La Muggle y la varita de Saúco - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

¿Cómo nace el miedo? ¿Qué es? ¿De dónde surge? ¿Acaso de la mente o del corazón?, ¿Tiene su origen en los pensamientos o es alimentado por los sentimientos?... Como sea que fuere ella tenía miedo, lo sentía intensamente recorrer cada fibra de su cuerpo, y en su mente un solo pensamiento recurrente: "voy a morir".

En la oscura y fría prisión de una desconocida torre, una jovencita atormentada por estos pensamientos, aguardaba la hora fijada para acabar con su tormento. A su alrededor se encontraban varios montículos de paja que sirvieron de improvisadas camas para aquellas diez doncellas secuestradas de las que solo quedaba ella.

Una a una las muchachas habían sido sacadas de su encierro y llevadas a otra cámara en donde habían sido despojadas de sus encantos de nacimiento. Todas ellas escogidas por tener algo único y hermoso que las distinguía del resto: Berenice tenía las manos perfectas, Madeleine la cabellera más sedosa, Rosalía la piel más hermosa, Margaret la nariz pequeña y respingada, Fiorella las piernas contorneadas; lo mismo las otras: ojos, orejas, pechos y caderas, hacían de ellas las envidias de la comarca y para desgracia suya, también eran la envidia de aquella frívola bruja.

 

No había otro calificativo para Morella, ella no era más que una terrible y diabólica bruja. ¿Cómo mas se le podía llamar a una mujer que era capaz de realizar con una ramita de saúco tan increíbles actos de maldad?, con un solo movimiento de aquella extraña vara, acabó con la vida de todos los que vivían en la casa de la joven: su familia y los que a ellos les servían, incluso acabó con dos perros de raza, y luego le prendió fuego a la imponente mansión que por siglos perteneció a la aristocracia.

Tienes una hermosa sonrisa pequeña niña "muggle" y
¡Ah! unos perfectos dientes.

Fueron las últimas palabras que escuchó la doncella de aquella mujer, en esa ocasión y antes de al suelo desmayada caer.

No hace mucho era una niña de mejillas enrojecidas por una salud pletórica, de ojos vivarachos y alegres, de cabellos largos y siempre libres de coletas y moños, tan llena de vida, pero ahora en esa celda oscura y vacía era devorada de manera progresiva. La vitalidad se hizo forzado reposo, su tez rosada se volvió más blanca que la cera, como la piel de un leproso, sus risas dieron paso a una respiración jadeante y sus gritos de júbilo fueron ahogados por sollozos y gemidos constantes.

En aquella celda había perdido la noción del tiempo y del espacio y las estrellas de su destino se apagaron en el cielo raso, la palabra futuro cambió su valor y ahora significaba para ella muerte y dolor. Su única realidad se convirtió en un continuo vagar de sombras en la oscuridad, entre las cuales solo podía distinguir las de una mujer dominadora, que iba y venía en busca de las doncellas, una mujer terriblemente satánica, llamada Morella.

De pronto y sin previo aviso, el sonido hasta ahora ausente se hizo presente y un grito de mujer, agudo y penetrante, empezó a llegar hasta sus oídos, mientras se mezclaba con la carcajada malévola de esa mujer por ella conocida, que disfrutaba al cortar, desmembrar y mutilar a una inocente, con el fin de satisfacer su envidia y sus tendencias homicidas.

Aunque la jovencita no deseaba escuchar más aquellos gritos y tapándose los oídos, acurrucada en una esquina en el suelo imploraba no volver a escuchar esos gemidos; al mismo tiempo deseaba que continuaran por siempre jamás, porque bien sabía que al cesar aquellos, llegaría el turno de que los suyos llenaran el lugar. Si, sus propios gritos ocuparían el infinito vacío sideral.

 

Finalmente y después de lo que a la joven le pareció una eternidad, cesaron los lastimeros alaridos, señal inconfundible de que la mutilación había concluido y de que las manos de Berenice jamás volverían a tocar. Por fin el silencio, silencio que sellaba su destino, ahora dentro de poco y por última vez volvería a escuchar el sonido de esos pasos que la vendrían a buscar.

