James Sirius Potter y una slytherin de armas tomar - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

VERDE NAVIDAD Y UN BESO SIN MUÉRDAGO

- ¡James Sirius Potter, regrese aquíinmediatamente!

Nosabía cuántas veces a lo largo de su corta existencia había escuchado a laprofesora McGonagall gritándole esas seis palabras, siempre en el mismo orden,y siempre con el mismo tono. El muchacho cerró los ojos con gesto de dolor alsaber lo que se le venía encima: otro castigo, pero inmediatamente adoptó unapose más relajada y una sonrisa inocente asomó a sus labios antes de girarsepara encontrarse con su enfurecida directora.

Lamujer llevaba el cabello recogido en un moño alto del que no escapaba un solopelo, confiriéndole un aspecto del todo estricto. Sus labios se hallabanfruncidos hasta el extremo, llegando a parecer blanquecinos, y sus ojos, verdesy vivos, lo escudriñaban de arriba abajo.

 

- ¿Qué es lo que estaba haciendo? - Preguntóla mujer con tono directo.

- Nada, profesora. - Aseguró el chico,manteniendo el gesto inocente que tantas veces había ensayado.

- ¿Se está burlando de mí, señor Potter? -Volvió a preguntar Minerva McGonagall, cruzándose de brazos.

Derepente a James le pareció mucho más imponente, pero no debía venirse abajo. Nopodía. Tenía que seguir fingiendo que no había pasado nada si quería salir deallí sin un castigo en la última semana antes de las vacaciones. Sus padres lohabían dejado meridianamente claro: sivuelven a castigarte antes de las vacaciones de Navidad, olvídate de tenerescoba nueva.

- Le juro que no he hecho nada, profesoraMcGonagall. - Dijo de nuevo el chico, pestañeando repetidamente.

Lamujer suspiró con impaciencia, fulminándolo con la mirada.

- ¿Podría explicarme entonces qué hacía estocayéndose de su bolsillo mientras salía a toda prisa del despacho del señorFilch?

MinervaMcGonagall extendió un brazo antes de abrir la palma de la mano. ¡Mierda! Jamesnotó que el color abandonaba sus mejillas y que se le secaba la boca encuestión de milésimas de segundo.

- No
No sé qué es eso, profesora. -Balbuceó el chico - No lo había visto nunca.

Lamujer entrecerró los ojos y se acercó el envoltorio de color verde brillante ala cara.

- Mocosuperpegajoso de alta intensidad. - Leyó en voz alta -Disfruta con esta pequeña maravilla que se adhiere a cualquier tipo desuperficie y crece sobre ella, cubriéndola de una asquerosa masa viscosa decolor verde que haría vomitar a un dementor. - McGonagall terminó de leer loque ponía en la parte delantera del envoltorio y miró de nuevo al chico - ¿Noha visto esto nunca? Porque lleva el símbolo de la tienda de su tío, GeorgeWeasley.

JamesSirius Potter había empezado a sudar como si estuviese corriendo una maratón.¿Cómo podía escapar del atolladero? Sus ojos no se apartaban de los de suprofesora, sabía que así parecería que no tenía nada que ocultar.

- No recuerdo haberlo visto. - InsistióJames con inocencia.

- ¿De verdad? ¿Cree que si entro ahora mismoal despacho del señor Filch no encontraré ningún
- volvió a leer el envoltorio- moco superpegajoso de alta intensidad?

- No puedo saberlo, no he estado ahí dentro.- Contestó James, encogiéndose de hombros.

MinervaMcGonagall le sostuvo la mirada unos segundos, pero finalmente suspiró conderrota y se guardó el envoltorio en el bolsillo.

 

- Le advierto, señor Potter, de que llevausted quince castigos en lo que va de trimestre. Esta vez seré benevolente,pero si le pillo haciendo algo sospechoso en lo que queda de semana, tenga porseguro que no me importará aguarle las fiestas.

Jamesno sabía si debía darle las gracias o mantener la boca cerrada, así que, comosiempre que se encontraba en esa diatriba, decidió que lo mejor era callarse.

- ¡Venga! ¡Vaya a comer!

Lamujer le hizo un gesto con la mano para indicarle que podía irse y James nodudó un segundo en salir corriendo hacia las escaleras, sin poder creer aún lasuerte que había tenido. Antes de llegar al recodo del pasillo escuchó a Filchdándole los buenos días a la directora. James giró a la derecha, pero en lugarde seguir corriendo hasta el Gran Comedor, se ocultó tras la pared, asomándoseligeramente para ver lo que sucedía cuando abriese la puerta. El conserje continuabahablando con Minerva McGonagall mientras abría la puerta de su despacho. Jamesse mordió el labio con gesto expectante y tuvo que ahogar una carcajada cuandoescuchó el grito ahogado de Filch invadiendo el pasillo.

- ¡Mi gata! - Gritó el hombre con tonolacrimógeno - ¿Quién te ha hecho esto? ¡Mi pobre gata!

- No se ponga así. - Le dijo la profesora,quitándole importancia - Se quita con agua.

Filchsalió del despacho con su gata, la Señora Norris, entre las manos. Jamesobservó con regocijo que el moco superpegajosode alta intensidad se le había extendido por todo el cuerpo. Parecía que untroll le hubiese estornudad encima. Cuando el conserje estuvo demasiado cercade él, James volvió a salir corriendo hacia las escaleras.

AJames Sirius Potter le encantaba la Navidad. Siempre había sido su épocafavorita del año. Le gustaba escuchar villancicos por los pasillos del colegio,le gustaban los dulces que los elfos solo hacían en esas fechas, le gustaba quetodo el castillo estuviese decorado con guirnaldas brillantes y nieve mágica,con hadas cantarinas, bastones de caramelo y campanitas doradas, le gustaba vera Hagrid llevando enormes árboles al Gran Comedor, pero sin duda alguna, lo quemás le gustaba eran los petardos. En aquellas fechas nadie le prohibía tirarpetardos y bengalas. Incluso su tío George solía regalarle una caja bien grandepor Navidad, eso sí, sin que lo supiesen sus padres.

- ¿Dónde de hafías medido? - Le preguntó suprimo Fred cuando se sentó junto a él en la mesa de Gryffindor.

Elchico ya estaba comiendo. Comer es un decir. Podría describirse más exactamentesu acción como devorar un muslo de pavo como si de una fiera salvaje setratase. James se remangó la túnica negra del colegio y se apartó un poco deasado en su plato.

- El mocosuperpegajoso de alta intensidad funciona a las mil maravillas. - Le dijo aFred.

- ¿Lo has hecho? - Preguntó su primo despuésde tragarse lo que tenía en la boca y que James dudaba que hubiese siquieramasticado.

- Era vomitivo. - Aseguró James, comiendocon apetito - Parecía que la gata de Filch hubiese nadado en una bañera democos de troll.

- ¡Qué asco! - Rio Fred - Entonces, ¿loharemos?

- ¡Pues claro!

Jamesmiró hacia la mesa de Slytherin. Su hermano Albus comía tranquilamente junto asu amigo Scorpius Malfoy. ¡Por Merlín! ¡Que se apellidaba Malfoy! ¿Cómo podíasu hermano, su único hermano, ser amigo de ese
rubio repipi que parecía unachica?

 

- Pobre Albus, la verdad. - Murmuró Fred asu lado - Deberíamos darle un poco de tregua o nos terminará odiando.

- No empieces con tonterías. - Repuso James- Es una broma de despedida de año. Como una novatada.

- El año pasado le hicimos muchas"novatadas". - Dijo su primo.

- Pues le haremos otra más. - James miró aFred - ¿No irás a echarte atrás?

Fredmeneó la cabeza.

- Es que ya nos pasamos un poco la últimavez con lo de esconderle su ropa interior en el despacho de Slughorn. - OpinóFred - A mí Albus me cae bien, aunque esté en Slytherin.

- No te pongas sentimental. A mí también mecae bien, es mi hermano. - Dijo James - Pero es mi hermano pequeño, así que letoca aguantarse.

Asus catorce años de edad, James Sirius Potter era uno de los chicos másconocidos de Hogwarts por motivos más que evidentes. En primer lugar, y no porello menos importante, por ser su padre quien era. Pero además, James jugabacomo buscador en el equipo de quidditch y hacía méritos más que de sobra comopara ganarse la fama de gamberro, bromista y fanfarrón que tenía.

Elmuchacho miró la fotografía que guardaba en una pequeña agenda encuadernada enpiel que su padre le había regalado. En ella aparecían su abuelo, James CharlusPotter, junto a su mejor amigo - y padrino de su padre - Sirius Orión Black.Desgraciadamente ambos murieron mucho antes de que él naciese, pero habíaescuchado tantas historias sobre ellos que a veces le parecía conocerlos detoda la vida. Además, todo el mundo decía que James era igual que su abuelo.Juraría que incluso una vez a la profesora McGonagall se le saltaron laslágrimas cuando le preguntó cómo era su abuelo cuando estaba en el colegio yella le contestó: exactamente igual quetú. Y aunque Sirius Black no era familia directa de James, su padre solíarepetirle que algo tendría que ver el nombre, porque tenía el mismo pronto quesu difunto padrino. La mezcla perfecta,solía pensar James.

- ¿Vas a necesitar este libro?

Jamesalzó la vista desde la foto. Alya Haworth lo observaba de pie frente a él.Tenía el cabello, tan negro como el carbón, recogido en una alta cola decaballo - algo despeinada - que le llegaba a media espalda y que destacabacontra su piel clara y contra sus ojos, de un color verde tan intenso que lerecordaban a dos brillantes manzanas. James podría haber reconocido que era unachica bastante guapa si no hubiese sido porque era una slytherin.

- Pues sí. - Dijo James, sonriendo de mediolado con burla y cogiendo el libro que tenía muerto de la risa encima de lamesa.

AlyaHaworth frunció los labios y soltó un suspiro impaciente. James la habíacabreado tantas veces que conocía cada uno de los movimientos que hacían sus músculosfaciales.

- Lo siento, el error ha sido mío. - Dijo lachica - Se me olvidaba que eras imbécil y que contigo sobra la educación.

- Gracias. - Sonrió de nuevo con insolencia.

- Como no estás utilizando el libro, me lollevo.

Alyaextendió las manos hasta el libro. James intentó apartarlo, pero pesaba más delo que había pensado y no fue tan rápido como la muchacha, que se aferró alvolumen de tal manera que James pensó que tenía garras. El chico sujetó ellibro por el otro extremo, tirando de él para evitar que Haworth se loarrebatase hasta el punto de inclinar un poco la silla hacia atrás. El forcejeosilencioso duró apenas unos segundos. La muy tramposa lo soltó repentinamente yJames cayó de espaldas produciendo un gran estrépito. Todos los presentes en labiblioteca estallaron en carcajadas. Alya había corrido a sentarse en la silladesocupada que había frente a suya, fingiendo un gran asombro.

 

- ¡Señor Potter!

Laseñora Pince, la anciana bibliotecaria de Hogwarts, acababa de salir de detrásde su robusto escritorio - desde el cual custodiaba sus dominios con mano dehierro - y se acercaba a él con expresión severa.

- Recoja sus cosas y desaparezca de mi vistainmediatamente. - Ordenó la mujer, escudriñándolo todo a su alrededor paraasegurarse de que no había roto nada - A este paso voy a tener que prohibir suentrada.

Jamesfrunció los labios y siguió con ojos furiosos a la bibliotecaria hasta que hubovuelto a su puesto de trabajo. Cuando se puso en pie y se colocó la túnica,notando decenas de ojos puestos en él, vio que Haworth se había apropiado dellibro de Herbología que no había querido dejarle.

- Gracias por el libro. - Sonrió con sorna.

- Eres una sucia tramposa, como todos losslytherin. - Murmuró el chico, enojado mientras recogía sus libros y pergaminosy los metía en su mochila.

- Y tú tan fanfarrón, como todos losgryffindor. - La chica se puso en pie con gesto satisfecho - Supongo que estoes lo que le pasa a los leones arrogantes como tú por creerse tan listos.

Luegola muchacha volvió a su mesa y James tuvo que abandonar la biblioteca. Pince lomiraba atentamente para asegurarse de que no remoloneaba. Se echó la mochila alhombro y salió de allí alzando la barbilla con chulería.

- Mira que dejarte vapulear así por unaslytherin

FredWeasley meneó de nuevo la cabeza. En Hogwarts las noticias volaban y, porsupuesto, el incidente ocurrido en la biblioteca había llegado a oídos de suprimo y compañero de curso. James refunfuñó por lo bajo, pero no dijo nada.Mantuvo los ojos clavados en sus deberes de Transformaciones.

- Sois unos antiguos. - Intervino su primaRose, que se había sentado con ellos en una de las mesas del fondo de la SalaComún - ¿Por qué les tenéis tanta manía a los slytherin? No son ogros.

- ¿Ah no? ¿Y por qué tendrán esa cara delelos y esos culos de ogro tan gordos? - Preguntó Fred, componiendo una muecade falsa curiosidad.

Rose,que tenía un año menos que ellos, suspiró con algo de impaciencia.

- Pues yo tengo muchas amigas de Slytherin.- Contestó.

- Porque tú no tienes principios. - ApuntóJames, sonriendo a su prima.

- Por favor James
Me gustaría queconocieses el significado de la expresión "tener principios". - Le dijo lachica - Odiar indiscriminadamente a una persona porque es de otra casa no estener principios.

- De una casa que mantiene una rivalidadancestral con la nuestra. - Añadió Fred.

- No sabía que eras tan tradicionalista,Fred. - Dijo Rose - Lo tendré en cuenta cuando intentes librarte de laancestral tradición de ayudar a la abuela con la limpieza general de verano.

- Son cosas totalmente diferentes. - Aseguróel chico.

Lachica pelirroja no pudo evitar sonreír. James chocó la mano de su primo,satisfecho ante la respuesta.

- Lo que quiero decir es que
- empezó adecir Rose.

 

- Lo que quieres decir no nos importa,mocosa. - Dijo James - Alya Haworth es una estúpida, tramposa y presumida.

- ¿Alya Haworth presumida? - Rose alzó lascejas - Yo creo que lo que pasa es que aún te duele que te ganase en el últimopartido de quidditch.

Fredestalló en carcajadas, pero a James no le hizo la más mínima gracia. AlyaHaworth jugaba como buscadora en el equipo de su casa, exactamente igual queél, y mantenían una profunda rivalidad por ello. Lo peor vino el año anterior,cuando Slytherin se hizo con la Copa de Quidditch después de que la chica learrebatase la snitch tras un soberbio vuelo en el que casi consigue matar aJames. En realidad, la culpa fue de James, que estaba tan concentrado en elmano a mano con Haworth que no vio lo cerca que estaba del suelo. El resultadofueron tres días de enfermería y quedarse sin escoba. Sus padres, que no erande colmarlos de caprichos - porque hayque aprender a esforzarse -, le habían dicho que tendría que esperar hastanavidades para tener una escoba nueva y solo si sacaba buenas notas y no locastigaban mucho. Se conformaban con que tuviese menos castigos que el añoanterior.

- Tuvo suerte. - Dijo James con tonoindiferente.

- Te quito la snitch delante de tus narices.- Apuntó Rose, sonriendo con las cejas en alto.

- ¡Bueno, ya vale! - James se puso en piecon indignación - ¿Es que hoy es el día de "vamos a machacar a James"?

- Me encanta cuando te pones a gruñir. -Sonrió Rose, lanzándole una mirada cómplice a su primo Fred.

- Sí. Te pones muy guapo. - Aseguró Fred.

- ¿Tú también? - James miró a su primo sindar crédito - No me esperaba esto de ti.

Elchico cogió sus cosas y se dispuso a marcharse de la Sala Común con gestoaltanero.

- ¿Dónde vas? - Le gritó Fred desde la mesa,balanceándose sobre las patas traseras de la silla.

- ¡A algún sitio donde no haya cretinosdesagradecidos como vosotros! - Le espetó James sin pararse a mirarlos.

Unaschicas de tercero le sonrieron al pasar y James les guiñó un ojo, dedicándoleesa bonita sonrisa que, no sabía por qué, tanto les gustaba. Las chicasempezaron a cuchichear con emoción, pero él salió de allí igual que habíasalido de la biblioteca. Definitivamente, aquel no era su día.

Mientrasbajaba las escaleras desde la Torre de Gryffindor pensó que no sabía muy bien aqué lugar dirigirse. Le quedaban pocos sitios a los que ir. No podía ir a labiblioteca. Tampoco quería regresar a la Sala Común, donde Fred y Rose sehabían aliado contra él. James se pasó una mano por el pelo y se encaminó porun pasillo del cuarto piso donde había armaduras cantando villancicos.

Oh, jingle bells, jingle bells

Jingle all the way

Oh, what fun it is to ride

In a one horse open sleigh

Jingle bells, jingle bells

Jingle all the way

Oh, what fun it is to ride

In a one horse open sleigh

Elchico se puso a tararear la cancioncilla una vez que hubo bajado al siguientepiso. Debía reconocer que era pegadiza. Seguramente esas armaduras las habríaencantado el profesor de Estudios Muggles, porque era el villancico que habíanestado escuchando unos días atrás en clase.

 

Nohabía apenas gente por los pasillos. James supuso que la mayoría del alumnadode Hogwarts estaría intentando adelantar deberes para tener menos trabajodurante las vacaciones. Llegó al primer piso y aún no sabía dónde ir.Normalmente James nunca estaba solo y siempre tenía planes, así que se sentía unpoco incómodo vagando por el castillo con la mochila al hombro y sin ningúnpropósito.

- James.

Lavoz de Hagrid sonó a su espalda. El chico sonrió automáticamente, porque letenía un gran cariño al guardabosques de Hogwarts, que además era su profesorde Cuidado de Criaturas Mágicas. Llegaba arrastrando un enorme abeto por lapuerta principal del castillo, totalmente cubierto de copos de nieve de lospies a la cabeza.

- ¡Hagrid!

- No irías a salir, ¿verdad? Hay unatormenta de nieve infernal ahí fuera. - Le aseguró el semigigante, caminando endirección al Gran Comedor.

- ¿Quieres que te ayude? - Preguntó elchico, mirando el árbol.

- ¿No tienes nada que hacer?

- No. - Negó el chico.

- Podrías ayudarnos entonces con los adornosdel Gran Comedor. Quedan dos árboles por adornar y hay que poner guirnaldas ybolas por el techo.

Jamesnunca había participado en ese tipo de labores. Siempre había dado por hechoque eso era cosa de los profesores, pero no tenía nada mejor que hacer y asípodía pasar un rato con Hagrid. Cuando entraron al Gran Comedor, descubrió quehabía muchos alumnos ayudando a los profesores con la decoración. La mayoríaeran de cursos superiores y prefectos, pero también vio a algunos de su mismocurso.

- Vamos a dejar esto por allí.

Jamessiguió a Hagrid hasta el final del Gran Comedor, donde el guardabosques dejó elárbol. A continuación, comenzó a quitarse su voluminoso abrigo de piel, susguantes, una bufanda y un gorro que llevaba calado hasta las cejas.

- Bien. - El profesor Flitwick, un anciano ydiminuto hombrecillo, se acercó a ellos con gesto sonriente - Chicos, ayudadmea poner en pie este árbol y empezaremos a adornarlo.

Jamesmiró al grupo de chicos y chicas que se acercaban hasta ellos, y cuál fue susorpresa cuando descubrió a Alya Haworth entre ellos. ¿Es que se la iba aencontrar en todas partes esa tarde? James torció el gesto al ver a Haworthlevantar las cejas con diversión.

- Señor Potter, no se quede ahí parado,apunte usted también con su varita. - Le pidió el profesor Flitwick.

Unavez que consiguieron entre todos poner el monumental abeto en pie, Hagrid ledio a James una caja de adornos navideños y le encargó que se ocupase de labase del árbol. El profesor Flitwick parecía algo preocupado por tenerlo allí yno dejaba de lanzarle miradas nerviosas. El chico trabajaba en silencio hastaque notó que alguien se agachaba a su lado para ayudarlo. Antes de mirar yasabía de quien se trataba.

- No sabía que te gustase tanto la Navidadcomo para venir a ayudar con los adornos. - Dijo Haworth colocandocuidadosamente una campanilla parlanchina en una de las ramas del árbol.

Jamesno contestó y ni siquiera se dignó a mirarla.

- ¿No me dirás que estás enfadado por lo dela biblioteca? - Preguntó la chica, soltando una risita cantarina al final -Venga, Potter, que no ha sido para tanto. Te echan continuamente de labiblioteca.

- Pero esta vez no ha sido por mi culpa. -Hizo notar James.

 

- En realidad sí. Podrías haberme dado ellibro sin más, no estabas utilizándolo. - Respondió Alya.

Jamesmeneó la cabeza después de soltar un bufido desdeñoso. Alya volvió a meter lamano en la caja. Esta vez cogió una bolita roja con una cara pintada quegritaba ¡FELIZ NAVIDAD!

- Hoy he estado ayudando a tu hermano conunos encantamientos. - Prosiguió hablando la chica - Es muy inteligente.Supongo que no habrá salido a ti.

Jamesla miró abriendo mucho los ojos.

- ¿Podrías dejarme trabajar en paz? -Preguntó el chico con el tono más educado que pudo. No quería que lo echasentambién de allí y que Hagrid le llamase la atención.

Alyaintentó reprimir una sonrisa, pero James podía verla brillando en sus ojos eincluso la intuía en las comisuras de sus labios.

- ¿No te hablas con Albus? - Inquirió denuevo la morena.

- No sabía que te importaba tanto mi vidaprivada, Haworth. - Contestó James.

- Es que nunca te veo con él, eso es todo. -La muchacha se encogió de hombros.

- Si estuviese en Gryffindor podríamos pasarmás tiempo juntos.

Noes que no se hablase con Albus, a pesar de que el año anterior, cuando elSombrero Seleccionador lo puso en Slytherin, a James casi le da un patatús allímismo. Pero claro, estar en casas separadas solía provocar aquello, porquenormalmente los alumnos iban a sus respectivas Salas Comunes a pasar su tiempolibre, y las suyas estaban cada una en una punta del castillo, que además eragigantesco.

- ¿Qué tendrá que ver eso? - Alya frunció elceño.

- Si no estuvieseis escondidos en lasmazmorras
- empezó a decir James.

- ¿Te dan miedo las mazmorras? - Preguntó lachica con sorna.

- ¡No! - Exclamó James, ganándose otramirada por parte de Flitwick - No me dan miedo. Hay pocas cosas que consiganasustarme. - Dijo James con chulería.

- Y las mazmorras son una de ellas. - DijoAlya sonriendo de lado a lado hasta que James gruñó por lo bajo - ¡Es unabroma! ¡Creía que te gustaban las bromas!

Jamesdesvió la mirada desde la chica hasta el árbol nuevamente.

- Me gustan cuando tienen gracia. - Contestóel chico.

- Es verdad. - Dijo la chica con tonoirónico - Se me olvidaba que tú eres la monda.

Alyaalzó las cejas. Sus dedos anudaron con delicadeza un lazo escarlata alrededorde otra de las ramas. El buscador de Gryffindor ni siquiera perdió el tiempo encontestarle. Sería gastar saliva innecesariamente. Alya era de esas chicas quesiempre, dijeses lo que dijeses, tenían algo que apostillar, y eso lo sacaba dequicio.

- Señorita Haworth. - El profesor Flitwickla llamó cariñosamente - ¿Podría encargarse de estas guirnaldas? Tengo queordenar el coro de hadas.

- Por supuesto profesor Flitwick.

- Por supuesto profesor Flitwick. - RepitióJames con voz aguda y cantarina, y mucho más melosa de lo que había sonado lade la chica.

Alyale dirigió una mirada altanera y se puso en pie. La muchacha le sonrió de mediolado antes de darle un toquecito con el talón a la caja de adornos que Jamesdebía ordenar. La caja volcó de medio lado y todos los adornos se desparramaronpor el suelo. Las bolas rodaron varios metros y las campanillas empezaron atintinear, provocando un sonido agudo y espantosamente molesto.

- ¡Señor Potter! ¡Tenga más cuidado! - Lereprendió el profesor Flitwick - Recójalo todo inmediatamente.

 

- Pero profesor

- ¡Recójalo!

Elprofesor de Encantamientos avanzó con cuidado entre los adornos que seguían enel suelo fulminándolo con la mirada. Hagrid cabeceó con gesto reprobatorioantes de continuar colocando muérdago entre las velas flotantes. James fruncióentonces los labios y miró a la chica morena que estaba a unos metros de él,con expresión tranquila, como si no hubiese roto un plato en su vida. Lamuchacha giró el rostro con una sonrisa simpática en los labios. Alya Haworthnecesitaba un buen escarmiento.

Jamespensó durante días qué podía hacer para que castigasen a Alya Haworth, perosorprendentemente, la inspiración lo había abandonado. En realidad, seconformaba con prepararle una broma que consiguiese enfurecerla. El último díaen Hogwarts se acercaba y James Sirius Potter veía pasar las horas sin que sele ocurriese nada lo suficientemente ingenioso. ¡Podría enterrarla en la nieve!¡Eso seguro que la pondría como loca! Aunque claro, así también podría matarlade frío. No es que él fuese a echarla de menos, pero estaba seguro de quepodrían encerrarlo en Azkaban por eso. ¿Y si decía que había sido sin querer?¿No se apiadarían de él? Bueno, dejaría ese plan como última opción.

Tambiénpodría encerrarla en algún armario de las escobas hasta que le pidiese perdón.No. Gritaría y todos la escucharían. ¡Ya lo tenía! ¡Podía trucar su escoba paraque se estrellase la próxima vez que volase con ella! ¡O podría dejarla en elBosque Prohibido! ¿Por qué sólo se le ocurrían ideas que terminaban con AlyaHaworth a un paso de la muerte? Quizás estuviese siendo demasiado ambicioso.

- Oye, James.

Fredse acercó a él. Acababa de entrar por la puerta del dormitorio y se llevó unamano a la nuca, rascándola lentamente. James miró a su primo desde la cama,esperando que le dijese algo que no iba a gustarle, porque Fred solo se rascabala nuca con esa cara de culpabilidad cuando iba a darle un disgusto.

- Sé que te dije que te ayudaría con lo del moco superpegajoso de alta intensidadque tenías pensado lanzarle a Albus, pero

- ¡Mira que lo sabía! - Gruñó James,cruzando los brazos sobre el pecho.

- ¡Es que he quedado con una chica, James! -Se justificó Fred - Sé que está mal, pero es Alice Smith, tío.

AliceSmith, de Hufflepuff, era la chica que más buena estaba de su curso, así queeso lo explicaba todo. James soltó un ruidito desdeñoso y miró hacia el posterde los Chudley Cannons que tenía colgado en la pared que había junto a su cama.

- ¡Venga, James!

Fredse acercó a él y notó que su colchón bajaba unos centímetros debido a su peso.

- Te prometo que le preparamos una buena eldía de Navidad. - Dijo Fred.

Jameschasqueó la lengua y exhaló un hondo suspiro. Luego miró a su primo nuevamente,que parecía bastante compungido. El buscador se incorporó a medias en la cama,rodeándose las rodillas con los brazos.

- Me debes una muy gorda. - Le dijo James,alzando las cejas - Dejarme tirado por Alice Smith

- Como que tú no lo harías
- Sonrió Fred demedio lado - Voy a ducharme.

- Sí, anda. Hueles como el culo de unhipogrifo. - Rio James cuando su primo se levantó de la cama y caminó hacia lapuerta nuevamente.

- ¿Cuántos culos de hipogrifo has olido? -Preguntó Fred con tono socarrón antes de salir apresuradamente por la puertapara evitar el zapato que James estrelló contra la puerta.

 

Alfinal iba a tener que darle las gracias a Fred. Ahora que no iban a gastarle labroma del moco superpegajoso de altaintensidad a Albus, James sabía exactamente con quien emplearlo: AlyaHaworth. Estaba ansioso por ver la cara que ponía cuando estuviese toda repletade masa viscosa y verde que se le iba extendiendo por el cuerpo. Solo el aguafría podía frenar el avance, así que encima Haworth tendría que darse unchapuzón nada placentero, teniendo en cuenta el frío que azotaba los muros deHogwarts.

Lotenía todo milimétricamente pensado. Incluso había conseguido un colaborador deprimero que la llevaría hasta él. Tenía un nudo en el estómago de tanemocionado como estaba ante el plan. Pondría el moco en el suelo de un aula vacía y, mientras este se extendía porel suelo, su pequeño amiguito iría a pedir ayuda "porque un amigo se encontrabamal y no sabía qué le ocurría", cruzándose accidentalmente con Alya Haworth,que no podría resistirse a ser la heroína que salvase a un pobre - einexistente - niño de primero. Entonces entraría al aula donde supuestamenteestaba el amigo del niño y ¡tachán! Se escurriría con el moco, caería sobre él y se pondría perdida de pies a cabeza ¡Eratan genial que James no podía creerlo!

- Venga enano, gánate el medio galeón que teprometí. - Le dijo James al chiquillo, que salió corriendo escaleras abajo.

Elbuscador dejó la sustancia pegajosa justo a unos pasos de la puerta, la cualcomenzó a crecer en cuanto tocó el suelo. Como había acordado con el niño, élse escondió detrás de una de las columnas del pasillo, desde donde los veríallegar. James se desesperó un poco cuando pasaron cinco minutos y allí noaparecía nadie. ¿Y si no la encontraba? Normalmente estaba en la biblioteca aesas horas, porque James solía verla por allí siempre que iba, no es que sesupiese todos los movimientos de la chica, pero ¿y si no había ido aquellatarde? ¡No había contado con eso! ¡Mierda!

- Por aquí, deprisa.

Jamesse asomó un poco al escuchar la voz del niño de Ravenclaw que se habíaconvertido en su ayudante. Alya Haworth corría tras él. Pobre infeliz. Tuvo quemorderse el labio para no reírse antes de tiempo. En cuanto estuvieron frente ala puerta, el chico desapareció corriendo por el pasillo, haciéndole un gestocon el pulgar. Inmediatamente después sonó un grito agudo y un golpe.

Elbuscador corrió hasta el aula vacía y abrió la puerta con cautela. Alya Haworthse hallaba de rodillas en el suelo, sucia de moco verde por las piernas y la camisa del uniforme. James sonrióde lado a lado cuando la muchacha levantó la mirada y lo fulminó con susbrillantes ojos verdes.

- ¡Tú! - Exclamó la chica con furiacontenida.

- ¡Feliz Navidad! - Rio James - Te queda muybien el verde, hace juego con tus ojos.

Alyaentrecerró la mirada con malicia, luego se sacudió las manos contra él,salpicándole la camisa con la sustancia. James abrió la boca, sorprendido.

- ¡Fíjate! ¡A ti también te queda muy bien!- Sonrió la chica, intentando ponerse en pie con cuidado de no resbalar.

Jamesobservó cómo la sustancia le crecía poco a poco, cubriendo cada vez unasuperficie mayor de la camisa del uniforme. A continuación, la muchacha seabalanzó sobre él y ambos se precipitaron sobre el suelo.

 

- ¡Suéltame! - Gruñó James, intentandoapartarla de sí.

- ¿No te parece gracioso, Potter? - Lepreguntó la chica con retintín, forcejeando con él de rodillas en el suelo.

- ¡Para de una vez! ¡Ya has conseguidopringarme! - Exclamó James.

Alyaparó por fin. Tenía la respiración entrecortada y las mejillas encendidas. Elmuchacho también respiró agitadamente, mirándose con asco.

- ¿Cómo se quita esto? - Preguntó la chica.

- Con agua fría. - Masculló James.

- ¡¿Con agua fría?! ¡¿Es que eres idiota?!¡¿Querías matarme de una pulmonía?!

- ¡Deja de quejarte! ¡Yo no debería estarlleno de moco!

- ¿Esto no para de crecer? - Preguntó Alya,mirándose las manos.

- Solo se extiende durante medio minuto, máso menos, sobre la misma superficie. - Explicó James.

Haworthsuspiró con cansancio antes de volver de nuevo sus ojos a James.

- ¿Y esto a qué ha venido?

- Esto te lo tenías bien merecido por lo delotro día. Por lo de la biblioteca y lo de los adornos de Navidad. - Lecontestó.

Lamuchacha se puso en pie con dificultad y miró a su alrededor. Todo estaba llenode moco verde y si alguien los pillaba, los castigarían a ambos, o tendrían quelimpiarlo

- Será mejor que vayamos a los baños. - DijoJames - Si viene Filch, u otro, y nos ve así nos vamos a ganar una buena

- Diré que toda la culpa ha sido tuya.Intuyo que me creerán. - Contestó Alya, sacudiéndose las manos.

- Ya sabía que eras una chivata. - Le dijoJames - Es una de las grandes virtudes de Slytherin, así que imagínate cómoserán los defectos.

- ¿Se puede saber qué te pasa a ti conSlytherin? - Preguntó la chica, cruzándose de brazos - ¿Es que estás enamoradode alguna slytherin que no te hace caso o algo así?

- ¿De una slytherin? ¡JA! - James exagerómucho la falsa carcajada - ¡Más quisierais! No tenéis nada que hacer contra unagryffindor.

- ¡Oh! ¡Usted perdone! Olvidaba lo guapasque son las gryffindor de nuestro curso. ¿Con cuál de ellas vas a casarte,Potter? ¿Con la que parece un gusarajo o con la que tiene dientes de castor?

¡Mierda!¿Por qué tendría que tener razón? Las cinco chicas gryffindor de su curso noeran muy guapas que digamos

- Prefiero a dientes de castor antes que a ti. - Dijo James, pretendiendoherirla, claro.

- ¡Pues yo también prefiero a dientes de castor antes que a ti! -Exclamó la chica con el ceño fruncido - Incluso preferiría a ese chico tan feode Hufflepuff, de tercero, el de las orejas enormes.

Jamessonrió de medio lado.

- Sabes que eso no es verdad. Soy el chicomás guapo de todo el colegio.

- ¡Oh, por favor! ¡No vuelvas a decir eso envoz alta! - Le pidió la chica - Suena demasiado arrogante incluso tratándose deti. Además, es mentira.

- No lo es. - Negó James.

- El más guapo es Daniel Clifford, deRavenclaw, 7º curso. - Dijo la chica, alzando una ceja.

- ¡Y una mierda! ¡Pero si está bizco! - RioJames.

- ¡No está bizco!

- Claro que sí. Y puede que tú estés un pocociega, por eso eres incapaz de ver lo guapo que soy. - Continuó James.

Ahoraque había descubierto cuánto le molestaba a Haworth que dijese aquello se veíaen la obligación de repetirlo hasta la saciedad.

 

- Bueno, siempre tendrás a tu gryffindor dientes de castor. Seguro que ella te vemuy guapo. - Dijo la chica alzando la barbilla.

Jamessoltó una carcajada forzada. ¡Es que esa chica lo sacaba de sus casillas!

- Mientras no sea Slytherin
- El buscadorse encogió de hombros.

- ¡Si vuelves a decir eso otra vez
!

- ¿Si vuelvo a decir qué? ¿Que prefierobesar el culo peludo de un babuino que a una slytherin? - Sonrió el chico congesto impertinente.

AlyaHaworth compuso un mohín molesto con los labios, dio un par de pasos decididoshacia él, lo agarró por la parte delantera de la túnica y tiró hacia ella, queera unos centímetros más bajita que el chico. James no comprendió lo quepretendía hasta que sus bocas se tocaron. Alya llevó su mano izquierda a lanuca del chico y lo empujó más contra ella.

Decirque James estaba total y absolutamente sorprendido era poco. Sus ojos seabrieron de par en par, pero su cuerpo no reaccionó, o mejor dicho, no lo hizocomo se esperaba. Puso las manos sobre los menudos hombros de la buscadora deSlytherin con la intención de apartarla, pero en lugar de eso, se quedaron allí.Quietas.

Erala primera vez que James se besaba con una chica. ¡Era la primera vez y teníaque ser con ella! Aunque a decir verdad, los labios de Alya eran agradables.Eran suaves y calientes y a James le temblaron un poco las rodillas cuando seabrieron para capturar su labio inferior. Debía haber comido chocolate antes deir allí porque ese fue el regusto que dejó en la boca de James antes deapartarse tan abruptamente como había empezado. Incluso había llegado a olvidarque estaban cubierto de aquel asqueroso moco verde de pies a cabeza.

- Ahora ya puedes besar el culo de un monopara comparar. - Le dijo la chica.

AlyaHaworth caminó con determinación hacia la puerta por la que había entrado.

- ¡He dicho babuino! - Gritó James enfadado,aunque la buscadora ya no estaba y no sabía si le habría escuchado.

Sedio cuenta de que tenía los puños apretados y de que se le había acelerado elpulso, pero decidió pasar aquel detalle por alto y salir de allí lo antesposible. Por desgracia, debería haber pensado eso unos minutos antes, porquecuando se dispuso a abandonar el aula tuvo la mala suerte de cruzarse nada másy nada menos que con Minerva McGonagall.

Jamesla miró algo asustado. Veía esfumarse la esperanza de tener la nueva Trueno 3000, aunque tal vez si leexplicaba a la profesora McGonagall que aquello era muy necesario para elequipo de Gryffindor, la mujer se apiadaría de él. Pero primero intentaríacolarle una trola. Esa siempre era la primera opción de James.

- Profesora, ha sido un accidente. Lo juro.Yo solo estaba intentando

- Tranquilo, señor Potter. - Dijo la mujer,contrariada por su ímpetu - Acabo de encontrarme con la señorita Haworth y melo ha explicado todo.

- ¿Ah sí? - James arrugó la frente.

- Me ha dicho que estaban practicandoencantamientos, que le ha pedido usted ayuda, pero que lo hace tan espantosamentemal que ha conseguido ponerlos perdidos a ambos de
lo que quiera que sea eso. -Dijo la mujer, señalándolo.

AJames no le gustó que Alya lo fuese poniendo de inútil, y menos aún que ledijese a McGonagall que él - ¡él! ¡James Sirius Potter! - le había pedidoayuda. Pero aquella maldita chica de ojos verdes era asquerosamente retorcida.Sabía que James no tenía más remedio que tragarse su orgullo si no quería quelo castigasen. Y no quería que lo castigasen, así que frunció los labiosimperceptiblemente pero no se pronunció.

 

- Así que vaya a limpiarse, Potter, ypractique. La perseverancia es el secreto del éxito, recuérdelo.

Lamujer caminó de nuevo pasillo adelante. James la siguió unos breves segundoscon la mirada hasta perderla de vista. Cuando volvió a mirar al frente, aúnconmocionado por los recientes acontecimientos, vio a Alya Haworth sonriéndolede medio lado desde el final del corredor, luego, sin decir ni hacer nada más,bajó las escaleras como si tal cosa, completamente cubierta de moco verde, endirección a su Sala Común.

Lasarmaduras del pasillo comenzaron a cantar una vez más el villancico favoritodel chico: Santa Claus en su escoba. JamesSirius Potter miró el espacio que había quedado vacío una vez que su compañerahabía desaparecido. Aquello no iba a quedar así. Alya Haworth acababa deempezar una guerra que de ninguna de las maneras iba a ganar. Seguiría elconsejo de Minerva McGonagall:

La perseverancia es el secreto del éxito.



N.A: Alya es un sistema estelar formado por dos estrellas perteneciente a la constelación de la serpiente.

Muy buenas! =)
Hoy me sentía navideña y con ganas de escribir y ha salido esto. Debería estar empleando mi tiempo en otras cosas, pero bueno, esto es más divertido. Espero de todo corazón que os guste, si no es así, como digo siempre, podéis comentármelo, y si os gusta y no me lo decís seré muy infeliz, e incluso puede que me deprima tanto que no vuelva a escribir =(
Nah! Es broma, pero lo que sí es cierto es que haréis muy feliz a una personita solo con teclear un par de palabras.
¡FELIZ NAVIDAD! HO-HO-HO
Besos!! ;)

CALLEJÓN DIAGON

AlyaHaworth no se sorprendió el día que recibió su carta para ir a Hogwarts. Al finy al cabo, su madre era bruja y sabía que su padre también, a pesar de nohaberlo conocido. Para ella la magia lo era todo. Era la fuerza que movía su mundo.Bueno, eso y las tortitas que preparaba su madre los domingos por la mañana.

Alyano entendía por qué la magia - y en consecuencia los magos y brujas - teníanque esconderse de los muggles. Seríarealmente fantástico poder vivir en armonía. ¿Acaso a los muggles no les gustaría ver magia de verdad? Ella vivía en Londresy sabía de buena tinta que adoraban la magia casi tanto como ella.

- Cariño, ¿podrías pasarme unos alfileres?

Alescuchar la voz de su madre salió de sus pensamientos y se apresuró a acercarleuna cajetilla de alfileres. Su madre, Regina Haworth, era una mujer esbelta yde facciones dulces. Su cabello, al contrario que el de su hija, era de unprecioso color rubio. Lo único que Alya había sacado de su madre eran sus ojosverdes, por lo demás era igual que su padre. A su madre no le gustaba sacar eltema y Alya lo evitaba para no entristecerla, a pesar de lo mucho que lehubiese gustado saber por qué había muerto su padre. Eso había sucedido cuandoella tenía apenas unos meses de vida. Su padre se llamaba Robertus WilhelmHaworth y, gracias a las pocas fotos que Alya había podido ver de él, sabía quehabía sido un hombre muy guapo. Murió joven, dejando a una mujer desconsoladacon una hija en el mundo y sin nadie a quien recurrir, porque ninguno de losdos tenía familia.

 

- Espere señora Fritche, enseguida termino.

Laseñora Fritche era una estirada aficionada al cotilleo, esposa de una antiguacelebridad del quidditch que disfrutaba gastando su dinero en la tienda detúnicas de su madre. Regina Haworth había sido aprendiz de la ya jubiladaMadame Malkin y se había quedado con la tienda después de haber trabajado casiquince años para ella. Ahora, por fin, era su negocio, y por una vez en la vidalas cosas no les iban nada mal.

- ¡Qué chiquilla tan bonita tienes, Regina!- Dijo la mujer, sujetándola por la barbilla con una fuerza sorprendente parauna señora de su edad - Debes tener muchos admiradores. Tengo un nieto con elque podrías hacer buenas migas. ¿Cuántos años tienes?

- Quince, señora. Cumpliré los dieciséis ennoviembre. - Alya sonrió educadamente, aunque aquella mujer no le hacía ningunagracia.

- ¡Quince! ¡Ya eres toda una mujer! Minieto, Ernest, terminó el colegio el año pasado. Tal vez lo conozcas.

Alyasabía exactamente quién era Ernest Fritche, un pedante, ególatra e insufriblemuchacho con aires de grandeza cuyo único fin en la vida parecía ser el depavonearse hasta el punto de causar vergüenza ajena.

- Sí, era de Gryffindor, ¿verdad? - ContestóAlya.

- Sí. Igual que su abuelo. - La señoraFritche se llevó una mano al pecho con teatralidad - Y me atrevería a decir quees tan bueno como mi esposo encima de la escoba.

Alyatuvo que ahogar la carcajada que le produjo aquel comentario. James SiriusPotter le daba mil vueltas a su nieto, por mucho que a Alya le escociesereconocer que aquel muchacho hacía algo bien. Tampoco es que tuviese muchomérito, incluso Hagrid sería más ágil que Ernest Fritche jugando al quidditch.De hecho, si no recordaba mal, Fritche se presentó para buscador el mismo añoque lo hizo Potter, pero este último, que acababa de entrar en segundo curso,se quedó con el puesto.

- No ha podido jugar en el equipo delcolegio, ¿sabes, Regina? - Continuó la mujer con disgusto mientras su madre laayudaba a quitarse la túnica para hacerle los arreglos. Alya tenía la ligeraimpresión de que a su madre le importaba un auténtico pimiento - Al parecer hayquien tiene plazas asignadas. - Añadió la mujer con retintín - Deberían habercogido a mi nieto como buscador, pero el hijo mayor de Harry Potter se presentóy claro, ¿cómo iban a rechazarlo? - La mujer chasqueó la lengua y meneó lacabeza - Mi Ernest me dijo que ese pobre muchacho no es capaz de sostenersesobre la escoba, pero al ser el primogénito de los Potter

Laslytherin alzó las cejas. ¡Menudo embustero estaba hecho Fritche!

- ¡Pero yo quiero ir a la tienda dequidditch!

Lapuerta se abrió, permitiendo que una ráfaga ardiente se colase al interior delestablecimiento. Aquel estaba siendo un verano especialmente caluroso, aunqueAlya aprovechaba la excusa para visitar todas las mañanas la Heladería FloreanFortescue. Hacían los mejores helados de pistacho y nata del universo.

- James, por favor, solo serán unos minutos.Necesitas túnicas nuevas.

 

Alyasonrió de medio lado cuando vio a la familia Potter al completo entrar por lapuerta. El padre, Harry, era un señor muy simpático que siempre compraba allísus túnicas y capas. Alya sabía que era el Jefe de Departamento de Aurores yque había derrotado al mago oscuro por excelencia, Lord Voldemort. Su esposa,Ginevra Potter, se llevaba muy bien con su madre. No es que fuesen grandesamigas, pero siempre le preguntaba cómo estaba y cómo le iba el negocio, yhabría que añadir que siempre le daba caramelos a Alya, al menos cuando era máspequeña. Además, la chica la admiraba profundamente como jugadora de quidditch,a pesar de que ya estaba retirada. El matrimonio Potter caminaba de la mano,acompañados por sus tres hijos. James Sirius Potter, tan guapo como estúpido;Albus Severus Potter, que por suerte no se parecía en nada a su hermano mayor,y la pequeña Lily Luna Potter, que empezaría segundo curso ese mismo septiembrey que, para alivio de James, pertenecía a Gryffindor, como él. Alya todavíarecordaba la cara de lechuga mustia que se le había quedado cuando Albus fueseleccionado para Slytherin. Para su misma casa.

Nosabría explicar el motivo por el cual James Potter les tenía tanta tirria a losSlytherin. Alya suponía que algo tendría que ver con que muchos de los mortífagos que habían luchado en elbando de Lord Voldemort durante la II Guerra Mágica perteneciesen a esa Casa,pero no por ello aquella actitud dejaba de ser la de un chimpancé estúpido.Hacía años que Slytherin se había reconciliado con su pasado y ya no existíatanta rivalidad entre las diversas casas de Hogwarts. Por desgracia, habíaalgunos, entre los que se contaba el buscador de Gryffindor, que continuabancon aquella tontería. Aunque para ser justos, también había slytherins queentraban al trapo, demostrando muy poca inteligencia.

- ¡Qué adorable familia! - Exclamó la señoraFritche - ¡Harry y Ginevra Potter!

Lamujer bajó del escabel para brindar un caluroso saludo a los recién llegados.Alya puso los ojos en blanco, girándose hasta llegar tras el mostrador. ¡Quéfalsa podía llegar a ser aquella mujer! ¡A saber lo que diría de ella y de sumadre en cuanto saliese por la puerta!

- ¿Qué tal está usted, señora Fritche? -Preguntó Ginevra Potter, sonriendo educadamente.

- Bueno, a mi edad ya se sabe, bonita. Llenade remiendos. Pero no podemos quejarnos. ¿Y vosotros? ¿Qué tal el verano? ¡Quéhijos tan guapos!

