La herencia de Snape - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Estaba sentado frente al fuego, en silencio. Sus ojos estaban fijos sobre las llamas de la chimenea, como si estuvieran muertos. No se escuchaba ni un solo ruido, ni un solo rasgo de movimiento o de que siquiera, existiera vida en las cercanías. Solo estaba él, sentado tranquilamente y con una botella de su mejor vino de elfo. Sonriéndole con sarcasmo, a los recuerdos.
Permaneció pensativo, ladeando la cabeza hacia la ventana. Llovía con fuerza y parecía que el rasgar del techo, sería incesante por horas. La quietud, se rompía con el desesperante traqueteo del tejado de cal y bloques.
Dio un largo sorbo a su copa de vino y se limpió la boca con un pañuelo. Alzó la cabeza, al notar que la lluvia no se detendría. Se levantó con mucha parsimonia y con un suspiro leve, caminó hacia el librero que ocultaba la escalera hacia el piso superior.
Un pequeño golpe, bastó para develar las mismas y que él pudiera subir a través de ellas. Terminó sobre su cama, con la copa a un lado. Ahogó un largo bostezo y se quedó allí. Pensativo, adormecido y con la sensación de quemazón en su garganta. Ese vino añejo, siempre conseguía ese efecto.
Se quedó dormido en poco tiempo, sin mucha dificultad. Pasó durmiendo, gran parte de la noche, hasta que un sonido lo despertó.
Un sonido suave, pero lo suficientemente audible como para llegar a sus oídos. Se levantó de la cama y caminó hasta el salón. Las llamas se movían como locas, como si bailaran. Se sentó en el sofá y miró con atención.
Un mensaje estaba a punto de llegar. Miró con atención, mientras las llamas terminaban de personificarse en un rostro y expresiones. Albus Dumbledore. Intuyó, era una emergencia y necesitaban de sus servicios.
Espero no incomodarte, Severus. Necesito verte urgentemente. Es algo importante y delicado.
Parpadeó un par de veces y sin decir nada, se levantó por su varita y un puñado de polvos flu. La conexión se rompió rápidamente, con un crepitar suave. Caminó hasta la chimenea y entró en un santiamén. Desapareció de la misma forma y se reagrupó en el mismo espacio de tiempo. Con una sonrisa a medias, Dumbledore lo miraba.
El testamento de tu madre dijo él y Severus bajó la vista hacia la mesa. Con un suspiro, leyó apenas un par de líneas y alzó la mirada.
¿Heredé algo? preguntó con sorpresa y Albus asintió en silencio. Con una inspiración suave, se apartó del rincón donde estaba parado y dejó pasar a una joven de cabellos castaños y piel pálida. Con los ojos tan marrones como un tronco. Ella lo miró en silencio, mientras el hombre la miraba con confusión.
Ella es tu herencia. Está destinada a convertirse en tu esposa. Severus.
¿Por qué?
No la conozco.
Pero ella sí te conoce. Y al cumplir la mayoría de edad, ella estaba destinada a concluir una vieja tradición familiar. Ella es la única herencia que tu madre te ha podido dejar.
Gracioso eso. En realidad, bastante particular. Había heredado a una mujer, que se convertiría en su esposa. Ni un bien familiar, ni monetario.
Y ahora que estás vivo, que has sobrevivido y todo se ha terminado. Puedes casarte si lo deseas.
¿Debería?
La mujer lo miró con una sonrisa, le era tan familiar al mismo tiempo. Intuyó, que era una de las conocidas de su madre. No tenía idea, siempre pensaba en Lily.
Ella es una vieja amiga. Ella no estudió en esta escuela, no estudió por muchos años. No tenía cómo conseguirlo. Tu madre se apiadó de ella y te prometió en matrimonio. Sanarían sus heridas, juntos.
¿Se supone que debo querer, casarme con ella?
Ella se llama Alessa.
¿No habla?
Pesa sobre ella, una maldición enmudecedora. Su familia la castigó por muchos años, por haberse enamorado de un mestizo. De ti.
Lo más extraño que había escuchado en su vida.
Espero que tú, puedas romper esa maldición.
¿Y cómo?
Solo aquel que la ame tanto como ella a él, podría romper el encantamiento que pese sobre ella.
Pero yo no la amo, mucho menos la conozco.
Dumbledore sonrió ligeramente y eso no le gustó. Con un suspiro, sostuvo la mano de la joven que parpadeó suavemente y la guió hasta estar a pocos centímetros de él. La contempló en silencio, mientras ella lo miraba de igual forma. Se arrojó a sus brazos y sonrió suavemente. En su cuello, pudo sentir lágrimas.
Ella temía que hubieses muerto. Ella escribió muchas veces, pero no me atrevía a mostrártela. No hasta que estuviera seguro de los términos de la herencia.
Por ley, voy a cuidarla ¿cierto?
Solo si eso deseas. Ella se irá si la rechazas. A ella no le importa. Es lo suficientemente desprendida; como para entenderlo. Ella lo hubiese entendido si Lily se hubiera convertido en algo más que tu amiga.
¿Cuántos años tiene muda?
Un par de años. Decidió que así se quedaría, hasta que pudiera decírtelo. No han podido curarla y creo que.
Guardó silencio, cuando la joven alzaba su mirar y suspirando sonreía. ¿Podía heredar a una persona? ¿Podía alguien perder la voz para siempre, hasta que pudiera confesar eso que sentía? ¿Así pasara años sin poder volver a hablar?
Ahora, ella está lista para decirte lo que siente. Incluso si no correspondes. Incluso si deseas des afiliarte de la herencia.
Guardó silencio y esperó el mensaje. Con una sonrisa ligera y aún en lágrimas, ella sostuvo su rostro con ambas manos. Retrocedió ligeramente. Una extraña acariciaba su rostro y ni siquiera le indicaba con qué propósito.
Plantó un beso en sus labios, algo corto y sencillo. Se apartó de la misma manera.
¿No piensas hablar? Aquí está él, puede ayudarte a romper el encantamiento que pese sobre tu voz.
Negó con la cabeza y se apartó.
Imagino que intuyes que él no te ama o no podría amarte.
¿Qué tenía que perder? Lo único que tenía en la vida, solo era ella. Una mujer desconocida. Con un r0stro de niña y una sonrisa suave. Muda, con una maldición que ella misma había decidido prolongar. Ya no tenía que deberle explicaciones a nadie y no tenía que reportarse con nadie. Estaba solitario y calmo, por así decirlo.
Y ella había bajado la vista y suspirando, se mantuvo parada en el rincón. Severus había ladeado la cabeza y la había mirado con un gesto de curiosidad.
Podía incursionar.
Son mis posesiones y debo cuidar de ellas.
La joven alzó la vista con sorpresa y lo miró. No dijo nada y comenzó a caminar hacia la salida. Antes de llegar hasta la puerta, se dio la vuelta y suspirando, la miró.
¿Viene?
Y ella asintió, sonriendo. Lo siguiente que supo Dumbledore, era que se habían casado. Y por supuesto, ella había recuperado su voz. Severus no sabía si era fácil o si funcionaría, pero sí sabía que podía intentarlo. Y miraba pues, la sombra de su cuerpo en la pared. Frente al fuego de una chimenea, durmiendo para abrigarse allí y no sentir frío. La cubría con su saco y la miraba de reojo. Su voz. La recordó en el primer instante en el que la oyó.
Una vieja amiga. Listas y rankings

 

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Estaba sentado frente al fuego, en silencio. Sus ojos estaban fijos sobre las llamas de la chimenea, como si estuvieran muertos. No se escuchaba ni un solo rui

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2023-02-27

 

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