Se me habia olvidado... u.u los personajes, obviamente no son míos, son de Rowling, y demás. Ahora si, a leer!!!
1. La poción revitalizadora no lleva vainilla.
Aquella era una tarde normal; si es que acaso algo de lo que le había pasado en los últimos seis años podía considerarse normal. Iba rumbo a la biblioteca; necesitaba un libro para estudiar pociones.
Eso debió activar una alarma. Si en una frase estaba incluyendo las palabras biblioteca, libro, estudio y pociones era porque algo malo estaba por pasar.
En su mano apretaba el trozo de papel con el nombre del libro que necesitaba, Hermione personalmente lo había anotado. Estaba al pie de las escaleras. Tenía que subir un piso para llegar a su objetivo. Lo sabía. Estaba tan seguro y conciente de ese hecho como de que su nombre era Harry. Se dirigía a la biblioteca, esa era su intención, por lo que era necesario subir las escaleras, llegar al siguiente nivel y caminar hasta el fondo del pasillo.
Pero...no lo hizo.
Siguió por el corredor a su izquierda y sus pies lo llevaron hasta la quinta puerta de lado derecho. No supo porque, pero con toda docilidad se dejó llevar por ese extraño impulso, abrió la puerta que se cerró de golpe, inmediatamente después de haber entrado.
La habitación estaba totalmente oscura. Nunca había estado allí, pero sus pies sabían exactamente hacia donde dirigir cada paso. Veinte en total. Doce hacía a dentro y ocho mas a la izquierda. Era como si lo hubieran programado para llegar a ese lugar en específico.
No era capaz de distinguir siquiera sus propios zapatos, no sabía lo que estaba haciendo en ese sitio. Se detuvo a esperar, no sabía que, pero esperó. No por mucho tiempo. Escuchaba las manecillas de un reloj que no podía ver, con su insistente tic-tac.
Un leve crujir de madera se dejó escuchar. Después, unos pasos acercándose a él. Un par de segundos mas tarde, un par de suaves manos se apoderaron de sus mejillas. Sintió un tibio aliento acariciando su rostro. La sorpresa lo paralizó cuando por último, sus labios se contagiaron de un sabor a vainilla cuando hicieron contacto con otros cálidos y dulces.
Sin tiempo para reaccionar, sintió el frío que aquellas manos habían dejado en sus mejillas al soltarlas. Hasta sus oídos llegó el sonido de los mismos pasos que ahora se alejaban mientras el agitaba su varita repitiendo inútilmente "lumus". La habitación seguía totalmente oscura. Hubo otro chirrido de madera y después silencio total.
Trató de seguir la misma dirección de aquellos pasos al desparecer, pero después de chocar con un mueble de madera sólida, golpearse la rodilla y lanzar un par de maldiciones desistió de esa idea.
Totalmente confundido, fue capaz de recordar el sitio aproximado donde estaba la puerta, y después de chocar con lo que, gracias al tacto dedujo era una silla, su mano encontró la perilla de la puerta y la giró con firmeza. Rápidamente sus pupilas reaccionaron a la luz y su cerebro empezó a trabajar con mayor velocidad.
No tenía idea de lo que acababa de pasar ahí dentro. La única prueba de que todo había sido real, era el hormigueo en sus labios y el persistente sabor a vainilla.
Con pasos lentos y vacilantes llegó a la sala Común. Con una mano sobre los labios, como si tratara de evitar que la única evidencia de lo que acababa de vivir desapareciera.
Ron murmuraba sin parar fragmentos del libro que transcribía en un largo trozo de pergamino. Hermione cerca de él, sacaba libros de su mochila y los empezaba a esparcir sobre la mesa. Ninguno le prestó la menor atención cuando llegó y se sentó entre ellos. Por un momento lo agradeció. Pero luego empezó a sentir la imperiosa necesidad de contar lo que le había pasado, el compartirlo con alguien, con alguien que pudiera ver, lo haría más real.
Entre sus meditaciones sobre lo que había sucedido en aquella habitación, pudo distinguir que Hermione le dirigía una que otra mirada disimulada cada vez que volteaba las páginas de su libro de Aritmancia. Imaginó los reproches que le haría si le contara, que de algún modo, había llegado a una habitación extraña, en lugar de ir directamente a la biblioteca. Imaginó las burlas de Ron al saber que había sido besado por alguien qué bien podría tener la nariz tan torcida como Snape y cambió de opinión. Hay cosas que es mejor no compartir.
Empezó a sentirse nervioso, como si estuvieran a punto de descubrirle su terrible secreto. Sintió su frente humedecerse con un sudor frío.
-¿Encontraste el libro? ¿Pasa algo Harry? -le preguntó Hermione con una mezcla de preocupación y diversión ante su expresión.
Simplemente negó con la cabeza. Ron le obsequió una distraída mirada. Tras comprobar, después de un breve análisis que no pasaba nada, continuó añadiendo sus enormes garabatos en el pergamino.
-Si no estas ocupado ayúdame a encontrar los ingredientes de la poción revitalizadora -dijo sin mirarlo. Le arrojó un viejo libro de pociones con tapas tan gastadas que cualquiera hubiera jurado había sido propiedad del mismo Merlín.
Harry lo ignoró totalmente. Se mente estaba concentrada en un único pensamiento. Clavó la mirada en un punto cualquiera y se alejó del resto de los eventos a su alrededor. Desde algún lugar, aparentemente muy lejano, le llegó una especie de eco que le recordaba vagamente la voz de Ron. Pero el seguía aferrado a la misma idea.
-Vainilla -susurró, humedeciéndose los labios para recordar el sabor.
-¿Vainilla? ¿La poción revitalizadora lleva vainilla? -preguntó por fin levantando la cabeza y mirando primero a Harry y luego a Hermione. Esta observó por un instante a Harry antes de empezar a reír.
Por fin la expresión confundida de Ron y las carcajadas de Hermione lo hicieron volver a la realidad.
-¡Honestamente, Harry! No se en que estas pensando, pero espero que no hayas puesto esa atrocidad en tu trabajo de pociones -declaró Hermione divertida.
Harry sintió su rostro enrojecer rápidamente. Ron pasaba hojas del libro a toda velocidad para verificar si la vainilla era o no un ingrediente para esa poción. Finalmente lo vio recorrer con el dedo una lista de ingredientes que ocupaba tres hojas y entre los cuales, definitivamente no se encontraba la vainilla.
-¡Rayos, Harry! Todavía tengo que hacer un ensayo de transformaciones y un resumen de encantamientos... ¡No estoy para bromas ahora! -gritó molesto Ron.
Hermione giró los ojos y dio un ligero bufido.
-Bueno, si hubieras empezado a hacer todo eso la semana pasada no estarías ahora así. ¡Pudiste ocupar el fin de semana en otra cosa que no fuera llevar a Luna a la torre de astronomía y cuanto cuarto oscuro encontraras a tu paso! -le reclamó Hermione con aire indiferente.
Las palabras "cuarto" y "oscuro" encendieron nuevamente el rostro de Harry. Sintió los ojos de Hermione fijos en él y se quedó profundamente agradecido con Ron cuando cerró de golpe el libro y se dirigió a Hermione muy ofendido.
-A diferencia tuya, yo si tengo vida...
Aprovechó la discusión para escabullirse hacia los dormitorios. A toda velocidad subió las escaleras. Cerró las cortinas de su cama antes de dejarse caer en ella mientras pensaba en quien podía ser la misteriosa "chica vainilla". Seguía acariciándose los labios y sin darse cuenta se quedó dormido.
Con toda la conciencia que podía tener dentro de su sueño, empezó a recorrer todos los rostros femeninos de Hogwarts. Tal vez Cho se habría arrepentido, tal vez Ginny seguía sintiendo algo por el. Quizás Parvati. Tal vez aquella chica rubia de quinto. Quizás Hermione...una fuerte risa se apoderó de él ante este pensamiento, absurdo incluso tratándose de alguien que lo tiene mientras esta dormido. Nadie en su sano juicio, conciente o inconciente, creería a Hermione capaz de algo así.
No fue un sueño tranquilo. Soñó con el mismo cuarto oscuro. Con las mismas manos suaves sobre su rostro. Los mismos labios dulces y el mismo sabor a vainilla...y luego... la huída.
Era de madrugada cuando despertó sobresaltado por un terrible descubrimiento: le había gustado aquel beso.
Y mucho.
2. Necesitaba pensar y para eso necesitaba a... ¡Hermione!
Sintiéndose más cansado y preocupado que la noche anterior, Harry despertó la mañana de aquel martes con el deseo de que todo hubiera sido un sueño. El sabor de aquel beso estaba ya sólo en su recuerdo y no en sus labios. Una fuerte brisa de aire helado se colaba de la ventana entreabierta. La temperatura había bajado mucho en los últimos días.
Bajo al comedor luciendo ojeroso, Hermione y Ron estaban ya ahí. Ella estaba inmersa en la lectura de un libro, y Ron devoraba hasta la última migaja que quedaba en su plato.
Alejó la miel, la mermelada y cualquier otro alimento cuyo sabor fuera dulce, de su lado. Tomó un salero cerca de él y vació casi una cuarta parte de su contenido sobre el tocino de su plato. Dio el primer bocado y tras un gesto de desagrado tomó nuevamente el salero.
Hermione y Ron suspendieron sus actividades para mirarlo con inquietud.
-¿No es demasiada sal? -le preguntó ella por encima de su libro.
