La muerte me busca, One-shot. - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Viendo cómo esstaba de oscuro el cielo, por aquella ventana que años atrás siempre ocupaba, recordé su rostro. Lo vi. Estaba en el reflejo del vidrio, observándome con detenimiento, no sé si era una mirada fría o la que siempre me daba, tratando de ocultar los sentimientos que en realidad sentía por mí. Han pasado diecisiete años desde su muerte y no he podido superarla. No saben cuánto me dolió el escuchar la voz de Dumbledore informándome, sin misericordia alguna, de su muerte, la de mi hermano, quizás no tenía idea de lo que recién acaba de suceder en mi vida.

Una de las chicas más buenas que había conocido, Rose Mary Cohen, acababa de morir frente a mis ojos, y juro que aquella muerte era mi culpa, debí haberle protegido, era mi novia desde hace tres meses y con ella podía imaginarme un futuro muy lindo, en una casa grande, con niños. Un futuro que no llegó porque Lord Voldemort me la quitó, en un estúpido momento de distracción. Quedé destrozado y juré jamás nunca casarme con alguien, a pesar de saber que Rose hubiera querido justo lo contrario; pero sólo con ella yo quería llegar a un altar, no había más.

 

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Llorando en la sala de estar de James, observaba la foto de Rose, nos la habíamos sacados hace poco. Se veía tan linda, sonriendo a aquella cámara de Lily, besándome en cuanto creyó que la foto ya se había creado. Ver aquel beso hizo que recordara el sabor de sus labios, la sedosidad de su cabello castaño, lo profundo de sus ojos negros, los cuales me fascinaban porque su mirada era penetrante. Ella lucía aquel anillo de compromiso el cual le había dado, porque sí, nos íbamos a casar dentro de este año, a mis diecinueve años.

Tocaron la puerta, pero yo no alcé la vista para ver quién era. James, Remus, Lily y Peter ya estaban en casa. Rose estaba muerta. Para mí no había visita; ni menos en la casa de los recién casados Potter. Sólo la alcé cuando vi unos pies frente a mí, apartando por primera vez la mirada de mi anillo de compromiso, al cual había estado girando en mi dedo. Era Albus Dumbledore, mi respetado exdirector. Su larga barba estaba a la altura de mis manos. No se sentó a mi lado en aquel sofá, pero definitivamente venía hablar conmigo. Una esperanza de alegría me embargó, quizás había visto una ilusión óptica y Rose aún vivía.

- Señor Black - comenzó, con voz grave, observándome con lo que parecía lástima, por lo que cualquier esperanza desapareció de golpe -, veo que ya se enteró de su muerte.

- Sí, profesor, falleció frente a mis ojos.

- No lo sabía - dijo, suspirando con tristeza -. Lamento que haya tenido que presenciar la muerte de su propio hermano, era un excelente estudiante. Sólo que se fue por un mal camino.

- ¿R-Regulus? - pregunté, luego de haber pasado el trance, enviando una mirada a James, pues él había ahogado una tos, por miedo a intervenir en un momento tan delicado como ése -. ¿Qué me quiere decir?

- Al verlo tan triste supuse que había sido por la muerte de su hermano, señor Black - explicó, aún observándole con lástima -, pero me parece que es por otra causa.

Definitivamente aquello no podía ser cierto. Si Dumbledore no me daba pruebas, podía ser mentira. Todos se equivocan en la vida, y esperaba que esta sea una de aquellas veces. Yo no había visto morir a Regulus, simplemente debía ser mentira. Sin saber cómo, yo ya no estaba en aquella sala de estar, de hecho estaba saliendo de los límites de la casa. Sin duda mi cuerpo había superado a mi mente, mi cuerpo había querido ir a averiguar si lo que salió de los labios de Dumbledore era cierto, y mi mente no hizo ningún esfuerzo para que no fuera a la casa de los Black; pero tuve que detenerme.

 

Sentí una mano agarrando mi brazo, casi a la altura de mis hombros. No había necesidad de mirar hacia atrás, muchas veces había sentido aquella mano ahí, esperando poder detenerme cuando actuaba imprudentemente. De prudencia definitivamente carecía, lo demostraba con lo que quería hacer ese instante: entraría nuevamente a la casa de la cual escapé tres años atrás, dejando a mi hermano llorando en la puerta, sujetando mi capa, la cual me había sacado para que Regulus no me sujetara por más tiempo.

- ¿Irás allá?

- Sí, Cornamenta - murmuré, aún de espaldas a él -. No puedo creer que en menos de una semana hayan muerto dos personas cercanas a mí.