Laseñora Fritche examinó a los tres muchachos con ojos brillantes. Alya suspiró ysu madre le dio un codazo.

- Educación. - Le susurró por lo bajo.

Alyacarraspeó y compuso una sonrisa falsa que no habría engañado a nadie, pero porsuerte nadie se fijaba en ella. Nadie, excepto James y Albus.

-
y tengo que irme, porque tengo una cenamuy importante esta noche, ya sabéis, cosas de mi marido. - La señora Fritchesoltó una risotada demasiado artificial - Regina, querida, mañana paso a por mítúnica nueva. - Dijo la mujer, volviéndose hacia su madre.

- Claro, señora Fritche. Mañana estaráterminada.

- ¡Esta mujer hace unas prendas divinas! -Exclamó la anciana, palmeando la mano de la señora Potter, que agarraba entrelas suyas - No os entretengo más. Adiós.

Cuandola puerta se cerró, Ginevra Potter alzó las cejas cómicamente, sonriendo a sumadre tras soltar un suspiro.

 

- ¿Qué tal con la señora Fritche? - Preguntóla pelirroja con un evidente tono irónico en la voz.

- Mejor no te digo nada. - Contestó sumadre, devolviéndole la sonrisa - ¿En qué puedo ayudarte?

- Vengo a por las túnicas del colegio.Además, James necesita dos juegos de túnicas para el equipo, ha crecido muchoeste verano.

Alyamiró a su compañero, que se había apoyado contra la pared del fondo y seobservaba las puntas de los zapatos con desinterés. Era verdad que habíacrecido ese verano y al parecer también había dejado de utilizar el cepillodefinitivamente. Luego miró al señor Potter y lo comprendió todo. Aquel cabelloendiablado era hereditario.

- Hola, Alya. - La señora Potter le sonrióafectuosamente - ¿Te apetecen unos caramelos?

- Claro, señora Potter, muchas gracias. -Contestó ella, aceptando los dulces y devolviéndole la sonrisa.

- Ten cuidado, son muy ácidos. Una nuevacreación de Sortilegios Weasley.

AAlya le encantaba la tienda de bromas SortilegiosWeasley. Se atrevería a decir que era mejor incluso que Zonko. Ella solíapasar un rato todos los días por la tienda para echar un vistazo mientras sumadre recogía antes de cerrar, pero a Regina Haworth no le gustaba en absolutoque Alya fuese aficionada "a esas cosas porque ella era una señorita". Queríamucho a su madre, pero odiaba que no fuese capaz de aceptar que a Alya legustaba el quidditch, ensuciarse de barro y dar Pastillas Flatulentas a algún pobre incauto que creía que erancaramelos.

- ¿Por qué no les enseñas a James y a Albuslas túnicas del colegio mientras yo preparo las de Lily? - Le preguntó sumadre.

- Sí, mamá. - Alya salió del mostradorsonriendo con gesto adorable.

- Cariño, acabo de ver a tu hermano y aHermione. Voy a avisarles de que la cena se retrasará una hora. - Le dijo elseñor Potter a su esposa antes de salir por la puerta.

Alyase acercó a los dos hermanos, que esperaban al final de la tienda, mientras sumadre, la señora Potter y Lily desaparecían en el probador.

- ¿Qué tal el verano? - Preguntó Alya conuna sonrisa pasando su mirada de un hermano al otro.

- Muy bien. - Contestó Albus - He leído aquellibro del que me hablaste sobre conjuros naturales.

- ¿Y te ha gustado?

- Mucho. Era realmente interesante, estoydeseando poder practicar cuando regresemos al colegio.

Jamessuspiró con los ojos en blanco y meneó la cabeza con pesadez.

- ¿Y tu verano, Potter? - Preguntó Alya,pasando a observar al buscador de Gryffindor.

- Hasta ahora estupendamente. - Contestó,componiendo una sonrisa burlona.

- Para mí también es un placer verte. - DijoAlya con ironía - Bien.

Lachica caminó hasta la pared de la izquierda - según entrabas en la tienda -donde se hallaban colgadas las túnicas del colegio.

- Creo que para ti, Albus, valdrán estas. -La muchacha cogió cuatro túnicas negras con el escudo de Hogwarts bordado en elpecho. Por suerte, ahora las túnicas eran menos horribles que hace años. Ya noeran completamente cerradas, sino que se ponían encima del uniforme como sifuese una especie de chaqueta fina que llegaba hasta los tobillos. - Pruébateuna, por si hay que arreglar algo. En los probadores hay espejos.

Albusse acercó a ella para tomar una de las túnicas y dirigirse al probador. Luego,Alya miró fijamente a James con ojos entrecerrados.

 

- ¿Intentas echarme mal de ojo? - Preguntóel chico, alzando una ceja.

- Solo intento adivinar tu talla, cenutrio.- Alya se giró de nuevo hacia las túnicas - Eres un verdadero incordio.

- Por ti, lo que sea. - Contestó Jamessonriendo nuevamente con gesto desagradable.

Alyareprimió un suspiro exasperado y cogió una túnica mayor que las de Albus.

- Pruébate esto. - Dijo Alya, tendiéndosela- Aunque creo que puedo encontrar otra que combine mejor con tu cara de moco.

Jamesfrunció los labios y se la quitó bruscamente de las manos.

- Mi cara de moco le da mil vueltas a tuculo de troll. - Contestó él, fulminándola con la mirada.

- Has debido mirarlo mucho para saber eso.Supongo que te diste cuenta cuando me seguías en el último partido y no fuistecapaz de adelantarme. - Alya se giró, aguantándose la risa, de nuevo hacia lastúnicas - Ya sabes, cuando ibas con las narices pegadas a mi culo de troll.

- Asquerosa slytherin. - Murmuró elmuchacho, caminando con prisa hacia el vestidor.

Cerróla cortina haciendo un esfuerzo fuera de lo común, lo que contribuyó aensanchar la sonrisa de Alya. Era tan divertido hacerlo enfadar que se habíaconvertido en uno de sus pasatiempos favoritos. Se las daba de listo, pero eratan estúpido que siempre lo pillaban haciendo alguna de las suyas, aunque Alyasospechaba que en realidad eso era lo que James pretendía, solo para quehablasen de él. No entendía por qué ese muchacho tenía tanta fijación conllamar la atención, pero así era. En todos los líos que hubiese en el castillo,James estaba cerca. La mayoría de las veces ni se preocupaba en decir que nohabía sido él.

- ¿Qué crees? - Le preguntó Albus, saliendodel probador con la túnica puesta.

- Te queda perfecta. - Sonrió Alya - Creoque no habrá que arreglar nada.

- Genial.

Albusse deshizo de la túnica y la puso sobre el resto. Sus ojos verdes resplandecieroncuando un haz de luz lo iluminó al agacharse sobre la mesita de madera dondehabían dejado las cosas.

- Ahora voy a Sortilegios Weasley, podrías venir un rato. - Sugirió el chico.

- Le preguntaré a mi madre. - Dijo Alya - Sitiene mucho trabajo tengo que echarle una mano.

Albusera un amor de chico, aunque demasiado reservado a veces. Apenas tenía amigos,más bien porque él no quería. ¿Quién no desearía ser amigo de un Potter? En elcolegio se contaban todo tipo de historias sobre su familia, tanto buenas, comomalas. Alya no solía creerse ninguna. A ella los Potter le parecían una familiamuy normal.

- Esto me queda grande.

Jamessalió con cara de pocos amigos. A Alya no le sorprendió, porque aquel chicotenía un carácter de mil demonios.

- Necesito una más pequeña.

- Si te doy una más pequeña, te quedaráestrecha. - Le explicó Alya - Súbete al escabel y te cogeré las mangas y elbajo.

Jamessubió al escabel y miró a Alya desde lo alto mientras la chica se agachaba ycomenzaba a colocar alfileres en la tela.

- Ese debería ser siempre tu sitio. Seríasuna gran elfina. - Sonrió James.

Alyafrunció los labios y pinchó al chico en la pierna con un alfiler.

- ¡AU! - Se quejó él.

- ¿Qué pasa James? - Preguntó con vozcansada la señora Potter, que acababa de aparecer nuevamente, acompañada por suhija y la madre de Alya.

 

- ¡Me ha pinchado! - Protestó el chico.

- Habrá sido sin querer. - Dijo su madre,quitándole importancia - Últimamente tiene un genio
- Añadió, mirando a Regina- Creo que es la adolescencia.

- ¡Mamá! - Exclamó el chico, avergonzado.

- ¡Cuida tus modales, jovencito! - GinevraPotter le apuntó con un dedo amenazador y James guardó silencioautomáticamente.

Alyase mordió el labio, ocultando una sonrisa satisfecha.

- ¿Ya tienes tus cosas, Albus?

- Sí. - El chico fue hacia el mostrador consus túnicas - Señora Haworth, ¿podría venir Alya con nosotros un rato a dar unavuelta?

Alyaalzó la vista de la túnica de James para ver qué contestaba su madre. Regina lamiró unos segundos, pero finalmente sonrió y accedió, con la condición de queregresase antes de una hora. Albus le dio las gracias con una gran sonrisa.James, sin embargo, gruñó por lo bajo y se cruzó de brazos.

**

JamesSirius Potter salió con una gran sonrisa de la tienda de artículos dequidditch. Por fin había podido comprarse un nuevo equipo de mantenimiento deescobas y aquellos guantes antilluvia que hacía meses que quería. Su madrecaminaba unos pasos delante de él, agarrando la mano de su hermana pequeña.

- Venga James. Tu padre nos está esperando.- Le apremió la pelirroja mujer.

Elchico caminó más deprisa entre el gentío, sosteniendo una bolsa entre susmanos. Era agosto y quedaba poco para que empezase el colegio, así que no erararo ver el Callejón Diagon a reventar de gente que intentaba reunir todo loque ponía en la carta del colegio. Sin ir más lejos, aquella misma mañana suspadres habían ido a comprar los libros y el material escolar. James empezaríaquinto curso el próximo día 1 de septiembre. Era un año muy importante porqueal final tendrían lugar los TIMOs, aunque a James le daban bastante igual losexámenes, pero sabía que sus padres esperaban que sacase buenas notas. Entendíaque su madre le regañase cuando sacaba alguna mala nota - esporádicamente -pero lo de su padre era tener mucho morro. Su tío Ron siempre le decía que él ysu padre eran unos negados para los estudios y que su progenitor tan solodestacaba algo más en Defensa Contra las Artes Oscuras y en quidditch.

- Perotú debes esforzarte y no ser como tu padre. - Le decía tíaHermione, dedicándole una mirada mordaz a su marido.

Elproblema era que a James siempre lo comparaban con Albus, y claro, eso no erapara nada justo. Albus era un maldito empollón que vivía con las naricesmetidas en los libros casi desde que nació. Era difícil igualarlo en las notas,no hablemos ya de superarlo. Además, James tampoco podía quejarse. Solía sacarnotables y algún que otro sobresaliente, excepto en Pociones, que era sin dudala asignatura que más odiaba. Pero para no estudiar mucho era más de lo que seesperaba.

Latienda de su tío George estaba situada casi al final del callejón y en ellapodían verse un montón de chicos y chicas del colegio agolpados contra lasestanterías y vitrinas. James sonrió ampliamente cuando vio a una ravenclaw desu curso en el interior del establecimiento. Mary White era guapísima, aunquetenía fama de ser bastante corta de seso y muchos chicos aseguraban que era másfácil conseguir meterle mano que mojarte un día de lluvia sin paraguas.

 

- James. - Su madre se acercó a él en cuantoentraron a la tienda - Voy arriba con tu padre y tío George. Échale un vistazoa tu hermana.

Jamesasintió, entregándole la bolsa de quidditch a su madre para que se la llevaseal despacho de su tío y no tener que cargar con ella. La mujer subió por lasescaleras, meneando su larga cabellera rojiza y llamando la atención de algunoschicos que había por allí. Era una lata eso de que todos conociesen a tuspadres, aunque a veces tenía sus ventajas. James se volvió para mirar a suhermana y se agachó hasta conseguir que sus ojos quedaran a la misma altura.

- Nada de jugarretas, enana. Puedes dar unavuelta por la tienda, pero si mamá me regaña por algo que has hecho tú, teaseguro que te arrepentirás y mucho. - Le dijo, apuntándole con un dedoamenazador.

Lilysonrió y estampó un sonoro beso en la mejilla de su hermano antes de salircorriendo por la tienda. James volvió a enderezarse y buscó con la mirada aMary White, que reía junto a otra chica mientras miraban un expositor lleno defiltros amorosos. El muchacho se revolvió el pelo y caminó hacia ellas con aireresuelto.

- Hola chicas, ¿puedo ayudaros en algo? -Preguntó James, sonriendo coquetamente.

Lasdos chicas rieron con nerviosismo, se miraron y volvieron a reír.

- ¿Cuánto cuestan los filtros amorosos? -Preguntó la amiga de Mary.

- Un galeón, pero si me decís que lo queréisusar conmigo os lo dejo a medio. - James se apoyó contra la madera de laestantería de medio lado y las dos chicas volvieron a soltar una risitacantarina.

- ¡Mary!

- Vaya, mi hermano nos está llamando. - Sedisculpó la chica - Tenemos que irnos.

- Nos vemos en el colegio. - James les guiñóun ojo, sonriente y las observó mientras se marchaban.

- Mira que llegas a ser vomitivo.

Jamesse giró para poder mirar a la persona que había dicho aquello. No se sorprendióal descubrir tras él a Alya Haworth leyendo lo que ponía en una caja de chicles explosivos con sabor a manzana.

- ¿Perdona, decías algo? No entiendo elidioma troll. - Dijo James, orgulloso por su ocurrencia.

- Pues deberías. Te pareces bastante a unode ellos. Creo que tenéis el mismo cociente intelectual. - Contestó Haworth sinmirarlo - ¿Y es que no sabes que existen un montón de especies mágicas ademásde los trolls?

Odiabaque hiciese eso. ¡Pero qué chica tan metomentodo! ¡Y encima se hacía lalistilla con él!

- No tendré en cuenta lo que acabas de decirporque sé que debe ser muy frustrante, como chica, ver que los chicos nodemuestran ningún interés por ti. - Dijo James, metiéndose las manos en losbolsillos traseros de su pantalón vaquero.

- Si con "chicos" te refieres a ti creo queprefiero ese supuesto desinterés. - La chica dejó la caja de chicles en elestante y le sonrió de manera impertinente.

Jamesfrunció los labios.

- ¿A qué te refieres con "supuesto"? -Preguntó James entrecerrando los ojos.

- No sé. Para no interesarte empleas muchotiempo en discutir conmigo.

- ¡Y encima creída! Era lo que te faltabapara estar en la lista de las chicas más ridículas que conozco. - Dijo James,cruzándose de brazos.

- ¿Más o menos que Mary risita-tonta White?- Preguntó ella, sonriendo de medio lado.

- ¡Más! ¡Mucho más!

- Así que reconoces que es ridícula. - RioHaworth con satisfacción.

 

- ¡No quería decir eso!

- ¿Qué pasa aquí? - Su primo Fred hizo actode presencia - Se te oye desde la otra punta de la tienda y eso que está llenade gente.

AlyaHaworth no dejó de sonreír, volviéndose a continuación de nuevo para mirar elestante de chucherías.

- Pasa que se te ha colado en la tienda unaserpiente de cascabel escupe-veneno. - Gruñó James.

- Técnicamente las serpientes de cascabel noescupen el veneno, te muerden y es entonces cuando

- ¡Agh! - James dio un pisotón en el suelo -¿Siempre tienes que saberlo todo?

- A diferencia de ti, sí. - ContestóHaworth, alzando las cejas.

- Oye, James, ¿por qué no vamos a mirar losnuevos petardos olorosos? Están por allí. - Intervino Fred sabiamente.

Jamestomó aire y lo soltó lentamente por las fosas nasales mientras era guiado porsu primo muy muy lejos de Alya Haworth.

**

- Creo que me llevaré unos cuántos de estos.- Le dijo Albus a Alya, cogiendo un puñado de chicles sujetapapeles - Son bastante útiles. Cuando te cansas demasticar te sirven para sujetar los apuntes.

Alyaasintió, aunque en realidad no estaba prestando mucha atención al muchacho.Notaba la mirada del mayor de los Potter sobre la nuca y eso le divertía mucho.No sabría explicar con palabras el placer que le producía contrariar albuscador de Gryffindor. Aún podía recordar la cara que se le había quedadocuando, hacía meses, antes de las últimas vacaciones de Navidad, Alya tuvo elvalor de besarlo cubierto de mocosuperextensible. Se preguntaba si Potter recordaría a menudo aquello,aunque tenía la ligera sospecha de que sí a juzgar por las miradas de odio quele lanzaba en medio de clase, en el Gran Comedor o en los partidos dequidditch. Claro que eso podría deberse, simple y llanamente, a que no le caíademasiado bien. La pequeña Lily revoloteaba a su alrededor, mirando todo lo quesus padres no le dejarían comprar ni en un millón de años.

- James está con una chica. - Le dijo lamuchacha a su hermano.

- Cuéntame algo nuevo. - Contestó Albus, sinprestar mucha atención.

Alya,sin embargo, miró la escena frunciendo los labios. James se pasaba una mano porel pelo mientras coqueteaba con Mary White que, al parecer, había decididovolver al notar que el buscador de Gryffindor estaba interesado en ella. Laslytherin se mordió el labio mientras las ideas descabelladas empezaban a rodarpor su mente.

- Lily. - Le susurró la chica a la pequeñapelirroja aprovechando que Albus había ido al mostrador - ¿Le gastamos unabroma a tu hermano?

Losojos de la niña brillaron y una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios rojos comolas cerezas primaverales.

- El otro día metió una rata muerta en micama, así que supongo que no me queda otra opción

- Tú solo pon esto en su pantalón. - Alyacogió unas cápsulas de jugo fétido del estante y se las pasó a la chica -Explotan a los cinco minutos de sacarlas de su envoltorio, así que tienes queser muy rápida.

Lilycogió las cápsulas y se alejó de ella con gesto inocente. Alya esperó al otrolado de la tienda, "mirando" algunos artículos que había sobre las estanteríascon fingido interés. La pequeña de los Potter se acercó a su hermano con totalnaturalidad. Menudo morro le echa,pensó Alya con diversión cuando la muchacha deslizó la mano sin previo aviso enel bolsillo de su hermano.

 

- ¿Qué haces? - Le preguntó James extrañadoante el comportamiento de Lily.

MaryWhite, que más estirada no podía ser, la miró como si acabase de pisar unamierda. Seguro que ha interrumpido unaconversación muy interesante, pensó Alya sarcásticamente.

- ¿No te di a ti el dinero que me dio mamá?- Preguntó Lily, frunciendo el ceño con confusión.

- A mí no me has dado nada. - ContestóJames, ignorando a Mary White y cogiendo a su hermana por los hombros conpreocupación - ¿Has perdido tu dinero?

Lilymiró a su hermano con gesto triste e inquieto. Se mordió el labio y arrugó lafrente, adoptando de manera magistral la expresión que tendría una pobre niñaque acaba de perder el dinero que su madre le había dado.

- Venga Lily, no te preocupes, loencontraremos. Intenta recordar el último lugar donde lo has visto. - Le dijoJames antes de volverse hacia White - Lo siento Mary, hablaremos en otromomento.

Alyase enterneció ante la reacción de Potter. Así que podía ser amable y actuarcomo una persona normal cuando se lo proponía. Le resultó de lo más encantadory de repente se arrepintió por ser la causante de lo que estaba a punto desuceder. Tenía que intentar pararlo.

- Potter. - Se apresuró a intervenir Alya,acercándose torpemente hacia ellos - Creo que he visto la bolsita de dinero detu hermana.

- ¿Qué bolsita? - James Potter arrugó elceño - Lily no lleva el dinero en una bolsa.

Lilyla miró sin comprender por qué se comportaba de aquella manera.

- ¿Ah no? ¿Estáis seguros? Porque había unabolsita de dinero tirada cerca del mostrador. - Dijo la chica con rapidez -Venga, ¿por qué no vamos a mirar?

Losdos hermanos Potter la miraban como si estuviese loca, y la verdad era quedebía parecerlo. Mary White, por su parte, fruncía el ceño con cara decircunstancias. Ya sabéis. La cara que se te debe quedar cuando alguien te interrumpemientras intentas ligarte a uno de los chicos más guapos del colegio. Y no esque Alya lo pensase. Eso era lo que decían todas las chicas de Hogwarts, yalgunos chicos también.

- En serio Potter, necesito que vengas. -Dijo Alya con gesto suplicante.

- ¿Por qué necesitas que vaya? - Jamesentrecerró la mirada, sospechando de las verdaderas intenciones de la chica.

- ¡No necesita que vayas! - Exclamó Lilylanzándole rayos por los ojos a Alya.

- Sí, Lily. - La corrigió Alya - Deberíamosir a ver si ese es tu dinero. - Volvió a insistir ella.

- ¿Qué os pasa a vosotras dos? - PreguntóJames, extrañado.

AAlya no se le ocurrió otra cosa que cogerlo de la muñeca y tirar de él. Jamesforcejeó por soltarse, Lily lo sujetó de la otra mano para Alya no loarrastrase, Mary White miraba la escena con los ojos muy abiertos. En realidad,casi toda la tienda miraba la escena con los ojos muy abiertos. Y entoncessucedió. La parte trasera del pantalón de James se empapó de algo líquido,espeso y oscuro. Era bastante desagradable y olía muy mal. Alya se mordió ellabio y se llevó una mano a la boca. Lily, por su parte empezó a reírse cuandoJames se llevó una mano al pantalón y comprendió lo que había sucedido.

- Qué asco
- Murmuró Mary White antes desalir de allí arrugando con repugnancia la nariz.

 

JamesSirius Potter la observó con seriedad, se soltó de su agarre de un tirón ydesapareció en dirección al baño mientras toda la tienda reía, incluyendo aAlbus y Fred entre los que lloraban carcajeándose. A Alya, sin embargo, la invadióel remordimiento.

**

MalditaAlya Haworth. ¿Por qué tenía que ser tan retorcidamente brillante? ¿Cuántotiempo había tenido para elaborar aquel plan? ¿Cinco minutos? Él no habría sidocapaz de hacer algo así, ¿o quizás sí? Tal vez debería demostrarle de una vezpor todas a esa chica quién era el rey de las bromas, aunque conseguir que supropia hermana la ayudase tenía su mérito.

Jamesfrotó los pantalones con fuerza bajo el chorro de agua del lavabo. Por suerteaquellas cápsulas - que James conocía muy bien - eran de corta duración y seiba con un simple lavado. Solo tenía que esperar a que se secase el pantalón oa que alguien se apiadase de él y los secase mágicamente.

- ¿Potter?

Lavoz de Alya Haworth se oyó desde el otro lado de la puerta. James suspiró,ignorando por completo a la muchacha.

- Potter, sé que estás ahí. Ábreme. Soloquiero ayudarte. - Dijo la chica.

Jamesalzó las cejas y sonrió a medias. ¿Ayudarle? ¿A quién se creía que engañaba?¡Era Alya Haworth! Seguro que no habría tenido suficiente con esa suciajugarreta y ahora venía la segunda parte. Aunque claro, siempre podíaaprovechar la situación para hacerle pagar lo que le había hecho (arruinarle sumás que posible cita con Mary White y hacer que buena parte del colegio,presente en la tienda, se riese de él). James miró a su alrededor, buscandoalgo que pudiese servirle para llevar a cabo un malévolo, aunque pobre, plan.Encontró lo que necesitaba junto a la puerta. Un cubito de madera que hacía depapelera. Perfecto. ¿Debía tirar los papeles que había dentro? No. Mejor así. Elmuchacho se apresuró a llenar el cubo de agua. Los restos de papel sehumedecieron, convirtiéndose en una masa viscosa. Todo lo que James necesitabaen ese momento. Se giró para quedar de espaldas a la puerta, fingiendo quecontinuaba limpiando el pantalón en el lavabo.

- Pasa. - Dijo con voz "molesta". Esperabaque sonase lo suficientemente seco como para que Haworth se lo tragase.

Lapuerta se abrió. James pudo ver a Alya Haworth entrando con gesto serio. ¡Peroqué buena actriz era! Incluso podría hacerle dudar si en realidad estabaarrepentida. Solía engañar a todo el mundo - incluídos los profesores, suhermano y su madre - poniendo esa carita de chica adorable que no ha roto unplato en su vida.

- ¿Has conseguido quitar el jugo delpantalón? - Preguntó casi en un susurro, retorciéndose las manos connerviosismo.

Alyallevaba una camisa blanca que se ataba bajo los codos y unos diminutospantaloncitos vaqueros que permitían a todo aquel que fuese un mirón - y Jamesno lo era - admirar un par de preciosas piernas. Llevaba el pelo recogido en unmoño alto e informal que dejaba escapar algunos mechones. James mantenía lateoría de que esa chica era tan sosa que era incapaz de desmelenarse. ¿Para quéquería tener el pelo tan largo si luego nunca lo dejaba suelto? Se comportabacomo una señora mayor.

- No, evidentemente no lo he conseguido. -Mintió James con tono irritado - Si no, ya estaría fuera.

Lachica dio un par de pasos, mordiendo su jugoso y rosado labio inferior. No esque a James le pareciese jugoso, por supuesto, ni siquiera lo miraba muy amenudo, solo de vez en cuando, pero Fred siempre decía que debía ser unadelicia morder el labio inferior de Haworth y eso era algo a tener muy encuenta sabiendo la tirria que Fred le profesaba a los slytherin en general y aHaworth en particular.

 

- ¿Quieres que pruebe yo? - Preguntó lachica. Al no obtener respuesta continuó hablando al mismo tiempo que daba otropar de pasos hacia él - No era mi intención
Bueno, sí era mi intención, -reconoció - pero eso no quiere decir que no me arrepienta. Ha sido una broma demal gusto.

- Todo lo que tú haces es de mal gusto. -Contestó James, aguantándose la risa y deleitándose por el hecho de que porprimera vez desde que conocía a Haworth, esta le pedía disculpas.

- ¡Estoy intentando ser amable! - Exclamó laotra frunciendo el ceño - Y si tú no fueses tan irritante yo no habría hecho
eso.

- ¿Irritante yo? - Preguntó James, agarrandoel cubillo que descansaba en el interior del hondo lavabo con disimulo - Tú eresla que no me deja en paz. Incluso empiezo a pensar que estás enamorada de mí yque has hecho eso porque estaba hablando con una chica que es mil veces másguapa que tú.

Alyafrunció los labios y también el ceño, se cruzó de brazos y le dirigió unamirada fulminante a través del espejo. James tuvo que morderse el interior dela mejilla para no estallar en carcajadas.

- ¡Ni siquiera sé por qué he venido apedirte disculpas! ¡Eres un cafre! ¿Y sabes qué? ¡Que te tienes bien merecidolo que te ha pasado! - Le espetó la chica con enfado.

- ¿Ah sí?

- ¡Sí!

Jamesaprovechó el momento para levantar el cubillo con rapidez, dar media vuelta yarrojarlo contra Alya. La chica cerró los ojos y separó los brazos del cuerpode la impresión. Tenía papel mojado por el pelo y la cara, por los hombros ypor las manos. Estaba empapada de pies a cabeza y el buscador de Gryffindor sevio obligado a reír porque el gesto furioso y sorprendido de la chica era de lomás gracioso. Su cara se había puesto casi tan roja como el pelo de su hermanay apretaba tanto la mandíbula que James pensó que se partiría alguna muela. Suscarcajadas no parecieron sentarle demasiado bien, porque la muchacha gruñó y sesacudió las manos con movimientos que cualquiera podría consideraracertadamente violentos.

- ¡Eres un estúpido! - Le gritó.

- Viniendo de ti, es todo un halago. -Sonrió James.

Alyavolvió a gruñir furiosa. James se percató entonces de que la camisa, mojada porcompleto, se le pegaba al cuerpo, transparentándose sobre un sujetador blancocon corazoncitos.

- No sabía que eras tan cursi. - Volvió ahablar el chico, torciendo la sonrisa con picardía.

Haworthno pareció comprender lo que pretendía decirle, así que James se llevó lasmanos al pecho como si estrujase un par de tetas invisibles. Alya bajó la vistay se tapó inmediatamente. James volvió a reír. ¡Pero qué divertido eracabrearla! Nunca se aburría de esa cara. La chica, que había cruzado los brazossobre sus pechos - James debía reconocer, a regañadientes, que no estaban nadamal - salió con paso veloz del baño. James corrió tras ella hasta llegar alpasillo, en calzoncillos y únicamente cubierto por una camiseta negra, y lasiguió con ojos brillantes mientras todos los presentes en la tienda la mirabanintentando adivinar qué había sucedido.

 

- ¡Bonito sujetador, Haworth! - Le gritóJames a pleno pulmón, ganándose un gesto bastante obsceno por parte de lachica, que salió a toda prisa de la tienda - ¡Espero haberte refrescado!

- ¿Se puede saber qué está pasando aquí?

Sumadre acababa de aparecer por las escaleras de la tienda, acompañada de supadre y sus tíos. Se avecinaba un buen castigo, pero James pensó que habíamerecido la pena con tal de ver el semblante furioso de Alya Haworth. Y su sujetador, James. Y su sujetador.


No podía resistirme a seguir con estos dos. Lo siento =( Ya lo he dicho en la portada de la historia, pero lo repito por si alguien no lo ha leído. No prometo escribir regularmente estas viñetas. De momento no es una fanfic, así que solo les dedicaré tiempo cuando el resto de mis historias y la inspiración me lo permitan.
Espero que os guste. ¡Nos vemos en los comentarios!
Besos ;)

POTTER ES IDIOTA

AlyaHaworth intenta concentrarse en sus apuntes de Pociones. Lo intenta de veras,porque necesita sacar una buena nota en el examen parcial que tendrán dentro deuna semana si quiere quitarse esa parte del temario y así tener que estudiarmenos en mayo, pero Bill Simons se empeña en no dejarle leer más de dospalabras antes de interrumpirla.

- Joder, ¿se puede tener un culo tanjodidamente perfecto?

YAlya levanta la vista y la dirige sin querer al chico que hay frente a ella.Habla con una chica, como es habitual en él. Se pregunta cuándo fue la últimavez que lo vio deambulando solo por el castillo, sin ninguna acosadora de esasque se desabrochan los tres primeros botones de la camisa del uniforme cuandoestán en su presencia.

Porsupuesto, Bill no está mirando el culo de James Sirius Potter. Markus sí lohace, pero a Bill le van las chicas. Él está mirando a Jessie Collins, unagryffindor alta y castaña, de cuarto, que últimamente pasa demasiado tiempopersiguiendo al buscador de su casa. A Potter no parece molestarle, ¿por quéhabría de hacerlo? Con lo que le gusta tener admiradoras

- Calla de una vez, Bill. - Susurra Alya demalhumor, porque no ha sido capaz de leer ni un párrafo de apuntes completo - Nopuedo concentrarme contigo hablando al lado.

- ¿Crees que si le pido una cita aceptará? -Pregunta Bill a su amiga, obviando por completo todo lo que le ha dicho.

- ¿Y yo qué sé? - Alya frunce el ceño yvuelve a mirar a la pareja que, de pie junto a una mesa, se sonríe entresusurros - Tal vez tengas posibilidades, le gustan los imbéciles como Potter.Tú no te diferencias mucho de él.

Billalza las cejas y la mira con una sonrisa torcida.

- ¿Alguna vez te has preguntado por qué notienes amigas? - Pregunta el muchacho.

Puessí. Alya se lo ha preguntado muchas veces, pero nunca se decide por un únicomotivo. En realidad ella piensa que hay varias razones por las que las chicasno suelen tenerla en mucha estima: es bastante desastre, independiente, no legusta contar intimidades, siempre tiene las narices metidas en algún libro

- Porque eres muy borde. - Continúa diciendoBill - Tienes ese nivel de impertinencia que solo un chico puede soportar,porque nosotros estamos acostumbrados a tratarnos así.

- No soy borde. - Discute Alya entremurmullos - Soy una persona sincera. Y si no tengo amigas es porque no quiero,¡que lo sepas!

 

- ¿Ah, sí? ¿Y por qué no quieres teneramigas si puede saberse? - Pregunta Bill, sonriendo con sarcasmo.

- Porque no. Porque no y punto.

YBill sonríe mucho más, mostrando unos dientes relucientes. Usa una poción quesu padre le envía todas las semanas, porque es sanador y "sabe de esas cosas",según le cuenta su amigo.

- "Porque no" no es una respuesta, señoritaHaworth. - Le susurra Bill, volviendo a mirar a Jessie Collins de arriba abajo- ¿Qué le ven a Potter?

- La verdad es que no lo sé. - Confiesa Alya- Es un completo inútil, no tiene una pizca de educación ni de inteligencia, sepasa el día haciendo el mendrugo con su primo
Me preocupa que alguien como éltenga tantas probabilidades de reproducirse.

Billfrunce los labios, aunque sigue sonriendo. Se rasca la barbilla con la punta desu pluma y pestañea un par de veces antes de volver a hablar.

- ¿Crees que Potter ya ha
ya sabes? - Billvuelve a mirarla.

- ¿Si sé qué? - Alya alza las cejas.

- Si ya habrá
- Y hace un movimiento rarocon las cejas y los ojos.

- No te entiendo Bill.

- Joder, que si ya se habrá acostado conalguien.

Alyaparpadea con perplejidad. En un primer momento piensa que Bill está tomándoleel pelo. ¡Tiene quince años, por Merlín! ¿No son demasiado pequeños para eso?Por la forma en que su amigo la mira parece que Bill no opina lo mismo.

- Ni lo sé, ni me importa. - Dice Alyafinalmente.

- ¿Tú te acostarías con él? - Pregunta Billcon curiosidad.

- ¡Claro que no! - Alya frunce el ceño -¿Pero qué te pasa? Eres un enfermo.

- ¿Te acostarías conmigo?

- Bill, para de una vez. - Le advierte, peroBill abre la boca con sorpresa.

- No has dicho que no. - Sonríe su amigo -Eso es un sí.

- No es un sí. - Alya bufa por lo bajo - ¡Nome acostaría contigo ni aunque fueses el último chico sobre la faz de latierra, Bill!

- Sí, disimula ahora

Alyagruñe y decide que es mejor irse de allí. Total, Bill no la deja estudiar yahora se ha puesto a decir tonterías sin ton ni son. El muchacho ríe por lobajo cuando una airada Alya Haworth se pone en pie y comienza a recoger suscosas. Debe estar siendo algo brusca, porque incluso Potter la mira desde lamesa de enfrente.

- Pero no te enfades, mujer. Solo era unabroma. - Explica Bill.

PeroAlya no contesta, ni tan siquiera lo mira. Potter sigue observándola y eso lemolesta muchísimo. ¿No puede meterse en sus asuntos? ¡Maldito cotilla! Lo mejorserá ignorarlo, igual que a Bill. Igual que al género masculino en general.Todos son unos cafres.

**

JamesSirius Potter no está prestando atención a lo que el profesor Binns les estácontando. No le interesa demasiado la asignatura de Historia de la Magia, porno decir que no le interesa absolutamente nada, pero como es obligatoria tieneque aguantarse y asistir allí tres veces por semana a escuchar a un rechonchofantasma que seguro que se mató a sí mismo de aburrimiento.

Mientrasel resto de sus compañeros copia lo que el señor Binns recita con voz monótonaacerca de no sé qué, él dibuja garabatos sobre un pergamino en blanco. Su primoFred tampoco parece prestar mucha atención, está mirando con embeleso a AliceSmith. James no sabe cuánto tiempo lleva Fred colado por esa chica, pero desdeluego más del que se merece, teniendo en cuenta que ella no parece reparar enla existencia del chico. Si no recuerda mal, tuvieron una cita que no fue nadamal, pero ya no ha vuelto a quedar con Fred.

 

- James Potter.

Jamesse envara en su asiento al momento. ¿Por qué ha dicho su nombre? ¿Qué ocurre?¡Maldita sea! ¿No lo habrá castigado verdad? No. Seguro que no se ha dadocuenta de que no estaba haciendo caso a lo que decía. Lleva cinco añosdibujando en clase de Binns y no cree que el profesor lo haya percibido nunca.De hecho, parece no percibir el sopor que produce a sus alumnos. ¿Entonces porqué ha dicho su nombre?

- Alya Haworth. - Recita también elprofesor.

Jamesmira a su alrededor, como si fuese a aparecer algo que le diese una pista depor qué el profesor Binns está pronunciando nombres al tuntún, pero soloconsigue encontrarse con los ojos verdes de Haworth. No sabe por qué lo mira.Haworth no suele mirarlo a menudo, así que supone que está relacionado con laenumeración de nombres que está haciendo el profesor de Historia de la Magia.La chica morena chasquea la lengua y se vuelve de nuevo hacia adelante. Jamesse queda como estaba. No entiende nada de lo que está pasando, así que decideacercarse a Fred, por si él se hubiese enterado de algo.

- ¿Qué se supone que pasa? - Le preguntaJames al oído.

- Hay que hacer un trabajo para la semanaque viene. - Contesta Fred, apuntando en el pergamino Markus Hills - A ti te ha tocado con tu querida Haworth. - Su primosonríe - Seguro que os lo pasáis muy bien.

Jamessuspira con fastidio, frunciendo los labios con desagrado. ¿¡Pero por qué todole pasa a él!? Se pasa una mano por el pelo. No piensa hacer ningún trabajo conesa remilgada. Ni hablar. En cuanto termine la clase piensa hablar con elprofesor Binns para que le cambie de compañero.

Alparecer a Haworth tampoco le agrada la idea de que él sea su compañero, porquenada más finalizar la clase se levanta de la silla y se aproxima a la mesa delfantasmal profesor. James también se pone en pie y recorre parte del pasilloque se forma entre las filas de pupitres, pero ni siquiera ha llegado a lamitad cuando ve que el profesor Binns desaparece por la pared que hay detrás desu mesa, desoyendo lo que Haworth intenta decirle. De hecho la ignoradeliberadamente.

Jamesfrunce los labios y se mete las manos en los bolsillos del pantalón deluniforme cuando Alya Haworth se gira con gesto crispado. Mentiría si dijese queno le resulta gracioso ver su cara contraída de enfado. A su alrededor unaveintena de chicos y chicas hablan mientras se dirigen a la puerta de salida,pero James puede ver cómo la buscadora de Slytherin se acerca a él con pasodecidido, agarrando con fuerza la correa de su mochila.

- Nos vemos a las cuatro en la biblioteca. -Dice la muchacha con tono duro.

YJames sabe que no habrá manera de saltarse esa cita. Incluso piensa que es más probableque McGonagall le deje deambular de noche por el castillo.

- Tengo entrenamiento. - Contesta James concara de pocos amigos.

- Este trabajo es para la semana que viene.- Explica Haworth - Más vale que estés allí a las cuatro, Potter.

Luegola slytherin da media vuelta y se encamina hacia la puerta que da al pasillo.James rueda los ojos de derecha a izquierda mientras profiere un gruñidofrustrado.

 

- Te veo muy contento, James. - Sonríe suprimo con sarcasmo.

- ¡Oh, cállate Fred!

**

- ¿Qué hace tu hermana hablando con Simons?

Jamesentrecierra la mirada mientras le hace la pregunta a su primo Fred. Estábastante lejos de la puerta del Gran Comedor, aún bajan las escaleras desde elaula de Transformaciones, pero es imposible confundir el cabello pelirrojo de cualquierade sus primos y primas, y la vista de James parece tener un detectorespecializado en encontrar a las chicas Weasley. Rose suele quejarse porque nunca las deja en paz. Son unasdesagradecidas. Él solo se preocupa por ellas. Fred, a su lado, frunce el ceño.

- ¿De qué va a ese tío hablando con mihermana pequeña?

Yano parece tan contento como hace un segundo, cuando le recordaba que tendríaque obedecer las órdenes de Alya Haworth, cosa que por supuesto James no piensahacer. Se burlaría de la cara de tonto que se le ha quedado a Fred, pero es quea él tampoco le hace ni puñetera gracia que el guaperas de Bill Simons hayaacorralado a su primita - un año menor que ellos - contra una pared y que ellaparezca la mar de contenta.

Talvez si fuese otro el que tontea con Roxanne
No. Definitivamente cualquierchico que se acerque a una de sus primas pequeñas sufrirá un minuciosoescrutinio por su parte y la de Fred. ¿Qué se piensan? Las chicas Weasleymerecen lo mejor. Y él y Fred saben lo que les conviene, así que se hanautoproclamado examinadores oficiales depretendientes de sus primas. No cree que sean muchos los llamados a pasarlas arduas pruebas que les impondrán, alguno puede que no viva para contarlo,pero así son las cosas.

No.Cualquier chico que tontee con alguna Weasley sin previo consentimiento lescaerá mal, por principios, como sueledecir su tío Ron, que es una persona muy sabia. Pero es que Bill Simons le caemal a James antes de ver cómo se come con los ojos a la pequeña Roxanne. Le caemal por varios motivos: porque es un sucio slytherin y porque es un estúpidoque siempre anda pavoneándose delante de las chicas. ¡Si ni siquiera es guapo!Vamos, a él no le llega ni a la suela de los zapatos, eso por descontado. Y porsi fuera poco, es uno de los mejores amigos de Haworth, - de los pocos quetiene, claro - la chica a la que más detesta de todo Hogwarts. De todo elmundo, se atrevería a decir. James cree que Simons está colado por la estirada, como él la llamainteriormente. No sabe qué le ha visto exactamente, pero se le ve el plumero,eso está claro. La sigue a todas partes, aprovecha cualquier oportunidad paraecharle el brazo por encima y arrimarla a él, le sonríe de una manera diferentea como lo hace con el resto de chicas
Y no es que James ponga especialatención en ellos dos. Simplemente es un comportamiento tan descarado que esimposible no darse cuenta.

- Hola. - Dice Fred.

Hanllegado junto a la pareja y James no se ha dado ni cuenta.

- Fred
- Roxanne parece algo sorprendida.De repente su gesto ha perdido la sonrisa y mira a su hermano con los ojos másabiertos de lo normal.

- ¿Querías algo Simons? - Le pregunta Fredal rubio slytherin que tiene frente a él - Espero que tengas un buen motivopara andar molestando a mi hermana.

- ¿Molestando? - Simons alza las cejas ysonríe de medio lado.

 

AJames lo saca de quicio. ¿Pero quién se cree que es?

- ¿Te hace gracia, Simons? - Le preguntaJames, elevando la barbilla ligeramente. Por desgracia, Simons es un pelín másalto que él.

- Pues sí. Siempre me habéis hecho muchagracia.

- ¿Quieres que te borre la sonrisita de lacara? - Pregunta Fred, entrecerrando los ojos y apretando un puño.

- ¡Fred! - Exclama Roxanne.

Suprima parece enfadada. Ya se lo agradecerá a su hermano y a él mismo cuandorecapacite. Bill Simons no está con ninguna chica más de unas semanas. A laúnica que nunca ha "dejado" es a Haworth.

- ¡Me estás avergonzando! - Vuelve a decirRoxie.

- ¿Ah sí? ¡Pobrecita! - Dice Fred, enfadado.Luego se vuelve hacia Simons - Y tú, espero no volver a verte revoloteandoalrededor de mi hermana. No le interesas.

- Eso lo decidirá ella. - Repone Simons,cruzándose de brazos.

Roxanneva a abrir la boca, pero Fred la coge con fuerza del brazo y la arrastra alinterior del Gran Comedor hasta llevarla junto a la mesa de Gryffindor. Jamesmira con satisfacción a Bill Simons, que no parece para nada contento, antes deseguir a sus primos, no sin haber dedicado un gesto burlón al slytherin.

- ¡Suéltame Fred Weasly! - Dice Roxanne unospasos delante de él sin llegar a gritar, aunque está claro que ganas no lefaltan. La muchacha da una fuerte sacudida con el brazo para conseguir soltarsedel agarre del pelirrojo - Si te crees que me hace gracia el numerito dehermano mayor

- Me da igual que te haga gracia o no. -Gruñe Fred - ¿Qué diablos crees que haces hablando con ese tipo?

- No eres quién para meter las narices enmis asuntos. - Contesta ella, furiosa - Y tú tampoco. - Añade mirando a James -¿Acaso os digo yo si podéis hablar con esta o aquella chica?

- Eso es diferente, Roxie. - Dice James - Túeres

- Una chica. - Termina de decir ella - ¿Yqué?

- Pues eso, que eres una chica. - Dice Fred,como si fuese obvio lo que esa frase significa - Las chicas debéis tener máscuidado. Hay muchos aprovechados por ahí, como ese Bill Simons

- Como vosotros. - Les dice ella, cruzada debrazos.

- ¡Eh! No nos metas en el mismo saco. - Sequeja James, frunciendo el ceño.

- Ya estáis en el mismo maldito saco.

- Esa boquita
- Le recuerda Fred con gestode advertencia.

- Estamos en el siglo XXI y creo que soy losuficientemente inteligente como para saber con quién hablo y con quién no, ¿meoís? Los tiempos del macho dominanteya pasaron.

Jamessuspira con impaciencia. ¿Pero es que su prima es tonta o qué? ¿No ve que todolo que hacen Fred y él es por su propio bien?

- ¿Quieres que le escriba una carta a papá?- Pregunta Fred, alzando las cejas - Puede que a él no le moleste lo más mínimoque tontees con ese imbécil. Ya sabes lo bien que le caen a papá los slytherinen general y la familia de Simons en particular.

Roxanneabre la boca y entrecierra los ojos, como si no pudiese creer que su hermanoacabe de amenazarla con algo así. Lo cierto es que aquello es un golpe bajo. Nisiquiera James recurriría a chivarse
Su prima menea la cabeza con decepción.Primero mira a su hermano, después, a James. A continuación la chica da unresoplido y se marcha casi al principio de la mesa de Gryffindor.

- Parece bastante enfadada. - Dice James,tomando asiento junto a su primo en la mesa.

 

- Que se enfade todo lo que quiera. - DiceFred, apartándose unas cuantas chuletas en el plato - No pienso permitir queese gilipollas se ría de mi hermana.

JamesSirius Potter levanta la vista y la dirige a la mesa que está justo en el otroextremo, a la mesa de Slytherin. Bill Simons camina detrás de Alya Haworth.¿Cómo no? La chica toma asiento junto a su otro amigo, Markus Hills, un chicode cabello castaño y piel bronceada que a veces lo mira de una forma rara. PeroHills no tiene la misma relación con Haworth que Simons. Ni de lejos. Hills nola toca como lo hace él, ni le aparta el pelo de la cara, como hace Simons enese mismo momento

FinalmenteJames aparta la mirada con un sentimiento parecido al asco recorriéndole elvientre.

**

- ¿Se puede saber qué demonios le habéishecho a Roxanne?

¡Loque faltaba! Ahora Rose también se pondrá a gruñirles. James la mira, sentadoen un butacón de la Sala Común de Gryffindor, de los que hay junto a lachimenea, que siempre han sido sus favoritos. Lo cierto es que James no está demuy buen humor ese día. No solo por lo sucedido con su prima y Simons, tambiénestá el tema de tener que ir a la biblioteca en media hora para ver a Haworth.Tan solo lo consuela el hecho de saber que únicamente queda una semana para quesea Halloween.

