Maldita por siempre estarás - Fanfics de Harry Potter

 

 

 

Esperando. Eso es lo que he estado haciendo desde la mañana, desde que llegué a este colegio del infierno
no lo soportaba más.

Más aburrida no podía estar, había perdido la noción del tiempo y no distinguía nada más allá de mi propia nariz. Miro una de las dos ventanas del aula de clases; en el cielo un feliz pájaro vuela libre hasta quién sabe donde.

Mi amiga, sentada junto a mí, me comenta algo en susurros, pero no logro entender sus palabras, no por estar hablando en voz baja, sino por el simple hecho de que ni mis oídos querían responder a mis suplicas de entender lo que me dice. Mis parpados se cierran pesadamente. Quiero que acabe, necesito que acabe.

No he dormido bien estas últimas noches, ¿si? Pero ese no es el caso de que esté tan cansada, ya antes lo había hecho y jamás había sentido ningún tipo de cansancio extremo, como me ocurría ahora. Pero en estos momentos lo único que pido es un par de horas de sueño, solo eso para que mi pobre cuerpo descanse.

 

Un molesto zumbido de pronto se escucha cerca de mí; noto que son los gritos del profesor, esos gritos, aquellos que son la causa de mi alteración. Levanto la cabeza, solo por hacer algo. Hasta eso me cuesta, y lo miro. Es en ese entonces que me doy cuenta que esos gritos iban dirigidos a mí, aunque no entiendo que trata de decirme. Lo único que escucho son más zumbidos sin sentido, zumbidos que me perturban.

Asiento con la cabeza, solo para que se calle y con toda mi voluntad intento prestar atención a la explicación del profesor.

Enfadada conmigo misma, por no poder escuchar nada de lo que habla, giro mi cabeza hacia el pizarrón de la clase, esperando entender algo, o por lo menos un poco del tema que se supone estará en el próximo examen, según entendí cuando entramos al aula.

Al momento en el que mis ojos color café se posan sobre el verde pizarrón, un viento helado me rodea por completo, como si intentara aprisionarme. Entonces por fin comprendo lo que esta escrito en tiza blanca

"MALDITA"

Releo esa simple palabra tres veces y un escalofrío recorre mi espalda
¿Acaso el profesor había escrito eso? Me digo. No podía ser, me estaba volviendo loca, de seguro debería ser por algo.

Mis manos comienzan a sudar, tiemblo. Siento mucho miedo.

Cuando, ante mis ojos, me percato de lo que sucede. Esa única palabra en el pizarrón se vuelve poco a poco de un color escarlata y silenciosamente se desliza hacia abajo, a punto de tocar el suelo

Mis ojos se abren de par en par ¿Eso es lo que creo que es? Y con mucha dificultad logro retirar mis ojos de ese macabro espectáculo para dirigirle una mirada de horror a mi amiga. De seguro alucinaba, pero solo quería asegurarme.

Cuando lo hago, ella no se inmuta de lo que ocurre en frente nuestro, ni siquiera esta mirándolo. En cambio, ella me mira a mí con gesto ausente, sin parpadear, como si de una estatua se tratara.

Lo que pasó después fue causa de esa mirada. Un sentimiento bastante peculiar, para ese tipo de situaciones, se apodera de mí, completamente.

Ira. Ese sentimiento toma total control de mi mente y lo único en lo que pienso es en dejarlo salir, de cualquier forma posible.

Pero duró poco, ya que al mirar nuevamente hacia la ventana de la clase, mi mente se desconecta de mi cuerpo, deja de responder y mis ojos se salen de sus orbitas.

 

¡¿Qué hacia eso allí?!

Si mis ojos no me engañaban, eso que veía exactamente afuera de la ventana era un
un
agujero negro.