-Necesito contrarrestar - contestó, dejando por fin el salero y probando otra vez con un gesto aún mas pronunciado.
-¿Contrarrestar, que? -preguntó Ron frunciendo la nariz.
Harry negó con la mano, pidiéndole que olvidara el asunto. Hermione dejó su libro sobre la mesa y sacó del bolsillo de su túnica un pequeño tubo que destapó y empezó a untar sobre sus labios. Ron se olvido momentáneamente de Harry y concentró su atención en ella sin cambiar de gesto.
-¿Para que te estas pintando los labios? ¿Piensas besar a Flitwick? -le preguntó con tono burlón. La primera clase del día para Hermione era encantamientos.
-¡No seas idiota! Es una pomada. Hace demasiado frío y se me resecan los labios -le contestó mirándolo del mismo modo en que miraría su zapato después de haber pisado accidentalmente una babosa -Claro, imagino que como tus labios están permanentemente humedecidos por los de Luna, no tienes ese problema...
-Gracias por recordármelo -dijo con tono cínico- Es hora de otra dosis de humectación -tomó una tostada más y se dirigió a toda prisa a la mesa de Ravenclaw dejando un rastro de miel a su paso.
Hermione suspiró con cansancio, cerró el tubo y lo guardó en su mochila.
Harry la miraba sin prestarle atención. Después de un rato de sentir su mirada sobre él, se puso también de pie, dijo "Nos vemos luego" entre dientes y decidió que era hora de un poco de investigación.
Llegó a la misma habitación, que esta vez gozaba de una iluminación sorprendente, La luz entraba a raudales por las ventanas y Harry pudo recorrer el lugar a sus anchas en busca de alguna pista de su misteriosa "chica vainilla. Desgraciadamente, lo único que encontró, fue el mueble con el que había chocado la noche anterior. Había un par de puertas de madera por las que podía haber escapado. Cuando intento abrirlas descubrió que una al abrirse, no hacía más que mostrar otro pedazo de muro. La otra daba a una habitación más pequeña y después a un corredor que no tenía salida.
Había también una especie de armario, y varias pinturas, una de ellas, llegaba hasta el suelo y era la imagen de una pequeña niña que acariciaba a un gato que descansaba sobre sus rodillas. Cuando Harry se acercó tratando de obtener informes del cuadro, el animal lanzó un gruñido de desagrado y la pequeña niña negó con la cabeza llevándose las manos a la boca. No iba a obtener información de ella.
Se sentó en una silla cerca de la puerta. Si tan sólo hubiera tenido algo de luz hubiera podido ver de quien se trataba antes de que ella se marchara. Pero su "lumus" no había sacado ni un pequeño destello de su varita. Metió la mano al bolsillo de su túnica y sacó su varita, la agitó dejando que un firme "lumus" saliera de sus labios. Esta vez, de la punta se pudo distinguir una suave luz que era disimulada por los rayos del sol que se colaban por las ventanas. ¿Porque no había funcionado la noche anterior?
Tal vez algún encantamiento para mantener la habitación oscura. Y entonces lo recordó... ¿porque había sentido ese extraño deseo de ir a ese cuarto en especial?
Bufó con desesperación y se levantó dándole una fuerte patada a un mueble.
Necesitaba encontrar a quien lo había besado. Necesitaba saber como había conseguido llevarlo hasta ahí. Necesitaba pensar... Necesitaba ayuda... Necesitaba... y sin perder un instante más salió corriendo.
Faltaban unos minutos para que la primera clase del día comenzara. Llevaba solamente unos segundos fuera del aula de encantamientos cuando la figura de Hermione, jorobada frente a un libro apareció. Corriendo, la alcanzó al inicio del pasillo y apartó el libro de su cara de un nada sutil manotazo.
-¿Qué...? -empezó a protestar.
Harry no le dio tiempo de continuar, le quitó la mochila del hombro y jalándola de la mano libre que le dejaba su libro, la metió en la primera aula desocupada que encontró.
-Necesito que me ayudes -le soltó sin preámbulos.
-Si no terminaste la tarea de...-empezó ella en tono de sermón.
Él puso la mano en su boca para hacer que se callara. No tenía tiempo para tonterías...y cualquier tarea en ese momento era una tontería. Sacudió la cabeza con energía.
-No se trata de eso. Necesito que me digas si se puede bloquear un lumus, como puedes hacer que alguien vaya a donde no tiene intensión de ir...y...ya se que nadie se puede desaparecer dentro de Hogwarts, pero... -hizo una minúscula pausa para respirar y Hermione la aprovechó.
Ella se soltó rápidamente y palideció. Miró su reloj. Faltaba un minuto para que la clase empezara y era la última antes del examen, sabía que eso bastaba para alterarla pero no le importó. Trató de tomar su mochila pero Harry no la soltó. Necesitaba información, egoístamente fingió no notar que su palidez la hacía parecer un fantasma.
-Harry tengo que entrar a clase, no se para...que...para que quieres saber eso pero... puede esperar...-le dijo mientras recogía el libro que acaba de tirar con un movimiento nervioso.
Pero él no estaba dispuesto a dejarla ir sin algunas respuestas. Aquello exigía medidas drásticas. Suspirando con resignación decidió que la única forma de convencerla de que aquellas preguntas eran más importantes que una simple clase de encantamientos era contarle toda la verdad.
Nuevamente la tomó de la mano, la sentó en una silla frente a él y comenzó con el relato detallado de todo lo que había pasado el día anterior.
Ella lo escuchó en silencio pero dirigiendo continuas miradas nerviosas, unas veces a su reloj y otras a la puerta.
-¿Ahora entiendes porque necesito saber? -le preguntó Harry abatido.
-No..., es decir - trató de explicar, abriendo y cerrando la boca sin decidirse- Seguramente es alguna de tus admiradoras... No tiene importancia.
-Necesito saber quien es.
-¿Para que? -le grito exasperada. Sus ojos seguían fijos en la puerta.
-Bueno si se tomó tantas molestias me gustaría conocerla... Yo se que tu me puedes ayudar. Seguramente tú conoces esos encantamientos, ¿o no?
-¿Porque habría yo de conocerlos? -volvió a preguntar poniéndose de pie.
-¡Tu conoces todos los encantamientos! -contestó Harry como si se tratara de la respuesta más obvia del mundo-. En que año los enseñan...no sé...
Ella tomó el libro y lo empezó a hojear como si buscara en alguna página uno de esos encantamientos. Él la miraba fijamente.
-No se enseñan a todos los alumnos, Harry, son cursos especiales de encantamientos...para los alumnos más avanzados.
Cerró el libro después de escuchar un débil "¡oh!" de decepción. Esta vez fue Harry quien se dejó caer en la silla.
-Entonces...debe tratarse de una bruja muy inteligente, ¿no es así? -le preguntó con un definido tono de amargura.
-Bueno...-murmuró ella sin comprender a donde quería llegar-. Supongo que si... ¿Que importa eso?
-Es obvio. Si se trata de una bruja inteligente y no quiso dejarse ver, seguramente será fea como la verruga de un trol...-comentó tristemente.
Hermione enrojeció, Harry la miró recoger sus cosas con movimientos violentos.
-Hermione -le dijo tratando de detenerla nuevamente, pero esta vez recibió un fuerte empujón que lo hizo desistir.
-¡No tengo tiempo para estupideces, Harry! -le gritó de mal modo- Tengo que entrar a clase.
La vio salir a toda prisa y azotar la puerta con todas sus fuerzas
3. Un par de mentas para el Príncipe.
Durante toda la clase de encantamientos Harry dividió sus pensamientos entre las posibilidades de que su admiradora resultara ser la versión femenina de Goyle y la preocupación que le causaban las constantes miradas de disgusto que Hermione le dirigía.
Había perdido diez minutos de clase, y aunque eso, tratándose de ella constituía toda una tragedia, su reacción era bastante exagerada. Admiraba a Hermione, respetaba su lógica y su dedicación, pero en ocasiones lo desquiciaba que desperdiciara tanto tiempo en estudiar. Era tan inteligente que no lo necesitaba
Entonces fue que lo entendió.
Por eso estaba molesta, mas que molesta furiosa. ¡Mujeres! ¡Evidentemente no se refería a ella cuando había hablado de brujas inteligentes que eran feas como verrugas de trol!
Empezó a tamborilear los dedos sobre su libro de encantamientos hasta que el pequeño profesor Flitwick le lanzó una mirada de advertencia. Quería que la clase terminara cuanto antes para poder aclarar aquel malentendido con Hermione. Y claro, también para que lo ayudara con su pequeño conflicto.
En cuanto terminó la clase salió disparado detrás de ella, tuvo que correr por varios metros para poder alcanzarla. Lo que constituía una clara prueba de que estaba realmente molesta.
-¡Hermione! - le dijo jadeando en cuanto la alcanzó. Ella lo miró con el ceño fruncido.
-No lo dije por ti
-exclamó por fin recuperando un poco el aliento. La vio levantar una ceja.
-No se de que hablas - contestó mientras volvía recorrer el pasillo a toda prisa.
-No quise decir que tu fueras una de esas brujas inteligentes
-le dijo cuando nuevamente la alcanzó y la sujetó de un brazo. Evidentemente aquella no era la forma correcta de disculparse, ya que ella se soltó de mal modo y reanudó su camino con mayor velocidad, después de dar un fuerte gruñido.