Tal y como lo temía, aquel monótono sonido de pisadas se volvió a escuchar, asemejando el compás de un viejo reloj que con su típico tic tac se apresta para la media noche marcar. Los pasos se escuchaban cada vez más y más cerca mientras el corazón de la joven latía con frenética demencia; en un intento inútil por no ver llegar su final, sus ojos fuertemente se decidió a cerrar. Faltando solo un segundo para la media noche el tic tac se detuvo y solo se escuchó un silencio sepulcral.

¿Qué ha pasado? Apenas tuvo tiempo de preguntar porque las puertas de la celda se abrieron de par en par, al tiempo que el reloj marcaba las doce con un sonoro: ¡Craank! Y la joven ante la visión que tenía delante suyo no pudo hacer otra cosa más que gritar.

˜˜˜˜˜˜˜

Cerca de la media noche y con un fuerte ¡Crack! Un joven mago apareció en la espesura de un bosque. Detrás de unos árboles pudo observar que se divisaba una imponente torre, hogar de la bruja a la que había ido a buscar. Sin perder el tiempo y con paso presuroso se encaminó hacia aquel tenebroso lugar.

Al llegar a la torre se dio cuenta de que no había puerta por la cual entrar, tan solo una ventana en lo alto, de la cual una tenue luz se desprendía y danzaba en forma fantasmal.

Sonrió sarcásticamente al pensar, que si con ese pequeño inconveniente aquella bruja pensaba evitar, que él se adueñara de la varita de saúco y tomara su lugar, se equivocaba de manera descomunal. Semejante defensa solo demostraba incompetencia y hasta llegó a dudar de que las legendarias historias, sobre el poderío de aquella bruja dueña de la vara letal, sean ciertas.

Sacando su propia varita apuntó hacia el suelo y de un salto llego hasta lo alto y por la única ventana de la torre se dispuso a entrar. Una vez adentro, lo que vio lo puso furioso y violento. En una habitación enmohecida que tenía un fuerte olor a orín y alcohol, se encontraban clavadas en las paredes, a modo de macabra decoración, cientos y cientos de varitas hechas de diversos materiales y medidas y que visiblemente parecían, haber perdido sus poderes.

Pobres diablos muertos a traición Pensó el joven con furia contenida, al ver la humillación a la que fue sometida, la magia en aquella habitación.

Deseoso de salir cuanto antes de ese lugar, presuroso la salida se dispuso a buscar, la cual no tardo más de un par de segundos en encontrar.

Atravesó una desvencijada puerta y se encontró con los primeros peldaños de una destartalada escalera que conducía hacia abajo, a lo desconocido y mientras bajaba se dio cuenta de que aquel descenso parecía el interminable camino, hacia el infierno de un demonio de género femenino.

Aunque un súbito escalofrío cruzo por su espalda al tener dicho presentimiento, que le advertía de retornar por donde vino, las tendencias más naturales de la raza humana: vitalidad, osadía y curiosidad, junto con su soñado deseo de alcanzar la gloria e inmortalidad, pudieron más.

 

Debía ser él, no había nadie más, solo él era lo suficientemente hábil, para a la temible bruja derrotar y así convertirse en el único dueño y amo del preciado objeto que en otro tiempo perteneció al mayor de los hermanos: Antioch Peverell.

Mientras bajaba escuchó un leve lamento, que se hacía más audible mientras su andar se hacía lento. En pocos segundos aquel lastimero gemido como un llamado infernal ocupo sus pensamientos. Se dispuso a encontrar el origen de aquel sonido asfixiante y por un momento olvido su cometido apremiante.

De súbito llegó hasta un pasillo lleno de antorchas llameantes, que iluminaban una hilera de puertas; estaba casi seguro que detrás de una de ellas se encontraba el causante de proferir tal angustiante pesar.

Se paró frente a la puerta más pequeña y notó que no tenía cerradura, así que con un movimiento de su varita lanzo un potente hechizo que la madera golpeó y la abrió de par en par, al tiempo que un reloj antiguo daba las doce en algún lugar y del interior de la celda un grito ensordecedor, como un aullido de terror, se dejaba escuchar.