Si, como esos que dicen que están por todo el universo, absorbiendo estrellas y asteroides. Bueno eso era exactamente lo que contemplaba, además de que eso chupaba todo lo que tenía a su alcance. La boca debía de tener más o menos unos seisientos metros de ancho y, al inclinarse un poco hacia donde yo me encontraba pude ver lo que escondía dentro

Además de la inmensa oscuridad, noto miles y miles de estrellas y planetas girando y chocando unos con otros estrepitosamente, generando colapsos y pequeños estallidos; bueno para mí lo eran, pero sabía que si estuviese allí no serían nada más que "pequeños".

Me levanto de mi asiento precipitadamente, noto que mi amiga sigue mirando el espacio donde antes estaba mi rostro, y me dispongo a salir corriendo de allí. No me importaba nada ahora con respecto al colegio o a sus materias, ahora solo quería correr, correr hasta llegar al lugar donde seguramente él estaría
solo a él quería ver en estos momentos, estos últimos, si no me equivocaba con lo que acababa de ver hace apenas unos instantes.

Los pasillos del colegio parecían ensancharse cada vez más, conforme cada paso que daba, luego todo pareció moverse en cámara lenta
las pequeñas y enrejadas ventanas que daban al minúsculo patio de lo chicos más chiquitos dejaban entrar la luz del día que muy pronto sería opacada por eso que estaba del otro lado, devorando todo a su paso; me sentía atrapada, como si no quisieran que saliera, y mis pulmones no dejaban que el aire entrara, no me dejaban respirar de la manera correcta.

De pronto sentí algo raro detrás de mí, sentía que algo o alguien tironeaban de mis ropas, haciendo que me detenga. Giro mi cabeza hacia atrás. Nada. Intentando remontar el paso y hacerlo más veloz, comienzo a sacudirme a mi misma, creyendo que eso que me detenía era algo que no se podía explicar.

Grito. Sollozo. Lo único que quiero es que me dejen llegar a mí destino, ese lugar donde seguro encontraré a la persona que más quiero ver
mi hermano.

Las lágrimas rebalsan de mis ojos, muevo frenética mi cabeza intentando de alguna manera encontrarle sentido a todo esto. Y lo que llega a mi mente es una sola y pobre frase, pero que me dice mucho:

"No la hay" susurra una extraña voz en respuesta, por mi pregunta. "Lo que crees no es verdad, nada de lo que vives es real..." continua esa extraña voz que me pone los pelos de punta y me hiela la sangre.

Me paro en seco.

¿Qué rayos había sido eso? De pronto, siento que me caigo. No, que me tiran al piso, pero de alguna extraña y retorcido forma logro ponerme de vuelta en pie. Luego todo comienza a girar; me mareo y caigo, esta vez por voluntad propia ya que no podía esta parada ni un segundo más

Lo que le faltó a esa caída fue el golpe. No sentí cuando mi cuerpo impactó contra el piso sucio y frío del colegio que tantas veces había pisado. Solo sigo cayendo y cayendo y cayendo

Cierro mis ojos y mis lágrimas comienzan otra vez a surgir, recorriendo mis mejillas, rojas del cansancio que me había provocado correr. Comienzo a ponerme en posición fetal, aferrándome a mis rodillas, sintiendo como esa caída interminable se hacia más fuerte cada segundo.

 

Ya no estaba en el colegio. Ya no estaba en mi país. No estaba en la Tierra definitivamente. Entonces ¿Dónde estaba? Y más importante aun ¿Por qué estaba allí?

De pronto siento alguien que me llama, a lo lejos. Se escuchaba una voz muy tranquila que susurraba mi nombre:

- Tamaldi, Tamaldi
-susurraba. Sí, ese era mi nombre, uno muy extraño por cierto, mis padres tuvieron un gusto espantoso con respecto a esa decisión. Pero ahora no era lo que más me preocupara.

Abro los ojos abruptamente. Yo conocía bien esa voz, la conocía muy bien. Blog sobre ropa de Shein, Primark y Amazon

- ¿Manuel?- me susurro a mi misma, mirando hacia la nada, y me doy cuenta de que ya no estoy en el hoyo del cual caía; ahora era todo blanco, no se podían distinguir las paredes con el suelo o el techo y lo único que tenía color era una figura a lo lejos. Manuel.

