¡Silencio! - dijo Harry poniéndose de pie y mirando a Kreacher con una expresión que ninguno de los presentes había visto-. Te guste o no yo soy tu nuevo amo y me debes obediencia.

El elfo esbozó una sonrisa y comenzó su parloteo pero Harry lo interrumpió.

- Te ordeno que te castigues por eso. Y harás lo mismo cada vez que hables mla de mí o de cualquiera de las personas que habitan esta casa.

El elfo dudó un instante y luego comenzó a golpearse la cabeza contra la pared sin emitir un solo quejido.

- Ya es suficiente - ordenó Harry-. Te prohibo expresamente que reveles cualquier información que pueda poner en peligro a la Orden o a cualquiera de las personas que la integran. No dejaras esta casa por ningún motivo. Ni tendrás contacto con ningún mago o hechicera tenebrosos. Y eso incluye a Narcissa Black la esposa de Lucious Malfoy. ¿Has entendido?

Harry hizo silencio y dirigió al elfo una mirada asesina.

- Sï, amo - respondió el elfo luego de un instante.

- Bien - dijo Harry que no había apartado la mirada del elfo un solo instante-. De ahora en adelante te dedicaras a los quehaceres que supuestamente deberías realizar. Puedes retirarte

El elfo salió de la habitación sin decir una sola palabra.



***



La cena transcurrió con tranquilidad a pesar de que Ron se sentó en la otra punta de la mesa y no le dirigió la palabra a Harry ni una sola vez.

La conversación varió desde los recientes ataques de los mortífagos (¡Atacaron a los Ratcliffe!); al negocio de los gemelos (¡Arthur deja ya de alentarlos!); pasando por los exámenes (¡Por supuesto que no esperamos que el pequeño Ronnie sea el Premio Anual, pero al menos podría sacar más matrículas de honor en brujería que sus hermanos!) y los EXTASIS (¡Si pensaban que los estudios hasta ahora eran difíciles no saben lo que les espera). El nombre de Percy no salió en la conversación y Harry se cuidó muy bien de hacer cualquier pregunta sobre él.

Ron se retiró a su cuarto casi inmediatamente después de finalizada la cena. Cuando Harry entró en la habitación minutos después, las luces ya estaban apagadas y Ron roncaba en la cama contigua simulando dormir. Dando un vistazo alrededor de la habitación, vio el oscuro contorno de Phineas Nigellus parado de nuevo en su retrato.

Ya estaba conciliando el sueño cuando una terrible punzada en su cicatriz lo obligó a sentarse en la cama y llevar la mano a su frente.

Una oleada de cólera y odio llegó a claramente a su mente.

Voldemort debía haberse enterado de que Bellatrix Lestrange había fracasado en su misión.



***



Harry despertó al día siguiente con la extraña sensación de que alguien lo estaba observando.

Abrió los ojos y se encontró con que otro par de enormes ojos (castaños?) lo observaban a pocos centímetros de su cara.

Saltó asustado hacia atrás mientras tanteaba buscando su varita.

- Buenos dias, Harry Potter - dijo Dooby sonriendo más que de costumbre.

- - ¡D-Dooby! - dijo Harry colocándose sus anteojos-. Debes dejar de hacer eso
¿qué estás haciendo aquí?

- ¡Ohh, Harry Potter no lo sabe! ¡Muy bien! - dijo el elfo brincando de alegría.

- Crei que estabas en Hogwarts
- dijo Harry.

- Oh sí. Dooby trabaja para Dumbledore. Pero Dumbledore le pidió a Dooby que viniera y Dooby aceptó encantado - y bajando la voz agregó-. Especialmente cuando supo que Harry Potter estaba en esta casa con ese elfo malvado


- ¿Te refieres a Kreacher?

- ¡Shhh! - chistó Dooby poniendo su largo dedo sobre sus labios- Kreacher es malo
Muy muy malo. Dooby lo sabe. Durante el tiempo que Dooby estuvo con los Malfoy, Kreacher venía muchas veces acompañando a su ama
Malo, malo, malo


- ¡Ehh
Dooby! ¿Puedo preguntar que hacías en mi habitación?

- ¡Oh, sí Dooby casi lo olvida! Harry Potter debe bajar a la cocina


- ¿En la cocina? ¿Para qué?

- Harry Potter lo sabrá en cuanto baje - dijo Dooby. Y chasqueando los dedos desapareció.

Harry miró hacia la cama de Ron y vio que éste ya se había levantado.

Se vistió lo más rápidamente que pudo y bajó por la escalera rumbo a la cocina.

- ¡SORPRESA! - gritaron un coros de voces mientras una lluvia de papel picado caía sobre la cabeza de Harry.

- ¡Feliz cumpleaños, Harry! - gritó la mamá de Ron abrazándolo.

Allí estaban todos: El señor y la señora Weasley, Ron, Ginny, Hermione, Fred, George, Lupin, Tonks, Ojo Loco y


- ¡Hagrid!

- Hola pequeño, ehh
¿No pensaste que me perdería tu cumpleaños eh Harry?

Y acercándose a su oreja susurró:

- Dumbledore no pudo venir pero me pidió que te transmita sus saludos.

Pronto Harry se encontró perdido en un mar de abrazos, besos y palmadas en los hombros.

Sin que pudiera evitarlo, sentaron a Harry en la cabecera de la mesa y lo cubrieron de paquetes de todos los tamaños y colores.

Todos los presentes se repartieron ocupando cada lugar disponible a lo largo de la mesa.

Los gemelos colocaron a Harry un gorrito en la cabeza que lanzaba confeti por la punta y decía frases chistosas como: A tirarle comida al festejado
o cantaba ¡Feliz cumpleaños a mí! ¡Feliz cumpleaños a mí! o hacía ruidos desagradables y preguntaba ¿Quién fue?.

De tanto en tanto el sombrerito intercalaban la frase: Bromas mágicas Weasley en el número 93 del callejón Diagon. Lo mejor para sus bromas.

Todos lo encontraron muy divertido, a excepción de la señora Weasley.

La cocina estaba irreconocible.

Guirnaldas que cambiaban de colores colgaban de una punta a la otra del cuarto.

Un cartel gigante que tenía escrito en grandes letras rojas: ¡HARRY BIRTHDAY! - sin duda obra de Dooby - colgaba sobre una pared de la cocina.

Globos autoinflantes tomaban la forma de diversos animales y crecían hasta estallar.

- ¡A comer! - gritó la señora Weasley.

La mesa se cubrió de manjares y las tazas se llenaron de chocolate, jugo de calabaza, hidromiel y botellas de cerveza de manteca. La cocina se llenó de conversaciones, de risas y del tinitineo de los cuchillos y tenedores.

Eran tanta la variedad y la exquisitez de los manjares que los comensales hubiera jurado que en realidad estaban cenando en Hogwarts.

La señora Weasley no se cansaba de alabar a Dooby y de ponderar las bondades de tener un elfo doméstico como la gente.

Y en cada ocasión el señor Weasley alzaba la copa brindando por Harry para desviar la conversación.

La fiesta continuó hasta bien entrada la mañana, juntándose con el almuerzo.

Finalmente cuando los últimos bocados de tarta de calabaza desaparecieron de las bandejas, todos se palmeaban los estómagos con placidez.

- ¿Por qué no abres tus regalos, Harry querido? - invitó la señora Weasley.

Harry abrió con entusiasmo sus regalos. El primero era de Ron.

Era un libro con aspecto de haber sido muy usado titulado: Teoría y práctica del Quidditch - Manual básico de estretegias.

- Gracias - dijo Harry.

- De nada - contestó Ron.

Eso fue suficiente para que volvieran a ser amigos.

El siguiente regalo era una set de lujo de Bromas Mágicas Weasley.

- ¡Alguien tendrá que mantener ocupado a Filch ahora que nosotros no estamos! - dijeron los gemelos.

La señora Weasley le había tejido una bufanda con los colores de Gryffindor.

Hermione le había obsequiado otro libro Historia de Hogwarts.

- A ver si finalmente te decides a leerlo - agregó con su tonito característico.

Tonks, le regaló una remara con la inscripción I © Quidditch.

Hagrid le obsequió una ballesta, pero sin las flechas.

El regalo de Lupin era una navaja identica a la que Sirius le regala a Harry años atrás.

- Supe que la tuya se estropeó - dijo Lupin.

- Tus tíos, no
- comenzó a decir el señor Weasley rascándose la nuca.

- Lo sé. - dijo Harry-. Nunca lo hacen.

Ya estaban por dar por concluida la celebración, cuando cuatro lechuzas atravesaron el salón y fueron a posarse delante de los cuatro estudiantes de Hogwarts.

Los sobres de Ron, Hermione y Harry eran mas abultados que el de Ginny.

Los chicos rasgaron las envolturas con impaciencia y comenzaron a leer el contenido.

Todos los presentes se agolparon para leer las noticias por encima del hombro.

- Oh - exclamó Hermione extrayendo una insignia de su sobre marrón.

- ¡Te han nombrado Premio Anual, querida! ¡Te felicito! - dijo la señora Weasley- Es un gran honor.

Todos los presentes expresaron su felicitaciones y palmearon a Hermione efusivamente.

Fred y George comenzaron a palmear los hombros de Ron y a felicitarlo estrechándole la mano.

- Felicitaciones, hermanito - le dijo George- Has retomado la buena senda.

- Maravilloso, realmente maravilloso - agregó Fred- La verdad es que temímos por ti cuando te hicieron prefecto el año pasado.

- Quizás haya esperanzas para ti, Ronnie - continuó Fred- Si obtienes menos de tres MHB te garantizamos un empleo en Bromas Mágicas Wesley.

Todos rieron menos la señora Weasley.

- Oh, ya basta - dijo-. El dinero no lo es todo en la vida. Los estudios son muy importantes.

- Y nuestra Hermione es muy buena para eso - dijo Hagrid inflando el pecho-. Seguro que obtuvo S en todos tus examenes, ¿no es así?.

Hermione se puso colorada pero no dijo nada.

- No tienes por qué avergonzarte de tus calificaciones, Hermione - dijo Lupin-. Aún cuando tus amigos no sean tan aplicados como tú.

- Las buenas notas te abren muchas posibilidades para tu futuro - acotó el señor Weasley.

- ¿Y cuántas S sacaste tú, Harry? - preguntó Hagrid con orgullo.

- Ehhh
- comenzó a decir Harry-. La verdad es que todavía no leí mis resultados.

- ¡Vamos ábrelos, Harry! ¿qué esperas? - lo animó Tonks.

Harry desplegó el pergamino y leyó:



Ministerio de Magia.

Resultados obtenidos en los

Títulos Indispensable de Magia Ordinaria

por el alumno Potter, Harry.



¨ Defensa contra las Artes Oscuras.............................Extraordinario.



- ¡También, con el entrenamiento que hemos tenido en estos cinco años! - exclamó Ron.

- En especial en este último año - exclamó Hermione.

- Y no se olviden de las clases del Ejército de Dumbledore - acotó Ginny-.

- Debemos enviarle una copia a Umbridge de inmediato - exclamó Fred- Estoy seguro que le alegrará saberlo.

- Sí, se la enviaremos en el reverso de una postal con la foto de un centauro que diga: Saludos desde el bosque prohibido.

Todos, incluso la señora Weasley rieron de la salida de George.

- Adelante, Harry continúa - invitó Hagrid palmeando la espada de Harry.



¨ Encantamientos................................................ Supera las Expectativas.



A Harry no le sorprendió, sabía que le había ido bastante bien en ese examen.

- ¡Bravo, Harry! - exclamaron varias voces.

- Continúa, querido - lo animó la señora Weasley.

-

¨ Cuidado de Criaturas Mágicas.



Harry escuchó cómo Hagrid inspiraba ruidosamente y contenía el aliento.

- Extraordinario - leyó Harry.

Hagrid rompió a llorar de la emoción mientras abrazaba a Harry fuertemente diciendo: No esperaba menos de ti, Harry.

Cuando Harry logró zafar del abrazo de Hagrid, continuó leyendo:



¨ Transformaciones



Harry tragó saliva y leyo: Supera las Expectativas.

No lo podía creer, Harry estaba seguro que con suerte había arañado un Aprobado. La profesora McGonagall estaría muy satisfecha después de la forma en que lo había defendido ante Umbridge.

Harry continuó leyendo:



¨ Herbología............................................................................. Aceptable.



Harry hizo una pausa. Como nadie parecía tener nada que agregar continuó leyendo:



¨ Pociones



Ahora fue el turno de Harry de contener el aliento. Necesita un Extraordinario para que Snape lo aceptara en su EXTASIS.

- Aceptable

El ánimo de Harry cayó al suelo. Sintió que su corazón se paralizaba en su pecho. Eso significaba despedirse de la carrera de auror. Estaba seguro Snape haría una fiesta en las mazmorras con todos los de Slytherin cuando se enterara.

- Yo también saqué Aceptable, - dijo Ron tratando de consolar a Harry - Alégrate Harry, la buena noticia es que no tendremos que soportar las clases de Snape nunca más.

- Una A en Pociones, equivale a una E en cualquier otra materia, Harry - comentó Hermione tratando de animarlo.

- Existen muchas carreras en las que las Pociones no son necesarias, Harry - dijo el señor Weasley- En especial para un joven con tus capacidades.

Completamente desanimado, Harry leyó los resultados de las últimas tres asignaturas.



¨ Astronomía......................................................................... Insatisfactorio



Los gemelos Weasley felicitaron a Harry como si hubiera obtenido un Extraordinario.

- La vieja y buena I - suspiró Fred-. Me trae tantos recuerdos de mis años estudiantiles.

- No hay nada malo en una I - acotó George- Además hace juego con tu apellido.



¨ Adivinación........................................................................ Insatisfactorio



- De todas maneras esa asignatura es completamente inservible.- dijo Ron-. Déjame ver los restos de tu cerveza de manteca, querido - continuó poniéndos los ojos en blanco e imitando la voz de la profesora Trelawney -. Oh pobrecito, alguien que queremos desaparecerá antes de fin de año
Pero no debes preocuparte no sufrirás una muerte dolorosa


- Al menos no tendría que regresar con los Dursley el próximo verano - agregó Harry.

- ¿Cómo pueden burlarse de esas cosas? Trelawney podrá no ser una buena adivina - acotó Hermione - Pero mi opinión hacia la Adivinación ha variado sustancialmente ahora que he averiguado que existen profecías reales.

- Las profecías reales son sumamente raras - dijo Lupin- Y la mayoría de las veces no dependen de los videntes sino que vienen a ellos.

- La Adivinación podrá no ser una ciencia exacta - respondió Hermione- Pero en el Ministerio de Magia había estantes repletos de profecías verdaderas


- No deberías hablar de lo que vieron esa noche, Hermione - el señor Weasley se había puesto serio-. Oficialmente ustedes nunca estuvieron allí.

Harry no le había dicho a Ron, a Hermione ni a nadie que Dumbledore le había revelado el contenido de la profecía por la cual Voldemort lo había querido asesinar cuando era apenas un bebé.



El único con el poder para vencer al señor de las tinieblas se acerca


Nacido de aquellos que lo han desafiado en tres ocasiones, nacido cuando el séptimo mes muere


Y el Señor de las Tinieblas lo marcará como a su igual, pero él tendrá un poder que el Señor de las Tinieblas desconoce


Y alguno deberá morir a manos del otro pues ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva


El único con el poder de vencer al Señor de las Tinieblas nacerá cuando el séptimo mes muere




Esa profecía equivalía para Harry a un sentencia de muerte.

¿Qué posibilidades tenía de derrotar a Voldemort ahora que había resurgido con todo su poder?

¿Cómo iba a hacer para vencer a Voldemort, el mago tenebroso más poderoso que hubiera existido?

A pesar de lo que Dumbledore afirmara, Harry no se sentía poseedor de ningún poder especial.

- ¿Harry
?

- ¿Qué
?

- Harry, querido, ¿estás bien
? - preguntó la señora Weasley.

Todos lo observaban con miradas preocupadas.

- Si
Bien


- ¿Tu cicatriz no
? - comenzó a preguntar Lupin.

- Estoy bien - dijo Harry con firmeza.



¨ Historia de la Magia................................................................ Desastroso



- Esto es completamente injusto - expresó Hermione indignada-. Ese fue el examen en que te descompusiste, deberían examinarte nuevamente.

- Bueno yo terminé el examen saqué una I - agregó Ron- En realidad obtuvimos casi las mismas a excepcion de Defensa contra las Artes Oscura y Cuidado de Criaturas Magicas donde obtuve una S. Y también recibí una de estas


Ron le mostró a Harry un segundo pergamino.



Estimado Señor Potter:

De acuerdo a los resultados obtenidos en sus MHBs, le notificamos que en caso de querer seguir adelante con sus estudios para auror, deberá presentarse en Hogwarts el 1 de Agosto por la mañana, para el curso de recuperación de Pociones.

También se adjunta la lista de libros del próximo año.

Atentamente

Profesora M. McGonagall

Subdirectora.



- No es justo - exclamó Ron indignado dando un puñetazo en la mesa- ¿Y si me niego a hacerlo?.

- Sobre mi cadáver - dijo la señora Weasley en un tono que no admitía réplicas.

- Nosotros recibimos una invitación similar hace un par años, hermanito - comentó Fed.

- Pero supimos resistir la tentación - añadió George- No ibamos a perdernos el Mundial de Quidditch por ir a la escuela de verano, ¿no te parece?

- Dejen de darle malos ejemplos a su hermano. Ron terminará sus estudios en Hogwarts como corresponde - gritó la señora Weasley- Y si eso significa ir a la escuela de verano, pues entonces irá.

- Al menos estaremos juntos Harry, ¿no te parece?

La perspectiva de pasar todo un mes soportando a Snape no era algo que entusiasmara a Harry, pero Ron tenía razón. Juntos era mejor que solos.

- Bueno, está decidido. Deberemos anticipar las compras. Esta tarde iremos todos al callejón Diagon y Harry y tú regresaran a Hogwarts con Hagrid - dijo la señora Weasley.

- ¡No es justo! - exclamó Ron -. ¿Por qué todos pueden disfrutar un mes más de vacaciones mientras nosotros tenemos que tomar clases durante el verano nada menos que con Snape?




Libro de visitas: https://www.melodysoft.com/cgi-bin/gbook.cgi?ID=FictsHA.JKR



CAPITULO TRES
LA ESCUELA DE VERANO




Harry, Ron, Hagrid, Tonks, Fred, George y la señora Weasley viajaron utilizando el subterráneo muggle, para tormento de Hagrid que se sentía incómodo encerrado en esos trencitos de juguete, atrayendo las miradas de todos los pasajeros.

Luego de ingresar al Caldero Chorreante - donde Harry tuvo que someterse a la habitual ronda de saludos y comentarios de los magos y brujas presentes - la señora Weasley golpeó con su varita mágica el tercer ladrillo de la izquierda por encima del tacho de basura, y el grupo salió finalmente al callejón Diagón pasadas las dos de la tarde.

- Nosotros nos vamos - dijo Fred -. Tenemos que abrir el negocio.

- No vayan a irse sin visitarnos. Especialmente, tú Harry - agregó George.

- Para comenzar iremos a Flourish y Blotts - dijo la señora Weasley consultando la lista de libros- y luego podemos ir a


- Ehh
Yo antes debo pasar por Gringotts - dijo Harry.

- ¡Oh, por supuesto querido! - dijo la señora Weasley -. Haremos las compras por separado y nos encontraremos en la terraza de la heladería Florean Fortescue a las 17.30 hs. ¿de acuerdo?

- Bien - dijo Tonks-, hace tiempo que quiero ir de compras y nunca encontraba la ocasión.

- Yo iré a tomarme unas copitas al Caldero Chorreante - dijo Hagrid-. Los esperaré allí para llevarlos a Hogwarts.

Los negocios del callejón Diagon siempre habían atraido la atención de Harry, pero de todos ninguno como Artículos de Calidad para el juego de Quidditch para magnetizarlo en su vidriera.

Además de la saeta de fuego, exhibían los uniformes de todos los equipos de la Liga de Quidditch.

Una snitch dorada atrajo su atención. El precio era prohibitivo, pero lo que detuvo a Harry de comprarla no fue eso, sino recordar las imágenes que había observado en el Pensero de Snape. No quería convertirse en un joven engreído jugando con su propia snitch a orillas del lago y arrancando exclamaciones de asombro a Colin Creevey.

Finalmente logró alejarse de la vidriera y encaminarse hacia Gringotts.

Cruzó con paso decidido las puertas de bronce lustrado, que franqueaban el paso al conocido edificio color blanco nieve.

Lo hicieron pasar por las puertas plateadas hasta el hall de mármol donde los duendes, detrás de un largo mostrador, realizaban las habituales tareas de contabilidad.

Harry se acercó al mostrador y le dijo a un duende que parecía desocupado:

- Buen día. Soy Harry Potter. He venido para sacar dinero de mi caja de seguridad - dijo exhibiendo la llave.

El duende la examinó de cerca frunciendo la nariz.

- Esta no parece ser su llave, señor Potter.

- Oh lo lamento - se disculpó Harry buscando en sus bolsillos hasta encontrar la llave de su caja de seguridad. La llave que le di pertenece a la caja de seguridad de Sirius Black. Soy su heredero. También quiero visitarla.

El duende examinó ambas llaves con mucho detenimiento y finalmente exclamó:

- Parece estar todo en orden. Voy a hacer que alguien lo acompañe abajo, a las dos bóvedas. ¡Urook!

Harry siguió a Urook hacia una de las puertas para salir del hall.

Harry y el duende atravesaron el angosto corredor de piedra, subieron al carro y recorrieron el laberin­to de retorcidos pasillos subterráneos, hasta detenerse ante la pequeña puerta en la pared del pasillo.

Urook abrió la cerradura de la puerta de la caja de seguridad de Harry.

Este colocó un puñado de galleons y sickles en su bolsa y salió.

- Ahora a la caja de seguridad setecientos once, por favor - dijo Harry.

Harry tenía gran curiosidad por saber qué guardaría Sirius en su bóveda. No debieron recorrer mucho trecho antes de detenerse ante una nueva puerta.

El duende abrió la puerta y se corrió a un costado.

Harry se asomó lentamente a la bóveda de Sirius. En el aire flotaba un pesado olor a humedad y encierro. En el centro de la caja había una gran cantidad de monedas de oro y de plata. Harry calculó que habría el doble de dinero que en la bóveda de sus padres.

Ya estaba por retirarse cuando observó un pequeño paquete casí oculto en un rincón. Estaba envuelto en papel madera y atado con hilo.

Harry se acercó al bulto, que tenía toda la apariencia de ser un libro, y lo alzó. Una inscripción hecha en el envoltorio con una letra pequeña y elegante decía:



PROPIEDAD DE LILY POTTER.



Harry casi deja caer el paquete por la sorpresa.

El duende tosió:

- El tiempo es galleons, señor Potter.

Harry volvió al carrito tan absorto en la contemplación del libro que casi olvida cerrar la bóveda.



Harry salió parpadeando a la luz del sol y se apresuró a realizar todas las compras para su próximo año en Hogwarts.

La ansiedad por terminar lo antes posible y tener tiempo para abrir el misterioso paquete era tal, que en un par de negocios casi se va sin esperar el vuelto.

Cuando hubo terminado, tomó el paquete de su madre en sus manos dispuesto a abrirlo y hojear su contenido, cuando una mano se apoyó en su hombro obligándolo a darse vuelta.

- Espero que no estuvieras pensando en irte sin pasar por nuestro local - dijo Fred.

- ¡Oh, por supuesto que no! - mintió Harry ocultando el paquete de su madre entre sus libros de Hogwarts. rápidamente-. Justamente ahora me dirigía alli.

- Genial - dijo Fred-. George y Lee Jordan ya están allí atendiendo a los clientes.

- ¿Lee Jordan?

Fred asintió.

- Estamos empleando a varios de nuestros viejos compañeros de Hogwarts. Apenas damos a basto con la demanda.

- ¿Tan bien va el negocio? - preguntó Harry.

- Puedes comprobarlo por ti mismo - dijo Fred haciendo un ademán con su brazo.

Una larga fila de chiquillos de todas las edades hacían cola en la calle esperando su turno para ingresar a un colorido negocio.

En la vidriera de cristal se leía escrito con grandes letras multicolores:



Bromas Mágicas Weasley



Lee Jordan controlaba el ingreso y egreso de los clientes.

Fred se acercó a la entrada y gritó con gran pomposidad:

- ¡Paso al señor Harry Potter! Permiso
Disculpen
Harry Potter es cliente habitual de nuestro local. Muchas de nuestras bromas le han sido de gran utilidad en su lucha contra Ya-saben-Quien.

Harry escuchó un murmullo de asombro y vio que varios chicos lo señalaban mientras cuchicheaban con sus compañeros.

- Nunca está de más un poco de publicidad - dijo Fred guiñándole un ojo.

Adentro del negocio, varios ex alumnos de Hogwarts atendían a una multitud de ávidos clientes que llenaban sus bolsas con todas clase de bromas.

George, sentado detrás de la caja registradora, los saludó con la mano.

- Hola Harry. Puedes llevarte lo que quieras. La casa invita.

Fred paseó a Harry por las distintas estanterías y vitrinas mostrándole las distintas clase de chascos y bromas.

- Varitas de goma
Fuegos artificiales
Sombreros desaparecedores
Orejas extensibles
Galletas de canario


A Harry le impresionaron especialmente unos calderos regurgitantes, que arrojaban la poción en el rostro de quien la criticaba.

- Podrías usarlos en la escuela de verano - dijo Fred-. Estoy seguro que a Snape le encantarán. De hecho, él fue nuestra inspiración


Por todas partes Harry escuchaba a chiquillos haciendo comentarios como:

- Es Fred Weasley en persona. Dicen que convirtió todo un piso de Hogwarts en un bosque prohibido. Cuentan que ni siquiera el profesor Dumbledore lo pudo hacer desaparecer...

- Sí, yo escuché que hechizaron a Filch haciendo que le creciera pelo por todo el cuerpo. Parecía un hombre lobo...

- Llenaron a la directora del año pasado de bombas fétidas cuando abandonaron el colegio. Yo lo vi con mis propios ojos.

Finalmente Harry logró despedirse de los gemelos y llegó jadeando a Florean Fortescue deseando tener un poco de tiempo para abrir el misterioso paquete. Lamentablemente, Ron y su madre parecían haber terminado sus compras temprano y ya lo estaban esperando.

Fue la primera vez que Harry no se alegró de verlos.

Volvió a colocar el paquete entre los libros de Hogwarts y se sentó con ellos a soborear un helado antes de partir.



***



- Les hice unas galletitas para el viaje - dijo la señora Weasley entregándole un paquete a Ron.

- Vamos, a tomar el autobús noctámblo muchachos dijo Hagrid-. Quiero llegar a Hogwarts antes del anochecer.

Tonks sacó su varita, levantó su mano derecha y


¡BANG!

El familiar autobús rojo de tres pisos apareció de la nada delante de ellos, subiendo la rueda delantera a la vereda. Un conocido joven delgado y cubierto de granos, llevando un uniforme púrpura, saltó al pavimento y dijo:

- Bienvenidos al Autobus noctámbulo


- Si recuerdas quién soy dijo Tonks bajando la voz. Eso es todo lo que dirás por el resto del viaje, ¿entendido?

Stan asintió y les hizo un ademán para que subieran.

El grupo ayudó a cargar su baúles al interior del autobus y entregó los once sickles a Stan.

- Listo Ernie. Podemos continuar - dijo Stan mirando de reojo a Tonks.

Tonks echó una rápida mirada buscando dónde sentarse. Los tres pisos parecían estar vacíos con la sola excepción de un muchacho sentado en una silla del fondo.

- Hola chicos.

- Hola Neville - respondieron Ron y Harry.

Tonks sujetó a Harry por el hombro, pero este le dijo:

- Está bien, es compañero nuestro de Hogwarts. Neville Longbottom

- Longbottom - dijo Tonks-. No será el hijo de


- El mismo - se apresuró a decir Harry-. Pero no le gusta hablar del tema, así que no vayas a mencionarlo.

Tonks asintió con un gesto.

- ¿Cómo estás, Neville? - saludó Hagrid palmeando al muchacho tan fuertemente que casi lo tira de su silla.

- Ehhh
bien. ¿A ustedes también los citaron a la escuela de verano?

Harry y Ron asintieron.

Neville pareció aliviado.

- No quería estar solo con Snape el resto del verano.

- ¿Debes recuperar Pociones? ¿Qué piensas seguir, Neville? - preguntó Ron sentándose a su lado.

- Estudio y Cuidado de plantas y hierbas mágicas - dijo Neville- Cuando MCGonagall me dijo que necesitaba aprobar Pociones pensé en cambiar de carrera. Pero no soy bueno para ninguna otra cosa.

- Tonterías. Me han contado que fuiste realmente útil
ejem
tú ya sabes donde - comentó Hagrid bajando la voz-. Las pociones son necesarias para el buen cuidado de las plantas. El profesor Snape me ha ayudado en numerosas ocasiones a combatir las plagas del huerto.

- Para él no es difícil - dijo Ron-. Snape mismo es una plaga.

Todos rieron durante un buen rato.

- No deberías hablar así de un profesor - dijo Hagrid secándose las lágrimas de risa-. Los Encantamientos también resultan sumamente útiles. Conozco un par de hechizos fertilizantes que


- Ya lo sé - gimió Neville-. También debo recuperar Encantamientos. Mi abuela me ha dicho que si no logro que me acepten en los EXTASIS me pondrá a vender artículos mágicos por la calle.

- No hables así, pequeño - lo consoló Hagrid-. Conozco a tu abuela y es una buena persona. Estoy seguro que te ayudará pase lo que pase.

- El único examen que aprobé, además de Herbología, fue Defensa contra las Artes Oscuras - dijo Neville-. Y eso gracias a ti, Harry.

Harry balbuceó algo y miró hacia el piso.

Hagrid se infló de orgullo y palmeó a Harry suavemente en el hombro.

- ¿Les conté que mi abuela me compró una varita nueva? - dijo Neville sacando una varita reluciente de su túnica-. Veintitrés centímetros, madera de nogal y núcleo de pelos de unicornio.... Al menos eso es lo que dijo el señor Ollivander. Mi abuela no estaba muy contenta de que hubiera roto la varita de mi papá...

En el grupo se produjo un incómodo silencio.

- ¿Ajedrez magico o Snap explosivo? - preguntó Ron rápidamente.

Ron sacó su ajedrez mágico del baúl y pronto él y Harry se enfrascaron en una partida bastante accidentada debido a los continuos bamboleos del autobus.

Un tremendo BANG, lanzó todas las piezas al suelo y comenzaron a protestar airadamente. Ron tuvo que sostenerse de Hagrid para no perder el equilibrio y Neville salió lanzado de su silla derrapando por el suelo hasta la mitad del autobus,

Harry apenas había evitado la caída sujetándose de la ventanilla abierta.

Un par de compañeros de Hogwarts, de Hufflepuff, subieron al autobus.

- Si les sirve de consuelo, parece que no serán los únicos alumnos en Hogwarts este verano - comentó Tonks alegremente.

El autobús ingresó en la autopista evitando un par de autos y se internó en el tráfico zizagueando de manera alarmante.

Ernie tuvo que detenerse en un par de ocasiones más para permitir que subieran más alumnos de Hogwarts. El autobus noctámbulo estaba muy cerca de parecerse a un micro escolar.

- Pensar que juré que no tomaría esta máquina de la muerte nunca más - comentó Ron todavía aferrado a Hagrid.

- No es tan malo cuando te acostumbras - dijo Hagrid-. Aunque en lo personal prefiero el Expreso de Hogwarts.

- ¿Hogwarts? Es la próxima parada informó Stan alegremente, tambaleándose hacia ellos.

Atravesaron Hogsmeade a toda velocidad y pocos minutos después se detuvieron a las puertas del imponente castillo.

Hagrid y Tonks les ayudaron a bajar su equipaje, después salieron para despedirse.

- Suerte en el curso de verano, Harry. Y si al viejo Snape se le da por molestarte más de la cuenta no tienes más que avisarme, ¿comprendido? - dijo Tonks guiñándole un ojo.



El pequeño grupo de estudiantes de sexto año empujaron sus baúles por la subida al castillo hasta el hall de entrada. Otro pequeño grupo de alumnos, entre los que se encontraba Gregory Goyle, parecían haber llegado antes.

Ron le dio un codazo a Harry y le susurró:

- ¿Ya viste quien está?

Harry asintió con la cabeza. Le resultaba extraño ver a Goyle sin la compañía de Crabbe y de Malfoy. El mismo Goyle parecía sentirse igualmente incómodo ya que miraba a todos lados con expresión asustada.

- Veo que ya están todos - dijo la profesora McGonagall bajando la escalera principal-. Dejen sus equipajes donde están. Más tarde serán llevados a sus habitaciones Vengan conmigo.

El pequeño grupo de estudiantes siguió a la profesora McGonagall a través del vestíbulo, subieron la escalera de mármol y recorrieron un pasillo.

Ya en el despacho, la profesora se sentó detrás de su escritorio, e hizo una señal a los alumnos para que hicieron lo propio en una sillas vacías que parecían estar especialmente preparadas para ellos.

- No tengo necesidad de recalcarles la importancia que tiene este curso de verano para que ustedes tengan la posibilidad de continuar con las carreras que han elegido. Las clases de verano no modificarán las notas de las evaluaciones realizadas por el Ministerio, pero al menos les permitirán acceder a los EXTASIS. No espero nada menos que el máximo esfuerzo de todos ustedes. Durante la mañana tendrán clases intensivas, y algunos incluso por la tarde, -agregó mirando a Neville-. El tiempo que les quede libre lo dedicarán al estudio. Sus progresos serán evaluados semanalmente y aquellos que demuestren no estar en el nivel esperado serán devueltos a sus hogares. ¿Alguna pregunta?

Silencio.

- Bien. Aquí tienen sus horarios y las contraseñas para ingresar a las salas comunes de sus casas. Si nadie tiene nada que preguntar pueden retirarse. Longbottom, estás olvidando tu horario
Potter, ¿podrías quedarte un momento?

Todos los alumnos, a excepción de Harry, se levantaron de sus asientos y salieron del despacho.

- ¿Y ahora qué sucede? - murmuró Harry.

La profesora McGonagall miró a Harry con severidad.

- Supongo que no tengo que recordarte que he empeñado mi palabra para ayudarte a ser auror. He visto los resultados de tus MHB y han sido satisfactorios a excepción de Pociones.

Hizo una pausa para ver si Harry quería comentar algo y continuó:

- El profesor Snape no hace excepciones en cuanto al nivel requerido para tomar sus EXTASIS, ya lo sabes, así que no cuentes con ello.

- Jamás cuento con nada en lo que se refiere a Snape - dijo Harry.

- El profesor Snape - corrigió ella recalcando la palabra- podrá ser duro contigo, iritante, injusto, pero tiene tu futuro en sus manos. Hazte un favor, Potter, no le des el gusto de arruinártelo. Si necesitas ayuda en algo no dudes en recurrir a mí. ¿Entendido?

Harry hizo ademán de levantarse de su asiento pero McGonagall lo detuvo con un gesto de su mano.

- Aún no he terminado - y cambiando la expresión severa de su rostro por un sonrisa agregó-. Este año serás el capitán del equipo de Quidditch. Felicitaciones. No espero menos que ganar el campeonato, Potter. No he estado limpiando la copa todos estos años para entregársela al profesor Snape.

Ron estaba esperando en el pasillo. Cuando Harry salió, le preguntó:

- ¿Qué quería McGonagall contigo?

- .Recordarme que debo aprobar Pociones y decirme que este año seré capitán del equipo de Quidditch
- dijo Harry sin mucho entusiasmo.

- ¡Guau, Harry
! ¡Felicitaciones! Lo primero será buscar tres nuevos cazadores


- Solo dos. Ginny me dijo el año pasado que le gustaría ser cazadora - comentó Harry.

- Oh, claro
- exclamó Ron-. El año pasado lo hizo muy bien como buscadora. Eso deja sólo dos puestos vacantes
Siempre que quieras conservar como bateadores a Andrew Kirke y Jack Sloper. Comparados con Fred y George eran un par de inútiles pero con entrenamiento duro creo que saldrán adelante
Conozco muchas tácticas que podemos practicar
Estoy pensando que en el partido con Slytherin podemos


Harry pensó que Ron sabía mucho más que él sobre Quidditch y que hubiera merecido ser capitán. Sin embargo, en lugar de estar enfadado parecía más entusiasmado aún que el mismo Harry.

Ron todavía estaba hablando de tácticas defensivas y ofensivas cuando llegaron al salón del comedor. Se veía algo triste con las mesas vacías arrimadas a las paredes y la ausencia del característico griterío.

En el medio del salón había una única mesa con cubiertos para todos.

Dumbledore les hizo una seña para que se acercaran. El profesor Flitwick, Hagrid y algunos alumnos de sexto ya estaban ubicados.

- ¡Bienvenidos a la escuela de verano! - dijo Dumbledore cuando Harry y Ron se acercaron a la mesa-. Cuando somos tan pocos no tiene sentido utilizar las mesas de las casas. ¡Siéntense!

Ron y Harry se sentaron juntos en un extremo de la larga mesa enfrente de Hagrid y lejos de Goyle. La profesora McGongall entró apresuradamente al salón y se ubicó al lado de Dumbledore

- Me ha dicho que no lo esperemos a cenar. Está en las mazmorras desempacando y preparando todo para sus clases de mañana.

Dumbledore asintió.

- Muy bien, entonces
¡A comer! - aconsejó Dumbledore sonriendo.

Las fuentes doradas y las copas que tenían adelante se llenaron de comida y de bebida.

- ¿Escuchaste? - susurró Ron al oído de Harry mientras se servía una buena cantidad de salchichas-. Snape ya regresó de sus vacaciones.

Harry hizo un gesto de disgusto.

Fue un banquete delicioso. Pero Harry apenas si pudo comer algo. Sentía un nudo en el estómago. Debido a lo pequeño del grupo, Harry tampoco pudo ponerse al corriente con Ron de las últimas novedades. Finalmente, cuando los últimos bocados de tarta de calabaza desaparecieron de las bandejas, Dumbledore se puso de pie:

- ¿Cómo están todos? - dijo abarcando a los presentes con la mirada-. Oh, por supuesto que no necesito tomar las clases de la profesora Trewlaney para saber exactamente como se sienten. Estoy seguro de que la profesora McGonagall ya les habrá dado las indicaciones del caso. Solo me queda recordales que el señor Filch no se ha tomado vacaciones.

Hubo un murmullo de decepción.

Dumbledore sonrió.

- Me ha pedido que les recuerde que todas las normas y prohibiciones que rigen durante el año siguen vigentes durante las vacaciones. Estoy seguro que para todos ha sido un día lleno de emociones así que
¡A domir!

Harry y Ron se levantaron y se encaminaron hacia los dormitorios. Pero Hagrid se acercó hacia ellos y les dijo:

- Ehh, Harry, me preguntaba si querrías venir conmigo a la cabaña a tomar un poco de té
Tú también puedes venir Ron.

- Sí por supuesto - dijo Harry con pena. En realidad estaba deseando ir a la sala común de Gryffindor para abrir el paquete con el nombre de su madre, y descubrir qué era lo que contenía. Pero era evidentre que Hagrid había estado esperando la oportunidad de hablarles a solas.



Hagrid les sirvió el té y les ofreció un plato de bollos de Bath. Pero ni Harry ni Ron los tocaron. La repostería de Hagrid dejaba mucho que desear. Esperaron en silencio hasta que Hagrid comenzara a hablar.

- Es Grawpy - dijo finalmente con tono de tristeza-. No puedo encontrarlo por ningún lado.

- Estoy seguro de que pronto aparecerá, Hagrid - dijo Ron -. No creo que su rastro sea muy difícil de seguir.

- Sí, emmm
claro. Normalmente no tendría un gran inconveniente en encontrar a Grawpy, pero dadas las circunstancias


- ¿Qué circunstancias, Hagrid? - preguntó Harry.

- Claro
Claro
Ustedes no deben saberlo
Con todo lo que pasaron. ¡Oh Harry cómo lamento molestarte con todo lo que te ha sucedido! - dijo Hagrid. Le temblaba todo el cuerpo-. Creeme que si no se tratara de Grawpy


- ¿De qué hablas Hagrid? - insistió Harry- ¿por qué no nos explicas lo qué sucede para que podamos ayudarte?

- Es por los centauros - dijo Hagrid por fin-. Cuando Dumbledore fue a rescatar a la profesora Umbridge les pidió permiso para que pudieramos utilizar ciertas zonas del Bosque Prohibido.

- ¿Dumbledore les pidió permiso a los centauros? - comentó Ron asombrado-. Creí que eran ellos los que estaban aquí con permiso de Dumbledore.

- Bueno
Dados los últimos acontencimientos no puedes culparlos
- dijo Hagrid conciliador-. Los magos hemos abusado demasiado de las otras criaturas, dijo Dumbledore. Es tiempo de que comencemos a respetarlas.

- ¿Y qué pasa con Grawpy? - insistió Harry.

- Temo que los centauros le hayan hecho daño - dijo Hagrid mientras dos lágrimas rodaban por sus mejillas-. O incluso que lo hayan matado. Estaban muy molestos con él. No lo querían en el bosque- Todo es culpa mía. Si no lo hubiera traido
- ahora Hagrid lloraba desconsoladamente-. Pero no podía dejarlo con los gigantes
Lo hubieran matado


- Si los centauros lo hubieran atacado supongo que Grawpy es capaz de defenderse a sí mismo - comentó Ron.

Harry conocía a Grawp y sabía de lo que era capaz, pero también había presenciado la lucha que había librado con los centauros cuando Hermione y él trataban de librarse de Umbridge.

- ¿Tú y Hermione pudieron verlo durante mi
ausencia? - preguntó Hagrid mientras las lágrimas chorreaban por su mejilla y se perdían en su barba.

Harry inspiró hondo no sabiendo qué decir.

- Oh vamos Harry
Si sabes algo debes decírmelo, no importa lo que sea
Quiero saberlo
Tú deberías entenderlo mejor que nadie.

Harry no tuvo más remedio que contarle todo lo que había sucedido cuando Hermione y él se introdujeron con Umbridge en el bosque prohibido.

Al finalizar el relato, Hagrid secó las lágrimas de su cara con la manga de su camisa.

- El pobre pequeño e indefenso Grawpy - sollozó Hagrid sonandose sonoramente la nariz con un pañuelo que bien podría servir de mantel-. No pararé hasta encontrarlo. Se lo debo, después de todo es mi culpa. Yo lo traje aquí y lo dejé solo. Es la única familia que me queda. Si los centauros le han hecho algo, juro que


Harry y Ron tragaron saliva. No querían ni imaginarse de lo que sería capaz de hacer Hagrid cuando se enojaba.

- Hagrid, nosotros queremos


- No
- dijo Hagrid moviendo el dedo su mano-. Ustedes deben estudiar y aprobar sus materias. Y hablando de eso miren la hora que se hizo. Los llevaré de vuelta al castillo. No querrán empezar la escuela de verano llegando tarde en su primer día de clase.

Cuando llegaron al dormitorio, las luces estaban apagadas y Neville dormía plácidamente. Muy a su pesar Harry cerró la cortinas de su cama y cayó rendido por el sueño.



A la mañana siguiente, luego de desayunar, Harry, Ron y Neville descendieron por las escaleras que conducían hasta las mazmorras como ovejas que se encaminan al matadero.

Entraron en el aula de Pociones y se prepararon para la peor mañana de sus vidas.

Era un hermoso día de verano y ellos estaban encerrados en esa oscura mazmorra donde no entraba el más mínimo rayo de sol.

Harry hundió la cabeza entre sus manos y se preparó para lo peor.

El sonido de pasos firmes ingresando a la mazmorra y el fru fru de una túnica le indicaron que Snape había entrado al aula.

Harry mantuvo la cabeza baja para no encontrarse con la fría mirada de odio y la sonrisa despectiva de Snape.

Pero Ron le dio un codazo y le susurró

- Harry, mira.

Harry alzó la vista. En lugar de Snape se halló con un brujo muy alto, vestido con una túnica negra. Tenía el pelo cortado al cepillo. Las cejas pobladas emnarcaban dos ojos negros que miraban a la clase con severidad.

El pálido rostro afilado, la mandíbula cuadrada, los rasgos severos que parecían tallados en piedra. Todo en él infundía respeto y autoridad.

- Mi nombre es Abraham Staker y voy a impartirles las clases de Pociones durante el curso de verano. - el tono de su voz era marcial y a pesar de que había sólo tres alumnos en la clase, gritaba como si estuviera hablándole a una multitud.

Harry alzó la mano.

- Sí señor


- Potter, señor.

Si su apellido significaba algo para el profesor Staker, Harry nunca lo supo, porque su expresión no varió un ápice.

- Diga, señor Potterr - invitó arrastrando la erre de manera similar a como lo hacía Víktor Krum.

- ¿Dónde está el profesor Snape?

- Se me ha dicho que se encuentrra de vacaciones. Pero no deben preocuparrse. Estoy perrfectamente capacitado para imparrtirles Pociones y llevarrlos al nivel requerido por el profesorr Snape. Él me ha dejado un programa sumamente detallado de los temas a serr desarrollados, así como de sus evaluaciones.

Staker sostuvo la mirada de Harry durante unos minutos y continuó:

- Si no tienen más preguntas comenzaremos con la instrrucción. Tenemos mucho que hacerr y poco tiempo disponible. En el pizarrón tienen anotada las indicaciones para reparar la Poción de Paz. Según las notas del prrofesorr Snape todos necesitan rrecuperrla. Es una poción difícil que me serrvirrá para evaluarr sus puntos débiles. Comiencen.

El pequeño grupo de alumnos puso manos a la obra con entusiasmo. La ausencia de Snape los había alegrado haciendo sentir que su destino era un poco menos miserable.

El profesor Staker parecía ser severo pero justo. Se paseaba entre ellos con la espalda recta y las manos en la espalda, haciendo indicaciones y recomendaciones pero no se burlaba de ellos ni trataba de ponerlos nerviosos.

- Concentrración, Longbotom, concentrración - advirtió el profesor Staker por enésima vez mientras Neville intentaba disipar el humo que salía de su caldero agitando su mano-. Esa es la clave. No pierrda la serrenidad.

La poción de paz era sumamente complicada, pero Harry se cuidó de seguir la instrucciones correctamente, sin olvidarse de agregar las dos gotas de jarabe de eléboro.

A los pocos minutos un vapor plateado subía de su caldero.

- Es extraño, señor Potter - declaró el profesor Staker observando con satisfacción la poción que hervía en el caldero de Harry-. Por sus notas esperaba otra clase de alumno. Sin embargo, su rendimiento ha sido muy satisfactorio.

- El profesor Snape y yo nunca nos llevamos bien - comentó Harry.

- No se debe confundir rendimiento académico con disciplina - sentenció el profesor Staker.

La poción de Ron no estaba tan bien como la de Harry, pero al menos no apestaba a huevos podridos. Y hasta Neville había realizado su mejor esfuerzo logrando algo que tenía la consistencia de una poción y no de cemento.

Luego de dejar sus muestras en el escritorio se dirigieron al comedor, donde almorzaron en la mesa única tal como lo habían hecho durante la cena.



***



- Bien, Harry. Ya hemos cumplido con nuestras obligaciones - exclamó Ron palmeándose la panza con satisfacción-. ¿Qué te parece si vamos a volar al campo de Quidditch?.

- No
creo que por hoy no, Ron - dijo Harry mirando al piso -. Yo, em
quisiera leer un poco, ¿sabes? Para ponerme al corriente


Ron sacudió la cabeza como para apartar un pensamiento desagrdable.

- ¡Caray Harry! Jamás pensé que diría esto. Pero te estás pareciendo a Hermione. Vamos a disfrutar un poco y así podré mostrarte un par de jugadas que estuve pensando.

La invitación de Ron era tentadora, pero Harry aún no había tenido un solo minuto de tiempo libre para inspeccionar el paquete que había traido de la bóvedad de Sirius.

- Hoy no, Ron. Lo siento.

Ron pareció sorprendido, pero no insistió. Tomando su escoba salió de la sala común de Gryffindor con paso apresurado.



Ya que Neville estaba tomando sus clases de Encantamientos, Harry tenía la torre Gryffindor para él solo. El momento no podía ser mejor.

Se precipitó al dormitorio y extrajo de su baúl el paquetito envuelto en papel madera.

Desató el hilo con cuidado y quitó el envoltorio doblándolo con sumo cuidado.

Tal como Harry había sospechado era un libro.

En su portada podía leerse en letras doradas:

:

El Libro de mi Bebé

Harry James Potter.



Con manos temblorosas abrió la primer hoja y leyó:



Nací el 31 de Julio en el Hospital San Mungo.

Con 3,050 kg de peso y 50 cm. de altura.

Todos dicen que me parezco a mi papá

pero que tengo los ojos de mi mamá.

Mis papis son Lily Evans y James Potter.



Harry contempló una foto de su madre acunando a un bebé llorón, su frente, sin ninguna cicatriz, se llenaba de pequeñas arruguitas por el llanto.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

Secándose los mejillas con la manga de su túnica continuó leyendo.



Las primeras visitas

Te visitó el padrino Sirius, te regaló un sonajero que comienza a sonar cada vez que lloras. (Estuvo sonando toda la noche).

Tío Remus, una mantita de lana de cuando él era chico.

Tío Peter, una lechuza de peluche.

Frank y Alice Longbottom con su bebé Neville también vinieron a visitarte. Te trajeron una luz mágica para tu cunita.

También vinieron magos y hechiceras amigos de papá: Emmeline Vance, Elphias Dodge, Sturgis Podmore y Alastor Moody.

Cuando anocheció vino Hagrid, del colegio al que iban mami y papi.



El grupo sonreía para la foto. Su madre y su padre lo sostenían en brazos, rodeados por todos los invitados. Sirius lucía especialmente alegre.

Su madre había agregado al pie de la foto.



Los tíos Vernon y Petunia no pudieron venir.



A Harry no le sorprendó en lo más mínimo. Su tía Petunia nunca se había llevado bien con su hermana.



Así te vas a dormir todas las noches:

En brazos de mami con caricias en la cabecita.

Mientras papá te canta Llevame al estadio de Quidditch.

(creo que está muy ilusionado con enseñarte a jugarlo)



Te diviertes mucho tocando las cosas prohibidas:

De lo terminantemente prohibido lo que más te gusta es tocar la escoba de papá.



- ¿Qué lees? - preguntó Ron que había regresado del estadio de Quidditch.

Harry estaba tan absorto en la lectura que no había escuchado entrar a su amigo.

- Ehh
Nada - respondió guardando rápidamente el libro debajo de la almohada-. Algo ligero para adelantar estudios, ¿sabes?

Harry no quería mentirle a Ron, pero su diario era algo muy íntimo y privado para compartirlo con alguien. Incluso con Ron.

Pero él no lo entendió.

- Bien
- dijo enojado-. Entonces me voy, así no interrumpo tus estudios.

Y antes de salir agregó:

- No sólo te pareces a Hermione, Harry. Te has convertido en ella.

Harry esperó hasta que Ron hubiera salido y buscó la página en que se había quedado.



Tus primeros pasitos:

Para alegría de papá caminaste muy prontito.

Pero con tus primeros pasitos aparecieron también tus primeras travesuras y juegos:

- agarrar las varitas de mamá y de papá,

- abrir la puerta y salir a correr desnudo por el jardín,



Para vergüenza de Harry había una foto suya, corriendo y riendo sin ropa por el jardín mientras su madre trataba de alcanzarlo.



Neville entró en el dormitorio y Harry, para evitar preguntas incómodas prefirió cerrar el libro y continuar con su lectura más adelante.

- Hola, Harry - dijo Neville con cara de asustado- ¿Qué haces?.

- Nada
Un poco de tarea
¿Qué tal tus clases?

- No muy bien - respondió Neville tragando saliva-. McGonagall me ha dicho que mi abuela le escribió diciéndole que si no mejoran mis notas me sacará de Hogwarts. Está cansada de que sea la vergüenza de la familia.

- Ella no debería avergonzarse de ti, Neville. Al contrario, debería estar orgullosa por la manera en que peleaste en el Ministerio de Magia. Fuiste muy valiente.

- Bueno
- Neville parecía avergonzado con el tema-. Cuando Dumbledore le contó lo que sucedió, mi abuela me prohibió que volviera a hacer algo así. Dijo que tuve suerte de no terminar cómo mis padres


- Peleaste con valor. Si alguien merece estudiar en esta escuela y estar en la casa Gryffindor eres tú.

Neville se puso sumanente colorado.

- G-gracias, Harry. Todavía no hice la tarea de Pociones
¿Quieres que la hagamos juntos?

- Bueno


Cuando Ron volvió a la sala común, vio a Neville y a Harry haciendo la tarea en un rincón. Sin decir una palabra subió al dormitorio.



Poco a poco Harry descubrió que Pociones era una materia interesante cuando la daba otro profesor que no fuera Snape.

A la segunda semana de sus clases de verano, Harry sintió que disfrutaba preparando pociones.

Él y Ron habían vuelto a hablarse pero la relación seguía siendo distante.

- ¿Disfrutas haciendo Pociones? - expresó Ron con cara de incredulidad-. Creo que debes ir rápidamente a la enfermería para que Madam Pomfrey te dé algo.



En sus ratos libres, Harry iba al dormitorio para continuar leyendo las páginas de su libro de bebé. Para él significaba descubrir una parte desconocida de su pasado
Era como encontrar varias piezas faltantes del rompecabezas de su vida


Si bien en el diario no aparecía ninguna referencia directa a la guerra contra Voldemort, Harry notó que las anotaciones se volvían más breves y esporádicas y que las expresiones en los rostros de las fotos no lucían tan sonrientes como antes.

El diario terminaba abruptamente luego del primer cumpleaños de Harry
Algunos párrafos habían quedado inconclusos, seguramente en espera de que su madre los completara en algún momento de tranquilidad.

Harry volteó rápidamente las páginas incompletas del libro hasta llegar al final. La última página le deparaba una sorpresa.

Alguien (probablemente su madre) había colocado un pergamino escrito en extraños símbolos que a Harry le fue imposible entender por más que volteó la hoja en todas direcciones. Lo único legible era un nombre al comienzo del mismo: Cecil K. Rett.

Ron entró en el dormitorio y al ver a Harry leyendo dudó un instante. Finalmente tomó su Barredora y se dirigió a la salida.

- Ron
Espera - le dijo Harry - ¿Vas a practicar?

- Sï
- respondió Ron receloso sin saber qué esperar

- Te acompaño


- Genial
- gritó Ron con una amplia sonrisa en el rostro.

Harry tomó su Saeta de Fuego, el diario de su madre y salió junto a Ron rumbo al campo de Quidditch.



La práctica estuvo divertida y sirvió para que los últimos nubarrones entre Harry y Ron se despejaran.

- Estás lleno de buenas ideas
- comentó Harry mientras volvían caminando hacia Hogwarts con sus escobas al hombro- Tú deberías haber sido el Capitán.

- ¿En serio? - dijo Ron avergonzado por el elogio -. Yo, en cambio, en ningún momento dudé que te harían capitán. Eres el mejor buscador que ha tenido el equipo de Gryffindor en mucho tiempo. Además estás en el equipo desde primer año.

- Gracias. Estoy seguro que esta temporada volverás a ser el rey.

- Gracias - dijo Ron y sus orejas se pusieron coloradas-. Cuando tengamos completo el equipo ensayaremos las estrategias que te mostré para el primer partido con Slytherin
Si Malfoy piensa seguir con Crabbe y Goyle como golpeadores será sencillo


- Ron
Tengo algo que mostrarte. - y Harry, metiendo la mano en su túnica extrajo el diario de su madre.

- ¿Esto es lo que has estado leyendo todos estos días?

Harry asintió.

Ron lo abrió con cuidado, como si se tratara de algo peligroso que fuera a morderlo, a estallar o a transportarlo a otro sitio.

Volteó con precaución las primeras páginas y cuando comprendió de lo que se trataba, sonrió.

- Oh, sí. Mi madre tiene uno parecido sobre cada uno de nosotros. Entiendo por qué no querías mostrármelo. Si te hace sentir mejor, la próxima vez que vengas a casa menciónale el tema a mi mamá. Te mostrará mi libro, el de Ginny, el de Bill, el de Charlie
Mejor que estés preparado para ver bebés desnudos y escuchar anécdotas aburridas durante un largo rato. La de la araña es su favorita sobre mí
- concluyó Ron - ¿Dónde lo encontraste?.

- Estaba en la bóveda de Sirius.

- Oh por supuesto
- exclamó Ron-. Después de todo él es
quiero decir, era tu padrino. Perdóname no quise


- Está bien - dijo Harry cambiando rápidamente de tema-. También encontré esto en la última página


Ron tomó en sus manos el pergamino y lo examinó cuidadosamente. Lo hizo girar en varias direcciones y finalmente se lo devolvió a Harry.

- Extraño
¿sabes lo que dice?

Harry negó con la cabeza.

- ¿Piensas que esté relacionado con Tú-sabes-Quien?

Harry se detuvo. Hasta ahora no se le había ocurrido pensar en eso.

Pero lo que Ron sugería era lógico. ¿Por qué otro motivo habría estado escrito en clave si no era para evitar que alguien pudiera leerlo?

- Hermione sabrá qué hacer
Ella es buena para estas cosas - agregó Ron-. A menos que


Ron se detuvo y miró de reojo a Harry.

- Vamos, completa la frase
¿A menos que qué?

- A menos que quieras mostrárselo a Dumbledore. ¿Quién mejor que él para este tipo de cosas? Además quizás se trate de algún documento de la Orden.

Harry volvió a guardar el diario en el interior de su túnica y él y Ron regresaron en silencio hasta el castillo. Harry no había estado a solas con Dumbledore desde la muerte de Sirius y no estaba muy seguro si quería volver a hablarle.



Finalmente, la curiosidad fue más fuerte que su recelo. Esa noche al finalizar la cena, Harry corrió detrás de Dumbledore y le dijo:

- Eh
Disculpe Profesor Dumbledore ¿Podría hablar un momento con usted?

Dumbledore miró fijamente a Harry durante unos instantes y luego con una sonrisa en el rostro exclamó:

- Por supuesto Harry, ven conmigo.



Harry siguió a Dumbledore hasta su despacho. El Director se sentó en su sillón detrás del escritorio y Harry hizo lo propio en una silla que estaba delante de él.

- Hoy a la tarde mientras estuve en el Callejón Diagon fui a la bóveda de Sirius.- comenzó a decir Harry.

- Suponía que lo harías, Harry. Todos los bienes de tu padrino son legalmente tuyos. Así lo quiso Sirius. Yo mismo firmé como testigo en su testamento. Es un documento mágico y nadie podrá cuestionarlo. Lamento la carga de Kreacher y Grimmauld Place. Pero era necesario


- Sí... Bueno
Los señores Weasley ya me lo explicaron - lo interrumpió Harry-. En realidad quería hablarle sobre otra cosa.

Y sin más preámbulo extrajo el libro de su túnica y lo colocó sobre el escritorio de Dumbledore.

Este lo tomó en su manos, lo abrió y comenzó a hojearlo con evidente satisfacción.

- Me imagino lo que debe significar para ti... Aunque debo preguntarte dónde lo encontraste
Sabes que las posesiones de tus padres fueron destruidas la noche en que fueron atacados por Lord Voldemort.

- Estaba en la bóveda de Sirius
¿No sabe por qué lo tenía él?

En los ojos de Dumbledore se reflejó una leve expresión de alivio.

- No lo sé. Pero no me extraña. Cuando Voldemort comenzó a perseguir a tus padres ellos repartieron muchos de sus objetos más valiosos para preservarlos. Así llegó a mis manos la capa invisible de James. Parece que tu madre pensó que tu padrino era el indicado para conservar tu diario de niño.

- Me gustaría que le diera un vistazo a la última página.

Dumbledore corrió las páginas hasta llegar al pergamino, lo tomó en sus manos con cuidado y observó el documento en silencio durante varios minutos.

Luego movió su varita de diversas formas en todas direcciones.

- Curioso. Sumamente curioso.

Luego tomó un antiguo péndulo de oro de un costado de su escritorio y lo hizo girar sobre el pergamino.

Finalmente dobló la hoja y la colocó nuevamente en el diario.

- ¿Podría decirme lo que dice? - preguntó Harry.

Dumbledore se ajustó los anteojos, cruzó los brazos sobre el pecho y dijo:.

- Me temo que no - dijo por fin recostándose en su sillón.

