La primera vez que Harry hizo magia - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Los verdes ojos del niño estaban fijos en el enorme pedazo de tarta que su primo engullía con glotonería. Era tan grande que bien habrían podido comer los dos, pero Harry sabía por experiencia que Dudley jamás compartiría nada con él. Dudley se relamió los labios, manchados de chocolate y le dirigió al pequeño Harry una mirada de satisfacción.

- Está buenísimo, primo -dijo mientras saboreaba el último bocado -Mamá lo compró solo para mí.

Harry no dijo nada, se limitó a desviar la mirada a la suculenta tarta que había sobre la encimera, cerca de Dudley. Tenía una pinta inmejorable: tres capas de distintos chocolated recubiertas de nata.

-Bueno... ¿quieres un poquito? -Dudley puso ante él un plato con un diminuto trozo de tarta. Harry asintió, sintiendo como la saliva se agolpa en su boca. - ¡Pues no! Es toda para mí, ¡y nada para ti!

 

En ese preciso instante, Petunia Dursley entró en la cocina. Era una mujer rubia, con cara de caballo y largo cuello que siempre llevaba bien estirado para poder espirar por encima de los setos a los vecinos.

- ¿Le ha gustado a mi pichoncito la tarta que mami le ha comprado? -pellizcó uno de los regordetes cachetes de Dudley.

- Quiero más -exigió el niño.

- Oh, no -Petunia negó con la cabeza -La vamos a guardar para después de cenar, ¿vale? Y te podrás tomar de postres toda la que quieras.

Dudley aceptó a regañadiente y luego corrió al salón a ver la televisión.

Harry seguía sentado en una silla, en la esquina más alejada. Petunia, que hasta entonces no había reparado en él, le lanzó una mirada de repugnancia. ¿Realmente tenía cinco años ese niño? Era como dos cabezas más bajo que su Dudley, muy delgado y de huesudas rodillas. Petunia odiaba el desordenado cabello negro del niño, que parecía tener vida propia y crecía sin control en todas direcciones. Sin embargo, se veía obligada a dejárselo largo para poder tapar aquella horrible cicatriz que adornaba su frente. Y sus ojos tenían la misma forma almendrada y el mismo color verde botella que los de Lily. Como no estaba dispuesta a comprarle ropa nueva, vestía al niño con cosas que a Dudley ya no le servían desde hacía uno o dos años. Aún así tenía que darle dos o tres vueltas a las mangas para que le asomasen los dedos, pequeños y delgados; muy diferentes a los rechonchos de Dudley.

- No te muevas de ahí. No quiero verte correteando por toda la casa -le ordenó al niño antes de salir a hacerle compañía a su hijo.

Harry asintió con la cabeza aunque Petunia ya había salido de la cocina. Pensó en coger un trocito de la tarta, pero su tía lo vería moverse de su sitio y, cuando Petunia Dursley le ordanaba "no moverse de ahí" era mejor no desobedecer. Normalmente sus tíos no usaban el castigo físico contra él. Se limitaban a dejarlo sin cenar, a encerrarlo en la alacena o le mandaban alguna tarea pesada. Sin embargo, ya había pasado un par de veces por las manos de su tía y la experiencia no había sido nada agradable.

Pero quería probar la tarta.

Nunca comía dulces, se lo tenían prohibido. Tenía que sufrir viendo como su primo engulluía mil y una delicias inaccesibles para él. Apenas habia comido uno o dos helados en su vida. El chocolate solo por Navidad y si recibían visitas. Y ahora él quería probar la tarta. La miró fijamente, sientiendo como la boca se le hacia agua y como sus tripas rugían en clara protesta ante la infantil obediencia de Harry.

Quería la tarta.

Oía a tía Petunia riéndole alguna gracia a Dudley. Oía las voces del televisor. Volvió a mirar la tarta. Era enorme. Dudley había comido un montón para merendar, pero aún quedaba más de la mitad. Ojalá pudiese coger un poco, nadie se iba a dar cuenta. Coger solo un cachito, lo suficiente como para saborear el chocolate.

Y entonces ocurrió.

La tarta se elevó unos milímetros sobre la encima. Harry la contempló boquiabierto. Miró en derredor, temeroso de que alguien lo estuviese viendo. Petunia y Dudley estaba absortos en el televisor.

- Ven hacia aqui... -dijo muy bajito a la tarta.

Como por arte de magia, la tarta se deslizó hasta su regazo y se quedo suspendida a pocos centímetros de sus piernas. Con un dedo, rebañó las migas que quedaban en el plato y las saboreó. Delicioso.

Luego volvió a su sitio.

Petunia entró al cabo de media hora

. - ¿Y a ti que te pasa? -preguntó fieramente a su sobrino.

El niño se encogió inocentemente de hombros y movió las piernas en el aire .

- Nada, tía.

Pero era mentira. Acaba de ocurrir algo realmente asombroso. Y sabía, que si sus tíos se llagaban a enterar, acabaría sus días en un manicomio.

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2023-02-27

 

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