Lo que debí haber hecho - Potterfics, tu versión de la historia

 

 

 

«Lospersonajes mencionados aquí pertenecen a J.K Rowling y son utilizados sin finesde lucro. »

Andabapor los pasillos como alma en pena. Bueno, tampoco es que estuviese muy lejosde serlo pero, el resto de habitantes del castillo lo consideraban como alguiencon gran porte y autoridad, casi temible. Y más aún los de su «especie».

Sus pensamientos no ayudaban en lo absoluto, yaque para nada eran optimistas. La buscaba a ella, aunque siempre tenía un ojopuesto en su presencia, esta vez pretendía encontrarla y hablarle. La música,la decoración y el espíritu propio de la Navidad supuraban de cada uno de losestudiantes, profesores y de las mismas paredes del colegio. Mas de él nada, nila más ligera sonrisa que asomara a su rostro.

 

De hecho, desde aquel fatídico día, ningunaexpresión alegre le cruzaba por la cara al recordarla. Ni siquiera en estas fechas.Es que había sido tan estúpido, tan imbécil. Pero ella también había tenido laculpa por haberlo provocado. ¿Qué le hubiese costado acceder a ir con él, ver asu madre y estar con ella hasta el día de su muerte y luego marcharse? Pero no,se había puesto obstinada (más de lo que ya era) y además, lo había herido algrado de humillarlo. De por sí su rechazo le había dolido, como para que encimase burlase de él y lo despreciase.

Respiró hondo, más por costumbre que pornecesitarlo en verdad. Debía serenarse si lo que quería era tener unaconversación civilizada con ella. Atravesó varios muros e ignoró el montón deelogios que Peeves le lanzó al verlo pasar. Comenzaba a impacientarse, ¿dónde estaría?

De repente, la vio. Flotaba cerca de una de lasventanas, su mirada perdida en el paisaje invernal del exterior. Ella nopareció notarlo, por lo que flotó en su dirección con el mayor sigilo posible, sinembargo ella volvió los ojos hacia él antes de que lograra alcanzarla. Esesimple gesto lo hizo detenerse, a él, al Barón Sanguinario, el fantasma másperverso de todo Hogwarts, a quien nadie lograba parar. Nadie, excepto ella.

Buenas noches, mi Lady la saludó con unareverencia impecable, espero no haberla asustado.

Helena Ravenclaw no contestó. «Como siempre»,pensó el fantasma de Slytherin. Aún así no se dejó amilanar. Cuadró los hombrosy la miró a los ojos, de haber tenido su corazón habría estado a punto desaltar fuera de su pecho. Pese a ser toda gris era hermosa, sin importar que lomirase con desagrado él todavía la amaba. En contra del resentimiento, delpropio pasado y de la culpa que lo torturaba día con día, él seguía ahí
porella.

Sé que no te interesa lo más mínimo hablarconmigo dijo, ya sin formalidades de por medio, pero necesito decirte esto yno me importa si lo aceptas o no ella calló, sus ojos fríos amenazaban con destrozarsu temple y decisión: lamento mucho lo que hice. No hay día en que no merecrimine por ello. Esto alzó sus cadenas, es una clara prueba de laveracidad de mis palabras.

Mereces más que cargar con esas cadenasescupió Helena rencorosa.

Es cierto, Merezco sufrir un infierno eternoHelena se cruzó de brazos y alzó la nariz, acorde. Pero ya tú te hasencargado de hacerlo.

La mujer abrió la boca en una exclamación muda.Apretó las manos y se inclinó hacia él, no consiguiendo intimidarlo. El Barónsonrió complacido, mas de inmediato se arrepintió de haberla hecho enfadar. Contodo y eso se veía linda, la tensión de sus labios y la rabia reflejada en susojos le daban un aire de niñita berrinchuda.

 

¿Cómo te atreves? le espetó. ¡El únicoculpable de que ambos estemos aquí eres tú! ¡Si hubieses controlado tu malgenio, nada de esto estaría pasando!

Puede ser, pero si tú no me hubieses humilladode esa forma muy probablemente no te habría atacado.

Ah, ¿ahora resulta que yo soy la culpable?

