Es una atardecer de verano común y corriente en Privet Drive. Los pájaros vuelan de árbol en árbol tratando de encontrar un poco de fresco bajo la sombra de las ramas. Los vecinos lavan los autos o, simplemente, riegan los jardines. Harry, un muchacho delgado, de enmarañados cabellos negros, intensos ojos verdes y anteojos redondos, está sentado junto a la ventana de su cuarto mirando el paisaje de casitas iguales en aquel lugar que él habita desde que era un bebé. Pronto cumplirá sus diecisiete años y tendrá la mayoría de edad, al menos así será en el mundo mágico, él ni siquiera pensaba en eso. Se sentía sólo y muy triste, alejado de todos los que amaba y sin noticias de nadie, sin Hermione ni Ron, sin toda la familia Weasley que le había dado tanto cariño y, sobre todo, sin su amada Ginny. No volvería a Hogwarts ese año, se había propuesto terminar con Lord Voldemort, el mago más malvado del mundo, de una vez por todas. Sabía que tendría que enfrentarse sólo a los peligros del futuro. Trató, sin conseguirlo, pensar en otra cosa. De pronto escucho una pelea en el vestíbulo, eran su tía Petunia y su tío Vernon, Harry agudizo el oído.
- Estoy cansada de disimular.
- No te atreverías.
- No sabes de lo que soy capaz.
- Pero Petunia...
- Hace años que te lo digo y no me escuchas, pero esto termina aquí, si no te agrada pediré el divorcio.
Se hizo una pausa que pareció eterna.
- ¿De qué estás hablando? - preguntó Vernon, la voz le temblaba.
- Lo que oíste y te vas de esta casa.
- Esta casa también es mía.
- Por supuesto que no, la herede antes de casarme contigo, era de mi hermana y mía.
- No lo estarás diciendo enserio.
- Muy enserio - dijo Petunia con rotundidas-. Si quieres seguir tratando a ese muchacho de la misma manera que hasta ahora es cosa tuya pero es mi sobrino y pronto no vivirá más con nosotros, pienso disfrutar de él el poco tiempo que me quede a su lado.
Parecía que la pelea había terminado ahí y así era porque segundos después Petunia llamó a Harry.
- Harry, baja, ya está la merienda.
El muchacho creyó que comería tostadas viejas con un té que parecía agua sucia, pero se equivocó.
- Siéntate - le dijo Petunia-. Cuando termines de comer, tú y yo hablaremos unos momentos.
De inmediato su tía trajo té, unas tostadas recién hechas y mermelada de frambuesa.
- Come, Harry, estás muy delgado. Cosa que no se puede decir de tu primo - agregó mirando a Dudley con reprobación.
Era la primera vez que Harry la oía decir algo malo sobre su hijo y también la primera vez que comía algo sabroso en esa casa.
- Sube a tu habitación - le dijo cuando terminó de comer, pero no sonó como un mandato sino como un pedido-. En unos momentos estoy contigo.
Harry subió deseoso de saber que se traía entremanos Petunia. A los pocos segundos de haber entrado en su habitación escuchó un pequeño PLIN y se puso muy contento.
- ¡Ho... hola señor Potter! - dijo el elfo tímidamente-. He venido a ver como se encontraba porque hace tiempo que nadie tie...
Pero Harry no lo dejó terminar de hablar, se arrodillo frente al elfo para quedar a la altura de este y le dio un enorme abrazo.
- ¡Dobby... Dobby... - le decía riendo- no sabes lo feliz que estoy de verte!.
- ¿El señor Potter... Harry Potter está feliz de ver a Dobby?.
- ¡Por supuesto que sí!.
En ese momento entró Petunia. Harry creyó que su tía haría un escándalo en cuanto viera al elfo, pero estaba equivocado.
- ¡Oh, un elfo doméstico! - dijo como si nada-. ¿Cómo te llamas?.
- Dobby, señora.
- Yo soy Petunia, la tía de Harry - dijo dándole un apretón de manos.
Harry la miraba con los ojos como platos, no podía creer lo que estaba viendo.
- El año pasado conocimos a Kreacher.
- ¿Estuvo aquí? - preguntó muy indignado-. No puedo creer que el señor Potter halla dejado entrar en esta casa a semejante basura indigna de su raza. Kreacher malo... mal elfo. ¿Cómo pudo traicionar a su amo y al señor Potter?.
- Yo no lo traje - le dijo para tranquilizarlo-. Fue Dumbledore quien lo trajo pero sólo para saber si la casa de Sirius era en verdad mía o no. Luego lo mande a Hogwarts para que trabajara en la cocina con ustedes.
- ¡TRABAJAR... TRABAJAR... ! - gritó el elfo muy enojado-. ESE DESGRACIADO NO HACE NADA... NADA... SE LA PASA DICIENDO NO LO HARE... NO LO HARE... Y... Y NO HACE NADA.
- ¡Sssshhh! - dijo Harry-. Silencio Dobby o vendrá tío Vernon y estaré en problemas.
- No lo estarás - dijo tía Petunia acercándose a Harry-. Ya he hablado de ciertas cosas con tu tío pero ya te lo contaré.
- Bien, ¿a qué haz venido? - preguntó Harry al elfo, mientras miraba de reojo a su tía.
- Oh, Dobby tonto... Dobby casi lo olvida.
El elfo sacó unas cartas de su bolsillo.
- ¡DOBBY! - gritó Harry.
- No, señor Potter, Dobby no interceptó su correspondencia. Dobby trae cartas de sus amigos... si... para que usted las lea... por... por supuesto - dijo muy nervioso.
- ¿De verdad? - dijo el muchacho muy emocionado.
- Hay carta del señor Ron - decía el elfo mientras las iba mirando una a una-, del señor Lupin, de la señorita Hermione y, por supuesto, de la señorita Ginny.
- ¿Carta de Ginny?.
- Sí, ella estaba muy ansiosa porque su carta llegara cuanto antes - dijo el elfo cerrándole un ojo.
- ¡Dámelas... da... dámelas todas! - apenas si podía respirar de la felicidad. Las leyó una por una comenzando por la de Ginny.
Mi amado Harry:
Ojalá que estés feliz de recibir nuestras cartas y espero que los Dursley te hallan tratado bien hasta ahora.
Sólo quería saber como estabas.
Tengo que dejarte porque estoy muy ocupada con el casamiento de Flema y Bill.
Siempre estás en mis pensamientos y en mi corazón.
Te amo
Ginny
Harry:
¿Cómo estás?.
Todos te extrañamos mucho.
Cuando estemos juntos te contaré infinidad de cosas gratas.
Te iremos a buscar.
Te desea suerte quien ha tenido el placer de ser tu profesor.
Remus Lupin
Harry:
Esto será genial, pasarás tu cumpleaños con nosotros, iremos con Hermione a pasar unos días contigo, espero que tus tíos no se molesten y, si lo hacen, peor para ellos. Luego vendrás a casa para que estés en la boda de mi hermano.
Falta poco para que nos reunamos, no desesperes.
Te extraño.
Nos vemos amigo-hermano.
Saludos
Ron
Querido Harry:
Lamento escribir tan poco pero no tengo nada de tiempo, estoy atareada con la boda de Fleur y Bill, va a ser muy linda y por supuesto que estás invitado.
La señora y el señor Weasley te mandan cariños.
A Fred y George les va muy bien con la tienda de chascos.
Percy no ha dado señales de vida.
Charlie viene sólo unos días porque está muy ocupado con los dragones, nos contó que Norberto está enorme y lindo (bueno, a los únicos que se les puede ocurrir que un dragón sea lindo es a él y a Hadrid).
Hablando de Hadrid, tal vez tengamos otra boda dentro de algún tiempo, nuestro querido amigo es el novio de Madame Maxime.
Iré con Ron a pasar unos días contigo, ¿no es genial?.
Besos y cariños, tu amiga que te extraña.
Hermione
- ¡Muchísimas gracias Dobby! - Harry volvió a abrazar al elfo.
- Dobby debe irse - dijo con los ojos llenos de lágrimas-. Dobby tiene infinidad de cosas que hacer.
- ¿Qué es lo que tienes que hacer? - dijo Harry mal humorado-, Hogwarts esta cerrada.
- Sí, pero Dobby ha sido contratado para ayudar en la boda del señor Bill y la señorita Fleur y... no... no le puedo decir más.
- Pero... - el muchacho no terminó la frase pues, con un PLIN, Dobby había desaparecido.
- ¿Puedo leer las cartas? - dijo Petunia muy interesada por la felicidad que manifestaba su sobrino.
- Seguro, no tengo nada que ocultar.
Harry les paso los pergaminos y ella los leyó con mucho interés.
- ¿Tus amigos piensan venir aquí?.
- No te preocupes, son más normales de lo que parecen - dijo riendo-. En todo caso se quedarán en mi habitación si es que a ustedes les molesta que ellos estén aquí.
- Así que estas invitado a una boda - dijo cambiando bruscamente de tema.
- Sí.
- ¿Quién es Ginny?.
- Era mi novia.
- ¿Ya no lo es?.
- No. La historia es larga.
A Harry esto le parecía muy extraño, su tía nunca había demostrado interés en su vida. Ella se sentó en la cama.
- Pues quiero que me cuentes todo lo que te ha pasado desde que empezaste en el colegio hasta ahora, no importa que sean cosas mágicas a no. Quiero saberlo todo.
- ¿Por qué, de repente, te encuentras tan interesada en mi vida? - preguntó Harry muy intrigado.
- Eso lo sabrás cuando termines de contarme tus cosas. Ahora tío Vernon está en el jardín tomando un refrigerio con Dudley, ellos no nos molestarán.
Harry comenzó desde el principio: La Piedra Filosofal; la Cámara Secreta y el Basilisco; el Torneo de los Tres Magos y la muerte de Cedric; La Orden del Fénix; la muerte de su padrino; sobre Snape, la muerte de Dumbledore, el cierre de Hogwarts y de por qué decidió dejar a su amada Ginny. Tía Petunia parecía asustada y, a la vez, maravillada.
- ¿Qué vas a hacer si ya no puedes ir al colegio?.
Harry sonrió.
- No te preocupes, no voy a quedarme, te dije que era la última vez que venía aquí. Ya sabes que tengo algo de dinero en el banco de los magos y la casa que me dejó Sirius. Me iré a vivir solo y ustedes podrán continuar con su vida como si no me hubieran conocido. Bien, ahora, ¿quiero saber todo sobre ti?.
- Por donde empezar... por supuesto, desde el principio... bien... yo nunca dejé de tener relación con mi hermana y conocía muy bien a tu papá y a sus amigos. Él era igual a ti pero con ojos cafés; Sirius, definitibamente era el más apuesto, tenía una melena negra y ondulada y hermosos ojos grises...
Harry no quería recordar a su padrino, quería pensar que nunca lo conoció, deseaba quitarlo de su mente y corazón, pero siempre había alguien que le hablaba de él.
- ... luego había otro, un hombre muy correcto, se llamaba Remus, siempre parecía estar enfermo y, por supuesto, el pequeño Peter, tan inseguro de sí mismo como un bebé.
En ese momento, el muchacho, sintió un deseo enorme de tener a esa rata asquerosa a su merced, no sabía a quien odiaba más: Bellatrix, Snape o Peter Pettigrew.
- En fin - continuó Petunia sin darse cuenta de la cara de desagrado de su sobrino-, Lily y yo eramos buenas amigas, aunque debo confesarte que le tenía muchos celos y envidia.
- ¿Por qué?.
- Por que ella tenía toda la atención de mis padres, ella era la favorita... Lily esto, Lily lo otro... o pero miren lo que hizo Lily. Era ella y siempre ella, eso ocurrió cuando entró en Hogwarts. Venía en las vacaciones con los bolsillos repletos de ranas y se las comía.
Para la sorpresa de Petunia, Harry fue hacia el baúl, lo abrió, sacó una rana de chocolate, se la metió en la boca, la masticó y se la tragó. La mujer lo miró con cara de asco.
- Deberías comerte una, son deliciosas - dijo Harry mientras le tiraba una pequeña cajita de color dorado.
Petunia leyó lo que decía en el dorso de la caja: RANAS DE CHOCOLATE, CONTIENEN FIGURITAS COLECCIONABLES DE LAS HECHICERAS Y LOS MAGOS MAS FAMOSOS. Ella comenzó a reír a carcajadas.
- ¿Por qué no me dijo que eran de chocolate?. ¡Que tonta! - exclamó mientras sacaba la rana de la caja y se la comía-. ¡Mira es Dumbledore!.
- Yo ya tengo unas 10 figuritas de él.
- Oye, ¿tienes más de esas ranas?.
- Sí.
- Pues traelas, así las comemos mientras continúo contandote de tus padres.
Harry sacó unas veinte cajas y entre ambos las comieron.
- Es Agripa y aquí está Ptolomeo.
- ¿Puedo quedármelos?, es que a Ron le faltan esas dos desde que comenzó a coleccionarlas.
- Por supuesto, quédatelas todas, no voy a coleccionar figuritas a mi edad.
Harry sonrió por la ocurrencia.
- Como te decía, yo visitaba a tus padres a escondidas, cuando Vernon se iba a la fábrica de taladros. Luego se mudaron al Valle de Godric y ahí perdí todo contacto.
- ¿Por qué te ibas a escondidas?.
- Porque a Vernon nunca le gustaron ellos, decía que eran gente rara y me prohibió terminantemente que los viera. Cuando te encontramos en la puerta de nuestra casa fue otro escándalo, quería que te llevara a un asilo de huérfanos.
- ¿Qué hiciste?.
- Fingir que sólo te tenía en casa por el pedido de Dumbledore, pero en realidad me gustaba tenerte aquí.
- ¿Por qué siempre me trataste mal?.
- Hacía como que te odiaba sólo para que tu tío no te pusiera de patitas en la calle en cuanto pudiera. No quería perderte. Eres una parte de Lily. Ahora todo será diferente, ya no fingiré nunca más. Serás lo que siempre quise, mi amado sobrino. Ya no me importa lo que piense tu tío ni el vecindario completo. Sé que ya es tarde para que seamos amigos - ella comenzó a llorar-. Lo... siento tanto... Harry.
- No llores tía - Harry la abrazó-. Puedes venir a mi casa cuando quieras.
- Pero... que... ¿qué harás tú solo en esa casa?. Vas a estar en peligro.
- Cumpliré diecisiete años y estaré en peligro en cualquier parte, ni siquiera tu sangre podrá protegerme.
Harry y Petunia se llevaban cada vez mejor, reían, se contaban chistes y parecían madre e hijo. Siete días antes del cumpleaños del muchacho llegaron Ron y Hermione.
- ¿Quiénes son ustedes? - preguntó Vernon cuando abrió la puerta.
- Somos amigos de Harry - respondió Hermione tímidamente.
- ¡HARRY... HARRY...! - gritó.
El apareció de inmediato.
- ¿Qué ocurre? - le preguntó-. ¡Hola! - dijo saludando a Ron y Hermione.
En ese momento apareció Petunia muy enojada.
- ¡Vernon, deja de gritar como un loco! - exclamó-. No se queden ahí... pasen, por favor.
- ¡Gracias! - dijo Ron.
- Muéstrales donde dormirán - le dijo a Harry.
- Sí, tía Petunia.
Hermione y Ron lo siguieron por la escalera hasta el cuarto de Harry.
- Entren - les dijo-. Dormirán conmigo. Estaremos un poco apretados.
- ¿Dormiré con ustedes? - preguntó Hermione con disgusto.
- ¡Como si nunca te hubiéramos visto en pijamas! - exclamó Ron enojado.
- De todos modos tú dormirás en mi cama - le explicó Harry-, y Ron y yo, en bolsas de dormir, en el sue... - pero se interrumpió al escuchar que Petunia y Vernon estaban peleando-. Escuchen.
Los tres amigos asomaron la cabeza por la puerta.
- Me vas a decir que esos pichones de... - y bajó la voz hasta convertirla en un susurro- de magos se quedaran aquí.
- Sí, Vernon, esos pichones de magos se quedarán aquí.
- Shhh, baja la voz.
- Te he dicho que no me importa lo que piensen los demás.
- ¡Cállate!.
- HARRY ES UN MAGO, ¿Y QUÉ? - gritó a viva voz-, SUS AMIGOS TAMBIEN SON MAGOS. PARA TU INFORMACIÓN ESTUVE VISITANDO A MI HERMANA LA HECHICERA DURANTE AÑOS SIN QUE TU SUPIERAS NADA, ES MAS, EL PADRE DE HARRY ERA UN MAGO EXCEPCIONAL. ME SENTI MUY TRISTES CUANDO SUPE QUE HABIAN MUERTO PORQUE LOS QUERIA MUCHO A LOS DOS.
Se hizo una pausa.
- ¿Me estuviste engañando?.
- SI, VERNON, TE ESTUVE ENGAÑANDO. FIN DE LA DISCUSION.
Se escuchó una puerta que se cerraba de un golpe y luego la voz de Vernon que murmuraba:
- Me engañó... me engañó.
Los muchachos entraron en la habitación.
- ¿Qué está sucediendo aquí? - preguntó Ron.
- Amo a mi tía - dijo Harry riéndo.
- ¿Estás loco? - dijo Hermione.
- Escuchen esto, se van a caer de espalda.
El muchacho les contó todo lo acontecido y ellos estuvieron felices.
Los amigos disfrutaron días increíbles caminando por Privet Drive a la luz del sol, mirando TV en la cocina y ayudando a Petunia con los quehaceres de la casa: Hermione pasaba la aspiradora al piso, Ron el plumero por los muebles y Harry lavaba los platos después de cada comida. En los momentos libres, Harry y Ron, jugaban al ajedrez mágico. Hermione pasaba largo tiempo cuchicheando con Petunia e investigando quien podría ser, ese o esa, R.A.B.. El día tan esperado del cumpleaños llegó rápidamente.
- No, Harry, hoy es tu cumpleaños - dijo Petunia.
- ¿En verdad crees que voy a lavar los platos?. Ya tengo diecisiete años y puedo usar magia como y donde se me dé la gana - tío Vernon y Dudley lo miraron horrorizados-. Hazte a un lado.
Ella se paró al lado de la heladera.
- Mira esto -Harry apuntó al lavaplatos con su varita-. Fregotego.
La vajilla comenzó a lavarse sola. Petunia reía a carcajadas, mientras tanto su esposo y su hijo la miraban como si estuviera loca.
- ¡Es in... increíble! -decía mientras se limpiaba las lágrimas de tanto reír.
- Es uno de los hechizos más fáciles.
En ese momento sonó el timbre de la puerta. Harry fue a abrirla y se encontró con una grata sorpresa, Ojoloco y el profesor Lupin los habían venido a buscar. Harry sintió gran alegría pero, a la vez, la estaba pasando genial en la casa de sus tíos por primera vez en su vida y le daba pena tener que marcharse.
- ¡Hola Harry! -dijo Lupin.
- ¿Cómo está?.
- Bien.
- Así parece - dijo Harry mirando de arriba abajo a su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, que se encontraba unos kilos más gordo y vestía un elegante traje azul y una túnica negra que parecía de terciopelo.
- ¡Hola muchacho! -el inquieto ojo de Moody daba vueltas sin parar-. ¿Cómo te han tratado tus tíos?.
- Mejor que nunca.
En ese momento entró Petunia en la sala.
- ¡Dios, Remus! - ella lo abrazó como a un viejo amigo-. Hace años que no te veo.
- ¡Hola Petunia!. A ti los años no te pasan, estás cada día más bella.
La mujer se ruborizo.
- A las visitas no se las atiende en la puerta... pasen... pasen y siéntense.
Pasaron y se sentaron en los sofás.
- ¿Desean tomar algo?.
- ¡Oh, pero que mujer más encantadora! - dijo Lupin-. Un vaso de agua estará bien.
- ¿Usted desea algo? - preguntó a Moody.
El negó con la cabeza y Petunia fue a la cocina. Pocos segundos después volvió con el vaso de agua y acompañada de Ron y Hermione.
- ¡Hola! - saludaron los muchachos.
- ¡Hola! - exclamaron a coro Lupin y Moody.
- Si llegaban unos minutos antes los invitaba a comer.
- No es necesario - dijo Lupin-. Sólo vinimos a buscar a Harry y a los chicos.
- ¿Ya se los llevan?. ¡Oh, que lástima!.
- Bueno - gruñó Ojoloco-, a eso vinimos.
- Si... eh... vayan a buscar sus cosas... si... bien... suban y... -tía Petunia comenzó a llorar- esto... es horrible... vayan a la habitación de... una vez...
- Sí, tía Petunia - dijo Harry.
El muchacho subió la escalera arrastrando los pies, lo último que vio antes de entrar en su cuarto fue a Remus abrazando y consolando a su tía. Ron y Hermione lo siguieron. Diez minutos mas tarde estaban listos y en la sala.
- Bien, Harry, quiero que te cuides mucho y escríbeme de vez en cuando.
- ¡Gracias por todo, tía!. Estos últimos días han sido maravillosos. Voy a extrañarte.
Ella lo abrazó con todas sus fuerzas.
- ¿Nos iremos volando? - preguntó el muchacho.
- No -contestó Lupin-, es peligroso, iremos en traslador. Precisamente Moody a preparado mi escoba para tal fin.
- Bueno, ¿ya nos vamos o qué? - gruñó Ojoloco.
- Ron y Hermione, tómense de la escoba conmigo - dijo Lupin-, Alastor irá con Harry.
Harry tomó la escoba y miró por última vez a su tía, sintió un tirón a la altura del estómago y se vio dando vueltas en un mar de luces de colores.
- Número doce, Grimmauld Place - dijo Ojoloco, cuando todos llegaron.
De inmediato las casas del número once y el número trece se corrieron para darle lugar a la que estaba en el número doce. Iban a entrar cuando, de repente, se abrió la puerta; en ella apareció la señora Weasley.
- ¡Hola Harry!. ¡Feliz cumpleaños!,
- ¡Hola y gracias! - exclamó con una sonrisa.
De lo que primero se había percatado Harry era que el frente de la casa de su padrino estaba pintado de un color blanco inmaculado y, la puerta y ventanas, de un bello gris casi plateado. Al ingresar vio que todo relucía de limpio, el paragüero con forma de pata de monstruo había desaparecido al igual que las cabezas de los elfos domésticos y el cuadro de la madre de Sirius. Encima del tapiz del árbol genealógico de los Black (que no habían podido sacar de ninguna manera) había un cuadro tapado por una sábana. En la sala había una enorme mesa con un mantel blanco y la vajilla de plata con el escudo de la familia Black, otra herencia de su padrino.
- ¿Dejamos las cosas arriba? - le preguntó la señora Weasley.
- Eh... sí... como quiera - le dijo Harry sorprendido por los cambios.
- ¿Te agrada?.
- Sí, está todo muy limpio y organizado.
- Vinieron un montón de elfos de Hogwarts y en unos pocos días todo quedó como nuevo. Tonks y yo ayudamos en la decoración.
- ¡Está increíble!.
Escucharon voces en el interior de la habitación de Harry y al abrir la puerta sonó un grito de...
- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS HARRY!.
Estaban Tonks, George, Ginny, Fred y Bill. Harry los saludó con apretones de manos, menos a Ginny, a ella le dio un beso en la mejilla.
- ¿Te enteraste de todas las cosas que pasaron hasta ahora? - le preguntó Bill, él cual no se pudo quitar las cicatrices que le había dejado Greyback, el hombre lobo que lo atacó cuando estaba luchando en contra de los Mortífagos, en uno de los corredores de Hogwarts.
- ¿Qué debía saber?.
- ¿Nadie te dijo nada? - preguntó Fred.
- No, hace apenas unos segundos que llegué y ellos - dijo señalando con la cabeza a Hermione y Ron, que entraron en la habitación después que él-, no me contaron nada.
- Hogwarts reabre sus puertas - explicó Bill.
- ¿De veras?.
- ¿A qué no sabes quien es el nuevo director?.
- ¿Ojoloco?.
Todos rieron por la ocurrencia de Harry.
- No - dijo George-, pero no sería un mal director.
- ¿Quién es?.
- Remus - dijo Tonks con orgullo.
- ¿El profesor Lupin?.
- Sí, ¿no es genial? - preguntó Fred.
- Sí, pero, ¿qué pasó con las leyes contra los semihumanos?.
- Fueron abolidas por el nuevo Ministro - explicó Ron.
- Por fin papá tiene un buen cargo en el Ministerio - agregó Fred.
- ¿Qué puesto tiene?.
- Es el secretario del Ministro
es
bueno
un hombre lobo - concluyó George.
- ¿QUE? - gritó Harry.
- Arthur es el secretario del hombre lobo - le contestó la señora Weasley.
- Un minuto - dijo Harry confundido-, Rufus Scrimgeour no es un hombre lobo.
- Se nota que vives con muggles - dijo George meneando la cabeza negativamente -. A Scrimgeour lo destituyeron por ser idiota e inservible como Fudge, bueno, no tanto como él. Como Jefe de Aurors era increíble pero como Ministro no. ¿Recuerdas que nuestro padre trabajaba en la Oficina para la Detección y Confiscación de Hechizos Defensivos y Objetos Protectores Falsos?.
- Sí, lo recuerdo.
- Bueno, parece que al nuevo Ministro le gustó su trabajo y lo ascendió.
- Se llama Mermain McKingdon y está actuando como debe, ya puso en sobre aviso a todos sobre los Mortífagos, el retorno del Innombrable y Snape - dijo Fred-. A puesto en alerta permanente, como diría Moody, a todo el Ministerio y ha pedido ayuda a varios países.
- Papá está feliz con él, dice que es un hombre increíble, buena persona y muy trabajador. Nos contó que Dumbledore lo había propuesto hace unos años atrás como Ministro pero perdió por su condición de hombre lobo - explicó George.
- Le ganó Scrimgeour - concluyó Fred.
- Me hubiera gustado que ganara McKingdon, tal vez nos habríamos evitado unos cuantos dolores de cabeza con él al frente del Ministerio - dijo Harry pensando en voz alta-. Pero... genial amigos, su padre secretario del Ministro. Percy a de estar feliz con esa noticia.
- Pues no, está furioso - dijo Ron.
- ¿QUE? - gritó Harry sin poderlo creer.
- Es que ahora no es más el consentido como lo era con Scrimgeour. Volvió a trabajar en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional, lugar de donde nunca debió haber salido.
- Me imagino que a Percy no le causó nada de gracia, ¿verdad?.
- Pues te imaginas bien.
Uno a uno se fueron todos de la habitación dejando a Harry. Minutos después bajó la escalera hacia el comedor.
- Ven Harry - le dijo la señora Weasley con una enorme sonrisa-. Abre tus regalos.
- Lo encontramos en el desván cuando subimos el cuadro de la madre de Sirius y los de las cabezas de los elfos - aclaró Lupin.
Harry se acercó al cuadro que estaba tapando el árbol genealógico de los Black, cuando sacó la sábana, quedó paralizado por la emoción. Sus padres, vestidos de novios y frente a una iglesia, lo saludaban con la mano y ahí, tras ellos, se asomaba la cabeza del joven Sirius que sonreía de oreja a oreja. Harry no podía decir nada, sólo los miraba con los ojos muy abiertos.
- ¡Feliz cumpleaños ahijado! - exclamó Sirius.
- ¡Feliz cumpleaños Harry! - le dijo el padre.
- ¡Feliz cumpleaños mi amor! - agregó la madre con los ojos llenos de lágrimas.
Unos pocos minutos después Harry había recibido un limpia jaulas mágico, un pantalón, muchos dulces y caramelos y, de parte de los mellizos Weasley, un pequeño surtido salta clases. Luego se sentaron a la mesa y, como por arte de magia, apareció la comida.
- ¡No pengo uoler al cogegio! - espetó Harry con la boca repleta de papas asadas y la esperanza que nadie le hubiera entendido lo que acababa de decir.
- ¿Qué? - preguntó Lupin.
- Dijo: No pienso volver al colegio - aclaró Hermione.
- ¿QUE? - gritaron todos.
- Lo que escucharon - replicó Harry.
- ¡Estas totalmente loco!. Ah, no. No dimos nuestra vida para que no termines tus estudios - dijo Lily desde el cuadro.
James y Sirius se limitaron a mover sus cabezas negativamente.
- Pero Harry, ¿por qué? - le preguntó el señor Weasley.
- No estaré un año mas esperando a que Voldemort termine con toda la gente que amo. Ya perdí a mis padres, luego a Sirius y después a Dumbledore. ¿A quién mas debo perder?.
Todos miraron a Harry con comprensión y, a la vez, preocupación.
- Mira Harry - dijo Tonks-, es
es sólo algo que estoy pensando.
- ¿Qué?.
- Es que no creo que estés totalmente listo para enfrentarte a QUIEN-TU-YA-SABES.
- Pero
pero
- Un momento, todavía no terminé de darte mi opinión. Ahora tendrás a excelentes profesores para estudiar y practicar, el Ministerio ya no meterá su nariz en los asuntos del colegio - dijo mirando al señor Weasley con una sonrisa-. Está Remus, que te enseñará buenos hechizos y maleficios. Hasta puedes presentarte a los exámenes para ser Auror.
Harry estaba confundido y cansado, era como si estuviera cargando el peso del mundo en su espalda. Se levantó lentamente sin decir una palabra y fue a su cuarto sin haber apagado los velas de su torta de cumpleaños. Se puso el pijama y se acostó en su amplia cama, mirando el techo que aún tenía manchas de humedad. Escuchó movimientos en la sala, gente que iba y venía, se despedían unos de otros y, luego, el silencio total. Se puso a pensar en lo solo que estaba aunque de repente escuchó en su cabeza la voz de Hermione:
- ¿Qué estará haciendo Harry?.
- Seguramente a de estar encerrado en su cuarto para no tener que aguantar a sus tíos y al soquete del primo - respondía Ron.
El sonrió recordando a sus amigos, ellos lo conocían más que nadie y se sentía vacío sin ellos. Luego escucho la voz de Sirius retumbando en su cerebro:
- Cuando mi nombre quede limpio tal vez quieras cambiar de casa y...
- ¿Mudarme contigo?.
- Bueno, tal vez no quieras.
- ¿Qué estás diciendo?. Por supuesto que quiero. ¿Tienes casa?. ¿Cuándo me mudo?.
Sirius sonrió ampliamente.
Ahora estaba viviendo en la casa de su padrino pero no estaba con él. Las lágrimas comenzaron a bañar su rostro y las limpió con la manga del pijama. Se dio vuelta de lado y, después de un buen rato, pudo dormirse. La noche fue tranquila para Harry, soñó que estaba en clases de Pociones pero el profesor no era Snape sino Tonks; atrapaba la Snitch, Gryffindor ganaba la copa de las casas y festejaban tomando cerveza de manteca y así fue soñando con cosas simples y divertidas. Se despertó temprano y bajó la escalera. No había nadie. El único sonido que había era el del crujido de sus pisadas en el suelo de madera.
.
Se acercó a la mesa en dónde estaba la torta de cumpleaños sin tocar, con un movimiento de su varita prendió las diecisiete velitas, escuchó una canción y cuando se dio vuelta
- ¡
Qué los cumplas querido Harry
que los cumplas feliz! - eran sus padres cantándole el feliz cumpleaños.
- Pide un deseo - dijo Lily.
- Deseo
deseo
-apretó muy fuerte los ojos- que
- y soplló las velas.
En ese momento apareció Sirius en el cuadro.
-¿Ya apagaste las velas?. ¿No podías esperarme?. Odio perderme una fiesta - dijo con disgusto.
- No existen las fiestas de una sola persona.
- ¿Y nosotros que somos?. ¿Estamos pintado?. ¿Eh? - preguntó aun más enojado.
Harry sonrió y, en ese momento, escuchó un PLIN y vio a un tímido Dobby que se acercaba a él.
- ¡Buenos días Dobby! - dijo sonriendo.
- ¡Buenos días señor Potter!.
- No me digas señor, dime Harry, todos mis amigos me llaman Harry.
- ¿Dobby amigo del señor Potter? - chilló llorando-. Oh, no. No podría, señor.
Harry abrazó al elfo fuertemente.
- Por supuesto que puedes. Los amigos se ayudan mutuamente. Yo te liberé de los Malfoy y tú me salvaste la vida. ¿No es eso amistad?.
- Tiene razón señor Potter.
- ¡Harry
Harry
! - exclamó el muchacho-, dime Harry.
- Te traigo un regalo de cumpleaños Ha... Harry - explicó tímidamente.
El elfo le dio un paquete mal envuelto.
- Dobby lo hizo para Harry.
El muchacho lo abrió y se encontró con una bufanda tejida, roja y con Snitches amarillas.
- La voy a usar en los partidos de Quidditch cuando haga mucho frío.
- ¿Quidditch?... ¿el señor... quiero decir... Ha... Harry piensa volver a Hogwarts?.
- Es exactamente lo que pienso hacer.
Se escucharon largos suspiros en el cuadro que el muchacho tenía tras él.
- Así se hace - dijo Sirius muy contento.
- ¡MUY BIEN HARRY! - gritó James-. ¿Ves Lily? - dijo a su esposa-, nuestro muchacho es inteligente. Te dije que volvería al colegio.
- ¡Oh, Harry! - decía Lily mientras lloraba-. Estoy tan feliz y tan orgullosa de tener un hijo como tú, sabía que harías lo correcto.
- Me gustaría poder abrazarte mamá - a Harry también se la caían las lágrimas-. Te extraño.
- Yo también mi amor.
Dobby se despidió y desapareció con un PLIN. Harry decidió mandar unas cartas, tomó unas hojas de pergamino que había en la mesa, el tintero y la pluma, pensó unos segundos y comenzó a escribir.
¡Hola a todos los Weasley!:
¿Cómo están?.
He decidido volver al colegio, debo perfeccionar todos los hechizos y maleficios ya aprendidos y aprender muchos más.
Saludos a todos.
Harry
Estimado Prof. Lupin:
He decidido volver a Hogwarts pero con una sola condición, quiero que me de clases de defensa, sólo le tengo confianza a usted.
Espero su pronta respuesta para saber si vuelvo o no al colegio.
Harry James Potter
- Hedwig ven aquí.
La lechuza voló desde el respaldo de la silla en donde estaba posada y se posó en el hombro del muchacho, él le ató los pergaminos a la pata y luego le dijo:
- Una es para Lupin y otra para los Weasley, ya sabes donde encontrarlos.
La lechuza le dio un picotazo amistoso en el lóbulo de la oreja y emprendió el vuelo.
Unos días después recibió la contestación de Lupin.
Querido Harry:
Primero y principal creo que ya tenemos la suficiente confianza como para tutearnos, así que sólo dime Remus o Tío Remus, ¿de acuerdo?. Llámame profesor cuando estemos en Hogwarts o frente a desconocidos.
Por otro lado, debo decirte que estaré más que feliz de darte todas las clases de defensa que quieras y necesites.
Espero que te des cuenta de la clase de gente que eres: buen hijo, amigo y alumno.
Como ya sabes nos hemos quedado (nuevamente) sin profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, una amiga muy querida lo reemplazará, ya la conocerás. Slughorn quería jubilarse definitivamente pero lo convencí para que se quede ya que es muy buen profesor.
Te extraño tanto o más que al grupo de merodeadores (ya sabes a quienes me refiero) y eso es mucho decir.
Saludos
Nos vemos pronto.
Remus
PD: Aquí adjunto la lista de libros que necesitaras para este año.
El muchacho le contestó de inmediato.
Profesor Lupin:
Estoy muy feliz que quiera darme clases, ahora estoy más tranquilo.
No puedo tutearlo, eso implicaría una amistad que sería peligrosa para usted si Voldemort se diera cuenta que somos tan cercanos.
Saludos y gracias por todo.
Harry
Las llamas de la chimenea se pusieron verdes y de estas salieron Fred y George.
- ¡Hola Harry! - dijeron los mellizos.
- ¡Hola muchachos! - Harry los abrazó.
- Mamá nos mandó para que te acompañemos al Callejón Diagon - dijo Fred-, para que compres tus libros.
- Parece que ahora que somos respetables hombres de negocios nos tiene más confianza - le contó George.
- Nos encontraremos ahí con todos los demás - continuó Fred.
- ¿Tienes polvo Flu? - preguntó George.
- Sí, está al lado de la chimenea.
- Flourish y Blotts - dijo Fred tirando polvo y entrando en la chimenea seguido de Harry y George, con unos fogonazos verdes los tres desaparecieron.
Reaparecieron segundos después en la chimenea de la librería, después de sacudirse las cenizas del pelo y de la ropa, los tres se unieron al grupo de compradores. En ese momento llegó el resto de los Weasley junto a Hermione. Cuando Harry vio a Ginny sintió que en su pecho rugía un león, lo invadió un calor suave y sonrió, mientras la abrazaba. Luego de apartarse de ella, le dio el dinero a la señora Weasley para que pagara sus libros, después se quedó mirando por la ventana. Brujos y brujas iban y venía de un lado a otro. Decidió dar un paseo. Cuando, de repente, vio a Draco Malfoy. Por un momento pensó en tirarle un Avada Kedavra al muy desgraciado, pero después decidió que sería lo mejor hablar como gente civilizada, además, las hechizos imperdonables estaban castigados con prisión en Azkaban.
- ¡DRACO... DRACO... ! - le gritó.
- ¿Quién me... ? - dijo dándose vuelta asustado-. Oh, eres tú.
- Sí, soy yo. ¿Sabes que Hogwarts reabre?.
- Sí.
- ¿Volverás a clases o eres cobarde?
- ¿Cobarde?.
- Malfoy... Malfoy... yo lo vi todo. Estuve ahí.
Malfoy se puso blanco como la cera.
- ¿Es... estuviste ahí?.
- Yo sabía que algo te traías entre manos, tú y ese cobarde de tu querido profesor Snape. Pero no te preocupes, yo no tengo nada en tu contra, ¿sabes por qué?.
Malfoy meneó la cabeza negativamente.
- Porque no sé que hubiera hecho en tu lugar. Yo sé lo que es quedarse sin padres.
A Malfoy se le llenaron los ojos de lágrimas.
- Yo no... podía matarlo... no podía.
- No podías hacerlo porque no eres un asesino, no eres una mala persona y Dumbledore lo sabía. Acepta las manos que te tienden tus amigos y no tus enemigos. Tu padre estará bien mientras permanezca en Azkaban. A ti y a tu madre, podemos encontrar el modo de protegerlos y ayudarlos.
- Parece que tú nunca te enteras de nada.
- ¿A qué te refieres?.
- Tóma.
Malfoy le dio El Profeta. En primera plana decía:
EL MINISTERIO INVESTIGA LA FUGA DE
MORTIFAGOS DE AZKABAN.
Entre ellos se encuentran Lucius Malfoy y otros.
- ¡Son unos malditos Houdinis! - exclamó Harry sin poderlo creer.
- ¿Unos qué?.
- No importa - respondió malhumorado.
- Parece que los Dementores los ayudaron a escapar.
- Pero ellos fueron expulsados de la cárcel.
- Por eso estan investigando.
- Si ves a tu padre dile que permanezca oculto hasta que entremos en contacto.
- ¿Cómo creer que lo voy a encontrar?. El no vendrá a casa, es el primer lugar en donde buscarán.
- Tienes razón. Tengo que volver a la librería, me deben estar buscando - dijo cambiando de tema-. ¿Vienes?.
- Sí - dijo Draco sonriendo un poco-. Tengo que comprar los libros.
Después de unos minutos entraron a la librería. Draco ve a Ron junto a Hermione y se acerca a ellos.
- Oye, Weasley, siendo un mago puro, ¿no te da asco juntarte con esa sangre sucia?.
- Retira tus palabras Malfoy o te juro que...
- No, Ron, no vale la pena - dijo Hermione sujetándolo de un brazo.
- ¿Por qué la defiendes tanto, acaso estas enamorado de ella?.
Ron se puso tan colorado que se le borraron las pecas y miró a Hermione con los ojos como platos.
- Weasley ama a Granger... Weasley ama a Granger... - canturreó Draco.
Ron se soltó de Hermione y fue detrás de unos estantes que tenían libros apilados hasta el techo. Malfoy, satisfecho, hojeó unos libros que estaban en una mesa cercana. Harry fue a hablar con Ron.
- ¿Es verdad eso que acaba de decir Draco?.
Ron no respondió.
- Ya lo sabía.
- ¿Lo sabías?.
- ¡Por todos los cielos, Ron, hasta un ciego lo ve! - exclamó exasperado.
- Her... ¿Hermione lo sabe?.
- Tal vez si o tal vez no. A Hermione le gusta que le digan las cosas tal cual son, detesta las suposiciones.
- ¿Crees que debería hablar con ella?.
- Yo espero que te des prisa o acabará bailando con otro, ¿no sé si me explico?.
- ¿Crees que Viktor...?.
- No es sólo él, puede ser cualquier otro. Ella no va a estar esperándote toda la vida y es mejor que te decidas o terminarás... - a Harry se le hizo un nudo en la garganta.
- ¿Cómo tú y Ginny?.
- Sí - contestó secamente-. Disfrútala cuanto puedas antes que sea tarde.
- ¿Queridos? - dijo la señora Weasley-. Ya compre todos los libros.
- Bueno, vamonos de una vez - dijo Ron mirando a Malfoy con disgusto.
- Sí, vamos - dijo la señora Weasley.
- Nos vemos en el colegio - le dijo Harry a Draco.
- Hasta luego.
- Piensa en lo que te dije.
- Lo haré.
Todos juntos fueron directamente a la casa de Sirius para buscar las cosas de Harry, luego se trasladaron a La Madriguera. Cuando llegaron, los chicos subieron a la habitación que siempre ocupaban Ron y Harry.
- Creo que he convencido a Draco para que se una a nosotros - dijo Harry.
- ¡Estas loco! - exclamó Ron.
- No crean que soy tan confiado como Dumbledore, lo voy a tener vigilado. Además, pienso hablar con las cuatro casas, le pediré autorización a Lupin y seguro me dirá que sí. Ya saben lo que el sombrero seleccionador siempre dice: ÚNANSE. Pues bien, entonces, unámonos.
- Pero... pero... - tartamudeó Ron-, ¿unirnos con los de Slytherin?.
- Es muy sensato - dijo Hermione-. Es hora de olvidar las diferencias.
- Todos juntos podemos hacer algo contra el Innombrable - añadió Ginny.
La voz de la señora Weasley culminó la conversación.
- ¡Niños... a almorzar!.
Todos bajaron y se llevaron una sorpresa, en el comedor se hallaba Percy.
- ¿Qué hace ese aquí? - preguntaron disgustados Ron y Ginny.
- Vine a almorzar - respondió Percy muy tranquilo-. Para que lo sepan, esta también es la casa de mis padres.
- ¿Te acordaste que tienes padres y familia? - espetó Ginny furiosa.
Percy no le contestó.
- No te acerques a él - le dijo en un susurro Ron a Harry-. Esta llegada repentina me trae mala espina.
- Hace años que no te apareces por aquí y ahora, de repente, te dieron ganas de almorzar con nosotros. ¿De quién eres espía?.
- Vine porque mamá me lo pidió - dijo sin contestar a la pregunta de su hermana.
- Hace centurias que te pide que vengas y nunca lo haces.
- Bien - dijo Percy perdiendo la paciencia-, ahora lo hice. Así que cierra la boca, niña insolente y estúpida.
En ese momento, con un sonoro PLOM, aparecieron Fred y George muy sonrientes, pero se les terminó la felicidad al ver a Percy.
- ¿QUE HACE AQUÍ? - gritó Fred señalando a Percy con el dedo.
- Es de mala educación señalar con el dedo a la gente - dijo Percy como si nada-. Vine a visitar a la familia.
- ¿FAMILIA? - gritó George furioso-. DIJISTE QUE NO TENIAS FAMILIA, ¿LO OLVIDASTE?.
- ¡FUERA DE ESTA CASA! - continuó Fred aun más enojado que George.
La señora Weasley comenzó a llorar.
- No peleen, por favor - decía entre hipeos y llantos-. Percy... vino a reconciliarse... con nosotros.
- ¡Con nosotros no! - exclamaron Fred y George a la vez.
- Yo no quiero saben nada con Percy. Es un cocinado idiota, siempre lo dije y ahora lo afirmo - dijo Ron.
- Opino lo mismo que mis hermanos - agregó Ginny.
- Si quiere quedarse a almorzar, bien - dijeron los cuatros hermanos a coro-. Estaremos arriba.
Subieron las escaleras. Hermione y Harry quedaron mirándose sin saber que hacer ni decir, pero luego decidieron seguir a sus amigos. Cuando llegaron a la habitación de Ron, escucharon cuchicheos. Hermione toco a la puerta.
- ¡NO BAJAREMOS MAMA! - gritó Ginny desde adentro.
- Somos nosotros - dijo Harry.
Se abrió la puerta.
- Entren - dijo Ron.
- ¡Que descaro! - exclamaba Fred.
Harry y Hermione se sentaron en la cama de Ron, junto a Ginny.
- ¡Maldito sea! - exclamó Fred-. Espero que se vaya pronto porque me muero de hambre.
Una hora después se escuchó la voz de la señora Weasley desde el pie de la escalera.
- ¡Niños, a comer!.
Bajaron en tropel. Percy se había ido. En ese momento llegó el señor Weasley.
- ¡Hola muchachos!... mmmm... ¡que olor a comida! - le dio un beso a su esposa y acarició la cabeza de Ginny.
- ¿A que no sabes qué? - le preguntó Fred.
- ¿Qué?.
- Acaba de irse Percy - continuó George.
- ¿Percy aquí?.
- Sí, el muy descarado - dijo Ginny.
- ¿Qué quería?.