Esperé paciente a que se acercara, sin dejar de mirarlo, porque, con todo lo que había pasado hoy, no me extrañaría que desapareciera así de la nada

No quería ocultar lo que sentía; no quería que nada le pasara a mi hermano mayor, aunque sea él el que siempre me cuidara, ahora era mi turno de cuidarlo a él, porque sentía que era mi deber, porque sentía de alguna forma que sabia qué estaba ocurriendo aunque no pudiera explicarlo.

Me encontraba sentada en ese suelo tan particularmente blanco; estaba frío y resbaloso, como si frenéticamente lo hubiesen limpiado con todo tipo de productos y al momento en el que Manuel llegó a mi lado, se arrodilló y me miró a lo ojos con ternura y protección. Luego, algo cambió

Su cara se descompuso y sus ojos perdieron su tonalidad azul, ahora eran totalmente negros y amenazadores. Me miró con odio y resentimiento, como queriendo estrangular mi delicado cuello.

- Oh, hermanita, ¿Qué no te has dado cuenta de lo que significa tu espantoso nombre?- su voz también había cambiado, a una voz completamente artificial y dura que hacia que tu corazón llegara hasta tu garganta, y eso hizo el mío cuando escucho esas palabras. No me importaba mucho que me insultara pero, viniendo de él, en estos precisos momentos, dolía; y mucho.

Negué con la cabeza. No me salían las palabas de la boca, se habían quedado atascadas en mi garganta, impidiéndome hablar.

- Condenada y castigada por la justicia divina- recita un poco en tono teatral, como si se lo hubiese estudiado de memoria para decírmelas- Tamaldi, Maldita al reverso, ¿Es qué todavía no lo comprendes?- y ahí caí en la cuenta
¡Claro! Había sido tan estúpida de no darme cuenta de que mi nombre al reverso, era maldita.

Todo comenzó a encajar: la palabra en el pizarrón, el agujero negro afuera de la ventana, los fuertes tirones de mis ropas, los susurros
¡estaba maldita!

Manuel por su parte me sonrió, como adivinando mis pensamientos y luego se fue acercando más y más a mí y de repente, no se muy bien como ocurrió, pero me encontré debajo del cuerpo de mi hermano y él haciendo lo propio, estrangulándome con su mano. Era fría y cada vez que me movía apretaba más su mano contra mi garganta. Sentía como el aire dejaba de circular por mis pulmones y todo se volvía negro otra vez

 

Pero antes de perder la conciencia por completo, escuché como mi hermano se acercaba a mi oído y me susurraba:

- Yo soy la justicia divina
- y una malvada risa me devolvió al hoyo negro de la inconsciencia.

Me desperté muy desorientada, no recordaba nada y un fuerte dolor de cabeza hacia que un pitido se escuchara en mis oídos, haciendo más fuerte el dolor.

Abrí los ojos.

¿Dónde rayos me encuentro? Pienso mirando hacia todos lados. Me encontraba, bueno
no sé muy bien donde me encontraba, solo sabía que estaba en una habitación, con enormes paredes blancas y
¿Acolchonadas?

Esperen un momento
¿Acaso yo estaba
estaba en
en uno de esos
en un loquero?

- ¿Un loquero?- me repito y mi voz hace eco con las paredes.

De pronto recuerdo todo. Absolutamente todo, y mi hermano
NO, ese no era mi hermano, claro que no.

"claro que sí" la misma voz que me asustó en el corredor del colegio saltó de vuelta en mi mente, haciéndome temblar. Mis lagrimas comienzan a brotar de mis ojos de nueva cuenta; no sé cuanto más pueda llorar, pero ahora no me importaba, solo quería saber si estaba realmente donde creía que estaba o sí era uno de esos sueños locos que a veces la gente tiene

Me pongo de pie; me cuesta mucho ya que siento mis pies atados al suelo, e intento caminar hacia algún lugar donde pueda haber una salida, alguna puerta, algo; pero solo encuentro lo mismo, paredes blancas y acolchonadas.