- Quiero saber lo que dice por muy terrible que sea el mensaje. Ya no soy un niño, tengo derecho a saber. Usted mismo lo dijo. De todas maneras no puede ser peor que la profecía, ¿no?
Aún cuando se tratara de alguna clase de código secreto de la Orden del Fénix creo que


- Harry
Harry
Detente
- dijo Dumbledore levantando una mano-. No puedo decirte lo que dice el pergamino porque no puedo entender su contenido.

Harry se quedó callado asimilando las palabras de Dumbledore.

- Ni una sola palabra - confirmó Dumbledore.

- ¿Tiene idea en qué idioma está escrito?

Dumbledore meditó un instante acariciando su larga barba blanca.

- En ningún idioma que yo haya visto.

- ¿Y el nombre que está escrito al principio: Cecil K. Rett?

- Con los años mi memoria no es tan buena como antes, pero no recuerdo a nadie que lleve ese nombre.

- Eh
profesor
Hay una pregunta más que quisiera hacerle.

- Dime, Harry


- Si por algún motivo no pudiera decirme la verdad, ¿me lo diría?

- Sí. Al menos te diría que no puedo revelártelo. Pero no te mentiría.

Harry suspiró desanimado.

- Lamento no poder ayudarte, Harry. Por primera vez recurres a mí con uno de tus problemas y te vas sin saber más que cuando entraste a mi despacho. Lo único que puedo decirte es que debe tratarse de algo muy valioso para que tu madre lo guardara junto a uno de sus objetos más preciados.

Harry se levantó de su silla desanimado.

- Sí. Bueno
gracias de todos modos. Buenas noches.


Libro de visitas: https://www.melodysoft.com/cgi-bin/gbook.cgi?ID=FictsHA.JKR





CAPITULO CUATRO


ATAQUE AL EXPRESO DE HOGWARTS



Un pequeño islote yermo era azotado por los inmisericordes vientos polares. La rocas desnudas eran bañadas permanentemente por las heladas aguas del mar del norte. En él se levantaba una fortaleza de altísimas y pulidas paredes negras. En cada esquina de la misma, cuatro dragones lanzaban temibles rugidos y barrían con sus llamas todo aquello que se movía de manera sospechosa.

Los mejores aurores del mundo mágico, que habían sido convocados para su protección, paseaban por los distintos sectores enfundados en gruesas capas

Infinidades de hechizos protegían el lugar contra cualquier eventualidad: desde apariciones hasta trasladores.

Por mucho que se buscara no se encontrarían en ese lugar escobas o cualquier otro animal o elemento que ayudara a que las personas que lo habitaban pudieran salir de allí de otro modo que no fuera nadando en las heladas aguas del Mar del Norte.

A través de los gruesos barrotes se observaba el rostro vacío de aquellos que habían sido sentenciados a pasar el resto de sus vidas tras sus muros.

De pronto, una centena de dementores hizo su irrupción de forma tan repentina como silenciosa.

Los centinelas dieron la alarma y los magos se prepararon para defender la fortaleza y repeler el ataque.

Patronus plateados de todas formas y tamaños alumbraron la larga noche repeliendo el ataque con bravura. Pero por cada dementor que era rechazado, otros dos aparecían a ocupar su lugar.

Los magos de la primera línea de defensa se vieron rodeados por negras figuran encapuchadas. Muy pronto un tendal de cuerpos sin alma yacían exánimes sobre la fría piedra. El fuego abrasador de los Colacuerno Húngaros, reducía a cenizas tanto a atacantes como a atacados.

Pero los defensores de Azkabán resistieron con bravura, y a pesar de las terribles bajas causadas por los atacantes, la acometida de los dementores fue cediendo hasta que, tan misteriosa y silenciosamente como habían aparecido, desaparecieron.

Por doquier se veían cuerpos de magos y hechiceras.

Un mago negro con la túnica rasgada y sangrando profusamente por una ceja se acercó hacia otro mago de aspecto imponente e informó.

- Hemos perdido a más de cincuenta aurores, señor - dijo con voz profunda.

El segundo mago apretó los labios y guardó un respetuoso silencio en honor de los caídos.

- ¿Escapó alguno de los internos?

- Me temo que sí, señor. Más de diez mortífagos lograron huir de la sección de máxima seguridad.

- Quiero un informe detallado lo antes posible. Tengo que darle las malas noticias al Ministro de Magia.



Harry despertó sobresaltado y con la frente empapada de un sudor frío. La cicatriz en su frente palpitaba con furia causándole un dolor punzante y agudo con cada latido.

Buscó rápidamente su varita y gritó: Lumos.

El interior de su cama se iluminó instantáneamente. Harry recorrió con su varita todo el lugar hasta convencerse de que ningún dementor lo estaba por atacar.

- Ha sido un sueño. Sólo un mal sueño... - repitió tratando de calmarse.

Las cortinas de su camas se abrieron rápidamente y Harry dio un respingo y se echó instintivamente hacia atrás mientras apuntaba con su varita a la cabeza que había surgido entre las cortinajes.

- Espera, soy yo
- gritó Ron asustado-. Solo quería si estabas bien. Te oí gritar. ¿Acaso la serpiente ha vuelto a
?

Harry respiró profundamente varias veces antes de responder.

- No. Algo peor.

- ¡Peor que la serpiente! ¿El Innombrable ha matado a alguien o
?

Harry negó con la cabeza.

- No. Bueno
tal vez sí. No lo sé. No lo vi a él personalmente. Pero lo que sí vi fue a un montón de dementores atacando Azkabán. Mataron a muchos aurores. Varios mortífagos han escapado.

Ron ahogó con su mano una expresión de terror.

- ¿Crees que debamos decirle a Dumbledore? ¡Seguramente él podría hacer algo!

- Creo que se enterará muy pronto, si es que ya no lo sabe... - respondió Harry y forzando una sonrisa agregó-. Ya me siento mejor. Vuelve a dormir. Mañana empiezan las clases y debemos estar descansados.



A la mañana siguiente El Profeta confirmaba en primera plana que el sueño de Harry no había sido una fantasía.

El profesor Dumbledore y la profesora McGonagall leían la noticia con atención. Al finalizar, Dumbledore clavó sus profundos ojos azules en Harry. Este sostuvo la mirada durante un instante sintiendo cómo una sucesión de imágenes revoloteaban en la superficie de su mente.

Comprendiendo lo que sucedía, Harry - haciendo uso de toda su fuerza de voluntad - rompió el contacto visual escondiendo rápidamente el rostro en su taza.

Dumbledore no le preguntó nada y Harry tampoco lo dijo.

Sin embargo, pudo sentir los ojos del director fijos en él durante un largo instante.



***



Luego del desayuno la profesora McGonagall los puso a ordenar la sala común para el comienzo de las clases.

- ¡No es justo, profesora! - exclamó Ron-. Ese es trabajo de elfos domésticos, no de magos.

La profesora McGonagall frunció el ceño dispuesta a responder, pero luego de pensarlo mejor su rostro se distendió en una sonrisa.

- Me pregunto que pensaría la señorita Granger sobre tu comentario, Weasley. ¿Quieres que lo averigüemos?

Eso solo bastó para que Ron cerrara la boca y comenzara a limpiar y ordenar.

Neville se dirigió al dormitorio y Harry y Ron quedaron solos en la sala común. Harry aprovechó para contarle a Ron lo que había sentido durante el desayuno.

- ¿Así que Dumbledore leyó en tu mente? - preguntó Ron preocupado-. Eso de que los profesores sean capaces de escarbar en tu cabeza no me agrada
Si Snape leyera mi mente durante las clases de Pociones estoy seguro de que me expulsarían de Hogwarts.

- No estoy seguro de que Dumbledore lograra ver algo. Y aunque lo hubiera hecho no creo que se enterara de algo que no hubiera sabido por otros medios - se defendió Harry.

- ¿Crees que Dumbledore esté preocupado porque el Innombrable pueda
bueno
tú sabes
entrar en tu mente nuevamente?

- Él me aseguró que ya no podía hacerlo. Dijo que yo poseo un poder que Voldemort no tiene, que le impide entrar en mí.

Era la primera vez que Harry hablaba con alguien de lo que le había dicho Dumbledore en su despacho.

- ¡Guau! - exclamó Ron -. No me habías dicho nada
¿Y no te dijo que poder era?

Harry negó con la cabeza.

- ¡Wingardium leviosa! - dijo Harry elevando la alfombra de la sala común y manteniéndola en el aire.

- Quizás puedas hacer alguna clase de hechizo especial o dominar a los animales con tu mente como haces con las serpientes


- ¡Yo no domino los animales! Solamente hablo parsel y eso porque Voldemort me pasó parte de sus poderes cuando intentó matarme.

- ¡Deja de decir ese nombre, Harry, por favor! ¡Fregotero! - gritó Ron apuntando al piso con su varita. El suelo se llenó de espuma de jabón.

- Como quieras, pero sería bueno que te acostumbraras a nombrarlo
Hermione lo está haciendo...

- ¡Quizás más adelante! Yo no soy tan valiente como tú...

- ¡Yo tampoco lo soy! ¿No lo entiendes? La mayoría de las veces estoy muerto de miedo, luchando por sobrevivir. Tampoco creo tener ningún poder especial.

- ¿Y por qué Dumbledore te diría eso? ¿No te dio alguna pista de qué poder sería? - preguntó Ron mientras hacía con su varita que dos escobas fregaran el suelo.

- Dijo que era
como era
¡Ah, sí! Una fuerza más maravillosa y temible que la muerte
- dijo Harry imitando la voz de Dumbledore - y que en el Departamento de Misterios había una sala llena de ese poder!

- ¿Serán los cerebros? A mí me parecieron más repugnantes que poderosos - comentó Ron frotándose las cicatrices que le habían quedado de su encuentro con ellos.

- No lo creo. Dumbledore dijo que la sala que guardaba ese poder estaba siempre cerrada. Creo que es el recinto donde se estropeó mi navaja.

- ¿No estarás pensando en regresar allí, no? - preguntó Ron preocupado.

- No creo que sirviera para algo. Dumbledore dijo que yo YA poseo ese poder. ¡Scourgify! - gritó Harry y la espuma del suelo desapareció dejándolo reluciente.



***



El resto del día transcurrió tranquilo. Después del almuerzo, Harry y Ron fueron a aprovechar el tener el campo de Quidditch solo para ellos por última vez.

Finalmente se quedaron en la sala común para distraerse de la ansiedad que les provocaban la llegada de sus compañeros y el inicio de un nuevo año de clases.

La profesora McGonagall ingresó a la sala común con el rostro desencajado.

- ¡POTTER! ¡WEASLEY! ¡LONGBOTTOM! ¡VENGAN RÁPIDO!

- ¿Y ahora qué sucede? - exclamó Ron con fastidio- ¿Alguna limpieza de último momento?

- ¡NO HAY TIEMPO PARA ESTUPIDECES, WEASLEY! ¡HAN ATACADO EL EXPRESO DE HOGWARTS! ¡TOMEN SUS ESCOBAS Y BAJEN AHORA MISMO! ¡RÁPIDO!.

Harry y Ron se miraron sin poder creer lo que habían escuchado. Corrieron al dormitorio a buscar sus escobas y Neville salió para buscar una del escobero del colegio.

Los chicos bajaron rápidamente del dormitorio, atravesaron el retrato de la dama gorda y descendieron por las escaleras de mármol hacia el hall de entrada.



Varios alumnos de otras casas ya estaban allí. El celador Filch hacía guardia junto a ellos con su peor expresión en el rostro, como si todos fueran culpables de algún delito.

- ¿Dónde está Longbottom? - rugió McGonagall

- Fue a buscar una escoba del colegio
Neville no tiene escoba propia - explicó Harry.

La profesora McGonagall soltó un bufido de impaciencia.

- No hay tiempo para esperarlo
Señor Filch, cuando llegue Longbottom, dígale que nos alcance en Hogsmeade, si es que es capaz de llegar solo. El resto de ustedes, síganme.

Harry observó que Gregory Goyle se encontraba entre los alumnos y mientras montaba su escoba se preguntó si su padre había tenido que ver con el ataque.

- Vamos - apremió McGonagall pateando el suelo y elevándose en su escoba . El grupo voló tras ella rumbo al pueblo.





Aunque el sol ya se había puesto, desde al aire Harry pudo observar el Expreso de Hogwarts detenido en la estación de Hogsmeade. Uno de los vagones parecía literalmente haber estallado. Pedazos de hierros retorcidos de lo que antes era el techo se elevaban hacia el cielo como si fueran las uñas de una garra siniestra.

McGonagall les indicó por señas que descendieran en un campo cercano iluminado por una luna creciente que asomaba por encima de las montañas.

En la estación de Hogsmeade la escena era caótica e inspiraba miedo. Reinaban el desorden y la confusión.

Hagrid agitaba un farol gritando a voz en cuello:

- Los de primer año conmigo... Los de primer año conmigo...

Madam Pomfrey, el profesor Dumbledore, el profesor Snape, el profesor Flitwick y varios magos adultos - algunos de la Orden del Fénix - se movían atareados entre los aturdidos alumnos. Era evidente que hacía un rato que habían llegado.

De todas partes se escuchaban gritos, lamentos, llantos y quejidos.

McGonagall gritó para hacerse oír por encima del vocerío:

- Reúnan a los alumnos de Quinto, Sexto y Séptimo año de sus casas. Hagrid se está encargando de los de primer año. Y yo me encargaré de los de segundo, tercero y cuarto. Asegúrense de que están todos. Si no encuentran a alguien, avísenme enseguida a mí. Si alguien está herido, aunque la herida parezca de poca importancia, llévenlo con Madam Pomfrey para que lo evalúe. Si la herida parece grave lancen chispas rojas con su varita. Una vez que hayan reunido a todos los alumnos, esperen sentados en este campo hasta que alguien los pueda acompañar hasta el castillo.

La profesora McGonagall se interrumpió para hacerle señas a Neville que acaba de llegar. Resoplando éste se unió al grupo de sus compañeros.

- Potter
Weasley
explíquenle a Longbottom lo que hay que hacer. El resto muévase.

Harry y Ron corrieron hacia el andén mientras ponían a Neville al corriente.

- Lumos - gritó Harry.

- ¡GINNYYYY! ¿Dónde estás? ¡Hermione! ¡GINNYYY! - gritó Ron mientas acercaba la punta iluminada de su varita a los rostros de la multitud que los rodeaba.

Algunos alumnos estaban tirados en el suelo y lucían aturdidos y confundidos. Otros sangraban profusamente e intentaban detener sus heridas con sus túnicas u otros elementos. Otros daban evidentes señales de estar bajo los efectos de distintos maleficios.

- ¡Ey, Harry aquí! - llamó una voz familiar.

Era Colin Creevey que les hacía señas desde el interior de un vagón.

- ¿Te encuentras bien, Colin? - preguntó Harry.

- Yo, sí - respondió el Colin-. Pero mi hermano está herido y no puede moverse. ¡Qué suerte que te encontré, Harry!

Los chicos subieron al coche. Dennis Creevey yacía inconsciente en uno de los asientos.

- ¿Qué le sucedió? - preguntó Ron.

- C-creo que l-le echaron el m-maleficio Cruciatus
No estoy seguro
- tartamudeó Colin - Había mucho ruido. ¿Crees que se pondrá bien?

Harry y Ron intercambiaron una mirada de preocupación.

- Por supuesto, Colin - afirmó Harry tratando de lucir sincero-. Ven. Vamos a llevarlo con Madam Pomfrey.

Harry cargó a Dennis de un lado y Colin hizo lo propio del otro.

Una vez que lo bajaron del andén, lo recostaron con cuidado en el suelo y Ron hizo salir chispas rojas de su varita.

A los pocos minutos se acercó Lupin.

- Hola Harry
¿Qué sucede?

- Hola, profesor Lupin. Es Dennis Creevey
Está inconsciente. Su hermano cree que le aplicaron el maleficio Cruciatus.


- Bien
No se preocupen. Lo llevaré con Madam Pomfrey, Locomotor cuerpo - gritó Lupin apuntando con su varita.

El cuerpo de Dennis Creevey se elevó del suelo y Lupin lo condujo con su varita.

- Quiero ir con él - dijo Colin.

- Por ahora lo mejor es que permanezcan todos juntos - aconsejó Lupin -. Me aseguraré de que te informen en cuanto haya recuperado el conocimiento.

Colin partió a reunirse con McGonagall y Harry, Ron y Neville continuaron la búsqueda.



Gita Mehta, una alumna de Gryffindor de séptimo año, les hizo señas para que se acercaran. Tenía los ojos rojos y una expresión abatida. Junto a ella un grupo de alumnos de séptimo se consolaban mutuamente. Dos chicas lloraban abrazadas.

- ¿Están todos bien? - preguntó Gita.

- Sí, aunque todavía no hemos encontrado a nadie de sexto
- respondió Harry-. ¿Y ustedes?

Se hizo un silencio incómodo y finalmente Gita anunció en un susurro.

- Mataron a Richard Collier.

Varias chicas rompieron a llorar.

- Eh
Creo que deberíamos seguir buscando a los demás - dijo Ron que miraba impaciente hacia todos lados.

- La profesora McGonagall dijo que nos agrupáramos - dijo Harry- ¿por qué no se quedan ustedes aquí mientras nosotros buscamos a los que faltan? - sugirió Harry.

Gita asintió con la cabeza conteniendo el llanto.

- Los de séptimo ya estamos todos aquí.

Harry, Ron y Neville avanzaron lentamente entre la multitud. Un grupo de chicos de Hufflepuff se cruzó con ellos.

- ¡Hola, Harry!, ¿Estás bien? - preguntó Luna Lovegood. Pero fue Ron el que le contestó:

- Estamos buscando a mi hermana, y a Hermione, Luna. ¿Las has visto?

- Sí, iban en un compartimiento con Dean Thomas y Seamus Finnegan.

Un chico alto, que jugaba en el equipo de Quidditch de Hufflepuff, la apresuró:

- Vamos, Luna, tenemos que llevar a los demás a la enfermería.

- Adiós, Harry, y suerte. Ojalá las encuentren. - se despidió Luna.

El grupo retomó el camino, tratando de adivinar los rostros en la oscuridad del andén. Una voz los llamó un par de metros más adelante:

- ¡Harry! ¡Ron! ¡Aquí! - gritó Dean Thomas asomándose por la puerta de un vagón del tren y agitando su brazo.

- ¡Es Dean! - gritó Ron corriendo a su encuentro-. ¡Ginny debe estar con él!

Cuando Harry y Neville entraron al vagón, Ron tenía a Dean tomado por las solapas de la túnica y lo sacudía con furia. Seamus estaba sentado en uno de los bancos con expresión aturdida y sangrando por una herida en su cabeza.

- ¿Cómo que no sabes donde está? ¡Tú deberías saberlo, era tu novia! ¡Se supone que debías estar con ella! ¡Si algo le pasó a Ginny te juro que no vivirás para contarlo! - gritaba Ron completamente fuera de sí.

Dean intentaba en vano tartamudear una explicación pero, la furia de Ron estaba más allá de cualquier intento de escuchar excusas.

Harry lo tomó de los hombros y lo separó hacia un costado.

- ¿Estás bien? - preguntó dirigiéndose a Dean.

- Sí - respondió éste mientras se acomodaba la túnica-. Lo lamento, me separé un instante con Seamus para ir a buscar a la bruja del carrito de comida


- ¡ERES UN COBARDE! - gritó Ron- ¡LA DEJASTE SOLA!.

Neville y Harry debieron sostenerlo para que no iniciara una nueva pelea.

- Harry - dijo Neville -. Creo que Madam Pomfrey debería ver a Seamus. No luce nada bien


- Bien, lo sacaremos al andén, ¿Ron, me ayudas?

Ron le echó a Dean Thomas una última mirada asesina y asintió.

- Esto no ha terminado - susurró al oído de Dean cuando pasó a su lado.

- Déjalo, Ron - lo apremió Harry- Ahora no es el momento.

Harry contempló a Seamus que lucía realmente mal, estaba muy pálido. Harry hizo salir varitas rojas de su varita.

- ¿Dónde estaban las chicas la última vez que las viste? - preguntó Harry a Dean.

- Dos vagones más adelante, creo... Cuando comenzó el ataque corrí, y estoy un poco desorientado.

Dean miró alrededor buscando algo que le permitiera ubicarse.

- No más de dos vagones, creo que sí.

Neville, Harry y Ron subieron nuevamente al tren y avanzaron con lentitud a través de los vagones. Las pocas luces que aún permanecían encendidas titilaban impidiendo ver con claridad

- ¡Ginny! - gritaba Ron con voz desesperada-. ¡GINNYYYY!

Por todos lados se veían señales del ataque: baúles volcados, túnicas, remeras, y otras prendas desparramadas por doquier, pedazos de pergaminos, tinteros volcados, lechuzas ululando lúgubremente, y sangre por doquier.... Una rata se escabulló entre los despojos.

Algo saltó de entre unas maderas caídas y se plantó delante de ellos.

Harry le apuntó con su varita.

- ¡Detente! - gritó Ron - Es Crosshanks. Él sabrá donde se encuentran Hermione y Ginny. ¡Crosshanks llévanos con las chicas, pronto!

Como si hubiera estado esperando esa orden, Crosshanks se puso en movimiento, deteniéndose solamente para esperar al grupo que avanzaba con dificultad entre los derruidos vagones.

Finalmente Crosshanks entró a un compartimiento y los chicos se precipitaron en su interior.

- ¡Harry, Ron! ¡Qué alegría verlos! - dijo Hermione echándose a sus brazos y poniéndose a llorar.

Harry vio a Ginny que yacía recostada sobre uno de los bancos. Su rostro estaba sucio y su pelo revuelto. Sin embargo, a Harry nunca le pareció más bello. En su pecho brillaba un insignia de prefecto.

Harry se inclinó junto a ella y tomándole una de las manos entre las suyas, la llamó con suavidad mientras la palmeaba.

- Ginny, ¿estás bien?

Al escuchar el nombre de su hermana, Ron se soltó del abrazo de Hermione y se arrodilló junto a Harry y Ginny.

Ginny entreabrió los ojos e intentó incorporarse pero Harry se lo impidió.

- No te esfuerces
¿Cómo estás?

- Hola Harry
Hola Ron
Estoy bien - saludó Ginny en un murmullo-. Sólo estoy un poco cansada. Me echaron un maleficio y
Tengo mucho sueño
Pero Hermione no me deja cerrar los ojos


Ron le echó una mirada furiosa a Hermione. Ésta le sostuvo la mirada unos instantes y con los brazos en jarra le respondió:

- ¡Ron, a veces eres un estúpido! En alguna parte leí algo sobre un maleficio del sueño
Si mal no recuerdo, decía que aquellos que se quedan dormidos no despiertan jamás
¡Eh, Ginny, despierta! ¡Harry, pronto!

Los ojos de Ginny se había cerrado. Harry la tomó de los hombros y la sacudió con firmeza... Ginny entreabrió los ojos y dijo con voz pastosa.

- ¿Tú tampoco me dejas dormir
? Tengo mucho sueño


- Vamos - dijo Harry levantándola -. Debemos llevarte con Madam Pomfrey
¿Por qué no nos dijiste que te habían nombrado prefecto?

Ginny abrió sus ojos castaños y miró a Harry.

- No quería desviar la atención de tu fiesta de cumpleaños
¡Has tenido tan pocas!

Harry aferró firmemente en el cuerpo de Ginny contra el suyo sin saber qué responder.

- Con cuidado - advirtió Hermione-. Creo que volvió a lastimarse el tobillo.

Harry pasó un brazo de Ginny por su hombro y Ron hizo lo propio con el otro. Lentamente encontraron la salida del vagón, seguidos por Hermione que avanza con dificultad con una mano apretada en su costado.

Una vez en el andén, Ron levantó su varita e hizo salir chispas rojas de la misma.

Un sanador de túnica verde se acercó al grupo. Luego de escuchar el relato de Hermione decidió que lo mejor era llevar a las chicas a una enfermería de campaña que habían montado adentro de la estación.

Harry y Ron ayudaron a llevarlas, pero una vez que las chicas estuvieron adentro, primero les pidieron y luego les ordenaron que salieran para dejarlos trabajar.

Los muchachos se sentaron en el piso del andén de madera con expresión abatida.

- Van a ponerse bien - dijo Neville.

- ¡Chicos! ¡Aquí! - era Gita Mehta con un nutrido grupo de alumnos de los cursos superiores de Gryffindor.

- La profesora McGonagall nos llama - dijo un chico de quinto año- Quiere que nos juntemos todos en el prado.

El grupo se puso en camino .

Ron se acercó a Harry y dijo muy bajito, casi como para sí mismo.

- Sabes, Harry . Tú deberías ser el novio de Ginny y no ese estúpido de Dean Thomas
Tú no hubieras permitido que nada le sucediera.

Harry pensó en responderle que él había puesto en peligro de muerte no solamente a Ginny sino a todos ellos cuando los llevó directamente a la trampa que Lord Voldemort le había tendido en el Departamento de Misterios, pero en el estado en que se encontraba Ron, lo mejor era no discutir con él.

- Rápido - llamó la profesora McGonagall -. Pasaré lista y luego regresaremos al castillo


Y al ver los rostros cansados y abatidos agregó:

- Varios sanadores han llegado directamente de San Mungo para ayudar a Madam Pomfrey. Sus compañeros estarán bien atendidos
Hemos avisado a los familiares de los heridos y llegará muy pronto
Vamos


La estación de Hogsmeade estaba mucho más vacía que cuando llegaron. Unos cuantos alumnos agrupados por casas se preparaban para regresar al castillo. A la pálida luz de la luna, Harry distinguió la silueta de Snape junto a los alumnos de Slytherin. Por la cantidad de alumnos que vio, a Harry le pareció que no habían sufrido muchas bajas. Malfoy hablaba con Crabbe y Goyle haciendo grandes ademanes. Por la expresión de su rostro parecía estar describiendo un partido de Quidditch más que el ataque.

Al ver a Harry le dedicó una sonrisa burlona, aunque se cuidó muy bien de hacer cualquier comentario.

Harry sintió una puntada en la frente y estuvo seguro de que Snape también se había percatado de su presencia.

- ¿Todos listos? - gritó la profesora McGonagall-. Bien
Síganme hacia el castillo. Una vez allí vayan directamente hacia la torre Gryffindor. Weasley, aún sigues siendo prefecto, así que estás a cargo.


Libro de visitas: https://www.melodysoft.com/cgi-bin/gbook.cgi?ID=FictsHA.JKR




CAPITULO CINCO
SNAPE Y STAKER





Los alumnos de Gryffindor cenaron en la sala común, aunque nadie tenía mucho hambre y apenas tocaron la comida.

Pasada la medianoche, la profesora McGonagall les informó que los que habían sido heridos se recuperaban satisfactoriamente en la enfermería del colegio. Algunos alumnos habían sido trasladados a San Mungo, pero su pronóstico era optimista.

Finalmente con lágrimas en los ojos, leyó los nombres de los alumnos que habían fallecido durante el ataque, y les informó que los funerales se realizarían en el colegio por la mañana.



El día siguiente fue uno de los momentos más tristes en la historia de Hogwarts.

Durante toda la mañana el colegio se pobló de familiares y amigos de los alumnos fallecidos durante el ataque al Expreso de Hogwarts.

Los alumnos fueron velados en el salón principal.

Harry pudo confirmar sus sospechas de que ningún alumno de Slytherin había perdido la vida.

Los compañeros de cada casa no terminaban de creer lo ocurrido. En el salón reinaba un absoluto silencio, roto únicamente por algunos sollozos. Los alumnos se habían agrupado por casas, con los rostros abatidos haciendo comentarios como:

- Todo sucedió muy rápido. Vimos mucho humo y pensamos que había ocurrido un accidente. Nunca imaginamos que pudieran ser los mortífagos. Apenas tuvimos tiempo de reaccionar...

- No lo puedo creer
Aún me parece que en cualquier momento va a aparecer y hacer una broma como siempre


- Suerte que Lupin y Moody viajaban con nosotros
Si no fuera por ellos


- ¿Por qué sucedió esto? No entiendo por qué a nosotros


- La chica del pelo color de rosa me salvó la vida
Hoy estoy aquí gracias a ella


- Ahora entiendo lo que me contaban mis padres sobre la primera guerra contra el Innombrable


Poco a poco un comentario se fue generalizando en todos los grupos:

- ¿Se dieron cuenta que ningún alumno de Slytherin fue atacado?

De hecho los alumnos de la casa de la serpiente eran seguidos con miradas de odio, bronca y desprecio por todos los demás alumnos del colegio.

Al principio habían intentado algún tipo de respuesta burlona o mirada desafiante, pero luego comprendiendo que estaban en desventaja, habían optado por desaparecer del salón y refugiarse en la sala común de su casa.

El resto de los alumnos de Hogwarts contemplaron en silencio, siempre en silencio, el ir y venir de aurores, empleados del Ministerio, periodistas familiares y amigos de las víctimas.

Muchas personas tenían el semblante del que cae y cae por el túnel en una pesadilla.

Todos los alumnos participaron del homenaje a los caídos. Todos en silencio. Ni una palabra. Pero sus expresiones lo decían todo. Contemplando los rostros desfigurados de los padres de los caidos. Escuchando al profesor Dumbledore leer en voz alta la desoladora lista de los desaparecidos.

Entonces el salón principal se llenó de llantos.



***



Esa noche tuvo lugar el postergado banquete de bienvenida aunque era evidente que Hogwarts estaba de luto.

El Profeta había sacado una edición especial, con historias de testigos del ataque, testimonios de familiares y una reseña de los caídos. El resto de la edición se completaba con encendidos artículos artículos llamando a la lucha contra el Innombrable y criticando al Ministro de Magia por su falta de respuesta ante la situación.



Los ánimos del alumnado estaban sumamente caídos. No se escuchaban los habituales gritos y risas que poblaban la ceremonia.

Los nuevos alumnos de Hogwarts se prepararon a ser eran ubicados en las distintas casas, por medio del Sombrero Seleccionador.

Los alumnos de primer año habían pernoctado en el salón comedor.

La profesora McGonagall colocó el banquito alto y el sombrero seleccionador y desplegó el pergamino con la lista de los nombres de los alumnos.

Entonces el remendado sombrero comenzó a cantar.



Cada casa refleja lo que su fundador pensó,

Los logros que buscaba en la mente de cada alumno,

y los caminos elegidos para conquistarlos.

Piensa muy bien no vayas a equivocarte.



Yo puedo ver tu mente y explorar tu corazón,

Solo tú puedes decirme cual es tu mayor ambición,

Yo respeto tus deseos cuando hago mi elección

No vayas a equivocarte mide tus opciones.



Salazar Slytherin buscaba la ambición,

Sueños de grandeza, sangre pura, Artes negras

Pero no se fijaba en cómo conquistarlas,

El fin justifica los medios, para ganar todo vale.



Ravenclaw quería individualistas,

Mentes brillantes, alumnos arrogantes,

Cada uno en su estilo buscando destacar,

Llenos de ciencia, erudición y conocimiento.



Hufflepuff eligió jugadores de equipo

Que juntos avanzaran sin dejar nadie atrás,

Todos para uno y uno para todos

La unidad es su fuerza, la unión es su verdad.



Gryffindor quería sueños de grandeza,

Que fueran aclamados y admirados por todos.

Gloria con honor conquistada con valor,

Ser héroes, campeones, bravos conquistadores.



Ahora que ya sabes cuales son las opciones

Piensa en la casa de tu preferencia,

Cuales son tus metas, lo que quieres conquistar

Y los medios por los cuales a ellas llegaras.



Al finalizar la canción hubo unos tímidos aplausos. Y la profesora McGonagall aclarándose la garganta comenzó a llamar a los alumnos del listado.

- Anderson, Heidi

Una niña rubia de trenzas con una venda en su brazo se sentó en el banquito y se colocó el sombrero.

- Gryffindor - gritó el sombrero seleccionador.

Los alumnos fueron pasando de a uno en uno y sus casas los recibieron con una alegría contenida. No había muchos ánimos para festejar.

Lo único que despertaba a los alumnos de su letargo era cuando el sombrero seleccionador gritaba: Slytherin.

Entonces el resto de las casas se unía en un abucheo ensordecedor que opacaba los gritos de bienvenida de la casa de la serpiente.

Finalmente cuando Zimmerman, Robert fue enviado a Hufflepuff la profesora McGonagall retiró el banquito y el sombrero y salió del salón.

En ese momento Hermione ingresó entró por la puerta principal y se sentó entre Harry y Ron.

Los dos amigos la saludaron efusivamente.

- Hola Hermione ¿cómo estas? - saludó Harry.

- Bien - dijo ella-. Por suerte fue solo una herida menor. Después los pongo al tanto.

El profesor Dumbledore se puso de pie y los pocos comentarios que se escuchaban en el salón se silenciaron.

Solían referirse a él como al mayor mago de la época. Decían que era el único al que Innombrable temía. Después de presenciar el duelo que protagonizara en el Ministerio de Magia contra Voldemort, a Harry no le quedaba ninguna duda de que Dumbledore era un mago excepcional.

Aunque había pasado los cien años, Dumbledore siempre daba la impresión de tener mucha energía. Pero ahora su rostro, parecía mucho más viejo y cansado.

- ¡Bienvenidos! comenzó a hablar intentando sonar alegre Otro año que comienza en Hogwarts. Aunque este año es distinto a los demás. Estamos en guerra y creo que todos ustedes han tomado dolorosa conciencia de lo que este hecho significa. La guerra no es algo lejano que leemos en El Profeta, sino una realidad cercana que nos involucra a todos. El ataque al Expreso de Hogwarts ha sido sin duda un gran golpe para todos nosotros. Muchas familias han sido destrozadas. Todos hemos perdido a alguien que queríamos.La muerte siempre es un drama, pero aquí se une la juventud y la alegría que la hacen, si cabe, mucho más trágica. Lord Voldemort en su búsqueda insaciable de poder ha sesgado vidas que aún no habían comenzado.

Las mesas de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw echaron duras duras de reproche a los de Slytherin.

Dumbledore hizo una pausa y recorrió con la vista el salón. Inspirando profundamente continuó.

- Vivimos tiempos difíciles. Pero el odio y la división solo sirven al enemigo. El mal solo se combate con el bien. Las actuales circunstancias no deben llenarnos de temor, pero tampoco de un enojo ciego que nos lance a atacar a tontas y a locas a todo lo que se cruce en nuestro camino. Su trabajo es prepararse lo mejor posible para hacer frente a los desafíos que el momento actual les presenta. Mi tarea y la de los profesores es instruirlos lo mejor que podamos. Este es el mejor homenaje que podemos rendir a nuestros compañeros caídos: Vivir y vencer,

Dumbledore tomó su copa y alzando el alto brindó:

- Por los caídos.

- Por los caídos - respondieron al unísono cientos de voces.

Cuando los murmullos se aquietaron el profesor Dumbledore continuó.

- Quiero agradecer personalmente a todos los alumnos han tenido una actuación destacada durante este trágico evento. Con su valor han ayudado a que el ataque no se transformara en algo peor.

- Si, salvo Malfoy que se escondió en un compartimiento gritando, No me hagan daño, soy el hijo de Lucious Malfoy, Soy el hijo de Lucious Malfoy. - contó Hermione por lo bajo.

Harry y Ron le lanzaron sendas miradas de odio.

Malfoy hizo como que nos los veía y mantuvo su vista fija en la mesa del director, aunque Harry estaba seguro de que los había visto.

Dumbledore continuó

- Antes de que comience el banquete quiero dar la bienvenida a nuestro colegio al profesor Staker que muy valientemente ha accedido a enseñar Defensa contra las Artes Oscuras.

El profesor Staker se puso de pie. Era la primera vez que Harry lo veía subir al comedor. Vestía un túnica negra con ribetes ribetes y botones rojos y un gorro haciendo juego.

Se llevó una mano a su gorro a manera de saludo y se sentó acompañado por unos tímidos aplausos. Harry, Ron y Neville aplaudieron con ganas. Gracias a él iban a poder tomar los EXTASIS de Pociones.

- ¿Lo conocen? - le preguntó Hermione a Ron y Harry.

Ambos asintieron.

- Nos dio el curso de verano de pociones - le susurró Ron rápidamente-. Es un poco formal, pero está bien.

Snape lucía peor que de costumbre. Su peor expresión de odio se había intensificado. Ni siquiera se había molestado en aplaudir.

Dumbledore se aclaró la gar­ganta, y proclamó:

- Cuando nos sucede algo malo, muchos tienen el deseo de morir, se tiran en sus camas y desean la muerte. Pero lo único que sucede es que uno sigue viviendo. La vida sigue y no espera al que se queda. ¡Que comience el banquete!

Las fuentes doradas y las copas que tenían adelante se lle­naron de pronto de comida y bebida. Fue un banquete delicioso aunque ninguno de los presentes tenía mucho apetito. Poco a poco el tintineo de los cuchillos y tenedo­res fue tapado por tímidas con­versaciones, la mayoría relatos del ataque.

Harry, Ron trataron de que Hermione les contara algún detalle del ataque pero todo lo que habían obtenido de ella era un Aquí no. Y luego se había negado a responder cualquier pregunta relacionada con el mismo.

Aunque Ron seguía disgustado con Dean Thomas, no pudo evitar parar la oreja para obtener algunos detalles del ataque. Lavender y Parvati agregaban algunos detalles pegando pequeños grititos de terror.

Finalmente, cuando los últimos bocados de tarta de cala­baza desaparecieron de las bandejas doradas, Dumbledore anunció que era hora de que todos se fueran a dormir

Harry, Ron y Hermione se reunieron con los demás estu­diantes de la casa Gryffindor que subían en tropel la escalera de mármol y, ya muy cansados, siguieron por más corredores y subieron más escaleras, hasta que llegaron a la entrada se­creta de la torre Gryffindor.

- ¿Contraseña? - interrogó un retrato grande de una dama gorda, vestida de rosa:

- ¡No olvidaremos! - dijo Ron.

- Muy bien dicho, querido - aprobó la dama gorda, y les franqueó el paso.

Después de cruzar el retrato y recorrer la sala común, chi­cos y chicas se separaron hacia sus respectivos dormitorios. Harry, Ron y Hermione permanecieron en la sala común esperando que el último de los alumnos se fuera a dormir.

- Bien. ¿Ahora vas decirnos por qué tanto misterio? - interpeló Ron a Hermione mirando alrededor para asegurarse de que nadie los escuchaba.

Hermione miró a Harry a los ojos y casi sin respirar dijo:

- Parece que los que atacaron el expreso te buscaban a ti, Harry. No sabían que habías venido a la escuela de verano. Las fuentes de información de Voldemort en el Ministerio parecen no estar funcionando.

- Querrás decir Lucios Malfoy - agregó Ron- Y por favor no empieces tú a decir ese nombre también.

- ¡Oh vamos Ron, no seas tonto! Siempre estás
- Hermione se detuvo contemplando a Harry. Se había quedado completamente callado y ensimismado.

- ¡Anímate Harry! ¡No estarás pensando que tú fuiste responsable por el ataque al tren! ¿verdad?

- Bueno, no fui yo quien lo dije - respondió Harry con expresión dolorida.

- Ya sabes como son las chicas, Harry, se la pasan todo el día parloteando y no saben cuándo cerrar la boca... - expresó Ron mirando a Hermione con una expresión de reproche.

- ¡Ron, eres un machista igual que todos los chicos! - dijo una voz a sus espaldas.

- ¡GINNY! - gritó Ron poniéndose de pie y corriendo hacia ella. Harry y Hermione lo siguieron.

Cuando logró librarse de los abrazos se sentó junto a ellos frente a la chimenea y mirando a Harry comentó:

- Harry, yo y muchos otros chicos estamos vivos gracias a las clases del Ejército de Dumbledore. Literalmente salvaron nuestras vida. No creo que nadie esté pensando en culparte sino en agradecerte. Es más deberías pensar en continuarlas este año. Ahora que no está Umbridge estoy segura que Dumbledore aprobará la idea con entusiasmo...

- Si no hubiera sido por mi no hubieran atacado el tren en primer lugar y no hubieran tenido necesidad de defenderse...

- ¡Lo dices cómo si tú controlaras las acciones de Voldemort! Es él quien está en guerra con el mundo mágico. No puedes culparte por lo que hace un loco que solo busca el poder... - acotó Hermione -. ¡Y ya deja de tirarme de la manga, Ron!. Voy a decir el nombre de Voldemort todas las veces que quiera, así que mejor vete acostumbrando.

- Es que ustedes no saben
- murmuró Harry-. No saben


Por primera vez a Harry le costaba retener las lágrimas. El peso de la profecía era demasiado pesado para él .

- ¿Si supiéramos qué, Harry? - preguntó Ron.

Harry negó con la cabeza.

- Vamos, Harry. Te sentirás mejor si nos cuentas. No debes tratar de cargar el mundo sobre tus hombros todo el tiempo - lo animó Ginny.

Harry volvió a negar.

- No, no puedo. Es algo que me involucra a mí y a nadie más..

- Escucha Harry - dijo Ginny mirando a Harry directo a los ojos -. Te guste a no somos tus amigos. Y los amigos no son solo para las buenas sino sobre todo para las malas. Todos te hemos seguido al Ministerio cuando fuiste a rescatar a Sirius y te seguiremos a donde sea para vencer al Innomb
a Voldemort
Así que creo que nos hemos ganado el derecho a que confíes en nosotros.

Harry permaneció en silencio durante un instante que a todos les pareció eterno meditando lo que Ginny había dicho.

- ¿Qué hacen ustedes todavía despiertos? - los reprendió la profesora McGonagall ingresando en la sala común-. Weasley me alegro que hayas salido de la enfermería, pero Madam Pomfrey indicó que debías descansar. Y eso va también para todos ustedes. Mañana comienzan las clases y ya han vivido demasiado emociones en los últimos días.

- Pero profesora
- comenzó a decir Ron.

- ¡¡WEASLEY Y EL RESTO DE USTEDES A LA CAMA AHORA O COMENZARÉ A DESCONTARLE PUNTOS A GRIFFINDOR ANTES DE QUE LOS HAYAN GANADO!! - ordenó McGonagall.

Todos se levantaron y subieron apresuradamente a los dormitorios.

Harry se cambió rápidamente y se metió en la cama.

- Harry - escuchó que lo llamaba Ron en un susurro.

- Hasta mañana, Ron - respondió Harry.





***

La primer clase de ese día era Pociones.

La puerta se abrió y Snape ingresó rápidamente a las mazmorras. Su túnica flotaba detrás de él produciendo un conocido fru fru. Se detuvo detrás del escritorio y lanzó al grupo una mirada asesina. Todos hicieron silencio inmediatamente.

- Antes de comenzar la clase de hoy - dijo Snape desde el escritorio mirando fijamente a todos los estudiantes-, quiero recordarles que sólo preparo a los mejores alumnos para los EXTASIS de Pociones. Espero que mantengan el nivel Extraordinario que han acreditado en sus MHB durante todo el año.

Algunos estudiantes de Slytherin que estaban sentados en la primera fila, se acomodaron orgullosos en sus asientos.

- A esta altura todos deberían saber que en esta clase no agitan sus varias o repiten tontos encantamientos. Sin embargo, hasta el más estúpido debería tener en claro que la magia debe ser usada en la elaboración de pociones. Si no fuera así, hasta los muggles podrían hacerlas - la boca de Snape se torció hacia un costado en un gesto de desprecio-. De hecho, si le dieran a un muggle los ingredientes y y la receta de una poción, al finalizar terminaría con un engrudo maloliente semejante a los que realiza de Longbottom.

Neville escondió su rostro colorado detrás de su caldero. Varios alumnos de Slytherin, incluido Malfoy, soltaron una risita. Otros en cambio miraban a Snape con el rostro fruncido y expresión desafiante.

- Son pocos los alumnos que están a la altura de este desafío. La elaboración correcta de una poción requiere el uso activo de la magia para que esta funcione. La mezcla correcta de los ingredientes y la reproducción precisa de los movimientos son en sí mismos el equivalente a un encantamiento. Es un arte que solo los magos mejor preparados llegan a dominar.

Hizo una pausa para dejar que sus palabras penetraran en los cerebros de sus alumnos y anunció:

- Hoy vamos a preparar venenos y antídotos. Quiero advertirles que tanto unos como otros serán probados en clases entre ustedes. Así que les sugiere que presten especial atención a lo que hacen. Los ingredientes y la preparación - Snape agitó su varita- están en el pizarrón.

El profesor Snape comenzó a caminar entre los alumnos y al llegar a Harry se detuvo con una espantosa sonrisa burlona.

- Potter, ¿Qué hace aquí? No esperaba verlo en mi ÉXTASIS. Según creo recordar sacó solamente un Aceptable en sus MHB de Pociones,

Harry se mordió el labio inferior y fijó la vista en su caldero.

- Dejé bien en claro que solo acepto en mi ÉXTASIS alumnos que hayan obtenido Extraordinario en sus MHB


- El profesor Staker les dio clases en la escuela de verano y
- repuso Hermione

- ¡DIEZ PUNTOS MENOS PARA GRIFFINDOR, GRANGER! ¿POR QUÉ SIEMPRE TIENES QUE DAR LA RESPUESTA A UNA PREGUNTA QUE NADIE HIZO?

- Pero, profesor usted preguntó


- ¡OTROS DIEZ PUNTOS MENOS PARA GRIFFINDOR POR VOLVER A INTERRUMPIR! ¿DESDE CUÁNDO LA VIDA POTTER ES ASUNTO SUYO?

Hermione apretó los labios y se esforzó por contenerse.

- Por supuesto que estoy al tanto de esa Escuela de Verano - por el tono de voz del profesor era clara su opinión desfavorable sobre la mismo -. El profesor Staker no ha dejado ninguna información acerca de los temas vistos ni sobre el rendimiento de los alumnos.

Snape se acercó al oído de Harry y casi susurrando le dijo:

- No creas que porque algún fantoche ignorante e incompetente te ha permitido acceder a mis EXTASIS de Pociones mi opinión sobre ti ha variado. Tus patéticos esfuerzos no te servirán de nada porque de todos modos pienso desaprobarte.

En salón se escuchó el sonido de dos tacos chocando entre sí y una tocecita discreta.

Sin darse vuelta Snape preguntó.

- ¿Quién interrumpe mi clase?

- El fantoche ignorrante e incompetente - dijo el profesor Staker mirando a Snape sin inmutarse.

Varios alumnos pero esta vez de Gryffindor se taparon la boca para esconder una sonrisa.

Snape se enderezó y miró al recién llegado. Sus ojos negros brillaban.

- Venía a entregarrle mi informe sobre los temas rrecuperados y el rrendimiento de los alumnos que asistieron a la escuela de verrano. Aunque luego de escucharr sus observaciones no crreo que vayan a servirrle de algo.

Snape observó a Staker y luego de un prolongado silencio dijo:

- Déjelos sobre el escritorio.

Staker depositó los papeles en el escritorio de Snape y se encaminó hacia la salida.

- Longbottom, eres un inútil. ¿No has leído cuantas gotas de enebro tenías que agregar? - gritó Snape acercándose al caldero de Neville que echaba un humo negro y espeso.

El profesor Staker desde la entrada interrumpió la clase nuevamente.

- Creo que debería saber que he enseñado de Pociones en Drumstag durante veinte años. He creado varios antídotos contra venenos e incluso he escrito un tratado sobre las propiedades curativas de las plantas de los montes Urales. Me siento perrfectamente capacitado para enseñarr pociones y no crreo ser un incompetente y mucho menos un ignorante.

- Es bueno saberlo - gruñó Snape sin el más mínimo interés-. Longbottom, te juro que te arrepentirás de haber elegido mis EXTASIS.


Pero el profesor Staker continuó utilizando su vozarrón para hacerse oír por encima de la voz de Snape.

- Si tiene dudas sobre mis acreditaciones debería dirigirse a mi persona o al Directorr. Pero es falto de ética criticarr a otro profesorr a sus espaldas delante del alumnado.

Un murmullo de aprobación recorrió las mazmorras. Snape poniendo el gesto más amenazador que le habían visto preguntó.

- ¿Algo más?

- Sí - continuó Staker sin inmutarse-. No está al frrente de una clase para humillarr a los alumnos sino para impartirrles conocimientos.

- ¡Esta es mi clase y yo decido qué es mejor para mis alumnos! - gritó Snape apretando los puños y haciendo un esfuerzo por dominarse.

- Por supuesto - concedió Staker sin desviar la mirada-. Solo quería rrecordarle que los alumnos responden mejor cuando se lo anima que cuando se los critica. Si lo pusiera en prráctica usted serría el primero en asombrarse de las notas que obtienen. El señor Longbottom, por ejemplo, trabajó muy bien durrante el verano.

Y dando media vuelta, salió marcando el paso. Sus taconeos retumbaron por el pasillo.

Neville se puso colorado mientras intentaba mezclar la poción que hervía caldero que se había transformado en una masa espesa y dura.

Nadie se movió o dijo nada el resto de la clase. No era cuestión de darle a Snape un motivo para descargar su ira sobre ellos.





***



- ¡Este un momento que atesoraré para siempre! Por fin alguien pone a Snape en su lugar - exclamó Ron encantado mientras se dirigían a otro lugar de las mazmorras para su clase de Defensa contra la Artes Oscuras,- ¿Viste como lo miraba Snape? Pensé que en cualquier momento iba a lanzarle un maleficio.

- Sí. Lástima que después se desquitó con nosotros durante el resto de la clase - expresó Neville con tristeza.

Sus poción de ese día le había salido especialmente mal.

- Si Snape no nos estuviera respirando en la nuca todo el tiempo criticando cada cosa que haces, lo harías bien, Neville - concedió Hermione - Pero igual deberías tratar de no darle el gusto de criticarte.

- Para ti es fácil decirlo. ¡Sacaste Extraordinario en todos tus exámenes! - contesto Ron.

- Eso es porque estudio - repuso Hermione-. Tú también podrías si te esforzaras y prestaras atención en clase.

- Odio pociones - exclamó Harry.

- Ya somos dos - se sumó Ron-. Ya llegamos. Si Staker es tan bueno en Defensa contra las Artes Oscuras como lo es en Pociones, ésta será una clase muy agradable.



El salón de clase de Defensa contra las Artes Oscuras lucía bastante similar al que Harry utilizara el año pasado por los encuentros del ED. Montones de libros ordenados en bibliotecas de madera cubrían las paredes del salón. En un rincón había apilados una montaña de almohadones. Sobre el escritorio Harry identificó varios detectores de tenebrismo.

Un silencio se produjo en clase cuando la imponente figura del profesor Staker atravesó el frente de la clase y sentó tras el escritorio.

- Mi nombrre es Abrraham Staker y voy a enseñarrles Defensa contra las Arrtes Oscuras. He venido de Drumstang a enseñarr a Hogwarts por este año, como parte de un progrrama de intercambio de Magos. Algunos de ustedes ya me han conocido en el curso de verano de Pociones.

- ¿Por qué no lo habrán intercambiado por Snape? - le susurró Ron a Harry.

El profesor Staker los fulminó con la mirada haciendo que Ron se pusiera colorado. Una vez reestablecido el silencio continuó:

- He estado revisando con atención los progrramas de años anterriores y he comprrobado que el nivel de sus clases ha sido muy desparrejo. El prrofesor Lupin ha hecho un excelente trrabajo. Debo admitir que el falso prrofesor Moody, a pesarr de ser un impostor los han instrruido correctamente sobrre los principales maleficios y como combatirrlos. Las clases del prrofesor Quirrill en cambio, y en especial las de la prrofesora Umbridge ha dejado muchísmo que desearr
.

Un murmullo de aprobación recorrió el curso.

Staker fulminó al curso con la mirada y todos se callaron al instante.

- Nadie habla en mis clases a menos que yo lo autorice, ¿queda clarro? Si alguien quiere preguntar algo, levantará su mano y esperará a que yo le dé la palabra. Control, Orden, Disciplina. Entregarán sus trabajos a tiempo. Por cada trabajo que no sea entregado en tiempo y en forma les descontarré un punto de su nota final. Les pido que no me pongan a prrueba en este aspecto.

Barrió la clase con la mirada y continuó.

- Dada la prresente situación de guerra contrra el enemigo, debemos instruirrnos con la mayor perfección posible en el dominio de las artes que nos permitan defendernos de sus ataques. Todos han comprobado la necesidad de saber estar prreparado durante el reciente ataque al Expreso de Hogwarrts.

Varios alumnos aprobaron el comentario con sus cabezas.

- Las clases serrán tanto teóricas como prrácticas. De nada sirve tener la mente llena de teorría, si uno no sabe utilizarla en el momento del combate. Comenzaremos haciendo un repaso de lo básico. Señor Potter pase al frente y traiga su varita por favorr.

Sorpendido al oír su nombre, Harry salió de su pupitre y se encaminó al frente empuñando su varita.

- ¿Qué haría si intento atacarlo con un hechizo aturdidor, señor Potterr?

- Invocaría un hechizo protector - respondió Harry sin pensar.

- Eso es correcto - dijo el profesor Staker. Cinco puntos para Grrifindor.

- Señor Longbottom.

Neville se sobresaltó al oír su nombre.

- ¿Cómo desarmarría a un enemigo que intenta atacarrlo?

- U-usaría e-el Expelliarmus


- Eso es correcto. Otros cinco puntos para Gryffindor. Protego y Expelliarmus podrán parecerles encantamientos sencillos, e incluso elementales, pero si se domina bien lo básico, entonces resulta más sencillo aprender lo complicado. Bien vamos a realizar una demostración. Señor Longbottom, señor Potter. Tomen posiciones.

- Oh no - se escuchó exclamar a Neville.

- Tranquilo, Neville - le susurró Harry-. Será igual que como hacíamos el año pasado.

Neville asintió, pero su mano temblaba ligeramente mientras sostenía su varita nueva.

- Muy bien... - continuó el profesor Staker dirigiéndose a los dos-. Cuando cuente tres, Potter le lanzará un maleficio a Longbottom, y usted, Longbottom, intentará rechazar el maleficio de Potter, ¿comprendido?

Harry y Neville asintieron.

- Uno
Dos
Tres


- Petrificum Totalus - gritó Harry apuntando con sus varita.

- Protego - gritó Neville agitando su varita.

El hechizo de Harry rebotó en el escudo protector invocado por un sorprendido Neville.

Toda la clase, incluido Harry, estalló en aplausos haciendo que Neville se ruborizara.

- Bien. Muy bien. Ahora, vamos a practicar por parejas. Ubíquense a lo largo del salón.

- ¡Oh no, tenía que tocarme justo contigo! - exclamó Ron al ver que Hermione se ubicaba frente a él con una sonrisa.

La clases se pobló de maleficios y contramaleficios, de cuerpos petrificados y piernas de gelatina.

El profesor Staker recorría el salón dando indicaciones y haciendo sugerencias.

- Ponga esa espalda derecha
Sostenga esa varita bien firme
No susurre. Grite, con convicción
Eso estuvo muy bien
Concentración
Disciplina




Finalmente se sentaron en sus pupitres y el profesor Staker les dictó.

- La fuerza de los encantamientos depende del poder del mago que los realiza. Si un mago realiza un encantamiento débil sus efectos se desvanecen rápidamente o no son totalmente efectivos.

Hermione alzó su mano.

- Pregunte señorita
Granger, ¿verdad?

- Sí, profesor. ¿De qué depende el poder de un mago?

- De una larrga serie de factores como sus conocimientos sobre el encantamiento en sí (movimiento de la mano, correcta pronunciación de las palabras
), de la potencia de sus emociones y de la fuerza de su voluntad.

- ¿De sus emociones? - preguntó Seamus Finnegan sorprendido.

- Sí, señor
Finnegan. Y no vuelva a intervenir sin levantarr su mano. Un punto menos para Grriffindor
Como les decía un mago debe desear con todas sus ganas realizarr el hechizo y canalizarr toda su energía en él, pero además debe estarr convencido de que puede hacerlo. No debe haber en él el menor rastro de duda.

Neville gimió.

Para su sorpresa Harry encontró que concordaba con el profesor Staker en casi todo lo que enseñaba.

Al finalizar la clase Harry tomó sus libros y se dispuso a salir pero el profesor Staker lo detuvo.

- Señor Potter, ¿puedo hablarr un momento con usted?

- Sí, por supuesto - respondió Harry echando una mirada a Ron, quien le indicó por señas que lo esperaría en el pasillo.

- Su desempeño en esta clase ha sido muy satisfactorio - alabó el profesor Staker-. Su nivel está muy por encima del resto del curso.

- Supongo que es inevitable cuando uno tiene que enfrentarse a Lord Voldemort


Staker no pareció sorprenderse por la mención del nombre del Voldemort ni por el comentario de Harry.

- Sí. Estoy al tanto de sus batallas personales, señor Potter. El Director me ha informado que el año anterior usted dirigió un club de Defensa contra las Artes Oscuras
El Ejército de Dumbledore creo que era su nombre, ¿no es así?

- Sí, - concedió Harry-, pero no era un club, sino más bien un grupo de estudio. La profesora Umbridge no nos estaba enseñando nada útil y varios alumnos me pidieron que


- Señor Potter - lo interrumpió Staker alzando su mano para interrumpirlo - fui informado de la situación del año anterior por el director. Simplemente quería saber si usted está dispuesto a continuar con este club estudiantil, bajo mi supervisión, por supuesto. Sería útil que usted siguiera compartiendo su experiencia con sus compañeros.

- Ehhh
Realmente no lo había pensado


- Según me han informado el desempeño sobresaliente de los alumnos que integraron el Ejército de Dumbledore salvó muchas vidas. Esa es la clase de formación que el director me ha pedido que imparta a los alumnos.

- Bueno, siendo así, creo que sí - repuso Harry confundido.

- Bien. Sabía que podrría confiar en usted. Sólo una cosa más, Potterr. El Director me ha pedido que busque un nombre más apropiado para grupo. ¿Le parrece bien Club de Defensa Personal?

Harry asintió.

- Bien. Puede retirarse. Colocaré en los tablones de anuncios el aviso para que los alumnos puedan inscribirse.



Harry salió de la mazmorra y se encontró con Ron que lo esperaba unos metros más allá.

- ¿Qué pasó?

- Staker me pidió que continué con el Ejército de Dumbledore.

- ¡Genial! - exclamó Ron. Pero viendo la expresión de Harry preguntó-. ¿No te gusta la idea?

- Sí
No
No lo sé
- expresó Harry- Creo que el hecho de hacerlo algo oficial le saca algo de gusto al asunto.





***

En la sala común, Harry puso al tanto a Hermione y a Ginny sobre la propuesta de Staker.

Las dos recibieron la idea con alegría.

- Creo que es una idea estupenda, Harry - aprobó Ginny con una sonrisa -. Estoy segura de que después del ataque al Expreso de Hogwarts, todo el alumnado querrá formar parte del grupo.

- Quizás Dumbledore nos permita seguir utilizando la Sala Multipropósito - agregó Hermione -. Había varios libros interesantes que no puede leer.

Ron miró a Harry haciendo un gesto de ¡cuándo no!

Harry, sin embargo, parecía no estar muy convencido de la idea.

- Dinos qué te molesta, Harry - dijo Ginny animándolo a hablar.

- No lo sé. Es sólo una vaga sensación en el fondo de mi cerebro que me dice: ¡NO!

- ¡Ey chicos, vengan! - llamó Ron que estaba mirando a través de la ventana -. Miren.

Hagrid había salido de su cabaña. Se lo veía triste y cabizbajo.

Con paso lento se internó en el bosque prohibido con su ballesta al hombro acompañado por Fang.

- Tenemos que hacerle una visita pronto - comentó Hermione.

- Genial. De paso podremos preguntarle si sabe algo sobre el pergamino, ¿eh, Harry? - comentó Ron apresuradamente.

- ¿Qué pergamino? - preguntaron Ginny y Hermione al unísono.

Harry fulminó a Ron con la mirada. Las orejas de de su amigo se pusieron muy coloradas, mientras balbuceaba palabra incoherentes.

- Harry
tiene
quiero decir
oh


- Está bien, Ron - dijo Harry por fin como llegando a una resolución consigo mismo.

Poniéndose de pie subió al dormitorio y a los pocos minutos bajó con el pergamino en su mano. Ron se cuidó muy bien de comentar algo sobre el Libro de bebé de Harry.

Primero Ginny y luego Hermione los contemplaron con mucho cuidado.

- ¿Dónde lo encontraste? - preguntó Hermione mientras lo observaba a través de la luz de una vela.

- En la bóveda de Sirius - respondió Harry- Fui a darle un vistazo antes de venir a la escuela de verano.

- Debes tener cuidado, Harry. Quizás se trate de algo relacionado con magia negra. Recuerda que los parientes de Sirius no eran precisamente magos ejemplares. Creo que Dumbledore debería verlo - concluyó Hermione.