- Supuestamente reconciliarse con nosotros... que vaya a reconciliarse con la... - dijo Ron.
- ¡RONALD WEASLEY! - lo interrumpió la señora Weasley con un grito.
- Perdón mamá, es que estoy indignado.
- Todos nos fuimos a la habitación de Ron - dijo George.
- Ninguno de nosotros soporta su presencia - culminó Fred.
El señor Weasley frunció el ceño, luego continuó hablando de otras cosas como si Percy no existiera.
- ¿Qué noticias hay en el Ministerio? - preguntó Ron a su padre.
- Atrapamos a dos Mortífagos en la casa de los Dursley.
- ¿QUE? - gritó Harry.
- La señora Figg los vio merodeando e informó de inmediato a la Oficina de Aurors. Los atraparon justo cuando estaban por entrar en la casa de tus tíos.
- ¿Qué querían? - preguntó Ron.
- ¿Tú qué crees? - dijo Harry.
Ron se puso pálido y Hermione ahogó un grito.
- ¿Qué vas a hacer? - le preguntó Ginny.
- Voy a volver a la casa de Sirius, pero primero les diré a los Dursley que vengan a vivir conmigo.
- ¿Estás loco? - preguntó Fred, sorprendido.
- No, es que la casa de Sirius esta bien protegida y será más difícil que los encuentren en ella. No hay otra solución, no permitiré que les hagan daño. Aunque no me agraden son mi única familia, además a mi madre no le gustaría que le pasara algo malo a tía Petunia.
El señor Weasley se acercó a la chimenea, tiró polvo Flu y después dijo:
- Kingsley Shacklebolt, necesito hablarte.
Unos segundos después, el Auror sacó la cabeza de entre las llamas verdes.
- ¡Hola Arthur!. ¿Algún problema?.
- Sal para que hablemos mejor.
De inmediato Kingsley salió sacudiéndose las cenizas de la túnica.
- ¡Hola Molly!. ¿Niños?.
- ¡Hola! - saludaron todos a la vez.
El señor Weasley estuvo cuchicheando unos minutos con el Auror.
Mientras tanto los chicos comentaban:
- Ese es el secretario del Primer Ministro muggle - dijo Harry- Yo lo conozco, vino a buscarme a Privet Drive después del Torneo de los Tres Magos.
- Era el secretario, ahora todos fueron convocados para buscar a los Mortífagos, a Snape y al Innombrable - explicó George.
- Shacklebolt fue elegido como el nuevo Jefe de Aurors - continuó Fred.
Luego el Auror se acercó a la chimenea, tiró polvo Flu y dijo:
- Moody y Tonks, los necesito.
Alastor y Nymphadora salieron de la chimenea.
- ¿Llamabas? - preguntó Tonks.
- Espero que sea importante - dijo Moody.
- Los tíos de Harry casi son atacados por Mortífagos. Tienen que proteger...
- ¿A esos muggles? - lo interrumpió Tonks.
- No, a Harry.
- Bueno, eso es lo que hemos estado haciendo hasta ahora, ¿no? - dijo Moody mal humorado.
- Eso nadie lo pone en duda - replicó Kinsgley-. Tienen que escoltarlo hasta la casa de los tíos y luego de regreso a la casa de Sirius.
- Esta bien... esta bien... - dijo Tonks con algo de disgusto-. Vamos Harry, estamos apurados.
Tonks tiró polvo Flu y entraron uno a uno en la chimenea gritando: NUMERO 4, PRIVET DRIVE, y desaparecieron. Unos segundos después salieron por la de los Dursley. Tío Vernon casi se infarta al ver las llamas verdes en la hoguera, Dudley dio un respingo pero tía Petunia ni se inmutó.
- Estamos en problemas - dijo Harry sin siquiera saludar.
- Claro que lo estás - dijo tío Vernon poniéndose morado de la furia.
- Mucho cuidado - gruñó Moody-. Este muchacho es muy valioso.
- ¿Qué es lo que sucede? - preguntó tía Petunia.
- Vengo a llevarlos conmigo. Encontraron a unos Mortífagos merodeando frente a la casa y, si no fuera por los Aurors, habrían entrado.
- ¿Mortífagos en nuestra puerta?.
- ¿Morti qué? - preguntó tío Vernon.
- Los seguidores de Voldemort, ya sabes, él que mató a mis padres - explicó rápidamente-. Busquen sus cosas, nos vamos ya mismo.
- ¿Adónde?.
- A la casa de Sirius.
En menos de diez minutos estaban todos en la sala. Tonks sacó un puñado de polvo Flu del bolsillo de su túnica y lo tiró en la chimenea. Petunia entró en las llamas como si lo hubiera hecho toda su vida.
- Número doce Grimmauld Place - y desapareció en medio de un fogonazo verde.
Tío Vernon y Dudley estaban paralizados de terror.
- ¿Se van a quedar toda la vida parados ahí como estatuas vivientes?... muévanse de una vez... tenemos trabajo que hacer - dijo Moody empujando a Vernon y metiéndolo en la chimenea-. Ahora di lo mismo que tu esposa, fuerte y claro, que se entienda o acabarás en cualquier otro lado.
- Número doce Grimmauld Place - y también desapareció.
Y así todos llegaron en pocos minutos a la casa de Sirius, que se encontraba silenciosa y oscura. Tonks hizo un movimiento con la varita y encendió las luces.
- ¡Buenos días! - dijeron unas voces.
- ¡Buenos días! - dijo Harry sin darles mayor importancia.
Sin embargo tía Petunia quedó maravillada al ver a Sirius Black, a su hermana y a James Potter, moviéndose dentro de un cuadro. Sirius hacía unas morisquetas extrañas con la cara y le sacaba la lengua a Petunia, a Harry le hizo recordar un poco a Peeves.
- ¿Lily?.
- Sí, soy yo.
- ¿Cómo estás?.
- Furiosa.
- ¿Por qué?.
- ¿Todavía lo preguntas?. Me han informado que no has sido buena con Harry.
- Lo lamento mucho pero ahora las cosas son diferentes, ¿verdad Harry?.
- Sí, somos amigos - respondió el muchacho con una enorme sonrisa.
- Mejor así - replicó Lily.
- No entren en la habitación de la derecha en luna llena - dijo Harry a sus familiares.
- ¿Por qué no? - preguntó Petunia.
- El profesor Lupin viene a enjaularse.
- ¿A enjaularse?.
- Sí, es un hombre lobo. No es muy lindo verlo cuando se transforma, lo sé por experiencia propia. Además no está tomando su pócima matalobos, se pone muy agresivo.
- ¿Dónde está la TV? - preguntó Dudley.
- Aquí no hay TV.
- ¿No hay TV?, ¿qué voy a hacer?.
- Ponerte a estudiar - respondió Harry sin mirarlo.
Dudley lo miró con disgusto pero no replicó.
- Vámonos de una vez - gruñó Moody.
- Hasta luego - dijo Harry a sus tíos y primo.
Tonks volvió a tirar polvo Flu en la chimenea. Moody, Harry y Tonks entraron en el fuego verde diciendo: La Madriguera y desapareciendo al instante.Fleur iba y venía poniendo flores en jarrones en el comedor y en el living de los Weasley. Unos metros más allá estaba Bill que la miraba embelesado.
- ¿No es perfecta? - le preguntó a Harry suspirando.
- Sí, claro.
El muchacho se percató de que Ginny había puesto mala cara.
- ¿Qué ocurre?.
- ¡Ay, sí, que bonita es Fleur! - murmuró disgustada-. Como si esa cerebro de chorlito fuera la gran cosa. Lo peor es que ahora mi madre la acepta.
- No sé por qué te pones así. No tienes nada que envidiarle, tú sabes que eres bonita.
- ¿De veras? - preguntó con una enorme sonrisa.
- Que yo no te quiera cerca no quiere decir que te halla olvidado, eso jamás sucederá - respondió sonriendo con ternura.
Los días pasaban y Ginny era la misma de siempre, aunque él la miraba con otros ojos, la veía mucho más atractiva e interesante, tal vez porque había madurado un poco más desde que se vieron en el colegio. Definitivamente, esos sentimientos de hermano protector habían desaparecido en Harry y, ahora, la deseaba como solo un hombre puede desear a una mujer: con su corazón, su cuerpo, su mente y toda su alma. Sabía que sería muy difícil el separarse de ella cuando llegara el momento así que intentó evitarla lo más posible pero, ¿cómo hacerlo mientras estuviera en La Madriguera?. La veía en el desayuno, con sus pelirrojos cabellos todos revueltos y carita de sueño. Al mediodía comían todos juntos y lo mismo sucedía a la tarde y a la noche. Por si esto no fuera suficiente, cuando se iba a dormir, su cerebro vagaba en el pasado: recordaba las tardes en que caminaba tomado de su mano, las horas en la sala común viendo como ella peleaba con Ron y se burlaba de él y tantas cosas bellas que quizás no volverían jamas.
Una semana después, Fleur y Bill se casaron en una iglesia que quedaba cercana a la casa de los Weasley. En la fiesta, que se realizó en el jardín de La Madriguera, estuvieron unos duendes de Gringotts (jefes de Bill y Fleur), Mermain McKingdon, Lupin, Tonks, Moody, Shacklebolt, los padres y hermanos de los novios, los amigos de ambos y, por supuesto, no podían faltar Harry y Hermione.
- ¿Ya hablaste con ella? - le preguntó Harry a Ron.
- Eh... ¿qué?... no - respondió quitándole los ojos de encima a Hermione.
- ¿Qué estás esperando? - dijo disgustado.
- Es que tengo miedo - susurró Ron.
- ¿De qué?.
- De que me diga que no me ama, que no le importo y que prefiere a Viktor.
- O lo haces tú o lo hago yo.
- ¿Hacer qué? - preguntó con el ceño fruncido.
- Preguntarle si le interesas o no. A ella le va a disgustar que no se lo preguntes directamente.
- Oh, esta bien, voy a hablar con ella.
- Así se hace mi amigo - dijo sonriendo y palmeándole la espalda.
Ron se levantó y fue a la mesa donde estaba Hermione. El se sentó al lado de ella.
- Yo... bueno... yo quería decirte algo. ¿Podemos hablar en otro lugar?
- Si.
Ambos se levantaron y fueron a un rincón apartado del jardín.
- Yo no soy bueno con las palabras.
- Ya lo sé - dijo con tono sarcástico.
- Es que... es que siento algo por ti.
- ¿Si?.
- Pues si y no sé como decirlo... es... es un sentimiento que jamás experimenté antes... es como... como flotar, ¿entiendes?.
- Entiendo - contestó sonriendo.
- Yo... tú... tú me gustas aunque a veces parezca que no... y...
- Te voy a facilitar las cosas.
- ¿Si?.
- Pues si - dijo ella al tiempo que tomaba el rostro de Ron con ambas manos y le daba un beso en los labios-. ¿Ya esta mejor? - dijo riendo.
- Muchisimo mejor - dijo mientras la rodeaba con sus brazos y la besaba.
Harry no hacía más que mirar a Ginny. Lo distrajo un ruido de silla corriéndose a su derecha, volteó a ver y se encontró con Lupin sentado a su lado.
- ¡Hola Harry! - dijo con una sonrisa.
- ¡Hola!.
- ¿Por qué estas tan triste?.
- Ginny - respondió escuetamente.
- ¿No te ama?.
- Sí me ama, ese es el problema.
- No cometas mis mismos errores.
- ¿A qué se refiere?.
- Yo pasé toda mi vida solo, creyendo que nadie me amaría porque, ¿quién puede amar a una persona que se convierte en un monstruo en las noches de luna llena?. Siempre pensé que era un enjendro horrible y despreciable. Con las únicas personas que me sentía a gusto era con tus padres, Sirius y Peter, ellos sabían lo que era y me aceptaban. El año pasado comprendí que la vida es corta. No puedo alejar a la gente que me quiere por miedo a hacerle daño. Y tú no debes separarte de Ginny pues ella puede ayudarte con su amor y su apoyo incondicional.
- Remus, ¿te gustaría... ? - dijo Tonks, acariciando los cabellos de Lupin, pero se interrumpió al ver la cara de asombro de Harry.
- ¿Usted y ella? - preguntó señalándolos a ambos.
- Sí, hace unas semanas que decidimos...
- Que decidiste - lo corrigió.
- Sí - aceptó con una sonrisa-, que decidí que era el momento de vivir feliz lo que me quede de vida y tú deberías hacer lo mismo.
- No soportaría la idea de que a Ginny le pasara algo por mi culpa.
- Con ese pensamiento tus padres no se hubieran casado nunca. Ellos pensaron en lo mejor y, en ese momento, era casarse y tener hijos cuanto antes. James y Lily querían disfrutar de la vida lo más que pudieran, querían vivir juntos y experimentar lo que significaba ser padres. No te das una idea de la alegría de James cuando supo que Lily estaba embarazada, fue al correo y utilizó todas las lechuzas que había para mandarles mensajes a todos sus amigos y contarles la buena noticia.
- Pero...
- Está bien que no quieras que a Ginny le pase algo malo - lo interrumpió al ver la cara de desesperación del muchacho-, pero ese no es un motivo para no estar con ella. No es preciso que te sigua a todos lados. Cuando estén juntos debes disfrutar cada momento como si fuera el último así, si vives o mueres, siempre llevarás contigo buenos recuerdos.
- Antes... antes de estar con ella no me importaba si vivía o no, pero ahora me siento tan vivo. Tengo... miedo de... morir - sentía que su garganta se cerraba cada vez más a medida que iba hablando de sus sentimientos.
- Te entiendo.
- ¿Vamos a bailar? - le dijo Ginny a Harry, con una sonrisa.
- Muévete - lo empujó Tonks de un brazo y Harry se levantó.
La mano pequeña y tibia de Ginny tomó la de él, ambos fueron al centro de la improvisada pista de baile. Harry la tomó de la cintura y la trajo hacia él. No sabía si era toda la hidromiel que había tomado o la presencia tan cercana de Ginny pero se sintió mareado y aturdido a la vez.
- Mira eso - dijo Ginny conteniendo una carcajada.
Harry vio a Ron y Hermione, se estaban besando.
- Ya era hora - suspiró.
Bill tomó de manos de uno de sus invitados un regalo y se lo dio a Ginny.
- Ponlo con los otros.
- Pero estamos bailando - se quejó.
Bill la miró con mala cara.
- Oh, está bien - dijo ella-. Ven conmigo, Harry.
El la siguió de cerca. Ginny entró en la casa y depositó el paquete en la pila donde estaban todos los demás y luego se quedó mirando a Harry.
- Tienes suerte, Harry.
- Sí, suerte de seguir vivo.
- No hables así, no me gusta.
- Es mejor que te acostumbres a la palabra muerte porque eso es lo que habrá cuando la verdadera lucha comience.
Ginny fue a la chimenea y miró una foto de la familia, de cuando habían ido a Egipto.
- Yo me estaba refiriendo a que tienes suerte de que te halla tocado una gran familia - dijo cambiando bruscamente de tema.
- ¿Qué?.
- Vamos, Harry, ya sabes que siempre has sido uno más de los Weasley.
Harry sonrió.
- ¿Qué piensas hacer?.
- ¿Con qué?.
- Conmigo - dijo ella sonriendo con ternura.
A Harry le temblaban las rodillas mientras recordaba las palabras de Lupin: Cuando estén juntos debes disfrutar cada momento como si fuera el último así, si vives o mueres, siempre llevarás contigo buenos recuerdos.
- Te amo y tú lo sabes - dijo sin mirarla a los ojos.
- Aún no respondiste a mi pregunta.
- No sé que hacer. Cuando te tengo cerca siento que no podré dejarte nunca más. Me paso las noches pensando en ti. Me estoy volviendo loco. Siento que estoy partido en dos.
Ella rió y Harry la miró con el ceño fruncido.
- ¿Qué es lo gracioso? - preguntó enojado.
- Es curioso que a mí me pase exactamente lo mismo.
Ella se acercó a él y lo besó largamente. Harry podía sentir su perfume. Acarició sus brazos y sintió el calor y la suavidad de su piel, que lo envolvía por completo. Su corazón comenzó a latir alocadamente. Pensó que estaba a punto de perder la razón, de cometer una locura que pondría en peligro su amistad con Ron.
- Te deseo tanto - dijo sin siquiera pensarlo-. Me muero por poseerte.
- ¿Por qué no lo haces? - dijo ella alzándose de hombros.
Harry la miró con los ojos como platos, no podía creer lo que acababa de escuchar.
- ¿Estás loca?.
- No, no del todo. Nadie lo sabrá.
- Hay más de cien personas ahí afuera.
- Pero ninguna aquí adentro. Podemos ir a mi habitación y...
- ¿Y si entra Hermione?.
- Ella está entretenida con Ron.
- No sé.
Ella lo tomó de la mano y lo arrastró hacia la escalera.
- No tengas miedo - dijo Ginny con una sonrisa picara.
Y Harry no pudo resistirse más. Ya no le importaba nada ni nadie, sólo deseaba estar con Ginny y nada más. Entraron al cuarto que estaba iluminado por la luz de la luna y Ginny cerró la puerta con llave.
- Ya está - dijo mientras se acercaba a Harry-. Ahora soy completamente tuya.
El la tomó entre sus brazos y la besó apasionadamente, luego recorrió la espalda con sus manos hasta que llegó al cierre del vestido y lo abrió. Bajo los breteles para dejar completamente descubiertos sus hombros, con sus besos fue hasta el cuello y luego le mordisqueó el lóbulo de la oreja. Ginny temblaba ligeramente, tenía los ojos cerrados y parecía respirar con dificultad.
- ¿Estas bien? - le preguntó preocupado.
- No... no dejes de hacer eso, me encanta. Si no me gustaría te lo habría dicho.
El sonrió complacido y continuó con lo que estaba haciendo. Ginny aprovechó para quitarle el moño y la faja del smoking. Y así, se fueron desvistiendo lentamente y se perdieron en la pasión y el amor. Cuarenta y cinco minutos después volvieron a la fiesta.
- ¿Dónde estaban? - les preguntó Ron.
- Bue... bueno... es que... que esta... - Harry comenzó a tartamudear.
- Estábamos hablando. Necesitábamos hablar sobre nuestro futuro - respondió Ginny con tal desparpajo que dejo atónito a Harry.
- ¿Durante casi una hora? - preguntó incrédulo.
- ¿Y tú que hiciste durante una hora, besarte con Hermione? - replicó furiosa.
- Yo soy mayor de edad y puedo hacer lo que me dé la gana - dijo Ron, poniéndose rojo de la ira.
- No me fastidies con eso.
- ¿Qué sucede? - preguntó la señora Weasley.
- Dile a tu hijo que no se meta en mis asuntos.
- ¿Estuvieron casi una hora hablando del futuro?, nadie habla tan...
- QUE TU NO SEPAS HABLAR CON LA GENTE NO QUIERE DECIR QUE LOS DEMAS NO LO SEPAN. ERES TAN IDIOTA QUE TE TARDASTE SIETE AÑOS PARA DECIRLE A HERMIONE QUE ESTABAS ENAMORADO DE ELLA. ¡VETE AL INFIERNO, RON! - chilló Ginny.
Ron se puso pálido y no replicó. Ginny giró sobre sus talones y tomó la mano del tembloroso Harry.
- Vamos - dijo y tiró de él.
Cuando estuvieron lejos, Harry le dijo:
- No debiste decirle eso a Ron.
- Es la verdad - espetó furiosa.
- Todos lo escucharon, lo pusiste en ridículo.
- Pues se lo tiene merecido por meter su nariz donde no lo llaman.
Desde ese momento Ron y Ginny no se dirigieron la palabra, cosa que ponía mal a Hermione y Harry, porque los querían mucho a los dos y no soportaban verlos disgustados.
Harry le mandó una carta a Lupin:
Estimado profesor Lupin:
Sé que está muy atareado pero me gustaría saber si podría acompañarme al Valle de Godric. Deseo visitar la tumba de mis padres y el lugar donde viví cuando apenas era un bebé.
Espero su respuesta.
Harry Patronus Potter
Unos días después volvió Hedwig con la contestación.
Patronus:
Estaré feliz de acompañarte y de darte una visita guiada por aquel bello Valle en el que naciste hace diecisiete años atrás. Es increíble como pasa el tiempo, ¿verdad?.
Nos vemos muy pronto, espérame en La Madriguera.
Saludos
Remus Lunático Lupin
(Director Interino de Hogwarts)
PD: Me gusta tu sobrenombre
Cuatro días después llegó Lupin a La Madriguera, acompañado por Tonks.
- ¿Estás listo? - le preguntó a Harry.
- Sí - contestó ansioso, mientras se colgaba la mochila en el hombro derecho.
- ¿Adónde van? - preguntó Ginny.
- Al Valle de Godric - respondió Tonks.
- Yo también voy - dijo Ginny.
- No - le explicó Harry-. Es peligroso.
- ¡Claro! - dijo poniéndose furiosa-. Conmigo no puedes ir pero con ellos sí.
- Son una especie de escolta. Además, Lupin conoce muy bien la zona.
- ¿Por qué van los demás?.
- Tonks es Auror, ya sabes que no puedo ir a ningún lado sin tener a un Auror que me esté oliendo el trasero.
- ¡Ey! - se quejó Tonks.
- Es la verdad - se excusó-. Y a Ron y Hermione, le dan permiso sus padres. Volveré en unos días - le aseguró.
- Te estaré esperando - dijo dándole un sonoro beso en los labios.
- No tardaré mucho, te lo prometo.
Como Harry no podía aparecerse porque no tenía licencia, decidieron usar la forma más rápida, la Red Flu. Lupin echó polvo Flu en la chimenea y entró en ella.
- Número 13, Haindelville, Valle de Godric - dijo y desapareció.
Harry, Ron, Hermione y Tonks dijeron lo mismo y desaparecieron en una llamarada verde.
Minutos después llegaron a un lugar oscuro y con fuerte olor a humedad. Lupin hizo un movimiento con la varita y las luces se encendieron. Se encontraron en un living tapado de polvo, colgaban grandes telas de araña de las lámparas y parecía que el lugar había sido abandonado hacia muchísimos años.
- ¿De quién es esta casa? - preguntó el Ron.
- Era de mis padres - explicó Lupin-. Como podrás ver y oler, hace mucho que esta deshabitada.
Tonks y Hermione comenzaron a abrir las ventanas y el sol iluminó todo el lugar. La habitación tenía un enorme piano de cola, muebles tapados con sábanas y una escalera que daba a las habitaciones de arriba.
- Voy al sótano - dijo Lupin-, quédense aquí.
- ¿Qué hay ahí?.
- La caldera, pero está muy vieja y, si explota, no quisiera que explotaran con ella - dijo meneando la cabeza y mirando a Harry de una manera muy extraña.
- ¿Por qué me mira así?.
- Porque te gusta saberlo todo, tu padre era igual que tú. Tener curiosidad es bueno.
- ¿Sabe?, hay veces que me hace acordar a Dumbledore - dijo Harry con nostalgia.
- Me halaga que digas eso.
Lupin bajo al sótano y, minutos después, se escuchó un fuerte ruido y el ambiente comenzó a calentarse lentamente.
- Vamos arriba y preparemos los cuartos, dormiremos temprano. Mañana será un largo día - le dijo Tonks a los muchachos.
Después de un gran fregotego y de comer una abundante cena todos fueron a dormir. Lupin llamó a Harry y a Ron para que se levantaran y bajaran a desayunar, eran las ocho de la mañana. El sol bañaba el living y le daba calidez. Los pájaros cantaban en los árboles y se veían personas que, seguramente, iban a sus quehaceres diarios.
- ¿Hay magos aquí? - preguntó Harry mientras miraba por una de las ventanas que daba a la calle.
- Sí, hay magos y muggles, pero hay más de los segundos que de los primeros - contestó Tonks, mientras ponía manteca en su tostada-. Ven a desayunar.
Harry se sentó a la mesa, se sirvió té y untó su tostada con mermelada de frambuesa.
- Por eso tus padres vinieron a vivir aquí - explicó Remus-, es más difícil encontrar a los magos cuando viven donde hay muchos muggles y se comportan como ellos.
Minutos después del desayuno, estaban listos para el recorrido por el Valle de Godric.
- ¿Estás seguro que quieres hacer esto? - le preguntó Lupin.
- Sí - respondió tratando de parecer valiente aunque estaba temblando de pies a cabeza.
- Vamos - dijo Tonks.
Salieron a la cálida mañana. Los cinco viajeros continuaron su camino subiendo una pequeña cuesta y, doblando a la derecha, divisaron el cementerio de Godric.
Llegaron a las puertas del cementerio y a Harry le pareció que sus pies se clavaban en el suelo.
- ¿Estás bien? - le preguntó Tonks, pero él no respondió.
El muchacho no podía creer que los huesos de sus padres estuvieran ahí. ¿Cuántos más morirían bajo la varita de Voldemort?. ¿A cuantos seres queridos perdería antes de poder acabar con el Innombrable?. ¿Estaría en verdad preparado para enfrentar el reto, para poder matarlo?. ¿Podría vengarse de Voldemort, Bellatrix y Snape?. Esas y más preguntas, pasaron por su mente en pocos segundos.
- Sí, estoy bien - mintió.
Continuaron caminando por un sendero y unos minutos después encontraron la tumba de los Potter, en la lápida rezaba:
LILIAN EVANS POTTER - JAMES POTTER
AMANTES ESPOSOS Y CARIÑOSOS PADRES
QUE DESCANSEN EN PAZ
1960 - 1981
Harry se arrodilló un momento junto a la tumba y quedó en silencio. Pensaba en todas esas cosas que nunca tuvo y, de repente, recordó cuando vio a sus padres en el espejo de Eosed y sonrió.
- Vamos a otro sitio - dijo levantándose.
Volvieron por el mismo sendero que habían recorrido antes y, después de unos minutos de haber salido del cementerio divisaron una pequeña colina, en la cima de ella había una casa casi derrumbada. Harry la miró por unos instantes.
- Esa era mi casa, ¿verdad?.
- Sí, pero... - dijo Lupin.
Ya era tarde, el muchacho había comenzado a subir la cuesta a toda carrera y, en pocos segundos, ya estaba en la puerta de la casa. Entró lentamente y vio todo como en una película, todo lo que había pasado aquella fatídica noche en la que murieron sus padres. Su padre, su madre y él, estaban en el living viendo la televisión, de repente, se escucha un fuerte golpe en la puerta. James y Lily se miraron asustados.
- ¡Es él, estoy segura! - exclamó, muerta de miedo.
- No puede ser, nadie sabe dónde estamos.
- Fue Peter. Tendríamos que haber tomado como guardián a Sirius y no a esa miserable rata.
- ¡Ese maldito infeliz! - exclamó furioso-. Si salimos de esta me las va a pagar, te lo juro.
El golpe en la puerta, volvió a sonar.
- Toma a Harry y vete, yo lo detendré.
- No podrás tú solo con él - ella estaba llorando.
- No discutas conmigo.
El siguiente golpe fue aterrador, el pequeño Harry comenzó a llorar.
- No llores bebé, no llores - le decía su madre.
- Protege a Harry, yo me arreglaré.
- Te amo - dijo ella.
- Yo también te amo Lily, siempre te amé.
Se besaron y, luego, la mujer comenzó a subir las escaleras con él bebé en brazos.
Un ruido atronador y la puerta de calle voló en mil pedazos. El Harry actual, subió junto a su madre pero, de repente, sus pies se clavaron en los escalones y se quedó escuchando.
- ¿Dónde está el niño? - preguntó la gélida voz de Voldemort.
- Vallase de aquí - respondió James.
- CRUCIO - gritó.
Parecía que el hechizo había rebotado.
- Eres bueno con el Protego, ¿verdad?. Eso no te servirá. ¿Dónde está el pequeño?.
En ese momento se escucho el llanto de Harry.
- Ah, está arriba - sonrió burlón.
- ¡Déjelo en paz!.
- Tú no eres quien para decirme lo que debo o no debo hacer.
- ¡Vallase de nuestra casa!.
- Me cansé de tanto parlamento. Avada Kedavra.
Una luz verde invadió todo el living, se escucharon ruidos de vidrios que estallaban y de maderas que se quebraban. El muchacho comenzó a subir los escalones de dos en dos. Entró en su cuarto, la madre lo estaba poniendo en la cuna.
- No te preocupes, mami va a protegerte. Ese hombre malo no podrá hacerte daño.
La puerta estalló y se abrió. El pequeño Harry volvió a llorar. Voldemort entró en la habitación.
- ¡Quítate de en medio!.
- No le haga daño a mi bebé, por favor.
- Fuera del camino, mujer estúpida.
- Por favor, se lo suplico. Máteme a mí pero no le haga daño a mi hijo.
- Te digo que te quites.
- Por favor, no...
- No tienes que morir.
- No lo haga, por fa...
- Avada Kedavra.
- ¡¡¡HARRYYYYYYYY!!!
La habitación se iluminó con el rayo verde y su madre cayó al suelo, con los ojos muy abiertos, su expresión era igual que la de Cedric Diggory. El muchacho cerró los ojos, no podía soportarlo más, no toleraba tanto horror. Hizo un esfuerzo y los abrió nuevamente. Voldemort estaba frente a la cuna. El bebé reía.
- ¿De qué te ríes pequeño insecto?.
El niño reía a carcajadas como si supiera que el hombre malo no podía dañarlo.
- Avada Kedavra.
El rayo impactó en la cabeza de Harry pero rebotó y le dio a Voldemort en el centro del pecho. Sólo quedó la túnica y la varita del Innombrable, él había desaparecido. En ese momento todo se desvaneció y Harry se encontró en una habitación polvorienta, con una cuna derruida por el paso de los años y unos viejos portarretratos en un mueble casi destruido. Lupin, Hermione, Ron y Tonks entraron agitados. Harry tenía el rostro bañado en lágrimas.
- ¿Qué sucede?. ¿Estás bien? - le preguntó Hermione.
Harry estaba muy quieto mirando la que había sido su cuna.
- Sí, estoy bien. - dijo mientras se limpiaba los ojos con el dorso de la manga-. Miren, hay algo ahí abajo.
Se agachó y tomó el objeto que estaba debajo del mueble, era una pulsera con una inscripción.
- Dice Rowena Ravenclaw - dijo tirándosela a Lupin-. Destrúyala, por favor. Hagalo.
- Pero esto es una reliquia de uno de los fundadores.
- Solamente hagalo.
Lupin la tiró en el piso, hizo un movimiento con la varita y la pulsera se rompió en mil pedazos, de los fragmentos comenzó a salir humo y este se convirtió en una figura que se desvaneció en unos pocos segundos, era la imagen del Innombrable.
Harry sonrió.
- Uno menos, sólo me faltan tres.
- ¿Qué fue eso? - preguntó Lupin, desconcertado.
- Algún día se lo explicaré - respondió Harry.
- Larguémonos de aquí, este lugar me pone los pelos de puntas - dijo Tonks.
- Siempre están de puntas - dijo Harry alzándose de hombros.
Los cinco rieron. Antes de salir, Harry tomó todos los portarretratos que encontró y los puso dentro de su mochila. Minutos después estaban en la casa de los padres de Lupin.
- ¿Qué ocurrió? - preguntó Lupin a Harry.
El muchacho les contó todo con lujo de detalles.
- Debió de ser espantoso - dijo Ron.
- Y que lo digas.
Pasaron los próximos tres días disfrutando de la belleza del Valle hasta que Lupin decidió volver a La Madriguera.
Por supuesto que Ginny quiso que le contaran todo lo que había sucedido en el viaje. Ella era un buen público. Se asustó mucho cuando le dijeron lo que había pasado en la casa. También se sorprendió cuando le contaron de los paisajes tan bonitos del Valle.
- Espero poder ir algún día - dijo Ginny.
- Además, mira lo que pude rescatar de la casa - dijo Harry con una sonrisa.
Le pasó los viejos portarretratos, en ellos habían fotos de sus padres con él en brazos, otra en la que estaba jugando con Sirius y una más con Remus y Sirius.
- ¡Que fotos preciosas! - exclamó Ginny.
- Por lo menos tengo unas más para poner en el álbum que me regaló Hadrid en primer año.
El señor Weasley llegó a La Madriguera a las ocho de la mañana junto con un automóvil que le había prestado el Ministerio, conducido por un chofer vestido de negro. A las diez y treinta, el 1º de septiembre, estaban todos en la estación de King´s Cross y a las once en punto el Expreso de Hogwarts se puso en marcha. Harry, Hermione, Ron, Ginny, Neville y Luna se sentaron en el mismo compartimento. Neville intentaba que su sapo, Trevor, no se le escapara. Luna se puso a leer El Quisquilloso. Ginny estaba sentada al lado Harry y tenía apoyada la cabeza en el hombro de él. Hermione, leían las noticias en El Profeta. Ron roncaba al lado de ella.
- ¿Simpre ronca así? - le preguntó a Harry, fastidiada por el ruido.
- Siempre - contestó con una sonrisa.
De repente se abrió la puerta del compartimento, todos levantaron la vista, era Lupin.
- ¡Hola muchachos! - saludó con una sonrisa de oreja a oreja-. ¿Todo bien?.
- Todo perfecto - respondió Hermione.
- ¿Hay lugar para uno más?.
- ¡Por supuesto! - exclamó Harry.
Lupin entró y se sentó al lado de Neville.
- Este año tendrán una profesora nueva - explicó el profesor-. Ha estado dando clases en diferentes colegios de Latinoamérica, hasta el año pasado estuvo en Argentina.
- ¿Cómo es? - preguntó Neville muy nervioso-. Quiero decir, como persona.
- Ella es muy divertida - dijo sonriendo-, muy buena persona. Le encantan los chicos, así que será una gran amiga de ustedes, ya lo verán.
- ¿Dónde la conoció? - preguntó Hermione.
- La conozco desde que éramos niños, es mi prima. Estaba en Gryffindor y fue una gran buscadora, pero no tan buena como James. Hace cuatro años consiguió trabajo de profesora en México, ahí estuvo dos años, luego dio un año de clases en Perú y el año pasado estuvo en Argentina reemplazando a un profesor que había contraído un extraño virus. Está ansiosa de volver a Hogwarts.
- ¿Qué asignatura dará? - preguntó Ron.
- Defensa contra las Artes Oscuras.
- Yo tenía entendido que Alastor Moody la daría.
- Bueno, es que con el asunto de los Motífagos y demás, comprenderás que no puede dejar su puesto de Auror.
- Que lástima, me gustaba Moody - dijo Neville.
- Y a mí también, pero estoy segura que la profesora será mejor que Snape - comentó Ginny.
- Cualquiera es mejor que ese - dijo Harry con sarcasmo y odio a la vez, todos rieron por su ocurrencia.
En ese momento se asomó una muchacha alta, de piel muy blanca, con los cabellos negros, largos y ondulados, enormes ojos verdes y sonrisa perfecta, vestía una túnica escarlata y dorada (los colores de Gryffindor), entró al compartimento. Los muchachos quedaron paralizados por su belleza, era tan bonita como una veela.
- ¡Por fin te encuentro primo! - le dijo a Lupin-. ¿Vas a... ? - pero se interrumpió al ver a Harry-. ¿Es quién creo que es? - preguntó al profesor.
- Sí, Úrsula, es el hijo de James.
- ¡Oh, mi Dios!... ¡Oh!... ¡El pequeñito de James! - no cabía de la felicidad-. Tu padre fue cazador durante un año y luego se convirtió en el mejor buscador en la historia de Gryffindor y Remus me ha dicho que tú no lo haces nada mal.
- Bueno - respondió tímidamente-, lo hago lo mejor que puedo.
- ¡Oh, no seas tan modesto!. Harry... oh... eres el vivo retrato de tu padre. Lástima - dijo con desdén-, sacaste los ojos de tu madre.
- A ella nunca le simpatizó Lilian - le explicó Lupin a Harry-. Es que estaba enamorada de James.
- ¡Cállate Remus! - espetó avergonzada-. ¿Vienes adelante?.
- Mmmm... No, aquí estoy bien.
- ¿Puedo quedarme? - preguntó ansiosa.
- Mientras no se la pase criticando a mi madre - dijo Harry.
- Yo jamás haría eso - dijo indignada-. Que no me halla gustado porque estaba con James no quiere decir que ella no fuera una buena mujer y una magnifica hechicera. Siempre fue muy atenta y dulce. No tengo por que decir nada en su contra.
En verdad Úrsula era muy simpática. Habló todo el camino a Hogwarts, recordando viejas historias del pasado y contándoles las ocurrencias de Remus, Sirius, James y Peter.
- ¿Recuerdas cuando James rompió la escoba de McGonagall? - le preguntó al profesor-. Eso fue algo que quedó en los anales del colegio. Nunca la habían visto tan furiosa.
- Es que ella creía que él se la había roto a propósito.
- El pobre me contó que sólo quería practicar.
- ¡Qué buena época! - exclamó Lupin con una sonrisita cómplice.
- ¡Extraño los partidos de Quidditch! - dijo Úrsula.
- Bueno, ahora podrás verlos de vuelta. ¡Ey, se me acaba de ocurrir una idea formidable! - exclamó Lupin-. ¿Qué te parece si vamos todos a bailar al Escorpión?.
Escorpión era una disco-bar, tenía una barra, mesas y sillas, música de los 60s, 70s, 80s y 90s, y una amplia pista de baile. Úrsula se sorprendió al saber que aún existía ese lugar.
- ¡No puedo creerlo!. Iba al Escorpión con mis amigos - explicó Úrsula a los chicos-. Sirius la descubrió un día en que se fue de su casa, pues se había peleado con la loca de su madre, así la llamaba él: la loca de mi madre - rió-. Era chistoso ese Sirius y tan lindo, cabellos negros y ojos grises, ufff, que hombre. En fin, como les iba contando, yo no fui hasta unos cuantos años mas tarde porque era mucho menor que los demás, pero ellos - dijo señalando con un gesto de la cabeza a Lupin- se escapaban del colegio por un pasadizo que había encontrado James y se aparecían en el callejón que estaba al lado de la disco. Era el mejor lugar del mundo. No sabía que todavía existía.
- Yo tampoco -aclaró Remus-. Pero caminando, sin rumbo fijo, terminé ahí. Casi me da un infarto cuando levanté la vista y vi el cartel del Escorpión.
La profesora McGonagall entró al Gran Salón con el taburete y el sombrero seleccionador sobre él, segundos después entraron los alumnos que cursarían primer año, no eran más de veinte.
El sombrero comenzó con su canto:
- Gryffindor, Hufflepuff, Slytherin y Ravenclaw
eran buenos amigos
pero con el correr de los años
se enemistaron.
Hoy el mal cubre la tierra.
Tienen que volver a ser hermanos.
Vivir juntos unos con otros
y darse las manos.
El señor oscuro se ha levantado.
Únanse y juntos vencerán.
Las cuatro casas unidas deben estar.
Después de un fuerte aplauso los alumnos fueron seleccionados para cada una de las casas, cuando todos estuvieron en sus respectivas mesas, Lupin se levantó y habló:
- Quiero anunciarles que por el momento yo reemplazaré al profesor Dumbledore como director del colegio, mientras espero la decisión sobre el cargo, que estará dada por el Ministerio. Cualquier problema o duda que tengan quiero que me la hagan saber. Debo pedirles también que, por ningún motivo deben ir al tercer piso, en el ala norte - dicho esto miró a Harry, Ron y Hermione, que se echaban miradas cómplices entre ellos-, una muerte atroz le llegará al que se acerque ahí. Cambiando de tema y más importante aún, el Sr. Potter me ha pedido decir unas palabras.
Harry se levantó y fue al atril en donde momentos antes había estado Lupin, los murmullos no se hicieron esperar. Cuando todos se callaron, él habló:
- En poco tiempo he presenciado las muertes de familiares, de un compañero y del profesor Dumbledore. Fui tratado como loco por el Ministerio pero ahora todos saben que siempre estuve en lo cierto, que nunca mentí. Hoy, que Voldemort ha vuelto
Todos se estremecieron al escuchar el nombre del Innombrable.
-
es, como dice el sombrero seleccionador, el momento para que las casas se unan por el bien común y que volvamos a ser amigos. Creo que eso hubiera querido el profesor Dumbledore y, que esto ocurriera, sería la mejor manera de honrar su memoria.
Dicho esto Harry volvió a su lugar en la mesa de Gryffindor en un mar de aplausos. En ese momento las puertas del gran salón se abrieron y entró un montón de gente, entre las cuales estaba Krum. A Ron se le torcieron las entrañas.
- Parece que ya llegaron los invitados, siéntense donde más les guste - dijo Lupin con una sonrisa.
Esta vez Krum no se sentó con los de Slytherin, esto no pareció afectar a Malfoy en lo más mínimo, sino que lo hizo en Gryffindor, entre Hermione y Ron, cosa que a este no le gustó. Estar separado de ella por esa masa de músculos no era nada agradable.
Cuando volvieron a la sala común Ron preguntó:
- ¿Qué diablos harán aquí todos esos búlgaros?.
- Viktor me contó que van a entrar en la Orden - respondió Hermione.
- ¿QUE? - gritaron a coro Ron y Harry.
- Van a ayudarnos en contra del Innombrable - explicó Hermione sonriendo.
- Y tu estás feliz de que Vicky halla vuelto, ¿verdad? - preguntó con malicia.
A Hermione se le borró la sonrisa.
- ¿Qué habrá en el tercer piso? - preguntó Harry para aminorar la tensión del ambiente.
Hermione no dijo nada.
- Podríamos ponernos la capa de tu padre y...
- Primero, ya estamos grandes y no entramos los tres debajo de la capa y segundo, no me interesa.
- ¿QUE? - gritaron Ron y Hermione, sin poderlo creer.
- Miren, todo muy divertido pero he venido a estudiar, jugar Quidditch y pasarla bien. Si quieren meterse en problemas es cosa de ustedes. No pienso gastar ni un solo segundo de mi tiempo en meter mi nariz donde no me llaman.
- Harry tiene razón - dijo Hermione-, es mejor que dejemos las cosas así. Además, este año, tendremos que estudiar como condenados si es que queremos ser Aurors y entrar en la Orden.
Tres días después, Harry escuchó que alguien se quejaba en el baño de varones, entró y se encontró con Malfoy que estaba casi llorando.
- ¿Qué te sucede?.
- Me arde... me quema... no la soporto más...
- Déjame ver.
Draco le mostró su brazo izquierdo, tenía tatuada una enorme calavera negra y, de la boca de esta, salía una serpiente.
- Es la señal, nos está llamando - le decía.
- Tal vez Lupin o Úrsula sepan que hacer.
- No... no puedo... ellos lo sabrían.
- Ya lo saben, yo les conté a Lupin y a los demás todo lo que ocurrió el día que mataron a Dumbledore.
Ambos corrieron por los pasillos hasta que llegaron a la gárgola (que todavía representaba a un fénix) y en ese momento vieron que la estatua se movía y que, detrás de ella, salía la profesora McGonagall.
- ¿Qué hacen aquí? - preguntó la profesora.
Harry le explicó brevemente lo que ocurria y McGonagall los dejó pasar. Tocaron a la puerta del despacho de Lupin y él los hizo pasar.
- ¿Qué sucede?.
- Es la marca de Draco, lo están llamando - le explicó Harry.
- Tal vez podamos aminorar ese terrible dolor cambiando la marca.
- ¿Puede hacer eso? - le preguntó ansioso.
- Tengo que consulta algunos libros, pero creo que le puedo dar una solución. Indudablemente es magia negra.
Draco, como siempre, se quejaba y quejaba. Dos días después, Lupin los llamó.
- Extiende el brazo - le dijo Lupin.
- ¿Qué va a hacerme? - preguntó Draco asustado.
- No te lo voy a amputar. Extiéndelo.
El muchacho extendió el brazo y Lupin puso su varita sobre la marca, estuvo pronunciando palabras ininteligibles por un buen rato y, de repente, la marca comenzó a cambiar. Primero se convirtió en una mancha negra y luego le fueron creciendo alas.
- Dentro de unas horas ya no te dolerá más - le dijo el profesor.
Draco y Harry salieron, de la oficina, muy contentos.
- ¿En qué crees que se transforme? - le preguntó Draco.
- Pues tiene alas, así que puede ser una lechuza, un hipogrifo o...
- Espero que no sea un hipogrifo - lo interrumpió.
- Son criaturas increíbles.
- ¡Me atacó uno! - dijo indignado.
- Te atacó porque no escuchaste las indicaciones de Hadrid.
Estaban bajando las escaleras hacia el Gran Salón cuando a Harry comenzó a dolerle la cicatriz otra vez. Calló rodando los últimos tres escalones y quedó acurrucado en el suelo.
- ¿Qué hago?. Dime que debo hacer.
Harry no le respondía, sólo se quejaba. En ese momento Hermione salió del salón y vio a Harry en el piso y a Draco a su lado, de inmediato pensó lo peor.
- ¿QUE LE HICISTE? - gritó.
- Yo no le hice nada, lo juro. Estábamos bajando las escaleras y le comenzó a doler la cicatriz.
- Creo que lo sabe - dijo Harry entre gemidos-. Sabe que... que cambiamos la marca... esta furioso... en verdad... lo está.
- ¡Mi madre está en peligro! - se asustó Draco.
- Sube y habla con Lupin... que... que manden a los Aurors a buscarla y... que la traigan... aquí. Es el lugar mas seguro para ella.
- ¿Estarás bien?.
- No te preocupes por mí... ve y... ayuda a tu... madre.
- Yo me quedaré con él - le dijo Hermione a Draco.
El muchacho subió las escaleras como alma que lleva los mil demonios, llegó a la gárgola, pero no sabía la clave para poder pasar. Tuvo suerte porque en ese momento Lupin salió detrás de ella.