La observó alejarse antes de reunir las fuerzas necesarias para tratar de alcanzarla de nuevo. A un metro de distancia le gritó y ella se paró bruscamente.
-Vamos Hermione, sabes lo que quiero decir. O lo que no quise decir
tú no eres una de esas brujas inteligentes y feas
Hermione sabes que eres muy inteligente y eres
bueno no eres fea
aunque fueras horrible no lo notaría porque te conozco demasiado bien
lo que quiero decir es
-murmuró confundiéndose incluso a si mismo.
-Cállate, Harry - contestó Hermione volteando y girando los ojos después de dar un largo suspiro. Algo entre todo lo que dijo debió estar bien porque ella empezó a caminar a su lado con paso normal. Caminaron por un rato en total silencio hasta que se separaron para la siguiente clase. Ella tenía aritmancia y él tenía la hora libre.
Lo que menos necesitaba era pasar dos horas con sus pensamientos dirigiéndose constantemente al mismo sitio. Ahora también se torturaba imaginando como podía ser el rostro de su chica vainilla ¿Qué pasaría si en realidad la encontraba y ella resultaba ser
físicamente no agradable?
A pesar del intenso frío, se tumbó cerca del lago y revivió cada instante del breve contacto con ella. La suavidad de sus manos, el ligero temblor que percibió cuando sus labios hicieron contacto
y más que el sabor a vainilla de sus labios, la dulzura que le transmitió en el beso. Como si llevara siglos esperando por ese momento. Había ansiedad, ternura, entrega
tantas cosas más para las que ni siquiera tenía un nombre, en ese beso. Tal vez no resultaría importante si era o no bonita.
Tal vez le pasaría lo mismo que le ocurría con Hermione. No podía recordar lo que había pensado de su apariencia física la primera vez que la vio. No le importaba si los demás la consideraban fea o bonita. La conocía demasiado bien para ser objetivo en ese punto. Para él sólo era Hermione, y por lo que conocía de ella, el encontrarse con su rostro, era una de las cosas mas agradables que le podían pasar.
Si alguien era capaz de transmitir tal cantidad de emociones en un simple beso, seguramente era, porque al igual que Hermione, como persona, valía mucho más que una cara bonita.
Mucho más seguro de querer descubrir a su misteriosa admiradora, regresó al castillo. Se le había ocurrido algo y estaba deseoso de que el tiempo pasara de prisa para poder llevar su idea a la práctica.
En cuanto encontró a Hermione, que por mas que trató no fue lo suficientemente rápida para escapar de él en cada ocasión, la empezó a atosigar con preguntas sobre como bloquear el bloqueo de un lumus, como sellar las salidas para impedirle huir y otras cien cosas por el estilo.
Hermione fingía estar muy concentrada en sus complejos cálculos de aritmancia como para prestar atención a toda su palabrería. En una breve pausa, saco de su mochila el pequeño tubito, lo abrió y se lo llevó a los labios. Por un momento llegó hasta él una suave fragancia a vainilla. Debía estar volviéndose loco, empezaba a inventar aromas de la nada. Sin embargo aquello hizo que se le ocurriera una idea. Lentamente se acercó y después de comprobar que no había nadie cerca de ellos, como si temiera que "ella" pudiera estar escuchando lo que se le acaba de ocurrir, le dijo en voz muy baja:
-¿Hay alguna forma de identificar el sabor de alguien? -preguntó. Se sentía casi ridículo de hacer aquella pregunta.
Ella lo miró a punto de reír.
-¿El sabor de alguien? -repitió extrañada.
-Bueno...-empezó a decir Harry algo incomodo-. No te lo dije pero...ella sabe a vainilla -dijo muy rápido sintiendo como sus orejas enrojecían.
Por algún motivo, Hermione dejó de reír. Mordió su labio y sin querer tiro el tubito que acababa de cerrar. Fue a dar bajo la mesa y ella se agachó a recogerlo. Tardó más de lo normal, o por lo menos eso le pareció a Harry.
-Es lo único que sé sobre ella -declaró a manera de excusa.
-Bueno, pues tu Cenicienta no ayuda mucho que digamos...-susurró al incorporarse. Le dirigió una fugaz mirada y notó en él una expresión de total incomprensión. Bufó girando los ojos mientras buscaba su pluma bajo el montón de pergaminos sobre la mesa-. ¡Honestamente, Harry...! ¡Cenicienta! La zapatilla, el príncipe... ¿recuerdas que empezó a probarles la zapatilla a todas las doncellas del reino?
-¿Y que sugieres? ¿Qué me dedique a besar a todas las mujeres de Hogwarts... -empezó a decir en voz muy alta. Se detuvo ante la mirada de Hermione que le señalaba con los ojos a un grupo de chicas de tercero que voltearon hacia él con la esperanza de ser las primeras en ayudarlo con aquel propósito. Bajo la voz antes de continuar- para ver cuál sabe a vainilla?
Sin poder contenerse, Hermione soltó una fuerte carcajada.
-Eso aumentaría tu popularidad -le dijo entre risas- Pero no quise decir eso... no estarás pensando regresar a ese cuarto otra vez, ¿o si? -le clavó la mirada y por la forma en que la esquivó, no necesitó una afirmación directa para esa pregunta-. ¿Qué te hace creer que ella también estará ahí?
-Tal vez...a ella también le gustó...tanto como a mí...-confesó tímidamente.
Hermione suspiró y él no pudo descifrar el significado de su mirada. Su expresión se suavizó y sus ojos brillaron de una forma extraña. Se sintió patético cuando llegó a la conclusión de que le tenía lástima. Trató de recobrar algo de la dignidad que acababa de perder.
-Es decir, no creo que ella vaya a desperdiciar la oportunidad de volver a besarme -añadió en tono altanero.
-Tengo que ir a la biblioteca Suerte con tu Cenicienta, Príncipe.-lo cortó después de poner los ojos en blanco. Empezó a recoger sus cosas, y se detuvo antes de terminar. Lo miró de pies a cabeza y continuó-. Pero...te recomendaría un par de mentas.
-¿Mentas? -repitió sin entender.
-Después de toda la sal con la que empezaste este día te harán falta. No querrás que se lleve una mala impresión con el aliento de su Príncipe, ¿o si? -le preguntó con el tono mas burlón que pudo encontrar entre su repertorio.
En cuanto el retrato se cerró tras ella, Harry empezó a soplar sobre su mano para verificar si necesitaba o no las mentas. Al cabo de unos segundos subió corriendo al dormitorio y empezó a revolver uno de los cajones de Ron hasta dar con un paquete de goma de mascar de menta. Sin dudarlo tomo tres pastillas y se las metió a la boca con urgencia.
Siempre es mejor prevenir.
4. A Cenicienta le gusta el flan.
Faltaban dos horas para las seis treinta. Hacía ya veintidós horas que todo había pasado. Hermione había prometido que en su tiempo libre, le ayudaría a buscar algún encantamiento que le fuera de utilidad. Como no tenía tiempo para esperar a que esto ocurriera, planeó cuidadosamente cada paso a seguir para ese día.
La primera parte de su plan no pudo ser llevada a cabo. Aunque ya había podido recorrer el cuarto con luz, y lo recordaba a grandes rasgos, había pensado darle una ayuda adicional a su memoria e ir un rato antes a darle un último vistazo. Cuando llegó, encontró la puerta cerrada y por más intentos que hizo, le resultó imposible abrirla. Se consoló pensando que recordaba el cuarto lo suficiente como par no tener problemas al moverse aún sin luz.
A las seis en punto regresó, dispuesto a no dejarla ir tan fácil en esa ocasión. Abrió la puerta con sólo girar la perilla. La oscuridad era absoluta, cómo el día anterior. Entró y trató de colocarse en el mismo sitio que la vez anterior. Sin embargo era diferente en esa ocasión. No era el impulso extraño que movía sus pies casi en contra de su voluntad, estaba donde quería estar. Espero por varios minutos. Su paciencia empezaba a evaporarse. ¿Y si ella no aparecía? ¿Y si la había decepcionado? ¿Y si
?
Antes de que pudiera terminar de formularse la siguiente pregunta volvió a escuchar el mismo chirrido de madera. Se quedó parado esperando a que ella se acercara. En cuestión de segundos sintió su respiración cerca de su rostro
Pero esta vez sus manos no se posaron suavemente sobre sus mejillas. Se aferraron a sus muñecas inmovilizándolas e impidiéndole sujetarla como tenía planeado.
Su mente dejó de funcionar cuando sus labios hicieron contacto nuevamente con aquel embriagante sabor a vainilla. Duró mucho menos de lo que él hubiera deseado. Cuando la sintió alejarse trató de soltar sus manos para detenerla e impedirle escapar, pero ella no cedió, de un fuerte empujón lo hizo retroceder tres pasos mientras ella salía corriendo. Harry trató de seguirla pero se topó con una silla que había cambiado de lugar desde la última vez que la había visto. Tropezó con ella y fue a dar al piso alcanzando únicamente a tomar un pedazo de su túnica por un breve momento antes de que también esta resbalara de su mano.
Arrastrando los pies regresó a la sala Común. Hermione aún no regresaba de la biblioteca. Ron hojeaba una revista de quidditch. En cuanto lo vio trató de platicar con el sobre algunas jugadas y los últimos partidos de la temporada, pero rápidamente se convenció de que su amigo no estaba con ánimos de socializar y regreso a su revista.