- ¡Oh, Harry ya se lo mostró a Dumbledore! Además no es de Sirius sino de la madre de Harry. Lo encontró dentro de su libro de bebé - interrumpió Ron atropelladamente contento de poder dejar mal parada a Hermione. Pero ni bien terminó la frase llevó la mano a su boca comprendiendo que había dicho demasiado.

- Oh, muy bien,Ron - estalló Harry enfadado -. ¿Por qué en lugar de estudiar para auror no consideras la carrera de periodista? Harías buena pareja con Rita Skeeter.

Ron bajó la vista y no respondió nada, comprendiendo que por esta vez Harry estaba en su derecho de estar enojado con él.

- Harry - dijo Ginny suavemente apoyando su mano en su hombro-. Somos tus amigos. Sea lo que sea puedes confiar en nosotros. Nosotros nunca haríamos algo que te molestara.

- Salvo no saber mantener la bocota cerrada
- le espetó Harry con la vista aún fija en Ron.

- Perdón
- musitó Ron avergonzado.

- Aceptado, concedió Harry. Sólo que si algo de esto llegara a oídos de Malfoy


- Te entiendo. Te prometo que no volverá a pasar - afirmó Ron con el rostro compungido.

- Ahora que han aclarado la situación entre ustedes podrían terminar de contarnos de qué se trata - pidió Hermione.

Harry se aclaró la garganta y le hizo un relato detallado desde el momento en que encontró el pergamino hasta el encuentro con Dumbledore.

- ¿Y dices que Dumbledore no tenía idea de lo que significaba ni sobre la persona que figura al principio del escrito? - preguntó Hermione intrigada.

Harry asintió.

- ¿Estás seguro de que no te estaba ocultando algo, Harry? Quizás el pergamino fuera un documento secreto de la Orden


- No lo creo - respondió Harry pensativo -. Dumbledore siempre ha sido sincero conmigo. Me ha ocultado cosas, pero nunca me ha mentido. Si hubiera descubierto algo creo que me lo hubiera dicho.

- Creo que preguntarle a Hagrid es una buena idea - concluyó Ginny con un bostezo -. Él conoce toda clase de personas. Y ahora si me disculpan me voy a dormir. Desde lo del maleficio me cuesta mantener los ojos abiertos pasada cierta hora.

Todos asintieron y subieron a sus dormitorios.















CAPITULO SEIS
LAS CLASES DE APARICION


El comedor de Hogwarts bullía de actividad durante el desayuno.

- Tengo un hambre que me muero - dijo Ron sirviéndose una generosa ración de huevos y jamón-. Creo que deberíamos colocar un anuncio para llenar los lugares vacantes en el equipo de Quidditch, Harry.

- Eh
Sí, por supuesto - comentó Harry que parecía distraído -. Si quieres puedes encargarte tú.

- Genial - exclamó Ron -. Me encanta probar gente nueva. Necesitamos dos cazadores


- O cazadoras - agregó Ginny- Yo pienso jugar en esa posición este año.

- Lo que sea con tal que sean buenos - gruñó Ron - Pienso que como cazadora estarás bien. Eso si tú estás de acuerdo, Harry. Después de todo tú eres el capitán.

- Sí
Por supuesto
- comentó Harry que seguía distraído contemplando la mesa de los profesores.

- ¿Qué ocurrre, Harry? - preguntó Hermione.

- Me preguntaba dónde estará Dumbledore. No suele perderse las comidas


- Sí, es raro - asintió Hermione-. A mí también me extrañó su ausencia.

En ese momento, cientos de lechuzas penetraron en el gran salón para realizar la entrega del correo de la mañana.

Una lechuza parda se paró frente a Hermione. La joven tomó un ejemplar del profeta y colocó cinco knuts en la bolsita que traía atada a la pata.

- ¡Ajá! - exclamó Hermione ni bien abrió el periódico-. Creo que aquí está tu respuesta, Harry. ¡Miren!





EL MINISTRO CORNELIUS FUDGE RENUNCIA A SU CARGO
EL CONSEJO DE MAGOS SE REÚNE PARA ELEGIR A SU REEMPLAZANTE

Por Rita Skeeter



El ataque perpetrado ayer contra el Expreso de Hogwarts parece haber sido la gota que rebalsó el caldero de la tambaleante posición del hasta hoy Ministro de Magia Cornelius Fudge.

Su falta de previsión ante la presente crisis han causado uno de los peores atentados de los que la comunidad mágica tenga memoria.

Y esos errores en política se pagan.

El Consejo de Magos le ha pedido al Ministro su renuncia y este la presentado de manera indeclinable. Cornelius Fudge no parece la persona adecuada para conducir los destinos de la Comunidad Mágica en la Segunda Guerra contra el Innombrable.

No hace falta retroceder mucho en el tiempo para recordar la vehemencia con que el ex Ministro se empeñó en negar el regreso del Innombrable y el mal empleo de recursos e influencias utilizados en desacreditar a aquellos que valientemente intentaron advertirnos de su nuevo alzamiento. El profesor Albus Dumbledore fue uno de los blancos preferidos. Además de sufrir a la humillación de la intervención del Colegio de Hogwarts por parte de una bruja de segunda categoría como Dolores Umbridge, e incluso de ser reemplazado por ella; Albus Dumbledore debió esconderse de la justicia al ser acusado de conspiración.

Aunque la historia nunca fue confirmada oficialmente, El Profeta sabe de muy buena fuente, que todo terminó luego de que el más grande mago de nuestro tiempo se enfrentara con el Innombrable en el hall mismo del Ministerio de Magia, frustrando sus planes y forzando al Ministerio a reconocer su regreso.

El joven Harry Potter fue otra de las víctimas de las ansias de Fudge de perpetrarse en el poder. El niño que vivió, quien en la valientemente nos contó en una entrevista exclusiva la historia de su encuentro con el Innombrable, sufrió el desprestigio y el acoso del Ministerio en un vano intento por acallar su testimonio.

Otras acusaciones realizadas contra Fudge apuntan a sus vínculos con reconocidos mortífagos como Lucius Malfoy y McNair. Tampoco es ningún secreto que el Ministro Fudge vendía influencias a cambio de dinero. Rodeado de inútiles obsecuentes como la antes mencionada Dolores Umbridge o el joven Percy Weasley, Fudge no ha estado a la altura de las circunstancias y ha optado por dar un paso al costado para que otros más capacitados puedan hacerse cargo del gobierno.

Consultado por El Profeta, Albus Dumbledore negó terminantemente que él vaya a ser el reemplazante de Fudge y pidió serenidad a la Comunidad Mágica hasta que el Consejo designe a un nuevo ministro.



- Me alegro que Rita haya vuelto a escribir. Estoy segura de que la renuncia de Fudge la mantendrá lo bastante ocupada como para olvidarse de ti, Harry - dijo Hermione cerrando el diario con una sonrisa de satisfacción en el rostro -. Al final Fudge tuvo que dejar el Ministerio. Te aseguro que no estará muy contento de no haberlos escuchado a ti y a Dumbledore en su momento.

- Yo no hice nada - se defendió Harry mientras se servía una docena de salchichas en su plato -. Fue Dumbledore. Él fue quien se enfrentó con Voldemort. Después de verlo con sus propios ojos, a Fudge no le quedó más remedio que admitir que había regresado. Si no fuera por Dumbledore yo ni siquiera estaría aquí


- ¡¿CÓMO?! - gritaron Ron, Hermione y Ginny al mismo tiempo.

En el comedor se hizo un silencio molesto y varias cabezas se dieron vuelta para ver de dónde habían provenido los gritos.

Las orejas de Ron se pusieron coloradas. Hermione abrió el periódico e hizo como que leía, mientras Harry empujaba una salchicha entera dentro de su boca. Poco a poco, las conversaciones recobraron su volumen normal y Hermione casi susurrando preguntó:

- ¿Qué sucedió en el Ministerio, Harry? Nunca nos contaste


Ron, Hermione y Ginny se inclinaron todo lo que la mesa les permitía hacia Harry. Pero este mirando con recelo alrededor susuró.

- No quiero hablar de eso. Menos en este lugar.

- Vamos - dijo Hermione poniéndose de pie y colgándose su mochila al hombro - o llegaremos tarde a clase.

Nadie habló durante todo el recorrido hasta la clase del profesor Flitwick.

Cuando entraron al salón, el profesor los estaba esperando subido a una pila de libros como de costumbre.

- Buenos días, buenos días - saludaba con voz chillona a todos los alumnos que iban entrando.

Una vez que todos se hubieron acomodado, el profesor Flitwick carraspeó para pedir silencio.

- Supongo que habrán escuchado esta frase muchas veces, pero igual la diré: Bienvenidos a los EXTASIS de Encantamientos.

- La escuchamos de todos menos de Snape - comentó Ron por lo bajo.

Harry escondió una sonrisa con su mano.

El profesor Flitwick continuó:

- De los numerosos e interesantes encantamientos que deberán aprender en el curso de este año, estoy seguro de que ninguno despierta tanto su interés como la Aparición.

El profesor Flitwick hizo un silencio teatral esperando que lo que había dicho penetrara en la mente de sus alumnos.

Un murmullo de aprobación y excitación recorrió la clase.

- No son muchas las cosas que los magos pueden realizar sin varita: La magia que los magos realizan de esta nanera es sumamente imprecisa y no focalizada. Aparecer y Desaparecer es uno de estos hechizos que los magos pueden realizar sin necesidad de utilizar una varita mágica (aunque al principio la utilizaremos para enfocar el poder hasta que aprendan a hacerlo sin ella). Las leyendas de los muggles, sobre poderes mentales o percepción extrasensorial, se han originado en algunos de estos fenónemos especialmente cuando hay magos menores de edad involucrados.

- ¿Magos menores de edad? - preguntó Hermione.

- - Sí, señorita Granger. Como ustedes sabrán uno de los primeros signos de que un niño posee habilidades mágicas es la utilización de magia acccidental, especialmente cuando está bajo un estado emocional fuerte. Estoy seguro que muchos de ustedes tendrán alguna anécdota que contar sobre este tema.

En la clase se produjeron una serie de risitas cómplices y todos comenzaron a contar de manera desordenada detalles de experiencias de ese tipo.

Harry sonrió recordando cuando hizo desaparecer el cristal de la jaula de la serpiente en el zoológico el día del cumpleaños de su primo


Ron también miraba el vacío con expresión arrobada recordando seguramente alguna anécdota de su niñez.

- La Aparición y Desaparición son hechizos sumamente atractivos, pero también extremadamente complicados. - continuó el profesor Flitwick -. Sólo a los magos que han completado sus estudios se les permite desaparecer de un lugar y aparecer casi instantáneamente en cualquier otro lugar que deseen.

Hermione alzó su mano y la agitó para atraer la atención del profesor Flitwick.

- Sí, señorita Granger.

- Creía que para Aparecerse es necesario tener una licencia que es otorgada por el Ministerio de Magia.

- Eso es correcto señorita Granger. La Aparición es regulada por el Ministerio. La utilización de este hechizo requiere una licencia, la cual se obtiene luego de aprobar un examen demostrando que dominan la técnica. Para poder rendir el examen es necesario haber cumplido 17 años.

- ¿Entonces por qué aprendemos el hechizo aquí y no en el Ministerio? - preguntó Seamus Finnegan.

- Porque el Centro de Exámenes de Aparición, que como todos saben forma parte del Departmento de Transporte Mágico, solo expide las licencias. El aprendizaje y entrenamiento corresponde a las Instituciones Educativas.

- ¿Y por qué se necesita una licencia? - preguntó Ron-.

- Buena pregunta, señor Wesley - chilló el profesor Flitwick-. Este hechizo está regulado por el Ministerio porque si no es utilizado prudentemente pueden meterse en serios problemas
Intentar Aparecer o Desaparecer sin licencia es, además de ilegal, peligroso

- ¿P-peligroso? ¿Q-qué nos puede pasar? - tartamudeó Neville

- A ver
- dijo el profeosor Flitwick frunciendo el ceñó y golpeandose el labio con el dedo índice- . Por supuesto que en primer lugar debemos citar el peligro que este hechizo representa para ustedes mismos. Ya he dicho que se trata de un arte sumamente dificil y complicado, que requiere de mucha práctica, gran concentación y cuidados especiales durante el período de entrenamiento.. Muchas cosas pueden salir mal.. ¿No querrán terminar como el joven que vivió más de un año con la mitad de su cuerpo separada de sus extremidades
?

- ¡Oh no! - se lamentó Neville en voz alta.

El profesor Flitwick no pudo reprimir una sonrisa.

- Debo decir para su tranquilidad que los sanadores finalmente encontraron la manera de unir ambas partes de su cuerpo.

Una risa de alivio recorrió la clase.

- Una vez que aprueben el examen, el Ministerio les otorgará una licencia provisional durante un tiempo y luego la definitiva. Obtener la licencia internacional sin embargo, es mas complicado.

- ¿Por qué? - preguntó Lavander Brown interrumpiendo un instante el cuidado de sus uñas.

- Verá, señorita Brown, la Aparición se vuelve más complicada a medida que se incrementan las distancias. Sólo los magos altamente capacitados pueden intentar la Aparición Internacional. Por este motivo la mayoría de los magos prefieren otras forma de traslado como los polvos flu, las escobas o los trasladores. ¿Dónde estaba
? Ah, sí
. La licencia provisional. Durante el período de prueba todas las faltas que cometan serán sancionadas con una observación. Y debo advertirles que si bien el Ministerio suele ser un poco permisivo con los principiantes, a los tres deméritos su licencia será revocada por un año.

- ¿Qué faltas son castigadas por el Ministerio, profesor? - preguntó Hermione mientras anotaba todo en su pergamino.

- Bueno, hay lugares prohibidos en los cuales si bien es posible aparecer o desaparecer, no está permitido: por ejemplo, en sitios poblados de muggles donde puedan ser vistos advirtiendo a los no-magos de nuestra existencia. Tampoco pueden aparecerse en ninguna casa a la que no hayan sido invitados o en la que sepan que no serán bien recibidos. Estoy seguro que todos entenderán la necesidad de esta limitación para proteger la intimidad de las personas. Tampoco es conveniente aparecerse en áreas que puedan poner en peligro sus vidas como zonas de guerra o lugares con mucho tráfico de máquinas muggles. Éstas y otras normas están en el Código de Aparición que todos deberán saber a la perfección antes de que pasemos a las clases prácticas.

- ¿Las clases serán aquí en Hogwarts, profesor? - preguntó Parvati.

- A esta altura todos deberían que nadie puede aparecer o desaprecer dentro de Hogwarts...

Hermione miró a su alrededor con cara de suficiencia, mientras murmuraba: Yo ya lo sabia hace siglos.

- Hogwarts, igual que otros edificios del mundo mágico como Azkabán o Gringotts están protegidos por una gran cantidad hechizos que impiden que nadie pueda aparecer o desaparecer dentro de ellos. Estos lugares aparecen en el Código en el capítulo referente a las Áreas Restringidas.

Hermione alzó nuevamente su mano.

- Sí, señorita Granger.

- Sin embargo, los elfos domésticos parecen capaces de aparecer y desaprecer dentro de Hogwarts


- Oh sí, - exclamó el profesor Flitwick complacido -. Las protecciones contra la Aparición y Desaparición afectan solamente a los humanos. Los elfos domésticos son poseedores de una magia muy poderosa que les permite Aparecer y Desaparecer a voluntad aún dentro de las Áreas Restringidas. Esta capacidad abarca también a algunos animales como los fénix.

- ¿Entonces dónde practicaremos? - preguntó Ron.

- Las prácticas serán en Hogsmead - respondió el profesor Flitwick- . Pero para llegar a ese punto primero es necesario que conozcan la teoría y el Código de Aparición a la perfección, lo que nos lleva nuevamente a nuestra clase. Saquen sus pergaminos y copien.

El profesor Flitwick estuvo instruyéndoles el resto de la clase sobre aspectos teóricos de la Aparición y la Desaparición.

Un dato que llamó la atención de Hary fue descubrir que el hechizo de Desaparición estaba emparentado con el que sirve para que transformarse en Animago.

Al finalizar la clase todos los alumnos comentaban con excitación los pormenores de lo que el profesor Flitwick les habían enseñado mientras se dirigían al salón comedor.





Esa tarde, ni bien finalizaron el almuerzo, decidieron hacerle una visita a Hagrid. Antes hicieron una breve escala en la sala común de Gryffindor para que Harry tomara el pergamino.

Mientras caminaban hacia a cabaña de Hagrid, Hermione aprovechó para retomar el tema que habia quedado inconcluso en el desayuno.

- ¿Nos contarás ahora qué sucedió en el hall del Ministerio, Harry? - le lanzó de golpe.

Harry se mordió el labio inferior y asintiendo comenzó a hablar.

- En realidad no hay mucho que contar. Cuando salí detrás de Bellatrix, Voldemort apareció en el hall del Ministerio. Cuando descubrió que la profecía se había roto intentó matarme. Afortunadamente Dumbledore apareció en ese momento y me salvó.

Ron, Hermione y Ginny se quedaron mirando a Harry con expresión expectante.

- ¿Qué? - preguntó Harry molesto por la forma en que lo observaban- . Eso es todo.

- ¿Y Dumbledore peleó con Voldemort? - preguntó Ron fascinado-. Eso es algo que me hubiera presenciar.

- Sí, bueno, yo en realidad tampoco pude observar demasiado. La mayor parte del tiempo el centaruo me mantuvo protegido contra una pared.

- ¿Hay centauros en el Ministerio? - preguntó Hermione extrañada.

- - Por supuesto que no. - exclamó Ron- ¿O sí, Harry?.

- No. Era el centauro de la fuente de la hermandad mágica. Dumbledore hizo que los personajes cobraran vida.

- ¡Gua! Eso debió ser espectacular - exclamó Ron nuevamente.

- Sí
Bueno
- dijo Harry -. No se trataba de un partido de Quidditch sino una lucha a muerte contra Voldemort, ¿sabes?

- Es una lástima que la profecía se haya perdido - meditó Hermione en voz alta - debía contener información sumamente valiosa para que Voldemort arriesgara tanto para conseguirla.

Afortunadamente en ese momento llegaron a la cabaña de Hagrid y el tema de la profecía quedó relegado.

- Pasen, pasen - dijo Hagrid abriendo la puerta de la cabaña e invitándolos a entrar -. Estaba esperando su visita. Estaba haciendome un té, ¿alguno desea acompañarme?

Todos negaron con la cabeza.

- Supongo que viene por lo de Grawpy, ¿no? - y sin esperar respuesta continuó-. Aún no lo he encontrado. Pero no descansaré hasta hallarlo.

- ¿Has tenido problemas con los centauros? - preguntó Hermione.

- Esas mulas viejas - se quejó Hagrid con amargura -. No se atreven a hacerme nada. Después de todo le prometieron a Dumbledore que nos dejarian transitar por ciertas áreas del bosque. Pero aunque no los he visto, puedo seguir el ruido de sus cascos detrás de mí cada vez que me interno en el bosque. Estoy seguro de que me vigilan.

- ¿No tendrán ellos prisionero a Grawpy? - aventuró Ron

Hagrid sonrió con amargura.

- Me gustaría ver al centauro capaz de retener a un gigante contra su voluntad. No, Grawpy está perdido. El bosque es muy grande, ¿saben? Y muchos lugares son peligrosos, aún para un gigante.

Ron pensó instintivamente en Aragog y se estremeció de pies a cabeza.

- Grawpy debe haberse escondido en algún lugar hasta sanar sus heridas. Y yo haré todo lo posible para encontrarlo aunque eso signifique pelear con todos los centauros que hay en el bosque. Harry estoy seguro de que tú me entenderas. Tu también harías cualquier cosas por ir al rescate de alguien de tu familia.

Harry asintió mientras desviaba la mirada hacia otro lado. Aunque sabía que Hagrid no lo hacía a propósito esos comentarios le revolvían heridas que aún no habían cicatrizado.

Ginny intervino rápidamente.

- ¿Cómo podemos ayudarte, Hagrid?

- No se metan. El bosque se ha vuelto un lugar peligroso.

- Hablas cómo si alguna vez no lo hubiera sido - comentó Ron sorprendido.

Pero Hagrid pareció no escucharlo.

- Ustedes ya tienen bastante con sus EXTASIS y sus MHB.

- Eh
Hagrid
Nosotros también queríamos consultarte sobre un pergamino que encontró Harry en
Bueno, ¿por qué mejor no le cuentas tú. - invitó Hermione dirigièndose a Harry.

Harry extrajo el pergamino del bolsillo interior de su túnica y se lo alargó a Hagrid. Este lo tomó con mucho cuidado entre sus inmensas manos. Y lo examinó moviendolo en todas direcciones.

- ¿Qué significa? - preguntó por fin.

- Teniamos la esperanza de que tú pudieras decírnoslo - aventuró Harry.

- Estas adivinanzas siempre me resultaron demasiado complicadas ¿De dónde sacaron esto? ¿No estarán metiéndose de nuevo en problemas, no?

- No - dijo Harry-. Estaba dentro de un libro de mi mbadre que enonctré en la bóveda de Sirius.

- Ah, entonces está bien. ¿Se lo mostraste a Dumbledore? - preguntó Hagrid.

- Sí. Él tampoco tiene idea de lo que pueda significar.

- ¿Y pensaron que yo sí? Si un mago excepcional como Dumbledore no pudo descifrarlo no creo que nadie pueda.

- ¿Y el nombre al principio del pergamino significa algo para ti, Hagrid? Tú conociste a muchos amigos de mis padres cuando estuvieron en Hogwarts y después. Incluso más que Dumbledore.

- Oh sí, tus padres eran muy populares. No me di cuenta que había un nombre al principio. Déjame ver. Cecil. K. Rett

Sorpresivamente Hagrid estalló en una carcajada. Su cuerpo temblaba sacudido por las convulsiones que le provocaba la risa.

- Cecil
Ja ja ja
CECIL
JA JA JA
¡Pero qué nombre ridículo! - exclamó Hagrid secándose las lágrimas con un gran pañuelo-. Tu padre no hubiera sido amigo de nadie con un nombre cómo ese, te lo aseguro
En realidad dudo que algún alumno de Hogwarts llevara algun un nombre como ese y sobreviviera para contarlo.

- Quizás tenía un tío que se llamaba así - comentó Ron avergonzado mordiendo una de las galletitas de Hagrid sin conseguir romperla.

Ginny intentó esconder una sonrisa detrás de su mano.

- ¿Qué sucede? - preguntó Hermione que había captado toda la escena-. ¿Ginny?.

Ginny abrió los ojos muy grandes y sacudió su cabeza con firmeza a ambos lados,

- Ron me mataría.

- No vayas a decirles - le prohibió Ron agitando un dedo delante de su cara-. Te lo prohibo.

- No diré nada, por supuesto. Pero yo creo que tu segundo nombre es muy bonito.

- ¡Oh no! - exclamó Ron escondiendo la cabeza entre las manos-.

- ¿Cuál es tu segundo nombre, Ron? - preguntó Harry divertido-. Vamos, los amigos deben decirse todo, ¿no es cierto?.No debe haber secretos entre nosotros. ¿No me decías eso hace un rato?

Ron susurró algo ininteligible sin levantar su cabeza.

- ¿Qué? - preguntaron varias voces con curiosidad.

- BILIUS - gritó Ron-. ¿Esta bien? Mi segundo nombre es Bilius. Me lo pusieron por mi tío. Y si le llegan a decir a alguien sobre él les lanzaré todos los maleficios que conozco.

- Por supuesto - juraron todos solemnemente escondiendo lo mejor que podían sus sonrisas.

- Se ha hecho tarde - expresó Hermione-. El Club de Defensa personal está por comenzar.

- Los acompañare hasta el castillo - dijo Hagrid- ¿Por qué no le preguntas a Lupin sobre el pergamino, Harry? Él conoció a tu padre mejor que yo.



***



Ron, Hermione, Ginny y Harry bajaron rápidamente al salón de Defensa contra las Artes Oscuras donde iba a tener lugar la primera reunión del Club de Duelo.

Una gran cantidad de alumnos se habían congregado en el salón y esperaban impacientes el comienzo de las actividades.

Harry notó con desagrado que varios alumnos de Slytherin, entre los que se encontraba Malfoy, habían decidido unirse al Club.

- ¿Viste quién está? - le susurró Ron a harry en el oído.

- Sí, ya los vi a Malfoy Crabe y Goyle


- No. Ellos no. Allí - dijo Ron señalando con el dedo.

El estómago de Harry dio un vuelco cuando descubrió la grasienta cabellera de Snape asomando entre el mar de cabezas de Slytherin.

- ¿Qué hace él aquí? ¿No se suponía que Staker iba a dirigir este Club? - preguntó Harry molesto.

El profesor Staker salió de su despacho marcando el paso con el taco de sus botas. Los murmullos se extinguieron en el momento.

- Bienvenidos, al Club de Defensa personal. Cómo ustedes sabrrán el Directorr está sumamente interresado en que todos aprendan la manera de defenderse. Por eso, pensamos que además de las clases de Defensa contra las Artes Oscuras todos recibierran forrmación extra en este Club.

El profesor Staker hizo una pausa y luego continuó.

- El Directorr le ha pedido al prrofesor Snape que colabore conmigo en esta tarrea. Y él ha accedido.

Por el tono de Staker quedaba claro el desagrado que esta noticia le producía.

- Las normas del Colegio sobre los Clubes estudaintes estipulan que los alumnos deben elegirr a uno de ellos para presidirr el Club.

El aula se lenó de comentarios. Varios alumnos que el año anterior habían participado del Ejército de Dumbledore se dieron vuelta para mirar hacia el ugar donde se encontraba Harry.

- Yo propongo as Harry Poter como presidente - exclamó Luna Lovegood con un ton oalegre y despreocupado.

Varios voces de aprobación secundaron la moción.

- Potterr parece el apropiado dado sus antecedentes - dijo el profesor Staker - ¿Alguien quiere propponer a otro alumno?

- Yo creo que Malfoy sería una mejor elección que Potter - dijo Snpae clavando una mirada de odio en Harry.

Varios voces de Slyhterin entre las que se desacaba la de Patsy Pankison aprobaron la moción.

- Muy bien - expresó Staker visiblemente molesto por la intromisión-. Deberán los alumnos deberán votarr a Malfoy o Potterr para elegirr a quien crrean que será un mejorr presidente de este Club.

- Eso no será necesario profesor - exclamó harry adelantándose para que todos pudieran verlo-. He cambiado de idea. No seré parte de este Club.

Y dirigiéndose hacia la puerta se dispuso a salir del salón.

- ¿Qué pasa, Potter? - dijo la voz burlona de Malfoy arrastrando las palabras-. ¿Tienes miedo de perder conmigo? Pensé que los de Gryffindor eran valientes


- No tengo miedo, de ti, Malfoy - respondió Harry dándose vuelta -. Es sólo que no estoy dispuesto a enseñarte nada a ti ni a ninguno de los de Slytherin.

Hubo algunos aplausos aislados y muchas voces de aprobación. Algunos propusieron Que se vayan.

- Esperaba algo así de ti Potter, no eres más que un arrtogante y un presumido - acotó Snape.

- Profesor Snape, creo que sus comentarios están fuera de lugar
- lo interrumpió Staker

- Sí, ya conozco su opinión sobre Potter. Ya veo que ha ingresado en su Club de Admiradores. Pero déjeme asegurarle que si usted lo conociera como yo lo conozco, sabría que no estoy diciendo más que la verdad.

- Entonces es evidente que no conoce a Potter para nada. El Director me ha puesto al tanto sobre sus antecedentes. Y estoy seguro que es la persona indicada para dirigir este Club.

- Pero a Potter no le interesa dirigir el Club. Él mismo lo ha dicho - inisitió Snape, quien gozaba aprovechando la ocasión de insultar a Harry en público-. A él sólo le importa ganar la copa de Quiddicth. Y andar pavoneádose por todas partes con sus amigos y seguidores.

- Encuentro sus palabras insultantes - dijo Staker mirando a Snape con una mrada asesina - Y creo que debería disculparse con Potter, en este mismo momento.

Pero antes de que Snpe pudiera responder, Malfoy intervino:

- ¿Qué ocurre Potter? ¿Tienes miedo de enfrentarte con un mago de verdad? Prefieres pelear con mujercitas e inútiles como Longbottom, así puedes seguir jugando al héroe.

- Esta mujecita podría vencerte con una mano en la espalda - respondió Ginny.

- ¡Oye Potter, tienes una novia nueva! ¿No te da vergüenza que una mujer tenga que defenderte?

- Este verano peleamos con tu padre y terminó en Azkaban ¿En qué categoría lo incluirías a él? ¿En la de mujercita o en la de inútil? - repuso Hermione agudamente.

- No te metas con mi padre, sangre sucia - amenazó Malfoy arrastrando las sílabas.

- ¡Mejor ser sangre impura, que ser hijo de un mortífago asesino! - gritó Neville completamente fuera de sí.

En aquel momento el lugar se convirtió en un completo caos. Malfoy intentó lanzarle un maleficio a Hermione pero fue derribado al menos por tres maleficios lanzados por Harry, Ron y Seamus Finnegan.

El resto de los alumnos de Slytherin que intentaron intervenir no corrieron mejor suerte. Todos los demás parecían haber estado esperando esa provocación para responder.

Finalmente el profesor Snape gritó Expelliarmus depojando de sus varitas a todos los presentes. Los alumnos de Slytherin yacían en el suelo desmayados y deformados al menos por una docena de maleficios cada uno.

Esa fue la primera y última reunión del Club de Defensa Personal.



***



Esa noche en la cena, la mesa de Slyhterin parecían más vacía que de costumbre. Todos los alumnos que había decidido formar parte del Club de Defensa estaban ahora reponiéndose en la enfermería.

- Este año no pienso aguantarle ni una sola a Malfoy - exclamó Ron enojado golpeando el puño cerrado contra la palma de su mano.

- Eso va para el resto de los alumnos de Slyhterin - agregó Seamus Finnegan pinchando dos tajadas de carne asada -. Creo que ya es tiempo de ponerlos en su lugar.

- Sería más sencillo si Snape no estuviera siempre defendiéndolos - acotó Lavander. Y dirigiéndose a Harry agregó:

- Hoy estuvo muy injusto contigo, Harry.

- Bueno. Snape nunca fue justo tratándose de mí, ¿no?

- ¿No crees que deberías decírselo a Dumbledore? - sugirió Neville.

- Oh, estoy segura de que Dumbledore ya lo sabe - respondió Hermione mientras se servía ensalda - Staker ya le habrá pasado un informe muy completo de lo sucedido. Creo que Snape se ha ganado otro enemigo.

Harry se dio vuelta buscando a Snape. El profesor de Pociones comía con la misma expresión avinagrada de siempre. Staker, en cambio, había optado por no aparecer a cenar.

- ¿Se dieron cuenta de que volvió Dumbledore? - comentó Ginny.

- ¿Y qué? - preguntó Ron siriviéndose dos bolas de helado.

- ¿No te das cuenta de lo que eso significa? - preguntó Hermione con expresión sorprendida -. Ya deben haber elegido al nuevo Ministro de Magia.

Como si estuviera esperando que Hermione dijera esa frase, el profesor Dumbledore se puso de pie con una amplia sonrisa en el rostro.

Era evidente que estaba de muy buen humor y que iba a dar buenas noticias.

- Luego de habernos atiborrado con esta excelente comida, estoy seguro que están preparados para recibir buenas noticias.

Como corroborando las palabras del director, Ron se recostó sobre el respaldo de su silla y se palmeó el estómago con satisfacción. Hermione le indicó con un gesto que se sentara bien, pero Ron, haciéndose el distraído, optó por ignorarla.

- Como todos ustedes sabrán, el Ministro Fudge ha renunciado dejando vacante el puesto. Esto obligó al Consejo de Magos del que formo parte, a reunirnos rápidamente para buscar el candidato más adecuado para ocupar el cargo. Sé que a muchos de ustedes no les interesan demasiado realidades tan poco divertidas como la política. A la mayoría, éstas cosas les parecen algo lejano y complicado. Cosas de magos adultos.

Un murmullo de aprobación recorrió el salón comedor. Ron hizo como que bostezaba, y miró a Harry con una sonrisa cómplice. Harry le devolvió la sonrisa pero la verdad era que estaba siguiendo atentamente las palabras de Dumbledore. Ya había sufrido en carne propia lo que significaba que un mal Ministro estuviera al frente del Ministerio.

Dumbledore sonrió comprensivamente, y ajustándose los anteojos en forma de media luna en su nariz, continuó:

- Sin embargo, me van a perdonar si les robo un poco de su tiempo para contarles que ya tenemos un nuevo Ministro.

Por todas partes surgieron exclamciones de asombro y comentarios en voz alta.

- No es una tarea fácil la que a él le espera. Se necesita una persona muy especial para conducir los destinos de la Comunidad Mágica y llevarla a buen puerto en medio de las aguas turbulentas que atravesamos. Los magos y hechiceras que integramos el Consejo hemos meditado, dialogado y discutido hasta hallar a la persona adecuada. Se trata de un mago poderoso, aunque no le gusta hacer ostentación de sus habilidades.

Por todas la mesas comenzaron a sonar diversos nombres, desde Dumbledore hasta Moody. Harry incluso escuchó con desagrado que alguien de la mesa de Slytherin pronunciaba el nombre de Snape.

Snape estaba sentado en la mesa de profesores, en su lugar de costumbre y su expresión era la misma mueca desagradable de siempre, por lo que Harry dudó que lo hubieran nombrado Ministro.

El profesor Dumbledore esperó pacientemente a que se extinguieran los comentarios y continuó:

- El candidato debía ser una persona abierta al dialogo y a la cooperación. Que supiera escuchar todas las voces y luego decidir con prudencia y sabiduría. Alguien que tuviera experiencia combatiendo a Lord Voldemort, pero que, por otra parte, estuviera libre de toda sospecha de vínculo con las Artes oscuras.

Harry respiró aliviado. Aunque ni por un momento había creído que el Consejo hubiera elegido a Snape como Ministro, sí había varias personas que trabajaban en el Ministerio que habían estado vinculadas a Voldemort y que podrían haber aspirado a ocupar el lugar vacante.

- Por último, y no menos importante, ya que lamentablemente el accionar del Voldemort y sus mortífagos ha atraído la atención de ciertos sectores del mundo no mágico, el nuevo Ministro debía ser alguien que tuviera una profunda comprensión y respeto por el mundo muggle, y que estuviera preparado para entablar relaciones de cooperación con sus autoridades.

- ¿De dónde piensan sacar a alguien con todas esas características? Alguien así no puede ser real
- comentó Ron con ironía.

- Ron, ¿me vas a decir que todavía no te diste cuenta de quién están hablando? - lo retó Hermione con un tonito enojado.

- ¿Qué? ¿De quién? ¡Oh, tú tampoco lo sabes! - respondió Ron hamacándose sobre las patas traseras de su silla -. Sólo lo dices para mantener tu fama de sabelotodo


Hermione dio vuelta la cara ofendida y fingió escuchar a Dumbledore, aunque Harry comprendió que las palabras de Ron la habían lastimado profundamente.

En ese momento, Dumbledore, alzando la voz dijo:

- El nuevo Ministro de Magia es el señor Arthur Weasley. Pido un fuerte aplauso para él.

Ron abrió los ojos como dos platos y por la sorpresa inclinó demasiado el respaldo de su silla cayéndose de espaldas.

Las risas se mezclaron con los aplausos y vítores de los alumnos.

Ron se levantó rápidamente colorado como un tomate y se unió al aplauso general con expresión aturdida.

- Felicitaciones Ron. Felicitaciones Ginny. Si hay alguien que merecía ese puesto era su padre - dijo Hermione sin dejar de aplaudir.

- Sí. Tu padre es alguien genial. Nadie merece más ser Ministro que él - dijo Harry palmeando efusivamente la espalda de su amigo.

Luego miró a Ginny y le sonrió. Ésta le devolvió la sonrisa y le hizo un guiño pícaro.

Harry sintió que un calor le subía por el cuello, una emoción entre incómoda y agradable. Rápidamente volteó el rostro y se encontró con la mesa de Slytherin. Varios alumnos no sólo no aplaudían, sino que comentaban cosas en secreto tapándose la boca con la mano. Al ver que Harry los observaba, rápidamente dejaron de hablar.



Terminada la cena, mientras se dirigían a la sala común, Ron y Ginny recibieron numerosas muestras de cariño y apoyo de sus compañeros de Gryffindor y también de chicos de otras casas.

- Felicitaciones, Weasley.

- Saluden todos al Ministro Ron el Rey Weasley


- Ahora que tu padre es Ministro podría conseguirme


Ron y Ginny respondían a todos los saludos con expresión aturdida.

El señor Ficlh se acercó al grupo con expresión de poco amigos, seguido de cerca por su gata, la señora Norris.

- ¿Qué están haciendo ustedes aquí, horribles sacos de hormonas? ¿Qué es todo este tumulto? Las reuniones en los corredores están prohibidas. Vayan rápidamente a sus casas o los colgaré de los tobillos
- gruño Filch, quien todavía no parecía haberse recobrado de la partida de Umbridge.

Rápidamente los alumnos se dispersaron rumbo a las salas comunes de sus casas. Alguien gritó algo sobre los Weasley, pero a Ron le pareció que se referían más a Fred y a George que a él.

La profesora McGonagall se acercó rápidamente a Ron, Harry, Ginny y Hermione.

- Señor Weasley, señorita Weasley vengan conmigo. Usted también, Potter.

- ¿Y ahora qué hicimos? - se quejó Ron-. Yo no tengo la culpa si los demás alumnos se acercan a saludarme. ¿Qué se supone que deba hacer? ¿Echarlos?

- Frena tus hipogrifos, Weasley antes de que digas algo de lo que vayas a arrepentirte - lo cortó la profesora McGonagall mirándolo con expresión severa -. No debes tener la conciencia muy tranquila, si cada vez que se te acerca un profesor, comienzas a balbucear excusas.

El grupo siguió a la profesora McGonagall en silencio hasta su despacho. Luego de que todos hubieron tomado asiento, la profesora se aclaró la garganta y dijo:

- Antes que nada quiero felicitarlos personalmente por el nombramiento de su padre. Créanme que soy sincera cuando les digo que la noticia me ha alegrado enormemente. Pocas personas merecían ese puesto más que él. Mañana tendrá lugar la ceremonia de asunción y su madre ha solicitado que se les conceda permiso para participar.

- ¡Ah, era eso! - exclamó Ron aliviado.

- El señor Ministro pidió personalmente que participaras tú también, Potter - agregó McGonagall mirando a Harry -. Es un gran honor el que te están haciendo, espero que sepas apreciarlo.

Pero la advertencia de la profesora McGonagall no era necesaria. Harry se sentía enormemente agradecido y emocionado por este gesto del señor Weasley.

- Bien - continuó la profesora McGonagall - Mañana, después del desayuno, viajarán al Ministerio utilizando polvos Flu. El Director Dumbledore ha ofrecido su chimenea.

- ¿Es seguro viajar por la red Flu, profesora? - preguntó Ginny.

- Todo lo seguro que puede ser dadas las circunstancias, señorita Weasley. Estoy convencida que con el nuevo Ministro éstas y otras cosas mejoraran rápidamente. Todos deberán vestir sus túnicas de gala. Y estoy segura que no debo aclararles que su comportamiento deberá estar a la altura de las cirucunstancias. ¿Alguna pregunta?

Los chicos se miraron entre sí, pero nadie parecía tener nada que agregar.

- Muy bien - concluyó McGonagall -. Nos veremos mañana entonces. Pueden retirarse.

En la sala común de Gryffindor Hermione los esperaba impaciente.

- ¿Y? ¿Qué les dijo?

- Nos avisó que mañana iremos a la ceremonia de asunción de papá - respondió Ginny.





- Ah - respondió Hermione que parecía confundida-. Supuse que que la profesora McGonagall los había llamado para felicitarlos o algo así. Pero
claro
Es lógico que ustedes estén presentes. Depués de todo es su padre, ¿no? ¿Tú también irás, Harry?

- Sí - respondió éste sintiéndose un poco incómodo. Y enseguida agregó:

- En realidad, no sé por qué me invitaron. Yo no soy de la familia. Es decir...

- Harry - intervino Ginny -, tú sabes que mamá siempre está diciendo que eres como un hijo para ella.

Harry no supo qué responder y desvió su mirada hacia la chimenea.

- A ti también te quieren mucho los padres de Ron, Hermione - dijo Harry - . Tal vez les quedaba libre un lugar o...

- Oh sí, por supuesto
Nunca pensé otra cosa
- respondió Hermione hablando en un tono de voz más alto que el habitual - Me alegro por ustedes, chicos. Ahora si me disculpan, me voy a dormir. Hasta mañana. No olviden saludar a su padre por mí. Buenas noches.

Hermione subió la escalera rumbo a los dormitorios rápidamente, seguida de Crosshanks.

- ¿Tú crees que se molestó? - le preguntó Ron a Ginny.

- ¡Por supuesto que molestó, tonto! ¿Acaso no te diste cuenta?

Ron miró a Harry con expresión de no entender nada y Harry le devolvió una expresión parecida.

Finalmente Ginny dijo: ¡Hombres! y subió la escalera hacia el dormitorio de las chicas.





CAPITULO SIETE


EL NUEVO EQUIPO DE QUIDDITCH DE GYFFINDOR


A la mañana siguiente, después de desayunar, Ron, Harry y Ginny fueron conducidos por la profesora McGonagall hasta el despacho del director.

- Supongo que todos han utilizado polvos flu con anterioridad, ¿no es verdad?

Todos asintieron.

- Bien. En eso caso, lo único que deben hacer es decir claramente Al hall del Ministerio de Magia.

Harry tomó un puñado de polvos flu y gritando bien fuerte la frase que la profesora McGonagall les había dicho, desapareció en medio de una llamarada.

- Hola Harry, ¿cómo has estado? - saludó una voz conocida.

- Profesor Lupin
Estoy bien
- respondió Harry sorprendido - . No esperaba verlo aquí.

- Bueno, creo que mi presencia ha sorprendido a mucha gente además de ti. No es común que a un hombre lobo se le permita ingresar al Ministerio. Pero Arthur insistió en que quería que estuviera presente. Así que aquí estoy


- No me refería a eso, sino a que de haber sabido que vendría hubiera traído conmigo algo que quería mostrarle - respondió Harry sacudiéndose el hollín de su túnica -. Es un documento que encontré en la bóveda de Sirius y que me gustaría que


En ese instante Ron apareció en la chimenea. Unos segundos después apareció Ginny, y Harry decidió que lo mejor era continuar su conversación con Lupin en otro momento.

- ¿Por qué no utilizas la chimenea de la sala común de tu casa y me cuentas más sobre ese documento esta noche? - susurró Lupin al oído de Harry -. Creo que a las diez será una buena hora.

- Me parece bien - respondió Harry-. Pero no es necesario que susurre, Ron y Ginny ya saben de qué se trata.

Lupin le sonrió a Harry comprensivamente y no dijo nada más.

El grupo avanzó por el Hall central de Ministerio. Estaba muy cambiado desde la última vez que Harry había estado allí.

La Fuente de la Hermanad Mágica había sido restaurada pero con varias modificaciones. La postura y el aspecto de las imágenes era distinta. A Harry le pareció que la fuente actual transmitía mejor la idea de unidad y hermandad entre las criaturas mágicas. Por empezar ya no salía agua de las orejas del elfo, sino de un gran chorro en el centro de la fuente que cubría a las imágenes como si fuera un capullo.

Harry no puedo evitar recordar cuando Dumbledore encerró a Voldemort dentro de la fuente. Sintió un fuerte pinchazo en su cicatriz e instintivamente se llevó la mano a la frente.

- ¿Te sientes bien, Harry? - le preguntó Lupin con expresión preocupada.

- Sí, estoy bien. Fue sólo un dolor pasajero. No es nada. En serio.

Harry vio de lejos al señor Weasley. Su mujer estaba a su lado. Vestida con una hermosa túnica de color púrpura con ribetes dorados. Lucía unos hermosos pendientes plateados y había peinado su pelo hacia arriba. Al ver a los chicos los saludó de lejos con su mano.

Cerca del señor Weasley se encontraba Dumbledore, los hermanos de Ron, Bill y Charlie, el profesor Moody y varios magos que Harry había conocido durante su anterior estadía en el Ministerio: Perkins; Mafalda Hopkirk, Amelia Bones y el cuerpo de aurores en pleno. Tonks saludó a los chicos con un gesto.

Por fortuna no había señales de Umbridge, ni de Fudge, ni de ningún ex mortífago.

Al ver a Ron, a Harry y a Ginny, los gemelos los llamaron para que se reunieran con ellos en un estrado especialmente preparado para los invitados.

- ¡Hola chicos! - dijo Fred, que lucía una túnica de gala nueva color azul marino.

- ¿Cómo sigue todo en el viejo colegio? - preguntó George que estaba igual de elegante -. ¿Filch aún se acuerda de nosotros?

- Puedes apostarlo - dijo Ron -. Ustedes son los únicos en la historia de Hogwarts que han logrado escapar de un travesura sin recibir su castigo.

Los gemelos sonrieron y chocaron las palmas de sus manos entre sí.

- ¿Percy no vino? - preguntó Harry.

Los mellizos hicieron un gesto de desagrado.

- No. El muy estúpido - dijo Fred.

- Y no fue porque papá no lo haya invitado - continuó George-. Es más, sabiendo que desde la renuncia de Fudge se había quedado sin trabajo, hasta le ofreció un puesto.

- Pero él lo rechazó. Dijo que su dignidad no le permitía aceptarlo - agregó Fred-. Que él haría su propia carrera sin aprovecharse de la familia.

- Debió haber dicho mejor que su orgullo no se lo permitía. Percy preferiría estar muerto antes que admitir que se equivocó - dijo George.

- Todos pensamos que luego de que Fudge reconociera el regreso del Innombrable, Percy se reconciliaría con la familia - continuó Fred.

- Que volvería con cola entre las patas, ya saben - acotó George.

- Pero no fue así. Cuando mamá lo fue a ver a su departamento la recibió en la puerta sin hacerla pasar y le dijo que para él nada había cambiado.

- ¿Han pensado que quizás Percy no esté en sus cabales? - sugirió Harry con delicadeza.

Ron miró a Harry con expresión confundida, pero los mellizos estallaron en una carcajada.

- A ver, déjame pensar cuando fue que se me cruzó esa idea por la mente - dijo George haciendo como que pensaba -. ¿Fue cuando tenía tres años o cuatro?

- Creo que antes - intervino Fred -. Recuerdo que pensé algo así al ver que su babero decía futuro premio anual


- Sí, lo recuerdo. ¿O fue quizás fue cuando se colgaba el chupete del pecho y decía: Soy prefecto deben obedecerme - bromeó George.

Todos se rieron con ganas de las bromas de los mellizos. Pero cuando las risas terminaron, Harry insistió:

- Hablando en serio, ¿no creen que quizás Percy podría estar actuando bajo los efectos de la maldición Imperio o incluso que lo hayan secuestrado y alguien, utilizando poción multijugos, esté ocupando su lugar?

- Nunca se me hubiera ocurrido - comentó Ron mirando a Harry sorprendido-. Pero suena lógico


- No eres el primero en pensar algo así, joven Potter. ¡ALERTA PERMANENTE! - gritó Fred imitando al profesor Moody - El buen Ojoloco le sugirió algo por el estilo a papá cuando Percy comenzó a actuar de manera extraña


- O más extraña de lo habitual
- interrumpió George.

- Durante un tiempo varios miembros de la Orden del Fénix estuvieron siguiendo al secretario cabeza hueca de cerca - continuó Fred-. Incluso revisaron su nuevo departamento en busca de pistas.

- O un baúl con siete llaves


- Pero no encontraron nada sospechoso. La conclusión es que Percy está actuando bajo los efectos de su propia idiotez.

- ¿Cómo se enteraron de todo eso? - preguntó Ginny.

- Orejas extensibles - respondió George con una sonrisa sacando un par del bolsillo interior de su túnica -. Son realmente útiles, ¿no te parece? Deberías comprar un par


- Creo que la ceremonia está por comenzar - advirtió Harry.

En efecto, el mago que oficiaba de maestro de ceremonias pidió silencio con un gesto de su mano y luego de que todos los murmullos terminaron, comenzó la ceremonia de asunción.

El flamante ministro fue presentado por Dumbledore, que hizo una breve pero muy completa reseña de sus logros y capacidades. Luego el Señor Weasley recibió el bastón ceremonial y prestó el juramento.

Todos aplaudieron emocionados.

Harry vio como la madre de Ron se secaba con un pañuelito las lágrimas de emoción que caían por su rostro.

El señor Weasley agradeció los aplausos con una inclinación de su cabeza y luego de un par de minutos pidió silencio.

Aclarándose la garganta comenzó a hablar:

- Gracias a todos. En especial al Consejo de Magos por confiar en mi persona para conducir los destinos de la Comunidad Mágica. No son tiempos para el temor, ni para cobardías, por eso he aceptado. ¡Para los hombres de coraje se han hecho las empresas! Sólo espero estar a la altura de la gran responsabilidad que han depositado sobre mis hombros.

Todos los magos y brujas presentes aplaudieron con entusiasmo.

- Es tiempo de unirnos para combatir al enemigo común que nos amenaza; divididos seremos esclavos; unidos, es­toy seguro de que lo vencere­mos. Hagamos un esfuerzo, depongamos re­sentimientos particulares y luchemos juntos para preservar nuestra libertad y nuestros derechos. Lucharemos con el peso de la ley y de la justicia. Los que hoy nos amenazan serán vencidos. Los responsables pagarán. El mal no prevalecerá.

Nuevamente el discurso del señor Weasley fue interrumpido por un caluroso aplauso.

- Gracias por sus aplausos. El primer paso será limpiar el Ministerio de Mortífagos. Todo aquel que haya sido sospechado de colaborar con el Innombrable será investigado, juzgado y enviado a Azkaban si así lo merece. Se acabaron los sobornos y el dinero mal habido con el que mortífagos como Lucious Malfoy abría puertas y compraba voluntades. Los pusilánimes y los incompetentes serán removidos de sus cargos y reemplazados por magos y hechiceras que estén a la altura de las circunstancias.

El señor Weasley hizo una pausa para esperar que los aplausos finalizaran y continuó.

- Afortunadamente no estoy solo en esta tarea. Además del apoyo incondicional de mi familia, quiero agradecer a los magos que están a mi lado para ayudarme a ejercer este cargo del mejor modo posible. Quiero agradecer al profesor Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts, por su inestimable consejo y su valiosa experiencia. También a Alastor Moody, quien ha accedido a dejar a un lado su merecido retiro para hacerse cargo del cuerpo de aurores.

Harry miró a Moody. Su ojo mágico giraba como loco en todas direcciones. Parecía sentirse sumamente incómodo inmovilizado en un estrado y rodeado de tanta gente desconocida.

- Las fuerzas del mal trabajan sin descanso las 24 horas del día para apoderarse de nuestro mundo y destruir nuestra paz y nuestra sociedad. No podemos darnos el lujo de hacer menos que ellos. Así que
¡ A trabajar! ¡Muchas gracias!

Los aplausos finales se transformaron en expresiones de sorpresa cuando la Fuente de la Hermandad Mágica se cubrió de fuegos artificiales de todas formas y colores.

- ¿Los hicieron ustedes? - le preguntó Harry a Fred gritándole en el oído para hacerse oír por encima del ruido de las explosiones.

- Sí - gritó Fred-. Papá nos dijo que quería algo espectacular para terminar la ceremonia.

- Y mamá nos advirtió que si hacíamos alguna de las nuestras nos despellejaría vivos - completó George sin dejar de aplaudir-. Pero jamás se nos ocurriría estropear el gran día de papá.

La gente se fue dispersando poco a poco y el flamante Ministro de Magia se acercó al lugar donde estaban sus hijos y Harry.

- Hola chicos. Hola Harry. Me alegro que hayan venido - saludó el señor Weasley.

- Hola papá. Te felicito - saludó Ginny echándole los brazos al cuello y dándole un sonoro beso en la mejilla.

- Gracias, linda. ¿Cómo estás Ron? ¿Qué tal la escuela de verano?

- Estuvo bien - respondió Ron -. Felicitaciones papá.

- Gracias. Espero que no se hayan perdido de ninguna clase interesante por mi culpa - dijo el señor Weasley.

- Al contrario. Teníamos Pociones - respondió Ron.

- Apuesto que el viejo Snape no estará muy contento de que a papá lo hayan nombrado Ministro - comentó Fred.

- Fred, no hables mal de un profesor - lo corrigió la señora Weasley -Hola Harry querido. ¿Te gustó la ceremonia?

- Sí - respondió Harry -. Felicitaciones por su nombramiento, señor Weasley. Gracias por invitarme.

- Oh, Harry, no íbamos a dejarte afuera de esto. Tú eres prácticamente de la familia - intervino la señora Weasley.

- Además es una forma de compensarte por todo lo que debiste pasar el año anterior - comentó el señor Weasley-. Si hay alguien que merecía estar hoy aquí eres tú. Tú solo has hecho por la Comunidad Mágica mucho más que la mayoría de los magos que conozco.

Harry se sintió lleno de agradecimiento y orgullo.

- El gran Harry Potter acompañado por su fiel patiño Ron, el pecoso - bromeó George.

Todos menos la señora Weasley rieron de la salida de George.

- Casi me olvidaba - dijo Harry -. Hermione me pidió que le diera sus saludos.

- ¿Hermione? - exclamó el señor Weasley mirando hacia todos lados - ¿Por qué no vino? ¿Tenía alguna clase que no quería perderse?

- Bueno. Creo que no fue invitada - comentó Harry.

La madre de Ron se llevó la mano a la boca y, con expresión apenada, comentó:

- No entiendo cómo pudimos olvidarnos de ella. ¡Todo fue tan rápido! Tuvimos que ocuparnos de tantas cosas hasta último momento que se me pasó por completo. En cuanto pueda le enviaré una lechuza con una disculpa.

- Estoy seguro que entenderá - comentó Harry.

- Bueno, si nos disculpan, tengo que retirarme - dijo el señor Wesley - tengo que dar el ejemplo. Adiós chicos. Gracias por venir.

Y se retiró seguido por su señora.

- Nosotros también nos vamos - dijeron los mellizos -. Dejamos a Lee Jordan a cargo del negocio y creo que ya nos debe estar extrañando. Adiós chicos.

El profesor Lupin acompañó a Harry, Ron y Hermione hasta la chimenea por la que habían llegado y unos instantes más tarde los tres llegaban al despacho del director. La profesora McGonagall los estaba esperando y los condujo hasta sus clases.





***

Al día siguiente, durante el desayuno en el Gran Salón, las mesas de las cuatro casas había vuelto a estar completas. En especial la de Slytherin. Madam Pomfrey parecía habérselas arreglado para revertir los hechizos que los chicos habían recibido durante la brevísima reunión del desaparecido Club de Defensa Personal. Sin embargo, nada indicaba que Malfoy, Crabbe, Goyle y el resto de los miembros de Slytherin hubieran entendido el mensaje.

Malfoy entró al Gran Salón pavoneándose como de costumbre y, al pasar junto a Ron, se inclinó sobre él y, arrastrando las palabras, le susurró usando un tono de voz lo suficientemente bajo como para que sólo los chicos que estaban junto a él pudieran escucharlo:

- Yo no contaría con que tu padre vaya a durar mucho en ese puesto, Weasley. Los traidores a la sangre como él son bastante propensos a sufrir accidentes.

Ron se levantó bruscamente volcando una fuente de avena sobre la mesa, y se hubiera abalanzado sobre Malfoy si Dean Thomas no lo hubiera detenido rodeándolo con sus brazos. Crabbe y Goyle apretaron los puños, dispuestos a intervenir.

- Déjalo, Ron. No vale la pena - le dijo Hermione.

Malfoy sonrió con desprecio y comenzó a retirarse justo cuando la profesora McGonagall llegaba a la mesa de Gryffindor.

- ¿Qué sucede aquí? - preguntó con tono severo - Weasley, ahora que tu padre es el Ministro, deberías cuidar más tu comportamiento.

- Fue Malfoy, profesora - intervino Neville - Amenazó al papá de Ron. Yo lo oí.

La profesora McGonagall dirigió una mirada interrogativa a Malfoy.

- Longbottom debió escuchar mal, profesora. Solamente lo estaba felicitando.

La profesora McGonagall, que no se había creído ni por un momento la explicación de Malfoy, dijo hablando en un tono de voz que llenó de asombro a todos los presentes:

- Yo en tu lugar comenzaría a tener más cuidado con lo que hago, Malfoy. Por si no lo has notado, las cosas han comenzado a cambiar. No querrás terminar en Azkaban como tu padre. Retírate a tu mesa.

Hermione le dio un tirón a la túnica de Ron, que seguía de pie, rojo como un tomate, mirado a Malfoy con mirada asesina.

- Voy a matar a Malfoy, te lo juro - dijo sentándose. Y volviéndose a su compañero dijo: - Gracias por apoyarme, Dean.

- De nada. A mí tampoco me agrada Malfoy. A propósito, felicitaciones por el nombramiento de tu padre.

- Gracias - dijo Ron untando una tostada con manteca.

Harry acababa de servirse té cuando unas cien lechuzas o más penetraron con estrépito al gran salón dando vueltas por encima de sus cabezas y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud.

Hermione pagó los 5 knuts a la lechuza que le traía El Profeta y lo abrió.

En la primera plana aparecía una nota sobre la asunción del señor Weasley, bastante fiel a los hechos para estar firmada por Rita Skeeter. Además de la reseña de la ceremonia de asunción, el periódico traía una biografía del flamante Ministro y de su familia.

- Creo que Rita Skeeter entendió el mensaje, ¿no creen? Este artículo sobre la asunción de tu papá está bastante bien para tratarse de ella.

- Yo no contaría mucho con ello - acotó Harry -. Con esa mujer nunca se sabe.

- Sin embargo, el año pasado nos ayudó mucho con el reportaje que te hizo en Hogsmeade, Harry - repuso Hermione.

- Eso fue sólo porque tú la amenazaste con divulgar su secreto - replicó Harry.

- Tienes carta, Hermione - intervino Ginny.

Una lechuza había depositado junto a Hermione un gran sobre blanco con ribetes dorados y el membrete del Ministerio de Magia.

Hermione rasgó el sobre, extrajo la carta y leyó rápidamente el contenido. Su rostro se iluminó inmediatamente con una amplia sonrisa.

- ¡Oh, es de tu mamá Ginny! Fue tan amable como para escribirme una nota explicándome por qué no me invitaron a la ceremonia de asunción. Realmente no era necesario
Yo no esperaba ser invitada, por supuesto
Incluso tu padre tuvo la deferencia de escribirme un pequeño saludo al final - explicó Hermione doblando la carta con mucho cuidado y colocándola dentro de su organizador.

Pero era evidente por la expresión desbordante de su rostro que estaba sumamente complacida.

- Papá y mamá te quieren mucho, Hermione - acotó Ginny-. Tú lo sabes.

Hermione asintió con la cabeza y apretando los labios tragó ruidosamente ahogando la emoción.

- Hoy son las pruebas para elegir a las nuevas buscadoras, Harry. - dijo Ron.

- Oh, lo había olvidado - exclamó Harry poniéndose de pie -. Veré si Dumbledore puede dar el aviso sobre las pruebas antes de que termine el desayuno. También debería pedirle a McGonagall que nos reserve el campo


- No te molestes - le advirtió Ron con una sonrisa - Ayer puse los carteles para las pruebas en los tableros de anuncios. También reservé el campo de Quidditch con McGonagall. No quiero sorpresas con los de Slyhterin.

- Creí que el capitán era Harry y no tú, Ron - intervino Ginny.

- ¡Por supuesto que Harry es el capitán! Pero a él no le importa
¿verdad Harry?

- No
Por supuesto que no, Ron - respondió Harry con sinceridad -. A mí se había olvidado por completo. Todavía no me acostumbro a la idea de ser el capitán.

- Yo quisiera poder decidir quiénes serán las cazadoras si no te importa, Harry. Después de todo van a jugar conmigo.

- Elegiremos a las que creamos mejores y no a las que te gusten a ti, Ginny - intervino Ron con sequedad.

- ¿Tú que opinas, Harry? - preguntó Ginny ignorando a su hermano.

- Elegiremos a las mejores
- dijo Harry mirando a Ron.

Éste le dirigió una mirada de suficiencia a su hermana.

- Pero tendré muy en cuenta tu opinión. Ginny. Creo que tienes razón cuando dices que las cazadoras del equipo deben llevarse bien.