- Draco, ya te dije que tienes que tener paciencia...
- Es Harry - lo interrumpió-, dice que tenemos que buscar a mi madre y traerla aquí, está en peligro.
- ¿Cómo lo sabe?.
- Le comenzó a doler otra vez la cicatriz y dijo que el Innombrable estaba furioso, que sabe que cambiamos la marca.
Lupin dio vuelta sobre sus talones y se dirigió nuevamente a la gárgola.
- PLUMAS DE AZUCAR - grito.
La gárgola se corrió y pudo verse la escalera que iba a la oficina del director. Lupin y Draco subieron. Entraron y se acercaron a la chimanea.
- Toma el polvo Flu que está en esa vasija y ve a buscarla - dijo Lupin rápidamente-, si va alguno de nosotros no querrá venir.
- Eso es verdad.
- Los espero aquí.
Draco tiró un puñado de polvo en la chimenea.
- Mansión Malfoy - dijo mientras desaparecía.
Media hora después Narcisa Malfoy estaba instalada cómodamente en las mazmorras de los de Slytherin.
Hacía una semana que habían empezado las clases y, como siempre, los cuchicheos cada vez que Harry pasaba por al lado de un grupo de alumnos, el muchacho estaba tan acostumbrado que no les prestaba atención.
Había recibido una nota del director y debía presentarse a las nueve de la mañana en su despacho para comenzar con las clases privadas de defensa. Llegó diez minutos antes de la hora señalada, se paró frente a la gárgola y dijo:
- ¡Luna rellena de azúcar!.
La gárgola se corrió y subió la escalera en espiral. Llegó a la puerta y golpeó, pero nadie respondió. Entró directamente bajo la mirada de los ocupantes de los retratos, todos ellos antiguos directores de Hogwarts.
En el escritorio del director había una vasija con runas, la reconoció enseguida, sabía que era un pensadero. Harry se acercó y no pudo resistirlo más, tomó su varita y la poso en él, el liquido plateado que contenía comenzó a girar y, unos segundos después, se vio en los jardines de Hogwarts, el sol brillaba cuando una muchacha de enormes ojos verdes y pelirroja, iba seguida de cerca por un muchacho de enmarañados cabellos negros y anteojos, parecía que intentaba convencerla de algo sin éxito; unos pasos mas atrás iban hablando casi en un susurro dos muchacho: uno con melena negra y ojos grises, muy bien parecido; el otro con cabello corto y rubio, parecía no encontrarse muy bien de salud. Harry supo de inmediato que eran sus padres y Sirius con Remus.
- Oh, vamos Evans, no seas así. Ven al baile conmigo - se pasó la mano por el pelo y lo dejó todo despeinado.
- Te dije que no. Eres un arrogante y despreciable estúpido. Además ya tengo con quien ir.
- ¿Ah, sí? - replicó James con una sonrisa burlona.
- Sí - afirmó Lily.
- ¿Con quien vas?.
- Un momento - dio media vuelta y quedo mirando a Sirius y a Remus, luego dijo-. ¡Eh, Remus!, ¿tienes con quien ir al baile?.
- No pero...
- ¿Quieres ser mi pareja? - lo interrumpió.
- Bueno... eh... yo... yo no sé - respondió muy nervioso.
- Por mi no hay problema - le dijo James a su amigo.
- Bueno... en... en ese caso está bien... yo... yo voy contigo.
- ¡Perfecto! - exclamó Lily con una enorme sonrisa y se fue rumbo al colegio.
Cuando ella estuvo lo suficientemente lejos como para no escucharlos James bramó:
- ¿COMO PUDISTE HACERME ESTO?.
- ¿Qué? - preguntó confundido-, si... pero... pero si me dijiste que no había problema.
- ¿QUE QUERIAS QUE TE DIJERA ENFRENTE A ELLA? - gritó James poniéndose colorado por la cólera contenida.
- Bue... bueno... yo... yo lo siento mucho James - estaba en verdad muy consternado-, yo... yo no lo pensé... como dijiste... bueno, lo siento... no... no volverá a pasar.
- POR SUPUESTO QUE NO VOLVERA A PASAR - continuaba gritando James-, PORQUE LA PROXIMA VEZ OLVIDARE QUE SOMOS AMIGOS, TE LO JURO.
James fue también hacia el colegio dejando solos a Sirius y a Remus.
De repente Harry se vio en las puertas del colegio. Snape seguía a su madre muy de cerca.
- ¿Lilian?.
- ¡Hola Severus!.
- ¿Tienes con quien ir al baile?.
- Sí.
- Vas con Potter, ¿verdad?.
- Pues te equivocas, voy a ir con Lupin.
- ¿Rechazaste a James? - preguntó sorprendido.
- No aceptaré una invitación de su parte hasta que no se comporte como un hombre.
- Pues has hecho muy bien - dijo complacido.
- Eso te encanta, ¿verdad?. Siempre estás gozando con el dolor ajeno - le dijo de mala manera.
- Mira yo...
- Si continuas así terminaras quedándote solo. Eres muy malo, ¿lo sabías? - dijo interrumpiéndolo.
- No lo soy siempre.
- Sí que lo eres.
Dicho esto, Lilian subió las escaleras y Severus quedó mirándola como pensando en lo que ella le acababa de decir.
Ese pensamiento se borró y apareció otro, Remus y Lily caminaban en los jardines bajo la luz de la luna y estaban muy bien vestidos, se escuchaba música de fondo por lo que Harry dedujo que era la noche del baile.
- ¿Te agrada James?.
- Mmmm, no sé, algunas veces sí y otras no. Detesto cuando se comporta como un patán.
- Creo que lo hace para llamar tú atención.
- ¿De veras?.
- Está loco por ti.
Harry vio que a pocos metros estaba su padre escondido tras unos arbustos escuchando toda la conversación.
- Ya lo sé
ya lo sé
-dijo Lily-, si se comportaría como un adulto.
- Ninguno de nosotros lo es - aclaró Remus.
- Sí, pero tú eres el único que vale la pena.
Harry se volvió a ver James que tenía el rostro desfigurado del resentimiento, había sacado la varita y estaba seguro que, si la conversación seguía mas, la utilizaría contra Remus.
- No seas tan injusta. James es capaz de hacer cualquier cosa por ti - lo defendió-, tal vez si le hicieras un poco de caso se comportaría mejor. Lo único que hace todo el día es hablar de ti, de lo linda e inteligente que eres.
- ¿Con quién vino James?.
- No tengo la menor idea, desde que me pediste que fuera tu pareja de baile no me dirige la palabra.
- Temía eso, es tan inmaduro. ¡Por las barbas de Merlín! - exclamó disgustada.
Los dos fueron caminando hacia el colegio seguidos de cerca por James.
Ese pensamiento se desvaneció y apareció otro. Sus padres caminaban por una calle. Harry calculó que tenían unos veinte años cada uno. Su madre tenía un bebé en brazos.
- Quiero tener seis niños - declaró James.
- ¡Estás totalmente loco! - replicó Lily-. Un niño más es suficiente, solamente para que Harry tenga un hermanito, así no crecerá solo pero para eso hay tiempo, ¿no?.
.
Se escuchaba un atronador ruido que se acercaba y luego una voz conocida que gritaba:
- ¡EY, POTTERS, UN MOMENTO, ESPERENME!.
Harry se dio vuelta y casi ríe a carcajadas, su padrino parecía un músico de Heavy Metal, tenía botas de cuero con punteras de metal, guantes de motociclista sin dedos, pantalones muy ajustados, campera también de cuero, los cabellos muy largos, una bincha que le cubría la frente, barba de unos tres días y una enorme moto de color gris metalizado. Lily y James se detuvieron a esperarlo. Sirius se bajó de la moto con una enorme sonrisa.
- ¿Paseando a mi ahijado?.
- Necesita tomar un poco de aire fresco - dijo Lily.
- Es tan lindo.
- Sí, igual a mí - dijo James.
- ¡Oh, por todos los cielos! - se quejó Sirius-. ¡Que engreído!.
Los tres rieron.
- Dame a Harry - pidió Sirius.
Lily le dio al bebé.
- ¡Pero que bebé más simpático! - dijo Sirius poniendo voz de tonto, le hizo cosquillas en la panza con la punta de los dedos y el niño rió a carcajadas-. Tu padrino te adora, ¿lo sabías?.
A Harry se le cayeron unas lágrimas. Le hubiera gustado decirle que también lo quería pero Sirius estaba muerto, ya era tarde, nunca tendría la oportunidad.
- ¿Cuándo vas a tener tus propios hijos? - preguntó Lily.
- No sé, primero no tengo tiempo, ya saben, las giras con el grupo y todo lo demás, segundo no tengo con quien tenerlos.
- ¿Cómo que no tienes con quien tenerlos?. ¿Y Alexandra?.
- Tercero ya tengo una responsabilidad con el de ustedes - dijo para no contestar a la pregunta de Lily y, luego, le cerró un ojo a James.
- ¿El nuestro? - Lily frunció el ceño.
- Bueno... eh... yo... - James estaba nervioso.
- ¿Qué significa eso? - preguntó furiosa.
- Es que le hice prometer a Sirius que cuidará de Harry si algo malo nos pasa.
- Una promesa inquebrantable - dijo Sirius solemnemente, poniendo una voz que a Harry le hizo recordar a Percy.
- ¿QUÉ? - gritó Lily.
- Mira Lily, ninguno tiene la vida comprada - explicó James-, tal vez vivamos ciento ochenta años, pero si algo nos sucede quiero tener la certeza que alguien se va a encargar de Harry.
- ¿Por qué justamente Sirius?.
- Porque no confío en nadie más, es mi mejor amigo y muy responsable.
- ¿Responsable? - dijo con sarcasmo-, no lo puedo creer.
- ¡Ey, un momento! - replicó Sirius indignado-. Soy responsable cuando tengo que serlo.
Luego vio la cocina del número doce Grimmauld Place. Su padrino estaba sentado a la mesa, tomando una cerveza de manteca y Lupin a un costado, parado junto a la chimenea. Sirius parecía muy triste.
- Sé que es difícil, Sirius.
- Mas que cualquier otra cosa. ¿Sabes lo que quisiera?.
- Me lo imagino.
- La vida da muchas vueltas, ¿verdad?.
- Y que lo digas.
- Ya está grande, ¿verdad? - dijo su padrino.
- Sí, unos años más y será mayor de edad.
Sirius sonrió.
- Podrá venir a vivir conmigo - dijo muy entusiasmado-. Ya no estaré solo.
- Pronto terminará el colegio.
- El colegio... el colegio... - dijo como pensando en voz alta-. Me han dicho que es muy buen estudiante. McGonagall está orgullosa de tenerlo en Gryffindor, es su favorito pero nunca va a decírselo.
- Cualquiera estaría orgulloso del muchacho. Fíjate que hacer un patronus corpóreo a su edad - dijo Remus con orgullo- y yo se lo enseñé.
Harry sintió que alguien lo tomaba del hombro y le decía:
- Vamos Harry, es hora de empezar con la lección.
De inmediato se puso todo negro, sus pies chocaron contra el suelo y rodó sobre su espalda.
Cuando abrió los ojos se encontró con el rostro de Lupin muy cerca del suyo. Esperaba que el director estuviera furioso, igual que aquella vez que Snape lo encontró husmeando en el pensadero, pero se equivocó.
- ¿Estás bien Harry?.
- Sí, creo que si - se sentía mareado y confundido.
- Levántate, tenemos que comenzar con la lección. Lamento haber llegado tan tarde pero tuve que acudir al cuarto piso pues Peeves estaba haciendo de las suyas. Ese poltergeist es una pesadilla.
El muchacho se levantó lentamente y se sentó en una silla cercana.
- ¿No está enojado?.
Lupin sonrió.
- ¿Por qué habría de estarlo?. A diferencia de Snape, yo no tengo nada que ocultar.
- Vi
bueno
vi un montón de cosas - dijo algo nervioso.
- ¿Sí? - preguntó interesado-. Puede ser, ese era el pensadero de Dumbledore, o sea que todos los miembros de La Orden lo utilizaron.
- ¿Quiere decir que aquella vez en que vi como Sirius y mi padre torturaban a Snape...?, bueno, sabía que era de Dumbledore pero...
- Pero luego llegaste a la conclusión que en realidad no era de él sino de Snape, ¿verdad? - lo interrumpió.
- Así es.
- Mira, los pensaderos no son objetos muy comunes, no hay un pensadero para cada mago, ¿entiendes?. Nosotros le pedíamos el pensadero a Dumbledore cuando necesitábamos extraer pensamientos en los que no queríamos que los demás hurgaran.
- ¿Por eso Snape lo tenía cuando me daba clases de Oclumancia?. ¿Se sacaba pensamientos que no quería que yo viera?.
- Pero esa vez le salió el tiro por la culata.
- Exactamente.
- En este pensadero pueden haber pensamientos guardados de muchas personas. Los que sabemos usarlos sólo buscamos y revisamos nuestros pensamientos sin meternos en los de los demás. Pero tú, seguramente, viste los de muchas personas ya que no sabes como usarlo, al menos no lo sabes todavía.
- Ahora entiendo ciertas cosas.
- ¿Por ejemplo?.
- Pues
era como que
-no sabía muy bien como explicarse- bien
es que habían pensamientos que no parecían suyos y otros que sí.
- Mmm
bien
si... si... - dijo como pensando en voz alta, luego se dirigió a Harry-. ¿Necesitas preguntarme algo de lo que viste?.
- No pero
¿Puedo entrar otra vez? - preguntó entusiasmado.
- Cuando quieras.
Harry salió de la oficina del director corriendo hacia la torre de Gryffindor, ansioso de contarles a sus amigos lo que había visto en el pensadero.
Faltaban ocho semanas para la navidad y Lupin había organizado un baile para los que se quedarían en el colegio en las vacaciones. La mayoría decidió quedarse porque hacía mucho tiempo que no había un evento semejante.
Harry estaba más obsesionado que nunca con el estudio, se la pasaba metido todo el día en la biblioteca o en la sala común y eso preocupaba a Ron.
- Bueno, yo estoy feliz con la actitud de Harry - dijo Hermione mientras sacaba un libro de uno de los estantes de la biblioteca y volvía a sentarse junto a Ron-, ya es hora que tome el estudio con seriedad y tú tendrías que hacer lo mismo.
- Yo estudio - se defendió Ron.
Hermione se limitó a mirar a Krum que, para no variar, estaba rodeado de chicas que le pedían autógrafos.
- No te puedes sacar de la cabeza a Vicky, ¿verdad?.
- Estoy contigo, ¿no? - espetó furiosa-. Deja a Viktor en paz.
- Harry está raro - dijo cambiando de tema rápidamente.
- ¿A qué te refieres?.
- Pues ya casi ni me habla
tampoco me mira a la cara.
- Tal vez tenga algún problema.
- ¿Crees que sea con Ginny?.
- Mmmm
puede ser.
Harry, mientras tanto, iba pasando por las estanterías y miraba los libros.
- Accio - decía mientras señalaba uno de ellos y este volaba directo a su mano.
Los otros muchachos que estaban cerca se asombraban.
- ¿Viste eso? - decía uno de ellos.
- ¡Increible!.
- Hizo un accio sin la varita.
Harry sonreía. Cuando llegó a la mesa, en donde estaban estudiando Ron y Hermione, ya llevaba en sus brazos no menos de cinco libros de artes oscuras, pociones y algunos de otras materias.
- ¿Dónde estará la moto de Sirius?. Debe tenerla Hadrid en algún lugar - dijo Harry con sumo entusiasmo.
A la mañana siguiente y después de desayunar, los tres amigos fueron rumbo a la cabaña de Hadrid, tuvieron que esperarlo durante una hora ya que estaba dando clases en los límites del bosque. Dieron un paseo con Fang mientras Hadrid despedía a los alumnos de segundo año.
- ¡Hola muchachos!. ¿Quieren tomar un té?.
- Sí, gracias - respondió Hermione.
Los cuatro, acompañados por Fang, entraron en la cabaña. Hadrid les sirvió unas enormes tazas de té con unas galletas que los chicos no probaron, ya que eran entendidos en las artes culinarias de él, la comida era espantosa.
- Bien, ¿a qué debo la visita?.
- Queríamos preguntarte algo - le dijo Hermione.
- ¿Qué?.
- ¿Dónde esta la moto de Sirius? - le preguntó Harry.
Hadrid sonrió.
- ¿Quién te dijo que la tenía?.
Los tres amigos se miraron sin responder, si le decían la verdad Hadrid se enteraría que estuvieron escuchando la conversación que había tenido hacía años atrás con Fudge y los otros.
- Eso no viene al caso - se atajó Harry-. Sólo sé que Sirius te la dio.
- Mmm... bien... es verdad, Sirius me la dio.
- ¿Y bien?.
- ¿Y bien qué?.
- ¿Dónde está?.
- Está bien... pero no te la pienso dar hasta que no cumplas la mayoría de edad.
- Ya soy mayor.
- Sí, pero no para los muggles, ¿quieres que te multen por andar por ahí sin licencia?.
- Oh, seguro, no lo había pensado. Pero igual yo no la quiero usar, sólo quiero verla.
- Mmm... bueno. Vamos afuera.
Los tres siguieron a Hadrid hasta un cobertizo que este tenía en la parte de atrás de la cabaña. Abrió las puertas de madera, adentro había un enorme bulto tapado con una tela que parecía verde aunque no se distinguía bien el color por estar cubierta por una enorme capa de polvo.
- No la he usado desde que te llevé con los muggles - aclaró Hadrid mientras quitaba la sucia tela.
- ¡Oh! - exclamaron Ron, Hermione y Harry.
- ¡Es enorme! - dijo Hermione.
- ¡Es hermosa! - se maravilló Ron.
- ¡Es perfecta! - culminó Harry con una enorme sonrisa.
Y en verdad era esas tres cosas juntas, parecía ser uno de los primeros modelos de Harley Davison, era gris metalizada y daba la impresión de invitar a la aventura a todo el que la observara. Ahora, Harry, no sólo tenía una Saeta de Fuego, la escoba de competición más veloz del mundo (el mejor regalo que había recibido en su vida, el que le había hecho su padrino un año antes de morir) sino que ahora también sería el feliz poseedor de la moto de Sirius. Esto era más de lo que él podía pedir, un año más y sería el propietario de un vehículo que más de uno mataría por tener. Pero luego lo invadieron sentimientos horribles, ¿llegaría a usarla?, ¿viviría un año más o moriría antes?. El rostro de Harry se entristeció. Los tres amigos se despidieron mientras Hadrid tapaba la moto y cerraba las puertas del cobertizo. Dos horas después de una intensa clase de Defensa contra las Artes Oscuras llegaron a la sala común. Ron fue a la habitación de los muchachos para quitarse la túnica y Harry se sentó en la sala.
- ¿Qué te sucede? - le preguntó Hermione.
- ¿A qué te refieres?.
- Ron dice que estás distante, que casi ni le hablas y que no lo miras a la cara.
Harry tragó saliva.
- Si me lo cuentas a lo mejor pueda ayudarte.
- Hice algo espantoso - dijo avergonzado-. Bueno, en realidad no lo fue
quiero decir
no se como explicarlo
me gustó pero ahora me siento culpable. ¿Cómo se lo digo a Ron?. Me matará.
- Lo que hiciste, ¿tiene que ver con Ginny? - preguntó con una sonrisa cómplice.
- ¿Cómo lo sabes?.
- Ella me lo contó.
- ¿QUÉ? - gritó indignado.
- Vamos, Harry, tú sabes que soy su confesora y la que le doy consejos. Ella confía plenamente en mi - dijo de lo más tranquila-. Lo que sientes no se te quitará a menos que hables con Ron.
- ¿Estás loca?, si se lo cuento me mata.
- Bueno, él sabe que amas a Ginny y que jamás le harías ningún daño.
- Sí, pero...
- Deberías hacer la prueba, tal vez te lleves una sorpresa.
Ron bajó las escaleras en ese momento y Hermione subió a la habitación de las chicas para dejarlos solos.
- Tengo que hablarte - le dijo Harry.
Ron se sentó a su lado.
- Te escucho.
- Yo no sé como decirlo... es que... es que...
- Es que te remuerde la conciencia por haber hecho lo que hiciste.
Harry lo miró con los ojos como platos.
- ¿Crees que soy idiota?. Me di cuenta en cuanto salieron de la casa.
- Pero...
- Te faltaba la faja y el moño, nadie se desviste para hablar del futuro.
Los dos quedaron en silencio un rato.
- ¿No estás enojado?. Creí que me matarías.
- No porque
bueno, ahora tendrás que casarte con ella.
- ¿Cómo?.
- ¿No pretenderás librarte después de lo que hiciste?.
Harry no esperaba eso.
- Ya sabes que yo...
- Ya sé y por eso te he perdonado ciertas cosas. Además no puedo culparte cuando yo... - y se interrumpió al darse cuenta que iba a decir algo que lamentaría.
- ¿Lo hiciste con Hermione? - preguntó sorprendido.
Ron asintió con un movimiento de cabeza.
- ¿Cuándo?.
- La mañana posterior a la boda, todos dormían profundamente y... y... lo hicimos en el living.
Harry comenzó a reír a carcajadas.
- No te rías - dijo avergonzado.
- Bueno, ahora ambos vamos a tener que casarnos, ¿no te parece?.
Ron también rió.
A la mañana siguiente Hermione estaba feliz. El desayuno fue de locura. Todos se pusieron muy contentos cuando Lupin anunció que fue electo director de Hogwarts. Trevor volvió a escaparse así que Neville se la pasó gateando debajo de las mesas para poder atraparlo mientras todo el mundo se reía de él, hasta que a Malfoy se le ocurrió una idea.
- Deja que te ayude.
- No... no... deja a mi sapo - le dijo Neville muy nervioso.
- No seas tan llorón - rió Draco apuntando al sapo con su varita-. ¡Petrificus Totalus! - dijo mientras el animalito se quedaba muy quieto.
- ¡Gracias Draco! - exclamó Neville.
- De nada y, la próxima vez, piensa en un hechizo para inmovilizar al sapo en vez de estar en cuatro patas por debajo de todas las mesas.
- Sí, seguro, eso haré.
Krum se sentó un rato en la mesa de Slytherin y luego volvió a la de Gryffindor.
- ¿Cuál es tu problema con Krum? - preguntó Harry.
- Su presencia me pone nervioso. Mira nada más como se ríe y le hace caritas a Hermione.
- No pasa nada. La confianza es la base de toda relación.
- Ya lo sé pero aun así.
A la salida del Gran Salón, Malfoy volvió a cruzarse con Hermione y Ron.
- Oye, Weasley, no deberías juntarte con esa sangre impura.
- Retira lo dicho - dijo Ron apuntando a Draco con su varita.
- No retiro nada, digo lo que se me pega la gana.
- Tú te lo buscaste - Ron hizo un movimiento con la varita y Malfoy quedó patas arriba, suspendido en el aire.
Harry salió del salón en ese momento y se acercó a Ron.
- Suéltalo, Ron.
- Como quieras - y con un movimiento de su varita, Malfoy calló al suelo.
Minutos después, Harry y Ginny hablaban en la sala común.
- Te presto este libro - le dijo ella.
- Ah, que bien - dijo Harry sin darle mucha importancia.
- Busca en el capítulo de los espejos. Creo que hallarás algo muy interesante.
Ella le dio un tierno beso en la mejilla y él se ruborizó.
- Ya sabes que puedes contar conmigo.
- Sí, lo sé.
Ella fue al cuarto de las chicas. Hermione entró y se sentó junto a Harry.
Harry leyó el libro y se detuvo en el capítulo de los espejos. En una de las primeras frases decía: Algunos creen que los espíritus se comunican a través de ellos o que pueden atrapar el alma humana y deben cubrirse cuando alguien acaba de morir.
- El espejo que me dio Sirius, se encontraba tapado - pensó en voz alta-. ¿Qué tal si el de él no lo estaba cuando murió?. ¿Si estuviera tratando de comunicarse de alguna manera?. ¡Oh, por las barbas de Merlín! - exclamó de repente-. Tú eres muy buena para el hechizo reparo, ¿verdad? - le preguntó a Hermione.
- Sí, pero... - Harry no la dejó terminar de hablar.
- Ahora vengo - dijo el muchacho que corrió por las escaleras hacia la habitación de los chicos y en menos de un minuto estuvo devuelta con algo envuelto en una tela negra.
- ¿Qué es?.
- Es un espejo doble, Sirius tenía el otro - le explicó rápidamente-. Necesito que lo dejes como nuevo.
- Harry, no creerás...
- ¡Por favor, sólo repáralo!.
- Está bien - tomó la varita y apuntó a la tela negra-. Reparo - dijo ella y se escuchó un leve CRASH.
Harry abrió la tela y comprobó que el espejo estaba como nuevo. Esta vez no le hizo falta llamar a Sirius, pues lo vio de inmediato.
- ¡POR LAS BARBAS DE MERLIN! - se escuchó la atronadora voz de Sirius gritando desde el espejo-. ¿DONDE ESTABAS?.
Harry casi suelta el espejo de la emoción y Hermione ahogó un grito.
- ¿Dónde estás? - le preguntó Harry, temblando.
- Eso es lo que quisiera saber, no puedo salir de aquí. ¿Por qué no me contestabas?.
- Es... bueno... el espejo que me diste se me había roto y recién ahora Hermione lo acaba de reparar.
- Esta bien - no parecía disgustado con Harry-. Tienes que ayudarme.
- Te llevaré con Remus.
- Llévame con quien quieras pero sácame de aquí.
Harry y Hermione salieron corriendo de la sala común rumbo al despacho del flamante director, en la entrada una gárgola de un hombrelobo reemplazaba a la del fénix.
- Patas de cabra - dijo Harry y de inmediato la gárgola se corrió y dejó ver la escalera en espiral.
Él y Hermione llegaron en menos de un segundo y tocaron a la puerta.
- Entre - dijo la voz de Lupin desde adentro y ambos entraron.
Lupin se asustó al verlos tan alterados.
- ¡Que sucede!.
- Es Sirius, lo encontré - explicó Harry jadeando.
- Parece que está vivo - dijo Hermione que también jadeaba.
- ¿De qué están hablando?.
- Mira - dijo Harry dándole el espejo-, ahí está.
Lupin cayó sentado en el sillón del escritorio al ver la cara de Sirius en el espejo.
- ¡Hola viejo amigo! - lo saludó-. ¿Sabes?, tengo un pequeño problemita. No sé dónde estoy ni como salir de aquí. Lo único que recuerdo es que Bellatrix me aturdió y luego aparecí en esta nada. Trato de ir a la luz pero no puedo entrar y lo mismo sucede cuando intento ir hacia el otro lado. Estoy atrapado aquí. ¿Puedes ayudarme?.
- Lo intentaré, pero no vayas hacia la luz, si entras en ella no podré hacerte volver.
- Cómo digas, pero apúrate, ¿sí?.
- Bien... bien... - dijo pensando-, tengo que consultar unos libros pero creo que podremos sacarte de ahí.
- ¡Gracias a todos los cielos! - exclamó Sirius-. Tener un traga libros de amigo trae sus recompensas.
Remus sonrió mientras le daba el espejo a Harry. Se levantó y fue a la enorme biblioteca que había en el despacho, sacó unos cuantos libros y los comenzó a leer como si de ello dependiera su vida.
- Ustedes vuelvan a sus actividades - les dijo a los muchachos-. Yo los llamaré cuando tenga una solución. Hablaré con los otros profesores, tal vez ellos sepan que hacer.
Después de un tiempo Harry le pidió permiso a Lupin para volver a meterse en el pensadero y él accedió. Unos momentos después de posar su varita en el liquido plateado se encontró con Sirius y Lily que estaban estudiando en la sala común. James llegó y se sentó en el sillón que estaba junto a la chimenea. Todavía llevaba puesta la túnica de Quidditch y estaba agitado.
- No se dan una idea de la atrapada que hice - decía jadeando y dándose importancia-. Resulta que... - pero se interrumpió al darse cuenta que ninguno de ellos le estaba prestando atención.
- No Lilian, deja - dijo Sirius con disgusto. Ella había tachado algo en el pergamino de él.
- Es que está incorrecto - se excusó.
Harry sonrió, la actitud de su madre le hizo recordar a Hermione, sólo que Ron y él no se enojaban cuando ella corregía sus deberes.
- ¿Podrías dejar de meter tu nariz de sabelotodo en mi tarea?.
- No puedo - contestó testaruda-. ¿Quieres sacarte una T?.
- ¡Nunca me he sacado una T! - exclamó indignado.
- ¡Déjalo en paz! - dijo James mientras sacaba la Snitch de uno de los bolsillos de su túnica.
Lily lo miró con cara de pocos amigos.
- Ya que terminaste la práctica, Potter, ¿por qué no te pones a estudiar?.
- Porque no tengo ganas - respondió estirándose y bostezando ruidosamente mientras se ponía a jugar con la Snitch.
.
- ¡Devuelve esa estúpida Snitch! - chilló Lily.
- Evans... Evans... - dijo despreocupadamente-, ya te lo dije, haré lo que me pides si sales conmigo.
- ¡No lo haré!.
- ¡ENTONCES DEJAME EN PAZ! - le gritó.
A ella se le llenaron los ojos de lágrimas, tomó los libros y corrió a la habitación de las chicas. Sirius estaba furioso.
- ¡La hiciste llorar!. ¡Eres un cocinado imbécil!. ¿Cómo quieres que ella se interese en ti con lo grosero que eres?. Ah, y luego, te enfadas cuando va al baile con otro.
- No me lo recuerdes.
- Te lo recuerdo porque eres el culpable de muchas cosas. Compórtate como un hombre. Pídele perdón a Lily y vuelve a hablar con Remus.
En ese momento llegó Lupin, se acercó a él y le quitó la Snitch de las manos.
- ¡EY! - gritó.
- Me figuré que la tenías tú. Hace treinta minutos que Madame Franks la está buscando, los de Slytherin no pueden practicar.
Remus ignoró la cara de odio de James. Nuevamente todo se puso negro y Harry se vio en una fiesta.
- ¡Sirius... Sirius... ! - Lupin parecía desesperado.
Sirius pidió disculpas a la chica con la que estaba bailando y dejó de bailar.
- ¿Qué demonios sucede? - preguntó disgustado.
- Es James - y con un movimiento de cabeza le señaló una mesa cercana.
Harry vio que su padre, que estaba desparramado en una silla, reía sin parar.
- Seguro que le echaron una maldición o le hicieron beber una sobre dosis de Felix Felicis - dijo Sirius pensativamente-, debe haber sido Quejicus.
- No fue Que... quiero decir Severus.
- ¿Y quién fue?.
- James mismo - continuó alarmado-, tomó demasiada hidromiel y está totalmente borracho. Ayúdame a llevarlo a la habitación.
Los muchachos se acercaron.
- Yo lo oí... desgraciado... me... - hipeó y volvió a reír a carcajadas-, me quie... re quitar a Lilian.
- ¿Quién te la quiere quitar? - preguntó Sirius.
- ¿Tú quién crees?... Que... jicus. Yo lo escuche hablando con Avery. El muy cre... tino. Ja, pobre infeliz... - continuaba hipeando y riéndo descontroladamente-, piensa que mi Li... Ly le va a hacer caso. Juro... si se acerca a Lily lo ma... to - movía el brazo como si tuviera una varita y quisiera hechizar a alguien.
- Vamos, James - dijo Sirius tirando de sus brazos-. Necesitas dormir.
Lo arrastraron, literalmente, por las escaleras hasta la torre de Gryffindor.
- Bombón de menta - dijo Remus jadeando, la Dama Gorda meneó la cabeza con disgusto al ver en el estado que estaba James y se corrió para dejarlos pasar.
Creyeron que la sala común estaba vacía, pero se equivocaron.
- ¡Hola muchachos! - dijo Lily.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - preguntaron a coro Sirius y Remus.
- Oh, es que la fiesta es algo aburrida y Severus se estaba poniendo pesa... ¿Qué le pasa a James? - preguntó preocupada.
- ¡Holi... ta amor... cito! - hipeó y rió James.
- Después te contamos Lily, ahora tenemos que meterlo en la cama - dijo Sirius.
- Se pasó con la hidromiel - explicó Remus.
- ¡Adio... sito reina de mi co... razón!.
Minutos después Remus y Sirius bajaron a la sala.
- Lily, tienes que hacer algo con él - le dijo Remus.
- ¿Yo?.
- Sí, tú. James está cada vez más deprimido. Por lo menos sé su amiga.
- Él no se merece mi amistad, es un inútil y un idiota. No lo soporto.
- No es verdad - la corrigió Sirius-. No sé Remus, pero yo me he dado cuenta de como lo miras.
Lily se sonrojó.
- Si él fuera diferente - dijo tímidamente.
- Él sería diferente si le hicieras caso.
- Ya te lo dije en el baile, él cambiaría si lo quisieras - dijo Remus.
Todo volvió a quedar oscuro y, de repente, la luz iluminó un living desconocido para Harry. Ahí estaban, en un sofá, sentados sus padres.
- Sabes que quisiera - dijo James.
- ¿Qué insinúas con eso de que quisieras? - dijo frunciendo el ceño.
- No puede ser Lily, no podemos casarnos.
- ¿Por qué? - preguntó con los ojos llenos de lágrimas.
- No quiero que te quedes viuda.
- Todos estamos en peligro pero no por eso debes alejarte de mi.
- Entraré en la Orden y eso implica un riesgo extra.
- Pues yo también y eso no me hace dejar de amarte.
- Lily, yo te he amado desde que te vi en el Expreso de Hogwarts. No me digas que no te amo. Si no quiero casarme contigo es sólo para protegerte.
- Pues para protegerme tendrías que estar a mi lado.
- No Lilian...
- NO... - gritó furiosa-. NO TE DESHARAS DE MI TAN FACILMENTE, JAMES POTTER. TE LLEVARE AL ALTAR AUNQUE TENGA QUE AMARRARTE DE PIES Y MANOS. ¿ME OISTE?.
James le tomó el rostro con ambas manos y la besó en los labios.
- Tranquila, Lily - le dijo con una sonrisa-. Además, todavía nos faltan unos meses para terminar el colegio.
Ella sonrió y apoyó su cabeza en el pecho de James.
Todo se oscureció mientras los pies de Harry golpeaban el suelo del despacho del director.
- Harry, lamento tener que pedirte que te retires, tú tienes cosas que hacer y yo también - dijo Lupin.
Harry salió de ahí y fue a la sala común.
Los días pasaban y no tenía noticias del profesor Lupin, aunque la profesora McGonagall le había dicho que estaba trabajando mucho para poder traer de nuevo a Sirius. A todo eso también se sumaban la cantidad de tareas y el partido de Quidditch contra Slytherin, cosa que también lo tenía muy alterado. Ron estaba jugando pésimamente mal. Ginny y Dean peleaban todo el tiempo. Seamus parecía no prestar atención a las indicaciones de Harry.
- Estamos en problemas, si seguimos así perderemos indefectiblemente. ¡Quiero que ganemos, necesitamos ganar, necesito ganar! - se confesó de repente-. La cuestión es que perder contra Slytherin sería desastroso.
- No te preocupes - dijo Ginny.
- Ganaremos - agregó Ron.
- Eso lo veremos, porque estás jugando pésimamente mal - espetó furioso.
- No soportaría las burlas de los de Slytherin y la risita de suficiencia de Malfoy - culminó Seamus.
- Bien, confío en ustedes ciegamente, así que háganlo bien.
- Lo haremos - dijeron a coro.
Todos parecían jugar muchísimo mejor que en la práctica anterior, eso puso contento a Harry ya que pronto sería el encuentro contra Slytherin.
Era increíble que existiera tanta paz. La tranquilidad que no existía desde que los fundadores de las cuatro casas eran amigos. Se ayudaban unos a otros con los deberes y nadie se burlaba de los demás, hasta Luna se extrañaba que ya nadie la llamara Lunática.
- No dejaremos la amistad entre las casas gane quien gane, ¿verdad? - preguntó Draco a Harry, después del desayuno anterior a la última práctica de los equipos.
- Espero que no. La verdad, me aburro sin tus amenazas y tus insultos.
Ambos rieron a carcajadas.
- Sí, es raro, ¿verdad?. Tanta armonía es tediosa.
- Podríamos tirarnos maldiciones de vez en cuando para romper la rutina.
- No es mala idea.
Volvieron a reír.
Dos días después, Harry tomó el espejo doble.
- Sirius Black - dijo.
De inmediato la cara de su padrino apareció.
- ¿Sucede algo? - le preguntó preocupado.
- No, es que hoy juego y quiero que me veas.
- ¿Eso es todo?
- Sí, es todo. Te llevaré con Hermione, ella te llevará al campo.
Todos iban caminando hacia el estadio de Quidditch. Harry la alcanzó en la entrada.
- Hermione.
- ¡Hola!.
- Toma el espejo y llévalo al juego.
Luego Hermione fue a las gradas para ver el partido. Minutos después los equipos entraron a la cancha.
- Capitanes - dijo Madame Hooch-, dense la mano.
Harry y Malfoy se acercaron y se dieron la mano.
- ¡Qué gane el mejor! - dijo Draco.
- ¡Suerte Draco!.
- ¡Gracias, igualmente!.
Todos montaron sus escobas y, con el pitido del silbato, remontaron vuelo. Quince minutos después el partido se ponía parejo, Gryffindor ganaba a Slytherin treinta a veinte. Ambos buscadores, Potter y Malfoy, estaban muy concentrados tratando de ver la Snitch. Treinta minutos después, la pequeña bolita alada apareció a unos cien metros de Draco que la empezó a perseguir como si de ello dependiera su vida. Harry viró a la derecha y, pasando por debajo de Ginny y Seamus, siguió de cerca al buscador de Slytherin.
- Potter y Malfoy están codo a codo - comentaba desde el megáfono Luna Lovegood-. ¡Qué partido!. Los dos van volando rápidamente hacia el cielo. ¡Oh, Ginny Weasley ha hecho otro tanto!, Gryffindor esta ganando noventa a cincuenta. Potter se adelanta a Malfoy, nadie puede contra una Saeta. ¡Que velocidad amigos... que velocidad!. Ahora los dos buscadores son un punto negro en el firmamen... ¡Cuidado Ginny!.
- ¡QUE TRAMPOSO! - bramó Sirius desde el espejo.
Crabbe le había dado un batazo en la espalda a Ginny, él alegó que fue sin querer pero Madame Hooch no le creyó ya que la Bludger estaba lejos de ahí.
- ¡PENAL A FAVOR DE GRYFFINDOR! - gritó la profesora.
Seamus Finnigan anotó otro tanto.
- ¡Muy bien!, Gryffindor cien y Sly... ¡Oh, ahí vuelven Malfoy y Potter!... bajan en picada. ¡Oh, Ronald Weasley desvió la Quaffle evitando un tanto de Slytherin!. Espero que Harry y Draco puedan frenar antes de llegar al suelo. Potter va apenas una cabeza más adelante que Malfoy. ¡Esto se pone cada vez mejor!. ¡CUIDADO... CUIDADO... ! - gritó, pero ya era tarde.
Harry y Draco se habían caído al mismo tiempo de sus respectivas escobas y la Snitch había vuelto a desaparecer o, al menos, eso era lo que todos creían. Cuando los muchachos lograron desenmarañarse de sus túnicas, se pararon algo mareados. Malfoy levantó el brazo derecho de Harry, el muchacho había atrapado la Snitch sin siquiera darse cuenta. Se escuchó el silbato y la voz de Madame Hooch que decía:
- ¡Gryffindor gana... Gryffindor gana doscientos cincuenta a cincuenta!.
- ¡¡¡SIIIIII, BIENNNN HARRY!!! - gritó Sirius desde el espejo.
El estadio bramó en vítores.
- ¡Buen partido, Potter! - exclamó Malfoy.
- Lo mismo digo.
- La próxima vez les ganaremos.
- Eso está por verse.
Ambos se dieron un abrazo y luego se fueron a los vestuarios con sus equipos.
- Jugaron muy bien - les decía Harry-. Estoy en verdad muy orgulloso de ustedes.
- Tú lo hiciste excelentemente bien - dijo Ron.
En ese momento entró Hermione y quedó paralizada al ver que Ron estaba con el pecho descubierto y todo transpirado.
- Pásame la toalla - le dijo a Ginny.
Ella, en vez de dársela a Ron, se la dio a Hermione.
- Ve - le dijo entre dientes.
Hermione le dio el espejo a ella y luego se acercó a Ron. Harry los miraba de reojo y sonreía.
- Toma - le dijo Hermione a Ron.
- ¿Podrías secarme la espalda?, no llego.
- Sí, por supuesto - dijo mientras se ponía colorada de la vergüenza.
Ella comenzó a secarle la espalda cuando de repente él volteó y le dio un sonoro beso en los labios. Ginny le secaba el sudor de la frente a Harry y, mientras tanto, él hablaba con Sirius.
- ¡Estuviste fantastico! - dijo sonriendo.
- ¡Que bueno que te gustó!.
- Eres mejor que James y eso es mucho decir.
- Creí que Malfoy iba a enfurecerse pero parece que no le importó - continuaba Dean.
- Todo salió según lo planeado - dijo Ginny.
- Hablando de planes - recordó Harry-. ¿No teníamos planeado festejar si ganábamos?.
- Sí, saquémonos las túnicas y vamos a la sala común - dijo Seamus con mucho entusiasmo.
Hacía rato que no había un festejo tan grande, no faltó la comida ni las cervezas de manteca. Lupin, McGonagall y Úrsula no quisieron perderse la fiesta. Sirius, en el espejo, iba de mano en mano. Todos saltaban, cantaban y bailaban. Colin Creevey se la pasó sacando fotos hasta que Ron, ya harto de los flashes, lo mandó a dormir. Por su parte Dennis Creevey, el hermanito de Colin, estuvo pidiéndoles autógrafos a todos los miembros del equipo.
- Estos autógrafos valen Galeons, cuando se los muestre a mis hijos no lo van a poder creer. Les diré, miren muchachos, yo tengo un autógrafo de Harry Potter. Seguramente, para ese entonces Harry estará...
- Muerto - lo interrumpió Harry.
- No Harry... no hables así, eso no sucederá.
- ¿Qué sabes?.
- Eres muy buen mago.
- Dumbledore era muchísimo mejor que todos nosotros juntos - dijo Harry en voz alta-, sin embargo, esta... esta... esta muerto.
Toda la sala común había quedado en silencio.
- Yo... bueno... yo iba a decir que tú estarías jugando en un buen equipo de Quidditch, tal vez para la selección nacional - dijo Dennis poniéndose blanco.
- Por supuesto que sí - agregó Lupin-, tan buen buscador no puede trabajar ni en Gringotts, ni en el Ministerio... no... no sirve en una oficina. Definitivamente tiene que jugar al Quidditch.
- Ya lo imagino como si lo estuviera viendo - decía la profesora Úrsula-, ¡Harry en un mundial... wow... espectacular!.
Esa noche, Harry tuvo un sueño, Sirius y él estaban sentados en la sala común.
- ¿Por qué no me sacaste de este apestoso lugar?.
- Es que no sé como.
- No has pensado.
- Sí lo hice - dijo disgustado.
- Deséalo con todas tus fuerzas, deséalo... deseo... d-e-s-e-o... ¿entiendes?. Dalo vuelta y lo comprenderás. ¡Por las barbas de Merlín!, yo creía que eras más inteligente.
Harry se despertó sobresaltado, salió de la habitación y bajó a la sala común, tuvo suerte porque en ella encontró a Hermione que estaba a punto de irse a dormir.
- ¿Qué sucede? - le preguntó Hermione.
- Creo que lo sé.
- ¿Qué es lo que sabes?.
- Sé como sacar a Sirius del espejo. ¿Recuerdas a la piedra filosofal?.
- La recuerdo.
- Sólo bastó mirar en el espejo y, de repente, apareció en mi bolsillo. El espejo que te muestra lo que deseas... d-e-s-e-o... deseo... - dijo como pensando en voz alta-. Eso es, Sirius dijo: dalo vuelta y lo comprenderás, es el espejo de Oesed, deseo al revés.
Harry salió corriendo para ver a Lupin, a mitad de camino se encontró con Filch, el celador le llamó la atención y le dijo que lo llevaría a la oficina del director, y él le respondió que le ahorraría el trabajo pues precisamente iba ahí. Llegó a la gárgola del hombre lobo y, jadeante, dijo:
- Monta al hipogrifo.
Un segundo después la gárgola se movió lentamente y Harry pudo ver la escalera en espiral, subió los escalones de dos en dos. Ni siquiera se había percatado que era la una de la mañana y que, quizás, el director estaría durmiendo. Tuvo suerte pues vio luz debajo de la puerta y escuchó voces, eran Lupin y la profesora Úrsula.
- Es mejor que tengas cuidado, no quiero tener problemas por tu culpa - le decía Lupin-. Hadrid me dijo que le faltaban algunas gallinas.
- ¿Quieres que me muera de sed? - dijo disgustada-. ¿Quieres que comience a atacar a los alumnos?.
- No, claro que no - respondió alarmado.
- Entonces déjame en paz.
Harry tocó a la puerta, se hizo un silencio que pareció eterno y luego escuchó la voz del director que decía que pasara.
- ¿Cuánto tiempo hace que estás detrás de la puerta? - preguntó nervioso.
- Menos de un segundo - le mintió.
- ¿Qué deseas a estas horas?.
- Creo que descubrí como rescatar a mi padrino.
- ¿De veras? - preguntó más relajado.
- ¡Eso es genial! - se alegró Úrsula.
- ¿Se acuerda de la piedra filosofal?.
