Lucha por el control - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Era un día normal, yo caminaba como cada día hacía mi casa, volviendo del instituto. Un instituto que ya estaba a punto de terminar, no solo por la inminente llegada del verano sino por el fin de mi último curso de bachiller.

Sonreí al imaginarme por fin libre de algunos molestos compañeros de clase pero a la vez recordé que entonces tendría que separarme de Marta, mi mejor amiga, que iba a estudiar pintura en la Universidad de Bellas Artes pues su sueño es ser pintora. Tras pensar en el asunto, también recordé que todavía no sabía que carrera escoger, mi madre me decía que cogiera biología ya que se me daba muy bien y que dejara mi secreta pasión por la música como hobby.

En ese momento oí un ruido muy extraño que captó mi atención. Me giré rápidamente, nada, nadie, la calle estaba vacía; me convencí de que había sido el viento y continué con mis cavilaciones. Entonces el viento movió mi largo cabello e hizo que me fuera imposible ver nada, alcé la mano para intentar apartarlo de mi cara pero fue en vano. Me quedé ahí, quieta, esperando que parase de soplar y luego continué mi camino de vuelta a casa ignorando un nuevo ruido que sonaba tras de mi.

 

El sol ya se había escondido por detrás del horizonte pero todavía quedaba la tenue luz del crepúsculo sobre el paisaje de edificios de la gran ciudad donde vivía. Ese era uno de mis momentos favoritos del día porque significaba que la noche iniciaba su reinado, y yo adoraba la noche con la Luna y las estrellas brillando en el firmamento.

Un nuevo ruido volvió a interrumpir mi paseo. Eso era el colmo, me giré no pudiendo ignorarlo y, nuevamente, no había nada; un escalofrío recorrió mi cuerpo, había alguien o algo que me seguía y no me daba buena espina. Al contrario que cualquier otra persona, no huí, tampoco me quedé paralizada de terror; simplemente me quedé quieta al acecho, cambié el peso de pié e intenté descubrir que era eso o ese.

No pasaron muchos segundos hasta que escuché unos pasos acercarse a mí y, como si de una bestia se tratase, algo saltó a gran velocidad sobre mi cuerpo. Yo no pude impedirle que me atacara pues era mucho más fuerte y rápido: él era el cazador y yo la presa.

Saltó y me tiró al suelo con su descomunal fuerza, el golpe me dejó medio aturdida pero todavía estaba consciente. Sus uñas se clavaron sobre mis hombros, que empezaron a sangrar, tenía los ojos cerrados para no ver nada pero aún así podía sentir el dolor que me producía. Era un dolor insoportable aunque, dentro de lo malo, tuve suerte pues cesó rápidamente cuando su dentadura afilada se clavó en mi clavícula; entonces fue cuando dejé de sentir nada.

El ser me dejó allí en el suelo mientras la vida se iba escapando lentamente de mi cuerpo.

Durante un tiempo estuve ahí tendida en el suelo, desangrándome. Todavía recuerdo la sensación que tuve cuando mi alma empezó a abandonar mi cuerpo, cuando el corazón dejó de latir, cuando el aire cesó de llegar a mis pulmones y el cerebro estuvo parado. Lo siguiente es un momento muy borroso en mi mente, solo se que desperté al cabo de horas en el mismo lugar. El corazón volvía a latir, el oxigeno fluía por mis pulmones y mi cerebro trabajaba en busca de respuestas a lo que me había sucedido, no entendía nada.

Automáticamente me puse de pié y miré a mi alrededor sentí como si tuviera unos nuevos ojos, olfateé las extrañas olores que se mezclaban en el ambiente y escuché sonidos hasta ahora desconocidos. Fue entonces que en mi mente surgió la vaga idea de lo que me había pasado, si, había leído muchos libros hasta ahora pero nunca creí que fueran reales.