Ginny le hizo a Ron una gesto con la cara como diciendo: ¿Has visto?



***



Ese viernes, a la cinco de la tarde un pequeño grupo de alumnos de Gryffindor se congregó en el campo de Quidditch para las pruebas. A Harry le sorprendió ver a Lavander Brown entre los aspirantes. Jamás hubiera pensado que pudiera interesarle otra cosa que no fuera la Adivinación y conversar con Parvati sobre moda y esas cosas.

Era una hermosa tarde de sol. Una leve brisa sacudía las copas de los árboles. Las condiciones eran casi perfectas para practicar Quidditch.

Harry, Ron, Ginny, Jack Sloper y Andrew Kirke habían llegado unos momentos antes y, por sugerencia de Ron, vestían sus túnicas escarlatas.

Hermione también había querido estar presente aunque se había llevado un pesado libro sobre Códigos, Jerófligos y lenguajes antiguos y lo estaba leyendo con mucha concentración. Un grupo de alumnos de Gryffindor observaba todo a un costado del campo. La mayoría habían venido a alentar a los candidatos.

- Creo que deberíamos empezar, Hary - sugirió Ron por lo bajo.

- Sí - respondió Harry. Y elevando la voz dijo el discursito que había preprado en su mente durante toda la tarde: - Gracias a todos por venir. El Equipo de Gryffindor necesita dos cazadores


- O cazadoras
- acotó Ginny.

- Sí, claro
- repuso Harry rápidamente - o cazadoras, por supuesto. Ehm
Lo que quiero decir es que necesitamos completar el equipo. Hemos ganado la copa en los últimos años y queremos que ehm
siga en nuestra casa
Elegiremos a los que creamos mejores, pero eso no significa que si alguno no es elegido no sea bueno sino que
bueno ustedes me entienden
Buena suerte.

Ron se elevó en su cometa 260 y fue a ocupar su lugar entre los aros. Ginny hizo lo mismo llevando una Quaffle con ella.

Sloper y Kirke soltaron una Bludger y se pusieron a practicar en el otro extremo del campo.

- Mándalos de dos en dos, Harry - pidió Ginny.

- Muy bien. A ver Dennis Creevey y
Victoria
Lo siento - se excusó Harry dirigiéndose a una chica de sexto año - no recuerdo tu apellido


- Es Frobisher - respondió ella. Y elevándose unos metros agregó con una sonrisa pícara - Por cierto, todos me dicen Vicky.

Harry montó la saeta de fuego, pateó el suelo y voló a un costado del campo para evitar que todos vieran que se había sonrojado.

Ginny miró a Harry y a Vicky con el ceño fruncido, y le lanzó la Quaffle a Victoria con tanta fuerza que casi la tira de la escoba. Ésta le hizo un pase a Dennis Creevey pero la pelota escapó de sus manos rumbo al suelo.

- Vamos Dennis, tú puedes - lo alentó su hermano Colin.

Victoria Frobisher se dejó caer en picada y atrapó la pelota antes de que tocara el suelo despertando gritos de admiración de la pequeña multitud que los observaba.

Al cabo de unos quince minutos en los cuales Dennis Creevey dejó caer la Quaffle dos veces más y le lanzó un pase demasiado fuerte a Ginny que casi le deja un ojo morado, Harry sugirió que probaron a otros dos chicos.

Descendiendo hasta el nivel del suelo llamó a una chica de tercer año llamada Natalie McDonald y a un chico de sexto que ya se había probado el año anterior, Geoffrey Hooper.




CAPITULO OCHO
EL BAILE DE HALLOWEEN



Octubre llegó trayendo lluvias interminables y un frío húmedo que llegaba hasta los huesos. Madam Pomfrey tuvo que trabajar tiempo extra para detener la epidemia de angina roja entre profesores y alumnos. Los terrenos que rodeaban Hogwarts se habían transformado en un barrial intransitable, salvo para aquellos valientes que quisieran regresar al castillo cubiertos de lodo. Y a aquellos que eran lo suficientemente afortunados como para regresar al castillo sin haber pisado un solo charco, Peeves se encargaba de ensuciarlos arrojándoles bolas de lodo en la cabeza.

Ron había insistido en que las prácticas de Quidditch no debían suspenderse a causa del mal tiempo, y Harry, a regañadientes, estuvo de acuerdo con él. En cuarto año no había jugado al Quidditch a causa del torneo de los Tres Magos. Y el año anterior había logrado jugar solamente un partido antes de que Umbridge lo suspendiera. Si alguien precisaba practicar era él.

Tres veces a la semana los miembros del equipo de Quidditch de Gryffindor se subían a sus escobas y después de un par de horas de luchar contra la lluvia y el viento, regresaban al castillo sintiéndose miserables.

Sin embargo, los ensayos estaban pagando sus frutos, y el equipo había mejorado notablemente, fundamentalmente gracias a los conocimientos de tácticas de Ron y a la perseverancia de Ginny para entrenar a las nuevas cazadoras. Natalie McDonald, en especial, había realizado enormes progresos. Incluso Ron había tenido que admitir que no había sido una mala incorporación después de todo.

Por primera vez desde que había comenzado el año, Harry pensó que tenían alguna posibilidad de ganar la copa.

Hasta Andrew Kirke y Jack Sloper habían dejado de pegarse con bate el uno al otro o a sus compañeros de equipo, y había comenzado a acertarle a las Bludgers con más frecuencia.

Por supuesto que Ron no era Wood, ni Kirke y Sloper eran los mellizos Weasley, pero Harry se sentía confiado en que harían un papel más que digno.

Las clases de Defensa contra las Artes Oscuras seguían siendo tan interesantes y útiles como el primer día. Harry se había convertido en el alumno estrella del profesor Staker. No pasaba una clase sin que lo hiciera pasar al frente a demostrar un contra maleficio o a practicar algún método de defensa. Luego de los hechizos de protección y desarme, habían comenzado a practicar maneras de inmovilizar a un atacante.

Neville parecía ser el conejillo de indias preferido de Staker. Sin embargo, lejos de perder confianza, Neville se había vuelto un mago experimentado en rechazar maleficios, y los alumnos que pasaban al frente para practicar con él, debían esforzarse cada vez más para vencerlo. Harry sospechaba que éste había sido el objetivo del profesor Staker desde el primer momento.

Snape seguía destilando odio en cada una de sus clases, pero el nombramiento de señor Weasley como Ministro parecía haberlo suavizado un poco. Por supuesto que seguía respirando en la nuca de Harry y criticando todo lo que hacía, pero sus comentarios irónicos y sus expresiones de desprecio sólo aparecían de tanto en tanto.

Ocupados con las prácticas de Quidditch tres noches a la semana, más las interminables tareas que les mandaban los profesores, más buscar la manera de ayudar a Hagrid a encontrar a Grawpy, más buscar descifrar el secreto del pergamino, los días pasaron volando.



Harry pasaba gran parte de su tiempo libre en la biblioteca, buscando libros sobre runas, símbolos, códigos, e idiomas olvidados. Pero eran lecturas sumamente aburridas, (de la clase de las que Hermione leía antes de acostarse), y no pasaba mucho tiempo antes de él que cerrara los pesados volúmenes con frustración.

Cansado luego de otra búsqueda infructuosa, Harry volvió su rostro hacia la ventana más cercana. El viento y la lluvia azotaban con fuerza los cristales produciendo un sonido adormecedor.

Ginny Weasley estaba sentada en una mesa cercana a la de Harry leyendo lo que parecía ser una carta.

Harry tomó su mochila y se acercó a ella.

- Hola Ginny, ¿te molesta si me siento contigo? - pidió Harry.

- ¿Qué? Oh
Hola, Harry
No, por supuesto que no me molesta, siéntate
- dijo doblando la carta rápidamente y guardándola entre sus libros.

Harry no pudo evitar notar que los ojos de Ginny estaban enrojecidos por el llanto.

- ¿Malas noticias? - preguntó Harry.

- ¿Esto? - dijo Ginny señalando al lugar donde había guardado la carta - No. No es nada
No quiero que te preocupes por mí.

- No hace mucho me decías que los amigos deben confiar unos en otros - insistió Harry -. Además me vendría bien, para variar, pensar en los problemas de otra persona.

Ginny sonrió y extrayendo la carta del libro donde la había guardado, se la extendió a Harry.

- Tienes razón. No hay razón por la cual no deba confiar en ti. Toma. Léela si quieres. Es de Percy.

Harry se detuvo y observó a Ginny con expresión sorprendida.

Ésta asintió y escondió sus lágrimas en un pequeño pañuelo que apretaba en su mano.

Harry abrió la carta y leyó:



Querida Ginny:

Me he enterado que has sido nombrada prefecto, siguiendo la tradición de la familia. Me alegro por ti y te felicito. Quisiera haberte saludado antes pero, como estoy seguro que sabrás, ya no trabajo en el Ministerio y las noticias ya no me llegan con tanta frecuencia como antes.

De hecho, fue gracias a una persona que conocí en el Ministerio que supe algunas novedades sobre Hogwarts y la familia.

El señor Guslocoana ha sido tan amable como para ofrecerme empleo como su secretario. Fue él quien me informó sobre tu nombramiento. Se trata de un mago respetable, miembro de una familia distinguida dentro de la Comunidad Mágica. Él está en contacto con personas influyentes y conoce a muchos magos importantes.

Estoy seguro que trabajar para él será de gran beneficio para mi carrera y mi futuro. El señor Guslocoana me ha asegurado que ha seguido de cerca mi desempeño como asistente del ex Ministro Fudge y lo ha encontrado sumamente satisfactorio.

Desde mi lugar privilegiado, debo advertirte que las cosas no son tan favorables como El Profeta nos quiere hacer creer.

Tanto la renuncia de Fudge como el nombramiento de nuestro padre han sido orquestados por Dumbledore para poner a una persona que pueda manejar fácilmente para sus propósitos. Tú y yo conocemos las capacidades de nuestro padre y sabemos que sería la última persona a la que alguien le ofrecería ocupar un cargo de tanta responsabilidad.

Algo similar sucede con el joven Potter, quien apoyado por Dumbledore, ha logrado una cierta credibilidad para sus fantasiosas historias sobre el Innombrable. Pero créeme cuando te digo, de muy buena fuente, que no existen pruebas fehacientes de su regreso, más que el testimonio de Dumbledore y la palabra de este joven trastornado. Sinceramente creo que Dumbledore ya se encuentra en edad de retirarse. Supongo que como ha desperdiciado la mayor parte de su vida como director de un Colegio, quiere realizar algo grandioso antes de morir y ser recordado como un héroe.

¡Es una lástima que Dolores Umbridge no pudiera llevar adelante las mejores sugeridas por el Ministerio! Sin duda, hoy estudiarías en un mejor colegio.

Espero que seas más inteligente que los miembros de nuestra familia y sepas elegir mejor las personas con quienes te relacionas, en especial te aconsejo mantenerte alejada del joven Potter. Más que nuestra admiración merece nuestra lástima.

Piensa con detenimiento en todo lo que te he dicho, y felicitaciones una vez más por tu nombramiento.

Tu hermano.



Percy



Harry dobló la carta y se la entregó a Ginny sin decir una palabra. Un nudo en su garganta le impedía hablar.

- Me pregunto cómo pude vivir tanto tiempo con una persona, sin llegar a conocerla - dijo Ginny después de un rato -. Por supuesto que no pienso responder su carta
El muy estúpido
¡aaahhhh!

Ginny dobló la carta de su hermano y guardó en el bolsillo interior de su túnica. Harry la contemplaba sin saber qué decir o qué hacer. Sentía la misma frustración y la misma amargura que Ginny.

- Me gustaría pensar que mi hermano no está actuando por sí mismo, que alguien lo poseyó o lo hechizó
¡Es mi hermano, Harry, y a pesar de todo lo quiero! ¿Entiendes? - agregó Ginny con lágrimas en los ojos-. Piensa en lo que están sufriendo mamá y papá


- Yo creo que deberías responderle - sugirió Harry con cautela.

- ¿QUË? No, de ninguna manera


- Piensa Ginny. Si tú lo rechazas, estarías rompiendo el último eslabón que él tiene con tu familia. No estaría mal que le enviaras unas líneas de agradecimiento...

- Nunca lo había pensado de esa manera. Quizás tengas razón. Pero no vayas a pensar ni por un momento que creo todas esas tonterías que dice sobre ti o sobre Dumbledore.

Harry sonrió comprensivamente.

- Ni por un momento - y mirando el reloj recogió sus libros y dijo:

- Vamos, o llegaremos tarde a la práctica de Quidditch.

Antes de que Harry pudiera retirarse, Ginny le tomó la mano, y mirándolo a los ojos, dijo:

- Gracias, Harry. Realmente me ha hecho mucho bien hablar contigo.



***



Una tibia tarde de octubre, Harry holgazaneaba contemplando los rayos de sol que iluminaban el dosel de su cama.

Snape les había mandado a escribir dos pergaminos sobre la utilización del bezoar en pociones y sus propiedades como antídoto de los venenos más conocidos. Pero era el primer día de sol en mucho tiempo y Harry pensaba aprovecharlo de una manera más productiva que haciendo la tarea.

Ron entró rápidamente al dormitorio y se acercó a Harry. Entregándole una tarjeta le dijo:

Malas noticias. Las chicas están organizando un baile y nos han invitado..

Harry tomó la invitación. Un olor a jazmín inundó la habitación cuando abrió el sobre. Adentro un cartoncito adornado con pequeñas flores rosas decía:



Estás invitado al baile que tendrá lugar

en el Gran Salón, el próximo Viernes a las 20 hs.

Túnica de gala requerida.



RSVP



Harry arrugó el ceño preocupado.

- ¿Un baile? ¿Por qué? ¿Qué estamos festejando?

Ron parecía tan fastidiado como él.

- No sé bien. Ningún motivo en especial. La excusa es que es Halloween. Pero sospecho que las chicas se traen algo entre manos. Parece que hace semanas que están planeando todo. Están excitadísimas con la idea. Incluso se han confabulado con las chicas de otras casas.

- Así que eso era de lo que cuchicheaban Lavender y Parvati con Ginny y Hermione.

Ron asintió con expresión desesperada.

- Incluso Ginny convenció a Luna para que haga el contacto con las chicas de Ravenclaw. Hermione me dijo que a Dumbledore le pareció una magnífica idea. Cree que eso ayudará a levantar la moral.

- Dudo mucho que eso suceda. Yo ya me siento mucho peor - dijo Harry.

- Ni que lo digas. A mí se me hace un nudo en el estómago de sólo pensarlo. Cada vez que las imagino murmurando sobre lo que usarán y cómo se peinarán, probándose túnicas, me dan ganas de vomitar


- ¿Por qué no podrán dejarnos en paz? Como si no tuvieramos ya suficientes problemas con la guerra contra Voldemort, ahora esto.

Ron asintió.

- Cuando me dieron las invitaciones pude ver la lista que habían hecho: nuestros nombres eran los primeros. Ginny no paró de insistir hasta que vine a traerte la invitación.

Harry se sorprendió al oír eso. ¿Era sólo su idea o Ginny estaba interesada nuevamente en él? Por supuesto, no era algo tan evidente como cuando ella era niña, pero Harry sospechaba que algo estaba sucediendo.

- ¡Harry! ¿Y? - preguntó Ron con expresión desesperada.

- ¿Y qué? - dijo Harry absorto en sus pensamientos.

- ¿Cómo vamos a salirnos de esta? Esta parece la ocasión ideal para utilizar los saltaclases de Fred y George.

- No lo sé. Hermione sospecharía... Por otra parte, no me gusta tener que buscar pareja, para darme cuenta a último momento que ya están todas comprometidas con alguien...

- Yo le dije lo mismo a Hermione y ella me respondió que no debíamos preocuparnos por eso. Es un baile informal y no es necesario ir por parejas.

- ¡Genial! - exclamó Harry aliviado-. Entonces podemos ir y sentarnos en algún rincón a conversar y escuchar la música. Y cuando todos estén entretenidos bailando, nos escabullimos sin que nadie se dé cuenta.

El rostro de Ron se iluminó.

- ¿Crees que funcionaría, Harry? Sería genial. Quedaríamos bien con las chicas y no tendríamos que hacer el ridículo bailando y todo eso.

- Sospecho que Hermione y Ginny no se pondrán muy contentas si no bailamos, pero ese es su problema, ¿no? ¿Sabes si Ginny irá con alguien? - preguntó Harry tratando de que su voz sonara natural.

Ron denegó con la cabeza.

- No. Me preguntaba lo mismo sobre Hermione
Aunque las chicas aseguren que no es necesario ir por parejas, te aseguro que ya deben tener todo planeado sobre quien bailará con quién.

A Harry el corazón le dio un vuelco.

- No veo otra salida - dijo Harry con resignación- Tendremos que ir y bailar.

- ¡Qué! ¿Hablas en serio? - los ojos de Ron reflejaban auténtico pánico ante la idea de tener que bailar delante de todo el colegio.

- ¿Tienes algún plan para zafar?

Ron miró al suelo con expresión vencida.

- No - dijo por fin. Su voz sonaba como la de alguien que acabara de enterarse que lo habían condenado a ir a Azkaban.

Ron se retiró a su cama y comenzó a revolver su baúl sacando cosas y arrojándolas nuevamente adentro.

Harry se recostó en la cama nuevamente y cruzó los brazos detrás de la nuca.

Ginny le había insistido a Ron para que lo viniera a invitar... Él y Ron habían encabezado la lista...

Harry sintió una oleada de calor subiendo por su cuerpo y una placentera sensación de bienestar.

La semana pasó volando. Por el colegio corrían rumores sobre el baile de Halloween

Las chicas conversaban entusiasmadas sobre la ropa, los perfumes y los adornos que usarían. Los chicos en cambio intercambiaban sombríos comentarios sobre el triste destino que les esperaba y la mejor manera de salirse de él.

Potter, ¿se puede saber qué le pasa? - preguntó McGonagall.

¿Quién? ¿Yo? - preguntó Harry mirando a su alrededor. Todos los ojos estaban fijos en él.

Pasarme
¿Por qué iba pasarme algo?

¿Porque hace cinco minutos que estoy esperando que responda a mi pregunta


Lo siento profesora, estaba distraído.

Cinco puntos menos para Gryffindor. Y un pergamino de 30 centímetros de largo sobre teoría y práctica del hechizo conmutador.

Harry intentó estar atento el resto de la clase, pero le resultaba difícil.

¿A quién iba a contarle lo que pasaba en su interior?

Habría resultado más sencillo hablar sobre Voldermot y sus intentos de asesinarlo, que sobre sus sentimientos hacia Ginny.

Ya oía a Malfoy burlándose de él: ¡Potter se enamoró de Weasley...! ¡Quizás ahora puedas conseguir un trabajo en el Ministerio!

Harry sacudió la cabeza.

Su relación con Cho no había funcionado. Se hacía difícil estar de novio cuando se tenía que lidiar con el peso que su destino encerraba.

Todas las personas que quería terminaban saliendo heridas.

No quería que nadie resultara lastimado por su culpa.

No quería que a Ginny le sucediera nada. Tampoco a Ron o Hermione.

¿Cómo podría haber pensado siquiera en tener una relación con Ginny?

Además, ni siquiera era algo seguro que Ginny estuviera interesada en él. ¿O sí?



En el útlimo entrenamiento de Quidditch, Ginny se había acercado a Harry y Ron para recordarles sobre el baile.

Hoy a las ocho es el Baile de Halloween. Supongo que los veré allí, ¿no es cierto?

Sí, nena - respondió Ron, que a medida que se acercaba la fecha del baile se había puesto de peor humor.

Por si no te diste cuenta ya no soy una nena, Ron. ¿Van a bailar también, no?

Sí, vamos a bailar. Ahora deja de molestar.

Ginny regresó al castillo con una sonrisa en el rostro.



Esa noche, al finalizar la cena, Dumbledore se puso de pie para hablar. Todo el mundo hizo silencio al instante. Debajo de su barba plateada se adivinaba una gran sonrisa:

- Me es grato anunciarles a todos que a las ocho de la noche tendrá lugar el Baile de Halloween. Todos los alumnos de cuarto año en adelante podrán participar del mismo. Quiero agradecer a las señoritas Granger y Weasley por esta magnífica idea y por haberse encargado de la organización. Me siento sumamente complacido por la idea, que estoy seguro servirá para estrechar los vínculos entre las distintas casas y lograr un mayor entendimiento y unidad.

Harry y Ron se miraron resignados. Mientras Ginny cuchicheaba algo en el oído de Hermione.

Dumbledore hizo una pausa para aclararse la garganta y continuó:

- Estoy seguro de que les agradará saber que el padre de la señorita Lovegood ha conseguido que Las Brujas de Macbeth que vengan a animar la fiesta.

La noticia fue recibida con júbilo por todos los alumnos.



Después de la cena, todos subieron al dormitorio para prepararse para el baile.

Crosshanks me tiene harto. ¡Lo voy a revolear de una patada! - gritó Ron enojado.

¿Qué sucede? - preguntó Harry.

Otra vez se acostó sobre mi túnica de gala. Está llena de pelos.

¿Qué hace aquí de todos modos? ¿No debería estar con Hermione?

Ron se encogió de hombros.

Hermione lo mandó aquí porque dice que llenaba de pelos sus túnicas, pero yo creo que en realidad lo envió para controlar que vayamos a llegar a tiempo al baile.

¿Ustedes ya saben con quién van a bailar? - preguntó Seamus Finnegan.

Con nadie si puedo evitarlo - respondió Ron con sinceridad-. De todas maneras es un baile informal. No hace falta ir con pareja.

Eso es lo que dicen las chicas para asegurarse que vayamos, Ron - dijo Dean mientras pasaba un peine por su cabello-. Pero en realidad se han estado formando parejas durante toda la semana. Yo voy a bailar con Parvati. Si quieren puedo pedirle que le pregunte a Padma si está disponible.

¡Oh, no! - gimió Neville, luchando con su túnca de gala.

Yo iré con Lavander - informó Seamus-. Dean y yo las invitamos ni bien nos enteramos del baile. Hay que moverse rápido para no quedarse sin pareja. No querrán llegar allí y descubrir que son los únicos que no tienen con quién bailar. Serían la burla de todos.

A mí no parece algo tan terrible. Después de todo detesto bailar - dijo Ron ofuscado mientras cepillaba su túnica tratando de quitar los pelos de Crosshanks.

- A mí tampoco me agrada demasiado el baile - concedió Seamus-. Pero no quiero hacer el ridículo delante de todo el colegio. Imagínate quedarme en un rincón toda la noche por no tener pareja de baile. Sería algo realmente patético, ¿no les parece?

Ron echó una mirada desesperada a Harry y se acercó a su cama para conversar.

- ¿Crees que sea demasiado tarde para pedirle a las chicas que sean nuestras parejas de baile? - le susuró a Harry.

- No lo sé. Ni me importa demasiado - respondió Harry, que ya estaba acostumbrado a ser criticado por los demás-. Deberían haber sido sinceras con nosotros desde un principio


- Opino lo mismo que tú, Harry. Pero ya oíste a Seamus. Si no tenemos con quien bailar todos pensaran que somos patéticos.

- ¿Y qué si así lo creen? No puede ser peor que cuando todo el colegio creía que estaba loco porque aseguraba que Voldemort había vuelto.

Ron se estremeció de terror.

- No digas ese nombre, te lo suplico.

- Como quieras - dijo Harry. Y terminando de acomodarse la túnica, salió del dormitorio.

El vestíbulo estaba abarrotado de estudiantes que se arremolinaban en espera de que dieran las ocho en punto, hora en la que se abrirían las puertas del Gran Salón

Los chicos que habían elegido su pareja de baile entre las estudiantes de otras casas, las buscaban entre la multitud.

Harry vio a Cho conversando muy animadamente con Michael Corner. Él le decía algo al oído, y ella reía con la boca abierta.

Harry se alegró de verla feliz.

Hermione y Ginny bajaban por la escalera. Al ver a Harry se acercaron a él. Las dos estaban bellísimas. El corazón de Harry retumbaba sin parar.

En la otra punta del hall, Malfoy, enfundado en una túnca de terciopelo, llevaba del brazo a Pansy Parkinson. Crabbe y Goyle representaban su eterno papel de guardaespaldas. A Harry le alegró comprobar que ellos tampoco parecían haber encontrado pareja.

- Hola, Harry - saludó Hermione que llevaba el pelo lacio y brillante, recogido por detrás en un elegante rodete, y una túnica turquesa brillante-. ¿Has visto a Ron?

- Debe estar por bajar - respondió Harry mirnado de soslayo a Ginny -.

- Hola, Harry - dijo Ginny.

Al verla de cerca a Harry se le fue el aliento. Había trenzado su cabellera pelirroja y las trenzas estaban acomodadas alrededor de su cabeza formando una corona adornada con flores.

Estaba deslumbrante.

- Hola, Ginny - respondió Harry que estaba completamete ruborizado - Estás muy bonita..

- Gracias - respondió Ginny con una sonrisa.

En ese momento se abrieron las puertas principales de roble y los estudiantes ingresaron ordenadamente al Gran Salón. Harry se enderezó buscando a Ron por encima de las cabezas de la multitud. Su amigo levantó una mano a un par de metros de distancia.

- Voy a esperar a Ron - dijo Harry separándose de las chicas.

Antes de que pudieran responder, ellas fueron arrastradas por la multitud al interior del salón.

- ¡Guau! ¿Esa era Hermione? Está bellísima - exclamó Ron cuando llegó al lado de su amigo.

El techo hechizado del comedor reflejaba una espléndida noche estrellada.

Hagrid se había esmerado con la decoración de Halloween.

La columnas estaban adormadas con luces de colores. En realidad eran cientos de pequeñas hadas, algunas posadas en los rosales que habían sido conjurados allí, y otras revoloteando en las decenas de calabazas gigantes con que iluminaban cada rincón del Gran Salón.

Los muros había sido recubiertos de cientos de guirnaldas color rojo escarlata, con plateadas lunas llenas intercaladas entre las mismas.

En lugar de las habituales mesas de las casas, habían sido colocadas varias mesas pequeñas formando un círculo, decoradas con cuernos de las abundancia.

Los muchachos parecían haberse congregado alrededor de la mesa de los bocadillos. Mientras que las chicas habían optado por reunirse junto al escenario donde iba a tocar la banda.

Ron pasó su mano por la túnica quitándose por enésima vez los pelos de Crosshanks.

Harry se aplastó el pelo tratando inútilmente que se quedara en su lugar.

En la mesa principal, Dumbledore sonreía de contento, conversando con la profesora McGonagall. La expresión de Snape, en cambio, recordaba más bien a la de alguien que está sufriendo horribles dolores. En la otra punta de la mesa, Staker, erguido como un poste, evaluaba todo con seriedad. Hagrid conversaba animadamente con el profesor Flitwick señalando distintas partes de la decoración del salón. Usaba un horrible traje peludo color marrón que por alguna exraña razón parecía reservar para esas ocasiones especiales.

Al ver a Harry lo saludó con la mano, y éste le devolvió el saludo.

Las Brujas de Macbeth subieron al escenario entre aplausos y gritos de admiración. Harry notó que su apariencia había cambiado drásticamente desde la última vez que las había visto. Llevaban el pelo corto y unas túnicas muy ceñidas y cortas que arrancaron entusiastas comentarios de los estudiantes.

Tomaron sus instrumentos y comenzaron a tocar una canción sumamente movida y pegadiza.

- ¡Vamos! ¡Todos a bailar! - invitó la cantante.

Las luces del salón se apagarón ý la pista de baile se iluminó con luces de todos los colores.

Pero nadie se movió. La pista de baile permaneció vacía.

Algunos estudiantes miraban nerviosamente hacie el sector donde se encontraban las chicas, pero ninguno se animaba a ser el primero en salir a bailar.

Las chicas conversaban entre sí con fastidio, soltando risitas nerviosas.

Ron tomó un vaso y se dirigió hacia la ponchera evitando cuidadosamente mirar a nadie. Harry optó por servirse una tarta de calabaza.

Hermione cruzó el salón a grandes zancadas y con paso decidido llegó hasta donde estaba Ron, lo tomó de la muñeca, y lo arrastró hacia la pista de baile.

- Espera Hermione, ¿qué estás estás haciendo? ¿Te has vuelto loca? - gritaba Ron mientras era llevando prácticamente a la rastra hasta el centro de la pista.

Ron escuchó algunas carcajadas provenientes de los estudiantes de Slytherin, como así también algunos comentarios de apoyo.

- ¡Bravo Weasley, así se hace!

Una vez que estuvieron en el centro de la pista de baile, Hermione liberó la muñeca de Ron y comenzó a bailar al compás de la música como si nada hubiera sucedido.

Ron miró hacia la mesa de comida donde se encontraban el resto de los muchachos y le pareció que se encontraba a kilómetros de distancia.

Finalmente, rojo como un tomate, comenzó a moverse al compás de la música.

Para su sorpresa, varias parejas se les unieron enseguida.

Al poco rato, la pista estaba llena de parejas y Ron descubrió que aquello no sólo no era tan terrible como había temido, sino que hasta lo disfrutaba.

Mientras tanto Ginny no despegaba la mirada de Harry. Se había quedado prácticamente sola, a un costado del escenario y movía su cuerpo suavemente siguiendo el ritmo de la canción.

Harry también se había quedado practimente solo. Se sentía horriblemente incómodo. Por un lado ansiaba invitar a Ginny a bailar. Pero por otra parte no quería exponerla a la burla de todos por estar con él. Ella merecía algo mejor.

- Hola Harry, ¿Tú tampoco conseguiste pareja, eh? - dijo Neville sirviéndose unos bocadillos largos y gelatinosos que parecían lombrices-. Por un momento pensé que iba a ser el único que no consiguió con quién bailar. Pero por suerte estás tú para hacerme compañía.

Harry observó a Ginny por encima del mar del cabezas que saltaba alegremente al compás de la música. Ron y Hermione parecían estar pasándolo de maravilla.

Ginny en cambio, había dejado de moverse y, cruzada de brazos, seguía mirando a Harry con una expresion de desilusion y amargura.

Harry se sintió horriblemente mal consigo mismo. ¿Era a Ginny o a sí mismo a quien estaba protegiendo?. ¿Le daba vergüenza que lo vieran con Ginny? ¿Tenía miedo a ser lastimado si exponía sus sentimientos por ella? ¿Se sentía vulnerable por haberse enamorado?

Luna Lovegood se acercó a la mesa de los bocadillos. Estaba muy linda con su rubia cabellera peinada con una especie de caracoles brillantes y enfundada en una túnica verde agua.

- ¿Está bueno el ponche, Harry?

- Hola, Luna - saludo Harry-. Está bien, ¿quieres que te sirva un poco?

- Bueno.

Harry tomó una copa de la mesa y la llenó de bebida cuidando de no volcar nada sobre la mesa.

- Aquí tienes. ¿Qué son esas cosas que tienes en el pelo?

- Son joyas extraídas del caparazón de un cangrejo de fuego. Mi padre se las compró a un mercader de Suecia. ¿No vas a pedirme que bailemos? - preguntó Luna Lovegood con indiferencia.

Harry sintió un profundo sentimiento de compasión por ella. Se había quedado sin pareja, igual que él, y allí estaba aparentando que no le molestaba. Harry descubrió que no le importaba bailar con Luna. Lo tenía sin cuidado que los demás se burlaran de ellos. El loco Potter y Lunática Lovegood. Hacían buena pareja después de todo.

- Si quieres podemos bailar - respondió Harry.

Ella dejó la copa sobre la mesa y siguió a Harry hasta la parte más alejada y menos iluminada de la pista de baile. Harry caminaba con la vista fija en el suelo evitando cuidadosamente mirar a alguien. Seamus y Parvati los saludaron al pasar.

- Así que conseguiste alguien con quien bailar, ¿eh Harry?

Una vez que llegaron a un sector oscuro, Luna se puso a dar saltitos, siguiendo supuestamente el ritmo de la música, y a sacudir su cabellera. Los caracolitos que había trenzado en su cabello, chocaban entre sí produciendo un ruido que a Harry le pareció demasiado llamativo.

Harry miró con desconfianza a su alrededor pensando que los ojos de todos los presentes estarían puestos en él.

Pero nada de eso sucedió.

Muchas chicas bailaban sacudiéndose de manera similar a como lo hacía Luna. Todos parecían estar psándola de maravilla. Incluso Malfoy y Pansy Parkinson bailaban en un sector de la pista, ajenos a todo lo que pasaba a su alrededor.

Dumbledore bailaba con la profesora McGonagall y Hagrid había invitado a la profesora Sinistra. Afortunadamente no había rastros de Snape.

Harry recorrió el borde de la pista de baile buscando a Ginny.

Ni bien terminara esta canción, se libraría de Luna y la sacaría a bailar a ella.

Pero ya era demasiado tarde.

Ginny pasó como una tromba por entre medio de Harry y Luna chocando con ambos. Sin disculparse fue directamente hacia Neville y lo sacó a bailar de manera similar a como Hermione había hecho con Ron.

Neville se atragantó con el ponche y comenzó a toser.

Ginny llevó a Neville a un lugar bien visible y comenzó a moverse al compás de la música con una expresión furiosa en el rostro.

La torpreza característica de Neville y el hecho de que todavía no había dejado de toser, hicieron que pisara a Ginny o chocara con ella con bastante frecuencia.

Cada vez que esto sucedía, Neville se disculpaba, pero a Ginny no parecía importarle y continuaba bailando con una sonrisa forzada en el rostro.

- ¿Te gusta Ginny? - preguntó Luna a Harry con el mismo tono que alguien emplearía para hablar del clima. Aunque, en realidad, más que una pregunta, era una afirmación.

Harry la miró sorprendido sin saber que responder.

- Se nota - aclaró con una sonrisa -. Desde que salimos a bailar no haces más que mirarla.

Harry se ruborizó y ensayó una disculpa.

- Disculpa, Luna. Yo no pretendía


- Oh, está bien - respondió ella descartando las disculpas de Harry con un gesto de su mano y una sonrisa divertida-. Sólo lo decía para hablar de algo. ¿Te conté que mi padre logró fotografiar un snorkack de cuernos arrugados?

En ese instante Las Brujas de Macbeth terminaron la primer canción y todos aplaudieron con entusiasmo.

- Vamos a sentarnos, ¿te parece? - sugirió Harry.

Luna asintió y lo siguió de regreso a la mesa. Algunos estudiantes, visiblemente acalorados, se sentaron en las mesas para refrescarse y recobrar el aliento.

Las Brujas de Macbeth comenzaron a tocar una melodía lenta, suave.

El salón se llenó de pompas de jabón de todos los tamaños y colores.

- ¿Quieres una cerveza de manteca? - le preguntó Harry a Luna, sentándose y abriendo una botella.

- No, gracias - dijo ella.

Harry sintió que era muy sencillo entenderse con Luna- A diferencia del resto de la mujeres que conocía, no era para nada complicada. Todo le parecía bien. De nada se quejaba.

Ginny continuaba bailando con Neville. Lo tenía fuertemente agarrado por la cintura y lo conducía con seguridad por la pista. El pobre Neville lucía confundido y miraba en todas direcciones buscando alguien que lo rescatara.

- Creo que necesito un poco de aire fresco - dijo Harry dejando la botella de cerveza vacía sobre la mesa.

- Vamos - dijo Luna poniéndose de pie-. A mí también me gustaría pasear por los jardines. Dicen que estoy muy linda esta noche.

- Harry miró a Luna confundido sin saber a qué se refería.

- La luna, ¿entiendes? - explicó Luna señalando con el dedo índice a si misma y al cielo alternativamente.

- Ah
Ya comprendo - dijo Harry divertido y sorprendido de lo poco seriamente que Luna se tomaba a sí misma.

Harry y Luna rodearon la zona de baile y salieron al vestíbulo. La puerta principal estaba abierta, y mientras bajaban la escalinata de piedra, distinguieron el centelleo de luces de colores repartidas por el rosedal.

Aquí y allá había algunas parejas sentadas en los bancos. Algunas de ellas se estaban besando.

- ¿En qué estás pensando? - preguntó Luna mientras caminaban por un sendero rodeado de arbustos.

Harry se sentía muy a gusto con Luna, pero no tanto como para confiarle sus sentimientos por Ginny. Rápidamente comenzó a buscar en su mente un tema para desviar la conversación.

- Eh
En Hagrid
- respondió Harry, diciendo lo primero que le vino a la mente.

- ¡Hagrid! - exclamó Luna divertida -. ¿Es amigo tuyo, no?

- Sí - asintió Harry-. Él fue quien me entregó la carta de Hogwarts cuando cumplí 11 años. Somos amigos desde entonces. Es muy bueno.

- Los de Ravenclaw piensan que no es muy buen profesor. Su forma de dar las clases es un poco
rara - y al ver la expresión en el rostro de Harry se apresuró a agregar:

- Pero a mí me cae bien. ¿Qué le sucede?

- ¿Quién dijo que le sucedía algo?

- Nadie. Pero como estabas pensando en él, pensé que quizás tenía algún problema.

Harry miró a Luna sorprendido por lo perspicaz que era ella. Nadie lo hubiera pensado realmente, ya que siempre estaba actuando de manera extravagante.

- En realidad, el problema es con Grawp. Su medio hermano. Se perdió en el bosque y no puede encontrarlo.

- Grawp es ese gigante que los salvó a ti y a Hermione el año pasado, ¿no es cierto?

- Sí.

- No creo que sea muy difícil hallar a un gigante. Deben dejar un rastro bastante fácil de seguir.

- Yo pensé lo mismo - afirmó Harry-. Pero Hagrid dice que el bosque prohibido es realmente muy grande y que cuando alguien se interna en él puede llevar mucho tiempo localizarlo. Además está el problema de los centautos.

- ¿Qué hay con ellos? - preguntó Luna interesada.

- Están enojados y no dejan que nadie se adentre en el bosque
Hagrid afirma que lo siguen cada vez que entra a buscar a Grawp.

Luna permaneció en silencio durante unos cuantos minutos. Al cabo de un rato la expresión de su rostro se iluminó y, haciendole unas morisquetas a Harry comenzó a cantar:

- ¡Sé como hallar a Grawpy! ¡Sé cómo hallar a Grawpy!

- ¿En serio? ¡Genial! Quizás Hagrid todavía se encuentre en la fiesta
- dijo Harry regresando hacia el castillo.

- Pero Luna no se movió.

- Sería mejor intentarlo de día. - dijo-. Es muy sencillo si lo piensas. Me asombra que no se le haya ocurrido a Hermione. Ella es muy inteligente, merecería estar en Ravenclaw.

- Bueno, ¿me vas a decir qué es loqu pensaste? - preguntó Harry algo fastidiado.

Luna negó divertida con la cabeza y respondió cantando:

- ¡No te lo diré-é! ¡ No te lo diré-é! En realidad tú también podrías haberlo descubierto. Mañana a las diez encuéntrame en la cabaña de Hagrid, ¿de acuerdo?

De nada sirvieron los pedidos insistentes de Harry mientras regresaban al castillo. Cada vez que le preguntaba cuál era la solución, Luna se tapaba los oídos con los dedos y tarareaba una canción.

La noche había refrescado. Un tenue rocío caía finamente sobre el parque.

- Adiós - dijo Luna ingresando al Gran Salón -. Nos vemos mañana en lo de Hagrid.

Harry se asomó a la fiesta un instante antes de regresar a la torre de Gryffindor. No se sentía con ánimos de volver al baile.

Neville había vuelto a su solitario lugar junto al ponche.

No había señales de Ginny. Tampoco de Ron y Hermione.

- ¿Qué haces afuera del salón, Potter? - le gruñó Filch al verlo vagando por el corredor -. Buscando la ocasión para hacer alguna de las tuyas, ¿eh?

- No tenía pensado hacer nada - se defendió Harry-. Iba de regreso a la torre Gryffindor.

- No esperarás que me crea ese cuento, Potter. Levanta los brazos. Voy a revisarte.

Filch lo palpó a conciencia y pareció bastante desilusionado de no encontrar ninguna bomba fétida en la túnica de Harry.

- Por esta vez te has salvado. Pero te estaré observando, Potter. En cuanto hagas alguna travesura, serás mío. Malditos estudiantes - maldijo Filch por lo bajo -. No se dan cuenta de que necesitan que uno sea más estricto, necesitan el rigor para poder criarse como corresponde
¡Ah, si la profesora Umbridge volviera a Hogwarts! Ella era la única que entendía


Harry pensó que no era mala idea comenzar a utilizar el arsenal de bromas que los hermanos Weasley le habían regalado. Después de todo, Filch se lo había buscado.

La señora Norris lo siguió hasta el retrato de la dama gorda que custodiaba la entrada a la sala común de Gryffindor.

Harry debió gritar la contraseña tres veces antes de que la dama gorda despertara y le franqueara el paso. Subió rápidamente a los dormitorios, se desvistió y se acostó.

Ninguno de sus compañeros había regresado de la fiesta.



Harry se durmió rápidamente.

Soñó que estaba volando en su escoba persiguendo una snitch dorada. Pero la pelota se escapa de sus manos cada vez que intentaba aferrarla. Ginny se burlaba de él señalándolo con el dedo. Entonces la escena cambiaba y Harry se encontraba desnudo en medio de la pista de baile. Las chicas chillaban y se desternillaban de risa. Luna gritaba bailando como una loca: ¿No lo has descubierto, Harry? ¿No lo has descubierto, Harry?

Entonces, vio la snitch volando muy cerca de él. Cuando intentó tomarla, la pelota dorada golpeó contra su frente produciéndole un profundo dolor.

Entonces el sueño cambió


Estaba de pie en una habitación oscura con cortinas, iluminada con unas pocas velas. Una cara más blanca que una calavera salió a la luz y se enfrentó con él. Clavándole sus ojos rojos con las pupilas que parecían rendijas se acercó a Harry, y lo obligó a arrodillarse.

- ¿Qué dice el pergamino, Potter? ¿Es el texto de la profecía? - preguntó con voz fría y cruel.

Dominando el terror, Harry intentó resistirse, desviando la mirada de los ojos de Voldemort.

- No sé de que me habla - se escuchó respondiendo.

- No me mientas
Ya me has hecho perder demasiado tiempo


El rostro cadavérico se acercaba cada vez más al suyo. La cicatriz le quemaba a Harry horriblemente y pensó que en cualquier momento iba a desmayarse. Pero manteniéndose sereno, volvió a repetir:

- No sé de qué me habla.

El rostro de Voldemort se esfumó detrás de una neblina blanca, y Harry, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, logró cerrar su mente.

Entonces se sintió invadido por un acceso de ira y se despertó, bañado en un sudor frío.

Por suerte estaba solo en el dormitorio.

O casi.

- Harry ¿Estás bien? ¿Volviste a soñar con el Innombrable? - preguntó Neville preocupado.

- Estoy bien, Neville. Fue sólo un mal sueño. Vuelve a dormir.



Harry se recostó sintiendo cómo la cicatriz palpitaba en su frente.

¿Y si el pergamino fuera una copia de la profecía?










CAPITULO NUEVE


EL “ASCENSO DE POTTER”



A la mañana siguiente, luego del desayuno Ron, Hermione y Harry salieron del castillo y cruzaron los terrenos hacia la pequeña cabaña de madera en el borde del bosque prohibido donde vivía Hagrid.

Harry había puesto al tanto a Ron y Hermione de su sueño y los tres venían discutiendo sobre el tema.

- ¿Ginny no viene? – preguntó Harry intrigado.

- Dijo que tenía tarea – dijo Hermione rápidamente sin mirar a Harry a los ojos. Y cambiando de tema comentó:

- Tu sueño me tiene preocupada, Harry. Hace tiempo que no soñabas con Voldemort. No creo que sea el anticipo de nada bueno. Deberías contárselo a Dumbledore – de la boca de Hermione salían pequeñas nubes de humo a causa del frío.

- Quizás lo haga más tarde – concedió Harry. Pero no parecía muy convencido -. De todas maneras logré cerrarle mi mente y no creo que vuelva a molestarme.

- Si quieres puedo consultar a mi padre. Supongo que en el Ministerio tendrán alguna idea de lo que está haciendo el Innombrable. Solo para asegurarnos que no ande por aquí cerca... Podrían enviarte algún auror para protegerte – sugirió Ron temblando de frío.

- Hogwarts es uno de los lugares más seguros que existen, Ron. No creo que ningún auror pueda proteger a Harry mejor que Dumbledore, ¿no crees? – opinó Hermione.

- Lo que más me intriga es cómo se enteró de lo del pergamino... – murmuró Harry preocupado -. Además de ustedes, sólo le conté sobre el pergamino a Ginny, Dumbledore, Hagrid y Lupin...

- Te olvidas de ese elfo mugroso – completó Ron. Sus orejas se pusieron más coloradas de lo que ya estaban y mirando a Hermione de reojo agregó rápidamente:

- Perdón, Hermione, tú sabes que no quise decir eso...

Hermione lejos de parecer enfada le devolvió a Ron una sonrisa comprensiva:

- Lo sé, Ron. No te hagas problema.

Harry miró extrañado a uno y a uno. Si no fuera porque conocía a sus amigos pensaría que alguien había tomado poción Multijugos y los estaba reemplazando.

- Le ordené a Kreacher que no dijera nada – dijo Harry en voz alta, casi como repitiendo la orden.

- No estoy muy seguro de que eso sea muy efectivo. El año pasado Kreacher encontró una manera de traicionar a Sirius. Y tú mismo nos contaste que Dooby te fue a advertir sobre el Innombrable a pesar de estaba al servicio de los Malfoy – opinó Ron con sensatez.

- Los elfos están obligados a ser fieles a sus amos – repuso Hermione con fervor -. Kreacher nunca desobedecería una orden directa de Harry. No podría…

- Pues a mí no se me ocurre nadie más que esté en contacto con Voldemort y que supiera sobre el pergamino de mi madre– opinó Harry-. Lo siento Hermione, pero creo que Ron tiene razón. Kreacher encontró nuevamente una manera de traicionarnos.

Pero Hermione no parecía muy convencida:

- No lo sé Harry. Voldemort es un mago muy poderoso y tiene informantes en todas partes…

- ¿Podrían decir “Innombrable” al menos cuando yo esté presente? – suplicó Ron a sus amigos, estremeciéndose de pies a cabeza-. Hay algo que no entiendo, ¿qué interés podría tener el Innombrable en un viejo pergamino que perteneció a tu madre?

- Todavía no estamos seguros de que perteneciera a la madre de Harry – corrigió Hermione.

- Bueno, Voldemort pensaba que podría contener el texto de la profecía – informó Harry.

Ron emitió un largo silbido de sorpresa.

- ¿La profecía que estaba en el Departamento de Misterio y que Neville rompió por accidente? Creí que se había perdido para siempre... – dijo Hermione.

- Bueno, la profecía se rompió… Pero Dumbledore me explicó que lo que guardan en el Departamento de Misterios es sólo un registro de la misma. Su contenido permanece en la mente de quien la escuchó – dijo Harry con precaución.

- Entonces si supiéramos quien es que escuchó la profecía podríamos conocer su contenido. Obviamente Voldemor... ¡Oh, perdón Ron!, el Innombrable piensa que tu madre podría haberla escuchado y haberla escrito utilizado una clave secreta... Es una buena teoría... ­– especuló Hermione con los ojos entornados -. Creo que ahora se hace más importante que antes descifrar el pergamino, Harry... Me pregunto que diría la profecía, para que Vol… digo, el Innombrable, la busque con tanto empeño.

Por suerte para Harry, en ese momento llegaron a la cabaña de Hagrid y la conversación quedó para más adelante.

Hagrid estaba envuelto en un enorme abrigo de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor. Saludó a los chicos efusivamente al verlos llegar. Luna se encontraba junto a él. Se había colocado un gorro de piel en su cabeza y, al igual que los chicos, usaba guantes en las manos.

- Hola chicos... – saludó Hagrid -. Luna me dijo que se le ha ocurrido una manera de encontrar a Grawpy... Pero no quiso adelantarme nada...

- Hola Luna – saludaron Ron, Hermione y Harry.

- Hola – dijo ella con tono soñador sin apartar los ojos de Harry-. ¿Es una hermosa mañana, ¿no creen?

- Sí, si eres un yeti... – refunfuñó Ron soplando aire caliente en sus manos.

- ¡Oh, un yeti, qué gracioso! – sonrió Luna con voz cantarina -. Mi padre peleó una vez con un Yeti, ¿no se los dije...? Su artículo salió publicado en “El Quisquilloso” el año pasado. Casi lo devora vivo, pero afortunadamente puedo convocar un hechizo de fuego que lo salvó...

- ¿Cuál era tu idea, Luna? – la cortó Hermione saltando de un pie al otro para mantenerse en calor.

- Es un plan muy, muy sencillo. Me asombra que tú no lo descubrieras, Hermione. Eres tan inteligente – dijo Luna hablando con sonsonete.

- Sí – repuso Hermione con sequedad – Harry me contó que habías dicho algo así…

- Bien... Mi plan es… – Luna se aclaró la garganta y dijo una sola palabra:

- Thestrals

- ¿Qué? – exclamó Ron con expresión preocupada-. ¿Te refieres a esos caballos invisibles que usamos el año pasado para ir al Ministerio...? Porque si es así, no cuenten conmigo…

- ¡Eres realmente divertido, Ron! – dijo Luna soltando una sonora carcajada.

Las orejas de Ron se pusieron coloradas, y Hermione colocó una mano sobre su hombro mirando a Luna con disgusto.

- Explícate mejor, pequeña – invitó Hagrid con interés.

- Los thestrals van a donde les piden que vayas, ¿no es así?. Tú nos explicaste eso en tus clases – dijo Luna señalando a Hagrid.

El gigante inspiró hondo y se infló de orgullo.

- Así es.

Luna continuó:

- Bien. El año pasado nos llevaron al Ministerio de Magia con sólo perdírselo y se supone que nunca habían estado en ese lugar, ¿no es cierto?

- Muy cierto, pequeña. Estos thestrals nunca habían salido del bosque prohibido – convalidó Hagrid-. Su sentido de orientación es realmente extraordinario.

- Pues bien, entonces sólo es cuestión de conseguir algunos y pedirles que nos lleven adonde se encuentra Grawp. Además, al ir volando, evitaremos todo contacto con los centauros.

Durante un momento todos guardaron silencio asimilando la idea. Hermione observaba a Luna con una expresión entre avergonzada y furiosa, por lo que Harry supuso que el plan de Luna podría funcionar.

- Sí... – expresó Hagrid acariciándose la barba -. Podría resultar... ¡Has tenido una excelente idea, Luna! ¡Vamos a ponerla en práctica!

- ¿Qué tiene de excelente pasear por los aires sin escoba? – se lamentó Ron.

Hermione sonrió comprensiva y volvió a animarlo colocándole la mano sobre el hombro.

- Si quieres podemos viajar juntos, Ron – sugirió Hermione.

Ron tragó con fuerza y asintió con la cabeza.

Hagrid entró a la cabaña y salió poco después cargando un bulto que parecía la mitad de una vaca muerta.

- Esto servirá – comentó alegremente entrando en el bosque.

Caminaron durante diez minutos hasta llegar a un lugar donde los árboles estaban tan pegados que a pesar de que la mañana era clara, no penetraba ni un solo rayo de sol.

Hagrid depositó la media res en el suelo y retrocedió unos cuantos metros.

- ¿No vas a relinchar? – preguntó Ron con cara de asustado.

- No será necesario. Somos un grupo pequeño, no temerán acercarse.

Un enorme caballo negro y alado surgió de la oscuridad. Se acercó con precaución a la res que Hagrid había dejado sobre la tierra y comenzó a comer valiéndose de sus afilados colmillos.

Al poco rato, llegaron varios thestrals más.

- Bien… Creo que son suficientes… Elijan uno cada uno y monten.

Harry subió al caballo más cercano y se acomodó lo mejor que pudo sobre su lomo. Luna trepó con destreza a otro de los animales y enredando su mano sobre las crines, esperó a los demás con una expresión divertida en el rostro.

- ¿Dónde está? – preguntaba Ron tanteando el aire con las manos y temblando como una hoja-. ¿En serio no prefirieren que Hermione y yo los esperemos aquí?

- ¡Vamos, Ron! – lo animó Hermione-. ¡Nunca vencerás tus temores si no los enfrentas!

Hagrid tomó a Ron por la cintura y lo levantó para depositarlo limpiamente sobre el lomo de otro thestral. Luego ayudó a Hermione a montar detrás de Ron. La niña se aferró fuertemente a la cintura de Ron. Harry admiró su valor, ya que a pesar de que lucía apenas un poco menos asustada que su amigo, no se había quejado ni una sola vez.

- ¿Y tú Hagrid, por qué no montas?

- ¡Oh, estos caballitos son demasiado pequeños para alguien de mi tamaño! Pueden despegar sin mí. Yo los alcanzaré enseguida en otra cosa. Tú la conoces Harry, aunque eras muy pequeño para acordarte, por supuesto… - y con estas enigmáticas palabras desapareció de regreso a la cabaña.

- ¿Por qué no les das tú la orden, Luna? Después de todo fue tu idea – dijo Harry.

Luna se inclinó para poner su boca cerca del oído del thestral que montaba y dijo con voz segura.

- Llévanos a ver a Grawp. El gigante que vive en este bosque.

El caballo desplegó sus alas y salió disparado hacia arriba. Los otros caballos lo siguieron.

- ¡Oh no! – los gritos de Ron resonaron por todo el bosque prohibido.

Pronto asomaron por encima de los árboles. El bosque se extendía debajo de ellos como un mar verde inacabable.

Los thestrals volaban con majestuosidad, casi sin batir sus alas. Planeando por encima de las copas de los árboles.

El viento frío azotaba los rostros de los chicos haciéndolos llorar.

De pronto, un fuerte ruido se hizo escuchar por encima del silbido del viento. Fue aumentando paulatinamente hasta convertirse en un rugido.

Los chicos voltearon sus cabezas en todas direcciones buscando de dónde provenía.

Finalmente lo descubrieron. Era Hagrid.

Ron se frotó los ojos con incredulidad y gritó sorprendido:

- ¡Guau! ¡Miren eso!

Hagrid iba montado en una enorme motocicleta voladora. Su cabello enmarañado volaba al viento. Llevaba los ojos protegidos con unas anteojeras. Al pasar junto a ellos agitó su mano a manera de saludo.

La extraña formación siguió volando por encima del bosque prohibido durante un buen rato. Harry tenía la cara fría y rígida y las piernas entumecidas de tanto apretarlas contra los costados del thestral.

De pronto la cabeza del caballo apuntó hacia abajo iniciando el descenso.

Harry escuchó claramente los chillidos de terror de Ron y los gritos de júbilo de Luna a quien la excursión le parecía sumamente entretenida.

Aún desde el aire, Harry pudo distinguir claramente un rastro de árboles derribados que terminaban en un claro unos cientos de metros más adelante.

Hagrid había acelerado su motocicleta adelantándose al grupo y poco después aterrizaba en el camino abierto por los árboles caídos.

Unos minutos después los thestrals se posaban suavemente en el claro del bosque.

- ¡JAGI! – gritaba Grawp haciendo temblar la tierra con bailoteos de alegría. ¡JAGI VINO A GRAWP! ¡JAGI QUIERE A GRAWP!

El rostro de Hagrid rebosaba de alegría y satisfacción.

Los chicos observaban todo desde una prudente distancia.

- Grawpy, también vinieron a visitarte unos amigos – gritó Hagrid señalando hacia el lugar donde se encontraban Harry, Ron, Hermione y Luna-. Saluden a Grawpy, chicos.

Todos levantaron tímidamente una mano y saludaron al gigante.

- HERMY – gritó Grawp intentando acercarse a la joven. Por fortuna Hagrid lo detuvo.

- - ¡Aún me recuerda! - exclamó Hermione un poco aterrada y un poco halagada. Y con toda la potencia que daban sus pulmones gritó:

- ¡HOLA GRAWPY!

Ron especialmente parecía sentirse intimidado por el aspecto del medio hermano de Hagrid.

Luna en cambio, lo observaba con expresión fascinada.

- Así que así son los gigantes – decía una y otra vez-. Pintoresco, ¿no les parece? Estoy segura que a papá le interesaría mucho publicar una nota en El Quisquilloso.

Hagrid, mientras tanto, pasada la emoción del reencuentro, inspeccionaba a su medio hermano con una expresión de preocupación.

- Aún tiene clavadas varias puntas de flechas de los centauros. ¡Malditas mulas viejas! – exclamó Hagrid con una expresión de fiereza en el rostro que los chicos nunca le había visto-. Algunas de las heridas se han infectado, pero por lo demás parece encontrarse bien. ¿Qué opinan chicos?

Grawp se había apoyado en un árbol derribando y con expresión despreocupada devoraba los restos de algún animal que había cazado.

- Parece seguir igual de fuerte que siempre – aventuró Harry.

- Le viene de familia – concedió Hagrid con orgullo-. Somos huesos duros de pelar.

Y mirando a los chicos dijo:

- Ustedes ya han hecho demasiado. Creo que es tiempo de que regresen a Hogwarts o se perderán el almuerzo. Yo me quedaré un rato más con Grawpy.

- ¿Vas quedarte con él? – exclamó Ron con incredulidad sin quitar la vista de los gigantescos dientes con que el gigante desgarraba su comida.

- Sí. Hace tiempo que está solo y creo que le gustará que le haga compañía.

Los chicos no se hicieron rogar y montaron rápidamente en los thestrals ansiosos de alejarse del gigante. Incluso Ron parecía preferir otro viaje en thestral que la compañía de Grawp, a quien no había dejado de mirar ni un segundo con expresión de recelo como si en cualquier momento fuera a arrojarse sobre ellos y devorarlos.

El viaje de regreso se les hizo más corto que el de ida.

Los thestrals los depositaron en las cercanías de la cabaña de Hagrid y los chicos debieron apurarse para llegar a tiempo al almuerzo.





***



Comenzado Noviembre, el frío arreció como de costumbre. Las montañas cercanas al colegio se cubrieron de nieve y el lago se congeló por completo dejando su superficie lisa y brillante como la de un espejo.

Todas las mañanas el parque amanecía cubierto de escarcha.

Iba a comenzar la temporada de Quidditch. Ese sábado, el nuevo equipo de Gryfffindor iba a jugar su primer partido contra Slyhterin.

Los ojos de todo el colegio estaban puestos en ellos y, a medida que se acercaba la fecha, iban aumentando las muestras de apoyo de los alumnos de todas las casas.

Malfoy se pavoneaba afirmando que el equipo de Gryffindor era el más patético que había habido en años, y que él atraparía la snitch antes de que pasarán los diez primeros minutos de juego.

Durante los días siguientes, Harry casi no tuvo tiempo de pensar en el pergamino. Ron insistía en que el equipo de Quidditch entrenara todos los días, y la verdad era que razón no le faltaba.

Harry pasaba las tardes en la biblioteca leyendo libros sobre tácticas de juegos y formaciones de vuelo, pero las cosas se veían más sencillas en los textos que en la práctica. Intentó escribir unos diagramas que había leido en el pizarrón, durante uno de los entrenamientos, pero sólo logro crear una confusión de líneas totalmente ilegibles. Mientras escribía hojeaba las notas que había tomado, pero estas se le cayeron y se le mezclaron volviendose completamente inútiles.

¿Cómo hacía Wood para pensar una estrategia para jugar contra cada equipo de Hogwarts y ubicarlos correctamente en la cancha?

Harry nunca había prestado demasiada atención al juego, slo a la snitch. Nada sabía de ataques, defensas, tácticas y todas esas cosas.

Quizás por eso, confiaba en atrapar las snitch rápidamente antes de que la diferencia de goles les impidera ganar.

Ron, en cambio, parecía muy entusiasmado. Harry estaba seguro de que hubiera sido un mejor capitán que él.

Ginny por su parte, estaba encerrada en un persistente mutismo que Harry no alcanzaba a comprender.

Bastaba que él ingresara a una habitación para que Ginny saliera inmediatamente de la misma con cualquier excusa.

Y en los lugares donde no podía evadirlo, como en los entrenamientos de Quidditch o en las comidas, optaba por ignorarlo.

Durante el último entrenamiento, Malfoy, seguido de los inseparables Crabbe y Goyle, apareció junto al campo de juego y comenzó a burlarse del equipo.

- ¡Oye Potter, por fin logaste ser el mejor del equipo! El nuevo equipo de Gryffindor es tan malo que hasta el inútil de Weasley da la impresión de saber algo.

- Será mejor que te vayas, Malfoy. Tenemos reservado el campo de juego hasta las seis – dijo Harry con una mano lista para sacar su varita.

