Intenta pensar con el corazón, Remus. - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

Tonksmiró a Remus.

Suscicatrices brillaron a la luz del sol y su mirada, cansada y melancólica,tenía un dejo sombrío que llegaba a asustar. Él miraba por la ventana del tren,contemplando las cosas pasar a una velocidad que no dejaba explorar bien los detalles;pero los paisajes eran hermosos, y ella sabía que él amaba observarlos de todos modos.

Tonksse preguntó si Remus le iba a dirigir la palabra en el viaje. No le gustabainterrumpirlo cuando se ensimismaba en sus pensamientos de esa manera, pero sesentía completamente extraña cuando los dos estaban tan cerca y aun así sesentía como si una pared se interpusiera entre los dos. Lo odiaba, era como sitodos los sentimientos de afecto se borraran a cada minuto que pasaba, como siRemus estuviera pensando que era una tontería viajar a otra cuidad solo para"descansar", como Tonks había dicho, cuando la Orden mas los necesitaba. Aveces prefería saber la verdad antes de que él permaneciera en silencio, yaque, desde que los dos estaban juntos, Tonks ya nunca estaba segura de nada. Yahí, en el oscuro y solitario vagón, en donde apenas había gente y soloalumbraba el poco sol que quedaba, se quedó quieta, con la vista hacia susmanos, suspirando y diciéndose a sí misma que todo iba a estar bien.

 

Depronto sintió una mano sobre la suya. Giró la cabeza rápidamente y vio a Lupinque le dedicaba una débil sonrisa.

―¿Estás segura de lo que hacemos,Tonks? ¿Adónde me llevas?

Tonkssonrió ampliamente al notar su curiosidad, llevó sus manos al cuello de Lupin,acariciándolo, mientras se acercaba a él.

―¿Todavía dudas? ―rióy sintió como si no lo hubiera hecho hace días―. Ya lo verás, nos relajaremos ―notó que Lupin iba a discutir, entonces lo interrumpió con una leve pisca de suplica:―Y no te preocupes, solo será por dos días, nada malo ocurrirá si dejamos a la Ordenpor dos días...

―Tonks... ―susurróLupin y puso una mirada que decía que de hecho, muchas cosas podían salirmal en dos días, y si eso ocurría ellos dos no iban a estar para ayudar.

Tonkssabía todo aquello, pero apenas le importaba en ese momento en donde ya habíaconseguido que Lupin armara sus maletas, saliera con ella de la casa y subieraal tren; le había costado mucho convencerlo y se sentía bien al haberlologrado, así que finalmente lo calló con un beso repentino, al cual Lupin tardóen reaccionar. Él le devolvió el beso con dulzura, y Tonks sintió aquellasmolestas mariposas en el estomago. Ya estaba acostumbrada, nunca se iban.

Lupiny Tonks bajaron del tren presurosos. El viento que lanzó este al partir obligóa Tonks a sujetarse el lindo y pequeño sombrero que traía puesto. El vestidofloreado hacía olas por sus piernas haciendo que se levantara ligeramente.Remus la miró por el rabillo del ojo de arriba hacia abajo y de pronto pensóque se veía muy linda, aunque luego desechó ese pensamiento al notar en dondeestaban, el cual nunca antes había visto.

Losdos tenían una mirada confusa. Las maletas a los lados, manos en la frente comosombrilla debido a que el sol los acribillaba con fuerza, aunque era tarde yfaltaban pocos minutos para que oscureciera; hacia bastante calor, algo inusual.

Tonksanimó a Remus a caminar y luego de unos minutos lograron subir a un taxi quelos llevaría finalmente a su destino. Tonks puso su cabeza en el hombro de suamado, mientras este le acariciaba el cabello, ahora de color rosa chicle.Remus sonrió, sabía que cuando ella se sentía feliz llevaba esecolor. Los paisajes de afuera parecían cada vez más lindos: grandes campos verdesy algunos árboles llenos de vida, de vez en cuando se encontraban con lagunasllenas de patos y cisnes, las casas que se podían apreciar eran pequeñas perocon los jardines muy bien arreglados, parecían acogedoras.

 

Finalmente,justo cuando el sol estaba por desaparecer, Tonks hizo parar al taxi. La parejasalió con las maletas en mano y Tonks dirigió a Remus por un sendero cubiertode flores naturales, alrededor había un gran bosque, el cual no dejaba ver nadamás que el color verde. Remus se quedó viendo los altos arboles preguntándoseen donde se había metido, pero Tonks no lo dejó pensar mucho porque lo agarróde la mano y empezó a caminar cada vez más rápido, hasta que los dos acabaroncorriendo.

Remusparó cuando el bosque terminó y dejó en descubierto una casa en medio de unclaro sobre una colina. La casa era pequeña pero inmensamente hermosa, decolor café oscuro parecía que estuviera construida de chocolate, el techo erade un rojo también oscuro, en donde se dejaba ver una chimenea gigantescacomparada con el tamaño de la casa. Él sonrió y siguió a Tonks por la colina, ycuando llego a la cima y al lado de la casa, se dio cuenta que al otro ladohabía un inmenso lago, en donde se reflejaba el naranjo sol que se escondíadetrás de las montañas lejanas. Se quedó con la boca abierta, nuncaantes había estado en un lugar tan hermoso.

―Ya sabía que ibas a poner esacara ―dijo Tonks divertida y se acercó a él para luego situarlos brazos alrededor de su torso, posar su cabeza en el pecho de Remus yescuchar sus latidos.

―¿De dónde salió este lugar? ―preguntó él aún impresionado.

―Es de mis padres, solíamos veniraquí los veranos. Ahora está casi en desuso.

Remusla envolvió con sus brazos al percibir la nostalgia en sus palabras.

―Bueno, tenemos que ordenarnuestras cosas ―saltó Tonks de repente―, ¿vamos?

―Vamos.

Lapequeña casa estaba en orden. O casi, en realidad.

ComoLupin había pensado, todo ahí era acogedor. Aunque hacía mucho tiempo que alguienvivía ahí, los aromas eran dulces y suaves, los colores eran de tonos pastelesy anaranjados, rojos y violetas, lo cual daba una sensación de querer quedarse leyendo un libro de aventuras, mientras la chimenea daba calor y vida allugar. El living apenas tenía un lindo sofá rojo con una pequeña mesa de madera,en donde reposaban distintos adornos hechos a mano; algunos parecíanconfeccionados por niños. La cocina era pequeña pero muy iluminada, casibrillante.

Tonksfue la última en estar en esa habitación. Tomó un pastelillo que descansaba encimade una mesa y se fue al espacioso dormitorio en donde relucía una tenueluz que apenas si alumbraba. Esquivó las maletas aún llenas que estaban al ladode la cama y saltó a esta, para luego taparse completamente con las sabanas ysaborear el pastelillo que tenía en las manos.

Miróhacia el lado y vio a Lupin con los anteojos puestos devorando un libro, algomuy normal en él. Se quedó escuchando el silencio de la brisa de afuera y elsonido que hacía Lupin cuando daba vuelta una página. Se comió el último pedazode pastelillo y se quedó quieta mirando la pared de enfrente por algunosminutos.

 

―Es raro cuando te quedas callada―ledijo Lupin sin apartar los ojos de su libro.