Sin más, me solté de su agarre y corrí hasta la calle, donde mi moto descansaba cubierta con su funda ploma, pues la lluvia caía muy fuerte en Bristol, donde James había comprado una casa para poder vivir junto a Lily. Con la varita saqué la funda y salté a la moto, prendiéndola y partiendo sin siquiera saber cómo.

La lluvia me tenía completamente empapado el rostro, tenía dificultades al ver, pero nada podía hacer que las gotas de lluvia y de lágrimas no se deslizaran por mi rostro. No era capaz de creer que Rose había muerto y, sin embargo, la muerte no dejó de lastimarme; había muerto Regulus, ¿Quién sabe si a la misma hora?

A la distancia pude ver cómo mi madre estaba arrodillada sobre un monumento al honor de mi hermano. Mucha gente lo rodeaba, por lo que había tenido dificultades al reconocerla. No iba a aparecerme por aquel lúgubre funeral. Ellos no se habían dado el tiempo de investigar si él continuaba vivo, pero yo sí, no estaba seguro de resistir su muerte.

Al entrar a aquella tétrica casa, sentí melancolía. Podía escuchar los alegatos con mi hermano menor, todos sobre Quidditch. Yo, admirador de los Murciélagos de Ballycastle, y él, raramente admirador de las Harpies, lo que me causaba risa y era así cómo terminábamos ambos encerrados en nuestras habitaciones, generalmente leyendo libros acerca de la pureza en la sangre, y las mejores familias del Reino Unido, donde los Black aparecían mencionados más de una vez.

Subí las escaleras y pude ver nítidamente cómo mi hermano resbalaba desde el comienzo de ellas y yo lo sujetaba, por esto mi hermano tuvo que hacerme la cama durante un mes completo, después de todo, el salvarle la vida no tenía precio, "es casi una ganga", le había dicho, "una excelente oferta". Caminé hasta la puerta de su cuarto, donde estaba colgado aquel cartel advirtiendo que no debía entrar. Le hice caso y toqué una vez, y otra, una última, pero nada. Simplemente no me quería abrir.

No sabía qué me sucedía en ese momento, pero abrí la puerta para poder fastidiarlo. No había nadie. Por lo que suspiré. La verdad comenzó a caer sobre mí, y sobre mi corazón lastimándome dolorosamente. Miré la foto de él en el equipo, no podía creer que el buscador de Slytherin haya muerto de un momento a otro. Todo ese dolor, incrementó el que ya tenía, haciendo que me quebrara y me sentara en su cama, cubriéndome la cara con las manos, no pudiéndome resistir al llanto. Tenía rabia, me había enojado con Rose y con Regulus, no debían haberme abandonado.

 

- ¡Kreacher! - llamé, limpiándome las lágrimas. El elfo apareció y me miró fulminante.

- El amo Sirius ha

- Cierra el pico y dime dónde está Regulus.

- No lo sé, señor
no sé de qué me habla.

- ¡Entonces lárgate, elfo de mierda!

Lo odiaba. Aquel elfo jamás nunca me quiso ayudar, ni siquiera ahora que buscaba a su adorado amo, de quien sí sentía un muy gran orgullo. Los elfos no deberían estar cerca de mí, pues sólo son unos sirvientes para los magos. Aventé una fotografía hacia él, pero Kreacher desapareció justo en ese instante y el pequeño retrato se quebró en la pared. De él cayó una carta, un sobre alargado. Leyó el remitente, pero no tenía nombre, sólo decía "Entrársela a Sirius Black".

Sirius la trató de abrir rápidamente, pero sus manos estaban sudorosas y tiritaban por las ansias de saber qué decía aquella carta, supuse que fue escrita por puño y letra de Regulus Black. Quizás decía dónde estaba escondido de sus padres en ese momento, porque de seguro que se había escapado al igual que yo. Si era así, lo iría a buscar y lo llevaría a mi casa, pues con nadie más estaría mejor. Además podría cumplir la promesa de que en cuanto el cumpliera los diecisiete años, iríamos a emborracharnos a un lugar donde esté prohibido la venta de alcohol. En ese instante, logré abrirla y la desdoblé.

Sirius:

Sé que esta es una despedida muy poco ortodoxa para ti, lo tengo más que claro, pero no pillé otra manera. Quiero que sepas que jamás me he sentido tan arrepentido de haber hecho algo, ambos compartíamos el mismo punto de vista de cómo disfrutar la vida al máximo y ambos concordamos que era no arrepintiéndose. Aún pienso eso, pero creo que debes saber que sí hay cosas por las cuales no puedes dejar de sentir arrepentimiento. Mi razón es que renuncié al Señor Oscuro, y todos sabemos que no es llegar y dejarle una carta sobre su escritorio, anunciándole tu renuncia. Sé que me buscará tarde o temprano.

