La extraña navidad de James, Sirius y Lily con los Dursley - Fanfics de Harry Potter

 

 

 


el temporal de las últimas horas ha afectado principalmente a Londres y Canterbury. La cota subirá de los seiscientos metros hasta los mil, y la nieve será sustituida por la lluvia, que hará acto de presencia entrada la víspera de navidad. Las carreteras cortadas son las que unen Londres con

-¡Vámonos, James! ¿Desde cuando nos paramos a escuchar el letediario de los muggles?

-Creo que es "telediario", Canuto. -Contestó su mejor amigo saliendo de un bar, en el cual acababan de comprar dos cervezas Guiness. -Y lo cierto es que no me interesa lo más mínimo. ¿Acaso no tienes esos aviones? ¿Qué necesidad de ir por la carretera?

Sirius asintió a su compañero, como si aquello que acabase de decir fuesen las palabras más sabias de Merlín. Se sentaron en un banco próximo a la casa de James y Lily, recién mudados allí como pareja
O más bien como trío.

 

-¿No va siendo hora de que te busques una maldita casa? -Inquirió James, aunque en un vano intento. Sirius estaba demasiado ocupado intentando averiguar como sacar aquella chapa de la botella.

-Sin magia esto es imposible. -Comentó sin hacerle el más mínimo caso a su amigo, y después de aquellas palabras, sacó su varita y abrió ambas cervezas, muy distintas a las que habían probado en el mundo mágico. Sirius le dio un trago, y abrió mucho los ojos, como si acabasen de pellizcarle en sus posaderas. - ¡Madre mía, Cornamenta! ¡Que explosión de sabor en mi boca!

-Ya será para menos. -Dijo su amigo, para después imitar el gesto de Sirius y dar un largo trago. -Si que está buena, si.

-¿Si que está buena, si? ¡¿Si que está buena, si?! -Preguntaba Sirius sulfurado, como si lo que dijese de la cerveza, a la cual estaba abrazando, le doliese en el alma. -Cornamenta, vamos a por más. Si fuese muggle, mi vida tendría sentido gracias a esta bebida, querido amigo.

Entraron una vez más en el bar, y mientras Sirius coqueteaba descaradamente con la camarera, James entraba a robar una caja llena de cervezas.

En casa de los Potter el olor a pavo asado y a pudding inundaba toda la casa. Lily Evans -ahora casi Lily Potter -esperaba a los dos merodeadores en la casa, ya con la cena preparada y la mesa puesta. Una hora tarde, dos, y cuando casi la manecilla tocaba las nueve y media de la noche, los dos hombre que habitaban con ella entraron por la puerta, apoyando antes que nada, una enorme caja de cervezas en la mesa.

-Hola, cariño. -Saludo James de lejos, por miedo a que le pegase debido al retraso.

-¡Hola, cariño! -Imitó Sirius algo más bebido de la cuenta, mientras hacía una pronunciada reverencia que le llevaba de bruces contra el suelo.

Saltando por encima de Canuto, Lily se dirigió con los brazos cruzados hacia donde estaba su futuro esposo, el cual tragó saliva. Le miraba a los ojos con el ceño fruncido. Aquella mujer era capaz de sostenerle la mirada sin inmutarse hasta a un basilisco. De pronto, algo que no esperaba que ocurriese pasó; Lily sonrió y le besó en los labios.

-Tengo algo que contarte, James. -Anunció ella con una falsa seguridad. -Verás
He hablado con una persona con la que, bueno, digamos que durante estos últimos años no congeniaba muy bien

-¿Tu hermana Margarita? -Inquirió el chico, dándose aires de suficiencia por haber adivinado aquello.

 

-Si, pero se llama Petunia.

-Petunia, Margarita, Coliflor
Todo son flores, ¿no? -Dijo Sirius incorporándose del suelo, y sentándose en el sofá.

-La coliflor no es una flor, ¡pero ese no es el caso! -Lily comenzaba a perder la paciencia, puesto que hablar con Sirius era como hacerlo con un niño de cuatro años. -Me gustaría que os comportaseis adecuadamente ya que
Van a venir a cenar esta noche.