Tonksno sonrió y se acerco a él lo más que pudo, para sentir su calor. Si tan solo él supiera cuánto lo quería, y cuánto quería que esos días que iban a pasarsolos y juntos resultaran ser de lo más agradable. Quería estar segura de algo,de hecho, de varias cosas, como por ejemplo: si es que Lupin se sentía bien a su lado, si es que ella era suficientemente buena para él, se preguntaba si es que Lupin se imaginaba a sí mismo y a ella envejeciendo juntos, perosobre todo, quería estar segura si es que él de verdad la amaba, porque ella sí lo hacía,y mucho.

―Te quiero, Remus ―murmuró.

Eldetuvo sus ojos pero no los separó del libro. Las palabras de Tonks le atravezaron el cerebro y, aunque aquellos sonidos que aparecieron de loslabios de Tonks habían sido apenas unos susurros, estos fueron directo hacia sucorazón, como un torbellino. Se sentía demasiado asustado para decirle que laamaba. Sabía que ella no entendería sus razones de por qué no podía decirleaquello, así que prefirió alargar la salida de sus pensamientos y solo laacercó más a él, dándole un sincero beso en la frente, mientras decía "yotambién".

"Yotambién", pensó Tonks. "Siempre dices 'yo también'".

―Mañana será un gran día ―empezóella, intentando alejar la pena―, iremos al pueblo, exploraremoslos campos, andaremos en bote por el lago, nadaremos

―Recuerda, Tonks, que solo serápor dos días ―dijo Remus, dejando el libro en la mesita de nocheque había a un lado.

―Lo sé, lo sé
Aunque aún nocomprendo por qué debe ser por tan poco tiempo.

Remussuspiró.

―En tres días más será luna llena,ya sabes lo que pasara

―Oh, verdad.

Tonksse sintió mal por haber olvidado semejante fecha que Remus siempre teníaen cuenta. Lo había olvidado por completo, pero es que ella nunca había sidodemasiado buena recordando fechas, menos los días en que la luna llenaaparecería.

Remusmiró su cara de preocupación y rió.

―No te preocupes, ya me acostumbréa tu mente olvidadiza y torpe.

―Ey, no es para que me insultes ―respondióella intentando no evidenciar una sonrisa.

―Nunca te salió hacerte laenojada.

Tonksrió finalmente porque le estaban doliendo los músculos de la cara al forjaruna expresión seria. Rió con ese sonido alegre que solo detonaba felicidad yque Remus percibió; él no aparto la vista de su rostro resplandeciente.

Finalmente,los dos se quedaron callados otra vez. Tonks apoyó la cabeza en las piernas deRemus, y no paraba de mirarlo. Él fingíó estar enfrascado en la lectura de nuevo,solo que esta vez ya no tenía ese aspecto sombrío y melancólico que tenía haceunos minutos atrás.

―La risa sí que cura algunas cosas¿no? ―dijo Tonks de repente.

―¿Qué quieres decir?

―Te ves más contento luego de haberreído un rato.

Remussonrió, pero no dejo de mirar el libro.

―Deja de leer ese libro ―dijo Tonks.

―¿Por qué?

―Ni siquiera lo estás leyendo, nohas movido los ojos en todo este rato.

Remusdejó el libro boca abajo,derrotado, y se quedó mirando los ojos de Tonks. Ella, que hace poco tenía unacara casi burlona en el semblante, de pronto tenía esencia de tristeza.

 

―¿Qué pasa, Tonks? ―preguntóRemus, preocupado.

―Nada ―Remusno se convenció y acarició su mejilla con los dedos, a lo cual Tonks reaccionódando un saltito―. Te quiero ―susurró.

Tonksnotó la voz de suplica en su voz y se odió a sí misma. Sabía que él la habíanotado también. Sentía que se había dejado en descubierto, como una chica jovenque es, completamente enamorada del hombre del cual no debería sentir nada,sentía como si hubiera dicho todas sus inseguridades en frente de Remus, delmiedo que tenia de que él se fuera y la dejara sola, ¿por qué su voz y susemociones la delataban de esa manera?

Remusacercó su rostro al de ella rápidamente, antes de que las cosas pasaran haciauna escena en que se imaginaba a una Tonks devastada y él sin saber cómo controlarla situación, y la besó con fuerza. Tonks logró sentarse sin dejar de tocar suslabios y oprimió las ganas de llorar en sus besos. Los dos se aferraron confervor el uno al otro por varios segundos.

Tonks,sin siquiera pensar ni proponérselo, tomó un impulso y se situó encima de Remus, besandolo con más pasión que nunca, intentandodesabrochar algunos botones de su camisa.

―Tonks
―susurróRemus, pero no se pudo despegar de ella― ¡Tonks! ―repitióy la empujó suavemente hacia atrás. Tonks se resistió, pero finalmente dejó loslabios del licántropo libres.

―¿Qué? ―dijoella casi con desesperación, con una mano tocando la piel que Remus tenía bajosu camisa.

―Tonks
Estoy cansado. Además, esmuy tarde y mañana tendremos que levantarnos temprano ¿cierto? ―latomó de los hombros y la movió lentamente hasta recostarla a su lado. Ella no lo miraba―. Hoy
Hoy no.

Tonksse metió rápidamente bajo las sabanas haciendo mucho ruido, y le dio laespalda a Remus. Este suspiró, apagó la luz y se recostó sobre la cama también,abrochándose los botones lentamente.

―Lo siento ―susurró.

Tonkscerró los ojos con fuerza al escuchar aquel susurro y se aferró a su almohada. Aplastósu rostro en ella para evitar que alguna lágrima se le escapara de los ojos.Pero no lo logró: minutos más tarde sus mejillas estaban llenas de lágrimassilenciosas que corrían como si estuvieran en plena pista de autos de carrera.

Eldía siguiente amaneció nublado. Estaba todo gris y un frio inusual para esafecha se extendía por todo el campo. Tonks despertó tarde y se encontró sola enla cama, vio la luz que se extendía por la habitación y recordó todo loque había sucedido por la noche. Le dolían los ojos, había llorado demasiado.Sin más se levantó y fue directo a la cocina, ahí se encontraba Remus con unatostada en la mano y un libro en la otra; no se dio cuenta de lapresencia de Tonks hasta que esta se sentó en frente suyo. Sus ojos seencontraron por un momento, pero ella los desvió de inmediato. Se sentía latensión en el aire y Tonks quería matar esa sensación a como dé lugar. Noquería ver los ojos de Remus por un rato, o sino toda la rabia que se le habíaacumulado iba a despertar otra vez, y no quería discutir
Solamente quería pasarun tranquilo y lindo día con él. Tan simple como eso. No quería más altibajos.

Unahora más tarde los dos iban saliendo rumbo al pueblo.

Unpequeño perro blanco con manchas negras se les había unido mientras caminaban,y de pronto Tonks recuperó la alegría que se le había quitado la nocheanterior, le lanzó varas de madera al perro, y de vez en cuando seemocionaba mucho cuando este las atrapaba en el aire.

 

―¡Mira, Remus! ¡Mira! ―gritósin medir el volumen de su voz mientras llegaban al final del camino rodeado de bosque―, ¡lo ha atrapado de una forma espectacular! ¡¿No esgenial?!