No sabes cuánto llegué a disfrutar cada partido de Quidditch que hubo en nuestro jardín, cuando aún no te marchabas de casa, cuando nos reíamos porque mamá se colocaba roja cuando le preguntábamos de dónde venían los bebés, sin que ella supiera que nosotros ya lo sabíamos desde hace mucho, o mejor dicho cuando ambos pillamos a nuestros padres haciendo cosas de adultos. Recuerdo que tú habías quedado mirando cómo estúpido, a pesar de que ya tenías diez años, y le preguntaste a aquel chico muggle, bastante mayor que nosotros, qué era lo que estaban haciendo. En ese instante habíamos dejado atrás la teoría de la abejita. También recuerdo el día en que te fuiste a Hogwarts, uno de los peores momentos de mi vida, el por qué está muy claro, no te vi durante tres años, hasta que entré a primer año, aunque ya nos espesábamos caer mal mutuamente, tú era un león y yo una serpiente. Además ya no te quería como antes (o al menos así lo pensaba yo), porque desde que conociste a James y a los demás te olvidaste de que tenías un hermano menor esperando con ansias tu regreso a casa, viendo cómo mis papás alegaban cada tarde por tu mal comportamiento, pero no regresaste en ninguna navidad y odié a James tal cual tú odias a Lord Voldemort.

 

El día en que te fuiste de casa, sentí que me rompías el alma en muchos trozos, las palabras de un hermano mayor prometiendo jamás irse sin mí se habían ido junto contigo. No sabía qué hacer para detenerte, no quería que me dejaras solo en aquel lugar, con mis padres obligándome a estudiar más sobre linaje. Sentí miedo, pensaba que algo te podía suceder mientras vagabas por ahí. Cada vez que llamaban al timbre, corría escaleras abajo esperando encontrar tus ojos azules sobre los míos, quizás diciéndome un "perdón por irme sin ti" y tomando mi mano para escapar de casa; pero jamás sucedió.

Me uní a los Mortifagos en un estúpido intento de hacer feliz a mamá y a papá para que mi eterna instancia en la ancestral casa de los Black sea mucha más agradable de lo que fue cuando tú aún estabas, pero no sucedió. También intervino en mi decisión el querer hacer sentir orgullosa a mi madre, esperando que alguna vez me abrazara fuertemente diciéndome que me quería, pues ambos sabemos que fueron muy pocas veces en la que nos lo dijo, creo que cuando nacimos y cuando cumplimos cinco años (nota el sarcasmo).

Pero luego de haber llegado muy lejos de la luz, muy cerca de Lord Voldemort, supe que aquello no era correcto. Mataba personas sin piedad cuando estas se negaban a ser parte de nuestras filas. Alfred, uno de mis únicos amigos, y luego comenzaron a capturar a otros Mortifagos, los Aurors y la Orden del Fénix, donde tú también estaba. Tenía miedo de encontrarte en una pelea, por lo que siempre me quedaba peleando con otras personas. Créeme que jamás maté a nadie, no fui capaz, por lo que el señor Oscuro desconfiaba de mí.

Pero vi hace poco cómo murió tu novia, Rose, y la verdad es que verte sufrir fue la gota que derramó mi vaso de paciencia y quise asesinar a el señor Oscuro. Muy pocas veces te vi llorar y esta fue una de ellas. Bien sabía yo que jamás podría acabar con el señor Oscuro en un enfrentamiento.

Ahora hice algo arriesgado y que espero que haya acabado con
pues con Voldemort, si él no ha caído es porque he fallado mi misión y he muerto. Si es así, querido Sirius, he de decirte que jamás dejé de quererte, jamás dejé de extrañarte y jamás dejaré de cuidarte. Quiero que seas feliz, sé que tu novia de cuidará también. Por favor, no te metas en problemas y lucha por tu libertad. Como ves, ahora soy libre. He dejado Grinmauld place atrás y sé que no volveré.

Sé que tú tampoco lo harás, sería una tortura hacia tu persona, y lo haces podré comprobar que eres un masoquista de primera, si es que no eres sádico. Podría seguir escribiéndote mucho más, pero creo que lo más importante son los recuerdos de las miles de sonrisas que ambos embozamos. Si quieres una confesión, aquí va:

Jamás he sido de las Harpies, sólo de los Murciélagos, pero no había querido que pienses que te copiaba todo. Me despido, hermano, te deseo lo mejor para lo que sigue en la vida. No esperes a ir a Azkaban para buscarte una nueva chica, porque jamás llegarías a ese oscuro lugar, sé que Rose estaría de acuerdo.