 

Pero ese ser que había visto, esa bestia que me había atacado, me transformó en lo que era y todavía soy: un monstruo incontrolable

Continué el camino que un par de horas antes había empezado mientras miraba el paisaje con mis recién estrenados ojos que tenían muchas ventajas respecto a los de un humano. Tenía miedo todavía pero no me detuve y continué hacia mi casa; en menos tiempo del que podría imaginar me encontré subiendo a pié las escaleras que conducían a mi piso, tras alcanzar el último escalón me dirigí a la puerta y me paré. No podía hacerlo, no tenía valor, ya no era yo
No, no lo era, ya no era la misma de antes; sabía que en mi interior había nacido una bestia sedienta que yo no podía controlar.

Volví a mirar la puerta indecisa y me rendí, saqué las llaves del bolsillo y la abrí lentamente. Al entrar vi que solo estaba mi madre así que con la excusa de que tenía que hacer deberes me encerré en mi habitación, allí dentro me di cuenta de que tenía un zarpazo en la camisa por lo que tuve que sacármela rápidamente y deshacerme de ella, ya inventaría alguna excusa para explicar su desaparición. Seguidamente miré mi pequeña biblioteca privada y me puse a buscar unos libros que podrían serme de utilidad. Ya los había leído muchas veces anteriormente pero nunca los vi como algo informativo sino como puro entretenimiento, ahora empezaba a darme cuenta de que me serían de gran utilidad.

Me pasé unas dos horas empapándome de conocimientos sobre lo que yo creía ser, solamente, seres mitológicos; analicé cada uno de los síntomas de los que hablaban y a partir de eso escogí cual libro parecía referirse mas a lo que a mi me pasaba. Al final, encontré uno que decía claramente todo lo que me estaba ocurriendo y, entonces, se confirmó mi sospecha. Esto era más de lo que podía soportar, simplemente no era posible.

Para aclarar mis dudas, salí silenciosamente de mi habitación y me dirigí al baño con la intención de meterme en la ducha. El chorro de agua fría, sin duda, ayudó a que se me aclararan las ideas. Tenía clara una cosa, yo ya no era yo misma: era otra distinta; esa bestia que me había atacado no era normal porque sino yo estaría muerta, en cambio estaba viva y me encontraba perfectamente. Por lo que yo ya no era un ser humano normal y corriente, entonces lo que contaban eso libros tenía que ser cierto. Noticias sobre futbol y del Cadiz

Salí de la ducha y me puse el camisón, fácilmente hice mis tareas, pues ya nada me era difícil, y me fui al comedor a cenar. Tenía mucha hambre, más hambre de la que nunca había sentido e incluso después de cenar aún tenía hambre
Pero no podía hacer nada, por más que comiese me sentía insatisfecha, así que me fui a mi habitación pues también estaba cansada y quería dormir.

Por la mañana me desperté con las sabanas rotas, sudando y con una extraña sensación en el cuerpo. Había tenido un sueño difícil de olvidar, aunque más que un sueño era una pesadilla. Había soñado con un monstruo que perseguía a mis padres, a Marta, a mis compañeros de clase y a todos los que se cruzaban en su camino; luego los torturaba y los mataba, estaba aterrorizada por la masacre, pero eso no era lo que me dio más miedo, no, lo peor fue descubrir que yo era ese monstruo y que había disfrutado con el sueño.

 

No podía creer que era lo que estaba sucediendo, ¿a caso había enloquecido? Tal vez no había sido buena idea leer esos libros sobre bestias y criaturas monstruosas, tal vez lo mío tenía alguna explicación.