Las expresiones de los dos fueron tremendamente diferentes. En la del chico-perro, una pícara sonrisa asomaba de sus comisuras, seguramente ya ideando algún plan que arruinase en vestido de Petunia, la corbata de Vernon Dursley, o que simplemente pudiese molestar a los invitados. Lily, temiendo lo que estaba maquinando su perversa cabeza, le miró con severidad.

Por otro lado, en el semblante del chico-ciervo no parecía haber el más mínimo interés por que la hermana de su pareja -y peor aún, su marido -fuesen a cenar a su casa el día de nochebuena. Balbuceó algo ininteligible bajo la mirada de la pelirroja, la cual parecía querer escuchar un "Por supuesto, cariño", aunque lo más educado que hubiese salido por la boca de James sería "Por supuesto que no me importará cenar con tu hermana y la ballena con bigote que tiene como marido." Por suerte para el chico, Sirius actuó antes que él, todavía algo contento de más por la bebida.

-Lily, bonita. -Comenzó, pasando un brazo por los hombros de su amigo, y tendiéndole una cerveza exacta a la que él mismo bebía. -Será un placer cenar con tu hermana Coliflor.

La chica cerró los ojos, se masajeó las sienes y respiró hondo, muy hondo.

-Solo os pido que tengáis un comportamiento medianamente civilizado. -Olfateó un poco a su marido y prosiguió -Y será mejor os duchéis, apestáis.

A regañadientes, sobre todo por parte de Sirius, ambos subieron al piso superior para darse un baño.

-¡Poneos elegantes! -Gritó la mujer desde la cocina. -¡Y rápido! En una hora estarán aquí.

Si los ingleses son conocidos mundialmente por su extremada puntualidad, Vernon y Petunia Dursley sobrepasaban aquellos límites con creces. Nada más el segundero apuntó a las doce, en la puerta principal de aquella casa se presentaron los dos muggles vestidos de gala y con el semblante serio, -más aún que cuando James recibió la noticia de que iban -dispuestos a cenar e irse pronto de aquel lugar. Dudaron unos segundos en entrar al lugar, y cuando lo hicieron fue muy pegados el uno al otro, como si temiesen que alguien pudiera atacarlos por la espalda. Recetas para Cookeo

-Me alegro de verte. -Dijo Lily sonriente, mientras le daba un cálido abrazo a aquella mujer tan distinta a ella.

-Mi marido no sabe nada de
vuestra rareza. -Informó en un frío susurro a su hermana, mientras todavía se abrazaban. -Así que os agradecería a ti, tu raro marido y
vuestro desaliñado amigo, que no hicieseis nada que pudiera llamar la atención. -Se separó bruscamente de ella y habló algo más alto. -Cenaremos y nos iremos de aquí, solo hemos venido porque mamá siempre quiso reconciliarnos.

Lily hizo un lento asentimiento general como respuesta a todas sus indicaciones, y ella, James y Sirius acompañaron a sus invitados al comedor, para comenzar la cena.

El olor a pavo asado resultaba delicioso, aún a pesar de lo amarga que era la presencia de los Dursley en la habitación y hacían que aquella nochebuena estuviese resultando agotadora.

 

-¿A que te dedicas tú, Vernon? -Preguntó amable Lily, intentando evitar un silencio incómodo.

-Trabajo en una empresa de taladros. -Respondió él fríamente, mientras se servía el triple de comida que el resto en el plato.

-Ahora está empezando, pero pronto obtendrá un alto cargo. -Añadió su mujer, con cara de haber olido un calcetín asqueroso, la cual era su expresión habitual.

-Por mi que se taladren los dos la cabeza. -Susurró James, aunque lo bastante alto como para que Lily le oyese, y recibiese un pisotón de su parte.

La cena transcurrió bastante tranquila, en términos de Lily, y bastante aburrida, en términos de James y Sirius. Por ahora no había ningún problema, simplemente frialdad, aunque por poco tiempo.

-¿Y tú que haces? -Preguntó Vernon Dursley a James con prepotencia, y al ver la incomprensión del chico, soltó un estruendoso resoplido y aclaró: -¡¿A qué demonios te dedicas?!