 

Regulus Arcturuc Black

PD: Por cierto, espero que más adelante te enteres de la forma exacta por la cuál morí y espero que no sea Voldemort quien me haya matado. El orgullo de un Black sigue intacto.

Con aquellas palabras terminaba la carta. Ocho años de hermandad terminaban con esa última oración "El orgullo de un Black sigue intacto". Yo también tenía ese orgullo, por lo cual no lloraría en esta ocasión. No dejaría que las lágrimas invadieran nuevamente mi rostro. No quería. Él fue quien me abandonó ahora, entregándose en bandeja a Voldemort.

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En aquella ocasión no tomé en cuenta el significado de esa carta. No comprendía cómo era que Regulus se había decidido despedir con una carta de un pergamino. No entendía cómo alguna vez él reclamó porque yo lo había abandonado, porque en el momento en el que Regulus murió, me abandonó. Decía que me cuidaría, pero no estaba ahí.

Y si hablo del presente, sigo estando solo. En esta tétrica casa de la que alguna vez escapé. No hay nadie más aquí conmigo, sólo estoy yo y el estúpido Kreacher, Buckbeak está arriba, alimentándose. Pero yo quiero que esté Regulus conmigo, que me mire y me grite en la cara que fui un mal hermano, que soy yo quien debía haber muerto en aquel lago, que era un cretino por no haberlo enderezado en el momento adecuado. Debía decírmelo, porque sé que él lo sentía.

Por primera vez se me ocurrió ir a ver a la azotea. Regulus siempre iba a estar allá. Él era perfecto en todo sentido, me refiero a que era un gran dibujante y un gran escritor, se notaba en la carta que me dejó, yo soy incapaz de escribir más de diez líneas y no es necesario que yo releyera la carta para saber cuántas líneas completas me escribió, obviamente juntando todas las chiquititas. Me sé de memoria aquella carta, cada vez que me emborracho la leo. En total tiene poco más de sesenta líneas.

Una vez llegué allá, pillé algo que me llamó la atención. Había una botella de aquellos recuerdos que se beben para poder verlos, lo averigüé por la forma que tomaba el agua al moverlo. Quería ver qué recuerdos tenía, por lo que llevé la botella a mi boca y luego bebí. Por unos momentos sentí que nada había sucedido, pero entonces perdí el equilibrio y sentí como mis ojos se cerraban.

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Suspiré. Sirius de nuevo me estaba molestando. No quería hacerle caso en nada de lo que me decía, se creía mucho ahora que él tenía nueve años y yo sólo seis. Acababa de cumplirlos y ya se creía adulto. Lucía su escoba último modelo por toda la casa y me decía que me la prestaría, pero terminaba prestándome la que Kreacher usa para barrer la casa.

- ¡Ya, Sirius, déjame! - grité, mientras él montaba su escoba frente a mí, en las escaleras -. ¡MAMA! ¡SIRIUS NO DEJA DE MOLESTARME!

- ¡SIRIUS!

- Llorón - se rió de mí, para luego seguir su vuelo.

Es muy tonto cuando me molesta, incluso porque me llamo Regulus, como si Sirius fuera un nombre muy bonito, sólo es un nombre común en esta familia, todos somos estrellas o algo así me dijo mamá, cuando para mi cumpleaños me regaló un ejemplar de ¿Qué es la pureza de sangre?

 

Aquella noche me arrepentí de haberme peleado con Sirius, porque había tormenta eléctrica y yo no podía dormir. En la habitación de él, por alguna extraña razón, se extinguían los ruidos tan fuertes como los son los truenos y Sirius puede dormir sin interrupciones, mientras que yo solo puedo adormitar.

Decidí que era mejor irme a dormir junto a él, aunque sea en el suelo, porque la cosa era dormir sin ruidos. Caminé silenciosamente hasta su habitación y abrí la puerta, tratando de no botar mi almohada y mi cobija, porque Sirius de despertaba hasta por sus propios suspiros, era como un perro, siempre alerta. Y tal cómo era un perro, sintió mis pisadas y prendió la luz, justo cuando yo había cerrado la puerta.

- ¿Qué quieres hacer?

- Es que los truenos

- Mira, si le tienes miedo a los truenos pues

- ¡No
!