- Sí, supe sobre eso - respondió Lupin.
- Pues esa es la clave, sólo tengo que mirarme en el espejo. Hace unos minutos atrás soñé con Sirius y él me decía que la clave estaba en dar vuelta la palabra deseo.
- ¡El espejo de Oesed! - exclamó la profesora.
- ¡Exactamente! - dijo Harry.
- Pero no sé dónde está - dijo Lupin.
- Pues averíguelo.
- Hoy mismo le preguntaré a la profesora McGonagall.
- Sí, por favor.
- Bueno, ahora vete a dormir.
- ¿Cree que voy a poder dormir? - dijo mientras habría la puerta para volver a la torre-. Ah, me olvidaba. Filch dijo que me acusaría con usted por andar por los pasillos a estas horas.
- No te preocupes, yo me encargo de él.
- Bien, hasta más tarde.
- Nos vemos.
Esa mañana, después del desayuno, Lupin se acercó a Harry y, disimuladamente, le dijo:
- Quinto piso, segundo pasillo, en la séptima aula.
- Correcto.
- ¿De qué estaba hablando? - le preguntó Hermione.
- Ya lo sabrás - le contestó el muchacho.
- ¿Es sobre los Horcruxes?.
- No.
Harry se levantó de la mesa y subió al quinto piso, las piernas le temblaban. Encontró el aula a los pocos minutos. Abrió la puerta. El lugar estaba atestado de bancos rotos y pizarras en desuso. En un rincón vio el espejo que estaba tapado por un enorme lienzo, lo quitó y vio su propio reflejo. Unos momentos después volvió a ver la imagen de sus padres pero, esta vez, había alguien más con ellos. Sirius le sonreía.
- Dime que hacer - le preguntó a su padrino.
Este tocó su pecho y luego señaló a Harry.
- ¿El deseo de mi corazón?.
Sirius asintió mientras la imagen de él tocaba el hombro del muchacho.
- En verdad lo deseo... deseo que vuelvas conmigo. Te extraño mucho padrino.
Unos momentos después sintió un peso en su hombro izquierdo y el reflejo de Sirius le habló.
- ¡Por fin! - exclamó muy contento.
Harry tocó su hombro pero se llevó una sorpresa al comprobar que había una mano. Volvió a mirar el espejo y se dio cuenta que era la de su padrino. Se dio vuelta y parado tras él estaba Sirius.
- ¡Hola Harry!.
- Padrino... padrino... - el muchacho lo abrazó-. Te quiero mucho.
- Yo también te quiero.
- Vamos a la sala común, quiero presentarte a mis amigos.
- Sí, pero primero quiero comer algo, estoy que me muero de hambre.
- Mejor no te vuelvas a morir, no podría resistirlo de nuevo.
Ambos rieron. Unos minutos después entraron al salón. Hermione ahogó un grito y Ron casi se infarta.
- Pero él... él estaba... - dijo Neville asustado.
- No soy un muerto vivo, así que tranquilízate o te haré un petrificus - lo interrumpió Sirius mientras se sentaba y se metía un huevo duro entero en la boca.
- ¿Eres tú? - preguntó una voz femenina.
Sirius se dio vuelta y contempló a Narcisa.
- ¡Hola prima! - la saludó como si nada-. ¿Qué estás haciendo aquí?.
- Eso es lo que yo me pregunto de ti.
- Oh, seguro que la dulce Bella te dijo que había acabado con mis huesos, ¿verdad? - dijo con sarcasmo.
- Sí, algo así.
- Pues dile que le falta mucho para poder matarme - dijo muy disgustado-. Dile que el primo Sirius, tiene mas vidas que los gatos.
- Si la veo, se lo diré.
- Mejor así - dijo mientras se daba vuelta hacia la mesa, pinchaba unos tocinos y los ponía en su plato.
Media hora después subían la escalera hacia la torre de Gryffindor, Harry quedó mirando una de las paredes.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Sirius.
- ¿Viste eso?.
- ¿Qué?.
- La pared se movió.
Sirius bajó unos escalones para inspeccionar.
- ¿Por aquí? - le preguntó.
- Sí.
El hombre tocó cada sector del muro y no encontró nada.
- No sé lo que viste pero esta pared es totalmente sólida. Debes haber sido una alucinación, a veces la vista nos juega bromas.
Sirius siguió subiendo.
- ¿Una alucinación o una desilusión? - dijo Harry en un murmullo mientras subía las escaleras y cada tres o cuatro escalones se daba vuelta para ver el muro-. Tu sueño se hizo realidad - le dijo a Sirius.
- ¿Mi sueño?.
- ¿No lo recuerdas?. Dijiste que te gustaría volver aquí como un hombre libre.
- ¿Hombre libre?.
- Te absolvieron de todos los cargos.
- Eso quiere decir que ya puedo andar por todos lados sin ningún problema.
- Exactamente.
El humor de Sirius volvió a ser el de aquella navidad que habían pasado con él en Grimmauld Place. Reía, cantaba y se la pasaba contando anécdotas de él y los Merodeadores a quien lo quisiera escuchar, de cuando eran alumnos de Hogwarts. Harry también estaba más feliz y positivo, la palabra muerte se había borrado de su vocabulario. Pero, de repente, comenzó a ponerse otra vez distante y nervioso.
- ¿Qué te sucede? - le preguntó Sirius.
- Nada - mintió.
- Vamos, te conozco, eres igual a tu padre.
- Es el baile y Ginny - se confesó.
- Oh, era eso. ¿Todavía no hablaste con ella?.
- No.
- ¿Qué estás esperando?.
- No sé.
- ¿Quieres un consejo?.
- Sí.
- Quédate con ella.
Harry no esperaba que Sirius le dijera eso.
- Sé que quieres hacer lo mejor y que la amas, pero alejándote de ella no ganaras más que soledad y tristeza.
- Tengo miedo.
- Serías un tonto si no lo tuvieras. El amor que se tienen es tu mayor fortaleza.
- Dumbledore me dijo que el amor me salvaría, que el amor me había salvado hasta ahora.
- Entonces toma su consejo y continúa con la relación.
En ese momento Ginny entró en la sala común.
- ¡Ey, Ginny!. ¿Te gustaría ir al baile conmigo?.
- Por supuesto - dijo ella, tirando los libros al suelo y corriendo hacia Harry.
Lo abrazó y le dio un sonoro beso en los labios.
Úrsula era, en verdad, muy buena profesora. Ya habían estudiado una innumerable cantidad de monstruos: pies grandes, enormes serpientes acuáticas y dragones, entre otros.
- ¿Haz visto que piernas? - le decía Seamus a Dean mientras miraba fijamente a la profesora.
- ¿Sólo las piernas? - preguntó Dean-. Es perfecta por donde se la mire - agregó suspirando.
- Dejen de hablar y abran sus libros en la página 151 - dijo Úrsula.
- ¿Va... va... vampiros? - preguntó Neville temblando de miedo.
- Sí, Neville, vampiros. Hoy estudiarán todo sobre ellos. ¿Conocen alguno?.
- Alguno de nosotros sí - dijo Hermione.
- ¿De veras? - preguntó muy interesada.
- Harry y yo conocimos a uno en una de las fiestas que dio el profesor Slughorn.
- ¿Y qué les pareció?.
- Mmmm... era como una persona común y corriente, aunque le faltaba un poco de color en el rostro - contestó Harry.
- Tal vez hacía tiempo que no bebía sangre. ¿Estaba delgado?.
- Sí, bastante - respondió Hermione.
- ¿Es verdad que duermen en ataúdes sobre tierra de su lugar natal y que no soportan el sol? - preguntó Dean.
- Esas son tonterías de la literatura - contestó la profesora con una sonrisa-. Nadie cree en esas cosas hoy en día. Como podrán leer en sus libros y como acaba de decir su compañero, son personas normales. Duermen en camas al igual que nosotros y son seres noctámbulos.
- Pero se dice que la luz del sol los mata al igual que sí se les clava una estaca en el corazón - dijo Seamus.
- Vuelvo a repetir que son tonterías, una estaca mata a un vampiro igual que a cualquiera de nosotros, imagínate nada mas que alguien te clavara una, morirías, ¿verdad?.
Seamus asintió con la cabeza.
- Pues con ellos pasa lo mismo y lo del sol, hay que basura, claro que no los mata pero les molesta mucho porque, como dije antes, son seres de la noche.
- ¿Cómo hace uno para deshacerse de ellos? - preguntó Neville.
- ¿Porqué querrías deshacerte de un vampiro? - dijo molesta.
Neville se alzó de hombros.
- Eso es lo que pasa en todos los órdenes de la vida, se mata a lo que no se entiende. Matemos a los hombres lobo, los vampiros, los gigantes, los dragones, los pies grandes y a todas las demás criaturas - estaba en verdad muy molesta-. Mejor abran sus libros y pónganse a leer, recuerden, página 151.
Después de las clases los chicos comentaban lo que había sucedido con la profesora.
- ¿Por qué se habrá molestado tanto? - preguntó Hermione.
- Porque es una de ellos - respondió Harry.
- ¿Cómo lo sabes?.
- Escuché una conversación que estaba manteniendo con Lupin, ella le decía que si no bebía la sangre de las gallinas de Hadrid, comenzaría a atacar a los alumnos.
Hermione ahogó un grito y Seamus se puso pálido.
- ¿Y no dijiste nada? - preguntó Hermione disgustada.
- ¿Y que Lupin sepa que escucho detrás de las puertas?. No, gracias, ni loco. Además no ha atacado a nadie y no lo hará, pondría el puesto de él en peligro.
- Era raro que saliera a los jardines usando una sombrilla para taparse del sol - dijo Seamus.
- Sabía que algo raro había en esa actitud - dijo Hermione.
Como Neville los había escuchado, acudió a la siguiente clase de Defensa con un collar de dientes de ajo. La profesora entró al aula y comenzó a oler el ambiente.
- ¿Qué es lo que apesta? - preguntó mientras caminaba entre los bancos-. ¡Eres tú! - dijo mientras le arrancaba el collar a Neville.
- ¿Cómo voy a hacer para protegerme de... ?.
- Deja esas tonterías Neville, aquí no hay vampiros y si los hubiera no los espantarías con estas tonterías. Vas a tener que volver a leer ese capítulo otra vez, recuerda, página 151 - miró los dientes de ajo por un minuto-. Tal vez me sirvan para una salsa - dijo sonriendo y, luego, los guardó en su escritorio.
Faltaban sólo dos días para el gran baile y todo el mundo no hacia más que hablar de él. Sirius no aguantaba la emoción de revivir el pasado, cuando pasaba las navidades en el colegio, acompañado por sus amigos: James, Remus, Peter y Lily.
Harry y Sirius, estaban haciendo levitar adornos y los ponían en los pinos que Hadrid había traído del bosque prohibido, mientras cantaban a los gritos villancicos como:
We wish Merry, Merry Christmas
We wish Merry, Merry Christmas
We wish Merry, Merry Christmas
and Happy New Year.
- ¿Podrían bajar la voz? - chilló Flitwick tapándose los oídos con los dedos-. Me están dejando sordo.
- Perdón, no nos dimos cuenta - respondió Sirius.
Sirius seguía cantando:
Me voy a Belén
a llevar los presentes
al niño que en noche buena
acaba de nacer.
Me voy a Belén
y como es largo el camino
y no puedo caminar
a un hipogrifo voy a montar
y con él, hasta ahí, voy a volar
y al niño de Belén
mis presentes voy a dar.
- ¡Ey, Harry! - dijo repentinamente-. ¿Qué es de la vida de Buckbeak?.
- Shhhh... silencio - dijo bajando la voz hasta convertirla en un murmullo casi imperceptible-. Lo tiene Hadrid pero Dumbledore le cambió el nombre por el de Witherwings.
- ¿Witherwings?.
- Sí, es que supuestamente, Buckbeak, se había escapado, ¿recuerdas?.
- Sí, claro, no podía quedarse con ese nombre. ¿Cómo está?.
- Feliz de la libertad y de volver con Hadrid.
- ¿Qué te parece si lo vamos a visitar?.
- ¿Ahora?.
- Sí, son sólo unos minutos.
- Está bien, vamos.
Estaban por salir del Gran Salón pero Flitwick los llamó:
- ¿Dónde creen que van?.
- Ya volvemos, son unos minutos - respondió Sirius.
- Sirius quiere ver a Hadrid - explicó Harry.
- Está bien, pero vuelvan pronto - dijo con su vocecita chillona.
- Lo haremos - dijo Sirius.
Bordearon el lago hasta llegar a la cabaña de Hadrid, golpearon a la puerta pero nadie atendió.
- ¿Dónde estará? - preguntó Harry como pensando en voz alta.
En ese momento llegó Hadrid proveniente del huerto.
- ¡Sirius, que alegría! - lo abrazó con tanta fuerza que el hombre se puso morado-. Remus me contó que habías vuelto.
- Sí, pero ya sabes, ahora hay mucho que hacer dentro del castillo.
- ¡Por todos los rayos mágicos! - exclamó Hadrid poniéndose a llorar.
- ¿Qué te sucede? - preguntó Harry muy preocupado.
- Es como... si estu... viera viendo otra vez a tu padre y a... Sirius cuando me visitaban en sus horas libres - respondió mientras se enjugaba los ojos con un enorme pañuelo a lunares.
- Sí, cuando no teníamos tantos problemas ni responsabilidades - suspiró Sirius-. ¿Cómo está Buck... quiero decir, Witherwings?.
- ¡El está perfectamente!, acaba de salir a cazar - y cambiando de tema, agregó-. Iba a ir a buscarte cuando tuviera tiempo entre mis actividades.
- ¿Para qué?.
- Para darte algo que te pertenece - dijo mientras les daba la espalda-. Sígueme.
Sirius lo siguió pero Harry se quedó en el lugar.
- ¡Vamos! - lo llamó Sirius.
- No, este es tu momento.
- ¿Mi momento? - preguntó intrigado.
- Ya lo sabrás - respondió con una sonrisa-, ve con Hadrid.
Menos de un minuto después se escucharon gritos ahogados por sollozos.
- ¡MI NENA... MI BEBE... CUANTO TE EXTRAÑE!.
Harry se asomó y miró hacia el cobertizo. Sirius estaba llorando y abrazando el tanque de su moto.
- ¡Oh, Hadrid... viejo amigo! - lo abrazó con mucho cariño-. Es el mejor regalo de navidad del universo. Mi moto... mi querida moto. ¡Qué bien que la cuidaste! - Sirius estaba muy agradecido-. No podía esperar menos de ti.
- Bueno, esa moto es una reliquia, no sólo por su antigüedad sino también por su historia. Recuerda que me la diste para que sacara a Harry de la casa de los Potter.
- Sí, es verdad. ¿Y la haz guardado hasta ahora?.
- Es que ya tenía dueño si tu no volvías. Tú le dejaste todos tus bienes a Harry, así que le pertenecía a él.
- No le pertenecía - dijo Sirius algo triste-, le pertenece todavía. Yo no tengo el derecho de montarla.
- ¡Que tonterías! - exclamó Hadrid-. Tú estás vivo.
- Sí, pero ahora no sé como quedará todo eso, porque todo el mundo creía que estaba muerto.
- Todo el mundo no - dijo con una sonrisa pícara-. Harry siempre supo que estabas vivo aunque nadie le creía, todos pensaban que estaba perdiendo la razón.
- El es un muchachito muy inteligente - se le pusieron los ojos muy brillosos, parecía que iba a ponerse a llorar-. Ahora puedo conocerlo mejor y me doy cuenta que tiene muy poco de su padre, sólo es igual a él en el aspecto y porque es un muy buen buscador pero, por lo demás, es igual a su madre. No sólo sacó sus ojos, es muy buena persona y sabe elegir a la gente con la cual se rodea.
- Gente como tú.
- Yo no puedo darle muchos ejemplos porque fui un alborotador. Si no hubiera sido por Dumbledore, a James y a mí nos ponían de papitas en la calle antes de terminar primer año.
- ¿Dónde está Harry?.
- Lo olvidé, lo dejamos en la puerta de tu casa.
Se escuchaban ladridos dentro de la cabaña y, cuando entraron, se encontraron con Harry tirado de espalda en el suelo y con Fang lamiéndole la cara.
- ¡Quítamelo! - le dijo Harry a Hadrid.
- Sal de ahí - dijo mientras quitaba al perro de encima de Harry-. ¿Toman un té?.
- Lo lamentamos mucho - se excusó Sirius-, le prometimos al profesor Flitwick que volveríamos enseguida. Tenemos que terminar con la decoración.
La noche del baile llegó rápidamente. Todos se ponían sus mejores atuendos. Harry y Ron estaban muy elegantes con sus túnicas negras, al igual que Seamus, Neville y Dean. Ginny tenía una túnica verde esmeralda y Luna una turquesa. Todos habían visto a Hermione por última vez en la merienda pero después parecía que se la había tragado la tierra. Decidieron bajar a las puertas del Gran Salón. Ginny fue del brazo de Harry y Luna entraría con Neville. Seamus y Ron decidieron esperar a sus parejas a los pies de la escalera. Parvati llegó unos momentos después enfundada en una túnica naranja brillante y entró al salón con Seamus.
- ¡Por las barbas de Merlín - exclamó Ron mirando hacia lo alto de la escalera-, está preciosa!.
Hermione tenía el cabello recogido en un rodete del cual pendían algunos bucles y lucía una túnica rojo brillante con volados naranjas que le daba aspecto de una llamarada caminante.
- ¡Estas muy elegante! - le dijo ella, con una sonrisa pícara.
- Tú estas... in... increíble - dijo tartamudeando de los nervios.
- ¿Entramos?.
- Sí, entremos.
- ¿Dónde estará Sirius? - preguntó Harry.
- Hace horas que no lo veo - respondió Hermione.
- Mira con quien vino Krum - dijo Ron tratando de contener la risa.
Viktor entró acompañado por la profesora Úrsula.
- ¡Oh, creo que estoy enamorado! - exclamó Dean-. ¿Vieron ese escote?. ¡Oh, va a darme algo! - dijo suspirando.
- ¡Es una profesora! - exclamó Hermione, disgustada.
- Que sea lo que quiera
ella puede ser lo que le de la gana
es taaannn linda.
Entraron y se sentaron en una mesa.
- Hace una linda pareja con Krum, además tienen más o menos la misma edad. Creí que Úrsula vendría con Lupin - dijo Harry.
- Lupin viene con Tonks - explicó Hermione- y parece que Sirius está esperando a alguien.
Era verdad, estaba parado en las puertas del Gran Salón y se balanceaba sobre sus pies, de la misma manera que lo hacía Fudge. Harry vio que su padrino daba un respingo y luego sonreía. Una mujer rubia y muy bonita lo abrazaba. El muchacho la reconoció de inmediato, era la chica que bailaba con Sirius cuando Remus los interrumpió para que lo ayudara con James. Enseguida se acercaron a la mesa de los chicos.
- ¿Podemos sentarnos aquí? - preguntó Sirius.
- Sí, no hay problema - contestó Ron.
- Ella es Alexandra, una vieja amiga del colegio.
- ¿Amiga? - preguntó Harry sonriendo.
- Bueno, algo más que eso - respondió Alexandra guiñándole un ojo.
Sirius la miró con ternura y sus ojos se iluminaron de alegría. Ambos habían estado esperando este encuentro por años. Se tomaban de las manos y se decían cosas al oído.
- ¿Dónde está Remus? - preguntó Sirius.
- Seguramente llegará de un momento a otro, como director tiene que dar comienzo a la cena y al baile - contestó Hermione.
Y así fue, pues unos segundos después entró Lupin acompañado por Tonks y los otros profesores.
- ¡Buenas noches a todos! - exclamó con voz potente-. Es un placer para mi dar inicio a este evento tan importante para todos y, sin mas preámbulos, que comience la cena de noche buena.
De inmediato aparecieron pavos, ensaladas, cerdos y papas asadas. Todos comieron hasta saciarse y, luego, comenzó el baile con un lento vals. Sirius bailaba con Alexandra mientras le hacia señas a Harry para que sacara a bailar a Ginny, pero ella tomó la iniciativa.
- ¿Bailamos?.
- Eh... sí... claro - respondió él.
El muchacho había mejorado mucho gracias a unas clases aceleradas que Black le dio unos días antes. Cuando dejaron de bailar, Ginny se sentó cerca de Sirius y le dijo en un susurro:
- Si esperaba a que me sacara a bailar, me iba a quedar sentada toda la noche.
Sirius rió a carcajadas. Todos continuaban disfrutando de los ricos postres, helados de todos los sabores, tortas, cremas y muchas cosas más.
- ¿Damos un paseo? - le dijo Harry a Ginny-. Aquí hay demasiada gente y me muero de calor.
- Sí, por supuesto.
Ambos salieron rumbo a los jardines del colegio, nevaba y el frío era intenso pero parecía que a ninguno de los dos le molestaba. Caminaron en medio de los ramilletes de arbustos, siempre en silencio. Llegaron, sin darse cuenta, a las puertas de uno de los invernaderos.
- ¿Por qué estas tan callado?.
- Shh... escucha.
Un murmullo sordo se oía dentro del invernadero, también había algo que se movía pero no se veía lo que era porque los vidrios estaban muy sucios.
- ¿Crees que deberíamos llamar a Lupin? - preguntó Ginny.
- No, entremos.
Harry abrió la puerta de una patada y se encontró con Draco y Pansy, ambos dieron un salto por el susto. Malfoy tenía la camisa casi toda desabotonada y Parkinson estaba sin zapatos, las túnicas de ambos estaban desparramadas en el piso.
- ¡Caray, Potter, si que eres inoportuno! - dijo Draco furioso.
- Lo lamento, no sabia... es que creímos... bueno... no importa... ya nos vamos - dijo Harry muy avergonzado.
- Sí, busquen su propio nido de amor y déjennos tranquilos - dijo Pansy.
Harry le dio a Draco la llave del invernadero que estaba en el suelo.
- Cierren la puerta - les dijo-, así será más difícil que alguien entre.
- ¡Gracias! - dijeron los muchachos a coro.
Cuando Ginny y Harry salieron, se escuchó que metían la llave en la cerradura y cerraban la puerta por adentro. Caminaron unos instantes. Harry pensaba para sí mismo: . Harry dejó de caminar y ella lo miró inquisitivamente. El muchacho miró los carteles de los invernaderos.
- ¿Qué había en el tres?.
- Mandrágoras.
- Mmmm... no... muy peligrosas, ¿y en el uno?.
- Hierbas aromáticas, plantas medicinales y cosas así.
Harry la tomó de la mano y la metió en el invernadero número uno, luego cerró la puerta con llave.
- Harry... yo... - pero él la interrumpió.
- ¿No quieres?. Si no lo deseas...
- ¿Estas loco?. Por supuesto que quiero.
Ni ellos supieron cuantas horas estuvieron ahí pero cuando salieron estaba amaneciendo.
- ¡Madre mía! - dijo Ginny, asustada-. No podremos entrar al colegio ha de estar cerrado.
- ¡Vamos! - apremió Harry.
Pero se llevaron una sorpresa cuando, al llegar a las puertas, se encontraron con un Sirius muy enojado.
- ¿Quieres decirme donde rayos te habías metido?, estaba preocupado por ti, además... - pero se interrumpió al ver el aspecto de los muchacho. Ambos estaban muy desarreglados, los cabellos de Ginny estaban muy alborotados igual que los de Harry. El muchacho llevaba la camisa abierta hasta el ombligo y el moño en uno de los bolsillos del pantalón. Los dos tenían las túnicas llenas de tierra, ramitas y pequeñas hojas. Entonces Sirius rió y sus ojos grises se iluminaron como estrellas.
- Lo siento - se excusó Harry-, no quise preocuparte.
- A uno se le va el tiempo volando cuando se divierte, ¿verdad? - dijo Sirius guiñándoles un ojo.
Los chicos sonrieron al darse cuenta que él no estaba ahí para regañarlos sino para consentir esa escapada amorosa.
- Toma - le dijo a Harry mientras le daba la capa de invisibilidad-. Entren de una vez antes que los vea alguien.
Los dos corrieron hasta el cuadro de la dama gorda. Se quitaron la capa y dijeron a coro:
- Cerveza de manteca.
- ¿Les parece bonita hora de aparecer?. Si los viera Filch - dijo indignada.
Ambos se alzaron de hombros a la vez.
- Está bien, entren y déjenme dormir en paz.
Cada uno subió a su habitación.
- ¡Por las barbas de Merlin!. ¿Dónde te habías metido?. Sirius te estaba buscando por todos lados - le dijo Ron, algo dormido.
- Pues parece que no buscó muy bien.
- ¿Por qué estás tan desalineado? - preguntó Ron, que ya estaba totalmente despierto.
- Estuve por ahí.
- ¿Con Ginny?.
- Sí, en los invernaderos.
- Que casualidad, igual que Hermione y yo.
Ambos amigos rieron. Los dos se durmieron enseguida. Esa fue una de las pocas noches que Harry durmió en paz, que tuvo sueños hermosos, que no tuvo pesadillas.
Harry despertó con los gritos de Ron.
- ¡YA ES NAVIDAD... BAJEMOS... REGALOS... REGALOS... !.
Ambos bajaron a la sala común y abrieron sus obsequios. Harry recibió un pulóver que tenía el dibujo de una escoba en el frente, cuando vio la tarjeta casi se desmaya, era de tía Petunia.
- ¿Tu tía te regaló eso? - preguntó Ron.
- Sí, es raro, ¿verdad?. Quiero decir, ella regalando algo que tenga este tipo de dibujo, no es típico. Igual le mandare un agradecimiento por el gesto.
Lo siguiente fue un libro sobre los mundiales de Quidditch, de parte de Ginny. Tres libros sobre Defensa Contra las Artes Oscuras, regalo de Lupin y Black. Un sweater igual al de Ron pero con la letra H enfrente y un montón de caramelos caseros de parte de los señores Weasley. De Dobby recibió unos dulces hechos por él mismo.
Los amigos bajaron a desayunar.
- ¡Buenos días a todos y feliz navidad! - dijo Harry mientras se sentaba a la mesa.
- ¡Buenos días!. ¡Feliz navidad! - contestaron los demás.
- ¿Cómo dormiste? - le preguntó Ginny, que llevaba el mismo aspecto demacrado que él, ambos estaban pálidos y ojerosos.
- Como un bebé - respondió sonriendo-. ¡Gracias por el libro!.
- ¿Te gustó?.
- ¡Me encantó! - respondió mientras le acariciaba el rostro.
Mientras tanto, Hermione untaba una tostada con mermelada de frambuesa y se la daba a Ron en la boca.
Al día siguiente tenían clases con Úrsula pero ella mandó una nota diciendo que no se sentía muy bien de salud. Harry decidió hacerle una visita para ver como se hallaba, ya que la profesora le caía muy bien y él la quería mucho. Subió al despacho que estaba en la parte posterior del aula y cuando entró se encontró con algo espantoso: Krum yacía de espalda en el suelo y tenía los ojos muy abiertos, su cuello tenía dos orificios. Úrsula se limpio rápidamente la sangre que le chorreaba por el mentón.
- ¡ASESINA... ASESINA... MATASTE A VIKTOR... ASESINA! - Harry no podía del horror.
- No... no grites... no... él no está muerto... yo... yo lo hipnoticé - le explicaba Úrsula mientras se acercaba lentamente a él.
- ¡NO TE ACERQUES A MI! - gritó mientras sacaba su varita.
En ese momento Viktor comenzó a moverse.
- ¿Lo ves?, está vivo - dijo ella, temblando de pies a cabeza.
Harry se arrodillo junto a Krum.
- ¿Estás bien? - le preguntó sin dejar de apuntar a la profesora con la varita.
- No lo sé, estoy algo marriado. ¿Qué sucedió?.
- Después te digo, ahora levántate y ve afuera.
Viktor obedeció de inmediato.
- ¡Por favor, no le digas a Remus! - exclamó la profesora, casi llorando.
- Lo lamento, pero debo hacerlo. Eres peligrosa. ¿A cuantos haz atacado hasta ahora?.
- Yo... no... sólo a Viktor.
- Bien - dijo mientras salía de la oficina.
Harry y Viktor fueron al despacho de Lupin.
- Pase - dijo el director.
Ambos muchachos entraron.
- ¿Qué sucede?.
- Úrsula atacó a Viktor.
Lupin se puso más blanco que la nieve.
- ¿Qué dijiste?.
- Lo que oyó - dijo Harry mientras obligaba a Krum a caminar hasta el escritorio-. Mire su cuello.
- ¡Por todos los cielos! - exclamó indignado-. ¿Sabes a cuantos atacó?.
- Dijo que sólo a Viktor.
- ¡Le pondré un alto a esto! - dijo muy enojado.
- ¿Puedo preguntarte algo?.
- Sí.
- ¿Úrsula es un vampiro?.
- No, es una semivampiro.
- No comprendo.
- Ella sólo fue mordida una vez, por eso no le afectan las cosas que a otros. Para ser un vampiro completo una persona tiene que ser mordida tres veces. ¿No dieron eso en clases?.
- Sí, lo dimos. ¿Pero por qué atacó a Viktor?.
- Porque tiene la misma sed que los otros vampiros, pero ella no sólo se alimenta de sangre sino también de la misma comida que nosotros, precisamente porque no es del todo vampiro.
- Y lo único que apaga su sed es la sangre.
- Exactamente. Cuando atacó a Viktor no estaba hambrienta sino sedienta.
- ¿Qué hará con ella? - preguntó algo triste pensando que Lupin la echaría.
- Le hablaré ahora mismo y si vuelve a hacer esto, juro que la pongo de patitas en la calle sin ningún miramiento. Ahora vuelve a tus actividades y llévate a Krum contigo. Otra cosa, prométeme que no le dirás esto a nadie.
- Lo prometo.
Harry salió de la oficina acompañado por Viktor.
Harry le mandó una carta a tía Petunia, hacía rato que no le escribía y, además, tenía que agradecerle el regalo que le había mandado en Navidad.
Querida tía Petunia:
Te escribo para agradecer tu obsequio, me gustó muchísimo.
¿Cómo están ustedes?. Yo estoy muy feliz. ¿Recuerdas a Ginny?, pues bien, es mi novia.
Te cuento que hemos encontrado y destruido un Horcrux (es donde se guardan pedazos de alma) de Voldemort y todavía nos faltan tres. Cuando terminemos con todos ellos, será el momento de matar al Innombrable y destruirlo para siempre.
La Orden del Fenix se reunirá muy pronto, no creo que sea en casa de Sirius porque somos muchos y no entraremos ahí, así que me parece que la reunión será en Hogwarts.
Hablando de mi padrino, ¿recuerdas que todos creían que estaba muerto?, pues se equivocaron, él está vivito y coleando. No se preocupen, por ahora no irá a Grimmauld Place, porque es uno de los miembros de la Orden y debe quedarse para la reunión.
Te extraño mucho. Saludos a tío Vernon y a Dudley.
Te quiere
Harry
Tomó el pergamino y lo ató en la pata de Hedwig.
- Recuerda - le dijo-, ya no están en Privet Drive.
La lechuza dio un chasquido como diciendo que entendía y remontó vuelo.
El momento tan esperado por todos había llegado, la Orden se reuniría en una semana.
- Yo digo que nos reunamos en mi casa - dijo Sirius.
- No hay lugar, todavía faltan los de Beauxbatons - dijo Remus.
- Además, hay gente en tu casa - agregó Harry.
- ¿Qué gente? - preguntó Sirius mirando de reojo a su ahijado.
- Mis... mis tíos - tartamudeó nervioso.
- ¿TUS QUE? - gritó indignado. Los ojos de Sirius brillaban por la furia contenida, parecían estrellas fugases.
- Es que... mis tíos... esta... estaban en peligro.
- ¿Estaban en peligro? - preguntó calmándose un poco.
Entonces, Harry le contó sobre los Mortífagos en Privet Drive y los Aurors que los apresaron, y que él había decidido llevar a sus tíos ahí para protegerlos.
- Bueno - dijo después de escuchar la explicación del muchacho-, mientras no se queden para siempre.
- Oh, no, no lo harán, es sólo por un tiempo - aclaró Harry.
- Mejor así.
- Bien, yo sugiero que se haga en el colegio ya que los de Durmstrang están hospedados aquí. No podemos movilizar a tanta gente - dijo Remus.
- Eso es verdad - finalizó Sirius.
Todos los profesores estuvieron de acuerdo con Lupin, así que ese mismo día se mandó una lechuza a Beauxbatons con el lugar, fecha y hora de la reunión.
La tarde caía triste y desierta, todos estaban en sus respectivas casas ya que nevaba y hacía mucho frío. Ginny y Harry estudiaban juntos, ella tocaba sus manos y le daba besos en el cuello.
- ¿Podríamos concentrarnos en lo que estamos estudiando? - le preguntó, disgustado.
- Está bien... está bien... lo intentaré.
- Así me gusta - dijo mientras lo besaba en los labios-. Te amo.
- Yo también te amo. ¿Qué te pasa? - dijo al ver que él se ponía triste.
- ¿Cuánto tiempo podré disfrutarte?.
- Toda la vida - respondió optimista.
- ¿Y cuánto es toda la vida: unas horas, un día, un mes, un año o nunca?.
- No hables así - ella se estremeció-. Nada malo va a pasarte.
- No seas tan positiva.
- Tú no seas negativo.
- Puedo morir, ¿entiendes?.
- No lo harás - respondió testaruda.
- Estás hablando como... co... no importa.
- ¿Cómo quién?.
- Como Voldemort.
- No me compares con él - dijo enojada.
- No lo comprendes, ¿verdad?. Los muertos no vuelven. El único que lo creía y lo logró fue él.
- Yo dije que no morirías, no que volverías de la muerte. Hay una gran diferencia entre una cosa y otra.
- Mira, dejemos las cosas así y pongámonos a estudiar.
- Sí, terminemos con esta conversación que no nos hace bien a ninguno de los dos.
Ese día a Lupin se le ocurrió una idea que a todos les encantó.
- ¿Qué les parece si esta noche vamos todos al Escorpión? - dijo mientras se sentaba en uno de los sillones de la sala común de Gryffindor.
- ¡Ey, qué buena idea! - exclamó Ron.
- Hay un problema - dijo Harry.
- ¿Cuál? - preguntó Sirius.
- Alguno de nosotros no podemos aparecernos, no tenemos la licencia todavía.
- Ese no es un problema. Usaremos polvo Flu para ir hasta Grimmauld Place y de ahí tomaremos el autobús noctámbulo que nos llevará a la disco.
- Yo quiero ver que tan bien cuidan la casa - dijo Sirius mientras se rascaba el mentón con expresión pensativa.
- ¿Puedo ir yo también? - preguntó Neville.
- Por supuesto - contestó Lupin.
- Ah, bueno, yo creí que no podía.
- ¿Por qué creías que no podías ir?.
Neville se alzó de hombros avergonzado.
- Eres parte del ejercito de Dumbledore y, por lo tanto, también perteneces a la Orden. Tu participación en la batalla del Ministerio te valió el respeto, el cariño, la admiración y la amistad de todos. Sin contar con que eres hijo de los Longbottom y eso te hace aún más especial de lo que ya eres. Iras donde nosotros vayamos - dijo Sirius-, ni siquiera hacía falta que preguntaras si podías venir, tú puedes hacer lo que quieras, las invitaciones están de más entre amigos. ¿No crees?.
Neville estaba muy emocionado.
- Bueno, si, tienes razón.
- Entonces, esta noche, a las once. ¿Les parece? - preguntó Lupin.
Todos estuvieron de acuerdo.
La noche era estrellada y hacia mucho frío, los muchachos estaban asomados a la ventana.
- ¿Vendrá Hermione? - preguntó Neville.
- Claro que vendrá, esta es una reunión previa a la de la Orden - respondió Ron.
- Ah, como va Krum, yo pensé que... bueno... que Hermione no querría encontrarse con él.
- ¿Por qué vendría a la reunión? - preguntó Harry mientras se ataba los cordones de sus zapatos.
- Úrsula lo invitó.
- ¿¿¿QUEEEE??? - gritaron Ron y Harry.
- Eso escuché.
- Un momento... un momento... - dijo Ron tratando de mantenerse calmado- ¿A quienes escuchaste hablar?.
- A Úrsula y al profesor Lupin, ella le preguntaba si podía invitar a Viktor al Escorpión.
- ¿Qué dijo él?.
- No sé, se me hacía tarde para la clase de herbología así que seguí mi camino y...
- ¡Por las barbas de Merlín!. Neville... oh... Neville... tienes que aprender a escuchar - dijo Harry.
- Pero... pero... se me hacía tarde.
- ¡Ay, por todas las lechuzas mensajeras! - exclamó Ron.
- Tranquilízate - le dijo Harry a Ron-, poniéndote nervioso no solucionaras nada. Además, que importa que vaya, Hermione ni le presta atención.
Las chicas ya estaban en la sala común esperándolos y todos juntos salieron al encuentro del director.
No se sabe si porque tenían tantas ganas de salir del colegio pero la oficina de Lupin parecía estar a kilómetros de la torre de Gryffindor. Llegaron a la gárgola del hombre lobo en lo que les pareció una eternidad.
- ¡Lobo, lobito, déjame entrar un ratito! - exclamó Harry.
- ¿Eh? - preguntó Seamus mientras la gárgola se corría para dejarlos pasar.
- Es la contraseña - explicó Hermione.
- ¿Por qué la hace tan larga? - preguntó Neville mientras subía la escalera.
- Para que gente como tú no la recuerde - respondió Ron riendo.
- No es gracioso, Ron - se enojó Hermione.
- Sí que lo es.
Unos segundos después estaban todos frente a la chimenea de la oficina de Lupin.
- Número doce Grimmauld Place - dijo Harry mientras, Sirius, se convertía en perro y entraba al fuego verde después de él.
Segundos después ambos desaparecían y salían por la chimenea de la casa de los Black.
- ¡Hola a todos! - dijo Harry mientras se sacudía las cenizas e ingresaba a la cocina.
- ¡Hola! - respondieron todos.
- ¿Y ese perro? - preguntó Dudley, viendo como el animal se le quedaba mirando fijamente.
El enorme perro negro se convirtió en Sirius Black, mientras Vernon y Dudley saltaban de sus sillas, pero tía Petunia no le hizo caso.
- Una vez vi como tu papá se convertía en ciervo - le explicó a Harry.
- ¡Hola, Petunia! - la saludó Sirius-. Hace mucho que no nos vemos.
- ¡Hola! - dijo Petunia dándole un abrazo.
Minutos después estaban todos en Grimmauld Place.
- Voy a ponerme presentable - dijo Sirius-, ya vuelvo.
- Yo voy contigo - le dijo Harry.
Ambos salieron de la cocina.
- Así que eres la novia de Harry, ¿verdad? - preguntó Petunia a Ginny.
- Sí, señora - respondió tímidamente.
- ¿Qué es eso de señora? - preguntó haciéndose la enojada pero luego sonrió diciendo -. Dime tía.
- Sí, como quieras, tía.
- Así está mejor.
- ¿Petunia? - dijo Lupin.
- ¿Vino a enjaularse otra vez?.
- No, aun no es luna llena.
- Entonces, ¿qué hace aquí?.
- Vamos a ir a bailar - le contó Ron.
- ¡Hola Ron, no te había visto!.
- ¡Hola señora!.
- ¿Quiénes son ellos?.
- Oh, sí, él es Seamus Finnigan... Neville Longbottom...
- Un momento, yo conocí a un tal Frank Longbottom.
- Sí, es mi papá.
- Un gran hombre, muy educado. Yo estaba visitando a Lily, la madre de Harry, y él había venido a hablar con James Potter sobre algo de la Orden. ¿Qué es de tu padre?.
Neville palideció.
- Yo creí que no tenías padres - dijo Seamus.
Parecía que Neville iba a desmayarse en cualquier momento.
- Cuéntales la verdad - lo animó Ron-, como dijo tu abuela, no tienes de que avergonzarte.
- Yo... bueno... mis padres... es... están en San Mungo. Unos Mortífagos los torturaron hasta la locura - dijo esperando que a alguno de ellos le causara gracia su situación, pero ninguno de sus amigos sonrió, todos estaban muy tristes.
- Si tú o tu abuela necesitan algo... bueno... cuenten con nosotros - dijo Seamus.
- Pobre Frank - se compadeció Petunia-, tan inteligente y atractivo.
- Pues ya no lo es - explicó Neville animándose a hablar-, no parece mi padre sino mi abuelo, está muy demacrado. Bueno... Ron, Hermione y Harry, vieron a mis padres el día que fueron a visitar al señor Weasley.
- ¿Por qué ninguno nos contó nada? - preguntó Dean un tanto enojado.
- Nos parecía que era Neville quien lo debía contar - explicó Hermione-, no nos correspondía andar divulgando su vida privada.
En ese momento aparecieron Harry y su padrino. Sirius llevaba puesto un pantalón y un saco de cuero de dragón Galés verde, una camisa haciendo juego y unas botas negra muy lustradas.
- Bien, ¿ya nos vamos? - dijo Sirius con una sonrisa.
- Sí, vamos - dijeron los demás.
- ¡Gracias por cuidar tan bien de la casa! - le dijo Black a Petunia.
- ¡Oh, es un placer!.
A los pocos segundos que salieron, pasó el autobús noctámbulo y todos se subieron a bordo. Una vez conocida les preguntó:
- ¿Adónde van?.
- Al Escorpión - dijo Harry mirando atentamente al muchacho que sonreía-. ¿Stan Shunpike?.
- ¡Hola Potter!.
- ¡Por fin te soltaron!.
- Bueno, creo que se dieron cuenta que no era un Mortífago. Ey, Ernie, ¿lo escuchaste?. Van al Escorpión - dijo dándose vuelta y hablando con el conductor.
En ese momento el autobús aceleró a fondo y se perdió como un rayo rojo en la noche. El vehículo se zarandeaba de un lado a otro, dándoles a sus ocupantes la sensación de estar en un barco. Ron intentaba sacar la cabeza por una de las ventanillas para tomar un poco de aire, su rostro se ponía cada vez más verde. Sirius estaba despatarrado en los asientos de atrás, parecía que iba a desmayarse en cualquier momento. Los demás ya estaban casi desmayados, los únicos que parecían mantener la compostura eran Harry, Luna y Neville, que estaban de lo más frescos. El autobús frenó de golpe.
- Escorpión - dijo Stan.
- Espero verte pronto - le dijo Harry.
- ¡Hasta la vista Potter! - contestó el muchacho.
Todos se bajaron y, con un gran estruendo, el autobús noctámbulo se perdió de vista.
- Yo espero no verlo nunca más - dijo Ron que ya estaba un poco mejor.
- Lo mismo digo - añadió Sirius-. ¡Ey, hola Alexandra!.
Ella se encontraba parada esperándolos en la puerta del Escorpión. Estaba preciosa, vestía una musculosa rosada que marcaba su voluptuosa silueta, pantalones de cuero negro, muy ajustodos y botas negras. Sirius la abrazó y la besó en los labios.
- ¿Entramos? - preguntó Tonks.
- Sí, entremos - respondió Lupin.
Todos los muchachos estaban más que felices ya que era la primera vez que irían a un baile que no fuera dentro del colegio. La descripción que habían dado Lupin y Úrsula era muy buena, pero se acercaba poco a la verdad. El lugar era mas que magnífico, los sofás eran muy mullidos y la pista de baile tenía las dimensiones de un campo de Quidditch; luces multicolores parpadeaban en las paredes y la música era excelente. Los chicos no paraban de bailar y los más grandes se contentaban con tomar unas copas en la barra y ver como la juventud se divertía.
- Este lugar era más pequeño - dijo Sirius a Remus.
- Los tiempos cambian.
- Mira como se divierte Harry.
- Me recuerda a James.
- El era mucho mejor bailarín que Harry.
- No es tan malo, sólo le falta un poco de practica.
Los muchachos saltaban, daban vueltas y tarareaban al ritmo de la música.
- Deberíamos estar bailando nosotros también, ¿no te parece? - preguntó Alexandra a Sirius.
- Me parece que estás en lo cierto.
Tonks, Remus, Alexandra y Sirius, se unieron al grupo de jóvenes. Tres horas después y, exhaustos, volvieron a Grimmauld Place pero esta vez prefirieron tomar el tren. Una hora después estaban todos en sus respectivas habitaciones. Ron había decidido dormir con Dean, Neville y Seamus; Ginny y Luna con Hermione, todos ellos en el tercer piso; Tonks y Alexandra, Remus y Sirius en el segundo; Harry, sus tíos y su primo, en el primero. No hacia ni quince minutos que Harry había puesto la cabeza en la almohada cuando escucho que alguien entraba furtivamente en la habitación, de inmediato tomó la varita que estaba en la mesita de luz y susurro con voz ronca:
- ¿Quién está ahí?.
- Soy yo - contestó una voz femenina.
- ¿Ginny?.
- Sí.
- Lumos - en ese momento la punta de su varita se encendió-. ¿Qué sucede?.
- Nada, sólo quería estar contigo.
- Esta bien - dijo sonriendo-. Nox - la luz de la varita se apagó mientras la muchacha se abrazaba a él y quedaban profundamente dormidos.
La mañana llegó muy rápido.
- ¿Alguien vio a Ginny? - preguntó Hermione.
- No, ¿por qué? - preguntó Sirius.
- Porque no estaba en la cama cuando desperté.
Ron y Sirius se miraron inquisitivamente, en ese momento apareció Harry bostezando.
- ¡Buenos días a todos! - dijo sentándose a la mesa.
- ¡Buenos días! - contestaron los demás.
- ¿La viste a Ginny?, porque dice Hermione que no la vio cuando despertó - preguntó Ron.
