Lo admito: No odio tanto el color rosa. - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Querida Tonks:

Espero que no llegue jamás el día en que leas está carta. La razón es única e irreversible: yo debo estar muerto. La razón por las que me tomo el tiempo de escribir estas líneas es variada según los diferentes puntos de vista
aunque creo que mereces saber la más importante: Dudé.

Dudé del hecho de poder llegar a ser lo suficientemente bueno para ti. Dudé que estuviera haciendo lo correcto. Estabas en peligro junto a mí. Soy un monstruo. Te lo advertí mil veces, te dije que era peligroso, pero siempre has estado cerca. No me hiciste caso.

Deberías alejarte de los hombres lobos-te dije-Podrías intentar con un vampiro, quizás un duende... Pero, sinceramente, mejor no te acerques a ninguno de esos seres.

 

Cuándo Sirius me preguntó burlonamente sí me había enamorado de ti, mis palabras se quedaron congeladas en mi garganta. Abrí los labios, pero no encontré palabras para decir. Una vocecita en mi cabeza gritaba: "¡Sí! ¡Sí!", pero otra voz, lo negaba rotundamente. La voz negativa, me recordó lo que yo era: un hombre lobo. ¿Cuántas veces me pregunté si lo que hacía era lo correcto? Pero cuando caí en cuenta de mis sentimientos hacia ti, supe que no necesitaba hacer la pregunta. Prefería mil veces tu seguridad, tu felicidad y tu vida, a cambio de una miserable eternidad en soledad a causa de mi condición.

Malgasté mi tiempo, ideando nuevas formas de alejarte sin darme cuenta de lo que en verdad quería
de lo que en verdad necesitaba. No pude conmigo mismo y termine viendo en ti una nueva vida. Cuando te conocí, creí que estabas loca, con ese cabello rosa chillón, esas mejillas sonrojadas, y esas risitas que escapan de tus labios mientras pedías disculpas por haber derramado tu té sobre el vestido favorito de la esposa del ministro. Supe dejarlo pasar; porque así eras tú. Así era como siempre serías y no pensaba ser quien cambiara eso.

Eras más de lo que mis capacidades eran capaces de imaginar... más de lo que cualquiera como yo pudiese pedir. Me gustabas cuando podía oírte caer y levantarte a carcajadas, estas caídas se volvieron una excusa para poder tomar tu mano al ayudarte a ponerte de pie. Cuando esperaba toda la noche para que el sol llegara y yo pudiera verte de nuevo.

Las noches, debo decir, fueron un gran tormento. No hablo de mi habilidad ante la luz lunar, sino de las noches que pase meditando sobre ti
las noches en las que incluso mis pensamientos terminaban despertándome.

No era difícil descubrir que yo te amaba. Incluso tú te diste cuenta de ello antes que yo. Sonreía al verte, me sonrojaba cuando me sorprendías mirándote en secreto, y te veía tan hermosa como nunca antes pude ver a una mujer. Tú te convertiste en mi mundo, y me di cuenta demasiado tarde como para tener tiempo de disfrutarlo. La guerra se avecina, y en lo único que puedo pensar es en hacer que sobrevivas
que tu corazón siguiera palpitando
que le regales más de ese melodioso latido al mundo. Si estuviera en mis manos, moriría antes que verte inerte.

Cuando estaba contigo me sentía como un adolescente enamorado. Sentía un cosquilleo en el estomago, que me hacía preguntarme sí no estaría gravemente enfermo. Pero no, no estaba enfermo. Pasaba tanto tiempo pensando en ti, que creí que se me notaba en los ojos cuando me mirabas. Soñaba contigo, y me imaginaba que quizás, solo quizás, tú pudieras haber soñado conmigo... Sentía gran calidez dónde tus manos tocaban mi piel. Cuando estaba contigo, no me sentía ni humano, ni hombre lobo. Me sentía tuyo.

 

Si estás llorando, limpia tus lágrimas y pon una de esas sonrisas que haces: torcida, traviesa. No tiene sentido decir cuántas cosas me hicieron enamorarme de ti. Quizás nunca terminaría está carta. Podría mencionar esa hermosa mata de pelo rosa, con sus constantes cambios de color. Podría mencionar tu mirada, que hechizaba incluso sin la necesidad de emplear la magia. Podría mencionar tu nombre... aunque tú no encontraras satisfactorio que te llamaran por él.