Remussolo se dedicó a poner los ojos en blanco y reír cuando la situaciónlo ameritaba. Se estaba relajando de a poco mientras veía que el cabello deTonks volvía a cambiar de marron oscuro a rosa poco a poco

Finalmentellegaron al pueblo, un lugarcito muy pequeño pero muy concurrido de gentemuggle. Todos caminaban de una tienda comercial a otra con gesto distraído yhablando animadamente, además de llevar grandes bolsas de compras. Dieronvarias vueltas alrededor. Tonks agarró la mano de Remus y lo arrastró por lascalles, mostrándole emocionada cosas que solía ver cuando niña y que no veía hacíaaños. Remus se dejaba, de hecho, cuando sonreía lo hacía de verdad, y reía sinparar cada vez que Tonks hacia una locura. Se sentía feliz. Se sentía tanfeliz que mientras vagaban por la plaza, la agarró de la mano, tiró de ella,hizo que esta llegara limpiamente hacia su cuerpo y la besó entre medio de losladridos de aquel perro que estaba indignado porque Tonks ya no le prestabaatención. Pero luego el perro tuvo que resignarse puesto que ella, un tantosonrojada y desconcertada ante aquella muestra de amor en público (algo queRemus nunca había hecho antes), tomó la mano de Remus y caminó muy cerca de él, sin prestarle atención a nada más.

Finalmente,llegaron a un gran cerro. Tonks insistió en ir, aunque Remus no estaba muyseguro. Era un parque y tenían que subir todo para ver paisajes muy lindos ymuseos y naturaleza autóctona ―según Tonks. Empezaron a caminarpor un camino de tierra, alrededor se veían árboles y plantas verdes que Remusnunca había visto, y mientras más subían, más hermoso era el paisaje que teníanadelante, en donde se exhibía un rio con bastante agua en la lejanía. Tonks teníarazón, ese lugar era hermoso.

Llegarona la cima en donde habia un lúgubre museo mientras las nubes se ponían másnegras que nunca y de pronto empezó a lloviznar. Ese museo era pequeño, color azul oscuro con muchas puertas y ventanas, en donde distintas personas con ropa ligeramiraban con sorpresa las gotas de lluvia. Tonks y Remus entraron ahí más que nadaporque la lluvia empezaba a caer como si no hubiera un mañana y no teníanningún otro lugar en donde refugiarse. Varios turistas habían hecho lo mismo yde a poco el museo estaba casi a su tope. Nadie prestaba atención a lasantiguas armas que estaban colgadas en la pared, o en la preciada colección demonedas de todo el mundo que exhibían en el medio de la sala, todos parecíeronpreocupados porque el viento empezó a soplar fuerte, y no tardó en que losrelámpagos aparecieran.

―¿Por qué llueve así? ―sepreguntó Tonks en voz alta. Estaba devastada, al parecer su plan de díaperfecto había acabado y apenas eran las cuatro de la tarde.

―Supongo que es normal ―dijoRemus observando un maravilloso relámpago que iluminó todo el lugar. Tonks seaferró más a él.

―Pero la primavera ya está porempezar

Derepente varios guardias empezaron a llegar y a movilizar a los turistas alcentro del hall para reunirlos a todos, y explicarles que lo mejor era quedarseen aquel lugar un rato, que irse del parque podía resultar peligroso debido altemporal que había afuera. Algunos niños pequeños empezaron a llorar debido al ruido que hacia el viento al golpear losventanales y se abrazaron a sus padres lo más que pudieron, quienes se veíanpreocupados.

 

―Tenemos mala suerte ―dijoRemus mirando a Tonks con una sonrisa, lo cual la tranquilizó un poco.

Pasarondos horas y el temporal no disminuyó, al parecer iba peor mientrasavanzaban los minutos. Tonks y Remus se hallaban sentados en el suelo al igualque lo habían hecho varias muggles a su alrededor. Había bastante silencio yTonks solo podía escuchar el ruido del viento y de los truenos que ibanaleatoriamente mientras cada vez oscurecía más; se aferró a Remus,quien le acarició el cabello rosa distraídamente.

Casicuando estaba por oscurecer, y los turistas se mostraban mas alterados quenunca, un guardia de aspecto débil salió por una puerta. Al instante, la mitadde los adultos de la habitación ahogaron de gritos al pobre hombre.

―¡Llevamos horas aquí!

―¿Cuándo podremos volver alpueblo? ¡Necesito ir!

―¡Esto es una abominación!¡Dejarnos encerrados en este lugar!

―¡Cálmense! ¡Cálmense! ―gritóinútilmente el guardia mientras sus mejillas se teñían de rojo a pesar del frío―.¡Por favor! ¡YA CALLENSE! ―los turistas cerraron sus bocascon aire ofendido―, bien, ahora si
―continuó el guardia algo aliviado―.Bien, tendrán que escucharme muy claramente y, por favor, no se alteren ―tomóuna gran bocanada de aire y se armó de valor―: los caminos que llegan alpueblo están totalmente cortados debido a la lluvia, es muy peligroso intentarbajarlas a pie y aun más en algún vehículo, así que por favor les pido que seacomoden en este lugar porque me temo que tendrán que pasar la noche aquí. Enun rato más llegaran colchones, sabanas y un poco de comida

Peroel guardia no pudo terminar la frase porque en ese momento los demás turistasque se hallaban sentados, más los que ya lo estaban se abalanzaron contra élcon gritos de furia y rabia. Los niños se quedaron ahí con cara de susto viendoa sus padres discutir de esa manera. El guardia se cubrió la cabeza con lasmanos y desapareció detrás de una puerta, murmurando algo como "lindo trabajoel que tengo
"

Tonksy Remus miraron el espectáculo desde una esquina donde había una muestra deanimales disecados. Estaban sentados y apenas eran visibles debido a la pocaluz del lugar y sus vestimentas oscuras. Tonks estaba visiblemente preocupada,¿pasar la noche ahí, en una sala llena de muggles? Le había prometido a Remusque aquel paseo iba a ser inolvidable, y ahora se quedaban encerrados en unmuseo fantasmagórico mientras afuera llovía torrencialmente. ¿Cómo iban a salirde ahí? ¿Y si se tenían que quedar otro día mas? ¿Y si la luna llena aparecía
?

Miróa Lupin instantáneamente, quien observaba al grupo de muggles gritar inútilmente. Él parecía calmado, estaba pensando y parecía muy sumidoen sus pensamientos. Tonks se acomodó en su pecho y escuchó su corazón que iba másrápido de lo normal.

Alpoco rato llegaron colchones y cosas para pasar la noche. Nadiehablaba mucho, los muggles ya se habían calmado y se acomodaban con resignaciónen algún espacio.

 

―Tenemos que salir de aquí ―empezóa susurrar Tonks. Su voz era apenas audible porque la lluvia seguía azotando ellugar. Estaban acomodados en la misma esquina, sentados encima del colchón queles habían facilitado.

―Losé, pero no se me ocurre cómo ―contestó Remus mirando alrededor―, aquí estálleno de muggles, es muy difícil ocupar la magia.

―Remus,lo siento ―dijo Tonks mirando el suelo ―, pensé que este día iba a serinolvidable y se ha transformado en esto

Remusle tomó la mano, y cuando Tonks alzó la vista, vio que estaba sonriendo.

―"¿En esto?" Vamos, este lugar essensacional, nunca había visto a una gaviota tan de cerca ―yapuntó a una pequeña gaviota disecada que estaba sobre ellos, con sus alasabiertas de par en par. Tonks rió―. No te preocupes, no quiero quete preocupes por nada. No sabías que iba a haber una tormenta hoy.