Casi media hora después vio entrar a Hermione que se dirigía a los dormitorios. Paso de largo como si no lo hubiera visto. Pero él la detuvo. Necesitaba contarle a alguien.
¡Harry! Saludó distraída ¿Cómo te fue?
La llevó hasta un rincón apartado de la Sala Común y empezó a contarle lo sucedido. Ella lo escuchó fríamente, casi por compromiso. Parecía tener prisa por ir a su dormitorio. Por fin le permitió alejarse después de que ella le prometiera una vez más, que buscaría la forma de ayudarlo.
Su sueño volvió a ser intranquilo. Hasta altas horas de la madrugada se le pudo escuchar dar vueltas y revolverse entre las sábanas.
Una larga fila estaba frente a él. Eran kilómetros y kilómetros de chicas formadas delante de él. Esperando su turno para ser besadas y descubrir cual de ellas sabía a vainilla. La fila avanzaba lentamente y como en las cajas de grajeas Berttie Bott encontraba un sin fin de sabores, pero ninguno era remotamente parecido al de la chica vainilla.
¡Harry! ¡Harry! escuchó los gritos de Ron. Sintió un fuerte zarandeó y abrió los ojos profundamente cansado, pero muy agradecido con su amigo. La siguiente en la fila era Myllicent Bullstrode.
Neville estaba saliendo del dormitorio a toda prisa. Ron estaba totalmente vestido frente a él, le señalaba su reloj. En cinco minutos tenía clase de cuidado de criaturas Mágicas. Necesitaría de un giratiempo para llegar puntual. Se levantó sin ganas, dejando que Ron saliera corriendo rumbo a la Cabaña de Hagrid. Por alguna razón sentía los labios entumidos. Recordó su sueño. Aquello empezaba a afectarle demasiado.
A varios metros de distancia alcanzó a ver a Hagrid y al resto de su clase que correteaba tras un extraño animal del que únicamente pudo distinguir unas patas, parecidas a las de un avestruz, y una extraña cola por la que lanzaba un vapor que quemaba, a juzgar por los gritos que salían de quienes eran alcanzados por él.
Hermione hablaba con Hagrid a prudente distancia de todo el movimiento. Se acercó a ellos mientras terminaba de abrochar su túnica. Se sentó sobre unos viejos sacos de semillas, esperando que nadie, fuera de Hagrid y Hermione notaran su retraso. Afortunadamente para él, su entrada tuvo lugar al mismo tiempo que el animal tomaba el libro de Dean como balón y empezaba con él, un partido de soccer. Después de intercambiar un breve saludo, el silencio entre ellos se hizo total.
En cuanto Hagrid pudo controlar al animal y este fue encerrado en un corral especialmente dispuesto para eso, les pidió a todos que se acercaran y tomaran notas y algunos dibujos. Aprovechó como siempre para acercarse a Harry y Hermione para conversar un poco con ellos.
Se dirigió a él con una enorme sonrisa en los labios.
Hermione ya me contó... le dijo con satisfacción.
¿Qué? ¿No te pudiste quedar callada? gritó dirigiéndose a Hermione, sin importarle que la clase entera estaba ahora atenta a él. Para tu información, lo tengo todo bajo control. Hoy mismo pienso ir y decirle que su jueguito no me agrada y que...
¡Harry! gritó también Hermione. Abrió y cerró la boca varias veces. Al final, pareció no encontrar las palabras que expresaran lo que quería decir, y recogió sus cosas antes de dirigirle una elocuente mirada a Hagrid y marcharse rumbo al Castillo.
Ella no tenía ningún derecho a decirte... se justificó Harry, pero se detuvo ante la mirada decepcionada de Hagrid.
Me contó que había sido una de las seleccionadas para representar al colegio en las Olimpiadas de Magia. Pero evidentemente tú hablabas de otra cosa. No, no, no, dijo levantando su mano cuando Harry trató de explicarse. Tomó uno de los costales que contenían el alimento de la nueva mascota de la clase y se alejó con el. No haré preguntas.
Sintiéndose más tonto de lo que se había sentido en los últimos días se dedico a contemplar al animal. Había puesto tan poca atención en clase que no sabía ni siquiera si esa criatura extraña frente a él -y no estaba hablando de Crabbe-, tenía un nombre. Se dedicó por un momento a contemplar sus grandes ojos negros y brillantes. Realmente se había lucido. No sólo no había ayudado a Hermione prepararse para la competencia, no estaba ni enterado de que ella participaría...en realidad era la primera vez que escuchaba sobre las olimpiadas de magia. La había estado presionando con preguntas quitándole un precioso tiempo que bien pudo aprovechar en prepararse. Pensó que la próxima vez que aquella bestia -y nuevamente no se refería a nadie de Slytherin- quisiera estirar su largas patas con un partido de soccer, le ofrecería su cabeza como balón en lugar de libro de Dean.
No volvió a ver a Hermione hasta la hora de la comida. Una espesa mata de cabello castaño que se asomaba por las tapas de un grueso libro de transformaciones le indicó que ella estaba ahí. Se sentó a su lado, la única prueba de que su presencia había sido notada fue una rápida mirada cuando suspendió momentáneamente la lectura para dar un trago a su vaso de jugo.
¿Quieres que te ayude a estudiar? Pregunto tímidamente tratando de atrapar una papa con su tenedor. La papa lo esquivó y saltó desde su plato hasta el jugo de Hermione, que salpicó no sólo el libro, si no parte de su cabello. Ella cerró el libro y lo colocó a su lado mientras giraba los ojos.
Lo siento. Se disculpó, ayudándola a secar el libro con una servilleta.
Fue un accidente. Dijo encogiéndose de hombros sin mirarlo.
No, lo digo por lo de esta mañana. Murmuró
¿Que parte? ¿Por haberme gritado? ¿Por haber desconfiado de mí? ¿Por no saber que iba a representar al colegio?. Le preguntó en voz baja, pero con un tono frío. Sus brazos estaban cruzados y se dirigía más a la jarra de jugo frente a ella, que a Harry que estaba a su derecha.
Por todo, supongo. Contestó pinchando exitosamente otra papa con menos deseos de escapar.
Hermione suspiro y por fin tomo uno de los flanes frente a ella. Harry consideró aquello como una silenciosa declaración de paz. Hermione pasó largo rato con la mirada fija en un punto varios metros frente a ella. Una sonrisa maliciosa empezó a dibujarse en su rostro. Por fin la curiosidad venció a Harry y quiso saber que era lo que llamaba tanto su atención, siguió su mirada hasta llegar a la mesa de Slytherin, específicamente, hasta Draco Malfoy que saboreaba despreocupadamente uno de los flanes de su mesa.
¿Que tanto le ves a Malfoy? Le preguntó con un gesto de desagrado.
Anoche dijiste que tu Cenicienta era demasiado fuerte. O sea
Dijo con tono analítico. que lo único que sabes de ella, es que es muy fuerte para ser chica, y el asunto de la vainilla. Terminó sin quitarle la vista a Malfoy.
Harry asintió sin mucha convicción. No entendía a donde quería llegar, ni porque para hacerlo tenía que devorar a Malfoy con la mirada.
Ayer también hubo flan. Malfoy va por la cuarta ración de postre. Disimuladamente observó a Harry encogerse de hombros. Parece ser muy aficionado al flan -afirmó como si acabara de hacer un gran descubrimiento.
¿Y? Preguntó Harry aventando su tenedor.
¡Honestamente, Harry! ¡El flan lleva vainilla! Le dijo mientras por fin volvía el rostro hacia él. ¿No has pensado que tu Cenicienta bien podría ser un chico? Después de todo, del odio al amor.... Sugirió mientras señalaba con mucho disimulo a Draco.
Harry empezó a negar con la cabeza al tiempo que miraba alternativamente a Hermione y a Draco, quien por primera vez, parecía totalmente ajeno a cualquier cosa que sucediera en la mesa de Gryffindor.
Un gesto de horror mezclado con incredulidad distorsionó sus facciones. Negaba con la cabeza cada vez con mayor vehemencia. Sintió su estómago revolverse, casi pudo sentir también, como palidecía.
¡Estás loca!. Exclamó levantándose de la mesa. De pronto había sentido el impulso irrefrenable de lavarse la boca una docena de veces seguidas. Quería vomitar. Se dirigió corriendo al dormitorio pasando de largo a Ron, que parecía más sorprendido por la carcajada de Hermione que por la veloz carrera de su amigo.
¿Que le pasa?. Preguntó algo inquieto mientras lo veía alejarse a toda prisa.
Creo que se esta volviendo alérgico a la vainilla. Contestó Hermione entre risas.
5. Los mil y un trucos de Cenicienta.
Llevaba más de media hora sentando, contemplando el fuego con expresión de asco. Constantemente se llevaba la mano a la boca y se la limpiaba con la manga de la túnica; después, sacudía la cabeza como si fuera repentinamente atacado por un tic nervioso. Aquello era un chiste, Hermione debía estar bromeando. Era una broma, eran una broma, era una broma... después de quince minutos de repetirlo mentalmente, lo aceptó como verdad. Se levantó y la imagen de Draco y el flan volvieron a él...se sentó nuevamente y se recetó otra dosis: era una broma, era una broma, era una broma.
No notó la llegada de Hermione, ni que esta llevaba casi diez minutos contemplándolo, con una risa ahogada, desde lejos. Por fin se acercó y se sentó en la silla más cercana a la que ocupaba Harry. Sin poder recobrar la seriedad habitual de su rostro lo siguió observando por un rato.