Pasados el susto y la impresión, el joven mago tuvo una celestial visión: una joven doncella, delgada y glamorosa, muggle sin duda, pero al fin y al cabo hermosa, le sonreía débilmente y con su sonrisa parecía iluminar cada rincón de aquel terrible ambiente.

¿Quién eres y que haces aquí? Pregunto el joven mago extasiado por la bella joven que tenía a su lado ¿Te encuentras bien?

Mi nombre es Lucia Romanov de la Serna, hija del dueño de estas tierras y soy cautiva de la terrible bruja Morella Respondió la joven con educación, haciendo alarde de su posición Pero podéis llamarme Luu
¿y vos quien sois gentil señor?

Mi nombre es Démilos Respondió mientras sonreía pero puedes llamarme Milo y busco la vara de saúco o en ello la perdida de mi vida

Es muy probable que encontréis las dos

¿Sabes de lo que hablo? Pregunto el joven confundido ¿acaso has visto la vara del destino?

Si de la ramita de saúco es de lo que habláis
de su poder en las manos de Morella he sido testigo y os puedo guiar hasta el terrible lugar donde se encuentra, para ayudaros a cumplir vuestro destino.

Sin perder más tiempo la joven tomo la mano del mago y lo condujo a través del iluminado pasillo. Llegaron hasta una cámara que parecía la antesala del infierno, debido a varios cadáveres allí expuestos, algunos apilados en medio de grandes charcos de sangre en el suelo frío, otros en extraños dispositivos de tortura ideados por la diabólica y retorcida mente de la bruja.

Todos ellos horriblemente desfigurados, mutilados y en descomposición, ofrecían a los jóvenes intrusos el único encanto que les quedaba: su exquisito perfume de putrefacción.

Ante tal despliegue de cruel ostentación, la joven doncella Luu se dio vuelta hacia su salvador y se fundió con él en un abrazo, buscando refugio y protección en sus brazos, protección de aquel hasta ahora esquivo destino que la esperaba posiblemente al atravesar la única puerta que tenían en frente, al final del camino.

 

Enternecido por aquella muestra de fragilidad por parte de la doncella, Milo sintió el impulso romántico de los príncipes heroicos de las fantasías y leyendas, que haciendo una noble promesa buscan a toda costa y peligro rescatar y proteger a sus princesas.

No te preocupes Dijo en tono calmo lleno de valor y coraje No dejaré que nada malo te pase.

La hermosa doncella ante tal afirmación, no pudo más que regalar una radiante sonrisa a su joven protector.

Juntos atravesaron la última puerta, esperando toparse con el demonio en persona, más lo que vieron, no supieron explicar si era ficción o realidad, sin embargo a los dos logró desconcertar.

En una sala, rodeada de estanterías, llenas de libros tenebrosos, todos relacionados con la muerte, con ropas manchadas de barro y sangre coagulada, llena de cicatrices y heridas recientes, originadas por uñas humanas, con el cabello cano, sucio y despeinado, una vieja y desdentada bruja, parada frente a ellos se encontraba presente.

Permanecía callada y por nada del mundo aquellos jóvenes se hubiesen atrevido a romper el silencio que los rodeaba. Ambos sintieron un escalofrío de hielo que recorría todo su ser y les oprimía el pecho una angustiosa combinación de ansiedad, curiosidad y
¿placer?

Al joven mago le producía cierto alivio y deleite ver que su temible oponente estaba con un pie en la tumba; a la joven doncella sin embargo, lo que le proporcionaba una mirada de placer, se encontraba en un punto fijo detrás de Morella la decrépita vieja.

En la mesa escritorio detrás de la bruja, ardía una lámpara y había junto a ella, una cajita finamente tallada y en madera de saúco labrada.

De pronto, la bruja al percatarse de aquella presencia sobrehumana, como presintiendo el regreso de aquello que la atormentaba, rompió el silencio, aparentemente aterrada, repitiendo para sí misma como una loca que debería estar encerrada, una y otra vez con nerviosismo se preguntaba:

¿Qué es el miedo? ¿Dónde se origina?... ¿Qué es el miedo? ¿Dónde se origina?