- Aunque lo hubieras pedido hasta la medioanoche no creo que hiciera mucha diferencia, Potter – replicó agudamente Malfoy-. Este sábado vamos a aplastarlos.



***



Ese sábado la tensión y la excitación que reinaban en el colegio había alcanzado niveles altísimos.

Ron no pudo pasar ni un bocado de comida y todo el tiempo le susurraba a Harry cosas ininteligibles sobre tácticas y estrategias de juego.

Sloper y Kirke habían sido blanco de las burlas más brutales de los estudiantes de Slytherin y la expresión vencida de sus rotros lo decía todo.

Las cazadoras en cambio, mantenían una actitud aguerrida. Ginny había logrado formar un grupo muy unido. Quizás fuera por eso por lo que todas parecían ignorarlo y no solamente la hermana de Ron. Sus facciones expresaban la convicción del que no va a rendirse sin haberlo dado todo en la pelea.

Terminado el desayuno todo el colegio se trasladó al campo de juego.

Una vez en el vestuario, Harry esperó hasta que todos se hubieron calzado sus túnicas antes de hablar.

- Bien… Aquí estamos… - comenzó mientras los ojos de todo el equipo se fijaban en él.

- El partido contra Slytherin no es sólo un partido –dijo tratando de que su voz sonora como la de Wood-. Es una lucha entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal… No importa lo que ellos hagan, sabemos que jugarán sucio y que utilizarán cualquier truco para ganar. Sabemos que intentarán sacarnos de las casillas para que perdamos el control. Nuestra tarea es detenerlos y demostrarles que el mal nunca prevalecerá sobre el bien. Todo el mundo tiene puesto los ojos en nosotros y en lo que haremos en este partido. No los defraudemos.

El equipo se levantó, se echaron sus escobas al hombro y salieron en fila de los vestuarios hacia el campo de juego.

Los recibió un bramido proveniente de todas las tribunas a excepción de la de Slytherin que silbó y abucheó al equipo de Gryffindor.

- Extraño discurso – le susurró Ron a Harry en el oído.

- Sí… bueno… - dijo Harry-. Hacer discursos no es precisamente mi especialidad.

- Vamos a aplastarlos – dijo Ginny con una expresión de fiereza en el rostro.

El equipo de Slytherin salió poco después de ellos, encabezado por Malfoy.

- Capitanes, dense las manos – dijo Madam Hooch.

Ni Harry ni Malfoy movieron un sólo músculo.

- Muy bien – dijo Madam Hooch evidentemente enojada-. Si es así como lo quieren, allá ustedes.

- Estás muerto, Potter – dijo Malfoy por lo bajo.

- Eso ya me lo han dicho muchas veces antes que tú – le respondió Harry-. Ahh, Malfoy… Lamento que tu padre no pueda ver el partido.

Malfoy se quedó inmóvil durante un instante sin saber qué responder. Luego se acercó a Crabbe y Goyle y susurró algo en sus oídos mientras le dirigía a Harry una mirada cargada de odio.

- Jugadores, monten sus escobas...

Madam Hooch hizo sonar el silbato y la caja que contenía la pelotas fue abierta liberádolas.

Los catorce jugadores salieron disparados.

Desde el primer minuto del partido, quedó claro que la estrategia del equipo de Slytherin para ganar era lastimar a los jugadores de Gryffindor, especialmente a Harry.

Crabbe y Goyle lo perseguían adonde quiera que fuera arrojándole las Bludgers aún cuando ésto perjudicara a su equipo.

- El equipo de Harry está en poder de la pelota. Ginny Weasley toma la Bludger… perdón la Quaffle y se la lanza a Lavander Brown. Lavander hace un pase al vacío para Natalie McDonald. Está hace un amague y se la devuelve a Ginny Weasley que anota. ¡GOOOL DE GRYFFINDOR! - Colin Creevey era el nuevo relator y aunque en los años que llevaba en Hogwarts había presenciado numerosos partidos de Quidditch, aún parecía ignorar muchos de los términos técnicos y confundirse con los deportes muggles.

Las tribunas estallaron festejando el primer tanto del equipo de Gryffidor.

- Gana el equipo de Harry 10 a 0. ¿Cómo dice profesora McGonagall? – preguntó Colin aparentemente sin darse cuenta de que su voz retumbaba por todo el estadio-. Ah, sí. Perdón. Ya sé que Harry no es el dueño del equipo, pero ¿no es el capitán…? No se enoje… ¿Dónde iba? Ah, sí… Gana Gryffindor por 10 a 0. Las cazadoras de Gryffindor avanzan nuevamente, Ginny Wesley hace un complicado pase a Lavander… No… Lavender deja pasar la pelota que es tomada por Natalie McDonald, tomando por sorpresa a toda la defensa de Slyhterin… Y… ANOTACIÓN. ¡GOOOOOOOOOOL DE GRYFFINDOR!

Pronto quedó claro que las cazadoras de Gryffindor resultaban absolutamente imparables para la defensa de Slyhterin.

- Y es un nuevo tanto para Gryffindor que gana 60 a 0- gritó Colin Creevey saltando como si fuera un simpatizante más.

Las tribunas deliraban. Nunca Slyhterin había sufrido una derrota tan apabullante.

- Ahora – gritó Malfoy.

- Ey Harry, ¡cuidado! – le gritó Ron a su amigo justo a tiempo.

Harry se movió hacia un costado y una Bludger pasó zumbando tan cerca de su oreja derecha que casi se la arranca.

Crabbe gruño con satisfacción y lanzó su escoba contra Harry.

- ¡Ey, eso es sucio hasta para Slyhterin! – gritó Colin Creevey indignado- ¡Cuidado Harry! Eehhh ¿Quién me tira de la túnica? Ah, es usted de nuevo profesora… Sí, ya sé que debo ser impacial, pero usted vio lo que hizo ese sucio de Crabe…

La tribuna de Slyhterin comenzó a silbar con desagrado el relato de Colin. Mientras los demás estudiantes sonreían con simpatía.

Mientras, las cazadoras de Griffindor no perdían el tiempo y seguían anotando un tanto tras otro. Goyle había bateado nuevamente la Bludger contra Harry y se dirigía a toda velocidad contra él para interceptarlo.

Con Crabbe volando hacia él por detrás y Goyle intentado interceptarlo por delante, Harry parecía atrapado.

Entonces Harry vio la snitch dorada volando un par de metros por encima de él y tuvo una idea.

Movió el palo de su escoba para dirigirse en línea recta hacia Goyle de forma de obstruirle la visión de lo que sucedía. Esperó hasta último momento y entonces tiró del palo de su escoba hacia arriba, elevándose con un giro espectacular.

Crabbe y Goyle se encontraron sorpresivamente volando el uno hacia el otro y chocaron de frente antes de que pudieran evitarlo.

Los palos de sus escobas se astillaron y ambos se preciptaron a tierra.

Mientras tanto, Harry atrapaba la snitch dorada dando por finalizado el partido.

- GRYFFINDOR GANÓ 260 A 0 – gritaba Colin Creevey-. La victoria más aplastante que pueda recordarse en el colegio.

Harry descendió hacia el campo abrazado a Ron, a Kirke y a Sloper.

Las cazadoras festejaban el triunfo con entusiasmo. Harry nunca había visto a Lavander tan excitada. Los ojos de Harry y Ginny se cruzaron por un instante.

Harry creyó vislumbar un brillo de admiración en sus ojos, pero Natalie McDonald abrazó a Ginny emocionada y Harry no pudo ver nada más.

Mientras, todas las tribunas a excepción de la de Slytherin estallaban en gritos y cantos de aclamación.

Hermione se acercó emocionada:

- ¡Oh Harry, eso estuvo fantástico! Tengo que buscar en la biblioteca, pero estoy casi segura de que inventaste una jugada nueva.

- Quizás puedas ponerle tu nombre, ¿eh Harry? – comentó Ron dando un codazo amigable a Harry- “El amago de Harry”… no… ¿Qué te parece “El ascenso de Harry Potter”?

Malfoy se acercó a Harry:

- Te crees muy listo, Potter – le gritó completamente fuera de sí-. Pero algún día se te acabará la suerte. Te lo aseguro.

- Es posible – le dijo Harry mientras la multitud levantaba en andas a todo el equipo de Gryffindor y lo llevaba hasta los vestidores-. Pero no será hoy.

- Ten cuidado, Malfoy – agregó Hermione-. Tus guardaespaldas van rumbo a la enfermería. Estoy segura de que no querrás enfrentarte tú solo contra todo el colegio.

Con la expresión más aterrada que le hubieran visto, Malfoy abandonó el campo de juego buscando refugio junto a Snape.



***



Los festejos de esa noche en la sala común de Gryffindor superaron todas las fiestas anteriores. Harry decidió utilizar algunos fuegos artificiales que le había regalado los mellizos Weasley, por lo que la sala común y luego los pasillos se poblaron de brillantes dragones voladores y estrellas que escribían: COME CACA, MALFOY.

Hasta la profesora McGonagall que había aprecido a las doce de la noche par imponer silencio se quedó festjando junto a ellos y comentando los pormenores del partido.

- Has formado un buen equipo, Potter. Te felicito – le dijo con orgullo-. Estoy segura que la copa quedará en Gryffindor otro año más.

Una consecuencia apreciable del triunfo de Gryffindor fue que elánmo de los estudiantes parecía haberse elevado.
La segunda guerra con Voldemort parecía algo lejano y del pasado.
Todos los miembros del equipo de Gryffindor se habían convertido en héroes. Y recibían saludos y muestras de afecto por donde quiera que fueran.
Otra consecuencia no prevista fue que aunque la cantidad de bromas no eran ni remotamente la misma que durante la breve dirección de la profesora Umbridge, todos los alumnos de Hogwarts parecían haber pasado por el negocio de los hermanos Weasley para comprar un buen surtido de bromas.
El pobre celador Filch no daba a basto para detener a todos los infractores y se lo veía murmurando solo por los pasillos, deteniendo alumnos sin razón aparente o confiscando libros de texto o calderos.
Además de Peeves, Filch parecía tener que lidiar con el fantasma de los mellizos Weasley que, aunque ya no eran alumnos del colegio parecían seguir atormentándolo por medio de sus chascos.
Los fuegos artificiales parecían ser los preferidos de todos. Incluso durante la cena un dragón volador entró en el salón comedor para alegría de todos, incluido el profesor Dumbledore.
- Oye Harry – susurró Morag McDougal luego de un almuerzo-. Alguien me dijo que tenes a tu disposición uno de esos pantanos instantáneos, ¿es verdad?
Harry miró con precaución a todas partes antes de rsponder.
- Puede ser… - concedió-. ¿Qué hay si los tengo?
El estudiante de Ravenclaw se acercó al oído de Harry y susurró algo durante unos instantes.
Harry apenas podía contner la risa cuando respondió:
- Lo tengo en mi baúl. Espera un momento y te lo traigo.

Un par de horas más tarde el castillo tembló con un sordo retumbo.
Poco a poco los pasillos se poblaron de gritos, chillidos y carcajadas.
Harry, Ron y Hermione siguieron a la multitud hacia el punto de donde parecía provenir el escándalo.
De lo que parecía ser el ingreso a la sala común de Gryffindor salían varios alumnos cubiertos de un espeos líqiuido pestilente.
- ¡Puajj! – exclamó Pansy Parkinson-. Quitándose un manojo de algas gelatinosas del cabello.
La multitud congregada festejaba cada expresión de repugnancia como si se tratara de un partido Quidditch.
Crabbe patinó en el limo y resbalando un par metros aterrizó sobre susposaderas ante la carcajada general.
- ¿Quién dijo que los de Slyhterin son todos malvados? – gritó alguien que Harry no pudo identificar-. También pueden ser divertidos…
Peeves sobrevolaba la escena con expresión arrobada como la de quién contempla una obra de arte.
- ¡Oh, esto es digno de los Weasley! – gritaba con excitación, arrojando bolas de fango a los alumnos que emerg{ian de la sala-pantano.
Finalmente salió Malfoy, su túnica estaba empapada y escupía con cara de asco bichitos de su boca.
Morag McDougal buscó el rostro de Harry entre la multitud y le hizo un guiño cómplice.
- ¿Qué ha sucedido aquí? – preguntó una voz fría y seca que Harry conocía muy bien.
Pero no fue necesario que nadie respondiera. Por la abertura que conducía a la sala común de Slyhterin drenaba un líquido pútrido y pestífero.
Finalmente Gregory Goyle con expresión avergonzada confesó:
- Alguién dejó una caja que parecía contener una torta en el pasillo con un cartel que decía: NO ABRIR. Crabbe y yo la trajimos a la sala común y la abrimos y…
La carcajada general interrumpió la historia. Con expresión furiosa Snape ordenó a todos que se retiraran a sus sala comunes.


***


Con tanta excitaci{ón fue Hermione quien le recordó a Harry que aún no había descrifrado el secreto del pergamino.
Ron, Hermione y Harry pasaban todo el tiempo libre del que disponían en la biblioteca probando todas las maneras posibles de desentrañar los secretos que encerraba.
Hermione cerró con fastidio el pesado libro que estaba leyendo y exlcamó:
- Jamás pensé que diría esto, pero me doy por vencida.
Ron y Harry la miraron sin entender.
- Cecil K. Rett – aclaró Hermione-. Sencillamente no puedo hallarlo. No lo entiendo. No figura en “Historia de la Magia Moderna” ni en “Notables Nombres de la Magia de Nuestro Tiempo” ni siquiera en “Grandes Magos del Siglo Veinte” hasta he buscado en “Grandes Eventos Mágicos del Siglo Veinte” sin éxito.
- Y yo ya he leído todas las figuritas de la ranas de chocolate – agregó Ron dejando una pila de tarjetas sobre la mesa– y salvo que lo mencionen en la tarjeta de Agripa tampoco he tenido éxito.
- Quizás sea un juego de palabras – sugirió Harry-. Como Tom Marvolo Riddle y Lord…
- Sí, sí, ya entendimos – lo cortó Ron- No hace falta que digas su nombre.
- Ya he pensado en eso – dijo Hermione con evidente frustración -. He probado reordenado las letras de todas las formas posibles y aún así no he podido aislar un solo nombre remotamente conocido.
- Bueno, la verdad es que no tenía muchas esperanzas de que encontráramos algo. Después de todo Dumbledore no tenía idea de quién podría tratarse y si él no lo conoce dudo mucho que alguien más supiera quién es ¿no? – concluyó Ron
- Pero tú madre sí lo conocía… - dijo Hermione entrecerrando los ojos con expresión pensativa-. Sino ¿por qué iba a escribir su nombre en el pergamino?
- Sí… - murmuró Harry -. Lamentablemente no sé mucho sobre mis padres…
- De todas formas el profesor Lupin nos dijo que tu papá no había conocido a nadie con ese nombre… - intervino Ron.
- El único Rett que conocí era una maestro que tuve cuando iba a la escuela primaria de los muggles – suspiró Hermione con fastidio.
- ¡Eso es! – grito Harry con una súbita luz en sus ojos-. Hermione eres un genio.
Hermione se ruborizó.
- ¿Qué dije? Harry no pensarás que mi maestro de la escuela muggle es …
- No, por supuesto que no – dijo Harry presa de una súbita excitación-. Pero has hallado la clave…
Ron y Hermione contemplaron a Harry sin entender.
- Harry, vamos. – insistió Hermione-. Dime por qué lo que dije es tan importante.
- Prueba un poco de tu propia poción – le dijo Ron a Hermione-. Tú haces exactamente lo mismo, con la única diferencia que sales corriendo a la bilbioteca y nos dejas a todos sin respuesta. Pero Harry ahora va a decirnos que es lo que descubrió, ¿no es así, Harry?
Sus amigos lo miraban sentados en el borde de sus asientos con expresión expectante.
- Un momento… – dijo Hermione abriendo sus ojos como platos- ¡Ya lo tengo! ¡No sé cómo se me ocurrió a mí antes que a ti!
- ¿Qué es? ¿Qué es? – gritó Ron poniéndose colorado-. ¡Oh vamos Hermione tú sólo no quieres quedar mal! En realidad no sabes nada
Pero por la expresión de satisfacción de la chica era obvio que también había hallado la respuesta.
- ¿Cómo harás para encontrarlo? – preguntó Hermione.
- No tengo más remedio que que ir a pasar la Navidad con los Dursley.
- ¡¿QUÉ?! – grit{o Ron-. ¿Te has vuelto loco? ¿Después de lo que sucedió este verano? Nunca te recibirá…
- ¿Es que todavía no lo ves, Ron? – dijo Harry que evidentemente estaba disfrutando haciéndose el misterioso- Cecil Rett no es un mago… Es un muggle.




CAPITULO DIEZ
CECIL K. RETT



El tiempo de Navidad llegó casi sin que se dieran cuenta. Ya desde los primeros días de Diciembre, los terrenos de Hogwarts estaban cubiertos por una espesa capa de nieve. El lago estaba sólidamente congelado, y los estudiantes que eran tan valientes como para desafiar el intenso frío, aprovechaban para patinar sobre su superficie.

El castillo lucía su habitual decoración navideña.

El campeonato de Quidditch se había puesto interesante, ya que el equipo de Ravenclaw había logrado aplastar al de Hufflepuff y las simpatías se habían dividido. El equipo de Gryffindor ya no contaba con el apoyo de todo el colegio.

Los estudiantes Slyhterin, luego del ataque a su sala común, nos deseaban otra cosa más que vencer al equipo de Ravenclaw. A pesar de lo cual no pasaba un día sin que alguno de ellos terminara en la enfermería víctima de algún hechizo.

- No creo que el equipo de Slytherin sea candidato a ganar la copa este año - exclamó Ron con euforia-. No pudieron reemplazar las Nimbus 2001 que rompieron Crabbe y Goyle, así que están utilizando las viejas Barredoras del colegio.

- Creo que Malfoy ya no dispone de tanto dinero como antes - acotó Hermione con ironía - ¡Ah, y hablando de dinero
! Toma.

Hermione le tendió a Harry un rollo de billetes verdes.

- Mis padres dicen que con eso te alcanzará para realizar varios de viajes en taxi.

- Diles que la próxima vez que vaya al Callejón Diagon cambiaré algo de dinero mágico por dinero muggle y se los devolveré - aseguró Harry mirando los billetes.

- ¿Me dejas echarle un vistazo a esos papelitos, Harry? Nunca he visto dinero muggle


Harry le extendió un billete a Ron. Éste lo estudió extrañado antes de devolvérselo a su amigo.

- Los muggles son realmente extraños. Este pedacito de papel no parece tener mucho valor, ¿no creen?

Hermione sonrió comprensiva y dirigiéndose a Harry comentó:

- ¿Sabes, Harry? Estaba pensando que ya que tú no estarás aquí en Navidad, creo que aprovecharé la oportunidad para pasar la Navidad con mis padres. Al día siguiente podemos encontrarnos todos en La Madriguera. Creo que será divertido


Ron y Hermione se sonrieron al mismo tiempo, pero Harry no pudo entender de qué.



***



Todos los estudiantes esperaban ansiosos que llegaran las vacaciones.

Todos incluido Harry.

En los años anteriores había pasado la Navidad en el colegio, por lo que para él las vacaciones no tenían una significación especial, salvo tener mucho tiempo libre y recibir regalos de sus amigos.

Pero este año era distinto. Debía salir para poder encontrar a Cecil K. Rett.

Ron, Hermione y Harry, habían pasado varios días ajustando los detalles del plan que le permitiera a Harry conseguir la autorización para pasar Navidad fuera de Hogwarts.

Así que cuando la profesora McGonagall pasó haciendo la lista de los alumnos que iban a quedarse en Hogwarts, Harry no colocó su nombre en ella.

Al día siguiente, al finalizar su clase, la profesora McGonagall retuvo a Harry un instante.

- Potter, no he podido evitar notar que tu nombre no figura entre los alumnos que se quedarán a pasar la Navidad en colegio


- Es verdad - repuso Harry tranquilo-. Este año he decidido celebrar las fiestas afuera. ¿Acaso no está permitido?

- No quieras pasarte de listo conmigo, Potter - replicó la profesora McGonagall apretando los labios.

- Lo siento, profesora - se disculpó Harry que no quería predisponer a McGonagall en su contra.

- Así está mejor, Potter. Te preguntaba por lo de las fiestas, porque dadas las circunstancias especiales, creo que sería mejor que te quedaras en el castillo como has hecho siempre.

- ¿Temen que ataquen otra vez el Expreso de Hogwarts si viajo con en él? - preguntó Harry que no había previsto esa eventualidad-. En ese caso podría viajar utilizando polvos flu o incluso un traslator


- En primer lugar, Potter - interrumpió McGonagall con aire molesto- querría aclararte que los alumnos no utilizan el Expreso de Hogwatrs para regresar a sus hogares en las vaciones de Navidad.

- ¡Ah! No lo sabía. - se sorprendió Harry - Nunca antes había salido en esta fecha
Bueno, el año pasado pasamos la Navidad en Grimmauld Place pero eso fue algo distinto


- Mi memoria aún funciona a la perfección.- La profesora McGonagall se aclaró la garganta y ajustándose los anteojos continuó:

- Tu seguridad nos preocupa, Potter. Es verdad. Pero en este caso específicamente, me refería al problema de tus tíos. El profesor Dumbledore y el Ministro Weasley han hablado con ellos y tus tíos han aceptado - de no muy buena gana debo decir - recibirte nuevamente el próximo verano. Pero no te aconsejo que vayas a pasar con ellos la Navidad. No serías bien recibido.

Harry tuvo que ahogar una sonrisa para no estropear el plan. Que la profesora McGonagall le advirtiera sobre los Dursley era casi tan obvio como que le dijeran que Snape lo odiaba.

- He vivido once años con mis tíos y sé que la única noticia sobre mi que los alegraría es mi muerte - dijo Harry con sinceridad.

- No digas eso, Potter. Estoy segura de que no era una persona ingrata, así que no actúes como tal. Tus tíos te han criado y recibido en su hogar todos estos años - pero el tono de voz de la profesora McGonagall carecia de su vehemencia habitual.

De todas maneras, Harry no tenía intenciones de discutir sobre los Dursley con McGonagall, por lo que decidió recurrir a la frase que Hermione y él habían preparado:

- Estaba pensando pasar la Navidad con el profesor Lupin - dijo Harry poniendo su mejor expresión de niño bueno-. Se encuentra solo en Grimmauld Place, como usted sabe. Y despues de lo que sufrió Sirius el año pasado, encerrado todo el tiempo allí adentro, pensé que le alegraría tener alguien que lo acompañe durante las fiestas.

Los ojos de la profesora McGongal se humedecieron, y el labio inferior le tembló ligeramente. Cuando por fin habló, el tono de su voz era el más dulce que Harry recordara haberle escuchado:

- Has tenido una magnífica idea, Potter. Estoy segura de que el profesor Lupin se alegrará inmensamente de recibirte. Hablaré con el director para arreglar tu traslado.

Harry se levantó de la silla y se dirigó hacia la salida. Antes de que pudiera alcanzar el pasillo, la profesora McGonagall le dijo:

- Estoy orgullosa de ti, Harry.

Harry se apresuró para no llegar tarde a la clase del profesor Flitwick. Se sentía un poco mal por no haber sido completamente sincero con McGonagall, pero estaba seguro que si decía la verdad nunca lo hubieran dejado salir.

- ¿Y? ¿Qué te dijo? - le preguntaron Ron y Hermione que lo estaban esperando a unos metros del despacho.

- Dijo que sí - los informó Harry jadeando.

- Sabía que lo de Lupin resultaría - afirmó Hermione-. Y ahora corramos o llegaremos tardísimo a la clase de Encantamientos.



***



- ¡Ah, Potter, Weasley, Granger! - chilló el profesor Flitwick desde la cima de una pila de libros-. ¡Qué suerte que llegaron a tiempo! Muy bien, ahora que ya estamos todos podemos partir.

La clase se puso de pie y se dirigó a la salida del salón.

- ¿A dónde vamos? - le preguntó por lo bajo Hermione a Parvati.

- A Hogsmeade. Hoy comenzaremos a practicar Aparición y Desaparición, ¿no es genial? - dijo Parvati dando un gritito de excitación.

Los alumnos recorrieron el camino hasta el hall de entrada, atravesaron las puertas de roble, y salieron a los helados terrenos de Hogwarts rumbo a Hogsmeade.

Filch inspeccionaba a cada alumno que salía como si se tratara de un grupo de presos que se escaparan de la cárcel.

Era un día helado, pero afortunamente había salido un pálido sol que daba la sensación de calor.

Pasaron por los altos pilares de piedra coronados con sendos cerdos alados, y giraron a la izquierda por la carretera que conducía al pueblo.

El viento y el frío hicieron de aquélla una caminata sumamente silenciosa.

Finalmente llegaron a un campo en la afueras de Hogsmeade que había sido especialmente acondicionado para ellos.

Había un gran espacio circular en el que por obra de algún encantamiento, la nieve se había derretido, dejando al descubierto el verde prado.

- ¡Esto es fantástico! - exclamó Ron entrando en la zona libre de nieve-. ¡Ven Harry! ¡No lo podrás creer!

Harry se acercó al límite donde la nieve desaparecía y comenzaba el céped. Extendió su mano con precaución y sintió como si atravesara una barrera invisible. Del otro lado, el ambiente era cálido y agradable, similar a los invernaderos de la profesora Sprout.

- Me pregunto cómo lo harán - murmuró Hermione asombrada-. Jamás he leído algo sobre un hechizo como éste.

El resto de los estudiantes parecía compartir el asombro de Hermione, observando el lugar con los ojos muy abiertos y expresión atónita.

Luego de despojarse de sus abrigos, los alumnos se reunieron en torno al profesor Flitwick que se había trepado al tocón de un árbol talado.

- Bien. Ha llegado el momento de poner en práctica todo lo que hemos aprendido - comenzó el profesor Flitwick elevando el tono de su aguda voz para que todos pudieran oírlo.

Los estudiantes intercambiaron miradas de excitación.

- Como ya les he explicado, al principio utilizaremos las varitas para enfocar el hechizo de aparición. Espero que todos hayan recordado traerlas.

Neville Longbottom llevó instintivamente su mano al bolsillo de la túnica. Trevor, el sapo que tenía como mascota, escapó del bolsillo y comenzó a saltar feliz entre la hierba.

Neville comenzó a correr detrás de él, tratando de atraparlo entre las risas del resto de su compañeros.

El profesor Flitwick, con un movimiento de su varita, detuvo a Trevor y lo hizo flotar hasta depositarlo en las manos de Neville.

- Ponlo de nuevo en tu bolsillo y asegúrate de que no vuelva a escaparse.

Neville guardó rápidamente a Trevor con expresión avergonzada.

El profesor Flitwick carraspeó para pedir silencio y continuó:

- Antes de que fuésemos interrumpidos por Trevor, estaba explicándoles que durante el aprendizaje nos valdremos de las varitas. Por supuesto que los magos más capacitados no las necesitan, y estoy seguro que ustedes pronto podrán aparecer y desaparecer sin necesidad de recurrir a ellas. Muy bien, el gran momento ha llegado. ¿Quién quiere ser el primero?

Un tenso silencio se apoderó del grupo. Todos se miraron entre sí, esperando que alguien alzara su mano.

- Vamos
No hay de que temer
Si no estuvieran preparados no los hubiera traído
- los animaba el profesor Flitwick recorriendo al grupo con su mirada -. Longbottom
¿quiere probar?

Neville se sobresaltó al oír su nombre y tragando con fuerza asintió.

- Muy bien. Muy bien - exclamó el profesor Flitwick complacido-. Antes que nada, te pondré un hechizo localizador, sólo por las dudas.

El profesor Flitwick hizo unos complicados movimientos con su varita alrededor de Neville.

- Ahora, Neville, ya estamos listos para comenzar. ¿Qué es lo primero que debes hacer?

- Enfocar en mi mente el lugar en el que quiero Aparecer.

- Correcto - aprobó el profesor Flitwick-. ¿Qué harás luego?

- Alzaré mi varita y apuntándola contra mí, enunciaré el hechizo con voz clara, haciéndo este movimiento con la muñeca y
¡CRACK!

- ¡Aún no! - gritó Flitwick.

Pero era tarde. Neville había desaparecido.

- ¡Quédense aquí! - ordenó el profesor Flitwick. Y al instante desapareció.

Los estudiantes comenzaron a murmurar entre sí con preocupación. Pero antes de lo que pensaban, Neville y el profesor Flitwick reaparecieron en el campo.

- Eso no estuvo nada bien. Concentración, Longbottom. Lo he repetido hasta el cansancio
¿Quién más quiere intentarlo?

Si un instante atrás lo alumnos habían estado recelosos, ahora se encontraban en un estado cercano al pánico. Luego de lo sucedido con Neville, ninguno quería ser el siguiente.

- ¿Señorita Granger? - dijo Flitwick luego de un instante.

Hermione dio unos pasos al frente con expresión asustada. Ron aferró el brazo de Harry y lo apretó con fuerza.

- ¿Lista?

Hermione asintió.

- Enfóquese en un lugar cercano. Debe visualizarlo en su mente con toda claridad
Cuando esté lista alce su varita y realice el hechizo.

Todos contemplaban a Hermione con los ojos y la boca abierta de expectación.

Finalmente Hermione alzó su varita y desapareció, reapareciendo en un árbol cercano a unos 20 metros de distancia.

- ¡Excelente! ¡Excelente, señorita Granger! ¡Veinte puntos para Gryffindor!

Hermione regresó al lado de Ron y Harry, completamente satisfecha de sí misma.

- Realmente era muy sencillo - expresó.

Uno por uno, los estudiantes fueron apareciendo y desapareciendo con mayor o menor facilidad.

A algunos parecía costarle más que a otros, pero todos, incluso Neville, habían ido dominado el hechizo Aparición y Desaparición.

Ron, llegó más lejos que ninguno otro alumno apareciendo en el negocio de Zonko.

- Flitwick dijo que eligiéramos un lugar que conociéramos bien - se disculpó.

Dean, Seamus, Lavender y Parvati también recibieron las felicitaciones del profesor Flitwick

- Bien hecho, diez puntos para Gryffindor por cada uno. Potter, es tu turno.

Harry sabía lo que suponía que debía hacer: Tenía que cerrar sus ojos y concentrarse. Imaginarse a sí mismo desintegrándose, y ver todas las moléculas de su cuerpo volando hacia el lugar donde deseaba aparecer.

Luego, debía imaginar cómo las partes de su cuerpo se reintegraban en el punto de destino.

El problema era que cada vez que Harry cerraba sus ojos, recordaba el salón del Deparamento de Misterios donde Sirius había muerto; y escuchaba los misteriosos susurros llamándolo, atrayéndolo


- ¿Qué sucede, Potter? - esclamó el profesor Flitwick-. ¿Algún problema?

- No, estoy bien
- repuso Harry rápidamente-. Sólo necesito concentrarme un poco más. Déjeme volver a intentarlo, profesor.

Harry cerró los ojos nuevamente tratando de concentrarse en algún lugar cercano. Pero antes de qe pudiera fijar algún sitio concreto en su mente, sintió que su cuerpo se separaba en miles de pequeñas partes y era arrastrado hasta un lugar desconocido. Sin que supiera exactamente cómo lo había hecho, se encontró en un oscuro salón que ya había visto antes en sus sueños. Frente a él, Voldemort sonreía con una expresión malévola.

Harry quiso correr, escapar, o incluso mover su varita, pero sentía como si estuviera clavado en el suelo. Voldemort se acercó cada vez más a él, escrutando su mente con malévola impaciencia.

- Al fin, Potter
- dijo Voldemort con satisfacción. Volvemos a vernos. Nuestro último encuentro fue interrumpido bruscamente
¿Estás en sexto año, verdad? - su voz era profunda y helada -. ¿Cómo te está yendo en tus clases de Aparición?

El Señor Oscuro soltó una risa perversa.

- Nuestra conexión mental puede resultar muy útil
Pero no perdamos más tiempo
El pergamino, Potter
¿Qué contiene ese pergamino?

- No
Debo cerrarle mi mente
- pensó harry esforzándose por controlar sus sentimientos.

Sin embargo, las imágenes se agolpaban en la superficie de su mente, más rápido de lo que Harry podía devolverlas a las profundidades.

Lo único en lo que podía pensar era en regresar al prado en las afueras de Hogsmeade.

- Me tienes cansando, niño estúpido. Has estropeado mis planes demasiadas veces
No necesito ninguna profecía para acabar contigo - Voldemort alzó su varita y gritó:

- ¡Avada Kedravra!

- ¡NOOOOOOO! - gritó Harry mientras el rayo de luz verde se dirigía hacia él.

Cuando abrió los ojos estaba tendido sobre el húmedo césped del prado en las afueras de Hogsmeade. La cicatriz le quemaba como si le hubieran colocado encima un hierro caliente.

Ron y Hermione y el resto de la clase lo observaba con expresión preocupada.

- ¿Te encuentras bien, Harry? - preguntó Ron tendiéndole la mano para ayudarlo a ponerse de pie.

- Sí - respondió incorporádose rápidamente -. Estoy bien.

- Cuando regresemos, quiero que vayas a la enfermería ver a Madam Pomfrey, Potter - ordenó el profesor Flitwick preocupado.

- Ya dije que estoy bien - repuso Harrry molesto ante la mirada asustada de sus compañeros.

- Y yo te ordené que fueras a la enfermería - chilló Flitwick molesto-. Regresemos al castillo, ya casi es hora de almorzar.



Madam Pomfrey tuvo a Harry en observación un par de horas, le hizo beber cinco clases distintas de pociones, cada una con sabor más horrible que el anterior, antes de ceder a las súplicas del muchacho y permitirle retirarse.

- ¿Qué te sucedió, Harry? - le preguntaron Ron y Hermione preocupados cuando ingresó a la sala común.

Los chicos se dirigieron a un rincón solitario y Harry comenzó narrar toda la historia

- Esto es grave, Harry. Deberías ir a ver a Dumbledore. Si quieres, Ron y yo podemos acompañarte - sugirió Hermione.

- Estoy bien - dijo Harry molesto-. Después de todo fue sólo un mal pensamiento
Ya los he tenido antes


- Yo no estaría tan segura - afirmó Hermione preocupada-. La primera vez que lo intentaste no desapareciste
Pero la segunda, estuviste ausente más de un minuto, antes de volver a aparecer.

- ¿Crees que Voldemort haya utilizado la conexión mental que tenemos para atraerme de alguna manera? - Harry lucía realmente preocupado.

- Esa es una posibilidad que no descartaría. La otra sería que tú inconscientemente pensaste en él y te transportaste al lugar donde se encontraba - sugirió Hermione.

- No creo que tengas de que preocuparse, Harry. Flitwick nos dijo que con las prácticas de hoy daba por terminadas la clases de Aparición. Y como no cumplirás diecisiete hasta el verano, con que no vuelvas intentar aparecer o despaparecer será suficente
- dijo Ron tratando de animar a su amigo.

Pero Harry no estaba tranquilo.

- Aún no estoy listo para enfrentarme con Voldemort - dijo Harry por fin pensando en la profecía.

- ¿Enfrentarte con Voldemort? ¿Por qué tendrías que hacer eso? ¡Harry, no hables así que me preocupas! - gimió Hermione-. Insisto en que deberías hablar con Dumbledore.

- Lo haré esta noche después de la cena - dijo Harry.





***



- ¿A dónde crees que vas, Potter? - preguntó Snape con voz helada.

- Necesito hablar con el director - respondió Harry intentando acercarse a Dumbledore. La cena acababa de concluir y el director ya se alejaba por el pasillo rumbo a su despacho.

- El Director es una persona sumamente ocupada como para atender a cada estudiante que quiera hablar con él - replicó Snape con dureza.

- Se trata de algo importante - dijo Harry con expresión de fastidio.

- ¡Oh, por supuesto! - se burló Snape que parecía estar disfrutando-. El famoso Harry Potter, debe hablar asuntos importantes con el Director. ¿Y cuáles serían esos asuntos importantes, Potter?

- Dije que quería hablar con el Director y no con usted - respuso Harry enfadado.

- Diez puntos menos para Gryffindor por tu insolencia - replicó Snape con una sonrisa burlona en el rostro-. Y ahora vuelve a la sala común de tu casa antes de que te descuente cincuenta puntos más.

Conociendo a Snape, Harry supo que era inútil insisitir y optó por retirarse. Podía hablar con Dumbledore al día siguiente.



Pero esa mañana comenzaban las vacaciones de Navidad y Dumbledore parecía haber dejado el castillo.

- Es que necesito hablar con él - suplicó Harry a la profesora McGonagall mientras lo conducía al despacho del Director-. Es muy importante...

- Y yo te dije, Potter, que el Director partió esa mañana y que no me ha dejado dicho a dónde fue. Ni bien lo vea le daré tu mensaje. ¡Brujas fritas! - gritó la profesora McGonagall al llegar frente a la gárgola que custodiaba el ingreso al despacho de Dumbledore.

La Gárgola de piedra se puso en movimiento, permitiendo el acceso al despacho del director.

En sus interior todo estaba igual que como Harry lo recordaba desde su anterior visita. Los retratos de los directores anteriores dormían o estaban vacíos.

La profesora McGonagall se acercó a la chimenea, tomó un recipiente de oro que contenía polvos flu y se lo ofreció a Harry.

- Feliz Navidad, Potter - saludó en su tono habitual-. Saluda de mi parte a Remus Lupin. Él ya ha sido informado de tu visita y te está esperando.

Harry tomó un puñado de polvos brillantes, los arrojó en la chimenea y luego de gritar al número 12 de Grimmauld Place, desapareció en medio de una llamarada esmeralda.



***



Lupín se alegró muchísimo de recibir a Harry. Parecía muy emocionado por el hecho de que el muchacho hubiera decidido pasar la Navidad con él.

Una vez que conluyeron los saludos y las bienvenidas, los dos magos se sentaron en la larga mesa de madera de la cocina. El profesor Lupin había preparado un modesto desayuno para Harry.

- ¿Y cómo anda ese asunto del pergamino, Harry? - preguntó Lupin dando un sorbo a su botella de cerveza de manteca.

- Bien. Hemos hecho algunos progresos - comentó Harry bajando la voz y mirando con suspicacia a su alrededor-. ¿Dónde está Kreacher?

- La última vez que lo vi se encontraba en el piso superior, recolectando algunos objetos de la familia Black. ¿Quieres que vaya a cerciorarme de que sigue allí? - preguntó Lupin.

Harry asintió y luego tomó una tostada y le untó una sustancia gelatinosa que parecía ser un dulce.

Lupin desapareció con un sonoro ¡crack! para volver a reaparecer unos segundos después.

- Sigue allí - informó Lupin.

Entonces Harry, manteniendo el tono de su voz lo más bajo que pudo, puso al corriente al profesor Lupin de sus avances en el tema del pergamino, incluyendo el hecho de que Voldemort se hubiera enterado de la existencia del mismo.

- ¿El profesor Dumbledore está al corriente de todo esto, Harry? - preguntó Lupin. Su rostro lucía muy preocupado.

- No. Intenté decírselo pero Snape me lo impidó - dijo Harry feliz de dejar mal a Snape-. Y al día siguiente Dumbledore se había ido del colegio... Dadas las circusntancias no creí prudente enviarle una lechuza


- Has hecho muy bien
¿Dices que Snape te impidió hablar con Dumbledore? - preguntó Lupin-. Todo esto es muy extraño


- Sí, bueno
En realidad no es nada del otro mundo
Snape siempre anda haciendo esas cosas


Lupin asintió, pero su expresión no había variado.

- Lo bueno es que pareces haber asimilado lo suficiente de Oclumencia como para resisitr a Voldemort.

- Sí
Aunque la última vez no fue tan sencillo. Si hubiera permanecido en la habitación un instante más creo que hubiera podido penetrar mi mente o algo peor
- Harry no pudo terminar la frase.

- No tienes nada de qué avergonzarte, Harry. Como siempre, has superado todas las expectativas. Magos supuestamente mejor preparados no han ofrecido ni la mitad de la resistencia que tú. Estoy orgulloso de ti.

Harry sonrió con timidez sin saber qué responder. Un calor agradable le recorrió el cuerpo.

- Bien, Harry. ¿Qué quieres hacer? Aunque el hecho de que hayas querido pasar la Navidad conmigo me halaga, estoy seguro de que ese no fue tu único motivo para salir del colegio, ¿en qué pudo ayudarte? -dijo Lupin manteniendo la vista fija en los ojos de Harry.

- Realmente quería hacerle compañía
- afirmó Harry poniéndose colorado-. Pero necesito localizar a un muggle que podría tener la clave de todo...

- Lo sospechaba - afirmó Lupin con sencillez.

- Si mi teoría es correcta y Cecil Rett es un muggle, entonces mi madre debió conocerlo durante su infancia. Y hay solo una persona viva que compartió esos años con mi madre: mi tía Petunia.

- ¿Cómo piensas llegar a la casa de tus tíos?

- Hermione me consiguió algo de dinero muggle - respondió Harry, sacando el rollo de billetes del bolsillo y mostrándoselo a Lupin -. Pensaba tomar un taxi.

- Ya veo que, como de costumbre, tú y tus amigos han pensado en todo - aprobó Lupin-. ¿Crees que tu tía accederá a ayudarte?

- Lo dudo - afirmó Harry-. Pero después de tantos años he aprendido algunos trucos que creo que me servirán para obligarla.

- Sólo recuerda que no debes hacer magia fuera del colegio - adviritó Lupin.

- No lo haré, descuide - dijo Harry.

- ¿Cuándo quieres partir? - preguntó Lupin.

- En cuanto haya terminado de hablar con Kreacher - informó Harry.

Si Lupin encontró algo exraño en el pedido de Harry, no lo demostró.

Salió de la cocina y al poco rato apareció seguido del elfo.

- ¡Oh, triste destino el de Kreacher el amo ha vuelto a atormentarlo! ¿Por qué no terminará con la cabeza cortada como todos sus antepasados? - rezongó el elfo haciendo una torpe reverencia.

- ¡Silencio! - ordenó Harry con una voz profunda y cortante que impresionó incluso a Lupin-. Hablarás solo cuando te lo ordene


Kreacher guardó silencio, pero continuó moviendo los labios.

- ¿Has hablado con alguien sobre el pergamino que te mostré? - preguntó Harry con fiereza.

- ¡El amo duda de Kreacher! ¡El amo piensa que Kreacher lo ha traicionado! Si Kreacher pudiera
- balbuceó el elfo mirando de reojo a Harry con una expresión calculadora - ¡Pero el amo sabe que Kreacher no puede hablar! Kreacher lo ha prometido
¡Oh triste destino
!

- ¡CÁLLATE! - gritó Harry perdiendo la paciencia-. ¿Le has contado a Voldemort sobre el pergamino?

Kreacher se tapó los oídos al oír el nombre de Voldemort y comenzó a aullar como si le hubieran pegado.

- El amo no debe pronunciar ese nombre
Los traidores a la sangre no deben
¡Kreacher no ha hablado con el Señor Oscuro!

- ¿Has revelado la existencia del pergamino a alguien que pudiera informarle? - insistió Harry.

- ¡Kreacher querría
! ¡Oh, si Kreacher pudiera hablar! El Señor Oscuro lo recompensaría
- un brillo codicioso iluminó los ojos oscuros del elfo-. Pero Kreacher no puede
lamentablemente el amo lo obligó a que prometiera no decirlo.

Harry parecía confundido. Un elfo podía buscar la forma de traicionar a sus amos, pero Hermione le había asegurado que no podían mentirle.

- Puedes retirarte. Y recuerda que no debes hablar de esto con nadie.

Kreacher se retiró refunfuñando, dejando a Harry y a Lupin sumidos en sus propios pensamientos.



***



A Harry le pareció que viajar en un taxi muggle no era muy distinto que hacerlo en el Autobus Noctámbulo. La única diferencia residía en que Ernie apartaba los objetos de su camino valiéndose de la magia, y el conductor del taxi en el que viajaba lo hacía gritando toda clase de insultos e improperios a cuanto aútomovil o persona se cruzara en su recorrido.

El taxímetro finalmente se detuvo en el número cuatro de Privet Drive. Harry pagó el viaje cuidando de hacerlo con dinero muggle y se apeó.

Tocó el timbre de la casa de sus tíos y esperó.

Aún no había decidido como iba a encarar la situación.

Durante el viaje había pensado y descartado varios planes.

Al cabo de un rato escuchó los pesados pasos de su primo Duddley acercándose hacia la puerta y


- ¡Sorpresa! - gritó Harry ensayando su mejor sonrisa.

Duddley realmente parecía sorprendido. Pero no era una sorpresa de las agradables.

- Parece que has olviado tus modales Gran D. - dijo Harry en el mismo tono jovial- Hola Harry ¿cómo estás? ¿quieres pasar? .

El primo de Harry no sólo no movió su inmensa figura de la puerta de entrada sino que gritó:

- ¡Mamá! Harry está en la puerta de calle y pretende entrar!

- ¡¿Quién?! - se escuchó la voz de Petunia proveniente de la cocina.

Casi al instante se asomó la tía Petunia, secándose las manos con el delantal.

- ¿Qué haces tú aquí? - le espetó de mala manera-. Esos raros que nos visitaron nos aseguraron que no tendríamos que recibirte hasta el verano.

- ¿Es que nadie se alegra de que haya decidido venir a pasar la Navidad con ustedes?

Duddley gimió como si le hubiera dado un golpe.

Tía Petunia puso su peor cara de disgusto y expresó:

- ¿Crees que te dejaremos entrar después de lo que nos hiciste el verano pasado?

- Yo no les hice nada, ¿lo olvidas? Fue Bellatrix Lestrange quien los atacó. Y en todo caso era a mí a quien buscaba.

Tía Petunia apretó los labios y respondió:

- No me importa. Tu presencia en esta casa no es bienvenida. Y agradece que Vernon se encuentre en el trabajo, sino ya te hubiera puesto de patitas en la calle.

- No lo dejes entrar mami - gimió Duddley con tono lastimero -. Arruinará nuestra fiesta de Navidad.

Petunia abrazó a su hijo y le habló al oído utilizando el mismo tono que si fuera un bebito pequeño.

- No lo hará, mi pequeño Pompkin Dunksin. Mamá no permitirá que ese muchacho horrible arruine la Navidad de su hijito.

Duddley le echó una mirada maliciosa a Harry mientras su madre lo besaba.

Las orejas de Harry se pusieron coloradas.

- ¿Qué ocurre, Dudders? ¿Tienes miedo de que en lugar de Santa Claus entre un Dementor por la chimen
?

Harry se mordió la lengua para no terminar la frase, pero era demasiado tarde.

Duddley abrió los ojos espantado y Petunia llevó una mano a su boca espantada.

Eso era exactamente lo que temían.

- ¡Fuera! - dijo Petunia señalando hacia la calle.

- No me iré - dijo Harry.

- Pues, puedes quedarte allí fuera en el jardín hasta que te canses - dijo Petunia mientras cerraba la puerta-. De ninguna manera te dejaré entrar.

- Por mí está bien - dijo Harry sacando su varita-. Me entretendré haciendo un poco de magia


Petunia se tapó lo oídos como si Harry hubiera dicho una horrible palabrota.

- N-no n-o puedes - tartumedó con una mezcla de indignación y temor-. Te echarían de ese colegio


- ¿Y cómo sabes que no me han expulsado ya? - remató Harry-. ¿Por qué otro motivo querría venir a pasar la Navidad con ustedes?

Petunia se quedó callada por un momento.

- No me importa que te hayan expulsado. No pasarás la Navidad con nosotros. Ya demasiado tenemos con recibirte durante el verano.

- Bien. Entonces me quedaré aquí en el jardín haciendo magia. ¿No sería interesante se hiciera crecer alguno de esos enanos? - dijo Harry sacando su varita y apuntado a las estatuas de yeso que decoraban el jardín de los Dursley- Quizás hasta pueda lograr hacerlos bailar
Estoy seguro que los vecinos encontrarán el espectáculo muy interesante.

Si había algo que molestaba a Petunia casi tanto como la magia era que sus vecinos pensaran que tenían alguna relación con ella. Sus ojos expertos descubrieron algunas cortinas corridas en las casas cercamas, señal inequívoca de que estaban siguiendo con mucha atención lo que sucedía en su jardín.

- ¿Qué es lo quieres, muchacho? Habla pronto


Eso era lo que Harry estaba esperando.

- Quiero saber si conoces a Cecil K. Rett y cómo encontrarlo.

- Cecil K. Rett - dijo su tía Petunia frunciendo el ceño-, Supongamos que lo conozca, ¿qué tienes que ver con él?

- Entonces sí lo conoces


- Por supuesto, era un chico que vivía al lado de nuestra casa cuando era niña y


- ¿Cómo puedo encontrarlo?

- ¿Para qué lo quieres saber?

- Eso no te incumbe - dijo Harry. Pero viendo la expersión en la cara de su tía agregó:

- Quiero hacerle algunas preguntas sobre mi madre. No es nada relacionado con mi mundo. Lo prometo.

La tía de Harry dudó por un instante.

- ¿Si te doy la dirección te irás y no regresarás hasta el verano?

- Prometido - dijo Harry haciendo una señal sobre su pecho y tratando de ocultar su alegría.

- Bien - dijo Petunia como llegando a una decisión-. Dudders, cuida que no vaya a meterse en la casa mientras mami busca la dirección.

Duddley abrió sus piernas rechonchas y apoyó sus manos sobre el marco de la puerta. Pero no lucía muy seguro de sí mismo.

Tragaba saliva con demasiada frecuencia y evitaba mirar a Harry directamente a los ojos. Si Harry hubiera querido entrar no hubiera ofrecido demasiada resistencia.

Un par de minutos después, su tía apareció con un trozo de papel en el cual habían sido anotados una dirección y un teléfono.

- Aquí tienes - le dijo a Harry alcanzándole el papel por debajo de uno de los brazos de Duddley-. Y ahora vete.

- Gracias - dijo Harry tomando el papel-. Nos veremos en el verano


Y sin darle tiempo a contestar, se alejó a toda prisa de la casa de sus tíos.



***



Otro taxi lo depositó en la dirección que su tía había escrito en el papel.

Harry miró el cartel del nombre de la calle dos veces para constatar que esa era la dirección correcta.

La casa parecía estar abandonada. Solo esperaba que su tía no lo hubiera engañado para librarse de él.

Aunque también era posible que el señor Rett se hubiera mudado.

La reja del jardín estaba vencida y oxidada.

Las pintura de las paredes estaba descascarada y manchada por todas partes, como si alguien su hubiera entretenido en arrojar bombas fétidas contra la casa.

La ventanas estaban cerradas y las persiana bajas.

El césped estaba descuidado como si hiciera mucho tiempo que no lo cortaran.

A los Dursley no le hubiera gustado para nada aquél jardín.

Harry atravesó la reja y tocó el timbre.

Minutos después, la mirilla de la puerta se descorrió dando lugar a un par de ojos asustadizos.

- ¿El señor Cecil Rett? - preguntó Harry.

- ¿Qué quieres, muchacho? Burlarte de mi nombre como todos, ¿no es cierto? Te advierto que no compro nada, no me suscribo a nada, no hago donaciones, no compro galletas o bonos contribución y que por ningún motivo me obligarás a abrir esta puerta.

- No soy un vendedor. Quisiera hablar un momento con usted. Es muy importante.

- ¿H-hablar conmigo? ¿Qué clase de broma es esta, niño? ¿Eres Testigo de Jehová? No, no puedes ser. Ellos vienen de a dos
Además eres muy pequeño. T-tú no eres de este barrio. Conozco a t-todos los muchachos de este barrio y te aseguro que ninguno viene aquí a hablar conmigo. Solo vienen a molestar. T-te advierto que si se trata de una broma, ya he hecho la denuncia en la seccional de p-policía
Sólo tengo que llamar y el patrullero llegara aquí enseguida


- No quiero molestarlo. Estoy aquí porque necesito que me responda unas preguntas sobre Lily Potter.

- ¿Lily Potter? ¿Potter? No conozco a ninguna Lily Potter. ¿Qué clase de truco es este? Si no te vas llamaré a la policía. T-tengo el teléfono justo en mi mano


Harry parecía desconcertado, pero entonces comprendió lo sucedido.

- Lily fue mi madre. Usted la conoció como Lily Evans, creo que eran vecinos cuando eran niños.

- ¿Lily Evans? ¿Dices que eres el hijo Lily Evans?

- Así es. Mi nombre es Harry.

Harry ensayó su mejor sonrisa.

La puerta se abrió apenas un centímetro. Todo el largo que permitía la cadena de seguridad.

- ¿Tienes alguna identificación?

Harry tocó instintivamente los bolsillos de su pantalón.

- No. Ninguna. Lo lamento.

- ¿C-cómo sé que en verdad eres el hijo de Lily, eh?

- En realidad lo soy. Lo juro
Mi madre era pelirroja y tenía los ojos verdes - y con una súbita inspiración agregó-. Todos afirman que mis ojos son iguales a los suyos.

El señor Rett permaneció un instante en silencio.

- Acércate, muchacho. Pero no mucho.

Harry se acercó a la puerta cautelosamente hasta que el señor Rett lo hizo detener con un gesto. Un hombre flaco de piel muy blanca lo observaba cautelosamente a través de la rendija de la puerta.

Finalmente la puerta se cerró. Y luego de un instante que a Harry se le hizo eterno, escuchó cómo descorría el cerrojo y se abría la puerta invitándolo a entrar.

- Entra, niño. Rápido.

Harry penetró en el hall de lacasa, mientras el señor Rett se apresuraba a cerrar y trabar la puerta nuevamente.

- Así que eres el hijo de Lily Evans. ¿Cómo dijiste que te llamabas?

- Harry. Harry Potter.

Por primera vez en mucho tiempo. Harry experimentó la placentera sensación de que su nombre no significara absolutamente nada para una persona.

El señor Rett lo hizo pasar al salón contiguo y sentándose en un sillón encendió la lámpara de pie que estaba junto al mismo.

- V-ven, acercate a la luz, muchacho - pidió.

El señor Rett movió la lámpara apuntando a directamente a sus ojos.

Harry pestañeó rápidamente y cubrió la luz con la mano.

Luego de un incómodo silencio el señor Rett sentenció:

- Jamás p-podría olvidar unos ojos como los de tu madre. Tienes razón, tus ojos son iguales a los de ella. Eso es seguro. S-siéntate si quieres. ¿C-cómo te hiciste esa cicatriz?

- Eehh
En un accidente de auto cuando era niño - respondió Harry aplastandose el flequillo.

- Lo lamento. ¿C-cómo está tu madre?

Harry inspiró profundamente antes de responder.

- Murió, al igual que mi padre, en el mismo accidente en que me hice esta cicatriz - respondió Harry pensando que no tenía ningún sentido contarle al señor Rett la verdad.

- Oohhh
¿Lily ha muerto? ¡C-cuánto lo siento
! ¿Qué edad tenías cuando s-sucedió?

- Un año. Fui criado por mi tía Petunia y mi tío Vernon.

El señor Rett asintió.

- Recuerdo a Petunia, la hermana de Lily. S-siempre metiéndose en los asuntos d-de los demás. B-burlándose y d-despreciándo a todos los chicos que no le agradaban. S-se creía muy importante p-porque sus padres tenían dinero. U-una mala persona si me perdonas q-que lo diga.

- Está bien
A mí tampoco me agrada - dijo Harry contento de que alguien coincidiera con él en la opinión que tenía de su tía.

- Tu madre, en cambio, era una gran persona
S-sí, señor. Un buena amiga Era la única que j-jugaba conmigo sin importar lo que p-pensaran los demás. M-muy dulce
Luego tus abuelos la enviaron a estudiar a un internado y la dejé de ver
- el señor Rett suspiró y poniéndose de pie exclamó-. D-debes disculpar m-mis malos modales, Harry. N-no te he ofrecido nada para tomar - Me t-temo que no recibo visitas muy a menudo. ¿Té? ¿Gaseosa?

- Nada, gracias contestó Harry.

- ¿No
? - el señor Rett parecía desilusionado-. Bien, ¿qué puedo hacer por ti, Harry?

- Verá - dijo Harry extrayendo el diario de su madre de su mochila-. Hace poco tiempo llegó este pergamino a mis manos, y me preguntaba si usted podría ayudarme a entender qué es lo que dice. Su nombre aparece escrito en la primera línea.

Harry le alargó el pergamino al señor Rett. Este lo tomó entre sus manos temblorosas, lo examinó unos instantes y una sonrisa iluminó su rostro.

- Sí, claro que sí
Era un clave que inventamos con Lily cuando éramos niños
Déjame recordar cómo era exactamente - dijo el señor Rett mientras acercaba el pergamino a la luz para verlo mejor-. Hace muchos años
Esta era la V, por supuesto y está era la K



Harry tosió.

- ¿Señor Rett?

- Eh
Oh H-harry perdona. Me has traido m-muchos recuerdos con esto. Uno de los j-juegos favoritos que jugábamos con tu madre e-era inventar m-mensajes en c-clave. Pasamos horas c-creando un código que nadie más que nosotros pudiera leer. Así nos librábamos de la molesta de Petunia q-que siempre andaba husmeando en todo.

- ¿Puede traducir lo que dice? - preguntó Harry tragando saliva.

- C-creo que sí
Ha pasado mucho tiempo
No es m-muy difícil una vez que se conoce la clave
Déjame recordar
El a-arma más terrible que p-posee Lord Voldemort es e-el Avada Kedrava
. ¡Oh, parece ser un cuento
! ¡Recuerdo c-cuanto le gustaban a Lily! Siempre tuvo muc-cha imaginación. Le enc-cataba disfrazarse de bruja para Halloween


- Ehh
señor Rett, ¿podrías enseñarme a leer el código?

- Sí, p-por supuesto. En realidad es m-muy sencillo, Harry. Ven, acércate. Todo se trata de entender qué letras reeemplazan




El señor Rett tenía razón. A Harry no le tomó más de diez minutos comprender el código secreto. Resultaba sencillo una vez que se conocía la clave.

Mucho más le costó despedirse del señor Rett. Había insistido tanto para que Harry se quedara a almorzar, que tuvo que inventar un compromiso. Sólo lo dejó salir cuando Harry le prometió que regresaría otro día con más tiempo para continuar conversando sobre su madre.



Harry guardó el diario y el pergamino en su mochila y buscó con la mirada otro taxí que lo llevara de regreso a Grimmauld Place. Se sentía de muy buen humor Las cosas no podían haber salido mejor.

Mientras intentaba llamar la atención de un taxi, Harry advirtió que una lechuza se acercaba a él a toda velocidad.

El ave planeó hasta donde se encontraba Harry y se posó en su hombro.

Era Pig., la lechuza de Ron. Quizás fuera la imaginación de Harry pero parecía excitada.

Harry desató el pergamino atado a su pata y lo leyó.

El mensaje había sido escrito apresuradamente.



Harry:

Atacaron a Hermione y su familia.

Ven a San Mungo tan pronto com puedas.

Ron



Harry sintió como si una de las ramas más grandes del sauce boxeador lo hubiera golpeado en el estómago. Sacó su varita deseando que el Autobus Noctámbulo no fuera a tardar.
Libro de visitas: https://www.melodysoft.com/cgi-bin/gbook.cgi?ID=FictsHA.JKR



CAPÍTULO ONCE
EL SECRETO DEL PERGAMINO



Más tarde de lo que hubiera deseado, Harry se apeó del autobús frente a la antigua tienda por departamentos de ladrillos rojos, llamada Purge y Dowse Ltd.

Luego de hablar con el maniquí, atravesó la vidriera y se dirigió corriendo hacia la recepción.

Harry llegó hasta el escritorio adelantándose a la larga cola de magos y brujas que esperaba su turno.

- Hermione Granger, por favor.

- ¿Hermione Granger? preguntó la bruja, buscando en la amplia lista delante de ella. Sí, cuarto piso, tercera puerta a la izquierda. Siguiente


- Gracias - murmuró Harry-. Y salió corriendo hacia las escaleras mientras los personajes de los retratos mágicos seguían su carrera con curiosidad.



Harry llegó al Cuarto piso casi sin aliento.

Los Weasley estaban en el pasillo.

- Hola
- saludó Harry resoplando para recuperar el aliento-. ¿Cómo
está
Hermione
?

- Respira hondo, cariño - le dijo la señora Weasley apoyando una mano en su espalda-. Hermione tiene algunas heridas menores, pero está bien. El curandero está examinando a sus padres. Pero me atrevo a asegurarte que también están fuera de peligro. Arthur está en la habitación con ellos.

- Hola, Harry - dijo Ron que tenía los ojos rojos como si hubiera llorado-. Llegaste rápido. Por un momento pensé que quizás los muggles no te dejarán salir.