Debido a todo esto, ese día fue de los más duros de mi vida aunque, por suerte, mis padres decidieron salir a dar una vuelta a comprar y yo me quedé sola, sentada en una silla, aparentemente sin hacer nada más sólo aparentemente. En realidad mi mente luchaba por controlar a una bestia que amenazaba con controlar mi cuerpo y hacer que todas esas abominaciones con las que había soñado la noche anterior se hicieran realidad. Así que ahí me quede sentada mirando como pasaba el tiempo, observando con atención como las agujas del reloj se movían lentamente ... tic, tac... tic, tac ... Casi sin darme cuenta ya se había hecho tarde y las horas habían avanzado con suma velocidad; fue entonces cuando mis padres volvieron, fue entonces cuando todo se derrumbó en mi mente. Giré rápidamente la cabeza hacía la ventana y vi brillar una hermosa Luna, hasta ahora había adorado la Luna, pero después de este día la odié por ser la causa de mi maldición. Toda la lucha que había librado aquella tarde no sirvió de nada porque la bestia me dominó en unos segundos y se apoderó de mí ser.

Cuando me desperté la mañana siguiente no recordaba nada, aún ahora no consigo saber que ocurrió aquella noche, por eso me levanté del suelo para inspeccionar la zona. Miré a mis lados pero no había nada, al menos nada entero, todo estaba roto y hecho trizas; vi cristales, madera, hasta hierro y, entonces, me di cuenta de que estaba en una mesa que, para variar, también rota. Pero lo que más me desconcertó fue las manchas rojas que había en el suelo y en mi ropa hecha pedazos, rápidamente supe que no era otra cosa que sangre. Salí corriendo de ahí en busca de ayuda pero no pude ir muy lejos pues en medio del pasillo encontré los cuerpos sin vida de mis padres o al menos lo que quedaba de ellos pues estaban desgarrados de tal forma que parecía que les hubieran arrancado la carne, apenas se distinguían sus facciones.

Me asusté ante tal atrocidad, había sido yo, los había matado. Me odié a mi misma por hacerlo y estuve muy cerca de acabar con mi miserable vida, pero no tuve valor para hacerlo; en su lugar, lo que hice fue huir de mi casa muy lejos, salir hasta de la ciudad y esconderme en un pequeño bosque que la rodeaba y luego dejarme caer al suelo rota en pedazos.

Pensé en todo lo que había ocurrido y en lo que ocurriría si no lograba hacer algo para evitarlo y por más que le di vueltas al asunto no conseguí sentirme culpable por ninguna de mis anteriores atrocidades... La bestia se había apoderado de mí ser, y esa bestia no conocía el remordimiento.

Desde ese día no fui más a la clase, tampoco volví a mi casa, aparté todo contacto con las personas y me aislé de la sociedad. Desde ese día lucho contra la bestia para controlarla pues todavía, a veces, pasan cosas extrañas: muertes misteriosas que nadie puede explicar. Pero pese a esto continúo luchando, ya que es una interminable guerra entre la bestia y el hombre, mi lucha por el control.

Por suerte hace unos días, un resplandor de luz brilló delante de mí pues conocí a un grupo de individuos que también eran como yo; me sorprendí mucho pues nunca había visto alguien que le hubiera sucedido lo mismo que a mí. Ellos fueron muy amables y me invitaron a unirme a grupo, a su clan, para vivir como una familia. Ahora estamos todos juntos en una alejada y gran mansión, y usamos nuestros dones para ayudar a la humanidad cuando nos es posible; aunque aún así, se que mi bestia continua ahí, acechando, esperando el momento para salir. Y cada noche se libera de mis cadenas y yo tengo que luchar, al igual que mis compañeros, para controlarla.

Por suerte, ahora, puedo decir que me encuentro mejor y que ya se cuál es mi lugar. Me siento tan bien que a veces voy a la ciudad a visitar a Marta, lo hago a escondidas pues ella cree que estoy muerta, y muchas veces ella se encuentra sentada en un restaurante brindando con alguien que no conozco y yo desde mi escondite brindo con ella, por nuestro sueño hecho realidad.

Ella ha conseguido ser una gran pintora y yo, al fin, soy feliz.

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Era un día normal, yo caminaba como cada día hacía mi casa, volviendo del instituto. Un instituto que ya estaba a punto de terminar, no solo por la inminent

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2023-02-27

 

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