- Cállate, ¿Quieres que nos vengan a retar? Blog sobre vibradores

Guardé silencio de inmediato. Sirius me miró unos instantes y luego abrió las sábanas de su casa, palmeando el trozo de colchón a su lado. Aquello era mucho mejor que lo que yo pretendía hacer, por lo que no me hice de rogar y entré a la cama, sin más le abracé, no sé por qué lo hice, después de todo a él no le agradaba que yo haga eso, pero no retiró mis brazos, sólo me rodeó con los suyos.

Recordé que mis padres habían alegado con él porque Sirius había ido a juntarse con sus amigos, muggles, y mis papás no querían que lo siga haciendo. Sabía que Sirius los extrañaba, pues se conocían muy bien, años de amistad, según él, y más porque le gustaba una niña llamada Annette.

Unas nubes blancas y negras se juntaron en aquella pieza, aspirando su contenido, incluyéndonos a mí y a Sirius, por lo que nos afirmamos, él se soltó primero y luego le seguí yo. Ahora estaba solo en una habitación, observándome a un espejo.

Sentí unos golpes raros y los ruidos de algo que se arrastraba en la habitación de al lado, en la habitación de Sirius. Fui ver y lo pillé con su maleta de Hogwarts en una mano. A sus dieciséis años, tenía una cara que parecía ser de una persona bastante madura, pero yo sabía que no lo era, porque incluso ahora estaba haciendo una niñería.

- ¿A dónde vas? - pregunté.

Él me miró unos momentos, con los ojos extrañamente brillosos, y me apartó de su camino, caminando con el carrito tras su espalda. Yo le volví a bloquear el camino, no estaba dispuesto a permitir que se valla y me deje solo ahí, sin compañía, por mucho que me costara admitirlo, me habían falta sus bromas hacia mí. No quería que se valla dejando toda nuestra amistad en aquella vieja habitación que él ahora usaba y que dejaría de usar dentro de poco.

- Quítate, Regulus.

- ¿Me dejarás? - pregunté, con voz queda.

- Permiso

- Respóndeme - exigí, enojándome con él -. ¿No eres un Gryffindor? ¡Ellos afrontan sus problemas, no escapan de ellos como ahora lo estás haciendo!

- ¿Quién te crees tú que eres para venir a levantarme la voz? - inquirió, tomándome por la camisa -. ¡Tienes trece años y te vienes a creer con la capacidad de enseñarme qué es ser un Gryffindor y qué no!

- ¡Deja de creer que eres más maduro que yo porque tienes más años, Sirius! - ordené, sin quitarme de su camino -. ¡Eres el más inmaduro que he visto! ¡Y no tendrías por qué serlo, tampoco! ¡Te aprovechas de que mis padres no están para irte! ¡Es cobardía!

 

- ¿Crees que ellos me hubieran dejado ir?

Medité unos momentos, pero no necesité de mucho, yo sabía muy bien que ellos le cerrarían la puerta y lo castigarían por mucho tiempo. Por el momento yo tenía una sola posibilidad de hacerle quedarse conmigo. Por esto, cerré la puerta bruscamente y la sujeté, por fuera. Sentí cómo Sirius trataba de girar la perilla, y yo no duraría mucho más sosteniéndola. Tomé las llaves que estaban junto a la puerta de su habitación y la cerré.

- ¡ABRE PENDEJO DE MIERDA!

Aquel insulto no iba a hacer que yo me sintiera mucho peor de lo que me sentiría si él se iba, si me abandonaba. Sentía cómo Sirius hacía grandes esfuerzos por romper la puerta, dándole patadas y aventándole cosas. Sentí un momento de silencio y luego vi cómo la perilla se abría y aparecía Sirius con una cuchilla de plata, una que reconocí como la que estaba en un anuncio de Zonko, aquella cuchilla abría cualquier tipo de cerradura. Sabía que era muy cara, pero no alcancé a sorprenderme cuando Sirius me pegó un combo directamente a mi pómulo.

Yo retrocedí un paso y pronto perdí el equilibrio. Nuevamente me había resbalado al comienzo de la escalera. Pude ver la cara de susto que Sirius había puesto antes de que yo rodara por la escaleras hasta quedar tirado en el primer piso. Tenía un dolor muy fuerte en mi brazo izquierdo y la cabeza me palpitaba. Sirius corrió escaleras abajo, obviamente con su estúpido baúl, pero lo tiró a un lado y me tomó el rostro.

- ¿Estás bien? - preguntó, tragando saliva, pude ver cierta palidez en su rostro -. ¿Te hiciste daño?