- No estaba con los muggles
- resopló Harry que poco a poco iba recuperando el aliento. Y ante el gesto de no comprender de Ron agregó:

- Después te cuento.

Entonces Harry vio a Ginny, que tenía los ojos aún más hinchados que Ron.

- Hola, Ginny - saludó Harry.

- Hola - respondió Ginny secamente. Y se alejó de ellos.

- ¿Qué le sucede a tu hermana? - preguntó Harry a Ron.

Ron miró con desesperación buscando alguien que le evitara tener que responder. Afortunadamente para él, las señora Weasley dijo:

- Está preocupada por su amiga, Harry, cariño. Estoy segura que lo entiendes. No quiso ser descortés contigo.

Harry asintió, pero ni por un momento creyó las explicaciones de la madre de Ron. Definitivamente tenía que averiguar qué le sucedía a Ginny.

Harry se acercó a Ron y en voz baja le preguntó:

- ¿Sabes que sucedió?

Ron asintió y haciéndole una seña con la cabeza para que lo siguiera, se alejó un poco.

- Mi papá me dijo que Hermione fue atacada por mortífagos - dijo tragando saliva.

- ¡¿Qué?! - gritó Harry sin poder evitarlo.

Varios retratos chistaron pidiendo silencio.

- Afortunadamente mi padre implementó un nuevo sistema en el Ministerio para detectar cuando alguien realiza un maleficio imperdonable. Y cuando Malfalda Hopkins le informó que Hermione estaba violando el decreto para la restricción razonable de magia en menores, supo que estaba en peligro. Hermione no es de las que rompería las reglas a menos que fuera una situación de vida o muerte.

- Puedes apostarlo - confirmó Harry.

- Los aurores llegaron rápidamente. ¡Quién sabe qué hubiera sucedido si tardan un poco más
! ¡Pobre Hermy! - los ojos de Ron se nublaron de lágrimas y por un momento pareció como si fuera a ponerse a llorar.

A Harry le sorprendió que Ron llamara así a su amiga, pero no le pareció prudente pedirle explicaciones en ese momento.

- ¿Por qué la atacaron? - dijo Harry preocupado-. ¿Sabes qué querían con ella?

Ron hizo un gesto afirmativo.

- Parece que están atacando a todos aquellos magos que no tienen sangre pura.

Harry se mordió el labio.

- Lo que Voldemort olvida decirle a sus mortífagos es que su padre era un muggle.

La puerta de la habitación se abrió y un curandero con túnica verde lima salió de la misma. Le dirigió al grupo una sonrisa de circunstancias y prosiguió su camino. Detrás de él salió el señor Weasley.

- ¡Hola Harry! - saludó el señor Weasley con expresión alegre, por lo que Harry supuso que Hermione y su familia estaban bien.

- Hola, señor Weasley, perdón, señor Ministro, ¿Cómo se encuentra Hermione?

- Vamos, Harry. Tú no tienes que llamarme Ministro - dijo el señor Weasley sonriendo-. Hermione y sus padres se pondrán bien. El curandero dijo que pueden entrar un momento a saludarla. Pero traten de no excitarla demasiado.

La habitación en que se encontraba Hermione no era muy distinta a la que había ocupado el señor Weasley cuando fuera mordido por la serpiente el año anterior.

Por una pequeña abertura muy arriba en la pared frente a la puerta, entraba un poco de luz natural. La sala estaba iluminada por las mismas burbujas brillantes de cristal que había en todo el hospital. Las paredes estaban revestidas con paneles de roble.

En tres camas estaban recostadas dos personas mayores a las que Harry reconoció como los padres de Hermione, y su amiga, quien, para variar, estaba leyendo.

- ¡Hola, Harry! - dijo Hermione hablando muy bajito para no despertar a sus padres-. Estaba repasando la legislación mágica por si tengo que defenderme en una audiencia disciplinaria. Pero el papá de Ron me dijo que no será necesario.

- ¿Qué fue lo que sucedió? - dijo Ron sentándose a su lado y tomándole la mano con ternura.

Hermione miró a su alrededor y bajando aún más la voz hasta convertirla en un susurro apenas audible, dijo:

- Querían que les dijera lo que dice el pergamino
Que les revelara su contenido.

- Pero tú no lo sabes
- exclamó Harry subiendo la voz.

Hermione chistó pidiendo silencio y continuó:

- Pero parece que Voldemort cree que sí
Cuando los aurores llegaron, estaban torturando a mis padres para obligarlos a confesar


Hermione hizo una pausa, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Ron pasó una mano por detrás de la nuca de su amiga y comenzó acariciarle el cabello.

- Todo esto es mi culpa
- dijo Harry bajando la cabeza.

Ron puso una mano en el hombro de Harry y lo sacudió con suavidad.

- ¿Sabes? Creo que Hermione se equivoca. Tú no tienes complejo de héroe sino de víctima


Harry lo miró sin entender.

- Nadie te culpa a ti de lo sucedido, Harry - confirmó Hermione secándose las lágrimas con la manga de su pijama-. Somos tus amigos y estamos contigo un ciento por ciento pase lo pase. Voldemort nos incumbe a todos.

En el rostro de Harry se dibujó una sonrisa de agradecimiento.

- Gracias. ¿Quiénes te atacaron, Hermione?

La niña inspiró profundamente tomando coraje y continuó:

- Cuatro mortífagos se aparecieron en casa de mis padres y comenzaron a lanzar hechizos aturdidores a diestra y siniestra.

- ¿Pudiste identificarlos? - preguntó Ron.

Hermione hizo un gesto negativo con la cabeza mientras decía:

- Tu padre me preguntó lo mismo. Pero no puede verlos. Llevaban los rostros cubiertos con capuchas. Cuando llegaron los aurores uno de ellos exclamó: Creo que ya ha aprendido la lección y desaparecieron. La voz me resultó familiar pero no puedo identificarla
Probablemente era alguno de los mortífagos que combatimos en el Departamento de Misterios el año anterior.

Hermione se quedó pensativa y Harry preguntó:

- ¿Dónde estabas cuando sucedió?

- Por suerte yo me encontraba en mi habitación y pude agarrar mi varita antes de que me encontraran. En realidad eran bastante torpes, si los comparo con los que peleamos en el Departamento de Misterios. Sus hechizos estaban mal dirigidos, o sus efectos desaparecían con rapidez. El entrenamiento en el ED me resultó sumamente útil. Las clases del profesor Staker también me ayudaron muchísimo.

Harry sonrió, contento de que volviera a ser la Hermione de siempre:

- Ehh
Hermione
- preguntó Ron-. ¿Cómo están tus padres?

Hermione dirigió la vista hacia sus camas y las lágrimas volvieron a sus ojos.

Apretando con fuerza la mano de Ron respondió:

- El curandero dijo que se pondrán bien. Los estaban torturando, ¿sabes? Pero aún son jóvenes y fuertes


Y se echó a llorar en el hombro de Ron, mientras éste le acariciaba el cabello.

- Estábamos haciendo planes para pasar la Navidad con los padres de Ron cuando nos atacaron - continuó entre sollozos-. Cuando bajé la escalera y vi que los torturaban


Pero el llanto le impidió continuar.

Ron estrechó a Hermione fuertemente contra sí.

- Ahora te entiendo mucho mejor que antes, Harry - dijo Hermione con el rostro desfigurado por el llanto-. Si le hubiera sucedido algo a mis padres
Si los mortífagos los hubieran asesinado
No sé que hubiera hecho


Y comenzó a llorar desconsoladamente.



***

El padre de Ron había insistido en que Harry no regresara solo a Grimmauld Place, por lo que la señora Weasley, Ron, Ginny y Harry viajaron junto a él en el tren muggle.

Afortunadamente todos usaban ropas muggles, por lo que no llamaron la atención.

El viaje fue muy silencioso. Cada uno de los presentes iba sumido en sus propios pensamientos.

Harry no podía dejar de sentir que lo que le había sucedido a Hermione era de alguna manera culpa suya. Además le preocupaba la actitud de Ginny. Ya no quedaba ninguna duda de que lo estaba evitando. Se había sentado junto a la ventanilla del tren y no le había dirigido la mirada ni en una sola ocasión.

Ron parecía nervioso y preocupado. Se restregaba las manos una y otra vez con expresión apenada. Era evidente que lo de Hermione lo había afectado muchísmo. Hasta demasiado, diría Harry.

La mamá de Ron echaba de tanto en tanto una mirada a los chicos y con una sonrisa comprensiva volvía a sus propios pensamientos.

Una vez en Grimmauld Place, el grupo puso al tanto a Lupin de las últimas novedades. La señora Weasley invitó a Harry y a Lupin a pasar la Navidad con ellos en La Madriguera. Los dos recibieron la noticia con gran alegría. La antigua casa de los Black resultaba demasiado opresiva y tenebrosa.



Al día siguiente, un automóvil del Ministerio pasó a recoger a Harry y Lupin, y los condujo con seguridad y rapidez hasta el hogar de la familia Weasley en Ottery St. Catchpole.

La apariencia de La Madriguera no había variado demasiado, aunque algunas mejoras eran evidentes. Habían renovado la pintura de todas las habitaciones, e incluso algunos de los muebles.

Todo lucía más limpio y brillante, y Harry se preguntó si a la señora Weasley se le había cumplido su deseo de tener un elfo doméstico.

Había luces de colores y brillantes adornos navideños por toda la casa.

Un gigantesco árbol de Navidad se alzaba en un rincón de la cocina. Estaba tan cargado de adornos que sus ramas se inclinaban por el peso.

Bajo sus ramas se amontonaban numerosos paquetes con alegres envolturas.

Un grupo de hadas titilaban formando distintos patrones de luces y colores. La estrella de la punta despedía un polvillo brillante que provocaba una gran risa navideña a quien lo respirara.

De la cocina de la señora Weasley salían toda clase de agradables aromas. Los manjares se apilaban sobre la mesa del comedor.

Los chicos ayudaron en la decoración de la casa y pusieron realmente mucho esmero colgando una cantidad inmensa de adornos. La señora Weasley había confiscado una caja que Fred y George habían traído, hasta que tuviera tiempo de inspeccionarla.

- Esto es injusto, mamá - se quejó Fred.- ¿Acaso desconfías de nosotros?

- ¿No tienes fe en tus propios hijos...? Eso realmente duele, madre - se lamentó George llevándose una mano al corazón.

La señora Weasley simplemente los echó de la cocina. Pero Harry vio, un rato más tarde, que había utilizado algunas de las guirnaldas y adornos que los mellizos habían traído.

El clima de la Navidad se respiraba en cada rincón de la madriguera. Fred y George habían hechizado los gnomos del jardín para que lucieran gorros rojos y barbas blancas.

- Ven Harry - dijo Ron subiendo la escalera hacia su habitación-. Creo que tengo guardada una caja de luces mágicas.

Hermione entró a la habitación y saludó a Ron con un sonoro beso en la mejilla.

- Hola, Ron.

- Hola Hermy
dijo Ron más rojo que un tomate.

- Hola Harry
- saludó Hermione-. ¿Cómo te fue con lo del pergamino?

- Muy bien - repuso Harry, que había borrado el tema de su mente-. Mi tía me dio la dirección del señor Rett. Se trataba de un muggle, como había sospechado.

- ¡Lo sabía! - exclamó Hermione-. ¿Sabía algo sobre la clave?

- Sí. Era un viejo código que mi madre y él habían inventado cuando eran niños. No es muy difícil descifrarlo cuando te explican cómo hacerlo.

- ¿Y? - preguntó Ron con ansiedad.

- ¿Y qué? - repuso Harry.

- ¿Qué dice el texto? ¿Habla sobre la profecía? - aclaró Ron.

- Aún no lo sé. Cuando salía de la casa del señor Rett, llegó tu lechuza informándome del ataque a Hermione y aún no he tenido tiempo de traducirlo.

- Si quieres podemos hacerlo todos juntos - sugirió Hermione- Creo que tendremos tiempo suficiente luego de celebrar la Navidad. Ahora si me disculpan, la señora Weasley nos pidió a Ginny y a mí si la ayudabamos en la cocina.

- Nos vemos - dijo Harry-. Quizás podamos regresar a Hogwarts un día antes para tener tiempo de traducir el pergamino.

- Es una buena idea. Se la comentaré a la mamá de Ronnie. Hasta luego.

- Adiós, Hermy - se despidió Ron.

- ¿Desde cuándo se dicen entre ustedes Ronnie y Hermy? - preguntó Harry alzando las cejas con suspicacia, una vez que Hermione hubo salido de la habitación.

- Bueno
Hace unos meses
Desde el baile
Es que ella y yo
quiero decir
- balbuceó Ron sintiéndose enrojecer-. Sé que debí decírtelo antes pero
bueno, lo que quiero decir es que Hermione está saliendo
estamos los dos
de
eehh
novios.

A pesar del frío, la cara de Ron parecía arder y por su sien corrían gruesas gotas de sudor.

- Me alegro por ustedes - felicitó Harry a Ron con sinceridad, mientras estrechaba su mano - Hermione es una chica excelente.

- Gracias, Harry - respondió Ron visiblemente aliviado -. Eso es lo que dice mamá. Cuando le conté se alegró muchísimo. No se cansa de repetirme que Hermione será una magnifica influencia para mí


Ron se detuvo, miró a su amigo de reojo y aclaró rápidamente:

- Ella no se refería a que tú no lo fueras, creo que lo que quería decir era que


- Tranquilo - lo atajó Harry sin dejar de sonreír -. Entiendo. ¿Por qué no me lo dijiste antes?

- Todos los días estaba pensando en contártelo, te lo juro. Pero no es tan sencillo. Primero quería estar seguro de nuestra relación, para que no nos pasara como a ti y Cho
Después se hizo difícil encontrar el momento adecuado con lo del pergamino, el Quidditch y todo eso...

- De todas maneras ya lo había sospechado. Nunca se habían llevado tan bien entre ustedes como en este último tiempo. Hasta llegué a pensar que los habían reemplazado usando poción multijugos.

- ¿En serio? - repuso Ron sonrojándose nuevamente - ¿Tanto se nota? A Hermy, quiero decir, a Hermione, le gustaría contárselo a todo el mundo. Yo soy más prudente. Hablando del tema, te pido un favor: no vayas a decir le nada a Fred y George. No quiero ni imaginar lo que harían si se llegan a enterar


- De acuerdo - prometió Harry conteniendo una sonrisa-. No lo sabrán por mí. Te lo prometo.

- Gracias - suspiró Ron aliviado-. ¿No te parecía que estar de novio es algo complicado cuando saliste con Cho?

- Complicadísmo - respondió Harry-. Nunca llegué a comprender qué es lo que quería. Creo que la única que entiende a las mujeres es Hermione. ¿Entonces fue en el baile cuando comenzaron a salir?

- Sí, en el Baile de Halloween
Parece que las chicas
bueno, al menos, Hermione
había organizado todo para ver si los chicos nos animábamos a
bueno, tú entiendes
invitarlas a salir


- Sí, sé perfectamente a lo que te refieres. Les encanta organizar esa clase de cosas que sólo ellas comprenden - repuso Harry.

- ¿Recuerdas que Hermione me obligó a bailar? - continuó Ron-. Al principio no quería
Sólo pensaba en volver a sentarme. Pero luego de un rato, no sé qué me sucedió. Quizás bebí demasiadas cervezas de manteca
Tal vez fueron las luces de colores, la música o todo junto
La verdad es que comencé a disfrutarlo.

- ¿En serio? - preguntó Harry sorprendido.

- Sí - dijo Ron confirmando sus palabras con un movimiento de su cabeza-. Se sentía realmente bien estar bailando con ella. Era una sensación maravillosa, placentera. Sentir el calor de su cuerpo, aspirar su perfume, acariciar su pelo
Nunca me había sentido así de bien. ¿Crees que Hermione haya puesto alguna poción de amor en mi bebida...?

- Lo dudo mucho, Ron. Pero por las dudas nunca vayas a preguntárselo a ella - sugirió Harry.

- ¿Crees que soy tonto? Jamas le diría algo así. De todas maneras, aunque me hubiera dado una poción de amor no me hubiera importado
Sentía como si toda preocupación y pensamiento hubieran desaparecido de mi cabeza
Inmensamente relajado, apenas consciente de si alguien nos miraba o no
¿Recuerdas cuando el falso Moody nos echó en clase el maleficio Imperius? Bueno, la sensación era muy parecida


Harry pensó que era una suerte que Hermione no estuviera escuchando esa conversación o Ron y ella hubieran terminado en ese mismo instante.

- Luego salimos al parque - continuó Ron - y comenzamos a caminar y conversar de lo bien que nos llevábamos.

- ¿En serio? - interrumpió Harry

- De verdad. Hermione me dijo que sentía muy cómoda conmigo. Yo le dije que estaba muy hermosa
Era una noche despejada, la luna y las estrellas brillaban
Y bueno
antes de que pudiera darme cuenta de lo que hacía, Hermy me besó


- ¿Te besó ella a ti? - preguntó Harry sorprendido.

- Sí
- repuso Ron con expresión arrobada-. Nunca me contaste que besar es fabuloso


- Bueno, sólo lo hice una vez - se excusó Harry.

- Caminamos abrazados no sé cuanto tiempo antes de darnos cuenta de la hora, entonces regresamos al castillo. Al día siguiente, yo no podía estar más confundido. Afortunadamente, Hermione tiene claridad suficiente como para los dos. Ya le había contado a todas las chicas de lo nuestro
Desde entonces no pasa un día sin que me insista para que hable contigo


- Hay una cosa que quisiera preguntarte - comentó Harry pensativo. - Ginny me ha estado evitando desde el Baile de Halloween
Cuando dijiste que las chicas lo organizaron
¿Te referías a Hermione y Ginny?

- No sé bien de quién fue la idea - respondió Ron desviando la mirada del rostro de su amigo-. Pero a todas las chicas les encantó. Aún a las de otras casas.

- Me estaba preguntando si a lo mejor Ginny esperaba que yo la sacara a bailar
Ya sabes cómo Hermione y tú


Ron tragó saliva, y sin mirar a su amigo dijo con voz temblorosa:

- Quizás deberías preguntarle a Hermione
Ellas se cuentan todo.

- Es una buena idea - dijo Harry levantándose y dirigiéndose hacia la escalera.

Hermione, Ginny y la señora Weasley se encontraban en la cocina preparando todo para la cena de esa noche.

- Hola, Harry querido - saludó la señora Weasley-. ¿quieres probar un poco de tarta de calabaza
?

- Eh
No, gracias. No tengo apetito
Hermione
me preguntaba si podríamos hablar un instante


Hermione pareció ligeramente sorprendida y se volvió para mirar a la señora Weasley

- Por supuesto, querida. Vayan. Ginny y yo podemos arreglarnos perfectamente.

Harry y Hermione salieron al patio y comenzaron a caminar hacia la colina cercana.

Durante un rato, ninguno de los dos habló. Luego de unos minutos, cuando Harry juzgó que ya se habían alejado lo suficiente de la casa, dijo:

- Ron me contó lo de ustedes. Te felicito.

- ¡Por fin se animó! - exclamó Hermione radiante-. No pasaba un día sin que le recordara que te lo dijera. Pero ya sabes como es Ron para estas cosas. Ya vamos a cumplir dos meses, ¿te imaginas?. Ron es divino


- Sí
supongo que sí - dijo Harry por cortesía, ya que nunca había visto a su amigo de esa manera-. Hay algo que quería preguntarte


Hermione dejó de caminar y miró al rostro de Harry.

- Dime
Soy toda oídos.

- Cuando me contó lo del baile, Ron me dijo que las chicas lo habían organizado para que nosotros nos fijáramos en ustedes


- Sí. Supongo que era una de las ideas
Tener que esperar que los chicos se decidan a veces puede ser exasperante


- Ginny no me ha hablado desde el baile, ¿sabías?

Hermione asintió. Pero no agregó nada más.

- Me preguntaba si ella también había estado esperando que yo
la invitara a bailar y todo eso
- continuó Harry.

- ¡Claro que estaba esperando eso! - estalló Hermione. Y calmándose un poco continuó:

- ¡A veces los hombres pueden ser tan exasperantes
! ¿Realmente no te diste cuenta, Harry?

- No - confesó Harry con sinceridad -. Te lo aseguro.

- Ginny se sintió muy mal cuando saliste a bailar con Luna y la ignoraste a ella.

- Yo no quería bailar con Luna
- se defendió Harry con vehemencia-. Ella me invitó


- Ginny no lo vio así. Cuando una chica ve a un chico con otra chica; la chica piensa que el chico no siente nada especial por ella


- ¡Tanto lío porque bailé con Luna
! Las mujeres son realmente complicadas - dijo Harry desalentado.

- Ginny pensó que no tenías interés en ella y se sintió lastimada... - dijo Hermione.

- ¿Y si quería bailar conmigo, por qué no se acercó y me lo pidió
?

- Porque las mujeres no actuamos de esa manera. Nosotros hacemos cosas para que ustedes se fijen en nosotras, y luego esperamos que tomen la iniciativa.

- Como organizar un baile, para llamar la atención de los chicos y animarnos a actuar
- dijo Harry.

- Ya entendiste la idea - aprobó Hermione.

- Pero tú sacaste a bailar a Ron - Harry parecía confundido- ¿Por qué no esperaste que él te invitara?

- Eso era distinto - aclaró Hermione con una sonrisa-. Nadie estaba bailando y la fiesta estaba a punto de convertirse en un fracaso. Además, yo sabía que Ron nunca me invitaría a bailar si yo no lo hacía.

- ¿Y Ginny pensó que yo sí lo haría? - se defendió Harry-. Realmente no me conoce muy bien


- Harry
Debes ponerte en el lugar de Ginny
Durante muchos años estuvo interesada en ti sin recibir ninguna señal de parte tuya
Y ahora que tú comenzaste a mostrar algunos signos de interés, ella no quiso ilusionarse demasiado y prefirió esperar que tú dieras el primer paso
- explicó Hermione comprensiva.

- ¿Que yo le mandé señales? ¿A qué te refieres? - Harry estaba realmente desconcertado.

- Me pregunto porqué los hombres son tan ciegos para ciertas cosas
- dijo Hermione en voz alta mordiéndose el labio inferior-. ¿Recuerdas en el tren cuando le acariciaste el pelo
?

- Por supuesto que me acuerdo. Estaba herida y quise consolarla


- ¿Y cuándo la apoyaste en el equipo de Quidditch por encima de Ron
? - insistió Hermione.

- Ella era la cazadora y me pareció que tenía derecho a elegir a sus compañeras de equipo
- explicó Harry.

- ¿Y cuando en la biblioteca te sentaste con ella y le pediste que confiara en ti y te mostrara la carta de Percy
? - continuó Hermione.

- Ginny es mi amiga y me preocupa lo que le pase
Estaba triste y quise consolarla
- explicó Harry sin entender a dónde iban todos esos comentarios-. ¿Todo eso te lo contó Ginny? Tal vez deba hablar con ella y aclarar las cosas. ¿Esas son las señales a las que te refieres?

- Esas y otras cosas más sutiles como algunas miradas o sonrisas
¿Estás diciendo que para ti no significa nada? ¿Entonces no estás interesado en ella?

Harry sonrió, y adoptando un aire de misterio, dijo:

- Eso es algo privado. - y caminó de regreso a La Madriguera, dejando a su amiga con la boca abierta.



La larga mesa de la cocina de la casa de los Weasley nunca había estado tan poblada como en aquella Nochebuena. Además de los miembros de la familia - todos menos Percy - estaban Hermione con sus padres, Harry y Lupin. Hasta el último rincón de la cocina estaba ocupado.

A Harry le pareció que la señora Weasley había comprado vajilla nueva, ya que nunca los cubiertos, los platos y las copas habían relucido de la manera en que ahora lo hacían.

- ¡Hola Harry! - saludó Ginny con una sonrisa sentándose frente a él en la mesa.

El saludo de Ginny tomó a Harry tan de sorpresa que se atragantó con el jugo de calabaza que estaba bebiendo

- ¡Hola, Ginny! - saludó rápidamente secándose con una servilleta.

Ginny y Hermione intercambiaron una mirada cómplice.

El señor Weasley se puso de pie, sosteniendo una copa en su mano derecha.

- Quiero darles a todos la bienvenida a nuestro humilde hogar.


- Desde que lo hicieron Ministro, papá no desaprovecha ni una sola ocasión de hacer un discurso
- susurró Fred al oído de Harry

La señora Weasley fulminó al mellizo con la mirada.

El señor Weasley continuó:

- Espero que esta mesa con muggles y magos compartiendo una misma comida en esta noche tan especial, sea un signo de la cooperación y entendimiento que queremos que surja ente estos dos mundos - y apuntando con su copa a los padres de Hermione agregó:

- Bienvenidos a La Madriguera
Y ahora, ¡a comer!

Los platos y las fuentes fueron atacados con voracidad.

Las risas y el murmullo de las conversaciones resonaban por toda la casa. Pronto surgió entre todos los presentes una alegre camaradería. El señor Weasley no dejaba de acosar con preguntas a los padres de Hermione sobre los más curiosos detalles del mundo muggle, ante la desesperación de la señora Weasley, que estaba a punto de romper la manga de la túnica de su marido de tanto tironearla.

El espíritu de la Navidad se apoderó de todos. Los manjares parecían más deliciosos que nunca y las bromas resultaban más cómicas.

Promediando la cena, el padre de Hermione golpeó el tenedor contra su copa para pedir silencio. Se puso de pie y sin decir una palabra comenzó a cantar un hermoso villancico. Tenía una magnífica voz de soprano.

- ¡Oh, no! - gimió Hermione, escondiendo la cara entre las manos-. Le supliqué que no fuera a hacer eso


Era una canción alegre y pegadiza. Pronto todos estaban siguiendo el ritmo golpeando sus copas contra la mesa. Al final, en un inusitado arranque de emotividad, todos aplaudieron muy complacidos.

Durante un buen rato continuaron cantando villancicos en voz alta y desentonada.

Estaban alegres, con el estómago lleno, y cálidamente confortables.

Afuera caía una nieve mansa que había pintado de blanco todo el paisaje. Cuando se extinguió la última nota del último villancico, una sensación de paz, de seguridad y de renovada fe y esperanza llenó los corazones de todos los presentes.

- ¿Y qué se siente estar de novio, hermanito? - preguntó Fred haciendo estallar un petardo con sorpresa. Una pequeña brujita comenzó a volar por toda la habitación.

- ¿Qué? ¿Quién le dijo? - Ron miró con desesperación a Harry y luego a Hermione.

- No hizo falta que nadie nos dijera nada - repusieron Fred y George a coro.

- La presencia de los padres de Hermione en La Madriguera es suficientemente sospechosa
¿no te parece? - dijo George-. ¿Por qué otro motivo iban a venir a cenar con nosotros?

- ¿Has pensado bien lo que estás haciendo, Hermione? - preguntó Fred.

Hermione sonrió pero no dijo nada:

- Así que el buen Ronnie se ha enamorado - comentó Fred poniendo una expresión cándida en el rostro.

- Son tan tiernos - acotó George pestañando con rapidez - Me recuerdan a Hagrid con Madam Maxine


- O a Crabbe con Goyle
- continuó Fred provocando las risas de todos.

- ¿Quieren acabarla? - reaccionó Ron acalorado-. ¿Acaso ustedes nunca se han enamorado?

- Por supuesto que sí, hermanito
Yo estoy saliendo con Alicia Spinett desde hace medio año
Pero nunca haría el papel de bobo que haces tú


- Las mujeres deben saber de entrada quién manda en la relación, o estás perdido


En ese instante, Hermione, con voz dulce, preguntó:

- ¿Qué opinas tú sobre el tema, Ron?

- Nada - respondió Ron poniéndose de pie y saliendo del comedor.

Fred y George estallaron en una sonora carcajada.

- Así se hace, Ron - le gritó Fred-. Nada mejor que una huida a tiempo


- Realmente la tienes dominada
- gritó George.

Ron se dio vuelta para decir algo, pero se quedó con la boca abierta y el dedo indice levantado sin pronunciar palabra. Finalmente, con gesto ofuscado, subió por las escaleras hacia su habitación.

- Son unos verdaderos machistas - les gritaron Hermione y Ginny a los mellizos.



Al día siguiente, los chicos abrieron emocionado sus regalos.

Las señora Weasley había tejido sus acostumbrados sweaters y los había acompañdo con ranas de chocolate.

Hermione se disculpaba con todos, ya que a causa del ataque no había podido hacer sus compras navideñas, y parecía que ésto la ponía bastante incómoda.

Ron le regaló a Harry otro libro sobre Quidditch: Las jugadas más emocionantes.

El regalo que más le gustó a Harry fue el de Ginny. Era una tarjeta hecha por ella misma con una frase: Te propongo la sinceridad.

Harry se cuidó muy bien de esconderla rápidamente para que nadie pudiera verla.

Al día siguiente, después del desayuno, llegaron los inevitables consejos (Pórtense bien) y despedidas. Los chicos se subieron a un automóvil del Ministerio que los condujo de regreso a Hogwarts.



Una vez que llegaron, y después de almorzar, Harry, Ron, Hermione y Ginny decidieron aprovechar el último día de las vacaciones de Navidad, reuniéndose en la biblioteca para realizar todos juntos la postergada traducción del pergamino.

- Hola, Harry, si no te importa, nosotros iremos yendo a la biblioteca - dijo Hermione tomando del brazo a Ron y tirando de él.

- ¿Por qué no esperamos? - se quejó Ron-. Ginny no debe tardar mucho en bajar y
¡ay!

- ¡Oh, perdóname, Ron! No quise patearte
¿Estás bien?

- Sí
Eso creo
- respondió Ron frotándose la pantorrilla.

- Bueno
Entonces nos vemos en la biblioteca, Harry - sonrió Hermione, mientras empujaba a su rengueante novio a través del retrato de la dama gorda.

Casi inmediatamente, Ginny bajó por la escalera que conducía al dormitorio de las chicas.

- ¡Hola, Harry! - saludó levantando un poco su mano.

Harry sintió que los latidos de su corazón comenzaban a acelerarse.

- ¡Hola, Ginny! - respondió aplastando su pelo contra su cabeza.

- Harry
Yo quería disculparme contigo
En realidad, no debí haberme enojado por lo del baile
Tú tienes derecho a bailar con quien quieras
Y yo no tenía porqué esperar que tú sintieras, quiero decir, quisieras bailar conmigo
- por primera vez en mucho tiempo, Ginny volvió a parecer la niña tímida que Harry había conocido seis años atrás.

Harry se sentía incómodo escuchando las disculpas de Ginny, en especial porque después de su conversación con Hermione sentía que era él quien debía disculparse.

- Estaba convencido que era yo quién debía pedirte disculpas - intervino Harry sin dejar que Ginny continuara-. Hermione me explicó lo que ese baile significaba para ustedes, y yo debería haber estado un poco más atento


- ¡Oh, Harry, no digas eso! ¡Tú ya tienes tanto de qué preocuparte que me siento una egoísta por la manera en que me comporté! - exclamó Ginny.

- De cualquier manera, me alegro que volvamos a ser amigos - respondió Harry acercándose a Ginny.

Ginny levantó el rostro y sonrió. Y Harry sintió que su estómago se llenaba de mariposas y que todo lo que había a su alrededor desaparecía.

Ginny se acercó lentamente a Harry y, sin pensarlo, los chicos se tomaron de las manos. Entonces Ginny se acercó un poco más a Harry y


- ¡Hola Harry! ¡Hola Ginny! - saludó un risueño Dean Thomas que había ingresado a la sala común del brazo de Parvati Patil-. ¿Qué tal sus vacaciones de Navidad?

- Bien - respondió Harry soltando rápidamente las manos de Ginny y separándose un poco de ella-. ¿Y ustedes?

- ¡Genial! Parvati me invitó a la India a pasar la Navidad con su familia
¡Los magos de allá son fantásticos! ¿Sabían que vuelan utilizando alfombras en lugar de escobas?

Parvati le susurró algo a Dean en el oído y este se disculpó:

- En otro momento continuamos conversando
Adiós chicos - y la pareja se dirigió a un rincón de la sala común.

- De todas maneras nosotros ya no íbamos - informó Harry-. Adiós Dean. Adios Parvati.

Harry y Ginny atravesaron rápidamente el retrato de la dama gorda y se encaminaron hacia la biblioteca.

- ¿Fue idea mía, o Parvati no tenía muchos deseos de que Dean conversara con nosotros? - preguntó Harry.

- No puedes culparla - respondió Ginny con una sonrisa-. Después de todo, yo salí con Dean antes de que estuviera con ella.

- No me acordaba de eso - repuso Harry-. Pensé que todavía estaba enojada conmigo por lo del baile de los campeones.

- Supongo que eso también habrá tenido algo que ver - reflexionó Ginny-. Me había olvidado de lo del Baile de los Campeones. Debí haber recordado que a ti no te gusta bailar


En ese momento Harry y Ginny llegaron a la biblioteca. Ron y Hermione les hicieron señas desde una mesa en un rincón apartado.

- ¡Cómo tardaban! ¿Todo está bien entre ustedes? - preguntó Hermione interrogando con la mirada a Ginny.

- De maravilla - sonrió Ginny.

- ¿Trajiste el pergamino, Harry? - preguntó Ron.

- Sí - Harry metió la mano en el bolsillo interno de su túnica, sacó el pergamino y lo desplegó en la mesa delante de sus amigos.

- El código es realmente muy sencillo una vez que te lo explican - continuó Harry-. ¿Ven estos símbolos? Cada uno equivale a una letra. Allí está la clave. Sólo es necesario que las reemplacemos, según las indicaciones que me dio el Sr. Reet


A lo largo de diez minutos, Harry les contó lo que Cecil K. Rett le había explicado. Pronto todos estuvieron en condiciones de leer el texto. Hermione en especial lo había dominado a la perfección antes que cualquiera de ellos. La muchacha era capaz de leer el texto sin recurrir a las referencias.

- Bien
Ese es el último párrafo. ¿Quieres leer el texto completo, Ginny? - pidió Hermione.

Ginny se aclaró la garganta y elevando un poco el pergamino en cual había copiado la traducción leyó:



El arma más terrible que posee Voldemort es el Avada Kedrava. No existe ningún contrahechizo conocido para defenderse de él.

Pero yo no me doblego fácilmente frente a los imposibles. Imposible significa que nadie lo ha logrado hasta el momento, me repite James. Estoy convencida de que debe haber una manera de neutralizar el maleficio asesino. Encontrar como dejar a Voldemort y sus mortífagos sin el medio más poderoso de destrucción que poseen, se ha convertido en mi obsesión. He recopilado textos de los más antiguos y oscuros libros de magia, tratando de descubrir algo que me oriente en este objetivo. También he agregado mis propias investigaciones sobre el tema, con la esperanza de que si algo me llegara a suceder, alguien podría continuar desde el lugar en que mi labor quedó trunca.

Lily Potter



La mayoría de los hechizos han nacido como magia accidental, causados por sentimientos muy fuertes como el amor o el odio
(De hecho aún los niños pequeños como Harry pueden realizar cierta clase de magia). Esto significa que en su estado más puro, la magia no necesita palabras e incluso, ni siquiera de varita.

A partir de estas experiencias, los magos de todas las épocas han estudiado la manera de repetir de forma controlada lo que en un principio fue un mero accidente.

Las tres propiedad básicas de un hechizo son: la INTENCIÓN, la CONCENTRACIÓN DEL PODER y el OBJETIVO.

El primero elemento es la INTENCIÓN, obviamente, ya que el mago que realiza un hechizo está intentando realizar algo. La INTENCION es también el elemento crucial de un hechizo. Se ha sabido de magos que han utilizado un hechizo de manera incorrecta, pero han obtenido los resultados que esperaban, sólo porque estaban convencidos de que sucederían. Muchos hechizos de hecho no requieren palabras, o pueden realizarse sin que sea necesario pronunciarlas. (Flitwick siempre nos repetía que si nuestras mentes estaban completamente enfocadas en lo que queríamos lograr lo conseguiríamos. Me pregunto si nadie ha logrado encontrar un contrahechizo, simplemente porque están convencidos de que no es posible. Creo que si el mago que realiza el contrahechizo contra el Avada Kedavra está convencido de que va a funcionar y el sentimiento que lo motiva es lo suficientemente poderoso, lograría enfocar su poder y salvaría la vida del atacado).

A continuación, el mago utiliza las palabras del hechizo para CONCENTRAR SU PODER en producir la acción deseada. Las palabras y la varita ayudan a controlar y enfocar el poder que existe en cada mago, para que un hechizo haga exactamente lo que el mago quiere que suceda (Algunos hechizos requieren una clase específica de pensamientos o sentimientos para funcionar, como por ejemplo los Patronus. Estoy convencida de que un hechizo que funciona solamente desde el verdadero odio sólo puede ser contrarrestado por otro sentimiento aún más poderoso. Y no se me ocurre nada que supere al amor. Amar a alguien es decirle: Tú no morirás. Si yo consintiese en tu aniquilación, traicionaría nuestro amor)

Entonces interviene el movimiento de la varita que sirve para canalizar y dirigir el poder del hechizo hacia su OBJETIVO.

Las palabras y los movimientos de la varita son elementos importantes en los hechizos pero no son lo esencial. Lo más importante de todo el proceso es la INTENCIÓN.

(El hechizo funciona como un escudo protector. El contrahechizo combina elementos del Patronus - hay que concertarse en ciertos sentimientos, en este caso el amor - y del hechizo de Protección -por la idea del escudo-. Aún no he encontrado las palabras o el movimiento de varita adecuado para conjurar un contrahechizo que funcione. He obtenido ciertos resultados dirigiendo la varita hacia mi propio pecho, en un movimiento envolvente como si tratara de recoger los sentimientos de amor y compasión, y luego apuntando rápidamente con la varita hacia el lugar entre la víctima y el atacante. Con estos movimientos he logrado conjurado un tenue escudo de color escarlata, que ha resistido otros maleficios pero no el Avada Kedrava
Supongo que las arañas que utilizamos con James para practicar no me inspiran el suficiente amor


Una limitación de este contrahechizo es que no puede utilizarse en defensa propia, por estar basado en el amor que el mago siente por la persona que está en peligro y su voluntad de salvarla, por lo que en principio sólo serviría para salvar la vida de alguien más.)



Al finalizar la lectura se produjo un silencio profundo.

Harry se secó una lágrima con la manga de su túnica. Se sentía abrumado al descubrir el inmenso amor que su madre había sentido por él y que le había salvado la vida.

Ginny, Hermione y Ron contemplaron a Harry entendiendo lo que sentía.

- Tu madre era realmente muy inteligente, Harry - exclamó Hermione con admiración -. Esto es aún mejor que el texto de la profecía. ¡Un contramaleficio contra el Avada Kedrava! ¡Jamás se me hubiera ocurrido!

- Así que de ese modo fue como logró salvarme - murmuró Harry que aún seguía en estado de shock -. Eso explica muchas cosas.

- Evidentemente tu madre logró perfeccionar el contrahechizo luego de que escribió este texto
- agregó Hermione releyendo la traducción que Ginny había escrito-. El pergamino no dice nada sobre las palabras
Sólo menciona el movimiento de la varita que debe utilizarse.
Pero creo que será suficiente para comenzar.

- Debemos mostrarle esto a Dumbledore, ¿no crees, Harry?. Es algo demasiado importante como para ocultarlo - sugirió Ron-. Imagínate lo que sucedería si lográramos hacer funcionar el contrahechizo como hizo tu madre contigo.

- Estoy segura de que un mago experimentado como Dumbledore sabrá completar lo que el pergamino no dice. Vamos ahora mismo - Hermione se puso de pie y comenzó a guardar sus cosas en la mochila.

- Creo que Dumbledore aún no ha regresado al colegio, ¿lo olvidas? - la atajó Harry.

- Es verdad - confirmó Ron-. En la cena de Navidad escuché que mi papá le comentaba a Bill que Dumbledore había debido trasladarse al exterior por asuntos de la Orden, y no regresaría hasta que comenzaran las cases nuevamente


- Entonces tendremos que esperar - Hermione se dejó caer nuevamente en su silla con expresión resignada-. Mañana, en cuanto regrese, iremos a su despacho a mostrarle el texto. Pero hasta entonces creo prudente ocultar lo que descubrimos.

Hermione golpeó el pergamino original y el que contenía la traducción, con su varita, y ambos textos desaparecieron.

- ¡Guau, Hermione! Algún día debes enseñarme cómo hacer ese hechizo.

- Tú también lo sabrías hacer si hicieras las tareas como corresponde
- replicó Hermione en su tonito característico. Pero luego, ablandándose un poco, agregó:

- Te lo enseñaré cuando quieras, Ronnie.



CAPITULO DOCE
EL SECRETO DE SNAPE



Esa noche Harry soñó con el día en que Voldemort había asesinado a sus padres. Voldemort lucía más oscuro y tenebroso que en la realidad como si fuera parte humano y parte dementor.

Con un rayo de su varita hacía estallar la puerta de la casa, y luego con un potente rayo de luz verde acaba con la vida de su padre. Luego se dirigía a la cuna donde dormía plácidamente un bebé pequeño con una cicatriz en forma de rayo en la frente. Qué extraño - pensó Harry en sueños-, aún no me ha lanzado el maleficio y ya tengo la cicatriz.

Entonces el Voldemort-dementor abrió la boca, su cara era como la de un dementor y de su interior salió un espeso vapor esmeralda que envolvió la cuna donde dormía el bebé.

- ¡A Harry no! ¡A Harry no! - gritaba su madre y agitando su varita en un extraño movimiento lanzó un rayo escarlata contra la cuna que la cubrió rápidamente como una especie de escudo protector.

El Voldemort-dementor lanzó un alarido como si algo lo hubiera herido y se disolvió conviertiéndose en una pequeña montaña de humeantes cenizas.



A la mañana siguiente, Harry, Ron y Hermione bajaron las escaleras que conducían a las mazmorras para otra fastidiosa clase de Pociones con Snape.

Las vacaciones de Navidad parecían haber empeorado el humor de Snape. Ingresó al salón y, aún cuando todos los alumnos guardaban un respetuoso silencio, gritó:

- ¡Silencio! No quiero escuchar ni una sola voz


Los estudiantes quedaron petrificados en sus lugares, apenas respirando.

- En la clase de hoy estudiaremos las distintas maneras de clasificar las pociones.
- comenzó a explicar Snape hablando a un ritmo más rápido del habitual. Haciendo una pausa gritó:

- ¿Por qué no están copiando?

Los estudiantes sacaron rápidamente plumas y pergaminos de sus mochilas. Snape continuó su explicación sin esperar a que estuvieran listos.

-
La mayoría de las clasificaciones sólo sirven de excusa para que supuestos magos eruditos se enreden en discusiones interminables. A pesar de ello el Ministerio de Magia ha creído necesario establecer una clasificación oficial de las pociones de acuerdo a la peligrosidad, muy similar a la que se emplea con los animales mágicos.

A Harry le pareció que al mencionar al Ministerio, Snape había dirigido una rápida mirada a Ron.

- Reciben el nombre de Pociones Medicinales aquellas que sirven para sanar enfermedades. Estas pociones son clasificadas con una X. El grado más bajo de la escala. Esto significa que cualquier mago capacitado puede realizarlas libremente e incluso
¿Longbottom, qué rayos está haciendo?

Neville preocupado por no retrasarse en la toma de apuntes, había mojado la pluma con demasiada rapidez volcando el tintero sobre sus apuntes. El muchacho estaba intentando contener el charco de tinta colocando varios pergaminos en blanco sobre el mismo.

- ¡Diez puntos menos para Gryffindor por interrumpir la clase! Y para mañana quiero que me entregue dos pergaminos sobre Pociones Medicinales - por la expresión de su rostro, Snape parecía disfrutar atormentando a Neville.

A continuación, con un movimiento de su varita hizo desaparecer la tinta y las hojas de pergamino manchadas.

- El siguiente grupo corresponde a las Pociones Benéficas - continuó Snape reanudando su caminata por la mazmorra-. Son aquellas que se utilizan para producir mejoras en la capacidad física o mental, entre otras, brindando al mago habilidades que normalmente no posee como mayor fuerza o agudeza visual. El efecto de estas pociones es pasajero y deben utilizarse con sumo cuidado ya que su uso reiterado puede causar daños permanentes. Por este motivo, el Ministerio de Magia las ha clasificado con dos XX. Esto significa que su empleo debe ser supervisado por un sanador competente.

Harry se preguntó si la poción Multijugos entraría en esta categoría. Sin pensarlo inquirió:

- ¿Podría darnos un ejemplo?

- Veinte puntos menos para Gryffindor por faltarle el respeto a un profesor - siseó Snape entre dientes - A esta altura Potter, hasta tú deberías saber que debes decirme profesor o señor.

- Perdón
señor - dijo Harry arrastrando la última palabra.

- No me vengas con eso, Potter. Eres demasiado engreído para que tus disculpas sean sinceras. Te quedarás castigado después de clases por tu impertinencia.

Aquello era tan injusto que Hermione apenas pudo contener a Ron para que no interviniera.

- El tercer grupo abarca aquellas pociones cuyos efectos son dañinos o perjudiciales. Todos las clases de venenos, por ejemplo, integran esta categoría.

- ¿Cuál es el nombre de estas pociones, profesor? - preguntó Hermione alzando su mano.

- ¡No debes hablar sin permiso, Granger! ¿Aún no has aprendido la lección? ¡Veinte puntos menos para Gryffindor!

- ¡Eso es injusto! - exclamó Ron sin poder contenerse.

- Estoy seguro que no querrás averiguar lo que realmente es injusto Weasley - retrucó Snape aunque sin castigarlo ni restarle puntos a Gryffindor.

Hermione se había quedado callada y observaba a Snape fijamente con los ojos entornados como forzando su mente a recordar algo.

- Antes de que las señorita Granger me interrumpiera, les estaba por explicar que las Pociones Perniciosas entran en la categoría de sustancias controladas y solo pueden realizarse en circunstancias especiales con una autorización escrita del Ministerio. Reciben por la clasificación XXX. En último lugar tenemos las Pociones Tenebrosas


Un escalofrío corrió por el cuerpo de la mayoría de los estudiantes.

- Como su nombre lo indica son aquellas que requieren el empleo de Magia Negra en su confección y, por supuesto están prohibidas. Su confección e incluso su posesión se castiga con prisión en Azkaban
Granger, ¿por qué no está copiando?

Efectivamente, Hermione no solo había dejado de copiar, sino que se había quedado como petrificada contemplando el rostro del profesor Snape con expresión de terror.

- ¡Usted
! ¡Usted estuvo allí
! - murmuró la muchacha como para sí, apuntado a Snape con su mano temblorsa.

La mayoría de los alumnos observaban a Hermione extrañados sin comprender lo que decía.

- La clase ha terminado. Pueden retirarse - ordenó Snape a pesar de que aún no era la hora. Y dando media vuelta se dirigió a su despacho.

Los estudiantes no esperaron a que les repitieran la orden y abandonaron rápidamente la mazmorra.

Todos menos Harry, Ron y Hermione.

- ¿QUÉ HACEN TODAVÍA AQUÍ? - vociferó Snape con una mano colocada sobre el pomo de la puerta de su despacho-. ¡HE DICHO QUE SE VAYAN!

- Usted me ordenó que me quedara
señor. Estoy castigado - expicó Harry rápidamente.

- ¡VETE! - gritó Snape perdiendo la compostura-. ¡TODOS USTEDES
FUERA!

Ron y Harry se acomodaron las mochilas en sus hombros y se encaminaron a la salida.

Pero Hermione no se movió.

Sus ojos centelleaban de furia.

- ¡USTED ATACÓ A MIS PADRES! - Hermione había sacado su varita y apuntaba a Snape con ella.

- Hermione, ¿qué haces? - balbuceó Ron con expresión aterrorizada-. Pueden expulsarte por esto


- NO ME IMPORTA
¿NO LO ENTIENDES, RON? EL PROFESOR SNAPE ES UN MORTÍFAGO. ESTABA ENTRE LOS QUE TORTURARON A MIS PADRES EN NAVIDAD.

- ¿Estás segura, Hermione? - le preguntó Harry sin quitar la vista de Snape.

Hermione tragó saliva y asintió.

El rostro de Snape estaba más pálido del habitual. Sus ojos negros centelleaban de furia.

- Voy a hacer que te expulsen por esto, Granger - siseó Snape- Deja de apuntarme con esa varita o te arrepentirás.

- ¿QUÉ PIENSA HACERME SI NO LO HAGO? - gritó Hermione-. ¿TORTURARMENTE COMO TORTURÓ A MIS PADRES?

- Vayamos con Dumbledore - sugirió Harry que estaba muy preocupado por su amiga.

- Haz lo que te dice Harry, Hermione. Ya te has metido en suficientes problemas - suplicó Ron.

Hermione dudó un momento, bajando su varita por un instante. Snape metió su mano en el bosillo interior de su túnica intentando sacar la suya. Pero antes de que pudiera pronunciar algún maleficio. Hermione gritó:

- ¡Petrificus totalus!

Snape quedó duro como una piedra y cayó pesadamente de espaldas golpeando conta el frío suelo.

Hermione echó a correr gritando:

- ¡¿QUÉ HE HECHO?! ¡¿QUÉ HE HECHO?!

Harry y Ron corrieron detrás de ella.

Después de petrificar a Snape, Hermione parecía haber entrado en shock. Deambulaba por el pasillo con la varita en su mano. Zigzagueó unos cuantos metros arrastrando los pies y tropezándose con los alumnos que se cruzaba que la miraban con expresión extrañada.

Finalmente, apenas consciente de lo que hacía, Hermione trastabilló chocando contra una vitrina antes de que Harry y Ron pudieran evitarlo. Los estantes salieron de sus guías quebrando los cristales y derribando todos los trofeos que contenían.

- ¡Te atrapé! - gruño Filch salido quien sabe de dónde, con expresiòn de triunfo.

Apresó a Hermione por el brazo y gruñó:

- Nadie te salvará de recibir tu merecido, muchacha alborotadora.

- Déjela - ordenó Ron casi sin aliento seguido de Harry -. ¿No se da cuenta de que no se encuentra bien?

- Mantente alejado de esto, Weasley - ordenó Filch con cara de pocos amigos.

- ¿Qué es todo este escándalo? Estoy tratando de dar una clase
- exclamó la profesora McGonagall saliendo del aula de transformaciones.

- Atrapé a la señorita Granger destruyendo propiedad del colegio, profesora - informó Filch señalando la vitrina.

- ¿Es eso verdad, señorita Granger? Podría espererar eso de Potter o Weasley pero me extraña mucho de usted. Un premio anual debería comportarse
- la profesora McGonagall se interrumpió al observar a Hermione que con los ojos abiertos miraba hacia adelante con expresión vacía.

- Potter
Weasley
¿Qué le sucede?

Harry y Ron echaron una rápida mirada a Filch antes de responder:

- Hubo un incidente al finalizar la clase de Pociones - comenzó a decir Harry.

- Hermione dijo que el profesor Snape había atacado a sus padres y le lanzó un maleficio - agregó Ron.

- Luego salió corriendo del aula y
- siguió Harry.

- El resto ya puedo imaginarlo sola - respondió McGonagall con voz seca- Gracias Argus. Yo manejaré la situación a partir de ahora


- Pero profesora, la vitrina
Ella debe ser castigada
- suplicó Filch echando una mirada de odio a los muchachos-. No creerá esos embustes
Potter y Weasley inventarían cualquier mentira con tal de salvar a su amiga


La profesora McGonagall volvió a repetir con voz seca Gracias, Argus y el celador se retiró murmurando algo sobre Umbridge y la verdadera disciplina.

- Profesora, le juro que le hemos dicho la verdad
- suplicó Ron hablando en voz alta.

- Esto es algo que debe manejar el Director en persona, Weasley. Acompáñenme - repuso la profesora McGonagall con expresión seria.

Ron tomó a Hermione del brazo y la condujo por el pasillo hasta el despacho de Dumbledore. Hermione permanecía completamente ajena a lo que ocurría a su alrededor.

El profesor Dumbledore se encontraba desempacando una enorme variedad de extraños aparatos de bronce, plata y oro de un minúsculo bolso que estaba apoyado sobre su escritorio.

- ¡Ah Harry, hola! Y también la señorita Granger y el señor Weasley. Justo a tiempo para que les muestre algunos cachivaches que he comprado en el extranjero
Ya sé que poseo demasiados, pero sencillamente es algo a lo que no puedo resistirme - alzando la vista con expresión divertida Dumbledore agregó:

- Profesora McGonagall, usted también está aquí, ¿qué puedo hacer por ustedes?

- Potter y Weasley afirman que la señorita Granger le lanzó un maleficio al profesor Snape - informó la profesora McGonagall con expresión grave.

- Supuse que sucedería algún día - comentó Dumbledore que no parecía haber perdido su buen humor-. Aunque nunca imaginé que sería la señorita Granger quién lo haría
¿Puedo preguntarle cuál fue el maleficio que empleó, señorita Granger?

Hermione continuaba completamente ajena a lo que sucedía a su alrededor.

- Petrificus totalus - respondió Harry rápidamente.

- Bien. No se trata de nada grave. Probablemente Severus ya se haya recuperado de sus efectos - comentó Dumbledore-. Minerva, por favor, ve a las mazmorrras y asegurate de que Severus se encuentre bien. Luego pídele si puede venir hasta aquí un momento.

La profesora McGonagall asintió y salió del despacho.

Una vez que estuvieron solos, Dumbledore les dirigió a los chicos una amplia sonrisa.

- Señorita Granger
Creo que una tacita de té le sentaría muy bien. Siéntese todos, por favor.

El director hizo unos rápidos movimientos con su varita. Tres sillas aparecieron detrás de los jóvenes y tres humeantes tazas de té hicieron lo propio sobre el escritorio.

Ron tiró de la túnica de Hermione y la chica, con gesto mecánico, se sentó. La muchacha comenzó a balancearse con la taza de té que Ron había puesto en su mano, derramando la mitad del contenido.

- ¿Quién quiere contarme lo sucedido? - preguntó Dumbledore sentándose en su amplio sillón y cruzando las manos sobre su estómago.

Ron y Harry intercambiaron miradas.

- Hazlo tú - pidió Ron que no quitaba la vista de Hermione.

- Hermione reconoció a Snape como uno de los mortífagos que atacaron a sus padres - informó Harry hablando rápidamente-. Entonces tuvo algo así como un ataque de nervios, y cuando Snape intentó sacar su varita, Hermione lo derribó con un maleficio y salió corriendo de la mazmorra


- Ya comprendo - dijo Dumbledore con calma.

En ese momento entró Snape acompañado por la profesora McGonagall. Sus pálidas mejillas estaban coloreadas por un débil rubor.

- ¡Ah, señor director, veo que ya ha atrapado a los culpables! Estoy seguro que dada la naturaleza de la falta cometida no corresponde otra sanción más que la expulsion - dijo Snape mirando a los tres jóvenes con los ojos llenos de odio.

- Aún no he decidio expulsar a nadie, Severus. Además corresponde a la profesora McGonagall imponer los castigos - repuso Dumbledore con tono firme pero tranquilo.

Snape apretó los labios y clavó sus ojos negros en los chicos. Todos bajaron sus cabezas.

- Justamente cuando tú entraste a mi despacho - continuó Dumbledore-, Harry me estaba explicando que la señorita Granger cree haberte reconocido como uno de los mortífagos que atacaron a su familia


- Una calumnia, señor director. Esperaría algo así de Potter, pero no de la señorita Granger
Es una lástima, era una buena estudiante
Le he dicho una y otra vez, señor director, que Potter no es una buena influencia - dijo Snape con ojos relampagueantes.

- Entonces recordarás que en cada ocasión te he respondido que tus sentimientos personales no te permiten ver con claridad, Severus - respondió Dumbledore con expresión serena.

- ¿Entonces el ataque contra mi persona y las mentiras que han inventado para justificarlo quedarán sin castigo? - preguntó Snape con expresión dura.

- ¡Usted es el mentiroso! ¡Es usted quien debe ser castigado y enviado a Azkaban! - gritó Hermione saliendo de su letargo. La muchacha temblaba no de miedo, sino de una ira renovada.- Usted es un mortífago. Estuvo ahí cuando torturaban a mis padres. Usted fue el que dijo de escapar: Creo que ya ha aprendido la leccion. ¿Cómo pudo
? ¿Cómo puede
?

Se hizo un vibrante silencio. Todos miraban a Snape que parecía tranquilo aunque estaba mucho más pálido que de constumbre.

- Lo ve, señor director
Aún insiste en esa calumnia. Justo lo que yo le decia - murmuró Snape mirando tan intensamente a Hermione que parecía estar leyendo sus pensamientos.

- Ya es suficiente, Severus
- lo cortó Dumbledore dirigiéndole una rápida mirada-. Señorita Granger, quiero decirle que comprendo perfectamente lo que está pasando, pero necesito que se tranquilice


- ¡Es que usted no entiende! - gritó Hermione, señalando a Snape. Tenía la cara crispada-. ¡No entiendo por qué todos se quedan tan tranquilos! Les aseguro que el profesor Snape es un mortifago. ¡Hagan algo! ¡Atrápenlo! ¡Informen al Ministerio! ¡Llamen a los aurores! ¡Hagan algo
!

- El profesor Snape no es más mortifago que yo mismo - aseguró Dumbledore mirando fijamente a Hermione.

- ¿Por qué no confía en mí? - suplicó Hermione al borde las lágrimas-. Le juro que no estoy mintiendo


- Tranquilizate, Hermione - suplicó Ron.

- Hermione, nosotros te creemos - exclamó Harry.

La cara de Snape rebosaba sensación de triunfo.

Dumbledore se puso de pie y aclarando la garganta comenzó a hablar::

- Creo todas y cada una de sus palabras, señorita Granger. Es más, ya sabía que el profesor Snape había estado presente durante el ataque a sus padres, porque él mismo me lo informó.

- ¿¿QUE?? - exclamaron Harry, Ron y Hermione al mismo tiempo levantándose de sus asientos.

- Señor director - intervino Snape con voz melosa-. No creo prudente revelar a estos niños esa clase de información.

- No veo otra salida, Severus. La señorita Granger te ha reconocido. Y no me parece justo que cometamos una injusticia contra ella para mantener tu secreto. Después de lo sucedido creo que tiene derecho a saber la verdad. Por otra parte, confío en la discreccion de estos estudiantes. El señor Potter por ejemplo, sabe desde hace dos años que fuiste un mortifago y sin embargo, hasta donde yo sé, ha sabido guardar esa información, ¿no es asi?

Snape dirigio a Harry una mirada cargada de odio. Este se llevó instintivamente la mano a su cicatriz. A traves de la yema de sus dedos podía sentir cómo palpitaba.

- La señorita Granger ha lanzado un maleficio contra mi persona, ¿va a decirme que eso no merece un castigo?

- En circunstancias normales estaría de acuerdo contigo, Severus. Pero creo que cuando te tranquilices comprenderás que la reacción de las señortia Granger ha sido motivada por circunstancias muy especiales.

Snape permaneció en silencio.

- Bien - dijo Dumbledore sentándose nuevamente y abarcando con la mirada a todos los presentes-. Voy a pedirles que tengan un poco de paciencia porque tengo que contarles una historia que arranca varios años atrás. En el año 1979 para ser preciso. En esa época Lord Voldemort se encontraba en la cima de su poder. La comunidad mágica estaba aterrorizada. Los mortífagos hacían sentir su presencia en todas partes, incluso en el Ministerio. Nadie podía confiar en nadie. La Orden del Fenix, a pesar de sus valerosos esfuerzos, estaba siendo diezmada. Necesitábamos con urgencia algo que inclinara la balanza a nuestro favor.

Dumbledore hizo un pausa. Todos seguían su relato con atención.

- Desde hacía tiempo Alastor Moody había intentado introducir un un espía dentro de las filas de seguidores de Voldemort. Todos los magos que se ofrecieron de voluntarios lamentablemente fueron descubiertos y asesinados. Necesitabamos alguien que fuera completamente desconocido para Voldemort y su círculo de seguidores. Luego de mucho buscar, creí haber encontrado al mago perfecto para esa misión. Era la clase de persona que no hacía amigos con facilidad, por lo que no era demasiado conocido. Un solitario
Con un pasado acorde que le daba el historial adecuado para que sus motivos fueran creíbles... Además era alguien profundamente intersado en las Artes Oscuras. Ya en primer año conocía más maleficios y hechizos que los alumnos de cursos superiores. Pertencia a la casa de Slyhterin, era de sangre pura


- Está hablando del profesor Snape, ¿no es así, señor Director? - interrumpió Hermione.