- ¿No vais a decir nada? - Pregunta de nuevoRose Weasley, cruzándose de brazos y observándolos con gesto enfurecido.

- ¿Qué se supone que deberíamos decir? -James mira a su prima con desinterés antes de bajar nuevamente la vista a surevista de quidditch.

Fred,que juega a los gobstones explosivos con su primo Hugo sobre la alfombra, nisiquiera parece escucharla. Rose da un pisotón en el suelo. Su hermano menor,que acaba de empezar primer curso, igual que Lily, la mira como si estuvieseloca. Y la verdad es que James piensa lo mismo en esos momentos.

- Sois unos
unos
- Rose balbucea,conteniéndose a duras penas.

- ¿Unos qué? - Pregunta James con vozcansada.

- ¿En serio creéis que por el hecho de serchicas Roxanne y yo tenemos que hacer lo que vosotros digáis? ¿Que tenemos quehablar solo con quien os parezca bien? - Rose parece muy enfadada. Su cara estároja como un tomate.

- No es porque seáis chicas, es porque soisnuestras primas. - Contesta James.

- Mi hermana pequeña. - Recalca Fred.

- Si te fijases bien, no veo que nosinmiscuyamos en la vida de ninguna otra chica. - Añade James.

- Así que no me vengas con pamplinas, Rose.- Termina de decir su primo.

Rosemenea la cabeza y bufa, aprieta los puños y entrecierra los ojos, dirigiéndolosprimero a James, luego a Fred, y por último nuevamente a James.

- ¡Sois unos mendrugos! - Exclama, antes dedarse la vuelta con gesto airado.

- ¡Yo también te quiero, Rossie! - GritaJames, sonriendo ligeramente.

Hugotambién sonríe, incluso lo hace Fred, que se ha pasado el día ofuscado y de malhumor. Luego James mira su reloj y comprueba con pesar que debe irse ya a labiblioteca. La sonrisa le desaparece del rostro automáticamente.

**

Alyatamborilea con los dedos sobre la madera de la mesa con impaciencia. Ante ellaha dispuesto dos torres de libros, cada una de ellas cuenta con seisejemplares. La chica mira distraídamente a su alrededor mientras espera a quellegue Potter. Espera que no se retrase, porque ella tiene muchas cosas quehacer y odia que la gente crea que su tiempo es más valioso que el de los demás.

 

Aesa hora la biblioteca está completamente desierta. Aún queda mucho para losexámenes. El único alma que acompaña a Alya es la anciana señora Pince. Laslytherin juraría que está próxima a cumplir los 100 años y cree seriamente quedebería jubilarse, pero por alguna extraña razón la mujer sigue allí,inamovible.

Lapuerta del fondo se abre y por ella aparece James Potter. Por fin. El muchachono parece estar de buen humor, pero bueno, ella tampoco lo está. No es quedesee hacer ningún trabajo con ese inútil holgazán. Porque eso es lo que esPotter, y Alya añadiría que se esfuerza por seguir siéndolo día tras día.

- A las cuatro y media tengo entrenamiento,Haworth, así que ya puedes darte prisa. - Le dice el chico cuando llega hastaella.

- ¡Shhhhh!

TantoPotter como Alya miran a la señora Pince, que se ha llevado un dedo a loslabios y los mira ceñuda.

- ¿A quién se supone que estamos molestando?- Susurra James mirando la biblioteca vacía.

Poruna vez en su vida Alya está de acuerdo con James en algo: la señora Pince esuna cascarrabias. Pero ese no es el caso.

- Veamos. - Alya se pone en pie y mira aPotter fijamente - Nos ha tocado hacer un trabajo sobre la Primera y SegundaGuerra Mágica.

- Chupado. - Dice Potter, sonriendo de mediolado.

- He recabado información bibliográfica y heencontrado interesantes estos doce libros de aquí. - La chica señala ambastorres con la mano - Yo propongo que empecemos a leerlos, hagamos un índice ycada uno se ocupe de una parte. Por ejemplo: yo podría ocuparme de la Primera GuerraMágica y tú de la segunda, o al revés. O podemos hacer diferentes partes de lasdos guerras cada uno. Como prefieras.

- ¿Este trabajo no es para la semana queviene? - Pregunta Potter, frunciendo el ceño.

- Así es.

- ¿Vamos a leer seis libros cada uno y vamosa redactar el trabajo en una semana? - Las cejas del chico se mueven haciaarriba con incredulidad.

- Es perfectamente posible. - Contesta Alya.

- Para ti que no tienes vida y te pasas millonesde horas metida aquí, sí, pero siento recordarte que yo soy una persona muyocupada. - Potter le habla como si fuese estúpida y eso la pone de los nervios.

- ¿Ah, sí? ¿Qué es exactamente eso que temantiene tan ocupado?

- Tengo los entrenamientos. - Le recuerdaJames.

- Entrenas tres veces por semana, una hora ymedia, creo que tienes tiempo de sobra para leer estos libros. - Dice Alya convoz tajante.

Pottersuspira y se pasa una mano por el pelo.

- Creo que no me he explicado bien. Nopienso leer todos esos libros y hacer la redacción del trabajo en una semana.Menos de una semana, en realidad, porque hoy cuenta.

Alyatoma aire profundamente. Sabía que no iba a ser fácil. Ya contaba con ello,pero aun así le molesta que Potter sea tan impertinente y poco colaborador.

- Mira Potter, no pienso discutir este tema.Creo que tengo más idea de planificar trabajos que tú.

- Pero como es un trabajo en parejas tendrásque oír también mi propuesta. - Potter alza las cejas con gesto desatisfacción.

- No creo que tus ideas

- Propongo, - la interrumpe - que hagamos eltrabajo a base de entrevistas.

 

AlyaHaworth parpadea y frunce el ceño ligeramente.

- Tenemos la suerte de que nos haya tocadohacer un trabajo bastante actual. - Dice Potter - Aún hay mucha gente viva quetomó parte en ambas guerras. Deberíamos aprovechar eso.

- No. - Alya niega con la cabeza.

- ¿Por qué no? - Potter parece contrariado.

- Porque a Binns no le gustará. Es una ideaoriginal, pero no creo que le haga gracia.

- ¿Siempre haces lo que les gusta a losdemás? - Potter la mira con gesto burlón, pero ella no va a caer. Está claroque intenta provocarla.

- Tus libros, Potter. - La chica empuja unatorre de libros hacia el buscador.

Pottersuspira, cogiendo los libros de mala gana. Al menos los ha cogido, aunque notiene muchas esperanzas de que vaya a leerlos. Se conforma con saber que lesechará un vistazo, pero cuanto más dura se ponga con él, más posibilidadeshabrá de que se esfuerce un poco, ¿no?

Siesto hubiese pasado el curso anterior, Alya habría intentado ser más simpáticay paciente con Potter, pero después de cuatro años intentándolo sin obtener acambio más que alguna burla y ser víctima de una de sus bromas pesadas, hadecidido que es momento de dejar de ser buena, al menos en lo que a élrespecta. No sabe por qué, pero se ha esforzado mucho en llevarse bien conPotter, más de lo que está dispuesta a reconocer. Siempre le ha parecidogracioso - a su manera -, pero ha llegado el momento de aceptar que es un chicoinsufrible con el que es imposible llevarse bien.

- Y por cierto, Bill me ha contado laescenita que habéis montado tu primo y tú en la puerta del Gran Comedor. -Añade a continuación, metiendo ella la pila de libros restante en su mochila.

Pottersonríe con prepotencia y lanza una carcajada silenciosa y sarcástica al aire.

- No me sorprende. Ya sabía yo que eseSimons es un chivato de lo peor.

- No se estaba chivando, me lo estabacontando. Hay una gran diferencia. - Señala Alya sin mirarlo.

- Claro. ¿Será casualidad que se lo cuente auna prefecta?

- ¿Será casualidad que seamos amigos y mecuente lo que le pasa? - Repone Alya con el mismo tonito que ha empleado James.

- Amigos
ya. - Potter gruñe por lo bajo conuna sonrisa cínica en los labios.

- ¿Qué quieres decir? - Pregunta ella,mirando a su compañero con hastío.

- ¿Crees que alguien como Simons sería amigotuyo sin más? ¿Nunca has pensado que puede querer algo más de ti? - Potterchasquea la lengua - Siendo tan lista y que no veas más allá de tus narices,Haworth.

Pottercabecea y se cuelga la mochila - mucho más pesada que antes - al hombro. Antesde que Alya pueda abrir la boca el muchacho camina resueltamente de vuelta a lasalida. La buscadora de Slytherin mira la espalda bien formada del gryffindorhasta que este sale por la puerta. ¿Qué puede querer Bill de ella? Potterdesvaría.

**

Jamesdeja bruscamente su mochila sobre la cama antes de sentarse él mismo sobre elcolchón. Fred aún no ha regresado del campo de quidditch. Su primo esgolpeador, igual que lo fueron su padre y su tío, por el que lleva su nombre,así que entrenan juntos. Lo cierto es que casi todo lo hacen juntos. Tiene másen común con Fred que con su hermano. Con movimientos cansados abre su mochilamientras piensa que debería preguntarle a Albus qué tal le va el nuevo curso.Lo ha visto a lo lejos con Lily, Hugo, Rose y Roxanne, pero Fred y él teníanque ir al entrenamiento y no podían desviarse. Su capitán, Ben Lawson, nosoporta que lleguen tarde y siempre que eso sucede les manda correr quinceminutos mientras los demás entrenan sobre la escoba.

 

Historia de una guerra,Dennis Creevey. Ese es el título del primer libro que saca de su mochila decolor negro. A James le suena ese nombre. Juraría que es uno de los amigos desus padres y que alguna vez ha asistido a las cenas que se organizan en sucasa, pero la verdad es que él no suele fijarse en la gente que va. Siempreestá tramando algo con Fred, cuando no se dedica a molestar a sus primas,persiguiéndolas con ranas muertas. A Molly, que es dos años mayor que él, se leponen los pelos de punta solo con verlo sonreír de medio lado.

Elmuchacho vuelve a meter la mano en la mochila. Esta vez saca un volumen más omenos del mismo tamaño titulado LaPrimera Guerra Mágica. Una revisión historiográfica (1970-1981). Jamesrecorre la tapa del libro para descubrir el nombre del autor. Se sorprendegratamente al ver el nombre de su tía Hermione reluciendo en la parte de abajo.Y no es el único libro escrito por ella. También están Los horrores del fanatismo, Causasy consecuencias de la desigualdad en la comunidad mágica y Biografías sobresalientes. James abreeste último libro y pasa las hojas hasta dar con el índice. Muchos de losnombres le son conocidos. Está el difunto director Albus Dumbledore, uno de losmagos más extraordinarios de todos los tiempos. También Severus Snape, quetrabajó como espía de los mortífagos durante las dos guerras, pero sobre todoen la segunda. James se emociona cuando ve que hay un apartado dedicado a laPrimera Orden del Fénix. Allí están sus abuelos, James y Lily Potter, y tambiénSirius Black y Remus Lupin. Su padre le ha hablado mucho de ellos, aunque ya nolo hace tanto, porque ya es mayor y no suele contarle historias. Pasa las hojasmuy deprisa hasta llegar a aquella parte del libro. El corazón se le acelera yse sorprende al encontrar una foto de la Primera Orden del Fénix posando ante unacámara. En el pie de foto reza la frase: Enmemoria de todos aquellos que lucharon por un mundo mejor. Fotografía propiedadde Alastor Moody.

Enotro capítulo se habla de la Segunda Orden del Fénix y sus integrantes. Másadelante aparece el nombre de sus padres y de otros muchos que participaron enlo que fue conocido como el Ejército de Dumbledore y la Batalla de Hogwarts.

Jamessonríe, haciendo a un lado los cuatro libros que tiene sobre la cama. Saca losque quedan dentro de la mochila con curiosidad. Uno de ellos, titulado Memorias de la última batalla, estáescrito por el profesor de Herbología - y gran amigo de sus padres - NevilleLongbottom. Por último, encuentra James un libro cuya autoría llama su atenciónpoderosamente. La obra tiene por nombre Cuentosde lo terrible y ha sido escrita ni más ni menos que por Luna Lovegood. Echaun vistazo rápido a sus páginas y enseguida comprende que aquel no es un librode Historia al uso, sino que recoge diferentes relatos de los que vivieron laúltima guerra. Decide que empezará por ese y por el de biografías. Luego leerálas memorias del profesor Longbottom. Dejará los más pesados para después.

 

Debedecir que Luna Lovegood escribe maravillosamente bien. Leer sus palabras escomo sumergirte de lleno en el momento que narra. James ni siquiera sabe cuántotiempo pasa leyendo aquello, pero la puerta del dormitorio se abre pasado unrato y Fred entra por ella. Lo mira con gesto extrañado y cierra tras él.

- ¿Qué haces? - Pregunta su primo, caminandohasta su cama.

- Estaba
echando un vistazo a esto. - DiceJames, fingiendo un gran aburrimiento - Ya sabes, para el trabajo de Historiade la Magia.

- Oh, sí. - Fred gruñe por lo bajo - Menosmal que me ha tocado con Hills y no es muy exigente con estas cosas.

- ¿Qué periodo os ha tocado? - Pregunta Jamescon despreocupación, cogiendo una rana de chocolate del cajón de su mesita.

- Las Revoluciones Europeas de los Duendesen el siglo XVII. Un tostón. Has tenido suerte con el tema.

- Sí. He pensado que podría entrevistar agente que vivió las dos guerras mágicas o una de ellas. - Le confiesa James asu primo - Así el trabajo sería más original, ¿no crees?

Fredlo mira detenidamente mientras se cambia de pantalones y sonríe a medias.

- ¿Quieres quedar bien con Haworth? -Pregunta Fred con malicia.

- No, estúpido. Es que creo que deberíamosaprovechar que nos ha tocado un tema guay.

- Si te digo la verdad, no me importaría seryo quien tuviese el trabajo con ella. - Fred mueve las cejas y le guiña un ojo -Ya sabes

- Estarás de coña, ¿no? - James arruga lanariz.

- Venga James, las cosas como son: AlyaHaworth tiene su puntillo.

- ¿¡Qué dices!? ¿Te has dado con una bludger? - Pregunta James escandalizado.

- A ver, es una slytherin, y es unasabelotodo empollona, no digo que fuese a casarme con ella, pero venga
- Fredladea el rostro - ¿no te pone ni un poquito?

- ¡No, por Merlín! - Berrea James - ¿A quiénnarices puede gustarle Haworth? Es una siesa

- Te sorprendería saber a cuántos chicos noles importaría pedirle una cita
- Dice Fred, comiendo un chicle superinflablede sandía y revolviendo en su baúl - ¡Voy a matar a Lorcan! ¿Puedes creerte queha vuelto a toquetear mis cosas? ¡Y ha cogido mis varitas de pega!

Jamesno está prestando atención a lo que dice su primo. Aún está conmocionado porsus palabras anteriores. Así que Haworth le parece guapa a Fred, bueno, algo másque guapa. Hace tiempo que el golpeador viene dando señales de debilidad conrespecto a la slytherin, pero jamás pensó que diría tan abiertamente lo queacababa de decir. A pesar de todo, James decide quitarle hierro al asunto. Freddice muchas tonterías a lo largo del día, no hay que darle mayor importancia.

- Oye, Fred, ¿tú sabías que tía Hermioneescribe libros de Historia? - Pregunta James para cambiar de tema.

- Pues claro que lo sé, ¿quién no lo sabe?

Él,por ejemplo, pero no quiere quedar como un idiota, así que permanece callado.

- Siempre que publica un libro se lo regalaa todo el mundo. - Termina de decir Fred, poniéndose en pie nuevamente - Nos vemosen el Gran Comedor. Voy a buscar a Lorcan. ¿Por qué narices habrá metido susmanazas en mi baúl?

Suprimo se va murmurando y lo deja solo en el dormitorio. Aún queda un buen ratopara la cena, así que tiene tiempo para hacer lo que quiera. Sus ojos sedirigen al libro que ha dejado apartado junto a él cuando Fred ha aparecido.Mira alrededor, aunque es evidente que no va a encontrar a nadie espiándolo.Nadie sabrá que a James Sirius Potter le interesa un puñado de aburridos librosde Historia de la Magia. Al fin y al cabo, tiene una reputación que mantener.

 

**

Puedeque Fred tenga razón. Puede que tenga que reconocer que Alya Haworth es guapa.Sus ojos son grandes y verdes, y están enmarcados en unas bonitas pestañasnegras y rizadas. Nunca se ha percatado de lo relajante que puede ser ver cómose mueven sus labios mientras habla. Tiene una especie de tic nervioso que consisteen morderse el labio inferior de manera inconsciente cuando mira algo condetenimiento. Ahora lo hace, porque intenta repartir de manera equitativa lospuntos del índice de trabajo. James se echa para atrás en la silla de labiblioteca, que vuelve a estar desierta, como lo estuvo tres tardes atrás.

- Bien. - Dice Haworth finalmente - Creo quetú podrías ocuparte de los tres primeros puntos y yo de los tres últimos. No esmucho trabajo. No podemos pasarnos de diez caras de pergamino cada uno, así quehabrá que sintetizar la información.

Jamesse encoge de hombros. Le da bastante igual eso del reparto de trabajo, pero lachica le pasa el índice para que lo mire.

- Oye, ¿y lo de las entrevistas? - Pregunta James,alzando la vista hacia los ojos verdes de Haworth.

- Potter, ya hablamos de eso. No creo que aBinns le guste. - Le dice Haworth.

- Si no probamos, no podemos saberlo. -Repone James.

- Creo que podré vivir sin saber si le gustao no. Debemos hacer lo que sabemos con seguridad que nos servirá para sacarbuena nota.

- Es decir, que yo tengo que leerme loslibros que me diste porque tú lo dices, y tú no puedes aceptar mis sugerencias.- Dice James con las cejas en alto y cruzado de brazos.

AlyaHaworth ladea el rostro. El sol entra por la ventana que queda justo a suizquierda, iluminándola con tonalidades anaranjadas. El invierno se acerca apasos agigantados y cada día son menos las horas de luz de las que puedendisfrutar. Como siempre, lleva el pelo recogido, aunque se le escapan algunosmechones, arremolinándose alrededor de su rostro.

- ¿Te has leído los libros? - Pregunta ellacon gesto incrédulo.

- Todos no, pero solo me quedan dos. -Responde James - Y quieras o no, voy a hacer las entrevistas. Las incluiré enun apartado final.

- ¿Pero qué narices te ha dado con lasentrevistas? - Haworth frunce el ceño.

- Por si no lo sabes, fue mi padre quienpuso fin a la Segunda Guerra Mágica, conozco a muchos de los que lucharon en laBatalla de Hogwarts, ¿no crees que deberíamos sacar provecho a eso? - James estáun poco cabreado. No hay manera de hacer nada con esa chica.

- Sin quitar mérito a tu padre, creo quenunca lo habría conseguido él solo. - Contesta la slytherin con tono sabiondo.

Jamesnota un pinchazo molesto en el vientre. Sabe que no ha dicho nada del otromundo, pero no cree que sea quien para opinar, y menos que lo haga con esetonito de superioridad. ¡Está hablando de su padre! Y hay que decir que Jamesidolatra a su padre, igual que idolatra a su abuelo paterno.

- Solo o acompañado, lo consiguió. - Dice James,echándose hacia adelante en la silla - Y ahora es el Jefe del Departamento deAurores. Gracias a él todos estamos a salvo. ¿Qué hace tu padre, Haworth? Nisiquiera he oído hablar nunca de él. Fíjate qué importante. - Y lo dice con unregusto de maldad asomándole por los labios, porque quiere hacerle comprender quetiene que lavarse la boca antes de hablar de Harry James Potter, que seguro quees mil veces mejor que su padre, sea este quien sea.

 

Haworthlo mira muy seriamente, por un momento incluso se le humedecen los ojos y Jamesno entiende muy bien por qué. La chica clava sus pupilas en las del buscador,porque Alya Haworth es de esas personas que no tienen problema en mirarte a losojos sin pestañear. James le mantiene el gesto, aunque piensa que la cosa seestá poniendo un poco rara, pero bueno, ella es rara en sí

- Mi padre está muerto. - Dice Haworthfinalmente.

Luegola chica pestañea rápidamente y se pone en pie, cogiendo bruscamente sus cosasde la mesa. James se ha quedado de piedra. No tenía ni idea de aquello,evidentemente, de lo contrario jamás le habría hablado de esa manera. Puede queHaworth no sea de su agrado, pero tampoco la odia tanto como para burlarse deella de una forma tan cruel. Piensa en salir tras ella para pedirle perdón,pero algo lo mantiene pegado a la silla, observando cómo se aleja hasta lapuerta con pasos rápidos. La falda del uniforme se mueve de un lado a otroviolentamente de tan deprisa que camina. James chasquea la lengua antes deexhalar un suspiro agotado. Luego mira por la ventana, intentando ignorar elsentimiento culpable que le presiona el pecho.

**

Jamesse rasca la nuca con fruición mientras evita los ojos de su hermano, que parecea punto de echarle un buen sermón. Así que el padre de Haworth murió cuandoella no tenía más de tres meses de vida. Joder. ¿Cómo iba a saberlo?

- En serio, James, deberías aprender acerrar la bocaza de vez en cuando. - Le dice Albus.

Jamesno puede hacer más que gruñir entre dientes. Por un lado se siente mal porHaworth, su padre, de hecho, está marcado por la prematura muerte de susprogenitores, así que la slytherin debe sentir algo parecido, pero por otrolado se siente estúpido por desear pedirle perdón a la buscadora y explicarleque de haberlo sabido todo, jamás habría dicho algo así. Sabe que es difícil decreer, pero James Sirius Potter también puede ser un chico sensible.

- Bueno, ya vale, ¿no? - James suspira yfrunce los labios - ¿Y tú cómo sabes lo de su padre?

- Somos compañeros de casa y amigos. - Dice Albusentrecerrando los ojos.

- Muy amigos, diría yo
- Y el buscador lodice con cierto retintín, porque no le parece que Albus solo quiera ser amigode Alya Haworth.

- ¿Qué quieres decir con eso? - Pregunta Alcruzándose de brazos.

- Nada, olvídalo. - James se mete las manosen los bolsillos del pantalón del uniforme y mira alrededor. Nunca le hangustado las mazmorras, pero necesitaba hablar con Al en ese mismo momento.

- ¿Qué piensas hacer?

- Supongo que tendré que disculparme conella. - Dice James de mala gana - Nos vemos a la hora de la cena.

Albusno dice nada mientras James se aleja de él, aunque sí lo escucha suspirar conagotamiento a su espalda antes de caminar de nuevo hacia su Sala Común. Elgryffindor asciende por las escaleras hasta llegar a la planta principal, dondese esconde entre dos grandes columnas y la pared. Con cuidado de no ser vistosaca el Mapa del Merodeador del bolsillo interior de su túnica. ¿Dónde está?Recorre con rapidez cada rincón del envejecido pergamino.

 

AlyaHaworth. Alya Haworth. Alya Haworth.

Noestá en la biblioteca y no la ve en el pasillo donde están las aulas de losdiversos clubes de estudios que hay en Hogwarts. ¿Dónde se habrá metido? No estáen su Sala Común. Albus se lo ha confirmado.

Porfin - y al cabo de unos cuántos minutos buscando sin resultado - se le ocurremirar fuera del castillo. ¡Ajá! Está en el campo de quidditch. James mira condetenimiento el solitario puntito negro sobre el que reza el letrero de Alya Haworth. Está sola y sin moversecerca de una de las gradas del terreno de juego.

**

Alyavuelve a limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano. Han pasado casi dos horasy media desde que ha salido de la biblioteca como alma que lleva el diablo,pero no quiere volver. Por algún extraño motivo no puede dejar de llorar, y esoque normalmente Alya no llora. Pero sin duda lo peor de todo es saber cuántopueden afectarle las palabras de ese inútil de Potter. Es evidente que no le hadicho aquello a propósito, porque está segura de que James Potter no sabía quesu padre murió cuando ella era un bebé. Es cierto que se lo contó a Albus hacealgún tiempo, pero seguro que no se lo ha contado a su hermano, ¿verdad? No. Nopuede ser tan cruel.

- Te he buscado por todas partes.

Alyaalza la vista para encontrarse con un chico rubio de ojos azules. Bill le sonríecariñosamente, balanceándose sobre sus pies con las manos metidas en losbolsillos.

- ¿Puedo hacerte compañía?

Alyaasiente, apresurándose por limpiarse por completo la cara, que debe estar rojade tanto llorar. Sabe que no hay manera de ocultarle a Bill que lleva dos horasy media llorando, pero al menos quiere mantener la compostura delante de él.

- ¿Y esa cara de felicidad? - Pregunta Bill,sentándose a su lado y abrazándose las rodillas mientras las flexiona contra supecho.

- Bill
- Murmura Alya de mala gana.

- Era broma. - El chico sonríe - Se suponíaque íbamos a hacer juntos los deberes de Transformaciones

- Ya. Lo siento. No me encontraba muy bien. -Dice Alya con voz congestionada.

- ¿Qué ha pasado?

- Es una larga historia.

Billle echa un brazo por los hombros. Sentir su calor y su peso sobre ella la reconfortacomo nunca antes.

- Tengo todo el tiempo del mundo. - Le susurraal oído su amigo.

Ysonríe. Alya Haworth sonríe dulcemente dejando caer la cabeza sobre el hombrode Bill Simons.

**

Jamesmira hacia abajo en la oscuridad. Se ha metido en el interior de las gradascuando ha visto que Bill Simons se acercaba a Haworth. Está prohibido meterseen el interior de la estructura de madera, pero a James nunca le han preocupadolas prohibiciones. En ese momento solo quiere saber qué están diciéndoseHaworth y Simons, pero tal vez hubiese sido mejor no sentir tanta curiosidad. Cuandollega hasta donde están ellos, separados por la fuerte tela impermeable de lagrada de Hufflepuff, James intenta respirar muy despacio para no ser descubierto.

-
intento pensar que no lo ha hecho a propósito,que no lo sabía, pero
no sé
¿Potter puede ser tan cruel? - Dice Haworth convoz llorosa - Ni siquiera se ha disculpado cuando le he dicho que
que mi padre
ya sabes

Jamesparpadea y se guarda un suspiro en el fondo del pecho. ¡Pero si ha salidocorriendo de la biblioteca! ¡No había manera de alcanzarla! Bueno, tal vez podríahaberlo intentado, pero
Si no lo ha hecho por algo será

 

- Y no sé, Bill
- Haworth sorbe por lanariz - Es que
yo nunca le he hecho nada, al contrario, me he esforzado muchasveces por ser amable con él, pero supongo que Potter no tiene remedio. Supongo queme odia por algún motivo que no alcanzo a entender y por eso es
así.

Jamesse remueve ligeramente al otro lado de la tela. ¿Cuándo ha intentado Haworthser amable con él? Siempre ha estado pinchándolo y riéndose de él, ¿verdad? ¿Oes el único que piensa eso?

- ¿Sabes, Alya? - La voz de Bill suena alotro lado - No deberías hacer tanto caso a lo que diga o haga Potter. Potter esidiota.

YAlya Haworth se ríe quedamente, pero luego sus carcajadas van aumentando enintensidad y a James se le encogen las entrañas. Por algún motivo desconocidole escuece saber que Haworth encuentra graciosa aquella aseveración por partedel guaperas de Simons. Tiene ganas de salir de entre las gradas y emprenderlaa golpes contra su amiguito, y gritarle que idiota será él por andar detrás dela falda de Alya Haworth mientras ella no le hace ni caso. Porque es así,¿verdad?

- ¡Se me ha olvidado decirte que tengo unregalo para ti! Pero está en mi dormitorio
- Dice con tono picarón elslytherin.

- ¡Bill! - Exclama Haworth con un falso tonode reprimenda.

Jameslos escucha correr y reír al otro lado de la grada, y no sabe por qué pero algoparece retorcerse dentro de él. Y duele. Duele más de lo que nunca habríaimaginado.


Hola!! =D
Bien, aquí os dejo otra viñeta de James Sirius =) Poco a poco irán apareciendo más personajes de la tercera generación, y también de la segunda ;) Calculo que (como mucho) haré 10 viñetas. Bueno, "viñetas". Son un poco largas, lo sé ^^
Espero que os guste y que me digáis qué os parece =)
Besos!!


LA CITA DE AL

JamesSirius Potter adora el quidditch. Piensa que es el juego más absolutamentecojonudo del mundo entero. Le gusta porque tienes que montar en escoba y vas atoda velocidad, porque es rápido y porque hay que trabajar la estrategia,también le gusta porque es algo peligroso - hace años que ningún jugador muereen el terreno de juego, pero antes sucedía más a menudo - y James siente unaespecial atracción por todo aquello que es peligroso. Pero sin duda lo que másle gusta de jugar al quidditch es que todos le conocen y corean su nombre yapellido. Excepto aquellos que le tienenenvidia. Esos ni siquiera le aplauden, a veces incluso le dedican algún queotro insulto por lo bajo, porque no se atreven a hacerlo a la cara.

Claroque no.

JamesSirius Potter nunca se ha metido en peleas. En peleas de verdad. En ese tipo depeleas en las que hay puñetazos y patadas, al estilo muggle, y sin embargo muchos temen que James pueda darles unpuñetazo si se atreven siquiera a mirarlo de reojo con el gesto torcido.También les asusta que les apunte con la varita y pronuncie un par de palabrasque los ponga cabeza abajo o que haga caer sus pantalones al suelo, porqueJames no tiene reparos en hacer ese tipo de cosas.

Ylo cierto es que James nunca ha deseado pegar a nadie de verdad. Siempre se hadivertido más atando los cordones de las zapatillas de la gente, o provocandoque le saliesen flores de las orejas
Pero nunca ha deseado pegar a nadie. Poreso James no entiende a qué viene ese ardor tan molesto en el pecho, ni por quésus puños se cierran automáticamente cuando ve a Bill Simons a unos metros dedistancia, bromeando con la estúpida de Alya Haworth.

 

Yya puestos, tampoco entiende por qué maldita razón sus ojos no pueden dejar demirarlos mientras se dirigen a las mazmorras para su próxima clase de Pociones.

-
y te juro que empezaron a llorarme losojos.

Jamescarraspea y aparta la mirada - por fin -de la espalda de los dos slytherin. Fred rompe a reír a su lado y Lorcan, quecomo siempre los acompaña, hace lo mismo.

- Tío estás fatal. - Dice Fred.

- Te lo digo en serio. - Asegura Lorcan - Aese tío deberían explicarle que tomar una ducha de vez en cuando no viene mal.Si hubiese tenido que quedarme a su lado un segundo más, habría cogido un cubode agua del lago y se lo habría echado encima. ¿Habría pillado la indirecta?

- ¿De quién hablamos? - Pregunta James,sonriendo porque sí. Porque Fred y Lorcan lo hacen.

- De Filius Odonski. - Explica Fred - ALorcan le ha tocado sentarse con él en Runas Antiguas y dice que huele como elvestido de su tía Edna. ¿Conoces a su tía Edna?

Jamesentrecierra la mirada.

- Creo que sí. ¿Es esa señora que tiene elpelo rizado y que se pone a cantar a voces cuando todo está en silencio?

- La misma. - Afirma Lorcan entre risas.

- ¿Crees que será hereditario? - PreguntaFred - Me refiero a lo de estar majara.

- Pues espero que sí. Al menos con tía Ednate ríes.

- Tienes un rollo raro con la gente conproblemas mentales. - Apunta James - ¿Nunca te lo has hecho mirar?

- ¿Debería? No sé. La gente rara mola. -Lorcan se encoge de hombros.

Jamessiempre ha pensado que Lorcan Scamander es un tipo raro, aunque se ríe muchocon él. De hecho es más gracioso que Fred. O tal vez sean graciosos de manerasdiferentes.

Sí.Puede que sea eso.

Lorcansiempre está inventando historias rocambolescas y le pasan cosas muy extrañas.Fred, sin embargo, es más de gastar bromas, como él. Pero a James le cae bienLorcan. Le cae bien desde que eran pequeños. Su hermano, sin embargo

Noes que Lysander le caiga mal, a ver. Es un chico
diferente. Y eso que Lorcan ya es bastante diferente de la granmayoría de los mortales. Lorcan y Lysander son hermanos gemelos, pero gemelosde verdad, de esos que no puedes diferenciar a simple vista. Tienes que fijartemuy bien en ellos para saber que Lorcan abre mucho los ojos, del color delcielo, cuando habla de algo que le entusiasma, o que Lysander alza las cejas,de un bonito tono rubio oscuro, cuando escucha algo con lo que no está deacuerdo, o que Lorcan siempre tararea alguna canción mientras come, y dependede lo que coma la canción será más triste o más alegre.

Jamessupone, y no anda mal encaminado, que le gusta más Lorcan porque no es tanserio como Lysander, ni parece tan atormentado sin motivo aparente. Elprimogénito de los Potter no puede llegar a comprender por qué son tandiferentes y, a pesar de todo, estar los dos en Gryffindor.

Cuandopor fin llegan a la puerta del aula de Pociones tienen que esperar un ratohasta que aparece el profesor Slughorn. Corren rumores de que se jubilará elsiguiente curso, aunque lo dicen todos los años. James piensa que deberíahaberse jubilado hace dos décadas como mínimo, pero allí sigue, con su sonrisabobalicona y su olor a perfume caro, que seguro que le ha regalado alguno desus antiguos alumnos.

 

- ¿Habéis hecho los deberes de Pociones? -Pregunta Lysander, que acaba de llegar hasta ellos.

- ¡Mierda! - Gruñe Lorcan por lo bajo - ¿Quéhabía que hacer?

- Te lo dije ayer mismo, por la noche, perocomo estabais muy ocupados mirando las nuevas escobas de carreras

- Bah, ¿qué más da? - James se encoge dehombros - Solo era una estúpida redacción

- James, este año son los TIMOs. - ApuntaLysander con seriedad.

- ¿Y?

- Pues que hay que sacar buena nota. Si nolos superas

- Bla, bla, bla. - Interrumpe James - Quedatodo el curso para eso. Quedan siglos para Navidad.

- Quedan tres semanas.

Lysanderarquea las cejas y frunce los labios, como siempre que algo no le gusta. Es lamisma cara que pone cuando mira el pastel de carne en la mesa del Gran Comedor ocuando Fred se quita los zapatos y el tufo de sus pies baña todo el dormitorio.

- Bien, pues haced lo que queráis. - Añade Lysandercon cierto remilgo.

YLorcan suspira con fastidio.

- Mi redacción habría sido horrorosa detodas formas, así que eso que gana Slughorn si no tiene que leerla, Lys.

Jamessiempre ha pensado que no le hace ningún favor a su hermano llamándolo Lys. Ese es nombre de tía. Pero no lo dice envoz alta porque recuerda que la vez que lo hizo Lysander se enfadó tanto que sepasó todo el día escondido en los baños del sexto piso. Algunos incluso afirmanque lloró, y James no sabe por qué, pero claro, tenían trece años

- Bueno, si le decimos a Slughorn quecreíamos que era para el viernes en vez de para hoy seguro que nos dejaentregarlo más tarde. - Asegura Fred.

Ylos cuatro chicos se internan en el aula de Pociones, siguiendo al resto de suscompañeros, conformes con la propuesta de Fred. Todos excepto Lysander, claro.El menor de los dos gemelos se sienta en los pupitres que hay al principio dela clase, junto a una chica de su misma casa que se llama Hannah Fladbury. Alotro lado del pasillo de mesas se sientan Haworth y Simons. Deja de mirarlos, joder. Lorcan, por suparte, prefiere quedarse atrás con ellos.

Slughorncomienza a hablar. Los saluda como hace todos los días. Abre su libro y señalala página que seguirán. Luego escribe pequeñas indicaciones en la pizarra,supuestamente para ayudarles a obtener mejores resultados, aunque James nuncase entera de nada. Absolutamente de nada. Eso de elaborar pociones no es sufuerte, como tampoco era el fuerte de su padre. Slughorn insiste en que tu padre era un maestro en este campo consolo dieciséis años, deberías haber visto lo bien que se le daba. TíaHermione pone cara rara cuando alguna vez lo ha comentado en casa delante deella. Su padre cambia de tema enseguida.

- Así que hoy vamos a empezar con el ampliorepertorio de pociones sanadoras que hay. Nosotros solo aprenderemos las másesenciales, por supuesto. Si alguno quiere profundizar en esta asignaturatendrá que esperar a cursar los estudios avanzados. - Dice Slughorn con su vozquebradiza y débil - Bien, ¿cuál de todas las que aparecen en el libro osparece que es la más sencilla?

 

Haworthlevanta la mano inmediatamente. ¿Por quéno me sorprenderé?, se pregunta James con sarcasmo.

- ¿Sí, señorita Haworth?

- La poción cicatrizadora. - Responde.

- Muy bien. ¿Y sabría usted decir qué haceesa poción?

- Crea una película protectora sobre laherida en cuestión, como si de una costra se tratase, pero la curación apenasdura unas horas, en lugar de días, como sucede con la curación a ritmo normal.Además, elimina las marcas de cicatrices, señor.

- ¡Excelente! Cinco puntos muy merecidospara Slytherin.

Jamesrefunfuña por lo bajo.

- ¿Y alguien sabría decirme cuáles son losingredientes principales de esta poción?

Haworthvuelve a alzar la mano, pero también Lysander ha levantado la suya, así queSlughorn le da la palabra al menor de los gemelos Scamander para no pecar defavoritismo.

- Aloe vera y caléndula, señor.

- Muy bien. Cinco puntos para Gryffindor. -Sonríe complacido el profesor - Como es lógico, empezaremos por la poción másbásica, así que colocad vuestros calderos sobre la mesa y a trabajar.

Jamescoge su caldero de mala gana y con movimientos cansados lo coloca sobre lamesa. Odia hacer pociones. Odia el hedor perpetuo que reina en el aula dePociones y odia ensuciarse las manos con jugos asquerosos.

Nohan pasado ni quince minutos cuando la concentración del mayor de los Potter seha desvanecido por completo. A su primo Fred le ocurre algo similar, porque haempezado a lanzarle a James las cáscaras de los caparazones de los escarabajosque ha tenido que apartar para la poción. El buscador de Gryffindor juega aesquivarlas entre risas ahogadas, procurando que Slughorn no se percate. A losdiez minutos aquello deja de ser tan divertido como lo era al principio, demodo que James no tiene más remedio que volver a mirar la sustancia queburbujea en el caldero. Según la receta debería haber adquirido un tonovioláceo, pero su poción es roja. Tan roja que parece sangre.

Genial. Ya empezamos

AhoraJames tendrá que pasarse el resto de la clase intentando averiguar qué ha hechomal y ponerle remedio para poder entregar un resultado medianamente aceptable.

- ¡Psh! ¡Psh! ¡James! - Lo llama su primo,sentado a la misma mesa pero retirado de él por un asiento.

Jamesgira el rostro para mirarlo y sabe que Fred no está pensando nada bueno. Losabe porque la comisura derecha de sus labios se halla alzada unos milímetros yporque sus ojos sonríen, inquietos y con una sombra perversa escondida en lomás profundo de sus pupilas.

- ¿Quieres salir antes de clase? - PreguntaFred.

¡Puesclaro que quiere salir antes de clase! Aquello es insoportable. Preferiría milveces escuchar a la Señora Gorda de la Torre de Gryffindor cantando durantehoras a estar allí. Pero supone que para conseguir eso deben hacer algo. Algogordo.

- Toma. - Fred le pasa una cajita por encimade la mesa - Son pastillas vomitivas.

- ¿Pastillas vomitivas? - James arruga lafrente. Esperaba otra cosa, la verdad.

- No son para que las tomes tú. - Fredsonríe - ¿Qué pasaría si las echamos a un caldero?

Jamesentrecierra la mirada y sonríe lentamente.

- Yo distraeré a Slughorn mientras tú lolanzas a algún caldero que no sea el tuyo o el mío. Sería muy evidente que hasido provocado. - Le hace notar Fred.

 

Luegosu primo alza la mano y mira al profesor de Pociones, que en ese mismo instantese encuentras muy ocupado alabando el excelente trabajo que está realizandoAlya Haworth y, junto a ella, Bill Simons.

- Profesor, ¿podría venir un momento, porfavor? - Pregunta Fred.

Comopodréis suponer, James ya ha elegido el caldero exacto donde quiere probar elefecto de las pastillas vomitivas. Exactamente: en el de Alya Haworth.Cualquiera diría que James Potter tiene fijación con aquella chica, que tantoafán por hacerle la vida imposible y por molestarla no es normal, pero a James Potter,sin embargo, le parece perfectamente lógico que su deseo por incordiar a lamuchacha vaya en aumento con cada curso que pasa. Ha llegado a convertirse enalgo puramente fisiológico. Se le encoge el estómago solo con verla y Jamesinterpreta esa respuesta automática de su cuerpo como una señal. No pararáhasta que las orejas de Haworth se pongan rojas de enfado.

Porsupuesto, James ni siquiera se preocupa en intentar buscarle explicación a esecomportamiento por su parte. ¿Por qué habría de hacerlo? Solo tiene quince añosy hace poco que el término chicas haempezado a adquirir un significado distinto del que tenía, así que James nisiquiera está cerca de comprender que no es ni medio normal tener tal fijacióncon una sola chica. Solo me gusta hacerlaenfadar, dirá James cuando todos empiecen a darse cuenta de que gastademasiado tiempo y demasiadas energías en la buscadora de Slytherin. Pero esemomento aún no ha llegado, y Fred considera muy gracioso que James la tengatomada con la empollona de su curso, que además es de la casa rival.

Elprofesor Slughorn ya está caminando hacia Fred, así que James levanta lapastilla con un delicado WingardiumLeviosa. Lo suyo son los encantamientos. Y las transformaciones. Sí. Legusta esa asignatura. La pastilla recorre la sala lentamente, sobrevolando consuavidad las cabezas de la veintena de alumnos que hunden sus caras sudorosasen los crepitantes calderos.

¡Plop!La pastilla cae justo en el blanco, pero James tiene la mala suerte de que aHaworth no se le escapa una. La muchacha echa la cabeza hacia atrás paraescudriñar el techo.

Venga. Venga.

Yel caldero empieza a temblar. Haworth baja la vista con sobresalto cuandoborbotones de espuma negruzca brotan de su poción y una nube de humo malolienteinunda el aula. Todo se llena de gritos y gente nerviosa moviéndose hacia lasalida.

- ¿Qué sucede? ¿Qué sucede? - Pregunta undesorientado Slughorn, que mira en todas direcciones, como si con eso fuese aobtener respuestas. Por fin sus pequeños ojos localizan el centro del problema- ¡Señorita Haworth!

- Profesor yo
yo

- ¡Apártese! - Le grita - ¡Salgan todos!¡TODOS FUERA!

Comoun hipogrifo en una tienda de calderos, el profesor de Pociones bate los brazostorpemente mientras saca la varita de entre los pliegues de su túnica. Jamessonríe, satisfecho consigo mismo, y se apresura fuera del aula. Benditaspastillas vomitivas.

**

- ¿No quieres más filete?

Billla mira con las cejas alzadas y Alya mueve la cabeza de un lado a otro.

- ¿Qué te pasa? Últimamente no comes nada. -Le dice Markus con preocupación.

 

- Estoy un poco nerviosa. - Confiesa Alya.

Billcoge el filete que Alya ha dejado en el plato y lo devora con un apetitosorprendente para tratarse de alguien que ya se ha comido otros cinco filetescomo ese, acompañados por una buena ración de patatas.

- ¿Nerviosa? - Pregunta Markus, que al menostiene un mínimo de sensibilidad.

- Por el partido de este fin de semana.

- Lo harás bien. - Asegura Markus.

- Sí. Ese estúpido de Potter aún lloriqueacada vez que le recuerdan el partido del año pasado. - Sonríe Bill.

Alyaimita el gesto de su amigo. Sí, Potter no ha sido capaz de aceptar queSlytherin ganase en el último momento gracias a un espectacular vuelo por suparte. Sin quererlo sus ojos se alzan mecánicamente hasta el otro lado del GranComedor. Hasta la mesa de Gryffindor. James Potter come entre risas con suprimo Fred y el resto de la familia Weasley, que es muy, muy numerosa.

- Hola a todos.

Losojos de Alya se desvían hasta que dan con el recién llegado. Albus SeverusPotter toma asiento frente a ella, justo al lado de Markus.

- ¿Por qué vienes tan tarde a comer? -Pregunta Markus.

- He ido a la biblioteca a coger unos librosporque esta tarde tengo que ir al Club de Encantamientos y no creo que tenga tiempopara nada más después de eso.

- Yo no podré ir al Club de Encantamientosesta tarde. - Dice Alya.

- ¿Por qué?

- Entrenamiento de quidditch.

Albusse aparta un poco de pastel de carne en su plato.

- ¿Por el partido de este fin de semana? -Pregunta Albus.

Alyatan solo asiente.

- Mi hermano se pondrá como loco si vuelvesa ganarle. - Y Albus sonríe con malicia.

AlbusSeverus Potter no es para nada como su hermano mayor. Él es educado, trabajadory su sentido del humor es mucho más ligero e inteligente que el de James. AAlya le gusta hablar con él porque siempre tiene algo que contar. Siempre haleído o visto algo interesante. A Bill, sin embargo, no le gusta mucho Albus.Cuando Alya le pregunta por qué nuncaacierta a dar una respuesta contundente y razonable. Pues porque no y ya está. Alya quiere mucho a Bill porque es sumejor amigo. Más que Markus, incluso, aunque eso jamás lo dirá en voz alta, porsupuesto. Pero a ver, Bill sabe cosas de ella que nadie más sabrá jamás. Nadie.Por eso, cuando Bill dice que no le gusta Albus porque no y ya está, Alya intenta no ser dura con él. Es imposible que todo el mundo nos caigabien, piensa ella, y disculpa a Bill por lo borde que es a veces con Albus.

- Yo no podré ir a verte al entrenamiento. -Dice Bill - Tengo una cita.

- Tampoco es necesario que vayas a verme.Solo es un entrenamiento más. - Alya se encoge de hombros.

- ¿Con quién tienes una cita? - PreguntaMarkus con interés.

- Con Laura Lufkin.

- ¿Con Laura Lufkin?

LauraLufkin es una de las chicas más insoportables de su curso. Es de Hufflepuff ysiempre está quejándose por todo. Por los exámenes, por los deberes, por elfrío, por el calor, porque hay que subir y bajar demasiadas escaleras en aquelcastillo
Y por un sinfín de cosas más. Tantas que Alya es incapaz de enumerarlas quejas más absurdas que ha escuchado salir de su boca. Como aquella vez,cuando estaban en tercero y se quejó porqueel césped es demasiado puntiagudo.

 

- ¿Con Laura Lufkin? ¿En serio, Bill? -Pregunta también Alya alzando las cejas con escepticismo.

- ¿Qué pasa? - Bill sonríe de medio lado.

- Nada, supongo. - Pero lo dice con retintíny Bill parece disfrutar con la cara que pone Alya.

- Por lo que sé de ella no me parece unapersona muy avispada
- Opina Albus - Pero bueno, si es el tipo de chica que tegusta

InmediatamenteBill deja de sonreír y le lanza al mediano de los Potter una mirada directa yferoz.

