Inconcluso - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Muchos comentaríanque fueron testigos, que estuvieron presentes cuando el más célebre de losmagos de la época derrotó al malvado hechicero que cernía el miedo sobre granparte de Europa, muchos se adjudicarían el crédito de haber visto como AlbusDumbledore le arrebató la varita a Gellert Grindelwald.

Pero solo dospersonas pueden dar fe de lo que realmente paso ese día. Y ambos se juraron asi mismos que no repetirían nada de lo que allí pasó. Ninguna de susconfesiones saldría de ese lugar, lo que el mundo mágico sabría nada más es queAlbus Dumbledore había vencido a Gellert Grindelwald.

Dolía, ¡claro que dolía!Había retrasado ese enfrentamiento lo más que pudo, no quería recordar, no queríaenfrentarse a él. Era demasiado. Estar con la varita en riste frente a él lehacia recordar su pasado, lo que Albus era antes de ese trágico día. Muy pocossabían que por mucho tiempo solo fue un obseso aficionado a la grandeza, unambicioso que quiso conquistar el mundo, un inútil que se dejó manipular porseguir sus sentimientos.

 

Porque él, el gran AlbusDumbledore, se comportó como un quinceañero enamorado que no quiso ver lo quetodos le decían. Una sonrisa irónicailuminó su rostro al recordar como se había dejado engatusar desde el momentoen que lo conoció.

Albus querido, tepresento a mi sobrino Gellert había anunciado Bathilda completamente animada alpoder ser la artífice de este encuentro . Sé que se llevarán de maravilla.

Encantado Albuscomentó el muchacho extendiéndole una mano y brindándole la mejor sonrisa quehabía visto.

Desde ese momentoel chico de rizos dorados lo cautivó, no solo era inteligente como él, sino queademás compartía sus ideales. Agradeció a cada mago célebre que podía recordarpor darle la oportunidad de conocerlo. Que por azares del destino hubieradeseado visitar a su tía para crear esa amistad que tanto ansiaba.

Pero Gellert nodejaba nada al azar, y como mucho tiempo después Albus descubrió, el motivo porel que llegó a Valle de Godric solo era su ambición por conquistar el mundo. Porobtener las reliquias.

Los mugglestendrán que someterse Albus decía una y otra vez el muchacho, germinando en Albusel deseo de compartir esa conquista con él, solo con él.

Porque sabía comoconvencerlo, como hacer que Albus hiciera lo que él quería, con una simplecaricia dada sin querer, porque esos roces que el azar proveía, esos besosfurtivos que anhelaba con el alma, eran, después de todo, parte de unaplanificación demasiado compleja que solo Gellert comprendía.

Porque después conlos años comprendió que Gellert solo lo había utilizado, que esa empatía quesentía era parte de un plan maestro. Porque el destino se encargo de gritárseloa la cara en un arrebato de furia, porque su pago fue demasiado elevado.

Y estando paradoallí junto al féretro de Ariana no solo sentía el alma acongojada, también teníael corazón roto.

Pero el tiempo seencargo de reunirlos, Gellert tenía miedo, pero mayor era el miedo de Albus,porque no solo se enfrentaba al reto de saber quien había a asesinado a suhermana, también se enfrentaba a sus emociones, a ese amor de verano que lomarcó de por vida.

La batalla habíasido cruel, el duelo épico. Cansados y jadeantes, ambos magos se vigilaban comodos lobos a punto de atacar.

Siempre has sidodébil, Albus exclamó Gellert, ahora demacrado por las continuas batallas quehabía llevado. Dejándote llevar por tus estúpidas emociones, pudiste tenerlasy reinar junto a mí, pero es tarde, yo la tengo por fin, conmigo, la mayor delas reliquias.

 

Me das lastima Gellert,tu ambición te ha traído a este trágico día. No era necesario que nos enfrentáramoscontestó Albus respirando entrecortadamente.

¿Tenías miedo deenfrentarte a mi Albus? exclamó el rubio con sorna, al notar la turbación de Albus,su sonrisa picara se mostró sin decoro alguno ¡Oh! ¿Es que no me has olvidado?

Aunque no bajó lavarita, Albus sintió como su mano se debilitaba, ¿era tan obvio?

Es algo que jamás podréolvidar Gellert. Eres muy buen mentiroso y supiste manejarme muy bien. No era másque un adolescente. Se excusó el ilustre mago.

¡Oh! ¡Por favor!No nos engañemos, Albus. Ambos caímos en ese juego del gato y del ratón,conocías muy bien mis intenciones y aun así no lo impediste, ¡me motivaste! ¡Yosolo te di lo que tú querías! le recriminó Gellert. Una maldición paso rozandosu cabeza, pero en vez de preocuparse se hecho a reír ¡Sabes que es cierto! ¡Asíque no te hagas el digno!

No puedo negar
nopuedo negarte que en el fondo sabía que solo eras una ilusión, que yo solo eraun juego para ti

Fuiste más que unjuego interrumpió Gellert, el sudor resbalaba por su frente, Albus por suparte tenía su larga cabellera cobriza desordenada y lo sabes Albus, nadie estan buen mentiroso, ambos compartimos demasiadas cosas esas semanas.

Aberforth tenia razónal advertirme sobre ti, aunque nunca sospechó que tan profunda era nuestra"amistad" recalcó esta última palabra alzando un poco las cejas, hecho quehizo que Gellert sonriera con añoranza. No es tarde Gellert, yo no quierohacerte daño y me aventuraría a decir que tú tampoco deseas lastimarme.

No podríalastimarte más de lo que ya hice. Fui un cobarde al huir de esa manera pero no podíamirarte a la cara y ver el reproche en tus ojos exclamó el mago rubio, y luego,dando un sonoro suspiro, bajó su varita.

Albus no se fiabade ese gesto, conocía muy bien a su oponente como para pensar que se rendiríatan fácil.

Estuvo a punto debajar la suya, a punto.

Una fracción desegundo después Gellert volvía a alzar su varita invocando alguna maldición quejamás se sabría. Albus reaccionó por instinto, y de su varita salió unamaldición que lanzó al otro mago por los aires. Un instante después todo habíaterminado.

Parado junto a sulado, Albus observaba lo que en otrora época fuera la persona más importante desu vida. Tendido en el suelo Gellert observó lo que en su momento fue su boletoa la salvación. Lentamente Albus se agachó y recogió la varita que habíaquedado olvidada en el suelo. Gellert observaba atento cada movimiento de sucontrincante pensando que éste era su fin. Cualquiera en su sano juicio hubieraajusticiado al asesino de tantas personas. Pero no Albus.

Gellert, auntendido en el suelo esperaba paciente el ataque final, cerró los ojos porque nopodía ver como él acababa con su vida. Esperaba una imperdonable por eso se sorprendióal percibir una caricia en su mejilla. Abrió los ojos de golpe encontrándosecon la mirada penetrante de Albus que se encontraba a su costado.

No podría matarte,no me lo perdonaría jamás exclamó en un susurro mientras recorría su mejillauna vez más pero tampoco puedo dejarte ir anunció un poco más fuerte y levantándoseen toda su altura continuó te perdono por todo Gellert, espero que tu tambiénpuedas perdonarme.

Luego de eso Gellertsolo recordaría haber despertado en una celda de Nurmengard, sintiendo quehabía perdido algo más que su varita.

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2023-02-27

 

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