- Sí, señorita Granger. El joven de quien les hablo es el profesor Snape. Cuando le propuse la idea aceptó de inmediato convertirse en un espia para la Orden, aún cuando era consciente del riesgo que eso representaba para su vida. Durante varios meses yo personalmente lo entrené en magia avanzada, y especialmente en Oclumencia. La habilidad para cerrarle su mente a Lord Voldemort era crucial para el éxito de nuestro plan. Desde entonces Severus Snape ha servido fielmente a la Orden del Fenix superando todas nuestras expectativas y aportándonos valiosa información


- ¡Hacerse pasar por mortífago! ¡Es algo repugnante! - exclamó Ron estremeciéndose.

El profesor Snape permanecía muy serio en un rincón del despacho con expresión severa.

- Coincido con usted, señor Weasley. Y aún así el profesor Snape ha aceptado realizarlo. Todos estamos en deuda con él.

- ¡Pero él torturó a mis pades! - dijo Hermione con vehemencia-. Si sabía que iban a atacar a mi familia, ¿por qué no dio aviso para que pudieran evitarlo?

- Lamentablemente, para mantener su condición de espía en secreto, el profesor Snape no siempre puede comunicarse de inmediato con los miembros de la Orden. No sería extraño que Lord Voldemort lo hubiera escogido a él para esta misión como una manera de probar una vez más su fidelidad. De todas maneras, el profesor Snape me ha asegurado que no lanzó ningun maleficio contra tus padres y yo confío en su palabra. Incluso, discretamente ayudó a desviar algún encantamiento mientras usted peleaba tan valientemente contra los atacantes.

Hermione no parecía convencida, pero ya no objetó nada más.

Harry y Ron permanecían pensativos dirigiendo a Snape miradas de desconfianza. Sus sentimientos hacia él no hubieran cambiado aunque Dumbledore les hubiera dicho que Snape había salvado al mundo.

- No necesito recalcarles la imporancia de que esta conversación permanezca en el mas absoluto secreto - expresó Dumbledore con voz grave-. El éxito de la misión del profesor Snape y en definitiva de todos nosotros, depende de que su identidad no sea descubierta. La información que nos ha proporcionado ha salvado decenas de vidas y esperamos que nos ayude a vencer a Lord Voldemort. Y ahora volviendo al tema que motivó esta conversación


- ¿Van expulsarme? - preguntó Hermione mordiéndose el labio inferior.

- ¿Qué opinas tú, Mineva?

- El historial de la señorita Granger es impecable - explicó la profesora McGonagall mirando a Hermione con simpatía-. Prefecto, Premio Anual, la primera de su clase e incluso de todo Hogwarts. Nunca ha obtenido otra calificación que la más alta. Sus acciones, dadas las circunstancias, son comprensibles, justificables y perdonables


- Yo no podría haberlo expresado mejor - aprobó Dumbledore-. ¿Quieres agregar algo, Severus?

- Ya he manifestado mi opinón al respecto - dijo Snape con sequedad.

- Muy bien, entonces no hay mas que hablar. La Señorita Granger permanecerá en el colegio con la promesa de que no volverá a atacar a un profesor, ¿de acuerdo? - dijo Dumbledore con una sonrisa irónica.

- De acuerdo - prometió Hermione muy seria.

- Y ahora, Severus, Minerva, si me disculpan querría tener unas palabra a solas con estos tres jóvenes.

Snape y McGonagall se retiraron del despacho.

- Idiota - murmuró Ron en voz baja.

Haciendo como que no lo había escuchado Dumbledore, comentó:

- El profesor Snape también me comentó que los mortífagos estaban muy interesados en conocer el contenido de cierto pergamino
Debo suponer que es el mismo que encontraste en la bóveda de Sirius, ¿es así, Harry?

Harry hizo un movimiento afirmativo con su cabeza.

- Me pregunto cómo habrá hecho Voldemort para descubir su existencia - dijo Dumbledore pensativo, acariciándose la larga barba blanca-. Remus Lupin me informó que también le preguntaste a él sobre el mismo, e incluso a Kreacher.

Harry volvió a asentir.

- ¿Has logrado descifrar lo que dice? - preguntó Dumbledore como al pasar.

- No - intervino Hermione rápidamente antes de que Harry tuviera ocasión de responder-. Aún no lo hemos descifrado.

- Ahhh
Es una pena
- exclamó Dumbledore mirando con detenimiento a Hermione-. No dejen de avisarme si logran saber lo que dice. Podría ser importante. Eso es todo, pueden retirarse.



- ¿Por qué no me dejaste que le dijera a Dumbledore que ya habíamos traducido el pergamino? - le preguntó Harry a Hermione ni bien salieron del despacho.

- Porque Dumbledore confía en Snape y yo no confío en él.

- Nadie confía en Snape - respuso Ron- Pero aún no entiendo qué tiene que ver eso con lo del pergamino.

- ¿No lo comprendes, Ron? Si Dumbledore lo sabe, entonces también lo sabrá Snape.

- Sí - dijo Harry que aún sin entender.

- Y cuando Snape lo sepa, lo primero que hará será ir corriendo a contárselo a Voldemort.

- ¿Estás segura? - dudó Ron -. Dumbledore dijo que Snape estaba trabajando como espía para la Orden y que confiaba en él.

- Dumbledore podrá confiar en Snape todo lo que quiera. Pero yo no confío en él. El que traiciona a un amo bien puede traicionar a dos.

- ¿Estás sugiriendo que Snape podría estar espiando también a la Orden? Que es una especie de doble espía - preguntó Harry.

- Sí - dijo Hermione apretando los labios con firmeza-. Un maestro de la Oclumencia como Snape, bien puede engañar a Dumbledore y a Voldemort al mismo tiempo sin que ninguno de los dos lo descubra.

- Bien pensado, Hermy. A mí no se me había ocurrido - la felicitó Ron.

La muchacha sonrió.

- Dumbledore se preguntaba cómo se enteró Voldemort del pergamino - continuó Hermione-. Pero para mí está muy claro: Snape se lo contó.

- ¿Y si le contáramos a Dumbledore sobre el pergamino y le pidiéramos que no se lo dijera a Snape? - sugirió Ron con ingenuidad.

- No creo que Dumbledore nos hiciera caso. Es más, no creo que nadie de la Orden deba conocer el secreto del pergamino. Ni siquiera tus padres, Ron.

- No pensarás que ellos también son espías - exclamó Ron escandalizado.

- ¡Por supuesto que no! Pero si se enteran le contarían a Dumbledore y el secreto llegará a Snape de todas maneras... El secreto del pergamino debe permanecer entre nosotros tres.

- Cuatro - agregó Harry-. Te olvidas de Ginny.

- De acuerdo -dijo Hermione- Nosotros cuatro deberemos buscar alguna manera de hacerlo funcionar. La Sala Multipropósito será perfecta para practicar, ¿no creen?



***



El partido entre Slytherin y Ravenclaw había terminado con otra dolorosa derrota de los primeros. Malfoy había apelado a todas las sucias artimañas que conocía, pero eso no había impedido que Cho Chang atrapara la snitch y le diera a su equipo el segundo triunfo consecutivo.

Al finalizar el partido, Roger Davies, el capitán del equipo de Quidditch de Ravenclaw, le había lanzado un desafío a Harry:

- Ustedes son los próximos, Potter. Este año la copa será de Ravenclaw.

Todos en Hogwarts sabían que Cho Chang quería vencer a Harry en su próximo enfrentamiento. Harry y ella no había vuelto a dirigirse la palabra desde el año anterior.

- Cho va dejarte en ridículo, Potter - le dijo Michael Corner acercándose a la mesa de Gryffindor durante el almuerzo.

- Así que ahora eres el mensajero personal de Cho, Michael. Cuando salías conmigo aún conservabas algo de dignidad - le replicó Ginny con agudeza.

Michael tuvo que retirarse avergonzado mientras las risas de la mesa de Gryffindor resonaban por todo el Gran Salón.

Por su parte, el equipo de Slyhterin, que ya no tenía ni la más remota chance de ganar el campeonato, había decidido alentar al equipo de Ravenclaw en un intento por ganarse las simpatías del resto del alumnado.



***



El mal tiempo hacía imposible mantener una día fijo para los entrenamientos de Quidditch. Ron no quería correr riesgos con Hufflepuff y le había insistido a Harry hasta convencerlo de que debían entrenar lo más que pudieran.

El clima no ayudaba. El frío calaba hasta los huesos y la lluvia, e incluso la nieve, hacían todo más difícil.

Para complicar las cosas aún más, el celador Filch sentía que Harry, Ron y Hermione habían escapado de una travesura sin recibir su castigo. Por lo que él o la señora Norris los seguían por todas partes esperando la oportunidad de pescarlos en algo ilegal.

Harry, Ron, Hermione y Ginny decidieron posponer las sesiones de práctica del contrahechizo hasta después del partido entre Gryffindor y Hufflepuff.

Ese sábado a la tarde había caído una copiosa nevada. Afuera la temperatura había descendido varios grados por debajo de cero.

Los estudiantes de Gryffindor holgazaneaban en la sala común.

Ron y Harry mataban el tiempo haciendo el mantenimiento de sus escobas.

- Hola Harry - saludó una voz a sus espaldas, Harry se dio vuelta. Era Dean Thomas.

- ¿Por qué tanto contento, Dean? - inquirió Harry.

- El mes que viene es la excursión a Hogsmeade, Harry. ¿No has visto el cartel en el tablero de anuncios?

- ¿Y qué tiene de especial? - preguntó Harry mientras revisaba su escoba.

- Es el día de San Valentín - exclamó Dean en voz alta-. Paravti está muy emocionada. Es nuestro primer Día de los Enamorados. Quiero que todo resulte perfecto


- Yo ya lo sabía - intervino Ron sonrojándose-. Hermione no habla de otra cosa.

- Así que tú y Hermione están de novios - comentó Seamus Finnegan-. Te felicito, Weasley. Ella es una chica extraordinaria.

- Gracias - respondió Ron poniéndose aún más colorado- ¿Tú irás con alguien, Seamus?

- Bueno
Pensaba invitar a Lavander
Ella y yo nos hemos estado viendo desde el Baile de Halloween


- ¿Y tú Harry? - intervino Dean.

Harry notó una desagradable sensación en el estómago y casi deja caer la Saeta de Fuego al suelo por la sorpresa.

- Aún no he decidido nada - dijo Harry muerto de vergüenza- Quizás invite a alguien


- ¿En serio? ¿A quién piensas invitar? - preguntó Ron con curiosidad.

- Yo
pues
- balbuceó Harry.

- El año anterior fuiste con Cho, ¿no es cierto, Potter? - preguntó Seamus.

- Sí - dijo Harry secamente-. Pero eso ya terminó. Por ahora no estoy pensando en nadie


- ¿Por qué no invitas a Ginny? - sugirió Ron mirando de reojo a su amigo-. Podrían salir con Hermione y conmigo. La pasaríamos genial.

Harry sintió que el mundo se paralizaba. Tratando de que su voz no temblara respondió:

- No lo sé
Quizás a Hermione no le guste
El Día de San Valentín es para enamorados - aventuró Harry.

- Oh, no creo que le importe - se apresuró a responder Ron- Si quieres le puedo preguntar.

- No te preocupes
Ya veré lo que hago
- dijo Harry frotando con energía el brillante palo de su escoba.



***



El día de San Valentín se acercaba rápidamente y Harry aún no se había decidido a invitar a Ginny.

Desde el otro rincón de la sala común, escondiéndose detrás de un libro, Harry observaba como Ginny y Hermione conversaban animadamente. A Harry le pareció que las chicas gesticulaban más de lo normal. Y no solamente eso, Ginny no cesaba de mirar hacia donde estaba Harry sonrojándose cada vez que lo hacía.

A Harry le parecía más hermosa cada vez que la miraba.

Finalmente, hizo una inspiración profunda y juntando todo el valor del que disponía se encaminó hacia el otro lado de la sala común.

Cuando Hermione lo vio llegar, se puso de pie, susurró algo al oído de Ginny y dedicándole a Harry su mejor sonrisa, se fue.

Ginny levantó la mirada hacia Harry y clavó en él sus hermosos ojos castaños.

Harry por fin entendía lo que había dicho Ron sobre el maleficio Imperius.

- ¿Quieres ir a San Valentín conmigo el Día de Hogsmeade? - soltó Harry todo de corrido. Sus mejillas ardían- ¿Quiero decir si quieres venir conmigo a


- ¡Me encantaría! - exclamó Ginny con una sonrisa enorme no dejando que Harry terminara la frase. Y dando un gritito salió corriendo hacia el dormitorio de las chicas.

Harry se quedó parado sin entender.

- Bueno
Nos vemos
- dijo Harry elevando la voz para que su amiga lo escuchara. Y se quedó solo sintiéndose ridículo.

Momentos después, Hermione bajaba del dormitorio de las chicas con el rostro radiante de felicidad.

Acercándose a Harry le susurró:

- Me alegro tanto por ustedes, Harry. Ginny es una chica maravillosa.

- Gracias, creo
- dijo Harry sin terminar de entender lo que sucedía.



***



- Hoy verremos un encantamiento sumamente complicado. Se encuentrra un poco porr encima de su nivel, pero como esta clase ha superado todas mis expectativas estoy perrsuadido de que lo harán bien - explicó el profesor Staker con su vozarrón característico-. Este encantamiento es la única defensa conocida que existe contrra el ataque de crriaturas extremadamente peligrrosas como los Lethhifold y los Dementores. ¿Alguien sabe a qué encantamiento me estoy refirriendo?

Varias manos se alzaron en la clase. Algunos de los alumnos dirigieron miradas cómplices hacia el pupitre de Harry.

- Tiene la palabra, señorr Longbottom.

- El encantamiento Patronus, profesor.

- Eso es correcto - aprobó Staker-. Cinco puntos para Grryffindor. Por supuesto, que suponía que usted sabrría la respuesta, Potter - comentó Staker acercándose al pupitre de Harry-. Según me han inforrmado usted es uno de los magos más jóvenes que logrado convocarr un Patrronus corpóreo


Harry miró incómodo a su alrededor. En la clase se escuchó un murmullo de aprobación.

- El término Patrronus ha sido tomado de la palabra muggle Patrrono, que significa protector. Cuando este encantamiento es realizado correctamente, el mago conjura una criatura plateada que actúa como defensa.

Hermione alzó su mano.

- Sí, señorrita Granger.

- La forma del Patronus varía según el mago, ¿no es cierto?

- Eso es correcto. La forma que adopta el Patrronus de un mago es absolutamente perrsonal. Usualmente los Patrronus toman forma de animales


Dean Thomas alzó su mano para preguntar.

- Pregunte, señor Thomas.

- ¿De qué depende la forma que adopta?

El profesor Staker meditó un momento la respuesta y explicó:

- En realidad nadie lo sabe. Como el Patrronus constituye una encarrnación de los pensamientos positivos de quien lo conjura, algunos magos han especulado que estarría relacionado con estos recuerdos. Otros opinan que surrge del inconsciente del mago. En cualquierr caso, lo importante no es la forrma que adopta, sino su efectividad como arrma defensiva. Saquen sus perrgaminos y copien.

Durante aproximadamente media hora, el profesor Staker les dictó la manera correcta de invocar a un Patronus. Básicamente la información era la misma que Lupin le había dado a Harry en tercer año, sólo que un poco más ampliada.

- Quedan quince minutos de clase - dijo el profesor Staker observando su reloj-. Tiempo suficiente para una demostración. Potter, pase al frente por favorr.

Harry se levantó de su pupitre con la varita en la mano.

- Ahora, necesitaremos un atacante. Me he permitido traerr un boggart - dijo el profesor Staker colocando una caja de madera sobre su escritorio. Harry alzó los ojos y miró hacia la caja con recelo -. Según tengo entendido adoptara la forma de un dementor ¿no es así, señor Potter?

Harry asintió tragando saliva. Era evidente que Staker había hablado con Lupin.

- ¿Se encuentrra preparado, Potter?

Harry asintió, aferrando con firmeza la varita en su mano derecha.

El profesor Staker abrió la caja y de ella salió flotando un dementor.

Lavander emitió un chillido. Ron se retrepó en su silla. Y Hermione con los ojos bien abiertos clavó las uñas en su mejilla. El resto de la clase lanzó una exclamación de terror.

Harry se concentró en el cumpleaños que había festejado en Grimmauld Place; luego recordó, con mayor alegría, la sensación de triunfo al ganarle al equipo de Slytherin; casi sin pensarlo, el rostro sonriente de Ginny apareció en su mente.

- ¡EXPECTO PATRONUM!

Un ciervo plateado salió de varita y enganchando al falso dementor en su cornamenta lo arrojó por encima de los bancos. Seamus Finnegan cayó al suelo intentando esquivar al boggart.

- Bien, Potter. Acabe con él. Rápido - ordenó Staker.

- ¡Ridikkulus! - gritó Harry apuntado al boggart con su varita., y este desapareció.

Toda la clase estalló en aclamaciones y aplausos

- ¡Brravo, Potterr! ¡Bien hecho! - aprobó Staker-. Cincuenta puntos para Grryffindor.

- ¡Profesor! - llamó Lavander que estaba agachada al lado de Seamus- Creo que Seamus necesita ir a la enfermería.

Seamus se había golpeado la nariz y sangraba copiosamente. La sangre había manchado su rostro, su túnica y sus manos.

- Eshtoy fien - dijo Seamus aprentándose la nariz con los dedos.

- Harry mira - le dijo Hermione a Harry.

El profesor Staker había vuelto el rostro hacia un rincón del salón y se cubría la cara con las dos manos.

- ¡Sáquenlo pronto de aquí! - gritó Staker dándoles la espalda-. ¡Rápido! ¡La clase ha terminado!

Y sin descubrirse el rostro, se dirigió a su despacho personal.

Lavender pasó el brazo de Seamus sobre su hombro y ayudada por Dean Thomas, lo sacó del salón.

El resto de los estudiantes salió de la mazmorra dirigiendo miradas de extrañeza hacia la puerta del despacho de Staker.

- ¿Quién hubiera dicho que Staker se iba impresionar con un poco de sangre? - comentó Ron divertido-. Uno hubiera esperado que un profesor de Defensa contra las Artes Oscuras estuviera un poco más curtido, ¿no creen?

- Sí - dijo Harry más extrañado que contento-. ¿Me pregunto que le habrá pasado en realidad? ¿Qué opinas tú, Hermione?

La muchacha había permanecido pensativa desde que salieron del salón.

- No estoy segura
Tengo que ir a la biblioteca para confirmar mis sospechas
Luego nos vemos.

Y calzándose la mochila en los hombros, salió corriendo.

- Odio cuando hace eso - comentó Ron pateando el suelo.



***



Harry no quería ir a Hogsmeade con Ginny sin hablar antes con Ron.

Por eso, un rato antes de la hora de salida lo invitó a dar una caminata por los terrenos del castillo.

- Hermione me contó que invitaste a Ginny a Hogsmeade - comentó Ron con entusiasmo-. Eso es genial. Tenía miedo que Hermione quisiera hacer algo demasiado romántico
Pero si ustedes están con nosotros
no me sentiré tan presionado


Harry esperó que su amigo se detuviera un instante para tomar aliento y entonces le soltó:

- En realidad a mí me interesa mucho Ginny, Ron.

- ¿En serio? - preguntó Ron sorprendido-. Pensé que la habías invitado sólo porque yo te lo había pedido


Harry y Ron siguieron caminando un rato en silencio. Seguramente se pregunta como puedo gustar de su hermana pensó Harry.

- ¿En serio que te interesa mi hermana? - volvió a preguntar Ron-. ¡Nunca se me hubiera ocurrido!

- Así es la vida.

Siguieron un rato en silencio bordeando el castilo. Finalmente Ron expresó:

- Bueno, si mi hermana tiene que salir con alguien, me alegro de que seas tú.

Y sin decir nada más, regresaron al castillo.

Harry se arregló lo mejor que pudo, preguntándose si debía usar su túnica de gala.

Todos los muchachos estaban muy nerviosos con los preparativos.

Todos menos Neville.

- Creo que me quedaré a realizar la tarea que nos dio Snape - dijo resignado-. No me siento cómodo yendo a Hogsmeade el Día de los Enamorados.

Harry podía entender exactamente cómo se sentía Neville.

Harry, Ron, Dean y Seamus bajaron juntos a la sala común.

Parvati y Lavender ya estaban esperando, por lo que los chicos salieron rápidamente.

Al poco rato bajó Hermione. Se había arreglado el cabello y usaba una túnica color verde que le sentaba muy bien.

- ¡Guau! - exclamó Ron al verla-. ¡Estás preciosa!

- Gracias - repuso la muchacha haciendo una inclinación con su cabeza.

- ¿Vienes? - preguntó Ron a Harry.

Harry negó con la cabeza.

- Nos veremos en Hogsmeade - dijo Hermione con firmeza al tiempo que agarraba a Ron de la mano y lo empujaba hacia la salida.

Ginny bajó un par de minutos más tarde.

Estaba hermosísima con el pelo recogido y una túnica celeste.

El aroma de su perfume parecía llenar toda la sala común. Era como si a su alrededor brillara un halo de luz.

Harry veía y sentía todo con tanta intensidad que los sentimientos lo desbordaban. Le ofreció su mano derecha a Ginny, y ella se la estrechó.

- Te propongo la sinceridad - le dijo Harry sonriendo.

Ginny sonrió y le apretó la mano.

Todo era tan hermoso que Harry deseó que ese momento no terminara nunca.

Bajaron juntos las escaleras, atravesaron el vestíbulo y salieron al parque rumbo a Hogsmeade.

Malfoy pasó a su lado del brazo de Pansy Parkinson.

- Oye Potter, ¿cuánto tuviste que pagarle a Weasley para que fuera tu novia? Y tú, Weasley, tu padre estará contento de tener una boca menos que alimentar. Quizás con el dinero que ahorre pueda comprarte una túnica nueva.

Harry sacó su varita y apuntó a Malfoy, pero Ginny lo contuvo.

Enfrentándose a Malfoy respondió

- Ya que hablamos de dinero
¿No le alcanza el dinero a tu padre para que lo liberen de Azkaban?

Un rubor colorado tiñó las mejillas de Malfoy. Abrió la boca sin saber qué responder.

Ginny llevó un dedo a sus labios e hizo como que pensaba y agregó:

- ¿No será que tu madre está tan contenta de no tenerlo en casa, que ha decidido dejarlo encerrado?

Harry tomó la mano de Ginny y los dos se alejaron riendo.

Harry pensó cómo se le podía acelerar el pulso tan de repente.

Se sentía transparente, como el aire, como la tarde.

Nunca jamás se había sentido así antes.

Sentía tanta seguridad. Tanta alegría. Tanta paz.

¡Era hermoso sentirse así! Harry no estaba acostumbrado a sentir que el mundo era perfecto.

Todo era tan natural.

Hicieran lo que hicieran, sabía que Ginny lo entendería y lo apoyaría.

Que no se pondría a llorar como una tonta ni haría escenas ridiculas.

Había salido un sol maravilloso.

La lluvia había lavado el bosque.

Era como si Ginny y Harry fueran inaugurando el mundo.

O inaugurándose el uno al otro.

Iban cerca, caminando lentamente.

Sabiendo que iban juntos...

- ¿Doblamos por acá? - sugirió Ginny.

- Bueno.

Y de golpe, en una curva del camino, vieron el sol anaranjado y dos pinos llenos de gotitas. En silencio compartieron el paisaje.

Se habían detenido los dos sin decir una sola palabra.

Ginny estaba tan cerca de Harry, en silencio, mirando el sol.

Entonces Harry acercó su rostro al de Ginny y la besó.

Cuando se separaron ella sonreía.

- ¿Seguimos?

- Seguimos - respondió Ginny aturdida de tanta alegría.



Esa noche Harry se dejó caer en su cama con una expresión radiante en el rostro.

Se abrazó a la almohada tratando de dormir.

Pero no pudo.

En su mente revivió los detalles de su paseo con Ginny una y otra vez.

Escribió Ginny con su varita en el aire oscuro miles veces, en colores distintos, con letras diferentes.

¿Estaría Ginny pensando en él en ese momento?

¡El amor encerraba una magia tan disitnta a la que ellos aprendían en Hogwarts!

Eso le hizo recordar el contrahechizo. Lo tenía completamente olvidado.

Mañana mismo se reuniría con los chicos y buscarían la manera de comenzar a practicarlo.



***



Finalmente llegó el día del encuentro entre Gryffindor y Hufflepuff.

Como era de esperarse, Gryfffindor se impuso por un amplio margen luego de sólo 40 minutos de juego. El partido podría incluso haber concluido antes, de no ser por el hecho que habían esperado hasta anotar suficientes tantos como para superar al equipo de Ravenclaw en las posiciones.

Al finalizar el encuentro, Harry, Ron y Ginny conversaban en el vestuario.

- Podría haber atrapado la snitch al menos tres veces
- comentó Harry en los vestuarios quitándose la túnica.

- El equipo de Hufflepuff de este año es realmente de los peores que he visto - comentó Ginny- Al final ni siquiera se esforzaban en detenernos.

- Lo sé - agregó Ron-. No es que me esté quejando, pero los cazadores de Hufflepuff apenas si llegaron a los aros en un par de ocasiones.

- Ron, ¿podrías venir un momento? - preguntó Hermione asomándose al vestuario.

- Sí - dijo éste acomodándose la túnica-. Hasta luego chicos.

Y salió de los vestuarios.

- Hoy jugaste muy bien - comentó Harry.

- Tú también - respondió Ginny mientras se peinaba el cabello.

- Gracias. Eh... Me estuve preguntando ¿Has tenido noticias de Percy?

- Lamentablemente, sí - el rostro de Ginny se ensombreció-. ¿Quieres ver las cartas que me envió? Las traje conmigo. Estaba esperando la ocasión de mostrártelas.

- Seguro - dijo Harry.

Ginny metió la mano en el bosillo de su túnica y extrajo tres hojas de pergamino, cuidadosamente dobladas.

Harry abrió la primera y leyó:



Querida Ginny:

Tu respuesta me ha alegrado mucho aunque me hubiera gustado que me contarás algo más sobre ti. Supongo que este año estarás muy atareada preparándote para rendir las MHB. Más sobre la fecha te daré algunos consejos que me resultaron útiles para enfrentar los exámenes.

Lo principal es que te mantengas alejada del joven Potter y, lamento decirlo, de Ron. Nuestro hermano ha desoído mis sabios consejos y se ha dejado seducir por el joven Potter que lo ha apartado del buen camino. Lo siento mucho por él.

Cambiando de tema, las noticias que el señor Guslocoana me trae del Ministerio son alarmantes. Tenía la esperanza de que nuestro padre finalmente abriera los ojos y viera la verdad. Pero Dumbledore lo tiene completamente engañado.

El señor Guslocoana está organizando un grupo de magos y hechiceras cuyo objetivo es prepararse para conducir los destinos de la Comunidad Mágica cuando la situación se torne ingobernable y me ha hecho el honor de invitarme a participar.

En mi próxima lechuza te enviaré más detalles.

El señor Guslocoana me pide que te envíe sus respetos y me dice que quisiera saber algo más sobre tus andanzas en Hogwarts. Creo que quiere recordar sus años estudiantiles


Te saluda atte.

Tu hermano

Percy



Harry alzó la mirada preocupado.

Ginny lo contemplaba con expresión apesadumbrada.

- Percy está completamente mal informado sobre la realidad, y lo peor es que su soberbia le impide verlo - comentó con desaliento-. Sigue leyendo, Harry. En las próximas cartas se pone aún peor.

Harry tomó en sus manos el segundo pergamino y leyó:



Querida Ginny:

Me alegra saber que al equipo de Quidditch de Gryffindor que han formado este año le esté yendo tan bien. Pero recuerda que el juego no lo es todo. No dejes que el placer te aparte de tus responsabilidades. Me parece que lo estás tomando con demasiado entusiasmo. El deporte está bien como esparcimiento, pero lo que cuenta para abrirte paso en la vida son tus calificaciones. No lo olvides.

El señor Guslocoana me pide si puedes enviarme más noticias sobre Hogwarts, en especial sobre Dumbledore y sobre el joven Potter. Los delirios de este muchacho han afectado a mucha gente. Debemos estar listos para responder por si está preparando alguna nueva mentira para intentar atraer la atención sobre él. No dejes de comunicarme si dice tener algún sueño o alguna alucinación sobre el Señor Oscuro. A propósito ya he concurrido a un par de reuniones del Grupo de Magos para una Nueva Conducción y las he encontrado muy interesantes. Estas personas conocen los mecanismos del poder como nadie. Lo lamento por nuestro padre, pero muy pronto deberá pagar el precio de su incompetencia
También han mencionado algunos datos interesantes sobre el Señor Oscuro que el Ministerio mantiene ocultos para engañar a la opinión pública.

Quizás en mi próxima carta te dé más detalles.

Atte.

Percy





- ¿Me pareció a mí o Percy te está pidiendo que hagas de espía? - preguntó Harry desconcertado.

- Lo mismo me dijo Hermione cuando la leyó - repuso Ginny con un suspiro-. ¡Oh Harry, estoy tan preocupada! Ese grupo al que asiste no me parece nada bueno. ¿Crees que sean mortífagos?

- Todo parece indicar que así es. Creo que deberías mostrarle estas cartas a tus padres si aún no lo has hecho.

- ¡Oh, no! Creo que papá y mamá se morirían de pena si la leyeran. Ni siquiera se las he mostrado a Ron ¡El muy estúpido de Percy! ¡El placer no lo es todo! - dijo Ginny imitando el tono de voz de su hermano- ¡No descuides tus estudios! ¡Mira a dónde lo condujo tanto estudiar!

Ginny pateó el suelo con furia. Harry la abrazó y le besó en la cabeza tratando de tranquilizarla. Finalmente abrió la última carta y leyó:



Querida Ginny:

Es extraño lo que me cuentas del joven Potter, porque no coincide con la información que nosotros tenemos. ¿Estás segura de que no te está mintiendo
? Trata de ganarte su confianza y sacarle conversación sobre el Señor Oscuro, seguramente comenzará con algunos de sus cuentos. Te pido que en caso de que así sea, escribas sus mentiras con lujo de detalles y me las envías por lechuza lo más rápido que puedas. Es muy importante poder anticipar sus movimientos.

Entiendo lo que me dices, que como estudiante no tienes muchas oportunidades de acercate a Dumbledore, pero estoy segura de que si mencionas a nuestro padre podrías tener ocasión de entablar conversación con él y averiguar que está tramando. Tus servicios serán debidamente recompensados. No lo dudes. Yo puedo dar fe de ello.

En el grupo estamos intentando convencer a otros magos para que se unan a nuestra causa. El Señor Oscuro no estaba tan errado en muchas de sus ideas, aunque quizás haya equivocado alguno de sus métodos. ¡Mira a dónde condujo a nuestro padre su obsesión por los muggles! ¡Y pensar que provenimos de una familia de sangre pura!

El señor Guslocoana dice que llegaré muy lejos junto a él. Cuando termines tus estudios podría recomendarte para algún trabajo. La paga es muy buena.

No olvides enviarme cualquier noticia que puedas conseguir. El señor Guslocoana se muestra muy ansioso y quiero complacerlo.

Atte.

Percy



- Cuanto más leo, más me convenzo de que Percy está a punto de caer en las garras de un grupo de mortífagos - comentó Harry dejando el pergamino a un costado-. Ginny, no creo que debas seguir ocultándole estas cartas a tus padres
Quizás ellos puedan salvar a Percy antes de que sea tarde


Ginny se mordió el labio inferior con fuerza y asintió.

- Tienes razón, Harry. Me resistía a hacerlo. Pero no veo que quede otra salida. Pensé que si me ganaba su confianza quizás pudiera hacerle comprender sus errores. Pero he fracasado. Esta misma noche les informaré sobre las cartas a mamá y a papá.

- Estoy seguro que ellos sabrán qué hacer
Ya lo verás - la consoló Harry.




CAPITULO TRECE
EL CONTRAHECHIZO



Esa noche Harry, Ginny, Ron y Hermione tuvieron que quedarse en la sala común hasta tarde esperando que todos se fueran a dormir. Habían decidido comenzar las prácticas del contramaleficio en la Sala Multipropósito y no querían levantar sospechas.

Harry tenía con él su capa invisible y el Mapa del Merodeador.

Pero la capa resultaba insuficiente para cubrir a cuatro personas, por lo que decidieron hacer dos viajes.

Harry y Ginny fueron los primeros.

- ¡Ginny, deja de hacerme cosquillas, por favor! - suplicó Harry en un susurro.

- Lo siento, Harry - replicó Ginny debajo de la capa invisible conteniendo una sonrisa-. Ahora entiendo por qué a ustedes les gusta tanto deambular por el castillo de noche, ¡es tan excitante!

- Sí - murmuró Harry con seriedad-. Pero la diversión se acaba si nos descubren.

- Lo siento. Me portaré bien - prometió la chica.

Harry observó con atención el Mapa del Merodeador. Las manchitas de tinta se movían indicando la posición de Snape, Filch y la señora Norris. Por el momento no había nada que temer. Harry observó con curiosidad una manchita rotulada como Abraham Staker, saliendo del castillo y dirigiéndose al bosque prohibido.

Finalmente Harry y Ginny llegaron al séptimo piso y se detuvieron frente al tapiz de Barnabás el Loco y los trolls.

- ¿Recuerdas lo que debes hacer? - preguntó Harry en un hilo de voz.

- Sí

Harry y Ginny, aún debajo de la capa invisible comenzaron a pasear delante del tapiz mientras se concrentraban en un lugar que sirviera para practicar el contramaleficio. A la tercera ronda, una gruesa puerta de madera apareció en la pared.

Harry giró el picaporte y entró, seguido de Ginny. Una vez adentro se quitaron la capa invisible y contemplaron el lugar.

Era una sala mucho más pequeña que la del año anterior, aunque su aspecto era similar a aquella. Las paredes estaban cubiertas de estanterías con libros, varios almohadones, un escritorio con cuatro sillas sobre el cual había detectores de tenebrismo, y algo similar a un pecera repleta de arañas.

- Esto no va a gustarle nada a Ron - comentó Ginny divertida golpeando el cristal del recipiente con su dedo. Las arañas se aremolinaron trepando unas sobre otras.

Harry contemplaba absorto los títulos de los libros. Iniciación a la magia negra; Maleficios imperdonables, Estudios secretos sobre contramaleficios
Harry estaba seguro de que Madam Pince nunca le hubiera permitido ni siquiera ojear ninguno de esos ejemplares.

- Voy a buscar a Ron y Hermione - dijo Harry.

- Bien - dijo Ginny, y con ojos soñadores agregó:

- Pero voy a extrañarte.

Harry se ruborizó ligeramente sin saber qué contestar, y colocándose la capa invisible salió del salón.

Al cabo de unos cuantos minutos la puerta se abrió y Harry, Ron y Hermione aprecieron de la nada.

Ginny estaba sentanda en uno de los almohadones leyendo uno de los libros.

- ¡Esto es perfecto! - aprobó Hermione yendo directamente hacia las estanterías y leyendo los títulos-. ¡Estos libros son de la sección prohibida! Nos serán de mucha utilidad


Ron, en cambio, se había quedado petrificado observando el escritorio.

- ¿Q-quién fue el gracioso que pensó en esas horribles cosas? - preguntó señalando a la pecera de cristal repleta de arañas.

Harry y Ginny intercambiaron una mirada.

- No lo sé.. Quizás como en el pergamino mi madre mencionaba que había practicado con arañas, la idea de que nos serían útiles cruzó por mi mente en algún momento - comentó Harry.

- ¡Qué casualidad! - exclamó Ginny- Yo pensé en algo similar.

Sin quitar la vista de las arañas, Ron se dirigió al otro extremo del pequeño salón.

- ¿Y ahora qué hacemos? - preguntó Harry dirigiéndose a Hermione.

La muchacha cerró el libro que estaba ojeando y comentó:

- Supongo que tu madre habrá tenido acceso a la mayoría de estos textos, por lo que no creo que nos aporten algo nuevo. Lo mejor me parece tratar de experimentar con el contramaleficio y luego, si surgen dudas, podemos consultar los libros en busca de respuestas. ¿Trajiste los pergaminos, Harry?

Harry asintió, extrajo del bolsillo de su túnica el pergamino en clave escrito por su madre y la traducción que ellos habían realizado, y los colocó sobre el escritorio. Ambos pedazos de papel estaban en blanco.

Hermione hizo un pase con su varita y los tocó suvamente. Al instante se llenaron de caracteres.

- Creo que lo primero sería releer con atención la traducción - sugirió Hermione.

Todos estuvieron de acuerdo y se sentaron alrededor del pergamino. Durante varios minutos se concentaron en la lectura sin decir una palabra.

- Podríamos practicar los movimientos de varita que menciona tu madre, Harry, tratando de concentrarnos en sentimientos de amor. Por suerte, no será muy dificíl - dijo Hermione dirgiendo su mirada hacia Ron. Éste le devolvió una sonrisa incómoda.

- Quizás más tarde podríamos probar si el contramaleficio es efectivo - sugirió Ginny-. La mamá de Harry menciona que había logrado bloquear algunos maleficios.

- Bien pensado - aprobó Hermione sacando su varita-. El pergamino menciona un movimiento envolvente de varita sobre el pecho, me imagino que sería algo así


Hermione fue reproduciendo los movimientos mientras hablaba. Finalmente apuntó su varita hacia delante
pero nada sucedió.

- Quizás tengas que concentrarte un poco más - sugirió Harry-. ¿Por qué no practicamos todos juntos?

- Buena idea - aprobó Ginny.

Durante un rato Harry, Ron, Hermione y Ginny movieron sus varitas intentando distintas maneras de recrear los movimientos descriptos en el pergamino.

- ¡Esto es frustrante! ¡No sucede nada! - exclamó Ron dejándose caer sobre uno de los almohadones.

- No esperaba que lográramos dominar el contramaleficio al primer intento - explicó Hermione sin dejar de mover su varita-. Los hechizos complicados llevan mucho tiempo de práctica hasta que uno lograr familiarizarse con ellos.

- No dejo de pensar que nos falta algo. Mi madre insiste mucho en que los sentimientos son la clave de este hechizo. Y la verdad que estar agitando mi varita una y otra vez sin que nada suceda me llena más de frustración que de amor - exclamó Harry bajando su varita.

- ¿Qué sugieres? - intervino Ginny.

- Uno de nosotros podría lanzar un maleficio contra otro, mientras un tercero trata de impedirlo


- Déjame ver si entendí - pidió Ron poniéndose de pie-. Tú dices que mientras le lanzas un maleficio a Hermione, digamos Petrificus totalus, Ginny trate de protegerla con el contrahechizo.

- Sí, más o menos eso - dijo Harry.

- Es una buena idea - aprobó Hermione-. Aunque creo que funcionaría mejor si cada uno trata de proteger a su pareja.

- Bien pensado, Hermione - exclamó Ginny.

- Harry, ¿por qué no tratas de atacarme mientras Ron utiliza el contrahechizo para protegerme? - sugirió Hermione.

- De acuerdo.

Hermione se separó unos cuantos pasos de Harry y colocó varios almohadones a sus espaldas.

Ron se paró a un costado de ella con su varita lista.

- ¿Estás listo, Ron? - preguntó Harry

Su amigo asintió tragando saliva.

- Entonces a la cuenta de tres: Uno
Dos
Tres


Harry apuntó a Hermione con su varita y gritó:

- ¡Petrificus totalus!

Ron a su vez apuntó con su varita a Hermione, mientras gritaba:

- ¡Espera no sé qué decir!

El maleficio alcanzó a Hermione en el pecho. La muchacha quedó dura y cayó de espaldas.

- ¡Finite incantatem! - gritó Ginny apuntando con su varita a su amiga.

Hermione se levantó molesta.

- ¿Recién ahora te acuerdas de preguntar por las palabras del hechizo?

- Sí - musitó Ron avergonzado-. Perdón


- Mi madre no menciona ningunas palabras
- comentó Harry acercándose al escritorio y releyendo la traducción-. Probablemente cuando escribió esto aún no las había hallado.

- Sin embargo, menciona que había logrado que el hechizo funcionara a cierto nivel - replicó Hermione-. Por lo que es probable que las palabras no fueran necesarias. Intentémoslo de nuevo. Y esta vez, Ron trata de concentrarte en lo mucho que me amas.

Ron asintió. Sus orejas se habían puesto coloradas. Era evidente que se sentía súmamente incómodo.

- Intentaré con otro maleficio. ¿Qué opinan del encantamiento Obstaculizador? - sugirió Harry.

- Me parece bien. No quiero estar cayendo como piedra toda la noche - comentó Hermione dirigiéndo una mirada de soslayo a su novio.

- ¿Listo, Ron? Uno
dos
tres
¡Impedimenta!

Harry volvió a apuntar con su varita a Hermione. Ron hizo los movimientos del contramaleficio, apuntó a Hermione y


La muchacha cayó pesadamente como si hubiera sido golpeada por una fuerza invisible.

- ¿Estás pensando en lo mucho que me amas? - le recriminó Hermione a Ron mientras se ponía de pie.

- Bueno, se me hace un poco difícil si lo único que haces gritarme - respondió Ron poniéndose todo rojo.

- No creo que gritarnos entre nosotros sirva de nada - intervino Ginny-. ¿Por qué no descansan un rato y nos dejan probar a Harry y a mí?

- Seguro - dijo Hermione mirando a Ron con enojo.

Ginny ocupó el lugar de Hermione, Harry se colocó donde había estado Ron y Hermione se puso en la posición que antes había ocupado Harry.

Harry trató de concentrarse en su amor por Ginny. Desde que habían comenzado a practicar no había podido dejar de pensar que quizás estaban haciendo las mismas cosas que su madre había hecho años antes. Harry tuvo la sensación de que ella estaba presente allí de alguna manera.

- ¿Listo, Harry? - preguntó Hermione.

Harry entrecerró sus ojos y asintió.

- Uno
dos
tres
¡Impedimenta! - gritó Hermione apuntando a Ginny con su varita.

Harry hizo un complicado movimiento con su varita y apuntó a su novia. Un tenue vapor rojizo salió de la punta de su varita interponiéndose en el camino del maleficio. El rayo atravesó la niebla y golpeó a Ginny haciéndola trastabilliar pero sin derribarla.

- ¡Bien hecho Harry! Se ve que tú sí amas a Ginny de verdad
- dijo Hermione con resentimiento.

Ginny le guiñó un ojo a Harry y le lanzó un beso.

- Hermy, creo que eres injusta conmigo. Sabes que yo te quiero
- balbuceó Ron.

- Lo creeré cuando seas capaz de detener un maleficio como hizo Harry con Ginny - exclamó Hermione ofendida.

- ¿Por qué no intentas tú detener un maleficio de Harry? Así veremos qué tan grande es tu amor por mí - dijo Ron a Hermione con una mirada desafiante.

- Cuando quieras. Verás que yo sí puedo detenerlo - respondió ella.

- No creo que sea una buena idea... - comenzó a decir Harry.

Pero Ron y Hermione ya habían ocupado sus lugares. Harry sabía que los dos eran tan testarudos que no cambiarían de opinión.

- Vamos, Harry. Lánzale un maleficio a Ron. Yo lo detendré - pidió Hermione.

Harry se encogió de hombros y dijo:

- Si eso es lo que quieres. Uno
dos
tres


Harry apuntó su varita y realizó el hechizo.

Ron cayó sobre los almohadones sin que Hermione pudiera evitarlo.

- ¿Lo ves? ¡Tú tampoco pudiste! - exclamó Ron complacido de que Hermione no hubiera podido detener el hechizo-. Creo que deberías disculparte conmigo. Pero eres demasiado orgullosa como para admitir que te equivocaste.

- Lo siento, Ron. Me equivoqué - por el tono en que Hermione dijo esas palabras era evidente que realmente no pensaba así.

- No eres sincera. Realmente no lo sientes - le recriminó Ron a Hermione.

- Tienes razón, no lo siento y eso es porque


- ¡Alto! ¡Basta! ¡Deténganse! - gritó Harry ponéndose en medio de Ron y Hermione mirando a ambos con expresión dolorida-. No vinimos a este lugar para pelear. No creo que mi madre haya creado el contrahechizo como una prueba de amor, sino como una manera de vencer a Voldemort y ese el motivo por el que estamos aquí, ¿lo han olvidado?

Por unos instantes nadie habló. Finalmente Hermione aflojando la expresión de su rostro murmuró:

- Tienes razón, Harry. Lo siento. Perdóname, Ron. No debí haber dudado de ti.

- Perdóname tú también, Hermy. A veces pierdo el control con demasiada facilidad. Es que
tú me importas mucho.

Ron y Hermione se dieron un beso de disculpa. Harry y Ginny voltearon apresuradamente el rostro hacia otro lado.

- Se ha hecho tarde. Creo que deberíamos regresar - sugirió Ginny mirando su reloj.

Harry sacó el Mapa del Merodeador y se aseguró de nadie se encontrara cerca. Primero llevó a Ron y Hermione a la torre Gryffindor y luego volvió por Ginny.

- ¿Sabes algo? - murmuró Ginny abrazando a Harry por la espalda mientras regresaban debajo de la capa invisible-. Me alegro de que tu contramaleficio funcionara conmigo.

El rostro de Harry se iluminó con una sonrisa.



***



A la mañana siguiente, las cuatro grandes mesas correspondientes a las cuatro casas estaban repletas de soperas llenas de avena, fuentes de panqueques, montículos de tostadas y platos con huevos y panceta, bajo el techo encantado (que ese día estaba de un gris nublado y triste). Harry y Ron se sentaron a la mesa de Gryffindor junto a Hermione, y Ginny.

Neville Longbottom los saludó alegremente.

- ¿Dónde fueron anoche, Harry? Tú y Ron no regresaron hasta muy tarde


- Ehh
Estuvimos terminando el trabajo de Snape
- mintió Harry rápidamente.

- ¿Nos había dejado tarea? Creo que lo olvidé - se lamentó Neville.

- El correo llegará en cualquier momento... - comentó Seamus Finnegan -. He pedido un catálogo de escobas. Estoy pensando en regalarle una a Lavander.

Ella y Seamus finalmente habían comenzado a salir juntos.

Harry acababa de empezar a comer su panqueque con miel cuando, efectivamente, unas cien lechuzas penetraron con gran estrépito, volando por encima de sus cabezas, dando vueltas por la habitación y dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud.

Una lechuza marrón dejó caer un grueso librito en la cabeza de Seamus. Hermione pagó su ejemplar de El profeta a la lechuza que se lo había traído. Un segundo después, una lechuza de plumas blancas con las puntas grises, muy parecida a Hedwig, se posó enfrente de Ginny.

La muchacha abrió el sobre, que tenía el membrete del Ministerio y leyó rápidamente la misiva. Su expresión se fue ensombreciendo a medida que sus ojos recorrían el mensaje.

- ¿Todo está bien? - preguntó Harry en voz baja acercando su rostro hacia Ginny.

Ginny negó con la cabeza y le extendió la carta.

Harry la abrió y leyó el mensaje.



Querida Ginny:

Hiciste muy bien en contarnos sobre las cartas que Percy te envió. No temas: tu padre y yo entendemos perfectamente los motivos por los cuales no nos informaste antes. Lamentablemente tus sospechas y las de Harry parece que resultaron ciertas. Papá y Moody fueron rápidamente al departamento de Percy, pero lo hallaron vacío.

El encargado le informó que Percy se había mudado unas semanas atrás y que no había dejado información sobre su nueva dirección.

Como te podrás imaginar estamos todos muy preocupados por él, pero confiamos en que pronto podremos encontrar a tu hermano y hacerlo entrar en razón. Papá ha puesto a trabajar a los mejores aurores.

No dejes de avisarme de inmediato si Percy se comunica contigo.

Te mantendré informada.

Te quiere

Mamá



PD: Creo que deberías contarle a Ron.



- ¿Qué sucede? - preguntó Ron con la boca llena, mirando a Harry y Ginny que se habían quedado callados y con expresión preocupada.

Por toda respuesta, Ginny extrajo las cartas de Percy del bolsillo de su túnica y se las extendió a Ron junto con la carta de su madre.

- Toma. Lee - le dijo Ginny.

Ron miró miró a su hermana sin entender lo que sucedía y finalmente bajó la vista hacia las cartas que Ginny le había entregado.

Las arrugas de la frente de Ron se fueron frunciendo cada vez más a medida que leía.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes? - se quejó Ron.

- Al principio no me pareció importante. Creo que no quise ver lo evidente. Y luego me pareció demasiado grave y pensé que primero debía decírselo a nuestros padres. Lo siento, Ron... Creo que no pensé con claridad.

- Está bien - dijo Ron apenado-. No sé exactamente por qué, pero nada de esto me sorprende. Creo que una parte de mí sabía que Percy terminaría haciendo algo tan estúpido como esto.

- No te preocupes, Ron. Papá lo encontrará y lo traerá aunque sea a la fuerza.

- Eso espero - musitó Ron.



***



Durante las siguientes semanas Harry, Ron, Hermione y Ginny utilizaron cada momento disponible para practicar el contramaleficio en la Sala Mutipropósito. Con gran esfuerzo habían logrado convocar una niebla escalata, que disminuía la intensidad de los maleficios, pero no los detenía.

Harry era quien había obtenido mejores resultados. En las dos últimas noches había logrado convocar un brillante escudo escarlata en el cual habían rebotado la mayoría de los maleficios que Hermione y Ron le habían lanzado a Ginny.

Al finalizar, una Ginny radiante de felicidad se había echado a los brazos de Harry y le había dado un fugaz beso en los labios.

- Has mejorado mucho, Harry - lo felicitó Hermione-. Ninguno de nosotros ha logrado convocar un escudo tan poderoso como el tuyo.

- Aún no es suficiente - se lamentó Harry.

- Creo que te exiges demasiado - opinó Ginny-. Quizás podríamos comenzar a experimentar utilizando palabras como Te amo o algo así.

- No me imagino gritando Te amo delante de Voldemort - comentó Harry-. Lo que más me preocupa es que aún cuando lográramos que el escudo fuera efectivo contra todos los maleficios, no tenemos manera de saber si funcionará contra el Avada Kedrava.

- Esperemos que no tengamos que averiguarlo nunca - suspiró Ron.

- Quizás ustedes no. Pero yo sí. No tengo otra salida - dijo Harry.

- No hables así, Harry. Me asustas. Suenas como si quisieras ir detrás de Voldemort
- Ginny se estremeció y se abrazó fuerte a él.

Harry se acomodó los anteojos y mirando a sus amigos dijo:

- Creo que es tiempo de que les diga algo que hasta ahora había mantenido en secreto. Si no se los dije antes no es porque no confiara en ustedes, sino porque no quería cargarlos con una noticia tan terrible. Dumbledore, de hecho, tardó cinco años en decirme esto.

Ron, Hermione y Ginny miraron a Harry con profunda atención e interés.

- La profecía no se perdió - dijo Harry-. Fue realizada por la profesora Trewlaney delante de Dumbledore. Él fue quien hizo el registro que estaba en el Departamento de Misterios.

Harry hizo un momento de silencio dejando que sus amigos asimilaran sus palabras.

- ¿Y Dumbledore te dijo a ti lo que decía, Harry? - preguntó Ron.

Harry asintió.

- La profecía es sobre Voldemort y sobre ti, ¿no es así? - preguntó Hermione.

Harry volvió a asentir. Con voz muy queda dijo:

- La profecía dice que yo soy la única persona que tengo la oportunidad de derrotar a Voldemort. Que los dos deberemos luchar y
que sólo uno de nosotros sobrevivirá a ese enfrentamiento.

El nudo que Harry sentía en la garganta le impidó continuar hablando.

- ¡NO!

Ginny se llevó la mano a la boca para ahogar un grito de sorpresa y se abrazó a Harry con fuerza escondiendo el rostro en sus hombros.

- No me importa lo que diga una estúpida profecía. Tú no morirás. No si yo puedo evitarlo. Haremos que este contramaleficio funcione, ya verás - dijo Ginny entre lágrimas.

Ron y Hermione asintieron con fuerza.

- No estás solo, Harry. Nosotros pelearemos contigo - dijo Ron con convicción-. V-Voldemort no te vencerá.

Harry parpadeó. Poco a poco, una lágrima resbaló por su mejilla; luego, otra, hasta que, de súbito, se estremeció y exhaló un desgarrador sollozo. Luego, atrajo a Ron y Hermione hacia sí y todos cayeron, formando un enredo de brazos, túnicas y lágrimas.

Transcurrieron varios minutos antes de que dejaran de llorar. Cuando por fin se separaron tenían los ojos irritados, las caras rojas, y mientras se miraban, lo absurdo de aquella escena los hizo prorrumpir en carcajadas.



***



La profecía parecía haberles dado al cuarteto una motivación extra para superarse. A pesar de que se acercaban los exámenes Harry, Ron, Ginny y Hermione habían dedicado cada momento libre a practicar el contramaleficio. El esfuerzo había dado buenos resultados: todos habían logrado convocar un escudo escarlarta que era capaz de detener todos los maleficios que se arrojaban, lo que lo hacía ya de por sí extraordinario.

- Eso estuvo muy bien, Ronnie - aprobó Hermione cuando el maleficio arrojado por Ginny rebotó en el escudo convocado por Ron.

- Me pregunto si habrá forma de saber si resultará efectivo contra el Avada Kedavra. Aparentemente hemos llegado al mismo lugar que llegó mi madre. Y su escudo no podía con el maleficio asesino - dijo Harry con intranquilidad.

- La única manera de comprobar si sirve sería si aprendiéramos a realizar el Avada Kedravra - comentó Ron pensativo.

- ¡RON! No estarás pensando en serio en que aprendamos a hacer eso
- exclamó Hermione preocupada.

- ¡Claro que no! ¿Crees que quiero terminar en Azkaban? - respondió Ron con rapidez-. Además no quiero aprender a hacer ese maleficio aunque sea por un buen motivo.

- Estamos en un callejón sin salida. Desearía que ahora mismo hubiera alguien que supiera realizar ese maleficio - suspiró Harry.

En ese instante un mago alto de túnica negra se materializó en el medio de la Sala Multipropósito.

Los chicos se sobresaltaron y le apuntaron con sus varitas.

- ¿Y éste de dónde salió? Creí que nadie podía aparecerse dentro de Hogwarts - dijo Ron mirando a Hermione.

- No lo entiendo
- dijo Hermione confundida-. El colegio está protegido por una magia muy antigua y poderosa. Nadie debería ser capaz de aparecerse aquí.

- ¡Pues díselo a él! - exclamó Ron señalando al mago que permanecía inmóvil en el medio de la sala.

- ¡Un momento! Creo que sé lo que sucedió - exclamó Hermione-. El mago apareció justo después de que Harry lo deseara.

- ¿Quieres decir que yo lo traje? - preguntó Harry extrañado.

- Sí - dijo Hermione - Parece que esta Sala nos da todo lo que necesitamos. Aunque no llego a comprender cómo lo hace.

- ¡Genial! - exclamó Ron.

Harry se acercó con cautela al mago, sin dejar de apuntarle con su varita y le preguntó:

- ¿Quién eres y qué haces aquí?

- Soy un auror y no tengo idea de dónde estoy ni cómo llegué aquí. Pero por alguna extraña razón siento que debo hacer todo lo que me ordenen - respondió el mago con voz monótona y la mirada perdida.

- ¿Qué opinan? - preguntó Hermione bajando la voz.

- Yo digo que lo aprovechemos - susurró Harry.

Todos asintieron.

- Ehh
Necesitaríamos que lance un maleficio contra esta araña - explicó Harry metiendo la mano en la pecera y colocando una de los animalitos sobre un falsoscopio.

- ¿Qué maleficio? - preguntó el mago con voz monótona.

Haciendo una profunda inspiración, Harry expresó:

- Avada Kedavra.

Si el auror encontró extraño aquel pedido no lo manifestó.

Los cuatro se colocaron a una buena distancia del escritorio, entonces Harry ordenó:

- A la cuenta de tres. Uno
dos
tres


El mago alzó su varita y un rayo verde salió disparado de ella.

Harry hizo los movimientos envolventes con la suya convocando un brillante escudo escarlata.

El rayo del maleficio asesino lo atravesó con facilidad. Un segundo después, la araña estaba muerta.

Cada uno de los chicos intenó detener el maleficio asesino con otras tres arañas con idénticos resultados.

Finalmente, luego de que Hermione modificara la memoria del auror, Harry deseó que éste regresara al lugar de dónde provenía y el mago desapareció.

- ¿Dónde aprendiste a modificar la memoria? - pregunto Ron a Hermione, muy asombrado.

Hermione se encogió de hombros, y sin darle demasiada importancia, respondió:

- El profesor Lockhart me lo enseñó en segundo año.

- Probablemente era el único encatamiento que sabía realizar - comentó Ron.

- El contramaleficio no sirvió contra el Avada Kedavra y no tengo idea qué debemos hacer para que funcione - suspiró Harry.

- Seguiremos probando después de que rinda las MHB - dijo Ginny-. La fecha de los exámenes se acerca y voy muy atrasada con mis estudios.

- Nosotros también - exclamó Hermione.

- Luego del partido contra Ravenclaw lo intentaremos nuevamente, Harry - dijo Ron.

Harry suspiró resignado sin decir una palabra.



***



Harry se despertó temprano ese sábado a la mañana y se quedó en la cama pensando en el partido de Quidditch contra Ravenclaw.

El cielo estaba cubierto por un grueso manto de nubes color plomo. El frío intenso hacía sospechar que en cualquier instante podría comenzar a nevar.

Slyhterin había logrado ganar su único juego de la temporada venciendo al débil equipo de Hufflepuff.

La excitación en Hogwarts había crecido hasta alcanzar niveles insospechados. Aún aquellos que normalmente no le prestaban demasiada atención al Quidditch habían tomado partido por una u otra casa.

Harry estaba nervioso, sobre todo pensando en lo que sucedería si Gryffindor perdía la copa. Pero lo que más nervioso lo ponía era el hecho de enfrentarse a Cho.

Cuando faltaba poco para las once, el colegio en pleno comenzó a dirigirse hacia el estadio de Quidditch. Harry, Ron y Ginny entraron en los vestuarios. Hagrid y Hermione se acercaron a desearles buena suerte.

- ¿Cómo está Grawp, Hagrid? - preguntó Harry intentando pensar en otra cosa que no fuera el partido.

- Está muy bien. Muy bien. Madam Pomfrey me dio unas pociones que obraron maravillas en sus heridas. Ya ha recuperado sus fuerzas nuevamente. Luego de que terminen los exámenes pueden acompañarme nuevamente a verlo si quieren.

Los chicos se miraron entre sí y prometieron sin mucha convicción que así lo harían.

- Si bien no me lo dijo directamente, creo que Dumbledore está convencido de que Grawpy podría resultarnos útil en la guerra contra Ya-saben-quién - bajando la voz Hagrid agregó:

- Parece que los gigantes se han unido al Innombrable.

Harry, Ron, Hermione y Ginny intercambiaron miradas de preocupación. Esas no eran buenas noticias. Después de ver con sus propios ojos lo que era capaz de hacer el pequeño Grawpy no podían ni imaginarse la destrucción que podrían causar un grupo de gigantes completamente crecidos.

- ¡Ey! ¡Vamos! ¡Anímense! - exclamó Hagrid por fin, rompiendo el incómodo silencio- Tenemos de nuestro lado al mago más grande de todos los tiempos. Dumbledore sabrá qué hacer. Ya verán. Mientras él pelee con nosotros no hay de qué preocuparse.

- Eh
chicos
Creo que deberían cambiarse - sugirió Lavander Brown acercándose a ellos-. El juego está por comenzar.

Hermione y Hagrid salieron del vestuario y Harry, Hermione y Ginny se calzaron sus túnicas escarlatas.

Luego, todo el equipo de Gryffindor se preparó para escuchar el discurso de motivación de Harry.

- Bueno... - dijo Harry carraspeando para aclarar su garganta - . Hemos entrenado muy duro para llegar a este momento. El equipo de este año es fantástico y...

Harry se interrumpió sin saber cómo continuar.

- No te preocupes - dijo Ron - La copa ya es nuestra. Ganaremos.

El equipo entero asintió, y esperaron pacientemente a que Madam Hooch diera la señal de salida de los vestuarios.

Harry buscó a Ginny con la mirada, y ella le guiño un ojo.

- Y aquí llega el mejor equipo del colegio con su nuevo capitán al frente ¡Harry Potter!.- exclamó Colin Creevey con entusiasmo.

Aplausos y abucheos resonaron por el estadio.

Harry fue hacia el centro del campo, para darle la mano al capitán del equipo de Ravenclaw.