- Seguramente Hermione abrió sus ojos unos momentos después que Ginny se levantara. Estará en el baño, vino a darme los buenos días y luego se fue.
Ron lo miró de reojo con cara de pocos amigos, no era tonto, sabía perfectamente que habían pasado la noche juntos y que Harry estaba mintiendo.
- Acompáñame, vamos a buscar el desayuno - le dijo Sirius a Harry.
Ambos bajaron por las escaleras a la cocina, en silencio. Cuando llegaron se encontraron con Dudley que estaba atiborrándose con galletas de chocolate.
- ¡Buono ias! - dijo con la boca llena.
- ¡Buenos días! - contestaron ambos.
- ¿Podrías salir unos minutos? - le preguntó Sirius-. Harry y yo tenemos que hablar en privado.
- Sí, no a pobema - respondió con la boca repleta de comida, mientras se iba.
- ¡Por las barbas de Merlín, que gordo es! - dijo Sirius con cara de asco.
Harry sonrió por la ocurrencia de su padrino.
- Bien, a lo nuestro, camarada - dijo Sirius mirando a los ojos a Harry.
- ¿Qué ocurre?.
- Eso es lo que quisiera saber.
- ¿A qué te refieres?.
- ¿Pasaste la noche con Ginny?.
- Sí - respondió con total desparpajo, pero al ver la cara de susto de Sirius, agregó-, no hicimos nada, sólo dormimos juntos.
- ¿No hicieron nada?.
- No hemos hecho nada desde la noche en el invernadero, ¿está bien?.
- Sólo, bueno, no quiero que cometas un error.
- ¿A qué te refieres con eso? - preguntó exasperado.
- ¿Quieres tener un hijo cuando no sabes si vivirás o morirás?.
- Sí, tienes razón.
- Sólo ten cuidado en los pasos que des. Vive tu vida lo mejor que puedas, ama y déjate amar.
- Está bien, lo haré.
- Bien, ahora llevemos el desayuno.
Ambos subieron al comedor con bandejas repletas de comida. Después del desayuno llegó el momento de la despedida.
- Nos vemos pronto tía Petunia. Te espero en mi graduación - dijo Harry mientras la abrazaba y le daba un beso.
- Ahí estaré.
- ¡Gracias por todo! - dijo Sirius mientras le daba un abrazo a Petunia.
- Oficina del director, Hogwarts - dijo Lupin tirando polvo Flu en la chimenea y desapareciendo. Todos los demás hicieron lo mismo.
Minutos después los muchachos iban camino a la torre de Gryffindor.
- Úrsula no dio señales de vida - comentó Ron a Harry.
- Parece que Remus no le permitió venir con Viktor.
- Sí, tal vez.
La semana pasó rápidamente y, en una mañana soleada, el carruaje de Beauxbatons llegó volando y aterrizó en las puertas del colegio. Hadrid salió al encuentro de Madame Maxime, la abrazó durante unos minutos y luego la besó.
- ¡Tenía muchas ganas de verte! - exclamó emocionado.
- ¡Oh, Hagid, yo te extrañé muchísimo! - dijo ella con lágrimas en los ojos.
En ese momento salieron Lupin y los demás profesores para recibir a la comitiva de los franceses.
- ¡Bienvenida a Hogwarts! - dijo el director con una enorme sonrisa.
- ¡Muchísimas gacias!. Es un honog que nos hallan invitado a esta geunión tan impogtante. Tenía ganas de conoceg al flamante digectog.
- Pues yo quería conocerla, todos hablan muy bien de usted. Ahora, por favor, pase. Ya está todo dispuesto para que descansen el día de hoy, como ya sabe, la reunión se realizará mañana después del desayuno, en el Gran Salón. Así que hoy tienen el día libre.
- Pog supuesto, ya he sido infogmada por Fleur Delacour.
Todos entraron y fueron a los lugares que les fueron asignados para el descanso. Ese día pasó muy rápido, casi al caer la noche llegaron los restantes integrantes de la familia Weasley: Arthur, Molly, Charlie, Bill y Fleur y, también, Percy. Se hicieron presentes grupos de gnomos y Aurors enviados por el Ministerio. Del Ejercito de Dumbledore sólo fueron aceptados los mayores de edad, que eran casi todos. Toda la cuestión quedó reducida a: matar a Voldemort.
- ¿Pego como vamos a mataglo si no sabemos dónde está? - preguntó uno de los franceses.
- Esas es la cuestión - contestó Sirius-, nadie lo sabe.
- Y nosotros tampoco sabemos dónde están los horcruxes: la taza, el relicario y Nagini - le dijo Ron en un susurro a Harry.
- Tal vez yo pueda ayudarte con uno de ellos - dijo susurrando una voz masculina pero a la vez juvenil, detrás de ellos.
- ¿Draco? - se sorprendió Harry.
- Quizás te interese el paradero de uno de los horcruxes.
- Por supuesto.
- Bien, el caso es que mi madre llevó una taza muy hermosa a Borgin y Burkes, cuando le pregunté de dónde la había sacado me contestó con evasivas.
- ¿Por qué no dijiste antes lo de la taza? - preguntó Ron.
- Porque hasta recién no entre en la cuenta que podía pertenecer al Señor de las Tinieblas. Supe que era algo muy valioso o poderoso, pues mis padres sólo le dan en custodia al señor Borgin cosas que son muy importantes.
- ¿Cuánto hace de eso? - preguntó Harry.
- Pues unos tres o cuatro años.
- ¿Crees que todavía esté allí?.
- No lo sé.
- ¿Sabes como entrar ahí sin ser visto?.
- Sí, pero tiene que ser de noche, cuando la tienda esté cerrada.
- ¿Lo hacemos mañana? - preguntó Ron.
- Hoy mismo - contestó Harry.
- ¿Nos vemos en la hora libre para coordinar la operación? - preguntó Draco.
- Sí, al lado de la tumba de Dumbledore.
- Perfecto.
- Daremos por finalizada la sesión de hoy y dejaremos que los alumnos ingresen al Gran Salón para el almuerzo - dijo Lupin y así se hizo.
Úrsula comía un trozo de carne cruda con cuchillo y tenedor, parecía saborearlo, pero Bill Weasley tomó la carne con ambas manos y la desgarró con los dientes, la sangre le chorreaba por el mentón y caía en el plato, parecía una bestia salvaje que no había comido en semanas.
- Da impresión, ¿no te parece? - le comentó Hermione a Harry.
- Le quedó algo del hombre lobo que lo atacó, por lo menos no se transforma cuando hay luna llena.
Esa misma noche, Draco, Ron y Harry, entraron a la sala de los menesteres y fueron a la tienda de Borgin y Burkes. Después de casi tres horas de incesante búsqueda, encontraron la taza escondida en un mueble, la destruyeron y de ella salió un humo gris que se convirtió en Voldemort. Un horcrux más y ya sólo faltaban dos.
Cuando volvieron a Hogwarts, Harry habló con Draco.
- Esta operación tiene que quedar entre nosotros tres, nadie debe saber lo que hicimos esta noche.
- No te preocupes, Potter. Yo soy una tumba, además soy muy buen oclumantico.
- Perfecto, entonces, volvamos a nuestras casas antes que nos encuentre Filch.
Draco bajó a las masmorras y Harry y Ron subieron a la torre de Gryffindor. Cuando los chicos entraron a la sala común se encontraron con Hermione, que los estaba esperando con cara de pocos amigos.
- ¿Dónde se habían metido?.
Ron quiso tomarle la mano pero ella se apartó con los ojos llenos de lágrimas.
- Harry, me dijiste que iría con ustedes y ahora me dejas atrás.
- Es que no entrabamos todos debajo de la capa de invisibilidad de mi padre.
- ¿Por qué fue Draco?.
- ¿Cómo lo supiste? - preguntó Ron.
- No soy idiota, los vi hablando en la reunión y luego al lado de la tumba de Dumbledore. ¿Desde cuando son tan amigos de Malfoy? - y rompió a llorar con todas sus fuerzas.
- Por favor, no llores - le dijo Ron, abrazándola.
- Fuimos con Draco porque él sabía el paradero de uno de los Horcruxes.
- ¿Y
y lo encontraron? - preguntó mientras se limpiaba las lágrimas con la manga del pijama y se tranquilizaba un poco.
- Sí, lo encontramos y lo destruimos.
- ¡Genial! - dijo Hermione, sonriendo.
Pero ahora faltaba lo peor, el relicario y la serpiente, ¿dónde estarían?.
Hacía mucho tiempo que Harry no entraba en el pensadero y tenía un extraño presentimiento, por eso pidió permiso a Lupin y él accedió. Apenas tocó la superficie plateada con la varita, apareció en una habitación, en ella estaba una mujer muy bonita, cabellos negros y ondulados, enormes ojos grises. En la oscuridad apareció la sombra de un hombre, tenía la nariz ganchuda y el pelo engrasado, era Snape.
- Esto es una locura Sev - le dijo la mujer.
- ¿Locura?.
- Sí, deberías dejarlo todo.
- ¿Dejar al Señor de las Tinieblas?.
- El se ama a sí mismo y al poder.
- El quiere repartir poder entre sus seguidores.
La mujer rió entre dientes.
- En verdad eres un tonto.
- NO ME DIGAS TONTO - estalló Snape.
- Entonces reacciona. Aléjate de él antes que sea tarde.
- Si lo hago nos matará.
- Prefiero morir a caer bajo su tiranía.
- No soportaría perderte Florence.
- Pues tu hijo y yo, estamos esperando que tomes el toro por las astas y no seas tan cobarde.
- NO ME LLAMES COBARDE - gritó Snape.
La mujer se levantó del sillón en donde estaba sentada, llevaba un embarazo avanzado.
- Déjalo Sev, si no lo quieres hacer por mí, hazlo por tu hijo.
- Esta bien, lo haré.
- ¡Oh, Sev, te amo tanto! - exclamó ella mientras lo besaba.
Esa imagen se desvaneció y apareció otra. Snape y su esposa dormían placidamente en una cama adoselada. Se escuchó un estallido y la puerta del cuarto voló en pedazos, en el umbral estaba Voldemort.
- ¡Mi Señor! - exclamó Snape asustado.
- Severus... Severus... - dijo la voz fría de Voldemort-. Sabes muy bien que detesto que mis seguidores me dejen.
Snape temblaba de arriba a abajo, su mujer lo miraba aterrada.
- Yo... mi Señor... yo no... - tartamudeó nervioso.
Harry sabía que algo muy malo ocurriría, le corrió un frío inmenso por la espalda y se estremeció.
- Creí que eras más inteligente.
Snape saltó de la cama para tomar su varita pero Voldemort fue más rápido.
- PETRIFICUS TOTALUS - gritó el Innombrable.
De inmediato quedó paralizado, sólo sus ojos podían moverse.
- Doblemente mal. No sólo me dejas sino que ahora pretendes atacarme. Eres un perfecto idiota. Por tu falta de cerebro las personas que más amas sufrirán. CRUCIO - gritó apuntando a la esposa de Snape.
La mujer comenzó a retorcerse entre las sabanas. Los ojos del joven Snape demostraban desesperación y espanto.
- Esto es sólo por intentar atacarme, pero por dejarme hay algo mucho peor. AVADA KEDAVRA.
Una luz verde salió de la varita de Voldemort atravesando la habitación y dando en el pecho de la esposa de Snape. Ella abrió los ojos muy grandes y así se quedó, inmóvil y con expresión de susto.
- Nos vemos - le dijo el Innombrable a Severus, mientras reía y salía del cuarto.
Las lágrimas bañaban el rostro de Snape y poco a poco recuperó la movilidad, calló al suelo de rodillas mientras lloraba a gritos. El hombre corrió a la cama y tomó a su esposa entre sus brazos. Era una escena tan triste que Harry apenas podía soportarlo.
- NOOO... FLORENCE... MI AMOR... NOOOO... ESTO NO QUEDARA ASI, TE LO JURO. VOY A VENGARME ALGUN DIA... VENGARE TU MUERTE AUNQUE SEA LO ULTIMO QUE HAGA - lloraba con tremendo desconsuelo.
Esa imagen desapareció rápidamente, cosa que Harry agradeció y apareció otra. Malfoy y Snape hablaban en Cabeza de Puerco, en Hogsmeade.
- Regulus me dijo que te dé esto - dijo Lucius.
- ¿Regulus Black?.
- ¿A cuantos Regulus conoces?.
- ¿Qué es?.
- Un objeto muy importante para el Señor de las Tinieblas.
- ¿Por qué me lo da a mí?.
- Quiere dejar todo.
- ¿No aprendió de mi experiencia?.
- Precisamente por eso quiere irse lejos, donde no lo puedan encontrar.
- Yo no quiero nada que tenga que ver con el Señor Oscuro.
- Vamos, tómalo.
Harry se acercó un poco para ver mejor lo que Lucius le entregaba, era un relicario finamente trabajado.
- Con esta baratija no tendré a mi esposa y mi hijo.
- No es una... - se alarmó Lucius-, es el relicario de Slytherin.
A Harry se le secó la garganta.
- Por más que sea el relicario de Merlín, para mí sigue siendo una baratija. Esta porquería no me devolverá a los seres amados que perdí.
- No seas idiota, confía en ti. Regulus cree que eres el más indicado para cuidarlo.
- Pues peor para él.
- Escucha...
- No, escucha tú. No has perdido a tus seres queridos, así que no sabes lo que se siente. No tengo a nadie... a nadie. ¿Me oyes?.
- Sí, te oigo... te oigo - respondió fastidiado-. Bueno, ¿te quedas con el relicario o no?. Regulus espera la respuesta para quedarse tranquilo e irse de una vez.
Snape lo miró, tenía un aspecto extraño en su cara, entre odio, asco y desconfianza.
- Está bien, me lo quedo.
Se lo colgó del cuello y se fue.
Luego, Harry ve que su padre y Sirius están discutiendo acaloradamente, en la cocina de los Potter.
-
Te lo digo, no te conviene tomarme a mí como tu guardián.
- ¿Por qué no?, eres mi mejor amigo. ¿En quien más puedo confiar?.
- Al primero que buscará es a mí.
- Entonces a Remus.
- El está lejos y no hay tiempo para buscarlo - lo dijo no muy convencido.
- ¿Acaso sospechas de él?.
- ¿Eeehh?
nnoooo
por supuesto que no.
- ¿Estás seguro?.
- Sí - respondió con rotundidad.
- Voldemort sabe que estamos muy cerca de Dumbledore, a él tampoco lo podemos tomar como guardián, sería ponerlo en peligro.
- A él y a toda la Orden - recordó Sirius.
- Exactamente - suspiró James.
- ¿Qué tal Peter?.
- ¿Peter? - preguntó incrédulo.
- El es un mequetrefe bueno para nada. Voldemort ni se molestará en buscarlo. ¿Quién utilizaría en su sano juicio a alguien como él?.
- Tienes razón, no lo había pensado - respondió con una sonrisa.
Harry se vio en el despacho de Dumbledore, el anciano profesor leía unos pergaminos que tenía sobre su escritorio. Se abrió la puerta con un estampido y parado en el marco; jadeando, sudoroso y pálido, se hallaba Snape.
- ¡Por todos los cielos!, Severus, ¿qué sucede?.
- Es él, señor, el Señor de la Tinieblas. El va tras los Potter.
- ¿Cómo lo sabes?.
- Lo oí hablar con alguien, no sé quien era aunque su voz me pareció muy familiar.
- ¿Y qué decían?.
- Pues
pues
-temblaba con descontrol, como si el pánico lo invadiera por completo-, le decía dónde estaban los Potter.
- ¿Qué?.
- Lo que escuchó y
y le daba la localización exacta de donde vivían
dijo el Valle de Godric
la dirección es
es
-sus ojos se llenaron de lágrimas-, es Marcus Whisler Nº 18.
El rostro de Dumbledore se puso más blanco que la nieve, parecía a punto de desmayarse.
- ¡No puede ser
no puede ser! - exclamó incrédulo-. ¿Estás seguro de lo que oíste?.
- Señor
no
no tenemos tiempo
Lily está en peligro y también el pequeño.
- Y James - aclaró Dumbledore.
- Sí, también él - dijo como sin darle importancia-. Señor, si es esa la verdadera localización, tenemos que actuar cuanto antes.
- Ay una sola manera de saberlo. Marcus Whisler Nº 18, Valle de Godric - dijo Dumbledore acercándose a la chimenea y tirando polvo Flu.
Dumbledore metió la cabeza en el fuego verde y la sacó de inmediato con cara de espanto.
- James está en el living
está
muerto.
Snape entró corriendo dentro de la chimenea y no volvió a salir.
Se puso todo negro y luego, Harry, vio a una lechuza marrón, posada en una ventana. Snape tomó el pergamino de la pata del ave y esta emprendió el vuelo nuevamente.
- ¿Carta de Lily?.
Harry se aproximó para poder leer él también.
Querido Severus:
Me enteré lo de Florence y tu hijo, James y yo estamos totalmente abatidos por esta triste noticia. Si en algo te podemos ayudar, sólo dinos y lo haremos.
El motivo de estas líneas no es sólo para darte el pésame, tengo que hablar contigo de inmediato. Estoy muy preocupada.
Si puedes venir a verme te lo voy a agradecer. Ya sabes donde encontrarme.
Saludos cariñosos.
Lily
- ¿Qué la tendrá tan angustiada? - se preguntó en voz alta.
Esa imagen se desvaneció y, un momento después, Harry se encontró en las afueras del Valle de Godric. Su madre estaba hablando con Snape.
- No sabía que estabas embarazada.
- Sí, estoy de siete meses.
- ¡Felicidades! - exclamó en un tono no muy convincente.
- No pareces muy feliz con la noticia.
El se alzó de hombros mirando al suelo y no respondió.
- Tengo miedo por mi bebé.
Snape levantó la vista y la miró a los ojos.
- ¿Crees que está en peligro?.
- Todos lo estamos ahora.
- ¿Qué puedo hacer por ti?.
- No importa lo que suceda conmigo o con James, la prioridad número uno es el bebé.
- No comprendo.
- Prométeme que lo cuidaras si algo malo nos pasa.
- No pienses en eso.
- Vamos Severus, necesito tu palabra de honor. ¿Lo protegerás por nosotros?.
- ¿Por qué yo?.
- La cuestión es que no confío mucho en el padrino de mi hijo.
- ¿Quién será?.
- Sirius.
- Ya entiendo. ¿Y la madrina?.
- Mi hermana, pero es una muggle sin nada de magia.
- Ese si que es un problema, ¿y Remus?.
- El está en una misión muy importante y no volverá hasta dentro de un tiempo.
- ¿Por qué yo?.
- Tú eres más responsable que ellos, ¿comprendes?.
- Está bien, como quieras.
- No, como quieras no. Di que lo prometes.
- Prometo que lo cuidaré si algo malo te sucede a ti o a James. Lo haré para que sepas que no soy tan malo como piensas.
- No puedo creer que todavía te acuerdes de eso.
- Lo cuidaré, no permitiré que nada le pase - dijo cambiando de tema.
- ¡Gracias, muchas gracias! - dijo Lily dándole un beso en la mejilla.
Luego Harry vio que Snape salía por la chimenea de una casa casi derrumbada, la reconoció de inmediato, era la de los Potter. Severus entró en el living y vio por unos instantes el cuerpo sin vida de James, estaba boca arriba, con los ojos muy abiertos, tirado en los vidrios y maderas de lo que había sido una mesa ratona.
- Aunque no lo creas, lo lamento, James - dijo alzandose de hombros y tocando con el pie el cuerpo sin vida.
Se escuchó el llanto de un bebé.
- ¡LILY... LILY...! - gritó Snape subiendo rápidamente.
Entró en la habitación, lo primero que observó fue la túnica y la varita deI Innombrable en el suelo y se dirigió directamente a la cuna donde estaba el pequeño Harry.
- No sé que sucedió aquí pero creo que fue algo muy bueno - dijo al niño.
Después observó el cadáver de Lily.
- Lo lamento tanto, no llegué a tiempo pero cumpliré mi promesa, cuidaré a Harry - aseguró mientras le acariciaba el rostro.
Luego se acercó a la cuna y tomó al bebé entre sus brazos, el niño comenzó a patalear y llorar a los gritos.
- Tranquilo, quédate quieto, ¿no entiendes que quiero ayudarte?.
Pero el pequeño seguía retorciéndose y berreando como loco, Snape escuchó ruidos en el exterior y miró por la ventana.
- ¡Por las barbas de Merlín, es Hadrid!.
Depositó a Harry junto al cadáver de su madre y fue a esconderse en una habitación cercana. Hadrid entró llorando, miró unos segundos el cuerpo sin vida de Lily, tomó al bebé y se fue. Snape entró en el cuarto y tomó la varita y la túnica del Innombrable. Luego ese pensamiento se desvaneció y apareció otro, alguien con nariz afilada y ojos llorosos estaba escondido en las sombras de una pared, Harry lo reconoció, era Peter Pettigrew. Snape se acercó a él.
- ¡ERES UNA RATA APESTOSA! - exclamó a los gritos.
- Yo... yo no lo sabía - decía Peter temblando.
- Mató a Lily - Snape tenía los ojos llenos de lágrimas-, la mató y desapareció.
- Yo... yo no sé.
- Te mereces que Sirius te encuentre.
Peter temblaba cada vez más.
- ¿Sirius?... él me... me matará.
- Es lo que tienes merecido por traidor, pues has traicionado a tus amigos y al Señor Tenebroso, una traición doble. No sólo Black te está buscando sino todos los Mortífagos y yo, Severus Snape, te encontré antes que ellos.
- Tú... tú no querrás matarme, ¿verdad?.
- Debería hacerlo... si, debería, pero no pienso ensuciar mis manos con tu asquerosa sangre. Recuerda que te perdoné la vida, sólo recuérdalo. Toma lo que quedó de las cenizas de tu miserable amo -dijo Snape mientras le daba la varita y la túnica del Innombrable-. Trata que no vuelva a verte porque entonces sí que no dudaré en acabar contigo.
Snape dio media vuelta y dejó a Peter encogido sobre sí mismo, mirándolo de reojo por si regresaba.
De repente, Harry, se encontró otra vez en el despacho de Lupin, este lo esperaba.
- ¿Qué fue lo que viste?.
El muchacho le contó todo con lujo de detalles.
- ¿Crees que él aún tenga el relicario? - le preguntó Remus.
- Espero que sí, después de lo que vi, será fácil convencerlo que lo entregue para poder destruirlo.
Ese mismo día tenían clases con la profesora Úrsula, les informó que los esperaba en las puertas del colegio, se sorprendieron al ver que en el vestíbulo no sólo estaba ella sino también Hadrid y Firenze.
- ¿Qué harán aquí? - preguntó Ron a Harry.
- Ve tú a saber.
La profesora se acercó al grupo de alumnos.
- Estoy feliz con el progreso que han tenido en todo este tiempo en el cual he sido su profesora. Aprendieron a hacer patronus muy fuertes, a tiras hechizos y maldiciones sin mover los labios. Ahora llegó el momento de aprender a defenderse de otra manera.
Todos se miraron intrigados.
- Aprenderán a defenderse con la fuerza bruta, estudiando a su enemigo, a saber como piensa para atacarlo mejor. Una vez a la semana tendrán clases con ellos - dijo señalando a Firenze y a Hadrid-, les enseñaran a utilizar una ballesta y otros tipos de armas. Cuando aprendan todo esto viajaremos a Londres, también una vez a la semana, para practicar defensa personal, artes marciales, boxeo y otras cosas por el estilo. ¿Alguna pregunta?.
Nadie dijo nada.
- Entonces los dejo con los profesores.
Hadrid se adelantó.
- Sígannos - les dijo.
Todos fueron detrás de él y de Firenze, cuando llegaron a la casa de Hadrid se detuvieron.
- Hoy aprenderán a usar una ballesta, para mí, una de las mejores armas - dijo Firenze-. Hadrid, ¿podrías traer los elementos de trabajo?.
- Ahora vuelvo - dijo mientras iba detrás de su cabaña.
- Mientras tanto quiero que todos se paren uno al lado del otro. Sin hablar, por favor - luego siguió explicando como sería la clase-. Como les iba diciendo, si tenemos tiempo agregaremos otros tipos de armas a la lección de hoy.
Segundos después Hadrid llegó cargado de ballestas y le dio una a cada uno.
- ¡Genial! - dijo Ron al recibir la suya.
Hermione estaba horrorizada y Harry observaba su ballesta tan maravillado como Ron.
- ¿Todos tienen una? - preguntó Firenze.
- Sí - contestaron a coro.
- Muy bien, una ballesta se carga de esta manera - dijo el centauro poniendo una flecha en la de él-. Ahora hagan lo mismo que yo.
Una flecha salió volando rumbo al bosque prohibido.
- ¿Quién fue? - preguntó Hadrid.
- Fu... fui yo... Ha... Hadrid - contestó Neville.
- Ese muchacho es un peligro - dijo Firenze en un susurro casi imperceptible, pero Harry lo escuchó.
- Ten cuidado Neville, le sacarás un ojo a alguien - le dijo Hadrid.
Harry trató de ayudar al muchacho pero el centauro se lo impidió.
- Vuelve a tu lugar, Potter. No lo ayudes.
- ¿Por qué no puedo ayudarlo?.
- Tiene que aprender a hacerlo solo, no estarás siempre detrás de él para ayudarlo a cargar o disparar un arma.
Harry sabía que tenía razón pero igual estaba furioso.
- Tienen que arreglárselas solos, por eso existen las clases de defensa. No deben depender de otras personas. Necesitan saber que, tal vez, cuando sean atacados pueden estar sin compañía. No es nada en contra de Longbottom ni de Potter. Nadie, absolutamente nadie, ayudará a ningún compañero en esta clase. ¿Se ha entendido?.
- Sí - respondieron todos.
En las dos horas que siguieron aprendieron a usar ballestas, arcos y flechas, lanzas y hasta rocas. Pero no a dar en un blanco preciso, eso sería en la próxima clase. Con todo y así, Firenze y Hadrid, parecían contentos con el progreso de los muchachos.
- Lo han hecho en verdad muy bien - dijo el centauro.
- Nos vemos dentro de una semana - los despidió Hadrid-. Recuerden que sólo les quedan pocas clases antes que termine el año escolar, así que aprovechen para aprender rápidamente todo lo que puedan.
Después de la clase, Harry subió a la torre de Gryffindor y entró en la sala común junto a Ron y Hermione, ahí estaba su padrino. La chica subió al cuarto para dejar los libros.
- Sirius, tengo que preguntarte algo - dijo Harry.
- Lo que quieras.
- ¿Tu hermano se llamaba Regulus?.
- Regulus Arcturus Black.
- ¡Por las barbas de Merlín, es él! - exclamó feliz.
- ¿Es él? - preguntó Ron desorientado.
Pero Harry no le respondió, de inmediato fue a la escalera y comenzó a llamar a los gritos.
- HERMIONE... HERMIONE... HERMIONE...
La muchacha bajó de inmediato.
- ¿Qué sucede?.
- Ya sé quien es R.A.B.
- ¿Lo sabes?.
- Sí, es Regulus Arcturus Black, el hermano de Sirius.
- Pero Harry...
- Escucha antes de sacar una conclusión. Ven, les contaré a los tres lo que vi en el pensadero.
Así fue como se sentaron muy juntos y escucharon todo lo que el muchacho tenía para contarles.
- Ve a traer la nota - le dijo Harry a Hermione.
Ella subió a la habitación y segundos después volvió con un pequeño papel.
- Escuchen - dijo tomando el papel de manos de la muchacha-. Al Señor Oscuro. Sé que llevaré mucho tiempo muerto cuando leas esto, pero quiero que sepas que fui yo quien descubrió tu secreto. He robado el auténtico Horcrux e intentaré destruirlo lo antes posible. Me enfrento a la muerte con la esperanza de que cuando te planten cara seas mortal una vez más. R.A.B..
- ¿Dónde encontraste eso? - preguntó Sirius.
- En una cueva en la que estuve con Dumbledore, en donde estaba el relicario falso.
- ¿Me prestas la nota?.
- Sí, por supuesto.
- Es la letra de mi hermano - dijo Sirius mirando atentamente el papel.
- ¿Por qué no destruyó el relicario? - preguntó Ron.
- Tal vez tuvo miedo - dijo Sirius.
- O quizás él no le dio el relicario a Lucius - agregó Hermione.
- Es verdad, puede ser que Regulus muriera antes de poder destruirlo - dijo Harry pensativo.
- O Lucius lo mató en la cueva y se apoderó del Horcrux verdadero - dijo Sirius-. Tal vez mi hermano le contó sus intenciones a alguien y esa persona le dijo a Voldemort o a un Mortífago.
- ¿Con quién tenía absoluta confianza? - preguntó Ron a Sirius.
- Con mi mad... ¡maldita vieja infeliz! - exclamó furioso-. Mi madre fue quien informó lo que iba a hacer. Lucius es de la familia, así que ella le dijo a él.
- Y seguro que Malfoy tomó cartas en el asunto - agregó Ron.
- Regulus ya estaba muerto cuando Lucius le dio el relicario a Snape - concluyó Harry.
- ¿Por qué Malfoy no se lo quedó? - preguntó Ron.
- Para no quedarse con la evidencia - respondió Sirius-. Severus supo que Regulus había muerto, pero estoy seguro que no bajo que circunstancias. Debe haber pensado que Voldemort lo mandó matar para que no lo dejara. Harry, ¿viste bien el relicario?, ¿cómo era?.
- Pues era grande, con una gruesa cadena de plata y en un lado tenía una ese grabada en verde.
A Sirius se le fue el color que tenía en la cara, parecía a punto de desmayarse.
- ¿Qué te sucede? - le preguntó Hermione, preocupada.
- Snape ya no lo tiene.
- ¿Cómo lo sabes?.
- Estaba en Grimmauld Place.
- ¡¿QUE?! - gritaron Harry, Ron y Hermione, a un tiempo.
- ¿Recuerdan cuando hicimos limpieza?.
- Sí - dijo Harry.
- Había un relicario que nadie había podido abrir, un relicario con las características que me acabas de describir.
- ¿Cómo volvió a la casa de tus padres? - preguntó Ron.
- Tal vez Snape se arrepintió y se lo devolvió a Lucius. Voy ya mismo a Grimmauld Place, tal vez aun esté en el ático - y dicho esto, salió de la sala común.
Ginny estaba muy cerca escuchando lo que hablaban y se acercó al grupo.
- No importa lo que suceda, yo estoy con ustedes.
- ¡Gracias Ginny! - le dijo Harry con una sonrisa.
- ¿Podemos hablar afuera?.
- Sí, por supuesto.
Ambos salieron por detrás de la dama gorda y fueron a un aula vacía.
- Ginny... yo... mira...
- Ya sé lo que me vas a decir - lo interrumpió- y te perdono.
- ¿Lo dices enserio? - preguntó entusiasmado.
- Sí, creo que si me guardas algunos secretos es sólo para protegerme, pero lo que te pido es que me cuentes todo.
- Le hice una promesa a Dumbledore, lo lamento, pero no puedo hablar. Lo único que te puedo decir es que lo que estamos haciendo es para combatir a Voldemort.
- Todavía quieres ser un heroe, ¿no?.
- No es eso, es sobre... - Harry no sabía si decirlo o no, pero al final se animó. Después de todo, Ginny tenía que saber ciertas cosas para que entendiera por qué él actuaba del modo en que lo hacía-, es sobre lo profecía.
- Nadie la escuchó - aseguró.
- Yo sí, en el despacho de Dumbledore, después de la batalla en el Ministerio - tragó saliva con dificultad-, según ella yo... bueno... yo soy el que tiene que acabar con él.
Ginny se puso muy pálida y se abrazó a él.
- Oh, mi Harry, mi pobre Harry - ella comenzó a llorar.
- Voy a estar bien, no te preocupes mi amor.
- ¿Cómo... cómo quieres que... no... me... pre... preocupe? - preguntó entre hipeos.
- Todo saldrá bien.
Dos semanas después Harry recibió carta de tía Petunia.
Querido Harry:
Acabo de recibir la invitación a la graduación y estoy muy entusiasmada. Ya me compré el vestido de gala, Vernon y a Dudley no piensan ir, bueno, ya te imaginas.
Aquí estamos todos muy bien. Tu padrino viene de vez en cuando y pasa unos días con nosotros, es un hombre encantador e inteligente.
Pero quiero que me cuentes un poco de tus actividades y de Voldemort. ¿Cómo están tus amigos y Ginny?.
Saluditos.
Te quiero mucho.
Tía Petunia
- ¿Ahí vas cuando te desapareces? - le preguntó a Sirius.
- Bueno, es la casa de mis padres, ¿no?. Aunque no creo que vaya a volver muchas veces más.
- ¿Por qué no?.
- Porque tengo la casa que me compré con la herencia del tío Alphard, que queda cerca a la de tus padres, en el Valle de Godric.
- ¿Qué harás con la casa de tus padres?.
- A esa te la regalo a ti, en algún momento querrás casarte y tener hijos, ¿no?.
A Harry se le hizo un nudo en la garganta, él no quería separarse de su padrino. Cambió de conversación de inmediato, cosa de no tener que pensar en eso.
- ¿Ya encontraste el relicario?.
- Aun no, pero quedan un montón de cajas por revisar, tal vez en las vacaciones podamos revisarlas juntos y así hacer más rápido.
- ¡Qué buena idea!.
Ron y Harry se la pasaban estudiando hasta altas horas de la noche. Hermione estaba sorprendida por la actitud de ellos, por supuesto que los muchachos la consultaban cuando había algo que no entendían. Lupin reforsó las clases particulares de Defensa, ahora eran los martes a la mañana y los jueves a la tarde, más la que tendrían en Londres. Además, Harry, Ron, Dean, Seamus y los demás jugadores de Quidditch de Gryffindor, tenían prácticas tres veces por semana y no se irían del colegio sin ganar la Copa de las Casas; cosa que hicieron dos semanas antes de terminar las clases, los Gryffindors estaban más que felices y la profesora McGonagall sonreía todo el tiempo.
Los días pasaban rápidamente y comenzó el cuchicheo en los pasillos. Las muchachas murmuraban sobre que túnica se pondrían o como adornarían sus cabellos. Los muchachos deliberaban sobre a que chica invitarían al baile de graduación. Este año estarían presentes todos, hasta los alumnos que no se graduasen podrían ir a la fiesta, así que todo el colegio estaba en estado de excitación permanente. Ron y Harry, no se hacían problemas ya que tenían pareja asegurada y vestimenta apropiada. Así que ambos amigos, cuando encontraban un momento libre en sus actividades, se recostaban bajo el haya y masticaban pajitas que extraían de la tierra mientras se divertían a costa de los demás. Un chico menudito estaba hablando con una muchacha que le llevaba tres cabezas de altura.
- ¿No se da cuenta? - preguntó Ron muy indignado-. ¡Que ridículo!. ¿Cómo un pequeño de primer año va a invitar a una muchacha de cuarto?.
- Por si no te acuerdas, tú invitaste a Fleur.
- Por lo menos yo era más alto que ella - contestó Ron mirando con mala cara a Harry.
Más allá estaban dos chicos de tercero que, muy nerviosos, miraban pasar a grupos de jovencitas sin saber que hacer.
- Esos me hacen acordar a nosotros - dijo Harry.
Ron sonrió.
- ¡Nosotros ya no tenemos esos problemas! - exclamó mientras se estiraba y daba un sonoro bostezo.
- Por suerte tú está con Hermione y yo con Ginny.
- Sí, tienes razón. Quien iba a pensar que tú y yo terminaríamos siendo cuñados, ¿no?.
- Aun no me casé con Ginny, así que no somos cuñados todavía.
- Pero te casarás, ¿no? - preguntó mirándolo con mala cara.
- Lo haré si es que Voldemort no me hace papilla de mago.
Ambos rieron a carcajadas.
- Es el primer año que estamos tan tranquilos - dijo Harry.
- Ya necesito un poco de acción.
- La tendrás cuando termines las clases - dijo una voz conocida, era el padre de Ron.
- ¡Hola papá!.
- ¡Hola!.
- ¡Hola señor Weasley!.
- ¿Cómo estás Harry?.
- ¡Muy bien, señor, gracias por preguntar!.
- Remus me pidió que les dijera que en diez minutos tienen clases, como los vio tan tranquilos pensó que no sabían que hora era.
- ¡Oh, muchas gracias papá!. Ninguno de los dos tiene reloj.
- Con razón el jardín estaba quedando vacío - dijo Harry.
Los dos muchachos entraron en el colegio a toda carrera para no llegar tarde a Defensa, la profesora los llevó hasta Hogsmeade para que tomaran el Expreso rumbo a Londres. Después de dos horas a los puñetazos y patadas, todos estaban exhaustos. Cuando llegaron al colegio, los chicos subieron a la torre de Gryffindor y Harry fue a la habitación para mandarle una carta a tía Petunia.
Querida tía:
Todos estamos bien y esperando la graduación.
Hemos estado tomando clases de defensa personal (artes marciales y cosas por el estilo), además de aprender a utilizar diferentes armas que nos ayudarán a defendernos contra los Mortífagos.
De Voldemort todavía no tengo noticias aunque los Aurors andan tras algunas pistas.
Tengo que hacerte una pregunta, ¿por qué nunca me dijiste que eras mi madrina?.
Saludos, te espero.
Harry
El muchacho ató el pergamino a la pata de Hedwig y la lechuza salió volando rápidamente. Luego bajó las escaleras y se desparramó en uno de los sillones de la sala común.
- Esto de la defensa personal me está gustando, aunque me siento tan apaleado que no tengo ni ganas de respirar - le dijo a Ron, que también estaba abatido.
- ¿Por qué te gusta tanto?.
- Porque ahora voy a poder defenderme de Dudley y sus amigotes gorilas.
Los dos amigos rieron a carcajadas.
- ¿Te imaginas la cara del gordito cuando le rompas la nariz?.
- Sí, sería fantástico poder golpear a mi primo - contestó estirándose y bostezando a más no poder-. Pero no tendré que hacerlo ya que no pienso poner un pie en esa casa nunca más.
- Estoy tan agotado que no tengo ganas de comer.
- ¿No tienes ganas de comer?, eso sí que es un problema. ¿Estás enfermo?. ¿Quieres que mande a buscar a Madame Pomfrey?.
- Muy gracioso Harry... muy gracioso...
Ambos rieron.
Dos días después llegó Hedwig con la contestación de tía Petunia.
Querido sobrino:
Estoy muy contenta de que tomes clases de defensa personal, estoy segura que te serán de mucha utilidad en el futuro. Le conté sobre esto a tu tío y primo, parece que a Dudley no le agradó la noticia, no sé por que.
Estoy feliz de que todos se encuentren en perfecto estado de salud.
No soy tu madrina, verás, tus padres iban a bautizarte antes de viajar al Valle de Godric, pero luego se fueron rápidamente y no te bautizaron. Creo que sólo Sirius presenció tu bautizmo y fue tu padrino ya que él recidía en el Valle en aquel momento.
Besos a los chicos y saludos afectuosos a Sirius.
Esperamos la inminente llegada de Remus (dentro de dos días habrá luna llena).
Te quiere con todo el corazón.
Tía Petunia
- Por supuesto que no le agrada que tomes clases de defensa personal, ahora sabe que puedes defenderte de sus agresiones - dijo Ron refiriéndose al primo de Harry.
- Dudley es un miedoso, nunca me atacaría él mismo, siempre manda a sus matones para que hagan el trabajo sucio.
- Como Malfoy con Crabbe y Goyle.
- Exactamente.
En ese momento Sirius entró en la sala común.
- Tía Petunia te manda saludos - le dijo Harry mostrándole la carta.
- Oh, que bien. Dile que cariños de mi parte.
- Hace dos días que no te veo.
- Estaba en Londres.
- ¿Encontraste el relicario?.
- Ayer por la noche - dijo con una sonrisa.
- ¿Y bien?.
- Un horcrux menos.
- ¡Genial!.
En ese momento bajó Hermione y Harry le contó lo que Sirius le había dicho.
- Miren, este círculo ya se está haciendo demasiado grande, primero Malfoy y ahora Sirius. Tenemos que tener cuidado y tú - le dijo señalando a Harry-, le dijiste a Ginny.
- Yo no le dije lo de los Horcruxes, yo sólo le conté lo de la profecía - replicó indignado.
- ¡Oops! - dijo Hermione con cara de espanto.
- ¿Qué significa eso?.
- Yo creí que le habías contado.
- ¿Le dijiste de los Hocruxes?.
- Ahora entiendo por qué me miraba con esa cara de espanto, ella no lo sabía.
- Pues parece que la que vas a tener que tener cuidado eres tú - dijo furioso.
- Lo lamento Harry, no volverá a pasar.
- Más te vale.
La mañana de la graduación fue un caos, miles de personas se daban cita en el colegio en donde se celebraría la entrega de diplomas. Junto al lago, muy cerca de la tumba de Dumbledore, se dispuso una mesa en donde se hallaban un montón de rollos de pergaminos. Frente a esta, sillas blancas dispuestas en dos enormes filas y, entre estas, una larga alfombra roja. Los visitantes, al igual que los alumnos que entraban a primer año, ingresaban por el lago, así que las pequeñas embarcaciones iban y venían de un lado a otro, sin cesar. Harry vio que llegaba tía Petunia.
- ¡Hola tía Petunia!.
Ella no le respondió enseguida, estaba casi paralizada al ver la belleza del castillo.
- ¡Hola querido! - dijo por fin-. Tu madre me contó lo bello que era.
- Esto no es nada, ya verás lo que es el interior, te caerás de espalda.
- Así que este es el colegio. ¡Excelente, excelente!.
- ¡Hola! - dijo Sirius que venía corriendo desde el castillo-. Le he guardado el mejor lugar, sígame.
- Tu padrino es una ricura - le dijo tía Petunia a Harry en un susurro. El muchacho sonrió.
Todos iban llegando y tomando asiento, pues las sillas tenían los nombres de las personas que se sentarían en ellas. Todos los estudiantes a graduarse tenían túnicas negras y sombreros negros que terminaban en punta. Narcisa Malfoy estaba vestida con una túnica celeste que le daba un aire angelical a pesar de su mirada altanera y prejuiciosa. La abuela de Neville había dejado su sombrero con el buitre disecado para pasar a otro de color azul oscuro y con un enorme moño, parecía la reina de Inglaterra, estaba muy elegante. Sirius llevaba un traje azul eléctrico que contrastaba con sus cabellos negros y sus ojos grises. Tonks y Ojoloco estaban vestidos de negro. El director del colegio lucía un traje azul con finas rayas blancas, que le daba aspecto de gangster. Cuando todos estuvieron en sus lugares, Lupin se levantó y se paró en un pequeño atril, a su lado estaba la profesora McGonagall. Se hizo un silencio expectante.
- Quiero darles la bienvenida a todos los invitados a esta ceremonia. Como estarán enterados, esta noche tendremos la cena y baile de graduación, los que deseen quedarse pueden hacerlo. Por último quiero que todos los estudiantes que se gradúen se paren en orden alfabético para recibir sus diplomas.
Dicho esto se formó, ordenadamente, una fila de muchachos y otra de muchachas, todos ordenados alfabéticamente. Lupin los llamaba uno por uno, McGonagall les estrechaba la mano y luego les daba los diplomas. Pasaron, al frente, un montón de alumnos; ahora llamaría a Hermione.
- Granger, Hermione Jane - dijo Lupin y agregó-. Con honores.
Era la primera de los Gryffindors de ese año que se recibía con honores. Hermione estaba pálida como un papel y sus padres lloraban de la alegría. La muchacha iba a sentarse pero Lupin la llamó.
- Un momento Granger, todavía no terminé contigo.
Ella volvió junto a McGonagall.
- Granger, Hermione Jane. Premio Anual - dijo con una enorme sonrisa.
Todos los integrantes de Gryffindor gritaban y aplaudían. Hermione se puso a llorar.
- Los sabía... sabía que sería Premio Anual - dijo Ron.
- ¡Muy bien Hermione, así se hace! - exclamó Harry.
Todos pasaban al ser llamados, pocos minutos después le tocó a Neville.
- Longbottom, Neville.
La abuela lo miraba con los ojos llenos de lágrimas, a Harry le dio la impresión que la señora no creía que su nieto terminaría el colegio en tiempo y forma, considerando los problemas que tenía en todas las materias. Así y todo, él también se graduó. Cuando Neville recibió el diploma y se dio vuelta, gritó de la emoción.
- ¡MAMA... PAPA... !.
Sus padres habían salido de San Mungo y estaban totalmente curados. Ninguno pudo evitar emocionarse al ver al muchacho aferrado a sus padres como si su vida dependiera de ello. Harry deseó, por un momento, estar en sus pantalones. Por fin le tocó el turno a él.
- Potter, Harry James. Con honores.
La profesora McGonagall sonrió complacida al entregarle el diploma. Parecía que a tía Petunia le daría un ataque de la felicidad, Harry sonreía mientras tomaba asiento en su silla. Otra vez los Gryffindors estallaron en aplausos.
- ¡¡¡ESE ES MI AHIJADO... ESE ES MI AHIJADO!!! - gritaba Sirius henchido de placer.
Lentamente fueron pasando los alumnos de las cuatro casas, ahora era el momento de Ron.
- Weasley, Ronald Bilius. Con honores.
Antes de recibir el diploma, Ron se dio vuelta y observó a su familia por una fracción de segundo y puso cara de satisfacción. La señora Weasley rompió en llanto; Bill aplaudía y aullaba como un lobo; los mellizos se miraron entre ellos de una forma extraña; el señor Weasley no hacia más que intentar calmar a su esposa; Hermione lloraba y reía a la vez; y Ginny tenía una cara de incredulidad absoluta.