No habrás creído que en realidad fue Draco, ¿verdad? Le soltó de pronto con el mismo tono que se emplea para hacerle entender a un niño de cinco años que no hay ningún monstruo dentro del armario.
¡Por supuesto que no! Le contestó con una risita nerviosa que la hizo creer todo lo contrario ¿Cómo sabes que no fue él? Pregunto tratando de sonar indiferente.
Hermione volvió a reír con todas sus fuerzas. Varias lágrimas empezaron a asomarse por sus ojos y se apretaba con fuerza el estómago. Se sintió humillado.
Porque ayer tuvo práctica de quidditch toda la tarde, ¿recuerdas?
Si, ya lo sabía replicó con aire despreocupado, pero su rostro se relajó visiblemente.
Bueno, ya casi es hora, ¿no? preguntó Hermione mirando su reloj con aire profesional Espero que te de oportunidad de decirle que estas cansado del juego antes de que salga corriendo. No te concentres demasiado en el beso o se te podría olvidar lo que le quieres decir
terminó Hermione tratando de mantenerse seria.
Harry la miró ofendido. La ultima vez que la había visto reír de ese modo trataba de disimular el efecto que le provocaba el exagerado miedo de Ron a la arañas. Procuró adoptar lo que él consideraba un rostro decidido y consultó también su reloj con total indiferencia.
Si, ya es hora y no te preocupes dijo poniéndose de pie. No voy a perder el tiempo en tonterías, simplemente le diré que ya basta, no habrá distracciones esta vez.
¡Ah! Pensé que esas distracciones te gustaban demasiado
contestó Hermione con una ceja levantada.
Son tonterías. Tengo cosas más importantes en que pensar y no en los caprichos de una niña tonta declaró deseando que el mismo pudiera creer sus palabras. Salió con paso firme y una vez fuera de la Sala Común, casi corrió porque faltaban menos de cinco minutos para las seis treinta. En cuanto llego al cuarto se dio cuenta de que le hubiera sido más fácil y más creíble pedirle a Lucius Malfoy que lo adoptara, que decirle a su misteriosa Cenicienta que estaba harto de la vainilla.
Ansioso, espero y espero. En cuanto sus ojos notaron la oscuridad profunda, su cerebro reaccionó llevando hasta sus labios un breve recuerdo del sabor al que tan aficionado se había vuelto. Su corazón empezó a latir más rápido de lo normal. Recordó una lección en la escuela muggle, algo sobre un tal Pavlov cuyos perros empezaban a salivar al escuchar la campana que les anunciaba el alimento. Se sintió como uno de ellos. La oscuridad era su campanada y en lugar de salivar sus manos empezaban a sudar. Esperaba con ansia su premio. Pero su premio no llegó.
Faltaban unos minutos para las siete cuando por fin se convenció de que no recibiría su dosis de vainilla aquella tarde. Salió con la cabeza agachada, arrastrando los pies mientras se dirigía con una profunda mirada de decepción a los dormitorios.
Vio a Hermione esperándolo en sala Común, pero cuando ella estaba por abrir la boca el levantó una mano pidiéndole silencio y sin más se dirigió al dormitorio.
Totalmente distante, la mañana siguiente se sentó a desayunar sin poner la menor atención a la habitual pelea de Ron y Hermione. No notó los venenosos comentarios de Malfoy acerca de su próximo partido de quidditch aunque éste se encontraba a unos pasos de él. En realidad, el mismísimo Voldemort podía haber estado frente a él, compartiendo el cereal y pidiéndole le acercara la leche y Harry le hubiera dado la jarra, la piedra filosofal, o la misma profecía sin siquiera parpadear.
Se puso de pie por inercia, cuando lo hicieron los demás, dejó el plato intacto, tomó sus cosas y sin saber porque, siguió a Ron y Hermione, a clase supuso, pero no estaba muy seguro.
¿Te sientes bien? Le preguntó Hermione algo inquieta, llevaba metros caminando más despacio para que Ron se alejara de ellos.
¿Qué? Preguntó Harry con el mismo gesto de incomprensión que hubiera puesto si acabaran de pedirle la hora en ruso. Segundos después el eco de la pregunta de Hermione llegó a su cerebro, justo cuando ella estaba por formularla nuevamente. Si, si. Estoy bien.
¡Honestamente, Harry! Exclamó Hermione, deteniéndose en pleno pasillo y provocando que el tráfico rumbo al aula de encantamientos aumentara. No me vas a decir que estas así porque esa tipa te dejo plantado ayer, ¿verdad? Le preguntó dejando caer su pesada mochila al suelo y cruzando los brazos.
Ella no
se detuvo. Iba a decir que ella no era ninguna tipa, pero antes de que las palabras salieran de su boca se dio cuenta de lo ridículas que se escucharían y se contuvo. Ella no tiene nada que ver con esto. Estoy preocupado por el partido de la semana próxima, eso es todo. Continúo, siguió caminando para evitar la mirada de Hermione como hacía siempre que le mentía.
Si, claro, por el partido. Y yo faltaré a mi examen de aritmancia para ir a Hogsmeade a renovar mi guardarropa levantó la mochila y lo siguió de cerca. Tal vez tengas suerte y hoy la encuentres en ese cuarto para que calme tu angustia por el partido añadió con un marcado tono de sarcasmo. Harry seguía sin mirarla por lo que no pudo notar la extraña sonrisa de satisfacción que se dibujó en el rostro de su amiga.
La curiosidad y la ansiedad pudieron más en Harry que el sentido común y la prudencia que le aconsejaban no ir y terminar con eso de una vez por todas. Puntualmente llegó al mismo lugar, y en esa ocasión tras esperar unos segundos. Oyó unos pasos conocidos; pero esta vez, antes de sentirla acercarse más, sintió unas diminutas gotas de algo, que caían sobre sus manos y estas quedaron entumecidas al instante. Después de eso, ella empezó a acercarse y una vez cumplida su misión se fue. El efecto de aquellas gotitas sobre las manos de Harry pasó al cabo de diez minutos. Sin embargo, empezaba a creer que el efecto del beso, lo acompañaría para siempre.
A partir de aquella tarde al juego de misterio se le añadió un toque extra: el de la incertidumbre. Cada tarde sin falta Harry estaba presente en el mismo sitio y a la misma hora. Pero la "Misteriosa Cenicienta de Vainilla" como Hermione la llamaba, hacía todo lo posible para poner a prueba la paciencia de Harry. Aparecía una de cada tres o cuatro tardes y nunca se sabía con certeza si sería un domingo o un martes la siguiente vez que se presentaría. Y tampoco sabía que nuevo hechizo, poción o simple truco usaría para impedir que la alcanzara.
Con el paso de los días su imaginación había volado y ya le había formado más que un rostro, todo un carácter a su chica vainilla. Era inteligente de eso no había duda. Era fuerte lo había comprobado, decidida y valiente, o de lo contrario nunca se habría atrevido a empezar aquel juego. Pero también era tierna y dulce, lo sentía cuando la besaba. Ella era simplemente perfecta, el tipo de persona que podía estar a lado de alguien como él.
¡Si tan sólo conociera a alguien así...!
Los días pasaban normalmente para el resto del colegio y mientras Harry pasaba las noches atormentado por sus nuevas pesadillas y las tardes lleno de ansiedad tratando de averiguar si tendría o no suerte en esa ocasión; Hermione se dejaba ver cada día menos y pasaba casi la totalidad de su tiempo libre, metida en la biblioteca. Cuando aceptaba su compañía era simplemente para que la ayudara a repasar alguna lección, después de lo cual, Harry podía convencerla de que le explicara, en diez palabras como límite, el nuevo hechizo gracias al cual, él había fallado nuevamente en la captura de su presa. Cuando él se quejaba de las explicaciones tan vagas que le daba, ella abría de inmediato algún libro, enterraba la nariz en él y le reclamaba por hacerla perder el tiempo con tonterías cuando ella tenía que prepararse para la Olimpiada. Harry tenía que aceptar su derrota y con cierta culpa, tomar un libro para ampliar la explicación por su cuenta.
Un miércoles, justo cuando la nieve empezaba a derretirse, Harry se topó con un cartel que anunciaba una visita a Hogsmeade para el siguiente fin de semana. Pensó que pasar el día con un largo paseo y tal vez una cerveza de mantequilla, sería buena forma de despejar sus ideas. Se lo sugirió a Hermione, quien lo seguía a dos pasos de distancia, leyendo mientras caminaba y murmuraba sin descansar párrafos enteros del libro, casi sin detenerse para respirar. Harry no tardó en arrepentirse de su brillante idea.
¿Estás loco? Le gritó histérica, suspendiendo la lectura por un momento. El lunes es la Olimpiada, ¿tú crees que perderé todo el día en Hogsmeade?
Harry retrocedió dos pasos alejándose de ella. Cuando estaba bajo demasiada presión, realmente podía hacer que un colacuerno húngaro luciera como un dulce cachorrito de pekinés comparado con ella.
Está bien, sólo era una idea dijo en tono de disculpa.
Se instalaron en sus lugares de siempre en la Sala Común y una vez que Hermione terminó de cubrir dos mesas con pergaminos, libros y plumas, Harry se dedicó a observarla con la cabeza apoyada en las manos y rostro de aburrimiento, pero lentamente su expresión fue cambiando hasta convertirse en la misma que habría adoptado de enterarse que Voldemort había muerto víctima de una intoxicación con mariscos. Su sonrisa no podía ser más grande.