―¿Y tú? ¿No estás preocupado poralgo? ―preguntó ella, mirándolo susceptiblemente.

Remusdejó de sonreír y se quedó mirando los ventanales que tenían enfrente. La luzque entraba se iba apagando poco a poco, ya anochecía..

―Si ―miró el suelo mientras algoparecido a un escalofrió le recorría el cuerpo―, no puedo ver la luna debido alas nubes
Y no estoy 100% si es que esta noche va a aparecer

―No lo hará ―dijorápidamente Tonks con miedo en su voz, al mismo tiempo que se tiraba aabrazarlo.

Remusle devolvió el abrazo sorprendido y, aunque pensaba que Tonks pasabapeligro cada minuto que pasaba con él, aun así, por un momento se sentió felizde que ella estuviera a su lado, brindándole su apoyo.

Tonks despertó. Lo primero que vio fue oscuridad mientras sus ojos intentaban acostumbrarse a ella. La lluvia allá afuera, que ya había apaciguado un poco, seguía golpeando las ventanas sin parar, dando la típica sensación de tranquilidad que da cuando alguien regresa a su casa luego de una larga jornada y duerme con una sonrisa en la cara debido a la suave lluvia. Este no era el caso de Tonks, porque, en primer lugar, se encontraba en un lugar lleno de muggles, atrapada, y en segundo lugar, se acababa de dar cuenta de que Remus no estaba.

De pronto se dio cuenta de otra cosa aterradora: una vez que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, pudo ver a los turistas perfectamente, gracias a la luz que entrabarnde las ventanas, la luz de la luna, que brillaba fantasmagóricamente. La luna
¡Era luna llena!

Se sentó en un respingo desesperado. A su lado solo estaban las mantas desparramadas que Remus había dejado. Los turistas dormían apaciblemente alrededor, sin sospechar que, tal vez, un hombre lobo andaba dando vueltas en el bosque.

Pero Tonks no podía quedarse ahí, tenía que cerciorarse de que Remus estaba bien.

Se puso de pie con dificultad, y empezó a caminar cuidadosamente (o lo más cuidadosamente que pudo debido a la agitación) hacia la salida. La puerta se abrió y el viento se apoderó de ella, haciéndole cerrar los ojos y que su cabello aún color rosa se agitara sin control. Pero sin darle importancia al frio y al viento o a la lluvia, salió del museo y cerró la puerta tras ella. Sabía que estaba haciendo algo estúpido, pero el amor y la desesperación estaban dentro de ella, no podía hacer nada más.

 

―¿Remus? ―susurró a la luz de la luna mientras se alejaba del museo.

Caminó y caminó, repitiendo el mismo nombre infinitas veces, hasta que, sin saberlo, se había adentrado al bosque. Se dio cuenta de esto cuando una enorme casa se presentó en frente de ella. Una casa gigante, con una gran escalera que llevaba hacia la puerta. Parecía extremadamente vieja y abandonada, con los vidrios rotos, la madera magullada, las flores marchitas en lo que parecía un pequeño jardín. De pronto a Tonks le entro un miedo indescriptible, de esos en que sientes ganas de correr pero tus piernas no se mueven, y entre tanto jaleo en su mente, se dio cuenta de que era estúpido que estuviera allí afuera buscando a Remus, así que se dio la vuelta y empezó a caminar de vuelta al museo.

Pero no dio ni un paso porque a unos seis metros de distancia, entre los árboles, veía dos ojos brillantes que la observaban. Se quedó quieta, y su corazón empezó a latir como nunca antes lo había hecho. Los ojos se movieron en la oscuridad, y avanzaron hasta situarse debajo de la luz de la luna. Entonces un hombre lobo enorme le devolvía la mirada desde la distancia, olfateándola, y el miedo se internó en el cuerpo de Tonks como si fuera un electroshock.

―¿Remus? ¿E-eres tú? ―preguntó inútilmente.

La bestia movió las orejas cuando ella hablo, y avanzó otro paso, al mismo tiempo que Tonks retrocedía uno. Entonces tuvo que correr, porque el hombre lobo hacia lo mismo. Corríó hacia ella, con hambre en los ojos, con deseos de matar, deseos que lo hicieron mas veloz que nunca.

Pero Tonks era rápida también. Corrió hacia la enorme casa que tenia detrás de ella con la cara compungida por el miedo. Básicamente no pensaba, el instinto que teníarnde sobrevivir y la adrenalina le inundaban el cerebro. Descubrió en la pared exterior de la casa una puerta entreabierta, y se metió ahí como una rata huyendo de un gato salvaje. Cerró la puerta sin importarle que al hacerlo se inundara en la oscuridad, y con todas sus fuerzas, apretó la manilla de la puerta hacia ella. Al instante se sintió como el hombre lobo luchaba con la puerta, se tiraba encima, la arañaba, pero para suerte de Tonks, esta parecía ser muy firme y resistia olimpicamente a los feroces intentos de la bestia por abrirla. Tonks empezó a llorar mientras los gruñidos de impaciencia del hombre lobo se hacían cada vez más fuertes al no poder sacar la presa de su escondite. La puerta se movía bruscamente debido a la fuerza del animal, y cuando Tonks creyó que esta cedería, el aullido lejano de otro hombre lobo llenó el bosque. De inmediato, los forcejeos cesaron, y Tonks escuchó como el hombre lobo se alejaba corriendo.

Dejo de sujetar la manilla, sintiendo el dolor de las manos al haber hecho tanta fuerza, y se desplomó en el suelo. Las lágrimas le salían solas de los ojos, todo su cuerpo temblaba y su respiración hacia que el pecho le subiera y le bajara con brusquedad. Remus
¿Remus acababa de atacarla? Pero
No, no era Remus, era un hombre lobo. No estaba en su juicio. Remus se lo había advertido tantas veces

Con el susto aún en el corazón se acurrucó como pudo en un especie de colchón en el que había caído. Ahí se quedo, sin siquiera mirar en donde se había metido, solo sumergida en la oscuridad, mientras sus pensamientos la acosaban.

 




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¡Hola!, sé que han pasado, no sé, ¿meses? desde la última vez que actualicé aquí, y les pido perdón (si es que hay alguien leyendo). Ahora he salido del colegio y la gira de estudios ya se hizo y demás, así que estoy libre hasta nuevo aviso de mi padre cuando quiera ir a acampar a lugares que nadie conoce (cosa que ocurre todos los veranos). Pero hasta entonces, espero escribir más seguido (: Gracias a los que han firmado en los capítulos anteriores, son un amor. Disfraces para niños y adultos

Besos.


¡No me maten! ¡No me maten! A ver, han pasado, nosé, ¿seis meses desde que no actualizaba? Si, está bien, mátenme si quieren, melo merezco, pero hey ¡aquí hay nuevo capítulo!

Si no me quieres matar, entonces gracias, esperoque lo disfrutes (:


Tonks despertó. Se dio cuenta en donde estaba y lasimágenes de la noche anterior hicieron remolinos por su mente ya cansada.Sintió frio y miedo al mismo tiempo; una descarga no muy placentera por lasmañanas.