Debo admitir que nunca me gustó el color rosa. Cambié instantáneamente de parecer cuando vi que la mujer que amo adoraba ese color...y cualquier otro que hiciera lucir su cabeza como un chicle. Aunque eso no implica los motivos por los que escribo esta carta, y sé que me desvío mucho del tema
pero solo es para llegar a otro punto. Cambiar bañera por plato de ducha | Mamparas - Bricoducha

Siempre me costó decírselo a alguien, ni siquiera había pensado si se lo diría a alguien alguna vez. Lo cierto es que te amo. Nymphadora Tonks: te amo.

Haz hecho por mí lo que nadie podría hacer jamás por una bestia: me amaste, aún cuando te confesé que estabas en peligro. Me vuelvo con cada rayo de luna llena una bestia monstruosa y deseosa de sangre, capaz de matar a su propia esposa. ¿De dónde sacaría yo el poder para controlarme y no hacerte daño? El instinto salvaje me hacía guiarme, y olvidaba tu rostro, o tu voz. Me perdía a mí mismo.

Sin embargo no logré convencerte, tú eras tan persistente
tan terca. Me he castigado por las veces que tus ojos derramaron lágrimas por mi causa
por esa razón, necesito que me hagas un favor y necesito que lo cumplas. Ahora que me fui, no llores por mí ausencia. No llores porque me fui, porque de alguna manera siempre voy a estar. Siempre estaré, pero no temas en enamorarte otra vez. Yo he muerto, y tú no. Y sí pudieras regalarme algo, te pediría que no temas en abrir tu corazón una vez más. Nunca dejes de amar. Vive, Tonks. Cuida de Ted. Yo cuidaré de ustedes, desde donde quiera que esté.

La vida fue satisfactoria para mí, desde el momento que estuvimos juntos. No hubiera pedido nada más que la felicidad de mi familia. Por favor, cuida del pequeño metamorfo y ayúdalo a crecer
enséñale quién fue su padre, enséñale que si he muerto en combate fue procurándole un mejor futuro.

Es necesario, además, que le proporciones todo ese amor que no se me ha otorgado darle. Estoy seguro de que lo harás. Lo sé porque te conozco, porque fuiste tú quién me demostró lo enorme que puede llegar a ser un corazón. Lo enorme que puede llegar a ser un sentimiento.

Cuando sientas miedo, mira la luna. Verás ahí mi vida entera. Mira la luna cuando te sientas sola y desolada. Y cada vez que veas la luna llena, seremos nuevamente una pareja que se ama y tiene sueños, que se dan todo su amor en un beso o una mirada.

Y perdóname. Perdóname por todas las veces que con mi rechazo te hice llorar.

Recuérdame. Es lo último que te pido, y aunque tengo conciencia de que es lo que más difícil puede ser
no me olvides. No olvides que fui y seré. Te amo, Tonks. No me cansaré de repetirlo, porque no quiero que lo olvides. Gracias. Te puedo escribir mil cartas, pero nada explicará lo que realmente te quiero decir. No tengo más que darte las gracias, por todo. Vive, Tonks. Sé feliz. Ama, llora. Pero sobretodo, sé feliz. Así como yo fui feliz a tu lado.

Siempre tuyo, Remus.

P.D. Lo admito. No odio tanto el color rosa, pero no pude evitar mencionarlo.

Ted limpió las lágrimas que había intentado contener a lo largo de la carta.

Ahora Victoire secaba dulcemente las lágrimas de sus mejillas. Aquél catorce de Febrero, persiguiendo al gato de Victoire, se encontró en el sótano de la casa de su abuela. Su abuela le había contado que su fallecida madre, Tonks, odiaba entrar a ese lugar, y solo lo hacía cuando era obligatoriamente necesario. Solo había un motivo para hacerla entrar, y ese era para buscar su revista favorita sobre peinados para su cabello.

Podía ver el porqué de su padre ante dejar esa carta ahí. Su padre sabía que Tonks encontraría esa carta en algún momento. Le habían contado como le gustaba hacerle rabiar, solo para observar sus mejillas sonrosadas y el cambio de color en el cabello. Le habían contado tantas cosas, pero nunca había imaginado que el amor de sus padres fuera así de fuerte como lo describía en la carta.

Miró a Victoire, y forzó una sonrisa, que ella correspondió tristemente. Ambos, al unísono, miraron al anillo que orgulloso resplandecía en la mano derecha de la chica. Y sin necesidad de palabras, Ted hizo una promesa a Victoire. Después de todo, el amor que sentía por ella era enorme. Sus padres estarían orgullosos.

Y en ese justo instante, supo que si su madre hubiera leído esa carta, hubiera sido la mujer más feliz del mundo.

Lo admito: No odio tanto el color rosa. - Fanfics de Harry Potter

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Espero que no llegue jamás el día en que leas está carta. La razón es única e irreversible: yo debo estar muerto. La razón por las que me tomo el tiempo

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2023-02-27

 

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