No él bajó las defensas, lo mismo el tono devoz, derrotado por haberla hecho sentir mal. Escucha, lo que pasó no tieneremedio, por tanto no importa quién tuvo la culpa. Lo que quiero decir es quelo siento, siento haberte asesinado, siento mucho no haber podido cumplir tusexpectativas y que por eso me rechazases. Porque sé que fue por eso, sé que temerecías algo mejor que yo. Por eso te dejé ir, para que encontrases a esapersona digna de tu corazón. Pero ese día
calló, en un intento por no echarloa perder todo, no voy a echarte nada en cara. Creo que ambos hemos tenido elsuficiente tiempo como para saber qué hicimos mal cuando estuvimos vivos. Sóloquería que supieras cuánto lamento todo y que si bien no puedo devolverte lavida, siempre estaré ahí para cuando me necesites. No, no digas nada la cortóal verla abrir la boca, con intenciones no precisamente de decir algoagradable, déjalo así. Blog sobre vibradores

Se alejó un tanto de ella, sus ojos fijos sobrelos suyos, intensos, con una chispa que Helena no había notado antes. Y por másincreíble que pareciera, experimentó un escalofrío, de esos que cortan larespiración a los mortales; uno que la dejó ahí, clavada frente a él, sin poderdejar de mirarlo.

Entonces, algo en el ambiente cambió. Lasparedes dejaron de ser grises, alargadas en troncos que culminaban en pinosmagnánimos, Helena se sorprendió detectando su peculiar olor. El suelo dejó deestar hecho de piedra, ahora bajo sus pies se extendían las ramas, el frío lograbacalarla. Era imposible, ¡estaba muerta! Y como si no fuera suficiente, algo ensu interior saltó una, dos, tres veces; su corazón volvía a bombear sangre, aruborizarla debido a los ojos que la penetraban con una pasión que jamás creyóposible en él.

El Barón Sanguinario se le acercó despacio,como si tuviese miedo de espantarla; o más bien, como si solicitase su permisopara acercársele. Helena lo dejó avanzar, escucharlo romper las ramas con cadapaso hizo crecer su emoción. En verdad estaban vivos, los dos, inmersos enaquel bosque de antaño. No obstante, esta vez él no llevaba un cuchillo, sólosus manos que se posaron sobre sus mejillas y le alzaron el rostro, sus labiostan cerca que sus alientos se mezclaron.

¿Qué
qué haces? musitó ella en un hilo devoz, pero sin hacer el ademán de querer detenerlo o apartarse.

Lo que debí haber hecho ese día respondió élen un susurro, en vez de haberte apuñaleado.

Acortó la distancia existente entre los dos,Helena no puso resistencia ante la entrada de la lengua invasora. Al inicio el besofue sutil, casi aterciopelado, tal y como ella siempre había soñado. Mas fuetornándose profundo e intoxicante, en un arranque ella se pegó a él y perdió eldominio de sí misma, mas el Barón supo contenerse y separarse a tiempo, con larespiración entrecortada y los ojos cerrados.

Helena no podía creer lo que acababa de hacer.La sensación de estar viva desapareció poco a poco y, al abrir de nuevo losojos, la panorámica había vuelto a ser la del castillo, con el Barón frente aella también observándola. En su cabeza una sola pregunta giraba descontrolada:« ¿fue real?» Saber la respuesta le asustaba, lo que él pareció leer su mente ydeclaró en voz baja:

Sí, fue real.

Helena se asustó. ¿O era enfado? No, tal vez
¿emoción? Sacudió la cabeza. ¿Cómo iba a estar emocionada? ¿Es que el beso lehabía gustado?

Tranquila, no se lo diré a nadie. Y tampocotiene que repetirse. Sólo
gracias por permitirme enmendar mi error.

¿Cómo lo has hecho?

El Barón sonrió místico.

Hay magia que incluso los fantasmas podemoshacer inclinó la cabeza. Con permiso y feliz navidad, señorita Ravenclaw.

Giró sobre su eje y se alejó de ella, Helena semordió el labio sin saber si actuar o no.

¡Barón! lo llamó justo antes de que seperdiera entre una pared.

Él la miró extrañado.

¿Sí?

Helena esbozó una ligera sonrisa.

Feliz navidad para usted también, Barón.

El Barón Sanguinario sonrió, asintió y sehundió en el muro, teniendo por primera vez en siglos la mejor navidad de su fantasmagóricaexistencia.

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2023-02-27

 

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