- ¿Para qué preguntas si sabes al respuesta? - pregunté, fríamente -. Sólo quieres saber para ver si te puedes marchar ahora mismo, ¿No?

Me levanté sin su ayuda, ya que él había quedado turbado con mi replica. Ambos sabíamos que era verdad, yo sabía que sólo sentía el que me haya caído porque si estaba mal se tendría que quedar aquí y le estropearía su cobarde huída. Me afirmé de la pared en cuanto me mareé, de seguro había perdido alguna neurona en aquella caída. Estaba confuso y veía borroso, pero supe disimularlo.

- Bueno, entonces esto es un hasta luego - dijo Sirius, volviendo a tomar su baúl.

- No lo creas - murmuré, picado -. Si te vas, olvídate de mí.

Sirius sonrió sarcásticamente y comenzó a caminar hacia la salida, arrastrando su baúl. Abrió la puerta y cuando iba a comenzar a bajar las escaleras del pórtico, le agarré por la capa con todas mis fuerzas, no quería que se valla.

- ¡Por favor, Sirius! - exclamé, ya sin aguantar el llanto, perno, lo sé, pero no pude evitarlo -. No me dejes aquí, solo
¡Te lo r-ruego! ¡Por favor! ¡Quédate! ¡Te pagaré todo lo que quieras!

- Duerme bien, Regulus.

Di otro paso, pero el dolor de cabeza hizo que me volviera a marear y cayera al suelo. Sirius no se dio cuenta y pensó que finalmente lo había soltado, sin saber que en ese instante me di cuenta de que mi cabeza sangraba mucho y comencé a perder la consciencia.

Pero de eso ya pasó mucho. Ahora yo estaba peleando contra la Orden del Fénix, tenía mi capa hasta la cabeza, porque Sirius peleaba cerca de mí con un Mortifago. Su novia peleaba, junto a cuatro magos más, contra el Lord y Sirius no paraba de vigilarle. Yo también. Hace mucho tiempo que venía pensando en renunciar a esto, ya no quería ver cómo el Señor Oscuro asesinaba sin un por qué.

 

Estaba mirando todo, pues yo ya había dejado de pelear contra uno de la Orden, obviamente no le mate, solamente lo noqueé. Miré a Sirius, quien miraba asustado a James, quien estaba tirado en el suelo luego de que Evan Rosier, según pude ver, le tiró un envertestatil. Vi un destello verde y busqué desde dónde venía, pero no lo encontré de inmediato, no podía, pues mis compañeros se estaban retirando, hasta que al final sólo quedé yo
Sirius se había tirado al suelo, junto a un cadáver.

- ¡ROSE! - exclamó, llorando.

Me convertí en el gato negro el cual acostumbro para poder acercarme. Remus y los demás también se habían acercado a mi hermano. Nunca lo había visto llorar con tanto ímpetu, moviendo el cuerpo inerte de su novia. Gritaba su nombre, alegándole que se iban a casar. Sentí algo en el pecho al ver a mi hermano tomar el rostro de Rose y besarlo, esperando que pudiera despertar.

- Rose, c-cariño - lloró, golpeándole suavemente la mejilla -. Vamos, amor, nosotros tenemos que casarnos.

- Sirius

- ¡No te metas, James! - exclamó, abrazando a Rose contra él, sin levantarla del suelo -. Rose, vamos, despierta
n-no es buena broma.

Mi hermano estaba desesperado, no dejaba de llorar. Creo que Dios se dio cuenta de ello, porque justo en ese momento comenzó a llover. Lo raro era que recién comenzaba el verano, no debería llover. Sirius no se levantó, ni levantó el cuerpo de Rose, pero ocultaba su rostro en el cuello de su novia.

- P-por favor - rogó, acariciándole la espalda -. Despierta
hiciste que me enamorara, ¿Para qué? ¿Para sufrir?

- Sirius, ven, vamos.

- ¡Váyanse, váyanse si ustedes quieren, pero yo no! - lloró, limpiándose unas lágrimas -. ¡Tenía diecinueve años, Remus! ¡¿Por qué Dios me la quitó?! ¡Por qué me quitó a la chica que me hace tan bien!

Dejó a Rose en el suelo y la comenzó a mover fuertemente, zamarreándola de la misma forma. Quizás estaba esperando que Rose se levantara. Sentí pena, yo también amé a una niña que murió, lo entendía perfectamente, pero Sirius ya no me quería, no podía consolarlo. Aquello quería hacer, no podía soportarlo, no podía, no viendo a Sirius que miraba directamente a los ojos negros, ya sin luz, de su Rose Mary.