¿Qué pasa? Le preguntó Hermione al notarlo.
Bueno, dijo sin dejar de sonreír. El lunes es la Olimpiada, o sea que todos los cerebritos del colegio... Hermione lo miró con las cejas peligrosamente juntas. Consideró la advertencia y se corrigió. Es decir, los más inteligentes, estarán fuera todo el día, o sea que si ella no se aparece el lunes
¿Quién más irá a la Olimpiada? Preguntó entusiasmado.
Hermione lo miró, sin palabras, por un momento. Harry dio por hecho que acababa de sorprenderla con su uso de la lógica y sus habilidades deductivas.
Bue-bueno
tartamudeó Hermione, eso no quiere decir nada
¡Claro que si! Exclamó impaciente. Dime, ¿quiénes más van a ir?
No tengo tiempo para esto ahora, Harry. Espera hasta el lunes y si es verdad que no se aparece
entones
entonces tal vez tenga tiempo para decirte lo que quieras, ahora tengo mucho que estudiar dijo recogiendo sus cosas antes de dirigirse a toda prisa al dormitorio mientras dejaba pergaminos regados a su paso.
Los siguientes días Hermione se mostró distante y esquiva pero a Harry no le sorprendió en lo absoluto, estaba seguro de que una vez pasado el asunto de la Olimpiada volvería a ser la misma. Él mientras tanto, esperaba el lunes con más ansias que Hermione, sobre todo porque su misteriosa Cenicienta llevaba casi una semana sin dar señales de vida.
El lunes llegó, y para entonces había podido averiguar los nombres de casi todos los que integraban el grupo que representaría al colegio; sin ayuda de Hermione, por supuesto. Entre sus posibles candidatas, estaba una chica de Ravenclaw de sexto y otra de séptimo, aparte de una de Gryffindor de séptimo y una de quinto de Slytherin, que parecía la hermana gemela de Dudley. Pasó horas rogando que no se tratara de ésta última.
Apenas pudo desearle buena suerte a Hermione antes de verla retirarse detrás de la Profesora McGonagall y un pequeño grupo de estudiantes. Después de hacer un último examen de cada una de sus candidatas, salió corriendo a clases. Por la tarde, pasada la hora de la comida, tuvo práctica de quidditch. Desgraciadamente, cuando estaba a punto de dar por terminado el entrenamiento, Ginny, al tratar de lucirse con uno de sus prospectos, quien la observaba desde las gradas, dio un giro demasiado brusco y cayó aparatosamente de su escoba, con gran angustia de su enamorado. Harry tuvo que suspender precipitadamente la práctica para llevar a Ginny a la enfermería. Para cuando madame Pomfrey salió y les aseguró que en un par de horas estaría bien, su reloj ya marcaba 6.25.
En las escaleras del segundo piso, se vio obligado a detener, momentáneamente, su carrera para tomar un poco de aire antes de continuar; el descanso lo ayudo a adquirir mayor velocidad y cuando dobló la última esquina chocó con alguien, que al parecer, tenía tanta prisa como él. Era la Profesora McGonagall. Con más prisa que eficiencia la ayudo a recoger parte de los libros que habían caído de sus manos, después de dar un descuidado Lo siento, y tratar de salir corriendo nuevamente.
¡Por todos los cielos, Potter! Exclamó algo molesta cuando al tratar de salir corriendo, su túnica se engancho con el prendedor que ella llevaba puesto en el pecho. Harry lo observó mientras trataba de desatorarlo de su túnica, era una pequeña varita que entrelazaba cinco aros de diversos colores y bajo la cual estaba una pequeña placa, que con letras negras decía: Minerva McGonagall. ¿Quieres tener más cuidado?
Si, si. Lo siento
es que
tengo algo urgente que hacer, lo siento Profesora dijo, cuando por fin consiguió liberarse.
Yo también tengo prisa, pero ese no es motivo para... alcanzó a escuchar mientras se alejaba corriendo.
Llegó aún con la respiración agitada, abrió la puerta sin saber a ciencia cierta si deseaba que ella llegara o no. Como siempre, escuchó la puerta cerrarse en automático. Esperó en total silencio por varios segundos, sintiendo como su corazón seguía latiendo aceleradamente. El chirrido de madera provocó que sus manos empezaran a sudar. Justo cuando empezaba a preguntarse que nuevo truco usaría esta vez para escapar con facilidad, su rostro se acercó al de él y pudo notar que también ella parecía agitada. Para su sorpresa no hubo trucos en esa ocasión. Apenas se dejó escuchar un leve suspiro cuando ella empezaba a alejarse. Casi por impulso, estiró su mano para retenerla y alcanzo a aferrase a un trozo de su túnica dentro del que encontró algo frío y duro. De inmediato sintió otra mano que forcejeó con la suya para recuperar la libertad. Un ruido breve como de metal rompiéndose llegó a sus oídos.
¡No te vayas! suplicó cuando ella dio un paso alejándose y él tropezó nuevamente con algo en el suelo. Pero su puño seguía apretado, con algo dentro de él.
Temblando y sintiendo el corazón latir precipitadamente en su garganta, salió del cuarto en busca de una mejor iluminación. La débil luz de la noche que empezaba a caer, lo alumbró al salir, se acercó a una antorcha en busca de mayor claridad. Observó más de cerca su puño aún cerrado, sin atreverse a abrirlo. Conteniendo la respiración, estiro los dedos lentamente, y lo que encontró en la palma de su mano lo hizo sentir mareado.
6. Vainilla Añeja.
No supo como, pero en solamente un momento estaba ya en la Sala Común, con el puño fuertemente apretado y sintiendo las piernas de gelatina. Tenía la mirada fija en la puerta, no porque esperara a alguien en específico, sólo por mirar a algún lado.
Vio entrar a Neville, a Dean, a Ginny, a toda una pequeña multitud sin que consiguieran atraer su atención; algunos lo saludaban al pasar y él no hacía mas que mover la cabeza levemente como muestra de que sus oídos aún reaccionaban a su nombre. Por fin cerca de las diez de la noche, vio que Hermione entraba. Lucía pálida, y recorría con la mirada toda la sala Común. Cuando encontró a Harry se quedó paralizada, al contrario de él, que pareció recuperar el total dominio de sus piernas y fue casi corriendo hasta el sitio donde Hermione se había quedado parada.
Con la mano que tenía libre, la tomó de la muñeca y casi la arrastró hasta un par de butacas semiocultas de la vista de los demás. Por alguna extraña razón, ella estaba temblando, sin dedicarle mucho tiempo a eso, Harry concluyó que aún estaba tensa por la Olimpiada.
Ya se quien es ella
susurró Harry dando una rápida mirada a su alrededor para comprobar que nadie estaba cerca. Escuchó a Hermione jadear.
Harry
yo
dijo con voz entrecortada.
Él abrió la mano y le mostró por fin lo que tanto lo había inquietado. Un trozo de prendedor, media varita rodeada por tres aros y un pequeño fragmento de otro. Idéntico al que había visto en el pecho de
¡McGonagall! declaró Harry casi sin voz.
¿QUÉ? gritó Hermione poniéndose de pie como impulsada por una catapulta invisible.
Shhh
imploró Harry con pánico.
¿McGongall? Preguntó Hermione con una voz aguda y confundida. No puede ser Harry
ella estaba en la Olimpiada con nosotros
No. Yo la vi justo antes de entrar al cuarto
choqué con ella
tenía puesto este prendedor
le confesó apretando nuevamente el puño con el trozo de prendedor en él. Sólo que estaba completo entonces
No puede ser, Harry insistió Hermione tomando asiento nuevamente, apretándose las manos con nerviosismo. Entiende, no es ella.
¿Cómo explicas esto? le preguntó Harry extendiendo la mano con la media varita. Abrió tanto los ojos que por un momento corrieron peligro de salirse de sus cuencas y rebotar sobre la alfombra. Tú lo dijiste, Hermione. Dijiste que debía ser alguien muy inteligente, y McGonagall sin duda lo es
¿Qué otra explicación le das a esto?
Hermione abrió y cerró la boca varias veces antes de ponerse de pie y dar dos vueltas alrededor de la silla que acaba de ocupar.
Bueno, pues
ahí tienes, Sherlock, brillante deducción. Por fin encontraste a tu -chica Vainilla-, aunque se trata de una vainilla bastante añeja
comentó Hermione con un sarcasmo algo sombrío.
Harry había pasado por momentos difíciles, había sido tachado de loco, de mitómano, de ser el heredero de Slytherin, pero nada de eso había sido tan malo como creerse el interés romántico de una bruja de setenta años.
Para colmo de sus desgracias, la primera clase del día siguiente era la de transformaciones. Se dedicó a contemplar su plato de avena y a pasear la cuchara juguetonamente dentro de él. Hizo todo el camino desde el comedor al aula de transformaciones en total silencio. Hermione iba a su lado y le dirigía constantes miradas de preocupación. Se mordía el labio inquieta y eso sólo contribuía a hacerlo sentir aún más patético.
Se había entusiasmado con alguien que era sesenta años mayor que él. Más de medio siglo
había escuchado de parejas con diferencias de edades pero aquello era francamente ridículo. Su parte sensata le gritaba que era imposible que una persona madura, con un nombre y una posición que cuidar, pensara siquiera en algo como eso
pero claro, su parte sensata parecía estar permanentemente afónica, por lo que sus gritos nunca conseguían capturar del todo su atención.