Minutos después todo había terminado y, ordenadamente, ingresaron al colegio y luego al Gran Salón para el almuerzo.
- ¡Es mucho mejor que Smeltings! - exclamó tía Petunia-. ¡Impresionante!.
- ¡Hola, soy Sir Nicholas de Mimsy-Porpington!.
- ¡Hola!, es casi decapitado, ¿no es así?. Yo soy Petunia Dursley Evans.
- ¿Evans... Evans... ? - dijo pensando en voz alta-. ¿Familiar de Lilian Evans?.
- Sí, soy su hermana y, por lo tanto, tía de Harry - dijo mientras palmeaba el hombro del muchacho.
- ¡Oh, pero que maravilla, ver a otro pariente de Lily!. ¡Esa muchacha era una excelente alumna y persona! - exclamó Sir Nicholas-. ¡Que perdida tan grande para el mundo mágico!.
Harry ya había escuchado suficiente, así que fue a reunirse con Ron y Hermione, pero antes de llegar donde estaban ellos, lo vio a Neville con su abuela y sus padres.
- Siento no haberme graduado con honores - les decía.
- Te graduaste y eso es lo importante - le dijo la madre.
- Para mi lo mejor es que estén conmigo y bien.
Los tres se abrazaron mientras a la abuela se le caían unas lágrimas. Harry los miraba con tristeza, le habría encantado recibir el abrazo de sus padres. Sirius pareció leerle el pensamiento porque se acercó a él y lo estrechó fuertemente, Harry correspondió.
- Muy bien hecho Harry, estoy orgulloso de ti - le dijo su padrino.
- Te quiero... mucho - Harry había comenzado a llorar sin saber por que.
- Yo también te quiero.
- Tengo que hacer algo.
- ¿Qué?.
- Ya regreso. No me pienso perder este banquete por nada del mundo - dijo mientras se secaba las lágrimas con la manga de la túnica.
- ¿Adónde vas? - le preguntaron Ron y Hermione a coro.
- Ahora vuelvo, necesito estar solo un momento.
Harry salió del Gran Salón a paso rápido. El muchacho fue hasta la tumba blanca, donde descansaban los restos de Dumbledore.
- Mire profesor - dijo mientras levantaba el pergamino en el aire-, me recibí con honores, ¿qué le parece?. Espero que este orgulloso de mí - comenzó a llorar con todas sus fuerzas-. ¿Por qué... no dejó... que lo ayudara?, yo... yo no quería... que muriera. Ya nunca más tendré sus consejos y... sus palabras de aliento. ¿Qué voy a hacer... sin usted?.
- Me tienes a mí, si eso te sirve.
Harry miró hacia atrás, era Sirius quien le hablaba.
- Quiero... estar solo.
- No tienes por que estarlo, hay mucha gente que te quiere y se preocupa por ti.
- Eso... ya lo sé.
- Vamos Harry... vamos al salón o se nos enfriará la comida - dijo Sirius mientras tironeaba del brazo del muchacho y lo llevaba otra vez al castillo.
Luego del almuerzo, Lupin realizó una visita guiada para los que no conocían el castillo. Ron se quedó en el Gran Salón con sus padres y hermanos. Hermione y Harry fueron a recorrer el colegio con sus familiares.
- ¡Qué biblioteca más enorme! - exclamó tía Petunia.
- Sí, pero son todos libros... bueno... de magia - explicó Harry.
De repente apareció Peeves.
- ¡Hola Potty!.
- ¡Hola Peeves!. ¿Vas a extrañarme?.
- Ni un poquito.
- ¡Fuera de aquí Peeves! - le dijo Lupin-. No molestes a los invitados.
El poltergeist se fue de la biblioteca maldiciendo a los gritos.
Cada alumno llevó a sus parientes a su respectiva casa. Harry y Hermione subieron a la torre de Gryffindor.
- ¿Ustedes también son magos? - preguntó tía Petunia a los padres de Hermione.
- No, los dos somos dentistas - explicó el padre de la chica.
- ¿Cómo es que aceptan que su hija sea tan... bueno... rara?.
- Digamos que somos personas de mente abierta - contestó la madre-. Nosotros no nos asustamos con fantasmas, cosas que vuelan solas y las rarezas en general. No nos molestó que nuestra hija entrara en este colegio. Ya ve, no sólo se recibió con honores si no que también es Premio Anual.
Hermione se sonrojó. Segundos después entraron en la sala común.
- Aquí es donde nos reunimos a estudiar o a pasar el tiempo - le explicó Harry.
- ¡Qué lugar más acogedor! - exclamó tía Petunia.
- Espera a ver donde dormimos, sígueme - dijo mientras subía la escalera de caracol hacia la habitación.
- ¡Una cama adocenada! - dijo tía Petunia.
- No mires el desorden - dijo Harry avergonzado, pues en el piso había ropa y libros-. Es que estaba ordenando las cosas ya que mañana a la mañana nos vamos-. Bauleo - dijo y todos los objetos que se hallaban en el suelo, volaron y se acomodaron en el baúl de Harry-. ¡Ahora está mucho mejor!.
- ¿Qué es eso que se ve desde aquí?.
- Ese es el campo de Quidditch, es parecido al básquet, pero tiene tres aros, ¿los ves?.
- ¿Cómo llegan hasta ellos?.
- Volando en escobas, ¿recuerdas que te conté?.
- Ya lo recuerdo. Lástima que nunca te vi jugar.
- Harry es el mejor buscador que Gryffindor halla tenido en años - dijo Ron entrando en la habitación-. Todavía lo puede ver jugar.
- ¿A qué te refieres? - le preguntó Harry.
- Podemos formar un grupo y jugar un último partido. Tendríamos que hablar con algunos jugadores.
- No es mala idea.
- Quédese con Hermione mientras nosotros volvemos - le dijo Ron a la tía de Harry.
Pronto se formaron dos equipos con los mejores jugadores de las cuatro casas, Sirius jugó en su puesto de bateador, igual que cuando lo hacía junto a James y resultó ser muy bueno, por fin Harry lo veía jugar, algo que había querido hacer desde que se enteró en el pensadero que su padrino también había jugado al Quidditch para Gryffindor. Después de la merienda todos fueron al campo de juego. A tía Petunia le encantaba el juego y se ponía a gritar cada vez que Harry pasaba volando cerca de ella. Dos horas después el partido terminó con una fabulosa atrapada de Harry. Fue un amistoso increíble y, como no tenían la presión de tener que ganar, todos los jugadores lo disfrutaron muchísimo. Este juego, más todas las hazañas de Harry Potter, quedaron documentadas en Historia de Hogwarts. Luego, alumnos, profesores y huéspedes, pasaron el resto del día recorriendo el castillo y los jardines. La noche llegó y con ella, la cena y el baile de graduación. Tonks apareció con una túnica color azul y el cabello rubio. Hermione tenía un vestido verde. Ginny estaba vertida de color naranja y Luna de azul oscuro. Tía Petunia se había puesto un vestido rosado que le daba un aire de condesa, estaba muy elegante. Todos los hombres estaban enfundados en smokings y túnicas negras.
- ¡Qué elegante estás! - le dijo tía Petunia a Harry.
- Me lo tuve que comprar este año - dijo mientras daba una vuelta mostrándole el smoking-, ya que el anterior me quedaba ajustado.
Comieron de los manjares más exquisitos.
Más tarde comenzó el baile con un vals. Lupin contrató a Las Brujas de Macbeth (el grupo musical del momento) y al DJ del Escorpión, un mago llamado Rupert Doyle, que puso música muggle. Harry se levantó de la mesa y salió del salón, Ginny lo siguió. El muchacho rió.
- ¿De qué te ríes? - le preguntó ella.
- Es que sabía que ibas a seguirme.
La muchacha sonrió.
- Me conoces bien.
- Más de lo que te imaginas.
- ¿En qué estoy pensando?.
- ¿En un invernadero?.
Ella volvió a sonreír.
- ¿Lo ves?, te dije que te conozco bien.
- Esta es nuestra última noche aquí.
- Y hay que festejar - le dijo mientras la tomaba de la mano.
- ¿Adónde vamos?.
- Dónde fuimos la última vez.
Sólo estuvieron media hora en el invernadero y volvieron a la fiesta rápidamente para no levantar sospechas. Cuando iban entrando al colegio los interceptó Neville.
- ¡Harry, tienes que ver esto!.
- ¿Qué sucede?.
- Es Sirius.
Los tres entraron al Gran Salón, Sirius estaba en el escenario con Las Brujas de Macbeth.
- Aquí tenemos al mago más buscado del mundo - dijo la bajista.
- Y el más inocente del mundo - aclaró Sirius.
Todos rieron.
- Toma Sirius, por los viejos tiempos - dijo la guitarrista mientras le entregaba su guitarra eléctrica.
- Oh, no, no podría - dijo Sirius avergonzado.
- Vamos, te mueres por tocar - dijo la cantante-. Por los años compartidos con Los Trasgos, ¿sí?.
- Está bien... está bien - aceptó a regañadientes.
Tomó el instrumento, se lo colgó del cuello y comenzó a tocar; fue un solo de guitarra tan espectacular que ninguno daba crédito a sus oídos. Cuando terminó, todos lo ovacionaron maravillados, él bajó del escenario mientras le estrechaban la mano y le palmeaban la espalda.
- ¡Estuviste increíble! - exclamó George cuando Black pasó a su lado.
- Tienes que volver a tocar, ya no quedan músicos como tú - agregó Fred.
Sirius estaba emocionado hasta las lágrimas. Cuando llegó donde estaba Harry, se detuvo.
- ¿Cómo estuve? - le preguntó con una sonrisa.
- Me mentiste - le dijo el muchacho de mala manera.
- ¿Cuándo?.
- Cuando me dijiste que no habías pertenecido a Los Trasgos.
- No, tú formularte mal la pregunta. Me preguntaste si yo había sido cantante del grupo y yo te contesté que no. Entonces no te mentí porque fui el guitarrista.
Harry se quedó mirándolo unos segundos.
- ¡Estuviste genial, padrino! - exclamó abrazando a Sirius.
- ¡Qué bueno que te gusto!.
- Por lo que veo, nos gustó a todos - agregó Ginny con una sonrisa, mientras Neville asentía con un movimiento de cabeza.
- Pero, entonces, ¿quién era ese tal Stubby Boardman? - preguntó Harry a Sirius.
- El era el cantante de Los Trasgos - le respondió.
- Pero esa señora en El Quisquilloso dijo que tú eras él y...
- Es que los dos éramos muy parecidos - lo interrumpió-, ya sabes, mismo largo y color de cabello, ambos con ojos grises y barba, había veces que hasta nos vertíamos casi igual. Tal vez por eso esa mujer nos confundió.
La fiesta siguió hasta la madrugada. A la mañana siguiente, a las nueve en punto, los baúles aparecieron mágicamente en el Expreso de Hogwarts y profesores, alumnos y visitantes volvieron a Londres. Los tíos y primo de Harry, fueron a Privet Drive pues los Aurors dijeron que no había peligro. Harry y Sirius se instalaron en Grimmauld Place. Ron y Hermione decidieron tomar el curso de Aurors junto a Harry, así que en pocas semanas estarían juntos otra vez, igual que en el colegio. Las vacaciones del muchacho fueron increíbles ya que las pasó con la persona que más quería en el mundo: su padrino. Ambos iban al cine, a cenar, pasear por el parque o disfrutar de un helado en el Callejón Diagon.
El 1º de septiembre, el señor Weasley buscó a Ron, Hermione y Harry, todos juntos fueron al Ministerio, tenían que estar a las siete de la mañana. Esta vez entraron por la puerta principal del viejo edificio. Arthur Weasley bajó unos pisos antes que los muchachos ya que tenía que hablar con el Ministro, luego volvería a la Madriguera a buscar a Ginny para llevarla a King Cross a que tomara el Expreso de Hogwarts a las once de la mañana. Los chicos bajaron en el segundo piso, donde estaba el Cuartel General de Aurors, Kingsley Shacklebolt los recibió.
- ¡Hola a todos! - dijo con una enorme sonrisa.
- ¡Hola señor! - respondieron a coro.
- Vengan por aquí.
El hombre los llevó a un aula donde había más aspirantes a Aurors.
- Bien, creo que ya estamos todos - dijo observando a la multitud-. Como ustedes saben, aquí sólo aceptamos a lo más selecto. No empezará el curso ninguno que no tenga Supera las Expectativas o Extraordinario en cinco EXTASIS, que incluyen sí o sí, los siguientes: Pociones, Transformaciones, Defensa Contra las Artes Oscura y Encantamientos. Por supuesto que el quinto puede ser cualquier otro que tengan con esas notas. Así que, por favor, los que no los posean en las cuatro materias que nombré, pueden retirarse.
Más de la mitad del aula se levantó y se fue. Shacklebolt meneó la cabeza negativamente con cara de disgusto.
- Bien, veamos - dijo suspirando mientras miraba un montón de papeles que tenía sobre el escritorio-. ¡Mmmm... excelente... excelente! - se alegró-. Hace años que no tenemos a un Premio Anual en nuestras aulas.
Hermione se puso colorada.
- Extraordinario en todas las materias... mmm... sí... muy bien - continuó el jefe de Aurors-. ¿Granger?.
- Sí, señor - dijo Hermione levantando la mano.
- Me habían dicho que eras buena, pero no sabía cuanto - dijo mirándola.
- ¡Gracias, señor! - exclamó tímidamente.
- ¿Siempre quisiste ser Auror o tuviste idea de hacer otra cosa?.
- Bueno, también me hubiera gustado entrar a trabajar en el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas.
El Jefe de Aurors rió entre dientes.
- Sí, sí... ya me enteré de la PEDDO. Así que quieres liberar a todos los elfos domésticos, ¿eh?.
Ron y Harry tosieron para disimular su risa.
- Yo no los quiero liberar - se defendió-. Sólo me agradaría que tuvieran los mismos derechos que todos los otros trabajadores. Además, ¿cómo supo de la PEDDO?.
- Tenemos informantes en todos lados - dijo Shacklebolt mientras continuaba mirando los papeles-. ¡Pero que tenemos aquí! - exclamó de repente-. Otro Weasley.
Ron se sonrojó mientras levantaba la mano.
- Eres hijo de Arthur Weasley, ¿verdad?.
- Sí, señor.
Harry, Ron y Hermione se dieron cuenta que Shacklebolt no quería que lo vincularan con ninguno de ellos así que los muchachos le siguieron el juego.
- Tu padre es una excelente persona.
- ¡Gracias, señor!.
El hombre continuó hurgando en la pila de papeles.
- ¿Harry Potter? - preguntó mirando hacia todos lados como si no supiera quien era él ni donde estaba sentado.
- Soy yo - dijo el muchacho levantando la mano.
Algunos de los presentes estiraron sus cuellos para verlo mejor.
- ¿Pariente de James Potter?.
- Soy el hijo, señor.
- Oh, sí, por supuesto. Tienes muy buenas notas.
- El año pasado me esmeré mucho, porque quería ser Auror.
- ¿De veras?.
- Sí.
- ¿Por qué querías ser Auror?.
- Porque quiero deshacerme de la escoria del mundo mágico, señor.
- Muy bien dicho Potter, muy bien dicho - dijo con una enorme sonrisa.
Y así siguió tomando lista y preguntándole a cada uno porque quería ser Auror y sus expectativas. Más tarde presentó a los profesores que tendrían en ese año, a los cuales hizo entrar uno por uno.
- Este es el profesor de Defensa Personal, el señor Sacamoto Chang.
- Perdón, ¿le puedo hacer una pregunta? - dijo Harry a Chang.
- Por supuesto.
- ¿Usted es el padre de Cho?.
- Parece que conoces a mi hija, ¿verdad?.
- Sí, fue muy buena buscadora.
El hombre le sonrió complacido.
- El es Alastor Moody, él les enseñará Defensa Contra las Artes Oscuras.
- ¡Genial! - le dijo Ron a Harry.
Ojoloco hizo un gestó de saludo con la mano.
- Duddy Pórtland será el profesor de Pociones. Waldemar Corman, el de Transformaciones.
- Lastima que no la tenemos a McGonagall - dijo Ron, mientras sus amigos asentían con un gesto de la cabeza.
- Martin Skeener les dará Encantamientos, Michael McGonagall será el de Defensa con Armas Varias y Esther Calchas la de Oclumancia, Legeremancia y Herbología.
Los profesores salieron del aula después de las presentaciones pertinentes y dejaron otra vez a Shacklebolt al frente de la clase.
- Bien, los aquí presentes deben usar una túnica azul marino con el escudo del Ministerio en el lado izquierdo del pecho, se les prohibirá la entrada a los que no las tengan. A los libros pueden comprarlos en Flourish y Blotts, en el Callejón Diagon. Mañana tendrán un examen psicológico, de aptitudes y personalidad. Así que descansen porque será un largo día. No hace falta que traigan sus libros y túnicas, ya que los que no pasen estos exámenes no podrán estudiar para Auror. Hasta luego y buena suerte.
Todos los aspirantes a Auror salieron del Ministerio. Harry, Ron y Hermione fueron a tomar un helado al Callejón Diagon.
- Ya se me están poniendo los pelos de punta - dijo Ron.
- Mañana será mi último día dentro del Ministerio - afirmó Harry.
- ¿Por qué dices eso? - preguntó Hermione.
- Porque estoy chiflado, todos lo dicen.
- Todos lo decían - aclaró Ron-, pero ya saben que de loco no tienes nada y que siempre dijiste la verdad.
Los tres amigos se trasladaron a la tienda de chascos de los mellizos.
- Mira quien viene ahí - le dijo Fred a George.
- Pero si es nuestro hermanito el Auror - dijo George.
- Todavía no lo soy y no sé si lo seré. Me faltan los exámenes psicológicos y todo eso - dijo fastidiado.
- Mejor es que quedes o a mamá le dará un infarto - dijo Fred.
- Anda diciéndole a todo el mundo que serás Auror - explicó George.
- Ven a pedirnos dinero. Ya le dijimos a mamá que te ayudaríamos con la compra de los libros y todo lo que necesites - dijo Fred.
- ¡Gracias muchachos!.
- ¡Para eso está la familia! - exclamó George.
Después de dar un paseo por el Callejón, los chicos fueron a Grimmauld Place y se instalaron ahí, ya que Hermione y Ron vivían muy lejos del Ministerio y la casa de los Black, estaba más cerca. La felicidad de Sirius era total, le encantaba estar rodeado de gente, además, él quería mucho a los muchachos y disfrutaba la convivencia con ellos.
- ¿Cómo les fue? - les preguntó.
- Nada especial - contestó Harry-. Sólo nos presentaron a los profesores y nos dieron la lista de las cosas que teníamos que comprar.
- Mañana tendremos el primer reto, pasar los exámenes psicológicos, de actitud y todo lo demás - explicó Ron.
- Seguro que les harán mirar figuras raras y decir lo que ven, cosas por el estilo. A mí me hicieron eso - explicó Sirius.
- ¿Tú también estudiaste para Auror? - preguntó Harry.
- No, no estudie. No pasé el examen psicológico, aunque en los otros me fue muy bien - dijo como si nada-. Pero a tu madre le fue increíblemente bien. A James no le interesaba ser Auror así que trabajó en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, en el Cuartel General de la Liga de Quidditch de Gran Bretaña e Irlanda, era el secretario del Director. Además, todos pertenecíamos a la Orden que era como ser Auror pero sin haber estudiado.
- ¿A qué te dedicaste? - le preguntó Hermione.
- Era músico de Los Trasgos. ¡Qué buena época! - exclamó como pensando en voz alta-. Recorrimos toda Europa y América. ¡Fue increíble!.
Después de la cena se fueron a dormir pues tenían que estar en el Ministerio a las ocho de la mañana. Se levantaron a las siete y, los tres muchachos, bajaron a la cocina. En ella encontraron a Sirius y a Winky.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - le preguntó Ron a la elfina domestica.
- Bueno, señor, no me gustaba Hogwarts. Fui a hablaron con el señor Lupin y él me dijo que el señor Black necesitaba a alguien que lo ayudara con los quehaceres domésticos y aquí estoy.
- Nos llevamos muy bien - explicó Sirius-. Ella es muy dulce y trabajadora.
- ¡Gracias señor! - dijo tímidamente.
- No tienes nada que agradecer.
Hermione estaba satisfecha por la actitud de Sirius.
- Me agrada que te lleves bien con Winky - le dijo antes de irse al Ministerio con los muchachos.
- Ella no es Kreacher. Es muy buena y no se queja todo el tiempo.
- Deséanos suerte - dijo Ron.
- Estaré cruzando los dedos - dijo Sirius.
En ese momento pasó el autobús noctámbulo y los muchachos se subieron.
- Mira quien es Ernie - dijo Stan con una enorme sonrisa.
- ¡Hola Stan! - saludó Harry.
- ¡Hola!. ¿Adónde van?.
- Al Ministerio.
- ¿Escuchaste? - le preguntó a Ernie-, van al Ministerio.
Con un sonoro POM el autobús aceleró al máximo.
- ¿Problemas? - preguntó Stan.
- No, vamos a tomar los exámenes para ser Aurors - contestó Ron algo mareado.
El vehículo seguía moviéndose de un lado a otro igual que un barco, segundos después frenó de golpe y todos los pasajeros quedaron desparramados en el suelo, en la parte delantera.
- El Ministerio, muchachos - les dijo Stan.
Cuando lograron desenredarse de las túnicas de los otros pasajeros y levantarse, se bajaron saludando a Stan y a Ernie.
- ¡Adiós, Potter y mucha suerte! - le dijo Stan.
- ¡Gracias!.
Con otro estruendoso POM, el vehículo desapareció de la vista.
- Recuérdame no desayunar la próxima vez - le dijo Ron a Harry.
Los muchachos entraron al Ministerio y se toparon con Percy que iba de salida.
- ¡Hola Ron!.
- ¡Hola!.
- Me enteré que quieres ser Auror.
- Sí - dijo Ron que se veía venir el discurso de su hermano.
- Muy bien - dijo sonriente-. Vas a tener que ser muy perseverante porque los cursos de Auror son muy difíciles y...
- Sí... sí... ya lo sé, Shacklebolt nos lo dijo ayer, no tienes que repetir todo de nuevo - lo interrumpió de mala manera.
- A bueno, entonces... entonces nos vemos.
- Espero que no - dijo Ron dándole la espalda mientras caminaba hacia el corredor.
- ¡Adiós Percy! - dijeron Harry y Hermione.
- Nos vemos chicos - dijo poniendo cara triste.
Los muchachos subieron al ascensor junto con Ron.
- Estuviste muy grosero - lo reprendió Hermione-. El sólo quería ayudarte.
- Si necesito ayuda se la pido a ustedes o a cualquier otro - dijo Ron poniéndose cada vez más furioso- y hazme el gran favor de no hablarme más de Percy.
En pocos segundos llegaron al segundo piso, pasaron por los cubículos en donde trabajaban los Aurors. Harry se sorprendió al ver que habían reemplazado las fotos de Sirius Black (el más buscado, se busca vivo o muerto, etc.) por las de Severus Snape (recompensa, buscado, es muy peligroso, etc.) y se alegró.
- ¿Vieron eso? - le dijo a sus amigos.
- Sí, Snape está en todas las paredes - dijo Ron con una enorme sonrisa-. ¿No es genial?.
- ¡Es más que genial! - exclamó Hermione.
Los chicos se acercaron a una bruja regordeta que parecía muy simpática, estaba leyendo El Profeta en su cubículo, mientras tomaba de una taza con un brebaje color verde que humeaba mucho.
- Perdón, señora, ¿podríamos hacerle una pregunta? - dijo Harry.
- Oh, por supuesto querido - dijo mientras dejaba a un lado el periódico y la taza.
- Tenemos que tomar los exámenes para Aurors y no sabemos dónde son.
- Tienen que ir por el segundo corredor y doblar a la izquierda y luego el tercero a la derecha, en ese sitio es dónde se hacen los exámenes psicológicos, ahí mismo les dirán donde se llevan a cabo los otros.
- ¡Muchas gracias! - dijo Harry mientras se quitaba el flequillo transpirado de la frente.
- ¿Tú eres Potter... Harry Potter? - preguntó la bruja sin sacarle los ojos de la cicatriz.
- Sí.
- ¡Es un honor tenerte aquí!. ¡Suerte para ti y tus amigos! - exclamó con una enorme sonrisa.
- ¡Gracias! - dijeron los tres.
Emprendieron la marcha y en pocos minutos encontraron el lugar que tenía un enorme cartel que decía: EXAMENES PSICOLOGICOS. Los muchachos entraron casi de inmediato pues no iban llamando por orden alfabético sino de llegada, Harry fue el primero de los tres.
- ¿Potter, Harry James? - preguntó un brujo delgado y entrecano, sacando le cabeza por detrás de la puerta.
- Soy yo.
- Pasa, por favor.
Harry entró y se sentó en un cómodo sofá que había frente al escritorio. El hombre comenzó a hurgar en sus papeles hasta que encontró el expediente del muchacho.
- Mmmm... sí... bien... bien... así que quieres ser Auror - dijo mientras se sentaba en el escritorio.
- Sí, señor.
- ¿Por qué?.
- Porque quiero apresar o matar a los magos tenebrosos.
- ¿Por qué?.
- Porque son... malos.
- ¿Por qué?.
- Yo que sé... pregúnteselo a ellos - contestó malhumorado.
- ¿Por qué?.
- ¿Le puedo hacer una pregunta? - dijo exasperado.
- Por supuesto.
- ¿No tiene otra pregunta que no sea por qué?.
- No - dijo mientras escribía algo en el expediente-. No tienes mucha paciencia.
- Mire, señor, si yo no tuviera paciencia ya le hubiera tirado el pisapapeles que tiene en el escritorio por la cabeza, sin embargo no lo he hecho, o sea que estoy de lo más relajado - dijo mientras ponía sus manos detrás de la nuca y se desparramaba en el sofá.
El brujo le sonrió.
- Ya veo... ya veo... bueno, toma estos dibujos y dime que ves.
- No son dibujos, son manchas.
- Bueno, como sea. ¿Qué ves?.
- Mmmm... este es Voldemort diciéndome que me odia por ser más famoso que él y que me quiere matar. Esto... mmmm... parece la Marca Tenebrosa. Mmmm... sí... este es Snape matando a Dumbledore. Esta es Nagini, la víbora de Voldemort.
- Bien, es suficiente - dijo mientras le sacaba las hojas con las manchas-. Estas un poquito obsesionado.
- ¿Le parece? - preguntó sin recibir respuesta.
- Toma este papel y hazme un dibujo.
Harry dibujo un cementerio, a alguien atado a una lapida, a otro con cara de serpiente y con una varita y a un montón de encapuchados.
- ¿Qué es esto? - le preguntó mirando el dibujo.
- Es la noche en la que Voldemort volvió a la vida, los de las capuchas son los Mortífagos, el que está atado a la lapida soy yo y el que está apuntándome con la varita es el Innombrable.
El hombre lo miró de una manera extraña.
- Ahora toma esto y escribe algo - le dijo mientras le pasaba una hoja a rayas.
- ¿Cualquier cosa?.
- Sí, lo que quieras.
El muchacho escribió unas oraciones y se las paso al hombre.
- ¿Ya está?.
- Sí, ya.
El brujo leyó en voz alta.
- Voy a matar a Voldemort, a Severus Snape y a Bellatrix Lestrange. Al primero por matar a mis padres, al segundo por haber acabado con Dumbledore y, a la tercera, por haber mandado a Sirius Black, mi padrino, a otra dimensión. Que se preparen todos ellos y los malditos Mortífagos, no dejaré vivo a ninguno si puedo hacerlo.
Se hizo una larga pausa en la que Harry miraba al techo con expresión aburrida mientras que el hombre tenía los ojos fijos en él.
- La venganza no es buena, mi querido muchacho.
- No es venganza sino justicia - aclaró.
- Bien, puedes irte.
Una hora después, los tres amigos estaban en el bar del Ministerio comentando como les había ido.
- A mí me dijo que estoy obsesionada con los elfos domésticos - se quejó Hermione.
- A mí con Voldemort y los Mortífagos - agregó Harry.
- Dijo que mis obsesiones son las arañas, el Quidditch y Percy - añadió Ron.
- Todos reprobaremos - se deprimió Hermione.
- No te preocupes, a lo mejor hay algún puesto en el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Harry y yo podríamos trabajar en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos - la quiso consolar Ron, pero fue peor porque de inmediato ella se puso a llorar.
- No... puede... ser... yo... yo quiero ser Auror.
- Tranquila, lo serás - le decía Harry, mientras miraba a Ron con gesto de reprobación.
- ¿Lo cre... crees?.
- Por supuesto. Además no es malo estar obsesionado con elfos, peor es estarlo con Mortífagos y con el Innombrable.
- Sí... cre... creo que... tienes razón - dijo secándose las lágrimas con una servilleta de papel.
Shacklebolt se acercó a ellos y, en un susurro, les preguntó:
- ¿Cómo les fue?.
- Más o menos - contestó Ron.
- Potter, tengo que hablar contigo - dijo levantando la voz a un nivel normal-, sígueme, por favor.
Harry lo siguió por unos corredores y luego tomaron el ascensor hasta el sexto piso dónde estaba el Departamento de Transportes Mágicos, continuaron caminando unos minutos y llegaron a una puerta que decía: CENTRO EXAMINADOR DE APARICION.
- Espera un segundo - le dijo el Jefe de Aurors al muchacho, mientras entraba a la oficina.
Unos instantes después salió y lo hizo pasar.
- Pasa... te irá bien - dijo mientras se retiraba del lugar.
Tres brujos con cara de pocos amigos lo observaban con atención.
- Potter, ¿verdad? - le preguntó el que parecía más viejo de los tres.
- Sí, señor.
- Sabes muy bien que para ser Auror debes aprender a aparecerte.
- Yo sé aparecerme - se defendió-, sólo que nunca tome el examen.
- ¿Por qué no?.
- Aparecerme me da una sensación horrible.
- Pero sabes perfectamente que sin ese examen aprobado no puedes ser Auror - dijo otro de los hombres.
- Sí, señor.
- Entonces tendrás que rendir el examen de aparición, ¿estás listo?.
- Sí - dijo alzándose de hombros.
- Ven conmigo - le dijo el tercero, que todavía no había hablado.
Lo llevó a una sala contigua y lo hizo parar sobre un círculo, igual que como lo había hecho en Hogwarts.
- ¿Ya sabes como es esto?.
- Sí, tengo que aparecerme en el círculo que está frente a mí.
- Recuerda las tres Ds: Destino, Determinación y Deliberación. ¿A la cuenta de cuatro?.
Harry asintió con la cabeza.
- Ahí vas... uno... dos... tres... cuatro.
Harry apareció en el otro círculo con cara de asco.
- ¡Perfecto Potter... perfecto! - se alegró-. Bueno, entonces, vamos afuera.
Salieron los dos y el brujo más anciano, le dio la licencia que decía: Harry James Potter, Número: 17-777-666-13, examen de aparición aprobado por el Departamento Regulador de Transportes Mágicos, Centro Examinador de Aparición.
- ¡Que tengas mucha suerte! - dijo el brujo que lo había examinado.
- ¡Gracias señor! - exclamó mientras salía de la sala y se dirigía nuevamente al ascensor para ir al bar con sus amigos.
Cuando llegó se encontró con una sorpresa, su padrino estaba allí.
- ¡Hola Sirius!.
- ¡Hola Harry!.
Ambos se abrazaron.
- ¿Dónde te habías metido?.
- Shacklebolt me llevó al Centro Examinador de Aparición.
- ¿Y? - preguntaron Ron y Hermione a coro.
- Ya tengo mi carnet - dijo mientras lo sacaba y se lo mostraba a sus amigos.
- ¡Muy bien, así se hace! - exclamó Sirius.
- Tenemos que irnos - dijo Hermione mirando su reloj-. Nos toca la prueba de aptitud física en quince minutos, nos tenemos que encontrar con Chang y McGonagall.
- ¿La profesora? - preguntó Sirius.
- No, Michael McGonagall.
- Iré con ustedes, hace años que no lo veo - explicó Sirius.
Los cuatro se levantaron de sus sillas al mismo tiempo y fueron al segundo piso. Ahí estaban los profesores tomando lista a los presentes.
- ¿Sirius... Sirius Black? - preguntó Michael McGonagall como si no pudiera dar crédito a lo que veían sus ojos.
- Sí, viejo amigo, soy yo.
Ambos se dieron un gran abrazo.
- ¿Qué estás haciendo aquí?.
- Vine a acompañar a mi ahijado - dijo señalando a Harry con un movimiento de cabeza.
- ¿Eres el padrino de Potter?.
- Sí.
- ¡Que bien!. Oye, tenemos que vernos otro día para hablar de viejas épocas, ahora estoy ocupado. Mándame una lechuza así nos ponemos de acuerdo en cuando y dónde nos encontramos.
- Así lo haré Michael y pórtate bien con Harry.
- Estoy seguro que me llevaré con él tan bien como me llevaba con James.
- El es un muchachito muy especial - dijo mirando a Harry con cariño.
- Se nota que lo quieres mucho, ¿verdad?.
- Lo quiero más de lo que él cree.
- Michael, ya terminé de tomar lista - los interrumpió Chang.
- Ya voy - contestó y luego, dirigiéndose a Sirius-. Nos vemos camarada.
- Nos vemos.
Ese día fue el peor que los chicos habían pasado en sus vidas, primero fueron a un gimnasio y estuvieron levantando pesas, haciendo flexiones y un montón de otros ejercicios, durante una hora. Después tuvieron dos horas de karate y boxeo, todo esto con el profesor Chang. A las tres de la tarde pararon sólo para comer unos bocados y de inmediato, McGonagall, los hizo aparecerse en un campo que parecía militar, ahí les hicieron cargar unas pasadas mochilas y en las manos tenía que tener las varitas preparadas. Los muchachos treparon altos muros, se arrastraron por el fango bajo interminables hileras de alambres de púas, se balancearon en largas cuerdas para saltar enormes charcos, tenían que desaparecerse y aparecerse en otro lugar, y por si esto fuera poco, todo lo tenían que hacer esquivando y repeliendo hechizos y maleficios que les lanzaban los entrenadores. A la noche llovía torrencialmente y hacia muchísimo frío, la primera guardia fue para Harry. Un muchacho que él no había visto en su vida se le acercó, era alto y carilindo, muy parecido a Cedric Diggory.
- ¡Hola, so... soy Ma... Marcus Diddle! - dijo el chico tiritando.
- ¡Hola, yo soy... Ha... Harry Po... Potter! - lo saludó temblando.
- ¡Que no... noche horrible!, ¿ve... verdad?.
- Sí, es... espantosa. Tú no... no estu... tuviste en Hogswarts, ¿o sí?.
- No... yo... ve... vengo de una escuela en Ir... Irlanda. Me... di... dijeron que el colegio de A... Aurors de aquí es mu... mucho mejor que el de allá. Bue... bueno... - dijo el muchacho mirando su reloj- ya terminó mi tu... turno. Nos ve... vemos.
- Hasta lu... luego.
Harry continuó en medio de la lluvia y el incesante frío. Una voz conocida lo llamó, el muchacho entornó los ojos para poder saber quien y de donde lo llamaban porque la lluvia era tan copiosa que apenas si lo dejaba ver. A lo lejos divisó una cabeza que salía de una tienda.
- Potter, ven aquí.
El corrió hacia el lugar, era Michael McGonagall.
- ¿Sí, se... señor?.
- Entra de una vez.
- No pue... puedo señor... mi tu... turno todavía no aca... acabó.
- Pero estas empapado y muerto de frío.
- Bue... bueno, si es que llego a ser Auror no voy a po... poder irme de la guardia, no im... importa como esté el tiempo, así que me... mejor es que me acostumbre desde ahora, ade... además mi turno termina en quin... quince minutos, se... señor.
Michael McGonagall le sonrió complacido.
- Muy bien dicho Potter... muy bien dicho.
- ¿Me voy a mi pu... puesto señor?.
- Sí, ve a tu puesto.
Harry salió corriendo y volvió a pararse donde estaba antes. Unos minutos después entró en la tienda Kingsley Shacklebolt con cara de pocos amigos.
- ¡McGonagall, te dije que hicieras entrar a Potter! - le dijo muy disgustado.
- Pero, señor, le dije que entrara - se excusó-, pero dice que quiere terminar su turno.
- ¿De veras? - preguntó sonriente.
- Sí, señor.
- Es igual a su madre.
- Y a su padre también, yo vi a James en los partidos de Quidditch y no importaba que clima hiciera, jamás se bajaba de su escoba hasta que no terminaba el juego.
- Este muchacho será el mejor Auror que podamos conseguir.
- ¿Sabe como le fue en el examen psicológico?.
- Mmmm... no lo sé, ya sabes que Quincy piensa que todos están locos menos él. Estuve con Black y me contó que los muchachos le dijeron que según el psicólogo estaban todos obsesionados con algo.
- Bueno, a mí me dijo que estaba obsesionado con el Quidditch - observó.
- Eso no es nada, Potter está más que obsesionado con Voldemort.
- Yo también lo estaría si él hubiera matado a mis padres.
Instantes después se asomó a la tienda un rostro pálido de cabellos mojados.
- Señor, ya te... terminé mi turno... se... señor - dijo Harry.
- Bien - dijo Shacklebolt-, ve a secarte y a dormir. Dile a Weasley que te reemplace ahora.
- Gra... gracias, se... señor, lo haré.
A la mañana siguiente volvieron al Ministerio y cada uno a su casa. Tres días después fueron convocados para darles los resultados.
- Muy bien - dijo Shacklebolt-. Este año sólo quedaron cuatro de ustedes.
Hermione tragó saliva y lo miró a Harry, el chico estaba de lo más tranquilo. Ron, en cambio, no hacía más que comerse las uñas.
- Los nombres de los estudiantes son: Harry James Potter, Marcus Diddle, Hermione Jane Granger y... mmm... sí... Ronald Bilius Weasley. Los demás se pueden retirar.
Los otros muchachos se fueron del aula protestando.
- Bien, aquí tenemos al grupo selecto - dijo el Jefe de Aurors con una enorme sonrisa-. Las clases comienzan el lunes, así que deben tener los libros que les hemos pedido y la túnica del Ministerio. Ya pueden retirarse. ¡Suerte a todos!.
- ¡Gracias, señor! - dijeron a coro.
Hermione estaba tan feliz que no paraba de hablar, Ron ni se movía, Harry sonreía y Marcus los miraba a los tres con cara extraña.
- Ustedes se conocen, ¿verdad? - le preguntó a Harry.
- Sí, hemos sido amigos desde el primer año del colegio.
- Que bueno que pueden estar juntos.
- Vivimos juntos.
Marcus lo miró interrogativamente.
- Ellos viven muy lejos del Ministerio - le explicó-. Así que se quedan conmigo y mi padrino.
- Yo estoy viviendo en un hotel, el Palace - les contó-. No me gusta aparecerme, así que preferí quedarme aquí en vez de volver a Irlanda a cada rato, es mucho viaje.
- Sí, tienes razón. A mí tampoco me gusta aparecerme, me da una sensación espantosa - le dijo Harry.
- Bueno, al menos tenemos algo en común - dijo sonriendo.
Todos bajaron del ascensor y salieron del Ministerio. Ron fue al Callejón Diagon para pedirle dinero a los mellizos. Harry fue con Hermione a Gringotts, él para buscar dinero y ella, para cambiar dinero muggle por Galeons, Sickles y Knuts. Luego, los tres, fueron al número doce de Grimmauld Place.
- Y bien, ¿cómo les fue? - preguntó Sirius.
- ¡Más que espectacular! - dijo Ron.
- Quedamos los tres - explicó Harry.
- ¡Esto es excelente! - exclamó Sirius-. Tenemos que festejar.
Harry y Sirius fueron a un Supermercado y compraron las cosas para una gran fiesta.
Después de dejar los comestible, Harry fue al Hotel Palace y trajo con él a su nuevo compañero de estudio. Por la noche estuvieron todos en la casa de Sirius: Ojoloco, Tonks y Remus, Hadrid, Alexandra, Kingsley Shacklebolt, la familia Weasley (sin Percy), los padres de Hermione, la tía de Harry y, por supuesto, Marcus Diddle.
El Lunes, a las ocho de la mañana, Hermione, Harry y Ron entraron en el Ministerio con sus túnicas y libros nuevos. Percy los saludó de lejos, pero Harry y Hermione se acercaron a él, Ron siguió camino hacia el ascensor, pero se arrepintió y quedó esperándolos en la fuente de Los Hermanos Mágicos (que fue reconstruida después de la batalla en el Ministerio).
- ¡Hola Percy! - exclamaron a coro.
- ¡Hola!. ¿Cómo están?.
- ¡Muy bien! - dijo Hermione.
- Hoy es nuestro primer día de clases, bueno, ya sabes eso - dijo Harry.
- Sí, por supuesto.
En ese momento llegó el señor Weasley.
- ¡Hola! - saludó muy serio.
- ¡Hola! - contestaron los tres.
- ¿Dónde esta Ron?.
- En la fuente - dijo Hermione señalándolo con un movimiento de cabeza.
- Oh, si, ya lo veo - luego se dirigió a Percy-. ¿Puedo hablar contigo?.
- Por supuesto.
Ambos se alejaron hasta llegar hasta las puertas de calle. Los tres amigos los observaron unos minutos. En un momento dado, Percy, se pasó la manga de la túnica por los ojos (señal que había llorado) y luego le dio un gran abrazó a su padre. El muchacho fue hacia la calle y el señor Weasley se acercó a los chicos.
- ¿Qué hacen ahí? - les dijo de mal humor-. Llegaran tarde el primer día de clases.
Los tres entraron al ascensor corriendo y, minutos después, entraron a clases de Pociones. No era tan insoportable como cuando habían hecho los exámenes para ingresar a los cursos. Si un día tenían Defensa Personal con Chang, al otro les tocaba una materia en donde no tenían que usar tanto el cuerpo. Así que se la pasaban más o menos bien. La materia que más le gustaba a los cuatro era Defensa contra las Artes Oscuras con el profesor Moody, aunque Ojoloco estaba medio chiflado, ellos lo querían y respetaban, aprendieron mucho con él. Ese año fue tranquilo. Muy pronto llegó la Navidad, Marcus viajó a Irlanda para estar con su familia; los Weasley decidieron pasar las fiestas en la casa de Sirius, así que este estaba más que contento. Después del brindis de media noche todos fueron a dormir y a la mañana temprano, antes de desayunar, se dirigieron al árbol para buscar sus regalos. Ginny descubrió, disgustada, que Harry no le había regalado nada. Sin embargo, su regalo estaba en otro lado.
Ella estaba muy ofendida cuando se sentaron a la mesa para disfrutar de los manjares que había preparado Winky. Pero Harry no se sentó sino que corrió escaleras arriba y segundos después volvió a bajar con una enorme sonrisa. Golpeo una taza con una cuchara para que todos prestaran atención. Así que hicieron silencio y escucharon lo que quería decir.
- Sé que aquí hay una persona que está enojada porque cree que no tiene regalo de mi parte pero este obsequio es tan especial que me pareció que no era correcto ponerlo bajo el árbol - Ginny no entendía adónde iba a parar todo ese discurso pero, por lo menos, sabía que él le había comprado algo-. Te lo quería dar personalmente - dijo mientras sacaba una pequeña cajita del bolsillo de su pantalón y se arrodillaba junto a ella-. Ginny, ¿quieres casarte conmigo?.
La muchacha se puso blanca como un papel y lo miró con los ojos como platos. Los demás tampoco podían creer lo que estaban viendo y escuchando. Al no recibir la respuesta de Ginny, él se levantó y tiró la cajita en la mesa.
- Claro - dijo con los ojos llenos de lágrimas-, quien va a querer casarse con alguien que puede morir en cualquier momento.
Harry subió las escaleras como un rayo y lo último que se escucho fue el golpe de una puerta al cerrarse.
- ¡Ginny... Ginny... ! - la llamó Sirius, ella lo miró-. Ve a hablar con él.
Ella tomó la caja de la mesa y subió. Quiso entrar a la habitación pero la puerta estaba cerrada.
- Abre la puerta - pidió.
- Deja... me en paz - se escuchó la voz de Harry ahogada por el llanto.
- Vamos Harry, hablemos.
- No... quie... ro hablarte.
- Deja de comportarte como un niño, ¿quieres?.
No recibió respuesta, ya harta tomo la varita y dijo:
- Alohomora - la puerta se abrió de inmediato.
- Te dije que... no que... ría hablarte - estaba acostado en su cama, llorando e hipeando con descontrol.
- Si no querías que entrara tendrías que haber puesto algún hechizo en la cerradura, ¿no te parece?.
El continuó llorando sin decir palabra.
- No llores, por favor. Mira, lo que pasó es que me sorprendiste, yo esperaba un libro de hechizos avanzados o tal vez una lechuza, yo que sé, pero nunca esto.
- ¿Qué quieres... decir? - dijo incorporándose un poco.
- Quiero decir que hagas los honores - dijo ella devolviéndole la caja y dándole la mano.
- ¿Quieres casarte conmigo? - dijo él dejando de llorar.
- Por supuesto que quiero.
El sacó de la cajita un magnifico anillo de brillantes y se lo puso, ella quedó maravillada.
- ¡Harry, esto debe haberte costado una fortuna! - exclamó.
- En realidad no me costó nada. Hace poco Sirius me lo dio, le perteneció a mi madre, así que cuídalo bien.
- Cuidaré de este anillo y también de ti - dijo mientras lo abrazaba y le daba un beso.