- Nadie te ha preguntado lo que te parece ati.

- Bill. - Le advierte Alya.

YBill parece muy enfadado.

- Oh, claro, Bill tiene la culpa. - DiceBill poniéndose en pie y tirando de mala manera el tenedor contra el plato -Como siempre.

Luegoel muchacho se marcha con pasos airados.

- ¡Bill! - Grita Alya. Pero su amigo no segira.

- Lo siento, no debería

- No es culpa tuya, Albus. - Asegura Markus- Bill necesita que le recuerden que se comporta como un idiota muy a menudo.

Alyasuspira. Sabe que más tarde tendrá que hablar con Bill, pero lo cierto es queestá de acuerdo con Markus y con Albus. Con Albus, en que Jessica Lufkin esestúpida, y con Markus en que, de vez en cuando, su amigo necesita que alguienle dé un tirón de orejas. Un buen tirón.

**

JamesSirius Potter entrecierra la vista con furia y escepticismo, pero Lorcan y Fredno parecen estar bromeando, así que, tras soltar una carcajada forzada yestruendosa - y digámoslo, demasiado teatral como para resultar remotamentesincera - el buscador de Gryffindor se encuentra en uno de esos momentos en losque le gustaría estrangular a alguien con sus propias manos. Pero como eso esdelito, se contenta con aferrarse con fuerza a los brazos de terciopelo rojodel sillón con orejeras de la Sala Común de Gryffindor.

- ¿No es coña? - Pregunta, implorando porquelos dos chicos que tiene delante contesten un puñetero .

- No. No es coña, James. - Dice Lorcan.

- ¿Cómo lo sabéis? ¿Cómo os habéis enterado?

- Una chica de cuarto que estaba presente enese momento se lo contó a unos amigos que a su vez se lo contaron a una chicaque es amiga de una compañera del club de lectura de Lysander. - Contesta Fred.

- Y vosotros lo sabéis por Lysander.

- Así es.

Jamesse pasa la lengua por los labios. El malhumor comienza a extenderse por sucuerpo.

- Es decir, que mi hermano le ha pedido unacita a Haworth. - Repite James, como si diciéndolo en voz alta fuese a cambiaralgo.

- Sí. - Afirma Lorcan, que lo mira conpreocupación.

- Y Haworth le ha dicho que sí.

- Exacto. - Asiente Fred, que por raro queparezca está más divertido que otra cosa.

- Albus le ha pedido una cita a Haworth yella ha dicho que sí.

- ¡Joder, James! ¿Cuántas veces vas arepetirlo? Que sííííí. - Contesta Fred de mala manera, echándose hacia atrás ensu asiento.

Jamesse lleva las manos a las sienes. ¿¡Pero qué cojones le pasa a su hermano!?Siempre ha sabido que a Albus le hacía tilín Haworth, pero suponía que tardaríamás en pedirle una cita. Y aunque suene cruel, nunca pensó que ella aceptaría.No sabe por qué, pero siempre ha imaginado a la buscadora de Slytherin con otrotipo de chico.

- ¿Qué te pasa, James? - Pregunta Lorcan.

- ¿Que qué me pasa? ¿QUE QUÉ ME PASA? ¡Puesque no sé por qué mi hermano tiene que pedirle una cita a esa estúpida! ¡Con lade tías que hay por ahí!

 

- Sí. Todo parece apuntar a que será tucuñada. - Sonríe Fred.

- Cierra la boca, Fred.

- Sé que Alya Haworth no es muy de tuagrado, pero
- Dice Lorcan intentando quitar hierro al asunto - No creo quehaya marcha atrás.

YJames sabe que tiene razón. Lorcan Scamander tiene toda la razón
¿o no?

- Bueno, no te pongas tan melodramático. -Ríe Fred - Si lo llego a saber no te cuento nada.

- Sí. Claro. Hubiese sido mejor encontrarmea mi hermano besuqueándose con Haworth en Hogsmeade este fin de semana.

Fredse muerde el labio inferior. Está disfrutando de lo lindo. Y James no entiendepor qué. No sabe por qué su primo tiene que ser tan sumamente gilipollas.¿Acaso es gracioso que Al salga con
con
ella? ¡CON ALYA HAWORTH!

- Bueno, no puedes saber lo que va a pasar.- Dice Lorcan.

- Sí. Yo ya sabía que te molestaría, pero nocreía que fuese para tanto. - Sonríe Fred - Solo es una cita James. No van acasarse.

Jamesaprieta los dientes. ¡No, si ahora va a resultar que está exagerando!

- ¿Vienes, Lorcan? Tengo que coger unascosas del dormitorio.

Suprimo y Lorcan se ponen en pie y caminan hacia el piso superior de la Torre deGryffindor. Él, por su parte, cierra los ojos con fuerza e intenta pensar enalgo que poder hacer. No entiende por qué, pero tampoco se lo pregunta, claro.Y es por eso quizás, porque no se pregunta el motivo de su animadversión haciaAlya Haworth, porque no se pregunta lo que tanto le molesta de que salga con suhermano, que James Potter no se da cuenta de lo evidente.

Tieneque hacer algo

Tieneque evitar esa cita.

**

Alyaaún no puede creer que Albus le haya pedido una cita. Tampoco entiende por quéha dicho que sí. No es que Albus tenga algo de malo. No lo tiene. Pero nunca seha imaginado saliendo con él, ni haciendo nada que no tenga que ver con elcolegio. Sin embargo cuando Albus le ha preguntado esa misma mañana si querríasalir con él ese fin de semana por Hogsmeade no ha podido negarse.

¿Porqué?

Nolo sabe.

Tansimple como eso: no lo sabe.

Nisiquiera ha pensado la respuesta antes de sus labios se moviesen, siseantes, yaceptasen la invitación del chico. La cara de Albus Potter se ha iluminado.Debe ser que él tampoco creía que aquello fuese a suceder. Alya no searrepiente de haber aceptado. Lo pasa bien con Albus. Es un chico inteligente,agradable, divertido (no al estilo de su hermano, pero lo es)
Y no quiere quepiense cosas que no son. No quiere hacerle daño.

Lamuchacha se coloca bien el dobladillo del cuello de la túnica mientras sedirige al Gran Comedor para la cena. Los pasillos de las mazmorras estándesiertos, porque ya es algo tarde. La mayoría de sus compañeros y compañerasestarán cenando hace rato, pero ella ha tenido que ir a dejar sus cosas aldormitorio después del entrenamiento, luego se ha entretenido mirando un libroque tiene que devolver mañana a la biblioteca, posiblemente porque susubconsciente está haciendo todo lo posible por evitar encontrarse con Albus. Yes una tontería, claro, porque lo verá tarde o temprano.

- Haworth.

Loque no espera Alya es encontrarse de frente con el hermano mayor de su cita.Con James. Con James Potter y su cabello revuelto. Con James Potter y suslabios fruncidos. Con James Potter y sus ojos del color del café solo ycaliente.

 

Porquehace mucho tiempo que Alya se ha fijado en esos ojos. Quizás lo hizo la primeravez que lo vio, el primer uno de septiembre que partió hacia Hogwarts. O quizáslo hizo mucho después, pero en realidad eso no importa. No importa porque nadienunca sabrá que Alya se fija en los ojos de James Potter, ni que hay momentosde flaqueza en los que ha llegado a encontrar encantadora su manera derevolverse el pelo, y tampoco que tiene su aroma clavado en algún lugar delcerebro. Y basta que Potter haya estado allí un segundo antes para que ella losepa. Porque lo sabe. Porque se le acelera ligeramente el corazón cuando elolor de James Potter - que para ella es diferente de todos los demás - invadesu nariz. Y nadie sabrá esto porque se avergüenza. ¡Es Potter!

Esel engreído de James Potter, y ella no debería sentir nada que no fuese la másabsoluta indiferencia por él.

- ¿Qué ocurre, Potter? - Pregunta Alya conla duda reflejada en el rostro.

PeroJames Potter no contesta nada y cuando llega hasta ella la coge sin ningúnmiramiento del brazo y la arrastra hacia un pasillo más pequeño donde hay uncuarto de escobas.

- ¿Qué haces?

Elbuscador cierra la puerta. La oscuridad se disipa enseguida, porque tanto Alyacomo James encienden las puntas de sus varitas y se miran a los ojos. Y Alyapuede sentir que le fallan las piernas, pero tiene que mantenerse firme. Eso.Firme.

- ¿Qué coño es eso de que vas a salir con mihermano? - Pregunta Potter a bocajarro.

Alyapestañea. No se sorprende por la brusquedad con que le habla su acompañante.Está acostumbrada a eso. Incluso cree que es una de las cualidades másadmirables de James Potter: la de decirte las cosas tal y como las siente. Loque pasa es que no esperaba que el mayor de los Potter fuese a buscarla a lasmazmorras y a pedirle explicaciones por algo así.

- ¿Perdona?

- ¿Eso es todo lo que vas a decir?

- Es que no sé qué quieres que te diga. -Alya se encoge de hombros - Voy a salir con tu hermano, sí.

- ¿Y lo dices así sin más? ¡Ala! ¡Voy asalir con tu hermano!

Alyaalza las cejas, sorprendida y hasta divertida en parte por la reacción delbuscador de Gryffindor.

- ¿Cómo quieres que lo diga?

- ¿Por qué has aceptado?

- ¿Y por qué no iba a hacerlo? - Alyaentrecierra los ojos.

- Porque es MI hermano.

- ¿No me digas? Ya había notado eso. Sellama Potter de apellido. - Y utiliza su tonito. Ese tono de sabionda quetantos dolores de cabeza le ha traído siempre.

- ¿Encima te haces la lista conmigo?

- Contigo no hay que hacerse la lista. Nohay necesidad de ello.

JamesPotter toma aire para conseguir tranquilizarse y le apunta con un dedo.

- Te estás pasando de la raya, Haworth.

- ¿Ah, sí? ¿Por qué exactamente? ¿Porque hehecho algo que te ha molestado?

- Mira, Albus es mi hermano y tú eres mi
archienemiga.

- ¿Tu archienemiga? - Alya suelta unacarcajada falsa - Me siento halagada. - Se lleva una mano al pecho con gestoteatral.

- ¡Solo le has dicho que sí para molestarme!¡Estoy seguro!

- ¿Para molestarte? ¡Merlín! ¡¿Pero cómopuñetas puedes ser tan egocéntrico?! ¡No eres el ombligo del mundo, Potter!

 

- ¿Y por qué lo haces entonces?

Alyaabre la boca con sorpresa. Y también los ojos. Sus bonitos ojos verdes ycuriosos que arrancan más de un suspiro aunque ella no lo sepa aún, pero quesin duda han comenzado a despertar el interés de las calenturientas mentesmasculinas que pululan por Hogwarts.

- Puede que sea porque tu hermano es unchico encantador e inteligente con el que me apetece salir. ¡Sí, creo que espor eso, fíjate!

YJames Potter parece quedarse de piedra. Nunca ha visto esa nota de desconciertoen sus ojos. Alya siente un placer indescriptible cuando la boca del chicocomienza a abrirse y cerrarse sin emitir sonido alguno.

- ¿Eso es todo? Me gustaría ir a cenar.

AlyaHaworth alza la mano hacia el pomo de la envejecida puerta, pero al parecerPotter no se da por vencido y le agarra la muñeca.

- Te prohíbo que salgas con mi hermano.

Ahoraes ella quien se queda muda de sorpresa. Bueno, más que de sorpresa deberíadecir que se queda muda de indignación. Con todo el carácter que Alya Haworthcondensa en su pequeño cuerpo se gira y mira a James directamente a los ojos.

- ¿TÚ me prohíbes a MÍ que salga con Albus?

- Eso es lo que he dicho, sí. - Dice Potter,alzando la barbilla con chulería.

- ¡Pfff! El día que tú puedas prohibirmealgo yo seré Primera Ministra de Magia, Potter.

Yasí, con esa sentencia clara y concisa, Alya da por terminada la discusión.

**

JamesSirius Potter rechina los dientes cuando ve a Alya Haworth fuera del castillo.La chica está sentada sobre un murete de piedra que hay a unos metros de lapuerta, junto a un robusto roble. Y rechina los dientes porque tiene quereconocerse a sí mismo - jamás lo confesará en voz alta - que está guapa. Muyguapa.

Llevael cabello, negro y lacio, completamente suelto. No le llega más allá de loshombros y juguetea con sus puntas distraídamente mientras mece los pies deforma rítmica. Además, se ha puesto una falda ceñida y demasiado corta de colornegro y uno de esos jerséis de punto fino de un bonito tono verde - a juego consus botas - con el cuello muy ancho. Tanto que le deja los hombros, de aspecto frágil,totalmente a la vista. Y como hace frío también lleva un abrigo negro que combinacon su falda y con sus leotardos.

- Ahí está la futura esposa de tu hermano. -Ríe Fred a su lado.

- Cállate Fred. - Gruñe James.

- Hoy está muy guapa.

- ¿Guapa? Por favor, Fred. Hagrid con untutú estaría más guapo que ella.

Fredsuelta una carcajada, pero James no sonríe. No sonríe porque
¡joder! ¡Porquetiene razón! Albus va a alucinar cuando la vea. Si ya le gusta cuando no poneningún cuidado en parecer una chica, ahora que lo parece, y mucho, va a caer por completo rendido a sus pies. Y James no puedeconsentir eso.

Silo piensa detenidamente, la daría exactamente igual que saliese con otra chicade Slytherin, pero ¿con ella? ¿¡CON ELLA!?

- Bueno, te dejo con tu drama familiar. -Dice Fred - Leslie me espera.

LeslieShackport es la cita de Fred. Una chica flacucha que se ríe como una cacatúa yque tiene un año menos que ellos. A veces se pregunta seriamente por el gustode su primo para elegir ligues.

Contratodo pronóstico, Haworth no ha debido contarle a su hermano nada de laconversación que tuvieron en el armario de las escobas. Si lo hubiese hecho, suhermano habría ido como loco a pedirle explicaciones. Le sorprende que Haworthno se haya chivado, sin duda una de sus actividades favoritas. Sobre todocuando se trata de él.

 

Nopasa un minuto desde que Fred ha desaparecido cuando ve a su hermanoacercándose a Haworth. Idiota, piensaJames. Tal y como ha imaginado, Albus pone esacara. Ya sabéis, la cara que se te queda cuando ves a la persona que tegusta deslumbrante. Cara de lelo,diría James, y posiblemente tenga mucha razón.

- Ya estamos.

Jamesaparta la vista para poder mirar a sus nuevos acompañantes. Lorcan y Lysander.El primero sonríe con entusiasmo. El segundo, como siempre, parece mucho másserio. No es que Lysander sea uno de esos tíos remilgados. No lo es. Pero aJames le gustaría que de vez en cuando se soltase un poco y se pareciese más aellos. Aunque claro, ¿quién le recordaría que tiene que hacer los deberes? ¿Yquién le aconsejaría que no hicieses cosas como meterse grageas de todos lossabores por la nariz?

Lostres chicos se ponen en marcha hacia Hogsmeade, pero James no pierde de vista asu hermano. Se ha propuesto estropear aquella cita y vaya si lo va a conseguir.

-
pero si lo miras bien cambia de color. Esun efecto causado por un hechizo. - Dice Lysander, mostrándoles la última desus hazañas. Conseguir camuflar cualquier bebida como si fuese agua - Aún estoyretocando el hechizo. Es difícil, ¿sabéis? Porque cada bebida tiene sus propiascaracterísticas. Sería más fácil convertirla directamente en agua, peroentonces no sería tan divertido.

Yahí está. Esa es la parte buena de Lysander. Cierto es que todo lo que élentiende por divertido conlleva realizar difíciles encantamientos o estudiardurante horas, pero después sabe cómo aplicarlo todo a lo más cotidiano. Jamesestá bastante interesado en ese hechizo que Lysander está aprendiendo acontrolar. Se imagina lo útil que debe ser camuflar una cerveza de mantequillacomo si fuese agua y poder beber en clase sin que te llamen la atención. Porqueclaro, tan solo cambias su color, sin embargo mantienes su sabor, su aroma ysus efectos.

- Es genial Lys. - Dice Lorcan, dando untrago a su cerveza de mantequilla encantada, aunque aún mantiene ligeros tonosamarillentos.

Lysandersonríe, complacido.

- Podrías enseñárnoslo. - Aventura James.

- Sí. Si queréis
- Lysander se encoge dehombros.

- Ahí está tu hermano. - Señala Lorcan.

Jamesse gira un poco para poder ver que, efectivamente, Albus y Haworth acaban de haceraparición en las Tres Escobas. Alya Haworth parece radiante. Sonríe más de loque James está acostumbrado a ver y, las cosas como son, no le queda mal. Tieneuna sonrisa bonita y dulce. ¿Dulce?Haworth no puede ser "dulce". Todo lo hace para encandilar aún más a Albus.Puede que engañe a su hermano, pero no a él.

- ¿Queréis que vayamos a saludarlos? -Pregunta James con tono inocente.

- ¿Saludarlos? - Lysander arruga la nariz -Creo que están teniendo una cita, James.

- Bueno, solo va a ser un momento. Lossaludamos y nos vamos.

- Guay. - Asiente Lorcan, que parecesospechar de las intenciones de James.

Yya está decidido. James se pone en pie y camina en dirección a la mesa queocupa su hermano menor. La cara que pone Haworth cuando se percata de supresencia es un poema. Y James disfruta. Disfruta porque, por algún extrañomotivo, le gusta saber que su mera existencia es una provocación para laslytherin.

 

- Hola, chicos. ¿Lo estáis pasando bien?

Albusse gira para mirar al recién llegado. Su gesto es de desconcierto total.

- James

- Hola. - Dice Lorcan a su lado.

Lysander,sin embargo, prefiere observar desde su mesa.

- ¿Qué hacéis? - Pregunta James con gestoafable.

- Pues
íbamos a
tomar unas cervezas demantequilla. - Dice Albus con reparo.

- ¿Ah, sí? Nosotros también estamos tomandounas cervezas de mantequilla.

- Guay. - Dice Albus con cara decircunstancias.

- ¿Sabéis lo que estaría bien? - Pregunta Lorcan- Que nos tomásemos algo toooodos juntos.

- No sé, Lorcan, no creo que
- comienza adecir Albus.

- ¡Sí! ¡Es una idea estupenda! - Exclama James.

- No, oíd chicos, esto

- ¿Y qué tal las clases? - James interrumpea su hermano y toma asiento junto a Haworth - ¿Sabes que el otro día el calderode tu amiga saltó por los aires?

Lorcan,por su parte, ha vuelto a la mesa que antes ocupaban para coger sus cosas yavisar a su hermano.

- No saltó por los aires. - Señala Alya -Creo que le cayó algo y la reacción con la poción dio como resultado un gastóxico.

- Puede que hicieses mal la poción. - Opina James.

- No lo creo.

- ¿Por qué?

- Porque a diferencia de ti, siempre pongocuidado en seguir todos y cada uno de los pasos como explica el profesorSlughorn.

- Yo también sigo los pasos. - Asegura James- Es que a veces Slughorn pone mal las instrucciones.

- ¿Ah, sí? ¿Y por qué a mí me salen bien laspociones y a ti no?

- Porque tú eres una listilla. Por eso. Telas sabes todas de memoria y cuando Slughorn las pone mal tú no le dices nada.

- ¿Y por qué no iba a hacerlo?

- Para destacar.

Jamessonríe y sus ojos se encuentran con los de Haworth, que exhala un suspiro cansadopero demasiado falso como para que el mayor de los Potter se moleste por él.Albus aprovecha el pequeño silencio que se ha creado para hablar.

- Oye, James, no es que no quiera que estéisaquí pero
es que a Alya y a mí nos gustaría
estar solos.

- ¿Solos? - James los mira con fingidasorpresa - ¿Es que esto es una cita, Al?

Alyaa su lado alza las cejas. Sin duda debe estar preguntándose cómo demonios tienetanto morro como para fingir que no sabía que aquello era una cita, sobre tododespués de su "conversación".

- No. Bueno, sí
no
es algo
parecido
es
- Balbucea su hermano.

- Pues si no es una cita no veo por qué nopuedo quedarme. ¿A ti te molesta que me quede, Haworth?

- A mí me molestas siempre, Potter.

- ¿Ves? No hay ningún problema. - Sonríe James.

- Aquí traigo nuestras cervezas demantequilla. - Dice Lorcan, que acaba de llegar seguido por Lysander.

- Hola Albus, hola Alya. - Dice el menor delos Scamander - No queremos molestar.

- Pues verás, Lysander
- empieza a decirAlbus.

- ¡No molestáis hombre! - Exclama James contodo el descaro del que suele hacer gala - Venga, sentaos. Haworth estabacontándonos que hace trampas en Pociones.

- ¡Yo no he dicho tal cosa! - Replica lachica.

 

- Oh, sí. Sí que lo has dicho. - Sonríe James.

Ysonríe de verdad. Desde lo más profundo de su corazón, porque como siempre,James Sirius Potter se ha salido con la suya.


Hola!! =D
Pues nada, aquí os dejo otro capítulo/viñeta. Espero que os guste mucho, mucho. Y ya sabéis, tanto si os gusta, como si no, me lo podéis decir =) Muchas gracias a tod@s l@s que comentáis y a aquell@s que han agregado esta historia a favoritos.
Nos vemos en los comentarios!! ;)
Besos!! ^^

ROMPECORAZONES ALYA HAWORTH

JamesSirius Potter mira distraídamente al frente de la clase. Sus ojos recorren comoquien no quiere la cosa la silueta de Alya Haworth, que habla desde la cabeceradel aula de Pociones sobre la actividad que tendrá lugar ese fin de semana paratodo aquel que quiera apuntarse: Hagrid les llevará de excursión al BosqueProhibido. Bueno, quizás excursión no sea el término adecuado, pero en esenciaes eso lo que van a hacer.

Elprofesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, Tylor Wood - gran amigo de Hagrid -ha propuesto la actividad hace unos días. Hagrid ayuda normalmente al señorWood, y como Guardabosques que es, conoce todos los rincones de los ampliosterrenos del colegio, ¿quién mejor que él para mostrarles los lugares dondehabitan algunas de las criaturas que deben estudiar para sus TIMOS?

-
Así que solo necesitáis una autorizaciónde vuestros padres, que debe ser entregada a cualquiera de los prefectos dequinto curso antes del viernes. - Dice Haworth, uniendo sus manos sobre lafalda gris plisada del uniforme.

Ysin querer, porque es totalmente involuntario, James se entretiene contemplandolas piernas de la chica, enfundadas en unos gruesos leotardos verdes. Losuniformes son lo peor del mundo. James los odia.

- ¿Alguna pregunta? - Haworth barre lamirada con la clase.

Unaschicas que hay sentadas delante de James se ponen a cuchichear, aunque no sonlas únicas que lo hacen. Muchos dedican unos segundos a compartir opiniones, yesto es tomado por Haworth como una invitación a volver a su asiento. Sinembargo, Bill Simons, que está unos pupitres más adelante, en el lado contrariodel aula, alza la mano hacia el techo. El profesor Slughorn le cede la palabraapuntándole con un dedo.

- ¿Te apetece que salgamos este fin desemana? - Le pregunta Simons a su amiga, y sonríe con su cara de idiota.

Todoel mundo comienza a cuchichear más deprisa. Algunas chicas abren mucho los ojosy los miran alternativamente, arrimando la cabeza a su compañera de pupitre.Uno o dos chicos ríen por lo bajo, seguramente les hace gracia el atrevimientode Simons. Incluso Slughorn sonríe suavemente. Debe haberle parecido muy tiernaaquella petición. James no se da cuenta, pero se ha cruzado de brazos y aprietauna de sus manos de forma inconsciente. Sin embargo, se relaja cuando ve queHaworth pone los ojos en blanco y menea la cabeza antes de volver a su pupitre.

- Espero que tenga usted suerte, señorSimons. - Dice Slughorn con gesto afable - Y ahora prosigamos con las pocionescurativas de nivel medio. El otro día os decía que

Jamessigue a Alya Haworth con la mirada. La chica se sienta junto a Simons y le daun manotazo en el brazo. Su amigo ríe por lo bajo y se le acerca peligrosamentepara decirle algo al oído. Haworth vuelve a menear la cabeza, pero James nopuede ver su rostro, así que no puede imaginar ni remotamente lo que estápasando.

 

- James
- canturrea su primo Fred -¿Quieres prestarme atención y dejar de mirar a Haworth?

Suficientepara que James se ponga a la defensiva.

- ¿Qué coño dices? Yo no estoy mirando aHaworth. Miraba al imbécil de Simons, ¿te enteras?

- Claro, lo que tú digas, tío. - Y Fredsonríe con cierta ironía.

- ¿Estás insinuando algo?

- ¿Yo? - Fred niega, haciendo un ademán decompleta ignorancia.

- Eres un gilipollas. - Susurra James,mirando a Slughorn sin enterarse de nada de lo que dice. Pero no puedeconsentir que Fred piense cosas que no son, así que lo mira una vez, y otra, yhasta una tercera, antes de volver a hablar - ¿Por qué iba a mirarla?

- ¿Y yo que sé? - Fred se encoge de hombros- A veces lo haces. Lo de mirarla, digo.

- ¿Qué? - James frunce el ceño - Eso esmentira.

- ¿Y por qué te quedas mirándola como unimbécil?

- ¡Que no me quedo mirándola! - Intentasusurrar, consiguiéndolo a duras penas.

- Sí que lo haces. - Le contradice Fred -Ayer, sin ir más lejos, al finalizar la clase de Transformaciones

- ¡No! - Exclama James en un susurro,cortando a su primo - Yo no miro a Haworth, es solo que no soy ciego, ¿vale? Esnormal mirar alrededor, y si mis ojos por casualidad pasan por donde está ella,¿qué quieres que haga? - Recita con vehemencia.

- Bueno, vale, no te pongas así. - Fred abrelos ojos y alza las cejas - No sabía que ibas a darle tanta importancia.

Jamesvuelve a mirar hacia el frente, donde Slughorn continúa hablando. No es capazde concentrarse, así que no oye lo que dice su viejo profesor. Se limita atorcer el gesto, dándole aún vueltas a todo lo que le ha dicho su primo. ¡Peroqué gilipollas es Fred!

Paseala vista entre sus compañeros de aula distraídamente - cualquier cosa con talde no prestar atención a las explicaciones de su profesor - y de nuevo, comopor casualidad, sus ojos reparan con pereza en la negra cabellera de Haworth,que toma apuntes frenéticamente. Aparta la vista con la misma rapidez con queuna mano se retira del fuego. Espera que Fred no le haya visto.

**

AlyaHaworth recorre el pasillo que lleva a la biblioteca con parsimonia. Deberíaestar ya allí, estudiando Encantamientos y haciendo las redacciones que les hamandado Binns para la semana siguiente, pero es que está muy cansada y no leapetece mucho sentarse en la soporífera sala a leer manuales aburridos. Sinembargo, no tiene otra opción.

- Hola, preciosa.

Billacaba de llegar junto a ella. Debe haberla seguido muy sigilosamente por elpasillo, porque ni siquiera ha escuchado sus pasos acercándose desde suespalda, aunque claro, las voces de algunas personas que pululan y conversantranquilamente por el pasillo debe haberla despistado.

- Hola. - Alya alza la vista paraencontrarse con la sonrisa de Bill - ¿Qué haces tú por aquí?

- Voy a la biblioteca. Como tú.

- ¿Y eso? ¿No decías que la biblioteca es unrollo? ¿No tienes que ir a darte el lote con ninguna chica al baño del sextopiso?

- ¿Eso que detecto son celos? - Y los ojosde Bill se entrecierran chispeando maldad.

- ¡Pfff! - Es lo único que Alya es capaz dearticular - ¿Has practicado Transformaciones? - Pregunta, cambiando de tema.

 

- No. Había pensado que podrías echarme unamano esta tarde. - Bill le echa un brazo por los hombros y la acerca a él -¿Qué me dices?

Alyaacepta con un bueno, aunque se te vanacumulando los favores que me debes. Y Bill sonríe más aún, sonríe tantoque sus ojos - que son del color del caramelo líquido - se entrecierran ligeramente.Su amigo tan solo le quita el brazo de los hombros cuando llegan a la puerta dela biblioteca, abriéndola con ademán gentil y permitiéndole el paso. Alyasonríe, porque Bill se pone muy teatrero y le dedica incluso una reverencia. Unavez dentro, encuentran a Markus en una mesa que hay hacia el final de la ampliasala de lectura, junto a las estanterías de manuales generales. Está solo. Billla sigue, pasándose la mano por los dorados cabellos, que ha dejado crecerdemasiado.

- No sabía que estarías aquí. - SusurraAlya, sentándose junto a Markus.

- Quería terminar el trabajo para elprofesor Longbottom.

- ¿Eso no es para el mes que viene? -Pregunta Bill, frunciendo el ceño.

- Sí, pero cuanto antes lo termine, mástiempo libre tendré. - Explica Markus.

- No esperamos que lo entiendas, Bill. -Sonríe Alya con gesto burlón.

- Bah, aún queda mucho para entregarlo

Alyasuspira. Bill es de esos que lo dejan todo para el último momento. Ya le pediráayuda cuando queden tres días para la entrega de trabajos.

Derepente, un murmullo de risitas ahogadas llega hasta sus oídos, cuando ya hasacado sus libros y apuntes, preparada para empezar a trabajar. Alya alza lavista y comprueba con cierta angustia que Markus ha tenido el tino - aunque muyprobablemente lo haya hecho a propósito - de sentarse justo frente a Potter ysus amiguitos, que cuchichean con las cabezas muy juntas. Lysander Scamander esel único que parece haber ido allí a estudiar, a juzgar por lo apretados quemantiene los labios y la mirada mordaz que le dedica a sus amigos.

EntoncesAlya recuerda que debería hablar con Lysander para cambiar la guardia delviernes, porque esa tarde tiene entrenamiento de quidditch y Lysander es elúnico de los prefectos a los que Alya puede pedirle un favor. Aparte de Bill, claro, que también es prefecto, pero tiene el mismo horario de guardia que ella. No es que selleve mal con el resto de sus compañeros, pero no tiene la confianza suficientecomo para pedirles que le cambien el turno de guardia. Con Lysander,curiosamente, siempre se ha llevado muy bien, y aunque sus respectivasamistades no lo sepan, se consideran buenos amigos mutuamente.

- Oíd, voy a hablar un momento con Lysander.- Le susurra Alya a sus amigos.

Markussimplemente asiente. Bill, por su parte, alza la vista y mira con recelo a lamesa donde los gryffindor continúan riendo por lo bajo. Tienen suerte de que lavieja bibliotecaria, la señora Pince, haya salido, de lo contrario ya loshabría echado con un buen tirón de orejas. Su amigo no dice nada, pero noparece especialmente entusiasmado. Sin prestar atención a esto, Alya se pone enpie y se dirige a la mesa de los cuatro chicos de Gryffindor que tiene delante.

Pottery Weasley la miran fijamente en cuanto la ven acercarse a la mesa que ocupan.Lorcan Scamander, que no puede verla llegar porque le da la espalda, les cuentaalgo sobre la profesora de Aritmancia, pero debe notar que algo sucede, porquese calla de repente y mira hacia atrás, allí donde miran sus dos amigos.

 

- Hola, Lysander. - Murmura Alya, intentandoignorar la mirada inquisitiva de Potter - ¿Puedo hablar contigo un momentosobre las guardias?

- Claro. - Lysander se pone en pie.

- Uuuuuuuh. - Canturrea Potter, demostrandolo infantil que es.

Elotro gemelo Scamander y Weasley se ríen por lo bajo, sin quitarles los ojos deencima. La buscadora prefiere hacer oídos sordos a aquellos tres mentecatos,pero se molesta en lanzarles una mirada desafiante, sobre todo a Potter, que seha echado hacia atrás en su asiento y la observa con una sonrisa torcida en loslabios. Alya camina detrás de Lysander hasta el primer pasillo de estanterías,de modo que pierde de vista a los otros tres gryffindor.

- Dime. - Lysander la mira atentamente.

- Sé que vas a decir que soy una cara dura,porque siempre estoy pidiéndote favores con las guardias, pero ¿podríamoscambiarnos el turno de este viernes? - Alya une las manos delante de su pecho yalza las cejas - Es que tengo entrenamiento a las cinco, así que me coincide, ycomo tu guardia es a las siete, yo ya habría terminado.

- Está bien. - Contesta Lysander - Asíterminaré antes y podré tener el resto de la tarde libre.

- Muchas gracias. - Sonríe Alya.

- No hay de qué. - Contesta Lysander.

CuandoAlya vuelve a su mesa, Bill la está mirando, balanceándose sobre las patastraseras de la silla.

- ¿Qué has ido a decirle a Scamander? -Pregunta Bill con interés.

- ¡Qué cotilla! - Alya sonríe - Solo le hepedido un cambio de guardia el viernes, para poder ir a entrenar.

- Ah. - Dice Bill, dejándose caer haciaadelante y sonriéndole de medio lado - Es que últimamente estás muyrompecorazones y me preocupa que pueda gustarte ese tío. Es muy rarito.

- ¿Rompecorazones? - Alya alza las cejas -Lysander es un amor - Susurra, ignorando todo eso de que es una"rompecorazones". Sabe muy bien que lo dice por la cita que tuvo con Albusantes de Navidad - ¿Y cómo puedes pensar que me gusta? Solo somos compañeros enel cargo de prefectos y es con el que mejor me llevo, la verdad. Aparte de tí, Bill. - Añade enseguida, cuando ve a su amigo entrecerrando los ojos.

- La pregunta no es esa, Alya. - IntervieneMarkus - ¿Por qué te preocupa que pueda gustarle Lysander?

Elchico de castaños cabellos sonríe ligeramente y entrecierra los ojos cuandomira a Bill, sentado frente a él. El rubio slytherin le lanza una intensamirada a Markus, como si estuviese diciéndole algo solo con ese gesto. Alyamira a uno y después a otro.

- Es mi mejor amiga, Mark. Es normal que me preocupepor ella, ¿no crees? - Y recalca más de lo normal ese "no-crees".

- Creo que te preocupas demasiado. - Markustambién acentúa el "demasiado", sonriente.

- Sí, te preocupas demasiado. - CoincideAlya - Además, cuando me guste un chico os prometo que seréis los primeros ensaberlo.

Billdeja de mirar a Markus. Sus ojos castaños se vuelven hacia Alya unos segundos,luego vuelven a mirar a su amigo y finalmente regresan a ella.

- Yo creía que te gustaba Potter. - SusurraBill.

AAlya se le congela la sangre y el corazón se le detiene una milésima de segundoantes de comenzar a latir como un caballo en plena carrera. Abre la boca y losojos con evidente expresión atónita. Mira a Markus. Mira a Bill. Parpadearepetidas veces mientras piensa que es probable que haya mirado a James Pottermás de lo habitual últimamente, pero no le gusta
No le gusta, ¿verdad? Solopiensa que es mono a su manera. Es innegable que es un chico muy guapo y quetiene unos ojos muy bonitos, pero eso no significa que le guste, ni que estéenamorada, ni nada que se le parezca.

 

- ¿Potter? - Pregunta, recuperando la vozpor fin - ¡A mí no me gusta Potter!

- ¿Segura? - Pregunta Bill, alzando lascejas.

- ¡Pues claro que estoy segura! - Exclama enun murmullo, porque la señora Pince acaba de reaparecer y no quiere que la echede la biblioteca, pero es que nota cómo le va subiendo el color a las mejillas- ¿Cómo podría gustarme ese estúpido de James Potter?

Markusy Bill se miran entre ellos antes de volver la vista en su dirección.

- ¿James Potter? - Pregunta Markus,frunciendo el ceño.

- Me refería a Albus. - Susurra Bill.

- ¡Oh! ¡Albus! - Alya sabe que sus faccionesdeben parecer sorprendidas. Ni siquiera había pensado en que podrían estarhablando de él, así que esboza una sonrisa nerviosa, temiendo que su repentinolapsus pueda llevar a Bill y Markus a imaginar que Alya piensa James Potter - No.No me gusta Albus - Niega con rápidos movimientos de cabeza.

Bajalos ojos de nuevo a su manual, clavándolos en la palabra encantamiento, como si no acabase de ponerse histérica ante laposibilidad de que sus dos amigos hayan intuido que algo le sucede con JamesPotter. Markus y Bill se han quedado muy callados, pero Alya teme inclusolevantar la cabeza y encontrarlos observándola con semblante atónito. Y es poreso, porque Alya no vuelve a alzar la vista, que no puede ver el gestocontraído de Bill mirando más allá de ella, a su espalda, al sonriente JamesPotter que sigue riendo por lo bajo con sus amigos.

**

Cuandollega a la entrada del castillo todos sus compañeros y compañeras ya estánallí. Uno de los prefectos de su curso, un Hufflepuff enclenque y narigudo quese llama Peter Stinks, está hablando a todos los allí congregados sobre lasautorizaciones. Hay alumnos que aún no han entregado las suyas, pero que estánallí presentes y tienen la intención de ir. James, sin ir más lejos, es uno delos que no la han entregado. Podría decirse que es algo despistado y lesescribió a sus padres el mismo viernes. Tiene suerte de que Hedwig II sea una lechuza tan obedientee hiciese el viaje de ida y vuelta en poco más de 24 horas. Puede ver a suprimo Fred, acompañado por Lorcan y Lysander, cerca de Stinks, así que prefierequedarse donde está. Le produce una enorme pereza pensar que tiene que cruzartodo aquel gentío.

Jamesse apoya contra la pared del castillo de medio lado, observando el discurso delprefecto sin prestar la mayor atención. El día ha amanecido soleado, a pesar deque hace un frío que pela. Ni siquiera se siente la nariz cuando pasan unosminutos. Confiando en calentarse las manos, aprieta los puños dentro de losbolsillos, pero nada, eso no lo reconforta. También esconde la nariz y la bocadentro del abrigo que se ha abrochado hasta el último botón.

- Todos los que no hayáis entregado la autorizaciónpero la tengáis aquí, dádsela a Alya Haworth. Los que no la tengáis, no podréisasistir, lo siento. - Dice el hufflepuff - El resto, seguidme.

Jamesalza las cejas y se saca las manos de los bolsillos, sujetando entre sus níveosdedos la autorización de sus padres. Es sorprendente que no haga ni quinceminutos que le ha llegado y ya esté arrugada.

 

Sonpocos los que se acercan a Haworth - que aparece de repente de entre la masacuando esta comienza a descender colina abajo en dirección a la cabaña deHagrid - para entregar su autorización. James ralentiza el paso con la intenciónde quedarse el último. Conforme sus compañeros van entregando la autorización,se apresuran a seguir al resto de su curso, así que James se quedaprácticamente a solas con Haworth en la puerta del colegio.

Lachica alza la vista del pergamino donde una pluma tacha nombres de una lista.James le sonríe con prepotencia y le extiende la autorización, pero cuando lachica está a punto de cogerla, retira la mano con rapidez. Alya Haworth suspiracomo cualquier persona que se está armando de paciencia. James, por su parte,sonríe más ampliamente.

- Bien, si no quieres darme la autorizacióntendrás que quedarte aquí. - Dice Haworth alzando las cejas con cara desabionda.

¡Merlín!¡Odia su cara de sabionda! ¡Odia cuando sus cejas se elevan y su boca se tuerceporque sabe que tiene razón! James vuelve a estirar el brazo para darle elarrugado trozo de pergamino.

- Gra-cias. - Dice Haworth con satisfacción.

- Gra-cias. - Repite James, intentandoimitar su tono impertinente.

PeroAlya Haworth ni siquiera se inmuta ante esto. Guarda el pergamino y la pluma enuna mochila negra que lleva colgada al hombro y sin mediar palabra alguna conél, se dirige hacia la cabaña de Hagrid. James frunce los labios y la sigue,hundiendo de nuevo las manos en los bolsillos del abrigo azul marino que suspadres le han comprado por Navidad.

- Deberías sonreír más a menudo, Haworth,así no vas a conseguir novio en la vida. - Le dice, mirando al frente, allídonde el resto de su curso atiende a las palabras de Hagrid y del señor Wood.

- Es que tú no me haces gracia, Potter, poreso no sonrío cuando estás cerca. - La chica entorna la vista, pero no lo mira- Y tranquilo, tener novio no es una de mis prioridades.

- ¡Tch! - James mueve la cabezanegativamente - Supongo que tienes que autoconvencerte de eso porque sabes quelo tienes muy difícil.

- Tu hermano no opina lo mismo.

Touché,piensa James. Maldita Haworth. Siempre tiene que quedarse encima.

- No ha vuelto a pedirte ninguna cita. -Recalca él.

¡Ja!¡Cómete esa Haworth!

- En realidad sí. - James se queda atónito.¿Albus ha vuelto a pedirle una cita a Haworth? - Le dije que, de momento,prefería que solo fuésemos amigos.

- ¿Rechazaste a mi hermano? - James abremucho los ojos al mirarla - ¿¡Pero a ti qué te pasa!? ¿Es que Albus no es losuficientemente bueno para ti?

- ¿Qué? - Haworth lo mira como si no comprendieselo que acaba de decirle - ¡Pero si te pusiste hecho un basilisco cuando teenteraste de que íbamos a ir juntos a Hogsmeade!

- Ese no es el tema. - Repone James.

- ¡Pffff! - Alya aprieta el paso y cierralos puños.

- ¡Te he hecho una pregunta!

- ¿Y por qué crees que no la he contestado?

- ¿Porque eres tonta? - James se encoge dehombros.

- ¡Porque no es asunto tuyo, Potter!

Jamescasi corre detrás de ella. De acuerdo, su repentino enfado está fuera de todalógica. ¡Por supuesto que no quiere que Al salga con esa estirada, aburrida ygruñona de Alya Haworth! Pero, ¿que lo rechace ella? No, no, no ¡Nadie rechazaa su hermano! ¿Acaso la sosa de Haworth cree que va a encontrar un chico mejorque Al que sea tan ciego - porque su hermano debe serlo y mucho para fijarse enella - como para pedirle una cita? De repente una idea - que llevaba allí muchotiempo - comienza a tomar forma en su cabeza.

 

Simons.

Espor Simons. Seguro. Tiene que serlo. James no se para a pensar por qué suspuños se cierran con fuerza, o por qué frunce los labios con desagrado, ytampoco por qué algo parecido a la rabia le invade el pecho y la boca delestómago. Si se parase a pensar un momento en todo esto, descubriría que lomejor para Albus es que a Haworth le guste Simons, que ambos empiecen a salir yque su hermano se olvide de ella. Eso sería lo más lógico, claro, pero James nopuede reprimir el enfado que se extiende en oleadas por su cuerpo. Es como unpinchazo que le adormece el resto de sentidos. Ni siquiera piensa ya en lossentimientos de Albus, en su cabeza tan solo ha quedado espacio para una únicacosa: A Alya Haworth le gusta Simons.

Yno sabe por qué eso le molesta tanto. Tampoco quiere saberlo.

- Es porque te gusta Simons, ¿verdad? - Suslabios, que no deberían haberse despegado, han lanzado la pregunta al fríoviento de enero, así que ya no hay vuelta atrás.

Haworthlo fulmina con la mirada. A James le gustaría descubrir si tiene razón, tal vezpueda adivinarlo al final de sus pupilas, pero los preciosos ojos verdes de laslytherin le resultan indescifrables.

¿Preciosos? No puede haber nadaprecioso en Haworth.

- He dicho que no es asunto tuyo, Potter. -Repite con calma la chica.

Luegose gira con ademán vehemente y, alzando la barbilla, termina de descender porla colina. James la sigue con la mirada unos segundos. La falda del uniforme deHaworth se mece al son del gélido soplido que recorre los terrenos de Hogwarts,igual que su cabello, que por un día ha dejado suelto de toda atadura. El chicoreanuda la marcha, consciente de que muchos lo observan desde la parte más bajade la colina, esperando a que la prefecta y él lleguen por fin.

Lave acercarse a Markus Hills y a Bill Simons. Este último le dedica una sonrisamordaz y cargada de desprecio antes de girarse para hablar con su amiga. AlyaHaworth menea la cabeza con seriedad, y Bill no duda en pellizcar cariñosamentela mejilla de la buscadora. James vuelve a notar un pinchazo que le recorre elcuerpo desde el pecho hasta los dedos de las manos. Prefiere dejar de mirarlosantes que preguntarse a qué se debe esa desagradable sensación, aunque para sersinceros, James ni siquiera se ha percatado de que el desencadenante siempre esel mismo: ver a Haworth con Simons.

**

- Te lo digo en serio, Alya. - Markus tiraotra piedra hacia el lago - Si yo fuese tú, no dudaría en salir con AlbusPotter. Es tan mono

Alyasuspira. No llega a comprender la obsesión que Markus tiene con los hermanosPotter, pero está irremediablemente colado por los dos. Es una pena que ni aJames ni a Albus le gusten los chicos.

- Te he dicho que Albus es muy mono y todolo que tú quieras, pero es que
- Alya se encoge de hombros - Es que para mísolo es mi amigo.

- Supongo que te van los chicos menossensibles que Albus, como su hermano, por ejemplo.

 

Alyaabre la boca ligeramente y parpadea repetidas veces, como si acabasen delanzarle un cubo de agua fría sin previo avisa.

- ¿Perdona? - Intenta recomponerse y mira asu amigo con gesto de dignidad - ¿Qué es esa tontería que acabas de decir?

- Oye, Alya, conmigo no hace falta que finjas.- Le dice el chico, sonriendo de medio lado.

AAlya siempre le sorprende lo masculino que es su amigo, por eso muy poca gentesabe que en realidad no le gustan las chicas. Todos sus movimientos, susonrisa, la forma en que camina o la pose que adopta al sentarse
Todo hacepensar a la gente que es heterosexual. Alya piensa que es una forma más deetiquetar y discriminar a una persona. ¿Por qué un chico afeminado tiene másprobabilidades de ser gay? Menuda tontería

- No finjo nada. - Asegura Alya - Estásdiciendo tonterías.

- Ahora no está Bill, puedes confesarme quete gusta James Potter.

- ¡Por supuesto que no me gusta! ¿Estásloco? ¿No has visto que siempre estamos discutiendo?

- Empiezo a pensar que eso tiene que ver conque os gustáis mutuamente.

- ¡Que no! - Alya cierra los puños, mirandoa su amigo con el ceño fruncido - ¿¡Cómo puedes pensar semejante cosa!?

Markusse encoge de hombros antes de tirar otra piedra al lago con una fuerzaimpresionante.

- La verdad es que siempre pensé queterminarías con Bill, pero ahora estoy dudando.

- ¿Con Bill? - Alya alza las cejas.

- ¿No me digas que no te has dado cuenta deque le gustas?

- Estás de broma, ¿verdad? Todo sobre las islas canarias

Markussuspira y se gira hacia ella.

- No puedo creer que seas tan lista paraunas cosas y para otras
no te enteres de nada.

- ¿Él te ha dicho eso? - Pregunta Alya, quepuede sentir las pulsaciones de su corazón en los oídos y la garganta.

- No hace falta que me lo diga. Compartimosdormitorio desde que tenemos once años y los dos somos amigos tuyos. - Elcastaño sonríe con ademán liviano - Siempre lo he sabido.