Cuando salió del pequeño escondite que habíaconseguido encontrar, la cabeza le dio vueltas y se hubiera caído si no fuerapor la puerta aun abierta de la entrada. La casa fantasmagórica no se veía tangrande ni terrorífica de día; parecía más bien solitaria, sin esperanzas, sinque nadie la llenara por dentro.

Empezó a buscar a Remus por el bosque. Los arbolestenían gotas de roció aun en las verdes hojas, la neblina lo cubría todo, comofantasmas madrugadores intentando esconder cosas horribles.

Tonks, blanca como la cera y tiritando de frioquiso darse por vencida y volver al bendito museo y acurrucarse en algo blando,esperarlo ahí. Sabía que estaba bien, siempre lograba volver luego de susandanzas nocturnas, con alguno que otro rasguño y el alma cansada, pero siempreestaba bien.

Pero justo en ese momento vio un bulto bajo un granárbol. Envuelto en una capa yacía un moribundo Remus, aun inconsciente de todopensamiento. Tonks corrió hacia él y con los ojos llorosos puso sus manos enlas frías mejillas del hombre lobo, la cual tenía más rasguños de lo normal.Este reaccionó apenas con un movimiento y, sin abrir los ojos, llevo una manohacia la de ella. Tonks sintió el helado contacto que este despedía y seestremeció.

─Tenemos que volver ─dijo Tonks en un susurro,mientras Remus apenas lograba abrir los ojos.

Los dos caminaban en silencio. Remus con un piecojo, aunque no tenía idea de donde se lo había lastimado. Tonks lo ayudaba aavanzar, con la vista fija en el camino, sin emitir sonido, fría y perdida ensus pensamientos, el recuerdo de aquellos dientes de anoche aún estaban en suretina.

El pueblo parecía más vivo que nunca, con gentedemasiado bien alimentada gritando ofertas de frutas y verduras, pájaroscantando sus dulces melodías, el cielo limpio y azul gracias a la tormenta deldía anterior, risas, cantos, mientras dos almas perdidas pasaban en blanco ynegro entre la multitud, intentando encontrar su camino a casa.

─¿Te duele? ─preguntó Tonks mientras curaba loscortes de la ceja de Remus cuando ya habían llegado a la cabaña. El fuegoestaba prendido en el living, en un intento de calentar sus fríos cuerpos.

─No, no duele.

 

─Me pregunto que habrá pasado con tu
manada parahaberte dejado en este estado ─comentó ella, pasando un algodón con alcohol,haciendo que la sangre seca desapareciera.

─Ah, manada, una linda familia me toco ayer,supongo ─Remus sonrió, pero le salió quebrada─. Me dieron tal bienvenida.

Tonks frunció el ceño mientras observaba con ojocrítico un corte en el labio.

─Que fácil es hacer bromas sobre esto ¿no?

─Si no me rio de esto, la otra opción es llorar─dijo Remus, mirándola a los ojos.

Tonks le devolvió la mirada y vio los mismos ojosque la habían atacado. El miedo le circulo sin aviso por las venas, suexpresión se crispó y el frasco con alcohol se le cayó de la manos.

─¿Estás bien? ─le pregunto Remus recogiendo elfrasco por ella, mientras esta empezaba a dar vueltas por el living con lasmanos en los ojos, alejando aquel recuerdo.

─Estoy
perfectamente ─dijo, intentando forzar unasonrisa─. Gracias ─tomo el frasco con alcohol siendo consciente de que Remusobservaba cada uno de sus movimientos─. He terminado tus curaciones, ya noestás tan magullado ─se revolvió el pelo de color café, nerviosa─. Iré alpueblo otra vez, a comprar; apenas tenemos comida y ni siquiera hemos tomadodesayuno

─Te ataque anoche ¿no es cierto?

Tonks, que iba camino hacia el dormitorio, se quedoquieta en donde estaba. Remus tenía una expresión calmada, pensativa, y nodejaba de mirarla a los ojos, la estaba analizando, lo cual hacia todo masdifícil.

─¿Qué? No, claro que no, yo
. ─agarró el abrigo delperchero y se lo puso con rapidez. Al terminar, suspiró, cansada─. Voy yvuelvo. Luego hablamos.

Y con una mirada triste, cerró la puerta, y Remusla vio correr camino abajo a través de la ventana.

Las bolsas llenas de comida pesaban en sus manosmientras caminaba de regreso a la cabaña. No quería pensar, así que seentretuvo en el pueblo todo lo que pudo, hasta que vio que el sol se estabaempezando a esconder. Alrededor de ella solo había silencio entremedio delbosque, sus pasos lentos y pesados iban al ritmo de su respiración, y suspensamientos, bueno, no le había funcionado, iban a la velocidad de la luzentre su mente perturbada.

No quería admitir que justo el hombre que amaba lahabía atacado, sabia como se pondría, sabía que si lo aceptaba ese viaje nohabría valido la pena, todo se iría directo a la basura.

Subió la colina con ojos melancólicos. Cuando llegoa la cima vio que el sol se reflejaba en las montañas y en la laguna, erademasiado hermoso como para no detenerse a mirar. Sonrió, los labios se movieron hasta formar unasonrisa sincera, pero se detuvo cuando vio a Remus sentado en las rocas, masallá de la cabaña, tal vez mirando el paisaje, tal vez perdido en su mente.

Dejo las bolsas en el suelo, y fue en dirección aél, de pronto tuvo la necesidad de abrazarlo, aunque sentía que todo estabaroto, y aunque sabía que tal vez no le devolvería el cariño, quería sentirlocerca, aunque fuera por última vez.

─¿No es lindo? ─dijo ella cuando llego a la alturade Remus. Este tenía los ojos abiertos hacia el paisaje, pero como habíaprevisto parecía totalmente sumido en algún lugar lejano.

─Muy, muy hermoso ─dijo Remus, sin mirarla nisonreír.

Tonks se sentó a su lado situando sus brazosalrededor de su cuello, y se quedo ahí, sintiendo su calor y su olor a libroviejo, quizá demasiado sabio para ella, quizá demasiado difícil de explorar,silencioso y rodeado de recuerdos que hieren. Quizá nunca lo entendería.

 

Entonces Tonks pensó que si iban a estar así defríos el uno con el otro, era mejor decir la verdad de todos modos. No podíaposponer algo que seguro iba a pasar tarde o temprano.

─Remus ─empezó, cerrando los ojos─. Sí esto era loque quería saber, entonces sí, me atacaste anoche, cuando eras un
un hombrelobo.

Hubo un silencio, y pasaron varios segundos, Tonksabrió los ojos y apretó el abrazo. La brisa helada pasaba entre ellos dos,queriendo separarlos.

─Supongo que ya sabes hacia qué lado va esto ─dijoRemus despacio, ahora mirando el suelo.

─No entiendo

─Tu misma lo dijiste, ¿no notaste lo absurdo quesuena eso? ─Remus la miró, y aunque aun hablaba calmadamente, ella pudo notar laira que iba naciendo en sus ojos─. Estas con un hombre lobo, un maldito hombrelobo.

─¿Cuántas veces tengo que decirte que eso no meinteresa en absoluto?

─¡Pude haberte matado! ─Remus se paró, una mano lapasaba por su cara, la otra permanecía en su bolsillo izquierdo─. Y eso
Eso nome lo hubiera perdonado jamás.