No podía creer la mala suerte de mi hermano en el amor, hace mucho tiempo había amado a una niña, pero ella amaba a Remus, por lo que ninguno estuvo con ella, Remus por lealtad ante Sirius. Ahora se había enamorado de Rose Mary, quien le correspondía con la misma intensidad, pero ahora el destino se la había quitado, la maldita muerte se la había llevado, dejando sólo un corazón destrozado, que no era otro que el de Sirius.

La lluvia ahora era mucho más fuerte. Rose tenía la cara brillante por el reflejo de la luna. Sirius ahora observaba la belleza de la chica, la belleza que muchas veces fue su tortura cuando no la tenía. Creo que en ese momento podía estar odiando a Dios tanto como yo, y es que uno jamás acepta una muerte de inmediato, jamás quiere aceptarla, y Sirius no sería la excepción. Ya había pasado poco más de una hora y Sirius aún estaba sentado en el pasto, completamente embarrado, cargando a su novia en su regazo y acariciándole el rostro. No quería cerrarle los ojos. Sus amigos estaban detrás.

 

- Sirius, vámonos - ordenó James, ahora con pena en la voz.

- Ella despertará - replicó, secándole la cara a Rose -. Mi muñeca despertará, ahora, sólo deben esperar unos momentos
sé que lo hará.

- No despertará, Sirius - dijo Remus, hincándose detrás de él y colocando una mano en su hombro -. Ella está

- ¡No está muerta! - gritó, desesperado y abrazándola más fuerte -. Sólo duerme, lo sé.

- Sé que es duro, cariño - se acercó Lily -, pero debes dejarla ir. Ciérrale los ojos, ruega porque su alma esté en paz y déjala convertirse en un ángel.

- Ella no pudo haber muerto - susurró Sirius, ya menos convencido, botando más lágrimas -. No me pudo dejar solo, porque nos íbamos a casar
íbamos a tener un hijo, ella estaba embarazada, tenía dos meses y medio
¿Ninguno se habrá podido salvar?

- Sirius, ven - pidió James, estirándole la mano -. Déjala conseguir sus alas, ella era muy buena, será un lindo ángel, si tú la dejas partir, sino sólo le provocarás quedarse en un lugar tan horrible como lo es la tierra en este momento.

Sirius sintió que su corazón se iba, que desaparecía a la vez que él le cerraba aquellos ojos negros a su amor. Él mismo quedó ciego, ya no podría amar a nadie iba a rehacer su vida con otra persona, no tendría hijos, porque su hijo acababa de morir, no tendría esposa, porque su futura esposa acababa de fallecer. No tendría amor, porque acababa de desaparecer.

Me quedé hasta el funeral, mi hermano simplemente no se había podido controlar, la pena se la trasmitía a todos sus amigos y familiares de Rose Mary, también me lo trasmitió a mí y decidí que era el momento de renunciar definitivamente al Señor Oscuro, debía hacer mi plan, el que ya venía pensando desde hace.

De ello sólo pasaron dos horas para cuando ya estaba en la cueva, con Kreacher, que me miraba con creciente miedo, él sabía lo que yo haría y quería intervenir. Las indicaciones estaban todas listas. Ahora debía beber aquella poción para que mi elfo se fuera. Respiré hondo varias veces, porque, a pesar de estar decidido, jamás fui un chico tan valiente.

- Kreacher, ya sabes lo que tienes que hacer - dije, él me miró -. No le cuentes a nadie de la familia lo que sucedió
todo esto es una orden.

- Pero amo

- Fuiste un gran elfo - murmuré, levantando la vasija.

Bebí y no me detuve, a pesar del dolor que me provocaba la quemazón en el cuello. Pensaba en Sirius, era todo por él. Todo mi sacrificio, toda mi vida fue en torno a él. Y ahora quería morir por mi hermano. Fue mi héroe toda la vida, corta, pero al final de cuentas una vida. Una vida que Sirius alegró en gran parte, otra parte mi niña linda, mi ángel de la guardia, que ahora debía estar asustada al verme cometer aquella locura. Mi linda Antonella Wilmore, murió a manos de mis compañeros. Ambos me hicieron la vida completamente buena, no me arrepiento de nada más que de haber entrado a las filas de Voldemort y haber estado del lado equivocado.

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- ¡Sirius! - exclamó Remus, moviéndolo fuertemente.

 

Sirius despertó. No era Regulus. Tosía bruscamente llevando mis manos a la garganta, aquel sueño fue más realista que había tenido hasta ese entonces. Miré a mi alrededor. Había una botella, lo que quería decir que aquello no fue un sueño, había entrado a los recuerdos de Regulus, pero había creído que era él.