Laprefecta toma aire en silencio, observando los ojos oscuros de Markus. Élsuelta una carcajada divertida. No sabe qué le hace tanta gracia, ¡aquello noes para tomárselo a broma!

- ¡Pero mira que cara se te ha quedado! -Ríe él - ¿En serio nunca imaginaste, ni siquiera de pasada, que le gustas aBill?

Alyaniega lentamente.

- Creo que no eres consciente de lo preciosaque eres, Alya, ni de todas las cualidades que tienes. Cualquier chico quepasase contigo tanto tiempo como Bill caería rendido a tus pies. - Markus ladeala cabeza - ¿Nunca te has dado cuenta de que deja todo lo que tenga que hacerpara estar contigo cuando lo necesitas?

- Somos amigos. - Murmuró Alya.

- Sí, amigos
Si tú tuvieses una cita y yote dijese que si quieres venir conmigo al lago, ¿qué me dirías?

Alyaentreabrió la boca. ¿Así que Bill tenía una cita la semana pasada, cuando lesugirió que podrían dar un paseo, y plantó a una chica para ir con ellasimplemente a caminar?

- Bueno, no le diremos a Billy que hemoshablado de esto, ¿de acuerdo? - Markus la empujó ligeramente para que caminasede nuevo en dirección al castillo - Si lo hacemos, me matará. Solo te lo hedicho porque no quiero que le hagas daño
Aunque no lo parezca, Bill es unchico sensible.

Elviento sopló furiosamente, arrojando sobre ellos ramitas, hojas y hasta algúncopo de nieve, lo que indica que una tormenta de nieve está a punto dedesencadenarse, así que Markus y Alya corren a refugiarse al castillo, igualque hace mucha gente. Muchas voces y risas se escuchan a su alrededor en lagran entrada principal, Markus le sugiere que bajen a la Sala Común hasta lahora de la cena y Alya asiente sin prestar mucha atención. En su mente estánapareciendo unos tras otros momentos en los que Bill le ha dicho lo guapa queestaba, le ha acariciado suavemente o le ha insinuado que podrían salir
Siempre ha pensado que era una broma por parte de su amigo, porque jamás habríaimaginado que podría ser el tipo de chica que le gusta a Bill.

 

Ahora,después de saberlo todo, se siente rara. No sabe si podrá mirar a Bill con losmismos ojos. No sabe si será capaz de fingir delante de él.

**

- ¡Joder, tío! ¡Qué asco! - Grita Lorcan entrerisas en medio de la Sala Común de Gryffindor.

Jamesmira a su primo, horrorizado a la par que asqueado por lo que acaba de oír.Unas chicas que hay sentadas junto a la ventana de la Torre los miran unossegundos antes de volver a sus quehaceres.

- Pues sí. - Fred asintió lentamente - Hasido bastante repulsivo.

Suprimo acaba de contarles lo que le ha pasado al besar a una chica con la quehabía quedado. Al parecer la muchacha no llevaba muy bien el tema de la higienebucal, y para colmo de mares metía demasiada lengua. Fred les ha asegurado quecasi vomita y que no tenía manera de escabullirse hasta que Lorcan, porcasualidad, ha pasado por allí.

- Así que me debes una. - Le recuerdaLorcan, dándole un pequeño puñetazo en el hombro.

- Eso te pasa por quedar con cualquiera.Tienes un gusto muy raro para las chicas. - Dice James, repantingado en elbutacón de orejas rojo que hay junto a la chimenea.

- Siempre estás igual. - Se queja Fred -¿Cómo iba a saber yo eso?

- Podrías haber hablado un poco con ellapara ver si le cantaba el aliento. - Aventura Lorcan.

- Lo que pasa es que estás celoso porqueligo más que tú. - Fred alza la barbilla con gesto triunfal y sonríe conaltanería.

- ¿Tú? ¡Pero si te lías con todas las feas!

- ¿Feas?

- Un poco feas sí que son. - IntervieneLorcan - Algunas más que otras pero

- ¿Con cuántas te has besado tú?

Jamesno necesita pensar mucho. Solo se ha besado con dos chicas: Mary White - locual no tiene mucho mérito porque el 75% de los chicos de Hogwarts lo han hecho- y, para su vergüenza, con Alya Haworth. Aún se pone furioso cuando recuerdaque Alya Haworth - la tonta y estúpida de Alya Haworth - le robó su primerbeso. ¡Se siente ultrajado! ¡Violado! ¡Lo besó contra su voluntad! ¡Deberíanmeterla en Azkaban por eso! Por supuesto, nadie lo sabrá nunca.

- Pues con muchas, - asegura James dándoseaires - lo que pasa es que yo no necesito ir pregonándolo, como tú. Yo soy uncaballero.

- ¿Ah sí? ¿No será que lo que sucede es quela única chica que te ha besado, y en la mejilla, es tu hermanita pequeña? -Fred ríe con sorna.

- Lily es muy guapa. - Dice Lorcan derepente, moviendo la cabeza rítmicamente.

Fredy James parecen olvidar de repente todo el asunto de los besos y las chicas,pasando a fijar toda su atención en Lorcan Scamander, que asiente con unasonrisa bobalicona en los labios.

- ¿Qué has dicho? - Pregunta James.

- Que tu hermana es guapa. Cuando sea mayorse le van a pegar los chicos como moscas.

 

- ¿Te has fijado en mi prima de doce años,pedazo de capullo? - Fred frunce el ceño - Eres un depravado.

- ¿¡Qué!? ¡Solo he dicho que es guapa,¿vale?! - Lorcan se pone en pie, es algo más alto que Fred y James, y sin dudasería capaz de pelear contra los dos y dejarlos hechos papilla.

- ¡Pues has debido fijarte mucho para llegara esa conclusión! - Exclama Fred, alzándose también del sofá. Al parecer no esconsciente de que puede quedarse sin dientes en pocos segundos.

- ¿Estás insinuando lo que creo que estásinsinuando? - Pregunta Lorcan con semblante ofendido - Para mí, tu prima escomo si fuese de mi familia, mendrugo.

Fredparece calmarse un poco. James reconoce que su primo a veces se pasa de laraya. Al fin y al cabo, Lorcan solo ha dicho que Lily es guapa, tampoco es paratanto, sin contar que tiene razón, su hermana pequeña es la chica más guapa delmundo entero (así, sin pasión de hermano).

- En la que sí me fijo es en tu hermana. -Dice Lorcan entonces, sonriendo con maldad.

Luegoestalla en carcajadas y sale corriendo en dirección a las escaleras, porqueFred ya lo persigue, gritándole improperios y lanzándole maldiciones que, sinembargo, no consiguen alcanzar al muchacho.

- ¡Ven aquí Scamander! - Grita su primo -¡Te voy a matar!

James,por su parte, permanece sentado en el sillón. Sabe que Lorcan solo hace aquellopara cabrear a Fred. Se escucha un portazo que proviene de los dormitorios dechicos y justo en ese momento, Lysander entra por el hueco del retrato,acompañado por Rose, Roxanne, Lily y Hugo.

- ¿De dónde venís todos? - Pregunta James,mirando a todos sus primos y a su hermana.

- Hemos ido al Taller de Herbologíadecorativa que ha organizado el profesor Longbottom. - Contesta Lily conentusiasmo.

- ¿Herbología decorativa? - James arruga lafrente.

- Sí. - Rose toma asiento donde segundosantes se encontraban Fred y Lorcan. - Es muy interesante, te enseña a decorarcon plantas tu jardín o tu habitación, y al mismo tiempo te dice para quépueden ser beneficiosas. Es interesante porque aprendes a combinar lo estéticoy lo medicinal.

- Rose, te pones de un pedante que no hayquien te aguante. - Sonríe James, ganándose una mirada fulminante por parte desu prima.

- Y tú eres un impertinente y un antipático.- Señala Roxie, cruzándose de brazos y tomando asiento junto a su prima paraprestarle su apoyo.

- Oye, esto de que os aliéis siempre contramí

- Te lo tienes bien merecido. - Le interrumpeRose.

- Soy vuestro primo mayor. Deberíais mostrarun poquito más de respeto, porque soy más sabio y también más guapo quevosotras, y solo por eso me merezco un trato mejor. - Les recuerda Jamesalzando las cejas con sorna.

- ¿Dónde está Lorcan? - Pregunta Lysander,aprovechando que Rose y Roxane aún no han abierto la boca.

- Ha subido al dormitorio. - Mejor seríaomitir toda la conversación que han tenido.

- ¿Puedes darle esto? Tengo que bajarenseguida.

Lysanderle extiende un pergamino doblado por la mitad.

- Lys ha quedado con una chica. - Sonríe Lilycon picardía, mirando al menor de los Scamander.

Lysanderabre la boca con toda la intención de explicar lo que Lily acaba de soltar,pero James se adelanta, alzándose del asiento y observando al chico consorpresa y diversión.

 

- ¿Con una chica? ¿Con qué chica? Pero quécalladito te lo tenías, ¿eh? - James se acerca a él y le da un golpazo en elhombro que consigue moverlo del sitio.

Elmenor de los gemelos siempre ha sido menos consistenteque su hermano. Lorcan Scamander es todo fibra. Los músculos se le dibujan enla piel con una definición que James envidia, sin hablar de lo alto que es.Lysander, por su parte, tiene una apariencia más enclenque. Es tan alto como suhermano, pero su constitución física es bastante más
pobre.

- No es una cita, si es lo que estáspensando. - Dice Lysander, apartándose rápidamente del brazo que James intentaponer alrededor de sus hombros.

- Va a quedar con Alya. - Vuelve aadelantarse Lily con voz cantarina.

JamesSirius Potter nota un retortijón de lo más molesto en el vientre. ¿Con Haworth?¿Va a quedar con Haworth? ¿¡Pero qué demonios le pasa últimamente a todos conesa chica!? Vale, su cuerpo ya no es el de la niña de once años que llegó aHogwarts, su cara ha dejado de ser tan redonda y los paletos parecen de nuevoacordes a sus proporciones. Tampoco es ya una chiquilla delgaducha con lasrodillas llenas de morados, pero de ahí a que Lysander, su hermano y Fredopinen que es guapa

- No pongas esa cara, te he dicho que no esuna cita. - Explica Lysander - Vamos a hablar sobre unas actividades que tienenpensadas organizar este año los Premios Anuales. A Alya y a mí nos ha tocadojuntos.

- Qué casualidad
- Gruñe James por lo bajo -Con lo mal que me cae
¿No podéis simplemente hacer como que no existe?

- ¿Por qué te cae mal? Alya es muysimpática. - Asegura Lily - Mira lo que me ha regalado en el Club de Herbologíadecorativa.

Laniña pelirroja le muestra un bonito lirio blanco que ha llevado en la mano todoel tiempo, pero en el que James no ha reparado hasta entonces. El chico suspiracon impaciencia, pero prefiere guardar silencio. No hay nada que pueda hacerpara convencerlos de que Alya Haworth es una mala persona, además de unainteresada y una estirada

- En fin, me voy o llegaré tarde. - Dice Lysander.

- Espera Lys. - Rose se pone de pie -Nosotras vamos a la biblioteca, así que te acompañamos.

¡Peroqué manía con llamarlo Lys! ¡Que Lys es nombre de chica! ¿Nadie podíaescucharlo un poquito?

- Hasta luego.

Lostres se pierden de nuevo por el hueco del retrato. James menea la cabeza y sesienta de nuevo en el butacón rojo. Lily le sonríe y se tira de repente sobreél, tomando asiento en sus rodillas. Hugo se calienta las manos en el acogedor fuegode la chimenea.

- ¿Quieres que juguemos al snap explosivo? -Le pregunta su hermana.

- Tengo que hacer
- Empieza a decir James,pero Lily ha puesto "esa cara", su cara de disgusto, que contiene unirresistible puchero al que nadie puede ser inmune - Bueno, pero solo un rato,¿de acuerdo?

Lilysonríe, victoriosa, antes de correr a por su juego de cartas. James secompadece del pobre chico que caiga en las redes de su hermana pequeña.

**

AlyaHaworth intenta parecer "normal" durante la cena, como si Mark no le hubiesecontado que su amigo, su mejor amigo desde la misma noche que entró al colegio,Bill Simons, está enamorado de ella.

¡Enamorado!

Seguroque no es para tanto. Seguro que no lo es. No puede serlo. Ella se habría dadocuenta de que algo sucedía, ¿verdad? Debe ser todo una tontería pasajera, opuede que, simplemente, Markus esté absolutamente equivocado. Es bastanteprobable.

 

- ¿Por qué estás tan callada? - Pregunta derepente Bill.

- ¿Qué?

- ¿Que por qué estás tan callada? - Repite,cortando un trozo de chuleta y metiéndoselo en la boca con apetito - Esdás feria.- Intenta decir con la boca llena.

- ¿Seria? - Alya sonríe nerviosamente. Markus,sentada frente a él, suspira - No, ¡qué va! No me pasa nada. Será que estoycansada.

- Pues aún nos queda la guardia nocturna. -Le recuerda Bill.

PorqueBill también es prefecto, por increíble que pueda parecer. Alya suelepreguntarse en qué estarían pensando al nombrar prefecto a alguien que esincapaz de tomarse nada en serio.

- Sí. Sí, intentaré aguantar despierta. - Y vuelvea sonreír con nerviosismo.

Markusmenea la cabeza y hasta se permite el lujo de sonreír. ¡Seguro que le parecemuy divertido!

- Si quieres te espero en el segundo piso ybajamos juntos cuando terminemos. - Sugiere Bill, sonriéndole.

- Claro, claro. - Se apresura a afirmarAlya.

- ¿Pero qué te pasa hoy? Estás muy rara. -Bill frunce el ceño, luego le echa un brazo por los hombros y la atrae hasta él- Dime, ¿a quién tengo que lanzarle un cruciatus?

- ¡A nadie! ¡Y no digas esas cosas! -Exclama Alya, alarmada.

- Era broma. - Bill sonríe sin soltarla -¿No estás así porque alguien se ha metido contigo, verdad?

- No, no. - Alya intenta deshacerse delagarre de Bill. Sentirlo tan cerca y pensar que puede que esté enamorado deella le provoca un repentino sonrojo.

- Eso espero. - Bill por fin la suelta yvuelve a su plato.

Alyale lanza una mirada fulminante a Markus, que lleva un buen rato aguantándose larisa.

- Nadie se mete con mi chica favorita. -Sonríe Bill, que al parecer no se percata de la extraña tensión que los rodea.

Mi chica favorita.¿Lo habrá dicho con segundas? ¿Es una insinuación?

- ¡Te has puesto colorada! - Exclama Billy,riendo quedamente.

Alyani siquiera se ha dado cuenta de que Bill la estaba mirando. Intenta mantenertoda su atención en su puré de patatas. ¡Merlín! Qué situación tan
bochornosa.

- Es verdad, te has sonrojado. - Señala Markuscon satisfacción.

- Que adorable. Te da vergüenza. - Ríe Bill.

- ¡Oh, calla Bill! - Alya le da un manotazoque lo único que consigue es que su amigo ría más alto.

- ¡Pero mira que mona te pones!

Labuscadora vuelve a lanzarle una mirada asesina a su amigo Markus. Maldita lahora en que le contó que Bill sentía cosas por ella.

**

Sele ha hecho tarde en su excursión a las cocinas. ¡Malditos elfos! ¡Siempre loentretienen! Pero es que son tan simpáticos

Jamescorre por un corredor, y por otro, y por otro. Sube con rapidez un tramo deescaleras, escuchando su respiración jadeante por el esfuerzo, pero no pudeparar: Filch le pisa los talones. Está seguro de que no sabe qué alumno estáfuera de la Sala Común - después del toque de queda - pero lo tiene losuficientemente cerca como para descubrirlo. Tiene que despistarlo, porque silo ve - aunque sea de lejos - meterse en la Torre de Gryffindor

- ¡Au!

Jamesse tambalea al chocar con algo o alguien que se hallaba situado justo tras elrecodo que él acaba de tomar. ¡Mierda! ¿Por qué habrá apostado con Fred que eracapaz de ir y volver sin capa de invisibilidad? James Sirius Potter terminaperdiendo el equilibrio y cayendo al suelo. Hay algo moviéndose bajo su pecho.

 

- ¡Levanta, estúpido!

Haworth.

¡Joder!¿¡Es que esa chica está en todas partes!? ¿Acaso tiene el don de la ubicuidad?La menuda chica intenta apartarlo de sí, para lo cual cree necesario golpearlorepetidas veces con los puños cerrados. James intenta levantarse, consiguiendollevarse un rodillazo en la entrepierna por parte de su compañera.

- ¿Pero a ti que te pasa? ¿¡Estás loca!? -Gruñe James, cerrando los ojos con fuerza debido al dolor.

- ¿Qué haces aquí?

Yentonces recuerda a Filch, y recuerda también que lo van a castigar justo lasemana que van a Hogsmeade, así que más que probablemente el castigo seadejarlo sin excursión. Pero entonces se da cuenta de que tiene la solución atodos sus problemas delante de él. James mira a la chica, que ya se ha puestode pie y - con una mano aún en su dolorida entrepierna - extiende un brazohacia ella.

- Filch está siguiéndome. Cuéntale algunamilonga para que no me castiguen. Por favor.

Haworthlo mira entreabriendo los labios con indignación. James puede oír la jadeanterespiración del anciano conserje subiendo las escaleras y profiriendo insultoscontra los alumnos que salen de la SalaComún a deshoras.

- Por favor. Por favor. Por favor. - SuplicaJames.

Lasituación se le antoja a James de lo más vergonzosa. Está suplicándole aHaworth, que no solo le cae fatal hasta el punto de parecerle insoportable,sino que - por si fuera poco - acaba de propinarle un rodillazo en sus

- ¡Tú!

Filchllega con los ojos lanzando rayos coléricos y el rostro envuelto en sudor.

- ¡Sabía que eras tú! - Casi se relame degusto.

Comosi de un niño pequeño se tratase, James corre a esconderse tras la espalda deAlya Haworth. Esconderse en sentido figurado, claro, porque es físicamenteimposible conseguir aquello. La espalda de Haworth no es precisamente grande.

- ¡Señor Filch! - Exclama Alya, que derepente, como por arte de magia, sonríe de oreja a oreja y le dirige alconserje un gesto simpático - ¡Menos mal que Potter ha ido a avisarle!

Jamesse queda congelado, pero intenta que su rostro no deje traslucir ningunaemoción de sorpresa ni de cualquier otra índole.

- ¿Avisarme? - Filch la mira, casi tanestupefacto como James.

- Sí. Le he pedido cinco minutos antes deltoque de queda que fuese a buscarlo. - Miente Haworth - ¿No se lo ha dicho?

- No me habrá escuchado. - Dice James,intentando hacer la mentira más creíble, pero tan solo consigue que Haworth ledé un pisotón en el pie. Tiene que apretar mucho los dientes para controlar lasganas de gritarle que sí, efectivamente está loca.

Filchparpadea. James se da cuenta de que aún está conmocionado. Debía estarcelebrando el nuevo castigo.

- Verá, - continúa Haworth - Peeves hapasado por aquí con bombas fétidas y se dirigía al séptimo piso.

- ¡Ese maldito loco! - Refunfuña Filch.

Luegomira con odio a James - que prosigue en su intento de mantenerse totalmenteimpasible - y desaparece por el corredor en dirección a las escaleras quellevan a las plantas superiores.

 

- Joder, menos mal. - Dice James, llevándoseuna mano al pecho.

AlyaHaworth se gira para volver a mirarlo, cruzada de brazos y con cara de pocosamigos. La sonrisa inocente con la que ha engañado a Filch se ha esfumado porcompleto.

- Estoy esperando
- Dice Haworth, dandogolpecitos rítmicos con la suela del zapato en el suelo.

- Mientes muy bien. - James se pasa una manopor el pelo. Sabe que es otra cosa lo que Alya Haworth está esperando.

- ¿Quieres que volvamos a llamar a Filch? -La chica alza las cejas y esgrime una sonrisa ladeada que consigue hacerflaquear a James.

- Gracias. - Dice el chico con tono burlón.

AlyaHaworth sonríe ahora con sinceridad y James tiene que apartar de su mente laidea de que tiene una sonrisa preciosa.

- Espero que la próxima vez, porque sé quehabrá próxima vez, tengas más cuidado. - Le dice ella.

Jamesvuelve a pasarse una mano por el pelo mientras la buscadora de Slytherin se alejaen dirección a las escaleras.

- ¿Quieres que te acompañe? - Pregunta Jamesde repente. Incluso él se sorprende, pero enseguida sonríe como si todo fueseuna broma.

- No es necesario, creo que sabré llegarsola a la Sala Común.

Noquiere saber por qué, pero quiere retenerla un par de segundos más, así que nose le ocurre otra cosa que decirle:

- ¿No vas a pedirme nada a cambio de estefavor?

- ¿A cambio? - Alya Haworth sonríe conindulgencia - No hay nada que tú puedas darme a cambio. Tómalo como una obra decaridad, pero recuerda que tu archienemiga no estará siempre para salvarte.

Jamesva a decir algo, - espera que sea algo ingenioso - pero un chico aparece en lasescaleras sin previo aviso.

- ¿Alya? ¿Ha pasado algo?

BillSimons, ¿cómo no? No podía dejarla sola ni por un segundo.

- No. Claro que no. - Haworth se acerca a suamigo - Ya bajaba, no deberías haberte molestado en subir.

- ¿Qué haces tú aquí, Potter? ¿No se suponeque deberías estar en tu Sala Común?

- No es asunto tuyo, Simons. - Contesta Jamesa la defensiva.

- Estaba conmigo, es una larga historia. -Explica rápidamente Haworth - Venga, vámonos. Potter ya volvía a la Torre deGryffindor.

Lachica agarra la manga de su amigo y tira de él escaleras abajo, sin mirar aJames ni una sola vez más, y por algún motivo que no alcanza a comprender esole molesta. Simons, por su parte, sí gira el rostro para dedicarle una últimamirada de desprecio antes de irse a dormir.

Filchno es el único que lo ha mirado con los ojos llenos de odio esa noche.


Hola de nuevo!! =D
Ya hacía bastante que no escribía sobre James y Alya, es un alivio publicar de nuevo porque me lo paso muy bien con estos dos. Espero que os haya gustado el capítulo. Estoy pensando empezar una fic sobre la tercera generación basada en esta mini-fic, pero primero terminaré esta, que solo tendrá 10 capítulos y llegará hasta finales de 5º curso y ese mismo verano. De escribir la fic empezaría en 6º curso ^^ ¿Qué os parecería?
Muchas gracias a tod@s los que comentáis. Vuestras palabras de ánimo son el mejor combustible para cualquier historia =)
Besos y nos vemos en los comentarios!! ;)

EL BESO DE UN POTTER

Navidad.

JamesSirius Potter adora la Navidad. Adora ver las casas iluminadas, los jardinesllenos de adornos, la alegría que parece haber conquistado a todo el mundo. Legusta escuchar a tío Ron cantando villancicos después de haber bebido un poquito, le gusta ver a tío Georgepreparando con esmero los fuegos artificiales que ha elegido para dar labienvenida al nuevo año, le gusta escuchar el ruido de las conversaciones en elsalón de su casa, a sus primos riendo y gritando mientras corren de acá paraallá, a sus padres y a sus tíos discutiendo sobre la última cosa que ha dichoel Ministro de Magia, le gusta oír a su abuelo contándole historias de la Ordendel Fénix, y a su abuela regañándole porqueson muy pequeños para saber esas cosas, Arthur. Y aún le gusta más ir alCallejón Diagon durante las vacaciones. Las tiendas de toda la calle relucencon colores verdes, rojos y dorados, hay árboles de Navidad dispuestos en lapuerta de cada tienda, a cada cual más grande y bonito, compitiendo entre losmismos dependientes por ser los que más impresionen a los clientes. Peroninguno puede soñar siquiera con superar el de tío George.

 

Elárbol que tío George tiene en la puerta de Sortilegios Weasley no es solo muchomayor que el resto de los que hay en la mágica calle, también tiene más luces ylos adornos más extravagantes que puedas ver, la mayoría de ellos inventadosespecialmente por él. A James le gustan, sobre todo, los Santa Claus que sebajan los pantalones si le pides una canción navideña. Además, regala carameloscon cada compra que hagas, y no son caramelos comunes, no. Los hay de un sinfínde sabores, incluso tienen más que las grageas Berttie Bott, pero también haycaramelos que te hacen levitar, eructar, cantar, echar humo por las orejas, bailar,
Y lo mejor es que no sabes qué te puede tocar.

- James, cariño, ¿podrías ir colocandoaquella estantería?

Elmuchacho se pone colorado cuando su prima Victoire le sonríe delicadamente y lerevuelve el pelo con ademán simpático antes de perderse de nuevo en el almacénde la tienda. Es tan guapa
Lleva un jersey blanco de punto y una falda detablas que se mueve graciosamente con cada paso que da. James siempre hapensado que debe ser la chica más guapa que existe sobre la faz de la Tierra,quizás después de su hermana Lily, que sin duda es el ser más hermoso que hayavisto nunca.

- Que es tu prima, James

Jamesgira completamente sobre sí mismo para encontrarse con un muchacho alto, decabello castaño y desaliñado que le lame las orejas. El flequillo apenaspermite que se le vean los ojos del color de la miel que, según dice papá, haheredado de su padre, Remus Lupin. James sonríe y corre hasta él, hasta elchico que considera su hermano mayor, para terminar fundidos en un fuerteabrazo. Un abrazo de esos que solo pueden darse los chicos y que contiene unmontón de palmadas que sirven para demostrar quién es más fuerte de los dos.

- Pequeño ligoncete, ¿así que me voy un mesy ya quieres levantarme la novia?

- No creo que llegase a necesitar un mespara eso. - Bromea James.

- Has crecido desde septiembre, tienes másespalda, estás como más fuerte. - Observa Teddy, palmeándole los hombros yalejándose un poco de él para poder verlo mejor.

- ¿Sí? No sé
- James se encoge de hombros.

- ¡Teddy!

Suprima Victoire, que debe haber escuchado voces desde el almacén, cruza latienda como un rayo y salta sobre el muchacho, encaramándose como un simio auna rama antes de cubrirlo por completo de besos. James suspira y aparta lavista. Siente cierto bochorno al presenciar ese tipo de escenas, la verdad. Sesiente totalmente fuera de lugar, como si fuese un mirón que viola la intimidadde una pareja. Cuando por fin Teddy consigue que su prima deje de devorarlo yque regrese sana y salva al suelo, sus tíos George y Ron están entrando por lapuerta de la tienda.

 

- ¡Vaya, vaya! ¡Pero mira quién nos honracon su presencia! - Tío George le da un fuerte abrazo al que, para todos losWeasley, es un sobrino más.

- ¿Cuándo has llegado? - Pregunta tío Ron,apretándolo con fuerza entre sus brazos.

- Acabo de llegar. Me he encontrado a Jamessolo en la tienda.

- Sí, y ya veo que no ha hecho nada. - TíoGeorge pasea la mirada por el comercio - Abrimos en media hora y te quedan trescajas por colocar. - Le dice, apuntándole con un dedo amenazador.

- ¿Trabajas aquí? - Pregunta Teddy,frunciendo el ceño.

- Un empleo de vacaciones. - Explica James -Mis padres quieren que aprenda a esforzarme.

- Resulta que "tu hermanito" está hecho undelincuente. - Informa Victoire.

- ¿Cómo? - Teddy parece desorientado y Jamesbaja la mirada al suelo porque, inevitablemente, sabe que le espera una buenareprimenda, como las que ha venido disfrutando desde el primer día devacaciones.

- Estuvo a punto de robar una capa de losChudley Cannons de la tienda de Quidditch. - Dice la chica mientras menea surubia cabellera.

- ¿¡Qué!? - Teddy frunce el ceño. Mira aJames. Mira a Victoire. Mira a sus tíos y vuelve a mirar a James.

- ¡Papá y mamá no querían comprármela y
! -Intenta justificarse James, pero es un tremendo error.

- ¿¡Pretendías robar en una tienda porquetus padres no querían comprarte un capricho!? - Le interrumpe Teddy, que secruza de brazos y le lanza una mirada decepcionada que a James se le clava enlo más profundo del alma - Te tienes muy merecido este castigo.

- Sí. - Dice tío George - Así que venga,prosigue con tu tarea. Nosotros vamos al despacho, te voy a poner un licor dehuevo navideño que ha hecho Angelina que te vas a chupar los dedos.

- Tú y yo hablaremos luego. - Le dice Teddya James con gesto severo.

JamesSirius Potter ve perderse a sus tíos, a su prima y a Teddy por las escalerasque conducen al despacho. Suspira con cansancio y vuelve a mirar las cajas queaún tiene que vaciar.

Leencanta la Navidad, pero ese año no sabe si va a pasarlo demasiado bien. Almenos sus tíos van a pagarle la cantidad que cuesta la capa, aunque en realidadtrabaja muchas - muchísimas - horas más, pero supone que se lo tiene bienmerecido, como ha dicho Teddy.

**

AlyaHaworth se ciñe la bufanda al cuello antes de salir de la tienda de su madre ala calle empedrada sobre la que comienza a nevar suavemente. En cuanto estáfuera de la reconfortante calidez de Túnicaspara todos los gustos Madame Malkim, el frío viento de diciembre le da delleno en el rostro. Para combatir el frío la muchacha mete las manos en losbolsillos de su abrigo y entierra la nariz en la bufanda de lana verde que sumadre le ha hecho ese invierno.

Aqueldebe ser uno de los inviernos más fríos de los últimos años, sin duda. Conpasos rápidos y rígidos se dirige hacia la luminosa tienda del final de lacalle. Sortilegios Weasley, el lugarmás maravilloso del mundo entero. Tiene suerte de que su madre le haya dejadoescaparse un rato para ir a ver los nuevos artículos que han llegado, comosiempre sucede las últimas semanas de cada mes.

 

Encuanto llega a la puerta se detiene un momento, mirando el gran árbol denavidad con admiración.

- ¿Sería usted tan amable de cantar unvillancico? - Le pregunta Alya educadamente a uno de los Santa Claus que saltande rama en rama.

Elpequeño hombrecillo vestido de rojo sonríe con malicia antes de darse la vueltay enseñarle unos preciosos calzoncillos con renos dibujados sobre el fondorojo. La chica ríe inevitablemente y termina de franquear la puerta de latienda, se sacude las botas en la alfombra para no mojar el suelo de madera ydeja que el calor del interior la arrope como una mullida manta. Incluso larecorre un placentero escalofrío cuando se quita los guantes y cuelga lachaqueta en el perchero de la entrada, vigilado por un simpático elfo domésticollamado Halckey.

- Buenos días señorita Haworth. - Dice elelfo afablemente con su voz aguda.

- Buenos días Halckey, ¿qué tal estás?

- Muy bien. Halckey aún no tiene demasiadosabrigos que vigilar, pero mucho me temo que hoy será un día de mucho trabajo.

- Sí, mañana es el día de Navidad. - AsienteAlya, sintiéndolo mucho por el elfo - Muchos vendrán a comprar los últimosregalos de la lista. Espero que tengas un gran día a pesar de todo.

- Usted siempre tan amable señorita.

Elelfo aletea sus grandes orejotas y sus ojos se iluminan con ese aire infantilque tanta ternura despierta en Alya. Va decentemente vestido con un traje hechoa su medida y de color rojo. La familia Weasley y también los Potter sonacérrimos defensores de la libertad de los elfos domésticos y Halckey, con unsalario nada desdeñable y un hogar donde es querido y no lo tratan como a unesclavo, es el mejor ejemplo de ello. La chica se despide de él con la mano yavanza hacia el mostrador de novedades. Este mes todas tienen un regusto inevitablementenavideño. Hay bastoncitos de caramelo que cambian de color, gorritos con borlasque gritan FELIZ NAVIDAD sin descanso, bolsas de pedorretas que lanzan pequeñasfrases de villancicos al ser espachurradas y cajas de regalo que explotancuando vas a abrirlas y lo llenan todo de humo con olor a tarta de melaza yvainilla.

- ¿Quieres que te ayude a elegir un regalo?

Alyada un respingo cuando escucha aquella voz susurrante contra su oreja. El pelode la nuca se le eriza un momento y tiene que hacer auténticos malabares paraque no se le caiga de las manos una bola de cristal donde puede verse unpequeño Callejón Diagon nevado y repleto de gente.

- Pues no, gracias. - Dice Alya cuandoconsigue recobrar la compostura y girarse para encontrarse de frente con unestupefacto James Potter.

- ¡Tú! - El chico la mira boquiabierto - ¡Tehas cortado el pelo!

- Me asombra lo inteligente que puedesllegar a ser, Potter. Cualquiera no se habría dado cuenta. - Dice ella,sarcásticamente.

Yes que, efectivamente, Alya se ha cortado el pelo, pero no de cualquier manera,no. Su larga melena, que le llegaba más allá de media espalda, ha pasado amejor vida. Ahora luce un corte a lo garçon,lo que puede traducirse como "demasiado corto", aunque sigue siendo losuficientemente largo como para poder seguir utilizando un cepillo.

 

- ¿Vas a seguir mirándome así mucho mástiempo? - Pregunta Alya, alzando las cejas ante el sorprendido muchacho -Tranquilo, no le daré importancia a tu intento de ligar conmigo.

- ¡No estaba intentando ligar contigo! -Contesta James inmediatamente, frunciendo el ceño y mirando hacia otro lado.

- ¿Ah no? Porque a mí me ha parecido que sí

- ¡Pffff! Claro, no estás acostumbrada a quete hable un chico, así que cualquier cosa debe parecerte un intento de ligar.

AlyaHaworth suspira y vuelve a darse la vuelta para continuar mirando el mostradorde novedades. Espera que James se largue y la deje tranquila, y que el corazóndeje de latirle a mil por hora, pero no, no lo hace. En lugar de eso, James sepone a su lado, a revisar la estantería como si todo le resultase de muchointerés.

- ¿Y por qué te has cortado el pelo así?

- Porque he querido. - Contesta secamenteella - ¿Te pregunto yo acaso por qué eres un delincuente cleptómano?

Jameslanza un gruñido y rueda los ojos de un lado a otro con desagrado.

- Le voy a cortar la lengua a Albus, te lojuro.

- Me lo ha contado Lily. - Sonríe Alya.

- Maldita mocosa. - Murmura James.

Alyase guarda una sonrisa aún mayor en la comisura de los labios, que contrae hastaformar un mohín despreocupado mientras inspecciona una caja de galletas. En latapa de madera reza la inscripción Galletasdulces recuerdos.

- ¿Qué es esto? - Pregunta ella al muchachoque aún permanece a su lado.

- Está bastante claro, ¿no? - James ladea lacabeza - Si te comes una eres capaz de recordar con todo lujo de detalles unrecuerdo especialmente bonito. Creo que incluso recupera recuerdos perdidos, ya sabes, esos que ni siquiera sabes que siguenflotando por ahí

- ¿Ah sí? Qué interesante
- Alya da vueltasa la caja entre sus manos.

- Sí. Mis tíos están especialmenteorgullosos de ellas.

Alyalas mira una vez más, pensativa. Tal vez sea un buen regalo para su madre.

- ¿Qué quieres recordar? - Le preguntaJames, mirándola de reojo con desinterés.

- Estoy pensando comprarlas para regalárselasa mi madre, aunque no creo que eso sea de tu incumbencia.

- Ya decía yo
- James alza las cejas - Lomás feliz que debe haberte pasado en la vida fue besarme.

Lamuchacha compone un gesto sarcástico, negándose rotundamente a mirar a JamesPotter, sobre todo porque nota las mejillas encendidas y no quiere que el egodel chico se dispare por las nubes. Bastante creído se lo tiene ya.

- ¿Piensas en eso muy a menudo? - Alya cogela cajita de galletas - Yo ya lo había olvidado.

Caminaen dirección al mostrador, donde la prima de James, Victoire Weasley, lee unlibro con atención. No quiere darle tiempo a Potter para contestarle, claro,eso lo pondrá más furioso.

- ¿En qué puedo ayudarte? - Pregunta lapreciosa chica rubia cuando Alya llega hasta el envejecido mostrador de madera.

- Voy a llevarme esto, - dice, empujando lacajita sobre la superficie - y también una bolsa de bombones cantarines.

- Muy bien.

VictoireWeasley se gira para coger una cajita de bombonescantarines. Alya la mira con un inevitable sentimiento de envidia sana. Estan guapa
Ojalá se pareciese un poco a ella. Solo un poco. Se conformaría contener su elegancia natural.

 

- ¡Alya!

Lamorena se da la vuelta. Lily Potter acaba de aparecer en la tienda, sonriendode lado a lado. La chica le devuelve el gesto y alza la mano para saludarlamientras la muchachita pelirroja deja su abrigo de cualquier manera en elperchero. Menos mal que ahí está Halckey para colocarlo con gesto indulgente.

- ¿Qué haces aquí? - Pregunta la menor delos Potter, asomándose curiosa para ver lo que ha comprado la slytherin.

- He venido a por un regalo para mi madre. -Dice Alya, señalando las galletas.

- ¿Quieres que lo envuelva en papel deregalo? - Pregunta Victoire al escucharla.

- Vale. - Alya se encoje de hombros.

- Muy bonito. - James ha vuelto a aparecer -Llegas y lo primero que haces es saludar a desconocidos en vez de darle un besoa tu hermano.

Elchico se cruza de brazos y mira a su hermana pequeña con disgusto. Estárealmente guapo cuando se pone celoso.

- Te he visto esta mañana, James. - Lerecuerda Lily - Y te veo todos los días.

JamesPotter abre la boca, ofendido, y entrecierra los ojos, alzando las palmas delas manos con dramatismo.

- Oh, muy bien, muy bien. Así que estásharta de verme la cara

- James, por favor
- Victoire le tiene unabolsa de papel a Alya y la chica le da el dinero correspondiente.

- Alya, ¿qué vas a hacer esta noche? -Pregunta Lily, agarrándose a la manga de su jersey de punto.

- Pues nada especial. Cenaré con mi madre y
ya. - Contesta, encogiéndose de hombros.

- ¿Y no vais a venir a nuestra fiesta deNavidad? - Pregunta la pelirroja de nuevo.

Alyafrunce el ceño sin saber a qué se está refiriendo Lily.

- ¿Qué fiesta? A mí no me han invitado aninguna fiesta.

- Y mejor que así siga siendo. - IntervieneJames.

- Vamos a dar una fiesta después de la cena.Hemos invitado a mucha gente y yo misma rellené vuestra invitación. Mamá lasenvió hace un mes.

Labuscadora de Slytherin mueve la cabeza de un lado a otro. No sabe de qué lehabla Lily. Su madre no le ha dicho nada, ¿pero por qué? Regina Haworth selleva bien con los Potter, ¿por qué no habrá aceptado la invitación a la fiestade Navidad que organizan? ¿Y por qué se lo ha ocultado? Podría haberlecomentado que las habían invitado pero que no tenía ganas de ir, por ejemplo.

- ¡Ah, sí! ¡Qué cabeza la mía! - Alya selleva una mano a la frente - Me dijo algo sobre eso, pero no sé si finalmenteiremos o no.

Unamentira piadosa. Los Potter son muy buenos clientes y si saben que su madre hatratado su invitación con tamaño desdén pueden decidir gastar su dinero en otraparte.

- Voy a preguntarle y te lo confirmo.

Lilyasiente con una sonrisa radiante. James suspira y se gira con cansancio paracontinuar cumpliendo el ejemplar castigo que le han impuesto sus padres.Victoire se despide de ella con un movimiento de cabeza y Alya, deseando hablarcon su madre, coge su abrigo y sale de la tienda, de nuevo al frío dediciembre.

- ¿Mamá?

Nove a nadie en la tienda. Su madre no está ni en los probadores, ni tras elmostrador, de modo que la chica camina en dirección al almacén.

- ¡Estoy aquí atrás!

Alyase va quitando el abrigo por el camino, y también la bufanda. Cuando llega alalmacén, encuentra a su madre ordenando grandes rollos de tela oscura con laque tendrá que confeccionar los uniformes del próximo curso. Alya se apresura aayudarla al ver el sobreesfuerzo que su madre está haciendo.

 

- Gracias, cariño. - Regina se pasa lamuñeca por la frente perlada una vez que ha dejado los rollos de tela en sulugar - Has tardado muy poco.

- Me he encontrado con Lily Potter. - DiceAlya resueltamente.

- ¿Ah, sí? ¿Y qué tal está?

- Me ha dicho que sus padres nos haninvitado a una fiesta esta noche.

Reginamira a su hija mucho más seria de lo que ha estado momentos antes. Alya alzalas cejas y baja ligeramente la barbilla, gesto que invita claramente a sumadre a que le dé una explicación.

- ¿Y? - Insiste la muchacha ante el silenciode su madre.

- No me apetecía ir. - Contesta Reginasimplemente.

- Y al parecer tampoco te apetecíacontármelo
- Alya se cruza de brazos.

- Se me olvidó por completo. - Su madre seencoje de hombros - Tengo mucho trabajo y recibí la invitación hace muchotiempo, es normal que se me haya olvidado.

Alyatoma aire pacientemente. Sabe que pasa algo más, conoce muy bien a su madre,pero está claro que no quiere contarle lo que quiera que sea que le suceda.

- ¿Tú quieres ir? - Le pregunta su madre.

Lachica se encoge de hombros.

- Sería divertido. Al menos no pasaríamos lanoche solas. Han invitado a mucha gente según me han dicho

ReginaHaworth suspira, dirige una mirada seria a su hija antes de pasearla por lasparedes repletas de telas de su almacén. Luego vuelve a mirarla.

- No quiero que nos sintamos incómodas. -Dice finalmente.

- ¿Incómodas? ¿Por qué íbamos a sentirnosincómodas?

- Cariño, sé que ahora eres demasiado jovenpara entenderlo, pero nosotras dos no tenemos nada que ver con los Potter. - Sumadre se acerca a ella y la toma por los hombros - Sé que son tus amigos, que tellevas bien con ellos, pero

- ¿Estás insinuando que los Potter, y porextensión los Weasley, son clasistas? - Y aquello es lo más estúpidoprobablemente que su madre le ha dicho nunca.

- No, no. Ojalá pudieses comprenderlo. -Regina cabecea con pesar.

- Pues explícamelo. - Le pide Alya.

Reginala mira en silencio, toma aire y esboza una sonrisa liviana que a Alya no leinspira ninguna confianza.

- ¿Sabes? Tienes razón. Deberíamos ir.Seguro que lo pasaremos muy bien. Voy a prepararte un vestido que los deje a todoscon la boca abierta.

Luegosu madre sale del almacén y Alya se queda sola, dándole vueltas aún a laspalabras de Regina Haworth.

**

Comotodos los años, la cena de Navidad se hace en casa de los Potter, en el Vallede Godric. James sabe que fue allí donde murieron sus abuelos paternos, y quesus padres restauraron la casa para que volviese a "ser como era". Inclusocompraron la casa de al lado, que llevaba años abandonada, para hacer aún másgrande la casa, en especial el salón de reuniones, que es donde sus padressuelen organizar las fiestas familiares. Necesitan una casa así de grande,porque de lo contrario sería imposible meter a todos los Weasley y a susamistades en lugar alguno.

Lanoche de Navidad siempre es un caos. Todo el mundo va de acá para allá,ordenando mesas, preparando aperitivos y perdiendo los nervios con las bromasde tío George. Su abuela, autoproclamada durante las festividades como jefa almando, se encarga de repartir las tareas, arremangándose ante la innumerablelista que tía Hermione, amablemente, prepara año tras año para que no se nos pase ningún detalle.

 

Losmás pequeños de la familia juegan en el jardín o corren de un lado a otro,lanzando gritos y risotadas. Y aunque a James le estresa un poco todo aquello,no lo cambiaría por nada del mundo, porque así es su familia, una marañaruidosa de gente que lucha por celebrar una Navidad memorable.

- ¿Dónde está el hidromiel, Ron? - Preguntasu padre a voces desde la cocina.

- ¡Creo que lo he dejado en el armario delfondo! - Contesta tío Ron, que enseguida decide ir él mismo a buscarlo.

- Bueno, bueno.

Teddyaparece junto a él y junto a Fred, que ayudan al abuelo a poner los manteles,los platos, los cubiertos, y todo lo que se supone que deben poner sobre lamesa para poder cenar en unos minutos.

- Te has estado escaqueando todo el día parano tener que hablar conmigo.

Jamesbaja la mirada hasta el tenedor que sostiene entre los dedos, posándolocuidadosamente sobre la mesa.

- Arthur, te lo robo un momentito. - DiceTeddy, echándole una mano sobre los hombros a James.

Esperaque su abuelo se oponga porque necesite su ayuda irremediablemente, pero no esasí. Arthur Weasley sonríe y asiente, y a James se le hace un nudo en elestómago. Teddy lo guía escaleras arriba sin abrir la boca. Giran a laizquierda cuando llegan al primer piso y se dirigen a la tercera puerta delpasillo, al dormitorio de Teddy. Cuando cierra la puerta tras ellos, los gritosde su abuela, y el resto del alboroto que hay abajo, dejan de escucharse.

- Bien. Ahora vas a explicarme qué es eso deque quieres terminar en Azkaban por robo.

JamesSirius Potter suspira y se sienta sobre la cama del metamorfomago con loshombros hundidos y la cabeza gacha.

- Sé que estuvo mal. - Murmura James - Esque ni siquiera lo pensé, me comporté como un niño mimado, lo sé.

- Bueno, al menos reconoces que lo quehiciste estuvo muy mal. - Teddy se sienta a su lado - No quiero enterarme deque vuelves a hacer algo así, ni nada que sea reprobable, ¿entendido? Tuspadres no te han educado para que te conviertas en un caprichoso que cree queestá por encima de todo.

YJames sabe que tiene razón, y nota que los ojos se le humedecen de vergüenza,pero se obliga a sí mismo a aguantarse las ganas de llorar. No puede llorardelante de Teddy. ¿Qué pensaría de él?

- Te juro que no volveré a hacer nadaparecido.

- Es que yo te tengo en muy alta estima,James, y no me gustaría que me decepcionases, ¿sabes? Espero grandes cosas deti.

Jamesasiente sin atreverse a levantar la vista.

- Debes ser el único. - Murmura James.

- ¿Por qué dices eso?

- Pues porque todo el mundo parece esperarmás de Al que de mí. - James se encoge de hombros.

- ¡Pfff! ¡Menuda tontería! - Teddy sueltauna carcajada, pero a James no le parece ninguna estupidez.

- Es verdad. - James suspira - Mira, estecurso he intentado esforzarme para sacar buenas notas. He sacado un Aceptableen Pociones, vale, pero el resto de calificaciones han sido Supera lasExpectativas. Incluso he sacado un Extraordinario en Defensa Contra las ArtesOscuras.

- Eso está muy bien, colega. - Teddy le daun palmetazo afectuoso en el hombro.

 

- Pero papá y mamá no dejan de hablar de Aly de todos sus Extraordinarios. ¿Quién puede sacar Extraordinario en toooooodaslas asignaturas?

Teddylo mira en silencio con una sonrisa débil en los labios.

- ¿Estás celoso de Albus? - Le pregunta.

