La Víctima en el Espejo - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

La Víctima en el Espejo

Arrugaba la nariz para soltar un grito alarmante, la garganta quería rasparse para pedir auxilio. Sentía la presión en su rostro, las manos aniquilantes que habían sido advertidas ya por una sombra, una sombra, sigilosa y vengativa, que entró en su alcoba sin que se diera cuenta nadie.

Lo que entraba en su organismo le nublaba poco a poco la visión, la borrosa visión del asesino golpeado por los brillantes rayos. Intentaba respirar y se atragantaba. Asimiló los brazos que oprimían esa oscuridad en su rostro
¿intentó resistirse?

Sobre un Corán, asesino de por sí ya proclamado; mirando hacia su mezquita y recibiendo la visita de quien quería hacerle preguntas. Acusado de asesino, de ser la sombra que entró en la casa, aquella que oprimió una almohada sobre el joven colegial de cabeza rapada, dejando olvidado junto al cuerpo un espejo.

 

Con la vista puesta sobre aquel que pudo haber apretado la almohada; uno más, sin vida, sin aire, en el sex shop fue encontrado.

Acababa de cerrar, una sombra esbelta y peculiar, entrar. Llevaba un traje policial, de esos que en octubre solía vender; lo sedujo, lo amordazó y lo amarró.

Desordenó el lugar, botó los iguales a él, los de vaqueras o meseras; uno aquí, otro allá. No le era suficiente, entre sus manos corrían lubricantes que regaba por todo el lugar. Ya el juego no parecía tan divertido, era temeroso, y lo fue más cuando la mano femenina rompió el vidrio con un consolador; fue todavía peor cuando la punta filosa rasgó el cuello del adolescente servidor, cuando la sangre con los estimulantes se mezcló; y el único testigo, un espejo que de su bolso al huir resbaló.

Esta vez le fue difícil a los oficiales detectar un sospechoso, pues la madre del muchacho delató su naturaleza, machista como la de su padre ¿Cuántas mujeres querrían verle morir? ¿Cuántas enseñarle lo que hacían "sus juguetes"? Esta vez tuvieron que confiar en las que no parecían culpables, y vigilar a aquellas que se notaban nerviosas.

Las autoridades no lograban entender, pues a pesar de tener bajo su mirada a los presuntos culpables de atroces asesinatos. El peor sucedió casi en sus narices.

La sombra asesina cruzaba una vez más el umbral de una víctima, un golpe seco lo hizo caer, al pasar los minutos recupera la conciencia sintiendo su cuerpo desnudo, notando sus ojos vendados, escuchando un respirar masculino en su habitación, unas manos ajenas a él recorrían su cuerpo, el miedo penetró en su cuerpo junto a los recuerdos de sus burlas, las cuales en ese mismo momento deseaba nunca haber hecho. Una lágrima de temor bajaba de sus ojos y se detenía en la venda; un líquido comenzó a caer sobre él; el olor delató su flamante riesgo, el peor sonido rompió el silencio, el chasquido de la madera asesina, los gritos fueron acompañados de las llamas subiendo en su cuerpo. Al fin, la sombra dejaba ese lugar lleno de odio y repulsión. Su único acusador era un espejo, fiel acompañante de la vanidad de aquellos a los que ese chico tanto maltrató.

Consternados de las marcas en su cuerpo, de ese contacto piel a piel que no reflejaba ninguna mano ajena, de aquel trauma que su cuerpo sintió sin haber sentido la destreza de otras manos
¿o quizá sí?

Sus sospechosos aumentaban aunque esta vez el número fuera menor. Ahora se creía que era un grupo quien mataba, ahora tenían que buscar entre la muchedumbre, a una minoría agrupada por patrones, pero el único que tenían era el secreto de sus manos y el espejo burlón en donde se debió de reflejar toda la escena.

 

Vigilaban a todo aquel a quien el maltrato persiguió, está vez siguieron a cualquier extranjero cuyos hombros apuntaran para el suelo, pero erraron la visión porque el siguiente asesinato fue contra un chico de piel pálida, temeroso de la oscuridad, pues así la sombra se camufló en ella y le baño en tinta negra, dejándole irreconocible la piel, masacrando sus azules ojos hasta dejarlos irreconocibles, con pústulas y sin vida.