¡Ya calla bruja malvada! Ordenó Milo, cansado de tanta cantaleta sin sentido dime, ¿dónde tienes oculta la vara?.

Está en esa caja sobre la mesa Respondió Luu tomando a Milo por sorpresa Matad a la bruja, cumplid vuestro destino y luego llevadme contigo.

Milo vaciló un instante, matar a la bruja siempre fue del plan lo más importante, pero no se esperaba que su terrible contrincante, estuviera loca y desarmada, sin embargo terminó por aceptarlo, debido a que otra voluntad, más poderosa e infernal que la suya, era la que impulsaba esta decisión apremiante.

¡Matadla, matadla ya! Exigía la doncella acusante no merece piedad, es solo una vieja bruja malvada y arrogante.

Con un veloz movimiento, Milo rasgó el aire con su varita y una ráfaga de viento cortante, cruzo el ambiente en su camino a la aterrorizada bruja, que con ojos desorbitados sintió un dolor en el gollete, al tiempo que una fina línea roja se dibujaba en su cuello.

Sin dejar de preguntarse lo que era el miedo, la cabeza de Morella, lentamente se separó de su cuerpo y cayó a tierra. Dando un golpe sordo, rodó grotesca y desafiante dejando a su paso un reguero de sangre constante.

Cuando el corazón de la bruja dejo de bombear sangre, a través de las venas cercenadas de su cuello, y sus piernas cesaron esa pataleta escalofriante, un sonoro estruendo se escuchó en el aire y las estanterías de libros comenzaron a caer a tierra juntamente con parte del techo y las paredes.

Milo se apresuró, cogió la rectangular cajita de sobre la mesa, y tomando de la mano a Luu corrió velozmente hacia la salida y si no hubiera sido por la excitación del momento y la adrenalina, habría notado el gélido toque de la mano de su acompañante.

En una carrera frenética, desando el recorrido que había realizado para llegar hasta la reliquia de la muerte que esa noche finalmente había conseguido. Al saltar por la ventana junto con la doncella muggle, amortiguó su caída con un golpe de varita y delicadamente sobre el suelo posó sus pies ligeros al mismo tiempo que la escalofriante torre se desplomaba y desaparecía del horizonte.

Una vez recobrado el aliento que hasta hace unos instantes había sido jadeante a causa de aquella huida apremiante, Milo le dedicó una sonrisa de alivio a su bella acompañante.

¿Te encuentras bien? Preguntó tímidamente y expectante por recibir su recompensa: una sonrisa radiante ¡Lo conseguimos Luu!

Al no obtener respuesta por parte de la joven, Milo se preocupó y se quedó contemplándola, igual que si la estuviera viendo por primera vez: su delgadez, resultaba excesiva, su cabello anteriormente de un rubio reluciente se había decolorado, sus ojos en blanco carecían de brillo y parecía que sus pupilas habían escapado, sus labios finos y contraídos semejaban a los de un

De pronto se entreabrieron para formar una sonrisa extraña y Milo aterrado gritó ante la visión bizarra que se desplegó delante suyo. De sus temblorosas manos se escapó aquella cajita finamente tallada que al caer al suelo liberó su contenido: 32 objetos blancos, pequeños y marfileños que a la luz de la luna emitieron un perlado brillo y se mostraron relucientes, mientras Luu sonreía dejando ver sus encías sangrantes, porque le faltaban todos los dientes

Los aullidos de terror y locura de Milo se escucharon toda aquella noche de brujas mientras un cadáver sonriente y desdentado, que había acechado permanentemente desde una noche igual a esa hace 40 años en la que sufrió una muerte violenta esperando recuperar sus dientes y su tan ansiada vendetta, respondía una y otra vez a la única interrogante de esa noche:

¿Que es el miedo?
es una reverencia de bienvenida a la muerte.

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¿Cómo nace el miedo? ¿Qué es? ¿De dónde surge? ¿Acaso de la mente o del corazón?, ¿Tiene su origen en los pensamientos o es alimentado por los sentimi

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2023-02-27

 

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