Tomo el lugar mas apartado del escritorio de la profesora. Hermione lo siguió y se sentó a su lado. En cuanto la vio entrar, con su rostro serio y su apretado moño, un escalofrío lo recorrió. Evitó por todos los medios su mirada, ya sea mirando las instrucciones del pizarrón, ya clavando la vista en el libro que estaba de cabeza, o bien simplemente fijándose en la ventana y calculando que tanto dolor se sentiría después de un caída del cuarto piso.
No puso la menor atención en la clase, por lo que alcanzo a notar, Hermione tampoco. En otras circunstancias eso hubiera llamado su atención, pero no en ese momento. Con rápidas miradas, notó su pie moverse sin descanso bajo su túnica, y un poco más arriba, la pluma que sostenía descuidadamente con la mano se movía con el mismo ritmo, mientras sus dedos tamborileaban sobre la página del libro que, por lo menos en su caso, estaba del lado correcto.
Casi al final de la clase y cuando empezaba a pensar que lo peor había terminado, la profesora McGonagall, recorrió el pasillo en el que él se encontraba. Sintió que su respiración se detuvo cuando la escuchó pararse a su lado. Su corazón se detuvo cuando sintió su mano posarse sobre su hombro cuando ella se daba la vuelta para volver al frente de la clase. Instintivamente, Harry pegó un salto para alejarse de ella. Se golpeo las rodillas con la paleta de su banca y al volver a sentarse lo hizo tan cerca de la orilla mas alejada de ella, que provocó que la banca se ladeara y cayera, con él dentro, al suelo. En cuanto las carcajadas estallaron, la Profesora McGongall se acercó a él para examinarlo de cerca, le ofreció una mano para ayudarlo a levantarse y Harry la rechazo como si tuviera lepra.
Torpemente se levantó sin ayuda, pero con el rostro de un vivo color escarlata. Hermione escondía la cara entre las manos mientras Ron y la Profesora lo miraban con una mezcla de curiosidad e inquietud.
¿Te encuentras bien, Potter? Le preguntó ella con el ceño ligeramente fruncido.
Si, si, si. Contestó a toda prisa mientras levantaba la banca y volvía sentarse, tratando de aparentar naturalidad.
Aquella tarde se mantuvo lo mas alejado posible del misterioso cuarto, de su Cenicienta -que repentinamente, se había convertido en la bruja mala del cuento-, y de todo lo que contuviera vainilla.
No necesitó que Hermione insistiera mucho para que la acompañara a la biblioteca, necesitaba tener la mente ocupada en algo, no importaba si para ello se veía obligado a estudiar. Aún con la mente tan confundida, notó que por algún motivo Hermione seguía nerviosa.
¡Honestamente, Harry! Entiende que no es posible que sea La Profesora McGonagall exclamó Hermione desesperada, tomó uno de los libros frente a ella y empezó a hacer anotaciones en un trozo de pergamino. Lo que debes hacer es concentrarte en el examen de encantamientos de mañana. ¿Dónde deje mis apuntes sobre encantamientos localizadores? dijo empezando a revolver cosas dentro de su mochila.
Encantamientos ¿Qué? preguntó Harry totalmente distraído.
Encantamientos localizadores. Lo vimos la semana pasada en clase. Se encanta un objeto para reconocer y localizar a otro con el que haya tenido contacto recientemente explicó mientras continuaba buscando dentro de su mochila.
Harry seguía distante, apenas escuchando lo que Hermione decía. Tenía la cara recargada sobre una de las manos y lentamente las palabras de Hermione fueron asimiladas por su cerebro. Algo dentro de él despertó y una intensa luz en el interior de su cabeza se iluminó.
¡HERMIONE! gritó más emocionado que cuando había ganado la copa de Quidditch en tercer año. ¡Eso es! ¡Si hacemos ese encantamiento en el trozo del prendedor podemos encontrar la otra parte
y a la dueña del prendedor! Así comprobaremos si es o no McGonagall.
Hermione levantó la cabeza bruscamente y su mochila cayó al suelo. Harry sonreía como si estuviera contemplando a Malfoy vomitar babosas sobre Crabbe y Goyle.
Se puede hacer, ¿verdad? preguntó con entusiasmo.
Bue-bueno
si, pero
es un encantamiento complicado y
contestó Hermione poniéndose roja de repente.
Pero tu podrías hacerlo, ¿verdad?
Antes de que pudiera contestar, la Profesora McGonagall apareció a unos cuantos metros de la espalda de Harry. Se acercó a ellos con velocidad.
¡Señorita Granger, por fin la encuentro! Cuando regresamos ayer por la tarde le dejé uno de mis libros, y lo necesito para preparar una clase, ¿Seria tan amable de devolvérmelo? le preguntó a Hermione antes de dirigirles curiosas miradas a ella que parecía tener dificultad para respirar y a Harry, quien inmediatamente recorrió su silla para alejarse de ella, con el rostro tan rojo que un tomate hubiera palidecido a su lado.
Yo
si
en unos minutos lo llevo a su despacho, lo tengo en el dormitorio
contestó Hermione con un ligero temblor en la voz.
No, no. Por favor me urge, la acompaño al dormitorio, de hecho necesito que me ayude a corregir algunos exámenes, con todo el asunto de las Olimpiadas estoy muy atrasada, ¿le importaría acompañarme ahora mismo? pidió con un tono que a pesar de ser amable, no dejaba opción a una negativa.
Si
claro
dijo Hermione mientras empezaba a recoger sus cosas precipitadamente. Harry se puso por fin de pie y se colocó del otro lado de la mesa. Lo mas lejos que pudo de McGonagall.
Señorita Granger, estoy segura de que al Señor Potter no le molestará encargarse de sus cosas. Me urge ese libro declaró empujando disimuladamente de un hombro a Hermione para que se diera prisa.
No le quedó más remedio que seguirla mientras dirigía una última mirada de desesperanza a su mochila sobre la mesa, cerca de Harry, y a este que la veía alejarse decepcionado al perder la mejor oportunidad que había tenido de acabar con todo aquel asunto de una buena vez.
Harry se dejó caer en la silla con mucha pesadez. Suspiró derrotado, pero su ansiedad había llegado a tal grado, que pensó que después de dominar un patronus, un simple encantamiento localizador no debía ser cosa del otro mundo.
Se decidió a intentarlo, después de todo lo peor que podía pasar era que no lo lograra y en ese caso tendría que esperar a que Hermione regresara. Tomó la mochila de Hermione y con cierta culpabilidad empezó a revolverla también en busca de sus apuntes sobre encantamientos localizadores
Encontró un par de guantes y una bufanda, lo que no hubiera tenido nada de extraordinario, ya que estaban a mitad del invierno, si no hubiera encontrado también un bloqueador solar. Encontró dos frascos de tinta, seis plumas, tres rollos extras de pergaminos, un diccionario de runas, otro de inglés, media docena más de libros, una agenda, una foto de sus padres, una foto de él mismo con Ron, toallitas húmedas, un desinfectante para manos, una sombrilla ¿es que estaba esperando una tormenta a media clase de encantamientos?
Sabía que Hermione era precavida, pero aquello rayaba en lo absurdo, empezaba a sorprenderse de que Crookshanks no saltara maullando de su lapicera, se sintió cansado por la búsqueda, y justo entonces encontró algo que le resultó extremadamente útil, más útil aún que los apuntes de Hermione
7. De como el príncipe encontró a Cenicienta.
Le costo entenderlo en un principio, pero lentamente todo empezó a tener sentido. Recordó lo que McGonagall acababa de decir, -Cuando regresamos ayer por la tarde
- de modo que, Hermione había regresado también. Puso sobre la mesa el trozo de prendedor que le había quitado a su misteriosa Cenicienta y colocó a su lado el otro que acababa de encontrar en la mochila de Hermione. Embonaban perfectamente.
Se sentó tratando de comprender. Ella siempre parecía llevar la delantera, y eso se explicaba considerando que Hermione estaba al tanto de todo lo que pasaba y de todo cuanto se le ocurría a Harry para atraparla. Por eso se mostraba esquiva y rehuía sus preguntas. Pero no podía ser. ¿Por qué iba Hermione a hacerle algo así? Ella era su amiga, y aquello pasaba todo limite
estaba muy lejos de ser una broma
aquello no era algo que Hermione haría.
Volvió a buscar en su mochila tratando de encontrar algo que lo ayudara a convencerse de que había otra explicación para aquello. De una bolsa más pequeña cayó un pequeño tubito. Harry lo levanto, al caer se había destapado y un conocido aroma a vainilla terminó con todas sus dudas. O casi con todas. Porque una seguía golpeando su cabeza con la fuerza de un pequeño taladro: ¿Por qué había hecho algo así?
Se sintió furioso, burlado. Se acercó el tubo a la nariz y se dejó llevar por el aroma. Sus manos empezaban a sudar. De modo que era Hermione. Sonrió. Era Hermione. Se llevó los dedos a los labios y por unos instantes le pareció sentir otra vez sus suaves labios sobre los de él. Era Hermione.
Definitivamente se trataba de una bruja muy inteligente, y era valiente, eso ya lo sabía, y también era dulce y tierna
y algo neurótica y obsesiva
pero, nadie es perfecto. Y si había sido capaz de inventar algo así era sin duda porque no lo veía como a un simple amigo. Lo había hecho porque ella sentía algo más por él. Y él
bueno
ya no la podría volver a ver de la misma forma después de todo eso. Era su Hermione.