-¡A mi no me hables en ese tono! -Saltó el chico, en defensa propia y sacando a Sirius de su adormecimiento.

-James
-Susurraba Lily, implorante.

Vernon se levantó de la mesa y caminó desafiante hacia James, mientras Sirius susurraba "pelea, pelea", y se ganaba un codazo por parte de la pelirroja. James era media cabeza más alto que el cuñado de Lily, y eso a pesar de que le sacaba casi cinco años de edad.

-¡Vamos, Cornamenta! -Gritaba Sirius, mientras daba puñetazos al aire como un boxeador profesional. -¡Dale duro! Pero no le rodees, sáltale que tardas menos.

-No me hagáis crearos problemas. -Dijo Dursley confiado, después de aquella clara insinuación de que era más ancho que alto. James se acercó más a él y soltó una sonora carcajada.

-James, por favor
-Volvía a gemir Lily, asustada.

-No me hagas reír, gordo. -Petunia soltó un gritito ahogado después de oír las palabras del chico.

Vernon estaba rojo de ira, e indeciso sobre que reacción adoptar. Se aproximó a una mesa cercana, en la cual había un montón de cervezas y le pegó una patada, haciendo que se rompiese y miles de cristales procedentes de las botellas rotas inundasen el suelo.

-¡NOOOOOOO! -Exclamó Sirius corriendo hacia la mesa. -¡¿Qué demonios has hecho?! Tranquilas pequeñas, -dijo dirigiéndose, por extraño que parezca, a las cervezas. -papi está aquí, no os pasará nada

-¿Has venido simplemente para destrozarnos el mobiliario? -Inquirió James, aún más prepotente de lo que se había puesto el otro.

Dursley agarró a James desprevenido, y dio un puñetazo en su cara, justo a tiempo de que una voz se cobraba venganza.

-¡DESMAIUS!

Todos los que estaban en la sala se giraron hacia la esquina del comedor. Allí, nada más y nada menos que Lily Evans empuñaba la varita con la que había derribado al marido de su hermana. La misma persona que había pedido a James y Sirius que se comportasen sin magia en aquella cena.

-¡Jamás toques a mi futuro marido! ¡Y menos en nochebuena! -Bramó la joven, acercándose a la enorme silueta que estaba tendida en el suelo, y aún apuntándole con la varita a su rechoncha cara. -Ahora fuera de mi casa.

-Pe
Pe
Petunia. ¿Qué? ¿Qué son estos enfermos? -Preguntaba entrecortadamente el hombre, que con la ayuda de Petunia se levantaba del suelo.

-Te lo explicaré todo de una vez por todas, pero ahora vayámonos de esta casa de locos.

James y Lily acompañaron a la pareja hasta la puerta, en donde se despidieron.

-Siento que no haya salido bien. -Decía Lily sinceramente, abriendo la puerta.

-Ha sido un placer veros, familia. -Comentó James, haciendo una profunda reverencia. -¡Sirius, di adiós!

-Adiós, Coliflor. -Se despidió él, desde la otra punta de la estancia.

Después de aquello, cerraron la puerta, teniendo como último recuerdo suyo la cara de Petunia, con la nariz arrugada en señal de asco, y la de Vernon, bañada en lágrimas.

-Siento haberte hecho pasar el mal rato, cielo. -Se disculpó la pelirroja, abrazándole.

-¿Mal rato? Ha sido una nochebuena entretenida.

-Feliz navidad, Potter. -Susurró Lily, enredando sus dedos entre el revoltoso cabello del chico.

-Feliz navidad, Evans. -Respondió él, rodeando a su prometida por la cintura y acercándola.

Se miraron a los ojos, antes de culminar aquella conversación con un bonito beso bajo el muérdago de la puerta, y con la luz de la chimenea iluminando sus cuerpos. Beso el cual fue interrumpido por un llanto, un llanto que para anda era el de un bebé.

-¡¿Por qué?! Mis pequeñas, no lloréis
-Gemía Sirius a los pies de las cervezas, las cuales ya habían pasado a mejor vida.

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2023-02-27

 

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