- ¿Qué buscas?- dice una voz detrás mío. Me paro en seco
mi hermano. Me giro, lentamente, ahora no sabía si era mi hermano o la cosa que me ahorcó hace rato. Pero parecía amable, por lo que me decidí a seguirle en juego.

- La
puerta- dudé, y luego tragué saliva. No sabía que reacción le causaría mi respuesta, así que no me acerqué. Sin embargo, él sí lo hizo.

- Pues
- mientras hablaba iba dando pasos lentos pero largos, acercándose más y más, hasta quedar en frente mío, a casi diez centímetros de mi rostro- detrás de ti, querida hermana- dijo e inmediatamente me di vuelta y ¿Qué creen? ¡Estaba allí!

Sin pensarlo, salí corriendo para irme, no quería más estar allí, no quería más nada, solo quería que acabara, YA.

Tiré, prácticamente, la puerta abajo y al ver lo que había detrás de esta, casi se me cae el alma.

Nada. Eso era lo que había detrás de la puerta, absolutamente nada, solo la negrura de un hoyo sin fin que te llevaría quién sabe que parte de este mundo.

Comencé a retirarme de ahí, no quería caerme, cuando siento una respiración en mi nuca y luego el cuerpo de alguien atrás mío.

- Vamos, ¿Qué esperas? Tu querías irte, aquí esta la puerta y allá- señalo hacia ese hoyo- esta tu salida- concluyo y me empujó levemente hacia allí de nuevo. Solté un grito de terror, quería pedir ayuda y lo único en lo que pensé fue en gritar.

- ¡AUXILIO! ¡AYUDA, POR FAVOR!- las palabras salían de mi garganta, raspándolas, haciéndome daño- ¡NO SE LO QUE PASA! ¡DETENGANLO!

Luego intenté golpear a mi supuesto hermano, pero al hacerlo, no sentí nada, como si no estuviese allí, pero sentía que me sostenía que me sujetaba con sus manos y no me dejaba moverme, llevándome cada vez más cerca de mi final.

¿Cómo era eso posible? Me dije muy confundida por lo que pasaba.

- Es fácil- me dijo de pronto, parecía que podía leer mi mente y eso me asustaba- lo que pasa es que yo no estoy aquí- continuó diciendo cada palabra muy lentamente.

Mis ojos se abrieron como platos y un muy fuerte escalofrío recorrió mi cuerpo ¿Cómo era eso de que él no estaba aquí?

- Ya lo averiguaras- susurró, y me di cuenta de que ya estábamos al borde del abismo negro. De un momento a otro, sentí sus macabra risa y luego como me soltaba y yo volvía a caer
¿Es qué nunca se iba a terminar? Pensaba mientras sentía como mi cabeza explotaba de la angustia.

Tristemente, vi como mi hermanita se retorcía y gritaba si cesar, moviéndose de un lado a otro, sobre la camilla que estaba dentro de al ambulancia. De aquí la llevarían al siquiatra, y simplemente la encerrarían.

De mis ojos comenzaron a brotar lágrimas, de puro dolor. Sabía, de alguna manera, que ella no estaba verdaderamente loca, solo le sucedía algo, e iba a averiguar que era, era una promesa.

Con mis ojos horrorizados y bañados en lágrimas vi la última imagen, que me regalaba el destino, de mi hermana. Luego cerraron las puertas
y todo se oscureció.

Pero juro, JURO, que algo más esta haciendo que Tamaldi se vuelva loca, y juro vengarla

"Buena suerte, la necesitaras" una fría y espantosa vez me asalta en mi cabeza

¿Qué había sido eso?

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Esperando. Eso es lo que he estado haciendo desde la mañana, desde que llegué a este colegio del infiernono lo soportaba más.

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2023-02-27

 

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