Pero justo cuando una sonrisa tonta se empezaba a dibujar en sus labios recordó todo lo que había pasado en las últimas semanas. Recordó las risas y toda la diversión que ella había tenido a costa suya. Su orgullo de leo y de Gryffindor se sintió herido y pensó que antes de cualquier otra cosa necesitaba darle una pequeña lección. Todo su ser, incluso una parte de su corazón clamaban por la revancha. Guardó el tubito y los dos trozos del prendedor en el bolsillo de su túnica y subió corriendo al dormitorio. Quince minutos después regresó con su capa bajo la túnica. Hizo algunos arreglos rápidos en la biblioteca, que para entonces estaba ya vacía, se cubrió con la capa y se sentó en un rincón distante, dejando las cosas de Hermione en el mismo sitio.
Espero y espero, hasta que por fin, la puerta se abrió lentamente. Se encendió una débil luz y Hermione entró, tomó su mochila y la empezó revolver en busca de algo. Desesperada vació su contenido total sobre la mesa y siguió buscando.
¿Buscabas esto? preguntó Harry ya sin la capa y extendió la mano para mostrarle la media varita rodeada de aro y medio del prendedor, cuya plaquita dorada decía Hermione Granger con brillantes letras negras. La vio sorprenderse al escucharlo y después palidecer con una rapidez extraordinaria al mirar el resto del prendedor.
La vio mirar en todas direcciones en busca de una salida, abría y cerraba la boca más en busca de aire que con la intención de decir algo en su defensa. Por un momento, Harry pensó que se desmayaría cuando lo vio sacar de su túnica el tubito de pomada, destaparlo y llevárselo cerca de la nariz.
¡Vainilla! declaró después de aspirar con fuerza.
Harry...no es lo que parece jadeó.
Hermione empezó a retroceder lentamente mientras Harry se acercaba a ella.
Que bien. Sus labios estaban apretados y cuando hablaba lo hacia con los dientes a punto de rechinar. Hablaba con un tono bajo y lento que hacía que Hermione sintiera escalofrío. Porque lo que parece, es que has estado riéndote descaradamente de mí por semanas. Pero no es eso, ¿verdad?
No, no...Claro que no, yo...yo puedo explicarlo susurró débilmente sin poder desviar la mirada de los ojos de Harry que parecían a punto de sacar chispas.
Por supuesto que si. Hermione Granger siempre puede explicarlo todo declaró, totalmente satisfecho con la expresión aterrada de Hermione. Por la forma en que miraba a la ventana, supo que en ese momento le hubiera parecido agradable saltar por ella y dar un paseo en Buckbeak. ¿Porque no empiezas con tu explicación?
Hermione miraba de derecha a izquierda como si esperara que de pronto todos los libros salieran de su estante y formaran una barrera para protegerla. Harry la miraba expectante, con la ceja derecha peligrosamente elevada. La escuchaba respirar agitadamente y veía sus labios temblar en busca de las palabras para explicarse, él sin embargo, sólo deseaba una cosa en ese momento: volver a besarla; pero se recobró antes de que ella pudiera adivinarlo.
Harry yo... tenía mucho que estudiar, y no me podía concentrar porque estaba muy confundida... empezó.
Siguió retrocediendo hasta que se topó con la pared; le dedicó una mirada aterrada antes de empezar a caminar pegada a ella. Harry estaba cada vez más cerca. La miraba sin entender que tenía que ver todo aquello con su dificultad para concentrarse. Ladeo un poco la cabeza invitándola a continuar.
Yo, necesitaba hacer una prueba...
Había llegado al límite de esa otra pared. Estaba acorralada. En su camino estaba un inmenso anaquel con libros de Aritmancia. Ron le había advertido tantas veces que esa materia iba acabar con ella que en ese momento le pareció que todo era una cruel burla del destino. Harry la miraba con interés, a menos de un metro de distancia.
¿Prueba? le preguntó dando un paso más. Su ceja estaba cada vez mas elevada.
Aquella tarde te di un papel con el nombre del libro, tenía un hechizo...para que fueras a esa habitación...y... por mas de dieciséis años había dominado la habilidad de respirar, pero en ese momento parecía haber olvidado por completo que para hacerlo bastaba inhalar y exhalar.
Eres el diablo... susurró Harry con la voz cada vez más baja. Dio otro paso más hacia ella. ¿Me hiciste pasar por todo esto sólo para saber si tu hechizo funcionaba? Le dijo mientras una oleada de furia enrojecía su rostro. No pudo evitar cierto tono de decepción en su voz. Entonces, ¿todo había sido para probar su hechizo?
Hermione empezó a sacudir la cabeza con fuerza.
¡No, no, no, no, no! gritó Hermione. No quería probar el hechizo. Es decir si, pero esa no era la prueba... La prueba era... trató de escapar pero Harry había formado una cerca con sus brazos a ambos lados de ella.
Me dejaste creer que era McGonagall... susurró Harry colocando una de sus manos en su cuello, me hiciste pensar que era Draco dijo con voz aún más baja mientras empezaba a apretar su cuello, Hermione palideció de ser posible más.
Somos amigos murmuró débilmente mientras trataba con las dos manos de hacer que Harry retirara la suya de su cuello. Harry levantó nuevamente la ceja con una mirada de incredulidad. Apretó un poco más su cuello. Yo quería... pensé que si no sabías que era yo... no pasaría nada y luego... Harry, voy a gritar le advirtió cuando sintió que la presión sobre su cuello aumentaba.
Adelante. He aprendido algunos trucos. Podría estallar una bomba aquí dentro y nadie lo escucharía del otro lado de la puerta. Tuve una muy buena maestra sonrió complacido al escucharla suspirar desesperada. La vio morderse el labio como hacía siempre que estaba en medio de un problema serio. Frunció el ceño y la nariz se le arrugó. Inevitablemente, Harry se preguntó como es que no había notado antes lo linda que se veía con ese gesto.
Harry... suplicó en un débil susurro.
Seguiste con esto por semanas... continúo. Estaba ya tan cerca de ella que sentía su respiración irregular. Encontró una pequeña marca de varicela cerca de su labio. Podía percibir un dulce y familiar aroma a vainilla. Sus manos empezaban a sudar. Pero se controló, aunque aquello le resultó igual de difícil que resistirse a un Imperius. Me escuchabas cada día contarte lo que pasaba, como me estaba volviendo loco y lo disfrutabas, ¿verdad?
Para su sorpresa, ella asintió.
Me gustaba saber que sentías lo mismo que yo le confesó con voz ronca.
Sus ojos castaños lo miraron fijamente y Harry se pudo ver reflejado en ellos. Podía contemplarse tal cual era realmente por primera vez en su vida. No como lo veían los que conocían su historia y esperaban que actuara como un héroe. No como lo veían los que esperaban su caída para justificar el rencor que sentían hacia él. Se veía como alguien con derecho a cometer sus propios errores y aprender de ellos, como un tipo normal, como Harry, simplemente Harry. El que vivió por años bajo una escalera, aquel cuyo mal genio salía a flote con la presión, ese que despertaba cada mañana a las cinco sólo para comprobar la hora antes de volver a dormir. Se sintió tan complacido al notar que la visión que tenía de si mismo coincidía tan perfectamente con la que Hermione tenía de él, que no pudo seguir reprimiendo una sonrisa.
Eres el diablo... repitió Harry acercándose mas a ella, lentamente deslizó la mano de su cuello hasta su mejilla y con una extraña chispa en la mirada le hizo una torpe caricia, pero besas como un ángel... alcanzó a murmurar antes de besarla ya sin reserva alguna.
Después de todo, había acertado en cada detalle sobre el carácter de su misteriosa chica vainilla. Era perfecta, tan perfecta que tenia muchos defectos y cada uno de ellos la hacían aún más perfecta. Por lo que a él respectaba, aquella era una de las raras ocasiones en las que la realidad superaba a la más exigente de las fantasías. El que los labios que lo habían enloquecido y aquellos que lo sermoneaban y lo llenaban de palabras de apoyo, pertenecieran a la misma persona, era mejor que un sueño.
Honestamente, Harry... le dijo una vez que algo de calma le devolvió a su cerebro parte de su funcionalidad. Cruzó los brazos sobre el pecho y girando los ojos le preguntó con cierto enfado: ¿Realmente pensaste que había sido McGonagall?
Pero Harry sacudió la cabeza con el mismo aire de enfado y antes de que pudiera hacer otra pregunta volvió a besarla
¡Honestamente, Harry! - Fanfics de Harry Potter
Se me habia olvidado... u.u los personajes, obviamente no son míos, son de Rowling, y demás. Ahora si, a leer!!!1. La poción revitalizadora no lleva vainill
potterfics
es
https://potterfics.es/static/images/potterfics-honestamente-2118-0.jpg
2024-09-24

El contenido original se encuentra en https://potterfics.com/historias/19689
Todos los derechos reservados para el autor del contenido original (en el enlace de la linea superior)
Si crees que alguno de los contenidos (texto, imagenes o multimedia) en esta página infringe tus derechos relativos a propiedad intelectual, marcas registradas o cualquier otro de tus derechos, por favor ponte en contacto con nosotros en el mail [email protected] y retiraremos este contenido inmediatamente