- ¿Vamos a comer las castañas azucaradas que hizo Winky?.
- Sí, vamos abajo.
Cuando llegaron al comedor todos los miraron en silencio entonces Ginny mostró el dedo con el enorme anillo, orgullosa de ser la futura esposa de Potter. Todos aplaudieron y felicitaron a la pareja. Lily lloraba en el cuadro junto a James y el joven Sirius.
Las fiestas pasaron volando y pronto comenzaron las clases nuevamente. Ese Lunes llegaron más que temprano y volvieron a toparse con Percy.
- ¡Hola muchachos! - dijo con una sonrisa.
- ¡Hola! - dijeron Harry y Hermione, pero Ron no contestó.
- ¿Alguna novedad? - le preguntó a Hermione.
- Oh, sí. Harry y Ginny se comprometieron en Navidad.
- ¡Felicitaciones! - dijo Percy con una enorme sonrisa-. Yo estoy haciendo planes con Penélope pero, ya sabes, casarse es un gasto tremendo. Bueno, muchachos - dijo cambiando de conversación-, ya tengo que ir a trabajar y ustedes a clases. ¡Adiós!.
- ¡Hasta luego! - dijeron Hermione y Harry.
Percy se dirigió al ascensor.
- La verdad, lo tuyo ya es estúpido - le dijo Hermione a Ron, muy enojada.
- ¿A qué te refieres?.
- A que deberías hacer las paces con tu hermano.
- No me hables de eso.
- Te vas a arrepentir y, tal vez, tu arrepentimiento llegue muy tarde - le dijo Harry.
- ¿Sirius te lavó el cerebro?.
Harry suspiró y no contestó.
- No se puede hablar contigo - le dijo Hermione.
- Mejor vamos al ascensor - dijo Ron cambiando de tema-, llegaremos tarde a clases con Pórtland.
Después de dos horas de Pociones tuvieron un pequeño recreo y fueron al bar del Ministerio. Percy estaba sentado en una mesa hablando con su novia. Ron lo miraba fijamente.
- Ya vuelvo - dijo parándose de repente y yendo hacia la mesa de su hermano.
Ron y Percy se miraron unos segundos.
- ¿Necesitas algo? - preguntó Percy.
- Tenemos que hablar.
- Ya lo creo.
- Vamos a un lugar más privado.
- En mi oficina - dijo Percy poniéndose de pie.
- Me parece bien.
- Ya vuelvo, Penélope.
- Aquí te espero - dijo ella.
Harry y Hermione los vieron irse. Ron y Percy subieron al ascensor y bajaron en el quinto piso donde estaba el Departamento de Cooperación Mágica Internacional.
- Betty, necesito que nadie me moleste por unos minutos - le dijo a una muchacha que estaba tras un escritorio.
- Así será, señor Weasley.
- Oh, no los he presentado, él es mi hermano Ronald - le dijo a la chica.
Ella se levantó y le dio la mano emocionada, como si estuviera saludando al Primer Ministro Británico.
- Por fin lo conozco, su hermano me ha hablado de usted - Ron miró a Percy de reojo pero este ya había entrado en su oficina-. Usted es el que estudia para Auror, ¿verdad?.
- Sí - contestó escuetamente.
- El señor Weasley lo admira mucho, no hace más que hablar del futuro Auror de la familia, así lo llama él - dijo la muchacha en un susurro.
- Betty, deja en paz a mi hermano - dijo Percy asomando la cabeza por la puerta entreabierta de la oficina-. Ven Ron, apúrate o llegarás tarde a la clase de Moody.
Ron entró a una amplia oficina revestida en madera y, no pudo creer lo que vio, en las paredes habían montones de fotos de la familia: Cuando todos fueron a Egipto; Bill parado en la entrada de una pirámide; Charlie y otras personas tratando de enlazar a un dragón; Ron, George y Fred montando en las escobas en el patio de la casa; Ginny soplando las velitas de su octavo cumpleaños y otra de sus padres. En el escritorio había un portarretrato con una foto de Penélope, que sonreía complacida.
- ¿Necesitas algo?.
- ¿Hiciste las paces con papá? - preguntó rápidamente.
- Sí, ¿por qué?.
- ¿Qué le dijiste para que te perdonara?.
- Le dije que me comporte como un patán y que no merezco que me perdonen pero que igualmente estaba arrepentido de lo que hice y dije.
- ¿Qué te dijo él?.
- Sólo que no lo haga más o la próxima vez iba a poner un encantamiento en la puerta de casa para que yo no vuelva a entrar.
- ¿Te perdonó? - preguntó indignado.
- Sí, antes que nada soy su hijo y me quiere.
- Debería odiarte.
- Si así fuera no lo culparía, me merezco algo peor que su odio.
- Sí.
- Bueno, hermanito, si eso es todo te recomiendo que te apures o llegarás tarde a clases de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- Yo... no te odio... Percy - dijo Ron con los ojos llenos de lágrimas-. Es que estoy furioso, tú no sólo insultaste a la familia, sino también a Harry.
- Pues parece que tu amigo ya ha olvidado lo que dije de él.
- Sí, por supuesto. ¿Me prometes algo?.
- Mmmm... según lo que tenga que prometer.
- Prométeme que nunca más vas a hacer lo hiciste ni decir lo que dijiste.
- Eso es fácil de prometer, así que lo prometo.
De repente Ron hizo algo que sorprendió a Percy, se acercó corriendo y lo abrazó con todas sus fuerzas.
- Aunque... seas un latoso... insoportable... yo te quiero mucho... Percy - dijo Ron llorando.
Percy le devolvió el abrazo.
- Yo también te quiero hermanito. No llores, ¿sí?.
Ron se pasó la manga de la túnica por los ojos para secarse las lagrimas.
- Bueno, ve a clases de una vez - le dijo Percy con una sonrisa.
- Nos vemos - dijo Ron saliendo de la oficina. Tomó el ascensor y bajó en el segundo piso.
Después de las clases de Defensa, los muchachos volvieron a la casa de Sirius y, al entrar en la cocina, se encontraron con Winky y Dobby que estaban discutiendo acaloradamente.
- Te he dicho un millón de veces que no voy a dejar al señor Black.
- El puede valerse por sí mismo. Nuestros sentimientos son más importantes que lo que diga Black.
- Ya estoy cansada de esta conversación - chilló Winky saliéndo de sus cavales.
- ¿Qué es lo que sucede aquí? - preguntó Hermione.
Los dos elfos domésticos los miraron.
- Lo siento mucho señores y señorita, pero no puedo convencer a Dobby para que me deje en paz. Además, él...
- Un momento - la interrumpió Harry-, ¿por qué están peleando?.
- Le he dicho a Winky que quiero casarme con ella - explicó Dobby-, pero dice que no quiere dejar al señor Black por nada del mundo.
- No me gusta Hogwarts, te lo he dicho un millón de veces - chilló Winky.
- Dobby, ¿te gusta esta casa? - le preguntó Ron.
- Sí, es muy bonita - respondió el elfo.
- Todo está solucionado - dijo Hermione sonriendo-, Dobby debe hablar con Lupin para que lo libere de sus obligaciones en el colegio y Sirius puede contratarlo para que trabaje aquí.
- ¡Gracias señorita... muchas gracias! - dijo Dobby con los ojos llenos de lágrimas.
- Antes de pedir la renuncia en Hogwarts debes asegurarte que Sirius te contrate para trabajar ayudando a Winky en esta casa - dijo Ron.
- ¡Esa es una muy buena idea! - exclamó Hermione.
Dobby desapareció y a los pocos minutos apareció con una sonrisa de oreja a oreja.
- El señor Black dice que estaría feliz de tenerme trabajando aquí.
- ¡Espectacular! - exclamó Harry-. Ahora ve a Hogwarts y habla con Lupin.
Dobby volvió a desaparecer. Pasaban las horas y el elfo no volvía.
- ¿Qué crees que ha pasado? - preguntó Hermione a Harry.
- Bueno, o Remus se negó a dejarlo partir o, tal vez, está tan ocupado que no pudo atenderlo.
En ese momento escucharon un PLIN y Dobby apareció con una enorme sonrisa.
- ¿Qué sucedió? - le preguntó Hermione.
- ¡Oh, señorita!. El señor director me ha dicho que esta feliz porque estoy enamorado y me libera de los servicios al colegio.
- Winky, ven aquí - dijo Harry.
Con un PLIN la elfina apareció en el comedor.
- ¿Señor, señorita?... ¿Dobby?.
El elfo corrió hacia ella y la abrazó.
- ¡Podemos casarnos Winky!.
La elfina comenzó a llorar.
- ¿Qué es todo este escándalo? - preguntó Sirius que bajaba la escalera hacia el comedor.
- Remus le dijo a Dobby que podía venir a trabajar aquí - le explicó Hermione.
- ¡Excelente!. Dime, Dobby, ¿cuánto te pagan en Hogwarts?.
- Un Galeon a la semana, ¿por qué?.
Sirius pensó unos segundos y agregó:
- Es muy poco, te pagaré dos Galeons a la semana y tendrás los sábados y domingos libres, ¿estás de acuerdo?.
- ¡Oh, señor, sabía de su grandeza!. No puede ser de otra manera siendo padrino de Harry.
Sirius se puso colorado.
- ¡No es para tanto!. Además, ahora necesitaras más dinero.
- ¿Por qué?.
- Bueno, tendrás a una esposa que mantener ya que Winky se rehusó terminantemente a recibir dinero por sus servicios y, además, en algún momento vendrá un pequeño elfito en camino, ¿no te parece?.
Dobby no soportó tanta bondad y se puso a llorar a mares abrazado a Sirius.
Dos días después Harry y Ginny planificaban su propia boda en el comedor de Grimmauld Place.
- Se me acaba de ocurrir algo - le dijo Harry-. ¿Qué te parece si hacemos una boda triple?.
- ¿Boda triple?.
- Dobby y Winky están tan mal de dinero como Percy y Penélope, por eso pensé que podíamos unir las de todos para que ellos puedan casarse sin tener que gastar tanto.
- ¡Oh, Harry, por eso te amo! - le dijo dándole un beso-. Siempre estás pensando en los demás.
El Lunes a la mañana se encontraron con Percy en el hall del Ministerio.
- ¡Hola Percy! - lo saludaron.
- ¡Hola muchachos!. ¿Cómo están?.
- ¡Muy bien!. Tengo que hablarte en privado - le dijo Harry.
- ¿Algún problema con Ron? - preguntó preocupado.
- No, él está perfectamente bien. Es que a Ginny y a mi, se nos ocurrió una idea pero queríamos saber si te gustaba. ¿Tienes tiempo después de clase de Pociones?.
- Sí, te espero en mi oficina.
- Te veo luego.
- Hasta pronto.
Dos horas después fue a la oficina. Betty, la secretaria de Percy, los recibió.
- ¿Puedo ayudarles?.
- Percy me está esperando - dijo Hermione.
- ¿Nombre?.
- Harry Potter - dijo Harry.
Parecía que Betty se iba a desmayar.
- ¡Sirenas enlatadas... Harry Potter!. No sabía que el señor Weasley tuviera semejantes amistades - decia mientras estrechaba la mano del muchacho sin parar-. Un segundo, ahora mismo voy a ver si los puede recibir.
La muchacha asomó la cabeza por la puerta de la oficina.
- Perdón, señor, pero el señor Potter lo está esperando.
- Hazlo pasar - se escuchó la voz de Percy desde adentro.
- Pase, pase por favor - dijo la secretaria.
- ¡Gracias!.
Pasaron a la oficina y vieron que Percy estaba con Penélope.
- Los dejo solos - dijo la muchacha tomando su bolso.
- No te vayas, esto también te interesa a ti - le dijo Harry.
De inmediato se sentaron y Harry les contó lo que tenía pensado hacer.
- ¡Estas loco! - exclamó Percy-. ¡Pagarás todo!.
- No, yo no he dicho eso porque sé que jamás lo aceptarías.
- ¿Entonces?.
- Lo que digo es que cada uno ponga los Galeons que tenga.
- ¿Algo así como un fondo común? - preguntó Penélope.
- ¡Exacto!.
- No es mala idea.
- Así podrán casarse antes que comiencen las clases otra vez. Tenemos planeado casarnos antes de septiembre.
- No lo sé - dijo Percy rescándose la nuca.
- ¡Vamos, Percy!. Sábes muy bien que no podrás casarte hasta dentro de cinco años si no aceptas este trato. Bien, yo me voy o llegaré tarde a la clase de Moody. Piénsalo, ¿sí?.
- Lo pensaremos.
Salió de la oficina y saludó a Betty, que todavía seguía excitada por la presencia de Harry.
Al siguiente fin de semana, Ginny y Harry, comenzaron a hacer la lista de invitados.
- Mmmm... bien... yo puse a mi tía, Luna... mmm... Tonks, Remus, Neville, Sirius, Seamus y Dean - dijo Harry.
- Yo a mis padres, mis hermanos y Fleur, Ojoloco, Shacklebolt, a Remus ya lo pusiste - dijo tachando el nombre de su lista-, Alexandra... Hadrid y creo que nadie más.
- Yo tengo unos diecisiete, ¿y tú?.
- Mmm... a ver... yo a unos quince, pero luego tendremos que sumar los invitados de los demás.
- Creo que no seremos menos de cien.
- Todavía tenemos que esperar la respuesta de Percy y Penélope.
- Espero que acepten.
Una semana más tarde Hermione, Harry y Ron se encontraron con Percy.
- ¡Hola! - dijeron todos.
- ¡Hola muchachos!.
- ¿Ya pensaste en nuestra propuesta? - le preguntó Harry.
- Penélope dice que no hay problema, que está de acuerdo.
- ¿Tú que opinas?.
- Que las mujeres mandan.
Todos rieron.
- Bueno, ya me voy. Luego nos encontramos para organizar todo.
- Como quieras - dijo Harry-, pero recuerda que Ginny sólo puede los fines de semana porque aun va a Hogwarts.
- Entendido.
Percy se fue y ellos siguieron rumbo al ascensor.
- ¿Qué propuesta es esa? - preguntó Ron.
- Harry pensó que sería bueno juntar la boda de ellos, la de Winky y Dobby, y la de él con Ginny.
- ¡Qué buena idea!.
Transcurrieron las semanas y los preparativos para la boda triple se aceleraban. Ginny, Penélope y Winky se probaban sus vestidos de novias. Harry, Percy y Dobby se habían comprado elegantes túnicas negras.
Los mellizos fueron a Grimmauld Place en cuanto recibieron la invitación y no estaban nada felices. Las llamas de la chimenea se pusieron verdes y de estas salieron Fred y George con cara de pocos amigos.
- ¡Hola!. ¿Cómo están? - preguntó Harry con una sonrisa.
- No muy bien - dijo Fred.
- Nos parece una locura - continuó George.
- ¿Qué es lo que les parece una locura? - preguntó, aunque ya sabía cual iba a ser la respuesta.
- ¿Por qué Percy tiene que casarse con ustedes? - preguntó George.
- No tenemos inconvenientes con Dobby y Winky, pero Percy...
- Miren - dijo Harry exasperado-, ya estoy harto. Si no quieren venir no vengan. Percy es una buena persona y está arrepentido. Haremos esta boda con Percy y Penélope, les guste a no, ¿entendieron?.
Fred y George se miraron perplejos, no se esperaban una reacción así de parte de Harry.
- Esta bien - dijo Fred-, claro que queremos ir.
- Sólo queremos estar bien lejos de la mesa de ellos - terminó George.
- No se preocupen, los sentaremos con Hermione.
- ¡Muy bien! - exclamó Fred muy contento.
- Ya nos vamos. Sortilegios Weasley - dijo George tirando polvo Flu en la chimenea y desapareciendo seguido de Fred.
Las semanas pasaron volando y llegó la noche de la boda, más de un centenar de invitados de las tres parejas se hicieron presentes en la fiesta que se llevó a cabo en el jardín de La Madriguera. Era algo digno de ver. Winky y Dobby se casaron en el Callejón Diagon con un ministro elfo y los demás en la misma iglesia que Fleur y Bill. La señora Weasley contemplaba embelesada a Percy. Hermione bailaba con Neville. Tonks estaba muy cariñosa con Remus, se la pasaba acariciándolo y dándole besos en las mejillas. Sirius miraba como bailaban Harry y Ginny, mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Alexandra acariciaba los cabellos de él para consolarlo. Tía Petunia estaba sentada en la mesa de Remus y Sirius. Ojoloco bailó con McGonagall, hasta que la mujer se hartó que le estuviera pisando los pies con su pata de palo. George y Fred hacían estallar fuegos artificiales multicolores (las ya conocidas magicajas y dos o tres de las deflagraciones) que escribían cosas como: Felicidades a las parejas, Amor por siempre, otros formaban corazones atravesados por flechas y cosas por el estilo. Era una fiesta donde no faltó nada, ni comida, ni bebida, ni música.
- ¿Sabes Remus?. Espero que Harry y Ginny tengan más suerte que James y Lily - dijo Sirius.
- No hables así - contestó Remus-, estás atrayendo la mala suerte siendo tan negativo.
- Es que esto me hace acordar a la boda de ellos y lo felices que se veían y... bueno... y luego paso... bueno... ya sabes - dijo tratando que la voz no le temblara.
- No te preocupes, estarán bien - le dijo Remus mientras le palmeaba la espalda y le sonreía.
Más allá, los mellizos se acercaron a la mesa de Percy, este estaba hablando con Shacklebolt sobre lo que estaban haciendo los Aurors y si tenían alguna noticia del Innombrable.
- Por favor, Percy, es nuestra boda - dijo Penélope enojada-. ¿Podrías dejar el trabajo para otro momento?.
- Ella tiene razón - dijo el Auror.
- Está bien, como quieras. ¡Hola muchachos! - dijo viendo a sus hermanos-. Los fuegos artificiales estuvieron de lujo.
- Sí, claro - dijo George con cara de pocos amigos.
- Mamá me contó lo que hicieron en el colegio con ellos, por supuesto que no me causó nada de gracias. Luego Ron me dijo lo que Umbridge había hecho y, la verdad, que la idea de ver fuegos artificiales recorriendo el colegio no me pareció tan descabellada. Está bien, confieso que yo tuve mis dudas igual que la mayoría, pero jamás hubiera usado la pluma de castigo que usó ella con Harry. ¡Es una maldita bruja! - exclamó enojado-. La verdad que lo que hicieron ustedes no fue nada, se tendrían que haber vengado mucho peor. ¡Vieja loca!. ¡Gracias a Merlín que también todos los profesores estaban en su contra! - culminó mientras tomaba aire y luego decía-. Lo siento, ¿querían decirme algo?.
- Tenemos que hablar - dijo Fred.
- Entremos en la casa.
Los tres fueron a La Madriguera y se sentaron en los sofás.
- Bien - dijo Percy-, los escucho.
- Sabemos muy bien que toda la familia te perdonó - dijo George.
- Bueno, tanto como toda la familia.
- Esta bien - dijo Fred-, menos nosotros.
- Queremos decirte que si se te ocurre hacer llorar a mamá una vez más te tiraremos un maleficio tan grande que no te reconocerá nadie - dijo George mirándolo con odio.
- Miren, muchacho, ya he pedido perdón más de un millar de veces y no he obtenido nada de parte de ustedes. Sé que me comporté como un patán, así que no tengo defensa.
- Por supuesto que no la tienes - dijo Fred, muy enojado.
- Si sólo era para avisarme que me tirarán un malecifio, se los agradezco, así sabré atenerme a las consecuencias de mis actos. Ahora, si no les incomoda, tengo que ir con mi flamante esposa - dijo mientras se levantaba.
- Un momento, no terminamos contigo - dijo George.
Percy volvió a sentarse.
- Estuvimos hablando con Sirius, Ron, Harry, Ginny y Hermione - dijo George.
- ¿Y? - preguntó Percy ya arto.
- Ellos tienen razón, debemos dejar nuestras diferencias - dijo Fred.
- Sabemos que el Innombrable quiere enemistar a todos los magos, como ya lo hizo una vez - continuó George.
- Y nos parece que debemos unirnos para combatirlo - culminó Fred.
- ¿Me están perdonando?.
- Perdonar es olvidar... - dijo George.
- Y nosotros jamás vamos a olvidar las lágrimas que mamá derramó por tu culpa - lo interrumpió Fred.
- Exactamente - dijo George-. Estamos hablando simplemente de una tregua, hasta que el Innombrable sea destruido.
Percy le dio un gran abrazo a cada uno.
- ¡Oh, muchachos, con eso ya soy feliz!.
Los tres salieron y continuaron disfrutando de la fiesta.
Al otro día Harry y Ginny partieron una semana a Honolulu, regalo de Sirius. Percy y Penélope se quedaron esa semana en La Madriguera. Winky y Dobby permanecieron en Grimmauld Place pero tuvieron una semana libre antes de retomar sus actividades en la casa. Sirius recibía fotos de los muchachos una vez al día, la mayoría del correo lo entregaban diferentes aves tropicales, muy coloridas y ruidosas. Hedwig se sentía incómoda y enojada, pero de vez en cuando, Sirius le daba algún trabajo para que no se sintiera tan mal.
Una semana antes de que comenzaran las clases, Lupin llamó a todos los que pertenecían a la Orden del Fénix y a los que querían unirse a esta a una sesión extraordinaria en Hogwarts. Cuando todos estuvieron reunidos en el Gran Salón, les habló así:
- He creído conveniente llamar a esta reunión a todos los que quieran unírsenos porque Voldemort - todos se estremecieron al oír este nombre pero Remus siguió como si nada- tiene su manera de convocar a sus seguidores y sería útil que nosotros tengamos la nuestra.
Dicho esto tomó un enorme cáliz que había en la mesa de profesores.
- Cada uno deberá beber sólo un sorbo de esto, es una pócima muy especial que he realizado con el profesor Slughorn. Ya saben, solo un pequeño trago. No lo olviden.
Le dio la enorme copa a Úrsula.
- ¡Mmmm... que rico, sangre fresca! - exclamó con total satisfacción.
Luego le tocó el turno a los demás.
- ¡Puaj, es sangre y aún está tibia! - exclamó Ron con repugnancia.
- Deja de quejarte - dijo Ginny tomando un sorbo-. AAAAAAAYYYYYY.
- ¿Qué te sucede? - le preguntó Harry.
- No... sé... - contestó jadeante- sentí algo raro... en mi estómago.
- A lo mejor esta pócima a las mujeres les afecta distinto que a los hombres. A ver - dijo Ron mirando a todos lados-, Hermione, toma un poco.
Ella tomó un sorbo.
- Esto es repugnante - dijo poniendo cara de asco.
- Sentiste algo - le preguntó Harry.
- Mmmm... no... sólo me dio nauseas - dijo como pensando en voz alta.
Todos tomaron el brebaje que parecía no tener fin. Luego Lupin tocó los antebrazos izquierdos de todos con su varita, de inmediato apareció el dibujo de un fénix muy rojo.
- Este dibujo se desvanecerá en pocos segundos, así que no se preocupen. Cuando vuelva a ponerse colorado sabrán que han sido convocados por la Orden y tendrán que dejar lo que están haciendo y presentarse.
Todo culminó en unos minutos y todos volvieron a sus actividades.
- ¿Podría hacerte una pregunta? - le dijo Harry a Remus.
- La que quieras.
- ¿De dónde sacaron la sangre de la poción?.
- Es un poco de sangre de fénix. Tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie - le dijo Remus.
- Está bien, lo juro.
Los chicos volvieron a Grimmauld Place porque, al dia siguiente, tenían que ir al Callejón Diagon a comprar los libros y los materiales que necesitaban para las clases. Esa semana fue muy tranquila, Harry y Ron se la pasaron jugando al ajedrez mágico mientras Hermione comenzó a leer los nuevos libros.
Ya habían pasado dos meses desde el comienzo de clases, iban de Pociones a Oclumancia, de Defensa Contra las Artes Oscuras a Adivinación y así terminaban la semana con Defensa Personal, en el segundo años se sumaban, además, Ocultación, Disfraces, Sigilo y Rastreo. Todos era armonía y tranquilidad. Todavía no se sabía donde estaba Voldemort y el Ministerio era un avispero de magos de diferentes países que venían a prestar ayuda en contra del Innombrable.
Ginny, que ya había culminado sus estudios y que ahora vivia en Grimmauld Place, hacia una semana que se sentía mal. Estaba palida, ojerosa y se la pasaba con nauseas todo el tiempo.
- ¿Qué te sucede? - le preguntó Harry.
- No lo sé, pero jamás me sentí tan mal en mi vida.
- Deberías ir al medico.
- Sí, ya ire.
Pero parecía que no tenía la más mínima intención de pisar San Mungo para que alguien le dijera que era lo que tenía. Harry estaba arto así que, un buen día:
- Mira, vas a ir a San Mungo o te llevaré yo mismo, hace más de un mes que estas así - le dijo enojado.
- Está bien, voy a ir ahora mismo.
Ella fue a ver al sanador, como se lo había prometido a Harry.
- ¿Qué te dijo?.
- No tengo nada, es sólo una gran indigestión.
Pocos minutos después, Sirius pasó por la puerta del comedor y escuchó que Ginny y Ron estaban discutiendo acaloradamente.
- ¿Estás loca?. Tienes que decírselo a Harry.
- Tienes que prometerme que no le dirás nada.
- Lo sabrá de todos modos.
- Por favor, dime que no se lo dirás.
- Está bien... ¡por las barbas de Merlín!... Harry me matará.
Ron salió y se puso pálido al ver a Sirius.
- ¿Qué sucede?.
- Pregúntaselo a ella - le dijo mala manera.
Luego subió la escalera a su cuarto, Ginny salió del comedor y también subió sin siquiera mirar a Sirius.
Esa noche Ginny se puso a hablar con Harry mientras estaban en la cama y esperaban que el sueño les llegara.
- ¿Te gustaría tener hijos? - le preguntó ella.
- Un millón - dijo él con una sonrisa, luego se puso serio-. Pero creo, que como están las cosas, no sería bueno traer niños a este mundo. No soportaría que mi hijo tuviera que vivir encerrado bajo una escalera.
- Bueno, no creo que mis padres hagan eso - dijo ella sonriendo.
- Olvidé que estaban tus padres y también Sirius.
- Sirius sería un buen ejemplo, claro, si nuestros hijos tuvieran cualidades mágicas, ¿no?.
- ¡Uy, sí, que gran ejemplo! - exclamó Harry.
Ambos rieron.
- No, definitivamente, no deseo niños en este momento - agregó-. Al menos no hasta que Voldemort sea destruido.
El le dio un beso y se dio vuelta dándole la espalda.
Harry soñó que Dumbledore dejaba un bebé en su puerta; luego Ginny tenía al niño en sus brazos, Snape venía y se lo quitaba diciéndole que se lo llevaría a Voldemort. El fénix que Harry tenía en su brazo izquierdo se dibujaba llamándolo.
El muchacho despertó y miró su brazo, no lo había soñado, la marca de la Orden brillaba con un rojo intenso.
- ¡GINNY... DESPIESTA... GINNY...! - le gritó mientras la sacudía.
- ¿Qué sucede? - le preguntó con voz de dormida.
- NOS LLAMAN, MIRA LA MARCA.
- ¡POR TODOS LOS CIELOS! - gritó ella saliendo de la cama-. Ve a llamar a los demás.
Harry salió corriendo de la habitación y vio que Sirius bajaba las escaleras a toda carrera.
- Nos están llamando - le dijo a Harry.
- Ya lo sé, voy a llamar a Ron.
Harry tocó la puerta de Ron.
- ¿Qué rayos sucede? - se escuchó la voz desde dentro del cuarto.
- ¿Puedo pasar?.
- Sí.
Harry entró como un rayo, tomó algunas prendas que Ron tenía en una silla y se las lanzó a la cama.
- ¡Levantate, ahora mismo!.
- ¿Qué sucede?.
- Mírate el brazo izquierdo.
Ron lo miró y saltó de la cama.
En menos de cinco minutos estaban listos y se aparecieron en las puertas del Ministerio. Miles de magos deseaban entrar para prestar sus servicios y ayudar en la lucha contra el Innombrable.
- Tengo miedo - le dijo Ginny a Harry.
- Ya pronto no habrá por que temer.
Ella lo abrazó con todas sus fuerzas.
- Tienes que quedarte.
- ¿Estás loco? - preguntó muy enojada.
- En tu condición no debes ponerte en peligro.
- ¿Qué condición?.
- Sabes muy bien a lo que me refiero.
- Te lo dijo Ron, ¿verdad?.
- El sabe guardar muy bien los secretos. Aunque ahora sé que Ron se enteró antes que yo. Creo que deberé tener una larga conversación con mi querido cuñadito.
- ¿Cómo lo supiste?.
- Simplemente, no soy tonto. Los síntomas que tenías eran los típicos de una mujer embarazada y, además, te rehusaste a que te acompañara a San Mungo. Luego, anoche, hablaste de tener hijos y ahí se confirmaron mis sospechas.
Bill Weasley estaba parado cerca de Ginny, Harry lo miró y le hizo una seña para que se acercara.
- Harry, te lo suplico, no me dejes aquí - le decía mientras se le llenaban los ojos de lagrimas.
Harry la beso como nunca la había besado antes, con ternura y a la vez pasión. Ella lo supo, era el beso del adiós.
- NO, TE LO SUPLICO - gritó desesperada.
- No lo hagas más difícil. Ambos sabíamos que este momento llegaría tarde o temprano. Así que lo mejor que puedes hacer por mí es cuidarte y cuidar al bebé.
- Harry yo...
- Ahora no - la interrumpió y luego la besó-. No es tiempo de hablar.
- ¿Y si no podemos hablar nunca más?.
- Puedes decirle a nuestro hijo que tuvo un padre valiente, que amó mucho a su madre y que hizo todo lo que pudo para que él viviera en un mundo mejor.
- No, no me dejarás atrás - espetó testaruda.
- Te amo. - miró a Bill por encima del hombro de Ginny-. Procede - le dijo.
- Desmaius - dijo él apuntando a su hermana con la varita, ella se desmayó en los brazos de Harry.
- Lo lamento - dijo él mientras comenzaba a llorar-. ¿Bill?.
- ¿Si?.
- Ya... ya sabes... lo que debes hacer.
- Sí, ya sé. Ginny me matará por esto - dijo meneando la cabeza negativamente.
Bill tomó el cuerpo inerte de su hermana y se lo llevó del lugar.
Todos se aparecieron al mismo tiempo en un campo cercano al Pequeño Hangleton, a unos dos kilómetros de la Mansión de los Riddle. Avanzaron en silencio en la noche estrellada, en grupos de cuatro o cinco personas. Todos iban vestidos a lo muggle, para no llamar la atención. Minutos después estaban en el cementerio y cada uno en sus posiciones.
Harry estaba sentado detrás de una lápida, esperando a que le dieran la orden de avanzar, cuando escuchó una voz conocida.
- Miren a quien tenemos aquí - dijo Snape arrastrando las palabras.
- Miren a quien tenemos aquí - repitió Harry con tono burlón-, al cobarde.
El rostro de Snape se puso blanco como un papel.
- No me llames así - dijo furioso.
- ¿No es de cobardes atacar a alguien que no se puede defender?.
De repente pareció que el hombre estaba triste, apoyó su espalda en una enorme lápida y luego se dejó deslizar hasta quedar sentado.
- Si supieras - le dijo a Harry.
- Claro que lo sé, profesor.
- Ya no lo soy, Potter, no soy más tu profesor.
- Quien enseña es profesor.
- ¿Yo? - preguntó desorientado-. Yo no puedo enseñarte nada.
- Si que puede.
Snape meneó la cabeza negativamente.
- Puede enseñarme que la gente cambia, Dumbledore pensó que usted había cambiado.
- Ya es tarde.
- Quiere matar a Voldemort, ¿no es así?.
- ¿Cómo lo sabes? - preguntó sorprendido.
- No importa, el punto es que lo sé y usted va a ayudarme.
- ¿De qué manera?.
- Necesito que mate al último Horcrux de Voldemort.
Snape quedó pensativo por un momento.
- No sé si pueda, no después de la promesa que le hice a tu madre.
- ¿A qué se refiere?.
- ¿Sabes cuál es el último Horcrux?.
- Por supuesto, Nagini.
- No, Harry, el último eres tú.
- No, no puede ser - dijo con cara de espanto y deseando que todo fuera una pesadilla.
- Lo hizo cuando mató a tus padres.
- ¡Cielo santo!.
- Por eso tienes esa conección con él y por eso es que sabes hablar parsel.
- No me mató porque sabe que soy el único que puede salvarlo de la muerte.
- El creía que su último Horcrux era Nagini pero, se dio cuenta que había estado equivocado cuando advirtió la conección entre tú y él, que había una parte de él en ti.
- Jamás lo lograré solo.
Snape suspiró e hizo algo que Harry no esperaba, se acercó a él y lo abrazó, luego lo soltó y le sonrió ampliamente, pero no era esa sonrisa que el muchacho conocía, era la de una amistad infinita y de una satisfacción desmedida.
- Te ayudaré, Harry. No sé como pero lo haré.
- Bill Weasley y Remus me están esperando, tengo que volver con ellos.
En otra parte del cementerio, lejano a donde estaban Harry y Snape, Ron caminaba junto a Sirius, pero calló como un costal de papas y él intentaba despertarlo pero sólo con el Enervate pues tenía miedo de conjurar otro hechizo y lastimarlo. Estuvo varios minutos intentando que despierte pero todo era inútil.
- ¡Vamos, Ron, levantare! - por fin desistió-. Petrificus totalus
Movilicorpus - dijo apuntando con su varita a Ron, este se puso duro como una tabla y, de inmediato, su cuerpo flotó a una centímetros del suelo. Lo llevó hasta una enorme lápida custodiada por dos ángeles hermosos y blancos como la nieve-. Quédate aquí, yo buscaré a Harry.
Pero en ese momento...
- ¡Desmaius! - exclamó Lucius Malfoy y Sirius perdió el conocimiento-. Perfecto, esto era exactamente lo que quería.
En otro lugar, Harry y Snape caminaban por entre las tumbas.
- ¿Qué hará usted?.
- Volver con Voldemort, antes que sospeche que estoy contigo.
Ambos abanzaron un poco más.
- Sshhh
espera - murmuró Snape-. Hay alguien allá adelante.
- ¡Por todos los cielos! - se escuchó la voz de Remus-. ¿Cuándo nos darán la orden de avanzar?. Hace ya casi una hora que estamos aquí.
- ¡Deja de quejarte! - dijo la voz de Bill Weasley.
- ¿Remus
Bill? - preguntó Harry en un susurro.
Bill se asomó por detrás de una enorme tumba.
- Hace unos momentos estábamos pensando en ti.
Harry y Snape fueron a reunirse con ellos.
- ¿Qué hace aquí? - dijo Bill con disgusto al ver a Snape.
Pero Harry no contestó.
- Será mejor que nos dejemos de hablar y vayamos a buscar a Black y a Weasley - dijo Severus.
- Sí, vamos de una vez - dijo Bill muy preocupado.
Cuando llegaron a la lápida, sólo encontraron a Ron que seguía inmóvil.
- ¿Dónde esta Sirius? - preguntó Remus mirando a Severus con desconfianza.
Snape se puso a mirar el suelo.
- Conozco estas pisadas, son las botas de Lucius Malfoy - dijo por fin.
- ¿Qué haremos ahora? - preguntó Harry, desesperado.
- El no le hará daño, lo esta usando como carnada. Sólo nos queda meternos en la boca del colacuerno.
- ¿Ir a la Mansión? - preguntó Bill.
- Exactamente, pero vamos a necesitar muchos refuerzos. Así que ustedes dos - le dijo a Remus y a Bill-, vayan a buscar a más gente. Harry y yo, rescataremos a Black.
Bill y Remus, se alejaron.
- Quiero que me escuches con mucha atención.
- Sí, señor.
- La clave para que actúes será: El señor de las tinieblas no necesita ayuda. ¿Entendiste?.
- Sí.
- Ahora sígueme. No te preocupes, él estará bien.
Se arrastraron hasta un lugar que Harry conocía. Una enorme lápida en la que rezaban los nombres de los Riddle y Sirius atado a ella, tal como él unos años atrás. El muchacho se estremeció al ver la escena.
- Este es el plan: Cuando yo diga el Señor de las Tinieblas no necesita ayuda, tú debes ir a la casa de los Riddle.
- ¿Usted no estará conmigo? - preguntó preocupado.
- No creo tener oportunidad de zafarme.
- ¿A qué se refiere?.
- Lo entenderás a su tiempo.
Harry rió entre dientes.
- ¿De qué te ríes?.
- Es que esas parecen palabras de Dumbledore, no de usted.
- Mira, Harry, yo no quería matar a Dumbledore, espero poder explicarte todo algún día y con más tiempo. Yo quería y le tenía mucho respeto al director, pero este no es el momento de contarte toda la historia.
Harry se asomó por detrás de la lápida donde estaban escondidos y miró a Sirius.
- Es verdad, este no es el momento de hablar. Lo único que me importa es mi padrino.
Snape se puso de pie y fue rumbo a Sirius.
- ¿Qué está haciendo? - le preguntó Harry.
El se dio vuelta, lo miró, sonrió y luego continuó la marcha. Se acercó sigilosamente.
- ¿Black?.
El lo miró.
- No te preocupes, pronto vas a estar liberado - dijo sin dejar de mirar las cuerdas que lo ataban.
Snape hizo un movimiento circular con la varita y las sogas se aflojaron, Sirius cayó de rodillas.
- Levántate - la apremió Snape.
El obedeció de inmediato.
- Enorme tumba blanca, a la derecha, Harry te está esperando - dijo sin sacar los ojos de las cuerdas que yacían en el suelo-. Corre. ¡Ahora!.
Black salió corriendo hacia dónde él le había indicado. En ese momento las sogas cobraron vida y se enroscaron alrrededor de Snape poniéndolo en el lugar en donde estuvo Sirius. El llegó junto a Harry.
- ¿Estás bien?, ¿qué haces con Snape? - dijo abrazándolo.
- Tranquilo... él nos está ayudando... me dio... cierta información importante sobre el último Horcrux - le dijo con la voz entrecortada por el miedo.
- ¿Qué fue lo que te dijo?.
- Yo soy el último.
Sirius se puso más blanco que la leche.
- ¡No puede ser verdad! - exclamó con los ojos llenos de lágrimas.
- Lo es, creo que siempre lo supe - miró a su padrino con rostro suplicante-. Mátame, Sirius.
- No, Harry, no me pidas eso.
- Es la única manera. De nada vale que lo mate si yo quedo vivo. El volverá por el último de sus Horcruxes, por mí.
- No puedo, matarte sería como matar a James.
- Si no lo haces, mis padres habrán muerto para nada.
Las nubes taparon la luna y todo se sumió en la oscuridad. Unas figuras negras se acercaban hacia donde estaba Snape.
- ¿Qué tenemos aquí? - se escuchó la voz de Malfoy.
- ¡Hola Lucius! - lo saludó Snape.
- ¿Dónde está Black?.
- ¡Por todos los cielos, debo ser importante si más de veinte Mortífagos vienen a rescatarme! - dijo con ironía.
- ¿Dónde esta Black?.
- No sé, debe estar en su casa.
- No te hagas el chistoso conmigo.
- ¿No tendrían que estar matando Aurors o algo por el estilo?. Oh, claro, el Señor de las Tinieblas no necesita ayuda de parte de ustedes.
Harry y Sirius se miraron.
- Esa es la señal - dijo el muchacho.
- ¿Qué harás? - le preguntó Sirius.
- Lo que vine a hacer. Debo matar a Voldemort. Aho... - se interrumpió y señaló con el dedo hacia una lápida cercana.
Black miró.
- Es Nagini - dijo al fin, viendo como una serpiente de unos cuatro metros reptaba rumbo a la Mansión de los Riddle-. No puedo matarla aquí, tengo que seguirla hasta la casa.
- ¿Estás loco? - preguntó Sirius.
- El Avada Kedavra nos delatará, es preferible matarla donde nadie me vea y antes de que pase información a su amo. Cuando vean la luz verde en las ventanas de la Mansión, tienen que entrar en acción. ¿Entendido?.
- Sí, buscaré a los otros. - respondió Sirius.
Mientras tanto Snape seguía distrayendo a los Mortífagos.
- El Señor de las Tinieblas es el mago más poderoso del mundo ya que un servidor, o sea yo, mató a Dumbledore que, como ustedes saben, era al único que le temía nuestro Señor. Ahora, gracias a mí, él tiene el camino libre para seguir con su plan de inmortalidad. ¿Serían tan amables de quitarme estas cuerdas y dejar que baje de aquí?. ¿Saben?, estoy algo incómodo.
- ¿Cómo sabemos que no estás con el enemigo? - preguntó Crabbe.
- ¡Eres más idiota que tu hijo y eso ya es mucho decir! - exclamó furioso-. Crees que soy capaz de ir con ellos para que me maten, yo maté a Dumbledore. Con eso sólo ya me gané un boleto a Azkaban y un lindo besito de un Dementor.
- Tiene razón - dijo Goyle-. Desatémoslo.
- Todavía no - intervino Bellatrix-, no creo en él.
- Mira, Bella, para tu información me he jugado el pellejo por tu querido sobrinito. Si no fuera porque él no pudo matar al director, yo todavía estaría dando clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, que era algo que siempre quise hacer desde que me convertí en profesor de Pociones. Ahora, por favor, ¿alguno va a desatarme?.
En ese momento llegó Draco Malfoy.
- ¡Pero si es mi sobrino! - exclamó Bellatrix.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Lucius a Draco.
- He venido a que me acompañes.
- ¿Adonde?.
- A Azkaban.
Todos rieron menos Snape.
- Si te entregas ahora - continuó el muchacho ignorando las risas-, tal vez llegues vivo al final de esta noche.
- ¿Y qué si no lo hago? - preguntó desafiante.
- Entonces morirás - dijo mientras levantaba la manga izquierda de su túnica y le mostraba el rojo fénix tatuado en ella.
- ¿Cómo... cómo pudiste hacerle esto al Señor de las Tinieblas? - preguntó sin poder creer lo que veía.
Draco no respondió.
- ¿Serías capaz de matarme?.
- No, padre, pero hay otros que sí y hay miles de ellos.
- ¿Dónde están? - dijo mirando hacia todos lados.
- No me corresponde decírtelo, sólo me han dado unos minutos para que te saque de aquí.
- Yo lucharé junto al Señor Oscuro.
- Entonces, debes saber que perderás.
Todos los Mortífagos volvieron a reír.
- ¿Qué hace Snape atado en esa lápida? - dijo Draco moviendo la varita, de inmediato, las cuerdas cayeron al suelo.
- ¡Muchas gracias, Draco! - exclamó feliz mientras le palmeaba la espalda.
- Debo irme - dijo el muchacho.
- ¿Te vas con ellos? - preguntó Bellatrix.
Draco le dio la espalda y siguió caminando hacia donde estaban las lápidas.
- Irá a buscar refuerzos - dijo la mujer apuntándolo con su varita-. Avad...
- NO TE ATREVAS - le gritó Lucius-. Si lo matas te juro que yo mismo acabaré con tus asquerosos huesos. ¿Me escuchaste?.
La mujer se puso pálida y no contestó.
- Bien, amigos míos, ya que estoy liberado, ¿alguno de ustedes me diría cuál es el plan? - preguntó Snape.
Por supuesto que el plan era el de siempre, matar a cualquiera que quisiera interponerse en los planes del Innombrable. Mientras todo esto ocurría, Harry continuaba siguiendo a la serpiente de Voldemort que ingresó a la Mansión y, en ese momento, Harry invocó el Avada Kedavra y la mató. Escuchó un montón de maldiciones a su espalda pero no tenía tiempo de quedarse a ver quienes las habían invocado ni a quienes habían sido dirigidas, supuso que la batalla había comenzado y suspiró, tenía que continuar y encontrar a Voldemort.
En ese mismo instante rayos rojos y verdes salían de detrás de las lápidas, los Aurors, el Ejercito de Dumbledore, la Orden del Fénix, los profesores de Hogwarts y un montón de magos más, entraron en acción. Hacía años que no se veía una batalla como aquella. Gigantes, hombres lobos y otras criaturas destrozando cuerpos a su paso. Gritos y maldiciones volaban por los aires y retumbaban en la noche sin estrellas. Bill vio como Úrsula desgarraba el cuello de un Mortífago con sus dientes de vampiro. El hombre lobo, que era Lupin, destrozaba el pecho de otro con sus garras. Sirius gritaba maleficios como un loco, mientras corría entre las tumbas. Charlie intentó ayudar a Percy pero era tarde, un hombre lobo y un vampiro ya habían hecho estragos en su hermano. Los centauros, comandados por Firenze y Magorian, lanzaban flechas al aire cargado de olor a sangre de los combatientes. Neville casi es atacado por un hombre lobo pero Ron, que ya había vuelto en si, le echó un Avada Kedavra y el animal cayó muerto al instante. Luna peleaba junto a Seamus, Hermione y Dean. Bill encontró a Ron bañado en sangre con el cadáver de Greyback sobre él. Harry, ignorante a todo esto, subió las escaleras.
- ¡Hola Colagusano! - dijo al encontrarse en un recodo con Peter-. ¿Dónde está Voldemort?.
- Eso es algo que a ti no te incumbe - respondió de mala manera.
- He estado pensando que ya he sido demasiado bueno contigo. Crucio.
Colagusano rodó por la escalera y quedó retorciéndose de dolor. Harry bajó y se paró a su lado.
- CRUCIO - gritó el muchacho.
El hombre gritó fuertemente.
- ¿Te duele Peter?.