La madre apenas lo reconoció por una placa que tenía en su pecho, pero sin ello no hubieran podido decir que el joven bañado en pintura y ridiculizado a latigazos. Blog sobre Salud dental

Incluso alguna gente lloró por como forzaron a sus huesos a tomar nueva forma a base de martillazos, dejando charcos carmesí en su ropa, en su cara pintarrajeada de negrura y sobre el espejo que reposaba junto a sus labios manchados de sangre.

De entre los muchas sospechosas, una salió libre; bellos labios, ojos grandes, una señorita, perfecta y formal, no la típica asesina que la vida de un machista podía acabar.

Pero el aire por sus pulmones no iba a correr, al menos no mucho tiempo antes que la vida perder. En su tina, su mansión; con los padres en una formal presentación, una sombra se coló. Olía mal, olía a campo, a tierra, y lo que más le preocupó fue que la alfombra con sus mugrosos pies manchara. Tenía un acento en su voz, uno particular; no era de aquí, ni de allá, era de un lugar que en el mapa le costaba reconocer.

Y la sombra se acercó rápidamente, como si detrás estuviera migración. Sobre sus cabellos mojados colocó una mano, y la metió, el agua en los pulmones el lugar del aire ocupó. Empañado, el espejo del bañó, sigiloso y con cautela, todo lo observó.

Increíble como se colaban, como se olvidaban los rastros, como se alejaban sin dejar escape a nada ¿Quién seguiría en esta cadena monstruosa de asesinatos? Esos que ni huella, ni piel, ni rastro alguno de suspiros en el aire dejaban. Sólo espejos como única señal, espejos que no ayudaban a señalar un camino por su maldito silencio.

Los noticieros hacían fiesta y mofa de la policía, pues su lista de sospechosos incrementaba tanto como la de sus víctimas. La sociedad completa temía, en cada rostro veía un asesino.

Ese chico, el típico galán de la clase, entraba furtivamente al laboratorio de computación en su propia escuela, sin darse cuenta esa sombra asesina le seguía los pasos, el silencio era aterrador, el lugar estaba repleto de instrumentos "tontos" como él los llamaba; para los chicos a los que dañaba su autoestima eran implementos educativos.

No supo de dónde provino el primer ataque, sólo sintió una aguja clavarse en su espalda, ese ser que siempre estaba, mas huellas nunca dejaba, lo apuñalaba sin piedad con un compás, la sangre comenzaba a bañar los suelos, sus energías se escapaban de su cuerpo y con forme ellas lo dejaban sentía menos punzadas pero ya era tarde, su piel no tenia más lugares que perforar ni sangre que derramar y, una vez más, los únicos ojos que presenciaban tan atroz acto eran los del espejo que resbaló del pantalón de esa sombra tan feroz.

La policía no tenía la menor idea de lo que sucedió, lo absurdo se convertía en una realidad palpable en la que ellos no exploraban por encontrarlo
absurdo.

Aquel día la culpa fue fatal, alguna moralidad despertó en todos y cada uno, un espejo seguido de otro, delatando sus errores, sus monstruosidades los obligaron a vivir el infierno que ellos mismos crearon.

Ya sea una boca tapada por sus propias manos, cerrando el paso al aire, o aquel que en su llanto concienzudo se cambió uno y mil trajes, comprendido sólo por su propia locura, pidiendo perdón a las mujeres.

Pudo venir por aquel, que en su miedo a los similares a él terminó deseando probar sus manos, y en su mismo miedo probó las suyas propias como ajenas que fueran; hasta envenenarse en el regocijo del martirio de la muerte.

El que de negro se pintó por lástima a sus acciones, el que quiso ser como ellos y sus facciones intentó endurecer a martillazos, deformándose al final y cambiando sus coloridos ojos a como cupiera lugar.

Aquella pobre que soñó con vivir en esos campos verdes arando y custodiando animales, pero temerosa y orgullosa no aceptaba se sintió a morir, y sintiéndose a morir murió, ahogada en la bañera que tanta vanidad le dio.

O el último, el que su conciencia tuvo que jugar más sucio, pues tuvo que llevarlo por caminos del conocimiento y clavarle el más fiel amigo del matemático, aquel que murió al final, pero, como todos, luego de ver su atrocidad en un espejo.

Después de todo, en los espejos estaban sus verdaderas víctimas.

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Arrugaba la nariz para soltar un grito alarmante, la garganta quería rasparse para pedir auxilio. Sentía la presión en su rostro, las manos aniquilantes que

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2025-03-28

 

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