- Pues no sé
- James se encoge de hombros -Es que me gustaría que alguien me dijese de vez en cuando "muy bien, James, veoque te estás tomando esto en serio".

- James, tus padres están muy orgullosos deti.

- Pues no se les nota.

- No digas eso. Mira, está muy bien que teesfuerces y ellos saben que lo estás haciendo.

- ¿Y por qué a Albus le compraron un regalopor haber sacado buenas notas y a mí no quisieron comprarme la capa?

- ¿Así que por eso decidiste robarla? -Teddy mira al muchacho de medio lado - ¿Porque te enrabietaste al ver que a tuhermano le hacían un regalo y a ti no?

Jamesprefiere no contestar, porque la respuesta es sí y se avergüenza de sí mismo.Se avergüenza porque cada palabra de Teddy lo hace parecer más y más infantil.

- ¿De verdad crees que tus padres no iban arecompensar tu esfuerzo? - Siguió preguntando el muchacho castaño.

- No sé

- No debería contarte esto, pero ¿sabes loque iban a regalarte para navidades?

Teddyalza las cejas y James se siente un poco peor, si es que eso es posible.

- ¿La capa?

- Toda la equipación. - Contesta Teddy.

Jamessuspira. ¿Pero se puede ser más imbécil que él? Seguro que sus padres pensabandivertirse un poco haciéndole sufrir y luego disfrutarían el día de Navidad consu cara de sorpresa cuando abriese los regalos y descubriese la equipacióncompleta de los Chudley Cannons. Se había comportado como un idiota, como unniño mimado. Se da cuenta de que ha decepcionado a sus padres y ahora se sientefrancamente mal.

- Creo que les debes una disculpa. - Dice elchico, rodeándole los hombros con un brazo y atrayéndolo hacia él. - Y noquiero volver a oír que estás celoso de Al, ¿entendido? Somos una familia yaquí nos queremos todos, con nuestras virtudes y nuestros defectos. Albus es tuhermano, James, deberías cuidar tu relación con él.

Jamesasiente en silencio. Tiene la sensación de haberse quedado mudo. Teddy se poneen pie y lo mira desde lo alto.

- ¡Venga! ¡Nada de caras largas, que esNavidad! No he vuelto de Francia para verte así. Sonríe.

Elbuscador de Gryffindor suspira y sonríe de medio lado, aunque aún nota ciertodesasosiego en el pecho.

- Eso está mejor. Vamos abajo antes de queMolly nos baje de las orejas.

- Sí, la abuela sería capaz de eso. - Sonríemás sinceramente James - Oye, ¿y qué tal por Francia?

- Bien. Los Congresos de Investigación enEnfermedades de Alto Riesgo suelen ser entretenidos. La familia de Fleur meacogió muy amablemente, además.

- ¿Y qué tal va la cura para los hombreslobo? - Pregunta el mayor de los Potter.

- Aún nos queda mucho por hacer, peroestamos más cerca. Creemos que es una infección mágica que únicamente permaneceen la sangre, así que vamos a probar a limpiar la sangre de un licántropo. Aver si funciona. De momento es nuestro plan A, aunque me parece que no será tanfácil.

Jamessigue al muchacho escaleras abajo hasta el gran salón, donde destacan por sunúmero la gran cantidad de cabelleras pelirrojas.

 

- Voy con Victoire. - Le dice Teddy.

Jameslo ve acercarse a su prima por detrás y ponerle las manos en la cintura antesde susurrarle algo en el oído con una sonrisa pícara en los labios. La rubiasuelta una carcajada y se vuelve para besarlo con entusiasmo.

- A ver, la parejita, que vamos a cenar. -Dice tío Bill, sonriendo mientras toma asiento junto a tía Fleur.

Enseguidatodo son voces y risas en la mesa. Teddy les cuenta entusiasmado sus adelantosen la investigación de la cura para licántropos. Victoire les comunica que hasido aceptada en la Sección de Estudios Internacionales del Ministerio yentonces todo el mundo comienza a felicitarla, la abuela Molly incluso sueltauna lagrimita de orgullo que corre a limpiar con una servilleta. Tío Ron y tíoGeorge anuncian con entusiasmo que han comprado la tienda de Zonko enHogsmeade. Al parecer, el propietario había pensado en jubilarse y claro, nopodían dejar pasar la oportunidad. Tío Percy y tío Charley discuten sobre lasmedidas que el Ministerio quiere poner en marcha en torno a la protección delos dragones como raza en peligro de extinción.

- Oye, tío, he oído a mi hermana decirle aRossie que tu hermano va a besar esta noche a Haworth. - Le susurra Fred entrerisitas.

Jamesdeja de prestar atención al TratadoInternacional del Cuidado de las Razas Mágicas de 2010 y mira a su primocon rictus serio.

- ¿Qué? ¿Pero por qué va a hacer eso?Haworth le rechazó la última vez que le pidió una cita. Le dijo que lo veíacomo un amigo. - James mira a su hermano, sentado al otro lado de la mesa,entre Rose y Hugo.

- ¿Y tú como sabes eso?

- Pues porque lo sé. - No es plan de contarlea Fred que habló con Haworth de eso - En Hogwarts las noticias vuelan, más aúnlos cotilleos.

Fredparece quedarse conforme con aquella excusa y James suspira imperceptiblemente,aliviado.

- Había pensado en fastidiarle la escenaromántica, pero ya es bastante duro que vaya a hacerlo la chica que le gusta. -Dice Fred, dirigiendo una mirada compasiva a Albus.

Elmayor de los Potter frunce los labios. ¿Qué puede hacer para evitar que suhermano recuerde amargamente aquella noche? Tiene que intentarlo. Tiene que hacerlo que sea.

**

CuandoAlya Haworth aparece por la chimenea de la sala de estar de los Potter, toseinsistentemente. ¡Malditos Polvos Flu! ¿Alguna vez aprenderá a no tragarse laceniza que gira a su alrededor? Por si fuera poco, también le ha entrado en losojos y no es capaz de abrirlos sin que un mar de lágrimas caigan por susmejillas. ¡Y ella que se ha maquillado para estar guapa! ¡Debe tener los ojosllenos de manchurrones negros!

- ¡Ven aquí, Alya!

Lachica aún está tosiendo cuando un par de manos la coge del brazo y tira de ellapara apartarla de la entrada de la chimenea. Su madre aparece justo donde haestado parada segundos antes. Al contrario que ella, Regina Haworth tan solotiene que sacudirse un poco la ceniza, por lo demás está fantástica.

- Hola Albus. - Regina sonríe al muchachocon afecto.

- Hola señora Haworth. - El chico, comosiempre, le dedica un gesto amable - Todos están en el salón. - Añade Albus,guiándolas fuera de la recogida sala de estar, que a la chica se le antoja de lomás acogedora.

Alyase da cuenta de que el chico no le ha soltado la mano y se siente incómoda,pero intenta darle la menor importancia posible. Inconscientemente Alya mira asu madre, esperando que no se haya dado cuenta, pero sí, sí que lo ha hecho, y lelanza a su hija una miradita sorprendida después de separar sus ojos de lasmanos de Albus y Alya. Sabe que más tarde tendrá que hablar con su madre deaquello, pero por suerte eso tendrá lugar dentro de unas cuantas horas.

 

- Albus, ¿podría ir al baño antes de entraren el salón? - Pregunta la chica con algo de vergüenza.

Nole gusta ser presumida, pero para una vez que intenta arreglarse un poquito

- Ah, sí. - Albus la suelta por fin - Aquíhay un baño, el salón está al final del pasillo, el ruido te guiará. - Sonríeel chico, señalando una puerta que hay al final del pasillo.

Através del cristal de la puerta pueden verse brillantes y cálidas luces,también las sombras de los invitados que van de acá para allá, hablando ycarcajeándose con alegría mientras música de violines suena de fondo. Albus ysu madre caminan hacia la puerta, pero Alya no puede ver cómo se internan entreel gentío. La chica abre la puerta del baño y entra con despreocupación. Ve quehay una lámpara de velas encendida colgando del techo y no es hasta que cierrala puerta que alguien le grita.

- ¡Joder, que estoy meando!

Antesde ver a quién ha interrumpido en un momento de tamaña intimidad, Alya vuelve asalir, repitiendo una y otra vez perdón,perdón, perdón. Tiene las mejillas coloradas y por un momento incluso dudasi permanecer allí, podría ir al salón y volver más tarde, y con un poco desuerte la persona que hay dentro del baño no sabrá que ha sido ella la que ha

- Vaya, vaya, no pensé que eras una de esasmironas

Teníaque ser él. ¡Tenía que ser James Potter! Si hubiese podido desaparecerse, lohabría hecho y se habría ido al lugar más alejado del mundo, pero lo único quepuede hacer Alya es tragar saliva e intentar hacerse la digna.

- Lo siento. - Dice ella - La próxima vezcierra la puerta con llave, así evitarás estos accidentes.

- Y tú podrías aprender a llamar. Es muyútil, créeme. - Le contesta James, sonriendo con suficiencia.

YAlya tiene que cerrar la boca porque sabe que tiene razón, por mucho que lefastidie.

- ¿Qué te ha pasado en la cara? - Preguntael muchacho, arrugando la nariz.

- He llegado por la chimenea. Se me hametido ceniza en los ojos. - Explica ella con sequedad.

- Creía que, como no estás acostumbrada aparecer una chica, te habías hecho eso- y señala los manchurrones de su cara - pensando que así es como debesmaquillarte.

Alyasuspira con desdén, girando el rostro y cruzándose de brazos.

- ¿Me dejas entrar al baño? - Pregunta,mirando a James como si no le importase lo más mínimo lo que acaba de decirle.A ver, no es que le preocupe muchísimo, pero siente algo de vergüenza que lahaya visto así después de haber estado arreglándose un buen rato.

Elchico se encoje de hombros y deja de obstaculizar la puerta. ¿Por qué tiene queser tan asquerosamente perfecto? ¿Por qué tiene que estar tan guapo con unasimple camisa blanca y un pantalón vaquero? Se siente tan poca cosa a su lado

- Gra-cias. - Dice Alya sarcásticamenteantes de perderse de nuevo por la puerta, escondiendo todas sus inseguridadesdetrás del fingido hastío que escenifica con sus labios.

 

Cuandocierra la puerta se asegura de echar la llave, se mira al espejo y suspira confrustración, apoyando la nuca contra la madera clara. ¿Será verdad que le gustaJames Sirius Potter?

**

Estájodidamente guapa. Esa es la expresión que ha aparecido en su mente en cuantoha salido del baño y se ha encontrado con Alya Haworth en el pasillo. A pesar,incluso, de que se le ha corrido el maquillaje de los ojos (James no sabe nicómo se llama eso que se echan las chicas para "estar más guapas").

Seha puesto un vestido de color blanco con escote cuadrado y tirantes, una cintase ata debajo del pecho, resaltándolo. El resto del vestido cae con vuelo hastamedio muslo y James tiene que reconocer que nunca antes se ha sentido tanturbado al ver a una chica. Sin embargo, lo que más le ha gustado a James esque se ha puesto unas zapatillas de tela de color verde manzana, lo cual le daun toque aniñado y desenfadado. Y las cosas como son, no hay muchas chicas quedemuestren ese desprecio total por las normas de etiqueta, algo que a Jamessencillamente le fascina.

Desdeque la ha visto esa misma mañana, con su nuevo corte de pelo, que la haceparecer rebelde y dulce al mismo tiempo, se ha sorprendido recordándola en másde una ocasión a lo largo del día. Por supuesto, se ha regañado a sí mismo comoes debido, pero luego piensa que tampoco pasa nada por pensar que Alya Haworthes guapa, siempre y cuando nadie lo sepa. También piensa que las tortitas quehace su padre los domingos son horrorosamente incomibles y, sin embargo,siempre le pone buena cara.

- Mira a tu hermanito. - Dice Lorcan,dándole un codazo a James en las costillas.

- Ya lo estoy viendo, Lorcan. - Gruñe James- Ya lo estoy viendo.

Yclaro que lo está viendo. Está bailando con Alya y a James se le estánrevolviendo las tripas, aunque no sabría decir si es por el batacazo que se vaa llevar su hermano o porque Albus tiene la mano en la base de la cintura de laslytherin.

- ¿Podríais dejar en paz a Albus? - PreguntaLysander, dándole un sorbo a su cerveza de mantequilla.

- ¿Y qué gracia tiene tener un hermano o unprimo si no puedes meterte con él? - Pregunta Fred con una sonrisita ladeada.

- Ahí tiene razón, Lys. - Le concede Lorcanmientras asiente como si aquello fuese la mayor verdad del universo.

- Pero fíjate cómo se arrima. - Fred sueltauna carcajada mientras mira a su primo en la distancia - Y yo que pensaba queel ligón de los Potter iba a ser James

Jamesle lanza una mirada mordaz a su primo, incluso cree que podría haberlo matadode un solo vistazo. Fred suspira y le pasa un brazo por los hombros albuscador.

- No te preocupes, también llegará tumomento. - Le dice con guasa.

- ¡Oh, calla de una jodida vez!

- ¡Esa boquita! - Le dice su prima Molly,que acaba de aparecer junto a ellos - ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué no estáisliando ningún escándalo por ahí? - Pregunta la chica, mirando con sospecha asus dos primos.

Mollyes un año mayor que ellos y siempre se le ha dado bien hacer el papel de "primamayor". Desde luego, tío Percy y tía Audrey eligieron el nombre a laperfección, es igual de mandona que su abuela y tiene la misma capacidad queella para que los demás la obedezcan.

- Ya somos mayorcitos, Molly. - Le diceFred.

- Ya veo
- Molly enarca una ceja.

 

- ¿Y tú qué haces aquí? - Pregunta entoncesJames, que por fin ha dejado de observar a su hermano - Mira, ha venido DevJones, ¿por qué no vas a tocarle las narices a él?

Todosmiran al muchacho moreno de pelo largo que hay sentado al otro lado de la sala.Por supuesto, su prima arruga la nariz en cuanto sus ojos azules dan con eldesaliñado nieto de Hestia Jones, un ravenclaw bastante fuera de lo común,despistado y poco estudioso, sin contar la chulería que va desprendiendo a supaso con cada gesto y movimiento de su cuerpo. Molly no lo soporta. Su hermanagemela, aunque por unas cuantas horas un día menor que ella, Lucy, está locapor él.

- Voy a evitar que Lucy se ponga enridículo. - Dice Molly cuando ve que su hermana se sienta junto a Dev con unasonrisa tan ancha que, por imposible que parezca, permite que se le vean todoslos dientes.

Jamessigue a su prima con la mirada. Al parecer no es el único que tiene que evitarque su hermano haga el más espantoso de los ridículos esa noche.

- En realidad yo me estoy aburriendobastante. - Se queja Lorcan - ¿Por qué no jugamos a algo?

- ¿A algo como qué? - Pregunta Lysander,aunque su vista sigue fija en las dos gemelas Weasley.

- ¡Eh! ¡Podríamos jugar al escondite! -Propone Fred, abriendo los ojos de par en par, como sorprendido de que se lehaya ocurrido algo tan genial.

- ¡Sí! - Lorcan menea la cabeza, emocionado- Vamos a decírselo a los demás, a ver quién se apunta.

- Yo paso. - Dice Lysander - Voy con Molly yLucy.

- ¡Joder, Lys! ¡Venga, juega con nosotros! -Le pide Lorcan casi berreando mientras le tira de la manga de la camisa.

- Es que no me apetece, Lorcan. - Dice elchico.

- ¿Por qué? ¿Es porque Fred huele mal?Podemos ponerle uno de esos ambientadores de los armarios.

- ¿Por qué no te vas a la mierda, Lorcan? -Fred le da una colleja al alto y rubio muchacho y este se echa a reír.

- En serio, no importa, es que quiero hablarcon Molly de las actividades de los prefectos. - Porque, efectivamente, Mollyes prefecta, igual que Lysander.

- Bueno, venga James. - Lorcan lo coge delbrazo y tira de él por todo el salón.

YJames no tiene muchas ganas de jugar al escondite, está demasiado ocupadomirando malhumorado a su hermano y a Haworth, pero entonces se le ocurre unaidea y sabe que el mejor momento para llevarla a cabo es mientras juegan.

**

AlyaHaworth corre por un pasillo a toda velocidad. ¿Dónde se ha metido el resto dela gente? Sospecha que se ha perdido, pero no tiene tiempo para pararse apensar. Debe buscar un escondite lo más rápidamente posible. Entra por laprimera puerta que ve y se encuentra en una amplia cocina llena de platos parapicar que supone que son los que van sacando al salón para los invitados.

Girasobre sí misma dando pequeños saltitos e intentando dar con el lugar idóneopara esconderse antes de que Fred Weasley la encuentre. ¿Debajo de la mesa?Demasiado evidente. ¿Entre un armario de madera caoba y la pared? No cree quequepa allí
Pero del nerviosismo pasa al miedo más intenso cuando una fuerzainvisible tira de ella, empujándola hacia la derecha de la sala. Alya haceamago de ir a gritar, pero apenas ha abierto la boca cuando nota que algo se latapa y le impide articular sonido alguno.

Luegouna puerta pequeña que hay en la pared se abre mágicamente y ella es empujadaal interior. Forcejea cuando la puerta se cierra de nuevo y se queda sumida enla más absoluta oscuridad. Consigue darle unos cuántos golpes a lo que quieraque sea que la ha cogido y la ha arrastrado hasta allí. ¿La casa de los Pottertiene fantasmas? Espera que no. Son de lo más pesados.

 

- ¡Estate quieta de una vez! - Le susurraalguien con enfado.

Alyaabre mucho los ojos, pero antes de que pueda quejarse y decirle a aquello que no estaba en condiciones deexigir nada, nota que le echan algo por la cabeza y de repente vuelve a ver. Alprincipio no comprende nada. Todo ha pasado demasiado deprisa, pero entonces veuna vela flotando entre ella y su atacante.

- ¡Potter! - Exclama - ¿Pero a ti que moscate ha picado? ¿¡Sabes el susto que me has dado, idiota!? ¿Y por qué no podíaverte? No puedes hacer magia fuera del colegio, aunque tampoco creo que sepasocultarte con un hechizo

Jamesle tapa la boca con una mano y Alya frunce el ceño, ofendida ante aquella faltatotal de educación.

- ¿Quieres callarte? - James la mira con lascejas arqueadas - Merlín, qué descanso
- Suspira aliviado - Ahora voy aquitarte la mano de la boca y tú permanecerás calladita, ¿entendido?

Alyapone los ojos en blanco con cansancio, pero asiente.

- Bien. - Dice James, cuando ella se cruzade brazos y lo mira de mal humor.

- ¿Qué quieres Potter? ¿Dónde estamos? ¿Y quées esto que nos cubre? ¿Es por eso que no te veía? ¿Es una
? - La chica abre laboca y los ojos de par en par - ¡Es una capa de
! ¡Eso es trampa!

- Se la queda Fred. Si le haces trampa aFred no es tan grave

- Sigue siendo trampa, Potter. ¡Y exijo queme saques inmediatamente de aquí! ¡Ni siquiera sé por qué
!

Jamesvuelve a taparle la boca, acercando su cuerpo a ella para ejercer mayorpresión, aunque la verdad es que allí mucho espacio no hay.

- ¡He dicho que te calles! ¿Tanto te cuestahacerme caso por una vez en tu vida? No importa lo que sea que nos estácubriendo y si quieres saberlo, estamos en una despensa pequeña que hay en lacocina. Y ahora escúchame

Alyacabecea, luchando por liberarse del agarre de James. El chico maldice por lobajo, aunque consigue mantenerla sujeta, al menos hasta que la buscadora lepropina un fuerte pisotón y James aúlla de dolor. En realidad ha sido bastanteestúpido por parte de Alya, porque lo único que consigue es enfurecer a James yque este la sujete de las muñecas, obligándola a caminar hacia atrás hasta quesu espalda da contra la pared. Para evitar posibles pisotones futuros, el chicose coloca tan cerca de ella que es imposible moverse. Incluso se le hacedifícil respirar, aunque eso quizás tenga más que ver con sentir el cuerpo deJames contra el suyo y con notar su mirada fija en ella.

- ¿Y ahora te vas a tranquilizar?

Alyano contesta nada. Debe parecer idiota, pero es que se le ha olvidado como sehace eso de juntar letras, palabras y frases para comunicarte con alguien. Loúnico que alcanza a hacer es asentir con la cabeza para alivio de James, quesin embargo decide permanecer en aquella posición, no vaya a ser que vuelva aatacarlo.

- Vale, escúchame atentamente, Haworth. Mihermano tiene la intención de besarte esta noche. - La chica abre los ojos másaún, anonadada ante aquella afirmación - Tú me dijiste que le habías dicho quequerías ser solo su amiga, pero al parecer Albus está más pillado por ti de loque pensábamos. Te he traído aquí para pedirte algo muy sencillo

 

Jamesla mira de una forma tan penetrante que parece que pueda verla desnuda sinnecesidad de quitarle la ropa. Nota la fuerza del chico contra ella, huele superfume y tiene sus labios a escasos centímetros de los suyos, aunque como esmás bajita que James tiene que alzar la cara para verlo, y el bajar la mirada.

- Si no te gusta Albus de esa manera
Si noquieres tener nada romántico con él, por favor, no le des falsas esperanzas.

- Yo jamás

- No me has dejado terminar. - La interrumpeJames - No quiero que sigas dejando que te abrace y todo eso, porque Al creeque puede tener alguna oportunidad. - Alya piensa que James tiene mucha razón,tal vez ella tenga la culpa de que Albus haya malinterpretado su amistad - Peroquería pedirte que no lo rechaces si intenta besarte.

Alyaparpadea y deja de mirar con embeleso los labios de James.

- ¿Qué?

- Voy a darte algo que te sacará de esasituación, pero no lo rechaces, por favor.

Yentonces ella comprende que James no quiere que su hermano esté deprimido poruna chica en navidades, que no quiere que le rompa el corazón, y a Alya leparece tan adorable que no puede evitar sonreír suavemente.

-
pero tienes que testificar, Harry.

Alyamira a James cuando escucha aquella voz en la cocina. El chico suelta susmuñecas y le pone un dedo en los labios para indicarle que no haga ruido. Laotra mano la pone en el hombro de Alya. Notar los dedos de James sobre su pielle provoca un escalofrío que le recorre la columna y le eriza la piel. Esperaque el chico no se haya percatado de eso

- Está bien, lo haré. - Alya supone queaquel es el señor Potter.

- Gidens empieza a resultarme sospechoso. -Dice la voz femenina - ¿Por qué no quiere apartar a los dementores de Azkaban?¿Y por qué acepta los consejos de ese farsante?

- Gidens es débil, Hermione. - Dice el señorPotter - Lo sabíamos antes de que fuese nombrado Ministro.

- He hablado con muchos juristas ylegisladores, y todos me han dicho que lleve la propuesta de ley adelante. -Dice la madre de Rose.

- Si necesitas mi apoyo y el de Ginny, sabesque siempre lo tendrás.

- Gracias Harry.

- ¿Qué ha dicho Molly que llevásemos? -Pregunta el padre de James.

- Creo que ha dicho que cogieses panecillosde cereales.

Jamesabre mucho los ojos, mira alrededor con desesperación, a la estantería quetienen a su lado, entonces Alya ve que coge algo rápidamente - una especie decesta - y la coloca sin cuidado justo frente a la puerta antes de que esta seabra. Alya se atrevería a decir que a James aún se le veía una mano cuando supadre asoma la cabeza dentro de la pequeña despensa, pero por suerte no se hapercatado.

HarryPotter coge la cesta de panecillos y todo vuelve a quedarse a oscuras, exceptopor la vela que flota a su lado. Conoce esas velas. Ella también las compra en Sortilegios Weasley, son velas que danluz, pero no calor, y cuya llama se enciende soplando la mecha.

- Joder, qué poquito ha faltado
- SusurraJames una vez que deja de escuchar las voces de su tía y de su padre en lacocina - Bueno, ¿harás lo que te pido?

- Sí. - Susurra Alya, mirando la boca deJames antes de seguir el recorrido hasta sus ojos.

 

- Toma, si Albus intenta besarte, deja caeresto al suelo. - James le pone una pelotita negra en la mano - Explotará ysaldrá un humo fétido que hará que os lloren los ojos, pero al menos no habrásido culpa tuya y Albus no se sentirá tan mal.

- De acuerdo. - Dice ella.

Elchico sonríe con alivio. La mira durante mucho rato, tanto que Alya ya se haolvidado incluso de que están jugando al escondite. La mano del buscador de lacasa rival permanece en su hombro, sus ojos se están mirando como si aquellofuese una batalla y el que antes aparte la vista fuese a perder la vida. Legustaría poder decir algo tan simple como "aparta", pero es que no puede. Nopuede, porque no quiere que se aparte, porque es agradable notar el calor queirradia James, es agradable ser la única persona a la que está mirando, esagradable estar los dos solos en una despensa minúscula donde apenas puedenmoverse, y eso que ella siempre ha padecido cierta claustrofobia.

- Bien
- Susurra James más bajito aún queantes, pasándose luego la lengua por los labios - Supongo que deberíamos salirde aquí.

Alyaasiente imperceptiblemente, pero ninguno de los dos se mueve. De hecho, la otramano de James se alza hasta su mejilla, provocando que algo parecido a undragón se remueva en el interior de la chica. No puede pensar. Solo puedeseguir el movimiento de la boca de James, que poco a poco se acerca a la suyahasta que sus labios se rozan. No es un beso en sí, es una tortura mucho máslenta, hasta que por fin la boca del chico toma la suya con tanta parsimoniaque Alya se queda sin aliento.

Sabea cerveza de mantequilla y a salsa de arándanos. Al contrario que el beso queella le dio el año pasado por aquellas fechas, este es lento y sosegado, puedesaborear la lengua de James con cada movimiento, sus alientos se entremezclan yllega a tener dificultades para distinguir dónde terminan sus labios ycomienzan los de James. Alya simplemente se deja hacer. Deja que el chico leabra la boca con la lengua para introducirla dentro, deja que le baje untirante del vestido y le acaricie el hombro, deja que su otra mano tome sumejilla con una delicadeza que no conocía en él, y por desgracia, deja que seaparte cuando ha tomado lo que quería.

- No sabía que te gustase tanto como parapermitir que te haya besado. - James sonríe con arrogancia - Pero eresdemasiado aburrida, supongo que por eso le gustas a Albus y no a mí.

- ¡No he dejado que me besaras! - MienteAlya, ceñuda y ofendida por las palabras del chico.

- ¿Ah no? Pues no he visto que opusiesesresistencia. - James suspira - Tranquila, estoy acostumbrado a provocar esto enlas chicas, solo eres una más en la larga lista de admiradoras de James SiriusPotter.

- ¡Pedazo de gilipollas!

Yva a darle un empujón. Quiere darle un puñetazo y ponerle un ojo morado si esnecesario, pero la capa deja de cubrirla y todo está de nuevo a oscuras, porquela vela permanece junto a James, invisible desde el exterior.

- ¡Eres un cobarde y un creído asqueroso!¡Vuelve aquí!

Intentaavanzar, pero solo ve la puerta abrirse y cerrarse. El silencio la envuelve ydos gruesas lágrimas de impotencia le corren por las mejillas.


Hola de nuevo!! =D
Sé que dije que hasta el final de esta mini-fic no habría "momento romántico", pero... ¡no he podido resistirme! La Navidad es tan bonita... :3
Espero que os haya gustado :)
Besos y mil gracias por leer!! ;)

LAS CHICAS QUE ODIAN SAN VALENTÍN

 

- ¿Pero qué dices, Al?

JamesSirius Potter mira a su hermano con extrañeza.

- Sé que has sido tú. - Lo acusa el chico deojos verdes - Dime dónde está.

- ¿Para qué querría yo tu estúpido diario? -James se cruza de brazos con cansancio.

Tieneque apartarse un poco para dejar pasar a una chica, porque Albus y élinterrumpen el tránsito de una de las escaleras que llevan al piso principal.Esa tarde su hermano se ha empeñado en decir que él le ha quitado el diario quesu prima Molly le regaló esas navidades. ¡Un diario! ¿Pero para qué iba él aquerer un diario? Y además el de Albus
Seguro que se pasaba páginas y páginasescribiendo ñoñerías sobre Haworth que le harían vomitar.

- Para tocar las narices. Ese es tu únicopropósito en la vida. - Le dice con enfado.

Jamesalza las cejas y frunce los labios.

- Piensa lo que quieras. Yo no he cogido tumaldito diario. No soy una chica. - Y lo dice con retintín, para joder a Albusy herir su orgullo masculino, si es que tiene de eso, claro, porque a vecesduda bastante que su hermano sea mínimamente parecido al resto de chicos queconoce.

- Como me entere de que lo tienes tú, James,te juro que voy a enfadarme y mucho. - Lo amenaza Al.

- Haz lo que quieras, te digo que no te hecogido nada. - Insiste James - Y ahora, si no te importa, tengo que ir aentrenar.

Asíque James le dedica a su hermano una mueca de falsa disculpa y trota escalerasabajo, perdiéndolo de vista en cuestión de segundos. ¡Pero qué pesado estáAlbus últimamente! ¿Tan difícil es entender que NO ha cogido su diario?Seguramente lo haya metido en el baúl y no lo recuerde. A veces Albus esolvidadizo para algunas cosas. En cualquier caso, va a tener que hablarseriamente con él, porque su hermano parece pensar que James vive paramartirizarlo. Y es verdad que a veces se divierte a su costa, pero no lo haceporque le caiga mal. Lo hace porque es su obligación como hermano mayor.

Cuandosale fuera del calor del castillo, el viento frío de febrero le corta larespiración. Ese invierno está siendo uno de los peores que James alcanza arecordar. Las nevadas han continuado cayendo como si estuviesen en diciembre yde hecho el chico se habría hundido en el metro y medio de nieve que hay bajosus pies de no ser por el hechizo que se ha lanzado en las botas deentrenamiento antes de salir.

Llegaal campo de quidditch justo a tiempo. Sus compañeros de equipo aún no hansalido del vestuario, así que James, después de tener que aguantar lareprimenda de Elisa Claggmont, capitana de Gryffindor y guardiana del equipo,sale al campo con su escoba al hombro, acompañado de Lorcan y Fred, los mejores golpeadores que ha tenidoGryffindor desde Fred y George, según les ha contado Hagrid alguna vez.

- ¿Qué hace Haworth ahí? - Pregunta Fred,achinando la mirada.

Yno es el único que se lo pregunta. Elisa mira fijamente a la muchacha morenacon uniforme negro y verde que se encuentra sentada en las gradas, igual quehacen Dallia, Sean y Melinda, los cazadores de Gryffindor. Lorcan, que caminajunto a él, no parece contrariado como el resto del equipo, pero por suerte élno es el capitán. Elisa monta en su escoba, da una fuerte patada al suelo y sealza hasta la grada, donde Alya Haworth continúa apaciblemente sentada junto aBill Simons. James se muerde la mejilla por dentro. Antes no ha visto al chicoque pasa un brazo por la espalda de Alya con despreocupación. ¿Estarán saliendo?Algo que se mueve en su pecho lo empuja a montar sobre su escoba para dirigirsetambién hacia la grada. Enseguida ve que Fred y Lorcan le siguen.

 

-
y si no quieres que vengamos, prohíbe laentrada a los entrenamientos. - Escucha decir a Haworth.

- ¿Qué pasa, Elisa? - Pregunta James,desmontando de su escoba antes de caminar hasta el lugar donde Haworth y Simonscontinúan sentados.

- Lo que faltaba. - Simons ríe por lo bajocon aspereza cuando James se aproxima a ellos.

- Se niegan a abandonar el campo. - DiceElisa, cruzándose de brazos.

- No hay ninguna prohibición que impida quevengamos a ver vuestro entrenamiento. - Alya alza las cejas y se encoje de hombros,como si no comprendiese a qué venía tanto drama por parte de la capitana deGryffindor - ¿Por qué no echas al resto de gente que ha venido a veros?

Jamesmira alrededor. Hay mucha gente, no solo de Gryffindor, sino también de otrascasas. Es un entretenimiento habitual ir a ver los entrenamientos de losdiversos equipos de Hogwarts cuando una tarde es especialmente aburrida y unono tiene nada mejor que hacer. El problema en aquella situación es que Alya ySimons son de Slytherin. Las fosas nasales de Elisa se dilatan después desoltar un potente chorro de aire. James se teme lo peor, porque Elisa no esprecisamente comprensiva. Más bien no es nada comprensiva.

- Vosotros jugáis en el equipo de una casarival, así que esto podría considerarse casi como espionaje. - Dice la capitanade mal humor.

Simonsse echa a reír. Ríe a carcajadas y hasta deja caer la cabeza hacia atrás conelocuencia. Alya, por su parte, mira a su espalda un momento antes de contestara Elisa.

- Ahí está el buscador de Hufflepuff y noveo que hayas ido a pedirle que se largue.

- Es amigo mío. - Dice Claggmont apretandolos dientes.

- ¿Y qué? Si quieres, puedes pedirle alprofesor Wintringham que os conceda un permiso especial para poder decidirquién ve vuestros entrenamientos y quién no. Hasta el momento, me parece que nopuedes hacer nada.

Alyay Elisa se mantienen la mirada unos segundos. James piensa que están a punto deasesinarse mutuamente solo con la rabia que desprenden sus pupilas. Simons miracon satisfacción a Alya, la mira con una admiración que no deja lugar a dudaspara James: pierde el culo por ella. Y a James se le revuelven las entrañascuando vuelve a reparar en el brazo con que rodea a Alya. Ni siquiera sabe porqué le molesta tanto que Simons esté tan cerca de ella. No. No puede ser eso loque le moleste, porque no tendría ninguna lógica. No. Lo que le molesta es sucara de prepotencia. Se cree que puede ir allí y cachondearse de ellos junto asu amiga del alma
No es más que un lameculos de mierda.

- Se suspende el entrenamiento. - Diceentonces Elisa.

Suscompañeros murmuran. Fred gruñe por lo bajo y vuelve a montar en su escoba paradescender de nuevo al vestuario. James se dispone a hacer lo mismo, no tieneninguna intención de seguir allí, discutiendo inútilmente con Haworth, peroentonces Simons tiene que abrir su bocaza e inevitablemente James lo escucha.

 

- Mira cómo se van con el rabito entre laspatas
Para que luego digan que los gryffindors son valientes. - Y por si fuerapoco, se permite soltar una carcajada por lo bajo.

- ¿Qué has dicho, Simons? - James se acercaal slytherin hasta situarse frente a él con gesto poco amistoso.

- ¿Quieres que te lo repita, Potter? - BillSimons se pone en pie. Su cuerpo y el de James chocan pretendidamente.

- Bill. Potter. - Alya intenta parar lo quesabe que está a punto de suceder, pero es prácticamente imposible.

- Sí, me gustaría oírlo de nuevo. - Le diceJames, propinándole un empujón contra el pecho.

- He dicho que sois unos cobardicas demierda, y tú el que más. - Simons contesta con otro empujón.

- ¡Parad!

Alyaconsigue interponerse entre ellos dos, pero Bill y James están tan concentradosel uno en el otro que la pequeña muchacha pasa completamente desapercibida.

- ¿Quieres que te enseñe lo cobarde que soy?- Pregunta James, cogiendo a Alya de un brazo para apartarla, porque estádispuesto a enseñarle a Simons que es mejor cerrar el pico cuando él estácerca.

- ¡No la toques! - Y Simons parece enfadarsede verdad, porque lo empuja mucho más fuerte que antes.

- ¿Te molesta que toque a tu novia? Porque aella no parece molestarle que lo haga. - Dice, dedicándole una sonrisa quehabría enervado a cualquiera.

Yentonces Simons lo agarra con rabia de la pechera. James y él forcejean yterminan cayendo al estrecho pasillo que hay entre la primera fila de asientosy la barandilla que da paso al campo. A pesar de ello, se revuelven entrepuñetazos y patadas. Alya grita sobre sus cabezas. James ve que mucha gente se hasituado alrededor de ellos, pero está demasiado concentrado en propinarle unpuñetazo en el ojo a Simons como para preocuparse de eso. El altercado, sinembargo, no dura demasiado. Alguien tira de su túnica y consigue quitarlo deencima de Simons.

Lorcan.

BillSimons se pone en pie con la ceja chorreando sangre y parece dispuesto aecharse de nuevo sobre él, pero Fred y un chico que había asistido a ver elentrenamiento se interponen en su camino. Alya Haworth mira a uno y otro,colérica a la par que confusa. Simons es un prefecto. James se relame de gustosolo de imaginar que van a quitarle la insignia gracias a él.

**

AlyaHaworth espera impaciente a que su amigo Bill salga del despacho del ancianoprofesor Slughorn, donde se ha reunido con Wintringham - el profesor deTransformaciones y Jefe de Gryffindor - y con Potter. Sus ojos verdes van desdesus pies a la puerta de madera oscura que hay frente a ella. Ha intentadoescuchar desde el otro lado, pero como la mayoría de despachos de Hogwarts,está insonorizado.

Cuandopor fin la puerta se abre, al cabo de media hora, tan solo ve salir a Potter.La prefecta lo mira, temiéndose lo peor en vista de que su amigo se quedadentro con Slughorn y Wintringham. El muchacho no tiene buen aspecto. Bill leha hecho un moratón en la mejilla derecha y le ha partido el labio. Ya nosangra, pero tiene la túnica y la barbilla llenas de restos de sangre.

Noha hablado directamente con James Potter desde que lo vio en la fiesta deNavidad. Y la verdad, no quiere hablar con él, porque cada vez que lo verecuerda lo que pasó en la oscura despensa de su cocina y las pulsaciones se leaceleran estúpidamente, y Alya no quiere dejarse llevar por lo atractivo que leparece James Sirius Potter, porque ante todo es un cafre.

 

- Os ha salido el tiro por la culata a tuamiguito y a ti. - Dice Potter con placer.

Alyalo mira, irritada. ¿Por qué tiene que ser tan cretino? ¡La saca de quicio!Potter se aproxima a ella, frotándose la barbilla con la manga de la túnica.

- ¿Sabes que le van a quitar la insignia? -Potter sonríe. Está asquerosamente feliz - Por agredir a un compañero siendoprefecto, claro. La verdad es que nunca entendí cómo había sido posible que lediesen el cargo a ese memo.

- Eres repugnante. - Masculla Alya conimpotencia apretando los dientes.

- Y lo dices después de darte el loteconmigo hace menos de dos meses
- Vuelve a sonreír, chasqueando la lengua -¿No crees que es incoherente?

Labuscadora frunce los labios y a punto está de lanzarle una maldición, pero haceun esfuerzo verdaderamente sobrehumano para contenerse. Solo faltaría quetambién le retirasen su insignia a ella.

- Te refrescaré la memoria: fuiste tú quienme besó. - Contesta ella.

- Por hacerte un favor. - Repone James - Aver, sé que te mueres por estos huesecitos. Soy muy altrista.

Alyasuspira, alzando las cejas con cara de circunstancias.

- Se dice altruista, inútil.

- Sí, sí, pero que te gusto.

- ¿¡Puedes dejar de ser tan estúpido!?

- Me temo que no. - Sonríe James.

Yentonces la prefecta aprieta los puños y da un pisotón en el suelo. JamesSirius Potter se aparta de ella, en gran parte para no llevarse un golpe de lamuchacha, y tras dedicarle una burlona inclinación de cabeza, se aleja por elpasillo silbando con total tranquilidad. Alya contiene de nuevo las ganas delanzarle una maldición. Podría tirarle de los calzoncillos hasta que aúlle dedolor. Eso estaría bien, ver a James Sirius Potter lloriqueando en el suelo.Tal vez así aprenda a mantenerse alejado de ella.

Lapuerta del despacho de Slughorn vuelve a abrirse. Bill Simons aparece con elrostro contraído en una mueca cargada de ira. Al parecer Potter no le hamentido y su amigo ha perdido la insignia de Prefecto. Pero claro, ¿quéesperaban? Un Prefecto no puede ir por ahí dándose puñetazos con sus compañerosde colegio. Se supone que ellos deben dar ejemplo. Bill comienza a caminarpasillo adelante con los puños apretados y la túnica del colegio ondeando trasél.

- ¿Qué ha pasado? - Pregunta Alya,persiguiéndole con paso veloz, a pesar de que ya conoce la respuesta.

Billfrunce los labios y evita los ojos de su amiga. No parece dispuesto a hablar.

- ¿Te han
quitado la insignia? - Murmura.

Elchico emite un sonido ronco y furioso. Alya lo toma como una afirmación.

- Sabías que no podías

- ¡Sí, joder, lo sé! ¡Lo sé, ¿vale?! -Exclama mientras la mira con enfado - ¡Sé que no debería haberle entrado altrapo al gilipollas de Potter, pero lo hecho, hecho está!

- Bueno, Bill, para ser justos, el que haempezado a incordiarlo has sido tú.

Silencio.

Elchico para en seco y la observa con los ojos fuera de las órbitas. EnseguidaAlya se da cuenta de que tal vez no ha sido un buen comentario, ¡pero a ver, esla verdad!, ¿o no? Toda aquella discusión no habría tenido lugar si Bill nohubiese acusado a Potter de ser un cobarde. ¿Acaso no lo conocía? ¿Acaso habíapensado que el buscador de Gryffindor se iba a ir tan alegremente después deoírle decir eso de él y de su equipo? Por supuesto que Bill sabía lo que iba apasar, y en lugar de mantener la boca cerrada había continuado provocándolo. Esmás. Alya ha visto cómo Bill se ha abalanzado en primer lugar sobre Potter. Ysí, Bill es su amigo, pero las cosas había que decirlas como eran.

 

- ¿Le das la razón? - Pregunta Bill.

- No es darle la razón, Bill, es que tú

- ¡Oh, claro! ¡Se me olvidaba que Potter esuna pobre víctima! ¡Que todos le hacemos la vida imposible!

- No estoy diciendo eso, y no me gritesporque no te lo consiento. - Le dice Alya con voz firme mientras alza un deditoamenazador - Si quieres tergiversar lo que digo, adelante, pero ten en cuentalas consecuencias y no culpes a los demás si eres tú el que se comporta como unenergúmeno.

Billasiente con una sonrisa cínica en los labios.

- ¿Tergiversar? Ha quedado muy claro lo queopinas.

Alyalo mira sin comprender demasiado bien a qué se refiere. ¿Sabe lo que pasa? Puesque se explique, porque ella está perdida.

- No sé qué mierda tienes en la cabeza, Alya.- Continúa el chico. Alya se queda muda de repente - ¿Y sabes qué? No necesitoamigas como tú, si es que se puede llamar amiga a alguien que clava un puñalpor la espalda a la mínima oportunidad.

- ¿Pero qué dices? ¿Estás mal de la cabeza?- Consigue decir cuando por fin reacciona - ¡Esto es lo que me faltaba por oír!¿Sabes? Deberías ser un poco más autocrítico. Culpar a los demás de tus cagadasno va a solucionar tus problemas.

Ysin más, Alya se marcha de allí. Bill no la sigue, cosa que agradece. Es mejorque se le pase el ataque de nervios que aún la hace temblar de impotencia despuésde que su amigo haya sido tan brusco y maleducado con ella. Se mete en elprimer baño de chicas que ve y casi corre hasta el último inodoro. Cierra la puertay apoya la espalda contra la misma. Deja escapar un suspiro apagado a través desus rosados labios y se mira los zapatos sin ver.

**

Jamesdivisa a su prima Molly a lo lejos. No es difícil dar con ella, normalmente esla que tiene la voz cantante en lugares donde hay mucha gente. Molly Weasley esde esas personas que, simplemente, han nacido para organizar y dar órdenes. Yalo hacía de pequeña, de ahí que sus primos siempre la evitasen a la hora dejugar, porque si Molly estaba cerca, tenías que jugar a lo que ella dijese ycomo ella dijese.

Apesar de todo, Molly es, muy posiblemente, la prima favorita de James. Sí, esmuy mandona, pero también es una buena persona que siempre está dispuesta aecharte una mano. Además, es decidida y fuerte, de esas chicas que sabendefenderse solitas y todo el mundo la toma en serio. Bueno, todo el mundoexcepto Devlin Jones.

AJames, Dev le parece un tío cojonudo, a pesar de que no le guste demasiado elquidditch, pero quitando ese pequeño defecto, es un tío guay. Lleva el pelolargo y le gusta la música rock, siempre lleva pantalones ajustados y botas - apesar de los múltiples castigos que se ha ganado por no ir acorde a las normasdel colegio - ¡y hasta tiene tres tatuajes que él mismo se ha hecho! Oh, y noolvidemos que fuma en pipa. James supone que Molly y Dev chocan porque son muydistintos, pero no entiende porque no pueden hacer el esfuerzo de llevarsebien. Lucy, sin embargo, está locamente enamorada de él. James lo sabe porqueha visto sus cuadernos llenos de corazoncitos, pero su prima aún no se ha atrevidoa decírselo al ravenclaw.

 

Jamescamina en dirección a Molly, que está rodeada de un montón de gryffindors alfinal de la mesa de su casa en el Gran Comedor. No tiene ni idea de por qué, asíque se acerca, a ver si puede enterarse de algo.

- ¡Calma! ¡Calma! - Exclama Molly, alzandolas palmas de las manos - Vayamos por partes. En primer lugar, todo aquel quedesee hacer un pedido puede hablar con cualquier prefecto, da igual que no seade su casa, a cualquier hora del día. Si alguno o alguna quiere hacer un pedidoanónimo, podrá depositar un pergamino en un buzón que cada Sala Común tendrádisponible a partir de esta tarde. ¿Entendido? Solo tendréis que poner lo quequeréis y a quien hay que entregárselo.

Jamesmira a su alrededor sin comprender nada, aunque todos los chicos y chicas queescuchan a su prima hablar parecen seguirle el hilo, porque afirman y murmuranentre ellos.

- Y ahora a desayunar o llegaréis todostarde a clase. Venga.

Lanube de gente se dispersa a lo largo de la mesa de Gryffindor y James puedesentarse junto a la chica pelirroja. Molly se sirve una copa de zumo decalabaza y un poco de huevos revueltos con beicon.

- ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué había tantagente aquí? - Pregunta James, cogiendo un trozo especialmente grande de pastelde chocolate con crema.

- ¿No te enteras de nada? - Molly chasqueala lengua - Pasa el maldito día de San Valentín.

- ¿San Valentín? - James frunce el ceño -Pero si este año no cae en fin de semana
No podremos hacer excursión aHogsmeade.

- La gente romántica de este colegio hatenido la maravillosa idea de celebrarlo a pesar de todo. Se va a decorar elcastillo y podrás enviar flores a la persona que desees. ¿Y quién crees que seocupa de todo eso? Pues los prefectos. - Molly pone mala cara - ¿En serio estan importante San Valentín? Solo sirve para perder el tiempo. Tengo queterminar seis redacciones y practicar Encantamientos, ¿y acaso crees que eso leimporta a alguien? Por supuesto que no.

Jamessonríe.

- Qué romántica eres.

- El romanticismo es una tontería. Yo nonecesito que ningún chico me regale flores ni que me diga estupideces parasentirme mejor conmigo misma.

- Creo que Lucy, Roxie y Rose no van apensar lo mismo. - Se aventura a decir James.