Remus se quedó en donde estaba, mirándola, mientrasTonks miraba sus manos, nerviosa. ¿Cuántas veces habían discutido aquello?¿Cuántas veces había luchado para que esas conversaciones terminaran sincorazones rotos? Ya se estaba agotando.

─No me interesa que cada luna llena te transformesen algo que no eres ─dijo Tonks, intentando mantenerse firme─, porque aunquequieras o no, me he enamorado de lo que si eres, de lo que eres el resto delmes, eso eres Remus ¡no dejes que tu maldita lógica te diga lo contrario!

─¡No entiendes nada de esto! ─saltó el, esta vezsin controlarse─. ¡No sabes lo que es perder la conciencia por noches enterassin saber que podrías estar matando al ser más importante en tu vida!

─¡Entonces déjame entenderlo! ─Tonks se parótambién, al borde de las lagrimas─, ¡dime tus pensamientos! ¡No es fácil paramí adivinarlos! ¡Quiero estar contigo en los tiempos difíciles y que no tires aun lado!

─¡No es así de simple! ¡No sabes el daño que puedohacerte si estás conmigo!

─¡Diablos! ─las lágrimas caían por las mejillas deTonks, acribillando a Remus con su mirada de profunda frustración. Ella dio unpaso, y el retrocedió ante tanta desesperación─. ¡Intenta pensar con elcorazón, Remus! ¡Te amo! ¿No lo ves? ─se acercó a él, pero Remus desvió lamirada─. Te amo y quiero estar contigo aunque creas todas esas cosas malassobre ti
Ya te acepte hace mucho tiempo, ¿no te diste cuenta?

Remus no dijo una palabra. Ningún sonido salió desu boca, y Tonks se sintió más herida por eso que por cualquier otra cosa.Respiro hondo, se limpió las lagrimas, e intento mantener la compostura.

─Claro, tú tienes que amarme también para que estofuncione. Así que ¿me amas? Porque si no es así, entonces todo esto es inútil.

Y el sol se escondió por fin, quizá para no ver laescena tan llena de tristeza y suplica que se estaba desarrollando. Los rayosamarillos se fueron y todo perdió color. El viento soplo fuerte, como diciendoalgo que nadie alcanzo a oír.

 

Remus miró a Tonks, la mirada de profunda tristezaque ella reflejaba hicieron que su semblante cambiara repentinamente desdeuna expresión fría, a una de melancolía infinita. Pero no dijo nada, y desvióla mirada otra vez.

Tonks miró el suelo.

─Bien
Ya lo has dejadoclaro. Puedes irte.

Se dio la vuelta y corrió hacia la cabaña, agarrólas bolsas llenas de comida que había dejado en la entrado y se encerró con unportazo. Las lágrimas se acumularon con velocidad, al igual que el vacio, y elcorazón roto le latió con fuerza, consciente de que lo había perdido.

Allá afuera, mientras la oscuridad intentaballenarlo todo, Remus caminó lentamente, intentando no llorar, intentando llegara algún lugar que no le recordara a ella, intentando convencerse a sí mismo queera para mejor. Pero a quien engañaba, había perdido lo único que lo hacíafeliz.

¡Bueno! ¿Cierto que ahora actualizo más seguido?Este capítulo sea quizá uno de los más largos, perolo escribí en una sola noche. Espero que lo disfruten, ¡porque yodisfrute mucho al escribirlo! Que tengan un lindo día, y semana, y mes, yaño.


Remus caminaba sin ánimos. Tampoco veía hacia dondeiba, tan solo le interesaba caminar, y caminar, y seguir caminando, hasta quesus pensamientos dejaran de atormentarlo. Cada vez que daba un paso, seconvencía de lo inevitable: lo que acababa de pasar era para mejor. Tonks ya nopasaba peligro, ya no tenía a una bestia a su lado, ahora podía ser libre yencontrarse a un humano joven, de su edad, sano, con quien pudiera ser feliz.

Y solo ese pensamiento hacia que la rabia y loscelos burbujearan en su mente. Sabía que no iba a soportar verla con otrohombre, sabia cuanto le dolería verla feliz sin él. A cada paso que daba más seconvencía que con alejarse hacia lo correcto, si, pero también se afirmaba cadavez más su amor hacia ella.

"Te amo yquiero estar contigo aunque creas todas esas cosas malas sobre ti
Ya te aceptehace mucho tiempo, ¿no te diste cuenta?"

La voz de Tonks le carcomía elcerebro. Claro que se había dado cuenta. Quiso decirle que los días que estuvocon ella fueron quizá los más hermosos de su vida, estando con alguien que nolo miraba con ojos desconfiados por ser lo que era.

Quiso decirle que la amabatambién.

Las gotas de lluvia empezaron acaer sin fuerza. La gente sonriente que andaba al lado de Remus reía y hablabamientras intentaba refugiarse de la lluvia, aunque algunos hacían todo locontrario: algunas parejas se iban a plena calle a disfrutar de las suavesgotas, bailando y saltando. Remus nunca había visto a gente tan feliz como enese pueblo y se sintió desgraciado. Había muchas risas a su alrededor, muchacercanía, mucha calidez y luces provenientes de los negocios y restaurantes cercanosque ofrecían comida y un techo para refugiarse a los turistas, como un hogarmas, mucha amabilidad, mucha cortesía ¡el no pertenecía en ese lugar!

Con el pensamiento de que Tonksprobablemente hubiera empezado a bailar bajo la lluvia también, Remus se metióen un callejón oscuro y olvidado por la alegría. Ahí se estaba mejor, en esaoscuridad, ahí pertenecía.

Se sentó en el suelo, mientras susojos se cerraban ante los espasmos de tristeza.

─Ah, feliz día ─dijo una voz en uncostado.

Remus se sobresaltó y abrió losojos con rapidez. No pudo ver nada porque todo lo nublaba la oscuridad, pero depronto escucho una respiración dificultosa a unos pocos metros de distancia.

 

─¿Pe-perdón?

─¡Que es un lindo día! ─volvió adecir la voz llena de optimismo. Una voz de anciano, áspera y grave.

Remus no pudo conectar la lógicade sus palabras.

─Pero, señor, es de noche, y estálloviendo ─dijo, mirando el cielo. Las gotas le cayeron en el rostro, comohaciéndole cariño.

─Oh, ¿ya es de noche? ─el hombrerió a boca suelta─. ¡Vaya! ¡Sí que me he pasado horas aquí! Y si que me habíadado cuenta que estaba lloviendo, amigo mío, ¡por algo digo que es un hermosodía, o noche, ya no sé!

La risa de aquel hombre retumbópor las paredes de aquel callejón. Aunque todo parecía mucho más alegre en lascalles alejadas que en ese callejón con basureros, su risa estaba llena devida. Remus se quedó callado, sin saber que decir.

─Me gusta escuchar la lluvia, y ala gente divirtiéndose en las calles, ¡esos bastardos con suerte! ─siguió aquelhombre─. Ahora, ¿qué haces aquí en lugar de estar allá?

─La alegría no me persigue enestos momentos, como a esa gente.

─Oh, ya veo. ¿Qué ha ocurrido?

Remus no supo por qué ni como,pero de pronto no le parecía nada de extraño hablar de sus sentimientos con unextraño al cual aun no le conocía el rostro.

─Pues
─Remus no sabía por dóndeempezar─. Deje a alguien que me hace feliz.