Me había dolido volver a ver la muerte de mi novia, porque jamás terminé con ella cuando murió, seguía siendo mi comprometida. Regulus había estado ahí, preocupándose por mí, había muerto por mí. También me dolía el saber que Regulus murió de una forma dolorosa, pero pensando en mi persona, y yo que había sido tan mal hermano con Regulus, lo había abandonado.

- ¡Sirius, tenemos problemas! - avisó Remus, golpeandome la mejilla.

- ¿Qué sucede?

- Harry cree que Voldemort te tiene - explicó, desesperado -. Kreacher le ha gastado una broma
ahora él y los demás han ido al departamento de misterios, donde creemos que hay mortifagos.

- ¡Vamos!

- No, Sirius, no debes ir.

- No me sucederá nada, Remus - traté de sonreír -. La mala hierba nunca muere.

- Sirius, no irás.

- Lo siento, Remus, pero creo que ya he peleado muchas veces - sonreí, saliendo del lugar -. A la vuelta he de contarte algo que me sucedió hoy.

- ¿Qué cosa?

- Luego lo sabrás.

- Ok, pero te quedas aquí.

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Remus se fue rápidamente, sin saber que Sirius jamás se quedaría en un lugar protegido cuando su ahijado no lo está. Pero Sirius no sabía que sería ahí cuando se encontraría con su vieja amiga, con la muerte, y que jamás le podría contar a Remus aquella pequeña incursión al pasado, en su memoria y en la de su hermano. Muchas vidas de seres queridos se había llevado, Regulus, Rose, James y Lily
la muerte le perseguía y ahora le alcanzaría.

El orgullo de un Black no estuvo presente en esta muerte, porque fue Bellatrix Lestrangue, antes una Black, quien fue la cómplice principal de la muerte. El dolor que le provocó cada una de sus pérdidas, desaparecería ahora con el reencuentro, con el último Black con vida, pero atacaría a su ahijado y amigo Remus, quienes no sospechaban que la muerte era quien los esperaba en el ministerio, oculta entre los estantes, tras aquel velo, esperando encontrar a su victima más anhelaba: Sirius Black.

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¿La muerte es o no es cruel?

La muerte llega a uno sin saber dónde,

cuándo, por qué o quién.

Nadie nunca imagina que la muerte

puede estar al doblar una esquina,

al cruzar una calle, al entrar a una casa,

al saludar a un desconocido o incluso

al dormir

La muerte nunca puede ser burlada,

puedes tratar de hacerlo,

pero nunca la evitarás por siempre,

llegará a ti tarde o temprano.

Nunca podrás ser ignorada por ella,

porque su memoria es la más grande que existe,

si hoy no viene por ti, vendrá por otra persona,

cercana o a algún desconocido,

porque tiene una lista,

una lista muy larga, en que todos estamos anotados,

sin olvidar ninguno

Sólo una criatura no está anotada en ella

y esa es ella misma,

porque es egoísta,

no le da la vida eterna a nadie más que ella.

Todos la sentimos lejana,

pero quizás en poco tiempo

la sentiremos más cerca de nosotros como nunca,

y ahí es dónde necesitaremos el apoyo de alguien,

alguien importante en nuestra vida.

Por eso es tan doloroso cuando

es a esa persona a quien se llevó.

La comenzamos a odiar como nunca a nada,

la odiamos con toda el alma,

porque en momentos de dolor,

olvidamos que es algo natural

y olvidamos pensar que quizás la muerte fue solidaria

y quiso terminar con el sufrimiento

de nuestra persona amada

FIN

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De one-shots no sé mucho, sólo hice este, en un día en que miraba una foto de Sirius y Regulus, detrás había una niña. La muerte es algo que no esperamos jamás, y aquel "casi" poema, lo escribí hace algún tiempo, cuando la muerte alcanzó a una persona muy querida por mí. Pero bueno, espero que les haya gustado. Acepto quejas de todo tipo, pero sin insultos, claro... bye. comenten please, porque es mi primer one-shot, se los pido^^, no les cuesta mucho comentar...

La muerte me busca, One-shot. - Fanfics de Harry Potter

La muerte me busca, One-shot. - Fanfics de Harry Potter

Viendo cómo esstaba de oscuro el cielo, por aquella ventana que años atrás siempre ocupaba, recordé su rostro. Lo vi. Estaba en el reflejo del vidrio, obse

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2023-02-27

 

La muerte me busca, One-shot. - Fanfics de Harry Potter
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