Mollylanza un bufido, alza las cejas y abre su ejemplar de El Profeta, dando por zanjada la conversación. Y como ella se haconcentrado en su lectura, James se dedica a otear a su alrededor. Todo el GranComedor parece bullir frenéticamente aquella mañana. Hay grupos de chicas queríen por lo bajo, lanzando miradas furtivas a sus compañeros. Los chicostampoco se quedan atrás. Todo aquello es de un empalagoso que podría hacervomitar arcoíris.

Alejos, en la mesa de Slytherin, ve a Albus con su amigo Scorpius. Un poco másallá, Haworth desayuna con Markus Hills. No hay ni rastro de Simons. James sabeque algo ha tenido que pasar entre Alya y su amigo ex - prefecto, porque desdeque se peleó con él hace unos días ni siquiera los ha visto juntos, y eso esmuy raro teniendo en cuenta la obsesión que Simons siente por la buscadora deSlytherin.

- ¡Buenos días!

Fredse sienta a su lado tan bruscamente que empuja a James y este a su vez, aMolly, consiguiendo derramarle el zumo - que la chica se encontraba bebiendojusto en aquel momento - sobre el uniforme. Molly se mira la mancha húmeda ynaranja que se extiende sobre su pecho, luego sus ojos azules centellean conira sobre ellos dos.

 

- Lo siento. - Dicen al unísono con vocessuplicantes. Y debe ser que Molly ve el terror en los ojos de sus dos primospequeños, porque parece contener las ganas de gritarles lo inútiles y mendrugosque son.

- Arreglado.

DevJones acaba de tomar asiento frente a ellos con una sonrisa torcida ysatisfecha. James mira a su prima y ve que la mancha ya no está, aunque la carade Molly no ha mejorado mucho que digamos.

- Ya puedes perdonarles la vida. - AñadeDev, acompañando sus palabras con un soplido hacia arriba que permite que se levea el ojo derecho al apartar durante un segundo su tupido flequillo. Unsegundo. Ni uno más. Luego el cabello vuelve a darle el aspecto de un pirata.

- ¿Y a ti quién te ha dado permiso para quemetas las narices? - Le pregunta Molly al ravenclaw.

Bueno,al menos ha conseguido que su prima dirija su ira hacia él. Dev es un valiente.Sí, señor.

- ¿Había que pedir permiso? Lo siento, no mehabía dado cuenta. - Dice con gesto burlón, inclinando el cuerpo sobre suscodos - Solo quería echarte una mano.

- Yo también sé eliminar una mancha de laropa. La próxima vez métete en tus asuntos. - Molly empieza a recoger suscosas.

- Solo quería que empezases bien el día. -Le dice Dev sin dejar de sonreírle - Venga, sonríe un poco.

PeroMolly no sonríe. Se pone en pie y frunce los labios bajo la atenta mirada deDev, luego coge la copa de zumo de James y se la arroja al chico a la cara. Elravenclaw ha cerrado los ojos en un acto reflejo, pero no ha podido evitar queel zumo le chorreé por el rostro y lo ponga perdido.

- Sonríe un poco, Jones. - Le dice Molly conburla antes de salir pitando de allí.

Jamesy Fred se miran un momento antes de volver la vista hasta Dev, que se estálimpiando con una servilleta de tela blanca de las que hay sobre la mesa.

- Qué carácter. - Dice el chico al cabo deunos segundos. Y vuelve a sonreír de medio lado.

**

- Serpis.

Alyatraspasa el muro que se desliza ante ella y que le permite el paso a la SalaComún de Slytherin. La sala, completamente forrada de vibrantes verdes y fríosplateados, se encuentra llena de alumnos que leen, conversan apaciblemente, ohacen deberes al fondo, junto a las ventanas desde las que se ven las turbiasaguas del Lago Negro.

Aveces Alya se pregunta cómo serán el resto de Salas Comunes. ¿Qué ambiente serespirará en la Sala Común de Ravenclaw? Seguramente haya gente debatiendo,puede que hagan sus propios clubes de lectura o de estudio. Se imagina que ellahabría encajado bien allí. ¿Y en Hufflepuff? Los alumnos de la casa del tejónno suelen ser muy ruidosos. Puede imaginarlos bebiendo chocolate caliente alrededordel fuego invernal, hablando de las clases y de sus familias
No se imagina enHufflepuff, son demasiado sosegados para su gusto.

Enla Sala Común de Slytherin prima la calma, pero no es una calma relajada yhogareña, como se imagina que sucede en Hufflepuff. No. Lo que sucede enSlytherin es que sus alumnos están demasiado ocupados estudiando para conseguirquedar por encima del resto de casas y demostrar cuán superiores son. EnSlytherin son muy competitivos, como en Gryffindor, aunque de manerasdiferentes. La competitividad de un slytherin es elegante y taimada. A losgryffindor les gusta llamar la atención. Es como cuando un niño pequeño aprendea hacer el pino y llama a voces a su madre y a todo aquel que esté cerca paraque vea lo que sabe hacer. Sin lugar a dudas, la casa de Godric Gryffindor esla más ruidosa y despreocupada de todas cuantas hay en Hogwarts. Alya estásegura de que no podría estar en Gryffindor. Su Sala Común debe ser un caos,con gente gritando y riendo por todas partes, porque los gryffindor no tienenni un ápice de consideración hacia los demás. Es cierto que no todos son así,pero incluso los más educados permiten ese tipo de comportamiento en suscompañeros y de vez en cuando se desmadran. Solo hay que ver a Molly Weasley, oa Rose.

 

Alyadeja de pensar en las diferencias que hay entre los alumnos de las casas deHogwarts cuando ve a su amigo Bill Simons al final de la Sala Común, leyendo unlibro y apartado de todo. Por un momento se debate entre subir a su dormitorioo ir a hablar con él, aún no se han reconciliado después de lo ocurrido tras lapelea con Potter, y le duele que Bill ni siquiera haya hecho el intento dearreglar las cosas entre ellos, pero finalmente decide ir hacia él. Consideraque debe ser muy estúpida y que debería tener algo más de amor propio. Inclusopiensa que Bill debería aprender a ser menos terco, pero sabe que eso nodepende de ella, así que lo único que puede hacer es demostrarle que ella no leguarda rencor por una absurda discusión. Nada más.

- Hola. - Le dice casi en un murmullodesenfadado - ¿Qué lees?

CuandoBill alza la vista y la mira fijamente con esos bonitos ojos azules que hacensuspirar a medio colegio Alya se pone algo nerviosa. Tira de las mangas de sutúnica y las arruga entre sus manos inconscientemente. ¿Después de pasar días sinhablarse solo se le ocurre decirle eso? Bill se humedece los labios y tomaaire.

- No es nada importante. Un libro sobreCuidado de Criaturas Mágicas. - Contesta él, cerrando el volumen amarillentoantes de ponerse en pie.

Billes bastante más alto que ella. Es uno de los chicos más altos de su clase,junto con Lorcan Scamander, así que Alya se retira unos pasos para podermirarlo. El chico ha fruncido los labios y pone cara de circunstancias, como sino supiese muy bien qué hacer a continuación, y para ser sinceros, Alya tampocolo sabe.

- Oye
- Dice Bill.

- Yo
- Dice Alya al mismo tiempo.

Losdos guardan silencio y sonríen con disculpa. Bill se rasca la nuca. A Alya legusta que Bill se sonroje y que ponga cara de chico inocente, porque aunque nole pega nada - porque Bill es un pillo - está muy guapo. Es hasta tierno.

- ¿Te apetece que hablemos fuera? - Le preguntala chica a Bill.

- Sí. Sí, es una buena idea. - Sonríe él.

Asíque los dos se dirigen en silencio hacia la salida. Cuando están el corredor delas mazmorras, ven a Albus girando para entrar a la Sala Común, acompañado porScorpius Malfoy. El chico les saluda, observándolos con detenimiento. Porsupuesto, Al sabe lo que ha ocurrido con Bill. Todos lo saben, sobre tododespués de que nombrasen como nuevo prefecto a Markus. Alya va a saludarlo,pero Bill la coge de un codo y tira suavemente de ella antes de que la chicallegue siquiera a despegar los labios.

 

Lalleva hasta un pasillo desierto, alejado de la Sala Común y de las aulas dePociones. Alya sabe que mucha gente va allí a darse el lote. Es un sitio ideal,desde luego. También los pasillos del sexto y séptimo piso son muy frecuentadospor parejas fogosas, al menos algunas de sus alas menos utilizadas.

- Aquí podremos hablar. - Le dice Bill,escondiéndola tras una robusta columna de piedra.

Laspupilas de ambos chocan un momento, pero inmediatamente se apartan, como loharían los polos opuestos de dos imanes. Alya se muerde el labio inferior yjuguetea con el dobladillo de su falda, buscando las palabras correctas parainiciar aquella conversación que tienen pendiente. Por suerte, Bill se leadelanta.

- Siento mucho lo que pasó. - Dice a bocajarro,como si hubiese tenido esas cinco palabras preparadas desde hacía mucho tiempoen la punta de su lengua - Siento mucho lo que te dije, Alya. No lo pensaba, nilo pienso. Es solo que
Estaba enfadado y la pagué contigo. Perdóname.

AlyaHaworth menea la cabeza de lado a lado.

- No pasa nada. A veces decimos cosas que nosentimos y yo no debería haberte regañado en ese momento, debería

- No, tú no tuviste ninguna culpa. - Bill lepone una mano en el hombro - Te he echado mucho de menos estos días. No mehabía dado cuenta de
cuánto

Yla atrae contra él para estrecharla en un cálido abrazo. La frente de Alya dacontra el pecho de Bill. Los brazos del chico la envuelven como una manta y unade las manos de su amigo le acaricia la nuca. Bill huele a perfume - a perfumemuy caro - y el tacto de su cuerpo es reconfortante. Al menos Alya se sientemejor cuando rodea la cintura del chico con los brazos.

Pasanun rato así, abrazados simplemente. Desde algún lugar del pasillo les llega elruido de gotas cayendo y Alya se pregunta si estará lloviendo fuera, y escuando cae en la cuenta de que hace mucho que no se separa de Bill. Susmejillas se sonrojan y carraspea, como si esa fuese la señal para que Bill lalibere, pero no lo hace. Al menos no del todo. Tan solo se separa un poco y lamira desde arriba.

Alyale sonríe, pero su gesto se queda medio congelado al advertir que los ojosazules de Bill la están mirando como si nunca la hubiesen visto. La buscadorase pone seria, porque no sabe qué será lo que está cruzando por la mente de suamigo. Se dispone a preguntarle qué le ocurre, a decirle que ya está todoolvidad y que no pasa nada, pero Bill de nuevo se le adelanta:

- ¿Quieres salir conmigo en San Valentín?

AlyaHaworth pestañea con desconcierto. Espera que Bill ría y le diga "¡es broma,tonta!", pero no, no lo hace.

**

JamesSirius Potter abre los ojos perezosamente el día 14 de febrero, a pesar de todoel alboroto que hay en su dormitorio. Lorcan y Fred van de acá para allá sinmotivo aparente, Lysander refunfuña entre dientes y un golpazo termina dedespertarlo por completo.

- ¿Qué pasa? - Pregunta aún con airesomnoliento.

- Me gustaría saberlo a mí también. - Gruñe Lysander- Sobre todo porque están dejando todo el dormitorio como una pocilga.

Yasí es, efectivamente. James mira a su alrededor y ve ropa por todos lados.Uniformes por el suelo, zapatos, envoltorios que James no sabe de dónde hansalido ni qué contenían
Frunce el ceño y dirige sus oscuros ojos a su primo ya su amigo. Los chicos se pelean por mirarse al espejo para peinarse, cosabastante extraña que no acontece todos los días, y menos en aquel dormitorio.

 

- ¿Qué hacéis? - Pregunta James, rascándoseuna mejilla y bostezando a continuación.

- Hoy es San Valentín. - Dice Fred.

- ¿Y?

- Habrá un montón de chicas esperando quealgún chico tenga un gesto romántico con ellas. - Dice Lorcan.

- Lo que me faltaba por oír. - Se quejaLysander por lo bajo - En serio, a veces me dais vergüenza ajena. Bueno, aveces
- El rubio chico meneó la cabeza de un lado a otro con cara decircunstancias.

Jamessonríe levemente cuando Lysander suspira mientras se ciñe la corbata deluniforme. A él nunca le ha gustado demasiado el día de San Valentín, puede queporque siempre ha sido demasiado pequeño como para comprenderlo, pero ese añoya tiene dieciséis - los cumplió justo hace una semana, el día 7 de febrero -,y piensa que no estaría mal salir con alguna chica.

- ¿Tú no vas a salir con nadie, Lys? - Le preguntaLorcan a su hermano.

- No. No estoy enamorado de nadie, así queme parecería deshonesto intentar tener una cita con una chica que podría pensarque

- Sí, sí, lo que tú digas. - Le interrumpeFred.

Lysfrunce los labios y entrecierra la mirada.

- ¿Te gustaría que un imbécil con la únicapretensión de darse el lote con alguien, sea quien sea, le pidiese una cita atu hermana pequeña, Fred?

James,que se ha quitado el pijama y está poniéndose el uniforme para bajar adesayunar e ir a clase, le lanza una mirada atenta a su primo. Debe reconocerque Lysander tiene razón, aunque sea solo un poquito. A él no le haría nipuñetera gracia que un tío como Lorcan se acercase a su hermanita el día de SanValentín, cuando ella está más receptiva de lo habitual, solo para meterlemano. James está seguro de que mataría al tío que le hiciese algo así a Lily. Porsuerte, Lily aún tiene doce años. Todavía queda mucho para que James tenga quepreocuparse por los idiotas que se acerquen a su hermana, aunque ahora que lopiensa, ¡cuando eso suceda él no estará en Hogwarts! Lily estará en cuartocuando él esté en séptimo, y todo el mundo sabe que es a partir de quintocuando una chica empieza a tener citas. ¡Y él no estará!

- Os veo en el Gran Comedor. - Les diceentonces Lysander, cogiendo su mochila y saliendo por la puerta.

Fred,Lorcan y James se miran.

- ¿Creéis que alguien le pedirá una cita ami hermana? - Pregunta Fred con horror.

- Bueno, podría pasar, tu hermana es guapa ytodo eso. - Señala Lorcan encogiéndose de hombros con despreocupación- Suerte queyo no tengo hermanas pequeñas.

Elrubio muchacho sonríe, igual que hace James cuando ve la cara que pone suprimo. Parece que se le han quitado las ganas de acercarse a ninguna chica.

**

Alyase pregunta por qué habrá aceptado salir con Bill esa tarde. ¿Ha perdido lacabeza? Markus le ha aconsejado sabiamente que no acepte, que eso puedeterminar con su amistad, pero ella es estúpida y, aun sabiendo que su amigotiene toda la razón del mundo, le ha dicho que sí a Bill después de pensarlotres días.

¿Porqué ha decidido decir que sí? Buena pregunta. Alya cree que le ha pasado comocuando era pequeña y hacía alguna travesura, a pesar de saber que no deberíahacerla. En su cabeza una vocecita le ha repetido mil veces que le diga que noa Bill, que le diga que solo son amigos, pero cuando creía estar preparada paradecirle que no, de sus labios había brotado espontáneamente un sí.

 

Porsi fuera poco, desde que su amigo le pidió una cita, Alya ha empezado a encontrarlomás guapo de lo que ya le parecía. Bueno, no es eso exactamente. Es más bienque ha empezado a fijarse en él como chico, cosa que nunca antes había hecho.Para ella, Bill nunca ha sido nada más que un amigo, pero no es solo eso. Billes un chico, uno muy guapo, por cierto, y está interesado en ella. Tienenmuchísimas cosas en común, pueden pasarse las horas enteras hablando, le hacereír, siempre ha estado junto a ella
Así que ahí está el motivo por el que suslabios han decidido dar el "sí". Una pequeña parte de Alya piensa que podríanhacer buena pareja.

- Esto es una locura. - Le dice Markus,cruzado de brazos - ¿Y si sale mal? A ti nunca te ha gustado Bill.

- Siempre me ha parecido guapo.

- Eso no significa que te haya gustado. -Markus la mira con las cejas alzadas. - Y ahora solo te fijas en él porquesientes curiosidad.

- No. - Alya frunce el ceño - ¿Cómo puedesdecir eso? Nunca le haría eso a Bill.

- Alya

- Mark. - Le interrumpe la chica - Ya hehablado sobre esto con Bill. Le he dicho que podemos probar a ver qué pasa,pero si no me gusta no voy a salir con él. Solo es una cita. Solo queremos saberqué pasaría

Markussuspira.

- No vamos a dejar de hablarnos si vemos quela cita no ha salido como esperábamos. - Alya ladea la cabeza y mira a su amigocon gesto tranquilizador - Deja de preocuparte. Somos mayorcitos.

- Ese es el problema.

Luegolos dos salen de su Sala Común en dirección al Gran Comedor. San Valentín nosolo puede sentirse en el ambiente, este año el colegio ha ido más allá en lacelebración de la festividad. Todo está decorado con colores rosas y con lastonalidades de las casas. Hay montones de corazones por todas partes, cupidosdisparando flechas de humo rojo que salen disparadas hacia los alumnos yalumnas que caminan entre risas por los pasillos, flores aquí y allá, música dearpas, las armaduras que custodian algunos de los corredores recitan poemas

- ¿Y tú qué? ¿No vas a pedirle una cita anadie? - Pregunta Alya a su amigo con una sonrisa amable.

- Claro, iré al Club Gay de Hogwarts, seguroque hay chicos libres. - Le contesta con ironía ácida.

Alyase muerde el labio inferior con preocupación. Sabe lo difícil que lo tieneMarkus y odia que se sienta mal por ser homosexual. No hay mucha gente que losepa. En realidad solo lo saben ella y Bill, aunque supone que alguien losospechará. Su amigo viene de una familia un poco "chapada a la antigua" einsiste en decirle a Alya que no cree que sus padres se tomen bien la noticia,si es que algún día tiene el valor de contárselo.

- Markus
- Alya lo mira ladeando un poco lacabeza hacia la derecha.

- No quiero hablar de esto. - Dice el chico,tajante - No quiero hablarlo hoy.

AlyaHaworth asiente, respetando el deseo de su amigo.

- Mierda. - Refunfuña Markus al momentosiguiente - Ve a coger sitio, enseguida subo. Se me han olvidado los ejerciciosde Encantamientos.

Elchico echa a correr en dirección contraria, desandando el camino que habíanhecho hasta el piso principal. Alya reanuda la marcha, ahora sola, por elpasillo. Mucha gente ríe en grupitos en el corredor principal. Hay chicaslanzando miradas a grupos de chicos, seguramente esperando a que alguno deellos se acerque, o preguntándose si alguien les enviará un ramo de flores delos que se han vendido por parte de los Prefectos. Está tan perdida en suspensamientos que no se da cuenta de que va a chocar con la espalda de un chicoque está bloqueando la puerta del Gran Comedor.

 

- Vaya, vaya, vaya. Haworth

JamesSirius Potter la mira con una gran sonrisa traviesa y el cabello despeinado. Seha cruzado de brazos en cuanto ha visto quién es la persona que ha colisionadocontra él.

- Sé que te parezco irresistible, cosa bastantenormal, pero te agradecería que intentases reprimir las ganas de tocarme.

Alyatoma aire y le devuelve la sonrisa. La de Potter se va borrando poco a poco,sin embargo. Ya echaba de menos ser capaz de poner furioso a James.

- ¿Tu vida es tan deprimente que tienes queconvencerte de que todas las chicas que hay a tu alrededor te desean, Potter?Porque no veo a ninguna por aquí. - La chica se encoge de hombros - Puede serque se deba a que todas están en tu imaginación.

JamesSirius Potter la mira fijamente, aprieta los dientes y la fulmina con lamirada, pero antes de que vaya a contestar, Alya da unos pasos hacia el GranComedor y se despide con un aleteo de mano.

- Feliz San Valentín, Potter. - Le dicesimpáticamente.

Luegose interna en el Gran Comedor, donde el ruido de las risas y las conversacionesaceleradas es mayor aún que en el pasillo.

OdiaSan Valentín.



Hola!! =D
Bueno, bueno, sí, sé que se queda en el aire qué pasará con Alya y Bill, pero tranquil@s que esas cosas siempre se descubren en el siguiente ;)
Muchas gracias por seguir leyendo y por comentar. Los comentarios son el alimento de todo escritor ;)
Besos!! ;)

POR QUÉ HACES LO QUE HACES

JamesSirius Potter se muerde la comisura del labio por dentro. Atrapa el pequeñosaliente de carne con los colmillos y mira distraídamente a la mesa deSlytherin. Albus se ha sentado con Scorpius, como es habitual, pero esa mañanano le preocupa demasiado que su hermano trabe amistad con "el enemigo". Esamañana los ojos de James revolotean como sin quererlo alrededor de una chica decabello negro y ojos verdes. Desayuna mientras lee el periódico. El chicosituado junto a ella, Markus Hills mira un libro que tiene abierto sobre lamesa, aunque no parece especialmente concentrado.

- Buenos días.

Jamesalza la vista con prisa, no vaya a ser que alguien lo vea mirando a AlyaHaworth. Lysander acaba de llegar. El muchacho rubio toma asiento junto a él.Como siempre, sus labios no son otra cosa que una línea recta y seria, sus ojosse fijan con desinterés en la jarra de zumo de calabaza que tiene delante. Aveces James se pregunta si Lysander es feliz. Está bastante seguro de que algotiene que pasarle, algo que ninguno de ellos conoce. Duda incluso que Lorcan losepa. Pero claro, James no es que tenga una estrecha relación con Lysander, asíque no se ve con la confianza de preguntarle nada. Tampoco es que le quite elsueño.

- Buenos días. - Contesta James - ¿Y Lorcany Fred?

- Se han parado a hablar con unas chicas decuarto. - Explica el chico, apartándose un poco de huevos revueltos en suplato.

 

Justoen ese momento Lorcan y Fred entran por las enormes puertas del Gran Comedor.Como siempre, vienen riendo. Solo verlos hace que James sonría ligeramente. Susdos amigos toman asiento ruidosamente frente a ellos, seguidos por decenas deojos, sobre todo desde la mesa de profesores.

- Muy buenos días. - Dice Fred conentusiasmo.

- Buenos días. - Contestan Lysander y Jamesal mismo tiempo.

- ¿No queda beicon? - Pregunta Lorcan,estirando el cuello para mirar a lo largo de la mesa de Gryffindor - Creo queallí hay un plato.

Elalto chico rubio se pone en pie y desaparece un momento de su lado.

- ¿Qué tenemos a primera hora? - PreguntaFred muy contento.

- Transformaciones. - Contesta Lysander.

- ¡Transformaciones! - Fred le da un bocadovoraz a su tostada - Estupendo.

Jamesalza una ceja con asombro. Su primo no suele estar tan contento a primera horade la mañana, mucho menos cuando empiezan el día teniendo Transformaciones oPociones, dos asignaturas que Fred Weasley odia con todo su ser.

- ¿A qué viene toda esa energía y buenhumor? - Pregunta Lysander con curiosidad.

- Me lo has quitado de la boca. - AñadeJames.

- ¡Pero bueno! ¿Es que uno no puede estarcontento sin levantar las sospechas de nadie? - Fred menea la cabeza con unasonrisa deslumbrante.

- Está así de contento porque ha visto aRoxanne llorando antes de bajar. - Anuncia Lorcan, que acaba de volver con suplato de beicon.

- ¡Joder, Lorcan! ¡Quería darle un poco másde coba! - Se queja Fred

- ¿Cómo? - Lysander mira a su hermano y aFred sin comprender muy bien el significado de aquella frase.

Locierto es que a James también se le hace extraño escuchar algo así. No entiendeque Fred se alegre por haber visto a su hermana llorar, pero claro, Fred yRoxanne son de esos hermanos que tienen una intensa relación de amor-odio.

- ¿No os habéis enterado? - Fred sonríe deoreja a oreja - ¡Pero si lo sabe todo Hogwarts!

- ¿Qué sabe todo Hogwarts? - PreguntaLysander con el ceño fruncido.

- Hay una nueva parejita en el castillo. -Sonríe también Lorcan.

- Mi hermana se ha puesto muy triste, porquecreía tener posibilidades con el chico en cuestión. - Dice Fred - Pero resultaque a él le gusta otra.

- Roxie no se lo ha tomado muy bien. - AñadeLorcan.

- Y yo no soporto a ese gilipollas, así queme alegro mucho de que haya encontrado al amor de su vida y de que se aleje deRoxanne. - Fred da un sorbo a su zumo de calabaza.

- ¿Y quién es la pareja de la que hablas? -Pregunta Lysander con curiosidad.

Jamesve a su primo sonreír de medio lado.

- Haworth y Simons. - Dice, deleitándose así mismo con la noticia.

Elbuscador de Gryffindor lleva sus oscuros ojos de nuevo hasta la mesa deSlytherin. Allí está Alya Haworth, sentada junto a Simons. James no sabe cuándoha llegado el chico, se ha distraído con la llegada de Lysander. El antiguoprefecto sonríe a la buscadora de Slytherin con una felicidad que lo saca dequicio. Una sensación extraña se le ha instalado en el pecho y el vientre. Nosabría explicar exactamente lo que es.

- ¿Están saliendo? - Pregunta Lysander coninterés - Yo sabía que tuvieron una cita en San Valentín, pero no parecía quehubiese salido demasiado bien. No vi a Alya demasiado ilusionada.

 

- Pues no sé si la cita se les dio bien omal, pero están saliendo. - Dice Fred.

Lamirada de James se cruza entonces con la de Simons. El chico no parpadeadurante unos segundos. Entonces sonríe casi imperceptiblemente, como si solo lesonriese a James. Luego coge la barbilla de Haworth delicadamente y gira elrostro de la muchacha para inclinarse sobre él hasta posar sus labios sobre losde la menuda buscadora. James decide apartar la vista de ellos dos.

- Mira, de hecho se están morreando ahoramismo. - Apunta Lorcan.

- Bueno, me imaginaba que Alya empezaría asalir con alguien este año. - Dice Lysander, volviendo a concentrarse en sudesayuno.

- Yo le habría pedido salir de no ser unaslytherin. - Confiesa Fred - Pero bueno, también es verdad que es muy mandona,y eso le quita atractivo. Supongo que está bien para un ratillo, pero en elfondo hasta me compadezco de Simons.

Jamesno levanta la vista de su copa de zumo. La molestia persiste. Debe estarnervioso por las clases o algo así.

- ¿Podríais dejar de cotillear? - Preguntaentonces el chico - Parecéis crías de doce años con tanto cotorreo. La vida deHaworth y Simons me importa una mierda.

Lorcan,Lysander y Fred se miran entre ellos. Parecen sorprendidos por la repentinareacción de James, pero antes de que cualquiera de ellos pueda preguntar a quéviene ese mal humor, su prima Molly aparece junto a los cuatro muchachos.

- James, tengo que hablar contigo. - Le dicesin llegar a sentarse.

- ¿Qué? - El chico la mira ceñudo - ¿Quépasa? No he hecho nada.

- He dicho que vengas conmigo y punto. - Mollyalza las cejas, como desafiándolo a que no la obedezca.

Demala gana, James se pone en pie. Como ya es tarde, coge su mochila y se la echaal hombro. Duda que le dé tiempo de volver a sentarse a la mesa del desayuno.Su prima camina con prisa hasta la puerta del Gran Comedor. Él la sigue,preguntándose qué narices querrá Molly. No está de humor para las tonterías desu prima.

- ¿Y bien? - Pregunta James cuando su primase detiene en el pasillo principal, junto a una columna de piedra gris.

- Tienes que hacerme un favor.

Lososcuros ojos de James se mantienen fijos en los azules de Molly. Por su gestosabe que no es un favor cualquiera.

**

AlyaHaworth mira de reojo al guapo Bill Simons. A su novio. Su novio. Suena tan
raro. Suena y es raro. Se le hace raro que Bill aparezca en el Gran Comedor y labese en la boca, delante de todo el mundo. Se le hace raro que la coja de lamano y le bese los nudillos sin previo aviso. Se le hace raro que le agarre dela cintura y la acerque hasta su cuerpo, que se tome la libertad de acariciarsus hombros y hasta que la abrace sin tener una excusa. Pero ahora estánsaliendo y Alya sabe que tiene que acostumbrarse a la nueva proximidad entreellos.

Elproblema es que llevan tres semanas saliendo y ella sigue avergonzándose cadavez que Bill le muerde el lóbulo de la oreja y le sonríe de manera juguetona.Le preocupa que Bill se enfade con ella por su falta de iniciativa, pero ¿quépuede hacer Alya? Siempre piensa que puede excusarse diciendo que todo estápasando muy deprisa y que le parece raro tener esa cercanía con él, que ha sidosu amigo desde el mismo momento que el tren de Hogwarts se puso en marcha yBill apareció en el vagón donde ella estaba.

 

Asíque allí está Alya, aguantando que Bill le acaricie el muslo por debajo de lamesa mientras el profesor Wintringham explica cómo transformar plantas en seresvivos más complejos. No le parece nada apropiado lo que está haciendo Bill,pero tampoco puede decirle nada en medio de la clase, menos aún cuando elprofesor de Transformaciones está mirando al aula.

Alalzar la vista, puesta en la mano de su novio, sus ojos se encuentran con losde James Sirius Potter. El muchacho está sentado en los pupitres del otro ladodel aula y baja la vista hasta la mano que Bill tiene puesta sobre el borde desu falda de uniforme. Alya se sonroja e inmediatamente aparta la mano de Billde un manotazo. El rubio slytherin la mira con el ceño ligeramente fruncido,como si no supiese a qué ha venido aquello. Va a tener que explicarle que esmejor que mantenga las manos alejadas de ella en clase.

**

JamesSirius Potter coge su capa de invisibilidad del fondo del baúl rojo con lainsignia de Gryffindor que Ted le regaló por su cumpleaños hace dos cursos.Todos sus amigos duermen, así que es hora de salir. Su prima Molly confía enél, aunque no entiende por qué no puede hacer ella misma lo que le ha pedido,al fin y al cabo es prefecta y lo tiene más fácil para moverse a esas horas dela noche por el castillo, pero se lo ha prometido y lo va a hacer.

- ¿Qué haces, James? - Le pregunta unasusurrante voz a sus espaldas cuando el chico agarra el pomo de la puerta.

Jamessuspira antes de girar el rostro. Lysander lo mira desde la cama, con la mantaechada hasta la nariz. Sus ojillos azules resplandecen en medio de tantaoscuridad.

- Tengo que ir a un sitio. - Le contestaJames.

- Algún día van a pillarte y te vas a ganarun buen castigo.

- Jamás pillarán a James Potter. - Dice elchico con suficiencia.

- ¿Sabes que hablar de ti en tercera personapuede ser indicativo de que tengas algún problema mental?

Jamesfrunce los labios al mismo tiempo que enarca las cejas. Los ojos de Lysander seachinan, risueños. No es habitual que el menor de los gemelos Scamander semuestre bromista.

- Eres muy gracioso. - Dice Jamesirónicamente - Duérmete. Yo no tardaré en volver.

- ¿Qué vas a hacer?

- Cosas.

Entoncesabre la puerta y sale al pasillo. La Sala Común está desierta, completamentedesierta, claro, que es la una de la madrugada. James baja hasta el acogedorsaloncito de Gryffindor. En la chimenea aún se consumen algunas brasas rojizasy anaranjadas. Fuera, al otro lado de la estrecha ventana de la torre, laoscuridad lo engulle todo y el viento susurra palabras ininteligibles. Esa nochela luna parece haber desaparecido. James se echa la capa sobre la cabeza antesde cruzar el hueco del retrato de la Señora Gorda.

Alotro lado del cuadro el frío es mucho más intenso que en la Sala Común. LaSeñora Gorda gruñe por haber sido despertada, pero James continua su camino mientrasla punta de la nariz se le congela. Vaya horas tiene Molly de enviarlo al bañodel sexto piso. Baja un tramo de escaleras y gira a la izquierda. Se oye aguagotear en algún lugar cercano, pero a James esto le pasa desapercibido, estádemasiado ocupado vigilando a su alrededor.

Filches ya un pobre anciano que necesita jubilarse, así que pasadas las once y mediaes difícil verlo rondando por el pasillo. Dicen que el año que viene le van aponer un sustituto. James solo espera que sea mejor persona que Filch.

 

Cuandollega a la envejecida puerta de madera del baño de chicos del sexto piso, Jamesempuja la puerta delicadamente. Contiene la respiración un momento y pasa alinterior. Su prima le ha dicho que debe dejar allí una carta que le ha dado. AJames le ha costado horrores, pero finalmente ha controlado la tentación deabrirla y enterarse de lo que le ocurre a Molly. No está bien husmear en laintimidad de los demás.

Elbaño se encuentra débilmente iluminado por una antorcha, sorprendentemente. Noes habitual que los baños estén iluminados después del toque de queda. Dehecho, toda luz del castillo se apaga. James lo sabe porque ha salido muchasveces a deshoras. ¿Qué hace aquella antorcha encendida? Es entonces cuando susojos oscuros, como los de su abuelo, ven a un chico moreno y desaliñado quepermanece sentado en el suelo del baño. James frunce el ceño.

- ¿Dev? - Pregunta con voz susurrante.

Elchico, que dibujaba con su varita en el suelo y parece no haberse percatado dela llegada de James, alza la vista rápidamente.

- ¿Molly? - Pregunta Devlin, escudriñando elbaño con sus ojos de un extraño verde apagado.

- No soy Molly. - Dice James, que se quitala capa de invisibilidad para que el ravenclaw pueda verlo.

- ¿Qué haces tú aquí? - Pregunta Dev congesto serio.

- Eso mismo iba a preguntarte yo.

- Te ha enviado tu prima, ¿no?

- ¿Ibas a verte con ella? - James arruga lafrente. No entiende nada de lo que está pasando.

- En el fondo sospechaba que me daríaplantón. - Dev suspira mientras se pone en pie con movimientos lentos.

Jamesno entiende nada, así que saca la carta que su prima le ha dado del bolsillo desu pantalón y se la tiende a Dev.

- Supongo que tú eres la persona a la quedebía darle esto. - Dice James.

Mollytan solo le ha dicho que lleve aquello al baño de chicos del sexto piso, peroJames intuye que el ravenclaw es el destinatario. Devlin Jones parece algodecepcionado. Mira la carta con desgana, pero finalmente la coge y rasga elsobre para extraer un pergamino de su interior. James empieza a pensar que todoaquello es muy raro. ¿Por qué está esperando Dev a su prima en un baño delcolegio a la una de la madrugada? ¿Y por qué Molly le escribe una carta alchico que más odia de todo Hogwarts?

- No. No puedo leerla. - Dice Dev antes dellegar a desdoblar el pergamino - Toma, léela tú. - A continuación le tiende lamisiva a James.

- ¿Qué?

- ¡Que la leas! - Dice con nerviosismo -¡Venga!

- Pero Molly me dijo que

- Me da igual lo que haya dicho Molly. Leela carta.

Jamesmira con seriedad a Dev. Su prima le ha dicho que no podía leer lo que habíadentro del sobre bajo ningún concepto, pero el chico moreno de largos cabellosparece bastante convencido al pedirle a él que lea aquello. James coge elpergamino en medio del silencioso baño. Dev camina hasta apoyarse contra uno delos lavabos de porcelana blanca. El pelo le cubre por completo el rostro.Parece preocupado. James desdobla el pergamino y se sorprende al ver allí laredondeada letra de Molly Weasley.

- Jones, te agradecería que no volvieses apedirme una cita. - James se queda en silencio después de leer esta frase.

¿Unacita? ¿Dev Jones le ha pedido una cita - o puede que más - a su prima Molly?¡Pero si ella no lo aguanta! James levanta la vista. Dev permanece con elrostro gacho, así que no puede ver su gesto. Los delgados dedos del chico seaferran a los bordes del lavabo y sus piernas se encuentran cruzadas, una sobreotra, mientras el pelo le cae como si de una leonina melena se tratase.

 

- No estoy interesada en ti y no creo quellegue a estarlo. - Continúa James, que aún sigue algo conmocionado por lo queacaba de enterarse - Sabes que deberías pedirle una cita a Lucy, la harías muyfeliz y yo no pienso discutir con mi hermana por un chico. Mucho menos si esechico eres tú. Lucy me ha preguntado por la nota que me has pasado en clase deEncantamientos, así que le he dicho que me estabas preguntando por ella. Esperoque todo haya quedado claro. Molly Weasley.

CuandoJames termina de leer, mira fijamente a Devlin. El chico no se ha movido. Dehecho, ni siquiera se le escucha respirar.

- Ya está. - Dice James con un hilo de voz,esperando que el chico reaccione.

- Ya está. - Repite Dev.

Jamesfrunce los labios. Mira al muchacho sin saber muy bien qué debe hacer acontinuación. Nunca ha estado en una situación así. Ni siquiera con su hermano,ni con su primo Fred. Molly acaba de rechazar a Dev y él está en medio por puracasualidad. Bueno, casualidad. Más bien Molly lo ha metido en medio de unproblema que era exclusivamente suyo. Podría haberle echado valor al asunto yhaber rechazado ella misma a Dev.

- ¿Te gusta alguna chica, James?

Elbuscador de Gryffindor permanece unos segundos en silencio.

- No. - Contesta el chico.

- Pues que suerte la tuya.

Lavoz de Dev contiene una nota de tristeza. James se muerde la comisura izquierdadel labio por dentro.

- ¿Te gusta Molly? - Pregunta James con voztrémula. Y no lo pregunta porque le interese realmente saber aquello, más bienlo pregunta porque intuye que es lo que le corresponde hacer.

- Es evidente, ¿no crees?

- Es
un poco raro. Siempre creí que no os llevabaisbien. - Explica James.

- Ya

- A Lucy sí que le gustas. - Dice James.

- Lo sé, pero a mí no me gusta Lucy.

- Bueno, Lucy y Molly son gemelas

- Lucy no es como Molly. - Dice Dev, que aúnno ha alzado el rostro - Solo se parecen mucho, pero no es como ella.

Jamesretuerce la manga de su jersey negro con una mano. Entiende lo que Dev le dice.Lucy y Molly son diametralmente opuestas, a pesar de ser dos gotas de agua. Enel fondo a James le da pena ver así a Devlin.

- ¿Crees que tendré alguna oportunidad conMolly? No ahora, claro, pero en el futuro

- No lo sé, Dev. - James se encogeligeramente de hombros.

- Si no le gustase a Lucy
- Se lamenta elchico.

- No estoy seguro de que ese sea elproblema. - Le dice James con toda sinceridad - Es que mi prima Molly y tú sois
Como el agua y el aceite.

DevlinJones suelta un suspiro que pretende ser una carcajada velada. Por fin elmuchacho alza la cara hacia James y el chico puede ver la tristeza dibujada ensus ojos.

- Será mejor que nos vayamos. - Murmurá Dev -Aquí hace mucho frío.

Jamesasiente en silencio. Los dos muchachos se acercan a la puerta que da alpasillo, pero antes de que el ravenclaw llegue a girar el pomo de la misma, queya sostiene con una mano, vuelve a hablar:

- Nunca te enamores de alguien que no esté atu alcance, James. - Le dice el chico - Y si tienes la tentación de hacerlo,aléjate de esa persona. Te evitarás muchos malos ratos.

 

LuegoDev Jones sale del baño.

**

AAlya le gusta levantarse temprano los domingos. Le gusta porque no hay nadie fuerade su cama y el castillo parece pertenecerle. Le gusta ser capaz de escuchar eleco de sus pasos subiendo un tramo de escaleras y le gusta la tranquilidad quela envuelve a la hora del desayuno.

Losdomingos por la mañana puede leer el periódico sin que nadie la moleste. Markusy Bill no son de esas personas que madrugan, así que suele verlos directamentea la hora de la comida. Los domingos por la mañana, Alya suele coger su escobapara volar un rato en el solitario campo de quidditch. Pero después de leer El Profeta, siempre después.

Aquellamañana, Alya está especialmente interesada en un artículo a doble página quehabla de Hermione Weasley, la madre de Rose, que forma parte del Departamentopara la Regulación de la Ley Mágica. Al parecer, la señora Weasley - debe serun lío diferenciar a una de otra con tanta "señora Weasley" - ha abierto un atractivodebate dentro del Ministerio de Magia: la comunidad mágica debe poder votar asu Ministro de Magia.

Hastael momento, la comunidad mágica inglesa ha cambiado de Ministro de Magia enfunción de las consideraciones de un Consejo Especial que se reúne cada ciertotiempo - nadie sabe el periodo exacto - para evaluar las acciones delMinisterio. Alya sabe que muchos piensan que ese "Consejo Especial" estáformado por las figuras más representativas del Wizengamot, pero se hadesmentido una y otra vez en el periódico. Alya supone que lo que proponeHermione Weasley no va a dejar indiferente a nadie. Hasta donde ella sabe deHistoria de la Magia, la comunidad mágica inglesa nunca ha votado a suministro.

Enel artículo, la señora Weasley explica por qué es necesario que se lleve a caboesta reforma:

Lacomunidad mágica debe ser adulta de una vez. Debemos ser capaces de tomardecisiones. Hubo un tiempo, el más oscuro de nuestra historia, en el que nopodíamos hacer nada, no teníamos mecanismos para actuar contra el terror,porque el Ministerio era algo ajeno a nosotros. No podemos seguir permitiendoque el Ministerio sea el lugar del que emana el poder y que nosotros notengamos ninguna participación en él. Debemos participar. Debemos ser conscientesde nuestra responsabilidad como individuos de la misma comunidad.

YAlya está completamente de acuerdo. La comunidad mágica inglesa no tieneninguna participación en las decisiones que toma su gobierno. Ni siquiera soncapaces de presionar para cambiar algo desde fuera del poder, aunque claro, noes que haya mucha gente preocupada o comprometida que quiera cambiar elpanorama.

Loque yo propongo es una cosa bien sencilla. Lleva haciéndose durante muchotiempo en el mundo muggle y se llama votar.

Alyasonríe, maravillada. Ya puede imaginarse cambiando activamente los males delmundo mágico. Además, piensa incluso que si finalmente la propuesta de HermioneGranger sale adelante, serán capaces de erradicar desigualdades entre especiesmágicas y que la sociedad en general tendrá más control sobre sus propiasvidas.

Acontinuación, le siguen muchas páginas que hablan de los pros y los contras deaquella propuesta, pero Alya quiere terminar su desayuno con buen sabor deboca, así que cierra el periódico, coge su escoba y sale con paso alegre haciael campo de quidditch.

 

Fuerahace frío, aunque ha dejado de ser tan intenso. Los días finales de marzosuelen subir un poco las temperaturas para luego sumergirse en la sofocantehumedad primaveral. Alya está deseando que llegue el buen tiempo. Su estaciónfavorita es el verano, a pesar de aburrirse como una ostra en la tienda con sumadre.

Caminacolina abajo mientras canturrea entre dientes una canción que ni siquieraexiste. Se siente entusiasta después de haber leído aquel artículo de El Profeta, pero toda su euforia sedesvanece por completo cuando ve a un chico moreno de cabello desordenadosobrevolando el campo de quidditch.

Potter.James Sirius Potter.

¿Porqué tiene tan mala suerte? ¿¡Y desde cuándo madruga ese holgazán!? Alyadisminuye el ritmo de su marcha mientras sigue con la mirada al muchacho deojos oscuros que hace cabriolas en el aire. Deja la escoba apoyada contra unade las gradas de madera y se mete las manos en los bolsillos del abrigo negro.El frío le congela las yemas de los dedos y es de agradecer que no esténublado. El sol calienta poco, pero algo es algo.

JamesPotter la ha visto allí, está segura. Le ha parecido ver cómo la mira mientrasrealiza un doble rizo horizontal. La chica toma aire. Ha ido allí a volar y eslo que va a hacer, esté James Potter, o no. Es más, puede que lo incordie unrato. Siempre es divertido ver a Potter perder los nervios.

- ¡Buenos días, Potter! - Exclama Alya,sonriendo de lado a lado.

Elchico la mira con semblante serio e inmutable.

- No te hacía tan madrugador. - Añade la prefectaacercándose al muchacho - ¿Entrenas tú solo? Si quieres podemos practicarjuntos.

Jamesalza una ceja y le lanza una miradita desdeñosa.

- No estoy para bromitas, Haworth.

- No era una broma. - Asegura Alya coninocencia.

- Lo que quieres es que te enseñe a jugar aquidditch. - Dice James con retintín.

- ¿A mí? ¡Ja!

Elchico levanta ahora las dos cejas. Parece falsamente ofendido y eso ladivierte. Siempre ha tenido una inclinación malsana a pensar bien de James, nisiquiera sabe por qué. No le parece malo, solo es un chico
Bueno, James SiriusPotter es bastante difícil de definir. Pero Alya sabe que no tiene maldadalguna y hasta cierto punto le parece tierno, sobre todo desde que piensa queel muchacho tiene una infantil necesidad de sentirse incomprendido. Antes,cuando eran más pequeños, no era tan de aquella manera. Conforme han idocreciendo, Alya se ha percatado de que a James Potter le gusta pasar tiemposolo, y no porque no quiera estar con sus amigos, sino más bien da la sensaciónde que le gusta marcar la diferencia entre ellos y él.

- ¿Qué quiere decir ese "ja"? - Pregunta Jamescon la vista entrecerrada.

- Quiere decir que no creo que tú tengasmucho que enseñarme. - Sonríe Alya con amplitud.

Yve que el muchacho toma aire pesadamente, y que sus labios se convierten en unafina línea enojada. Y esto a Alya siempre le ha divertido mucho. Le diviertesacarlo de sus casillas, sin contar lo guapo que está cuando se enfada. Es unasco que James Sirius Potter sea tan guapo, la verdad. Ella no es una de esas personassuperficiales que solo se fijan en el físico, pero lo evidente es lo evidente.Suerte que Bill no sepa Oclumancia.

 

- ¿Quieres que echemos un uno contra uno? -Pregunta James con tono desafiante.

Alyase encoge de hombros. El muchacho interpreta aquello como un "sí".

- Pero luego no llores, Haworth. - Le diceJames, al mismo tiempo que ambos descienden hasta le césped húmedo y frío.

- Lo mismo te digo. - Sonríe Alya.

Jamesy la chica se encaminan hasta el vestuario para coger una pelota. Alya suponeque cogerán una snitch y competiránpara ver quién la coge primero. La puerta del vestuario está cerrada cuandoellos llegan allí. James abre y baja la pequeña fila de escalones que llevanhasta la sala de vestuario embaldosada en blanco. Los bancos de madera sonnuevos y se encuentran dispuestos en el centro del habitáculo. En la pared delfondo están las duchas, y junto a ellas, en un lateral, está situado el armariodonde se guardan las pelotas de quidditch.

Cuandoestán abajo, escuchan la puerta de la entrada cerrarse de un golpazo. Alya sesobresalta ligeramente, pero enseguida reacciona y piensa que ha debido ser elaire. James, por su parte, no parece haberse inmutado siquiera. Abre la puertadel armario y tira de uno de los baúles. Luego lo abre y coge una snitch dorada.

- Toma. - Le dice a Alya, tendiéndole labola alada.