Decirlo en voz alta hacia que todopareciera más real y doloroso de lo que ya era.

─¿Amor? ─el viejo no esperorespuesta─. El mejor sentimiento que podría existir.

─Creo que estoy a punto devolverme loco ─suspiró Remus sin prestar atención─. Ella estaba llorando y esmi culpa

─¿La amas?

─¿Qué?

─Que si la amas, a la chica.

Hubo un silencio.

─Si.

─¿Y ella?

─¿Qué?

─¡Que si ella te ama!

─¡Si, si! Ella
ella me ama.

El viejo rió, lo que hizo queRemus frunciera el ceño.

─¡¿Entonces cual es el problema,mi amigo?!

─Usted no lo entendería, haymuchas cosas de por medio, tuve que hacerlo

─No, no ─le interrumpió─. Lascosas son más simples de lo que parecen. Nosotros, idiotas por naturaleza,somos los que le ponemos la parte complicada.

De pronto dejó de llover, y lasnubes hicieron que la luz de la luna en cuarto menguante hiciera aparición.Esta alumbro el callejón, dejando en descubierto a aquel viejo.

Era un anciano con el pelo corto ymuy blanco. Sentado encima de unas cajas, usaba un bastón que sujetaba conambas manos, el cual movía constantemente. Sus ropas estaban gastadas, aligual que su piel que estaba inmensamente arrugada, y el bigote y barba erandemasiado largos. Pero lo que a Remus le llamó la atención, fueron sus ojos, omejor dicho, la falta de estos. Era completamente ciego, y sin embargo, teníauna sonrisa en sus viejos labios.

─Dime una razón por la que tu nodeberías recibir ni entregar amor ─dijo el viejo.

Remus salió de su ensimismamientoluego de la sorpresa de ver su estado visual, y miró el suelo.

─Soy una bestia ─respondió de untirón─. Le podría hacer mucho daño. Lo más lógico y correcto es que yo me alejepara que sea libre de

Remus y sus argumentos fueroninterrumpidos por un zapato que le pasó rozando por la mejilla izquierda.

 

─¡Eh!

─¡Por Dios, hijo! ─gritó elanciano y frunció el ceño─, ¡Dejas que tu cerebro te guie! ¡Si sigues así serásinfeliz por el resto de tu vida! ¡Déjate llevar! ¿Te llego el zapato que tetire?

─No -contestó un malhumoradoLupin.

─Oh, mala puntería. ¿Me lo podríaspasar, por favor?

Lupina así lo hizo, con lasúltimas gotas de paciencia que le quedaban, pero apenas el zapato toco la manodel viejo, este volvió a lanzarlo con una rapidez asombrosa. Esta vez le atinóa la cabeza de Lupin, quien dejó escapar un grito de dolor al mismo tiempo quese echaba hacia atrás, frotándose el lugar en donde había recibido el impacto.

─¡Ja! ─rió el viejo y golpeó susrodillas con las manos debido al ataque de risa. Luego intentó calmarse,mientras Lupin lograba sentarse como debía otra vez─. A ver si así tu cerebrodeja de decirte que hacer.

─Usted está loco.

─De remate, si.

Lupin empezó a reír ante tantasincoherencias, y luego le siguió el viejo con su característica risa.

─¿Ves? ─dijo el viejo luego deunos segundos─, no eres un monstruo.

─¿Cómo lo sabe?

─Mi querida esposa me lo dijo ─elviejo sonrió ampliamente─. Los vio a ti y a tu amada paseando por el pueblo.Ella estaba encantada, me dijo que hacía mucho tiempo que no veía amor del puro─hizo una pausa─. Ustedes pasaron a nuestra venta de frutas frescas ayer. Miesposa atendió a tu amada; escuche tu voz, nunca olvido las voces, por esoahora te reconocí. Cuando ustedes se fueron, mi esposa me comentó la forma enque tú mirabas a tu amada, como si ella fuera la única persona en el mundo,quizá por eso no me recuerdas. ¡Estabas muy ocupado mirándola a ella! Y detodos modos, ¡quién iba a recordar a un viejo decrepito como yo! ─rió como sinunca antes hubiera escuchado un chiste tan bueno─. Mi esposa nunca seequivocaba y dijo que lo de ustedes era amor de verdad, y que tu parecíasencantador. Ella veía cosas que los demás no pueden ver, estaba tan segura deustedes dos. Y yo le creo, le creo, y también creo que tu no eres un monstruo.

Remus, quien escuchabaatentamente, no supo que decir cuando el anciano terminó de hablar. El viejoencendió una pipa con mucha destreza a pesar de no poseer el sentido de lavista, y disfruto del humo que inhalaba hacia sus pulmones.

─Disculpe, ¿por qué se refirió asu esposa en termino pasado?

─Oh, ella ya no está aquí, se fueal cielo, la muy suertuda ─el humo le salió por la boca haciendo deformesfiguras en el aire─. Murió ayer por la noche, durante el temporal.

─Lo siento mucho, de verdad.

─Ah, las cosas se terminan, hijo,por eso hay que aprovecharlas al máximo cada día. Yo lo hice, disfrute a miesposa todo lo que pude. Ahora la extraño, por supuesto, pero no estoy triste,porque supe cada uno de sus pensamientos, la hice reír, recorrí cada milímetrode su cuerpo, ¡oh, nadie como ella hace el amor así! ─Remus no pudo conteneruna risa─. La hice feliz, si, siempre me lo decía, puedo estar tranquilo, ya estádescansando en un lugar mejor, oh si, y la amaba, si que la amaba, chico.

Remus se quedo mirando al viejo,que sonreía radiante. Conversar con el de pronto hacia que las cosas no fuerantan pesadas, como si le hubieran quitado unos cuantos ladrillos de los hombros.Esto hacia que empezara a abrir los ojos, empezara a abrir el corazón.

 

"¡Intenta pensar con elcorazón, Remus!" le había gritado Tonks. Remus cerró los ojos, dándosecuenta de lo estúpido que había sido.

─Hijo, estoy segura que ella nopodrá ser feliz si no está contigo ─Remus contestó con un fuerte suspiro─. Y tú,apuesto a que estas destrozado por dentro, todo lo que necesitas es amor, comodijeron unos ingleses amigos míos, tu estas falto de aquello, me parece.

─De verdad la amo ─dijo Remus envoz baja.

─¡Tienes que celebrarlo entonces!─el viejo parecía estar radiante de alegría─. Estas enamorado, ¿Qué podríasalir mal? El amor lo puede todo, lo supera todo. La soledad te envuelve y tehace creer que eres un monstruo, no dejes que te gane -el viejo fumó de su pipaotra vez─. Ah, que bella que esta la noche, ¿cierto? ¿Se pueden ver lasestrellas?

Remus miró al cielo, las nubes ya noestaban.

─Si, señor ─sonrió─. Miles deellas, como salpicadas, nos saludan.

─Ah, perfecto, perfecto.

Remus se quedo pensando acerca detodo lo que el viejo le había dicho, y de pronto la desesperación lo embargo,Tonks estaba sola en la cabaña, tenía que hacer algo. Se paró energéticamente,sintiéndose vivo.

─¿Te has parado, mi amigo?

─¡Tengo que decirle que si la amo!

El viejo empezó a aplaudir, muertode risa.

─¡Muy bien, muy bien, mi amigo!¡Así se hace!