Colagusano asintió con un movimiento de cabeza.
- Pues mi dolor es más grande que el tuyo, te lo puedo asegurar. Gracias a ti me he pasado la mitad de mi vida viviendo con unos muggles a los cuales nunca les importé y, estos últimos años, tratando de sobrevivir a Voldemort. ¿Crees que eso es placentero?. Crucio.
Peter chilló y se revolcó como un loco. Harry reía diabólicamente.
- Debí dejar que Sirius y Remus te mataran aquella vez, pero era joven e ignorante. No me di cuenta de mi error hasta que fue demasiado tarde. Ahora te tengo a mi merced y voy a matarte, pero primero quiero verte sufrir. Crucio.
- NO, POR FAVOR... NO... AMO... MI AMO... ¿DONDE ESTA? - gritaba.
- ¿Dónde está Voldemort?.
- No... no lo sé...
- Me estás mintiendo.
- No... yo... yo lo juro...
- ¿Lo juras, como les juraste lealtad a mis padres, rata inmunda?. Crucio.
- NO... NO SE DONDE ESTA... LO...
- Sí que lo sabes, no soy idiota - lo interrumpió-. En los cursos de Auror nos enseñan Oclumancia y Legeremancia. Así que mejor dime la verdad o la sabré de todos modos.
- ¿Auror? - abrió los ojos como platos-. Yo no sabía que estudiabas para... bueno, tu madre...
- NO NOMBRES A MI MADRE PEDAZO DE BASURA TRAICIONERA. POR TU CULPA MIS PADRES ESTAN MUERTOS Y SIRIUS PASO DOCE AÑOS EN AZKABAN. CRUCIO - gritó Harry con todo su odio.
Peter volvió a dar un grito estridente.
- ¿Dónde está tu amo?.
- No... lo... sé... - respondió jadeando.
- Crucio.
- ESTA ARRIBA... EN EL PISO DE ARRIBA.
- ¿Ves que fácil era?. No tendrías que haber sufrido tanto. Ahora levántate, los dos iremos con él. Imperius - dijo el muchacho haciendo un movimiento con la varita.
De inmediato Peter se puso de pie y comenzó a subir las escaleras. En ese mismo instante otras cosas sucedían afuera de la Mansión. Bellatrix estaba por entrar para socorrer a Voldemort pero...
- AVADA KEDAVRA - gritó Sirius y la mujer calló muerta con los ojos muy abiertos-. Eso te ganas por meterte con la familia.
- Desmaius - dijo Snape y Sirius se desmayó a los pies del hombre-. Lo lamento pero el Señor de las Tinieblas es mío. Ah, me olvidaba, gracias por sacarme de encima a esa maldita bruja.
Snape entró, vio la serpiente muerta y sonrió. Subió las escaleras y escuchó voces que venían desde el interior de una de las habitaciones.
- Parece que está solito, ¿no es verdad? - preguntó la voz de Harry desde el interior de uno de los cuartos.
- Solo no - respondió la gélida voz de Voldemort-, mi fiel sirviente está aquí.
La risa de Harry sonó entre cruel y desesperada.
- Colagusano, ven aquí... Imperio. ¿Por qué no le contaste a tu amo que yo te salvé la vida?.
Se hizo una larga pausa.
- ¿Qué dijiste? - preguntó Voldemort.
- Yo... no... señor... porque... eh - tartamudeaba Colagusano.
- No te preocupes Peter, yo se lo contaré - dijo Harry-. Sirius Black y Remus Lupin quisieron matarlo para vengar la muerte de mis padres pero yo se los impedí. Luego Colagusano volvió con usted jurándole lealtad y quien sabe que otras patrañas, sabiendo fehacientemente que todavía me debe una. ¿No es así Peter?. CONTESTA RATA APESTOSA. IMPERIO - gritó Harry.
- E... es verdad amo - la voz le temblaba.
- Aprendiste algunas maldiciones imperdonables - dijo Voldemort.
Harry no contestó.
- ¡Severus, te estaba esperando!.
Harry miró a su espalda y vio que Snape estaba parado en el marco de la puerta.
- Únete a nosotros.
Severus fue caminando rumbo a Voldemort y se paró detrás de él.
- ¡Qué bonita reunión de amigos! - exclamó con una sonrisa.
- Como en la escuela - dijo Peter.
- No como en aquellas épocas - dijo Voldemort-, porque ahí no eran amigos.
- Ahora tampoco lo somos - aclaró Snape mientras se alejaba unos pasos de Peter.
- Parece que el rencor de antaño no ha terminado - Voldemort rió diabólicamente.
Ni Peter ni Severus dijeron nada. Harry apuntó con la varita a Colagusano, que intentaba irse e invocó la Cruciatus. El hombre chilló por unos instantes y luego calló al suelo.
- Aun no he terminado contigo y nadie te ha dado ninguna orden de marcharte, ¿o sí?.
Peter negó con la cabeza mientras se ponía de pie lentamente.
- ¿No sabes que las maldiciones imperdonables se pagan con prisión en Azkaban, Potter? - le preguntó el Innombrable.
- Resulta ser que, en ciertas ocasiones, se nos permite a los aspirantes a Auror, utilizar estas maldiciones.
Voldemort levantó su varita hacia Harry pero Peter se puso entre él y el Innombrable y el Avada Kedavra le dio en el pecho. Harry corrió y se escudo en una columna que había en la habitación, mientras Colagusano caía muerto.
- Sal de ahí, Potter. No seas cobarde - dijo Voldemort.
Snape corrió hacia Harry y, de entre su túnica, sacó la espada de Gryffindor y se la clavó a Harry en el abdomen.
- ¿QUE HAS HECHO, SEVERUS? - gritó el Innombrable con desesperación.
- ¡AHORA HARRY! - exclamó Snape, con un grito desesperado.
El salió de detrás de la columna y, con la espada aún clavada, gritó:
- AVADA KEDAVRA.
Voldemort se desvaneció con un grito agudo, sólo quedó su túnica y su varita. Harry agonizaba. Snape sacó la espada del abdomen del muchacho, en ese momento el cuerpo se iluminó y de él salió un humo que se convirtió en el Innombrable. El último Horcrux había sido destruido. Harry cerró sus ojos y no los volvió a abrir.
Cuando Sirius y otros magos entraron en el cuarto, encontraron a Harry cubierto de sangre y en los brazos de Snape.
- Lo lamento... te lo prometí... - lloraba con desconsuelo- lo lamento Lily... te lo prometí... no... no pude... no... no... lo siento Lily...
- SNAPE - gritó Sirius con los ojos llenos de lágrimas por la furia y el dolor.
Pero Severus continuaba como si no los hubiera visto:
- Lily... nunca me lo vas a perdonar... no pude salvarlo... no pude...
De inmediato lo sacaron del lugar y lo llevaron a San Mungo, la actitud de él les hizo pensar que había perdido la razón.
Sirius se quedó mirando la escena horrorizado. Shacklebolt y Bill entraron y no pudieron creer lo que veian.
- ¿Cómo está Ron? - preguntó Sirius.
Bill no respondió, sus lágrimas lo decían todo.
- ¡Por todos los rayos mágicos, que desastre! - exclamó Shacklebolt.
Bill se acercó al cuerpo de Harry y le tomó el pulso.
- Aun vive - les dijo sin poder creerlo.
- ¿Estás seguro? - preguntó Black.
- Sí, llevemoslo a San Mungo cuanto antes.
- ¿Quién se lo dirá a Ginny? - preguntó Shacklebolt.
- Yo... yo se lo diré. - dijo Bill.
- No perdamos más tiempo - dijo Sirius tomándo el cuerpo de Harry.
Minutos después Bill llegó a Hogwarts, pasó las enormes puertas de madera de la entrada e ingresó al Gran Salón, ahí había más de un centenar de magos esperando a los rezagados.
- ¡Pipi Potter en el pote! - canturreaba Peeves, flotando cerca del techo-. ¡Ey, Weasley!. ¿Dónde está el mocoso Potter?.
- Está muriendo - dijo Bill al poltergeist.
Peeves salió volando con rumbo incierto.
- ¡Ahí viene nuestro hermanito mayor! - exclamó Fred con el rostro ensangrentado.
- ¡Hola Bill! - dijo George.
- ¿Dónde está Ron? - preguntó Fred.
- Lo llevaron a San Mungo - respondió Bill-. ¿Y ustedes?.
- Muy bien, creo que a mi me golpearon con algo en la cabeza, luego iré a ver a Madame Pomfrey para que me cure la herida. Hemos tenido una cuantas bajas, pero ninguno que yo conozca, casi todos eran alemanes, africanos y franceses - dijo Fred.
- ¿Y Harry? - preguntó George.
Bill los miró por unos instantes y luego preguntó:
- ¿Dónde está Ginny?.
- Está cerca de la Sala de Trofeos. Allí adelante - dijo Fred seriamente, señalando con su dedo indice.
Bill fue con ella.
- ¿Tú que crees? - le preguntó Fred a George.
- Creo que son malas noticias.
Ginny vio a Bill y se aproximó a él.
- ¿Dónde está Harry?.
- Remus, Shacklebolt y Sirius, lo llevaron a San Mungo.
- ¿Está mal herido? - preguntó angustiada.
- Está muy mal, tal vez no lo logre.
A Bill se le empezaron a caer las lágrimas, mientras la abrazaba.
- No... no me digas eso... no... no puede ser...
En ese mismo momento, en otro lugar, Harry estaba en la oscuridad. Enfocaba los ojos tratando de ver algo pero, como no había luz tampoco había sombras, no podía distinguir nada. No sabía dónde estaba. Sentía una paz que nunca había experimentado. Se levantó y trató de tocar algún objeto o encontrar una pared pero no tuvo suerte. Una pequeña luz iluminó a su derecha. El muchacho comenzó a caminar hacia ella. Unas figuras parecían salir de la claridad.
- ¿Quiénes son ustedes?.
Las formas no le contestaron y siguieron avanzando hacia él.
- Digan quienes son o utilizaré...
Pero en ese momento se dio cuenta que no tenía su varita.
- ¿Serías capaz de hechizarme? - preguntó una voz masculina.
- ¿Papá?.
- ¡Hola Harry!.
- ¡Hola mi amor!.
- Mamá, pero, ¿he muerto?.
- El asunto es que todavía no puedes morir - dijo Lily-, no es tu hora.
- Por eso no entendemos que es lo que estás haciendo con nosotros. Debes volver a tu cuerpo de inmediato - dijo James.
- Ve hacia el lado contrario a la luz - dijo Lily-. Tu padre te acompañará por unos instantes.
Harry abrazó a su madre.
- ¡Nos vemos!.
- Te voy a extrañar - dijo Harry.
James y él emprendieron el viaje a la oscuridad. Caminaron durante un tiempo y se detuvieron al llegar a lo que parecía un rectángulo de color gris pintado en una pared negra.
- Hasta aquí puedo llegar, tú debes continuar solo. Lo único que tienes que hacer es pasar al otro lado.
- Pero no sé como.
- Tienes que atravesar esa puerta y estarás en el mundo de los vivos otra vez - dijo señalando el rectángulo gris.
- ¿Volveremos a vernos? - le preguntó angustiado.
- Claro que si, dentro de algunos años - contestó convencido.
James y Harry se dieron un fuerte abrazo de despedida. El muchacho atravesó la puerta y se encontró en la Cámara de la Muerte, en el mismo lugar dónde había perdido a su padrino. Estaba feliz de volver pero no entendía que debía hacer y no recordaba casi nada de lo que había vivido en el otro lado. Se miró las manos que eran de un color gris traslucido y se dio cuenta que era un fantasma, tan fantasma como Nick o el Barón Sanguinario. Comprendió que debía buscar su cuerpo y pensó en donde podría estar y llegó a la conclusión que si aun no estaba muerto entonces lo habrían trasladado a San Mungo. Llegó al hospital al amanecer y atravesó las puertas, flotó unos instantes por varias salas hasta que vio que Fred y George entraban en una de ellas. Los siguió. Harry se dio cuenta que ellos no podían verlo, así que su espíritu se metió rapidamente en su cuerpo.
- Es todo corazón ese Harry.
- El se sacrificó por nosotros - recordó George.
- Ginny no lo soportará - dijo Fred poniéndose a llorar.
- ¡Por todos los cielos, Fred! - exclamó indignado-. Harry está vivo, no hables así.
Diez minutos después, Ginny entró para acompañar a Harry.
- ¡Hola Ginny! - dijo George-. ¿Te levantaste temprano?.
- Estás demasiado feliz - dijo mirando a Harry.
- Es que recien se acaba de ir el sanador - dijo George.
- Y dijo que Harry está mejor pero que tendrá que estar un tiempo internado, ha perdido muchisima sangre - terminó Fred.
- Pe
pero
si
me dijeron que estaba a punto de morir - tartamudeó confundida.
- Estar a punto no es estar muerto - dijo Fred.
- Está vivito y recuperándose rápidamente - culminó George.
Harry estuvo internado una semana en San Mungo, hasta que poco a poco abrió los ojos y vio unas manchas a su alrededor.
- No... Vol... Voldemort... Snape
mamá
papá
tengo que irme... - dijo con un hilo de voz mientras intentaba incorporarse en la cama.
De inmediato Charlie lo obligó a acostarse nuevamente, cosa que no le dio nada de trabajo ya que Harry estaba muy débil.
- Yo... el Avada Kedavra... Colagusano... mi padre... yo no tenía que estar ahí... volví... pero no sé... - seguía repitiendo.
- Ya estás aquí, mi amor - le dijo Ginny en un susurro.
- ¿Ginny?... yo... pero... ¿dónde estoy?.
- Estás en San Mungo.
- Pe... pero... Voldemort estaba ahí y también Snape... y... yo...
- Todo acabó.
- ¿Acabó?.
- El Innombrable está muerto.
- Snape me ayudó - recondó con una sonrisa.
- Pero él te clavó la espada de Gryffindor - dijo Hermione, muy disgustada.
- Era la única manera, yo era el último Horcrux.
- ¿Qué?.
- Snape me lo dijo antes de entrar a la Mansión de los Riddle. Le pedí a Sirius que me matara pero no quiso. Fue Snape el que me ayudó a matar a Voldemort. Si no me hubiera atravesado con la espada, yo todavía seguiría siendo un Horcrux.
Harry alargó su brazó hasta la mesita de luz, tomó los lentes y se los puso. Miró a su alrededor y vio que todas las camas estaban ocupadas.
- ¿Dónde está Ron?.
- No te preocupes, él está en otra sala. Se recuperará - respondió Charlie.
Una semana después Sirius, Harry, Ginny, Remus y Hermione, fueron a San Mungo para ver a Ron y a los combatientes que habían terminado ahí. En cuanto entraron se encontraron con una cara conocida.
- ¡Oh, no, es Lockhart! - exclamó Harry con disgusto.
El hombre se acercó a ellos.
- ¿Vinieron a verme? - preguntó entusiasmado.
- No, profesor - le dijo Hermione.
- Oh, ¿era profesor?. Seguro que era uno de los buenos.
- No, en realidad era pésimo - le dijo Harry de mala manera.
- Oh, bueno, ¿quieren un autógrafo?.
- No, gracias - le dijeron todos a coro.
En ese momento apareció una de las sanadoras.
- Querido, ¿otra vez te escapaste?. Tienes que entender que andas mal de la memoria. Si te vas y te pierdes...
- ¡Hola Grace!. ¿Cómo estás? - la interrumpió con una sonrisa.
- Ya te he dicho que me llamo Miriam.
- ¿Quieres un autógrafo?.
- Quizás después - le dijo mientras se lo llevaba a uno de los ascensores.
Ellos los vieron alejarse.
- Esta igual de idiota que siempre - dijo Harry como pensando en voz alta.
Fueron a otro de los ascensores y cuando iban a ingresar vieron que Lucius Malfoy salía de este.
- ¡Hola! - les dijo con una sonrisa-. ¿Saben dónde está la salida?. Últimamente estoy algo confundido.
- Bueno, está...
- ¿Sabe dónde se encuentra? - le pregunto Hermione a Malfoy, interrumpiendo a Harry.
- Mira, ni sé ni me interesa. Este lugar es espantoso - se quejó-. Todos me tratan como a un idiota y, para colmo, tengo que aguantar a un mocoso pedante, un tal Draco, y a su madre que insiste que es mi esposa. Ella es tan repugnante como su hijo. ¿Cómo iba a casarme yo con semejante mujer?. Me habla de los sangre sucias pero, ¿quiénes diablos son esos?. Luego me contó algo de un tal Vol no sé qué y que se había ido para siempre. ¡Por todos los cielos! - exclamó exasperado-. ¿Qué uno no puede tener un poco de paz en este lugar?. Y todo el mundo me llama Lucius, ¿de veras me llamo así? - todos asintieron con movimientos de cabeza-. Caray, entonces mi madre me odiaba, sino, ¿por qué iba a ponerme un nombre tan horrible? - tomó una bocanada de aire y continuó-. Por si esto fuera poco tengo un compañero de habitación que es un maldito llorón, un tal Severus.
- ¿Severus Snape? - preguntó Lupin.
- Sí, es un idiota.
En ese momento vino un sanador y tomó a Lucius por un brazo.
- Vamos, Lucius, tiene que volver a la sala.
- ¡No quiero volver a ese maldito lugar! - exclamó furioso.
- Esta bien, como quiera. Desmaius - dijo el hombre apuntando a Malfoy con su varita y este cayó al suelo-. El pobre es tan insoportable - le dijo a los demás.
- ¿Sabe dónde está Snape? - preguntó Lupin.
- Sí, en la misma sala que este - dijo señalando a Lucius-. Pero Snape ni molesta, sólo tiene arranques de llanto repentino.
- ¿Podemos ir con usted? - le preguntó Sirius.
- Sí, vengan - dijo mientras volvía a señalar con la varita a Malfoy-. Petrificus Totalus, Movilicorpus - dijo mientras Lucius se ponía rígido y comenzaba a flotar a unos centímetros del suelo.
El ascensor se detuvo en el cuarto piso donde estaban las salas de Daños Provocados por Hechizos. Bajaron y se dirigieron a una enorme sala llena de camas.
- Quédate aquí - le dijo Sirius a Harry.
- Pero... - dijo el muchacho.
- No debe verte todavía, no hasta el juicio - le dijo Remus.
Harry se quedó en la puerta mientras los otros entraron.
- ¿Otra vez se escapó el muy infeliz? - preguntó Snape al sanador.
- Sí, otra vez.
- Tendrían que atarlo a la cama y se evitarían complicaciones. Cuando empiece a gritar yo lo puedo hacer callar si me dan una varita.
- Sabe muy bien que aquí los enfermos no pueden usarla.
- ¡Yo no estoy enfermo! - exclamó muy enojado.
- Claro, ninguno de los que está aquí lo está - dijo el sanador con tono burlón-. Ah, lo olvidaba, tiene visitas - dijo señalando hacia puerta.
Se dio vuelta y vio a Sirius, Ginny, Hermione y Remus. Se levantó como impelido por un resorte.
- Sirius, yo... yo lamento haberte desmayado pero quería... acabar... yo mismo con el Señor de la Tinieblas. Si hubieras estado ahí, tal... tal vez Harry estaría vivo.
Sirius no le respondió, sólo se quedó mirándolo sin expresión en su mirada.
De repente, Snape calló de rodillas.
- Que... los... Dementores... me... den... el... beso... me... lo... merezco - y a cada palabra golpeaba su cabeza en el piso, parecía un elfo domestico castigándose por haber hecho algo malo.
- Ya basta Snape, tranquilícese - le dijo el sanador levantándolo y acostándolo en la cama-. Por favor, váyanse, lo están alterando.
De inmediato todos salieron de la sala. Pocos minutos después llegaron al primer piso, donde estaba la sala de Heridas Provocadas por Criaturas. Ahí estaba Percy, su esposa lo acompañaba.
- ¡Hola! - los saludó tratando de sonreír.
- ¿Cómo está Percy? - preguntó Lupin.
- Todavía no vuelve en sí, pero dicen los sanadores que no tardará en hacerlo.
Cuando Ginny vio a Percy casi se desmaya de la impresión, uno de los sanadores tuvo que hacer aparecer una silla para que se sentara. Si les pareció que Bill había quedado mal, lo de él no era nada comparado con su hermano. El muchacho estaba totalmente desfigurado, le faltaba un pedazo de cuello, tenía el rostro lleno de cortes y rasguños, su pecho estaba peor que su cara y le faltaban unos dedos en la pierna derecha.
- ¡Oh, no, Percy! - exclamó Ginny poniéndose a llorar.
- Dicen los sanadores... que... que va a estar bien... pero que no va a ser el mismo de antes - dijo Penélope con un hilo de voz, tratando de no llorar.
- ¿Te dijeron... algo... de las secuelas? - le preguntó mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelo.
- Bue... bueno... todavía no se sabe nada.
En ese momento entraron George y Fred.
- ¡Por las barbas de Merlín! - dijo Fred tirando al suelo el ramo de flores que llevaba en la mano.
George ni siquiera pudo decir nada, su cara se puso de un blanco fantasmal.
- ¿Qué?. ¡Ay, no! - dijo después de unos segundos.
Charlie era el único que había visto lo maltrecho que estaba Percy así que, aunque él se lo explicó a todos, nadie se imaginaba semejante cosa.
Fleur entró acompañada por Bill.
- ¡Pog todos los cielos!... ¡Oh, no, Pegcy! - exclamó horrorizada escondiendo la cabeza en el pecho de su esposo.
Bill no dijo nada, sólo se quedó mirando a su hermano sin poder creer lo que veía. Minutos después fueron a ver a Ron que se encontraba sentado en la cama y leyendo El Profeta.
- ¡Hola muerto vivo! - dijo riéndo al ver a Harry.
- ¡Hola!. ¿Cómo estás?.
- Nada que un buen descanso no cure. Greyback no fue tan rápido, sólo me quebró un brazo al caer sobre mí. No le di oportunidad de morderme.
- ¡Muy bien hecho! - exclamó Lupin con una sonrisa.
Luego de salir de San Mungo se dirigieron a Grimmauld Place.
- Estoy gealmente constegnada. Todavía no puedo entendeg como esta vivo aún - decía Fleur con los ojos llenos de lágrimas, refiriéndose a Percy.
- Yo sabía que estaba desfigurado, pero no sabía hasta que punto - dijo Bill.
- Cuando despierte va a querer morir - dijo Fred.
- Nunca fue muy lindo pero... - dijo George y dejó de hablar al ver que sus padres llegaban.
- ¡Hola! - dijo la señora Weasley con los ojos rojos e inflamados de tanto llorar.
- ¿Se quedarán a comer? - les preguntó Harry.
- ¿No segá mucha molestia?.
- Por supuesto que no, Fleur. También pueden quedarse a dormir, hay camas de sobra y así estarán cerca del hospital.
La señora Weasley lo abrazó con todas sus fuerzas.
- ¡Mi querido Harry, siempre pensando en todo!.
- ¡Dobby, Winky! - llamó Ginny.
De inmediato aparecieron en el comedor.
- Preparen los cuartos para nuestros invitados.
- ¿Se quedarán a comer? - preguntó Winky.
- ¿Algún problema? - dijo Sirius mirándola con los ojos entornados.
- ¡Oh, no señor!. Sólo preguntaba para saber cuanta comida debía preparar.
Sirius sonrió.
- Sí, Winky, van a quedarse.
- Entonces, manos a la obra - dijo Dobby con una sonrisa.
Los dos elfos desaparecieron al instante.
Ron salió unos días después y Percy luego de seis semanas de estar internado, justo el día en que lo juzgarían a Snape. Sirius, Remus, Ginny y Harry, se prepararon para ir al Ministerio. Cuando llegaron fueron directamente al ascensor y Harry apretó el botón número nueve.
- ¿Cómo sabes donde tenemos que ir? - le preguntó Sirius.
- Porque ahí es donde me juzgaron a mi.
- Oh, si, ya lo recuerdo.
- Departamento de Misterios - dijo una voz femenina, mientras las puertas se abrían con un ruido metálico.
- Por acá - dijo Harry guiando al grupo.
Caminaron por un pasillo, doblaron a la izquierda, bajaron unos escalones, siguieron por otro pasillo y se toparon con unas puertas de madera.
- La sala número diez, aquí está - dijo Harry.
- ¿Trajiste tu capa de invisibilidad? - le preguntó Lupin.
- Sí, aquí la tengo.
- Póntela - le dijo Sirius.
El obedeció al instante.
La sala estaba igual que la última vez que Harry la había visitado, era lúgubre y fría, unas cuantas antorchas iluminaban el lugar.
- ¡Por todos los cielos! - dijo Sirius estremeciéndose-. ¡Esto es horrible!.
- Olvidé que a ti no te habían juzgado - dijo Remus.
Los cuatro se sentaron en las gradas, a unos pocos metros de una silla con los apoyabrazos llenos de cadenas. Media hora después comenzó el juicio.
- Traigan a Severus Snape - dijo Mermain McKingdon.
En ese momento se abrieron las puertas y entró Snape, pero no lo acompañaban dementores sino un sanador de San Mungo. El hombre se sentó en la silla y, de inmediato, las cadenas se enrollaron en sus brazos.
- Severus Snape, ha sido traido desde San Mungo para prestar declaración por el asesinato de Harry Potter y otros.
Cuando escuchó Harry Potter se acurrucó en la silla como si le hubieran dado un latigazo y puso cara de dolor.
- Ahora, Snape, queremos saber lo que pasó aquella noche en que murió Potter.
- Yo no sé... vi que Black le echaba un Avada Kedavra a Bellatrix Lestrange. Yo me acerqué a él y le tiré un Desmaius. Quería que el Señor de la Tinieblas fuera mío.
- ¿Por qué quería eso?.
- Porque... porque quería vengarme del maldito.
Se escucharon murmullos en toda la sala. Snape miró hacia arriba de las gradas y vio a un muchacho de alborotados cabellos negro y anteojos. Apartó la vista y cuando volvió a mirar ya no estaba más.
- ¿Por qué quería vengarse?.
- Fue... fue hace muchos años. Yo quería salirme de los Mortífagos, se lo había prometido a mi Florence y...
- ¿Quién es Florence?.
- Era mi esposa.
Otro murmullo invadió la sala.
- ¡Silencio, por favor! - exclamó McKingdon-. Continue.
- Yo me alejé del Señor de las Tinieblas... era... eramos muy felices... mi esposa estaba embarazada... y... y una noche él vino a mi casa - dijo con un hilo de voz, mientras las lágrimas corrian por su rostro-, entonces... él... él mató a mi Florence.
Snape se puso a llorar a los gritos.
- Controlese Snape, por favor.
Unos minutos después siguió hablando.
- Mi odio se convirtió en obseción, no estaría feliz hasta verlo muerto - dijo con todo su odio.
- ¿Y por qué mató a Potter?.
- YO NO QUISE MATARLO - gritó con el rostro desencajado.
Otra vez los murmullos invadieron la sala.
- ¡SILENCIO! - gritó McKingdon.
- Yo le clave la espada de Gryffindor a Potter - continuó- y él le echó el Avada Kedavra al Señor de las Tinieblas. Maté a Potter pero fue por una buena razón.
- ¿Y cuál era esa razón?.
- Pocas semanas antes de la batalla en el cementerio, me enteré de una terrible verdad: Potter era el último Horcrux en que había dividido su alma el Señor de las Tinieblas.
- ¿Cómo dice? - preguntó sin poderlo creer.
- El había dividido su alma en siete Hocruxes y Harry Potter era el último de ellos.
Se escuchó un murmullo sordo pero el Ministro ni se molestó en acallarlo, había quedado estupefacto por lo que había dicho Snape. Luego le preguntó:
- ¿Por qué mató a Dumbledore?.
- Lo maté por una sola razón y, le puedo asegurar, que no fue para caerle mejor a...
En ese momento alguien encapuchado se levantó de las gradas y fue caminando hasta Snape, que lo miró asustado y sorprendido, y dijo:
- No se puede decir que alguien está muerto si en realidad está vivo - dijo quitándose la capucha y dándose vuelta para mirar a los presentes.
Todos pudieron ver el rostro sonriente de Albus Dumbledore.
- Pero... pe... pe... ¿qué significa esto? - preguntó McKingdon, tartamudeando de la impresión.
Dumbledore movió su varita al tiempo que le decía al Ministro:
- Es mejor que se siente porque esto va a llevar un tiempo un tanto largo.
El Ministro se sentó de inmediato en la silla que acababa de hacer aparecer Dumbledore.
- Es mejor que comencemos por el principio, ¿te parece bien, Severus?.
El asintió con un movimiento de cabeza, parecía aturdido por la sorpresa.
- Tal vez necesite de alguna ayuda de Remus Lupin, ya estoy viejo y quizás olvide algunos detalles de esta historia.
Volvió a mover su varita y junto a Snape, aparecieron otras dos sillas. En una se sentó él y en la otra Lupin, que había bajado de las gradas.
- Todo este plan comenzó después de que Harry Potter creara el Ejercito de Dumbledore, era un grupo de estudiantes que se juntaban en secreto para estudiar hechizos defensivos. Supe que Harry era muy buen profesor, le había enseñado muy bien a sus compañeros. Umbridge creyó que yo lo había fundado para destituir al Ministro. ¡Que locura! - exclamó con una sonrisa.
- No veo en que punto...
- Ya voy al punto, Señor Ministro - lo interrumpió-, ya estoy grande y necesito un poco de paciencia. Ese mismo año - continuó-, supe que Potter necesitaría de ayuda extra para lograr sus objetivos.
El ansiano profesor se levantó y, con rostro pensativo, comenzó a caminar de un lago al otro de la sala.
- Antes de lo ocurrido en la batalla del Ministerio me di cuenta que Potter tenía una estrecha conección con Voldemort - todos pusieron mala cara pero Dumbledore continuó sin hacerles caso-. Ahí fue cuando me di cuenta que Harry era un Horcrux.
En ese momento alguien se levantó de las gradas y gritó:
- ¿POR QUE NO ME DIJO LO QUE SABIA? - era Harry el que le había preguntado.
Snape se habría caído de su silla si no hubiera estado fuertemente atado a ella.
- Ya te lo dije una vez, yo quería protegerte, hacerte la vida más fácil. Sólo pensé en darte una pequeña dosis de todo lo que yo sabía.
- ¿Por qué me mintió?.
- Porque quería que vivieras sin preocuparte hasta que fuera el momento de saber la verdad. ¿Te habrías enamorado o casado, si lo sabías?. Seguramente que no. Sólo deseaba que vivieras una vida plena y feliz, que fueras todo lo normal que pudieras ser. Eso es todo.
Harry no parecía muy satisfecho pero igual se sentó y continuó escuchando a Dumbledore.
- ¿Adónde me quedé?... Oh, sí
ya recuerdo. Vi una sombra de Voldemort en los ojos de Harry, me preocupé tanto que decidí pedirle ayuda a Severus - dijo señalando con un movimiento de su mano a Snape, y le dijo-. ¿Podrías continuar tú desde aquí?.
-Por supuesto.
Dumbledore tomó asiento junto a Lupin.
- El Señor de las Tinieblas le dio una misión muy importante a Draco Malfoy.
Otra vez se escuchaban voces desde todos los lugares de la sala.
- ¿PUEDEN CALLARSE DE UNA VEZ? - gritó McKingdon poniendo las manos en la cintura y cara de enojado.
De inmediato se hizo el silencio.
- Como les estaba diciendo, le dijo que debía matar a Dumbledore. Narcisa, su madre, se enteró y vino a pedirme ayuda ya que yo era amigo de Lucius. Yo sabía que el Señor Oscuro mataría a Draco si no lograba matar al director. El muchacho estaba asustado ya que el Innombrable le había dicho que sino lo hacia mataría a sus padres. Narcisa me hizo practicar el Juramento Inquebrantable, me hizo jurarle que yo mataría a Dumbledore si él no lo lograba y que protegería a su hijo de todo mal. Sabía que Draco no podría matarlo porque nunca había matado ni a una mosca, así que maté al director y los dos huimos de la escena a toda carrera. Nadie nos impidió la salida, ya que todos creían que yo estaba peleando a su favor y no en su contra.
- ¿Entonces mató a Dumbledore, si es que se puede decir así - dijo mirando a Dumbledore-, para salvar la vida del muchacho? - le preguntó el Ministro.
- Sí y no.
- No comprendo.
- Yo le había contado a Dumbledore sobre los planes de Draco y él tomó esa información para su beneficio o, mejor dicho, para el beneficio de Potter. Yo no quería matarlo pero él se enojó conmigo - dijo señalando con un movimiento de cabeza a Dumbledore- y me dijo que era la única manera de asegurarle la victoria a Potter. Matándolo, yo me ganaría la confianza absoluta del Señor Tenebroso y eso fue exactamente lo que sucedió, porque él comenzó a contarme cosas que ningún otro Mortífago sabía. Me dijo que la única causa por la cual no había matado a Potter era porque sabía que él era su último Horcrux. Yo tomé esa información y se la transmití a Harry antes de la batalla en el cementerio de los Riddle.
- ¿Por qué utilizó la espada de Gryffindor?.
- Por una profecía que escuché en el despacho de Dumbledore unas semanas antes de que los Mortífagos atacaran Hogwarts. Según esta, el heredero de Gryffindor sería salvado por un objeto de Gryffindor y que los tiempos oscuros terminarían al final. Dumbledore observó el sombrero seleccionador y la espada, que habían sido objetos personales de Gryffindor, y decidió que la espada era la mejor arma. El me la dio y me dijo que siempre la llevara conmigo y que la mantuviera bien oculta de la vista de las demás personas. Me dijo que sabría cuando usarla y eso fue exactamente lo que sucedió. Los miembros de la Orden del Fénix confiaron en mi hasta último momento y si habrían continuado con su confianza, se hubieran enterado mucho mejor de los planes del Señor Oscuro y de las actividades de todos los Mortífagos.
- Pero, ¿qué es la Orden del Fénix? - preguntó el Ministro, un tanto aturdido por la cantidad de información que estaba recibiendo.
- Es una agrupación que creó Albus Dumbledore en el primer reinado del Señor de las Tinieblas. Sólo podían entrar en ella magos y hechiceras mayores de edad. Eramos un grupo selecto: Sirius Black, Remus Lupin, Alastor Moody, los Potter, los Longbottom y otros muchos. Yo pasaba información sobre lo que hacia el Señor de las Tinieblas, Lupin averiguaba en que andaban los hombres lobo y, así, todos teníamos algo que hacer. La Orden hacía exactamente lo mismo que el Ministerio, seguir y detener a los magos tenebrosos.
- ¿Te parece que continúe yo, Severus? - le preguntó amablemente, Remus Lupin.
- Como quieras - respondió alzándose de hombros.
- Voldemort tenía su manera de convocar a sus adeptos y nosotros necesitábamos la nuestra. Slughorn y yo hicimos una pocima con la sangre de Fawkes y de Dumbledore, se la hicimos beber a todos los miembros de la Orden. Todos saben que al ser llamados, un fénix rojo se dibuja en sus brazos izquierdos.
- ¿Qué pasó con ese asunto de la marca en el brazo?.
- Kingsley Shacklebolt es uno de los tantos que pertenecen a la Orden, cuando fue informado que habían encontrado donde estaba Voldemort - todos pusieron mala cara- y que la batalla se aproximaba, me llamó y convoqué a todos los miembros de la Orden que se hicieron presentes y todo esto nos trae al día de hoy.
- Aún no entiendo, ¿cómo fue que no murió? - preguntó el Ministro a Dumbledore.
- Hay magia más poderosa de lo que crees. Primero y pricipal, antes de irme con Harry del colegio, tomé un poco de alixir de la vida. Mi querido amigo Nicolás Flamel me había dado un poco de este, tal vez pensando que algún día lo necesitaría. Además de todo esto, también había conservado un poco de sangre de Harry. Le quité sólo una gota, aquellos días que estuvo en la enfermería después de haber combatido con Voldemort - todos pusieron mala cara al escuchar este nombre- y haber recuperado la Piedra Filosofal. Tendría que haber muerto en la misión que aquella noche me había alejado del colegio, pero gracias a la sangre de Harry y al elixir, sólo me debilité. Luego llegamos al castillo y vimos la Marca Tenebrosa.
- ¿Llegamos? - preguntó McKingdon.
- Sí, Potter y yo, habíamos salido para recuperar uno de los Horcruxes pero este era falso.
- ¿Y luego? - preguntó Snape.
- Bueno, ¿conoces la pocima de los muertos vivientes?.
- Por supuesto que si - dijo ofendido.
- Pues bien, cuando Harry se distrajo mirando la Marca Tenebrosa, yo tomé un poco de ella, gracias a Merlín, tardó en hacer efecto el tiempo justo como para que, cuando tú me lanzaras el Avada Kedavra, yo invocara el Protego. Lo único que recuerdo es haber caído de espalda.
Todos comenzaban a entender lo que había pasado aquella noche.
- Pero en ese momento su varita estaba en el suelo - recordó Snape.
- Sé hacer hechizos sin usar una varita - dijo Dumbledore con una sonrisa.
El hombre lo miró de reojo pero no le contestó.
- Habían llevado mi cuerpo a las mazmorras para prepararlo para el funeral y...
- Pero nosotros vimos a Hadrid cuando llevaba su cuerpo a la mesa y vimos la tumba blanca - lo interrumpió Harry.
- Un poco de paciencia, a eso iba. Abrí los ojos justo cuando Slughorn había entrado para verme. Como es lógico se asustó - dijo riendo-, creyó que era un Inferi. Entonces, con la poca energía que me quedaba, le conté lo que había pasado y le hice prometer que se callaría la boca.
- Nosotros vimos su cuerpo - insistió Harry.
- ¿Sabes?, eso es lo bueno de ser el mejor mago después de Merlín - dijo con una sonrisa-. Cuando se sabe hacer magia pero magia de verdad, se puede convertir cualquier cosa en lo que uno desea. Le pedí a Slughorn que le dijera a Firenze que casara el siervo más grande que encontrara y lo trajera al castillo. Tal vez no lo sepas pero antes de McGonagall yo era el profesor de Transformaciones. Así que tomé al animal y le di mi apariencia. Slughorn llamó a Hadrid y le dijo que ya era hora de llevar mi cuerpo arriba, así que eso fue lo que hizo.
- O sea que Hadrid estaba llevando al sirvo y no a usted - dijo Harry con una sonrisa.
- Exactamente. Cuando los alumnos y los profesores abandonaron el colegio, pude deambular por el castillo a mis anchas. Tuve que amenazar a los elfos domésticos y a los fantasmas para que no le dijeran a nadie de mi presencia, sobre todo a Peeves, que se moría de ganas de gritar a los cuatro vientos que yo estaba vivito y coleando. Las semanas pasaron y, al estar más fuerte, decidí que era mejor entrar en acción. Nick me contó que había visto cuando Harry le daba un viejo pergamino a Lupin, supe de inmediato que debía ser el mapa que los muchachos siempre usaban para escabullirse del colegio. Un elfo doméstico me dijo que Lupin había sido nombrado director de Hogwarts, así que sabía que mi escondite en el colegio estaba en peligro, si Remus miraba el mapa me vería en él. Así que le dije a Slughorn que llamara a McGonagall y a Lupin, que les dijera que tenía que mostrarles algo, por supuesto que ese algo era yo. Casi mueren del infarto cuando me vieron - dijo Dumbledore riendo al recordar la escena-. Si les hubieran visto las caras de espanto que pusieron al verme se reirían como yo lo estoy haciendo ahora. Así que sólo habían tres personas que sabían de mi presencia en el colegio. Lupin me dijo que el mejor lugar para esconderme era el sexto piso y, al principio de clases les dijo a los alumnos que no fueran hacia el ala este del sexto piso pues tendrían una muerte horrorosa. Luego me informó que debía tener cuidado porque Granger, Potter y Weasley, estaban en el castillo. Sabía que ellos no se comerían el cuento de la muerte que les esperaría si andaban por donde no debían. Me la pasaba casi todo el tiempo desilusionado para poder deambular por todos lados sin ser visto.
- Tendríamos que haberle hecho caso a Ron, él quería invertigar lo que había en ese piso, pero ni Hermione ni yo teníamos ganas. Así que el asunto quedó ahí y ninguno de los tres volvió a mencionarlo - recordó Harry-. Ahora que lo pienso, era usted al que vi moverse y no a la pared.
Dumbledore sonrió y lo miró con cariño, luego prosiguió con su relato.
- Por eso mismo, una noche, decidí salir del colegio e ir a la casa que tenía en el Valle de Godric, para volver cuando estuviera totalmente recuperado.
- ¿Qué haremos con Snape?. No podemos juzgarlo por crímenes que no cometió - dijo el Ministro.
- Pues creo que tiene toda la razón y le pediría que quitara las cadenas de sus muñecas.
McKingdon hizo un movimiento con su varita y las cadenas volvieron a colgar de los apoyabrazos de la silla.
- ¡Gracias! - le dijo Snape a Dumbledore.
- No tienes nada que agradecer, fue un placer.
- Bien, Snape queda liberado de todos los cargos.
Dumbledore se levantó, pero antes de salir por la puerta agregó.
- Agradecería al Ministerio y a los miembros del Wizengamont que tuvieran a bien darle una Orden de Merlín de Primer Grado a Potter y otra a Sirius Black.
- ¿A Potter y a Black? - dijo el Ministro.
- Bueno, Black mató a Bellatrix Lestrange y Potter a Voldemort, ¿no?. Ah, otra cosa, creo que Snape se merece una de tercer grado por haber enfrentado tantos peligros para poder ayudarnos - y dicho esto dejó el recinto.
Snape se levantó y miró a Harry con un brillo en los ojos, lo abrazó con mucho cariño.
- Qué cosas que suceden, ¿no te parece?.
- Ni que hablar, profesor.
- Por fin estoy libre.
- Y sin siquiera haber pisado Azkaban, ¿no? - le dijo Sirius.
- Espera a que me devuelvan mi varita y verás - le dijo Snape.
- ¿Otra vez? - preguntó Harry poniéndose en medio de los dos.
- No tengo ganas - dijo su padrino alzándose de hombros.
- ¿Eres un cobarde? - le preguntó Severus con sorna.
Los ojos de Sirius brillaron con todo su odio, apuntó a Snape con la varita, de inmediato Severus quedó dado vuelta flotando en el aire, como si una mano invisible lo tuviera por los tobillos. Sirius sonrió burlón y salió de la sala. Algunos rieron al ver la escena pero a Harry no le dio nada de gracia. El muchacho quedó con la boca abierta mirando como su padrino se iba como si nada.
- ¿Nadie va a bajarme? - preguntó Snape, exasperado.
- ¡Oh, lo lamento! - dijo Harry haciendo un movimiento con la varita y, de inmediato, Severus cayó al suelo-. ¿Está bien?.
- Si, estoy bien.
- No puedo creer que siga con esta estupidez.
- Me las va a pagar.
- Uno de los dos tiene que terminar con todo este asunto. Parecen dos bebés - dijo disgustado.
Remus, Ginny, Harry y Sirius salieron del Ministerio y se dirigieron al número doce de Grimmauld Place.
Por supuesto que las riñas entre Snape y Black no terminaron nunca. Severus y Harry se convirtieron en amigos. Sirius volvió a tocar con Los Trasgos y, con el correr del tiempo, se casó con Alexandra y se fueron a vivir al Valle de Godric, tuvieron dos hijos. Snape continuó dando clases Contra las Artes Oscuras, se casó y tuvo un hijo con la misma nariz ganchuda y los cabellos grasosos que él. Fred y George se convirtieron en los millonarios del mundo mágico ya que las ventas de la tienda de chascos iban cada vez mejor; también se casaron y compraron unas enormes casas en Londres. Luna se casó con Neville, él se convirtió en profesor de botánica en Hogwarts y ella en una excelente ama de casa, tuvieron una hija con las mismas inseguridades que él. Lupin continuó como director de Hogwarts, se casó con Tonks y tuvieron dos hijos totalmente humanos (sin características lobunas). Dumbledore se jubiló y se fue a vivir a su casa del Valle de Godric. Ron y Hermione se casaron y se fueron a vivir a La Madriguera, ambos consiguieron empleos de Aurors en el Ministerio, tuvieron dos niñas y tres niños. Bill y Fleur se fueron a vivir a Paris y tuvieron cinco hijos. Úrsula se fue a Bulgaria y se casó con Viktor Krum, él continuó en el equipo de Quidditch búlgaro y ella se convirtió en una gran ama de casa y en una excelente madre. Hadrid se casó con Madame Maxime y se quedaron a vivir en Hogwarts, los profesores conjuraron unos cuantos Engorgios para aumentar el tamaño de la casa del semigigante. Lucius Malfoy salió de San Mungo totalmente recuperado y se divorció de Narcisa. Draco y Pansy se casaron y se fueron a vivir a una enorme casona a las afueras de Londres, tuvieron dos hijos. Ah, por supuesto, lo que todo el mundo quiere saber es que pasó con Ginny y Harry, bueno, eso es fácil. Ginny dio a luz a unos mellizos llamados Lilian Molly y James Arthur. Harry se recibió de Auror pero no era lo suyo. Lo contrataron los Chudley Cannons y los llevó a la victoria durante siete años seguidos, cosa que Ron le agradeció con los ojos llenos de lágrimas, Harry le dedicaba las victorias. Después estuvo en la selección nacional británica de Quidditch y fueron campeones europeos tres años seguidos y mundiales dos veces. Cuando se retiró fue a trabajar al Ministerio, en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, del cual se convirtió en director. Harry estaba contento con su pasado, presente y futuro pero, lo que más feliz lo hacia, era que nunca mas iba a dolerle la cicatriz.
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2024-10-05

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