Lachica la coge antes de que eche a volar y sea más difícil pillarla. Luego Jamesvuelve a empujar el pesado baúl dentro del armario, se pone en pie y cierra lapuerta. Camina delante de Alya hasta la salida del vestuario. Ella lo sigue ensilencio, observando las alitas de la pequeña bola dorada que tiene presa en unpuño.

- ¿Qué pasa aquí? - Pregunta James desde loalto de las escaleras.

Alyalo mira sin entender qué quiere decir, entonces ve al chico forcejeando con lapuerta.

- Maldita sea
- Gruñe Potter entre dientes. Luego una ráfaga de sacudidas por suparte hacen que la puerta repique violentamente.

- ¿Qué pasa? - Pregunta por fin Alya,subiendo los escalones hasta llegar junto al chico.

- Está cerrada.

Laprefecta mira a James y luego, a la puerta.

- ¿Cerrada?

- Sí, joder, cerrada. - Contesta Potter demalas maneras.

- ¿Cómo que cerrada?

- Cerrada significa que no se abre, Haworth.Es increíble que tengas una nota media tan alta. - Dice de mal humor elbuscador.

- Lo que quiero decir es que cómo puede serque no se abra. - Le contesta Alya alzando las cejas.

- Buena pregunta. - James vuelve a forcejearcon la puerta - Nada. No se abre.

- ¿Has probado con un alohomora?

Jamesniega.

- Alohomora.- Dice Alya, apuntando con su varita hacia la cerradura.

Yno pasa nada.

- ¡Alohomora! -Vuelve a exclamar.

Lapuerta sigue sin dar señales de ir a abrirse.

- ¡ALOHOMORA!¡ALOHOMORA! - Mueve la varita violentamente.

- No se va a abrir porque le grites. -Señala Potter, cruzándose de brazos a su lado.

- ¿Y si lanzamos un hechizo bombarda? - Pregunta ella, que empieza anotar los primeros síntomas de la ansiedad.

- ¡Oh, sí! ¡Qué gran idea! ¿Por qué novolamos el vestuario por los aires? - Pregunta James con tono sarcástico.

- ¿Y qué sugieres? - Alya lo mira cruzada debrazos.

- Pues no sé. Ya se nos ocurrirá algo. Volarla puerta debería ser nuestra última opción.

 

- ¿En serio me estás diciendo eso?

JamesSirius Potter baja las escaleras después de suspirar con fuerza.

- ¡Volaste un retrete en segundo curso! - Lerecuerda Alya al chico, bajando las escaleras tras él.

- Eso es diferente.

- ¿Ah sí? ¿En qué?

- Fred dijo que no tenía huevos a volar elretrete. - Explica Potter, como si eso fuese un motivo de peso y estarencerrados en el vestuario no.

Laslytherin frunce el ceño. A veces Potter parece estúpido, completamenteestúpido.

- ¿Estás diciéndome que solo tendría quedecirte que no tienes huevos a volar la puerta del vestuario para que lohicieses?

- No. Lo que tú digas no tiene ningún efectosobre mí. Solo surtiría efecto si lo dijesen Fred o Lorcan.

- Genial

AlyaHaworth suspira. La pequeña snitch aúnintenta escapar de su agarre. La mira detenidamente antes de abrir el puño.Parece que van a estar allí un rato.

**

JamesPotter se recuesta contra la pared. No sabe cuánto tiempo van a estar allí, asíque es mejor que se ponga cómodo. Alya Haworth no deja de probar hechizos en lapuerta, pero ninguno surte efecto. La snitchdorada revolotea alrededor de James, como una especie de mascota, y el chico separa a pensar si podría domesticar a aquella rebelde pelotita.

- No hay manera de abrir esa maldita puerta.- Se queja Haworth, apareciendo de nuevo desde las escaleras - ¿Qué naricessucede? ¡Es imposible que no se abra!

Jamesse encoge de hombros.

- Veamos, repasemos lo que ha sucedido. -Alya camina de un lado a otro, frente a él - Hemos oído la puerta cerrándose deun portazo por el viento y cuando hemos ido, ya no podíamos abrirla

- Suponemos que ha sido el viento. -Interrumpe James.

- ¿Qué quieres decir?

- Tal vez algún gracioso o graciosa nos hayaencerrado aquí. Es bastante raro que no podamos abrir la puerta. Seguramente lehan lanzado un hechizo. - Le hace notar James a Alya - No creo que tarden mucho en notar queno estamos.

- Nadie sabe que yo estoy aquí. - Informa lachica.

- Fred, Lorcan y Lysander saben que yo estoyaquí. Enseguida vendrán y nos sacarán. - Asegura James.

- ¿Y si piensan que te has ido?

- Nos sacarán. - Repite James, dando porzanjada la cuestión.

AlyaHaworth suspira y toma asiento frente a él. Parece algo nerviosa.

- ¿Qué te pasa? - Pregunta James condesgana.

- No me pasa nada. Es solo que no me gustaestar aquí encerrada.

- Bueno, no es como si estuviéramos en unarmario. Puedes levantarte y mover las piernas, y ya te he dicho que nossacarán. - James estira las piernas - He quedado con Fred y Lorcan, así que, sino aparezco vendrán a buscarme aquí.

Lachica se pasa la lengua por los labios.

- Además, - añade James - digo yo que tunovio te echará de menos, ¿no?

Noes que quiera hablar de ese tema con ella, pero algo invisible y bastanterastrero lo empuja en esa dirección. La verdad es que le importa poco queHaworth salga con Simons. Esa relación está condenada al fracaso, James estáseguro. Jamás lo dirá en voz alta, pero Simons es poca cosa para alguien comoAlya Haworth.

Lachica no parece cabrearse por las palabras de James. Nunca ha soportado esasuperioridad de Haworth. Siempre parece como más mayor, como si fuese másmadura que él y estuviese por encima de sus comentarios.

 

- ¿O ya no estáis juntos?

Sabeque están juntos. Lo sabe porque los ha visto besuquearse por todos lospuñeteros rincones del castillo. Dan asco.

- No sabía que te interesase tanto mi vida. -Responde Alya.

- No me importa. - James se mira los dedosde una mano con sumo interés - Era por hablar de algo.

- Pues sí, estamos juntos.

- He dicho que no me importa. - Dice elchico.

- Me has preguntado. - Dice Alya,encogiéndose de hombros.

- Pues no me interesaba.

- Entonces no haber preguntado.

Alyajuguetea con la snitch. La coge yvuelve a soltarla mientras James la observa.

- ¿Y ya le has dicho que te gusto? -Pregunta él con la única intención de cabrearla.

- Tú no me gustas, Potter. Ni en un millónde años me gustarías. - Contesta Alya con suficiencia.

- Merlín
Pero qué mal mientes. - Sonríe él.

Haworthle lanza una mirada furiosa y James nota que se le eriza el vello de gusto.

- No me gustas. - Repite con determinación -Nunca me has gustado y no me vas a gustar.

- Claro, claro, convéncete a ti misma deeso. - James empieza a divertirse.

- ¿Por qué insistes tanto? ¿No tendrás algoque decirme, Potter? - La chica sonríe con las cejas en alto.

Jamesla mira con desdén.

- ¿Vas a negar que me besaste las navidadespasadas? - Pregunta él, dando donde más le duele - Me besaste antes que aSimons.

Lasonrisa se borra de la cara de Alya Haworth, que ahora se pone a la defensiva.

- Solo te besé porque dijiste que preferíasbesar el culo de un babuino antes que a una slytherin. - Le recuerda Alya.

- Pero me besaste. - Sonríe James - No tepreguntaré si te gustó, porque es evidente que sí.

- Bill besa mejor que tú. - Tercia Alya.

JamesSirius Potter lanza un ruidito cargado de resentimiento. Intenta continuarsonriendo, pero es difícil después de haber recibido aquella ofensa. ¿Que Simonsbesa mejor que él? ¡Una mierda! Le está mintiendo. Está diciéndole aquello solopara cabrearlo.

- Ya, más quisieras

- Hoy tu tía Hermione aparecía en elperiódico. - Haworth cambia de tema bruscamente.

- ¿Ah sí? ¿Qué decía? - Pregunta James condesgana, aún dándole vueltas a eso de que Simons besa mejor que él.

- Quiere que el Ministro de Magia seaelegido por toda la comunidad mágica.

- ¿Sí? - James frunce el ceño - ¿Eso esposible?

- Pues tu tía cree que sí. A mí me pareceuna idea muy acertada.

- ¿Cómo se elige ahora al Ministro? -Pregunta el chico.

- Es increíble que no lo sepas. - Alya meneala cabeza - La mayoría de tu familia son altos cargos en el Ministerio.

- Me lo vas a contar, ¿o no? - James secruza de brazos.

- El Ministro es elegido por un consejoextraordinario. Nadie sabe quiénes son los miembros.

- Ahora me explico muchas cosas
- DiceJames medio en broma.

- Como te imaginarás, en esas eleccionessecretas pueden tener lugar muchos tratos
de dudosa legalidad.

- Vaya
- James se pasa una mano por labarbilla.

Alyasuspira y mira alrededor.

- Oye, aquí no viene nadie. - Señala - ¿Aqué hora habías quedado con tus amigos?

- Vendrán. - Asegura James.

- Vale, pero ¿a qué hora habéis quedado?

- ¿Por qué tienes tanta prisa?

 

- Pues porque tenía otros planes para mimañana de domingo. - Dice ella.

- Yo tampoco tenía entre mis planes estarencerrado contigo en el vestuario, si eso te consuela. Podemos jugar a algopara pasar el rato.

- ¿A qué? - Pregunta ella.

- No sé

- ¿Jugamos a "verdad"? - Sugiere Alya.

AlyaHaworth suspira con una sonrisa liviana. Se pasa una mano por el cabello cortoy desarreglado. A James le parece que está guapísima y se odia a sí mismo porpensar aquello. Pero sobre todo se odia por haber sido él quien ha sellado lapuerta de los vestuarios.

Aveces no entiende por qué hace las cosas que hace.



Pues nada, solo quería deciros que espero que os guste. Quedan dos capítulos para terminar quinto curso. Después empezaré con la fanfic ^^ Ya está todo pensado, a ver si tengo tiempo para escribir =(
Gracias por estar ahí y por comentar, de verdad. Besitos!! ;)

NO PUEDE GUSTARLE

AlyaHaworth sonríe con satisfacción en cuanto termina de ordenar las túnicas degala para la temporada de verano en los percheros corridos de la tienda. Sumadre ha hecho reformas hace apenas dos meses y ahora la tienda es más luminosay bonita. Ha cambiado el papel de las paredes a colores más brillantes. Haysillones tapizados en verde y color crema para que la gente espere cómodamente,maniquíes de madera estilo años veinte pueden verse aquí y allá, ataviados conlas creaciones de su madre, que ya no solo hace túnicas para magos, sino que haempezado a diversificar el negocio.

Lasgeneraciones más jóvenes de magos y brujas ya no se visten a la maneratradicional, excepto en actos oficiales o en los que es necesario ir elegante.La ropa muggle es mucho más cómoda,pero también es difícil de conseguir cuando no tienes ningún lazo con el mundo muggle, sobre todo por el tema delcambio de moneda, así que Regina Haworth ha visto la oportunidad perfecta parahacer remontar su negocio. Y lo cierto es que le va muy bien. Además, ReginaHaworth conoce los peculiares gustos de los magos y usa telas y diseños quejamás encontrarías en una tienda muggle,como por ejemplo, vestidos de color esmeralda, camisetas con estampadospersonalizados con la forma de tu patronus, etc.

- Cariño, ¿puedes ayudarme a colgar estasfaldas allí? - Pregunta su madre, cargada con un montón de faldas vaqueras y detela.

Alyacorre a quitarle unas cuantas de encima. Luego las pone sobre un butacón verdeoscuro y comienza a colgarlas en otra percha corrida que su madre va a ponerjunto a los probadores. Apenas hace dos semanas que la chica disfruta de lasvacaciones de verano, si es que puede llamarse vacaciones a terminar losexámenes en el colegio y ponerte a trabajar en la tienda de tu madre. Pero Alyano es de esas personas que se quejan por todo, así que se toma aquello como unamanera de pasar más tiempo con su madre.

- A las doce viene la señora Weasley. -Dice Regina, alzando las cejas con agotamiento - Y creo que viene con todas susnietas. Van a dar una fiesta en un par de semanas para presentar la propuestade su nuera, Hermione Granger. Se ha vuelto a poner su apellido de soltera.

Lamuchacha se limita a colgar faldas mientras su madre le habla.

- ¿Te enteraste de lo que dijo? Cree quees posible que el Primer Ministro de Magia sea elegido por la comunidad mágica
- Regina lanza un ruidito desdeñoso que a Alya no le gusta nada - No sé dóndetiene la cabeza esa mujer. Será muy inteligente, pero no sabe nada del mundo enel que vive. ¿Es que no nos va bien así? Las personas mejor preparadas eligen anuestro dirigente. Me parece bastante lógico

 

- Pero eso puede dar lugar a corruptelas,mamá. - Dice Alya con cautela.

- ¿Corruptelas?

- No me irás a decir que no hay tratos defavor en el Ministerio, ¿verdad? - La chica enarca una ceja y mira a su madre,que parece sorprendida.

- ¿Es que crees que Hermione Grangerpretende otra cosa que no sea conseguir poder? Toda la familia Weasley y losPotter están metidos en el Ministerio. Todos tienen puestos de responsabilidad.Ya viste la casa que tienen los Potter en el Valle de Godric. Se estánconvirtiendo en la nueva familia de referencia del mundo mágico. Nadie es ahoramismo tan influyente como ellos

- Es que gracias a ellos todos estamosvivos. - La interrumpe Alya con la vista puesta en la falda.

Sumadre entreabre los labios como sorprendida y esto hace que Alya se enfade unpoco. ¿Es que su madre no ve que Hermione Granger solo quiere que todo el mundomágico pueda participar de las decisiones importantes?

- Tú no estás viva gracias a ellos. Eso telo puedo asegurar. - Dice Regina pasados unos minutos - Deja esto y ve acomprar un té helado a Florean Fortescue. - Le ordena a continuación,quitándole la falda que sostiene entre las manos - Y tú cómprate lo quequieras.

Alyaaprieta los labios pero no contesta a su madre, en primer lugar porque odiadiscutir con ella y sabe que es una tontería, pero es que además no sabe a quéha venido eso de que "no está viva gracias a ellos". ¿De repente a su madre leda por ponerse misteriosa o es ella la que ve dobles sentidos detrás de unaafirmación sin más?

Encualquier caso, Alya sale al soleado Callejón Diagon, que a aquellas horas dela mañana está repleto de gente haciendo sus compras o pasando el día allí. Avanzaentre el tumulto como puede, calle arriba, y llega a la heladería que ahoraregenta la hija del difunto señor Fortescue. Margueritte Fortescue, a la quetodos conocen como Marge o Maggie, una mujer de aspecto afable y dedos regordetescuyo cabello rojizo hace que muchos la confundan con una Weasley. Su hija,Azalea Fortescue, es una bonita chica con la cabeza repleta de bucles de unrubio cobrizo, como el de su madre, y de bonitos modales que siempre ayuda asus padres en la heladería en verano. Es un año más pequeña que Alya, de laedad de Rose y Roxanne Weasley, con la diferencia de que ella pertenece a lacasa de Hufflepuff.

- Buenos días Alya. - Le dice la chica,dedicándole una gran sonrisa que Alya devuelve educadamente.

- Buenos días.

- ¿Qué quieres?

- Un té helado para llevar y
- Alya miralos recipientes repletos de diferentes sabores pasándose un dedo por labarbilla con ademán pensativo - Un helado de pistacho con un poquito de nata,si puede ser.

- Marchando.

Alyasonríe, aunque Azalea no la mira porque está preparando lo que acaba de pedir.

- ¿Estás tú sola? - Pregunta Alya pararomper el silencio.

- Mi madre viene ahora mismo, ha ido acomprar unas cosas. Papá se encontraba mal esta mañana, así que le hemos dichoque se quedase descansando. - Le cuenta la chica. Alya siempre se pregunta porqué el padre de Azalea decidió adoptar el apellido de su esposa, cuando lonormal es que se haga al revés o, en todo caso, que la mujer en cuestiónmantenga su apellido de soltera sin más. Supone que tal vez se deba al éxito yrenombre de la heladería.

 

- Espero que se mejore.

- Gracias.

Lapuerta se abre tras ellas y el tintineo de unas campanitas las avisasuavemente. Por inercia Alya gira el rostro. Su sonrisa se borra por completoal ver a James Potter y Fred Weasley adentrándose entre ruidosas carcajadas enla tienda.

- Buenos días. - Dicen los chicos alunísono.

Alyavuelve los ojos al frente. No soportaría que Potter pensase que es de interéspara ella, porque no lo es, eso que quede claro.

- Hola. - Contesta Azalea, que ya hapuesto el té helado sobre el mostrador y le sirve el helado de pistacho a Alya- ¿Todo bien, James?

Yese "James" le suena a Alya raro, como demasiado cercano y anhelante al mismotiempo, así que mira a la chica y ve que se ha sonrojado un poco mientrasPotter se apoya en el mostrador de la heladería y la mira sonriendo de lado alado.

- Ahora que te veo, sí. - Contesta elaprendiz de donjuán.

Alya Haworth intenta no hacer ningún gesto quela delate, pero no le faltaron las ganas de lanzar un gruñidito airado. Loúnico que se permite hacer es suspirar para llamar la atención de Azalea. Lachica de ojos azules da un respingo y continúa sirviéndole el helado.

- Oh, vaya, Haworth
- James la mira comosi no la hubiese visto antes, aunque Alya sabe que eso es imposible - Quésorpresa. - Se notaba el sarcasmo a leguas - ¿Dónde te has dejado a tu gorilaparticular?

Lachica morena se muerde el labio inferior. Lo que más le molesta a James Potteres que lo ignoren. No lo soporta. Así que Alya ni se digna a mirarlo, a pesarde que nota los ojos del guapo buscador de Gryffindor clavados en ella.

- ¿Te deja venir sola a comprar un helado?- Prosigue él con sorna.

AzaleaFortescue aparece frente a Alya con el helado y el té justo en ese momento.

- Son tres sickels y cinco nutts. - Dicela chica pelirroja.

Alyale da cuatro sickels, porque es lo que lleva en el bolsillo, así que espera aque le devuelva los nutts que le corresponden mientras nota la mirada oscura yjactanciosa de Potter sobre ella. Pero no han pasado ni tres segundos cuandoAzalea le extiende un puñadito de monedas.

- Que pases un buen día. - Le desea Azalea,que parece deseosa de que Alya la deje con James y Fred.

- Igualmente. - Dice la slytherin bastantemás malhumorada que al entrar en la heladería.

Luegose vuelve airadamente hacia la puerta. Ve que Fred Weasley la mira de arribaabajo, será por sus shorts vaqueros.

- Dale recuerdos a Simons de mi parte. -Escucha decir a Potter tras ella.

Lapuerta se cierra a su espalda y por fin respira tranquila. El tumulto la acogede nuevo.

*

JamesSirius Potter se despide de la guapa Azalea Fortescue. Sabe que está colada porél porque se sonroja cada vez que lo ve, ya sea en el colegio o en el CallejónDiagon, y siempre lo mira con ojitos de cordero degollado. El buscador dedesordenados cabellos oscuros debe reconocer que empieza a cogerle el gusto aeso de parecerle guapo a las chicas, tema que hasta ese momento ha permanecidoen un segundo plano de importancia para él, pero James ya está en "esa edad",ya sabéis, la edad en la que parece que tener éxito con las chicas es crucial,y pasarán varios años hasta que James se dé cuenta de que con tener a lapersona adecuada basta y que es lo único que te hace realmente feliz. Peroahora James solo tiene dieciséis años y hay muchas chicas bonitas que sedeshacen en halagos y atenciones hacia él.

 

Fredy él recorren el Callejón Diagon hacia la tienda de su tío George. Ese veranosu prima Victoire se ha ido con Teddy a Francia para visitar a la familia de sumadre Fleur, así que su tío les da unos galeones a su hijo y a él por ayudarleen la tienda. A la abuela Molly no le gusta demasiado. Dice que no deben perderde vista que lo importante es el estudio, pero para ser sinceros, James tienemuy claro que en cuanto termine su último año en Hogwarts se va a dedicar alquidditch o se va a meter en la tienda de Sortilegios Weasley. Alguien tieneque continuar con el negocio familiar, ¿no?

- Mira, ahí están todas. - Dice Fred,señalando con un dedo a la tienda de la madre de Haworth.

Jamesy su primo se acercan al ventanal de la tienda. Dentro están todas sus primas,su abuela y su hermana. Todas hablan y ríen. Aquello debe ser una locura. Suhermana Lily corre hacia un butacón y es entonces cuando James se da cuenta deque su hermano también está allí.

- ¿No te parece que Haworth está como másbuena? - Pregunta repentinamente su primo, cuyo fuerte no es la delicadeza - Alfinal voy a romper mi promesa de no fijarme jamás en una slytherin.

Elbuscador de Gryffindor suspira. Luego le da un lametón a su helado de nuecescaramelizadas con nata.

- Te conformas con cualquier cosa. - Ledice James.

- Es guapa, tiene unos ojos bonitos. -Opina Fred.

- Me decepcionas Fred. - Dice el chico -Bastante tengo que aguantar con saber que le gusta al memo de mi hermano. No medes tú otro disgusto.

Fredsuelta una carcajada y menea la cabeza.

- Mira quien viene por ahí. - Le diceentonces, dándole un codazo en las costillas.

Jamesse vuelve un poco hacia la izquierda para mirar "con disimulo" - o lo que élcree que lo es - y es cuando ve al peor de sus enemigos dirigiéndose haciaellos: Bill Simons. El rubio slytherin nunca ha sido santo de su devoción, peroes que últimamente no puede soportar verlo. Su cuerpo entra en estado coléricocada vez que lo tiene cerca. Y si además Simons le dedica una sonrisita burlonaantes de entrar a la tienda de su novia y besarle los nudillos con petulancia,la manía que le tiene James crece aún más. ¿Pero quién se cree que es? Leencantaría ir y decirle que ha besado a Alya antes que él, pero que no es quele interese una chica tan gruñona y amargada como Haworth, por eso se la puedequedar, aunque si a James le interesase, Simons no tendría nada que hacer.Debería darle las gracias por mostrarse indiferente con su novia.

- Menudo gilipollas. - Murmura Fred - Yaverás la tarde que va a dar mi hermana

Jamesdirige un rápido vistazo a su prima Roxanne. La chica mira con ojos tristes aSimons y Haworth, que ahora hablan detrás del mostrador de la tienda. A Jamesno le ha pasado desapercibido que no se han besado, aunque claro, tal vez secorten un poco delante de la señora Haworth. James sabe que a su prima Roxie legusta el mendrugo de Simons. Debe estar ciega o tener algún tipo de problemamental.

 

- Vamos a la tienda, anda. - Dice James, caminandode nuevo calle abajo.

Fredle sigue sin rechistar. Cuando llegan a la tienda ven a un alto y rubiomuchacho observando con embeleso la estantería de novedades.

- ¡Coño, Lorcan! - Exclama Fred consorpresa.

- ¡Chicos! - Lorcan se vuelve hacia ellos,sonriente - ¿Qué tal estáis?

- ¿Qué haces aquí? - Pregunta James - ¿Noestabas con tus padres en Australia buscando billywigs?

- Pues sí, pero resulta que a Lys no leviene bien el clima australiano, así que mamá nos envió para acá con untraslador. Hemos llegado hace un momento.

Jamesalza las cejas.

- ¿Y dónde vais a quedaros? - PreguntaFred.

- En casa de James. - Contesta Lorcan todosonriente - ¿Es que no os lo han dicho?

- ¡No! - Exclaman James y Fred al unísono.

- ¡Pero eso es genial! - James coge a sualto amigo de los hombros - ¡Vamos a pasar todo el verano juntos!

- Así es. - Lorcan sonríe - Bueno, exceptolas dos últimas semanas de agosto.

- ¿Y dónde está tu hermano? - PreguntaFred, mirando a su alrededor como si Lysander fuese a aparecer de repente juntoa ellos.

- Se ha mareado un poco. Está con tíoGeorge y tío Ron en el despacho. - Les cuenta Lorcan.

YJames mira las escaleras de madera que llevan hasta la segunda planta.

- ¡Eh! ¡Vosotros dos! ¡Dijisteis diezminutos y ya hace rato que pasaron!

Lorcan,Fred y James miran al fondo de la tienda. Su primo Hugo está aún detrás delmostrador, donde lo han dejado para ir a comprar un helado. La tienda estállena de gente, por eso Fred y James han considerado oportuno dejar unvigilante.

- Ya vamos. - Dice Fred con desgana -Venga, ya puedes irte mocoso.

- Tenéis un morro
- Se queja Hugo, quesin embargo sale apresuradamente del mostrador - ¿Dónde están las chicas?

- En la tienda de la señora Haworth. -Contesta James, dándole un manotazo a su primo en la nuca - ¿Tú también quieresun vestidito, Hugo?

Lostres amigos ríen con guasa.

- Muy gracioso, James. - Hugo bufa antesde salir de la tienda y dejar a sus primos y Lorcan en el mostrador.

- ¿Cuántos años tiene Hugo? Está como muyalto, ¿no? - Pregunta Lorcan.

- Cumple los catorce en diciembre. -Contesta Fred - Así que te quedas con nosotros en verano.

- Así es.

- Pues nosotros trabajamos en la tienda. -Le hace saber James.

- Bueno, cuando me apetezca puedo venircon vosotros y si no, me quedaré acostado mientras vosotros madrugáis para trabajar.- Lorcan sonríe con malicia.

Jamesestá emocionado ante la perspectiva de pasar gran parte del verano con Lorcanen su casa. Podrán hacer un montón de cosas. Jugarán a quidditch - porque conAlbus no se puede contar para eso -, tramarán travesuras contra sus respectivoshermanos, se bañarán en el lago que hay a las afueras del Valle de Godric

- ¡James! ¡Que te quedas embobado! - Fredle da un golpe en el hombro - Sigue colocando lo que ha dejado mi padre en elescaparate.

- ¿Y a ti quién te ha nombrado el jefe? -Pregunta James con el ceño fruncido.

- Yo lo coloqué la semana pasada, ya hemoshablado de esto. Es lógico que esta semana te toque a ti. - Replica Fred conjusticia.

- Venga que te echo una mano. - DiceLorcan, poniéndole a James una mano sobre el hombro.

Amboscaminan hasta el escaparate, donde su tío George ha dejado una caja con losnuevos artículos que deben ser expuestos. El espacio es pequeño para dos chicoscomo Lorcan y él, así que tienen que moverse como pueden, intentando no tirarnada de lo que ya hay colocado.

 

Desdeallí se ve el ir y venir de la gente por el Callejón Diagon. InstintivamenteJames dirige la vista hacia la puerta de la tienda de Haworth, que está un pocomás arriba y en el lado contrario. Luego vuelve a su tarea, que es justo lo queestaba haciendo antes de ver salir a Alya Haworth de la tienda de su madre.

Sí.La ha visto desde el escaparate y no ha podido evitar seguirla hasta laheladería. Ha sido fácil convencer a Fred de que fuesen a por un helado. Nisiquiera puede explicarse a sí mismo qué pretendía yendo detrás de Haworthhasta Florean Fortescue, la verdad. Últimamente se comporta como un idiota.

*

LilyPotter siempre le ha parecido adorable. Es guapísima y tiene una de esassonrisas que se te quedan grabadas en la retina, como si brillase. Alya sabeque el próximo curso Lily cumple los catorce. En marzo, si no recuerda mal. Yla verdad es que la pequeña de los Potter ya va pareciendo una mujercita. Alyaestá ansiosa por ver qué hace James cuando la pelirroja tenga a un séquito dechicos detrás, porque los tendrá, de eso no cabe la menor duda. Ya puedeimaginar la cara de su hermano mayor, con los labios graciosamente fruncidos ylos brazos cruzados, porque si James ya es muy sobreprotector con sus primas,no quiere pensar cómo será con su hermana. Su única hermana.

- Cariño, ese te queda precioso. - DiceMolly Weasley, admirando a la menor de todas sus nietas con ojos brillantes.

Yla verdad es que Lily está radiante con el vestido de seda verde que la madrede Alya le ha sacado para que se pruebe. La prenda tiene la cintura baja ycuello de hombros caídos, lo que le da un aire más aniñado aún.

- El verde te favorece mucho, igual que atu padre. - Añade la abuela de la niña - ¿Te gusta este mi pequeña?

- Sí, este está bien. - Afirma Lily, queno parece demasiado interesada en el vestido en sí.

- Perfecto. ¿Quién es la siguiente? -Pregunta Regina Haworth mientras ayuda a Lily a quitarse el vestido por lacabeza.

- Molly, venga, eres la siguiente. - Dicela abuela de las chicas, moviendo las manos para indicar a su nieta que seacerque.

Lamuchacha pelirroja de ojos azules deja el libro que está leyendo sobre lasrodillas de su primo Albus y se sube al escabel para que le tomen las medidas.

- ¿Entonces no puedes escaparte ni un ratito?- Le pregunta Bill, apartándole un mechón de pelo y guardándoselo tras laoreja.

- Lo siento Bill, pero ya ves cómo está latienda. - Le susurra ella.

- Sí, llena de Weasleys. - Murmura Billpor lo bajo al tiempo que arruga la nariz.

- ¡Bill! - Le reprende Alya, temerosa deque alguien lo haya escuchado.

- Es una broma. - Sonríe su novio - Estaréen la tienda de quidditch, ¿de acuerdo? Puede que te compre una sorpresita. -Le susurra al oído antes de darle un beso junto a la comisura de los labios.

Alyasonríe con algo de reparo. Llevan saliendo cinco meses y todavía se sienteincómoda cuando Bill se le acerca de esa manera. Le ha dicho que nada de besosen la boca delante de su madre, a pesar de que la mujer está enterada de larelación que mantiene su hija con el heredero de los Simons. A decir verdad,Regina Haworth se alegró muchísimo cuando Alya le contó que Bill y ella habíanempezado a salir. Su madre cree que la familia de Bill es distinguida y que nova a encontrar un partido mejor.

 

Locierto es que en Gran Bretaña no se sabe mucho de la familia de Bill salvo quevinieron hace unos ocho años desde Estados Unidos y que tienen mucho dinero.Muchísimo. Más del que Alya imagina, de hecho. El señor Simons tiene muchosnegocios en Estados Unidos y Bill le ha contado que está intentandoimplantarlos también en suelo inglés, pero Alya no sabe exactamente qué sonesos "negocios".

BillSimons se dirige a la puerta después de despedirse de todos los presentes conun escueto "adiós". A Alya no le pasa desapercibida la mirada que RoxanneWeasley le lanza a su novio. Aunque claro, también sabe que Bill y Roxanne hantenido algún que otro acercamiento amoroso. Sabe que la guapa Roxanne, debronceada piel y cabellos rojizos y rizados, está muy colada por Bill, así quea ella debe odiarla seguramente.

- Bueno, creo que me voy a dar una vuelta.- Dice entonces Roxanne, que ya ha elegido su vestido - ¿Os venís, chicas?

Alyasabe que no es casualidad que Roxanne decida marcharse nada más salir Bill porla puerta. Sus primas asienten casi al unísono. Dominique, Lucy, Rose, Roxanney Lily se despiden de su abuela y de Molly, que parece querer terminar aquellocuanto antes, antes de salir en fila al caluroso callejón. Es entonces cuandoAlbus se acerca a Alya con una sonrisa amable en los labios.

- ¡Molly, querida, con las piernas tanbonitas que tienes! ¿Por qué no las enseñas un poquito? - Exclama la señoraWeasley de repente.

Laslytherin se dedica a ordenar las cajas de tela que su madre ha sacado paraenseñarles a las chicas Weasley.

- ¿Quieres que te ayude? - Le preguntaAlbus atentamente.

- No, tranquilo, si mi madre ve a uncliente ayudándome
- Alya le devuelve la sonrisa.

- Está bien. Como quieras.

Alyacontinúa guardando telas y ordenando cajas mientras las voces de su madre y dela señora Weasley llegan a sus oídos.

- Oye, este fin de semana vamos a dar unafiesta en casa por tía Hermione, - dice Albus - y si no tienes nada que hacer,me gustaría que vinieras. No sé si sabrás que ha conseguido que su propuestasea votada.

- ¿En serio? - Alya mira a Albus con unasonrisa de oreja a oreja - Me encantaría ir.

- Sí. Bueno, si quieres puedes venir elfin de semana entero
Si tu madre te deja, claro. Sé que te gustaría muchohablar con ella.

- Espera, ¿es algo familiar? Quiero decir,¿irá solo tu familia? - Pregunta Alya con reparo.

- No, no. Habrá mucha gente del Ministerioinvitada, amigos de mis padres y demás, ya sabes

- En ese caso
- Alya se encoje dehombros.

YAlbus sonríe, porque seguramente se alegra de haberla hecho feliz con tan pococomo invitarla a pasar dos días en su casa.

- Podrías dormir en una de lashabitaciones de invitados. - Le dice el chico.

- Bueno, primero tendré que preguntarle amamá. - Alya mira en dirección a la rubia costurera - Mañana te confirmo si voyo no.

- Mañana no vendré. Hoy solo hemos venidopara que mis primas y mi hermana encargasen los vestidos. - Informa Albus.

Alyafrunce los labios, pensativa. Ojalá pudiese enviarle una lechuza, pero no tieneninguna propia, así que eso queda descartado. ¿Cómo podría avisar a la familiaPotter de que asistirá? Y entonces, como si estuviesen mentalmente conectados,ambos se miran.

 

- Se lo puedes decir a mi hermano. - Diceel slytherin - Él viene todos los días con tío George.

Lamorena se muerde disimuladamente el labio inferior. Asiente con fingidatranquilidad, como si no le importase nada ir a decirle a James que pasaría dosdías en su casa. Bajo su mismo techo. Que comería con él en la misma mesa. ¡Merlín!¡No había caído en la cuenta! ¿Y qué va a decir Bill cuando se lo cuente? No,no, no. No puede ir.

Peroes que tiene tantas ganas de poder hablar con Hermione Granger
¡A la porra conBill!

- Mañana se lo digo a él en ese caso. -Sonríe Alya.

- Genial.

Sumadre la llama para que le lleve otra muestra de tela. Molly Weasley "segunda"resopla con impaciencia.

*

JamesSirius Potter coge una de las cajas cargada de artículos que debe ordenar en laestantería dedicada a "juguetes infantiles". El palo de una escoba para menoresde 3 años asoma entre las solapas de cartón a medio abrir. Fred está ayudando asu padre en el despacho. Tío George le ha encomendado la tediosa tarea derealizar el inventario del mes de julio. James ha tenido la suerte de librarseaquella vez, pero sospecha que en agosto le va a tocar a él
Qué coñazo.

Perobueno, hasta el mes que viene aún queda mucho tiempo. Por el momento va apreocuparse de ordenar las cosas antes de que empiece a llegar gente, quedespués es imposible moverse por la tienda. Halckeyestá limpiando el escaparate por fuera. James le lanza una miradafugaz y se pregunta cómo es posible que tenga tanta energía siempre. Lasorejotas del elfo se mueven arriba y abajo, y a pesar del esfuerzo que debeestar haciendo - porque el escaparate está compuesto por un montón de pequeñasventanas enmarcadas en un ventanal saliente mucho mayor -, Halckey sonríemientras canturrea. James no puede oírlo bien, pero lo ve muy animado y elsonido amortiguado de su voz se cuela hasta el interior de la tienda.

Cuandollega a la estantería en cuestión, el muchacho deja la caja en el suelo. Antesde agacharse sobre ella para vaciarla, mete una mano en el bolsillo derecho desu pantalón vaquero y coge un caramelo relleno chicle-globo con el que nuncadejas de hacer pompas. Luego, el chico se pasó una mano por el cabello despeinado- imposible de peinar - y se puso manos a la obra. Escobas para los máspequeños que no se levantan más de dos palmos del suelo en la parte más alta,los míticos gobstones explosivos y otros juegos de mesa, en la parte inferior.

Lapuerta de la entrada suena tras él. El primer cliente del día. James no puedeverlo porque la estantería queda al final de la tienda y hay muchos mostradorescon filtros y otros artículos que le imposibilitan una buena visión. Se gira apesar de todo. Mira entre muñecos que hablan, globos, filtros de color rosa,verde, amarillo, recipientes de cristal de vivos colores, guirnaldas y cordelescon banderines. Parece que es una chica.

- ¿Hola? - Su voz es dulce.

Jamesdeja lo que está haciendo. Su deber ahora es atender a la persona que requieresus servicios. Ojalá sea guapa.

- Buenos días, ¿en qué puedo ayudarte? -Dice el chico, apartando unos flecos naranjas que se interponen en su camino.

Esentonces cuando ve un par de ojos verdes inconfundibles, semiocultos pormechones de flequillo que le dan un aire infantil. Alya Haworth está allíplantada, con las manos entrelazadas a la espalda y cara de circunstancias. Elcabello negro, que se dejó muy pero que muy corto en Navidades, le ha idocreciendo hasta que las puntas casi le rozan los hombros en una melenadesgreñada llena de ondulaciones. A James le parece que está guapa.

 

- Oh, eres tú
- James se detiene y semete las manos en los bolsillos traseros del vaquero - ¿Qué querías?

Selo pregunta mirando hacia otro lado, como si no tuviese el más mínimo interésen hablar con ella. Bueno, es que realmente no lo tiene. Para él Haworth esinvisible. No existe. Lo único que sabe hacer es tocarle las narices. Es lo queha hecho siempre. Recuerda todas las veces que le han castigado por su culpa

- Solo venía para decirte que le digas atu hermano que sí. - Dice ella.

Jamesse digna a mirarla. Lleva puesta una camiseta blanca de cuello ancho que lahace parecer más delgada y un short de color verde con unas zapatillas de teladel mismo tono.

- ¿Que sí qué? - Pregunta James.

- Que sí, iré a vuestra casa a pasar elfin de semana.

Silencio.El canturreo de Halckey es lo único que se oye, aunque amortiguado por loscristales que dan a la calle. El rostro de James está totalmente serio. No dacrédito a lo que está escuchando.

- ¿A mi casa? - Pregunta una vez que hapasado el shock inicial.

- Tengo entendido que Albus y tú vivís enla misma casa, así que sí, a tu casa. - Contesta Alya con su habitual aire deniña sabionda.

- Pero si
A mí nadie me ha hablado de esto.Quedas desinvitada. - Dice enérgicamente, cruzándose de brazos.

- ¿Perdona? No creo que tú tengas laautoridad para hacer eso. - Alya Haworth alza las cejas.

YJames sabe que es verdad, pero es que le jode mucho saber que ella, ELLA, vayaa pasar un fin de semana en su casa. ¿¡Pero por qué!? ¿Por qué su hermano leodia? Si sabe que no la aguanta, ¿cómo se le ocurre invitarla a su casa?

- El viernes me iré contigo. - Añade lachica, alzando un poco la barbilla.

- ¿Conmigo? ¿Por qué conmigo? - PreguntaJames de malhumor frunciendo el ceño.

- ¿Y cómo quieres que vaya? - Haworth abremucho los ojos.

Jamestuerce el morro. No, si además va a tener que llevársela él. Aunque tiene quereconocer que es la opción más lógica, ciertamente.

- El viernes pasa a recogerme por latienda cuando te vayas a tu casa. - Le ordena Haworth con petulancia.

Luegola muchacha se da la vuelta para salir de nuevo por la puerta. James le lanzauna mirada ofuscada.

- ¿Y Simons sabe a dónde vas?

Alyafrena en seco justo cuando su mano toca el pomo de la puerta.

- Tener novio y tener dueño son dos cosasdiferentes. Yo voy donde me da la gana. - Le dice, mirándolo directamente a losojos.

Acontinuación sale por la puerta. James maldice por dentro. ¡Pues se le van aquitar las ganas a Haworth de volver a ir a su casa! De eso puede estar segura.

*

Esviernes. Por fin. No sabe por qué tiene tantas ganas de ir a casa de losPotter. Bueno, sí, es cierto que va a poder hablar con Hermione Granger, peroAlya tiene la sensación de que hay algo más, algo que no quiere ver, a pesar deque lo tiene delante.

Sumadre se ha estado quejando toda la mañana. Dice que la va a dejar sola el finde semana, como si no estuviese sola cuando ella tiene que ir al colegio
Peropara Regina eso es diferente, al parecer. En cualquier caso, Alya ha decididoque va a aceptar la invitación de Albus y su madre no le ha dicho que no. Almenos no lo ha hecho directamente. Es cierto que no parecía demasiadoentusiasta cuando le dijo que sí, tan solo se encogió de hombros y le dijo "vesi es lo que quieres". Y claro que Alya quiere, así que eso es un "sí".

 

Detodos modos, la chica tiene la sensación de que su madre está un poco raraúltimamente, pero no entiende por qué. Siempre ha pensado que Regina Haworth sellevaba bien con la familia Potter y con los Weasley, pero hace un tiempo quela modista no está demasiado interesada en mantener una estrecha relación conellos. Y a Alya le gustaría conocer el motivo, pero Regina no abre la boca.

Alyase mira en el espejo de la sala de la tienda, delante del cual su madre sueletomar las medidas de sus clientes y hacer las pruebas de vestuario. Se toca elpelo nerviosamente. Intenta ordenarlo, aunque cree que no hay manera deconferir un aspecto menos salvaje a sus ondulaciones. Alya siempre se queja deno tener el cabello ni liso ni rizado, y como lo tiene corto, las puntas se ledisparan en todas las direcciones. No sabe por qué le preocupa estar guapajusto ese día. Nunca le ha preocupado. No es algo a lo que preste atención, esmás, siempre les ha tenido cierta tirria a las chicas y chicos que le dan másimportancia al físico que a otras cosas. Quizás por eso se haya enfadadoconsigo misma, dirigiéndose una mirada severa frente al espejo.

- ¿Qué haces? - Le pregunta su madre, queaparece por el pasillo de la trastienda.

- ¿Eh? Nada. Me
me miraba al espejo. -Alya se aparta inmediatamente de él.

- ¿Ya lo tienes todo? ¿No se te olvidanada? - La rubia mujer se afana por recoger la tienda después de una duramañana de trabajo.

- Sí. Lo llevo todo. - Alya frunce loslabios y los mueve de un lado a otro.

Sumadre le ha dado un bolso granate de asas, muy bonito, que tiene un hechizoampliador, pero exteriormente parece un bolso normal y corriente.

- Ten cuidado allí.

- Tendré cuidado, mamá. - Le asegura Alyacon un tono de voz que no deja lugar a dudas de que Regina le ha dicho aquellomás de una vez.

- Si los hijos de los Potter quieren haceralgo que tú no quieras hacer

- Mamá. Por favor. Soy mayorcita como paraque me digas esas cosas. Además, nunca hago nada que no quiera hacer. - La interrumpeAlya - ¿Por qué me dices esas cosas?

- Porque eres mi hija y me preocupo por ti,¿por qué va a ser si no?

Sumadre se acerca a ella y la abraza con afecto. Alya sonríe cuando la rubiaRegina Haworth le da un beso en el pelo.

- Eres tan guapa
Y tan inteligente. - Lemurmura su madre, apretándola contra ella - No soportaría que te pasase algo.

- Mamá, no me pasará nada. Voy a casa delos Potter. - Alya sonríe con incredulidad.

- Ya
- La rubia mujer sostiene la cara desu hija entre las manos. Luego se inclina sobre ella y le da un beso en lafrente.

Alyano sabe qué le pasa a su madre, pero tampoco puede preguntarle porque en esemomento la puerta de la tienda se abre y el guapo primogénito de los Potteraparece en el umbral con el cabello despeinado y cara de pocos amigos.

- Buenas tardes señora Haworth. - Dice Jameseducadamente - ¿Estás lista? - Pregunta a continuación sin mirar a Alya.

ReginaHaworth le dedica una sonrisa extraña a su hija.

- Pásalo bien, cariño.

- Gracias.

Luegola chica se aleja de su madre y sigue a James Sirius Potter fuera de la tienda.Mira a través del escaparate. La rubia mujer mueve la mano a modo de despedida.Alya le sonríe débilmente, consciente de que sucede algo raro, como si su madresupiese algo que ella ignora, como si de verdad tuviese miedo de que alguienpudiese hacerle daño en casa de los Potter pero no quisiese decirle nada

- ¿Me estás escuchando? - Le preguntaJames bruscamente unos pasos adelantado a ella.

- ¿Qué?

- Joder
- Gruñe el chico - Digo que no sete ocurra husmear en mi dormitorio, sé que te resultará casi imposible, porquees el sueño del 99% de chicas que me conocen, el otro 1% son de mi familia,pero si te pillo entrando a mi dormitorio

Alyasuspira con impaciencia.

- No eres tan interesante, Potter. - Le cortaella.

Jamesse calla al momento. Por un momento parece ofendido, pero luego lanza unacarcajada mordaz al aire mientras ascienden por el Callejón Diagon en direcciónal Caldero Chorreante.

- Intenta autoconvencerte de eso
- DiceJames, alzando las cejas con suficiencia.

- ¿Sabes? Algún día tendrás que empezar areconocer que no eres ni la mitad de especial de lo que te crees que eres, Po-tter.- Le dice Alya, pronunciando su apellido con retintín.

- Tal vez, cuando dejes de estar coladapor mí

AlyaHaworth suspira con impaciencia, meneando la cabeza de un lado a otro. James seadelanta de nuevo y ella lo agradece, porque por un momento el corazón le hasaltado del pecho cuando ha escuchado las palabras burlonas del Gryffindor. Leda miedo preguntarse siquiera cuánto de verdad puede haber en aquellaafirmación que tan solo pretende enojarla.

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¿Verdad?


Hola!! =D
Bueno, ha sido mucho tiempo escribiendo esta minific, aunque solo tenga 9 capítulos. Tod@s l@s que la seguís sabéis que empezó como un one shoot, pero me enamoré tanto de Alya y James que no pude evitar escribir otro, y otro, y otro. Y luego fueron apareciendo otros personajes y otras tramas... Y se me hizo imposible terminar pensando a lo grande, como siempre, así que dije que convertiría esta historia en una fan fic más larga, y así será.
Este es el último capítulo de esta historia, pero comenzaré una nueva donde aparezcan más personajes y con una trama más profunda y larga. Creo que se llamará "Nuevos tiempos" (de momento así será, ya veré), así que estad atentos.
Sé que no contesté a los anteriores comentarios, no sé por qué con esta historia siempre tengo la sensación de haberlos contestado, pero bueno, prometo que lo haré mañana :)
Espero que os haya gustado. Yo lo he pasado genial escribiéndola, de verdad. Mil gracias por leer y por comentar ;)
Besos!! ;)

James Sirius Potter y una slytherin de armas tomar - Potterfics, tu versión de la historia

James Sirius Potter y una slytherin de armas tomar - Potterfics, tu versión de la historia

Nosabía cuántas veces a lo largo de su corta existencia había escuchado a laprofesora McGonagall gritándole esas seis palabras, siempre en el mismo orden,y

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2023-02-27

 

James Sirius Potter y una slytherin de armas tomar - Potterfics, tu versión de la historia
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