- Vamos a ganarles, Potter - dijo Roger Davies con voz amenazadora apretando con fuerza la mano de Harry.

Harry intentó responder con alguna frase ingeniosa, pero ninguna vino a su mente.

En ese momento comenzó a nevar.

Madam Hooch se situó entre los dos capitanes y abrió la enorme caja donde se guardaban las pelotas del juego. La snitch dorda desplegó su alas y se elevó rápidamente, desapareciendo de la vista entre los copos de nieve.

El silbato de salida hizo que los catorce jugadores se elevaran.

El partido había comenzado.

- La Quaffle está en posesión de Ginny Weasley, que se la pasa a Lavander Brown con un estupendo lanzamiento. Lavander se eleva en el aire y se lanza hacia los aros de Ravenclaw... parece que va a tirar... ¡uy!.. ha sido un magnífico lanzamiento, pero el guardián de Ravenclaw ha realizado una soberbia atrapada. Ravenclaw pone la Quaffle en juego, Alan Marker que se lanza en picada hacia el campo de Gryffindor, se la pasa a Peter... éste a Alan de nuevo, parece que se acercan a los aros y ... - el silbato sonó - ¡Oh, no!... Diez a cero para Ravenclaw.

Harry miró a Ron preocupado. Aún tenía sus dudas sobre él, ya que, aunque ese año había demostrado ser un soberbio guardián, si perdía la confianza podía llegar a convertirse en el mismo Ron torpe e inseguro del año anterior.

Pero el tanto marcado por Ravenclaw pareció no afectar a su amigo.

Ron pareció adivinar sus pensamientos. Mirando a Harry levantó su pulgar izquierdo y le gritó:

- ¡Estoy bien! ¡No te preocupes, no voy a dejar que nos ganen!

El equipo de Slytherin había comenzado su canto Weasley es nuestro rey. Este año parecían haberle agregado nuevas estrofas, aunque Harry no le prestó atención a la letra. Harry se obligó a centrar su atención en la snitch. Nunca había ansiado atraparla con tanta fuerza. Pero Cho Chang le pisaba los talones volando peligrosamente cerca de su escoba. Además, la nieve entorpecía los movimientos de todos, no permitiéndoles moverse con facilidad.

La voz de Colin interrumpió sus pensamientos:

- Natalie avanza y marca su primer gol ... ¡DIEZ A DIEZ! ¡Chupate esa Ravenclaw!

- ¡CREEVEY!

La profesora McGonagall, envuelta en una bandera roja y dorada reprendió a Colin Creevy. La tribuna de Slytherin y la de Ravenclaw lo silbaron.

Harry respiró aliviado. Ginny le dedicó una sonrió a Harry.

En ese momento Cho se atravesó en su camino con cara de pocos amigos, obligando a Harry a realizar un complicado viraje para no chocar contra ella.

Entonces algo pasó zumbando justo al lado de su oído. El bateador de Ravenclaw se alzó junto a Harry y golpeó con su bate la Bludger enviándola nuevamente contra Harry.

Éste giró sobre la escoba hasta quedar cabeza abajo para que la pelota no lo derribara.

- Algún día se te acabará la suerte, Potter - le gritó Fawcett mientras se alejaba volando por encima del campo.

De repente a Harry le pareció ver un reflejo dorado.

Se lanzó en picada hacia donde había creído ver la snitch, y por el rabillo del ojo vio como Cho Chang lo seguía.

La escoba de Cho no era mala, una Nimbus 2000, aunque no era rival para la Saeta de Fuego de Harry.

Cho se le pegó a su lado, y en ese momento un silbido de Madam Hooch hizo que ambos miraran hacia donde el juego continuaba.

Lavander había marcado otro tanto para Gryffindor, mientras Colin lo comentaba excitado.

Cuando bajaron de nuevo la vista, la snitch había desaparecido.

El partido iba 40 a 10 a favor de Gryffindor.

Cho y Harry se miraron, y por un segundo pareció que ella iba a sonreírle. Pero en lugar de ello hizo un giro brusco con su escoba alejándose de él.

- Ginny Weasley, llamada por algunos la saeta roja - la tribuna de Slyhterin silbó - avanza con la Quaffle. Elude a dos jugadores de Ranvenclaw haciendo un amague espectacular y le pasa la Quaffle a Natalie McDonald. La pequeña Natalie entra al área de Ravenclaw y
¡PENAL! ¡Qué animal! ¡Casi la tira de su escoba!

- ¡CREEVEY TE ADVIERTO POR ÚLTIMA VEZ
- rugió McGonagall

- Lo siento, profesora. ¿Pero no vio usted lo que le hicieron
?

Ginny convirtió rápidamente el penal poniendo a Gryffindor 50 a 10.

Harry comenzó a impacientarse. Sólo faltaba que él atrapara la snitch para ganar la copa. Pero la pequeña pelota dorada no aparecía por ningún lado.

- Las cazadoras de Gryffindor avanzan en una formación en forma de V. Lavender Brown va al frente con la Quaffle, se la pasa a Natalie
¡No, era un amague! Lavander continuá y
GOOOOLLL

Harry bajó la vista un momento para ver a su equipo festajar y de pronto la vio.

La snitch, más dorada que nunca, volaba a tan sólo a unos metros por debajo suyo. Su superficie dorada se destacaba perfectamente sobre el campo nevado.

Cho también la había visto, y se lanzó hacia la snitch, aunque Harry le llevaba algo de ventaja.

Pero Harry no quería solamente atrapar la snitch, también quería hacerlo de una manera espectacular. Por eso se colgó con sus piernas de la escoba y volando cabeza abajo extendió la mano derecha. Sus dedos rozaron la superficie dorada de la snitch y


¡Falló!

A causa de la nieve, las piernas de Harry resbalaron del palo y éste cayó sobre la escoba de Cho, provocando que descendiera bruscamente.

- Lo hiciste a propósito, Potter. Ya casi había atrapado la snitch - exclamó Cho con indignación.

Harry pidió tiempo fuera para volver a montar su escoba y el juego se reanudó.

Antes de elevarse escuchó los gritos de Malfoy:

- ¿Cómo piensas llamar a esa jugada, Potter? ¿La gran Clabbert? Deberías dejarte crecer una pústula en la frente y emplearte para cuidar las casas de los magos


Harry se sentía demasiado avergonzado como para responderle. Si no hubiera querido humillar a Cho y a Roger Davies, su equipo ya hubiera ganado el campeonato.

Las cazadoras de Gryffindor sacaron ventaja rápidamente, poniéndolos muy adelante en el marcador. La tribuna de Gryffindor festejaba con alegría lo que parecía ser un nuevo campeonato para su casa.

Pero entonces, Cho Chang, haciendo un rápido giro con su escoba, voló muy bajo, casi al ras del suelo. La snitch estaba sólo a unos metros de su mano extendida. Harry se dejó caer peligrosamente en la Saeta de Fuego.

- ¡Vamos! ¡Vamos! - murmuraba entre dientes volando en picada a una velocidad increíble.

La Saeta de Fuego pasó como una tromba al lado de la escoba de Cho. Harry levantó el palo de su escoba tratando de enderezarla, pero iba demasiado rápido y su escoba se deslizó sobre la nieve del campo de juego, haciendo que Harry saliera despedido y rodara espectacularmente varios metros antes de detenerse.

Segundos después Cho Chang atrapaba la snitch dando por finalizado el partido.

Las tribunas de Hufflepuff y de Slytherin estallaron en aplausos y aclamaciones.

Cho se paseaba triunfante con la snitch dorada en su mano, mientras miraba a Harry con una expresión de triunfo.

- Te gané, Potter - le gritó con desprecio.

- Puedes festejar que atrapaste la snitch todo lo que quieras - le respondió Ron bajando de la escoba -. Nosotros mientras tanto festejaremos el campeonato.

- ¿Qué? - exclamó Cho sorprendida.

- ¿Acaso no viste el marcador? Segundos antes de que atraparas la snitch anoté un tanto. El partido terminó 170 a 160
a favor nuestro - informó Ginny.

En verdad, Cho estaba tan obsesionada con ganarle a Harry que se había olvidado por completo del desarrollo del partido.

- ¿Qué hiciste, Cho? ¿Acaso no sabes que no debes atrapar la snitch a menos que eso nos dé la victoria? - le gritó Roger Davies a Cho, completamente fuera de sí.

La muchacha salió corriendo hacia los vestuarios con lágrimas en sus ojos.

Harry se incorporó y comenzó a caminar rápidamente hacia los vestuarios sin detenerse a hablar con nadie.

Ron corrió hasta alcanzarlo.

- ¿A dónde vas Harry? ¡Ven, vamos a festejar!

Harry se dio vuelta y le gritó a Ron fuera de sí.

- ¡Fallé!, ¿sí? ¿Acaso no tengo derecho a equivocarme alguna vez
?

- Harry no te pongas así
Nadie piensa que tú no tuvieras derecho a fallar. Lo importante es que hemos ganado el campeonato - dijo Ron pasando su brazo por el hombro de su amigo-. Ven. Creo que quieren llevarnos en andas y todo eso...

Una exultante multitud los alcanzó segundos después, y tal como Ron había predicho, todos fueron alzados y paseados por todos los terrenos del colegio, mientras entonaban cantos de victoria.

A nadie, salvo a Malfoy, parecía importarle demasiado que Harry no hubiera atrapado la snitch. Gryffindor había ganado nuevamente el campeonato poniendo a Gryffindor en el primer lugar y eso era lo que contaba.

La fiesta en la torre de Gryffindor duró hasta bien entrada la noche, y luego de la cuarta o quinta cerevza de manteca, Harry comenzó a sentirse mejor. El hecho de que Hermione le contara cómo Roger Davies había seguido discutiendo con Cho, ayudó bastante.

Finalmente a las dos de la mañana, la profesora McGonagall decidió poner fin a los festejos y todos se dirigieron a sus dormitorios.



***



La euforia por haber ganado la copa de Quidditch les duró a todos al menos una semana. Los días se volvieron un poco más calurosos y los estudiantes pudieron librarse definitivamente de la ropa de invierno que regresó al fondo de sus baúles. La nieve que cubría los terrenos de Hogwarts se derritió rápidamente dejando libres grandes extensiones de verde. El calamar gigante hizo su aparición sobre la superficie del descongelado lago del castillo para admiración y maravilla de los estudiantes de los primeros años.

Para los alumnos mayores, en cambio, se acercaba la época de los exámenes. Ginny debía rendir las MHB y estaba tratando de recuperar el tiempo perdido pasando la mayor parte de su tiempo libre en la biblioteca. Siempre que ella y Harry se veían, Ginny cargaba una enorme pila de libros, y con expresión apenada le daba un rápido beso, prometiendo que después de los exámenes lo compensaría.

A Harry, Ron, y Hermione no les iba mucho mejor, ya que los EXTASIS prometían ser tanto o más terribles que las MHB. No pasaba una sola clase sin que algún profesor los amenzara con reprobarlos si no ponían su máximo esfuerzo. La ira de Snape caía como un rayo en cada clase de Pociones sobre algún desprevenido estudiante. Nadie, ni siquiera Hermione cuyas pociones eran siempre perfectas, se salvaba de sus críticas despiadadas.

Desde el incidente con Snape, Hermione no había vuelto a dirigirle la palabra, ni había levantado la mano una sola vez en clase de Pociones. Cuando Snape la criticaba, se limitaba a ignorarlo y continuar realizando su poción como si nadie le hablara.

A medida que los exámenes se acercaban, Hermione no parecía tan segura de sí misma. Había vuelto a ser la misma de siempre paseándose nerviosa de un punta a la otra del salón, recitando párrafos enteros de los libros en voz alta, o repitiendo una y otra vez las recetas de alguna complicada poción, con los dedos metidos en las orejas para no escuchar a nadie.

Harry también hacía enormes esfuezos por concentrarse. Necesitaba aprobar Pociones si quería llegar a convertirse en auror. La profesora McGonagall lo había citado a su despacho, para conversar sobre sus notas. El bajo rendimiento de Harry en las clases de Snape la tenía sumamente preocupada. A pesar de que la promesa de ayudar a Harry había sido realizada al calor de una discusión con Umbridge, la profesora McGonagall seguía dispuesta a cumplirla.

- Debes esforzarte más en Pociones, Potter. Tus notas han mejorado un poco con respecto a otros años, pero aún estás lejos del nivel que se requiere para seguir la carrera de auror.

- Lo intentaré. Pero no creo que tenga solución. Snape me odia y nunca me dará una nota mayor que Pobre - suspiró Harry resignado.

- El profesor Snape es sumamente exigente con todos sus estudiantes. Esa actitud no te ayudará a superarte, Potter. Debes pensar positivamente - dijo McGonagall con un tonito que Harry odiaba.

Y a pesar de que le había prometido a la profesora McGonagall realizar su mejor esfuerzo, sus esperanzas de aprobar Pociones no eran mayores que las de vencer a Voldemort.



Durante la semana de los exámenes, el castillo se sumió en un inusitado silencio.

Los examinadores del Ministerio llegaron para tomar las MHB y los EXTASIS. La anciana profesora Marchbanks saludó efusivamente a Dumbledore. Aunque Harry no pudo escuchar lo que decían, era evidente que se alegraba de que estuviera a cargo de la dirección del colegio nuevamente.

Los días se sucedían rápidamente uno tras otro sin darles tiempo a nada. Los estudiantes salían al mediodía exhaustos después de rendir los exámenes teóricos para tomar un rápido almuerzo; y en poco tiempo regresaban a los salones de clases para ser examinados a nivel práctico.

Después de cenar volvían a las salas comunes para repasar, hasta bien entrada la noche, para las pruebas del día siguiente.

- ¿Qué pusiste en la pregunta sobre Maleficios Defensivos, Ron? - preguntó Hermione tirandose del pelo por los nervios. Y sin esperar que respondiera continuó:

- Estoy convencida de que me olvidé de agregar las diferentes técnicas de movimientos de varita y


- ¿Quieres callarte al menos por un momento? - estalló Ron cerrando violentamente el libro que estaba leyendo-. Lo único bueno de rendir un examen es que uno no tiene que pensar más en él hasta que te dan los resultados. Te he repetido hasta el cansancio que a mí no me gusta repasar los resultados.

- ¿Cómo esperas aprender si no sabes en qué te equivocaste? - le dijo Hermione molesta.

Pero Ron ya no la escuchaba. Poniéndose de pie, salió por el retrato de la dama gorda rumbo a la biblioteca. Allí al menos Madam Pince sabía cómo mantener a los estudiantes en silencio.

El Examen de Defensa contra las Artes Oscuras resultó más sencillo de lo que Harry había esperado, y el de Pociones aún más terrible. Al menos Harry logró que su antídoto funcionara mejor que el de Neville, quien no había logrado evitar que muriera la rata a la que habían envenenado previamente. Afortunadamente los examinadores tenían antídotos listos para esos casos.

Finalmente rindieron el último examen y saborearon el placer que produce sacarse una pesada carga de encima. Las risas y las conversaciones volvieron al Gran Salón durante la cena del viernes a la noche.

- Pero si son Harry cicatriz Potter, el mendigo pelirrojo, y la sabelotodo de sangre sucia - dijo Malfoy mientras se dirigían a la torre Gryffindor- ¿Qué se siente ser un perdedor, Potter?

Crabbe y Goyle sonrieron estúpidamente.

- No lo sé. ¿por qué mejor no me lo dices tú, Malfoy? ¿En qué puesto terminó el equipo de Quidditch de Slytherin este año?

Ginny, Ron y Hermione soltaron una carcajada.

Malfoy acusó el golpe, y con ira renovada continuó:

- ¡Ah, me olvidaba de la pequeña perrita faldera! ¡Te amo, Harry! ¡Muá! Muá! ¡Muá! - dijo Malfoy dando besitos al aire- ¡Mi héroe, me has salvado de la pobreza
!

- Ten cuidado; Malfoy - le dijo Harry-. Mira que ahora no puedes salir corriendo a pedirle ayuda a tu papá.

- No te metas con mi padre, Potter.

- Eso sería difícil, ya que todavía se encuentra en Azkaban - respondió Hermione.

- No estoy hablando contigo, sangre sucia - respondió Malfoy lanzándole un maleficio.

Pero Hermione estaba preparada y convocó un hechizo protector contra el cual rebotó.

- ¿Qué sucede aquí? - preguntó Snape que había surgido de la escalera que conducía a las mazmorras.

- Fue Malfoy quien nos atacó atacó
- comenzó a explicar Ron.

- ¡Cállete, Weasley! ¡Guarden todos sus varitas! - ordenó Snape con voz fría-. Le descontaré a Gryffindor veinte puntos por cada uno de ustedes por hacer magia en los pasillos, y además serán castigados


- Y yo le descontaré cincuenta puntos a Slytherin porr cada uno de sus estudiantes - dijo el profesor Staker surgiendo de las sombras.

- Es extrraño, profesorr Snape - continuó Staker utilizando el mismo tono frío y tajante de Snape- lo mucho que se preocupa por perrseguir y castigarr a los alumnos de otras casas, mientras sus prropios alumnos quebrrantan las reglas impunemente sin recibirr ninguna reprrimenda de su parrte. Realmente tiene un retorcido sentido de la justicia


- Retírense todos - ordenó Snape mirando con odio al profesor Staker.

- Ustedes tres no - dijo Staker a Malfoy, Crabbe y Goyle mientras sostenía la mirada de Snape -. Están castigados. A menos que el profesor Snape tenga algo que objetar, por supuesto


- Estoy harto de usted, Staker. Saque su varita y defiéndase. - gritó Snape poniéndose en posición de duelo.

- No deben pelear - exclamó Hermione llevándose una mano a la boca-. Harry, Staker no puede defenderse - continuó en un susurro.

- ¿Qué dices? ¿Por qué no? Es profesor de Defensa contra las Artes Oscuras - le susurró Harry a Hermione.

- Sí, pero también es un vampiro
Y leí que ellos no pueden hacer magia - musitó Hermione sin despegar los labios-. Staker no podrá defenderse si Snape lo ataca.

- ¿Estás segura? - musitó Ron. El color había huido de su rostro dejándolo blanco como una hoja.

Hermione asintió.

Harry sacó disimuladamente su varita y se preparó para intervenir en defensa del profesor Staker si Snape lo atacaba. Ron y Hermione lo imitaron.

- ¿Qué sucede, Staker? - continuó Snape con una sonrisa malévola-. ¿Por qué no saca su varita? ¿Acaso tiene miedo de medirse conmigo?

Staker, que estaba palídismo, parado derecho como una armadura, acusó el golpe:

- ¿Me está llamando cobarrde? ¡Eso no puedo perrrmitirlo! - Staker comenzó a ascender las escaleras, pero subitamente se detuvo a pocos pasos de un gran ventanal por el cual penetraban los últimos rayos de luz solar.

Snape comprendió enseguida lo que eso significaba. Sonriendo con satisfacción exclamó:

- ¿Le tiene miedo a la luz del sol? Ahora que lo pienso, no le he visto muy seguido por el comedor
¿Será porque no sirven ninguna comida de su agrado? ¿Sangre, por ejemplo
? Usted es un criatura repulsiva
Un vampiro


Snape escupió la última palabra casi con repugnancia.

Al oír esta palabra, Malfoy, Crabbe y Goyle buscaron rápidamente refugio detrás de Snape.

Éste desvió su mirada a Harry y le dijo:

- Deberías haber sido más cuidadoso, Potter. ¿No te diste cuenta que este vampiro te ha estado usando durante todo el año para que dieras las clases en su lugar? Si fueras un buen estudiante hubieras sabido que los vampiros no pueden hacer magia
Hermosos amigos los que te buscas: un gigante, un hombre lobo y ahora un vampiro


- Medio vampiro - corrigio Staker sin salir de las sombras irgiéndose en toda su estatura- Y mi condición no es para mí motivo de vergüenza.

- Me pregunto que opinaría el resto del colegio sobre su condición si lo supieran. Si está tan orgulloso de ser un vampiro, ¿por qué no lo dijo desde un principio?

- El directorr fue informado sobre mi condición apenas llegué, y él consideró que no era perrtinente que el alumnado lo supierra. El carácterr y las acciones de una persona son las que determinan su valorr y no su orrigen.

- Prefiero mis compañías a las suyas - agregó Harry impresionado por la dignidad del profesor Staker.

Snape se volvio hacia Harry y le espetó:

- Siempre has sido un maleducado, Potter, pero con los años tu insolencia ha crecido aún más. Cincuenta puntos menos para Gryffindor y te quedarás castigado despues de la clase de Pociones durante una semana.

- Ignore esa orden, Potter - ordenó Staker-. Nadie debe ser castigado por decir la verdad. Las actividades vinculadas al tenebrismo del profesor Snape son bien conocidas. ¿Ha informado usted al alumnado sobre las mismas?

Snape apretó los labios y girando sobre sus talones se dirigó a la escaleras que bajaban a las mazmorras, pero chocó con Malfoy, Crabbe y Goyle que aún buscaban refugio a sus espaldas.

- ¿Qué hacen ustedes aquí? - les grito fuera de si- ¡Lárguense!

Malfoy abrió los ojos con asombro. Era la primera vez que Snape le gritaba. Dirigiendo una mirada cargada de terror al profesor Staker, se alejó rápidamente del lugar seguido de cerca por sus amigos.

- Gracias - dijo Harry con sinceridad mirando a Staker a los ojos.

- Nada debes agrradecerme, Potterr. Sólo hice lo que era correcto.

- Disculpe profesor Staker, ¿puedo hacerle una pregunta? - preguntó Hermione levantado la mano como si estuviera en clase.

- Por supuesto, señorita Grangerr. Y no es necesario que alce su mano - respondió Staker con una débil sonrisa.

- El profesor Snape dijo lo mismo que yo leí en un libro de la biblioteca: que los vampiros no pueden hacer magia. Los definen como medio humanos, no magos
Ya comprendí que en las Clases de Defensa contra las Artes Oscuras se valió de Harry para que realizara los maleficios, pero usted es también profesor de Pociones; y el profesor Snape nos enseñó que para preparar pociones es necesaria la magia
¿Cómo hace para realizarlas? ¿Utiliza también a un mago?

- Realmente estoy imprresionado por su inteligencia, señorita Grangerr - aprobó Staker mirando a Hermione con satisfacción.

A Harry le pareció que la comisura de su boca se habia curvado en una sonrisa.

- Como le dije al profesorr Snape, soy medio vampiro. Mi madre era una brruja y mi padre un vampiro. Aunque no poseo el poderr suficiente como para empuñarr una varita, tengo la magia necesaria para prepararr pociones. Enseñarr Defensa contra las Arrtes Oscuras fue diverrtido pero lo hice sólo porrque el directorr de Drumstag me lo orrdenó - respondió el profesor Staker.

Y tendiéndole su mano a Harry agregó:

- Ha sido un honorr conocerlo, señorr Potterr. Antes de partirr quisiera agradecerle toda la ayuda que me ha brrindado este año. Ahora., si me disculpan, tengo que prepararr mi equipaje


- ¿Por qué tiene que irse? - exclamó Harry con indiginación-. ¿Sólo porque Snape piensa decirle a todos que es un vampiro? Al profesor Dumbledore no le importará que su secreto se sepa


El profesor Staker se acercó a Harry y abandonando por primera vez su tono marcial le dijo:

- Algún día entenderrás, Harry, que la verdadera sabidurría radica en saber elegirr qué batallas vale la pena pelearr y cuáles no. Mi tarea aquí está prácticamente concluida. No veo necesario exponerr al señor director a las inevitables quejas de los padrres de los alumnos por unas pocas semanas de clase. El profesorr Dumbledore ha sido muy amable conmigo y no quisiera hacerlo pasarr por ese mal momento. Estoy seguro de que entiendes.

Y girando sobre sus talones, el profesor Staker descendió a las mazmorras marcando el paso con sus botas como era su costumbre.

- Tengo una idea - dijo Harry tomando a Hermione y a Ron del brazo y arrastrándolos consigo.

- - ¿A dónde vamos, Harry? - preguntó Hermione apresurando el paso para no quedarse atrás.

- A la torre Gryffindor. Debemos crear alguna distraccion al estilo de las de Fred y George para impedir que Snape divulgue la noticia antes de Staker se vaya del colegio.

- No sé qué piensas hacer, pero si nos llegan a atrapar nos meteríamos en muchos problemas
- dijo Hermione.

- ¿En verdad no te importa que Snape se salga con la suya? - le preguntó Harry sin aminorar la marcha.

- ¡Oh bueno
! Si una ocasión merece romper un poco las reglas supongo que es ésta - concedió Hermione con inusitada pasión.

- Así se habla, Hermy - aprobó Ron resoplando por el esfuerzo de mantener el paso.

Harry gritó la contraseña un par de metros antes de llegar al retrato de la dama gorda, y como un rayo penetró a la sala común y se dirigió a las escaleras que conducían a los dormitorios.

- Harry, Ron, Hermione ¿qué sucede
? - preguntó Ginny extrañada por verlos a todos con el rostro preocupado.

- Explícale tú - pidió Harry subiendo las escaleras.

Resoplando para recobrar el aliento, Ron puso a Ginny al corriente de lo que había sucedido.

Una vez que estuvo en el dormitorio, Harry se dirigió directo a su baúl y comenzó a llenar los bolsillos de su túnica con todas las bromas que Fred y George le habían regalado. Luego salió tan rápidamente como había entrado.

Hermione, Ron y Ginny lo esperaban en la sala común.

- Voy con ustedes - dijo Ginny sonriendo contenta-. ¿Cuál es el plan, Harry?

Por toda respuesta, Harry metió la mano en uno de los bolsillos de su túnica y la sacó rebosante de varitas falsas, saltaclases, fuegos artificiales y muchas bromas más. Ron, Hermione y Ginny llenaron sus bolsillos con ellas.

- ¡Ah, ya entiendo! - exclamó Ron complacido-. ¡Lástima que Fred y George no estén aquí! Estarían orgullosos de nosotros.

El cuarteto salió de la sala común. Peeves, el poltergeist, flotaba de espaldas alrededor de una de las arañas del pasillo.

- ¿A dónde van pequeños pilluelos? Sospecho que sus intenciones no son buenas - chilló Peeves divertido-. Debería informarle a Filch sobre ustedes


- Como quieras - dijo Harry-. Pero creí que te gustaba hacer un poco de alboroto. El castillo ha estado demasiado tranquilo la última semana, ¿no crees?

- ¡Oh
! ¿Van a hacer una travesura? ¿Por qué no lo dijeron desde un principio? Cuenten conmigo - exclamó Peeves complacido. Y sin decir una palabra más se unió al cortejo.

- Creo que deberíamos separarnos - explicó Harry- Así abarcaríamos más terreno y crearíamos más focos de atención.

- Aún no entiendo qué quieres que hagamos, Harry - preguntó Hermione.

- Ginny y yo iremos por un lado, y tú y Ron irán por otro. Utilicen todos las bromas que tengan para causar la mayor cantidad de confusión posible. De esa manera, cuando Snape intente reunir a los alumnos para contarles sobre Staker nadie le prestará atención porque todos estarán muy ocupados averiguando de dónde proviene el escándolo. Hagan lo que hagan, sólo asegúrense de que explote, haga ruido o tenga muchas luces
¿Listos? - preguntó Harry.

Todos hicieron un gesto afirmativo. Ginny parecía estra disfrutándolo. Hermione lucía muy asustada, y Ron se veía como si hubiera ocupado el lugar dejado vacante por sus hermanos el año anterior.

Ron y Hermione comenzaron a subir hacia el último piso. Y Harry y Ginny, seguidos por Peeves, descendieron hacia la planta baja.

- Espera, Hermy. Tengo una idea - pidió Ron y rebuscó en el bolsillo de su túnica hasta hallar un puñado de saltaclases.

- ¿Que haces? - le pregunto Hermione viendo que partía los saltaclases al medio.

- Les saco la mitad que sirve para curarse. Así serán más efectivos


- Bien pensado - aprobó Hermione y comenzó ella también a partir sus dulces.

- Todo el colegio pasa por aquí. - dijo Ron mirando a su alrededor.

- ¿Qué hacemos? - preguntó Hermione que no tenía muchas experiencia en estos asuntos

- Haz lo mismo que yo. ¡Dulces gratis! - comenzó a gritar Ron alzando una mano repleta de mitades de saltaclases- ¡Acérquense a buscar su dulce gratuito! ¡Hoy es mi cumpleaños!

Varios alumnos se arremolimaron rápidamente alrededor de Ron y Hermione.

- ¡Gracias, Weasley! ¡Felicidades!

- ¡Feliz cumpleaños, Ron! ¡Gracias por los dulces!

Los alumnos palmeaban a Ron en la espalda mientras tomaban un dulce de sus manos o las de Hermione.

Gregory Goyle y Vincent Crabbe atropellaron a varios alumnos que estaban haciendo fila para tomar su saltaclases, y le arrebataron a Ron y Hermione un buen puñado de ellos. Luego se los metieron todos juntos en la boca.

A los pocos segundos, los dos estudiantes de Slytherin comenzaron a vomitar y a sangrar por la nariz de manera incontroblable manchado el suelo y también a otros estudiantes.

Algunos alumnos que habían comido también los falsos dulces sangraban incontrolablemente por la nariz o tenían el rostro repleto de granos. Otros más, doblados por el dolor, se tomaban el estómago.

Pronto se generó un pequeño caos. Alrededor sólo se veían alumnos vomitando, sangrando o gimiendo desesperados.

- ¿Que sucede aquí? - gruñó Filch seguido de cerca por la señora Norris.

- Es momento de partir - susurró Ron al oído de Hermione.

La muchacha no se hizo repetir la orden, y aprovechando la confusión los dos se escabulleron por una escalera que conducía al piso superior.

Un par de pisos más arriba se detuvieron en un rincón oscuro.

- ¿Qué tienes en tus bolsillos, Hermione? - le preguntó Ron.

- Bengalas - respondió la muchacha extrayendo varios tubos muticolores del bolsillo de su túnica.

- ¡Genial! - exclamó Ron- Enciéndelas.

Hermione hizo un fuego con su varita y encendió la mecha de varios cohetes.

Dos brillantes dragones voladores salieron arrojando chispas por todo el pasillo.

Ron y Hermione ascendieron un piso más y encendieron otro par de bengalas. Continuaron así hasta llegar al último piso.

Pronto Hogwarts se pobló de amenzadores dragones, chispeantes trolls, e inquitantes hipogrifos centelleantes arrancando gritos de terror a los desprevenidos estudiantes.

El celador Filch y los A todos los que leyeron esta historia y se quedaron esperando el final, les pido disculpas por la demora. Problemas de salud (que por suerte se estan solucionando), me impidieron escribir el final de la misma con al rapidez que hubiera deseado. Pero la paciencia tiene su recompensa y aquí está el capítulo final. Espero que la espera haya valido la pena.

CAPITULO CATORCE
LA TRAMPA

El corazón de Harry y Ginny todavía latía apresuradamente cuando atravesaron el retrato de la dama gorda, buscando refugio en la Sala Común de Gryffindor.
- ¡Ahhh… estoy exhausta! – suspiró Ginny llevándose una mano al pecho mientras recuperaba el aliento-. Eso estuvo muy divertido.
- Lo sé. Y lo mejor fue que le arruinamos a Snape la posibilidad de decirle a todos el secreto de Staker. No debe estar muy contento, te lo aseguro.
Impulsivamente Ginny se arrojó a los brazos de Harry y le estampó un sonoro beso en los labios.
Al principio, Harry no supo cómo reaccionar, pero pasada la sorpresa comenzó a disfrutarlo.
Finalmente cuando sus bocas se separaron, Ginny, mirando con dulzura a Harry le dijo:
- Te amo, Harry Potter.
Una tocecita discreta sonó a sus espaldas.
Harry y Ginny se dieron vuelta rápidamente.
- ¡TONKS! –exclamaron ambos sorprendidos.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? No sabía que estabas en Hogwarts… - dijo Harry.
- Tu padre me envió a buscarlos, Ginny. Se trata de Percy…
- ¡Oh! – exclamó Ginny llevándose una mano a la boca-. ¿Acaso le ha sucedido algo malo…?
- No puedo darles muchos detalles. Sólo me pidieron que venga por ti. Tú también debes venir, Harry. Órdenes del Ministro… – Tonks les alargó una bolsa repleta de polvo brillante-. Usaremos la red flu…
- Espera – dijo Ginny-. Hay que avisarle a Ron…
- Otros magos ya están buscando a tu hermano… Se reunirá con nosotros ni bien lo encuentren – Tonks se dirigió a la chimenea y encendió un fuego con su varita.
- ¿A dónde vamos? – preguntó Harry.
- Al número 24 de Baker Street – informó Tonks. Y luego de ubicarse en la chimenea y pronunciar claramente la dirección, desapareció envuelta en una llamarada esmeralda.
Harry la siguió rápidamente.
Harrry sintió cómo todo giraba a su alrededor. No había tenido tiempo de reponerse de la sorpresa cuando se encontró en un apartamento pequeño y oscuro. Olía a encierro y humedad.
Dos bultos se movían en un rincón del salón.
- ¡Lumos! – gritó Tonks.
La habitación se iluminó y Harry vio con asombro que el señor y la señora Weasley estaban atados y amordazados en un rincón.. A su lado estaban Percy y Tonks. Antes de poder preguntar cualquier cosa, sintió que Ginny lo empujaba al salir de la chimenea.
- Lo siento, Harry…¿Por qué mamá y papá están atados…? ¡Percy! ¿Qué sucede aquí? – dijo Ginny hablando rápidamente casi sin respirar.
- A mí también me gustaría saberlo, Tonks – preguntó Harry sacando una varita del bolsillo de su túnica. Varias bromas del negocio de los hermanos Weasley cayeron al suelo.
- ¡Expelliarmus! – gritó Tonks.
Las varitas de Harry y Ginny salieron volando de sus manos y Tonks las atrapó.
- Bienvenido, Harry. No sabes el gusto que me da verte nuevamente ¿Sorprendido? – dijo una vocecita que Harry reconoció al instante.
En un rincón, apuntándoles con su varita, estaba Bellatrix Lestrange.
- ¿Qué quiere ahora? – dijo Harry con desprecio. Y volviéndose a Tonks le preguntó:
- ¿Por qué nos has traído aquí...?
Tonks sonreía con una expresión malévola que Harry nunca le había visto. Entonces comprendió.
- Eres una sucia espía… Tú le has estado informando a Voldemort todo este tiempo. Tú le dijiste sobre el pergamino - dijo Harry con desprecio mientras la señalaba con el dedo.
- ¡Cállate! No eres digno de llamar al Señor Oscuro por su nombre – rugió Bellatrix Lestrange tomándose el antebrazo .
- Harry, Harry, deberías cuidar esa boca… Por supuesto que fui yo. Y fui muy bien recompensada por la información - dijo Tonks con descaro enrollando un mechón de pelo rosado en el dedo índice.
- No entiendo… Ella no conocía la existencia del pergamino, Harry – intervino Ginny que aún no salía de su sorpresa-. Alguien más debió informarle.
- ¿Snape? – dijo Harry en un murmullo.
Tonks y Bellatrix soltaron una carcajada burlona.
- No, no fue tu querido profesor de Pociones el que nos informó, sino alguien más.
El rostro de Tonks comenzó a transfigurarse. Sus cabellos de color rosa se volvieron grises y escasos. Sus orejas se hicieron puntiagudas y todo su cuerpo pareció encorvarse y achicarse hasta convertirse en…
- ¡Kreacher! – exclamó Harry que no salía de su asombro-. Tú tomaste su lugar en Grimmauld Place.
- ¡Bravo! – exclamó el falso Kreacher aplaudiendo-. El amo ha comprendido la verdad… Por supuesto que el verdadero Kreacher no podía traicionarte si le dabas una orden directa, y estábamos seguros de que la presumida de Granger no dejaría de adoctrinarte a ese respecto. Pero aún así, el verdadero Kreacher pudo decirnos que era muy importante que me hiciera pasar por él...
- Percy, ¿tú estabas al tanto de todo esto? ¿Cómo pudiste…? ¿No te das cuenta con la clase de gente con la que te has juntado? ¡Esa mujer es Bellatrix Lestrange! Una conocida mortífaga – estalló Ginny increpando a su hermano.
- ¡Cómo te atreves a acusar de mortífaga a la señora Gerlantes, una maga muy reconocida! ¡Tú t-tienes el desacaro de cuestionar de m-mis compañías y a-andas con ese loco de Potter! De todas maneras, n-no esperaba que comprendieras. D-dumbledore los tiene engañados a t-todos. Probablemente con la maldición Imperio… Si n-no fuera así entenderías que t-todo lo hice por el bien de nuestros padres...
- Eso es evidente – respondió Ginny con sarcasmo señalando a sus padres que yacían amordazados en un rincón.
Percy desvió su mirada hacia otro lado y no dijo nada más.
- Tu hermano nos ha resultado muy útil. ¡Él supo elegir el bando correcto! – exclamó Bellatrix soltando una carcajada. Y dirgiéndo una mirada burlona a Percy agregó:
- Muy a su pesar nos ha sido muy útil.
Por un momento pareció que Percy iba decir algo, pero luego volvió a encerrarse en su mutismo.
Bellatrix Lestrange habló a un espejo que sostenía en su mano.
- Amo, las moscas cayeron en la trampa. El campo está libre, puede aparecer cuando lo desee.
Voldemort y Peter Pettigrew se materializaron en el centro del salón, casi en el mismo instante en que una llamarada esmeralda chisporroteaba en la chimenea de la habitación.
- ¿Por qué este inútil todavía está vivo? – rugió Voldemort con despreció señalando a Percy.
- Amo, pensé que como nos había ayudado tanto, quizás podría… - comenzó a explicar Tonks.
- Crucio – gritó Voldemort dirigiéndose su varita hacia Tonks. La joven se retorció de dolor en el suelo- Tú función no es pensar sino obedecer mis órdenes. Que no se te olvide.
Tonks se retorció en el piso presa de horribles dolores en todo su cuerpo. Cuando por fin se levantó, su frente estaba perlada de pequeñas gotas de sudor.
- Bien, Potter. Terminemos de una vez: quiero el pergamino. Y también que me digas cuál es su contenido – ordenó Voldemort apuntando a Harry con su varita y clavando en él sus pupilas rojas.
Harry apretó los labios con determinación mientras sostenía la mirada de Voldemort en actitud desafiante.
Voldemort frunció imperceptiblemente el ceño y abrió un poco más los ojos. Luego de un instante la comisura de sus labios se curvó en una débil sonrisa.
- Veo que has aprendido la suficiente Oclumencia como para cerrar por un instante tu mente insdisciplinada... Sin embargo, no eres digno de que gaste mi tiempo tratando de penetrar tus insignificantes pensamientos. Hay otras formas más expeditivas de hacerte hablar.
Los ojos de Voldemort fueron lentamente de Harry a Ginny. La sonrisa en los labios de Voldemort se ensanchó.
- Bellatrix:, mata a la chica.
- Con gusto, amo – exclamó Bellatrix apuntando a Ginny con su varita-. ¡Avada Kedrava!
El tiempo pareció congelarse. Harry buscó en el interior de su túnica deseando haberse quedado con la varita correcta.
Las imágenes de la muerte de su madre desfilaron por su mente. Voldemort acercándose a la cuna con la varita lista para matarlo. Y los gritos de su madre: “¡A Harry, no! ¡A Harry, no!”
Todo el diario de su madre y sus palabras misteriosas tomaron real significado para él. En ese instante de claridad descubrió el secreto de lo que por tanto tiempo había estado practicando junto a sus amigos.
Harry movió su varita en la forma que habían practicado durante incontables noches junto a sus amigos en la Sala Multipropósito.
Y gritó con la voz más potente y clara que pudo, mientras apuntaba a su novia con la varita.
- ¡A Ginny no!
Un escudo escarlata brillante como ninguno de los anteriores, se materializó entre Ginny y el maleficio asesino. El rayo verde rebotó y le golpeó a Bellatrix en pleno rostro.
Al instante, la mortifaga cayó fulminada sin vida.
Voldemort se volvió un instante sin llegar a comprender lo que sucedía.
- ¡Maldito seas, Potter! ¡Avada Kedrava! – gritó con furia.
Pero el maleficio lanzado por Voldemort a Harry no llegó a destino.
- ¡A Harry, no! – gritó Hermione saliendo de debajo de la capa invisible en la que ella y Ron se hallaban escondidos.
El rayo del maleficio rebotó en el escudo convocado por Hermione y se dirigió hacia Voldemort. Pero antes de lo alcanzara, éste hizo un rápido movimiento con su varita e interpuso el cuerpo de Percy en su camino.
El destello verde del maleficio imperdonable golpeó a Percy de lleno en el pecho. Al instante su cara tomó la palidez de la muerte. El cuerpo de Percy golpeó contra el suelo. Sus ojos sin vida, quedaron abiertos reflejando sorpresa.
- ¡Avada Kedrava! – grito Colagusano apuntando a Hermione con la varita que le había sacado a Harry.
Pero esta se convirtió en un pollo de goma.
Colagusano miró su varita sorprendido sin comprender a qué clase de magia se estaba enfrentando.
En ese instante, Dumbledore salió de la chimenea, seguido por McGonagall, Flitwick.
Viendo el cariz que tomaba la situación, Voldemort se envolvió en su capa y desapareció. Tonks y Colagusano desaparecieron tras su amo, antes de que alguien pudiera impedírselos.
Un silencio pesado se extendió por la habitación.
- Parece que tendrán una buena historia para contarme – comentó Dumbledore- Aunque veo que mi presencia aquí no ha sido tan necesaria como pensaba.
La señora Weasley – a quien el profesor Flitwick había liberado- estalló en un llanto desgarrador abrazando el cuerpo sin vida de su hijo.
Todos guardaron un respetuoso silencio.
Harry sintió como si su cicatriz se hubiera abierto y su cerebro se estuviera derramando por ella. Se llevó la mano a la frente y la retiró manchada de sangre caliente. Un aluvión de sentimientos, mezcla de odio, indignación y asombro, le revolvieron el estómago. Pero ya tenía la suficiente experiencia para saber que no se trataba de sus propios sentimientos.
Harry inspiró profundamente buscando sobreponerse. Ginny lo necesitaba. El señor y la señora Weasley, arrodillados junto al cuerpo sin vida de Percy, no hallaban consuelo. Ginny lloraba junto a su madre, mientras Ron, que estaba parado detrás de su padre, permanecía de pie, con la mirada vacía, sin terminar de asimilar lo sucedido.
Harry se acercó cautelosamente a Ginny y, sin decir una palabra, comenzó a acariciarle el cabello. La muchacha se dio vuelta y escondió el llanto en los hombros de Harry.

***

Finalmente, Harry, Hermione y los profesores decidieron volver a Hogwarts, dejando a los Weasley vivir su dolor en la intimidad de su familia.
De nada valieron las súplicas de Hermione y Harry para quedarse junto a sus amigos.
- Habrá un tiempo en que su presencia será más que necesaria, créanme - dijo Dumbledore -. Pero por ahora lo mejor es dejar a la familia a solas.
Uno por uno, se zambulleron en las llamas esmeraldas hasta la Sala Común de Gryffindor.
- ¡Te atrapé, Potter! ¡Esta vez nadie te salvará de la expulsión! – exclamó el celador Filch tomando a Harry fuertemente de un brazo y sacudiéndolo con violencia.-. ¿Dónde está tu compañera de fechorías? El profesor Snape los está esperando en su despacho...
Harry se sentía tan abatido, que ni siquiera luchó por liberarse de la garra de Filch.
Hermione, McGonagall y Flitwick aparecieron detrás de Harry. Finalmente hizo lo propio Dumbledore.
- Señor Director, atrapé a uno de los responsables de los desórdenes de esta tarde. En cuanto confiese el paradero de la niña Weasley recibirán el castigo…
- Ahora no Argus… - ordenó Dumbledore con voz calma, pero que no daba lugar a réplica.
Pero Filch estaba demasiado enfurecido como para permitir que Harry se escurriera de sus manos así nada más.
- ¡Pero señor director! ¡Yo vi a Potter y a la niña Weasley con mis propios ojos! Ellos fueron los causantes de todo el desorden… Los fuegos artificiales, los duplicados…
- He dicho que ahora no es el momento, Argus…
- Pero…
- De todas maneras, con tantos duplicados sueltos en el castillo, creo que nadie puede asegurar que a quienes viste fueran realmente Potter y Weasley, Argus - insistió Dumbledore con voz amable pero firme.
Filch soltó a Harry no sin antes dirigirle una mirada asesina. Finalmente salió de la sala común de Gryffindor murmurando por lo bajo y apretando los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos.
- Vamos a mi despacho, Harry. Usted también señorita Granger. Tengo curiosidad por saber exactamente qué fue lo que sucedió en ese departamento.
Harry y Hermione siguieron a Dumbledore hasta su despacho.
Harry se sentía abatido. No tanto por Percy, con quien en definitiva no había llegado a intimar demasiado, sino por lo que debían estar sufriendo su amigo y su novia.
El hecho de que Voldemort hubiera logrado cobrar una nueva vida inocente había abierto las heridas mal cicatrizadas que la muerte de Sirius le habían causado.
Una vez acomodados frente al escritorio de Dumbledore, Harry relató con voz monótona y cansada, todo lo que había sucedido desde que descifraran el pergamino. Hermione intervino en algunas pocas ocasiones, para agregar algunos detalles.
El director hizo detener su relato en numerosas ocasiones, interrogándolos sobre los más pequeños detalles. Especialmente en lo referente al contramaleficio. Mientras Harry y Hermione relataban cómo habían practicado el contramaleficio hasta descifrar su funcionamiento, los ojos de Dumbledore adquirieron una expresión de triunfo.
- ¿Por qué no recurriste a mí por ayuda, Harry? – preguntó Dumbledore como al descuido.
- Pensamos en hacerlo – respondió Harry exhalando un suspiro de resignación -. Pero luego del incidente con Snape…
- Con el profesor Snape, comprendo – dijo Dumbledore. Y ya no preguntó nada más.

Al finalizar el relato, todos permanecieron un largo rato en silencio sumidos en sus propios pensamientos.
- Debo confesar que la traición de la señorita Tonks no nos toma por sorpresa. Aunque hubiera deseado que las sospechas de Alastor Moody no fueran ciertas.
- ¿El profesor Moody sospechaba de Tonks? – preguntó Hermione interesada- A mí nunca se me hubiera ocurrido que fuera una traidora.
- Nadie salvo Alastor Moody hubiera pensado en ella de esa manera. Pero las habilidades metamórficas de la señorita Tonks eran un arma demasiado poderosa como para que Voldemort no intentara tentarla de pasarse a su lado. Moody siempre mantenía un ojo sobre ella – dijo Dumbledore riéndose de su propia broma -. Un momento antes de que la profesora McGonagall se dirigiera a mi despacho, Alastor Moody se había comunicado conmigo para informar sobre ella. Una vez que junté la información no me fue muy difícil sospechar lo que estaba sucediendo.
- ¡Pero Tonks era una auror! La profesora McGonagall siempre me dice que son cuidadosamente seleccionados e inspeccionados antes de elegirlos… - comentó Harry confundido.
El rostro de Dumbledore se ensombreció por un instante:
- Me temo que los estandares de la escuela de Aurores han descendido mucho desde que Cornelius Fudge se ha hecho cargo del Ministerio. Sin duda alentado por mortífagos como Malfoy a los que les interesaba que así fuera. Voldemort tiene muchas maneras de pelear esta guerra y debemos estar atentos para presentarle batalla en cada frente.
- ¿Por qué alguien como Voldemort hace todas estas cosas? – estalló Harry por fin - ¿Por qué tanto sufrimiento? ¿Por qué tanto dolor? ¿Por qué tanta muerte?
- ¡Ah Harry! – exclamó Dumbledore acariciándose la larga barba blanca- Esa es sin duda una de las preguntas más importantes de la vida. Una cuestión digna de ser estudiada por el Departamento de Misterios, créeme. Aunque en lo personal dudo mucho que alguna vez podamos hallar una respuesta que satisfaga a todos. Lo único que sabemos es que en este mundo hay dolor, sufrimiento, enfermedad y muerte, Harry. Siempre ha sido así y probablemente siempre lo será.
- Entonces nada de lo que hagamos realmente importa… Todo es inútil… Todo… - estalló Harry liberando parte de la furia que lo embargaba.
- ¡Ah, has tocado una cuestión importante, y es el papel que cada uno asume frente a estas realidades! La pregunta correcta no es por qué existe el mal, el dolor, o la muerte, sino lo que cada uno de nosotros hace frente a ellos.
Harry frunció tratando de comprender lo que Dumbledore había dicho.
- Algunos se rebelan, maldicen su destino, se pelean con ellos mismos y con los demás. Y de esa manera logran envenenar no solamente su existencia, sino también la de aquellos que los rodean, como creo que habrás comprendido.
Harry pensó inmediatamente en Snape. Pero luego se recordó a sí mismo luego de la muerte de Sirius…
Dumbledore pareció leer sus pensamientos.
- Así es, Harry. El maldecir nuestro destino o nuestra suerte no le devolverá la vida a Percy Weasley… ni tampoco a Sirius.
- Profesor Dumbledore… - intervino Hermione rompiendo el incómodo silencio que se había creado – ¿Qué podemos hacer nosotros entonces?
- Nunca darnos por vencidos. Luchar con todas nuestras fuerzas para superar las adversidades. Poner lo mejor de nosotros mismos para hacer del mundo un lugar mejor. Donde haya un poco menos de mal y un poco más de bien…
Hermione asintió con la cabeza. Y Dumbledore, buscando los ojos de Harry con la mirada, le dijo:
- Eso hicieron tu padre y tu madre, Harry. Y eso haces tú cada vez que te enfrentas a Lord Voldemort a pesar de la aparente desventaja en que te encuentras. Son muchos los magos y brujas que se han dejado vencer sin siquiera luchar. Tú en cambio has cargado tu destino sobre tu espalda con valentía y has dado siempre lo mejor de ti. No puedo decirte lo orgulloso que me siento. Has inspirado la vida de muchas personas a hacer lo correcto, en lugar de seguir el camino de lo que es fácil. Tus padres no podrían estar más orgullosos de lo que yo estoy, Harry.
- ¿Y para qué sirvió? Percy Weasley está muerto…
- Pero tú y tu novia están vivos. Y muchos más vivirán gracias al contramaleficio que has descubierto.
- Pero no lo descubrí yo. Fue mi madre.
En el rostro de Dumbledore se dibujó una amplia sonrisa.
- Es verdad. ¿Sabes que quien crea un nuevo hechizo tiene derecho a bautizarlo? Por eso, con tu permiso querría llamarlo "Contramaleficio Evans". ¿Estás de acuerdo?
Harry asintió secándose una lágrima que corría por su mejilla con el dorso de la mano.

***
Al día siguiente, Harry y Hermione fueron autorizados a salir de Hogwarts para acompañar a Ginny y Ron en los funerales de Percy. Nada se mencionó sobre los últimos años de su vida, sino que los discursos hicieron hincapié en sus logros académicos, y en sus cualidades personales, tendiendo un manto de piedad sobre sus errores.
Los cuatro regresaron a Hogwarts para el banquete final.
- Hay algo que quería preguntarte, Hermione… - dijo Harry buscando tema de conversación mientras se servía una pequeña porción de ensalada -. ¿Cómo nos hallaron tú y Ron a Ginny y a mí?
Hermione y Ron se miraron, y finalmente Ron le hizo un gesto a su amiga para que lo contara ella.
- Entramos en la sala común justo cuando Tonks y ustedes estaban por entrar en la chimenea. Tonks había dicho que estaban buscando a Ron, por lo que decidimos preguntarle a McGonagall, pero ella no parecía saber nada al respecto. Tampoco conocía la dirección a la que se habían dirigido. Entonces, mientras ella le informaba a Dumbledore, Ron y yo nos escabullimos y regresamos a la sala común. Buscamos la capa invisible en tu baúl y utilizamos los polvos flu para ir a la dirección que ustedes habían gritado antes de desaparecer.
- Y llegaron justo a tiempo para salvar a Harry – exclamó Ginny.
- Ron casi nos delata cuando Voldemort apareció en el salón. ¡Oh Ron! ¡Vamos, es verdad!
Las orejas de Ron se pusieron coloradas y se sirvió un poco de pavo para disimular.
- Fuiste muy inteligente al descubrir cómo hacer funcionar el contramaleficio, Harry.
- No fue nada especial. Simplemente recordé las palabras que mi madre había gritado antes de morir. No quería que otro ser querido muriera.
Ginny le sonrió y acarició suavemente el hombro de Harry.
- Hermione también estuvo fantástica – exclamó Ron un poco más animado -. Cuando vio cómo habías salvado a Ginny supuso qué era lo que debía hacer.
- Y justo a tiempo – exclamó Ginny sin dejar de contemplar a Harry con ojos enamorados.
- Lo mejor fue cuando Scabbers utilizó la varita de Fred y George contra ti; Hermione – comentó Ron -. ¿Vieron la expresión de su rostro…? Pero no vayan a decirles nada o comenzarán a pavonearse diciendo que hasta el Innombrable ha caído en una de sus bromas.
Muy a su pesar todos sonrieron.
Finalizados los postres, el director se puso de pie y en el salón se hizo un respetuoso silencio.
- Otro año que se va. Un año atípico, lleno de sucesos graves e inesperados. Todos saben que estamos librando una guerra con Voldemort.
Un susurro de temor recorrió el Gran Salón.
- Y para mucha gente esto no significara nada mas que que las malas noticias han aumentado en el Profeta. O comentar en el Caldero Chorreante los detalles sobre tal o cual ataque. Sin embargo, los alumnos de este colegio han aprendido dolorosamente, a comienzo de este año, lo que realmente significa estar en guerra.
Los rostros de numerosos alumnos se ensombrecieron. Y se escucharon de manera aislada los apellidos de algunos de los caídos en el ataque al Expreso de Hogwarts. Dumbledore esperó respetuosamente hasta que los murmullos se hubieran aquietado, y continuò.
- La guerra es mala. En la guerra muere gente inocente que nada sabe de odios o peleas de poder. En estas situaciones el odio surge con mayor facilidad. Pero no debemos olvidar que es como un lazo del diablo, se apodera de nosotros hasta asfixiar toda alegría, todo deseo de vivir. Es preciso extirparlo de cuajo por nuestro propio bien. Y la pregunta sigue siendo siempre la misma: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros? De un lado luchan por el odio, la division y, sobre todo, las ambiciones personales de un mago que en su locura quiere dominar a todos y someterlos a sus designios. Por el otro, están aquellos que tratan de construir un mundo donde todos podamos convivir en paz y en armonía. Respetando las diferencias y libertades individuales. Creo que si lo piensan verán que no es un elección dificil de realizar.
Muchos alumnos que seguían atentamente el discurso, asintieron con la cabeza.
- Algunas personas ya han elegido y han dejado su huella. Han marcado un camino para que los que quieran puedan seguirlo.
Dumbledore tomó la copa de oro de la mesa y alzando su brazo en alto continuó:
- Quiero brindar en primer lugar por un ex alumno de Hogwarts y hermano de dos compañeros de ustedes al que quizás en algún momento sus ambiciones lo hayan hecho desviarse del sendero de lo correcto, pero que al final de su vida comprendió lo que era verdaderamente importante. Por Percy Weasley.
- ¡Por Percy!
- En segundo lugar quiero brindar por otra antigua alumna de este colegio y madre de otro de sus compañeros. Su lucha contra el mal ha ayudado a hacer del mundo un lugar mejor, más luminoso, y nos ha dado las armas que necesitamos para resisitr a nuestros enemigos. ¡Por Lily Evans!
Varios alumnos de Slytherin dejaron sus copas sobre la mesa y dirigieron miradas burlonas hacia la mesa de Gryffindor.
Dumbledore permaneció callado mirando por primera vez directamente a la mesa de Slytherin con la copa aún en alto. Uno por uno los alumnos fueron tomando sus copas y alzándolas para unirse al brindis.
- Así está mejor – comentó Dumbledore con expresión severa. Y sin apartar la mirada de la mesa de Slyhterin, continuó:
- Algunos de ustedes se preguntarán porqué permitimos la presencia de los malos entre nosotros.
Murmullos de aprobación recorrieron el Gran Salón. Todos los rostros estaban vueltos hacia la mesa de Slyhterin. Malfoy lucía más pálido y ojeroso que de costumbre. Peeves sobrevolaba sobre ellos con expresión entre seria y divertida.
- Por un lado tenemos la esperanza de que nuestra lucha y nuestro ejemplo, los hagan recapacitar y realizar lo que es correcto.
Un silencio profundo acompañaba cada palabra de Dumbledore.
- Pero también nos sirven a todos nosotros como un recordatorio de aquello en lo que podemos convertirnos cuando cedemos a nuestros temores y odios. Que su presencia y sus actitudes nos alienten o no ceder ante el mal.
Los alumnos de Gryffindor, Ranvelcaw y Hufflepuff estallaron en la ovación más ruidosa que se tuviera memoria.
Cuando los gritos y los aplausos – a los que muchos profesores se habían sumado – se extinguieron completamente, el director continuó:
- Por último me es grato anunciar que la casa Gryffindor ha ganado el campeonato de las casas. Bien hecho, Gryffindor. Felicitaciones.
Aquello fue el broche de oro. Ravenclaw y Hufflepuff festejaron el triunfo de Gryffindor como si hubiera sido el propio. Las tres casas permanecieron reunidas en el Salón mucho tiempo después de que se retiraran los profesores. Mientras los alumnos de Slyhterin, entre avergonzados y temerosos, se retiraban a la seguridad de su Sala Común masacullando amenazas por lo bajo.

***
A la mañana siguiente, los baúles se hicieron rápidamente, y se apoderó de todos los alumnos la mezcla de nostalgia y alegría que la inminencia de las vacaciones trae consigo.
El viaje de regreso en el Expreso de Hogwarts fue más tranquilo y silencioso de los acostumbrado. Malfoy, Crabbe y Goyle se cuidaron muy bien de salir de su compartimiento por temor al resto de los estudiantes que luego del discurso de Dumbledore parecían dispuestos a aportar su granito de arena en la guerra contra Voldemort.
Luego de un par de partidas de ajedrez mágico - en las que Neville le ganó a un desganado Ron -, Ginny, Harry, Ron y Hermione permanecieron la mayor parte del tiempo encerrados en un silencio poblado de recuerdos desagradables e incómodos.
Luna y Neville hicieron lo posible por entablar conversación, pero finalmente se pusieron a conversar entre ellos. Neville le mostraba a Luna su nueva planta mágica y ésta parecía seguir con interés y asombro las explicaciones del muchacho.
La familia Weasley estaba esperando en el andén. También Ojoloco Moody y Remus Lupin.
Y por supuesto, varios metros más allá, los Dursley, quienes no dejaban de echar miradas de desprecio al grupo de magos.
Los ojos de la Señora Weasley seguían rojos e hinchados.
- Hola, Harry querido – dijo abrazando a Harry con fuerza -. No tuve ocasión de agradecerte por salvar la vida de Ginny.
Harry no supo qué decir y se sintió aliviado cuando la señora Weasley lo liberó unos segundos después.
- Hola Harry – saludó Remus Lupin - Dumbledore nos contó que finalmente lograste descifrar el pergamino. Felicitaciones.
A su lado, Ojoloco Moody soltó un gruñido:
- Aquí no, Remus.
Y luego, inclinándose hacia Harry, dijo en un susurro:
- Es muy importante que mantengas en secreto todo este asunto. ¿Lo entiendes, verdad Potter?
Harry asintió.
- Bien – dijo Moody incorporándose y alzando la voz - Felices vacaciones.
Y echando una mirada a los Dursley agregó:
- Y si llegas a tener problemas con los muggles, ya sabes dónde encontrarme.
El tío Vernon enrojeció y la vena de su frente se hinchó considerablemente.1
- Vamos, muchacho – gruiñó -. No tenemos todo el día.
Harry se despidió de sus amigos.
- Adiós, Harry. Nos veremos pronto amigo – dijo Ron.
- Sí, Harry. En cuanto podamos te sacaremos de la casa de tus tíos – le aseguró Hermione.
- Voy a mandarte una lechuza todos los días – dijo Ginny escondiendo una lagrimita – Y si tus tíos te tratan mal, yo misma iré a sacarte de allí. Tengo contactos en el Ministerio, ¿sabes?
Harry sonrió y se apresuró para alcanzar a sus tíos.
Sabía que lo que debía suceder sucedería, pero ahora se sentía más preparado para enfrentarlo.


FIN
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Harry Potter y el Secreto del Pergamino - Fanfics de Harry Potter

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2023-02-27

 

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