─Me gustaría hacer algo por usted.

─Ah no, mi amigo, déjame aquí,estoy bien

─Como su amigo, debo hacer algo.Devolverle el favor por hacerme entrar en razón, por favor.

El viejo iba a replicar, pero sequedo callado, y simplemente sonrió. Remus le tomó de la mano y lo ayudo aponerse de pie. La noche de pronto parecía nueva, hermosa, pulida, los coloresya no molestaban. Remus se sentía bien, porque supo algo: el merecía amartambién.

¡Hola! Déjenme contarles que este es el últimocapítulo. ¡Sí, que corto! Pero cuando me surgió la idea de crear el fic siempretuve en mente que sería cortito. Ahora, nunca pensé que llegaría a terminarlo,porque siempre dejo las cosas a medias, pero ¡aquí esta! Me voy a sentir tanorgullosa de mi misma cuando le de click a "marcar esta historia como terminada."

Gracias a todos los que comentaron, a los queagregaron a favoritos, a los que leen a escondidas, ¡gracias, gracias, gracias!

Y sin más, aquí está el capítulo, disfruten.




Lupin abrió la puerta de la cabaña despacio. Erauna mañana fría, pero el sol estaba saliendo con gracia a través de lasmontañas, mostrando otra vez lo claro y limpio que había quedado el cielo luegode la lluvia de la noche anterior.

La cabaña estaba silenciosa, fría, desolada.Había botellas tiradas por el pasillo que llevaba a la cocina y ropa esparcidapor el suelo. Lupin no tardó en darse cuenta que esa ropa le pertenecía.

Encontró el cuarto y abrió la puerta. Estahizo ruidos agonizantes que retumbaron en el silencio. La habitación estabasiendo alumbrada por los rayos del sol que entraban por la ventana, que teníalas cortinas corridas. Ahí, en la cama, envuelta en un enredo de sabanas,estaba Tonks, durmiendo de espaldas a la entrada. La luz la envolvíadelicadamente y su cabello, marrón y deprimente, empezaba a brillar.

 

La culpa empezó a comerse a Lupin mientras veía laescena; sabía que si había que culpar a alguien por todo el sufrimiento quesentía Tonks, era él.

Caminó despacio hacia al lado en que estaba Tonks yse arrodilló para estar a su altura.

Ella tenía los surcos de lagrimas marcados por lasmejillas, se podía ver lo hinchados que estaban los ojos, quizá luego de largashoras de llanto; la huella de una noche de tormento.

Lupin, con el semblante triste,acarició las mejillas pálidas de Tonks, surcando los caminos recorridospor las lágrimas, esperando poder borrarlos. Tonks se movió al contactodel hombre lobo y empezó a abrir los ojos de a poco. Este intentó sonreír, nosabiendo cómo iba a reaccionar.

Tonks, aun adormilada, enfocó a Remus y unintento de sonrisa se marcó por sus labios. Entonces abrió los ojoscompletamente y todo signo de alegría se borró de sus facciones. Se quedoquieta, observándolo.

─Lo siento ─fue lo único que Remus pudodecir─, lo siento tanto.

Tonks se sentó bruscamente con el ceñofruncido, mirándolo con rabia en los ojos.

─¿Lo sientes? ─dijo, con dolor en la voz.

─Se que un simple perdón no lo va asolucionar todo, pero haré lo posible para que me perdones ─Lupin se acercó aella, pero esta retrocedió con brusquedad─. Te amo, siempre te he amado... Fuiun idiota.

Tonks agarró un abrigo que estaba encima dela cama y se lo tiró con todas sus fuerzas.

─¿Idiota? ─gritó ella, esta vez tirándole laalmohada, que Remus logró esquivar por poco─. ¿Solo un idiota? ¡Un imbécil, uncompleto estúpido! ¡Todo eso fuiste Remus Lupin! ─agarró las sabanasenteras y las lanzó. Esta vez Lupin quedo sumergido bajo las mantas blancas─.¡Me dejas llorando una noche entera hasta quedarme seca y después vienes y medices que lo sientes! ─se paró y buscó cosas de la mesita de noche para seguiratacándolo─. ¡Mucho más que un imbécil, idiota, idiota!

Lupin, luchando contra las sabanas, sefue acercando a ella de a poco, esquivando un florero, un reloj y varioszapatos. Tonks lloraba mientras se descargaba, gritando "¡imbécil,imbécil!" cada vez que lanzaba algo.

─¡No me toques! ─dijo Tonks cuando Lupinintenó tomarla de los hombros─, ¡no te atrevas a tocarme!

─¡Se cómo te sientes y lo entiendo! ¡Se queva a pasar mucho tiempo para que me perdones, pero te amo! ¡Te amo!

─¡No! ¡No sabes nada ni entiendes nada!¡No meanalices! ─rugió Tonks, fuera de sí, con los ojos llorosos─. ¡No sabes todo loque sufrí por ti, toda las veces que quise darme por vencida contigo perosabiendo que no podía porque... Te amo, ¡maldita sea!

Los dos se quedaron en silencio. El pecho deTonks subía y bajaba con velocidad. Lupin se quedo ahí, sintiéndose estúpido.Puso una mano en el hombro de Tonks nuevamente, esperando a que reaccionaraagresivamente otra vez, pero no lo hizo. Tonks miró el suelo, cansadamentalmente.

─La culpa me carcome la conciencia. Nodescansare hasta haberte pagado por todo lo que te hice sufrir, Tonks ─Lupinrespiró hondo─. Anoche me di cuenta que aunque pondría sobrevivir sin ti, nopodría vivir, no podría ser feliz. Tú haces que sea una mejor persona, tú hacesque olvide que cada mes me transformo en algo que aborrezco... Te amo y losiento, no me cansare de decirlo.

Hubo otro silencio, Tonks siguió mirando elsuelo mientras las palabras de Remus le atravesaban la triste mente; laslágrimas empezaron a brotar con más fuerza esta vez.

─Comprendo si no quieres verme en estemomento ─dijo Lupin, dispuesto a irse y a esperarla.

Entonces Tonks reaccionó. Lo abrazó por elcuello y lo besó como nunca antes lo había besado. Con pasión, condesesperación de sentirlo, mientras lloraba de felicidad porque al finescuchaba las palabras que tanto estaba esperando.

Remus le devolvió el beso también, sabiendoque esta vez no se iría a ninguna parte y que podría aprender a amarla. Laabrazó con fuerza, porque la amaba, si que la amaba y la necesitaba; ambos senecesitaban.

Los dos cayeron en la cama totalmentedesordenada y empezaron a desvestirse con pasión y deseo, mirándose a los ojosy sonriendo mientras las manos tocaban y las pieles se fusionaban, sabiendo queese momento seria eterno y solo de ellos, que ya no importaban todas laspreocupaciones. Se amaban y querían amarse.

Eso era lo único que valía en ese momento.


Intenta pensar con el corazón, Remus. - Potterfics, tu versión de la historia

Intenta pensar con el corazón, Remus. - Potterfics, tu versión de la historia

Suscicatrices brillaron a la luz del sol y su mirada, cansada y melancólica,tenía un dejo sombrío que llegaba a asustar. Él miraba por la ventana del tren,

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2023-02-27

 

Intenta pensar con el corazón, Remus. - Potterfics, tu versión de la historia
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